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Full text of "Escritos diversos de 1870 a 1874"

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.Sfj3¿3y,7if.3 



I 






MacfU THE PUND 
* ron I t 

PROFESSORSHIP OF 

LATIN-AMERICAN HISTORY AND 

ECONOMICS 

ESTABLISHBD I9I3 



\ 



ÁÍÍTONIO OÁRCU CUBAS 



ESCRITOS DIVERSOS 



DE 1870 A 1874, 



4m 





MÉXICO 

IMPSENTA DE IGNACIO ESCALANTE 
BAJOS SI 8Air Aausmr, mnc. 1. 

1874 



Sr. D. Mariano Barcena. 



La afectuosa amistad que á usted me liga, 
y el justo homenaje que rindo á su inteligen- 
cia é interesantes trabajos científícos, trabajos 
que le auguran un brillante y honroso porve- 
nir, me«hañ decidido á hacer pública la ma- 
nifestación de mis sentimientos, poniendo el 
nombre de usted al frente de este libro. 

Acepte usted, por tanto, esta dedicatoria 
como un testimonio del sincero cariño que le 
profesa su amigo 

Antonio García Cubas, 



20 de Noviembre 1874. 



PROLOGO- 



lati mámente enlazadas están en este libro la pae- '■ 
sía y la ciencia, formando el armonioso conjunto que ' 
constituye la belleza de la verdad. En los diversos 
artículos que ocupan estas págiaas, los lectores en- 
contrarán, al lado de importantes invest¡gí^,ciones que 
revelan un grande estudio y una profunda observa- 
cÍQi;i, cuadros hermosísimos, copiados de la naturale- 
za, llenos de vida y de luz. Los cálculos mismos de 
la estadística pierden aquí parte de su aridez, enga- • 
lañándose con reflexiones interesantes y oportunas/ 
expresadas en un lenguaje .fácil y correcto. El autor 
ha cumplido fieltnente con el precepto de Horacio; 
ha logrado unir lo útil á lo agradable. 
. El estudio que en esta obra ocupa el lugar prefe- • 
rente, es relativo á la población de la Repíiblica!»,í^Des-^ 
de que el ilustre harón de Humboldt escribió sü mer 
morable estadística de la Nueva España, para esclare- : 
cer este punto, varios ensayos se han hecho con más 
ó menos fortuna; pero, en nuestro humilde, conoep- ■■ 
to, el presente es el que más se. aproximadla verdad*^ 
y el que más fe merece. Venciendo inmensas dificul- 
tades, con un patriotismo y una exactitud que le hom. 
ran, nu€istro querido amigo García Cubas ha consa- 
grado los mejores años de su vida á este laborioso. 



VI 



trabajo, reuniendo con inteligencia los pocos datos 
que existen y completándolos á veces con cálculos 
razonados y luminosos que dan á conocer su buen 
juicio y su vasta instrucción. Al dirigir la mirada á 
su patria para fijar esta primer base de la estadísti- 
ca, de está ciencia que es asunto de la buena admi- 
nistración y por consiguiente del bienestar social, no 
lajteoei como un espectad{>r indiferente é insemsible, 
sino inspiradjD por un noble cariño; y al lado de sus 
cifras se d6Sibordan,.{>or jdecirlo asi, sus bellas aspit. 
raeionea y los nobl0& setatiaúeatos de su oorazoii. 

Al examinar ciertos datps, ve con infinita tristes la 
lentitud del crecimiento de la población, que se desvia 
año por año de la relación progresiva que debería se- 
guir según las leyes marcadas por la natjuraleza, y se 
detiene á buscar las causas que por desventura nuestra 
hacen todavía másbr^ve su.duracion. Sirviéndole la bi^ 
giene de guia, señala con juiciosa precisión los focos de 
la insalubridadpública en nuestra populosa capital, ex- 
cita á las autoridades á que cumplan con el más sagrado 
de sus/leberes, y lamenta, con verdadero sentimiento, 
laüesdiobáda situaeion de la clase menesterosa, que> 
por diversos motivos, vive consUmiemente entr^ los 
braeos de la muerte. Contemplando el infortunio dé- 
los desheredados, no puede olvidar á la raza iadigeoa, 
á- esa raza que en un tiempo con su grande y glorio- 
so nombre, con su extraña pero magnífica civiliza- 
cioD, con su poder y con ^l estruendo de sus victo- 
rias Uenó esta parte del itondo, causando asombro 
i. los mismos exti*anieros. Su degeneración presente 



VIÍ 



le inspira cariñosa piedad, y deseando elevarta, anhe- 
la ardientemente que se le tnoraftce, que sfe leinstn^ 
ya, que se le dea á coaooer ^us dereohos y Sus ¡dór 
beres, enalteciéndola por medio d^e la TCÍtóciá>deMlPa^ 
bajo y de la virtud. Estudia m. carácter, -^s uáos'^ 
costuinbres, suá vicios y süsbueiids üüí^liiladei5,íf 
buscando el más eficaz remedio á tantos males, seflía 
al^fin en la ídfea salvadora de la i ti tnigración. Este ac-^ 
tículo, si no es el' mes 'bello por la forma, es por sú 
objeto' el más importante, él más trascendental por 
isus aspiirácicífaés; y es, en mi ojíinion, én el que naáis 
dfeben fijarse los bombres pensadores y generosos 
que ambicionan para la patria un dichoso porvenir. 

* 

Al magnífico estudio sobre' la población, de ijüé 
acabamos de hacer referencia, siguto varios artíctt^ 
los descriptivos, verdaderamente notables, ya sé les 
considere bajo el punto de vití:a cientffi'co, ya bajo 
tdl literario. Ante los sublimes paisajes de nueíitra in- 
comparable naturaleza trópical> el espíritu observa- 
dor de nuestro amigo halla nue'Vo lalimeñto; inquie- 
te, estudia y inédita, fijáudósefrajíáminár ya el cés- 
ped, ya la flor, ya la roca, ya k elevada montaña, 
ya el bosque majestaíoso; nada deja' pasúr desaperci- 
bido, nada desprecia, nada olvida,' pues ha^ta en el 
pdlvo del (^daÍHO suele encontrar á víeces véátigios 
elóeiiéotes de algunas de las edades geológicaísí de 
nuestro ¿loíio. Todas sus excursiones son ittteréíian- 
tes, todas tienen el encanto de la novedad, todas pue- 
den proporcionar grato solaz y provechosa enseñanza, 
porque, conio ya lo hemos dicho antes, al dar cuente 



YIII 



de. sus investigaciones, al expresar la impresión que 
los objetos le han atusado, se siente sieaipreconmo* 
vido> y engalana su elegante narración con la^ más 
hermosas flores del lenguaje poético. Entre estos ar- 
tículos d^cripüvos, merecen especial menk^ion los 
de las. sierras de Huauchinango y Pachuca, el reía- 
tiyo á las « Estaciones en el Valle.de Móxreo» y el 
qjie tiene por objeto el estudio de la Tierracaliente¿ 
y el intitulado «Un Pasep á Jalapa. » 
; ^otre los diversos estudios históricos y arqueológi- 
pos emprendidos por el señpr García Cubas, los más 
(estimables, en la opinión de los inteligentes, son: el 
que se refiere á los lol tecas, ,y el comparativo entre 
las pirámides egipcias y las mexicanas. Estos preciosos 
artículos han venido á aumentar la justa y envidial>le 
reputación de que yijt disfrutaba por sus trabajos an-r 
tenores el distinguicjlp geógrafo mexicano. 

Incompeteptes. para hacer un juicio crítico de tan 
importantes estudios, damos aquí punto á este bu. 
milde prólogo, r^oomendando á los lectores fijen tor 
da su atención ep esite libro, pues mucho aprenderán 
en él y mucho gozarán con sus bellezas. 

Nosotros creemos; que el autor del «Curso elemep- 
ts^l de Geografía, x> del «Atlas de la Repúblicas y de 
la «Carta Fiscal,» al publicar este libro, ha prestado 
un grande servicio á la patria y á la cienqia, enirique- 
emendo con una nueva joya la literatura nacional. 

.J^éxico, Noviembre 24 de 1874. 

Jos£ Rosas, 



MATERIALES PARA FORMAR 



LA ISTABUnCl amXKAL 

DE LA REPÚBLICA MEXICANA. 



APUNTES RELATIVOS A LA POBLACIÓN. . 

En diversas épocas se ha intentado la forma* 
cien del censo de la República, y pocas veces se 
ha obtenido^ aunque de una manera ¡ajperfecta. 
Muy conocidas son las causas que se oponen á 
esta clase de trabajos estadísticos, y no me ocu- 
paré, por tanto, en su enumeración. 

Sin embargo, creo que los resultados obtenidos 
en la formación del censo, no están distantes de 
la verdad, y revelan un crecimiento lento de nues- 
tra población, cuyaá causas es muy conveniente 
estudiar; objeto que me he propuesto, aunque 
no con la extensión que tal asunto merece, por 
carecer de los datos necesarios. * 

Para investigar la exactitud de los últimos da- 
tos acerca de la población de la República, es 
preciso recurrir á los censos que en épocas distin- 
tas se han publicado, para compararlos con el 
último, teniendo en cuenta las diferencias entre 

Gárgía-Gubas.— 2 



nacidos y muertos, y tomando por base el anti- 
guo censo que inspire más confianza. 
Don Manuel OroKoo y Berra publicó en la Me* 

• moría del Ministerio de Fomento (1857) un inte- 
resante articulo, como todos los que son obra de 
su talón to. Discutiendo en dicho artículo los m^ 
jores datos oficiales que pudo procurarse, (jpn- 
signó un verdadero monumento estadístico, cuyo 
final resultado dio la cifra de 8.287,403, La 
confianza que deben inspirar los trabajos del se- 
ñor OrozcD, por su reconocida aptitud, y el co- 
nocimiento q»e tuve por los datos oficiales que 
sirvieron para el indicado artículo, puesto que 

' fueron los mismos de que me serví para el cen- 
so que consigné en el Atlas, y me dieron el re- 
sultado de 8.283,088, cifra que en muy poco 
difiere de la anterior, me han decidido para íos 
calculen de hoy, á tomar por base el censo ob- 
tenido por él señor Orozco. Partir pai*a esta ope- 
ración de los datos más antiguos seria inútil, 
puesto que ya esta tarea ha sido hábilmente des- 
empeñada por persona competente. 

ESTADO DE AGUASCALIENTES . 

Según la Memoria del señor Orozco^ la pobla- 
ción de Aguascalientes, conforme á la noticia re- 
mitida por el Estado en 5 de Febrero de 65 (que 



3' 

debe referirse á 18§4); istíendió á 85^837 ha* 
hitantes. 

La noticia oficial que se ha recibido en el Mi* 
nisterio de Gobernación últimamente (1869) da 
1394 i S habitantes^ distribuidos de la abanera 
siguieate; 

Ciudad de AguwcaUentoS' 31,872 

Demarcación del partido. ¿ . . . . . 33,996 

Municipalidad de Jesús María. . . - 8,237 

Calpulalpam. 5,823 

Demarcación del partido. ...... 18,619 

CalviUo. 6,891 

Demarcación del partido. . . .; . . . 14,308 

Oeampo 3,146 

Dejiaarcacion del partido 11,427 

Muijiicip$lidad de Tepezala 4,796 

Número total de habitantes, . . . 139,115 

Es decir, -que según ambos documentos., la 
población autóentó ei^ 14 años, 63,278 habitan- 
tes; el promedio que resulta por la comparación ' 
de los datos de movimíéñtd de la población, en 
tres años, me da una cifra de 2,000 individuos 
por año en favor de la población, ó en 14 años 
28,000,' que sumados á los del censo de 1854, 
dan para 1868 el guarismo de 113,837 habitan- 



tes, que adopto prudentemente como más aproxi- 
mado. 

ESTADO DE CAMPECHE. • 

El dato que publiqué en mi carta general 
(1863) tomado de la obra de don Tomás Aznar 
Barbachano^ expresaba 86,453 habitantes como 
censo del Estado en 1858. La Memoria presen» 
tada por el gobernador á la legislatura en 1869, 
consigna 80,366 habitantes, distribuidos de la 
mañera siguiente: 

Campeche 19,553 

Carmen ; 10,753 

Chenes. . 16,943 

Calkiní. 20,506 

Champoton 12,611 

Suma. ........ 80,366 

Si ambos documentos son exactos, como es de 
creerse, revelan un decrecimiento deplorable en 
la población, debido sin duda alguna, á la funesta 
guerra de castas de la península. 

ESTADO DE COAHUILA. 

Orozco y Berra asigna para 1856 al Estado 
67,598 habitantes. Las últimas noticias del Mi- 



t 



5 

nisterio de Gobernación dan 93, ISO habitantes, 
según consta á continuación: 

SaltiUo . •. . 34 J21 

Parras 10,268 

Yiesca . . . . 11,322 

Monclova 23;425 

Rio Grande 13,414 



tmummém 



Total 93,150 

X 

Ningún dato verdadero he podido adquirir res- 
pecto del movimiento de la población, pues del 
que consta en la Memoria del Gobierno del Es* 
tado (1869) ningún resultado puede obtenerse, 
por ser formado por el registro civil que, como 
es sabido, presenta con exactitud su estado de 
defunciones, pero sumamente incompleto el de 
nacimientos. Debe admitirse el último dato, pues 
apéníis . manifiesta una diferencia de 2S,000 en 
favor ¿de la población en el período de doce años, 
ó próximamente 2,000 individuos por año, que 
no puede considerarse exagerada. 

ESTADO DB CHIAPAS. 

La Memoxia de 1857 da al Estado la población 
de 167,472 habitantes. 



8 

Distrito de la capital. . . . 37,305 

Taráazula. . ....... 16,239 

Nombre de Dios 16,025 

San Juan del Rio 16,227 

Cuencamé. 15,449 

Papasquiaro . 15,893 

El Oro 8,055 ' 

Mapimi. . • 12,988 

Nazas 8,420 

Mezquital. ...*..... 11,034 

Indé 7,740 

San Juan de Guadalupe. . . 5,466 

San Dímas 2,561 

' 173,402 

El aumento que conforme á estos documentos 
ha tenido el Estado en el período de doce años, 
6s de 29,611 individuos, ó sean 2,467 por año; 
aumento que corresponde á 2 por ciento próxima- 
mente. 

El movimiento de la población en 1856 fué: 

Nacidos 8,227 

Muertos 5,586 

Que revela alguna conformidad con el término 
medio anterior. 

El dato del ministerio de Gobernación me pa - 
rece no hallarse distante de la verdad. 



ESTADO DE COLIMA. 

El censo que de este Estado publiqué ea el 
Atlas, era dé 61,243. El movimiento en 18So 
dio una diferencia en contra de la población, de 
catorce individuos, según se ve por el siguiente 
datp: 

Varones. Hembras. Total. 

Nacidos . . . 697 666 1,363 

Muertos ... 7S5 622 1,377 

Diferencia en contra 14 

La población en los años subsecuentes ha de 
haber disminuido de una. manera notable, pues 
el padrón que últimamente remitió el gobierno 
del Estado (y en el cual se debe tener entera con- 
fianza por haberse practicado por segunda vez 
las operaciones para rectificar las primeras), so- 
lamente da para 1868 la población de 48,649 
habitantes^ distribuidos de la manera siguiente: 

Municipalidad de Colima. • 30,404 

Villa de Alvarez. ..... 6,336 

Cómala. . ; 4,769^ 

Coquimatlan. ...... 2,738 

Tecuman. , ....... 2,003 

Ixtlahuacan/ . ...... 1,429 

Manzanillo 970 

48,649 



10 

De manera que en doce años ha perdido la 
población 12,594 individuos; rail sesenta en el 
año, ó más de dos por cada cien habitantes. 

Evidentemente las causas principales de esta 
deplorable diminución, han provenido de la 
guerra civil, y muy particularmente de lo in- 
salubre de la parte del Sur y Sur Oeste del Es- 
tado, debido en una gran parte á la incomuni- 
cacipn de la extensa laguna de Cuyutlan con el 
mar.. 

ESTADO DE GÜANAJUATO. 

Acerca de este Estado de Guanajuato, que 
por la proporción 'en que se encuentra su pobla- 
ción respecto de su extensión territorial, se ha 
considerado como el más poblado de la Repú- 
blica, se nota una gran diferencia entre los di- 
versos datos que en distintas épocas se han pu- 
blicado. 

LaGeografíadeAlmonteleda(1852) 713,S88 

Anales de Fomento, (1852). . . - 718,773 

Dato oficial, (185o) 672,809 

Cuadro sinóptico, (1856) ...... 697,270 

Atlas de la República, (1857) . . , 874,073 

Memoria de Fomento, (1857), . . 729,103 

Carta general, (1863) 874,000 

Datos da gobernación, (1868). . . 729,988 



« 



11 

Debo advertir que el dato de que me serví 
tanto para el Atlas como para la Carta general, 
constaba en la estadística del Estado que mandó 
formar el Ministerio de Fomento: los informes 
que después lie adquirido respecto del procedí* 
miento que dXQpk6 el comisionado para formar 
el censo, ma ]|ao convencido de la muy poca 
confianza que jqoél daio merece. 

Tomemos ^ra ¿nestros cálculos el dato oficial 
de 1855, queáá para el censo del Estado 672,809. 

■ 

El movimiento én favor de la población: . 

En 1858: .... J 3,682 
En im- .... 18,155 

Suma ..... 31,837 

Término medio. 15,818 

Que corresponde á. un aumento de dos y un 
quinto por ciento. Para no errar por exceso, ad- 
mitiremos por término medio el uno y medio. 

En doce afioslct' población habrá obtenido un 
aumento de 125^508 individuos, que dan pa^ 
ra 1868, 822,778 habitantes. 

Los datos del Ministerio de Gobernación son 
los siguientes: 



12 



Departamento de la capital. 



f 



Guanajuato. . 56,012 

La Luz. 13,670 

Süao 30,738- 

Romita .15,352 

Irapuato 25,640 

Cuitzeo 20,626 

Salamanca. ....... 22^889 

Pueblo Nuevo . .' .... 2,438 

Valle de Santiago y Congre- 
gación del Jaral .... 21,782 

Pénjamo 23,Í66 

Congregación de Cueráma. 

ro 4;800 237,113 



Departamento de León. 



r 



León 78,930 

t 

San Francisco del Rincón. 16,127 
Purísima del Rincón. . . 6,919 
Piedragorda 17,404 119,380 



■•• 



13 



/ 



Departamento de Celaya. 

Celaya 29,203 

San Miguel de Octopan. . 171 
Rincón de Tamayo. ... 208 
San Juan de la Vega. . . 413 
Apaseo, San Pedro, Tenan- 

go, San Bartolo Ixtla. . 16,820 

Santa Cruz 11,607 

Cortázar y el Guaje. . .' . 11,877 

Tarimoro 7,265 

Salvatierra 21,688 

Moroleon ........ 6,832 

Yuriria 17,992 

üriangato 4,868 

Maravatío 2,055 

Acámbaro ........ 15,671 

Tarandacuao de la Constan* 

cia 2,567 

Irámu^o.' 1,471 

Tócuaro 381 

Jerécuaro 10,510 

Coronéo ; . . . 2,753 

Chamacuero • . . 7,844 

Neutla 2,776 174,972 



E 



14 



Departamento de A lleude . 

Allende 36,911 

Hidalgo ,44.883 

San Felipe. . 35,984. 

San Juan de Ocampo. . . 4,960 

San Diego del Éizeocho. . 11,780 , 134,318 



ii»ii < ii 



■ 



De2)drtamento de Sierra-Gorda . 

San Luis de la Paz. . . . 19,464 

Mirenal de Pozos. .... 4,356 

Iturbide 16,989 

Tierrablanca ....... 5,330 

Santa Catarina . ..... 1,627 

Victoria. . ; .10^685 

Xichú 3,183 

Atarjea. .......... 2,381 64,005 



Suda* 729,988 

Sabido es que en los lugares mineros el oío* 
. vimie.nto de la, población está sujeto á las even- 
tualidades de las minas; pero éstas en Guanajua- 



to, aunque no se encuentran en el estado flore- 
ciente de otros tiempos, su decadencia no ha 
llegado al grado de influir de una manera notable 
en la dimiijucion de la población. Bien pudiera 
por dicha causa haber decaído ésta en los mine 
rales; pero en cambio las poblaciones industria* 
les como León, Salamanca y Celaya, así como la 
agricultura en los ricos terrenos del bajío, ha- 
brían . ganado los brazos que abandonaran los 
trabajos de las minas, si otra causa muy pode* 
rosa no lo hubiera impedido: la funesta guerra 
de intervención, que hizo sentir sus consecuen- 
cias en Guanajuato tanto como en la mayor parte 
de los Estados de la República. Por todas las 
razones expuestas, creo prudente tomar un tér- 
mino medio entre el resultado que da el pálculo 
y el último dato oficial. . , 

El cálculo da. .• . . 822,778 habitaates. 
El último dato. . . 729,988 ídem. 



. Suma.'. . . 1.352,766 
Término medio. . 776,383 • 

« 

Que á mi juicio es el censo probable para 1868, 
el cual revela un aumento de 47,280 individuos 
respecto del dato del señor Orozco y Berra, y 
corresponde ámenos de medio por ciento anual. 



16 



• 



/ 



£STADO DE GUERRERO. 

En ía mayor parte de obras estadísticas pu- 
blicadas^ se le da al Estado 270^000 habitantes; 
pero este dato es incierto, por haberse formado 
de noticias aisladas que no inspiran mucha con- 
fianza. Según creo, hoy es la primera vez que 
tenemos un dato completo y oficial de aquella 
parte de la República, y es el que debe admi- 
tirse. 

La noticia recibida por el Ministerio de Fo - 
mentí), es la, siguiente: 

I 

Distrito del centro. . . 28,bl3 

Ghilapa 15,359 

Tavares 16,601 

Ometepec 17,558 

Allende 13,819 

Morelos 41,593 

Hidalgo 39,322 

Mina 29,070 

Aldama 23,052 

Galeana 16,973 

241,860 



■iP 



■ . í • • . í . . 






ESTADO pt JAIiSCp. 



El' Ministerio dé. Gobernación datos 

únicamente de siete p^ntqnes^ y JBOjn para m'í'tsln 
inexactos; que no deben ffguirar en el censó ge- 
neral de la República. Para deriiostrar su inexác- 
titud^ nos bastará comparar dichos datos en lo 
que cónbíérile al c&ntón de Guadalajara^con los 
de la^ estadística del señor Banda^ que idaerecen 
mucha confianza^ tanto bor el sello de Veracidad 
qué feVela su estadística, co nao por la proceden- 
cia dé Ibí datos. ' 






Dat6$;dé Gobernación, (1869);. . 82,668 
Datos dí^ Banda, (18S5) . , • .200,703 



Diferencia en favor de los datos 

de Banda. • V 118,035 

. Diferentiña enorme, qiiie es ¿tanto más de no- 
tar, cuanto que los datos de Bafltda se refieren á 
un» ^KM;amiicho:ffiás atrasada. 

Según los datos pfisjaies qpe en 1857 tuve á 
la vjstárpa» la iormaeion del A%s de lajlepú- 
bli6a> la población de Jalisoo constaba en aque* 
Ha época de 804,058 habitantes. 



.j 



18 

Corregido este dato después por personas qae 
conocen bastante la población del Estado^ segan 
lo expresa el sefior Banda en su estadística ^o« 
letin de la Sociedad de Geqgrafia, toaiQ.il».pá« 
^a 612), la población del Estado'pafa 1857 
daba un total de 822,229 babiUntes, distribu!- 
dos de la manera «guíente: ,. 



'» 



' •- ■ j. 



GftMitondeQiudalajara..;. 162;807 / 

Caaton .4e |4g«s • • • • :• :i.^,894.j ,! 

<:«ntoa:de b Barca 108,99^. 

Canten 4& Say«la. . . . ... S4^di8 

Cantón de Ahualulco . . ^- 98,709^ 

Cantón de Autlan S6,657 

Cantón d«Tfipic., ... .i74,642 . 
Cantón de Colo^ . . ., . 4^,782 j 
Cantón de Zapotlan. ... 67,825 



m>^ ' 



í 



«. •. i 



Sé^ü los peces datos que lie podlulo teánir 
sobrede! movimiento de poblactón; «1 airmentoide 
ésta se efectúa ^n h rdaíddn de mo por «da 
tien individuos. «Calccdando ^n^^ ba»/re- 
istalto <]iíe la péídadon paira 1^70 ^de^a Í9ér de 
novecientos treifita y siete útil tra»0iecitoB' trainta 
ysiete. * "■ ' * 



fin lamismft estadtttíca del Mñcit Bftnd&'se 
oónsigna: él o^nso da la poblftdon fotttttdo m 
tista : 4q loB áé/M aáü^tNydM |>éif iM éUiúto 
Tfltn^ dorotqs^'^t ^Mtttfffénd» él' Estaeld dé 
JáÜsni' '4 •;' ■. ■•! ■ •■'• i ■■■' 

estas noticias; édia. que slgtfe: / 






I^ótiacion, de íos diez y^ocho^cjoratQS 
gtie comprende él cantón de Gua- 
dálajata. . . . .•. . T * . . 20)[)>Í3 
dem de los ocho curatos, que eií- ^ 
dieríá él cantón de Lagos. , . . . .143^372 

ídem de íos diez y bchg curatos del '• / 
cantón de Ja 3arca« . . . . . . 128,11S 

ídem de los veintiún curatos del 

cantón de Sayula. ....... 154,704 

ídem de los catorce curatos del 
cantonde EtzatlanrT 108,871 

ídem de los doce curatos del can- 
tón de A^iUan . * . • • ... . 7iyl57 

ídem de los doce curatos del can- 
tón de Tepic. ....... vV^^^S 

ídem da los rocitio curatos del oan 
ton de ColoÜan. . 



.f? '; 



• • t» ^« • • * *' 




•) 



}■ f » i ^ fit^^ ' d 



Suma 924,S8ai 



, Sji admitimos e^ mismo dato; para 1870^ 
^esptOQ^fkqaos el^mnento que en/ks diasy seis 
%aps debiera haber: tenido la {M^Ueioúi^ ; lel e&ál 
seria de73^ 966 almM; «ifra fae puede compein- 
sar la pérdida de la población por la guerra éi--^ 
yil^ la de la intervemonj^ y sobre todo .p^r; la 
émijgracion á los Estados circfLhyecicbCMi^ \ ¿ 

No vacilo en aceptar los datos anteriores, da- 
dos por los curas de las diócesis de Jalisco^ por 
dos razones: pjrimera, porque es sabido gue los 
ciqras spp los poseedores de los mejores ^atos 
resfiecto de población; y segunda, porque debien 
iüápir^r mayor confianza los trabajos ejecutados 
por mayor ntunero de personas q^ue ¿ consecuen- 
cia, de la subdivisión administrativa están en ap- 
titud de conocer más la localidad cuanto menor 
sea la extensión de ésta. 



ESTADOS DE MÉXICO, HmALOO 7 MORBLOS. 

'I 

£n 1B56 se señalaban al antiguo Estado de 
México 956,519 habitantes, deducida de esta 
cifra la suma de 56,035 que correspondían al 
Distrito de Tlalpam, perteneciente al Distrito Fe- 
deral. . 



L^Mdvmtisi del Minlsrterid dé Fomento con» 
signólMrftáííia de 27,585 individuos d#áüinento 
anualfá lá,^bblacion, cifra que corresponderá 2^7 
por ciántof á admitimos solamente para'ilfiktros 
cálcttfósieliX, se tendrá para iñW lin 'áúkento 
en losrddpelafios de 172,273 habitati«dg> ci&a 
qae a grogiMia 6 la anterior cantidad produce para 
el cenaó:4él)£stadd én el^afio á que mc^' refiero^ 
1.128,774. 

Para obtener una mútaa comprobación entre 
el cálculo y los datos remitidos por los goberna-* 
doróse dei los" Estados en que últimamente %e ha 
subdií^idldoÁl antiguo de México, y son Hilalgo^ 



I 



Uéñáól !y 
pararbé;' 



Morelos, consigno aquellos para^com- 



'.. r 



. POBLáCION DEL ESTADO OBOmi^LOf^. .' 

. . (1868). ,!...• 

Aiotonilco el Grande. . i . 35,5S8 

Actópam. .' 40,867 

A|>ám. .....,,. .^. 12,284 

íatíató. . ......'. . . 14,580 

Htíichapam 31,949 

Saéjátla. . 51,988 

MéízOilaQ 23,5Sé 

Páchu<ía 45,243 



A la suelta. ; . 246,021 



De la welU. . . £46,081 

TiiJUneingo 43,608 

Tola 3^,358 

IxmJqiiilpaiB. 41,168 

Zaoaaltípiíi. ; . . . a^28iS 

Zimapan. . . ... . . . . 16^883 



^iémmtémkm^M' 



Námaio de habitantes. . 404^207 



laraoona 



' I * *;i/» 



♦ % 



1 «k 



• « 



Tnhíe». 

TdQftQCUIgOf • 

Irtlahüaca. . . 

Lerma 

Vffla del VaUe. 
Jflotepec. . . • 
g^H^p^c. . , , 
*ff0D«8ealtepec, 
Tlobepantla. . 
Ciwitítian. . , 
Zwpvigo. . . 
Otante. . . . 
Tlsiceeo. . » . 
Clbtloa; .... 



* • « • 



c • 



Nain«ro de batótantes 



77;ifi8 

46,a» 

36,413 
S7,S4a 
37,371 
30,102 
42,04^ 

38,466 
26u269 
34,668 
30486 
26,088 
3é,63B 
40,931 
46,461 



. 599,189 



2* 



i .t-J - * • „ t <. *J 



SSTÁDO DB MÓRÉLÓS . 

Cueraatá». .. ... . ;-; 39,481 

Yétttépee. \ . . . . . .' . 16,edd 

Caaotía. . . . . . . . . . a8>eí)» 

Jonacatepec l&^SJi 

Teteeaía. . . . . . . . .-. 29,462 

Número de habitantes. . . 121^098 

t 

J : • ' ■ . . ' ' . 

Estadd ^e Hidalgo 404,207 

Bstado de México 599í>f80 

Estado de Morolos (21,096 

■ I-' ' I im 

4.124,4d4' 



' •,• f 



• -• ' • 






Resultada' que difiere poco del obfa^oido por 
el cálotUo^ y debe en mi concepta admitmá* 

I 

. . . í ..'. . . 

/ . ! . . f BSTADO DE MIGHOAGAN. r ^ 

PoF tí^ib&rmes que he adquirido^^ ql gobierno 
del Estádb dé Michoacan es uno de ksíptó más 
empefidhaflu tenido enkformacidn^ddljDonso^ y 
los datos qtie ha remitida deben 40iisid<ítrarse 
como ékactos^ hasta donde es posible que b seán^ 
atendiMda^las dificultades que se presentan 
en la djéeaicion de obra de esta naturaleza; sin 



24' 

embargo^ debemos proceder ¿ nuestros cálculos^ 
aunque no sea más que para investigar la impor* 
tancia ¿ei movimiento ,de la poblacían. - > 

La dfra qiie obtuve para mi Atlas jgftOgBáfieo 
fué la misQd del Cuadro sinóptico^ la CQal aacen* 
dia en'18S6 á 491,679. . • .. ... 

Los datos del Ministerio de GobemaaíoQ' daa 
la siguiente: 

♦ #' ^ m w % m r 

Morelia ".'.'. 96,371 

Zinapécaaro. .... '.'•. . 37,800 

MariLvatio. ' . ; . 41,^. 

Zitácaaro; . ..... . .". 37í979- 

Huetamo . '. :29i600; 

Tacámbaro 25,900 

Ario. ... 23,590 

Pátzcuaro 28,612 

Uhiapam. ... . . í . . 41,377 ' 

Apatziogan. . . . . . . . ' 13,996 

Goalcoman 9,573 

Los Reyes 1".. ...... '16,154 

Jiqíólpamv . . . . ■. -.;; . SOiüTS-. ' 

Zamora. .. . ; :¿ . . , :. ;: 46/765 < 

' La Piedad. . .' . !.'. . .i 48,097- 

P«épwo.; ;: . . í. . . . J :aa,734;f - 

Paroápdlró. vj^. .' . . . . 61,426 :.:. 

I • " • ! f 

•618,072 






* 



9& 

Este resultadio manifiesta^ comparado con el 
anterior, que en doce afiós lai población de Mi- 
qhQacan':¿a teciido; ua, aumento 4e 1^.393 
b^báta^t^,, (jua^ CQrre3poadieii;^4^7 ppr ci^Ato 

< ' KSTAbo DH NüfeTO-fLEON. 



r ;■' 



■■* 'Vi i.. 



.r I4 Memoria del, Miiais^«río.vd^ fromento eoQr 



• ♦.< 



^gp(6; 14^,779 habitantes parf^r el censo del Es- 
l4doen.i8S6. . i r . 

., Los ds^oa de goberijiaoioij dan 174:,Q0Q dis-i 
trihuidpsdo k, manwa siguiente: 



I ■ I "• 



■ Monterey. . . . . : ^ !' . 47,818' 

Cadereyta. .... . ., .' . 1S^0Í2' 

Villaldama. ., . . '.. '. . ': ":. 11,870 ' 

' Salinas Victoria; ...,.:' \ 41,480 ; 
" Doctor Arroyo.' . \\:'':'\'-': ' 22,233 ' 
García.. ......... 14,223 : 

Montemorelos. .'....'. 20,232 

Cerralvo. ......... 1-0;Í39 ' 

U&ar^ 20,993 






' . ; ^ 174,000 

GaliAiláado el aumento de. la pobhfiúm^ doce 
años í% por ciento que me indican los/tdatos 
que teBgo^é4a "vista^ resulta la cifra de 170,268, 
que e^ti en consonancia conf la anterior. 



KTADO SS OAXAGá. 

La Memoria del gobernador en 1853^ ddia 
al Brtádo 542,938 habitantes (Menoria de Fo- 
mento). El moTimiento de la pobladon en tras 
afios di6 la snma de 27^95 habitantes en firror 
de día, ó sea por término medio al afio 9^232^ 
qne eorresponden á 1,7 por dentó. En diez y 
seis afios la pobladon debía haberse rieradoá 
690,750 habitantes. Ei censo qne titímamente 
ha remitido d gobierno del Estado al Ministetío 
de Gobemadon, solo le da 601,860, qne en £ea 
y seiSi^aQoS corresponde ¿ menos de 1 por dente 
de anmento annal. 

Desde Inejgo se advierte, en Tista de tales4at08, 
cuáles son los Estados de la Bespttblica qne más 
pobladon han podido en la guerra de interven- 
don. 

Los últimos datos son los qne á contínnadon 
seezjmsan: 



Ceniró: . 47,220 

Gínéaüan 14,383 

Gánapua. ., 8^958 

l^a. . . \ . . I . . . . 14^189 



■•■ n 



Al fr«ote. . . 97,303 



.- í . . X. 






f 



' 1 > 
X 



•De^ frente. . , 97,303 

Jamiltepec. 28^1^ 

> ladiitao. 'í . . . . . - ,. . h ^^ 87i,'f 1'6 

;N«*iiíla¿.i5.'''a':'a" .«•.Sviufí*!!,'^ •'• 
/. 0(wiltíi/..';io.,4 .:•-' ¿ %nQ- .■■''.; --iiS^jOiíS '■>•• 

' iffií^uitlar.'.O'.'i-' .'.-■;=- .^'?-;v^i1j^ ^Hm^ ■ 

Saaoayoíq^.. \ '/ , .-/ \:y-:gO|,S>90 
i 4íTehbiiitipe¿vó^'.;. -/w ii-q;xi..-o fft',,díft\''' 

I Teatidan ael G|mal¿«i •; ^t.'Oí' 121,^1 ; 
■-. •TliBbkil*.vi£iív ■-• .■••.•■• v^iíi-i;'dfc,8B$l'-- 

i > .Villa lAftá;;^.'--'.---;^ >■:;•■. v-'.] :^]88^ •■ 
Villa Altaré*;?. . ^ i •= .' ^ • 3Í',«89 • 

YUla «IHirW* -• .< . ,''v .-^ • ' Xlf^ll^l ' 

Yautepec j^ • • • 19,624 

'- 6W;8$o ^ 



\. .' éf 



> í 



El censo^q^ió se! há lotMdl^ dtA^E^y^íto di- 
v«l*sa'ft épocas^ marca diferencia 'dty'^nbt&bles^ 



y demuestlra que eajP«¿»9b|a|Dás que en ni agua 
otro J^sdoMle la República^ la gujBrra cii(U y de 
intertiertiici^ han hecho sentir sssiuoestalf con- 



secue0eS(is><^ 



• •* 



La;M0uiiSfia del gobierno del ]Bstodo 60*1849^ 
dio úmm de 683,72^, sin incluir lo» iDtfetritos 
de Tlslpa, yi Ometepec que jse jKígiK^an«í para 
form^^iaft» del Estado de GuerMro^ ¡toíf^omo 
el deifUk{r$ii^ que.se agregó ¿ Yi^fcai^w^l para 
1865 ^lesfódistica consignó ][aci&a.d6!6&S)882; 
D. "^^smú Alm^zan 830,000 en !»a^G«Íla de 
Puebl*?^Spublicó en 1868,,yT^rsúltioséiJ^datos 
688, 78S^* ;Si comparamos las dQ^iiailidas'fifícia- 
les (184í9 í<;i869), readtftiqüeífll autüenffi que 
ha tettlAó, sb población en diez y^ho afipsj ape- 
nas djl'is ^a de 5,063. Comparaáoéios^ébnsos 
de 840: y 8^5, se uota una diferenoia^eii'Sontra 
de la ^kíftíon, de ?7,843 habitante»?^ aloma- 
mos {roi>^^e par^ nuestros cálcujiois^ la üiEfa'que 
correi$o|i<b|:á la estadística qne.ii»jLAdd^ formar 
el Mi(isi)dri0 de Fomento, tendcémofa.* ;:i . 

i--.' ':■' ■••.■.; •■ "'i. • 

EMS^S 655,882 

EQ)!t86!»i:; 688,778 



Diferencia en'lá^of, ^n treóé'aflos, 
;qtt0c<MS^5Jpi|4«<rto&i0í( de vigor - . 
j, i cieptof alafia- . . ; . . .-. . . 3^896 



El censo que últimamente recibió el Ministe- 
rio de GobernacUffi, j al catl ffitf r^ero, es como 
sigue: 

iii(aial4hiiiJon¿4a. ;'.' .' ; i'.' Vi '' 44i!86i! • "' ' 

Oholulai -.i- ■. ..4' •,' ^ Vi^i !. ■. u3ii76g- . 
¡í,.;íiHuimcliihaíDgá\Í!.vvJivC;íi:=!, í>'3Í;887' '' 
. i HuejbdnjgBf; ;vó. .,.i.ii;.is ^ 1^1^364' 



Pahuatlan.o: i ; . i u. . 18;360- 
Puebla. .;..u....<, , .. .i* 70,946 ' 

San Juan de los Llanos. . . 30,196 

Tecali. - .!; . . »i,199 

Xástipááchalco. . . .<:.:. '. 9^,010 

liéhuaclin. . ....... 50,94^ 

Tépeáfiá. 31;7S8 

Tepfejd; 4*>4«4 

Tézlutlán 19)630' 

Tetóa. . §0,314 

TktiaíEMihitepec. 14,749 

Zacapoaxtla. 23,376 

Zaoatlan. . . . . . .< , . . 43,318 

.: ' 688,788 



n 



» 



•' : O-v^ • • . -. .:!.. r. p 



En 1851^ seguQ datos oficíales^ el Estado con- 
taba tm 132,134 habitantes. Galculatido/Bl au- 
meat0:iqpi0d6be haber tenido la poblacáttíiotodiez 
y siete (|A.«^ á razón de 1./^ {mriCidái^ aDafio^ 
resulUxla.Mlma de ^,682, que agjti^gwiá) ¿ la 
anterior; áa para 1868 el censo de Ii98i866. 

Po^.diSere esta cantidad doi la déldatDMtfícial 
del MNistdrio de Gobernación; oo&iodo^ies pra- 
dente(ft<jbcnitír la última, pnea la pónrandcÉbansa 
únicamtQte len el simple cálenlo. . . ti> t 

Dat^^délr Ministerio de Gobernacktni;: ! 

Dislri^. del ceatro 48,2a7 

SeíaMo del Rio v. 3á,4^ 

Jm^oo i^íTOdr 

J<ilp9S} . . . . . . .ifl,30Q' 

T^inUtfi. 2&,íkm 

Qpdfi»fta .i94M 

y . ■■ ■^. — — / ' [ ' j ii »! '. 

• r." ,-.'v ni; >>;.-•!] i.jfi5. 

B 1 ': , Í8TAD0 DE SAN LUIS POTOSIi!;J'J..'>i-^ 

^k »W * •■^1** ^W»-»* i^"^»** 

Las-'^OicaiK^oticias que he obtenido del Mi- 
nisterio de Gobernación, son: 



f, V 



9i 

Prefectura de Bio Vqrflo. . v 17^365 
Ptutído de T-mmmiMt' ■.-■ 7.092 
l^udiid F^Qiaiidot.. . . . . .%i80 



pues basta compaiar la que se refiere á Bjfí Yexáe 
para convencerse de ello. 



• % 



. • -»* i. 



intüm dato i7^&.) 

OiltofOacial 4e la^S. n43^|,9;4)l partido. 
. > ». > 8|SilS3. el distrito. 






Tomffi&os^ portantOj el dMp^^ficial de 856, 
y «OH 604 base calculemos el aaiQQato de la po- 
hUtSsoiti é; vnzon de IX pgfOÍeQtp, que es la 
mitad; dejo que re vet^/eldatoqoej sobre movi- 
miento 40 ella poseo, y se rofierQ 4 1856. 

fild^timQnto oficial f¡ar4 i:955,ff el siguiente: 

:, ©iftFito de S3ft¡¿¿s/: .; • .179,139 

^^BicL^erde . 86,153 

n Venado ..;. 86,146 

Tancanhuitz /. 38,922 



■*-*-rT 



; \ ,390,360 

Aumento probable en 13 afios. 76,12p. 

Censo para 1868. 466,480 



L 



32 

Después de ejecutados los cálculos anteriores 
se recibió la MemOTia del Gobernador del Fitado^ 
correspondiente al período de 24 de Setiembre 
de 1868 á 31 de Julio de 1869. 

£1 censo que conMa en dicha Mem<»ia m^ el 
siguiente: 

Parítdíw.— Capital. . 127,000 

y, CMjáf», 48,B00 

„ Santa-María del Río. . 51,{SO0 

,. Venado ; . . 34,000 

Goadalcázar 29,S00 

Cerritos. ....... 89^500 

„ Salinas. ....•...' 17,000 

RibVerfe. . . . . . .' 41,500 

„ dudad del Maíz. . . . 23,000 

Hidalgo. .... . 28,000 

Tancanhuitz 19,000 

„ Tamazunchale 16,000 

„ Qadad de Valles. . . . 12,000 

Suma 476,500 ^ 

Este' dáfb ^ere poco de lanáfira obtenida por 
el cálculo, y tiendo además el oficial, debe ad* 
mitirse. 



33 






ESTADO DE SINALOA. 



La mayor parte de los trabajos estadísticos 
que acerca de la República se han publicado 
repiten la cifra de 160,000 habitantes como censo 
del Estado de.Sinaloa, que consigné en el Atlas 
y tomé de los arehivos.del Ministerio de Fomento. 
£1 únicp dato oficial que po$eo es el del Minis- 
terio de Gobernación para 1868, el cual, compa* 
rado con el anterior, revela la lentitud con que 
crece la población del Estado, debido sin duda á 
las continuas revueltas que lo han agitado, y 
como éstas no han cesado, de presumir es, que 
marche á su crecimiento cada vez con mayor len- 
titud. Esta observación, en mi concepto, mani- 
fiesta que la cifra que consigné en el Atlas no 
estaba lejos de la verdad. 

13 dato oficial á queme refiearo es el siguiente: 

Distrito de Mazatlan 26,298 

del Rosario 15,387 

de Concordia 10,676 

deCosalá . 13,322 

de San Ignacio 8,248 

deMocorito 12,679 



A la vuelta. . 86,610 

6arcÍa-Giibas.^4 



I 



34 

De la vuelta. 



Distrito del Fuerte. . 
de Sinaloa. 
de Guliacan 



)> 



86,610 
23,438 
22,016 
29,093 



161,lí57 



Ya escritas las anteriores líneas se recibió la 
Memoria última del Gobierno d«l Estado (1869), 
cuyos datos se refieren al aüo anterior. 

Los relativos al censo son los que siguen: 



Distritos. 



-Mazatlan 26,298 

Rosario 15,387 

Concordia 10,676 

Cósala 13;322 

San Ignacio 8,248 

Mocorito 12,679 

Fuerte 23,438 

Sinaloa 23,1S7 

Cuüaean. 29,093 



Censo que debe admitirse para 1868 . 162, 298 

ESTADO DE SONORA. 

El Atlas geográfico y el Cuadro sinóptico dan 
al Estado en 1856 la población de 147,000 ha- 
qitantes, y la Memoria del Mmisterio 139,374. 



35 

El documento oficial que obra en el Ministerio 
de Gobernación consigna 130,711/ distribuidos 
del modo siguiente: 

Distrito de Ures . . • . . 18^282 

de Hermosillo. • . 19,873 

de Guaymas. . . . 14,947 

de Alamos. . . . 21,800 

de Moctezuma. . ., 9,395 

de Sahuaripa. . . 7,996 

de Arizpe^. .... 6,S43 . 

de Altar 5,468 

de -^Magdalena. . . 3,907 






.i i 



108,211 
Deben agregarse según el , 

mismo documento. . . . 13,000 yaquis. 

6,500 mayos. 
3,000 ópatas. 



Total 130,711 

En esta noticia no aparecen las demás razas 
que se encuentran en Sonora, como son lospimas> 
los pápagos, los apaches y los seris. Según la 
estadística de don Manuel Mónteyerde, publicada 
hace más de doce años, la población de Sonora 



36 

constaba de 134^000 indiñdiios, en cayo nú-^ 
mero figuran: 

Mayos y yaquis. . . • 30^000 

Ópatas 35,000 

Pimas. •..••••• 15,000 

Pápagos 15,000 

Apaches 10,000 

Seris 200 



105,200 



Es decir, que en la población de Sonora per- 
tenecen á la raza indígena los 0,7. Las cifras 
qne da á este respecto la noticia oficial, se ha- 
llan muy distantes de las ministradas por la es- 
tadística de Monteverde. Parece por las indica- 
ciones que encontré en los datos oficiales, que no 
se han podido empadronar todos los indígenas 
de Sonora: creo prudente, en vista de tal circuns- 
tancia, aceptar las cifras que da la estadística ya 
citada, menos la que condeme á los apaches, 
por dos razones: la una, porque no tienen residen- 
cía fija, y la otra, porque establecen con mas £re- 
coeiicia sus rancherías ^i los terrenos de la Me- 
silla, que pertenecen á los Estados-üoidos, de 
manera que si se encuentran en Sonora, es de- 
bido principalmente á sus invasiones. 



# 



37 

Ad^ffla3> por noticias que he adquirido^ la 
población puede osrleularse en la cuarta parte de 
raza blanca y las tres restantes de raza indígena. 

A4í> pues^ la poblacíoa de Sonora puede re* 
presentarse de h manera siguiente: 

Raza blanca 31,733 

Yaquis y mayqs. 30,000 

Ópatas 35,000 

Pimía. 15,000 

Páipagas 45,000 

Serié 200 



126,933 



Mas como estos datos se refieren al año de 
1854, la cifra que representa la población es en 
la actualidad muy baja; de suerte que si calcu- 
lamos á razón de 1 % por ciento anual su au- 
mento, tendremos como un dato probable para 
1868 la suma de 157,397. 

ESTADO DE TABASGO. 

El Atlas geográfico de la República daba al 
Estado en 1857 la población de 63,569 según 
los datos oficíales que tuve en aquella época» 
Los que posee el Miniáterio de Gobernación y 
se refieren á 1868 dan la suma de 83,707. 



-^ 



ft 



# 



38 

. El aumento de la población^ según las noticias 
oficiales acerca de su movimiento^ fué: 

4 * 

En 1854 .... 1,673 individuos en favor 

de la población. 
En 1855 1,385 



Término medio.. 1,629 ^ 

De manera que en doce años el aumento to- 
tal ha i^do de 19,538, que agregados al censo 
de 1 867 dan para la población del Estado en 
1868 la suma de 83,134, que solo difiere del 
último censo oficial en 673 individuos. 

En tal virtud, el aumento que ha tenido la 
población es á razón de 2% por ciento al afio. 

Debe, pues, admitirse el último censo. 

4 

I 

ESTADO DE TAMAULIPAS. 

£1 dato oficial que se consignó en el Atlas 
geográfico y se refiere á 1856, marca la pobla- 
ción en 108,514. 

La única noticia que poseo relativa á movi- 
miento de la población revela un , crecimiento 
muy lento, pues aquella obtuvo en su favor en 
1855 la pequeña cifra de 339 habitantes, que 
corresponden á,0,4 por ciento. Esta misma no- 



i 






39 

ticia DOS demuestra que la población crece en el 
Distrito del Centro; es de poca importancia en 
el deí Norte, y mengua en el del Sur, que como 
es sjibido, en él se encuentran los lugares enfer- 
mizos del Estado. Si á estas consideraciones se 
agrega el inconveniente de la guerra civil de 
que aquel ha sido presa, debepios prudente- 
mente no alterar aquella cifra. 
La población se divide segvm las razas: 

Europea 22,399 

Mixta de europa é indígena. . . 64,811 

Indígena, 10,763 

Africana (en los puertos). ... 201 

Mixta de indígena y africana. . 5,453 
Mixta de europea y africana. . . 4,887 . 



108,514 

Las razas "europea, indígena y mixta están en 
la siguiente relación: 

La indígena representa la novena parte; del 
resto la tercera parte corresponde á la europea 
y las dos restantes á la mixta. 

ESTADO DE TLAXCALA. 

• 

El censo de 1857), según la Memoria de Fo- 
mento, era de 90,158, que debe haber ascendido 
en 1868 á 106,386 habitaates, calculando á ra- 



•.k..^^ « 



40 

zon de 1/^ por ciento al á£o. Últimamente se 
agregó al Estado la munieipalidaé de Calpulal- 
pam, cuya población es de 9,943 almas, qitó 
Sumada á la éifra anterior, da í 16,329 habi- 
táinteá. 

El censo formado últimamente, consigna la 
cifra de 117,941, distribuida de la manera si^ 
guíente: 

Distritos. 



Hidalgo (Tiaxcala.). . . . 


, . 35,160 


Zaragoza (Zacatelco) . . , 


, . 23,662 


Juárez (Huamantla) . • , 


, . 30,618 


Morelos (Tlaxco). . . . , 


, . 14,160 


Ocampo (Calpulalpam) . . 


. . 14,341 



Total número de habitantes. 117,941 

Suma que poco difiere de la anterior obtenida 
por medio del cálculo. 

ESTADO DE VERAGRÜZ. 

La población en 1853 constaba, según el docu- 
mento oficial publicado en el Atlas, de 338,S§9; 
pero esta cifra no comprende la población de los 
cantones de Acayucan y Minatitlan, que perte- 



ji^^.^ 



41 

Aecen al Estado de Teracruz desde que dejó de 
existir el territorio de Tehuántepec en 1857; de 
suerte que se deben agregar 28,000 á la cifra an- 
terior, cuya suma da 366,859 habitantes. 

El último documento oficial ministra los si- 
güientes datos: 

Cantón de Verácruz. 






Túxpan .• 

Misanila . 

Jalapa. . 

Gosamaloapan 

Goatepee. 

Jalacingo 

í^apantia. 

Acayucan 

Oriza va. . 

Tuxtlas. . 

Tantoyuca 

Huatusco. 

Córdoba . 

Zongolica 

Minatitian 

Tampico. 

Chicontepéc 



41,914 
26,166 
6,912 
46,7^ 
15.,5S7 
25,194 
30,266 
1S,609 
16,559 
41,601 
21,345 

22,12a 
13,522 
31,983 
14,793 
12,583 
23,468 
31,177 



■i 1 1 1 ■ II 



437,307 

Eq consecuencia, el aumento de la población 
en quince años ha sido de 70,648 habitantes; 



42 

cifra que corresponde á menos de uno y medio 
por cada cien individuos. 

ESTADO DE YUCATÁN. 

Diversas cifras se han publicado respecto de 
la población de Yucatán; cifras que proceden ya 
de trabajos oficíales^ ya de cálculos extraoficiales: 
unos y otros revelan, ó la inseguridad de la base de 
que parten y la dificultad de formar el censo de 
los habitantes de la península, ó bien un movi- 
miento muy irregular que unas veces crece poco, 
y otras mengua extraordinariamente. La guerra 
de castas qué se ha entronizado desde hace tan- 
tos afios sin que, para mí, haya esperanza de ^ue 
algún dia cese, es ciertamente la causa de las irre- 
gular;idades en la marcha de la población. 

Don José María Duran, en su artículo sobre 
población para 1862, publicó, respecto de Yu- 
catán, los siguientes datos: 

La población de este estado 

en 1845, según su esta- 
. dística pubhcada en el to- 
^ ma tercero del Boletín de 

la Sociedad de Geografía y 
< Estadística, era de... . . 575,361 
En 1838 el Instituto. . . . 580,984 



43 

En 1856 Lerdos de Tejada. 668,623 , 

En 1857 el Atlas 668,632 

- La misma era la del Minis- 
terio de Fomento. • . . 
El Sr. M. P. (1858). ... 450,000 . 
Que demuestran las circunstancias que he in- 
dicado.. El censo que en esta noticia aparece 
para mí aceptado eíi 1857, no lo fué en reali- 
dad, pues en el Estado respectivo del Atlas, no 
obstante que consigné esta cifra como el último 
dato, hice acerca de él consideraciones fundadas 
qiie me condujeron á estimar la población de la 
península para acuella época solamente, en unos 
doscientos ochenta á trescientos mil individuos. 
Indudablemente que esta cifra fué baja, si en el 
censo cíe Yucatán deben comprenderse no solo 
los indígenas mayas sujetos y sustraídos de la 
obediencia del gobierno, sino aun los habitantes 
del Peten, poblado antiguamente por los itzaes, 
tribu de los mayas, que fué conquistada por el 
gobernador de Yucatán don Martin de Urzúa 
en 1797. 

Segregada la parte de Campeche para erigirse 
en Estado, juntamente con la Isla del Carmen, 
aun cuando se admita en la actualidad para Yu^ 
catan la misma cifra que en 1857, su' población 
habrá adquirido su aumento natural, según se 
comprueba con el último dato oficial. 



44 

En 1857 admití de 280,000 á. . 300,000 
Los ddtos oficiales para 1868 dan 282,634 



i***arfM«i* 



Distribuidos de la manera siguiente: 

Partido de Mérida 42,141 

Hunucmá 18,614 

Sisal 3,959 

Acanchó 22,238 

Tiikokob 17,557 

Motul 20,744 

Temax. . . ; Í6,99S 

Itzamal 25,211 

Zotuta . 11,313 

Vaíladolid 18',370 

Ezpita 11,277 

Tiximin. . 11,514 

Tekax. . , 15,073 

Peto .....' 8,131 

Ticul 23,645 

Makcanú 15,832 



mmmi^m^má 



282,634 
Se encueatrain además sustraídos 
de la obediencia del gobierno 139,731 



>**aa***ai^^ 



Censo de 1868 422,365 

Eü 184S el secretario de gobierno del Estado 
presentó á la legislatura su Memoria, en que cons- 



*5 

taa los sig^iant^ datos^ (jue son ciertamente ofir 
cíales (sin rncluir el distrito de Caaipeche). 

Distrito de Mérida 91,229 

y> delzamal 67,423 

D de Tekax 35,505 

y> de Valladolid . . . 23,066 



' Total. . . 217,223 

Tomando el promedio de la diferencia en fa- 
vor de la población, según el movimiento de ella 
en cuatro afios, da 10,500; y en los veintitrés 
años trascurridos desde aquella fecha hasta el 
afio próximo pasado, el monto dé su población 
deberia ascender á 458,723; cifra mucho mayor 
qoe la del último censo, y que revela igualmen- 
te la irregularidad en el crecimiento de la pobla- 
ción, según queda indicado. La relación del cre- 
cimiento, con* arreglo á estos cálculos, es por lo 
menos de im tres por ciento anual. 

£n la estadística de los sefiores Regil y Peón 
se distribuye la población según sios ra^as: cuar- 
ta parte de blancos y castas, y tres cua^rtas de 
indígenas. 

El doctor Mora ha calculado que la población 
de la República debia duplicarse cada diez y ocho 
años. Respecto únicamente de Yucatán ha habi- 



46 

do en su apreciación acierto^ á juzgar por los da- 
tos que he manifestado^ salvo los errores que pu- 
dieran resultar y son consiguientes á cálculos 
semejantes y á la inseguridad de la base de que 
se parte. 

ESTADO DE ZACATECAS. 

El censo para 1854^ según documento oficial^ 
fué de 280,087, y el movimiento de la pobla- 
ción dio en los afios de 55 y 56 en favor de 
ella, 16,702, ó por término medio 8,352; au- 
mento que corresponde á tres por cada cien in- 
dividuos. Calculando con esta base, se obtiene^ 
en los catorce afios trascurridos desde aquella 
fecha, el aumento de 116,928, que sumado al 
censo de 1854, da para 1868 la suma de 397,015. 
El cálculo comprueba el censo que remitió últi- 
mamente el gobierno del Estado, y el cual es eo- 
mo sigue: 

Distrito de Zacatecas. ... 65,687 

FresniUo 55,157 

Sombrerete. . .♦ 35,745 

Nieves . 28,291 

Mazapil. . . 7,951 

Ciudad García.' ...... 44,123 



Al frente. . . . 236,954 



■ 47 

Del frente. . . . 236,934 

Pinos •. 38,846 

VülanueVa ........ 44,893 

Sánchez Román 27,811 

Jaohipila. .•. . . . . . . 18,106 

NochizÜari . . . . . . . . 20,022 

Ojo Caliente i 8,34S 

Censo para: 1868. . . 394,977 



DISTRITO DE MÉXICO. 



Según el último censo y los cálculos relativos 
á la ciudad de México^ de la que trataremos en 
seguida^ el número de habitantes puede esti- 
marse en 315,906, distribuidos de la manera 
siguiente: 



Ciudad de Méxicci . . . 
Prefectura de Xochimilco 

y> deTlalpam . 

y> de Tacubaya. 

3) de Hidalgo.. 



240,000 
29,541 
25,533 

12,758 
8,074 

315,906 



• á 



48 



TERRITORIO DE LA BAJA-GALflrORNU. 



' El censo oficial da para 1968, 21,645 habí- 
tantos^ los euales se hallan distril^uidos de la 
manera siguiente: 



Municipalidad de la Paz 



9 



» 



y> 



de San José. . 
de San Antonio 
de Todos Santos 
de Santiago . . 
de Mulegé. . . 
de Gomondú . 
de Santo Tomás 



3,698 
3,108 
3,771 
1,084 
1,722 
1,40S 
1,3S7 
3,300 



21,645 



OXIDEN DE LOS ESTADOS. 



Btya-0«lir« 
Ihiranga 



Veracíuí. 

Zacatecas. 
GiiniMcl 
Sinaloa. 



NiiCTO-Leoí) 
Tabasco. 
Puebla . 
Gaaaf^ueUi. 



Agoaacalteníes. 
■ercJag. 
Tlaxcala 
DiU. de México. 



Iféiíco . . 

Sao Lais . 
Veracnii . 
Ineauí. . 

Hidalgo. . 
Zaeileca». 
Dútrilo. , 

Cbiapas. . 
dubnahua 
MtKvo-Leon 
Oaraiia . 
Sinaloa . . 
Soaora . . 
Querétaro. 

Tlaxcata . . . 
AguaacilieniM. 
TamaolipB! 
Goabaila . 
Tabatco . 
Oippccbe 
Colioia . . 
Baja-Califoi 



I DisWto. . , 
? Ttaxcala . . 
3 Guatuijaato. 
1 Mordro. . , 
5 Héxicp. . . 
B PoeWfl .... 

7 ¿Auatcalientea- 

8 Bi(tgl«). . . 

9 Qnatitaro. . 
TO NttlioaeaD. 

11 Colime . . . 

12 Jalisco . . . 
t3 SanLoii, . 
14 Teracrui. . 



Número tolal 8.8)3,759 



No hay datos respecto de población más difí- 
ciles de obtener, que los relativos á la ciudad de 
México en la ópoea presente. Las conmociones 
políticas han impedido á los gobiernos fijar su 

GUuU-CnAi.~5 



50 

atención en tan importante asunto^ y por otra 
parte la inveterada costumbre de los habitantes 
de ocultarse á los em]i)adronamientos^ temiendo 
nuevos impuestos ó su ingreso al ejército^ han 
hecho muy difíciles las operaciones del censo 
las pocas veces que la autoridad ha decidido su 
formación. No nos queda más que un solo re- 
curso para investigar el censo actual 'de la capi- 
tal de la República: el cálculo, tomando por base 
el censo antiguo que merezca más. confianza. 
Este procedimiepto es sin duda defectuoso, por- 
que se carece de otros datos que nos acercarían 
mucho á lo cierto; tales son los que se refieren 
al movimiento de población. Si no poseemos un 
buen censo, se puede atribuir á las circunstancias 
que he indicado, y esto constituye una disculpa 
legal; pero carecer de las noticias de nacidos y 
muertos para averiguar el progreso ó decreci- 
miento de la población todos los años, es una 
falta imperdonable. Los censos que inspiran más 
confianza son: 
Censo de Revillagigedo (1790). . 112,926 
Padrón formado por el juzgado 

de policía (1811) 168,846 

Censó por Navarro y Ncriegá, 

(1820). . . : . 179,830 

Boletín de la Sociedad de Géo- ' 
grafía, para 1838 205^430 ' 



&1 

El censo de Revillagígedo pasa por uno de los 
más exactos; y siendo además el de una época 
más remota y el más bajo> deberemos tomarlo 
por base del cálculo. Si se considera como au- 
njiento probable al año únicamente t),8 por 100, 
creo que no hay exageración, y el resultado no 
s^e alejará macho de la verdad. 

Así, pues, én 1790 el censo era de ll?l,9áB. 

Calculando el aumento progresivo en períodos 

dé veinte años, tendremos: 

w ■ • 

Para 1810. ... 131,026 "/ : 
'' Para 1830. . . . 1S1,986 

Para 18S0. . . . 176,306 : 
Para 1870. ... 204,306 

; -El aumento aniial en el último período corres- 
ponde á 1,410 habitantes. 
,- P.ara investigar la certeza de este dato, eg pre- 
ciso recurrir á' las noticias que he podido propor* 
clonarme acerca del movimiento de la población . 
Debo las de nacidos á la bondad de los señores 
gobernadores de la Mitra, y la de defunciones á 
las oficinas del registro civil. , , ; 



53 



NOTICIA DE LOS NACIDOS 

EN IM aNOS fiOt A XtMIKMlf.''. 



■Hi * 



PARBO<eüIAS. 



San José 

Santa V^racroz. 

La I%Ma .... i ....... . 

San AatoDio de le» Huertas. . 

Salto del Agua 

Santa Ana. 

Santa María 

San Sebastian > 

San Pablo 

Sagrario .............. 

Santa Cruz y Soledad 

Santa Cruz Acatlaú , 

San Migud 

Santa Catarina 



1867. 



1868. 
TttaL 



6Y3 
\ 80S 

m 

481 
273 
413 
454 
656 
4,513 
816 
74 
49t 
753 



692 
789 
190 

m 

472 
339 
422 
474 
1658 
1,489 
665 
84 
366 
789 



JOfdM 



7,674 ^ 7,798 



¿M. il l>! ,< t 



1,^ 
m 

953 

612 

835 

928 

1,314 

3,002 

1,681 

158 

857 

1,542 



15,472 



No teaiendo más dato oficial respecto de 
defoDcíones tfíb el relativo á 1668, nos serviré- 
mos úbicámente del dato respectivo de nacidos 
para sa conaparadon: 

Nacieron en 1868 7,798 

MurieroD 6,293 



Aumentó la población 1,S05 

• El aumento obtenido por medio del cálculo 
en el último periodo indicado, 1850 á 1870, se 



53 

Q^6.udQiti:;a pr^mimeote conforoiie coa el qae 
am>i%Q loa diktos.dfi qAoiúoieiitQ de pobladoQ.eflt 
18^. ári86$, £1% ento seauUa de una iiiaQdi9> 

• 

comprobada, hasta donde es posible la compiOH 
)^i(m eikootfekM sujetas 4 oálcnÜQ, que la pobla- 
Qiea d» k "fiflipiial^^ dift^4,0Q0. La relaaton dd> 
Q«8 $or «^1»^ <]nei Jba^ tetmdo de basa paca ei 
etíi¿k, 9d;ira£k«re loúMmoata «I rtfeñdo oeaao» 
«p tarifa'' en. oi^eRta. oí la poblaeioo antba-* 
laüt^ ,QÍ.lli0„«iükúi&, oí loa ex^ojeros. Estos 

ti«mpe k pobM» de k candad de M^iioo, y 
nQ:$eiíaMiyei).^ml«, por tanto, darle mi a^mo 
piffd iWipixs. k máaos de 91^,000 altaaa, 

^ Ueeipa d^.k iixteinresjáóii m preteor 
dio formar .el'ipidroQ de k ciudad, y w ?e-, 
«litado a|)éQAls clb^'ó' k nweo» de su» habltao^tes 

nuestro $útei)94 de empadrcóiamtQftto, defec^ 
twso ppT'jí*» f»rt^. y las ooulta^pOies per k 
otra, bac^ pre^iiii^u'- c(m f^odaoieitto, que aerea 
de k mitad de^ia pobkclqa qoeda fue^a deJL pa- 
drón, y pmoho m^ ea ujcta épqoa ta» ; delirad» 
y pel^roaa «cvdaq k del tíeo^po ó- que ote tefi^ro. 
JEÜ empadrenanúeato 9mi«lUueQ, k prvdenold 
y; aptitucf por parte de Im émpacboeadore^i y k 
t>aeQa djspo^ios <ib loa habitantes f>ai:a cumplir 
«on la ley relativa ú asunto, son círoanajtanoiMt 



54 

indispensables para lograr un censo perfecto; 
pero tengo la íntima conviecion de que tales re- 
quisitos no se lleni^on en aquel tan interesairté 
trabajo. : 

Los anteriores cálculos^ ejecutados bou él fin 
dé investigar el grado deúeíaolitud que mcuiezfian 
los datos remitidos al Ministerio de Goberíi&oion^ 
demuestran la lentitud coñ^e knarchá á su ore- 
cimiento la población. Según el Dr.^ Moira^ ésta 
debería duplicarse en di trascurso ^ diez y ocho 
afios> y según el barón de Humboldt en diez y 
nueve afios^ si no etístiesen oi^taís causas \t>er- 
turbadoras. Conforme á estas asereionesy la Re- 
pública bebería contar por lo menos 1^4^000^000 
de habitantes^ y la capital d&2)Q0(^;\Wménáé en 
consideracioa su pobladon en 1^50. 

Las enfermedades reinantes de k 6apitaÍ> de 
las cuales la pulmonía ocupa el primer lugar^ á 
consecuencia de la elevación del suelo^ los aires 
nortes, reinantes y su inconstante temperatura^ 
pueden sefialarse como cau^a principal del pro- 
greso lent<> de la población;; pero es preciso 
apuntarlas verdaderas causas de insalubridad 
de México^ para no atribuirla como muchos pre- 
tenden^ á- su propia naturaleza. Mi opinión á 
este respecto es dinmetralmente opuesta; porque 
en efecto^ ¿qué medidas se han tomado alguna 
vez para mejorar las condiciones higiénicas de 



55 

la ciudad? ¿No vemos diariajpente remover el 
cieno de inmundas atarjeas^ impregnando el airQ 
de miasmas nocivos¿, ¿Se han dictado providen- 
cias para la convj^nientejnhumacion de los cada* 
verea? 

£n Iqs pau^pnes^ en lugar de la fragancia de 
las floiBs^ solamente se* respiran, y muy parti- 
cularcpiente en Santa Paula, miasmas deletéreos 
que son tan desagradables al olfato como nocivos 
y peligrosos para la vida: la pésima costumbre 
de la inhumación en nichos, la situación de los 
pmciteones en los Jugares en que reinan los aires, y 
h: de lo? hospitales en el centro de la población; 
Iqs inmundos muladares que la rodean, y las 
demás circunstancias indicadas, son causas sufí- 
cJentQs para hacer insalubre el lugar más favore- 
cido por la naturaleza. Si todas estas circunstan- 
4á4s existiesen reunidas á la vez como en nuestro 
l^íéíieo, eu: cualquier otro, lugar de la tierra, pre^ 
Cjt3.o.es CQja venir que seria inhabitable.^ 

Si, conqo lo espero, las autoridades, en cumpli- 
miento de un deber sagrado, fijan su atención en 
tan delicado asunto y dictan las medidas propias 
á remediar los expresados males, disminuirán las 
enfermedades que hoy in[ipiden el aumento na- 
twjd de la población, ó por lo ipénos se presen- 
tarán con mayor benignidad. La Cffusa de tales 
males, repito, no está en la naturaleza, sino 



/ 



56 

más bien en la apatía^ en la indifereaoia ó en el 
egoísmo. 

En las poblaciones^ y miíy particularmente en 
las ciudades populosas como la nuestra, debe píxy- 
curarse antes que el embellecimiento, un buen 
arreglo de policía en todos sus ramos: lu pobla- 
ciones que disfrutan de esos beneficios, insensi- 
blemente progresan y se embellecen cómo una 
consecuencia del bienestar. 

En tal virtud, y aunque parezca repetir mis 
conceptos, debo manifestar qué si se quiere dar 
la mayor salubridad á México, es preciso modi- 
fícar las condiciones higiénicas, que en la actaa- 
lidad no pueden ser peores, para lo cual debe 
.atenderse de toda preferencia: 

1 .^ Al desagüe directo y canalización del valle 
de México. 

2.^ Procurar el mejoramiento de la clase me- 
nesterosa, tanto en sus habitaciones que hoy 
son húmedas y malsanas, como en sus alimea^ 
tos, que en la actualidad ni son variados ni nu- 
tritivos, ni los que corresponden á sus penosas 
ocupaciones. 

3.*^ Cegar las innumerables acequias qué son 
otros tantos focos dé corrupción. " 

4.^ Desecar los pantanos^qué rodean la ciudad. 

5 .® Destruir lois inmundos muladares que exí^ 
ten en los suburbios y sustituirlos con arboledas. 



67 

6.^ Retirar los hospitales del centro^ colocar 
los panteones fuera de los Sire^ reinantes^ y adop- 
tar otro sistepa de inhumación. 

7 .^ Dar vida & los barrios que perecen por falta 
de agua. 

8.^ Perfeccionar el sistema de Hmpíeza de 
la& atarjeas. 

9.^ Llevar adebnte la disposición relativa á 
la coüstrücdon deinodores en las casas m cuyos 
calles hay atarjeas; y hacer desaparecer cnanto 
áfites los intaundos carros nocturnos que transí*- 
ian aun por lais mejores calles de lá ciudad con 
detrimenta dsi buen nombre de ésta. 

10.^ Fimtur árboles en todas las calles anchas 
de una manera conveniente^ y norsobre las ace^ 
ras y á corta distancia un árbol de otro^ como 
ya se ha térifícado^ pues credendo su foMá|e y 
entrelazábdose, impiden la Ubre circulación: del 
air&ytte4os rayos del sol^ conservando en la su* 
pel^cie del suelo la humedad^ circunstancias que 
perjudican la salubridad. 

11.^ Sustituir las ca&érlas de pbma por cafie- 
rías da fierro. 

Conoztso suficíeotemonta que todas estas om^ 
joras demandan tiempo y diaero y;Qo aen fáciles 
de llevar á cabo desde di momento j pero debeei 
emprenderle^ pues á medida que adelanten iré^ 
mos obteniendo sus beneficios. 



58 

Me he extendido demasiado respeeto de la po* 
blacion de México^ porqué eonodendo sos males 
he deseado indicar sus remedios; pero ana yez 
conseguido el intento^ seguiré tratando déla po* 
blacion en general. 

Para demostrar que la de la República marcha 
¿ su crecimiento con una lentitud que entnstece> 
bastará comparar la que hoy se consigna en estas 
noticias y la que debería tener si progresara de 
una manera regalar. Para obtenw eaíbd último 
dato fijémcmosi en el censo del hvtw de Hom- 
bóldt de 1825^ deduciendo k pvto ijofi con^esr 
pende á los antiguos Departamentos de Tejas^ 
NneYo*México y AltarGalifomia^ que hpy perte- 
necen á la Union norteamericana, , 

Censo del barón de Homboldt. 7.000,000 
. Territorio, perdido 118,000 



■>r 



Resta 6.882,000 

I 

« 

En el Boletín de la Sociedad dé G(H>gra{ia^ to- 
mo I^ página 13^ se dice: « Por la observación más 
es(»*upulosa del movimiento déla población en di- 
ferentes quinquenios^ se ve Jorobado en \bs Tabla$ 
ffeográficq-políticas, que el aumento de nues- 
tra población eu afios ben%no8 corresponde á imo 
cuatro quintos por ciento. 2> De suerte qué según 



59 

esta relación, la RépúbUca en 1870 debería te- 
' nei:12.81&,430. habitantes. 

Población degun esto cálculo. 12.816^420 
Población actual de la Repú* 
. ilica. . , • • . ..... . . 8.84Sji7S9! 



•rttaa 



íiaereacia. ...... 3^970,661 



i. 



■ I 



En qiie puede estimarse la perada que ha su* 
feido la poblacicm de la República^, á aonisecuencia 
de las guerras dijtfles> la de los americanos y la de 
la intervención^ las invasiones del-eóiera^ etc. • 
-Los datos estádístícos^ por impeorfectos que 
hayan sido> han^dadoi&erza y: valor á la opínidn^ 
*qüe para mi és un hecho^ de que la raza indígena 
se debilita y decrece ^á la vez que se vigoriza y 
progresa la raza Uanóa. Este bec¿o está en per^ 
feeto acuordo con las leyes de la naturaleza; el mal 
de la raza indígena existe^ para su decreciaüento^ 
en" sus propias costumlxres^ en las condÍGiones hi- 
giénicas de su modo de vivir; Una miserable choza 
sirve di3 habitación á una numerosa famiUa/y en 
ella hacinados verdaderamente sus moradores no 
pueden ffiénos que 'respirar un a|re inifiñonado^ 
siendo ademas-sus/álímentos esK^ásos y póeüñu-^ 
tritivoS) á la vez que penosas y fuertes sus cuo- 
tidianas ocupaciones, i Lástima causan esos desr^ 



60 

graciados indígenas^ qoe sin distiacioa denxo ai 
edad se ven en las avenid» de U pobb^Oa j j ago« 
biados bajo el peso de fardos enormes^ regresar 
¿ sus pueblos con el mezquino prtcio de Sú» mer- 
cancías. 

Sioonsideramos al indio desde que nace> y aun 
antes de nacer^ no vemos otra cosa que una serie 
de miseria y de abyección. Las indias^ aun en la 
época de su mayor embarazo^ no abandonan sus 
penosas f«enaa/ y sin oui^o por el gár que «a su 
vientre vive, se oeiupan en k molienda del vatín 
y fabricación detartillM, ooupiietQnw ^ IMI 
puedm menos que ser muy nocivas i It genén^ 
eion. Aun no pasada la edad de la laotiln(áa» se 
cria el nifto con tortillas^ frutas y otros atimeotM 
impropios de sus facultades digestivas/ ocasión 
jiando 4 los niflo» con tal imprudencia ditrreM 
y otras ei^nüedades qua los conducen ai wj^xsir 
oro, ó nuando menos se crian débiles y eeiérmi^ 
70S. Las Tíraelaa, ¿ conaeeuenoia del abandono 
& indiferencia da los padres respecto de U vfK 
cuna, eáusMi lamentables estragoSj. áeado esi 
enfermedad de las más peroicioáM en la líasia m* 
dígena;. 

Laiitttíffiía que. poseo del moviaiento de la 
pablaiaionea ^ pueblo de Ixtaaahso> y la Quid 
revela, á juzgar por los datos, que el re^^a^eo 
dvll no ha extendido su dominio á dicho pueblo. 



6i 

corrobora la opinión deldeoredniiento de la raza^ 
debido particralarmente á la mortalidad do loi 
párvulos • 

Bo 1866 nacidroa. . ;• . . . id^S 
,, mbiwoQ. . . . . .100 



Diferencia en ^Atta. . ^ . . « 2$ 



i 



Fí^mmndo en la oot^rtandad 140 ptovulos, 
tSnel afioile iB&d; a^n enando resoka por la 
ootnparaeidn dolos datos un attinento á la pobla« 
don de S9: individuos^ los párvulos representan 
ea la mortandad la cifra dO .65y por 34 ios 
adultos, - 

pn lie¿ho debellaixiar miidbio nues&a atenoionjt 
poique prueba qtie la diaigtadaoion de la raza no 
está en stí propia naturaleza siaoon las eóistumbres 
de siis indivicbois. Las indias <fo los pueblos cer- 
eanps á: las cáptales^ empleándoée en las casas 
partí culaiFes como nodrizas» crian nifios sanos, j 
robustos^ porque en su nuevo empleo mejoran 
de nondioion por iri aseo á que se les obliga^ pot la 
buena alonéntadion^ y: en fin, por él total eaua» 
yo do sQB^xindidoiDieis higiénicas • Pero esta dais- 
soaeircunstanbia^üaitialmu^ grave para la 
tata: guiadas las mujeres por el intteés díe gan» 
mejor sueldo^ abandonan sus propios hijos á los 



62 

cuidados mercenarios de -otras mujeres^ como si 
fuera posible sustituir el amor y cuidados de una 
madre. 

Otra de las razones que á mi modo de ver causa 
la degeneración de la raza indígena^ es la de los 
matrimonios que se efeétú^n de una manera ín- 
convenrente y prematura. La edad nubil de la 
mujer eñ nuestro país^ médicamente considerada^ 
es á los diez y ocho afios^ y en la tierra caliente 
á los catorce; pero entre el aserto de la medioina 
y su consecuencia^ media' u¿a enorme distancia 
según mi humilde concepto» Respecto .délos 
indios sé nota con frecuencia la maíon entre una 
mujer que apenas ha llegado á la edad^ de sudes- 
arrollo y un hombre de cuarenta ó más afiosi eh<- 
teramente desarrollado y robustecido:: la iuijer^ 
en consecuencia^ se deitñlita y enferma^ y losiuíto^ 
que de ella nacen son débiles y raquítfeos: ^ > > 

Si á estas cdusaé^ que "tan poderosamente obran 
en el decrecimiento db la raza itidígenay se agre- 
ga la sensible diminución que ha sufrido á con-^ 
secuencia de nuestras guerras civiles^ pues larasa 
indígena constituye en su mayor parte el ejérci1«it> 
se verá con'oborada la verdad de mi aserto. :' 

¿Cómo destruir tantas' y tan póderosaa^oafüsas 
que conspiran al aniquilamiento de la raza indl'^ 
gena? El único medio es el de cambiarles las 
condiciones moral é higiénica dé su yida/.ilus- 



63 

trándoles y criándolQs necesidades de que total- 
mente oarecea. ¿Perú el paüácter del indio se ha 
prestado, se presta ó sé: prestará á^tál remedio? 
Muy Midki'^i píerQ'^aiQ jQQQ^bre de la homanidad 
debe, iuteatarsej y eá todo caso existe ¿otra reme- 
dío.radicaLparamás tarde: la< inmigrAQion, .7 
Qomo icansecimda de é^ieLcrazamiento. de la 

'raza. .- "h:-^".' '.A^ ..:./■ :■■' i-.-' ?'f\ -.• 

Ei^diando dliearáeter/uao&--ytoostumbres! dé 
ks disiintas'tFÍhtta4^e balátan U Repüblioa Mexi^ 
cana, se obserra^que nd todas se encuentran en . 
ks mismas, cinmnstancías respecto de su condin 
¿ion, dobilídady eiTÍlizacien. &i unas, como las 
que constituyen los comanches, apachas y séris 
en nuestras fronteras> la barbarie se halla eatóda 
su plenitud: la perfidia, la traición y la crueldad 
son las circunstancias esenciales de su carácter; 
ellos son princ^almente los que impiden el des- 
arrollo de les ricos elementos de nuestros Esta- 
dos fronterizos y los que hafti diezmada la por- 
blacion de aquelks extensas * comarcas, sin que 
hayan! bastado . á . réducislos la pa; y protección 
eon que se les há brindado por nuestros gobier- 
nos' y por, el gobi^no colonial. 

Pero* 310 si&mpue la justicia y la razón han es- . 
tado departe de la raza blanca/ según lo demues- 
tran las siguientes líneas. '':; 

En el siglo pasado tas compañías presidíales 



64 

del Altar y Horcasitas^ después de la tenaz per- 
secución que empreadieron contra los seris, lo^ 
graron establ^er con algunos de «Uos, pue- 
blos com6 el de Seris^ cetca é^ Hermosillo^ y 
pacificar el resto de la tribu; pero esa paz fué 
efimera y de poca duración^ pues de nuevo sa 
sublevaron^ destituyendo haciradas y ranchos^ y 
desde entonces han continuado siendo el a^ote 
áb los caminantes^ principalmente en el trayecto 
de Hermosilio á fíuaymas Diohosaiiiente para 
la humanidad se ha reducido mucho su uúme^ 
TO, y apenas cuenta hoy imoa quinientos indi'- 
viduos^ de más da dos mil que eran á fines del 
siglo pasado. 

Los demás indios de Sonora^ tales como los 
yaquis^ máyos^ pápagos/ ópatas^ etc.^ hombres 
fuertes y bien constituidos^ laboriosos y de carác^ 
ter dócil^ son otras tantas razas útiles y vigoro^ 
sas^ de las cuales las autoridades del Estado no han 
sabido, sacar el ventajoso partido de qwson sus** 
ceptibles. Las feraces campiñas que forman las 
vegas de los ^os Yaqui y Mayó^ y la bella ca^ 
nada de Ures/ ponen de manifiestoconsuspro* 
ducbiones^ la laboriosidad de los indias^ ast eooH) 
los condeptos vertidos en las siguientes lineas;qae 
inserto, dan á conocer la conducta seguida por 
el gobierno del Estado. : 

En 1825 se dio por las autoridades de Sonora 



65 

una disposidon que ordenaba la mensura y va- 
lilo de las fíneas pertenecientes á los pueblos 
del Estado^ y tenia por objeto el arreglo de las 
contribuciones,- Los pueblos dd Yaqui represen- 
taronalgefe político^ por medio de una comisión, 
contra la tal providencia, 'pidiendo su Bovocacion, 
apoyándose en razones más ó menos bien funda- 
das, pero que á la autoridad correspondia es- 
cuchar. 

En aquellos, momentos un ; gefé militar recien 
UegadO' al Estado, mandó una fuerza dé doscien- 
tos hombres para reducir á prisión á/los. autores 
de la reíffesentacion, y esta proYidencia dio orí- 
gen á la sublevación de los indios.. El gefedela 
fuerza cumplió la orden, y al set atacado por los 
indios, dio lEiuerte á sus prisioneros, incitando á 
sus contrarios, con ial proceder, á vengarse de 
sus enemigos. ^ . 

Tal fué el principio de la guerra de los pueblos 
del Yaqui y del Mayo en 825, y que por espacio 
de tr^ afios sosUivieron las fuerzas que al mando i 
del coronel Paredes salieron de Guadalajara. Des* 
pojados los indios de. sus propiedades y teniendo 
que luchar con enemigos que les hacian ún guer- 
ra sin cuartel, oohtinuaroa haciendo uso del de- 
recho, de represalia, contribnyendo á la ruina 
del Estado, hasta que en 1828 se hizo con ellos 
la paz;^ que tampoco fué de larga duración, pues- 

GarcU-Gubas.— 6 



\ 



66 

to que en diyersas épocas, ya por la imprudeoeía 
de algunos gobemaotes ó por naestras cc»itíeiL* 
das dviles^ Sonora ha sido el teatro de coatinuas 
reToludones que lo han arnñnada. 

La conducta observada respecto de esos indios^ 
susceptibles de adquirif el mayor girado de cm- 
tizacion y que por las bellas drcuiistaneías qua» 
los caracterizan formarían una parte muy üoper* 
tante de la población mexicana, ya como Talero- 
sos y fuertes soldados, ya como diestros agsicul* 
tores y mineros, ba sido las rnáaveceain^rodeii^ 
te. Si los indios, en el (»is5 citado, representarea 
haciendo uso de uno de los más bellos derechos 
del ciudadano, y no opusieron Tiva raristenda al 
avaMo de sus solares, la prudencia eidgia de las 
autoridades haber tomado otro caoii&o que el de 
h guerra: en éstas residía d poder y la cíyíIí^si- 
cion, mientras en los pobres indio» la debilidad 
y la ignorancia. ¿Podria esperarse que esa raza 
conquistada en otro tíempo> fuera tratada por los 
libertadores de otra manera que la trataba la 
raza conquistadora? 

Entre las demás tribus indígenas debo dtar, 
como Qcds numerosa, la familia mexioana que se 
actiende en ios Estados de Sinaloa, Jalisco, Mé- 
xico, Qaerétaro, Guanajuato, Hidalgo, Puebla, 
YeracFuz, Guerrero y Oaxaca. Estos indios, dea* 
cendientes de los antiguos mexicanos, no todos 



J 



67 

han consenso la pureza de sa raza, de sus cos- 
tumbres y de su idioma: los que habitan los lu- 
gciresr pró»a¥)s á las ca{4t;ales^ sou los más de- 
geaeradog; 30a los^ ánimos que^ su^jios y atidra- 
]o»w, vwQfi^^cm su&oi^<oa]icías ea las calles de 
l£éskO| ebvios hsi más veoes y parti9ularmeiite 
lag in4ia3> Loa habitantes de la$ sierras y las 
costas^ oocQO h» huAuohifQangos^ totonacos,: eto.,^ 
son, por el contrario, ^^eados, c(mservan mágf 
puras sus cQBtumbree' y su idioipa, tienen ver- 
dadera repugnancia ai robo, y todos se dedican 
al principal r«mio de la riqueza pública, la agri- 
cultui^a. laa indias no solamente son aseadas, 
3ÍQ0 que aun puedo decir, relativamente hablan** 
do, elegantesj, pues cuidan de su tocado, tejien- 
do sus trenzas con cintas de colores, y ostentan 
en dmhomhvo^éí^quich^ufimelj primorosamen- 
te hondado con estambres y sedas asimismo de 
colores. Par otea parta, el carácter dóeü y res- 
petuoi90 dé estos in^^a fadllta los n^edios de 
ilustrarles, creando verdaderos ciudadanos que 
hoy sokmttita lo son por el nombre que nues- 
tras, leyes les ototgao. Los huauchinangos se 
dedíoani á oohiiFar, en las laceras de las monta- 
fias, la cafia do azúcar, de la cual extraen el 
aguardiente j fobriean páctela. iCuántas venta- 
jas obt^idna la República cm la ensjefianzaé 
ilustración dá esos indios y con la colonización 



68 

de los extensos y feraces terrenos, casi despobla- 
dos, que aquellos poseen! 

La raza yucatecá, raza belicosa y crecida^ ha 
causado muchos males á la República. Pocas ve- 
ces en paz y casi siempre en una gnei^iu desas- 
trosa, ha arruinado la península de Yucatán, ^e 
por su posición geográfica y sus ricos elementos 
debería ocupar un alto rango entre loa Estados 
de la confederación mexicana. 
' Muy curiosas é interesantes son las noticias que 
acerca de esta raza consigna el Sr. D: Santiago 
Méndez en su Memoria presentada al Ministerio 
de Fomento en 24 de Octubre de 1861. (Véase 
el Boletin de la Sociedad Mexicana dé Geografia 
y Estadística, segunda época, tomo segundo, pá- 
gina 374.) 

Después de haber tratado aderen de algunas 
razas que habitan la parte central de la Repúbli- 
ca, las ncrticias que poseo nie permiten exten- 
der estos apuntes á los indígenas de Tabasco y 
Chiapas. 

Las costumbres; usos é inclinacianes, en ge- 
neral, de todos estos indios, no revelan cierta- 
mente una esperanza para el mejoramiento de 
su raza y utilidad de la nación. Muy delicada^es 
la tarea que me he im^püesto, pues no ^tan 
personas que atribuyen á falt|i de patridüamo el 
hablar con toda franqueza respecto de los defec- 



69 

tos .de nuestra población; pero yo veo que la na- 
ción no inarcha á. su engrandecimiento con la 
rapidez que. desean las autoridades y la parte 
progresiva de ella,. y es preciso estudiar y seña- 
lar, sus males. No quiero que los conceptos ver- 
tidos en estas líneas aparezcan como imputacio- 
nes nacidas de mi imaginación, y por tal motivo 
me apresuro á manifestar que tales conceptos 
constan en los documentos oficúdes que obran 
en wx poder. 

Los indígenas de los pueblos del partido de 
Jalpa, y lo: mismo puede decirse en general de 
los demás indios de Tabasco, á pesar de su do^ 
cuidad, prefieren la vida salvaje en las montañas 
á las ventajas de la sociedad, si. por este medio 
pueden eluitír toda carga concejil. Solamente en 
sus festividades religiosas se les ve reunidos, y 
en tales circunstancias se entregan de tal mane^ 
ra á la embriaguez y á. la glotonería, que con- 
traen graves; enfermedades, anticipándose las 
más veces la muerte. Con pocas excepciones, 
viven continuamente en la vagancia, y propagan 
:Su especie sin respetar ningún grado de paren- 
tesco. Pretenden curar sus enfermedades con 
raíces y plantas nocivas á la salud, ocasionando la 
muerte particularmente á los niños. Tal vez todas 
estas circunstancias son la cau^a de que muy po- 
cos individuos lleguen á la edad de 50 años. 



70 

Los indígenas que habitan las márgenes de los 
rios Üsumacinta y tributarios, son, en su mayoí 
parte, oriundos de Yucatán,, y como todos los de 
su especie, oray afectos á la embriaguez. Los in* 
dios de Tenozique, hace unos cuarenta años eran 
suinamente honrados y probos; pero su xinion 
con los petenes y emigrados de Yucatán introdu* 
jo en ellos la desmoralízadon. 

Estos y otros defectos, aunque con algunas «x- 
cepciones, reveíanlos documentos respecto -de los 
indígenas del distrito de Gomrítan, del Estadd de 
CJhiapas, y los cuales, por eritar repetiteíones y h& 
hacer iíaútihnente más extenso este «rtícolo, me 
abstengo de extractar. 

Las anteriones líneas manifiestan la débadencia 
y degeneración en general de la raza indígena, y 
los pocos elementos dé vitalidad y vigor que ofre- 
ce para el progreso de la Reptiblica: las minias 
costumbres, el mismo carácter reservado y des- 
confiado que tenia el indio en tiempo del gobier- 
no colonial, ha seguido manifestando bajo las 
leyes protectoras de la ítepüblica, t[üte le otorgan 
justamente el título de ciudadano; pero, como 
antes he tñanif estado, no soy de los que deses- 
peran de su civilización, y oreo que el medio tíAñ 
eficaz para lograrla consiste en el cruzamiento de 
la rara por medio de la eofonízacion. 

Este seguro remedio para contener los innu- 



71 

mer&btes males que impiden d progreso Báttiral 
de la &aoioB^ no se lia logrado^ porqne^ pam mi, 
no han existido leyes proteetoras^ fmidadas eta 
la previsión, que den garantías y proporeicíiien 
trabajo álos colonos; que determinen el deslin- 
de de los inmensos terrenos baldíos que posee la 
nación, y su estudio respecto de la climatología, 
geología y producciones; y en fiu, que ordenen 
la manera conveniente de hacer productivos to- 
dos los terrenos del país, ya sea por la enajena- 
ción ó por el arrendamiento de los terrenos que 
no pueden ser cultivados por sus poseedores. 
Nuestros propios elementos, según se ha tratado 
de demostrar en este artículo, por heterogéneos 
y por escasos, no bastan para llevar á la nación 
por el sendero de su engrandecimiento. La co- 
lonización, y en mi concepto solamente ella, es 
el remedia radical de nuestros males. 

Si existiesen leyes como las á que me refiero, 
la nación vería á estas horas llegar sin interrup- 
ción colonos europeos á sus costas, atraídos por 
el brillante porvenir que nuestro fértil suelo con 
su hermoso clima ofrece al hombre • laborioso 
y emprendedor; veríamos aumentar diariamen- 
te nuestra población, á la par que la de los 
Estados -Unidos, del Brasil y Buenos -Aires, en 
donde la inmigración europea es un elemento 
de prosperidad. 



72 



A la autoridad toca fijar de una manera deci* 
dída su atención en este asunto, porque interesa 
al porvenir de la República. 

México, Mayo l.^de 1870, 



»■» 



lUPR^ONES OG UN VIAJE 



LA SIERRA DE HÜAÜCHÍNANGO. 



A HIQUERIJK) AXIGO IGNACIO X. ALTAHIRANO. 



• Existen en la República Mexicana lugares muy 
notables y dignos de un estudio especial^ ya sea 
que se les considere como sitios en donde la na-- 
tur&leza se manifiesta pródiga y rica^ ya sea que 
se les^estudie con respecto á la importancia de la 
población quie contienen. Uno de esos lugares es^ 
sin duda^ la parte N. del Estado de Puebla, ocu- 
pado por la Sierra dé Huauchinango. Aquellas 
montañas elevadas y cubiertas de una exuberan- 
te yegetacion; aquellos ríos que en tiempo de 
Crecientes corren ccin impetuosidad, ora abrién- 
dose paso por entre los riscos que se han despe- 






76 

Desde Huauchiñango el camino desciende 
hacia el rio Necaxa^ que más adelante forma el 
Teoolutla. Las montafias que á uno y atro^ lado 
del camino se encuentran, y la vigorosa vegeta- 
don, encubren los objetos distantes: la impetuosa 
corriente de las aguas, produce un ruido monó- 
tono, que á veces se aleja y á veces se escacha 
más cercano, según es la ñierza y dirección de 
las brisas: solamente esos ecos armoniosos de las 
selvas anuncian la proximidad de algún torrente* 
£1 viajero: no descubre el rio de Necaxa sino hasta 
el míomento casi en que toca con el pié la crista- 
lina linfa de su corriente. Indeciso delante de 
tantos primores reunidos ¿ la vez en aquel pin- 
toresco sitio, el viajero no sabe qué admirar án* 
tes, si las montafias que forman el valle, reves- 
tidas de una vegetación lozana, ó las. vegas del 
rio con sus plantas y flones; si la impetuosi- 
dad de la corriente que en su curso nada respeta, 
ó el atrevido y e^lto puente de bejuco^ que 
sirve allí de medio de comunicación. Este puente 
endeble, si bien de una forma graciosa, no es 
colgante como sé observa en otros lugares, y par- 
ticularmente en la América del Sur: es un gran 
aroo formado de troncos y ramas gruesas de ár- 
bol, ligados con bejucos; apóyanse en ambas már- 
genes del río las extremidades del arco, y dos 
árboles corpulentos las afirman; sus barandillas. 



77 

que alejan todo' temor de peligro, esttín forttia- 
das de ramas y bejucos entrelazados. Tasado el 
rio, el camino asciende de nuevo por el cerro de 
Necaxá; que es un importante punto fortificado: 
el rio por el Sur y QriénteTodea este cerro y al- 
gunas montañas máí elevadas que él, y preci- 
picios y desfiladeros ló limitan por Occidente y 
Norte: por esta parte son tan considerables los 
desfiladeros, que él rio, perdiendo su nivel, se 
precipita á una profundidad de más .de- 130 me- 
tros, y forma la bellísima cascada ó salto de Ne- 
caxa, que algunos conoceh con él noniíbre de 
Huauchinangb. En este sitio son mas notables 
los contrastes (jue el suelo de la República ofrece 
en otros muchos lagates. El rio Necaxa, después 
de' despeñarse en tan profunda barranca, se abre 
camino en el fondo de ella, por entré una vege- 
tación enteramente tropical, en tanto que en la 
elevada mesa, cuya base bafia el mismo rio, se 
cultivan las gramíneas propias de las regiones 
templadas. 

En la cumbre del Necaxa existe ubá fortifica- 
ción con almacenes y depósitos de agua, y en 
las montañas incbediatas hay caminos ^¿ubiertod; 
circunstancias todas qué convierten en nú lugar 
inex{]íugnable éfité ]punto f ortiiusadb; nada extraño 
es, por tanto, que la- historia de la intervención 
le consagre algunas páginas. 



w 

El cammose coaviarta aa un acodero abiei^^o 
m \w Viertes peodmtas de las Knonta&as. Bisela 
alii S6; comteiapla Qn toda su grandeza el facDoso 
salto de Necajca^ y ba aocideqtes j detalles d^ 
m suelo bello y feraji. El camino deS|de donde 
se observa la caacada^ es extraordinaríamente 
más elevado que el lugar en que el agua se j^q^ 
cipita para formarla. El observador puede cqu'^ 
templsu^ desde allí, la corriente del río antes der 
precipitarse en el abismo^ peider snnively desr 
penarse con grande estruendo;^ dividiendo sus 
aguas en tr^s ramales; seguir con la vista y con- 
tar las ondulaciones que éstas- forman en su 
caida^ y ver desprenderse de lo mas profundo 
de la barranca con un movimiento ascensional 
el agua en fpima da vapor^ que envuelve y d«sr 
cubre alternativamwte como con una gasa el 
follaje de las plantas. Si se aparta la vista de 
aquel espeolb&eulo $orprendeJPíte> encuentra^ cual^ 
quiera que sea el punto á. que se dirija^ otros 
tan dignos de admiración^ porque en aquellos 
lugares reinar por completo la airmanla. de la na* 
turaleza; emánenciadcadi verticales^ ^ cuyo pié ba- 
ñan las ag^9Sj^ y m euyas eup^bfef^rse etsáenden 
fértiles praderasi; gi^ieias pirofundas> ^ vAUes en 
cuyo fondo caruaíta laSi la^uw^ ujias yaces tran- 
quilas, y otras en itopetnoaostorrentesj y en fin^ 
la vegetación tan abunddínte y espeja que apén«s 



7» 

deja entxeiec losi preioipicios. Algunas yeoea el 
Tíajero va farmarse ks; tempdstad^a bajo sus 
piést, exteoderse las nubes y ocultar como con 
UQ Teb ios piimores de la naturaleza^ coa los 
que está engalanada aquella cuenoa, prodigiosa, 
al n^OQO tiempo que sobre su cabeza se extiende 
lui cieki puro> Uoipidoi f oestmo . 

La seoáa» conduce al ameíno y piutor^dco pue*^ 
blo de Xiootapee^ que elevado sobre óoiinas^ en 
media de xm terveno Bg^a^mente ondulado y 
cercado de altas eminencias^ se le descubre des^ 
de el camino en una posición dominante y de 
las mas rtsuaQaá: ta& pronto la yiai» i^e fija en 
d contorno del pu(^b^ <|U6 se dibuja en su azul 
y diáfano cielo> tan pronto se recrea con aquellos 
lonoeríoscubiertos de césped de uuiveirde brillante^, 
y en los cuales serpea el agua efi cristalinos y 
delgadm hilos. 

De Xico el viajero prosigue su camino con* 
tínuamentd por un- terreno fragoso y siempre 
bello y hvBZj admicando uiias veces los< heléchos 
gigantescos que se agropau eiL bs oaftadas^ y la 
multitud de plantas y preciosas Abres que evi*- 
desitemente aun no ka clasfficadb elüaturalista^ 
y extasiándose otras con la presencia de aquellas 
enaiiíeucias que foroMuí el espinazo de la Sierra, 
con sus bases- sumergidas en la cristalina linfa 
de los rios y coai sus cumbres coronadas de nu- 



80 

bes^ que heridas por los rayos del sol poniente 
se tifien de los más vivos y variados colores. * 

El terreno desciende formando una pendiente 
rápida^ llamada Gnesta de San Marcos ó Cazones. 
Este rio se pasa en tiempo de lluvias por medio 
dé un aparato llamado por los indígenas puente 
de maroma. Consiste dicho aparato en una cuer- 
da tirante^ atada á dos árboles en una y otra 
margen del río; en la cuerda gira una polea y 
de esta pende una soga con la cual se asegura el 
viajero; otras dos cuerdas sirven para atraerla 
hacia las orillas del rio. 

Tan impetuoisas son en estos lugares las cor- 
rientes de los rios^ que no sin inminente ries- 
go pueden pasarse á nado; solamente los indí- 
genas por su mucha práctica desafian los peli- 
gros^ viéndoseles con la mayor destreza vencer 
la fuerte resistencia que el agua les opone. 

Pasando el rio de Jalapilla^ el terreno vuelve 
á elevarse de nuevo para descender después; y 
tan pronto se pasa por el pedregal que rodea al 
pueblito de San Pedro Patlacotla^ como se atra- 
viesa por desfiladeros^ ó se camina precisamente 
por el espinazo de los contrafuertes de la Sierra; 
tan pronto observa el viajero bajo sus pies un 
abismo^ como ve extenderse delante de si una cam- 
piña revestida de abundantes pastos. 

Al contemplar desde una de esas alturas domi- 



9t 

r I 

naQtesuut^r6n^€iii6xtremoácd(^itadc>jreiielqae 
k» eoojf mes ^etM j prdfoüdaa harcmcas se sHae^ 
dea CQQtiottAms&tefi k imaginadon^ Bdo&czM 
por d^ei^aJairííriQB «canos de la xtatuFalesa y k 
^6a ddioiKtad&mc) !i^e eidavittiá m/mL soeto^ en 
1^ Jittgai? de tan pxtraor^aria asspAiof&'y at^uáUn 
süciesi(H) tk éaúnesaaias qad4B6,estíeaddñ kasta^ 
liorizonto^ püel(kn.4S0fiDpataMiia^á ks aks^ éA 
Océano; ks trastornos del globd km ddmiíaTÜtk 
aquel su^o^ preaenti&iikdonas m ^ k ioaigea viva 
de un is^t altado pdr lorkaaa tempesladéb. 

La vegetaekn, á medida qjDt» el terreno deeh 
cienddy adc|[det^6 ooflyor y%ar y ksaúta: ks caoH 
po£l> ks adules y attn las míi^Eíasrroeas^ m en- 
bren de musgo^ de liqúenes y de lama^ brotaoido 
oü graciosas formas los heléchos y otras plantas 
parásitas ^ La YainiUa> k purga de Jakpa^ él caSá^ 
k ca&a de azúcar^ mil frutas y árbeks cdrpüleiL- 
tos entre cuyo follaje descuella^ medéodose^ k 
^elta pakua real^ tales sofl ké |>riQcipaki][iito- 
docaipüei de aquel suek privilegiado* 

Si.á k coci(teBtipk6Íon dé tantasí galas,: de tada 
espléndida aatuf ak^ se^ agrega ei canto del ar*- 
naonioso zensontli y el del festivo t^lsrin de la 
sAlva> coDa|pa&eros insepaiSabks del: viajero eo 
acimellas soledades; si ademá&de tantos primarea 
naturales se ye éste sorprendido por el salte audaz; 
de un cierto que por huir de su presencia salva 

Qargía-Gobas.— 7 



82 

no ^precipicio para detenerse después en airosa 
postura^ y fijar su mirada en aquelgne ha can- 
sado sns temores^ no pnede menos que sentir en 
su alma las más vivas y gratas emociones. 

La naturaleza de estos sitios caracteriza la de 
toda la República en general; y^ iñn embargo^ 
cuántos la niegan^ tal vez por Jiohab^ recorrido 
sino io3 lugares estériles^ como el Salado^ en ^1 
valle de México! 

En el gran desierto de Sahara^ ep medio de 
sus abrasadoresarenalas existen aquellos lugares 
fértiles y amenos que se llaman oasis; el suelo 
de nuestra República, al contraria; es en toda su 
extensión un oasisy con tal ó cual paraje estéril 
y desolado. 

Sí del examen de la naturaleza se pasa al de 
los pueblos qiie babitan tan pintorescas comar- 
cas, las impresione^ que el alma recibe son igual- 
mente gratas. 

Desde el pueblo de Acaxochitlan hasta el de 
Xico, es decir, en una extensión de 11 leguas, 
poco más ó menos, el país está habitado por in- 
dios huauchinangos, los cuales, en ini concepto^ 
constituyen una de las razas indígenas más ím- 
postant€)s. Los huauchinangos, descendiendo de 
los antiguos mexicanos, hablan el bello idioma 
de estos, y en algunos de ellos, he creído reco- 
nocer perfectamente caracterizado el tipo azteca, 



«3 



- segunde i nos pinta en las obras qne tratan de la 
historia «nligna de Mélico . - >. . v 

tof. indios : hüaaíehiDangos sotí: de mediana 
estatuff^^ inertes y en lo 8:enéral bien formados: 
largo,' negro y terso tieaeü el cabello, y morena 
la tez. Su aspecto, en atención al perfil del ros- 
tro, se distingue del do los démas indígen-as oo- 
Dotídosrwi el paísj. tanto cuanto se asemeja al 
de Ios-habitantes de algunas comarcas asiáticas; 
<3oa respecto á su traje, los huauchinangos 
todos lo usan idéntico, y se compone de unos 
calzones blancos y anchos, remangados casi siem- 
pre hastaJa; rodilla^ un ébton azul de género de 
kna, un pañuelo á inaii^ra- de corbata y el som- 
brero tejido de paltna-. Sencillos f moralizados 
en sus costumbres, si algún vicio tienen, es solo 
el de la embriaguez. 

P pueblo de Xico puede considerarse como 
un punto de la línea divisoria entro los tíiexica- 
nos y totonacos; desde este punto en adelante' 
ya se. observan ea loar habitantes algunos rasi'os 
que marcan la diferenbia entre ambas razas. ° 

Los. totonacos, más dóciles y de mejor caráé- 
terqu& los. mexicanos, de Xico en adelante 'ya 
presentan en la tez un color mas amarillento/lo 
que, en miconcepto, proviene de la influencia' de * 
la elevada temperatura en que viven, de la hu- 
medad áú suelo y de su proximidad á las costas 



84 

£1 traje se diferencia del de las huauchiaangoS; 
en el jubon^ cuyo tejido forma peipefioB ciíadros 
color de café y blancQfii> cbstlngüdéndose muy {lar- 
tlcularaiente par las pieles de anhnaleB que usao 
á manera de caipas: ya oais cerca de las costas el 
traje as todo de lienzo blaoco* 

Las iadiaa son extraordiaariaaiente dadia^ al 
^ea en sus cuerpos y trajea» Uceando ásecaatoa 
Imta hijosos algunas vatiaft. Una enagiaa estrecha 
llamada chmcue y pn ^títcA^t^em^íprimocosa- 
mente hordi^o de eataml^re y «edas de cobiee^ 
conatítayen el traje. No i&éqos airoso ee fi&pá^ 
na^do: entretejen aas negros y largos eaioéllM 
con ciatas d^ coleares» y tnfien én aegiitida ím 
cabezas coa sus bien tegid.as trenzas, á. m^era 
de corona. 

Se engafia todo aquel que. pr^etenda coi^er 
la raza indigeoa por los deaagfadableis tipos ;que 
se presientan en las callas de México 6: eo sus 
alrededores: la importaocia. ^ e^a raea^ su ver- 
dadero carácter^ au^ u4QSt y cQstuQabres> deten 
estudiarse en las fragüsjulades de lais sierras: allí 
es donde existen pueblos susceptibles de cítüíu- 
cion^ y alli mismo se pueden conocer los qsi^ soa 
inicapaces de adquirirla. La sieira. de HuaMbi- 
nan^ y la sierra alta die ^acualtipaa nos presenta^ 
pueblos de distíata caza y de di^eiso caráeter: 
losunos, desconfiados p^ro dóciles; bs átros^ des- 



85 

eonñados igualipente y además pérfidos. En tan 
(HHrta iextensiom de terreno se presentan doá pué^ 
bloB'de iúsiititos y c&raictéres diam^r^ltí^nte 
optaestós;^ cualidades que aun en sus respectivos 
idiottas ^sé revelan: dulee' v armonioso él uño. 
áspero y gutural el otro: tales son- los no^sicanod 
y otonbíes. 

Los haaudhiuingoB Be oeupan^én h iabrttnza^ 
en la pesca y en la cria de ganados> cultivan la 
cafia de azüoar en las pendientes de . las monta- 
fias^ y elab.oran panela y aguardiente. 

Afcontece muy á menudo que el viajero ge vea 
sorprendido* en medio 4^ su reposo por los in-. 
dígenas que acuden A felicitarle, tiüendo arpas 
y otros instrumentos/ con los que acompafian 
sus característieofi cantos, ó para ejecutar sus 
bailes pantomímicos. La música, unas v^cés lán- 
guida y triste y otras viva y alegre,, despierta y 
embarga la atención. Ejecutan sus bailes gra- 
ciosa y hábilmente: el Haás curioso y notable es 
él conocido con ei nombre del segador, ejecuta- 
do tinicaínetfte por Varones. El que dirige el 
bailé lleva en la mano una rSima Áéhojite, má-' 
yor que la de los demás, y coh ella indica las 
figuras que han de ir haciendo los danzantes. 
Golócanse estos simétricamente, y & Iíl primer 
seflal 6mpie2a;el baile: ora se les veejoeutar 
figuras computadas, siguiendo y mareando á 






86 

compás coa las plantas de los pies los soaidos 
de la música^ ora se les ve imitaF las evolucio- 
nes del segador: por último^ á la sefial dada por 
el director^ cambian repentinamente la figura^ 
de mapera que los que se encuentran diaoietral- 
mente opuestos^ se dirigen al encuentro uno dd 
otro^ dándose con el hombro como para impri- 
mir al cuerpo un movimí^ito giratorio y cam- 
biar de posición. 

Dase fin á la danza^ ejecutando la misma fi- 
gura que la cadena de nuestras cuadrillas, pero 
de una manera más graciosa, pues jamás aban- 
donan el compás de la música ni los movimien- 
tos con que imitan al segador. En algunos luga- 
res, al ejecutar estas últimas evoluciones, van 
entretejiendo los listones de diferentes colores 
que cada cual lleva en la mano, de lo que. re- 
sulta una vistosísima labor. 

En sus fiestas públicas, en sus simulacros de 
guerra, en sus juegos y aun en sus actos reli- 
giosos, estos indios conservan sus antiguas tra- 
diciones; mas un inveterado temor hacia las per- 
sonas civilizadas les comunica cierta reserva y 
desconfianza. 

Tales son, en compendio, los principales ca- 
raetéf es distintivos de ese pueblo -que habita uno 
de los más bellos lugares de la República. 



87 

¡Guán inmensas serían las ventajas que la na- 
ción pudiera obtener^ si se aprovechase de las 
extensas tierras baldías de las comarcas que he 
descritO; y si se procurase la instrucción de un 
pueblo tan susceptible de adquirir un alto grado 
de civilización! 

México, Noviembre 18 de 1871. 



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gSfiBRiS^BPAGICiGA. 



ATOTONILGO EL CHICÓ. 



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AL SE^OR ¿ON FELICIANO HERREROS BE TEJADA, EN TESTIMONip 

DE APRECIO. 



iCtján agrtbdable^ risue&o y piotoreséo esi «1 
lijgar ed qtte.aeaiienU el Mineral: (telG£i!Íc0lI^^ 
toppgra&á del. terreno y la T^tadcmipñoaaresal 
que alU se mamfíeBta etennaoiente^ i ofrecen al 
naturalista un eaiSopo vasto para sos estuidios* 

Atotoniko el Chico bb. encuentra Jk. tres lúgaw 
al Norte d^Pat^huca; y desde el. momento 4ía; 
que el viajero sale die este |mnto coa diréccioa «I 
prímctroi evxpm^ i eiperifo^mtarliau&'seDbaoióiai^ 
más agradables^ iío enste entra ambpsIngareS] 
noa Tía q«e memea vordadáramente él nombre 
á» camino, pnes solamente, un estredio s^ero 



90 

cruza por entre precipicios y desfiladeros que á 
cada paso infunden temores y sobresaltos aun al 
viajero más animoso, y que solo lo pintoresco del 
lugar puede inspirarle el valor necesario para 
proseguir en su anhelado viaje. Adelántase el 
sendero por la muy inclinada falda del cerro de 
la Magdalena; y si bien su ascenso es cada vez 
más peligroso, ofrece, en cambio, la oportunidad 
de poder admirar más libremente las gigantescas 
obras de la naturaleza. . < ; , 

El acompasado y lejano ruido de las máquinas 
de vapor, y el que prcwiuce el martilleo incesante 
de los morteros en las haciendas de beneficio; el 
sonido confuso causado por el choque de las ca- 
denas destinadas á las obras de desagüe; el re- 
chinar de los malacates, el estrépito del agua 
empleada como fuerza motriz, y el retumbante 
estruendo dé la pólvidra en las concavidades <kí 
bamínak, no producen, ciertamente, las bellas 
armonías de la música ni del canto de lals aves: 
mas aquel, eonjunto de sonidos Inam^iónicos , 
aquellas disonancias, hieren, sin embargo,- de 
una . manera. gt*ata eL oído del viajero, porque 
esos sonidos son k vo7 del trabajo, cuyos ecos, 
condücidos^TnBlbzmeate por el viento, pregonan 
por tadas' partes los triunfos dé la industria. 

Allí todo es movimiento: en los tdníebrc^ós an- 
tros' de la tierra, miles de trabajadores se afanan 



91 

par arrancar á ésta los tesoroÍ9 ([iie guarda en sus 
entrañas^ 'mientras qüé-ex^eriQrmente las máqui- 
na^ de rapor/ con el movimiQnto ccánpasadolde 
sus balancines, hieren con su varilla maestra la 
dura corteza, de la tierra para extraer el agua 
que, brotando á torrentes por los ^ vertideras, 
forma después arroyaos cristalinos: temie girar 
las poderosas ruedas hidráulicas con^uniforme 
moyimienta> eomdúÍGáadolo á los morteros y ar- 
rastras: grupos de acémilas en los. patios de las 
haciendas de beneficio recorren en círculo las tor<* 
tas minerales que cubren el suelo simétricamente: ' 
los pequeños carros que. conducen el metal, des- 
lizándose por una vía férrea> aparecen súbitamente 
por los. socavones de las minas; y por ultimo, \A 
misma naturaleza ^Bxwe que lucha contra la dios- 
truccion decretada por los, consumidores de lefia^ 
porque allí nnsmó, donde se ven derribados, y 
muchas veces inútilmente, herniosos y corpulen- 
tos árboles,: brotan los renuevo^, como si la 
naturaleza tratase de ensefiar al hombre un gran 
pribcipio económico, que por negligencia aban- 
dona. 

Poco más aUá:4el cerro de la Magdalena, el 
ruido que naoe en la industriosa población dePa- 
chucai llega al oído como un vago rumor que^ 
debilitándose imás y. línás, ^caba por extinguirse 
completamentei-^entónces el silencio de las solé- 



92 

dades, la quietud de las selvas^ se enseUorean 
de esos amenos logares; stlenoio y quietud que 
dolo son interrumpidos de toz en cuando por 
los golpes del hachar del leñador^ por el soplo 
impetuoso de los ^ntos^ ó por el fragor de las 
ten^pestades. 

IJ^sds el desfiladero de una gran eminencia, 
en: el fondo de una barranca^ iy rodeado de redu- 
cidas tierras de labor, descúbrese el pintoresco 
pcfóblo de Cerezo, cuyo conjunto, por la distan- 
cia, aparece como un paisaje en miniatura. 

En lo más fragoso de la sierra se encuentra 
un pequeño llano cubierto de césped y matizado 
de flores, como un rico tapiz que ha tendido allí 
k naturaleza. Ese llano de corta extensión y cer- 
cado de altas m6ntafla$, que Be conoce con el 
nombre* de ^Atbafdllay con su tei^de alfombra y 
susiühpidaB corrientes, incita al tiaj4ro á desa- 
sar <3e sus fatigas y áioitigar i^ md.^ A la derecha 
de éste pequeño Edén, se levanta ' majestuosa la 
cresta de lá sierra coii una forma ¿apriobotfa: 
parece que 1a i^ano de un hábil át^Uta ha <^olo* 
cado en la cumbre de la montafia las rocas qué 
la coronan,>C4m arreglo á las precisas reglas de 
la arquitectura. Una serie de ventatrai^ for)aiada$ 
porel hadnamiento natutal de la» rdcas, hace du- 
dar al pronto de (juó aquello sea obra dé la na- 
turaleza, á no revelarle la poca siinetría, que es 



93 

lo que coastituye esencialmeiite lo ^sübliine; eú 
las grandes obras de la naturaleza.; Ertaicimbbira 
se eoaooe ceo el novábvo^áeVentanas^delGkicú^: 

Bellos, majestaosos;, so&limes fi^presepatanlod 
variados paisajes (|iie por lojíks'. partes se dibujan 
ea él íím^o de un ci^o purísimo. Goioténiplasa 
ea pripifi^ lugar la sieiira da Paehuoa^ ^q sas 
eucobfes de £onzia3 capcidaiosas; el Zudiate, el 
Jacal ylc» Pelados ó^Naviy as/la Pefiadeli Águila^ 
kaPeflás colomdas, las Brujan y el AhBizD% las 
que cíieimdaa el Miaeiral dei MoBte; Los ¿aspes, 
\» Pefiá Alta y • otras ds meaoí* impostaneiaE;^ 
pero sobre todas descuella lia aglomeración, der 
peñas llamadas las Monjas, al S. 0. delGbieo/ 
y que aparecen ¿lo lejos como un grupo de es- 
tatuas. 

Al Noieste^^ tarmlnailido la sierra de Paolmoa, 
se extienden kallaiHiras de Atotánílco el 6raQde> 
lioiUadas.al: Norte por la gran- barranca de Met& 
l^aa, que és un prodigio de la naturaleza. Di^: 
hújase aquella barranea¿ en el témxnino de la lla^' 
mora, ^n (pe la vistapueda abarcar toda su Ion--: 
^tud^ y eit Tana se esfartaaria \& imagínádon por 
hallar la causar de aqu^a abra sorprendente. La' 
si«ra alta de Zacualtipana mas allá de la bar- 
ranca^ cierra el horizonte de tan bello paisaje . 

Las feraces camipi&as que^ se distinguen á lo 
léjos^ que con sm cimas llegan hasta la región 



94 

de las nubes; las vastas llanuras . que se dilatan 
perdiéndose en el horízonte^ todo desaparece ante 
el nuevo espectáculo que ofrecen las montanas 
de Actopan con sus gigantescos monolitos. 

Hacia el Occidente^ en medio de frondosas sel- 
vas, se extienden las campiñas de Actopan. Los 
cerros quapor el S. E. circundan ¿ esta pobla- 
ción, cubiertos de árboles y plantas, sustentan 
en suJGf/címas aquellas rocas colosales de pór&dO; 
aquellos monolitos, de los que algunos alcanzan 
á oien metros de elevación, y que aparecen como 
estatuas gigantescas ó como soberbios edificios, 
verdaderas .maravillas del arte ó de. la arqui- 
tectura. 

£1 aspecto que tales obras naturales presentan; 
varia con el lugar de observación elegido: desde 
el camino de México al Interior, se distinguen 
como un grupo de estatuas representando mon- 
jes en oración, motivo, por el cual se les da el, 
nombre de los Frailes. Cerca de Actopan, se 
vendara y distintamente los monolitos, irguiendo 
sus moles gigantescas y rasgando^con sus picos 
elevados las nnbes, que impelidas por los vientos 
llegan á cbocar contra sus masas . Más grandiosoí 
más sorprendente es el aspecto que presentan; 
observadas desde las llanuras y montaüas de Pa- 
chuca: uno de aquellos monolitos, y de los nás 
voluminosos, descuella dominando á los demás. 



95 

y otros dqs á los. lados de éste^ y en posición nlás 
avanzada^ y simótrica^ figuran la eúpnla y las dod 
t&tTÁÁ de oin templo cristiano . La ilusiones cóm-^ 
pletá: el viajero Uegia á creer po:^ un nciomento 
que viaja por Inglaterra, y que acercándoseá Lon- 
dres distingue ya próxima la famOM catedral^de 
San Pablo. i 

Yaiiado y de otro género es el paisaje <|ue se 
extiende por el Sur: llanuras interrumpidas por 
algunas sierras cuyos accidentes y detalles se 
dibujan perfeqtaméúte; lagos que báfian con sus 
aguas una gran extensión de terreno, y los cua-' 
les, vistos desde el declive de una montaflá al 
descender á la llanura^ producen la ilusión óptica 
de límpidos, espejos verticales; montafias gigan- 
tescas que por partes rodean esas campiñas, y que 
á medida que más se alejan aparecen medio 
Teladas por Ja bruma, asomando resplandecientes^ 
en el último término dpi paisaje las nevadas 
frentes del Popocatepetl y el Iztaccihüatl. tal se 
ve el pintoresco Valle de México.' ^ 
: Prosiguiendo la excursión por la sierra de 
Paehuása, interrumpida - por algunas horas, á 
causa dé la contemplación de los otros lugares 
descritos y de que no se puede prescindir, el ca- 
mino de Pachuca al Chico presenta sin interrup- 
ción objetos admirables: yfi son los accidentes 
de iaqüel fragosísimo suelo; ya la selva umbría 



96 

6QQ aus aves canoras de esmaltados plumajes; 
yai las rocda caprichosas que coioiían las^ cimas 
de los mrotites; ya el aspecto que ofreee A Mine- 
ral del Chico, qpie surg^ de pronto en el fcmdo de 
una ideÜciosa cafiada. 

Desde* el mometito eu que stt eomianaa-á des*^ 
cender por el fuerte declive de la moutafia^ se 
descubre el caderio diseminado eu un suelo fra- 
goso> h» hu^os y jardiuies que rodean las ba- 
hitaciónes^ y eu poáioion dominante el tempb 
de orden dórico^ coa su elevada, cúpula. Un lím- 
pido arioyo que va á unirse al rio áñlaa Ac^mr 
tas pasa serpenteando por la poblaciom y ponies* 
do en movimiento con el impulso de su cúrrieüts 
la maquinaria de 1» hacienda de San Cayetano. 
Laa montanas que circundan completamente \i 
población, se hallaU;^ en su totalidad, vestidas 
de una vegetación lozana, dominando entre bs 
plantas lo& oyameles, que, ebn sus gracLosais ce* 
pas de figura e6niea, se destacan unas de otras 
con cuanta simetría puede caber en las ofaris 
de la naturaleza, y se escalonan desde bu base i 
la cima de las montafias. Brqtan de las eminefi- 
cias raudales de agua, que en< su: caída cfaocsoí y 
saltan de peña en pe&a, f»:oduoiendb un sonidd 
armonioso, se abren paso al través, de un rko 
cortinaje de plantas y. de flores silvestres y fe^ 
cundizan la cafiada de San. Biego, sitio de los 



- j 



97 

más pintoirescDs^.ien donde la pi^díga.natuTal6za 
ostenta eternamente «n espléndido ropaje prima-; 
veraL Aillios j^aiiDles ewpulentos/c£ul sus Biidót 
sos tronoosi oíibiertD» jde lama ^ plantas pai'ásüas;^ 
él igtsi qneljugaaetea mnltipiicaiido sns corrien^ 
tes* paca esio^jdDaEs&jdespiies en su c^nce> acaód- 
ciando ooiD>>sn espúinosa linfa ia&exquiíñtasfior 
ro^épL un verde^^rade^ y las variadas a^esyima-i 
riposafiíiqud voélaifLde rama en fama yidie £bif eá 
flor^v4)<!nío foitibauá l)é^ conjnnto^ ioüágen.fiel 
del'paraisd peEdid¿^> que inmortalizó Milton con 

I Si por su bii¿9ff:^^ert& llega, ¿.^presenciar el 
mjer0< alguna da: aquellas ^esceo^as^ conmovido- 
TBSy im fvectíétit0¿' en áqubllós^ s^ios^ que tan 
faTorQblemeiitepi^idponen el alip^a para recibir 
gratas sensacióneís^ nace la jn^pii*adon y se desea 
el geínio del áttisfa tpara^ tr^i^^áar al lieifóo snilt 
impresiones^ & ei 'nütne& dé) jf^éta para cantar 
las mai^avillas dé^Ia' naturaleisa* Lá^iibaginadon 
más atrevida apénías pnéde lorjar ün cuadro ^^* 
mo ú q¿e tuve la^dícha:d% pvésénbiar^ y del que- 
me permitiré. haoer* un pálidd.bó^ejo; -/^c 
Era una ^édtíé dé' invieríio;ifii(y acerca ya la* 
época del plenilunio. ¿En un ^élo diáfano y se^ 
reno la luna ^erramabdr Ms-irlvidos fulgores por. 
toda aquella esplóddida/auttuidezá: el em^áo^y'^ 
movtmieáto de las cáícadasise halIal)«tinterF|im-i) 

García-Cubas.— 8 



98 

pidb por la congelación del agna; la oual^ herida 
peo* lof resplandores del aBtro^ sospeodií solure 
el alDÍsmo las yertas m|L8as de uta criatalee^ dser^ 
peaba por -Ids declives, de k» moñtafiai eomo ri* 
eos filones de plata virgen: IluBaÚ!iado«liiiteiPÍdr 
del templo; de sos 'veirtanas ^b deqioe&diani los 
rojizos ráyps de 1¿ iiuz artifiaial> eonkraslanddoon 
la falvnoff y apacible luz/ de la^rhina. El T^fiqíffi 
d& tea oampanas> cnyos W09 rqicltiaa tes naioditar 
ftaá^ Bnnooiaba mi acto rtíigiosa. J)n lefiéeto loa 
trabajadores de ias minas y a^^^vúiranifiios jaa* 
cíanos^ con cirios encendidos y entonaadn cinái« 
eos de alabanza^ salían del. templo eoneLi^áyor 
recogimiento^ precediendo i im saoonlote que 
conduela el iaígrado Viático. Síg»M»dQ la proce- 
san por Ua asperezas del s^eWi se detuvo ptkcos 
inatanti^ en i^n h^, cual si luiklttQra sido inte»- 
afa>nab¿elite dr «Ugido para presentar m toila sn 
majf^ad aquel evaldro conmovedor. 

En eBe momento la lana bahiallegado al punto 
n£t¿8 culminante da su carrera^ desprendiendo con 
OMiyor intensidadrsus rayoá luminosos. La tensa 
superficie de las:b^jas de los ¿r]i>ale$^ la linfa cri»* 
talizada de los cios> los inplidado^ tochos de las 
cj^s^ tes nQi(!Nitafia$ y elsUelo^.todo reflejaba la 
argentada luz dé aquel aatco^ y no se reían más 
sombcas que las que proyectaban las ptentas ó la 
que producía^ da una^anera indecisa^ el homo del 



99 

incienso y de las antorchas^ el que^ como las ple- 
garías de los hombres^ se elevaba al estrellado ñr- 
mamento. ¡Cuadro admirable^ lleno de belleza y 
de unción; poético y pintoresco para el artista^ 
sublime y arrobador para el creyente! 

Aquella ^procesión continuó su marcha para 
llevar los consuelos de la religión al moribundo^ 
y regresó al santuario. Algunos instantes después 
todo se hallaba sumergido en la más completa 
calma y silencio: solo el tiempo^ por el indefini- 
do sendero de los siglos^ y el esplendente astro 
de la noche por su camino sembrado de estre- 
llas^ prosiguieron cumpliendo con las irrevoca- 
bles leyes de su destino. 

El recuerdo de aquella hermosa noche vivirá 
eterno en mi alma. 

México, Febrero 24 de 1872. 






hK» ESTACIONES 



EN 



ÉL ^ALLE DE MÉXICO. 



A JirSTO SIIiUlA. 



Pocos habráQ de ser los logaren de la tierra 
que bajo el punto de vista poético y pintoresco 
puedan superar en belleza al Valle de México: 
contribuyen á esto muy poderosamente los va- 
riados fenómenos que en él ofrdcen las estacio- 
nes del afio. 

Aseguran algunos sabios europeos^ que en las 
regiones intertropicales se reducen á dos las esh 
taciones del afio: el tiempo de sequía y el de 
lluvias; mas en nuestro país no se coirobora 
este aserto. ^ Verdad es que en aquellas regiones 
la variación del tiempo determina menos mor* 



102 

cadamente el cambio de las estaciones que en 
las zonas templadas; pero esa mudanza se efec- 
túa en el Valle de México^ según lo compraeban 
las hennosas y frescas mafianas de su primayera, 
pródiga en exquisitas y variadas flores; los calu- 
rosos días de su lluvioso estío^ rico en sazonados 
frutos; las tibias tardes del otofio con sus bellí- 
simos celajes^ y las frías noehes de invierno con 
fia diáfano y estrellado cielo. 

Al declinar las horas avanzadas de la noche en 
la bella estación de primavera/ la densa oscuri- 
dad que envuelve la superficie de la tierra se di- 
sipa poco á poco^ y vanse descubriendo los ob- 
jetos á medida que la tenue luz crepuscular in- 
vade progresivamente las regiones occidentales. 
Propagándose los rayos del sol con un constan- 
te movimiento ondulatorio^ causan reflexiones y 
refracciones suoenívas en la atmósfiora y en las 
nobes, esparciendo la luz en todas lecciones 
y permitíéndoaos distinguir aun los objetos que 
no están diredameüte iluminados por aquel as- 
tro. Si^esta luz^ que se conoce con el nombre 
de luz difusa ó derramada^ no existiese^ la som- 
bra proyectada pw uaa nube ó por cualquier 
objetOi ei^gradraria la oscuridad de la nc>die; 
y no existiendo el erepáseiü'o^ el sol se presen- 
taria en el horizonte repmtinamente y en todo 
su esplendor. 



i03 

Lw duldfiínps tnno8idel jílgmero^ ^ gorjee de 
las demás aves^ el armonioso sonido de Jtas cam^ 
panas que ^n las poblaci0nps> laijündftKi la>di6ra 
del 8&a^ y eltebrador que acode al. campa con 
nss yuoítas pkra dar principio ¿t sis faenas,^ mar- 
ean losínstanteaieaiii^lM^Bpléndidosray^^^ 
k aurora, que pmoedená Ja salida del sol, líe di- 
fenden >po¡r : el tcaspaxente fluida ^e isi atmóBÍ era . 
álñies de traspasar id sol el faoi&mntf ^: la cegíon 
oriental se^colora £ÍiiceaáiraflEnente con losbriilanp 
tes Üntes> mjo, nataxijado^amarilio^ verde y pmr^ 
pnrino; elMniitede ia blanquecina; «triar r.crq>üs^ 
colar quB en foarmaide arco se extienda por. el 
espacio, .vaarápidameixte aranzandoiiáeiaélfeeiiit, 
aLmi«noctíampo qa^ la parte superior deloielo 
que rodéa^ esite .puntos adquiere progresiiramente 
el matiz ffisiüido mte intenso. . *: [ 

La ¡cresta dala eordillera. oriental jse dibuja y 
destaca in)hre un bndo brillante de líosa y oro; 
h& Qtajestnqsm GQmbres negadas /del Popocate- 
petl. ó Iztacoibnatl^ que ob levs^ntan oopip dos oo- 
IaBOS:peu?a.descQbrirJoe pricBí^rpi^idi eirto del sqU 
é Muminados débilmente, en su. p^á oooidwtal 
por la luz difusa, apanecen ouai sí. fueran forma- 
dos de cristal de Bohemia^ Be vez an cuando una 
densa columna de humn^ quese b^ceperceptible 
á los albores déla aurora, sala del cráter deiPo- 
poeatepetl, demostrando' la constante actíTidad 



104 

de este volcan que oóaserva vestigios de tremen- 
das erupciones. - ^ 

€uando d sol^ traspoñieádo |b1 hbrisosite^ lágoe 
su noiarclia. asceñsionai^ presenta ún bello eiq^ecK 
táculo^ en verdad miiy díficil de describir. Su 
dísoD^ de UQ color rojizo y aumentado aparente- 
mente á cáuéa dé la refraceion atmosférica^ se 
presenta circundado de una aureola lamioosa^ y 
disi^inuye, paulatinamente su diámetro á medi(k 
que va elevándose. Sumergida en el horizonte la 
curva; aiiticrepuscular^ el Occidente adquiere la 
misma sucesión de tintas^ ^ la parte superior del 
cielo se colora con un azul brillante^ vivísimo. 

Deliciosos se presentan desde ese momento les 
alrededores de la capital. Ghapultepec^ con sds 
abundantes y limpios manantiales^ su pintoresca 
colina^ su poético palacio y su frondoso bosque 
de sabinos seculares^ de cuyos ramajes cuelga en 
madejas el heno ceniciento, como cabellera digna 
de su ancianidad; Tacubap con sus palacios, sus 
parqués y jardines; Miscoac con sus amenos con- 
tornos y sus ^iS^aUejoTiesioTtDSiáús úe árbolesrfru» 
tales; San Ángel, Coyoacan y Tialpam con sus 
arroyos cristalinc^, sus huertas, sus campiñas y 
sus bellas cafiadas cubierta» áé plantas, da ár- 
boles ! y de trepado ras * enredaderas . 

En todos esos lugares se go2a con la embria- 
gadora frescura de la mafiana, con la amenidad 



105 

de los^ campaS;. y re^piratiáo él anobiepte eml;^- 
samado coael lOS^omá de ks floras. AlU muestran 
su belleza los enjaoibres de mariposas de relu- 
cientes y pintadas alas, y los colibríes, esas pre- 
cisas ay^cilla^ (|tt9 dpladaá^^ de una volubilidad 
(^traor^inaria] hi&ndeQ el aire como es^balacio- 
aesj. ó l)idn^hupa9do6l néctar de alguna flor^ 
BU9pAiididd|9 en. el espacio; batea inéesantegnente 
6tis. alaa y pstezj^tan á los rfiílejos del sol el verde 
y ndcai^adó fisiaalte de su plumaje. 

Hacia el Sur de la capital, el suelo del Valle 
Ae presenta bajo un aspecto diferente del de! los 
lugares que se acaban de mencionar « No se en- 
Auanbran allí la camelía> el lirio, la rosa de Bedgala 
ni otras flores exquíMtis» debidas al esmerado cul- 
tivo; pero tf ecea ea las chinampas, en esas islas 
ar Unciales que blo coiivertído los pantanos en 
ameno» prasttés/ila frondosa amapola, el purpu- 
rino, clai^^l^ la relegante dabalia, la perfumada 
violeta/ y la fragante rosa de G^tíÜla. 

£1 canal (|ue une los kgos' deí Xochimilco y 
Tes^coco, se ve cu&ier1i3r en iod di^ der^primavera 
d&ca/ñoas caiigadas de flores y verduras, que se 
dirigen & los mercados de México; y todo aquél 
que baya concurrido á loa: pafeos cuaresmales de 
la Viga, reoocdairá jsíempre con agrado la anima^ 
don que constaüteoieiite reina en ese lugar, en 
donde el pueblo eacueintra uno de sus goces pre- 



toe 

dfleetos. Paede deckse que allí se. verifíea k 
fiesta de la PrimaTera y ae las i^i^esi. 



i if r ...... 1. . 



La duraciOQ dé) dia ' artífidál; qóe lie^a á sü 
máximum durante la é|)o6a'del'9olstido aéestfo> 
y la acción, mas directa 4e los rayate dei sol en 
esta 4>arte de la región intertropteal^ élemp la 
temperatura á 24 grados yaun iMS/ootfvirfíendo 
en calurosos los días fregeos y- a^dables de la 
estación florida. '^^ 

La calina y las bSrumaSj paHicularoieQto ed las 
mañanas, empanan la atmósfera; y algunas veois 
m (densidad llega á tal gridoy qae olmca ri her* 
íboso conjunto y el reli^yv^e de las montafiasqnt 
circundan el YaUe^ las ctialés solo aparecen, ooom 
cniáertas con» un velo poco düíánoi' , 

El estío^ en el Valle; a»í conu» las detnas está- 
dones de^ a(k)y tiene BU Qtiratcfmpartácüliur. 

Dilatadas desigualmcaite las «apas atmosS&kaa 
por el fc^rte calor de la superfíoie defa-tieiva^ iste 
invierte^ por decirlo asl^ Á twá^m & disposioioii de 
aquellas qué están ^en cóntiaGto^ cQp el suelo. Sa- 
bido es que gravitaúdo lascapas-atmosférieas su- 
periores sobre lais ínferiotes^ la densidad de éstas 
es mayor^ y decrece piogrerivameiite de^ I9 su* 
períicie basta la última^ lamas ligera y sufíl^ que 
se llama éter. Contrariada esa ley general por 



107 

lá dilataoioQ de las capas inferiores^ la refrAceíon 
de los layosiiaminosos^ ó sea la desTíadon que 
estos sufren al atravesar de ua euerpciá otro de 
desigual densidad^ se verifica de una manera con- 
Iraria que en: al caso en que las capáis atoosféri- 
cas se hallan rsúperpuesta» en su orden udroial^ 
y entonces reproduce el efp^j^ismo; ilosion óptica 
que nos hace percibir invertidos los objetos d^ 
bajo del suelo ó en medio de la atmósfera. 

En los terrenos llanos y resecos que se encuen- 
tran en la parte Norte del Valle, se ve con fre- 
cueficia eitenderse la calina sobre la superficie 
de la tierra, y retratarse inversamente debajo de 
ella las montañas con todos sus accideiité^ Y deta^ 

espejo de las agrias. ; 

; I^ ilusión del espejismo es aun más iniere- 
santo, más 'admirable en él lago de Texcoco, aun 
cnando tal fenómeno sea menos frecuente en él. 
Desde las orillas del lago puede contemplarse su 
exlbnsion y la tranquilidad { de sus aguas en los 
dias serenos.' Las pequefias y defectuosas embaiv 
oaoidnes/ cuyas formas no han variado desde los 
diaside la conqoista, se ven cruzar d lago car- 
gadas de grbñds'y verduras;, destinados á los mer^ 
cades da México; Las frágiles y estrechas cha- 
lupas de los pescadores y floreras, hienden velo^ 
mente la superficie de las aguas, interrumpiendo 



108 

el silencio de la soledad solamente el chasquido 
de los remos ó el acento de ios cantos monóto- 
nos de aquellos que conducen tan débiles bar- 
quillas. 

Guando la temperatura de las aguas del lago 
es inferior á la del aire que con ellas está en con- 
tacto^ de una manera súbita desaparecen aquellas 
barquillas de la superficie del agua^ y se Ten in- 
yersanoiente flotando en el aire^ nayegando al 
impulso de los< remos^ en un revuelto mar de 
nubes. 

Los fuertes vientos que soplan en esta época 
del afio^ y muy particularmente en las tardes^ 
despejan la atmósfera destruyendo la calina^ ] 
preparan los hermosos dias de estío. Las mon- 
tañas dibujan sus contornos y presentan los de- 
talles de su relieve con mayor claridad. Las nubes 
{cümulus) en forma de caprichosas montafias de 
ñieve^ asoman por encima de la cresta de la cor- 
dillera oriental; y sucesivamente van erecíeado 
hasta que adquieren proporciones colosales. Esas 
preciosas nubes^ cuya forma redonda se atribuye 
al exceso de electricidad acumulada en ellas^ hacen 
palidecer con su extremada blancura y brillo las 
nevadas cumbres del Popocatepetl é ktaocihuatí; 
y flotando continuamente en la atDQíósfera> se unen 
con otras^ extendiéndose sobre toda la superficie 
del Valle,, y ocultando á éste por completo su 



N 



109 

cielo puro y herínoso. Goiiviértense entonces en 
nimbtíSy que sm ks nubes tempestuosas sin for- 
ma determinada^ > cenicientas^ y cuyos l>ordés se 
tifien débilmente de gris y de un indeciso color 
morado. 

Con irecuencia las corrientes opuestas del aire 
forman esas colu^lias de vapor^ que «pendiendo 
de Jas nubes y animadas de un moTimiento gira- 
torio^ se ven atravesar con rapidez por el Valle^ 
amenazando destruir con su irresistible poder todo 
cuanto ei^cuentran á su paso. 

El pavor y el deseo de la observajcion luchan 
en el áninqio^. cuando esas trombas se ven sus- 
pendidas spbre las majestuosas torres de la Cate- 
dral^ desafiaüdo á éstas: en poder y fortaleza^ y 
cuando se^ les ve recorrer tpda la ciudad en acti- 
tud cada vez más amenazadora^ tan pronto de- 
volviendo al ánimo la confianza con su contrac- 
ción^ como acobardándolo más con su acreci* 
miento; circunstancias que tan distintamente se 
advierten cual si aquellas masas flotantes de va- 
por y agua .estuviesen movidas por invisibles Re- 
sortes. Si alguna, vez ese terrible meteoro toca 
la superficie de la tierra^ aixancalos árboles de 
Ttíz, destruye los edificios y abre profundas gríe-> - 
tas en las montaflas. 

Desvie mediados hasta el fin del estio^ las lljií- 
vias sqn abundantes y copiosas en el Valle, y 



no 

generalmente las tardas tormentosas^ foraiando 
cantmste con las mañanas^ en que se goza de 
los vivifieantea rayos del isolyde una ataoósfim 
tranquila. •. - • 

Machas veces^ á pesar de hallarse despejado 
el délo de las cainpifiaisi^ Xü^úvtííkfm que se £)r- 
mlan ¿ lo l^jos y el vient6 impefcwiso, ¡«eaa^n 
una tenapeatad próxima y deshecha. £t hvacaa 
forma en la superficie de la títtrra mibes de polTo> 
que se arrastran y anromolinan telózmonie; las 
aves^ con sus alas extendidas^ suroaa.wpaotadas 
d aíre^ taa pronto volando honzontalaiente co- 
noo indinándose hacia la tierra, contra la cüiI 
pardeen yan á estpellarse; dirigeiaae a^Nraaniaia- 
mente los reba&oa al aprisco; losí tqgaLes qoe 
cabren los campos adquieren ese naoTimiento mi- 
dulatorio por medio del c»ai producen alterna- 
tiyamente s^s dorados reflejos^ y los árboles j 
aii)U9tos crujen, resistiendo. el fuerte empuje de 
los viantosique hacen. iadbuiar las ramae y ¿aliaje; 
cual sí trataraa de airaumrlaa da sus trooeos. 

£n el transcurso dé alganos mimitos^ ei ^lo sd 
cubre de nubes amanUentas en íaa cuales se peo- 
yectan las aves que circularmenta revoktean). . Los 
nubarrones quecruzancon vdlocidádiyertíginofia 
la atmósfera^ como si tratase caiiatuaai de ellas de 
adquirir mayor rapiííez^ se juntam; y sd separan 
alternativamente^ produciendo coa su choque y 



rozamiento las fuertes descargas eléctricas^ cuyos 
retumbantes ecos repercuten en progresión decre- 
ciente las mismiii^ n4ibpsry.las montafias. Ei es- 
pacio se ilupaio^por intervalos, ^on esa: luz des^ 
lumbrádora que prpduce k <4^pa el^Qtrica. Un 
ijaido,^ prolongada 4 y^'^ é ínter oaiteBitto otrfis^ 
63 la:8efialprecuftsajra.de la Uuvia.de granizo^ mo:* 
t^Qi^ d^ los. mé^r ini(;er^sa£Ues f, cuya teoría áesr 
caosdr ai^i^ €111 bipót^ji^i P^u^: c^e á torrentera 
injondápdo^q itq^ y ^cáein^Q; desbordar lo& rio^f: 
con £uQ^e&.é:iJ^petu^s.4?fH*^^ que yaaáaru- 
naentar el jcaud^I; d^:^l<^^;j^o$>hy\PC)^ tUtiotOjí .el 
agua da é»to& se ^iti9u^^or«^^ 
zadorea^para las ir^gii^sí embarcaciones' que en 
ello» nay^gan^.j ridmed^^jt . en Pl^^^^'^^^/ J^i^?. 
desastrosas tornaentasL del mar t. .. 

.Cpal nubes de v«]:ajio pa^aíx pronto^ j ise^ala 
tprmenta. El cíelo ^uel^^: ^ &^, antigua rseranic^ad 
y pureza; y los;cam{^o$i.Ccm sua pastq«;i: sus. plan- 
tas y arboledas^ ostentan ^se verdor .bríUante y 
fresco que les comuna La humedad. X Ip lé]os 
algunas nubes se resuqly^n ea menuda lluvia^ la 
que^ herida por los rayos del sol p próximo al 

ocaso^ioxina el hdilo meteoro luminoso del arco- 

, 1 ^ • «... 

írís^ cuyas eKtremídade&seapoyaa algunas veces 
eA las, elejiiSrdas crestas de la SÜerra Nevada. 

. Tales son los espeqtáx;ulp& que I9 época del estío, 
nos oñ:ec«i en el Valle de México . ' 



112 



El tiempo de aguas^ volviendo á la atmósfera 
su diafanidad y frescura^ y al ciela sa trasparen- 
cia^ prepara las encantadoras tardes de otoño. 

La lucidez de la atmósfera^ reflejando ésta nnas 
veces loa rayos azules del espectro solar^ impri- 
me al cielo ese bello color qae va disminuyendo 
de intensidad del zenit al horizonte, hasta tenni- 
nar en el mismo, más ténüé y apacible; y otras, 
reflejando los rayos amarillos y rojos, prodoce 
variadas y encendidas tintas sobre (A horizonte. 

Muy importante es él eséectácülo qbe ofrecen 
laá regiones orientales del Vallé á la caidáLdel sol. 
En esos momentos, como si él* astro trasmitiera á 
las cumbres de las elevadas' montañas él intenso 
fuego qtíe lo enciende, trasfc^ma la nítida blan- 
cura de la nieve en loé vivos cambiantes del ópalo 
y de la concha nácar; Sobre el* horiztmte, el cielo 
adquiere ól encendido color dfe las auroras borea- 
les; y todo aquél brillante y deslumbrador colo- 
rido es tan bello, que solo un h^bil artista seria 
capaz de repfbducirle con su inspirado pincel. 

La sucesión de eminencias que gradualmente se 
elevari por el 'Sur hasta terminar en el majestno- 
so Ajusco; las alturas de las Cruces y Monte Alto 
por el Orienté, y la sierra de Guadalupe especial- 
mente, á causa de su menor distancia, surgen con 



113 

todos sii$ detalles j y reflejándose en. la tierra, en 
láá roGái^ y^'eh ' stt vegetadoa la Imidel sol, sus 
declives' alfíárecán ^ómo regaaáterde piedras pre- 
gio^as, bft^isiaiido en su i conjunto los variados 
cok)r€fe y iMtáees de un fflM^ :. , 

De los^üDdteorós kmii^nosos que son tan fre- 
cuentes en los días de otoño, ninguoo es fan no- 
table cotn0 €d que o&eeé la (foración de lüs nu- 
bes al deeimav las tardes, y .el aspecto; general 
del cieloJ-'-'- -*'; • ''' ' ' • :v ...;• .• ^ i. 

• ' El a2ul dí& ást6>idB una traspareinaia extraoídi- 
naria> se ^te^ surcado por unas rá&agas lumioosa.£[ 
que convépgétt en to pufito del líorizímtey y que 
extendiéndose como radíos de un círculo, se ha- 
cen más perceptibles por. el hermoso color que 

les sh*vB de fónica, i .; : , . 

Las nuheciUas qi^e, se conocen con el npnibre 
dé drruSy y qu© á, causa de su menor densidad 
son las que flotan en la atmósfera á mayor aUura^ 
se pr^entan unas veces agrupadas como vellón 
cardado; otras extendidas en bandas paralelas ó 
en forma^ de penachos, dejando entreoí espacios 
que dan curso iifarem^rte á Iqs haceciUos .luipi-: 
nosos del sol; y otras,: en fin, ocupan una gran 
parte del cielo ó todo él, en cuyo caso , se dice 
que éste se halla abórregddo. 
, Heridas estas nubes por los rayos del sol, ad* 
quieren sucesivamente los más variados itíntes. 



GAltGÍA-GUBAS.-*9 



£1 color rosado desaparece para dar bgar á otro 
purpurino cpB, de8?aneciéiidose^ ternüiia pre- 
sentando los xnatíees dd TÍolado. Ai brillante 
eolw del oío sucede el nanmjadoj y á ¿ste^ por 
tdtimo, el amarillo croflQoztrasCdnoifloio&es todas 
que ee efectúan á medida, qtae el sol ya aúereán- 
dosealoeaso. 

Estos efectos singulares, causados p<»r las in^ 
flaxiimes de la luz, son aun más notables tfilsfii 
nubes de la especie cúmultLs, que adeúaás da 
presentiar las forjas más capnidbos&s; ofreiten 
los mismos cambiantes de tíyos colotes, y asa 
ork Imninosa de extremada blancura en sus eco- 
tornos. 

* * 
La diafanidad del cielo presa^ k entrada de 
la rigurosa estación inyemai, c(» sus frecuentes 
heladas, su luna refulgent» y sos, estrellas rati- 

lentes. 

Él benigno efima que por lo general se disfru- 
ta en México, hace más sens&le el cambio <k es- 
tación, y muy particularmoite la entrada del in- 
vierno. Hiela con demasiada frecaenda, y por 
las mañanas la escarcha, como un frágü cristal, 
cubre k supwfi&ie del agua. : ^ 

¡Cuan bellas y en^briagadctras son las noches 
de luna, durante el invierno, en el piütoresco 
Valle de México! 



115 

Bafiadas por k r0fiilgdnt& luz de aquel aetió 
las helads^s cú8]^idet d^l Pó^óéaliepetl é Iztioci^ 
hiiatl^ que se proyectan m ym fondo a2ukdo^ 
causan nn efecto m&gicpo; peto nada es óoaipa- 
raMe cm d ([m ofreee el encantado!' aspecto dú 
cielo por la sucesíya aparloíotí de ks estrellas y 
mi tmifonhe y oUícuo motíMiento* 

M Soberano de los asiberittiios, é precioso Ork>Q^ 
precedido del tielio aslf » áidebarán^ de lá conste- 
hcion de Tmim, se ptd^snta odfi siís náwi^rosás 
y brulotes ástreUas> eiíti^ las qtté lucen con ma* 
yor intensidad B^elgúesd, Blgel y los Tres Bá- 
yes MagiMs^ é ^a el Cinturon. . 

Con los más vítos destellos aplaií^ece en seguida 
k gentil y túá^ cintiladora estsrella del fírmamen- 
to> el refulgente Sirio, astro principal del Can 
mayor. Sn luz clara y brillante^ examinada con 
atención^ presenta en su parte íüiferior k apa- 
riencia de un fuego abrasador^ y en k superior^ 
azukdos destellos. 

Apenas kvanfaido Sirio sobre el horizonte/ bro- 
ta hacia el Sur de éste Canopus, lucero no me- 
nos bello, estrelk principal de la nare Argos. 

De la misma manera Van apareMendo sucesi- 
vamente los demás astros que contempkmos-en 
nuestras regiones. Castor y Pókx, primeras es- 
trellas de la constdacion zodiacal Gétninis; II&- 
guks^ el Corazón dé León; k Osa mayor, que se 



116 

^^>xi^ majestuosaoiente su camino en tomo 
gíi^ -lolo boreal; la Espiga de la Virgen; el bellí- 
.qjgiid Arturo ea el Boyero; Antarés en el Esoor- 
Mi>o> y ©^ fi^> tantos y tan bellos astros que tan 
^i^^arciéndose como diamantes en la azulada bó- 
^^a del firmamento. 

precedida de unas eetrellaa y seguida de otras 
aparece la lun», itr^mitjléndonos los rayoa del sol. 
£n su moviniiento ascensional sobi^e él horizon- 
te^ nps presenta ranálogias circunstancias ¿ lasqoe 
el astro aobQr&n,<^, del dia ofrece^ y las cuales se 
ha^ descrito al principio de este artículo. 

Bañada por los rayos . apacibles de la luna la 
saperfície de la tierra^ la perspectiva que ofirece 
la ciudad de México^ observada desde un punto 
cualquiera de lar parte occidental del Valle^ es 
extremadámente.bella.' Levántase en primer tár* 
mino U ciudad con «su extensa linea de edificios, 
sus variadas y numerosas cúpulas y torres, entre 
las que descuellan erguidas las de su famosa ca- 
tedral. Proyectándose éstas en un claro horizon- 
te, dejan entrever la luz de la luna por los espa- 
cios que resultan de sus detalles arquitectónicos, 
semejando primorosas labores de la más delica- 
da filigrana. 

Extendidos sobre la verde alfombra de los pra- 
dos y con su linfa plateada, se presentan en se- 
gundo término los lagos de Texcoco y Chalco; y 



117 

« 

en el tercero y último se levantan dominantes el 
Telapon, el Tlaloc, el Iztaccihuatl y Popocate- 
petl^ ostentando los dos últimos sus relucientes 
y nevadas diademas. 

Guando flotan en la atmósfera los vapores con- 
densados en estado vesicular ó en haladas partí- 
culas^ ó bien nubecillas ligeras interponiéndose 
entre, la* luna^ los rayos luminosos reflejados por 
ésta se modifican; ofreciéndonos entonces el her- 
mosísimo meteoro que se conoce con el nombre 
de coronas, ün gran círculo de colores, entre 
los que domina el rojo, se dibuja en el cielo, 
sirviéndole de centro el hermoso satélite de la 
tierra. 

Los fenómenos meteorológicos que se suceden 
en el Valle de México, la topografía y extensión 
de éste, su rica naturaleza y la estructura de su 
suelo, sobre todo, proporcionan vasta materia pa- 
ra escribir volúmenes enteros. En este artículo, 
unos cuantos rasgos descriptivos demuestran la 
importaacia de esta bella localidad de la Repú- 
blica, y cuan digna es de investigaciones y de un 
constante estudio. 

México, Abril 23 de 1872. 



/ 



I 



1 '■ 



• — * ■ r ' ' ■ . . . . 

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;■ - ■' . ■■ I ,■■,''..■' • 

i 



EXTENSIÓN Y POiBUCl^N 



DEL VALLE DÉ MÉXICO. 

'1 .- ■ . • • ■ . , ' 

■* -• . * < * ■ • . . . • 



- ' . . . ■ , I • ' 



> ♦ \ 






*, . • . . . . , . . 

Sí se DOtttídwa el ¥alléidé Mélico como re- 
gión hiáí^ógfáfi%a> Ik eslensioQ ie $u superficie 
ed'Cqnóho'tfia^br ád Ja ^e b&%tkh^y se^^^^ ha 
aMbináo. ta Sierra ^de Plichilíea y^ ^us ramales^ 
ciiy^fr^levádas^etrmbres se dlstánj^en desde las 
ll«tatii9^^ limitan por el Noria el Yalle^ sepiirán* 
déb de 4os plantos dé Atotonilcó «1 Orraade^ del 
Valle <le Tulanoingoí ; y '^ ^ias Uamüras de 2m^ 
giiÜiiciaQ. Esa misiOQ^ dienr^se liga hádd d Sur 
con juna: serie de cerpéB que Tain á terminar en; 
las montañas de las Navajas^ separando los^piii^' 
né# de-Gha^ai^ía del actild«i¥tado jV^k :de^E^a- 
zoyiicá. Por ^ (^iéht6> lios cerros de Zínguiluéañ 
y ía elevadia montáíía úq Xihtfingoi que por sus 



120 

fuertes decliyes parece inaccesible ^ derramaa en 
parte sos aguas hacia el Valle de México por el 
rio del Papalote^ y el cual^ en la presa del Ref; 
forma el de las Avenidas de Pachuca. Un terreno 
ocupado por extensos lomeríos y surcado por enor- 
mes grietas y profundas barrancas^ y el cual for- 
ma parte de los Llanos de Apam^ liga las anteriores 
eminencias con la majestuosa Sierra Nevada qae 
se interpone entre el pintoresco Yalle de Méxioo 
y las ricas campiñas de Puebla. Como general- 
mente acontece^ esta sierra^ al terminar^ se di- 
vide en dos ramales, uno que se deprime entre 
los distritos de QtumbaT'Apam y Tepeapolco^ y 
el otro que forma la Sierra de Patlachique^ avan- 
zando ¿acia el Pónibnte entre los f^lesvaBes 
de Otumba: y de Texco^p. Las cíjpnbrw dcp- 
nantos de la Sierra Nevada, adoi^f cqpocUfqp^tii 
6l Iztaccihuatl, el Teilapon, el Tlatoc y Haiaiaías. 

Por atedio de las eminencias poco considf^a- 
bles y extensas, como son las de TenangOj ^ 
S. £., se une la hwmosá oondire éú FopiMa^ 
tqMdtl con la serranía 4e Ajuaco^ en la eaú se 
alza la voluminosa y«def «ck omibre del misiBo 
nombre, tocando ya loa Umtes de las niei^ pe^ 
détnas. 

Extiéndese por d Sniroeste .la no métíbs iiota- 
bleSieira dé le Cruces, que, dingiéadoee ü No^ 
oeste, forma la cordillera de Mootealto, y en sa 



m 

decUve: Noresta^ .^I tei^ao, aQCideQta4Q de Mmc 

YM^' dé, México y é de Tplucíkque^&ji'aíft. laina^ 
»á»itofcíelevadíi^tiiail;país. r . •- / J í:. oo r: --oh 
, -Sni .14. historia de ifaia^tjT» g€¡g)gfaffa^ el/ftSíM 
del Sifiooque,::e6 :aQtafe)la-0^jf :1a; imppRlftPí^j tjtfff 
como límite ídel Vftüe Ifti^ca «íí iliístrtí 'tiftj^íj?^ 
Barón de Humboldt, y porque en los tei:rj9Ap& 
pr&tíai09íexi&te( la obra icolojaJl del. eaiwl jtJo^iíffo- 
^$t0i?fo>iidA doadiO se han efpp^^d^Q l^im- 
portant^í; obras del desagüe.; , f ::.;;.j o ^ . 

> La sucesión de alturas/ tales [ootfia la ! q^}^^ sa 
acaba dí^ mencíoaar, el oepj?0:;de.JalpA>;y las^lj]^ 
mas' d)9>£spafia/ Cbevas y;4Uom^Oi» sq ui^^n aji 
cerro; de Aránda yi k SiBíti:a,.de,Tezpnt]^l|)!ftil) 
la que dando fin cerca de la Sierra de PachJíQay 
tenaiifia.el cíwuitb delJaflé-i i; r,. : ;;.ui.. : J 

£^:C(^ntro de ésteic^eoQ ^as^a^>llamir]9#.inter- 
rampidasvpor dlgunss sierxta de ({(^^ eiít^siop^ 
cerros eleYadjoíi y lomertog; y, pj^^ntauado uíia 
figura muy irregular^ pues según avanzan más ó 
menos hacia el centro de él los declives y contra- 
fuertes de las sierras que los circundan^ más ó 
menos se estrechan las partes llanas. Forman los 
plantos más considerables del Valle los llanos 
de Chavarría, San Javier y Tizayuca, al Sur dé 
Pachuca; el Valle de Otumba^ limitado al Norte 
por los cerros Malinalco, Cerrogordo y otros de 



122 

menos oonsíderaeion^ y comunicado con la parte 
principal del de México por los ricos terrraos de 
Aeolman; los y/atlles de Texcoco y Ghako^ qae 
deben considerarse como la prolongación del de 
México; y por jáltimo^ loa llanos de Zampango y 
Tlalnepanüa^ separados 4e los qae rodean á la 
capital de la República^ por la sierra de 6u(h 
dalupe. 

La mayor extensión del Yalle^ según la 1^ 
oblicua ^e une á Tlalpam con Pachoc»» es de 
ciento catorce kilómetros^ y su mayor latitud en 
e\ paralelo de Guautitlan^ sesenta y dos kilóme- 
tros. Respecto del área, muy difícil es d6twmÍDU> 
la con exactitud cuando no existe el plano ofo^ 
gráfico de tan importante lugar de la Repti- 



La población del Valle, conforme á los mijo* 
res y más verídicos datos ^e he podido propor- 
oionarme, puede estimarse en 5S8,OOP habitiiih 
tes, distribuidobde la manera siguiente: • 



i 



4- 






I 



A «•./«• t ^ 



I • « 



i. .. 



123 

Fadiaoa 14,020 ,, ,, * 14,020 

Tezontepeo 5,638 780 », 6,418 

^JH^^^noo. 5^810' ,, „ 5,310 

Otaiiiba ^. 6,158 „ „ 6,}5Q 

Tfeaynca •..•• 3,414 8,000 „ IMM 

Jaltttioo „ 2,425 „ ?,4!3$ 

Zompango... 2,522 5,000 „ 7,5Sf2 

Teo%uoa • . . «, 5,939 „ . „ - A,9S0 

^Wonyuca . . , 5,725. „ „ 6,7«9 

48,726 16;205 64,931 

Koatepeo „ 6,300 ' „. 6,300 

Tep^pan , „ 938 ;,' 93$ 

Aoolxnan ,• „ M74 „ 1,474 

TecDiaao „ 3*316 „ . 3,316 

T^p^buacan 7,359 2,143 ¿, * 9,508 

T(!P^tlaoztoo ,. 2,769 1^03 „ 4,579 

Ohaútla 1. „ 2,772 „ 2,772 

MexfoaídDgO 500 959 „ 1,459 

QullmacaD. 200 2,000 „ 2,200 

Ohajoo ^ 1,300 731 ,, 1,931 

iKfti^[wd* ••••■•X«*° „ «,«47 „ «,«47 

XocUmOoo., 3,000 14,006 „ 17,008 

Tlalpam. .•*. ^ 2,387 3,300 „ 4,687 

Ck^oaoan 8,129 1,000 „ 4,129 

Ghurubusoo 492. „ „ 492 

Tláhuao „ 2,000 „ 2,000 

Texopop. ••,..^..., 16,9W l?,4^d « . ^Pj?^* 

Contundo 1.707 ,; fy li707 

OUmaihuaoáti Ateneo 4,070 2,500 ; „ 6,579 

Ooatepeo Obálfoi * • - 1»938 >» . i» h^^ 

I|it|tpfltoc»«. ...... MM «48 o , :^;l4q 

I^tfqÍMlapfU^retf..- 3>00i^ 1,119 I, 4ai9 

I^tacalco. ..'p*'. ^ 2,670 „ 2,670 



t^ 



51,051 64,392 '„ 115,448 



124 



Habitantes 

Curatos. que hablan d Id. mexic. Id. otomí. TotaL . 

castellano. 

- '■ ■• —I 

Cuautitlan 2,376 . . 5,065 „ 7,441 

Tiútitlan.. ..... „ 6,92í „ 6,921 

Huehuetoca 3,126 „ ,, 3,126 

Tepatzoüan. 2,305 „ 3,572 5,877 

Ctoyotepec 2,752 „ 3,000 5,752 

Tlalpepantla. . . . '7,219 ;:* „ „ 7,219 

Naucalpan 2^961 „ 2,104 5,065 

Montebajo 4,313 „ 3,100 ' 7,413 

Huisquilucan. .... „ 6,544 ' ,, 6,544 

S^n Ángel. . , ^3,218 4,599 „ .7,817 

Santa Fe ' 2,000 „ n 2,000 

Tacubaya .15,835 . „ „ 15,835 

Mkcoac 1,249 456 „ * 1,705 

47,354 23,585 11,776 82,715 

i - 147,131 i04,182 11,776.263,089 

Oioaad de México. 225,000 „ „ 225,000 






■ f 



372,131 104,182 11,776 488,089 

•f 






Eii esta noticia faltan ios datos relativos á al- 
gunas parroquias, como son Tultépó9^ Tlasala, 
Coacalco, Ecatzingo, Gocotitlfin, Ayapang^)^ Te* 
petlixpa, Tlalmanalco, Ozutnba, Ameeaáioca, 
Ayot2ángo, Guadalupe, Tacuba y Atzcapotzalco, 
Y no parecerá por tanto exagerado si hago subir 
la cifra anterior, á 523,000. 



125 

Algunas obras existen que han tratado extensa- 
mente acerca del Valle de México; motivo por el 
cual^ me he limitado á ocuparme solo en la ex- 
tensión que debe considerársele y en el número 
de sus habitantes con relación á ella. 

México, 4 de Mayo de 1872. 



ÜNA ÉXGüKStóN 



A LA r 



CATERNA BE GACAHUAMILPA. 



' 1. 

Miiy digno de describirse es el camiao que 
conduce de México á la famosa caverna que es 
el objeto principal de este artículo. No fijaré mi 
ateiicioneb Ib parte recorrida de ese camino por 
el ferrocarril de Tlalpam^ por ser demasiado oo<^ 
nocida- ' . 

La. serranía de Ajus<;a^ q«e por el Sur limita 
él Vallo de Médoo; ligandio las sidras dalFopo- 
oatépetl cdn l^s evin^íLcias de las Cruces y Mante-< 
AltOj ocupa en latitud una grande esitension de 
terreno^ presentando qn sus 'declives y muy par^ 
tieularttiento en los australes/ inelinaciomes en 
exixemo rápidas. 



128 

Preséntase el terreno, recorrido por el camino, 
árido, y apenas se ve eu las eminencias que lo 
coronan una vegetación pobre en extremo. Aun 
cuando para el viajero, ávido de lugares amenos 
y pintorescos, estos lugares no tienen ningún 
atractivo, son, sin embargo, muy interesantes, 
considerándolos geológicamente. Vense por do- 
quiera enormes gr^ppjs de rocas eruptivas que 
están revelando una acción volcánica tremenda, 
y las cuales se presentan como inmensos edificios 
derruidas por lá acción destructora del .tiempo. 
El ascenso para traspasar la linea de la división 
de las aguas, es en extremo difícil, y se llega, des- 
pués de algunas horas áfí camino, á Topilejo *y 
á la Venta del Guarda; lugar interesante por de- 
terminar el punto más elevado del camino y desde 
el cual puede observarse el Valle dé México en 
tbda su extensión, éóñ su más bella perspectiva. 
"Del Guarda se llega á la Gruá del Marqués, y 
desde este punto, que sefialá los límites del' Es- 
tado de Morolos, se desciende rápidamente, . ra- 
pidez t[ue crece de Huitzilac en adelante, de tal 
suerte> que los carruajes ruedan con una veloci- 
dad qué casi se asemeja á la ique adquieren . los 
cuerpos abandonados á su propio peso; y á me- 
dida que se' desciende, la tenoiperatura se eleva, 
comprobando la observación tantas veces hecha^ 
de que en México bastan unas cuantas horas de 



129f 

catóino para pa?a? de una zona «oieitremo fría, 
á. otra oélida. La yertieaté austral íq la serranía 
á^ Ajuwo, que ea e$ta pairte tómái el nombre 
40 Qiepta de Huitsálacj nase pre^éntacon la d«s^ 
iMidoz del declive septentrional. MncHos árhoiesri 
(fe li* fainlKa de. las conifera», cofcwai ¡d teírenoy 
observándoselos oyiarmle» m la» liuiiBlues,; y los? 

<m^»pmo»^ ^noifioi&j 9ÍgDms.cedroim\o%d&^ 
elivea. ' ■ • . •> • .• ., . 

Multitud de barrancas suycaad sueioy desden-/ 
ám hacia Ipi flanes de.Guéínavacaj' eaooatróodose 
esí» ,oiudad> ánt^ 4« fthara eap^l del Estado de 
Mgyplos, eRtre,dQ9 do; ellas.' Lamáyoc parte de ^ 
e$As tiBfraií«W; U rntérponen, entre Cuernajva«a y 
losipuebfesií^^Caialo» y Ocuila, áá Estado d&Mé- 
xi?0» ^tmtáp dedifieultades y de fuertes pendioR^ 
tea,la& veredas que Bgan entre siesas poblaciones. 

ííistínguese desde la eminencia de Ja euestai^: 
la tierraealíente ofreeiendo un bello panorama. 
Lag lomas suoesivaa que taiito caracterfeaa la to- 
pografía de los terreiBos de Cuemavaea, desapa- 
recen á eausa de la altara da donde se observan, 
y solo sé admiraa extensos planas matizados por 
ü frondoso Maje 4e las plantas tropicales y 
por los plantíos de cafla, cuyo color esmaltado de 
verde más ó menos ídíimisq, según el mayor ó 
meuOT cpecimienW de las plantas, armoniza con 
los varia4og cpiores que reflejan los terreno» sin 

Ga>cíá-Gdba8.— 10 



130 

cultivo. Ddsoúbrense á los Tívísimos resplando- 
res del sol y diseminados en las campiflas^ ai^ni-' 
pados. los edifícios de las poblaciones y separado 
el plani de Amilpas ; del de Cuernavaca> pói* la 
sierra : de Tetillas, Montenegro y Jiutepóc, y 
px>r: último, se ien á lo lejos esoálonadaá, sobre 
plahos, inclinados/ ditersas eminencias ' i(]üe tér- 
Doinanicon las crestaiEí de las elevadas sierras qué 
por todas partes circundan el Estado de Morélcísi 
y ciérrah sus horizontes/ • -^ ■ • ' i ' • • ^ ' . 
jCüernavaca (Ouaühnahoae/ rodeará >lé'íléreí(j 




31;áeL. N/y 0^ 06^ lO'^SO^dloñgiliia-CÍ.^a 
Méücó, á l^SOB"^ de altura/sdbná'fel'ítnafy'áliS 
leguds Svde Ja capital 3e laRépúblíéaV^Bl fer- 
reno-en que se asienta* forma tiinaloina étítré iiós 
gpandes degresiones, dfreciebdb'^en sus csIlés fre- 
cuentes, ascensos y descensos. Desde ¡¿üi9iiqtiiá:á 
altura de la ciudad se abarca de tina sola 'láí- 
rad^^el ter^torio del Estado en toda sü ekténiíitín. 
, Se deseubreá la? montañas que loMítaitan y 
las quáinierrumpen la uniformidad de sil súeló.. 
al Norte, la serranía; de Ajiísco: al OHente las 
nevadas y majestuosas cumbres del Popoóatépetl 
y el Izitaccihuatl en último término, y en el j/ritoe- ' 
ro, las cimas de formas eáprichbsaii'dé fe sierra^ 
de'Tepoxtlan . Los extensos plantíos dfe caña- los 



m 

hojas^éá me(jio'da itíá kBgetáhi&khiAudií esdíaP 
tan io¿ (^mpos ¿6 uy vefdeberdidfi^oi, r^velalldo 
lag fiqubzas da un Estado bsefiáciklmtBtiteag^í¿oIa^ 

: El dima ds^ia; di^dad^e&iña el'de tójdas lag lo^ 
caiúladeirdeiEstadb^ as eálíAoytoax'^ñdo el termo- 
dúel^o como tempei^ra máximia en fíémpoa noN 
males^ á ¡ias^ t^ei^^de la tárde^ d^2Í'^&2^'^tmÚgik^ 
difó.XadeoUii^tonddkagüjaerdeSffSO'ali^^ 

•"^^La {K)bk(iíoü actual' déla ciB&ád,e* de 16>O0O 
h3)itante&' reparíMó^ .éi^&QO casas -^tte formajÉ 
el tótscío, y^éíi las casuohás de $u&^ huertos y é&in- 
pí^s; Goltf^retíde 60 calksy^Uejoniés;5 plazas^ 
5 templos; el antigua palacio deCortés; que posee 
más híen el' carácter 4e^'utt edificio fortificado^ ca^ 
íáctepqüe valde^apirefeíendó {^or las ¥¿edificacío-" 
nes.. En^éJ residían los pédeiíes del Estado^ que* 
se trasladaron' posteriormente *á Guautla/su nue^ 
VaeapitáJ.'.-' ' ''••"'' •• '- i'"' • • - ' ^' •• ' ' ' 
i La cilídad pb&ée adeinák el edificio del Instituto 
litérátfo, ¿i'ífeíitre^e Ala!?cott,.que iíuéde cotltfenéB 
2>000^persoíiias> ütf^io^pEKál, un matadero, dóc& 
posadas, üri cuartel, caíadé córreos^ éfetaéion te^ 
tegráficaíjuñaim^éntá, cinco curtidurías, ün tno- 
Kno íde ¡aceite,' cuatro fábricas dé agtiarídieúté^' 
Gbho de ladrillos y tejas y echo cáminoS vééindlésf; 
- "fbtmn lép suhiirbíos de ésti- ciudad los si- 
guientes barrios: SañPbdro y Santd- Cristo, pot 



13? 

úSm; Amatítlanj, pocel Este;; San Anton^ por él 
0«9te^ y Gmadabpifea: ^ú GiJ/vatío poc el Noiite. 
: Faaado €¡1 piQtor«6eo>piiebfóciilllo.d¿ Saa Aaton, 
^.8^ IsUn^metroft .N. 0. de Go^aTtaoá^ ae desciea-- 
d0 á JUQa: pvofiíildac bMntancBi|KDi? tioí seodisro: es- 
trecho, y pedne^oao . Eíi eata Üareaiicai y ' <ftQ ; uóa 
aiturade^/37 metros, el agna que pnMmi>e; do 
QlYlit hacnraBca llamad^ 4e Toto> se.pr«id^ta> lor^ 
OMAdo en sa calda preck^saSi ei]duJ&oion«a> al- 
Xmtmi^ cpn/d^lgadi»^ ]|i]í99;^M<^ ^WJ se 
^a]!«^o d« la masa pptiiwjipal (fel ton^sti^*. ©e 
la (»«eBea abierta por 9] ^ua: oon Wyi^vs^^^ 
golpeo^ seelevi^ éata^en Dfteijiudas partíQD)a$> pror. 
düjetoa<lo á, los: tifvísimoai r£|yos dial sol, Ideicolo-. 
le^ del iris, notables por.su persistencia. £1 conr 
tiajiío mQvii9ienti> del-agüta al pié del $a|to> ha 
^aeaxnado X^ daont^alia^ abriendo una gruta pro* 
fipda que por su lohregu^ contijasta t&Qto. coa 
la blancura de la corriente cristalina, y coA: el 
&eseo verdor de los beli^ohos, delosflí^bu^tos y 
plantías tropipaleSj que engranan aquiajla c^encaf 
Grietas profundas $urca;iii h.02$:$optaln;Lent^la9 pa* 
redes vertijcales de la barraqca q^e miran; ^ 
Oriente, en tanto que en el decljive, opuesto uq 
^pp de pri^m^ basálticos incrustados en d ter- 
reno, alternan con la3^ lucieiM^es bpjas do^ las 
aaonáceas. Los les4ones4^ bc^Uieo que>. piejKli^n- 
tes de la cím%, ftotan t más di medi* altura de 



m 

la barranca, y la frondosidad de Lofii árboles^ en- 
/fcre üuijyo follaje se .descubren las esbeltas hojas 
del banano, contribuyen á hermosear el Ing^t, 
dándo]^ UBjispeivto ebcaottbdlQri 
, trm cuartos p^c^^ .4egijta.ial ISste de Cuerna^ 
^a0a,-se h^Ua eL|^iiei^lo ](Íi^ (^hapultepec (cerv^ 
Má^^^ ap^a por s^^^^ 
frutales y sienoibras de semillas y legunabres. 

H4cia el Sur jji, l^ piispa, distancia se encuea- 
tiraéi;pueblo de A^ck|)ahtziip^b (trente deítísfttizál)^. 
íia industria de kus hí^itantie^ consiste eá él ^é^^ 
tiyo de ¿r))oles frutales. Sp.^situació'á^klitíiibeaia-- 
cíoííés de h capital y ^u aMéiiillad, hiceii ^ ^sté 
pueblo un lugar de recreo. -' ^^ 

l!n él, el archidocf ud M^odiÉiíIíano hizo bonstmir 
una gruta eonhe^osoj^din y »*»«*»«».. 
, £1 iEsta4o de itcfrelos se'^baUa dividid^ ¡para m 
ai^l^ifaistr^cion en Us sigal^ptes fracciqpff»; . • 

•''•'• i í .'■ ' ! i :'•;'. 

MUNÍGIPALIQXdES. Káza úii^ta. ladfgeQa. Extranjeros! Tofiá, , 

DíStRÍTODKCüflWA- ' • '■ ' 



YAGA. 



• a'^ 



Cuernavaca . . 8,225 5,807 , ,ii4. ií^m 

Teipoxtlaa. . • 2;456 4^149 v 6^/^05 

Xochitepec. 2,97.4 2,797 jié 5,777 

Tlaitizapau . . 5,468 ;á,600 ,i§ 7„283 

Xiatepec 2,902 8;612 > 5 ; 5,51» 



■k 



A ító vuelta. . . . 39,260 



134 

■UUNiCIPAUDADBS. Raza nuxta. lodigciM. Extnqjera*. TotaL 



-TT" 



DekTuelta.. . . 39,260 

DlSTlÚTO DE MORELOS. ' •• • 

Cuantía .... 10,678 1,399 29 12,106 

Ayala . . . , / 1,2Q6 2,610. 2 . 3,818 

Ocuituco. . .-.i l',381 6,329- » 7,710 

Yecapixtiái .■ ; 4',83S ^ 1,580 , i ;6,416 

DlSTBITO DE TaUTEPEC. 

Yautepep^ 1 .. . p,0'59 4,Ó17Íf 20 - 7^096 

Tlayacapám.\ 2,021 ^979 », 6,000 



TotQlapanj^ 


j ' • . 


■ i ^ < 


1 

t ' - 


. ' 


municipio. « .; 


4571 


2,213 

• k 1 A 


,/. ^ 


.3,786 


Tlalnepantía^ 


* * 


• •v 

. ,1 . 


r 




miinicipio;.: J . 


1,0441' 1,786 j 


:.3) 


2,830 


OlSTtÚTO hE T&ÉEGALA. 




X. 




- 


f ' ■ • * 

TeteeaJa. : ; J 


1;972 


i,532 


3 


3,507 


Miacatlaií . .". 


3,619 


^909 


Í3 


4,54i 


Joiutla 


3,140 


3,535 


14 

1 T 


6,689 


Tlttqtriltenángo 


1,343 


3,932 


il 


5,286 


Puente delxtla 


2,044 


1,860 


6 


3,910 


Aitíacnsao> mu- 


1 « 




. • ,lv 


1 ' 


üicipio. i . . 


• 1Í227 


4773 


2 


Q,0G2 


Coíitlandelílio, 


ro:.' 


1 




:Í, . 


municipio. . 


í,3S7 


589 


9 


1,946 


Mazatepee^ id. 


1,103 


345 


• » 


1,448 



Ai frente. . . 119,351 



,< :, :-;■ 






1 

r 

^ 'MUNICIPALIDADES. 

i 


135 

Raza mixtai. Indigenír. ISxtranjeros. Total. 


» 

Jonacatepec. . 
. .iZacualpam- 

. Amilpas . • • ! • 
Xaatetelco.,... 
Tetelilla. . , . 
Tepídtzineo . . 


:: Del fíente. 

5,2é4 2,375 

2,469: 4,854, 
2,623 2,320 
2,189 2,914 
1,140 . 3,728 


.. .. . 11S!,351 

w 

.f , : 

.6 ■7,635 

. .:> ; •::• 

.%-. 7,327 
2 4,945 
T> 5,103 
» 4,868 



I lili I I « 1 1 ■ ■. • •■■■ . ■ n "^ 



Samas, 77,340 71.744 185 149,269 

» 

i 

. El camino para Uagar á Gaeabuamilpa recorre 
lo3 terreaoa iperteoecientas á los di;stríto3 de Guer- 
navaca y Xatacala; y.á medida qu^ en él se avan- 
za, se dasúubren ¿ uno y Qtr<:^ lado, aras ó me- 
nos cerca. Jos pnehlojs y líiacíendAs de 1%, mayor 
parte da sus municipalidades. 

Al N.¡:E. de CB^Tftayaca sa ven las montañas 
d© Tepoxliaíi (lugar da figuro).. La vlUa del: mifr 
moi)9Q^braj cai)aciei*a de ;la municipalidad, se 
enQuantra situadi ^ j^ cañada que sa forma por 
los montes de Otlayuoa. ' Está cordillera, quaí;e 
díBsprende de la sierra idel Pppocatepatl, se báf 
Jla revestida casi en su totalidad de vegqtacion, 
produciendo cedros, ayacahuites, caobas, encino 



^_A 



136 

de diversas clases y el oyametl. Eq tiempo deUu- 
Tias esas emifleB^iafr^ dqtti e r e a ^ beüe aspo o to^ 
iBl por la frondosidad do la vegetación como por 
los arroyuelos que se forman y precipitan :d88de 
las alturas^ serpenteando por los declives como 
i¿lbs de plata^ y que por s¡a Uanouta tanto con- 
trastan con las ennegrecida^ supeífiaies de las 
rocas. Al llegar esos so^royds á las partéB mis 
bajas^ forman otras tantas «iiscadas y se Xíwta 
porinedio de varias barranquillas á ua arro^ 
qué Recorre los terrenos de la muQidpaUdad. 
No-eseasean on ks misma*s montañas los mine- 
rales de fierro^ circunstancia de dónde tomó orí- 
gen el nombre de la población. 

Al Suroeste de Cuerna vaca y á dos y medica le- 
guas 8<e encuentra Xiutepec (cetro de yerba) coa 
mil doscientos setenta y nueva habitatites. SI 
pueblo ^se halla situado en medio de un Uatto 
limitado ú Oriente por «eiffiasí ernikiendas que 
forman una cordillera rí^ de vegetaoíon y ebtre 
ouy os arboles se cuentan álgü&oi^ de finas y ex- 
^piiiiks maderas. Lai^prinoipátos cuE&bres de esa 
Dordiilera se deíaofidinan ^fríga de {^ta> ila- 
mi^da asi por ser mineral; 6l Tajón^ la'Palma^ 
Rancho del Cerrado y Moüte-Ñegró. En oste lil- 
timo lugar tuvo efecto el 22 de Agosto de ÍBIO 
un fenómeno que causó gran sensación entró k» 
habitantes de aquellas comarcas. Al declinar la 



• . i f 



13P7 

taludé dé ese día^ laitaenfiKiB nubarrones T^rtíáíi el 
agiia7á:4orréiites;' eseaclMiaadoseid^propío tíenapo 
h^o dfeiieiTafaertes detonáblones yüntíi^tídóíe 
^a ügéreílfirremoto. Al día «^Meote s^ obtervb 
tpie'k vegetMíonnque rewstiarla moútafia baUa 
^tesapsa^ido^eauíHi exteiisa'í?raa de^^^ 
presditando ^oh rocas ennegr^áasy mú Lesión 
alguna^rbí cumbre* Todés io^ dei^ojos de tbn^^ 
piedra y maleaas^ prefteíatándo una ma^sa oompac^ 
ta^ cubrían á poca distancia el suelo arrojados allí, 
sin duda a^nna^ por la fuerte tensión del iire^ 
ijmy MiJüAo yiolentamente por el calórico inte- 
rior^ abrióse paso p¿r ios derciives ófá ella. Esos 
despojbs {brmaron e¿ algunos puntos un espesor 
que varia dé nhá y media' á tres varas. ' 

Bt»' arroyü» dé algea ^ pérmanebte^ frasca y 
id)Undante>:xiega)n;'lóá terrenos de la muoibipiíh 
iídftd: aaaíboS'Se/ ix^iK>cen 'C6n nomhire de la 
filnranoau Ihia-éa eüijs macé en el; pueblo de 
O^apaltapec^:^ áá jur|8diecim^ de Gaaroavaca> 
ritga^lá Uacienda^'de A^iácomhleo ^ prakpor el 
centro del pueblo de Xitiiepeé^ j 6l otro s¿ íoÑ 
xba de los ramrós jdelTexalpianit^ aumentahdo su 
raudal con. eV agua qile proTÍéáld de bs Tértíén*- 
té6 de bs fuentes bl Noroeste y muy cereade Xi«* 
tepec. Beúneúse ambas barrancas^ cuyo curso es 
de Ndrte i Sur^ én-t^l pueibb de Zaouaipam^ á 
cuatro kilómetros al Sur de la cabecera ¿ 



\ 



138 

Conócese con «I nombre de Pfisao ds ks Fáea- 
tes un sitio aitieno/ que dista» 4o3> ^láDQBtros de 
Xiutéjpec hacia el Noroeste. jQopiosos inséantia^ 
les de agua cfistallna forman ima <so(rtieQte rápí*- 
da en medio ide una i^getaoton Tirgeqjy lozana: 
grupos de frondosos sabinofs; de frésaos j ¿la* 
mos^ higueras jsilrestres^ inanmjós^ cáangkresy 
otros árboles frutales dan \sombra ¿ ese tío, á 
cuyas márgenes se extienden rraui^^.y fértiles 

campiñas.- '.' ■ .,../':j >.;-•■ ^ ;o ^ i- '":.r.' ■..••: . 

Desde el camino, y á diez kilámete^os.de Cuer- 
navaca, se distinguen por la parte oíSie&tál la ha* 
cienda del Puente y el píieblo deXoehitepec. > 

Xochitepec, que quiere decir cerro de l¡(iflor\ 
es la cabecera de k munidpaUdad de su noa,- 
hre^ con mil quinientos habitantes^ ^ y^ datante 
de Guernavacá veinte. kUómeti^^alySuií.:: Las 
montafkas de Golotepec^ Alpnyeca^ j£an J¿sé y 
Tetelpay foorman hermosos, vattes^yi muy partí* 
cularmente el qué oéupan IdsíienBnps'de laé 
haci^das Uamédas Ghiéoocuab f- elí Fuente, 
donde se cultiva la; eíLflá dé* azúeaiM y el aiToz, 
artículos tqueconetítayanna prinoipal riquezade 
estos lugares* Riegan estos avalles dos riós. que 
se conrocen con' los nombres de Apatlacó y Al- 
puyeca^ cuyo curso es de Norte á Sur, y isu con- 
fluencia en un pdnto cerca de Xoxocotla. El 
primero nace en la barranca de Santa Marfa> 



t39 

Udonieipftlidad de Guemavaca^ y el segundo en 
JliSrde TMlaoaa. Reú&eseles e& Apáikdo consb- 
4l»rah](e cpíntíd^^ ; 4p ¿^a salobre que píevletie 
de dos j[n^9it(iftl§{f^. > %\x e^tos . rios s^ pesca!n 

touchas;y l^agre^-. ; . J . .; ^ /^ 

La haciendí^i ide: cañ^ ¿e Ten^A> de la .miitríl- 
i^palidaid de;,QqecA%yaJpa^ ;y l«s dej Ghijpononae y 
39n Vfce.útg, ^pwd^ depirsei quehoy fonp?ttX; vssx^ 
sola hagjen^, ; §liyfi§;fr utps ; s» ; beneficiau. , iodos ' 
69 esila úlUma^Jll^r'^eriiiejiUo^ propietarioi de 
ellas^ .l^ia.lpgj^adoi^stableceF.eQ la de Saü y&atfte 
W^i t9ft£Pt^(^. ma^HÍú^iri» piafa la elaboraoiea y 
i^Ti¡S^^zf:^j^^ mj9 costo ba aseeiadido 

á;lft:5»ma de SOQ^O^ ViM f 

; ; Eslías, hapieqdai3.;el^omn al; a¿Q:: 



> t : *: ..': :<:;.. ' , • • '• '"-i / 



TemisGo 26,000 ^ de azficar 3^000 de miel. 



I . t 



"/"• ' Mü^bÓto i •- 56,488 -C 

£1 camiob piloaig»e |)or los tetrenos perteiiet- 
cientes al distritoideiTótecala. Ooapan todo el dis^ 
tnXo, ei](t]^3Qiií.l0mei!ioe:y;:^á{)os de.'cerroside 
poca elevaeioii,^ poc 9ti arídiess fj^niaíi unnQ* 
table «QBtra^tfi .qod W frondoaais y fértiles, cjifiai^ 
das. Los rii$)$- <^e las ríetgan son: el dé Coaitkíi 
que oace al Norte en las montafias de Ocuilaydel 
Estado de México^ pasa por la bacienda de Coco- 



140 

yotU, GoatiaQ del Rio, 13«t8cala, Staii^eitjOili- 
4an y C!oaehiehíiúola, unténdose d (Aiiíacbait!^ 
^ TÍO Tei&bgmbé oace lgtiálíneritó^eí»i)á bam?atHÍ<i 
ide Toto, p«$a pór1;orrem>s4é^GiáéiftU^, Bfiaóa^ 
tlan, Mazatepec y Ahuehuecin^^ sé toB al kü^ 
{Btíor, á una l^tta al Norte dé IiHla. -IS/a ektos 
TÍOS 86 odg€i& cam^oaes, ba.^t€B, €ktigve¡üs, lee^ 
|flirra6> pericas de agaá/r0Bl(5ad<H<e9, lialmiclied y 
' triichag. La laguna de Cd«l^éleb^, alteada al 
'Oriebte d# It£azatepee y^e tfa Mlómiáttid 4e \6tk^ 
gttúd, presenta ^o paiK^^k^a agradable pot iM 
plftntfos de cafia f{ue k todera '^ j^i-k iBttltfVM 
<de garzas que se^en sébi^e lá sH*péii!éle dé^ltk 
aguas. Esta laguna pro^ulíe Í¿ü«3iútti4e ttfiáuife 
y bagres. PerteiLetiiente al distifitd se éoctteátra 
otra laguna muy notable, en jurisdicción de Puen- 
te de Ixtla. Conócese ésta laguna coíi él nombre 
de Teque^uitengo, cuya eiteíísion es 4e eoatro 
leguas cuadradas. Dos par^ülaridades notables 
ofrece esta laguna á la atención del viajero. La 
fiiamera oonsiste ^i su grMi|]ír«fiQpididad> calcu- 
lada en^ metros hácáa tílceiitré; > 

Cerca de BuorUiff^ass^al-M 'ha&ft sttfiíergide 
un piieMo, pudteikdo (fitóisg^i»B/wi«iá^ k 4^^ 
fanidad de las ágúas lo ^«^rnitén éh fronti^iéié 
d^%ibplo> sobresaliendo dé la ift^SSa soperñde^ 
la >oini£ óon que rematíi la totre. ' 

Constituye la segunda^ la eiistetnóia de unos 



m 

tfsros^ Uftrpadofií c^c^actfffv» l»a contraidiOi la 
C9^^^^>^írar(^a^^^ivif efl lel figua y, que eoi/irMíft 
c|6. lüa iorala^P ,4e wjetftFlps. al yiígoi. CaaSdAel 

caJpf: del 8oí( sft .haots. spotir con xmjw hñn%^ 

hi^ep appi^sifna^^QieQte jbtirlaadó 1^. n^laaoiA 

^ ]^a'TUlft4eT9tj9Ql}«(e^{i99s4epiedita)^o^ 
dí^(íiitoiít»> fiP liíillaífiitiMtfJa ó kjnío'gea iasq^ienift 
d^sl; rw) Cpfttlw» y-* 40 fcij^toetros S. 0. de Cuetr' 
nai^oa^ con 2^000 : h^tf^ teisH Su» tacreaod sooi 

puodiictiyps y m vjageíja^k)Q ten yigorow.q^ ^' 
poiaíz de rjegOj SQ.coecfcba ^qtgs^ de cuatro mesesi 
y el de^ teitippral ái Ipfi s6j« después de.sa simsíh 
íjra; ^l plátaiip, swijpipre dá su, fruto taMololftn- 
piandío ía plsujfta y el teíiTeao^ eji qoe h^ empecido; 
laeafie^ destfiSK^fir adqjUijiejQe muchas veces én su 
desarrollo nnn loDgitq4 á» ti:es metrofl; sé. cose* 
cha^ ad^ipí^el, frijol, pipíe, 4JP»jolí, eamotft y 
sayoz, cuyo <3>liivo e* de líi wayqr imporjUmcia 
en la^ ve^ tod^t» del iíq QoatUn;. d^bea saen- 
donarse entre la? ft:ujÍ4as, aandíAS^ oaelones^ cocos, 
agcqBic«i»tes, liiQa^y, aiAonaa, UiRbiricbás> chícozaf^ 
pote, pangos^ ümm, guánóvams, dátáka, oi*- 
ruelas, mameyes y i»pp!t;es.{^ñetoa, pcoduciendo 
ademá& en, abui^danpie, toda: clase de legumi^ses 
yverdurap.. 



149 

^- Eli calor es ifísc^dr(ablé>eia esitt localidad;^ 
mareando el termómetro 6 tásoteibrá hasta M^ C. 

' A 4 kilómetros de^-Tétócalá, ^íróáiguiéndo el 
Qáttfíüo hacia el Poníéhte, dé éilcügntra el pinto- 
resco po€d3lo de Goatlaü del Rio (lügaf de ctJe- 
bras): Erguidos cocoteros se. a^itipáh en tordo 
de ia l^sia parroquial^ deihuttfiláé'aspébto; léií 
cafetos y platanares, entre cuyo follaje deséüéfifá 
el ésheihó papayo^ ápétt^í pet^bíitétilleécábrír^ ^or 
entre gtrsranaag^ las habitatíemes dé lá ^óbracidü'l' 
El' tupido ramaje de coi*pbleáílós' árboles, e1itr¿' 
los que se cuentan Ids nará^jósj 'mkngos, limone- 
ros y limeros, se dibuja eñ Ijisa'guás de un río 
cristalino, que con sus vegas -fértiles y amenas 
aumenta los encantos de tan bello paisaje;^' 

-ApéíiaíPse sale de eBta poji^laéíon se vuelve á' 
cariainaT' por lomas y cdtittás' esléríles, cdñ tíirec- 
cien- al Sitr, y solo de treéhb'eh trecho éé dístin^" 
guerf' algunas cañadas vésifdaí de vegetación. ' 
A'6'kílómetrosLde Ckiátlan se pehetrá'éti una 
cañada- formada p<M* ójiuekás ettiíñénciás en los 
confines del" Estado, límites 'ííoií ^ de €rüérreró, ' 
ascendiendo por una vereda jiédiregosá, á la falda 
de la^montáfia^ hasta llegar fiíl' piiébtécillo deCa- 
cahuamilpa (siembra id0:ca0ahi!^$es)^uetl!stá de 
Gdatkn 8 kilómetro^. Algunáís caluchas y un' 
templo. pec(uéfio, dehümiildfsiíUoaspeetó^ ocupan 
la falda de un cerro, y desde este punto, cami- 



143 

tíán^ iri¿iiErpre por desfiladeros y en contínuo 
dws^eiiso;^ iá Uega al grupo dé cerros elevadtís^ 
dU^ünó de;-;lo3 cuales súbitamente se daseabroi 
la obectüire de k famosa 



:0." 



t ■ •;-. 



Í/ 1 • > ' , <■• "I ' » . • : . • . ■'"."/ 

, t - -. A-l • • f 

£vAítíbs'úe peai^trar én Jos: antros misteciosos. 
d&iáxsar^ráa. oonTséná datluiia idea¿deia.itopor»; 

terreoé de talunaaera* ^TdaciaHaa goq; aqhdlla/ 
gj^nt^seajob» aataral^ qüa hacen ándispbnsable ! 
el pJeao. oobooimieQtoi del todos susí ddtallésj :: 

s^omando por panto de partida la úsontafiá de 
la'-cá^Eftíi^ -eattiéadénse al:Ñortef déreüa/ dos coif-r 
diUesasi opu^as iopie forman uoá oafiad^^ cu.yd 
thalw^i itíene :una diréceíon de .Norte 4 Sur. De 
estás dds^cadeiyas lábccidental sefiga inmediata^ 
ibénte eoH la :mk)ntaUa de la . cayerna. ien tanto ' 
qae la oriental^ desviándose poi^ enfrente dt3 elk;/' 
deja iio' espací o <ié terreno> en^iel cual se eleisá' 
o^ eáiineneia^'de una altura basi nula per et' 
ladp dejia cañada^ pero de grande elevación por i 
el opuesto^ eiidoüde la eontrapendíente secon^ 
fabde/CoHilavertiealv • . ' í . 

-rTan iueríóles por está parte la detpresron dpi i 
tdtréno^ qiíe para descender á él> se hace prepiso;^ 



141. 

las más reces, apoyar pus y manos eoiks nsarn 
j troDOos de los árboles para evít» k cakiafMit 
los deafiladerosL Esta cuenca da origeo á .otrife 
cañada, cuya dirección esdeOoddanteuáOxieiite. 
El descenso rápido en tan corto espacio de terreno 
convierte éste en xm logar do estretoada frago- 
sidad. Vense rocas acantiladas, dominando el 
abismo y taladradas por las aceradas raíces de 
les amates. AUi la nafoialeza agrede oc^taflon 
rm iDanto de espláididó foÚAJe^ una da sorobr^ 
m& admirables. Saltando do uno. eaotrapellafiea 
y> abriéndose pasa por entra las tamas de los ir* 
bolss^ el Tiajero llega áicglooarse iral un punlü^ 
en medio de un rio cristalino, desde donde, lapr 
zandoinstíntiTaiimitoun grito de sorpresa^ pnode 
admirar á. un tiempo mismo dos cotesales j ber 
Dtsímas gruta», de cuyo fondo s^eu setpenteando 
y en rápida corriente, los dos ríos, que aKoaentan 
el Amajcnsac. Laa piedras calizas qat forman laft 
bóvedas de las. grutas se hallan, diapaeskas di^ iáL 
ipanera^ que parece que ea su oolocaciou intor<- 
ñao el arte con sus precisas reglás;^ despcéndense 
da* las grietas dd las bóivedas y ea forma: de^ fias^ 
tonas, las estalactitas con aquel desorden que 
aumenta los encantos de la naturaleza. 

Las bóvedas disminuyen graduabnente da ú^ 
tura, presentando ea el fondo ima lóbfega aber- 
tu«ra por donde sale el agua, dando lidiaos áe la 



145 

profanc^ftd de los subterráneos. La espléndida 
luz que ilumina la parte abierta de Is» gmts&, 
lucha por p^netirar ¡sn el foujdo para disipar las 
tiniabks> y «ipénas con sus reflejos, hace brillar 
el agua en -los puntos en que, por algunos obs-t 
tápulos, rcrope su cojfTÍente. 

De vez en cuando parvadas de guacamayas, 
asustadas por la presencia del viajero, abando«-' 
nan sus nidos, hendiendo el aire con su rápido 
vueb^ bajo las cenicientas rocas de las grutas^ 
para proyectarse después en la purísima bóveda 
del ciclo. 

' ' ' ■ . * 

Esas dos grutai^ se hallan en opuesta posición: 
la tina mira al Norte y la otra al Sur, reuniéndoi- 
se frente de la primera los dos ríos que forman 
el AiDacusac Si se brusca el origen de éstos, 
preciso es rexud^ntarse hasta las alturas de Te- 
nancingo y de ktapa de la Sd> en el Estado da 
México, cuyo territorio riegan dirigiendo su cur- 
so hacia k montafia de Cacahuapiilpa, para per- 
derse en ella y brotar de nuevo en el agreste lu-^ 
gar que acaba de describirse, 

Encumbrando de nuevo la eminencia^ el viajero 
pue^e contemplar^ desde la meseta, la e]^fisa bo* 
ca de la caverna «on los verdes festonea de follaje 
que la adornan, y algunas eoncrecíoiíeft de esta- 
lactitas que se presentan como un indicio de las 

García-Cubas.— 11 



146 

maravillosas cristalizaciones que en- sus autros 
aquella encierra. 

Llégase á la abertura natural por un sendero 
estrecho y de poca extensión. La longitud de la 
base de esta abertura es de 36 metros^ su mayor 
altura de 4,7o. El rumbo de la base 19^ Suroeste 
y la temperatura ¿ las doce del dia y á la som- 
bra, 27« R. 

La existencia de la caverna permaneció igno- 
rada hasta el afio de 1833. Los mismos indios, 
antes de esta época, no se atrevían á penetrar en 
ella, creyendo, en su ciego fanatismo, que la pri- 
mera estalactita en figura de chivo, era la encar- 
nación del espíritu malo que impedia el acceso al 
interior. 

ün incidente reveló al mundo ciyili:^ado la im- 
portañola de esa tan prodigiosa obra natural. Re- 
fugiado un criminal en la caverna, permaneció 
en ella durante el tiempo que duró la persecución, 
cesada la cual, pudó regres^ur á i^ hogar, asom- 
brando con sus relaciones fantásticas á los veci- 
nos de Tetecala, quienes Inmediatamente dispu- 
sieron la primera expedición. 

Muy dividida se encuentra la opinión r^pecto 
de las teorías referentes á la formación de las ca- 
veriias: naos la atribuyen á la acción de las aguas 
y otros á la plutóniea. 



U7 

La e^^ji&tQacia de los. dos tios^ que pérdiéadose 
•en la montaña de Gacahuamilpa surgen de :nue- 
vó en un lugar más bajo que el subió .de la ea- 
verna^ ha hecho tp^esumir que en la forniacloa 
de ésta las aguas han ejercido la aceton prind- 
ps^; pero si se atiende á diversas eircülistañcias 
contrariase debe creerse más bien que t&l 0fQct9 
tuTO por c^iusa una dislocación violentadel terr 
reno^ de la misma manera que se observa en las 
í?tletas de los minerales.; con solo la diferencia de 
fab» «do éstas-taye^Uda. por to ,.aWa, ton- 
didas. ^ 

Los terrenos ady aceptes, en los cuales se ad* 
vierten dislocadas y . metamorfoséadas las cap^s 
palizas, corroboran esta aserción . 

En lo^ mares^ el continuo movimiento del agua 
desaloja, las materias sólidas del terreno, abrienr 
do grietas y. grutas profundas, así como en las 
tierras continentales las aguas han contribuido 
principalmente á perforar las montañas. No solo 
esta causa puede producir tales efectos: la eyec- 
ción de materias eruptivas, el enfriamiento de las 
lavas, la expansión dé Iqs. gases y vapores y la 
liquidación ígnea de las rocas, son otras tantas 
cansas á que debe atribuirse la existencia de las 
grutas y cavernas que tan justamente nos ad^ú-^ 
ran. Supónpse igujalmente que los espaiciosb^y 
libres se hallaban ocupados en tiempo^ Temótos 



1418 

f(^t grande^ í&asas de i^\ qae^ disnelta por el 
agua^ fué arrastrada én su eorrieiiAe; mas lo que 
no admSte doda es^ que la acoion plutdniea lia 
didc^ éi agetite^ príBcipat 6ir la formación de mo*- 
ohan oayeraas. 

E^&údtiUmdo con k mayor atenok>fi eljififer 
íiof de la caverna, no se ven ni canto» rodados^ 
nt áreáa&, ni limo que hicieran presncaír h exSs^ 
leíioia ^n épocas lejatoas de grandes corrientes 
^e produjeran la grdnde oquedad que nos ad- 
Tflira; por el contrario, todasf las rocas que se en- 
cuentran agrupadas en el suelo y provienen ie 
fuertes derrumbes, así como fes que forman las 
paredes y ks bóvedas, sen angulosas, con m 
aristas bien determinadas; circunstancias que no 
se observsin en las dos grutas de que- he- líeelio 
mendon. Aquí se encnentran grandes péfiaseos 
sin aristas y carcomidos por la aceúoo éel agua. 
La existencia de los dos ri^s próximos á la caver- 
na debe atribuirse á una coincidencia casual, co- 
mo ha podido observarse en otras cavernas cuyas 
circunstancias son idénticas. La montafia deCá- 
eahuamilpa, según fundadas conjeturáis, se halla 
perforada en todas dil^eceiones, formindo gale- 
rías laterales, quizá tan interesantes por sus de- 
taM#s COMO por el oafidn priiieipal que ya emor 
eemos. Los rioi$ de Ixtapa y Tenandngo, según 
mihumiMe juicio, ijued^p^inguna rnaneraf pueále 



reatarse cotnt) \xü% concusión Añüwtím,, oi> per^ 
f oraron lia xtioétafia^ 3íqo qu^/ encontlnaiido «üb 
«orrieoites camíiios 'subterráneos^ prosiguieroQ 
por ejlios «lüi oufso. ; ^ - 

Vqí. ^^t9i parte^ no |puada oroerseisin Tíobodá^ 
4|tie dos ríos de tao. esbaso caudal hayan pbdidá 
ObO S0I9 abHr d t^oa^lprlDfóifíii^ sino la& gali^^ías 
la^afós qfie jbaé^a ddl xíanjnnto jon verdadero 
labertoto. En U foraiaeioa de lá eaverciá de Ga- 
<^üa£milpa puede h^fo;^ mterveíiiidío ei !a^^^! pe- 
ro no ^omo Higeaite príiicipal . 

^Tosñ^vms nuestra «K^ursion al interior déla 
^avarAa, 

Descendiendo por una rampa arenosa^ sf p»^^ 
QeU'a ¿ h primera galería^ enteramente ihicnina- 
da por la luz natural. lA$ •ei^tensai proporciimes 
dé eata gaiaria^ con sus paredes de rocas: acaaiti- 
ladas y de Corroes peftasEtoe que' JpaiMc© que » 
derrumban; los festones de estalaetitast que ae 
ven $uspeadJ!das de la aucba bóveda, surcada 
por grietas proCu^adas; las «»prífcbosas est^acttii- 
tas que se pre^tan> ora en figura deprwioisas. 
€oliíl<>reS| ora repfiE»sontaodo coIuninf,s de xn&ür 
mol; y por .úlümo, la pavorosa oscurkiad /que^ 
reida ya^n la segunda galería^ en lObedio de la 
cuial apenad se distingue el brillo de las antOTn 
^bas^ tbdo ello fürtna ua conjutito deíadmiredoa 
pata el hoiaibre indiferente, y de conmoción y 



)5Ó 

asombro para el que ha recibido de la naturaleza 
el sentimiento de lo grande y de lo bello. 

Las estalactitas y las estalacmitas no son otra 
cosa que las concreciones de caliza incrustante* 
Filtrándose el agua que lleva en disolución el 
bicarbonato de cal^ se adhiere en el techo de la 
caverna á una yerba ó á cualquiera objeto peque* 
fio que forma un núcleo: por el desprendimien- 
ta del ácido carbónico^ la materia 4^1iza vuelve 
á su estado primitivo^ revistiendo á qquél objeto. 
Nuevas filtraciones producen el mismo efecto^ 
haciendo crecer^ por agregación sucesiva^ las 
estalactitas^ que adquieren las más* variadas fi- 
guras. 

Las gotas que se desprenden de la bóveda y 
caen al suelo, elaboran de la misma manara otras 
concreciones en sentido inverso^ constituyendo 
entonces la» estalacmitas, que muchas veces se 
unen (t las estalactitas por sus vértices. 

La atención del viajero, en la primera galería, 
86 fija preferentemente en dos objetos: primero, 
en la estalacmita que representa el chivo^ncan- 
todo, que por habérsele destruido la cabeza ha 
perdido su primitiva forma; y después en una 
preciosa columna que, con su gracioso capitel i 
manera de un penacho, sostiene el arranque de 
un arco natural. La presencia de esta columna 
despierta la idea de la creación de un estilo de 



151 

arquíteetura á imitación de la naturaleza; así co-* 
TúQ un canastillo con la preciosa hoja de acanto^ 
infundió á los griegos la idea del hermoso eapi* 
teLcorintio. ' 

Salvando los obstáculos que ofrece el hacina- 
miento de las rocas desprendidas de la bóTeda, 
se pasa al salón del Pulpito^ qije yo me atreve- 
ría á llamar^ más bien, galería del TronQ. Aquí 
la oscuridad es completa y apenas puede distinr 
guijrse, á la tenue )uz de las antorchas, las her* 
mosas concreciones, cuyo interés, por su forma 
y magnitud, crece progresivamente. Primorosas 
labores de encaje y filigrana bordan el suelo y 
rociean las enhiestas estalacmitas; en tanto que 
bellas incrustaciones, blancas como el mármol 
de Carrara, revisten las paredes y refíjejan la luz 
con sus prismáticos cristales* En forma de ele- 
gante cortinaje circular y diestramente arrugado 
por la mano maestra de la naturaleza, se dés^ 
prende de la bóveda un haz de estalactitas, cu- 
briendo una concreción que gradualmente se le- 
vanta del suelo. 



r - • 



III. 



Ej. cañón principal de la caverna, cuya dírec:^ 
cion general es al Poniente, con poca inclinación 
al Sur, se halla dividido por arcos naturales ó 



162 

por grandes agrupamieatos de estalacmitas colo- 
sales. Solamente en el tránsito dé una á otra ga* 
lerla^ cuyo sitio preciso no recuerdo^ se observa 
un cambio brusco de dirección al S. E.^ de cu- 
nera que los ejes de ambas galerías forman un 
ángulo agudo. < * 

El corto tiempo que permanecí e& la eavaraa, 
no me permitió anotar todos los monuolentoa 
notables que ésta encierra, para poder^ cuando 
menos, dar una idea de ellos; me limitaré, por 
tanto, á describir ligeramente los que m^jQ^ ün* 
presión me causaron. 

Al penetrar en una de las galerías se admiran 
bellas y colosales estalacmitas, que iluminadas 
por las bujías y vistas dé lejos, aparecen cc^3qo 
edíñcios principales de una gran ciudad: sé ve ea 
primer lugar, un palacio de mármol con sus fa- 
rolas encendidas, efecto producido por las bujías, 
y é su izquierda, medio perdido por las sombras, 
un templo, en cuyo cementerio se elevan dos 6 
tres erguidos pinos. La ilusión no desap^reoe sino 
basta el momento en que casi se tocan con las 
manos aquellas concreciones. Entonces, como por 
un efecto de fantasmagoría, desaparecen los edi- 
ficios, convirtiéndose el palacio en una primorosa 
fuente invernal. De dos tazas sobrepuestas y de 
mayor á menor diámetro, se desprenden chorros 
de agua congelada, cuyo receptáculo general es 



153 

un estanque con sos pretiies perfectamente ¿b^ 
terminados annque irregulares. Debería llamarse 
este salón, ce Galería de la fuente. » 

El extenso tramo úb los monumeiitos se halla 
dividido por un grupo de Voluminosas éstalac^ni- 
tas^ y en él^ durante nuestra permanencia^ los 
fuegos de Bengala produjeron efeetqs maravU 
Uoisos. 

Hallándonos en el término de la galería^ en- 
eeadiérpQse aquellos en el extremo opuesto^ per- 
Omitiéndonos distiaguir^ ante ui^ Tivísimo fondo 
de Inz, tas- enhiestas moles de las estaiacmitai^^ de 
entre hi cuales sobresalía, um por sus esbeltas 
proporciones, sa aguzada cima y disposición dé 
sus cristal^^ que la hacian aparecer como la torre 
gótica de una catedral;. Rodeada esta estalacmíta 
por otras informes y agrupadas como los edifícíós 
de una poblacipn, cualquiera creería, atendiendo 
á la fornáa de iatorre,' que desde una altura cúñ^ 
templaba á la ciudad de Estrasburgo, á la luzd^^ 
crepúsculo^ matinal. 

Los reflejos de esa luz, interceptada por los 
monumentos, iluminaban muy confusamente la 
parfe superior de la bóveda, qué en el conjunto 
de sus grandes péfiascos y profundas grietas, apa* 
recia qmio tm cielo nublado y tempestuoso. Stt 
vano luchaba la imaginación por dÓMchar ese 
efecto ilusorio para dar cabida á la realidad:- aqúe-- 



154 
líos monumentos la mantoTÍeron viva^ hasta que 
extinguida la luz quedaron sumergidos en las 
tinieblas. 

Llama muoho la atención la galeila á que se 
da el nombre de Salón delMuerto. Refiérese que 
habiéndose internado un viajero en la caveraa 
sin guias y sin la indispensable cuerda que diri- 
giera sus pasos á su regreso, pereció presa de las 
mayores angustias, afanáadose por encontrar la 
salida. Consumida la luz de la antorcha y la: que 
se proporcionó quemando sus propias vestidos, 
ya en medio de las tiuieblas, vagaba á la.ventuta' 
de tino en otro laberinto. Notables son las pala-^; 
bras con que describe este fatalincidente la via- 
jera Calderón de la Barca, esposa del primer, mi- 
nistro español acreditado cerca de nuestro gobiel-:, 
Q0> La referida señora se expresa asi:' 

« Uaos viajeros descubrieron aquí el esqueleto 
de un hombre, tendido sobre un costado, y coa 
la cíd)eza.casi revestida de oristaUzaciohes. Proba- 
blemente habría entrado solo en estos laberintps, 
ya impulsado por una atrevida oariosidad, ó.:ya 
huyendo de alguna persecución, y no encontrando, 
salida moriria de hambre. Cierto que:.es basi 
Imposible encontrar la salida de la cueva, sin al* 
gunas settales que guien los pasos entre aquellas 
galerías, salas, entradas y salidas y corredores 
coippartídos. . 



Í55 

« Aunque hay ráuolios objetos tan notables que 
ai íristanté se puedfen reconocer, tales como el 
attfiteatro, por eje.i»plo, hay cierta monotonía 
hasta! eti esta vatíedad; y fácil es coAéebir la si- 
teiacíón en-que debió háílarsQ aquel infeliz va-r 
gafidp entre obeliscos y pirámMes, y baños dó 
alabastro y columnas griegas; entre congelados 
torrentes que; üo pódiafi apaciguar su sed, y ár- 
boles cop fruias y hojas de mármol y vegetales 
cristalinos/ qub se burlaban de sü hambre, entre 
pálidos fantásiinas que no podian socorrerlo en 
sus apuros; figúrasele á uno oír sus gritos pidiendo 
auxilio, donde laS' voces producen un eco como 
8i l!odo$>los pálidos habitantes de la cavern$i res- 
pondiesen coh, burla, y verle en seguida, después 
de seagada el hacha, acostarse exhausto y deses- 
perada cerca de algún portal de mármol para 

- - La galería de los órgaiios es sin duda la máá 
üMable por la forma y número de las estalactitas 
y wtalácmitas qué se presentan bajo la forma de 
Gátitu& cristalizados. I^as variadas figuras de unas. 
y^tías> y su agrupaniiento complicado en gran- 
des ibasas, dan á esta galería el aspecto de un 
edificio gótico i La percusión en esas cristali- 
zaciones produce unidos más ó menos graves' 
en próporision ai grueso y densidad de aquéllas. 
Sorprenden otros salones por las figuras tan 



bermosas como variadas qoe ofreeea las co&ere- 
(uones^ las estalactitas ea forOMi ele airosas lám- 
paras^ y las estalacmibas sbVB^ináo esbeltos caá- 
delabras, eleyados obelisccís y graciosas paloias; 
{adiendo decirse que allí la natüralftea se hallak 
represeotada en sus tres reiiu>s: desde la peqoafii 
coliflor hasta el colosal st^iao con sus llotvitM 
madejas de parásitas, oonvertidfis^ hilos dei^ 
tal; así eu el reptil como ea el puiaiifisro qm se ?« 
á la entrada de la caverna; y por i^timo^ Ustá^ ea 
las piiedras oolíticas como ra las columnas y üxms 
monolíticas. 

Riadas en el suelo de la caveroa sé ejaeuffu- 
traa peque&as concreciones globulosas, que Ua^ 
man confites^ las cuales se forcnaa por el ^rtipa- 
miento del ^siarbonato de cal que tiene €Í agaa eá 
disolución, en torno de un» burbuja de aire, 4a m 
grano de arena, ó de un cuerpo orgánioo,, &)rr 
mandóse priioíiero el núcleo y engrosándoso.su- 
cesÍTamente por capas. &tos gramos se Úamm 
oolitas sí sdn pequefios y pisólit^s si son gráudes 
y bien determinadas las capas qtie los feísaw^ 
M. Yirlet pudo obs^nrar este fenómeno ea xme^ 
tro la^ de Texcoco, sqg^n hace notar D. Juaa 
YÜuiova en su premosa obra «Compendip de geo* 
logia. » Fenómeno debido, como se expresa ea 
ella^ á la <x consolidación ó fijación del eairbonfild 
de cal alrededor de cada uuo de los hueTOs> qtie 



1'57 

en:nú»i6ro prodigioso, depositan en el fondo de 
b¡B aguas la í^ríoefw fémorata y la Nt^toneeta 
tínifa^úiata, iiíáiéctús hemípterbs de lá tribu de 
lofirNotohectfdeosl »■ 

• • Las estalactitas tntmlosas^ abundan en la caver- 
ná, blancas, b!uei3aa y traslúcidas conofo el cafrón 
dfe^ uíia pluHiia; astf 'Como las estálactóitas de nn- 
mef osas y péquelVas^ mai3á[s>: agrupadái^ y amflo- 
na-áaí en iotmadé cbliñor. ' 

'Aún euandd eíi los grande» monumentos, laá 
co$«réciaüe& se presentan opacas y muy pareció 
das al OQíármoI estátMrio, sé encuentran^ sin em- 
baifgo, otras muchas cpisteBzacíonés, unas tras- 
íééidias y otras^ d¡áfanas*ebmó ei cuarzo y el cristal 
dé roca. 

El suelo de la caverna va en coiStínuü ascenso 
díe una á otra galería; de áuerté que el viajero 
puede obserrar sucesivamente, antes de traspa- 
sar, cada *no de los tramos, el ascenso de los 
guías qne le preceden y el hermoso efecto que 
producen las hrces de las antorchas en las altu- 
ras de k>s.pefiaseos. 

^ Al regresar de las remotas galerías de la ca-^ 
vwna, creo el viajero haber dado fin á sus im* 
presiones, sin sospechar él maravilloso y mágico 
efecto que le preparan íes primeros destellos de 
lá lti2 natural. Sumergido durante largo tiempo 
te las tinieblas á- pesar ' dte las antorchas, cuyo 



158 

efecto en los antros de la caverna no es otro que 
el producido por la luz fosforescente de las lu- 
ciérnagas en la inmensa extensión de los campos, 
la aparición súbita de los rayos solares le causaa 
la más Tiva y grata ÍQipresion. Despréndense en 
perspectiTa^ como los rQmpimientos de una de* 
coracion^ las salientes rocas de. las piaredes y b6- 
vedas en forma de pilastras y aróos, naturales^ 
presentándose en último : térmiaQ,. como el fon* 
do de la escena, la famosa entrada de la grata, 
por la cual penetra una luz verde, tenue y apa- 
cible reflejada por las plantas exteriores, y ve- 
lando, como con una gasa sutil, todos los obíe- 
tos, creyendo ver^ior último, el viajero, en todos 
esos detalles, los preparativos para una represen- 
tación fantástica. 

La total extensión de la caverna no es conocida, 
á pess^r de haber llegado todos los viajeros que la 
han visitado á la galería de los Órganos, fin de 
aquella según la expresioia de los guías. Diversas 
circunstancias revelan, muy fundadamente, la 
falsedad de tal aseveración. £1 aire que se res- 
pira y alimenta |2( luz arti&dal en lugares ..tan 
profundos, demuestra, la existencia de .comupica- 
ciones directas con el exterior. La desconfianza 
y el temor que para nuevas exploraciones á la 
aventura revelan en sus palabras los guías,, ádfl, 
fuerza á mi observación: apoyándola asicnismola^ 



159 

tradiciones^ según la& cuales existan galerías en 
donde el estruendo de un torrente infunde dertoi 
paTor que obliga á retroceder á los exploradores; 
y confirmala^ por último^ la opinión de un via-^ 
jéro observador^ el señor Landecío. Desde una) 
eminencia^ qué este señor llama: el palco escé-^ 
BÍco^ en la Sala de los Órganos^ se observa la 
continuación de la galería independientemente 
de. aquella por donde los guías conducen á ios- 
viajeoros^ siguiendp^ una 'planta curvilínea para 
volver al cañón principal. Otra observación hidd 
en aquellos subterráneos en el momento en que 
los referidos guías nos condujeron á la galería 
de los Órganos: el cambio brusco respecto de la 
dkeccíon general^ tal vez nos conduela á una ga- 
lería lateral; única conocida de las muchas que 
contiene en su conjuiíto aquel laberinto. 

No explorada suficientemente^ como de hecho 
no lo está nuestra famosa caverna^ no podemos 
asegurar que por su exlensioní sea la primera del 
mundo. La gruta de Mammouth^ en Kentuky^' 
cerca de-Luisville^ tiene la extensión enorme de 
diarenta kilómetros^ contándose en ella doscien- 
tas' veinte avenidas, cincuenta y siete cúpulas, 
OQoe lagos, siete rioi^, ocho cataratas y treinta y 
dos pozos, que pot* su extraordinaria profun- 
didad pueden considerarse 'como otros tantos 
abismos. 



lea 

Ayentaja nuestra eaireroft á la mayor parta de 
kiB (BioDOcida^i^ ea que de su interior qo sédese 
prenden iqiasaxas deletéreos como en if gnUaf 
del Perro en el antiguo reino de. Nápole^^ y la 
de la Magdalena en Franeia^ cérea de Mcmtpel- 
Udr; ni au suela o&ece los^ precipicios y. abismos 
odmo&iabismo $m fondo de.laeaTerna deMrai» 
Btouth. Puiede exploraxsotáin riesgo alguno^ y^ 
con excepción de los pedregales formados porlo& 
derrumbesí de las bóv^as y ^úb eaussn alguínasr 
Brólestias^ el yiajero piie^« admírate sin suslosr 
ni sobresaltos^ las bellisimaiS concreeioBesquela^ 
adornan « Tal vez las nueiras exploracioaes no» 
den á conocer otras galerías qtie no posean ésas 
y^ntajas; pero mielgas, tanto, puede asegurarse 
que el acce($o á k caverna de CacahiiLanüipa no^ 
ofrece dificultades ni infuade temores. . 

Aun cuando existen fundadas presunciones 
respecto de la mayor exteosion de la. .caverna, es; 
de dudarse de las eug^adas dionensiones que se 
le atribuyen» Algunos pretenden que sus galerías 
f ramlficacioues; alcanzan á las mcmtalkásvde Tas- 
eo> y no falta quiect asegure que acuellas se ^ren 
ladonan cqu la caverna del Tautlü, cerca de Milpa. 
Alta, en las montañas que. por el Sur lóapiitan^el 
Valle de México. En un cuadernillo siB.portada> 
que contiene una relación eserita y maindada im^ 
primir, según se me ha dicho;, por D. Francisco 



161' 

R«níwz Caístafiedft, se* lee, atieste íespecto, Iftque 

sigue: ' ' ^ 

■m^ refiere qué áquéll&d; ffilDllids> la mayor 
piarte acíoimodadas^bcQitaiiÁn sus tesoros enMex-^ 
calca^y&imK íque se baila jiawlo ú TetúU, y cu- 
ya: cavcima es una' de las más^ mas^'^tid^idades; 
de lai naturaleza/ -. • > - ' <^^ ^ ' - 

4c La' entrada délaicttOTa es pstretíhacal prii>ci-^ 
pio,.yái las tres ó <iúatf¿> Ifegiias de cataint) süb- 
tenráneo^^ ya exten^ndqse progresivamente y '■ 
presentando á la vista tcui^s las ^(^réaciones dé 
una bella gruf a^ con eríií;táliz!adk)nes, estalactitas 
y estalacmitas formadas por el tiempo. De tre- 
cho en trecho se presentan diversas cuevas ó 
senderos más ó menos prolongados; pero hay 
una vía regularmente cómoda, por donde puede 
practicarse una exploración, la que se comunica 
con la gruta de Gacahuamilpa, á más de veinti- 
cinco leguas de distancia.^ 

di Pocas personas se han atrevido á penetrar 
bastante en la cueva, y solo una vez que se in- 
trodujo por allí una manada de carneros, varias 
personas penetraron en ella con objeto de sacar- 
les de aUi; lo que no consiguieron, pues las ove- 
jas se internaron mucho en ella, y los que iban 
en su seguimiento, después de dos dias de ca- 
mino, se volvieron, ya sea por temor ó por falta 
de alimento y de luces.» 

García-Cubas.— 12 






162 

loiVBible» por demás mq 1m detalles que sé 
relacionan en las anteriores noticias. No solo la 
dístanda, sino la ahy notable diferencia de nivel 
entre los dos logares^ faaoen del todo dmdosa^si 
no. imposible, la owBunicaeion de la caívema de^ 
qod se baoe mención oon la de Gaeahuamlpa: 
con todo, la Sociedad de Geografía y Eatadistica, 
aten^endp.d la impQrtaneiar.oeaÍ!dQ estaobraina- 
tuml^ y prescindiendo: de ' aquella otra.circuns- 
taneia,; dcd>e; mandar exptorajda y hacer los estar 
dios que la. ciencia íex^. 

Méxiéo, Marzo^ de'lB74. 



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DE TEZIUtLAN Á NAUTLA. 









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AL SE^fOR LIGENGIADQ , 

DO?f RAFAEL MARTlPíÉZ DE LA TORRE. 






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'^A^iétt mejor que á usted, á cuya amaMé • 
ítívitadoni debí el cienoceí' uña de las más bellas 
y Tictó regiones de la República, puedo dedléar ' 
el presente artículo? En él la verdad de los íte- ' 
cho» ine-ha obligado á mencionarle árnetiudb/á 
riesjgo» de^ ofendfer su rdconoeida lüódestía; pero i 
no pabdé «er de otra iliatieraT^ cuando el nombré" 
debdtéd está, indisólublemeütd unido á las íne^ ' 
joras mAterialefi y sooíales que van desarrolláií- ^ 
dose rápidamente en aquellos pueblos . - 



164 

Reciba usted esta dedicatoria Como una débil 
muestra de la profunda estimación que le profe- 
sa su siempre muy adicto amigo y seguro serri- 
dor, Antonio García Cubas. 



La naturaleza^ que en México se ostenta por 
todas partes pródiga y rica, ofireoe de contínuo 
al viajero nuevos y bellos asuntos de que tratar, 
por más que éste, al emprender nuevas descrip- 
ciones, tenga por agptadag las facultades de su 
imaginación. 

De las alturas de Teziutlan á la desembocadura 
del Nautla, en un espacio de veinticuatro leguas, 
el viajero puede admirar la vegetación en su ma- 
yor desarrollo y grandeza, así en la región fría 
como en la templada y criiente. A la variedad 
de las coniferas que pueblan las alturas próximas 
álM, regiones heladas, se suceden los bosques 
impjEfnetrables de la zona templada en la cuesta 
de. Teziutlan, y á éstos las vírgenes selvas trch 
picales. 

Fuentes y cascadas, árboles y plantas, flores 
y aves, todo en su conjunto da á aquellas regio- 
nes el triple y rico aspecto de frondosidad, de vi- 
da y de , hermosura. Los heléchos y floras, los lí- 
qu^p y licopodios, engalanaa las profundas grie- 
tas de las mpAt9iias y matizan con los uotás vivos 



165 

• 

^colores k)S troneos de ios árbalds y la^misiüas ro- 
cas; : Ai la -^belleza- de U vegetaeíon que aál cubre 
4as laderas de las montabas como reviste con su 
rico maaloiié verdara las extensas oámpífias que 
terminan en los arenales de la pláya> sé aduna el 
confuso ftüdo d$l 9^i y el bellísimo eanto de 
^lásaves;*'' C :- \.. ' . ■ '« 

-i Da jDif^esá) en ^ sorpresa^ y eAootoOfado cftdá 
:Vfs más^.yelfi'vid^éra traspasa su($esivd(úienté láis 
Itmités 4&- o«da zona. Al cesar de percibir el ex- 
tirafio- zumbido qtié/ en las tierras frías^ prodüfóe 
d ^ p«»b«.do en el fibroso-folUje del «ot»' 
fijan su atención los ecos lejanos de los toi^entes^ 
^>eslaUiBatto de los saltos y cascadas; y él 'atr too- 
tiid86^t¿ d6l útíiú dé las sélva^/ que por todas 

r . * * ■ I f 

^rte^ maüifiastft m existencia entre los frondo- 
sos rimajes 'del'liquidámbar; y por úitlmoy á los 
bellísimos trinos de esa ave^ de las regiones tem^ 
piadas, se siguen en las cálidas el triste lamento 
de la tórtola, el monótono canto de la perdiz y la 
incesante algazara de las cotorras y chacbalacas. 
Más que el simple objeto de una descripción^ 
tiene este artículo el de dar á conocer una región 
(pm, por! sus grandes riquezas, tiene marcado un 
gran porvenir. 

. ^ Feraces én extremo sus campiñas, permiten que 
las plantas espoátáneas adquieran todo su desarro- 
lla, y no se resisten al cultivo de las más útiies ai 



hpmbrer. Su temperatura.^ aunque en su mayor 
parte cálida^ uo engendra laá temibles enferme^ 
dades endémicas quehacjBU iohabitabies oteas eo- 
mareas de la múma naturaleza. Lo&.deamoQteB 
p^a abrir las* tierras aLcultÍYO, la desecadonde 
algunos terrenos hjAmedos y pantanosos^, y la 
providencias que se sigan al establecimiento db 
las colbm9$i tb^n á los lugares^ dftqqeoBeoca-^ 
po la mikyor sajlubridad poaíUe^.agEegjUkdDsei 
estos ventajosos y pr^sipierod-^Bl^tojii»^ jaríini^ 
completa, seguridad de que . se ^ díafrula, sn toan 
la comarca; seguridad que hadiogadoció ^^ipró;- 
veibial. 

Los [terrenos, qse el $awiw redoiD»^.pftrt«^ 
cen^ en gentera)^ á los ctotoaés ide iikaáng/^. y 
|fi?antla> del Eistad^ de.Veraein^^i.jr'en ^su mer 
jdor parte al d^rita^dd T€aiuti$n^.:d@l JSs^ad^ * 
Puebla, . -. : ' ■:.-•-; ^- ■:. . vi 



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1 



TEZIÜTLAN. 



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La Cumbre de lesOyaíneles/paptodeipíart^ 
en esta descripción^ es el más elevada dectpdo el 
camino^ encontrándose ¿Teintíseiskiisóra^ros^S. 
O. de Teziutian. El terri»io desesieii|áe> o&eciefl-^ 
da por todas partes los: má% variados y pintoras^ 



j 



.^107 

eos paisajes: unas Teces hermosos bosques ^ de 
,. oyauMlos, : ocotes y^pirios^ y dtras íeiteasas y pro- 
ñindas imrrancfis^' salvando las cüaks se descu- 
lare á^lo lejos JálácingO ' idQ las veptieMés- de la 
pintoresca sierra dé su^noíiabíe; í ^Líi -^festa on- 
chalada de esta sierra/ por la fpi'ma/ cdpriohcísa de 
sus cumbí es,^ se -ve= ^roüada i de cí>rpüleiiit¿i8i íát>- 
boles q^ se destacan y dí|)u¡faii>-á pesar de la 
distao^ia^ ante un piiiifiin!>o. ciéío<'Las sinuosidad 
dfes del terreno ocultan uíias^^vecels ^ y despubren 
otras los bellos paisajes que se suceden/ apare- 
-oiendó de improviso la Hermosa sierra dó Ghi- 
nautla con el caserío de su población disemina- 
do en fitus vertientes, ly enfrente de ella la pí nto- 
résca ciudad tJe Teáiutlan . 

Esta ciudad, cabecera* del distrito de su nom- 
bre, ' &niignexaQnW W^fziuyutepeújdnÜli (cerró de 
gípartizo áfüert&'graíiizada^l pié 'del cerro) sé^hallá 
sítuada^^en* la- sierra de^suneiiabreá treinta y seis 
légalas N. E. (Je la capital del Estado, y % los 19^ 
4^^ 30" SSdelátitudN., y 1^ 44' S6'' 3,^ d^ lon- 
gitud E. de Mexibo, • según las observaciones de 
D.'Franciéeo' Jiménez, délas cuales me sirvió en 
el curso de este articula. Sus calleé, como las de 
todas las poblaciones quei tietien su* =a9ieiito> encías 
&ag(!>sidades do' lias moatafias, pííécén las^énso^ y 
de0ceB6os> 'Continuos é irreguiáridaiiéS'ei^ ¿r ali-| 
néamiento de las :Casasí éstas; en su mayor par-^ 



« 
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168 

id, soQ de dos pisos hacia el centro de la pobU- 
doQ^ coa su^^ iacliiia^os techan de taja y^alieo- 
tes hasta cubrir las aceras. Su plaza^ ^i la que 
se haJormado uo j^dio^ se halla ¡circuadaitii 
4I 0. perla parroquia, cuya torre ai^lada^ le iúoh 
prime uQ. aspecto particulaD^ al N. por las casas 
^oi^toriales^ dé buena aparienda^ a^ por sus 
•dimensiones como por la simétrica foroia de su 
fachada y elevado» portales; al S. por algiraas 
casas particularesy y al Occidente se halla ilimi- 
tada^ extendiéndose el terreno hasta h babanca 
formada por las vertientes de k sierra de Ghi* 
nautla. 

El exterior del templo^ por susdetalles^ ofrece 
una extraña mezcla de estilos: de cpn&truccioii: 
romano en su primer cuerpo^ y barroco en 9Lse- 
:gundo. El frontispicio corfeaponde á un v^ttbu- 
lo que sin duda es deconstrucóion más reoiaaíe 
al de todo el edificio. Uiia torrey destínads^ exclu- 
sivamente á las canqipanas del reloj, $e lé^aotaeu 
el ceatro ^ en un. plano re^trante .respecto al d^ 
froBtiispicio. El interior es de tres uav^s, halláis 
dose los arcos así corpío las bóvedas que é9to&sosh 
tieneú en extrei)io deteiiiorados; 

La capilla del Carmen, tanto por su bella for^ 
ma como por su pintoresca posición, es el tes^ 
pío más potable de Teziutlan. Goastruida $0)»^ 
una colína, se asciende al templo por dos opue^ 



m 

tas.eaoakras^ á hs •cuales se llega por una ^Iñ- 
giaate portada^ ; mar^aado el dintel de ésta lib di- 
ferencia 'de QÍvel entre el piso de la peqaefia piísi- 
ma, á cüyoertremoselevantael edificio, y eLdel 
pavimento de éste, circunstancia ^que áument^t la 
elegancia de la coinstrucción, '.. 
: Los cnás'predoESOs'árboleSi plantas y flores, rch 
visten las pendientes de la cercada colina. Yeniie 
allí> brQtanjlo' con profusión, las fraganties vom^ 
de Castilla, al lado de los preciosos ramos de azu- 
cena, de nardos- y de alfombrilla de v^riadog' co- 
lores, y alteraaRdo coa el erguido y eleyado ci- 
.prés, el cónieo oyamel> los pinps y los sáu<5qs. 
,£¡Q el centro de este inmenso ramillete de plan^- 
tas y flores :Se levanta la preciosa capilla,, cor^- 
nada.por cuatro graciolas ysioiétricas.torres. 11^1 
BS el aspectp encantador de^asteJaigar.: ; . ,^ 
Bellteimas. y .:en: exü?emo agradables son. las 
perspíectivas que ofrecen los alrededores de Tftr 
ziotlan^ desde las alturas del. Carmen . Distí ngueae 
á lo lejos, al Norte, la sierra de Atoluca; al Ori&nf 
te, los cerros dé Ocotepec y Qordilleira de Qilet- 
zalan (criadero de quetzales) y en loatanaDzat> 
las eminenciskSr de Palomastepecques; al Sur los 
oioQtad: de Teziutlaá, cuyas cañadas se ven ma- 
tizadasi por los váriadoS' colores del follaje de' los 
eooinoSi eiíiíes y rabies; y al S. O. ú ebvstfb 
eerro, de figura caprichosa, conocido con el nom* 



170 

bre de TzompaQtitan, y en fin, al Poaienle la sier- 
ra dé Ghinautla^ que á pesar de la distancia preseo- 
ta bien determinada la extratificaoion de sus ro- 
cas, y aisladamente nn trozo de pirámide en el 
extremo Norte* 

Dominándose la población desde las torres del 
Carmen, íio tanto por la eleradtín de este edifi- 
cio cuanto por la altura de la colína en que se 
encuentra, preséntase aquella en toda su exten- 
sión ríodeada de floridais yseWátíoas colinas. 

Vese él twreno surcado por barrancas que en 
su mayor parte, por el Norte, afluyen al rio M 
^íJahario y éste al de María de la Torre, en tanto 
que las del 'Oeste forman el rio ée San Pedro 
y éste el del Espinal: los bosques de eiHtes, 
|)Íanta cuya corteza abíiiida^nlfiniBó', con su tu- 
pido y vivísimo follaje, y lofe que forrnan los en- 
cinos desvarías clases, los róMes y (rtrésifnuchos 
árboles, cubren esas caftadas* que jlésd» lejos se 
distinguen por el aspecto sbmbríd ^e -áns arbo- 
l0das. • •'■•'••.. '• •'- i*- ■''- •■ 

Descúbrese igualmente sobMe k citíSá de ctra 
ctflina, la iglesia de San Juian,''cuya^ legantes 
torres se apoyan en dos arcos -^ue, arrancando 
tiesde el suelo ¡sirven á aquellas de contjafiiertes. 
' La ciudad posee uiK hospital bien atendido, un 
teatrdy vaorios 'taBeres industriales y cansas acredi- 
tadas que mantieiaen un comerció activo con los 



17Í 

pueblos de las sierras de Tlatlatiquiy Z&capoaxtla. 

Los artesanos se distinguen por el efsrméro y lioi- 

pieza de sus artefactos^ y partioularmdhta eD el 

jrftmo dé carpintería y ebanisterfa hatf'éídqumdb 

Jvttta £ama^ tanto por lia- dlaeeioii i^^á^4ásí esquís^ 

tas maderas cuanto por él gusto y fialide^ de kís 
-muebles ique consituyen: '\;- i ' .-.>::: ..•; '¿ 

: £1 i^made la du^ad^^ aunque :^io^ es agr^ 
dable;y:8ano, é influiré i}6tablémente ^i!^ la belk 
Índole de sus babitiantBS> yiSobre todo> ieb^el her* 
nioso y rolado color que se advierte/ etl^getiei^t^ 
ea el culis de las mujeres. ' •'^ 

lias^i^nsaS' nieblas que-^n -el Otofió y én til 
txvierno'ácuníalán los vientos díél N<i*té en la 
8tc¡rra:deí Teziatla»^ oeaisionan llovías tenaces que^ 
alguna vi3z¿ han durado (marenta* y seisdfa». 

Al principio :del Verano lel terníiómetro, á la 
sombra y á diferentes horas del dia^ da ks siguien* 
tes indicaciones: ' ■■'"■"? 

• ' " ■ ' ■ I ' V '■ , " « : 

\ . ..' . ..•,.. . ' f ' A 

21« ■„■■'■ 

23^ •>','' '■'■■'■■ 

. Lbs terrenos de todo el distrito' en siiá tresli^c 
£Das> fríb templado y caliente, sensor k íegíiki? 
fértiles y producen las siguientes frutas: pitaya, 



6; de la tnañana. 
: 2- de la' tarde! . '; i 
3 id/ 
^ de k noche. 



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172 

tuna, oapuUo^ albaricóque, durazno blanco^ de 
hueso coloradoi melocotón y prisco, pera, menoh 
brillo, pagua, nuez, granada de China y corde- 
lina;, oianzana chata y camuoda; peras, tejocote, 
uvas, calabazas y oielon, higo, zarzamora^ zandía^ 
; pifia, jiobo, mango, chirioioya, anona, plátano 
guineo, macho, largo y de Manila: entre las zir 
potéceaSj» cabello, domiiígó> itaame^, negro, blan- 
co y chico, jinicuil; iiaaya, te|>etbmate, aguacate, 
bÍQ£iyeni4o, olopio, naranja, lima, limón eomon 
y real, ciruela, guayaba, cuajilote, pa^ya ád^ijm 
clases. Prodúcese igualmente la cafía de* azúear 
y alguuas raíces, tales como camotes, jicamas y 
jtuca, y abundantemente la raíz de Jals^a. 

Mi}ch^ y muy estimadas soa las : maderas que 
se encuentran en estos terrenos, Isí por su soli- 
dez como su finura y belleza, tales son: cedros, 
(cedrela) ho&guiiló,' empóalcahuatl^ pimiento, 
chicozapote, caoba (sivictenia), caobilla, encino 
blanco y prieto, cosalcuahuitl, naranjo, ocotillo, 
el petrificante chijol, bienvenido, ^itzbyác, rosa- 
diUo, tropQpillo, árbol del hule, laiiról;' tigrillo, 
platanillp, haya, palosanto, madroño, mesanteco, 
jobo, jamalcuahuitl, moral, liquidámbfcr, ojan- 
cho, espino^ oyamel, pino, sauz, fresno y boj . £1 
ajiUte ó eilite que se ptoduce en climas frios, se 
emplea en la curtiduría de pieles por la abundan- 
cia de tanino que contiene la corteza. 



^ 



173 

Los productos de la agricultura en el distrito^ 
pueden estimarse: .1 

'"■ ■■ Zona fria. Templada.' Caliente. ToUU. 



«aiz. ... .-. !5,000 cargas: 3,000 cargas. 10;POO cargas. ' 28,( 

Fii^h... . . SOcargas. : . „ ', ,Í > - . ^.ijK 

Raíz de Jalapa 120 quints. , ir - i> . , '^^^ J 

CBg¡t: ; «' ♦ '^S cargas* 500 cargas. ' ' 525 ' 

Airoa ,ri. ... ' . .ii,; o;. 40,000, Mírt. 7 MtHW-p, 

Chüepochai. . ,» ..„ 2,00Q ars». . 2.000 . 



' .1 ¡ • 



- J 

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-Cultívase además lacáña de azúcar^ue riíide ' 
10^000 arrobas de pamela, el algodón, k vainilla, 
afiil y achotillo. - "" ^ 

Los indígenas se emplean m lá cria dé'ganada^ 
lanar, cabrio y vacuno^iaunqüe en pequeña esieáláy 
calculándose en. 3,200^ cabéias. H • 

El distrito cuenta con 18,000 habitantes; de 
los cuales 5, 82¡0 residen en Teziutlan. 

HáUahsesubordinadoáá esta ciudad j bómo eá* 
becera de distrito, las municipalidades de Atem"^ 
pan, Chignautla, Huaytatíialco, Macuilqüila y 
Xiutetelco. 

Respecto de instrucción pública, existen en el 
mismo distrito 15 escuelas, á l&sque concurren 
660 niños y 200 niñas. Ensáñase en ellas á leer, 
escribir, aritmética, historia sagrada y moral, 
elementos de geometría, .geografía é historia de 
México. 

En la cabecera hay establecido; un colegio^ que 
es el Seíninario Palafoxiano, destinado á órdenes 



saaerdotales, á cuyo fin se hj^laa establecidas las 
siguientes cátedras: latin^ lógica, metafii»ica> teo- 
logía y rudimentos de matemátícas y física. 

^ el colegio municipal de Te4utlan, que abrió 
SUS) clases el 3 de Febrero anterior, se enseñan 
lo^ idiomas español^. latin y francés; primero, sen- 
gundo, y tearcei* año de filosofía, derecbo natui^al^ 
idém civif,' idem mercantil y teneduría de libros, 
betónica, física, y-^farmatía: : concurren 3& aiom- 
noe^! y sirven grátuitamenié Ite cáiedf as los seño- 
res Dr. D. Federico Casas, ingeniero. Maouel 
López J<.e^, I). AtQjuIfo Bello, D. ¥éíáx M. Alva- 
res,^ Líe* p. Quirino Domínguez, D. Femando C. 
Lavalle y D. BernardiuQ E. Diaz.. 

Continuando el camino de esta ciudad á Tlapa- 
coyan, se descáende'por la fragosa cuesta de Te* 
ziutlaav J^ terreno, en rntremo aecideniado^ pre- 
senta : ttesí sef Íes : de : ngkontaüai, áéi lá^ cades la 
ceptraV .^ :l%q^tie sigi^j el cámipo: ea continuos 
ascensos, puesto que, para abreviar las distancias, 
abrióse:¿ste por el espinazo á^h^ oordillara. El 
mismo terreno^, cubierto en 3u . mayor .parte de 
bacro ferruginosa^ iadqwiérQ, la mayW «(¿idezen 
las. secas; pero dental piíuieya se:d$scompoue eael 
trayecto del caniinoá los primeros agudeeros> <pie 
hace éste intransitable y peligroso. Bajo, tales 
condiciones, la apertura de un nuevo! oamino, 
siguiendo las; convenientes líneas, de nivel, faoi- 



17fr 

lit^o el paso de! las qafi |i4$^^. no ofi^eed : difi^uk 

tr4jeioi w ; da ;la3; pai^adagr de-^iédra,; .taii necesarias ! i 
&M codaservacmn., Iñb Mteoreses dciloonaierGia.y; 
el ^rá8$N3ro! ;p&EYdSKÜr: q»6 eétá pe»af:v!adé áU rícáí 
CQ»a^ca vde que.me»acupo^ exig^daípraata ej^^ ; 
curáincde uniimteyp cammo en la eceasta üdei Ten 
ziuüafn , única itn^oDci qnej wptDsibyiitai lias .iraosao- 
ckmBs.]ai6úrQa(iiítiÍ69ídí$iíb^ puebk9r4d id alerta ca& 
la ricft y 'í^bqz regícmide Natttla y Xicaltepeo. 
Desiolfe ilapai^i^ym ::6n) ' adelante' serextiaddén&s 
campí£i!afli^4^-fóctíl^í yegasi de kisrioi^ deíBo»- • 
bos y MariAJ <le la]XpiTe,4nterifu^ 
en. algunos ttedbas parí ipocoí eleyadós temBríos/ 
qui8 de! láfigiHia^manera sirven de obstáenloá la : 
apertura de una rancha y ó^snedia vía> aún tw- ^ 
táa^oseei^-unfermoarrü: lügeras dlfi^eneiás de 
niv^l det^üwinan^ ua|dano JigfidrameiBte inclinado 
y 4ini{oi]n)€i> desde ^ aquel pantohiústaeLmaP) y en 
él' lavyegetacion'.8d.'0sltento ea toda su de&arrellb; '■ 
y loEarnik, h», OfOtlfonia^on;; iqüe eioid^esitBrrenpB > ^ 
es ya un.Jntcbt^^ pamiáa á! se* mayor estaiiilidad; 
y «1 gobiwatd uor deba>c<i)íiécntíren que aquellos ■ 
pueblos;, y ioarque nuevianieate sía formen^ que- • 
den incoiQunieados deia'']iiesa eenÉral po(p la^hoy- * 
inaooésibiíeíbi^recadelactiegtad&Te^^^ Pro** 

siguiendo^ el toacbín^éa resta í ¿«esta, bomo ya he 
mftniCestado/ por la cresÉa deik oadíena central^ 



176* 

veDse á uno y otro lado fuertes declives, que uñi- 
dos por su pié con los opuesto» de Its otras ^cor» 
dilléras, presentan fragosas y profundas báiran- 
casy á,' las 1 cuales ^e unen en gran número las 
afluentes. Los arroyos Gonspqmco y Tatahuieapa, 
interceptan el sendero cop fuertes ^^presianes, 
muy péligross» al caminante, puesliay quedes^ 
cender en zigzag por xuia fuerte, pendiente para 
ascender á la opuesta d^ la^ misma manera. Las 
sinuosidades del terrena ofrecen por todasr partes 
espléndidas cañadas y hermosfsimois vallen* Dís» 
tíngiiese porriHia parte mi ridyique sar^^nda por 
la e^pe^m-adé umbosque, y. péidieódoi rape^iti^ 
ñámente sia niiel, se preeq)ita:en un anchoy ^pro*^ 
furido valle, mientras que por otra se ve laí' di- 
versidad de plantas.y ñores.que cubii3n:)por<^m- 
pleto los d^ñladeros^^dé las moñtafias: ui$as teces 
admira el caminante^ las. preciosas em^adeitts 
que cuelgan en: festona de las copai^>de>d5s^¿r« 
boles ó deMas rocas sobr^ erabismo, y otras el 
corpulento liquidámbar, cuya copa di8()uta á los 
encumbrados montes la altura, en tanto que 
hunde en lo más profundo de su barranca su 
afioso tronco. En las cimas, el camiÁo ahonda 
el tei^reno fprmando estcechoe pasos cuyas pare- 
desr^isten los íHás variados y preciosos^h^echos, 
y eú los recodoase admiram desde la más pequefia 
y ^til de estab 1 plantas hasta la más. crecida y 



177 

Biagesstao8ft Ua£Qada helécho arbe'Mscente. E\ 
f%ádíx (jiidl agua qii6 imll^ po^^ todas; puftes^ sal^ 
tando en las barrancaaílf derramAndoBe en im 
S«».l»,.»,ido .li«»«,te trin» .Wdarm de 

k» j^is; piodsioe mií «^aeUdft soledadesiiio fin- 
canto inexplicabte». • . .; / , ' ./r,T 

. Loft^QAStjr oteo» teJMte derlis^CfsÁajs úbs- 
aftvrooe» d pnQei|it4> del^ioaesto p«ra< áui Inga? 
al liquidámbar y á los variaáf»! jnelechbaidQ gai-. 
Uardfis loima«,,4»roaandó:lf»0miiieDdáaips ee- 
^asM e¡on8iMi»{6sh^\ sin ^roma)^ q1 rosadillo,. 
OBfiMknteoo 7 el agumte, deeoioáfdíx él «jcdcna^ 
hmky árbol df^' maderajsótid»^ deaeminacb pala 
dft 1» altarpíi. : •. -- . 

We&nisaif, «o la mieatii de Taáhitlan, toca en 
loeHgttientetkgfOQs, notíibl^etpor ks ciroansUa- 

£1> Mwquo^ ó Qeb0 kllómetn» N. E. de Teh 
zmtlftD^ y á mlqiiiAiientos sotentá y oíatm motros 
sobeo «1 mar, i«ter«ina el liaüte siiporiar'del lí-. 

cxm^ y :niwiÁs.ioetro0'4e«^ei«(]B[oQ/l^init8 lolé^ 
rior dellJKíuidéfflibar. í . 

DoarC^m^s, á temia kUámetco^ y^ novecienf (kfe 
doce metros sobre el mar, límite entre los Esti'-i 
dos de Puebla y Veracruz, según la Carta de aquel 
Estado, por D. Pascual Almazan. Entre Ecostoc 

Gahcía-Cobas.— 13 



V 



178 

y Dos-Cerros se encuentra el rancho de Agoati- 
tanapa, que produce la guayaba (psidiam)^ la na« 
panja, y se cultiva el cafó, r 

Buenávista^ A veintidós kilómetros y seíacieatod 
cincuenta y ^ete metros de elevación: desde este 
lugar se produce y cultiva el tabaco. 

Tlapacópn^ á veinticinco y oiedio kilótnetros 
y á cuatrocientos set^ta y dos metros de eleva- 
ción^ fin de la cuesta. '' 

Impc^ible es determinar ton t&da pf ecision los 
límites del reino vegetal y el tráiAito de uoa á 
otra zona. Las plantas se confunden y la méfma 
temperatura se hace sentir etoo :algttna intensi- 
dad en lugares que por la vegetación pertenecen 
á la zona templada. Por las observaciones que 
pude hacer^ la zona caliente termina en Ecostoc 
y la templada enel Polenqueí, haUáadose la re- 
gión lüás fría^ en estos lugares que se describen^ 
en las Guiübres de los Oyameles^ cup elevación 
es de dos mil novecientos veintinueve metros 37 
centesimos. Es evidente que de las tres zonas^ 
la más variada y ríca^ en el reino vegetal^ es la 
templada^ pues á su propia y exuberante vege- 
tación hay que agregar la de los climas frío y 
cálido^ de que participa cerca de sus respectivos 
límites. 



179 






i 



* -k 



': ■. TLAFACOYAN. 

La villa de tlapadoyan (lavadero) e» cabecera 
de la muüteipalMad de su nombre^ del cantón 
de Jaladngo (Xalátzitíco, arroyifo de arena), y se 
'halla situada al pié de la cuesta de Teziutlan álos 
19<> 58' ir 44 L. N.; y 1^ 54' 47" 6 de Ion- 
^ud E. de México. 

Poco poblada y con unas cuantas casucas pre- 
sentábase no faá mucho tiempo Tlapacoyan, cuyo 
porvenir se hallaba cifrado én sus ricos elemen- 
tos agrícolas. De^rroUados éstos, párticularmen« 
te por las plantaciones de cafó y de tabaco, ad- 
quiere cada día mayor importancia. Las grandes 
y hermosas hojas de la nicotiana colora las cam- 
piñas de Tin verde intenso, en tanto que el verdi- 
negro cafeto marca las simétricas líneas de sú 
plantación en los planos inclinados de las colinas. 
Las galeras en que se secan las Mojas del tabaco; 
despidiendo éstas su fuerte aroma, se ven dise- 
minadas en los campos, alternando con los rús- 
ticos talleres donde se beneficia y elabora la n^- 
ma planta. 

Tan rica es Tlapacoyan en el reino vegetal co- 
mo en el animal. En sus montes crece la higuera 



180 

gigantesca (ficu)^ la ceiba^ cedro (cedrela)^ la cao- 
ba (sivicteDÍa)^ el encÍDO roble y encinos de todas 
clases^ así como los n^ranjos^ limos, limón real 
y limoneros. Sus bnertQS prqduijen zapotes blan- 
cos, prietos, chicos, mameyes, cabellos y de otras 

A^waollfíiipniíaip^ y «JpÉcp; pÜ^bl^ps^puir 

«jbo UwWx H9m>k^f^^í^ 4f4»9 clwef» ff^n» 
jgian4e y dQipiíiioo^ nu)]:a(i|^ dPi»r¿np 4e Coi^t» 
Ríqa^ mimzajQ^, ^saoo, coipulenl^ r^^iiM>. ' 
De Tlapacoyan en adelante w W^^^fitxtf^n ¡ar 
JmUqs de tx«¿9 ola/BíBs: ,el4^mtiia9)^a|f^lbo y gi)an- 
4bj 4e quij^a biaAc»; «1 cppMwnw ijji?, y4l»fs^ 
Ihh;^., qm es ^1 xaá^ ichifio y ^1 mi» bra^p, w^r 
iffKd lácilmdiate s^ d^m^sitif^. io3 tres sirv^^ d» 
4|fneíito. El ti^^ 4e ws^ifthasi ni^j^s y awwaá- 
¿la^j ;Uai»ado ^1 guando ó tígjre ri^l: es brayo j 
£j|rweero^ babita 1^ ^err^ y Iqs bosques ^pesos. 
^ tígnUIo, de manchas ufgvM, pústeeoJios vm- 
mos lugares y se. a^^fneiMist deg^lioiad, pavjos y 
t^tM&B. EnouéüU»i^ ig]Eial{O0Qt9 leofi^Fdos, h 
QDsa ó;gia])o mo{|tóa, ardillas, ij^cioachis, armadi*- 
Ifós, oa^paohes^ especie de perros ^ne .|!;Qjcnea |^ 
£t£^ y aveg, perjos de ^gua^ la ¡Mjmt^., jespecíe 4» 
l^iop y cazador^ en ^ «K^At^^Kifm^ las dem¿i^ 
fieras; el tejón y la marta: los venador ^fm de 
dps clases^ ^ grainde pafdo;^ y el trnuirntep^SL- 
I9¡x; h cuaAtiaza 4> ixiz^ r,eal, qujB jlam^ la ^ten^ 



m 

(¡mí poff sú pitttbda pkl, ¿& eiseiiUtos bj^cie» 
ea límsá p&ral^ias á.Ío^lar|[cv de M pidl$ $ f(^ 
iltiiB^^ M eseasean.ks coima€tF0Jas>. e9Qejoe> 

:. Guéiitafise eatoe. WaveB^ el; papaa ccnauoy pc^ 
paE Fec^ (efttkfofis Miooteaumaj^ ¡hco de caBoa^> 
pkarealj wFaioaS) ^sdeA, faicacissj penélopes;! 

peirdieefir^ oladrue»; tKeotec^i^tJafi^ ^^ p 
pd^iede^tóntolaireaíotaFas^ pali9«a^s>gaUifiaamoe^. 
t&BfikmS»^ aw^ !zopil!9t6&j patOJBy qselM^a&talHitfr 

g0zaf^< coeOB bkiiiCiiS' y posados;; {y&jaro9Td£des*y! 
otcos' maeho9« 

BjEPTKJBS^.«-^La mágfveiQdaosa^de las culebras^, 
llamada Nauyatly vibrocas de cascabel^ boa vola^ 
doray Uamada as( poc ra coatumbce de andar jppr 
las ramas da los ¿rLoles. confuadiéndose muchas 
TjBces^ coa los bejocos^ es piata de negro y am»- 
rUlo> y lleg» ár crecer cuatro varas; lamazacuatl^ 
más gm?sa ({oa las anteriores^ coralillo^ beja* 
qiñllo^ ^e es smmameate delgada y larga^ cih 
lebra prieta y culera de ag^ua; escorpiones^ igoa* 

nas^ ete< 

III I t I III 

• ' ) 

Yieta la población dci Tlapaeoyan desde a%iHM , 
colina^ ofrece el tíiáa delicioso asj^a; Sum^gh^ 
das im eaaas eatre el foUa|e de los ¿rboles^ afpé*'- 



í8á 

na$ sé descubren las techos de algunas y 8U& 
callea' cercadas por la muy original planta lia-- 
mada pachiche y por los floridos ¿rboles &$ 
Piocha. El pochiche es un árbol sin follaje du-^ 
rante la eflorescencia. En cada extremidad desús 
ramas brota uüa flor amarilla^ de la forma y ta- 
mafio idé la dahalia^ y cuando acaban las flores^ 
el árbol se cubre enteramente de follaje. La sierra 
de Teziutlan^ con sus avanzados ^ntínelas^ los 
dos cerros^ se levanta imponente al ocaso de 
Tlapácoyan, mientras que poí él Norte y Surlí- 
mitán el valle las eminencias cuyos pies b&fian 
Ids ríos María de la Torre y Bobos-. Por el N. E, 
se dilatan sus horizontes hasta el mar^ extendién- 
dose sus ricas vegas/ y distinguiéndose en eleva- 
da posición la hacienda del Jobo. 

Si ante la vista de tan bello panorama se sien- 
té embriagada el alma, mayores encantos y sor- 
presas preparan ar ávido viajero los alrededores 
de ^lapacoyan . A cuatro kilómetros sur de esta 
población se encuentra el pintoresco pueblo de 
Tomata, con su rústica capilla, ala cual sirve de 
caínpanario una pequeña torre [improvisada con 
troncos de árbol. Desde Tlapacoyan al puéblase 
camina por un sendero cercado por árboles de 
piocha que, cargados ; de flores, embalsaman el 
ambiente, dejándose Ver por el lado opuesto á la 
florida cerca, la pintoresca,' profunda y frondosa 






183 

cafiada qua forma el lecho del rio de Bobos .JDos 
logaros/ por la suma belleza de su paisaje^ obli- 
gan al. caminante á.deteaer su marcha: la cafla- 
da áel Salto de Tomata y el plan de Totoapa. 
Para poder admirar en toda su grandeza la caída 
del agua^ preciso es dascender de h montafiaal 
pls|no superior del rio de Bobos. £1 agua pierde 
su.niyel á yeiate varas, de altura^ y áq. precipita 
an tma caeuca. Elevadas tocas! basálticas, acanr 
tüadas. y desnudas^ ae extiexideQ:en circulo 1 uno 
y.oti;Q lado:..del Sa^to^ formando en er extremo 
opuesto una ai)ertura natural^ y ofreciendo úota- 
table contraste, por su oscuro color, con et fres* 
ao manto de verdura que revisteia paiÉá superior 
de* las eminencias. . Ua abundante y anchotorren- 
t& cae con rapidez y agí1iido\como ün r^dal de 
plata fundida, ique Jbace elevar el agua después 
de su caida,.en menudasparticulas, formando una 
niebla que en parte; oscurece aquella cuenca. 

Encerrada el agua en el fondo de ese vaso ci- 
lindrico natural, forma un lag^ que participa del 
agitado movimiento del torrente, formando pe-^ 
quefios oleajes que se estrellan contra los rom- 
|dentes dé los basaltos, y luega se desliza tran-- 
calilamente por lá abertura natural ya- mencio* 
nada. • : i : . ¡ 

El plan de Totoapü (pájara deiagua)^ á poca 
distancia del Salto, ésun bellísimo valle al que 



184 

afliiyaai herniosas y pibtdrescas cabidas.. Las 
montafias qqie h hvmmyá^&gavú eapric^flas^ 
se suceden dscabnú&dose^ pres6&(aiMÍo eti su cuM^ 
joato uba deiiüiosa perspeotivE/ Un |^ cOft 
abuadante y esmaltado pasto: htiertos da «s^ 
^e rodean nba qtte otra^anja: gaflados qaesd 
Ten pftaerea k eampifiac aa tío oristaliao cfttO 
serpea a| péé 4e iastttoi^iafifls: «miMtieias'iiiibíer^ 
tas de átibtílw^ plantas y ñorM» (jae se t0ürm 
gradualmame ofreoieado dtet^toa téémloos da 
perspectita yxolocido^ y un {^urii^ttio oieli^; soa 
ká eíenientos de qué allí {luode disponer un hibú 
paisájisla'* 

Si de fass bplies&s de k naturalesa pasbmoi A 
ios usos y coBtuiiibriis 'déíbs habitantes d Tla^ 
pac(>yan> muck^faay digijiF de relatar. OdkpaM 
una gran parte de aKfuellos^m el cnltivo del tabaáp 
y del cafó y en la elaboradoa de purós^ y los 
otros se emplean en el comercio; mas lo (pis 
verdaderamente llama ílUí la e^eddoá es la raza 
indigenaj asi por s^s oostcunbres como por sus 
trajes^ 

- Los hombres^ méilos activos é industilosos qne 
las mujeres> se dedican á las labores del campo 
y visten sencillamente calzón blanco dé manta y 
cotón de lana^ negro ó café. Las mujeres^ otin« 
cho más aseadas ({ae lois li<»mbresv usan ena- 
guas y quichquemel de lieoíb blahoo; traje 






m 

sefií^iliio u}u6 ooatiertón aa eUgants vi^tido lol 
dooiiagoé fdk»é& úúébvMioú^úe msM ñéstas; 
Atraen verdaderameúie la atendió» eií' líales úíaBj 
?i^doMldfi MTaateii pbr lá p(iHI»iiaii> CB»i bí^- 
^n fieámpa&adag de 4os 4ü dos y Retido y ^i^ 
Bísndo^^taigtesía y &'kgti«^ háotefido «^ 
tsntiDcioti d» dü* pi^morosoatMjMj Gbáapóneaie 
éOMá^ <iá ^agott^blaneft 4eiltiii&ada etí ütía fajK 
dé ¿u¿díb»'a|ftil^^d^i^'bd y dé un elegante güipU 
que desciende en airosos pltégttdi haitar la rodi-* 
Hky ^el eual si ine''Xiiafta8aBi«&te adornado eon 
iejidds de ois^d^^w y oidtás id^üverto cobr^ qúa 
fotrnaa las mas ilatdsas labores. Hilos d» rom^ 
riO^Á)áéa.tílBWf'tmi^cií&, tío siendo aquellos otra 
ecaai^tta anoe ieoUates de coral^ de ctieatas> dé 
eháqaicá^^ yTj(pf^p«qaefia8 Aionedas de p lata^ ect 
tántoi^é adobni^ \títí¡B 'omjaa togos pendtoitei^ 
de Hidtál sdbTé^ldtftdd^ y por último, el iko^to^ 
Mdi/ vediecilla de dbtes^ recoge las bien tejida! 
fan^Kaft úb su laeiente' y ' negro ' eabello que tan 
buiL cuadra á k ümpiay morona tseda su rostroí* 
^ Guando eran pennitidas las deüiostiramones eaí^ 
ternas religiosas^ esmerábanse los hombres, pora! 
laiestítidad ád Oorpus, en «I adbrao délos palos 
de ¿i»Rra (bamlíHi^ gigantMéoX eíBípefiáiidose cada 
ould €!n.wpdrarrá: los ol^sien las dim^osioneB! 
del bauoilil y ep el gusto denlos ador&Os. 
Los norrios cóloqabaa en la extremidad del 



186 

tarro una muñeca^ en representación de sn pro- 
metida^ haciendo por ese inedio> gala de sn;Oon* 
quista y público su regocijo. 

Consérvase enire estos indios una cofitumbre 
esencialmeate oriental. A^catan y respetan ks 
deberes naturales de la aiojer> tanto que en sus 
casamientos > descubren si ésta, ha sabido: ó no 
guardar la pureza de sus.eostambres» ló cual in- 
fluye de una manera deci^va m^ i^eoió ó des- 
precio de su persona. ; 

En el primer caso> se pcocede en laLtornabqda 
áia gran fiesta y baile AAtehuacaMi, en el \saú 
tiene una parte muy importante el ramillete del 
zempaltxcohül. £ki el transourso de kr fiesta^ 
báiknse^ enfrente uno ele otro^ el i^amo.y el cch 
coñete, que es un mufieco de cera que allí se in- 
troduce con el intencional objeto da indioar ák 
mujer la ley de su destino; BistribáyésA él ocióle, 
que es un atole de maíz y de cacao, «de qu# to- 
dos gustan/ y después de las: mayores demostra- 
ciones de rejQfoeíjo, <conelirye la fiesta cetirándose 
loe consortes; eUaibonrada y querida/ y ^ con- 
tento y satisfecho. : 

En el segundo caso se suspende: el baile del 
coconete, y al d^ribuirse el axéié, nfi^éoeseles i 
k novia y al padre de ésta «n una i^eom^ perfo- 
rada en el fondo, die tal su^e que al tomarla 
aquellos en sus manos, el liquido se escurre. El 



187 

padre y la hija sabea lo que esto significa^ y am-* 
hba S8 retiran^ bajo la impresioQ más desagrada- 
ble^ á. ocultar su afrenta en su humilde hogar» 
El clima de Tlapacoyan es cálido^ marcando 
el. termómefro á las dos de la tarde y á la somf^ 
bpa 28^ c— ^Su altura sobre el mar es de 472 
metros. OO.^-Poblacion. 1238 habitantes. 






•> • 



. { 



HACIENDA DEL JOBO. 



1 

Ciomienzan los linderos de la Hacienda del Jobo 
á un kilómetro de. la población de Tlapacoyan. 
Háll^ause situada la capUla y casas de la hactenda 
sobre una loma á 6 kilómetros de Tlapacoyan y 
á los 20o 00' 48" 99 de latitud N. y 1^ 58' 18" 3 
longitud £« de México» .! 

La capilla es de muy buena construcción^ la, 
cual^ vista desde léjos^ ofrece un aspecto agta* 
dable por las dos torres que la coronan. 

La casa^ cómoda é igualmente bien construida^ 
tiene un precioso jardin engalanado con las más 
preciosas flores^ tulipanes dobles^ rojos y ama- 



t88 

rillos^ el aromático nardo/ la pcecíosá niaia ^iie 
dilra tpdo el aflo> el encendido cUvei^ k fragaittd 
rosa de Bengala, el morado^ gracíotb; sapatülo 
dé la zmna> la elegante acada^ y én fía, dtras 
Hüiohas plantas y enradadelr^d dercadas por piftá^ 
les y esbeltos banano3> por el aacáte tU h playa 
y el frondoso átból del mango, rébreati la riata 
con sus vivísimos colores y embalsaman el airecon 
SUS gratísimos perfumes. 

Desde el extenso mirador que ve al E., se goza 
de la agradable perspectiva de las costas, cayos 
horizontes se dilatan en la inmensa superficie del 
océano. Siá esto se agrega, las maneras afables 
y corteses del administrador de la hacienda, 
D. Roque Salazar y de su digna familia; las 
atenciones y cuidados que al caminante prodiga 
ese ktdhgénte cuanta tnodttdto ágriciilt0r, «onsi- 
derado en lacoiharoa cotúo al patriarca dei hho, 
la p«iiian«¿(áa euh hadienda tío p&eda lAéttM 
(|ae isussü pafear las faorsi dé la vidit> btflks y éfi 
tetremó agiíadable»- 

La hacienda del Jobo cnanto' cofi 386^ hsisi'* 
tahtes. 

La temperatura de edta localidad lÁs^ea en las 
distintas horas disl diat 



r , 



i 



• % 



169 

é 

A las cinco de la mañana 
A las Seí^ ídem. . . . . 
A las ocho ídem . . . . 
A las doce ídem . . • . 
Á liaé tres dó la tarde. . 
A laí siete deia noche . 



; 21* c. 
: S5% 



lO' hiuoedaddftias tierras piinoipaíImeQte pro- 
Time áei abundante y inerte rocía de lá Doch«y 
bAita «ligrado^ile hacer gotear ioft árboles por 1q 
OBUS^» como si les hubiera lloyidoy Gatitpbu** 
yendo esta ch*cunstancia á la extremada feracidad 
de aquellas. 

El maí; da doscientos Quar^Qtft.pcM* uno. 
, £1 «ifroz>,sin necesidad de n9gP;:4» en cufil-^ 
^uier terreno, y aun en la^ cplinpp^ 100 por pnp. 

!E1 chüpotle se produce con snma ghunda^ci?; 

La.cafifst de azúcar es de superior clase; y ^w** 
qye cristaliza bien, hasta hoy sqIp ha servido pa-* 
ra^í^jfff piloncillo. 

La^ vainilla se da con profusión desde el Jobo 
¿ la playa, y su explotación prodiice buenas utí- 
Udades. ^ 

jEl c^fé ei^ aromático j de superior dase, y hoy 
se , exiienden sus plantíos en grande escala^ des^Q 
Ofóostoc. en la cuesta de Teziutlat)> ^n adelante ^ 

El tabaco es el ramo de preferente cultivo, así 
por la. superior clase de la planta cómo por sus 



190 

rendimientos. La mayor parte de los habitantes de 
toda la zona se halla empleada en su explotación. 
No es conocido este tabaco en la mesa central^ 
porqud eia su totalidad se ej^rta pars^ l'raneia. 

La cría de ganados es de mucha iaipo;i:taiicia, 
los qu6> eñ su mayor parte, se coasumen en los 
demás cantones de Veracruz. 

Los readimientos de los eamos agrícolas ea el 
cantón de Jalacktgo, que lo forman en su mayor 
pártelos lagares de la región que se deserUte, son 
de alguna consideración, según lo demuestran los 
siguientes datos: 

Maíz. . . 29,073 fanegas, valor, ps. 87,225 00 

Frijol . . 1,470 fanegas . 5,145 00 

Cebada.. 44,310 cargas 132,930 00 

Chilpotle , 957 arrobas 1,435 59 

Trigo '. . 5,860 cargas. ..... 23,440 00 

Pifión . . 150 cargas. ..... 1,500 00 

Haba. . . 650 cargas 2,600 00 

Arroz . . ' 5,200 arrobas. .... 5,200 00 

Arvejon. 50 cargas 2Ó0 00 

Café . . . 2,245 quintales. . . . 31,430 00 

Vainilla . 50 manojos .... 4,000 00 

Tabaco. . 41,700 arrobas. .... 125,100 00 

Plátanos. 2,000 00 

Purga . . 864 arrobas .... 5,él6 00 

427,823 50 



191 

Paede justarse de la gran importancia y ri- 
queza de Bsta r^ion por los anteriores datos^ 
tenieodó eu: etienta la ^s^asa psMádop de ella 
que nio permiten abrir al eul^vo tüdÁs las fertilí^ 
^mas tfetraá deque puede disponer y ettAtivarlas 
en la eztensiou que merecen. Además de los ra- 
mios expresados^ existen otros cuyo cultivo no se 
haintentado^^ como el cacao^ el afiíl y el algodon> 
qué^ben indudablemente producir grandes be-^ 
nefíüios. Las exquisitas maderas que en ella exis- 
ten y la multitud de plantas útiles á la industria 
y á la medicina^ formarán otros tantos ramos im- 
portantes • de exportación . 

Los alrededores del Jobo ofrecen por todas 
partes lugaros amenos que verdaderamente em^ 
belesan. 

Ei^ Sálo'ñ &££. Ki^AN^p> majestuosa obra déla 
naturaleza^ se encuentra á tres kilómetros S. dé 
la casa de la hacienda. Para admirar en toda su 
grandeza aquella maravilla^ preciso es fijar la 
atencion> primero, en los bosqueclllos de naran- 
jos, limos; sangre de drago y de otras plantas; bos- 
quecillos por donde atraviesa ol sendero que con- 
duce al Encanto. Los árboles sangre de drago ex- 
tienden su follaje en secciones horizontales coiiio 
los cedros'del Líbano, y eubren la vía en muchos 
puntos, haciendo sombra al viajero, quien, unas 
veces admira el agrupamíento de plantas, árbo- 



193 

liw y bejucos qu^ inlorceptan el hoi^ev yatías^ 
]fi8 yeidQS pkfitaAttnM , del tabaea jen ias pe» 
q0«íii» |9Mki!«i. ÍAt«mMíip686 ia asada por k 
fnertft y ;:sAbit0 daprnioo del. tenmoai,^ desen^ 
Wiéiidoee en beU^aimo pai^ cnüiraü k ilefaesa de 
Alst^eoí^, eiroonáada 4e montfs comsu bellat 
eempifies an qve pacen loa ganadoa^ yni^ rio de 
9goa crietalina que ka riega. Allí la faerinon 
planta graopinea del tarro, que tiene todos los 
caraetáres del (^oflifti^^ a&aka eorgnida á más de 
leinte varas de altura. 

Bsos otates gigantescos se aigrupan en etreak^ 
arqueando gallardamente sus sopas de finísimo 
y picado ^plkje^ de la misma manera que se ob- 
serva en un hwi Tertical..de hermosas plumas de 
pavo real. 

uílwcwíiifiB^Q fkl pl»a p<w* un* BRpidístoía jMln- 
diente> y siguiendo en ¿I llano de Alseseo* la 
mórgw izquierda del vk m swtído inverso de 
s^ oorrfente, se U^ga.4 una andba y proftinda 
caMa d0 papííies vertíosles quo: formaft el Sa- 
Im del Snwv4Qx noipbre qne tan biQ& cuadra 
á k grandeí^a 4q1 lugar, JPos altas enainencias se 
extiepd€ift sn *íiteatrp, k wwkl w» sft? e»or- 
mes esfítíJ^^ñ (iQfQpilet4r»e8te rt^y^stidósi «ie T«rd6 
faUaj*, y . U optaste qiJ% «e dirige tfe Es4e 6 Oeur 
te y lu^<> \\ies<(^ «i Neri$, preee»t«R;do f avenas 
sm pi^ndientQi^ d|9 snerto, que Iqs grupos de swt 



193 

do el arcajDjque de una Jp^voífei ^A^^fJ\fH)^^ 
cual carB9 >^^ army<> cy^t^ligovj r^UsíSAí^dft X^ 
las desnudas r<^asri4p e4a:i|fyersgr,p$|i(^@tQ; ü 
Te^ Ias.x)p4^d4^8r;.^^ri£ -e^j^lf^^^'^^Q^ 
tapdp d; wre^3M^flí)íinte.t, iefttft^ §p 

foUaje^ Qira& glía|í^S:tr?|^ 
da^enrApidí»&,r|(íím^ ¥ií»ií^S ««lasMo^csM^ 

das 7 £0(;9Üc^^ pi:^des.;'^I;^a^yúta;^péiiMiajjsi^a« 
za á 4i^tlQ^Hr' Jx)^;:á|^le^y^htaa^qne^^p^^ 
las alturas, en taBío que ^e^lftT^jfSPde p«íidewj) 
circundada por aquellas eminencias, se alzan á 
gran altura corpulentas y frondosas hayas. Ha- 
da el fondo del Salón, Jas montañas se separan 
y forman una estrecha -f profunda cañada que 
<5on extraordinario ímpetu recorre el rio de Bobos. 
Por la disposición dtó^ las) ÍDoütifiás/ curso 
de éste no se percibe sino hasta el momento en 
que sus. agija^, blancas Ty[ espiin^osag bíotin-'jior 
aquella estrecha aberturpt y se 4^rasa»n en .sii 
ancho,cauc$ al pié de 1^ ^)q]ii(aQai0rieii4ai: Mém 
cándese, cuanto es posible, jpoí/l^.O.rijiaíítei 
á la lieni^^ura. profunda, ^r^íesMíme^^íwír felQ&x- 
truendo ripterior del torrqiiit^ y ipof .Issaweouáfta 
partícuUS; que con fuerza; hieretí ,el:rof9tl:íí,^qu0 
el; agua ^alta en cascada ó .se.desltóai^.íQn:. rapidez 
por una fuerte pendiente: lo. único qjie se:ad*^ 

García-Cubas.— 14 



194 

yktiB, digo iiiteraado en la cavidad^ es iiñ mo« 
tf¿lH0''al ^8iteeer ^ calida, qüie) representa un 
Ida&éd ^drdlil^áadendd dé lasespniDas'del agua. 
S artolft^lfiteS' indíeadtf^ -tíne ras agrias al de 
IBkhoB^ü ^el'h%^ qtie^te^staMéee stí curso en 
el Salóh ^l^Emmt&.[ • MotótM'dé i^aiftáír ffa- 
clitifind(Ae Ma^ éííi^, emps{]iaii ái fó¿ cristíái- 
nar'agíbW'isti^i^tíías y*ab%'9Ólfejé»;''dMiñaif(io 
entrelodfi» pdraaus'gránde»; lastrosá^ Y acorazo^ 
Badas boji^i la; '• mapxfa (anim sculeotmn?) las 
cuales^ ^or'SBS'dimeKsfones^ sirveti úaucbas ve^ 
oes á IdQ in¿^nas de paraguas. 






. . . : ■ •.;.-■*• 

í. í - ■ . • ■ 

t 

'i • ■• ; - '. -^ \'> ■ " ■ r • • 



. - íCON^fiíEGACaONÉS DEL JOBO. 

. Si dé la hafeieiida del Jobo se prosigue la ex- 
eorsion por el éamino de Níautla, nuevos y va- 
mdois objétos'distraen con sus galas y primores, 
la áténdon del viajero. 

> Del Jobo á la coíngibegaeion de 'Palmillas, se 
peborre Tin<tra;¡^ctd de 5 "kilómetros, y durante él 
se adaiiraü lois bosques de altas y corpulentas hi- 
gueras, éntrelas cuales sé encuentra ía Higuera de 
rateen aéreas^ 6 sea fictts religiosa; sangre de 



m 

drago feufwbemeééjl y MríiüjoByíífMÁííéSy cedros/ 
lifiíod, süAiOi^^mAgn^Uá grandifi^ra, 'bélMm^ 
gftrpos de^tarroyf fl^e*ídái éiÉ*édadew«í'^qü6!ieü-' 
chas Téde3:Sü]|ett-í^ltó otí^asr íMsí^has^e^io» 
áií^otes, ctí^ÁéüáoÍM pbí^ tídftpféfti- Gónéu^ 
violados festo&iesi-Cottíé * -lé^^ltSé del -fcá^ 
mino, brbta ^ efltite-ife fiofídéís toWiiis utíík 
fuente ide a^^^d¿ léíáifeáó colo^ ««no-el'deí 
ópalo, y en- éHa^éí caminante eücuéntratm'a^á- ^ 
dable refíígeiáttí^Ektbaísé; é«íáfueútó dél 

Obispo. ••• ' -^ '■■ " '■ ' ^"•' '- '■' ''^■'''' ^• '"■ • 

La oóngregádofir del^attíillfts'íítíéiító boy con 
36^ habitante»; y-se haHa situaba' tt!a/ margen 
izquierda dd río de Bébos/ ' -- /^ ^ 

Tiempo B» ya dettríbütífi* ai Sr. Mattrnei'^e la 
Totre, los etogibsi i¡tte meretíwi^ü empeño des- 
interesado 7 su anhelante déáeo pdt desarrollar 
en aquélla íficár y feraz cofliarca, todos lo¿ ele- 
mentos de prospéiidad^ de- qttó és suscefptíbfe 
Cierto es que en ella tiene su mágnffiea y ex-- 
tensa finca de campo, pero es de advertir que 
ahora se trata de los befaeficios cpié Su propieta- 
rio derrama entre todos los habitantes de la 
zona, sin excepción ^e clases ni distinciotí de na- 
cionalidades. Todos estos atestigua» Con su jgra- 
titnd, que el Sr. MattinezdelaTorrenohapro- 
ctnrado soló el engrandecimiento de su hacienda, 
sino que ha promovido y puesto los medios para 



196 

lograr el bieocMStar ^^las coogr^acioQes que 
oeftp!Mi;iSiüs teríéilQfe y flain .de last pi^^laciones 
que perteae^eiii >& ot^a fra^^isia. ppUtiea. del Es* 
tado ;de Yeraüruz. Si toáoslos «^cqpktario^ de 
fincas 'r.ústieas,"¿ejeiB{^o 40l Spy Martínez de la 
Tt^jfT&i pramoviierai^ igualas 'yentaj^S/ el país todo 
c^fpina^ ¿ pasps< de -gig^x^Uré. .ad engrandecí- 
mi^ntQ^^PHesto. q^^ al pcaier ios i^edios para su- 
pr(^k prQsper^4^^ r pr^fsura^ jqoi^jq buenos 
ciuda(laij»Ds^i la principal ^y. 4$ Q^pres- trascen- 
dencias^ como es la de la nación entera. 

I^as^ioasi tierras [q^aecpuip^^ 
ciqn d0 Balmilia^' s^n. e$enoijilaie)}.te azucareras^ 
y poseen las ventajas idepod^r 9er regadas -por 
ljS£.aguns delTio:de B^os^ ty ;p9c consiguiente 
susj(p^ptibles de .sac^rr^ á& ellas^pg jino^ . frutos . Asi 
lo 09flapF¿ndió el &^f .MarUpef da^í^ y al 

ef^Ojj por w órd^j^.-seJi^Ajijech^ ya. las- debi- 
da?^ plantaciones deiCaOa/saM levantado la casa 
del.director y puesto los cimientos para las ofi- 
ciñas correspondientes,: debiendo, elaborarse la 
azúcar por jos mejoras. , y másr Pttavos procedí- 

míeptós* • ' : r 

' • '. . ■. • - > 1 . i-i 

Nunca, be prÉjSQiicjiado.xiiaypr: alegra y, entu- 
siasmo, cocao< el gijCi niapifesf^f o?i todos ríos in- 
dividuos que de^ í;ob(!)* del Caí ízq, de.Paso de 
NovíUps y dol I^i^í^ concurrieron á La colocación 
de la .primera pi9dra,< Aquella ceremonia fué 



19Í 

una^vepílad^ra fiesía^enqtte einegocijo-ÉM) 4&-f 
DO0Í6 límites. - / -^ ^>' \::.::A'. . 

.Todos eom prendían q¿e áqpel íctoBÍgHifioaba 
el principia de 'taáSiáíh^^^ y 

todos en- sus -seiiáílíanfes tttwlabíitt^ ^í íegocijo 
qúe^ ios áñitoafei; ^}6 úna^ pí?é>ciosaijenrái»a(iff> 
en^la cásá del díi%eíóiíy^enPffifedi^dB¡l(íiíttófeos 
formados cóii dnkriiíúféñtds de'4íibránza f cáfias 
de azteár/ les'^eácuríentes eSnfondferi^^süs en- 
tnáiastÉes trtrin^ís y-6üs'falsá)rfl» nacidap'de su ex- 
pansivo corazón, con el murmüllio ^gpítísimo dfel 
rio t^ne bailaba la JDáse dé aqiiQll^ 8^1S'0ÍmpestF€[: 

Si hágó Baérito en Qste'^iídübUe kb Qoñmd- 
vedoras palabras que el Sr. Martines dé la^ÍQrre 
dirigía á ios conourr-entés, f dé las -que étí cam- 
bio de ellaé^Teíñb{«Í>*0 se tenga ^ por ioa^propia 
una sensib9ÍdííÍ>iSacida,- poí <¿feéto ^do'ilas' oíi> 
cuiístancias, dé^tíáfácdon^feídfeleii €oando tóo- 
tari' lágrffñáá díB los ojos dé'^üótteis' quéy ^coiiio 
loa habitánteis tfe aquellas regionesi denáfíéétran 
sü fórtalezaén los rudos trabajos délca'tópo^- biyo 
clima tan riguroso; y cuátidaten^líOS'86iob««Va 
una lucfha sostenida entre la fuerza viril y el ^j^-* 
timientoi nó ptiéde menos que ¿otópr^nderse que 
eñ5us pechos Me^uii'cottízbn nopét!vértído.-*--íiá- 
grimás así- vertidas^ feoñ^tijá^deuria ácciorf moííali 
que enaltecen- al-hdittfcre^ eá cuyois^ ojé&íásomah; 

Concluida la be'rettióñia dé la colóeágiótf déla 



Ii98 

piijD€ffa piedca, el yi^tuoso ewa; d^ Jl^tpacoyao, 
presbítero D. Manuel de la Villa, allírj^r^seate, 

Iwftdijo .el ittiampifi 4^, las- ^¡mñi ^egaya^isus 

cioo i iog conetíf iwtís¿ y;ftl; Sr. Saa<^« Faeio 
impfi«Yw4aii:«li(Mqü9ai^^^ #^4a s^ 9eQ<u: 

Maf^BQs^ tÍ9;l9t.rTower.á fiQ!alíHri^::4B:ifi /itttori4f4 
oaaDÍcip^ i« aqueüa ^wiwwi p^Jílapipa.: ' 

r©d^adíi.poi? ífti amigo Saq^iiez l'aiQio y firmadla 
^r 4«pIi6«io ; ^QFi tpdo^ U>& ppeseBt«s, á fia de 
<pí9 ij» ej^o^íi^f qui^^ m 'poder del wisiao 
%.rMwtí«e«:da:lft.TiE»'W-y el Qtro depositada ea 
}i8^ ¡tfít»er4 pi«dr»/: 

< : it» ft^9¡ 4q^ me re:&9CC)i ea del teüor siguiente; 
ff Ea el«ño!de-1866 eslQ||Rgar era moutuoso 
«^y deapohladiQ. Durante-la üdíwft|$traQion del 
« Sí. J). Roiju.e SalAzar se liisíQrBlídesoiaiite y la 
a limpia^ y el.aapeeto riaiueíiQ y j^íatoreseo que 
«My pesen);», es debido 4 su c«iid*4o y al im* 
«;piil§ft qw W querido dar áí la fio^ja su propie- 
^tma^ parftfuíen es ttB.l^íeiv quejado al que están 
aligados ÍQt$ reeuerdos tíernístops» 4e laíacnUia. 

; aUpy, ^ asedio de^unafi^gta seucilU, se ha 
üi, QiüjocíiÚQ ' la 'príp}0rpí . i^íetÍJPa^^B^ ei^^ Uhim que 
«ídaróii- e8t»é iscaíííurqa^i^ privilfigiadísiqíias porla 
<i,m^ümi 1* vidít ideí o<w?wrai<?ft sieadiO 4 asilo 
jíldflpdie e^cuei^tre el obrero ^n.•tl;f^ba3o que pro- 



Q:{)or(aQiffi á suiamilia ^^a|n y:U traú£[il&idiad* 
<L4)a qué susecibinios^. tostígw {^«fiíendkléi!^ tí<6 
a esta cer6inonía>: iEtolettin«i mxmii^ á$ ^ sétf^ 
(ic.dBaz> llenos d»Ie «áel poi^eáií) haoeoiOB vo- 
<x tos por la prospeFÍdadi:(ki6»te^tablé(iiidfenta^ 
d y porque la generación que encuentre este es- 
<ic crito no deba s u d e s cubrimien to ¿ la investiga* 
a cion de ruinas causadas por el soplo destructor 
c4é la& ferolücíobes^ sino á uáa'^úiueTa eínpresa 
«dé Mayor bágnUiad^ qué Metido la continua- 
* cioii de la preééflte/ |ier|H9tá¿' íá vú^ de 
a su fundador al otfnsti^uir 'esté' íieáiTiio delttá- 
Q^bajd. \ ] 

c Apadf inaiüáó '«ate écto-el sábáító espáábi 
«c D. Ylcente Lk^no^ y asi^ttefido á él el digno 
« cürá ^iíwocé del pttftKo délTtópacoy^^^ ptés^ 
« bíteío D- lÉáíntiéí R; áe la Villá,.de la mistna 
ir üftcionáUdad; 36 hki asociáSití^ dé 0sta maaéirá 
c é uíüa óbtá eii ía que, epató én toató áqueUaá 
« quer tiéfnén^pór objeto la Tegeüeracíon dé los 
« ^Moí^^ líiédib ddl trabajó, no se réco-^ 
c nodéñ tiaciáúálidades ni categorías, "debíeádo 
«todos los b^mbrés contribuir á ellaist con todas 

« Hilóse esta ínáuguraótón bajo la presidencia 
ic del. 6!3timablo G. Manuel Mendoza Aguilat;^ 
ce presidente del ayuntamiento de la íxíiiiiicipa&'^ 
<ic dad de Tlapacoyan. 



9DD 

A*.!^ iDips cQQfiBda prpsperidad á esta ofara para 
cJdí^q 46 BfA»^ ^om^fí»s y satisfacoiQB ée siy fiin- 
fl;,dadojr y:d^jsíW:dw»adt6iitBsI - vi. j 
, «logenio deia falpsílL^ Marzo 2^ de 1874. 
«/trrSiguen mnchmMírm^iK- - ) . 

- ¿ ' r . . j . . ■■ I iÉ« 1 1 <i I I n 



1^ tf ^ s>* * < 



De^Palmiirajs f la cbngregaQipajdelx^^ 
se^ciient^a 8>¿^]^il^a^^q sigi;u^q4o la giistaa 
n^árgen izquierda d^l i^^o Bpbós. Clieata esta 
coDgT^adoaJ^92Jiab^^^ ;, . : : . . 

Paso de Novillos, á 4x kilómetros déla aü- 
tfiff^T, 3 es y^o jde ,lq5 .l?igaieis jafe jpaportaates 
ide .e^ta costa^j^^ por. ^^^s ncQS. .Q\f mi^iitqa^coiiio 
5,0;. §u p9Ííl?yg(|a;jqu^ á.A^lotftbitftfttes. 

Ii^dústnqsogxj^^^^ mp?aáí>59í!, binsecain- 

^0. fi9u ^t^fi^3Bq log e^ii6rgog,íi$li.Sr.,., Mar- 
til}^ de ia f cf re^eftprqveqho i&]a oqjftpizftciop, 
Eij 1^renos¿(3eJ^ h5icí§ada,\}p5 ing^$^ que 
parasol ^fecto &08¡k|j^ne aljí aq^iel emj^onij^dpr y 
^tjl qiiidadcijjip,, han hech tílWíW CQpyenieíi- 
tes para ugaj hefínqsft.rpqblaíaq^^ ,^a 

diida.algunft^y. dentm (ifi. poco^, a5K)s> noa de las 
má^^icas del ciant^nae Jalapií^go. Estalugar lle- 
vará en/ lo sucesivo el.;npnjbre í d^; ;« Concjepcion 







«01 



,^ Blévsusela tena^perátoca eh este lugar^ á lasdoeo 



j'. 






A las docedela.mafiana.'.* .. ^0? ■:■ 
A las ,4Gs,4ftlíiiar4ft. ;.; . v .,:.3lX i 
A 1^ seiScde^tarfJiet *.>.íi.vi^ 






,. De Paso dft,Navilh»^i^es(jm^8;dé.pe(róJfBr- 
tramo de 5% kilómetF0i8>irieo y:i£áfaziibomo los 
anteriores^ se llega á.la[cm]gtegAt^ii del €a&izo^ 
nombre- que sin jdadaile^méíié dé lal planta del 
nw^mo nombre que orees laliup^danlemeatejeo sus 
terrenos y la cual es un oíúMée bsúrúosp y yerde 
follaje; Cuente, esta ei(»9gregapíanLConf4^6 bibi« 
tant«s. .Elic^ami&o> ^««pueedeW^ délríoiiMasía 
de I» Torce^.Tado pe%rosDfeníaaiuártes^(nman^ 
Ufkp el .c{|iQiaaj»,d6SYía:ñn>paco jí^laslmárg^^ 
d^l río deBobíofi.. El ingienfero&Fianpte^a Jiménez 
ha consultado.al Ministerio da :FgmeQi;odasQoi^ 
truccion denn puente enidi(dut)pft304 En^Üodoeelál 
extenso tra^polse adadra:ni»)if^t«dotí^6xnhá^ 
rante y . ks ¿igoeras ■ ad^poicíren pnipoiiBüiifis cof 
lósales. . ]SQ.é$tas ^ormao suíídúdoadiimíBas aíre^ 
y muy esp<H)ialoimte-el hJentt^sojPapaü real (Os^^ 
tinops MDejtezi}nm)> -de plumSye cdié:j.coié¿B¿aíii 
rilla en forma de abanico. Acbstmnbiadafi ebtas 
ayes tvim. en áo(íiedad> fijan JsusfuidDá de fíghra 
de uúa bolsa alargada^ Oigrupándolos en. uno' dá 



iosmás' altos ramos de k higi^era, y mieatras 
que tiatn piieciosos animales salen- á biÉisóat el áÜ^ 
mentó de sus hijuelos^ ó el material para la cons- 
trucción de sus níd<$b^ permanece mío de ellos 
al cuida(Íode sus flotantes habitaciones. £1 papan 
común (Péilorhinus Morló), de un solo color, se 
ve por todas partes, huyendo precipitado ante la 
pcesenciK del l^iajeri;^ asi ^mo los perfoos y co- 
torras, atuiHÜfindo todos con sus agudos gritos* 

'. .Antes de llegar aLPital> congregación distante 
de la ant^ior SO kilámetros, se atratiesan unas 
{lequefias praderas, enlre mf^ potfiéüo pasto 
creoe la preoicffliasendtiVa.' ^ : 

La vegetación que ¡circunda estas mbariais, 
ctoíbia délitddo, y cu«lqt;i^a croerla^tíállarse en 
kxs campQfil de las aUjs ^mesas. Los endüos ^ um^ 
rm,Mhols¿pico'^ dan süfi^lrntos pa« 

recidos-¿ péquefíis acliitams, so íás i^nicds que 
alh sa ¿ciiiLocen^ jcaifgadcei; en su may«í parte del 
fijbrosbhenb y'de;Otriaisinm(^iaspl|iatas parásitas. 
Esta extrato ' vcgetseíon, en imÁlics^ ole una ?oúa 
Terdaderkm9|ite trópica^ íadttiira|[á(» senclerta 
^ia 0»uaír(|iie motíve «su repeutiudi mudanza: 
tal vés^ infliiyá^eii «t^^ batüratok^ 4el terreno 
algo fÍQiitigi¿dso . jEoí leb^as satmnas se ten pacer 
muititudidel gallado^- ¿ ■ - » 

:^'Pitalá3¡etóaííhoí;^é^ habitantes y se 

halla situado' iSu"^ la i márgeb izquierda del rio, 



m 

foirwando : sttar casáis uoa aoik y ^rolon^ada 

doso $;^/i^6ocll^() ftUí ooa e¿ íDüy Odgüial 
ii(i8n)Me é&?rasp(tns(imbwr9í,/y ú caal ae ea- 

cargfid^ d9:i&<^«siK|h«|lftase:áiáM>)^£liOEes qu« as 
p«jF^a4kd§]lo6 o4»r^ji^bt0a l««m»ÍM; que se duda 
mHiib.Q M qti^'9«A )Bbi^w el i»&inero de dos hx^ 
jas. Sste i^tol sirv^ al míscao tieoipo de oam- 
panario, pues de su« Qüdotos bcaaos y entra m. 
tapido foilíie, SBiüWipí^di^iitesdos.ótrBscám- 
{^iasí qu§! aaoidfttúi el; eiuHmto! de tta pteci(iso 



( !« 






r t 






COLONIA DE JiGALTfiPEG; 






' A, 7: :ki}&Qfiirb8 del. Pital^ por uq torrdoD; fétá* 
(ásim^, se^Uegftrá la odioma fraaoosa d^ JioaiHe^ 
pee, cUvidídajpor. el rio de Bobos, 6 sea ya tía de 
If autk>. qu^dwdo la parte principal dala pobla-^ 
cion á la^.tn6rgdn Rececha y exte&diiiodoBé p(tf U 
ii^qu^^rdai^^ «Bu^vo^rdistan^ d^ 17 kilóiaeietiios, 
iBiibítttdliie raadioá poUades par mexioanes. y 
&«QeQMSQ! E&taeoliviia, que pertenece al baátoo 



204 

de Misantía^ contará con unos mil habitantes^ 
trescientos de los cuales son de origen fraáees. 
Se halla títoada á los -20^ A& 19' -aS de 1. ÍN. 
y 2^: 16' íV'i i Je- longitud E, ^Uéiiétí. 

Por apuntes i|3anu5crito5''qti« poseo del Sr. 
D. H. B. de Bogtólawgki,ime'ifenctíentro: feliz- 
mrate en: '^stptituá de ^odér <iar ^-álgónois detalles 
históríisos fK2erca'dek^<mHde Jieaítepec/üniei 
^e entre nodoti?<^' Uá pddfdíO estaiyl^cerse^ á pe- 
sar de los ob^culos-' que tales '^mpi^ás-^en^n 
que ■róttcer en^sué priobiplos^^ • '-- '" "'. 
•:El£ftóde 183^ D. .EfijlébSíi Gue^cÁ ^onípró 
á-D. 6«?eg«iri0' -Montoya por WsüBáá de' ^50 pe- 
ses/ doce leguas cuadradas, poco más ó méndsrdé 
terreno, situado á la orilla derecha del Nautla y se- 
parado del mar por tierra3 de la propiedad de otro 
francés, el Dr. Chavert. 

Por iniciativa del Sr. Guenot formóse en Fran- 
cia el sigUieiitO; 9í5a lá jéC)jni|>íuliíaiidé» Coloniza- 
ción franco-mexicana de Dijon, emitiendo esta 
2241 accioites, mitad .en; I ávot^ dcíhSr ;iGu¿not/4i- 
redto£ de la ^empresa^ foxitad'paris^j^'tsüta'fi r^^ 
zon de i,0(KX freineos la acción, :pü|gabi(ló/áÚeaiá$ 
la ' soqiedad' .;al>propp Sr. Guen^Üa ¡sufijo: ^dé 
434,<j)O0jfranco»por los-gasttó*d^*^^ ^ ^ - 
•Xa primera enipedkixm, cbvríí^^ dtí^A(i(^<io^ 
kilos, . cruzói los 9iaréS'üon¡(Mr¿cíoti 4 Jioáltoped 
en Setiembre de 1934,. á la qme siguió lasegtmdá 



306 

ioriDatia d^Íi^.mdividu<>8i.ea A|:)ril de i8Q^. 
H0[bí)seI)Ss,i}apaestQ:á lod calóñeos ^)3to$'.ol)]¿garii 
camm que m lidian] méaoftc queriieñuiri ^:m 
propia peíjul9Í0'.y ¡m^ ^l r^^l' e^jk^leé^ 

snhsisím^^.d^h^^Q^^^ ^bH^aaéoá. lor daa 
l^i prH];i€^a ^pedlcicm'ár.trada&jaur ebibeBeficíó .deáa. 
soGied^9 i^ibUyéad^M t$^ .tra^)¿s,'(»fr el í4b^\ 
ld^ii>v49 SOO '^|@$; 9.Di^alíQ9'f ooniuiidgnio|ta rex*: 
ta^^a; de:tg?j!9Rf> árjii^ a'uievd'efidaC^kFiiiidaila 
bajo tales bases la forinacíoft^e.laveQlíOm^^ «desdé' 
luegQj^xi^ia^ ep-i^U^ua pñi^ipioiaiitiBeonádii/^o^ 
no 6c^^paff4ifi^ pf^pÉriídad síBOiaimi^afa mesn^ 
tabilidadrc. rA4^f eilidá 1» . ai^iedad4e:B|j (m ide ese - 
error^ Q^jdd^ósQS CQndioiooes.álQS cplonos.de! 
la aegi(q4a^..Q¿p6die\oá;, ^9^m ilaá^csjdedaqQelbs. 
esan libr.es en jsus. trabajos^ perocserles iimpoúia 
el d^bes;- d?- ceder la .twe^ra pavter4e feus.protkc-; 
tQS.T^piQ s^ye> .las ou^yag e^üpulacionea en: 
nadam^ra^ai^.laisitaacíqjicddiM cíolanoe^ los; 
cuales alrfin tqyiierQn qite déeidk^elda rescisioni, ' 
de heQ^D>;4§l^ coBít&to/ reujiiéitdosej en junta y. 
decretando] di desoonoc,ii|^át(íT'd$M. Gu^enót^ 
coHiO;dírect95 de U-iqolftOia: /íJaiooacontecia en; 

Guenot^; abandona la..di;i;feQÍon.á mt^.heifma^.^ 
J) : JvstinQy q.QJien> : por : las. cix^oúnstancias^ íüto: 
que proseguir el misisio régimen de conducta' que 



SU antecesor^ quedando {K>r idonslguieote )ft eo- 
leojia soflMtfda al propiO' érden de^ttsaB. Exís^ 
tiendo la» miftiíiaq ctüSd»> fomso M^á cfoe sd^ sP 
guietan idódticM efeetos> edto es^ el (fesc6áOci- 
miedto de los colonos ¿toda airtoridád^ooteDial/ 
resolviéndose ¿ ttáb^at porim' pro|4á óiblbé^, y 
á depositar^ hf^ot iiit«nta?io>^^ la éasa Á^h di« 
raceicm>te0;hermmieiitas^if útiles la sociedad/ 
toda loeuatAié destruido 6ñ xm incendio tpe poto 
tiempo después acaedó. 

A la impTOiñsion; de lat oompaflfas (fae se for^^ 
naaroB en Fcaneia debe atribuirsQ pi^rU^ltfionte 
los males quose siguieron al estableóimieftfode^ 
la colonia; en ptimer lugar por el pééimd siste^ 
ma de ;colonizacion adoptado^ y en segiiiido> por 
la £sd*ta de tacto en, la elecoion dalos colono»^ 
puesto que la mayor parte de los que^ vinieron 
nunca &eran agricultores^ y por coiisi^iente no 
podia% en la región de qtíetrfttatnosy acostum- 
brarse á los rudo» trabajos del e^po bajo la in- 
fluencia de un clima^ para ellos^ abrasador. 
. Establecióse^ en P¿^&^ después del aeónteeí*- 
miento que be rrftódo (en l&^y una nueva so- 
ciedad que organizó otra expediciott para Jicalte- 
pae^ Ib cual Wegó^ so destino éni840. A la lle- 
gada de istcs nuevtó pobladoras apenas etistian 
en la ooloixía diez .familias qné habían podido^ 
mantcaieirse y aun adquirir una mode&ta ft^tuna. 



207 

La disoInQiop': de esta /tltima eompañia áiói p4irl 
resultado la decisión de loaeolonot ^paiA^ tFali>áj«l^ 
cada cual có^ay me^ar pudieisdu' Desda entánées 
subsiste la colonia^ aunque no eüél restado fioT&^l 
cíente que era de esperarse. 

Los colon^^ en sn mayor parte^ &Q:tral»ajan en 
terreno propio^ smo en. el de la corntsaidád^ y es- 
ta circunstancia engeoidift naturalmeniala deca- 
dencia en lü^r de la prosperidsEdv R<íolono tra- 
baja con asiduidad/ y adelanta eit taiitá que se 
halla en aptitud de procurarse un porvenir para 
él y 9u fs^mUiA. .£¡1: Sr. Martínez de la Torroiíha 
procurádQlea.Qnifáen^ eodiéndo á unosc y .ixai^ 
. díendoá olros^lbajo ipmíü y plaiofaor^o^ic»^ 
terf Qnosr qi^e; de sovpf opiediad. baa desetdo dqne^ 
Uos adqultíir é h orilla itqüiea^da del Nautla. i 

Otr4 oirquiisitaQda muy dijgna^eiobserTacioa ha 
influido eñ la id^ad^ncía. de la* colonia; katispet 
JícaltepecgQta de \in elima sano y no tan aid^n.^ 
te como otros lugarí^s de la eosta> desiarrollóse alk 
en i861 ]» terrible enfermedad del Tómitoy que 
ca^só I» muerte á tresciemtQs colonos^ todos^die ¡la 
margen derecha del rio y ni uno solo íb te izquf er^ 
d». £s^}^ oireuustancia^ que únicamente puedobé'x- 
plicaj^e por la diferencia en las' ccHodidones eüman ' 
tolOgic^s y por la o^eyaeían y resei:|aedad deH^m-^ 
na» no puede admitirse aq^í como oainsadea^ciBl 
efecto^ puesto que tales condi^onea son- en -am- 



' 



9D8 

I 

has partes las mismas. No sé, por tanto, á qué 
atribuir al^uei fenómeBOl 
? La temperatura éá^teahepec hace 6leTar la co* 
Uaaúi^ merourialr 

A::lasiseis de la mafiana á 34^ C. 
'' A las doce de la mafiana á 28^ 
A la una de la tacde á. • . 29® 
A las tres de la tarde &. . 2ldX 
f A las seis de la tarde á . . ^¿4® 



■i:*; ' ' ' 



La:teíriperatura áqul indicada no es^ ni con 
mueho;, semejante á la que elti^mómetro expre- 
sa iei;rPa«o de 'Novillos, lugar niaái retirado que 
el anterior^ dé lacosta.^ Los viiÑitos'qtre soplan 
de las moátáfiks y la l^risa del mar refrescan el 
ambiente, d^ndo salubridad á un lugar, que por 
su situación próxinía á la costa d¿i golfo, debe- 
ría ser extremadamente malsaínol El vómito no 
es aquí endémico como en Vérácrúz, y las de- 
más enfermedades son más benignas, á pesar de 
eúsñr- aún montes cercanos que, ' al sef destrui- 
dos, aumentarán sin dud$ alguna la salubridad: 
-xTaúipoco existen en Jicaltepee^^y aun en todí 
la' zona que seiba descrito, la eaiitidád de iflsec-. 
tosiyreptfles venenosos que átormetíiaü á-los* 
habitantes de otras regiones cálidas. Aquí los' 
mRJscos^y el pinolillo, que sufre algunas trasfor- 



209 

macioaes, sen los animales que caasan algunas 
molíistias. llpínolill©, ihsecto inip8rce|)t¡ble qu» 
se adbfl€fpe.á;.las ratoas; y. ¡hojas ide lesárbolesien 
número prodigioso^ se derrama en el cuerpo hu- 
Sftabft inrodacieiiao una fuerte irritación, onafldo 
por diescuido se sacude üúa rama sobre, el tran- 
seuiite. ElpinoliMose trasfonuíi ea coUradUkLy 
insecto rojo de mayor volumen; de ooloradiüa 
pasa á conchuda, y este insecto, de mayores di- 
mensiones, se convierte en garrapata. De la 
garrapata nace de nuevo el pinolillo, v así suce- 
sivamente. 

Elevada sobre un ribazo del rio de Nautla, la 
mayor parte de la Colonia de Jicaitepec, presén- 
tase, desde la opuesta orilla, en poética y pinto- 
resca posición con sus boscosas colinas y monta- 
fias en el fondo, y sus hileras de frondosos man- 
gos y árboles corpulentos bordando las riberas. 
Las bellezas del paisaje que st aprecian en con- 
junto á la clara luz del día, se tornan en mtoi- 
cos efectos en tanto qu© reina la oscuridad de la 
noche. Los diamantes de la vegetación, losfos- 
forescentes cocuyos, cubren á millares el tupido 
y agitado follaje de los mangos, á cuyo movi- ' 
miento, in^pelido por la brisa, deápiden aquellos 
en todas direcciones sus blandos é intermitentes 
destellos. 

Abatida la temperatura por la llegada del sol 

Carcía-Cobas.— 15 



210 

á su ocaso^ y modificada por las brisas del mar> 
se goza de un ambiente fresco y delicioso duran- 
te las noches y aun en las últimas horas de la. 
tarde. Nadie sino el que haya tenido ocasión dei 
experimentar^ en las zonas cálidas^ La transicioo, 
de los fuertes calores del medio día al tempera** 
mentó tibio y agradable de las noches^ puede 
comprender esos goces. 






ALGO SOBRE COSTUMBRES. 



UN BAILE DE TARIMA. 



Mi permanencia en Jicaltepec me dio á cono- 
cer una costumbre muy generalizada en las cos- 
tas de Yeracruz^ tal como la de los bailes de tari- 
ma. Hallábame una tarde á las orillas del Nautla^ 
gozando de una refrescante brisa y contemplando 
los efectos de los rayos del sol ya próximo al 
ocaso^ cuando algunas detonaciones fuertes y le- 
janas llamaron mi atención. Me apresuré á inves- 
tigar la causa y se me dijo que eran producidas 



211 

por los cohetes que se eacendian como otras 
tantas iuvitaciones al pueblo y anuncios de un 
baile que debia efectuarse aquella misma noche. 
A poco, otras detojiaciones siguieron á las ptí- 
meras, con objeto de precisar el lugar de la reu- 
nión, informándoseme, además, de que, si al 
referido baile concurría, en yirtud de tan extra- 
fia invitación, y era solicitado por alguna dama 
para tomar parte en él, no me rehusase é com- 
placerla, por cuanto á que tal conducta era con- 
siderada por toda aquella gente coíno despre- 
ciativa. 

A pesar de estos informes, y á riesgo de ver- 
me obligado á dar, con los tacones de los zapa- 
tos, fuertes redobles á la tarima, pues de todo 
es capaz el hombre decidido, me dirigí, en unión 
de mis compañeros de viaje, al lugar de la fiesta. 

En una de las calles céntricas de la población 
y hacia el medio de ella, se habia colocado una 
tarima cuadrada, poco elevada del suelo, y que 
tendría aproximadamente ocho metros por lado. 
Este improvisado salón de baile, cuyo techo era 
la celeste bóveda y sus paredes el espacio, se ha- 
llaba iluminado por la escasa luz de un farol que 
pendia del cerramiento de una puerta. En torno 
de la tarima se habia formado el estrado, ocupa- 
do ya por los invitados que antes que uosotroft 
hablan llegado. 



212 

Como di entero crédito al informe,, acerca de 
la comprometedora costumbre que he Indicado^ 
me propuse eludir, tanto como me era posible^ 
Imi miradas de los concurrentes y ^6n particular 
Us de ellas, pues, ¿ pesar de mi firma decisión^ 
llegado el caso, resistíame á poner. á prueba mi 
mucha ó poca disposición para el fandango. 
Quisó mi buena suerte, que nad^e fijara su aten- 
ción en mí, y así, pude entregarme, libre de to- 
do cuidado, á observar tan curiosa costumbre. 

Una arpa, un bandolón y nudi jarana eran los 
instrumentos á cuyos primeros acordes se dispo- 
nían al baile las parejas, subiéndose á la tarima. 
Ejecutaba la música alegres sones, muchos de 
ellos pertenecientes á bailes pantomímicos; pero 
los más arrebatadores y bulliciosos como el j^a- 
rabe. La gracia y la destreza de los que bailan, 
consiste en no perder el compás, y en imitar con 
la planta de los pies el ritmo musical. Cántase 
el eBtribülo; concluido el cual, cambian de po- 
sición las parejas. El ingenio, la sátira y un fin 
cáustico se revelan en las estrofas, cuya gracia y 
mordacidad aumentan los cantantes con su pica- 
resco, modo de decir. 

Muchos de aquellos versos pude coger al vue- 
lo, como se dice vulgarmente, y* retener en la 
memoria; pero no todos son para escritos, pues 
para ello seria preciso mojar la pluma en tinta 



5J13 

colorada: mx embargo^ muchos hiiy que pueden 
trasladare al papel^ tales como los. siguientes^ 
que revelan el carácter de un pueblo, muy seme- 
jante, bajo muchos aspectos, al andaluz: 

Eres delgada y alta, 
Pareja y lisa^ 
. Cujal si la vaira fiwras 
De la justicia. , 

La mujer que tuvo aijiores 
Na sirve para casada, 
Porque.díoen loa doctores 
Que de su vida pasada 
Le quedan los borradores. 

Negrita, flor de limón. 
Dame de tu medicina 
Para sacarme u];ia espina 
Que tengo en el corazón, 
Y al suspirar me asesina. 

El amor que te tenia. 
En una rama quedó; 
Vino un fuerte reoiolino, 
Rama y amor se llevó.. 



214 

Que te quise^ fué verdad; 
Que te adoré, fué muy cierto; 
Que te tuve voluntad; 
Pero aquel era otro tiempo. 

Si me quieres, dimeló, 
Y si no, dame veneno. 
Que no es la primera dama 
Que le da muerte á su dueño. 

Si piensas que pienso si, 
Si piensas que pienso no; 
Si piensas que pienso en tí> 
En eso no pienso yo; 
Que vaya á pensar en tí 
La madre que .... 

Yo soy un gavilancito 
Que ando por aquí perdido. 
Por ver si puedo sacarme 
Una pollita del nido. 

En el mar de tu pelo. 
Navega un peine, 
Y en sus olas blanditas 
Mi amor se duerme. 



215 

Desde que te vi venir 
' ^ Le dije á mi corazón: 
^í)ué bonita piedrecita 
Para darse un tropezón! 

¡Oué ojos me pelara el muerto 
Si me viera con la viuda. 
Hasta sacaría la mano 
De su jofida sepultura! - 

la vecina de allá enfrente 
És una buensí^ cristiana. 
Sale á misa por la noche 
Y vuelve por la mañana. 



I . j 



Me dijiste que fué un gato 
El que entró por tu balcón; 
Yo no he vistoi»gfito prieto 
Con socobreroy pant^Jon. 



Según antes he manifestado, los cantores cob 
su ademan picaresco éinteneional hipocresía píxh 
Tocan la hilaridad de los oyentes. • Al entonar \a& 
estrofas revelan ó fingen la mayor serenidad; y 
con una indiferencia, verdaderamente estoica, lan* 



216 

zan el verso más picante y meardaz, cerrando hu- 
mildemente lot ojos cuai áseí» viesen agobiados 
por el sueño. Propónenséí mucltap veces, y por 
largo tiempo, um competencia de improvisa- 
ción, frecuentemente de. pié forzado, y entonces 
los mayores, desataos se aduüan á uaa chispean- 
te gracia. ' ^ 

Uno de los bailes piás notables es -el que se 
conoce con el nombre d^^ la banda. Extienden 
sobre la tarima una banda de seda en toda su 
longitud, y á poco, los que bailan, sin perder el 
compás y el ritmo musical, la enredau con los 
pies, tejiendo tres lazos, siífaétricos, de los cuales 
el del centro es de mayor amplitufl. T^ida ya la 
banda en forma de guirnalda, ía cblcicán en la ca- 
beza de la jarocha que" con ellos toma parte en 
el susodicho baile i 

Otras veces> énttísiasmddo alguno xJá. los asis- 
tentes por el atradivd de*os ojos picarescos de la' 
jarocha ó por su désttézia éü-el baik, sé aproxi- 
ma á ella y le coloca su ancho sombrero en la 
cabeza. Si solo es uno el que hace uso de esta 
.galantería, la jarochita continúa bailando con 
el sombrero puesto; mais siihubitre vario* imi- 
tadores, aqueíLla! no permifó, pammi inl@nr6fen'^ 
sa, que^üno ó más sombreroá se áóWi^pangí^ ai 
primero^; y en tal caso; prosigue baHai^aGan iu% 
solo sombrero puesto^ y los otros eii las mano». 



217 

•Concluido el baile,. la que ha sido objeto d« aque- 
llas atenciones, toma asiento: en el estrado, eon:r 
jíervando los sombreros y esperándola que sus 
düefios los demanden. Cada eual pide el sayo, 
lentregundo á. la que los ha honrado, una ó -m- 
rras moiiiedas de plata á guisa de gala, con lo 
^xiú llega aquella á reunir muy buenas propinas* 
^'Talds son los Bailes de Tarima. 






■ 'PUERTO DE SAN RAFAEL. 



^vSi me fuera dabifí convertir algunas de núes- 
tms! ricas -mmas en otros tantos ríos navegables, 
no Vfld^kdaim momento en ^ectuar la transfoiv 
íÁaám. La falta, casi absoluta, de tales vías qx-* 
peditas deconáunicadion es uno de las obstáculaé 
pora el esiayeeimiento de colonias, y por consi- 
guiante pataKel plrogreso rápido de la industria, de 
k agricultura y del comercio, fuentes inagotá^ 
ble¿ de la riqat^za pública. El rio de Nautlapob 
suB'f recuentes rápidas, por su lecho arenoso, f 
por: sus frecuentes vueltas, no se presta para \má 



218 

gran navegación^ cual la requiere la fértil zona 
que he descrito. En el Pital, á 25 kilómetros^ 
por agua^ de la barra^ cesan las rápidas^ estable- 
ciendo el rio su curso más regular^ que facilita 
la navegación á remos hasta Jicaltepec, y desde 
este punto á la barra, por embarcaciones que no 
midan más de 35 toneladas y cuyo calado no ex- 
ceda de O m . 70, según lo demuestra el ingeniero 
Francisco Jiménez en su interesante informe dado 
al Ministerio de Fomento. 

De todas las rancherías establecidas en la már« 
gen izquierda del rio, la de Zopilotes es la que 
merece mayor atención, así por los elementos 
que para su prosperidad puede desarrollar, como 
por ser el punto objetivo para el establecimiento 
de una colonia bajo nuevas y convenientes bases, 
y la cual se halla situada &2X kilómetros N. 0. 
' de Jicaltepec, en la vuelta qué hace el rio. €omo 
acabo de observar, el lecho arenoso de éste es 
una dificultad para la navegación .por buques de 
mediano porte; pero la canaüzadrin, rráiovióndo 
la arena por medio de una draga, será, dn duda^ 
el medio más eficaz para destruir aquella. JSn- 
tónces la nueva Colonia de San Rafael, hoy ran- 
chería de Zopilotes, se convertirá en un puerto 
de exportación de nuestros más ricos frutos. Las 
embarcaciones pequeñas aüuiráa á él para tras* 
bordar á otras mayores, azúcar, café, cacao, raíz 



J 



219 

de Jalapa, zarzaparrilla, tabací), vainilla, pre- 
ciosas maderas de construcción, exquisitas frutas 
y ganados. 

Tales consideraciones me hicieron recordar al 
Sr. Martínez de la Torre las ideas que desde mu- 
cho tiempo antes le habia* manife$tado respecto 
de la conveniencia de unir la ciudad dé México 
con el puerto de Nautla, por medí» de un. bmu 
camino carretero, ya que no fuera posible por la 
vía férrea. Tan arraigada estaba en mt esta con- 
vicción^ que me apresuré 4 exponerla al ilus- 
trado Ministro de Fomento, el Sr. D. Jesús Te- 
rán, quien desde luego aceptó 'mis indicado- 
nes, ordenándome que desarrx)llara el pensamien- 
to. La proximidad de Nautla más que otro punto 
de la costa respecto de México, la feracidad de 
los terrenos de aquella zona caliente^ la bondad 
del clima relativamente á lois otros lugares de la 
misma costa^ Ifis ventajas que ofrece la navega- 
ción del Nautla, en la escala que antes henpios 
indicado, los menores accidentes de la Sd^ra Ma* 
dré, por el rumbo de Teziutlan y la sucesion.de 
llanuras desde México hasta el pié de aqudila 
i^rra por Apam, Huamantla y SaniJuan deiosi 
Llanos, eran otros tantos argumentos que apoya- 
ban mis ideas para la apertura del referido i ca« 
mino, y hubiera insistido en ellas, atendieníTo á 
la buena voluntad de D. Jesús Teran, á no har 



220 

berlo impedido la iutervencion europea con sos 
oonsiguieotes trastornos. 

No puedo comprender la prosperidad de un 
país sin el desarrollo de las mejoras matmales. 
Un camino^ un puente^ un canal^ valea más para 
una nacioo^ que por cada uaa de esas obras mi- 
llones de. pesas en efecÜTo. Duéleme^ por tanto^ 
esa apatía^ es6 egoismo ,qu6 se advierte^ con hon- 
rosas exeepciou^^ eo nuestras clases sociales que^ 
estando eü posibilidad de bacer mucho por sa 
patria^ mixmx con indiferencia sus males . Aquí no 
se conocen^ como en los Estados-Unidos^ en es- 
cala relativa^ las empresas de colonización^ ni 
compañías industriales; nacen las iniciaüvas y 
SDuereQ en*sa cuna por falta de capitaiistas em- 
prendedores. En vano trato de inquirir la causa 
del adormeoimlento del patriotismo^ siquiera para 
reifielarla á quien pudiera remediar, tan uooíyo mal . 

Para eivitar esteidJigreáion en^^que empezaba ¿ 
engolfarme^ peroxítasemd ásites da concluir^ apre^ 
ciai' el porvenir ddesU región que he Visitado 
oóo inmenso > placer^ y para ello volTamos á Te- 
xiñtlaná' fin de refark una oanirersaelon que S8 
grlJ)ó en tíd memona^ y ^qne miida bien toda la 
fe que en el hmaastar de^ estos pueblos pujeds 
abrigarse.. -> 

Teziatlan es la tierra natal del Sr^ Martínez de 
la Torre> quien entre sus sentimientos cuenta con 



221 

uno, para él de gran poder, el profundo amor que 
le profesa al pueblo en que nació. Natural es 
que las personas que le acompañan y visitan le 
hablen de todos los proyectos de mejoras mo- 
rales, materiales y sociales que en aquel rumbo 
pueden desarrollarse. - 

En una tarde bellísima subimos á la 'bóveda 
de la preciosa capilla del Carmen de Teziutían, 
y contemplábamos el encantador panorama de la 
población, dirigiendo nuestras miradas sobre todo 
un horizonte que, se presentaba bello y halaga- 
dor á nuestro espíritu de viajero, y tierno y pa- 
triótico al corazón de Martínez de la Torre. 

Al admirar la belleza con que Dios ha dotado á 
aquella población, viene al espíritu el pensamiento 
de un futuro de felicidad, de progreío, de gran- 
des adelantos para las generaciones que están por 
venir, y nosotros nos preguntábamos: ¿qué será 
Teziutían, tan preciosa población, al pasar unos 
treinta años? ¿Cuántas familias la visitarán, cuan- 
do el ferrocarril llegue á Perote, y pueda hacerse 
el trayecto desde México en un solo dia? ¿Cuán- 
tos elementos va á reunir esta ciudad que es el 
centro de la sierra, la capital propiamente dicho, 
de esos pueblos ricos de bienes de fortuna y aun 
mas ricos por su amor al trabajo y á los ade- 
lantos? 

Este fué el tema de nuestra conversación, del 



222 

cual se despreodian vaticinios que dejaban satis- 
fechos á los hijos de aquella preciosa población^ 
en donde encuentran afecto sincero todos los que 
la visitan y una verdadera patria los extranjeros^ 
que viven como en la tierra propia^ formando 
luego familias honradas que se confunden en to- 
dos sus goces con los hijos del país. 

El comercio en Teziutlan está dividido entre 
nacionales y extranjeros^ y éstos^ tomando afi- 
ción á los hábitos del campo^ invierten parte de 
su capital en la compra de propiedades rústicas 
y urbanas^ asimilando en todo sus costumbres 
á las del lugar en que viven. 

Mil reflexiones brotaban sobre esta materia^ 
tomando parte en la conversación el activo gefe 
político de Teziutlan, así como el de Jalacingo, 
el Sr. D. José J. Guzman, que fué siempre nues- 
tro apreciable compañercv Todos fijaban, como 
base para la prosperidad de aquellas poblaciones, 
el desarrollo de la gran riqueza de la tierraca- 
liento, que partiendo de los pueblos de la sierra 
llega á las orillas del mar. 

El reconocimiento que hice del trayecto de Te- 
ziutlan á Nautla, vino después á comprobarme 
que los cálculos nada tenian de exagerados. 
Nuestra conversación parecia un tejido de flores, 
como lo que los estudiantes llaman jardín en las 
dulces expansiones de la imaginación. Yo, que 



223 

no tenia motivos, más poderosos que mi fría ra- 
zón para apreciar lo que habia.oldo^ medité so- 
bre ese halagador presagio del porvenir que bro- 
taba de la imaginación estimulada por el patrio- 
tismo; y ¿.semejanza de los viajeros que, al ror 
correr países desconocidos, aventuran asevera- 
ciones que se refieren al futuro, voy ápertíiitirme 
decirla qíie creo serán esas poblaciones antes dé 
algunos afios. 

Teziutlan, hoy ciudad reducida, caminará por 
la genda del progreso á pasos rápidos, y será siem- 
pre notable el adelanto de sus hijos, porque allí 
no hay conflictos privados que dividan á las fa- 
milias, y la autoridad política, el párroco delpueblo 
y los particulares trabajan para mejorar en todo 
una población que por la naturaleza. tiene mucho 
que dar y por sus actuales pobladores mucho que 
esperar. 

Siguiendo el recuerdo de la conversación no 
puedo dejar de estampar aquí un deseo de mu- 
chos de los vecinds de Teziutlan. Esta población 
dista ocho ó nueve leguas de Perote, adonde lle- 
gará dentro de poco la hnea del ferrocarril, y es 
fácil de construir un ramal que ligue esos pue- 
blos. El ramal de Perote á Teziutlan presenta 
facilidades que sabrán aprovechar aquellos pue- 
blos llamados á ser el depósito de valiosos frutos: 
tal es el deseo de los teziutecos. 



224 

Ahora que México entra, tal vez para siempre, 
en el camino de la paz, es preciso tocar todas Iss 
cuestiones que mas de lleno afectan su porvenir^' 
y entre ellas la colonización tiene á.mi juicio un 
lugar de preferente distinción. A ella tiene, el 
gobierno que consagrar su atención, y como punto 
que satisface cuanto puede apetecer el inmicfrante, 
debe designarse toda la región que atraviesa desde 
Paróte hasta Nautla. Por esa costa de Veracruz, 
en la que se hallan situados también los puertos 
de Tecolijtla, Tuxpan, Tampico, etc.., solo se ne* 
cesita dirigir bien al principio la colonización, 
que ella vendrá abundante una vez que haya 
acierto en ios primeros pasos* 

No me creo autorizado para poner como un 
programa indefectible de Iqs sucesos futuros, lo. 
que ofrece la colonia de San Rafael; pero si el 
Sr. Martínez de la Torre, firme y constante en 
su propósito de fundar una gran colonia, no se 
detiene .ante las dificultades naturales de una em- 
presa de esa magnitud, la nueifa colonia será la 
base de una numerosa inmigración, particular- 
mente francesa, porque abundan en sus terrenos 
las mejores condiciones: 1 .^ Una tierra fértil con 
ricas maderas, regada por el copioso y fecun- 
dante rocío de k noche. 2.® Medios de expedita 
comunicación, porque la colonia situada á la orilla 
del Rio Nautla puede fácilmente embarcar g s 



225 

frutos para Veracruz, ó traerlos para la mesa cen- 
tral. 3.® Grande econonaía de trasporte para los 
innaigrantes, porque desenAarcando en Veracruz, 
pueden en véinticmatro ó treinta horas llegar por 
Nautla á la colonia. 4.® La inmigración francesa 
al tocar las playas de Nautla se creerá en su pro- 
pia patria porque llega á una población francesa 
donde bay, por instrucción del Sr. Martínez de 
la Torre y autorizada por el gefe político, una 
junta de mejoras materiales que tendrá entre otras 
atenciones la de recibir á los inmigrantes, aten- 
derlos y procurarles trabajo y comodidad. S.^ 
Gran abundancia de los elementos precisos para 
la vida, pues que los cereales se producen pro- 
digiosamente, y carne y pescado fres«> hay de 
sobra. 6.® Facilidad de trabajo, porque conoci- 
dos y cultivados esos terrenos en alguna exten- 
sión por los arrendatarios francesa, solo esperan 
mayor número de brazos para aumentar una pro- 
ducción que en su creciente progreso, hará sin 
duda la riqueza de esos colonos. 






PUERTO Y BARRA DE NAUTLA. 

Habiendo llegado á la colonia de Jicaltepec, 
consideraba ya como un delito no proseguir mi 
excursión hasta la playa. La presencia del mar 

García-Cubas.— 16 



226 

siempre sorprende, siempre impone, ora se le vea 
en calma, ora agitado por sus tremendas borras- 
cas. Allí es donde la mente concibe la idea de lo 
maravilloso y de lo sublime. Las olas que nacen 
violentamente á impulso de los vientos, y que 
en tanto que unas mueren surgen otras de nuevo, 
su continuo y uniforme movimiento en dirección 
de la costa, con sus penachos espumosos, bri- 
llantes y agitados; el agua que se derrama sobre 
el plano inclinado y arenoso de la playa, deposi- 
tando en ella sus calcáreos despojos; y por últi- 
mo, la borágine que forman las olas precipitan- 
■ dose sobre el agua que de la playa se retira para 
volver al seno del Océano, todo^ causa al espec- 
tador el mayor asombro. 

De Jicaltepec á Nautla hay una distancia *de 
11 X kilómetros por tierra, y 16 por agua. Por 
falta de una embarcación hube de hacer la tra- 
vesía por el primer medio. Tresnó cuatro emi- 
nencias de poca consideración interrumpen la 
planicie de la costa, y desde ellas se gozan vis- 
tas en extremo agradables. Los franceses han 
establecido algunas granjas y dehesas, á uno y 
otro lado del rio, que se ofrecen á la vista del via- 
jero como paisajes pintorescos de la Suiza, salvo 
la vegetación tropical, que en todo el trayecto 
es tan abundante y feraz como la anteriormente 
descrita: encuéntrase al fin del camino el agru- 



227 

' pamiento de casas de lodo, paja y zacate, dise- 
minadas las mas en las llanuras, y formando ca- 
lles algunas, las cuales constituyen la población 
del puerto de Nautla, situado á 20« 12' 43" 44 
L. N. y á 2<> 21' 30^' 8 de long. E. de México. 
Al llegar al puerto, mi primer cuidado fué el 
de procurarme una embarcación que me condu- 
jese á la barra, conseguida la cual, me instalé en 
ella en compafiia de mi amigo Sánchez Fació. El 
remero, en atención á que el bote era celoso^ nos 
recomendó la mayor tranquilidad, y botando^ al 
principio para bogar ^ después, surcamos las 
aguas del angosto estero de Nautla, y á poco nos 
encontramos hendiendo las cristalinas aguas de 
la extensa ria del mismo nombre. Las márgenes 
del estero se hallan sembradas por el precioso y 
florido ramaje de los laureles, macho y hembra, 
y bordado por los lirios y la preciosa majahua, 
planta que da una semilla parecida al ajonjolí. 
En las márgenes del rio crece la misma vegeta- 
ción, distinguiéndose, además, las impenetrables 
barreras de los manglares. La diafaneidad del 



1 Que es sensible y. se mueve mucho. 

2 Hacer caminar el bote'á impulso del remo que al- 
<:aiiza al fondo del rio y se apoya en él. 

3 Hacer caminar el bote á impulso del remo produ- 
ciendo el esfuerzo en el agua. 



228 

agua permite descubrir^ muchas yeces^ el lecho 
arenoso del rio y los peces qae en su seno se agi^ 
tan^ nadando unas veces en opuestas direcciones 
y saltando otras sobre la superficie^ produciendo 
un leve chasquido. 

Caminábamos en dirección de la Barra^ eo los 
momentos en que estaba vaciando la marea ^^ 
como á una legua de distancia^ cuando un ruido 
persistente y lejano^ muy semejante al que produ* 
cen las nubes tempestuosas antes de descargar sos 
fuertes granizadas^ atrajo nuestra atención: eran 
los rugidos del Océano^ enfurecido por el azote dd 
fuertes turbonadas, ^ y en tanto que el mar per- 
maneció agitado á consecuencia del pasado hura- 
cán^ apenas se hacia sentir en el rio una ligera y 
agradable brisa. La límpida superficie de las aguas 
formaba anillos ^ y cabrillas de viento,^ y no 
macheteaba ^ como en el golfo la marejada.^ A 
medida que nos acercábamos á la barra^ mayores 
eran los estruendos del mar y mucho mayor mi 
impaciencia por contemplarle libremente. Ya 
cerca de la desembocadura del rio fué preciso 

1 Bajando la marea. 

2 Turbonada, huracán momentáneo. 

3 Pequeños círculos concéntricos formados en la bu 
perficie del agua. 

4 Ligeras ondas en la misma superficie. 

5 Azotar el aire fuertemente. 

6 Fuerte golpe de las olas en la playa. 



229 

Inrar ^ á la derecha, pues la Barra cruzada, ^ 
y la resaca ^ nos impedían salir al mar en taa 
débil embarcación como la nuestra* La ranche* 
ría, Uamadadela Barra, fué nuestro seguro puerto^ 
y ajanas puse los pies en tierra firme, corrí pre* 
oipitado por los arenales, salvando los pequeños 
médanos que xm interceptaban la vista del caar^ 
para contemplarla más grande y maravillosa obra 
del Criador sobre la tierra. 

Volvíme á poco á la raachería deseoso de vór 
fisgar,^ deseo que no logré por no estar el mar 
6Q calma chicha^ j hube de contentarme con 
ver solamente atarrallar. ^ 

Las gaviotas con su rápido vuelo surcaban el 
aire oblicuamente y se arrastraban por la super- 
ficie de las aguas marinas para alzar de nuevo su 
vuelo y perderse en el espacio, en tanto que de 
entre los manglares y matorrales del rio sallan 



1 Voltear en determinada direccioii. 

2 Choque de dos aguas que hace zozobrar una embar- 
cación. 

3 Agitación del mar sobre ua cabezo ó punto de arena. 

4 Pescar por medio de la fisga (otate en cuya extre- 
midad hay Tin arpón). 

5 Calma completa. Para fisgar no es condición precisa 
esta circmistancia, pues basta para ello que la mar no 
esté muy agitada. 

6 Pescar con atarralla, que es una red de pita. 



230 

precipitadas otras aves^ como alcatraces^ garzas^ 
candiles, y el Martin pescador. 

Antes de regresar á Jícaltepec pasé mucho tiempo 
en contemplación delante del Océano; miles do 
ideas surgieron en mi mente, y me creí felix pen- 
sando en que podría trasladarlas al papel. Una 
triste realidad ha desvanecido mi ilusión: miin- 
suficiencia para describir aquel prodigio de la na- 
turaleza/pues todas aquellas ideas que su presen- 
cia me inspiró, quedaron sumergidas en su in- 
sondable abismo. 

México, 25 de Abril de 1874. 



UNA EXCURSIÓN A PEROTE. 



Al Sr. D. Anselmo de la Portilla. 



Si debiera juzgarse de la fertilidad y belleza 
del Estado de Puebla por las llanuras de Chai- 
chicomula y San Juan de los Llanos/ que se ex- 
tienden al Oriente de su hermosa capital^ so ad- 
quiriría una triste idea de su territorio. Esas pla- 
nicies extensas y en gran parte arenosas^ sin la 
menor corriente que las fertilice, producen una 
impresión desagradable, á lo que contribuyen 
varios cerros aislados que en medio de aquellas 
se levantan, notables tansolo por su completa 
desnudez. La monotonía que allí reina excita el 
más vivo deseo de traspasar los límites de esa 



232 

zona en busca de otra región halagadora. Crée- 
se á cada paso que el espejismo, bajo la influen- 
cia de un sol reverberante, va á ofrecer sus 
mágicos efectos, contribuyendo tal vez esa espe- 
ranza á hacer sentir menos las fatigas del cami- 
no. Las miradas del viajero buscan con avidez, 
en torno del horizonte, algún punto notable en 
que fijarse, y solo uno logra su afanoso empeño 
en la elevada mole del Citlaltepetl. 

La helada cumbre de esta eminencia, cuyas 
entrañas están en ignición constante, observada 
desde la llanura, produce una impresión que solo 
puede ser comparada á la que el^navegante ex- 
perimenta al contemplarla desde alta mar, como 
la estrella luciente que le guia al término de su 
viaje. La absorción de los vapores atmosféricos 
por esa sierra, cuyo núcleo forma el Citlaltepetl, 
y los fuertes deshielos, dan nacimiento á varios 
ríos que fecundizan y vivifican la vertiente orien- 
tal que en escalones desciende hasta Itó playas^ 
en tanto que tales ventajas no se observan en la 
vertiente opuesta, cuyo pié descansa en las cam* 
pinas de Puebla. 

Sin embargo, bajo la benéfica influencia de las 
lluvias, el aspecto de esas llanuras cambia tem- 
poralmente, brotando el pasto en abundancia y 
cubriéndose por completo con el verde ropaje 
del maíz. Solamente los arenales que por Tepe- 



233 

yahualco se extienden hasta Perote^ conservaa 
siempre el mismo aspecto triste y desconsolador. 
Tal vez esta circunstancia motivó la falsa apre* 
eiacion de un viajero francés^ según el cual nada 
en nuestro territorio era digno de atención y sí 
todo monótono y triste. Si de los arenales de 
Perote y Tepeyahualco hubiera aquel viajero 
continuado su excursión^ sin salir de los límites 
del Estado de Puebla^ á las sierras de Huauchi- 
nango^ Tlatlauqui^ Zacapoaxtla y Teziutlan, ó 
bien á los bellos distritos de Oeste y Sur^ se ha* 
bria visto obligado^ ante tanta belleza natural^ á 
cambiar de opinión, asentada de una manera tan 
inexacta como indiscreta y aventurada; pero ya se 
sabe que la ligereza y la ignorancia son los rasgos 
característicos de los viajeros extranjeros^ con muy 
pocas y honrosas decepciones. Tan convencidos 
estamos los mexicanos de esas cualidades de far- 
sa y mentida sabiduría, que leemos sus obras coa 
la preconcebida intención de reimos de sus des- 
aciertos. 

Si bajo el punto de vista pintoresco nada ofre* 
cen esas campiñas á la atención del viajero, pre- 
séatanse, sin embargo, muy interesantes bajo su 
aspecto geológico. El terreno entre Ghalchicomu- 
la y Perote revela, á cada paso, la acción del fod** 
go. Las capas de toba volcánica alternan con las 
de la lava basáltica en toda la zona, cubiertas por 



234 

la tierra vegetal. Los detritus y ceniza volcánica 
revisten las hondonadas^ en donde^ depositándo- 
se las aguas han formado las pequeñas lagunas 
de Quecholac y Alchichica. Al Norte de Ghalchi- 
comula^ y adelante de la hacienda de la Capilla^ 
se ven extensas barreras circulares de basalto 
escoriáceo^ y en abundancia la obsidiana y piedra 
pómez. Ninguna corriente de lava observé que 
descendiendo de la cordillera ligase esta agióme* 
ración de escorias^ por lo cual es de inferirse que 
en ese mismo lugar abortaron del interior de la 
tierra^ presentándose como los labios de un cráter. 
Cerros y colinas de diversa extensión manifies- 
tan^ por su completa desnudez^ la extratiñcacion 
de sus rocas calizas^ más ó menos compactas^ y 
entre las cuales se encuentra la piedra litografié 
ca en los cerros de la Cofradía^ á una legua S. 0. 
de la hacienda de San Antonio. Cerca de la lagu- 
na de Quecholac^ al Occidente de ella^ se encuen- 
tran los cerros de la Preciosa^ con vetas de pla- 
ta^ que constituyen el distrito minero del mismo 
nombre. 

Lo que principalmente llamó mi atención eu 
estos terrenos^ después de abandonar el ferro- 
carril en San Marcos^ fué el aspecto volcánico de 
algunos puntos de la hacienda de Xalapasco. Dos 
violentas depresiones, enteramente circuUres, in- 
terrumpen la llanura, presentándose, por sus rá- 



235 

pidos y extensos taludes y por su fondo plano y 
profundo^ como dos inmensas calderas. La toba 
volcánica, revestida de tierra vegetal, cubre las 
pendientes, las cuales se ven surcadas por grie- 
tas profundas que, como otros tantos barrancos, 
descienden desde la cumbre al fondo del valle. 
En estas hondonadas se depositan las aguas llo- 
vedizas en gran cantidad, pero luego desaparecen 
por medio de innumerables filtraciones. 

En la hacienda de Xalapasco tuve nc»ticia de la 
existencia de unos cerros llamados «Las Derrum- 
badas, t> al Occidente de la hacienda de la Capilla, 
obi^rvándose, al pié de ellos, el desprendimiento 
de gases, considerados en la comarca como esen- 
cialmente medicinales. 

Por circunstancias independientes de mi vo- 
luntad, no me fué posible trasladarme al lugar 
de «Las Derrumbadas» para observar el fenó- 
meno, tan notable como digno de estudio, de 
ios batios de vapor allí existentes. Mi permanen- 
cia en Xalapasco fué de poca duración, y muy á 
pesar mió hube de abandonar aquellos lugares 
para proseguir nái camino con dirección á Perote. 

Un alemán, dignísimo miembro de la Socie- 
dad Mexicana de Geografía y Estadística, el Sr. D. 
Carlos Sartorius, que residió entre nosotros y cu- 
ya reciente muerte lamentamos, se expresa en los 
siguientes términos respecto de la existencia de 



236 

los baños sulfurosos de cLas Derrumbadas^}^ en 
su obra intitulada Mexiko und Mexikaner 
(Darmstadt 1852). 

<]cAl Poniente del Pico de Orizaba^ hacia las aJk 
tas planicies, se encuentran también dirersos fe* 
nómenos volcánicos. En un escorial^ enteramente 
desnudo de vegetación^ brota del suelo un vapor 
de azufre. Los indios aprovechan estas azufreras 
calientes para baños de vapor, haciendo excava- 
ciones de tres pies de profundidad y de otro tanto 
de anchura, en las que se meten, cubriéndolas 
después, de suerte que solo la cabeza les queda 
de fuera. En las cercanías está también un grupo 
de montañas llamado ((Los Derrumbados,» dé 
las cuales una está rajada « De la profunda grie* 
ta brotan llamas con frecuencia.» 

Otro ^critor alemán^ Karl B. Heller, á quien 
la ciencia geográfica debe muchas noticias inte* 
resantes sobre nuestro país, es más explícito; 
y en la pág. 90 de su libro Reisen in Mexiko 
(Leipzig 1853), dice así: 

dcLas dos montañas más altas, cuya elevación 
sobre la planicie puede ser de mil á mil quinien- 
tos pies, han dado á esta comarca el nombre de 
ccLos Derrumbados, » á causa de su escarpada fal- 
da. Una montaña más baja, situada al Noroeste 
de Tepetitlan, se hace notar á causa de los cons- 
tantes vapores y del humo que se levantan de su 



■H 



237 

cima, los que de noche esparcen hasta lo lejos 
una luz clara. Este cráter es nauy activo y de 
fácil acceso: la gente de los alrededores^ como 
8U altura es poca^ va allí con frecuencia para 
sudar con el vapor caliente y lihrarse de muchas 
enfermedades reumáticas y gotosas. 9 

Tales son las únicas noticias que he recogido 
acerca de los baños de vapor de a Las Derrum- 
badas; y> noticias que me ha facilitado, desde Ber- 
lín, mi amigo el Sr. D. Ángel Núfiez. 

El objeto principal de este articulo es la des- 
cripción de Perote, según puede inferirse del tí- 
tulo; así, pues, no me detendré más en otros por- 
menores ajenos de aquel lugar. 

Perote es una población que muere. Su exis- 
tencia ha seguido las vicisitudes del castillo del 
mismo nombre, y hoy sus tristes y desiertas ca- 
lles son únicamente el reflejo de la destrucción y 
aniquilamiento de la fortaleza. 

El tiempo y el olvido han hecho desaparecer 
los datos de la fundación del pueblo, y solo se ha 
conservado la noticia de la del convento de reli- 
giosos de la Orden de la Caridad, bajo la advo- 
cación de Sao Hipólito, con el principal objeto 
de dar hospitalidad á los españoles pobres que 
llegaban en las flotas y transitaban por el lugar, 
erogando los gastos, para llenar este fin, cinco 



238 

haciendas de labor y once ranchos de las inme- 
diaciones. 

En i 709 existia ya la Hermandad de los pa- 
dres hipólitos^ y se cree que fueron los primeros 
pobladores desde tiempo inmemorial y poseedo- 
res del terreno que hoy ocupa la población en 
los desiertos de Pero. 

En 1770 fué evacuado el convento, después 
de lo cual éste y la iglesia se convirtieron en rui- 
nas. La fecha de este acontecimiento coincide 
con la de la construcción de la fortaleza, como 
se verá mas adelante. 

La población de Perote, antigua Pinahuizapam, 
pertenece al cantón de Jalacingo, Estado de Ve- 
racruz. 

Su clima es extremadamente frío, marcando 
el termómetro, en el verano, á las cuatro de la 
tarde 14<* C, según la única observación que pu- 
de hacer en mi tránsito por el lugar. Como antes 
he manifestado, el terreno en que se asienta la 
población es arenoso y en extremo poroso, de tal 
suerte, que absorbe por completo el agua que 
procede de las vertientes del Cofre, impidiendo 
que establezca su corriente. Perote llegó á tener 
cerca de cuatro mil habitantes; pero hoy su de- 
cadencia es tal, que no llega á mil el número de 
sus moradores. Por todas partes y eri todas sus 
calles se ven casas cerradas, que solo ostentan 



239 

las muestras de los ramos de su antiguo comer- 
cio, y apenas una que otra tienda de abarrotes 
abre al público sus puertas. Hállase situada la 
población al pié de la falda occidental del Cofre 
de Perote, á dos mil veinticinco metros de eleva- 
ción sobre el mar, en la boca de la sierra; cuya 
circunstancia, unida á la topografía del terreno, 
decidió á la Qonstruccion de la fortaleza, como 
punto estratégico á inmediación del pueblo. 

La noticia más antigua respecto de la exis- 
tencia de este pueblo y de su nombre actual, da- 
ta del año de 1 542, según un testimonio de po- 
sesión de un lote situado entre Gáceres y Pero- 
te, mandada dar por el virey D. Antonio de 
Mendoza á Hernando de Robledo, vecino de 
México. 

Que el nombre de Perote fué dado al anti- 
guo Pinahuizapam, inmediatamente después de 
la conquista, lo comprueba la siguiente relación 
de Torquemada, en su Monarquía Indiana: 

« De esta parte que mira al poniente, volvien- 
cc do al mediodía de estas serranías dichas, hay 
« otras iendo de México á la Veracruz y puerto de 
(L San Juan de Ulua, de las cuales la una se Ua- 
« ma Sierra del Cofre; por que en lo mas alto de 
« ella está un mogote ó cabero muy señalado 
ce que le. llaman el Cofre y los naturales de esta 
« tierra le llaman Nappatecutli, que quiere de- 



240 

« cir: Quatro veces Rey ó Seftor; al pié de esta 
« sierra hay una agua que la llaman Pinahuit 
« zatl^ que quiere decir vergonzosa ó de vergflen- 
c ga. Otro arroyo hay cerca de estoque llaman 
« Temaicalatl por donde toma la sierra estos dos 
c nombres Temazcalapa y Pioahuizapam y en 
<K este lugar está ahora situado el Hospital de Pe- 
c rote^ el cual nombre cobró del primer espa-- 
(c ñol que allí en aquella parte hizo una venta. d 

Tales son las sucintas noticias que^ respecto 
del pueblo de Perote^ he podido recoger. 

En 26 de Noviembre de 1763 el marques de 
Cruillas, dirigió al virey de Espafia una iniciati- 
va para que en el llano frío y reseco de Perote 
se construyeran por cuenta de la Real Hacienda 
extensos almacenes para conservar los repuestos 
de armas^ municiones, pólvora y harinas, á fío 
de socorrer prontamente á Veracruz é Islas de 
Barlovento en casos de guerra. 

Las antiguas expediciones piráticas de Loren- 
cilio á las costas de Veracruz, y los justos temo- 
res de ser éstas invadidas por fuerza de la ar** 
mada inglesa, con cuya nación se hallaba en 
guerra la Espafia, inspiraron la idea no solamen- 
te de poner en estado de defensa el Castillo de 
ülúa, y la fortificación de Antón Lizardo, para 
cuyas obras se presupuestaron mas de 2.700,000 
pesos, sino de la construcción de^ la fortaleza de 



2it. 

Perdte^ qae. además de su objeto principal indi- 
cado, se le daha^ ée pod«r aervir de un lagar 
seguro de depésito á léscaudades.cfue ¡periódica- 
meníB 8e conducían de México á Vewíam. 

La resolucicH» definitiva para la .©{««tcitóéion 
de un fuerte y ño de aioaples alniacaies, llegó 
Ú maraes de Groii por real cédula de 20 de 
Noviembre de i 769, s^robaudo el nombramien- 
to del director- de la olbra, henAo m faiYta del in- 
geniera D. Manuel Sautiestevan, y icomumoando 
las precisas initeactíones |)ara la mayor amiúia- 
cion M rfroyecto primitivo, pues al Tejt parecia 
muy reducido el frente qaé, según sji proyeoto, 
se duba á la fortaleza, y por tanto d^ para re^ 
sistir rudos ataiíjaes. ; , . ; 

Púsose mano á k pbr^ ei^j25 de Junio de ,1770, 
con arreglo al plano, foumaido por su Jbóbiídirec- 
tor y bajo la basedel siguióte presupuesto; 

f 

Muro principad, ¡eídavacioB. ; . 2¿i 

Mampestería ordinaria, diez mil : ' 
qidnientas: noventa y ocho va- 

ra» cúbicas. 31 794 

Muro principal, 40,311 varas cúj, : / 

^^"^^ ../.•: ... 120,933 

A la vueíta. . . . 152,988 

Gabcía-Goba«.~17 



242 

Déla vuelta. . . . 152,988 

: Ciento cincuenta y nueve estri- 
bos para cortinas, flanooé y 

cajas. ; . . . 23,413 

Mil trescientias sesenta y dos va- 
ras lineales de cordón de un * 
pié de diámetro. ....... 255 03 

Siete mil cuatrocientas sesenta y 
nueve varas cúbicas de park-^ 
peto. . .'. . . ^22,407 

Novecientas tres varas cúbítas 
de banqueta 1,709 

Mil cuatrocientas varas longitu^ 
dinales contraescarpa 100 

Quince mil cuatrocientas noven- 
ta y dos varas cubicad de mam- 
postería para levantar el maro 
de la contraescarpa 46,478 • 

Cuatro mil doscientas varas cú- 
bicas de mampostería ordina- 
ria para el parapeto del cami- • 
no cubierto. 12,600 

Construcción de ocho traversas. 1,740 

Excavación del foso 6,000 

Excavaciones, pies derechos de 
empuje, costados y pilastras 



m 



Al frente. ..... 267,690 03 



^43 

,!.. Del frente. 267,690 03 

para las bóvedas de los edifi- 
cios anteriores. 21,152 

I>ó0 mil den -varas ¿ubicas de 
., QQjSLmpostería die ladrillo para 
.formarla rosca^... ...... 10,500 

Por mampostería ordinaria de una 
vara'de grueso para él cáseo de 
la bóveda. .. V. . . ... . .12,600 

Muros*'. ... . ;. i. . .......: 5,412 

^uiartalia^ para la tropía. ..... 12^840 

Edificio paralelo >á Ips anteriores. 12,620 
Escaleras y corredores para los 

cuarteles. 2,776 

Edificio paralelo á la puerta prin- 

ciüal 7,051 40 

Escalera y corredor para id. . . . 1,059 

Arsenal de artillería, ....... 10,402 05 

' ' Eiciáleras y éorredor para el mis- 

^^ ^liíibi . ;............. 1,459 

. ' Almacenes de pólvora. . . . . : . 4,903. 2S 

Muralla de la cerca. ....... 9,092 

, Aljibes y pozos. 37,017 

, Puente estable y levadizo 650 

Tuertas y Ventanas con su her- 
raje. 2,613 48, 

^Estacada.' . ... ......... 13,780 48 

Cuatro Garitas para los ángulos. 400 

Por gastos injprevistos. . . ..100,000 



<■ 



534,017 69 



Muy avanzados se hallaban loe trabajos de cir- 
cunvalación^ cuando el ingeniero director cre- 
yó conyeniente hacer una naodifíeacion á su pro- 
yecto primitivo^ la coái eongifitia m soprímir el 
tercer piso de los edificios itíteriores sustituyén- 
dolo con otras ohras^ para él mas importantes, 
que sin alterar el presupuesto díabab mayor so- 
liden á la construccipn . Aprobado 9f^. etmbio 
por el; virey Bucareli en 1771 y i su .tLampo por 
el rey de España^ las obras continuaron' sm in- 
terrupción hasta el fin de Enero dfe Í777^, en 
que terminarbn/habiendo excedidío el total cos- 
to de las obras á la cantidad preisiupuestada en 
1^,869 pesos 60 granos. 

Presentado desde luego el plano dql edificio, 
póir el ingeniero Santiestevan, y la insoripcíon 
que á juicio de él debiera ponerse en el frontis- 
picio^ el virey Bucareli consultó á k Corte de 
Madrid este asunto, pidiendo al tef su ajifroba- 
cion. Por comunicación fechada en Aíanjuez el 
2 de Mayo del propio aíio dé 1777 y firmada 
por el ministro D. José de Gálvez, el rey apro- 
bó el nombre de San Carlos dado á la íertale^a, 
y los de San Garlos, San Antomo,. San Josa y 
San Julián á los cuatrn baluartes « 

Gonduidü el fuerte, púsose desde luego en 
estado de defensa, abasteciéndolo de todas las 



j 



m 



armas y municiones necesarias^ conforme al si- 
guiente pormenor: 



OañoneB núm. Cui»&as. 



Balas. 



i*BMi«i*«i*i«Ma 



Dei 24 . . 

ii^j lo . . 

12 

4 
Sum^fi 



^8 
10 
12 
14 



, . 50 

Cañones núm. 



6,(m 

8,000 

12,O0iS 

.14,000 

66 50,000 

Cureña». ^{(ias. 



9 
10 
i3 
16 



De á 12 pulga- 
das 

I)e<á 9 id ... . 

Pedreros 

Granadas de 
sano 

Sumas . . . 



3 
3 
3 



3 



800 
3,00d 



24,006 



n I > I i m I 



'*«i«*i«i****» 



9 IS 26,800 



Artillería para un pequeño tren de campaña. 



CañoQQS.núm. Qoreñas Avantrén^. IBalas. 



BeáB. .. 12 
„„3y4 12 



18 
18 



18 8,000 
18 8,000 



MHda 



lili I I 



Sumas. 24 36. 36 16,000 



24S 

Armamento. 

Fusiles y bayonetas - . 2,500 

Sables ;. .; 200 . 

Espadas ^ 400 

Carabinas. ..•..../ ••....' -500 

Pares de pistólas. . '. - 200 

Alabardas. •.....: ' 100 

Mddés de bala de fusil para hacer :' ... 

-" 40 á la vez. . -. rr. 1 

Moldes de carabina para hacer 40 

á la vez ......... 1 

Id. para pistola . • i ,1( 

Útiles y demos pertrechos de artiJMria 

Azadas. . . . , 300 

Espiochas • . .. • 30ft 

Azadones -r. • .•• 300 

Palas de fierro 500 

Pala^iie madera herrada 1,500 

fíáchas de Vizcaya grandes . ; .' . 200 

Id. de mano . 200 . 

Juegos de poleas 4 

Id. de 2 pulgadas de grueso y 30 

varas de largo ...... V. T . . 12 

Gatos ó cries ... i. ....... .' 2 

Fuelles, tenazas,, bigornias, martillos y todo 
lo dátrrespondiente Idos fraguas. 



247 

i Aun. cuando en el recinto de k fortaleza,. se- 
gún k aÁn|^ud guje se le había -dado, podían 
opaaníabrac diez mil hombres, no se, pertrechó, 
8Ín:embsirgo, sino con lo extriQtamente necesario 
á mtreol de, campaña que pudiera moverse pron- 
ta y oportunaoiente. . , 
i.. Laiinaptxrtapgia-del fuerte cofnp punta estra- 
.tégico> debe, de ser muy poca cuando hemos pre- 
senciado siempre su abandono en óirounstanpias 
criticas parji. la República. Nunca nuestras aímas 
ban . contenido en ese punto á las huestes extran- 
jeras. qn0 bao invadido el territorio nacípnal, y 
solo Qn Iqs anales de su historia se registran po- 
cos hechos notables referentes, unos, á la guerra 
de la independencia, y otros, á nuestras contien- 
das civiles, 

Todos los esfuerzos hechos por el general La 
Llave, para destruir la fortaleza y no entregar á 
las fuerzas intervencionistas sino solamente sus 
ruinas, se estrellaron ante la solidez del edificio. 
La destrucción de un baluarte y de la Santa Bár- 
bara, fué lo único que se logró con tan empe- 
ñoso afán, y para lo cual hubieron de consu- 
mirse algunos quintales de pólvora. 

La fortaleza de Perote, presenta hoy el más 
triste aspecto de desolación. Su vestíbulo above- 
dado y ennegrecido, su amplio y solitario patio^ 
cuyo pavimento enyerbado cubre profundos y 



248 

extensos aljibes^ sus escaleras destruidas^ sos íq- 
immerables subterráneos y pare<io6 derraidas; 
BUS n)uro9^ trocieras y banquetas moboeas^ y en 
en fín^ sus fosos desecados^ todo infunde la ma^ 
yor tristeza. £1 viajero puede hacerse k üuskm 
de creerse trasportado al destruido cafirtiUo de 
algún señor feudal^ y que cada «na de aqísdlas 
ruiuas es un ttoieo de Tictoría de la eiTílizacion 
contra la barbarie. 

Un trofeo más balagad(»: y oiás graudioso 
puede alcanzar la cultura de nuestro gobierno em 
la restauración del edificio^ y su dedioadoa á una 
penitenciaría. Yo así lo espero, y om atrevo á ini- 
darlo ante quien corresponda. 

México 24 de Jubo de 1874. 



I. 



* > '*'»^ ' 



■í^i"«"^i'»*^""i^p»^«^^* 



I ■ I II» 



ÜN PASEO A JALAPA. 



Al. Si$(OR D9N Sebastian Lbübo be Teiada. 



Rodeando k ancha falda del Nauhoampatepetl 
ó Gofeo^ se sigue el camino que de Perote con- 
AiCO á Jalapa^ enfare cuyas poblaciones se intel^- 
pone la inmeosa n^le de esa montafia. A me- 
dida que se alanza desapai^oem las llanuras y se 
presratam los terrenos fragosos de la Sierra Ma- 
dre oriental. Al abandonar las extensas planicies 
de Perote se penetra en el monte^ donde se Ten 
los ocotes elevando erguidas sus copas^ ^n medio 
de los PBnueros qoe' por todas partes brotan en 
cantidad ijinuoidrable. Los tertenos más y mái 
aecidentaidiis/ no ofrecen al viaj^to^ á príoiera 
trista/ cosaip notables y dignas de su atención^ 
sino uno que btro pueblo de poca importancia y 



252 

títucion fifiica de que proviene la eireaojBtanoia 
que paso ¿ indicar. Eiistea en Tlaeolula unai 
liaradaeioties natucales y vertical, por coyo 
fondo corre el agua del río sia ohstáGulo alguoo; 
pero en tieix^o de lluvias^ no siendo wificJfinte 
la caYÍdad interior para contener el agua de las 
fijertes cradentes^ brota aquella al oztorior for 
dicha horadacioa y establece su en^ por la 9h 
pwficie^ ÓB manera qfi^ se establecen dos cor* 
rieotes sobrepuestas. Yaríos arrollos y tíos se 
reúnen antes del Deseabezadero, y asf oonao d 
rió Sedefio^ ocultan su cernéate an varioB luga- 
res^ por la extremada porosidad del terreno. 

El camino de Jalapa ofrece todos los eocaato 
de una naturaleza lozana y los más eapléndídes 
paisajes. Las feraces comarcas de la tierra ea- 
líente se extienden á lo l^os rerestidss de sn kt- 
Uánte Tegetadon tropical^ y las iponta&as y eo* 
Haas se suceden determinando el carácter áspero 
M terreno. La extensa cafiada de Actopan ae 
presenta en lontaaana con su aspecto ten^rosO; 
Y en Taño la vista se esfuerza por eacudrifiar el 
fondo de aqoei abismo. 

La circuiastancia que paso á indÍGar me impidle 
no soio describir^ ni aun enumerar^ tantas bellezas 
naturales como las que en esos lugares sorprendas 
ú viajero continuamente. 

Al descender la cuesta de San Migud^ d&asoB 



S53 

BddaiTobes amenfficabaB verter el agua á torrea- 
tes; oJ^ligánddHaQeá apresiarar la marcha é impi» 
diéndome coñteoiplar los bellos paisajes que por 
todas partes se presentaban á la vista. El que no 
ha predeneiadio una tormenta en el corazón dé 
ma sierra, no pnede concebiit ni la más ligera 
idea de un espectáculo tan sublime eomo imtpoi- 
mmW, espectáculo que iomina el ánimo aterro- 
mado y acaba por inspirarle la más profunda ad« 
míradon. Los nimbus, de siniestro y sombrío as* 
pectck, avanzan por las altas regiones atmosUéri- 
cas, con moviimiento rápido y vertiginoso, ocul- 
tando el délo poco ¿ntés despejado* Losrelám-< 
pagos y los truenos se soceden eomo porecursores 
de la teimpestad; espantadas las aves vuelan pre* 
^pitadamente pora albergarse en ks profendas^ 
grietas de hs roúás, y eñ vano el caakiiiiafiie busca 
s£ino80f algún lugar qne le dé un seguro asiioi 
contra: el deshecbb temporal. 

£1 árbol más corpulento se doblega á impulsos 
del huracán, cediendo muchas veces al irresisti- 
ble poder del desencadenado elemento, y al di- 
vidirse) su afloso lefio cmge&er tómente eual si 
lanzara nn gemido el gigante de la sAra.. Nada 
en su caída lo detiene, y al dei^ajwse troioicha y 
derriba con estruendo los árboles que le cehrcan* 
El estampido del rayo^ la repercusimí en las m^on^^ 
tafias de su estridente sonido, el movimiento dn- 



254 

dula torio del follaje agitado por el aire^ los rogi- 
dos del viento^ y el agua que en cataratas se des- 
prende de las nubes inundado el suelo y corriendo 
precipitadamente en encontradas díreceiones por 
los pliegues y quiebras de la montaña, todo se 
combina allí para hacer mas imponente el fragor 
de la tempestad. 

Pasada la tormenta, el riajero, libre de suna^ 
tural pavor y sobresalto, puede contemplar una 
atmósfera límpida y trasparente que colora de 
un beUisimo azul el cielo, y permite distinguir 
netamente el relieve de las montañas lejanas con 
la fresca y brillante vegetación que las reviste. 
Los impetuosos torrentes disminuyen lentamente 
su caudaloso volumen, convirtiéndose luego en 
delgados hilos de cristal. Las bellisimas frases 
musicalesv de la Pastoral de Beethoven no rec(h 
nocen ciertamente otra fuente de inspiración que 
esos sublimes espectáculos de la naturaleza. 



ii * 



Asentada sobre la ancha falda del Macuiltepec 
y en pintoresca y poética posición, se descubre 
de improviso la bella Jalapa, que por sus bosques 
y jardines se presenta como ua rico verjel, en 
medio de las selvas veracruzanas. 

Los azahares y liquidámbar impregnanel am- 



255 

bientdrcon sus gratísimos aromas^ que á eádá lüo-' 
mentó se renitevatt/ conducidos de los bosques á 
la población por las' ráfagas del viento . ' 

Antes de penetrar ien tan bella mansión, que 
algún poeta ha llamado nido de paternas, permí- 
tasemedar x^a lígera'idea dé las impresiones qu^*. 
se reciben^al cbntemplar desde la cumbre del Ma-- 
ouiltepéc, los más pintorescos. paisajes. 

Distingüese por el Norte el cónico cerro de la- 
Magdalena y la sierra de Chiconquiaco, cuyos pri- 
meros escalones se forman por los altos looüeríos 
de la BanderiRa y de la hacienda Lúeas Martín;^ 
al Poniente/ los icerros de San Salvador y Molino 
de San Andrés; al Sudoeste, el Nauhcampatepetl, 
elevada miontaO a coronada por el precioso Cofre, 
monolito de pórfido, y cuyas escalonadas eminen- 
cias, engalanadas con la más exuberante vegeta- 
cüón^ ofrecen distintos términos de una hermosa 
perspectiva. Al pié de la montaña se extiende el 
ameno paisaje que fotman las florestas del bien 
poblado- Molino de Pedreguéra. 

Si se dirige Ip. vista en torno del horizonte, se 

¡jjg. fija de preferencia en los hermosos panoramas que 

se desarrollan por el Sur, Este y Sureste. Hacia el 

primer rumbo, los ramales que se desprenden de 

. a Sierra-Madre avanzan en sucesión gradual hS- ' 

cia las costas, distinguiéndose con claridad, eh- 

g[ji clavadas alternativamente,' las colinas y cañadas 



256 

opi99tas^ de tal suerteyi que pueden segoiDse' coa 
la vista las ondulaciones de las extensas barran- 
cas que surcan el terreno. £n el pdmer tármino 
de ese paisaje se extienden los feraces terrenos de 
Xico^ Teocelo y Goatepec,.y en el último la eaé^- 
guida y nevada cumbre del GüláUepeil^ con los 
labios de su cráter perfectaEDsnta iletarmínados. 
Muchas veee;3> hs nubes se a^omeran en la eimai** 
hte en forma de inixiensas humaredn> y al robar 
éstas al sol sus tintes rojos, presentan la montafiiaL 
c(ual ú se hallase agitada por una ernpoiosi dosos^ 
trosa. GoQ la ausefneia délas nubes désakiarétsstan 
ilusorio cuanto imponente espectáculo para dar 
lug[ar al real^ frío y sereno aspecto de la/monta^ 
fia^ que destaca su mole colosal y bríUants ante 
su líuapido cielo. A lo lejos apenas se: dibuja la; 
sierra de Huatusco, cuyo indeciso colbrae con- 
funde con $1 azal blanquecino dsl cielo cerca del 
horizonte. 

La feraz y hermosa eafiada de Áctopaín>, aepre^ 
senta al Oriente del MaculteJ^ec.como tm^insion- 
dable abismo^ litnitada al N. £. por la: sierra de 
Misan tk; que se levanta dominante^ atefleja'udb 
la luz ded sol para hacer may6r su contraste con 
el sombrío y lóbrego aspecto que ofrece la poro** 
funda barranca. 

Hacía el N. E. y salvando la cañada^, se dis*- 
tingue el Salto y pueblo de. Naolin<jo, que por k 



257 

distancia aparece coronando, los cantiles de la 
sierra. 

Por último, deprimiéndose el terreno por el 
S. E., la vista puede dilatarse hasta el mar, tér- 
mino, por ese rumbo, del horizonte de Jalapa. 

El hacinamiento de los edificios de esta ciudad 
en el inclinado plano que forma la falda del Ma- 
cuiltepec, da á la población el bellísimo aspecto 
panorámico de todo lugar que tiene su asiento en 
un terreno extremadamente accidentado. 

Los bosques de liquidámbar, de jinioxiiles y 
de otras plantas aromáticas, constituyen las bar- 
reras naturales de la ciudad, formando, como el 
Monte de Pacho al Sur de ellos, sus más delicio- 
sos paseos. 

La población, en su interior, revela el buen 
gusto de sus habitantes. 

Muchas de las casas son de dos pisos, y de bue- 
na apariencia las que limitan la calle principal y 
la del Calvario, encontrándose en esta última el 
edificio del hermoso Gasino, en donde periódica- 
mente tiene sus tertulias la alta clase de la socie- 
dad. La plaza principal, aunque pequeña, es her- 
mosa y se halla limitada al Sur por el palacio del 
gobierna del Estado, y al N. E. por la catedral; 
edificio que, aunque nada notable revela en su 
arquitectura, conserva cierta armonía con el resto 
de los edificios. Un precioso jardín, con asientos 

García-Cübas. — 18 



258 

y senderos de már^iol y engalanado con bellísi- 
mas plantas y flores, ocupa la parte central de la 
plaza, constituyendo un paseo de los más agra- 
dables, particularmente en las noches de luna. 

El cerrado bosque de Pacho al Sur de la ciu- 
dad, con sus árboles de liquidámbar, jinicuiles y 
muchas plantas de aromáticas flores, es uno de 
los sitios más pintorescos y amenos. Pocos luga- 
res ofrecerán tantos encantos como la bellísima 
cañada que recorre el camino que de Jalapa con- 
duce a Goatepec: aquí el liquidámbar ostenta su 
verde follaje más ó menos brillante, según esté 
ó no directamente iluminado por los rayos del 
sol ó tansolo por la luz difusa, cubriendo por 
completo, casi con exclusión de otros árboles, 
cerros y colinas. 

La festonada bóveda de verdura, bajo la cual 
avanza en su camino el viajero, intercepta los ar- 
dientes rayos del sol, conservando fresco y deli- 
cioso el ambiente. Algunas corrientes cristalinas 
se deslizan en la espesura del bosque, ocultándo- 
se unas veces entre los matorrales, y brotando 
otras de las hendeduras de las rocas. Loshelechos, 
bajo la fresca sombra de los árboles, muestran 
en su rica variedad las más gallardas formas; y 
por último, las aves interrumpen el silencio de la 
selva con su incesante gorjeo, y animan con su 
presencia aquella tan" rica como risueña floresta. 



'«9 

El clima de Jalapa es templado, agradable y 
sano. El termómetro, á principios del verano, 
marca: 

A las ocho de la mañana. . . 20® G. 
A las doce. .......... 2^ 

A las dos de la tarde 2S% 

A las siete de la noche. ... 20 

Si las bellezas naturales de la encantadora Ja* 
lapa causan la admiración del viajero, ésta cre- 
ce al. contemplar la población bajo el punto de 
vista del orden social. La educación de la mu- 
jer, la instrucción pública y la civilización de la 
clase obrera, constituyen en Jalapa la base más 
sólida en que puede afirmarse su futura prospe- 
ridad. La virtud sin ostentación^ la afabilidad 
sin coquetería y la instrucción sin vanidad, son 
los caracteres distintivos de la mujer de Jalapa, 
en la que se adunan los más finos modales á la 
franqueza veracruzana. De esa educación que 
engendra en la madre de familia elevados sen- 
timientos, ha nacido el desarrollo de la instruc- 
ción pública, y del progreso intelectual la ilus- 
tración del pueblo. ¡Hermosa cadena de inesti- 
mable precio, cuyos eslabones extremos son la 
elegante dama y la lavandera de Jalitic y de 
Techacapa! 



260 

Entre las buenas circunstancias que fueron la 
causa de mi atenta observación en Jalapa, una 
'de ellas se refiere al desarrollo que en la pobla- 
ción ha adquirido la instrucción pública. 

Una ley sabiamente meditada por la junta de 
directores de los colegios, del Estado, y decreta- 
da por la legislatura del mismo, declara obliga- 
toria la instrucción primaria, ordenando el esta- 
blecimiento de una escuela de niños v otra de 
niñas por cada dos mil habitantes en todas las po- 
blaciones del propio Estado, así como el de una 
cuando menos, en todo lugar de algún movi- 
miento industrial ó mercantil. La misma ley 
impone á las autoridades políticas y municipales 
la obligación de establecer escuelas en las cárce- 
les y prisiones, y recomienda por último, á los 
hacendados y á los dueños de fábricas y talle- 
res, igual procedjimiento en sus fincas, á fia de 
que en ellas reciban la instrucción primaria los 
hijos de los jornaleros. 

Constituyeron la junta para la formación del 
proyecto de ley de instrucción pública los Sres, 
D. Silvestre Moreno Cora, rector del colegio de 
Orizaba; D. Esteban Morales, rector del de Ye- 
racruz; Lie. D. José María Mena; Presb. D. Jo- 
sé de Jesús Carbajal, rector del colegio de Gór-- 
doba; Lie. Manuel Alba, del de Jalapa, y D. Mi- 
guel Chazare, rector del de Tlacotalpam . 



261 

La enunciación de los nombres de las perso- 
nas que formaron esa j unta, convocada por el 
ilustrado gobernador D. Francisco de Landero 
y Gos, basta por sí sola para infundir una plena 
confianza respecto á sus trabajos. 

Al recorrer las calles de la ciudad fijaron mi 
atención las multiplicadas inscripciones de cole- 
gios que se leen á cada paso, pertenecientes unos 
á particulares y otros al Estado. Desde luego 
nació en mí el deseo de investigar la extensión 
de las materias de enseñanza y el adelanto de 
los alumnos, á cuyo efecto me propuse visitar 
el mayor número de escuelas que me fuera po- 
sible, empezando indeterminadamente por la pri- 
mera que se me afreciera al paso, y ésta fué la que 
tan acreditadamente dirige el profesor D. Juan 
E. Longuet. Los modales afables y Corteses de 
este caballero, me inspiraron la mayor confian- 
za animándome á exponerle mis deseos, que en 
el acto fueron satisfechos. 

Al penetrar en aquel modesto santuario de la 
inteligencia, reinaba un profundo silencio, que 
solo interrumpia el chirrido que sobre el papel 
producían las plumas de los alumnos; silencio y 
quietud que fueron para mt el primer indicio del 
buen orden allí establecido. Los dibujos y las 
planas que se mostraban revelaban el adelanto 
de los alumnos; pero más que todo, el análisis 



262 

prosódico que todos ellos, sin excepción, hicieron 
de un apólogo. La seguridad empleada por el 
profesor en sus preguntas, y el aplomo con que 
los alumnos las contestaban, me demostraron 
el buen método del profesor y la inteligenciado 
sus discípulos. 

Del colegio deí Sr. Longuet pasé al Instituto 
Literario que dirige el profesor D. Guillermo D. 
Muñiz, y excusado es decir que en ese estable- 
cimiento observé el orden establecido, el buen 
método de enseñanza. y el adelanto de los alum- 
nos, al nivel del colegio del Sr. Longuet. 

Las mismas circunstancias concurren en el 
«Instituto Jalapeño,» del profesor D. José Ma- 
ría Hoz, y en los establecimientos de niñas que 
dirigen las inteligentes Sritas. Rosario Martínez 
y Juana Molina. 

El justo temor de hacer difuso un artículo 
que más bien tiene el carácter de descriptivo 
que de estadístico, me impide dedicar una rese- 
ña especial á cada uno de los establecimientos 
de instrucción pública de Jalapa. La visita que 
de muchos de ellos hice, sin elección determi- 
nada, y los adelantos de todos demostrados, in- 
ducen á creer que los demás establecimientos 
deben manifestar iguales ventajas. Sin embar- 
go, imposible me seria guardar silencio respec- 
to del colegio preparatorio que actualmente sos- 



263 

tiene el Estg.do. Fundóse el colegio en 1.843, ba- 
jo los auspicios del Gobierno general, por el Lie. 
D. Antonio M. Rivera, antiguo magistrado del 
tribunal superior del Estado. 

Las vicisitudes políticas obligaron á los direc- 
tores del Instituto á cerrar sus aulas en distintas 
épocas, entorpeciendo los progresos que desde su 
fundación se habian iniciado. Reorganizado bajo 
la administración del Sr. Hernández y Hernández, 
con la denominación de «Colegio del Estado,» ha 
continuado difundiendo, sin interrupción alguna, 
la más sólida y útil enseñanza bajo la inteligen- 
cia V afanosa' dirección de su actual rector el Lie. 
D. Manuel M. Alva. 

Las materias que se cursan en el referido co- 
legio, son: primero y segundo año de latin, ma- 
temáticas, gramática, lógica, ideología, geografía, 
historia, derecho constitucional, moral, dibujo, 
idiomas francés ó inglés y música vocal é instru- 
mental, hallándose establecidas además, confor- 
me á la. citada ley, clases nocturnas de primera 
enseñanza para adultos. 

A los esfuerzos del beilemérito Sr. D. Antonio 
María Rivera, fundador del colegio, se debe el 
establecimiento, en el mismo Instituto, de una 
biblioteca pública. 

Réstame solo hablar de la clase obrera. 

Si bien es cierto que en ptros lugares de la Re- 



264 

pública los artesanos honrados, rindiendo culto 
al saber y la caridad, han formado asociaciones 
más ó menos numerosas,.la que en Jalapa se for- 
mó por iniciativa de los ciudadanos Miguel Orte- 
ga y Andrés Villegas, ambos carpinteros, no tiene 
ejemplo, así por sus nobles fines como por las 
bases de su institución. «La Sociedad de Artesa- 
nos y Agricultores de Jalapa» se estableció en 1.^ 
de Junio de 1867, y desde esa época la constan- 
cia de sus miembros y el exacto cumplimiento de 
los preceptos reglamentarios, han influido de una 
manera notable en la prosperidad de la asociación. 
Esta tiene por objeto la creación de un fondo es- 
pecial que gira mercantilmente, y á cuyos ganan- 
ciales tienen derecho los socios contribuyentes 
que han enterado íntegra su acción de 50 pesos. 

Un reglamento previsivo determina la manera 
de hacer las devoluciones equitativas por falta de 
cumplimiento al contrato. 

La Sociedad no se ha limitado á este fin: sos- 
tiene un Casino,'en el cual se han llenado las exi- 
gencias de la civilización actual. En el vasto y có- 
modo salón principal celebra sus sesiones ordina- 
rias la Junta Directiva, se efectúan mensualmente 
las tertulias familiares de los socios, y se dan por 
los mismos lecturas semanarias sobre un punto 
determinado, el cual se somete á discusión.. 

Los demás departamentos se hallan destinados 



265 

á la biblioteca, salas de lectura, clases de gramá- 
tica, aritmética, geografía y dibujo, yálos'billa- 
res y cantina, de suerte que nada falta allí para 
la instrucción y recreo de los socios. Los bailes 
dados por los artesanos sorprenden verdadera- 
mente al que por primera vez concurre á ellos. 
Los trajes, la compostura, la decencia, todo re- 
fleja en las familias de aquellos la buena edu- 
cación y el acatamiento á las conveniencias so- 
ciales. 



* * 



Al observar la decadencia actual de Jalapa y 
su reducido comercio, inútilmente se procura 
investigar las causas que tan directamente se 
oponen al engrandecimiento de un pueblo que, 
como el de que se trata, se encuentra en tan 
bellas condiciones de prosperidad. En mi con- 
cepto, esa decadencia, por la razón expresada, 
no puede menos que ser transitoria: la vía férrea 
de Jalapa reanimará dentro de poco el vigor amor- 
tiguado de un pueblo que para su bienestar cuen- 
ta con sobrados elementos. 

Cuatro fábricas industriales existen en Jalapa, 
y de ellas dos merecen citarse por su grande im- 
portancia. Una, llamada ocLa Libertad, ]> se baila 
situada en el lugar del antiguo Molino de Pedre- 
guera; es de la propiedad del Sr. D. Bernardo 



266 

Sayago, el infatigable industrial y promovedor de 
las mejoras materiales. 

Aplicada como fuerza motriz el agua que pro- 
viene particularmente de las lluvias, las labores 
de la fábrica se hallan sujetas ala periodicidad y 
eventualidad de aquellas, y sin embargo, los ope- 
rarios, durante la paralización de los trabajos, 
continúan percibiendo sus jornales, ocupándose 
en el acopio de materiales, y empleándose, como 
albañiles y canteros, en la construcción de casas 
en las inmediaciones de la fábrica, erigiendo una 
bonita y moderna población. 

La otra fábrica, con el nombre de ce Industria 
Jalapeña, » se halla ubicada en los terrenos más 
bajos de Jalapa, en el lugar llamado el Dique, 
desde el cual la ciudad presenta el más hermoso 
panorama. Débese á los esfuerzos combinados 
de los Sres. D. Rafael Martínez de la Torre y D. 
Agustín Serdan la completa restauración de la 
fábrica. A fin de evitar la paralización de los tra- 
bajos, se ha establecido una hermosa máquina 
de vapor que funciona durante la escasez de las 
lluvias. 

Entre las mejoras que su activo y emprende- 
dor propietario ha introducido en el estableci- 
miento, ocupa el primer lugar la creación de 
una escuela de instrucción primaria, obligatoria 
para los hijos dtj los operarios. 



267 

Jalapa debe felicitarse por tener al frente de 
su industria á los sefiores Martínez de la Torre, 
Sayago y Serdan . 



• * 



Doy fin al presente artículo, manifestando los 
datos relativos á los principales productos agrí- 
colas, los cuales revelan la importancia del rico 
cantón de Jalapa, aun cuando el cultivo no esté 
actualmente en relación con la fertilidad del 
suelo: 

Algodón. . . . 1,000 qs. al año. $4,000 

Tabaco 15,000 arrobas. . 18,750 

Chile seco. . . 2,000 arrobas, . 4,000 

Frijol. .... 4,120 fanegas. . 8,240 

Leña 148, 130 tareas. . . 111,097 50 

Maíz. 60,500 cargas. . . 121,000 

Gafé 200 quintales. 3,200 

Palma-i . . . .100,000 docenas. . 25,000 

Vainilla ... 10 millares. . 500 

Pepita pipián . . 1 , 000 fanegas . . 1 , 500 

Madera. . . . 26,440 trozos. . . 10,576 

Cebada. . . • 1,225 cargas. . . 3,675 

Ocote • 7,200 Ídem. . . 5,400 

Papa 1,000 ídem. . . 5,000 



268 

Verdura. . . . 6,640 ídem. . 

Frutas 9,600 ídem. . 

Paja 1,500 ídem. . 

Pastura. . . . 18,000 tercios. . 

Purga 2,400 arrobas. 

México Agosto, 1.* de 1874. 



6,640 

14,400 

3,000 

2,340 

15,600 



ENSAYO DE UN ESTUDIO COMPARATIVO 



ZNTAE LAS 



PIRÁMIDES EGIPCIAS Y MEXICANAS. 



Al Sr» Lie. D. Ignacio Ramírez, en testimonio de aprecio. 



PARTE PRIMERA. 



Las pirámides egipcias y las que existen en el 
territorio mexicano, particularmente en las cer- 
canías de Teotihuacan, tienen tantos puntos de 
analogía, que cuanto más detenidamente se es- 
tudian unas y otras, robustecen más la opinión ge- 



270 

neralraente admitida de la antigua comunicacioD 
entre los habitantes de ambos mundos. El ar- 
queólogo francés Mr. Medeah cree que no hay 
conexión ninguna entre unos y otros monumen- 
tos; mas para mí, su juicio es infundado por des- 
cansar en simples conjeturas, y además, en este 
asunto, si es algo aventurado el emitir una opi- 
nión en pro de aquel aserto, lo es aun más el 
asentar en contra una proposición definitiva. El 
estudio actual se reduce á comparar la forma, 
construcción, objeto y demás circunstancias si- 
nailares de esas obras notables que en ambos he- 
misferios se conservan á pesar del trascurso de 
los siglos. Para que esas comparaciones sean 
ordenadas y puedan apreciarse más fácilmente, 
me propongo hacer la descripción de las pirámi- 
des egipcias y mexicanas por medio de párrafos 
correlativos, marcando con unos mismos núme- 
ros romanos los que se refieran á cada particu- 
laridad de la misma naturaleza, con el fin de ha- 
cer más palpable el paralelo. 

I. 

ALREDEDORES DEL CAIRO. — DESCRIPCIÓN DEL TERRENO. 

El Nilo, célebre rio de África, cuyo nacimiento 
ha permanecido desconocido durante muchos si- 
glos, á pesar de los esfuerzos y de las investiga- 



271 

clones de los geógrafos, * entra al Egipto por 
Asuan, antigua Siena, en donde forma la isla 
Elefantina, célebre por el nilómetro que en ella 
se encontraba y servia para indicar la futura inun- 
dación. El Nilo comienza á crecer insensible- 
mente cada año á la entrada de Junio, hasta que 
en el solsticio de estío se nota el aumento de sus 
aguas, el cual continúa hasta fines de Agosto. 
El terreno por donde pasa el rio es estrecho, y 
va ensanchándose á medida que se acerca á su 
famoso Delta. La cuenca de este rio es angosta 
hasta el Cairo, y cuenta apenas en algunos luga- 
res de 2 á 5 leguas de anchura, y en el bajo 
Egipto unas 50, hallándose limitadas al E. y O. 
por varias cadenas de montañas. Su curso es im- 
petuoso en algunos lugares, según los accidentes 
del terreno, formando muchas cascadas de re-r 
nombre, aunque en realidad son de poca consi- 
deración, pues apenas llega su altura á dos ó tres 
metros. Este rio está sujeto á fuertes crecientes 
como se ha indicado antes, que producen des- 
bordamientos, de manera que las aguas, deposi- 
tando sus lamas á uno y otro lado de las mar- 
« 

* El célebre viajero Livinstou ha descubierto ya el 
nacimiento del Nilo, que lo forma una laguna situada 
en el centro del grupo de montanas llamadas de la Luna. 
Muy pronto veremos publicada su interesante y deseada 
descripción. 



272 

genes, fertilizan el terreno, formando contraste 
con la aridez de los adyacentes. Al Norte, y cerca 
del Cairo, el rio se divide en dos brazos forman- 
do el Delta; el oriental ó Diameta descarga en el 
Mediterráneo, cerca de la población de Diameta, 
y el occidental ó Roseta, cerca de la población 
asi llamada. El terreno comprendido entre am- 
bos brazos, ó sea el Delta, es el más fértil y el 
mas bien cultivado del Egipto. Antiguamente 
el Nilo tenia siete bocas principales por donde 
desaguaba al mar; pero hoy, á causa de encon- 
trarse obstruidos los canales por la arena, no 
cuenta más de las dos mencionadas. 

Para dar una idea más exacta del aspecto del 
Egipto, oigamos á Mr. Rozzier, individuo de la 
comisión francesa, explorador de los monumen- 
tos egipcios: 

« Son en extremo pintorescos los contornos de 
Siena y de las Cataratas; pero el resto del Egipto, 

' especialmente el Delt-a, es tan monótono que 
acaso seria imposible encontrar otro parecido. . . 
Los campos del Delta ofrecen tres cuadros diver- 
sos, según las tres estaciones del año egipcio. 
Principiando por la mitad de la primavera; no 
se muestra mas que una tierra gris y pulveru- 

. lenta, con tan profundas grietas, que apenas osa- 
ría uno recorrerla. En el equinoccio de otoño se 
ve una extensión de agua roja y sucia y entre la 



« 273 

eual se elevan palmeras, pueblos y angostos di- 
ques para las comunicaciones: retiradas las aguas, 
que poco tiempo se sostienen á aquella altura, 
hasta fines de la estación, no se ofrece á la vista 
más que un suelo negro y fangoso. En el verano 
despliega la naturaleza su magnificencia; enton- 
ces la frescura, la fuerza de la nueva vegeta- 
ción, la abundancia de los productos que cu- 
bren la tierra,- superan á cuanto se admira en 
nuestros mas afamados países. Durante aquella 
bienaventurada estación, es el Egipto, de un cabo 
al otro, una magnífica pradera, un campo de 
flores y un océano de espigas, cuya fertilidad 
hace más notable el contraste de la aridez abso- 
luta que le rodea. » 

El Cairo, actual capital del Egipto, se halla 
situado á un cuarto de legua de la margen derecha 
del rio Nilo y al S. E. de su bifurcación para 
formar el Delta. La cuenca del rio es en es1;e 
lugar de una y media á dos leguas de ancho. El 
terreno fértil está cultivado y tiene hermosos jar- 
• diñes. Frente al Cairo, atravesando el Nilo, se 
encuentra Ghizeh, ciudad triste y mal construida, 
pero á la cual dan alguna agradable apariencia 
las palmas de dátiles, los sicómoros y olivos, y 
su hermoso palacio rodeado de jardines. 

Cerca de Ghizeh, se encuentran las famosas 
pirámides que son el objeto de este artículo. Su 

GARCÍA-büBAS.~19 



, 



274 

situación no es en la parte fértil del valle del 
Nilo, sino en la estéril, arenosa y más elevada 
que por el occidente lo limita, de tal manera, 
que las bases de las pirámides han desaparecido 
bajo las arenas del desierto. Más al occidente se 
encuentra la cadena Líbyca. 



II. 



DE LAS PIRÁMIDES EN GENERAL. 

Tanto en el Egipto como en la Nubia encuén- 
transe á las márgenes del Nilo multitud de pirá- 
mides, aunque no todas tienen la importancia de 
las de Ghizeh, y de éstas, cuatro son las de mayo- 
res dimensiones: la principal, llamada de Cheops, 
por atribuirse su construcción al monarca Egip- 
cio asi llamado, la de Ghephren y Miserynus por 
igual motivo, y la cuarta ó de Filista, que no es 
tan notable como las anteriores. 

Aun cuando para mi objeto es inútil exten- 
derme á otras materias que no sean las indispen- 
sables al paralelo que me lie propuesto seguir, 
creo conveniente tratar de todas las que se refie- 
ran, por curiosas é interesantes, á las pirámides 
egipcias. 

El geógrafo Danés Malte-Brun, nos dice res- 
pecto de la etimología de la palabra pirámide, 



• 275 

» 

que algunos sabios creen que ha sufrido altera- 
ción al trasmitirse de los egipcios á los griegos y 
otros que viene de estos íiltimos. 

(( Los árabes llamaban á una pirámide Haram 
en lengua copta; la palabra Khrom signiíipa fuego, 
y conjo entre los egipcios la palabra pi era un ar- 
tículo, debieron decir pikhrom el fuego, de donde 
viene la palabra griega piram^ y que más ade- 
lante se convirtió en pyramys (pirámide en es- 
pañol). La palabra indica la circunstancia de estar 
consagradas las pirámides al sol. 

Volney cree que los griegos tomaron la pala- 
bra de los egipcios; que estos llamaban á una 
tumba bour, lo mismo que en Palestina. Los 
griegos cambiaban la b en p, y anadian una ter- 
minación de su propio idioma, y en lugar de bour, 
decian pour-amis, y después pyramis. 

En las obras modernas se asienta que á esos 
monumentos se ha dado el nombre de pirámides 
por su semejanza con la flama de una bujía. 

Por último, César Ganlú incluye en su preciosa 
Historia la nota siguiente: 

(í Los griegos tomaron el nombre de pyrámide 
de ^9 fuego, ó de «v^a^, trigo, y solícitos de in- 
ventar una historia sobre una etimología, dedu- 
jeron aquella de lá semejanza coa la llama, y 
ésta de suponerlas destinadas para graneros. » 

Las anteriores líneas manifiestan las diferentes 



276 

conjeturas más ó menos probables respecto de la 
idea que guió á los constructores de los monu- 
mentos de que tratamos para darles la forma pira- 
midal. Sin embargo, existen circunstancias muy 
notables que hacen concebir otra idea con más 
viso de certidumbre. Los habitantes del Egipto 
medio, á imitación de los de Tébas, comparaban 
la vida humana á la carrera del sol, y abrían las 
sepulturas en las montañas situadas hacia el Ocaso, 
para demostrar que allí era el término de la 
vida humana. La cadena llbyca se halla distante 
de las márgenes del Nilo y de las grandes pobla- 
ciones antiguas; tal vez por esta circunstancia 
concibieron la idea de construir montañas arti- 
ficiales al Occidente y más próximas de los cen- 
tros de población. Los cuartos interiores y ga- 
lerías de las pirámides pueden muy bien ser la 
representación de las grutas y sus senderos. Por 
todas estas razones creo que la forma piramidal 
de los monumentos de que hablamos, proviene 
más bien de que los egipcios construían sus mo- 
numentos sepulcrales á imitación de montañas. 
En Teotihuacan se nota igualmente la situa- 
ción de las pirámides al Occide'nte del terreno en 
donde se encuentran vestigios de una antigua y 
grande población. 



277 



III . 



DISPOSICIÓN DE LAS PIRÁMIDES Y ORIENTACIÓN. 

^Las pirámides de Egipto^ según se manifiesta 
en la lámina primera, presentan una superficie 
unida en sus faces y terminando en punta; pero 
realmente no es así. Están formadas de una su- 
cesión de pirámides truncas, colocadas unas sobre 
otras, dé mayor á menor, dejando entre una y 
otra un escalón, de manera que van ascendienda 
sucesivamente por gradas hasta la cima, que es 
una meseta. Las faces ó caras de las pirámide» 
corresponden exactamente á los cuatro puntos 
cardinales; sin embargo, las pirámides de Etiopía 
no se encuentran exactamente orientadas como 
las que se admiran en Egipto. La mayor de las 
pirámides cuenta de 208 á 250 escalones; los 
autores que he consultado á este respecto, así 
como acerca de sus dimensiones, están en com- 
pleto desacuerdo. Esas gradas facilitan la subid» 
á la cima. 

. Para mi objeto importa tener presente la si- 
guiente circunstancia. Las pirámides de Ghizeh 
no son un tipo inalterable de todas las demás 
egipcias que se encuentran en la región del 
Nilo. A cuatro leguas Sur de éstas existen las^ 



278 

de Sacarah y Dachour, que se distinguen sobre 
todo de las anteriores por su construcción de la- 
drillo . 

Otras pirámides solo están formadas de dos ó 
tres gradas^ pero que dificultan la subida á cada 
una de ellas por bailarse separadas de diez á trece 
metros de altura. 

En la región del Nilo, en la Nubia^ existen in- 
numerables pirámides, aunque ninguna puede 
compararse con las de Egipto. 

La dirección de la línea en que se encuentran 
los monumentos, es oblicua respecto del meri- 
diano, según puede observarse en el plano res- 
pectivo. 



VI. 



OBJETO Y COÍÍSTRUCCION DE LAS PIRÁMIDES. 

La mayor parte de los que han escrito acerca 
de estos notables monumentos, que por su altura 
y construcción han sido considerados como una 
de las maravillas del mundo, creen que fueron 
levantados para servir de sepulcro á los monar^ 
cas egipcios, apoyando su opinión el sarcófago 
de granito encontrado en el interior de la pirá- 
mide mayor; pero la circunstancia de haberse ha- 
llado la osamenta de un buey en el sarcófago de 



279 

I 

la pirámide de Chefren es un poderoso argumen- 
to en favor de los sabios que.creen en el deslino 
religioso dado á estos monumentos. El sabio Lan- 
glés se adhiere á esta opinión, pues cree que fue- 
ron construidas en honor del sol, bajo el nom- 
bre de Osiris. 

Muchos sabios han dado rienda suelta á su 
imaginacioh respecto del objeto de estas cons- 
trucciones, y además de las dos opiniones ante- 
riores, que son las más generales y se fundan en 
datos, existen otras por las que se pretende, ya 
que el objeto era puramente científico con el fin de 
perpetuar el sistema geométrico de los egipcios,, 
6 de fijar sus observatorios astronómicos, ya con- 
siderándolas como obras de utilidad y sabiduría, 
como diques opuestos en los sitios más conve- 
nientes á las invasiones de las arenas del desier- 
to, y ya, en fin, atribuyendo dichas construc- 
ciones á la ambición y fatuidad de los ricos mo- 
narcas. 

Por último, otros han tratado de probar que 
esos monumentos eran otras tantas líneas de 
defensa contra las incursiones de los pueblos 
vecinos. 

No solamente los sabios han emitido su opi- 
nión respecto de la historia de estos monumen- 
tos, sino que aun la fábula ha intervenido con 
su parte romanesca. Por ser ésta tan curiosa co- 



280 

mo entretenida, si bien inverosímil, no puedo 
prescindir de la tentación de relatar lo que me 
enseñan los autores que he consultado. 

Agotados los tesoros de Cheops, que construía 
la pirámide que lleva su nombre, arbitró como 
recurso el prostituir á su propia hija: una gran 
piedra labrada por persona, era el precio de tan 
infame comercio. 

Refiérese igualmente, respecto de la pequeña 
piráipide, que una águila arrebató la sandalia de 
la hermosa Radopa á la sazón que ésta se halla- 
ba en el baño. El águila dejó caer tan gracioso 
calzado en las llanuras de Ménfis: el rey, al ver- 
lo, se enamoró de su dueño, ordenando que al 
instante se la buscase. El Faraón vio á la griega 
y la hizo su esposa, quien, movida de gratitud, 
mandó levantar la pirámide en el mismo sitio en 
que habia caído su sandalia. 

Por último, otra de las versiones proviene de 
la interpretación que un anciano del monasterio 
cristiano de Kalmoun hizo de un libro escrito en 
caracteres desconocidos. En ese libro se hacia 
mención de las observaciones celestes para la 
construcción de las pirámides, y además, con- 
taba allí la predicción de que la tierra seria su- 
mergida. En consecuencia, un rey de Egipto, 
llamado 5owná, hijo de Salhoud, hizo construir 
una tumba para él y otras dos para su familia. 



^281 

He presentado las diferentes opiniones que se 
han dado á conocer acerca de estas construccio- 
nes; pero, en mi humilde juicio, creo que ellas 
tienen dos objetos:' el religioso y el de servir 
de sepulcro á los monarcas. Bajo del sarcófago 
en que se depositó el buey, símbolo de la divi- 
nidad, que prueba el fin religioso, se encuen- 
tra, como veremos más adelante, un pozo verti- 
cal y profundo con otras galerías interiores: tal 
vez es la vía que conduce á algún sepulcro, pues 
según la creencia más generalizada, las galerías,^ 
laberintos y rampas que existen en el interior 
de las pirámides, acaso no tienen otro fin que 
el de ocultar mejor los despojos mortales de un 
monarca. Nuestras catedrales han sido santua- 
rios á la vez que criptas de las dignidades de la 
Iglesia, y algunas veces de los altos personajes 
del Estado. Esta costumbre de depositar en lu- 
gar sagrado á los muertos, la hallamos en todos 
los tiempos y en todos los pueblos. 

Por último, confirma la idea de ser las pirá- 
mides sepulcros de altos personajes, la circuns- 
tancia de hallarse cercados de monumentos fil- 
liebres de menos importancia. 

Para expUcar la diferencia de dimensiones en- 
tre las pirámides, se cree que desde el momento 
en que un monarca se hallaba investido del po- 
der, los egipcios se encargaban de hacer su se- 



282 

pultura^ á la que llamaban la morada eterna. 
Se construía la base cuadrada en la roca, y sobre 
ella se iba levantando la pirámide, unas veces 
por capas horizontales, otras por capas incli- 
nadas, pero conservando siempre la forma pi- 
ramidal. De afio en aOo, durante la vida del 
Faraón, se adelantaba la obra aumentando la 
base y las capas para dar mayor volumen á la 
pirámide, hasta que muerto aquel, se suspen- 
dian las obras de ampliación y se violentaba el 
término del monumento, de cuya circunstan- 
cia resultaba que cuanto más largo era el reina- 
do del monarca, mayores eran las dimensiones 
de su monumento sepulcral. 

Campo vasto es por cierto el de las hipótesis,, 
en donde puede lanzarse atrevida la imaginación. 
— Mahmoud-Bey, astrónomo distinguido del vi- 
rey de Egipto, observó en la pirámide de Cheops 
que los rayos de la hermosa estrella Siró, al lle- 
gar ésta á su punto más culminante, caían casi 
perpendiculares á la faz austral de la pirámide, 
y esta circunstancia fué para él una revela^áon. 
Las pirámides debian estar consagradas á alguna 
divinidad astrológica, representada por la reful- 
gente estrella del Can Mayor. El perro repre- 
sentaba (Figuier. — Año científico, sétimo año) 
al dios Sothis, el juez de los muertos, á quien 
se daba la figura de Cynocéfalo^ es decir, de 



283 

hombre con cabeza de perro. El dios Sothis, 
bajo la forma de chacal^ condenaba á los malos 
á penas eternas ó al infierno; y entonces se cons- 
tituía en el dios infernal Typhon, llamado Ceth 
en lengua egipcia, lo que quiere decir ixstro 6 
perro: los griegos pronunciaban Soth y Sothis, 
de donde se deriva el nombre Sirio, estrella 
principal de la constelación del Can Mayor. Así, 
pues, Sothis, Cynocéfalo y Ceth, es siempre el 
Perro Celeste, cuya alma é inteligencia está re- 
presentada por la estrella Sirio. 

El perro Anúbis ó sea el Mercurio egipcio, y 
Toht, ó el gran Hermés, son igualmente la re- 
presentación del Perro Celeste en la mitología 
egipcia . El símbolo que designa á Sothis se en- 
cuentra las más veces unido á la figura de la 
diosa Isis, á quien en todo tiempo Sirio estaba 
consagrado. No cabe duda, por tanto, que esta 
estrella sea la representación del dios de los 
muertos. ^ 

Según los principios de la astrología, Sothis, 
para juzgar el alma del cuerpo depositado en la 
pirámide, debia aparecer en el punto más culmi- 
nante de su carrera, en todo su poder y majes- 
tad; porque la acción de un astro respecto de un 
objeto sometido á su influencia, es tanto más po- 
derosa> cuanto más directos son los rayos que le 
envia, y de este razonamiento se dedujo la con- 



284 

secuencia de que al construirse la pirámide, los 
rayos de Sirio debieron caer perpendicularmente 
á su faz austral, condición por medio de la cual, 
fácil era calcular la edad de las pirámides. 

La latitud de Ghizeh es de 30^. La distancia 
polar de Sirio es hoy de 106^ 31 \ Su distancia 
al horizonte Norte es de 136 grados y medio en 
el momento de pasar por el meridiano de Ghizeh. 
Por otra parte, la inclinación de la faz austral de 
las pirámides respecto del horizonte, es de 52 
grados y medio, de lo cual resulta que los rayos 
de Sirk) forman hoy con el plano de dicha faz, 
un ángulo de 136^ 31—52^ 31' ó sea de84«. 
¿En qué época, por consiguiente, dicho ángulo 
era igual á 90^, ó sea á un ángulo recto? 

Tal era el problema, fácil de resolver, por el 
distinguido astrónomo Mahmoud-Bey, basando 
su cálculo en la precesión de los equinoccios, 
obteniendo como resultado la cifra de 3,300 que 
expresa los años antes de Jesucristo, en que fué 
construida la pirámide. El error de esta fecha 
es próximamente de dos siglos. 

V. 

MONUMENTOS FÚNEBRES. 

En todo el valle del Nilo se encuentran, ade- 
más de las pirámides, obras de arte, unas aisla- 



285 

das y otras construidas en las mismas rocas, que 
han llamado mucho la atención de los viajeros 
por su grandiosidad y por su forma, así como 
por las momias que en ellas se encuentran. Jun* 
to á cada ciudad se abren catacumbas con filas 
de galerías que conducen á salas cuyos techos 
están sostenidos por pilastras; y éstas, así comp 
las paredes, se ven decoradas con pinturas al 
fresco ó de relieve, unas históricas y otras re- 
presentando actos de la vida doméstica. Las ca- 
tacumbas más notables son las de los reyes, 
abiertas en la cordillera Líbyca, las cuales son 
profundas y contienen en salones y galerías, sar- 
cófagos de granito, sepulcros, momias, vasijas 
y otros objetos. 

Pero no todos los sepulcros son de igual mag- 
nificencia. La comisión francesa exploradora nos 
dice que alrededor de las pirámides principales 
se agrupan algunos monumentos del mismo gé- 
nero, menos elevados, y que el tiempo y la ma- 
no del hombre casi los ha destruido. 

Salah-ed-dyn (Saladino), hizo demoler mu- 
chos de ellos para emplear su material en la 
construcción de las murallas del Cairo. 

La citada comisión manifiesta además, que 
esas pirámides, rodeadas de monumentos fúne- 
bres, están situadas en un páramo cerca de la 
llanura de las momias, cementerio de Ménfis. 



286 

Por último, César Cantú, al tratar de estas co- 
linas fúnebres artificiales, dice: a A esta clase 
de construcciones pertenecen las colinas levan* 
tadas sobre los huesos de héroes que represen- 
tan todas un tipo común. En Tesalia, hacia Te- 
Salónica, en el Helesponto, y donde quiera que 
dominaron los Pelasgos, están llenos los valles 
de estos túmulos, segunda forma solemne de 
las sepulturas. En las Termopilas, en Queronea^ 
en Maratón y Farsalia, se encuentran en gran 
número: antiquísimas las presentan el Gáucasa^ 
la Cólchide y la Crimea: las riberas del rio Hy 
las (Diniester) conservan los sepulcros de los 
príncipes ciméricos y de los reyes escitas qqe 
sojuzgaron el país. Pallas notó en la Rusia Me- 
ridional, los de los Escondes, y Meyer los que 
se hallan en las llanuras de los Kirguizes en las 
dos orillas del rio Ablakilla, donde se recogen, 
entre las cenizas, pequeños objetos de bronce 
cincelados en forma de hojas y de flores, y se 
encuentran rostros humanos grabados en losas 
de piedra. Una infinidad de ellos se encontraron 
entre el Rhin y el Danubio, erigidos por los ger- 
manos y eslavos, y todos los dias se descubren 
en las praderas del Elba y del Oder, donde duer- 
men los héroes teutones y vendos. Entre los chi- 
nos y tibetinos apenas se elevan algunos metros: 
seis estadios de circunferencia tenia el de Aliates, 



i 



'287 

padre de Creso, rey de Lidia: más de trescientos 
metros de anchura y treinta de elevación tienen 
los túmulos del rey escandinavo Gormo y de la 
reina Daneboda: cerca de Pella, capital de la Ma- 
cedonia, hay uno de tres cámaras con largas ga- 
lerías: en fin, muchísimos conserva todavía la Ar- 
mórica, en" la cual existe uno cerca de Vannes, 
hasta de treinta y dos metros de altura, y cuando 
menos de triple anchura por la base. 

<¡c Si se cruza el Atlántico, las riberas del Ohío 
y del Lago Ontario, la Nueva York y la Pensilva- 
nia Occidental nos presentan millares de estas co- 
línas fúnebres, muy parecidas á las 'que se hallan 
en la Siberia; lo cual podría indicar que aquellos 
pueblos pasaron por el estrecho de Behring. En el 
Perú, largas galerías que se comunican entre sí 
por medio de pozos, rodean lo interior de estas 
colinas artificiales que llaman huacas. Desde la. 
cadena de los Andes hasta la de los AUheganis, y 
desde los lagos del Canadá hasta el Golfo de Mé- 
xico, se ven montones de tierra y guijarros, tanto 
más abundantes cuanto más se camina hacia el 
Mediodía, y siempre de forma semejante. El 
italiano Beltrami vio, en las cercanías de San 
Luís, en América, muchísimos cerros sepulcra- 
les, rectangulares, circulares ó piramidales, en- 
tre los que había uno de sesenta pies de altura 
y treinta de circuito por la base, teniendo al lado 



288 

oriental un machón triangular, parecido ai de la 
Torre de los Gigantes de Gozzo. Otro tanto se 
nota en los moráis ó sepulcros de la Oceanía. » 

Dos especies de tunabas rodean las Piránaides: 
unas se levantan como colinas de poca altura cons- 
truidas con los materiales extraídos de las cante- 
ras inmediatas y en medio de la arena que casi 
las ha cubierto; y otras, según el uso troglodita, 
están abiertas en las rocas y enfrente de las lla- 
nuras del Nilo. 

Hacia el Sur se encuentra la estatua gigantes- 
ca de la Esfinge *, y cerca de ésta, hileras de ¿n- 
nvmerables*túmulos y ruinas^ entre las cua- 
les se elevan tres pirámides infeHores. 

En fin, por todo lo que antecede, se puede 
observar que no todas las pirámides tienen el 
mismo número de gradas, ni están construidas 
del mismo material, así como independiente- 
mente de las pirámides existen innumerables tú- 
mulos que tienen la misma forma. 



' * Las esfinges son estatuas que por lo general tienen 
el cuerpo de león y cabeza humana, que, según el enig- 
mático pueblo egipcio, eran el emblema de la sagacidad 
unida á la fuerza. 



289 



VI. 



DIMENSIONES DE LAS PIRÁMIDES. 

La de Cheops^ según los datos de la expedi- 
ción francesa: 



■N 



Lado de la base. . . 232'» 747 
Altura 138 

La de Chefren, según los mismos datos: 

Lado de la base. . . 204" 90 
Altura 132 

La de Myserinus, según la Gula en Oriente, 
por Quetin: 

Lado de la base. . . 95"* 
Altura 54 

Como antes he manifestado, todas las cifras 
que se consignan en las obras que he consultado 
están en completo desacuerdo. Las que más con- 
fianza merecen, son ciertamente las que obtuvo 
la comisión francesa y que acabo de apuntar: sin 
embargo, éstas pueden haber sido perfectamen- 
te ejecutadas, y no por eso dar la verdadera di- 
mensión de las pirámides, puesto que las bases de 

García-Cubas.— 20 



290 

éstas se encuentraa cubiertas por la arena. Así es 
que^ para mí^ la noticia más exacta qae se tiene 
respecto de la pirámide mayor^ es la del general 
Grobert, que al medirla tuvo la precaución y cui- 
dado de descubrir la base sumergida en la areda 
algunos metros, y medir de un ángulo á otro, 
obteniendo 728 pies, ó sean 236" 48. Para me- 
dir la altura se sirvió de otro medio que, si bien 
era penoso, en cambio se obtenia un resultado 
más satisfactorio, y consistió en medir la altu- 
ra de los innumerables escalones que forman 
las gradas de la pirámide y sumar los resultados 
parciales. Este trabajo dio para la altura verti- 
cal 447 pies ó 145°»20. 



VIL 



INTERIOR DB LAS PIRÁMIDES. 

En la cara Norte de la pirámide de Cbeops, á 
la altura de la décimaquinta grada, existe una 
abertura á la cual se llega por un montecillo ad- 
herido á la pirámide. Esta abertura, disimulada 
en otro tiempo y abierta hace siglos, da entrada 
al interior de las pirámides. Según la expedición 
francesa, para penetrar al interior, preciso es des- 
lizarse por una estrecha galería, seguir después 
una rampa ascendente para llegar á otra galería 



291 

baja horizontal. Todas estas vías subterráneas 
están hechas de piedra calcárea, a A la entrada 
de la galería existe un pozo de 200 pies de pro- 
fundidad, hecho en la roca^ y por la misma se 
llega á la cámara llamada de la Reina, que 
no tiene inscripción ni cornisas: al salir de esa 
<5ámara se encuentra la continuación de la rampa 
ascendente^ pero más inclinada y penosa. Esta 
rampa conduce á un descanso^ en donde todo 
anuncia que pronto se verá la pieza misteriosa del 
monumento. Un cerramiento complicado en su 
construcción, con las señales de una abertura for- 
zada, conduce á la cámara llamada del Rey, 
santuario pigmeo comparado con el gigantesca 
monumento. Este cuarto es un paralelógramo 
de treinta y dos pies de largo y diez y ocho de 
altura. Está construido con enormes piedras atra- 
vesadas de una á otra pared, á manera de los en- 
vigados de nuestros techos. Un sarcófago de gra- 
nito, colocado de Norte á Sur, se encontró vacío 
y sin adornos; diversas circunstancias manifestar 
ron que habia sido profanado. » 



292 



PARTE SEGUNDA. 



i»iRAM:ir>E:s ue xeotihuac-ajít. 



I. 



DESCRIPCIÓN DEL TERRENO. 



A 50 kilómetros N. E. de la capital de la Re- 
pública se encuentra el valle de Teotihuacan, el 
eual se halla separado del smieno y fértil valle de 
Texcoco por una serie de eminencias que forman 
oh contrafuerte de la Sierra Nevada. Los cerros 
Aztécatl, San Pablo, Patlachique, Locoyó> Guafio, 
San Telmo y otros, elevan sus altas cumbres, 
unas cubiertas de vegetación y otras enteramente 
desnudas, presentando el aspecto que en lo ge- 
neral caracteriza á todas las demás montañas 
que circundan el valle. Este, hacia el Oriente, 
se halla limitado por las últimas alturas de la 
Sierra Nevada, cuyas principales cumbres, por 
esta parte, son los cerros de Soltepec, Campa- 
nario, Tepayo y otras de menos importancia. Por 
el Norte, cierran el valle los qerros Malinalco, 
Maravillas y Cerrogordo, que alza su cumbre á 



293 

unos 800 metras sobre las llanuras inmediatas^. 
dominando todas las demás eminencias del valle. 
Forman la base de estás montañas una suce- 
sión de lomas, que, ya cubiertas de tierra ve- 
getal, ó bieii descubriendo su terreno de forma- 
ción volcánica, ostentan el bello ropaje de una 
vegetación vigorosa, ó tienen el aspecto triste de 
un suelo árido ó improductivo. Aun cuando el 
valle de Teotihuacan no ofrece los pintorescos 
paisajes y risuefios sitios de otros lugares de la 
República, particularmente de las Sierras, no 
carece, sin embargo, de lugares amenos. La vista 
que presenta el valle por la parte del Sur, al des- 
cender de la montaña opuesta, después de haber 
atravesado un terreno inculto y triste, es verda- 
deramente agradable. Los cerros Patlachique y 
demás mencionados, se levantan en medio de 
tina vegetación lozana, y las campiñas se extiea- 
den, matizadas con los variados colores que pro- 
ducen las labores de los campos, contrastando 
con el verde oscuro de los simétricos plantíos de 
magueyes. Por otra parte se descubren los di- 
versos pueblos y haciendas, también con dife- 
rentes aspectos, pues parece que en estos lugares 
reina por donde quiera el contraste: primero, San 
Juan Teotihuacan elevando la esbelta y elegante 
torre de su templo en medio de las frondosa» 
copas de los sabinos; más á lo lejos, Otumba, 



294 

triste como sus alrededores^ que parecen estar 
recordando la sangrienta batalla que alli ^mpe- 
fiaron los aztecas en defensa de su nacionalidad; 
Axapusco rodeado de tierras estériles; Acolman 
con terrenos feraces que producen ricas mieses; 
Santa Catarina con sus largos callejones de en> 
hiestos y bien alineados órganos; en fin^ toda la 
parte Sur y del Poniente es fértil, mientras que 
la del Norte y Oriente es más ó menos estéril. 

Teotihuacan se asienta en medio de unas lomas 
ásperas y tepetatosas que insensiblemente van 
ascendiendo hacia el Norte, formando la base de 
Cerrogordo. Nada notable ofrece el terreno en 
este lugar, pues cubierto en su mayor parte de 
toba volcánica y de basalto escoriáceo, llamado 
vulgarmente tezontle, apenas nacen en él uno 
que otro árbol del Perú (Schinus MoUe) y algu- 
nos matorrales que interrumpen la uniformidad 
de un suelo naturalmente árido y triste, aun cuan- 
do la tierra vegetal haya venido con el tiempo á 
fertilizar determinados lugares. La parte Sur de 
la población está muy lejos de presentar el mismo 
aspecto: manantiales purísimos de agua crista- 
lina nacen á inmediaciones del templo, fecun- 
dizando el terreno y cubriéndolo de una esplén- 
dida vegetación; pintorescas y hermosas calzadas 
y arboledas; campos cubiertos de pastos y ver- 
duras, y la diversidad de plantas gramíneas que 



295 

allí se cultivan, embellecen el suelo, formando 
el principal y más notable contraste con el ante- 
riormente descrito. 



11. 



SITUACIÓN DE LAS PIRÁMIDES. 

A tres kilómetros N. E. deSan JuanTeotihuacan 
se encuentran las dos pirámides que son el asunto 
de este cuadro comparativo. Hállanse situadas 
en la parte menos fértil y más elevada del ter- 
reno que por este lado circunda á aquella pobla- 
ción.- En aquel suelo, cuya formación, según se 
ha indicado antes, es de basalto escoriáceo, se ven 
grutas profundas formadas indudablemente al 
extraer el material que hubo de emplearse en la 
construcción de los monumentos. Al Sur de la 
pirámide principal, llamada del Sol, existe otra 
obra digna de atención, conocida hoy con el nom- 
bre de Cindadela, y la cual está formada de cua- 
tro muros de igual longitud, cortándose en án- 
gulo recto. El espesor de los muros es de 80 
metros y la altura media 10, con excepción del 
occidental que mide cinco. Las faces anteriores . 
son verticales, mas no así las exteriores que for- 
man talud . En el centro del cuadro se eleva una 
pequeña pirámide de base cuadrangular, y sobre 



296 

la parte horizontal de las murallas otras catorce 
de menores dimensiones colocadas simétrica- 
mente. 

Las pirámides de Teotihuacan 'no sorprenden 
la vista del viajero que las descubre desde el ca- 
mino de fíerro que une la capital de la Repú- 
blica con la ciudad de Puebla, porque teniendo 
al frente de ellas la gran mole de Gerrogordo, la 
comparación que instintivamente se hace entre 
esos monumentos y las elevadas montañas, les 
es ciertamente desfavorable; pero si se desciende 
por la falda del cerro Malinalco, el aspecto que 
presentan desde el momento que se perciben, es 
en verdad sorprendente: entonces, destacándose 
sobre la llanura, elevan majestuosamente sus 
moles seculares, haciendo concebir al viajero la 
ilusión de que se halla trasportado á las regiones 
del Nilo, y le traen á los labios el verso del poeta 
Delille: 

Leur masse indestructible a fatigué le temps. 
Su indestructible masa al tiempo fatigó. 

Nótase desde luego la analogía que existe en 
el sitio elegido para la construcción de las pirá- 
mides egipcias y estas nuestras. El rio de Teo- 
tihuacan pasa al Sur de estos monumentos, sir- 
viendo como de foso á la parte Norte y occiden- 
tal de la Cindadela. Este rio desagua eo la laguna 



297 

de Texcoco con grandes crecientes en tiempo de 
lluvias, siendo entonces su curso muy impetuoso. 
Sus aguas han descubierto en una inmensa ex- 
tensión del terreno, cimientos de edificios y capas 
horizontales de una mezcla finísima endurecida 
como la roca, todo lo cual revela los restos de 
una vasta población, quizá la Memfis de estas re- 
giones. 

En una grande extensión del terreno que rodea 
á las pirámides, á más de una legua de radio, se 
observan, en efecto, los cimientos de multitud 
de edificios; descúbrense en las márgenes del rio 
y á uno y otro lado de los caminos, las capas ho- 
rizontales de cal; otras capas de tierra y lodo, 
de tezontle y de toba volcánica existen allí mis- 
mo, revelando un idéntico sistema de construc- 
ción; en los caminos que unen á las pirámides 
con San Juan, además de estas construcciones, 
se notan distintamente vestigios de paredes que se 
cortan en ángulo recto. La multitud de piedras 
labradas que se han extraído de todas estas rui- 
nas, y que se emplean actualmente en las cons- 
trucciones del pueblo de San Juan y de las ha- 
ciendas inmediatas, indican que la antigua pobla- 
ción era de cierta- importancia. 



298 



III. 



FORMA y ORIENTACIÓN DE LAS PIRÁMIDES. 

Las pirámides de Teotihuacan^ aun cuando 
vistas de lejos muestran sus faces sin solución 
ninguna de continuidad^ al observarlas de cerca 
se advierten muy distintamente los cuerpos de 
que constan^ así como la meseta que da forma á 
la cumbre. La pirámide del Sol^ según las obser- 
vaciones de la Comisión científica de Pachuca, 
se halla situada á los 19<^ 41' 26" 74 de lat. sep., 
y á las 6^ 35' 18^' 32 long. en tiempo al Oeste 
de Greenwich. Esta pirámide, que es la mayor 
y la más austral de las de Teotihuacan, está com- 
puesta de cuatro cuerpos y tres gradas. La de 
la Luna cuenta igual número de gradas, distan- 
tes una de otra diez metros, aunque en la actua- 
lidad no se percibe de una manera clara y dis- 
tinta, sino la superior. 

En el párrafo correlativo, he hecho notar que 
no todas las pirámides egipcias tienen la misma 
forma; que unas cuentan innumerables escalones 
y otras apenas una, dos, tres y más gradas, como 
las del alto Egipto. 

Al observar el plano de la Comisión científica 
de Pachuca, me llamó la atención la desviación, 



299 

hasta de unos 30 grados^ de las faces de estos 
monumentos respecto del meridiano verdadero. 
Mi convencimiento en el particular, primero por 
las observaciones de algunos historiadores tocante 
á los monumentos antiguos, y luego por las que 
tuve ocasión de. hacer en las ruinas de Mitlalto- 
yuca, es de que esa desviación apenas llega á 
unos cuantos grados; circunstancia que he atri- 
buido á la imperfección de los instrumentos de 
que podian'disponer los antiguos habitantes de Mé- 
xico para sus observaciones astronómicas. En tal 
virtud, me decidí á dirigirme al lugar de las pi- 
rámides, con el fin de hacer personalmente to^ 
das las observaciones necesarias y llenar el ob- 
jeto que me he propuesto en el presente artículo. 

Las faces de las pirámides de Teotihuacan no 
están exactamente orientadas, aunque la desvia- 
ción no es tan grande como la que se infiere de 
la consulta del plano á que antes me he referido^ 
y sin embargo mis observaciones no están en 
desacuerdo con las de la Comisión de Pachuca^ 
como intentaré explicarlo á su debido tiempo. 

El estado difícil, para proceder á la observación, 
en que actualmente se encuentran las pirámides, 
por hallarse enteramente cubiertas de vegetación 
y por los derrumbes que han hecho desaparecer 
las aristas, me hubieran obligado á permanecer 
por mas tiempo en esos lugares con el fin de des- 



300 

pejar convenientemente sus faces, si dos circuns* 
tancias no hubieran venido á favorecer mi inten- 
to. En la cara occidental^ la grada del centro se 
conserva y muestra patentemente su arista, 
orientada la cual dio por resultado 7**N. E. res- 
pecto del meridiano magnético, y como la de- 
clinación de la aguja en Teotihuacan es de 8** 12^ 
E., la desviación de la faz occidental de la pirá- 
mide del Sol viene á ser, respecto del meridiano 
astronómico, de 15® 12' E. y no de '30® como 
aparece en el ya referido plano. Todas las faces 
de las pirámides se cortan en ángulo recto. La 
segunda circunstancia, aun mas favorable ai 
intento, me la ofreció la pirámide de la Luna. 
En muchos lugares de ella y aun en toda la 
longitud de la cara oriental, los derrumbes de 
la capa de piedra y lodo han dejado descubiertas 
las faces aplanadas y bruñidas, sin vegetación nin- 
guna, y presentándolas convenientemente al ob- 
servador. Las faces oriental y austral tienen las si- 
guientes posiciones respectivas: faz oriental, 1* 
30' N. E.: faz austral, 88« 30' N. 0., y por consi- 
guiente cuentan respecto del meridiano verdadero, 
la primera 9^42' N. E., y la segunda 80® 18' N. 0. 
De las observaciones anteriores se deduce que 
las dos pirámides nó están igualmente orientadas, 
coincidiendo la de la Luna, aproximadamente, con 
el meridiano magnético. 



301 

Si', respecto de esta circunstancia, difieren es- 
tos naonumentos de los del Egipto medio, no su- 
cede lo mismo con los del alto Egipto y Etiopía, 
según manifesté en el lugar respectivo, y por 
consiguiente, si tal circunstancia no era una re- 
gla general entre los egipcios, esta falta de con- 
formidad nada prueba en contra de las conclusio- 
nes generales con que daré fin á esta disertación . 

Una circunstancia muy particular y digna de 
llamar la atención es la de encontrarse la línea 
de los centros de las dos pirámides en la direc- 
ción d^ meridiano astronómico, de la misma ma- 
nera que se observa en las pirámides del alto 
Egipto, aunque no en las de Gizeh. La diferen- 
cia de cerca de dos grados que encontré al obser- 
var desde la meseta de la pirámide del Sol, sin 
duda proviene (y en esto estoy de acuerdo con el 
ingeniero Almaraz) de que los constructores te 
nian conocimiento del movimiento de la bóveda 
celeste y se fijaron en la polar, creyéndola exac- 
tamente en el eje del mundo. Este hecho podría 
favorecer el argumento de los que' atribuyen á 
estos monumentos un objeto puramente cien- 
tífico. 

No tratando yo sistemáticamente de demostrar 
la comunicación entre los habitantes del antiguo 
y nuevo mundo por la comparación de sus mo- 
numentos, hago notar que así como manifiesto 



302 

todas sus circunstancias análogas y similares^ 
igualmente pongo en relieve todas las en que di- 
fieren. La pirámide del Sol se encuentra además 
circunvalada^ menos por la parte occidental^ por 
una muralla de la misma forma que la de la Cií&- 
dadela. En ningún libro he visto descritas obras 
semejantes al pié de las pirámides egipcias^ y sí 
existen^ ó no be tenido ocasión de notarlas^ ó 
no se las menciona^ tal vez por hallarse sumer- 
gidas en el inmenso mar de arena. Sin embar- 
go^ el examen del adjunto plano de las pirámi- 
des de Gizeh^ que acompaño^ hace notar obras 
análogas que drcundan á estos monumentos, y 
sefialadaoiiente á la segunda y tercera. 

Respecto de la diversidad de construcciones 
que acompafian á las grandes pirámides egipcias, 
existe aún mayor analogía con las de Mitlalto- 
yuca. Gomo individuo que fui de la comisión 
exploradora y encargado particularmente del le- 
vantamiento del respectivo plano, tuve ocasión 
de estudiarlas hasta donde lo permitían los es- 
casos elementos con que contábamos. En las pi- 
rámides de estas ruinas, se observa el mismo 
orden en general que en las de Teotihuacan, pues 
difieren respecto de su construcción, circunstan- 
cia que proviene, sin duda, de la diversidad de 
materiales de que podían disponer sus construc- 
tores. 



303 

Las ruinas de Mítlaltoyuca se encuentran en 
medio de una selva virgen, en donde los corpu- 
lentos cedros y árboles frutales, las palmas rea- 
les y la innumerable cantidad de bejucos entre- 
lazados impiden al viajero penetrar libremente en 
-ella. Los monumentos se encuentran ocultos por 
«sa exuberante vegetación, obstáculo que nos im- 
pidió continuar nuestra exploración, y apenas pu- 
dimos examinar" unos cuantos monumentos, no 
obstante el gran número que de ellos existe. En 
Teifatidos días, contados desde la salida de México 
hasta nuestro regreso, la comisión cumplió su en- 
<;argo, formando el Sr. Almaraz el croquis del 
camino de Tulancingo á la Mesa de Coroneles 
y él cálculo de la extensión de los terrenos bal- 
díos; el Sr. D. Guillermo Hay, sacando las vis- 
tas fotográficas y redactando la descripción de 
las ruinas, y yo levantando el plano. En tan cor- 
to plazo era de todo punto imposible la explo- 
ración y estudio conveniente de todas las rui- 
nas; pero los datos que recogimos revelaban, des- 
de luego, la importancia arqueológica de dichas 
ruinas. 

El conjunto de monumentos está formado de 
pequeñas pirámides truncadas, túmulos, collados 
y rampas. Las mencionadas pirámides son de cor- 
tas dimensiones, como que no cuentan más de 
•dos á tres metros, y de una sola grada: la mayor 



304 

parte de ellas están construidas con losas de are- 
nisca^ colocadas horízontalmente por capas y cu- 
biertas con ana torta braflida de muy bnena mez- 
cla hidráulica. La pirámide principal tiene once 
metros de altura aparente^ por cuanto á que el 
primer cuerpo se halla oculto^ en su mayor par- 
te^ por el rico humus de la selva: su base mide 
cuarenta metros, y sus faces orientadas por el me- 
ridiano magnético se cortan en ángulo recto. 

Dos circunstancias llamaron mucho nuestra 
atención: la primera es la disposición de las lo- 
sas que cubren la parte superior de uno de los 
túmulos, las cuales guardan el orden que se ob- 
serva en los arcos y bóvedas de nuestros días* 
Este descabrimiento, debido al Sr. Hay, de- 
muestra claramente que los antiguos habitantes 
de esta tierra conocian la bóveda y la construían 
con más ó menos perfección. La segunda cir- 
cunstancia es la escultura (lamina 1 .•), ejecuta- 
da en un trozo de la misma arenisca. Examinan- 
do la figura, se advierte que por sus justas pro- 
porciones, el tipo y demás circunstancias, se 
separa tanto del repugnante aspecto de los ídolos 
aztecas, cuanto puede acercarse al carácter délas 
momias egipcias. 

La otra figura de la propia lámina, representa 
el fragmento de una careta encontrada en las rui- 
nas de Teotihuacan. En las facciones se advier- 



305 

ten, no los rasgos toscos y deformes que por lo 
general caracterizan á las figuras aztecas, sino la 
mayor maestría en el modelado, indicio seguro de 
la existencia de un pueblo mas culto. 



IV. 



OBJETO DE LAS PIRÁMIDES. 

El hecho de estar rodeadas estas pirámides de 
monumentos fúnebres, induce á creer que fueron 
construidas con el mismo objeto que las de Egip- 
to. Mas en lo que no cabe duda es que la mayor 
fué dedicada al sol bajo el nombre de Tonatiuk, 
así como la menor á la luna con la denominación 
de Mextli ItzacuatL 

En México existen tradiciones vagas referentes 
al objeto de dichas pirámides; pero respecto de la 
época de su construcción, no hay ni siquiera hi- 
pótesis, ó por lo menos no he podido investigarlo 
en las obras que he con3ultado. 

El Diccionario Mexicano de Historia y Geogra- 
fía, dice á este respecto lo que sigue: 

<iEste celebre monumento (Pirámides de Teo- 
tihuacan) de las antigüedades mexicanas, cerca- 
^ no á Texcoco^ era el templo más suntuoso dedi- 
cado á Tonatiuh, es decir, el sol ó el que va res- 
plandeciendo, ó también Teutl, quesignificaDios, 

García-Gübas.— 21 



306 

y por último, el que rige á la luna, el corazón del 
cielo y el padre de las horas. La pirámide menos 
alta era el templo de la mujer del sol, Genteotl, 
que quiere decir rodeada de deidad: la llaman 
también Tonacayohua, que solo exigía para sus 
sacrificios, tórtolas, codornices y conejos. 

<L Aunque los edificios colosales de los toltecas, 
los chichimecas, los aculhuas, los tlaxcaltecas y 
los aztecas presentan diferentes dimensiones, to- 
dos tienen una misma forma, la piramidal, y sus 
lados siguen exactamente la dirección del meri- 
diano y del paralelo del lugar. El templo se ele- 
va en medio de un vasto recinto cuadrado y ro- 
deado de una muralla, dentro de la que habia 
jardines, fuentes, las habitaciones de los sacer- 
dotes y algunas veces almacenes ó depósitos de 
armas. Una grande escalera conducía á la cima 
de la pirámide truncada, y en ésta, que era como 
una especie de plataforma, se encontraban una 
ó dos torres que encerraban los ídolos colosales 
de las deidades á quienes se habian dedicado, y 
en donde se mantenía el fuego sagrado. Esta 
construcción proporcionaba la vista, desde mu- 
cha distancia, del sacrificio, asi como de la 
procesión y demás cei^emonias que hadan los 
sacerdotes. 

«Hay una semejanza demasiado notable entre 
los templos de los antiguos babilonios, descrié 



307 

critos por Herodoto y Diódoro de Sicilia, y 
los Teoallisdel Anáhuac. 

ce Guando los mexicanos en 1190 vinieron ala 
región equinoccial de Nueva-España, ya encon- 
traron construidos los monumentos pirami^ 
dales de Teotihuacan, de Cholula y de Papan- 
tía, y los atribuyeron á los toltecas, nación 
civilizada que habitaba en México hacia quinien- 
tos años, pues que no conocían otras tribus que 
hubiesen habitado el país antes de los toltecas, 
á quienes atribuían la más remota antigüedad; 
pero es muy posible que hayan sido construidos 
antes de la venida de los toltecas, es decir, an- 
tes del año de 648 de la era vulgar. 

ce Er templo de México estaba dedicado á Tez- 
catlipocai y á Hultzilopoxtli, y los aztecas lo cons- 
truyeron por el modelo de las pirámides de Teo- 
tihuacan, seis años, no más, antes del descubri- 
miento de la América por Cristóbal Colon. » 
• •.••.*•..• •••• •.•,••••• 

ce Las pirámides chicas que rodean á la del Sol, 
apenas tienen de nueve á diez metros de altura. 
Según las tradiciones de los indígenas, ser vian 
de sepulcros á los ge fes de su^ tribus. Alrededor 
de Cheops y de Mycerino en Egipto, se distinguen 
también ocho pirámides chicas, colocadas con 
mucha simetría y paralelas á los lados de las gran* 
des. Los templos de Teotihuacan tenian cuatro 



308 

{üataformas principales: cada una de ellas estaba 
dividida en pequeQos escalones, de los que se dis- 
tinguen todavía les aretes (las vértebras)*. Su 
núcleo es de barro mezclado con piedras peque- 
ñas, y está revestido de un muro de tezontle**. 
Esta construcción es muy parecida á una de 
las pirámides egipcias de Sakharahy que tie^ 
ne seis plataformas, y que según el viaje de 
Pooocke es un conjunto de polvo amarillo, re- 
vestidas por fuera de piedras en bruto. » 

« Al principio de la civilización, los pueblos 
escogían lugares elevados para sacrificar á sus 
dioses. Los primeros altares, los primeros tem- 
plos, se erigieron sobre las montanas, y éstas, ó 
eran aisladas, ó se procuraba darles formas re- 
gulares, en plataforma, ó practicando en ellas 
escaleras para subir á su altura***.» 

De las líneas anteriores se deduce, que además 
de servir los monumentos de Teotihuacan de se- 
pulcros, tenían un objeto religioso. Dichos mo- 
numentos, así como los de Egipto, se prestan, 
por la diversidad de circunstancias que los acom- 

* Aristas. 

** Más adelante se hará la explicación del verdadero 
sistema de construcción. 

*^* Gomo se observa en Tetzcotzinco, cerro situado al E. 
de Texcoco. 



309 

paüan, á toda clase de interpretaciones y conje- 
turas: la ciencia cree descubrir en la orientación 
de las pirámides, en la inclinación de sus faces 
y en todo lo demás que se ha hecho notar en el 
curso de este artículo, el fin con que fueron cons- 
truidos tan soberbios monumentos, revelando lob 
conocimientos astronómicos que poseía el pueblo 
constructor; la teogonia por su parte, en el he- 
cho de depositarse allí animales sagrados, y eá 
la existencia de aras é ídolos, descubre un objeté 
meramente religioso; el arte de la guerra, hace 
notar en las murallas de circunvalación, otras taa- 
tas líneas de defensa; las costumbres, la historia 
ó las tradiciones los presentan como monumen- 
tos fúnebres. No es, de consiguiente, extraño que 
los sabios, encontrando cada cual pruebas sufi- 
cientes para las teorías en que se han fijado, es- 
tén en desacuerdo. 

Los ídolos colosales que el viajero admira en 
Teotihuacan, la dedicación de las pirámides á las 
divinidades, el sol y la luna, y los demás que ha 
podido recoger la historia, manifiestan su objeto 
religioso: de la misma manera, cada una de las 
otras circunstancias repetidas, están revelando los 
demás fines, principales los unos y secundarios 
los otros. En mi humilde concepto aquellos mo- 
numentos eran á la vez tumbas y altares. 



310 



V. 



MONUMENTOS FÚNEBRES* 



Con la denominación de tlalteles* se conocen 
los innumerables túmulos que rodean las pirá- 
mides. Esos monumentos se hallan unas veces 
aislados y otras unidos y alineados^ limitando 
la calzada que comienza cerca de la Ciudade- 
la^ pasa por la cara occidental de la pirámide 
del Sol y termina enfrente de la cara austral del 
monumento de la Luna^ formando al concluir un 
gran circulo^ en cuyo centro se encuentra otro 
túmulo. Llámase esa calzada^ Calle 6 Valle de 
los Muertos. 

El aspecto que presenta esta doble y simétrica 
hilera de túmulos^ es de los más imponentes. Co- 
locado el observador en el eje de la calle, con- 
templando esa doble hilera de monumentos que, 
descubiertos en parte, presentan extensas escali- 
natas medio derruidas, y teniendo al frente la pi- 
rámide de la Luna, que se alza majestuosamente 
rodeada de los tlalteles que al terminar la calle 
se separan en forma de anfiteatro, se siente so- 
brecogido de entusiasmo á la vez que turbado 

* Los monumentos análogos que se encuentran en el 
interior de la República, se conocen con el nombre de 
«coecillos.» 



311 

por la tristeza que causa el romántico aspecto del 
lugar. Aquellas obras gigantescas construidas por 
la mano del hombre, que permanecen allí como 
para revelar la remota existencia de un pueblo, 
tal vez feliz y poderoso, y que de su ser no ha 
dejado otra memoria que esos edificios misterio- 
sos, cuyas páginas, grabadas en las rocas, no 
han podido aún ser descifradas, admiran á la par 
que conmueven. 

Muchos creen t[ue todas estas pequeñas pirá- 
mides que como satélites rodean á las del Sol y 
de la Luna, representan los astros del firmamen- 
to. Esta hipótesis podria ser un nuevo argumen- 
to en favor de los que atribuyen á este género de 
construcción un objeto científico. 

Los egipcios, como ha podido notarse, edifica- 
ban unas veces suntuosas sepulturas, y otras cons- 
truían pequeños túmulos, á semejanza de mon-^ 
tafias. Si bien las construcciones de que ahora se 
trata, no están abiertas en las rocas de las grandes 
eminencias y difieren muy particularmente de las 
de Tébas, en cambio conservan mucha analogía 
respecto de los demás monumentos fúnebres, tan- 
to por su situación en los sitios más elevados co- 
mo por el objeto á que estaban destinados. La 
Comisión Científica de Pachuca, al ocuparse en el 
levantamiento del plano de las ruinas, emprendió 
la demoUcion de un túmulo situado en el centro 



. 312 

de la Calle de los Muertos, y encontró ua nicho 
vacío^ de las dimensiones del cuerpo de un hom- 
bre, y con las paredes y la bóveda perfectamente 
bruñidas, cual sí estuviesen estucadas: tal voz 
en otros túmulos se encontrarán cadáveres ó náo- 
mias que vendrán á dar la solución definitiva del 
problema que nos ocupa. De desearse fuera que 
una comisión exploradora se ocupara de empren- 
der estas interesantes indagaciones, como lo he 
propuesto al Ministerio de Instrucción Pública. 



VI. 



DIMENSIONES DE LAS PIRÁMIDES. 

He indicado en el articulo tercero, que habién- 
dome llamado la atención la desviación de cerca 
de 30^ que ofrecen las faces de las pirámides en 
el plano de la Comisión Científica de Pachaca, 
me vi obligado, con el fin de no hacer aprecia- 
ciones temerarias, á trasladarme á Teotihuacan, 
como en efecto lo verifiqué en unión de íni com- 
pañero el ingeniero D. Manuel Espinosa, No sa- 
bia á qué atribuir las enormes diferencias que 
resultaban entren los datos de nuestras observa- 
ciones y las del plano referido, conociendo, po- 
mo conocía, la aptitud y conciencia con que fue- 
ron ejecutados los trabajos de dicha Comisión; 



313 

mas ai orientar la Calle de los Muertos, pude ex- 
plicarme aquellas diferencias, advirtiendo que la 
meridiana astronómica se halla en el repetido 
plano inclinada 12*^ al 0.; error que se advierte 
desde luego fué cometido por el grabador. He- 
cha esta rectificación, nuestras observaciones, en 
general, están de acuerdo con las de la Comisión 
de Pachuca. 
Los resultados que obtuvimos son los siguientes: 

PIRÁMIDE DEL SOL. 

LadoN. S. de la base ..... 232™ 
Lado E. 0., cara austral .... 220™ 

Altura. 66™ 

Inclinación de las caras N. y S. 31^ 3' 

Inclinación, cara Oeste 36® 

Meseta, de Norte á Sur ... . 18™ 
. y> de Este á Oeste .... 32™ 
Rumbo de E. 0., cara austral. . 83® N. O. 
Rumbo N. S., cara oriental. . . 7®N.E. 



Dirección, Calle de los Muertos. 8® 45' N. E. 
Línea de los centros de las dos 
pirámides lO^N.O. 



314 



PmAMIDB DE LA LUNA. 



Lado E. 0. de la base 156» 

Lado N. S 130» 

Altura 46'» 

Inclinación de la cara oriental. 31° 30' 

4 

» de la cara Sur. . . 36® 

]> en la parte bruñida. 47® 

i> de la cara oriental^ 

bruñida 47® 

Meseta^ seis metros por lado. 
Orientación, cara N., Luna, de 

E. á 88® 30' N. O. 

Orientación, cara oriental, deS. 
áN 1®30'N. E. 

Los datos de la Comisión de 
Pachuca^ son: 

Lado N. S. de la base 232» 

Lado E. 224 

Altura 62 

PIRAMmB DE LA LUNA. 

Lado E. 0. de la base 156 

Lado N. S 130 

Altura 42 



315 

Los datos, que difieren muy particularmente 
de los anteriores, son los que se contraen á las 
alturas de las pirámides. Para explicarlas debe 
tenerse presente que los monumentos se hallan 
edificados en un suelo inclinado de N. á S., como 
se ha hecho notar, y que, al tomar la altura, la 
Comisión tal vez procedió por la parte Norte, 
mientras que nosotros lo verificamos por la parte 
Sur. Al efecto, medimos una base de sesenta 
metros del lado opuesto de la muralla, á corta 
distancia de la base de la pirámide del Sol y en 
un pequeño llano: desde los .extremos de la base 
tomamos los ángulos de altura y de proyección; 
método exacto, el cual nos dio el resultado ex- 
presado. Para la altura de la pirámide de la Luna, 
la base se midió igualmente de sesenta metros 
en el pequefio espacio que media entre los tlalte- 
les, en el lugar en que, al separarse, forman an- 
fiteatro. 

La relación entre la base y la altura de las pi- 
rámides de Teotihuacan no es la misma que existe 
en los elementos de las egipcias; pero si los ha- 
bitantes de México, admitiendo una hipótesis, 
poseían también la costumbre de ir aumentando 
el volumen del monumento durante la vida del mo- 
narca, ó por cualquiera otra circunstancia, es de 
creerse que los constructores tenian la intención 
de elevar más la pirámide del Sol, y á juzgar 



316 

por la base^ habría llegado á tener las colosales 
proporciones de la de Cheops. Por otra parte, 
no existiendo entre las bases y altura de las pi- 
rámides egipcias una relación constante^ mal 
podríamos nosotros tratar de buscar analogías á 
este respecto. 

El ingeniero Almaraz, gefe de la Comisión cien- 
tífica de Pachuca^ á la cual tuve la honra de 
pertenecer, creyó encontrar la unidad lineal del 
pueblo constructor de las pirámides, haciendo 
comparaciones con las medidas obtenidas en el 
levantamiento del plano, resultando de sus ob*- 
servaciones que la extensión lineal de 0,8 es la 
base ó unidad. 

En estas arduas cuestiones, todas las teorías 
descansan en suposiciones; pero muchas veces, 
de conjetura en conjetura, se logra llegar i una 
solución acertada. En tal virtud, cada uno puede 
lanzarse al campo de las hipótesis; las pruebas 
que se emitan serán las que lleguen á trasformar 
aquellos en evidencias. Suponiendo que dicha 
unidad Haeal sea cierta y común para los mo* 
numentos de los dos pueblos que comparamos, 
resulta que aquella estará contenida en el estadio 
egipcio 22S veces. Por consiguiente, las pirámi- 
des de ambos países tendrán las siguientes dimen- 
siones, arregladas á esa unidad supuesta: 



317 

Metros. Med. supuesta. 

Base, pirámide de Cheops. . 236 00 295 00 

Altura 145 12 181 50 

Base, pirámide del Sol(N.S.) 232 00 290 00 

„ „ „ (É. 0.) 220 00 275 00 

„ „ según Almaraz. 224 00 280 00 

Altura 66 00 82 50 

Base E. 0. de la Luna. . . 156 00 195 00 , 

Lado N. S. de id. ... . 130 00 162 50 

Altura. . 46 00 57 50 

ídem según Almaraz. ... 42 00 52 50 

Distancia entre los centros 

de las pirámides, id. id. . 800 00 1000 00 
Lado del cuadrado del tú- 
mulo id. id. . . . . . . 5 60 7 00 

Espesor de la muralla de la 

Cindadela, id. id 80 00 100 00 

Radio de curvatura del mo- 
numento circular id. id.. 5 20 6. 50 



VII. 



INTERIOR DE LAS PIRÁMIDES. 



El punto de que voy á tratar es para mí de la 
mayor importancia, tanto que puede estimarse 
decisivo en este mi trabajo: es aquí donde voy á 
demostrar la grande analogía que existe en los 
principales detalles que son comunes á las pira- 






318 

• 

mides mexicanas y egipcias. Empero debo ad- 
vertir que solo me limito á llamar la atención 
acerca de sus diversas circunstancias^ sin que por 
eso se entienda que pretendo imponer mi opi- 
nión. La puerta ó abertura, disimulada en 
una época remota y descubierta en tiempos 
más recientes; su situación hacia el medio de 
una de las faces; la colina adherida á esa 
misma faz y en cuyo término se encuentra 
la abertura; la estrecha galería que conduce 
al interior; el profundo pozo que se encuen- 
tra al terminar dicha galería, los monumen- 
tos fúnebres, las pequeñas pirámides y las 
demás construcciones que rodean á los monu- 
mentos principales, y por fin, los otros porme- 
nores que he hecho notar en el curso de este ar- 
ticulo, no pueden atribuirse á coincidencia casual 
en la concepción de la misma idea; tal teoría es 
para mí inadmisible. Bien sé que dos, y aun más 
pueblos, simultáneamente y sin haber estado en 
relación, pueden haber descubierto el mismo gé- 
nero de construcciones, como la pirámide, que 
es un cuerpo tan simétrico, y que bien podemos 
llamar elemental; pero si en los monumentos como 
los de que tratamos hay identidad de circunstan- 
cias, de pormenores y de caracteres distintivos, 
preciso es convenir en que hubo comunicación 
entre un pueblo y el otro. 



319 

Se cree que la disposición de las pirámides 
egipcias en forma de gradas no tuvo más objeto 
que el de facilitar la ascensión de los materiales 
á los cuerpos superiores al paso que se iban cons- 
truyendo, por jcuanto á que el pueblo construc- 
tor no conocía otras máquinas que el plano in- 
clinado y la palanca. Igual argumento pudiera 
aducirse respecto de las construcciones mexica;- 
nas, pero yo no admito tal suposición: ¿las gra* 
das^ en las pirámides egipcias ó mexicanas^ hacian 
el oficio de meros andamies? Habría en tal caso 
regularidad en todas las gradas de todos los mo- 
numentos; pero la verdad es que en determina- 
das pirámides son desiguales las distancias de 
una á otra grada: que en algunas^ como las de 
Cheops, Ghefren, etc, los innumerables escalo- 
nes de que constan son poco elevados; y que en 
otras se encuentran pocas gradas, siendo muy 
grande la distancia entre dos sucesivas: algo más 
que la simple comodidad tuvieron por mira los 
constructores de tales monumentos. Semejante 
disposición, por otra parte, habría convenido en 
las pirámides de grande altura, pero no en las 
pequeñas, en donde hubiera sido de todo punto 
inütiL En las minas de Mitlaltoyuca, la mayor 
parte de las pirámides apenas llegan á la altura 
de dos á tres metros, y sin embargo están for- 
madas de gradas. De todas maneras, ya fuese el 



3?0 

objeto de tal disposición el indicado, ú otro que 
ignoramos, el sistema de escalones en la cons- 
trucción de unas y otras pirámides, apoya la idea 
de que ambos pueblos tuvieron desde luego este 
punto de contacto. 

Respecto del método de construcción de las 
pirámides de Teotihuacan, se siguió el de capas 
spbrapuestas. En la puerta ó abertura estrecha 
de la pirámide de la Luna se encuentran perfecta* 
mente marcadas las distintas capas horizontales 
de que está formada la pirámide. La primera 
capa se compone de piedra y barro, y su espesor 
de O™ ,95: la segunda, de toba volcánica, de 
O"", 37 de espesor; sobre ésta se encuentra la 
tercera capa, compuesta de una mezcla de arena 
gruesa de tezontle (basalto escoriáceo) y barro, 
con un espesor de O™, 08 y por último, esta capa 
se halla cubierta de otra de finísima cal, de 0"*,001 
de grueso y bruñida por su parte superior. A es- 
tas capas vulven á sobreponerse otras conforme 
al mismo sistema. Otras capas guardan el propio 
orden que las primeras, con la diferencia de que 
solo cubren ó revisten las pirámides, guardando 
la inclinación de 47®, como antes se ha indicado. 
La capa de cal en éstas es de un milímetro y 
medio; toda se encuentra bruñida y en algunos 
lugares pintada de rojo: así se hallan cubiertas 
las faces de las pirámides de Mitlaltoyuca. Una 



321 

gi^á^ o^nti<}ad de piedra de todias dimensiones 
j áJgto lodo; cubren las sui^erfioiés de las pií^á- 
ifiid^^ de tal manera^i cjue por vazim de la gra- 
Yedádi, ésta» sé haan aglomerado háoia las ba^i^s^ 
rñodificaÉdo' por lal motivo su fortoa^ piramidal • 

Eáta Girounsdanoia' mé 'hizodoacebii^ una idea>, 
la euali robustecí ápóyáridome en lafe demás db- 
s^vadtínetf qító hice en las mlgm^ás pirátíaides. 
Pei^o átotes (te aventuráis utia opiniony peímíta- 
setiíe escudarme cob los- comceptoa vertidos por 
el ihtéWé sabio barón- de HumKoldt. 

<¡e Aüx lítmtés des cbnnaissánces exactos^ com^ 
íñé^útí bant d'Un ri^age elevé;, rceal aime á se- 
poíi1|f' vets les^ regióos lóintaines. Les iiíiag^s 
qü'il vrfít'peuíí^ent étraitrompeuses; mais comme 
ees imí^¿ déeevantesqoe c^oyaiént apeícévoir 
b^ avaiút le temps dé Golomb> les- habitants 
(fefei CanarieS et désAcoires; eHes peflvent. aiñe- 
dW la dócoüvertle d' un ñouveau • monde. » 

Pues bien; sin preteinsíonés^ de ninguna clase 
y. solo por hacer' uáb del derefcfto- qile todo hoiii- 
bje^ tiene de expresar? sus pensamientos; aventuró 
la siguiente conjeturan tas pirámides de feotin 
hnmcanytal cual koj^ se encuentrtm, no se ka^ 
Ifymcomoensu esh^doprimitirüó. Existe un ha-^ 
cinan^iento de piedi^a suelta^ cuyos intersticios 
cübiwtoá de tierra^ regetal Ban* hSecho': naderlla! 
müUátttd de- jllaritas y ííores con que eiStán revesa 

García-Cübas.~22 



322 

tifias actualmente las faces de las pirámides. 
Este hacinamiento de piedra^ se aparta del ais- 
tema de construcción seguido en todo el cuerpo 
de los monumentos^ y ademas, el derrumbe de 
esas piedras efectuado en una gran parte de la 
faz oriental de la Luna/ ha descubierto un plaño 
inclinado perfectamente hr uñido, que indica ser 
la verdadera faz <le la pirámide. Estsw obserya^ 
cion aislada na daria tanta fuerza á cái raciocinio: 
si no estuviese acompafíadó de las mismas cir- 
cunstancias eü todos los monum.e!ntoá* Efectuan- 
do una circunvolución por las ciuatro faces de la 
Luna, se advierte el mismo sistenoia: en la faz 
austral y en la occidental, y ala misma altura/ 
vienen á cortarse en ángulo recto las dos .faces 
descubiertas y bruñidas como la anterior, que 
conservan respectívahidnté la misto a inclinación 
de 47^; en Ta cara •áeptentridnalse advierten los 
mismos derrumbes de piedra suelta y los mismos 
planos inclinados y bruñidos; y por último, en 
la faz oriental y- hacia la 'mitad de su altura, 
idéntfcas circunstancias y' de un manera mas' 
clara, todavía, vinieron é confirmar mi opinión, 
pues el plano inclinado se halla descubierto casi 
en toda su longitud de N. á S., permitiéndome 
practicar sobre la masa primitiva la orientación 
de dicha pirámide^ Observando desde el ceatro 
de la cara Sub; la colina: de que ta:átairémos más. 






323 

adelante, y que se encuentra adherida á dicha 
faz, se advierten los mismos planos inclinados' 
y bruñidos formando escalones> de tal suerte 
que esa colina, 4 su vez, •no es otra cosa qué un 
trozo de pirámide. No há mucho tiempo que al 
visitar, como individuo (^ la Comisión de Pa» 
ohuca, todos eetos monumentos, jios tlalteles no 
llamaron mi atención sino por su alineaibiento^ 
sa uniforme altura y sii configuración á manera 
de pequeños cerros; pero mi reciente visita me 
ha proporcionado la ocasión de poder dar con 
ellos mismos mayor fuerza á mí argumento. En 
los tlalteles, no es el derrumbe natural de las 
'piedras y de la tierra, sino las excavaciones re- 
<jientemente hechas lo que ha motivado la denu^ 
dación de sus faces: éstas, como en la pirámide 
de la Luna, se encuentran bruñidas y presentan 
además la forma de extensas graderías y escalir 
nat^s; de manera que, pirámides, colinas, tlalteles 
y. todos los detalles de éstas construcciones sb 
hallan ocultos. ¿Qué motivo tendrían los autí- 
guos pobladores de México para hacer desapare- 
cer, esos notables monumentos bajo una enorme 
cantidad de piedras y tierra? En mi concepto, 
los toltecas, dueños de los referidos monumento*; 
cuya CiOQ^ucoíon data tal. ve3 de una época an- 
terior á la prá. cristiana;. lo9 toltecas, repito, fea- 
* tos de una nación culta y civilizada, temiendo Itó 



324 

depredaciones de los cbichimecas^ pueblo bar* 
baro que vino á fijap su residencia en el Valle de 
México^ quizá trataron de dar la forma de moo- 
tafias á esos santuarios y sepulcros^ á fin de evi^ 
tar que fuesen profanados por los nuevos ktmi^ 
grantes. Podrá pareo^r esta opibion dbmastado 
ataüzada; no la presento^ por taiito^ sitío como 
ttüa m&ra conjetura. * 

La única abertura conocida^ que es la de la 
pirámide de la Luna^ sé encuentra en la cara aus^ 
tral^ é la altura de veinte metros y en la piarte 
superior del tlaltel sobrepuesto. Esta abertura 
da entrada á una estrecha galériá dddeendentd) 
interrumpida por un pozo profundo cuadrango*' 
lar, cuyas paredes están revestidas de sillares de 
toba volcánica . Se ha creído que esa abertariai 
no es más que una horadación artificial ejecutadn 
por buscadores do' tesoros; pero es de obserranss 
que los que en tal cosa se ocupan no suelen per- 
der su tiempo en construir un pozo regular, cofl 
sus paredes perfectamente verticales, y muóho 
menos en revestirlas de sillares y brufiir lai^ su* 
perfícies. El eje de la galería descendente, e) 
diademi observación, coinoidia exactamente eoo 
el meridiano magnético. 

El resto de lo interior permanece desconocido: 
no exploré más adentro, a causa de los grandes 
derrumbes que obstruyen el paso, y por no con-' 






m 

tar con los elementos necesarios para vencer esa 
dificultad. * 

Si en la pirámide de la Luna, que es de mé* 
nos impoirtaaciíi y dimeqsioops, • existejí tfliles 
detalles^ npuy parecidos á Jos de las pitámcl^ 
de (jizeh> ¿Du6a intere3aQ.t0s úo habría de Sj^r Wf 
que presente la pirár»i<íe (leí Sol^ ícuya hase ^es 
casi igual á la de Cbu^opo? 

Pttejde^ (í{§í5icse, ju^aíKÍP' por anflogí?G quí la 
abortiva 4q ría pirámide Af^ i Sol: debe eiiQontrai?s<» 
en la faz occidentftl> al terminar el Ucdtel sobrie- 

Por i^{q)p> d^b^ llamar la atención qu9 Ias 
'pendisiit€!S dei^ l^c^s (lelas pírí^mid^ aon^ con 
poca dfifer9QcÍ9;r las mü^mss^ exceptuandp la cara 
^U^tral de la launa y la ocK^dental de la del Sol, 
^n d(^e epsten los ÜalteVes adheridos: laspen- 
(liet^tes Bn estas faces^ segan ha podido obs^r* 
varse^ son de 36®. Tal vez la intención de los 
constructores fué hacer mas difícil el ascenso A 
la abertura, opoaiendp con eso mayores difi- 
cultades al descubrímientp del interior de lafl^ 
piráoydesi de la oftisoia manara que se ha pre^* 
sumido, y con fundamento, respecto de las, dci 
íEgipto. 



326 



• 

CONCLUSIÓN. 



En el paralelo que intenté establecer en este 
articulo^* entre las pirámides egipcias y las de 
Teotihuacan^ creo haber demostrado las circuns- 
tancias comunes á unas y á otras^ las (Juales^ en 
resumen^ son las siguientes: 

1 .^ En la región del Nilo^ lo mismo i|ue en 
Teotihuacan^ el lugar elegido para la construc- 
' clon de las pirámides^ es idéntico. 

2^. Tanto las pirámides egipcias como las 
mexicanas^ en general^ están orientadas: si las 
de Teotíhuacan no lo están con la exactitud que 
las de Gizeh, no« esto anapn.eb«n contrtóo, 
por cuanto á que la orientación en ésta no era 
regla invariable entre los egipcios, como se echa 
de ver en otras muchas de aquel Ebismo país, 
pues se encuentran en el propio caso que las de 
Teotíhuacan. 

3.^ La línea que une los centros de las pirá- 
mides de Teotíhtaacan, se halla en el meridiano 
aistronómico, circunstancia que cónctírre e# algu- 
nas dfel altó Egipto. ♦ 

4.® En punto á construcción, es análogo en 
unos y otros monumentos el sistema de gradas 
y escalones. 

5.® En ambos países las dos pirámides ma- 



JÁ 



327 

• 

ypres estaban dedicadas al Sol: en la de Cheops, 
bajo el nombre de Osíris, y en la de Teótihua- 
%an^ bajo el de Tonatiuh. * í 

0.^B3 lugar que en la región del Nila se Ua- 
Bcia VMle de los Miíbrtos, tiene analogía topo- 
gráfica y homóijima con el que en Teotihnacan 
se üama Calle de tos Muertos. , 
" 7 . ® Algunos monumentos de Egipto tienen ca- 
rácter de fortificaciones: idéntico carácter presen- 
tan los de Teotihuacan. V 

S.^ Los monumentos meno^res que se hátUau en 
derredor de las pirámides egipcias y de las mexi- 
canas, inclusos los de Mitlaltoyuca> son del mis- 
mo género' y'.esti?vieron destinados al prbpio ob- 
jeto!. ' . 
" 9/^ UnosyotíQg monumentos 4ienen adherida 
"á una de sus face? una colina artificial. 

;iO.® La puerta disimulada en otro tiempo y 
abierta ;reeieñtemente, existe, tanto en algunas 
pirámides egipcias eomo en la de la Luna. En 
la del Sol, esa abertura permanece ignorada; 



* iLa teoría de Mahraoud-Bey tkx de^truyae^ iradicipn , 
ú se atiende á que el estudio de eate distinguido, astrónq- 
mo se refiere particularmente já ia relíLcicMi,, qu^ pueda 
emstip entre la faz austral de la pirámide de :Chepps y le 
püincipal estrella déla constelación delC^pi ^a.yor.; Lá 
íteoría de Mahtnaud-Bey puede muy bien ser, «i^rta, sin 
que poreso deje de leerlo la anterior- , • 



\ 



328 

« 

pQro probablemente la liene en U QMft ch^í- 
dental. : ■ ■, 

11.® El interior de ^lQOS^y »Q«fc«)s,Bi<«ii¿Mpacpbíj% 
^juzgar por el de la (liuna^, tiene a^peloigía; f^es 
-si bien éstaino ha sido sufioínniQínentev^plq^^ 
ida/ se le «oncee yjk lia prioíera gftlwte le^tisíJl» 1^ 
descendente, y elpozoterüí»!. jEs roápi9*wj>i>5^ 
bable que eii h del Sal .se eniQiiieQtnefi iftásiieta- 
4l6s^ y ({Ole éstos tengan ¡ímg^ft i\tst]¡^}^i^ 'pqn J^ 
deCheops. 

A2.^ El ídolo eaconjLr£id<) m}^ mf^^ áefAi- 
tialtoyuía, tiene eíactaw0<^te el lipo^jde If^sflior 
«ias egipcia^/ ^ 

He tratado de deiñoatrar, $)pf qaedíp de e^ 
ensayo, que por razón de las analogías quej^ift- 
ten entre los monuoieiitos egipcios y los mexi- 
canos, es de* inferirse que ícaii^pcas remftt^sbur 
bo f elación entre dos contíftent^s. separados por 
la inmensidad del Océano. No &é i^i habré oami- 
inado acertadamente en (Hais compsraqione^; pffpp 

* En el Perú se han hallado algunas momias que jus- 
tamente llaman la atención de los europeos por su iden- 
tidad con 'tes egipcias.^— {!1 ^inieteiio^de iFomento xom- 
pró un hermoso museoyucateco, en elcual se adiniraíMai i 
algunas bellas figuras d« barro, ejecutadas con >maestiiia, 
y que revelaban exactameínte eLtipo de los bafaitanites^ 
la India, de la China y del Japón; pero^desgcaciflfjflTnen- 
te este museo desap^reeióeii }avépoca.de la iateuFeaoioii 
francesa. ¡Quiera Dios que lo apróveche la cienoiiil 



329 

si así no fuese, mí patria tiene hijos sabios que 
sabrán dilucidar dignamente tan importante cues- 
tión. Por mi parte, estoy firmemente persuadido 
de que si los pueblos que construyeron los mo- 
numentos americanos no venían, directamente del 
Egipto, por lo menos eran descendientes de otr^s 
pueblos á quienes los egipcios trasmitieron sus 
conocimieatos. ¿Qué pueblos fueron? La craneo- 
logía y la etnografía comparadas resolverán, sin 
duda alguna, Isi cuestión. 

Al dar á luz el presente estudio, me ha guia- 
do principalmente la idea de hacer que se fije la 
atención de los hombres pensadores é ilustrados 
de mi país sobre un punto que tan importante es 
para el esclarecimiento de nuestra historia anti- 
gua. Todas nuestras ruinas ofrecen al hombre 
estudioso vasto campo de investigaciones, por 
cuyo medio quizá podamos algún día revelar al 
viejo mundo un misterio que hace tanto tiempo 
lo preocupa. Casas ^Grandes, Teotihuacan, Pa- 
pantla, Xochicalco, el Palenque, Uxmal y Mitla 
son el eslabón que une la historia de dos conti- 
nentes; lo hallaremos, tal vez, removiendo esos 
escombros. . 

México, Julio de 1870. 



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PIRÁMIDES DE EHPTO. 



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RUINAS DE LA. ANTIGUA TOLLAN. 



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A XI QOEIUOO ÁltGO JOSE HpSA^. 



i! 



. .\No obstante: la amenidad del sitio que ocupa 
la! villa de Tula^ ü pesar de los risueños paisajes 
qpé la rodean^ embargaila tristeza el .áñixáoidei 
viajero que llega ante sus muros' 4 fin, de conocer 
las rdiiquias de un pjiebld én ptro tiempo -felk y 
poderoso^ restos iprecípsps que, como medallas 
histórioas de la ay^nzada cLvilizadión tolteoa^ yá- 
.«en esj^cidos Bwiak láldaff de las colinas) ó ^Ur 
biertas por cáhumusi^ejiás campiflas. Al recor- 
xer aquellos lQgaFasyiqu6(fueroá á asiento djB Ja 
antigua ToUán, n0>aiuy dists^tes de la población 
moderna^, ya sea póf la' preocupación del ánHnb, 



' 332 

Ó porque efectivamente la presencia de aquellos 
restos den al lugar un aspecto desconsolador^ el 
viajero experimenta un pesar^ cierta melancolía 
mezclada con el ardiente deseo de la investiga- 
ción; los montecillos de piedra, solitarios, que 
como puntos de defensa se elevan sobre una ex- 
tensa colina; los monolitos que representan es- 
beltas, columnas ó estatuas. derj:¡ibada6,' y en su 
mayor parte ocultas por el terreno, y la multi- 
tud de piedras encaladas, trozos de obsidiana y 
figuras de barro regadas por el suelo, todo im- 
prime al lugar un aspecto triste y de desolación, 
de tal manera, que parece que todos esos objetos 
y aun el mismo terreno no reflejan la brillante 

luz del sol sino pálida y amarillenta. 

La moderna Tula, villa y cabecera del distrito 
de su nombre, eh.el Estado de flidblgo/cuya po- 
idpídbn no llc^a hoy i mil ]iab|tánies, se baila 
situada á diez y nttetve' leguas ND^tedéda ducb(l 
de México, al pié de maos cirros^ ^ bafiada por 
ios i TÍOS grande ' y ohioo )de Tula, eiñépdola el 
fjká&to poír el E/ y N., y Ünoátánüola el s^ok 
do por el Poníeute. iELteiirano,{K)Bla parte avien- 
tal, se extiende fbrnaahcb icúnas -y coligas qw 
mcBsivimeoXé van ad^olriendo diáyor «Itüra; jr 
seehalla circitiidado por otms eníiaenciad más 
ooíisiderabliés, tales cako el o^rpdiá Jicuü(^por 
al N«, el cual, visto desde Tula, aparece mnsu 



333 

«stprichosa^có^bre esférica^ sostenida por eohitti^ 
Has al •parecer de foróiacion basáltica; ál N. B. ^ 
E. las^^ ii!i4)intáflas deTíáhtielílpan y deBdjaij Graxt-^ 
de^ sobM 6uyáÍ8'í6áinad agoto ¿li eú lontananza lofs 
famosos monolitos ú: órganos de Actópáíú- qué 
dan al paisaje una harinosa perspectiva; y. por el 
Sur, la suce«gion de cerros que separan el 'valle 
de Tok del >á^ Guaütitlan, y sobre los ouáleá 
dbseoelkueiiambdo o^ro del Sincoque^ al coa) 
y*> me afreveria á llamar, además, ceito Hnttw 
boldt. Encuóntranse etilos derros inn^diatos álá 
población: por el N., el del Tesoro; por el N:0.; 
el de Magoni G-rande, y el cortocido con el nóiti^ 
bre de la M^tinolie; por el S. E., el del Ocatej 
per el S. el del CuDmriOy y por el O. el Cielito. 
Todas e&tas! eminen^ias^ se ligan con otras de ta! 
soerte^ ^oe parecen inférmhiables. 

El río di» Tuk^ que es el nQiismb qne conoce'-* 
fiaos con el nombre de Rio del Desagüe de Hne- 
hn^toca, correí de Sar á Norte, y eási á orillas^ 
éb la poblaeion, por la parte oriental, se desvia 
al Poniente para volver poce después ¿ dirigir su 
curso al Norte al recibir las aguas del rio cbico 
que dbscéende dS^las montafiais de Deicani y Xint^ 
deji, sUuadaa al Poniente de k pobkeion'. Limn 
tar^ el leeko det tío én su eurso báciael N. póf 
c^íipfé^ Aei* ei^wdtí cerré» de ^fagoni V porel ddí 
T^0ro> y áóflílíi^éadb pot el hérinosb follsge d^ 



334 

los ilamos^ fresnos y otros árboles que en sus 
orillas crecen^ adquiere ua poétioo aapeeto que 
de tal manera seduce al viajero^ que instiotÍYá- 
{Qente continúa su paseo sin desviarse para. nada 
de aquellas márgenes tan pintorescas .y amenas. 
; La población ocupa el espacio del ángulo qile 
en su; confluencia forman los ríos grande» y chico: 
eliaspepto que presenta qq surednto es desagra* 
dable^ así por sus casas^ que en lo general son de 
un solo piso^ como por el carácter de su almenado 
templo^ que aparece mas bien como una fortaleza. 
Pero estas impresíoúes desfavorables se tornan 
en sensaciones gratísimas al obáérvar desde las 
alturas del templo el panoraooia de la. población, 
interrumpido por numerosos huertos que antes 
se escondían á la vista, tras 4e los n)uros de las 
habitaciones: desciúbrense, en seguido téraiinp> 
hermosas calzada^, sombreadas poü el follaje de 
los árboles^ .entrpílds que Uamaniat atención por 
su sinaétrica fprma un fresno corpulento; y por 
último, la yista puede dilatarse en las hermosas 
campiñas y eminencias que las limitan. 

La iglesia parroquial es de sólíida construcción, 
formando un ixotable contraste elei^terior de ella 
con síu interior. £^tei(iormente -no. guarda en so 
arquitectura órd^n, ,f^lg^ílo:. I9 ¡f^cha^i ,ó' frontis- 
picio,, que 9iide.2§/=ní$itri(W;de alter*; efe^deá^uj^ 
Wal gusto, revelando apopas üi>o»q^fte:Otro (Jetall^ 



• 385 

SU carácter religioso. Los maros^ asi de los oos^ 
tados como el queiQorrespoi^de á W ábside dertem*: 
pío, son iflás.bien propios de edificios forti&c«< 
dos: frece gairítas ó bastiones en tomo {de lá hóU 
veda, rematan Ibs coatraáiertesi'de loSímui:oíí>i 
Ikoiando los espacios entr^iiads y: otrasnimititad^ 
de^ahaeñas. El interior ésnotable^por^^ aáeof 
por la constrncdidn de la bfiveda^' que' forma ¿on! 
sus . ancos combinados pritoorosaS:' labofretí de'^s-^ 
tilo gótícd. A la entrada del t^mplb se leo en el 
mnro de la derecha 'esta in'spripciont'<(Lb parrb^' 
quia; bajo la advocación de San José, se cónclW> 
y<5 en 13S3.i> - ' b 

:' fin^Mayo'de 1844, Iberia- dio á luz una acaban 
da descripción de este templo, en los térininos> 
siguientes: - •-' ' '•::'!•.■!:■•, . /- •■:■ • :> . .^ 

. «La villa de Tula, situada á diez y riuevie le*í 
giías N. E. d^ Mé3áco> tíÁae por iglesia parroquial 
un templci que íü^ cbnvenCiOide rdligÍ9^os^ de San^ 
Francisco, el cual, así. cbmo: todos ;lbs que hay dd 
esta Orden enlaRepúbliea^ está cbustruidocpü la; 
airquibecturapi^piapára servir también dafortale- > 
za; pero ninguno he^istó que manifíesteiántó coolo) 
éste: el ásp(3cto de un castillo, y en que se Jiaya pues- 
to, tal cuidado y Iprolijidad para cubrir i&üs flancos > 
cpQí>toift*es'y garitas, para doblar las líoéas-de áe*^ 
f«fl¡^a!y para haóe^lo de'UQaRrdar^a^oaaoftoijcabeí 
mÍA fn^poifám^i Su JArgé-es d« sé&enta-varaKf 



338 • 

easteUanaé, su* aackD: de^qiünce y sú aito de trein- 
(r. ed espesor de lad^paredestieae dos^ y mediad 
YttaÁy el oual es el mismo desde Ib alto á< abajo' 
deeliás/y por la parte exterior eiMn cuisiertad 
totelmeirte de un rem^onienio-db piedra de can- 
HdTSA mipevim^; cortada ei^< cuadmloagoe perfectas 
me&ta labüaKks y pulidos^ quid fct la bise del 
templa tíetaen hasta^ tiíes! oüartas cada pieza, y 
lisego (^üDiüüyen áiei laniaQo insien^teiDente; 
de modoqi^jbs másíaltoa son de una temía: las 
hileraa dé cal' don* que estóa pegados son muy 
del^ada8> y se maotíeoen casi intaciias^ déspués^^ 
de doscientos ochenta y dos afios cpi^lle^^aií^de^ 
pue&ítas,. puea ségiuii< dos iúscripdooes qfcSá esüán 
em lá iglesia^, y los^ infonaíies qué me híai dado el 
seDor cura D. José María Ruiz de Velasco> füéem^ 
pesiada el apo db 15SB y acabadk eb el dB 1K61* 
<i P interior del tqmpWqo' tiene cosa notable; 
pero si S8 fija' la ateneibn^en la pintuvaide ld& sáti^ 
tels qué sBihalIaüeni los altaras^ se^déduéiPqueiloi^ 
pihtpres^ioBTdnídBbtaenos cbnoeimiéntos y ejeeur 
oion> aégiin la r^tlaridad^deilos tctteosy lo bien^^ 
edocado» de las sombras; lasi doé (^piilasi anexdi^' 
soB obras posteriores^ al templo^ muy ii|feri<^6ií 
en)todb. Beliotm lado del |frau4d[ édifidí^ seMa^ 
Ua¿ los ckiH^^ds^rqúe: hoy estímeasi ^rruitiad^ 
ylk^potoquerseniantisneea pié^ ¿coisíta úeM- 
peqDefld'patíe rbckiador lié üúi poütílio baj^o y 6ti« 



J 



337 

eoeíma de 4l> sumamente estrechos, y que son 
oema e\ c^itÁt^ de un-íabeíitrtó de celdas/ de 
pasadizos y escaleras^ todo tati isUBgosto, tan ¿om- 
plicíido y tan oscuro, que etf • toíichas partes es 
necesario ir á tientas. 

* '«Eíi contaste que fijrttia todo esto con lá ele- 
gancia y suntuosidad del 4éaipb;' me ha hecho 
cwer^ué tal eatreehez' ha áido calculada al inten- 
té dé la austeridad religiosa, 6 de tio embarazar 
los medios de defensa. j- 

« El atrio, en forma de un cuadrado, cfrcundái 
á lodo lo que se ha dicho, y su elevación es de 
elüco raras, contando con el muro. Esta obra es* 
á mi juicio, tan célebre eomo la Iglesia, pues el 
cnnro tiene ochocientas varas dé largo, y el ter- 
raplén ariifioial sobre que está, no baja de uñ 
iDillbci d^ varaB cúbicas; cirotinálancias todas que 
dánf «nmérito eístraordítvarítf. á este edificio, aten- 
diendo ¿lo recieirte que estaba la conquista cuati- 
do íué heoho, á la escasez de operarios espalioles- 
que naturalmente habia enlónées* y al Itrjo y mi* 
nuciosidád de í^u manufactura;^ 

r Hay en los archivos de está parroquia porción 
de ^efl¿rHu[ra&, de testamentos y de otros papeles, 
aTgudos escriíosi e® idioma merfcano, muy cor- 

♦ Olvidó sin duda el Sr..Ibem,. giufi^para eala clase 
de obraa se servian los españoles de los mismos indí- 
genas. 

(Urcía-Cübas.— 23 



338 

rectos seguQ la opinión de diafao s0(ior cura; de 
modo que pore^tos daíto; y |>or:Io9que se> han 
referido^ los religiosos fundadores fueron hom- 
bres de grandes virtudes y coiiocimien.tos, prór 
pios para dejar á la posteridad las señales del 
genio oíacizo^ constaate y^ en^prendedor' que ta- 
YO la Espafia en aquella épooi.a^ v : 

Los terrenos de Tula¿ regados por los ríos ái^-* 
tes mencionados y por dos manantiales^ idef los 
cuales uno nace en el pueblo dé.Tepatitlan^ y otro 
de agua salada en las cercanías de la cabeeera^ 
son fértiles y producen maíz, trigo y cebada de 
buena calidad, artículos qu0 rinden cien cargas 
por una de sembradura. ^ • . 

A la entrada de la hermosa :-cakada> limitada 
por hileras de frondosos árboles, y en la cual se 
encuentran las primeras casas deja poblskcion, 
existe sobre el rio grande un |(üente de si^^lida 
construcción, en cuyo centro ?e eleya'una ma- 
ciza püastra que contiene la siguiente in^scrípcíon, 
que copio con su propia ortografía: 
' « Reynando en las Españas la catol. njaj. del 
Sr. D; Carlos III (Q. D. G.) y en esta N/Esp.» 
el Exmo. Sr. B.^ Frey D. Ant:® Bucarely Birrei 
de ella y Alcalde Mayor de esta Prov. el cap. D; 
Franco Martínez Bravo, siendo actualmente cura 
el Sr. Presb. D. Onofre Gil Barragan á cuyózela 
se devé la f abe* de este puente y á la exactitud 



339 

de los diputados de este pueblo^ dando los ma- 
teriales el Becindario y el Sr . Conde deYalparaíso^ 
marques del Jaral del Berrio cap. del orden de 
Santiago del consejo de su mag. in el de hacien- 
da y contador decano jubilado del tribunal y real 
audiencia de cuentas; contribuyó á todos los de* 
ñas gastos hasta su conclusión que se yeríñcó 
en 8 de Abril de 1779.» 

La cria de ganado vacuno^ lanar^ cabrío^ de 
<3erda y caballar^ es de importancia en las ha- 
ciendas y contornos de la población. 

Etitre los animales salvajes se cuentan los 
leopardos, gato-monteses, lobos, coyotes, yeh 
nados, liebres y conejos; éncuéntranse además 
tuzas, conchuelas, paGhf>nes, ardillas, tejones j 
tlacoachis, animales que notablemente perjudi- 
can los sembrados. 

Las principales aves que habitan estos lugarep 
son: cuervos, quebrantahuesos, tórtolas, gavi- 
lanes, águilas, tordos, golondrinas, gorriones y 
calandrias. 

Entre los reptiles se enumeran las víboras dQ 
cascabel, hocico de puerco, coralillo, culebra^ 
y alicantes*, las tres primeras muy venenosas, 
pues su mordedura causa la muerte á quien coa 
brevedad no es atendido; lagartijas, escorpiones 
venenosos, camaleones y sapos. 

Insectos. — Tarántulas y arañas Venenosas, 



340 

principalmente la llamada capulina, avispas^ za«- 
oaton, abejas, mariposas, chapulines, mosconas^ 
cochinillas y hormigas. 

Se hallan smjetas ala municipalidad de Tula 
las siguientes poblaciones, ascendiendo en toda 
ella la población á 5,063 habitantes que hablan 
el castellano y el otemi> dominando esté i^tim». 



IiOOALIDADBS. 



Tula. 

fian An^apio Tola.. 

Saa Miguel de las 

Piedraa 

XocbStlan 

8«B jip4róB. . . . 

M Huerto 

SAC^müpa 

3oi4Ínt¿a 

Bl I4aQo 

San Lúeas 

Santa María Ilacan 
San Miguel TJnido. 

SanMárcoa 

Molino de Jazo. . , 

8aBlx>reiiso 

Santa Ana. ..... 

Miobimalova, . . . 
San FrancMCo. . . . 

Bojay 

Pengut 






Villa. 
Had^. 

Pu^bl^. 



Barrio. 
Pueblo. 

Banrio. 
Pueblo. 



Hacien. 
Pueblo. 



Hacien. 






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1 ), 




1 „ 


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Sfi&ta 



, 772 
897 

IdO 

187 
161 
366 
$90 
335 
361 
71 
000 
919 

526 

^1 
181 
419 
200 
37 
97 



5.083 



IDIOHAS. 



■^^T^^'í'V^»" 



Castellano. 

OtcoDi. 

ídem. • 

Ídem. 

ídem. 

I4eiii» 

ídem. 

ídem. 

ídem. 

ídem. 

ídem. 

Castellano. 

Oast 7 otoBií. 

Otomí. 

ídem. 

ídem* 
ídem. 

Ide^i* 



Todo lo que antecede tltf á conocer geográfica 
y estadísticamente á la poblaciom nioderna de 
Tula; trataremos en seguida de la antigua ToUan. 



. j 



34( 



La historia antigua de México^ tan ^ntei^esante • 
por sus fastos^ tan bella por sus tradiciones^ y 
tan poética por sus episodios^ ya se la coniMilere 
reitcioüada á las domas ftadoües de k tierra^ 
ya c6mo perteneciente á la. de un pueblo auto- 
toua^ es de suma inJportancia^ y bie£i> meretíe^ 
por isixdo, el distinguido lugar que la Sociedad ' 
mexicana de Géo^afía h ha fijado en sua anales. 
• Infruotoosibs han Bido hasta hoy las investiga** 
cioa^s de los sabios que de han ocupado en la 
inüeresantísima óuestion de la procedetida de laá 
razas que poblaron la tica y vasta extensión del . 
Aüáluiac. Tratando unos de asimilar las anti- 
guas tradiciones de aquéllo^ pueblos al sagradé 
texto de la Biblia^ y empeñándose otros en de^ 
ducír ese origen de analogías más ó menos pro-^ 
bables/ todos las hacen proceder del antiguo 
intíndo^ pero sin poder precisar el lugar que díó * 
origen á la emigración. 

Gaeifetidn ardua y muy difícil es esta^ pues con 
la IxEL de la hoguera íios sumió en la oscuridad . 
el ciego fanatismo de un hombre. El obispo . 
Zatnárragá> al entregar á las llamas los papi- 
ros indígena^^ preciosos monumentos arquep^ló^ 
gicoife, sepultó quizá toda la historia de un ptie- 
blo en el insondable abismo de la etertiídad . 



342 

Desde las orillas del Oila á las del Usamacin* 
ta^ encuéntranse esparcidos en nuestro territorio 
restos de edificios^ cnya importancia^ así por la 
con^truccíoH de estos como por las bellezas de 
8U onato^ va en aumento del Septentrión al Me- 
diodía. Coecillos ó Tlateles^ pirámides y fortifi- 
caciones^ templos y suntuosos palacio^^ son otros 
tantos monumentos que atestiguan una civiliza* 
cion muy avanzada^ y constituyen las huellas 
que en su peregrinación un pueblo dejó marca- 
das. Esta circunstancia, muy notable por cierto 
y las analogías que continoamente se presentan 
al emprender el estudio de aquellas razas en lo 
poco que poseemos, corroboran la opinión que 
he admitido de que los primeros habitantes de 
México procedieron del Asia. Respeto con toda 
sinceridad ajenas opiniones, tanto que seria el 
primero en aplaudir una teoría que destruyese 
mi error. En las investigaciones deseo, libre de 
toda preocupación, la verdad histórica, y á falta 
de datos auténicos admito por precisión el medio 
de las analogías^ poderoso resorte de la historia. 

Solamente basando nuestras investigaciones 
en los caracteres geroglíBcos de las rocas ó en el 
aspecto de los monumentos, y escudriña^ndo la 
lóbrega cavidad de los sepulcros, quizá nos sea 
dable con el tiempo lograr la resolucfon lie tan 
arduo problema. 



« 



343- 

Los toltecas, que isegan la historia fueron los 
pobla<3óres más antiguos dé esta paHe del conti- 
íiente americano, después de' los Olniecas y Xi* 
(Palancas, conocieron, á juzgar por la relación de 
Ixtlilxochitl, la creación del mundo, el diíhvio, 
la erección de la torre de Babel y la confusión 
derlas lenguas. Teriian por seguro que el mundo 
había^ sido destruido tres veces, y otras - tantas- 
regenerado, llamando á cada destrucción edad» 
ó apagamiento del Sol . La primera sobrevino por 
la catástrofe del diluvio, y la llamaron edad del Sol 
de agua; la segunda por un huracán ^ y la dieron 
por nombre eda,d del Sol de aire, la tercera por 
un terremoto, y lá llamaifen Sol de fierra, y 
ei^pejcában, por último, la destrucción del mundo 
pí)rmiedio del fuego. 

, Intenitando usurpar el poder al legitimo here-- 
deroáel trono tolteca, dos nobles de estirpfe real, 
llamados Chacalteih y Tlacanuhtzin, despertaron 
la* ambiciones' de sus ad¡ot<>s, y de esas disen- 
siones políticas íresultó el dfeoretó^de su destierro, 
qü^í llevóse á efecto-hácia el afio'439' de la era. 
cristiana, primero dé ^su peregrinación hacia estas 
regiones. La reiaeí^ü histórica señala por punto 
de píirtida. la ciudad de Tlachieatziñcan en la re- 
gión de Hijey Tíapalaft^ sin precisar la situación. 
de la oiudad, dando «olo un indicio de tal región 
en la confluencia de los ríos Gíla y Colorado. Las 



344 

hipótesis^ las caojeturas^y el vívísíoh) deseo de 
conocer el orígea de un. pueblo qu^ qob :6frece 
una historia llena de interesantes detalles^ son U 
consecuencia de aquella omisloa por la absoluta 
faltare datos. 

Aquellos caudillos seguidos de una multitud 
de sus adictos; y guiados por el asitrólogo Hüe^ 
matzio^ emprendieron su peregrin^^eidn fundando 
pueblos y ciudades, sin encontrar por largo tiempo 
el soñado lugar en que hablad de« poner los fun- 
damentos de su imperio. 

Después de recorrer sesenta leguas llegaron á un 
lugar que dieron por nombre Tlap&lantobgo y en 
donde permanecieron tres aQos; de Tlapálantoogo 
pasaron á Hueyxalan, distante unas setenta Uguas 
del anterior, y allí perraaneoieron cuatro a&os, y 
así sucesivamente continuaron m peregrinación, 
deteniéndose en Jalisco ocho a&os; enGbimalhuar* 
can, seis; en Ateneo, cinco; en TjúixpaBí, dnoo; en 
Quiyahuixtlañ Anáhuac, seis^^en Zacatlan, sietej 
en Tutzapan> gtisieo Tepetla-, ocIslo; en Mataiate* 
pee, ocho; enZixihfiohua, oqhojenlztaouetsücha, 
veintiséis; en Tp.lantziooo, diez y seis, y en To- 
Uan, donde defínitivan^nte fijarob su t'esidencia. 

Nmgun lugar parecióles inftslBQQyeQie&tB para 
fundar la ciudad que debierfl(;ser! la capital de su 
nación, que el que. abraza las herntloste y feraces 
campiñas de Un valle cercado por sierras que en 



nada oedian á aquellas caí fertilidad; El ^speoto 
del m^lo, regddo por uq ríooaudalaso^ Ids? sedujo^ 

- iDui^aQtQ los pHmeí'os; ^eis añosF de sa periú^ 
nencia en ToUan levantaron templos y edlfioioiá^ 
efflÍ}elleqieado los pcíihero» ^ltefío^mexlte don 
adornos de oriO y pí^drae^preciasas, y los segim* 
dos con huertofj; panqués y jardines* i/ 

Estabieoidod ya y: temerosos de ser molestsidos 
por los ChÍGfaiínaéQa&;, tribu, salyaje que habitaba 
las regiones ínme^iaías al Panuco y HueoLotla/ 
convinieron en dirigirse á aquel mqníircá en So- 
licitud de uno de suu hijos, h fin de elegirloiey. 
Está primera resolaaioa que produjo el deseado 
fin/ pn^ jurlIaioetMí^: aon el favorable resultada 
oblfUVl^roli del^iuoadraa' chichioiéoa la promesa 
de que jamás serian molestados por él ni por isufr, 
doscendiente^^ Herokba desde luego la astucia y* 
sagitfid&d que ^caracterizó después á la nación 

tc4tacá.'.: ; . . :e: '■•: < : ' * 

^A^ño fiB7i\ Jtiraiíí>apor rey al príncipe chicfaEiK: 
mpca^ que d^&sÁ6 .«atánces Uevó el nombre dei 
Ghaldhiuetla»9t2Íui (piedra preciosa)^ y por; reina' 
ák: hija de á^a^iátJtit^n/i.aafiór.toltecáy la msi- 
dieron á aqqel.^pr eápio^a^^ Con este rey empidzá 
el catálogo de los monarcas toltecas/ y áppnjarse; 
en práctica ilaieiy dolsuceeion que fíjáb& al i^ei- 
nado dé cada uño: de/aquellos «1 periodo ide 52 



346 

m 

tííQs,, previniendo además^ qne sí el monaroa 
moría antes de teírminar sa reinado^ gobernase 
la República por el tí«ÍDpo que faltase, y es|»- 
rado. éste entrase 4 regir los dostinos del país 
el legitimo sucesor. 

. Es de admirar que todos los monarcas tolte- 
eas^ en su reinado^ cumplieron el periodo^ y uno 
de ellos^ Mitl^ lo excedió em siete afios. 

Muerto el primer rey casi al cumplir los cin- 
cuenta y dos afios^ fué enterrado con todas sus 
insignias y haciéndole los mayores honores. 

Año 719. Ixtliqqechahuac 6 kaeáteblatl^ co- 
mo legitimo suceFior^ subió al trono^ y en su rei- 
nado prosiguió el pngrandedmieato de la Na- 
oion> y á éste sucedió el priiícípé Huetzin. Po- 
co antes (año 77 i) de la muef4e de Ixtlilque- 
diahuac^ el astrólogo Huetmatzín^ en sus últi^ 
mos dias coleccionó «i inn gran libro que solla- 
mó Teoanioxtli ó libro divino; los ritps> sacrifi- 
cios y ceremonias del pueblo tolteca^ las leyes^ 
máximas y sentencias;, catalogo dé rey es^ysefk)- 
res¡, los preceptos astrológico», artísticos jr eién- 
tífíoos; en una palabra>tódo$;los^ soldeos prós- 
peros y adveiísos, formando ^^é^esiái manera la 
Ustoi;ia d^ iuquel gran puefalo' cuya tuina igual- 
mentet^predijó» : ^ :i : :; .. • i u 

\Añ6SQ5. A la muerte deHpetáh heredó el 
trono su hijo i^Totepeuh, cuyo rtínadb fué nota- 



i 



347 

ble por la paz y tranquilidad de que disfrutó la 
nacíoh . A Huetzin sucedió el príncipe Necaz- 
xoli (año 87 S), y á este su hijo Mitt, q1 tíiás sa- 
bio de los reyes toltécas, durante cuyo reinaáo 
U^ó á su apogeo la monarquía. Sabio y pru- 
dente, dictó leyes memorables y extendib su' po- 
derlo á muy grandes distancias; fundándose en- 
tonces villas, pueblos y ciudades, entre las cua- 
les sobresalía Teotihuacan (lugar de adoración), 
que existia ya/ y que siendo como era eb gran 
santuario de los toltécas, superó en grandeza á 
Tula, por sus templos, monumentos y poder, 
Teotihuacan no solo era notable por sus edificios 
. y extensión, sino por sus elevadas pirámides, de- : 
dícadas, la mayor al Sol, y la menor á la Luna, 
y tal Tez los innumerables tlalteles á las estre- 
llas, si se atiende al carácter emblemático del 
pueblo que nos ocupa. Estos monunoientos, se- 
gún manifiesto en otro artículo, eran> en mi opi- 
nión, tumbas y altares. 

Para contrarestar la supremacía que sobre: la 
capital habia adquirido Teotihuacan, Mitl levan- 
tó el grandioso templo de la Rana, diosa de las 
aguas, enriqueciéndolo' en su interior con ador- 
nos de oro y piedras preciosa, y con la escultu^ 
ra de la diosa, hecha de una esmeralda. En To- 
llocan se construyeron palacios, cuyas piedras 
labradas representaban por medio de geroglíficos. 



348 

los más notables- hechos de la historia tolteca. 
Análogos pfiklacios se edifícaroa en Cuáunáhuac 
y en otros kgiites á quede extendía su poderío» 

Los toltecas sobresalieron en las artes y eo 
las ciencias^ y eran tan diestros en aquellas^ qoe 
muchos iat^pretan la palabra tolteca por aürtí&- 
ce^ aunque lo máSrptobable es que signifiqae na^ 
tural de Tollan. Futidian el orb y la plata, ha^ 
cíendo de estos metales curiosos objetos; talla^ 
ban las rocas más duras y lapidaban las piedras 
precÍQsfas« Igualmente sobresalían en las deudas^ 
comt) 1q acreditan sus trabajos astronómicos que 
les di6 por resultado el exacto cómputo del tiém* ' 
po^ y el ^ual fué calificado por el ilustré astrd* 
nomo La[)laee^ de original. Dividían q1 año en 
diez y ocho periodos de veinte dias^ agriaban 
al fin oiüco dias complementarios^ llamados Tie^ 
monteni (inútiles)^ completando ast los 365 dias 
del año solar; mas ootíio este excede al periodo 
de 365 dias de poco menos de seis hóras^ for^ 
maban su siglo de 52 afios que llamaban Huih- 
malpia> ba2 ó atadura áé afiós, y la edad ó ve* 
jez (Huebüetilixtli) de 104^ agregando á estos 
25 dias/ de lo que resaltaba solamente un diade 
diferencia cada 538 ^os. 

La agricultura prosperaba^ dedíóándose profe^ 
rentemente los toltecas al cultivo del maiz, chi-^ 
le^ frijol y otras semillas^ asi como al^ del algo- 



349 

doB^ de que obteman tan|;o provecho. Las mvt- 
jeres hilaban y tejían con él mantas lisas^ aaar- 
gadas y afelpadas, con. dibujos y figtaTa& de i co- 
lores, , ■—-•.. .. • ! . ". 

En la arquitectura, los tdteca&eran notuy diesr 
tros y construían, sus ^ificios con piedras labrar 
datSj unas veces sobrepuestf^s y X)tr as unidas eon 
finísima naezclá; perpetuaban sus ana&sp^oaie** 
dio de sus caracteres geroglíficos, y en fin, en 
sus leyes, en- sus usos y Qpstumhfes décnoisítrai- 
ban la muy avanzada civilización d« uri gviñ 
pueblo. 

En sus ceremonias religio^s . excluían los sa^ 
orificios humanos, con excepcip» de loa. que prac- 
ticaban en honor de Tlalotl, dios de* hs aguas, 
que adoraban en la cumbre de una de Ms más 
elevadas montañas 4^ la Sierra Névadar al Esté 
de Texcooo, y de TQjfiReatequhtli, sacrificando 
al primero seis doncellas, y al segundo un ¡cri- 
minal que era destrozado por las salientes pun- 
tM de dos ripeas giratorias. 

Las leyes prohibían la poligamia, y según elk 
los monarcas no podian contraer nupcias ipor se-* 
ganda ye^, y tan considerado era el valor en log 
hombres como en las mujeres «1 pudoc. 

Una sociedad quacomola de los teltecas fün^ 
daba su estabilidad «n el respeto á la ley, eo*- 
mo lo demuestran sus usos y la sucesión legíti- 



350 

ma de sus reyes, no podia menos que ser feliz 
y poderosa. 

La sabiduría y la prudencia fueron la guía de 
Mitl en su reinado, y por merecimiento de tan 
grandes cualidades sé quebrantó por primera vez 
la ley^ prosiguiendo aquel en el trono hasta el 
dia de su muerte, que acaeció 7 afios después 
de espirado el término de los 52 afios, y por la 
mismíá causa siguió gobernando la reina viuda 
Huihtlalzin faño 98QJ, con la aquiescencia de su 
hijo 'Bscpancaltzin . 

Muerta la reina Huihtlalzin, cuatro años des- 
pués, tomó las riendas del gobierno el principe 
su hijo, en cuyo reinado empieza la decadencia 
del imperio. 

Un noble tolteca, llamado Papantzin^ habla 
descubierto el tnedio de extraer el jugo del ma- 
guey ; y deseando hacer á su soberano un presen* 
te de eselioor, se hizo acompañar para tal ot)jeto 
de su hija, nobihsíma doncella, tan hermosa co- 
mo su nombre, pues se llamaba Flor (Xóchitl). 
Preséntase la dama y ofrece al rey aquel regalo, 
que agradó sobremanera al soberano, no tantp 
por el obsequio, cuanto por la bella dama que lo 
ofrecía. Desde luegp concibió por ella una pasión 
violenta, y solo la meditación de un plaú para con- 
seguir sus fines preocupaba su ánimo. Despidió 
al padre y á la hija, pero instándoles á que repi- 



351 

tiesea su obsequia^ y que al serle de nuevo pre- 
sentado^ lo füesiB solo por la hermosa Xochítí : 
Volvi6 ésta de auevo al abázar real, pero ya üo 
regr^óá' su .hogar. Sedueídaipor Ibs halagos y 
ofertas del monarca, hubo de ceder á sus instabt 
cias y resignarse á vivir en el lugar de recreo que 
le destinara el rey, quien, para ocultar sus mlias, 
envió á decirá Papantzin, qioe deseando unii^ á 
su hija con un Tey su vasallo^ la habii puesto 
bajo los sofícitds. cuidados y educación de una 
matrona • Pasó algún tiempo; y ya fuese por sinsK 
plesL sospechas ó póp el deseo de ver á su hija; 
Papantzin se resolvió* ¿inquirir el paradero dé 
ésta. Tras de largas^pesquisais y valiéndose de iá 
seditocíon, logró al. fin su objeto, penetrando énl 
unos jardines, donde á la sazonise hallaba la da^ 
ma con uanifio en los brazos. No cousíd tienda 
en k deslealtad de su rey, dirigió á su hija estas; 
palabras: ¿Acaso el soberanüte ha puesto aqut 
para que juegues con niíios? Avergonzada y tré- 
mula confesó ésta su debilidad, y el noble Papau-^ 
tzin resolvió desde luego dirigirle á. pedih al ^ey 
satisfacción^ d6 sil afrenta. - 

Al dia siguiente, al acabar de escuchar Tec^ 
pancaltzin la ¡queja del anciano,' le consoló ofre- 
ciéndole que no tomaría' esposa, y que el hijo de' 
Xóchitl (que había recibido ernombre de ^Méco- 
nétzin, ó sea hijo del maguey), seria su heredero.' 



36S 

Al espirar el término de los cincuenta y dot 
aflos de au reinado^ Xecpancahzio eamplió so 
ofrecimiento^ haciendo jurar por rey á su bijo 
natural Mecónetaán^ quien tomó el nombre de To- 
piltón^ y fué la manzana de la diaeordia én el r^ 
uo tolteoa. 

fllcoae notable el reinado nde este principe por 
la bondad de au gd^íerno en los prímeroa afi08; 
pm su disipación y tída diao^utl en los aigoieo* 
tea, 'y por las eaoiérgícas y acertadab dtaposidoiies 
que en loa últimea afiop dictó, á ^ de Ireparir sos 
faltas. Su conducta desarreglada centaminó ato- 
dts \9» claaes de la ^oiedad^ y el desenfreno faá 
tal> que loe sacerdotes^ a pesar de tu voto de cas^^ 
tidad, vivian públicamente eoii las damas pmd^ 
pales: el vicio y los mapres escándalos r^Dabü 
por todas partes; desorden que natuiralmíente ÜM 
pfQcipi1{aridí> rápidaobente i la naeíon en nn alte- 
rno^ taoto c^QBO antes la iudnstria]^ el trabajo y 
e) reapeto á la lay la habían elerado 4 $u cnay^r 
eaple|ndor. 

A ' esté príficipio inevitable de decadencia del 
pueblo^ se siguieron algunas calanidadés cotoo 
un justo; castigo de sus delitos: uu^ veees el 
CÍ9I0 d(^rrai»ó abundantes lluirfas:que anegaron 
laft tiprras^ perdiéodose las caseehas^ y otras pn- 
viAdote de ellas^ de tai suerte^ -ique mua espan^ 
tosa aequíi^ unida á los abrasadores rayos d^ 9Á, 



353 

anfwoaroft )fls,ffliese$ y aup.las «eroilfes quegnarr 

ni>Ma<M^,ít'^^y^^°'^'^^^^\^^ la ley con 
1^ ^$^iq|(Mi. áe,,TopiUií«i: ÍDy«4i«r«n..oo»;,iHí 

gf AQdd 0j éUsito ftoUaoíQo^sbiÉld ^dMótiisio de esté 
ix)t0|i^j6S(: :^98 |»l4br^dn>^eaa9o«b: }qs nobfós 

ni. los ti^oB pi^iijéntes qoe.iea Qflml^ de éste le£> 
ofrecieron, imron bast^cttes á hao^ de»st|r á lo» 
iBv;3tspre8 de su intento; .á)i;tes.bieQ proaiguíeroa 
éstos 9u.iBarcJia basta penetrarven elrmmto de 
Tula. 

Infriietjioaia fué h cqnjdttetó.de persuasiva que 
Tiespeeto é los raoftarc^t de Xalisca pbservó To 
pütziQíieDj&anunada á obtener de ellos él übaoído*^ 
no de su empresa^ ño obteniendo. di8l tiránica 
eropefio de é3to«i>.sino.:uqa tregua, de diez años^ 
ooupedida á fia de q!m. püdieiüa prepararse, á h 
de|to«a. No es d;e extrañar ei^á.eonceBÍ<L)n de una- 
ra?» que en muKÜla estima, teoia ^1 jB^rjh hú- 
i»é. Esto padtQ dio por ípsíiwm resultado la ia^ 
niediata i^irada d^ l^i^ fuerzas inTascoras. 

GumpHfio el plazo conveníi^o^ tiempo que no 
malgaátó el ün^re Toptitzin^.^. aprestó pana 1* 
guferra, sitttandft oónifeejeoteifljentf «is fueízas y: 
eligiendo para su ciaartel genial las llanuras de 

Gabcía-Gubas.— 24 



354 

• 

Tuititlan. Apenas se avistaron las huestes en^ 
migas^ salió á su encuentro el avanzado ejéroito 
tolteca. Trábase el pritper combate> dando prin- 
cipió á una serié iie^ luchas encarnliíadas (^úe da- 
raroQ tres afiós^ ha;eiendo en todi^s ellas los tol* 
tecas> unas 'veces vencidos y • otras véñe^dres^ 
inauditos ^is^oerzoside' valor. Der):otádó por com- 
pleto, el primer eu0fi)io de ejéFdito^ ^anzaiú To- 
pUtzin y el anciano rey Tecpanoáltzin^ á la cijibeza 
de sus huestes^ y la hermo$a XocMtl guiando á las 
damas^ qüe/cdmo un cuerpo de amazonas^ igual* 
mente se disponian para el combate. Viénense á' 
las manos unos y otros contendientes con la ma- 
yor bravura y coraje: la presencia de sus sobera- 
nos alienta y reanima á los guerreros^ que con 
sus flechas y acertados goipes siembran^por todas 
partes la desolación y la muerte: las mismas da- 
mas y mujeres de los soldados^ siguiendo el ejem- 
plo de la reina Xóchitl^ penetran en lo más encar- 
nizado del combate^ luchan; cuerpo á cuerpo con 
los. soldados enemigos. Tres días y tres noches 
consecutivas^ y ^ni momento alguno de tregua^ 
duró la refriega; no sin recibir continuamente los 
enemigos nuevos refuerzos, ^ tanto que los tol- 
tecas no eran reemplazdos por nuevos guerreros. 
Agotadlas las foerzas de éstos por una lucha tan 
t^naz,; crecía %h proporción la superioridad del 
enemigo, que progresivameirte ganaba terreno. 



355 

Deqi(í|óae;al ñn el triunfa en favor de los de Xa- 
IÍ3co^ ;yi^ ejército tolteca^ dispersio ya^ se reiqgiO 
en*lais .tnootafias y en los lagos^ y solo quedaba 
en pié.Tinf porto cuerpo de ejército^ que ^mprea- 
dió su retirada conducido por SQS.doB reyes y por 
la reina Xóchitl. Éste valeroso ejército, persegui- 
do: de cerca, y siepapre lucHando, pasó á Xaltocaa; 
de aquí 4 Teptihuacaii, dirigiéndose luego para iaa 
montanas del Sur, rumbo á Totolapan. , El rey 
Tecpancaltzin y k reina Xóchitl, con algunos de 
sus vasallos, fueron: alcanzados ántgs de llegar 
& Tultecasóehitlalpao;!, que entiendo fué en las 
colinas de TlalinsMis^co, y tuvieron que luchar 
cuerpo á cuerpo, pereciendo á manos de sus ene- 
ntxigQs lel priiner<>,:sin que le sirviera de escuda 
su ancianidad, y la .secunda, sip respeto á su va- 
lor, á su sexQ y hermosura. 

¡Tal fué, el fin trágico de una heróina dignada 
figurar en un poemal . . 

Topiltzin«s0 refugió en yna cueva deXico, de 
donde salió despues.de la retirada de sus enemi- 
gos para dirigirse • á Tlapalan, que, según creo, 
era el reino jde Aculhuacan, donde dio alguna^ 
leyes que confirmó Netzahualcóyotl, viyieiido 
muy cousi4erad.o hasta el dia de su muerte, j 

El resto djB.los toUecas se diseminó-por disr 
tintos rumbos : unos se dirigieron á; las costaa 
del mar del Sur y G.uateoaala, y otros á Te- 



3S6 

huantepee, Coatzaeoalco, Campeche y Xacolodan. 

De esta manera. cóticluyó una raociaitiúla gue 
tan bellas páginas dej6 en la hi$toña; p%l¿a3 cjne 
he recogido da la relación hi$Uírfc&de D. Feman- 
do de Alva IxtlStoehitl. ... 

Réstame solo hablar de los objetos i^tie^risa ex- 
ploradon á \sb ruinas de la antigua ToSfra haB6 
k Comisión nombrada por la SooiedaJ de Geo- 
grafía, y -ooniptiesta del ík. Manfred, i^resídente^ 
Porter G^Bliss; Dr. Ord; fikM, y d que suaeribe, 
cogió ingeniero j oronista en eSta ver por ausan- 
cia de D. Eufemio Mendoea, & quien ycupacJo- 
nes prefeijentes le iuipidieron aconipaftar -á la 
Comisión. , ■ • 

Las figuras 1 y 9 representan: ia ptimera un 
zodiaco, y la segunda un geroglliico, cuyo obje- 
to ignora la Comisión.: ambas figuras 96 encueu- 
tran talladas sobre basalto, hallándose' a«fualmsn- 
te en el dintel de la puerta principal del templo. 

La figura 3 representa el fragmeiitoMJe un uten- 
silio de roca basáltica y ■de propiedad particnlar. 
. Las figuras 4, S y &, constituyen ri fuste de 
ana gran columna, igualmente de ' '- > ' 
eual solo se encuentran hítsta ahff 
de la casa de diligencias estos trf 
■ miden; él ]orimero G^SS; el según 
tercero l"!^, ;J de diámetro, loa ti 

Como puede ^erae por los dibuj- 



357 

poseían un medio íBgeoiloiso f ara ligar perfecta 
y sólidamente las diferentes partes del fuste d^ 
ujaa coluQQna> practicando ep k pa^o^ oentralde 
u.a.a de las -ba3a3 un eilíndi^O:liu0aOj, oiiéntras quft 
en la base contraría de otra, labraban otro 6iUa^ 
dro macíao de igpa^ diámetro^ de manera c|ue és» 
te ajuaUso con aquel« 

cías que-édÜstltaj^^ üfiá, ^fii^a dd 1& ju8t4 llt* 
ma qde ád4}tt^b¿jd áí^taiá gdíabai^ildd talteoás, 
biBts htidtf éáte 'MÍ^&)id 9i¿óñiíu& d» aquel . - ^ 

En Los, dibujos que tan distíntemente^s ad- 
vierten en las figuras 4 y 6, se cree observar en 
pocos (JetaUes el arte clásico de los griegos,, aun- 
que en el total se advierta partiQularraente el 
egipcio; los áe la figura 5> y patte de la 6, son 
etó^eate originales: , ^ , ;■ 

Xós flf^Qnum^tQB^ copino Ip» representados en 
h:%S^-9'%. PQ^e?efi Aim prefetenlie atención ^ 
Eáas. fitiliMnna^ paPiwáasiy cí«ifttíuíd.as en iPOíiQ-; 
Utos de basalto, en cuyos fustes se tallarqo x^^i 
trQ iitidos :<i[tljSLlpillis que.fispfesentan 4jída:mio 
eljppFíodo de íreoe alijWi^.dísftueetwn en elooft-ri 
ji^iüta .de esí|0s^ bíenffel>i^i(0<íitpltjjea símpl^Mi**ntj 
te, ó que se quiso tal vez cop#igaar «nttiÍítíQ»i*^< 



358 

mentó indestructible la terminante cláusula de 
la ley de sucesión . ^ 

La figura 8 ofrece un gran ídolo, asimismo 
de basalto, representación horrible y deforme 
de un animal fantástico. 

En una roca, que á mi parecer es toba volca- 
nica y bien tallada, se encuentra una figura que 
representa kixsx monarca con toadas, suaiqsigmiis. 
Este, objeto, marcado con el número i0, exi^ 
in^iorastado en uno de los mixros: interiores de 
una posada de la pUza principal de Tilla. 

La.fígura 10 o&ec^ un geipgltfíQP^^t^ en 
la roca del Cerro de Magomi; QhiQO^ Ijaoiiadd tain- 
bien de La Malinohe. 

En ninguna de las obras que he léldo acerca 
de la historia antigua de México, se'bace men- 
ción de todos estos objetos. Acerca de , algunos 
es muy natural que asi sea, puesto que la mayor 
parte de ellos han sido desenterrados 'última- 
mente. La misma Gonision promovió y pre- 
senció la extracción de las columnas pareadas^ 
que se encontraban ocultas por la tiecra vegeÑal 
en la ^alda del Cerro del Tesóro^ y á orillas de 
uri^Hatíhuelo. • , ' 

* Otro fuste de coli^ffiíía,, igual á lá figura 6; se 
bsillá á la entrada del tem][Hó sirviendo de pile* 
la de agua bendita^ áóayo fínese le destruyeren 
los tallados antí^oi^. 



359 

La mayor parte de las ruinas del antiguo To- 
llan se encuentran diseminadas al 0. de la po- 
blación moderna, frente á un lugar llamado el 
Salitre, aglomerándose la mayor parteen el Cer- 
ro del Tesoro. 

Estos monumentos arqueológicos han sido sal- 
vados de su total destrucción por los esfuerzos des- 
interesados de un útil ciudadano cuyo nombre 
siento sobremanera no recordar. 

Tai es el informe que por mi conducto rinde 
á la Sociedad de Geografía la Comisión explora- 
dora de las ruinas de Tula.. 

México, IS de Febrero de 1873. 



En este arfículo he seguido la cronología de Ixtlilxo- 
chitl, que evidentemente no es exacta, atendido á que 
este autor escribió antes de que el eru(üto y sabio León 
y Gama fijase las reglas para la reducción de fechas me- 
xicanas á las de la era vulgar. Sobre este asunto verán la 
luz pública dos trabajos de un mérito indisputable, de los 
señores Orozco y Berra y Eufemio Mendoza. 



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•CON g»ÜI Kl, SECRKTiRlO 



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.,DE LA SdciEBAD FÍLAIÍ.;mÓNICA ,.,. 

f Í^A CUENTA . . , 

' DE LOS TRABAJOS DE ¿STA EN KL AÑO DE 1^0, 

• A • . I ' . ..■-.',•. • . 

> ~ ' . ■.. I í . '• . • • . > 

^ GfiQpliepdo cbÁ la obligaeiob qm?mepcésH 
odbeí el* ceglameato de lá Sbciaáad FiUrmóxiiea 
Meaáoana>: tMge k boará'^^elHtcer la debidá^rak 
laifioQ de^ iu¿ aotos dupanjbel aliaAD: da 1870. 

Luchando SOI JtuJtaQbecthálQcmjmultit^^ den 
ofa8tá¿ulo9> < ooiQó im¿ tohssíHitencm de : la^ f^ltá' 
dB^areoursds ¿eeetariosaitü^i empresa; Jda iá magt^< 
isUkud de lá i)ue6tra> •faÉqbechiJt cüaottí ha depeti^í 
dtío'dé s»d faodl^ididsyialelsl^^ ibliú¡ 

soateiiimiéQto de lai^SoQiedád'y al progresoid^sa; 
Conservatorio. Solan^eote un empéfii¡o.*dem¡díd<i^: 



362 

la constancia y el patriotismo de que se hallan 
animados todos los individuos de la junta^ pue- 
den haberla conducido á h feliz realización de 
los filantrópicos fines que se propuso la Sociedad 
al establecerse. 

Uno de los afanes de esta Sociedad ha sido el 
de propagar entre la interesante clase de artesa- 
nos el estudia déila músicí^ aj'te éníiinentemente 
civilizador. Con el vtablecimiento y sosten del 
Orfeón Popular^ este afán ha sido coronado por 
un éxito satisfactorio,. FQrmaclo el Orfeón de per- 
sonas laboriosas^ honradas/ entusiastas por el ar- 
te musical y dispuestas siempre á dar el debido 
cumplimiento á las determinaciones di la Junta^ 
ha contribuido al lucimiento de los conciertos y 
óperas que se han ejecirtado*en el teatro, confor- 
me á nuestras disposiciones reglamentarías y ba- 
jo la dkecám desos dignos édiateligeQtps po^ 
fesóresL! La constancia, aptitud ^pitroddtictam^ 
ohfible de todos^los qiiel ormaa íesaolilf sima seca- 
ción del Gonseiiratüridy asi leamlo iciideaprendi** 
miento que manifestaroiifbediendo' paira ^compra 
de. papeles de nutaiea;!^ donatim que en fav^r 
suyo hiza :1a: Jupita de üiu^tcüecion Públioa, poc 
haher coQttribmda' A^^h^icAéniírB distribución, da. 
{ú^emiüs deilasresicuela^'^nMiomles,^ s&a circunfri 
nray 'hoiiroias «qoe^d^hai» acreedores: álapre 
d^: la Sociedad • í: •' ^- 



363 

La comísron de conciertos ha puesta nueTe 
en ejecnctoD/ de \m coales dos fueron de música' 
cl&síca; y &n todos ellos lo^ ejecutantes han he- 
cho brillar sus dotes artísticas^ recibiendo d&los 
espectadords el justo y digno homéiiaje debido 
á sít talento. Debo consignar un voto de gracias^ 
ábóáibre de la Sociedad^ á nuestras simpáticas 
afit^ionadas^ y á todos los sdbiós que se han dig- 
nado cooperar ;^l' brillo de nuestras funciones: 



ti 



:Si la Sociedad no ha podido; per. la- escasez dé 
db^rfondó^y 6oébrrer pecuniariatiiBñte á sus artis- 
taS>'^MprtjiÉSoMdb todos los medios ^efícaces de 
protección. A la muerte del Sr. Aduna^ la Junta 
act^rdd-ia éjéebcioii de 1IA) concierta á beneficio 
de la fáteiia) de aqüddistiiiguido artista. La co- 
misión tKn¿bradá al efbetp'y compuesta de los 
Srés. Bablót; Suichenfté y Kivas, cumplió satis- 
fábtoríamenti^cbnsuenc^^go/penúitiendó á la * 
Sociedad pédér ó&eoer á la familia Aduna el pro- 
ducto líquido -de la fbncion, que ascendió á 600 
pesos. '-' '- -x^.^ v.--';^'- ^ ^? ■ 

No (üabe da^a ^e qué el. divino arte de la mú-« 
sica modifica y büóriaM&a las <»0£fttimbré8'de un 
pueblo. Gon¿?eh«ida de eita verdad la Sociedad 
Filarmónica y e&fipQl más iivo deseo de propor- 
cionar á lo6 alumnos del Conservatorio los me- 
dios á propósito para hacerles adquirir una posi« 



384 

cíoQ dígii« ñu la sociedad^ ao ha |)etd(H>ado sa* 
(Mifídos de todo géaefó á fiü «te poaw aqudl 
esi4bleeÍQ»i«Mor á laaUdradelM da primer ^ñtts 
de la Repúblioa^ 

Maefao ae ha lachado y mucho atúQ haJinrá que 
hiohar para vencer la maltitud de obstácttlos 
que pre$0ota una empresa de tamafia^magtoitud» 
ora se atienda éi la esease^z de reouirs^a, (uraáUft 
preocupaeioaei de*todo géiMfo^ queson nn, te* . 
coUo^ mil veces más temible que ia mism^. likllA 
de recursos, puesto que aquella^ traen cotia%o 
ioevitablemenjbeitla diviaion de m 9ii^er^> .lq[Qia 
unido iüciij()izairía?esultadMefrtei?aínwt9'e^^ 

torios. . ■•/ f : ' '• :' ;/' A .í:- i'- : T -* 

Kn un t)lan|^l cocno el jnuettro oo J^ta^ bn var^ 
dad, la suhTeacioú quj8:ac6i:dór &L:Q$iQ<ísM)so> fi 
mocioin de nuestro ilustcad'^ ijtiqíMrQí^ Ipstruc* 

cíete piakhUea> 'el Sr. JgleiJASu. ^ ^^ Vl^ ^^i ^^^ 
aez del eraricMio se: percibe oomM^saeada reg» 
laridad: hay'eiítablefiidos Qp-él «ijüar^i^ y dob cla^ 
S6S> S6r]^ida3 fm:' veintiséis pfpiéso{:esiyr<einco se- 
ñoritas, sustítutas de clases; las gratificaciones son' 
ísmj cortis; la ma^iOt partir de los.j^tf^sores Sir- 
ven gtatuiUtnente uQa;]clastíiporr¿(v m^<i9íy f ues 
no obtrtíaateit(ídA)*^o^jk sébirj9tuñ9ft na alianza 
á «abrir los ^tDs.iztis4mli$peiAsabfQ»4:, : 

Deseabdo la Junta dlire&tiva sati9£ís€«: todoa sus 
compromisos y .(>Qder adquirir Losve^urses nete- 



365 

sariotí paíia la 60fli|)(fa^'d0 instrumentos, libi-osi de 
textoy^emtSftiefii, aísítK^m^piíra el mejoraoiienta 
del ^dlSéio;^ ínteató pó*ér '^n* escéüa la ópera 
Heraani, 'la^^üe á pesar djsf haberse' ensayado pon^ 
esaiero/író pudo llev^^sfe^á-efeüto por los gta¿w 
des gasltofe'íjué exigi2psii ejecución , y pdrqüe ^í 
íecluteiifitenío^ue éftesbíá^^^s se hiizo^á Jaca-* 
pital, á opisecuencia de la revolución de SatiiLüis, 
Mtpajói é' lofeíattesainlos'^e formaban parte*deias 
masas eoMég. Se sustíttfyó despaja któehtio-^ 
nada vópera- éon ' I* Séft^mbüla^ partiéidG ^que poí- 
ser hwvM del ,pdbii€b' qos prometía rekilíados 
muy^ satisfactorios. «¿El 4xito correspoildíó A 
nuestros^ deseos? Penoso és . responder eon ^¿a 
negativa ái ^e$ta iá^tét^p^lacion . E/n tales oeasioiios 
se h^ paftenti^qi tnaa klea q^ié hasta hoy expre- 
san' piiskbíódí Ttti 00^^ niimero dé individuos> 
relativiBímente á nttest^a pobkcióiH se alfana y i^ 
eiíftierza por -el adelanto artístico y literaTio i de' 
Méxioo, luchando contra la apatía, la indifehcia 
el egóiStóo ó las preocupaciones de la multitud,; 
Sin pretender exagerar el mérito de la ejecucfon 
de la.óperaSdnátnbukv me tomaré la lieenda d^ 
hacer observair> para Satisfacción de lo» que en 
etia-^^marotií partéy y^ai^iiqud mié palabras s^an 
de* po6o valer, qué'4a'^íí tica en ésta ocasión foé 
por demás^ se^ei&a ^Mandóse de persQnaá que tio^ 
son iar<lá*ta»4e profesión. 



m 

El teatro- eatuva lleoo ea.el ensayo y coa es- 
casa eoncurrencia en larepi^entacjont* !ea ^ata 
el éxito peo«niariQ no iqé satiafactorip eoial cox- 
respofodia y era de ésj^erarse ateodieíndo á la 
afluencia de gente en^.U^ aeche anterior* . ¿Por 
qué tal inconsecuQUoia? ¿Nq.praaen lai:ep?e^n- 
tacioú loB ajismoa a^ieritadpsi artástas que los de 
la víspera? « . ^ 

De otro orden y de piayor trascendencia fueron 
los obstáculos que se prciBentaron para la reali^ 
zacion del grandioso pensaiQ;ientO: de los fe^i- 
vales, siendo uno de aquellos el que nace de la 
división entre los amantes de la múijica clásica 
y 1(^ intransigentes partidario^ de. la. música ita- 
liana. Si estos no adujeseü siaipjleai^nte en con- 
tra de aquella música suúnioa y fa^yorita expre- 
sión de ano me gusta^2> qqe no es ua^ cazón para 
prevenirla en contra de la opinión: general; si 
despre.ndié^dose de su preocupación se detuvie- 
ran á escuchar con atención las delicadas compo- 
siciones de. los maestros clásicos, desuubririan 
que en el conjunto de. la riqueza jarmónica de 
aquellas resalta, una noelodla tan ;beUa y grata 
como en las composieionesitalianasjrcesaría desde 
luego esa divisioo^ que no debee^ti? en los filar- 
mónicos^ y todos á la pac rea^iriftá tributo á 
Beethoven y Rossini^ á Mojsait y á ^JDeqi^tti^ ¿ 
Haydn y Bellini, á Meyerbeer, á Goi^moud, yi 



367 

á tantos otros genios que han eneántado el mun^ 
d0 eon m^ ricas armonías los Qnos> y con m& 
si^o^das melodías los<otros: el genio ha' hermaf > 
nada aK|aellos íhistrés iiombres/ 7 todos elba 
deb^a ipoOTiunQiaiseí : con : jjespétO) .con '• verara-. 
cíoD :*~Qiialama^ioa clá!§ica.qo sea entre nosotma 
sufideat^aentácofadcida, y sí de difícil icompreo. 
sion desde BÜprím^ moobento^ no es razón para 
que se la desdeñe, y menos por un' cuerpo ciea- 
tífica como es el del Gonservatorio de música, que 
está Ga el imprescindible deber de ofrecer: á 8ú& 
profesores y alumnos modelos que imitar en tp^ 
doslds géneios y muy particularmente de aquel 
que posee elgérmen délo sublime yde Jsis buen^ 
reglas.' Si á cada paso fuera preciso eyooar^nues* 
tros reouerdosypírimeras impresiones, deberia-* 
mos confesar que nada óncontrariapios en lo su-f; 
cesivo capaz de halagar nuestros sieñtidos^ La mis* 
ma música italiana, así como la francesa^ han 
agradado después de habetse familiarizado con su> 
estila. Heraani, Rigoletto, Txovadar, Macbet y 
otr^han sido recibidas fríamente en sus primeíab^ 
representaciones, así como las magníficas parti- 
ciones de Moyerbeer y Gounoud, no han podido 
aún aclimatarse entre noisotros» ¿Puede darse \xüi. 
partitura mas bella, mas tierna que la ccFavoritas^^ 
de Donizeítí?'Y^sin embargo, hasta hoy se reconoce 
su :méúí(y. La' música j ú mi ver- : cuanto mayor 



ass 

sablimidad encieíFrai^ es dc^ iBafi:t9rd4acoBipraii-; 
aiMQ; poro/ upa Tez4ídDafiorandida>.dt eotosiasovih 
q«i6 produce én Dosotros es/6terao> ;yiiiia..báa» 
(snüe h ixDAsica JigéiaL Yeinte 7 asniíaifaiTebes 
MieaeQcbaré^ y BieBipre:4n>n ma^oor; iB^ftdo, > k 
ooQJuraGioii d& Hugornte^^ ^y iao faáhMi^^paciea^ 
oía p^ra oír liiefiT¿cs3;eI<0Q¡m)deX€Qrmofi>de'^^f^ 
tttisíp y m;anafioIa tezios de^0i£(Vnafl¿s gbílcb ea^ 
t» Deoiüj Atilm. 



. V / / 



.) 0. 



' > ][ia iiistoraa de la mrúekta .Tiene exi apoyo .^: 
mis pakbnis; y ann^ áus cbnotBptos ípaneecaa 
repetidos, áé)0 insisür presentando xnés asgis* 
HMíatos, pues trato dé C9av£acqr.' oLaiipia^rlítUEa^ 
Dw^ Judity de Mo2art^ es ilióy consIdebidáDo 90^ 
lamentftipor los maestros yí Los imtéHg^ntés, sino 
aun 'porl los pró&tnqs: qiM lian l^abitoádo su nido 
al estilo de aquella imúsécay aomomin modelo de 
buena compofáeion y coma el géráaen . facundo 
de ma^tfioas ideas; y siilembai^o^jáixtes.de ser 
eomprendida^: íoé recibida con fmldád^' ensa 
primera qecncioii en Viena, 4niéatrasboy caute 
d^mayoreatuaiasmo.y asombró de ioé.afectv^ & 
todo }o grande y. bdHoi. 
'Cbnsideranda oftras géneros^ ñobetia el Dio- 

bio^ Profeta, HugonatM, Gmtlepmo Tell y 
Pamto, no son «seaahddas ajín. éoim i nosotros 
C8ID ei agrado y /liespiato; .qii^ meriecen . por sa ex** 
traordinaiio mérito/ fGiiántos*se deleitan bioy con 



3^9 

eSiStabatMfider, deRossini^ que ayer califícabaa 
áp jnGójnprén^bley ní()i^t$Dfk,,jesa suj^lioje cqoi- 
p.osicion>;que biéfó lasiibi|a$,mós delicada? del 
sentimiento. ... , ..y 

Todáls esíi9 observaciones prueban hasta Ja evir 
dencia, :qne la buena mi^ca^ siea cual fuere su 
género y estuela:y porja?pn,deisnmisma:subli- 
midad, .no pu^de se>r CQp>pren(Jida ínomentáaear 
mente; ¿pero qué valen unos instantes de des- 
agrado: con las inefables y durfid^ras sép§aciones 
qne la buQna .müsica despierta» i^n el alma, cuanjdo 
¿a llega^p á revelar sus brellezas? . , .. 
. Podrán atribuirse, .mis palabras á mera pedan- 
tería, proíano como soy. al divino arte de la mú- 
sica,, aun cuando, por él sienta profunda. afición, 
y debo ^reyénixíne, ante esa calificaicftcion,: que 
acepto ríisignado, porque en todo caso, entre ei 
pedante que defiende lo bueno, porquees buano, 
y el pedante que lo ataca por ignorancia; pre- 
fiero ser lo primero. 

. Al presentar á la sociedad la proposición de 
los festjvalés, idea iniciad» por el Sr. Bablot, y 
secundada por el maestro Morales, tel Sr. Fonsoea 
y el que suscribe, se tuvo por objeto: primerp, Ja 
unión de los filarmónicos; segundo, la propaga- 
ción de una naúsica que algún dia será el encanjí() 
de nuestra^; quita sociedad; y tercero, introducid 
en México", t^niendt) en cuenta nuestros escasos 

García-Cubas.— 25 






87Ó 

6lemetftos^ U «óstumbl^e de los grancfiosos e¡^ 
pédtácülos^ que son hoy ift «dmincioQ dé to^a 
Eurojya. liogrós^^el primier ót^kio, puafirto foe 
hemos visto la noche del 29 de Diciembre 1á&^ 
mo^ ejecutarse ente otras piezas uña sinfonía de 
Beethoven^ por las do9 orqueslak tenaidas y al- 
gunos de DuestMs oaas distin^oídoSB 'aficiona- 
dos, ^ue se eonMndíet^ti en un laudable senti- 
miento de ^confraternidad: esa éjjdc^ci<}& fué no- 
table por la precisiób y ^maestría qQ« desplegaban 
los apiradables itíste^ümentistas, y llai^O la alea- 
ción de los intdfgentes k plrontit6d é¿a qiie 'de 
identificaron con el estüb 'grandioso y>evero del 
gigante de la sinfonía: sus esfuerzos y su inte- 
ligencia son digtios de los mayores elogios, oi>- 
mo lo son la dencía y el reeondúido ta^ntb del 
maestro Morales/ que tuyo elor'giullo de dirigir 
á esa falange dé ameritados ejecutsMtei»: bago 
pairtícipe de estos elogios é los apf e^blés dii^c^ 
toros de las demás piezas ejecutadas, Agustín 
Balderas, Féliix Sauvinet y Géfrtoan Laueí. El 
primer festiral mejLieano abre la une va .era. del 
progreso de la música trascendental an nuestro 
país. * \ ' 

Nq puede negarse que un brillante éxito artís- 
tuso coronó los afanes de la coÁísíod, y ésta no 
podrá menos que dar un voto de' gracias, nd Solb 
á esos artistas, sino á los señores aficionadas de 



371 

la sección de canto de la Sociedad Filarmónica^ 
y muy especialmente á las señoras que se dígna^ 
ron contribuir al brillo de esa solemnidad attísr 
tica con el prestigió de su belleza y de su ta- 
lento. 

. Sí los trabajos die la Junta directiva se han en- 
caminado al bien dé la socSeidad^ no lo han sido 
menos en provecho y adelantamiento dé Su Coni- 
servatoria. Perenne vigilante del buen orden y 
de la sólida instrucoiojí de los alumnos, Tiá dic^ 
tado todas las m'edidás conducentes al arreglo in- 
terior del establecimiento y al puntual servició 
de las cátedras. El alumbrado de ^as es una titi- 
Ifsiiba mejora, puesto que con menor gasto ád 
tiene mas ampliamente íiuminaSo todo el edificio 
de lo que antes estaba. 

La junta ha acordado para eí presente año es- 
colar el establecimiento de nuevas cátedras en^ el 
Conservatorio, creandt) además una escuela de 
declamaeioH, cuyo plan hace que se la deba con* 
fiiderar cdmo la primera que de su género se esta- 
blece en México. Gloria és esta que justamente 
corresponde á la Sociedad Filarmónica; 

La; idea que domina principalmente en los in- 
dividuos de la Junta, es la de proporcionar á los 
alumnos del Conservatorio elementos que les fa- 
ciliten un modo honesto de vivir: tal ha sido el 
motivo porque no se ha limitado á la instrucción 



372 

musical. Muchas niñas no tenían las facultades 
necesarias para el estudio de este arte^ mientras 
que poseen brillantes disposiciones para un es- 
tudio literario. A 1$ realización del pensamiento 
feliz de la Junta^ se debe que muchas sefioritas 
bayan podido recibirse de profesoras^ obteniendo 
unas^ gratificaciones en el Conserratorio, ofras^ 
isueldo» de la corporación municipal^ y^ algunas 
han abierto^ por su cuenta^ establecimientos de 
educación; damanera;^ que nuestro GonserTatorío 
deb^coni^derarseno solamente como un estable- 
cimiento para formar artistas en el cantó y de- 
clamación^ sino como un plantel de profesores 
que deben derramar la luz y la enseñanza en toda 
la extensión de k República. 

Igualmente debo llamar la atención respecto 
de los instrumentistas. El Conservatorio ha dado 
algunos ejecutantes á las orquestas y bandas mi- 
litares^ aunque es de sentirse que éstos no hayan 
perfeccionado su educación musical; pero la Junta 
no ha podido evitarlo, porque ni ha estado en sus 
facultades ni en sus principios^ violentarlos de 
manera alguna. De desearse fuera que se medi- 
tase el asunto convenientemente^ en vista de sus 
consecuencias trascendentales; para que se dic- 
tasen algunas providencias^ que sin chocar con 
los principios liberales, evitasen aquel mal. 

En Iqs exámenes mensuales, así como en los 



373 

públicps de fía de afio^ han demostrado los alum* 
nos y alumnas del Conservatorio^ que la instruc- 
ción que en él se reeibe es moral^ complexa y 
sólida. Si el Gobierno^ como es de suponerse^ sí* 
gue impartiendo su protección á este estableci- 
miento^ debemos esperar un éxito completo para 
el. porvenir, y que nuestro Copservatorio llegue 
á ser un planiel-modelo, y digno de rivalizar coa 
los m4s afaipad^s de Europa. 

Tales han dido los acto» de la Sociedad Filar- 
mónica durante el afio de 1870. los cuales me ha 
tocado la honra, en esta yei, de enumerar. 

México, 8 de Enero de 1871 . 



' •■ 



p I I 

'■II' » 



. í ,:..• 



.it^yORU PilfiS£]N1^iJ?Ai 



^ • • .- -ALA 



' ; '' FILAfliíÓNIÓA' MEXICANA, 
. . ; . . BftN MQTÍ V0: D?' If Af O W^ljBlWCiOlil , DEL. TB^TRO \ 






Señores de la Junti' Directiva': • ..'•.'; 



' .-:• 'í. ,ia 



EL^spiritii de linickliTa <}iiá ddsá& la ereácioa 
de la Sociediad Sll^ariBúmoa ha. guiado- lias juia^ 
tas que m káíi sqicsetíido', háí dotbcipmado ^ Iímbsí 
traté projsfresodaitei iliil infititut(^ ; mupparr 
tícukkimaate del Genweciatc^o dis Mósi<^a y Be- 
olam4c|eii/ Bébesé: á ka juntas! qúd biiiQ siilae^ 
dido ¿ la de 1873 la raalffiSHsion dk^(i»n4ieft ido^üB 
qi)^ tqn poderosamente batí kifltiído ei^Ia.f^B^ 
xada instrucGípn de los educandos, d^l Gcin9€^- 




376 

Tatorio, así como ¿ la última que ha regido los 
destinos de la Sociedad Filarmónica correspon- 
de la honra de haber realzado el pensamiento 
de la formación de. su Teatro; pensamiento de 
trascendentales resultados para el objeto de 
nuestra institución. El distinguido lugar que 
^ntre los establecimientos de enseñanza pública 
ocupa hoy el hermoso^ plantel*, objeto de los 
desvelos de la Junta, exigia urgentemente lame- 
jora que acaba de realizarse. El salón antiguo de 
conciertos, por su desaseó, por sus ttjaíáá éoüdí- 
ciones acústicas y por el .desarreglo de sus loca- 
lidades, era poco digno de los espectáculos que 
en él ha ofrecido constanteititeflle la Sociedad; 
•espectáculos por cuyo medio revelaba así á la 
naciqn entera como á los ilustrados extranjeros 
que concurrían, los rápidos progresos de los alum- 
nos del Conservatorio y el delicado gusto de los 
socios por el arte de la música. 

Si la Sociedad FiLarmóolsá hübi^a podido dis- 
poner de suficientes reoorsos, la foi^niacion del 
Teateo poco 6 nada ofrecería de partitíülar; seria 
tal circunstancia una prüd^asolaáiente de ia ilus- 
tración de sus miembro^:: jonfiiste^ el méríto eñ 
haber acometido k empnssa sin re¿urso6> ¡Hres» 
cin(liendo de las escasas aeigriacibnes de la aso- 
ciación, que apenas bastan ¿ cubrír siis presu^ 
puestos. Dióse el acuerdo, y se procuraron los 



príniéros fóDdtib • apelatida á: ima suscrioioiiii lonture 
¥adQSip^lcalahBs>: t la qua; (lieáljzada^ ns^. i^eanni^» 
tió dar {D9ineipja á;lo9 tEaba^^os^ quéjiS9;ejdcaif|&raii; 
Qoa una rapidez extraordinaria; Larñláakof)í3.de 
Los aeclonistas obliga á rCÓnsigRar sás npiabresp 
oottiO'iLn justo tributa de agradeeimieo^oiiBl Cósah"' 
ser^iorio I debe;' p(^ tantóy insci*ü^r ^><teP«^(Qatá^ 
logo de SUS' in8%nps beBefaqtornes'á losr^fióires:! 

.-, . ,D.^ Sebastian, jLerdo 4©; T^jad€^^.ií i^^.> 
.'H :J&. Jotíé Mftfía Iglesiafi, ' ur' ■■'' 
;i . vlJ,;Ra&ieljM^üne2 4eilaTwre* 

JP. Raoian T^rrarois. > : ; u io i • ' 
-; / B. Giiillermo Barrqn, i, i i ;; 

B.ii^tonip JEgoaii^ftP- 
.; > „ J).> Joitooio Mier y C^lí^- 

1>. I^edro dpi Vaüe,; ;r: . ^; ..^ [. [> ..rv 
D.. Mapíj^l Ftííoáada^í del Gastilia, a., , : j.:| 

.;J[)v;Manu^lIturb€tv ^ 

.P. Sebastian ,CaipíW5]^o. . : . ^ 



..I 



: j 



* •''•í]l 



' f 



,< - í • > . 



. Jiisufipi^tes los losidÍQiB reiüuiídbs por i^edm 
dé dita suswicdon parAocttbcir. los prerapúealosi. 
y deddida la Junta ¿ cerirarla pói la pr£(mtira<ÍAL; 
ti^oQípQv apeló á: otros reeorsos/ QampMmetíoíoidor 
sú crédito paraonal alfunós hóaQral)lssMúieA^ 
brosdala abísnaa Junta. Se coiítratáia obra de^ 




37S 

eacpíntada.ton el hábil totesaiK) DI Pddiro Man-* 
doQca^ ijia^o.lp* oondicíoa de qua el mloD ooire»-^ 
póndicobi . i do£| ae^nea da íl 60p' pe«as< cada/ 
QÓa^^^ejeviaxpa^ada á la oonclasion da la ol»a 
cea lós! prodnctos de las prioaerae aturadas; lo^ 
o«aI^ tomgoe.eataUeoia aim diferenck en so br^ 
YuroTespacÁoxláilos acaianástas, ^ep isada relHi]t:r 
baí el méiáto da su patiiático praaede?/ 

Deseando, por mi parte, corresponder digna^ 
mente á la eoQ&anza qae úi mi se digáó depo- 
sitar la Junta Direotíva, iK)tti1>réudotfie^ara for- 
mar el proyectó del teatro^ f éacargánd^me de 
la dirección de las obras, desarrolla aquel, es^ 
tudiándolo concienzudamente, aunque no sin 
graves dificultades que vencer, poéstó*que se 
me obligaba á cireuB^pk*íblrltD en el faralelógra- 
mo del antiguo salón, "ée dimf^nsitoes (án des-^ 
proporcionada»,^ ^ue itdpediasi ackte todd dar al 
nuevo teatro la conveaiéateioífmtt kretilar. El 
problema para mí era de muy diñdÜ^^ei^lucion^ 
por cuanto á que era ff óetóo no iuOTírilív por la 
inconveniente forma del local, en el defecto que 
se ^advierte en los teatros ta&pravisados^ qUe^^acb, 
gen^^qiMtej lai^gos y estrechos; era da todo 
^&btó i^disp^sab^ proK5urar al sabn. crtrá pers* 
pei^a mis pgrads^; úá reducir su eattanqia»* 
Esta faé la baaa da mi proyecto; y fu^oiai precia 
so^ para HdM2tí¡¿k^ remeteí* la linaa de bs palcos 



379 

respecto de la de las plateas^ á fio de que ddsde 
las lunetas pudiese verse todo el conjunto, fte^ 
ducir la extensión longitudinal {iel salón;! to^apú*^ 
rienda, atanzandp hacia el frente del proscemo 
ha líneas de los palcos y pdateas, y sttBtitu;7<radd) 
laa Ipcalí^adef perdidas por esta raducoion oein lo6 
ps^leos de anfiteatro^ eircuof taiicia que c^récia, 
además, la Vietitaja de poder disponer de U6a pe* 
guefia sala para desabogo y para la colocación de 
las escaleras de los palctís, . 

; Logrs^do el fin> xnedfaipkte estas dispo$fcioneS|. 
el proyecto fué aprobado en todas sus parte», po^ 
q^ndose desde luego en ejeciuk^íQii; y aqiti tne 
pample advertir^ que si 1% obra se ha llevado ft 
feliz término, débase partieularnoeat^ á la^&M» 
Goopei^acion de los hábües artsitaa y arti^aft&óa^ 
todos, meixicanos^ á quienes, por fortuna fiaia^ 
encomendé los diversos trabajos: bside carpín^ 
itífU al Sr. D. Pedro Meodftza; el oroatOfdel aiite- 
fK»|iado ¿ los Sre9. Dk. Agui^in Ramírez y D. José 
^efrato; el del proiscenid 4 esteicniatno saíior; los 
dctrados del salón al pji6pio Si;<Ban9ifte, y Ito det 
proscenio á D. Francisco Ls^zaüíu: loa n^^al'loQeil 
coa los bustos que íidornaa la. primará men d«i 
Resonado y el ornato de la curva &up0iá<ir del 
proscenio á D. Juan F^nándjBz; la píntttrd ddlves*^ 
tibulo al estilo pompeyano^áD. PetrofliloMonroy; 
el telón de boca á D. Tiburcio Sánchez; el borda* 



380 

do del segundo telón á las alumnas del Conser- 
Yatorlo Manaela Marin^ Josefina Figueroa^ Refa- 
gío Yaldés iy Refugio .Gerda^ bajo la inteligente 
dirección de la Srita. Luz Oropgza: la decoración 
de conciertos á D. Rafael González; las niénsulad 

4 

de fierro al herrero Sr. Lazo de la Vega; los can- 
delabros de bronce para gas*á D. Hipólito Abur* 
to; los festones del proscenio y los del artesonado 
al Sr. D. José Ortega; y por último, los bustos 
de Alarcon, Gorostiza, Ródííguez Galvan y Gai^ 
deron^ los cuales deben decorar los costados del 
proscenio, á D. Agustín Barragái^. 

Debo mencionar los buenos oficios del Sr. D. 
Gonzalo MüUer, que tanto me &yudó en las obras 
materiales que se emprendieron para la^ormacion 
ájbVFoyeVy %si como el empefio é inteligencia que 
mostraron en sus trabajos los oficiales de carpin- 
tería y dd piatura. 

Los retratos que decoran la primera curva del 
referido iirtesonado, están fielmente modelados 
conforme á los magníficos grabados de la obra 
ibtitQlada «Los Músicos célebres; d y respecto de 
los autores dramáticos, de otros no menos bue-. 
nos grabados y fotografías de conteoiporáneos. 

Para justificar la elección que^e hizo de las 
notabilidades en ambos ramos del arte, bastará 
citar sus nombres, que, por orden * cronológi- 
co, son: 



381 



gompOsitob)ss a la derecha del proscenio. 



1 Palestrina . . . 

2 Raitíeau .... 
3 , Haen(^el .... 

4 Sebastian Bách 

5 Gluck.. . 

O Havdn . . . . . 

7 Mozart ...... 

8 Méhül. .'. . . . 



9 Beethóven .'...*. 

Auber. 

1 Fétis. . .' 

2 . Rossini ........ 

3 Meyerbeér 

4 Donizetti . 

5 Bellini . . 

6 Verdi ......... 

7 Gounod 

8 Jtísá Antonio Gómez. 

9 Bastamante 

20 Beristaín 



1S24-1394 

1683-4764 

1685-1759 

1685-1759 

1714-1787: 

1732-1809: 

1756-1791; 

1763-1817: 

1770-1827. 

1782-1871 

1784-1872. 

1992-1868v 

1794-1864 

1998-1848 

1802-1835 

1814» » 

■1818 » 

1805 » 

1787-1861 

1817-1839 



AUTORES DRAMÁTICOS A LA IZQUIERDA 
DEL PROSCENIO. 

1 Esquilo 525 A. de J. 

2 Sófocles 495 A. de J. 



382 



• • • 



3 Plauto 

4 Terencio .... 

5 Lope de Rueda. 

6 Shake3peare 

7 a^ik JODSOQ 

8 Lope de Vega. . . # . 

9 C^ldercn delaBarca. 

CorneíHe 

■ 

1 Moliere 

2 Raciné ' 

3 Moreto 

4 Sor Juana. 

5 Moratiri ........ 

6 Víctor Hugo 

7 Alfieri;' 

S Goethe 

^ Schiller 

20 Bretón de los Herre- 



227 A. de J. 
193 A. de J. 
1500-1567 
1564-1616 . 
1574-16a7 
1526-Í635 
1600-1681 
1606-1684 
1622-1684 
1639-1699 
1640-1676 
1651-1695 
1760-1828 
1802 » 
1749-1803 
1749-1832 
17S9-1805 



ros 1796-1873 



EN LAS CUATRO- MÉNSULAS, A UNO Y OTRO LADO 

DEL PROSCENIO. 



Alarcoí\. 
Gorostiza. 
Calderón. 
Rodríguez Gal van . 



á83 

déjadh de coloearsa en xíw$ixon\a& fM^r fs^ll^da 
^sipaedo^ y esta oírcuQ^aDcia explida M^sé^paráb)- 

£ii6Dtea!6átá tan ^ejoisy^le^ ooal^cto. ; A i > . . 

• * .1 

Nb ebsjtaaUe el (ktenídp eftudíkir)(^e Q9i{»P€tt^i 
en él de8arh)UQ rdel'.pi:Hsiyl3cto' respedto die^k-jbiv 
ina qué debi(hráldu*seal^laü>>iaUábáokiá 
^ ««wübioiiro WstiM^ ^éíbigiáriétó4to esOTF. 
iiiáles^íéa: las S9;lias áe espectáQub% oiirctídstaiitáas 
%ÍU8 prígi»árim;npéTas dified^^ iiasf paredes 
TeetangalaEes del loeal'y la forma del GÍ0to> aasj- 
tenido por pbatDs mdidadoshédiw^de ^póáto 
para cnbrir#las grandes zapatas que sopüitaQ I» 
vigas del teditl^ contraridbaD^ deledcrpiniitoi^ilas 
leyes dtt Ja acústica;. ídefeoto que OQrsegí; áistif 
luyendo ios plauQs'íneMinados pocsii^ébíiei^'oiir-^ 
'tB9 que no^ impidiesen la libre propagtftcion niel 
-scínidó/ lo cual^ por en combin^oiob^ mejoi^tfali 
aiotablemente'el aspecto :d;el'aíte8onadQ; Con d 
mismo fía me propuse evitar^ en Ibs zmefas cons*^ 
trucciones^ haata dondo' era ;m>sibtei^ las foranas 
angulares; y por úitiilio^ para: aummtarla so* 
noridad^ determiné lálormaoionde'iiqa bajamar- 
inóni^a en el lugar que ic la orquesita aaréspon^ 
de/y limitar el arco del. prosoetiia por dos oarvas 
elípticas paralelas; El resuhado eorrei^ndió á 
mis deseoS; y espero* que; pronto os^Donyenci^éls 
de ello. : ' i • 



^PaTalaconTenieDteTéotilacioDdal aaloo, a^ro- 
yeeÜé bda^itos recursoB estovieroná mí. arbitrio. 
Hice cotooaF persianas en las oaatro venMnas, y 
practicar horadaciones en la parte iafeñor de U& 
.paredes; sistema qne^ como se sabe, es de los 
más proTeutio^os resoltados. En el' zócalo qne 
^correspobde á^ cada iplatea^ se hicáeiion los; conr 
veoiientiGfe taládros/por donde, sia.molesiar, pe^ 
nékael aire qaé proriene de aquellas horádá- 
aábnes; y por últiioáo/coinaniqué el foro, por la 
parte del techo y éh toda m extensión;, con la 
sala perfectamenle ^ventilada qoe eiúte eo ét pi> 
9Q luperipr. . ; . .'.*.'■ 

He prqouirado dar aléscenariolhé madores co- 
modidades posibles, DO .obstante sus hoñtos re- 
ducidos, disponieqdo,'. para, él- pronto séiTicio de 
' la~ escena^ que las -décorácioBes sean en.su mayor 
parte cerradas y de.rompimisnto; que los telones 
^e levanten úü ávMar, con lo cual se logra la 
conaeryacion dé ellos y mejor efecto, y que d 
serricio d& Jos maquinistas se haga' por la parte 
superior, á fin de no entorpecer Ja escena, 

Fór la parte posterior del foro seeonstruyeron^ 
en qtimero de onoe,tld;s ctartos de loa actores y 
laa salas para vestuario de coristas y comparsas; 
dichos cnartos, bien ventilados, rodean ú foyer 
de artistas, que es^indíspensable áfm de evitar que 
éstus reciban á sus visitas en los mismos cuartos. 



385 

Para concluir con esta parte de mi informe^ 
debo manifestar á la Junta, que con el objeto 
de preeaveíi al edificio de un incendio, atendien- 
do' ff éste proíltámente en sus principios, aprove- 
ché la fuente que se hallaba en el pequeño patio 
de la habitación destruida para la formación del 
foyer, colocando una buena bomba que eleva el 
agua hasta el depósito que se . encuentra en la 
parte mas elevada del edificio. 

Paso á tratar de la inversión de los fondos. 

Al aceptar el encargo "con' que me honró la 
Junta, desde luego propuse se hiciera exclusi- 
vamente la distribución de dichos fondos por la 
tesorería de lá Sociedad, previos varios requisi- 
tos, y sin más intervención por tíai; tote; qij? la 
de poner el visto bueno á los recibos de los inte- 
resados, conforme á los presupuestos económicos 
presentados directamente á la Junta y aprobados 
por ella. La cuenta que tengo la honra de pre- 
sentar, es la misma que ha seguido la Tesorería 
de la Sociedad Filarnáónica: todas las partidas, 
aun aquellas que provienen de gastos menores é 
insignificantes, están debidamente documentadas 
y á eñtéra satisfacción de las personal que las han 
requisitado. 

La cuenta á que me refiero es como sigue: 



García-Cubas.-- 2& 



388 



Cuenta que presenta el que süsgbibb como en- 
cargado DE LA fiONSTRÜCGlON DEL TEATRO^ DÉ- 
LAS CANTIDADES QUE SE HAN INVERTIDO ^N, DICHA a 
OBRA. 



INGRESOS, 



Recibido de los accionis- 'i.^' 

tas* . .^ 8,200 

Ideni del Gobierno para 
reposiciones del edifi-, 
cío, . • ' 2,0d0 

ídem de los propietarios 
de las localidades. . . 262 

ídem ^e préstamos del se- 
fior Escalante. . . ., . 6,000 

ídem del señor Iglesias. 200 



■•.i rf 



Al frente. . 16,662 , 



* En la partida de los accionistas están considerados 
ios mil doscientos pesos de las acciones del seño;* Men- 
doza. 



4 

INGRESOS* BGRBSOS. 

Deí frente '^ • 1&,«62^' 

A Mendoza por el im- 
porte de sus presu- 
puestos* 5,414*25 

A iá. pot vanos traba- 
jos extraordinarios . . 709 , Q 1 

A los Hiladores. ... 120 '¿^ 

A lü maderería por vi-^ • i 

ffas y tablade techar. i6¿ ^5 / 

supuestos 3^465 00 

A sus pintores para con* 

cluir h obra y pin- 
tura del Foyer. . . 413 03 
A Lazafin, por el pros- 

cenio y las galerías. 808 00 

A Fernandez, retratos, 

medallón, etc. ... 680 OO 

Por trabajos de pmtar.. 

en él telón, cuarto 

de faiiiar y diseño 

del proscenio. ... '. . 210 00 

A la vuelta, 16,662' i 11,98276 

* Ea la partida de lo pagado al Sr. Mendoza están in- 
clusos los 1,^0 pesos dé las acciones para ^^1 balanceo 
de la partida dd cargo^.' '' 



\ 



388 , 

INGRESOS. EGRESOS. 

De la vuelta, . ; 16,662 ^ 11,982 16 
A Müller, encargado de * 

la obra de albañilería 

I 9 ' t 

por rayas, materia- ' 

les y gastos menores. 2,421 12 

A jGarcilaso y Guillau- 

iiiin por varios tra- 

wjós de herrería. . 2* 64 

A Valdes^ por asfalto. 82 00 

A varios, importe de 
las cortinas y vari- 
llas, balleta, bello- 
tas, flecos,* etc., etc. 382 11 

Por papel sellado para 

los contratos. . . . , 17 00 

A Aburto por cande- 
labros, candil y fa- ' • 
rola. ........ 385 00 

A Ortega por varios tra- 
bajos de yeso • 1S5 00 

A Serrato, id. id. id. . . 172 50 

A Castañares por glo- , 
bos apagados. • , . • 72 00 

A Delarue, . por hule 
para tapizar bancas 
y barandillas. . . . 128 00 



Al frente. 16,662 16,005 53 



389 

INGRESOS. EGRESOS. 

A A,r .ííel írente'. 16,662 .16,005 33 
A Alfaro por tapizar las 

mismas . 228 ÓO 

Por manta para- las de- 
coraciones 76 7S 

Por alfombra * para los 
palcos, plateas, es- 
caleras y contaduría, 
incluso lo dado por 
cuenta de la postura. 234 50 

A Alfaro, por los in- 
odoros 55 06 

A Del Rio, bombillas, 
• plumeros y arme- * < 

lias, etc., etc. ... 21 00 

A Monroy, "por cuenta 

del vestíbulo / 415 00 

A González, por la de- 
coración de concier- 
tos. ........ 250 00 

A Simón Philips por 

cuenta de las sillas. 300 00 

Id. id. id. unos sillon- 

citos 36 00 

Por sillas para la or- 
questa. ....... 36 00 

A la vuelta. 16,662 17,657 84 



BT6RBS08. 

« 

: De la. yiieUa. 16,662 
Por post.* de la bomba. 
fj^ pall Aglio por cuen- 
ta de decoraciones. . 

Suma del egreso. 
Cantidad suplida del 
fondo déla Sociedad. I,j099 Sá 



EGRESOS. 

17,657 84 
4 §0 



.T 



I W ft^Pf 



17,261/84 



Igual 17^7jS1:-í?4 )17;261)84 
El tesorero, Liceaga. 

* 

He desempeñado la comisión con que me hon- 
ró la Junta directiva, procurando interpretar los 
deseos que la animaban al, dar su apuerdo .pai¡9 
trasformar el antiguo salón de coi^ciertos qu un 
local que por su aecoro fuese ^ignq dejarte. Np 
sé. Señores, si babré llenado vuestro intento, 
mas si como lo temo, asi no fuere, podéis por lo 
menos estar convencidos de c[uehp,}i9c^o cuantío 
^e ]ia .sido posible^ y solo pf^^ ir^ta swpiiq^ffos 
que os digneis aprobar nü? blftOÚldes. trabajos. 

iFdhrero l.f^de 1874. 



1 F 



i 



t 



i .I - r ♦• f 



>'■ ?. 



DISCURSO 



EN HONOR PE SAMUEIi MORSE 



PRONUNCIADO 

EN LA SOLEMNE SE3I0N GBLEBBAÜA POR ÍA. 600IBDAD 
MEXICANA DE «EOGRAFIA^T ESTADÍSTICA LA 
, .NOC^E DEL 21 DE DICIEMBRE DK 1873. 

. Señores: . 

HjiNo-ge'^éátf tfátar de uña cybra científica sin 
rendir graüáé adnoáracioñ á la ihteligéncia huma- . 
oa, é €»0 áésítello dé lá' sabiduHa divina por el 
cual sedistihgue el hombre particularmente de 
k» demás 'áóíestiviéhtéS, La naturaleza ha ido 
cedáendoprogresivaméíite feus adnSIrables árcáfaÓB^ 
al Bslüdioy í la observación' -del sabio qhé nada 
de cianto existe Ife.despteci&db y todo ha sido 
•objete dei BU invéstígáíá'on;, ásl lá delicada ^érbte- 
eilla qué Colora dé Vetde esmalte las ' cáíiínpihusi 
como la fíóndóifeá ceiba v el feétíulár^ i¿á6t7íí¿^ delóS 
bosques j así la inquieta mariposa éomdeFtoévidó 
cóndor que se cierne sobre las nevadas cúspides de 



392 

las montafias; con el mismo ínteres ha hecho el 
estudia anatómico del infusoño^ como el del ce- 
táceo de colosales proporciones; y por último, 
abriéndose paso por entre las densas capas de las 
aguas^ ha descendido á escudriñar el poiundo ma- * 
rítimo^ y rasgando el sutil velo del éter^ se ha 
lanzado á la indefinida extensión del espacio para 
inquirir las leyes que rigen á los cuerpos celes- 
tes. Así^ pues^ los conocimientos humanos han 
adquirido un desarrollo prodigioso; y ya en nues- 
tros dias cada materia de una ciencia^ constituye 
otra ciencia sepai^ada^ aunque íntimamente rela- 
cionada con la que le dio origen. . 

lia Física^ ciencia sublime de la naturaleza^ 
ha revelado al hombre interesantes misterios. 
La casualidad^ seguida de la observación unas 
veces^ y el estudio y perseverancia otras, han 
logrado descubrir multitud de fenóúienos físicos 
que han tenido^ la mayor parte, útilísimas apli- 
oacioúes. . *. 

• La electricidad, agenta principal, del cual se^ 
gun nuevas teorías, dimanan los demás, ha eúri« 
quecido ^notablemente }a§ ciencias^fy como fuente 
inagotablci, continuará enriqueéiéndolas, produ- 
ciendo I03 mayores prodigios; ése poderosísinío 
agente há nulificado las idistaneia^ trai^mitiendo 
la palabra con la velocidad, del r.ayp, sin que le 
sirvan: de barrera las gigante^ cadenas de mon-^ 



393 

tafias, ni de obstáculo las tremendas agitaciones 
del Océano. 

La electricidad estática, antes del inventó de 
Volta, por fuerte que fuera áu acunáulacion^ era 
insuficiente para aplicarla á la telegrafía de una 
manera practicable y conveniente; hecho notable 
que estaba reservado á la electricidad diriárnica, 
ó más bien al electro-magnético. Volta inventó 
• el aparato getierador de tan poderoso agente; 
Béquerel modificó él aparato de Volta haciendo 
constante la ela.borácion, y por tíinto perenne la 
corBÍente, y CErsted observó por primera vez la in- 
fluencia de esa corriente én la brújula. Entonces 
nació el eléctro-inagnetismo, y coü esta ciencia el 
principio de la telegrafía eléctrica bajó la sabia 
aplicación de Ampére. * 

Si la sabiduría de estos hombres ilustres inundó 
de luz el antiguo inundó, Pranklin y Morse bri- 
llaron como astros de primera magnitud en el 
mundode Colon. 

Franklin, como algunos sabios europeos, en- 
trevio la idea de las comunicaciones telegráficas, 
y Morse la realizó; Franklin desprendió de ,las 
nubes el rayo y le sepultó en el inflamado ?enp 
de la tierra, y Morse se apoderó de él para en- 
cerrarlo eh un circuito de metal; Franklin pre- 
servó al hombre de la descarga eléctrica, y Morse 
la utilizó convirtiendo ese terrible meteoro en el 



394 '. .., 

• ■ i t • S 



mensajero rápido^ digno émulo, por su velocidad^ 

delpensaiiíignto. , ¡ !' \í 

^ , Qop el aparato de Morsa, la jkJea á» la tele- 

, griaO,^ eléptfiic^ l^uyo su definitiva apUjR^oipQ^.^ta- 

^^jpciéndose ^p)riIDe^i^ Upea efttíftíWa$hÍDgton y 

JBaítimora-. Des^e entongedlos, tetógrafofta© roal- 

, tipliPiarqn eq ambos conji^ei^tefe, y:yaj?dlopreo- 

^cupaba el á^iipo de lo;f ^opi^bres cíe94^&5Qs el 

hecho dala cplppacion del cable- ^íhffiabino.jd&a 

marayiUos^ q^u^ debia ref((lizar$e'más. tarde.i £1 fO 

4e.AgpstQ.de 18S8i ^INupvo Mundo, ppr: fe fr»z 

del^ , presidente de lo^ £stados*Uj;iidos> : :<s^luii^a 

|2^1 aptígijo^ jepresept^L^oporJa J6|^a4e^IDglíl4*^ía. 

;]^^ rayo suj^ab^ la iawensida^ 

pando con su estela de fuego Ifus sigu^^tes fria- 

s^s. lag más elevadas, y dignas detaq, grímdioso 

espectáculo: inJEl tedfgrflfqjic^ Wfiidfi 4 ^^^^ 

pa y á América. ..Glfiria áiPigs^e^fp la^^ulturas 

y paz á los homhi^es de buena voiuntud. 






/\re2!.mos ^hora dp ,qué njapeía; bja, .^sécmidaflo 

1^. |Íepúl^íip^ ,M®^ÍP?Pf^ ^ ^^ dW^s. naí^nes res- * 
ppcto ^jiejaj^^rpejora material de tanta impórtan- 
os j^^ras^ent^eufjj a. ,,.,,.. ,¡ . i. ;r • íí M r- 

j ^ .(^fjDQQ en É^ujrojpa,, México bA presta ^n uso di- 
versos sistemas telegráficos. Los aztecas trasmi- 



' '395 

lian SUS mensajes por medio de hombres apos- 
tados -de*trécho é^ trecho; en é^oíéas^ tnodér niis, 
'«1 telégíífa aéreo eñ las torres de nuestra ¿ate- 
. liral : deftuóeiaba los - movimientos^ ' del 'invasor 
í«orteaBííerioíano; y por áltimo, éri 18Í50/ el Ije- 
neméritaD. Juan de la'Wanjá'háda; el primer 
«isayo«i la capital de la República, de lá tele- 
' grbfía eléiíitrica; comtinicahdó el palacio' úacibnal 
con la'Esteuéla^deMítias. ^ , 

• Pata pódéí apt^ciáfüébidaifaéííite'el fñéríto de 
»D. Jnam-de la Granja, preciso 'es 'reciárrirá la 
íhisttíria,' qné nos muestra l&s 'deée'pciones y las 
penalidades qñe han átribáládrf el ánímd de ' va- 
•ícttié^ikistíés'qtíe algo iítíévo Han iBm prendido, 
'Aún buandolds obstáculos pára'la realización Üe 
una idea no háyati teñido por cansa la timidez, 
iü^ividia; t lá ígüóraiicia de los déáiáslibmbres; 
l^rteiáo/es^tetier en- tíúénta los é^cásbVóté^^^ 
^e ^e ppdéüios^ldíf^pfenér, ptóíMairttiénte por 
el excesiva égcttájmo' dte la mdyór'^íifte de liüés- 
tta ^gerite'tfcómo&ada, * hecho que' inúlilai ente se 
hft^líáíatít) de jttstifidár. A nb existir ésta ckusa 
prideipal, 'Sütétísas líneas ' telegráficas ¿eñiriáh 
como una diadéniade fe^gó el ^rrítóríó Üe la 
República. 'Prfr consiguiente, mucho tuvo ^ue 
lutíhar B. í.foto ^de laJGrarfja para rfeaílizar ku 
ettipresb, pbf la -falta ^de áfecioíní^Éás^, | áqüelía 
btibiera frtitíasisdó sin el éíficaz auxilio pecutiiáríi 



.396 

de D. Hermenegildo de Viya y Cosió, actual ce- 
sioDario de la linea de México á Yeraofuz. 

La patria recoaoclds^ premió los afanes del 
ilustrado emprendedor D. Juan de 1» Granja, 
honrándole con el título de ciudadano mexicano 
y de diputado al Congreso de la Union. 

Por ,órden cronológico expreso en stguida lo* 
das las disposiciones dictada^ acerca del estable- 
cimiento de lineas telegrá&cas en la Repilblica. 

1849, 10 de Mayo. — Publícase el primer de- 
creto concediendo privilegio exclusivo á D. Juw 
de la Granja para plantear lineas telegráficas en 
la República. (Gobierno del Sr. Herrera.) 

1851. — Queda establecida la línea telegráfica 
entre México y Puebla, trasmitiéndose el primer 
telegrama en el mes de Diciembre; 

1853. — Primer telegrama «de la línea de Mé- 
xico á León, contratada couD. Juan déla Granja 
por D. Octavi^no Muüqz J^edo, gobernador de 
Guanajuato, en la cantidad de cien mil pesos. 
, 1859. — Se.proroga al Sr. D. Hermenegildo 
de Viya y Cosío, cesionario de la testamentaría 
de D. Juan de la Granja;, el privilegio otorgado 
á este seftor el 10 de I^arzo de 1849. 

1865, 7 de Junio. -r-jDecreto concediendo pri- 
vilegio á D. Carlos G. Clute y socios para el es- 
tablecimiento de tres lineas: prio^era, por un afio^ 
de Guanajuato á Matamoros^ pasando por San 



397 

Luis, Saltillo y MontereV; seganda, por ¿los años, 
de Matamoros á Veraéirüz^ por Victoria, Tampico 
y Túxpam; tercera, por dos aflos, de San Luis 
Potosí á Durango, pasando por "AguascalienteB^ 
Zacatecas, Fresnillo y Sombrerete.' 

1865, 12 de Agosto. — 'Decretó' concediendo 
permiso á D. Carlos J. Arnbm, como represen^ ' 
tante de varios capüalistá's de Nueva- York, 
para establece^ tres líneaé': la primera, de la Ca- 
pital á San Francisco de California, pasando por 
Toluca, Morelia, Zamora, La.Barca, Guadalajafla. 
Tapie, Sao Blas, Mazatlan, Culiacañy Guaymas; 
la segunda, de Mazatlan á Durango, Cíiencamá, 
Parras, Villa-Aldama, Gerralvo y CamargoVy 
la tercera, del puerto d^l 'Manzanillo á Guada- 
lajara.' ♦ • 

' 1865, 16 de Noviembre. — Se concede permiso 
á D. Rodrigo Rincoií para establecer una línea 
de Lagos á Agaascálierites. '. 

1865. — Se aprueba el gasto de 10,000 pesos 
para el establecimiento de la linea de Tehuac*an á 
Oaxaca. 

1865, Julio 27.' — Bajo lás-misnras bases que 
la linea anterior, Maximiliano acordó la cons- 
trucción de un ramal de Tepeji á Tula. 

1865, Noviembre 12. — En el mismo año se 
construyó la linea del puerto de Sisal á Mérida. 

Además (le las expresadas líneas, por convenio 



celebrado coa los Sres. Jecker y CompafiU^ sor .- 
bre pa^o de su crédito, se eomprometieroQ dw>[ 
chios ^efiores^ entregar las siguiQotes U^easan v 
los plazos que se expre^q : > 

De México á Leon/fjstableoida y^^ paraEiMia -. 
de i 866,. siu privilegio. , 

De México á Tampico, pasaado por Pachtt6a> . « 
Tulancíogo, Zacualtipain, etc. 

De liCoa á Guadalajara.; 

De 4ínozoe á Veracruz, por Perote* 

De México ¿ Guero^yaca. 

En tiempo de Maximiliano se hideFoo ea el i 
propÍ9 aflo propuestas P^^ D. Arturo de Mar- 
coantúpara establecer dos cabjea submariuos; . 
uno del caba de San Antonio, al de Gatothe, . y ^ 
otro de este punto* Veracruz. Tal proyectó, no ■ i 
tuvo efecto. 

1869, Abril 30. -r-Sa concede una subvención 
de 5,000 pesos, en el presupuesto del iafio^ t las 
compañías cqi^cesionariasdeDuraiigo á Mazatlan. 

1869, Mayp 5,-— Sq decreta otra subvención ' 
de 11 pesos por kilómetro construido del telé^ * 
grafo de Tlalpatn á Cu^rpavaca,. subvencionando 
á la empresa con xmdi.Ciantidsd 'que no exceda 
de 2,000 pesos. , 

1869, Mayo 31 .-—Se subvenciona á la empresa 
del telégrafo de México á Toluca con la cantidad ' 
de 20 pesos por kilómetro construido. 



399 

1870, Noviembre 18. — ^Se concede otra sub- 
vención é la empijpsa del; telégrafo dé Teracr'üz á'' 
Tampico, de 23 pésbs^ pcír kiííótnetró c^^ ' 

entre' este ^tliitaó píjértíb" y él tíé Mátáboros'.' • ' ^ 

4870^ méiéthbre^ fO.-^écrétd (jiie .fij^^ el 
plazo <lé'áeis naesej^ ía cáirtíd^d^db 32¿GtoO ^e- * 
so^ál telégrafo de^Düráti^o^á Mazátlanyautóri-^'^ 
zandó &1 Ejec^ltSfo'^aía'ítíirérÉir léyTOpeáofe en ^ ; 
la cítoprá dél'^é'Sombí^reteál^^ ' ^'^^ 

t87€i-Dítóenibife 13^^D^ci*eto aiitóríiiátido á 
D, H. G. Norton, tiSííüéva^Yoirk; jpara estaí)lb¿'e¿ ' 
en las aguas •de la República un cable electro- 
submarino que sirva de comunicación ^ntre un 
punto cualquiera de la costa N. de Veracruz y 
otro dé la costa de los Estados-Unidos. 

1B71, Diciembre 7. — Seeiceptúan délos de- 
rechos aduanales los íitiles y materiales párá él ' 
telégrafo de Campeche, al cantón de Iturbidé f 
Estados. limítrofes. ^ \ ^- ^ ^ ^ i: ■ ' ^ 

1872, Abril' 11. —-Se proroga por un año el 
término fijadora D. H. G. Norton para estable- 
cer el cable entré Yucatán y la'Iálá de Cuba. 

1872, Octubre-29.— Se decreta la ■c&ástf üb- 
cion de una línea que partiendo dé Tancásriéqtii, ' 
pase -por Ciudad Victoria y- termine en 'Mata-' 
moros. ^ ' ■'■■\ ■ . ^ ' 

1872> ^Diciembre 23. — Decrétase la línea de 
Apizaco í Huauchinango por Tlaxco y Chigua- 



400 

huapan, y dos ramales ea la línea . del iriterior, 
y son los de Tepeji á Tula y Jilotepeo. 

1872, Diciembrfi:13, — Se autoriza al Ejecu- 
tÍYO para la construcción de un telégrafo de Ma- 
zatlan á Ures, tocando ei^ Guliacan. el' Fuerte, 
Akrdos, Guaymas y Herniosilb< ]SX mismo de- 
creto consigna al telégrafo de Durango ¿ Chihuar 
hua y Paso del Norte, el gasto de 60,000 peaos. 

Lasr líneas que hoy forman en la República 1» 
red telegráfica^ son las, siguientes.. 






LIABAS VÉL eOBTBRNO FEDERAL. 

KlLÓMETBOS. 

De México á Querétaro. . . ;. . . . 209. 5ft 

De Querétaro á San Luis por San Mi- 
guel. . . • . . ^1.40 

De San Luis á Matamoros por Salti- 
llo, Monter.ey, Gadereyta, Cerralvo. 

yMier • • .^ 900. Oa 

De Querétaro á León por Salamanca, . 

Guanajuato y Silao. . .^ 272..35 

De Guanajuato á Dolores Hidalgo (ra- 

mal\ -.• 58.66 

De Irapuato áPénjamo (ramal). . . 62.85 

De Gelaya á Salvatierra (ramal). . . • Al. 90 



r * 



Alfreníe 1796.66 



« 



, - 401 

« * 

Del frente. ... 1796.66 
De Salamanca á. Valle dé Santiago 

(rapoal). :.-..« 30.28 

De México á Tixtla por Cuera avacá y , * 

Chilpancingo. • 336.82 

De Tehuacan á Oax9.ca ,2S1 .40 

De Durango á Maiatlan • . .' 377.10 

De Mérida á Canapeche. ...... 159.22 

De Hecelchacan á Iturbide (ramal). 83.00 

De Mérida á Sisal. .\ 52.37 

De Mérida al Progreso. ....... 33.52 

J)e Mérida álzamal. 67.04 

De Mérida á Tekax • • .. • 104.75 

De Mérida á Mama. . 56.00 

é 

t 

Suman los telégrafos construidos. 3368. 16 



* 



DECRETADOS Y BN CONSTRUCCIÓN'. 



Kilómetros^ 



De San Luis á Tampico. ...... 444.14 

De Minatitlan á Campeche. ...... 620.00 

De'Chilpancingoá Acapulco. ..... 167.00 

De Izamal á Valladolid 90.00 



• 



Suma total de las líneas del Gfcbierno. 1321 .14 



García-Cübab.— 27 



\ 



402 



UNEA.S DE LOS ESTADOS. 

KiLÓUTROS. 

I é ' 

J)e San Luis á Durango, por Pinos, 
Ojo Caliente, Zacatecas, Preánillo, 
Sombrerete, Chalchihuites y Nom- 
bre de Dios.. *•.••• SOO.Ot) 

De Ojo Caliente á Aguascalíentes (ra- 
mal). . . • 80.00 

De Zacatecas á Jerez y VíUanuera 
(ramal) \ . . . . , 123.00 

pe Salvatierra á Maravatlo y á Pátz- 
cuaro por Morelía 180. 00- 

De Jalacingo á Tampico p6r Ozuluama 452 . 00 

De Veracruz á Minatitlan por Alvara- 
do, Tlacotalpam, Cosamaloapan, 
Tuxtla y Acayucañ 404.96 



><■ 



Suma de las líneas de los Estados. 1741 .96 

LINEAS DE PARTICULARgS. 

KiLÓXETROS. 

* - 

De León á San Blas porOuadalajara. ' 320.00 
De San Juan de los Lagos áJAguas- 

catíéntes (ramal) 90.00 

De Guadalajara al Manzanillo. . . . 370.00 

De México á Toluca. .> ' 67.40 

Al frente. ..... 847.40 



\ 



403 

Del frente 847.40 

De México á Veracruz por Rio Frío, 

Puebla, Cañada^ Orizaba^ etc- . . 411.50 
Dé México á Vea^a^uz pdr Oúaetasot^. 

Huamantla, Jalapa, éte. . . \ • 581.2^ 
©6 Apizaco á Puebla por-Tlaxcala (r&* 

mal). .........-.:.. 51.95 

De Ayotla á Anfecíi. . ..... . 20.0<l 

De ümetusco á Tülarícingo por Pá- * . 

chufea (ramal). . .... . ; . . : 113.13 

De Perote á Teziutlan por Jálacingoc^ 

(ramal) 39.38 

De Jalapa á Goactepec (ramal). •. . . 8.38 
De Huamantla á la Cañada por Chai- 

chicomuh (ramal). ....... 99.51 

De la Cafiada á Tehnacan (ramal). . . 34.36 

Línea del Ferrocarril de México á Ve- 

" racruz. ............. 415.00 

Da Puebla á Apizaco (ramal). . . . 45.00 



( 



'* 



^i 



Suman las líneas de particulares. 2667.1© 

, 

Total número de kil6métros-en la red • 

telegráfica, 9098.40. 

Suman las líneas construidas. .... 7777.26 

Id. id. en corislyuccion y decretabas 1321. líe 

Total. •.;... 9098.40 



» 



404 

No me deteadré en encarecer las inaumerables 
ventajas que con el establecimiento de los telé- 
grafos obtienen la industria^ la agricultura y el 
comerció. Xodos los dignos miembros de la So- 
ciedad de Geografía q\)e me escuchan^ las cono* 
cen mejor que yo. Sin embargo^ .debo hacer 
notar dos circunstancias dignas.de ser observa- 
das y de que les prestéis vuesir^ atención. El 
telégrafo en México ha venido';á corroborar la 
idea de que I03 sacudimientos de tierra no son 
simultáneos sino progresivos. 

Poco tiempo hace que, al sentirse en Veracruz 
un terremoto, los telegrafistas de aquella oficina 
comunicaron* inmediatamente su observación á 
los empleados de la de México, donde no se sen- 
tía el menor movimiento al recibirse el mensaje. 
La palabr.a atiembla» fué trasmitiéndose progre- 
sivamente por el orden de la situación de las 
oficinas del trayecto, y al cabo de minuto y nae- 
dio,. el suelo en que se asienta la capital empezó 
á oscilar fuertena^nte. 

Si la agricultura, la industria y el •conjercio 
han obtenido inmensas ventajas con el estable- 
cimiento de las líneas telegráficas, la ciencia geo- 
gráfica mucho tiene que esperar de ellas, puesto 
que por su medio se obtienen proijta y económica- 
mente las diferencias de longitudes. A los es- 
fuerzos de nuestros ingenieros Diaz Covarrübias 



405 

y Jiménez^ debemos algunas posiciones geográ- 
ficas determidas por este meAo; y si la Sociedad 
de Geografía tomara á su cargo asunto de tanta 
importancia, en el trascurso de poco tiempo po* 
driamos bontar con un gran catálogo de posicio* 
nes geográficas exactas, que viniesen á corregir 
los graves errores que contienen nuestros planos; 
Doy fin á mi corto diseurso, recomendando á 
la ilustrada Sociedad de Geografía y Estadística 
la Carta telegráfica de la República, que con tanto 
acierto ha sabido llevar á feliz término nuestro 
distinguido telegrafista y consocio Cristóbal Ortíz. 

Diciembre 21 de r872. 



■í ♦ 



» 



' • » *» 



I 

DISCURSO EN HOfNOR 



JXE 



LAMBERTO A. S. QÜETEIET, 

* PRONUNCIADO 

EN LA SOCIEDAD MEXICANA DE GEOGRAFÍA 

Y ESTADÍSTICA. 



Señores: 



La famosa ciudad de Gante^ patria die tantos 
hombres ilustres en las ciencias^ en \m. axtes y 
en las armas, vio nacer el 22 de Febrero de. 1796 
á un niño qiié con el tiempo llegaría á ser honra y 
orgullo de la ilustrada Bélgica. Llamóle esenifio 
Lamberto AdolfoS^ntiago Quetelett Si pudiera, 
vaticinarse el porvenir de ios horobresi la huipft^ 
nidad entera celebraría oon fauato el oatalioÍQ dei 
aquellos seres que, como QueteJet, vi^neíi^ al 
mundo dotados de! una privilegiada ifttel^genqía; 
habría celebrado con júbilo el nacimiento de ese 



408 

niño, saludándole como al futuro astrónomo, al 
infatigable meteorologista y. al estadista pro- 
fundo. 

GoiBO todos los hombres de genjp, Quetelet 
reveló desde su edad temprana las dotes de su 
claro entendimiento, pues á los diez y ocho años 
su buena instrucccion le permitió ^levarse al ma- 
gisterio, como profesor de Matemáticas en el Co- 
legio de Gante, y cinco años después en el Ate- 
neo de Bruselas, al mismo tiempo que ocupaba 
un asiento -en la Academia real de Bélgica, de la 
cual fué más tarde secretario perpetuo. 

A fin de perfeccionar sus conocimientos astro- 
nómicos, marchó á París en 1824, enviado por 
el ilustrado gobierno del rey Guillermo, y regre- 
só á su patria, dos años después, para fundar el 
Observatorio de Bruselas, cuya dirección se le 
confió, y la cual desempeñó hasta ^os últimos 
dias de su existencia. Los anuarios científicos, 
las revistas y los libros de los sabios insertan 
preciosos datos debidos á las profundas observa- 
ciones de Quetelet, á sus variados conocimientos 
y á su extremada dedicación; bellos é interesan- 
tes trabajos, con los cuales el ilustre astrónomo 
recompensó con usura á su gobierno la protec- 
ción* que de él recibiera. • 

En las inmortales obras de Humboldt y Arago, 
en lo concerniente á la meteorología, casi en ca- 



409 

da página se lee el nombre de Quetelet, y las 
justas apreciaciones que.de sus trabajos; ó inte- 
resantes observaciones hacen ambos sabios. Ga- ' 
da una de aquellas citas^ en libros tan emiuen* 
tes/ erige á Quetelet un monumento eterno, .cÓt 
mo lo son las bellas páginas del Cosmos y la Ad« 
tronomíaPopüiar. . 

De 1827 á 1829^ recorrió Inglaterra, Escocia, 
Alemania, Suiza éi Italia, (¡anda, á fuer de inte^ 
Ugente observador, más dilatado ensanche á sus 
conocimientos, los cuales reveló tan luego como 
hubo regresado á su patria, emprendiendo una 
serie de útiles publicaciones. 

La reputación del astrónomo belga se exten- 
dió rápidamente y se hizo universal: en 1841 su 
patria le honró con el título de presidente de la 
Comisión Central de Estadística, y la Europa to- 
da y la América, le colmaron de honores y de 
todp género dé. distinciones. 

La Astronomía Elemental de Quetelet ha sido 
en México el primer libro científico que, como^ 
un guía luminoso, ha puesto el profesor en núes*' 
tras manos^ Sus instructivas páginas nos dejaron 
percibir la radiante luz de la ciencia, impidiendo 
con su. buen métpdo'que aquella nos ofuscara. 
Si á esta circunstancia favorable se agrega núes* 
tra inclinacion/natural á honrar á los sabios eri- 
giéndoles un templo en nuestros corazones, pre- 



410 

dso era que la Sociedad Mexicana de Geografía 
y Estadística, fiel intérprete de aguel sentimien^ 
to^ distinguiese al ilustre sabio oon el titulo de 
socio, y decretase, al saber su itíuerte, acaecida 
el 17 de Febrero último, esta solemne sesio& en 
honra de aa memoria. 

Bajo diversos puntos de vtstadebe considerar- 
se el genio de Quetelet: como astrónobao distin- 
guldo,'Oomo hábil miteof elogista^ C0m,a estadis- 
ta profundo, y ipás que todo eooofo propagador 
infatigab^ de.la cieniMa. Esta últinaa y envidiable 
eualidad basta por sí sola para hacer su^ apología. 

Si se consideran los servicios pr;estados á la so- 
ciedad, tanto por el genio creador de lo? princi- 
pios como por el sabio propagador de los oonoci- 
míentos humanos, en sus respectivas esferas, re- 
salta un gran méritoi Si el brillantetastro del dia 
resplandece por su propia lu2, los planetas con 
sus reflejos también ahuyentan la^'tiQieblas. Los 
Laplace^ con su genio creador, lanzan al mundo 
lo& brillantes rayos, de su intetígenoia; y los Que- 
telet^ planetas de esos soles^ 1q&- difundan disi-* 
pando las tinieblas de la ignoranQia: El hombre, 
€01. general, no puede poner.^us ojos en la radian- 
te fotosfera solar, .y si puede fijar la vist^^ en el 
dffiGD apacible de la luna. 

Aun prescindiendo de las propias observacio- 
nes de Quetelet como astrónomo, y de las cuales 



411 

tratari esta misma, noche mi apreciadle consocio 
B. Framoísoo Jiménez;: la. etiunciacíon solo deks 
ioBumarables alaras qiie á\6 á Im el ihstre sabioy 
bastan para demostrar su relevante^ síaérito mmo 
propagador íxidgne. 

La meteonologta^ oíoade las cieníei^si atáSidilí-^ 
dles por sia apJiíeaoióiL'y^ú^ demanda la- cDayor 
asiduidad en las óbsérvacáones^ fué al a^i^to á 
que diéiígraade.iaipoaítánek el ilustm astróno- 
mo^ comsaigifáindole su i tiempo» y las^ ricas do- 
tes de -su entetidimientoi; La lluviía á^ nseteoro^^ 
cósmicos que habia sidb obs^v^ad» en Amérioai^^ 
est 479í*>ipor HomboMt y BanplaUíd^ fxé para 
Qttótelot el origen de* un impofkaiite descubrí-^ 
miento* ' 

Nada 6& máé. digno de las inteligencias privi*^ 
lagiadas que el exánsen de los fenómenos eeles^^^ 
tes. En lacontempladon delfírmamento/ el poeta 
halla la inagotable fuente de inspiracionr en eb 
estudia del Umeísó, elastrónonid descubre las- 

i 

leyes, iomittablesyqüa rigen. á los caserpos que lo 
puiebkn; y. en la atenta meditación de Los espa-^^ 
eioSf infimtbsy d filósofa, aii'tpi(ii®áiK)mbrosofi ar-, 
canoa prbvidieiiciakis, ádqoierevia .ooaíivicciea de 
hs limitadas facultades de m entendimiento. 

Consagrado conManteáiente aLéstodio, Quete- 
let contribuyó á descubrir las leyes á quei se ha- 
llan sujetas en el espacia las nlasas meteóricas. 



4t2 

fijando su atención en los anillos de millares de 
meteoritas que circulan en tomó del sol como 
otros tantos asteroides^ y á los cuales la tierra en- 
cuentra en su camino. 

¿Quién no ha visto aparecer de improviso esos 
cuerpos/ inflamarse al contacto de la atmósfera^ 
cruzar rápidamente el espacio con sus estelas lu- 
minosas como pequeños y brillantes cometas, y 
extinguirse súbitamente? Ese sublime espectácu- 
lo que solo excita la curiosidad y admiración del 
hombre indiferente, as un manantial de sabidu- 
ría para el diligente observador. 

Comparando las observaciones modernas con 
las de los anales chinos, cuyo extracta publicó 
Biot, llegó Quetelet á determinar la periodicidad 
de la lluvia de estrellas erráticas, llamadas de S. 
Lorenzo, y que tiene lugar del 9 al 1 1 die Agosto» 
Según las distintas circunstancias que concurren 
én la aparición de esos cuerpo^ de materia' cós- 
mica, forman tres grupos: 1 .^ Estrellas espora-^ 
dicas, que aparecen todo él afiq y cruzanen todas 
direcciones en número dé ocho, término medio, 
por hora, en el campo de un observador, según 
el mismo Quetelet. 2,^; Lluvia de San Lorenzo, 
del 9 al 1 1 de Agosto, que radian de las cons- 
telaciones de Petseo y Casiopea, y cuya máxima 
intensidad se efectúa el dia 10, conforme ¿ las 
observaciones del mismo ilustre sabio; y por úl- 



V 



413 

timo, lá lluvia del 10 ai 15 de Noviembre, cuyo 
lugar de radiación es la constelación de^Leon, y 
su máxima iutensldad la madrugada del dia 14. 

En la interesante Memoria que sobré los catá- 
logos de estrellas erráticas publicó Quetelet, ma- 
nifíesta las relaciones de periodicidad que existen 
entre las auroras boreales y aquellos meteoros, 
ein que por estp se entienda que entre aquellas y 
éstos existe el mismo origen y pertenecen á una 
misma clase, sino que debe suponerse que las cau- 
sas determinantes á& las auroras boreales pueden 
ser favorables ai nacimiento del fenómeno me- 
teorice. 

A Quetelet se deben interesantes oloservaciones 
sobre ciertos movimientos simultáneos atmosfé- 
ricos, los eaales expiiíia por medio de'ingeniosas 
hipótesis, y además sobre las lluvias, temperatu<» . 
ra del suelo y auroras boreales, publicando sus 
resultados y dando de todo las^más sabias des- 
cripciones y. curiosos detalles. 

A ejemplo de estos sabios, el mismo Quetelet 
hizo multiplicados experimentos, introduciendo 
el termómetro en la tierra y á distintas profundi- 
dad^, á fin da resolver la^importantisima cues- 
tión de la temperatura del globo. Sus propias 
observaciones y la comparación que de éstas hi- 
zo con las de otros sabios, le dieron un resulta- 
do satisfactorio respecto de la velocidad media 



414 

con que se trasmite el! calor ú intedor de la 
tierra^ determioactclo hts des {icofuiKlídades ^a 
qde \2^ taxiadones asaalési y diamas de la tem- 
peratura {medenii|on8idBratée tmlas: .- 
. Por último, eii ld7ay Qüteiei {iubtipó su ufe- 
moria s(ü)re:la^3retoía<Hpdba'.delC¡(Hi^eso de Vía* 
na^ del cual fonQó parte. Tenia por objeto esa 
reuDion la di3Ciii^0Q de las bases qoe^ eo' coacepte 
de aqu^los' sabios/ deberían adoiptanse para pro- 
ceder de una fiaaa^eira uniforme á las. observado-*' 
nes meteorcl<^gicas ext todos los países: i 

Las olH^as más notables /que nos dejó el emi- 
nente Quetelet^ independientemente de las esta- 
dísticas é bistóríoas^ son: la AstrotuMHa Ele- 
mental\{i9l^\ icuya segunda edídon tomó el 
título de ElemeTüQs de Astronomía ( 1847 ), 
Anuario úd Observaéorie Jieal d6 BruselM 
(1S33- im^\.Fi^icadelGiobo (18ei),-/líc<ed- 
rologia de BMgiai oúmpcúradueún la dehGlo* 
bo (1867), y varias Memorias destinadas 4 la 
Correspondencia física y-matemátijm de ^\- 
^\e^ ^ k los Ánalesdd ObaeriMtoriQ . 

Los importantes trabajos: dé iQuetelét no se li- 
mitaron á la iastronomlá y /ineteorologia: ^n ta- 
lento y 9u «eradiieión presbanon Am paMa servi- 
cios no menos importantes^ eDciia^ c^^ qi>e es- 
cribió sobre estadística* ' .• 

Estos distintos ramos de , la cieíicia/ 'basados 



415 

en datos numéricos^ demandan cada< üno^ por 
su dificultad suma., una inteligencia superior y 
especial. De i6s fenómenos celestes y atmosfé- 
ricos obtiene el astrónomo y meteorologista los 
datos esencides de sus cálculos; el estadista los 
recoge de los hechos naturales, sociales y po- 
líticos. Los primeros, respectivamente, fijíin las 
leyes del movimiento de los ostnas y las causas 
determinantes de los meteoros, y el segundo da 
á conocer el estado social de tin pueblo en sus 
elementos naturiatles de economfa, situación y 
movimiento. Aquellos predicen la reproducción 
de los fenómenos celestes y las variaciones del 
tiempo, y éste prevé los mal^ de la sociedad 
y propone las medidas necesarias para su re- 
medio. ^ 

Estas diversas circunstancias realzan más el 
inérito del hombre que supo tratar con tanto 
acierto materias tan variadas como difíciles, y 
que llenaron toda su laboriosa existencia. 

Los títulos solo de las obras que Ouetelet es- 
cribió sobre estadística, revelan su inmensa im- 
portancia. 

Investigaciones estadísticas acerca del reino de 
los Países-Bajos (1830): Investigaciones sobre la 
reproducción y mortalidad, y sobre la población 
de Bélgica (1832): Influencia de las estaciones 
sobre la mortalidad á diferentes edades (1838): 



416 

Cartas al Duque de Sa¿onia-Coburgo-Gotha, so- 
bre la teoría de las probabilidades^ aplicada á 
las ciencias morales y políticas (1846): Sistema 
social y leyes que lo rigen (1848): Estadística 
moral y leyes en que se. funda (1848); y con el 
concurso de M. Heuschlin, Estadística interna- 
cional (1865). 

Publicó^ además^ un Proyecto de ley para la 
ensefianza pública en Bélgica (1838); una Histo- 
ria de las ciencias físicas y matemáticas (1865)^ 
y las Ciencias físicas y matemáticas délos belgas 
á principios del siglo XIX (1867). 

Muy pocas son las noticias que de la vida de 
Queteleí nos han llegado. Uno que otro rasgo 
biográfico que consigna el Diccionario de Vape- 
reau respecto de ese sabio, y las menciones y 
citas de sus obras y observaciones que se en- 
cuentran en los libros científicos^ han sido el 
único material de que he podido disponer para 
dar forma á este corto discurso, en desempeño 
de la comisión que la Sociedad se dignó con- 
ferirme. . 

Sin embargo, puedo aventurar, acerca tle la 
vida de este sabio, una presunción que no des- 
mentirá ciertamente la biografía que 'escriban 
sus compatriotas. Entregado el ilustre Quetelet 
á sus ocupaciones favoritas ep el seno de su fa- 
milia, estimado de su gobierno y querido de sus 



417 

amigos^ entre los cuales contaba en primer lugar 
á Humboldt, Arago, Agassiz, Maury y otros hom- 
bres ilustres^ su existencia^ con excepción de la» 
penalidades inherentes á la humanidad^ debe ha- 
ber sido tranquila y feliz. 

Digna fama le granjearon en vida sus impor- 
tantes trabajos: de hoy en adelante^ sus obras 
<;onstituy6n su fama postuma. 

México, Julio 25 de 1874. 



FIN. 



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ÍNDICE. 



* « 
'4 



I ' W 

Materiales para formar la estadística general de la . # 
Re})üblica Mexicaaa.-*^Apuiites relativos & la po- 
blación, ,•.,,♦, • I 

Estado de Aguascalie^tes. • % 

Id. de Gamp^he • • . • 4 

Id. de Goahuila id. 

Id.^ de Chiapas, . 5 

Id. de Chihuahua.- . . . .* . 6 

. Id. de Diirango. i ........ , 7 

' Id. de Colima 9^ 

Id. de Guanajuato. 10. 

Id. de Guerrero 16* 

Id. de Jalisco. , 17 

Id. de México, Hidalgo y Morelos 20 

Población del Estado- de Hidalgo . . . 21, 

Estado de México 22 

Id. de Morelos ^ . . . . . 23-" 

Id. de Michoacan id. 

Id. de Nuevo-Leon. ; 2& 

Id. de Oaxaca. \* • • 2& 

Id. de Puebla '. . . 27 

Id. de Querétaro 3* 



420 



52 



:13 



Estado de San Luis Potosí. 30 

Id. de Sioaloa 33 

Id. de Sonora 34 

Id. de Tabasoo 37 

Id. de Tamaulipas 38 

Id. de Tlaxcala 39 

Id. de Veracniz 40 

Id. de Yucatán 42 

Id. de Zacatecas 46 

Distrito de México ,..f ; / 47 

Territorio de la Baja California. 48 

Orden de los Estados 

Noticia de los nacidos en los años que se expresan, 
tmpreftíoms de ua Tiaje á la Sierra dé Htinndá- 
nangd.-r-A'mi querido amigo Igfiacíio M.' 'Altattíi% 
rano ••t»éitiatift'é« 

sierra de Pachuca.— Atolonüco el Choteo.— Al Séjttof 
D. Feliciano Herreros de * Tejada, eft Jtestiímmio 

de aprecio ...../ . 

Las estaciones en el Valle de México.-A íusto Sierra*» f 61 
Extensión y población del Vane de México. ,..,.119 
lj¡na excursión á la Cdverna de* Cacatóiamilta.' . .127 
<!averná de Cacahuamilpa. .... . J . .^' :;". . . . l43 

llFria excursión á la tíerracaliente.— Al 'Sír:''Eic. D. ' ^ 

.Rafael Martínez de la Torre. . . . .' l63 

Teziutlan . 166 

"flapacoyau. .......: 179 

Hacienda del Jobo. 187 

Congregacioneá del Jobo 194 

Colonia de Jicaltepec .;..... 203 

AJgo sobre costumbres.— Un baile de tarima. . . . 210 

íuérto de San Rafael 217 

í*uerto y barra de Nautla .' 225 

tJ;na excursión á Perote.— Al Sr. D. Anselmo de la 
* Portilla 231 



89 



lín.Páseo á Jálaí)á.—Al Sr. I>, Sebastian Lerdo (fe 

íéjá(fe; . , : vv w ; : ..." .'. . v. .;. , : . m 

Ensayo de tiü ^stydió'btóii'p^'raiiT^ entre lá^'^íráíñi- ' 
^ des' egipcias y íneiifeánaá.'— Al Sr. líe. JO, igna- 
fcío Ramírez, en testimonio, de aprecio.— "Parte ' 

primera. — Pirámides egipcias , . . . 269 

De las pirámides en general 274 

Disposición de las pirámides y orientación 277 

Objeto y construcción de las pirámides 278 

Monumentos fúnebres 284 

Dimensiones de las pirámides 289 

Interior de las pirámides • • • • 290 

Parte segunda. — Pirámides de Teotihuacan. -^Des- 
cripción del. terreno 292 

Situación de las pirámides 295 

Forma y orientación de las pirámides 298 

Objeto de las pirámides. . -r 305 

Monumentos fúnebres 310 

Dimensiones de las pirámides . 312 

Pirámide del Sol ... 313 

Pirámide de la Lima. . 314 

Interior de las pirámides ? . • • 317 

Conclusión 326 

Ruinas de la antigua Tollan.-^A mi querido amigo 

José Rosas 331 

Memoria con que el Secretario de la Sociedad Filar- 
mónica da cuenta de los trabajos de ésta en el año 

de 1870. . 361 

Memoria presentada á la Junta Directiva de la So- 
ciedad Filarmónica Mexicana, con motivo de la 
construcción del Teatro del Conservatorio.. . . . 375 
Cuenta que presenta el que suscribe como encar- 
gado de la construcción del teatro 386 

Discurso en honor de Samuel Morse, pronunciado 
en la solemne sesión celebrada por la Sociedad 



421 

Mexicana de Geografía y^Est^dística la aoche del 
-21 de Diciembre de 1872. •.•••••..••• 391 

Discurso éo. Jionor de Lamheirto A. S. Qúetelet, pro- 
nunciadlo en la Sociedad Uexicmai de, Geografía 
y Estaáísticá.' '1 . . ';.'.. : ." . ; . . 40T 



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EL PASO OE VENUS 



ROR El_ DISOO DEL- SOI 



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APÉNDICE A LOS ARTIGM)S DIVERSOS 

DE 

li<«»Í« &W({* wAtt. 



1 



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i 



i MIS APBEOIABLES AMIQOS 



liOS beSobes 



J. |osi k l^stó €xiém g §. Pairatl |Per¿lw. 



■^é:! *» ■ m ^ 




OLO la ignorancia con bu escepticismo consiguien- 
te, puede dudar de los progresos que reamieiite 
ha necho la ciencia astronómica. JLa consabida 
estrofa: 



El mentir de las estrellat 
Es tm seguro mentir, 
Porque nadie puede ir 
A preguntársdo á ellas. 



Únicamente pueden pronunciarla los labios de aquellos 
que totalmente desconocen los principios de las mate- 
máticas en general, y de la geometría en particular. 

Día á día presenciamos la realización de ciertos fe- 
nómenos celestes, predichos por el conocimiento pleno 
que se tiene de las revoluciones planetarias. Unas ye^ 
ces la luna pierde su argentado brillo sumergiéndose en 
la sombra de la tierra; y obras, el sol, oculmndose tras 
de aquel astro, üos priya momentáneamente dé sus ful- 
gores; loa cometas aparecen periódicamente como er- 



-njr 



rantee mjeroB con sus cabdlerftfl tenues y lucientes; y 
xmllares de meteoritas en detenninadas noches ¿d 
año, radian en copiosa lluvia surcando el espacio y de- 
jando tras sí sus estelas luminosas. Ante la predicción 
de estos f enómenos, que se realizan con admirable pre- 
cisión, debería desaparecer lá increáuUdad, aun cuan- 
do la inteligencia por la falta de la instrucción necesa- 
ria, no alcance ui comprenda la causa de tales efectos. 

El tránsito del planeta Ténüs por frente al disco del 
sol, es un acontecimiento astronómico de la mayor im- 
portancia; por cuanto á que ese fenómeno, que solo tie- 
ne efecto dos veces en ^intervalo de mas<Ae un siglo, 
facilita el medio de determinar con mayor plrecisioii, la 
distancia que nos separa del sol, y en consecuencia, 
las demás que existen entre todos los planetas. 

Por escasos que sean los conocimientos que se ten- 

f;an de la geometría, uno de los mas bellos ramos de 
a ciencia, todos saben lo que es un triángulo, ^ura 
que forma la base de la teoría que trato de exponer. 

Todo triángulo consta de seis elementos; tres ioffi" 
loüÁBjCij tres lados respectivamente opuestos* i 
Ips ángulos, ahj.c (fig. 1') 

Conociendo el valor de tres de los elementos de un 
triángulo^ se puede obtener el de cualesquiera de loa 
otros tres, de la misma manera que aritméticamente 
puede obtenerse el cuarto término de una proporción, 
conociendo los otros tres. 

La trigonometría se ocupa de la resolución de los 
triángulos. 

Previas estas ligeras nociones de geometría, fácil- 
mente se puede comprender la teoría que me he pro- 
puesto esplicar en el presente artículo. 

Sábese que una línea recta mide la verdadera dis- 
tancia que nay entre dos puntos; así es que para obte- 
ner la lon^tud de una calzada, por ejenoplo, bastará 
fijarse en dos puntos estremos de ella y medir, sin des- 
viiu:se de la recta, la distancia que los separa^ con una 
cadena <S cinta dividida en metros, varas, &c. Esta 
operación tan senciUa, tratándose de una distancia que 
puede recorrerse sin obstáculo alguno, ea ÍD(^practica- 



5 

ble 8i 8é qváete obtener la que exista entre dos puntos, 
de los cuales uno es inaceesible» ya por las aspereoas 
del terreno, ya por interponerse algún río ó por otras 
cirounstaneias. En tal caso, hay que oourrít a ótio ar» 
bitrío geométrico, que produce ademas» un resultado 
mas satísfaetorío. 

Supongamos que entre Ay O (figura 2) se interpon 
ne un rio y un bosque que impiden la medición de una 
distancia por medio déla cinta.-^e mide sobre el ter-^ 
reno una distancia A B que constituye Ja base; en el 
punto A, por medio de un instrumento angulat, se ob- 
serya el ángulo que la visual A C forma <íon la. bá.Se; 
tríG^sladándose el observador al estremo JS, ejecuta la 
misma operación para observar el ángulo AJ3 G. Oon- 
tando asi con los tres eleinentoiB necesarios del trián- 
gulo, fácilm^e puede calcularlie el lado h que 6^ la 
distmcía que se desea averiguar. 

Hagamos el caso práctico^ á fin de comprobar la teo** 
ría, suponiendo que el operador obtuvo los siguientes 
datos: 

c, base del triángulo, medida direc- 
tamente 8876" 

Ángulo A, observado. . ; 7d"88'á0'' 

Ángulo 5, „ GiTQV 

Para resolver gráficamente el problema, se bace uso 
del trasi)ortador y de un doble decímetro, asignando á 
las divisiones de este, sc^un la escala que se adopte, 
un valor que esté en relación con las medidas tomadas 
en el terreno: sea por ejemplo, el de cien metros á ca- 
da milímetro. 

I"" Desde el punto A (fioira 3) trácese sobre el pa-' 
peí una línea indefinida A i. 

2"* Puesto que á cada milímetro se le han asignada 
cien metros, tómese sobre la linea indefinida, según se 
espresa en la figura, una longitud igual, á 88| de n^iH-^ 
metro= 8876 metros en el terreno, y se tendrá la base 
AB. 

3"* De los estremos de esta, como vértices, constru- 
yanse por medio del trasportador los ángulos já :^79° 
38' 40'^ y B^STdV. Los lados a y & se cortan en el 



6 

ponto C tcorcer vártíoe del triángulo. El problema se 
nMmelTe tan solo midiendo con el doble aecímetro el 
lado h, <}ae en el presente caso es de 110 milímetros; 
mnltq>lioados estos por 100 dan 11,000 metros, que es 
la distancia que se deseaba ayeriguar. 

Conviene advertir que las construcciones gráficas, 
como la que se acaba de indicar con el unicó m de fa- 
cilitar la operación, no dan la exactitud ^ue se requie- 
re en tales casos, y debe procederse aplicando al cál- 
culo las fónnulaa trigonométoicas, ima de las cuales da 
11013,70 metros, como resolución exacta del problema. 

He deseado por medio de un caso práctico demos- 
trar los principios evidentes en que se funda la ciencia 
para deducir sus resultados, y contribuir por este me- 
dio á destruir la incredulidad. 

El problema de las distancias de los cuerpos celestes 
está basado en los mismos principios. Ün planeta, 
por ejemplo, es el punto inaccesible, vértice del tercer 
angu£> que con mas ó menos dificultades, inquieren los 
as&ónomos, observando los otros dos sobre la tierra. 

Supongamos que dos astrónomos, situados uno en 
A j otro en B (figura 4) puntos de la tierra muy dis- 
tantes entre sí, observan a la misma hora la estrella G 
y obtienen los ángulos AB Oj B AC. Puesto que la 
suma de los ángulos interiores de un triángulo es igual 
á 180", ó sea, dos rectos, bastará restar de ISO"" la*8a> 
ma de los doff ángulos AjB obtenidos por la obser- 
vación, y la resta espresará el valor del &igulo (7, án- 
gulo á que se da el nombre de paralaje de Ja estrella, 
Al ejecutar la sustracción indicada, en todos los casos 
análogas al de <jue tratamos, la resta es igual á O, de 
cuya circunstancia resulta nula la paralaje, y por coiusi- 
goíeiite paralelas las visaales de Lbos ol^rvadoies; 
es decir, que tan inmensa es la distancia de una estre- 
lla illa tierra, como pequeña esta para tomar por base 
aun su propio diámetro. 

Sean T la tierra j C el astro cuya paralaje se trata 
de determinar (fisura 6.) Obsérvese ante todo, que 
cusmto mas distantes se encuentren los puntos de es- 
tación, aumenta el valor de la paralaje, de suerte que 



i 



m. laestacion B se retijra hasta D, aquella es mayor. 
£1 observador en la estación A, en el caso qae inaica 
la figura, tendrá el astro en su zenit, y el de la estación 
D en su horizonte, razón por la cual se da á la parala- 
je el nombre de horinzontal, y es la que los astrónomos 
inquieren empeñosamente. Asi pues, la paralaje oxo es 
otm cosa que el ángulo bajo el cual pudiera yerse el 
radio terrestre desde el mismo astro. Fácfl es doñee- 
bir las grandes dificultades que hay que vencer para 
obtener la paralaje de un astro, puesto que el yatorde 
esta disminuye hasta ser nula á medida que el asÜ^o se 
encuentra mas distante de la tierra. 

La luna, como satélite de la tierra, es el astro me- 
nos distante, así es que ha podido determinarse sin 
^an dificultad su paralaje, que es de 67*2" y 81 dé- 
cimos de segundo, la c^ue da para la distancia 60| ra- 
dios terrestres ecuatoriales. Sábese que el radio, ter- 
restre mide 6.377,398 metros, que multiplicados por 
60| dan en leguas mexicanas de 4190 metros, uua^dis^ 
iancia de 91703 ó bien 96000 leguas métricas. Como 
la incertidumbre de esta distancia . depende solo del 
error de observación que en la paralaje lunar se esti- 
ma en medio segundo, el error en la distancia resulta 
de 14 leguas próximamente. 

La distancia de la tierra al sol, á consecuencia déla 
estraordinaria pequenez de la paralaje, no ha podido 
obtenerse simplemente por el método indicado, a pesar 
de los esfuerzos de los astrónomos que en eUo se han 
ocupado desde la mas remota antigüedad. Aristarco 
de Samos, que vivió mas de 200 años antes de la e^a 
vulgar, trato de resolver el problema tomando como 
base la cüstancia á la luna, y practicando la observa- 
ción en una de las épocas de cuadratura. — Como sé 
sabe, en tales épocas los ejes que unen el centro de la 
luna con los de la tierra y del sol, forman un ángulo 
recto; así es que observando el ^ue formaban las vi- 
suales TL y TSy (figura 6) obtenia el tercer elemento 
de que necesitaba para deducir la distanda TS, lado 
opuesto al ángulo recto. La falta de precisión de este 
método, aunque ingenioso, produjo el mal resultado 



8 

qM era>: CHSBakraiente, dando á la paxakje sedar un vt^ 
lor muT «raaae^ y por taaiio en estremo peqne&o re^ 
|)ted)o dala dislaiicia. 

Ja difereneia obtenida en distintas ¿poeas^ por la 
fetba de preciso» medioB de obaerraeíon respecto de la 
|m¿ajie, ka &údo la cansa de la diferencia en Im ajm- 
eiaKácm de la distancia, la cnal ^aria de 1.645,000 á 
S^cIKiO.OOft leguas. 

T^lm diferencia» puíüeran $i&mai de^ axgnmeáto á 
los qne niegan los principo» db li etttaeia^ volmeie»- 
<áenAo con eso sn incrednhdad; pero la o))^icii^ qa& á 
este respecto pudiera Imcerse, carece de landamento: 
fiji delecto xio. está en los principios en que la astmoio- 
s^fii InndíA. sus operaciones^ sino en las m^seultades |»<^ 
iQi la precisa obser?8cioi^ á cansa de Is ismiénsa disr 
tanciei q<ae sapsjra en el efl^»acÍQ á los eoerpos celestesi 
toi perserv^earancia de los astrónomos, de esos Snstres 
aJpó&^te^ de la eieneia, ^ence cada día mas y ma», los 
obstásdc^t cpo se oponen ¿ sn exacta observación. 

im adnurables leyes ñ& Kepler, l^s qne rwas ei 
ni$>T£K9áento de los plnnetas y deterndnan la re&unoii 
<|jM «¿ste en la dnracion de sus respeotÍTas reTolndoo- 
nes y de sns distancias al sel, cenlaro del sistema pii»^ 
netario, proporcionan á los astrónomos medios maa eft'- 
oaoBS? d& observación; y una vez obtenida la distancia 
xm» precisa d^ un astro, pueden obtenerse por conps^ 
isacáfn las dé los otros, en TÍrtud de una de las li^s 
ésifridasv^ como se ha dicho, al gran genio de Eepler. 

lia observación del paso de Venus por el disco del 
mAf conforma al método propuesto por elilustroastró- 
nJbno Hftiley, conduce i resultados mas satisfactorios, 
iiefl^E^^ecto de la paralaje solar. Ese método se puso en 
práctica el 6 de Junio de 1761 y el 3 de- Jxusjo de 1769; 
y la. observación debe repetirse, á fin. de rectificar los 
remliiados obtenidos en aquellas épocas, el 8 daDi- 
ciemlxra de 1874, y el 6 de Diciembre de 1882. 

Las observaciones hechas en 1761 no dieron el re- 
snltotdo apetecido, quLziá/^or ser la primera vez que se 
pxn^tijcaba el método iniciado por HaUey^ sin tener los 
askónomos antecedentes de análogas^ operaciones an- 



9 

teiiores para normar las que, de nueyo ejecatabaü, 6 
tal vez, por la mala elección de los pantos de estaoion. 
Con todo, ante esos resultados, los astrónomos adqui- 
rieron la útil enseñanza que da la esperiencia, y fueron 
mas preyisores en la s^nnda época, 1769, obteniendo 
resultados mas satisfactorios, que son lo^ que la pre- 
sente generación trata de rectificar. 

Como se ye, el fenómeno celeste de que tratamos, 
tan interesante para la ciencia astronómica, se repite 
primero, en el intervalo de 8 años, j después, en el es- 
pacio de mas de un siglo. 

He aquí por qué razón no es mas frecuente el fenó- 
meno celeste de que se trata. Se dice que un planeta 
-está en conjunción superior, siempre que se encuentre 
-en el punto P (figura 7) opuesto á la tierra; y en con- 
junción inferior, en F, es decir, entre el sol y la tierra 
misma. Los planetas Mercurio y Yénus, llamados in- 
feriores á causa de trazar sus órbitas dentro de los lí- 
mites determinados por la de la tierra, tienen coniuncio- 
nes inferiores y superiores; pero los demás planetas 

Sie giran mas allá del nuestro, y por lo cual se les da 
nombre de planetas superiores, tales como Marte, 
Júpiter, &c., solo tienen conjunciones superiores. 

Está fuera de toda duda, pues el cálculo lo ha de- 
mostrado, que Yenus entra en conjunción inferior cada 
584 dias. 

Así es que si para la primera conjunción 

contamos 584 dias. 

Contaremos para la 2*" 1168 „ 

„ para la 3\ 1752 „ 

„ . para la 4' 2336 „ 

„ para la 5' 2920 can- 

tidad que dividida por 365 dias, da 8 años. 

Quiere decir, <}ue bu el intervalo de 8 años, Yénus 
^^ontará cinco conjunciones inferiores. 

En consecuencia, la tierra durante cada período de 
584 dias, habrá recorrido 676% ó lo que es lo mismo, 
íoda su órbita, mas 216*. 

Sea T la tierra y F Yénus, que se encuentra en con- 

^ . 2 



■f *■ 



ñ, á oMosa del pwiodo traacomdo, {mitien^cM pdA'- 
to 7, habrá leconido km 216* nM de bb órbU», t M 
eoctartrará ea el pouto T] y uí soceñrmauaite í»mí*- 
oontráoctoae ftl fin de cada nttBTo periodo, en los pon- 
toe T, T, Tt ^tiOoóncidieBdooBte último oa& el jraft- 
to de partida T. 

I>e]nostrada eeta teoría pndiera oreerse fáoüiQebto 
que el paso de Vesos por el diaco del aol debwia eíee- 
toane cada ocho años precisameDte; pero no ea asi, 
paes existe nna circnustancia, síb la aóal, we feaúiae- 
Uo, IiO puede acOQt«GeT. Para qae Váii»> con lelaáoo 
Á la tierra, pase pcur frente tu diaoo del aol, no bieia 
que se halle en conjonoion inferior, ee condición íodi»- 

ríDsable qne esta teiif|a ^eoto en la linea de loa oodoe 
cerca de ella. Aun mdependiantemente de esta eir- 
cnnstancia, el fenómeno no se repetiría á loa ocho años 
[««ciso^ paesto qae la relación qne acaba de esponer- 
se no es enteíamenfe exacta. Cinoo revolnoiones sinó- 
dioas Be efectúan «n poco menoa de ooho años, conau- 
tiendo la diferencia en doa días y medio. 

Antea de paaar adelante, conviene ad-vertir lo qne se 
entiende por línea de los nodos, y por latitud geocén- 
trica de un astro. 

Puesto qne las órbitas de los planetas se hallan in- 
clinadas unas respecto de otras, los planos que las con- 
tienen se c<M:tan determinando en sn interáeocion ons 
línea, que es la llamada línea de los nodos, y á sus es- 
tremidades simplemente nodos; tal es la Únea T, Tf 
(figura 9.) Como esta es común á los dos planos que 
se cortan, siempre que dos planetas, dorante sn revo- 
luoion, se sitúen en ella, se enoontrarán en la misma 
dirección del sol, que es el foco común de todas las 
órbitas. La línea de los nodoi divide la órbibi de nn 

Elaneta en dos mitades, una llamada nodo ascendeKie y 
k determina el paso del planeta del hemisferio aostral 
al boreal; y la otra nodo desoaidenie, al pasar d^ heaiifi- 
ferío boreal al austral. El plano de la eoUptiea mU 
detenninado por la órlñta terrestre. 
Si se considera la tierra como centro de la esfera ce- 



11 

leste, jÁ ella se relaciona la posición de un ai^tro, esta 
pooiqion se llama geocéntrica pata diferenciarla de la 
que se considera relacionada al sol como ceíitro, en 
oajo easo se llama heliocéntrica. Be aqni proYÍenen 
los nombres de latitvd geocéntrica 6 altura de un astro 
sobre la eclíptica, visto desde la tierra; j hiÁivd hdio- 
cénírríca ó altura de un astro sobre la eclíptica, supo- 
niéndolo visto desde el sol. 8ea TT, el plano de la 
eclíptica, y VV el de la órbita de Venus (figura 9.) 
Oomo este último plano se halla inclinado respecto del 
de la eclíptica, al recorrer Venus su órbita, la latitud 

Seocéntrica adquiere diversos valores. La amplitod 
e los ángulos (jue la miden VT8, V^T.Sy^ V^T^S^ 
Fg T^8^ &e,, disminuye sucesivamente a medida que 
las conjunciones se acercan á la línea de los nodos, en 
la cual es nula la latitud del planeta. Desde aquí^ 
continuando este su camino por el nodo descendente, 
vuelve sucesivamente á adquirir sus diversos valores 
hasta su punto mas culminante V, desde donde empie- 
zan aqueños á disminuir hasta la conjunción en la otra 
parte ST^ de la lín^a de los nodos, en que la latitud 
vuelve á ser nula. . 

A fin de hacer de mas fáeil comprensión la teoría, 
he supuesto las dos órbitas en perspectiva y por tanto 
elípticas; pero va se sabe que tanto estas como las 
demás órbitas pWetarias son easi circulares. 

Si en el Momento de la conjunción la li^ea ST, en 
la cual tiene aquella afecto, eomcide con la de los no- 
dos, la latitud seoeélitriea de Venus es nula, y su pro- 
yeoeion en el disco del sol trazará uno de los diáme- 
tros a b de este astro (figura 10,) y 4 medida que dicho» 
latitud aumente al efectuarse la eonjuncion mas dis- 
tante de aqueUa línea, describirá cuerdas de menor 
koigitud a'V a''V\ El límite de esa latitud no debe 
exceder de 32\ próximamente igual al diámetro apa- 
rente del sol. Todo esto esplica suficientemente la 
causa por la cual solamente en los nodos ó cerca de 
cJloa nuede tener efecto el fenómeno celeste en cuestión. 

Volvíalos ahora al punto de la periodicidad áe este 
&nómeno. 



. ». ¿. 



12 

Se ha maniféatado qne la reprodnecion del tránsLto* 
de Yéxms por el disco del sol á los ocho años, no pne* 
de tener efecto, en la misma linea que sirvió de punto 
de partida porque no es exacta la relación entre las* 
reyoluciones sinódicas j el tiempo trascnrrido. Así 
es qne, si una conjunción inferior tuvo lugar según la 
línea ^8^ T, (figura 7) al termino de cinco revoluciones 
en poco menos de ocho años, la conjunción se efectua- 
rá en la línea 8 V T' anterior á la línea NN' de los 
nodos. Mas como en esta nueva posición la latitud 
geocéntrica de Yónus no escede del límite de 32' antes 
indicada, pues apenas contará 20', el fenómeno se re* 
I)roduce, y no ya en los sigaientes períodos, por adqd- 
rir la latitud de Yénus un valor superior á aquel deter- 
minado limite. 

Pasemos á exponer la causa de la repetición secular 
de tan importante acontecimiento científico. El paso 
de Yéaus por el Sol se efectúa en uno j otro lado de 
la linea de los nodos; j por un cálculo idéntico al que 
sirvió para demostrar la periodicidad inmediata de los 
ocho años, se llega á encontrar: que en 243 años, con 
diferencia de un dia, se completan 152 revoluciones si- 
nódicas de Yónus, durante las cuales, el Sol, Yónus y 
la Tierra se colocan dos veces en las condiciones ne- 
cesarias para la reproducción del fenómeno, en una j 
otra parte de los nodos. Uno de los grandes periodos 
cuenta 71 revoluciones en 113¿ años siderales, j el 
otro 81 en 129^, repitiéndose el fenómeno inmediata* 
mente á los ocho años, por la razón antes espresada. 
La conjunción de Yénus en las condiciones requeri- 
das para los dos pasos sucesivos en 1761 y 1769, se 
efectuó cerca del nodo descendente; la de 8 de Di- 
ciembre de 1874 y 6 de Diciembre de 1882 tendrá lu- 
gar cerca del nodo ascendente. Siendo la latitad de 
Y énus en 1874 boreal, su pequeño disco se proyectará 
en el hemisferio norte del sol, así como su proyección 
en 1882 será en el del Sur por ser su latitud austral 

Esplicadas las causas de la periodicidad del tránsi- 
to de Yénijs, pasemos á tratar de los resultados que de 
su observación debe obtener la ciencia astronómica. 



13 

Situando los observadores sos estaciones mnY dis- 
tantes unas de otras, j en Indares que tengan el sol á 
cierta elevación sobre el horizonte, verán proyectarse 
á Yénus en diferentes lugares del disco solar, y recor- 
rer cuerdas de diversa longitud en diferentes periodos 
de tiempo, circunstancias que los conducirán a fijar la 
posición relativa de esas cuerdas. Supongamos que 
un observador se encuentra en -¿á y otro en 5 (fig. 11,) 
el primero verá la proyección de Venus en F' y el se- 
gundo en F". Por la posición de las cuerdas abjcd 
se tiene la distancia angular de estas P FF". Los 
triángulos AVBjV VV son semejantes, es decir, sus 
ángulos respectivos son iguales, y sus lados homólogos 
proporcionales: 

AB : FF" :: AV : FP :: TVi VS etc. 

Una de las admirables leyes de Kepler, de las cuales 
ya se ha hecho mérito, determinan, no las distancias 
absolutas de los planetas^ sino la relación ^ue existe 
entre esas distancias, de modo que obteniendo con 
exactitud el valor de una de eUas, pueden obtenerse, 
por medio de im simple cálculo aritmético todas las 
demás. Juzgúese por este hecho cuan inmensa es la 
importancia que debe darse á la observación del paso 
de venus, puesto que, por su medio, puede obtenerse 
un valor inquirido tantas veces y con tanto afán por 
los astrónomos, ó como ha dicho uno de estos sabios, 
el metro de las distancias celestes. 

Según una de las mencionadas leyes, la relación en- 
tre los semi-ejes de las órbitas de Yénus y la tierra, 
no excede mucho de 0,72 tomando por unidad la dis- 
tancia del sol á nuestro planeta. 
* Según Delaunay, puede tomarse para SV 0,73 

El complemento de la unidad ó sea el término 
para la relación TS 0,27 

1,00 

Si comparamos los triángulos semejantes AVE j 

F' Vr' (figura 11,) suponiendo las longitudes F' F" y 



^>' 



14 

AB paraldaA entre bí, oomo perpendionlares á U eolíp- 
tioa, tendieqsos la siguiente proporción: 

rr':AB::8V: TV 

Snatitnyendo los ralores de los nltimos términos re- 
sulta la ecuación: 

VT" 73 



= i^=2,7 



de donde 



AB 27 






2,7 



Es decir, qne dividiendo por 2,7 la distancia angular 
P P' se obtendrá el valor de AB^ distancia angular del 
diámetro de la tierra; j finalmente, si el resultado se 
divide por 2, se determinará el ángulo bajo el cual pu- 
diera verse el radio terrestre desde el sol, ó sea la pa- 
ralaje de este astro. 

Se ha supuesto en la figura la coincidencia de la 
conjunción en la línea de los nodos, así cómo los pun- 
tos de observación en los extremos del diámetro ter- 
restre, á fin de facilitar la teoría, que tiene su aplica- 
ción sin que concurran las circunstancias menciona- 
das^ las cuales ciertamente abreviarían las operaciones 
de por sí tan delicadas. 

Con el propio objeto se han eiajerado las dimensio- 
nes de la figura de nuestro planeta; j debe advertirse, 
por tanto, que si atribuimos al sol, reduciéndolo á una 
escala determinada, 110 á 111 miHlnetros de diámetro, 
el de la tierra deberá representarse por un milímetro, 
7 la distancia entre ambos astros por una longitud de 
11 metros y 6 decímetros. 

De la exageración de la figura proviene la extraor- 
dinaria amplitud de los ángulos AVB j P VV'\ En 
realidad, la distancia angular P P* que puede obser- 
varse desde la Tierra, es mnj pequeña^ pcnr cnya causa 
lo. observación puede hacerse con mejor éxito cuando 



16 



y^kuae ftl pasar por el diiboo dtí saly d&swüs» las oaei^ 
das mas distaiites del cieniroi Sé aqttí lAJsaotu ia di» 
ferencia en la longitud de dichas cuerdad 7 dé ia «nal 
depende tía fijaciaa en elndiseo solar, no paede apre- 
dbne fácilmente faáQándóíke aqueHas cérea del isealxó* 
porgue él ángulo que forman oon los bordes del di»eo 
es sensiblemente reeto^ en ta&io qoe alejadas del oen^- 
tro, el referido ángulo es cada ve2 mas agudo* 

Flammarion acompaña á sn interedaüte ei^E>osi«iott 
teórica del paso de Veras, mía carta en que se indkan 
los lugares de la tierra en doodie ese fe&ómeno puede 
observarse, así como Isa regiones en donde no s«á vi- 
láble por tener el sol bajo del Ixoiizotits* Esa carta 
fué formada por la oficina de longitudes de Francia» y 
he creído muy conteniente reproduciria en este art¿ 
culo, así como la esplicadiün que de ella hace el núsmo 
sabio. La r^on que abraza la parte clara del mapa 
es la mejor mtuada para la ohserraoion por cuanto á 
que los países que comprende tendrán á sd sobre e¿ 
horisonte durante todo el tiecmpo del tránsito^ y por 
tanto podrá obnervarse la entrada y la salida del pía* 
neta en el disco del sbL Obsérvese que Pekín, Nan- 
kin, Shanghai, Calcuta, Bombay, Oeylan, Biam, etc., 
se encuentran perfectamente situadas para el objeto. 

La región oscurecida que abrasa la África Occiden- 
tal, España, Francia, Inglaterra, Alemania, Suecia el 
círculo polar ártico, el estrechó de Bekring y las dos 
Américas, determina la parte terrestre en la cual no es 
visible el fenómeno, por tener su efecto después de 
puesto él sol. . 

En la región señalada por una mtedia tinta de líneas 
horizontales^ se verá solamente la salida 6 fin ^Ipaso. 
Esta región comprende el África, la Arabia y la Tbt^ 
sia. En la otra regían, indicada asimismo por ttoa 
media tinta pero de líneas Tearticales,; se veA 1^6 la 
inmersión de Yénüs, ó el j)rineipio del tráni^to. En 
todas las islas de la parte del grandeOoéffltó^ewm'- 
pretidé esta región, el sol Be ñabiá ptesto al efedtear 
Venus su emersión. 

En fin, el pequeño triángnlOj al Sur de te Amíri^ 



16 

donde se enouenira la ida de la Trinidad, tendrá el sol 
sobre el horixonte al principio y al fin, pero puesto ja 
en el interralo. 

La duración del paao, segnn los cálculos de M. 
Fuiseux (Briot, curso de Cosmografía,) observando 
desde A punto céntrico de la tierra, sera de 4*" 14' 4" 
llegando el sol al meridiano 117* 18' Este de París, en 
el momento en que Yénus ha trazado en el disco solar 
la mitad de su trayectoria. 

Del mismo artículo de Flammarion tomo los curio- 
eos pormenores que siguen: 

'^Begun el parecer de la comisión nombrada por la 
oficina de longitudes, los astrónomos franceses deben, 
para la observación, i^ar sus estaciones en Tokoluuna, 
en la isla de San Pablo, en Numéa, en Máscate, en 
Suez, en la Beunion y en Peldn. 

Los astrónomos i^leses deben hallarse distribuidos 
en Alejandría, islas Serguelen, Bodriguez, Sandwich 
y Auokland, y en las tierras antarticas. Las estacio- 
nes de la Nueva Zelanda se relacionarán á la Austra- 
lia con las estaciones de Sidney y Melboume, cuyas 
longitudes se hallan bien determinadas. 

Los sdemanes eligieron sus observatorios en el Ja- 
pón, islas Kerguelen, Auokland y Mauricio. 

El gobierno ruso ha hecho sus preparativos y cuen- 
ta con unas veintisiete estacionen distribuidas en toda 
la ostensión de su territorio, en la China y el Japón. 

A estas numerosas comisiones debemos agregar la 
de Mélico, que probablemente se dividirá, establedón- 
dose una parte en Yokohama y la otra en Yedo. 

La distancia de la tierra al sol con mas ó menos pre- 
cisión se ha determinado por otros procedimientos, uno 
de los cuales ha consistído en deducir la paralaje por 
las perturbaciones que el sol produce en los movimien- 
tos de la luna, las cuales d^>enden de la distancia; y 
otro, aplicando ál cálculo la velocidad de luz. Faucauit 
llegó á det^minar por medio de provechosos experi- 
mentos, que la luz se propaga con una velocidad de 
75,000 leguas por s^undo; v como, por otra paixe, se 
sabe que la luz del sol emplea 818'^ para llegar á la 



17 

tierra^ fácil h>a sido obtener la distancia que, por otro 
método se estima en 37.000^000 de leguas, y. la caiJ. 
corresponde á una paralaje de 8''86. 

Los resultados obtenidos por diversos métodos de 
observación, nos demuestran eme los astrónomos no se 
hallan distantes de la exactitud tan anhelada por ellos. 
De las próximas observaciones se espera, que el valor 
de la paralaje no exceda de uno ó dos centesimos de 
segundo, en cuyo caso la distancia será conocida con 
-^ de aproximación, ó lo que es lo mismo, con una 
incertidumbre de 75,000 leguas, cifra que parecerá es- 
cesiva á todo aquel que no tenga en cuenta lo inmenso 
de los espacios celestes. 

Béstame hablar de la participación que los astróno- 
mos mexicanos han tenido en la tan delicada observa- 
ción del paso de Venus. 

Los nombres de Yelazquez de León y de Álzate y 
muy particularmente el del primero, ^aran en el ca- 
tálogo de los observadores de 1769. D. Joaquin Ye- 
lazquez de León partió de México el 18 de Abril de 
1768 con dirección á la península de California, á don- 
de Uegó d 14 de Junio del mismo año, eligiendo su es- 
tación en Santa Ana, pueblo pequeño situado sd norte 
y cerca del Puerto San José. Desde luego se ocupó 
en determinar la posición geográfica del lugar, y se 
preparó á la observación. £¡1 19 de Mayo de 1769 lle- 
garon á San José del Cabo, enviados por el gobierno 
español, los oficiales de la Armada, D. Salvador de 
Medina y D. Vicente Doz, juntamente con el Abate 
Chapp d'Auteroche astrónomo de la Academia Beal 
de Ciencias de Paris, quienes desde luego entraron en 
relaciones con el astrónomo mexicano. Los instrumen- 
tos de que pudo disponer el Sr. Velazquez de León, y 
que llevó consigo de México, no eran de los mejores 
para la determmacion precisa de • las posiciones geo- 
gráficas y se vio en la necesidad de hacer uso, ademas, 
de ob-os mas exactos que le proporcionaron loapUotos 
españoles, y asi pudo prepararse convenientemente á 
la observación del paso de venus, de 3 de Junio de 1769. 

3 



18 

Los resaltados de esa obsenraoion fueron loa si* 
guientes: 

ENTRADA. 

Primer eontaoto IP 65'46" tiempo yerdadero* 

Segundo contacto .... 0^ 1410'' „ „ 

SALIDA. 

Primer contacto 6^ 63'36" tiempo verdadero. 

Segundo contacto — 6^ 11'59" „ „ 

Mucho llamó la atención al abate Gkappeyálos 
marinos españoles, la conformidad de este resultado, 
con el obtenido por ellos, teniendo en cuenta la diíe* 
rencia en la situación geográfica de las estaciones. Tw 
honoríficas son las apreciaciones del barón de Hum* 
boldt, respecto de nuestro distin^do astrónomo, que 
no debo pasar adelante sin kascnbir tan notables c<m- 
ceptos. Dice el ilustre sabio en su Ensayo Político 
sobre la Nueva-España: "Cuando el abate Ghappe lle- 
gó á California, enconkó ya establecido al astrónomo 
mexicana Yelazquez, quien habia hecho construir con 
ramas, de mimosa su ooseryatorio en Santa Ana. Ha- 
biendo determinado ra la posicitm de ese pueblo indí- 
gena, hizo saber al abate Cbappe que el eclipse de: lu- 
na del 18 de Junio era visible au OáJifohda. El geó- 
metra francés dudó de esta. prediecit>n hasta que la vio 
verificadas Yelazquez, solo, hizo una buena observa- 
ción dial paso de Yeltiiis el 3 de Junio; comunicó su.re- 
sultoido al dia siguiente al abate Chopee y á los astró- 
nomos eslvañolea D. Vicente Doz y D. Salvador Medi- 
na. W viajero fram^és se eozprendió de lo acorde que 
estaba con su observación la de Yelaz<][xiez. Se admi- 
ró^ «a duda^ de encontrar en California un mexicano, 
que sin pertenecer á ninguna academia, y sin haber 
salido nunca de la Nue^^a-Espana, hacia tanto como 
los acadóínicos.*' 

Las últimas frases del barón de Humboldt, uno de 



19 

los pocos sabios que han sabido jozffar ^ México po« 
niéndolo en el In^ar que merece, revelan iin hecho cxial 
es el del mal juicio que siempre han abrigado respecto 
de nuestro país las naciones europeas, liecho que es 
tanto mas de lamentar, cuanto que no ha bastado el 
trascurso d^ los anos, durante los cuales se ha ofrecí^ 
do á todas ellas, pruebas suficientes de civilización, 

Í)ara hacerles cambiar de parecer. Causa tristeza ^ue 
o que no han logrado las bellas letras, la legislación 
j las ciencias, lo hayan alcanzado, en gran parte, las 
puntas de las bavonetas. Preciso ha sido que los es- 
tridentes ecos de la artillería hayan pregonadQ en el 
Viejo-Mundo nuestro verdadero estado social. 

El mismo juicio formado por aquellos pueblos res- 
pecto de la ÜNueva-España, prevaíece hoy acerca de 
México independiente, pesando mas en su ánimo las 
apreciaciones de un novelista acerca de nuestra ilus- 
tración, que los nuevos métodos astronómicos de un 
Diaz Covarrubias. 

Para comprobar mi aserto, oigamos lo que con tal 
motivo dice el mismo Sr. Velazquez de León, en su 
erudito informe sobre la posición geográfica del Valle 
de México. 

''Debe, pues, imputarse á la dificultad del asunto y 
á la falta de instrumentos que habia en aquellos tiem- 
pos, j posteriormente á la gran distancia y falta de co- 
mmucacion y correspondencia literaria entre América 
y la Europa, porque es cierto que el año de 1720 en 
que Mr. de TÍsle hizo su determinación (que mucho 
peor estábamos antes) ya se podía haber tenido noti- 
cia de las determinaciones del padre Bodriguez, y de 
D. Oárlos Sigüenza; pero es mucho el encogimiento, 
temor y dificultad, que regularmente tienen los espa- 
ñoles mexicanos para producir sus ideas, y mucho ma- 
Íor la preocupación de los europeos acerca de nuestro 
arbane. ¿Oomo habian de solicitar noticias, de unos 
hombres que todavía se imaginan con el arco y el plu- 
maje, como nos pintan en los mapas? ^xx embargo, 
D. Oárlos de Sigüenza, creo que al fin de su vida tuvo 



20 

correspondencia con algonos europeos; pero no la for- 
tuna de ser creído por ellos. 

En efecto, ja se tenia bien obs errada la longitud de 
México, tanto por el mercedario fray Diego Bodriguez, 
como por Gabriel López de Bonilla, Carlos de Siguen- 
za, Dr. Bartolache, Aiitonio Gtima, Álzate, Yelazquez 
de León, y algunos otros; }r sin embargo, en los mapas 
europeos se insistia en la situación de méxico cien le- 
guas fuera de su lugar. Apenas habían nacido la Aca- 
demia de París y la Sociedad de Londres, cuando ya 
la Nueva España había producido sabios y eruditos 
astrónomos, ^ 

Prosigo mi relación. 

En ts^to que el Sr. Yelazquez de León verificaba su 
observación en la Baja California, D. Josó Antonio de 
Álzate observaba en la casa de cabildo de México la 
parte visible del fenómeno. Álzate publicó en el tomo 
4"* de sus Gacetas un grabado acompañándole de los si- 
guientes detalles: 

"Suplemento á la famosa observación del tránsito de 
Venus por el disco del sol, hecha de encargo de la muy 
noble imperial México, por D. José Ignacio Bartolache 
y D. José Antonio Álzate, el 3 de Junio de 1769." — 
"Explicación suscinta." — Tránsito es lo mismo que pa- 
saje de una parte á otra. — Vénu8 es un planeta: quiere 
decir, es un cuerpo celeste que tiene su movimiento 

{propio, harto sensible, con que se acerca ó se retira de 
os demás en varios tiempos. — Disco dd Sol llaman los 
astrónomos á aquella parte suya que mira hacia nos- 
otros y aparece la figura plana circular, como va en la 
estampa, aunque realmente es el 8d un globo de fuego 
vivo, mas de quinientas mil veces mayor que Venus ó 
la Tierra, dista de esta como 30 miUones de leguas. 
Así, pues, se entiende lo que esposar Venus sobre d dis- 
co dd /SbZ.— Es interponerse entre él y la tierra, bien que 
á una enorme distancia de una y otra; pero según prin- 
cipios de óptica, debe aparecer el pequeño planeta in- 
terpuesto, como si fuera una mancha circular sobre el 
mismo soL — ^En cuanto á la utilidad de ésta y semejan- 
tes observaciones, deben creer los curiosos (ó bien to- 



21 

men el trabajo de instruirse) que con ellas tenemos ma* 

Sas j cartas marinas (jue salvarán quizá la vida^ decía 
[r. Fontenelle, á una infinidad de navegantes. ¿Es por 
ventura poco? Se omite lo demás, remitiendo á nues- 
tra relación explicada para cuando se publiqué." 

"A las 3*" 50™ se cubrió el sol de densas nubes, es- 
tando Yénus avanzada sobre el disco hasta donde va 
en la estampa. Entrada total de Venus 12*" 55 ""34" tiem- 
po verdadero. Por consiguiente su principio á las 12^ 
33"'34'. — ^Tuvimos diferencia de 2 segundos. — ^Yo vi la 
entrada total á las 12'*55°'36^— Mis compañeros D. J. 
Álzate y D. Antonio Gama convinieron en los 34. La 
conjunción no fue, ni debia ser centraly sin latitud, como 
estamos prontos á demostrar por cálculo trigonométri- 
co, ó sobre buenas tablas, según se quisiere." 

Poco tiempo después los observadores del paso de 
Venus en San José del Cabo, eran víctimas de la ter- 
rible peste que se desarrolló en aquella parte de la pe- 
nínsula, sucumbiendo el abate Onappe el dia I"" de 
Agosto del propio año 1769, y permaneciendo los as- 
trónomos españoles con su salud en extremo quebran- 
tada. Reuniéronse estos á pocos dias con el Sr. Velaz- 
2uez de León en Santa Ana, embarcándose luego en 
¡erralvo con dirección al puerto de San Blas. 
El siguiente documento, cuyo original existe en el 
Archivo General de la Nación, nos manifiesta que no 
fué solo el ilustre abate víctima de aquella terrible en- 
fermedad. 

"Exmo. señor. — ^Muy señor mió. — ^El comisionado 
en el puerto de San Blas me avisa en carta del 26 de 
Octubre próximo, que habia fallecido allí el dia 22 del 
mismo, D. Salvador Medina, de regreso de la Penín- 
sula de California, adonde fue á la observación del pa- 
so de Venus con los demás astrónomos destinados ai 
mismo efecto; y por cartas de Guadalajara del 22 del 
corriente, me dicen igualmente que su compañero D. 
Vicente Doz, quedaba con casi nmguna esperanza de 
Tida. Lo que participo á V. E. á fin de que se sirva 
dar cuenta á iS. M., como también de que Mr. Paoli, 
aunque muy estenuado de lo que igualmente ha pade- 



} -i. 



22 

cido, llegó va á esta capital, en donde espero qne á 
beneficio del mejor temperamento y asistencia de mé^ 
dicos, cons^;aira recobrarse de las resultas de los im- 
les que contrajo. Nuestro Señor guarde á Y. £. Mé- 
xico, 30 de NoTÍembre de 1769.— F. Arr^aga.'-^^ V. 
de Nueva-España avisa la muerte de D. B. Medina; 
que D. Vicente Doz quedaba muy malo, y que M. Paoli 
habia llegado á México." 

El caballero D. Vicente Doz, de la orden de San 
Juan, y Mr. Paoli ingeniero del rey, fueron los testa- 
mentarios de los dos ilustres astrónomos, y los que, 
según las frases de Velazquez de León, ^^trasladaron ¿ 
Europa oon no poco trabajo, envuelta entre funestas 
circunstancias, la noticia postuma de su observación, 
que deberá eternamente servirles de un psjrtioular epi-* 
tafio.'* 

Para la observación del fenómeno secular que koT 
debe verificarse, el Gobierno de la B^>ablica ha traí- 
do el mayor acierto en la elección de sus ingenieros* 
Dignos descendientes de Sigüenza y Góngora, de Ga- 
ma, de Álzate y Velazquez de León, no cabe la menor 
duda de que sos operaciones figurarán con aplauso en 
la historia de la astronomía, como las de los demSiS aa^ 
trónomos que se han derramado por la región terrestre 
en donde el paso de Venus por el disco del sol, será 
visible. Aquéjame un solo pesar, y es el de no ver fi- 
gurar en esa comisión, por la escasez de nuestras ren«- 
tas, á un Salazar Ilarregui, el integro é inteligente inge- 
niero geógrafo, que como gefe de la comisión de lími- 
tes supo conquistar en la parte científica im puesto 
honroso para nuestra patria. 

La enunciación de los nombres de nuestros ii^nio- 
ros que se han dirigido á Yokohama para la observíK 
cíon del tránsito de Venus, basta por si sola para ga- 
rantizar el éxito. Todos ellos han desempeñado co- 
misiones científicas de mucha importancia, revelando 
en ellas, tanta inteligencia como saber y pericia. Agí 
es que debemos felicitamos por su nomoramiento, y 
aplaudir la idea que se ha t^ido de hacerlos fi^pirar 
entre los deinas mstinguidos astrónomos extranjeros. 



23 

La observación del paso de Venus, como dije al prin- 
cipio de este artículo, es de trascendentales residtados^ 
y debe dádsele toda la importancia que merece. Al 
contribuir nuestros ingenieros con sus observaciones 
al éxito satisfactorio que hoy se espera, la Bepública 
de México hace patente al mundo entero el verdadero 
estado de su civilización. 

México, 8 de Diciembre de 1874. 




o ^üo/tcia ^uvdá. 



V 



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í