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.Sfj3¿3y,7if.3
I
MacfU THE PUND
* ron I t
PROFESSORSHIP OF
LATIN-AMERICAN HISTORY AND
ECONOMICS
ESTABLISHBD I9I3
\
ÁÍÍTONIO OÁRCU CUBAS
ESCRITOS DIVERSOS
DE 1870 A 1874,
4m
MÉXICO
IMPSENTA DE IGNACIO ESCALANTE
BAJOS SI 8Air Aausmr, mnc. 1.
1874
Sr. D. Mariano Barcena.
La afectuosa amistad que á usted me liga,
y el justo homenaje que rindo á su inteligen-
cia é interesantes trabajos científícos, trabajos
que le auguran un brillante y honroso porve-
nir, me«hañ decidido á hacer pública la ma-
nifestación de mis sentimientos, poniendo el
nombre de usted al frente de este libro.
Acepte usted, por tanto, esta dedicatoria
como un testimonio del sincero cariño que le
profesa su amigo
Antonio García Cubas,
20 de Noviembre 1874.
PROLOGO-
lati mámente enlazadas están en este libro la pae- '■
sía y la ciencia, formando el armonioso conjunto que '
constituye la belleza de la verdad. En los diversos
artículos que ocupan estas págiaas, los lectores en-
contrarán, al lado de importantes invest¡gí^,ciones que
revelan un grande estudio y una profunda observa-
cÍQi;i, cuadros hermosísimos, copiados de la naturale-
za, llenos de vida y de luz. Los cálculos mismos de
la estadística pierden aquí parte de su aridez, enga- •
lañándose con reflexiones interesantes y oportunas/
expresadas en un lenguaje .fácil y correcto. El autor
ha cumplido fieltnente con el precepto de Horacio;
ha logrado unir lo útil á lo agradable.
. El estudio que en esta obra ocupa el lugar prefe- •
rente, es relativo á la población de la Repíiblica!»,í^Des-^
de que el ilustre harón de Humboldt escribió sü mer
morable estadística de la Nueva España, para esclare- :
cer este punto, varios ensayos se han hecho con más
ó menos fortuna; pero, en nuestro humilde, conoep- ■■
to, el presente es el que más se. aproximadla verdad*^
y el que más fe merece. Venciendo inmensas dificul-
tades, con un patriotismo y una exactitud que le hom.
ran, nu€istro querido amigo García Cubas ha consa-
grado los mejores años de su vida á este laborioso.
VI
trabajo, reuniendo con inteligencia los pocos datos
que existen y completándolos á veces con cálculos
razonados y luminosos que dan á conocer su buen
juicio y su vasta instrucción. Al dirigir la mirada á
su patria para fijar esta primer base de la estadísti-
ca, de está ciencia que es asunto de la buena admi-
nistración y por consiguiente del bienestar social, no
lajteoei como un espectad{>r indiferente é insemsible,
sino inspiradjD por un noble cariño; y al lado de sus
cifras se d6Sibordan,.{>or jdecirlo asi, sus bellas aspit.
raeionea y los nobl0& setatiaúeatos de su oorazoii.
Al examinar ciertos datps, ve con infinita tristes la
lentitud del crecimiento de la población, que se desvia
año por año de la relación progresiva que debería se-
guir según las leyes marcadas por la natjuraleza, y se
detiene á buscar las causas que por desventura nuestra
hacen todavía másbr^ve su.duracion. Sirviéndole la bi^
giene de guia, señala con juiciosa precisión los focos de
la insalubridadpública en nuestra populosa capital, ex-
cita á las autoridades á que cumplan con el más sagrado
de sus/leberes, y lamenta, con verdadero sentimiento,
laüesdiobáda situaeion de la clase menesterosa, que>
por diversos motivos, vive consUmiemente entr^ los
braeos de la muerte. Contemplando el infortunio dé-
los desheredados, no puede olvidar á la raza iadigeoa,
á- esa raza que en un tiempo con su grande y glorio-
so nombre, con su extraña pero magnífica civiliza-
cioD, con su poder y con ^l estruendo de sus victo-
rias Uenó esta parte del itondo, causando asombro
i. los mismos exti*anieros. Su degeneración presente
VIÍ
le inspira cariñosa piedad, y deseando elevarta, anhe-
la ardientemente que se le tnoraftce, que sfe leinstn^
ya, que se le dea á coaooer ^us dereohos y Sus ¡dór
beres, enalteciéndola por medio d^e la TCÍtóciá>deMlPa^
bajo y de la virtud. Estudia m. carácter, -^s uáos'^
costuinbres, suá vicios y süsbueiids üüí^liiladei5,íf
buscando el más eficaz remedio á tantos males, seflía
al^fin en la ídfea salvadora de la i ti tnigración. Este ac-^
tículo, si no es el' mes 'bello por la forma, es por sú
objeto' el más importante, él más trascendental por
isus aspiirácicífaés; y es, en mi ojíinion, én el que naáis
dfeben fijarse los bombres pensadores y generosos
que ambicionan para la patria un dichoso porvenir.
*
Al magnífico estudio sobre' la población, de ijüé
acabamos de hacer referencia, siguto varios artíctt^
los descriptivos, verdaderamente notables, ya sé les
considere bajo el punto de vití:a cientffi'co, ya bajo
tdl literario. Ante los sublimes paisajes de nueíitra in-
comparable naturaleza trópical> el espíritu observa-
dor de nuestro amigo halla nue'Vo lalimeñto; inquie-
te, estudia y inédita, fijáudósefrajíáminár ya el cés-
ped, ya la flor, ya la roca, ya k elevada montaña,
ya el bosque majestaíoso; nada deja' pasúr desaperci-
bido, nada desprecia, nada olvida,' pues ha^ta en el
pdlvo del (^daÍHO suele encontrar á víeces véátigios
elóeiiéotes de algunas de las edades geológicaísí de
nuestro ¿loíio. Todas sus excursiones son ittteréíian-
tes, todas tienen el encanto de la novedad, todas pue-
den proporcionar grato solaz y provechosa enseñanza,
porque, conio ya lo hemos dicho antes, al dar cuente
YIII
de. sus investigaciones, al expresar la impresión que
los objetos le han atusado, se siente sieaipreconmo*
vido> y engalana su elegante narración con la^ más
hermosas flores del lenguaje poético. Entre estos ar-
tículos d^cripüvos, merecen especial menk^ion los
de las. sierras de Huauchinango y Pachuca, el reía-
tiyo á las « Estaciones en el Valle.de Móxreo» y el
qjie tiene por objeto el estudio de la Tierracaliente¿
y el intitulado «Un Pasep á Jalapa. »
; ^otre los diversos estudios históricos y arqueológi-
pos emprendidos por el señpr García Cubas, los más
(estimables, en la opinión de los inteligentes, son: el
que se refiere á los lol tecas, ,y el comparativo entre
las pirámides egipcias y las mexicanas. Estos preciosos
artículos han venido á aumentar la justa y envidial>le
reputación de que yijt disfrutaba por sus trabajos an-r
tenores el distinguicjlp geógrafo mexicano.
Incompeteptes. para hacer un juicio crítico de tan
importantes estudios, damos aquí punto á este bu.
milde prólogo, r^oomendando á los lectores fijen tor
da su atención ep esite libro, pues mucho aprenderán
en él y mucho gozarán con sus bellezas.
Nosotros creemos; que el autor del «Curso elemep-
ts^l de Geografía, x> del «Atlas de la Repúblicas y de
la «Carta Fiscal,» al publicar este libro, ha prestado
un grande servicio á la patria y á la cienqia, enirique-
emendo con una nueva joya la literatura nacional.
.J^éxico, Noviembre 24 de 1874.
Jos£ Rosas,
MATERIALES PARA FORMAR
LA ISTABUnCl amXKAL
DE LA REPÚBLICA MEXICANA.
APUNTES RELATIVOS A LA POBLACIÓN. .
En diversas épocas se ha intentado la forma*
cien del censo de la República, y pocas veces se
ha obtenido^ aunque de una manera ¡ajperfecta.
Muy conocidas son las causas que se oponen á
esta clase de trabajos estadísticos, y no me ocu-
paré, por tanto, en su enumeración.
Sin embargo, creo que los resultados obtenidos
en la formación del censo, no están distantes de
la verdad, y revelan un crecimiento lento de nues-
tra población, cuyaá causas es muy conveniente
estudiar; objeto que me he propuesto, aunque
no con la extensión que tal asunto merece, por
carecer de los datos necesarios. *
Para investigar la exactitud de los últimos da-
tos acerca de la población de la República, es
preciso recurrir á los censos que en épocas distin-
tas se han publicado, para compararlos con el
último, teniendo en cuenta las diferencias entre
Gárgía-Gubas.— 2
nacidos y muertos, y tomando por base el anti-
guo censo que inspire más confianza.
Don Manuel OroKoo y Berra publicó en la Me*
• moría del Ministerio de Fomento (1857) un inte-
resante articulo, como todos los que son obra de
su talón to. Discutiendo en dicho artículo los m^
jores datos oficiales que pudo procurarse, (jpn-
signó un verdadero monumento estadístico, cuyo
final resultado dio la cifra de 8.287,403, La
confianza que deben inspirar los trabajos del se-
ñor OrozcD, por su reconocida aptitud, y el co-
nocimiento q»e tuve por los datos oficiales que
sirvieron para el indicado artículo, puesto que
' fueron los mismos de que me serví para el cen-
so que consigné en el Atlas, y me dieron el re-
sultado de 8.283,088, cifra que en muy poco
difiere de la anterior, me han decidido para íos
calculen de hoy, á tomar por base el censo ob-
tenido por él señor Orozco. Partir pai*a esta ope-
ración de los datos más antiguos seria inútil,
puesto que ya esta tarea ha sido hábilmente des-
empeñada por persona competente.
ESTADO DE AGUASCALIENTES .
Según la Memoria del señor Orozco^ la pobla-
ción de Aguascalientes, conforme á la noticia re-
mitida por el Estado en 5 de Febrero de 65 (que
3'
debe referirse á 18§4); istíendió á 85^837 ha*
hitantes.
La noticia oficial que se ha recibido en el Mi*
nisterio de Gobernación últimamente (1869) da
1394 i S habitantes^ distribuidos de la abanera
siguieate;
Ciudad de AguwcaUentoS' 31,872
Demarcación del partido. ¿ . . . . . 33,996
Municipalidad de Jesús María. . . - 8,237
Calpulalpam. 5,823
Demarcación del partido. ...... 18,619
CalviUo. 6,891
Demarcación del partido. . . .; . . . 14,308
Oeampo 3,146
Dejiaarcacion del partido 11,427
Muijiicip$lidad de Tepezala 4,796
Número total de habitantes, . . . 139,115
Es decir, -que según ambos documentos., la
población autóentó ei^ 14 años, 63,278 habitan-
tes; el promedio que resulta por la comparación '
de los datos de movimíéñtd de la población, en
tres años, me da una cifra de 2,000 individuos
por año en favor de la población, ó en 14 años
28,000,' que sumados á los del censo de 1854,
dan para 1868 el guarismo de 113,837 habitan-
tes, que adopto prudentemente como más aproxi-
mado.
ESTADO DE CAMPECHE. •
El dato que publiqué en mi carta general
(1863) tomado de la obra de don Tomás Aznar
Barbachano^ expresaba 86,453 habitantes como
censo del Estado en 1858. La Memoria presen»
tada por el gobernador á la legislatura en 1869,
consigna 80,366 habitantes, distribuidos de la
mañera siguiente:
Campeche 19,553
Carmen ; 10,753
Chenes. . 16,943
Calkiní. 20,506
Champoton 12,611
Suma. ........ 80,366
Si ambos documentos son exactos, como es de
creerse, revelan un decrecimiento deplorable en
la población, debido sin duda alguna, á la funesta
guerra de castas de la península.
ESTADO DE COAHUILA.
Orozco y Berra asigna para 1856 al Estado
67,598 habitantes. Las últimas noticias del Mi-
t
5
nisterio de Gobernación dan 93, ISO habitantes,
según consta á continuación:
SaltiUo . •. . 34 J21
Parras 10,268
Yiesca . . . . 11,322
Monclova 23;425
Rio Grande 13,414
tmummém
Total 93,150
X
Ningún dato verdadero he podido adquirir res-
pecto del movimiento de la población, pues del
que consta en la Memoria del Gobierno del Es*
tado (1869) ningún resultado puede obtenerse,
por ser formado por el registro civil que, como
es sabido, presenta con exactitud su estado de
defunciones, pero sumamente incompleto el de
nacimientos. Debe admitirse el último dato, pues
apéníis . manifiesta una diferencia de 2S,000 en
favor ¿de la población en el período de doce años,
ó próximamente 2,000 individuos por año, que
no puede considerarse exagerada.
ESTADO DB CHIAPAS.
La Memoxia de 1857 da al Estado la población
de 167,472 habitantes.
8
Distrito de la capital. . . . 37,305
Taráazula. . ....... 16,239
Nombre de Dios 16,025
San Juan del Rio 16,227
Cuencamé. 15,449
Papasquiaro . 15,893
El Oro 8,055 '
Mapimi. . • 12,988
Nazas 8,420
Mezquital. ...*..... 11,034
Indé 7,740
San Juan de Guadalupe. . . 5,466
San Dímas 2,561
' 173,402
El aumento que conforme á estos documentos
ha tenido el Estado en el período de doce años,
6s de 29,611 individuos, ó sean 2,467 por año;
aumento que corresponde á 2 por ciento próxima-
mente.
El movimiento de la población en 1856 fué:
Nacidos 8,227
Muertos 5,586
Que revela alguna conformidad con el término
medio anterior.
El dato del ministerio de Gobernación me pa -
rece no hallarse distante de la verdad.
ESTADO DE COLIMA.
El censo que de este Estado publiqué ea el
Atlas, era dé 61,243. El movimiento en 18So
dio una diferencia en contra de la población, de
catorce individuos, según se ve por el siguiente
datp:
Varones. Hembras. Total.
Nacidos . . . 697 666 1,363
Muertos ... 7S5 622 1,377
Diferencia en contra 14
La población en los años subsecuentes ha de
haber disminuido de una. manera notable, pues
el padrón que últimamente remitió el gobierno
del Estado (y en el cual se debe tener entera con-
fianza por haberse practicado por segunda vez
las operaciones para rectificar las primeras), so-
lamente da para 1868 la población de 48,649
habitantes^ distribuidos de la manera siguiente:
Municipalidad de Colima. • 30,404
Villa de Alvarez. ..... 6,336
Cómala. . ; 4,769^
Coquimatlan. ...... 2,738
Tecuman. , ....... 2,003
Ixtlahuacan/ . ...... 1,429
Manzanillo 970
48,649
10
De manera que en doce años ha perdido la
población 12,594 individuos; rail sesenta en el
año, ó más de dos por cada cien habitantes.
Evidentemente las causas principales de esta
deplorable diminución, han provenido de la
guerra civil, y muy particularmente de lo in-
salubre de la parte del Sur y Sur Oeste del Es-
tado, debido en una gran parte á la incomuni-
cacipn de la extensa laguna de Cuyutlan con el
mar..
ESTADO DE GÜANAJUATO.
Acerca de este Estado de Guanajuato, que
por la proporción 'en que se encuentra su pobla-
ción respecto de su extensión territorial, se ha
considerado como el más poblado de la Repú-
blica, se nota una gran diferencia entre los di-
versos datos que en distintas épocas se han pu-
blicado.
LaGeografíadeAlmonteleda(1852) 713,S88
Anales de Fomento, (1852). . . - 718,773
Dato oficial, (185o) 672,809
Cuadro sinóptico, (1856) ...... 697,270
Atlas de la República, (1857) . . , 874,073
Memoria de Fomento, (1857), . . 729,103
Carta general, (1863) 874,000
Datos da gobernación, (1868). . . 729,988
«
11
Debo advertir que el dato de que me serví
tanto para el Atlas como para la Carta general,
constaba en la estadística del Estado que mandó
formar el Ministerio de Fomento: los informes
que después lie adquirido respecto del procedí*
miento que dXQpk6 el comisionado para formar
el censo, ma ]|ao convencido de la muy poca
confianza que jqoél daio merece.
Tomemos ^ra ¿nestros cálculos el dato oficial
de 1855, queáá para el censo del Estado 672,809.
■
El movimiento én favor de la población: .
En 1858: .... J 3,682
En im- .... 18,155
Suma ..... 31,837
Término medio. 15,818
Que corresponde á. un aumento de dos y un
quinto por ciento. Para no errar por exceso, ad-
mitiremos por término medio el uno y medio.
En doce afioslct' población habrá obtenido un
aumento de 125^508 individuos, que dan pa^
ra 1868, 822,778 habitantes.
Los datos del Ministerio de Gobernación son
los siguientes:
12
Departamento de la capital.
f
Guanajuato. . 56,012
La Luz. 13,670
Süao 30,738-
Romita .15,352
Irapuato 25,640
Cuitzeo 20,626
Salamanca. ....... 22^889
Pueblo Nuevo . .' .... 2,438
Valle de Santiago y Congre-
gación del Jaral .... 21,782
Pénjamo 23,Í66
Congregación de Cueráma.
ro 4;800 237,113
Departamento de León.
r
León 78,930
t
San Francisco del Rincón. 16,127
Purísima del Rincón. . . 6,919
Piedragorda 17,404 119,380
■••
13
/
Departamento de Celaya.
Celaya 29,203
San Miguel de Octopan. . 171
Rincón de Tamayo. ... 208
San Juan de la Vega. . . 413
Apaseo, San Pedro, Tenan-
go, San Bartolo Ixtla. . 16,820
Santa Cruz 11,607
Cortázar y el Guaje. . .' . 11,877
Tarimoro 7,265
Salvatierra 21,688
Moroleon ........ 6,832
Yuriria 17,992
üriangato 4,868
Maravatío 2,055
Acámbaro ........ 15,671
Tarandacuao de la Constan*
cia 2,567
Irámu^o.' 1,471
Tócuaro 381
Jerécuaro 10,510
Coronéo ; . . . 2,753
Chamacuero • . . 7,844
Neutla 2,776 174,972
E
14
Departamento de A lleude .
Allende 36,911
Hidalgo ,44.883
San Felipe. . 35,984.
San Juan de Ocampo. . . 4,960
San Diego del Éizeocho. . 11,780 , 134,318
ii»ii < ii
■
De2)drtamento de Sierra-Gorda .
San Luis de la Paz. . . . 19,464
Mirenal de Pozos. .... 4,356
Iturbide 16,989
Tierrablanca ....... 5,330
Santa Catarina . ..... 1,627
Victoria. . ; .10^685
Xichú 3,183
Atarjea. .......... 2,381 64,005
Suda* 729,988
Sabido es que en los lugares mineros el oío*
. vimie.nto de la, población está sujeto á las even-
tualidades de las minas; pero éstas en Guanajua-
to, aunque no se encuentran en el estado flore-
ciente de otros tiempos, su decadencia no ha
llegado al grado de influir de una manera notable
en la dimiijucion de la población. Bien pudiera
por dicha causa haber decaído ésta en los mine
rales; pero en cambio las poblaciones industria*
les como León, Salamanca y Celaya, así como la
agricultura en los ricos terrenos del bajío, ha-
brían . ganado los brazos que abandonaran los
trabajos de las minas, si otra causa muy pode*
rosa no lo hubiera impedido: la funesta guerra
de intervención, que hizo sentir sus consecuen-
cias en Guanajuato tanto como en la mayor parte
de los Estados de la República. Por todas las
razones expuestas, creo prudente tomar un tér-
mino medio entre el resultado que da el pálculo
y el último dato oficial. . ,
El cálculo da. .• . . 822,778 habitaates.
El último dato. . . 729,988 ídem.
. Suma.'. . . 1.352,766
Término medio. . 776,383 •
«
Que á mi juicio es el censo probable para 1868,
el cual revela un aumento de 47,280 individuos
respecto del dato del señor Orozco y Berra, y
corresponde ámenos de medio por ciento anual.
16
•
/
£STADO DE GUERRERO.
En ía mayor parte de obras estadísticas pu-
blicadas^ se le da al Estado 270^000 habitantes;
pero este dato es incierto, por haberse formado
de noticias aisladas que no inspiran mucha con-
fianza. Según creo, hoy es la primera vez que
tenemos un dato completo y oficial de aquella
parte de la República, y es el que debe admi-
tirse.
La noticia recibida por el Ministerio de Fo -
mentí), es la, siguiente:
I
Distrito del centro. . . 28,bl3
Ghilapa 15,359
Tavares 16,601
Ometepec 17,558
Allende 13,819
Morelos 41,593
Hidalgo 39,322
Mina 29,070
Aldama 23,052
Galeana 16,973
241,860
■iP
■ . í • • . í . .
ESTADO pt JAIiSCp.
El' Ministerio dé. Gobernación datos
únicamente de siete p^ntqnes^ y JBOjn para m'í'tsln
inexactos; que no deben ffguirar en el censó ge-
neral de la República. Para deriiostrar su inexác-
titud^ nos bastará comparar dichos datos en lo
que cónbíérile al c&ntón de Guadalajara^con los
de la^ estadística del señor Banda^ que idaerecen
mucha confianza^ tanto bor el sello de Veracidad
qué feVela su estadística, co nao por la proceden-
cia dé Ibí datos. '
Dat6$;dé Gobernación, (1869);. . 82,668
Datos dí^ Banda, (18S5) . , • .200,703
Diferencia en favor de los datos
de Banda. • V 118,035
. Diferentiña enorme, qiiie es ¿tanto más de no-
tar, cuanto que los datos de Bafltda se refieren á
un» ^KM;amiicho:ffiás atrasada.
Según los datos pfisjaies qpe en 1857 tuve á
la vjstárpa» la iormaeion del A%s de lajlepú-
bli6a> la población de Jalisoo constaba en aque*
Ha época de 804,058 habitantes.
.j
18
Corregido este dato después por personas qae
conocen bastante la población del Estado^ segan
lo expresa el sefior Banda en su estadística ^o«
letin de la Sociedad de Geqgrafia, toaiQ.il».pá«
^a 612), la población del Estado'pafa 1857
daba un total de 822,229 babiUntes, distribu!-
dos de la manera «guíente: ,.
'»
' •- ■ j.
GftMitondeQiudalajara..;. 162;807 /
Caaton .4e |4g«s • • • • :• :i.^,894.j ,!
<:«ntoa:de b Barca 108,99^.
Canten 4& Say«la. . . . ... S4^di8
Cantón de Ahualulco . . ^- 98,709^
Cantón de Autlan S6,657
Cantón d«Tfipic., ... .i74,642 .
Cantón de Colo^ . . ., . 4^,782 j
Cantón de Zapotlan. ... 67,825
m>^ '
í
«. •. i
Sé^ü los peces datos que lie podlulo teánir
sobrede! movimiento de poblactón; «1 airmentoide
ésta se efectúa ^n h rdaíddn de mo por «da
tien individuos. «Calccdando ^n^^ ba»/re-
istalto <]iíe la péídadon paira 1^70 ^de^a Í9ér de
novecientos treifita y siete útil tra»0iecitoB' trainta
ysiete. * "■ ' *
fin lamismft estadtttíca del Mñcit Bftnd&'se
oónsigna: él o^nso da la poblftdon fotttttdo m
tista : 4q loB áé/M aáü^tNydM |>éif iM éUiúto
Tfltn^ dorotqs^'^t ^Mtttfffénd» él' Estaeld dé
JáÜsni' '4 •;' ■. ■•! ■ •■'• i ■■■'
estas noticias; édia. que slgtfe: /
I^ótiacion, de íos diez y^ocho^cjoratQS
gtie comprende él cantón de Gua-
dálajata. . . . .•. . T * . . 20)[)>Í3
dem de los ocho curatos, que eií- ^
dieríá él cantón de Lagos. , . . . .143^372
ídem de íos diez y bchg curatos del '• /
cantón de Ja 3arca« . . . . . . 128,11S
ídem de los veintiún curatos del
cantón de Sayula. ....... 154,704
ídem de los catorce curatos del
cantonde EtzatlanrT 108,871
ídem de los doce curatos del can-
tón de A^iUan . * . • • ... . 7iyl57
ídem de los doce curatos del can-
tón de Tepic. ....... vV^^^S
ídem da los rocitio curatos del oan
ton de ColoÜan. .
.f? ';
• • t» ^« • • * *'
•)
}■ f » i ^ fit^^ ' d
Suma 924,S8ai
, Sji admitimos e^ mismo dato; para 1870^
^esptOQ^fkqaos el^mnento que en/ks diasy seis
%aps debiera haber: tenido la {M^Ueioúi^ ; lel e&ál
seria de73^ 966 almM; «ifra fae puede compein-
sar la pérdida de la población por la guerra éi--^
yil^ la de la intervemonj^ y sobre todo .p^r; la
émijgracion á los Estados circfLhyecicbCMi^ \ ¿
No vacilo en aceptar los datos anteriores, da-
dos por los curas de las diócesis de Jalisco^ por
dos razones: pjrimera, porque es sabido gue los
ciqras spp los poseedores de los mejores ^atos
resfiecto de población; y segunda, porque debien
iüápir^r mayor confianza los trabajos ejecutados
por mayor ntunero de personas q^ue ¿ consecuen-
cia, de la subdivisión administrativa están en ap-
titud de conocer más la localidad cuanto menor
sea la extensión de ésta.
ESTADOS DE MÉXICO, HmALOO 7 MORBLOS.
'I
£n 1B56 se señalaban al antiguo Estado de
México 956,519 habitantes, deducida de esta
cifra la suma de 56,035 que correspondían al
Distrito de Tlalpam, perteneciente al Distrito Fe-
deral. .
L^Mdvmtisi del Minlsrterid dé Fomento con»
signólMrftáííia de 27,585 individuos d#áüinento
anualfá lá,^bblacion, cifra que corresponderá 2^7
por ciántof á admitimos solamente para'ilfiktros
cálcttfósieliX, se tendrá para iñW lin 'áúkento
en losrddpelafios de 172,273 habitati«dg> ci&a
qae a grogiMia 6 la anterior cantidad produce para
el cenaó:4él)£stadd én el^afio á que mc^' refiero^
1.128,774.
Para obtener una mútaa comprobación entre
el cálculo y los datos remitidos por los goberna-*
doróse dei los" Estados en que últimamente %e ha
subdií^idldoÁl antiguo de México, y son Hilalgo^
I
Uéñáól !y
pararbé;'
Morelos, consigno aquellos para^com-
'.. r
. POBLáCION DEL ESTADO OBOmi^LOf^. .'
. . (1868). ,!...•
Aiotonilco el Grande. . i . 35,5S8
Actópam. .' 40,867
A|>ám. .....,,. .^. 12,284
íatíató. . ......'. . . 14,580
Htíichapam 31,949
Saéjátla. . 51,988
MéízOilaQ 23,5Sé
Páchu<ía 45,243
A la suelta. ; . 246,021
De la welU. . . £46,081
TiiJUneingo 43,608
Tola 3^,358
IxmJqiiilpaiB. 41,168
Zaoaaltípiíi. ; . . . a^28iS
Zimapan. . . ... . . . . 16^883
^iémmtémkm^M'
Námaio de habitantes. . 404^207
laraoona
' I * *;i/»
♦ %
1 «k
• «
Tnhíe».
TdQftQCUIgOf •
Irtlahüaca. . .
Lerma
Vffla del VaUe.
Jflotepec. . . •
g^H^p^c. . , ,
*ff0D«8ealtepec,
Tlobepantla. .
Ciwitítian. . ,
Zwpvigo. . .
Otante. . . .
Tlsiceeo. . » .
Clbtloa; ....
* • « •
c •
Nain«ro de batótantes
77;ifi8
46,a»
36,413
S7,S4a
37,371
30,102
42,04^
38,466
26u269
34,668
30486
26,088
3é,63B
40,931
46,461
. 599,189
2*
i .t-J - * • „ t <. *J
SSTÁDO DB MÓRÉLÓS .
Cueraatá». .. ... . ;-; 39,481
Yétttépee. \ . . . . . .' . 16,edd
Caaotía. . . . . . . . . . a8>eí)»
Jonacatepec l&^SJi
Teteeaía. . . . . . . . .-. 29,462
Número de habitantes. . . 121^098
t
J : • ' ■ . . ' ' .
Estadd ^e Hidalgo 404,207
Bstado de México 599í>f80
Estado de Morolos (21,096
■ I-' ' I im
4.124,4d4'
' •,• f
• -• ' •
Resultada' que difiere poco del obfa^oido por
el cálotUo^ y debe en mi concepta admitmá*
I
. . . í ..'. . .
/ . ! . . f BSTADO DE MIGHOAGAN. r ^
PoF tí^ib&rmes que he adquirido^^ ql gobierno
del Estádb dé Michoacan es uno de ksíptó más
empefidhaflu tenido enkformacidn^ddljDonso^ y
los datos qtie ha remitida deben 40iisid<ítrarse
como ékactos^ hasta donde es posible que b seán^
atendiMda^las dificultades que se presentan
en la djéeaicion de obra de esta naturaleza; sin
24'
embargo^ debemos proceder ¿ nuestros cálculos^
aunque no sea más que para investigar la impor*
tancia ¿ei movimiento ,de la poblacían. - >
La dfra qiie obtuve para mi Atlas jgftOgBáfieo
fué la misQd del Cuadro sinóptico^ la CQal aacen*
dia en'18S6 á 491,679. . • .. ...
Los datos del Ministerio de GobemaaíoQ' daa
la siguiente:
♦ #' ^ m w % m r
Morelia ".'.'. 96,371
Zinapécaaro. .... '.'•. . 37,800
MariLvatio. ' . ; . 41,^.
Zitácaaro; . ..... . .". 37í979-
Huetamo . '. :29i600;
Tacámbaro 25,900
Ario. ... 23,590
Pátzcuaro 28,612
Uhiapam. ... . . í . . 41,377 '
Apatziogan. . . . . . . . ' 13,996
Goalcoman 9,573
Los Reyes 1".. ...... '16,154
Jiqíólpamv . . . . ■. -.;; . SOiüTS-. '
Zamora. .. . ; :¿ . . , :. ;: 46/765 <
' La Piedad. . .' . !.'. . .i 48,097-
P«épwo.; ;: . . í. . . . J :aa,734;f -
Paroápdlró. vj^. .' . . . . 61,426 :.:.
I • " • ! f
•618,072
*
9&
Este resultadio manifiesta^ comparado con el
anterior, que en doce afiós lai población de Mi-
qhQacan':¿a teciido; ua, aumento 4e 1^.393
b^báta^t^,, (jua^ CQrre3poadieii;^4^7 ppr ci^Ato
< ' KSTAbo DH NüfeTO-fLEON.
r ;■'
■■* 'Vi i..
.r I4 Memoria del, Miiais^«río.vd^ fromento eoQr
• ♦.<
^gp(6; 14^,779 habitantes parf^r el censo del Es-
l4doen.i8S6. . i r .
., Los ds^oa de goberijiaoioij dan 174:,Q0Q dis-i
trihuidpsdo k, manwa siguiente:
I ■ I "•
■ Monterey. . . . . : ^ !' . 47,818'
Cadereyta. .... . ., .' . 1S^0Í2'
Villaldama. ., . . '.. '. . ': ":. 11,870 '
' Salinas Victoria; ...,.:' \ 41,480 ;
" Doctor Arroyo.' . \\:'':'\'-': ' 22,233 '
García.. ......... 14,223 :
Montemorelos. .'....'. 20,232
Cerralvo. ......... 1-0;Í39 '
U&ar^ 20,993
' . ; ^ 174,000
GaliAiláado el aumento de. la pobhfiúm^ doce
años í% por ciento que me indican los/tdatos
que teBgo^é4a "vista^ resulta la cifra de 170,268,
que e^ti en consonancia conf la anterior.
KTADO SS OAXAGá.
La Memoria del gobernador en 1853^ ddia
al Brtádo 542,938 habitantes (Menoria de Fo-
mento). El moTimiento de la pobladon en tras
afios di6 la snma de 27^95 habitantes en firror
de día, ó sea por término medio al afio 9^232^
qne eorresponden á 1,7 por dentó. En diez y
seis afios la pobladon debía haberse rieradoá
690,750 habitantes. Ei censo qne titímamente
ha remitido d gobierno del Estado al Ministetío
de Gobemadon, solo le da 601,860, qne en £ea
y seiSi^aQoS corresponde ¿ menos de 1 por dente
de anmento annal.
Desde Inejgo se advierte, en Tista de tales4at08,
cuáles son los Estados de la Bespttblica qne más
pobladon han podido en la guerra de interven-
don.
Los últimos datos son los qne á contínnadon
seezjmsan:
Ceniró: . 47,220
Gínéaüan 14,383
Gánapua. ., 8^958
l^a. . . \ . . I . . . . 14^189
■•■ n
Al fr«ote. . . 97,303
.- í . . X.
f
' 1 >
X
•De^ frente. . , 97,303
Jamiltepec. 28^1^
> ladiitao. 'í . . . . . - ,. . h ^^ 87i,'f 1'6
;N«*iiíla¿.i5.'''a':'a" .«•.Sviufí*!!,'^ •'•
/. 0(wiltíi/..';io.,4 .:•-' ¿ %nQ- .■■''.; --iiS^jOiíS '■>••
' iffií^uitlar.'.O'.'i-' .'.-■;=- .^'?-;v^i1j^ ^Hm^ ■
Saaoayoíq^.. \ '/ , .-/ \:y-:gO|,S>90
i 4íTehbiiitipe¿vó^'.;. -/w ii-q;xi..-o fft',,díft\'''
I Teatidan ael G|mal¿«i •; ^t.'Oí' 121,^1 ;
■-. •TliBbkil*.vi£iív ■-• .■••.•■• v^iíi-i;'dfc,8B$l'--
i > .Villa lAftá;;^.'--'.---;^ >■:;•■. v-'.] :^]88^ •■
Villa Altaré*;?. . ^ i •= .' ^ • 3Í',«89 •
YUla «IHirW* -• .< . ,''v .-^ • ' Xlf^ll^l '
Yautepec j^ • • • 19,624
'- 6W;8$o ^
\. .' éf
> í
El censo^q^ió se! há lotMdl^ dtA^E^y^íto di-
v«l*sa'ft épocas^ marca diferencia 'dty'^nbt&bles^
y demuestlra que eajP«¿»9b|a|Dás que en ni agua
otro J^sdoMle la República^ la gujBrra cii(U y de
intertiertiici^ han hecho sentir sssiuoestalf con-
secue0eS(is><^
• •*
La;M0uiiSfia del gobierno del ]Bstodo 60*1849^
dio úmm de 683,72^, sin incluir lo» iDtfetritos
de Tlslpa, yi Ometepec que jse jKígiK^an«í para
form^^iaft» del Estado de GuerMro^ ¡toíf^omo
el deifUk{r$ii^ que.se agregó ¿ Yi^fcai^w^l para
1865 ^lesfódistica consignó ][aci&a.d6!6&S)882;
D. "^^smú Alm^zan 830,000 en !»a^G«Íla de
Puebl*?^Spublicó en 1868,,yT^rsúltioséiJ^datos
688, 78S^* ;Si comparamos las dQ^iiailidas'fifícia-
les (184í9 í<;i869), readtftiqüeífll autüenffi que
ha tettlAó, sb población en diez y^ho afipsj ape-
nas djl'is ^a de 5,063. Comparaáoéios^ébnsos
de 840: y 8^5, se uota una diferenoia^eii'Sontra
de la ^kíftíon, de ?7,843 habitante»?^ aloma-
mos {roi>^^e par^ nuestros cálcujiois^ la üiEfa'que
correi$o|i<b|:á la estadística qne.ii»jLAdd^ formar
el Mi(isi)dri0 de Fomento, tendcémofa.* ;:i .
i--.' ':■' ■••.■.; •■ "'i. •
EMS^S 655,882
EQ)!t86!»i:; 688,778
Diferencia en'lá^of, ^n treóé'aflos,
;qtt0c<MS^5Jpi|4«<rto&i0í( de vigor - .
j, i cieptof alafia- . . ; . . .-. . . 3^896
El censo que últimamente recibió el Ministe-
rio de GobernacUffi, j al catl ffitf r^ero, es como
sigue:
iii(aial4hiiiJon¿4a. ;'.' .' ; i'.' Vi '' 44i!86i! • "' '
Oholulai -.i- ■. ..4' •,' ^ Vi^i !. ■. u3ii76g- .
¡í,.;íiHuimcliihaíDgá\Í!.vvJivC;íi:=!, í>'3Í;887' ''
. i HuejbdnjgBf; ;vó. .,.i.ii;.is ^ 1^1^364'
Pahuatlan.o: i ; . i u. . 18;360-
Puebla. .;..u....<, , .. .i* 70,946 '
San Juan de los Llanos. . . 30,196
Tecali. - .!; . . »i,199
Xástipááchalco. . . .<:.:. '. 9^,010
liéhuaclin. . ....... 50,94^
Tépeáfiá. 31;7S8
Tepfejd; 4*>4«4
Tézlutlán 19)630'
Tetóa. . §0,314
TktiaíEMihitepec. 14,749
Zacapoaxtla. 23,376
Zaoatlan. . . . . . .< , . . 43,318
.: ' 688,788
n
»
•' : O-v^ • • . -. .:!.. r. p
En 1851^ seguQ datos oficíales^ el Estado con-
taba tm 132,134 habitantes. Galculatido/Bl au-
meat0:iqpi0d6be haber tenido la poblacáttíiotodiez
y siete (|A.«^ á razón de 1./^ {mriCidái^ aDafio^
resulUxla.Mlma de ^,682, que agjti^gwiá) ¿ la
anterior; áa para 1868 el censo de Ii98i866.
Po^.diSere esta cantidad doi la déldatDMtfícial
del MNistdrio de Gobernación; oo&iodo^ies pra-
dente(ft<jbcnitír la última, pnea la pónrandcÉbansa
únicamtQte len el simple cálenlo. . . ti> t
Dat^^délr Ministerio de Gobernacktni;: !
Dislri^. del ceatro 48,2a7
SeíaMo del Rio v. 3á,4^
Jm^oo i^íTOdr
J<ilp9S} . . . . . . .ifl,30Q'
T^inUtfi. 2&,íkm
Qpdfi»fta .i94M
y . ■■ ■^. — — / ' [ ' j ii »! '.
• r." ,-.'v ni; >>;.-•!] i.jfi5.
B 1 ': , Í8TAD0 DE SAN LUIS POTOSIi!;J'J..'>i-^
^k »W * •■^1** ^W»-»* i^"^»**
Las-'^OicaiK^oticias que he obtenido del Mi-
nisterio de Gobernación, son:
f, V
9i
Prefectura de Bio Vqrflo. . v 17^365
Ptutído de T-mmmiMt' ■.-■ 7.092
l^udiid F^Qiaiidot.. . . . . .%i80
pues basta compaiar la que se refiere á Bjfí Yexáe
para convencerse de ello.
• %
. • -»* i.
intüm dato i7^&.)
OiltofOacial 4e la^S. n43^|,9;4)l partido.
. > ». > 8|SilS3. el distrito.
Tomffi&os^ portantOj el dMp^^ficial de 856,
y «OH 604 base calculemos el aaiQQato de la po-
hUtSsoiti é; vnzon de IX pgfOÍeQtp, que es la
mitad; dejo que re vet^/eldatoqoej sobre movi-
miento 40 ella poseo, y se rofierQ 4 1856.
fild^timQnto oficial f¡ar4 i:955,ff el siguiente:
:, ©iftFito de S3ft¡¿¿s/: .; • .179,139
^^BicL^erde . 86,153
n Venado ..;. 86,146
Tancanhuitz /. 38,922
■*-*-rT
; \ ,390,360
Aumento probable en 13 afios. 76,12p.
Censo para 1868. 466,480
L
32
Después de ejecutados los cálculos anteriores
se recibió la MemOTia del Gobernador del Fitado^
correspondiente al período de 24 de Setiembre
de 1868 á 31 de Julio de 1869.
£1 censo que conMa en dicha Mem<»ia m^ el
siguiente:
Parítdíw.— Capital. . 127,000
y, CMjáf», 48,B00
„ Santa-María del Río. . 51,{SO0
,. Venado ; . . 34,000
Goadalcázar 29,S00
Cerritos. ....... 89^500
„ Salinas. ....•...' 17,000
RibVerfe. . . . . . .' 41,500
„ dudad del Maíz. . . . 23,000
Hidalgo. .... . 28,000
Tancanhuitz 19,000
„ Tamazunchale 16,000
„ Qadad de Valles. . . . 12,000
Suma 476,500 ^
Este' dáfb ^ere poco de lanáfira obtenida por
el cálculo, y tiendo además el oficial, debe ad*
mitirse.
33
ESTADO DE SINALOA.
La mayor parte de los trabajos estadísticos
que acerca de la República se han publicado
repiten la cifra de 160,000 habitantes como censo
del Estado de.Sinaloa, que consigné en el Atlas
y tomé de los arehivos.del Ministerio de Fomento.
£1 únicp dato oficial que po$eo es el del Minis-
terio de Gobernación para 1868, el cual, compa*
rado con el anterior, revela la lentitud con que
crece la población del Estado, debido sin duda á
las continuas revueltas que lo han agitado, y
como éstas no han cesado, de presumir es, que
marche á su crecimiento cada vez con mayor len-
titud. Esta observación, en mi concepto, mani-
fiesta que la cifra que consigné en el Atlas no
estaba lejos de la verdad.
13 dato oficial á queme refiearo es el siguiente:
Distrito de Mazatlan 26,298
del Rosario 15,387
de Concordia 10,676
deCosalá . 13,322
de San Ignacio 8,248
deMocorito 12,679
A la vuelta. . 86,610
6arcÍa-Giibas.^4
I
34
De la vuelta.
Distrito del Fuerte. .
de Sinaloa.
de Guliacan
)>
86,610
23,438
22,016
29,093
161,lí57
Ya escritas las anteriores líneas se recibió la
Memoria última del Gobierno d«l Estado (1869),
cuyos datos se refieren al aüo anterior.
Los relativos al censo son los que siguen:
Distritos.
-Mazatlan 26,298
Rosario 15,387
Concordia 10,676
Cósala 13;322
San Ignacio 8,248
Mocorito 12,679
Fuerte 23,438
Sinaloa 23,1S7
Cuüaean. 29,093
Censo que debe admitirse para 1868 . 162, 298
ESTADO DE SONORA.
El Atlas geográfico y el Cuadro sinóptico dan
al Estado en 1856 la población de 147,000 ha-
qitantes, y la Memoria del Mmisterio 139,374.
35
El documento oficial que obra en el Ministerio
de Gobernación consigna 130,711/ distribuidos
del modo siguiente:
Distrito de Ures . . • . . 18^282
de Hermosillo. • . 19,873
de Guaymas. . . . 14,947
de Alamos. . . . 21,800
de Moctezuma. . ., 9,395
de Sahuaripa. . . 7,996
de Arizpe^. .... 6,S43 .
de Altar 5,468
de -^Magdalena. . . 3,907
.i i
108,211
Deben agregarse según el ,
mismo documento. . . . 13,000 yaquis.
6,500 mayos.
3,000 ópatas.
Total 130,711
En esta noticia no aparecen las demás razas
que se encuentran en Sonora, como son lospimas>
los pápagos, los apaches y los seris. Según la
estadística de don Manuel Mónteyerde, publicada
hace más de doce años, la población de Sonora
36
constaba de 134^000 indiñdiios, en cayo nú-^
mero figuran:
Mayos y yaquis. . . • 30^000
Ópatas 35,000
Pimas. •..••••• 15,000
Pápagos 15,000
Apaches 10,000
Seris 200
105,200
Es decir, que en la población de Sonora per-
tenecen á la raza indígena los 0,7. Las cifras
qne da á este respecto la noticia oficial, se ha-
llan muy distantes de las ministradas por la es-
tadística de Monteverde. Parece por las indica-
ciones que encontré en los datos oficiales, que no
se han podido empadronar todos los indígenas
de Sonora: creo prudente, en vista de tal circuns-
tancia, aceptar las cifras que da la estadística ya
citada, menos la que condeme á los apaches,
por dos razones: la una, porque no tienen residen-
cía fija, y la otra, porque establecen con mas £re-
coeiicia sus rancherías ^i los terrenos de la Me-
silla, que pertenecen á los Estados-üoidos, de
manera que si se encuentran en Sonora, es de-
bido principalmente á sus invasiones.
#
37
Ad^ffla3> por noticias que he adquirido^ la
población puede osrleularse en la cuarta parte de
raza blanca y las tres restantes de raza indígena.
A4í> pues^ la poblacíoa de Sonora puede re*
presentarse de h manera siguiente:
Raza blanca 31,733
Yaquis y mayqs. 30,000
Ópatas 35,000
Pimía. 15,000
Páipagas 45,000
Serié 200
126,933
Mas como estos datos se refieren al año de
1854, la cifra que representa la población es en
la actualidad muy baja; de suerte que si calcu-
lamos á razón de 1 % por ciento anual su au-
mento, tendremos como un dato probable para
1868 la suma de 157,397.
ESTADO DE TABASGO.
El Atlas geográfico de la República daba al
Estado en 1857 la población de 63,569 según
los datos oficíales que tuve en aquella época»
Los que posee el Miniáterio de Gobernación y
se refieren á 1868 dan la suma de 83,707.
-^
ft
#
38
. El aumento de la población^ según las noticias
oficiales acerca de su movimiento^ fué:
4 *
En 1854 .... 1,673 individuos en favor
de la población.
En 1855 1,385
Término medio.. 1,629 ^
De manera que en doce años el aumento to-
tal ha i^do de 19,538, que agregados al censo
de 1 867 dan para la población del Estado en
1868 la suma de 83,134, que solo difiere del
último censo oficial en 673 individuos.
En tal virtud, el aumento que ha tenido la
población es á razón de 2% por ciento al afio.
Debe, pues, admitirse el último censo.
4
I
ESTADO DE TAMAULIPAS.
£1 dato oficial que se consignó en el Atlas
geográfico y se refiere á 1856, marca la pobla-
ción en 108,514.
La única noticia que poseo relativa á movi-
miento de la población revela un , crecimiento
muy lento, pues aquella obtuvo en su favor en
1855 la pequeña cifra de 339 habitantes, que
corresponden á,0,4 por ciento. Esta misma no-
i
39
ticia DOS demuestra que la población crece en el
Distrito del Centro; es de poca importancia en
el deí Norte, y mengua en el del Sur, que como
es sjibido, en él se encuentran los lugares enfer-
mizos del Estado. Si á estas consideraciones se
agrega el inconveniente de la guerra civil de
que aquel ha sido presa, debepios prudente-
mente no alterar aquella cifra.
La población se divide segvm las razas:
Europea 22,399
Mixta de europa é indígena. . . 64,811
Indígena, 10,763
Africana (en los puertos). ... 201
Mixta de indígena y africana. . 5,453
Mixta de europea y africana. . . 4,887 .
108,514
Las razas "europea, indígena y mixta están en
la siguiente relación:
La indígena representa la novena parte; del
resto la tercera parte corresponde á la europea
y las dos restantes á la mixta.
ESTADO DE TLAXCALA.
•
El censo de 1857), según la Memoria de Fo-
mento, era de 90,158, que debe haber ascendido
en 1868 á 106,386 habitaates, calculando á ra-
•.k..^^ «
40
zon de 1/^ por ciento al á£o. Últimamente se
agregó al Estado la munieipalidaé de Calpulal-
pam, cuya población es de 9,943 almas, qitó
Sumada á la éifra anterior, da í 16,329 habi-
táinteá.
El censo formado últimamente, consigna la
cifra de 117,941, distribuida de la manera si^
guíente:
Distritos.
Hidalgo (Tiaxcala.). . . .
, . 35,160
Zaragoza (Zacatelco) . . ,
, . 23,662
Juárez (Huamantla) . • ,
, . 30,618
Morelos (Tlaxco). . . . ,
, . 14,160
Ocampo (Calpulalpam) . .
. . 14,341
Total número de habitantes. 117,941
Suma que poco difiere de la anterior obtenida
por medio del cálculo.
ESTADO DE VERAGRÜZ.
La población en 1853 constaba, según el docu-
mento oficial publicado en el Atlas, de 338,S§9;
pero esta cifra no comprende la población de los
cantones de Acayucan y Minatitlan, que perte-
ji^^.^
41
Aecen al Estado de Teracruz desde que dejó de
existir el territorio de Tehuántepec en 1857; de
suerte que se deben agregar 28,000 á la cifra an-
terior, cuya suma da 366,859 habitantes.
El último documento oficial ministra los si-
güientes datos:
Cantón de Verácruz.
Túxpan .•
Misanila .
Jalapa. .
Gosamaloapan
Goatepee.
Jalacingo
í^apantia.
Acayucan
Oriza va. .
Tuxtlas. .
Tantoyuca
Huatusco.
Córdoba .
Zongolica
Minatitian
Tampico.
Chicontepéc
41,914
26,166
6,912
46,7^
15.,5S7
25,194
30,266
1S,609
16,559
41,601
21,345
22,12a
13,522
31,983
14,793
12,583
23,468
31,177
■i 1 1 1 ■ II
437,307
Eq consecuencia, el aumento de la población
en quince años ha sido de 70,648 habitantes;
42
cifra que corresponde á menos de uno y medio
por cada cien individuos.
ESTADO DE YUCATÁN.
Diversas cifras se han publicado respecto de
la población de Yucatán; cifras que proceden ya
de trabajos oficíales^ ya de cálculos extraoficiales:
unos y otros revelan, ó la inseguridad de la base de
que parten y la dificultad de formar el censo de
los habitantes de la península, ó bien un movi-
miento muy irregular que unas veces crece poco,
y otras mengua extraordinariamente. La guerra
de castas qué se ha entronizado desde hace tan-
tos afios sin que, para mí, haya esperanza de ^ue
algún dia cese, es ciertamente la causa de las irre-
gular;idades en la marcha de la población.
Don José María Duran, en su artículo sobre
población para 1862, publicó, respecto de Yu-
catán, los siguientes datos:
La población de este estado
en 1845, según su esta-
. dística pubhcada en el to-
^ ma tercero del Boletín de
la Sociedad de Geografía y
< Estadística, era de... . . 575,361
En 1838 el Instituto. . . . 580,984
43
En 1856 Lerdos de Tejada. 668,623 ,
En 1857 el Atlas 668,632
- La misma era la del Minis-
terio de Fomento. • . .
El Sr. M. P. (1858). ... 450,000 .
Que demuestran las circunstancias que he in-
dicado.. El censo que en esta noticia aparece
para mí aceptado eíi 1857, no lo fué en reali-
dad, pues en el Estado respectivo del Atlas, no
obstante que consigné esta cifra como el último
dato, hice acerca de él consideraciones fundadas
qiie me condujeron á estimar la población de la
península para acuella época solamente, en unos
doscientos ochenta á trescientos mil individuos.
Indudablemente que esta cifra fué baja, si en el
censo cíe Yucatán deben comprenderse no solo
los indígenas mayas sujetos y sustraídos de la
obediencia del gobierno, sino aun los habitantes
del Peten, poblado antiguamente por los itzaes,
tribu de los mayas, que fué conquistada por el
gobernador de Yucatán don Martin de Urzúa
en 1797.
Segregada la parte de Campeche para erigirse
en Estado, juntamente con la Isla del Carmen,
aun cuando se admita en la actualidad para Yu^
catan la misma cifra que en 1857, su' población
habrá adquirido su aumento natural, según se
comprueba con el último dato oficial.
44
En 1857 admití de 280,000 á. . 300,000
Los ddtos oficiales para 1868 dan 282,634
i***arfM«i*
Distribuidos de la manera siguiente:
Partido de Mérida 42,141
Hunucmá 18,614
Sisal 3,959
Acanchó 22,238
Tiikokob 17,557
Motul 20,744
Temax. . . ; Í6,99S
Itzamal 25,211
Zotuta . 11,313
Vaíladolid 18',370
Ezpita 11,277
Tiximin. . 11,514
Tekax. . , 15,073
Peto .....' 8,131
Ticul 23,645
Makcanú 15,832
mmmi^m^má
282,634
Se encueatrain además sustraídos
de la obediencia del gobierno 139,731
>**aa***ai^^
Censo de 1868 422,365
Eü 184S el secretario de gobierno del Estado
presentó á la legislatura su Memoria, en que cons-
*5
taa los sig^iant^ datos^ (jue son ciertamente ofir
cíales (sin rncluir el distrito de Caaipeche).
Distrito de Mérida 91,229
y> delzamal 67,423
D de Tekax 35,505
y> de Valladolid . . . 23,066
' Total. . . 217,223
Tomando el promedio de la diferencia en fa-
vor de la población, según el movimiento de ella
en cuatro afios, da 10,500; y en los veintitrés
años trascurridos desde aquella fecha hasta el
afio próximo pasado, el monto dé su población
deberia ascender á 458,723; cifra mucho mayor
qoe la del último censo, y que revela igualmen-
te la irregularidad en el crecimiento de la pobla-
ción, según queda indicado. La relación del cre-
cimiento, con* arreglo á estos cálculos, es por lo
menos de im tres por ciento anual.
£n la estadística de los sefiores Regil y Peón
se distribuye la población según sios ra^as: cuar-
ta parte de blancos y castas, y tres cua^rtas de
indígenas.
El doctor Mora ha calculado que la población
de la República debia duplicarse cada diez y ocho
años. Respecto únicamente de Yucatán ha habi-
46
do en su apreciación acierto^ á juzgar por los da-
tos que he manifestado^ salvo los errores que pu-
dieran resultar y son consiguientes á cálculos
semejantes y á la inseguridad de la base de que
se parte.
ESTADO DE ZACATECAS.
El censo para 1854^ según documento oficial^
fué de 280,087, y el movimiento de la pobla-
ción dio en los afios de 55 y 56 en favor de
ella, 16,702, ó por término medio 8,352; au-
mento que corresponde á tres por cada cien in-
dividuos. Calculando con esta base, se obtiene^
en los catorce afios trascurridos desde aquella
fecha, el aumento de 116,928, que sumado al
censo de 1854, da para 1868 la suma de 397,015.
El cálculo comprueba el censo que remitió últi-
mamente el gobierno del Estado, y el cual es eo-
mo sigue:
Distrito de Zacatecas. ... 65,687
FresniUo 55,157
Sombrerete. . .♦ 35,745
Nieves . 28,291
Mazapil. . . 7,951
Ciudad García.' ...... 44,123
Al frente. . . . 236,954
■ 47
Del frente. . . . 236,934
Pinos •. 38,846
VülanueVa ........ 44,893
Sánchez Román 27,811
Jaohipila. .•. . . . . . . 18,106
NochizÜari . . . . . . . . 20,022
Ojo Caliente i 8,34S
Censo para: 1868. . . 394,977
DISTRITO DE MÉXICO.
Según el último censo y los cálculos relativos
á la ciudad de México^ de la que trataremos en
seguida^ el número de habitantes puede esti-
marse en 315,906, distribuidos de la manera
siguiente:
Ciudad de Méxicci . . .
Prefectura de Xochimilco
y> deTlalpam .
y> de Tacubaya.
3) de Hidalgo..
240,000
29,541
25,533
12,758
8,074
315,906
• á
48
TERRITORIO DE LA BAJA-GALflrORNU.
' El censo oficial da para 1968, 21,645 habí-
tantos^ los euales se hallan distril^uidos de la
manera siguiente:
Municipalidad de la Paz
9
»
y>
de San José. .
de San Antonio
de Todos Santos
de Santiago . .
de Mulegé. . .
de Gomondú .
de Santo Tomás
3,698
3,108
3,771
1,084
1,722
1,40S
1,3S7
3,300
21,645
OXIDEN DE LOS ESTADOS.
Btya-0«lir«
Ihiranga
Veracíuí.
Zacatecas.
GiiniMcl
Sinaloa.
NiiCTO-Leoí)
Tabasco.
Puebla .
Gaaaf^ueUi.
Agoaacalteníes.
■ercJag.
Tlaxcala
DiU. de México.
Iféiíco . .
Sao Lais .
Veracnii .
Ineauí. .
Hidalgo. .
Zaeileca».
Dútrilo. ,
Cbiapas. .
dubnahua
MtKvo-Leon
Oaraiia .
Sinaloa . .
Soaora . .
Querétaro.
Tlaxcata . . .
AguaacilieniM.
TamaolipB!
Goabaila .
Tabatco .
Oippccbe
Colioia . .
Baja-Califoi
I DisWto. . ,
? Ttaxcala . .
3 Guatuijaato.
1 Mordro. . ,
5 Héxicp. . .
B PoeWfl ....
7 ¿Auatcalientea-
8 Bi(tgl«). . .
9 Qnatitaro. .
TO NttlioaeaD.
11 Colime . . .
12 Jalisco . . .
t3 SanLoii, .
14 Teracrui. .
Número tolal 8.8)3,759
No hay datos respecto de población más difí-
ciles de obtener, que los relativos á la ciudad de
México en la ópoea presente. Las conmociones
políticas han impedido á los gobiernos fijar su
GUuU-CnAi.~5
50
atención en tan importante asunto^ y por otra
parte la inveterada costumbre de los habitantes
de ocultarse á los em]i)adronamientos^ temiendo
nuevos impuestos ó su ingreso al ejército^ han
hecho muy difíciles las operaciones del censo
las pocas veces que la autoridad ha decidido su
formación. No nos queda más que un solo re-
curso para investigar el censo actual 'de la capi-
tal de la República: el cálculo, tomando por base
el censo antiguo que merezca más. confianza.
Este procedimiepto es sin duda defectuoso, por-
que se carece de otros datos que nos acercarían
mucho á lo cierto; tales son los que se refieren
al movimiento de población. Si no poseemos un
buen censo, se puede atribuir á las circunstancias
que he indicado, y esto constituye una disculpa
legal; pero carecer de las noticias de nacidos y
muertos para averiguar el progreso ó decreci-
miento de la población todos los años, es una
falta imperdonable. Los censos que inspiran más
confianza son:
Censo de Revillagigedo (1790). . 112,926
Padrón formado por el juzgado
de policía (1811) 168,846
Censó por Navarro y Ncriegá,
(1820). . . : . 179,830
Boletín de la Sociedad de Géo- '
grafía, para 1838 205^430 '
&1
El censo de Revillagígedo pasa por uno de los
más exactos; y siendo además el de una época
más remota y el más bajo> deberemos tomarlo
por base del cálculo. Si se considera como au-
njiento probable al año únicamente t),8 por 100,
creo que no hay exageración, y el resultado no
s^e alejará macho de la verdad.
Así, pues, én 1790 el censo era de ll?l,9áB.
Calculando el aumento progresivo en períodos
dé veinte años, tendremos:
w ■ •
Para 1810. ... 131,026 "/ :
'' Para 1830. . . . 1S1,986
Para 18S0. . . . 176,306 :
Para 1870. ... 204,306
; -El aumento aniial en el último período corres-
ponde á 1,410 habitantes.
,- P.ara investigar la certeza de este dato, eg pre-
ciso recurrir á' las noticias que he podido propor*
clonarme acerca del movimiento de la población .
Debo las de nacidos á la bondad de los señores
gobernadores de la Mitra, y la de defunciones á
las oficinas del registro civil. , , ;
53
NOTICIA DE LOS NACIDOS
EN IM aNOS fiOt A XtMIKMlf.''.
■Hi *
PARBO<eüIAS.
San José
Santa V^racroz.
La I%Ma .... i ....... .
San AatoDio de le» Huertas. .
Salto del Agua
Santa Ana.
Santa María
San Sebastian >
San Pablo
Sagrario ..............
Santa Cruz y Soledad
Santa Cruz Acatlaú ,
San Migud
Santa Catarina
1867.
1868.
TttaL
6Y3
\ 80S
m
481
273
413
454
656
4,513
816
74
49t
753
692
789
190
m
472
339
422
474
1658
1,489
665
84
366
789
JOfdM
7,674 ^ 7,798
¿M. il l>! ,< t
1,^
m
953
612
835
928
1,314
3,002
1,681
158
857
1,542
15,472
No teaiendo más dato oficial respecto de
defoDcíones tfíb el relativo á 1668, nos serviré-
mos úbicámente del dato respectivo de nacidos
para sa conaparadon:
Nacieron en 1868 7,798
MurieroD 6,293
Aumentó la población 1,S05
• El aumento obtenido por medio del cálculo
en el último periodo indicado, 1850 á 1870, se
53
Q^6.udQiti:;a pr^mimeote conforoiie coa el qae
am>i%Q loa diktos.dfi qAoiúoieiitQ de pobladoQ.eflt
18^. ári86$, £1% ento seauUa de una iiiaQdi9>
•
comprobada, hasta donde es posible la compiOH
)^i(m eikootfekM sujetas 4 oálcnÜQ, que la pobla-
Qiea d» k "fiflipiial^^ dift^4,0Q0. La relaaton dd>
Q«8 $or «^1»^ <]nei Jba^ tetmdo de basa paca ei
etíi¿k, 9d;ira£k«re loúMmoata «I rtfeñdo oeaao»
«p tarifa'' en. oi^eRta. oí la poblaeioo antba-*
laüt^ ,QÍ.lli0„«iükúi&, oí loa ex^ojeros. Estos
ti«mpe k pobM» de k candad de M^iioo, y
nQ:$eiíaMiyei).^ml«, por tanto, darle mi a^mo
piffd iWipixs. k máaos de 91^,000 altaaa,
^ Ueeipa d^.k iixteinresjáóii m preteor
dio formar .el'ipidroQ de k ciudad, y w ?e-,
«litado a|)éQAls clb^'ó' k nweo» de su» habltao^tes
nuestro $útei)94 de empadrcóiamtQftto, defec^
twso ppT'jí*» f»rt^. y las ooulta^pOies per k
otra, bac^ pre^iiii^u'- c(m f^odaoieitto, que aerea
de k mitad de^ia pobkclqa qoeda fue^a deJL pa-
drón, y pmoho m^ ea ujcta épqoa ta» ; delirad»
y pel^roaa «cvdaq k del tíeo^po ó- que ote tefi^ro.
JEÜ empadrenanúeato 9mi«lUueQ, k prvdenold
y; aptitucf por parte de Im émpacboeadore^i y k
t>aeQa djspo^ios <ib loa habitantes f>ai:a cumplir
«on la ley relativa ú asunto, son círoanajtanoiMt
54
indispensables para lograr un censo perfecto;
pero tengo la íntima conviecion de que tales re-
quisitos no se lleni^on en aquel tan interesairté
trabajo. :
Los anteriores cálculos^ ejecutados bou él fin
dé investigar el grado deúeíaolitud que mcuiezfian
los datos remitidos al Ministerio de Goberíi&oion^
demuestran la lentitud coñ^e knarchá á su ore-
cimiento la población. Según el Dr.^ Moira^ ésta
debería duplicarse en di trascurso ^ diez y ocho
afios> y según el barón de Humboldt en diez y
nueve afios^ si no etístiesen oi^taís causas \t>er-
turbadoras. Conforme á estas asereionesy la Re-
pública bebería contar por lo menos 1^4^000^000
de habitantes^ y la capital d&2)Q0(^;\Wménáé en
consideracioa su pobladon en 1^50.
Las enfermedades reinantes de k 6apitaÍ> de
las cuales la pulmonía ocupa el primer lugar^ á
consecuencia de la elevación del suelo^ los aires
nortes, reinantes y su inconstante temperatura^
pueden sefialarse como cau^a principal del pro-
greso lent<> de la población;; pero es preciso
apuntarlas verdaderas causas de insalubridad
de México^ para no atribuirla como muchos pre-
tenden^ á- su propia naturaleza. Mi opinión á
este respecto es dinmetralmente opuesta; porque
en efecto^ ¿qué medidas se han tomado alguna
vez para mejorar las condiciones higiénicas de
55
la ciudad? ¿No vemos diariajpente remover el
cieno de inmundas atarjeas^ impregnando el airQ
de miasmas nocivos¿, ¿Se han dictado providen-
cias para la convj^nientejnhumacion de los cada*
verea?
£n Iqs pau^pnes^ en lugar de la fragancia de
las floiBs^ solamente se* respiran, y muy parti-
cularcpiente en Santa Paula, miasmas deletéreos
que son tan desagradables al olfato como nocivos
y peligrosos para la vida: la pésima costumbre
de la inhumación en nichos, la situación de los
pmciteones en los Jugares en que reinan los aires, y
h: de lo? hospitales en el centro de la población;
Iqs inmundos muladares que la rodean, y las
demás circunstancias indicadas, son causas sufí-
cJentQs para hacer insalubre el lugar más favore-
cido por la naturaleza. Si todas estas circunstan-
4á4s existiesen reunidas á la vez como en nuestro
l^íéíieo, eu: cualquier otro, lugar de la tierra, pre^
Cjt3.o.es CQja venir que seria inhabitable.^
Si, conqo lo espero, las autoridades, en cumpli-
miento de un deber sagrado, fijan su atención en
tan delicado asunto y dictan las medidas propias
á remediar los expresados males, disminuirán las
enfermedades que hoy in[ipiden el aumento na-
twjd de la población, ó por lo ipénos se presen-
tarán con mayor benignidad. La Cffusa de tales
males, repito, no está en la naturaleza, sino
/
56
más bien en la apatía^ en la indifereaoia ó en el
egoísmo.
En las poblaciones^ y miíy particularmente en
las ciudades populosas como la nuestra, debe píxy-
curarse antes que el embellecimiento, un buen
arreglo de policía en todos sus ramos: lu pobla-
ciones que disfrutan de esos beneficios, insensi-
blemente progresan y se embellecen cómo una
consecuencia del bienestar.
En tal virtud, y aunque parezca repetir mis
conceptos, debo manifestar qué si se quiere dar
la mayor salubridad á México, es preciso modi-
fícar las condiciones higiénicas, que en la actaa-
lidad no pueden ser peores, para lo cual debe
.atenderse de toda preferencia:
1 .^ Al desagüe directo y canalización del valle
de México.
2.^ Procurar el mejoramiento de la clase me-
nesterosa, tanto en sus habitaciones que hoy
son húmedas y malsanas, como en sus alimea^
tos, que en la actualidad ni son variados ni nu-
tritivos, ni los que corresponden á sus penosas
ocupaciones.
3.*^ Cegar las innumerables acequias qué son
otros tantos focos dé corrupción. "
4.^ Desecar los pantanos^qué rodean la ciudad.
5 .® Destruir lois inmundos muladares que exí^
ten en los suburbios y sustituirlos con arboledas.
67
6.^ Retirar los hospitales del centro^ colocar
los panteones fuera de los Sire^ reinantes^ y adop-
tar otro sistepa de inhumación.
7 .^ Dar vida & los barrios que perecen por falta
de agua.
8.^ Perfeccionar el sistema de Hmpíeza de
la& atarjeas.
9.^ Llevar adebnte la disposición relativa á
la coüstrücdon deinodores en las casas m cuyos
calles hay atarjeas; y hacer desaparecer cnanto
áfites los intaundos carros nocturnos que transí*-
ian aun por lais mejores calles de lá ciudad con
detrimenta dsi buen nombre de ésta.
10.^ Fimtur árboles en todas las calles anchas
de una manera conveniente^ y norsobre las ace^
ras y á corta distancia un árbol de otro^ como
ya se ha térifícado^ pues credendo su foMá|e y
entrelazábdose, impiden la Ubre circulación: del
air&ytte4os rayos del sol^ conservando en la su*
pel^cie del suelo la humedad^ circunstancias que
perjudican la salubridad.
11.^ Sustituir las ca&érlas de pbma por cafie-
rías da fierro.
Conoztso suficíeotemonta que todas estas om^
joras demandan tiempo y diaero y;Qo aen fáciles
de llevar á cabo desde di momento j pero debeei
emprenderle^ pues á medida que adelanten iré^
mos obteniendo sus beneficios.
58
Me he extendido demasiado respeeto de la po*
blacion de México^ porqué eonodendo sos males
he deseado indicar sus remedios; pero ana yez
conseguido el intento^ seguiré tratando déla po*
blacion en general.
Para demostrar que la de la República marcha
¿ su crecimiento con una lentitud que entnstece>
bastará comparar la que hoy se consigna en estas
noticias y la que debería tener si progresara de
una manera regalar. Para obtenw eaíbd último
dato fijémcmosi en el censo del hvtw de Hom-
bóldt de 1825^ deduciendo k pvto ijofi con^esr
pende á los antiguos Departamentos de Tejas^
NneYo*México y AltarGalifomia^ que hpy perte-
necen á la Union norteamericana, ,
Censo del barón de Homboldt. 7.000,000
. Territorio, perdido 118,000
■>r
Resta 6.882,000
I
«
En el Boletín de la Sociedad dé G(H>gra{ia^ to-
mo I^ página 13^ se dice: « Por la observación más
es(»*upulosa del movimiento déla población en di-
ferentes quinquenios^ se ve Jorobado en \bs Tabla$
ffeográficq-políticas, que el aumento de nues-
tra población eu afios ben%no8 corresponde á imo
cuatro quintos por ciento. 2> De suerte qué según
59
esta relación, la RépúbUca en 1870 debería te-
' nei:12.81&,430. habitantes.
Población degun esto cálculo. 12.816^420
Población actual de la Repú*
. ilica. . , • • . ..... . . 8.84Sji7S9!
•rttaa
íiaereacia. ...... 3^970,661
i.
■ I
En qiie puede estimarse la perada que ha su*
feido la poblacicm de la República^, á aonisecuencia
de las guerras dijtfles> la de los americanos y la de
la intervención^ las invasiones del-eóiera^ etc. •
-Los datos estádístícos^ por impeorfectos que
hayan sido> han^dadoi&erza y: valor á la opínidn^
*qüe para mi és un hecho^ de que la raza indígena
se debilita y decrece ^á la vez que se vigoriza y
progresa la raza Uanóa. Este bec¿o está en per^
feeto acuordo con las leyes de la naturaleza; el mal
de la raza indígena existe^ para su decreciaüento^
en" sus propias costumlxres^ en las condÍGiones hi-
giénicas de su modo de vivir; Una miserable choza
sirve di3 habitación á una numerosa famiUa/y en
ella hacinados verdaderamente sus moradores no
pueden ffiénos que 'respirar un a|re inifiñonado^
siendo ademas-sus/álímentos esK^ásos y póeüñu-^
tritivoS) á la vez que penosas y fuertes sus cuo-
tidianas ocupaciones, i Lástima causan esos desr^
60
graciados indígenas^ qoe sin distiacioa denxo ai
edad se ven en las avenid» de U pobb^Oa j j ago«
biados bajo el peso de fardos enormes^ regresar
¿ sus pueblos con el mezquino prtcio de Sú» mer-
cancías.
Sioonsideramos al indio desde que nace> y aun
antes de nacer^ no vemos otra cosa que una serie
de miseria y de abyección. Las indias^ aun en la
época de su mayor embarazo^ no abandonan sus
penosas f«enaa/ y sin oui^o por el gár que «a su
vientre vive, se oeiupan en k molienda del vatín
y fabricación detartillM, ooupiietQnw ^ IMI
puedm menos que ser muy nocivas i It genén^
eion. Aun no pasada la edad de la laotiln(áa» se
cria el nifto con tortillas^ frutas y otros atimeotM
impropios de sus facultades digestivas/ ocasión
jiando 4 los niflo» con tal imprudencia ditrreM
y otras ei^nüedades qua los conducen ai wj^xsir
oro, ó nuando menos se crian débiles y eeiérmi^
70S. Las Tíraelaa, ¿ conaeeuenoia del abandono
& indiferencia da los padres respecto de U vfK
cuna, eáusMi lamentables estragoSj. áeado esi
enfermedad de las más peroicioáM en la líasia m*
dígena;.
Laiitttíffiía que. poseo del moviaiento de la
pablaiaionea ^ pueblo de Ixtaaahso> y la Quid
revela, á juzgar por los datos, que el re^^a^eo
dvll no ha extendido su dominio á dicho pueblo.
6i
corrobora la opinión deldeoredniiento de la raza^
debido particralarmente á la mortalidad do loi
párvulos •
Bo 1866 nacidroa. . ;• . . . id^S
,, mbiwoQ. . . . . .100
Diferencia en ^Atta. . ^ . . « 2$
i
Fí^mmndo en la oot^rtandad 140 ptovulos,
tSnel afioile iB&d; a^n enando resoka por la
ootnparaeidn dolos datos un attinento á la pobla«
don de S9: individuos^ los párvulos representan
ea la mortandad la cifra dO .65y por 34 ios
adultos, -
pn lie¿ho debellaixiar miidbio nues&a atenoionjt
poique prueba qtie la diaigtadaoion de la raza no
está en stí propia naturaleza siaoon las eóistumbres
de siis indivicbois. Las indias <fo los pueblos cer-
eanps á: las cáptales^ empleándoée en las casas
partí culaiFes como nodrizas» crian nifios sanos, j
robustos^ porque en su nuevo empleo mejoran
de nondioion por iri aseo á que se les obliga^ pot la
buena alonéntadion^ y: en fin, por él total eaua»
yo do sQB^xindidoiDieis higiénicas • Pero esta dais-
soaeircunstanbia^üaitialmu^ grave para la
tata: guiadas las mujeres por el intteés díe gan»
mejor sueldo^ abandonan sus propios hijos á los
62
cuidados mercenarios de -otras mujeres^ como si
fuera posible sustituir el amor y cuidados de una
madre.
Otra de las razones que á mi modo de ver causa
la degeneración de la raza indígena^ es la de los
matrimonios que se efeétú^n de una manera ín-
convenrente y prematura. La edad nubil de la
mujer eñ nuestro país^ médicamente considerada^
es á los diez y ocho afios^ y en la tierra caliente
á los catorce; pero entre el aserto de la medioina
y su consecuencia^ media' u¿a enorme distancia
según mi humilde concepto» Respecto .délos
indios sé nota con frecuencia la maíon entre una
mujer que apenas ha llegado á la edad^ de sudes-
arrollo y un hombre de cuarenta ó más afiosi eh<-
teramente desarrollado y robustecido:: la iuijer^
en consecuencia^ se deitñlita y enferma^ y losiuíto^
que de ella nacen son débiles y raquítfeos: ^ > >
Si á estas cdusaé^ que "tan poderosamente obran
en el decrecimiento db la raza itidígenay se agre-
ga la sensible diminución que ha sufrido á con-^
secuencia de nuestras guerras civiles^ pues larasa
indígena constituye en su mayor parte el ejérci1«it>
se verá con'oborada la verdad de mi aserto. :'
¿Cómo destruir tantas' y tan póderosaa^oafüsas
que conspiran al aniquilamiento de la raza indl'^
gena? El único medio es el de cambiarles las
condiciones moral é higiénica dé su yida/.ilus-
63
trándoles y criándolQs necesidades de que total-
mente oarecea. ¿Perú el paüácter del indio se ha
prestado, se presta ó sé: prestará á^tál remedio?
Muy Midki'^i píerQ'^aiQ jQQQ^bre de la homanidad
debe, iuteatarsej y eá todo caso existe ¿otra reme-
dío.radicaLparamás tarde: la< inmigrAQion, .7
Qomo icansecimda de é^ieLcrazamiento. de la
'raza. .- "h:-^".' '.A^ ..:./■ :■■' i-.-' ?'f\ -.•
Ei^diando dliearáeter/uao&--ytoostumbres! dé
ks disiintas'tFÍhtta4^e balátan U Repüblioa Mexi^
cana, se obserra^que nd todas se encuentran en .
ks mismas, cinmnstancías respecto de su condin
¿ion, dobilídady eiTÍlizacien. &i unas, como las
que constituyen los comanches, apachas y séris
en nuestras fronteras> la barbarie se halla eatóda
su plenitud: la perfidia, la traición y la crueldad
son las circunstancias esenciales de su carácter;
ellos son princ^almente los que impiden el des-
arrollo de les ricos elementos de nuestros Esta-
dos fronterizos y los que hafti diezmada la por-
blacion de aquelks extensas * comarcas, sin que
hayan! bastado . á . réducislos la pa; y protección
eon que se les há brindado por nuestros gobier-
nos' y por, el gobi^no colonial.
Pero* 310 si&mpue la justicia y la razón han es- .
tado departe de la raza blanca/ según lo demues-
tran las siguientes líneas. '':;
En el siglo pasado tas compañías presidíales
64
del Altar y Horcasitas^ después de la tenaz per-
secución que empreadieron contra los seris, lo^
graron establ^er con algunos de «Uos, pue-
blos com6 el de Seris^ cetca é^ Hermosillo^ y
pacificar el resto de la tribu; pero esa paz fué
efimera y de poca duración^ pues de nuevo sa
sublevaron^ destituyendo haciradas y ranchos^ y
desde entonces han continuado siendo el a^ote
áb los caminantes^ principalmente en el trayecto
de Hermosilio á fíuaymas Diohosaiiiente para
la humanidad se ha reducido mucho su uúme^
TO, y apenas cuenta hoy imoa quinientos indi'-
viduos^ de más da dos mil que eran á fines del
siglo pasado.
Los demás indios de Sonora^ tales como los
yaquis^ máyos^ pápagos/ ópatas^ etc.^ hombres
fuertes y bien constituidos^ laboriosos y de carác^
ter dócil^ son otras tantas razas útiles y vigoro^
sas^ de las cuales las autoridades del Estado no han
sabido, sacar el ventajoso partido de qwson sus**
ceptibles. Las feraces campiñas que forman las
vegas de los ^os Yaqui y Mayó^ y la bella ca^
nada de Ures/ ponen de manifiestoconsuspro*
ducbiones^ la laboriosidad de los indias^ ast eooH)
los condeptos vertidos en las siguientes lineas;qae
inserto, dan á conocer la conducta seguida por
el gobierno del Estado. :
En 1825 se dio por las autoridades de Sonora
65
una disposidon que ordenaba la mensura y va-
lilo de las fíneas pertenecientes á los pueblos
del Estado^ y tenia por objeto el arreglo de las
contribuciones,- Los pueblos dd Yaqui represen-
taronalgefe político^ por medio de una comisión,
contra la tal providencia, 'pidiendo su Bovocacion,
apoyándose en razones más ó menos bien funda-
das, pero que á la autoridad correspondia es-
cuchar.
En aquellos, momentos un ; gefé militar recien
UegadO' al Estado, mandó una fuerza dé doscien-
tos hombres para reducir á prisión á/los. autores
de la reíffesentacion, y esta proYidencia dio orí-
gen á la sublevación de los indios.. El gefedela
fuerza cumplió la orden, y al set atacado por los
indios, dio lEiuerte á sus prisioneros, incitando á
sus contrarios, con ial proceder, á vengarse de
sus enemigos. ^ .
Tal fué el principio de la guerra de los pueblos
del Yaqui y del Mayo en 825, y que por espacio
de tr^ afios sosUivieron las fuerzas que al mando i
del coronel Paredes salieron de Guadalajara. Des*
pojados los indios de. sus propiedades y teniendo
que luchar con enemigos que les hacian ún guer-
ra sin cuartel, oohtinuaroa haciendo uso del de-
recho, de represalia, contribnyendo á la ruina
del Estado, hasta que en 1828 se hizo con ellos
la paz;^ que tampoco fué de larga duración, pues-
GarcU-Gubas.— 6
\
66
to que en diyersas épocas, ya por la imprudeoeía
de algunos gobemaotes ó por naestras cc»itíeiL*
das dviles^ Sonora ha sido el teatro de coatinuas
reToludones que lo han arnñnada.
La conducta observada respecto de esos indios^
susceptibles de adquirif el mayor girado de cm-
tizacion y que por las bellas drcuiistaneías qua»
los caracterizan formarían una parte muy üoper*
tante de la población mexicana, ya como Talero-
sos y fuertes soldados, ya como diestros agsicul*
tores y mineros, ba sido las rnáaveceain^rodeii^
te. Si los indios, en el (»is5 citado, representarea
haciendo uso de uno de los más bellos derechos
del ciudadano, y no opusieron Tiva raristenda al
avaMo de sus solares, la prudencia eidgia de las
autoridades haber tomado otro caoii&o que el de
h guerra: en éstas residía d poder y la cíyíIí^si-
cion, mientras en los pobres indio» la debilidad
y la ignorancia. ¿Podria esperarse que esa raza
conquistada en otro tíempo> fuera tratada por los
libertadores de otra manera que la trataba la
raza conquistadora?
Entre las demás tribus indígenas debo dtar,
como Qcds numerosa, la familia mexioana que se
actiende en ios Estados de Sinaloa, Jalisco, Mé-
xico, Qaerétaro, Guanajuato, Hidalgo, Puebla,
YeracFuz, Guerrero y Oaxaca. Estos indios, dea*
cendientes de los antiguos mexicanos, no todos
J
67
han consenso la pureza de sa raza, de sus cos-
tumbres y de su idioma: los que habitan los lu-
gciresr pró»a¥)s á las ca{4t;ales^ sou los más de-
geaeradog; 30a los^ ánimos que^ su^jios y atidra-
]o»w, vwQfi^^cm su&oi^<oa]icías ea las calles de
l£éskO| ebvios hsi más veoes y parti9ularmeiite
lag in4ia3> Loa habitantes de la$ sierras y las
costas^ oocQO h» huAuohifQangos^ totonacos,: eto.,^
son, por el contrario, ^^eados, c(mservan mágf
puras sus cQBtumbree' y su idioipa, tienen ver-
dadera repugnancia ai robo, y todos se dedican
al principal r«mio de la riqueza pública, la agri-
cultui^a. laa indias no solamente son aseadas,
3ÍQ0 que aun puedo decir, relativamente hablan**
do, elegantesj, pues cuidan de su tocado, tejien-
do sus trenzas con cintas de colores, y ostentan
en dmhomhvo^éí^quich^ufimelj primorosamen-
te hondado con estambres y sedas asimismo de
colores. Par otea parta, el carácter dóeü y res-
petuoi90 dé estos in^^a fadllta los n^edios de
ilustrarles, creando verdaderos ciudadanos que
hoy sokmttita lo son por el nombre que nues-
tras, leyes les ototgao. Los huauchinangos se
dedíoani á oohiiFar, en las laceras de las monta-
fias, la cafia do azúcar, de la cual extraen el
aguardiente j fobriean páctela. iCuántas venta-
jas obt^idna la República cm la ensjefianzaé
ilustración dá esos indios y con la colonización
68
de los extensos y feraces terrenos, casi despobla-
dos, que aquellos poseen!
La raza yucatecá, raza belicosa y crecida^ ha
causado muchos males á la República. Pocas ve-
ces en paz y casi siempre en una gnei^iu desas-
trosa, ha arruinado la península de Yucatán, ^e
por su posición geográfica y sus ricos elementos
debería ocupar un alto rango entre loa Estados
de la confederación mexicana.
' Muy curiosas é interesantes son las noticias que
acerca de esta raza consigna el Sr. D: Santiago
Méndez en su Memoria presentada al Ministerio
de Fomento en 24 de Octubre de 1861. (Véase
el Boletin de la Sociedad Mexicana dé Geografia
y Estadística, segunda época, tomo segundo, pá-
gina 374.)
Después de haber tratado aderen de algunas
razas que habitan la parte central de la Repúbli-
ca, las ncrticias que poseo nie permiten exten-
der estos apuntes á los indígenas de Tabasco y
Chiapas.
Las costumbres; usos é inclinacianes, en ge-
neral, de todos estos indios, no revelan cierta-
mente una esperanza para el mejoramiento de
su raza y utilidad de la nación. Muy delicada^es
la tarea que me he im^püesto, pues no ^tan
personas que atribuyen á falt|i de patridüamo el
hablar con toda franqueza respecto de los defec-
69
tos .de nuestra población; pero yo veo que la na-
ción no inarcha á. su engrandecimiento con la
rapidez que. desean las autoridades y la parte
progresiva de ella,. y es preciso estudiar y seña-
lar, sus males. No quiero que los conceptos ver-
tidos en estas líneas aparezcan como imputacio-
nes nacidas de mi imaginación, y por tal motivo
me apresuro á manifestar que tales conceptos
constan en los documentos oficúdes que obran
en wx poder.
Los indígenas de los pueblos del partido de
Jalpa, y lo: mismo puede decirse en general de
los demás indios de Tabasco, á pesar de su do^
cuidad, prefieren la vida salvaje en las montañas
á las ventajas de la sociedad, si. por este medio
pueden eluitír toda carga concejil. Solamente en
sus festividades religiosas se les ve reunidos, y
en tales circunstancias se entregan de tal mane^
ra á la embriaguez y á. la glotonería, que con-
traen graves; enfermedades, anticipándose las
más veces la muerte. Con pocas excepciones,
viven continuamente en la vagancia, y propagan
:Su especie sin respetar ningún grado de paren-
tesco. Pretenden curar sus enfermedades con
raíces y plantas nocivas á la salud, ocasionando la
muerte particularmente á los niños. Tal vez todas
estas circunstancias son la cau^a de que muy po-
cos individuos lleguen á la edad de 50 años.
70
Los indígenas que habitan las márgenes de los
rios Üsumacinta y tributarios, son, en su mayoí
parte, oriundos de Yucatán,, y como todos los de
su especie, oray afectos á la embriaguez. Los in*
dios de Tenozique, hace unos cuarenta años eran
suinamente honrados y probos; pero su xinion
con los petenes y emigrados de Yucatán introdu*
jo en ellos la desmoralízadon.
Estos y otros defectos, aunque con algunas «x-
cepciones, reveíanlos documentos respecto -de los
indígenas del distrito de Gomrítan, del Estadd de
CJhiapas, y los cuales, por eritar repetiteíones y h&
hacer iíaútihnente más extenso este «rtícolo, me
abstengo de extractar.
Las anteriones líneas manifiestan la débadencia
y degeneración en general de la raza indígena, y
los pocos elementos dé vitalidad y vigor que ofre-
ce para el progreso de la Reptiblica: las minias
costumbres, el mismo carácter reservado y des-
confiado que tenia el indio en tiempo del gobier-
no colonial, ha seguido manifestando bajo las
leyes protectoras de la ítepüblica, t[üte le otorgan
justamente el título de ciudadano; pero, como
antes he tñanif estado, no soy de los que deses-
peran de su civilización, y oreo que el medio tíAñ
eficaz para lograrla consiste en el cruzamiento de
la rara por medio de la eofonízacion.
Este seguro remedio para contener los innu-
71
mer&btes males que impiden d progreso Báttiral
de la &aoioB^ no se lia logrado^ porqne^ pam mi,
no han existido leyes proteetoras^ fmidadas eta
la previsión, que den garantías y proporeicíiien
trabajo álos colonos; que determinen el deslin-
de de los inmensos terrenos baldíos que posee la
nación, y su estudio respecto de la climatología,
geología y producciones; y en fiu, que ordenen
la manera conveniente de hacer productivos to-
dos los terrenos del país, ya sea por la enajena-
ción ó por el arrendamiento de los terrenos que
no pueden ser cultivados por sus poseedores.
Nuestros propios elementos, según se ha tratado
de demostrar en este artículo, por heterogéneos
y por escasos, no bastan para llevar á la nación
por el sendero de su engrandecimiento. La co-
lonización, y en mi concepto solamente ella, es
el remedia radical de nuestros males.
Si existiesen leyes como las á que me refiero,
la nación vería á estas horas llegar sin interrup-
ción colonos europeos á sus costas, atraídos por
el brillante porvenir que nuestro fértil suelo con
su hermoso clima ofrece al hombre • laborioso
y emprendedor; veríamos aumentar diariamen-
te nuestra población, á la par que la de los
Estados -Unidos, del Brasil y Buenos -Aires, en
donde la inmigración europea es un elemento
de prosperidad.
72
A la autoridad toca fijar de una manera deci*
dída su atención en este asunto, porque interesa
al porvenir de la República.
México, Mayo l.^de 1870,
»■»
lUPR^ONES OG UN VIAJE
LA SIERRA DE HÜAÜCHÍNANGO.
A HIQUERIJK) AXIGO IGNACIO X. ALTAHIRANO.
• Existen en la República Mexicana lugares muy
notables y dignos de un estudio especial^ ya sea
que se les considere como sitios en donde la na--
tur&leza se manifiesta pródiga y rica^ ya sea que
se les^estudie con respecto á la importancia de la
población quie contienen. Uno de esos lugares es^
sin duda^ la parte N. del Estado de Puebla, ocu-
pado por la Sierra dé Huauchinango. Aquellas
montañas elevadas y cubiertas de una exuberan-
te yegetacion; aquellos ríos que en tiempo de
Crecientes corren ccin impetuosidad, ora abrién-
dose paso por entre los riscos que se han despe-
76
Desde Huauchiñango el camino desciende
hacia el rio Necaxa^ que más adelante forma el
Teoolutla. Las montafias que á uno y atro^ lado
del camino se encuentran, y la vigorosa vegeta-
don, encubren los objetos distantes: la impetuosa
corriente de las aguas, produce un ruido monó-
tono, que á veces se aleja y á veces se escacha
más cercano, según es la ñierza y dirección de
las brisas: solamente esos ecos armoniosos de las
selvas anuncian la proximidad de algún torrente*
£1 viajero: no descubre el rio de Necaxa sino hasta
el míomento casi en que toca con el pié la crista-
lina linfa de su corriente. Indeciso delante de
tantos primores reunidos ¿ la vez en aquel pin-
toresco sitio, el viajero no sabe qué admirar án*
tes, si las montafias que forman el valle, reves-
tidas de una vegetación lozana, ó las. vegas del
rio con sus plantas y flones; si la impetuosi-
dad de la corriente que en su curso nada respeta,
ó el atrevido y e^lto puente de bejuco^ que
sirve allí de medio de comunicación. Este puente
endeble, si bien de una forma graciosa, no es
colgante como sé observa en otros lugares, y par-
ticularmente en la América del Sur: es un gran
aroo formado de troncos y ramas gruesas de ár-
bol, ligados con bejucos; apóyanse en ambas már-
genes del río las extremidades del arco, y dos
árboles corpulentos las afirman; sus barandillas.
77
que alejan todo' temor de peligro, esttín forttia-
das de ramas y bejucos entrelazados. Tasado el
rio, el camino asciende de nuevo por el cerro de
Necaxá; que es un importante punto fortificado:
el rio por el Sur y QriénteTodea este cerro y al-
gunas montañas máí elevadas que él, y preci-
picios y desfiladeros ló limitan por Occidente y
Norte: por esta parte son tan considerables los
desfiladeros, que él rio, perdiendo su nivel, se
precipita á una profundidad de más .de- 130 me-
tros, y forma la bellísima cascada ó salto de Ne-
caxa, que algunos conoceh con él noniíbre de
Huauchinangb. En este sitio son mas notables
los contrastes (jue el suelo de la República ofrece
en otros muchos lagates. El rio Necaxa, después
de' despeñarse en tan profunda barranca, se abre
camino en el fondo de ella, por entré una vege-
tación enteramente tropical, en tanto que en la
elevada mesa, cuya base bafia el mismo rio, se
cultivan las gramíneas propias de las regiones
templadas.
En la cumbre del Necaxa existe ubá fortifica-
ción con almacenes y depósitos de agua, y en
las montañas incbediatas hay caminos ^¿ubiertod;
circunstancias todas qué convierten en nú lugar
inex{]íugnable éfité ]punto f ortiiusadb; nada extraño
es, por tanto, que la- historia de la intervención
le consagre algunas páginas.
w
El cammose coaviarta aa un acodero abiei^^o
m \w Viertes peodmtas de las Knonta&as. Bisela
alii S6; comteiapla Qn toda su grandeza el facDoso
salto de Necajca^ y ba aocideqtes j detalles d^
m suelo bello y feraji. El camino deS|de donde
se observa la caacada^ es extraordinaríamente
más elevado que el lugar en que el agua se j^q^
cipita para formarla. El observador puede cqu'^
templsu^ desde allí, la corriente del río antes der
precipitarse en el abismo^ peider snnively desr
penarse con grande estruendo;^ dividiendo sus
aguas en tr^s ramales; seguir con la vista y con-
tar las ondulaciones que éstas- forman en su
caida^ y ver desprenderse de lo mas profundo
de la barranca con un movimiento ascensional
el agua en fpima da vapor^ que envuelve y d«sr
cubre alternativamwte como con una gasa el
follaje de las plantas. Si se aparta la vista de
aquel espeolb&eulo $orprendeJPíte> encuentra^ cual^
quiera que sea el punto á. que se dirija^ otros
tan dignos de admiración^ porque en aquellos
lugares reinar por completo la airmanla. de la na*
turaleza; emánenciadcadi verticales^ ^ cuyo pié ba-
ñan las ag^9Sj^ y m euyas eup^bfef^rse etsáenden
fértiles praderasi; gi^ieias pirofundas> ^ vAUes en
cuyo fondo caruaíta laSi la^uw^ ujias yaces tran-
quilas, y otras en itopetnoaostorrentesj y en fin^
la vegetación tan abunddínte y espeja que apén«s
7»
deja entxeiec losi preioipicios. Algunas yeoea el
Tíajero va farmarse ks; tempdstad^a bajo sus
piést, exteoderse las nubes y ocultar como con
UQ Teb ios piimores de la naturaleza^ coa los
que está engalanada aquella cuenoa, prodigiosa,
al n^OQO tiempo que sobre su cabeza se extiende
lui cieki puro> Uoipidoi f oestmo .
La seoáa» conduce al ameíno y piutor^dco pue*^
blo de Xiootapee^ que elevado sobre óoiinas^ en
media de xm terveno Bg^a^mente ondulado y
cercado de altas eminencias^ se le descubre des^
de el camino en una posición dominante y de
las mas rtsuaQaá: ta& pronto la yiai» i^e fija en
d contorno del pu(^b^ <|U6 se dibuja en su azul
y diáfano cielo> tan pronto se recrea con aquellos
lonoeríoscubiertos de césped de uuiveirde brillante^,
y en los cuales serpea el agua efi cristalinos y
delgadm hilos.
De Xico el viajero prosigue su camino con*
tínuamentd por un- terreno fragoso y siempre
bello y hvBZj admicando uiias veces los< heléchos
gigantescos que se agropau eiL bs oaftadas^ y la
multitud de plantas y preciosas Abres que evi*-
desitemente aun no ka clasfficadb elüaturalista^
y extasiándose otras con la presencia de aquellas
enaiiíeucias que foroMuí el espinazo de la Sierra,
con sus bases- sumergidas en la cristalina linfa
de los rios y coai sus cumbres coronadas de nu-
80
bes^ que heridas por los rayos del sol poniente
se tifien de los más vivos y variados colores. *
El terreno desciende formando una pendiente
rápida^ llamada Gnesta de San Marcos ó Cazones.
Este rio se pasa en tiempo de lluvias por medio
dé un aparato llamado por los indígenas puente
de maroma. Consiste dicho aparato en una cuer-
da tirante^ atada á dos árboles en una y otra
margen del río; en la cuerda gira una polea y
de esta pende una soga con la cual se asegura el
viajero; otras dos cuerdas sirven para atraerla
hacia las orillas del rio.
Tan impetuoisas son en estos lugares las cor-
rientes de los rios^ que no sin inminente ries-
go pueden pasarse á nado; solamente los indí-
genas por su mucha práctica desafian los peli-
gros^ viéndoseles con la mayor destreza vencer
la fuerte resistencia que el agua les opone.
Pasando el rio de Jalapilla^ el terreno vuelve
á elevarse de nuevo para descender después; y
tan pronto se pasa por el pedregal que rodea al
pueblito de San Pedro Patlacotla^ como se atra-
viesa por desfiladeros^ ó se camina precisamente
por el espinazo de los contrafuertes de la Sierra;
tan pronto observa el viajero bajo sus pies un
abismo^ como ve extenderse delante de si una cam-
piña revestida de abundantes pastos.
Al contemplar desde una de esas alturas domi-
9t
r I
naQtesuut^r6n^€iii6xtremoácd(^itadc>jreiielqae
k» eoojf mes ^etM j prdfoüdaa harcmcas se sHae^
dea CQQtiottAms&tefi k imaginadon^ Bdo&czM
por d^ei^aJairííriQB «canos de la xtatuFalesa y k
^6a ddioiKtad&mc) !i^e eidavittiá m/mL soeto^ en
1^ Jittgai? de tan pxtraor^aria asspAiof&'y at^uáUn
süciesi(H) tk éaúnesaaias qad4B6,estíeaddñ kasta^
liorizonto^ püel(kn.4S0fiDpataMiia^á ks aks^ éA
Océano; ks trastornos del globd km ddmiíaTÜtk
aquel su^o^ preaenti&iikdonas m ^ k ioaigea viva
de un is^t altado pdr lorkaaa tempesladéb.
La vegetaekn, á medida qjDt» el terreno deeh
cienddy adc|[det^6 ooflyor y%ar y ksaúta: ks caoH
po£l> ks adules y attn las míi^Eíasrroeas^ m en-
bren de musgo^ de liqúenes y de lama^ brotaoido
oü graciosas formas los heléchos y otras plantas
parásitas ^ La YainiUa> k purga de Jakpa^ él caSá^
k ca&a de azúcar^ mil frutas y árbeks cdrpüleiL-
tos entre cuyo follaje descuella^ medéodose^ k
^elta pakua real^ tales sofl ké |>riQcipaki][iito-
docaipüei de aquel suek privilegiado*
Si.á k coci(teBtipk6Íon dé tantasí galas,: de tada
espléndida aatuf ak^ se^ agrega ei canto del ar*-
naonioso zensontli y el del festivo t^lsrin de la
sAlva> coDa|pa&eros insepaiSabks del: viajero eo
acimellas soledades; si ademá&de tantos primarea
naturales se ye éste sorprendido por el salte audaz;
de un cierto que por huir de su presencia salva
Qargía-Gobas.— 7
82
no ^precipicio para detenerse después en airosa
postura^ y fijar su mirada en aquelgne ha can-
sado sns temores^ no pnede menos que sentir en
su alma las más vivas y gratas emociones.
La naturaleza de estos sitios caracteriza la de
toda la República en general; y^ iñn embargo^
cuántos la niegan^ tal vez por Jiohab^ recorrido
sino io3 lugares estériles^ como el Salado^ en ^1
valle de México!
En el gran desierto de Sahara^ ep medio de
sus abrasadoresarenalas existen aquellos lugares
fértiles y amenos que se llaman oasis; el suelo
de nuestra República, al contraria; es en toda su
extensión un oasisy con tal ó cual paraje estéril
y desolado.
Sí del examen de la naturaleza se pasa al de
los pueblos qiie babitan tan pintorescas comar-
cas, las impresione^ que el alma recibe son igual-
mente gratas.
Desde el pueblo de Acaxochitlan hasta el de
Xico, es decir, en una extensión de 11 leguas,
poco más ó menos, el país está habitado por in-
dios huauchinangos, los cuales, en ini concepto^
constituyen una de las razas indígenas más ím-
postant€)s. Los huauchinangos, descendiendo de
los antiguos mexicanos, hablan el bello idioma
de estos, y en algunos de ellos, he creído reco-
nocer perfectamente caracterizado el tipo azteca,
«3
- segunde i nos pinta en las obras qne tratan de la
historia «nligna de Mélico . - >. . v
tof. indios : hüaaíehiDangos sotí: de mediana
estatuff^^ inertes y en lo 8:enéral bien formados:
largo,' negro y terso tieaeü el cabello, y morena
la tez. Su aspecto, en atención al perfil del ros-
tro, se distingue del do los démas indígen-as oo-
Dotídosrwi el paísj. tanto cuanto se asemeja al
de Ios-habitantes de algunas comarcas asiáticas;
<3oa respecto á su traje, los huauchinangos
todos lo usan idéntico, y se compone de unos
calzones blancos y anchos, remangados casi siem-
pre hastaJa; rodilla^ un ébton azul de género de
kna, un pañuelo á inaii^ra- de corbata y el som-
brero tejido de paltna-. Sencillos f moralizados
en sus costumbres, si algún vicio tienen, es solo
el de la embriaguez.
P pueblo de Xico puede considerarse como
un punto de la línea divisoria entro los tíiexica-
nos y totonacos; desde este punto en adelante'
ya se. observan ea loar habitantes algunos rasi'os
que marcan la diferenbia entre ambas razas. °
Los. totonacos, más dóciles y de mejor caráé-
terqu& los. mexicanos, de Xico en adelante 'ya
presentan en la tez un color mas amarillento/lo
que, en miconcepto, proviene de la influencia' de *
la elevada temperatura en que viven, de la hu-
medad áú suelo y de su proximidad á las costas
84
£1 traje se diferencia del de las huauchiaangoS;
en el jubon^ cuyo tejido forma peipefioB ciíadros
color de café y blancQfii> cbstlngüdéndose muy {lar-
tlcularaiente par las pieles de anhnaleB que usao
á manera de caipas: ya oais cerca de las costas el
traje as todo de lienzo blaoco*
Las iadiaa son extraordiaariaaiente dadia^ al
^ea en sus cuerpos y trajea» Uceando ásecaatoa
Imta hijosos algunas vatiaft. Una enagiaa estrecha
llamada chmcue y pn ^títcA^t^em^íprimocosa-
mente hordi^o de eataml^re y «edas de cobiee^
conatítayen el traje. No i&éqos airoso ee fi&pá^
na^do: entretejen aas negros y largos eaioéllM
con ciatas d^ coleares» y tnfien én aegiitida ím
cabezas coa sus bien tegid.as trenzas, á. m^era
de corona.
Se engafia todo aquel que. pr^etenda coi^er
la raza indigeoa por los deaagfadableis tipos ;que
se presientan en las callas de México 6: eo sus
alrededores: la importaocia. ^ e^a raea^ su ver-
dadero carácter^ au^ u4QSt y cQstuQabres> deten
estudiarse en las fragüsjulades de lais sierras: allí
es donde existen pueblos susceptibles de cítüíu-
cion^ y alli mismo se pueden conocer los qsi^ soa
inicapaces de adquirirla. La sieira. de HuaMbi-
nan^ y la sierra alta die ^acualtipaa nos presenta^
pueblos de distíata caza y de di^eiso caráeter:
losunos, desconfiados p^ro dóciles; bs átros^ des-
85
eonñados igualipente y además pérfidos. En tan
(HHrta iextensiom de terreno se presentan doá pué^
bloB'de iúsiititos y c&raictéres diam^r^ltí^nte
optaestós;^ cualidades que aun en sus respectivos
idiottas ^sé revelan: dulee' v armonioso él uño.
áspero y gutural el otro: tales son- los no^sicanod
y otonbíes.
Los haaudhiuingoB Be oeupan^én h iabrttnza^
en la pesca y en la cria de ganados> cultivan la
cafia de azüoar en las pendientes de . las monta-
fias^ y elab.oran panela y aguardiente.
Afcontece muy á menudo que el viajero ge vea
sorprendido* en medio 4^ su reposo por los in-.
dígenas que acuden A felicitarle, tiüendo arpas
y otros instrumentos/ con los que acompafian
sus característieofi cantos, ó para ejecutar sus
bailes pantomímicos. La música, unas v^cés lán-
guida y triste y otras viva y alegre,, despierta y
embarga la atención. Ejecutan sus bailes gra-
ciosa y hábilmente: el Haás curioso y notable es
él conocido con ei nombre del segador, ejecuta-
do tinicaínetfte por Varones. El que dirige el
bailé lleva en la mano una rSima Áéhojite, má-'
yor que la de los demás, y coh ella indica las
figuras que han de ir haciendo los danzantes.
Golócanse estos simétricamente, y & Iíl primer
seflal 6mpie2a;el baile: ora se les veejoeutar
figuras computadas, siguiendo y mareando á
86
compás coa las plantas de los pies los soaidos
de la música^ ora se les ve imitaF las evolucio-
nes del segador: por último^ á la sefial dada por
el director^ cambian repentinamente la figura^
de mapera que los que se encuentran diaoietral-
mente opuestos^ se dirigen al encuentro uno dd
otro^ dándose con el hombro como para impri-
mir al cuerpo un movimí^ito giratorio y cam-
biar de posición.
Dase fin á la danza^ ejecutando la misma fi-
gura que la cadena de nuestras cuadrillas, pero
de una manera más graciosa, pues jamás aban-
donan el compás de la música ni los movimien-
tos con que imitan al segador. En algunos luga-
res, al ejecutar estas últimas evoluciones, van
entretejiendo los listones de diferentes colores
que cada cual lleva en la mano, de lo que. re-
sulta una vistosísima labor.
En sus fiestas públicas, en sus simulacros de
guerra, en sus juegos y aun en sus actos reli-
giosos, estos indios conservan sus antiguas tra-
diciones; mas un inveterado temor hacia las per-
sonas civilizadas les comunica cierta reserva y
desconfianza.
Tales son, en compendio, los principales ca-
raetéf es distintivos de ese pueblo -que habita uno
de los más bellos lugares de la República.
87
¡Guán inmensas serían las ventajas que la na-
ción pudiera obtener^ si se aprovechase de las
extensas tierras baldías de las comarcas que he
descritO; y si se procurase la instrucción de un
pueblo tan susceptible de adquirir un alto grado
de civilización!
México, Noviembre 18 de 1871.
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gSfiBRiS^BPAGICiGA.
ATOTONILGO EL CHICÓ.
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AL SE^OR ¿ON FELICIANO HERREROS BE TEJADA, EN TESTIMONip
DE APRECIO.
iCtján agrtbdable^ risue&o y piotoreséo esi «1
lijgar ed qtte.aeaiienU el Mineral: (telG£i!Íc0lI^^
toppgra&á del. terreno y la T^tadcmipñoaaresal
que alU se mamfíeBta etennaoiente^ i ofrecen al
naturalista un eaiSopo vasto para sos estuidios*
Atotoniko el Chico bb. encuentra Jk. tres lúgaw
al Norte d^Pat^huca; y desde el. momento 4ía;
que el viajero sale die este |mnto coa diréccioa «I
prímctroi evxpm^ i eiperifo^mtarliau&'seDbaoióiai^
más agradables^ iío enste entra ambpsIngareS]
noa Tía q«e memea vordadáramente él nombre
á» camino, pnes solamente, un estredio s^ero
90
cruza por entre precipicios y desfiladeros que á
cada paso infunden temores y sobresaltos aun al
viajero más animoso, y que solo lo pintoresco del
lugar puede inspirarle el valor necesario para
proseguir en su anhelado viaje. Adelántase el
sendero por la muy inclinada falda del cerro de
la Magdalena; y si bien su ascenso es cada vez
más peligroso, ofrece, en cambio, la oportunidad
de poder admirar más libremente las gigantescas
obras de la naturaleza. . < ; ,
El acompasado y lejano ruido de las máquinas
de vapor, y el que prcwiuce el martilleo incesante
de los morteros en las haciendas de beneficio; el
sonido confuso causado por el choque de las ca-
denas destinadas á las obras de desagüe; el re-
chinar de los malacates, el estrépito del agua
empleada como fuerza motriz, y el retumbante
estruendo dé la pólvidra en las concavidades <kí
bamínak, no producen, ciertamente, las bellas
armonías de la música ni del canto de lals aves:
mas aquel, eonjunto de sonidos Inam^iónicos ,
aquellas disonancias, hieren, sin embargo,- de
una . manera. gt*ata eL oído del viajero, porque
esos sonidos son k vo7 del trabajo, cuyos ecos,
condücidos^TnBlbzmeate por el viento, pregonan
por tadas' partes los triunfos dé la industria.
Allí todo es movimiento: en los tdníebrc^ós an-
tros' de la tierra, miles de trabajadores se afanan
91
par arrancar á ésta los tesoroÍ9 ([iie guarda en sus
entrañas^ 'mientras qüé-ex^eriQrmente las máqui-
na^ de rapor/ con el movimiQnto ccánpasadolde
sus balancines, hieren con su varilla maestra la
dura corteza, de la tierra para extraer el agua
que, brotando á torrentes por los ^ vertideras,
forma después arroyaos cristalinos: temie girar
las poderosas ruedas hidráulicas con^uniforme
moyimienta> eomdúÍGáadolo á los morteros y ar-
rastras: grupos de acémilas en los. patios de las
haciendas de beneficio recorren en círculo las tor<*
tas minerales que cubren el suelo simétricamente: '
los pequeños carros que. conducen el metal, des-
lizándose por una vía férrea> aparecen súbitamente
por los. socavones de las minas; y por ultimo, \A
misma naturaleza ^Bxwe que lucha contra la dios-
truccion decretada por los, consumidores de lefia^
porque allí nnsmó, donde se ven derribados, y
muchas veces inútilmente, herniosos y corpulen-
tos árboles,: brotan los renuevo^, como si la
naturaleza tratase de ensefiar al hombre un gran
pribcipio económico, que por negligencia aban-
dona.
Poco más aUá:4el cerro de la Magdalena, el
ruido que naoe en la industriosa población dePa-
chucai llega al oído como un vago rumor que^
debilitándose imás y. línás, ^caba por extinguirse
completamentei-^entónces el silencio de las solé-
92
dades, la quietud de las selvas^ se enseUorean
de esos amenos logares; stlenoio y quietud que
dolo son interrumpidos de toz en cuando por
los golpes del hachar del leñador^ por el soplo
impetuoso de los ^ntos^ ó por el fragor de las
ten^pestades.
IJ^sds el desfiladero de una gran eminencia,
en: el fondo de una barranca^ iy rodeado de redu-
cidas tierras de labor, descúbrese el pintoresco
pcfóblo de Cerezo, cuyo conjunto, por la distan-
cia, aparece como un paisaje en miniatura.
En lo más fragoso de la sierra se encuentra
un pequeño llano cubierto de césped y matizado
de flores, como un rico tapiz que ha tendido allí
k naturaleza. Ese llano de corta extensión y cer-
cado de altas m6ntafla$, que Be conoce con el
nombre* de ^Atbafdllay con su tei^de alfombra y
susiühpidaB corrientes, incita al tiaj4ro á desa-
sar <3e sus fatigas y áioitigar i^ md.^ A la derecha
de éste pequeño Edén, se levanta ' majestuosa la
cresta de lá sierra coii una forma ¿apriobotfa:
parece que 1a i^ano de un hábil át^Uta ha <^olo*
cado en la cumbre de la montafia las rocas qué
la coronan,>C4m arreglo á las precisas reglas de
la arquitectura. Una serie de ventatrai^ for)aiada$
porel hadnamiento natutal de la» rdcas, hace du-
dar al pronto de (juó aquello sea obra dé la na-
turaleza, á no revelarle la poca siinetría, que es
93
lo que coastituye esencialmeiite lo ^sübliine; eú
las grandes obras de la naturaleza.; Ertaicimbbira
se eoaooe ceo el novábvo^áeVentanas^delGkicú^:
Bellos, majestaosos;, so&limes fi^presepatanlod
variados paisajes (|iie por lojíks'. partes se dibujan
ea él íím^o de un ci^o purísimo. Goioténiplasa
ea pripifi^ lugar la sieiira da Paehuoa^ ^q sas
eucobfes de £onzia3 capcidaiosas; el Zudiate, el
Jacal ylc» Pelados ó^Naviy as/la Pefiadeli Águila^
kaPeflás colomdas, las Brujan y el AhBizD% las
que cíieimdaa el Miaeiral dei MoBte; Los ¿aspes,
\» Pefiá Alta y • otras ds meaoí* impostaneiaE;^
pero sobre todas descuella lia aglomeración, der
peñas llamadas las Monjas, al S. 0. delGbieo/
y que aparecen ¿lo lejos como un grupo de es-
tatuas.
Al Noieste^^ tarmlnailido la sierra de Paolmoa,
se extienden kallaiHiras de Atotánílco el 6raQde>
lioiUadas.al: Norte por la gran- barranca de Met&
l^aa, que és un prodigio de la naturaleza. Di^:
hújase aquella barranea¿ en el témxnino de la lla^'
mora, ^n (pe la vistapueda abarcar toda su Ion--:
^tud^ y eit Tana se esfartaaria \& imagínádon por
hallar la causar de aqu^a abra sorprendente. La'
si«ra alta de Zacualtipana mas allá de la bar-
ranca^ cierra el horizonte de tan bello paisaje .
Las feraces camipi&as que^ se distinguen á lo
léjos^ que con sm cimas llegan hasta la región
94
de las nubes; las vastas llanuras . que se dilatan
perdiéndose en el horízonte^ todo desaparece ante
el nuevo espectáculo que ofrecen las montanas
de Actopan con sus gigantescos monolitos.
Hacia el Occidente^ en medio de frondosas sel-
vas, se extienden las campiñas de Actopan. Los
cerros quapor el S. E. circundan ¿ esta pobla-
ción, cubiertos de árboles y plantas, sustentan
en suJGf/címas aquellas rocas colosales de pór&dO;
aquellos monolitos, de los que algunos alcanzan
á oien metros de elevación, y que aparecen como
estatuas gigantescas ó como soberbios edificios,
verdaderas .maravillas del arte ó de. la arqui-
tectura.
£1 aspecto que tales obras naturales presentan;
varia con el lugar de observación elegido: desde
el camino de México al Interior, se distinguen
como un grupo de estatuas representando mon-
jes en oración, motivo, por el cual se les da el,
nombre de los Frailes. Cerca de Actopan, se
vendara y distintamente los monolitos, irguiendo
sus moles gigantescas y rasgando^con sus picos
elevados las nnbes, que impelidas por los vientos
llegan á cbocar contra sus masas . Más grandiosoí
más sorprendente es el aspecto que presentan;
observadas desde las llanuras y montaüas de Pa-
chuca: uno de aquellos monolitos, y de los nás
voluminosos, descuella dominando á los demás.
95
y otros dqs á los. lados de éste^ y en posición nlás
avanzada^ y simótrica^ figuran la eúpnla y las dod
t&tTÁÁ de oin templo cristiano . La ilusiones cóm-^
pletá: el viajero Uegia á creer po:^ un nciomento
que viaja por Inglaterra, y que acercándoseá Lon-
dres distingue ya próxima la famOM catedral^de
San Pablo. i
Yaiiado y de otro género es el paisaje <|ue se
extiende por el Sur: llanuras interrumpidas por
algunas sierras cuyos accidentes y detalles se
dibujan perfeqtaméúte; lagos que báfian con sus
aguas una gran extensión de terreno, y los cua-'
les, vistos desde el declive de una montaflá al
descender á la llanura^ producen la ilusión óptica
de límpidos, espejos verticales; montafias gigan-
tescas que por partes rodean esas campiñas, y que
á medida que más se alejan aparecen medio
Teladas por Ja bruma, asomando resplandecientes^
en el último término dpi paisaje las nevadas
frentes del Popocatepetl y el Iztaccihüatl. tal se
ve el pintoresco Valle de México.' ^
: Prosiguiendo la excursión por la sierra de
Paehuása, interrumpida - por algunas horas, á
causa dé la contemplación de los otros lugares
descritos y de que no se puede prescindir, el ca-
mino de Pachuca al Chico presenta sin interrup-
ción objetos admirables: yfi son los accidentes
de iaqüel fragosísimo suelo; ya la selva umbría
96
6QQ aus aves canoras de esmaltados plumajes;
yai las rocda caprichosas que coioiían las^ cimas
de los mrotites; ya el aspecto que ofreee A Mine-
ral del Chico, qpie surg^ de pronto en el fcmdo de
una ideÜciosa cafiada.
Desde* el mometito eu que stt eomianaa-á des*^
cender por el fuerte declive de la moutafia^ se
descubre el caderio diseminado eu un suelo fra-
goso> h» hu^os y jardiuies que rodean las ba-
hitaciónes^ y eu poáioion dominante el tempb
de orden dórico^ coa su elevada, cúpula. Un lím-
pido arioyo que va á unirse al rio áñlaa Ac^mr
tas pasa serpenteando por la poblaciom y ponies*
do en movimiento con el impulso de su cúrrieüts
la maquinaria de 1» hacienda de San Cayetano.
Laa montanas que circundan completamente \i
población, se hallaU;^ en su totalidad, vestidas
de una vegetación lozana, dominando entre bs
plantas lo& oyameles, que, ebn sus gracLosais ce*
pas de figura e6niea, se destacan unas de otras
con cuanta simetría puede caber en las ofaris
de la naturaleza, y se escalonan desde bu base i
la cima de las montafias. Brqtan de las eminefi-
cias raudales de agua, que en< su: caída cfaocsoí y
saltan de peña en pe&a, f»:oduoiendb un sonidd
armonioso, se abren paso al través, de un rko
cortinaje de plantas y. de flores silvestres y fe^
cundizan la cafiada de San. Biego, sitio de los
- j
97
más pintoirescDs^.ien donde la pi^díga.natuTal6za
ostenta eternamente «n espléndido ropaje prima-;
veraL Aillios j^aiiDles ewpulentos/c£ul sus Biidót
sos tronoosi oíibiertD» jde lama ^ plantas pai'ásüas;^
él igtsi qneljugaaetea mnltipiicaiido sns corrien^
tes* paca esio^jdDaEs&jdespiies en su c^nce> acaód-
ciando ooiD>>sn espúinosa linfa ia&exquiíñtasfior
ro^épL un verde^^rade^ y las variadas a^esyima-i
riposafiíiqud voélaifLde rama en fama yidie £bif eá
flor^v4)<!nío foitibauá l)é^ conjnnto^ ioüágen.fiel
del'paraisd peEdid¿^> que inmortalizó Milton con
I Si por su bii¿9ff:^^ert& llega, ¿.^presenciar el
mjer0< alguna da: aquellas ^esceo^as^ conmovido-
TBSy im fvectíétit0¿' en áqubllós^ s^ios^ que tan
faTorQblemeiitepi^idponen el alip^a para recibir
gratas sensacióneís^ nace la jn^pii*adon y se desea
el geínio del áttisfa tpara^ tr^i^^áar al lieifóo snilt
impresiones^ & ei 'nütne& dé) jf^éta para cantar
las mai^avillas dé^Ia' naturaleisa* Lá^iibaginadon
más atrevida apénías pnéde lorjar ün cuadro ^^*
mo ú q¿e tuve la^dícha:d% pvésénbiar^ y del que-
me permitiré. haoer* un pálidd.bó^ejo; -/^c
Era una ^édtíé dé' invieríio;ifii(y acerca ya la*
época del plenilunio. ¿En un ^élo diáfano y se^
reno la luna ^erramabdr Ms-irlvidos fulgores por.
toda aquella esplóddida/auttuidezá: el em^áo^y'^
movtmieáto de las cáícadasise halIal)«tinterF|im-i)
García-Cubas.— 8
98
pidb por la congelación del agna; la oual^ herida
peo* lof resplandores del aBtro^ sospeodií solure
el alDÍsmo las yertas m|L8as de uta criatalee^ dser^
peaba por -Ids declives, de k» moñtafiai eomo ri*
eos filones de plata virgen: IluBaÚ!iado«liiiteiPÍdr
del templo; de sos 'veirtanas ^b deqioe&diani los
rojizos ráyps de 1¿ iiuz artifiaial> eonkraslanddoon
la falvnoff y apacible luz/ de la^rhina. El T^fiqíffi
d& tea oampanas> cnyos W09 rqicltiaa tes naioditar
ftaá^ Bnnooiaba mi acto rtíigiosa. J)n lefiéeto loa
trabajadores de ias minas y a^^^vúiranifiios jaa*
cíanos^ con cirios encendidos y entonaadn cinái«
eos de alabanza^ salían del. templo eoneLi^áyor
recogimiento^ precediendo i im saoonlote que
conduela el iaígrado Viático. Síg»M»dQ la proce-
san por Ua asperezas del s^eWi se detuvo ptkcos
inatanti^ en i^n h^, cual si luiklttQra sido inte»-
afa>nab¿elite dr «Ugido para presentar m toila sn
majf^ad aquel evaldro conmovedor.
En eBe momento la lana bahiallegado al punto
n£t¿8 culminante da su carrera^ desprendiendo con
OMiyor intensidadrsus rayoá luminosos. La tensa
superficie de las:b^jas de los ¿r]i>ale$^ la linfa cri»*
talizada de los cios> los inplidado^ tochos de las
cj^s^ tes nQi(!Nitafia$ y elsUelo^.todo reflejaba la
argentada luz dé aquel aatco^ y no se reían más
sombcas que las que proyectaban las ptentas ó la
que producía^ da una^anera indecisa^ el homo del
99
incienso y de las antorchas^ el que^ como las ple-
garías de los hombres^ se elevaba al estrellado ñr-
mamento. ¡Cuadro admirable^ lleno de belleza y
de unción; poético y pintoresco para el artista^
sublime y arrobador para el creyente!
Aquella ^procesión continuó su marcha para
llevar los consuelos de la religión al moribundo^
y regresó al santuario. Algunos instantes después
todo se hallaba sumergido en la más completa
calma y silencio: solo el tiempo^ por el indefini-
do sendero de los siglos^ y el esplendente astro
de la noche por su camino sembrado de estre-
llas^ prosiguieron cumpliendo con las irrevoca-
bles leyes de su destino.
El recuerdo de aquella hermosa noche vivirá
eterno en mi alma.
México, Febrero 24 de 1872.
hK» ESTACIONES
EN
ÉL ^ALLE DE MÉXICO.
A JirSTO SIIiUlA.
Pocos habráQ de ser los logaren de la tierra
que bajo el punto de vista poético y pintoresco
puedan superar en belleza al Valle de México:
contribuyen á esto muy poderosamente los va-
riados fenómenos que en él ofrdcen las estacio-
nes del afio.
Aseguran algunos sabios europeos^ que en las
regiones intertropicales se reducen á dos las esh
taciones del afio: el tiempo de sequía y el de
lluvias; mas en nuestro país no se coirobora
este aserto. ^ Verdad es que en aquellas regiones
la variación del tiempo determina menos mor*
102
cadamente el cambio de las estaciones que en
las zonas templadas; pero esa mudanza se efec-
túa en el Valle de México^ según lo compraeban
las hennosas y frescas mafianas de su primayera,
pródiga en exquisitas y variadas flores; los calu-
rosos días de su lluvioso estío^ rico en sazonados
frutos; las tibias tardes del otofio con sus bellí-
simos celajes^ y las frías noehes de invierno con
fia diáfano y estrellado cielo.
Al declinar las horas avanzadas de la noche en
la bella estación de primavera/ la densa oscuri-
dad que envuelve la superficie de la tierra se di-
sipa poco á poco^ y vanse descubriendo los ob-
jetos á medida que la tenue luz crepuscular in-
vade progresivamente las regiones occidentales.
Propagándose los rayos del sol con un constan-
te movimiento ondulatorio^ causan reflexiones y
refracciones suoenívas en la atmósfiora y en las
nobes, esparciendo la luz en todas lecciones
y permitíéndoaos distinguir aun los objetos que
no están diredameüte iluminados por aquel as-
tro. Si^esta luz^ que se conoce con el nombre
de luz difusa ó derramada^ no existiese^ la som-
bra proyectada pw uaa nube ó por cualquier
objetOi ei^gradraria la oscuridad de la nc>die;
y no existiendo el erepáseiü'o^ el sol se presen-
taria en el horizonte repmtinamente y en todo
su esplendor.
i03
Lw duldfiínps tnno8idel jílgmero^ ^ gorjee de
las demás aves^ el armonioso sonido de Jtas cam^
panas que ^n las poblaci0nps> laijündftKi la>di6ra
del 8&a^ y eltebrador que acode al. campa con
nss yuoítas pkra dar principio ¿t sis faenas,^ mar-
ean losínstanteaieaiii^lM^Bpléndidosray^^^
k aurora, que pmoedená Ja salida del sol, líe di-
fenden >po¡r : el tcaspaxente fluida ^e isi atmóBÍ era .
álñies de traspasar id sol el faoi&mntf ^: la cegíon
oriental se^colora £ÍiiceaáiraflEnente con losbriilanp
tes Üntes> mjo, nataxijado^amarilio^ verde y pmr^
pnrino; elMniitede ia blanquecina; «triar r.crq>üs^
colar quB en foarmaide arco se extienda por. el
espacio, .vaarápidameixte aranzandoiiáeiaélfeeiiit,
aLmi«noctíampo qa^ la parte superior deloielo
que rodéa^ esite .puntos adquiere progresiiramente
el matiz ffisiüido mte intenso. . *: [
La ¡cresta dala eordillera. oriental jse dibuja y
destaca in)hre un bndo brillante de líosa y oro;
h& Qtajestnqsm GQmbres negadas /del Popocate-
petl. ó Iztacoibnatl^ que ob levs^ntan oopip dos oo-
IaBOS:peu?a.descQbrirJoe pricBí^rpi^idi eirto del sqU
é Muminados débilmente, en su. p^á oooidwtal
por la luz difusa, apanecen ouai sí. fueran forma-
dos de cristal de Bohemia^ Be vez an cuando una
densa columna de humn^ quese b^ceperceptible
á los albores déla aurora, sala del cráter deiPo-
poeatepetl, demostrando' la constante actíTidad
104
de este volcan que oóaserva vestigios de tremen-
das erupciones. - ^
€uando d sol^ traspoñieádo |b1 hbrisosite^ lágoe
su noiarclia. asceñsionai^ presenta ún bello eiq^ecK
táculo^ en verdad miiy díficil de describir. Su
dísoD^ de UQ color rojizo y aumentado aparente-
mente á cáuéa dé la refraceion atmosférica^ se
presenta circundado de una aureola lamioosa^ y
disi^inuye, paulatinamente su diámetro á medi(k
que va elevándose. Sumergida en el horizonte la
curva; aiiticrepuscular^ el Occidente adquiere la
misma sucesión de tintas^ ^ la parte superior del
cielo se colora con un azul brillante^ vivísimo.
Deliciosos se presentan desde ese momento les
alrededores de la capital. Ghapultepec^ con sds
abundantes y limpios manantiales^ su pintoresca
colina^ su poético palacio y su frondoso bosque
de sabinos seculares^ de cuyos ramajes cuelga en
madejas el heno ceniciento, como cabellera digna
de su ancianidad; Tacubap con sus palacios, sus
parqués y jardines; Miscoac con sus amenos con-
tornos y sus ^iS^aUejoTiesioTtDSiáús úe árbolesrfru»
tales; San Ángel, Coyoacan y Tialpam con sus
arroyos cristalinc^, sus huertas, sus campiñas y
sus bellas cafiadas cubierta» áé plantas, da ár-
boles ! y de trepado ras * enredaderas .
En todos esos lugares se go2a con la embria-
gadora frescura de la mafiana, con la amenidad
105
de los^ campaS;. y re^piratiáo él anobiepte eml;^-
samado coael lOS^omá de ks floras. AlU muestran
su belleza los enjaoibres de mariposas de relu-
cientes y pintadas alas, y los colibríes, esas pre-
cisas ay^cilla^ (|tt9 dpladaá^^ de una volubilidad
(^traor^inaria] hi&ndeQ el aire como es^balacio-
aesj. ó l)idn^hupa9do6l néctar de alguna flor^
BU9pAiididd|9 en. el espacio; batea inéesantegnente
6tis. alaa y pstezj^tan á los rfiílejos del sol el verde
y ndcai^adó fisiaalte de su plumaje.
Hacia el Sur de la capital, el suelo del Valle
Ae presenta bajo un aspecto diferente del de! los
lugares que se acaban de mencionar « No se en-
Auanbran allí la camelía> el lirio, la rosa de Bedgala
ni otras flores exquíMtis» debidas al esmerado cul-
tivo; pero tf ecea ea las chinampas, en esas islas
ar Unciales que blo coiivertído los pantanos en
ameno» prasttés/ila frondosa amapola, el purpu-
rino, clai^^l^ la relegante dabalia, la perfumada
violeta/ y la fragante rosa de G^tíÜla.
£1 canal (|ue une los kgos' deí Xochimilco y
Tes^coco, se ve cu&ier1i3r en iod di^ der^primavera
d&ca/ñoas caiigadas de flores y verduras, que se
dirigen & los mercados de México; y todo aquél
que baya concurrido á loa: pafeos cuaresmales de
la Viga, reoocdairá jsíempre con agrado la anima^
don que constaüteoieiite reina en ese lugar, en
donde el pueblo eacueintra uno de sus goces pre-
toe
dfleetos. Paede deckse que allí se. verifíea k
fiesta de la PrimaTera y ae las i^i^esi.
i if r ...... 1. .
La duraciOQ dé) dia ' artífidál; qóe lie^a á sü
máximum durante la é|)o6a'del'9olstido aéestfo>
y la acción, mas directa 4e los rayate dei sol en
esta 4>arte de la región intertropteal^ élemp la
temperatura á 24 grados yaun iMS/ootfvirfíendo
en calurosos los días fregeos y- a^dables de la
estación florida. '^^
La calina y las bSrumaSj paHicularoieQto ed las
mañanas, empanan la atmósfera; y algunas veois
m (densidad llega á tal gridoy qae olmca ri her*
íboso conjunto y el reli^yv^e de las montafiasqnt
circundan el YaUe^ las ctialés solo aparecen, ooom
cniáertas con» un velo poco düíánoi' ,
El estío^ en el Valle; a»í conu» las detnas está-
dones de^ a(k)y tiene BU Qtiratcfmpartácüliur.
Dilatadas desigualmcaite las «apas atmosS&kaa
por el fc^rte calor de la superfíoie defa-tieiva^ iste
invierte^ por decirlo asl^ Á twá^m & disposioioii de
aquellas qué están ^en cóntiaGto^ cQp el suelo. Sa-
bido es que gravitaúdo lascapas-atmosférieas su-
periores sobre lais ínferiotes^ la densidad de éstas
es mayor^ y decrece piogrerivameiite de^ I9 su*
períicie basta la última^ lamas ligera y sufíl^ que
se llama éter. Contrariada esa ley general por
107
lá dilataoioQ de las capas inferiores^ la refrAceíon
de los layosiiaminosos^ ó sea la desTíadon que
estos sufren al atravesar de ua euerpciá otro de
desigual densidad^ se verifica de una manera con-
Iraria que en: al caso en que las capáis atoosféri-
cas se hallan rsúperpuesta» en su orden udroial^
y entonces reproduce el efp^j^ismo; ilosion óptica
que nos hace percibir invertidos los objetos d^
bajo del suelo ó en medio de la atmósfera.
En los terrenos llanos y resecos que se encuen-
tran en la parte Norte del Valle, se ve con fre-
cueficia eitenderse la calina sobre la superficie
de la tierra, y retratarse inversamente debajo de
ella las montañas con todos sus accideiité^ Y deta^
espejo de las agrias. ;
; I^ ilusión del espejismo es aun más iniere-
santo, más 'admirable en él lago de Texcoco, aun
cnando tal fenómeno sea menos frecuente en él.
Desde las orillas del lago puede contemplarse su
exlbnsion y la tranquilidad { de sus aguas en los
dias serenos.' Las pequefias y defectuosas embaiv
oaoidnes/ cuyas formas no han variado desde los
diaside la conqoista, se ven cruzar d lago car-
gadas de grbñds'y verduras;, destinados á los mer^
cades da México; Las frágiles y estrechas cha-
lupas de los pescadores y floreras, hienden velo^
mente la superficie de las aguas, interrumpiendo
108
el silencio de la soledad solamente el chasquido
de los remos ó el acento de ios cantos monóto-
nos de aquellos que conducen tan débiles bar-
quillas.
Guando la temperatura de las aguas del lago
es inferior á la del aire que con ellas está en con-
tacto^ de una manera súbita desaparecen aquellas
barquillas de la superficie del agua^ y se Ten in-
yersanoiente flotando en el aire^ nayegando al
impulso de los< remos^ en un revuelto mar de
nubes.
Los fuertes vientos que soplan en esta época
del afio^ y muy particularmente en las tardes^
despejan la atmósfera destruyendo la calina^ ]
preparan los hermosos dias de estío. Las mon-
tañas dibujan sus contornos y presentan los de-
talles de su relieve con mayor claridad. Las nubes
{cümulus) en forma de caprichosas montafias de
ñieve^ asoman por encima de la cresta de la cor-
dillera oriental; y sucesivamente van erecíeado
hasta que adquieren proporciones colosales. Esas
preciosas nubes^ cuya forma redonda se atribuye
al exceso de electricidad acumulada en ellas^ hacen
palidecer con su extremada blancura y brillo las
nevadas cumbres del Popocatepetl é ktaocihuatí;
y flotando continuamente en la atDQíósfera> se unen
con otras^ extendiéndose sobre toda la superficie
del Valle,, y ocultando á éste por completo su
N
109
cielo puro y herínoso. Goiiviértense entonces en
nimbtíSy que sm ks nubes tempestuosas sin for-
ma determinada^ > cenicientas^ y cuyos l>ordés se
tifien débilmente de gris y de un indeciso color
morado.
Con irecuencia las corrientes opuestas del aire
forman esas colu^lias de vapor^ que «pendiendo
de Jas nubes y animadas de un moTimiento gira-
torio^ se ven atravesar con rapidez por el Valle^
amenazando destruir con su irresistible poder todo
cuanto ei^cuentran á su paso.
El pavor y el deseo de la observajcion luchan
en el áninqio^. cuando esas trombas se ven sus-
pendidas spbre las majestuosas torres de la Cate-
dral^ desafiaüdo á éstas: en poder y fortaleza^ y
cuando se^ les ve recorrer tpda la ciudad en acti-
tud cada vez más amenazadora^ tan pronto de-
volviendo al ánimo la confianza con su contrac-
ción^ como acobardándolo más con su acreci*
miento; circunstancias que tan distintamente se
advierten cual si aquellas masas flotantes de va-
por y agua .estuviesen movidas por invisibles Re-
sortes. Si alguna, vez ese terrible meteoro toca
la superficie de la tierra^ aixancalos árboles de
Ttíz, destruye los edificios y abre profundas gríe-> -
tas en las montaflas.
Desvie mediados hasta el fin del estio^ las lljií-
vias sqn abundantes y copiosas en el Valle, y
no
generalmente las tardas tormentosas^ foraiando
cantmste con las mañanas^ en que se goza de
los vivifieantea rayos del isolyde una ataoósfim
tranquila. •. - •
Machas veces^ á pesar de hallarse despejado
el délo de las cainpifiaisi^ Xü^úvtííkfm que se £)r-
mlan ¿ lo l^jos y el vient6 impefcwiso, ¡«eaa^n
una tenapeatad próxima y deshecha. £t hvacaa
forma en la superficie de la títtrra mibes de polTo>
que se arrastran y anromolinan telózmonie; las
aves^ con sus alas extendidas^ suroaa.wpaotadas
d aíre^ taa pronto volando honzontalaiente co-
noo indinándose hacia la tierra, contra la cüiI
pardeen yan á estpellarse; dirigeiaae a^Nraaniaia-
mente los reba&oa al aprisco; losí tqgaLes qoe
cabren los campos adquieren ese naoTimiento mi-
dulatorio por medio del c»ai producen alterna-
tiyamente s^s dorados reflejos^ y los árboles j
aii)U9tos crujen, resistiendo. el fuerte empuje de
los viantosique hacen. iadbuiar las ramae y ¿aliaje;
cual sí trataraa de airaumrlaa da sus trooeos.
£n el transcurso dé alganos mimitos^ ei ^lo sd
cubre de nubes amanUentas en íaa cuales se peo-
yectan las aves que circularmenta revoktean). . Los
nubarrones quecruzancon vdlocidádiyertíginofia
la atmósfera^ como si tratase caiiatuaai de ellas de
adquirir mayor rapiííez^ se juntam; y sd separan
alternativamente^ produciendo coa su choque y
rozamiento las fuertes descargas eléctricas^ cuyos
retumbantes ecos repercuten en progresión decre-
ciente las mismiii^ n4ibpsry.las montafias. Ei es-
pacio se ilupaio^por intervalos, ^on esa: luz des^
lumbrádora que prpduce k <4^pa el^Qtrica. Un
ijaido,^ prolongada 4 y^'^ é ínter oaiteBitto otrfis^
63 la:8efialprecuftsajra.de la Uuvia.de granizo^ mo:*
t^Qi^ d^ los. mé^r ini(;er^sa£Ues f, cuya teoría áesr
caosdr ai^i^ €111 bipót^ji^i P^u^: c^e á torrentera
injondápdo^q itq^ y ^cáein^Q; desbordar lo& rio^f:
con £uQ^e&.é:iJ^petu^s.4?fH*^^ que yaaáaru-
naentar el jcaud^I; d^:^l<^^;j^o$>hy\PC)^ tUtiotOjí .el
agua da é»to& se ^iti9u^^or«^^
zadorea^para las ir^gii^sí embarcaciones' que en
ello» nay^gan^.j ridmed^^jt . en Pl^^^^'^^^/ J^i^?.
desastrosas tornaentasL del mar t. ..
.Cpal nubes de v«]:ajio pa^aíx pronto^ j ise^ala
tprmenta. El cíelo ^uel^^: ^ &^, antigua rseranic^ad
y pureza; y los;cam{^o$i.Ccm sua pastq«;i: sus. plan-
tas y arboledas^ ostentan ^se verdor .bríUante y
fresco que les comuna La humedad. X Ip lé]os
algunas nubes se resuqly^n ea menuda lluvia^ la
que^ herida por los rayos del sol p próximo al
ocaso^ioxina el hdilo meteoro luminoso del arco-
, 1 ^ • «...
írís^ cuyas eKtremídade&seapoyaa algunas veces
eA las, elejiiSrdas crestas de la SÜerra Nevada.
. Tales son los espeqtáx;ulp& que I9 época del estío,
nos oñ:ec«i en el Valle de México . '
112
El tiempo de aguas^ volviendo á la atmósfera
su diafanidad y frescura^ y al ciela sa trasparen-
cia^ prepara las encantadoras tardes de otoño.
La lucidez de la atmósfera^ reflejando ésta nnas
veces loa rayos azules del espectro solar^ impri-
me al cielo ese bello color qae va disminuyendo
de intensidad del zenit al horizonte, hasta tenni-
nar en el mismo, más ténüé y apacible; y otras,
reflejando los rayos amarillos y rojos, prodoce
variadas y encendidas tintas sobre (A horizonte.
Muy importante es él eséectácülo qbe ofrecen
laá regiones orientales del Vallé á la caidáLdel sol.
En esos momentos, como si él* astro trasmitiera á
las cumbres de las elevadas' montañas él intenso
fuego qtíe lo enciende, trasfc^ma la nítida blan-
cura de la nieve en loé vivos cambiantes del ópalo
y de la concha nácar; Sobre el* horiztmte, el cielo
adquiere ól encendido color dfe las auroras borea-
les; y todo aquél brillante y deslumbrador colo-
rido es tan bello, que solo un h^bil artista seria
capaz de repfbducirle con su inspirado pincel.
La sucesión de eminencias que gradualmente se
elevari por el 'Sur hasta terminar en el majestno-
so Ajusco; las alturas de las Cruces y Monte Alto
por el Orienté, y la sierra de Guadalupe especial-
mente, á causa de su menor distancia, surgen con
113
todos sii$ detalles j y reflejándose en. la tierra, en
láá roGái^ y^'eh ' stt vegetadoa la Imidel sol, sus
declives' alfíárecán ^ómo regaaáterde piedras pre-
gio^as, bft^isiaiido en su i conjunto los variados
cok)r€fe y iMtáees de un fflM^ :. ,
De los^üDdteorós kmii^nosos que son tan fre-
cuentes en los días de otoño, ninguoo es fan no-
table cotn0 €d que o&eeé la (foración de lüs nu-
bes al deeimav las tardes, y .el aspecto; general
del cieloJ-'-'- -*'; • ''' ' ' • :v ...;• .• ^ i.
• ' El a2ul dí& ást6>idB una traspareinaia extraoídi-
naria> se ^te^ surcado por unas rá&agas lumioosa.£[
que convépgétt en to pufito del líorizímtey y que
extendiéndose como radíos de un círculo, se ha-
cen más perceptibles por. el hermoso color que
les sh*vB de fónica, i .; : , .
Las nuheciUas qi^e, se conocen con el npnibre
dé drruSy y qu© á, causa de su menor densidad
son las que flotan en la atmósfera á mayor aUura^
se pr^entan unas veces agrupadas como vellón
cardado; otras extendidas en bandas paralelas ó
en forma^ de penachos, dejando entreoí espacios
que dan curso iifarem^rte á Iqs haceciUos .luipi-:
nosos del sol; y otras,: en fin, ocupan una gran
parte del cielo ó todo él, en cuyo caso , se dice
que éste se halla abórregddo.
, Heridas estas nubes por los rayos del sol, ad*
quieren sucesivamente los más variados itíntes.
GAltGÍA-GUBAS.-*9
£1 color rosado desaparece para dar bgar á otro
purpurino cpB, de8?aneciéiidose^ ternüiia pre-
sentando los xnatíees dd TÍolado. Ai brillante
eolw del oío sucede el nanmjadoj y á ¿ste^ por
tdtimo, el amarillo croflQoztrasCdnoifloio&es todas
que ee efectúan á medida, qtae el sol ya aúereán-
dosealoeaso.
Estos efectos singulares, causados p<»r las in^
flaxiimes de la luz, son aun más notables tfilsfii
nubes de la especie cúmultLs, que adeúaás da
presentiar las forjas más capnidbos&s; ofreiten
los mismos cambiantes de tíyos colotes, y asa
ork Imninosa de extremada blancura en sus eco-
tornos.
* *
La diafanidad del cielo presa^ k entrada de
la rigurosa estación inyemai, c(» sus frecuentes
heladas, su luna refulgent» y sos, estrellas rati-
lentes.
Él benigno efima que por lo general se disfru-
ta en México, hace más sens&le el cambio <k es-
tación, y muy particularmoite la entrada del in-
vierno. Hiela con demasiada frecaenda, y por
las mañanas la escarcha, como un frágü cristal,
cubre k supwfi&ie del agua. : ^
¡Cuan bellas y en^briagadctras son las noches
de luna, durante el invierno, en el piütoresco
Valle de México!
115
Bafiadas por k r0fiilgdnt& luz de aquel aetió
las helads^s cú8]^idet d^l Pó^óéaliepetl é Iztioci^
hiiatl^ que se proyectan m ym fondo a2ukdo^
causan nn efecto m&gicpo; peto nada es óoaipa-
raMe cm d ([m ofreee el encantado!' aspecto dú
cielo por la sucesíya aparloíotí de ks estrellas y
mi tmifonhe y oUícuo motíMiento*
M Soberano de los asiberittiios, é precioso Ork>Q^
precedido del tielio aslf » áidebarán^ de lá conste-
hcion de Tmim, se ptd^snta odfi siís náwi^rosás
y brulotes ástreUas> eiíti^ las qtté lucen con ma*
yor intensidad B^elgúesd, Blgel y los Tres Bá-
yes MagiMs^ é ^a el Cinturon. .
Con los más vítos destellos aplaií^ece en seguida
k gentil y túá^ cintiladora estsrella del fírmamen-
to> el refulgente Sirio, astro principal del Can
mayor. Sn luz clara y brillante^ examinada con
atención^ presenta en su parte íüiferior k apa-
riencia de un fuego abrasador^ y en k superior^
azukdos destellos.
Apenas kvanfaido Sirio sobre el horizonte/ bro-
ta hacia el Sur de éste Canopus, lucero no me-
nos bello, estrelk principal de la nare Argos.
De la misma manera Van apareMendo sucesi-
vamente los demás astros que contempkmos-en
nuestras regiones. Castor y Pókx, primeras es-
trellas de la constdacion zodiacal Gétninis; II&-
guks^ el Corazón dé León; k Osa mayor, que se
116
^^>xi^ majestuosaoiente su camino en tomo
gíi^ -lolo boreal; la Espiga de la Virgen; el bellí-
.qjgiid Arturo ea el Boyero; Antarés en el Esoor-
Mi>o> y ©^ fi^> tantos y tan bellos astros que tan
^i^^arciéndose como diamantes en la azulada bó-
^^a del firmamento.
precedida de unas eetrellaa y seguida de otras
aparece la lun», itr^mitjléndonos los rayoa del sol.
£n su moviniiento ascensional sobi^e él horizon-
te^ nps presenta ranálogias circunstancias ¿ lasqoe
el astro aobQr&n,<^, del dia ofrece^ y las cuales se
ha^ descrito al principio de este artículo.
Bañada por los rayos . apacibles de la luna la
saperfície de la tierra^ la perspectiva que ofirece
la ciudad de México^ observada desde un punto
cualquiera de lar parte occidental del Valle^ es
extremadámente.bella.' Levántase en primer tár*
mino U ciudad con «su extensa linea de edificios,
sus variadas y numerosas cúpulas y torres, entre
las que descuellan erguidas las de su famosa ca-
tedral. Proyectándose éstas en un claro horizon-
te, dejan entrever la luz de la luna por los espa-
cios que resultan de sus detalles arquitectónicos,
semejando primorosas labores de la más delica-
da filigrana.
Extendidos sobre la verde alfombra de los pra-
dos y con su linfa plateada, se presentan en se-
gundo término los lagos de Texcoco y Chalco; y
117
«
en el tercero y último se levantan dominantes el
Telapon, el Tlaloc, el Iztaccihuatl y Popocate-
petl^ ostentando los dos últimos sus relucientes
y nevadas diademas.
Guando flotan en la atmósfera los vapores con-
densados en estado vesicular ó en haladas partí-
culas^ ó bien nubecillas ligeras interponiéndose
entre, la* luna^ los rayos luminosos reflejados por
ésta se modifican; ofreciéndonos entonces el her-
mosísimo meteoro que se conoce con el nombre
de coronas, ün gran círculo de colores, entre
los que domina el rojo, se dibuja en el cielo,
sirviéndole de centro el hermoso satélite de la
tierra.
Los fenómenos meteorológicos que se suceden
en el Valle de México, la topografía y extensión
de éste, su rica naturaleza y la estructura de su
suelo, sobre todo, proporcionan vasta materia pa-
ra escribir volúmenes enteros. En este artículo,
unos cuantos rasgos descriptivos demuestran la
importaacia de esta bella localidad de la Repú-
blica, y cuan digna es de investigaciones y de un
constante estudio.
México, Abril 23 de 1872.
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EXTENSIÓN Y POiBUCl^N
DEL VALLE DÉ MÉXICO.
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Sí se DOtttídwa el ¥alléidé Mélico como re-
gión hiáí^ógfáfi%a> Ik eslensioQ ie $u superficie
ed'Cqnóho'tfia^br ád Ja ^e b&%tkh^y se^^^^ ha
aMbináo. ta Sierra ^de Plichilíea y^ ^us ramales^
ciiy^fr^levádas^etrmbres se dlstánj^en desde las
ll«tatii9^^ limitan por el Noria el Yalle^ sepiirán*
déb de 4os plantos dé Atotonilcó «1 Orraade^ del
Valle <le Tulanoingoí ; y '^ ^ias Uamüras de 2m^
giiÜiiciaQ. Esa misiOQ^ dienr^se liga hádd d Sur
con juna: serie de cerpéB que Tain á terminar en;
las montañas de las Navajas^ separando los^piii^'
né# de-Gha^ai^ía del actild«i¥tado jV^k :de^E^a-
zoyiicá. Por ^ (^iéht6> lios cerros de Zínguiluéañ
y ía elevadia montáíía úq Xihtfingoi que por sus
120
fuertes decliyes parece inaccesible ^ derramaa en
parte sos aguas hacia el Valle de México por el
rio del Papalote^ y el cual^ en la presa del Ref;
forma el de las Avenidas de Pachuca. Un terreno
ocupado por extensos lomeríos y surcado por enor-
mes grietas y profundas barrancas^ y el cual for-
ma parte de los Llanos de Apam^ liga las anteriores
eminencias con la majestuosa Sierra Nevada qae
se interpone entre el pintoresco Yalle de Méxioo
y las ricas campiñas de Puebla. Como general-
mente acontece^ esta sierra^ al terminar^ se di-
vide en dos ramales, uno que se deprime entre
los distritos de QtumbaT'Apam y Tepeapolco^ y
el otro que forma la Sierra de Patlachique^ avan-
zando ¿acia el Pónibnte entre los f^lesvaBes
de Otumba: y de Texco^p. Las cíjpnbrw dcp-
nantos de la Sierra Nevada, adoi^f cqpocUfqp^tii
6l Iztaccihuatl, el Teilapon, el Tlatoc y Haiaiaías.
Por atedio de las eminencias poco considf^a-
bles y extensas, como son las de TenangOj ^
S. £., se une la hwmosá oondire éú FopiMa^
tqMdtl con la serranía 4e Ajuaco^ en la eaú se
alza la voluminosa y«def «ck omibre del misiBo
nombre, tocando ya loa Umtes de las niei^ pe^
détnas.
Extiéndese por d Sniroeste .la no métíbs iiota-
bleSieira dé le Cruces, que, dingiéadoee ü No^
oeste, forma la cordillera de Mootealto, y en sa
m
decUve: Noresta^ .^I tei^ao, aQCideQta4Q de Mmc
YM^' dé, México y é de Tplucíkque^&ji'aíft. laina^
»á»itofcíelevadíi^tiiail;país. r . •- / J í:. oo r: --oh
, -Sni .14. historia de ifaia^tjT» g€¡g)gfaffa^ el/ftSíM
del Sifiooque,::e6 :aQtafe)la-0^jf :1a; imppRlftPí^j tjtfff
como límite ídel Vftüe Ifti^ca «íí iliístrtí 'tiftj^íj?^
Barón de Humboldt, y porque en los tei:rj9Ap&
pr&tíai09íexi&te( la obra icolojaJl del. eaiwl jtJo^iíffo-
^$t0i?fo>iidA doadiO se han efpp^^d^Q l^im-
portant^í; obras del desagüe.; , f ::.;;.j o ^ .
> La sucesión de alturas/ tales [ootfia la ! q^}^^ sa
acaba dí^ mencíoaar, el oepj?0:;de.JalpA>;y las^lj]^
mas' d)9>£spafia/ Cbevas y;4Uom^Oi» sq ui^^n aji
cerro; de Aránda yi k SiBíti:a,.de,Tezpnt]^l|)!ftil)
la que dando fin cerca de la Sierra de PachJíQay
tenaiifia.el cíwuitb delJaflé-i i; r,. : ;;.ui.. : J
£^:C(^ntro de ésteic^eoQ ^as^a^>llamir]9#.inter-
rampidasvpor dlgunss sierxta de ({(^^ eiít^siop^
cerros eleYadjoíi y lomertog; y, pj^^ntauado uíia
figura muy irregular^ pues según avanzan más ó
menos hacia el centro de él los declives y contra-
fuertes de las sierras que los circundan^ más ó
menos se estrechan las partes llanas. Forman los
plantos más considerables del Valle los llanos
de Chavarría, San Javier y Tizayuca, al Sur dé
Pachuca; el Valle de Otumba^ limitado al Norte
por los cerros Malinalco, Cerrogordo y otros de
122
menos oonsíderaeion^ y comunicado con la parte
principal del de México por los ricos terrraos de
Aeolman; los y/atlles de Texcoco y Ghako^ qae
deben considerarse como la prolongación del de
México; y por jáltimo^ loa llanos de Zampango y
Tlalnepanüa^ separados 4e los qae rodean á la
capital de la República^ por la sierra de 6u(h
dalupe.
La mayor extensión del Yalle^ según la 1^
oblicua ^e une á Tlalpam con Pachoc»» es de
ciento catorce kilómetros^ y su mayor latitud en
e\ paralelo de Guautitlan^ sesenta y dos kilóme-
tros. Respecto del área, muy difícil es d6twmÍDU>
la con exactitud cuando no existe el plano ofo^
gráfico de tan importante lugar de la Repti-
La población del Valle, conforme á los mijo*
res y más verídicos datos ^e he podido propor-
oionarme, puede estimarse en 5S8,OOP habitiiih
tes, distribuidobde la manera siguiente: •
i
4-
I
A «•./«• t ^
I • «
i. ..
123
Fadiaoa 14,020 ,, ,, * 14,020
Tezontepeo 5,638 780 », 6,418
^JH^^^noo. 5^810' ,, „ 5,310
Otaiiiba ^. 6,158 „ „ 6,}5Q
Tfeaynca •..•• 3,414 8,000 „ IMM
Jaltttioo „ 2,425 „ ?,4!3$
Zompango... 2,522 5,000 „ 7,5Sf2
Teo%uoa • . . «, 5,939 „ . „ - A,9S0
^Wonyuca . . , 5,725. „ „ 6,7«9
48,726 16;205 64,931
Koatepeo „ 6,300 ' „. 6,300
Tep^pan , „ 938 ;,' 93$
Aoolxnan ,• „ M74 „ 1,474
TecDiaao „ 3*316 „ . 3,316
T^p^buacan 7,359 2,143 ¿, * 9,508
T(!P^tlaoztoo ,. 2,769 1^03 „ 4,579
Ohaútla 1. „ 2,772 „ 2,772
MexfoaídDgO 500 959 „ 1,459
QullmacaD. 200 2,000 „ 2,200
Ohajoo ^ 1,300 731 ,, 1,931
iKfti^[wd* ••••■•X«*° „ «,«47 „ «,«47
XocUmOoo., 3,000 14,006 „ 17,008
Tlalpam. .•*. ^ 2,387 3,300 „ 4,687
Ck^oaoan 8,129 1,000 „ 4,129
Ghurubusoo 492. „ „ 492
Tláhuao „ 2,000 „ 2,000
Texopop. ••,..^..., 16,9W l?,4^d « . ^Pj?^*
Contundo 1.707 ,; fy li707
OUmaihuaoáti Ateneo 4,070 2,500 ; „ 6,579
Ooatepeo Obálfoi * • - 1»938 >» . i» h^^
I|it|tpfltoc»«. ...... MM «48 o , :^;l4q
I^tfqÍMlapfU^retf..- 3>00i^ 1,119 I, 4ai9
I^tacalco. ..'p*'. ^ 2,670 „ 2,670
t^
51,051 64,392 '„ 115,448
124
Habitantes
Curatos. que hablan d Id. mexic. Id. otomí. TotaL .
castellano.
- '■ ■• —I
Cuautitlan 2,376 . . 5,065 „ 7,441
Tiútitlan.. ..... „ 6,92í „ 6,921
Huehuetoca 3,126 „ ,, 3,126
Tepatzoüan. 2,305 „ 3,572 5,877
Ctoyotepec 2,752 „ 3,000 5,752
Tlalpepantla. . . . '7,219 ;:* „ „ 7,219
Naucalpan 2^961 „ 2,104 5,065
Montebajo 4,313 „ 3,100 ' 7,413
Huisquilucan. .... „ 6,544 ' ,, 6,544
S^n Ángel. . , ^3,218 4,599 „ .7,817
Santa Fe ' 2,000 „ n 2,000
Tacubaya .15,835 . „ „ 15,835
Mkcoac 1,249 456 „ * 1,705
47,354 23,585 11,776 82,715
i - 147,131 i04,182 11,776.263,089
Oioaad de México. 225,000 „ „ 225,000
■ f
372,131 104,182 11,776 488,089
•f
Eii esta noticia faltan ios datos relativos á al-
gunas parroquias, como son Tultépó9^ Tlasala,
Coacalco, Ecatzingo, Gocotitlfin, Ayapang^)^ Te*
petlixpa, Tlalmanalco, Ozutnba, Ameeaáioca,
Ayot2ángo, Guadalupe, Tacuba y Atzcapotzalco,
Y no parecerá por tanto exagerado si hago subir
la cifra anterior, á 523,000.
125
Algunas obras existen que han tratado extensa-
mente acerca del Valle de México; motivo por el
cual^ me he limitado á ocuparme solo en la ex-
tensión que debe considerársele y en el número
de sus habitantes con relación á ella.
México, 4 de Mayo de 1872.
ÜNA ÉXGüKStóN
A LA r
CATERNA BE GACAHUAMILPA.
' 1.
Miiy digno de describirse es el camiao que
conduce de México á la famosa caverna que es
el objeto principal de este artículo. No fijaré mi
ateiicioneb Ib parte recorrida de ese camino por
el ferrocarril de Tlalpam^ por ser demasiado oo<^
nocida- ' .
La. serranía de Ajus<;a^ q«e por el Sur limita
él Vallo de Médoo; ligandio las sidras dalFopo-
oatépetl cdn l^s evin^íLcias de las Cruces y Mante-<
AltOj ocupa en latitud una grande esitension de
terreno^ presentando qn sus 'declives y muy par^
tieularttiento en los australes/ inelinaciomes en
exixemo rápidas.
128
Preséntase el terreno, recorrido por el camino,
árido, y apenas se ve eu las eminencias que lo
coronan una vegetación pobre en extremo. Aun
cuando para el viajero, ávido de lugares amenos
y pintorescos, estos lugares no tienen ningún
atractivo, son, sin embargo, muy interesantes,
considerándolos geológicamente. Vense por do-
quiera enormes gr^ppjs de rocas eruptivas que
están revelando una acción volcánica tremenda,
y las cuales se presentan como inmensos edificios
derruidas por lá acción destructora del .tiempo.
El ascenso para traspasar la linea de la división
de las aguas, es en extremo difícil, y se llega, des-
pués de algunas horas áfí camino, á Topilejo *y
á la Venta del Guarda; lugar interesante por de-
terminar el punto más elevado del camino y desde
el cual puede observarse el Valle dé México en
tbda su extensión, éóñ su más bella perspectiva.
"Del Guarda se llega á la Gruá del Marqués, y
desde este punto, que sefialá los límites del' Es-
tado de Morolos, se desciende rápidamente, . ra-
pidez t[ue crece de Huitzilac en adelante, de tal
suerte> que los carruajes ruedan con una veloci-
dad qué casi se asemeja á la ique adquieren . los
cuerpos abandonados á su propio peso; y á me-
dida que se' desciende, la tenoiperatura se eleva,
comprobando la observación tantas veces hecha^
de que en México bastan unas cuantas horas de
129f
catóino para pa?a? de una zona «oieitremo fría,
á. otra oélida. La yertieaté austral íq la serranía
á^ Ajuwo, que ea e$ta pairte tómái el nombre
40 Qiepta de Huitsálacj nase pre^éntacon la d«s^
iMidoz del declive septentrional. MncHos árhoiesri
(fe li* fainlKa de. las conifera», cofcwai ¡d teírenoy
observándoselos oyiarmle» m la» liuiiBlues,; y los?
<m^»pmo»^ ^noifioi&j 9ÍgDms.cedroim\o%d&^
elivea. ' ■ • . •> • .• ., .
Multitud de barrancas suycaad sueioy desden-/
ám hacia Ipi flanes de.Guéínavacaj' eaooatróodose
esí» ,oiudad> ánt^ 4« fthara eap^l del Estado de
Mgyplos, eRtre,dQ9 do; ellas.' Lamáyoc parte de ^
e$As tiBfraií«W; U rntérponen, entre Cuernajva«a y
losipuebfesií^^Caialo» y Ocuila, áá Estado d&Mé-
xi?0» ^tmtáp dedifieultades y de fuertes pendioR^
tea,la& veredas que Bgan entre siesas poblaciones.
ííistínguese desde la eminencia de Ja euestai^:
la tierraealíente ofreeiendo un bello panorama.
Lag lomas suoesivaa que taiito caracterfeaa la to-
pografía de los terreiBos de Cuemavaea, desapa-
recen á eausa de la altara da donde se observan,
y solo sé admiraa extensos planas matizados por
ü frondoso Maje 4e las plantas tropicales y
por los plantíos de cafla, cuyo color esmaltado de
verde más ó menos ídíimisq, según el mayor ó
meuOT cpecimienW de las plantas, armoniza con
los varia4og cpiores que reflejan los terreno» sin
Ga>cíá-Gdba8.— 10
130
cultivo. Ddsoúbrense á los Tívísimos resplando-
res del sol y diseminados en las campiflas^ ai^ni-'
pados. los edifícios de las poblaciones y separado
el plani de Amilpas ; del de Cuernavaca> pói* la
sierra : de Tetillas, Montenegro y Jiutepóc, y
px>r: último, se ien á lo lejos esoálonadaá, sobre
plahos, inclinados/ ditersas eminencias ' i(]üe tér-
Doinanicon las crestaiEí de las elevadas sierras qué
por todas partes circundan el Estado de Morélcísi
y ciérrah sus horizontes/ • -^ ■ • ' i ' • • ^ ' .
jCüernavaca (Ouaühnahoae/ rodeará >lé'íléreí(j
31;áeL. N/y 0^ 06^ lO'^SO^dloñgiliia-CÍ.^a
Méücó, á l^SOB"^ de altura/sdbná'fel'ítnafy'áliS
leguds Svde Ja capital 3e laRépúblíéaV^Bl fer-
reno-en que se asienta* forma tiinaloina étítré iiós
gpandes degresiones, dfreciebdb'^en sus csIlés fre-
cuentes, ascensos y descensos. Desde ¡¿üi9iiqtiiá:á
altura de la ciudad se abarca de tina sola 'láí-
rad^^el ter^torio del Estado en toda sü ekténiíitín.
, Se deseubreá la? montañas que loMítaitan y
las quáinierrumpen la uniformidad de sil súeló..
al Norte, la serranía; de Ajiísco: al OHente las
nevadas y majestuosas cumbres del Popoóatépetl
y el Izitaccihuatl en último término, y en el j/ritoe- '
ro, las cimas de formas eáprichbsaii'dé fe sierra^
de'Tepoxtlan . Los extensos plantíos dfe caña- los
m
hojas^éá me(jio'da itíá kBgetáhi&khiAudií esdíaP
tan io¿ (^mpos ¿6 uy vefdeberdidfi^oi, r^velalldo
lag fiqubzas da un Estado bsefiáciklmtBtiteag^í¿oIa^
: El dima ds^ia; di^dad^e&iña el'de tójdas lag lo^
caiúladeirdeiEstadb^ as eálíAoytoax'^ñdo el termo-
dúel^o como tempei^ra máximia en fíémpoa noN
males^ á ¡ias^ t^ei^^de la tárde^ d^2Í'^&2^'^tmÚgik^
difó.XadeoUii^tonddkagüjaerdeSffSO'ali^^
•"^^La {K)bk(iíoü actual' déla ciB&ád,e* de 16>O0O
h3)itante&' reparíMó^ .éi^&QO casas -^tte formajÉ
el tótscío, y^éíi las casuohás de $u&^ huertos y é&in-
pí^s; Goltf^retíde 60 calksy^Uejoniés;5 plazas^
5 templos; el antigua palacio deCortés; que posee
más híen el' carácter 4e^'utt edificio fortificado^ ca^
íáctepqüe valde^apirefeíendó {^or las ¥¿edificacío-"
nes.. En^éJ residían los pédeiíes del Estado^ que*
se trasladaron' posteriormente *á Guautla/su nue^
VaeapitáJ.'.-' ' ''••"'' •• '- i'"' • • - ' ^' •• ' ' '
i La cilídad pb&ée adeinák el edificio del Instituto
litérátfo, ¿i'ífeíitre^e Ala!?cott,.que iíuéde cotltfenéB
2>000^persoíiias> ütf^io^pEKál, un matadero, dóc&
posadas, üri cuartel, caíadé córreos^ éfetaéion te^
tegráficaíjuñaim^éntá, cinco curtidurías, ün tno-
Kno íde ¡aceite,' cuatro fábricas dé agtiarídieúté^'
Gbho de ladrillos y tejas y echo cáminoS vééindlésf;
- "fbtmn lép suhiirbíos de ésti- ciudad los si-
guientes barrios: SañPbdro y Santd- Cristo, pot
13?
úSm; Amatítlanj, pocel Este;; San Anton^ por él
0«9te^ y Gmadabpifea: ^ú GiJ/vatío poc el Noiite.
: Faaado €¡1 piQtor«6eo>piiebfóciilllo.d¿ Saa Aaton,
^.8^ IsUn^metroft .N. 0. de Go^aTtaoá^ ae desciea--
d0 á JUQa: pvofiíildac bMntancBi|KDi? tioí seodisro: es-
trecho, y pedne^oao . Eíi eata Üareaiicai y ' <ftQ ; uóa
aiturade^/37 metros, el agna que pnMmi>e; do
QlYlit hacnraBca llamad^ 4e Toto> se.pr«id^ta> lor^
OMAdo en sa calda preck^saSi ei]duJ&oion«a> al-
Xmtmi^ cpn/d^lgadi»^ ]|i]í99;^M<^ ^WJ se
^a]!«^o d« la masa pptiiwjipal (fel ton^sti^*. ©e
la (»«eBea abierta por 9] ^ua: oon Wyi^vs^^^
golpeo^ seelevi^ éata^en Dfteijiudas partíQD)a$> pror.
düjetoa<lo á, los: tifvísimoai r£|yos dial sol, Ideicolo-.
le^ del iris, notables por.su persistencia. £1 conr
tiajiío mQvii9ienti> del-agüta al pié del $a|to> ha
^aeaxnado X^ daont^alia^ abriendo una gruta pro*
fipda que por su lohregu^ contijasta t&Qto. coa
la blancura de la corriente cristalina, y coA: el
&eseo verdor de los beli^ohos, delosflí^bu^tos y
plantías tropipaleSj que engranan aquiajla c^encaf
Grietas profundas $urca;iii h.02$:$optaln;Lent^la9 pa*
redes vertijcales de la barraqca q^e miran; ^
Oriente, en tanto que en el decljive, opuesto uq
^pp de pri^m^ basálticos incrustados en d ter-
reno, alternan con la3^ lucieiM^es bpjas do^ las
aaonáceas. Los les4ones4^ bc^Uieo que>. piejKli^n-
tes de la cím%, ftotan t más di medi* altura de
m
la barranca, y la frondosidad de Lofii árboles^ en-
/fcre üuijyo follaje se .descubren las esbeltas hojas
del banano, contribuyen á hermosear el Ing^t,
dándo]^ UBjispeivto ebcaottbdlQri
, trm cuartos p^c^^ .4egijta.ial ISste de Cuerna^
^a0a,-se h^Ua eL|^iiei^lo ](Íi^ (^hapultepec (cerv^
Má^^^ ap^a por s^^^^
frutales y sienoibras de semillas y legunabres.
H4cia el Sur jji, l^ piispa, distancia se encuea-
tiraéi;pueblo de A^ck|)ahtziip^b (trente deítísfttizál)^.
íia industria de kus hí^itantie^ consiste eá él ^é^^
tiyo de ¿r))oles frutales. Sp.^situació'á^klitíiibeaia--
cíoííés de h capital y ^u aMéiiillad, hiceii ^ ^sté
pueblo un lugar de recreo. -' ^^
l!n él, el archidocf ud M^odiÉiíIíano hizo bonstmir
una gruta eonhe^osoj^din y »*»«*»«»..
, £1 iEsta4o de itcfrelos se'^baUa dividid^ ¡para m
ai^l^ifaistr^cion en Us sigal^ptes fracciqpff»; . •
•''•'• i í .'■ ' ! i :'•;'.
MUNÍGIPALIQXdES. Káza úii^ta. ladfgeQa. Extranjeros! Tofiá, ,
DíStRÍTODKCüflWA- ' • '■ '
YAGA.
• a'^
Cuernavaca . . 8,225 5,807 , ,ii4. ií^m
Teipoxtlaa. . • 2;456 4^149 v 6^/^05
Xochitepec. 2,97.4 2,797 jié 5,777
Tlaitizapau . . 5,468 ;á,600 ,i§ 7„283
Xiatepec 2,902 8;612 > 5 ; 5,51»
■k
A ító vuelta. . . . 39,260
134
■UUNiCIPAUDADBS. Raza nuxta. lodigciM. Extnqjera*. TotaL
-TT"
DekTuelta.. . . 39,260
DlSTlÚTO DE MORELOS. ' •• •
Cuantía .... 10,678 1,399 29 12,106
Ayala . . . , / 1,2Q6 2,610. 2 . 3,818
Ocuituco. . .-.i l',381 6,329- » 7,710
Yecapixtiái .■ ; 4',83S ^ 1,580 , i ;6,416
DlSTBITO DE TaUTEPEC.
Yautepep^ 1 .. . p,0'59 4,Ó17Íf 20 - 7^096
Tlayacapám.\ 2,021 ^979 », 6,000
TotQlapanj^
j ' • .
■ i ^ <
1
t ' -
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municipio. « .;
4571
2,213
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Tlalnepantía^
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miinicipio;.: J .
1,0441' 1,786 j
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2,830
OlSTtÚTO hE T&ÉEGALA.
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TeteeaJa. : ; J
1;972
i,532
3
3,507
Miacatlaií . .".
3,619
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Í3
4,54i
Joiutla
3,140
3,535
14
1 T
6,689
Tlttqtriltenángo
1,343
3,932
il
5,286
Puente delxtla
2,044
1,860
6
3,910
Aitíacnsao> mu-
1 «
. • ,lv
1 '
üicipio. i . .
• 1Í227
4773
2
Q,0G2
Coíitlandelílio,
ro:.'
1
:Í, .
municipio. .
í,3S7
589
9
1,946
Mazatepee^ id.
1,103
345
• »
1,448
Ai frente. . . 119,351
,< :, :-;■
1
r
^ 'MUNICIPALIDADES.
i
135
Raza mixtai. Indigenír. ISxtranjeros. Total.
»
Jonacatepec. .
. .iZacualpam-
. Amilpas . • • ! •
Xaatetelco.,...
Tetelilla. . , .
Tepídtzineo . .
:: Del fíente.
5,2é4 2,375
2,469: 4,854,
2,623 2,320
2,189 2,914
1,140 . 3,728
.. .. . 11S!,351
w
.f , :
.6 ■7,635
. .:> ; •::•
.%-. 7,327
2 4,945
T> 5,103
» 4,868
I lili I I « 1 1 ■ ■. • •■■■ . ■ n "^
Samas, 77,340 71.744 185 149,269
»
i
. El camino para Uagar á Gaeabuamilpa recorre
lo3 terreaoa iperteoecientas á los di;stríto3 de Guer-
navaca y Xatacala; y.á medida qu^ en él se avan-
za, se dasúubren ¿ uno y Qtr<:^ lado, aras ó me-
nos cerca. Jos pnehlojs y líiacíendAs de 1%, mayor
parte da sus municipalidades.
Al N.¡:E. de CB^Tftayaca sa ven las montañas
d© Tepoxliaíi (lugar da figuro).. La vlUa del: mifr
moi)9Q^braj cai)aciei*a de ;la municipalidad, se
enQuantra situadi ^ j^ cañada que sa forma por
los montes de Otlayuoa. ' Está cordillera, quaí;e
díBsprende de la sierra idel Pppocatepatl, se báf
Jla revestida casi en su totalidad de vegqtacion,
produciendo cedros, ayacahuites, caobas, encino
^_A
136
de diversas clases y el oyametl. Eq tiempo deUu-
Tias esas emifleB^iafr^ dqtti e r e a ^ beüe aspo o to^
iBl por la frondosidad do la vegetación como por
los arroyuelos que se forman y precipitan :d88de
las alturas^ serpenteando por los declives como
i¿lbs de plata^ y que por s¡a Uanouta tanto con-
trastan con las ennegrecida^ supeífiaies de las
rocas. Al llegar esos so^royds á las partéB mis
bajas^ forman otras tantas «iiscadas y se Xíwta
porinedio de varias barranquillas á ua arro^
qué Recorre los terrenos de la muQidpaUdad.
No-eseasean on ks misma*s montañas los mine-
rales de fierro^ circunstancia de dónde tomó orí-
gen el nombre de la población.
Al Suroeste de Cuerna vaca y á dos y medica le-
guas 8<e encuentra Xiutepec (cetro de yerba) coa
mil doscientos setenta y nueva habitatites. SI
pueblo ^se halla situado en medio de un Uatto
limitado ú Oriente por «eiffiasí ernikiendas que
forman una cordillera rí^ de vegetaoíon y ebtre
ouy os arboles se cuentan álgü&oi^ de finas y ex-
^piiiiks maderas. Lai^prinoipátos cuE&bres de esa
Dordiilera se deíaofidinan ^fríga de {^ta> ila-
mi^da asi por ser mineral; 6l Tajón^ la'Palma^
Rancho del Cerrado y Moüte-Ñegró. En oste lil-
timo lugar tuvo efecto el 22 de Agosto de ÍBIO
un fenómeno que causó gran sensación entró k»
habitantes de aquellas comarcas. Al declinar la
• . i f
13P7
taludé dé ese día^ laitaenfiKiB nubarrones T^rtíáíi el
agiia7á:4orréiites;' eseaclMiaadoseid^propío tíenapo
h^o dfeiieiTafaertes detonáblones yüntíi^tídóíe
^a ügéreílfirremoto. Al día «^Meote s^ obtervb
tpie'k vegetMíonnque rewstiarla moútafia baUa
^tesapsa^ido^eauíHi exteiisa'í?raa de^^^
presditando ^oh rocas ennegr^áasy mú Lesión
alguna^rbí cumbre* Todés io^ dei^ojos de tbn^^
piedra y maleaas^ prefteíatándo una ma^sa oompac^
ta^ cubrían á poca distancia el suelo arrojados allí,
sin duda a^nna^ por la fuerte tensión del iire^
ijmy MiJüAo yiolentamente por el calórico inte-
rior^ abrióse paso p¿r ios derciives ófá ella. Esos
despojbs {brmaron e¿ algunos puntos un espesor
que varia dé nhá y media' á tres varas. '
Bt»' arroyü» dé algea ^ pérmanebte^ frasca y
id)Undante>:xiega)n;'lóá terrenos de la muoibipiíh
iídftd: aaaíboS'Se/ ix^iK>cen 'C6n nomhire de la
filnranoau Ihia-éa eüijs macé en el; pueblo de
O^apaltapec^:^ áá jur|8diecim^ de Gaaroavaca>
ritga^lá Uacienda^'de A^iácomhleo ^ prakpor el
centro del pueblo de Xitiiepeé^ j 6l otro s¿ íoÑ
xba de los ramrós jdelTexalpianit^ aumentahdo su
raudal con. eV agua qile proTÍéáld de bs Tértíén*-
té6 de bs fuentes bl Noroeste y muy cereade Xi«*
tepec. Beúneúse ambas barrancas^ cuyo curso es
de Ndrte i Sur^ én-t^l pueibb de Zaouaipam^ á
cuatro kilómetros al Sur de la cabecera ¿
\
138
Conócese con «I nombre de Pfisao ds ks Fáea-
tes un sitio aitieno/ que dista» 4o3> ^láDQBtros de
Xiutéjpec hacia el Noroeste. jQopiosos inséantia^
les de agua cfistallna forman ima <so(rtieQte rápí*-
da en medio ide una i^getaoton Tirgeqjy lozana:
grupos de frondosos sabinofs; de frésaos j ¿la*
mos^ higueras jsilrestres^ inanmjós^ cáangkresy
otros árboles frutales dan \sombra ¿ ese tío, á
cuyas márgenes se extienden rraui^^.y fértiles
campiñas.- '.' ■ .,../':j >.;-•■ ^ ;o ^ i- '":.r.' ■..••: .
Desde el camino, y á diez kilámete^os.de Cuer-
navaca, se distinguen por la parte oíSie&tál la ha*
cienda del Puente y el píieblo deXoehitepec. >
Xochitepec, que quiere decir cerro de l¡(iflor\
es la cabecera de k munidpaUdad de su noa,-
hre^ con mil quinientos habitantes^ ^ y^ datante
de Guernavacá veinte. kUómeti^^alySuií.:: Las
montafkas de Golotepec^ Alpnyeca^ j£an J¿sé y
Tetelpay foorman hermosos, vattes^yi muy partí*
cularmente el qué oéupan IdsíienBnps'de laé
haci^das Uamédas Ghiéoocuab f- elí Fuente,
donde se cultiva la; eíLflá dé* azúeaiM y el aiToz,
artículos tqueconetítayanna prinoipal riquezade
estos lugares* Riegan estos avalles dos riós. que
se conrocen con' los nombres de Apatlacó y Al-
puyeca^ cuyo curso es de Norte á Sur, y isu con-
fluencia en un pdnto cerca de Xoxocotla. El
primero nace en la barranca de Santa Marfa>
t39
Udonieipftlidad de Guemavaca^ y el segundo en
JliSrde TMlaoaa. Reú&eseles e& Apáikdo consb-
4l»rah](e cpíntíd^^ ; 4p ¿^a salobre que píevletie
de dos j[n^9it(iftl§{f^. > %\x e^tos . rios s^ pesca!n
touchas;y l^agre^-. ; . J . .; ^ /^
La haciendí^i ide: cañ^ ¿e Ten^A> de la .miitríl-
i^palidaid de;,QqecA%yaJpa^ ;y l«s dej Ghijpononae y
39n Vfce.útg, ^pwd^ depirsei quehoy fonp?ttX; vssx^
sola hagjen^, ; §liyfi§;fr utps ; s» ; beneficiau. , iodos '
69 esila úlUma^Jll^r'^eriiiejiUo^ propietarioi de
ellas^ .l^ia.lpgj^adoi^stableceF.eQ la de Saü y&atfte
W^i t9ft£Pt^(^. ma^HÍú^iri» piafa la elaboraoiea y
i^Ti¡S^^zf:^j^^ mj9 costo ba aseeiadido
á;lft:5»ma de SOQ^O^ ViM f
; ; Eslías, hapieqdai3.;el^omn al; a¿Q::
> t : *: ..': :<:;.. ' , • • '• '"-i /
TemisGo 26,000 ^ de azficar 3^000 de miel.
I . t
"/"• ' Mü^bÓto i •- 56,488 -C
£1 camiob piloaig»e |)or los tetrenos perteiiet-
cientes al distritoideiTótecala. Ooapan todo el dis^
tnXo, ei](t]^3Qiií.l0mei!ioe:y;:^á{)os de.'cerroside
poca elevaeioii,^ poc 9ti arídiess fj^niaíi unnQ*
table «QBtra^tfi .qod W frondoaais y fértiles, cjifiai^
das. Los rii$)$- <^e las ríetgan son: el dé Coaitkíi
que oace al Norte en las montafias de Ocuilaydel
Estado de México^ pasa por la bacienda de Coco-
140
yotU, GoatiaQ del Rio, 13«t8cala, Staii^eitjOili-
4an y C!oaehiehíiúola, unténdose d (Aiiíacbait!^
^ TÍO Tei&bgmbé oace lgtiálíneritó^eí»i)á bam?atHÍ<i
ide Toto, p«$a pór1;orrem>s4é^GiáéiftU^, Bfiaóa^
tlan, Mazatepec y Ahuehuecin^^ sé toB al kü^
{Btíor, á una l^tta al Norte dé IiHla. -IS/a ektos
TÍOS 86 odg€i& cam^oaes, ba.^t€B, €ktigve¡üs, lee^
|flirra6> pericas de agaá/r0Bl(5ad<H<e9, lialmiclied y
' triichag. La laguna de Cd«l^éleb^, alteada al
'Oriebte d# It£azatepee y^e tfa Mlómiáttid 4e \6tk^
gttúd, presenta ^o paiK^^k^a agradable pot iM
plftntfos de cafia f{ue k todera '^ j^i-k iBttltfVM
<de garzas que se^en sébi^e lá sH*péii!éle dé^ltk
aguas. Esta laguna pro^ulíe Í¿ü«3iútti4e ttfiáuife
y bagres. PerteiLetiiente al distifitd se éoctteátra
otra laguna muy notable, en jurisdicción de Puen-
te de Ixtla. Conócese ésta laguna coíi él nombre
de Teque^uitengo, cuya eiteíísion es 4e eoatro
leguas cuadradas. Dos par^ülaridades notables
ofrece esta laguna á la atención del viajero. La
fiiamera oonsiste ^i su grMi|]ír«fiQpididad> calcu-
lada en^ metros hácáa tílceiitré; >
Cerca de BuorUiff^ass^al-M 'ha&ft sttfiíergide
un piieMo, pudteikdo (fitóisg^i»B/wi«iá^ k 4^^
fanidad de las ágúas lo ^«^rnitén éh fronti^iéié
d^%ibplo> sobresaliendo dé la ift^SSa soperñde^
la >oini£ óon que rematíi la totre. '
Constituye la segunda^ la eiistetnóia de unos
m
tfsros^ Uftrpadofií c^c^actfffv» l»a contraidiOi la
C9^^^^>^írar(^a^^^ivif efl lel figua y, que eoi/irMíft
c|6. lüa iorala^P ,4e wjetftFlps. al yiígoi. CaaSdAel
caJpf: del 8oí( sft .haots. spotir con xmjw hñn%^
hi^ep appi^sifna^^QieQte jbtirlaadó 1^. n^laaoiA
^ ]^a'TUlft4eT9tj9Ql}«(e^{i99s4epiedita)^o^
dí^(íiitoiít»> fiP liíillaífiitiMtfJa ó kjnío'gea iasq^ienift
d^sl; rw) Cpfttlw» y-* 40 fcij^toetros S. 0. de Cuetr'
nai^oa^ con 2^000 : h^tf^ teisH Su» tacreaod sooi
puodiictiyps y m vjageíja^k)Q ten yigorow.q^ ^'
poiaíz de rjegOj SQ.coecfcba ^qtgs^ de cuatro mesesi
y el de^ teitippral ái Ipfi s6j« después de.sa simsíh
íjra; ^l plátaiip, swijpipre dá su, fruto taMololftn-
piandío ía plsujfta y el teíiTeao^ eji qoe h^ empecido;
laeafie^ destfiSK^fir adqjUijiejQe muchas veces én su
desarrollo nnn loDgitq4 á» ti:es metrofl; sé. cose*
cha^ ad^ipí^el, frijol, pipíe, 4JP»jolí, eamotft y
sayoz, cuyo <3>liivo e* de líi wayqr imporjUmcia
en la^ ve^ tod^t» del iíq QoatUn;. d^bea saen-
donarse entre la? ft:ujÍ4as, aandíAS^ oaelones^ cocos,
agcqBic«i»tes, liiQa^y, aiAonaa, UiRbiricbás> chícozaf^
pote, pangos^ ümm, guánóvams, dátáka, oi*-
ruelas, mameyes y i»pp!t;es.{^ñetoa, pcoduciendo
ademá& en, abui^danpie, toda: clase de legumi^ses
yverdurap..
149
^- Eli calor es ifísc^dr(ablé>eia esitt localidad;^
mareando el termómetro 6 tásoteibrá hasta M^ C.
' A 4 kilómetros de^-Tétócalá, ^íróáiguiéndo el
Qáttfíüo hacia el Poníéhte, dé éilcügntra el pinto-
resco po€d3lo de Goatlaü del Rio (lügaf de ctJe-
bras): Erguidos cocoteros se. a^itipáh en tordo
de ia l^sia parroquial^ deihuttfiláé'aspébto; léií
cafetos y platanares, entre cuyo follaje deséüéfifá
el ésheihó papayo^ ápétt^í pet^bíitétilleécábrír^ ^or
entre gtrsranaag^ las habitatíemes dé lá ^óbracidü'l'
El' tupido ramaje de coi*pbleáílós' árboles, e1itr¿'
los que se cuentan Ids nará^jósj 'mkngos, limone-
ros y limeros, se dibuja eñ Ijisa'guás de un río
cristalino, que con sus vegas -fértiles y amenas
aumenta los encantos de tan bello paisaje;^'
-ApéíiaíPse sale de eBta poji^laéíon se vuelve á'
cariainaT' por lomas y cdtittás' esléríles, cdñ tíirec-
cien- al Sitr, y solo de treéhb'eh trecho éé dístin^"
guerf' algunas cañadas vésifdaí de vegetación. '
A'6'kílómetrosLde Ckiátlan se pehetrá'éti una
cañada- formada p<M* ójiuekás ettiíñénciás en los
confines del" Estado, límites 'ííoií ^ de €rüérreró, '
ascendiendo por una vereda jiédiregosá, á la falda
de la^montáfia^ hasta llegar fiíl' piiébtécillo deCa-
cahuamilpa (siembra id0:ca0ahi!^$es)^uetl!stá de
Gdatkn 8 kilómetro^. Algunáís caluchas y un'
templo. pec(uéfio, dehümiildfsiíUoaspeetó^ ocupan
la falda de un cerro, y desde este punto, cami-
143
tíán^ iri¿iiErpre por desfiladeros y en contínuo
dws^eiiso;^ iá Uega al grupo dé cerros elevadtís^
dU^ünó de;-;lo3 cuales súbitamente se daseabroi
la obectüire de k famosa
:0."
t ■ •;-.
Í/ 1 • > ' , <■• "I ' » . • : . • . ■'"."/
, t - -. A-l • • f
£vAítíbs'úe peai^trar én Jos: antros misteciosos.
d&iáxsar^ráa. oonTséná datluiia idea¿deia.itopor»;
terreoé de talunaaera* ^TdaciaHaa goq; aqhdlla/
gj^nt^seajob» aataral^ qüa hacen ándispbnsable !
el pJeao. oobooimieQtoi del todos susí ddtallésj ::
s^omando por panto de partida la úsontafiá de
la'-cá^Eftíi^ -eattiéadénse al:Ñortef déreüa/ dos coif-r
diUesasi opu^as iopie forman uoá oafiad^^ cu.yd
thalw^i itíene :una diréceíon de .Norte 4 Sur. De
estás dds^cadeiyas lábccidental sefiga inmediata^
ibénte eoH la :mk)ntaUa de la . cayerna. ien tanto '
qae la oriental^ desviándose poi^ enfrente dt3 elk;/'
deja iio' espací o <ié terreno> en^iel cual se eleisá'
o^ eáiineneia^'de una altura basi nula per et'
ladp dejia cañada^ pero de grande elevación por i
el opuesto^ eiidoüde la eontrapendíente secon^
fabde/CoHilavertiealv • . ' í .
-rTan iueríóles por está parte la detpresron dpi i
tdtréno^ qiíe para descender á él> se hace prepiso;^
141.
las más reces, apoyar pus y manos eoiks nsarn
j troDOos de los árboles para evít» k cakiafMit
los deafiladerosL Esta cuenca da origeo á .otrife
cañada, cuya dirección esdeOoddanteuáOxieiite.
El descenso rápido en tan corto espacio de terreno
convierte éste en xm logar do estretoada frago-
sidad. Vense rocas acantiladas, dominando el
abismo y taladradas por las aceradas raíces de
les amates. AUi la nafoialeza agrede oc^taflon
rm iDanto de espláididó foÚAJe^ una da sorobr^
m& admirables. Saltando do uno. eaotrapellafiea
y> abriéndose pasa por entra las tamas de los ir*
bolss^ el Tiajero llega áicglooarse iral un punlü^
en medio de un rio cristalino, desde donde, lapr
zandoinstíntiTaiimitoun grito de sorpresa^ pnode
admirar á. un tiempo mismo dos cotesales j ber
Dtsímas gruta», de cuyo fondo s^eu setpenteando
y en rápida corriente, los dos ríos, que aKoaentan
el Amajcnsac. Laa piedras calizas qat forman laft
bóvedas de las. grutas se hallan, diapaeskas di^ iáL
ipanera^ que parece que ea su oolocaciou intor<-
ñao el arte con sus precisas reglás;^ despcéndense
da* las grietas dd las bóivedas y ea forma: de^ fias^
tonas, las estalactitas con aquel desorden que
aumenta los encantos de la naturaleza.
Las bóvedas disminuyen graduabnente da ú^
tura, presentando ea el fondo ima lóbfega aber-
tu«ra por donde sale el agua, dando lidiaos áe la
145
profanc^ftd de los subterráneos. La espléndida
luz que ilumina la parte abierta de Is» gmts&,
lucha por p^netirar ¡sn el foujdo para disipar las
tiniabks> y «ipénas con sus reflejos, hace brillar
el agua en -los puntos en que, por algunos obs-t
tápulos, rcrope su cojfTÍente.
De vez en cuando parvadas de guacamayas,
asustadas por la presencia del viajero, abando«-'
nan sus nidos, hendiendo el aire con su rápido
vueb^ bajo las cenicientas rocas de las grutas^
para proyectarse después en la purísima bóveda
del ciclo.
' ' ' ■ . *
Esas dos grutai^ se hallan en opuesta posición:
la tina mira al Norte y la otra al Sur, reuniéndoi-
se frente de la primera los dos ríos que forman
el AiDacusac Si se brusca el origen de éstos,
preciso es rexud^ntarse hasta las alturas de Te-
nancingo y de ktapa de la Sd> en el Estado da
México, cuyo territorio riegan dirigiendo su cur-
so hacia k montafia de Cacahuapiilpa, para per-
derse en ella y brotar de nuevo en el agreste lu-^
gar que acaba de describirse,
Encumbrando de nuevo la eminencia^ el viajero
pue^e contemplar^ desde la meseta, la e]^fisa bo*
ca de la caverna «on los verdes festonea de follaje
que la adornan, y algunas eoncrecíoiíeft de esta-
lactitas que se presentan como un indicio de las
García-Cubas.— 11
146
maravillosas cristalizaciones que en- sus autros
aquella encierra.
Llégase á la abertura natural por un sendero
estrecho y de poca extensión. La longitud de la
base de esta abertura es de 36 metros^ su mayor
altura de 4,7o. El rumbo de la base 19^ Suroeste
y la temperatura ¿ las doce del dia y á la som-
bra, 27« R.
La existencia de la caverna permaneció igno-
rada hasta el afio de 1833. Los mismos indios,
antes de esta época, no se atrevían á penetrar en
ella, creyendo, en su ciego fanatismo, que la pri-
mera estalactita en figura de chivo, era la encar-
nación del espíritu malo que impedia el acceso al
interior.
ün incidente reveló al mundo ciyili:^ado la im-
portañola de esa tan prodigiosa obra natural. Re-
fugiado un criminal en la caverna, permaneció
en ella durante el tiempo que duró la persecución,
cesada la cual, pudó regres^ur á i^ hogar, asom-
brando con sus relaciones fantásticas á los veci-
nos de Tetecala, quienes Inmediatamente dispu-
sieron la primera expedición.
Muy dividida se encuentra la opinión r^pecto
de las teorías referentes á la formación de las ca-
veriias: naos la atribuyen á la acción de las aguas
y otros á la plutóniea.
U7
La e^^ji&tQacia de los. dos tios^ que pérdiéadose
•en la montaña de Gacahuamilpa surgen de :nue-
vó en un lugar más bajo que el subió .de la ea-
verna^ ha hecho tp^esumir que en la forniacloa
de ésta las aguas han ejercido la aceton prind-
ps^; pero si se atiende á diversas eircülistañcias
contrariase debe creerse más bien que t&l 0fQct9
tuTO por c^iusa una dislocación violentadel terr
reno^ de la misma manera que se observa en las
í?tletas de los minerales.; con solo la diferencia de
fab» «do éstas-taye^Uda. por to ,.aWa, ton-
didas. ^
Los terrenos ady aceptes, en los cuales se ad*
vierten dislocadas y . metamorfoséadas las cap^s
palizas, corroboran esta aserción .
En lo^ mares^ el continuo movimiento del agua
desaloja, las materias sólidas del terreno, abrienr
do grietas y. grutas profundas, así como en las
tierras continentales las aguas han contribuido
principalmente á perforar las montañas. No solo
esta causa puede producir tales efectos: la eyec-
ción de materias eruptivas, el enfriamiento de las
lavas, la expansión dé Iqs. gases y vapores y la
liquidación ígnea de las rocas, son otras tantas
cansas á que debe atribuirse la existencia de las
grutas y cavernas que tan justamente nos ad^ú-^
ran. Supónpse igujalmente que los espaiciosb^y
libres se hallaban ocupados en tiempo^ Temótos
1418
f(^t grande^ í&asas de i^\ qae^ disnelta por el
agua^ fué arrastrada én su eorrieiiAe; mas lo que
no admSte doda es^ que la acoion plutdniea lia
didc^ éi agetite^ príBcipat 6ir la formación de mo*-
ohan oayeraas.
E^&údtiUmdo con k mayor atenok>fi eljififer
íiof de la caverna, no se ven ni canto» rodados^
nt áreáa&, ni limo que hicieran presncaír h exSs^
leíioia ^n épocas lejatoas de grandes corrientes
^e produjeran la grdnde oquedad que nos ad-
Tflira; por el contrario, todasf las rocas que se en-
cuentran agrupadas en el suelo y provienen ie
fuertes derrumbes, así como fes que forman las
paredes y ks bóvedas, sen angulosas, con m
aristas bien determinadas; circunstancias que no
se observsin en las dos grutas de que- he- líeelio
mendon. Aquí se encnentran grandes péfiaseos
sin aristas y carcomidos por la aceúoo éel agua.
La existencia de los dos ri^s próximos á la caver-
na debe atribuirse á una coincidencia casual, co-
mo ha podido observarse en otras cavernas cuyas
circunstancias son idénticas. La montafia deCá-
eahuamilpa, según fundadas conjeturáis, se halla
perforada en todas dil^eceiones, formindo gale-
rías laterales, quizá tan interesantes por sus de-
taM#s COMO por el oafidn priiieipal que ya emor
eemos. Los rioi$ de Ixtapa y Tenandngo, según
mihumiMe juicio, ijued^p^inguna rnaneraf pueále
reatarse cotnt) \xü% concusión Añüwtím,, oi> per^
f oraron lia xtioétafia^ 3íqo qu^/ encontlnaiido «üb
«orrieoites camíiios 'subterráneos^ prosiguieroQ
por ejlios «lüi oufso. ; ^ -
Vqí. ^^t9i parte^ no |puada oroerseisin Tíobodá^
4|tie dos ríos de tao. esbaso caudal hayan pbdidá
ObO S0I9 abHr d t^oa^lprlDfóifíii^ sino la& gali^^ías
la^afós qfie jbaé^a ddl xíanjnnto jon verdadero
labertoto. En U foraiaeioa de lá eaverciá de Ga-
<^üa£milpa puede h^fo;^ mterveíiiidío ei !a^^^! pe-
ro no ^omo Higeaite príiicipal .
^Tosñ^vms nuestra «K^ursion al interior déla
^avarAa,
Descendiendo por una rampa arenosa^ sf p»^^
QeU'a ¿ h primera galería^ enteramente ihicnina-
da por la luz natural. lA$ •ei^tensai proporciimes
dé eata gaiaria^ con sus paredes de rocas: acaaiti-
ladas y de Corroes peftasEtoe que' JpaiMc© que »
derrumban; los festones de estalaetitast que ae
ven $uspeadJ!das de la aucba bóveda, surcada
por grietas proCu^adas; las «»prífcbosas est^acttii-
tas que se pre^tan> ora en figura deprwioisas.
€oliíl<>reS| ora repfiE»sontaodo coIuninf,s de xn&ür
mol; y por .úlümo, la pavorosa oscurkiad /que^
reida ya^n la segunda galería^ en lObedio de la
cuial apenad se distingue el brillo de las antOTn
^bas^ tbdo ello fürtna ua conjutito deíadmiredoa
pata el hoiaibre indiferente, y de conmoción y
)5Ó
asombro para el que ha recibido de la naturaleza
el sentimiento de lo grande y de lo bello.
Las estalactitas y las estalacmitas no son otra
cosa que las concreciones de caliza incrustante*
Filtrándose el agua que lleva en disolución el
bicarbonato de cal^ se adhiere en el techo de la
caverna á una yerba ó á cualquiera objeto peque*
fio que forma un núcleo: por el desprendimien-
ta del ácido carbónico^ la materia 4^1iza vuelve
á su estado primitivo^ revistiendo á qquél objeto.
Nuevas filtraciones producen el mismo efecto^
haciendo crecer^ por agregación sucesiva^ las
estalactitas^ que adquieren las más* variadas fi-
guras.
Las gotas que se desprenden de la bóveda y
caen al suelo, elaboran de la misma manara otras
concreciones en sentido inverso^ constituyendo
entonces la» estalacmitas, que muchas veces se
unen (t las estalactitas por sus vértices.
La atención del viajero, en la primera galería,
86 fija preferentemente en dos objetos: primero,
en la estalacmita que representa el chivo^ncan-
todo, que por habérsele destruido la cabeza ha
perdido su primitiva forma; y después en una
preciosa columna que, con su gracioso capitel i
manera de un penacho, sostiene el arranque de
un arco natural. La presencia de esta columna
despierta la idea de la creación de un estilo de
151
arquíteetura á imitación de la naturaleza; así co-*
TúQ un canastillo con la preciosa hoja de acanto^
infundió á los griegos la idea del hermoso eapi*
teLcorintio. '
Salvando los obstáculos que ofrece el hacina-
miento de las rocas desprendidas de la bóTeda,
se pasa al salón del Pulpito^ qije yo me atreve-
ría á llamar^ más bien, galería del TronQ. Aquí
la oscuridad es completa y apenas puede distinr
guijrse, á la tenue )uz de las antorchas, las her*
mosas concreciones, cuyo interés, por su forma
y magnitud, crece progresivamente. Primorosas
labores de encaje y filigrana bordan el suelo y
rociean las enhiestas estalacmitas; en tanto que
bellas incrustaciones, blancas como el mármol
de Carrara, revisten las paredes y refíjejan la luz
con sus prismáticos cristales* En forma de ele-
gante cortinaje circular y diestramente arrugado
por la mano maestra de la naturaleza, se dés^
prende de la bóveda un haz de estalactitas, cu-
briendo una concreción que gradualmente se le-
vanta del suelo.
r - •
III.
Ej. cañón principal de la caverna, cuya dírec:^
cion general es al Poniente, con poca inclinación
al Sur, se halla dividido por arcos naturales ó
162
por grandes agrupamieatos de estalacmitas colo-
sales. Solamente en el tránsito dé una á otra ga*
lerla^ cuyo sitio preciso no recuerdo^ se observa
un cambio brusco de dirección al S. E.^ de cu-
nera que los ejes de ambas galerías forman un
ángulo agudo. < *
El corto tiempo que permanecí e& la eavaraa,
no me permitió anotar todos los monuolentoa
notables que ésta encierra, para poder^ cuando
menos, dar una idea de ellos; me limitaré, por
tanto, á describir ligeramente los que m^jQ^ ün*
presión me causaron.
Al penetrar en una de las galerías se admiran
bellas y colosales estalacmitas, que iluminadas
por las bujías y vistas dé lejos, aparecen cc^3qo
edíñcios principales de una gran ciudad: sé ve ea
primer lugar, un palacio de mármol con sus fa-
rolas encendidas, efecto producido por las bujías,
y é su izquierda, medio perdido por las sombras,
un templo, en cuyo cementerio se elevan dos 6
tres erguidos pinos. La ilusión no desap^reoe sino
basta el momento en que casi se tocan con las
manos aquellas concreciones. Entonces, como por
un efecto de fantasmagoría, desaparecen los edi-
ficios, convirtiéndose el palacio en una primorosa
fuente invernal. De dos tazas sobrepuestas y de
mayor á menor diámetro, se desprenden chorros
de agua congelada, cuyo receptáculo general es
153
un estanque con sos pretiies perfectamente ¿b^
terminados annque irregulares. Debería llamarse
este salón, ce Galería de la fuente. »
El extenso tramo úb los monumeiitos se halla
dividido por un grupo de Voluminosas éstalac^ni-
tas^ y en él^ durante nuestra permanencia^ los
fuegos de Bengala produjeron efeetqs maravU
Uoisos.
Hallándonos en el término de la galería^ en-
eeadiérpQse aquellos en el extremo opuesto^ per-
Omitiéndonos distiaguir^ ante ui^ Tivísimo fondo
de Inz, tas- enhiestas moles de las estaiacmitai^^ de
entre hi cuales sobresalía, um por sus esbeltas
proporciones, sa aguzada cima y disposición dé
sus cristal^^ que la hacian aparecer como la torre
gótica de una catedral;. Rodeada esta estalacmíta
por otras informes y agrupadas como los edifícíós
de una poblacipn, cualquiera creería, atendiendo
á la fornáa de iatorre,' que desde una altura cúñ^
templaba á la ciudad de Estrasburgo, á la luzd^^
crepúsculo^ matinal.
Los reflejos de esa luz, interceptada por los
monumentos, iluminaban muy confusamente la
parfe superior de la bóveda, qué en el conjunto
de sus grandes péfiascos y profundas grietas, apa*
recia qmio tm cielo nublado y tempestuoso. Stt
vano luchaba la imaginación por dÓMchar ese
efecto ilusorio para dar cabida á la realidad:- aqúe--
154
líos monumentos la mantoTÍeron viva^ hasta que
extinguida la luz quedaron sumergidos en las
tinieblas.
Llama muoho la atención la galeila á que se
da el nombre de Salón delMuerto. Refiérese que
habiéndose internado un viajero en la caveraa
sin guias y sin la indispensable cuerda que diri-
giera sus pasos á su regreso, pereció presa de las
mayores angustias, afanáadose por encontrar la
salida. Consumida la luz de la antorcha y la: que
se proporcionó quemando sus propias vestidos,
ya en medio de las tiuieblas, vagaba á la.ventuta'
de tino en otro laberinto. Notables son las pala-^;
bras con que describe este fatalincidente la via-
jera Calderón de la Barca, esposa del primer, mi-
nistro español acreditado cerca de nuestro gobiel-:,
Q0> La referida señora se expresa asi:'
« Uaos viajeros descubrieron aquí el esqueleto
de un hombre, tendido sobre un costado, y coa
la cíd)eza.casi revestida de oristaUzaciohes. Proba-
blemente habría entrado solo en estos laberintps,
ya impulsado por una atrevida oariosidad, ó.:ya
huyendo de alguna persecución, y no encontrando,
salida moriria de hambre. Cierto que:.es basi
Imposible encontrar la salida de la cueva, sin al*
gunas settales que guien los pasos entre aquellas
galerías, salas, entradas y salidas y corredores
coippartídos. .
Í55
« Aunque hay ráuolios objetos tan notables que
ai íristanté se puedfen reconocer, tales como el
attfiteatro, por eje.i»plo, hay cierta monotonía
hasta! eti esta vatíedad; y fácil es coAéebir la si-
teiacíón en-que debió háílarsQ aquel infeliz va-r
gafidp entre obeliscos y pirámMes, y baños dó
alabastro y columnas griegas; entre congelados
torrentes que; üo pódiafi apaciguar su sed, y ár-
boles cop fruias y hojas de mármol y vegetales
cristalinos/ qub se burlaban de sü hambre, entre
pálidos fantásiinas que no podian socorrerlo en
sus apuros; figúrasele á uno oír sus gritos pidiendo
auxilio, donde laS' voces producen un eco como
8i l!odo$>los pálidos habitantes de la cavern$i res-
pondiesen coh, burla, y verle en seguida, después
de seagada el hacha, acostarse exhausto y deses-
perada cerca de algún portal de mármol para
- - La galería de los órgaiios es sin duda la máá
üMable por la forma y número de las estalactitas
y wtalácmitas qué se presentan bajo la forma de
Gátitu& cristalizados. I^as variadas figuras de unas.
y^tías> y su agrupaniiento complicado en gran-
des ibasas, dan á esta galería el aspecto de un
edificio gótico i La percusión en esas cristali-
zaciones produce unidos más ó menos graves'
en próporision ai grueso y densidad de aquéllas.
Sorprenden otros salones por las figuras tan
bermosas como variadas qoe ofreeea las co&ere-
(uones^ las estalactitas ea forOMi ele airosas lám-
paras^ y las estalacmibas sbVB^ináo esbeltos caá-
delabras, eleyados obelisccís y graciosas paloias;
{adiendo decirse que allí la natüralftea se hallak
represeotada en sus tres reiiu>s: desde la peqoafii
coliflor hasta el colosal st^iao con sus llotvitM
madejas de parásitas, oonvertidfis^ hilos dei^
tal; así eu el reptil como ea el puiaiifisro qm se ?«
á la entrada de la caverna; y por i^timo^ Ustá^ ea
las piiedras oolíticas como ra las columnas y üxms
monolíticas.
Riadas en el suelo de la caveroa sé ejaeuffu-
traa peque&as concreciones globulosas, que Ua^
man confites^ las cuales se forcnaa por el ^rtipa-
miento del ^siarbonato de cal que tiene €Í agaa eá
disolución, en torno de un» burbuja de aire, 4a m
grano de arena, ó de un cuerpo orgánioo,, &)rr
mandóse priioíiero el núcleo y engrosándoso.su-
cesÍTamente por capas. &tos gramos se Úamm
oolitas sí sdn pequefios y pisólit^s si son gráudes
y bien determinadas las capas qtie los feísaw^
M. Yirlet pudo obs^nrar este fenómeno ea xme^
tro la^ de Texcoco, sqg^n hace notar D. Juaa
YÜuiova en su premosa obra «Compendip de geo*
logia. » Fenómeno debido, como se expresa ea
ella^ á la <x consolidación ó fijación del eairbonfild
de cal alrededor de cada uuo de los hueTOs> qtie
1'57
en:nú»i6ro prodigioso, depositan en el fondo de
b¡B aguas la í^ríoefw fémorata y la Nt^toneeta
tínifa^úiata, iiíáiéctús hemípterbs de lá tribu de
lofirNotohectfdeosl »■
• • Las estalactitas tntmlosas^ abundan en la caver-
ná, blancas, b!uei3aa y traslúcidas conofo el cafrón
dfe^ uíia pluHiia; astf 'Como las estálactóitas de nn-
mef osas y péquelVas^ mai3á[s>: agrupadái^ y amflo-
na-áaí en iotmadé cbliñor. '
'Aún euandd eíi los grande» monumentos, laá
co$«réciaüe& se presentan opacas y muy pareció
das al OQíármoI estátMrio, sé encuentran^ sin em-
baifgo, otras muchas cpisteBzacíonés, unas tras-
íééidias y otras^ d¡áfanas*ebmó ei cuarzo y el cristal
dé roca.
El suelo de la caverna va en coiStínuü ascenso
díe una á otra galería; de áuerté que el viajero
puede obserrar sucesivamente, antes de traspa-
sar, cada *no de los tramos, el ascenso de los
guías qne le preceden y el hermoso efecto que
producen las hrces de las antorchas en las altu-
ras de k>s.pefiaseos.
^ Al regresar de las remotas galerías de la ca-^
vwna, creo el viajero haber dado fin á sus im*
presiones, sin sospechar él maravilloso y mágico
efecto que le preparan íes primeros destellos de
lá lti2 natural. Sumergido durante largo tiempo
te las tinieblas á- pesar ' dte las antorchas, cuyo
158
efecto en los antros de la caverna no es otro que
el producido por la luz fosforescente de las lu-
ciérnagas en la inmensa extensión de los campos,
la aparición súbita de los rayos solares le causaa
la más Tiva y grata ÍQipresion. Despréndense en
perspectiTa^ como los rQmpimientos de una de*
coracion^ las salientes rocas de. las piaredes y b6-
vedas en forma de pilastras y aróos, naturales^
presentándose en último : térmiaQ,. como el fon*
do de la escena, la famosa entrada de la grata,
por la cual penetra una luz verde, tenue y apa-
cible reflejada por las plantas exteriores, y ve-
lando, como con una gasa sutil, todos los obíe-
tos, creyendo ver^ior último, el viajero, en todos
esos detalles, los preparativos para una represen-
tación fantástica.
La total extensión de la caverna no es conocida,
á pess^r de haber llegado todos los viajeros que la
han visitado á la galería de los Órganos, fin de
aquella según la expresioia de los guías. Diversas
circunstancias revelan, muy fundadamente, la
falsedad de tal aseveración. £1 aire que se res-
pira y alimenta |2( luz arti&dal en lugares ..tan
profundos, demuestra, la existencia de .comupica-
ciones directas con el exterior. La desconfianza
y el temor que para nuevas exploraciones á la
aventura revelan en sus palabras los guías,, ádfl,
fuerza á mi observación: apoyándola asicnismola^
159
tradiciones^ según la& cuales existan galerías en
donde el estruendo de un torrente infunde dertoi
paTor que obliga á retroceder á los exploradores;
y confirmala^ por último^ la opinión de un via-^
jéro observador^ el señor Landecío. Desde una)
eminencia^ qué este señor llama: el palco escé-^
BÍco^ en la Sala de los Órganos^ se observa la
continuación de la galería independientemente
de. aquella por donde los guías conducen á ios-
viajeoros^ siguiendp^ una 'planta curvilínea para
volver al cañón principal. Otra observación hidd
en aquellos subterráneos en el momento en que
los referidos guías nos condujeron á la galería
de los Órganos: el cambio brusco respecto de la
dkeccíon general^ tal vez nos conduela á una ga-
lería lateral; única conocida de las muchas que
contiene en su conjuiíto aquel laberinto.
No explorada suficientemente^ como de hecho
no lo está nuestra famosa caverna^ no podemos
asegurar que por su exlensioní sea la primera del
mundo. La gruta de Mammouth^ en Kentuky^'
cerca de-Luisville^ tiene la extensión enorme de
diarenta kilómetros^ contándose en ella doscien-
tas' veinte avenidas, cincuenta y siete cúpulas,
OQoe lagos, siete rioi^, ocho cataratas y treinta y
dos pozos, que pot* su extraordinaria profun-
didad pueden considerarse 'como otros tantos
abismos.
lea
Ayentaja nuestra eaireroft á la mayor parta de
kiB (BioDOcida^i^ ea que de su interior qo sédese
prenden iqiasaxas deletéreos como en if gnUaf
del Perro en el antiguo reino de. Nápole^^ y la
de la Magdalena en Franeia^ cérea de Mcmtpel-
Udr; ni au suela o&ece los^ precipicios y. abismos
odmo&iabismo $m fondo de.laeaTerna deMrai»
Btouth. Puiede exploraxsotáin riesgo alguno^ y^
con excepción de los pedregales formados porlo&
derrumbesí de las bóv^as y ^úb eaussn alguínasr
Brólestias^ el yiajero piie^« admírate sin suslosr
ni sobresaltos^ las bellisimaiS concreeioBesquela^
adornan « Tal vez las nueiras exploracioaes no»
den á conocer otras galerías qtie no posean ésas
y^ntajas; pero mielgas, tanto, puede asegurarse
que el acce($o á k caverna de CacahiiLanüipa no^
ofrece dificultades ni infuade temores. .
Aun cuando existen fundadas presunciones
respecto de la mayor exteosion de la. .caverna, es;
de dudarse de las eug^adas dionensiones que se
le atribuyen» Algunos pretenden que sus galerías
f ramlficacioues; alcanzan á las mcmtalkásvde Tas-
eo> y no falta quiect asegure que acuellas se ^ren
ladonan cqu la caverna del Tautlü, cerca de Milpa.
Alta, en las montañas que. por el Sur lóapiitan^el
Valle de México. En un cuadernillo siB.portada>
que contiene una relación eserita y maindada im^
primir, según se me ha dicho;, por D. Francisco
161'
R«níwz Caístafiedft, se* lee, atieste íespecto, Iftque
sigue: ' ' ^
■m^ refiere qué áquéll&d; ffilDllids> la mayor
piarte acíoimodadas^bcQitaiiÁn sus tesoros enMex-^
calca^y&imK íque se baila jiawlo ú TetúU, y cu-
ya: cavcima es una' de las más^ mas^'^tid^idades;
de lai naturaleza/ -. • > - ' <^^ ^ ' -
4c La' entrada délaicttOTa es pstretíhacal prii>ci-^
pio,.yái las tres ó <iúatf¿> Ifegiias de cataint) süb-
tenráneo^^ ya exten^ndqse progresivamente y '■
presentando á la vista tcui^s las ^(^réaciones dé
una bella gruf a^ con eríií;táliz!adk)nes, estalactitas
y estalacmitas formadas por el tiempo. De tre-
cho en trecho se presentan diversas cuevas ó
senderos más ó menos prolongados; pero hay
una vía regularmente cómoda, por donde puede
practicarse una exploración, la que se comunica
con la gruta de Gacahuamilpa, á más de veinti-
cinco leguas de distancia.^
di Pocas personas se han atrevido á penetrar
bastante en la cueva, y solo una vez que se in-
trodujo por allí una manada de carneros, varias
personas penetraron en ella con objeto de sacar-
les de aUi; lo que no consiguieron, pues las ove-
jas se internaron mucho en ella, y los que iban
en su seguimiento, después de dos dias de ca-
mino, se volvieron, ya sea por temor ó por falta
de alimento y de luces.»
García-Cubas.— 12
162
loiVBible» por demás mq 1m detalles que sé
relacionan en las anteriores noticias. No solo la
dístanda, sino la ahy notable diferencia de nivel
entre los dos logares^ faaoen del todo dmdosa^si
no. imposible, la owBunicaeion de la caívema de^
qod se baoe mención oon la de Gaeahuamlpa:
con todo, la Sociedad de Geografía y Eatadistica,
aten^endp.d la impQrtaneiar.oeaÍ!dQ estaobraina-
tuml^ y prescindiendo: de ' aquella otra.circuns-
taneia,; dcd>e; mandar exptorajda y hacer los estar
dios que la. ciencia íex^.
Méxiéo, Marzo^ de'lB74.
* . . • « . - -, • , ^ . • T •
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DE TEZIUtLAN Á NAUTLA.
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AL SE^fOR LIGENGIADQ ,
DO?f RAFAEL MARTlPíÉZ DE LA TORRE.
' 'j' ' . ' h
^ •
• s*
WH
'^A^iétt mejor que á usted, á cuya amaMé •
ítívitadoni debí el cienoceí' uña de las más bellas
y Tictó regiones de la República, puedo dedléar '
el presente artículo? En él la verdad de los íte- '
cho» ine-ha obligado á mencionarle árnetiudb/á
riesjgo» de^ ofendfer su rdconoeida lüódestía; pero i
no pabdé «er de otra iliatieraT^ cuando el nombré"
debdtéd está, indisólublemeütd unido á las íne^ '
joras mAterialefi y sooíales que van desarrolláií- ^
dose rápidamente en aquellos pueblos . -
164
Reciba usted esta dedicatoria Como una débil
muestra de la profunda estimación que le profe-
sa su siempre muy adicto amigo y seguro serri-
dor, Antonio García Cubas.
La naturaleza^ que en México se ostenta por
todas partes pródiga y rica, ofireoe de contínuo
al viajero nuevos y bellos asuntos de que tratar,
por más que éste, al emprender nuevas descrip-
ciones, tenga por agptadag las facultades de su
imaginación.
De las alturas de Teziutlan á la desembocadura
del Nautla, en un espacio de veinticuatro leguas,
el viajero puede admirar la vegetación en su ma-
yor desarrollo y grandeza, así en la región fría
como en la templada y criiente. A la variedad
de las coniferas que pueblan las alturas próximas
álM, regiones heladas, se suceden los bosques
impjEfnetrables de la zona templada en la cuesta
de. Teziutlan, y á éstos las vírgenes selvas trch
picales.
Fuentes y cascadas, árboles y plantas, flores
y aves, todo en su conjunto da á aquellas regio-
nes el triple y rico aspecto de frondosidad, de vi-
da y de , hermosura. Los heléchos y floras, los lí-
qu^p y licopodios, engalanaa las profundas grie-
tas de las mpAt9iias y matizan con los uotás vivos
165
•
^colores k)S troneos de ios árbalds y la^misiüas ro-
cas; : Ai la -^belleza- de U vegetaeíon que aál cubre
4as laderas de las montabas como reviste con su
rico maaloiié verdara las extensas oámpífias que
terminan en los arenales de la pláya> sé aduna el
confuso ftüdo d$l 9^i y el bellísimo eanto de
^lásaves;*'' C :- \.. ' . ■ '«
-i Da jDif^esá) en ^ sorpresa^ y eAootoOfado cftdá
:Vfs más^.yelfi'vid^éra traspasa su($esivd(úienté láis
Itmités 4&- o«da zona. Al cesar de percibir el ex-
tirafio- zumbido qtié/ en las tierras frías^ prodüfóe
d ^ p«»b«.do en el fibroso-folUje del «ot»'
fijan su atención los ecos lejanos de los toi^entes^
^>eslaUiBatto de los saltos y cascadas; y él 'atr too-
tiid86^t¿ d6l útíiú dé las sélva^/ que por todas
r . * * ■ I f
^rte^ maüifiastft m existencia entre los frondo-
sos rimajes 'del'liquidámbar; y por úitlmoy á los
bellísimos trinos de esa ave^ de las regiones tem^
piadas, se siguen en las cálidas el triste lamento
de la tórtola, el monótono canto de la perdiz y la
incesante algazara de las cotorras y chacbalacas.
Más que el simple objeto de una descripción^
tiene este artículo el de dar á conocer una región
(pm, por! sus grandes riquezas, tiene marcado un
gran porvenir.
. ^ Feraces én extremo sus campiñas, permiten que
las plantas espoátáneas adquieran todo su desarro-
lla, y no se resisten al cultivo de las más útiies ai
hpmbrer. Su temperatura.^ aunque en su mayor
parte cálida^ uo engendra laá temibles enferme^
dades endémicas quehacjBU iohabitabies oteas eo-
mareas de la múma naturaleza. Lo&.deamoQteB
p^a abrir las* tierras aLcultÍYO, la desecadonde
algunos terrenos hjAmedos y pantanosos^, y la
providencias que se sigan al establecimiento db
las colbm9$i tb^n á los lugares^ dftqqeoBeoca-^
po la mikyor sajlubridad poaíUe^.agEegjUkdDsei
estos ventajosos y pr^sipierod-^Bl^tojii»^ jaríini^
completa, seguridad de que . se ^ díafrula, sn toan
la comarca; seguridad que hadiogadoció ^^ipró;-
veibial.
Los [terrenos, qse el $awiw redoiD»^.pftrt«^
cen^ en gentera)^ á los ctotoaés ide iikaáng/^. y
|fi?antla> del Eistad^ de.Veraein^^i.jr'en ^su mer
jdor parte al d^rita^dd T€aiuti$n^.:d@l JSs^ad^ *
Puebla, . -. : ' ■:.-•-; ^- ■:. . vi
« ' *
1
TEZIÜTLAN.
t\
t
La Cumbre de lesOyaíneles/paptodeipíart^
en esta descripción^ es el más elevada dectpdo el
camino^ encontrándose ¿Teintíseiskiisóra^ros^S.
O. de Teziutian. El terri»io desesieii|áe> o&eciefl-^
da por todas partes los: má% variados y pintoras^
j
.^107
eos paisajes: unas Teces hermosos bosques ^ de
,. oyauMlos, : ocotes y^pirios^ y dtras íeiteasas y pro-
ñindas imrrancfis^' salvando las cüaks se descu-
lare á^lo lejos JálácingO ' idQ las veptieMés- de la
pintoresca sierra dé su^noíiabíe; í ^Líi -^festa on-
chalada de esta sierra/ por la fpi'ma/ cdpriohcísa de
sus cumbí es,^ se -ve= ^roüada i de cí>rpüleiiit¿i8i íát>-
boles q^ se destacan y dí|)u¡faii>-á pesar de la
distao^ia^ ante un piiiifiin!>o. ciéío<'Las sinuosidad
dfes del terreno ocultan uíias^^vecels ^ y despubren
otras los bellos paisajes que se suceden/ apare-
-oiendó de improviso la Hermosa sierra dó Ghi-
nautla con el caserío de su población disemina-
do en fitus vertientes, ly enfrente de ella la pí nto-
résca ciudad tJe Teáiutlan .
Esta ciudad, cabecera* del distrito de su nom-
bre, ' &niignexaQnW W^fziuyutepeújdnÜli (cerró de
gípartizo áfüert&'graíiizada^l pié 'del cerro) sé^hallá
sítuada^^en* la- sierra de^suneiiabreá treinta y seis
légalas N. E. (Je la capital del Estado, y % los 19^
4^^ 30" SSdelátitudN., y 1^ 44' S6'' 3,^ d^ lon-
gitud E. de Mexibo, • según las observaciones de
D.'Franciéeo' Jiménez, délas cuales me sirvió en
el curso de este articula. Sus calleé, como las de
todas las poblaciones quei tietien su* =a9ieiito> encías
&ag(!>sidades do' lias moatafias, pííécén las^énso^ y
de0ceB6os> 'Continuos é irreguiáridaiiéS'ei^ ¿r ali-|
néamiento de las :Casasí éstas; en su mayor par-^
«
t
168
id, soQ de dos pisos hacia el centro de la pobU-
doQ^ coa su^^ iacliiia^os techan de taja y^alieo-
tes hasta cubrir las aceras. Su plaza^ ^i la que
se haJormado uo j^dio^ se halla ¡circuadaitii
4I 0. perla parroquia, cuya torre ai^lada^ le iúoh
prime uQ. aspecto particulaD^ al N. por las casas
^oi^toriales^ dé buena aparienda^ a^ por sus
•dimensiones como por la simétrica foroia de su
fachada y elevado» portales; al S. por algiraas
casas particularesy y al Occidente se halla ilimi-
tada^ extendiéndose el terreno hasta h babanca
formada por las vertientes de k sierra de Ghi*
nautla.
El exterior del templo^ por susdetalles^ ofrece
una extraña mezcla de estilos: de cpn&truccioii:
romano en su primer cuerpo^ y barroco en 9Lse-
:gundo. El frontispicio corfeaponde á un v^ttbu-
lo que sin duda es deconstrucóion más reoiaaíe
al de todo el edificio. Uiia torrey destínads^ exclu-
sivamente á las canqipanas del reloj, $e lé^aotaeu
el ceatro ^ en un. plano re^trante .respecto al d^
froBtiispicio. El interior es de tres uav^s, halláis
dose los arcos así corpío las bóvedas que é9to&sosh
tieneú en extrei)io deteiiiorados;
La capilla del Carmen, tanto por su bella for^
ma como por su pintoresca posición, es el tes^
pío más potable de Teziutlan. Goastruida $0)»^
una colína, se asciende al templo por dos opue^
m
tas.eaoakras^ á hs •cuales se llega por una ^Iñ-
giaate portada^ ; mar^aado el dintel de ésta lib di-
ferencia 'de QÍvel entre el piso de la peqaefia piísi-
ma, á cüyoertremoselevantael edificio, y eLdel
pavimento de éste, circunstancia ^que áument^t la
elegancia de la coinstrucción, '..
: Los cnás'predoESOs'árboleSi plantas y flores, rch
visten las pendientes de la cercada colina. Yeniie
allí> brQtanjlo' con profusión, las fraganties vom^
de Castilla, al lado de los preciosos ramos de azu-
cena, de nardos- y de alfombrilla de v^riadog' co-
lores, y alteraaRdo coa el erguido y eleyado ci-
.prés, el cónieo oyamel> los pinps y los sáu<5qs.
,£¡Q el centro de este inmenso ramillete de plan^-
tas y flores :Se levanta la preciosa capilla,, cor^-
nada.por cuatro graciolas ysioiétricas.torres. 11^1
BS el aspectp encantador de^asteJaigar.: ; . ,^
Bellteimas. y .:en: exü?emo agradables son. las
perspíectivas que ofrecen los alrededores de Tftr
ziotlan^ desde las alturas del. Carmen . Distí ngueae
á lo lejos, al Norte, la sierra de Atoluca; al Ori&nf
te, los cerros dé Ocotepec y Qordilleira de Qilet-
zalan (criadero de quetzales) y en loatanaDzat>
las eminenciskSr de Palomastepecques; al Sur los
oioQtad: de Teziutlaá, cuyas cañadas se ven ma-
tizadasi por los váriadoS' colores del follaje de' los
eooinoSi eiíiíes y rabies; y al S. O. ú ebvstfb
eerro, de figura caprichosa, conocido con el nom*
170
bre de TzompaQtitan, y en fin, al Poaienle la sier-
ra dé Ghinautla^ que á pesar de la distancia preseo-
ta bien determinada la extratificaoion de sus ro-
cas, y aisladamente nn trozo de pirámide en el
extremo Norte*
Dominándose la población desde las torres del
Carmen, íio tanto por la eleradtín de este edifi-
cio cuanto por la altura de la colína en que se
encuentra, preséntase aquella en toda su exten-
sión ríodeada de floridais yseWátíoas colinas.
Vese él twreno surcado por barrancas que en
su mayor parte, por el Norte, afluyen al rio M
^íJahario y éste al de María de la Torre, en tanto
que las del 'Oeste forman el rio ée San Pedro
y éste el del Espinal: los bosques de eiHtes,
|)Íanta cuya corteza abíiiida^nlfiniBó', con su tu-
pido y vivísimo follaje, y lofe que forrnan los en-
cinos desvarías clases, los róMes y (rtrésifnuchos
árboles, cubren esas caftadas* que jlésd» lejos se
distinguen por el aspecto sbmbríd ^e -áns arbo-
l0das. • •'■•'••.. '• •'- i*- ■''- •■
Descúbrese igualmente sobMe k citíSá de ctra
ctflina, la iglesia de San Juian,''cuya^ legantes
torres se apoyan en dos arcos -^ue, arrancando
tiesde el suelo ¡sirven á aquellas de contjafiiertes.
' La ciudad posee uiK hospital bien atendido, un
teatrdy vaorios 'taBeres industriales y cansas acredi-
tadas que mantieiaen un comerció activo con los
17Í
pueblos de las sierras de Tlatlatiquiy Z&capoaxtla.
Los artesanos se distinguen por el efsrméro y lioi-
pieza de sus artefactos^ y partioularmdhta eD el
jrftmo dé carpintería y ebanisterfa hatf'éídqumdb
Jvttta £ama^ tanto por lia- dlaeeioii i^^á^4ásí esquís^
tas maderas cuanto por él gusto y fialide^ de kís
-muebles ique consituyen: '\;- i ' .-.>::: ..•; '¿
: £1 i^made la du^ad^^ aunque :^io^ es agr^
dable;y:8ano, é influiré i}6tablémente ^i!^ la belk
Índole de sus babitiantBS> yiSobre todo> ieb^el her*
nioso y rolado color que se advierte/ etl^getiei^t^
ea el culis de las mujeres. ' •'^
lias^i^nsaS' nieblas que-^n -el Otofió y én til
txvierno'ácuníalán los vientos díél N<i*té en la
8tc¡rra:deí Teziatla»^ oeaisionan llovías tenaces que^
alguna vi3z¿ han durado (marenta* y seisdfa».
Al principio :del Verano lel terníiómetro, á la
sombra y á diferentes horas del dia^ da ks siguien*
tes indicaciones: ' ■■'"■"?
• ' " ■ ' ■ I ' V '■ , " « :
\ . ..' . ..•,.. . ' f ' A
21« ■„■■'■
23^ •>','' '■'■■'■■
. Lbs terrenos de todo el distrito' en siiá tresli^c
£Das> fríb templado y caliente, sensor k íegíiki?
fértiles y producen las siguientes frutas: pitaya,
6; de la tnañana.
: 2- de la' tarde! . '; i
3 id/
^ de k noche.
• > » .
r •
• • •<*^'
. • % •
i:
172
tuna, oapuUo^ albaricóque, durazno blanco^ de
hueso coloradoi melocotón y prisco, pera, menoh
brillo, pagua, nuez, granada de China y corde-
lina;, oianzana chata y camuoda; peras, tejocote,
uvas, calabazas y oielon, higo, zarzamora^ zandía^
; pifia, jiobo, mango, chirioioya, anona, plátano
guineo, macho, largo y de Manila: entre las zir
potéceaSj» cabello, domiiígó> itaame^, negro, blan-
co y chico, jinicuil; iiaaya, te|>etbmate, aguacate,
bÍQ£iyeni4o, olopio, naranja, lima, limón eomon
y real, ciruela, guayaba, cuajilote, pa^ya ád^ijm
clases. Prodúcese igualmente la cafía de* azúear
y alguuas raíces, tales como camotes, jicamas y
jtuca, y abundantemente la raíz de Jals^a.
Mi}ch^ y muy estimadas soa las : maderas que
se encuentran en estos terrenos, Isí por su soli-
dez como su finura y belleza, tales son: cedros,
(cedrela) ho&guiiló,' empóalcahuatl^ pimiento,
chicozapote, caoba (sivictenia), caobilla, encino
blanco y prieto, cosalcuahuitl, naranjo, ocotillo,
el petrificante chijol, bienvenido, ^itzbyác, rosa-
diUo, tropQpillo, árbol del hule, laiiról;' tigrillo,
platanillp, haya, palosanto, madroño, mesanteco,
jobo, jamalcuahuitl, moral, liquidámbfcr, ojan-
cho, espino^ oyamel, pino, sauz, fresno y boj . £1
ajiUte ó eilite que se ptoduce en climas frios, se
emplea en la curtiduría de pieles por la abundan-
cia de tanino que contiene la corteza.
^
173
Los productos de la agricultura en el distrito^
pueden estimarse: .1
'"■ ■■ Zona fria. Templada.' Caliente. ToUU.
«aiz. ... .-. !5,000 cargas: 3,000 cargas. 10;POO cargas. ' 28,(
Fii^h... . . SOcargas. : . „ ', ,Í > - . ^.ijK
Raíz de Jalapa 120 quints. , ir - i> . , '^^^ J
CBg¡t: ; «' ♦ '^S cargas* 500 cargas. ' ' 525 '
Airoa ,ri. ... ' . .ii,; o;. 40,000, Mírt. 7 MtHW-p,
Chüepochai. . ,» ..„ 2,00Q ars». . 2.000 .
' .1 ¡ •
- J
}
-Cultívase además lacáña de azúcar^ue riíide '
10^000 arrobas de pamela, el algodón, k vainilla,
afiil y achotillo. - "" ^
Los indígenas se emplean m lá cria dé'ganada^
lanar, cabrio y vacuno^iaunqüe en pequeña esieáláy
calculándose en. 3,200^ cabéias. H •
El distrito cuenta con 18,000 habitantes; de
los cuales 5, 82¡0 residen en Teziutlan.
HáUahsesubordinadoáá esta ciudad j bómo eá*
becera de distrito, las municipalidades de Atem"^
pan, Chignautla, Huaytatíialco, Macuilqüila y
Xiutetelco.
Respecto de instrucción pública, existen en el
mismo distrito 15 escuelas, á l&sque concurren
660 niños y 200 niñas. Ensáñase en ellas á leer,
escribir, aritmética, historia sagrada y moral,
elementos de geometría, .geografía é historia de
México.
En la cabecera hay establecido; un colegio^ que
es el Seíninario Palafoxiano, destinado á órdenes
saaerdotales, á cuyo fin se hj^laa establecidas las
siguientes cátedras: latin^ lógica, metafii»ica> teo-
logía y rudimentos de matemátícas y física.
^ el colegio municipal de Te4utlan, que abrió
SUS) clases el 3 de Febrero anterior, se enseñan
lo^ idiomas español^. latin y francés; primero, sen-
gundo, y tearcei* año de filosofía, derecbo natui^al^
idém civif,' idem mercantil y teneduría de libros,
betónica, física, y-^farmatía: : concurren 3& aiom-
noe^! y sirven grátuitamenié Ite cáiedf as los seño-
res Dr. D. Federico Casas, ingeniero. Maouel
López J<.e^, I). AtQjuIfo Bello, D. ¥éíáx M. Alva-
res,^ Líe* p. Quirino Domínguez, D. Femando C.
Lavalle y D. BernardiuQ E. Diaz..
Continuando el camino de esta ciudad á Tlapa-
coyan, se descáende'por la fragosa cuesta de Te*
ziutlaav J^ terreno, en rntremo aecideniado^ pre-
senta : ttesí sef Íes : de : ngkontaüai, áéi lá^ cades la
ceptraV .^ :l%q^tie sigi^j el cámipo: ea continuos
ascensos, puesto que, para abreviar las distancias,
abrióse:¿ste por el espinazo á^h^ oordillara. El
mismo terreno^, cubierto en 3u . mayor .parte de
bacro ferruginosa^ iadqwiérQ, la mayW «(¿idezen
las. secas; pero dental piíuieya se:d$scompoue eael
trayecto del caniinoá los primeros agudeeros> <pie
hace éste intransitable y peligroso. Bajo, tales
condiciones, la apertura de un nuevo! oamino,
siguiendo las; convenientes líneas, de nivel, faoi-
17fr
lit^o el paso de! las qafi |i4$^^. no ofi^eed : difi^uk
tr4jeioi w ; da ;la3; pai^adagr de-^iédra,; .taii necesarias ! i
&M codaservacmn., Iñb Mteoreses dciloonaierGia.y;
el ^rá8$N3ro! ;p&EYdSKÜr: q»6 eétá pe»af:v!adé áU rícáí
CQ»a^ca vde que.me»acupo^ exig^daípraata ej^^ ;
curáincde uniimteyp cammo en la eceasta üdei Ten
ziuüafn , única itn^oDci qnej wptDsibyiitai lias .iraosao-
ckmBs.]ai6úrQa(iiítiÍ69ídí$iíb^ puebk9r4d id alerta ca&
la ricft y 'í^bqz regícmide Natttla y Xicaltepeo.
Desiolfe ilapai^i^ym ::6n) ' adelante' serextiaddén&s
campí£i!afli^4^-fóctíl^í yegasi de kisrioi^ deíBo»- •
bos y MariAJ <le la]XpiTe,4nterifu^
en. algunos ttedbas parí ipocoí eleyadós temBríos/
qui8 de! láfigiHia^manera sirven de obstáenloá la :
apertura de una rancha y ó^snedia vía> aún tw- ^
táa^oseei^-unfermoarrü: lügeras dlfi^eneiás de
niv^l det^üwinan^ ua|dano JigfidrameiBte inclinado
y 4ini{oi]n)€i> desde ^ aquel pantohiústaeLmaP) y en
él' lavyegetacion'.8d.'0sltento ea toda su de&arrellb; '■
y loEarnik, h», OfOtlfonia^on;; iqüe eioid^esitBrrenpB > ^
es ya un.Jntcbt^^ pamiáa á! se* mayor estaiiilidad;
y «1 gobiwatd uor deba>c<i)íiécntíren que aquellos ■
pueblos;, y ioarque nuevianieate sía formen^ que- •
den incoiQunieados deia'']iiesa eenÉral po(p la^hoy- *
inaooésibiíeíbi^recadelactiegtad&Te^^^ Pro**
siguiendo^ el toacbín^éa resta í ¿«esta, bomo ya he
mftniCestado/ por la cresÉa deik oadíena central^
176*
veDse á uno y otro lado fuertes declives, que uñi-
dos por su pié con los opuesto» de Its otras ^cor»
dilléras, presentan fragosas y profundas báiran-
casy á,' las 1 cuales ^e unen en gran número las
afluentes. Los arroyos Gonspqmco y Tatahuieapa,
interceptan el sendero cop fuertes ^^presianes,
muy péligross» al caminante, puesliay quedes^
cender en zigzag por xuia fuerte, pendiente para
ascender á la opuesta d^ la^ misma manera. Las
sinuosidades del terrena ofrecen por todasr partes
espléndidas cañadas y hermosfsimois vallen* Dís»
tíngiiese porriHia parte mi ridyique sar^^nda por
la e^pe^m-adé umbosque, y. péidieódoi rape^iti^
ñámente sia niiel, se preeq)ita:en un anchoy ^pro*^
furido valle, mientras que por otra se ve laí' di-
versidad de plantas.y ñores.que cubii3n:)por<^m-
pleto los d^ñladeros^^dé las moñtafias: ui$as teces
admira el caminante^ las. preciosas em^adeitts
que cuelgan en: festona de las copai^>de>d5s^¿r«
boles ó deMas rocas sobr^ erabismo, y otras el
corpulento liquidámbar, cuya copa di8()uta á los
encumbrados montes la altura, en tanto que
hunde en lo más profundo de su barranca su
afioso tronco. En las cimas, el camiÁo ahonda
el tei^reno fprmando estcechoe pasos cuyas pare-
desr^isten los íHás variados y preciosos^h^echos,
y eú los recodoase admiram desde la más pequefia
y ^til de estab 1 plantas hasta la más. crecida y
177
Biagesstao8ft Ua£Qada helécho arbe'Mscente. E\
f%ádíx (jiidl agua qii6 imll^ po^^ todas; puftes^ sal^
tando en las barrancaaílf derramAndoBe en im
S«».l»,.»,ido .li«»«,te trin» .Wdarm de
k» j^is; piodsioe mií «^aeUdft soledadesiiio fin-
canto inexplicabte». • . .; / , ' ./r,T
. Loft^QAStjr oteo» teJMte derlis^CfsÁajs úbs-
aftvrooe» d pnQei|it4> del^ioaesto p«ra< áui Inga?
al liquidámbar y á los variaáf»! jnelechbaidQ gai-.
Uardfis loima«,,4»roaandó:lf»0miiieDdáaips ee-
^asM e¡on8iMi»{6sh^\ sin ^roma)^ q1 rosadillo,.
OBfiMknteoo 7 el agumte, deeoioáfdíx él «jcdcna^
hmky árbol df^' maderajsótid»^ deaeminacb pala
dft 1» altarpíi. : •. -- .
We&nisaif, «o la mieatii de Taáhitlan, toca en
loeHgttientetkgfOQs, notíibl^etpor ks ciroansUa-
£1> Mwquo^ ó Qeb0 kllómetn» N. E. de Teh
zmtlftD^ y á mlqiiiAiientos sotentá y oíatm motros
sobeo «1 mar, i«ter«ina el liaüte siiporiar'del lí-.
cxm^ y :niwiÁs.ioetro0'4e«^ei«(]B[oQ/l^init8 lolé^
rior dellJKíuidéfflibar. í .
DoarC^m^s, á temia kUámetco^ y^ novecienf (kfe
doce metros sobre el mar, límite entre los Esti'-i
dos de Puebla y Veracruz, según la Carta de aquel
Estado, por D. Pascual Almazan. Entre Ecostoc
Gahcía-Cobas.— 13
V
178
y Dos-Cerros se encuentra el rancho de Agoati-
tanapa, que produce la guayaba (psidiam)^ la na«
panja, y se cultiva el cafó, r
Buenávista^ A veintidós kilómetros y seíacieatod
cincuenta y ^ete metros de elevación: desde este
lugar se produce y cultiva el tabaco.
Tlapacópn^ á veinticinco y oiedio kilótnetros
y á cuatrocientos set^ta y dos metros de eleva-
ción^ fin de la cuesta. ''
Impc^ible es determinar ton t&da pf ecision los
límites del reino vegetal y el tráiAito de uoa á
otra zona. Las plantas se confunden y la méfma
temperatura se hace sentir etoo :algttna intensi-
dad en lugares que por la vegetación pertenecen
á la zona templada. Por las observaciones que
pude hacer^ la zona caliente termina en Ecostoc
y la templada enel Polenqueí, haUáadose la re-
gión lüás fría^ en estos lugares que se describen^
en las Guiübres de los Oyameles^ cup elevación
es de dos mil novecientos veintinueve metros 37
centesimos. Es evidente que de las tres zonas^
la más variada y ríca^ en el reino vegetal^ es la
templada^ pues á su propia y exuberante vege-
tación hay que agregar la de los climas frío y
cálido^ de que participa cerca de sus respectivos
límites.
179
i
* -k
': ■. TLAFACOYAN.
La villa de tlapadoyan (lavadero) e» cabecera
de la muüteipalMad de su nombre^ del cantón
de Jaladngo (Xalátzitíco, arroyifo de arena), y se
'halla situada al pié de la cuesta de Teziutlan álos
19<> 58' ir 44 L. N.; y 1^ 54' 47" 6 de Ion-
^ud E. de México.
Poco poblada y con unas cuantas casucas pre-
sentábase no faá mucho tiempo Tlapacoyan, cuyo
porvenir se hallaba cifrado én sus ricos elemen-
tos agrícolas. De^rroUados éstos, párticularmen«
te por las plantaciones de cafó y de tabaco, ad-
quiere cada día mayor importancia. Las grandes
y hermosas hojas de la nicotiana colora las cam-
piñas de Tin verde intenso, en tanto que el verdi-
negro cafeto marca las simétricas líneas de sú
plantación en los planos inclinados de las colinas.
Las galeras en que se secan las Mojas del tabaco;
despidiendo éstas su fuerte aroma, se ven dise-
minadas en los campos, alternando con los rús-
ticos talleres donde se beneficia y elabora la n^-
ma planta.
Tan rica es Tlapacoyan en el reino vegetal co-
mo en el animal. En sus montes crece la higuera
180
gigantesca (ficu)^ la ceiba^ cedro (cedrela)^ la cao-
ba (sivicteDÍa)^ el encÍDO roble y encinos de todas
clases^ así como los n^ranjos^ limos, limón real
y limoneros. Sus bnertQS prqduijen zapotes blan-
cos, prietos, chicos, mameyes, cabellos y de otras
A^waollfíiipniíaip^ y «JpÉcp; pÜ^bl^ps^puir
«jbo UwWx H9m>k^f^^í^ 4f4»9 clwef» ff^n»
jgian4e y dQipiíiioo^ nu)]:a(i|^ dPi»r¿np 4e Coi^t»
Ríqa^ mimzajQ^, ^saoo, coipulenl^ r^^iiM>. '
De Tlapacoyan en adelante w W^^^fitxtf^n ¡ar
JmUqs de tx«¿9 ola/BíBs: ,el4^mtiia9)^a|f^lbo y gi)an-
4bj 4e quij^a biaAc»; «1 cppMwnw ijji?, y4l»fs^
Ihh;^., qm es ^1 xaá^ ichifio y ^1 mi» bra^p, w^r
iffKd lácilmdiate s^ d^m^sitif^. io3 tres sirv^^ d»
4|fneíito. El ti^^ 4e ws^ifthasi ni^j^s y awwaá-
¿la^j ;Uai»ado ^1 guando ó tígjre ri^l: es brayo j
£j|rweero^ babita 1^ ^err^ y Iqs bosques ^pesos.
^ tígnUIo, de manchas ufgvM, pústeeoJios vm-
mos lugares y se. a^^fneiMist deg^lioiad, pavjos y
t^tM&B. EnouéüU»i^ ig]Eial{O0Qt9 leofi^Fdos, h
QDsa ó;gia])o mo{|tóa, ardillas, ij^cioachis, armadi*-
Ifós, oa^paohes^ especie de perros ^ne .|!;Qjcnea |^
£t£^ y aveg, perjos de ^gua^ la ¡Mjmt^., jespecíe 4»
l^iop y cazador^ en ^ «K^At^^Kifm^ las dem¿i^
fieras; el tejón y la marta: los venador ^fm de
dps clases^ ^ grainde pafdo;^ y el trnuirntep^SL-
I9¡x; h cuaAtiaza 4> ixiz^ r,eal, qujB jlam^ la ^ten^
m
(¡mí poff sú pitttbda pkl, ¿& eiseiiUtos bj^cie»
ea límsá p&ral^ias á.Ío^lar|[cv de M pidl$ $ f(^
iltiiB^^ M eseasean.ks coima€tF0Jas>. e9Qejoe>
:. Guéiitafise eatoe. WaveB^ el; papaa ccnauoy pc^
paE Fec^ (efttkfofis Miooteaumaj^ ¡hco de caBoa^>
pkarealj wFaioaS) ^sdeA, faicacissj penélopes;!
peirdieefir^ oladrue»; tKeotec^i^tJafi^ ^^ p
pd^iede^tóntolaireaíotaFas^ pali9«a^s>gaUifiaamoe^.
t&BfikmS»^ aw^ !zopil!9t6&j patOJBy qselM^a&talHitfr
g0zaf^< coeOB bkiiiCiiS' y posados;; {y&jaro9Td£des*y!
otcos' maeho9«
BjEPTKJBS^.«-^La mágfveiQdaosa^de las culebras^,
llamada Nauyatly vibrocas de cascabel^ boa vola^
doray Uamada as( poc ra coatumbce de andar jppr
las ramas da los ¿rLoles. confuadiéndose muchas
TjBces^ coa los bejocos^ es piata de negro y am»-
rUlo> y lleg» ár crecer cuatro varas; lamazacuatl^
más gm?sa ({oa las anteriores^ coralillo^ beja*
qiñllo^ ^e es smmameate delgada y larga^ cih
lebra prieta y culera de ag^ua; escorpiones^ igoa*
nas^ ete<
III I t I III
• ' )
Yieta la población dci Tlapaeoyan desde a%iHM ,
colina^ ofrece el tíiáa delicioso asj^a; Sum^gh^
das im eaaas eatre el foUa|e de los ¿rboles^ afpé*'-
í8á
na$ sé descubren las techos de algunas y 8U&
callea' cercadas por la muy original planta lia--
mada pachiche y por los floridos ¿rboles &$
Piocha. El pochiche es un árbol sin follaje du-^
rante la eflorescencia. En cada extremidad desús
ramas brota uüa flor amarilla^ de la forma y ta-
mafio idé la dahalia^ y cuando acaban las flores^
el árbol se cubre enteramente de follaje. La sierra
de Teziutlan^ con sus avanzados ^ntínelas^ los
dos cerros^ se levanta imponente al ocaso de
Tlapácoyan, mientras que poí él Norte y Surlí-
mitán el valle las eminencias cuyos pies b&fian
Ids ríos María de la Torre y Bobos-. Por el N. E,
se dilatan sus horizontes hasta el mar^ extendién-
dose sus ricas vegas/ y distinguiéndose en eleva-
da posición la hacienda del Jobo.
Si ante la vista de tan bello panorama se sien-
té embriagada el alma, mayores encantos y sor-
presas preparan ar ávido viajero los alrededores
de ^lapacoyan . A cuatro kilómetros sur de esta
población se encuentra el pintoresco pueblo de
Tomata, con su rústica capilla, ala cual sirve de
caínpanario una pequeña torre [improvisada con
troncos de árbol. Desde Tlapacoyan al puéblase
camina por un sendero cercado por árboles de
piocha que, cargados ; de flores, embalsaman el
ambiente, dejándose Ver por el lado opuesto á la
florida cerca, la pintoresca,' profunda y frondosa
183
cafiada qua forma el lecho del rio de Bobos .JDos
logaros/ por la suma belleza de su paisaje^ obli-
gan al. caminante á.deteaer su marcha: la cafla-
da áel Salto de Tomata y el plan de Totoapa.
Para poder admirar en toda su grandeza la caída
del agua^ preciso es dascender de h montafiaal
pls|no superior del rio de Bobos. £1 agua pierde
su.niyel á yeiate varas, de altura^ y áq. precipita
an tma caeuca. Elevadas tocas! basálticas, acanr
tüadas. y desnudas^ ae extiexideQ:en circulo 1 uno
y.oti;Q lado:..del Sa^to^ formando en er extremo
opuesto una ai)ertura natural^ y ofreciendo úota-
table contraste, por su oscuro color, con et fres*
ao manto de verdura que revisteia paiÉá superior
de* las eminencias. . Ua abundante y anchotorren-
t& cae con rapidez y agí1iido\como ün r^dal de
plata fundida, ique Jbace elevar el agua después
de su caida,.en menudasparticulas, formando una
niebla que en parte; oscurece aquella cuenca.
Encerrada el agua en el fondo de ese vaso ci-
lindrico natural, forma un lag^ que participa del
agitado movimiento del torrente, formando pe-^
quefios oleajes que se estrellan contra los rom-
|dentes dé los basaltos, y luega se desliza tran--
calilamente por lá abertura natural ya- mencio*
nada. • : i : . ¡
El plan de Totoapü (pájara deiagua)^ á poca
distancia del Salto, ésun bellísimo valle al que
184
afliiyaai herniosas y pibtdrescas cabidas.. Las
montafias qqie h hvmmyá^&gavú eapric^flas^
se suceden dscabnú&dose^ pres6&(aiMÍo eti su cuM^
joato uba deiiüiosa perspeotivE/ Un |^ cOft
abuadante y esmaltado pasto: htiertos da «s^
^e rodean nba qtte otra^anja: gaflados qaesd
Ten pftaerea k eampifiac aa tío oristaliao cfttO
serpea a| péé 4e iastttoi^iafifls: «miMtieias'iiiibíer^
tas de átibtílw^ plantas y ñorM» (jae se t0ürm
gradualmame ofreoieado dtet^toa téémloos da
perspectita yxolocido^ y un {^urii^ttio oieli^; soa
ká eíenientos de qué allí {luode disponer un hibú
paisájisla'*
Si de fass bplies&s de k naturalesa pasbmoi A
ios usos y coBtuiiibriis 'déíbs habitantes d Tla^
pac(>yan> muck^faay digijiF de relatar. OdkpaM
una gran parte de aKfuellos^m el cnltivo del tabaáp
y del cafó y en la elaboradoa de purós^ y los
otros se emplean en el comercio; mas lo (pis
verdaderamente llama ílUí la e^eddoá es la raza
indigenaj asi por s^s oostcunbres como por sus
trajes^
- Los hombres^ méilos activos é industilosos qne
las mujeres> se dedican á las labores del campo
y visten sencillamente calzón blanco dé manta y
cotón de lana^ negro ó café. Las mujeres^ otin«
cho más aseadas ({ae lois li<»mbresv usan ena-
guas y quichquemel de lieoíb blahoo; traje
m
sefií^iliio u}u6 ooatiertón aa eUgants vi^tido lol
dooiiagoé fdk»é& úúébvMioú^úe msM ñéstas;
Atraen verdaderameúie la atendió» eií' líales úíaBj
?i^doMldfi MTaateii pbr lá p(iHI»iiaii> CB»i bí^-
^n fieámpa&adag de 4os 4ü dos y Retido y ^i^
Bísndo^^taigtesía y &'kgti«^ háotefido «^
tsntiDcioti d» dü* pi^morosoatMjMj Gbáapóneaie
éOMá^ <iá ^agott^blaneft 4eiltiii&ada etí ütía fajK
dé ¿u¿díb»'a|ftil^^d^i^'bd y dé un elegante güipU
que desciende en airosos pltégttdi haitar la rodi-*
Hky ^el eual si ine''Xiiafta8aBi«&te adornado eon
iejidds de ois^d^^w y oidtás id^üverto cobr^ qúa
fotrnaa las mas ilatdsas labores. Hilos d» rom^
riO^Á)áéa.tílBWf'tmi^cií&, tío siendo aquellos otra
ecaai^tta anoe ieoUates de coral^ de ctieatas> dé
eháqaicá^^ yTj(pf^p«qaefia8 Aionedas de p lata^ ect
tántoi^é adobni^ \títí¡B 'omjaa togos pendtoitei^
de Hidtál sdbTé^ldtftdd^ y por último, el iko^to^
Mdi/ vediecilla de dbtes^ recoge las bien tejida!
fan^Kaft úb su laeiente' y ' negro ' eabello que tan
buiL cuadra á k ümpiay morona tseda su rostroí*
^ Guando eran pennitidas las deüiostiramones eaí^
ternas religiosas^ esmerábanse los hombres, pora!
laiestítidad ád Oorpus, en «I adbrao délos palos
de ¿i»Rra (bamlíHi^ gigantMéoX eíBípefiáiidose cada
ould €!n.wpdrarrá: los ol^sien las dim^osioneB!
del bauoilil y ep el gusto denlos ador&Os.
Los norrios cóloqabaa en la extremidad del
186
tarro una muñeca^ en representación de sn pro-
metida^ haciendo por ese inedio> gala de sn;Oon*
quista y público su regocijo.
Consérvase enire estos indios una cofitumbre
esencialmeate oriental. A^catan y respetan ks
deberes naturales de la aiojer> tanto que en sus
casamientos > descubren si ésta, ha sabido: ó no
guardar la pureza de sus.eostambres» ló cual in-
fluye de una manera deci^va m^ i^eoió ó des-
precio de su persona. ;
En el primer caso> se pcocede en laLtornabqda
áia gran fiesta y baile AAtehuacaMi, en el \saú
tiene una parte muy importante el ramillete del
zempaltxcohül. £ki el transourso de kr fiesta^
báiknse^ enfrente uno ele otro^ el i^amo.y el cch
coñete, que es un mufieco de cera que allí se in-
troduce con el intencional objeto da indioar ák
mujer la ley de su destino; BistribáyésA él ocióle,
que es un atole de maíz y de cacao, «de qu# to-
dos gustan/ y después de las: mayores demostra-
ciones de rejQfoeíjo, <conelirye la fiesta cetirándose
loe consortes; eUaibonrada y querida/ y ^ con-
tento y satisfecho. :
En el segundo caso se suspende: el baile del
coconete, y al d^ribuirse el axéié, nfi^éoeseles i
k novia y al padre de ésta «n una i^eom^ perfo-
rada en el fondo, die tal su^e que al tomarla
aquellos en sus manos, el liquido se escurre. El
187
padre y la hija sabea lo que esto significa^ y am-*
hba S8 retiran^ bajo la impresioQ más desagrada-
ble^ á. ocultar su afrenta en su humilde hogar»
El clima de Tlapacoyan es cálido^ marcando
el. termómefro á las dos de la tarde y á la somf^
bpa 28^ c— ^Su altura sobre el mar es de 472
metros. OO.^-Poblacion. 1238 habitantes.
•> •
. {
HACIENDA DEL JOBO.
1
Ciomienzan los linderos de la Hacienda del Jobo
á un kilómetro de. la población de Tlapacoyan.
Háll^ause situada la capUla y casas de la hactenda
sobre una loma á 6 kilómetros de Tlapacoyan y
á los 20o 00' 48" 99 de latitud N. y 1^ 58' 18" 3
longitud £« de México» .!
La capilla es de muy buena construcción^ la,
cual^ vista desde léjos^ ofrece un aspecto agta*
dable por las dos torres que la coronan.
La casa^ cómoda é igualmente bien construida^
tiene un precioso jardin engalanado con las más
preciosas flores^ tulipanes dobles^ rojos y ama-
t88
rillos^ el aromático nardo/ la pcecíosá niaia ^iie
dilra tpdo el aflo> el encendido cUvei^ k fragaittd
rosa de Bengala, el morado^ gracíotb; sapatülo
dé la zmna> la elegante acada^ y én fía, dtras
Hüiohas plantas y enradadelr^d dercadas por piftá^
les y esbeltos banano3> por el aacáte tU h playa
y el frondoso átból del mango, rébreati la riata
con sus vivísimos colores y embalsaman el airecon
SUS gratísimos perfumes.
Desde el extenso mirador que ve al E., se goza
de la agradable perspectiva de las costas, cayos
horizontes se dilatan en la inmensa superficie del
océano. Siá esto se agrega, las maneras afables
y corteses del administrador de la hacienda,
D. Roque Salazar y de su digna familia; las
atenciones y cuidados que al caminante prodiga
ese ktdhgénte cuanta tnodttdto ágriciilt0r, «onsi-
derado en lacoiharoa cotúo al patriarca dei hho,
la p«iiian«¿(áa euh hadienda tío p&eda lAéttM
(|ae isussü pafear las faorsi dé la vidit> btflks y éfi
tetremó agiíadable»-
La hacienda del Jobo cnanto' cofi 386^ hsisi'*
tahtes.
La temperatura de edta localidad lÁs^ea en las
distintas horas disl diat
r ,
i
• %
169
é
A las cinco de la mañana
A las Seí^ ídem. . . . .
A las ocho ídem . . . .
A las doce ídem . . • .
Á liaé tres dó la tarde. .
A laí siete deia noche .
; 21* c.
: S5%
lO' hiuoedaddftias tierras piinoipaíImeQte pro-
Time áei abundante y inerte rocía de lá Doch«y
bAita «ligrado^ile hacer gotear ioft árboles por 1q
OBUS^» como si les hubiera lloyidoy Gatitpbu**
yendo esta ch*cunstancia á la extremada feracidad
de aquellas.
El maí; da doscientos Quar^Qtft.pcM* uno.
, £1 «ifroz>,sin necesidad de n9gP;:4» en cufil-^
^uier terreno, y aun en la^ cplinpp^ 100 por pnp.
!E1 chüpotle se produce con snma ghunda^ci?;
La.cafifst de azúcar es de superior clase; y ^w**
qye cristaliza bien, hasta hoy sqIp ha servido pa-*
ra^í^jfff piloncillo.
La^ vainilla se da con profusión desde el Jobo
¿ la playa, y su explotación prodiice buenas utí-
Udades. ^
jEl c^fé ei^ aromático j de superior dase, y hoy
se , exiienden sus plantíos en grande escala^ des^Q
Ofóostoc. en la cuesta de Teziutlat)> ^n adelante ^
El tabaco es el ramo de preferente cultivo, así
por la. superior clase de la planta cómo por sus
190
rendimientos. La mayor parte de los habitantes de
toda la zona se halla empleada en su explotación.
No es conocido este tabaco en la mesa central^
porqud eia su totalidad se ej^rta pars^ l'raneia.
La cría de ganados es de mucha iaipo;i:taiicia,
los qu6> eñ su mayor parte, se coasumen en los
demás cantones de Veracruz.
Los readimientos de los eamos agrícolas ea el
cantón de Jalacktgo, que lo forman en su mayor
pártelos lagares de la región que se deserUte, son
de alguna consideración, según lo demuestran los
siguientes datos:
Maíz. . . 29,073 fanegas, valor, ps. 87,225 00
Frijol . . 1,470 fanegas . 5,145 00
Cebada.. 44,310 cargas 132,930 00
Chilpotle , 957 arrobas 1,435 59
Trigo '. . 5,860 cargas. ..... 23,440 00
Pifión . . 150 cargas. ..... 1,500 00
Haba. . . 650 cargas 2,600 00
Arroz . . ' 5,200 arrobas. .... 5,200 00
Arvejon. 50 cargas 2Ó0 00
Café . . . 2,245 quintales. . . . 31,430 00
Vainilla . 50 manojos .... 4,000 00
Tabaco. . 41,700 arrobas. .... 125,100 00
Plátanos. 2,000 00
Purga . . 864 arrobas .... 5,él6 00
427,823 50
191
Paede justarse de la gran importancia y ri-
queza de Bsta r^ion por los anteriores datos^
tenieodó eu: etienta la ^s^asa psMádop de ella
que nio permiten abrir al eul^vo tüdÁs las fertilí^
^mas tfetraá deque puede disponer y ettAtivarlas
en la eztensiou que merecen. Además de los ra-
mios expresados^ existen otros cuyo cultivo no se
haintentado^^ como el cacao^ el afiíl y el algodon>
qué^ben indudablemente producir grandes be-^
nefíüios. Las exquisitas maderas que en ella exis-
ten y la multitud de plantas útiles á la industria
y á la medicina^ formarán otros tantos ramos im-
portantes • de exportación .
Los alrededores del Jobo ofrecen por todas
partes lugaros amenos que verdaderamente em^
belesan.
Ei^ Sálo'ñ &££. Ki^AN^p> majestuosa obra déla
naturaleza^ se encuentra á tres kilómetros S. dé
la casa de la hacienda. Para admirar en toda su
grandeza aquella maravilla^ preciso es fijar la
atencion> primero, en los bosqueclllos de naran-
jos, limos; sangre de drago y de otras plantas; bos-
quecillos por donde atraviesa ol sendero que con-
duce al Encanto. Los árboles sangre de drago ex-
tienden su follaje en secciones horizontales coiiio
los cedros'del Líbano, y eubren la vía en muchos
puntos, haciendo sombra al viajero, quien, unas
veces admira el agrupamíento de plantas, árbo-
193
liw y bejucos qu^ inlorceptan el hoi^ev yatías^
]fi8 yeidQS pkfitaAttnM , del tabaea jen ias pe»
q0«íii» |9Mki!«i. ÍAt«mMíip686 ia asada por k
fnertft y ;:sAbit0 daprnioo del. tenmoai,^ desen^
Wiéiidoee en beU^aimo pai^ cnüiraü k ilefaesa de
Alst^eoí^, eiroonáada 4e montfs comsu bellat
eempifies an qve pacen loa ganadoa^ yni^ rio de
9goa crietalina que ka riega. Allí la faerinon
planta graopinea del tarro, que tiene todos los
caraetáres del (^oflifti^^ a&aka eorgnida á más de
leinte varas de altura.
Bsos otates gigantescos se aigrupan en etreak^
arqueando gallardamente sus sopas de finísimo
y picado ^plkje^ de la misma manera que se ob-
serva en un hwi Tertical..de hermosas plumas de
pavo real.
uílwcwíiifiB^Q fkl pl»a p<w* un* BRpidístoía jMln-
diente> y siguiendo en ¿I llano de Alseseo* la
mórgw izquierda del vk m swtído inverso de
s^ oorrfente, se U^ga.4 una andba y proftinda
caMa d0 papííies vertíosles quo: formaft el Sa-
Im del Snwv4Qx noipbre qne tan biQ& cuadra
á k grandeí^a 4q1 lugar, JPos altas enainencias se
extiepd€ift sn *íiteatrp, k wwkl w» sft? e»or-
mes esfítíJ^^ñ (iQfQpilet4r»e8te rt^y^stidósi «ie T«rd6
faUaj*, y . U optaste qiJ% «e dirige tfe Es4e 6 Oeur
te y lu^<> \\ies<(^ «i Neri$, preee»t«R;do f avenas
sm pi^ndientQi^ d|9 snerto, que Iqs grupos de swt
193
do el arcajDjque de una Jp^voífei ^A^^fJ\fH)^^
cual carB9 >^^ army<> cy^t^ligovj r^UsíSAí^dft X^
las desnudas r<^asri4p e4a:i|fyersgr,p$|i(^@tQ; ü
Te^ Ias.x)p4^d4^8r;.^^ri£ -e^j^lf^^^'^^Q^
tapdp d; wre^3M^flí)íinte.t, iefttft^ §p
foUaje^ Qira& glía|í^S:tr?|^
da^enrApidí»&,r|(íím^ ¥ií»ií^S ««lasMo^csM^
das 7 £0(;9Üc^^ pi:^des.;'^I;^a^yúta;^péiiMiajjsi^a«
za á 4i^tlQ^Hr' Jx)^;:á|^le^y^htaa^qne^^p^^
las alturas, en taBío que ^e^lftT^jfSPde p«íidewj)
circundada por aquellas eminencias, se alzan á
gran altura corpulentas y frondosas hayas. Ha-
da el fondo del Salón, Jas montañas se separan
y forman una estrecha -f profunda cañada que
<5on extraordinario ímpetu recorre el rio de Bobos.
Por la disposición dtó^ las) ÍDoütifiás/ curso
de éste no se percibe sino hasta el momento en
que sus. agija^, blancas Ty[ espiin^osag bíotin-'jior
aquella estrecha aberturpt y se 4^rasa»n en .sii
ancho,cauc$ al pié de 1^ ^)q]ii(aQai0rieii4ai: Mém
cándese, cuanto es posible, jpoí/l^.O.rijiaíítei
á la lieni^^ura. profunda, ^r^íesMíme^^íwír felQ&x-
truendo ripterior del torrqiiit^ y ipof .Issaweouáfta
partícuUS; que con fuerza; hieretí ,el:rof9tl:íí,^qu0
el; agua ^alta en cascada ó .se.desltóai^.íQn:. rapidez
por una fuerte pendiente: lo. único qjie se:ad*^
García-Cubas.— 14
194
yktiB, digo iiiteraado en la cavidad^ es iiñ mo«
tf¿lH0''al ^8iteeer ^ calida, qüie) representa un
Ida&éd ^drdlil^áadendd dé lasespniDas'del agua.
S artolft^lfiteS' indíeadtf^ -tíne ras agrias al de
IBkhoB^ü ^el'h%^ qtie^te^staMéee stí curso en
el Salóh ^l^Emmt&.[ • MotótM'dé i^aiftáír ffa-
clitifind(Ae Ma^ éííi^, emps{]iaii ái fó¿ cristíái-
nar'agíbW'isti^i^tíías y*ab%'9Ólfejé»;''dMiñaif(io
entrelodfi» pdraaus'gránde»; lastrosá^ Y acorazo^
Badas boji^i la; '• mapxfa (anim sculeotmn?) las
cuales^ ^or'SBS'dimeKsfones^ sirveti úaucbas ve^
oes á IdQ in¿^nas de paraguas.
. . . : ■ •.;.-■*•
í. í - ■ . • ■
t
'i • ■• ; - '. -^ \'> ■ " ■ r • •
. - íCON^fiíEGACaONÉS DEL JOBO.
. Si dé la hafeieiida del Jobo se prosigue la ex-
eorsion por el éamino de Níautla, nuevos y va-
mdois objétos'distraen con sus galas y primores,
la áténdon del viajero.
> Del Jobo á la coíngibegaeion de 'Palmillas, se
peborre Tin<tra;¡^ctd de 5 "kilómetros, y durante él
se adaiiraü lois bosques de altas y corpulentas hi-
gueras, éntrelas cuales sé encuentra ía Higuera de
rateen aéreas^ 6 sea fictts religiosa; sangre de
m
drago feufwbemeééjl y MríiüjoByíífMÁííéSy cedros/
lifiíod, süAiOi^^mAgn^Uá grandifi^ra, 'bélMm^
gftrpos de^tarroyf fl^e*ídái éiÉ*édadew«í'^qü6!ieü-'
chas Téde3:Sü]|ett-í^ltó otí^asr íMsí^has^e^io»
áií^otes, ctí^ÁéüáoÍM pbí^ tídftpféfti- Gónéu^
violados festo&iesi-Cottíé * -lé^^ltSé del -fcá^
mino, brbta ^ efltite-ife fiofídéís toWiiis utíík
fuente ide a^^^d¿ léíáifeáó colo^ ««no-el'deí
ópalo, y en- éHa^éí caminante eücuéntratm'a^á- ^
dable refíígeiáttí^Ektbaísé; é«íáfueútó dél
Obispo. ••• ' -^ '■■ " '■ ' ^"•' '- '■' ''^■'''' ^• '"■ •
La oóngregádofir del^attíillfts'íítíéiító boy con
36^ habitante»; y-se haHa situaba' tt!a/ margen
izquierda dd río de Bébos/ ' -- /^ ^
Tiempo B» ya dettríbütífi* ai Sr. Mattrnei'^e la
Totre, los etogibsi i¡tte meretíwi^ü empeño des-
interesado 7 su anhelante déáeo pdt desarrollar
en aquélla íficár y feraz cofliarca, todos lo¿ ele-
mentos de prospéiidad^ de- qttó és suscefptíbfe
Cierto es que en ella tiene su mágnffiea y ex--
tensa finca de campo, pero es de advertir que
ahora se trata de los befaeficios cpié Su propieta-
rio derrama entre todos los habitantes de la
zona, sin excepción ^e clases ni distinciotí de na-
cionalidades. Todos estos atestigua» Con su jgra-
titnd, que el Sr. MattinezdelaTorrenohapro-
ctnrado soló el engrandecimiento de su hacienda,
sino que ha promovido y puesto los medios para
196
lograr el bieocMStar ^^las coogr^acioQes que
oeftp!Mi;iSiüs teríéilQfe y flain .de last pi^^laciones
que perteae^eiii >& ot^a fra^^isia. ppUtiea. del Es*
tado ;de Yeraüruz. Si toáoslos «^cqpktario^ de
fincas 'r.ústieas,"¿ejeiB{^o 40l Spy Martínez de la
Tt^jfT&i pramoviierai^ igualas 'yentaj^S/ el país todo
c^fpina^ ¿ pasps< de -gig^x^Uré. .ad engrandecí-
mi^ntQ^^PHesto. q^^ al pcaier ios i^edios para su-
pr(^k prQsper^4^^ r pr^fsura^ jqoi^jq buenos
ciuda(laij»Ds^i la principal ^y. 4$ Q^pres- trascen-
dencias^ como es la de la nación entera.
I^as^ioasi tierras [q^aecpuip^^
ciqn d0 Balmilia^' s^n. e$enoijilaie)}.te azucareras^
y poseen las ventajas idepod^r 9er regadas -por
ljS£.aguns delTio:de B^os^ ty ;p9c consiguiente
susj(p^ptibles de .sac^rr^ á& ellas^pg jino^ . frutos . Asi
lo 09flapF¿ndió el &^f .MarUpef da^í^ y al
ef^Ojj por w órd^j^.-seJi^Ajijech^ ya. las- debi-
da?^ plantaciones deiCaOa/saM levantado la casa
del.director y puesto los cimientos para las ofi-
ciñas correspondientes,: debiendo, elaborarse la
azúcar por jos mejoras. , y másr Pttavos procedí-
míeptós* • ' : r
' • '. . ■. • - > 1 . i-i
Nunca, be prÉjSQiicjiado.xiiaypr: alegra y, entu-
siasmo, cocao< el gijCi niapifesf^f o?i todos ríos in-
dividuos que de^ í;ob(!)* del Caí ízq, de.Paso de
NovíUps y dol I^i^í^ concurrieron á La colocación
de la .primera pi9dra,< Aquella ceremonia fué
19Í
una^vepílad^ra fiesía^enqtte einegocijo-ÉM) 4&-f
DO0Í6 límites. - / -^ ^>' \::.::A'. .
.Todos eom prendían q¿e áqpel íctoBÍgHifioaba
el principia de 'taáSiáíh^^^ y
todos en- sus -seiiáílíanfes tttwlabíitt^ ^í íegocijo
qúe^ ios áñitoafei; ^}6 úna^ pí?é>ciosaijenrái»a(iff>
en^la cásá del díi%eíóiíy^enPffifedi^dB¡l(íiíttófeos
formados cóii dnkriiíúféñtds de'4íibránza f cáfias
de azteár/ les'^eácuríentes eSnfondferi^^süs en-
tnáiastÉes trtrin^ís y-6üs'falsá)rfl» nacidap'de su ex-
pansivo corazón, con el murmüllio ^gpítísimo dfel
rio t^ne bailaba la JDáse dé aqiiQll^ 8^1S'0ÍmpestF€[:
Si hágó Baérito en Qste'^iídübUe kb Qoñmd-
vedoras palabras que el Sr. Martines dé la^ÍQrre
dirigía á ios conourr-entés, f dé las -que étí cam-
bio de ellaé^Teíñb{«Í>*0 se tenga ^ por ioa^propia
una sensib9ÍdííÍ>iSacida,- poí <¿feéto ^do'ilas' oíi>
cuiístancias, dé^tíáfácdon^feídfeleii €oando tóo-
tari' lágrffñáá díB los ojos dé'^üótteis' quéy ^coiiio
loa habitánteis tfe aquellas regionesi denáfíéétran
sü fórtalezaén los rudos trabajos délca'tópo^- biyo
clima tan riguroso; y cuátidaten^líOS'86iob««Va
una lucfha sostenida entre la fuerza viril y el ^j^-*
timientoi nó ptiéde menos que ¿otópr^nderse que
eñ5us pechos Me^uii'cottízbn nopét!vértído.-*--íiá-
grimás así- vertidas^ feoñ^tijá^deuria ácciorf moííali
que enaltecen- al-hdittfcre^ eá cuyois^ ojé&íásomah;
Concluida la be'rettióñia dé la colóeágiótf déla
Ii98
piijD€ffa piedca, el yi^tuoso ewa; d^ Jl^tpacoyao,
presbítero D. Manuel de la Villa, allírj^r^seate,
Iwftdijo .el ittiampifi 4^, las- ^¡mñi ^egaya^isus
cioo i iog conetíf iwtís¿ y;ftl; Sr. Saa<^« Faeio
impfi«Yw4aii:«li(Mqü9ai^^^ #^4a s^ 9eQ<u:
Maf^BQs^ tÍ9;l9t.rTower.á fiQ!alíHri^::4B:ifi /itttori4f4
oaaDÍcip^ i« aqueüa ^wiwwi p^Jílapipa.: '
r©d^adíi.poi? ífti amigo Saq^iiez l'aiQio y firmadla
^r 4«pIi6«io ; ^QFi tpdo^ U>& ppeseBt«s, á fia de
<pí9 ij» ej^o^íi^f qui^^ m 'poder del wisiao
%.rMwtí«e«:da:lft.TiE»'W-y el Qtro depositada ea
}i8^ ¡tfít»er4 pi«dr»/:
< : it» ft^9¡ 4q^ me re:&9CC)i ea del teüor siguiente;
ff Ea el«ño!de-1866 eslQ||Rgar era moutuoso
«^y deapohladiQ. Durante-la üdíwft|$traQion del
« Sí. J). Roiju.e SalAzar se liisíQrBlídesoiaiite y la
a limpia^ y el.aapeeto riaiueíiQ y j^íatoreseo que
«My pesen);», es debido 4 su c«iid*4o y al im*
«;piil§ft qw W querido dar áí la fio^ja su propie-
^tma^ parftfuíen es ttB.l^íeiv quejado al que están
aligados ÍQt$ reeuerdos tíernístops» 4e laíacnUia.
; aUpy, ^ asedio de^unafi^gta seucilU, se ha
üi, QiüjocíiÚQ ' la 'príp}0rpí . i^íetÍJPa^^B^ ei^^ Uhim que
«ídaróii- e8t»é iscaíííurqa^i^ privilfigiadísiqíias porla
<i,m^ümi 1* vidít ideí o<w?wrai<?ft sieadiO 4 asilo
jíldflpdie e^cuei^tre el obrero ^n.•tl;f^ba3o que pro-
Q:{)or(aQiffi á suiamilia ^^a|n y:U traú£[il&idiad*
<L4)a qué susecibinios^. tostígw {^«fiíendkléi!^ tí<6
a esta cer6inonía>: iEtolettin«i mxmii^ á$ ^ sétf^
(ic.dBaz> llenos d»Ie «áel poi^eáií) haoeoiOB vo-
<x tos por la prospeFÍdadi:(ki6»te^tablé(iiidfenta^
d y porque la generación que encuentre este es-
<ic crito no deba s u d e s cubrimien to ¿ la investiga*
a cion de ruinas causadas por el soplo destructor
c4é la& ferolücíobes^ sino á uáa'^úiueTa eínpresa
«dé Mayor bágnUiad^ qué Metido la continua-
* cioii de la preééflte/ |ier|H9tá¿' íá vú^ de
a su fundador al otfnsti^uir 'esté' íieáiTiio delttá-
Q^bajd. \ ]
c Apadf inaiüáó '«ate écto-el sábáító espáábi
«c D. Ylcente Lk^no^ y asi^ttefido á él el digno
« cürá ^iíwocé del pttftKo délTtópacoy^^^ ptés^
« bíteío D- lÉáíntiéí R; áe la Villá,.de la mistna
ir üftcionáUdad; 36 hki asociáSití^ dé 0sta maaéirá
c é uíüa óbtá eii ía que, epató én toató áqueUaá
« quer tiéfnén^pór objeto la Tegeüeracíon dé los
« ^Moí^^ líiédib ddl trabajó, no se réco-^
c nodéñ tiaciáúálidades ni categorías, "debíeádo
«todos los b^mbrés contribuir á ellaist con todas
« Hilóse esta ínáuguraótón bajo la presidencia
ic del. 6!3timablo G. Manuel Mendoza Aguilat;^
ce presidente del ayuntamiento de la íxíiiiiicipa&'^
<ic dad de Tlapacoyan.
9DD
A*.!^ iDips cQQfiBda prpsperidad á esta ofara para
cJdí^q 46 BfA»^ ^om^fí»s y satisfacoiQB ée siy fiin-
fl;,dadojr y:d^jsíW:dw»adt6iitBsI - vi. j
, «logenio deia falpsílL^ Marzo 2^ de 1874.
«/trrSiguen mnchmMírm^iK- - ) .
- ¿ ' r . . j . . ■■ I iÉ« 1 1 <i I I n
1^ tf ^ s>* * <
De^Palmiirajs f la cbngregaQipajdelx^^
se^ciient^a 8>¿^]^il^a^^q sigi;u^q4o la giistaa
n^árgen izquierda d^l i^^o Bpbós. Clieata esta
coDgT^adoaJ^92Jiab^^^ ;, . : : . .
Paso de Novillos, á 4x kilómetros déla aü-
tfiff^T, 3 es y^o jde ,lq5 .l?igaieis jafe jpaportaates
ide .e^ta costa^j^^ por. ^^^s ncQS. .Q\f mi^iitqa^coiiio
5,0;. §u p9Ííl?yg(|a;jqu^ á.A^lotftbitftfttes.
Ii^dústnqsogxj^^^^ mp?aáí>59í!, binsecain-
^0. fi9u ^t^fi^3Bq log e^ii6rgog,íi$li.Sr.,., Mar-
til}^ de ia f cf re^eftprqveqho i&]a oqjftpizftciop,
Eij 1^renos¿(3eJ^ h5icí§ada,\}p5 ing^$^ que
parasol ^fecto &08¡k|j^ne aljí aq^iel emj^onij^dpr y
^tjl qiiidadcijjip,, han hech tílWíW CQpyenieíi-
tes para ugaj hefínqsft.rpqblaíaq^^ ,^a
diida.algunft^y. dentm (ifi. poco^, a5K)s> noa de las
má^^icas del ciant^nae Jalapií^go. Estalugar lle-
vará en/ lo sucesivo el.;npnjbre í d^; ;« Concjepcion
«01
,^ Blévsusela tena^perátoca eh este lugar^ á lasdoeo
j'.
A las docedela.mafiana.'.* .. ^0? ■:■
A las ,4Gs,4ftlíiiar4ft. ;.; . v .,:.3lX i
A 1^ seiScde^tarfJiet *.>.íi.vi^
,. De Paso dft,Navilh»^i^es(jm^8;dé.pe(róJfBr-
tramo de 5% kilómetF0i8>irieo y:i£áfaziibomo los
anteriores^ se llega á.la[cm]gtegAt^ii del €a&izo^
nombre- que sin jdadaile^méíié dé lal planta del
nw^mo nombre que orees laliup^danlemeatejeo sus
terrenos y la cual es un oíúMée bsúrúosp y yerde
follaje; Cuente, esta ei(»9gregapíanLConf4^6 bibi«
tant«s. .Elic^ami&o> ^««pueedeW^ délríoiiMasía
de I» Torce^.Tado pe%rosDfeníaaiuártes^(nman^
Ufkp el .c{|iQiaaj»,d6SYía:ñn>paco jí^laslmárg^^
d^l río deBobíofi.. El ingienfero&Fianpte^a Jiménez
ha consultado.al Ministerio da :FgmeQi;odasQoi^
truccion denn puente enidi(dut)pft304 En^Üodoeelál
extenso tra^polse adadra:ni»)if^t«dotí^6xnhá^
rante y . ks ¿igoeras ■ ad^poicíren pnipoiiBüiifis cof
lósales. . ]SQ.é$tas ^ormao suíídúdoadiimíBas aíre^
y muy esp<H)ialoimte-el hJentt^sojPapaü real (Os^^
tinops MDejtezi}nm)> -de plumSye cdié:j.coié¿B¿aíii
rilla en forma de abanico. Acbstmnbiadafi ebtas
ayes tvim. en áo(íiedad> fijan JsusfuidDá de fíghra
de uúa bolsa alargada^ Oigrupándolos en. uno' dá
iosmás' altos ramos de k higi^era, y mieatras
que tiatn piieciosos animales salen- á biÉisóat el áÜ^
mentó de sus hijuelos^ ó el material para la cons-
trucción de sus níd<$b^ permanece mío de ellos
al cuida(Íode sus flotantes habitaciones. £1 papan
común (Péilorhinus Morló), de un solo color, se
ve por todas partes, huyendo precipitado ante la
pcesenciK del l^iajeri;^ asi ^mo los perfoos y co-
torras, atuiHÜfindo todos con sus agudos gritos*
'. .Antes de llegar aLPital> congregación distante
de la ant^ior SO kilámetros, se atratiesan unas
{lequefias praderas, enlre mf^ potfiéüo pasto
creoe la preoicffliasendtiVa.' ^ :
La vegetación que ¡circunda estas mbariais,
ctoíbia délitddo, y cu«lqt;i^a croerla^tíállarse en
kxs campQfil de las aUjs ^mesas. Los endüos ^ um^
rm,Mhols¿pico'^ dan süfi^lrntos pa«
recidos-¿ péquefíis acliitams, so íás i^nicds que
alh sa ¿ciiiLocen^ jcaifgadcei; en su may«í parte del
fijbrosbhenb y'de;Otriaisinm(^iaspl|iatas parásitas.
Esta extrato ' vcgetseíon, en imÁlics^ ole una ?oúa
Terdaderkm9|ite trópica^ íadttiira|[á(» senclerta
^ia 0»uaír(|iie motíve «su repeutiudi mudanza:
tal vés^ infliiyá^eii «t^^ batüratok^ 4el terreno
algo fÍQiitigi¿dso . jEoí leb^as satmnas se ten pacer
muititudidel gallado^- ¿ ■ - »
:^'Pitalá3¡etóaííhoí;^é^ habitantes y se
halla situado' iSu"^ la i márgeb izquierda del rio,
m
foirwando : sttar casáis uoa aoik y ^rolon^ada
doso $;^/i^6ocll^() ftUí ooa e¿ íDüy Odgüial
ii(i8n)Me é&?rasp(tns(imbwr9í,/y ú caal ae ea-
cargfid^ d9:i&<^«siK|h«|lftase:áiáM>)^£liOEes qu« as
p«jF^a4kd§]lo6 o4»r^ji^bt0a l««m»ÍM; que se duda
mHiib.Q M qti^'9«A )Bbi^w el i»&inero de dos hx^
jas. Sste i^tol sirv^ al míscao tieoipo de oam-
panario, pues de su« Qüdotos bcaaos y entra m.
tapido foilíie, SBiüWipí^di^iitesdos.ótrBscám-
{^iasí qu§! aaoidfttúi el; eiuHmto! de tta pteci(iso
( !«
r t
COLONIA DE JiGALTfiPEG;
' A, 7: :ki}&Qfiirb8 del. Pital^ por uq torrdoD; fétá*
(ásim^, se^Uegftrá la odioma fraaoosa d^ JioaiHe^
pee, cUvidídajpor. el rio de Bobos, 6 sea ya tía de
If autk>. qu^dwdo la parte principal dala pobla-^
cion á la^.tn6rgdn Rececha y exte&diiiodoBé p(tf U
ii^qu^^rdai^^ «Bu^vo^rdistan^ d^ 17 kilóiaeietiios,
iBiibítttdliie raadioá poUades par mexioanes. y
&«QeQMSQ! E&taeoliviia, que pertenece al baátoo
204
de Misantía^ contará con unos mil habitantes^
trescientos de los cuales son de origen fraáees.
Se halla títoada á los -20^ A& 19' -aS de 1. ÍN.
y 2^: 16' íV'i i Je- longitud E, ^Uéiiétí.
Por apuntes i|3anu5crito5''qti« poseo del Sr.
D. H. B. de Bogtólawgki,ime'ifenctíentro: feliz-
mrate en: '^stptituá de ^odér <iar ^-álgónois detalles
históríisos fK2erca'dek^<mHde Jieaítepec/üniei
^e entre nodoti?<^' Uá pddfdíO estaiyl^cerse^ á pe-
sar de los ob^culos-' que tales '^mpi^ás-^en^n
que ■róttcer en^sué priobiplos^^ • '-- '" "'.
•:El£ftóde 183^ D. .EfijlébSíi Gue^cÁ ^onípró
á-D. 6«?eg«iri0' -Montoya por WsüBáá de' ^50 pe-
ses/ doce leguas cuadradas, poco más ó méndsrdé
terreno, situado á la orilla derecha del Nautla y se-
parado del mar por tierra3 de la propiedad de otro
francés, el Dr. Chavert.
Por iniciativa del Sr. Guenot formóse en Fran-
cia el sigUieiitO; 9í5a lá jéC)jni|>íuliíaiidé» Coloniza-
ción franco-mexicana de Dijon, emitiendo esta
2241 accioites, mitad .en; I ávot^ dcíhSr ;iGu¿not/4i-
redto£ de la ^empresa^ foxitad'paris^j^'tsüta'fi r^^
zon de i,0(KX freineos la acción, :pü|gabi(ló/áÚeaiá$
la ' soqiedad' .;al>propp Sr. Guen^Üa ¡sufijo: ^dé
434,<j)O0jfranco»por los-gasttó*d^*^^ ^ ^ -
•Xa primera enipedkixm, cbvríí^^ dtí^A(i(^<io^
kilos, . cruzói los 9iaréS'üon¡(Mr¿cíoti 4 Jioáltoped
en Setiembre de 1934,. á la qme siguió lasegtmdá
306
ioriDatia d^Íi^.mdividu<>8i.ea A|:)ril de i8Q^.
H0[bí)seI)Ss,i}apaestQ:á lod calóñeos ^)3to$'.ol)]¿garii
camm que m lidian] méaoftc queriieñuiri ^:m
propia peíjul9Í0'.y ¡m^ ^l r^^l' e^jk^leé^
snhsisím^^.d^h^^Q^^^ ^bH^aaéoá. lor daa
l^i prH];i€^a ^pedlcicm'ár.trada&jaur ebibeBeficíó .deáa.
soGied^9 i^ibUyéad^M t$^ .tra^)¿s,'(»fr el í4b^\
ld^ii>v49 SOO '^|@$; 9.Di^alíQ9'f ooniuiidgnio|ta rex*:
ta^^a; de:tg?j!9Rf> árjii^ a'uievd'efidaC^kFiiiidaila
bajo tales bases la forinacíoft^e.laveQlíOm^^ «desdé'
luegQj^xi^ia^ ep-i^U^ua pñi^ipioiaiitiBeonádii/^o^
no 6c^^paff4ifi^ pf^pÉriídad síBOiaimi^afa mesn^
tabilidadrc. rA4^f eilidá 1» . ai^iedad4e:B|j (m ide ese -
error^ Q^jdd^ósQS CQndioiooes.álQS cplonos.de!
la aegi(q4a^..Q¿p6die\oá;, ^9^m ilaá^csjdedaqQelbs.
esan libr.es en jsus. trabajos^ perocserles iimpoúia
el d^bes;- d?- ceder la .twe^ra pavter4e feus.protkc-;
tQS.T^piQ s^ye> .las ou^yag e^üpulacionea en:
nadam^ra^ai^.laisitaacíqjicddiM cíolanoe^ los;
cuales alrfin tqyiierQn qite déeidk^elda rescisioni, '
de heQ^D>;4§l^ coBít&to/ reujiiéitdosej en junta y.
decretando] di desoonoc,ii|^át(íT'd$M. Gu^enót^
coHiO;dírect95 de U-iqolftOia: /íJaiooacontecia en;
Guenot^; abandona la..di;i;feQÍon.á mt^.heifma^.^
J) : JvstinQy q.QJien> : por : las. cix^oúnstancias^ íüto:
que proseguir el misisio régimen de conducta' que
SU antecesor^ quedando {K>r idonslguieote )ft eo-
leojia soflMtfda al propiO' érden de^ttsaB. Exís^
tiendo la» miftiíiaq ctüSd»> fomso M^á cfoe sd^ sP
guietan idódticM efeetos> edto es^ el (fesc6áOci-
miedto de los colonos ¿toda airtoridád^ooteDial/
resolviéndose ¿ ttáb^at porim' pro|4á óiblbé^, y
á depositar^ hf^ot iiit«nta?io>^^ la éasa Á^h di«
raceicm>te0;hermmieiitas^if útiles la sociedad/
toda loeuatAié destruido 6ñ xm incendio tpe poto
tiempo después acaedó.
A la impTOiñsion; de lat oompaflfas (fae se for^^
naaroB en Fcaneia debe atribuirsQ pi^rU^ltfionte
los males quose siguieron al estableóimieftfode^
la colonia; en ptimer lugar por el pééimd siste^
ma de ;colonizacion adoptado^ y en segiiiido> por
la £sd*ta de tacto en, la elecoion dalos colono»^
puesto que la mayor parte de los que^ vinieron
nunca &eran agricultores^ y por coiisi^iente no
podia% en la región de qtíetrfttatnosy acostum-
brarse á los rudo» trabajos del e^po bajo la in-
fluencia de un clima^ para ellos^ abrasador.
. Establecióse^ en P¿^&^ después del aeónteeí*-
miento que be rrftódo (en l&^y una nueva so-
ciedad que organizó otra expediciott para Jicalte-
pae^ Ib cual Wegó^ so destino éni840. A la lle-
gada de istcs nuevtó pobladoras apenas etistian
en la ooloixía diez .familias qné habían podido^
mantcaieirse y aun adquirir una mode&ta ft^tuna.
207
La disoInQiop': de esta /tltima eompañia áiói p4irl
resultado la decisión de loaeolonot ^paiA^ tFali>áj«l^
cada cual có^ay me^ar pudieisdu' Desda entánées
subsiste la colonia^ aunque no eüél restado fioT&^l
cíente que era de esperarse.
Los colon^^ en sn mayor parte^ &Q:tral»ajan en
terreno propio^ smo en. el de la corntsaidád^ y es-
ta circunstancia engeoidift naturalmeniala deca-
dencia en lü^r de la prosperidsEdv R<íolono tra-
baja con asiduidad/ y adelanta eit taiitá que se
halla en aptitud de procurarse un porvenir para
él y 9u fs^mUiA. .£¡1: Sr. Martínez de la Torroiíha
procurádQlea.Qnifáen^ eodiéndo á unosc y .ixai^
. díendoá olros^lbajo ipmíü y plaiofaor^o^ic»^
terf Qnosr qi^e; de sovpf opiediad. baa desetdo dqne^
Uos adqultíir é h orilla itqüiea^da del Nautla. i
Otr4 oirquiisitaQda muy dijgna^eiobserTacioa ha
influido eñ la id^ad^ncía. de la* colonia; katispet
JícaltepecgQta de \in elima sano y no tan aid^n.^
te como otros lugarí^s de la eosta> desiarrollóse alk
en i861 ]» terrible enfermedad del Tómitoy que
ca^só I» muerte á tresciemtQs colonos^ todos^die ¡la
margen derecha del rio y ni uno solo íb te izquf er^
d». £s^}^ oireuustancia^ que únicamente puedobé'x-
plicaj^e por la diferencia en las' ccHodidones eüman '
tolOgic^s y por la o^eyaeían y resei:|aedad deH^m-^
na» no puede admitirse aq^í como oainsadea^ciBl
efecto^ puesto que tales condi^onea son- en -am-
'
9D8
I
has partes las mismas. No sé, por tanto, á qué
atribuir al^uei fenómeBOl
? La temperatura éá^teahepec hace 6leTar la co*
Uaaúi^ merourialr
A::lasiseis de la mafiana á 34^ C.
'' A las doce de la mafiana á 28^
A la una de la tacde á. • . 29®
A las tres de la tarde &. . 2ldX
f A las seis de la tarde á . . ^¿4®
■i:*; ' ' '
La:teíriperatura áqul indicada no es^ ni con
mueho;, semejante á la que elti^mómetro expre-
sa iei;rPa«o de 'Novillos, lugar niaái retirado que
el anterior^ dé lacosta.^ Los viiÑitos'qtre soplan
de las moátáfiks y la l^risa del mar refrescan el
ambiente, d^ndo salubridad á un lugar, que por
su situación próxinía á la costa d¿i golfo, debe-
ría ser extremadamente malsaínol El vómito no
es aquí endémico como en Vérácrúz, y las de-
más enfermedades son más benignas, á pesar de
eúsñr- aún montes cercanos que, ' al sef destrui-
dos, aumentarán sin dud$ alguna la salubridad:
-xTaúipoco existen en Jicaltepee^^y aun en todí
la' zona que seiba descrito, la eaiitidád de iflsec-.
tosiyreptfles venenosos que átormetíiaü á-los*
habitantes de otras regiones cálidas. Aquí los'
mRJscos^y el pinolillo, que sufre algunas trasfor-
209
macioaes, sen los animales que caasan algunas
molíistias. llpínolill©, ihsecto inip8rce|)t¡ble qu»
se adbfl€fpe.á;.las ratoas; y. ¡hojas ide lesárbolesien
número prodigioso^ se derrama en el cuerpo hu-
Sftabft inrodacieiiao una fuerte irritación, onafldo
por diescuido se sacude üúa rama sobre, el tran-
seuiite. ElpinoliMose trasfonuíi ea coUradUkLy
insecto rojo de mayor volumen; de ooloradiüa
pasa á conchuda, y este insecto, de mayores di-
mensiones, se convierte en garrapata. De la
garrapata nace de nuevo el pinolillo, v así suce-
sivamente.
Elevada sobre un ribazo del rio de Nautla, la
mayor parte de la Colonia de Jicaitepec, presén-
tase, desde la opuesta orilla, en poética y pinto-
resca posición con sus boscosas colinas y monta-
fias en el fondo, y sus hileras de frondosos man-
gos y árboles corpulentos bordando las riberas.
Las bellezas del paisaje que st aprecian en con-
junto á la clara luz del día, se tornan en mtoi-
cos efectos en tanto qu© reina la oscuridad de la
noche. Los diamantes de la vegetación, losfos-
forescentes cocuyos, cubren á millares el tupido
y agitado follaje de los mangos, á cuyo movi- '
miento, in^pelido por la brisa, deápiden aquellos
en todas direcciones sus blandos é intermitentes
destellos.
Abatida la temperatura por la llegada del sol
Carcía-Cobas.— 15
210
á su ocaso^ y modificada por las brisas del mar>
se goza de un ambiente fresco y delicioso duran-
te las noches y aun en las últimas horas de la.
tarde. Nadie sino el que haya tenido ocasión dei
experimentar^ en las zonas cálidas^ La transicioo,
de los fuertes calores del medio día al tempera**
mentó tibio y agradable de las noches^ puede
comprender esos goces.
ALGO SOBRE COSTUMBRES.
UN BAILE DE TARIMA.
Mi permanencia en Jicaltepec me dio á cono-
cer una costumbre muy generalizada en las cos-
tas de Yeracruz^ tal como la de los bailes de tari-
ma. Hallábame una tarde á las orillas del Nautla^
gozando de una refrescante brisa y contemplando
los efectos de los rayos del sol ya próximo al
ocaso^ cuando algunas detonaciones fuertes y le-
janas llamaron mi atención. Me apresuré á inves-
tigar la causa y se me dijo que eran producidas
211
por los cohetes que se eacendian como otras
tantas iuvitaciones al pueblo y anuncios de un
baile que debia efectuarse aquella misma noche.
A poco, otras detojiaciones siguieron á las ptí-
meras, con objeto de precisar el lugar de la reu-
nión, informándoseme, además, de que, si al
referido baile concurría, en yirtud de tan extra-
fia invitación, y era solicitado por alguna dama
para tomar parte en él, no me rehusase é com-
placerla, por cuanto á que tal conducta era con-
siderada por toda aquella gente coíno despre-
ciativa.
A pesar de estos informes, y á riesgo de ver-
me obligado á dar, con los tacones de los zapa-
tos, fuertes redobles á la tarima, pues de todo
es capaz el hombre decidido, me dirigí, en unión
de mis compañeros de viaje, al lugar de la fiesta.
En una de las calles céntricas de la población
y hacia el medio de ella, se habia colocado una
tarima cuadrada, poco elevada del suelo, y que
tendría aproximadamente ocho metros por lado.
Este improvisado salón de baile, cuyo techo era
la celeste bóveda y sus paredes el espacio, se ha-
llaba iluminado por la escasa luz de un farol que
pendia del cerramiento de una puerta. En torno
de la tarima se habia formado el estrado, ocupa-
do ya por los invitados que antes que uosotroft
hablan llegado.
212
Como di entero crédito al informe,, acerca de
la comprometedora costumbre que he Indicado^
me propuse eludir, tanto como me era posible^
Imi miradas de los concurrentes y ^6n particular
Us de ellas, pues, ¿ pesar de mi firma decisión^
llegado el caso, resistíame á poner. á prueba mi
mucha ó poca disposición para el fandango.
Quisó mi buena suerte, que nad^e fijara su aten-
ción en mí, y así, pude entregarme, libre de to-
do cuidado, á observar tan curiosa costumbre.
Una arpa, un bandolón y nudi jarana eran los
instrumentos á cuyos primeros acordes se dispo-
nían al baile las parejas, subiéndose á la tarima.
Ejecutaba la música alegres sones, muchos de
ellos pertenecientes á bailes pantomímicos; pero
los más arrebatadores y bulliciosos como el j^a-
rabe. La gracia y la destreza de los que bailan,
consiste en no perder el compás, y en imitar con
la planta de los pies el ritmo musical. Cántase
el eBtribülo; concluido el cual, cambian de po-
sición las parejas. El ingenio, la sátira y un fin
cáustico se revelan en las estrofas, cuya gracia y
mordacidad aumentan los cantantes con su pica-
resco, modo de decir.
Muchos de aquellos versos pude coger al vue-
lo, como se dice vulgarmente, y* retener en la
memoria; pero no todos son para escritos, pues
para ello seria preciso mojar la pluma en tinta
5J13
colorada: mx embargo^ muchos hiiy que pueden
trasladare al papel^ tales como los. siguientes^
que revelan el carácter de un pueblo, muy seme-
jante, bajo muchos aspectos, al andaluz:
Eres delgada y alta,
Pareja y lisa^
. Cujal si la vaira fiwras
De la justicia. ,
La mujer que tuvo aijiores
Na sirve para casada,
Porque.díoen loa doctores
Que de su vida pasada
Le quedan los borradores.
Negrita, flor de limón.
Dame de tu medicina
Para sacarme u];ia espina
Que tengo en el corazón,
Y al suspirar me asesina.
El amor que te tenia.
En una rama quedó;
Vino un fuerte reoiolino,
Rama y amor se llevó..
214
Que te quise^ fué verdad;
Que te adoré, fué muy cierto;
Que te tuve voluntad;
Pero aquel era otro tiempo.
Si me quieres, dimeló,
Y si no, dame veneno.
Que no es la primera dama
Que le da muerte á su dueño.
Si piensas que pienso si,
Si piensas que pienso no;
Si piensas que pienso en tí>
En eso no pienso yo;
Que vaya á pensar en tí
La madre que ....
Yo soy un gavilancito
Que ando por aquí perdido.
Por ver si puedo sacarme
Una pollita del nido.
En el mar de tu pelo.
Navega un peine,
Y en sus olas blanditas
Mi amor se duerme.
215
Desde que te vi venir
' ^ Le dije á mi corazón:
^í)ué bonita piedrecita
Para darse un tropezón!
¡Oué ojos me pelara el muerto
Si me viera con la viuda.
Hasta sacaría la mano
De su jofida sepultura! -
la vecina de allá enfrente
És una buensí^ cristiana.
Sale á misa por la noche
Y vuelve por la mañana.
I . j
Me dijiste que fué un gato
El que entró por tu balcón;
Yo no he vistoi»gfito prieto
Con socobreroy pant^Jon.
Según antes he manifestado, los cantores cob
su ademan picaresco éinteneional hipocresía píxh
Tocan la hilaridad de los oyentes. • Al entonar \a&
estrofas revelan ó fingen la mayor serenidad; y
con una indiferencia, verdaderamente estoica, lan*
216
zan el verso más picante y meardaz, cerrando hu-
mildemente lot ojos cuai áseí» viesen agobiados
por el sueño. Propónenséí mucltap veces, y por
largo tiempo, um competencia de improvisa-
ción, frecuentemente de. pié forzado, y entonces
los mayores, desataos se aduüan á uaa chispean-
te gracia. ' ^
Uno de los bailes piás notables es -el que se
conoce con el nombre d^^ la banda. Extienden
sobre la tarima una banda de seda en toda su
longitud, y á poco, los que bailan, sin perder el
compás y el ritmo musical, la enredau con los
pies, tejiendo tres lazos, siífaétricos, de los cuales
el del centro es de mayor amplitufl. T^ida ya la
banda en forma de guirnalda, ía cblcicán en la ca-
beza de la jarocha que" con ellos toma parte en
el susodicho baile i
Otras veces> énttísiasmddo alguno xJá. los asis-
tentes por el atradivd de*os ojos picarescos de la'
jarocha ó por su désttézia éü-el baik, sé aproxi-
ma á ella y le coloca su ancho sombrero en la
cabeza. Si solo es uno el que hace uso de esta
.galantería, la jarochita continúa bailando con
el sombrero puesto; mais siihubitre vario* imi-
tadores, aqueíLla! no permifó, pammi inl@nr6fen'^
sa, que^üno ó más sombreroá se áóWi^pangí^ ai
primero^; y en tal caso; prosigue baHai^aGan iu%
solo sombrero puesto^ y los otros eii las mano».
217
•Concluido el baile,. la que ha sido objeto d« aque-
llas atenciones, toma asiento: en el estrado, eon:r
jíervando los sombreros y esperándola que sus
düefios los demanden. Cada eual pide el sayo,
lentregundo á. la que los ha honrado, una ó -m-
rras moiiiedas de plata á guisa de gala, con lo
^xiú llega aquella á reunir muy buenas propinas*
^'Talds son los Bailes de Tarima.
■ 'PUERTO DE SAN RAFAEL.
^vSi me fuera dabifí convertir algunas de núes-
tms! ricas -mmas en otros tantos ríos navegables,
no Vfld^kdaim momento en ^ectuar la transfoiv
íÁaám. La falta, casi absoluta, de tales vías qx-*
peditas deconáunicadion es uno de las obstáculaé
pora el esiayeeimiento de colonias, y por consi-
guiante pataKel plrogreso rápido de la industria, de
k agricultura y del comercio, fuentes inagotá^
ble¿ de la riqat^za pública. El rio de Nautlapob
suB'f recuentes rápidas, por su lecho arenoso, f
por: sus frecuentes vueltas, no se presta para \má
218
gran navegación^ cual la requiere la fértil zona
que he descrito. En el Pital, á 25 kilómetros^
por agua^ de la barra^ cesan las rápidas^ estable-
ciendo el rio su curso más regular^ que facilita
la navegación á remos hasta Jicaltepec, y desde
este punto á la barra, por embarcaciones que no
midan más de 35 toneladas y cuyo calado no ex-
ceda de O m . 70, según lo demuestra el ingeniero
Francisco Jiménez en su interesante informe dado
al Ministerio de Fomento.
De todas las rancherías establecidas en la már«
gen izquierda del rio, la de Zopilotes es la que
merece mayor atención, así por los elementos
que para su prosperidad puede desarrollar, como
por ser el punto objetivo para el establecimiento
de una colonia bajo nuevas y convenientes bases,
y la cual se halla situada &2X kilómetros N. 0.
' de Jicaltepec, en la vuelta qué hace el rio. €omo
acabo de observar, el lecho arenoso de éste es
una dificultad para la navegación .por buques de
mediano porte; pero la canaüzadrin, rráiovióndo
la arena por medio de una draga, será, dn duda^
el medio más eficaz para destruir aquella. JSn-
tónces la nueva Colonia de San Rafael, hoy ran-
chería de Zopilotes, se convertirá en un puerto
de exportación de nuestros más ricos frutos. Las
embarcaciones pequeñas aüuiráa á él para tras*
bordar á otras mayores, azúcar, café, cacao, raíz
J
219
de Jalapa, zarzaparrilla, tabací), vainilla, pre-
ciosas maderas de construcción, exquisitas frutas
y ganados.
Tales consideraciones me hicieron recordar al
Sr. Martínez de la Torre las ideas que desde mu-
cho tiempo antes le habia* manife$tado respecto
de la conveniencia de unir la ciudad dé México
con el puerto de Nautla, por medí» de un. bmu
camino carretero, ya que no fuera posible por la
vía férrea. Tan arraigada estaba en mt esta con-
vicción^ que me apresuré 4 exponerla al ilus-
trado Ministro de Fomento, el Sr. D. Jesús Te-
rán, quien desde luego aceptó 'mis indicado-
nes, ordenándome que desarrx)llara el pensamien-
to. La proximidad de Nautla más que otro punto
de la costa respecto de México, la feracidad de
los terrenos de aquella zona caliente^ la bondad
del clima relativamente á lois otros lugares de la
misma costa^ Ifis ventajas que ofrece la navega-
ción del Nautla, en la escala que antes henpios
indicado, los menores accidentes de la Sd^ra Ma*
dré, por el rumbo de Teziutlan y la sucesion.de
llanuras desde México hasta el pié de aqudila
i^rra por Apam, Huamantla y SaniJuan deiosi
Llanos, eran otros tantos argumentos que apoya-
ban mis ideas para la apertura del referido i ca«
mino, y hubiera insistido en ellas, atendieníTo á
la buena voluntad de D. Jesús Teran, á no har
220
berlo impedido la iutervencion europea con sos
oonsiguieotes trastornos.
No puedo comprender la prosperidad de un
país sin el desarrollo de las mejoras matmales.
Un camino^ un puente^ un canal^ valea más para
una nacioo^ que por cada uaa de esas obras mi-
llones de. pesas en efecÜTo. Duéleme^ por tanto^
esa apatía^ es6 egoismo ,qu6 se advierte^ con hon-
rosas exeepciou^^ eo nuestras clases sociales que^
estando eü posibilidad de bacer mucho por sa
patria^ mixmx con indiferencia sus males . Aquí no
se conocen^ como en los Estados-Unidos^ en es-
cala relativa^ las empresas de colonización^ ni
compañías industriales; nacen las iniciaüvas y
SDuereQ en*sa cuna por falta de capitaiistas em-
prendedores. En vano trato de inquirir la causa
del adormeoimlento del patriotismo^ siquiera para
reifielarla á quien pudiera remediar, tan uooíyo mal .
Para eivitar esteidJigreáion en^^que empezaba ¿
engolfarme^ peroxítasemd ásites da concluir^ apre^
ciai' el porvenir ddesU región que he Visitado
oóo inmenso > placer^ y para ello volTamos á Te-
xiñtlaná' fin de refark una oanirersaelon que S8
grlJ)ó en tíd memona^ y ^qne miida bien toda la
fe que en el hmaastar de^ estos pueblos pujeds
abrigarse.. ->
Teziatlan es la tierra natal del Sr^ Martínez de
la Torre> quien entre sus sentimientos cuenta con
221
uno, para él de gran poder, el profundo amor que
le profesa al pueblo en que nació. Natural es
que las personas que le acompañan y visitan le
hablen de todos los proyectos de mejoras mo-
rales, materiales y sociales que en aquel rumbo
pueden desarrollarse. -
En una tarde bellísima subimos á la 'bóveda
de la preciosa capilla del Carmen de Teziutían,
y contemplábamos el encantador panorama de la
población, dirigiendo nuestras miradas sobre todo
un horizonte que, se presentaba bello y halaga-
dor á nuestro espíritu de viajero, y tierno y pa-
triótico al corazón de Martínez de la Torre.
Al admirar la belleza con que Dios ha dotado á
aquella población, viene al espíritu el pensamiento
de un futuro de felicidad, de progreío, de gran-
des adelantos para las generaciones que están por
venir, y nosotros nos preguntábamos: ¿qué será
Teziutían, tan preciosa población, al pasar unos
treinta años? ¿Cuántas familias la visitarán, cuan-
do el ferrocarril llegue á Perote, y pueda hacerse
el trayecto desde México en un solo dia? ¿Cuán-
tos elementos va á reunir esta ciudad que es el
centro de la sierra, la capital propiamente dicho,
de esos pueblos ricos de bienes de fortuna y aun
mas ricos por su amor al trabajo y á los ade-
lantos?
Este fué el tema de nuestra conversación, del
222
cual se despreodian vaticinios que dejaban satis-
fechos á los hijos de aquella preciosa población^
en donde encuentran afecto sincero todos los que
la visitan y una verdadera patria los extranjeros^
que viven como en la tierra propia^ formando
luego familias honradas que se confunden en to-
dos sus goces con los hijos del país.
El comercio en Teziutlan está dividido entre
nacionales y extranjeros^ y éstos^ tomando afi-
ción á los hábitos del campo^ invierten parte de
su capital en la compra de propiedades rústicas
y urbanas^ asimilando en todo sus costumbres
á las del lugar en que viven.
Mil reflexiones brotaban sobre esta materia^
tomando parte en la conversación el activo gefe
político de Teziutlan, así como el de Jalacingo,
el Sr. D. José J. Guzman, que fué siempre nues-
tro apreciable compañercv Todos fijaban, como
base para la prosperidad de aquellas poblaciones,
el desarrollo de la gran riqueza de la tierraca-
liento, que partiendo de los pueblos de la sierra
llega á las orillas del mar.
El reconocimiento que hice del trayecto de Te-
ziutlan á Nautla, vino después á comprobarme
que los cálculos nada tenian de exagerados.
Nuestra conversación parecia un tejido de flores,
como lo que los estudiantes llaman jardín en las
dulces expansiones de la imaginación. Yo, que
223
no tenia motivos, más poderosos que mi fría ra-
zón para apreciar lo que habia.oldo^ medité so-
bre ese halagador presagio del porvenir que bro-
taba de la imaginación estimulada por el patrio-
tismo; y ¿.semejanza de los viajeros que, al ror
correr países desconocidos, aventuran asevera-
ciones que se refieren al futuro, voy ápertíiitirme
decirla qíie creo serán esas poblaciones antes dé
algunos afios.
Teziutlan, hoy ciudad reducida, caminará por
la genda del progreso á pasos rápidos, y será siem-
pre notable el adelanto de sus hijos, porque allí
no hay conflictos privados que dividan á las fa-
milias, y la autoridad política, el párroco delpueblo
y los particulares trabajan para mejorar en todo
una población que por la naturaleza. tiene mucho
que dar y por sus actuales pobladores mucho que
esperar.
Siguiendo el recuerdo de la conversación no
puedo dejar de estampar aquí un deseo de mu-
chos de los vecinds de Teziutlan. Esta población
dista ocho ó nueve leguas de Perote, adonde lle-
gará dentro de poco la hnea del ferrocarril, y es
fácil de construir un ramal que ligue esos pue-
blos. El ramal de Perote á Teziutlan presenta
facilidades que sabrán aprovechar aquellos pue-
blos llamados á ser el depósito de valiosos frutos:
tal es el deseo de los teziutecos.
224
Ahora que México entra, tal vez para siempre,
en el camino de la paz, es preciso tocar todas Iss
cuestiones que mas de lleno afectan su porvenir^'
y entre ellas la colonización tiene á.mi juicio un
lugar de preferente distinción. A ella tiene, el
gobierno que consagrar su atención, y como punto
que satisface cuanto puede apetecer el inmicfrante,
debe designarse toda la región que atraviesa desde
Paróte hasta Nautla. Por esa costa de Veracruz,
en la que se hallan situados también los puertos
de Tecolijtla, Tuxpan, Tampico, etc.., solo se ne*
cesita dirigir bien al principio la colonización,
que ella vendrá abundante una vez que haya
acierto en ios primeros pasos*
No me creo autorizado para poner como un
programa indefectible de Iqs sucesos futuros, lo.
que ofrece la colonia de San Rafael; pero si el
Sr. Martínez de la Torre, firme y constante en
su propósito de fundar una gran colonia, no se
detiene .ante las dificultades naturales de una em-
presa de esa magnitud, la nueifa colonia será la
base de una numerosa inmigración, particular-
mente francesa, porque abundan en sus terrenos
las mejores condiciones: 1 .^ Una tierra fértil con
ricas maderas, regada por el copioso y fecun-
dante rocío de k noche. 2.® Medios de expedita
comunicación, porque la colonia situada á la orilla
del Rio Nautla puede fácilmente embarcar g s
225
frutos para Veracruz, ó traerlos para la mesa cen-
tral. 3.® Grande econonaía de trasporte para los
innaigrantes, porque desenAarcando en Veracruz,
pueden en véinticmatro ó treinta horas llegar por
Nautla á la colonia. 4.® La inmigración francesa
al tocar las playas de Nautla se creerá en su pro-
pia patria porque llega á una población francesa
donde bay, por instrucción del Sr. Martínez de
la Torre y autorizada por el gefe político, una
junta de mejoras materiales que tendrá entre otras
atenciones la de recibir á los inmigrantes, aten-
derlos y procurarles trabajo y comodidad. S.^
Gran abundancia de los elementos precisos para
la vida, pues que los cereales se producen pro-
digiosamente, y carne y pescado fres«> hay de
sobra. 6.® Facilidad de trabajo, porque conoci-
dos y cultivados esos terrenos en alguna exten-
sión por los arrendatarios francesa, solo esperan
mayor número de brazos para aumentar una pro-
ducción que en su creciente progreso, hará sin
duda la riqueza de esos colonos.
PUERTO Y BARRA DE NAUTLA.
Habiendo llegado á la colonia de Jicaltepec,
consideraba ya como un delito no proseguir mi
excursión hasta la playa. La presencia del mar
García-Cubas.— 16
226
siempre sorprende, siempre impone, ora se le vea
en calma, ora agitado por sus tremendas borras-
cas. Allí es donde la mente concibe la idea de lo
maravilloso y de lo sublime. Las olas que nacen
violentamente á impulso de los vientos, y que
en tanto que unas mueren surgen otras de nuevo,
su continuo y uniforme movimiento en dirección
de la costa, con sus penachos espumosos, bri-
llantes y agitados; el agua que se derrama sobre
el plano inclinado y arenoso de la playa, deposi-
tando en ella sus calcáreos despojos; y por últi-
mo, la borágine que forman las olas precipitan-
■ dose sobre el agua que de la playa se retira para
volver al seno del Océano, todo^ causa al espec-
tador el mayor asombro.
De Jicaltepec á Nautla hay una distancia *de
11 X kilómetros por tierra, y 16 por agua. Por
falta de una embarcación hube de hacer la tra-
vesía por el primer medio. Tresnó cuatro emi-
nencias de poca consideración interrumpen la
planicie de la costa, y desde ellas se gozan vis-
tas en extremo agradables. Los franceses han
establecido algunas granjas y dehesas, á uno y
otro lado del rio, que se ofrecen á la vista del via-
jero como paisajes pintorescos de la Suiza, salvo
la vegetación tropical, que en todo el trayecto
es tan abundante y feraz como la anteriormente
descrita: encuéntrase al fin del camino el agru-
227
' pamiento de casas de lodo, paja y zacate, dise-
minadas las mas en las llanuras, y formando ca-
lles algunas, las cuales constituyen la población
del puerto de Nautla, situado á 20« 12' 43" 44
L. N. y á 2<> 21' 30^' 8 de long. E. de México.
Al llegar al puerto, mi primer cuidado fué el
de procurarme una embarcación que me condu-
jese á la barra, conseguida la cual, me instalé en
ella en compafiia de mi amigo Sánchez Fació. El
remero, en atención á que el bote era celoso^ nos
recomendó la mayor tranquilidad, y botando^ al
principio para bogar ^ después, surcamos las
aguas del angosto estero de Nautla, y á poco nos
encontramos hendiendo las cristalinas aguas de
la extensa ria del mismo nombre. Las márgenes
del estero se hallan sembradas por el precioso y
florido ramaje de los laureles, macho y hembra,
y bordado por los lirios y la preciosa majahua,
planta que da una semilla parecida al ajonjolí.
En las márgenes del rio crece la misma vegeta-
ción, distinguiéndose, además, las impenetrables
barreras de los manglares. La diafaneidad del
1 Que es sensible y. se mueve mucho.
2 Hacer caminar el bote'á impulso del remo que al-
<:aiiza al fondo del rio y se apoya en él.
3 Hacer caminar el bote á impulso del remo produ-
ciendo el esfuerzo en el agua.
228
agua permite descubrir^ muchas yeces^ el lecho
arenoso del rio y los peces qae en su seno se agi^
tan^ nadando unas veces en opuestas direcciones
y saltando otras sobre la superficie^ produciendo
un leve chasquido.
Caminábamos en dirección de la Barra^ eo los
momentos en que estaba vaciando la marea ^^
como á una legua de distancia^ cuando un ruido
persistente y lejano^ muy semejante al que produ*
cen las nubes tempestuosas antes de descargar sos
fuertes granizadas^ atrajo nuestra atención: eran
los rugidos del Océano^ enfurecido por el azote dd
fuertes turbonadas, ^ y en tanto que el mar per-
maneció agitado á consecuencia del pasado hura-
cán^ apenas se hacia sentir en el rio una ligera y
agradable brisa. La límpida superficie de las aguas
formaba anillos ^ y cabrillas de viento,^ y no
macheteaba ^ como en el golfo la marejada.^ A
medida que nos acercábamos á la barra^ mayores
eran los estruendos del mar y mucho mayor mi
impaciencia por contemplarle libremente. Ya
cerca de la desembocadura del rio fué preciso
1 Bajando la marea.
2 Turbonada, huracán momentáneo.
3 Pequeños círculos concéntricos formados en la bu
perficie del agua.
4 Ligeras ondas en la misma superficie.
5 Azotar el aire fuertemente.
6 Fuerte golpe de las olas en la playa.
229
Inrar ^ á la derecha, pues la Barra cruzada, ^
y la resaca ^ nos impedían salir al mar en taa
débil embarcación como la nuestra* La ranche*
ría, Uamadadela Barra, fué nuestro seguro puerto^
y ajanas puse los pies en tierra firme, corrí pre*
oipitado por los arenales, salvando los pequeños
médanos que xm interceptaban la vista del caar^
para contemplarla más grande y maravillosa obra
del Criador sobre la tierra.
Volvíme á poco á la raachería deseoso de vór
fisgar,^ deseo que no logré por no estar el mar
6Q calma chicha^ j hube de contentarme con
ver solamente atarrallar. ^
Las gaviotas con su rápido vuelo surcaban el
aire oblicuamente y se arrastraban por la super-
ficie de las aguas marinas para alzar de nuevo su
vuelo y perderse en el espacio, en tanto que de
entre los manglares y matorrales del rio sallan
1 Voltear en determinada direccioii.
2 Choque de dos aguas que hace zozobrar una embar-
cación.
3 Agitación del mar sobre ua cabezo ó punto de arena.
4 Pescar por medio de la fisga (otate en cuya extre-
midad hay Tin arpón).
5 Calma completa. Para fisgar no es condición precisa
esta circmistancia, pues basta para ello que la mar no
esté muy agitada.
6 Pescar con atarralla, que es una red de pita.
230
precipitadas otras aves^ como alcatraces^ garzas^
candiles, y el Martin pescador.
Antes de regresar á Jícaltepec pasé mucho tiempo
en contemplación delante del Océano; miles do
ideas surgieron en mi mente, y me creí felix pen-
sando en que podría trasladarlas al papel. Una
triste realidad ha desvanecido mi ilusión: miin-
suficiencia para describir aquel prodigio de la na-
turaleza/pues todas aquellas ideas que su presen-
cia me inspiró, quedaron sumergidas en su in-
sondable abismo.
México, 25 de Abril de 1874.
UNA EXCURSIÓN A PEROTE.
Al Sr. D. Anselmo de la Portilla.
Si debiera juzgarse de la fertilidad y belleza
del Estado de Puebla por las llanuras de Chai-
chicomula y San Juan de los Llanos/ que se ex-
tienden al Oriente de su hermosa capital^ so ad-
quiriría una triste idea de su territorio. Esas pla-
nicies extensas y en gran parte arenosas^ sin la
menor corriente que las fertilice, producen una
impresión desagradable, á lo que contribuyen
varios cerros aislados que en medio de aquellas
se levantan, notables tansolo por su completa
desnudez. La monotonía que allí reina excita el
más vivo deseo de traspasar los límites de esa
232
zona en busca de otra región halagadora. Crée-
se á cada paso que el espejismo, bajo la influen-
cia de un sol reverberante, va á ofrecer sus
mágicos efectos, contribuyendo tal vez esa espe-
ranza á hacer sentir menos las fatigas del cami-
no. Las miradas del viajero buscan con avidez,
en torno del horizonte, algún punto notable en
que fijarse, y solo uno logra su afanoso empeño
en la elevada mole del Citlaltepetl.
La helada cumbre de esta eminencia, cuyas
entrañas están en ignición constante, observada
desde la llanura, produce una impresión que solo
puede ser comparada á la que el^navegante ex-
perimenta al contemplarla desde alta mar, como
la estrella luciente que le guia al término de su
viaje. La absorción de los vapores atmosféricos
por esa sierra, cuyo núcleo forma el Citlaltepetl,
y los fuertes deshielos, dan nacimiento á varios
ríos que fecundizan y vivifican la vertiente orien-
tal que en escalones desciende hasta Itó playas^
en tanto que tales ventajas no se observan en la
vertiente opuesta, cuyo pié descansa en las cam*
pinas de Puebla.
Sin embargo, bajo la benéfica influencia de las
lluvias, el aspecto de esas llanuras cambia tem-
poralmente, brotando el pasto en abundancia y
cubriéndose por completo con el verde ropaje
del maíz. Solamente los arenales que por Tepe-
233
yahualco se extienden hasta Perote^ conservaa
siempre el mismo aspecto triste y desconsolador.
Tal vez esta circunstancia motivó la falsa apre*
eiacion de un viajero francés^ según el cual nada
en nuestro territorio era digno de atención y sí
todo monótono y triste. Si de los arenales de
Perote y Tepeyahualco hubiera aquel viajero
continuado su excursión^ sin salir de los límites
del Estado de Puebla^ á las sierras de Huauchi-
nango^ Tlatlauqui^ Zacapoaxtla y Teziutlan, ó
bien á los bellos distritos de Oeste y Sur^ se ha*
bria visto obligado^ ante tanta belleza natural^ á
cambiar de opinión, asentada de una manera tan
inexacta como indiscreta y aventurada; pero ya se
sabe que la ligereza y la ignorancia son los rasgos
característicos de los viajeros extranjeros^ con muy
pocas y honrosas decepciones. Tan convencidos
estamos los mexicanos de esas cualidades de far-
sa y mentida sabiduría, que leemos sus obras coa
la preconcebida intención de reimos de sus des-
aciertos.
Si bajo el punto de vista pintoresco nada ofre*
cen esas campiñas á la atención del viajero, pre-
séatanse, sin embargo, muy interesantes bajo su
aspecto geológico. El terreno entre Ghalchicomu-
la y Perote revela, á cada paso, la acción del fod**
go. Las capas de toba volcánica alternan con las
de la lava basáltica en toda la zona, cubiertas por
234
la tierra vegetal. Los detritus y ceniza volcánica
revisten las hondonadas^ en donde^ depositándo-
se las aguas han formado las pequeñas lagunas
de Quecholac y Alchichica. Al Norte de Ghalchi-
comula^ y adelante de la hacienda de la Capilla^
se ven extensas barreras circulares de basalto
escoriáceo^ y en abundancia la obsidiana y piedra
pómez. Ninguna corriente de lava observé que
descendiendo de la cordillera ligase esta agióme*
ración de escorias^ por lo cual es de inferirse que
en ese mismo lugar abortaron del interior de la
tierra^ presentándose como los labios de un cráter.
Cerros y colinas de diversa extensión manifies-
tan^ por su completa desnudez^ la extratiñcacion
de sus rocas calizas^ más ó menos compactas^ y
entre las cuales se encuentra la piedra litografié
ca en los cerros de la Cofradía^ á una legua S. 0.
de la hacienda de San Antonio. Cerca de la lagu-
na de Quecholac^ al Occidente de ella^ se encuen-
tran los cerros de la Preciosa^ con vetas de pla-
ta^ que constituyen el distrito minero del mismo
nombre.
Lo que principalmente llamó mi atención eu
estos terrenos^ después de abandonar el ferro-
carril en San Marcos^ fué el aspecto volcánico de
algunos puntos de la hacienda de Xalapasco. Dos
violentas depresiones, enteramente circuUres, in-
terrumpen la llanura, presentándose, por sus rá-
235
pidos y extensos taludes y por su fondo plano y
profundo^ como dos inmensas calderas. La toba
volcánica, revestida de tierra vegetal, cubre las
pendientes, las cuales se ven surcadas por grie-
tas profundas que, como otros tantos barrancos,
descienden desde la cumbre al fondo del valle.
En estas hondonadas se depositan las aguas llo-
vedizas en gran cantidad, pero luego desaparecen
por medio de innumerables filtraciones.
En la hacienda de Xalapasco tuve nc»ticia de la
existencia de unos cerros llamados «Las Derrum-
badas, t> al Occidente de la hacienda de la Capilla,
obi^rvándose, al pié de ellos, el desprendimiento
de gases, considerados en la comarca como esen-
cialmente medicinales.
Por circunstancias independientes de mi vo-
luntad, no me fué posible trasladarme al lugar
de «Las Derrumbadas» para observar el fenó-
meno, tan notable como digno de estudio, de
ios batios de vapor allí existentes. Mi permanen-
cia en Xalapasco fué de poca duración, y muy á
pesar mió hube de abandonar aquellos lugares
para proseguir nái camino con dirección á Perote.
Un alemán, dignísimo miembro de la Socie-
dad Mexicana de Geografía y Estadística, el Sr. D.
Carlos Sartorius, que residió entre nosotros y cu-
ya reciente muerte lamentamos, se expresa en los
siguientes términos respecto de la existencia de
236
los baños sulfurosos de cLas Derrumbadas^}^ en
su obra intitulada Mexiko und Mexikaner
(Darmstadt 1852).
<]cAl Poniente del Pico de Orizaba^ hacia las aJk
tas planicies, se encuentran también dirersos fe*
nómenos volcánicos. En un escorial^ enteramente
desnudo de vegetación^ brota del suelo un vapor
de azufre. Los indios aprovechan estas azufreras
calientes para baños de vapor, haciendo excava-
ciones de tres pies de profundidad y de otro tanto
de anchura, en las que se meten, cubriéndolas
después, de suerte que solo la cabeza les queda
de fuera. En las cercanías está también un grupo
de montañas llamado ((Los Derrumbados,» dé
las cuales una está rajada « De la profunda grie*
ta brotan llamas con frecuencia.»
Otro ^critor alemán^ Karl B. Heller, á quien
la ciencia geográfica debe muchas noticias inte*
resantes sobre nuestro país, es más explícito;
y en la pág. 90 de su libro Reisen in Mexiko
(Leipzig 1853), dice así:
dcLas dos montañas más altas, cuya elevación
sobre la planicie puede ser de mil á mil quinien-
tos pies, han dado á esta comarca el nombre de
ccLos Derrumbados, » á causa de su escarpada fal-
da. Una montaña más baja, situada al Noroeste
de Tepetitlan, se hace notar á causa de los cons-
tantes vapores y del humo que se levantan de su
■H
237
cima, los que de noche esparcen hasta lo lejos
una luz clara. Este cráter es nauy activo y de
fácil acceso: la gente de los alrededores^ como
8U altura es poca^ va allí con frecuencia para
sudar con el vapor caliente y lihrarse de muchas
enfermedades reumáticas y gotosas. 9
Tales son las únicas noticias que he recogido
acerca de los baños de vapor de a Las Derrum-
badas; y> noticias que me ha facilitado, desde Ber-
lín, mi amigo el Sr. D. Ángel Núfiez.
El objeto principal de este articulo es la des-
cripción de Perote, según puede inferirse del tí-
tulo; así, pues, no me detendré más en otros por-
menores ajenos de aquel lugar.
Perote es una población que muere. Su exis-
tencia ha seguido las vicisitudes del castillo del
mismo nombre, y hoy sus tristes y desiertas ca-
lles son únicamente el reflejo de la destrucción y
aniquilamiento de la fortaleza.
El tiempo y el olvido han hecho desaparecer
los datos de la fundación del pueblo, y solo se ha
conservado la noticia de la del convento de reli-
giosos de la Orden de la Caridad, bajo la advo-
cación de Sao Hipólito, con el principal objeto
de dar hospitalidad á los españoles pobres que
llegaban en las flotas y transitaban por el lugar,
erogando los gastos, para llenar este fin, cinco
238
haciendas de labor y once ranchos de las inme-
diaciones.
En i 709 existia ya la Hermandad de los pa-
dres hipólitos^ y se cree que fueron los primeros
pobladores desde tiempo inmemorial y poseedo-
res del terreno que hoy ocupa la población en
los desiertos de Pero.
En 1770 fué evacuado el convento, después
de lo cual éste y la iglesia se convirtieron en rui-
nas. La fecha de este acontecimiento coincide
con la de la construcción de la fortaleza, como
se verá mas adelante.
La población de Perote, antigua Pinahuizapam,
pertenece al cantón de Jalacingo, Estado de Ve-
racruz.
Su clima es extremadamente frío, marcando
el termómetro, en el verano, á las cuatro de la
tarde 14<* C, según la única observación que pu-
de hacer en mi tránsito por el lugar. Como antes
he manifestado, el terreno en que se asienta la
población es arenoso y en extremo poroso, de tal
suerte, que absorbe por completo el agua que
procede de las vertientes del Cofre, impidiendo
que establezca su corriente. Perote llegó á tener
cerca de cuatro mil habitantes; pero hoy su de-
cadencia es tal, que no llega á mil el número de
sus moradores. Por todas partes y eri todas sus
calles se ven casas cerradas, que solo ostentan
239
las muestras de los ramos de su antiguo comer-
cio, y apenas una que otra tienda de abarrotes
abre al público sus puertas. Hállase situada la
población al pié de la falda occidental del Cofre
de Perote, á dos mil veinticinco metros de eleva-
ción sobre el mar, en la boca de la sierra; cuya
circunstancia, unida á la topografía del terreno,
decidió á la Qonstruccion de la fortaleza, como
punto estratégico á inmediación del pueblo.
La noticia más antigua respecto de la exis-
tencia de este pueblo y de su nombre actual, da-
ta del año de 1 542, según un testimonio de po-
sesión de un lote situado entre Gáceres y Pero-
te, mandada dar por el virey D. Antonio de
Mendoza á Hernando de Robledo, vecino de
México.
Que el nombre de Perote fué dado al anti-
guo Pinahuizapam, inmediatamente después de
la conquista, lo comprueba la siguiente relación
de Torquemada, en su Monarquía Indiana:
« De esta parte que mira al poniente, volvien-
cc do al mediodía de estas serranías dichas, hay
« otras iendo de México á la Veracruz y puerto de
(L San Juan de Ulua, de las cuales la una se Ua-
« ma Sierra del Cofre; por que en lo mas alto de
« ella está un mogote ó cabero muy señalado
ce que le. llaman el Cofre y los naturales de esta
« tierra le llaman Nappatecutli, que quiere de-
240
« cir: Quatro veces Rey ó Seftor; al pié de esta
« sierra hay una agua que la llaman Pinahuit
« zatl^ que quiere decir vergonzosa ó de vergflen-
c ga. Otro arroyo hay cerca de estoque llaman
« Temaicalatl por donde toma la sierra estos dos
c nombres Temazcalapa y Pioahuizapam y en
<K este lugar está ahora situado el Hospital de Pe-
c rote^ el cual nombre cobró del primer espa--
(c ñol que allí en aquella parte hizo una venta. d
Tales son las sucintas noticias que^ respecto
del pueblo de Perote^ he podido recoger.
En 26 de Noviembre de 1763 el marques de
Cruillas, dirigió al virey de Espafia una iniciati-
va para que en el llano frío y reseco de Perote
se construyeran por cuenta de la Real Hacienda
extensos almacenes para conservar los repuestos
de armas^ municiones, pólvora y harinas, á fío
de socorrer prontamente á Veracruz é Islas de
Barlovento en casos de guerra.
Las antiguas expediciones piráticas de Loren-
cilio á las costas de Veracruz, y los justos temo-
res de ser éstas invadidas por fuerza de la ar**
mada inglesa, con cuya nación se hallaba en
guerra la Espafia, inspiraron la idea no solamen-
te de poner en estado de defensa el Castillo de
ülúa, y la fortificación de Antón Lizardo, para
cuyas obras se presupuestaron mas de 2.700,000
pesos, sino de la construcción de^ la fortaleza de
2it.
Perdte^ qae. además de su objeto principal indi-
cado, se le daha^ ée pod«r aervir de un lagar
seguro de depésito á léscaudades.cfue ¡periódica-
meníB 8e conducían de México á Vewíam.
La resolucicH» definitiva para la .©{««tcitóéion
de un fuerte y ño de aioaples alniacaies, llegó
Ú maraes de Groii por real cédula de 20 de
Noviembre de i 769, s^robaudo el nombramien-
to del director- de la olbra, henAo m faiYta del in-
geniera D. Manuel Sautiestevan, y icomumoando
las precisas initeactíones |)ara la mayor amiúia-
cion M rfroyecto primitivo, pues al Tejt parecia
muy reducido el frente qaé, según sji proyeoto,
se duba á la fortaleza, y por tanto d^ para re^
sistir rudos ataiíjaes. ; , . ;
Púsose mano á k pbr^ ei^j25 de Junio de ,1770,
con arreglo al plano, foumaido por su Jbóbiídirec-
tor y bajo la basedel siguióte presupuesto;
f
Muro principad, ¡eídavacioB. ; . 2¿i
Mampestería ordinaria, diez mil : '
qidnientas: noventa y ocho va-
ra» cúbicas. 31 794
Muro principal, 40,311 varas cúj, : /
^^"^^ ../.•: ... 120,933
A la vueíta. . . . 152,988
Gabcía-Goba«.~17
242
Déla vuelta. . . . 152,988
: Ciento cincuenta y nueve estri-
bos para cortinas, flanooé y
cajas. ; . . . 23,413
Mil trescientias sesenta y dos va-
ras lineales de cordón de un *
pié de diámetro. ....... 255 03
Siete mil cuatrocientas sesenta y
nueve varas cúbicas de park-^
peto. . .'. . . ^22,407
Novecientas tres varas cúbítas
de banqueta 1,709
Mil cuatrocientas varas longitu^
dinales contraescarpa 100
Quince mil cuatrocientas noven-
ta y dos varas cubicad de mam-
postería para levantar el maro
de la contraescarpa 46,478 •
Cuatro mil doscientas varas cú-
bicas de mampostería ordina-
ria para el parapeto del cami- •
no cubierto. 12,600
Construcción de ocho traversas. 1,740
Excavación del foso 6,000
Excavaciones, pies derechos de
empuje, costados y pilastras
m
Al frente. ..... 267,690 03
^43
,!.. Del frente. 267,690 03
para las bóvedas de los edifi-
cios anteriores. 21,152
I>ó0 mil den -varas ¿ubicas de
., QQjSLmpostería die ladrillo para
.formarla rosca^... ...... 10,500
Por mampostería ordinaria de una
vara'de grueso para él cáseo de
la bóveda. .. V. . . ... . .12,600
Muros*'. ... . ;. i. . .......: 5,412
^uiartalia^ para la tropía. ..... 12^840
Edificio paralelo >á Ips anteriores. 12,620
Escaleras y corredores para los
cuarteles. 2,776
Edificio paralelo á la puerta prin-
ciüal 7,051 40
Escalera y corredor para id. . . . 1,059
Arsenal de artillería, ....... 10,402 05
' ' Eiciáleras y éorredor para el mis-
^^ ^liíibi . ;............. 1,459
. ' Almacenes de pólvora. . . . . : . 4,903. 2S
Muralla de la cerca. ....... 9,092
, Aljibes y pozos. 37,017
, Puente estable y levadizo 650
Tuertas y Ventanas con su her-
raje. 2,613 48,
^Estacada.' . ... ......... 13,780 48
Cuatro Garitas para los ángulos. 400
Por gastos injprevistos. . . ..100,000
<■
534,017 69
Muy avanzados se hallaban loe trabajos de cir-
cunvalación^ cuando el ingeniero director cre-
yó conyeniente hacer una naodifíeacion á su pro-
yecto primitivo^ la coái eongifitia m soprímir el
tercer piso de los edificios itíteriores sustituyén-
dolo con otras ohras^ para él mas importantes,
que sin alterar el presupuesto díabab mayor so-
liden á la construccipn . Aprobado 9f^. etmbio
por el; virey Bucareli en 1771 y i su .tLampo por
el rey de España^ las obras continuaron' sm in-
terrupción hasta el fin de Enero dfe Í777^, en
que terminarbn/habiendo excedidío el total cos-
to de las obras á la cantidad preisiupuestada en
1^,869 pesos 60 granos.
Presentado desde luego el plano dql edificio,
póir el ingeniero Santiestevan, y la insoripcíon
que á juicio de él debiera ponerse en el frontis-
picio^ el virey Bucareli consultó á k Corte de
Madrid este asunto, pidiendo al tef su ajifroba-
cion. Por comunicación fechada en Aíanjuez el
2 de Mayo del propio aíio dé 1777 y firmada
por el ministro D. José de Gálvez, el rey apro-
bó el nombre de San Carlos dado á la íertale^a,
y los de San Garlos, San Antomo,. San Josa y
San Julián á los cuatrn baluartes «
Gonduidü el fuerte, púsose desde luego en
estado de defensa, abasteciéndolo de todas las
j
m
armas y municiones necesarias^ conforme al si-
guiente pormenor:
OañoneB núm. Cui»&as.
Balas.
i*BMi«i*«i*i«Ma
Dei 24 . .
ii^j lo . .
12
4
Sum^fi
^8
10
12
14
, . 50
Cañones núm.
6,(m
8,000
12,O0iS
.14,000
66 50,000
Cureña». ^{(ias.
9
10
i3
16
De á 12 pulga-
das
I)e<á 9 id ... .
Pedreros
Granadas de
sano
Sumas . . .
3
3
3
3
800
3,00d
24,006
n I > I i m I
'*«i«*i«i****»
9 IS 26,800
Artillería para un pequeño tren de campaña.
CañoQQS.núm. Qoreñas Avantrén^. IBalas.
BeáB. .. 12
„„3y4 12
18
18
18 8,000
18 8,000
MHda
lili I I
Sumas. 24 36. 36 16,000
24S
Armamento.
Fusiles y bayonetas - . 2,500
Sables ;. .; 200 .
Espadas ^ 400
Carabinas. ..•..../ ••....' -500
Pares de pistólas. . '. - 200
Alabardas. •.....: ' 100
Mddés de bala de fusil para hacer :' ...
-" 40 á la vez. . -. rr. 1
Moldes de carabina para hacer 40
á la vez ......... 1
Id. para pistola . • i ,1(
Útiles y demos pertrechos de artiJMria
Azadas. . . . , 300
Espiochas • . .. • 30ft
Azadones -r. • .•• 300
Palas de fierro 500
Pala^iie madera herrada 1,500
fíáchas de Vizcaya grandes . ; .' . 200
Id. de mano . 200 .
Juegos de poleas 4
Id. de 2 pulgadas de grueso y 30
varas de largo ...... V. T . . 12
Gatos ó cries ... i. ....... .' 2
Fuelles, tenazas,, bigornias, martillos y todo
lo dátrrespondiente Idos fraguas.
247
i Aun. cuando en el recinto de k fortaleza,. se-
gún k aÁn|^ud guje se le había -dado, podían
opaaníabrac diez mil hombres, no se, pertrechó,
8Ín:embsirgo, sino con lo extriQtamente necesario
á mtreol de, campaña que pudiera moverse pron-
ta y oportunaoiente. . ,
i.. Laiinaptxrtapgia-del fuerte cofnp punta estra-
.tégico> debe, de ser muy poca cuando hemos pre-
senciado siempre su abandono en óirounstanpias
criticas parji. la República. Nunca nuestras aímas
ban . contenido en ese punto á las huestes extran-
jeras. qn0 bao invadido el territorio nacípnal, y
solo Qn Iqs anales de su historia se registran po-
cos hechos notables referentes, unos, á la guerra
de la independencia, y otros, á nuestras contien-
das civiles,
Todos los esfuerzos hechos por el general La
Llave, para destruir la fortaleza y no entregar á
las fuerzas intervencionistas sino solamente sus
ruinas, se estrellaron ante la solidez del edificio.
La destrucción de un baluarte y de la Santa Bár-
bara, fué lo único que se logró con tan empe-
ñoso afán, y para lo cual hubieron de consu-
mirse algunos quintales de pólvora.
La fortaleza de Perote, presenta hoy el más
triste aspecto de desolación. Su vestíbulo above-
dado y ennegrecido, su amplio y solitario patio^
cuyo pavimento enyerbado cubre profundos y
248
extensos aljibes^ sus escaleras destruidas^ sos íq-
immerables subterráneos y pare<io6 derraidas;
BUS n)uro9^ trocieras y banquetas moboeas^ y en
en fín^ sus fosos desecados^ todo infunde la ma^
yor tristeza. £1 viajero puede hacerse k üuskm
de creerse trasportado al destruido cafirtiUo de
algún señor feudal^ y que cada «na de aqísdlas
ruiuas es un ttoieo de Tictoría de la eiTílizacion
contra la barbarie.
Un trofeo más balagad(»: y oiás graudioso
puede alcanzar la cultura de nuestro gobierno em
la restauración del edificio^ y su dedioadoa á una
penitenciaría. Yo así lo espero, y om atrevo á ini-
darlo ante quien corresponda.
México 24 de Jubo de 1874.
I.
* > '*'»^ '
■í^i"«"^i'»*^""i^p»^«^^*
I ■ I II»
ÜN PASEO A JALAPA.
Al. Si$(OR D9N Sebastian Lbübo be Teiada.
Rodeando k ancha falda del Nauhoampatepetl
ó Gofeo^ se sigue el camino que de Perote con-
AiCO á Jalapa^ enfare cuyas poblaciones se intel^-
pone la inmeosa n^le de esa montafia. A me-
dida que se alanza desapai^oem las llanuras y se
presratam los terrenos fragosos de la Sierra Ma-
dre oriental. Al abandonar las extensas planicies
de Perote se penetra en el monte^ donde se Ten
los ocotes elevando erguidas sus copas^ ^n medio
de los PBnueros qoe' por todas partes brotan en
cantidad ijinuoidrable. Los tertenos más y mái
aecidentaidiis/ no ofrecen al viaj^to^ á príoiera
trista/ cosaip notables y dignas de su atención^
sino uno que btro pueblo de poca importancia y
252
títucion fifiica de que proviene la eireaojBtanoia
que paso ¿ indicar. Eiistea en Tlaeolula unai
liaradaeioties natucales y vertical, por coyo
fondo corre el agua del río sia ohstáGulo alguoo;
pero en tieix^o de lluvias^ no siendo wificJfinte
la caYÍdad interior para contener el agua de las
fijertes cradentes^ brota aquella al oztorior for
dicha horadacioa y establece su en^ por la 9h
pwficie^ ÓB manera qfi^ se establecen dos cor*
rieotes sobrepuestas. Yaríos arrollos y tíos se
reúnen antes del Deseabezadero, y asf oonao d
rió Sedefio^ ocultan su cernéate an varioB luga-
res^ por la extremada porosidad del terreno.
El camino de Jalapa ofrece todos los eocaato
de una naturaleza lozana y los más eapléndídes
paisajes. Las feraces comarcas de la tierra ea-
líente se extienden á lo l^os rerestidss de sn kt-
Uánte Tegetadon tropical^ y las iponta&as y eo*
Haas se suceden determinando el carácter áspero
M terreno. La extensa cafiada de Actopan ae
presenta en lontaaana con su aspecto ten^rosO;
Y en Taño la vista se esfuerza por eacudrifiar el
fondo de aqoei abismo.
La circuiastancia que paso á indÍGar me impidle
no soio describir^ ni aun enumerar^ tantas bellezas
naturales como las que en esos lugares sorprendas
ú viajero continuamente.
Al descender la cuesta de San Migud^ d&asoB
S53
BddaiTobes amenfficabaB verter el agua á torrea-
tes; oJ^ligánddHaQeá apresiarar la marcha é impi»
diéndome coñteoiplar los bellos paisajes que por
todas partes se presentaban á la vista. El que no
ha predeneiadio una tormenta en el corazón dé
ma sierra, no pnede concebiit ni la más ligera
idea de un espectáculo tan sublime eomo imtpoi-
mmW, espectáculo que iomina el ánimo aterro-
mado y acaba por inspirarle la más profunda ad«
míradon. Los nimbus, de siniestro y sombrío as*
pectck, avanzan por las altas regiones atmosUéri-
cas, con moviimiento rápido y vertiginoso, ocul-
tando el délo poco ¿ntés despejado* Losrelám-<
pagos y los truenos se soceden eomo porecursores
de la teimpestad; espantadas las aves vuelan pre*
^pitadamente pora albergarse en ks profendas^
grietas de hs roúás, y eñ vano el caakiiiiafiie busca
s£ino80f algún lugar qne le dé un seguro asiioi
contra: el deshecbb temporal.
£1 árbol más corpulento se doblega á impulsos
del huracán, cediendo muchas veces al irresisti-
ble poder del desencadenado elemento, y al di-
vidirse) su afloso lefio cmge&er tómente eual si
lanzara nn gemido el gigante de la sAra.. Nada
en su caída lo detiene, y al dei^ajwse troioicha y
derriba con estruendo los árboles que le cehrcan*
El estampido del rayo^ la repercusimí en las m^on^^
tafias de su estridente sonido, el movimiento dn-
254
dula torio del follaje agitado por el aire^ los rogi-
dos del viento^ y el agua que en cataratas se des-
prende de las nubes inundado el suelo y corriendo
precipitadamente en encontradas díreceiones por
los pliegues y quiebras de la montaña, todo se
combina allí para hacer mas imponente el fragor
de la tempestad.
Pasada la tormenta, el riajero, libre de suna^
tural pavor y sobresalto, puede contemplar una
atmósfera límpida y trasparente que colora de
un beUisimo azul el cielo, y permite distinguir
netamente el relieve de las montañas lejanas con
la fresca y brillante vegetación que las reviste.
Los impetuosos torrentes disminuyen lentamente
su caudaloso volumen, convirtiéndose luego en
delgados hilos de cristal. Las bellisimas frases
musicalesv de la Pastoral de Beethoven no rec(h
nocen ciertamente otra fuente de inspiración que
esos sublimes espectáculos de la naturaleza.
ii *
Asentada sobre la ancha falda del Macuiltepec
y en pintoresca y poética posición, se descubre
de improviso la bella Jalapa, que por sus bosques
y jardines se presenta como ua rico verjel, en
medio de las selvas veracruzanas.
Los azahares y liquidámbar impregnanel am-
255
bientdrcon sus gratísimos aromas^ que á eádá lüo-'
mentó se renitevatt/ conducidos de los bosques á
la población por las' ráfagas del viento . '
Antes de penetrar ien tan bella mansión, que
algún poeta ha llamado nido de paternas, permí-
tasemedar x^a lígera'idea dé las impresiones qu^*.
se reciben^al cbntemplar desde la cumbre del Ma--
ouiltepéc, los más pintorescos. paisajes.
Distingüese por el Norte el cónico cerro de la-
Magdalena y la sierra de Chiconquiaco, cuyos pri-
meros escalones se forman por los altos looüeríos
de la BanderiRa y de la hacienda Lúeas Martín;^
al Poniente/ los icerros de San Salvador y Molino
de San Andrés; al Sudoeste, el Nauhcampatepetl,
elevada miontaO a coronada por el precioso Cofre,
monolito de pórfido, y cuyas escalonadas eminen-
cias, engalanadas con la más exuberante vegeta-
cüón^ ofrecen distintos términos de una hermosa
perspectiva. Al pié de la montaña se extiende el
ameno paisaje que fotman las florestas del bien
poblado- Molino de Pedreguéra.
Si se dirige Ip. vista en torno del horizonte, se
¡jjg. fija de preferencia en los hermosos panoramas que
se desarrollan por el Sur, Este y Sureste. Hacia el
primer rumbo, los ramales que se desprenden de
. a Sierra-Madre avanzan en sucesión gradual hS- '
cia las costas, distinguiéndose con claridad, eh-
g[ji clavadas alternativamente,' las colinas y cañadas
256
opi99tas^ de tal suerteyi que pueden segoiDse' coa
la vista las ondulaciones de las extensas barran-
cas que surcan el terreno. £n el pdmer tármino
de ese paisaje se extienden los feraces terrenos de
Xico^ Teocelo y Goatepec,.y en el último la eaé^-
guida y nevada cumbre del GüláUepeil^ con los
labios de su cráter perfectaEDsnta iletarmínados.
Muchas veee;3> hs nubes se a^omeran en la eimai**
hte en forma de inixiensas humaredn> y al robar
éstas al sol sus tintes rojos, presentan la montafiiaL
c(ual ú se hallase agitada por una ernpoiosi dosos^
trosa. GoQ la ausefneia délas nubes désakiarétsstan
ilusorio cuanto imponente espectáculo para dar
lug[ar al real^ frío y sereno aspecto de la/monta^
fia^ que destaca su mole colosal y bríUants ante
su líuapido cielo. A lo lejos apenas se: dibuja la;
sierra de Huatusco, cuyo indeciso colbrae con-
funde con $1 azal blanquecino dsl cielo cerca del
horizonte.
La feraz y hermosa eafiada de Áctopaín>, aepre^
senta al Oriente del MaculteJ^ec.como tm^insion-
dable abismo^ litnitada al N. £. por la: sierra de
Misan tk; que se levanta dominante^ atefleja'udb
la luz ded sol para hacer may6r su contraste con
el sombrío y lóbrego aspecto que ofrece la poro**
funda barranca.
Hacía el N. E. y salvando la cañada^, se dis*-
tingue el Salto y pueblo de. Naolin<jo, que por k
257
distancia aparece coronando, los cantiles de la
sierra.
Por último, deprimiéndose el terreno por el
S. E., la vista puede dilatarse hasta el mar, tér-
mino, por ese rumbo, del horizonte de Jalapa.
El hacinamiento de los edificios de esta ciudad
en el inclinado plano que forma la falda del Ma-
cuiltepec, da á la población el bellísimo aspecto
panorámico de todo lugar que tiene su asiento en
un terreno extremadamente accidentado.
Los bosques de liquidámbar, de jinioxiiles y
de otras plantas aromáticas, constituyen las bar-
reras naturales de la ciudad, formando, como el
Monte de Pacho al Sur de ellos, sus más delicio-
sos paseos.
La población, en su interior, revela el buen
gusto de sus habitantes.
Muchas de las casas son de dos pisos, y de bue-
na apariencia las que limitan la calle principal y
la del Calvario, encontrándose en esta última el
edificio del hermoso Gasino, en donde periódica-
mente tiene sus tertulias la alta clase de la socie-
dad. La plaza principal, aunque pequeña, es her-
mosa y se halla limitada al Sur por el palacio del
gobierna del Estado, y al N. E. por la catedral;
edificio que, aunque nada notable revela en su
arquitectura, conserva cierta armonía con el resto
de los edificios. Un precioso jardín, con asientos
García-Cübas. — 18
258
y senderos de már^iol y engalanado con bellísi-
mas plantas y flores, ocupa la parte central de la
plaza, constituyendo un paseo de los más agra-
dables, particularmente en las noches de luna.
El cerrado bosque de Pacho al Sur de la ciu-
dad, con sus árboles de liquidámbar, jinicuiles y
muchas plantas de aromáticas flores, es uno de
los sitios más pintorescos y amenos. Pocos luga-
res ofrecerán tantos encantos como la bellísima
cañada que recorre el camino que de Jalapa con-
duce a Goatepec: aquí el liquidámbar ostenta su
verde follaje más ó menos brillante, según esté
ó no directamente iluminado por los rayos del
sol ó tansolo por la luz difusa, cubriendo por
completo, casi con exclusión de otros árboles,
cerros y colinas.
La festonada bóveda de verdura, bajo la cual
avanza en su camino el viajero, intercepta los ar-
dientes rayos del sol, conservando fresco y deli-
cioso el ambiente. Algunas corrientes cristalinas
se deslizan en la espesura del bosque, ocultándo-
se unas veces entre los matorrales, y brotando
otras de las hendeduras de las rocas. Loshelechos,
bajo la fresca sombra de los árboles, muestran
en su rica variedad las más gallardas formas; y
por último, las aves interrumpen el silencio de la
selva con su incesante gorjeo, y animan con su
presencia aquella tan" rica como risueña floresta.
'«9
El clima de Jalapa es templado, agradable y
sano. El termómetro, á principios del verano,
marca:
A las ocho de la mañana. . . 20® G.
A las doce. .......... 2^
A las dos de la tarde 2S%
A las siete de la noche. ... 20
Si las bellezas naturales de la encantadora Ja*
lapa causan la admiración del viajero, ésta cre-
ce al. contemplar la población bajo el punto de
vista del orden social. La educación de la mu-
jer, la instrucción pública y la civilización de la
clase obrera, constituyen en Jalapa la base más
sólida en que puede afirmarse su futura prospe-
ridad. La virtud sin ostentación^ la afabilidad
sin coquetería y la instrucción sin vanidad, son
los caracteres distintivos de la mujer de Jalapa,
en la que se adunan los más finos modales á la
franqueza veracruzana. De esa educación que
engendra en la madre de familia elevados sen-
timientos, ha nacido el desarrollo de la instruc-
ción pública, y del progreso intelectual la ilus-
tración del pueblo. ¡Hermosa cadena de inesti-
mable precio, cuyos eslabones extremos son la
elegante dama y la lavandera de Jalitic y de
Techacapa!
260
Entre las buenas circunstancias que fueron la
causa de mi atenta observación en Jalapa, una
'de ellas se refiere al desarrollo que en la pobla-
ción ha adquirido la instrucción pública.
Una ley sabiamente meditada por la junta de
directores de los colegios, del Estado, y decreta-
da por la legislatura del mismo, declara obliga-
toria la instrucción primaria, ordenando el esta-
blecimiento de una escuela de niños v otra de
niñas por cada dos mil habitantes en todas las po-
blaciones del propio Estado, así como el de una
cuando menos, en todo lugar de algún movi-
miento industrial ó mercantil. La misma ley
impone á las autoridades políticas y municipales
la obligación de establecer escuelas en las cárce-
les y prisiones, y recomienda por último, á los
hacendados y á los dueños de fábricas y talle-
res, igual procedjimiento en sus fincas, á fia de
que en ellas reciban la instrucción primaria los
hijos de los jornaleros.
Constituyeron la junta para la formación del
proyecto de ley de instrucción pública los Sres,
D. Silvestre Moreno Cora, rector del colegio de
Orizaba; D. Esteban Morales, rector del de Ye-
racruz; Lie. D. José María Mena; Presb. D. Jo-
sé de Jesús Carbajal, rector del colegio de Gór--
doba; Lie. Manuel Alba, del de Jalapa, y D. Mi-
guel Chazare, rector del de Tlacotalpam .
261
La enunciación de los nombres de las perso-
nas que formaron esa j unta, convocada por el
ilustrado gobernador D. Francisco de Landero
y Gos, basta por sí sola para infundir una plena
confianza respecto á sus trabajos.
Al recorrer las calles de la ciudad fijaron mi
atención las multiplicadas inscripciones de cole-
gios que se leen á cada paso, pertenecientes unos
á particulares y otros al Estado. Desde luego
nació en mí el deseo de investigar la extensión
de las materias de enseñanza y el adelanto de
los alumnos, á cuyo efecto me propuse visitar
el mayor número de escuelas que me fuera po-
sible, empezando indeterminadamente por la pri-
mera que se me afreciera al paso, y ésta fué la que
tan acreditadamente dirige el profesor D. Juan
E. Longuet. Los modales afables y Corteses de
este caballero, me inspiraron la mayor confian-
za animándome á exponerle mis deseos, que en
el acto fueron satisfechos.
Al penetrar en aquel modesto santuario de la
inteligencia, reinaba un profundo silencio, que
solo interrumpia el chirrido que sobre el papel
producían las plumas de los alumnos; silencio y
quietud que fueron para mt el primer indicio del
buen orden allí establecido. Los dibujos y las
planas que se mostraban revelaban el adelanto
de los alumnos; pero más que todo, el análisis
262
prosódico que todos ellos, sin excepción, hicieron
de un apólogo. La seguridad empleada por el
profesor en sus preguntas, y el aplomo con que
los alumnos las contestaban, me demostraron
el buen método del profesor y la inteligenciado
sus discípulos.
Del colegio deí Sr. Longuet pasé al Instituto
Literario que dirige el profesor D. Guillermo D.
Muñiz, y excusado es decir que en ese estable-
cimiento observé el orden establecido, el buen
método de enseñanza. y el adelanto de los alum-
nos, al nivel del colegio del Sr. Longuet.
Las mismas circunstancias concurren en el
«Instituto Jalapeño,» del profesor D. José Ma-
ría Hoz, y en los establecimientos de niñas que
dirigen las inteligentes Sritas. Rosario Martínez
y Juana Molina.
El justo temor de hacer difuso un artículo
que más bien tiene el carácter de descriptivo
que de estadístico, me impide dedicar una rese-
ña especial á cada uno de los establecimientos
de instrucción pública de Jalapa. La visita que
de muchos de ellos hice, sin elección determi-
nada, y los adelantos de todos demostrados, in-
ducen á creer que los demás establecimientos
deben manifestar iguales ventajas. Sin embar-
go, imposible me seria guardar silencio respec-
to del colegio preparatorio que actualmente sos-
263
tiene el Estg.do. Fundóse el colegio en 1.843, ba-
jo los auspicios del Gobierno general, por el Lie.
D. Antonio M. Rivera, antiguo magistrado del
tribunal superior del Estado.
Las vicisitudes políticas obligaron á los direc-
tores del Instituto á cerrar sus aulas en distintas
épocas, entorpeciendo los progresos que desde su
fundación se habian iniciado. Reorganizado bajo
la administración del Sr. Hernández y Hernández,
con la denominación de «Colegio del Estado,» ha
continuado difundiendo, sin interrupción alguna,
la más sólida y útil enseñanza bajo la inteligen-
cia V afanosa' dirección de su actual rector el Lie.
D. Manuel M. Alva.
Las materias que se cursan en el referido co-
legio, son: primero y segundo año de latin, ma-
temáticas, gramática, lógica, ideología, geografía,
historia, derecho constitucional, moral, dibujo,
idiomas francés ó inglés y música vocal é instru-
mental, hallándose establecidas además, confor-
me á la. citada ley, clases nocturnas de primera
enseñanza para adultos.
A los esfuerzos del beilemérito Sr. D. Antonio
María Rivera, fundador del colegio, se debe el
establecimiento, en el mismo Instituto, de una
biblioteca pública.
Réstame solo hablar de la clase obrera.
Si bien es cierto que en ptros lugares de la Re-
264
pública los artesanos honrados, rindiendo culto
al saber y la caridad, han formado asociaciones
más ó menos numerosas,.la que en Jalapa se for-
mó por iniciativa de los ciudadanos Miguel Orte-
ga y Andrés Villegas, ambos carpinteros, no tiene
ejemplo, así por sus nobles fines como por las
bases de su institución. «La Sociedad de Artesa-
nos y Agricultores de Jalapa» se estableció en 1.^
de Junio de 1867, y desde esa época la constan-
cia de sus miembros y el exacto cumplimiento de
los preceptos reglamentarios, han influido de una
manera notable en la prosperidad de la asociación.
Esta tiene por objeto la creación de un fondo es-
pecial que gira mercantilmente, y á cuyos ganan-
ciales tienen derecho los socios contribuyentes
que han enterado íntegra su acción de 50 pesos.
Un reglamento previsivo determina la manera
de hacer las devoluciones equitativas por falta de
cumplimiento al contrato.
La Sociedad no se ha limitado á este fin: sos-
tiene un Casino,'en el cual se han llenado las exi-
gencias de la civilización actual. En el vasto y có-
modo salón principal celebra sus sesiones ordina-
rias la Junta Directiva, se efectúan mensualmente
las tertulias familiares de los socios, y se dan por
los mismos lecturas semanarias sobre un punto
determinado, el cual se somete á discusión..
Los demás departamentos se hallan destinados
265
á la biblioteca, salas de lectura, clases de gramá-
tica, aritmética, geografía y dibujo, yálos'billa-
res y cantina, de suerte que nada falta allí para
la instrucción y recreo de los socios. Los bailes
dados por los artesanos sorprenden verdadera-
mente al que por primera vez concurre á ellos.
Los trajes, la compostura, la decencia, todo re-
fleja en las familias de aquellos la buena edu-
cación y el acatamiento á las conveniencias so-
ciales.
* *
Al observar la decadencia actual de Jalapa y
su reducido comercio, inútilmente se procura
investigar las causas que tan directamente se
oponen al engrandecimiento de un pueblo que,
como el de que se trata, se encuentra en tan
bellas condiciones de prosperidad. En mi con-
cepto, esa decadencia, por la razón expresada,
no puede menos que ser transitoria: la vía férrea
de Jalapa reanimará dentro de poco el vigor amor-
tiguado de un pueblo que para su bienestar cuen-
ta con sobrados elementos.
Cuatro fábricas industriales existen en Jalapa,
y de ellas dos merecen citarse por su grande im-
portancia. Una, llamada ocLa Libertad, ]> se baila
situada en el lugar del antiguo Molino de Pedre-
guera; es de la propiedad del Sr. D. Bernardo
266
Sayago, el infatigable industrial y promovedor de
las mejoras materiales.
Aplicada como fuerza motriz el agua que pro-
viene particularmente de las lluvias, las labores
de la fábrica se hallan sujetas ala periodicidad y
eventualidad de aquellas, y sin embargo, los ope-
rarios, durante la paralización de los trabajos,
continúan percibiendo sus jornales, ocupándose
en el acopio de materiales, y empleándose, como
albañiles y canteros, en la construcción de casas
en las inmediaciones de la fábrica, erigiendo una
bonita y moderna población.
La otra fábrica, con el nombre de ce Industria
Jalapeña, » se halla ubicada en los terrenos más
bajos de Jalapa, en el lugar llamado el Dique,
desde el cual la ciudad presenta el más hermoso
panorama. Débese á los esfuerzos combinados
de los Sres. D. Rafael Martínez de la Torre y D.
Agustín Serdan la completa restauración de la
fábrica. A fin de evitar la paralización de los tra-
bajos, se ha establecido una hermosa máquina
de vapor que funciona durante la escasez de las
lluvias.
Entre las mejoras que su activo y emprende-
dor propietario ha introducido en el estableci-
miento, ocupa el primer lugar la creación de
una escuela de instrucción primaria, obligatoria
para los hijos dtj los operarios.
267
Jalapa debe felicitarse por tener al frente de
su industria á los sefiores Martínez de la Torre,
Sayago y Serdan .
• *
Doy fin al presente artículo, manifestando los
datos relativos á los principales productos agrí-
colas, los cuales revelan la importancia del rico
cantón de Jalapa, aun cuando el cultivo no esté
actualmente en relación con la fertilidad del
suelo:
Algodón. . . . 1,000 qs. al año. $4,000
Tabaco 15,000 arrobas. . 18,750
Chile seco. . . 2,000 arrobas, . 4,000
Frijol. .... 4,120 fanegas. . 8,240
Leña 148, 130 tareas. . . 111,097 50
Maíz. 60,500 cargas. . . 121,000
Gafé 200 quintales. 3,200
Palma-i . . . .100,000 docenas. . 25,000
Vainilla ... 10 millares. . 500
Pepita pipián . . 1 , 000 fanegas . . 1 , 500
Madera. . . . 26,440 trozos. . . 10,576
Cebada. . . • 1,225 cargas. . . 3,675
Ocote • 7,200 Ídem. . . 5,400
Papa 1,000 ídem. . . 5,000
268
Verdura. . . . 6,640 ídem. .
Frutas 9,600 ídem. .
Paja 1,500 ídem. .
Pastura. . . . 18,000 tercios. .
Purga 2,400 arrobas.
México Agosto, 1.* de 1874.
6,640
14,400
3,000
2,340
15,600
ENSAYO DE UN ESTUDIO COMPARATIVO
ZNTAE LAS
PIRÁMIDES EGIPCIAS Y MEXICANAS.
Al Sr» Lie. D. Ignacio Ramírez, en testimonio de aprecio.
PARTE PRIMERA.
Las pirámides egipcias y las que existen en el
territorio mexicano, particularmente en las cer-
canías de Teotihuacan, tienen tantos puntos de
analogía, que cuanto más detenidamente se es-
tudian unas y otras, robustecen más la opinión ge-
270
neralraente admitida de la antigua comunicacioD
entre los habitantes de ambos mundos. El ar-
queólogo francés Mr. Medeah cree que no hay
conexión ninguna entre unos y otros monumen-
tos; mas para mí, su juicio es infundado por des-
cansar en simples conjeturas, y además, en este
asunto, si es algo aventurado el emitir una opi-
nión en pro de aquel aserto, lo es aun más el
asentar en contra una proposición definitiva. El
estudio actual se reduce á comparar la forma,
construcción, objeto y demás circunstancias si-
nailares de esas obras notables que en ambos he-
misferios se conservan á pesar del trascurso de
los siglos. Para que esas comparaciones sean
ordenadas y puedan apreciarse más fácilmente,
me propongo hacer la descripción de las pirámi-
des egipcias y mexicanas por medio de párrafos
correlativos, marcando con unos mismos núme-
ros romanos los que se refieran á cada particu-
laridad de la misma naturaleza, con el fin de ha-
cer más palpable el paralelo.
I.
ALREDEDORES DEL CAIRO. — DESCRIPCIÓN DEL TERRENO.
El Nilo, célebre rio de África, cuyo nacimiento
ha permanecido desconocido durante muchos si-
glos, á pesar de los esfuerzos y de las investiga-
271
clones de los geógrafos, * entra al Egipto por
Asuan, antigua Siena, en donde forma la isla
Elefantina, célebre por el nilómetro que en ella
se encontraba y servia para indicar la futura inun-
dación. El Nilo comienza á crecer insensible-
mente cada año á la entrada de Junio, hasta que
en el solsticio de estío se nota el aumento de sus
aguas, el cual continúa hasta fines de Agosto.
El terreno por donde pasa el rio es estrecho, y
va ensanchándose á medida que se acerca á su
famoso Delta. La cuenca de este rio es angosta
hasta el Cairo, y cuenta apenas en algunos luga-
res de 2 á 5 leguas de anchura, y en el bajo
Egipto unas 50, hallándose limitadas al E. y O.
por varias cadenas de montañas. Su curso es im-
petuoso en algunos lugares, según los accidentes
del terreno, formando muchas cascadas de re-r
nombre, aunque en realidad son de poca consi-
deración, pues apenas llega su altura á dos ó tres
metros. Este rio está sujeto á fuertes crecientes
como se ha indicado antes, que producen des-
bordamientos, de manera que las aguas, deposi-
tando sus lamas á uno y otro lado de las mar-
«
* El célebre viajero Livinstou ha descubierto ya el
nacimiento del Nilo, que lo forma una laguna situada
en el centro del grupo de montanas llamadas de la Luna.
Muy pronto veremos publicada su interesante y deseada
descripción.
272
genes, fertilizan el terreno, formando contraste
con la aridez de los adyacentes. Al Norte, y cerca
del Cairo, el rio se divide en dos brazos forman-
do el Delta; el oriental ó Diameta descarga en el
Mediterráneo, cerca de la población de Diameta,
y el occidental ó Roseta, cerca de la población
asi llamada. El terreno comprendido entre am-
bos brazos, ó sea el Delta, es el más fértil y el
mas bien cultivado del Egipto. Antiguamente
el Nilo tenia siete bocas principales por donde
desaguaba al mar; pero hoy, á causa de encon-
trarse obstruidos los canales por la arena, no
cuenta más de las dos mencionadas.
Para dar una idea más exacta del aspecto del
Egipto, oigamos á Mr. Rozzier, individuo de la
comisión francesa, explorador de los monumen-
tos egipcios:
« Son en extremo pintorescos los contornos de
Siena y de las Cataratas; pero el resto del Egipto,
' especialmente el Delt-a, es tan monótono que
acaso seria imposible encontrar otro parecido. . .
Los campos del Delta ofrecen tres cuadros diver-
sos, según las tres estaciones del año egipcio.
Principiando por la mitad de la primavera; no
se muestra mas que una tierra gris y pulveru-
. lenta, con tan profundas grietas, que apenas osa-
ría uno recorrerla. En el equinoccio de otoño se
ve una extensión de agua roja y sucia y entre la
« 273
eual se elevan palmeras, pueblos y angostos di-
ques para las comunicaciones: retiradas las aguas,
que poco tiempo se sostienen á aquella altura,
hasta fines de la estación, no se ofrece á la vista
más que un suelo negro y fangoso. En el verano
despliega la naturaleza su magnificencia; enton-
ces la frescura, la fuerza de la nueva vegeta-
ción, la abundancia de los productos que cu-
bren la tierra,- superan á cuanto se admira en
nuestros mas afamados países. Durante aquella
bienaventurada estación, es el Egipto, de un cabo
al otro, una magnífica pradera, un campo de
flores y un océano de espigas, cuya fertilidad
hace más notable el contraste de la aridez abso-
luta que le rodea. »
El Cairo, actual capital del Egipto, se halla
situado á un cuarto de legua de la margen derecha
del rio Nilo y al S. E. de su bifurcación para
formar el Delta. La cuenca del rio es en es1;e
lugar de una y media á dos leguas de ancho. El
terreno fértil está cultivado y tiene hermosos jar-
• diñes. Frente al Cairo, atravesando el Nilo, se
encuentra Ghizeh, ciudad triste y mal construida,
pero á la cual dan alguna agradable apariencia
las palmas de dátiles, los sicómoros y olivos, y
su hermoso palacio rodeado de jardines.
Cerca de Ghizeh, se encuentran las famosas
pirámides que son el objeto de este artículo. Su
GARCÍA-büBAS.~19
,
274
situación no es en la parte fértil del valle del
Nilo, sino en la estéril, arenosa y más elevada
que por el occidente lo limita, de tal manera,
que las bases de las pirámides han desaparecido
bajo las arenas del desierto. Más al occidente se
encuentra la cadena Líbyca.
II.
DE LAS PIRÁMIDES EN GENERAL.
Tanto en el Egipto como en la Nubia encuén-
transe á las márgenes del Nilo multitud de pirá-
mides, aunque no todas tienen la importancia de
las de Ghizeh, y de éstas, cuatro son las de mayo-
res dimensiones: la principal, llamada de Cheops,
por atribuirse su construcción al monarca Egip-
cio asi llamado, la de Ghephren y Miserynus por
igual motivo, y la cuarta ó de Filista, que no es
tan notable como las anteriores.
Aun cuando para mi objeto es inútil exten-
derme á otras materias que no sean las indispen-
sables al paralelo que me lie propuesto seguir,
creo conveniente tratar de todas las que se refie-
ran, por curiosas é interesantes, á las pirámides
egipcias.
El geógrafo Danés Malte-Brun, nos dice res-
pecto de la etimología de la palabra pirámide,
• 275
»
que algunos sabios creen que ha sufrido altera-
ción al trasmitirse de los egipcios á los griegos y
otros que viene de estos íiltimos.
(( Los árabes llamaban á una pirámide Haram
en lengua copta; la palabra Khrom signiíipa fuego,
y conjo entre los egipcios la palabra pi era un ar-
tículo, debieron decir pikhrom el fuego, de donde
viene la palabra griega piram^ y que más ade-
lante se convirtió en pyramys (pirámide en es-
pañol). La palabra indica la circunstancia de estar
consagradas las pirámides al sol.
Volney cree que los griegos tomaron la pala-
bra de los egipcios; que estos llamaban á una
tumba bour, lo mismo que en Palestina. Los
griegos cambiaban la b en p, y anadian una ter-
minación de su propio idioma, y en lugar de bour,
decian pour-amis, y después pyramis.
En las obras modernas se asienta que á esos
monumentos se ha dado el nombre de pirámides
por su semejanza con la flama de una bujía.
Por último, César Ganlú incluye en su preciosa
Historia la nota siguiente:
(í Los griegos tomaron el nombre de pyrámide
de ^9 fuego, ó de «v^a^, trigo, y solícitos de in-
ventar una historia sobre una etimología, dedu-
jeron aquella de lá semejanza coa la llama, y
ésta de suponerlas destinadas para graneros. »
Las anteriores líneas manifiestan las diferentes
276
conjeturas más ó menos probables respecto de la
idea que guió á los constructores de los monu-
mentos de que tratamos para darles la forma pira-
midal. Sin embargo, existen circunstancias muy
notables que hacen concebir otra idea con más
viso de certidumbre. Los habitantes del Egipto
medio, á imitación de los de Tébas, comparaban
la vida humana á la carrera del sol, y abrían las
sepulturas en las montañas situadas hacia el Ocaso,
para demostrar que allí era el término de la
vida humana. La cadena llbyca se halla distante
de las márgenes del Nilo y de las grandes pobla-
ciones antiguas; tal vez por esta circunstancia
concibieron la idea de construir montañas arti-
ficiales al Occidente y más próximas de los cen-
tros de población. Los cuartos interiores y ga-
lerías de las pirámides pueden muy bien ser la
representación de las grutas y sus senderos. Por
todas estas razones creo que la forma piramidal
de los monumentos de que hablamos, proviene
más bien de que los egipcios construían sus mo-
numentos sepulcrales á imitación de montañas.
En Teotihuacan se nota igualmente la situa-
ción de las pirámides al Occide'nte del terreno en
donde se encuentran vestigios de una antigua y
grande población.
277
III .
DISPOSICIÓN DE LAS PIRÁMIDES Y ORIENTACIÓN.
^Las pirámides de Egipto^ según se manifiesta
en la lámina primera, presentan una superficie
unida en sus faces y terminando en punta; pero
realmente no es así. Están formadas de una su-
cesión de pirámides truncas, colocadas unas sobre
otras, dé mayor á menor, dejando entre una y
otra un escalón, de manera que van ascendienda
sucesivamente por gradas hasta la cima, que es
una meseta. Las faces ó caras de las pirámide»
corresponden exactamente á los cuatro puntos
cardinales; sin embargo, las pirámides de Etiopía
no se encuentran exactamente orientadas como
las que se admiran en Egipto. La mayor de las
pirámides cuenta de 208 á 250 escalones; los
autores que he consultado á este respecto, así
como acerca de sus dimensiones, están en com-
pleto desacuerdo. Esas gradas facilitan la subid»
á la cima.
. Para mi objeto importa tener presente la si-
guiente circunstancia. Las pirámides de Ghizeh
no son un tipo inalterable de todas las demás
egipcias que se encuentran en la región del
Nilo. A cuatro leguas Sur de éstas existen las^
278
de Sacarah y Dachour, que se distinguen sobre
todo de las anteriores por su construcción de la-
drillo .
Otras pirámides solo están formadas de dos ó
tres gradas^ pero que dificultan la subida á cada
una de ellas por bailarse separadas de diez á trece
metros de altura.
En la región del Nilo, en la Nubia^ existen in-
numerables pirámides, aunque ninguna puede
compararse con las de Egipto.
La dirección de la línea en que se encuentran
los monumentos, es oblicua respecto del meri-
diano, según puede observarse en el plano res-
pectivo.
VI.
OBJETO Y COÍÍSTRUCCION DE LAS PIRÁMIDES.
La mayor parte de los que han escrito acerca
de estos notables monumentos, que por su altura
y construcción han sido considerados como una
de las maravillas del mundo, creen que fueron
levantados para servir de sepulcro á los monar^
cas egipcios, apoyando su opinión el sarcófago
de granito encontrado en el interior de la pirá-
mide mayor; pero la circunstancia de haberse ha-
llado la osamenta de un buey en el sarcófago de
279
I
la pirámide de Chefren es un poderoso argumen-
to en favor de los sabios que.creen en el deslino
religioso dado á estos monumentos. El sabio Lan-
glés se adhiere á esta opinión, pues cree que fue-
ron construidas en honor del sol, bajo el nom-
bre de Osiris.
Muchos sabios han dado rienda suelta á su
imaginacioh respecto del objeto de estas cons-
trucciones, y además de las dos opiniones ante-
riores, que son las más generales y se fundan en
datos, existen otras por las que se pretende, ya
que el objeto era puramente científico con el fin de
perpetuar el sistema geométrico de los egipcios,,
6 de fijar sus observatorios astronómicos, ya con-
siderándolas como obras de utilidad y sabiduría,
como diques opuestos en los sitios más conve-
nientes á las invasiones de las arenas del desier-
to, y ya, en fin, atribuyendo dichas construc-
ciones á la ambición y fatuidad de los ricos mo-
narcas.
Por último, otros han tratado de probar que
esos monumentos eran otras tantas líneas de
defensa contra las incursiones de los pueblos
vecinos.
No solamente los sabios han emitido su opi-
nión respecto de la historia de estos monumen-
tos, sino que aun la fábula ha intervenido con
su parte romanesca. Por ser ésta tan curiosa co-
280
mo entretenida, si bien inverosímil, no puedo
prescindir de la tentación de relatar lo que me
enseñan los autores que he consultado.
Agotados los tesoros de Cheops, que construía
la pirámide que lleva su nombre, arbitró como
recurso el prostituir á su propia hija: una gran
piedra labrada por persona, era el precio de tan
infame comercio.
Refiérese igualmente, respecto de la pequeña
piráipide, que una águila arrebató la sandalia de
la hermosa Radopa á la sazón que ésta se halla-
ba en el baño. El águila dejó caer tan gracioso
calzado en las llanuras de Ménfis: el rey, al ver-
lo, se enamoró de su dueño, ordenando que al
instante se la buscase. El Faraón vio á la griega
y la hizo su esposa, quien, movida de gratitud,
mandó levantar la pirámide en el mismo sitio en
que habia caído su sandalia.
Por último, otra de las versiones proviene de
la interpretación que un anciano del monasterio
cristiano de Kalmoun hizo de un libro escrito en
caracteres desconocidos. En ese libro se hacia
mención de las observaciones celestes para la
construcción de las pirámides, y además, con-
taba allí la predicción de que la tierra seria su-
mergida. En consecuencia, un rey de Egipto,
llamado 5owná, hijo de Salhoud, hizo construir
una tumba para él y otras dos para su familia.
^281
He presentado las diferentes opiniones que se
han dado á conocer acerca de estas construccio-
nes; pero, en mi humilde juicio, creo que ellas
tienen dos objetos:' el religioso y el de servir
de sepulcro á los monarcas. Bajo del sarcófago
en que se depositó el buey, símbolo de la divi-
nidad, que prueba el fin religioso, se encuen-
tra, como veremos más adelante, un pozo verti-
cal y profundo con otras galerías interiores: tal
vez es la vía que conduce á algún sepulcro, pues
según la creencia más generalizada, las galerías,^
laberintos y rampas que existen en el interior
de las pirámides, acaso no tienen otro fin que
el de ocultar mejor los despojos mortales de un
monarca. Nuestras catedrales han sido santua-
rios á la vez que criptas de las dignidades de la
Iglesia, y algunas veces de los altos personajes
del Estado. Esta costumbre de depositar en lu-
gar sagrado á los muertos, la hallamos en todos
los tiempos y en todos los pueblos.
Por último, confirma la idea de ser las pirá-
mides sepulcros de altos personajes, la circuns-
tancia de hallarse cercados de monumentos fil-
liebres de menos importancia.
Para expUcar la diferencia de dimensiones en-
tre las pirámides, se cree que desde el momento
en que un monarca se hallaba investido del po-
der, los egipcios se encargaban de hacer su se-
282
pultura^ á la que llamaban la morada eterna.
Se construía la base cuadrada en la roca, y sobre
ella se iba levantando la pirámide, unas veces
por capas horizontales, otras por capas incli-
nadas, pero conservando siempre la forma pi-
ramidal. De afio en aOo, durante la vida del
Faraón, se adelantaba la obra aumentando la
base y las capas para dar mayor volumen á la
pirámide, hasta que muerto aquel, se suspen-
dian las obras de ampliación y se violentaba el
término del monumento, de cuya circunstan-
cia resultaba que cuanto más largo era el reina-
do del monarca, mayores eran las dimensiones
de su monumento sepulcral.
Campo vasto es por cierto el de las hipótesis,,
en donde puede lanzarse atrevida la imaginación.
— Mahmoud-Bey, astrónomo distinguido del vi-
rey de Egipto, observó en la pirámide de Cheops
que los rayos de la hermosa estrella Siró, al lle-
gar ésta á su punto más culminante, caían casi
perpendiculares á la faz austral de la pirámide,
y esta circunstancia fué para él una revela^áon.
Las pirámides debian estar consagradas á alguna
divinidad astrológica, representada por la reful-
gente estrella del Can Mayor. El perro repre-
sentaba (Figuier. — Año científico, sétimo año)
al dios Sothis, el juez de los muertos, á quien
se daba la figura de Cynocéfalo^ es decir, de
283
hombre con cabeza de perro. El dios Sothis,
bajo la forma de chacal^ condenaba á los malos
á penas eternas ó al infierno; y entonces se cons-
tituía en el dios infernal Typhon, llamado Ceth
en lengua egipcia, lo que quiere decir ixstro 6
perro: los griegos pronunciaban Soth y Sothis,
de donde se deriva el nombre Sirio, estrella
principal de la constelación del Can Mayor. Así,
pues, Sothis, Cynocéfalo y Ceth, es siempre el
Perro Celeste, cuya alma é inteligencia está re-
presentada por la estrella Sirio.
El perro Anúbis ó sea el Mercurio egipcio, y
Toht, ó el gran Hermés, son igualmente la re-
presentación del Perro Celeste en la mitología
egipcia . El símbolo que designa á Sothis se en-
cuentra las más veces unido á la figura de la
diosa Isis, á quien en todo tiempo Sirio estaba
consagrado. No cabe duda, por tanto, que esta
estrella sea la representación del dios de los
muertos. ^
Según los principios de la astrología, Sothis,
para juzgar el alma del cuerpo depositado en la
pirámide, debia aparecer en el punto más culmi-
nante de su carrera, en todo su poder y majes-
tad; porque la acción de un astro respecto de un
objeto sometido á su influencia, es tanto más po-
derosa> cuanto más directos son los rayos que le
envia, y de este razonamiento se dedujo la con-
284
secuencia de que al construirse la pirámide, los
rayos de Sirio debieron caer perpendicularmente
á su faz austral, condición por medio de la cual,
fácil era calcular la edad de las pirámides.
La latitud de Ghizeh es de 30^. La distancia
polar de Sirio es hoy de 106^ 31 \ Su distancia
al horizonte Norte es de 136 grados y medio en
el momento de pasar por el meridiano de Ghizeh.
Por otra parte, la inclinación de la faz austral de
las pirámides respecto del horizonte, es de 52
grados y medio, de lo cual resulta que los rayos
de Sirk) forman hoy con el plano de dicha faz,
un ángulo de 136^ 31—52^ 31' ó sea de84«.
¿En qué época, por consiguiente, dicho ángulo
era igual á 90^, ó sea á un ángulo recto?
Tal era el problema, fácil de resolver, por el
distinguido astrónomo Mahmoud-Bey, basando
su cálculo en la precesión de los equinoccios,
obteniendo como resultado la cifra de 3,300 que
expresa los años antes de Jesucristo, en que fué
construida la pirámide. El error de esta fecha
es próximamente de dos siglos.
V.
MONUMENTOS FÚNEBRES.
En todo el valle del Nilo se encuentran, ade-
más de las pirámides, obras de arte, unas aisla-
285
das y otras construidas en las mismas rocas, que
han llamado mucho la atención de los viajeros
por su grandiosidad y por su forma, así como
por las momias que en ellas se encuentran. Jun*
to á cada ciudad se abren catacumbas con filas
de galerías que conducen á salas cuyos techos
están sostenidos por pilastras; y éstas, así comp
las paredes, se ven decoradas con pinturas al
fresco ó de relieve, unas históricas y otras re-
presentando actos de la vida doméstica. Las ca-
tacumbas más notables son las de los reyes,
abiertas en la cordillera Líbyca, las cuales son
profundas y contienen en salones y galerías, sar-
cófagos de granito, sepulcros, momias, vasijas
y otros objetos.
Pero no todos los sepulcros son de igual mag-
nificencia. La comisión francesa exploradora nos
dice que alrededor de las pirámides principales
se agrupan algunos monumentos del mismo gé-
nero, menos elevados, y que el tiempo y la ma-
no del hombre casi los ha destruido.
Salah-ed-dyn (Saladino), hizo demoler mu-
chos de ellos para emplear su material en la
construcción de las murallas del Cairo.
La citada comisión manifiesta además, que
esas pirámides, rodeadas de monumentos fúne-
bres, están situadas en un páramo cerca de la
llanura de las momias, cementerio de Ménfis.
286
Por último, César Cantú, al tratar de estas co-
linas fúnebres artificiales, dice: a A esta clase
de construcciones pertenecen las colinas levan*
tadas sobre los huesos de héroes que represen-
tan todas un tipo común. En Tesalia, hacia Te-
Salónica, en el Helesponto, y donde quiera que
dominaron los Pelasgos, están llenos los valles
de estos túmulos, segunda forma solemne de
las sepulturas. En las Termopilas, en Queronea^
en Maratón y Farsalia, se encuentran en gran
número: antiquísimas las presentan el Gáucasa^
la Cólchide y la Crimea: las riberas del rio Hy
las (Diniester) conservan los sepulcros de los
príncipes ciméricos y de los reyes escitas qqe
sojuzgaron el país. Pallas notó en la Rusia Me-
ridional, los de los Escondes, y Meyer los que
se hallan en las llanuras de los Kirguizes en las
dos orillas del rio Ablakilla, donde se recogen,
entre las cenizas, pequeños objetos de bronce
cincelados en forma de hojas y de flores, y se
encuentran rostros humanos grabados en losas
de piedra. Una infinidad de ellos se encontraron
entre el Rhin y el Danubio, erigidos por los ger-
manos y eslavos, y todos los dias se descubren
en las praderas del Elba y del Oder, donde duer-
men los héroes teutones y vendos. Entre los chi-
nos y tibetinos apenas se elevan algunos metros:
seis estadios de circunferencia tenia el de Aliates,
i
'287
padre de Creso, rey de Lidia: más de trescientos
metros de anchura y treinta de elevación tienen
los túmulos del rey escandinavo Gormo y de la
reina Daneboda: cerca de Pella, capital de la Ma-
cedonia, hay uno de tres cámaras con largas ga-
lerías: en fin, muchísimos conserva todavía la Ar-
mórica, en" la cual existe uno cerca de Vannes,
hasta de treinta y dos metros de altura, y cuando
menos de triple anchura por la base.
<¡c Si se cruza el Atlántico, las riberas del Ohío
y del Lago Ontario, la Nueva York y la Pensilva-
nia Occidental nos presentan millares de estas co-
línas fúnebres, muy parecidas á las 'que se hallan
en la Siberia; lo cual podría indicar que aquellos
pueblos pasaron por el estrecho de Behring. En el
Perú, largas galerías que se comunican entre sí
por medio de pozos, rodean lo interior de estas
colinas artificiales que llaman huacas. Desde la.
cadena de los Andes hasta la de los AUheganis, y
desde los lagos del Canadá hasta el Golfo de Mé-
xico, se ven montones de tierra y guijarros, tanto
más abundantes cuanto más se camina hacia el
Mediodía, y siempre de forma semejante. El
italiano Beltrami vio, en las cercanías de San
Luís, en América, muchísimos cerros sepulcra-
les, rectangulares, circulares ó piramidales, en-
tre los que había uno de sesenta pies de altura
y treinta de circuito por la base, teniendo al lado
288
oriental un machón triangular, parecido ai de la
Torre de los Gigantes de Gozzo. Otro tanto se
nota en los moráis ó sepulcros de la Oceanía. »
Dos especies de tunabas rodean las Piránaides:
unas se levantan como colinas de poca altura cons-
truidas con los materiales extraídos de las cante-
ras inmediatas y en medio de la arena que casi
las ha cubierto; y otras, según el uso troglodita,
están abiertas en las rocas y enfrente de las lla-
nuras del Nilo.
Hacia el Sur se encuentra la estatua gigantes-
ca de la Esfinge *, y cerca de ésta, hileras de ¿n-
nvmerables*túmulos y ruinas^ entre las cua-
les se elevan tres pirámides infeHores.
En fin, por todo lo que antecede, se puede
observar que no todas las pirámides tienen el
mismo número de gradas, ni están construidas
del mismo material, así como independiente-
mente de las pirámides existen innumerables tú-
mulos que tienen la misma forma.
' * Las esfinges son estatuas que por lo general tienen
el cuerpo de león y cabeza humana, que, según el enig-
mático pueblo egipcio, eran el emblema de la sagacidad
unida á la fuerza.
289
VI.
DIMENSIONES DE LAS PIRÁMIDES.
La de Cheops^ según los datos de la expedi-
ción francesa:
■N
Lado de la base. . . 232'» 747
Altura 138
La de Chefren, según los mismos datos:
Lado de la base. . . 204" 90
Altura 132
La de Myserinus, según la Gula en Oriente,
por Quetin:
Lado de la base. . . 95"*
Altura 54
Como antes he manifestado, todas las cifras
que se consignan en las obras que he consultado
están en completo desacuerdo. Las que más con-
fianza merecen, son ciertamente las que obtuvo
la comisión francesa y que acabo de apuntar: sin
embargo, éstas pueden haber sido perfectamen-
te ejecutadas, y no por eso dar la verdadera di-
mensión de las pirámides, puesto que las bases de
García-Cubas.— 20
290
éstas se encuentraa cubiertas por la arena. Así es
que^ para mí^ la noticia más exacta qae se tiene
respecto de la pirámide mayor^ es la del general
Grobert, que al medirla tuvo la precaución y cui-
dado de descubrir la base sumergida en la areda
algunos metros, y medir de un ángulo á otro,
obteniendo 728 pies, ó sean 236" 48. Para me-
dir la altura se sirvió de otro medio que, si bien
era penoso, en cambio se obtenia un resultado
más satisfactorio, y consistió en medir la altu-
ra de los innumerables escalones que forman
las gradas de la pirámide y sumar los resultados
parciales. Este trabajo dio para la altura verti-
cal 447 pies ó 145°»20.
VIL
INTERIOR DB LAS PIRÁMIDES.
En la cara Norte de la pirámide de Cbeops, á
la altura de la décimaquinta grada, existe una
abertura á la cual se llega por un montecillo ad-
herido á la pirámide. Esta abertura, disimulada
en otro tiempo y abierta hace siglos, da entrada
al interior de las pirámides. Según la expedición
francesa, para penetrar al interior, preciso es des-
lizarse por una estrecha galería, seguir después
una rampa ascendente para llegar á otra galería
291
baja horizontal. Todas estas vías subterráneas
están hechas de piedra calcárea, a A la entrada
de la galería existe un pozo de 200 pies de pro-
fundidad, hecho en la roca^ y por la misma se
llega á la cámara llamada de la Reina, que
no tiene inscripción ni cornisas: al salir de esa
<5ámara se encuentra la continuación de la rampa
ascendente^ pero más inclinada y penosa. Esta
rampa conduce á un descanso^ en donde todo
anuncia que pronto se verá la pieza misteriosa del
monumento. Un cerramiento complicado en su
construcción, con las señales de una abertura for-
zada, conduce á la cámara llamada del Rey,
santuario pigmeo comparado con el gigantesca
monumento. Este cuarto es un paralelógramo
de treinta y dos pies de largo y diez y ocho de
altura. Está construido con enormes piedras atra-
vesadas de una á otra pared, á manera de los en-
vigados de nuestros techos. Un sarcófago de gra-
nito, colocado de Norte á Sur, se encontró vacío
y sin adornos; diversas circunstancias manifestar
ron que habia sido profanado. »
292
PARTE SEGUNDA.
i»iRAM:ir>E:s ue xeotihuac-ajít.
I.
DESCRIPCIÓN DEL TERRENO.
A 50 kilómetros N. E. de la capital de la Re-
pública se encuentra el valle de Teotihuacan, el
eual se halla separado del smieno y fértil valle de
Texcoco por una serie de eminencias que forman
oh contrafuerte de la Sierra Nevada. Los cerros
Aztécatl, San Pablo, Patlachique, Locoyó> Guafio,
San Telmo y otros, elevan sus altas cumbres,
unas cubiertas de vegetación y otras enteramente
desnudas, presentando el aspecto que en lo ge-
neral caracteriza á todas las demás montañas
que circundan el valle. Este, hacia el Oriente,
se halla limitado por las últimas alturas de la
Sierra Nevada, cuyas principales cumbres, por
esta parte, son los cerros de Soltepec, Campa-
nario, Tepayo y otras de menos importancia. Por
el Norte, cierran el valle los qerros Malinalco,
Maravillas y Cerrogordo, que alza su cumbre á
293
unos 800 metras sobre las llanuras inmediatas^.
dominando todas las demás eminencias del valle.
Forman la base de estás montañas una suce-
sión de lomas, que, ya cubiertas de tierra ve-
getal, ó bieii descubriendo su terreno de forma-
ción volcánica, ostentan el bello ropaje de una
vegetación vigorosa, ó tienen el aspecto triste de
un suelo árido ó improductivo. Aun cuando el
valle de Teotihuacan no ofrece los pintorescos
paisajes y risuefios sitios de otros lugares de la
República, particularmente de las Sierras, no
carece, sin embargo, de lugares amenos. La vista
que presenta el valle por la parte del Sur, al des-
cender de la montaña opuesta, después de haber
atravesado un terreno inculto y triste, es verda-
deramente agradable. Los cerros Patlachique y
demás mencionados, se levantan en medio de
tina vegetación lozana, y las campiñas se extiea-
den, matizadas con los variados colores que pro-
ducen las labores de los campos, contrastando
con el verde oscuro de los simétricos plantíos de
magueyes. Por otra parte se descubren los di-
versos pueblos y haciendas, también con dife-
rentes aspectos, pues parece que en estos lugares
reina por donde quiera el contraste: primero, San
Juan Teotihuacan elevando la esbelta y elegante
torre de su templo en medio de las frondosa»
copas de los sabinos; más á lo lejos, Otumba,
294
triste como sus alrededores^ que parecen estar
recordando la sangrienta batalla que alli ^mpe-
fiaron los aztecas en defensa de su nacionalidad;
Axapusco rodeado de tierras estériles; Acolman
con terrenos feraces que producen ricas mieses;
Santa Catarina con sus largos callejones de en>
hiestos y bien alineados órganos; en fin^ toda la
parte Sur y del Poniente es fértil, mientras que
la del Norte y Oriente es más ó menos estéril.
Teotihuacan se asienta en medio de unas lomas
ásperas y tepetatosas que insensiblemente van
ascendiendo hacia el Norte, formando la base de
Cerrogordo. Nada notable ofrece el terreno en
este lugar, pues cubierto en su mayor parte de
toba volcánica y de basalto escoriáceo, llamado
vulgarmente tezontle, apenas nacen en él uno
que otro árbol del Perú (Schinus MoUe) y algu-
nos matorrales que interrumpen la uniformidad
de un suelo naturalmente árido y triste, aun cuan-
do la tierra vegetal haya venido con el tiempo á
fertilizar determinados lugares. La parte Sur de
la población está muy lejos de presentar el mismo
aspecto: manantiales purísimos de agua crista-
lina nacen á inmediaciones del templo, fecun-
dizando el terreno y cubriéndolo de una esplén-
dida vegetación; pintorescas y hermosas calzadas
y arboledas; campos cubiertos de pastos y ver-
duras, y la diversidad de plantas gramíneas que
295
allí se cultivan, embellecen el suelo, formando
el principal y más notable contraste con el ante-
riormente descrito.
11.
SITUACIÓN DE LAS PIRÁMIDES.
A tres kilómetros N. E. deSan JuanTeotihuacan
se encuentran las dos pirámides que son el asunto
de este cuadro comparativo. Hállanse situadas
en la parte menos fértil y más elevada del ter-
reno que por este lado circunda á aquella pobla-
ción.- En aquel suelo, cuya formación, según se
ha indicado antes, es de basalto escoriáceo, se ven
grutas profundas formadas indudablemente al
extraer el material que hubo de emplearse en la
construcción de los monumentos. Al Sur de la
pirámide principal, llamada del Sol, existe otra
obra digna de atención, conocida hoy con el nom-
bre de Cindadela, y la cual está formada de cua-
tro muros de igual longitud, cortándose en án-
gulo recto. El espesor de los muros es de 80
metros y la altura media 10, con excepción del
occidental que mide cinco. Las faces anteriores .
son verticales, mas no así las exteriores que for-
man talud . En el centro del cuadro se eleva una
pequeña pirámide de base cuadrangular, y sobre
296
la parte horizontal de las murallas otras catorce
de menores dimensiones colocadas simétrica-
mente.
Las pirámides de Teotihuacan 'no sorprenden
la vista del viajero que las descubre desde el ca-
mino de fíerro que une la capital de la Repú-
blica con la ciudad de Puebla, porque teniendo
al frente de ellas la gran mole de Gerrogordo, la
comparación que instintivamente se hace entre
esos monumentos y las elevadas montañas, les
es ciertamente desfavorable; pero si se desciende
por la falda del cerro Malinalco, el aspecto que
presentan desde el momento que se perciben, es
en verdad sorprendente: entonces, destacándose
sobre la llanura, elevan majestuosamente sus
moles seculares, haciendo concebir al viajero la
ilusión de que se halla trasportado á las regiones
del Nilo, y le traen á los labios el verso del poeta
Delille:
Leur masse indestructible a fatigué le temps.
Su indestructible masa al tiempo fatigó.
Nótase desde luego la analogía que existe en
el sitio elegido para la construcción de las pirá-
mides egipcias y estas nuestras. El rio de Teo-
tihuacan pasa al Sur de estos monumentos, sir-
viendo como de foso á la parte Norte y occiden-
tal de la Cindadela. Este rio desagua eo la laguna
297
de Texcoco con grandes crecientes en tiempo de
lluvias, siendo entonces su curso muy impetuoso.
Sus aguas han descubierto en una inmensa ex-
tensión del terreno, cimientos de edificios y capas
horizontales de una mezcla finísima endurecida
como la roca, todo lo cual revela los restos de
una vasta población, quizá la Memfis de estas re-
giones.
En una grande extensión del terreno que rodea
á las pirámides, á más de una legua de radio, se
observan, en efecto, los cimientos de multitud
de edificios; descúbrense en las márgenes del rio
y á uno y otro lado de los caminos, las capas ho-
rizontales de cal; otras capas de tierra y lodo,
de tezontle y de toba volcánica existen allí mis-
mo, revelando un idéntico sistema de construc-
ción; en los caminos que unen á las pirámides
con San Juan, además de estas construcciones,
se notan distintamente vestigios de paredes que se
cortan en ángulo recto. La multitud de piedras
labradas que se han extraído de todas estas rui-
nas, y que se emplean actualmente en las cons-
trucciones del pueblo de San Juan y de las ha-
ciendas inmediatas, indican que la antigua pobla-
ción era de cierta- importancia.
298
III.
FORMA y ORIENTACIÓN DE LAS PIRÁMIDES.
Las pirámides de Teotihuacan^ aun cuando
vistas de lejos muestran sus faces sin solución
ninguna de continuidad^ al observarlas de cerca
se advierten muy distintamente los cuerpos de
que constan^ así como la meseta que da forma á
la cumbre. La pirámide del Sol^ según las obser-
vaciones de la Comisión científica de Pachuca,
se halla situada á los 19<^ 41' 26" 74 de lat. sep.,
y á las 6^ 35' 18^' 32 long. en tiempo al Oeste
de Greenwich. Esta pirámide, que es la mayor
y la más austral de las de Teotihuacan, está com-
puesta de cuatro cuerpos y tres gradas. La de
la Luna cuenta igual número de gradas, distan-
tes una de otra diez metros, aunque en la actua-
lidad no se percibe de una manera clara y dis-
tinta, sino la superior.
En el párrafo correlativo, he hecho notar que
no todas las pirámides egipcias tienen la misma
forma; que unas cuentan innumerables escalones
y otras apenas una, dos, tres y más gradas, como
las del alto Egipto.
Al observar el plano de la Comisión científica
de Pachuca, me llamó la atención la desviación,
299
hasta de unos 30 grados^ de las faces de estos
monumentos respecto del meridiano verdadero.
Mi convencimiento en el particular, primero por
las observaciones de algunos historiadores tocante
á los monumentos antiguos, y luego por las que
tuve ocasión de. hacer en las ruinas de Mitlalto-
yuca, es de que esa desviación apenas llega á
unos cuantos grados; circunstancia que he atri-
buido á la imperfección de los instrumentos de
que podian'disponer los antiguos habitantes de Mé-
xico para sus observaciones astronómicas. En tal
virtud, me decidí á dirigirme al lugar de las pi-
rámides, con el fin de hacer personalmente to^
das las observaciones necesarias y llenar el ob-
jeto que me he propuesto en el presente artículo.
Las faces de las pirámides de Teotihuacan no
están exactamente orientadas, aunque la desvia-
ción no es tan grande como la que se infiere de
la consulta del plano á que antes me he referido^
y sin embargo mis observaciones no están en
desacuerdo con las de la Comisión de Pachuca^
como intentaré explicarlo á su debido tiempo.
El estado difícil, para proceder á la observación,
en que actualmente se encuentran las pirámides,
por hallarse enteramente cubiertas de vegetación
y por los derrumbes que han hecho desaparecer
las aristas, me hubieran obligado á permanecer
por mas tiempo en esos lugares con el fin de des-
300
pejar convenientemente sus faces, si dos circuns*
tancias no hubieran venido á favorecer mi inten-
to. En la cara occidental^ la grada del centro se
conserva y muestra patentemente su arista,
orientada la cual dio por resultado 7**N. E. res-
pecto del meridiano magnético, y como la de-
clinación de la aguja en Teotihuacan es de 8** 12^
E., la desviación de la faz occidental de la pirá-
mide del Sol viene á ser, respecto del meridiano
astronómico, de 15® 12' E. y no de '30® como
aparece en el ya referido plano. Todas las faces
de las pirámides se cortan en ángulo recto. La
segunda circunstancia, aun mas favorable ai
intento, me la ofreció la pirámide de la Luna.
En muchos lugares de ella y aun en toda la
longitud de la cara oriental, los derrumbes de
la capa de piedra y lodo han dejado descubiertas
las faces aplanadas y bruñidas, sin vegetación nin-
guna, y presentándolas convenientemente al ob-
servador. Las faces oriental y austral tienen las si-
guientes posiciones respectivas: faz oriental, 1*
30' N. E.: faz austral, 88« 30' N. 0., y por consi-
guiente cuentan respecto del meridiano verdadero,
la primera 9^42' N. E., y la segunda 80® 18' N. 0.
De las observaciones anteriores se deduce que
las dos pirámides nó están igualmente orientadas,
coincidiendo la de la Luna, aproximadamente, con
el meridiano magnético.
301
Si', respecto de esta circunstancia, difieren es-
tos naonumentos de los del Egipto medio, no su-
cede lo mismo con los del alto Egipto y Etiopía,
según manifesté en el lugar respectivo, y por
consiguiente, si tal circunstancia no era una re-
gla general entre los egipcios, esta falta de con-
formidad nada prueba en contra de las conclusio-
nes generales con que daré fin á esta disertación .
Una circunstancia muy particular y digna de
llamar la atención es la de encontrarse la línea
de los centros de las dos pirámides en la direc-
ción d^ meridiano astronómico, de la misma ma-
nera que se observa en las pirámides del alto
Egipto, aunque no en las de Gizeh. La diferen-
cia de cerca de dos grados que encontré al obser-
var desde la meseta de la pirámide del Sol, sin
duda proviene (y en esto estoy de acuerdo con el
ingeniero Almaraz) de que los constructores te
nian conocimiento del movimiento de la bóveda
celeste y se fijaron en la polar, creyéndola exac-
tamente en el eje del mundo. Este hecho podría
favorecer el argumento de los que' atribuyen á
estos monumentos un objeto puramente cien-
tífico.
No tratando yo sistemáticamente de demostrar
la comunicación entre los habitantes del antiguo
y nuevo mundo por la comparación de sus mo-
numentos, hago notar que así como manifiesto
302
todas sus circunstancias análogas y similares^
igualmente pongo en relieve todas las en que di-
fieren. La pirámide del Sol se encuentra además
circunvalada^ menos por la parte occidental^ por
una muralla de la misma forma que la de la Cií&-
dadela. En ningún libro he visto descritas obras
semejantes al pié de las pirámides egipcias^ y sí
existen^ ó no be tenido ocasión de notarlas^ ó
no se las menciona^ tal vez por hallarse sumer-
gidas en el inmenso mar de arena. Sin embar-
go^ el examen del adjunto plano de las pirámi-
des de Gizeh^ que acompaño^ hace notar obras
análogas que drcundan á estos monumentos, y
sefialadaoiiente á la segunda y tercera.
Respecto de la diversidad de construcciones
que acompafian á las grandes pirámides egipcias,
existe aún mayor analogía con las de Mitlalto-
yuca. Gomo individuo que fui de la comisión
exploradora y encargado particularmente del le-
vantamiento del respectivo plano, tuve ocasión
de estudiarlas hasta donde lo permitían los es-
casos elementos con que contábamos. En las pi-
rámides de estas ruinas, se observa el mismo
orden en general que en las de Teotihuacan, pues
difieren respecto de su construcción, circunstan-
cia que proviene, sin duda, de la diversidad de
materiales de que podían disponer sus construc-
tores.
303
Las ruinas de Mítlaltoyuca se encuentran en
medio de una selva virgen, en donde los corpu-
lentos cedros y árboles frutales, las palmas rea-
les y la innumerable cantidad de bejucos entre-
lazados impiden al viajero penetrar libremente en
-ella. Los monumentos se encuentran ocultos por
«sa exuberante vegetación, obstáculo que nos im-
pidió continuar nuestra exploración, y apenas pu-
dimos examinar" unos cuantos monumentos, no
obstante el gran número que de ellos existe. En
Teifatidos días, contados desde la salida de México
hasta nuestro regreso, la comisión cumplió su en-
<;argo, formando el Sr. Almaraz el croquis del
camino de Tulancingo á la Mesa de Coroneles
y él cálculo de la extensión de los terrenos bal-
díos; el Sr. D. Guillermo Hay, sacando las vis-
tas fotográficas y redactando la descripción de
las ruinas, y yo levantando el plano. En tan cor-
to plazo era de todo punto imposible la explo-
ración y estudio conveniente de todas las rui-
nas; pero los datos que recogimos revelaban, des-
de luego, la importancia arqueológica de dichas
ruinas.
El conjunto de monumentos está formado de
pequeñas pirámides truncadas, túmulos, collados
y rampas. Las mencionadas pirámides son de cor-
tas dimensiones, como que no cuentan más de
•dos á tres metros, y de una sola grada: la mayor
304
parte de ellas están construidas con losas de are-
nisca^ colocadas horízontalmente por capas y cu-
biertas con ana torta braflida de muy bnena mez-
cla hidráulica. La pirámide principal tiene once
metros de altura aparente^ por cuanto á que el
primer cuerpo se halla oculto^ en su mayor par-
te^ por el rico humus de la selva: su base mide
cuarenta metros, y sus faces orientadas por el me-
ridiano magnético se cortan en ángulo recto.
Dos circunstancias llamaron mucho nuestra
atención: la primera es la disposición de las lo-
sas que cubren la parte superior de uno de los
túmulos, las cuales guardan el orden que se ob-
serva en los arcos y bóvedas de nuestros días*
Este descabrimiento, debido al Sr. Hay, de-
muestra claramente que los antiguos habitantes
de esta tierra conocian la bóveda y la construían
con más ó menos perfección. La segunda cir-
cunstancia es la escultura (lamina 1 .•), ejecuta-
da en un trozo de la misma arenisca. Examinan-
do la figura, se advierte que por sus justas pro-
porciones, el tipo y demás circunstancias, se
separa tanto del repugnante aspecto de los ídolos
aztecas, cuanto puede acercarse al carácter délas
momias egipcias.
La otra figura de la propia lámina, representa
el fragmento de una careta encontrada en las rui-
nas de Teotihuacan. En las facciones se advier-
305
ten, no los rasgos toscos y deformes que por lo
general caracterizan á las figuras aztecas, sino la
mayor maestría en el modelado, indicio seguro de
la existencia de un pueblo mas culto.
IV.
OBJETO DE LAS PIRÁMIDES.
El hecho de estar rodeadas estas pirámides de
monumentos fúnebres, induce á creer que fueron
construidas con el mismo objeto que las de Egip-
to. Mas en lo que no cabe duda es que la mayor
fué dedicada al sol bajo el nombre de Tonatiuk,
así como la menor á la luna con la denominación
de Mextli ItzacuatL
En México existen tradiciones vagas referentes
al objeto de dichas pirámides; pero respecto de la
época de su construcción, no hay ni siquiera hi-
pótesis, ó por lo menos no he podido investigarlo
en las obras que he con3ultado.
El Diccionario Mexicano de Historia y Geogra-
fía, dice á este respecto lo que sigue:
<iEste celebre monumento (Pirámides de Teo-
tihuacan) de las antigüedades mexicanas, cerca-
^ no á Texcoco^ era el templo más suntuoso dedi-
cado á Tonatiuh, es decir, el sol ó el que va res-
plandeciendo, ó también Teutl, quesignificaDios,
García-Gübas.— 21
306
y por último, el que rige á la luna, el corazón del
cielo y el padre de las horas. La pirámide menos
alta era el templo de la mujer del sol, Genteotl,
que quiere decir rodeada de deidad: la llaman
también Tonacayohua, que solo exigía para sus
sacrificios, tórtolas, codornices y conejos.
<L Aunque los edificios colosales de los toltecas,
los chichimecas, los aculhuas, los tlaxcaltecas y
los aztecas presentan diferentes dimensiones, to-
dos tienen una misma forma, la piramidal, y sus
lados siguen exactamente la dirección del meri-
diano y del paralelo del lugar. El templo se ele-
va en medio de un vasto recinto cuadrado y ro-
deado de una muralla, dentro de la que habia
jardines, fuentes, las habitaciones de los sacer-
dotes y algunas veces almacenes ó depósitos de
armas. Una grande escalera conducía á la cima
de la pirámide truncada, y en ésta, que era como
una especie de plataforma, se encontraban una
ó dos torres que encerraban los ídolos colosales
de las deidades á quienes se habian dedicado, y
en donde se mantenía el fuego sagrado. Esta
construcción proporcionaba la vista, desde mu-
cha distancia, del sacrificio, asi como de la
procesión y demás cei^emonias que hadan los
sacerdotes.
«Hay una semejanza demasiado notable entre
los templos de los antiguos babilonios, descrié
307
critos por Herodoto y Diódoro de Sicilia, y
los Teoallisdel Anáhuac.
ce Guando los mexicanos en 1190 vinieron ala
región equinoccial de Nueva-España, ya encon-
traron construidos los monumentos pirami^
dales de Teotihuacan, de Cholula y de Papan-
tía, y los atribuyeron á los toltecas, nación
civilizada que habitaba en México hacia quinien-
tos años, pues que no conocían otras tribus que
hubiesen habitado el país antes de los toltecas,
á quienes atribuían la más remota antigüedad;
pero es muy posible que hayan sido construidos
antes de la venida de los toltecas, es decir, an-
tes del año de 648 de la era vulgar.
ce Er templo de México estaba dedicado á Tez-
catlipocai y á Hultzilopoxtli, y los aztecas lo cons-
truyeron por el modelo de las pirámides de Teo-
tihuacan, seis años, no más, antes del descubri-
miento de la América por Cristóbal Colon. »
• •.••.*•..• •••• •.•,•••••
ce Las pirámides chicas que rodean á la del Sol,
apenas tienen de nueve á diez metros de altura.
Según las tradiciones de los indígenas, ser vian
de sepulcros á los ge fes de su^ tribus. Alrededor
de Cheops y de Mycerino en Egipto, se distinguen
también ocho pirámides chicas, colocadas con
mucha simetría y paralelas á los lados de las gran*
des. Los templos de Teotihuacan tenian cuatro
308
{üataformas principales: cada una de ellas estaba
dividida en pequeQos escalones, de los que se dis-
tinguen todavía les aretes (las vértebras)*. Su
núcleo es de barro mezclado con piedras peque-
ñas, y está revestido de un muro de tezontle**.
Esta construcción es muy parecida á una de
las pirámides egipcias de Sakharahy que tie^
ne seis plataformas, y que según el viaje de
Pooocke es un conjunto de polvo amarillo, re-
vestidas por fuera de piedras en bruto. »
« Al principio de la civilización, los pueblos
escogían lugares elevados para sacrificar á sus
dioses. Los primeros altares, los primeros tem-
plos, se erigieron sobre las montanas, y éstas, ó
eran aisladas, ó se procuraba darles formas re-
gulares, en plataforma, ó practicando en ellas
escaleras para subir á su altura***.»
De las líneas anteriores se deduce, que además
de servir los monumentos de Teotihuacan de se-
pulcros, tenían un objeto religioso. Dichos mo-
numentos, así como los de Egipto, se prestan,
por la diversidad de circunstancias que los acom-
* Aristas.
** Más adelante se hará la explicación del verdadero
sistema de construcción.
*^* Gomo se observa en Tetzcotzinco, cerro situado al E.
de Texcoco.
309
paüan, á toda clase de interpretaciones y conje-
turas: la ciencia cree descubrir en la orientación
de las pirámides, en la inclinación de sus faces
y en todo lo demás que se ha hecho notar en el
curso de este artículo, el fin con que fueron cons-
truidos tan soberbios monumentos, revelando lob
conocimientos astronómicos que poseía el pueblo
constructor; la teogonia por su parte, en el he-
cho de depositarse allí animales sagrados, y eá
la existencia de aras é ídolos, descubre un objeté
meramente religioso; el arte de la guerra, hace
notar en las murallas de circunvalación, otras taa-
tas líneas de defensa; las costumbres, la historia
ó las tradiciones los presentan como monumen-
tos fúnebres. No es, de consiguiente, extraño que
los sabios, encontrando cada cual pruebas sufi-
cientes para las teorías en que se han fijado, es-
tén en desacuerdo.
Los ídolos colosales que el viajero admira en
Teotihuacan, la dedicación de las pirámides á las
divinidades, el sol y la luna, y los demás que ha
podido recoger la historia, manifiestan su objeto
religioso: de la misma manera, cada una de las
otras circunstancias repetidas, están revelando los
demás fines, principales los unos y secundarios
los otros. En mi humilde concepto aquellos mo-
numentos eran á la vez tumbas y altares.
310
V.
MONUMENTOS FÚNEBRES*
Con la denominación de tlalteles* se conocen
los innumerables túmulos que rodean las pirá-
mides. Esos monumentos se hallan unas veces
aislados y otras unidos y alineados^ limitando
la calzada que comienza cerca de la Ciudade-
la^ pasa por la cara occidental de la pirámide
del Sol y termina enfrente de la cara austral del
monumento de la Luna^ formando al concluir un
gran circulo^ en cuyo centro se encuentra otro
túmulo. Llámase esa calzada^ Calle 6 Valle de
los Muertos.
El aspecto que presenta esta doble y simétrica
hilera de túmulos^ es de los más imponentes. Co-
locado el observador en el eje de la calle, con-
templando esa doble hilera de monumentos que,
descubiertos en parte, presentan extensas escali-
natas medio derruidas, y teniendo al frente la pi-
rámide de la Luna, que se alza majestuosamente
rodeada de los tlalteles que al terminar la calle
se separan en forma de anfiteatro, se siente so-
brecogido de entusiasmo á la vez que turbado
* Los monumentos análogos que se encuentran en el
interior de la República, se conocen con el nombre de
«coecillos.»
311
por la tristeza que causa el romántico aspecto del
lugar. Aquellas obras gigantescas construidas por
la mano del hombre, que permanecen allí como
para revelar la remota existencia de un pueblo,
tal vez feliz y poderoso, y que de su ser no ha
dejado otra memoria que esos edificios misterio-
sos, cuyas páginas, grabadas en las rocas, no
han podido aún ser descifradas, admiran á la par
que conmueven.
Muchos creen t[ue todas estas pequeñas pirá-
mides que como satélites rodean á las del Sol y
de la Luna, representan los astros del firmamen-
to. Esta hipótesis podria ser un nuevo argumen-
to en favor de los que atribuyen á este género de
construcción un objeto científico.
Los egipcios, como ha podido notarse, edifica-
ban unas veces suntuosas sepulturas, y otras cons-
truían pequeños túmulos, á semejanza de mon-^
tafias. Si bien las construcciones de que ahora se
trata, no están abiertas en las rocas de las grandes
eminencias y difieren muy particularmente de las
de Tébas, en cambio conservan mucha analogía
respecto de los demás monumentos fúnebres, tan-
to por su situación en los sitios más elevados co-
mo por el objeto á que estaban destinados. La
Comisión Científica de Pachuca, al ocuparse en el
levantamiento del plano de las ruinas, emprendió
la demoUcion de un túmulo situado en el centro
. 312
de la Calle de los Muertos, y encontró ua nicho
vacío^ de las dimensiones del cuerpo de un hom-
bre, y con las paredes y la bóveda perfectamente
bruñidas, cual sí estuviesen estucadas: tal voz
en otros túmulos se encontrarán cadáveres ó náo-
mias que vendrán á dar la solución definitiva del
problema que nos ocupa. De desearse fuera que
una comisión exploradora se ocupara de empren-
der estas interesantes indagaciones, como lo he
propuesto al Ministerio de Instrucción Pública.
VI.
DIMENSIONES DE LAS PIRÁMIDES.
He indicado en el articulo tercero, que habién-
dome llamado la atención la desviación de cerca
de 30^ que ofrecen las faces de las pirámides en
el plano de la Comisión Científica de Pachaca,
me vi obligado, con el fin de no hacer aprecia-
ciones temerarias, á trasladarme á Teotihuacan,
como en efecto lo verifiqué en unión de íni com-
pañero el ingeniero D. Manuel Espinosa, No sa-
bia á qué atribuir las enormes diferencias que
resultaban entren los datos de nuestras observa-
ciones y las del plano referido, conociendo, po-
mo conocía, la aptitud y conciencia con que fue-
ron ejecutados los trabajos de dicha Comisión;
313
mas ai orientar la Calle de los Muertos, pude ex-
plicarme aquellas diferencias, advirtiendo que la
meridiana astronómica se halla en el repetido
plano inclinada 12*^ al 0.; error que se advierte
desde luego fué cometido por el grabador. He-
cha esta rectificación, nuestras observaciones, en
general, están de acuerdo con las de la Comisión
de Pachuca.
Los resultados que obtuvimos son los siguientes:
PIRÁMIDE DEL SOL.
LadoN. S. de la base ..... 232™
Lado E. 0., cara austral .... 220™
Altura. 66™
Inclinación de las caras N. y S. 31^ 3'
Inclinación, cara Oeste 36®
Meseta, de Norte á Sur ... . 18™
. y> de Este á Oeste .... 32™
Rumbo de E. 0., cara austral. . 83® N. O.
Rumbo N. S., cara oriental. . . 7®N.E.
Dirección, Calle de los Muertos. 8® 45' N. E.
Línea de los centros de las dos
pirámides lO^N.O.
314
PmAMIDB DE LA LUNA.
Lado E. 0. de la base 156»
Lado N. S 130»
Altura 46'»
Inclinación de la cara oriental. 31° 30'
4
» de la cara Sur. . . 36®
]> en la parte bruñida. 47®
i> de la cara oriental^
bruñida 47®
Meseta^ seis metros por lado.
Orientación, cara N., Luna, de
E. á 88® 30' N. O.
Orientación, cara oriental, deS.
áN 1®30'N. E.
Los datos de la Comisión de
Pachuca^ son:
Lado N. S. de la base 232»
Lado E. 224
Altura 62
PIRAMmB DE LA LUNA.
Lado E. 0. de la base 156
Lado N. S 130
Altura 42
315
Los datos, que difieren muy particularmente
de los anteriores, son los que se contraen á las
alturas de las pirámides. Para explicarlas debe
tenerse presente que los monumentos se hallan
edificados en un suelo inclinado de N. á S., como
se ha hecho notar, y que, al tomar la altura, la
Comisión tal vez procedió por la parte Norte,
mientras que nosotros lo verificamos por la parte
Sur. Al efecto, medimos una base de sesenta
metros del lado opuesto de la muralla, á corta
distancia de la base de la pirámide del Sol y en
un pequeño llano: desde los .extremos de la base
tomamos los ángulos de altura y de proyección;
método exacto, el cual nos dio el resultado ex-
presado. Para la altura de la pirámide de la Luna,
la base se midió igualmente de sesenta metros
en el pequefio espacio que media entre los tlalte-
les, en el lugar en que, al separarse, forman an-
fiteatro.
La relación entre la base y la altura de las pi-
rámides de Teotihuacan no es la misma que existe
en los elementos de las egipcias; pero si los ha-
bitantes de México, admitiendo una hipótesis,
poseían también la costumbre de ir aumentando
el volumen del monumento durante la vida del mo-
narca, ó por cualquiera otra circunstancia, es de
creerse que los constructores tenian la intención
de elevar más la pirámide del Sol, y á juzgar
316
por la base^ habría llegado á tener las colosales
proporciones de la de Cheops. Por otra parte,
no existiendo entre las bases y altura de las pi-
rámides egipcias una relación constante^ mal
podríamos nosotros tratar de buscar analogías á
este respecto.
El ingeniero Almaraz, gefe de la Comisión cien-
tífica de Pachuca^ á la cual tuve la honra de
pertenecer, creyó encontrar la unidad lineal del
pueblo constructor de las pirámides, haciendo
comparaciones con las medidas obtenidas en el
levantamiento del plano, resultando de sus ob*-
servaciones que la extensión lineal de 0,8 es la
base ó unidad.
En estas arduas cuestiones, todas las teorías
descansan en suposiciones; pero muchas veces,
de conjetura en conjetura, se logra llegar i una
solución acertada. En tal virtud, cada uno puede
lanzarse al campo de las hipótesis; las pruebas
que se emitan serán las que lleguen á trasformar
aquellos en evidencias. Suponiendo que dicha
unidad Haeal sea cierta y común para los mo*
numentos de los dos pueblos que comparamos,
resulta que aquella estará contenida en el estadio
egipcio 22S veces. Por consiguiente, las pirámi-
des de ambos países tendrán las siguientes dimen-
siones, arregladas á esa unidad supuesta:
317
Metros. Med. supuesta.
Base, pirámide de Cheops. . 236 00 295 00
Altura 145 12 181 50
Base, pirámide del Sol(N.S.) 232 00 290 00
„ „ „ (É. 0.) 220 00 275 00
„ „ según Almaraz. 224 00 280 00
Altura 66 00 82 50
Base E. 0. de la Luna. . . 156 00 195 00 ,
Lado N. S. de id. ... . 130 00 162 50
Altura. . 46 00 57 50
ídem según Almaraz. ... 42 00 52 50
Distancia entre los centros
de las pirámides, id. id. . 800 00 1000 00
Lado del cuadrado del tú-
mulo id. id. . . . . . . 5 60 7 00
Espesor de la muralla de la
Cindadela, id. id 80 00 100 00
Radio de curvatura del mo-
numento circular id. id.. 5 20 6. 50
VII.
INTERIOR DE LAS PIRÁMIDES.
El punto de que voy á tratar es para mí de la
mayor importancia, tanto que puede estimarse
decisivo en este mi trabajo: es aquí donde voy á
demostrar la grande analogía que existe en los
principales detalles que son comunes á las pira-
318
•
mides mexicanas y egipcias. Empero debo ad-
vertir que solo me limito á llamar la atención
acerca de sus diversas circunstancias^ sin que por
eso se entienda que pretendo imponer mi opi-
nión. La puerta ó abertura, disimulada en
una época remota y descubierta en tiempos
más recientes; su situación hacia el medio de
una de las faces; la colina adherida á esa
misma faz y en cuyo término se encuentra
la abertura; la estrecha galería que conduce
al interior; el profundo pozo que se encuen-
tra al terminar dicha galería, los monumen-
tos fúnebres, las pequeñas pirámides y las
demás construcciones que rodean á los monu-
mentos principales, y por fin, los otros porme-
nores que he hecho notar en el curso de este ar-
ticulo, no pueden atribuirse á coincidencia casual
en la concepción de la misma idea; tal teoría es
para mí inadmisible. Bien sé que dos, y aun más
pueblos, simultáneamente y sin haber estado en
relación, pueden haber descubierto el mismo gé-
nero de construcciones, como la pirámide, que
es un cuerpo tan simétrico, y que bien podemos
llamar elemental; pero si en los monumentos como
los de que tratamos hay identidad de circunstan-
cias, de pormenores y de caracteres distintivos,
preciso es convenir en que hubo comunicación
entre un pueblo y el otro.
319
Se cree que la disposición de las pirámides
egipcias en forma de gradas no tuvo más objeto
que el de facilitar la ascensión de los materiales
á los cuerpos superiores al paso que se iban cons-
truyendo, por jcuanto á que el pueblo construc-
tor no conocía otras máquinas que el plano in-
clinado y la palanca. Igual argumento pudiera
aducirse respecto de las construcciones mexica;-
nas, pero yo no admito tal suposición: ¿las gra*
das^ en las pirámides egipcias ó mexicanas^ hacian
el oficio de meros andamies? Habría en tal caso
regularidad en todas las gradas de todos los mo-
numentos; pero la verdad es que en determina-
das pirámides son desiguales las distancias de
una á otra grada: que en algunas^ como las de
Cheops, Ghefren, etc, los innumerables escalo-
nes de que constan son poco elevados; y que en
otras se encuentran pocas gradas, siendo muy
grande la distancia entre dos sucesivas: algo más
que la simple comodidad tuvieron por mira los
constructores de tales monumentos. Semejante
disposición, por otra parte, habría convenido en
las pirámides de grande altura, pero no en las
pequeñas, en donde hubiera sido de todo punto
inütiL En las minas de Mitlaltoyuca, la mayor
parte de las pirámides apenas llegan á la altura
de dos á tres metros, y sin embargo están for-
madas de gradas. De todas maneras, ya fuese el
3?0
objeto de tal disposición el indicado, ú otro que
ignoramos, el sistema de escalones en la cons-
trucción de unas y otras pirámides, apoya la idea
de que ambos pueblos tuvieron desde luego este
punto de contacto.
Respecto del método de construcción de las
pirámides de Teotihuacan, se siguió el de capas
spbrapuestas. En la puerta ó abertura estrecha
de la pirámide de la Luna se encuentran perfecta*
mente marcadas las distintas capas horizontales
de que está formada la pirámide. La primera
capa se compone de piedra y barro, y su espesor
de O™ ,95: la segunda, de toba volcánica, de
O"", 37 de espesor; sobre ésta se encuentra la
tercera capa, compuesta de una mezcla de arena
gruesa de tezontle (basalto escoriáceo) y barro,
con un espesor de O™, 08 y por último, esta capa
se halla cubierta de otra de finísima cal, de 0"*,001
de grueso y bruñida por su parte superior. A es-
tas capas vulven á sobreponerse otras conforme
al mismo sistema. Otras capas guardan el propio
orden que las primeras, con la diferencia de que
solo cubren ó revisten las pirámides, guardando
la inclinación de 47®, como antes se ha indicado.
La capa de cal en éstas es de un milímetro y
medio; toda se encuentra bruñida y en algunos
lugares pintada de rojo: así se hallan cubiertas
las faces de las pirámides de Mitlaltoyuca. Una
321
gi^á^ o^nti<}ad de piedra de todias dimensiones
j áJgto lodo; cubren las sui^erfioiés de las pií^á-
ifiid^^ de tal manera^i cjue por vazim de la gra-
Yedádi, ésta» sé haan aglomerado háoia las ba^i^s^
rñodificaÉdo' por lal motivo su fortoa^ piramidal •
Eáta Girounsdanoia' mé 'hizodoacebii^ una idea>,
la euali robustecí ápóyáridome en lafe demás db-
s^vadtínetf qító hice en las mlgm^ás pirátíaides.
Pei^o átotes (te aventuráis utia opiniony peímíta-
setiíe escudarme cob los- comceptoa vertidos por
el ihtéWé sabio barón- de HumKoldt.
<¡e Aüx lítmtés des cbnnaissánces exactos^ com^
íñé^útí bant d'Un ri^age elevé;, rceal aime á se-
poíi1|f' vets les^ regióos lóintaines. Les iiíiag^s
qü'il vrfít'peuíí^ent étraitrompeuses; mais comme
ees imí^¿ déeevantesqoe c^oyaiént apeícévoir
b^ avaiút le temps dé Golomb> les- habitants
(fefei CanarieS et désAcoires; eHes peflvent. aiñe-
dW la dócoüvertle d' un ñouveau • monde. »
Pues bien; sin preteinsíonés^ de ninguna clase
y. solo por hacer' uáb del derefcfto- qile todo hoiii-
bje^ tiene de expresar? sus pensamientos; aventuró
la siguiente conjeturan tas pirámides de feotin
hnmcanytal cual koj^ se encuentrtm, no se ka^
Ifymcomoensu esh^doprimitirüó. Existe un ha-^
cinan^iento de piedi^a suelta^ cuyos intersticios
cübiwtoá de tierra^ regetal Ban* hSecho': naderlla!
müUátttd de- jllaritas y ííores con que eiStán revesa
García-Cübas.~22
322
tifias actualmente las faces de las pirámides.
Este hacinamiento de piedra^ se aparta del ais-
tema de construcción seguido en todo el cuerpo
de los monumentos^ y ademas, el derrumbe de
esas piedras efectuado en una gran parte de la
faz oriental de la Luna/ ha descubierto un plaño
inclinado perfectamente hr uñido, que indica ser
la verdadera faz <le la pirámide. Estsw obserya^
cion aislada na daria tanta fuerza á cái raciocinio:
si no estuviese acompafíadó de las mismas cir-
cunstancias eü todos los monum.e!ntoá* Efectuan-
do una circunvolución por las ciuatro faces de la
Luna, se advierte el mismo sistenoia: en la faz
austral y en la occidental, y ala misma altura/
vienen á cortarse en ángulo recto las dos .faces
descubiertas y bruñidas como la anterior, que
conservan respectívahidnté la misto a inclinación
de 47^; en Ta cara •áeptentridnalse advierten los
mismos derrumbes de piedra suelta y los mismos
planos inclinados y bruñidos; y por último, en
la faz oriental y- hacia la 'mitad de su altura,
idéntfcas circunstancias y' de un manera mas'
clara, todavía, vinieron é confirmar mi opinión,
pues el plano inclinado se halla descubierto casi
en toda su longitud de N. á S., permitiéndome
practicar sobre la masa primitiva la orientación
de dicha pirámide^ Observando desde el ceatro
de la cara Sub; la colina: de que ta:átairémos más.
323
adelante, y que se encuentra adherida á dicha
faz, se advierten los mismos planos inclinados'
y bruñidos formando escalones> de tal suerte
que esa colina, 4 su vez, •no es otra cosa qué un
trozo de pirámide. No há mucho tiempo que al
visitar, como individuo (^ la Comisión de Pa»
ohuca, todos eetos monumentos, jios tlalteles no
llamaron mi atención sino por su alineaibiento^
sa uniforme altura y sii configuración á manera
de pequeños cerros; pero mi reciente visita me
ha proporcionado la ocasión de poder dar con
ellos mismos mayor fuerza á mí argumento. En
los tlalteles, no es el derrumbe natural de las
'piedras y de la tierra, sino las excavaciones re-
<jientemente hechas lo que ha motivado la denu^
dación de sus faces: éstas, como en la pirámide
de la Luna, se encuentran bruñidas y presentan
además la forma de extensas graderías y escalir
nat^s; de manera que, pirámides, colinas, tlalteles
y. todos los detalles de éstas construcciones sb
hallan ocultos. ¿Qué motivo tendrían los autí-
guos pobladores de México para hacer desapare-
cer, esos notables monumentos bajo una enorme
cantidad de piedras y tierra? En mi concepto,
los toltecas, dueños de los referidos monumento*;
cuya CiOQ^ucoíon data tal. ve3 de una época an-
terior á la prá. cristiana;. lo9 toltecas, repito, fea-
* tos de una nación culta y civilizada, temiendo Itó
324
depredaciones de los cbichimecas^ pueblo bar*
baro que vino á fijap su residencia en el Valle de
México^ quizá trataron de dar la forma de moo-
tafias á esos santuarios y sepulcros^ á fin de evi^
tar que fuesen profanados por los nuevos ktmi^
grantes. Podrá pareo^r esta opibion dbmastado
ataüzada; no la presento^ por taiito^ sitío como
ttüa m&ra conjetura. *
La única abertura conocida^ que es la de la
pirámide de la Luna^ sé encuentra en la cara aus^
tral^ é la altura de veinte metros y en la piarte
superior del tlaltel sobrepuesto. Esta abertura
da entrada á una estrecha galériá dddeendentd)
interrumpida por un pozo profundo cuadrango*'
lar, cuyas paredes están revestidas de sillares de
toba volcánica . Se ha creído que esa abertariai
no es más que una horadación artificial ejecutadn
por buscadores do' tesoros; pero es de obserranss
que los que en tal cosa se ocupan no suelen per-
der su tiempo en construir un pozo regular, cofl
sus paredes perfectamente verticales, y muóho
menos en revestirlas de sillares y brufiir lai^ su*
perfícies. El eje de la galería descendente, e)
diademi observación, coinoidia exactamente eoo
el meridiano magnético.
El resto de lo interior permanece desconocido:
no exploré más adentro, a causa de los grandes
derrumbes que obstruyen el paso, y por no con-'
m
tar con los elementos necesarios para vencer esa
dificultad. *
Si en la pirámide de la Luna, que es de mé*
nos impoirtaaciíi y dimeqsioops, • existejí tfliles
detalles^ npuy parecidos á Jos de las pitámcl^
de (jizeh> ¿Du6a intere3aQ.t0s úo habría de Sj^r Wf
que presente la pirár»i<íe (leí Sol^ ícuya hase ^es
casi igual á la de Cbu^opo?
Pttejde^ (í{§í5icse, ju^aíKÍP' por anflogí?G quí la
abortiva 4q ría pirámide Af^ i Sol: debe eiiQontrai?s<»
en la faz occidentftl> al terminar el Ucdtel sobrie-
Por i^{q)p> d^b^ llamar la atención qu9 Ias
'pendisiit€!S dei^ l^c^s (lelas pírí^mid^ aon^ con
poca dfifer9QcÍ9;r las mü^mss^ exceptuandp la cara
^U^tral de la launa y la ocK^dental de la del Sol,
^n d(^e epsten los ÜalteVes adheridos: laspen-
(liet^tes Bn estas faces^ segan ha podido obs^r*
varse^ son de 36®. Tal vez la intención de los
constructores fué hacer mas difícil el ascenso A
la abertura, opoaiendp con eso mayores difi-
cultades al descubrímientp del interior de lafl^
piráoydesi de la oftisoia manara que se ha pre^*
sumido, y con fundamento, respecto de las, dci
íEgipto.
326
•
CONCLUSIÓN.
En el paralelo que intenté establecer en este
articulo^* entre las pirámides egipcias y las de
Teotihuacan^ creo haber demostrado las circuns-
tancias comunes á unas y á otras^ las (Juales^ en
resumen^ son las siguientes:
1 .^ En la región del Nilo^ lo mismo i|ue en
Teotihuacan^ el lugar elegido para la construc-
' clon de las pirámides^ es idéntico.
2^. Tanto las pirámides egipcias como las
mexicanas^ en general^ están orientadas: si las
de Teotíhuacan no lo están con la exactitud que
las de Gizeh, no« esto anapn.eb«n contrtóo,
por cuanto á que la orientación en ésta no era
regla invariable entre los egipcios, como se echa
de ver en otras muchas de aquel Ebismo país,
pues se encuentran en el propio caso que las de
Teotíhuacan.
3.^ La línea que une los centros de las pirá-
mides de Teotíhtaacan, se halla en el meridiano
aistronómico, circunstancia que cónctírre e# algu-
nas dfel altó Egipto. ♦
4.® En punto á construcción, es análogo en
unos y otros monumentos el sistema de gradas
y escalones.
5.® En ambos países las dos pirámides ma-
JÁ
327
•
ypres estaban dedicadas al Sol: en la de Cheops,
bajo el nombre de Osíris, y en la de Teótihua-
%an^ bajo el de Tonatiuh. * í
0.^B3 lugar que en la región del Nila se Ua-
Bcia VMle de los Miíbrtos, tiene analogía topo-
gráfica y homóijima con el que en Teotihnacan
se üama Calle de tos Muertos. ,
" 7 . ® Algunos monumentos de Egipto tienen ca-
rácter de fortificaciones: idéntico carácter presen-
tan los de Teotihuacan. V
S.^ Los monumentos meno^res que se hátUau en
derredor de las pirámides egipcias y de las mexi-
canas, inclusos los de Mitlaltoyuca> son del mis-
mo género' y'.esti?vieron destinados al prbpio ob-
jeto!. ' .
" 9/^ UnosyotíQg monumentos 4ienen adherida
"á una de sus face? una colina artificial.
;iO.® La puerta disimulada en otro tiempo y
abierta ;reeieñtemente, existe, tanto en algunas
pirámides egipcias eomo en la de la Luna. En
la del Sol, esa abertura permanece ignorada;
* iLa teoría de Mahraoud-Bey tkx de^truyae^ iradicipn ,
ú se atiende á que el estudio de eate distinguido, astrónq-
mo se refiere particularmente já ia relíLcicMi,, qu^ pueda
emstip entre la faz austral de la pirámide de :Chepps y le
püincipal estrella déla constelación delC^pi ^a.yor.; Lá
íteoría de Mahtnaud-Bey puede muy bien ser, «i^rta, sin
que poreso deje de leerlo la anterior- , •
\
328
«
pQro probablemente la liene en U QMft ch^í-
dental. : ■ ■,
11.® El interior de ^lQOS^y »Q«fc«)s,Bi<«ii¿Mpacpbíj%
^juzgar por el de la (liuna^, tiene a^peloigía; f^es
-si bien éstaino ha sido sufioínniQínentev^plq^^
ida/ se le «oncee yjk lia prioíera gftlwte le^tisíJl» 1^
descendente, y elpozoterüí»!. jEs roápi9*wj>i>5^
bable que eii h del Sal .se eniQiiieQtnefi iftásiieta-
4l6s^ y ({Ole éstos tengan ¡ímg^ft i\tst]¡^}^i^ 'pqn J^
deCheops.
A2.^ El ídolo eaconjLr£id<) m}^ mf^^ áefAi-
tialtoyuía, tiene eíactaw0<^te el lipo^jde If^sflior
«ias egipcia^/ ^
He tratado de deiñoatrar, $)pf qaedíp de e^
ensayo, que por razón de las analogías quej^ift-
ten entre los monuoieiitos egipcios y los mexi-
canos, es de* inferirse que ícaii^pcas remftt^sbur
bo f elación entre dos contíftent^s. separados por
la inmensidad del Océano. No &é i^i habré oami-
inado acertadamente en (Hais compsraqione^; pffpp
* En el Perú se han hallado algunas momias que jus-
tamente llaman la atención de los europeos por su iden-
tidad con 'tes egipcias.^— {!1 ^inieteiio^de iFomento xom-
pró un hermoso museoyucateco, en elcual se adiniraíMai i
algunas bellas figuras d« barro, ejecutadas con >maestiiia,
y que revelaban exactameínte eLtipo de los bafaitanites^
la India, de la China y del Japón; pero^desgcaciflfjflTnen-
te este museo desap^reeióeii }avépoca.de la iateuFeaoioii
francesa. ¡Quiera Dios que lo apróveche la cienoiiil
329
si así no fuese, mí patria tiene hijos sabios que
sabrán dilucidar dignamente tan importante cues-
tión. Por mi parte, estoy firmemente persuadido
de que si los pueblos que construyeron los mo-
numentos americanos no venían, directamente del
Egipto, por lo menos eran descendientes de otr^s
pueblos á quienes los egipcios trasmitieron sus
conocimieatos. ¿Qué pueblos fueron? La craneo-
logía y la etnografía comparadas resolverán, sin
duda alguna, Isi cuestión.
Al dar á luz el presente estudio, me ha guia-
do principalmente la idea de hacer que se fije la
atención de los hombres pensadores é ilustrados
de mi país sobre un punto que tan importante es
para el esclarecimiento de nuestra historia anti-
gua. Todas nuestras ruinas ofrecen al hombre
estudioso vasto campo de investigaciones, por
cuyo medio quizá podamos algún día revelar al
viejo mundo un misterio que hace tanto tiempo
lo preocupa. Casas ^Grandes, Teotihuacan, Pa-
pantla, Xochicalco, el Palenque, Uxmal y Mitla
son el eslabón que une la historia de dos conti-
nentes; lo hallaremos, tal vez, removiendo esos
escombros. .
México, Julio de 1870.
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FIBÁMIBES DF. TEOTraJAüW
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PIRÁMIDES DE EHPTO.
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RUINAS DE LA. ANTIGUA TOLLAN.
.. !.
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A XI QOEIUOO ÁltGO JOSE HpSA^.
i!
. .\No obstante: la amenidad del sitio que ocupa
la! villa de Tula^ ü pesar de los risueños paisajes
qpé la rodean^ embargaila tristeza el .áñixáoidei
viajero que llega ante sus muros' 4 fin, de conocer
las rdiiquias de un pjiebld én ptro tiempo -felk y
poderoso^ restos iprecípsps que, como medallas
histórioas de la ay^nzada cLvilizadión tolteoa^ yá-
.«en esj^cidos Bwiak láldaff de las colinas) ó ^Ur
biertas por cáhumusi^ejiás campiflas. Al recor-
xer aquellos lQgaFasyiqu6(fueroá á asiento djB Ja
antigua ToUán, n0>aiuy dists^tes de la población
moderna^, ya sea póf la' preocupación del ánHnb,
' 332
Ó porque efectivamente la presencia de aquellos
restos den al lugar un aspecto desconsolador^ el
viajero experimenta un pesar^ cierta melancolía
mezclada con el ardiente deseo de la investiga-
ción; los montecillos de piedra, solitarios, que
como puntos de defensa se elevan sobre una ex-
tensa colina; los monolitos que representan es-
beltas, columnas ó estatuas. derj:¡ibada6,' y en su
mayor parte ocultas por el terreno, y la multi-
tud de piedras encaladas, trozos de obsidiana y
figuras de barro regadas por el suelo, todo im-
prime al lugar un aspecto triste y de desolación,
de tal manera, que parece que todos esos objetos
y aun el mismo terreno no reflejan la brillante
luz del sol sino pálida y amarillenta.
La moderna Tula, villa y cabecera del distrito
de su nombre, eh.el Estado de flidblgo/cuya po-
idpídbn no llc^a hoy i mil ]iab|tánies, se baila
situada á diez y nttetve' leguas ND^tedéda ducb(l
de México, al pié de maos cirros^ ^ bafiada por
ios i TÍOS grande ' y ohioo )de Tula, eiñépdola el
fjká&to poír el E/ y N., y Ünoátánüola el s^ok
do por el Poníeute. iELteiirano,{K)Bla parte avien-
tal, se extiende fbrnaahcb icúnas -y coligas qw
mcBsivimeoXé van ad^olriendo diáyor «Itüra; jr
seehalla circitiidado por otms eníiaenciad más
ooíisiderabliés, tales cako el o^rpdiá Jicuü(^por
al N«, el cual, visto desde Tula, aparece mnsu
333
«stprichosa^có^bre esférica^ sostenida por eohitti^
Has al •parecer de foróiacion basáltica; ál N. B. ^
E. las^^ ii!i4)intáflas deTíáhtielílpan y deBdjaij Graxt-^
de^ sobM 6uyáÍ8'í6áinad agoto ¿li eú lontananza lofs
famosos monolitos ú: órganos de Actópáíú- qué
dan al paisaje una harinosa perspectiva; y. por el
Sur, la suce«gion de cerros que separan el 'valle
de Tok del >á^ Guaütitlan, y sobre los ouáleá
dbseoelkueiiambdo o^ro del Sincoque^ al coa)
y*> me afreveria á llamar, además, ceito Hnttw
boldt. Encuóntranse etilos derros inn^diatos álá
población: por el N., el del Tesoro; por el N:0.;
el de Magoni G-rande, y el cortocido con el nóiti^
bre de la M^tinolie; por el S. E., el del Ocatej
per el S. el del CuDmriOy y por el O. el Cielito.
Todas e&tas! eminen^ias^ se ligan con otras de ta!
soerte^ ^oe parecen inférmhiables.
El río di» Tuk^ que es el nQiismb qne conoce'-*
fiaos con el nombre de Rio del Desagüe de Hne-
hn^toca, correí de Sar á Norte, y eási á orillas^
éb la poblaeion, por la parte oriental, se desvia
al Poniente para volver poce después ¿ dirigir su
curso al Norte al recibir las aguas del rio cbico
que dbscéende dS^las montafiais de Deicani y Xint^
deji, sUuadaa al Poniente de k pobkeion'. Limn
tar^ el leeko det tío én su eurso báciael N. póf
c^íipfé^ Aei* ei^wdtí cerré» de ^fagoni V porel ddí
T^0ro> y áóflílíi^éadb pot el hérinosb follsge d^
334
los ilamos^ fresnos y otros árboles que en sus
orillas crecen^ adquiere ua poétioo aapeeto que
de tal manera seduce al viajero^ que instiotÍYá-
{Qente continúa su paseo sin desviarse para. nada
de aquellas márgenes tan pintorescas .y amenas.
; La población ocupa el espacio del ángulo qile
en su; confluencia forman los ríos grande» y chico:
eliaspepto que presenta qq surednto es desagra*
dable^ así por sus casas^ que en lo general son de
un solo piso^ como por el carácter de su almenado
templo^ que aparece mas bien como una fortaleza.
Pero estas impresíoúes desfavorables se tornan
en sensaciones gratísimas al obáérvar desde las
alturas del templo el panoraooia de la. población,
interrumpido por numerosos huertos que antes
se escondían á la vista, tras 4e los n)uros de las
habitaciones: desciúbrense, en seguido téraiinp>
hermosas calzada^, sombreadas poü el follaje de
los árboles^ .entrpílds que Uamaniat atención por
su sinaétrica fprma un fresno corpulento; y por
último, la yista puede dilatarse en las hermosas
campiñas y eminencias que las limitan.
La iglesia parroquial es de sólíida construcción,
formando un ixotable contraste elei^terior de ella
con síu interior. £^tei(iormente -no. guarda en so
arquitectura órd^n, ,f^lg^ílo:. I9 ¡f^cha^i ,ó' frontis-
picio,, que 9iide.2§/=ní$itri(W;de alter*; efe^deá^uj^
Wal gusto, revelando apopas üi>o»q^fte:Otro (Jetall^
• 385
SU carácter religioso. Los maros^ asi de los oos^
tados como el queiQorrespoi^de á W ábside dertem*:
pío, son iflás.bien propios de edificios forti&c«<
dos: frece gairítas ó bastiones en tomo {de lá hóU
veda, rematan Ibs coatraáiertesi'de loSímui:oíí>i
Ikoiando los espacios entr^iiads y: otrasnimititad^
de^ahaeñas. El interior ésnotable^por^^ aáeof
por la constrncdidn de la bfiveda^' que' forma ¿on!
sus . ancos combinados pritoorosaS:' labofretí de'^s-^
tilo gótícd. A la entrada del t^mplb se leo en el
mnro de la derecha 'esta in'spripciont'<(Lb parrb^'
quia; bajo la advocación de San José, se cónclW>
y<5 en 13S3.i> - ' b
:' fin^Mayo'de 1844, Iberia- dio á luz una acaban
da descripción de este templo, en los térininos>
siguientes: - •-' ' '•::'!•.■!:■•, . /- •■:■ • :> . .^
. «La villa de Tula, situada á diez y riuevie le*í
giías N. E. d^ Mé3áco> tíÁae por iglesia parroquial
un templci que íü^ cbnvenCiOide rdligÍ9^os^ de San^
Francisco, el cual, así. cbmo: todos ;lbs que hay dd
esta Orden enlaRepúbliea^ está cbustruidocpü la;
airquibecturapi^piapára servir también dafortale- >
za; pero ninguno he^istó que manifíesteiántó coolo)
éste: el ásp(3cto de un castillo, y en que se Jiaya pues-
to, tal cuidado y Iprolijidad para cubrir i&üs flancos >
cpQí>toift*es'y garitas, para doblar las líoéas-de áe*^
f«fl¡^a!y para haóe^lo de'UQaRrdar^a^oaaoftoijcabeí
mÍA fn^poifám^i Su JArgé-es d« sé&enta-varaKf
338 •
easteUanaé, su* aackD: de^qiünce y sú aito de trein-
(r. ed espesor de lad^paredestieae dos^ y mediad
YttaÁy el oual es el mismo desde Ib alto á< abajo'
deeliás/y por la parte exterior eiMn cuisiertad
totelmeirte de un rem^onienio-db piedra de can-
HdTSA mipevim^; cortada ei^< cuadmloagoe perfectas
me&ta labüaKks y pulidos^ quid fct la bise del
templa tíetaen hasta^ tiíes! oüartas cada pieza, y
lisego (^üDiüüyen áiei laniaQo insien^teiDente;
de modoqi^jbs másíaltoa son de una temía: las
hileraa dé cal' don* que estóa pegados son muy
del^ada8> y se maotíeoen casi intaciias^ déspués^^
de doscientos ochenta y dos afios cpi^lle^^aií^de^
pue&ítas,. puea ségiuii< dos iúscripdooes qfcSá esüán
em lá iglesia^, y los^ infonaíies qué me híai dado el
seDor cura D. José María Ruiz de Velasco> füéem^
pesiada el apo db 15SB y acabadk eb el dB 1K61*
<i P interior del tqmpWqo' tiene cosa notable;
pero si S8 fija' la ateneibn^en la pintuvaide ld& sáti^
tels qué sBihalIaüeni los altaras^ se^déduéiPqueiloi^
pihtpres^ioBTdnídBbtaenos cbnoeimiéntos y ejeeur
oion> aégiin la r^tlaridad^deilos tctteosy lo bien^^
edocado» de las sombras; lasi doé (^piilasi anexdi^'
soB obras posteriores^ al templo^ muy ii|feri<^6ií
en)todb. Beliotm lado del |frau4d[ édifidí^ seMa^
Ua¿ los ckiH^^ds^rqúe: hoy estímeasi ^rruitiad^
ylk^potoquerseniantisneea pié^ ¿coisíta úeM-
peqDefld'patíe rbckiador lié üúi poütílio baj^o y 6ti«
J
337
eoeíma de 4l> sumamente estrechos, y que son
oema e\ c^itÁt^ de un-íabeíitrtó de celdas/ de
pasadizos y escaleras^ todo tati isUBgosto, tan ¿om-
plicíido y tan oscuro, que etf • toíichas partes es
necesario ir á tientas.
* '«Eíi contaste que fijrttia todo esto con lá ele-
gancia y suntuosidad del 4éaipb;' me ha hecho
cwer^ué tal eatreehez' ha áido calculada al inten-
té dé la austeridad religiosa, 6 de tio embarazar
los medios de defensa. j-
« El atrio, en forma de un cuadrado, cfrcundái
á lodo lo que se ha dicho, y su elevación es de
elüco raras, contando con el muro. Esta obra es*
á mi juicio, tan célebre eomo la Iglesia, pues el
cnnro tiene ochocientas varas dé largo, y el ter-
raplén ariifioial sobre que está, no baja de uñ
iDillbci d^ varaB cúbicas; cirotinálancias todas que
dánf «nmérito eístraordítvarítf. á este edificio, aten-
diendo ¿lo recieirte que estaba la conquista cuati-
do íué heoho, á la escasez de operarios espalioles-
que naturalmente habia enlónées* y al Itrjo y mi*
nuciosidád de í^u manufactura;^
r Hay en los archivos de está parroquia porción
de ^efl¿rHu[ra&, de testamentos y de otros papeles,
aTgudos escriíosi e® idioma merfcano, muy cor-
♦ Olvidó sin duda el Sr..Ibem,. giufi^para eala clase
de obraa se servian los españoles de los mismos indí-
genas.
(Urcía-Cübas.— 23
338
rectos seguQ la opinión de diafao s0(ior cura; de
modo que pore^tos daíto; y |>or:Io9que se> han
referido^ los religiosos fundadores fueron hom-
bres de grandes virtudes y coiiocimien.tos, prór
pios para dejar á la posteridad las señales del
genio oíacizo^ constaate y^ en^prendedor' que ta-
YO la Espafia en aquella épooi.a^ v :
Los terrenos de Tula¿ regados por los ríos ái^-*
tes mencionados y por dos manantiales^ idef los
cuales uno nace en el pueblo dé.Tepatitlan^ y otro
de agua salada en las cercanías de la cabeeera^
son fértiles y producen maíz, trigo y cebada de
buena calidad, artículos qu0 rinden cien cargas
por una de sembradura. ^ • .
A la entrada de la hermosa :-cakada> limitada
por hileras de frondosos árboles, y en la cual se
encuentran las primeras casas deja poblskcion,
existe sobre el rio grande un |(üente de si^^lida
construcción, en cuyo centro ?e eleya'una ma-
ciza püastra que contiene la siguiente in^scrípcíon,
que copio con su propia ortografía:
' « Reynando en las Españas la catol. njaj. del
Sr. D; Carlos III (Q. D. G.) y en esta N/Esp.»
el Exmo. Sr. B.^ Frey D. Ant:® Bucarely Birrei
de ella y Alcalde Mayor de esta Prov. el cap. D;
Franco Martínez Bravo, siendo actualmente cura
el Sr. Presb. D. Onofre Gil Barragan á cuyózela
se devé la f abe* de este puente y á la exactitud
339
de los diputados de este pueblo^ dando los ma-
teriales el Becindario y el Sr . Conde deYalparaíso^
marques del Jaral del Berrio cap. del orden de
Santiago del consejo de su mag. in el de hacien-
da y contador decano jubilado del tribunal y real
audiencia de cuentas; contribuyó á todos los de*
ñas gastos hasta su conclusión que se yeríñcó
en 8 de Abril de 1779.»
La cria de ganado vacuno^ lanar^ cabrío^ de
<3erda y caballar^ es de importancia en las ha-
ciendas y contornos de la población.
Etitre los animales salvajes se cuentan los
leopardos, gato-monteses, lobos, coyotes, yeh
nados, liebres y conejos; éncuéntranse además
tuzas, conchuelas, paGhf>nes, ardillas, tejones j
tlacoachis, animales que notablemente perjudi-
can los sembrados.
Las principales aves que habitan estos lugarep
son: cuervos, quebrantahuesos, tórtolas, gavi-
lanes, águilas, tordos, golondrinas, gorriones y
calandrias.
Entre los reptiles se enumeran las víboras dQ
cascabel, hocico de puerco, coralillo, culebra^
y alicantes*, las tres primeras muy venenosas,
pues su mordedura causa la muerte á quien coa
brevedad no es atendido; lagartijas, escorpiones
venenosos, camaleones y sapos.
Insectos. — Tarántulas y arañas Venenosas,
340
principalmente la llamada capulina, avispas^ za«-
oaton, abejas, mariposas, chapulines, mosconas^
cochinillas y hormigas.
Se hallan smjetas ala municipalidad de Tula
las siguientes poblaciones, ascendiendo en toda
ella la población á 5,063 habitantes que hablan
el castellano y el otemi> dominando esté i^tim».
IiOOALIDADBS.
Tula.
fian An^apio Tola..
Saa Miguel de las
Piedraa
XocbStlan
8«B jip4róB. . . .
M Huerto
SAC^müpa
3oi4Ínt¿a
Bl I4aQo
San Lúeas
Santa María Ilacan
San Miguel TJnido.
SanMárcoa
Molino de Jazo. . ,
8aBlx>reiiso
Santa Ana. .....
Miobimalova, . . .
San FrancMCo. . . .
Bojay
Pengut
Villa.
Had^.
Pu^bl^.
Barrio.
Pueblo.
Banrio.
Pueblo.
Hacien.
Pueblo.
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919
526
^1
181
419
200
37
97
5.083
IDIOHAS.
■^^T^^'í'V^»"
Castellano.
OtcoDi.
ídem. •
Ídem.
ídem.
I4eiii»
ídem.
ídem.
ídem.
ídem.
ídem.
Castellano.
Oast 7 otoBií.
Otomí.
ídem.
ídem*
ídem.
Ide^i*
Todo lo que antecede tltf á conocer geográfica
y estadísticamente á la poblaciom nioderna de
Tula; trataremos en seguida de la antigua ToUan.
. j
34(
La historia antigua de México^ tan ^ntei^esante •
por sus fastos^ tan bella por sus tradiciones^ y
tan poética por sus episodios^ ya se la coniMilere
reitcioüada á las domas ftadoües de k tierra^
ya c6mo perteneciente á la. de un pueblo auto-
toua^ es de suma inJportancia^ y bie£i> meretíe^
por isixdo, el distinguido lugar que la Sociedad '
mexicana de Géo^afía h ha fijado en sua anales.
• Infruotoosibs han Bido hasta hoy las investiga**
cioa^s de los sabios que de han ocupado en la
inüeresantísima óuestion de la procedetida de laá
razas que poblaron la tica y vasta extensión del .
Aüáluiac. Tratando unos de asimilar las anti-
guas tradiciones de aquéllo^ pueblos al sagradé
texto de la Biblia^ y empeñándose otros en de^
ducír ese origen de analogías más ó menos pro-^
bables/ todos las hacen proceder del antiguo
intíndo^ pero sin poder precisar el lugar que díó *
origen á la emigración.
Gaeifetidn ardua y muy difícil es esta^ pues con
la IxEL de la hoguera íios sumió en la oscuridad .
el ciego fanatismo de un hombre. El obispo .
Zatnárragá> al entregar á las llamas los papi-
ros indígena^^ preciosos monumentos arquep^ló^
gicoife, sepultó quizá toda la historia de un ptie-
blo en el insondable abismo de la etertiídad .
342
Desde las orillas del Oila á las del Usamacin*
ta^ encuéntranse esparcidos en nuestro territorio
restos de edificios^ cnya importancia^ así por la
con^truccíoH de estos como por las bellezas de
8U onato^ va en aumento del Septentrión al Me-
diodía. Coecillos ó Tlateles^ pirámides y fortifi-
caciones^ templos y suntuosos palacio^^ son otros
tantos monumentos que atestiguan una civiliza*
cion muy avanzada^ y constituyen las huellas
que en su peregrinación un pueblo dejó marca-
das. Esta circunstancia, muy notable por cierto
y las analogías que continoamente se presentan
al emprender el estudio de aquellas razas en lo
poco que poseemos, corroboran la opinión que
he admitido de que los primeros habitantes de
México procedieron del Asia. Respeto con toda
sinceridad ajenas opiniones, tanto que seria el
primero en aplaudir una teoría que destruyese
mi error. En las investigaciones deseo, libre de
toda preocupación, la verdad histórica, y á falta
de datos auténicos admito por precisión el medio
de las analogías^ poderoso resorte de la historia.
Solamente basando nuestras investigaciones
en los caracteres geroglíBcos de las rocas ó en el
aspecto de los monumentos, y escudriña^ndo la
lóbrega cavidad de los sepulcros, quizá nos sea
dable con el tiempo lograr la resolucfon lie tan
arduo problema.
«
343-
Los toltecas, que isegan la historia fueron los
pobla<3óres más antiguos dé esta paHe del conti-
íiente americano, después de' los Olniecas y Xi*
(Palancas, conocieron, á juzgar por la relación de
Ixtlilxochitl, la creación del mundo, el diíhvio,
la erección de la torre de Babel y la confusión
derlas lenguas. Teriian por seguro que el mundo
había^ sido destruido tres veces, y otras - tantas-
regenerado, llamando á cada destrucción edad»
ó apagamiento del Sol . La primera sobrevino por
la catástrofe del diluvio, y la llamaron edad del Sol
de agua; la segunda por un huracán ^ y la dieron
por nombre eda,d del Sol de aire, la tercera por
un terremoto, y lá llamaifen Sol de fierra, y
ei^pejcában, por último, la destrucción del mundo
pí)rmiedio del fuego.
, Intenitando usurpar el poder al legitimo here--
deroáel trono tolteca, dos nobles de estirpfe real,
llamados Chacalteih y Tlacanuhtzin, despertaron
la* ambiciones' de sus ad¡ot<>s, y de esas disen-
siones políticas íresultó el dfeoretó^de su destierro,
qü^í llevóse á efecto-hácia el afio'439' de la era.
cristiana, primero dé ^su peregrinación hacia estas
regiones. La reiaeí^ü histórica señala por punto
de píirtida. la ciudad de Tlachieatziñcan en la re-
gión de Hijey Tíapalaft^ sin precisar la situación.
de la oiudad, dando «olo un indicio de tal región
en la confluencia de los ríos Gíla y Colorado. Las
344
hipótesis^ las caojeturas^y el vívísíoh) deseo de
conocer el orígea de un. pueblo qu^ qob :6frece
una historia llena de interesantes detalles^ son U
consecuencia de aquella omisloa por la absoluta
faltare datos.
Aquellos caudillos seguidos de una multitud
de sus adictos; y guiados por el asitrólogo Hüe^
matzio^ emprendieron su peregrin^^eidn fundando
pueblos y ciudades, sin encontrar por largo tiempo
el soñado lugar en que hablad de« poner los fun-
damentos de su imperio.
Después de recorrer sesenta leguas llegaron á un
lugar que dieron por nombre Tlap&lantobgo y en
donde permanecieron tres aQos; de Tlapálantoogo
pasaron á Hueyxalan, distante unas setenta Uguas
del anterior, y allí perraaneoieron cuatro a&os, y
así sucesivamente continuaron m peregrinación,
deteniéndose en Jalisco ocho a&os; enGbimalhuar*
can, seis; en Ateneo, cinco; en TjúixpaBí, dnoo; en
Quiyahuixtlañ Anáhuac, seis^^en Zacatlan, sietej
en Tutzapan> gtisieo Tepetla-, ocIslo; en Mataiate*
pee, ocho; enZixihfiohua, oqhojenlztaouetsücha,
veintiséis; en Tp.lantziooo, diez y seis, y en To-
Uan, donde defínitivan^nte fijarob su t'esidencia.
Nmgun lugar parecióles inftslBQQyeQie&tB para
fundar la ciudad que debierfl(;ser! la capital de su
nación, que el que. abraza las herntloste y feraces
campiñas de Un valle cercado por sierras que en
nada oedian á aquellas caí fertilidad; El ^speoto
del m^lo, regddo por uq ríooaudalaso^ Ids? sedujo^
- iDui^aQtQ los pHmeí'os; ^eis añosF de sa periú^
nencia en ToUan levantaron templos y edlfioioiá^
efflÍ}elleqieado los pcíihero» ^ltefío^mexlte don
adornos de oriO y pí^drae^preciasas, y los segim*
dos con huertofj; panqués y jardines* i/
Estabieoidod ya y: temerosos de ser molestsidos
por los ChÍGfaiínaéQa&;, tribu, salyaje que habitaba
las regiones ínme^iaías al Panuco y HueoLotla/
convinieron en dirigirse á aquel mqníircá en So-
licitud de uno de suu hijos, h fin de elegirloiey.
Está primera resolaaioa que produjo el deseado
fin/ pn^ jurlIaioetMí^: aon el favorable resultada
oblfUVl^roli del^iuoadraa' chichioiéoa la promesa
de que jamás serian molestados por él ni por isufr,
doscendiente^^ Herokba desde luego la astucia y*
sagitfid&d que ^caracterizó después á la nación
tc4tacá.'.: ; . . :e: '■•: < : ' *
^A^ño fiB7i\ Jtiraiíí>apor rey al príncipe chicfaEiK:
mpca^ que d^&sÁ6 .«atánces Uevó el nombre dei
Ghaldhiuetla»9t2Íui (piedra preciosa)^ y por; reina'
ák: hija de á^a^iátJtit^n/i.aafiór.toltecáy la msi-
dieron á aqqel.^pr eápio^a^^ Con este rey empidzá
el catálogo de los monarcas toltecas/ y áppnjarse;
en práctica ilaieiy dolsuceeion que fíjáb& al i^ei-
nado dé cada uño: de/aquellos «1 periodo ide 52
346
m
tííQs,, previniendo además^ qne sí el monaroa
moría antes de teírminar sa reinado^ gobernase
la República por el tí«ÍDpo que faltase, y es|»-
rado. éste entrase 4 regir los dostinos del país
el legitimo sucesor.
. Es de admirar que todos los monarcas tolte-
eas^ en su reinado^ cumplieron el periodo^ y uno
de ellos^ Mitl^ lo excedió em siete afios.
Muerto el primer rey casi al cumplir los cin-
cuenta y dos afios^ fué enterrado con todas sus
insignias y haciéndole los mayores honores.
Año 719. Ixtliqqechahuac 6 kaeáteblatl^ co-
mo legitimo suceFior^ subió al trono^ y en su rei-
nado prosiguió el pngrandedmieato de la Na-
oion> y á éste sucedió el priiícípé Huetzin. Po-
co antes (año 77 i) de la muef4e de Ixtlilque-
diahuac^ el astrólogo Huetmatzín^ en sus últi^
mos dias coleccionó «i inn gran libro que solla-
mó Teoanioxtli ó libro divino; los ritps> sacrifi-
cios y ceremonias del pueblo tolteca^ las leyes^
máximas y sentencias;, catalogo dé rey es^ysefk)-
res¡, los preceptos astrológico», artísticos jr eién-
tífíoos; en una palabra>tódo$;los^ soldeos prós-
peros y adveiísos, formando ^^é^esiái manera la
Ustoi;ia d^ iuquel gran puefalo' cuya tuina igual-
mentet^predijó» : ^ :i : :; .. • i u
\Añ6SQ5. A la muerte deHpetáh heredó el
trono su hijo i^Totepeuh, cuyo rtínadb fué nota-
i
347
ble por la paz y tranquilidad de que disfrutó la
nacíoh . A Huetzin sucedió el príncipe Necaz-
xoli (año 87 S), y á este su hijo Mitt, q1 tíiás sa-
bio de los reyes toltécas, durante cuyo reinaáo
U^ó á su apogeo la monarquía. Sabio y pru-
dente, dictó leyes memorables y extendib su' po-
derlo á muy grandes distancias; fundándose en-
tonces villas, pueblos y ciudades, entre las cua-
les sobresalía Teotihuacan (lugar de adoración),
que existia ya/ y que siendo como era eb gran
santuario de los toltécas, superó en grandeza á
Tula, por sus templos, monumentos y poder,
Teotihuacan no solo era notable por sus edificios
. y extensión, sino por sus elevadas pirámides, de- :
dícadas, la mayor al Sol, y la menor á la Luna,
y tal Tez los innumerables tlalteles á las estre-
llas, si se atiende al carácter emblemático del
pueblo que nos ocupa. Estos monunoientos, se-
gún manifiesto en otro artículo, eran> en mi opi-
nión, tumbas y altares.
Para contrarestar la supremacía que sobre: la
capital habia adquirido Teotihuacan, Mitl levan-
tó el grandioso templo de la Rana, diosa de las
aguas, enriqueciéndolo' en su interior con ador-
nos de oro y piedras preciosa, y con la escultu^
ra de la diosa, hecha de una esmeralda. En To-
llocan se construyeron palacios, cuyas piedras
labradas representaban por medio de geroglíficos.
348
los más notables- hechos de la historia tolteca.
Análogos pfiklacios se edifícaroa en Cuáunáhuac
y en otros kgiites á quede extendía su poderío»
Los toltecas sobresalieron en las artes y eo
las ciencias^ y eran tan diestros en aquellas^ qoe
muchos iat^pretan la palabra tolteca por aürtí&-
ce^ aunque lo máSrptobable es que signifiqae na^
tural de Tollan. Futidian el orb y la plata, ha^
cíendo de estos metales curiosos objetos; talla^
ban las rocas más duras y lapidaban las piedras
precÍQsfas« Igualmente sobresalían en las deudas^
comt) 1q acreditan sus trabajos astronómicos que
les di6 por resultado el exacto cómputo del tiém* '
po^ y el ^ual fué calificado por el ilustré astrd*
nomo La[)laee^ de original. Dividían q1 año en
diez y ocho periodos de veinte dias^ agriaban
al fin oiüco dias complementarios^ llamados Tie^
monteni (inútiles)^ completando ast los 365 dias
del año solar; mas ootíio este excede al periodo
de 365 dias de poco menos de seis hóras^ for^
maban su siglo de 52 afios que llamaban Huih-
malpia> ba2 ó atadura áé afiós, y la edad ó ve*
jez (Huebüetilixtli) de 104^ agregando á estos
25 dias/ de lo que resaltaba solamente un diade
diferencia cada 538 ^os.
La agricultura prosperaba^ dedíóándose profe^
rentemente los toltecas al cultivo del maiz, chi-^
le^ frijol y otras semillas^ asi como al^ del algo-
349
doB^ de que obteman tan|;o provecho. Las mvt-
jeres hilaban y tejían con él mantas lisas^ aaar-
gadas y afelpadas, con. dibujos y figtaTa& de i co-
lores, , ■—-•.. .. • ! . ".
En la arquitectura, los tdteca&eran notuy diesr
tros y construían, sus ^ificios con piedras labrar
datSj unas veces sobrepuestf^s y X)tr as unidas eon
finísima naezclá; perpetuaban sus ana&sp^oaie**
dio de sus caracteres geroglíficos, y en fin, en
sus leyes, en- sus usos y Qpstumhfes décnoisítrai-
ban la muy avanzada civilización d« uri gviñ
pueblo.
En sus ceremonias religio^s . excluían los sa^
orificios humanos, con excepcip» de loa. que prac-
ticaban en honor de Tlalotl, dios de* hs aguas,
que adoraban en la cumbre de una de Ms más
elevadas montañas 4^ la Sierra Névadar al Esté
de Texcooo, y de TQjfiReatequhtli, sacrificando
al primero seis doncellas, y al segundo un ¡cri-
minal que era destrozado por las salientes pun-
tM de dos ripeas giratorias.
Las leyes prohibían la poligamia, y según elk
los monarcas no podian contraer nupcias ipor se-*
ganda ye^, y tan considerado era el valor en log
hombres como en las mujeres «1 pudoc.
Una sociedad quacomola de los teltecas fün^
daba su estabilidad «n el respeto á la ley, eo*-
mo lo demuestran sus usos y la sucesión legíti-
350
ma de sus reyes, no podia menos que ser feliz
y poderosa.
La sabiduría y la prudencia fueron la guía de
Mitl en su reinado, y por merecimiento de tan
grandes cualidades sé quebrantó por primera vez
la ley^ prosiguiendo aquel en el trono hasta el
dia de su muerte, que acaeció 7 afios después
de espirado el término de los 52 afios, y por la
mismíá causa siguió gobernando la reina viuda
Huihtlalzin faño 98QJ, con la aquiescencia de su
hijo 'Bscpancaltzin .
Muerta la reina Huihtlalzin, cuatro años des-
pués, tomó las riendas del gobierno el principe
su hijo, en cuyo reinado empieza la decadencia
del imperio.
Un noble tolteca, llamado Papantzin^ habla
descubierto el tnedio de extraer el jugo del ma-
guey ; y deseando hacer á su soberano un presen*
te de eselioor, se hizo acompañar para tal ot)jeto
de su hija, nobihsíma doncella, tan hermosa co-
mo su nombre, pues se llamaba Flor (Xóchitl).
Preséntase la dama y ofrece al rey aquel regalo,
que agradó sobremanera al soberano, no tantp
por el obsequio, cuanto por la bella dama que lo
ofrecía. Desde luegp concibió por ella una pasión
violenta, y solo la meditación de un plaú para con-
seguir sus fines preocupaba su ánimo. Despidió
al padre y á la hija, pero instándoles á que repi-
351
tiesea su obsequia^ y que al serle de nuevo pre-
sentado^ lo füesiB solo por la hermosa Xochítí :
Volvi6 ésta de auevo al abázar real, pero ya üo
regr^óá' su .hogar. Sedueídaipor Ibs halagos y
ofertas del monarca, hubo de ceder á sus instabt
cias y resignarse á vivir en el lugar de recreo que
le destinara el rey, quien, para ocultar sus mlias,
envió á decirá Papantzin, qioe deseando unii^ á
su hija con un Tey su vasallo^ la habii puesto
bajo los sofícitds. cuidados y educación de una
matrona • Pasó algún tiempo; y ya fuese por sinsK
plesL sospechas ó póp el deseo de ver á su hija;
Papantzin se resolvió* ¿inquirir el paradero dé
ésta. Tras de largas^pesquisais y valiéndose de iá
seditocíon, logró al. fin su objeto, penetrando énl
unos jardines, donde á la sazonise hallaba la da^
ma con uanifio en los brazos. No cousíd tienda
en k deslealtad de su rey, dirigió á su hija estas;
palabras: ¿Acaso el soberanüte ha puesto aqut
para que juegues con niíios? Avergonzada y tré-
mula confesó ésta su debilidad, y el noble Papau-^
tzin resolvió desde luego dirigirle á. pedih al ^ey
satisfacción^ d6 sil afrenta. -
Al dia siguiente, al acabar de escuchar Tec^
pancaltzin la ¡queja del anciano,' le consoló ofre-
ciéndole que no tomaría' esposa, y que el hijo de'
Xóchitl (que había recibido ernombre de ^Méco-
nétzin, ó sea hijo del maguey), seria su heredero.'
36S
Al espirar el término de los cincuenta y dot
aflos de au reinado^ Xecpancahzio eamplió so
ofrecimiento^ haciendo jurar por rey á su bijo
natural Mecónetaán^ quien tomó el nombre de To-
piltón^ y fué la manzana de la diaeordia én el r^
uo tolteoa.
fllcoae notable el reinado nde este principe por
la bondad de au gd^íerno en los prímeroa afi08;
pm su disipación y tída diao^utl en los aigoieo*
tea, 'y por las eaoiérgícas y acertadab dtaposidoiies
que en loa últimea afiop dictó, á ^ de Ireparir sos
faltas. Su conducta desarreglada centaminó ato-
dts \9» claaes de la ^oiedad^ y el desenfreno faá
tal> que loe sacerdotes^ a pesar de tu voto de cas^^
tidad, vivian públicamente eoii las damas pmd^
pales: el vicio y los mapres escándalos r^Dabü
por todas partes; desorden que natuiralmíente ÜM
pfQcipi1{aridí> rápidaobente i la naeíon en nn alte-
rno^ taoto c^QBO antes la iudnstria]^ el trabajo y
e) reapeto á la lay la habían elerado 4 $u cnay^r
eaple|ndor.
A ' esté príficipio inevitable de decadencia del
pueblo^ se siguieron algunas calanidadés cotoo
un justo; castigo de sus delitos: uu^ veees el
CÍ9I0 d(^rrai»ó abundantes lluirfas:que anegaron
laft tiprras^ perdiéodose las caseehas^ y otras pn-
viAdote de ellas^ de tai suerte^ -ique mua espan^
tosa aequíi^ unida á los abrasadores rayos d^ 9Á,
353
anfwoaroft )fls,ffliese$ y aup.las «eroilfes quegnarr
ni>Ma<M^,ít'^^y^^°'^'^^^^\^^ la ley con
1^ ^$^iq|(Mi. áe,,TopiUií«i: ÍDy«4i«r«n..oo»;,iHí
gf AQdd 0j éUsito ftoUaoíQo^sbiÉld ^dMótiisio de esté
ix)t0|i^j6S(: :^98 |»l4br^dn>^eaa9o«b: }qs nobfós
ni. los ti^oB pi^iijéntes qoe.iea Qflml^ de éste le£>
ofrecieron, imron bast^cttes á hao^ de»st|r á lo»
iBv;3tspre8 de su intento; .á)i;tes.bieQ proaiguíeroa
éstos 9u.iBarcJia basta penetrarven elrmmto de
Tula.
Infriietjioaia fué h cqnjdttetó.de persuasiva que
Tiespeeto é los raoftarc^t de Xalisca pbservó To
pütziQíieDj&anunada á obtener de ellos él übaoído*^
no de su empresa^ ño obteniendo. di8l tiránica
eropefio de é3to«i>.sino.:uqa tregua, de diez años^
ooupedida á fia de q!m. püdieiüa prepararse, á h
de|to«a. No es d;e extrañar ei^á.eonceBÍ<L)n de una-
ra?» que en muKÜla estima, teoia ^1 jB^rjh hú-
i»é. Esto padtQ dio por ípsíiwm resultado la ia^
niediata i^irada d^ l^i^ fuerzas inTascoras.
GumpHfio el plazo conveníi^o^ tiempo que no
malgaátó el ün^re Toptitzin^.^. aprestó pana 1*
guferra, sitttandft oónifeejeoteifljentf «is fueízas y:
eligiendo para su ciaartel genial las llanuras de
Gabcía-Gubas.— 24
354
•
Tuititlan. Apenas se avistaron las huestes en^
migas^ salió á su encuentro el avanzado ejéroito
tolteca. Trábase el pritper combate> dando prin-
cipió á una serié iie^ luchas encarnliíadas (^úe da-
raroQ tres afiós^ ha;eiendo en todi^s ellas los tol*
tecas> unas 'veces vencidos y • otras véñe^dres^
inauditos ^is^oerzoside' valor. Der):otádó por com-
pleto, el primer eu0fi)io de ejéFdito^ ^anzaiú To-
pUtzin y el anciano rey Tecpanoáltzin^ á la cijibeza
de sus huestes^ y la hermo$a XocMtl guiando á las
damas^ qüe/cdmo un cuerpo de amazonas^ igual*
mente se disponian para el combate. Viénense á'
las manos unos y otros contendientes con la ma-
yor bravura y coraje: la presencia de sus sobera-
nos alienta y reanima á los guerreros^ que con
sus flechas y acertados goipes siembran^por todas
partes la desolación y la muerte: las mismas da-
mas y mujeres de los soldados^ siguiendo el ejem-
plo de la reina Xóchitl^ penetran en lo más encar-
nizado del combate^ luchan; cuerpo á cuerpo con
los. soldados enemigos. Tres días y tres noches
consecutivas^ y ^ni momento alguno de tregua^
duró la refriega; no sin recibir continuamente los
enemigos nuevos refuerzos, ^ tanto que los tol-
tecas no eran reemplazdos por nuevos guerreros.
Agotadlas las foerzas de éstos por una lucha tan
t^naz,; crecía %h proporción la superioridad del
enemigo, que progresivameirte ganaba terreno.
355
Deqi(í|óae;al ñn el triunfa en favor de los de Xa-
IÍ3co^ ;yi^ ejército tolteca^ dispersio ya^ se reiqgiO
en*lais .tnootafias y en los lagos^ y solo quedaba
en pié.Tinf porto cuerpo de ejército^ que ^mprea-
dió su retirada conducido por SQS.doB reyes y por
la reina Xóchitl. Éste valeroso ejército, persegui-
do: de cerca, y siepapre lucHando, pasó á Xaltocaa;
de aquí 4 Teptihuacaii, dirigiéndose luego para iaa
montanas del Sur, rumbo á Totolapan. , El rey
Tecpancaltzin y k reina Xóchitl, con algunos de
sus vasallos, fueron: alcanzados ántgs de llegar
& Tultecasóehitlalpao;!, que entiendo fué en las
colinas de TlalinsMis^co, y tuvieron que luchar
cuerpo á cuerpo, pereciendo á manos de sus ene-
ntxigQs lel priiner<>,:sin que le sirviera de escuda
su ancianidad, y la .secunda, sip respeto á su va-
lor, á su sexQ y hermosura.
¡Tal fué, el fin trágico de una heróina dignada
figurar en un poemal . .
Topiltzin«s0 refugió en yna cueva deXico, de
donde salió despues.de la retirada de sus enemi-
gos para dirigirse • á Tlapalan, que, según creo,
era el reino jde Aculhuacan, donde dio alguna^
leyes que confirmó Netzahualcóyotl, viyieiido
muy cousi4erad.o hasta el dia de su muerte, j
El resto djB.los toUecas se diseminó-por disr
tintos rumbos : unos se dirigieron á; las costaa
del mar del Sur y G.uateoaala, y otros á Te-
3S6
huantepee, Coatzaeoalco, Campeche y Xacolodan.
De esta manera. cóticluyó una raociaitiúla gue
tan bellas páginas dej6 en la hi$toña; p%l¿a3 cjne
he recogido da la relación hi$Uírfc&de D. Feman-
do de Alva IxtlStoehitl. ...
Réstame solo hablar de los objetos i^tie^risa ex-
ploradon á \sb ruinas de la antigua ToSfra haB6
k Comisión nombrada por la SooiedaJ de Geo-
grafía, y -ooniptiesta del ík. Manfred, i^resídente^
Porter G^Bliss; Dr. Ord; fikM, y d que suaeribe,
cogió ingeniero j oronista en eSta ver por ausan-
cia de D. Eufemio Mendoea, & quien ycupacJo-
nes prefeijentes le iuipidieron aconipaftar -á la
Comisión. , ■ •
Las figuras 1 y 9 representan: ia ptimera un
zodiaco, y la segunda un geroglliico, cuyo obje-
to ignora la Comisión.: ambas figuras 96 encueu-
tran talladas sobre basalto, hallándose' a«fualmsn-
te en el dintel de la puerta principal del templo.
La figura 3 representa el fragmeiitoMJe un uten-
silio de roca basáltica y ■de propiedad particnlar.
. Las figuras 4, S y &, constituyen ri fuste de
ana gran columna, igualmente de ' '- > '
eual solo se encuentran hítsta ahff
de la casa de diligencias estos trf
■ miden; él ]orimero G^SS; el según
tercero l"!^, ;J de diámetro, loa ti
Como puede ^erae por los dibuj-
357
poseían un medio íBgeoiloiso f ara ligar perfecta
y sólidamente las diferentes partes del fuste d^
ujaa coluQQna> practicando ep k pa^o^ oentralde
u.a.a de las -ba3a3 un eilíndi^O:liu0aOj, oiiéntras quft
en la base contraría de otra, labraban otro 6iUa^
dro macíao de igpa^ diámetro^ de manera c|ue és»
te ajuaUso con aquel«
cías que-édÜstltaj^^ üfiá, ^fii^a dd 1& ju8t4 llt*
ma qde ád4}tt^b¿jd áí^taiá gdíabai^ildd talteoás,
biBts htidtf éáte 'MÍ^&)id 9i¿óñiíu& d» aquel . - ^
En Los, dibujos que tan distíntemente^s ad-
vierten en las figuras 4 y 6, se cree observar en
pocos (JetaUes el arte clásico de los griegos,, aun-
que en el total se advierta partiQularraente el
egipcio; los áe la figura 5> y patte de la 6, son
etó^eate originales: , ^ , ;■
Xós flf^Qnum^tQB^ copino Ip» representados en
h:%S^-9'%. PQ^e?efi Aim prefetenlie atención ^
Eáas. fitiliMnna^ paPiwáasiy cí«ifttíuíd.as en iPOíiQ-;
Utos de basalto, en cuyos fustes se tallarqo x^^i
trQ iitidos :<i[tljSLlpillis que.fispfesentan 4jída:mio
eljppFíodo de íreoe alijWi^.dísftueetwn en elooft-ri
ji^iüta .de esí|0s^ bíenffel>i^i(0<íitpltjjea símpl^Mi**ntj
te, ó que se quiso tal vez cop#igaar «nttiÍítíQ»i*^<
358
mentó indestructible la terminante cláusula de
la ley de sucesión . ^
La figura 8 ofrece un gran ídolo, asimismo
de basalto, representación horrible y deforme
de un animal fantástico.
En una roca, que á mi parecer es toba volca-
nica y bien tallada, se encuentra una figura que
representa kixsx monarca con toadas, suaiqsigmiis.
Este, objeto, marcado con el número i0, exi^
in^iorastado en uno de los mixros: interiores de
una posada de la pUza principal de Tilla.
La.fígura 10 o&ec^ un geipgltfíQP^^t^ en
la roca del Cerro de Magomi; QhiQO^ Ijaoiiadd tain-
bien de La Malinohe.
En ninguna de las obras que he léldo acerca
de la historia antigua de México, se'bace men-
ción de todos estos objetos. Acerca de , algunos
es muy natural que asi sea, puesto que la mayor
parte de ellos han sido desenterrados 'última-
mente. La misma Gonision promovió y pre-
senció la extracción de las columnas pareadas^
que se encontraban ocultas por la tiecra vegeÑal
en la ^alda del Cerro del Tesóro^ y á orillas de
uri^Hatíhuelo. • , '
* Otro fuste de coli^ffiíía,, igual á lá figura 6; se
bsillá á la entrada del tem][Hó sirviendo de pile*
la de agua bendita^ áóayo fínese le destruyeren
los tallados antí^oi^.
359
La mayor parte de las ruinas del antiguo To-
llan se encuentran diseminadas al 0. de la po-
blación moderna, frente á un lugar llamado el
Salitre, aglomerándose la mayor parteen el Cer-
ro del Tesoro.
Estos monumentos arqueológicos han sido sal-
vados de su total destrucción por los esfuerzos des-
interesados de un útil ciudadano cuyo nombre
siento sobremanera no recordar.
Tai es el informe que por mi conducto rinde
á la Sociedad de Geografía la Comisión explora-
dora de las ruinas de Tula..
México, IS de Febrero de 1873.
En este arfículo he seguido la cronología de Ixtlilxo-
chitl, que evidentemente no es exacta, atendido á que
este autor escribió antes de que el eru(üto y sabio León
y Gama fijase las reglas para la reducción de fechas me-
xicanas á las de la era vulgar. Sobre este asunto verán la
luz pública dos trabajos de un mérito indisputable, de los
señores Orozco y Berra y Eufemio Mendoza.
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•CON g»ÜI Kl, SECRKTiRlO
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.,DE LA SdciEBAD FÍLAIÍ.;mÓNICA ,.,.
f Í^A CUENTA . . ,
' DE LOS TRABAJOS DE ¿STA EN KL AÑO DE 1^0,
• A • . I ' . ..■-.',•. • .
> ~ ' . ■.. I í . '• . • • . >
^ GfiQpliepdo cbÁ la obligaeiob qm?mepcésH
odbeí el* ceglameato de lá Sbciaáad FiUrmóxiiea
Meaáoana>: tMge k boará'^^elHtcer la debidá^rak
laifioQ de^ iu¿ aotos dupanjbel aliaAD: da 1870.
Luchando SOI JtuJtaQbecthálQcmjmultit^^ den
ofa8tá¿ulo9> < ooiQó im¿ tohssíHitencm de : la^ f^ltá'
dB^areoursds ¿eeetariosaitü^i empresa; Jda iá magt^<
isUkud de lá i)ue6tra> •faÉqbechiJt cüaottí ha depeti^í
dtío'dé s»d faodl^ididsyialelsl^^ ibliú¡
soateiiimiéQto de lai^SoQiedád'y al progresoid^sa;
Conservatorio. Solan^eote un empéfii¡o.*dem¡díd<i^:
362
la constancia y el patriotismo de que se hallan
animados todos los individuos de la junta^ pue-
den haberla conducido á h feliz realización de
los filantrópicos fines que se propuso la Sociedad
al establecerse.
Uno de los afanes de esta Sociedad ha sido el
de propagar entre la interesante clase de artesa-
nos el estudia déila músicí^ aj'te éníiinentemente
civilizador. Con el vtablecimiento y sosten del
Orfeón Popular^ este afán ha sido coronado por
un éxito satisfactorio,. FQrmaclo el Orfeón de per-
sonas laboriosas^ honradas/ entusiastas por el ar-
te musical y dispuestas siempre á dar el debido
cumplimiento á las determinaciones di la Junta^
ha contribuido al lucimiento de los conciertos y
óperas que se han ejecirtado*en el teatro, confor-
me á nuestras disposiciones reglamentarías y ba-
jo la dkecám desos dignos édiateligeQtps po^
fesóresL! La constancia, aptitud ^pitroddtictam^
ohfible de todos^los qiiel ormaa íesaolilf sima seca-
ción del Gonseiiratüridy asi leamlo iciideaprendi**
miento que manifestaroiifbediendo' paira ^compra
de. papeles de nutaiea;!^ donatim que en fav^r
suyo hiza :1a: Jupita de üiu^tcüecion Públioa, poc
haher coQttribmda' A^^h^icAéniírB distribución, da.
{ú^emiüs deilasresicuela^'^nMiomles,^ s&a circunfri
nray 'hoiiroias «qoe^d^hai» acreedores: álapre
d^: la Sociedad • í: •' ^-
363
La comísron de conciertos ha puesta nueTe
en ejecnctoD/ de \m coales dos fueron de música'
cl&síca; y &n todos ellos lo^ ejecutantes han he-
cho brillar sus dotes artísticas^ recibiendo d&los
espectadords el justo y digno homéiiaje debido
á sít talento. Debo consignar un voto de gracias^
ábóáibre de la Sociedad^ á nuestras simpáticas
afit^ionadas^ y á todos los sdbiós que se han dig-
nado cooperar ;^l' brillo de nuestras funciones:
ti
:Si la Sociedad no ha podido; per. la- escasez dé
db^rfondó^y 6oébrrer pecuniariatiiBñte á sus artis-
taS>'^MprtjiÉSoMdb todos los medios ^efícaces de
protección. A la muerte del Sr. Aduna^ la Junta
act^rdd-ia éjéebcioii de 1IA) concierta á beneficio
de la fáteiia) de aqüddistiiiguido artista. La co-
misión tKn¿bradá al efbetp'y compuesta de los
Srés. Bablót; Suichenfté y Kivas, cumplió satis-
fábtoríamenti^cbnsuenc^^go/penúitiendó á la *
Sociedad pédér ó&eoer á la familia Aduna el pro-
ducto líquido -de la fbncion, que ascendió á 600
pesos. '-' '- -x^.^ v.--';^'- ^ ^? ■
No (üabe da^a ^e qué el. divino arte de la mú-«
sica modifica y büóriaM&a las <»0£fttimbré8'de un
pueblo. Gon¿?eh«ida de eita verdad la Sociedad
Filarmónica y e&fipQl más iivo deseo de propor-
cionar á lo6 alumnos del Conservatorio los me-
dios á propósito para hacerles adquirir una posi«
384
cíoQ dígii« ñu la sociedad^ ao ha |)etd(H>ado sa*
(Mifídos de todo géaefó á fiü «te poaw aqudl
esi4bleeÍQ»i«Mor á laaUdradelM da primer ^ñtts
de la Repúblioa^
Maefao ae ha lachado y mucho atúQ haJinrá que
hiohar para vencer la maltitud de obstácttlos
que pre$0ota una empresa de tamafia^magtoitud»
ora se atienda éi la esease^z de reouirs^a, (uraáUft
preocupaeioaei de*todo géiMfo^ queson nn, te* .
coUo^ mil veces más temible que ia mism^. likllA
de recursos, puesto que aquella^ traen cotia%o
ioevitablemenjbeitla diviaion de m 9ii^er^> .lq[Qia
unido iüciij()izairía?esultadMefrtei?aínwt9'e^^
torios. . ■•/ f : ' '• :' ;/' A .í:- i'- : T -*
Kn un t)lan|^l cocno el jnuettro oo J^ta^ bn var^
dad, la suhTeacioú quj8:ac6i:dór &L:Q$iQ<ísM)so> fi
mocioin de nuestro ilustcad'^ ijtiqíMrQí^ Ipstruc*
cíete piakhUea> 'el Sr. JgleiJASu. ^ ^^ Vl^ ^^i ^^^
aez del eraricMio se: percibe oomM^saeada reg»
laridad: hay'eiítablefiidos Qp-él «ijüar^i^ y dob cla^
S6S> S6r]^ida3 fm:' veintiséis pfpiéso{:esiyr<einco se-
ñoritas, sustítutas de clases; las gratificaciones son'
ísmj cortis; la ma^iOt partir de los.j^tf^sores Sir-
ven gtatuiUtnente uQa;]clastíiporr¿(v m^<i9íy f ues
no obtrtíaateit(ídA)*^o^jk sébirj9tuñ9ft na alianza
á «abrir los ^tDs.iztis4mli$peiAsabfQ»4:, :
Deseabdo la Junta dlire&tiva sati9£ís€«: todoa sus
compromisos y .(>Qder adquirir Losve^urses nete-
365
sariotí paíia la 60fli|)(fa^'d0 instrumentos, libi-osi de
textoy^emtSftiefii, aísítK^m^piíra el mejoraoiienta
del ^dlSéio;^ ínteató pó*ér '^n* escéüa la ópera
Heraani, 'la^^üe á pesar djsf haberse' ensayado pon^
esaiero/író pudo llev^^sfe^á-efeüto por los gta¿w
des gasltofe'íjué exigi2psii ejecución , y pdrqüe ^í
íecluteiifitenío^ue éftesbíá^^^s se hiizo^á Jaca-*
pital, á opisecuencia de la revolución de SatiiLüis,
Mtpajói é' lofeíattesainlos'^e formaban parte*deias
masas eoMég. Se sustíttfyó despaja któehtio-^
nada vópera- éon ' I* Séft^mbüla^ partiéidG ^que poí-
ser hwvM del ,pdbii€b' qos prometía rekilíados
muy^ satisfactorios. «¿El 4xito correspoildíó A
nuestros^ deseos? Penoso és . responder eon ^¿a
negativa ái ^e$ta iá^tét^p^lacion . E/n tales oeasioiios
se h^ paftenti^qi tnaa klea q^ié hasta hoy expre-
san' piiskbíódí Ttti 00^^ niimero dé individuos>
relativiBímente á nttest^a pobkcióiH se alfana y i^
eiíftierza por -el adelanto artístico y literaTio i de'
Méxioo, luchando contra la apatía, la indifehcia
el egóiStóo ó las preocupaciones de la multitud,;
Sin pretender exagerar el mérito de la ejecucfon
de la.óperaSdnátnbukv me tomaré la lieenda d^
hacer observair> para Satisfacción de lo» que en
etia-^^marotií partéy y^ai^iiqud mié palabras s^an
de* po6o valer, qué'4a'^íí tica en ésta ocasión foé
por demás^ se^ei&a ^Mandóse de persQnaá que tio^
son iar<lá*ta»4e profesión.
m
El teatro- eatuva lleoo ea.el ensayo y coa es-
casa eoncurrencia en larepi^entacjont* !ea ^ata
el éxito peo«niariQ no iqé satiafactorip eoial cox-
respofodia y era de ésj^erarse ateodieíndo á la
afluencia de gente en^.U^ aeche anterior* . ¿Por
qué tal inconsecuQUoia? ¿Nq.praaen lai:ep?e^n-
tacioú loB ajismoa a^ieritadpsi artástas que los de
la víspera? « . ^
De otro orden y de piayor trascendencia fueron
los obstáculos que se prciBentaron para la reali^
zacion del grandioso pensaiQ;ientO: de los fe^i-
vales, siendo uno de aquellos el que nace de la
división entre los amantes de la múijica clásica
y 1(^ intransigentes partidario^ de. la. música ita-
liana. Si estos no adujeseü siaipjleai^nte en con-
tra de aquella música suúnioa y fa^yorita expre-
sión de ano me gusta^2> qqe no es ua^ cazón para
prevenirla en contra de la opinión: general; si
despre.ndié^dose de su preocupación se detuvie-
ran á escuchar con atención las delicadas compo-
siciones de. los maestros clásicos, desuubririan
que en el conjunto de. la riqueza jarmónica de
aquellas resalta, una noelodla tan ;beUa y grata
como en las composieionesitalianasjrcesaría desde
luego esa divisioo^ que no debee^ti? en los filar-
mónicos^ y todos á la pac rea^iriftá tributo á
Beethoven y Rossini^ á Mojsait y á ^JDeqi^tti^ ¿
Haydn y Bellini, á Meyerbeer, á Goi^moud, yi
367
á tantos otros genios que han eneántado el mun^
d0 eon m^ ricas armonías los Qnos> y con m&
si^o^das melodías los<otros: el genio ha' hermaf >
nada aK|aellos íhistrés iiombres/ 7 todos elba
deb^a ipoOTiunQiaiseí : con : jjespétO) .con '• verara-.
cíoD :*~Qiialama^ioa clá!§ica.qo sea entre nosotma
sufideat^aentácofadcida, y sí de difícil icompreo.
sion desde BÜprím^ moobento^ no es razón para
que se la desdeñe, y menos por un' cuerpo ciea-
tífica como es el del Gonservatorio de música, que
está Ga el imprescindible deber de ofrecer: á 8ú&
profesores y alumnos modelos que imitar en tp^
doslds géneios y muy particularmente de aquel
que posee elgérmen délo sublime yde Jsis buen^
reglas.' Si á cada paso fuera preciso eyooar^nues*
tros reouerdosypírimeras impresiones, deberia-*
mos confesar que nada óncontrariapios en lo su-f;
cesivo capaz de halagar nuestros sieñtidos^ La mis*
ma música italiana, así como la francesa^ han
agradado después de habetse familiarizado con su>
estila. Heraani, Rigoletto, Txovadar, Macbet y
otr^han sido recibidas fríamente en sus primeíab^
representaciones, así como las magníficas parti-
ciones de Moyerbeer y Gounoud, no han podido
aún aclimatarse entre noisotros» ¿Puede darse \xüi.
partitura mas bella, mas tierna que la ccFavoritas^^
de Donizeítí?'Y^sin embargo, hasta hoy se reconoce
su :méúí(y. La' música j ú mi ver- : cuanto mayor
ass
sablimidad encieíFrai^ es dc^ iBafi:t9rd4acoBipraii-;
aiMQ; poro/ upa Tez4ídDafiorandida>.dt eotosiasovih
q«i6 produce én Dosotros es/6terao> ;yiiiia..báa»
(snüe h ixDAsica JigéiaL Yeinte 7 asniíaifaiTebes
MieaeQcbaré^ y BieBipre:4n>n ma^oor; iB^ftdo, > k
ooQJuraGioii d& Hugornte^^ ^y iao faáhMi^^paciea^
oía p^ra oír liiefiT¿cs3;eI<0Q¡m)deX€Qrmofi>de'^^f^
tttisíp y m;anafioIa tezios de^0i£(Vnafl¿s gbílcb ea^
t» Deoiüj Atilm.
. V / /
.) 0.
' > ][ia iiistoraa de la mrúekta .Tiene exi apoyo .^:
mis pakbnis; y ann^ áus cbnotBptos ípaneecaa
repetidos, áé)0 insisür presentando xnés asgis*
HMíatos, pues trato dé C9av£acqr.' oLaiipia^rlítUEa^
Dw^ Judity de Mo2art^ es ilióy consIdebidáDo 90^
lamentftipor los maestros yí Los imtéHg^ntés, sino
aun 'porl los pró&tnqs: qiM lian l^abitoádo su nido
al estilo de aquella imúsécay aomomin modelo de
buena compofáeion y coma el géráaen . facundo
de ma^tfioas ideas; y siilembai^o^jáixtes.de ser
eomprendida^: íoé recibida con fmldád^' ensa
primera qecncioii en Viena, 4niéatrasboy caute
d^mayoreatuaiasmo.y asombró de ioé.afectv^ &
todo }o grande y. bdHoi.
'Cbnsideranda oftras géneros^ ñobetia el Dio-
bio^ Profeta, HugonatM, Gmtlepmo Tell y
Pamto, no son «seaahddas ajín. éoim i nosotros
C8ID ei agrado y /liespiato; .qii^ meriecen . por sa ex**
traordinaiio mérito/ fGiiántos*se deleitan bioy con
3^9
eSiStabatMfider, deRossini^ que ayer califícabaa
áp jnGójnprén^bley ní()i^t$Dfk,,jesa suj^lioje cqoi-
p.osicion>;que biéfó lasiibi|a$,mós delicada? del
sentimiento. ... , ..y
Todáls esíi9 observaciones prueban hasta Ja evir
dencia, :qne la buena mi^ca^ siea cual fuere su
género y estuela:y porja?pn,deisnmisma:subli-
midad, .no pu^de se>r CQp>pren(Jida ínomentáaear
mente; ¿pero qué valen unos instantes de des-
agrado: con las inefables y durfid^ras sép§aciones
qne la buQna .müsica despierta» i^n el alma, cuanjdo
¿a llega^p á revelar sus brellezas? . , ..
. Podrán atribuirse, .mis palabras á mera pedan-
tería, proíano como soy. al divino arte de la mú-
sica,, aun cuando, por él sienta profunda. afición,
y debo ^reyénixíne, ante esa calificaicftcion,: que
acepto ríisignado, porque en todo caso, entre ei
pedante que defiende lo bueno, porquees buano,
y el pedante que lo ataca por ignorancia; pre-
fiero ser lo primero.
. Al presentar á la sociedad la proposición de
los festjvalés, idea iniciad» por el Sr. Bablot, y
secundada por el maestro Morales, tel Sr. Fonsoea
y el que suscribe, se tuvo por objeto: primerp, Ja
unión de los filarmónicos; segundo, la propaga-
ción de una naúsica que algún dia será el encanjí()
de nuestra^; quita sociedad; y tercero, introducid
en México", t^niendt) en cuenta nuestros escasos
García-Cubas.— 25
87Ó
6lemetftos^ U «óstumbl^e de los grancfiosos e¡^
pédtácülos^ que son hoy ift «dmincioQ dé to^a
Eurojya. liogrós^^el primier ót^kio, puafirto foe
hemos visto la noche del 29 de Diciembre 1á&^
mo^ ejecutarse ente otras piezas uña sinfonía de
Beethoven^ por las do9 orqueslak tenaidas y al-
gunos de DuestMs oaas distin^oídoSB 'aficiona-
dos, ^ue se eonMndíet^ti en un laudable senti-
miento de ^confraternidad: esa éjjdc^ci<}& fué no-
table por la precisiób y ^maestría qQ« desplegaban
los apiradables itíste^ümentistas, y llai^O la alea-
ción de los intdfgentes k plrontit6d é¿a qiie 'de
identificaron con el estüb 'grandioso y>evero del
gigante de la sinfonía: sus esfuerzos y su inte-
ligencia son digtios de los mayores elogios, oi>-
mo lo son la dencía y el reeondúido ta^ntb del
maestro Morales/ que tuyo elor'giullo de dirigir
á esa falange dé ameritados ejecutsMtei»: bago
pairtícipe de estos elogios é los apf e^blés dii^c^
toros de las demás piezas ejecutadas, Agustín
Balderas, Féliix Sauvinet y Géfrtoan Laueí. El
primer festiral mejLieano abre la une va .era. del
progreso de la música trascendental an nuestro
país. * \ '
Nq puede negarse que un brillante éxito artís-
tuso coronó los afanes de la coÁísíod, y ésta no
podrá menos que dar un voto de' gracias, nd Solb
á esos artistas, sino á los señores aficionadas de
371
la sección de canto de la Sociedad Filarmónica^
y muy especialmente á las señoras que se dígna^
ron contribuir al brillo de esa solemnidad attísr
tica con el prestigió de su belleza y de su ta-
lento.
. Sí los trabajos die la Junta directiva se han en-
caminado al bien dé la socSeidad^ no lo han sido
menos en provecho y adelantamiento dé Su Coni-
servatoria. Perenne vigilante del buen orden y
de la sólida instrucoiojí de los alumnos, Tiá dic^
tado todas las m'edidás conducentes al arreglo in-
terior del establecimiento y al puntual servició
de las cátedras. El alumbrado de ^as es una titi-
Ifsiiba mejora, puesto que con menor gasto ád
tiene mas ampliamente íiuminaSo todo el edificio
de lo que antes estaba.
La junta ha acordado para eí presente año es-
colar el establecimiento de nuevas cátedras en^ el
Conservatorio, creandt) además una escuela de
declamaeioH, cuyo plan hace que se la deba con*
fiiderar cdmo la primera que de su género se esta-
blece en México. Gloria és esta que justamente
corresponde á la Sociedad Filarmónica;
La; idea que domina principalmente en los in-
dividuos de la Junta, es la de proporcionar á los
alumnos del Conservatorio elementos que les fa-
ciliten un modo honesto de vivir: tal ha sido el
motivo porque no se ha limitado á la instrucción
372
musical. Muchas niñas no tenían las facultades
necesarias para el estudio de este arte^ mientras
que poseen brillantes disposiciones para un es-
tudio literario. A 1$ realización del pensamiento
feliz de la Junta^ se debe que muchas sefioritas
bayan podido recibirse de profesoras^ obteniendo
unas^ gratificaciones en el Conserratorio, ofras^
isueldo» de la corporación municipal^ y^ algunas
han abierto^ por su cuenta^ establecimientos de
educación; damanera;^ que nuestro GonserTatorío
deb^coni^derarseno solamente como un estable-
cimiento para formar artistas en el cantó y de-
clamación^ sino como un plantel de profesores
que deben derramar la luz y la enseñanza en toda
la extensión de k República.
Igualmente debo llamar la atención respecto
de los instrumentistas. El Conservatorio ha dado
algunos ejecutantes á las orquestas y bandas mi-
litares^ aunque es de sentirse que éstos no hayan
perfeccionado su educación musical; pero la Junta
no ha podido evitarlo, porque ni ha estado en sus
facultades ni en sus principios^ violentarlos de
manera alguna. De desearse fuera que se medi-
tase el asunto convenientemente^ en vista de sus
consecuencias trascendentales; para que se dic-
tasen algunas providencias^ que sin chocar con
los principios liberales, evitasen aquel mal.
En Iqs exámenes mensuales, así como en los
373
públicps de fía de afio^ han demostrado los alum*
nos y alumnas del Conservatorio^ que la instruc-
ción que en él se reeibe es moral^ complexa y
sólida. Si el Gobierno^ como es de suponerse^ sí*
gue impartiendo su protección á este estableci-
miento^ debemos esperar un éxito completo para
el. porvenir, y que nuestro Copservatorio llegue
á ser un planiel-modelo, y digno de rivalizar coa
los m4s afaipad^s de Europa.
Tales han dido los acto» de la Sociedad Filar-
mónica durante el afio de 1870. los cuales me ha
tocado la honra, en esta yei, de enumerar.
México, 8 de Enero de 1871 .
' •■
p I I
'■II' »
. í ,:..•
.it^yORU PilfiS£]N1^iJ?Ai
^ • • .- -ALA
' ; '' FILAfliíÓNIÓA' MEXICANA,
. . ; . . BftN MQTÍ V0: D?' If Af O W^ljBlWCiOlil , DEL. TB^TRO \
Señores de la Junti' Directiva': • ..'•.';
' .-:• 'í. ,ia
EL^spiritii de linickliTa <}iiá ddsá& la ereácioa
de la Sociediad Sll^ariBúmoa ha. guiado- lias juia^
tas que m káíi sqicsetíido', háí dotbcipmado ^ Iímbsí
traté projsfresodaitei iliil infititut(^ ; mupparr
tícukkimaate del Genweciatc^o dis Mósi<^a y Be-
olam4c|eii/ Bébesé: á ka juntas! qúd biiiQ siilae^
dido ¿ la de 1873 la raalffiSHsion dk^(i»n4ieft ido^üB
qi)^ tqn poderosamente batí kifltiído ei^Ia.f^B^
xada instrucGípn de los educandos, d^l Gcin9€^-
376
Tatorio, así como ¿ la última que ha regido los
destinos de la Sociedad Filarmónica correspon-
de la honra de haber realzado el pensamiento
de la formación de. su Teatro; pensamiento de
trascendentales resultados para el objeto de
nuestra institución. El distinguido lugar que
^ntre los establecimientos de enseñanza pública
ocupa hoy el hermoso^ plantel*, objeto de los
desvelos de la Junta, exigia urgentemente lame-
jora que acaba de realizarse. El salón antiguo de
conciertos, por su desaseó, por sus ttjaíáá éoüdí-
ciones acústicas y por el .desarreglo de sus loca-
lidades, era poco digno de los espectáculos que
en él ha ofrecido constanteititeflle la Sociedad;
•espectáculos por cuyo medio revelaba así á la
naciqn entera como á los ilustrados extranjeros
que concurrían, los rápidos progresos de los alum-
nos del Conservatorio y el delicado gusto de los
socios por el arte de la música.
Si la Sociedad FiLarmóolsá hübi^a podido dis-
poner de suficientes reoorsos, la foi^niacion del
Teateo poco 6 nada ofrecería de partitíülar; seria
tal circunstancia una prüd^asolaáiente de ia ilus-
tración de sus miembro^:: jonfiiste^ el méríto eñ
haber acometido k empnssa sin re¿urso6> ¡Hres»
cin(liendo de las escasas aeigriacibnes de la aso-
ciación, que apenas bastan ¿ cubrír siis presu^
puestos. Dióse el acuerdo, y se procuraron los
príniéros fóDdtib • apelatida á: ima suscrioioiiii lonture
¥adQSip^lcalahBs>: t la qua; (lieáljzada^ ns^. i^eanni^»
tió dar {D9ineipja á;lo9 tEaba^^os^ quéjiS9;ejdcaif|&raii;
Qoa una rapidez extraordinaria; Larñláakof)í3.de
Los aeclonistas obliga á rCÓnsigRar sás npiabresp
oottiO'iLn justo tributa de agradeeimieo^oiiBl Cósah"'
ser^iorio I debe;' p(^ tantóy insci*ü^r ^><teP«^(Qatá^
logo de SUS' in8%nps beBefaqtornes'á losr^fióires:!
.-, . ,D.^ Sebastian, jLerdo 4©; T^jad€^^.ií i^^.>
.'H :J&. Jotíé Mftfía Iglesiafi, ' ur' ■■''
;i . vlJ,;Ra&ieljM^üne2 4eilaTwre*
JP. Raoian T^rrarois. > : ; u io i • '
-; / B. Giiillermo Barrqn, i, i i ;;
B.ii^tonip JEgoaii^ftP-
.; > „ J).> Joitooio Mier y C^lí^-
1>. I^edro dpi Vaüe,; ;r: . ^; ..^ [. [> ..rv
D.. Mapíj^l Ftííoáada^í del Gastilia, a., , : j.:|
.;J[)v;Manu^lIturb€tv ^
.P. Sebastian ,CaipíW5]^o. . : . ^
..I
: j
* •''•í]l
' f
,< - í • > .
. Jiisufipi^tes los losidÍQiB reiüuiídbs por i^edm
dé dita suswicdon parAocttbcir. los prerapúealosi.
y deddida la Junta ¿ cerirarla pói la pr£(mtira<ÍAL;
ti^oQípQv apeló á: otros reeorsos/ QampMmetíoíoidor
sú crédito paraonal alfunós hóaQral)lssMúieA^
brosdala abísnaa Junta. Se coiítratáia obra de^
37S
eacpíntada.ton el hábil totesaiK) DI Pddiro Man-*
doQca^ ijia^o.lp* oondicíoa de qua el mloD ooire»-^
póndicobi . i do£| ae^nea da íl 60p' pe«as< cada/
QÓa^^^ejeviaxpa^ada á la oonclasion da la ol»a
cea lós! prodnctos de las prioaerae aturadas; lo^
o«aI^ tomgoe.eataUeoia aim diferenck en so br^
YuroTespacÁoxláilos acaianástas, ^ep isada relHi]t:r
baí el méiáto da su patiiático praaede?/
Deseando, por mi parte, corresponder digna^
mente á la eoQ&anza qae úi mi se digáó depo-
sitar la Junta Direotíva, iK)tti1>réudotfie^ara for-
mar el proyectó del teatro^ f éacargánd^me de
la dirección de las obras, desarrolla aquel, es^
tudiándolo concienzudamente, aunque no sin
graves dificultades que vencer, poéstó*que se
me obligaba á cireuB^pk*íblrltD en el faralelógra-
mo del antiguo salón, "ée dimf^nsitoes (án des-^
proporcionada»,^ ^ue itdpediasi ackte todd dar al
nuevo teatro la conveaiéateioífmtt kretilar. El
problema para mí era de muy diñdÜ^^ei^lucion^
por cuanto á que era ff óetóo no iuOTírilív por la
inconveniente forma del local, en el defecto que
se ^advierte en los teatros ta&pravisados^ qUe^^acb,
gen^^qiMtej lai^gos y estrechos; era da todo
^&btó i^disp^sab^ proK5urar al sabn. crtrá pers*
pei^a mis pgrads^; úá reducir su eattanqia»*
Esta faé la baaa da mi proyecto; y fu^oiai precia
so^ para HdM2tí¡¿k^ remeteí* la linaa de bs palcos
379
respecto de la de las plateas^ á fio de que ddsde
las lunetas pudiese verse todo el conjunto, fte^
ducir la extensión longitudinal {iel salón;! to^apú*^
rienda, atanzandp hacia el frente del proscemo
ha líneas de los palcos y pdateas, y sttBtitu;7<radd)
laa Ipcalí^adef perdidas por esta raducoion oein lo6
ps^leos de anfiteatro^ eircuof taiicia que c^récia,
además, la Vietitaja de poder disponer de U6a pe*
guefia sala para desabogo y para la colocación de
las escaleras de los palctís, .
; Logrs^do el fin> xnedfaipkte estas dispo$fcioneS|.
el proyecto fué aprobado en todas sus parte», po^
q^ndose desde luego en ejeciuk^íQii; y aqiti tne
pample advertir^ que si 1% obra se ha llevado ft
feliz término, débase partieularnoeat^ á la^&M»
Goopei^acion de los hábües artsitaa y arti^aft&óa^
todos, meixicanos^ á quienes, por fortuna fiaia^
encomendé los diversos trabajos: bside carpín^
itífU al Sr. D. Pedro Meodftza; el oroatOfdel aiite-
fK»|iado ¿ los Sre9. Dk. Agui^in Ramírez y D. José
^efrato; el del proiscenid 4 esteicniatno saíior; los
dctrados del salón al pji6pio Si;<Ban9ifte, y Ito det
proscenio á D. Francisco Ls^zaüíu: loa n^^al'loQeil
coa los bustos que íidornaa la. primará men d«i
Resonado y el ornato de la curva &up0iá<ir del
proscenio á D. Juan F^nándjBz; la píntttrd ddlves*^
tibulo al estilo pompeyano^áD. PetrofliloMonroy;
el telón de boca á D. Tiburcio Sánchez; el borda*
380
do del segundo telón á las alumnas del Conser-
Yatorlo Manaela Marin^ Josefina Figueroa^ Refa-
gío Yaldés iy Refugio .Gerda^ bajo la inteligente
dirección de la Srita. Luz Oropgza: la decoración
de conciertos á D. Rafael González; las niénsulad
4
de fierro al herrero Sr. Lazo de la Vega; los can-
delabros de bronce para gas*á D. Hipólito Abur*
to; los festones del proscenio y los del artesonado
al Sr. D. José Ortega; y por último, los bustos
de Alarcon, Gorostiza, Ródííguez Galvan y Gai^
deron^ los cuales deben decorar los costados del
proscenio, á D. Agustín Barragái^.
Debo mencionar los buenos oficios del Sr. D.
Gonzalo MüUer, que tanto me &yudó en las obras
materiales que se emprendieron para la^ormacion
ájbVFoyeVy %si como el empefio é inteligencia que
mostraron en sus trabajos los oficiales de carpin-
tería y dd piatura.
Los retratos que decoran la primera curva del
referido iirtesonado, están fielmente modelados
conforme á los magníficos grabados de la obra
ibtitQlada «Los Músicos célebres; d y respecto de
los autores dramáticos, de otros no menos bue-.
nos grabados y fotografías de conteoiporáneos.
Para justificar la elección que^e hizo de las
notabilidades en ambos ramos del arte, bastará
citar sus nombres, que, por orden * cronológi-
co, son:
381
gompOsitob)ss a la derecha del proscenio.
1 Palestrina . . .
2 Raitíeau ....
3 , Haen(^el ....
4 Sebastian Bách
5 Gluck.. .
O Havdn . . . . .
7 Mozart ......
8 Méhül. .'. . . .
9 Beethóven .'...*.
Auber.
1 Fétis. . .'
2 . Rossini ........
3 Meyerbeér
4 Donizetti .
5 Bellini . .
6 Verdi .........
7 Gounod
8 Jtísá Antonio Gómez.
9 Bastamante
20 Beristaín
1S24-1394
1683-4764
1685-1759
1685-1759
1714-1787:
1732-1809:
1756-1791;
1763-1817:
1770-1827.
1782-1871
1784-1872.
1992-1868v
1794-1864
1998-1848
1802-1835
1814» »
■1818 »
1805 »
1787-1861
1817-1839
AUTORES DRAMÁTICOS A LA IZQUIERDA
DEL PROSCENIO.
1 Esquilo 525 A. de J.
2 Sófocles 495 A. de J.
382
• • •
3 Plauto
4 Terencio ....
5 Lope de Rueda.
6 Shake3peare
7 a^ik JODSOQ
8 Lope de Vega. . . # .
9 C^ldercn delaBarca.
CorneíHe
■
1 Moliere
2 Raciné '
3 Moreto
4 Sor Juana.
5 Moratiri ........
6 Víctor Hugo
7 Alfieri;'
S Goethe
^ Schiller
20 Bretón de los Herre-
227 A. de J.
193 A. de J.
1500-1567
1564-1616 .
1574-16a7
1526-Í635
1600-1681
1606-1684
1622-1684
1639-1699
1640-1676
1651-1695
1760-1828
1802 »
1749-1803
1749-1832
17S9-1805
ros 1796-1873
EN LAS CUATRO- MÉNSULAS, A UNO Y OTRO LADO
DEL PROSCENIO.
Alarcoí\.
Gorostiza.
Calderón.
Rodríguez Gal van .
á83
déjadh de coloearsa en xíw$ixon\a& fM^r fs^ll^da
^sipaedo^ y esta oírcuQ^aDcia explida M^sé^paráb)-
£ii6Dtea!6átá tan ^ejoisy^le^ ooal^cto. ; A i > . .
• * .1
Nb ebsjtaaUe el (ktenídp eftudíkir)(^e Q9i{»P€tt^i
en él de8arh)UQ rdel'.pi:Hsiyl3cto' respedto die^k-jbiv
ina qué debi(hráldu*seal^laü>>iaUábáokiá
^ ««wübioiiro WstiM^ ^éíbigiáriétó4to esOTF.
iiiáles^íéa: las S9;lias áe espectáQub% oiirctídstaiitáas
%ÍU8 prígi»árim;npéTas dified^^ iiasf paredes
TeetangalaEes del loeal'y la forma del GÍ0to> aasj-
tenido por pbatDs mdidadoshédiw^de ^póáto
para cnbrir#las grandes zapatas que sopüitaQ I»
vigas del teditl^ contraridbaD^ deledcrpiniitoi^ilas
leyes dtt Ja acústica;. ídefeoto que OQrsegí; áistif
luyendo ios plauQs'íneMinados pocsii^ébíiei^'oiir-^
'tB9 que no^ impidiesen la libre propagtftcion niel
-scínidó/ lo cual^ por en combin^oiob^ mejoi^tfali
aiotablemente'el aspecto :d;el'aíte8onadQ; Con d
mismo fía me propuse evitar^ en Ibs zmefas cons*^
trucciones^ haata dondo' era ;m>sibtei^ las foranas
angulares; y por úitiilio^ para: aummtarla so*
noridad^ determiné lálormaoionde'iiqa bajamar-
inóni^a en el lugar que ic la orquesita aaréspon^
de/y limitar el arco del. prosoetiia por dos oarvas
elípticas paralelas; El resuhado eorrei^ndió á
mis deseoS; y espero* que; pronto os^Donyenci^éls
de ello. : ' i •
^PaTalaconTenieDteTéotilacioDdal aaloo, a^ro-
yeeÜé bda^itos recursoB estovieroná mí. arbitrio.
Hice cotooaF persianas en las oaatro venMnas, y
practicar horadaciones en la parte iafeñor de U&
.paredes; sistema qne^ como se sabe, es de los
más proTeutio^os resoltados. En el' zócalo qne
^correspobde á^ cada iplatea^ se hicáeiion los; conr
veoiientiGfe taládros/por donde, sia.molesiar, pe^
nékael aire qaé proriene de aquellas horádá-
aábnes; y por últiioáo/coinaniqué el foro, por la
parte del techo y éh toda m extensión;, con la
sala perfectamenle ^ventilada qoe eiúte eo ét pi>
9Q luperipr. . ; . .'.*.'■
He prqouirado dar aléscenariolhé madores co-
modidades posibles, DO .obstante sus hoñtos re-
ducidos, disponieqdo,'. para, él- pronto séiTicio de
' la~ escena^ que las -décorácioBes sean en.su mayor
parte cerradas y de.rompimisnto; que los telones
^e levanten úü ávMar, con lo cual se logra la
conaeryacion dé ellos y mejor efecto, y que d
serricio d& Jos maquinistas se haga' por la parte
superior, á fin de no entorpecer Ja escena,
Fór la parte posterior del foro seeonstruyeron^
en qtimero de onoe,tld;s ctartos de loa actores y
laa salas para vestuario de coristas y comparsas;
dichos cnartos, bien ventilados, rodean ú foyer
de artistas, que es^indíspensable áfm de evitar que
éstus reciban á sus visitas en los mismos cuartos.
385
Para concluir con esta parte de mi informe^
debo manifestar á la Junta, que con el objeto
de preeaveíi al edificio de un incendio, atendien-
do' ff éste proíltámente en sus principios, aprove-
ché la fuente que se hallaba en el pequeño patio
de la habitación destruida para la formación del
foyer, colocando una buena bomba que eleva el
agua hasta el depósito que se . encuentra en la
parte mas elevada del edificio.
Paso á tratar de la inversión de los fondos.
Al aceptar el encargo "con' que me honró la
Junta, desde luego propuse se hiciera exclusi-
vamente la distribución de dichos fondos por la
tesorería de lá Sociedad, previos varios requisi-
tos, y sin más intervención por tíai; tote; qij? la
de poner el visto bueno á los recibos de los inte-
resados, conforme á los presupuestos económicos
presentados directamente á la Junta y aprobados
por ella. La cuenta que tengo la honra de pre-
sentar, es la misma que ha seguido la Tesorería
de la Sociedad Filarnáónica: todas las partidas,
aun aquellas que provienen de gastos menores é
insignificantes, están debidamente documentadas
y á eñtéra satisfacción de las personal que las han
requisitado.
La cuenta á que me refiero es como sigue:
García-Cubas.-- 2&
388
Cuenta que presenta el que süsgbibb como en-
cargado DE LA fiONSTRÜCGlON DEL TEATRO^ DÉ-
LAS CANTIDADES QUE SE HAN INVERTIDO ^N, DICHA a
OBRA.
INGRESOS,
Recibido de los accionis- 'i.^'
tas* . .^ 8,200
Ideni del Gobierno para
reposiciones del edifi-,
cío, . • ' 2,0d0
ídem de los propietarios
de las localidades. . . 262
ídem ^e préstamos del se-
fior Escalante. . . ., . 6,000
ídem del señor Iglesias. 200
■•.i rf
Al frente. . 16,662 ,
* En la partida de los accionistas están considerados
ios mil doscientos pesos de las acciones del seño;* Men-
doza.
4
INGRESOS* BGRBSOS.
Deí frente '^ • 1&,«62^'
A Mendoza por el im-
porte de sus presu-
puestos* 5,414*25
A iá. pot vanos traba-
jos extraordinarios . . 709 , Q 1
A los Hiladores. ... 120 '¿^
A lü maderería por vi-^ • i
ffas y tablade techar. i6¿ ^5 /
supuestos 3^465 00
A sus pintores para con*
cluir h obra y pin-
tura del Foyer. . . 413 03
A Lazafin, por el pros-
cenio y las galerías. 808 00
A Fernandez, retratos,
medallón, etc. ... 680 OO
Por trabajos de pmtar..
en él telón, cuarto
de faiiiar y diseño
del proscenio. ... '. . 210 00
A la vuelta, 16,662' i 11,98276
* Ea la partida de lo pagado al Sr. Mendoza están in-
clusos los 1,^0 pesos dé las acciones para ^^1 balanceo
de la partida dd cargo^.' ''
\
388 ,
INGRESOS. EGRESOS.
De la vuelta, . ; 16,662 ^ 11,982 16
A Müller, encargado de *
la obra de albañilería
I 9 ' t
por rayas, materia- '
les y gastos menores. 2,421 12
A jGarcilaso y Guillau-
iiiin por varios tra-
wjós de herrería. . 2* 64
A Valdes^ por asfalto. 82 00
A varios, importe de
las cortinas y vari-
llas, balleta, bello-
tas, flecos,* etc., etc. 382 11
Por papel sellado para
los contratos. . . . , 17 00
A Aburto por cande-
labros, candil y fa- ' •
rola. ........ 385 00
A Ortega por varios tra-
bajos de yeso • 1S5 00
A Serrato, id. id. id. . . 172 50
A Castañares por glo- ,
bos apagados. • , . • 72 00
A Delarue, . por hule
para tapizar bancas
y barandillas. . . . 128 00
Al frente. 16,662 16,005 53
389
INGRESOS. EGRESOS.
A A,r .ííel írente'. 16,662 .16,005 33
A Alfaro por tapizar las
mismas . 228 ÓO
Por manta para- las de-
coraciones 76 7S
Por alfombra * para los
palcos, plateas, es-
caleras y contaduría,
incluso lo dado por
cuenta de la postura. 234 50
A Alfaro, por los in-
odoros 55 06
A Del Rio, bombillas,
• plumeros y arme- * <
lias, etc., etc. ... 21 00
A Monroy, "por cuenta
del vestíbulo / 415 00
A González, por la de-
coración de concier-
tos. ........ 250 00
A Simón Philips por
cuenta de las sillas. 300 00
Id. id. id. unos sillon-
citos 36 00
Por sillas para la or-
questa. ....... 36 00
A la vuelta. 16,662 17,657 84
BT6RBS08.
«
: De la. yiieUa. 16,662
Por post.* de la bomba.
fj^ pall Aglio por cuen-
ta de decoraciones. .
Suma del egreso.
Cantidad suplida del
fondo déla Sociedad. I,j099 Sá
EGRESOS.
17,657 84
4 §0
.T
I W ft^Pf
17,261/84
Igual 17^7jS1:-í?4 )17;261)84
El tesorero, Liceaga.
*
He desempeñado la comisión con que me hon-
ró la Junta directiva, procurando interpretar los
deseos que la animaban al, dar su apuerdo .pai¡9
trasformar el antiguo salón de coi^ciertos qu un
local que por su aecoro fuese ^ignq dejarte. Np
sé. Señores, si babré llenado vuestro intento,
mas si como lo temo, asi no fuere, podéis por lo
menos estar convencidos de c[uehp,}i9c^o cuantío
^e ]ia .sido posible^ y solo pf^^ ir^ta swpiiq^ffos
que os digneis aprobar nü? blftOÚldes. trabajos.
iFdhrero l.f^de 1874.
1 F
i
t
i .I - r ♦• f
>'■ ?.
DISCURSO
EN HONOR PE SAMUEIi MORSE
PRONUNCIADO
EN LA SOLEMNE SE3I0N GBLEBBAÜA POR ÍA. 600IBDAD
MEXICANA DE «EOGRAFIA^T ESTADÍSTICA LA
, .NOC^E DEL 21 DE DICIEMBRE DK 1873.
. Señores: .
HjiNo-ge'^éátf tfátar de uña cybra científica sin
rendir graüáé adnoáracioñ á la ihteligéncia huma- .
oa, é €»0 áésítello dé lá' sabiduHa divina por el
cual sedistihgue el hombre particularmente de
k» demás 'áóíestiviéhtéS, La naturaleza ha ido
cedáendoprogresivaméíite feus adnSIrables árcáfaÓB^
al Bslüdioy í la observación' -del sabio qhé nada
de cianto existe Ife.despteci&db y todo ha sido
•objete dei BU invéstígáíá'on;, ásl lá delicada ^érbte-
eilla qué Colora dé Vetde esmalte las ' cáíiínpihusi
como la fíóndóifeá ceiba v el feétíulár^ i¿á6t7íí¿^ delóS
bosques j así la inquieta mariposa éomdeFtoévidó
cóndor que se cierne sobre las nevadas cúspides de
392
las montafias; con el mismo ínteres ha hecho el
estudia anatómico del infusoño^ como el del ce-
táceo de colosales proporciones; y por último,
abriéndose paso por entre las densas capas de las
aguas^ ha descendido á escudriñar el poiundo ma- *
rítimo^ y rasgando el sutil velo del éter^ se ha
lanzado á la indefinida extensión del espacio para
inquirir las leyes que rigen á los cuerpos celes-
tes. Así^ pues^ los conocimientos humanos han
adquirido un desarrollo prodigioso; y ya en nues-
tros dias cada materia de una ciencia^ constituye
otra ciencia sepai^ada^ aunque íntimamente rela-
cionada con la que le dio origen. .
lia Física^ ciencia sublime de la naturaleza^
ha revelado al hombre interesantes misterios.
La casualidad^ seguida de la observación unas
veces^ y el estudio y perseverancia otras, han
logrado descubrir multitud de fenóúienos físicos
que han tenido^ la mayor parte, útilísimas apli-
oacioúes. . *.
• La electricidad, agenta principal, del cual se^
gun nuevas teorías, dimanan los demás, ha eúri«
quecido ^notablemente }a§ ciencias^fy como fuente
inagotablci, continuará enriqueéiéndolas, produ-
ciendo I03 mayores prodigios; ése poderosísinío
agente há nulificado las idistaneia^ trai^mitiendo
la palabra con la velocidad, del r.ayp, sin que le
sirvan: de barrera las gigante^ cadenas de mon-^
393
tafias, ni de obstáculo las tremendas agitaciones
del Océano.
La electricidad estática, antes del inventó de
Volta, por fuerte que fuera áu acunáulacion^ era
insuficiente para aplicarla á la telegrafía de una
manera practicable y conveniente; hecho notable
que estaba reservado á la electricidad diriárnica,
ó más bien al electro-magnético. Volta inventó
• el aparato getierador de tan poderoso agente;
Béquerel modificó él aparato de Volta haciendo
constante la ela.borácion, y por tíinto perenne la
corBÍente, y CErsted observó por primera vez la in-
fluencia de esa corriente én la brújula. Entonces
nació el eléctro-inagnetismo, y coü esta ciencia el
principio de la telegrafía eléctrica bajó la sabia
aplicación de Ampére. *
Si la sabiduría de estos hombres ilustres inundó
de luz el antiguo inundó, Pranklin y Morse bri-
llaron como astros de primera magnitud en el
mundode Colon.
Franklin, como algunos sabios europeos, en-
trevio la idea de las comunicaciones telegráficas,
y Morse la realizó; Franklin desprendió de ,las
nubes el rayo y le sepultó en el inflamado ?enp
de la tierra, y Morse se apoderó de él para en-
cerrarlo eh un circuito de metal; Franklin pre-
servó al hombre de la descarga eléctrica, y Morse
la utilizó convirtiendo ese terrible meteoro en el
394 '. ..,
• ■ i t • S
mensajero rápido^ digno émulo, por su velocidad^
delpensaiiíignto. , ¡ !' \í
^ , Qop el aparato de Morsa, la jkJea á» la tele-
, griaO,^ eléptfiic^ l^uyo su definitiva apUjR^oipQ^.^ta-
^^jpciéndose ^p)riIDe^i^ Upea efttíftíWa$hÍDgton y
JBaítimora-. Des^e entongedlos, tetógrafofta© roal-
, tipliPiarqn eq ambos conji^ei^tefe, y:yaj?dlopreo-
^cupaba el á^iipo de lo;f ^opi^bres cíe94^&5Qs el
hecho dala cplppacion del cable- ^íhffiabino.jd&a
marayiUos^ q^u^ debia ref((lizar$e'más. tarde.i £1 fO
4e.AgpstQ.de 18S8i ^INupvo Mundo, ppr: fe fr»z
del^ , presidente de lo^ £stados*Uj;iidos> : :<s^luii^a
|2^1 aptígijo^ jepresept^L^oporJa J6|^a4e^IDglíl4*^ía.
;]^^ rayo suj^ab^ la iawensida^
pando con su estela de fuego Ifus sigu^^tes fria-
s^s. lag más elevadas, y dignas detaq, grímdioso
espectáculo: inJEl tedfgrflfqjic^ Wfiidfi 4 ^^^^
pa y á América. ..Glfiria áiPigs^e^fp la^^ulturas
y paz á los homhi^es de buena voiuntud.
/\re2!.mos ^hora dp ,qué njapeía; bja, .^sécmidaflo
1^. |Íepúl^íip^ ,M®^ÍP?Pf^ ^ ^^ dW^s. naí^nes res- *
ppcto ^jiejaj^^rpejora material de tanta impórtan-
os j^^ras^ent^eufjj a. ,,.,,.. ,¡ . i. ;r • íí M r-
j ^ .(^fjDQQ en É^ujrojpa,, México bA presta ^n uso di-
versos sistemas telegráficos. Los aztecas trasmi-
' '395
lian SUS mensajes por medio de hombres apos-
tados -de*trécho é^ trecho; en é^oíéas^ tnodér niis,
'«1 telégíífa aéreo eñ las torres de nuestra ¿ate-
. liral : deftuóeiaba los - movimientos^ ' del 'invasor
í«orteaBííerioíano; y por áltimo, éri 18Í50/ el Ije-
neméritaD. Juan de la'Wanjá'háda; el primer
«isayo«i la capital de la República, de lá tele-
' grbfía eléiíitrica; comtinicahdó el palacio' úacibnal
con la'Esteuéla^deMítias. ^ ,
• Pata pódéí apt^ciáfüébidaifaéííite'el fñéríto de
»D. Jnam-de la Granja, preciso 'es 'reciárrirá la
íhisttíria,' qné nos muestra l&s 'deée'pciones y las
penalidades qñe han átribáládrf el ánímd de ' va-
•ícttié^ikistíés'qtíe algo iítíévo Han iBm prendido,
'Aún buandolds obstáculos pára'la realización Üe
una idea no háyati teñido por cansa la timidez,
iü^ividia; t lá ígüóraiicia de los déáiáslibmbres;
l^rteiáo/es^tetier en- tíúénta los é^cásbVóté^^^
^e ^e ppdéüios^ldíf^pfenér, ptóíMairttiénte por
el excesiva égcttájmo' dte la mdyór'^íifte de liüés-
tta ^gerite'tfcómo&ada, * hecho que' inúlilai ente se
hft^líáíatít) de jttstifidár. A nb existir ésta ckusa
prideipal, 'Sütétísas líneas ' telegráficas ¿eñiriáh
como una diadéniade fe^gó el ^rrítóríó Üe la
República. 'Prfr consiguiente, mucho tuvo ^ue
lutíhar B. í.foto ^de laJGrarfja para rfeaílizar ku
ettipresb, pbf la -falta ^de áfecioíní^Éás^, | áqüelía
btibiera frtitíasisdó sin el éíficaz auxilio pecutiiáríi
.396
de D. Hermenegildo de Viya y Cosió, actual ce-
sioDario de la linea de México á Yeraofuz.
La patria recoaoclds^ premió los afanes del
ilustrado emprendedor D. Juan de 1» Granja,
honrándole con el título de ciudadano mexicano
y de diputado al Congreso de la Union.
Por ,órden cronológico expreso en stguida lo*
das las disposiciones dictada^ acerca del estable-
cimiento de lineas telegrá&cas en la Repilblica.
1849, 10 de Mayo. — Publícase el primer de-
creto concediendo privilegio exclusivo á D. Juw
de la Granja para plantear lineas telegráficas en
la República. (Gobierno del Sr. Herrera.)
1851. — Queda establecida la línea telegráfica
entre México y Puebla, trasmitiéndose el primer
telegrama en el mes de Diciembre;
1853. — Primer telegrama «de la línea de Mé-
xico á León, contratada couD. Juan déla Granja
por D. Octavi^no Muüqz J^edo, gobernador de
Guanajuato, en la cantidad de cien mil pesos.
, 1859. — Se.proroga al Sr. D. Hermenegildo
de Viya y Cosío, cesionario de la testamentaría
de D. Juan de la Granja;, el privilegio otorgado
á este seftor el 10 de I^arzo de 1849.
1865, 7 de Junio. -r-jDecreto concediendo pri-
vilegio á D. Carlos G. Clute y socios para el es-
tablecimiento de tres lineas: prio^era, por un afio^
de Guanajuato á Matamoros^ pasando por San
397
Luis, Saltillo y MontereV; seganda, por ¿los años,
de Matamoros á Veraéirüz^ por Victoria, Tampico
y Túxpam; tercera, por dos aflos, de San Luis
Potosí á Durango, pasando por "AguascalienteB^
Zacatecas, Fresnillo y Sombrerete.'
1865, 12 de Agosto. — 'Decretó' concediendo
permiso á D. Carlos J. Arnbm, como represen^ '
tante de varios capüalistá's de Nueva- York,
para establece^ tres líneaé': la primera, de la Ca-
pital á San Francisco de California, pasando por
Toluca, Morelia, Zamora, La.Barca, Guadalajafla.
Tapie, Sao Blas, Mazatlan, Culiacañy Guaymas;
la segunda, de Mazatlan á Durango, Cíiencamá,
Parras, Villa-Aldama, Gerralvo y CamargoVy
la tercera, del puerto d^l 'Manzanillo á Guada-
lajara.' ♦ •
' 1865, 16 de Noviembre. — Se concede permiso
á D. Rodrigo Rincoií para establecer una línea
de Lagos á Agaascálierites. '.
1865. — Se aprueba el gasto de 10,000 pesos
para el establecimiento de la linea de Tehuac*an á
Oaxaca.
1865, Julio 27.' — Bajo lás-misnras bases que
la linea anterior, Maximiliano acordó la cons-
trucción de un ramal de Tepeji á Tula.
1865, Noviembre 12. — En el mismo año se
construyó la linea del puerto de Sisal á Mérida.
Además (le las expresadas líneas, por convenio
celebrado coa los Sres. Jecker y CompafiU^ sor .-
bre pa^o de su crédito, se eomprometieroQ dw>[
chios ^efiores^ entregar las siguiQotes U^easan v
los plazos que se expre^q : >
De México á Leon/fjstableoida y^^ paraEiMia -.
de i 866,. siu privilegio. ,
De México á Tampico, pasaado por Pachtt6a> . «
Tulancíogo, Zacualtipain, etc.
De liCoa á Guadalajara.;
De 4ínozoe á Veracruz, por Perote*
De México ¿ Guero^yaca.
En tiempo de Maximiliano se hideFoo ea el i
propÍ9 aflo propuestas P^^ D. Arturo de Mar-
coantúpara establecer dos cabjea submariuos; .
uno del caba de San Antonio, al de Gatothe, . y ^
otro de este punto* Veracruz. Tal proyectó, no ■ i
tuvo efecto.
1869, Abril 30. -r-Sa concede una subvención
de 5,000 pesos, en el presupuesto del iafio^ t las
compañías cqi^cesionariasdeDuraiigo á Mazatlan.
1869, Mayp 5,-— Sq decreta otra subvención '
de 11 pesos por kilómetro construido del telé^ *
grafo de Tlalpatn á Cu^rpavaca,. subvencionando
á la empresa con xmdi.Ciantidsd 'que no exceda
de 2,000 pesos. ,
1869, Mayo 31 .-—Se subvenciona á la empresa
del telégrafo de México á Toluca con la cantidad '
de 20 pesos por kilómetro construido.
399
1870, Noviembre 18. — ^Se concede otra sub-
vención é la empijpsa del; telégrafo dé Teracr'üz á''
Tampico, de 23 pésbs^ pcír kiííótnetró c^^ '
entre' este ^tliitaó píjértíb" y él tíé Mátáboros'.' • ' ^
4870^ méiéthbre^ fO.-^écrétd (jiie .fij^^ el
plazo <lé'áeis naesej^ ía cáirtíd^d^db 32¿GtoO ^e- *
so^ál telégrafo de^Düráti^o^á Mazátlanyautóri-^'^
zandó &1 Ejec^ltSfo'^aía'ítíirérÉir léyTOpeáofe en ^ ;
la cítoprá dél'^é'Sombí^reteál^^ ' ^'^^
t87€i-Dítóenibife 13^^D^ci*eto aiitóríiiátido á
D, H. G. Norton, tiSííüéva^Yoirk; jpara estaí)lb¿'e¿ '
en las aguas •de la República un cable electro-
submarino que sirva de comunicación ^ntre un
punto cualquiera de la costa N. de Veracruz y
otro dé la costa de los Estados-Unidos.
1B71, Diciembre 7. — Seeiceptúan délos de-
rechos aduanales los íitiles y materiales párá él '
telégrafo de Campeche, al cantón de Iturbidé f
Estados. limítrofes. ^ \ ^- ^ ^ ^ i: ■ ' ^
1872, Abril' 11. —-Se proroga por un año el
término fijadora D. H. G. Norton para estable-
cer el cable entré Yucatán y la'Iálá de Cuba.
1872, Octubre-29.— Se decreta la ■c&ástf üb-
cion de una línea que partiendo dé Tancásriéqtii, '
pase -por Ciudad Victoria y- termine en 'Mata-'
moros. ^ ' ■'■■\ ■ . ^ '
1872> ^Diciembre 23. — Decrétase la línea de
Apizaco í Huauchinango por Tlaxco y Chigua-
400
huapan, y dos ramales ea la línea . del iriterior,
y son los de Tepeji á Tula y Jilotepeo.
1872, Diciembrfi:13, — Se autoriza al Ejecu-
tÍYO para la construcción de un telégrafo de Ma-
zatlan á Ures, tocando ei^ Guliacan. el' Fuerte,
Akrdos, Guaymas y Herniosilb< ]SX mismo de-
creto consigna al telégrafo de Durango ¿ Chihuar
hua y Paso del Norte, el gasto de 60,000 peaos.
Lasr líneas que hoy forman en la República 1»
red telegráfica^ son las, siguientes..
LIABAS VÉL eOBTBRNO FEDERAL.
KlLÓMETBOS.
De México á Querétaro. . . ;. . . . 209. 5ft
De Querétaro á San Luis por San Mi-
guel. . . • . . ^1.40
De San Luis á Matamoros por Salti-
llo, Monter.ey, Gadereyta, Cerralvo.
yMier • • .^ 900. Oa
De Querétaro á León por Salamanca, .
Guanajuato y Silao. . .^ 272..35
De Guanajuato á Dolores Hidalgo (ra-
mal\ -.• 58.66
De Irapuato áPénjamo (ramal). . . 62.85
De Gelaya á Salvatierra (ramal). . . • Al. 90
r *
Alfreníe 1796.66
«
, - 401
« *
Del frente. ... 1796.66
De Salamanca á. Valle dé Santiago
(rapoal). :.-..« 30.28
De México á Tixtla por Cuera avacá y , *
Chilpancingo. • 336.82
De Tehuacan á Oax9.ca ,2S1 .40
De Durango á Maiatlan • . .' 377.10
De Mérida á Canapeche. ...... 159.22
De Hecelchacan á Iturbide (ramal). 83.00
De Mérida á Sisal. .\ 52.37
De Mérida al Progreso. ....... 33.52
J)e Mérida álzamal. 67.04
De Mérida á Tekax • • .. • 104.75
De Mérida á Mama. . 56.00
é
t
Suman los telégrafos construidos. 3368. 16
*
DECRETADOS Y BN CONSTRUCCIÓN'.
Kilómetros^
De San Luis á Tampico. ...... 444.14
De Minatitlan á Campeche. ...... 620.00
De'Chilpancingoá Acapulco. ..... 167.00
De Izamal á Valladolid 90.00
•
Suma total de las líneas del Gfcbierno. 1321 .14
García-Cübab.— 27
\
402
UNEA.S DE LOS ESTADOS.
KiLÓUTROS.
I é '
J)e San Luis á Durango, por Pinos,
Ojo Caliente, Zacatecas, Preánillo,
Sombrerete, Chalchihuites y Nom-
bre de Dios.. *•.••• SOO.Ot)
De Ojo Caliente á Aguascalíentes (ra-
mal). . . • 80.00
De Zacatecas á Jerez y VíUanuera
(ramal) \ . . . . , 123.00
pe Salvatierra á Maravatlo y á Pátz-
cuaro por Morelía 180. 00-
De Jalacingo á Tampico p6r Ozuluama 452 . 00
De Veracruz á Minatitlan por Alvara-
do, Tlacotalpam, Cosamaloapan,
Tuxtla y Acayucañ 404.96
><■
Suma de las líneas de los Estados. 1741 .96
LINEAS DE PARTICULARgS.
KiLÓXETROS.
* -
De León á San Blas porOuadalajara. ' 320.00
De San Juan de los Lagos áJAguas-
catíéntes (ramal) 90.00
De Guadalajara al Manzanillo. . . . 370.00
De México á Toluca. .> ' 67.40
Al frente. ..... 847.40
\
403
Del frente 847.40
De México á Veracruz por Rio Frío,
Puebla, Cañada^ Orizaba^ etc- . . 411.50
Dé México á Vea^a^uz pdr Oúaetasot^.
Huamantla, Jalapa, éte. . . \ • 581.2^
©6 Apizaco á Puebla por-Tlaxcala (r&*
mal). .........-.:.. 51.95
De Ayotla á Anfecíi. . ..... . 20.0<l
De ümetusco á Tülarícingo por Pá- * .
chufea (ramal). . .... . ; . . : 113.13
De Perote á Teziutlan por Jálacingoc^
(ramal) 39.38
De Jalapa á Goactepec (ramal). •. . . 8.38
De Huamantla á la Cañada por Chai-
chicomuh (ramal). ....... 99.51
De la Cafiada á Tehnacan (ramal). . . 34.36
Línea del Ferrocarril de México á Ve-
" racruz. ............. 415.00
Da Puebla á Apizaco (ramal). . . . 45.00
(
'*
^i
Suman las líneas de particulares. 2667.1©
,
Total número de kil6métros-en la red •
telegráfica, 9098.40.
Suman las líneas construidas. .... 7777.26
Id. id. en corislyuccion y decretabas 1321. líe
Total. •.;... 9098.40
»
404
No me deteadré en encarecer las inaumerables
ventajas que con el establecimiento de los telé-
grafos obtienen la industria^ la agricultura y el
comerció. Xodos los dignos miembros de la So-
ciedad de Geografía q\)e me escuchan^ las cono*
cen mejor que yo. Sin embargo^ .debo hacer
notar dos circunstancias dignas.de ser observa-
das y de que les prestéis vuesir^ atención. El
telégrafo en México ha venido';á corroborar la
idea de que I03 sacudimientos de tierra no son
simultáneos sino progresivos.
Poco tiempo hace que, al sentirse en Veracruz
un terremoto, los telegrafistas de aquella oficina
comunicaron* inmediatamente su observación á
los empleados de la de México, donde no se sen-
tía el menor movimiento al recibirse el mensaje.
La palabr.a atiembla» fué trasmitiéndose progre-
sivamente por el orden de la situación de las
oficinas del trayecto, y al cabo de minuto y nae-
dio,. el suelo en que se asienta la capital empezó
á oscilar fuertena^nte.
Si la agricultura, la industria y el •conjercio
han obtenido inmensas ventajas con el estable-
cimiento de las líneas telegráficas, la ciencia geo-
gráfica mucho tiene que esperar de ellas, puesto
que por su medio se obtienen proijta y económica-
mente las diferencias de longitudes. A los es-
fuerzos de nuestros ingenieros Diaz Covarrübias
405
y Jiménez^ debemos algunas posiciones geográ-
ficas determidas por este meAo; y si la Sociedad
de Geografía tomara á su cargo asunto de tanta
importancia, en el trascurso de poco tiempo po*
driamos bontar con un gran catálogo de posicio*
nes geográficas exactas, que viniesen á corregir
los graves errores que contienen nuestros planos;
Doy fin á mi corto diseurso, recomendando á
la ilustrada Sociedad de Geografía y Estadística
la Carta telegráfica de la República, que con tanto
acierto ha sabido llevar á feliz término nuestro
distinguido telegrafista y consocio Cristóbal Ortíz.
Diciembre 21 de r872.
■í ♦
»
' • » *»
I
DISCURSO EN HOfNOR
JXE
LAMBERTO A. S. QÜETEIET,
* PRONUNCIADO
EN LA SOCIEDAD MEXICANA DE GEOGRAFÍA
Y ESTADÍSTICA.
Señores:
La famosa ciudad de Gante^ patria die tantos
hombres ilustres en las ciencias^ en \m. axtes y
en las armas, vio nacer el 22 de Febrero de. 1796
á un niño qiié con el tiempo llegaría á ser honra y
orgullo de la ilustrada Bélgica. Llamóle esenifio
Lamberto AdolfoS^ntiago Quetelett Si pudiera,
vaticinarse el porvenir de ios horobresi la huipft^
nidad entera celebraría oon fauato el oatalioÍQ dei
aquellos seres que, como QueteJet, vi^neíi^ al
mundo dotados de! una privilegiada ifttel^genqía;
habría celebrado con júbilo el nacimiento de ese
408
niño, saludándole como al futuro astrónomo, al
infatigable meteorologista y. al estadista pro-
fundo.
GoiBO todos los hombres de genjp, Quetelet
reveló desde su edad temprana las dotes de su
claro entendimiento, pues á los diez y ocho años
su buena instrucccion le permitió ^levarse al ma-
gisterio, como profesor de Matemáticas en el Co-
legio de Gante, y cinco años después en el Ate-
neo de Bruselas, al mismo tiempo que ocupaba
un asiento -en la Academia real de Bélgica, de la
cual fué más tarde secretario perpetuo.
A fin de perfeccionar sus conocimientos astro-
nómicos, marchó á París en 1824, enviado por
el ilustrado gobierno del rey Guillermo, y regre-
só á su patria, dos años después, para fundar el
Observatorio de Bruselas, cuya dirección se le
confió, y la cual desempeñó hasta ^os últimos
dias de su existencia. Los anuarios científicos,
las revistas y los libros de los sabios insertan
preciosos datos debidos á las profundas observa-
ciones de Quetelet, á sus variados conocimientos
y á su extremada dedicación; bellos é interesan-
tes trabajos, con los cuales el ilustre astrónomo
recompensó con usura á su gobierno la protec-
ción* que de él recibiera. •
En las inmortales obras de Humboldt y Arago,
en lo concerniente á la meteorología, casi en ca-
409
da página se lee el nombre de Quetelet, y las
justas apreciaciones que.de sus trabajos; ó inte-
resantes observaciones hacen ambos sabios. Ga- '
da una de aquellas citas^ en libros tan emiuen*
tes/ erige á Quetelet un monumento eterno, .cÓt
mo lo son las bellas páginas del Cosmos y la Ad«
tronomíaPopüiar. .
De 1827 á 1829^ recorrió Inglaterra, Escocia,
Alemania, Suiza éi Italia, (¡anda, á fuer de inte^
Ugente observador, más dilatado ensanche á sus
conocimientos, los cuales reveló tan luego como
hubo regresado á su patria, emprendiendo una
serie de útiles publicaciones.
La reputación del astrónomo belga se exten-
dió rápidamente y se hizo universal: en 1841 su
patria le honró con el título de presidente de la
Comisión Central de Estadística, y la Europa to-
da y la América, le colmaron de honores y de
todp género dé. distinciones.
La Astronomía Elemental de Quetelet ha sido
en México el primer libro científico que, como^
un guía luminoso, ha puesto el profesor en núes*'
tras manos^ Sus instructivas páginas nos dejaron
percibir la radiante luz de la ciencia, impidiendo
con su. buen métpdo'que aquella nos ofuscara.
Si á esta circunstancia favorable se agrega núes*
tra inclinacion/natural á honrar á los sabios eri-
giéndoles un templo en nuestros corazones, pre-
410
dso era que la Sociedad Mexicana de Geografía
y Estadística, fiel intérprete de aguel sentimien^
to^ distinguiese al ilustre sabio oon el titulo de
socio, y decretase, al saber su itíuerte, acaecida
el 17 de Febrero último, esta solemne sesio& en
honra de aa memoria.
Bajo diversos puntos de vtstadebe considerar-
se el genio de Quetelet: como astrónobao distin-
guldo,'Oomo hábil miteof elogista^ C0m,a estadis-
ta profundo, y ipás que todo eooofo propagador
infatigab^ de.la cieniMa. Esta últinaa y envidiable
eualidad basta por sí sola para hacer su^ apología.
Si se consideran los servicios pr;estados á la so-
ciedad, tanto por el genio creador de lo? princi-
pios como por el sabio propagador de los oonoci-
míentos humanos, en sus respectivas esferas, re-
salta un gran méritoi Si el brillantetastro del dia
resplandece por su propia lu2, los planetas con
sus reflejos también ahuyentan la^'tiQieblas. Los
Laplace^ con su genio creador, lanzan al mundo
lo& brillantes rayos, de su intetígenoia; y los Que-
telet^ planetas de esos soles^ 1q&- difundan disi-*
pando las tinieblas de la ignoranQia: El hombre,
€01. general, no puede poner.^us ojos en la radian-
te fotosfera solar, .y si puede fijar la vist^^ en el
dffiGD apacible de la luna.
Aun prescindiendo de las propias observacio-
nes de Quetelet como astrónomo, y de las cuales
411
tratari esta misma, noche mi apreciadle consocio
B. Framoísoo Jiménez;: la. etiunciacíon solo deks
ioBumarables alaras qiie á\6 á Im el ihstre sabioy
bastan para demostrar su relevante^ síaérito mmo
propagador íxidgne.
La meteonologta^ oíoade las cieníei^si atáSidilí-^
dles por sia apJiíeaoióiL'y^ú^ demanda la- cDayor
asiduidad en las óbsérvacáones^ fué al a^i^to á
que diéiígraade.iaipoaítánek gulo que la visual A C forma <íon la. bá.Se;
tríG^sladándose el observador al estremo JS, ejecuta la
misma operación para observar el ángulo AJ3 G. Oon-
tando asi con los tres eleinentoiB necesarios del trián-
gulo, fácilm^e puede calcularlie el lado h que 6^ la
distmcía que se desea averiguar.
Hagamos el caso práctico^ á fin de comprobar la teo**
ría, suponiendo que el operador obtuvo los siguientes
datos:
c, base del triángulo, medida direc-
tamente 8876"
Ángulo A, observado. . ; 7d"88'á0''
Ángulo 5, „ GiTQV
Para resolver gráficamente el problema, se bace uso
del trasi)ortador y de un doble decímetro, asignando á
las divisiones de este, sc^un la escala que se adopte,
un valor que esté en relación con las medidas tomadas
en el terreno: sea por ejemplo, el de cien metros á ca-
da milímetro.
I"" Desde el punto A (fioira 3) trácese sobre el pa-'
peí una línea indefinida A i.
2"* Puesto que á cada milímetro se le han asignada
cien metros, tómese sobre la linea indefinida, según se
espresa en la figura, una longitud igual, á 88| de n^iH-^
metro= 8876 metros en el terreno, y se tendrá la base
AB.
3"* De los estremos de esta, como vértices, constru-
yanse por medio del trasportador los ángulos já :^79°
38' 40'^ y B^STdV. Los lados a y & se cortan en el
6
ponto C tcorcer vártíoe del triángulo. El problema se
nMmelTe tan solo midiendo con el doble aecímetro el
lado h, <}ae en el presente caso es de 110 milímetros;
mnltq>lioados estos por 100 dan 11,000 metros, que es
la distancia que se deseaba ayeriguar.
Conviene advertir que las construcciones gráficas,
como la que se acaba de indicar con el unicó m de fa-
cilitar la operación, no dan la exactitud ^ue se requie-
re en tales casos, y debe procederse aplicando al cál-
culo las fónnulaa trigonométoicas, ima de las cuales da
11013,70 metros, como resolución exacta del problema.
He deseado por medio de un caso práctico demos-
trar los principios evidentes en que se funda la ciencia
para deducir sus resultados, y contribuir por este me-
dio á destruir la incredulidad.
El problema de las distancias de los cuerpos celestes
está basado en los mismos principios. Ün planeta,
por ejemplo, es el punto inaccesible, vértice del tercer
angu£> que con mas ó menos dificultades, inquieren los
as&ónomos, observando los otros dos sobre la tierra.
Supongamos que dos astrónomos, situados uno en
A j otro en B (figura 4) puntos de la tierra muy dis-
tantes entre sí, observan a la misma hora la estrella G
y obtienen los ángulos AB Oj B AC. Puesto que la
suma de los ángulos interiores de un triángulo es igual
á 180", ó sea, dos rectos, bastará restar de ISO"" la*8a>
ma de los doff ángulos AjB obtenidos por la obser-
vación, y la resta espresará el valor del &igulo (7, án-
gulo á que se da el nombre de paralaje de Ja estrella,
Al ejecutar la sustracción indicada, en todos los casos
análogas al de <jue tratamos, la resta es igual á O, de
cuya circunstancia resulta nula la paralaje, y por coiusi-
goíeiite paralelas las visaales de Lbos ol^rvadoies;
es decir, que tan inmensa es la distancia de una estre-
lla illa tierra, como pequeña esta para tomar por base
aun su propio diámetro.
Sean T la tierra j C el astro cuya paralaje se trata
de determinar (fisura 6.) Obsérvese ante todo, que
cusmto mas distantes se encuentren los puntos de es-
tación, aumenta el valor de la paralaje, de suerte que
i
m. laestacion B se retijra hasta D, aquella es mayor.
£1 observador en la estación A, en el caso qae inaica
la figura, tendrá el astro en su zenit, y el de la estación
D en su horizonte, razón por la cual se da á la parala-
je el nombre de horinzontal, y es la que los astrónomos
inquieren empeñosamente. Asi pues, la paralaje oxo es
otm cosa que el ángulo bajo el cual pudiera yerse el
radio terrestre desde el mismo astro. Fácfl es doñee-
bir las grandes dificultades que hay que vencer para
obtener la paralaje de un astro, puesto que el yatorde
esta disminuye hasta ser nula á medida que el asÜ^o se
encuentra mas distante de la tierra.
La luna, como satélite de la tierra, es el astro me-
nos distante, así es que ha podido determinarse sin
^an dificultad su paralaje, que es de 67*2" y 81 dé-
cimos de segundo, la c^ue da para la distancia 60| ra-
dios terrestres ecuatoriales. Sábese que el radio, ter-
restre mide 6.377,398 metros, que multiplicados por
60| dan en leguas mexicanas de 4190 metros, uua^dis^
iancia de 91703 ó bien 96000 leguas métricas. Como
la incertidumbre de esta distancia . depende solo del
error de observación que en la paralaje lunar se esti-
ma en medio segundo, el error en la distancia resulta
de 14 leguas próximamente.
La distancia de la tierra al sol, á consecuencia déla
estraordinaria pequenez de la paralaje, no ha podido
obtenerse simplemente por el método indicado, a pesar
de los esfuerzos de los astrónomos que en eUo se han
ocupado desde la mas remota antigüedad. Aristarco
de Samos, que vivió mas de 200 años antes de la e^a
vulgar, trato de resolver el problema tomando como
base la cüstancia á la luna, y practicando la observa-
ción en una de las épocas de cuadratura. — Como sé
sabe, en tales épocas los ejes que unen el centro de la
luna con los de la tierra y del sol, forman un ángulo
recto; así es que observando el ^ue formaban las vi-
suales TL y TSy (figura 6) obtenia el tercer elemento
de que necesitaba para deducir la distanda TS, lado
opuesto al ángulo recto. La falta de precisión de este
método, aunque ingenioso, produjo el mal resultado
8
qM era>: CHSBakraiente, dando á la paxakje sedar un vt^
lor muT «raaae^ y por taaiio en estremo peqne&o re^
|)ted)o dala dislaiicia.
Ja difereneia obtenida en distintas ¿poeas^ por la
fetba de preciso» medioB de obaerraeíon respecto de la
|m¿ajie, ka &údo la cansa de la diferencia en Im ajm-
eiaKácm de la distancia, la cnal ^aria de 1.645,000 á
S^cIKiO.OOft leguas.
T^lm diferencia» puíüeran $i&mai de^ axgnmeáto á
los qne niegan los principo» db li etttaeia^ volmeie»-
<áenAo con eso sn incrednhdad; pero la o))^icii^ qa& á
este respecto pudiera Imcerse, carece de landamento:
fiji delecto xio. está en los principios en que la astmoio-
s^fii InndíA. sus operaciones^ sino en las m^seultades |»<^
iQi la precisa obser?8cioi^ á cansa de Is ismiénsa disr
tanciei q<ae sapsjra en el efl^»acÍQ á los eoerpos celestesi
toi perserv^earancia de los astrónomos, de esos Snstres
aJpó&^te^ de la eieneia, ^ence cada día mas y ma», los
obstásdc^t cpo se oponen ¿ sn exacta observación.
im adnurables leyes ñ& Kepler, l^s qne rwas ei
ni$>T£K9áento de los plnnetas y deterndnan la re&unoii
<|jM «¿ste en la dnracion de sus respeotÍTas reTolndoo-
nes y de sns distancias al sel, cenlaro del sistema pii»^
netario, proporcionan á los astrónomos medios maa eft'-
oaoBS? d& observación; y una vez obtenida la distancia
xm» precisa d^ un astro, pueden obtenerse por conps^
isacáfn las dé los otros, en TÍrtud de una de las li^s
ésifridasv^ como se ha dicho, al gran genio de Eepler.
lia observación del paso de Venus por el disco del
mAf conforma al método propuesto por elilustroastró-
nJbno Hftiley, conduce i resultados mas satisfactorios,
iiefl^E^^ecto de la paralaje solar. Ese método se puso en
práctica el 6 de Junio de 1761 y el 3 de- Jxusjo de 1769;
y la. observación debe repetirse, á fin. de rectificar los
remliiados obtenidos en aquellas épocas, el 8 daDi-
ciemlxra de 1874, y el 6 de Diciembre de 1882.
Las observaciones hechas en 1761 no dieron el re-
snltotdo apetecido, quLziá/^or ser la primera vez que se
pxn^tijcaba el método iniciado por HaUey^ sin tener los
askónomos antecedentes de análogas^ operaciones an-
9
teiiores para normar las que, de nueyo ejecatabaü, 6
tal vez, por la mala elección de los pantos de estaoion.
Con todo, ante esos resultados, los astrónomos adqui-
rieron la útil enseñanza que da la esperiencia, y fueron
mas preyisores en la s^nnda época, 1769, obteniendo
resultados mas satisfactorios, que son lo^ que la pre-
sente generación trata de rectificar.
Como se ye, el fenómeno celeste de que tratamos,
tan interesante para la ciencia astronómica, se repite
primero, en el intervalo de 8 años, j después, en el es-
pacio de mas de un siglo.
He aquí por qué razón no es mas frecuente el fenó-
meno celeste de que se trata. Se dice que un planeta
-está en conjunción superior, siempre que se encuentre
-en el punto P (figura 7) opuesto á la tierra; y en con-
junción inferior, en F, es decir, entre el sol y la tierra
misma. Los planetas Mercurio y Yénus, llamados in-
feriores á causa de trazar sus órbitas dentro de los lí-
mites determinados por la de la tierra, tienen coniuncio-
nes inferiores y superiores; pero los demás planetas
Sie giran mas allá del nuestro, y por lo cual se les da
nombre de planetas superiores, tales como Marte,
Júpiter, &c., solo tienen conjunciones superiores.
Está fuera de toda duda, pues el cálculo lo ha de-
mostrado, que Yenus entra en conjunción inferior cada
584 dias.
Así es que si para la primera conjunción
contamos 584 dias.
Contaremos para la 2*" 1168 „
„ para la 3\ 1752 „
„ . para la 4' 2336 „
„ para la 5' 2920 can-
tidad que dividida por 365 dias, da 8 años.
Quiere decir, <}ue bu el intervalo de 8 años, Yénus
^^ontará cinco conjunciones inferiores.
En consecuencia, la tierra durante cada período de
584 dias, habrá recorrido 676% ó lo que es lo mismo,
íoda su órbita, mas 216*.
Sea T la tierra y F Yénus, que se encuentra en con-
^ . 2
■f *■
ñ, á oMosa del pwiodo traacomdo, {mitien^cM pdA'-
to 7, habrá leconido km 216* nM de bb órbU», t M
eoctartrará ea el pouto T] y uí soceñrmauaite í»mí*-
oontráoctoae ftl fin de cada nttBTo periodo, en los pon-
toe T, T, Tt ^tiOoóncidieBdooBte último oa& el jraft-
to de partida T.
I>e]nostrada eeta teoría pndiera oreerse fáoüiQebto
que el paso de Vesos por el diaco del aol debwia eíee-
toane cada ocho años precisameDte; pero no ea asi,
paes existe nna circnustancia, síb la aóal, we feaúiae-
Uo, IiO puede acOQt«GeT. Para qae Váii»> con lelaáoo
Á la tierra, pase pcur frente tu diaoo del aol, no bieia
que se halle en conjonoion inferior, ee condición íodi»-
ríDsable qne esta teiif|a ^eoto en la linea de loa oodoe
cerca de ella. Aun mdependiantemente de esta eir-
cnnstancia, el fenómeno no se repetiría á loa ocho años
[««ciso^ paesto qae la relación qne acaba de esponer-
se no es enteíamenfe exacta. Cinoo revolnoiones sinó-
dioas Be efectúan «n poco menoa de ooho años, conau-
tiendo la diferencia en doa días y medio.
Antea de paaar adelante, conviene ad-vertir lo qne se
entiende por línea de los nodos, y por latitud geocén-
trica de un astro.
Puesto qne las órbitas de los planetas se hallan in-
clinadas unas respecto de otras, los planos que las con-
tienen se c<M:tan determinando en sn interáeocion ons
línea, que es la llamada línea de los nodos, y á sus es-
tremidades simplemente nodos; tal es la Únea T, Tf
(figura 9.) Como esta es común á los dos planos que
se cortan, siempre que dos planetas, dorante sn revo-
luoion, se sitúen en ella, se enoontrarán en la misma
dirección del sol, que es el foco común de todas las
órbitas. La línea de los nodoi divide la órbibi de nn
Elaneta en dos mitades, una llamada nodo ascendeKie y
k determina el paso del planeta del hemisferio aostral
al boreal; y la otra nodo desoaidenie, al pasar d^ heaiifi-
ferío boreal al austral. El plano de la eoUptiea mU
detenninado por la órlñta terrestre.
Si se considera la tierra como centro de la esfera ce-
11
leste, jÁ ella se relaciona la posición de un ai^tro, esta
pooiqion se llama geocéntrica pata diferenciarla de la
que se considera relacionada al sol como ceíitro, en
oajo easo se llama heliocéntrica. Be aqni proYÍenen
los nombres de latitvd geocéntrica 6 altura de un astro
sobre la eclíptica, visto desde la tierra; j hiÁivd hdio-
cénírríca ó altura de un astro sobre la eclíptica, supo-
niéndolo visto desde el sol. 8ea TT, el plano de la
eclíptica, y VV el de la órbita de Venus (figura 9.)
Oomo este último plano se halla inclinado respecto del
de la eclíptica, al recorrer Venus su órbita, la latitud
Seocéntrica adquiere diversos valores. La amplitod
e los ángulos (jue la miden VT8, V^T.Sy^ V^T^S^
Fg T^8^ &e,, disminuye sucesivamente a medida que
las conjunciones se acercan á la línea de los nodos, en
la cual es nula la latitud del planeta. Desde aquí^
continuando este su camino por el nodo descendente,
vuelve sucesivamente á adquirir sus diversos valores
hasta su punto mas culminante V, desde donde empie-
zan aqueños á disminuir hasta la conjunción en la otra
parte ST^ de la lín^a de los nodos, en que la latitud
vuelve á ser nula. .
A fin de hacer de mas fáeil comprensión la teoría,
he supuesto las dos órbitas en perspectiva y por tanto
elípticas; pero va se sabe que tanto estas como las
demás órbitas pWetarias son easi circulares.
Si en el Momento de la conjunción la li^ea ST, en
la cual tiene aquella afecto, eomcide con la de los no-
dos, la latitud seoeélitriea de Venus es nula, y su pro-
yeoeion en el disco del sol trazará uno de los diáme-
tros a b de este astro (figura 10,) y 4 medida que dicho»
latitud aumente al efectuarse la eonjuncion mas dis-
tante de aqueUa línea, describirá cuerdas de menor
koigitud a'V a''V\ El límite de esa latitud no debe
exceder de 32\ próximamente igual al diámetro apa-
rente del sol. Todo esto esplica suficientemente la
causa por la cual solamente en los nodos ó cerca de
cJloa nuede tener efecto el fenómeno celeste en cuestión.
Volvíalos ahora al punto de la periodicidad áe este
&nómeno.
. ». ¿.
12
Se ha maniféatado qne la reprodnecion del tránsLto*
de Yéxms por el disco del sol á los ocho años, no pne*
de tener efecto, en la misma linea que sirvió de punto
de partida porque no es exacta la relación entre las*
reyoluciones sinódicas j el tiempo trascnrrido. Así
es qne, si una conjunción inferior tuvo lugar según la
línea ^8^ T, (figura 7) al termino de cinco revoluciones
en poco menos de ocho años, la conjunción se efectua-
rá en la línea 8 V T' anterior á la línea NN' de los
nodos. Mas como en esta nueva posición la latitud
geocéntrica de Yónus no escede del límite de 32' antes
indicada, pues apenas contará 20', el fenómeno se re*
I)roduce, y no ya en los sigaientes períodos, por adqd-
rir la latitud de Yénus un valor superior á aquel deter-
minado limite.
Pasemos á exponer la causa de la repetición secular
de tan importante acontecimiento científico. El paso
de Yéaus por el Sol se efectúa en uno j otro lado de
la linea de los nodos; j por un cálculo idéntico al que
sirvió para demostrar la periodicidad inmediata de los
ocho años, se llega á encontrar: que en 243 años, con
diferencia de un dia, se completan 152 revoluciones si-
nódicas de Yónus, durante las cuales, el Sol, Yónus y
la Tierra se colocan dos veces en las condiciones ne-
cesarias para la reproducción del fenómeno, en una j
otra parte de los nodos. Uno de los grandes periodos
cuenta 71 revoluciones en 113¿ años siderales, j el
otro 81 en 129^, repitiéndose el fenómeno inmediata*
mente á los ocho años, por la razón antes espresada.
La conjunción de Yénus en las condiciones requeri-
das para los dos pasos sucesivos en 1761 y 1769, se
efectuó cerca del nodo descendente; la de 8 de Di-
ciembre de 1874 y 6 de Diciembre de 1882 tendrá lu-
gar cerca del nodo ascendente. Siendo la latitad de
Y énus en 1874 boreal, su pequeño disco se proyectará
en el hemisferio norte del sol, así como su proyección
en 1882 será en el del Sur por ser su latitud austral
Esplicadas las causas de la periodicidad del tránsi-
to de Yénijs, pasemos á tratar de los resultados que de
su observación debe obtener la ciencia astronómica.
13
Situando los observadores sos estaciones mnY dis-
tantes unas de otras, j en Indares que tengan el sol á
cierta elevación sobre el horizonte, verán proyectarse
á Yénus en diferentes lugares del disco solar, y recor-
rer cuerdas de diversa longitud en diferentes periodos
de tiempo, circunstancias que los conducirán a fijar la
posición relativa de esas cuerdas. Supongamos que
un observador se encuentra en -¿á y otro en 5 (fig. 11,)
el primero verá la proyección de Venus en F' y el se-
gundo en F". Por la posición de las cuerdas abjcd
se tiene la distancia angular de estas P FF". Los
triángulos AVBjV VV son semejantes, es decir, sus
ángulos respectivos son iguales, y sus lados homólogos
proporcionales:
AB : FF" :: AV : FP :: TVi VS etc.
Una de las admirables leyes de Kepler, de las cuales
ya se ha hecho mérito, determinan, no las distancias
absolutas de los planetas^ sino la relación ^ue existe
entre esas distancias, de modo que obteniendo con
exactitud el valor de una de eUas, pueden obtenerse,
por medio de im simple cálculo aritmético todas las
demás. Juzgúese por este hecho cuan inmensa es la
importancia que debe darse á la observación del paso
de venus, puesto que, por su medio, puede obtenerse
un valor inquirido tantas veces y con tanto afán por
los astrónomos, ó como ha dicho uno de estos sabios,
el metro de las distancias celestes.
Según una de las mencionadas leyes, la relación en-
tre los semi-ejes de las órbitas de Yénus y la tierra,
no excede mucho de 0,72 tomando por unidad la dis-
tancia del sol á nuestro planeta.
* Según Delaunay, puede tomarse para SV 0,73
El complemento de la unidad ó sea el término
para la relación TS 0,27
1,00
Si comparamos los triángulos semejantes AVE j
F' Vr' (figura 11,) suponiendo las longitudes F' F" y
^>'
14
AB paraldaA entre bí, oomo perpendionlares á U eolíp-
tioa, tendieqsos la siguiente proporción:
rr':AB::8V: TV
Snatitnyendo los ralores de los nltimos términos re-
sulta la ecuación:
VT" 73
= i^=2,7
de donde
AB 27
2,7
Es decir, qne dividiendo por 2,7 la distancia angular
P P' se obtendrá el valor de AB^ distancia angular del
diámetro de la tierra; j finalmente, si el resultado se
divide por 2, se determinará el ángulo bajo el cual pu-
diera verse el radio terrestre desde el sol, ó sea la pa-
ralaje de este astro.
Se ha supuesto en la figura la coincidencia de la
conjunción en la línea de los nodos, así cómo los pun-
tos de observación en los extremos del diámetro ter-
restre, á fin de facilitar la teoría, que tiene su aplica-
ción sin que concurran las circunstancias menciona-
das^ las cuales ciertamente abreviarían las operaciones
de por sí tan delicadas.
Con el propio objeto se han eiajerado las dimensio-
nes de la figura de nuestro planeta; j debe advertirse,
por tanto, que si atribuimos al sol, reduciéndolo á una
escala determinada, 110 á 111 miHlnetros de diámetro,
el de la tierra deberá representarse por un milímetro,
7 la distancia entre ambos astros por una longitud de
11 metros y 6 decímetros.
De la exageración de la figura proviene la extraor-
dinaria amplitud de los ángulos AVB j P VV'\ En
realidad, la distancia angular P P* que puede obser-
varse desde la Tierra, es mnj pequeña^ pcnr cnya causa
lo. observación puede hacerse con mejor éxito cuando
16
y^kuae ftl pasar por el diiboo dtí saly d&swüs» las oaei^
das mas distaiites del cieniroi Sé aqttí lAJsaotu ia di»
ferencia en la longitud de dichas cuerdad 7 dé ia «nal
depende tía fijaciaa en elndiseo solar, no paede apre-
dbne fácilmente faáQándóíke aqueHas cérea del isealxó*
porgue él ángulo que forman oon los bordes del di»eo
es sensiblemente reeto^ en ta&io qoe alejadas del oen^-
tro, el referido ángulo es cada ve2 mas agudo*
Flammarion acompaña á sn interedaüte ei^E>osi«iott
teórica del paso de Veras, mía carta en que se indkan
los lugares de la tierra en doodie ese fe&ómeno puede
observarse, así como Isa regiones en donde no s«á vi-
láble por tener el sol bajo del Ixoiizotits* Esa carta
fué formada por la oficina de longitudes de Francia» y
he creído muy conteniente reproduciria en este art¿
culo, así como la esplicadiün que de ella hace el núsmo
sabio. La r^on que abraza la parte clara del mapa
es la mejor mtuada para la ohserraoion por cuanto á
que los países que comprende tendrán á sd sobre e¿
horisonte durante todo el tiecmpo del tránsito^ y por
tanto podrá obnervarse la entrada y la salida del pía*
neta en el disco del sbL Obsérvese que Pekín, Nan-
kin, Shanghai, Calcuta, Bombay, Oeylan, Biam, etc.,
se encuentran perfectamente situadas para el objeto.
La región oscurecida que abrasa la África Occiden-
tal, España, Francia, Inglaterra, Alemania, Suecia el
círculo polar ártico, el estrechó de Bekring y las dos
Américas, determina la parte terrestre en la cual no es
visible el fenómeno, por tener su efecto después de
puesto él sol. .
En la región señalada por una mtedia tinta de líneas
horizontales^ se verá solamente la salida 6 fin ^Ipaso.
Esta región comprende el África, la Arabia y la Tbt^
sia. En la otra regían, indicada asimismo por ttoa
media tinta pero de líneas Tearticales,; se veA 1^6 la
inmersión de Yénüs, ó el j)rineipio del tráni^to. En
todas las islas de la parte del grandeOoéffltó^ewm'-
pretidé esta región, el sol Be ñabiá ptesto al efedtear
Venus su emersión.
En fin, el pequeño triángnlOj al Sur de te Amíri^
16
donde se enouenira la ida de la Trinidad, tendrá el sol
sobre el horixonte al principio y al fin, pero puesto ja
en el interralo.
La duración del paao, segnn los cálculos de M.
Fuiseux (Briot, curso de Cosmografía,) observando
desde A punto céntrico de la tierra, sera de 4*" 14' 4"
llegando el sol al meridiano 117* 18' Este de París, en
el momento en que Yénus ha trazado en el disco solar
la mitad de su trayectoria.
Del mismo artículo de Flammarion tomo los curio-
eos pormenores que siguen:
'^Begun el parecer de la comisión nombrada por la
oficina de longitudes, los astrónomos franceses deben,
para la observación, i^ar sus estaciones en Tokoluuna,
en la isla de San Pablo, en Numéa, en Máscate, en
Suez, en la Beunion y en Peldn.
Los astrónomos i^leses deben hallarse distribuidos
en Alejandría, islas Serguelen, Bodriguez, Sandwich
y Auokland, y en las tierras antarticas. Las estacio-
nes de la Nueva Zelanda se relacionarán á la Austra-
lia con las estaciones de Sidney y Melboume, cuyas
longitudes se hallan bien determinadas.
Los sdemanes eligieron sus observatorios en el Ja-
pón, islas Kerguelen, Auokland y Mauricio.
El gobierno ruso ha hecho sus preparativos y cuen-
ta con unas veintisiete estacionen distribuidas en toda
la ostensión de su territorio, en la China y el Japón.
A estas numerosas comisiones debemos agregar la
de Mélico, que probablemente se dividirá, establedón-
dose una parte en Yokohama y la otra en Yedo.
La distancia de la tierra al sol con mas ó menos pre-
cisión se ha determinado por otros procedimientos, uno
de los cuales ha consistído en deducir la paralaje por
las perturbaciones que el sol produce en los movimien-
tos de la luna, las cuales d^>enden de la distancia; y
otro, aplicando ál cálculo la velocidad de luz. Faucauit
llegó á det^minar por medio de provechosos experi-
mentos, que la luz se propaga con una velocidad de
75,000 leguas por s^undo; v como, por otra paixe, se
sabe que la luz del sol emplea 818'^ para llegar á la
17
tierra^ fácil h>a sido obtener la distancia que, por otro
método se estima en 37.000^000 de leguas, y. la caiJ.
corresponde á una paralaje de 8''86.
Los resultados obtenidos por diversos métodos de
observación, nos demuestran eme los astrónomos no se
hallan distantes de la exactitud tan anhelada por ellos.
De las próximas observaciones se espera, que el valor
de la paralaje no exceda de uno ó dos centesimos de
segundo, en cuyo caso la distancia será conocida con
-^ de aproximación, ó lo que es lo mismo, con una
incertidumbre de 75,000 leguas, cifra que parecerá es-
cesiva á todo aquel que no tenga en cuenta lo inmenso
de los espacios celestes.
Béstame hablar de la participación que los astróno-
mos mexicanos han tenido en la tan delicada observa-
ción del paso de Venus.
Los nombres de Yelazquez de León y de Álzate y
muy particularmente el del primero, ^aran en el ca-
tálogo de los observadores de 1769. D. Joaquin Ye-
lazquez de León partió de México el 18 de Abril de
1768 con dirección á la península de California, á don-
de Uegó d 14 de Junio del mismo año, eligiendo su es-
tación en Santa Ana, pueblo pequeño situado sd norte
y cerca del Puerto San José. Desde luego se ocupó
en determinar la posición geográfica del lugar, y se
preparó á la observación. £¡1 19 de Mayo de 1769 lle-
garon á San José del Cabo, enviados por el gobierno
español, los oficiales de la Armada, D. Salvador de
Medina y D. Vicente Doz, juntamente con el Abate
Chapp d'Auteroche astrónomo de la Academia Beal
de Ciencias de Paris, quienes desde luego entraron en
relaciones con el astrónomo mexicano. Los instrumen-
tos de que pudo disponer el Sr. Velazquez de León, y
que llevó consigo de México, no eran de los mejores
para la determmacion precisa de • las posiciones geo-
gráficas y se vio en la necesidad de hacer uso, ademas,
de ob-os mas exactos que le proporcionaron loapUotos
españoles, y asi pudo prepararse convenientemente á
la observación del paso de venus, de 3 de Junio de 1769.
3
18
Los resaltados de esa obsenraoion fueron loa si*
guientes:
ENTRADA.
Primer eontaoto IP 65'46" tiempo yerdadero*
Segundo contacto .... 0^ 1410'' „ „
SALIDA.
Primer contacto 6^ 63'36" tiempo verdadero.
Segundo contacto — 6^ 11'59" „ „
Mucho llamó la atención al abate Gkappeyálos
marinos españoles, la conformidad de este resultado,
con el obtenido por ellos, teniendo en cuenta la diíe*
rencia en la situación geográfica de las estaciones. Tw
honoríficas son las apreciaciones del barón de Hum*
boldt, respecto de nuestro distin^do astrónomo, que
no debo pasar adelante sin kascnbir tan notables c<m-
ceptos. Dice el ilustre sabio en su Ensayo Político
sobre la Nueva-España: "Cuando el abate Ghappe lle-
gó á California, enconkó ya establecido al astrónomo
mexicana Yelazquez, quien habia hecho construir con
ramas, de mimosa su ooseryatorio en Santa Ana. Ha-
biendo determinado ra la posicitm de ese pueblo indí-
gena, hizo saber al abate Cbappe que el eclipse de: lu-
na del 18 de Junio era visible au OáJifohda. El geó-
metra francés dudó de esta. prediecit>n hasta que la vio
verificadas Yelazquez, solo, hizo una buena observa-
ción dial paso de Yeltiiis el 3 de Junio; comunicó su.re-
sultoido al dia siguiente al abate Chopee y á los astró-
nomos eslvañolea D. Vicente Doz y D. Salvador Medi-
na. W viajero fram^és se eozprendió de lo acorde que
estaba con su observación la de Yelaz<][xiez. Se admi-
ró^ «a duda^ de encontrar en California un mexicano,
que sin pertenecer á ninguna academia, y sin haber
salido nunca de la Nue^^a-Espana, hacia tanto como
los acadóínicos.*'
Las últimas frases del barón de Humboldt, uno de
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los pocos sabios que han sabido jozffar ^ México po«
niéndolo en el In^ar que merece, revelan iin hecho cxial
es el del mal juicio que siempre han abrigado respecto
de nuestro país las naciones europeas, liecho que es
tanto mas de lamentar, cuanto que no ha bastado el
trascurso d^ los anos, durante los cuales se ha ofrecí^
do á todas ellas, pruebas suficientes de civilización,
Í)ara hacerles cambiar de parecer. Causa tristeza ^ue
o que no han logrado las bellas letras, la legislación
j las ciencias, lo hayan alcanzado, en gran parte, las
puntas de las bavonetas. Preciso ha sido que los es-
tridentes ecos de la artillería hayan pregonadQ en el
Viejo-Mundo nuestro verdadero estado social.
El mismo juicio formado por aquellos pueblos res-
pecto de la ÜNueva-España, prevaíece hoy acerca de
México independiente, pesando mas en su ánimo las
apreciaciones de un novelista acerca de nuestra ilus-
tración, que los nuevos métodos astronómicos de un
Diaz Covarrubias.
Para comprobar mi aserto, oigamos lo que con tal
motivo dice el mismo Sr. Velazquez de León, en su
erudito informe sobre la posición geográfica del Valle
de México.
''Debe, pues, imputarse á la dificultad del asunto y
á la falta de instrumentos que habia en aquellos tiem-
pos, j posteriormente á la gran distancia y falta de co-
mmucacion y correspondencia literaria entre América
y la Europa, porque es cierto que el año de 1720 en
que Mr. de TÍsle hizo su determinación (que mucho
peor estábamos antes) ya se podía haber tenido noti-
cia de las determinaciones del padre Bodriguez, y de
D. Oárlos Sigüenza; pero es mucho el encogimiento,
temor y dificultad, que regularmente tienen los espa-
ñoles mexicanos para producir sus ideas, y mucho ma-
Íor la preocupación de los europeos acerca de nuestro
arbane. ¿Oomo habian de solicitar noticias, de unos
hombres que todavía se imaginan con el arco y el plu-
maje, como nos pintan en los mapas? ^xx embargo,
D. Oárlos de Sigüenza, creo que al fin de su vida tuvo
20
correspondencia con algonos europeos; pero no la for-
tuna de ser creído por ellos.
En efecto, ja se tenia bien obs errada la longitud de
México, tanto por el mercedario fray Diego Bodriguez,
como por Gabriel López de Bonilla, Carlos de Siguen-
za, Dr. Bartolache, Aiitonio Gtima, Álzate, Yelazquez
de León, y algunos otros; }r sin embargo, en los mapas
europeos se insistia en la situación de méxico cien le-
guas fuera de su lugar. Apenas habían nacido la Aca-
demia de París y la Sociedad de Londres, cuando ya
la Nueva España había producido sabios y eruditos
astrónomos, ^
Prosigo mi relación.
En ts^to que el Sr. Yelazquez de León verificaba su
observación en la Baja California, D. Josó Antonio de
Álzate observaba en la casa de cabildo de México la
parte visible del fenómeno. Álzate publicó en el tomo
4"* de sus Gacetas un grabado acompañándole de los si-
guientes detalles:
"Suplemento á la famosa observación del tránsito de
Venus por el disco del sol, hecha de encargo de la muy
noble imperial México, por D. José Ignacio Bartolache
y D. José Antonio Álzate, el 3 de Junio de 1769." —
"Explicación suscinta." — Tránsito es lo mismo que pa-
saje de una parte á otra. — Vénu8 es un planeta: quiere
decir, es un cuerpo celeste que tiene su movimiento
{propio, harto sensible, con que se acerca ó se retira de
os demás en varios tiempos. — Disco dd Sol llaman los
astrónomos á aquella parte suya que mira hacia nos-
otros y aparece la figura plana circular, como va en la
estampa, aunque realmente es el 8d un globo de fuego
vivo, mas de quinientas mil veces mayor que Venus ó
la Tierra, dista de esta como 30 miUones de leguas.
Así, pues, se entiende lo que esposar Venus sobre d dis-
co dd /SbZ.— Es interponerse entre él y la tierra, bien que
á una enorme distancia de una y otra; pero según prin-
cipios de óptica, debe aparecer el pequeño planeta in-
terpuesto, como si fuera una mancha circular sobre el
mismo soL — ^En cuanto á la utilidad de ésta y semejan-
tes observaciones, deben creer los curiosos (ó bien to-
21
men el trabajo de instruirse) que con ellas tenemos ma*
Sas j cartas marinas (jue salvarán quizá la vida^ decía
[r. Fontenelle, á una infinidad de navegantes. ¿Es por
ventura poco? Se omite lo demás, remitiendo á nues-
tra relación explicada para cuando se publiqué."
"A las 3*" 50™ se cubrió el sol de densas nubes, es-
tando Yénus avanzada sobre el disco hasta donde va
en la estampa. Entrada total de Venus 12*" 55 ""34" tiem-
po verdadero. Por consiguiente su principio á las 12^
33"'34'. — ^Tuvimos diferencia de 2 segundos. — ^Yo vi la
entrada total á las 12'*55°'36^— Mis compañeros D. J.
Álzate y D. Antonio Gama convinieron en los 34. La
conjunción no fue, ni debia ser centraly sin latitud, como
estamos prontos á demostrar por cálculo trigonométri-
co, ó sobre buenas tablas, según se quisiere."
Poco tiempo después los observadores del paso de
Venus en San José del Cabo, eran víctimas de la ter-
rible peste que se desarrolló en aquella parte de la pe-
nínsula, sucumbiendo el abate Onappe el dia I"" de
Agosto del propio año 1769, y permaneciendo los as-
trónomos españoles con su salud en extremo quebran-
tada. Reuniéronse estos á pocos dias con el Sr. Velaz-
2uez de León en Santa Ana, embarcándose luego en
¡erralvo con dirección al puerto de San Blas.
El siguiente documento, cuyo original existe en el
Archivo General de la Nación, nos manifiesta que no
fué solo el ilustre abate víctima de aquella terrible en-
fermedad.
"Exmo. señor. — ^Muy señor mió. — ^El comisionado
en el puerto de San Blas me avisa en carta del 26 de
Octubre próximo, que habia fallecido allí el dia 22 del
mismo, D. Salvador Medina, de regreso de la Penín-
sula de California, adonde fue á la observación del pa-
so de Venus con los demás astrónomos destinados ai
mismo efecto; y por cartas de Guadalajara del 22 del
corriente, me dicen igualmente que su compañero D.
Vicente Doz, quedaba con casi nmguna esperanza de
Tida. Lo que participo á V. E. á fin de que se sirva
dar cuenta á iS. M., como también de que Mr. Paoli,
aunque muy estenuado de lo que igualmente ha pade-
} -i.
22
cido, llegó va á esta capital, en donde espero qne á
beneficio del mejor temperamento y asistencia de mé^
dicos, cons^;aira recobrarse de las resultas de los im-
les que contrajo. Nuestro Señor guarde á Y. £. Mé-
xico, 30 de NoTÍembre de 1769.— F. Arr^aga.'-^^ V.
de Nueva-España avisa la muerte de D. B. Medina;
que D. Vicente Doz quedaba muy malo, y que M. Paoli
habia llegado á México."
El caballero D. Vicente Doz, de la orden de San
Juan, y Mr. Paoli ingeniero del rey, fueron los testa-
mentarios de los dos ilustres astrónomos, y los que,
según las frases de Velazquez de León, ^^trasladaron ¿
Europa oon no poco trabajo, envuelta entre funestas
circunstancias, la noticia postuma de su observación,
que deberá eternamente servirles de un psjrtioular epi-*
tafio.'*
Para la observación del fenómeno secular que koT
debe verificarse, el Gobierno de la B^>ablica ha traí-
do el mayor acierto en la elección de sus ingenieros*
Dignos descendientes de Sigüenza y Góngora, de Ga-
ma, de Álzate y Velazquez de León, no cabe la menor
duda de que sos operaciones figurarán con aplauso en
la historia de la astronomía, como las de los demSiS aa^
trónomos que se han derramado por la región terrestre
en donde el paso de Venus por el disco del sol, será
visible. Aquéjame un solo pesar, y es el de no ver fi-
gurar en esa comisión, por la escasez de nuestras ren«-
tas, á un Salazar Ilarregui, el integro é inteligente inge-
niero geógrafo, que como gefe de la comisión de lími-
tes supo conquistar en la parte científica im puesto
honroso para nuestra patria.
La enunciación de los nombres de nuestros ii^nio-
ros que se han dirigido á Yokohama para la observíK
cíon del tránsito de Venus, basta por si sola para ga-
rantizar el éxito. Todos ellos han desempeñado co-
misiones científicas de mucha importancia, revelando
en ellas, tanta inteligencia como saber y pericia. Agí
es que debemos felicitamos por su nomoramiento, y
aplaudir la idea que se ha t^ido de hacerlos fi^pirar
entre los deinas mstinguidos astrónomos extranjeros.
23
La observación del paso de Venus, como dije al prin-
cipio de este artículo, es de trascendentales residtados^
y debe dádsele toda la importancia que merece. Al
contribuir nuestros ingenieros con sus observaciones
al éxito satisfactorio que hoy se espera, la Bepública
de México hace patente al mundo entero el verdadero
estado de su civilización.
México, 8 de Diciembre de 1874.
o ^üo/tcia ^uvdá.
V
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