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Full text of "Estudios de historia y de crítica literaria"

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b\)o^srvAn*i-^^o 




ftarbarli College fLíbrarg* 

FROM THB 

SALES FUND. 



f ! 



Established under the will of Frangís Sai.es, Instructor 

in Harvard CoUege, 1816-1854. This will requires 

the income to be expended for books " in the 

Spanish language or for books il- 

Instrative of Spanish history 

and literature.'' 

Received «i S \uJLm 




o 

COLECCIÓN 



DS 



ESCRITORES CASTELLANOS 



CRÍTICOS 



CZVl 



ESTUDIOS DE HISTORIA 



Y DE 



CRÍTICA LITERARIA 



J.1 



TIRADAS ESPECIALES 






■'^' ''---^ **tof ■,••'"'■ 



® 



ESTUDIOS DE HISTORIA 

Y DB 

CRÍTICA LITERARIA 






POR 



D. LEOPOLDO AUGUSTO ^^ QJETO 

MARQUÉS DE VALMAR 



Los hijos vengadores en la literatura dramática: 
OresCís, El Cid, HamUU 

Étude sur le Cancionero de Baena, 

Sentido moral del teatro. 

La leyenda de Virginia en el teatro. ] 




MADRID 

EST. TIPOGRÁFICO « SUCESORES DB RIVADEMEYRA » 

Paseo de San Vicente, núm. ao 

1900 



'A 



\ 





JUL28 1900 r 
3 0lQa^ 4--í^\./^^oL 




ADVERTENCIA PRELIMINAR 



£1 Marqués de Valmar escribió en los años 
de su juventud algunos estudios literarios que 
merecieron aplauso público. Fueron dados á 
la estampa en Revistas ó en publicaciones ais- 
ladas; y sabido es que cuanto ve la luz en esta 
forma, acaba por extraviarse y perecer. 

Para salvarlos del olvido, se incluyen ahora 
en la CoLEcaÓN de escritores castellanos. 
Estas obras, muy dignas de atención por su 
acendrado y castizo lenguaje, son de evidente 
utilidad para la historia de las letras, porque 
contienen alta enseñanza crítica y copiosas é 
importantes investigaciones históricas. 

M. M. y P. 



•^ 



LOS HIJOS VENGADORES 

EN LA LITERATURA DRAMÁTICA 



ORESTES.— EL CID.— HAMLET 




LOS HIJOS VENGADORES 

EN LA LITERATURA DRAMXTICA 



SUMARIO 



I. — Las pasiones toman distinto caxácter según la raza , el tempera- 
mento y la civilización. 

II. — Orestes, 

III.— JE/ Cid, 

IV. — Hamlet. — Sn verdadero carieter b'terario. 

V. — Monumentos del mito de HamUt^ anteriores al drama de Shaks- 
peare. 

VI. — Leyenda primitiva de HamUt^ traducida de la Historia 
latina de Saxo» Grammaticus, 

VII. — ¿Es Hamlet personaje histórico ó creación mítica de la fan- 
tasía popular ? — Recuerdos de Dinamarca. — Castillo de Kron- 
boi;;. — Sepulcro apócrifo de Hatnht, — Saxo- Grammaticus» — 
Molbecb. 

VIII. — Moratfn, traductor de Hamlet, — Injusticia y error de la crí- 
tica sendo-clásica con respecto i Shakspcare. 



.•••- 



LOS Huos Vengados ES 



ORESTES.— EL CID.— HAMLET 



XAN DISTINTO CAEACTER 
SEGÚN LA RAZA, 
EL TEMPERAMENTO Y LA CIVILIZACIÓN 



ro ofrece la Historia, y especialmente 
la historia literaria, estudio alguno 
I interesante que el de las transformaciones 
iferencias esenciales que se advierten en laa 
is y en los sentimientos humanos según los 
apos, las razas, las religiones y las costum- 
3. Sin llegar á las atrocidades gigantescas 
Miterrar vivas á las viudas y quemar á los 
avos como honra funeral de magnates bar- 
Ds, ni á la económica costumbre' de matar á 
viejos, á los impedidos y á los hijos sobran- 
sercs molestos y onerosos á la familia, y 
)s horrores á que llega t\ hombre cuando 
ivilización no modera sus salvajes instintos, 
hallan también grandes monstruosidades 



LOS HIJOS VENGADORES 1 3 

morales en ilustres pueblos que fueron lum- 
breras de cultura en remotas edades. La obli- 
gación que imponía la ley mosaica de sustituir, 
como esposo, un hermano á otro hermano 
cuando habían sido infecundos los matrimonios 
(el levirato); los ziotas de Lacedemonia y los 
parias de la India; el casamiento entre herma- 
nos, ley sagrada de la sabia Egipto, cosas son 
que causan espanto y grima al corazón cris- 
tiano. 

Pero, sin ahondar tanto en los desvarios y 
miserables aberraciones del espíritu humano, 
puede afirmarse que apenas hay un sentimien- 
to, aun de aquellos que son imiversal é inalte- 
rable patrimonio de la humanidad, que no ad- 
quiera, según las influencias psicológicas y 
fisiológicas de cada pueblo, de cada época y á 
veces de cada individuo, tan peculiares formas 
y tan profundas divergencias, que cuesta tra- 
bajo reconocer un origen común en el impulso 
íntimo de pensamientos y pasiones que en sus 
manifestaciones externas toman nmibos tan 
distintos y producen resultados tan diferentes. 

Las letras, que suelen ser luminoso espejo 
de la índole moral, etnográfica, religiosa y po- 
lítica de las naciones, demuestran á cada paso 



lid de las precedentes observaciones. 
is del ingenio que la posteridad no 
al olvido, llevan siempre consigo el 
lortal de los impulsos morales que 
a sociedad humana; esto es, las creen- 
iFectos, las preocupaciones, los ambí- 
elos, las engañosas ilusiones, fuentes 
donde nacen las acciones, gloriosas ó 
>, de los hombres. 

or caballeresco, el fanatismo religioso 
', son pasiones artificiales que se crean 
stan con muy diverso modo y carácter, 
o de las costumbres, de los cultos, de 
iciones y de las leyes. Estos y otros 
s movimientos del alma pueden ser 
s A ¿pocas y á razas determinadas. 
lelesO del amor, los arrebatos del odio, 
^5 de la ambición, los anhelos de la 
is angustias de la codicia, el infernal 

de la envidia, el an^a punzadora de 
nza, son sentimientos y pasiones co- 
la familia humana. Y, sin embargo de 
alidad y persistencia, toman caminos 

diferentes, según las circunstancias 
Iticas de la raza y del individuo, y se- 
tado social de civilización ó de barba- 



^í./ 



LOS HIJOS VENGADORES 1 5 

de. La educación, el clima, la posición social^ 
influyen también no poco en la forma de expre- 
sión de las pasiones eternas del hombre. Una 
dama aristocrática de Berlín ó de Londres no 
da rienda á la desesperación ó la ira con desa- 
forados gritos y descompuestos ademanes, como 
la placera de la Halle de París ó la manóla de 
Lavapiés de Madrid. £1 septentrional, por lo 
común flemático y reflexivo, espera ocasión 
para la venganza; el meridional, irreflexivo é 
irascible, se ciega y acomete. En todos es 
igualmente intensa y viva la dolorosa energía 
de las pasiones; pero la máscara que toman, al 
enseñorearse del alma, tiene innumerables ma- 
tices. 

Elsto explica cómo la venganza, por ejemplo, 
que es una de las pasiones más adecuadas á las 
obras de imaginación, y que ha dado pábulo 
tantas veces á la novela y al drama, se ha pin- 
tado siempre con tan diferentes formas y colo- 
res; lo cual se ve con perfecta claridad si se 
para la atención en la venganza provocada por 
causas de una misma índole, y se comparan las 
obras literarias en que han sido desarrollados 
sus impulsos y sus estragos. 

No hay asunto dramático más grave y más 



jor que la venganza ejercida por los 
des£^avio de los padres. Innumera- 

los dramas por él inspirados. Pero 
aparar los tres más ilustres que ofrece 
ira de todas las edades, para conven- 
ios diversos impulsos y efectos que 
, las pasiones en razas y en civilizacio- 
itas. 

r, El Cid, ffamlet. Tres instrumentos 
; ñlial venganza, creados por las letras 
Ms y vigorosas de Greda, de Espida 
[aterra. Pero ¡qué personajes tan di- 
-03 móviles que provocan estas tres 
s, y los medios empleados para con- 
, dan á cada una de ellas un sello pri- 

profundo. Los tres vengadores son 
ctercs en que se reflejan respectiva- 
ras tantas razas y civilizaciones. 



LOS HIJOS VENGADORES 1 7 



n 

ORESTES 

£] mito literario del Or estes de la Grecia 
antigua ha sido determiiíado y fijado con el 
sello de la inmortalidad por el genio sublime de 
Esquilo. Pero ya mucho antes existía en la 
poesía helénica. Un vate insigne de Hímera, 
Stesicaroy compuso un poema, La Orestia, 
cuyo título pasó á ser el de la famosa trilogía 
de Esquilo. Desgraciadamente, no ha llegado á 
nosotros aquella importante obra. Consta su 
existencia por testimonios históricos de la anti- 
güedad (i). En un fragmento, que los ilustres 
críticos alemanes Geel y Bergk, con no escaso 
fundamento, atribuyen al mismo poema, asoma 
claramente la influencia religiosa de la fátali* 
dad, base primordial de las concepciones dra- 
máticas de Esquilo. Contenía también un sueño 
de Clitemnestra, que tal vez inspiró al poeta 



(i). KLEniB, De StesichorivituetpoesL Berlín, 1828.-- 
Fr. de Bbaümont, Memoria sopra Xanto^ Aristossene et 
SUsUoro, Palenno, 1835. 



CXVI 



LOS HUOS VBNGASORES 

3 ia terrible visión de la serpiente que 

: á Orestes el coro en Las Coiforas, y 

scide al parricida á cometer el horrendo 

do. 

de creerse fácilmente que las pasiones y 

racteres de la trilogía La Orestia perte- 

exclosivamente á Esquilo. El vigoroso y 

>incel con que traza los personajes de 

inestra, de Egisto y de Electra, y la sabia 

1 de las tres partes inseparables de esta 

iible trama, denotan un ingenio original 

;roso. Pero ¿quién sabe si en el alto sen- 

Loral de la obra fué Esquilo inspirado por 

■estia de Stesícoro? 

a excitar á la venganza á Orestes, dice el 

n Las Coiforas: 

rmita Júpiter que triunfe la ky de equidad. 

rio por agravio muerte por muertel 

»0r mal es sentencia de los antiguos 

)3.> 

1 horrible ley de venganza, ley de eqiti- 
1 la dura moral pagana, ley de iniquidad 
noral generosa de los criatianos, se dul- 
' se transforma en Las Enménides, liltima 
Je la trilogía. AlU, la decantada ley del 
de la antigüedad, se convierte en la santa 



LOS HUOS VENGADORES 1 9 

ley de la rehabilitación moral del delincuente» 
por medio del escarmiento, de la pena, de la 
plegaria y del arrepentimiento. 

Digno en verdad era Stesícore de sostener 
y propagar, como apóstol de verdades mora- 
les, él gran principio de la expiación. Era uno 
de aquellos poetas que daban á la poesía lírica 
de los dorios una grandeza y una amplitud que 
la hacía frisar con la epopeya y la tragedia. Así 
lo afirman ilustres críticos de la antigüedad. 
Longino le llama muy homérico (i). La Antólo- 
gia lo convierte en un segundo Homero (2). 
Quintiliano dice de él que «sostuvo con la lira 
el peso de la epopeya» (3). 

Aquel grandioso lirismo, que, con sus formas 
múltiples y flexibles, lo abarcaba todo, tradi- 
ciones teogónicas, leyendas religiosas y heroi- 
cas, costumbres públicas y privadas, glorias 
recientes de la patria, cuanto constituye la vida 
real é ideal de las naciones, era la fuente natu- 
ral del drama griego. No parece dudoso hoy 
día que en Grecia la tragedia nació del diti- 



<i) I>eSuÓ¡.,xm,^, 

(2) Antipatbr, Anth, Pa¡,, vil, 75. 

(5) Inst.Or., X, 1,62. 



LOS HU05 VENGADORES 

, himno á Baco, entusiástico por excelen- 
especialmente de los coros trágicos de 
i, que menciona Herodoto (i), tiarracio- 
téticas en fonna de himnos ditirámbicos, 
: de trenos, que constituya lo que se 
sntoDces «pcc^uto; tpÍTcof (modo tiágico). 
gedia gri^a fué en un principio pura- 

Kñca (2), y por transmisión natural 
i ser la tr^edia dramática, que consti- 
ia de las más brillantes glorias de la ci~ 
ón literaria de Atenas. 
Stestcoro, s^ún añrman los antiguos, ia- 

del coro en la tragedia, y después de 
eacióo de tan grande entidad en el teatro 
o, escribió (tomando los asmitos de las 
as de Homero y de Hesiodo) poemas de 
levado, que pudieron llamarse epope- 
cas. 

a la expresión de un escritor de nuestros 
:a <el más épico de los grandes líricos* . 
\ conservado muy pocos versos de este 

siciliano; pero en cambio conocemos 



iRoooTo, 1, 33, 

iplicRn cate punto con snnii emdiciAn y lucidez 
:oE aleniBiies Boeckti y G. M. SchniidiE. E«te úl- 
» mil especialmente la cneatidn del ditinunbo. 



LOS HUOS VENGADORES 31 

muchos de los asuntos épicos de sus poemas. 
Horacio y Plinio el Mayor, en él admiraban la 
sublimidad y el alto sentido. Afirman que el es- 
plendor, la pasión, el raudal de la elocuencia 
poética, hacían recordar en sus obras á las de 
Píndaro (i). ¿Cómo no había Stesícoro de os- 
tentar tan nobles prendas en el grandioso 
asunto de su Orestia} Este poema no podía 
menos de contener magníficos cuadros de las 
tremendas luchas y tr^icos conflictos de la 
sanguinaria familia de los Atridas. Atendida la 
grande autoridad de Stesícoro, bien puede 
conjeturarse que Esquilo no desdeñaría inspi- 
rarse en aquella celebrada obra. ¡ Grave é irre- 
parable pérdida! Si hubiesen llegado á nosotros, 
así La Orestia como los cantos patéticos de 
Stesícoro en las fiestas heroicas de la Grecia 
Magna, tal vez hallaríamos en ellos clarísima 
luz para juzgar de los orígenes del teatro griego, 
y se nos harían más visibles los vínculos que, 
en aquellos tiempos de creación poderosa, en- 
lazaban con la tragedia naciente la alta lírica y 
la epopeya. 
Muchas obras anteriores y posteriores al 



(i) Hor., Odas^ IV, 98.— Plin., Hist Nat, n, 9. 



ñncipal^ que coos- 
; mas en pocas se 
ilogias como en La 
j i x ágicQ EDgíés no 
::omo Hamiet, coan- 
r; pero aitfes razona 
as caéfitras (l), qnc, 
Tcoganm desQpa- 
qoien se halla snb- 
sino qoe le impcNie 
y que la natcralexa 
lio y la astada para 
¡adoso é impío. 
CF á oa hijo venga- 
colpada, es ñinda- 
OresUs y HamUt 
nadre con ignal in- 
:rencia consiste en 
itereza y alucinado 
líos, mata bárbara- 
i que Hamlet, débil, 
intenta con insultar 



LOS HIJOS VENGASOBKS 33 

i la suya ó emplear con ella su lenguaje habi- 
tual, mezcla de ironía, de ira y de ternura. 

Esquilo hace salir en Las Eum¿K 
pectro de Clitemnestra, y el de Da 
Persas, como Shakspeare hace que 
Hamlet el Rey su padre, y Julio Cés 
para dar mayor vigor á los sentim 
el terrorífico influjo de la apaiic 
muertos, siempre poderoso en la i 
popular. No presenta Esquilo á I 
Orestes la sombra irritada de su { 
hace que el oráculo de Apolo esti 
corazón, amenazándole con ella, si 
asesinos de Agamenón la misma i 
ellos dieron á este monarca desvent 

• El Dios, dice Orestes en Las Co 
habló también de otras Furias qu( 
contra mf la sangre paternal , y del i 
un padre que harta relucir en las tí 
pupilas. > 

La índole hipócrita de E^to coin 
del Rey usurpador Claudio. Cuand 
cían la llegada de un forastero que t 
lueva del fallecimiento de Orestes, i 

«¡Orestes muerto! Nuevo mai 

loaotros de penas é inquietudes, 



24 LOS HIJOS VENGADORES 

homicidio, aún reciente, lastíma y despedaza el 
alma! (i).» 

Casi del mismo modo aparenta Claudio sin- 
cera aflicción por la muerte del Rey que asesinó 
con fratricida mano: 

«Tan reciente está todavía la muerte de 
nuestro amado hermano, que sería bien que 
nuestros corazones permaneciesen abismados 
en la tristeza (2).» 

El Horatio de Hamlet^ amigo incomparable, 
se asemeja al Pílades de La Orestia, 

Coincidencias singulares, pues todo induce á 
conjeturar que Shakspeare no conocía la admi- 
rable trílogia. Unas han podido nacer de la afi- 
nidad de los asuntos respectivos; otras, de los 
naturales encuentros que á veces tienen los 
entendimientos privilegiados. 

Pocos pasajes pueden dar más cabal idea del 
espíritu fatalista, del vigor, de la lisura y de la 
concentración del numen trágico de Esquilo, 
que la horriblemente bella escena de Las Coé- 
forasy en que Orestes mata á su madre. Es 
breve y rápida, y la reproducimos aquí á pesar 



(i) Orestia, 

(2) HamUtt acto i. 



tos HUOS VENGADORES 35 

de nuestra creencia de que los poetas griegos 
son intraducibies en las lenguas modernas. 

Orestes, después de haber dado muerte á 
Egisto, se presenta á su madre con la espada 
desnuda, y le dice: 

ORESTES 

También á ti te busco. Él tiene ya su me- 
recido. 

CLITBMMESTRA 

jAy! ¡Has muerto, Egisto de mi alma! 

ORESTES 

Amas á ese hombre. Pues bien, descansarás 
en su mismo sepulcro; guárdale fidelidad hasta 
en la muerte. 

CLITEMNESTRA 

Detente, hijo amado. Respeta este seno en 
que has dormido tantas veces, y donde tus la- 
bios mamaron la leche que te alimentó en la 
infancia. 

ORESTES 
(Conteniéndose.) 

Pflades, ¿qué debo hacer? ¿He de atentar á 
i vida de mi madre? 

PÍLADBS 

¿Y los oráculos de Loxias (Apolo)? ¿Y la fe 



LOS HUOS VENGADORES 



juramentos? Granjéate la enemistad de 
os hombres, pero nunca la de los dioses. 



íes raaón. Tus consejos son acertados. 
inestn.) Sfgueme: te he de inmolar junto 
lombre. Cuando vivía, lo has preferido á 
iré. Muere para dormir todavía á su lado, 
|ue eras amante de ese hombre y ene- 
:e aquel á quien debías amar. 

CUTEMMESTRA 

he dado vida en tu niñez; déjame enve- 

ORESTES 

, asesina de mi padre, vivir junto á mi! 

CLITEMNESTRA 

el destino, hijo mío, quien cometió el 

ORESTES 

estino va á darte ahora la muerte. 

CLITEUNESTRA. 

te espanta, hijo mío, la maldición de una 

? 

ORESTES 

Ire tü, que me has condenado al infor- 



w 



LOS HIJOS VENGADORES 27 

CLITEMNESTRA 

¿No te he confiado á leales guardadores? 

ORESTES 

Siendo yo hijo de un hombre libre , de dos 
maneras me has vendido. 

CLITEMNESTRA 

Y ¿cuál es el precio que he recibido? 

ORESTES 

La vei^enza me impide llamarlo por su 
nombre. 

CLITEMNESTRA 

Dflo, pero declara al mismo tiempo las cul- 
pas de tu padre. 

ORESTES 

Mujer ociosa en el hogar, no acuses al que 
sufría tantas penalidades. 

CLITEMNESTRA 

Triste es para una mujer la vida lejos de su 
esposo. 

ORESTES 

Las fatigas del esposo sustentan á la mujer 
iosa en el hogar. 

CLITEMNESTRA 

¿Intentas, hijo mío, inmolar á tu madre? 



LOS HIJOS VBNOASOSSB 
ORBSTES 

O quien te arranca la vida; eres tú 

CLITEMHESTRA 

ue hay perros irritados (las Furias) 
. á las madres. 



evitaría los que vengan á los padres 
Lpone el asesinato del mío? 

CLITEMMESTRA 

remedio! El sepulcro me espera, y 
le las lágrimas con que imploro la 



o de mi padre ha fallado sobre tu 

CLITEUNESTRA 

lí! jHe aquí la serpiente que yo he 
! Fué profético el terror que me 
el sueño. 

ORE5TBS 

letido un parricidio: un parricidio 
jgo. 

lltsnuieitim con TlolrasU fnen it li owiiuO 



LOS HUOS VBNGADORBS] 39 

En la insolencia con que habla á su madre 
se asemeja no poco el Orestes de Esquilo al 
Hamlet de Shakspeare; pero no ciertamente en 
la resolución implacable con que procede á la 
inmolación de su madre. No es impetuoso y 
gallardo como el Cid^ sino inexorable como el 
destino que representa. Sin embargo, por más 
que los críticos se empeñen en sostener que 
este Orestes es ciego instrumento de la fatali- 
dad ,^ la verdad es que los móviles que inducen 
á Orestes son en gran parte humanos. Cierto 
que el mismo Esquilo hace exclamar al coro 
de Las Euménides: «Potente Apolo, no eres 
cómplice del crimen; eres su único autor»; 
cierto también que la inspiración que resplan* 
dece en La Orestia es profundamente religiosa, 
y que ella da á esta sublime obra carácter hie- 
rátíco solemne; pero ^ quién podría negar que 
al lado de este e^íritu, y con él mezclado y 
confundido, aparece muy á las claras el senti- 
miento hiunano? Si despojado Orestes de la 
sensibilidad y de la responsabilidad moral inhe- 
*'entes á la rajsa humana, quedase convertido 
1 un mero ejecutor de preceptos divinos, en 
la especie de verdugo, impasible é irrespon- 
.b}e,^de ló$ dioses^s^iaunañgura irrevocable- 



30 LOS HIJOS VENGADORES 

mente odiosa, que no causaría á los espectado- 
res terror ni compasión, sino únicamente re- 
pugnancia. Si estrictamente fuese instrumento 
de ajena venganza, ^qué significación tendrían 
las Furias^ esto es, los remordimientos que 
devoran su alma? 

En la misma escena que hemos reproducido, 
donde tan visible se manifiesta el espíritu fata- 
lista, asoma también, no sólo algo humano, 
sino algo personal en la reconvención que di- 
rige á Clitemnestra por haberle despojado de 
todos los bienes y condenado desde la niñez á 
un mísero destierro. Aún más terminante y ex- 
plícito asoma el interés personal del hombre en 
estas palabras: 

«Debo creer en los oráculos, y aun (guando 
no creyese, la venganza ha de cumplirse. 
¡Cuántos motivos juntos! Los mandatos del 
dios, la dolorosa pérdida de mi padre, y la in- 
digencia que me abruma. Y ¿he de dejar á un 
pueblo semejante y á los más esclarecidos mor- 
tales cuyo valor destruyó á Troya, avasallados 
por dos mujeres? porque este hombre tiene 
corazón de mujer.» 

Á vueltas de estas razones de interés reli- 
gioso, personal y político, en que el impulso 



r 



LOS HIJOS VENGADORES 3 1 



humano sobrepuja al impulso divino, Orestes, 
cuando escucha de los labios de las coéforas 
el sueño de su madre, arrebatado por la in- 
fluencia que ejercían la religión de los muertos 
y las visiones infernales del sueño en el fana- 
tismo de los griegos, prorrumpe en estas bár- 
baras palabras: 

«Ese monstruo espantoso que amamantó mi 
madre, es presagio cierto de su muerte violen- 
ta. Su sueño lo dice. Yo mismo seré la serpien- 
te, y morirá á mis manos.» 

Eurípides camina por rumbo diferente. Su 
Orestes no es ya ministro y víctima de las divi- 
nidades infernales. El sentido de su carácter es 
completamente humano. La violencia de los 
remordimientos destroza su alma y enflaquece 
su cuerpo. Enfermo y supersticioso, su razón 
se altera, y cae en el delirio de la desespera- 
ción. No se disculpa, como el Orestes de Es- 
quilo, con el imperio de los dioses. Cuando 
Menelao, con grima y lástima, le pregunta' cuál 
es la enfermedad que le devora, Orestes le 
'^ontesta sencillamente: «Mi conciencia, el sen- 
niento de la atrocidad de mi delito.» 
El Agamenón de Eurípides no es aquel im- 
acable instigador de la venganza familiar que 



LOS HUOS VENGADORES 

arios y desnaturalizados á sus bi- 
^f dice; 

e podido preguntar á mi padre si 
tar á mi madre, me habría sapli- 
tancia qae no clavara el acero en 
le la mujer que me dio el ser, pues 
B medio no habfa de volver á la 

a el espíritu analítico y. humano de) 
). Falta la fe. Orestes, en el drama 
, interesa sin duda, porque siente 
ro no tiene el carácter imponente, 
d épica, el sello hterático de La 
»nás creaciones de Esquilo. Éste 
eólogo, que sabía juntar en noble 
imano á lo divino. De aquí nacen 
1 incomparable grandeza, 
rasladando á sus trágicas concep- 
ración homérica, había obtenido el 
3ce certámenes dramáticos; y como 
esentaban á cada concurso una te- 
I es, cuatro piezas, resulta que dn^ 
obras del eminente dramatuí^ de 
izaron la corona del triunfo (i). 



r 



1X)S HIJOS VENGADORES 33 

Como suele acontecer en pueblos de índole mo- 
vediza, que viven en continuos vaivenes mora- 
les y políticos, pocos años después se había 
entibiado el grande espíritu de la fe antigua, y 
las realidades terrestres, sin místico vuelo y sin 
sobrenatural influjo, bastaban para cautivar al 
pueblo de Atenas. Así floreció, insigne testimo- 
nio de los cambios del arte según los cambios 
de las ideas, el poeta de Salamina, Eurípides, 
grande ingenio sin duda, pero que ya baja rá^ 
pidamente la pendiente de la decadencia. Vive 
en una atmósfera nueva de filosófico esceptí* 
cismo, y tiene en poco los sublimes dramas de 
Esquilo, porque la indiferencia religiosa le ha 
hecho incapaz' de sentir su heroico sentido, su 
elevación moral (i). 



(i) Véase Aristófanes, Las Ranas, v. 814, etc.; 893, 
etcétera. También La Electra^ de Eurípides. 



-•••- 



cxvi 



m 

. CID 

StamoEt CU C 

esto es, d c^úitii caÚMk- 

cacRBO, osado, del anti- 

creador <M tipo diamá- 
nedia tj*"*»*!» ¿oí Moe€- 
idó su noble m^iiradón 
ntiatiras dd poeUo y tsx 
[a Iccbm de las cr&iicas, 
ostambres Tkdemas de la 
)atetiti2ael insigite poeta 
ndo en sos dramas trozos 
Huaoces vulgares, y pres- 
ts y de los sentimientos 
para levantar el honor á 
le sólo pnede encontrarse 
lerfa. 

e de Las MocedatUs del 
le, por acrisolar la fama 
tía, que nadie coa raz6o 



r 



LOS HUOS VBNGAD0KS8 $5 

podía poner en duda» manda Arias Gonzalo» 
uno tras otro, á tres de sus hijos á una muerte 
segura, es uno de los más horribles y repug- 
nantes cuadros que ha presentado teatro al- 
guno. Aquel honor, que requiere un sangriento 
holocausto que conculca las más sagradas leyes 
de la naturaleza, no es honor, es meramente 
inhumanidad y barbarie. No se paraba mucho 
en esto el recio temple de la musa dramática 
de Guillen de Gistro. Así es que en la primera 
parte de Las Mocedades del Cid^ obra en ver- 
dad admirable por la concepción y por el brío, 
el héroe castellano habla y obra con todo el 
impetuoso denuedo que cuadra al invencible 
adalid, creado, á imagen del pueblo español, 
por la tradición leyendaria. £1 temerario arrojo, 
la presunción caballeresca, el temperamento 
arrebatado, el ánimo generoso y bizarro, el fá- 
cil olvido del acatamiento que átoda autoridad 
se debe; todas estas cualidades, malas ó bue- 
nas de la raza española, asoman en la creación 
del Cid, £1 mismo conde Lozano se desmanda 
crrandemente dando una bofetada al anciano 
^ego Laínez, en presencia del Rey; y en cuanto 
. Rodrigo de Vivar, más disculpable por más 
oven y más ofendido, olvida el amor, el Re^- 



LOS HIJOS VENGADORES 

hasta lavar en sangre el honor de su 

de Castro no era de los que aprisío- 
enio con las cadenas convencionales 
icas. Á la manera de los grandes poe- 
s de Grecia, deja entrar de lleno el 
ipico en sus composiciones teatrales. 
:1 vengador filial, propio de la Es- 
glo XVI, en cuya literatura, genuina- 
va entonces, se refleja con toda cla- 
rácter nacional, tal como lo habfan 
s gloriosas vicisitudes históricas de 
lartados tiempos. 

:, al escribir su obra maestra £e Cm^, 
lonjunto armonioso digno de su ge- 
}3 elementos esenciales de su admi- 
la pertenecen á Guillen de Gistro: 
ssto es, la dramática lucha entre el 
amor, en que el honor lleva la ven- 
úooes de pasión y energfa; pensa- 
nos de vivo ingenio ó de heroico es- 
cuanto al carácter del Gd, nada ha 
j-an dramaturgo francés. Su Gd es 
poeta español. Habla con suma gala 
, pero obra y siente como el paladín 
1 SomoHcero, hijo de la ardorosa ins- 



1 



r 



LOS HIJOS VENGADORES 37 

piradón popular de Castilla. Una de las mayo- 
res glorias de Corneille es que, á pesar de 
hallarse embargada su noble fantasía por el 
apocado y frío sistema que avasallaba la escena 
francesa, no le arredraba la soberana audacia 
del teatro español, muy semejante en esto al 
teatro inglés. Su poderoso instinto le hacía so- 
breponerse á las preocupaciones doctrínales; y 
cuando quería dar vida y calor á sus inspiracio- 
nes escénicas, ^«tocaba al teatro español, como 
Anteo tocaba á la tierra (i)», buscando en 
aquella dramática libre lozanos y vigorosos 
cuadros del movimiento de los afectos y de las 
pasiones de la humanidad. 

Algunos han creído que el héroe del Poema 
del Cid se refleja también en el Cid dramático 
de Guillen de Castro. Probablemente Guillen 
de Castro no conoció este poema. Fueron ma- 
nantiales de su inspiración los romances popu- 
lares y las tradiciones novelescas del famoso 
adalid castellano. £1 Gd del poema es un ca- 
rácter harto diferente del Cid del Romancero; 
sus impulsos de honor son igualmente heroicos, 
)ero más graves y reflexivos. 



(i) Expresión de Mr. Baret Este insigne crítico francés 



LOa HIJOS VENG ADOSES 



IV 

. — su VERDADERO CARXcTBR LITSKARIO 

inn fíamlet tstá lleno, en verdad, de 
ifsimas situaciones, de prolotidos estn- 
I alma humana, de diálogos animados y 
os, de pasiones ardientes, de poéticos 
lores; obra singular, única en la litera- 
unática del mundo. En ella andan amal- 
is tan heterogéneos y discordantes ele- 
, que sólo ha podido combinarlos, con 
: armonía, el genio poderoso delinmor- 
aaturgo inglés: por una parte, la des- 
barbara energía de una primitiva tradi- 
endana de los escandinavos, fuente de 
^ón dramática-, por otra, las catila- 
ilosóficas de ánimos endebles y enfer- 
las embozadas arterías de una corte 
refinada, las vadladones morales de un 
e duda y se transforma, el estro mdan- 



moiálajiuticiabktérica hasta seBüar algona 
de Lai Jifecedadts del Cid malograda pot el 
•M dmnitico francéf . 



I 



LOS HIJOS VENGADORES 3^ 

cólico de la musa británica; esto es, cuanto ha- 
bía en la sociedad contemporánea, que puede 
ser dramática, pero nunca épica; cuanto había 
en la inspiración de Shakspeare, hijo de una 
época analizadora y escéptica. 

Pero á pesar de los grandes primores y de 
las peregrinas dotes que resplandecen en esta 
obra extraordinaria, que tanto ha llamado y 
llama la atención del mundo literario, hay en 
ella un defecto capital, en el cual se estrellan 
todos los encomiásticos esfuerzos y las críticas 
lucubraciones de sus más ardientes admirado- 
res: el carácter de HamleU Este carácter consti- 
tuye la esencia del drama, y por ello es forzoso 
darle el primer lugar en el examen de esta obra. 

Goethe, heredero, como lord Byron, del es- 
píritu escéptico que, por vez primera en la li- 
teratura moderna, introdujo Shakspeare en el 
teatro, ve evidentemente con interna fruición 
aquella sombría y melancólica figura del Prín- 
cipe dinamarqués, que, precursor lejano del 
siglo XTm, se engolfa dolorosamente en el 
acerbo mar de la incertidumbre y de la duda; 
mas no intenta sostener que cuadre tal carácter, 
según los sanos principios estéticos, á la vida, 
á la unidad , al movimiento de la escena. 



LOS HUOS VENGADOEBS 

ilet es indudablemente una persotüfica- 
igeniosa, y á veces proñinda, de ta cen- 

del castigo que merecen la perfidia y la 
humana. Ya irónico, ya descarado, ya 
dialéctico, se muestra sin cesar únplaca- 
1 la maldad y la flaqueza. Pero irresoluto, 
juien anda siempre entregado ¿ filosófi- 
lubractones, más parece nacido para dis- 
ue para obrar. No es ciertamente el pro- 
ita dramático que conviene al terrible 
> de la filial vei^anza, trazado en la le- 
escandinava: es el símbolo de las dolen- 

de las transformaciones morales , fruto 
ble de los hondos sacudimientos, polftíco, 
y religioso, que el Renacimiento trajo 

3. 

ites venga ásu padre, movido por la 
ibte fatalidad de la teogonia helénica; 
td, no dega, como algunos suponen, ^o 
; y violenta en su ley moral inexorable, 
iplea hasta el crimen para castigar otro 
mayor, y no exime & los mortales, Íns- 
itos suyos en la tierra, del torcedor de 
lordimientos, como se ve en las Furias, 
strozan el alma del desventurado hijo de 
non. Su situación es clara, firme y vigo- 



LOS HUOS VENGADORES 4 1 

roso el arranque de sus sentímientos y sus pa- 
siones, y por eso es su figura en alto grado 
conmovedora y trágica. 

No es menos dramática la figura del Cid, que, 
para .vengar á su padre, ni un solo instante ti- 
tubea, imperiosamente avasallado por dos im- 
pulsos, á los cuales su alma noble y enérgica 
no sabe ni quiere resistir: la ternura del hijo y 
el sagrado honor del caballero. 

Hamlet ¡qué diferencial carece por completo 
de la entereza y de la consecuencia que tan 
grandemente requieren sus propósitos y sus 
pensamientos. 

Nada empeña tanto la atención del especta- 
dor en el teatro, como ver á los personajes se- 
guir constantemente el camino que les señala 
su peculiar naturaleza según las vicisitudes del 
enredo dramático. £1 menor desvío en este 
punto causa tibieza y provoca la censura hasta 
del más indocto. La unidad de carácter vale 
tanto como la unidad de acción, y es uno de 
los principales secretos del interés escénico. 
Hamlet, como lo presenta Shakspeare, es una 
especie de baladrón de la virtud, que, como 
todos aquellos en qiüenes la palabra prepon- 
dera sobre los grandes impulsos del corazón, no 



en el fondo siao ñaqueza y apatía. Alma 
segada y tétrica, sin ilusiones, sin entu- 
>; habla, intenta, medita mucho, pero se 
de la acción, y cuando llega la ocasión 
lizarla, vacila y retrocede. Así, porejem- 
>n espíritu anticristiano, ve en el suicidio 
:o medio de librarse de los afanes de la 
jue su alma enclenque no puede sobre- 
pero suicida platónico y reflexivo, se 
nte el horror de lo desconocido. Donde 
^ manifiesto pone su índole inerte é inde- 
j en la escena tercera del acto tercero, 
), al ver arrodillado y orando al asesino 
kdor, ju^a propicia la ocasión para con- 
la venganza en que cifra todo su anhelo, 
el fin mayor de su existencia. «Obremos, 
exclama; pero en el momento mismo de- 
a ímpetu vengador la repentina reflexión 
:. matar en tal momento á aquel malvado 
nviarle al cielo (i), esto es, darle galar- 
no castigo. Este refinamiento nada cris- 
¡e crueldad y encono no es más que el 



^ M9W TU dift: and so he goet tohtavetti 
M M* Irtvtn¿á? Tkat vieuldie ¡camud.^^ 
Act m, 3. 



LOS HIJOS VENGADORES 43 

sofisma sutil con que el hombre débil é irreso- 
luto quiere engañarse á sí propio para dar lar- 
gas á una acción vigorosa y extrema que no 
está en su naturaleza. Jamás habría ocurrido 
tan ingeniosa remora á hombres del temple de 
Orestes ó del Cid. 

Ni aun el amor es en el Príncipe dinamar- 
qués pasión verdadera y dramática. Quien ama 
de veras es la inocente Ofelia, á quien cuestan 
la razón y la vida las bárbaras palabras y los 
retrocesos ofensivos del inconsistente amador. 
Cuando la ve en ía sepultura, esto es, cuando 
ya no hay remedio, entonces prornmipe Ham- 
let en dolientes lamentaciones y en hiperbóli- 
cas protestas de amor. «Achaque es de ánimos 
apocados é indecisos, dice á este propósito un 
certero crítico francés, no saber con claridad 
lo que desean, hasta que ya les es imposible 
alcanzarlo (i).» 

Todo es incierto é incompleto en el carácter 
del Príncipe dinamarqués. No es el impío que 
desconoce y niega los consuelos y las potesta- 
des del cielo; no es tampoco el creyente que 
acata y venera los misterios divinos. Desconfía 



(i) Saint-Marc Girardin. 



LOS HIJOS VENGADORES 

todo, y la duda es su verdugo y la fuente 
su flaqueza jQué verdad, qué fmpetu, qué 
ereza cabe en su resolución de filial venga- 
-, si duda unas veces del crimen mismo que 
de vei^ar, y otras de la aparición del Rey, 
padre , que tan vivo terror le infundió al 
acipio, y que desencadenó en su ánimo la 
¡mal pa»ón de la venganzaí (i). 
4o hay duda que causa enfadosa impresión 
el teatro, como en la realidad de la vida, un 
'sonaje que cree y no cree, que siente y no 
ite; que, como sacando fuerzas de flaqueza, 
nuestra ñrme y austero en de^gnios y en 
abras, y forma briosos propósitos que no ha 
realizar. El drama vive de pasión y de acción, 
ada requiere tanto en los personajes como 
or, fijeza, claridad, determinación de im- 
sos y carácter. Esto es cabalmente lo que se 
la de menos en Hamlet 
f o cautiva á Schl^el (Guillermo), uno de 



:) Hajr momentos en qne teme qne k riaUa de tu 
ce no te* realidad, sino udld del demonio. Hámlet 
I i HoMtlo: «ObserTR i mi tío, y li el lecreto de la 
lenno h leTel* en sus paUbisi, la apaiición ei obra 
infierno, 7 lu aospedui, negru caTHadonet mfu.* 

AGtD,3. 



LOS mJOS VENGADORES 45 

los más conspicuos y profundos reformadores 
de la crítica moderna y el más entusiasta ad- 
mirador de Shakspeare, el carácter de Hamlet. 
Merecen citarse sus palabras: 

<Hamleth es la tragedia del pensamiento. Ins- 
pirada por meditaciones profundas, que nunca 
acaban, acerca del destino del hombre y de la 
sombría confusión de los acontecimientos te- 
rrestres , esta obra suscita meditaciones en la 
mente del espectador. Drama tan enigmático se 
asemeja á las ecuaciones irracionales que es 
imposible resolver, y en las cuales queda siem- 
pre una fracción de ms^nitud desconocida 

Lo sorprendente es que una obra que encierra 
tan recónditas é impenetrables miras, parece 
hecha á primera vista para s^adar á la multi- 
tud. Todo en ella es extraordinario y animado. 
La única circunstancia que podría dar motivo á 
considerarla como menos dramática que las de- 
más, es que la acción principal se detiene, y 
aun al parecer retrocede en las escenas últimas; 
resultado inevitable de la índole del asunto. £1 
objeto general del drama es poner de mani- 
fiesto que el espíritu reflexivo que se afana por 
contrapesar todas las relaciones y las conse- 
caendas posibles de un designio hasta los últi- 



IOS RUOS VBNGADOKES 

Imites de la previsión humana, embaí^ 
erzas activas del alma.» 
:gún mi modo de entender las miras del 
., no puedo juzgar tan favorablemente 

Gcethe el carácter de Hamlet Es en ver- 
ji principe de entendimiento maravillosa- 
: cultivado, que junta á una noble amtñ- 
la facultad de admirar en los demás las 
las de que no está dotado. Es ingeniosf- 
en la ficción del papel de loco , y así con 
Tdades que les dice, como con el pere- 

donaire con que de ellos se mofa, per- 
: de su locura á los mismos encalados de 
ríe; pero en los muchos proyectos que á 
paso forma, y que nunca realiza, demues- 

ñaca voluntad de que adolece. Tiene in- 
jón natural á s^uir sendas torcidas, y lo 
i veces sin que la necesidad le obligue á 
Á menudo procede de mala fe conmgo 
o, y los entorpecimientos que se forja, 
leros pretextos para esconder su falta de 

eza Hamlet carece absolutamente de 

dera fe: duda de sí propio y de todo en 
verso. Pasa de la confianza religiosa á un 
tidsmo escudriñador. Cree en et espectro 

padre cuando le ve; pero en cuanto se 



LOS HIJOS VENGADORES 47 

desvanece, se convierte para él en mera ilu- 
sión. Se aventura hasta decir que sólo por la 
imaginación son las cosas buenas ó malas* Se 
extravía el poeta con su héroe en im laberinto 
de ideas que no tienen fin ni principio, y ni el 
délo mismo se digna responder con la marcha 
de los sucesos á las demandas que, con mayor 
2^inco, le dirige. Una voz que viene, al parecer, 
de arriba, pide venganza de un monstruoso 
crimen, y la venganza no se efectúa. Cierto es 
que, al ñn y al cabo, los delincuentes reciben 
el castigo; pero esto acontece por una especie 
de casualidad, y no, como se debía, para pre- 
sentar un ejemplo solemne de la justicia divina 
por medio de un encadenamiento de conse- 
cuencias inevitables. La indecisión, la perfidia, 
ó un repentino arrebato, arrastran á todos los 
personajes á una ruina común, y la misma 
suerte está deparada k los inocentes que á los 
culpados. En esta obra está presentado el des- 
tino humano como una esfinge gigantesca, que 
propone un tremendo enigma á los mortales, y 
hunde en el abismo de la duda á quien no 
acierta á resolverlo (i).» 



(i) August Wa.HBLM ScHLBGBL. €BkmUt ist einsdg 



LOS HIJOS VENGADOKKS 

tables nos parecen estos juicios del 
caz y elocuente de los críticos alema- 
solo puato puede acaso diferirse de 
, á saber: en la detención y retroceso 
] , que atribuye á las últimas escenas 
Á nosotros se nos antoja que en las 
i^nas la acción cambia de rumbo, 
para y entorpece, sino que, por el 
le precipita para llegar á un desen- 
onforme á la leyenda romántica y 
le á la índole filosóñca y subjetiva 
iento generador del drama, 
a de creerse que Shakspeare igno- 
:chaques morales del héroe de su 
mismo Hamlet reconoce y declara 
[:asiones su inconsistencia y su apa- 
ludiendo á la inactividad de sus pro- 
: sus «pensamientos llevan en sí una 
s de cordura y tres cuartas partes 



OH Gedankea — TraiurtpUl, dartk anhal- 
ii/ritdigtu Nachannen üiir i&í metuiAli- 
V vteriSt düitri Venoerrmiíií der Wtl&e- 
igrgiitH, tmd itstintmt tien dUtts Nacksin- 
¿in Ziítckauem ¡urvtr%urufetf, etc. 
tisclie Knnst und LitteiUnr,— Heidelberg, 



LOS HIJOS VENGADORES 49 

de cobardía». En el monólogo con que termina 
el acto segxmdo, expresa con vehemencia y 
claridad la desesperación y la vergüenza que le 
causan su falta de vigor moral, y la preponde- 
rancia que tienen en su índole las palabras so- 
bre la acción. 

« jY yo, exclama, inteligencia burda, alma de 
cieno , permanezco en estúpida inacción , indi- 
ferente á mi propia causa! Soy un cobarde 

¡Qué sandez la mía! ¡Bravo proceder! ¡Yo, 

hijo de un padre asesinado; yo, á quien el cielo 
y el infierno excitan á la venganza, me con- 
tento con desahogar mi indignación con pala- 
bras, y prorrumpir en vanas imprecaciones, 
cual podría hacerlo la última de las prostitu- 
tas!! ¡Qué vergüenza!» 

Shakspeare, al pintar el carácter de su héroe 
tan desmesuradamente indeciso y apático , esto 
es, tan contrario al interés dramático, que nace 
por lo común del brío, resolución y fijeza en 
los afectos y propósitos , no procedía inadver- 
tidamente. El grande escritor sabía lo que ha- 
la. No era su objeto desarrollar, como en 
facbeth^ en Ótelo ^ en lago^ en Hotspur^ en 
rriolano y en Ricardo III ^ la violenta ima- 
'n de implacables y desenfrenadas pasiones, 
cxvi 4 



LOS HIJOS VENGAIXÍBKS 

ieth principalmente, obra sublime, cnyo 
r grande y terrible, según la expresión 
^el , sólo puede compararse á Las Eu- 
■ de Esquilo, no prepondera el pensa- 
sobre la acción : corre ésta vigorosa, en- 
]a y rápida, hasta la postrera catástrofe, 
ite lógica y espantosa. En Hamlet, la 
T el rumbo del pensamiento fundamental 
ly distintos. Macbeth todo es acción; 
todo es pensamiento. El Príncipe dina- 
s, que no tiene ai culpas, ni amor, ni 
n, ni remordimiento, ni nada de lo que 
ni hombre en la esfera común de la vida; 
a á la humanidad con desdén é ¡ronta, 
no ve en ella sino el mal, es una ñgura 
:a de las angustias y vaivenes del alma 
pierde ésta el equilibrio de los senti- 
morales y el firme asiento de la fe. 
no es malo, ni se atreve á ser anticris- 
lero su escepticismo filosófico embar^ 
;ón , turba su entendimiento y le inuti- 
\ la acción práctica y útil de la religión 
vida. <No existen por sí ni el bien ni el 
Jo consiste en el concepto que de ellos 
os>: ésta es la desconsoladora y sinies- 
rína que profesa HamUt. 



LOS HIJOS VENGADORES 5 1 

No puede dudarse que Shakspeare ha que- 
rido hacer de su héroe una representación sim- 
bólica de la época turbada é indecisa en que él 
vivía. Y lo ha conseguido plenamente, dando 
al propio tiempo á su obra el carácter de gene- 
ralización sublime, que asoma siempre aun en 
las pinturas individuales de sus dramas. Hamlet 
es en muchas cosas el hombre de la Edad-me- 
dia: en su amargura desesperada, en su falta 
de entusiasmo, en su desprecio de los hombres, 
en el vacío de su corazón, en su inclinación al 
suicido, en la confusión de su conciencia, es el 
pensador pesimista, el ñlósofo descreído, que 
no acierta á resignarse como cristiano á los 
misterios de la muerte ni á los sinsabores de la 
vida, y que ha de llamarse, andando el tiempo, 
Werther^ Fausto^ y acopo Ortisy Obermann ó 
Man/redo. 

Shakspeare, identiñcado siempre con los ti- 
pos generales de la humanidad que retrata en 
sus obras, desaparece en ellas como autor y 
como hombre. En Hamlet y por excepción, no 
acontece lo mismo. ¿Quién no siente palpitar 
n el famoso to be or not to be^ y en la cló- 
nente censura de los vicios sociales del se- 
undo monólogo, el alma dolorida y escarmen- 



LOS HIJOS VENGADORES 

del gran poeta? Análogas ideas, igual 
ncolfa, se hallan en algunas poesías del au- 
íspecialmente en un soneto (i) en que ex- 
1 vivamente, como impresión personal 
, el menosprecio y el desaliento que le 
m las miserias y las injusticias de la socie- 
humana. El tísdium mtts asoma por do- 
a, asf en la corte brillante, pero hipócrita 
rompida, de Isabel de Inglaterra, como en 
ases cultas y pensadoras. Muestra de ello 
La carta (publicada por un autor alemán) 
uñoso Conde de Essex, procer rico, ani- 
I, de todos envidiado, escrita en 1599 á la 
1 con motivo de una comisión importante 
e conñaba la augusta señora. Merecen ci- 

algunas palabras {2): «¡Qué servicios 
e esperar Vuestra Majestad de un ánimo 
ido, caviloso, enflaquecido por las pasio- 
de un corazón despedazado por angustias 
isabores, de un hombre que aborrece 
:o le rodea y le conserva la existencia?» 
profunda misantropía en el colmo del fa- 



Esti señalado en stu obras Ifricss c 
A.CKBN, EUsaéílh voH Eagliatd, 




LOS HUOS VENGADORES 53 

vor y de la fortuna, es claro testimonio de que 
había empezado la hora del aburrimiento y del 
hastío» del precoz cansancio de la vida, de la 
duda orgullosa y fría, de la melancolía moder- 
na , visible decaimiento del vigor cristiano , que 
cifra en la conformidad la más necesaria y con- 
soladora de sus virtudes. 

¡Cuánto más se parece Hamlet^ el desalen- 
tado filósofo del drama, al Conde de Essex que 
al Hcunlet de la leyenda épica, al vikin (rey del 
mar y pirata), que ni estudió en las universi- 
dades de Wittenberg, ni dejó de cumplir lógica 
y resueltamente su venganza cuando llegó el 
momento oportuno! 

Hamlet no está escrito, como las demás 
obras de Shakspeare, con fin verdaderamente 
dramático. ¿Qué importa al poeta- filósofo el 
mito primitivo de la relación leyendaria de 
Saxo, que probablemente no conocía? El héroe 
de la tradición dinamarquesa no es para el 
poeta más que un pretexto. Buscaba un campo 
en que desplegar los audaces vuelos de su ima- 
ginación, su estro inagotable, los amargos de- 
leos de su espíritu, y lo halló en otro Hant" 
anterior al suyo, que probablemente intentó 

imdir, como había refundido tantos otros 



LOS HIJOS VENGADORES 



13 (l), y que se convirtió en la peregrina 
londe reina el soberano ingenio de Shaks- 
con su opulenta fantasía y con sus dialéc- 



inacronismo voluntario de la Universidad 
ittenberg en tiempo de Hamlet, demues- 
le lo que empeñaba la atención de Shaks- 
no era la historia del principe escan- 
3 de épocas fabulosas, sino la pintura 
cta del estado social y moral de Inglate- 
V^ittenberg, donde Lutero había publicado 
idoso programa de las noventa y cinco 



'0[ ejemplo, E¡ Rty Juan es la refundición del 
antiguo El Infeliz reinado di Juan ; las dos pBi- 
Enriqut IV, j IScarda III están fundada» sobic 
mas titoladas La Gloriosa victoria del rty Ettri- 
'; La Contienda de las casas faniosai de York y de 
ter, y Verdadera tragedia de acardo. Duque de 
y así algonoi otros. 

i dice hablando de Slukspeare , contemporánea 
iNació en Stiatfoid. Vino á Londres mozo y po- 
trillo poi algunos chelines obras diamáticas de 
os autores; computo prólogos y epflogoii, y bo- 
intermedios.! 

in recibo del siglo xvi se lee; «Tres chelines ade* 
Ds á GuillerniO Shakspeare, comediante déla com- 
leí Globe, para que refunda las antiguas piezei del 
iilo.* Pavkb Collybr, Hislory ef ihi Engtiih 



LOS HIJOS VENGADORES 55 

tesis, es en el drama como el emblema de la 
Reforma, cuyo espíritu «vive y razona (según 
la expresión acertada del Dr. Vischer) en la 
implacable dialéctica de Hamlet ». Marlowe ha- 
bía colocado en esta ciudad , cuna del protes- 
tantismo, una parte de la acción de su Fasísto^ 
y su nombre no podía menos de sonar como 
foco de libres y audaces pensadores en los 
oídos de los ingleses. Los demás anacronismos 
de Hamlet y como la artillería; el cristianismo 
de los antiguos dinamarqueses, ado^dores de 
Odino y de Freya; la guardia suiza del Rey 
usurpador; las representaciones dramáticas en 
que se habla de Hércules, de Hécuba y de 
Roscio; el pedante eufuismo de Polonio, moda 
cortesana de los contemporáneos del poeta, y 
otros señalados anacronismos de los demás 
dramas, como poner á Maquiavelo en boca de 
Ricardo ni, no son ignorancia de Shakspeare, 
como sin razón se ha supuesto. Es sistema, 
como lo fué igualmente en el teatro español, no 
sacrificar en lo más mínimo á la exactitud eru- 
dita la impresión popular. Á esta idea corres- 
ponde la famosa declaración de Lope de Vega: 

Escribo por el arte que inventaron 
los que el vulgar aplauso pretendieron, 



U)S HIJOS VKHGADOKSS 



)ncepto, pero con el mismo cspt- 
ierar el teatro como arte vulgar y 
, decía de las obras dramáticas in- 
io Nash, i principios del siglo xvii: 
o está ansioso de ellas; pero se 
e los que las escriben. Asi es que 
lo se apuran mucho para compo- 
n, traducen, amplifican y ponen en 
lo, la tierra, el inñerno, lo que es 
es, los acontecimientos de ayer, 
reías, cuentos. Se burlan de todo, 
(jue nos diviertan , no les pedimos 
.• Shakspeare, prodigando en sus 
los tesoros del genio, seguía ¡as- 
esta poética popular, como la se- 
Tirso, Calderón y los demás crea- 



'0 lie hacer lomedias. 

'íciii no está, aquí usada en el seotido de 
como generalmente cieen los indoctos y 
i. AquJ la acepeidn de este vocablo es la 
torante, del latió nescius. Lope de Vega 
quiera con signiCcaciÓD absoluta y des- 
:ie únicamente i los que desconocen las 
le PUuto y de Terencío. 
stix; Epiítle didicaiory. 




LOS HIJOS VENGADORES 57 

dores del teatro español, el cual tiene con el 
teatro inglés profundas y evidentes afinidades. 
Shakspeare quería ante todo ser entendido de 
su público, compuesto, en su mayoría, de 
plebe y clase media; y puede advertirse que en 
las obras de asuntos británicos es exactísimo en 
épocas, hechos y costumbres, mientras que en 
asuntos extranjeros, nada le importa ser infiel 
á la verdad histórica y geográfica, y pone todo 
su conato en asimilar los caracteres y las accio- 
nes á los usos y á las ideas de la nación inglesa. 

Schlegel manifiesta claramente en esta parte 
su luminosa opinión con respecto al Hamlet^ en 
los siguientes términos: 

«Convenía á menudo á Shakspeare dar el 
color de su época á acontecimientos de remo- 
tas edades. Por esta razón, aunque se trata de 
hechos de la antigua historia del Norte, reinan 
en Hamlet las formas y el lenguaje de la socie- 
dad de moda, y hasta el traje contemporáneo. 
Sin estas circimstancias no habría sido dable 
convertir al héroe en pensador escéptico, que 
es la idea fundamental de la obra (i). » 



\) Über dramatische Kunst und Litteratur. Vorlesun- 
n yon August Wilhelm Schlegel. 



1 



LOS HIJOS VENGADOSES 

críticos franceses neoclásicos, que, sin 
I ello, cometían también anacronismos, 
endo á tiéroes antiguos espíritu y pen> 
tos modernos , no debían haberse mani- 
tan severos con lo que malamente juz- 
bárbaras impropiedades escénicas del 
urgo inglés. No era, por cierto, menor 
iedad anacrónica presentar en los tea- 
París y Versalles á César con peluca 
:spada (que no llevaban nmica los roma- 
tiempo de paz), y á Rodoguna con ton- 

sencia eminentemente subjetiva y meta- 
el carácter de Hamlet le da cierto viso 
tntesco y semejanza con la índole refle- 
analizadora de la raza alemana, por lo 
erudito Gervinus exclama: «Hamlet es 
lania: como él, exclusivamente consa- 
á las cosas del espíritu, olvidábamos el 
extemo; como á él, nos llegaban más al 
/ittenbei^ y su escolástica, que el honor 

iria de la nación Perdimos también, 

iamlet, el gusto á la vida; y prescin- 
de lo real , nos refugiamos en el impe- 
o ideal. El concepto de la vida instin- 
igó á depravarse por el abuso de la 



LOS HIJOS VENGADORES 59 

reflexión y de la gimnasia intelectual, y el sen- 
tído de la acción por devaneos quiméricos.» 
A esto contesta un ingenioso crítico francés: 
*Hamlet no es la Alemania; es el konthre m<h 
derno: por eso esta obra maestra del entendi- 
miento humano es, de un siglo á esta parte, el 
libro más estudiado, más leído y más comen- 
tado.» 

Á nosotros nos parecen extremadas ambas 
opiniones. En Hamlet vemos, en efecto, el sím- 
bolo profético del hombre moderno, más in- 
clinado á la palabrería, á la discusión y á la 
sofistería, que á la resolución pronta, noble, 
clara y generosa. Este es el sentido universal 
del mito de Shakspeare; pero en la preponde- 
rancia del pensamiento sobre la acción, del de- 
signio filosófico sobre el sentimiento , y de la 
ironía sobre la indignación, se nos antoja que 
en Hamlet se reflejan no exclusivamente la na- 
ción germánica, sino generalmente las naciones 
neoteutónicas. 

No hay que decir que en esta obra filosófica 
de Shakspeare el sentimiento religioso es por 
demás escaso y mal definido. Sin embargo, el 
espíritu cristiano que alguna vez asoma en ella, 
establece entre los mitos de los hijos vengado- 



LOS HIJOS VENGADORES 

j y bñtánico, en su respectivo proce- 
us madres , una diferencia esencial. 
Ilación de Hamlet, si bien, por lo 
)sa, es poco grata y simpática con 
á su madre, está muy lejos de la fie- 
I del desnaturalizado Orestes, el cual 
go toma la odiosa actitud del asesino 
inestra. Hamlet es de suyo blando y 
lelto, y además, ni la reina Gertrudis 
atente y soberbia Reina de Argos, ni 
leí Príncipe dinamarqués impone á su 

Agamenón, la muerte de su madre; 

1 le recomienda respeto y miramiento. 
asombra (acto i): 

uiera que sea la forma en qué em- 
a venganza, permanece moral é inta- 

nada hagas contra tu madre. Confia 
I al cielo y al pasador agudo que lleva 
izón.» 

I innegable que desde el punto de vista 
1 lleva Orestes gran ventaja á Hamlet, 
íne su carácter más unidad y más ñr- 
idas las preocupaciones y las falsas 
religiosas del paganismo helénico, es 

de Orestes tan verdadera y lógica 
movedora. La religión le absuelve, la 



LOS HIJOS VENGADORES 6l 

naturaleza le condena: á un tiempo piadoso y 
malvado, buen hijo y parricida. Estos contras- 
tes no son debilidad é inconsecuencia: son le- 
yes fatales de la situación moral, religiosa y 
política del desgraciado Príncipe. Cabalmente 
en ese abrumador conflicto de sentimientos y 
deberes estriba el alto interés dramático de La 
Orestia, 

En el carácter de Hamlet falta por completo 
la unidad, y éste es el defecto capital del dra- 
ma admirable de Shakspeare. 

En suma , no es la venganza filial la esencia 
de la concepción dramática de Hamlet^ pues, 
más que por este sentimiento, se devora el 
alma el Príncipe ideólogo por las imperfeccio- 
nes humanas y por los misterios de la vida y de 
la muerte. Podría imaginarse que Shakspeare 
ha querido darlo á entender así poniendo á su 
drama otro hijo vengador, Laertes, y haciendo 
á éste ardoroso, de idiosincrasia meridional, 
hombre que obra y no cavila. Podría compa- 
rársele á Orestes ó al Cid, si no envenenase la 
espada con que piensa dar muerte á Hamlet. 
Tan vil acción no cabe ni en el héroe griego ni 
en el caballero castellano. 



S VENGADORES 



INTOS DEL MITO DE <RAMLET> AMTE- 
lORES AL DRAMA DE SHAESPEASE 



tistoria de los reyes de Dinamarca, 
por Saxo-Grammaticus. 

iprimió por primera vez ea París, et aKo 
qh este título; 

torum Regum keroumgue Historia stilo 
I a Saxone grammaíico natioue Sialan- 
^cnon RoskildeMsis ecctesicE proposito: 
sufra trecentos amios conscripim et mtnc 
•■ literaria serie illusfrata tersissimeque 

17. > 

1 del libro; 

^enus Saxo Grammaticus Sialadensis, ver 
simus. QuiE accurata diligentia impres- 
'nclyta Parrhisiorum academia lodocus 
Ascensius. fdiéus Martiis, MDXUII, 
itione romana.' 

yenda de Hamlet, escrita por Saxo, está 
de antiguas tradí dones dinamarquesaa. 



LOS HUOS VENGADORES 63 

Así lo declara el sabio Molbech en el apunte si- 
guiente, que nos comunicó en Copenhague y 
conservamos autógrafo: 

«L'histoire fabuleuse (ou TAventure) de Ham- 
let repose^ dans la source la plus ancienne, sur 
le récit remarquable ét assez étendu de Saxo 
Grammaticus, k la fin du 3."® et le commence- 
ment du 4.™« livre de son Histoire danoise. On 
voit clairement que Saxo dans sa narration a 
suivi un recueil d'anciennes traditions danoises 
sur la vie pleine d'aventures romantiques d'un 
fils de Roí, ou plus exactement d'un Prefet de 
Jutlande, Horwendill, qui épousa Gerrutha (mere 
deHamlet), dontle nom aété changéparShaks- 
peare en Gertrude. Au reste, Timmortel poete 
anglais n'a pas, conune on sait, suivi Saxo lui- 
méme, mais une ancienne Hystorie of Hamblet^ 
qui est la traduction d'une des nouvelles de Bel- 

leforest, publiées en 7 volumes, 1564 et sq 

Shakspeare n*a pas de méme pris que tres peu 
des événements racontés par Saxo (i). Notre 
ami Mr. Oehlenschlaeger a suivi assez proche la 



(i) Opinión es de profundos investigadores críticos de 
nuestro tiempo, que Shakspeare no tomó directamente el 
pensamiento de Hamlet ni de Saxo ni de Belleforest. 



ce origínale de Saxo dans sa tragedle Ham- 
ine llias post Homerum, dont j'ai vu une 
ísentation, mais que je n'ai pas encoré lue.> 



Sagas islandesas. 

E aquí, traducida, la noticia que el ilustre 
>ech nos dio acerca de ellas: 
[I asunto interesante y poético de la anti- 
tradición de las aventuras de Handet no 
inadvertido para los islandeses, cuya ima- 
:ión y habilidad para la narración oral en 
a aprovechaba los asuntos poéticos y ro- 
ticos de la Edad-media para forjar con ellos 
s, no históricas, sino de pura fantasía. Esta 
; de sagas corresponden, al menos en su 
}r parte, á una edad bastante moderna (los 
s XIV XV y xvi). Esto acontece cabalmente 
las narraciones islandesas de la historia fa- 
sa de Handet, de la cual se conservan tres 
I diferentes, dos en prosa y una en verso: 
' Sagan af Amloda, Hardvendils Sijni. 
1 de Amlod [HamUt], hijo de Hardvendil.) 
elección de Amas Magnxus, de la Biblio- 




LOS HIJOS VENGADORES 65 

teca de la Universidad de Copenhague, número 
221. — Es casi una traducción de Saxo con al- 
gunas alteraciones ó adiciones. 

2." Saga af Amloda edr Ambales. (Saga de 
Amloda ó Ambales (Hamlet), Es tres ó cuatro 
veces más extensa que el número anterior. El 
fundamento de esta saga es, sin asomo de duda, 
la narración de Saxoy pero extremadamente al- 
terada con respecto á los hechos y á los nom- 
bres de las personas. Nada se dice en ella ni del 
viaje á Inglaterra^ ni siquiera de la muerte de 
Hamlet. El célebre historiógrafo dinamarqués 
Sr. Suhm no concede á esta novela islandesa, 
en prosa, mayor antigüedad que el siglo xv. — 
La misma colección de manuscritos de la Uni- 
versidad de Copenhague. 

3.* Rimur af Ambales, (Poema de Ambales.) 
Es producción moderna, del siglo xvi ó del xvii, 
como todos los Rimur ó poemas de los islan- 
deses. Es una paráfrasis prolija y enfadosa del 
número 2, esto es, de la novela islandesa de la 
historia de Hamlet. 

Como se ve, estas obras de la literatura islan- 
desa, en su edad de bronce ó de hierro, es de- 
cir, en su último período antes de la Reforma 
luterana, confirman esta observación: que la tra- 

CXVI 5 



<:r 



!*t\. 



66 LOS HIJOS VSNGADORSS 

dición de Hamlet no existe en forma alguna más 
auténtica ni más antigua que en la historia de 
SaxO' Grammaticus. 



3.^ 

La Dansre Rimkronnike 
{Crónica rimada dinamarquesa.) 

Esta crónica en verso fué, según indicamos 
en otro lugar, el primer libro impreso en Dina- 
marca. No pudo ser escrito antes de la segunda 
mitad del siglo xv, pues la serie de los monar- 
cas cuya historia contiene, termina en Cristia- 
no I, que subió al trono en 14218. Toma de 
Saxa-Grammaticus la mayor parte de los suce- 
sos; pero la forma es singular: consiste en una 
cadena de* monólogos con carácter dramático, 
en los cuales cada personaje reñere patética- 
mente su propia historia. Hamlet cuenta la suya, 
abreviando con exceso, y desfigurando no poco 
la bella leyenda épica de Saxo. 

Es posible y aun probable que esta crónica 
fuese conocida en Inglaterra mucho antes que 
las Historias trágicas de Belleforest Eran inti- 
mas y continuas las relaciones comerciales y po- 



Bii ■ 




LOS HUOS VENGADORES 67 

líticas entre la Gran Bretaña y los tres reinos es- 
candinavos, que adquirieron grande importancia 
europea en los veinticinco años que duró la fa- 
mosa Unión de Calmar. Jacobo I de Inglaterra, 
hijo de la desventurada María Estuardo, que, 
siendo Rey de Escocia, había pedido apoyo á la 
corte de Dinamarca contra la cruel reina Isabel, 
en 1 589 se trasladó á Copenhague para contraer 
matrimonio con la princesa Ana, hija de Fede- 
rico n. jQué mucho que con tantas conexiones 
llegase directamente á Inglaterra la interesante 
y popular leyenda de Hamlet? 



4- 



Historias trágicas de Belleforest 

Frangois de Belleforest, historiógrafo fran- 
cés en tiempo de Enrique III , publicó , con el 
título de Histoires tragiquesy una copiosa co- 
lección de relaciones y novelas sacadas en su 
mayor parte de las obras del famoso novelista 
italiano Bandello. En el tomo iv (impreso en 
París el año de 1570, por Jean Hulpeau, me 
Saint-Jean-de-Latran, á TArbre Sec.) se halla 
la historia de Hamlet con este epígrafe: 



LOS HIJOS VENGADORES 

: quelle ruse Ainleth, qui depuis fut Roy 
lemarch, vengea la mort de son p^re 
dille, ocds par Fengon son fr¿re, et 
icurence de son histoire.» 
>s fué posible dar con las Histoires tra- 
n las bibliotecas de Copenhague. Las 
irnos más adelante en la Biblioteca Na- 
e París. La novela de Hamlet es la re- 
isma de Saxo-Grammaíictts, unas veces 
I (t), otras prolijamente ampliñcada, y 
)mün desnaturalizada con reflexiones y 
s morales, en que la mitología, la orto- 
a historia bíblica y romana, forman una 
la singular y afectada de la erudición y 
de la época de Belleforest, con la épica 
[e la leyenda escandinava. 
96 se publicó en Londres una traduc- 
esa de las Histoires tragiques de Belle- 
[ue probablemente leería Shakspeare. 



LOS HIJOS VENGADORES 69 



5." 

Un drama sobre Hamlet, anterior d Shakspeare. 

£1 diligente y sagaz historiador de la litera- 
tura dramática inglesa M. A.-W. Ward (1876), 
admite, como otros insignes críticos, la probabi- 
lidad de un Hamlet dramático anterior al de 
Shakspeare. Las dos primeras ediciones de la 
obra de éste, muy diferentes entre sí, son de 
los años 1603 y 1604. La primera, imperfecta y 
pobre con respecto á la segunda, puede y debe 
ser una refimdición de las muchas que hizo el 
gran poeta, y que se convirtió después en la 
obra magistral que tanto admira el mundo lite- 
rario. £1 barón Hermán von Friesen, catedrá- 
tico de la Universidad de Viena ( William Shaks- 
pere'Dramen. Wien, 1876) (i), que ha estudiado 
con luminosa crítica el teatro de aquel grande 
hombre {Shakspere Studien, Wien, 1 874-1 875), 
se inclina á creer, no solamente que existió un 
drama sobre Hamlet anterior al de Shakspeare, 
sino que este poeta tomó de él cosas importan- 



(i) Shakspeare firmaba: Wilim Shakspere* 



LOS HIJOS VKNGAI>ORKS 

incipalmeate la revelación del fratricidio 

por el monarca aparecido. 

verdad es que esta revelación sobrenatu- 

ideroso núcleo del drama, no se halla ni 

to, bi en las Sagas, ni en la Crónica rt- 

iinamarquesa, ni en Belleforest, mientras 

idge, en un folleto ( Wifs Miserie and íhe 

"s Madness) publicado en 1 596, menciona 

si del aparecido que gritaba en el teatro 

no lamentable: «¡Hamlet, vei^anzal* 

diendo i este hecho otros tres muy sig- 

vos: 

Que en el catálogo (1594) de Henslowe, 

I de Londres, está consignada la existen- 

un drama líamlet, como obra ya repre- 

a y no nueva. 

Que en una carta del satfrico Nash (i), 

aocedor del teatro de su época, habla ya 

88 burlescamente de un Hamlet dra- 

Que en 1603, comediantes Unieses, que 
IS97 recorrían la Alemania represen- 
traductdas al alemán, las obras dramáti- 



ibllcadK ni frente del Menapko» de Roberto Giee- 
it druniUco de aquellos tíempoR. 



LOS HUOS VENGADORES 71 

cas aplaudidas en Londres, pusieron en escena 
un drama, probablemente traducción del pri- 
mitivo Hamlet (inglés), titulado Der bestrafte 
Brudennord^ Prinz Hamlet aus Dcennemark, 
(El fratricida castigado, ó Príncipe Hamlet de 
Dinamarca); y teniendo en cuenta, además, que 
no hay indicio histórico de que antes de 1582 
se representase Hamlet alguno en que hubiese, 
como autor ó refundidor, tomado Shakspeare 
la menor parte, parece, no sólo probable, sino 
muy cercana á la verdad la conclusión de los 
Sres. Qarendon y Wright {Clarendon Press Se- 
ries, 1872), que hallamos reproducida en la 
Historia de Ward, á saber: 

Que ha existido un drama antiguo fundado 
en la leyenda de Hamlet^ del cual ha entrado 
gran parte en el Hamlet publicado en 1603, el 
cual es una especie de bosquejo que hacia 1602 
había preparado Shakspeare para la escena, re- 
fundiendo el texto anterior, y que sólo en la 
obra perfeccionada de 1604 tenemos el Hamlet 
verdadero y cabal del poeta filósofo. 

¿De dónde, pues, sacó Shakspeare el mito de 
Hamlet} Por lo mucho que lo desnaturaliza y 
transforma^ y por las circunstancias capitales 
que le agrega, bien puede afirmarse que no 



LOS HIJOS VENGADORES 

rectamente de la leyendaria narración de 
, ni de las versiones que, conservando su 
no espíritu , la reproducen. Todo induce 
» que imitó el pensamiento y parte de la 
. de un Hamlet, ya representado en el 
I, y que, aun teniendo á la vista la novela 
:lleforest, ó la Crónica rimada, no quiso ó 
atrevió á cambiar ciertas circunstancias 
economía del drama (cual la ilógica y 
ienta hecatombe final), tales como el pil- 
las conocía. 

no quiera que sea, la creación de Shaks- 
no consiste en la trama, ni mucho menos 
desenlace: consiste en el carácter del hé- 
:riste , pero admirable estudio psicológico 
transformación social y moral del siglo xvi. 



6.° 
alogia con Hamlet de algunos dramas 



dos los críticos de nota atribuyen por con- 
i á Tomás Kyd , poeta dramático que mu- 
>r lósanos de 1594, el /^aw/^í dramático 
ior al de Shakspeare. Fúndase la conje- 



LOS HIJOS VENGADORES 73 

tura en que Kyd es el autor de un drama titu- 
lado La Tragedia española^ ó yerónimo^ en cuyo 
enredo y pensamiento se advierten singulares 
analogías con el drama de Shakspeare (i). Son 
tales, que juzgamos oportuno dar siquiera una 
idea brevísima del asunto. 

Se hallan en guerra España y Portugal. £1 
animoso campeón español Andrea, novio de 
Belimperia, sobrina del Rey de Elspaña, muere 
en \m combate á manos de Baltasar, hijo del 
Rey de Portugal. Los españoles, sin embargo, 
mandados por el valiente general Jerónimo , al- 
canzan la victoria, y Horacio, hijo de Jerónimo, 
hace prisionero á Baltasar. Pero Lorenzo, her- 
mano de Belimperia, se atribuye pérfidamente 
la hazaña de Horacio, por donde nace entre 
ellos enconada enemistad. 

Todo esto se explica en un Prólogo^ y aquí 
comienza la acción del drama. 

Aparecen en la escena el espectro de Andrea, 
y la Venganza, personaje alegórico, que pro- 
mete al espectro que la mano de su novia ven- 



(i) Fué impreso el drama The spanish Tragedy en la 
famosa colección del antíguo teatro inglés de Dodsley. 
{jColUcHon ofoldEnglish Plays, t ni.) 



3 HUOS VENGADORES 

. Sale después el Rey de Espa- 
i presentan Lorenzo y Horado 
portugués Baltasar, reclamando 
o por su parte, como prisionero 
lie del apuro conciliatoriamente, 
razón á ninguno de ellos, y de- 
r prisionero en su corte con los 
s á su alta jerarquía, para enta- 
ste modo tratos de paz. Baltasar 
aores á Belimperia, secundado 
; hermano de esta Princesa; pero 
lar oídos á las pretensiones del 
antiguo novio, da su corazón á 
igo de Andrea. 

a tarde los dos amantes una 
a. El traidor Lorenzo los sor- 
iñado de Baltasar. Sujetan á 
lOrcan de un árbol cercano. Se- 
pultada en estrecíio calabozo, 
í dar noticia del crimen al padre 
¿nimo, el cual, por una carta de 
)ados, que la casualidad había 
13 manos, se hallaba ya enterado 
nce. 

Belimperia miran como deber 
¡arse: aquél, de los asesinos de 




LOS HIJOS VENGADORES 75 

SU hijo; ésta, del Príncipe portugués, que suce- 
sivamente ha dado muerte á sus dos amantes. 
Como es arduo el ctunplimiento de tal desig- 
nio, Jerónimo se ñnge loco, esperando que 
llegue ocasión oportuna para realizar la ven- 
ganza. Sábese de allí á poco que el Rey de 
Portugal ha de venir á España para concertar 
paces en persona. Prepáranse grandes festines 
á fin de recibir bizarramente al monarca lusita- 
no, y Jerónimo, aunque, al parecer, con la razón 
turbada, dispone una representación teatral, en 
la cual deben tomar parte con él Belimpería, 
Baltasar y Lorenzo. Según la trama de este in- 
termedio, Perseda (Belimperia) ha de dar muer- 
te al sultán Solimán (Baltasar), y un bajá (Jeró- 
nimo) á un caballero (Lorenzo). 

Estos homicidios se realizan en la escena: en 
vez de aparentar que hieren á sus víctimas, el 
General y la Princesa las matan verdaderamen- 
te á puñaladas. Sorprende á los espectadores 
tan excesiva verdad escénica, y entonces Jeró- 
nimo les explica los justos motivos de aquella 
sangrienta catástrofe, y en seguida mata al pa- 
dre de Lorenzo y se mata á sí propio. 

Hay, como se ve, en Im> Tragedia española^ 
del propio modo que en Hamlet^ visión de es- 



76 LOS HIJOS VENGADORES 

pectro, premeditación de venganza, demencia 
fingida para realizarla, drama en el drama, 
desenlace violento, y en él lujo de sangre y 
muerte simultánea de inocentes y culpados. 

En otro drama de aquellos tiempos, Hoffman 
ó El Padre vengado^ escrito por Enrique Chettle, 
impresor de comedias y colaborador dramático 
de Shakspeare, hay también circunstancias aná- 
logas á algunas del Hatnlet; entre ellas merece 
recordarse que la heroína se vuelve loca como 
Ofelia. 

Este drama, famoso en pasados tiempos, y 
después olvidado, ha sido reimpreso en Londres 
el año de 1852. 



-•••- 



VI 



LEYENDA PRIMITIVA DE HAMLET 
(Tradacción de ht narración latina de Saxo-Grammaticut.') 

Por aquel tiempo, Rorico (i) le dio por suce- 
sores á Horvendilo y Fengo, cuyo padre Ger- 



(i) Decimoctavo Rey de Dinamarca en la Crónica de 
Saxo- Grammatkus» 



LOS HIJOS VENGADORES 77 

vendilo había sido virrey de Yutlandia. Durante 
un reinado de tres años, Horvendilo se granjeó 
tal renombre como pirata, que Colero, Rey de 
Dinamarca, envidioso de su gloria, juzgó que 
para él sería mengua no eclipsar con proezas 
superiores á aquel famoso navegante. Recorrió 
el mar en busca de su armada, y al cabo dio 
con ella. Había en medio de aquel mar una 
isla, cuya amena ribera atrajo á ambos piratas 
con sus naves. La grata perspectiva indujo á 
los caudillos á internarse en la arboleda y en la 
maleza y á recorrer la selva, muy abundante en 
caza. Encontráronse en una de sus correrías 
Colero y Horvendilo, y esto dio margen á un 
reto. Horvendilo preguntó entonces al Rey qué 
especie de combate sería más de su agrado para 
poner término á aquella ¡disensión, añadiendo 
que era preferible el menor número posible de 
campeones, y que no había medio más seguro 
para alcanzar la palma de la victoria , que acu- 
dir á un combate singular, pues el valor verda- 
dero prescinde de ajena ayuda. 

Colero, cautivado por el valeroso lenguaje 
de su adversario, le contestó: 

«No cabe en mí negarme á la propuesta que 
me haces; sólo requiere el brío de dos hombres 



78 LOS HUOS VENGADORES 

y evita toda incertidumbre. Así es, en verdad, 
como se logra el triunfo con mayor prontitud 
y aliento. En este punto concuerdan nuestros 
pensamientos. Mas el éxito es dudoso; hay que 
tener en cuenta los sentimientos humanos, y no 
nos cumple dejarnos llevar á tal punto de las 
impresiones del momento, que olvidemos los 
últimos deberes. Tregua al encono que enciende 
nuestro ánimo, para atender oportunamente á 
los fueros de la piedad. Si la discordia de nues- 
tros corazones nos separa, nos avienen los de- 
rechos de la naturaleza, y común conciencia 
nos liga, á despecho de la envidia que nuestras 
almas emponzoña. Dejémonos gobernar ahora 
por la piedad, y quede encargado el vencedor 
de las honras funerales del vencido. Así se sa- 
tisface la obligación postrera de la humanidad, 
de la cual no se exime ningún hombre piado- 
so. Cumple á todo campeón rendir á su adver- 
sario tal homenaje cuando el odio se halla 
extinguido. La suerte pondrá fin á nuestra que- 
rella, y los funerales apaciguarán nuestra ani- 
mosidad. No quede rastro de crueldad entre 
nosotros, á pesar del resentimiento que en 
vida nos aparta, y respetemos nuestras ceni- 
zas. Gala será del vencedor hacer con pompa 



LOS HIJOS VENGADORES 79 

el duelo del vencido. Honrar los muertos gran- 
jea la voluntad de los vivos: todos tienen por 
noble acción otorgar á los difuntos cuanto á la 
dignidad humana es debido. 

» Heridas graves nos añigen á veces con ma- 
les no menos lamentables. Un adalid pierde 
uno de sus miembros y conserva el soplo de 
la vida: justo creo, en tal caso, guardarle mira- 
mientos, del propio modo que cuando ha expi- 
rado. Semejante contratiempo es considerado 
como más desastroso que el trance postrero. 
La muerte nos libra de la memoria de nuestros 
males: el vivo no puede olvidar la ruina de su 
propio cuerpo. Hay que dar alivio á tamaña 
desgracia. Convengamos en que aquel que hiera 
al otro, ha de darle, como indemnización, diez 
libras de oro. Debemos compadecer los males 
ajenos; pero es más natural todavía que nos 
apiademos de los males propios. Nadie debe 
prescindir de sí mismo, y quien lo hace se hiere 
como con mano parricida.» 

Hecha recíprocamente la promesa, trabaron 
el combate, pues ni lo casual del encuentro, ni 
los apacibles encantos de aquel paraje, fueron 
parte á evitar que desnudasen los aceros. Lle- 
vado Hordenvilo de su ardimiento, más pensa- 



So LOS HIJOS VENGADORSS 

ba en atacar que en defenderse: arrojó la adarga 
y empuñó la espada con ambas manos. £1 
éxito coronó su arrojo. Derribó á Colero, 
exánime, después de haberle roto su escudo 
con redoblados golpes y de haberle cortado un 
pie (I). 

No olvidó lo convenido. Con regia grandeza 
erigió en honor del vencido una suntuosa tum- 
ba, y celebró sus funerales con pompa extraor- 
dinaria. Poco tiempo después atacó y mató á 
Sela, hermana de Colero, la cual tomaba parte 
en las empresas de los piratas (2) y estaba 
acostumbrada á batallar. 

Después de tres años de guerreras hazañas, 
Hordenvilo ofreció á Rorico escogido y rico 
botín con el fin de granjearse el primer lugar 
en su voluntad. Logró, en efecto, su favor y 




(i) En el Hamlet de Shakspeare hay una alusión á 
este combate. Dice Horatío, ante la aparición del Rey: 

Such was the voy armour he had on , 
Wktn ht the ambüieus Noiway combmied, 

Act. I, esc. I. 

(2) Claro es que á los piratas de la Crónica de Saxo 
no puede atribuirse la significación vulgar que tiene en 
nuestro tiempo. Eran aquellos formidables guerreros 
normandos, reyes del mar, que imponían tributos á Ingla- 
terra, y dondequiera aterraban las costas 7 los mares. 



r 



LOS HIJOS VENGADORES 8 1 

obtuvo la mano de su hija Geruta. De esta 
unión nació Amleto. 

En vista de tamaña ventura, Fengo, enarde- 
cido por la envidia, formó el propósito de 
tender lazos á su hermano. Ni el hombre más 
esforzado está al abrigo de la perñdia de sus 
más cercanos parientes. Hallando ocasión para 
el parricidio (i), sació con sangre el ansia fu- 
nesta de su corazón. Fengo añadió al asesinato 
el incesto, apoderándose [de la esposa de su 
hermano, á quien había degollado. El que se 
ha engolfado en la sangre no se para ante nue- 
vas maldades. Un crimen lleva á otro crimen. 
Á fin de disculpar sus atrocidades con las apa- 
riencias de un motivo laudable, acudió á la más 
osada artería, cohonestando el parricidio con 
el nombre de una acción honrada. Añrmó que 
había dado muerte á su hermano con el único 
fin de librar á Geruta, dechado de humildad y 
dulzura, é incapaz de dañar á nadie, de las 
violencias de su esposo, que profujidamente 
la aborrecía. Coronó el éxito su abominable 
empresa, porque la mentira fácilmente es bien 



(i) Sazo Óict parricidio t acaso porque Hordenvilo era 
su hermano mayor y su Rey. 

cxvi 6 



82 LOS HIJOS VSNGADORBS 

recibida entre los magnates, donde los truhanes 
suelen hallar favor y los calumniadores honra. 
Por donde Fengo no titubeó en entregar su 
parricida mano á torpes caricias, dando remate 
á su doble impiedad con un nuevo crimen. 

Temeroso Amleto , después de tales actos, 
de parecer peligroso á su tío si obrase como 
un ser dotado de razón, aparentó haber perdido 
el seso; fingióse bobo, y con tal traza ocultó 
sus prendas naturales, atendiendo á su salva- 
ción. Á vista de su madre se revolcaba todos 
los días en sitios asquerosos, poniéndose sucio 
y repugnante. La descomposición y el desaseo 
de su rostro le daban el aspecto de un loco es- 
trafalario. Sus palabras denotaban delirio, y sus 
acciones carencia de entendimiento. En suma, 
no parecía un ser humano, sino un monstruo, 
que en su vil condición se gozaba. Colocábase 
á veces en cuclillas ^junto al hogar, removiendo 
la ceniza con las manos, y entretenido en labrar 
estacas que endurecía al fuego, uniéndolas des- 
pués con garfios que colocaba en los cabos, 
para darles mayor consistencia. Cuando le pre- 
gimtaban cuál era su objeto, contestaba que 
hacía agudos dardos para vengar la muerte de 
su padre. Esta contestación provocó grande- 



r 



LOS HIJOS VENGADORES 83 



mente á risa y fué escuchada con desprecio. 
Más adelante, sin embargo, aquella obra de las 
estacas le fué muy provechosa en su empresa. 
No faltaban gentes de más delicado discerni- 
miento, que, en vista de aquella tarea, conci- 
bieron la primera sospecha de que allí había 
alguna sutileza escondida. Por sencilla que fuese 
la obra, revelaba cierto instinto de artífice, y 
no era dable creer en la enajenación mental de 
quien con tanto afán ejercitaba la mano en 
aquel oficio. Además de esto, iba Amleto guar- 
dando cuidadosamente todos aquellos palos 
endurecidos al fuego. Persuadidos de que había 
en todo ello una astucia encaminada á disimu- 
lar profundas intenciones del corazón, algunos 
cortesanos imaginaban que tras de aquella su- 
puesta flaqueza del entendimiento se colimibraba 
la cordura de un alma sana. Pensaban, pues, 
que el medio más eficaz para poner en claro la 
sagacidad de Amleto, sería proporcionarle, en 
paraje lejano , el encuentro de una mujer de 
singular belleza, que encendiese en sus sentidos 
los deseos del deleite. £1 súbito arranque de la 
naturaleza le impediría persistir en el disimulo, 
la astucia no podría sobreponerse á un impulso 
tan poderoso, y el príncipe mancebo olvidaría 



¿4 WS HIJOS VENGADORES 

SU fingimiento, arrastrado por un incentivo 
irresistible. Escogiéronse personas que acom- 
pañasen á Amleto en una excursión á caballo 
hacia la parte más distante de la selva, donde 
debía verificarse la tentación proyectada. Por 
casualidad' era una de ellas un hermano de 
leche de Amleto, que no había olvidado el 
afecto que los unió en la edad temprana; y más 
enamorado de lo pasado que de lo presente, for- 
mó el leal propósito de advertir á su amigo de la 
intención engañosa de los cortesanos que le 
rodeaban. Había ^comprendido el riesgo á que 
Amleto quedaría expuesto si llegaba á mani- 
festar el menor destello de cordura ó se rendía 
al embeleso del amor. Amleto , por su parte, 
no estaba desprevenido. Cuando le mandaron 
que montase á caballo, se colocó de espaldas á 
las crines y mirando á la cola , la cual agarró 
como para que le sirviese de brida. Con la in- 
geniosa traza desbarató en aquel punto la 
trama de su tío, evitando caer en el lazo. Fué 
irrisorio el espectáculo cuando el caballo echó 
á andar guiado por la cola. 

Ya en camino, Amleto encontró un lobo en 
la espesura. Dijéronle sus compañeros que era 
un potro, y él replicó que Fengo tenía en su 



r^ 



LOS HIJOS VENGADORES 85 



caballería pocos animales de tal ralea, haciendo 
así, en forma donairosa, una alusión maligna á 
la situación de su tío (i). Discreta pareció esta 
réplica, y él añadió que deliberadamente se 
había expresado en aquellos términos, para no 
ser motejado, de embustero; pues, deseoso de 
ser tenido por enemigo del engaño, confundía 
en sus palabras lo verdadero con lo fingido, á 
ñn de que no faltase la verdad en ellas, y que 
al propio tiempo la ingenuidad no frustrase la 
sutileza. 

Caminando á orillas del mar, hallaron sus 
compañeros el timón de una nave que había 
naufragado, y exclamaron que era un cuchillo 
de desmesurado tamaño. Amleto dijo que ser- 
viría para cortar inmensos pemiles, indicando 
así la inmensidad del mar. Cuando en las dunas 
le enseñaron la arena, dándola por harina, dijo 
que había sido molida por las espumosas ondas 
del mar. Al aplaudir sus compañeros esta ré- 
plica, él les afirmó que lo había hecho con toda 
su sentido. 



(i) Conjetura Hettmüller que el sentido de estas pala- 
bras es que luengo tiene pocos soldados tan arrojados 
como el lobo. 



X. 



S6 LOS HIJOS VENGADORES 

Dejáronle al cabo solo, para que procediese 
con entera libertad, y á poco encontró á una 
doncella que su tío había hecho colocar en un 
lugar distante. Acaso se habría dejado llevar de 
sus naturales impulsos, si su hermano de leche, 
por medio de una señal secreta , no le hubiera 
infundido recelos de las asechanzas de que era 
blanco. Pensando en el modo de darle un con- 
sejo reservado y de contener los peligrosos 
ímpetus sensuales de la juventud, ocurrió al 
hermano de leche sujetar una pajita en la extre- 
midad de un tábano. Al punto encaminó al in- 
secto hacia el sitio donde Amleto se hallaba, 
prestándole con esta advertencia un favor in- 
signe, pues la señal fué comprendida con la 
misma perspicacia que la había sugerido. En 
cuanto atisbo Amleto el tábano que llevaba la 
paja, entendió que era misterioso aviso de una 
traición, de la cual era forzoso precaverse. 
Alarmado y cauteloso, llevó consigo á la don- 
cella á un sitio distante, pantanoso y casi inac- 
cesible, á ñn de poder gozar de sus caricias 
con absoluta seguridad. Logrado su objeto» 
rogó con vivo encarecimiento á la joven que á 
nadie revelase lo que había acontecido. Ella y 
Amleto habían sido criados en su infancia por 



r 



LOS HIJOS VENGADORES 87 

unas mismas personas. La costumbre de vivir 
juntos había inspirado á la niña añción al Prín- 
cipe: así es que la promesa por éste requerida 
fué fácil y sinceramente otorgada. 

De vuelta al palacio, todos le preguntaron, 
en son de burlas, si había gozado con la niña 
de los deleites del amor. Respondió afirmativa- 
mente. Hiciéronle otras preguntas acerca del 
sitio y la manera, y dijo que habían descansado 
sobre el casco de una acémila, sobre la cresta 
de un gallo y sobre un tejado, porque al mar- 
char con la mujer había recogido fragmentos 
de aquellas cosas á im de evitar la mentira. Tan 
extraña contestación hizo reír á todos los pre- 
sentes, aunque la broma del Príncipe en nada 
alteraba los hechos. Preguntaron entonces á la 
joven, y ella aseguró que nada de aquello ha- 
bía ocurrido. Creyéronla con tanta mayor faci- 
lidad, cuanto que los que acompañaron á Amleto 
nada habían advertido. 

El que había prevenido del riesgo al Príncipe 
por medio del tábano, deseoso de manifestarle 
que su astucia le había salvado, dijo que poco 
antes había tenido de él especial cuidado. 
Amleto contestó con igual discreción. Para de- 
mostrar á su amigo que''*le había entendido, 



88 LOS HIJOS VENGADORES 

refirió haber visto un pajero , sostenido coa alas, 
bajar repentinamente con una paja sujeta en la 
parte posterior del cuerpo. Esta respuesta, que 
causó risa á los demás, dejó á dicho amigo muy 
complacido de su cordura. 

Evitados aquellos lazos sin que se lograse 
descubrir el misterio de las facultades intelec- 
tuales de Amleto, un amigo de Fengo, más pre- 
suntuoso que hábil , fué de dictamen que no era 
fácil coger desprevenida, con trazas vulgares, 
la extremada sagacidad del ingenio del Prín- 
cipe, y que con medios ordinarios y sencillos 
sería en balde poner á prueba su obstinada y 
singular astucia. Añadió que le había ocurrido 
un plan por todo extremo ingenioso, el cual, 
sin ofrecer inconveniente alguno, daría desde 
luego el resultado que el Rey apetecía. Con pre- 
texto de negocios graves se ausentaría Fengo 
durante algún tiempo. Entonces se encerraría 
á Amleto con su madre, y sin que ellos lo su- 
piesen , se escondería una persona en algún sitio 
recóndito de la casa (i), á fin de escuchar todas 
sus conversaciones. Si el hijo estaba en uso de 



(i) Dice el texto de Saxo: < qui ambobus insciis in 

obscura adis parte consistereU'* 



LOS HIJOS VENGADORES 89 

razón y no titubearía en declararlo á su madre, 
pues no podía abrigar desconfianza alguna de 
la mujer á quien debía la vida. 

Brindóse para el oñcio de espía el mismo que 
daba este consejo, mostrándose tan oficioso en 
sugerir el plan como en llevarlo á cabo. Cautivó 
á Fengo la idea, y partió , pretextando un largo 
viaje. El consejero se introdujo cautelosamente 
en la cámara donde Amleto se hallaba encerrado 
con su madre, y para mejor ocultarse, se metió 
debajo de una cama de paja (i). Amleto, teme- 
roso de que alguien le escuchase, supo preser- 
varse de aquel ardid acudiendo á sus extrava- 
gancias de loco. Empezó á cantar cual los gallos 
al despertar; sacudió los brazos á guisa de alas, 
y saltó encima de la paja, donde se puso á bai- 
lar, haciendo contorsiones con el cuerpo para 
cerciorarse de si había allí algo escondido. Sin- 
tiendo cierta mole bajo las plantas, registró con 
la espada el sitio donde estaba, y habiendo sa- 
cado al espía, le dio muerte (2). Cortó el cuerpo 



(i) « Submissusque stramento delituit.» 

(2) < Conscenso stramento corpus crebris salübus librare 
ccBpity si quid illic clausum delites ceret ^ experturus, At uH 
subjectam pedibus molem persensit ferro locum rimatus 
suppositum confodit^ egestumque latebra trucidavit,» 



90 LOS HIJOS VENGADORES 

en pedazos , los hizo hervir en agua y los echó 
en el muladar, á la vista de unos cerdos, que 
hallaron sabroso alimento en aquellos tristes 
despojos. Libre así de la pasada asechanza, vol* 
vio á la cámara de la Reina. 

Cuando Geruta empezó á deplorar la viol^tta 
demencia que acababa de desplegar su hija, 
éste le dijo: «Tú, la más vil de las mujeres, 
^por qué intentas ocultar el más execrable de 
los delitos bajo la falsa apariencia de tus lamen- 
taciones? ¡Tú, que, cual prostituta, has acep- 
tado un horrendo y criminal enlace, entregán- 
dote con incestuoso afecto al asesino de tú 
esposo! ¡Tú, qué halagas con vergonzosas ca- 
ricias al que ha dado muerte al padre de tu hijo! 
Así se juntan las yeguas á los vencedores de sus 
machos. 

» Propio es de animales unirse de tal modo 
dondequiera que les aguija su apetito. Á ejem- 
plo suyo , has arrancado de tu corazón la me- 
moria de tu primer esposo. Con fundado motivo 
estoy fingiendo la locura. No hay duda que 
quien asesinó á su hermano, haría igualmente 
al hijo de éste blanco de su sangriento encono. 
Para dar algxma garantía á mi seguridad, más 
vale parecer demente que entendido. Pero el 



LOS HIJOS VENGAIK)RE& 9 1 

ansia de vengar á mi padre no muere en mi co- 
razón; estoy en acecho de la ocasión, y espero 
que me ayuden las circunstancias. No sale todo 
bien siempre y dondequiera. Contra un alma 
cruel y torcida hay que valerse de la astucia. 
A ti mal te cuadra condolerte de mi demencia; 
mejor te estaría llorar tu propia mengua. Por 
lo demás, fuerza será que calles. » 

Destrozando Amleto con tales reconvencio- 
nes el corazón de su madre, despertó en ella el 
sentimiento de la virtud, y la indujo á antepo- 
ner á la liviandad presente el recuerdo de su 
amor primero. Fengo, á su regreso, buscó so- 
licito á su confidente, y como nadie le había 
visto, preguntó por broma á Amleto si tenía 
noticia de su paradero. Contó el Príncipe que, 
habiendo ido aquel hombre á la letrina dema- 
siado repleto de alimentos, había caído dentro, 
y que allí, por no poder levantarse, lo habían 
devorado los cerdos. Los presentes tomaron 
como de un loco aquella contestación verídica. 
Fengo, no obstante, recelaba sin tregua de los 
engaños de su hijastro, y habría querido desha- 
cerse de él. Mas le contenían miramientos al 
abuelo Rorico y á su propia esposa. Resolvió 
valerse para ello del Rey de Britania ó Bretaña, 



92 LOS HIJOS VENGADORES 

salvando así las apariencias con el empleo de 
mano extraña. Prefería esconder su fiereza, ha- 
ciendo recaer en un amigo la responsabilidad 
de su crimen. 

Amleto, al marchar, rogó reservadamente á 
su madre que mandase cubrir con muy dobles 
y tupidos paños el salón de los banquetes, y 
que, transcurrido un año, hiciese celebrar en él 
sus funerales, prometiéndole volver para aque- 
lla época. Partieron con él dos hombres de la 
servidumbre de Fengo, á quienes confió éste 
una carta grabada en madera, modo usual de 
escribir en aquel tiempo. En la carta, Fengo 
prevenía al Rey que diese muerte al Príncipe. 
Pero entró él en sus camarotes mientras dor- 
mían, leyó las tablas, raspó lo escrito, y cam- 
biando los términos, puso en lugar de su nom- 
bre el de sus compañeros. No satisfecho con 
haber eludido el peligro , apartando de sí la fu- 
nesta sentencia , añadió , en nombre de Fengo, 
una falsa demanda de la mano de la hija del 
Rey para el virtuoso mancebo que le enviaba. 

En cuanto desembarcaron en Bretaña, pasa- 
ron los enviados á presentarse al Rey, y le en- 
tregaron la carta que encerraba su propia sen- 
tencia, cuando la juzgaban instrmnento de 



LOS HIJOS VENGADORES 93 

muerte para otro. Disimuló el Rey, y los acogió 
con la más urbana hospitalidad. 

Amleto , en el regio banquete, manifestó des- 
vío á todos los manjares, como si fueran vulgar 
sustento. Todos se asombraron al ver que el 
Príncipe extranjero se abstenía de todas las 
bebidas y de todos los esmerados platos de la 
mesa real, como si aquel festín ostentoso íuese 
un obsequio mal escogido. Cuando, terminado 
el banquete, se despidieron los huéspedes, re- 
tirándose á sus habitaciones para pasar la no- 
che, dispuso el Rey que se escondiese en ellas 
una persona que pudiese escuchar sus pláticas. 
Los que acompañaban á Amleto le preguntaron 
por qué se había abstenido en la comida como 
si temiese ser envenenado. Contestó que el pan 
sabía á sangre y la bebida á hierro , y que los 
manjares de carne olían como los cadáveres y 
recordaban los cementerios. Añadió que el Rey 
tenía mirada de siervo, y que la Reina, en tres 
ocasiones, había mostrado modales de criada. 
Los del séquito del Príncipe atribuyeron á ex- 
travío mental la áspera censura que hacía, no 
sólo de la comida, sino de los que la habían 
dado, y se burlaron de su atolondramiento. 
Dijéronle que hacía mal en ofender con descor- 



94 LOS HIJOS VENGADORES 

teses palabras á un Rey esclarecido y á una 
dama de tan nobles costumbres, y que había 
correspondido mal á su cordial hospitalidad. 

Enterado de todo el Rey por su confidente, 
quedó persuadido de que quien había proferido 
tales razones no era un mortal como los demás. 
Sólo cabía en un sabio ó un loco encerrar así 
en tan pocas palabras intuición tan profunda. 
Llamó á su presencia, para pedirle informes, al 
mayordomo que había proporcionado el pan; 
el mayordomo transfirió el asunto al panadero 
de la casa real, el cual fué igualmente llamado. 
Preguntóle el Rey de qué terreno procedía el 
trigo que había producido la harina, y si había 
en él vestigios de hombres muertos. Contó el 
panadero que aquel terreno había sido campo 
de batalla^ que estaba lleno de huesos himianosi 
evidentes indicios de una gran matanza^ y que 
en él habían hecho la siembra con la esperanza 
de abundante cosecha, sin imaginar que el trigo 
pudiese tomar mal sabor. Esta explicación hizo 
comprender al Rey que tenía fundamento lo 
que Amleto había dicho, y preguntó de dónde 
provenía el tocino. Le informaron de que, ha- 
biéndose escapado un día los cerdos por des- 
cuido del porquero, comieron hasta la saciedad 



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LOS HUOS VENGADORES 95 

del cadáver podrido de un ladrón, de modo que 
pudo Inñcionarlos la carne corrompida. Viendo 
el Rey que también en esto había acertado 
Amleto, preguntó con qué líquido habían com- 
puesto la bebida. Cuando supo que era una 
mezcla de cebada y agua, mandó cavar el pozo. 
Hallaron en el fondo espadas corroídas por el 
orín, que habían debido comunicar al agua un 
gusto desabrido. No faltó quien explicase el mal 
sabor de la bebida por la circunstancia de que, 
al sacarla, se encontraron abejas que se habían 
alimentado en el abdomen de un muerto: tal 
vez la peste que transmitieron á sus panales 
había pasado al líquido (i). 

Al ver el Rey que la censura del festín no era 
infundada, pensó que su mirada , que había sido 
tachada de traidora, podría emanar de impureza 
de raza. Se avistó secretamente con su madre, 
y la preguntó quién era su verdadero padre. 
Contestó ella que sólo con el Rey, su esposo, 
había tenido amorosas conexiones. Amenazóla 
sa hijo con la tortura, y logró de este modo la 



(i) Algunos traductores juzgan, no sin motivo, algo 
confuso este pasaje. Uno de ellos conjetura que la bebida 
eia hidromel hecho con miel alterada. 



96 LOS HIJOS VENGADORES 

confesión de su ilegítimo nacimiento. Su padre 
era un esclavo. Mortificóle en gran manera esta 
revelación afrentosa; pero no pudo menos de 
admirar la perspicacia del joven. Preguntóle 
por qué causa había ajado á la Reina atribu- 
yéndole modales de criada, y á fuerza de darse 
por resentido del desfavorable juicio que el 
Príncipe extranjero había formado de su esposa, 
acabó por saber que era ésta de servil ralea. 
Amleto le dijo que había notado tres veces en 
la Reina actos de criada: se había cubierto la 
cabeza con im mantón; se había recogido el 
vestido al andar, y, por último, había mascado 
un mondadientes de madera. Fuera de esto, 
recordaba el Rey que la madre de la Reina, á 
consecuencia de haber caído prisionera, había 
sido esclava, por donde su hija, así en modales 
como en origen, era de condición servil. 

Convencido de que Amleto estaba dotado de 
ingenio casi divino, le otorgó la mano de su 
hija. Cuanto decía Amleto le parecía fruto de 
inspiración sobrehumana. A fin de dar cumpli- 
miento al encargo de su amigo, mandó ahorcar, 
al día siguiente, á los compañeros del Príncipe. 
Aparentó Amleto ofenderse de lo que le com- 
placía, y el Rey, para desagraviarle, le dio una 



r 



LOS HIJOS VENGADORES 97 

pepita de oro. Amleto hizo fundir el oro, y le 
escondió en dos varales huecos. 

Al cabo de un año se despidió y regresó á 
su país, sin llevar de toda aquella regia opu- 
lencia más que las dos varas rellenas de oro. 
Al llegar á Yutlandia, dejando su porte de los 
últimos tiempos, volvió á sus antiguas aparien- 
cias de desaseo y de los estrafalarios ademanes 
que le habían sido tan provechosos. 

Habíase divulgado la falsa noticia de su 
muerte, y cuando se presentó de improviso, 
cubierto de harapos, en el salón donde se cele- 
braba el banquete de sus funerales, quedaron 
todos consternados. Pero, pasada la sorpresa, al 
terror sucedió la risa, y los circunstantes seña- 
laban con mofa á aquel cuyo duelo estaban ha- 
ciendo. Preguntáronle por sus compañeros, y 
enseñó como tales los dos varales. Aquí está 
uno , dijo ; aquí está el otro. No es fácil deter- 
minar lo que predominaba en estas palabras, si 
la verdad ó la burla. Si bien la contestación pa- 
recía desvarío, no se desviaba mucho de los 
hechos, pues presentaba en lugar de los hom- 
bres la indemnización por ellos recibida. Colo- 
cóse entonces entre los escanciadores, y para 
aumentar el regocijo de los convidados, se es^ 
cxvi 7 



98 LOS HIJOS V£NGADORES 

meraba en servirles la bebida. Molestábale al 
andar la excesiva anchura de su ropa, y para 
recogerla, se ciñó una espada, la desenvainó, 
y adrede se hirió los dedoL con el filo. Al verlo, 
los que estaban cerca sujetaron la hoja á la vai- 
na por medio de un clavo. Para realizar con 
más seguridad sus propósitos, Amleto llenaba 
sin descanso las copas de los proceres convida- 
dos. Todos se rindieron al vino: ya no podían 
moverse, y quedaron postrados en el regio sa- 
lón, que les sirvió de cama después del ban- 
quete. 

Habían caído en las redes de Amleto, y vien- 
do éste que era propicia la ocasión para dar 
cima á sus designios, sacó del escondite en que 
se hallaban las estacas que había preparado, y 
volvió al palacio, donde los magnates se revol- 
caban en el suelo , dominados por la embriaguez 
y el sueño. Arrancando en seguida á viva fuer- 
za las varas de hierro que sostenían los tapices 
colocados por su madre en las paredes del sa- 
lón, los hizo caer sobre los durmientes, y los 
sujetó de tal manera con intrincados nudos, va- 
liéndose de las estacas con ganchos, que ni uno 
solo de los que se hallaban debajo, por más es- 
fuerzos que hicieron, pudo levantarse. Al punto 



r 



LOS HIJOS VENGADORES 99 

prendió fuego al edificio, y un voraz incendio, 
rápidamente propagado por todas partes, abra- 
só á los convidados, que dormían ó en balde 
pugnaban por levantarse. Sin demora se enca- 
minó Amleto á la cámara de Fengo, á quien 
antes habían acostado personas de su servidum- 
bre; cogió su espada, que por casualidad esta- 
ba colgada junto á su lecho , y la reemplazó con 
la suya propia. Despertó entonces á su tío , y 
después de participarle que los magnates habían 
perecido en el fuego, «aquí está Amleto, le dijo, 
poderoso con la ayuda de sus ganchos de otro 
tiempo, y ansioso de exigir el justo éastigo por 
el asesinato de su padre». Al oir estas palabras, 
Fengo saltó del lecho y fué muerto, mientras 
infructuosamente intentaba, á falta de la suya, 
desenvainar la espada de Amleto (i). 

Tal fué aquel animoso Príncipe, digno de 
eterno aplauso, que se defendió cuerdamente, 
escondiendo con la ficción de la demencia un 
entendimiento superior á la índole humana. 
Así, no solamente preservó su vida de perver- 
sas asechanzas, sino que logró tomar vengaiiza, 



(i) Como recordará el lector, los cortesanos habían su- 
letado esta espada á la vaina con una clavija. 



100 LOS HIJOS VENGADORES 

preparada de un modo peregrino, del asesinato 
de su padre. Hábil guardador de sí mismoi 
brioso vengador de su sangre, no se sabe qué 
admirar más en él, si el valor ó la cordura. 

Aquí acaba el tercer libro. Comienza el cuar- 
to. {Historias de los Reyes y Héroes de Dina- 
marca^ de Saxo-Grammaticus, folio 30.) 

Amleto, después de satisfecha su venganza, 
andaba temeroso de someter su triunfo al fallo 
inseguro de la multitud. Juzgó prudente guar- 
dar reserva hasta ver el rumbo que tomaba la 
plebe, escasa de discernimiento. Las gentes de 
las cercanías, que habían divisado el incendio 
nocturno, acudieron temprano para enterarse 
de la causa, y hallaron el alcázar del Rey con- 
vertido en escombros. Registraron las ruinas, 
calientes todavía, y sólo descubrieron informes 
restos de los cadáveres abrasados. Todo había 
sido devorado por las llamas inexorables, y no 
quedaba rastro por donde hubiera podido co* 
lumbrarse la causa de tamaño desastre. Encon- 
tróse también entre los vestigios sangrientos el 
cadáver de Fer^o, traspasado por el acero. 
Unos sintieron indignación; otros, tristeza; otros» 
secreta alegría. Quién deploraba la muerte del 
caudillo, quién se complacía en la desaparición 



LOS HIJOS VENGADORES lOI 

del tirano parricida. La muerte violenta del Rey 
causó diversas impresiones. La pacíñca actitud 
del pueblo animó á Amleto á salir del paraje 
donde se hallaba oculto. Reunió desde luego á 
algunos que le habían manifestado constante 
adhesión, y después convocó una asamblea, á 
la cued habló de esta manera: 

«Si aún os doléis del fin desventurado de 
Hordenvilo, si respetáis la lealtad de los subdi- 
tos y la piedad de los hijos, no habéis de con- 
moveros ahora por la calamidad de que han 
sido víctimas vuestros señores. Aquí no se pre- 
senta á vuestros ojos la muerte de un Príncipe, 
sino la de un parricida. Más digno de conmise- 
ración era aquel monarca asesinado por el más 
atroz de los malvados, que no merecía el nom- 
bre de hermano. Todos habéis contemplado con 
lágrimas los miembros ensangrentados de Hor- 
denvilo, su cuerpo cubierto de heridas. Este 
odioso verdugo obró así (es indudable) para 
privar á la nación de sus fueros; de tal manera, 
que de un solo golpe dio á él la muerte y á 
vosotros la esclavitud. ^ Quién ha de ser tan 
desatentado que prefiera la crueldad de Fengo 
á la venerable memoria de Hordenvilo? Recor- 
dad con cuánto amor mi padre os atendía, cómo 



102 LOS HIJOS VENGADORES 

respetaba vuestros derechos, cómo os colmaba 
de bondades. Pensad en la pérdida del más be- 
névolo de los señores y del más justo de los 
padres, reemplazado por un tirano , muerto por 
un asesino: volved los ojos á vuestras franqui- 
cias desconocidas y violadas, á vuestro país 
manchado por crímenes, al yugo que abnmia 
vuestros hombros. Mas ya llegó el término de 
tantos males. El delincuente cayó al peso de 
sus propios delitos; el parricida recibió el cas- 
tigo de sus iniquidades ¿Qué hombre cuerdo 
ha de preferir el daño al beneficio? ¿A qué 
alma, dueña de sí misma, le pesaría ver caer 
la sangre sobre la cabeza del que la ha derra- 
mado? ¿Quién se afligiría por la ruina del más 
sanguinario de los verdugos? ¿Quién lamen- 
taría la caída del más despiadado de los ti- 
ranos? 

»Yo, que ante vosotros me presento, soy au- 
tor de cuanto ha acontecido. Me declaro ven- 
gador de mi padre y de mi patria. He hecho 
solo lo que hubiéramos debido hacer jimtos. 
Nadie me ha dado auxilio en semejante empre- 
sa; nadie me ha ayudado á llevarla á glorioso 
remate. No ignoro, sin embargo, que no me 
habríais negado generoso apoyo si os le hu- 



LOS HIJOS VENGADORES I03 

biese pedido en nombre de la fidelidad debida 
á vuestro legítimo Príncipe; pero no he querido 
exponeros á riesgo alguno para castigar á los 
malvados , ni echar sobre vuestros hombros ima 
carga que bastaban á llevar los míos. No he 
quemado, como los demás, el cuerpo de Fen- 
go, á fin de que, entregándolo á las llamas, po- 
dáis saciar en él vuestra justa venganza. No os 
detengáis: levantad la hoguera, quemad ese 
cuerpo maldito, esparcid las cenizas del mal- 
vado, arrojad al viento esos restos odiosos: ¡ni 
urna ni sepulcro encierren los vestigios impíos 
de sus huesos ! No quede rastro alguno del pa- 
rricida. No descansen sus miembros en la tie- 
rra, ni contagien lugar alguno. No se manchen el 
mar ni la tierra dando abrigo á este cuerpo vil. 
»Lo demás ya lo he hecho. Sólo os queda 
cumplir este último deber piadoso. Esos son los 
funerales que merece el tirano: ése es el duelo 
debido al parricida. No debe conservar la na- 
ción los restos de quien le impuso dura servi- 
dumbre. En fin, í qué necesidad tengo de recor- 
daros las penalidades que he sufrido, mis grandes 
cuitas y las desventuras, que conocéis mejor 
que yo mismo ? Años enteros he pasado en la 
angustia» amenazado de muerte por mi padras- 



104 LOS HIJOS V£NG.\I>ORES 

tro, despreciado por mi madre, escarnecido 
por mis amigos: mi vida ha sido un infortunio 
sin tregua, una serie de sobresaltos y peligros. 
En una palabra, he vivido abismado en horren- 
da calamidad. Las quejas íntimas con que á 
veces deplorabais mi locura como obstáculo al 
castigo del parricidio, eran para mí testimonio 
secreto de vuestra simpatía, y además, claro 
indicio de que no había salido de vuestro ánimo 
la sagrada memoria de la afrentosa pérdida de 
vuestro Rey. ¿Quién habría podido tener el 
alma tan dura y el corazón tan empedernido, 
que no se compadeciese de mis penas, ni se 
conmoviese ante el espectáculo de mi infortu- 
nio? Vosotros no habéis manchado vuestras 
manos con la sangre de Hordenvilo, y no po- 
déis menos de apiadaros de este desventurado, 
que se ha criado entre vosotros. Tened asimis- 
mo lástima de mi añigida madre, de vuestra 
antigua Reina, libre ya de la vergonzosa obli- 
gación, carga harto pesada para los flacos hom- 
bros de una mujer, de amar al hermano y al 
asesino de su esposo. 

»Ya veis las circunstancias que me han obli- 
gado, para dar cima á mi venganza, á envilecer 
-mi inteligencia dándome trazas de bobo, á es- 



LOS HIJOS VENGADORES I05 

conder la luz de la razón, á aparentar demen- 
cia. Juzgad ahora del acierto y eficacia de los 
medios empleados para lograr mi objeto. Me 
complazco en que seáis los jueces de mi em- 
presa. Hollad los restos del parricida, ensañaos 
con las cenizas de quien ha degradado á la es- 
posa de su hermano inmolado, cometido todos 
los delitos, causado tantos desastres, puesto la 
traidora mano en su legítimo soberano , intro- 
ducido la odiosa tiranía, y coronado con el in- 
cesto el parricidio. Llegó el momento de que 
deis vuestro amparo á quien ha sido ministro 
de la venganza y ejecutor de tan justo castigo. 
Prestadme ayuda y devolvedme mis derechos. 
He preservado de la mengua á la nación, he 
salvado de la infamia á mi madre, he acabado 
con la opresión, he sido juez del parricida, he 
evitado, volviéndolos en contra suya, los mor- 
tíferos é interminables ardides de mi tío. Yo 
padecía con los atentados cometidos contra mi 
patria y contra mi padre. He aniquilado al que 
tendía sobre vosotros su cetro de hierro, y 
ejercía mayor autoridad que laf que conviene a! 
hombre. 

>Reconoced estos beneficios y el ingenio que 
los ha inspirado, y si la he merecido, otorgad- 



I06 LOS HIJOS VENGADORES 

me la potestad suprema. Recibidme cual cum- 
ple al autor de bien tamaño , como al sucesor 
de mi padre, que llega á vosotros no manchado 
con sangre generosa, sino como legítimo here- 
dero del trono , como vengador leal del crimen 
cometido contra su padre. Me debéis el bien de 
vuestra libertad recobrada, de vuestra cadena 
y vuestro yugo hechos pedazos. He puesto fin 
á un reinado afrentoso y á un poder tiránico : 
os he redimido de la esclavitud , os he vuelto á 
vuestro verdadero ser, os he restituido vuestra 
dignidad y vuestra gloria, he destruido al tira- 
no, he triunfado del verdugo. En vuestras ma- 
nos está el premio : ya conocéis mis merecimien- 
tos: mi título al galardón es mi valor.» 

Esta oración del brioso mancebo cautivó to- 
das las voluntades é hizo derramar lágrimas. 
Calmada la primera impresión dolorosa, fué 
Amleto declarado Rey por aclamación univer- 
sal. Todos cifraban sus esperanzas en el claro 
entendimiento de un Príncipe que había sabido 
cubrir con un tupido velo su difícil empresa, y 
llevarla á feliz término con incomparable ente- 
reza. De admirar es, en efecto, que durante tan 
largo espacio lograse esconder á todos sus mis- 
teriosos designios. 



LOS HIJOS VENGADORES 10?^ 

Después de su triunfo en Dinamarca, volvió 
Amleto á Bretaña, con tres bajeles espléndida- 
mente equipados, para volver á ver á su suegro 
y á su esposa. Llevaba consigo la ñor y nata de 
la juventud dinamarquesa, bien adiestrada en 
las armas, y llena de gentileza y gallardía; que 
si en otro tiempo afectaba menesterosa y sór- 
dida traza, ahora ostentaba pompa y magnifi- 
cencia. Antes parecía inclinado á la pobreza; 
ahora hacía alarde de elegancia y de bizarría. 
Hizo pintar en su escudo todos sus actos glo- 
riosos, desde su primera juventud (i). Diestra 
pincel había representado en él las principales 
escenas de sus desventuras y de su animosa 
constancia. Allí se veían : Hordenvilo asesinado; 
Fengo, parricida incestuoso, tío criminal; el 
sobrino, blanco de la irrisión de los cortesanos; 
las estacas con sus ganchos; los recelos del pa- 



(l) «/« clUntelam quoque armis prastantem juventutem 
adcvüerat exquisito decoris genere cultam; ut sicut cuneta 
despicabiU dudutn habitu gesseraty ita nunc magmficis ad 
omnia paratióus uteretur^ et quidquid olitn paupertate tri» 
bueratf ad luxurice impensam converteret, In scuto quoque 
si6i parari jusserat omnem cperutn suorutn contextum ab 
ineuntis atatis primordiis auspicatus: exquisitis picturce. 
notis adumbrandum curavit.»,,» 

Saxo, Dan. Reg, Her, Historia, 



I08 LOS HIJOS VENGADORES 

drastro; el disimulo del hijastro; los diferentes 
lances y pruebas; la mujer empleada en la ten- 
tación del paseo campestre; el lobo amenaza- 
dor; el timón encontrado en la playa; la entra- 
da en la selva; el tábano con la paja; el joven 
Amleto advertido del manejo insidioso , y sus 
caricias á la doncella, resguardado del acecho 
de los que le seguían. Representaba también el 
-escudo la mansión real; la entrevista del Prín- 
cipe con su madre; el espía descuartizado; los 
pedazos de su cadáver hervidos, arrojados al 
muladar y devorados por cerdos feroces. Veíase 
igualmente á Amleto descubriendo el secreto 
de los emisarios dormidos, y sustituyendo unas 
palabras á otras; rehusando con desdeñosa gri- 
ma los manjares y la bebida; observando la mi- 
rada del Rey y los vulgares modales de la Rei- 
ría. Asimismo reproducían las ñguras: los 
emisarios ahorcados; las bodas del Príncipe; 
su regreso á su patria; las varas rellenas de 
oro, presentadas á la corte dinamarquesa en 
lugar de aquellos emisarios; el Príncipe hacien- 
do de escanciador; la espada desenvainada que 
le hiere los dedos; la hoja sujeta con una clavija; 
el aumento del regocijo y el tumulto del festín; 
los tapices echados sobre los dormidos y suje- 



LOS HIJOS VENGADORES lOQ» 

tos con nudos y ganchos; el incendio del pala- 
cío; los convidados abrasaddis; Amleto junto al 
lecho de Fengo, reemplazando la espada de 
éste con la suya inutilizada; por último, el Rey 
expirando á manos de su hijastro, que le hiere 
con su propia espada. Con arte primoroso ha- 
bía expresado hábil pintor todos estos hechos 
en el escudo de guerra de Amleto, reprodu- 
ciendo la narración con el dibujo, y realzando 
la obra con los matices del colorido. Los que 
acompañaban al nuevo Rey, para presentarse 
con más lucimiento , llevaban también escudos 
con adornos de oro. 

Recibióles el Rey de Bretaña con afabilidad 
y ostentación. Preguntó, durante la comida, á 
Amleto si Fengo vivía prósperamente, y su 
yerno le dijo que aquel por cuyo bienestar se 
interesaba, había perecido á mano armada. Con 
vivo afán hizo nuevas preguntas, y se llenó su 
alma dé espanto al saber que era Amleto autor 
de aquella muerte violenta. 

Él y Fengo habían concertado que cualquiera 
de los dos que sobreviviese al otro, tomaría 
venganza de su muerte. Hallábase, pues, el Rey 
en la más penosa perplejidad. Movíanle, por una 
parte, la obligación en que estaba con respecto 



no LOS HIJOS VENGADORES 

á SU hija, y el afecto que á su yerno profesaba; 
por otra, la piadosa memoria de su amigo y el 
imperioso deber de cumplir su promesa y su 
juramento. 

La fe jurada triunfó al cabo de los vínculos 
de la sangre, y á la alianza del parentesco se 
sobrepuso la obligación sagrada de vengar á su 
amigo. Grave delito le parecía, sin embargo, 
violar las leyes de hospitalidad, y así, juzgó lo 
más acertado valerse de mano ajena para el 
acto de la venganza , y esconder sus desafueros 
en el misterio y en las apariencias de la inocen- 
cia. Ocultó sus redes bajo el velo de urbanas 
atenciones, y la intención de dañar, con fingidas 
demostraciones de buena voluntad. 

Habiendo fallecido recientemente la Reina, su 
esposa, dio á Amleto el encargo de negociar 
para él un nuevo enlace, manifestándole que el 
tino singular de que había dado tantas pruebas, 
era razón que le había inducido á escogerle 
para misión tan escabrosa. Le refirió que la 
mujer cuya alianza le convenía, reinaba en Es- 
cocia, y se negaba á toda propuesta de casa- 
miento , no tan sólo por su pudor extraordina- 
rio, sino también porque, á causa de su altivo 
carácter, detestaba á tal punto el matrimonio, 



LOS HIJOS VENGADORES III 

que hacía matar á cuantos llegaban á pedir su 
mano. Ni uno siquiera de sus muchos preten- 
dientes se había librado del suplicio. No obs- 
tante el riesgo que tal embajada ofrecía, partió 
Amleto para llevarla á cabo, confiado en el 
valor de su gente y de la que le había dado el 
Rey» Ya en Escocia, estableció sus reales con 
avanzadas, no lejos de la residencia de la Rei- 
na, en una risueña pradera, junto al camino, que 
ofrecía pasto abundante á los caballos, y donde 
convidaba al descanso el dulce murmullo de un 
arroyo. 

Enterada la Reina de la llegada de acuella 
gente forastera, envió, en guisa de reconoci- 
miento, á diez donceles, que debían darle cabal 
noticia de su aspecto y de su actitud. Uno de 
ellos, que á los demás se aventajaba en arrojo 
y astucia, logró, esquivando los centinelas, lle- 
gar hasta el mismo Amleto , que dormía con la 
cabeza apoyada en su escudo. Con singular 
destreza, sin turbar el sueño del Príncipe ni de 
ningún otro de los hombres de la expedición! 
sacó suavemente el escudo y lo presentó á su 
señora, no sólo como testimonio del éxito de su 
encargo, sino asimismo para que viese quién 
era el recién venido. Con la misma habilidad 



112 LOS HIJOS VENGADORES 

había sustraído, del sitio donde estaba guarda- 
da, la carta del Rey de Bretaña. 

La Reina examinó el escudo: comprendió 
por los letreros de las pinturas su interesante 
significación, y supo de este modo que iba á 
ver al hombre de superior entendimiento que 
había castigado en su tío al asesino de su pa- 
dre. Enterada igualmente del contenido de las 
láminas de madera en que estaba consignada 
la demanda de su mano , borró todo lo escrito. 
Le inspiraba horror el enlace con un anciano, 
y lo deseaba con un joven. En lugar de lo bo* 
rrado escribió una carta, procedente, al pare- 
cer, del Rey de Bretaña y firmada con su nom- 
bre , en la cual solicitaba la mano de la Reina 
para el portador de la misiva. Deliberadamente 
mencionó ella en el escrito los hechos recorda- 
dos en el escudo, por donde la carta y el es- 
cudo recibían en la apariencia mutua confirma- 
ción. Mandó después á los mismos que había 
enviado al reconocimiento de los forasteros, 
que volviesen á colocar en sus respectivos lu- 
gares el escudo y las láminas. Así aplicaba á 
Amleto el mismo engañoso ardid que éste había 
empleado en otro tiempo con respecto á los 
emisarios de Fengo. 



LOS HIJOS VENGADORES 1 1 5^ 

Mientras esto pasaba, Amleto había advertida 
la sustracción del escudo, y tenía los ojos cerra- 
dos fingiendo que dormía. Elsperaba que inten- 
tase un nuevo ardid el autor del ardid primero, 
por lo mismo que éste le había salido á medida 
de su deseo. Así aconteció, en efecto, por tal 
modo, que lo que Amleto había perdido durante 
el sueño verdadero, lo recobró en el sueño fin- 
gido. No falló su previsión. Al acercarse caute- 
losamente el espía que iba á poner en su lugar 
escudo y láminas, alzóse aquél repentinamente» 
lo sujetó y lo hizo encadenar. En seguida des- 
pertó á las personas de su comitiva, y se enca- 
minó al palacio de la Reina. Después de salu- 
darla en nombre de su suegro, le presentó las 
láminas escritas de éste, autorizadas con su 
sello. Las tomó la reina Hermethruda, y, des- 
pués de leerlas, aplaudió con lisonjeras pala- 
bras las ingeniosos actos de Amleto, declarando 
que había éste impuesto á Fengo un castigo 
merecido, y que al llevar á feliz término, con 
habilidad extraordinaria, su plan de venganza 
contra un asesino incestuoso, y cobrar legal- 
mente el imperio de quien le tendía continuos 
lazos, había aventajado en sagacidad al vulgo 
de los mortales. Añadió que le causaba asom- 
cxvi 8 



■ 

I 



114 I^S HIJOS VENGADORES 

bro que un príncipe, cuyo entendimiento le ha- 
cía subir á más alto nivel que los demás hom- 
bres, hubiese podido cometer el yerro de 
casarse del modo que lo había hecho, aceptan- 
do una alianza ruin y deslucida. De siervos era 
la raza de su esposa, aunque la fortuna la hu- 
biese encumbrado hasta el trono. Un hombre 
cuerdo no habría debido poner la mira, al con- 
traer matrimonio, en esplendor externo. Más 
acertada habría sido la elección buscando noble 
raza y esclarecida estirpe, sin dejarse cautivar 
por los hechizos de la hermosura, que son de 
índole pasajera y sólo sirven al halago de los 
sentidos. 

«Hay una mujer, le dijo, cuya unión te con- 
viene porque su cuna es igual á la tuya. Es 
digno objeto de tu amor, no sólo por su 
ilustre progenie, sino por el alto lugar que 
ocupa, y porque además ninguna otra puede 
competir con ella en riqueza y descendenqia 
real.» 

Á continuación le hizo notar que ella era 
reina, y hasta rey en cuanto su sexo lo consen- 
tía; que aquél á quien ella juzgase merecedor de 
compartir su tálamo, subiría á su trono y sería 
rey; que un cetro cuadraba á su alianza, y á su 



LOS HIJOS VENGADORES II 5 

alianza iin cetro (i), y que no era de desdeñar 
oferta semejante de parte de una mujer que te- 
nía por costumbre hacer que contestase el acero 
á los que pretendían su mano. Con tales razo* 
nes intentaba Hermethruda atraer la voluntad 
de Amleto, inducirle á enlazarse con ella y á 
anteponer la estirpe á la hermosura. 

Terminadas sus explicaciones, se echó la 
Reina en los brazos de Amleto, y embelesado 
él con las palabras de aquella mujer hermosa y 
joven, correspondió con deleite á sus dulces ca- 
ricias. Estas bodas (2) fueron celebradas con 
un banquete, al cual asistieron amigos y caudi- 
llos. Poco después Amleto regresó á Bretaña 
acompañado de la bella Hermethruda y de una 
hueste de escoceses escogidos, capaz de arros- 
trar en su defensa los mayores riesgos. 

Salió á su encuentro la hija del Rey, su ver- 
dadera esposa, la cual, si bien lamentaba el 
agravio que le hacía, prefiriendo á ella una con- 
cubina, juzgó que no debía sacrificar sus debe- 
res conyugales al resentimiento de los celos. El 
amor no se había apagado todavía en su cora- 



(i) Juego de palabras, que al parecer indica que sería 
conveniente unir dos cetros. 
(2) lExtrañas bodas! 



Il6 LOS HIJOS VENGADORES 

zón, y no pudo menos de advertirle de los ar- 
dides que contra él se tramaban, á ñn de que 
pudiese evitar el cercano peligro. Díjole « que 
llevaba en su seno una prenda de su ternura, y 
que esta razón era bastante para justificar los 
miramientos que le dispensaba. Si Amleto abo- 
rreció al corruptor de su madre, yo amaré á la 
amante de mi esposo. No habrá angustia que 
apacigüe, ni envidia que extinga el amor en 
que por ti me abraso, y no puedo dejar de re- 
velarte las tramas que se urden contra tu per- 
sona, y las acechanzas que amenazan tu vida. 
Has convertido en provecho tuyo, por media 
de Una diestra sustitución, el mensaje que te 
confió tu suegro, y fuerza es que estés preveni- 
do á defenderte de sus ataques.» 

Mostró la Princesa en estas palabras que 
atendía más á los deberes de esposa que á los 
de hija. Llegó á la sazón el Rey de Bretaña, y 
para cubrir con capa de amistad los hostiles^ 
proyectos que meditaba, estrechó á su yerna 
en sus brazos y le convidó á un banquete. Ad- 
vertido ya de la perfidia, Amleto disimuló de- 
la propia manera, y siguió al Rey, porque de- 
seaba obrar derechamente en todo, y prefería, 
á rehuir vergonzosamente el peligro, arrostrar- 



LOS HUOS VENGADORES II7 

lo con habilidad y prudencia. Pero tuvo cuida- 
do de ponerse una cota debajo del traje y de 
llevar consigo doscientos jinetes escoceses. 
Cuando llegó á caballo, al entrar por la puerta, 
que estaba de par en par abierta, le dio el Rey 
una embestida, y le habría atravesado con la 
lanza si la cota de malla oculta no hubiera pa- 
rado el golpe. Recibió Amleto, sin embargo, una 
leve herida, y se retiró al paraje donde, por or- 
den suya, le esperaban los guerreros escoceses. 
En seguida, con ánimo de disculpar su trai- 
ción, envió al Rey aquel espía de la reina de 
Escocia á quien hizo prisionero, á fin de que 
-presentase como excusa las órdenes de Herme- 
thruda de sustraer furtivamente la misiva que 
á ella iba dirigida. Todo en balde. El Rey se 
.apresuró á seguirle en su retirada, y desbarató 
•la mayor parte de su gente. Al día siguiente de- 
bía darse una batalla decisiva. No esperaba Am- 
leto poder resistir, é imaginó aparentar que 
aumentaba el número de sus guerreros levan- 
tando á los muertos, cuyos cuerpos sostenía, 
una parte de ellos con estacas, otras apoyándo- 
los en las rocas cercanas. Hizo también colocar 
á algunos sobre sus caballos con todas sus ar- 
.mas, cual si estuviesen vivos y dispuestos en 



Il8 LOS HIJOS VENGADORES 

orden para la batalla. La fila de los muertos no 
era menos numerosa que el núcleo de los vivos. 
Estupendo espectáculo constituían, en verdad, 
los muertos llevados al combate y en ademán 
de pelear. No fué el tal artificio infructuoso 
para su autor. Las marciales figuras de los 
muertos, iluminadas por los esplendentes rayos 
del sol, tomaron la apariencia de una falange 
considerable. Por tal manera, vanos simulacros 
de difuntos reproducían el primitivo número de 
los soldados, y nadie podía presumir que el en- 
cuentro de la víspera hubiese mermado su gen- 
te. Los britanos, aterrorizados con tal perspec- 
tiva, evitaron huyendo la batalla, vencidos por 
los difuntos á quienes en vida derrotaron (i). 
No es fácil determinar si en esta victoria tuvo 
mayor parte el ardid ó la suerte. El Rey inten- 
tó escaparse, pero fué muerto en la fuga por 



(i) He aquí los propios términos con que refiere Saxo 
esta cariosa leyenda: 

• Quem rex avidius fugienUm insequi non moratus^ ma^ 
tare copiarum parte privavit: ita ut Amlethus die postero 
salutem pralio defensurus; desperatis admodum resistendi 
viribus ad augendam multitudims speciem exanima socio» 
rum corpora; partim subjectis stipitibus fulta ^ partim pro» 
pinquis lapididus affixa, alia viventium more equis impo* 
sita, nullo armorum detracto éerinde ac preeliatura serien 



LOS HIJOS VENGADORES II9 

los dinamarqueses que le perseguían. Amleto, 
triunfante y con el copioso botín que recogió 
en Brítania, regresó á su patria, llevándose con- 
sigo á ambas esposas. 

Rorico había muerto durante aquel tiempo. 
Le había sucedido Vigleto, el cual despojó á la 
madre de Amleto de los tesoros de la corona» 
mortiñcándola con un sinnúmero de pretensio* 
nes, y censurando que Amleto hubiese usurpada 
el trono de Yutlandia, al cual sólo el rey Lethrea 
tenía derecho. Amleto desplegó gran cordura 
en aquella ocasión. Dio á Vigleto la mayor parte 
del botín, con objeto de satisfacer sus reclama- 
ciones con tan ricas dádivas. Vigleto , no obs- 
tante, andando el tiempo le combatió con prei- 
texto de vengarse, y aun le venció en la guerra» 



Hm in aciemcuneumque digesserit, Nec rarius mortuorum 
comu erat quam viventium globus, Stupenda siquidem 
illa /ocies erat: quum extí$uü raperetUur ad praHa: de^ 
funcH decemere cogerentur, Qu¿b res auctori oHosa non 
fuit; quum ipsae exünctorum imagines lacesseniibus solis 
radOs immensi agminis speciem darent lia enim inania 
illa defunctorum simulacro prisHnum militum numerum 
referebant : ut nihU ex eorum grege hesterna strage cUmi^ 
nutum putares, Quo aspectu territi Britanni pugnam 
prcecurrere fuga a mortuis superati quos vivos oppres^ 
serant, 

IV, fol. 32, I, 2. 



X20 LOS HIJOS VENGADORES 

convertido de enemigo oculto en enemigo decla- 
rado. Desterró á Fialero, gobernador de Escania» 
el cual se retiró, según cuentan, á un lugar des- 
conocido que llaman Undeñsakre (i). Cuando 
Vigleto, apoyado por los guerreros de Ascania y 
de Selandia, provocó un rompimiento con Amle- 
to, entró éste en gran perplejidad sobre si debía 
arrostrar la mengua ó el peligro. No ignoraba 
que resistiendo exponía la vida, y evitando la 
batalla, caía en la infamia del cobarde. Después 
de meditar acerca del asunto, preponderó en 
su ánimo el deseo de salvar su honra, y su ar- 
diente amor á la gloria le decidió á aventurarse 
al riesgo de ser derrotado. No quería que el 
ruin intento de evitar los azares de la suerte 
anublase el esplendor de su renombre, y sabía 
que entre una muerte gloriosa y una vida sin 
honra, media la misma distancia que entre la 
dignidad y la afrenta. 

Fuera de esto , amaba con tal vehemencia á 
Hermethruda, que la idea de que quedase viu- 
da le causaba sinsabor más amargo que 1^ de 
su propia muerte; y así, antes de comenzar la 



(i) Undeñsakre quiere decir el Campo de Odino. Por 
"donde conjetura M. L. Ettmüller que puede significar el 
•otro mundo. 



LOS HIJOS VENGADORES 121 

guerra, se afanaba por prepararle un segundo 
matrimonio. Hermethruda, conmovida, le hizo 
la noble promesa de seguirle al campo de ba- 
talla, declarando que merecía desprecio la mu- 
jer que se negaba á morir con su esposo. 

No fué ella, por cierto, fiel á estas exagera- 
das palabras. Vencido Amleto y muerto cerca 
de Yutia á manos de Vigleto, el amor de Her- 
methruda fué la recompensa del vencedor. Así 
burla el destino los juramentos de las mujeres: 
los desvanece el transcurso del tiempo, y los 
vaivenes de la suerte quebrantan la fe en sus 
almas livianas é inconstantes. La mujer falta á 
su promesa con la misma facilidad que prome- 
te; la cautivan los varios incentivos del placer; 
desea lo nuevo y olvida lo pasado; anhelosa se 
entrega á la satisfacción de sus gustos. 

Así acabó Amleto. Habría igualado en glo- 
ria á los dioses, y sobrepujado las hazañas de 
Hércules, si su fortuna hubiese igualado á sus 
prendas. 

Todavía existe jimto á Yutia un campo glo- 
rificado con su nombre y con su sepulcro (i). 



(i) He aquí la parte del texto de Saxo relativa á la 
muerte de Amleto: 

*Nam quum Amlethtís apud Jutiam a Vigleto acie in- 



122 LOS HIJOS VENGADORES 



vn 



íes «HAMLBT» PERSONAJE HISTÓRICO Ó CREACIÓN MÍTI* 
CA DE LA FANTASÍA POPULAR? ~- RECUERDOS DE DI- 
NAMARCA. — CASTILLO DE KRONBORG. •— SEPULCRO 
APÓCRIFO DE HAMLET. — SAXO-GRAMMATICUS.— MOL* 
BECH. 

Hamlet, no d de Shakspeare, que éste, por 
su educación^ por sus andones, por sus ideas, 
por sus cavilaciones, pertenece de lleno al si- 
glo XVI, sino el de Saxo, fuente única conocida 
de todos los Hamlets literarios antiguos y mo- 
dernos, carece de carácter histórico claro y de- 
terminado. Ni entre los pocos monarcas cuyos 
nombres han llegado á nosotros al través de las 



Uremptus fuisset {Hermethruda) ultro in victorispradam^ 
amplexumque concessiU Itavotum omnefosmineum fortuna 
varUtas abripit : temporum mutatio eUssolvit: et muüebris 
animifidem lubrico nixam vestigio /ortuiürerum casus ex- 
tenuant: qua sicut ad pollicendum facilis, iia ad persol" 
vendum segnis: variis voluptaüs irritamentis astringiiur 
atque at recentia semper avidius expetenda veterum imme^ 
mor: anhela praceps cupic&tate dissultat: Hic Atnlethi exi^ 
iusfuit: qui siparem natura atque fortuna indulgentiam 
expertus fuissetf aquassetfulgore superos^ Hercúlea virtu- 
tidus opera transcendisset. Insignis eius sepultura ac nontis 
ne campus apud yutiam extat,9 



LOS HIJOS VENGADORES 1 2 5. 

densas nubes de la historia conjetural de Dina- 
marca, desde Eskiold, contemporáneo de Jesu- 
cristo y fundador de dinastía, hasta Gorm el 
Viejo, último rey pagano, ni en el catálogo, ver- 
daderamente histórico , que empieza en Sigurd 
Snogoie (el de los ojos de serpiente), año 794, 
asoma el nombre de Hamlet Los sabios Zin- 
20W, EttmüUer y otros insignes arqueólogos 
literarios de Alemania y de Dinamarca, hacen 
subir el mito de Hamlet á las más remotas tra- 
diciones teogónicas, leyendarias y heroicas de 
Germania. 

Sin embargo, se halla tan arraigada la tradi- 
ción mítica en la tierra de Dinamarca, especial- 
mente en Yutlandia, cuna del mito, que es im- 
posible negarle fimdamento histórico. No son 
conocidas las fuentes de donde tomó Saxo- 
Grammaticus su épica relación, entre histórica 
y leyendaria; pero la circimstancia de pintar un 
Hamlet debelador de Britania (Inglaterra), cuan- 
do allí imperaba un solo rey, que pereció á 
manos de los invasores, demuestra que el Ham- 
let de Saxo es posterior al año de 827, término- 
de la Heptarquía sajona. La índole de los he- 
chos que refiere el cronista dinamarqués, co- 
rresponde á las terribles correrías marítimas de 



124 LOS HUOS VENGADORES 

los vikings Ó reyes de mar escandinavos, que 
pusieron espanto á la Europa entera (i); y sa- 
bios historiadores arqueólogos juzgan fundada- 
mente que las hazañas de Hamlet no han podi- 
do verificarse sino á mediados del siglo ix. 

Por lo demás, aún subsisten en Dinamarca 
huellas tenaces de la existencia del misterioso 
Príncipe. Así se infiere de lo que dice el ilustre 
Molbech en uno de sus apuntes autógrafos, que 
tuvo la bondad de franquearnos, y que á conti- 
nuación traducimos: 

«Según Saxo, Hamlet muere lidiando con el 
Rey de Dinamarca Vigleto [Amletus apud Ju- 
tiam a Vigleto ocie intereniptus)^ y añade: In- 
siGNis Ejus SEPULTURA, ےc ftomine campus apud 
JUTiAM extat* El excelente traductor dinamar- 
• qués antiguo de Saxo, A. Vedel (cuyo libro se 
publicó en 1575), tradujo libremente estepa- 
saje del siguiente modo : 

€Den marck udi Jutland^ som hand bleff be- 
graffuen udi Kaldis endnu effter kans nastn 
Amlets hede.» (El campo de Yutlandia donde 



(i) De sos excursiones en EspaSa contienen relación 
detaUada los interesantes estudios del insigne arabista 
holandés Mr. Dozy, acerca de la España de la Edad- 
media. 



LOS HUOS VENGADORES 1 2 5. 

fué enterrado tomó de él su nombre, y se llama 
todavía la llanura de Amlet) 

«En la parroquia de Verring, diócesis de 
Aarhus, no lejos de la ciudad de Randers, exis- 
te una aldea llamada Amelhede-Bij . Anticua- 
rios dinamarqueses han creído encontrar en 
este nombre el Amlets hede de Vedel (i).» 

«Puede claramente deducirse de todo esto 
que no hay asidero en la tradición para colo- 
car en Elsenor, como se le antojó hacerlo á 
Shakspeare, la escena de su drama. No es di- 
fícil imaginar, sin embargo, el motivo de esta 
elección. Para la generalidad del público de 
Londres, en tiempo del poeta no había nombre 
de pueblo dinamarqués más conocido que El- 
senor {Elsinore^ en Shakspeare).» 

Como tantos otros viajeros, fuimos expresa- 
mente á Elsenor para visitar la tumba de Ham- 
let en el hermoso parque del palacio de Ma- 
rienlyst, á pocos kilómetros de la ciudad 
marítima. Primero, en Elsenor, recorrimos el 
antiguo é imponente castillo de Kronborg^ que 



(i) £1 Dr. M. A. Zinzow {DU HamUtsage. Halle, 1877) 
habla también de la aldea llamada Amelhede^ en Yut* 
landia. 



126 LOS HIJOS VENGADORES 

sobre un pequeño promontorio domina el mar 
y guarda el paso del Sund como gigante centi- 
nela. La majestuosa explanada del castillo nos 
traía á la imaginación la fantástica del drama 
de Hamlet, donde aparece la sombra del Rey 
asesinado. Pura ilusión de nuestra parte, pero 
ilusión que nos hacía admirar la adivinadora 
fantasía de Shakspeare, que para tal escena 
había escogido, sin conocerlo, tan magníñco y 
adecuado paraje. 

De allí pasamos á Marienlyst. Otra shakspi- 
riana ilusión. En un extremo solitario del par- 
que hay, sobre un leve resalte del terreno, un 
sepulcro de sencillo y primitivo carácter, com- 
puesto de tres piedras rúnicas y rodeado de 
cuatro frondosos árboles. £1 pueblo le llama la 
tumba delíamlet ¡Lástima que no sea verdad! 
Nuestro sabio amigo Molbech nos había ad- 
vertido que el tal sepulcro era apócrifo, y me- 
ramente, como él decía, una decoración de 
jardín. Había sido allí colocado cuando, en 
época no muy remota, se edificó á orillas del 
CEresimd el palacio real de recreo Marienlyst^ 
en el mismo lugar en que desde la época de 
Cristiano IV (siglo xvi) había existido un sitio 
real con el nombre de Lundehave, 







SEPULCRO DE IIAMl.ET. 


COplido d. 


:1 natu. 


-.I.íldlajde Ocii.bredelSM,pO'«l E«™- Sí. D. 


AaíBilo 


de Cu'' 


10 (hoy Marquía de Valmir), Minlslro de EspiB. en Di. 



LOS HIJOS VENGADORES 127 

No cabe duda. Á pesar de las fantásticas ilu- 
siones que ha hecho nacer el gran poeta britá- 
nico, no puede vagar la sombra de Hamlet, ni 
en el castillo de Kronborg^ ni en el parque de 
Marienlyst Pertenece á Yutlandia. Allí fué su 
gloria; allí han quedado los únicos rastros tra- 
dicionales de su azarosa vida. 

No obstante, no pudimos contemplar sin 
emoción aquel fúnebre simulacro que lleva su 
nombre, y que, á falta de significación más 
histórica, tiene siempre la de ser im glorioso 
homenaje á la memoria del sublime Shaks- 
peare. 

Copiamos allí fielmente el sepulcro, y nos 
complacemos en ofrecer ahora, después de 
medio siglo, su sencilla imagen á nuestros lec- 
tores. 

Pasamos, durante nuestra juventud, algunos 
años en Copenhague (i). Era todavía época de 
brillante florecimiento para aquella pequeña 



(i) Don Leopoldo Augusto de Cueto, hoy Marqués de 
Valmár, autor de estos apuntes, fué Ministro de España 
«n Dinamarca en los años 1847, 1S48 y 1849. ^o titubeó 
en adquirir para el Estado la única estatua de Thorváld- 
sen que ha venido á España: el magnífico Mercurio que 
se admira en el Museo Nacional. 



128 LOS HUOS VENGADORES 

pero ilustrada y noble nación. No alcanzamos 
ya al sublime escultor Thorváldsen, que tres- 
años antes había fallecido de repente en el 
teatro Principal de aquella ciudad, quedan- 
dose como dormido en una butaca; pero tu- 
vimos la honra de conocer á cinco señala- 
dos varones, de alto mérito y claro renom- 
bre, que dieron lustre á su patria con sus 
trabajos literarios, artísticos y científicos: Bis- 
sen^ el más aventajado de los discípulos de 
' Thorváldsen ; (Ersted^ creador de la ciencia 
electro-magnética y verdadero inventor de la 
telegrafía eléctrica; Andersetiy famoso en todas 
las naciones por sus peregrinos cuentos y rela- 
ciones; Molbech^ uno de los más sabios histo- 
riógrafos y arqueólogos que ha producido Di- 
namarca; y por último, sobre todos ellos, 
CEhlenschlcBger^ amigo de Goethe, poeta lírico 
y dramático de primer orden, inspirado vulga- 
rizador, en su poema Los Dioses del Norte^ de 
la mitología escandinava, y una délas más bri- 
llantes glorias de la Europa septentrional. 

Como Shakspeare, empezó CEhlenschlaeger 
su vida pública por la profesión de actor. Fué 
después catedrático de Estética, y más adelan^ 
te, también como Shakspeare, publicó ima se- 



LOS HIJOS VENGADORES 12 9> 

ríe de interesantes dramas fundados en la his- 
toria antigua de su . país y en las poéticas 
tradiciones de las sagas populares. Por aque- 
llos años, cercanos ya al término de su gloriosa 
vida , escríbió un nuevo Hamlet, tragedia en 
verso, en cinco actos. No hay en ella ni imita- 
ción ni rivalidad de Shakspeare. Éste pintó en 
Hamlet un tipo simbólico del siglo xvi; el poeta 
dinamarqués pinta el mito épico de la leyenda 
escandinava, la cual , como él mismo dice en él 
prólogo de la tragedia, «no se presenta en Saxo 
cual príncipe filósofo y noble, dominado por 
una misantropía fantástica, sino con la realidad 
de im mancebo heroico y de un rey dinamar- 
qués de los primitivos tíempos>. CEhlenschlae- 
ger no sigue las huellas de Ducis, que reduce 
pobremente y transforma el drama de Shaks- 
peare, si bien con acierto y felicidad en el des- 
enlace: trata el asunto á la escandinava, y crea 
un tipo verdaderamente dinamarqués para aña- 
dirlo á Stcerkodder^ Axel y Valborg, Palnatoke^ 
Hakon-larl y otras obras dramáticas , que cons- 
tituyen lo que él mismo llama su «galería de 
cuadros históricos y nacionales>. 
i^ Como era natural, nos asaltó el deseo dé 

\ investigar las fuentes que pudo tener á la vista 
cxvi 9 



\ 

í 



150 LOS HIJOS VENGADORES 

el gran dramaturgo inglés para formar su fa- 
moso y extraño drama. Imaginando que en las 
antiguas sagas históricas podrían hallarse ras- 
tros del mito y acudimos al Sr. Molbech, que 
tanto había estudiado aq el fecundo manantial 
de tradiciones y leyendas. £1 sabio arqueólogo 
literario nos declaró que no se hallaba recuerdo 
tradicional ni monumento alguno autorizado 
del mito de Hamlet más antiguo que la preciosa 
relación de Saxo-Grammaticus. De ella nacie- 
ron, directa ó indirectamente, la Crónica ri- 
mada dinamarquesa {Danske Rimkrdnnike)^ 
primer libro que se dio á la estampa en Dina- 
marca (1495), del cual tuvimos el gusto de ver 
im rarísimo ejemplar en la Biblioteca Real de 
Copenhague; las sagas islandesas relativas á la 
leyenda de Hamlet; la famosa novela de Belle- 
-forest, que suponen muchos (hoy es dudoso) 
inspiradora del drama de Shakspeare, y los va- 
rios dramas que desde el siglo xvi hasta el xix 
se han escrito acerca del mito de Hamlet. 

La relación de Saxo-Grammaticusy escrita en 
latín claro y relativamente acicalado para el 
siglo xii, nos cautivó desde luego. Aquel man- 
cebo animoso, que reprime su audacia heroica 
y obra cauteloso, prudente y astuto, para cum- 



' 



LOS HIJOS VENGADORES I3I 

plir un noble designio, hasta que, llegado el 
momento que buscaba, venga á su padre y cas- 
tiga á los malvados á la faz del mundo, arros- 
trando todos los peligros, nos pareció más 
moral, aun en medio de la bárbara desnudez 
de tiempos primitivos, y sobre todo más propio 
para la epopeya y para el drama trágico, que 
un príncipe filósofo y vacilante, que nunca llega 
al fin que se propone, y parece que emplea su 
entendimiento, su astucia, su inacabable ace- 
cho y todas las fuerzas de su alma, no para 
vengar á su padre, sino para resolver un pro- 
blema. 

Con razón dieron á Saxo, como honroso 
testimonio, el sobrenombre^ de gramático (hu- 
manista, erudito). Era aficionado á primores 
retóricos, y pocos hay que le igualen en su 
tiempo como escritor latino. Cuando se limita 
á la narración de las tradiciones históricas ó 
leyendarias de su patria, su estilo es conciso y 
expresivo; cuando hace gala de su cultura lite- 
raria y pretende escribir á la manera de los 
grandes clásicos romanos, no sólo se trasluce 
la afectación imitativa, sino que además se hace 
verboso, y contradice el espíritu genuino de 
los personajes de los tiempos y del libro mismo. 




133 LOS HIJOS VENGADORES 

Esto es harto visible en el discurso que pone 
en boca de Amleto después de la catástrofe 
del palacio de Fengo, siguiendo las huellas de 
Tito Livio, que es su modelo. 

La fama y autoridad de Saxo fueron siempre 
grandes. El rey Valdemar I le conñó mensajes 
diplomáticos, y acaso á la prestigiosa venera- 
ción que inspiraba la ciencia en la Edad-media 
se deba que fuese enterrado en el panteón real 
de la basílica de Roeskild Junto á los soberanos 
de Dinamarca (i). 

Nuestro embajador poeta, el Conde de Re- 
bolledo, le cita varías veces en las Selvas Dá-- 
nicas cual certera autoridad histórica. Admi- 
raba su estilo, como puede inferirse de estoa 
versos, referentes al reinado de Valdemar I: 

cFlorecieron las letra» en su tiempo, 
de que es testigo el elegante Saxo.9 

La relación de Saxo-Grammaticus ^ por la 
rareza de su libro histórico, no es muy cono- 
cida en España. Por esta razón hemos juzgada 
oportuno dar á luz su traducción castellana. 



(i) El verdadero nombre de Saxo^ según conjeturas de 
sabios dinamarqueses, era Lange, Nació en la isla deSe- 
landia, hacia mediados del siglo xu. Murió en 1204. 



LOS HIJOS VENGADORES I33 

' Algún tiempo antes de nuestra salida de Di- 
namarca recibimos , con una afectuosa carta del 
erudito Sr. Molbech (i), la nota sobre las sagas 
concercientes á Hamlet, que publicamos en su 
lugar; dos apuntes, que también publicamos, 
y ima traducción francesa de la mejor de las 
tres sagas sobre Hamlet, que existen en la Bi- 



(i) Cedemos á la tentación de publicar aquí esta carta, 
aunque de carácter íntimo y familiar, y para nosotros 
benévola en demasía, porque nos complace que sea co- 
nocida la sincera y viva simpatía que profesaba á España 
el ilustre y sabio historiador dinamarqués: 

^Capenhaguct 6 Novembre 184^. 

>Monsieur Le Chevalier de Cueto: 

»Je m'empresse de vous écrire ees motspour exprimer 
ma grátitude de ce beau présent qui j'ai eu Thonneur de 
receToir de votre main (un modesto objeto de arte), et 
pomr vous diré combien je suis touché de votre bonté 
amicale. Votre départ d'ici m'aíHige. Les jours de notre 
•connaissance et communication d'idées et de sentiments 
fi'ontété que peu, á mon gré; mais ils m*ont donné un 
Tif désir de pouvoir cultiver votre amitié. Je me suis flatté 
•deTespoir de voir souvent un ami natif de ce pays qui a 
été Tobjet de mon admiration , mon intérét et mon amour 
depuis ma jeunesse. (J'avais dix ou douze ans quand je 
lisais pour la premiére fois l'oeuvre immortelle de Cervan- 
tes, ou au moins une ombre de Don Quijote dans la tra- 
duction de Mademoiselle Riche.) 

>Mais tout cela est fini. Vous partez. Nous ne nous ver- 
irons jamáis plus ici-bas. Je reste immobile dans mon 



134 LOS HIJOS VENGADORES 

blioteca de la Universidad de Copenhague. La 
conservamos entre nuestros papeles literarios,^ 
y no la damos ahora á luz por no extender de- 
masiado el presente estudio. 



pays, peut-étre pour quelques années encoré, s'il plait k 
Dieu (*); mais je resterai toujours avec un sonvenir cher 
de votre personne, de votre^aractére aimable et naturel^ 
et de Totre intérét pour ma patrie et pour le bonheur 
d'un pays maltraité par quelques grandes puissances, — 
mais qui toujours (ce qui est á remarquer) depuis de& 
siécles a trouvé dans l'Espagne un état amical et allié» 

>Je vouspríe, Monsieur, de vouloir me permettre de 
vous chercher encoré une fois chez vous avant votre dé-^ 
part. Je m'acquitterai alors d'un devoir, en vous commu» 
niquant le peu de chose qu'on peut diré en Danemarc 
sur la personne illustre de Hamlet (ou AmUi), 

>Agréez, Monsieur le Ministre, l'assurance de ma con- 
sidération la plus distinguée, et de la sincérité et du sen- 
timent vrai et intime avec lequel je suis votre trés-de- 
voué. 

«C. MOLBECH.> 



(*) Ocho aflos despaés (Junio de 1857) ^ftlledó el ilustre y bonda- 
doso Christian Molbbch. Fué catedrático de historia literaxia en 
la Universidad de Copenhague é individuo de la Academia de Cien- 
cias de aquella capital. Escribió innumerables obras de historia, crí- 
tica, lexioografia, viajes, lingüistica, etc., que alcanzaron boga y 
autoridad. Pueden contarse entre las principides: Historia de la giU' 
rra de los Ditmarsos en 1500/ Relaciones y cuadros de la historia 
d€ Dinamarca; Documentos relativo» á la historia de la lengua y 
de las letras dinamarquesas; Lecciones sobre la poesía dinamar' 
quesa; Glosario dinamarqués {Dansk Glossarium); Cargas escritas 
en Suecia; Viajes; etc., etc. 



LOS KUOS VENGADORES I35 



vni 

MOIIATÍN TRADUCTOR DE Hamlet — INJUSTICIA 
Y ERROR DE LA CRÍTICA SEUDO-CLÁSICA COM 
RESPECTO Á SHAKSPEARE. 

¡ Cuánto cegaban las preocupaciones de es- 
cuela, y cuan hondamente se arraigaban en el 
entendimiento las/alsas verdades estéticas que^ 
con temeridad y soberbia, proclamaban los pre-^ 
ceptistas franceses, y en pos de ellos sus imita- 
dores en todas las naciones literarias! Moratín 
paró su atención en Shakspeare á consecuencia 
sin duda de la ruidosa impresión que produjo 
en Francia la famosa traducción deLetourneur. 
En la polémica allí suscitada entre los Racinis- 
tas, á cuyo frente se hallaba Voltaire, y los que 
llegaban á comprender que el teatro libre y 
vigoroso de Shakspeare abría más ancho campo 
á la pintura y movimiento de las pasiones, no 
hay que decir que Moratín estaba por los Raci- 
nistas. Era nuestro insigne poeta cómico hombre 
de clarísimo ingenio, hablista eminente y filólogo 
consumado; pero su alma estaba más dispuesta 
á admirar los aciertos artificiales de la sensa- 



136 LOS HIJOS VENGADORES 

tez literaria, que los vuelos de la fantasía y los 
arranques del genio , que busca sólo en la na- 
turaleza el manantial de su inspiración. £1 de- 
coro escénico, la armonía simétrica, todos los 
melindrosos y convencionales preceptos de 
Boileau, que imaginaba ser fiel intérprete de 
los principios de Aristóteles, eran á los ojos de 
Moratín infalibles dogmas que encerraban la 
llave única de la perfección literaria. ^Qué ha- 
bían de parecerle, no las sangrientas catástro- 
fes de Shakspeare (pues las encontraba igual- 
mente en las tragedias griegas), sino la varie- 
dad de tonos y de clases sociales en la pintura 
del tumulto humano, el desprecio de las imida- 
des , el desenfado con que se dicen unos á otros 
las más duras verdades, y la amalgama, en un 
mismo plan, de la risa, de la pasión, de la su- 
blimidad, de la llaneza, de la indiferencia y de 
las lágrimas? 

Con esta prevención de ánimo leyó Moratín 
al dramaturgo inglés, y ¡cuál sería el atractivo 
que encontró en las «bellezas admirables» (son 
sus palabras) del sublime bárbaro^ cuando se 
<iecidió á traducir el Hamletl Parecióle el dra- 
ma, sin embargo, «un todo extraordinario y 
monstruoso». Reconoce que el autor «expresa 



LOS HUOS VENGADORES 1 37 

con acierto las pasiones y defectos humanos, y 
reflexiona melancólico con profunda y sólida 
filosofía»; pero afirma en seguida que á veces 
«se olvida Shakspeare de la fábula que finge, 
del fin que debió en ella proponerse, de la si> 
tuación en que pone á sus personajes, del ca- 
rácter que les dio, de lo que dijeron antes, de 
lo que debe suceder después, y acalorado por 
una especie de frenesí, no hay desacierto en 
que no tropiece y caiga». 

Moratín sólo en escasa parte tiene razón en 
esta severa censura. No alcanzó á comprender 
el espíritu del inmortal poeta, ni era fácil que 
aceptase la nueva y para él extraña poética, á 
la par idealista y naturalista, que le ofrecían 
los antiguos teatros inglés y español. Más ro- 
busto y acertado es su fallo acerca del sentido 
moral de la obra: 

«Llega (dice) el desenlace, donde se compli- 
can sin necesidad los nudos, y el autor los 
rompe de una vez, no los desata; amontonando 
circunstancias inverosímiles, que destruyen 
toda ilusión, y ya desnudo el puñal de Melpó- 
mene, le baña en sangre inocente y culpada; 
divide el interés, y hace dudosa la existencia 
de una Providencia justa, al ver sacrificados 



138 LOS HIJOS VENGADORES 

á SUS venganzas en horrenda catástrofe el amor 
incestuoso y el puro y ñlial, la amistad fiel, la 
tiranía, la adulación, la perñdia y la sinceridad 
generosa y noble. Todo es culpa, todo se con- 
funde en igual destrozo.» 

La versión está hecha en noble y acrisolada 
idioma castellano; pero Moratín está, respecta 
del carácter y de la intención del drama, á mu- 
cha distancia del autor inglés. No se decide á 
hablar el lenguaje franco, desnudo y natural, de 
algunos personajes, en lo que él llama «diálo- 
gos groseros», y cae de este modo, sin adver- 
tirlo, en la monótona uniformidad de entona-, 
ción, que es uno de los más reparables yerros 
de la escuela seudo-clásica francesa. No siem- 
pre comprende la ironía, que es una de las^ 
cualidades esenciales del carácter del Príncipe 
dinamarqués, y desnaturaliza no poco el drama 
original. Se descuida también á veces en la sig- 
nificación propia y genuina de las voces ingle- 
sas, y así, por ejemplo, llama caballos bárbaros 
á los caballos berberiscos que apuesta el Rey 
contra Laertes en el acto quinto. 

En donde más resalta lo torcidamente que el 
clásico Moratín entendía la índole peculiar y el 
alcance estético del romántico Shakspeare, e& 



LOS HIJOS VENGADORES 13^ 

en la crítica desdichada de las notas á la tra- 
ducción de Hamlet. Pondremos sólo dos ejem- 
plos. 

Todos los grandes críticos admiran la habili- 
dad con que el poeta inglés emplea, como 
resorte trágico , la intervención de espectros y 
seres sobrenaturales, especialmente la aparición, 
en las primeras escenas de Hamlet^ del Rey ase- 
sinado. De esta aparición puede decirse que 
arranca el drama entero. La inesperada y te- 
rrible revelación de ultratumba es la influencia 
poderosa que turba para siempre el alma me- 
ditabunda y pesimista del Príncipe; que le hace 
vivir sin tregua entre los imponentes misterios 
del otro mundo y las tristes realidades del 
mundo presente; que le inspira el terror del 
abismo tenebroso en que puede lanzarle la rea- 
lización de su venganza, la desconfianza y des^ 
vio para con sus semejantes, las acerbas dudas 
del cielo y de la tierra, el desprecio y la insul- 
tante ironía que brotan á cada paso de sus la- 
bios; cuanto constituye, en ñn, el singular 
carácter de Hamlet. La aparición avasalla su 
mente y desencadena, por decirlo así, el to- 
rrente de pensamientos escépticos y sombríos 
que había hecho nacer en su ánimo la audacia 



140 LOS HIJOS VENGADORES 

¿ermánica de la Universidad de Vittenberg. 

Del efecto escénico del espectro no hay que 
dudar. Lo ha demostrado la experiencia teatral 
de siglos enteros. £1 pueblo británico se siente 
sobrecogido de espanto ante la fatídica y ma- 
jestuosa visión del Monarca, y esta emoción le 
dispone maravillosamente á comprender las ex- 
^trañezas del carácter de Hamlet. Verdad es que 
los seres sobrenaturales que Shakspeare pre- 
senta en la escena no son, como en el vulgo 
de los escritores que emplean medios mágicos, 
meras impresiones fantásticas ó facilidades del 
oñcio para entretener y deslumhrar á los es- 
pectadores. En Shakspeare, los seres sobrena- 
turales, como la aparición del Rey de Dina- 
marca, las brujas de Macbeth, la sombra de 
Banquo (presentados siempre con gran tino 
y sobriedad), son agentes trascendentales que 
forman parte de la esencia de la trama escénica, 
dominan el ánimo y están estrechamente ligados 
con los grandes intereses y con las pasiones del 
drama. 

Moratín toma la sombra que aparece en el 
castillo de Elsenor como una simple ilusión del 
^rama fantástico, y tan lejos está de concebir 
ique aquella visión es elemento poderoso de tra- 



LOS HIJOS VENGADORES 141 

gedia sublime, que se atreve á escribir estas 
palabras: 

«La aparición del muerto es ociosa é intem- 
pestiva en esta escena. Cuando la introducción 
de tales visiones no fuese reprobada general- 
mente, se exigiría á lo menos que se colocaran 
donde pudiesen producir todo el efecto teatral 
de que son susceptibles.» 

Después de lo anteriormente explicado, son 
ociosos los comentarios (i). 

Podemos señalar, para segundo ejemplo, la 
nota en que tributa Moratín grandes alabanzas^ 
al carácter cómico de Polonio. Dice entre otras^ 
cosas: 



(i) Hé aquí cuánto difiere de Moratín, acerca de la 
visión del Rey de Dinamarca, el erudito Alejandro Buch— 
ner, uno de los críticos de estos tiempos que con más- 
claro discernimiento y mayor copia de datos ha juzgado 
el mito de HanUet: 

«L'exposition de la piéce gagne beaucoup par le mys*- 
tére tout dramatique qui enveloppe la mort du vieux rol 
et améne Tapparition du spectre. Cette apparition est 
conque et mise & profít avec un art souverain qui ne 
peut appartenir qu'& Shakspeare. D n'y a que la statue 
du Commandeur, dans El Burlador de Sevilla^ de Tirso 
de Molina, qui puisse étre rapprochée de «la Majesté du 
Danemark enterré» (Acte i, se. i) ; aussi les paroles que 
Don Juan et Hamlet adressent & ees fantOmes terribles^ 
sont-elles parfois identiques.» 



142 LOS HIJOS VENGADORES 

«El carácter de Polonio (Lord Chambelán 
-del Rey de Dinamarca, que equivale á Simiiller 
de Corps) jamás se desmiente. Viejo ridículo, 
presumido, entremetido^ hablador infatigable, 
destinado á ser el gracioso de la tragedia. Los 
que se obstinan en defender cuanto deliró 
Shakspeare, dicen que el carácter de este per- 
sonaje está bien seguido, y tienen razón; dicen 
también que en las cortes y en los palacios hay 
abimdancia de estos bichos ridículos, y también 
es cierto; pero tales ñguras son buenas para un 
entremés, no para una tragedia. Los afectos te- 
rribles que deben animarla, las grandes ideas 
de que ha de estar llena, la noble y robusta 
expresión que corresponde á tales pasiones, la 
unidad de interés, que nunca debe debilitarse, 
todo esto se aviene mal con las tonterías de un 
viejo chocarrero y parlanchín. No basta que la 
naturaleza nos presente esta unión confusa de 
objetos. Un buen poeta no debe imitarla como 
es en sí.» 

Nunca, en verdad, se ha presentado con más 
candorosa desnudez el enfático y artificial sis- 
tema doctrinal de los precetistas seudo-clásicos. 
¡Cómo hade comprender el teatro de Shaks- 
peare quien así pretende poner coto á la ver- 



LOS HIJOS VENGADORES I43 

dad de la naturaleza y desfigurarla ^ cuando se 
trata de imitarla I ¡Conque es cierto que el ca- 
rácter de Polonio es verdadero y consecuente, 
y que tales tipos de afectación y petulancia 
abundan en los palacios, y es yerro, sin embar- 
go y introducirlos en la pintura fiel de una corte! 
¡Qué ruin limitación daban al concepto del arte 
los que as/ pretendían, con pretexto de nobleza 
y elevación, hacer hablar á todo el mundo en 
la escena un lenguaje encopetado y elegante, y 
suprimir tipos verdaderos, que, por lo mismo 
que no son dechados de grandeza moral é inte- 
lectual, forman contraste y realzan con él los 
grandes caracteres y las sublimidades del valor 
y del entendimiento! Y ¿dónde aprendieron los 
falsos clásicos esa triste poética, que tan enfa- 
dosa uniformidad da al lenguaje y á los perso- 
najes, y tanto amengua en las letras el cuadro 
varío y animado de la vida humana? No, cier- 
tamente , en los verdaderos clásicos de la anti- 
güedad, de quienes con harta presunción se 
juzgaban continuadores. La tragedia gríega era 
sobria, elevada y noble; mas no por ello se 
juzgaba reñida con la sencillez y la naturalidad 
de la verdad humana; y cuando lo requería el 
asunto, no se avergonzaba de expresar, á la 



144 LOS HIJOS VENGADORES 

manera de Homero, íntimas y familiares cir- 
cunstancias. Una nodriza, en la sublime trilogía 
La Orestia, de Esquilo, refiere sin rebozo por- 
menores de un niño que exceden en llaneza á 
la desnudez descriptiva de los naturalistas de 
nuestra época. 

Moratín, que no comprendió á Hamlet, no 
formó tampoco cabal concepto de Polonio. Este 
áulico magnate no es figura de entremés^ como 
dice el insigne escritor castellano. Aunque in- 
sustancial hablador, tiene más circunspección y^ 
cordura de lo que á primera vista parece. Es 
un taimado egoísta, que esquiva todo cuanto 
puede comprometerle y no se desvía nimca de 
la senda que á su interés conviene. Pedante,, 
porque representa el conceptismo de los eufuis- 
tasy que estaba de moda en el palacio de Isa- 
bel, es tipo fiel del cortesano vulgar, á la vez 
lisonjero y ensimismado, tipo que cabe en el 
drama, como todo cuanto es verdadero y pinta 
una situación de la vida humana. Por otra par- 
te, Polonio no es siempre charlatán palaciego; 
los consejos que da á su hijo Laertes, cuando 
éste sale para París, son de índole tan sana, taa 
discreta y tan caballerosa, que honrarían á 
cualquier hombre austero, esclavo de su honor 



LOS HIJOS VENGADORES I45 

y de sus deberes. Gervinus, el gran analizador 
alemán de Shakspeare, es poco favorable á la 
importancia intrínseca de Polonio. Pero otros, 
en cambio, y Goethe entre ellos, descubren 
cierta sagacidad y hábil astucia en su conducta. 
Como quiera que sea, Polonio representa un 
vicio y una ridiculez social, y es evidente que, 
tal como le retrata la obra inglesa, no es, ni 
puede ser, bufón de entremés. 

Hay una disculpa á la ceguedad de Moratín. 
Su corto alcance crítico con respecto á Shaks- 
peare, fué universal durante siglos. Los litera- 
tos de su tiempo acusan al poeta inglés de va- 
nidoso y de plagiario, ó hablan de sus obras 
dramáticas en términos de aprecio que frisan 
con la indiferencia. Jorge Green, actor y poeta 
satírico y dramático, en un libelo titulado Por 
dos ochavos de ingenio^ ataca reciamente á Shaks- 
peare y hasta se burla de su nombre, formando 
con él punzantes equívocos; Marlow, dotado de 
estro vigoroso, gran helenista, colocado en pri- 
mera línea por la opinión dd público inglés, 
murió envidioso de la naciente gloria del poeta 
de Stratford; el erudito Ben Jonson, que sólo 
era superior á Shakspeare en estudios clásicos^ 
le acusa, con torcida voluntad, de que sabfó 
cxvi 10 



146 LOS HIJOS VENGADORES 

poco latín y ningún griego (small latín and 
no greek)^ frase con la cual Ben Jonson quería 
meramente dar á entender la inferioridad del 
saber de Shakspeare con respecto al suyo, y 
que, sin embargo, ha contribuido á la errada 
creencia, rutinariamente propagada, de que el 
sublime dramaturgo era hombre de pocas le- 
tras. 

£1 escritor que sabe y entiende tan á fondo la 
historia de su patria; que forma en diez dramas 
como un grandioso poema nacional, y que es- 
tudia á Plutarco (aunque sea en la traducción 
francesa de Amyot, ó en la it^lesa de Sir Tho- 
mas North); que analiza las lucubraciones filo- 
sóficas de Montaigne (i); que en Coriolano y 
yulio César retrata al pueblo romano con exac- 
to y vigoroso pincel, que nunca llegaron á en- 
contrar los ilustres poetas del neo-clasicismo 
francés, que tan falsa y enfáticamente lo pinta- 



(i) En La Tempestad (acto i, esc. i) se halla libre y 
briosamente traducido el famoso pasaje de los Caníbales^ 
«n qae Montaigne (Essais, lib. i, cap. xxx) se borla de la 
sociedad política y civil, de la kepública de Platón y de 
los atopbtas. Rastros del espíritu y de los pensamientos 
del filósofo francés se encuentran asimismo en otros dra- 
mas de Shakspeare; por ejemplo, en HamUt, sus ideas re- 
lativas á la amistad. 



LOS HIJOS VENGADORES I47 

l)an; que estudiaba é imitaba á los más célebres 
escritores italianos, la mayor civilización litera- 
ria de su tiempo ; que sacaba asuntos para sus 
dramas, de comedias, leyendas y novelas fran- 
cesas, latinas, italianas y españolas (i); que co- 
nocía cuanto se publicaba en Inglaterra; este 
escritor, decimos, que pasaba su vida engolfado 
en el estudio de los hechos, de los hombres y 
de las costumbres de los tiempos antiguos y 
modernos, esto es, en una atmósfera intelec- 
tual, ^ puede con justicia ser motejado de igno- 
rante? Los que no eran más que eruditos y filó- 
logos quedaron á gran distancia de él en la 
difícil ciencia de comprender el hondo sentido 
de la historia, de las ideas y de los sentimien- 
tos humanos (2). 



(i) Por ejemplo: Tito Andrómco^ de una de las leyen- 
das latinas de la Edad-media, á las cuales era aficionado 
su maestro de latinidad; los Dos Caballeros de Verona^ de 
la Diana de Montemayor ; ¡Cuántos afanes por nadal^ de 
la historia de Ariodante y Ginedra^ del Ariosto; la Come^ 
dia de los yerros ^ de los Meneemos ^ de Planto; Cimbelina^ 
de un cuento de Boccacio; Romeo y Julieta y Ótelo, de 
las historias de Giraldi Cyntio, Bandello, etc.; El Merca- 
der de Venecia^ de los cuentos de Giovanni Florentino, ar- 
diente güelfo, llamado R Pecorone, etc. 

(2) Schlegel y Philarete Chasles, entre otros ilustres 
críticos, han rechazado la nota de ignorante con que los 



I 



14$ LOS HUOS VSNGADORK8 

Los escritores que hemos dtado, detractores 
de Shakspeare, eran también poetas drama- 



adversarios del teatro in^és han querido desautorizar á. 
Shakspeare. 

Dice Schlegel: «Si era pobre en nociones de pora em* 
dición, era rico en conocimientos vivos y aplicables. Sa- 
bía el latín y aun el griego. Su afición no le inclinaba ai 
estadio de las palabras, sino al de los hechos. Estaba, en 
cambio, muy versado en la literatura inglesa, ya enriqne* 
cida con innumerables traducciones, y puede afirmarse 
que había leído cuanto existía en su idioma y podía ser- 
vir para sus concepciones drunátícas. La mitología le era- 
familiar. Había penetrado el espíritu de la historia roma- 
na. Shakspeare observaba la Naturaleza con profunda 
atención. Poseía el idioma técnico de profesiones y ofi- 
cios. Se informaba por medio de los navegantes de las: 
cosas concernientes á las naciones extranjeras, y estaba 
instruido á fondo en las costumbres populares, opiniones 
y tradiciones de su país.» 

Dice Philaréte Chasles : < II ne vivait pas á la taveme^ 
comme Ben Jonson; il habitait un petit logement prés de 
la riviére , et s'y retirait sans doute de fort bonne heure; 

sa vie étaitlaborieuse C'était un érudit pour son temps, 

un de ees érudits qui, sentant son ignorance fondamen- 
tale, essaient de la réparer le plus tdt possible et s'arment 
d'une infatigable curiosité. S'il n'avait pas le temps de 
átvtnit /ort en grec^ et de s'arréter & Técorce de l'érudi- 
tion, il en cherchait la moelle et la séve; il ]isait sans cesse 

et se mettait au courant de toutes choses Tout génie 

qu'il füt, il étudiait; il s'était fait savant tout seul. Contes, 
lüstoires, drames, chroniques, oeuvres théologiques, poé- 
sieS| tout ce que la presse du xvi* siécle imprimait, il le 
lisait; et ses drames sont encoré une véritable encyclo- 
pédie de ce temps-lá.> 



LOS HIJOS VENGADORES I49 

ticos, y, como suele acontecer entre gentes de 
una misma profesión, sus enemigos y rivales. 
Pero otros escritores contemporáneos, que no 
abrigaban hostiles prevenciones contra el gran 
poeta, hablan de él, sin embargo, como de un 
ingenio adocenado, digno de mera estimación. 
Así dice uno de ellos, Tomás Nash, que escri- 
bió curiosísimas relaciones y anécdotas acerca 
del teatro y de las costumbres teatrales de aque- 
lla época: «El autor de la obra es un tal Gui- 
llermo Shakspeare, que há dos años se ha reti- 
rado al campo, y que no carecía de ingenio 

Empezó por ser comediante, agradó al público, 
y iiasta 1 592 se contentó con refundir comedias 
y tragedias de sus antecesores. Suscitó envidia 
aquella fama fundada en raspaduras y en ver- 
sos añadidos No me negaría yo á admirar su 

talento de poeta si no hubiera compuesto dra- 
mas para vivir; los dramas lo han perdido. 
jCuán bellos son sus poemas Venus j^ Adonis y 
El Forzamiento de Lifcrecia! No hay en Lon- 
dres una dama galante que no los tenga sobre 
su mesa. Es primoroso petrarquismo; resplan- 
decen los pensamientos y las palabras; nada 
«stá expresado con llaneza. Pero nuestro autor 
deseaba enriquecerse y se engolfó en el teatro. 



I50 LOS HIJOS VENGADORES 

lo cual le ha privado de una parte de la gloriar 
debida á su ingenio.» 

Así juzgaban á Shakspeare sus contemporá- 
neos más benévolos. ¡Remora y estorbo el 
teatro para la gloria del incomparable poeta 
dramático! La reina Isabel de Inglaterra, que, 
aunque de índole aviesa y cruel, se pagaba mu- 
cho de la cultura literaria, escribía sonetos imi- 
tando á Petrarca, y sabía hablar latín como va- 
rias damas de su corte, admiraba y protegía á 
Shakspeare, y le defendía contra los puritanos,, 
que odiaban al poeta y le causaban continuas^ 
vejaciones. £1 ilustrado Conde de Southampton,; 
gran soldado y estadista, no sólo le otorgó 
desde luego su protección abierta y generosa, 
sino que llegó á profesarle la más entrañable 
amistad. Otros magnates imitaron á Southamp- 
ton; algunos literatos graves, muy contados,, 
comprendieron que el actor poeta era hombre 
de maravilloso vuelo intelectual. Más adelante 
preponderó de tal modo la literatura erudita y 
artificial sobre la literatura espontánea é inspi- 
rada, que ni el sublime Milton ni el brillante 
Pope vieron en Shakspeare sino un ingenio taxk 
penetrante y vivo como desordenado y rudo. 

A mediados del siglo xviii, el sabio Samuel 



LOS HIJOS VENGADORES I5I 

Johnson, dechado de filólogos y lexicógrafos, 
que hace una magnífica edición de las obras del 
eximio poeta de Stratford, declara con laudable 
lisura que no le es dado comprender el carácter 
de Hamlet. Voltaire no es tan circunspecto ni 
tan comedido; ciego con los infalibles princi- 
pios de Boileau, y exasperado con el eco que 
empezaba á tener en Francia el renombre de 
Shakspeare, declara que el Hamlet ^ creación 
magistral de un filósofo, parece «obra de un 
salvaje borracho». 

Lo verdaderamente salvaje es aquí la bár- 
bara soberbia de Voltaire. 

¡Qué mucho que Moratín, que veía el arte en 
pequeño, y aplicaba al teatro del poeta britá- 
nico dogmas convencionales, que no le eran en 
manera alguna aplicables, se confundiera, coma 
se había confundido la Europa docta, durante 
dos siglos, ante un estudio psicológico llevado- 
al teatro con una audacia desconocida hasta 
Shakspeare, y se atreviera á traducir de un 
idioma teutónico , intraducibie en idiomas lati- 
nos, con frase atildada y acicalado y uniforme 
estilo, una de las obras literarias escritas con 
mayor desenfado y variedad de entonación y 
lenguaje que ha producido el arte escénico, li- 



152 LOS HIJOS VENGADORES 

bre y nacional, de Inglaterra y de España! (i). 

La traducción está hecha de buena fe y con 
esmero. Moratín admiraba, si bien con grandes 
restricciones seudo-clásicas, el ingenio de Shaks- 
peare, aunque sólo á medias le comprendía. 
Pero ¡triste efecto de los errores aprendidos! 
La versión del admirador parece la versión de 
un enemigo (2). 

Quien nunca se equivocó con respecto á los 
dramas dé Shakspeare fué el pueblo inglés. Ese 
crítico indocto, que, exento de prevenciones 
doctrinales ó personales, iba al teatro, no como 



(i) ScUegel, que hizo en alemán admirables traduccio- 
nes de las principales obras de Shakspeare, dice: cLa im- 
posibilidad de una versión fiel impedirá acaso para siem- 
pre que el Mediodía de Europa haga justicia á este 
poeta.» 

(2) En un estudio especial sobre la imposibilidad de 
reproducir á Shakspeare en los idiomas neolatinos, dice 
el agudísimo escritor Philaréte Chasles: cLa traduction 
littérale est plus trómpense que l'infidélité : eUe prétend 

étre vraie , et elle ment Tel est l'étrange dilemme qui 

obsede tout traducteur gallo-romain, italo-romain, his- 
pano-romain, de chefs-d'oeuvre dans lesquels respire 
l'essence de la vie teutonique: ou draper á l'espagnole, k 
l'italienne , á la fran^aise le colosse ennemi , ou le mon- 
trer nu, d'une nudité sans gr&ce. La traduction littérale 
^át un sacrilége; la transformation elegante, un mon- 
dongo 



LOS HUOS VENGADORES I53 

ahora, á analizar y censurar, sino á gozar de 
las impresiones risueñas ó conmovedoras del 
arte, sentía y comprendía de lleno la energíai 
la gracia, la pasión, los fantásticos vuelos qué 
rebosan en las inmortales obras de aquel gran- 
de hombre. No sólo veía en ellas el movimiento 
«temo de los afectos de la humanidad; descu- 
bría además que la vida histórica ó leyendaria 
allí retratada era su propia vida, esto es, la 
existencia intrínseca y tradicional de la raza 
británica. Se han modificado por la acción des- 
tructora del tiempo, idioma, costumbres, leyes, 
ideas. El pueblo inglés, fuera del período en 
que el fanatismo tiránico de los puritanos, que 
proscribió las Bellas Artes, interrumpió las re- 
presentaciones dramáticas, no ha dejado nunca 
de acudir al teatro para rendir culto de admi- 
ración y entusiasmo á su autor favorito. Como 
en Esquilo y en Sófocles, en Lope de Vega, en 
Calderón , en Tirso , en Corneille , en Moliere , en 
Schiller, en Goethe, es en ^akspeare tan fiel, 
animada é intensa la pintura del fondo huma- 
no, que el hombre se reconoce siempre en ella, 
y por eso viven y vivirán, por más que la co- 
rriente de las edades y el cambio de idiomas, 
de pueblos, de civilizaciones, las despojen de 



J54 I^S HIJOS VENGADORES 

no escasa parte de su primitívo y genuino em- 
beleso. 

Necesario ha sido que los grandes críticos 
alemanes Lessing, Schlegel y Goethe hagan 
triunfar la estética de la razón y de la natura- 
leza de la estética de la convención y del arti- 
ficio , para que la Europa aparte de sus ojos el 
velo con que estrechas poéticas le encubrían la 
verdadera belleza, y haya llegado á compren- 
der que aquel vulgo ignorante, que admiraba 
á Shakspeare y á Calderón con incansable per- 
severancia, tenía más intuitiva ciencia crítica 
que los arrogantes filólogos legisladores, que 
ponían al ingenio vallas que no le pusieron ni 
Dios, ni el buen sentido, ni la libertad de las 
artes y de las letras. 

Shakspeare reina hoy día en el mundo lite- 
rario como la más alta y esplendente liunbrera. 
Nosotros no titubeamos en declarar, sin hacer 
agravio á los mayores ingenios de los tiempos 
antiguos y modernos, que, á nuestro juicio, por 
la energía sublime de sus concepciones, por su 
carácter universal, por la nobleza y vuelo de su 
fantasía, por la viva penetración con que ve y 
analiza el corazón humano, por la variedad de 
sus facultades creadoras, por el alcance psico- 



LOS HUOS VENGADORES 1 55 

lógico, por la fuerza y gala de la poesía, nos 
-parece que ha estampado en la dramática más 
hondamente que otro alguno, el augusto sella 
del genio. 

Deva, i.o de Agosto de 1881. 



•i^ 



EXUDE 

SUR 

LE CANCIONERO DE BAENA 



< 




NOTICIA 

SOBRE BL PRESENTE ESTUDIO 




'espués de publicada en Madrid (1851) 
la hermosa edición del Cancionero de 
Baena^ dirigida por el Sr. Marqués de Pidal, 
y enriquecida con una erudita y luminosa In- 
troducción de este ilustre escritor, era de de- 
sear que la Europa sabia tuviese conocimien- 
to de aquel curioso monumento literario de la 
Edad-media. 

Hallándose, más adelante, en París, el diplo- 
mático D. Leopoldo Augusto de Cueto (i), pro- 
curó conseguir (según los vivos deseos del Mar- 
qués de Pidal) que algún insigne literato francés, 
de los que conocían con perfección el idioma 
<:astellan6, como Mérimée, Magnin, Viardot, 



(i) Residió entonces bastante tiempo en la capital de 
Francia, como presidente de la sección española de una 
Comisión diplomática mixta. 



l6o CANCIONERO DE BAENA 

Puibusque y algún otro (i), tomase á su cargo 
el examen crítico de aquel interesante códice. 

Todos reconocieron y ensalzaron la impor- 
tancia de la publicación; pero se negaron á en- 
cargarse de la ardua tarea, dando por princi- 
pal motivo que, aunque conocían bien el cas- 
tellano contemporáneo, temían equivocarse al 
interpretar el lenguaje antiguo, por las altera- 
ciones que el curso del tiempo introduce en la 
significación de algunos vocablos. 

Entonces, no hallando mejor camino, se re- 
solvió el Sr. de Cueto á escribir, él mismo, en 
lengua francesa el deseado estudio, si bien con 
la natural desconfianza de no salir airoso en tan 
dificultoso empeño. 

El éxito coronó el ímprobo trabajo. Envió el 
manuscrito á la Rexme des Deux Mondes^ la 
más importante y autorizada de las Revistas 
francesas (donde no admiten con facilidad es- 
critos de extranjeros), y tuvo la satisfacción de 
que su estudio fuese recibido sin dificultad al- 



(i) Uno de ellos, Mr. Francisque-Michel , publicó en 
1860, en Leipzig, otra edición del Cancionero de Batna^ 
copiada de la hecha en Madrid en 185 1. 

(Véase el Apéndice al presente estudio.) 



■^f 



CANCIONERO DE BAENA l6l 

guna, y dado á luz en el número del 15 de 
Mayo de 1855. 

Laá Revistas alemanas y algunos libros de 
crítica literaria consideraron el Estadio coino 
obra provechosa á la historia de la cultura y de 
las costumbres medioevales. 

De los literatos españoles recibi<i asimismo 
honrosos testimonios; entre ellos» la siguiente 
carta autógrafa del insigne y profundo crítico 
D. Antonio Alcalá Galiano, Ministro de España 
á la sazón en la corte de Lisboa: 



«Lisboa, 18 Junio 1853. 



>Sr. Don L. A. de Cueto. 
>Mi mui querido amigo: 



>He leído con gran placer el artículo de us- 
ted sobre el CANaoNERO de Baena en la Revue 
des Deux Mondes. Le juzgo un trozo excelente 
de sana erudición y de crítica verdaderamente 
trascendental, de lo cual hai poco hecho por 
plumas españolas. 

CXVI II 




1 63 CANCIONERO DE BAENA 



»Bien deja V. puesto nuestro pabellón en 
una obra casi cosmopolita como es la Revue^ y 
yo estoi ufano de que parezca ahí (en París) 
España tan bien representada. 



»£xcusado parece añadir que siempre tiene 
usted aquí im mui verdadero y fino amigo en 

» Antonio Alcalá Galiano.» 



-¿^ 




LE CANCIONERO DE BAENA 




Iepuis que la critique moderne a rat- 
taché rinterprétation des .oeuvres lit- 
téraires á la vie morale et politique des na- 
tions, l'étude des anciens monuments qui pou- 
vaient la diriger dans cette voie féconde, a pris 
un intérét tout particulier. On ne se borne 
plus á ees arides et incomplétes récapitulations 
dans lesquelles semblait se résumer autrefois 
la tache de l'histoire: on interroge la vie popu- 
laire, on aspire á pénétrer dans l'existence in- 
time des générations éteintes, k déterminer 
les causes de leur développement intellectuel 
et moral, les sources de leur grandeur ou de 
leur faiblesse. Le Moyen-áge est consulté dans 
ses vestiges les plus incultes ou les plus bizar- 
res aussi bien que dans ses plus glorieuses 
créations, et l'impulsion donnée depuis un de- 



164 CANCIONERO DE BAENA 

mi-siécle aux études historiques dans toutes les 
parties de l'Europe ne s'explique pas autre- 
ment que par cette direction nouvelle de Tes- 
prit critique, s*élévant avec un zéle infatigable 
de l'étude des faits á celle des causes, du ré- 
cit des événements au tablean des civilisations 
et des sociétés. 

En Espagne, comme ailleurs, il s*est trouvc 
des hommes d'un vaste savoir et d'une haute 
intelligence pour concourir, et, aubesoin méme 
pour présider á cette exploration intellectuelle. 
L'histoire littéraire doit beaucoup aux efíbrts 
de MM. Duran, Gayangos, Hartzenbusch, Mar- 
tínez de la Rosa, Gallardo, Bofarull, Ochoa, 
José Amador de los Ríos, et plusieurs autres. 
Un de ceux qui ont le plus fait toutefois pour 
relever dans ce pays les études historiques est 
sans contredit don Pedro José Pidal , marquis 
de Pidal. Ce n*est pas seulement á la tribune et 
daris la pratique des affaires que M. de Pidal a 
doñáé des preuveá de ce qu'il y a chez lui d'élé- 
vátión ét de ságacít¿. Les qúalítés qu'il portait 
dans la vie publique, 11 a trouvé plus d une 
ócicásioñ dé les produire dans le domainé des 
chosés de TespHt. C'ést une de ses plus récén- 
tes publications qui a mis 1 Espagne sur la 



CANCIONERO DE BAENA 165 

trace de toute une période poétique dont elle 
ignorait le vrai caractére. C'est ce nouveau do- 
cument, destiné á compléter Fhistoire des let- 
tres espagnoles dans une de leurs phases les 
moins connues, que nous voudrions faire con- 
nattre, en nous aidant de Texcellente publica- 
tion de M. de Pidal. 

II y a quelques années déjk, l'éditeur du 
Cancionero de Baena avait préludé k ce grand 
travail par la découverte et la publication de 
trois poémes du xiii« siécle enfouis dans la bi- 
bliothéque de l'Escurial (i). Aujourd'hui, la 
belle édition qu'il a donné du Cancionero de 
Baena rend un nouveau service á l'histoire des 
lettres et des idees de l'Europe moderne. Les 
difficultés qu41 a fallu vaincre pour mettre en 
lumiére ce trésor poétique, se rattachent de 
trop pr^s k la destinée méme du Cancionero^ 
pour que nous n*en disions pas ici quelques 
mots. 

On n'avait connu pendant longtemps et M. de 
Pidal ne connaissait lui-méme le Cancionero que 
par les extraits contenus dans le premier volu- 



(i) Libro de Apolonio, — Vida de Santa María Egipcia^ 
£11, — Adoración de los Santos Reyes, Madrid , 184 1. 



1 66 CANCIONERO DE BAENA 

me de la Bibliotheca rabinica de don José Ro- 
dríguez de Castro, publiée á Madrid en 1781. 
La Bibliothéque de París s'était assuré la pos- 
session de cet inestimable recueil poétique, 
i^ qui avait été autrefois un des ornements de la 
bibliothéque de TEscurial. Des que M. de Pidal 
put prendre part au gouvernement de son pays> 
comme ministre des afíaires étrangéres, il de- 
manda et obtint sans peine de la générosité 
éclairée du gouvernement frangais le prét, pour 
deux mois, du manuscrit. Déjá une copie en 
avait été faite a Paris par les soins d'un labo- 
rieux et savant écrivain, M. Eugenio de Ochoa. 
D'accord avecle célebre orientaliste don Pascual 
de Gayangos, M. de Ochoa se chargea de la 
coUationner avec le texte et de surveiller l'exé- 
cution typographique du livre. Tel est l'ensem- 
ble d*efforts auquel on doit la beíle édition du 
Cancionero de Baena (i). 



(i) Cette édition a été enríchie de notes nombreoses 
et savantes par MM. Duran et Gayangos, de quelques 
appendices contenant des poésies du roi Jean II et da 
connétable don Alvaro de Luna, tírés des Cancioneros 
inédits de la bibliothéque partículiére de la reine d'Es- 
pagne, confies par la reine elle-méme á M. de Pidal; 
d'un glossaire, et de deux beauxy^^ Jim/Zf des premieres 
pages du manuscrit original. Le marquis de Pidal a fait 



/ 



CANCIONERO DE BAENA 167 

Le manuscrit du Cancionero existant au- 
jourd*hui á París est Tunique exemplaire connu, 
et Ton est fondé á conjecturer sans trop de 
témérité que c*est le méme volume qui fut pre- 
senté par le Juif Baena au roi Jean 11 (i). Le 
luxe et l'élégance de cet exemplaúe gran in- 
/ folio, écrít en beaux caracteres gothiques de 

la premiére moitié du xv« siécle, semble confir- 
mer cette opinión. Selon toutes les probabilités, 
ce recueil, avec d*autres, imprimes ou manus- 
crits, qui se trouvaient en 1 591 dans la chapelle 
royale de Grenade, fut transféré á l'Escurial par 
les ordres de Philippe 11. C'est sans doute 



preceder le Cancionero d'une introduction sor la Poésie 
casüllaneau quatorziéme etau quinúeme siecUy oü Tabón- 
dance et la sagacité des recherches , Télévatíon des vnes 
et la logique des indactions vont de pair avec la lucidité 
et Téloquence de l'expression. 

(i) D'aprés M. Ticknor, la compilation de Baena fut 
faite en 1443. Sans se prononcer aussi formellement que 
M. Ticknor, les annotateurs du Cancionero semblent par- 
tager cette opinión. Le Cancionero lui-méme foumit & 
cet égard quelqaes données assez certaines; il ne fut 
compilé ni aprés 1454 (année de la mort de Jean ü) , ni 
avant 1453, puisqu'il contient une piéce sur la mort ^de 
Ruy Díaz de Mendoza» lequel re^ut, cette m r 
la mission de garder la personne du connétable Alvaro 
de Luna. On peut yoir & ce sujet la Crónica de don 
Juan IL 



1 68 CANCIONERO DB BASNA 

Texemplaire qu*avait possédé la reme Isabelle- 
la*CathoHque. II est cocapris dans rinventaire 
db Ges liirres, con&ervé á Simancas et publié 
par M« Clemenciki. La reine Isabelle ]iégua sa bi- 
bliothéque et im médaillier k 1^ chapelle de 
Grenade, oü la présence du Cancionero est déjk 
cónstatée en 1 526. II est assez naturel de suppo- 
ser que le Cancionero passa, par droit d'héri- 
tagCj de Jean E á son fils Henri IV, et de ce 
monarque á, da soeur Isabelle. 

Les vicisitudes qa*a traversées plus tard ce 
manuscrit avant de trouver place parmi les tré- 
soísde k BibKothéqüe de París sont aujourd'hui 
connues. Tous les écrivains qui depuis Philip- 
pe II s'en sont occupés semblent désigner dans 
lewfs ¡appréciations le recueil déposé á TEscu- 
rlal', et qu'on pouvait ehcore y consulter dans 
les premieres annéés de ce sifecle (i). Avant 
iSoSj fil; fat confiéá don José Antonio Conde, le 
célebre aúteur de VHistóire des Árabes^ qui, 
av^c le cQiicours de MM. Cienfuegos et Navar- 
rete, sé disposait k continuer la coUection des 
poetes dü Moyen-áge publiée par Sánchez. L'in- 



(i) Ce recueil a été meDÜonné et décrit par Rodrí- 
guez de Castro, Pérez-Bayer, Iríarte, etc. 



CANXIONERO DE BAENA 1 69 

vasion de la Péninsule et la mort du savant 
orientaliste vinrent empécher la réalisatíon de 
ce projet. Le manuscrit ne rentra plus h l'Es* 
curial, et vingt ans aprés seulement on le vit 
reparaltre á Londres dans la vente publique de 
la bibliothéque d'un M. Héber; le libraire fran- 
jáis Techener en fit Tacquisition pour 63 livres 
steriing, et la Bibliothéque de París s'empressa 
a; son tour de Tacheter á M. Techener en avril 
1836 pour la somme de 1.800 francs. La valeur 
réelle du manuscrit explique suffisamment cette 
estime singuliére qu*on y attachait en Angleterre 
et en France, comme en Espagne. Le Cancio- 
nero contient, sans compter im grand nombre de 
piéces anonymes, les poésies de cinquante-cinq 
auteurs, dont plusieurs ne figurent dans aucun 
des cancioneros connus jusqu'á ce jour. La pé- 
riode á laquelle appartient cette compilation, — 
une grande partie de la derniére moitié du xiv® 
siécle et toute la premiare moitié du xv « , — a 
^té si peu explorée et dont les monuments sont 
si rares, qu'elle est comme omise dans Thistoire 
littéraire de l'Espagne. Le Cancionero comble 
cette lacune; les poésies qu'il contient abondent 
en allusions aux personnages et aux événements 
contemporains; c*est l'image fidéle de cette so- 



170 CANCIONERO DE BAENA 

ciété k la fois barbare et policée, spiritualiste et 

matérielle, fanatique et incrédule, qui se ren- 

contre en Castille au commencement du xv« 
siécle. 

Telles ont été les destinées du manuscrit 

qu'on vient de publiér sous les auspices du 

marquis de Pidal. Gráce á cette publicatióiny 

l'histoire littéraire, on le voit, s'est enrichie d'iin 

document considerable. Comment s'est forn^é 

le Cancionero? quelle période poétique de l'lás- 

toire d'Espagne, quel groupe d'écrivains ttous 

fait-il connaítre? quelles vues nouvelles auto- 

rise-t-il sur l'histoire des lettres de l'Europe en- 

tiére au Moyen-áge? Ce sont lá diverses ques- 

tions que nous voudrions chercher k résoudre. 



-.«.. 



CANCIONERO DE BAENA IJI 



I 



BAENA 

L*auteur du recueil, le compilateur qui en 
réutiit les éléments épars, était un Juif convertid 
Juan Alfonso de Baena n'étaitprobablementpas, 
comme l'a dit un des récents historiens de la lit- 
térature espagnole, M. Ticknor, secrétaire du 
roi d'Espagne, dans le vrai sens du mot, mais 
employé dans les bureaux de la maison royale. 
A en juger par ees paroles que lui adressa un 
poete du temps, Ferrant Manuel Lando: «Tu as 
toujours montré la forfanterie d*un batailleur, 
en additionnant avec tes écritoires et ton enere 
bien noire les rentes de l'année (i)», les fonc- 
tions de Juan Alfonso au palais n'étaient ni biea 



(I) 

Ca ssyenpre enfengístes de mny batallante, 
Con escñvanias é tynta bien pryeta, 
Samando las rrentas del año passante. 

Don Pascual de Gayangos, dans ses notes k Ticknor^ 
exprime ainsi son opinión au sujet de la condition offi- 
cielle de Baena, qui s'appéle lui-méme escrivano é servi- 
dor del Rey: 

«No fué secretario particular del rey D. Juan el Se- 



172 CANCIONERO D£ BAENA 

clevées ni bien poétiques. II cultívait pourtant 
avec assiduité el arte de la poetrya e gaya gien- 
cía y ainsi que le prouvent ses propres essais 
poétiques, qu'il n'a pas négligé de faire entrer 
dans son anthologie. 

Juan Alfonso de Baena eut de violents détrac- 
teurs, et íl n'en exerga pas moins une certaine 
autorité littéraire. II est aisé d'en reconnaitre 
les traces dans les éloges que lui adressérent 
quelques troubadours, ses contemporains. La 
protection accordée á ses vers par le roi et 
quelques grands seigneurs du temps, le ton ma- 
gistral des remarques introduites par Baena 
dans son recueil, prouvent assez qu*il s'était ac- 
quis quelque ascendant, comme poete et comme 
critique. C'était un de ees esprits souples et vifs 
comme on en rencontre beaucoup dans le xv« 
siécle, qui avaient su faire pardonner leur ori- 
gine juda'íque á forcé d'adresse mondaine, et 
s*assurer méme l'accés des palais de la noblesse. 



gundO) sino escribano^ ó por mejor decir, escriba ó escri- 
biente en la Contaduría de Palacio.» 

Le doute n'est pas facile á éclaircir, cae le mot escribano 
avait plus d'ane signifícation. 

Baena se qualifíe de judino (juif ). < Este muy notable 
y famoso libro compuso é acopiló el judino Johan Alfon 
de Baena.> (Advertencia al Cancionero^ 



CANCIONERO DE BAENA 1 75 

Le roi Jean était passionné pour les lettres; afin 
de lui plaire, Baena n'imagina ríen de mieux 
que de former une vaste compilation, non de 
chants populaires malheureusement dédaignés 
alors, mais de poésies artificielles et savantes 
nées dans le cabinet, la cour ou le cloítre, comme 
il le dit lui-méme dans une emphatique préface» 
C*e5t á une ambition de courtisan que nous de- 
vons done un des plus curieux monuments his- 
toriques de la société espagnole á la fin du Mo- 
yen-áge. Cette société ne pouvait étre mieux 
représentée , on va le voir, que par les poetes 
érudits, mondains ou religieux, que le Canelo^ 
ñero fait passer sous nos yeux. 

VILLASANDINO 

Le premier de ees poetes qu'on rencontre en 
suivant Tordre méme du Cancionero^ a joui 
d'une grande célébrité dans l'Espagne du xv« 
siécle: fécondité, élégance, versification facile 
et brillante, tels étaient les signes distinctifs de 
son talent. Nous ne pouvons étre pour lui aussi 
iñdulgent que ses contemporains. Nous n'aimons 
guére cetté p'óésie toute superficielle, tour á tour 
frivole et saVañteí, espiégle'iét pieuse, effrontée 



174 CANCIONERO DE BAENA 

et rampante, oü les grands cotes du Moyen-áge 
n'apparaissent jamáis. 

Le poete dont nous parlons se distingue assez 
tristement des hommes au milieu desquels il 
passa sa vie. Quoique soldat et chevalifer, il n*a 
rien de la nide et hautaine indépendance des 
nobles castillans. Courtisan et troubadour mer- 
cenaire, il flatte a outrance les princes et les 
seigneurs, se fait le chroniqueur du palais, et 
mendie sans cesse de l'argent, des places, des 
chevaux, quelquefois méme des habits. La pas- 
sion ou la galanterie de chaqué seigneur qui 
veut bien le payer, trouve en lui un interprete 
des plus complaisants. Rarement on a poussé s;i 
loin la prostitution de la poésie. La cour était 
inondée de placets versifiés de Villasandino, 
et pour comble d'abjection, il se montre ingrat 
et insolent envers les grandeurs déchues. 

D'abord attaché au partí du connétable Ruy 
López d'Ávalos, ce poete courtisan quitta son 
noble patrón pour le cardinal d'Espagne, don 
Pedro de Frías, qui avait remplacé le connéta- 
ble dans la faveur de Henri III; plus tard, en 
1403, il prodigua de grossiéres invectives au 
cardinal , disgracié , condamné á payer une 
amende de cent-mille florins, et banni du ro- 



CANCIONERO DE BAENA 17$ 

yaume (i). Comme il est d'usage en pareilles 
circoQstances, le cardinal n'eut pas dans son 
malheur beaucoup de défenseurs. II s'en trouva 
pourtant qui infligérent á la conduite peu ge- 
nérense de Villasandino le bláme sévére qu'elle 
méritait. Le chanoine de Toléde, Alfonso Sán- 
chez de Jahen, soutint contre lui une ápre po- 
lémique au sujet du favori en disgráce. « Belle 
chose, lui dit-il, que de mériter lo nom de 

blasphémateur de Tinocence! Vous avez mal 

profité de la science de Platón, et vous n'aurez 
d'autre recompense que celle que méritent les 
ingrats (2).» Ce flatteur, cet aventurier, doué 
d'ailleurs d'une rare facilité poétique, s'appelait 
Alfonso Alvarez de Villasandino. 

Chevalier pauvre^ comme il Tavoue lui- 
méme, sensuel et déréglé, Villasandino ne se 



(i) D Tappele vi/, damné^ luxurieux^ faux prophete. 

Cancionero^ pags. 1 15 y 12 1. 

«Pues qne tenedcs el alma perdida 
e non temedes al Redemidor, 
avredes por nonbre el blasfemador 
del ynoqente que es cosa escogida. 



Poco aprendistes de lo de Platón , 
por ende ave redes aquel galardón 
que deven aver los desagiadescidos.» 

Cancionero ^ pag. 124. 



176 CANCIONERO DE BAENA 

sentait pas le courage de vivre hors de la 
sphére aristocratique oü le retenaient ses ins- 
tincts ou ses habitudes. Ni les ressources de 
son minee patrimoine , ni la fortune de sa se- 
conde femme, ni les libéralités du roi et des 
grands ne pouvaient réussir á satisfaire ses be- 
soins d'homme de plaisir; de la cette allure im- 
portune et sordide de sa muse , ees supplica- 
tions, ees demandes continuelles qui Tont fait 
prendre par quelques écrivains mal informes 
pour ime victime de TindifTérence de ses conci- 
toyens. M. de Puibusque présente, k tort, la 
triste situation de Villasandino comme un Ín- 
dice du peu d'importance que Ton attachait de 
son temps á la profession de poete. 

«La vie de ce troubadour, dit-il, peint aussi 
fidélement que ses oeuvres la situation deplora- 
ble de la poésie á une époque de guerres civi- 
les. Voilá un homme d'un mérite reconnu, 
puisque Séville, qui tenait alors un haut rang 
littéraire, payait ses éloges au prix de cent 
doubles; eh bien, cet homme a vécu et est 
mort miserable; on l'a vu passer d'un parti h 
Tautre pour avoir du pain (i).» 

(i) Iñstoire comparéc des IMtéraiures EspagnoU ct 
JFranfaise, 



CANCIONERO DE BABNA 177 

Le trait de générosité mentionné ici par 
M. de Puibusque serait áéjk un argiunent con- 
tre sa propre opinión; s'il n'existait pas des té- 
moignages concluants pour en démontrer son 
peu de fondement. Ce ne fus pas une seule 
fois que Villasandino regut de la municipalité 
de Séville cent doubles d'or pour une simple 
chanson. II fut ordonné qu'on luí payat chaqué 
année cette somme, á la Nati vité, pour une 
chanson semblable; concession dont le poete ne 
manqua pas de profiter (i). 

Or, si Ton considere respectivement Timpor- 
tance de la somme, forte sans doute pour le 
temps (2), et les dimensions exigués de chacune 
de ees chansons, ordinairement composées de 
trente deux vers octosyllabes, que Villasandi- 
no, attendu sa grande facilité, devait presque 
improviser, on est forcé de convenir que la 
recompense était vraiment splendide, et que 
répoque oü cela ávait lieu, ne doit étre taxée 
d'indifíérence ni pour la poésie ni pour les 
poetes. 



(i) Cancionero^ pag. 31 «t soiv. 

(2) La double (dobla) était une monnaie d'or qui , á 
répoque de Villasandino, avait la valenr d'one et | 
pesant d'argent. 

CXVI 13 



178 CANCIONERO DE BAENA 

Les quatre régnes qu'il traversa (i) ne furent 
qu'une suite de troubles, d'alarmes, de petites 
guerras féodales; cependant ees malheurs pu- 
blics étaient loin d*étouffer l'essor de la pensée 
en Espagne, ni le goút de ees évolutions de 
Tesprit qui constituaient alors á peu prés toute 
la poésie érudite. La misére de Villasandino, 
quoi qu'on ait pu diré, ne fut done que l'efíet 
de sa propre inconduite. 

II est curieux d'ailleurs d'observer, dans ses 
poésies, les procedes par lesquels cette misére 
cherche k\ exciter la compassion : « Ayez pitié 
de moi, écrit-il au connétable López. Dans mon 
extreme misére, je demande la mort á grands 
cris (2).» — «Je meurs de faim, puissant sei- 
gneur!> Lui dit-il en une autre occasion. A la 
reine-mére, doña Catalina, il demande une pe- 
tite auntóne {una limosna abreviada). Quelque- 
fois il s*y prend assez maladroitement, et il lui 
arrive de parler de ses deux valets, Tun á 
cheval, l'autre á pied, de ses deux mules et des 
fruits de son jardin dans les piéces mémes oü 



(i) Né vers 1340, il mourut vers 1429. 

(2) 

cDolet vos de in{ qae pido la muerte 

con pura lazerya e amargo gemido, t 



CANCIONERO DE BAENA 1 79 

il prétend manquer de pain. Ces demandes 
contrastent par leur importance avec le ton 
humble que prend le solliciteur. La petite 
aumóne par exemple qu'il soUicite de la reine- 
mére, c'est une somme suffisante pour acheter 
un domaine á Illescas (i). Á don Alvaro de 
Luna, il demande tout simplement de l'enri- 
chir (2). Non content d'attendrir, il cherche á 
amuser; comme le trouvére franjáis Rutebeuf, 
qu'il rappelle en cela, il rencontre d'assez 
heureuses saillies. II faut remarquer avec 
quelle aisance de scepticisme il plaisante Saint- 
Vincent Ferrer, qui, en 141 1 fit, á Ayllon, non 
loin de Ségovie, l'éloge de la pauvreté. Toute 
cette misére, répétons-le bien, est í^ctíce. Le 
Cancionero renferme des témoignages qui prou- 
vent que Villasandino payait une contribution 
de úeMx. lanzas pour les propriétés qu'il possé- 



(i) cPara que comprase una heredat.> 

Cancionero^ pag. 63. 

(2) 

«Por ende, Sefior, suplico, 
á restra mucha bondad , 
^ qae con sana voluntad 
fagades un pobre rico.» 

Cancionero f pag. 167, 



l80 CANCIONERO DE BABNA 

dait (i). II est encoré incoatestable que, sans 
compter les largesses des seigneurs et des 
prélats, les libéralités des rois Jean I**, Henri III 
et Jean 11 lui accordérent des honneurs, des pen- 
sions, des secours détachés: c'est par les soins 
de Jean I^qu'il futmarié en premieres noces (2). 
Lui-méme, dans un moment de franchise, avoue 
que son existence est assurée: «Dieu protege, 
s'écrie-t-il, le roi et la reine, qui me procurent 
une vie honorable!» 

On aurait tort de croire d*ailleurs que Tacca- 
blante monotonie de la mendicité bavarde de 
Villasandino ne rencontra aucune opposition 
chez ses contemporains. Un troubadour de son 
temps, le seigneur de Batres, fatigué de le voir 



(i) n fait allusion á ees propríétés dans la soixante- 
troisiéme piéce da recueil, oü il dit & la reine-mére que 
le mauvais état de ses tenes lui toume le sang^ — Heredad 
mal reparada — toma la sangre amarylla, 

(a) 

«Mandad que me paguen el sueldo de £nero.9 

Pag. 72. 
«Me dio su banda e collar..... 
Por este Seflor (Juan I) cobré 
orden de caballería, 
e con gran franquesa un día 
me casbó con quien cassé. % 

Deste recibí é tomé 
grandes bienes é mercedes. 

Pag. 196. 



CANCIONERO D£ BAENA l8z 

toujoixrs se poser en victime de la destinée, lui 
adresse cette énergique remontrance: «Souffrez 
done avec courage; Dieu s'offense de tant de 
plaintes, et ne tíent compte que de la patien- 
ce (i).» II est superflu d*ajouter que Villasandi- 
no ne pratiqua pointce sage conseil, etque, 
méme aprés son second mariage avec une dame 
assez ríche, doña Mayor, il n'en continua pas 
moins ses tristes soUicitations. 

Nous avons suffisamment demontre que l'in- 
diííérence des contemporains de Villasandino 
n'entre pour ríen dans les causes de sa misérc. 
C'est par le désordre qu*il faut Texpliquer, 
c*est surtoux par la passion du jeu. «La seule 
chose qu'ils peuvenrdire de moi, écrit-il, c'est 
qu'enun temps déjá bien lointain, les écheos, 
Igs tablas et les des m'ont fait, pour mes peches, 
bien du mal.» Ainsi s'explique également la 
déconsidératíon oü tomba Villasandino. On se 
rappelle k son sujet ce poete provengal, Gau- 
celm Faidit, qui, ayant perdu toute sa fortune 



(I) 

..... «Aved sufrimiento, 
qne con la paciencia ha Dios pagamiento, 
é las grandes quexas injurias le son.» 

Cancionero* 



Tí" 



182 CANCIONERO DE BAENA 

au jeu de des, descendit jusqu'á échanger le 
noble caractére du troubadoür contre la pro- 
fession de jongleiir. Villasandino a des accés 
de repentir oü il promet solennellement devant 
Dieu et devant le roi de ne plus jouer. Ces 
serments ne furent pointtenus, etdepuis Tépo- 
que oü il les préta, Baena porte á plus de dix 
mille florins (40.000 fr.) les sommes qu'il per- 
dit. {Cancionero^ pag. 195.) 

Le mariage n'apporta guére que du trouble 
dans la vie déjá si déréglée de Villasandino. 
La femme belle , riche et spirituelle qu'il avait 
épousée en secondes noces n'avait point un 
caractére qui pút s'entendre avec le sien. La 
jalousie vint empoisonner l'existence du mal- 
heureux poete. Cet honune, victime de tant de 
tristes passions , tint cependant le premier rang 
parmi les troubadours de la cour de Jean II 
gráce á sa fécondité, gráce aussi au mauvais 
goüt de son époque. II fut, en Castille, pour la 
premiére époque du xv« siécle, ce que furent 
ensuite Imperial et Juan de Mena, c'est-á-dire le 
poete modele que plusieurs rimeurs aspiraient á 
imiter. II se plaint amérement des plagiaires 
qui de son temps infestaient déjá la littérature. 
L'admiration qu'il inspirait éclate dans un 



CANCIONERO DE BAENA 1 83 

grand nombre des piéces du Cancionero. Quoi- 
que appartenant au groupe des poetes énidits, 
il devint méme vraiment populaire. Dans la 
polémique de mauvais goüt que lui et le cha- 
ñóme Alphonse de Jahen entamérent — comme 
pourraient le faire dans la presse quotidienne 
deux écrivains querelleurs de notre temps, — 
á Toccasion des diatribes de Villasandino contre 
le C2irdinal d'Espagne, le chanoine lui reproche 
que, par suite de ses chansons, le bruit de la 
disgráce du cardinal courait les rúes et se 
trouvait dans toutes les bouches. Baena Tappel- 
le «lumiére, miroir et monarque de tous les 
troubadours d'Espagne». Les louanges de deux 
critiques autrement autorisés que Baena, don 
Enrique de Aragón (i) et le marquis de Santil- 
lana, attestent aussi sa célébrité et Testime que 
Ton avait pour ses ouvrages. 

Le mente réel de Villasandino n^est pas bien 
éminent. Talent facile, mais sans profondeur, 
indeflFérent aux préoccupations morales et mys- 
tiques des esprits qui Tentouraient, il se dévoue 



(i) Connu dans toutes les histoires littéraires sous le 
titre de Marquis de VÜUna^ qni avait appartenu á son 
grand-pére. Don Enrique, appelé vulgairement TAstrolo- 
£ue^ ne porta jamáis ce titre. 



184 CANCIONERO DB BAKNA 

au cuite du métre et de la rime avec un bon- 
heur alors sans exemple, et tout en gardant 
son oríginalité castillane, devient le grand as- 
servisseur de la poésie au goüt artiñciel (déjá 
en décadence) des trobadours galiciens et por- 
tugais (auxquels fait allusion le marquis de 
Santillana dans son fameux Proemio au conné- 
table de Portugal), et par lá, indirectement, 
aux broderies rhythmiques des Proven^aux. 
Enivré par Tencens qu'on luí prodiguait de 
toutes parts il croyait avoir regu du ciel Vétin- 
celle divine de Vinspiration (i). Le pauvre trou- 
badour s'abusait étrangement. Sans mériter le 
dédain que M. Ticknor et d'autres historiens 
ne luí ménagent pas, il n*a jamáis atteint á la 
véritable poésie. Lorsque son esprit ne se trou- 
ve pas abatardi par Timpulsion de son égoisme, 
et que la poésie est pour lui plutót im délasse- 
ment qu*un métier, il sait trouver des acents 
nobles et eleves; mais ees lueurs de bon goüt et 
d'indépendance sont bientót étoufifées par les 
instincts du courtisan et par les complications 
métriques du rimeur. Aussi faut-il renoncer á 



(f) ...... Callen aquellos que non res^iben por gra^ 

divina este don de la poetría.» (Candomro^ 



CANCIONERO DE BABNA l%$ 

faire comprendre, par quelques citatíons, la 
natare de son talenL Le choix parmi les piéces 
qu'il a laissées n'est guére possible vu la dissem- 
blance des sujets et des métres. Voici, cepen- 
dant, quelques échantiUons qui prouvent la fa- 
cilité du poete pour les jeux de la rime: 

(D^une pi^ce oü en prónant les artífices et la 
noblesse de la poésie, Villasandino prétend 
couper court aux agressives réqüestas (ten- 
sons) de Ferrant Manuel Lando contre don Ál* 
varo de Luna.) 

«Señor, Alvaro de Luna 
farto tíene que afanar 
en responder á la una 
é á la otra replicar. 
Consonar 

mas guardar 
de caer de la tribuna; 

qu'el nadar 

en alta mar 

es tentar 
al Señor de la fortuna.» 



«Quien onra cobdi^ia, ser debe onrador.» 
(Qui veut étre honoré, doit honorer les autres.) 

«Si el mundo mírades bien en derredor, 
Teredes las gentes ser ledas é tristes: 
sy muchos que enfyngen {se engríen) segunt enfengystet, 
aj otros que comen su pan con dolor.» 



1 86 CANCIONERO DE BAENA 

Lynda rrosa, flor de abril, 
muy suave , 
vuestra presencia gentil 
adoro é adoraré ; 
aunque sufra penas mil, 
otra nunca serviré. 



Para la tumba del rey D. Enrique el Viejo: 



Con esfuerzo é logania 
é orgullo de coraron, 
fui Rey de grant nombradia 
de Castilla é de León. 

Puse freno en Aragón, 
en Navarra é Portugal; 
Granada miedo mortal 
ovo de mí essa sazón. 



Dans ees vers on sent déjá Pidióme castíllan 
presque formé. Les quatrins sont un avant-goüt 
des gracieuses redondillas qui sous la plume de 
Lope de Vega allaint devenir plus tard une des 
formes de versificatíon les plus nettes et le plus 
charmantes du théátre espagnol. 

Pour lui, la poésie n'est qu'une espéce de ci- 
selure métrique ou bien une frivole récréatíon 
de l'esprit. Quelques qualités demandent grá¿:e 
cependant poiu* les nombreux défauts que nous 
avons á signaler chez lui. Si, par son intolérance 



CANCIONERO DE BAENA 1 87 

k régard de la poésie du peuple, il contribua 
puissamment á la dépréciation oü tombérent les 
ramancesy véritables trésors de haute et éner- 
gique iBspiration, il eut du moins la gloire de 
donner á Fidiome castillan une gráce, une sou- 
plesse, une liberté que Ton chercherait en vain» 
au méme degré, dans Tincisif archiprétre de 
Hita, ou dans les autres poetes ses devanciers , 
presque tous supérieurs á lui par Tintention et la 
profondeur. N'oublions pas non plus qu*en con- 
tríbuant plus que tout autre á secouer le joug 
du monotone quatrain monorime et en donnant 
á, ses chansons une cadenee nette et harmo- 
nieuse jusqu'alors inconnue, Villasandino ñt 
faire des progrés k la versification, et cela k une 
époque encoré grossiére, oü Pépuration et la 
culture de la forme pouvaient étre comptées 
au nombre des besoins mémes de Pintelligence 
et des instruments de la civilisation. 

IMPERIAL 

Parmi les autres poetes dont le Cancionera 
nous a conservé les inspirations, il en est un 
qui, mieux doué que Villasandino, mérita d'é- 
tre place par le marquis de Santillana au pre- 



CAKCIONBRO DE BAEHA 

' rang parmi les troubadours de son ¿po- 
InféricuT á Villasandino par la sonplesse, 
erial remportait sur lui par la profondeiir. 
ne doit pas, dit le marqub de Santillana 
I son Proemio ou lettre au connétable de Por- 
,1 , le qualifier de chansonnier, mais de /oe- 
).> Né á Genes, ñis d'un joaiUier, Imperial 
sa résidence á SévJUe (2), qui était alora 
les grands centres du mouvement littéraire. 
loSte ne se distingue pas par les heureuses 
Íes, ni par rimagination moqueuse de la 
lart de ses conté mporains. Son tatent le 
:ait vers les conceptions abstraites de la 
istique dont se nourrissait toute la poésie 
Jite du Moyen-áge; il afTectiomiait singuIiÉ- 
ent cettc mythologie allégorique que les 
zs, les lettrés du temps, avaient substituée 
récits naiTs et vigoureux des chanteurs 
iilaires. Imperial unissait á une facilité natn- 
: de versification toutes les connaissances 



Yb no ¡i üamaria díddor í trwader, mas foeta.~ 
! lettre, écrite de 1455 i 145S, est un moiceis de 
[ne admireble ponr le temps. 

iMif er FraDCÍBCO Imperial, oatural de Jénora , es- 
: ¿ moiadoT qne fui en la muy noble (¡bdat de Se- 
> (Cantúmem, ndm. 336.) 



CANCIONERO DB BAENA 1 89 

piíilologiques de son époque. Outre Pitalien, il 
savait le latín, Farabe, Tangíais, le frangais, et 
il aimait k intercaler dans ses productions des 
phrases de ees diverses langues. II fut done tres 
admiré dans un siécle oü Tinstructíon était si 
rare, qu*on la prenait pour du talent. S'il ne 
fut pas le premier, ainsi qu'on Va. prétendu (i), 
qui fít connattre Dante á PElspagne , il n^en mé- 
rite pas moins d'étre consideré sur ce point 
comme un véritable initíateur. II parle k tout 
propos de Dante; il l'imite, il Finvoque; il le 
présente toujours comme la premiére autorité 
poétíque. Le goút de la Divine Comedie exis- 
tait déjá dans la littérature espagnole; depuis 
Imperial, il y régna. 

II n'avait ni une vigoureuse verve poétíque 
ni ime haute inspiratíon; mais, guidé par son 
admiratíon pour le sublime poete ñorentín, il 
fit entrer la poésie de Castílle, sous le voile 
magique du symbolisme dantesque, dans une 
nouvelle voie, large et féconde, qui porta un 
coup mortel k la poésie frívole, manierée, et par- 
fois pédantesque des chansonniers. 

La nouvelle école était la conséquence non 



(i) Paibasque. 



CANCIONERO DB BAENA 

;nt de l'initiative d'Imperial, maia enoo- 
heureuse impulsión du courant civilisa- 
la Renal ssance , qui, en Espagne com- 
eurs, commencait á poindre á cette 

luence líttéraire de l'Italíe était partout 
dérante; et en Catalogne, de m¿me 
Castille, Dante, Pétrarque et Boccace 
les grands modeles que l'on se faísait 
ie traduire et d'imitcr (i). 
rogue de Vart allégorique, vulgarisé, 
nst diré, par Imperial, detr6na la poésie 
rée des vieilles chansons de l'écolc ga- 
; ¡ mais les visions dantesques, aux mains 
lédiocrité, ne pouvaient produire que de 
: essais d'une impuissante imitation. Les 



Vndreu FebreT tradaisit en catakn U Divina 
10, et don Enrique de Angón, en castilluí; toas 
daos la méme année, 1428. — Le célebre Chao- 
iTO López de Ayala (mort en 1407} avait tradult 
ie de l'oaTtage de Boccace Decasibus vtrentm 
imm iUustrium. Cetie versión ful imprimíe en 
.a premiare tiadnction frangaise da De easituí 
ipríiDÍe (& Psris) qu'ea 157S. 
íme N'Andreu Febrer, Jordí de San Jordi et 
troubidouTS imitent et traduíseat la poésie de 
le, dont l'inñuence devait éclipseí plus tard cellc 



CANCIONERO DE BAENA I9I 

seuls fruits remarquables, non indignes de la 
postérité qui, aprés un certain temps, produi- 
sit la nouvelle école, furent le Labyrintho du 
fameux poete andalousjuan de Mena (300 stro- 
phes), et Los triunfos de los doce Apóstoles^ de 
Juan de Padilla, el cartujano {le Chartreux)* 
(Plus de neuf mille vers.) 

£n 1405, Imperial chanta, ainsi que tant 
d'autres troubadours, la naissance de Jean II. 
Le poéme quHl composa á cette occasion mérite 
une mention spéciale. C'est un spécimen étran- 
ge et remarquable de la poésie savante du 
temps: luxe d'érudition, symbolisme, abstrac- 
tions personnifiées, confusión des noms histo- 
riques, mythologiques et chevaleresques, in- 
flueñces astrologiques, rien n'y manque. Comme 
Dante, son idole, Imperial développe sapensée 
dans le cadre d'une visión. 

Bercé par un demi-sommeil , comme il le dit 
lui-méme, 

cNon sé si Velaba, nin sé si donnia», 

il voit apparaitre, dans une prairie enchantée 
et sous la forme de dames et damoiselles aux 
parures splendides, les Planétes, la Fortune, la 
Noblesse, la Tempérance, la Prudence et plu- 



192 CANCIONERO DE BAENA 

sieurs autres vertus. Les damoiselles commen- 
cent par chanter un Te Deum^ puis le Benedic* 
tus qui venit et le Deus judicium cd'un ton 
que jamáis on n'entendit ici-bas» (i). Ensuite 
les Planétes et la Fortune prononcent avec la 
solennité «des cortés ou des conc]aves> plu- 
sieurs discours, dans lesquels elles accordent ¿ 
pleines mains á Pinfant nouveau-né tous les 
dons du ciel et de la terre. Saturne lui donne, 
entre autres choses, laprudence etle bon sens; 
Júpiter la science de Salomón, la véracité, le 
bonheur; Mars le rend courageux comme Héc- 
tor, bon cavalier, vainqueur des vainqueurs, emi- 
nent dans l'art de la guerre et des batailles (2); 
le Soleil lui accorde la forcé d'Hercule,labeauté 
d'Absalon, la gloire de défendre les faibles, la 
monarchie universelle d'Alexandre et de Jules 
César; enfin Tor et toutes les pierres précieuses 
de la terre. Venus lui assure les attraits de Tes- 
prit et de la conversation, la science d'amour 
d'Ovide, les bonnes fortunes de Páris, de Tris- 



(I) 

Qttc nanea se oyó aqui entre la gente 

(3) 

De los vencedores sea el vencedor.^.. 

de gttsna é batallas muy grand sabydor... 



CANCIONERO DE BAENA 1 95 

tan-de-Leonís et de Lancelot du Lac (i). Mer- 
cure luí apporte la connaissance du droit civil, les^ 
finesses dialectiques de Saint-Augustin, le langa- 
ge insinuant, Tactivité, Paiguillon de Pespérance. 
La Liine le rend habile chasseur, et lui promet la 
santé, Tair pur, les belles fleurs, les ahondantes 
récoltes la justicie pour son régne, la bonace 
pour ses flottes. Arrive ensuite le tour de la For- 
tune. Cette dame trouve passablement préten- 
tieuses les ofFres des Planétes, et ne manque pas 
de les considérer comme des empiétements faits 
sur son autorité: « Vous promettez bien libérale- 
ment, leur dit-elle, trésors, puisance, honneurs, 
états; vous oubliez que ees biens sont tous á. 
moi. Mes dons, que je transfére et retire k ma 
guise, de génération en génération, Temporte- 
raient bien vite, malgré leur mobilité, sur les 
vótres, si on mettait les uns et les autres en ba- 



(i) Les troubadoors du Cancionero connaissaient les 
héros chiméríques des romans du cicle d'Artus. — Pero 
Ferrus (entre autres) qui écrivait en 1379 un <¿fjiVála 
mort du rol Henrí n de Castille, aimait sans doute les 
romans de chevaleríe. II parle dans ses vers de trois li* 
Tres ^Amcuíis de Gaule; et fait mention des personnages 
de la Table Ronde ^ dont la plupart avaient déj& été cites 
dans la Divina Commedia {Orlando^ Lancilotto, Tristoño, 
ArtUf Ginevrat etc.). 

CXVI 13 



l 



194 CANCIONERO DE BAENA 

lance.» Heureuscment la Fortune devíent bien- 
tdt d'humeur tolerante: elle conñrme les dons 
faits par les Planétes, et y ajoute deux conces- 
síons qu'elle sait dépendre exclusivement de sa 
capricieuse fantaisie, une épouse parfaite etune 
brillante renommée. 

Tel est le bizarre tablean tracé par le poete, 
etce tableau, nous Tavons réduit, il faut te 
diré, aux plus minees proportions. Imperial, 
poussé par sa fertile imagination, entasse dans 
son fréle cadre, sur la tete du rejeton roya!, 
des excellences presque surhumaines que les 
plus folies ambitions oseraient á peine imagi- 
ner. II s'y prend d'ailleurs, ainsi qu*on a pu en 
jjiger, avec un ordre et un discernement par- 
faits, et trouve dans son enthousíasme des ex- 
pressions vigoureuses á forcé d'étre simples et 
naturelles (i). Un roi, tel qu'on le révait au 
Moyen-áge, c'était plus qu'un homme, c'était 
presque un dieu. Par malheur, cette fois la 
réalité vint démentir am&rement le réve trop 



(i) Le vers oü il défínit la libéralité mérite d'étre rap- 
pelé pour son toar na jf et original: 

Siempre diga toma , ntinca diga dame. 

cQu'il dise toujours/r^»^, qa*il ne dise jamáis donne»» 



CANCIONERO DE BAENA 1 95 

magñiñque dlmperíal. L'assemblage de tant 

de prodigieuscs perfections s*appela Jean ü. 

XrC demi-dieu ne fut pas méme un f oi me- 
diocre. 

Quelques poémes d'Imperial respirent la ga- 
lanterie la plus chevaleresque. II décrit avec 
un vif sentíment poétique Pinfortune de la prin- 
cesse Angelina, petite-fille du roi de Hongrie, 
tombée, k la suite d'une bataille, au pouvoir 
de Timour-Lenk (Tamerlan), et envoyée comme 
un présent au roi Henri III de CastíUe par le 
célebre conquérant mogol. 

La maítresse du comte de Niebla et une belle 
femme de Séville (i) qu*il designe par le nom 
poétique d*Estrella-Diana lui inspiréren les pen- 
$ées les plus délicates. Tantót, provoqué par 
plusieurs troubadours, il demande á Estrella- 
Diana, pour la défendre, les armes de sa beauté, 
et prend de Ik occasion pour faire une tendré 



(i) Formosa muger^ dit Baena. II y a lieu de conjecta- 
rer qu'elle appartenait aux classes populaires. Imperial 
luí applique cette charmante comparaison: 

Que en tierra llana é non mny labrada 
nas^ á las veses muy oliente rrosa. 

«Parfois on voit naitre une rose odorante dans un 
champ rustique et presque sans culture.» 



CANCIONERO DE BAKNA 

)t¡on de ses cbannes; tantAt, appelé par 
González au monastbre de Saint-Clément, 
e s'était retirée, il lui demande, arant 
la voir , un sauf-conduit contre les cha!-* 
ses attraits. «Si je vous veis et vous en- 
jiarler, lui écrit-il, il ne sera plus en mon 

ir de vous quitter Promettez au diea 

jr, ou de m'épargner, ou de guérir avec 
ii ñdéle les blessures que vous m'aurez 
' Et tout cela dans un style él^ant et 
1 qui fait voir que l'auteur avait goúté la 
iimplicité de Pétrarque. 
Iquefois Imperial avait aussi des velléités 
>phiques, mais d'une ptülosophie legare 
gne. Dans sajeunesse, il composa un 
Aux sept Ver tus (i), qui est la preuve 
éclatante de l'activc influence que la 
italienne commengait déjá k exercer sur 
irature de Castille. C'est toujours la 
fantastique d'un songe et d'une visión. 
iir voit devant lui un jardia pleín de 
lies, entouré d'un limpide niisseau; sou- 
apergoit dans une enceinte de jasmín» 



CANCIONERO DE BAENA Jt97 

une porte en rubis scintíllants. II franchit le 
senil en frissonnant Une fois dans le jardín, il 
éprouve un bien-étre ineffable; ses vétements 
4eviennent blancs; nulle erreur humaine n'obs^ 
curcit plus son ame. Un homme s'ofíre k ses 
regards éblouis et le salue courtoisement. Le 
poete ne nous dit pas le nom de cet homme, 
mais on le devine aisément. «Son regard était 
bienveillant et suave; il avait un mantean d*une 
couleur cendrée, la barbe et les dieveux blancs 
et sans ordre; il portait une couronne et une 
ceinture de laurier; son visage exprimait une 
grande autorité; il tenait k la main un livre peu 
volumineux écrit en lettres de Tor le plus pur; 
ce livre commengait par ees paroles: En medio 

del camino » Cet homme prend Imperial par 

la main, il le conduit á un endroit oü il lui 
montre et lui explique sept vertus principales, 
représentées par sept étoiles, dont les rayons 
sont autant de vertus subalternes. La descrip- 
tion des qualités et des attributs de chacune 
d*elles, le coup d'oeil que, par une sorte de 
contraste, il jette sur diflférentes sectes héréti- 
ques, abondent en traits eleves et brillants. La 
subdivisión des vertus est faite avec cet esprit 
de justesse et d'analyse que nous avons déjk 



198 CANCIONERO DE BAENA 

remarqué <ians le poeme consacré k la naissaace 
de Jean II. Le dénoúment est ingénieux et orí- 
ginal. Lorsque le guide mystérieux a disparu» 
Imperial se réveille et trouve étomié entre ses 
mains la Divine Comedie, 

Un intérét philologique se rattache á ce petit 
poeme. C'est le premier ouvrage sérieux qui 
ait pu contríbuer á acclimater en Espagne les 
vers endécasyllabes de l'Italie. 

imperial, sans renoncer nuUement aux vers 
de donze silabes {de arte mayor) et á d'autres 
métres plus légers et plus populaires, qu'il cul- 
tiva habilement, emploie sans hésiter Vendéca- 
syllabo ou eroico italien dans ses traductions ou 
imitations du Dante, vraisemblablement poor 
se conformer autant que possible au texte, si 
admiré, de Timmortel poete. Imperial manie 
assez maladroitement cette nouvelle forme de 
versiñcation, dont il ignore la véritable struc« 
ture rhythmique. Quoi qu'il en soit, le métre 
de onze syllabes est si beau en lui méme, et 
s^adapte si bien aux conditions prosodiques de 
lidióme castülan, que, mSdgré les aspérités des 
essais d'Imperíal et de ses adeptes, Vendécasyl-- 
lobo italien fínit par s'étendre et se perfectíon» 
ner, et devint peu aprés, daña la lyre de 



CANCIONERO DS BASNA 1 99 

Boscan, de Garcilaso et d*Ercilla, un métre 
privilegié '^dit sa cadenee harmonieuse (i). 

On en rencontre quelques-uns, ü est vrai, 
dans des piéces d'une date antérieure; mais ils 
y sont disséminés, et semblent n'étre que l'effet 
du hasard. L'honneur d'avoir tenté une innova- 
tión qui devait donner plus tard á la versiñca- 
tion espagnole et portugaise tant de noblesse et 
de majesté, a été jusqu'á ce jour accordé sans 
conteste au marquis de Santillana, qui, vers la 
moitíé du xv« siécle, composa des sonnets á 
Tinstar de ceux des Italiens. Aujourd'hui il faut 
revendiquer cette gloire en faveur d'Imperíal. 



(i) Oh peut croire que, malgré son heureux instinct, 
Impeiial contáit les syllabes, sans se soucier de Paccen- 
tnatíon rhythmique, ,ni des césures essentielles á l'har- 
monie de l'endécasyllabe , ni da vérítable caractére or- 
thologique des diphthongues et des sinalephes. Dé 1& 
rincertitude de sa versificatíon. Dante lui-méme, aux pli- 
ses avec les difficultés d'un art nouveau n*avait pas tou- 
jours tronvé le nombre et la mélodie désirables. 

Voiciy conune échantillon, quelques vers, choisis parmi 
les meilleors d'Imperial: 

cSy cerca el alba la verdat se raefiay 
qnando la fiíntasia vestra descanta, 
á ty aTerná eommo á fermosa dnefta 
qoe coa dar bnelta sa dolor amansa.» 



20O CANCIONERO DE BAENA 



FERRANT MANUEL DE LANDO 

Le marquis de SantiUana, dans sa lettre au 
connétable de Portugal, parle avec estime d'un 
autre poete contemporain du chantre des Sept 
Ver fus. «Plus qu'un autre, dit-il, Ferrant Ma- 
nuel de Lando imita Micer Francisco Impe- 
rial (i).> 

Lando a sa place á la suite d'Imperial dans 
le Cancionero de Baena, II se distingua surtout 
dans la controverse, genre qu'il affectíonnait 
tellement, qu*une fois il provoqua par un cartel 
poétíque tous les troubadours du royanme. 
La vanité de Villasandino froissait vivement 
l'amour-propre de Lando; il repoussait ses 
attaques par de mordantes invectives, tout en 
affectant une mansuétude qui n'étaiit pas dans 
son caractére. L'apreté qu*il porta dans une de 



(i) Cette opinión est confínnée par ees paroles mo- 
<jueuses que Villasandino adresse á Lando dans un 
tensón: 

Pues ceftides la correa 
de Francisco Imperial... 



CANCIONERO DE BAENA 201 

ses polémiques contre Alphonse de Morana fit 
dégénérer en coups de poing cette joute litté- 
raire. L'émulatíon excitait beaucoup son talent. 
Aussi souple, mais plus correct et plus incisif 
que ses antagonistes, Lando trouvait, pour 
abaisser leur orgueil, des accents éloquents ou 
profonds. Voyez avec quelle logique inexora- 
ble il sait développer les arguments par lesquels 
il cherche á rabaisser Torgueil de Villasandino: 
«La Providence serait bien en défaut, si toute 
rintelligence humaine était concentrée en vous. 
Un cceur sans culture est quelquefois plus élo- 
quent que les plus grands docteurs. Ne médi- 
sez pas des autres. Confiez votre éloge k vos 
oeuvres. Affranchissez-vous de l'envie. Qui vous 
dit que ceux qui voux semblent ignorants n'en 
savent peut-étxe pas plus long que vous? Dieu 
accorde k tout le monde ses faveurs et ses dons. 
De méme qu'il a fait de vous un homme d*élite 
savant et profond, il sauraitbien en creer d'au- 
tres plus intelligents que vous.» 

Soumis comme tous ses contemporains k l'in- 
fluence de l'espritscolastique, Lando n'en avait 
pas moins un sens critique qui le portait ins- 
tinctivement á condaÉfeier les travers intellec- 
tuels de ses contemporains. «Souvent, disait- 



20% CANCIONERO DE BAENA 

il, les subtilités des grands théoriciens ne sont 
qu'une vilc littérature (i).» 

Quoictu*il füt assez bien en cour, les soucis 
politiques ne lui manquérent pas. Lorsqu'ón 
exila sa cousine Inés de Torres ainsi que son 
ami Johan Álvarez Ossorio, son mécontente- 
ment éclata, comme il était alors d'usage, en 
invectives contre le sort. «Ton tróne est par- 
toüt, dit-il á la Fortune. La persévérance, k 
quoi sert-^lle, si ceux qui font les plus nobles 
eíforts ne se voient recompenses ni par toi ni 
par le monde?» (2). 

La faveur dont il jouissait en Castille était 
iiéanmoins assez grande pour que la reine Ca- 
therine Tait chargé de porter á son frére le roi 
d'AragoU) de compagnie avec don Juan de la 
Cámara, la couronne qui avait appartenu k 
Jean P'. II était petit-fils d'un chevalier franjáis, 
Fierre de Lando, comps^non de Duguesclih, 
qüi, ayant épousé une dame espagnole, séñxa 
en Castille aprés le retour en France des grion^ 



(I) 

Que algnnas vegadas son lettras ma;^ viles 
estas sotílesas de granAtheorysta. 



(«) 



«De ty sin del mnado non baa galardón.» 



CANCIONERO DE BABNA 20^ 

des compagnies. Dans une des notes imprímées 
ii la ñn du Cancionero de Baena^ on acense Lan- 
do d'avoir dérogé á sa naissance en s'abaissant 
á demander de Targent á la reine, de la méme 
fagon qu'aurait pu le faire un troubadour ro- 
turier ou degradé. L'auteur de cette méme note 
prétend en outre que Lando était d'un age 
avancé en 141 4. Ces conjectures nous semblent 
tout au moins hasardées: elles s'appuient sur 
la piéce n^ 68 du recueil; mais il n'existe au* 
cune raison plausible pour attribuer á Lando 
cette piéce, qui appartient tres vraisemblable- 
ment k l'ignoble répertoire des requétes poéti- 
ques de Villasandino; elle en a du moins le styie 
et les allures. Nulle production de Lando n'au- 
torise á croire qu*il fút descendu á críer misére en 
termes si vulgaires. L'opinion que ses contem- 
porains avaient de lui dément cette supposi- 
tíon (!)• 



(i) Le respectable marqais de Santillana l'appelle ho- 
norable €úbaUero. 



304 CANCIONERO DE BABNA 



GONZALO MARTÍNEZ DE MEDINA 

La carrifere de Gonzalo Martínez de Medina 
ne fut pas aussi brillante que celle de Lando. 
On sait uniquement de ce poete, jusqu'ici incon- 
nu, qu*il était en 1404 veinticuatro (chevalier- 
échevin) de Séville. C'est un des combattants les 
plus hardis de cette phalange de troubadours 
philosophes qui exhalaient le sentiment du 
malaise social de leur époque en apostrophes 
violentes contre les abus du monde et en plain- 
tes ameres contre la destinée. II emploie parfois 
ce symbolisme obscur du Moyen-áge dont nous 
n'avons plus la clef. Souvent aussi son langage 
est clair et franchement agressif. Alors il n'é- 
pargne personne ; nulle grandeur humaine n'est 
á Tabri de ses censures; il met le pape Jean XII 
en paralléle avec Lucifer (i). Ces hardiesses de 
pensée furent déjá notées de son temps, puis- 
que Baena, dans sa critique naive, appelle Me- 
dina «un honmie tres ardent, á la langue dé- 
liée», omme muy ardiente^ ¿suelto de lengua. 



(i) «Desde Lucifer fasta el papa Juan.> (Pag. 386.) 



CANCIONERO DE 6AENA 20$ 

Esprit aussi exalté qu*enclin au décourage-^ 
ment, et qui, toute proportion gardée, pourrait 
oíTrir des analogies avec certains caracteres de 
nos jours, Gonzalo Martínez jette d'en haut un 
regard sur le monde, dénonce l'empire de la 
forcé et de Tanarchie; puis, accablé par l'oubli 
des principes chrétiens qui régne autour de lui^ 
il devient un prophéte de malheur et prédit k 
rhumanité une décadence irremediable. Le 
coup d*oeil rapide qu'il jette sur Tétat politique 
de l'Europe est assez curieux. On s'apergoit 
que son imagination est préoccupée des diyi- 
sions de la chrétienté et des luttes de la cour 
de Rome. «LapauvreFrance, dit-il, nousmon* 
tre avec un visage desolé ses soucis et sa dou- 

leur Bientót, ajoute-t-il plus loin, il n'y aura 

ni une cité, ni une ville, ni une maison, qui ne 
soit envahie par les guelfes ou les gibelins.» Le 
tablean qu'il trace, non sans verve, de Tétat 
moral de la société au xv« siécle revele la plus 
profonde misanthropie. II ne voit partout que 
«déceptions, sophismes, mensonges, trahisons»» 
Lorsqu'il s'adresse aux grands, il ne songe 
guére á les flatter, et sa sombre muse prend 
plutót plaisir á les attrister de ses lúgubres 
images. C'est ainsi que dans la piéce adressée 



306 CANCIONERO DB BASNA 

á Juan Furtado de Mendoga, grand-maftre et 
favori du roí Jean 11, il raconte avec amour la 
fin sanglante ou miserable d'Herctüe, de Sd* 
pión, de Pompee, de Jules César et d'Alexan* 
dre, et d'autres personnages, plus ou moins 
historiques, qui tomberent violemment du faite 
de la grandeur. 



RUY pAeZ de ribera 

• C'est encoré par Ténergie du caractére, par 
un esprit libre et passionné, que se distingue 
un poete qui appartient aux premieres années 
du xv» siécle, Ruy Páez de Ribera. Membre 
d'une riche et illustre famille de Séville, il per- 
dit, Ton ne sait comment, sa fortune, et Tamer* 
turne qu'il en ressentit éclate dans toutes ses 
poésies. Fier et indépendant, il ne descend 
point, ainsi que Villasandino , á mendier la pro-» 
tection des grands au moyen de viles flatteries. 
Que l'on compare un moment trois poetes de ees 
temps recules, l'archiprétre de Hita (i), Villa- 
sandino et Páez de Ribera: ils connurent tous 



(i) n écrivait ven la moitié da xrv« siécle. 



CANCIONERO DE BABNA 307 

les trois les angoisses de la mlsére, ils s'en ins- 
pirent souvent; mais quelle différencel L'un 
raille, Tautre s'abaisse, le troisfóme maudít. 
L'archiprétre, e^prit maliiii mordant, indomp- 
table, qui écriyait daos lá prison de Tarchevé* 
che de Toléde oü Tavaient conduit probable- 
ment ses témérités de prétre, fait de la rícbesse 
un éloge ¡ronique qui s'éléve par la vigueur et 
l'éclat au niveau des plus belles pages de la Di- 
vhte Comedie. Villasandino ne cherche, lui, dans 
la misére qu'un pretexte á des demandes re- 
nouvelées avec une audace infatigable. Quant 
áRuyPáez, il ne plaisante pas: ses vers por- 
tent Tenupreinte de son humeur moróse et al- 
tiére; chacune de ses plaintes est un cri de dé- 
sespoir (i). Páez de Ribera est un des rares 
troubadours qui abordent ouvertement des su- 
jets politiques; il le fait sans beaucoup d'éléva- 
tion et de talent, mais avec une grande liberté. 
Pendant la minorité de Jean II, lorsque la mort 
de Ferdinand d' Aragón (141 6), ayanl enlevé á 
la Castille Tinñuence bienfaisante de ce gránd 



(I) 

cPor esta me tiene el mando aborrído, 
é vivo cercano de desperaron.» 

Pág. 319. 



208 CANCIONERO DE BAENA 

caractére qui avait si habilement maítrisé Tes- 
prit féodal, livra entiérement ce royaume á un 
conseil de régence oppressif et divisé, Páez se 
fait Pecho des clameurs publiques et adresse á 
la reine-mére, doña Catalina, une piéce de vers 
qui fait peu d'honneur á son inspiration, mais 
beaucoup á Pindépendance de son caractére^ 
Tout en accordant á la reine, qui était á la tete, 
de la régence, des louanges imitées des litanies 
de la Vierge, il lui dit sans ménagement et en 
termes assez cavaliers < que la Castille est mal 
gouvernée par les régents, qu*á Pexception de 
Dávalos ees seigneurs ne valent pas le diable, 
que le royaume est devasté, qu^l est accablé. 
par des impóts intolerables et par les violences 
des traitans, qui, pour bien peu de chose, font 
vendré jusqu'aux habits des pauvres labou- 
reurs». La liberté de la presse ne va pas plus 
loin. 

Páez de Ribera était évidemment un homme 
fort éclairé et un observateur exact. II nous a 
laissé un échantillon bizarre de cet amour de 
Tanalyse descriptive, qui sígnale ordinairement 
les origines et les décadences littéraires, dans 
une piéce oü la maladiey la vieillessey Vexily la 
misércy discutent ensemble sur leur puissance 



I 



CANCIONERO DE BAENA 209 

respective de destniction h l'égard de Thomme^ 
La fpialadie présente des ravages qu'elle pro- 
duit un tableau détaillé bien peu poétique assu- 
rément, mais qui ferait honneur á unphysiolo- 
giste consciencieux. Ce tableau rappelle la des- 
cription des effets de la peste d'Athénes qui 
termine le poéme de Lucréce. La langue latine 
était tellement familiére á Páez de Ribera, qu'il 
lui arrivait de commencer une chanson en es- 
ps^nol et de la terminer en latín sans changer 
les conditíons du métre qu*il avait d'abord 
adopté. Ce qui domine chez lui , c'est une ins- 
piration toute personnelle, que la misére aiguil- 
lonne, et qui s'éléve sous cette rude influence á. 
des accents d'une forcé et d*une élévatíon sin- 
guliéres, comme on en peut juger par les vers 
suivans ñdélement traduits : 

« La misére brúle sans flamme l'áme et le 

corps, et change en folie la raison J'ai tra- 

versé tout seul des montagnes desertes et es- 
carpées; sans voiles ni avirons, j'ai bravé sur 
des flots inconnus les orages de la mer; j'ai 
subi les tourments de la maladie et de l'exil; 
j'ai eu de puissants ennemis; j'ai été dans le 
monde victime des plus ameres passions; j'ai 
affronté des craintes et des périls; j'ai été assail- 
cxvi 14 



1 



2IO CANCIONERO DE BAENA 

li par des assassins; je me suis vu parfoi$ en 
butte á la colére des peuples et des rois;j'ai 
été déchiré par la calomnie: eh bien! avec tout 
cela, je n'ai jamáis ressenti les sotiffrances mor- 
telles que m'ont fait éprouver les angoisses de 
la pauvreté» (littéralement: la rage de la pan- 
vretf). 

Ce n'est pas tout. Dans les différentes pro- 
ductions inspirées á Ruy Páez par les doulou- 
reuses épreuves qu'il eut á traverser, on ren- 
contre souvent des traces d'une émotion aussi 
puissante et plus amere encoré. Dégoút de la 
vie, misanthropie ardente, aucun des traits 
sombres qui caractérisent les ames désenchan- 
tées de nos jours ne manque, on le voit, á ees 
troubadours, qui se plaisent á rappeler le néant 
de la vie mortelle. Quelque chose d'essentiel 
distíngale pourtant ees Byrons du Moyen-áge. 
Qu'ils raillent ou qu*ils maudissent, nulle ombre 
d'impiété volontaire ne se méle á leurs plaintes 
ou á leurs satires. lis doutent des hommes, ja- 
máis de Dieu; ils sont toujours les enfants sou- 
mis de leurs croyances au sein méme des au- 
daces quelquefois anarchiques de leur temps 
ou de leur génie. C'est précisément ce mélange 
de la penssée libre et de la foi sincere qui cons- 



CANCIONERO DB BAENA 211 

titue leur originalité et les rattache á leur épo- 
que. L'archiprétre de Hita, ce railleur impito- 
yable du clergé, écrit des vers ascétiques que 
le plus austére cénobite n'aurait pas désavoués; 
Villasandino , le courtisan dissipé, Thomme sans 
scrupules et sans dignité, laisse un hymne en 
rhonneur de la vierge Marie dont il a pu diré 
«qu'á cause de cet hymne il serait preservé de 
l'enfer»; Páez de Ribera eníin, si impétueux et 
si peu resigné, tourne ses yeux vers le ciel au 
milieu de son désespoir, et fait une confession 
poétique de ses peches dont l'humilité insolite 
étonne méme ses contemporains. 

FRAY DIEGO DE VALENCIA 

Les contrastes abondent d'ailleurs dans cette 

curieuse mélée des poetes du Moyen-áge. A 

cóté de ceux qui ne savent que chanter la dou- 

leur, il en vient d'autres qui ne voient de la vie 
que le cóté brillant et joyeux. Le Cancionero 

contient quelques poésies du théologien fray 
Diego de Valencia, qui poussa la galanterie 
jusqu'á la licence. Avant la publication du Can- 
cionero de Baena^ on savait uniquement sur 
fray Diego qu'il] fit, d'aprés les ordres du con- 



1 



212 CANCIONERO DE BAENA 

nétable Alvaro de Luna, une traduction costil- 
lañe du livre franjáis d'Honoré Bonet, VArbre 
des batailles. On ne connaít aucune partícula- 
rite de sa vie; mais on peut étudier, dans 
Tantíthése monstrueuse qui ressort de ses 
oeuvres poétíques, le caractére d*une époque 
si féconde en étranges contrastes. Ce detrae- 
teur obscéne de la courtisane Teresa, ce défen- 
seur d'une autre courtisane connue sous le so- 
briquet de la Cortabota^ si bien instruit des 
turpitudes du libertinage (i), et amoureux de 
plusieurs belles (2), n'était point, malgré tout 
cela, ni un esprit fort ni un moine grossier; 
c'était un savant docteur en théologie, admiré 
pour la vaste étendue de ses connaissances, et 
qui a laissé dans ce méme Cancionero des tra- 
ces d'un 25ele orthodoxe , ainsi que d*un esprit 
juste et elevé. Baena dit de lui que « c*était un 



(i) n est curieux de remarquer la classifícation qne 
fray Diego fsdt de la profes&ion des courtisanes. II les 
divise en mundaria, focaría , andariega, comunal, costU" 
mera: nuances dont la complete appréciation échappe k 
notre corruption modeme. — La Cortabota parait indi- 
gnée, non de ce qu'on Tappelle courtisane^ elle ne s*ea 
défend pas, mais de ce qu'on la qualifíe de costumera, 

(2) Baena ne cite pas moins de quatre ou cinq fem- 
2nes dont fray Diego était tres épris {muy enamorado). 



CANCIONERO DE BAENA 213 

grand lettré, un maitre éminent dans tous les 
arts libéraux, comme aussi un grand physicien, 
astrologue et mécanicien, á tel point qu'il n*y 
eut de son temps aucun homme aussi proíond 
que lui dans les sciences». A cóté des élans 
érotiques, il préche la plus puré morale, et il 
dit avec beaucoup d'onction que le bonheur 
«ne dépend que des bonnes moeurs». II montre 
méme parfois une dévotion fervente et sincere, 
et quand it s*éléve aux régions théologiques, il 
sait prendre un ton sévére d*autorité qui revele 
le docteur grave et savant. 

La question de la prescience divine est, selon 
lui, «non une plaie du coeur, ainsi que l'avait 
. appelée Talavera, mais un abime de confusión 
oü beaucoup d'hommes périssent entrainés par 
leur folie audace». Quoique partisan dévoué de 
recolé scolastique, il n*aimait pas les subtilités; 
il qualifie de simples^ avec une sorte de pitié, 
les gens qui se plaisent dans le doute, bien dif- 
férent en cela de la plupart de nos penseurs 
modernes , qui considérent la maladie du scep- 
ticisme comme un symptóme d'élévation intel- 
lectuelle. 

Fray Diego cultivait aussi le genre philoso- 
phique, qui était alors en vogue. II déploie, 



214 CANCIONERO DE BAENA 

sans s'en douter, une certaine inspiration dé-^ 
mocratique dans la piéce qu'il adresse á Gon- 
zalo López de Guayanes en luí demandant; 
<Qu'est-ce qui constitueun noble?» (i). II porte 
Tindépen dance de son esprit jusqu'á mediré 
ouvertement de la cour (2). 

La.valeur littéraire des vers de fray Diego 
est peu considerable. Bien qu'il ne soit pas 
atteint, comme tant d'autres, de la manie d'éni- 
dition qui régne á la ñn du Moyen-áge, on 
s'apergoit qu'il est instruit et qu'il est familia-^ 
risé avec les langues latine et hébra'íque. Son 
talent poétique, qui manque d'élévation, était 
flexible et facile. II s'est essayé dans tous les 
genres, mais c'est surtout comme poete éroti- 



(I) 

l Por qué son los fidalgos? 

Pág. 53*. 

(2) Voici la premiére strophe d'une de ses complaintes 
oü, selon Baena, lui-méme le declare, fray Diego fron** 
de et le palais et ceux qui l'habitent {^rofasando delpü" 
lacio ttde los que en él viven). 

Porque veo que se mueve 
la grant rrueda del Palacio 
muy á priesa, syn espacio, 
e non fas curso cual deve 

«Je m'apergois que la grande sphére da palais toume 
trop vite et sans mesure, et qu'elle ne suit pas son cours 
comme elle le doit.» 



CANCIONERO DE BASNA 21 5 

que ou burlesque qu'il a mérité rattention de 
ses contemporains. 

Sa versiñcation est fade et trainante dans la 
haute poésie ; mais dans le genre amoureux ou 
burlesque il a laissé des traces d'une souplesse 
et d*une fraicheur remarquables (i). 

PERO GONZÁLEZ DE USEDA 

A cote des poetes dont le Cancionero ne fait 
que confirmer la notoriété littéraire, il en est 
de complétement inconnus que ce précieux re- 
cueil nous revele: tel est Pero González de Use- 
da. L'épigraphe de Baena nous apprend qu'il 
était ñls d'un noble chevalier de Cordoue, ct 



(i) Dans une chanson adressée & une jenne filie qu'il 
représente sous Tembléme d'un riant jardín, on trouve 
cette strophe si gentixnent versifíée : 

« La entrada de aquel vergel 
á m{ siempre fué defesa ; 
mas, amigos, non me pesa 
por saber cuanto es en él. 
Es más dulce que la miel 
el rocío que del mana, 
y toda tristeza sana 
el placer que sale del.» 

De' ce couplet & la décima inventée par Espinel, U 
n'y a vraiment qu'un pas. 



CANCIONBBO DE BAENA 

ivait les doctrines du célebre major- 
mond Lulle, On est fondé í croire que 

de Useda s'adonnait partículi^rement 
:ubrations philosophiques; il passait 
savant (i). Baena parle de luí comme 
:te déjá ancien, et il est évident qu'il 
: plus h l'époque de la compilation du 
ro, It est done permis de conjectureí' 
lález de Useda écrivaít vers la fin du 
le, ou vers les premieres annécs du 
[1 ne nous est parvenú que deux pro- 
de ce troubadour; elles portent l'em- 
le l'oríginalité et du talent. La plus 
able sort du cadre oü se renfermait 
re cetle poésie si subtilement naturellc 
:entieusement philosophique de la cour 
le. L'auteur raconte á un ami les vicissi- 
imériques qu'il traverse dans les hallu- 
■ d'un songe. II se croit á'abord voya- 

visite la Hongrie, l'Egypte; ensuite 
il fréquente les docteurs de Bologne; 
3ciant flamand , il amasse k Séville une 



ílies que en su íUmpo fiso el discreto varón 
loles de Useda, alcual^monieiiiuj sabio*, etc. 



CANCIONERO DE BABNA 317 

immense fortune. Encoré mal satisfait, il se fait 
pélerin, ermite, et devient pape; il veut preñ- 
are rang parmi les nobles, et le voilá comte; il 
réve les émotions de la guerre, et il est general 
victorieux, plus tard, astrologue et alchimiste, 
il fait de l'or; amiral, il asservit les mers; em- 
pereur et législateur, il voit les rois h ses pieds; 
élégant et beau cavalier enfin, il gagne le coeur 
de toutes les belles. Mais bientót le poete se 
réveille, et il retombe triste et soucieux dans 
les anxiétés de la vie réelle. Nous ne savons si 
Useda a eu Tintention de tracer Timage de l'ins- 
tabilité et du néant des désirs humains: toujours 
est-il que ses vers révélent une imagination ri- 
che et mobile. 



GOMES PERES PATINO 

Un autre de ees poetes qui seraient totale- 
ment inconnus sans le Cancionero de Baena^ 
c'est Gomes Peres Patino. II appartenait á la 
maison de Tévéque de Burgos, et écrivait vers 
1 41 6. Ses poémes se distinguent par deux ca- 
racteres: Topportimité et le bon goüt avec les- 
quels Tauteur intercale dans ses vers les pro- 



els ou ceux qu'il formule lui-méme; 
ité incontestable dont il fait preuve 
niement de la langue castillanc, en- 
:e et indéterminée. Sons ce demier 
I surpasse toiis ses contemporaíns. 
:6t ce3 deux stropties d'une des pi¿- 
Iressa á doña Leonor López de Cór- 
r la consoler d'avoir perdu la faveur 
e Catherine, GrSce, s^le, naturel, 
tout est ici remarquable, tout fait 
¡xtque k laquelle ees vers appartíen- 
roit lire des vers du xvi" si&cle (i). 
k vu de grandes ínfortunes succéder 
des felicites: aprés la nuit sombre, 
ít du jour; aprés les nuées de l'orage, 



Va tiempo tru otro tíadí; 



é deipuH de giand oublA^o 
ávi Kf pobre Tico ler, ete. 



CANCIONERO DE BACNA 219^ 

y 3,1 vu le ciel redevenir serein; j'ai vu le pauvre 
parvenir á la richesse. 

>Un temps amé^ne le rire, un autre temps 
améne les larmes; aujourd'hui on peut donner, 
demain il faut demander. Les temps se suivent 
sans se ressembler; mais le sage doit savoií 
toujours s'y conformer. » 

FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN, SEIGNEUR DE BATRES 

Baena n'a pas néglígé de faire une place dans 
son Cancionero au célebre écrivain qui a donné 
son nom k la Ckronique de Jean II ^ dont il 
n'est pas le seul auteur, et qui, dans ses Gene- 
raciones y Semblanzas y galerie de portraits po- 
litíques du temps , a su allier im esprit mále et 
réfléchi á une touche hardie et concise; nous 
voulons parler de Fernán Pérez de Guzmán, 
seigneur de Batres. On ignore Tannée de sa 
naissance , on sait seulement par la Ckronique 
de Jean II que y déjá en 1421 , il fut envoyé en 
ambassade par l'infant don Enrique prés de la 
reine d'Aragon. Soldat intrépide et illustre che- 
valier, il participa aux intéréts, aux passions^ 
aux intrigues politiques. Tourmenté par les 
tiraillemens des partis et par de poignants mé- 



220 CANCIONERO DE BAENA 

comptes personnels, il chercha dans les lettres 
radoucissement et répanchement de ses souds. 
II était fils d'une sceur du chancelier-chroni- 
queur Ayala, et entretenait d*actifs rapports 
littéraires avec son parent le marquis de Santil- 
lana, le savant évéque Pablo de Santa María, 
et d'autres notabilités littéraires de l'époque. 
Quoique le talent du poete fút chez lui bien 
au-dessous de l'habileté du prosateur, le sei- 
gneur de Batres composa plusieurs poémes et un 
^and nombre de piéces lyriques, qui se trou- 
vent éparses dans le Cancionero de Baena^ 
dans celui de Llavia, imprimé vers 1483, dans 
le Cancionero general de^ Castilla (151 1), et 
<lans quelques autres ouvrages publiés posté- 
rieurement. La foi chrétienne, l'amour, la phi- 
losophie, voilá les trois sources oü il puisait ses 
inspirations, Cependant, il faut le diré, ees ins- 
pirations ne s'élévent jamáis bien haut; chez 
lui la pensée, domine le sentiment, tandis que 
dans ses portraits il trouve des réflexions tou- 
chantes, na'íves et fortes (i), il perd toute 



(i) Voici un exemple d'austére indépendance bien 
remarquable dans un courtisan Fernán Pérez de Guz- 
mán dit dans le portrait de don Gonzalo Núñez de Guzr 
man : < Les rois ne songent guére k récompenser qui les 



CANCIONERO DE BAENA 321 

rénergie de son imagination quand il cherche á 
traduire ses réves de poete. Alors concisión, 
vigueur, talent descriptif, tout s'évanouit. Le 
seigneur de Batres n'est poete qu*en prose. 
Parmi les piéces de Fernán Pérez que renferme 
le Cancionero de Baena^ une seule mérite d'étre 
remarquée : c'est la petite chanson El gentil 
niño Narciso^ trop vantée assurément, mais qui 
ne manque ni de gráce ni de charme. II est cu- 
rieiix de rencontrer des accens si suaves sous 
la plume d'un homme d'intrigue et de combat. 



GARCI FERRANDES DE JERENA 

A cóté de Fernán Pérez, Garci Ferrandes de 
Jerena, qui écrivait pendant les régnes deHen- 
ri in et de Jean 11, nous offre un type saillant 
de ees natures inquietes et rebelles, jouets mi- 
serables des passions les plus effrénées. Sa vie 
est un tissu de mau valses actions, de retours 
vertueux,*de recidives, de scandales de tout 



sert le mieux, ou qui Agit le pías droitement, mais celuí 
qui se plie davantage á leur volonté et á lems fan* 
taisies.* 



CANCIONERO DB BAENA 

le sont les alteraatives incessantes d'un 
re aventureux et d'une conscience trou- 
iprés une jeunesse probablement trts 
te, il eut le courage, bien grand á cette 
, d'épouser une jongleuse de raes mau- 
k baptisée, d'une beautd adatante, et 
Dyait trés riche. Ce maríage luí fit perdre 

xíion du roi et il se trouva que sa 

était pauvre ! Jerena supporta vaillam- 
'abord cette double déception; mais il 
r se lasser du mariage, et se fit ermitc. 
tous les esprits changeants et passion- 
'ena subissait fortement les impressions 
iquelles il se trouvait. II cnit entrer sin- 
tit dans une voie de calme et de repen- 
) chansons mystiques qu'il composa <l 
peque sont empreintes d'une ferveur 
e simule point, bien que Baena paraisse 
de la sincéñté du poete. Par malheur, 
;s natures mobiles qui se refuseront tou- 
la persévérance et h la résignatíon. Un 
ur, Jerena s'embarque avec sa femme et 
ints; il part dans le dessein d'accomplir le 

ige de Jérusalem ; maia le navire tou- 

[alaga, qui ¿tait encoré sous la domina- 
hométane, en Jerena, au lieu de conti- 



CANCIONERO DE BABNA 23$ 

nuer son saint voyage, s*arréte dans cette ville 
pendant quelque temps, passe ensuite k Gre- 
nade, devieat renégat, séduit une soeur de sa 
femme, et aprés treize ans d'absence, retourne 
en Castille. Lá il reprend la religión chrétíenne, 
et menrt pauvre, abattu, devoré de remords, 
accablé méme, s*il faut en croire Baena, du 
mépris de ses contemporains. 



PERO FERRUS 

Bien que figurant dans le Cancionero tout 
prés de Jerena et au milieu du groupe des poe- 
tes du xv« siécle, Pero Ferrus appartientá une 
époque plus ancienne que celle oü se produisi- 
rent la plupart de ees troubadours. II ne serait 
pas tres hasardeux de supposer qu'il écrivit 
sous le régne de Pierre-le-Cruel. Ce précurseur 
des poetes de la Renaissance espagnole est un 
brillant et spirituel versificateur. II n'est pas 
sans intérét de voir la langue castillane, trop 
jeune et trop incertaine encoré, se modeler 
hardiment sous sa main. Ferrus est en cela bien 
supérieur á un grand nombre des troubadours 
qui écrivirent aprés lui. La piéce qu*il fit contre 



« « 



234 CANCIONERO DE BABNA 

trois rabbins d'Alcala qui avaient leur syn^o- 
gue auprés de sa chambre et l'empéchaient de 
dormir par les leurs chants depuis le point du 
jour, est vraiment piquante (i). La mort du roi 
Henri II (i 379) lui inspira d'assez nobles accents; 
mais la compositíon la plus origínale que nous 
ayons de lui, c*est celle qu'il adressa au chan- 
celier Ayala. Ce fameux chroniqueur s*étant 
plaint apparemment du climat variable des 
montagnes de la Navarre, Ferrus s'évertue k 
lui faire honte de sa mollesse, et il passe en 
revue les grands hommes qui ont bravé la bise, 
les neiges et les temps d'orage. Voici quelques 
passages de ce spirituel poéme: 

«Alexandre, dont le génie asservit le monde, 
ne se laissa intimider par la bise pas plus que 
par les rires et les plaisirs. La crainte du nord- 
ouest n'inspira jamáis a Scipion un seul acte 
dont il eú á se repentir (2). 



(i) Cette piéce commence par quatre vers octosyÜa- 
bes d'une structure parfaite: 

Con trístesa é con enojos 
qne tengo de mi fortuna, 
non pueden dormir mis ojos 
de veynte noches la ana^... 

(2) 

Alyxandre que conqniso 
todo el mundo por esfuerzo, 



CANCIONERO DE BAENA 235 

> Annibal aurait-il réalisé la conquéte des £s- 
pagnes, franchí les Alpes, assiégé Rome» 
triomphé dans les batailles, s*il eüt ainsi re- 
douté la gréle ou la neige? 

>Josué, Abdar, Gédéon, chefs des Hébreux; 
Judas, avec les Machabées, le roí David, Absa- 
Ion, tout Juifs qu*ils étaient, n'ont jamáis été 
arrétés dans leurs exploits par les frimas. 

»Et si le fameux Cid avait eu peur des aver- 
ses, aurait-il vaincu un si grand nombre de 
comtes et derois? Aurait-il conquis Valence, 
qui lui fut plus soumise qu'elle ne l'avait jamáis 
été au calife Walid?» 

EL ARCEDIANO DE TORO 

C'est encoré parmi les plus anciens poetes 
dont Baena ait recueilli les chants qu'il faut 
classer Tarchidiacre de Toro. II appartient vrai- 
semblablement, ainsi que Femis, au régne de 
Pierre-le-Cruel, qui monta sur le tróne en 1350. 
Scs vers, écríts en dialecte galicien, dont plu- 



aon ovo miedo del cierzo 

ñas qne del plaser é ryso; 

e nin fyso ^ypyo'* (JScition), 

por miedo de rregaflon {notd-ouest)^ 

ooM de qne fbé rrepiso (rrpentt), etc. 

cxvi 15 



226 CANGIONSRO DE BAENA 

sieurs troubadours castillans se servaient par 
une espéce de mode (txadition encoré subsis- 
tante de Técole galaico-portugaise), se distín- 
guent par la suavité de la pensée et de l'ex- 
(M'ession. La ballade oü il fait ses adieux au 
monde respire la plus délicate mélancolie. II ne 
faut pas cependant se laisser prendre á cette 
apparence de vérité. Quand il poussait ce der- 
nier gémissement d'un coeur qui s'arrache du 
monde á regret (i), Tarchidiacre de Toro jouis- 
sait probablement d'une santé i>arfaite. La nise 
du poete est dévoilée dans la piéce tí^ 315, 
qui est une desfecha (sorte de commentaire) 
des Adieux, L'archidiacre y declare qu'il a 
Tintention de s'exiler du monde, parce que 
sa passion est malheureuse. Ce poete avait 
d'aiUeurs une prédilection pour ce théme de 
l'approche de la mort. II l'appliquait méme 
aux sujets plaisants, comme l'atteste son Testa- 
menta piéce bizarre oü se trouvent confondus 
retours de conscience, pensées religieuses, ten- 
dresses d'amour et facétieuses saillies. Au sur- 
plus, l'image d'une mort prochaine était une 



(i) M. £. Laboulaye croiyait entendre dans cette 
plainte le soupir tPun mouranf. (yournal <üs Dibats^ 18 
avril, 1852.) 



CAlíCIONERO Dff SAENA 227 

desfbctíons favorites du temps. Les deux ouvra- 
ges principaux de Villon sont deux testaments. 
V<Mid quelques couplets des Adüux de Tarchi- 
diacre: 

«Adieu Tamour, adieu le roi que j'ai servi 
fídélement, adieu la reine Qgsjt j'ai chantée et 
révérée! 

» Jamáis on ne m'eutendra plus gloriñer 
Tamaur: les amants ne me verront plus aimer 
tme femme (i). 



(I) 



cA Dens, amor; i Deas, el rey 
que en ben serví; 

A Deas, la reina á qnem loey 
é obedescf. 

lamays de mí non oyeran 

amor loar, 
aÍB amadores me verán 

muller amar..... 

A Detis cuantos ben amaron 

é amarán; 
A Dens cuantos ben falaron 

é falarán 

A Deas amigos, seflores, 

que muito amé; 
A Dens os trovadores 

con quen trové...» 

A Deas mando engañador, 

qae cu ya me vo 
para Deas, noso Seflor, 

qae me chamó*» 



328 CANCIONERO DE BAENA 

»Adieu, vous tous qui savez aimer et qui 
connaissez le beau langage. 

»Adieu les amis, les seigneurs que j'ai tant 
aimés. Adieu les troubadours qui ont melé 
leurs chants aux miens. 

» Adieu, monde trompeur, je pars versDieu, 
notre Seigneur , qui m'appelle á lui.» 

On ne saurait mécomiaitre qu*il y du charme 
dans la naiveté concise desexpressions, etdans 
la souplesse des combinaisons symétríques de 
ees jeux délicats mais savants du sentíment ou 
de l'esprit. 

FERRANT SÁNCHEZ TALAYERA 

Parmi les poetes dont le Cancionero nous a 
conservé les ceuvres, se place enfin un des es- 
prits les plus remarquables de l'époque oü nous 
transporte ce recueil: c'est Ferrant Sánchez 
Talavera. II est regrettable qu'on ne sache pres- 
que ríen ni de sa vie ni de son caractére. Tout 
ce qu'on a pu tirer des renseignements réunis 
dans le Cancionero ^ c*est que Talavera aban- 
donna la cour, triste et désabusé, pour se re- 
tirer á sa commanderie de Villa-rubia dans Tor- 
dre de Calatrava, et que la fortune ne lui souri 



CANCIONERO DB BAENA 339 

pas toujours. II est done impossible de mesurer 
á qnel point le germe de ses méditations sceptí- 
ques et de ses tendances misanthropiques est 
l'écho de la pensée publique, ou Texpression 
de la trempe particuliére du caractére et de 
Timpulsionmomentanée d'une imagínation souf- 
frante et exaltée. Quoi qu'il en soit, il n'en est 
pas moins curieux d'étudier les écrits d'un trou- 
badour qui a toujours porté ses idees sur le 
terrainglissantde lamétaphysique théologique, 
et qui, sans se douter de la portee de son am- 
bition, aspire k sonder d*un regard téméraire 
la prescience divine , les lois de la Providence, 
la Trínité, la vie immortelle, ees gouffres oü 
les incertitudes humaines ont été constaniment 
englouties. Quelque forcé d'abstraction que Ton 
suppose k rintelligence, il est incontestable 
que Thomme doit toujours k son époque la base 
de ses méditations. Entre les conceptions les 
plus audacieuses des poetes et le mouvement 
general des idees de leur temps, il y a nécessai- 
rement un lien plus ou moins mystérieux qu'il 
est impossible de méconnaitre. Sousce rapport, 
rétude de Talayera est d*un grand intérét. 

Encoré un peu loin des derniéres limites de 
cette période indécise appelée le Moyen-áge, 



CANCIONERO DK BAHN'A 



1 suppose étre un temps de cro]^nces 
ts, divinisant la soumission, édairant 
moeurs, usages, dii flambeau de la foi, 

tai'que Be jetait quelquefois dans les 
a plus dai^ereuses de la pensée , ct pré- 
linsi le levain du sceptídsme tnoderne. 
ra est un des plus libres penseurs de ees 
tü la théocratie paraít régner sans ombre 

partee; mais, remarquons-Ie bien, son 
isme n'est pas le scepticisme orgucüleux 
aron denos jours, ayantpoor básela 
lu l'impiété: c'est un sentíment humble 
e, né de la spiritualité élevée du catho- 
. n n'en est pas moins condamnable. Ta- 
est un esprit préoccupé ct chagrín qut, 
: de vouloir tout comprendre, s'attristtf 

impuissance et tombe dans les écarts 
'aison ulcérée. II ne se glorifie pas de ses 
, il ne les regarde point comme des con- 
de la pensée, il s'en afflige au contraire, 
bue les incertitudes de son esprit k son 

de science. II paratt ne pas se douter 
lomme ne touctie pas impunément aux 
es de la Providence, et, dans le fait, il 
e pas & soumettre la fbí au raiaonnemetit, 
3uement á l'analyse. 



:1 



CANCIONERO IHE BAENA 23 1 

Parmi les controverses ardues qu'íl souleva 
dans ses tensonsy une des plus graves est sans 
doute celk de la prescience divine, proposée 
au chroniqueur Ayala et á d'autres lettrés de 
répoque. Elle eut un grand retentissement (i). 
Au milieu des incertitudes dont Tesprit de Ta- 
lavera était tourmenté, ríen ne le préoccupait 
autant que le désir de sonder l'action de la 
pensée divine sur la destinée humaine. Ce té- 
méraire probléme était devenu sa maladie mo- 
rale, \diplaiede son cceur (2). Sous pretexte de 
chercher remede etconsolation, il soumetá une 
polémique hardie la conciliation du libre arbi- 
tre avec la prescience divine, ce mystéresurhu- 
main devant lequel s'arréta plus tard, avec une 
humilité sublime, le génie de Bossuet. 

Talavera afíronte intrépidement la difñcuké; 
il formule ses doutes avec une grande rígueur 
de dialectique. «Si Dieu, dit-il, connait tout ce 
qui est, tout ce qui a été et tout ce qui sera; s'il 
est donñé á sa puissance sans bornes de tout 



(i) Cette controverse memorable , que Baena appelle 
la muy alta é tragendente quisHon de prefitos ¿predestina" 
dos^ eut lien avant 1407, année de la mort d' Ayala. 

S6 tonnentado de grare dolencia, 
ca tengo una llaga en a^ coraron.,... 



>3t CAKaOHBKO DE BAEHA 

faite ou d¿faire en un instant, saos le m< 
efTort; si les élus de Dieu sont ceux h qui il 
ne le salut, et si sa gráce seulc les preserve ■ 
en enfer, il s'ensuivrait cette horrible indi 
que Dieu est cause du mal, car il fait nali 
hommes sachant que la pcrditjonles atten' 

Talayera ajoute qu'ayant consulté des s 
au sujet de cette effrayante conséquen 
lui ont dit que *Dieu voít le mal sans í'ai 
ver» (2) , et qu'il a donné h. l'homme la v 
et le jugement, añn que chacun aiten 
liberté de ses actions et par conséquent li 
sanee de se perdre ou de se sauver. 

Malgré la salutaire ciarte de cette ei 
tion, Talavera n'est pas convaincu. On t 
qu'il est obsede par le fantóme formidal 
la prédestination, qu'il ne comprend pai 
le dogme de la gráce, et que l'idée do 
arbitre s'efface dans son esprit devant I' 
d'une Providence tellement étroite, qu'el 
prka de se confondre avec la fatalité pa 
Oo le croirait un élire du jansénisme de 
Royal. 



(t) C'est exictement le raisonnemeat de B&yle, 

ptfiaé il fort pti la incrídnleí da xvnie siíde. 

(3) cQae aunque ei ubldor, non es plueatero. 



CANCIONERO DE BAENA 333 1 

Sept troubadours répondirent au tensón de 
Talayera: 

Le chancelier Pero López de Ayala. 

Fray Diego de Valencia. 

Fray Alfonso de Medina. 

Micer Francisco Imperial. 

Le maure Maltre Mahomat-el-Xartossí. 

García Álvarez de Alarcón. 

Ferrant Manuel de Lando. 
Les trois premiers s*acquittérent de leur 
tache d'une maniere remarquable. Renfermés 
dans la íoi et le bon sens, ils trouvent les pen- 
sées simples et rassurantes de la véritable or- 
thodoxie. Ayala, qui n*était pas théologien, 
mais qui savait croire et penser, parle ainsi á 
Talayera: 

«Vous m'inspirez la plus grande pitié, 6 mon 
ami, qui aspirez á ayoir pleine connaissance 
des secrets de la Diyinité. Elle s'est réseryé ees 
secrets, ils sont au-dessus de la portee humai- 
ne. L'homme mortel et miserable qui s'éyertue 
á pénétrer les jugements et les mystéres de 

Dieu tombe dans une bien grande erreur 

Sur la plaie du doute qui yous ronge, yersez 
le baume de la foi; yous calmerez ainsi yos 
douleurs, yous recouvrerez la joie.» 



3)4 CANaONKRO DE BAKl 

He voit-on pas ici Tadmírable 
l'inspiration chrétiennef Deux si 
Bossuet, ce grand honune, évoa 
des peres de TÉgUse et des prop 
s'occupe du libre arbitre et de 
divine, et, dans son attachement] 
doctrines du dogme comme dan 
plicité de ses paroles, il se r 
Ayala. Pour Bossuet, qui voit c 
maia de Dieu dans tout ce qui i 
la providence et la prescUnci soi 
comme le sont toujours les c 
efíets. «Les actions de notre Ubi 
compríses dans les décrets de h 
dence (i).» La providence ct la 
hérentes á la supréme puissance 
le Ubre arbitre, sans tequel il i 
l'homme ni bien, ni mal, nivol 
cience, sont, selon Bossuet «d 
dentes par la seule raison ni 
quand il s'agit de les concilier 
juge cette prétention aussi téméi 
le. II aper^oit soudain, avec la 
chrétien, le néant de toute chos 

(i) BoiEnet, TYcili du ¡Ore arbitri.c 



F? 



CANCIONERO DS BABNA 335 

mesnrant Tabime infíni qui separe la pensée 
humaine de la pensée divine, il prononce, 
comme Ayala, l'incompétence des créatures 
hnmaines, qui darment leur sommeil ^ ponr 
scruter les secxets du ciel. 

C'est dans cette méme source si ptire de la 
vieille orthodoxie et de rhumilité chrétienne 
que puisérent leurs réflexions les théologiens 
fray Diego ct fray Alonso. Fray Diego dit 
que cette matiére de la prédestínation «n*est 
pas une plaie, mais un gouffre de conñision oü 
beaucoup de gens périssent entraínés par leur 
folie audace». II tend siutout á montrer dans 
la liberté humaine le mérite des bonnes oeuvres^ 
le choix des antions, le jugement du sens mo- 
ral. «Le libre arbitre ne fut pas accordé á 
rhomme pour amoindrir la puissance de Dieu» 
mais uniquement añn qu'il pút se bien condui- 
re, repoussant le mal et choissant le bien (i)*» 

La composition de fray Alfonso de Medina 
est la plus ingénieuse parmi celles qu'a inspi- 



(I) 



«Que libre al^edrio non foé dado «1 ombre 
para que amenguase á Dios sn poder, 
sinon solamente porque mejor obre, 
7, el mal desechado, el bien escofer.» 



CtítJS 




V-éffjáté ás Ltgg: 1 
rnat tnancfirn hiexi ulc k 
rscooBOBíb gwMwii^tii un 
des dioftres. T^nt en trsitaat Iz 
vrai tfiécío^iiexi, il se sert d > u ui| i kA á la fots 
simples et Sevés: «Dtea mnnaft'y ^^, avec 
certítnde toiates ks dnoaes; hbb Ancles ecarte 
pas de lenr Toíe aatarene, ct ne rend pas né- 
cessaire ce qox cst contrngenL— La gríke di- 
▼íoe soone i la porte <ies cooadences; si cctte 
pofte %'cfwnc^ eOe j e ntre r a de toot son gré.» 
Ponf montrer que llioiiinie doit s'en prendre 
Ik MÁ-mtmc oes conséqncnces de sa condoit e , íl 
emploíe cette nafre et expressire métaphore: 
«Si ttt ottrres ta fentoe, le soleil entrera cer- 
taínement d^uis ta maison pour Tédairer; si tu 
rcfuset de Totivrír, ta maison demenrera dans 
leu tentíbres; maís auras-tu ponr cela le droit 
d'en accttser le soleil?» (i). 



'( li ventana abreí, cierto entrará 
en la casa para la alumbrar ; 
r non \k quieres, etoura catará ; 
^n ei por eito el col de culpar.» 



CANCIONERO DE BABNA 237 

Talayera ne resista pas á tant d'évidence. 
Contrairement á Téternel usage des controver- 
ses humaines oü chaoin s'opiniátre davant£^e 
dans ses jugements, il se reconnut vaincu; pour 
comble de bonne volonté , il ñt lui-méme á sa 
question une huitiéme réponse, espéce d'épilo- 
gue oü il resuma les saintes doctrines exposées 
dans le cours de la discussion. Ainsi se termina 
cette célebre lutte, témoignage extraordinaire 
du caractére de cette époque bizarre , qui pos- 
sédait le secret d'allier ainsi le doute k la foi, 
la discussion k Tautorité. 

Nous ne suivrons pas Talayera dans son re- 
marquable tensón sur la yustice divine , et en- 
coré moins dans celui sur la Trinité. Malgré 
la liberté du temps, la manie incorrigible de 
Talayera d'empiéter sur le domaine de la théo- 
logie conunengait á proyoquer de sérieuses ob- 
jections: cette manie lui attira une réprimande 
ironique de fray Diego, qui lui dit dans une 
de ses réponses: «Écartez-yous de la théologie; 
c'est ime matiére autrement profonde que la 
poésie.» 

Rentré en lui-méme et conyaincu que plus 
on yeut scruter la pensée diyine, plus elle 
apparaft haute et impenetrable, Talayera r 



IjS CANCIOHBKO DS B» 

nonca aux sujets théologique 
esprít le portant toujours vers 
il se lao^a h pleines Toiles dan: 
colique; c'était sa vocation, il 
a laissé une espfece d'élégie 
ckevalier Ruy Díaz de Mendo 
sans compter les beantés qu'e 
tres intéreasante, parce qu'on 
rer á bon droit comme le moi 
bles Coplas du poete Jorge 
mort de son pére, écrites quel 
tard. M. Ticknor fait un maj 
la piéce célebre de Jorge Ma 
En effet, on ne saurait troin 
«^KMjue (1476), ríen qui puiss 
cette élégie de Talayera pou: 
sentiment, aussí bien que poi 
style et la fermeté de la versi 

«Non Mcuíriaei tal obi 

qDB njAnla más dé[ quÍHOTí 

lauta máa ftlto Ter^ HQ poil 

(a) Dins nae des notes du Cancieti 

jccEnre, d'apiés un calcul de dates 1 

qae cette piéce n'eu pu de Tilave 

MMCtére de s> poésie et de son sty 

rioni nons résaudre á croire que Ba 

búa , sa Mit mípiia cette foii. 



i. 



CANCIONERO DE BAENA 239 

n'ont pas le sentiment intime et personnel de la 
piété filíale, qui repand tant de charme sur les 
Coplas de Jorge Manrique. Son point de vue est 
plus vague, mais c'est le méme accent de tris^ 
tesse, la méme effusion d*amertiune, le méme 
tour de pensée, le méme coup d'cjeil découragé 
sur rinstabilité des choses humaines. Si Tala- 
vera, avec son langage informe et avec sa ver- 
sification traínante et incertaine, n'est pas k 
comparer k Jorge Manrique, qui devanee son 
époque par le maniement de l'idiome et par- 
vient presque au sublime par le naturel et 
Tanalyse, il n*en est pas moins vrai que, sans 
trop se hasarder, on peut croire que ses poésies 
ont contribué k donner Telan á Tinspiration 
élégiaque des Coplas. 

On peut citer la strophe qui conunence : 

c¿É qué se fisieron los Emperadores 
é Papas é Reyes é grandes Perlados » 

ct puis ees vers oü le ton est si elevé: 

«Paes {do los imperios, é do los poderes» 
é reinos é rentas é los señoríos ? 
¿á do los orgullos, las famas, los bríos, 
á do las empresas, á do los traheres? 
¿á do las ciencias, á do los saberes , 
á do los maestros de la poetna, 



CANCIONERO DE S 

i do los rimoTM de grant mm 
i do los cintiles , A do los U 
{Á do los tesoros, vasallos 
i do los ñrmalles {a^afis) i \ 
k donde eloljdfar, posadas c 
i donde el algalia, las aguas 
i do paños de oío , cadenas . 

(A do los convites, cenas ( 
i donde los justas , i do los t 

{A donde las artes de los i 
i do los comeres, i do los m 
á do la fianquesa, á do el es] 
á donde los lisos, á donde el 
á do inenestriles (musiciens). 



Qui ne reconnait pas dans 
qui font entxevoir la vie voluí 
rites du teraps, une des source 
la belle et fameuse élégie de Jo 
morí de son pére; laquelle, p 
sentiment, la philosophique 
charme rhythmique, est une 
nelle dans la poésie de ce ten 
de Vega jugeait digne d'étre 
d'or. Voici qnelques strophes: 



«íQoí se hizo «I Rey D 

Lot Infantes de ArigOD, 

¿qn¿ sehicieíoní 



CANCIONERO DE BAENA 24 1 

^Qué fué de tanto galán? 
^Qué fué de tanta invención 

como trajeron? 
Las justas 7 los torneos , 
paramentos, bordaduras 

7 cimeras, 
¿fueron sino devaneos ? 
i qué fueron sino verduras 

de las eras?, 
¿Qué se hizieron las damas , 
sus tocados, sus vestidos , 

sus olores? 
i Qué se hizieron las llamas 
de los fuegos encendidos 

de amadores? 
i Qué se hizo aquel trovar , 
las músicas acordadas 

que tañian? 
¿Qué se hizo aquel danzar, 
aquellas ropas chapadas 

que traian? (i).> 



I 



(i) Villon, contemporain de Jorge Manrique, écrivait 
ees vers : 

«Oü sont les gracienx gallans 
que je snivoye au temps jadis, 
si bien chantans , si bien parlans , 
si plaisans en faicts et en dicts ?» 



9 
n 7 a une certaine analogie entre ees vers et ceux du 
poete castillañ, que Villon ne connaissait pas. Ce n'est 
pas une simple coincidence du hasard. Une masse 
d'idées et de sentiments assez semblables planait sur 
toute la société eurppéenne. 

cxvi 16 



^ 



342 CANCIONERO DE BAENA 



n 



Nous venons de faire connaítre quelques-uns 
des principaux représentants de la poésie espa- 
gnole de la fin du Moyen-áge, telle que nous la 
montre du moins le Cancionero de Baena, 

Nous ne joindrons pas aux études preceden- 
tes celles de Macías et de Rodríguez del Pa- 
drón, qui, avec Garci-Sánchez de Badajoz, 
constituent ce triumvirat poétíque de Tamour 
exalté et malheureux, qui frappa fortement les 
imaginations romanesques du xv« siécle (i). 
Nous ne nous occuperons non plus du fameux 
Juan de Mena, talent austére et elevé, généra- 
lement mal apprécié, dont il n'y a dans le 
Cancionero de Baena qu'une seule piéce insi- 



(i) MacíaSf sumommé el enamorado^ prototype de l'a- 
mour platonique, chantait un jour une de ses ballades 
extatíques dans une príson oü sa passion l'avait conduit. 
Iti'époux de la dame qui était l'objet de ees vers, dans un 
paroxisme de jalousie , langa sa javeline au poSte á tra- 
vets les barreaux, et le malheureux Macías expira, le nom 
de sa belle sur les lévres. 

yohan Rodríguez del Padrón^ dont la vie fíit un vérita- 
ble román, a laissé dans ses vers les traces d'ane pro- 



CANCIONERO DE BAENA 243 

gnifícante. — lis sorit trop connus, et appartien- 
nent plutót á la période poétique postérieure a 
celle de ce recueil. 

Les types que nous avons taché d*esquisser 
suffisent á donner une idee des caracteres de 
cette génération de poetes sans vraie poésie, 
dont rétude est néanmoins si intéressante pour 
rhistoire des arts, des idiomes et de la civilisa- 
tion des peuples de l'Europe occidentale. C'est 
en nous attachant á ees caracteres généraux, 
-et abstraction faite des individualités, que nous 
voudrions essayer maintenant de mesurer la 
valeur réelle de cette poésie. 

Malgré les lueurs de passion, malgré l'éléva- 
tion des idees et k travers la vivacité de quel- 
ques saillies, le tour souvent pittoresque des 
images, il est aisé de s*apercevoir que la poésie 
des troubadours du Cancionero manque de 



fonde sensibilité. Poussé par une passion infortunée, il 
s'exila de son pays, et courut á Jérusalem se faire reli- 
gieux du Saint Sépulcre , afin d'apaiser les orages de son 
coeur dans le silence du cloitre et dans les consolations 
de la priére. 

Garci Sánchez de Badajoz écrivit Lamentaciones de 
amores^ et autres poésies tendres et mélancoliques. Une 
cousine de ce troubadour lui inspira une si violente pas* 
-sion, qu'il en perdit la raison, et bientdt aprés la vie. 



244 CANCIONERO DE BAENA 

spontanéité et de grandeur; Tart y domine l'ins- 
piration. Pour les troubadours penseurs, la 
strophe n*est qu'un instrument d'argumenta- 
tion scolastique; les sentiments s'effacent sous 
les idees; leur muse ne chante pas, elle rai- 
sonne. Pour les troubadours légers, la poésie 
n*est qu*une sorte de filigrane métrique oü tout 
est sacrifié á l'art des vers, qui pour cela méme 
fait de rapides progrés. L'idiome acquiert dans 
ees escarmouches frivoles de l'esprit plus de 
souplesse et plus de forcé; mais le cceur, l'ima- 
gination, ees deux grands leviers de la vérita- 
ble inspiration, ont laissé de trop faibles traces 
au fond de cette poésie si artificiellé dans sa 
nai'veté. 

II est k remarquer que les esprits les moins 
eleves sont justement ceux qui se sont voués 
avec le plus d'ardeur et d'amour aux compli^ 
cations du métre et de la rime. Baena, par 
exemple, si peu scrupuleux en ce qui touche 
auxquestions morales, est un juge inexorable 
quand il faut discuter les frivolités de la forme. 
Le grand raffinement de Tart était alors de 
multiplier á l'infini les combinaisons savantes 
de la versification. II ne fallait pas, pour réussir 
en pareil jeu, une bien rare portee d^esprit- 



CANCIONERO DE BAENA 245 

Villasandino, qui était le prince des versifica- 
teurs et qui se trouvait ¡nitié á toutes les finesses 
du métier, mentionne, dans quelques vers oü 
il acense Lando de s'étre servi de Vart commun^ 
une partie des différents genres de composition 
qui constituaient Tart qu'on appelait maestría 
mayor ^ ou de alta calenda. Ces vers ne sont 
plus pour nous qu'un étrange et inintelligible 
j argón. Baena se montre d'une sévérité impito- 
yable á l'égard des artífices du style et des ca- 
prices du métre. «Son art n'est pas assez subtil; 
il est trop simple», s*écrie-t-il dédaigneusement 
á propos d*une pifece de Vélez de Guevara sur 
la mort d'Henri ÜI, écrite en vers croisés, ce qui 
dans un sujet sérieux était déjá, il nous sem- 
ble, d'un artifice suffisant. 

Baena a eu soin de faire entrer dans le Can- 
cionero toutes ses productions; il eüt pu en 
faire gráce á la postérité. Auteur lui-méme de 
cette anthologie, il lui est impossible d'acconi- 
pagner ses propres vers des remarques criti- 
ques dont il est si prodigue env'éi5^yÉfc>¿utres, 
«par la raison toute simple, dit-il in^^feient, 
qu'il ne peut pas s*encenser lui-méme» (i). Mal- 

(i) «Non es rrasonable nin conveniente cosa de las 
1 alabar nin loar.» (Page 422.) 



H6 

gté cette louable inteotios, 
ment qu'il luí échappe de do 
ges k une ou deux de ses pti 
Nous devons croire qu'il 
cela de préférence le genre c 
sait au plus éminent degré . ] 
gr&ce, forcé, ¿lan de rimagi 
point soup^onner que ce soiei 
importantes de la poésie. <¡, 
consdencieusement cettaine 
riellcs, il croit avoir atteínt a 
de perfection auquel il soit 
d'aspirer; aussi se livre-t-il a 
binaisons, aux procedes mét 
travagants. D porte jusqu'ál'. 
consomiances et les enlacem 
vers rimes entre eux ne sufli 
de ^tusse harmcoie qn'il recl 
les hémistiches, et encoré i 
redoublement d'échos, il va 
quatre rimes dans un seul vi 
Mu7 dyno vecino del lia 

Ce n'est pas senlement B 
l'exagération daos les com 
ques. Tous les troubadours c 



CANCIONERO DE BAENA 247 

de préférence les sujets graves s'évertuent k 
multíplier ees jeux des consonnances et font 
parade de leur richesse et de leur varíete. Nous 
trouvons un exemple de cette manie dans les 
vers d*un troubadour obscur, Juan García de 
Vinuesa, qui entasse les rimes au point d'en 
mettre jusqu'á clnq Tune k cóté de Tautre (i). 
Nous ne pouvons nous empécher de souríre 
aujourd'hui devant ees efforts, qui laissentbien 
loin derriére eux la science de versification des 
Provengaux. Cette poésie, toute de mécanisme, 
nous séduit peu. Ne la méprisons pas cependant. 
Cet amour passionné de la forme était alors un 
heureux symptdme de la civilisation renaissante. 
Les sociétés peu avancées goütent dans les 
arts plutót le cóté plastique que les rafñnemens 
intellectuels. D'ailleurs tous ees poetes n'exa- 
géraient pas: il en était plusieurs qui caden- 
gaient avec goút ees formes sveltes et libres, et 
savaient trouver dans des jeux fantasques> 
mais charmants d'harmonie, la vérítable musi- 
que de la pensée. Le grief sérieux qu'il nous 



(1) 

Fijos en mnger agena; 
que condena i grant pena^ 
é deüena (¿gare) la sirena 



348 CANCIONERO SE 1 

est pennis d'exprimer contre 
savante et symétrique des 
qu'elle fut cause de la dépré 
rent, au xiv et au xv siécle 
pression á la fois naive et fe 
populaires. A cóté de la po 
cherchée des clercs et des gr 
existait une autre poésie, i 
ment avec la langue elle-mén 
lie et f&tée d'abord dans les 
cháteaux, en avaít été tianí 
lettrés avaient fait prévaloii 
tention d'élever á l'état de íi 
ments du sentiment poétique 
Ces deux poésies étaient í 
rivales. L'une, artiíicielle , 
exer^it une suprématie líttí 
mitée; l'autre, fiere et libr 
humble et dédaignée dans la f 
méme sa valeur, et n'aspirait j 
de la rivalité. La gaya scienci 
la poésie énidite en un mot, a 
tíons magistrales, mettait s. 
élaboration ingénieuse ou savante , et se perdait 
ainsi dans les subtilités du sentiment ou dans 
les divagations de l'esprit; elle était lyrique et 



CANCIONERO DE BAENA 249 

se nourrissait d'amour, de dévotion, de satire, 
de philosophie. La poésie du peuple au con- 
traire, spontanée, sans fard et sans orgueil, se 
souciait peu des délicatesses de la forme ; elle 
dédaignait la rime, et, satisfaite de Tharmonie 
apréable, mais incompléte des assonnances, elle 
se livrait tout entiére aux souvenirs historiques, 
aux récits de guerre a la gloire des héros cas- 
tillans, á la míuiifestation des sentiments nobles 
et eleves qui vivaient dans les traditions et 
dans les instincts populaires. 

Au xvi« et au xv® siécles, un abime séparait 
la poésie érudite des productions de la muse du 
peuple. Les troubadours et les rhétoriciens 
n'avaient pour les récits des chanteurs popu- 
laires qu'un profond mépris. Le savant don En- 
rique de Aragón les passe sous un dédaigneux 
silence dans son Arte de trovar » J de la gaya 
sciencia; le marquis de Santillana n'est pas 
moins sév^re: «Poetes infimes , dit-il, sontceux 
qui, sans ordre, ni regle, ni mesure, compo- 
sent ees romances et ees chants qui font un si 
grand plaisir aux gens de condition basse et 
servile (i).> 



(i) «ínfimos son aquellos que, sin ningún orden, regla 



dant le peuple n'avait pas tort; 
13 le savoir, gracd critique comme 

grand poete. Quel síngulier contraste! 
ui3 de SantUlana, I'esprit le plus let- 
étre de son temps, est en cette occa- 

plus mauvais juge que ees gens d'hum- 
ition dont il parle si superbement; tant 
i que, pour bien saisir la beauté et la 

des ccuvres de l'art, i! faut étre ani- 
sprít qui les a produites, Íl faut sentir 

ame l'éclio de l'inspiration dont elles 
eflet. Bien grand eü été fétonnemenl 
ais de SantiUana, si on avait pu lui diré 
>stérité, donnant raison contre lui i ce 
rnorant, placerait ees poetes infimes 
lessus des troubadonrs savans qu'il es- 
baut. 

de devait encoré s'écouler avant que 
Int á soup^onner les trésors de poésie 
iré nationale renfermés dans les roman- 
:ontemporains de Santillana pensaient 
: lui, et les compilateurs 



racen estos romances í cantares, de que la 
é de servil condición se slegra. > (LttCrt au 
ií PertugaJ.) 



1 

itel I 



CANCIONERO DB BABNA 351 

d'anthologies se gardaient bien alors d'accor- 
der une place dans les cancioneros á des poé* 
sies que Ton croyait dénuées de tout mérite. 
Dans le recueil de Baena, ainsi que dans pres* 
que tous les autres, il n y a pas de romances; 
c'est par hasard qu'il s'en est glissé un seul dans 
1« cancionero de Lope de Stúñiga, compilé 
en 144S (i), C'est une rare bonne fortune que 
de rencontrer un romance^ tel qu'il fut com- 
posé, avec ses erreurs et sa nide naíveté de 
l^^g^e* Aussi nous n'hésitons pas á citer dans 
son ei^semble le poéme dont nous venons de 
parler. C'est une touchante plainte d'amour que 
Ton suppose prononcée par la reine d 'Aragón, 
épouse d'Alphonse le Magnanime, que l'a sou- 
vent délaissée pour aller disputer le royanme 
de Naples. On sait que la fídélité conji^ale 
n'était pas le beau cóté de ce grand roL Cepen- 
dant la reine, qui parait avoir été une tres ver- 
tueuse femme, s'en prend uniquement aux 
projets ambitieux de son mari: 

«La reine doña María, lachaste épouse d'Al- 
phonse le Grand, la filie du roi de Castille, 



(i) Manuscrít in-folio de la Bibliothéque Nationale d» 
Madrid. 



352 CANCIONERO DE BAENA 

s'était retirée dans le temple Elle étalt vétue 

de blanc, et portait une ceínture d'or, un col- 
lier de jarres avec un griffon pendant (i), un 
Tosaire dans les mains et une couronne de pal- 
mes de la Terre-Sainte. 

>Sa pri&re ñnie, elle était ploi^ée dans la 
trístesse, et elle s'écria au mitieu de ses sanglots 
et de ses larmes: Je maudis ma destinée, qui 
s'achame ainsi i me tourroenter. Puisque je 
devds étre si malheureuse, mieux eüt valu pour 
moi mourir en naissant. En expirant ainsi une 
fois pour toujours, je me serais épargné de souf- 
frir mille morts chaqué jour, ou bien j'aurais 
dú mourir au moment oü mon époux et mon 
maitre me faisait ses adieux pour s'en aller en 
Barbarie. Les clairons sonnaient, les équipages 
se rassemblaient; tous se hátaient sans pitié 
pour moi. Ceux-ci hissaient les voiles, ceux-lá 
ramaient; les uns entraient, d'autres sortaient; 
ici on levait les ancres, lá on dénouait les amar- 
res; c'était k qui déchirerait le plus mon coeur 
et mes entrailles. Le tumulte était si grand, 
qu'on aurait pu croire que la machine du monde 



CANCIONERO DE BAENA 255 

allait s'écrouler. Qui a jamáis souffert une dou- 
leur pareille á celle que je ressentais en ce mo- 
ment? Quand la flotte fit voile avec tout son 
cortége,. je demeurai dans Tisolement d'une 
veuve désolée; mes facultes étaient éteintes, mon 
ame m'avait presque abandonnée; en vainje 
chercháis des consolations ; dans ma douleur, 
j*invoquai la mort; elle n'exauga pas mes prié- 
res. Je m'écriai avec des accents courroucés: 
Sois maudite, Italie, toi qui es la cause de mon 
malheur! Que t*ai-je fait, reine Jeanne, pour 
que tu troubles ainsi ma felicité, en me prenant 
mon mari pour en faire tons fils? (i). Tu m'as 
fait perdre les joies que j'attendais de ma jeu- 

nesse O ma mere! tu dois déplorer d'avoir 

donné le jour á une telle filie! Tu m'as donné 
pour mari un César pour qui le monde était 
étroit. Courageux, savant, il n*est pas né pour 
étre commandé, mais pour dominer ceux qui 
commandent. Le sort, envieux de ce que je 
jouissais d'un tel bonheur, lui a offert de hautes 
destinées que son coeur magnanime aimait á 
réaliser. II a presenté á ses yeux la nouvelle 



(i) L'on sait que la reine Jeanne de Naples, voulant 
s'assuier un protecteur, adopta Alphonse V d' Aragón. 



254 CANCIONERO DE BASNA 

«ntreprise du royaume de Sicile, et lui, — obéis- 
sant á la plañóte Mars, déesse de la chevale- 
Tie, — a qtiitté ses domaines et ses royaumes 
pour conquerir ceux des autres. Malheureuse! 
je n*ai que vingt-deux ans, et il m*abandonne 
pour imposer ses lois á Tltalie, pour comman- 
der aux plus puissants, pour subjuguer ceux 
qui semblaient le redouter le moins (i).> 

Nous voilá loin des méditations scolastiques, 
des concetti, des tours de versification. Ici, ríen 
que narration ou sentiment. Tout est vie et 
mouvement Quelle forcé! quel naturel! La 
malheureuse reine décrit sa douleur avec une 



(i) Voici un spécimen du texte de ce channant ro- 
mance-, 

Retraida estaba la Reyna, 
la casta doña María, 
mujer de Alfonso y\ Magno, 
fija del Rey de Castilla, 
en el templo..... 
Vestida estaba da blanco, 
un parche de oro ceftia, 
collar de jarras al cuello 
con un grifo que pendia; 
pater-noster en sus manos, 
corona de palmeria. 
Acabada su oración, 
como quien planto fasia, 
mucho mas triste que leda, 
sosperando asy desia: 
€ Maldigo la mi fortuna», etc. 



CANaONERO DE BABNA 255 

vérité que tout Tart des poetes lettrés ne sau- 
rait égaler; elle acense la reine Jeanne, elle 
mandit Tltalie, mais avec quel soin délicat elle 
épargne son mari au milieu de son désespoir! 
Elle n'ose pas s*avouer qu'il la sacrifie á ses 
vnes de conquéte, et, avec ce tact que la na- 
ture seule inspire, elle fait l'éloge d'Alphonse 
comme pour chercher dans la grandeur de son 
caractere la justifícation de son ambition. 

C'est dans les romances qu'il faut étudier la 
poésie épique des Esps^ols au Moyen-áge. 
Tous les cancioneros^ si importants d*ailleurs 
pour connaitxe la marche des moeurs et des 
idees, ne valent pas, sous ce rapport, un sim- 
ple romance. Cependant le faux goút qui régnait 
au XV* siécle devint funeste k la poésie popu- 
laire. L'imprimerie, introduite en Espagne en 
1468, favorisa le triomphe des écrivains lettrés 
sur les na'ífs auteurs des romances, C*est un 
fait bien remarquable que les premiers livres 
produits par les presses espagnoles soient deux 
ouvrages littéraires: VOpuscule Grammatical 
de Bartolomé Mates, imprimé á Barcelone par 
l'allemand Jean Gherlino le 9 octobre 1468 (i), 



(i) Dissertation publlée & Vich par don Jaime Ripoll 



256 CANCIONERO DE BAENA 

et une coUection de vers de quarante poetes 
{Les Trobes en lahors de la Verge Maria\ im- 
primée á Valence en 1474. 

La poésie érudite obtint plusieurs fois au 
xv« siécle les honneurs de ce moyen nouveau 
et fécond de publicité ; la poésie des classes po- 
pulaires fut écartée des coUections imprimées 
ainsi qu'elle Tavait été des collectioñs manus- 
crites. Ce n*est qu'en 1511, dans le Cancionero 
general com^Wé par Hernando del Castillo, que 
nous trouvons quelques vieux romances impri- 
mes. Vers le milieu du xvi« siécle seulement, 
on conmienga á sentir tout le prix de cette no- 



(1833, m-40). — Le savant évéque d'Astorga don Félix 
Torres Amat examina consciencieusement le livre de 
Mates, qui appartenait á l'érudit chanoine de Vich den 
Jaime RipoU, et acquit la conviction qu'il avait été im- 
primé en 1468. L'Évéque lui-méme copia le titre et la 
date du livre. Voici le titre : Pro condenáis oraHonibus 
juxta grammaiicas leges litteraHssimi auctoris Bartholo^ 
mei Mates Ubellus exorditur* 

La date: Mira arte impresso per Joannem Gherlinc 

alamanum^ finitur Barcinone nonis octobris anni a nati- 
vitate Chrisñ MCCCCLXVIIL 

{Diccionario Crítico de los Escritores catalanes^ 1836, pá- 
gina 412.) 

Cependant, les érudits de Valence ne sont pas con- 
vaincus. lis persistent á revendiquer en faveur de leur 
illustre ville l'honneur de la priorité de l'introduction de 
Tart typographique en Espagne. 




GA19CIONERO DB BAENA 2 $7 

ble poésie, marquée d'une si profonde emprein- 
te de grandeur et de natíonalité. Les romances 
apparaissent comme «tombés du ciel {como llo- 
vidos)*, selon Texpression pittoresque de M. le 
marquis de Pidal. C'est alors qu'Esteban de 
Nájera eut l'heureuse idee de reunir les roman- 
ces complets, ainsi que les fragments qu'il put 
recueillir d*aprés la traditíon órale, ou, comme 
il le dit lui-méme pour excuser les imperfec- 

tions de son travsdl, «en consultant la mémoire 
du peuple^. Sa coUectíon, imprimée á Sara- 

gosse (1550) sous ce titre: Silva de romances^ 
fut le premier exemple de ees nombreux ro- 
manceros^ si souvent reimprimes de nos jours, 
et dont Charles Nodier disait avec enthousias- 
me qu*une éditíon complete et princeps «vau- 
drait la rangon d*un ro¡» (i). 

L'origine des romances se perd dans les ori- 
gines méme de Tidiome castillan. Dans le Poé- 
me du Cid et dans la Chronique rimée (xn« sié- 



(i) M. Duran, chef de la Bibliothéque Natíonale de 
Madrid, a réalísé une partíe des voeux de Nodier. Son 
Jtomanctro^ dont le second volume a para en 1851, est 
sans doute, par l'abondance comme par le choix des 
matléres, la meilleure collection de ce genre qni ait tu le 
jour jnsqa'li présent. 

cxvi 17 



i 

•i 



X 



~^ 



f.. 



258 CANCIONERO DK BA^NA 

ele), on trouve le vers octosyllabe, qui prévalut 
exclusivement dans ce genre de poésie (i). On 
apergoit aussi la trace des romances dans le 
code des Partidas (1260), d*Alphonse-le-Sa- 
vant (2), et dans la Chronica general^ compo- 
sée sous les auspices de ce monarque. C'étaient 
encoré tres vraisemblablement des romances^ 
les chants populaires dans lesquels on célébrait 
des 1 140 les exploits du Cid (3). La forme, re- 
lativement épurée', de langage, de style et de 
versifícation oü nous sont parvenus les roman- 
ces ^ méme les plus anciens, tels que ceux du 
Cid^ du Comte Claros^ de la Sainte-Croix 
d* Oviedo^ du Comte Alar eos ^ du Desastre de 
Guadalete^ prouve que ees chants, en passant 



(i) Voyez les obsenrations faites á ce sojet par M. de 
Pidal, dans la belle introductíon qui precede le Cancio' 
ñero de Baena, 

(2) C'est á tort que la qaalificatíon de sabio ^ applíquée 
par les Espagnob á Alphonse X» a été presque toujoars 
rendue en franfais par le mot sage, qui répond aussi mal 
á l'idée espagnole qu'aux véritables qualités de ce roL 

(3) TiCKNOR, History, etc., chap. VT. Ce fait est cons- 
taté par un poSme sur la conquéte d'Almeria, composé 
aa xn* siécle en latín barbare. Voici les vers qui le 
rapportent: 

IpM Roderieas mió Cid semper yocatat 

D« quo oantatar qaod ab hottibat and suporatos..... (Y« t>o*) 



CANCIONERO DE BAENA 259 

par la voie órale de génératíon en génération, 
ont subi des modifications inevitables qui, heu- 
reusement, n*ont pas alteré Fesprit natif et pro- 
fondément original des monuments de Timagi- 
nation populaire. On a dit que c'est une grande 
poésie sans grand poete. Soit: ees chants 
n'offrent pas, il est vrai, un nom k livrer á Tad- 
miration de la postérité ; mais qu'importe? leur 
individuante se trouve dans leur profond cachet 
national. Le grand poete n'est pas un honune: 
c'est tout un peuple. Ces chants anonymes, 
sans artífice comme sans ambitíon, sont le té- 
moignage le plus incontestable et le plus écla- 
tant des mceurs et du caractére de la race cas- 
tíUane. 

II n'en est pas de méme, nous sommes forcé 
de le reconnaitre, des chants recueillis dans le 
Cancionero de Baena, On a remarqué avec 
étonnement que cette poésie des grands et des 
érudits n'est pas , comme Test en general toute 
oeuvre d'art, le reflet du mouvement et des 
plus sérieux intéréts de la société contempo- 
raine. Rien de plus étrange en effet que de voir 
s'épañcher en effusions métaphysiques d*un 
amour éthéré, ou bien en abstractíons philoso- 
phiques, des gens qui vivaient au milieu des 



CANCIONEKO DS BABNA 

s de la guerre et de l'anarchie. Le comte 
eina, ce vaillant et rude guerrier, dicte á 
Eindioo des fadaises rímées pour la com- 
sa femtne ; le connétable don Alvaro de 
rhomme d'état éncrgiquc et entrepre- 
portc jusqu'á rimpiété la frivolité de ses 
l'amour (i); le romanesque Suero de Qui- 
, et Juan de Merlo, et tant d'autres iUus- 
lievaliers, rompus au tumultedes factions 
í batailles, ofTrent encoré l'exemple de 
trompeuse placidité d'esprit. iC'est en 
remarque M. de Pidal, que Ton cherche 
eurs vers le moindre reñet de la vie ac- 
et efTective, et si nous n'en avions pas 
es témoignages, on pourrait prender cet 
e trouble et de violence pciw la réalisa- 
"une heureuse et tendré Arcadie.» Cette 
euse reflexión, qui serait peut-¿tre appli- 
k d'autres temps ou <i d'autres littératu- 
estpas, ce me semble, d'une complete 



Si Dioi, BDnUD S^vutor, 

Poen mi campclldor. 
lien, notre Siavenr, descendiiC poní prendre acic 
leíaitmon livil.i {Caníimura mantucrit delabU 
)ae parücvlitn) du rol d'Espsgne.) 



CANCIONERO DB BABNA 201 

exactítude pur rapport á la poésie du Cancio^ 
ñero de Baena. II faut du moins convenir qu'elle 
ne serait ni bien ríante ni bien pastorale une 
Arcadie qui produirait des poetes aussi som- 
bres et aussi chagrins que Talayera, Martínez 
de Medina, Páez de Ribera et plusieurs autres. 

L'anomalie signilée par M. de Pidal n'en est 
pas moins evidente á certains égards. La gloire 
des armes, les victoires sur les infideles, les 
luttes sanglantes des partís, tout le mouvement 
d'une existence essentiellement guerriére et 
politíque disparait sous le faux vernis de cette 
poésie subtíle et maniérée. Ces troubadours 
grands seigneurs, qui tiennent toujours sous 
leur plume les noms d' Achule, d'Alexandre, de 
César, de Scipion, d'Annibal, d'Amurates et de 
tant d'autres héros appartenant á leur bs^age 
obligé d'éruditíon, oublientcomme á plaisir les 
gloríeux exploits de leurs ancétres, et c'est á 
peine si les noms du Cid et du Comte Fernán 
González apparaissent une ou deux fois dans 
ce volumineux recueil. 

S'il arrive, par exemple, aux poetes érudits 
de s'occuper d*un des grands événements dont 
ils sont les témbins, ils le font, pour ainsi diré, 
de mauvaise gráce et avec une allure embar- 



203 CAKCION1ÉR6' Dtf BAENA 

rassée et glaciale. Nous jindiquerons á ce pro- 
pos la piéce sur la Bataille d' Olmedo^ «l'acte 
le plus crii^inel de ees temps-lá», selon Tex- 
pression d'un contemporaín. Cette sanglante 
bataille, qui fut en eííet un des grands scanda- 
les politíques de l'époque, et dont les suites 
exercérent une si puissante inñuence en faveur 
de rautorité royale chancellante, n'arrache pas 
k r&me monarchique de Juan de Viena un seul 
cri d'indignation; elle lui inspire uniquement 
quelques extravagantes formules d*adüla- 
tion (i). La bataille d' Antequera, les expédi- 
tions de Ronda et de Setenil, la célebre tala de 
la vega (dévastation de la campagne) de Gre- 
nade, la victoire remportée sur les Maures par 
Rodrigo de Narváez, alcaide (gouverneur) 
d* Antequera, dans Tendroit appelé depuis Tour 
du Massacre {Torre de la Matanza)^ tous les 
faits d'armes enñn oü lá noblesse áe montrait 
si intrépide, rencontrent dans la poésie érudite, 
ou Toubli absolu, ou Tabsence la plus complete 
d'inspiration et d'esprit national. Comparez á 
ees froides amplifícations le moindre des ro- 



(i) Joan de Viena appelle Jean 11: «Rey plus quam 
perfetOY. 



CANCIONERO DE BAENA 263 

manees historiques. Le génie national, la gloi- 
re, la foi, les traditions, tout est vivace et pal- 
pitan! dans cette simple et vigoureuse poésie. 
• Par une bizarre aberration, les seigneurs fai- 
saiént des chansons pendant que. le peuple fai- 
sait de répopée ; l'aristocratie, qui accomplis- 
sait les exploits, ne savait pas les chanter; le 
peüple se chargeait de perpétuer la gloire de 
Taristocratie, et dans son enthousiasme faisait, 
sans le savoir, Tapothéose des grands noms de 
son pays. « Quel contraste ! dit avec raison M. de 
Pidal; tandis que les poetes aristocratiques et 
courtisáns oublient ainsi les hauts faits de leur 
patrie, les poetes populaires, qui n'étaient pas 
des chevaliers, célébrent dans leurs chantset 
dans leurs romances les combats et les triom- 
phes contre les infideles, exaltent les entrepri- 
ses de la chevalerie et créent une renomméc 
immortelle aux héroiques défenseurs de leur 
patrie. » 

II ne serait pas aisé d*expliquer avec preci- 
sión Cette espéce de phénoméne moral. M. de 
Pidal paraít en voir la cause principale dans la 
tendance de la poésie féodale á s'éloigner de la 
poésie populaire. U est impossible de mécon- 
naftre Tinfluence probable de cette. .impulsión 




CANCIONBBO DE BABNA 

¡líente; mais un tel ant^onisme, qut dut 
:, nous le croyons, plutAt instinctir que sys- 
latique, ne suffit pa3 ^ expliquer nettemcnt 
iifférence apparente des troubadours aria- 
atiques pour leurs gloires militaires ou cclles 
leurs anc6tres, Cette singuliére insoudance 
it pas uniquement inherente á la poésie sa- 
te de la CastíUe. On la retrouvc partout k 
méme époque, et il est permis de croire 
lile tient k des causes plus genérales qui se 
lortent anx premiers phénoménes íntellec- 
is de la Renaissance. Le fib de Valentine de 
, Charles d'Orléans, contemporain des 
-tes du CaMcioftero de Baena (i), a porté plus 
peut-fitre que tous les autres cette indifTé- 
;e incroyable du guerrier pour la gloire , de 
|inme pour ses plus intimes afTections, du 
ingaís pour les malheurs de sa patrie. Ni 
iassinat de son p^e, ni le spectacte des re- 
^^^ de la France, ni la raort de Bonne d'Ar- 
ff"^»" ^^Jnac qu'il adorait, ni sa captívité de vingt- 
^^r ^^k ans, ni la désastreuse bataille d'Azincourt, 
^ il fut fait prisonnier, ni le tnartyre de la su- 
_ie vierge de Vaucouleurs, n'ont arraché k 




í^i 




CANCIONERO DK BAENA 265 

Charles de Orléans un seul cri de véritable pas- 
sion (i). 

De telles singularités ne s'explíquent poínt 
par une coupable indifférence pour les grands 
intéréts qui préoccupaient les sociétés du Mo- 
yen-áge. Non, sans doute; il faut en chercher la 
cause dans Tempire d'une doctrine littéraire 
erronée. C'est h une fausse poétíque dont leslois 
étaient incompatibles avec le cuite de la nature 
et de la vérité, que nous devons cette malheu- 
reuse littérature érudite qui , au premier aspect, 
parait reproduire si peu l'image de la société 
qui lui donna naissance. Néanmoins, en Texa- 
minant de plus prés, on demeure convaincu que 
ce divorce méme entre la pensée et l'action est 
encoré un signe de cette période extraordi- 
n&ire. Un des traits les plus caractéristiques et 
les plus singuliers du Moyen-áge, c'est le con- 
traste perpétuel entre la violence matéríelle du 
régime féodal et Tidéalisme délicat des réveries 
mystiques 

Conduite sur les ailes de la spiritualité chré- 



' (i) < Prince de France , il eat de I'or pour les parents 
de Jeanne d*Arc; et poete, il n'eut pas un hfmne pour 
su mémoire. »— (Dbmogbot, fíist, delalMUrature Fran^ 
íoise,) 



Cancionero de baena 

, rimagination se langait dans de belles 
isolantes chiméres; elle tendait ainsi k 
nchir des chaines lourdes et grossiéres 
¡trouvait dans l'existence Hositive. A l'an- 
e la Renaissancc, les arts rcgurent cette 
impulsión. Dante lui-méme, poussé par ses 
timents et son génie vers toutes les terrí- 
íalités de son temps, les élhve et les spi- 
X en les traasportant dans les sphéres 
tiques oü il fait agir scs audadeuses créa- 
Le platonisme de l'amour, qui faiaait de 
me un étre presque surnaturel, une es- 
i'abstraction, fut encoré pulsé k la mCme 
;. Toute la poesía de Pétrarque releve de 
lisposition des esprits. II sufSt de lire son 
pie de la Morí, si justement admiré, pour 
ivaincre que l'adoratíon vouée k Laure 
grand poete n'est qu'une halludnation 
ne qui ti'a ríen de la tendresse humaine; 
urtout un pretexte fécond pour exhaler 
>limes délicatesses de son esprít En per- 
dure, U ne défie pas la destinée conune 
Romeo dans une sitnation analogue. II 
! trop d'esprit pour qu'on puisse croire i 
érité de sa douleur. Quand I'ombre d? 
lui apparait, il a le triste cour^e de luí 




CANXIONERO DK BAKNA ¿67 

adresser des questions curieuses sur les incon- 
véniensde la mort (i). II lui demande s'il doit 
lui survivre longtemps, et on s'explique la froi- 
deur laconique avec laquelle Laure lui répond: 

Al credermio 

Tu stará in térra senza me gran tempo. 

Pétrarque écoute cette replique en silence: 
on dirait qu'íl s'accommode volontíers d'une 
prédiction qui lui permet encoré d'espérer de 
longs jours. Dante lui-méme, qui en quelques 
traits a su ébaucher dans Tépisode de Fran- 
(oise de Rimini les émotions du véritable amour, 
laisse assez apercevoir que sa Béatrice est plu* 
tdt un type ideal que le souvenir d'une femme 
aimée (2). 

Les recherches biographiques sont venues 
éclairer d*un jour trop complet les circonstan- 
ces de la vie de ees deux grands poetes pour 



(I) 

« Deh! dimmi se il morir ¿ si gran pena...*.» 

(2) Dante nous apprend, dans le Convite t quelle fut, 
mprés réblooissement amoureox de sa premiére jeunesse, 
la nature de son sentünent pour Béatrice: c Par ma dame 
j'entends toujoors parler de cette lamiere paissante,/Ai- 
losophie^ dont les.rayons font fructifíer la véritable no- 
blesse de Thomme. > 



^ 



$66 CANCIONSRO DB BABNA 

qu'on puisse se méprendre sur la ligne de dé- 
marcatíon bien arrétée qui existe entre leur 
platonisme et leur amour mondain. Dante et 
Pétrarque ne s'adressent k leurs beautés fantas^ 
tiques que comme á des objets de dévotion, et 
s'il jaillit des vers qu'ils leur consacrent quelque 
étincelle d'amour terrestre, c'est que le poete, 
et surtout le poete de génie, ne se dégage ja- 
máis complétement de ses passions humaines. 
Laure apparait k Pétrarque dans une église 
pendant la semaine sainte. Dante fait de Béa- 
trice le symbole de la théologie, et la place avec 
une dévotion impie prés de Dieu et au-dessus 
des saints. Boccace, dont les oeuvres respirent 
une vie si forte et souvent si sensuelle et si 
impure, a encoré son fantóme d'amour, sa 
Fiammetta, que, par une coíncidence singuliére 
avec Pétrarque, il rencontre aussi dans une 
église. Á en juger par l'exaltation inalterable 
de leurs vers amoureux, on croirait que tous 
ees poetes sont des modeles de ñdélité , et que 
leur vie s'écoule dans une perpétuelle extase 
d'amour. Regardez néanmoins de plus prés, 
vous serez saisis d'étonnement: á cóté de Béa- 
trice vous trouverez Gemma, l'épouse féconde 
et tracassiére de Dante, qui a été comparée k 



CANCIONERO DK BABNA S69 

la Xantippe de Socrate (i); á c6té de Laure et 
de Fiammetta, vous voyez d'autres femmes qui 
n'ont ríen d'éthéré, et qui ont donné á Pétrar- 
que et á Boccace toute une phalange d'enfants 
naturels! 

Si Ton considere, en outre, que le spectacle 
de la vie réelle est rarement poétique aux yeux 
des contemporains, on aura toute Texplication 
de la poésie serieuse du Cancionero^ que nous 
trouvons si vide de sentiments et d*action. 
• En resume, ce qui domine dans la poésie 
dont le Cancionero de Baena est un si précieux 
témoignage, c'est un bizarre contraste entre les 
inspirations du poete et Pépoque oü il écrit. 
Cette horreur des faits réels, cet hymne mono- 
tone d'un amour qui ne part pas du coeur, cette 
philosophiedécouragée, morale ou théologique, 
cette absence d*esprit guerrier, de forcé, de 
▼italité, tous ees caracteres négatifs enñn, qui 
font aujourd*hui le mauvais c6té de cette poé- 
sie, en fasaient alors le succés. Nous y vou- 
dríons trouvers les luttes, Tanarchie, les violen- 



(i) « Admodüm morosa, nt de Xantippe, Socratis phi- 
losophi ¿onjuge , scriptum esse legimos. > 

(Giannozzo Manetti , Secrétaire apostolique du pontífs 
Nicolás V.) 



V 



CANCIONERO DK BAKNA 

ude vigueur dea sentiments et des ac- 
'cst-i-dire prédsement tout ce que les 
erudita prenaient k t&che d'eviter. Os 
it avant tout Taire de l'art, et l'art 
ait mal i cette époque avec la réalité. 
■té était poussée par un irresistible ins- 
rs des sph^es inconnues de science et 
e. La poésie, conune le remarque avec 

M. de Pidal, n'y gagnait pas beaucoup; 
y gagnait assurément, c'était la dvilisa- 
idairé maintenant sur la place qu'occu- 
I caxcioneros dans l'histoire littéraire, 
avons plus qu'& les caractéríser dans 
pports avec l'histoire de la sodété es- 

ou plutdt de l'Europc entigrc á la fin 
en-4ge. 



CANCIONERO DE BABNA 271 



III 



On est d'abord singuliérement frappé de 
rétrange diversité que Ton remarque dans la 
conditíon hiérarchique des différens auteurs 
réunis dans le Cancionero, Prínces, hommes 
d'état, guerriers célebres, nobles du plus haut 
parage, austéres théologiens, se trouvent con- 
fondus avec des poetes de métier, des Juifs et 
des Maures. Le mouvement des esprits qui ten* 
dait á bríser le joug grossier du Moyen-áge se 
props^eait de plus en plus. Toutes les classes 
cultivaient la poésie. Source de protection 
pour les uns, passe-temps vaniteux pour les 
autres, vocation sincere pour quelques-uns, la 
poésie était devenue pour la societé entiére 
une mode, presque un besoin. Cétait un mo- 
yen puissant de civilisation qui tempérait la 
rudesse des moeurs, et qui, malgré les préjugés 
nobiliaires de la féodalité, établissait une sorte 
de confratemité entre des hommes places áur 
les degrés les plus opposés de Téchelle so- 
ciale. II ne répugnait pas á tout ce qu'il y avait 
en 'Castille au xv« siécle de plus elevé par 



lyz CANCIONBKO DE BABKA 

rimportance ou le prestige des fonctíons d'en> 
trer en lutte littéraire et méme en rapports 
personnels avec tout ce [qu*il y avait de plus 
humble et de plus dédaigné. C'est ainsi que Vil- 
lasandíno, espece d'aventurier parasite, Mon- 
tero e¡ Ropero (le fripier), Maítre-Jean el Tre- 
pador (le hamacheur) , Gabriel el Tañedor (le 
joueur d'instruments) , Jean de Valladolid desi- 
gné par le sobriquet de Jean-PoéUy fils, au diré 
de ses contemporains, du bourreau de Valla- 
dolid et d'une filie d*auberge (i), Mondragon 
eltnozo de espuela (le valet d'éperon, espece de 
palefrenier) et quelques autres rimeurs de pa- 
reille engeance obtinrent souvent la protection 
des roís; ils entrérent en correspondance et en 
communication plus ou moins amicale avec 
rarchevéque de Toléde don Pedro Tenorio, le 
marquis de Santillana, le duc de Medina-Sido- 
nia, le comte de Cabra et plusieurs autres per- 
sonnages non moins éminents des régnes de 
Jean II, Henri IV et Isabelle-la-Catholique. Ja- 



(I) 



pues sabéis quién es tu padrtf 
un yerdngo y pregonero; 
y queréis reír? so madre 
criada de vn mesonero. 

Montoro, á Juan Poeta, M. S. 



CANCIONERO DE BAENA 275 

mais on n*avait pu diré avec plus de raison 
que la seule vraie république, c*est la républi-^ 
que des lettres. 

Un des faits qui ressortent encoré du Can- 
cionero de Baena , c*est la liberté de moeurs et 
Toubli des convenances morales qui régnaient 

á la cour de Jean n. Cette cour de Castille, si 

» 

renommée au Moyen-áge par son élégance et 
sa splendeur, qui trois siécles auparavant avai- 
déjá mérité d'étre proclamée la premiére d'ent 
tre les cours par Tempereur Frédéric Barbe- 
rousse, et qui, était parvenue dans les formali- 
tés cérémonieuses de la maison royale aux 
rafinements les plus compliques, avait á peine, 
sous le régne de Jean 11, le sentiment de la dé- 
cence et de la dignité. Don Enrique d'Aragon,^ 
un des hommes les plus graves de son temps,^ 
ne croyait pas abaisser son intelligence en dé- 
taillant du ton le plus solennel, dans son Arte 
cisoria (i), les mille formes sévéres et minu- 
tieuses auxquelles il fallait étre initié pour ex- 
celler dans Vart de découper les viandes á la 



(i) D Art de t Écuyer tranchanU C'est sans doute par 
méprise qu'un historien de la littérature espagnole, M. de 
Puibusque, a tradoit le titre de cet ouyrage, Arte Cisoria^ 
par cest mots: Art du Ciseleur, 

cxvi I 8 



274 CANCIONERO DE BABNA 

table des princes, et tandis que pour les exi- 
gences de l'étiquette la cour s'entourait d*une 
foule innombrable de charges (i), le roi lui- 
méme ne voyait nul inconvénient á recevoir de 
la main d'un Juif convertí un recueil oü il se 
trouve des piéces du plus mauvais goút et de 
la plus abjecte familiarité, parfois méme d'un 
cynisme révoltant. Le dezir (n° 104) fait contre 
une dame, comme dit naívement Baena, d ma- 
nera de disfantacióny par un chevalier vindica- 
tif dont elle avait repoussé la tendresse (2), 
dépasse de beaucoup dans Texpression la 
licence des farces impudiques de l'Arétin et 
l'ode vin des Épodes d'Horace ainsi que la 
petite piéce de Catulle contre Emilius, ees 
deux hideux échantillons de l'obscénité an- 
tique. 

Dans plusieurs des petites notices que Baena 
met en tete de chacune des poésies du Cañeta^ 
nero^ il parle, — comme s'il s*agissait d'une 




(i) Mayordomo mayor ^ escudero mayor ^ maestresala, 
guarda mayor, capero mayor, camarero mayor, etc. 

(2) Par un sentiment bien naturel de convenance, on 
a retranché , dans Tédition de Madrid, plusieurs passages 
de cette chanson. On a cependant imprimé la piéce 
complete, en feuille détachée, á un tres petit nombre 
d'exemplaires. 



CANCIONERO DE BAENA 275 

chose toute simple et parfaitement regué,— 
des maítresses du roi Henri II, doña Juana de 
Sosa, doña María de Cárcamo , et aussi de la 
belle Isabel González, maitresse du comte de 
Niebla, en les désignant toutes les trois du nom 
trop expresif de manceba (concubine). II ne 
s'arréte pas toujours á cette expression qui, 
bien que tant soit peu téméraire, suppose néan- 
moins une certaine retenue : pour désigner une 
courtisane de la ville de Léon, il va jusqu'á se 
servir d'une qualiñcation empruntée aux ter- 
mes les plus impudiques du langage populaire 

(n*" 499). 
Ce n'est point 1^ toutefois que se bornent les 

témoignages que fournit le Cancionero de 

Baena sur Tanarchie morale qui régnait en 

Castille dans la premiére moitié du xv« siécle. 

Nous croyons en trouver la preuve la plus 

éclatante dans la naíve effronterie avec laquelle 

des hommes d'église, savants, respectes et d'un 

rang considerable , se mélaient au mouvement 

d'une poésie amoureuse, tres peu mystique, et 

abdiquaient ainsi la circonspection imposée a 

leur ministére sacre. Ici c'est un moine qui, 

pour repondré á la question d'un poete , préte, 

pour ainsi diré, sa muse á la jolie maitresse du 



I 



"^ 



de Niebla, laquelle, h ce qu'il paraít, 
ité en état de repondré elle-méme (i). 
in, c'est l'archidíacre de Toro, qui 
ñ en l'honneur de su señora (de sa 
es vers animes du plus tendré amour. 

surtout le franciscain fray Diego de 
i qui nous offre Texemple le plus 
du reláchement oíi était tombée la so< 
incale de l'époque. Fray Diego n'était 
e ees moines ignorants et mondains, 
squels le froc était un masque et le 
me prison. Eh bien, qui le croiraití ce 
íroiüt i sabio varón, comme l'appelle 
M docteur veneré, qui était particulié- 

versé dans la science théologique] de 
sité de Paris, dont il cite les écrivains 
[ues alors si célebres. Fierre Lombard 
andre de Hales, s'oublie jusqu'á se 

champion poétiquc d'une courtisane 

espÉce, la' Cortaéota, et, il faut le diré, 

:n jugec pai tes hommages qne les m^ents 
I temps ODt dícemés k sa beaaté et k son e^ 
:1 González dut e [re une feoime douée des pliu 
íductions. Voyti dans le Canciimerv les ven 
que lui adressa Francisco Imperial (pa^. 333). 
Itivut elle-mime la pofsie; Diego Maitínez- 
t l'appelle ixcelUnl filU. (Pig. 365-) 



CANCIONERO DE BAENA 277 

il s'acquitte de sa tache peu ascétique avec une 
liberté d'allures á éclipser les plus cyniques fa- 
céties de Villasandino. 

Ce recueil hardi n'était cependant pas exclu- 
sivement destiné au roi Jean. Baena le dédie 
également k la reine doña María, ainsi qu'aux 
dames et demoiselles (dueñas é donsellas) de sa 
maison, et il assure avec une incroyable naíveté 
que le libre charmera les loisirs non-seulement 
de ees dames, «mais encoré du prince royal don 
Enrique, et en general des prélats, infants, ducs, 
maréchaux, amiraux, prieurs, docteurs, et de 
tous les autres seigneurs et officiers du royan- 
me» (i). 

II est un autre fait remarquable que le Can- 
cionero de Baena met en lumiére, c'est Taction 
exercée par les littératures européennes sur la 
poésie savante de la Castille. M. de Pidal, pour 
éclairer cette question, a interrogé les plus 



(i) «É assf mesmo se agradará la Realesa é grand 

Señoría de la muy alta é muy noble é muy esclarecida 
Reina de Castilla Doña María, nostra señora , su muger, 
é dueñas é donsellas de su casa. É aun se agradarán é 
folgarán con este libro el muy ilustrado Príncipe Don 

Enrríque, su fijo, é todos los grandes Señores asy los 

perlados, infantes, duques, condes, adelantados, almiran- 
tes, maestres, príores, etc.» — {Cancionero de Baena,) 



-1 



278 CANCIONERO DE BASNA 

anciens monuments de la poésie espagnole 
avant le xvi® siécle. On a beaucoup discute , et 
Ton discute ancore aujourd'hui, sur le degré 
d'iafluence que Ton doit attribuer au génie de 
la littérature árabe sur la poésie castillane. Des 
orientalistes renommés, tels que Conde, ont cru 
voir dans les romances populaires Tempreinte 
plus ou moins marquée de la poésie árabe* 
Tout récemmet, M. Dozy a contesté jusqu'á la 
possibilité de cette influence'(i). Quoi qu'il en 
soit de cette controverse en ce qui touche la 
poésie populaire, il n*en demeure pas moins 
incontestable que dans la poésie des Castillans 
et méme des Provengaux (2), ainsi que dans 



(i) Recherches sur FHistoire polüique et Hftéraire de 
f Espagne pendant le Moyen-age (Leyde, 1849). M. de Ga- 
yangos, dans ses notes á l'ouvrage de M. Ticknor, et 
M. de Pidal, dans son IntroducHon au Cancionero de Bae^ 
nOf ont refuté cette opinión. 

(2) M. Yillemain sígnale , avec une grande forcé de 
preuves, l'actlon du génie árabe sur la France méridio- 
nale. II resume ainsi sa pensée : 

<La fondation du petit royaume d' Arles qui fut ensuit& 
remplacé par le comté de Pro vence, divisé plus tard en 

comté de Barcelone et en comté de Toulouse l'union 

de la Princesse Doulce avec le comte de Barcelone; 
rinfluence des espagnols, qui, á cette époque-lá, étaient 
fort avances en civilisation , et avaient beaucoup em* 



CANCIONERO DE BAENA 279 

les fictíons littéraires de la deuxiéme moitié du 
Moyen-áge, on retrouve les traces de l'ascen- 
dant inevitable que dut exercer en Europe le 
voisinage d'une civilisation si fastueuse et si 
séduisante. Quant aux Elspagnols eux-mémes, 
s'il est vrai que Télément chrétien, soutenu 
par la mále vigueur de la race gothique, em- 
pécha la fusión des deux peuples et les lan^a 
dans les hasards d'une croisade de huit siécles, 
il n'en est pas moins certain que la guerre, en 
se prolongeant, éntremela plus ou moins les 
caracteres de leurs génies respectifs. Au surplus, 
dans cet antagonisme persistant, la civilisation 
d'une part et la générosité chevaleresque de 
l'autre , tempéraient les haines et les horreurs 
de la guerre. L'histoire d'Espagne est pleine 
de traits incroyables de tolérance qui honorent 
également les vainqueurs et les vaincus, et l'on 
devine combien ees tréves fréquentes et ees 
alliances impies (i) devaient favoriser les affini- 



prunté du génie bríllant et de la galanteríe chevaleres- 
que des maures; toutes ees causes firent fleurir dans la 
Provence les arts et la gaye-science.» — {Tadleau de la 
Littérature du Moyen-áge,) 

(i) Parfois des chrétiens s'alliaient aux Maures pour 
faire la guerre á des chrétiens. 



CANCIONERO SK BABNA 

eox peuples. Les Castillans reconnais- 
is peine la supériorité de culture de leurs 

au xn* siécle, ils écrivaient des Uvres 
t méme au xv siécle, alore que la do- 

mahométane , encoré brillante dans 
úe, était á la veille de disparaitre k 
u sol espagnol, une sorte d'autorité 
ore attacbée á la civiljsatíon de Grena- 
^anciottero de Baena est parsemé d'in- 
iles allusions aux scienccs, aux mceurs, 
Srature des Maures. Dans une piéce, 
nple, oü le poete se plaint de la mau- 
ministration de la justice en Castílle, 
nme un modele la magistrature maure; 
:u prés ainsi que Ton cite de nos jours, 
discussions politiquea, certaines insti- 
e l'Angleterre (pag. 393). Les trouba- 
tstillans employaient á tout moment 
s árabes, et enchássaient méme des 
)es dans leurs chansons (pag. 18S). On 
; Cancionero deux exemples singuliers 
miliers échanges entre les deux litté- 
une jongleuse maure en Castille, et un 
Uahomat el Xartossi, qui fait des vera 
i sur la prescience divine. Ces faits ne 
de nature k nous étomier, si l'on con- 



CANCIONERO DE BAENA 28 1 

^idére que la cour de Castille était, vers le 
jnilieu du xv« siécle, tellement fréquentée par 
les mahométans, que le roi Henri IV, qui 
les protégeait, se crea une espéce de garde 
maure (i). 

Nous ne signalerons point les traces de la 
poésie galicienne ou portugaise: elles sont 
partout dans le Cancionero^ á tel point qu'elles 
attestent plutót une fraternité qu'une influence. 
La littérature de Tantiquité latine y a aussi son 
reflet, mais c'est un reflet assez vague et indi- 
rect, excepté en ce qui touche la philosophie 
morale, qui était une des grandes préoccupa- 
tions du temps, et que Ton puisáit indifférem- 
ment á des sources paíennes ou chrétiennes. 
Dans la poésie du Cancionero de Baena^ il y a 
des influences plus immédiates et plus visibles, 
celles de la Provence et de l'Italie. L'action de 



(i) Ce fait ressort d'une remontrance adressée á 
Henry IV par plusieurs nobles et prélats de Castille 
et de Léon (Burgos, le 28 septembre 1464), pour se 
plaindre des abus de son gouvemement: «£ gentes de 
moros ha traído Vuestra Alteza en su compañía, en 
guarda de su persona; e á todos dio armas e caballos, e 
les ha fecho e fase grandes mercedes, pagándoles el 
sueldo doblado que á los cristianos.» (Ms. du xv« siécle» 
■appartenant á la Bibliothéque Nationide de Madrid.) 



I 



CANCIONERO DB BAXNA 

:sie límousíne, plus que contestable dans 
:ux poemes de geste castillans (i) et dans 
manees, est evidente dans la poésie des 
meros; elle se rév&le surtout dans les for- 
létriques. La ñliaüon de cctte influence se- 
fñcile á suivre pas á pas, mais il est aisé de . 
stater. Ce n'est pas de l'action de la muse 
n^ale en Catalogne et en Aragón, que 
roulons parler ¡ci. Lá, dans la premiére 
le, il n'y eut pas imitation, mais identité. 
me des troubadours portait indistincte- 
e nom de langue Umoasine, proveníale ou 
m (2); les troubadours proven^ux et 
ns confondaient leurs chants et leur es- 
)mme leur langue {3). La couronne de 
nce ayant passé en H12 au comte de 
lone Raymond-Bérenger, des prínces es- 
Is gouvernérent les deux pays pendant á 
res un siécle. Barcelone était un foyer de 
autant que de commerce et d'opulence; 

est dans las Chatisons de gesU des Ttouvíret oü 
nC découvrir des analogies d'esprit et de cuscttoe 
IX poSmes castiUuis. 
[, Tai/eau di la Litliraluri du Muyen' 



CANCIONERO DE BAENA zS$ 

les sympathies et les affinités étaient telles que 
les Espagnols, sans partager leur hérésie, defen- 
dirent les Albigeois (i), dont un troubadour 
espa^nol écrivit méme la chronique, et lorsque 
les horreurs de ce drame sanglant éteignirent 
pour toujours la civilisatíon calme et enjouée 
de la Provence, c'est en Catalogue que survé- 
curent et fleurirent encoré pendant longtemps 
les chants de la mu^e provéngale. 

L'éclat et le voisinage de cette littérature 
elegante, á une époque oü l'esprit des cours 
tendait á se polir, mirent naturellement en 
honneur les troubadours provengaux á la cour 
de Castille. Depuis le régne d'Alphonse VÜI 
jusqu*á celui d'Alphonse X le Savanty plusieurs 
troubadours renommés allérent chercher gloire 
et faveur auprés des rois de Castille. On en 
connait un grand nombre qui consacrérent leur 
talent á chanter les louanges d'Alphonse X, ce 
grand protecteur des lettres, qui surpassait trop 
son siécle pour étre compris de la ténébreuse 
féodalité qui Tentourait; mais, chose étrangel 
h Texception des célebres Cantigas (chansons) 



(i) Le roí d' Aragón Fierre II perdit la vie en comhat- 
tant pour les Albigeois á la bataille de Muret, oü il fut 
défait par Simón de Monfort (1213). 



184 CANCIONERO DE BA&NA 

de ce roi, peu de vestiges visibles de Tiiifluence 
proveníale apparaisscnt dans les monuments de 
la muse castillane de cette période. Aprés Al- 
phoase X, des troubles civils et des guerrea 
incessantes étouñ^reot presque tous les ger- 
mes des lettres. II faut arriver au milieu du 
xrV siécle, c'est-á-dire á une époque oü 11 ne 
restait de la poésie de la Provence que le reflet 
déjá aHaibli qui brillait encoré en Catalogue et 
á Valence, pour retrouver dans les métres va- 
ríes et pittoresques de l'archiprétre de Hita et 
dans les vera du rabbi don Santob (i) quelques 
traces de la muse proveníale. Depuis cette épo- 
que, toute la poésie savante obéit í une nouvel- 
le impulsioa, et l'imitation de la poésie galaico- 
portugaise, qui portait encoré Tempreinte de cel- 
le de laFrance méridionale, devient manifesté, 
quoiqu'ense bomant k peu prés k la surface de 
cette littérature. Nous l'avons déjá observé, l'art, 
dans son enfance, ne prétendait pas aller au-delá 



(i) C'est ranteui de la Dama gintral ou Danta di ¡a 
Muirte, tme des transfoimations les plus originales de la 
fameuse Danst macabre. Le poeme espagnol fut éciiC 
Ters 1350. C'est anssi vera cette époque qu'Orcagna re- 
pioduisit la sombre Ection de la Dame di la Mari sni 
les morailles du Campo-Ssnto de Pise. 



CANCIONERO DE BAENA 385 

de la forme ; les clercs^ qui aspiraient avant tout 
á faire de Tart, devaient imiter les formes savan- 
tes traditiomielles sans se soucier ni du fond ni 
du caractére de la pensée. Voilá pourquoi la 
poésie du recueil de Baena, dont les artiñces 
métxiques décélent tout d'abord cette imitation, 
n'en offre pas moins dans son essence un type 
national qu'il est impossible de méconnaítre. 

Du temps de Baena, la poésie provéngale et 
catalane n'était pas inconnue en Castille: elle 
était méme cultivée par quelque rare trouba- 
dour (i); mais ni VArte de trovar de don Enri- 
que de Villena, ni Tadmiration que le marquis 
de Santillana, imitateur de Giraud Riquier^ 
professait pour Arnaud Daniel (poete, comme 
Riquier, du vieux temps) et pour son contem- 
porain Mossen Jordí n- eurent assez d'efficadté 
pour acclimater en Castille une école mouran- 
te, qui ne répondait pas á. l'inspiration indigéne. 
II fallait une séve forte et jeune pour vivifier la 



(I) 



«A mi más me ploee oír á Martin 
qnando canta ó tafie algnnas vegadas 
sus cantigas dulces muy bien concordadas 
así en castellano como en limosin.» 

Villasandino.— Núm. 97» 



286 CANCIONERO DE BAENA 



n 



poésie de l'Espagne méridionale. La littérature 
provéngale n'avait pas cette puissance: les can-- 
cioneros castillans démontrent, d'ailleurs, la di 
vergence intrinséque qui existait entre ees deux 
poésies. 

Si de la sphére des moeurs nous passons á la 
sphére politique et philosophique, le Cancionero 
de Baena ne nous offre que hardiesse ou mé- 
contentement; les poetes censeurs qui n'épar- 
gnent ni les plaintes ni les remontrances, y tíen- 
nent, on l'a vu, une grande place. Or, pour 
bien apprécier le libre esprit de cette cour de 
Castille, qu'on aime á supposer soumise et re- 
tenue, il faut ajouter á la liste de ees poetes 
l'auteur de la vigoureuse philippique qui se 
trouve, sans nom d'auteur, dans le Cancionero 
de Baena sous le n^ 340 (i). L*ácre et s^ressive 
humeur du poete ne s'arréte pas devant le 
prestige des dignités politiques ou ecclésiasti- 
ques; elle en fait plutót son point de mire. Le 
poete ne craint pas de diré que les prélatsvi- 
vent dans Torgueil et dans la corruption , qufe^ 
tout est vendu á la faveur, qu'á la cour tout le \ 



\ 



1 

(i) Cette piéce est de Juan Martínez de Burgos, et se \ 

trouve aussi dans le Cancionero^ compilé par son fils. 



\ 



CANCIONERO DE BAENA 287 

monde est parjure, que les seigneurs places á la 
tete de l'état n*ont d'autre justice que celle de 
Tor, que le royaume est devasté, et qu'il n'y a 
dans le gouvernement ni bons conseils ni bon- 
ne administration (i). Lorsque, des abus qu'il 
a sous ses yeux il passe á des considérations 
genérales, il trouve de pensées généreuses et 
elevées. Voici ees quatre vers simples et har- 
monieux, dontchacun estune sentence chré- 
tienne: 

«El que más tomare, más ha de dejar; 
quien más alto sube, más ha de de^ir {descendre) ; 
el que más alcanza, más cuenta ha de dar; 
quien ha más riquezas, más debe partir.» 

Mais c'est surtout dans les discussions sur la 
philosophie et sur les dogmes chrétiens que ees 
troubadours déploient toute leur indépendance. 
Ainsi que nous Tavons indiqué plus haut, la 
prescience divine, le libre arbitre, la Concep- 



(I) 



«E por esta via todos los estados 
traen corrompidos syn otra dubdan^a, 
papas, cardenales, obispos, perlados, 
del todo los tiene en sn pertinan(^. 
Que ya de Dios non han remembranza 
e de Inxnría, sobervia, cobdigia, 
engaflos, sofismas, mentiras, malina, 
abonda en el mnndo por sn malansanca.» 



^ 



288 CANCIONERO DE BAENA 

tion, la Trinité, le salut, la Providence, tous ees- 
problémes qui ont lassé pendant tant de siécles 
la curiosité des théologiens ou des philosophes 
n'ont pas effrayé les troubadours de la Renais- 
sanee espagnole. Le rapprochement que M. Vil- 
lemain a fait entre les chants provengaux et la 
presse libre des pays modemes (i) est á juste 
titre applicable aussi au Cancionero de Baena, 
C'est bien lá en eíTet la hardiesse modeme, et 
sans lois répressives encoré; c'est bien lá aussi 
la libre allure des monuments de la poésie pro- 
véngale. Entre les chants espagnols et les chants 
provengaux 11 y a sans doute des dissemblances 
littéraires incontestables; mais nous ne les ero- 
yons pas aussi absolues que le prétend M. de 
Pidal: elles dérivent, á notre avis, moins de la 
spontanéité de la poésie érudite de la Castille 
que des changements que le temps avait intro- 
duits dans le goüt et dans les idees. Les deux 
littératures se distinguent par les mémes quali- 
tés; e*es la direction donnée á ees qualités qui 
différe. La poésie du Cancionero ne le cede pas 
en liberté á la poésie limousine ou provéngale» 



(i) Tablean de la Littirature du Moyen^áge^ premiére 
legón. 



CANCIONERO DE BAENA 289 

Seulement, si elle ne procede pas comme cette 
poésie par saillies piquantes et par effusions 
irréfléchies, c*est que la scolastíque, qui aimait 
les classifications rigoureuses, avait fait d'im- 
menses progrés en Espagne; elle avait passé 
du cloítre dans le cabinet, et les poetes discu- 
taient alors au lieu de chanter. 

A Taction primordiale de la tradition pro- 
véngale qui perce dans le Cancionero^ il faut 
ajouter, comme nous Tavons déjá fait observer, 
une autre influence, celle de la littérature ita- 
lienne, qui ayant subi d'abord elle-méme Tas- 
cendant provengal, avait pris soudain un essor 
original et dominateur par le génie puissant de 
trois honmies, Dante, Pétrarque et Boccace, X 
qui Dieu avait, si nous pouvons nous exprimer 
ainsi, conñé les clefs de la Renaissance. Nous- 
ne suivrons point pas á pas les traces de cette 
influence si souvent signalée , et mise en 
relief tout récemment par un écrivain conseien- 
cieux (i). Nous ne saurions cependant nous em- 
pécher de faire remarquer dans le Cancionera 
de Baena les témoignages de cette action en- 



(i) TiCKNOR, History 0/ spanish HUrature^ chap. xvni 
et soiv. 

cxvi 19 



290 CANCIONERO D£ BABNA 

core incertaine qui, un siécle plus tard, devait 
communiquer toute rharmonieuse élégance de 
la littérature italienne á la poésie lyrique espa- 
gnole. Outre la forcé qu'il puisait dans l'autorité 
mystique de Rome, répandue par la puissance 
sacerdotale, le génie italien eut de bonne heure 
en Espagne des moyens efficaces de transmis- 
sion. 

L'université de Salamanque, fondee en 1254 
par Alphonse X, ne pouvant pas ofírir, á. cette 
époque, de grandes ressources d'enseignement, 
les Espagnols allérent chercher une instruction 
plus ampie aux universités d'Italie, oü ils de- 
vinrent quelquefois, dans le cours du xiii« sié- 
cle, professeurs et méme recteurs (i). Dans le 
siécle suivant, le cardinal Carrillo de Albor- 
noz (2) fonda á Bologne (1364) le collége de 
Saint-Clément, destiné á l'éducation de ses 
compatriotes, et d'oü sortirent tant d*hommes 
d'un si grand savoir. On voit combien de cir- 



(1) TiRABOSCHi, Stofki, etc. Fuster, Bibliotheca Va- 
lenciana, 

(2) Archevéque de Toléde. Homme d'état et homme 
de guerre: il conquit et gouvema, au nom d'Urbain V 
les États Romains, indépendants depuis la révolte de 
Rienzi. 



CANCIONERO DE BAENA 29 1 

constances favorisérent rintervention intellec- 
tuelle de Tltalie en Espagne (i). 

Le Cancionero de Baena offre , nous Tavons 
dit, de nombreuses traces de cette intervention 
féconde. Ce n'es pas seulement, par exemple, 
dans les poésies dlmperial que se revele Tad- 
miratíon qui avait accueilli en Espagne les poé- 
mes du Dante. Plusieurs troubadours du Can- 
cionero^ entre autres quelques-uns des plus 
frivoles, tels que Villasandino et Baena, ayant 
appris que Lando se permettait de critiquer 
Dante, trouvent singulier qu'on ose toucher á 
une autorité <á laquelle le monde attache un si 
igrand prix». L'ascendant de la littérature ita- 
lienne se faisait sentir alors partout, en AUe- 
anagne, en France et méme en Angleterre dont 
les oeuvres de Lidgate (traducteur, comme 
Ayala, du livre de Boccace De cctsibus vi- 
roruniy etc.), et les poésies de Chaucer mon- 
trent partout Timitation italienne. Mais nulle 
part Dante n*a laissé une empreinte plus pro- 
fonde qu*en Espagne. C*est un fait bien remar- 



(i) Ayala tradnsit non seulement le livre De casibus 
virorum et feminarum ^ de Boccace (V. page 188), mais 
encoré le livre De casibus Principum, ñ traduisit aussi 
la Guerre de Trote de Guido de Colonna. 




I 393 CANCIONERO DE BAENA 



quable que cette inñuence de la Divine Come" 
die sur toute la littérature espagnole du xv« 3ié-* 
ele. Deux traductíons, terminées la méme année 
(1428), Tune en langue castillane par don En- 
rique de Aragón, Tautre en catalán par Febrer^ 
les premieres probablement que Ton ait faites 
de ce sublime poéme; la Comedieta de Pom<t^ 
poéme du marquis de Santillana; le Laberinto^ 
de Juan de Mena, imitation faite sans génie, 
mais non sans un talent austére et vigoureux; 
la traduction en vers de V Inferno, par don 
Pero Fernández de Villegas, archidiacre de 
Burgos, imprimée en 1515; Los doce Trionfos 
de los doce Apóstoles ^ long poéme, que nous 
avons cité ci-dessus, imitation souvent servile 
de la Divine Comedie^ composé par Juan de 
Padilla (1518), — toutes ees créations inspirées 
par Dante, toutes ees traductíons de son chef- 
d'oeuvre, attestent l'admiratíon que le poéme 
immortel de TAlighieri excita constamment en 
Espagne pendant cette période. 

Cependant le véritable génie espagnol com- 
mengait á pénétrer dans la littérature national. 
Les deux siécles xvi« et xvii«, (age d*or des 
lettres en Espagne) devaient étre pour ce paya 
mieux que des siécles d'imitation. Bientót elle 



I 



CANCIONERO DE BASNA 393 

allait retrpuver dans son fécond et magnifique 
théátre une littérature á la fois populaire et sa- 
vante, marquée au coin de son esprit aventureux, 
de sa galanterie, de son courage et de sa gran- 
deur. La vie devenait trop pleine et trop active 
pour qu*on s*arrétát beaucoup aux conceptions 
mystiques du Moyen-áge. On perdait insensi- 
blement le goüt de cefte sublime fantasmagorie 
de la Divine Comedie qui avait été Taliment 
des imaginations d'im siécle moins positif. Cer- 
vantes lui-méme, ce grand admirateur de la 
poésie italienne, qui, dans l'examen critique de 
la bibliothéque de Don Quichotte^ décerne des 
éloges au poete sarde Lofraso, aujourd'hui 
oublié, n*a pas un souvenir pour la poésie im- 
périssable du proscrit florentin. 

Pétrarque avait eu aussi son influence, moins 
genérale peut-étre, mais bien réelle. Le mar- 
quis de Santillana s*efforce d*imiter ses sonnets, 
et Ansias March se forge comme Pétrarque une 
belle chimére d'amour, une dame de ses pen- 
sées qu'il prétend, toujours conmie l'amant de 
Laure, avoir vue pour la premiare fois á l'église 
un vendredi saint (i). 



(i) Rime di Petrarca, Voyez le sonñet qui commence: 



294 CANCIONERO DE BABNA 

Ce platonisme bizarre dont Pétrarque fit une 
religión vient plus souvent qu*on ne le pense, 
dans les chants des troubadours de la Pro- 
vence, faire contraste á. des inspirations licen- 
cieuses; mais nulle part mieux que dans le 
Cancionero on ne peut s'assurer qu'au xiv« et 
au xv* siécle Tamour dans la poésie n'était 
qu'unjeu métaphysique et conventionneLBaena 
nous met dans le secret quand, en faisant dans 
sa préface Ténumération des qualités indispen- 
sables au troubadour, il nous dit que celui-ci 
doit «en toute occasion se vanter d'étre amou-^ 



«Era'l giorno ch'al sol si scoloraro...... 

Cette idee de faire éclore Tamour le vendredi saint^ 
qoi confondait sous un méme yoile mystique le cui- 
te de Dieu et le cuite de la femme , fit fortune au xve 
siécle. 

Elle fait Toir que dans les vers de ce temps-lá l'amour 
est Toeuvre de l'art et de Pesprít plutdt que Teffusion 
sincere du coeur. Dans un manuscrít de la bibliothéque 
particuliére de la maison royale d'Espagne , il y a une 
chanson de Juan de Viana au Vendredi de la Passian, 
laquelle a été sans doute inspirée par la méme pensée.. 
En voici la seconde strophe : 

cSólo por ser hoy el dia 
en que nuestro Seüor Dios 
tomó la muerte por nos, 
perdono la muerte mia.9 



CANCIONERO DE BAENA 295 

reux» (i). La poésie amoureuse, accueillie uni- 
quement, par la société elegante (2), comme 
une sorte de luxe, un complément de ses fétes 
et de ses tournois^ ne visa plus qu*á montrer 
de Tesprit k la maniere du temps, c*est-á.-dire 
au moyen de métaphores, de subtílités, quel- 
quefois méme á grand renfort d'érudition. 

Macías, lui-méme, modele du véritable 
amour, ne trouve que des lieux communs sub- 
tiles pour peindre une passion qui devait lui 
couter la vie. La société de Tépoque était si 
disposée á ne voir dans la poésie amoureuse 
qu*un tissu d*artifices symboliques, qu*il devint 
un probléme parmi les troubadours de savoir 
si une chanson de ce méme Macías avait été 
faite «contre Tamour ou bien contre le roi don 
Pedro» (3). 

A lire certaines piéces du Cancionero^ on 



(i) «É que siempre se precie {fasse parade) é se finja 
de ser enamorado.» 

(2) C'est ainsi que le comte de Baelna, ce mde guer- 
rier, qui, ^ ce qn'il parait, était un modele de tendresse 
conjúgale, fait composer des vers á Villasandino, le 
poete á la mode, pour en faire hommage á sa femme. * 

(3) Dice Baena: «Esta cantiga fiso Ma9ias contra el 
Amor; empero algunos trobadores disem que la fiso con- 
tra el Rey Don Pedro.» 



39^ CANCIONERO DE BABNA 

serait tenté de croire avec un savant italien, 
M. Rossetti, que la poésie amoureuse des temps 
qui ont precede la Renaissance n*a été qu'une 
serte de voile hiéroglyphique employé au ser- 
vice de la politique. 

Malgré le doute singulier provoqué par la 
chanson de Macías, nous ne prétendons pas 
faire application ou Cancionero de la théorie 
de Rossetti (i). Les troubadours espagnols 
n'avaient pas les mémes raisons, pour voiler 
leurs pensées, que les poetes gibelins de lltalie. 
II est néanmoins incontestable que, soit mode, 
soit précaution, soit initiation de partí, soit 
penchant pour Fallégorie, la poésie politique 
du Cancionero est souvent enveloppée d^un 
réseau inextriable d^emblémes, incohérents et 
baroques. Dans cette poésie ce n'est pas Tamour 
qui sert de voile; c'est Tastronomie: les étoiles, 
les constellations ont un sens qui est aujourd^hui 
indéchiffrable pour nous. Baena lui-méme ne 
parait pas toujours y voir clair. 

Les écrivains le plus naturels et les plus lu- 



(i) Gabriel Rossetti, De tesprit anü-^apal que pro- 
duisit la Reforme, et de son influence, spécialemefU en 
ItaUe. 



CANaONSRO DE BAENA 397 

cides dans leur langage, se servent dans les 
grandes crisespolitíques d^un ténébreux jargon. 
Páez de Ribera, que nous avons vu si éloquent 
dans Fexplosion du desespoir oü le plongeait 
sa pauvreté, devient complétement inintelligi- 
ble lorsqu'il écrit á Poccasion des divisions sus- 
citées dans le Gouvernement par les préten- 
tions rivales des seigneurs qui se disputaient la 
tutelle du roi Jean. Frey Lope del Monte écrit-il 
sur la disgráce du connétable Ruy López Dá- 
valos et Télévation du cardinal d^Espagne, son 
ceuvre est un labyrinthe de symboles impene- 
trable. Baena dit á Fégard de cette piéce de 
frey Lope (comme de tant d'autres sembla- 
bles): «EHe est écrite en obscures et mysté- 
rieuses méthaphores, et elle est trés-profonde 
et trés-difñcile á comprendre (i).> 

En efíet, sans la déclaration de Baena, per- 
sonne n'aurait jamáis pu soupgonner qu'une 
pensée politique était renfermée dans ees ridi- 
cules allégories. 



(i) «Este desir fiso el maestro frey Lope del Monte 
por manera de metáforas oscuras é muy secretas cuando 
el Rey Don Enrique apartó de su corte al Condestable 
▼iejo,é llegó á su privanza el Cardenal de España: el 
•cual desir es muy fondo é muy oscuro de entender.» 



298 CANCIONERO DE BAENA 

Ce qui est certain, c*est que dans la plupzirt 
des poémes du Cancionero qui s^adressent á des 
femmes, l'amour ne parle que le langage subtil 
et froid d'une poétíque de convention. Quand 
en peut surprendre, par exception, cet amour 
s'exprimant avec sincérité, on est étonné de 
voir combien en réalité le platonisme y tient 
peu de place. Voyez le dialogue entre le com- 
mandeur Talayera et une dame, qui est une 
des piéces les plus spirituelles du Cancionero: 
c^est une tentative de séduction repoussée par 
la vertu d'une femme. Talayera, le poete phi- 
losophe et réyeur qui ayait exhalé de yagues 
plaintes contre l'amour, n'est pas ici géné par 
les conyentions du genre. Ce n'est plus un sec- 
tateur du symbolisme, c'est un homme ayec ses 
faiblesses et ses mauyais pendiants. II ne dégui- 
se pas le but de ses tendres soUicitations, il s'y 
prend méme ayec une délicatesse insinuante et 
rusée qui ferait honneur de nos jours au sé- 
ducteur le plus consommé. Heureusement le 
commandeur a affaire á forte partie: la dame 
raisonne encoré mieux que le cayalier; sans 
affecter uíie insensibilité qui lui enléyerait tout 
le mérite de la résistance, sa yertu demeure 
inébranlable, et elle met fin á la discussion par 



CANCIONERO DE BAENA 299^ 

ce mot charmant: «Croire aux paroles des. 
hommes, c^est semer des larmes (i). > 

Nous le répétons, la poésie amoureuse du 
Cancionero tient plutót de l'artífice maniere 
de Pétrarque que de la mollesse des Proven- 
^aux , sans qu'on puisse toutefois saisir la trace 
d'une imitation directe et calculée du poete ita-^ 
lien. Ce cuite ideal de l'amour dont Pétrarque 
se fit le sublime interprete répondait á un ins- 
tinct uni^rsel de son époque, et c*est ici le 
moment de préciser en finissant, d^aprés le 
Cancionero^ ce qu'était Tesprit de TEurope au 
Moyen-áge. Tous ees poetes, sensuels et posi- 
tifs dans la vie privée, qui dans leurs vers ado- 
rent des ?ibstractions, sont bien les enfants d*une 
époque bizarre, oü le réalisme le plus grossier 
et le spiritualisme le plus mystique existaient. 
Tun á cóté de Tautre sans se combattre. 

M. Villemain a clairement caractérisé en peu 
de mots le double caractére de la société euro- 
péenne á. cette époque. «II y avait alors, dit-il, 
beaucoup de candeur dans les esprits et de cor- 
ruption dans les moeurs. » Cette incohérence,.. 



(I) 

Qaien cree á varón, sus lágrimas syembra. 



1 



300 CANCIONERO DE BAENA 

dont le Cancionero de Baena offre une si vive 
image, se retrouvait alors en toute chose. Ce 
recueil est sürtout remarquable en ce qu*il re- 
produit fidélement tous les traits généraúx du 
temps. Sa poésie, bien que marquée du sceau 
de la couleur lócale, est avant tout un echo des 
idees qui prédominaient dans le monde occi- 
dental; elle est essentiellement européenne. 

C'est une curíense étude que celle de cette 
propagation de la pensée humaine á uñe époque 
oü les Communications étaient si difíiciles. Jamáis 
le mouvement des idees mgdernes n'a eu un 
cachet plus marqué d*une élaboration collective, 
Sous l'action puissante de l'Église, qui présidait 
á tout le développement de la pensée euro- 
péenne, il s'était formé une masse commune 
d'idées qui rapprochait entre eux tous les peu- 
ples chrétiens. A l'époque oü furent recueillis 
les chants du Cancionero^ ce vaste empire spi- 
rituel était au moment de s'écrouler; mais aux 
approches de la grande transformation qui se 
préparait, les occasions de contact entre les 
peuples ne faisaient que se multiplier. Le Can- 
cionero de Baena nous montre les mille courants 
d'idées qui se croisaient en Europe, les influen- 
tes du passé se mélant aux aspirations vers un 



CANCIONERO PE BAENA 301 

avenir encoré inconnu. Les discussions scolas- 
tiques, la mythologie allégorique, le symboli&- 
me, la personnificatíon des vices et des vertus, 
les vtóions mystíques, les révoltes de Tesprit. 
contre la richesse, les retours mélancoliques sur 
les chances de la destinée, le goút si prononcé 
de la philosophie morale, le cuite passionné et 
presque exclusif de la Vierge Marie (i), Tosten- 



(i) La Sainte-Vierge était, comme on Pa dit, «le Dieu 
da Moyen-áge>. Elle a inspiré aux troubadoors des caiu 
cioneros des traits d'une grande délicatesse. En voici un 
da Cancionero de Costanüna, Le poete dit k TEnfant-Diea 
sor sa mystéríeose naissance : 

« Tú naciste de la Virgen, 
como el olor de la rosa. » 

(Tu es né de la Vierge, comme le parfum naft de la 
rose.) 

Pedro Vélez de Guevara dit á la mere de Dieu ( Can* 
cionero de Baend)\ 

«Estrella de alegría, 
corona del Paraiso..... 
Señora so cayo manto 
eapieron cielos y tierra.» 

(Étoile d'allegresse, couronne du Paradis, le ciel et la 
terre ont pu s'abríter sous ton mantean.) 
Ferrant Manuel Lando dit : 

«Tú pudiste merecer 
en tos entrafias tener 
al mando todo encerrado.» 

(Tu as pu mériter porter le monde entier dans tes en- 
trailles.) 



302 CANCIONERO DE BAENA 

tation énidite, les hardiesses contre le pouvoir 
civil et ecclésiastique, toutes les tendances ge- 
nérales enñn qui inspiraient la littératuré des 
idiomes vulgaires au Moyen-áge, se confondent 
dans ce recueil avec les traits particuliers de 
rétat social de la Castille, tels que Tintolérance 
contre les juifs et les mahométans, Tinquiétude 
des seigneurs, la faiblesse des rois, la galante- 
rie chevaleresque et la gravité hautaine du ca- 
ractére. 

C'est snrtout Tesprit de discussion empreint 
dans toute cette poésie qui mérite une attention 
spéciale. Partout les lettrés, conduits á la philo- 
sophie par les abstractions théologiques, étaient 
parvenus, en suivant un mouvement progressif 
d'abord imperceptible, á une espéce de dange- 
reux rationalisme qui se développait de jour en 
jour sous l'influence de Taristotélisme et de la 
scolastique. C*est dans cette invisible influence 
que Ton doit chercher le lien secret qui unit 
les Albigeois aux Patarins et les Lollards aux 
Wiclefistes. Moins hátif pourtant en Espagne 
qu'ailleurs, Tesprit de discussion y était encoré 
heureusement contenu dans les limites de la 
foi, et il pénétrait dans les régions du dogme 
sans alarmer sérieusement le clergé. Dans la 



CANCIONERO DE BAENA 303 

poésie du Cancionero de Baena^ le doute est 
partout; mais ce n'est pas le doute agressif et 
factieux des sirventes provengaux, c'est un 
doute calme, réfléchi, faisonneur, particulier á 
l'Espagne á cette époque , qui tend á éclairer, 
qui combat les préjugés (i), et qui néanmoins, 
appliqué aux matiéres de lafoi par des gens sans 
mission comme sans compétence, revele de 
douloureux et secrets déchifements. Ce doute, 
qui avec ses formes timides et respectueuses ne 
reculait pas devant l'examen du dogme, était 
bien certainement un germe de négation. L'in- 
souciancie du haut clergé á ce sujet montre 
clairement les progrés qu'avait faits en Espagne 
ce travail de dissolution qui couvait plus ou 
moins sourdement au sein du gigantesque édi- 
fice elevé par la théocratie chrétienne. Les atta- 
ques de l'esprit féodal contre la royante ne 
suffisent pas á explique Tuniforme clameur de 
découragement, la vague et profonde tristesse 



(i) On Yoit par le Candoturo qu'au xv* siécle, la poé- 
sie s'associait á la prédicatíon pour faire la guerre aux 
préjugés vulgaires , alors puissants, de la magie et de l'as- 
trologie. Ferrant Manuel de Lando loue Saint- Vincent 
Ferrer, < cet homme juste et parfait > , comme il l'appelle, 
de ce qu'il combat les astrologues dans ses sermons. 



304 CANCIONERO DE BAENA 

répandue sur toutes les poésies graves du Can- 
cionero. Sous le rapport des révélations sociales 
et historiques ce recueil est d'une importance 
superieure á celle de la plupart des autres can- 
cioneros. II y a lá des causes morales sur les- 
quelles l'histoire politíque reste muette, et que 
la poésie du Cancionero de Baena^ dans son in« 
souciante na'íveté , laissé entrevoir. 

En resume, ees chants du Moyen-áge recueil- 
lis par le juif Baena et publiés aujourd'hui, 
gráce á rintelligente soUicitude de M. de Pidal^ 
ont un triple caractére: ils nous révélent toute 
une poésie érudite et raffinée qui, á c5té de la 
poésie populaire du Romancero ^ a joué un role 
considerable et mérite Tattention des historiens 
littéraires. L'état moral de l'Europe á la fin du 
Moyen-áge s*y refléte aussi dans ses aspects les 
plus curieux et les moins connus. 

Enfin, l'étude de ees poésies est d'une haute 
valeur historique pour apprécier nettement la 
merveilleuse transformation morale, sociale et 
politique, opérée en Espagne sous la glorieuse 
domination de Ferdinand et d'Isabelle; et ce 
n'est point lá peut-étre le moindre titre du Can- 
cionero á. notre intérét. La féodalité faisant 
place au gouvemement régulier, les prélats in- 



CANCIONERO DE BAENA 305 

trigans, les seigneurs factíeux transformes en 
hommes d'état et en grands capitaines, d'héroi-» 
ques aventuriers sillonnant toutes les mers, la 
natíonalité castillane se développant dans tous 
ses tralts essentíels avec une grandeur et une 
puissance jusqu*alors inconnues: tel est le spec- 
tacle qui succéde, formantle plus éclatant con- 
traste, avec le tablean de décourí^ement et 
d'anarchie qu'on entrevoit á toutes les pages du 
recueil de Baena; tel est le mouvement intel- 
lectuel et politique dont les chants de quelques 
troubadours viennent aujourd'hui révéler Tim- 
portance, désormais incontestable, auxyeux de 
quiconque saura appliquer cette póésie des sié- 
cles passés aux recherches historiques, et suivre 
en s'aidant de ees índices, á cote de la ñliatioa 
des faits, la ñliation des idees. 

París, 1853. 



^ 



cxvi 20 




APÉNDICE AL ANTERIOR ESTUDIO 



Al tratar de la publicación del Cancionero de 
Saena^ no parece fuera de propósito dar á la 
estampa la carta, de amistosa confianza litera- 
ria, que dirigió á D. L. A. de Cueto el sabio y 
célebre Frantísque-Michel, explicando con fran- 
co espíritu los sinsabores que le acarreó su em- 
presa de dar á luz el interesante Cancionero» 

Hé aquí la carta: 

«Bagnferes-de-Luchon (Haute-Garonne) , Hotel 
d* Espagne, 12 aoüt, 1852. 

M. Léopold A. de Cueto. — Place et Hotel Lou- 
vois, — París. 

Monsieur: 
Tout ce que vous a dit notre ami Paul La- 
croix, est de la plus exacte venté. Je n'avais 



308 CANaONERO DE BABNA 

point encoré quitté Paris pour venir á Bor- 
deaux en qualité de professeur de Faculté^ 
quand j'entrepris la publication du Cancionero 
de Baena^ que je mis sous presse á Leipzig dans 
la maison Brockhaus. Conformément á mes ha- 
bitudes, non content de collationner la copie sur 
le manuscrit, je faisais le méme travail sur les 
épreuves, qui m'arrivaient d'Allemz^ne par la 
voie de la librairie, c*est-á-dire assez lente- 
ment. J'avais á peine commencé rimpression 
de cette coUection, que je fus envoyé en pro- 
vince. Je dus alors renoncer á continuer ce 
labeur autrement qu'en venant deux fois par 
an á Paris, ce qui devait nécessairement Téter- 
niser. 

Impatientés sans doute de toutes ees Ion* 
gueurs, plutót qu'animés d*un autre sentiment 
moins avouable, les littérateurs espagnols que 
vous me nommez dans votre lettre, et dont cer- 
tains, comme DD. Pascual de Gayangos et Eu- 
genio de Ochoa, sont de mes amis, s'avisérent 
de vouloir me prevenir: dans ce but, le dernier 
demanda communication du manuscrit de la 
Bibliothéque Nationale, Avant de l'accorder, 
M. Champollion Figeac, qui me savait exclusi- 
vement autorisé , par decisión du Conservatoi- 



APÉNDICE 309 

re, crut devoir m'écrire pour s'informer de ce 
-que devenait rimpression de mon édition et 
savoir si je la continuáis. 

«Certainement», lui répondis-je, en lui envo- 
yant Tune des derniéres épreuves, en lui signa- 
lant surtout les nombreuses difficultés de mon 
entreprise et la peine que je preñáis pour la 
mener á bien. M. Qiampollion me répliqüa en 
me donnant l'assurance formelle que je ne 
serais pas troublé au milieu de mes efforts , et 
je les continuai. Cependant la diplomatie, mise 
en campagne par M. Pidal, demanda et obliut 
communication du MS. de Baena, volume de la 
reserve de la Bibliothéque Nationale, dont le 
déplacement m'eut été infailliblement refusé, 
ct forcé me fut de suspendre une impression 
qui m'avait déjá donné tant de peine. Je dus 
m*arréter, alors que mes concurrents faisaient 
rage pour arriver. Enfin Tédition de Madrid 
parut, et Ton put juger si le travail était digne 
d'une pareille association de talents, d'une sem- 
blable ardeur de démarches. Sans doute j'ai 
une opinión bienarretée k cet égard; mais moins 
qu*áim autre il m'appartient de Texprimer. 
Souffrez done, Monsieur, que, dans cette occa- 
sion, je ne sorte pas d'une reserve qui m*est 




310 CANCIONERO DE BAENA 

d'autant plus obligatoire que j'ai davantage á. 
me plaindre d'un procede peu habituel, il faut 
le diré, dans la république des lettres. Je me 
bornerai á, vous apprendre que partie du texte 
á été retranchée. 

Vous me demandez ce que devient mon édi- 
tion: je vous répondrai que je suis profondé- 
ment dégoüté de ce labeur et que j'aurais béni 
une catastrophe qui m*aurait délivré de l'obli- 
gation de le terminer; mais comme il faut que 
j 'avale encoré ce cálice, j'entend substituer á 
mes recherches celles de M. Pidal, avec lequel 
j'ai dü nécessairement me recontrer. J*en feral 
autant pour les notes en les rectifiant ou en les 
allongeant, quand je croirai devoir le faire. 

Reste á vous faire connaítre l'époque k la- 
quelle je compte faire paraítre mon édition: 
malheureusement ce ne saurait étre de quelque 
temps. Outre que je suis malade, j'ai nombre 
d*autres travaux en préparation, et je dois 
partir le i.«' septembre pour T Afrique. Á mon 
retour, je me promets d'aller vous voir á París, 
si vous y étes encere. 

Agréez, Monsieur, l'assurance de mes senti- 
ments de parfaite considération et de bonne 
confraternité. — Francis^ue-MicheL* 



AP¿NDICE 311 

En medio de la afable urbanidad con que 
refiere los ingratos entorpecimientos que le ha* 
bían suscitado en su deseada publicación, se 
columbra cierto desabrimiento contra el Go- 
bierno español y aun contra el francés. La vaga 
insinuación de no satisfacerle del todo la publi- 
cación de Madrid no nace, verosímilmente, sino 
de la desazón que le causaba el ver malogra- 
dos sus afanes y sus trabajos para anticiparse 
á todos en dar á luz el literario monumento. 

Su desaprobación debió de referirse á por- 
menores de escasa monta, pues en su edición 
de Leipzig, publicada nueve años después de 
la de Madrid, se limitó á reimprimir fielmente 
esta última con alguna leve variación, como la 
de reproducir, en una de las cantigas, algunas 
frases y palabras de tan soez obscenidad que el 
Marqués dePidal (según se advirtió ya en el 
Estudio)^ por decoro del público, juzgó indis- 
pensable suprimirlas; incluyéndolas, sin embar- 
go, en un pliego impreso separadamente, á fin 
de que, como cosa reservada, quedase completo 
en algunas bibliotecas el texto del códice. 

Confirma, por otra parte, el aprecio que 
Francisque-Michel hacía del esmerado estudio 
con que se ilustró en Madrid la publicación del 



cARaomso Dc babna 

9er0, la noble declaración de qae su 
del Códice coincidía necesariamente 
iel Marqués de Pidal, y que este estadio 
le sustituir al sayo. 

lanto al recelo, qae embozadamente aso- 
ra carta, de que los literatos españoles 
sen la pablicadón para privarle de la 
le ser el primero que diese á la estampa 
ioiiero, el mismo ilustre filólogo desva- 
directamente aqnelta mal fondada des- 
za, cuando dice que los términos en que 
;dición la Eternizarían. 
lo demás, el anhelo que manifestaba 
ique-Michel de salvar del olvido esta 
in medioeval, puede considerarse como 
nio autorizado de la importancia del 
rito. 

cisque-Michel, por su talento literario, 
SE^cidad bibliográfica y por su incom- 
: laboriosidad, fué un arqueólogo emi- 
jue brilló en primera línea entre los 
le su época. Por encargo de M. Guizot 
ovechosas investigaciones en las biblio- 
E Inglaterra. En el espado de pocos años 
innumerables obras de la Edad -media, 
lias, treinta, escritas en los siglos del xi 



APÉNDICE 313 

al XIV en francés, sajón é inglés. Á estas obras 
pertenecen la Crónica de DuguescUn y la más 
notable de todas, el poema del siglo xi La 
Chanson de Rolando cuya importancia literaria 
y nacional levantan los franceses hasta las nu- 
bes. Halló Francisque-Michel el precioso ma- 
nuscrito en la Universidad de Oxford, y su pu- 
blicación (en 1837) aumentó grandemente su 
honroso renombre. En 1869 hizo una nueva 
adición del famoso poema, y también dio á luz 
el Román de Roncevaux^ siguiendo con toda 
exactitud los manuscritos de Oxford y de 
Paris. 

Entre los innumerables libros que escribió 
sobre diferentes materias, algunos de los cua- 
les le valieron premios del Instituto de Francia^ 
del cual llegó á ser miembro, pueden citarse, 
como especialmente interesantes y eruditos, los 
siguientes: 

Histoire des races maudites de la France et 
de VEspagne (1847). 

Le Pays basque^ sa population, sa langue, 
etc. (1857). 

Les Écossais en France et les Frangais en 
Écosse (1862). 

V. 



rriw 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 



r.^ff 




SENTIDO MORAL DEL TEATRO <*> 




A Casa de Austria, ya en su época de do-i- 
minación, ya en su época de frivolidad^ 
ya en su época de superstición y de agonfa^ 
acabó por agotar la savia de aquel árbol de 
gloria y de grandeza nacional, que tan espíen* 
dido y vigoroso había presentado España á los 
ojos del mundo en los reinados de Isabel la Ca» 
tólica, de Carlos V y de Felipe II. Las letra» 
mueren cuando vida propia y nacional les falta, 
y la Casa de Borbón, que traía consigo los refle- 
jos de una cultura literaria artificial y acompa-»^ 
sada, tan opuesta al libre vuelo del ingenio es- 
pañol, no produjo, en los primeros tiempos, sino 
aversión á las formas doctrinales de origen ex* 
tranjero. Sin embargo, la literatura castellana 



(*) £1 presente estudio fué impreso por primera yez 
en Madrid, el año de iS6$. 



3l8 SENTIDO MORAL DEL TEATRO 

úe todo linaje había caído en tan vergonzoso 
abismo, que era forzoso sacarla de él á todo 
trance y por cualquier camino. Ya no eran las 
frases exuberantes y las metáforas obscuras 
del gongorismo las que afeaban las letras. Al 
cabo, el extravío del gusto, en las decadencias 
literarias, toma un carácter elevado en lapliuna 
ambiciosa de los Góngoras y de los Lucanos. 
Los escritores españoles del siglo de oro, se- 
gún la expresión feliz de Forner en una carta 
al Duque de Montellano, «pecaron por dema- 
siado poetas». En tiempo de Carlos II y de Fe- 
lipe V, los más de los escritores de instinto po- 
pular dieron en el extremo opuesto. Ya no 
encumbraban ni el asunto, ni el pensamienjto, 
ni la frase. Todo era vulgar y rastrero: seguían 
reinando los conceptos, los equívocos, los re- 
truécanos; pero ya no se aplicaban á objetos 
nobles y elevados, sino á triviales y ridículos 
argumentos. Una dama que se sangró; la flu- 
xión de muelas de Antandra; una dolencia as- 
querosa (la hemorroides); un perrito que se dor- 
mía (i): á estos y otros asuntos, aun más infeli- 



(i) Véanse las obras de Montoro, Tafalla, Benegasi, 
Villarroel , Butrón, etc. 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 3I9 

^es, consí^raban por lo común los poetas de 
aquella era su ruin inspiración. £1 estilo no era 
ya altisonante y campanudo, pero tampoco no- 
ble y llano; era á la vez familiar y alambicado, 
mezcla insulsa ó repugnante de afectación y de 
vulgaridad. Aquello era la decadencia de la de- 
cadencia. El arte se hallaba envilecido , y mere- 
cen disculpa, si no aplauso, los críticos de la es- 
cuela doctrinal , que intentaron con dogmas pre- 
ceptivos dar guía al ingenio descaminado, y po- 
ner coto á aquel raudal de viles conceptos y de 
insípidos desvarios. No daban estos preceptistas, 
con sus estrechas leyes, calor al alma, ni espon- 
taneidad á la fantasía. Sus desmayadas églogas 
no valen mincho más que los sonetos acrósticos 
y los romances familiares de aquellos insulsos 
copleros; pero, frialdad por frialdad, no puede 
negarse, era más conveniente la de la sensatez 
que la del gusto irremediablemente pervertido. 
Aquélla, al menos, preparaba el camino para 
que algún día los Meléndez, los Moratines, los 
Jovellanos y los Quintanas, aclimatada ya en 
España la disciplina doctrinal francesa, escri- 
biesen con espontaneidad y con gloria. 

La necesidad de corregir los resabios del 
estilo, y de acrisolar el gusto literario, fué. 



S&NTII>D MOBAL DEL TEATRO 

, uno de los impulsos que movieroD á 
>res esclarecidos á ñmdar la Academia E^ 

!»(■)■ 

■■ la misión moral de las letras nada dijeron, 
ue ao cabía en el ánimo de tan austeros 
íes que ellas pudiesen, en aquellos tiem- 
servir de instrumento para extraviar las 
, corromper las costumbres y torcer los 
»mos instintos. íCtSrao habrían imi^inado 
strado Marqués de Villena, el grave histo- 
r Perreras, el místico D. Gabriel Alvarez 
oledo , el sabio F. Juan Interian de Ayala y 
lemas ilustres Académicos fundadores, que 
y medio más adelante, cuando la rege- 
:ión nacional y literaria podía haber libado 
alto grado de esplendor y de consistencia, 
oportuno y digno levantar la voz, no ya 
clamar contra los vicios del lenguaje, ó 
vigilar por la conservación del acendrado 
la de los Leones y de los Granadas, ó para 
nendar en las obras literarias la verdad , la 



iSe encubará la Academia de e 
de prosay verso, para proponei, en el juicio qae 
le ellas, las reglas que parezcan más seguías para 
D guslo, ísl en el pensar Como en el escribir.) (Ei- 
r primitivas dtla Keal AtatUmia Esfañíla.) 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 32 1 

sencillez y la armonía, sino meramente para 
protestar contra el funesto abandono que se 
advierte hoy día en la literatura, y especial- 
mente en el teatro, de las leyes sagradas de la 
moral y del recato? Los extravíos del lenguaje 
y del gusto son manifestaciones visibles de de- 
cadencia intelectual: el desprecio de las cos- 
tumbres y el olvido del respeto que se debe á 
la sociedad, son testimonios de otra decaden- 
cia más trascendental que el cultismo de Gón- 
gora y el conceptismo de Ledesma. 

Algimos insignes escritores han levantado en 
otras ocasiones su voz elocuente y autorizada 
contra la influencia perniciosa de ciertas ten- 
dencias de la literatura contemporánea, procaz 
y desmandada, especialmente en la novela. Hoy 
importa á la dignidad de las Letras y al decora 
mismo de la civilización, señalar el deplorable 
estado á que ha venido á parar el teatro de 
nuestros días. 

Y no]su forma artística, que suele ser, en ver- 
dad, ingeniosa y amena, es lo que constituye su 
decadencia, sino, lo que es mucho más grave, 
su esencia moral. Sin alto sentido , noble y puro, 
las obras dramáticas son juegos más ó menos 
felices del ingenio, pero no obras de literatura 

CXVI 31 






322 SENTIDO MORAL DEL TEATRO 

elevada, capaces de influir útilmente en la so- 
ciedad, y dignas de ser consideradas como pa> 
drón glorioso de las épocas y naciones que las 
producen. 

Como agente de relajación de ideas y sentí» 
mientos, el teatro puede ser en extremo activo 
y poderoso, si la sensatez y el buen gusto de 
los autores, á par que la vigilancia de los go- 
biernos, no ponen estorbo á su depravación 
moral. Y como estos frenos son á veces laxos ó 
imaginarios, y una parte de la sociedad, osada, 
indiferente ó pervertida, alienta con su toleran- 
cia ó con su aplauso las censurables audacias 
de la escena, el mal prepondera sobre el bien 
en el teatro, y dan aparente motivo á austeros 
moralistas para abogar por la supresión de tan 
sabroso esparcimiento. 

Condenar el teatro en sí mismo, en vez de 
condenar sus abusos, sería tarea, sobre ociosa, 
contraria á la civilización, que requiere recreos 
artísticos, honestos y elevados; sería renovar 
intempestivamente aquella célebre contienda en 
que Voltaire y d^Alembert, contra Juan Jacobo 
Rousseau, sustentaban la conveniencia de esta- 
blecer un teatro en Ginebra. Hoy, que el im- 
pulso fundamental del siglo lleva irresistible- 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 323 

mente nuestro ánimo á juzgar las cosas en la 
esfera de lo posible y de lo práctico, nos asom- 
bra que entendimientos de tanto arrojo y al- 
cance se empeñaran en resucitar la antigua y 
estéril contienda entre profanos y ascetas, so- 
bre si el teatro debe conservarse como reflejo 
y órgano de nobles sentimientos, de altos re- 
cuerdos, de afectos puros y delicados, ó pros- 
cribirse para siempre de las sociedades bien 
regidas, como despertador del vicio y del es- 
cándalo, ó, según la expresión de un desabrido 
moralista español del siglo xvni, como «la fra- 
gua donde se atizan y sacan los filos á las pa- 
siones más mortales» (i). Rousseau no hizo uso 
de estas metáforas desmedidas; pero, aunque 
sin grandes títulos para ello, se afilió entre los 
ascetas, y con la vehemencia de imaginación 
que le distinguía, y el lenguaje apasionado, á 
par que sencillo, que constituía su encanto y 
su fuerza, atacó el teatro de un modo radical 
y absoluto , como escuela de perversas ideas y 
de insanos afectos (2). 

Achaque era del filosofismo belicoso de en- 
tonces extremar todos los principios y tratar 

(i) Fr. Fernando Ceballos. 
(2) Lettre sur les spectacUs, 



324 SENTIDO MORAL DEL TEATRO 

todas las cuestíones como meras abstracciones,, 
olvidando la fuerza incontrastable de los hechos,, 
de las costumbres y de las tradiciones, y como 
si la constitución moral de la sociedad fuera un 
edificio de cera que aquellos seudo- filósofos 
habían, con sus orgullosas manos, de crear y 
de modelar á su antojo. Rousseau, probando 
demasiado no probaba nada. Si con tanto ceño 
y austeridad miraba el teatro porque puede 
inducir al mal con pinturas arriesgadas y con 
incentivos seductores, ¿cómo no vio que en su 
novela La Nouvelle Helóisey otra forma del 
arte, acaso más peligrosa que el teatro, incu- 
rría ampliamente en los inconvenientes que tan 
perniciosos le parecían en la escena, y con cua- 
dros hechiceros é imágenes conmovedoras pro- 
vocaba y enardecía ilegítimas pasiones, que el 
arte de una nación culta y cristiana debe, sin 
tregua, condenar? 

Ni Voltaire con su espíritu laxo y escéptico, 
ni d^Alembert con su filosofía acomodaticia y 
liviana, ni Rousseau con su inesperada aus- 
teridad dogmática, hicieron dar un paso á la 
cuestión. Quedó siendo en su esencia lo que 
ha sido siempre: una cuestión de buen sen- 
tido y de civilización artística y moral. El tea- 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 325 

tro es indudablemente un medio trascenden- 
tal de propagar ideas y de despertar y acalo- 
rar sentimientos. Su influencia puede ser sana 
ó perniciosa, á medida del espíritu que lo ani- 
me y alimente. Sublime y religioso en las trage- 
dias de Elsquilo y Sófocles; profundo, trascen- 
dental y apasionado en los dramas de Shaks- 
peare; heroico, histórico, realista, humano y 
popular en las obras de Lope y de Tirso ; caba- 
lleresco y fantástico en las de Calderón; reflexi- 
vo y moral en las de Alarcón; desmandado y 
procaz en las de Maquiavelo y del Aretino; 
triste y festivo á un tiempo en las de Moliere; 
majestuoso, atildado y ceremonioso en las de 
Corneille y de Racine; filosófico en las de Goe- 
the ; penetrante y dramático en las de Schiller; 
áspero y estoico en las de Alfieri; intencional 
y escéptico en las de lord Byron; artificial é in- 
genioso en las de Scribe; brillante, violento y 
conmovedor en las de Víctor Hugo y Dumas; 
desatentado y cínico en nuestros días ; el teatro 
presenta estas y otras fases sin cuento, según 
las razas, las naciones y las edades. Cada civili- 
zación tiene sus formas y sus tendencias pecu- 
liares, que se reflejan más ó menos visiblemente 
en las obras dramáticas. 



326 SENTIDO MORAL DEL TEATRO 

Sólo la sociedad de nuestro tiempo , incier- 
ta y vacilante en todo, cansada de todo, pa- 
rece incapaz de infundir en sus obras carácter 
fijo, y de imprimir en ellas un sello privativo 
popular, espontáneo , sin el cual las artes y las 
letras carecen de belleza propia y de alto y na- 
cional espíritu. Los mejores escritores dramá- 
ticos de la Europa contemporánea demuestran 
á veces talento eminente, pero no tienen ins- 
piración, esto es, la llama universal, más pode- 
rosa que todas las facultades del individuo, que 
se infimde irresistiblemente en el ánimo, y es 
para el escritor como fe misteriosa y segura^ 
que alienta, guía y robustece el entendimiento^ 
En esta época de inquietud y de moral fatiga, 
esa llama no existe. Si la busca con fervor el 
ingenio, se afana en balde. La llama de la ins- 
piración se apaga ó se extravía ante un pública 
que, falto de entusiasmo y de sensibilidad esté- 
tica, antepone la impresión á la idea, la sensar 
ción al sentimiento, y el recreo de los sentidos 
ó la sorpresa vulgar de gimnásticos ejercicios^ 
á los deleites del espíritu. 

El teatro de la Europa contemporánea decae 
á pasos agigantados ; pero es lo singular que no 
decae como arte, sino como elemento moral y 



j 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 327 

civilizador. La estructura de las obras dramá- 
ticas es diestra y acertada, el lenguaje limpio, 
brillante y animado , las peripecias ingeniosas 
y adecuadas; ¿qué le falta, pues, para conmo- 
ver de veras el entendimiento y el corazón, 
para avasallar la atención pública? Le falta lo 
que á una estatua correcta ataviada con ele- 
gantes vestiduras: le falta el alma, y el alma 
en el teatro es la pintura de nobles caracteres, 
es la expresión feliz é ideal de grandes senti- 
mientos. Escritores dramáticos que, con repro- 
ducir con pobre y aparente fidelidad una parte, 
por lo común la menos bella, de las costumbres 
de vuestro tiempo,, juzgáis haber llegado á la 
cumbre del arte, os engañáis deplorablemente. 
Vuestras obras, hijas del sistema que hoy se 
llama realismo, son al arte puro y verdadero 
cuando se aplica exclusivamente á lo material 
y á lo tangible, lo que la fotografía á la pintu- 
ra. Os basta la imagen externa de las cosas: la 
puro y lo ideal no os conmueve: por eso esco- 
géis mal; por eso la sociedad que pensáis retra- 
tar, y que calumniáis á menudo, mira vuestras 
obras como insustancial pasatiempo. La socie- 
dad no respeta el arte sino cuando le impone 
su grandeza. 



338 SENTIDO MORAL DEL TEATRO 

jamás ha habido teatro alguno de los que 
han nacido de creación nacional espontánea, y 
han dado luz y gloria á su tiempo, que no haya 
recibido su vitalidad y su fuerza de un sentido 
moral fecundo y elevado. Si no lo impidieran 
los límites estrechos del presente estudio, fá- 
cil sería probar que hasta la comedia de los 
grandes teatros, aun en aquellas obras en 
que parece más atrevida y juguetona, encierra 
ideal carácter y significación moral elevada. 
£s tal, sin embargo, la importancia del asun- 
to, que creo indispensable echar ima rápi- 
da ojeada sobre el sentido moral de aquellos 
teatros. 

EU teatro griego, sin antecedente en otras 
naciones, creación espontánea y completa del 
cielo inspirador de Atenas, brotó, por decirlo 
así, perfecto y acabado, de la religión y de la 
cultura. 

La religión de la Grecia idólatra y materia- 
lista era incapaz de infundir á su literatura el 
espíritu contemplativo, la aspiración á lo infi- 
nito, el estudio de las emociones recónditas 
del alma; misterioso tesoro de afectos escondi- 
dos, que estaba reservado descubrir é iluminar 
á la santa luz del Evangelio. Pero, fundada en 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 329 

los impulsos visibles de la naturaleza, y soste- 
nida y alimentada por la fantasía sensual de 
una raza eminentemente artística y sensitiva, 
tenía para las artes el privilegio de ofrecer ex- 
clusivamente á la admiración tipos de belleza 
terrestre y externa, más perceptibles y más 
determinados que aquellos que, como Segis^ 
mundoy Hamlety Fausto y Manfredo^ se forjan 
en la imaginación mística y soñadora de los 
poetas cristianos. 

La cultura moral de los griegos, acrisolada 
por el espiritualismo de sus grandes filósofos, 
idealizada por la sublimidad heroica de sus 
poetas, y fortalecida por el instinto enérgico 
de la independencia íntima del alma, alto don 
de la raza helénica, ennobleció el materialismo 
de sus creencias , y le quitó el carácter rudo y 
grosero que tuvo en otros pueblos menos pró- 
digamente dotados por la mano de la Provi- 
dencia. 

Lo poderoso, lo grande, lo útil, tenía á los 
ojos de los griegos carácter divino: de cada 
una de las fuerzas de la naturaleza, de cada 
una de las pasiones vigorosas del hombre, 
hacían im dios. { Qué mucho que los dioses y 
los héroes llegasen á confundirse en su reli- 



330 SENTIDO MORAL DEL TEATRO 

gión dramática y pintoresca? Parecíales de 
análoga ó igual esencia lo bello y lo sagrado: 
sus modelos de belleza estatuaria eran sus 
ídolos; sus tipos de grandeza ideal, los perso- 
najes de sus tragedias, esto es, sus dioses y sus 
héroes ó semidioses. Con este sistema de per- 
fección ideal tangible, á la par artística y reli- 
giosa, sistema que formaba el más peregrino y 
armonioso conjunto en las artes, en las letras y 
en la sociabilidad de los atenienses, aquel pue- 
blo privilegiado , el pueblo estético por exce- 
lencia, llegó á sentir y á comprender la belleza 
cual ningún otro la comprendió jamás. 

£1 teatro, que es la manifestación literaria 
de índole más social, no podía apartarse en 
Atenas de aquella senda elevada y segura que 
le trazaba el espíritu nacional. Nadie adulaba 
allí las flaquezas contemporáneas, ni con sofís- 
ticas ideas se desquiciaban, como ahora, los 
fundamentos morales de la sociedad. La repre- 
sentación de una tragedia era una especie de 
solemnidad pública. Todo en aquel teatro era 
gigantesco. La escena, á cielo abierto, como en 
presencia de los dioses, que eran siempre el 
alma del drama, se colocaba, cuando era posi- 
ble, de manera que el aspecto del fondo fuese 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 33 1 

pintoresco y grandioso. El teatro de Taurome- 
nium, en Sicilia, por ejemplo, ofrecía á lo lejos la 
vista del Etna. Las graderías, [inmensas, podían 
contener un pueblo entero. La voz del actor 
se hacía más vibrante y sonora por medio de 
un mecanismo ingenioso. El coturno, colocado 
debajo de las sandalias, no tenía más objeto 
que aumentar la estatura del hombre. Las ca- 
retas con que representaban los actores, mara- 
villas del arte griego por su belleza y propie- 
dad, esas caretas, cuyo uso tanto nos sorprende: 
porque lo juzgamos todo con las ideas de nues- 
tro tiempo, eran también un medio de aumentar 
la grandeza y la unidad del efecto escénico^ 
que á los ojos de los griegos eran objeto prin- 
cipal del arte. Tan diferente del nuestro era 
su modo de juzgar y de sentir en el teatro, 
que, lejos de buscar en los actores el movimiento 
y la expresión de la fisonomía, que les parecía 
vulgar, harto individual para los caracteres 
emblemáticos y generales de su teatro, y acaso 
una profanación cuando representaban á los 
dioses, creyeron indispensable encubrir con 
una máscara, adecuada á la situación y al ca- 
rácter, lo que la expresión móvil del rostro 
humano podía tener de pequeño y de personal. 



332 SENTIDO MORAL DEL TEATRO 

Los griegos pedían ante todo á los actores 
idealismo, propiedad rítmica, dignidad y ele- 
gancia. Querían ver en la escena efectos seme- 
jantes á los sublimes de la estatuaria. 

Á esta grandeza material correspondía, y en 
más alto grado se desplegaba, la elevación 
moral del arte. Pintaba el teatro griego, con 
pincel enérgico y gallardo, caracteres, afectos 
y pasiones; pero siempre los subordinaba á un 
ideal heroico, que era la esencia de su inspira- 
ción. El don precioso de hermanar constante- 
mente con la grandeza moral la verdad de la 
naturaleza, fué la excelencia distintiva de aquel 
teatro singular. Sus dioses y sus héroes divi- 
nizados no están al abrigo de las flaquezas y 
de los crímenes de los seres mortales, pero 
hay en su carácter impulsos extraordinarios y 
peregrinos, que dan al movimiento de las pa- 
siones cierta elevación sobrehimiana. El libre 
albedrío, vigorosamente empleado por el hom- 
bre, en pugna con la adversidad; esto es, la 
libertad moral, unas veces inocente, otras 
veces extraviada por las pasiones, vencida é 
irresistiblemente arrollada al cabo por la infle- 
xible ley de la fatalidad: tal es la idea prepon- 
derante en la tragedia griega. Esa lucha, casi 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 335. 

siempre titánica, del hombre con el destino^ 
realzada por la poesía y ennoblecida por la 
grandeza escénica, encerraba una alta signifi- 
cación moral. Aquellos héroes, dechados pro- 
digiosos de sufrimiento y de fortaleza, que 
arrostran todas las angustias y las calamidades 
terrestres por sostener los fueros de la volun- 
tad, no podían menos de vigorizar en los ate- 
nienses el sentimiento de la dignidad y de la 
fuerza del alma humana. 

El coro , elemento peculiar de la escena en 
Grecia, que apenas comprendemos hoy día, 
atestigua en cuánto era allí tenida la inñuencia 
moral del teatro. Singular invención ha parecido^ 
y parece todavía á muchos, la introducción, en 
medio de una fábula dramática y fíiera de la 
escena propiamente dicha, de un elemento 
lírico, más ó menos independiente de ella; es- 
pecie de censor moral, que explica, juzga y 
calma las impresiones producidas por los 
arranques de la pasión ó por las vicisitudes 
violentas ó solemnes de la acción misma. Esta 
invención es testimonio insigne de la sensa- 
tez de aquel pueblo, verdaderamente excep- 
cional. El coro era como un espectador ideal, 
como el defensor de los intereses morales de la 



334 SENTIDO MORAL DSL TEATRO 

humanidad, como la personificación del espíri- 
tu nacional (i). 

Los grandes autores trágicos franceses, que 
se afanaron tanto por comprender é imitar el 
teatro griego, se encontraban embarazados y 
sorprendidos con el coro, cuya fimción verda- 
dera no comprendieron nunca. La Harpe, tan 
ingenioso y perspicaz dentro de sus estrechas 
ideas críticas, no lo sospecha siquiera. £1 coro 
ha sido, en verdad, objeto de extrañeza y de 
aventuradísimas conjeturas, hasta que Lessing 
y Schlegel, los más profundos críticos del tea- 
tro en los tiempos modernos, han explicado su 
verdadera índole, y hasta el lugar que ocupaba 
en el teatro griego. 

Moratín, que, como los más en su tiempo, 
ignoraba la esencia, el objeto y las condiciones 
materiales escénicas del coro, le juzga imperti- 
nente, y se maravilla de que «se traten delante 



(i) «Was er auch in demeinzelnen Stücke.besonders 
seyn und thun mochte, so stellte er überhaupt und 
zav5rderst den natíonalen Gemeingeist, dann die allge- 
meine menschliche Theilnahme vor. Der Chor ist mit 
einem Worte der idealisirte Zuschauer.> 

A. W. Schlegel. — Uebcr dramatische Kumt und LitU' 
ratur, Drítt« Vorlesung. 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 335 

de él secretos de la mayor importancia» (i). 
Y en verdad que Horacio, á quien nuestro 
ilustre poeta cómico estudiaba asiduamente, 
dio á entender bastante claro que el coro era 
como un eco de la conciencia universal, defen- 
sor, consejero y amigo de los hombres de bien, 
apaciguador de la ira, gloriñcador de la ino- 
cencia, encomiador de la frugalidad, de lasaña 
justicia, de las leyes y del sosiego de los esta- 
dos, confidente fiel y seguro, dispuesto siempre 
á pedir á los dioses que la fortuna consuele á 
los buenos abatidos, y se aparte de los sober- 
bios (2). 

^Cómo no recordar las obras maestras de 
Esquilo y de Sófocles, la rígida y majestuosa 
grandeza de la Orestia^ aquella sublime trilo- 
gía del primero, compuesta de Agamemnon^ 
Las Coéforas y Las EuménideSy obra esta úl- 
tima acaso la más elevada del teatro griego; la 



(i) Obras postumas de Moratín (1867), t. va., pág. 128. 

(2) 

lile bonis &veatqae, et consilietur amicis, 

Et regat iratos, et amet peccare timentes; 
nie dapes laadet nensae brevis; ille salabrem 
Jastítiam, legesqne, et apertis otia portis; . 
lUe tegat oommlssa, deosque precetur, et oret 
Ut redeat miserís, abeat fortuna superbis. 

(Horacio, EfUtola A los Pisones.) 



3 $6 SENTIDO MORAL DEL TEATRO 

Antigona^ el Filoctetes y los dos Edipos^ del 
último, de aquel poeta al cual nos pinta la an- 
tigüedad hermoso de alma y cuerpo, balseado 
con todas las dichas del respeto público, del 
amor, del genio y de la gloria, y dispuesto, tal 
vez por la fuerza benévola de esa plenitud de 
ventura, á ver al hombre y á pintarlo siempre 
como un ser más noble y más bello que el 
hombre mismo? ¡Con cuánta delicadeza sabe 
presentar en el carácter de Teseo (i) un decha« 
do ideal del alma himiana, la generosidad, la 
justicia, la templanza, nobles prendas de ori- 
gen divino ! Con razón ha podido decirse, aten- 
diendo á la profundidad del carácter simbólico 
de los personajes de Sófocles, y al generosa 
aliento de sus ideas, que este grande hombre 
es, entre todos los poetas de la antigüedad, 
aquel cuyos sentimientos se hallan más cerca-^ 
nos al espíritu del cristianismo. 

Muy poco diré de Eurípides , principio ya de 
la decadencia escénica de la Grecia, porque, si 
bien admirable por su ingenio, por su flexibilidad 
artística y por la maravillosa destreza con que 
píntalas situaciones patéticas, carece de la aus- 



(i) En la tragedia Edipo.en Colona, 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 337 

tera armonía y del encumbrado y trascendental 
espíritu que colocan á Esquilo, y á Sófocles en 
la esfera soberana del arte. Sófocles decía: «He 
pintado álos hombres como debieran ser; Eurí- 
pides los pinta como son.» Esta ñdelidad des- 
criptiva, que ni escoge ni idealiza los tipos hu- 
manos, parecía probablemente á Sófocles la 
degeneración del arte. Tiene no escasa analo- 
gía con el árido sistema en que algunos errada- 
mente hacen consistir el realismo. A pesar de 
sus eminentes bellezas de movimiento y gracia, 
adolece el teatro de Eurípides de cierto senti- 
mentalismo, de cierta lisonja de las costumbres 
contemporáneas, de cierta laxitud corruptora^ 
que aimque no llega á la de nuestros días, fué 
ya vituperada por Aristóteles, por Aristófanes, 
y acaso por el pueblo mismo de Atenas, que 
tanto solía aplaudir al poeta. Todos conocen la 
anécdota según la cual los atenienses, en la re- 
presentación de la tragedia Belerofonte^ indig- 
nados al oir al héroe hacer un estupendo elo- 
gio de las riquezas, y llamar al oro el bien 
soberano, embeleso de los dioses y de los 
hombres, se aprestaban á lapidar al actor y al 
autor. Eurípides, para apaciguar el tumulto, 
tuvo que presentarse eií la escena, gritando á 

ex VI 22 



33$ SENTIDO MORAL DEL TEATRO 

los espectadores: «Tened un poco de paciencia; 
al fin llevará su merecido.» 

Como ingenio, pertenece á la más alta esfera 
intelectual; sabe conmoverse y conmover con 
la pintura del infortunio; pero desnaturaliza 
con sofísticas ideas los sentimientos morales y 
los principios religiosos, y no pocas veces pre- 
senta á la maldad triunfante y sin castigo, por 
más que, muy distante del descaro de nuestro 
tiempo, blasona á menudo de moralista, prodi- 
gando sentencias de virtud, á veces más decla- 
matorias que verdaderamente austeras. Eurípi- 
des cautiva hoy, sin embargo, á la generalidad 
de las gentes más que sus dos sublimes antece- 
sores. No es extraño: además del innegable 
atractivo de este gran poeta, la sociedad de 
nuestros días adolece de muchos de los resabios 
que empezaban ya á advertirse en tiempo del 
poeta de Salamina, y se paga poco de la eleva- 
ción ideal. 

La comedia griega gozaba de libertad des- 
medida; se burlaba sin miramiento alguno de 
los ciudadanos más eminentes, del Gobierno, 
de la organización social, del pueblo mismo. 
Su audacia y su descaro no han tenido igual en 
nación alguna. Y á pesar de ello, si no pudo He- 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 339 

gar al alto sentido de la trs^edia en su época de 
oro , no fué nunca un elemento de corrupciófi 
moral. No puedo entrar en el examen crítico de 
la comedia antigua; me es forzoso reducirme 
á someras indicaciones, conducentes al obje- 
to privativo de este examen crítico. Baste de- 
cir que Aristófanes, el osado, el procaz, el 
desenvuelto Aristófanes, persigue sin tregua á 
Eurípides, con las armas de la sátira cómica, 
cabalmente por su falta de elevación moral. En 
Los Acarnianos lo zahiere, ya porque algunos 
de sus héroes trágicos son cojos, como Télefo, 
Belerofonte, Filoctetes, ya porque intenta des- 
pertar el interés y la compasión con el hambre 
y la indigencia, esto es, con padecimientos cor- 
porales, y no con angustias del alma. En Las 
Tesmofarias y en Las Ranas ^ donde, así como 
en Los Acarnianos^ sale Eurípides como perso- 
naje cómico, le ataca, entre otros motivos, por 
sus máximas de poco leal espíritu , y por la so- 
fistería sutil con que suele trastornar las ideas. 
Además del desenfado político, que, con ser 
exorbitante, no causaba en Grecia el escándalo 
que podría presumirse juzgando con nuestras 
modernas doctrinas y costumbres, el descaro 
de Aristófanes sube de punto y llega á ser iiH- 



340 SENTIDO MORAL DEL TEATRO 

púdico y grosero en las pinturas del amon 
Gerto que la condición de las mujeres griegas, 
retiradas siempre en la obscuridad del hogar» 
y colocadas en una situación social inferior, no 
les permitía hacerse respetar por sí mismas, 
como lo hicieron más adelante las mujeres cris- 
tianas, influyendo directamente, con su acción 
civilizadora, en la cultura de los pueblos: cier- 
to asimismo, que el amor no podía tener ca- 
rácter místico é ideal en una nación cuyas 
creencias religiosas convertían en divinidades 
todos los impulsos de la naturaleza, y autoriza- 
ban prácticas públicas contrarias al pudor; pero, 
á pesar de estas circunstancias esenciales, que 
han de tenerse en cuenta para disculpar en 
parte las bufonadas livianas de Aristófanes, que 
al cabo no podía respetar lo que allí nadie res- 
petaba, la verdad es que los instintos peculia* 
res de cada escritor han sido parte, hasta en el 
mundo pagano, para que las mujeres sean re- 
tratadas en el teatro, ora como ángeles conso- 
ladores y hechiceros, ora como seres infernales 
y degradados. 

Eurípides, que las aborrecía, como puede in- 
ferirse de la comedia citada Las Tesmoforias^ 
y se complacía en maldecir de ellas y en pre- 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 34 1 

sentarlas bajo un aspecto odioso, si bien en su 
tragedia Alcestes sabe pintar con elocuentes y 
conmovedoras palabras el santo heroísmo de 
una esposa, crea, en dos de sus más famosas 
tragedias, los caracteres horribles de Fedra y 
de Medea^ en los cuales llega el delirio de las 
pasiones femeniles hasta un punto violento y 
repugnante, y en otra obra pone en los labios 
de Hécuha palabras indignas de una madre y 
hasta de una mujer honrada. En tanto, Sófocles 
creaba en la Antigona uno de los tipos de mu- 
jer más ideales y de más austera fortaleza para 
el cumplimiento del deber, que ofrece la litera- 
tura dramática de cualquier tiempo. 

Aristófanes, que probablemente no creía ni 
quería creer én la virtud de las mujeres, pero 
que admiraba su ingenio y su belleza, no es ca- 
paz de formar con ellas, como Eurípides, de- 
chados de perversidad. Usa de sus fueros de 
poeta cómico en un país de costumbres livianas 
en materias de amor, y se burla de los defectos 
femeniles sin comedimiento ni reparo. Su objeto 
único es entretener á los hombres á costa de las 
pobres mujeres, y esto lo hace con tanta mayor 
libertad, cuanto que^ según muchos indicios 
alegados por profundos críticos, ellas no asís- 



• v 



342 SENTIDO MORAL DEL TEATRO 

tían en tiempo de Aristófanes á las representa- 
ciones de comedias. Á la verdad, el donaire 
campea en alto grado en estas obras satíricas 
contra las mujeres, y tanto, que por momentos 
se olvida involuntariamente el desenfado de la 
expresión. Lysistrata^ y Las Arengadoras^ ó La 
Asamblea de las mujeres^ son las más celebra- 
das. La primera, que pasa por una de las más 
descocadas, está inspirada por un sentimiento 
patriótico, el cual, como otros muchos impulsos 
elevados, anda combinado en el teatro de Aris- 
tófanes con muy chistosos enredos cómicos. Las 
mujeres de la Grecia entera se confabulan para 
obligar á sus maridos, apartándose de ellos, á 
celebrar la paz. Lysístrata, mujer de uno de los 
principales ciudadanos, llena de sal cómica, de 
malicia y de desembarazo, es el general con fal- 
das que dirige la conjuración femenina y las ne- 
gociaciones diplomáticas que se entablan entre 
las potencias beligerantes. £1 apuro de los hom- 
bres al verse en divorcio con sus mujeres, da 
motivo á situaciones verdaderamente cómicas y 
á agudezas no siempre de muy subida ley. La 
escena entre Mirrina y su mando Cinesias, á 
quien los desdenes de su mujer han inspirado 
im amor vehemente, está en verdad llena de 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 343 

gracia, pero al propio tiempo de impúdica des- 
envoltura. Como es de presumir, los hombres 
capitulan, no pudiendo resignarse á ver sus ho- 
gares turbados y desiertos. 

La comedia Las Arengadoras es otra sátira 
contra las mujeres, mezclada con un designio 
político. Las mujeres de Atenas, reunidas en 
secreto, se ejercitan en imitar los modales de 
los hombres, é introducidas después con disfraz 
masculino en la asamblea popular, constituyen 
la mayoría, y hacen adoptar, en una nueva Cons- 
titución, la comunidad de bienes y de mujeres, 
y la igualdad de derecho en amor entre las her- 
mosas y las feas. Los ensayos que hacen las mu- 
jeres del papel de hombres políticos, sus aren- 
gas declamatorias, la pintura de la asamblea, y 
el caos que resulta de la adopción del sistema 
comunista, son cuadros en alto grado donairo- 
sos y entretenidos. Las escenas ñnales, en que 
algunas viejas disputan á una muchacha un ga- 
llardo mancebo, son chistosas, pero tocan en 
la obscenidad. Cito, esta comedia, que, á más 
de sátira contra las mujeres, es una 'parodia 
de la República ideal de Protágoras, perfeccio- 
nada por Platón, para que se vea cuan antiguas 
son en el mundo ciertas ilusiones de índole so- 



344 SENTIDO MOKAL DEL TEATRO 

cial constitutíva, y cuan antiguas también las 
protestas del sentido común, que las ridiculiza 
y las condena. 

Para no juzgar con injusticia á Aristófanes, 
elogiado por el mismo Platón, conviene tener 
presente que, si era procaz y descarado en sus 
cuadros de costumbres; si, á pesar de ser tan 
gran poeta, se vulgarizaba hasta envilecer la 
escena, acaso para ganar la voluntad del popu- 
lacho, jamás adula ni idealiza esas mismas cos- 
tumbres, antes bien aboga por las sencillas y 
severas de los tiempos antiguos. Su sátira, in- 
tolerable en verdad por su implacable violencia 
personal, y por la asp^eza y la vulgaridad de 
su forma, es siempre denunciadora de abusos 
graves y patentes, siempre favorable á la con- 
cordia de la Grecia, despedazada por guerras 
intestinas; nunca hipócrita paliadora de las lla- 
gas públicas y sociales. En suma, ese teatro de 
Aristófanes, que tanto ha dado que decir, es la 
contraposición del teatro de la decadencia pre- 
sente: aquél, severo, inexorable, patriótico, ele- 
vado en su objeto moral, insolente, rastrero, sin 
recato alguno en su forma; éste, acicalado y pri- 
moroso en la forma, en su espíritu, indiferente, 
relajado, propagador de seducciones inmorales. 



SENTIDO MORAL DBL TEATRO 345 

£1 escándalo tan decantado de la comedia 
griega consiste, como se ve, más bien en la cru- 
deza de las pinturas y de las palabras, que en 
la intención y en la trascendencia moral. 

Si Feríeles, Sócrates y Alcibiades fueron du- 
ramente zaheridos por los autores cómicos de 
su tiempo; si Cicerón, más adelante, se indig- 
naba al ver satirizado en el teatro al gran Pom- 
peyo; éstas eran libertades abusivas que nacie- 
ron en la antigüedad con las costumbres políti- 
cas, y que impulsos políticos de índole diferente 
reprimieron sin dificultad. Pero en medio del 
lenguaje descarado y del desenfado de ciertos 
cuadros de costumbres, nimca lo malo se pre- 
sentaba como bueno. Había audacia para retra- 
tar los vicios sin velo, pero nunca se glorifica- 
ban, nunca se pintaban con colores simpáticos, 
nimca se atribuían al vicio la dicha, el contento 
íntimo y sereno, esto es, los privilegios de la 
virtud. 

Del teatro romano, con fundada severidad 
juzgado por Quintiliano, no quiero hablar, porr 
que nunca tuvo carácter creador y original, y 
todos saben que los poetas dramáticos de Roma 
siguieron servilmente la pauta de la Grecia; que 
el teatro romano, sin espíritu propio, se alimen- 



346 SENTIDO MORAL DBL TEATRO 

taba con traducciones, refundiciones é imitacio- 
nes de los griegos; y que Terencio, elegante y 
urbano, tomó dos de sus comedias del poeta 
griego Apolodoro, y las otras cuatro de Menan- 
dro, así como Plauto, ingenioso, si bien cínico 
en sentimientos y lenguaje, sacó varias de las 
suyas de Dífilo y de Filemón. 

Tampoco hablará de los poetas dramáticos 
de Italia, porque esta nación, tan espontánea y 
admirable en otros ramos de las letras, fué 
avasallada, en cuanto á literatura dramática, 
por el principio inflexible de la imitación de los 
poetas de la antigüedad. Ni las tragedias del 
Trissino y de Maffei; ni las miniaturas trágicas 
de Metastasio , á pesar de sus felices rasgos de 
expresión; ni las tan celebradas tragedias de 
Alfieri, que, en vez de encanto poético, tienen 
el declamatorio vigor que da á un alma apasio- 
nada una idea política, fija y enconada, y pintan 
una humanidad áspera y sombría, creada en la 
ardorosa imaginación del poeta; ni las notables 
de Monti, Pindemonte, Manzoni y otros cele- 
brados autores; ni las comedias de Goldoni, 
imitador de Moliere; ni las de Gozzi,* imitador 
de Calderón, pueden constituir un teatro pro- 
pio y original. Como teatro imitador, su sig- 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 347 

niñcación moral es un reñejo más ó menos 
inmediato de sus modelos. Si algo hay verda- 
deramente espontáneo en la literatura dramá- 
tica de Italia, son las farsas populares, y los 
cuadros, harto fieles, que de las costumbres 
estragadas de Florencia y de Roma en el si- 
glo XVI, han dejado Maquiavelo en La Man- 
dragora^ y Pedro Aretino en La Cortesana. 

Del espíritu moral del teatro inglés, teatro, 
así como el griego y el español, verdadera- 
mente creador y original, muy poco he de 
deciros, cabalmente porque podría sobre él 
escribirse un libro entero, y temo salir involun- 
tariamente del ceñido espacio en que me co- 
loca el presente estudio. 

La primera figura que se presenta, eclipsando 
á todas las demás en el teatro inglés, es la de 
Guillermo Shakspeare. Propiamente hablando, 
no tiene antecesores ni sucesores. Shakspeare, 
como Lope de Vega, constituye por sí solo un 
teatro, pero de tal amplitud y grandeza, en 
cuanto al conocimiento del alma humana, que 
no ha tenido igual en ningima nación ni en 
ningún tiempo. Aquel genio poderoso no se 
siente atado por las cadenas de la imitación. 
Busca en sí propio la fuerza dramática, y 



348 SENTIDO MORAL DEL TEATRO 

la encuentra varia é inagotable, y la emplea 
con calor y con ímpetu incomparables, sin cui- 
darse de lo que hicieron griegos y romanos. 
Á un espíritu de observación de extraordina- 
rio alcance, á una sensibilidad privilegiada y 
á un sentimiento poético de primer orden, unía 
Shakspeare la imaginación más fecunda, más 
flexible y más universal que ha tenido acaso 
ser alguno en la tierra. Era su facultad sobe- 
rana. Todo lo abarcaba aquel ingenio singular. 
Lo real y lo ideal, lo bueno y lo malo, la risa y 
el llanto, lo material y lo fantástico, lo positivo 
y lo abstracto, lo terrestre y lo divino: todo 
alcanzaba á comprenderlo y á expresarlo. Po- 
seía, cual ningún otro, el secreto de las pasio- 
nes humanas, y no se contentaba, como otros 
poetas esclarecidos, con la impresión superfi- 
cial y, por decirlo así, poética del movimiento 
de la vida. Era eminentemente profimdo y ana- 
lítico, y bajaba siempre, para sorprender sus 
más recónditos impulsos, hasta el fondo del 
corazón. Reunía y amalgamaba en maravilloso 
conjunto los grandes instintos del filósofo, del 
historiador y del poeta. Le han acusado de dar 
en sus cuadros sobrado realce á la perversidad 
humana. El hecho es indudable; pero la acusa- 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 349 

ción es propia de una crítica estéril y apocada. 
Shakspeare no hace nada á medias. Retrata 
con pincel v^oroso, así la perversidad como 
la virtud, porque sus figuras no son copias in- 
dividuales de la vida común; son emblemas de 
los afectos y de las pasiones de los hombres, y 
' estos emblemas deben ser pintados con gran- 
deza, y llegar á las consecuencias extremas de 
los móviles decisivos de las acciones humanas. 
En esto coincide Shakspeare, sin saberlo, con 
el teatro griego, que lo engrandece todo, le- 
vantando lo malo y lo bueno á ima esfera ideal. 
Los crímenes de los personajes de Shakspeare 
son gigantescos, porque son gigantescas las 
concepciones de este grande hombre. Shaks- 
peare había apurado, en vicisitudes desven- 
turadas y humillantes, la hiél de la vida, y 
jpropendía, por lo general, á considerar la hu- 
manidad bajo im aspecto extremadamente se- 
vero y sombrío. lago y Ricardo III son el ideal 
de la maldad; pero jcuán odiosa la presenta! 
¡Cuan distante está Shakspeare en esta parte, 
de los escritores modernos; de lord Byron, po^^ 
ejemplo, que se complace en revestir á Z). ^uan^ 
á Caín^ á Sardanápalo y á otros personajes 
perversos, de cierto barniz de falsa grandeza! 



350 SENTIDO MORAL DEL TEATRO 

Elste afán de crear criminales suólimes, que por 
desgracia se encuentra en muchos de nuestros 
romances vulgares, monstruosas apoteosis de 
sanguinarios bandoleros, no cabía en el sano 
entendimiento de Shakspeare. Hiere á veces, 
sin miramiento alguno, el alma y los ojos con 
espectáculos horrendos; pero lo hace buscando 
en ello la lección moral. Sus delincuentes son 
lo que deben ser en la escena: verdaderos de- 
lincuentes, repugnantes y desalmados. ¿Qué 
importa que en el teatro despliegue la perver- 
sidad todo su poder, y quite la máscara á todos 
sus secretos, si el poeta logra inspirar con ellos 
al espectador aversión y espanto? Hasta las 
mujeres de los dramas de Shakspeare causan 
indecible horror, cuando las pinta dominadas 
por abominables instintos. Gáneril^ Lady Mac* 
bethy Créssida^ son cuadros magistrales de fe- 
menil depravación. Shakspeare no se satisface, 
como casi todos los escritores dramáticos, con 
bosquejar los estragos de las malas pasiones: 
pinta sus vaivenes, su fuerza progresiva, que 
corroe y tiraniza el corazón, y acaba por pre- 
sentar sus desastrosos efectos como lógicas 
consecuencias de los extravíos del alma. Esta 
es la alta enseñanza moral de la escena, y 



SBNTIDO MORAL DEL TEATRO 35 1 

en ella nadie aventaja al gran dramático inglés. 

Cuando, por el contrario, quiere describir el 
aspecto noble , puro y risueño, de la humanidad, 
^quién sabe, como él, pintar tipos de gloria, de 
virtud y de moral grandeza? ^uan de Gaunt es 
un modelo venerable de la lealtad de un caba- 
llero, comparable á los del teatro español, fér- 
til y copioso campo de virtudes caballerescas: 
Ricardo 11^ corregido, en la amarga escuela 
del infortunio, de sus juveniles extravíos, es 
uno de los caracteres más nobles y levantados 
que puede ofrecer la historia de las turbacio- 
nes políticas de los Estados. Poseíáo de la alta 
idea de que, aun destronado, debe mantener 
intacta la majestad de los monarcas, ve en su 
persona, más que un hombre, una institución 
sagrrada, y este sentimiento infunde en su ánimo 
una fortaleza sublime, que le impide mancillar 
en lo más mínimo su augusto é indeleble ca- 
rácter. Pero la ñgura de Enrique F eclipsa, en 
arrojo, en lealtad y en cortesía, á todas las de- 
más. Es un dechado de monarcas, de adalides 
y de caballeros. 

En los caracteres de mujer llega el genio de 
Shakspeare á la más alta perfección. Este titán 
de la tragedia ^ como le ha llamado la Alema- 



SKNTIDO UOKAL SKL TBATBO 

irna; ese escritor, que, sin contempla- 
. parte melindrosa del público, lleva 
violencia la pintura del crimen en las 
senfrenadas, retrata á las mujeres Íno- 
puras con una verdad y una delicadeza 
I ha llegado ningún otro escritor dra- 
lo son los viragos políticos de Comei- 
nujeres verdaderas, con su embeleso, 
xión y sus encendidos afectos. Desdé- 
iola, Ofelia, Miranda, Cordelia, Ju- 
■ginia, Imógenes, ¡qué coro de ánge- 
13 estas mujeres son diferentes. Sólo 
¡an en el candor, en la ñdelidad, en el 
)ios y á sus deberes, en la nobleza de 
mientes, en el encanto indefinible de 
honrada, que Shakspeare sentía con 
irvor. 

ifritu cristiano y caballeresco de la 
dia, contrastando en ello abiertamente 
vilizadón pagana, había idealizado el 
convertido este sentimiento en ana 
e afecto humano y de veneración di- 
kspeare vivfa en un tiempo en que no 
i entibiado todavía aquellas místicas 
3, que cuadraban grandemente" á la 
nial del poeta. Él no aborrecía, como 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 353 

Eurípides, á las mujeres; «El amor es mi único 
pecado » , decía donairosamente; y la perfección 
ideal de aquellas celestiales ñguras demuestra 
que llevaba hasta el éxtasis la delicada ternura 
y la especie de adoración que les profesaba. 

Después de haber hablado del genio colosal de 
Shakspeare, tan mal estimado por nuestros es- 
critores clásicos, que Moratín llama desatinada 
pieza (i) al admirable drama fantástico y sim- 
bólico La Tempestad^ ¿qué he de decir del es- 
píritu moral del teatro inglés, que pueda tener 
una significación tan trascendental y tan ele- 
vada^ Con pocas excepciones, ya la sociedad 
real y positiva, ya la servil imitación de otras 
literaturas, se reflejan en el teatro sin idealis* 
mo y sin espontánea grandeza. Marlow, Wes- 
ter, Middleton, Heywod, Ben Johnson, Beau- 
mont y Flechter, que solían escribir unidos, y 
alguna vez tomaron del Quijote el asunto de 
sus comedias (2), así como otros muchos escri- 
tores famosos, dan muestras señaladas de in- 
genio: algimos, como los dos últimos, se dis^ 



(i) Obras postumas de Morattn, t. ni, pág. 179. 
(3) The Kmght of the burning pestíe^ sátira burlesca 
contra los libros de caballerías. 

cxvi 23 






i 



SENTIDO HOXAL DBL TKATKO 

en en los cuadros de pasión; pero todos 
I al impulso avieso del público, y los más 
in sus dramas trasladando á la escena la 
real al pormenor, esto es, sin selección ni 
is, sin elevación ni poesía; bien al contra- 
E Shakspeare, que se levantaba sobre el 
:o, y lo dirigía, y lo que es más, lo domi- 
No pocos autores de los reinados de ja- 
I y Carios I degradan el teatro con la 
ddad de la frase y el carácter licencioso 
I ideas y de los asuntos. Los fanáticos pu- 
13 censuraron con razón los abusos de la 
a; pero, encerrados en un fanatismo som- 
mirando coa rabia política los honestos 
es de las artes, en vez de reprimir los ex- 
13 morales, cortaron, como vulgarmente 
:e, por lo sano, y á mediados del ^- 
vn prohibieron absolutamente el teatro, 
1 llamaban capilla áil diablo. La restau- 
1 de Carlos II trajo consigo las diversio- 
úblicas con el ímpetu de las reacciones, 
honesta alegría, la corrupción se hizo 
. Su corte, sin pulimento y sin galantería, 
cabo esconden algún tanto la groseria del 
filé, en la historia de las costumbres, 
una anttcipacióa de la época conocida coa 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 35$ 

el nombre proverbial de la Regencia^ que suena 
en la posteridad como un anatema contra la 
decencia y la moral. No hay para qué decir si 
el teatro desplegó entonces todos sus escánda- 
los. Después de Dryden, erudito, crítico y poe- 1 
ta, refundidor poco feliz de algunos dramas de \ 
Shakspeare, brillaron varios autores dramáti- 
cos, más ó menos contenidos por la nueva es- 
cuela, que, como Wicherly, Farguhar y Con- 
gréve, sustituyeron á veces al desmedido, pero 
franco desenfado de la era anterior, refina- 
mientos de forma y barruntos de sentimenta- 
lismo, que á veces constituyen en el teatro la 
hipocresía de la corrupción. La época literaria, 
brillante, pero artificial, de la reina Ana, intro- 
dujo en la escena más circunspección y más 
decoro. El espíritu seudo-clásico francés, ma- 
lamente ingerido en Inglaterra, si no despertó 
el genio libre y vigoroso del antiguo teatro, 
contribuyó al menos con su ceremonioso espí- 
ritu, á numtener la dignidad moral. Lilloy Rowe 
escribieron dramas y tragedias sentimentales. 
Steele, Ciber y otros, comedias clásicas desma- 
yadas. 

Addison, tenido en aquel tiempo por un ge- 
nio, como campeón de la falsa escuela aristotó- 



SENTIDO MOKAL DKL TEATRO 

:reyó consagrarla para siempre con su 
lada triedla Catón. Hoy se cae esta tra- 
de las manos, como toda obra dramática 
tvimieoto y sin vida. Es un Catón gladal, 
vación romana, sin ímpetu republicano, 
: hace admirar como una fría estatua, no 
un hombre de acción vigorosa y de in- 
stables sentimieatos. 
adelante, mediado el siglo xvín, el tea- 
rlés, connaturalizado ya, más ó menos, 
! estrechas formas de la escuela francesa, 
o algunas comedias notables, satíricas ó 
icter, como La Mujer celosa, de Colman, 
tor de Terencio y de Horacio; La Es- 
k la Militf&'ceffcia, de Sherídan, y algunas 
ibras dignas de honrosa 'recordación. En 
jarríck, actor y poeta, se afanó por re- 
, con su elevado y conmovedor talento 
;o, el grande impulso dramático del si- 
Shakspeare. La antigua ínspiradón ha- 
erto, y no alcanza la voluntad individual 
lucir el movimiento moral , grande y 
r, que guardan para épocas históricas 
inadas los arcanos de la Providencia, 
i forzoso reconocer que, en esta segunda 
del último siglo, el sentimiento pura- 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 357 

mente moral fué grande y severo en el teatro 
inglés. Si algo hay que tachar literariamente en 
esta sana tendencia, es que el decoro y el pu- 
dor en la escena llegaron hasta la nimiedad y 
el melindre. Lord Byron, arrastrado por su ar- 
diente é indisciplinado espíritu, rompió con es- 
tos miramientos, que guardaban de consuno á 
la moral pública la sociedad, las letras y las 
artes. 

Volvamos ahora la vista, siquiera sea por un 
solo instante, á los grandes móviles de la anti- 
gua escena española. ¿No veis resplandecer en 
las obras dramáticas de la dorada edad de 
nuestro teatro, el espíritu elevado, generoso y 
caballeresco que animaba en aquellos gloriosos 
tiempos á la nación entera? Era época de afec- 
tos vigorosos, de creencias arraigadas, de en- 
cumbrados instintos. La fe, alma del mundo 
moral, lo dominaba todo: fe en la religión, fe 
en la monarquía, fe en la virtud. El honor no 
era, como hoy día, una idea, que se discute y 
se avalora: era un sentimiento, era un culto. 
Llegaba á veces, no lo niego, á la exageración; 
cosa es llana: tenía, como todo culto, sus mo- 
mentos de fanatismo; pero ¿quién se atreve á 
condenarlo? ¿Cuándo halló el hombre la medida 



358 SENTIDO MORAL D£L TEATRO 

cabal é inflexible de los grandes impulsos del 
alma? ^Cuándo los justos y eternos linderos de 
la verdad moral ? Yerro por yerro, es más bello 
el que nace de las fuerzas que crean, que de 
las fuerzas que disuelven; más noble el que 
brota del exceso de un sentimiento que en- 
grandece y levanta, que el que emana de un 
móvil que enerva y esteriliza el corazón. 

¡Error hermoso, el fanatismo del honor! 
Pudo llegar, y llegó muchas veces, al extravío. 
£1 mismo teatro antiguo lo patentiza. Sólo re- 
cordaré, como ejemplo, los tremendos actos 
de desagravio de ofensas del honor en las tres 
admirables comedias, El Alcalde de Zalamea^ 
Garda del Castañar y A secreto agravio^ se- 
creta venganza. 

En esos actos, hijos de una civilización ma- 
terialmente menos refinada, pero más enérgica 
y vigorosa que la nuestra, traspasa el honor la 
valla del deber, tal como lo establecen los 
principios regulares y acompasados de las mo- 
dernas sociedades. Lejos de mí la idea de glo- 
rificar al honor que no sabe vivir dentro de las 
leyes, y que hace al hombre sangriento juez de 
su propio decoro, tal como él lo entiende 
según las costumbres, las preocupaciones y el 



SKNTIOO MORAL DEL TEATRO 359 

ímpetu idiosincrático de su índole personal. 

Pero hay que considerar que los personajes 
típicos del teatro antiguo español no son ima- 
gen inmediata de la vida práctica y real; son 
símbolos de carácter, como los del teatro 
griego, en que todo se engrandece y extrema 
para dar mayor fuerza y realce á las nobles 
creencias y á los altos sentimientos nacionales. 
Todos conocemos ahora, como conocía el pú- 
blico de Rojas y de Calderón, que hay algo 
violento é ilegal en la conducta de Pedro 
Crespo, de García del Castañar y de D. Lope de 
Almeida, que toman por su mano venganza de 
agravios personales. Pero aquel público sentía 
instintivamente, como nosotros, y acaso mejor 
que nosotros, que hay algo ideal y emblemáti- 
co, algo grande y extraordinario, en aquellos 
robustos caracteres, que anteponen, denodados 
é inquebrantables, la noble ilusión del honor á 
todas las contingencias reales y amargas de la 
vida. Entendido de esta manera el sentido 
moral del teatro español del siglo de oro, 
^quién se atrevería á condenar aquellos actos 
desmesurados como perniciosos á la sociedad 
y contrarios á los fueros del arte? 

L¿l escuela dramática hoy en boga, desviada 



36o SBNTiaO MORAL DEL TEATRO 

del campo de la fantasía, daña y calumnia á la 
sociedad, retratando con colores simpáticos el 
vicio y la deshonra» como circunstancias comu- 
nes y naturales de su ser moral. £1 escepticismo 
moderno, sujetándolo todo á controversia, 
acabó con las puras emociones de la fe, y su 
hijo, el racionalismo i con mostrarse ahora tan 
sabio y orgulloso, no disipa las dudas, y, pren- 
dado sólo de la realidad material, aps^a el 
fuego de los sentimientos, mata el entusiasmo, 
fuente sagrada de toda inspiración, y da vida á 
la terrible enfermedad moral de nuestro tiem- 
po, la indiferencia y funesta, entre todas, para 
las letras y las artes. 

La significación moral del teatro francés en 
la época de su verdadero esplendor, es no sólo 
de muy alta ley, sino además la expresión de 
una cultura extremadamente noble y atildada. 
Corneille no manifiesta muy viva en sus obras la 
sensibilidad verdadera. La rigidez del carácter 
romano, que tanto se complacía en pintar , pasa 
á sus heroínas, que obran y discurren, no como 
mujeres, sino como hombres astutos y ambicio- 
sos. Pero tiene una elevación y una grandeza in- 
comparables. En las tragedias El Cid^ Cinna, 
PolieuctOy Horacio j Pompeyo^ Rodoguna^ hay 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 36Í 

escenas verdaderamente sublimes y caracteres 
que traen á la memoria la ideal elevación del 
teatro griego (i). 
Racine, aunque encadenado por el artificio 



(i) La sensibilidad que se manifiesta poco Tiya é in- 
tensa en las obras de Pedro Comeille, es la que se refiere 
á los sentimientos de humanidad, de piedad, de ternura. 
Pero la sensibilidad, menos delicada, pero bella y pode- 
rosa, sublime á veces, que produce en el ánimo la noble 
impresión de lo elevado y de lo grande, esa la posee el 
gran trágico normando en el más alto grado. La estre- 
chez del presente estudio no permite citar, como ejem- 
plo, sino los caracteres de Paulina y de Polieucto en 
la tragedia PolyeucU, Comeille tomó sin duda el asun- 
to del santoral latino del hagiógrafo alemán Lorenzo Su- 
rius...» j Cuánta sorpresa debió de causar en el público 
francés ver la grandeza moral en la escena, sin héroes ni 
principes griegos y romanos, que antes por completo la 
dominaban I 

Cifrar la emoción dramática en la arrebatada inspira- 
ción cristiana de un mártir, era cosa nueva, contraría al 
falso clasicismo dominante, .de índole pagana. De esta 
audacia nació la creación más hermosa y original del 
genio de Comeille. La Harpe , á despecho de sus pre- 
ocupaciones clásicas y de lo que él llama la bienséance 
dramaüquef se siente avasallado por aquel impetuoso é 
indomable entusiasmo de un neófito que no ve en el su- 
plicio la muerte t sino \bí gloria ^ y que al hacer pedazos 
ante el pueblo los odiosos ídolos y el edicto del Empera- 
dor contra los cristianos, aparece más grande que fus 
jueces y sus verdugos. 

El famoso Hotel de Rambouillet, engreído dispensador 
de la gloria en aqueUa sazón, temió que resultasen ridí- 



SENTIDO UORAL DEL TEATRO 

las doctrinas de Aristóteles, no muy bien 
iprendidas y aplicadas, acierta á pintar afec- 
con naturalidad y viveza, y se connaturaliza 
:al manera con la majestad y la elegancia 

estilo tr^co, que se atreve i decir las 
is más Intimas y prosaicas, sin descender 

pedestal encumbrado en que se coloca 
vocablemente por respeto á la escuela clá- 



I an U eicens Us violencias de Poliencto. Pero L* 
le, mejor inspirado, prescindiendo esta vez de in 
cuIoM «ñciÚD A la mesurada manifcsUcida de los 
«s ; de las ideas , dice asi : 

.'enthotuioMne leligieux de PolyeucU est thíatrat, 
ne tóate grande passion..... Elle a iaoi Púlyatete 
• la chaleui qu'elle doit avoir. S'il n'ent élé qu*!!!! 
ne persuade et resigné, il eu( paru froid ; mais 11 est 
ausiaste k l'excís: il entralne. C'est \k le cas ob 
:fill)e est nfcesaaire et oti la vraie mesuie est de 
pas gaider.> (Lycie ota Coun de Lilüraíurt, t. IV.) 
lieucto ama sinceramente á Paulina; mas In llama 
(ial que aide en su alma, se sobrepone i. todos )0* 
mientos humanos. Ctumdo en el admirable diálogo 
escena tercera del acto cuarto, él se esfuerza en balde 
onvertirta ala religiÚD cristiana, ella, verdadetamcn- 
amonda, le reconviene por sn tibieza, J le dice: 
iQnituí «lie chimare [ti crislianinna), et m'unKi.i 
Ueacto contesta coninovído ; 

nlina, convencida de qnc el principal afán de Po- 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 363 

sica. Junia, por ejemplo, es bárbaramente 
arrancada del lecho y conducida de noche, 
entre soldados , en paños menores, al palacio 
de Nerón. Éste se enamora repentinamente de 
ella al verla con tan sencillo arreo. Racine no 
se arredra del carácter, en verdad poco clásico, 
de esta circunstancia familiar , y la reñere con 
la fácil elegancia en que nadie le ha igualado: 



lieucto es apartarla de la gentilidad, le acusa de este 
modo: 

«C'est pea de me qnitter, ta veox done me sédnire?» 

Polieucto le da esta contestación , qne raya en lo su- 
blime: 

«Cest peo d*aller aa del, je vons y venz oonduire.» 

£1 persistente amor de Paulina va ablandando su in- 
credulidad, y cuando ve marchar al suplicio á su esposo 
adorado, expresa su dolor en este sencillo y elocuente 
verso, seguro anuncio de su próxima conversión: 

« Je te snivrai partoat , et monrrai si tu meurs.» 



Después de la muerte de Polieucto, entra la gracia 
divina en el corazón de Paulina, y dice que la sangre del 
mártir es su bautismo, en estos magníficos versos : 

cMon époux, en monrant, m'a laissá ses Inmiéres; 
soo saag, dont tes boarreaux viennent de me oonrrír, 
m'a dessillé les yenx et me les TÍent d'onvrír. 

Je vois, je sais, je crols, je suis désabusée : 
de ce bienheiireiix sang tu me vois baptisée; 
je snis chrétienne enfin 



SEKTtDO UORAL DEL TEATRO 

He, luu omement, dtua le dmple ftppuell 
ine beanté qa'on Tient d'MTocher aa sommeil. 

e hábil circunloquio salva lo escabroso y 
de la anécdota. Todo puede decirlo 

sabe así respetar las leyes del decoro 
co. Los críticos de la reacción romántica 
1 encarnizado, y no sin causa si se atiende 
principios teóricos absolutos, contra las 
is impropiedades del teatro llamado clá- 
iel siglo de Luis XTV. Razón tenfan', sin 

cuando hadan notar la extraña contnt- 
a que hay entre el lei^uaje nimiamente 
do, el^nte y cortés, de la Ingenia de 
;, y la barbarie de una ¿poca en que 
m sacriñcios humanos. También con 

se burlaron basta los clásicos, dentro 
a del siglo xviii, de la ridicula impro- 
I del traje y continente de los actores. 

se presentaba en la escena con peluca 
cíes, Nerón con chorrera, Andrómaca 
ntUlo, y Augusto con sombrero de plu- 
ral es el imperio de los requisitos con- 
nales de cada época en el teatro, 
iére, usando sin medida de la Ubertad 
>eta cómico en sus imitaciones de las 
italianas, y menos contenido, por consí- 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 365 

guíente, que los grandes trágicos en los límites 
del decoro escénico , fué más adelante, maduro 
ya su elevado talento dramático, un modelo 
acabado de espíritu observador, de intención 
filosófica, de sal ática, de lenguaje urbano. 

No animaba á la escena firancesa del tiempo 
de Luis XIV el espíritu libre y popular de los 
teatros de Grecia, de España y de Inglaterra: 
era un teatro esencialmente pulido y cortesano. 
La parte que en él tomaba el impulso social, 
era la elegancia y el refinamiento de formas de 
las clases aristocráticas, que se hizo simpático 
y general en la nación francesa , menos espon- 
tánea entonces que otras en la creación artística 
y literaria, y aficionada, por lo mismo, á formas 
exquisitas y atildadas. £1 teatro francés tomó 
un camino estrecho y embarazoso, que ponía 
en prensa al ingenio y obligaba á cierta falsedad 
de situación y de lenguaje, con sus exageradas 
unidades, con su espíritu constantemente en- 
copetado y ceremonioso y con su infecunda 
ley de la imitación. Pero no por eso deja de 
tener alto sentido moral y nacional: el de la 
cultura en ideas, en formas y en palabras; cul- 
tura que es uno de los caracteres más determi- 
nados de la índole peculiar de las costumbres 



iempos modernos. En este punto de 
teatro clásico francés tiene carácter 
r representa un aspecto importante de 
ícíón enropea. 

)rnado después el mundo moral con tas 
novadoras del siglo xvni, pronto se 
taren los principios y las influencias que 
eraban en el siglo de Luis XIV: creen- 
litos , clasiñcación social, todo se altera, 
ritu moral del teatro torció sus antiguas 
as. Voltaire, cuyo talento dramático es 
table, singularmente en la pintura de 
3nes, es el testimonio más viúble de 
ento y casi repentino cambio. Su estilo 
ioso y brillante, pero se trasluce dema- 
artificio: no es ai la majestuosa serení- 
Radne, ni la vehemente entereza de 
:. Las tragedias Olimpia, El Fanatisfito, 
E, Edifo, Aleira y Las Gueiros, están en 
r parte inspiradas por las aviesas ten- 
del incrédulo, que aspira, antes que á 
' nobles 6 tiernas emociones, á ejercer 
loUtica en la opinión. Los principios 
idores del orden social, la religión re- 
ti sacerdocio, los patriarcas, los profe- 
Sagradas Escrituras, todo lo qae caos- 



SSNTIDO MORAL DEL TRATRO 367 

tituye los principios históricos y los prestigios 
de la fe, está escarnecido ó solapadamente ata- 
cado con tan malintencionadas como transpa- 
rentes alusiones. 

Ofrece estrecho campo este ligero estudio, 
para examinar como tan amplia materia me- 
rece, el sentido del teatro alemán, hermanado 
con la moderna filosofía idealista, creación 
casi de nuestros días . No es dable sin embar- 
go omitir que, á mediados del siglo último, 
cuando la escuela doctrinal seudoclásica en- 
carrilaba por estrecha senda las letras espa- 
ñolas, Lessing, en Alemania, guiado por su cer- 
tero instinto (i), contra viento y marea de los 



(i) Puede afirmarse que Lessing no tuvo verdaderos 
precursores. Antes de Diderot, á cuyas censuras de las 
impropiedades teatrales no dejó Lessing de dar impor- 
tancia, habia habido otros detractores del sistema anti- 
guo. Descuella entre ellos La Motte, el célebre autor de 
la tragedia Inés de Castro. Atacó abiertamente las unida- 
des de tiempo y de lugar, como estorbos y remoras de 
los recursos y del interés del arte dramático; intentó de- 
mostrar que los dramaturgos de la antigüedad no eran 
superiores á los modernos; y no reconocía la necesidad 
de imponer á éstos constantemente la imitación de 
aquéllos. 

En época posterior á Diderot, Louis-Sébastien Mer- 
cier, escritor ingenioso, pero audaz y poco reflexivo, en 
tono vehemente y destemplado atacó al antiguo teatro 



MORAL DEL TBAT80 



OS alemanes de su época (i), y, arrastran- 
úera de la ley de su genio, por el espíritu 



is, y principalmente á Racioe (Estai sur tart dra- 
ut; 177}). Llevado del espíritu independiente ¿ in- 
or, propio de aquella ¿poca turbulenta , lompe de 
con las reglas consagradas poi los triunfos escj- 
de grandes escritores, 7 proscribe los asuntos an- 
, dando la preferencia i la pintura de la vida po- 
y ordinaria. No hay qne decir qac con su inaolente 
. y su mal meditada reforma levantó contra sí una 
e, entonces incontrastable, de satíricos k impug- 

erot, con algún mayor tino y menor encamiía- 
> que Meicier, babla tomado parte activa en la re- 
ontrorersla, pero con gran confusión y mezcla de 
M, con evidentes enorea y exageraciones (entre és- 
de snprimir los entreactos). 

dable crasa intento de regenerar etartedramíüco 
do la realidad como única guía, para dar mayor 
:he ¿ la inspiración de los poetas; pero si, por una 
siguiendo este sano principio, condena el fórma- 
la etiqaeta j la pedantesca declamación en el tea- 
ir otra, lo estrecha, proscribiendo toda elevación; 
!za escénica, y circunscribe el fin del arte diamá- 
lá efectos puramente morales, olvidando qne la 

Sottsched, catedrático de grande autoridad, acérri- 
rtidario de la imitación de los cUsicos franceses, 
QÓ ardorosamente las nuevas ideas, principalmente 
periódico del cual era director, DU vemünftigen 
■Utntn (Los Drilicos sensatos), 
iscuela de Gottsched no pudo trionfai del aseen- 
de Lessing ; de Klopstock. 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 369 

profundo y analítico de aquella raza pensadora, 
con un ímpetu y un arrojo que sólo cabe en 



poesía y las artes pueden y deben formar parte de los 
deleites y de las ilusiones teatrales. 

La Motte, Diderot y Mercier, más trazas toman , en sus 
escritos confusos é inmaturos, de demoledores de la 
dramática existente, que de sesudos reformadores del 
arte. Tuvieron además la desgracia de que las obras 
que escribieron como dechados , no lograsen demostrar 
la excelencia de sus innovaciones doctrinales. Los dos 
dramas que Diderot escribió con tan presuntuoso propó- 
sito, Le Fus naturel y Le Pere de famiüe (esta última 
imitada de El verdadero amigo^ de Goldoni), tuvieron el 
éxito más desdichado. 

La cuestión de las unidades y las protestas contra los 
artificios convencionales del teatro, que aquellos célebres 
escritores suscitaron como cosa nueva en la poética dé- 
la escena , eran ya controversia antigua en España. Más 
de un siglo antes, haciendo de paso una elocuente apo- 
logía del teatro español, había señalado Tirso de Molina 
con mayor tino y más penetrante dialéctica que otra 
alguno, los inconvenientes de las unidades de tiempo y 
de lugar {Los Cigarrales ¿fe Toledo^» 

Lessing puso coto á las exageraciones y á los errores 
que malamente amalgamaban los críticos ' franceses, con 
algunos cuerdos y sanos pensamientos. Él vio estas cues- 
tiones á la verdadera luz estética. Su doctrina sensata y 
conforme á la naturaleza, abrió amplia y segura senda á. 
la musa dramática , para llevar á la escena , en alta ó en 
inferior esfera, cuanto exprese con nobleza y verdad el 
movimiento de la vida humana. Esta doctrina, vencedora 
de la obcecación seudo-clásica, hizo comprender al caba 
á la Europa entera las bellezas, antes desdeñadas, de los 
grandes teatros nacionales. 

cxvi 24 



370 SSNTIDO MORAL DEL TEATRO 

quien representa el impulso de una nación en- 
tera, rompía las cadenas de la imitación fran- 
cesa, que allí lo subyugaba todo, aparecía ante 
el mundo literario como el apóstol de la nueva 
crítica, fundada en la elevación y en la verdad^ 
y daba al teatro Minna de Barnhelm^ Emilia 
Galottiy Nathan^ primeros dramas escritos con 
espíritu exclusivamente alemán. Del fecundo 
campo que él sembraba, brotaron en breve dos 
grandes poetas dramáticos nacionales, Schiller 
y Goethe. Ambos, el primero ardoroso y apa- 
sionado, indiferente á la verdad histórica, do- 
minado por las preocupaciones de su tiempo, 
pero en alto grado elocuente y conmovedor; el 
segundo , ya llevando al teatro con asombrosa 
originalidad ideas filosóficas trascendentales, ya 
haciéndose eco del espíritu popular y de las 
tradiciones germánicas, crearon repentinamen- 
te un teatro de vigoroso y nacional impulso, 
que ocupa lugar altísimo en los anales de la li- 
teratura dramática. 

¡Cuan diferente espíritu prepondera en el 
teatro francés de nuestro tiempo, que, ya en 
traducciones, ya en imitaciones, da, por des- 
gracia pábulo á la escena española! Como si no 
bastasen á alimentar el interés dramático los 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 37 1 

sentimientos nobles, los ímpetus sinceros del 
alma, las pasiones ardientes y descaminadas, 
pero hijas de elevados impulsos morales, ó 
•como si el arte hubiese agotado el manantial 
inagotable de las ideas eternamente verdaderas 
y de los sentimientos fundamentales del cora- 
zón humano , la poesía dramática contemporá- 
nea se afana lamentablemente por buscar, como 
Tiudo y esencia del pensamiento de la fábula, 
sentimientos falsos, móviles vergonzosos, pa- 
siones monstruosas, que, en realidad, no son 
pasiones verdaderas, sino sofismas morales de 
una sociedad gastada y corrompida. 

Innumerables ejemplos podrían presentar- 
se. Basta citar uno de ellos: Paul Forestier^ 
drama de un escritor famoso, que fué á un 
tiempo embeleso del público y» escándalo de la 
crítica. No hay en él ni caracteres verdaderos, 
ni situaciones verosímiles, y en cuanto á senti- 
mientos, todos son falsos y artificiales, ó mejor 
dicho, no son sentimientos: son extravíos pa- 
sajeros y contradictorios, indignos de ser toma- 
dos por basa del pensamiento moral de una 
obra dramática. Amor que no es amor, celos 
que no son celos, la intervención de un padre 
que se expone á justas reconvenciones de su 



373 SENTIDO MORAL DEL TEATRO 

hijo, porque para corregir á éste no obra coma 
indulgente ó severo^ sino como engañoso y tai- 
mado, y sobre todo esto, móviles esenciales de 
la trama, de tan torpe y cínica naturaleza, que 
no me atrevo á expresarlos. Emile Aügier, del 
mismo modo que otros autores que le han pre- 
cedido en tan escabroso camino, conoce á su pú- 
blico, sabe el hechizo que en él producen la ha- 
bilidad de la forma, las galas del lenguaje y las 
seducciones del estilo , aun en las más falsas y 
violentas situaciones, confía en el poder fascina- 
dor que ejercen admirables actores, y se burla 
de lo demás. 

¡Cuánto ha andado el teatro francés en la 
pendiente de la decadencia moral en la segunda 
mitad de este siglo! (i). No hablaré de Scribe, 
que, fuera de su inagotable instinto del enredo 
dramático y del movimiento escénico , poseía 
en alto grado el primero de los dones de un au- 
tor cómico, esto es, el de encontrar el lado irri- 
sorio y festivo dé los vicios sociales contempo- 
ráneos, por más triste, prosaica ó dramática que 
fuera su esencia. Él supo arrancar la risa de las 



(i) Esta decadencia no lleva trazas de contenerse,, 
sino y por el contrario, de aumentarse. 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 373 

conspiraciones, de los motines, del pandillaje 
político, de la ambición á la moderna, y de 
otros extravíos trascendentales de las ideas y 
mal encaminadas costumbres de nuestro tiem- 
po, que por lo común arrancan lágrimas (i). 

Me limitaré á citar las dos lumbreras princi- 
pales del teatro romántico francés : Víctor Hugo 
y Alejandro Dumas. Movidos ambos por su am- 
biciosa fantasía y por el ímpetu de la nueva 
doctrina, de que eran fervorosos apóstoles, 
arrollaron, no sin fruto y sin gloria, las creen- 
cias y los dogmas literarios que habían sido 
por tanto tiempo reglas sagradas de las letras, 
no sólo en Francia, sino en la Europa entera. 
El mundo moral que trasladaban al teatro , no 
era por cierto el mundo real, con las pasiones, 
los lances y los sentimientos comunes de la vida 
humana. Era el mundo de su imaginación, que 
á todo trance buscaba lo grande y lo extraor- 
dinario, aun á costa de la verdad. Afectos, 
acontecimientos , caracteres históricos , cuadros 
de la sociedad contemporánea: todo lo trazaban 
con pincel temerario, todo lo extremaban, fri- 



(i) Bertrand et Ratón ou TArt de conspírete La Cama" 
raderie^ L'AmHtieux^ etc. 



lo siempre en la paradoja, achaque ioevi- 
e de aquellos que tienen por rastreras é 
Isas las realidades de la vida. Pero, no hay 
olvidarlo, esos trasto madores de la escena 
cesa, esos creadores de un mundo moral 
binario, no pocas veces monstruo^, jamás 
ilecieron el arte, jamás hicieron descender 
sentimientos del alma humana al ínfimo ni- 
á que los ha traído la escuela dnica de la 
presente. 

[oy reina un prosaico y mal entendido rea- 
!0, el cual, con el triste afán de buscar la 
!ad sin galas ni atavíos, todo lo amengua y 
mpobrece, y lo que es más, se aparta á me- 
t> de la verdad misma, que ni siempre se 
;enta al mundo indigente y desnuda, ni 
satisface las necesidades morales y artfs- 
1 de las naciones civilizadas. Víctor Hugo y 
andró Dumas ofrecen á veces á los espec- 
>res personajes dramáticos de abyecta con- 
5n, y en pugna abierta con la sociedad, á 
\& de sus crímenes 6 sus extrañas desven- 
.s; pero, para hacerlos simpáticos y formar 
xastes de carácter dramático, los suponen 
ropio tiempo, ora dotados de prendas sin- 
ires, ora enardecidos por nobles y acendra- 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 375 

dos afectos; los hacen además mártires de sus 
extravíos, y así atenúan la odiosidad de sus do- 
lencias morales. 

Suelen ser estos personajes seres imposibles 
en la vida ireal, pero están creados por ideales 
impulsos y por vuelos fantásticos de elevada in- 
tención. Nunca toman ruin y prosaico carácter, 
ni son, merced á su índole de leyenda, rastrera 
imagen y dañosa lección para las costumbres. 

Llana tarea sería demostrar, por medio de 
un examen comparativo, la diferencia funda- 
mental que hay entre caracteres, al parecer 
análogos, del teatro de los escritores románti- 
cos franceces, y del de los que en los últimos 
años han abusado, contra la moral y contra el 
decoro de la escena, de la libertad literaria que 
aquellos románticos cimentaron con más sana 
intención y más encimibrados propósitos. Ociosa 
parece esta demostración. Creo, sin embargo, 
oportuno llamar la atención, por vía de ejem- 
plo, sobre el carácter degenerado que ha toma- 
do en manos de los modernos autores dramáti- 
cos un tipo falso y poco plausible en sí mismo, 
pero que habiendo nacido ideal en la lira de 
Víctor Hugo, ha sido convertido en un carácter 
vulgar y escandaloso por la musa audaz y des* 



376 SENTIDO MORAL DEL TEATRO 

carada, que reina hoy día donde reinaba, celosa 
de su dignidad y de su gloria, la noble musa de 
Comeille y de Racine. 

El tipo á que aludo es el de la mujer perver- 
tida, transformada é idealizada por ima pasión 
verdadera. Esta idea, que se ha llamado <Jes- 
pués, con más ó menos propiedad, la redención 
por medio del amor y y se ha explotado tantas 
veces y en tan diferentes formas, no nació en 
Víctor Hugo sino de su impetuoso instinto dra- 
mático, que le llevaba, por la índole peculiar de 
su numen , á buscar las dificultades y los con- 
trastes. Escabroso era, bajo todos aspectos, el 
intento del gran poeta. Quiere convertir dos 
prostitutas, Tisbe y Marión Delorme, como pu- 
rificadas por la divina llama del amor verda- 
dero, en dos grandes caracteres. El desinterés, 
la abnegación, la ternura en su acepción más 
delicada, todas aquellas prendas que no pueden 
concebirse en almas gastadas y en seres degra- 
dados, son cabalmente las que Víctor Hugo 
prodiga á manos llenas á aquellas mujeres des- 
venturadas. Hay que apelar á la posibilidad de 
un fenómeno para admitir semejantes aberra- 
ciones morales. Pero, sea como quiera, Víctor 
Hugo no atribuye ventaja ni atractivo alguno á 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 377 

mujeres perdidas, como ahora suele hacerse, 
por la situación vergonzosa en que las han 
colocado los vicios; antes bien las pone en 
pugna constante con los elementos sociales, 
puros y elevados, que ya no pueden^ recobrar. 
Incapaces de inspirar ternura ideal , que es la 
fuente del amor verdadero, y confianza, que es 
su más noble y duradero fundamento, nunca 
alcanzan los deleites purísimos del amor casto 
y sereno, que sería para ellas inmerecido ga- 
lardón. Nunca estimadas del hombre que llegan 
á amar de veras, son mártires de su pasión, y 
esos mismos inesperados sentimientos, que re- 
dimen su alma, se convierten en su enseñanza 
y en su verdugo. Recuérdese á Tisbe, sublime 
emblema del amor, que después de agotar las 
amargas angustias del desdén y de los celos, 
recibe gozosa la muerte de manos del hombre 
que adora, y le entrega su propia rival con ab- 
negación sobrehumana. 

Ni Marión Delorme ni Tisbe son figuras del 
mimdo real. Sólo viven en los espacios de la 
imaginación. Pero en ellos tienen, en medio de 
su extraña índole, su encanto y su grandeza. 
Su verdadera significación moral no es perni- 
ciosa á la sociedad, y el arte no puede, en rigor, 



373 SENTIDO MORAL DEL TEATRO 

rechazar esas creaciones fantásticas, que abren 
campo á la pintura de grandes sentimientos. 

Véase ahora el sentido moral de la redención 
por el amor en manos de la ñamante escuela. 
La Dame aux Camelias es como el prototipo 
de esa cáñla de cortesanas sentimentales que 
inundan la novela, el drama, la ópera. Todos 
conocen ese repugnante cuadro de la prostitu- 
ción glorificada, en que la mujer pervertida vive 
en mansiones esplendorosas, amada con amor 
profundo, y hasta trata de igual á igual, y ro- 
deada de miramientos, con los padres de su 
amante; porque degradar la dignidad paternal 
es una de las innovaciones peregrinas del actual 
teatro. A la Señora de las Camelias^ á la 7ra- 
viata (dadle cualquiera de los varios nombres 
que ahora tiene), no acarrean sinsabores su mal 
vivir ni su insolente amor. No parece sino que 
su situación odiosa es su hechizo principal y su 
atracción más poderosa. Pero es forzoso llamar 
hacia ella la simpatía de las gentes, y como se- 
rían inverosímiles sus tormentos morales, hay 
que hacerla interesante por medio de una do- 
lencia física. 

La dama mercenaria padece del pecho, arroja 
sangre por la boca. ^Cómo no ha de despertar 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 379 

la compasión por este lado quien por ningún 
otro es capaz de inspirarla? Y cuenta que esto 
de la tisis, como recurso dramático, se halla en 
Dalilay de un escritor esclarecido, y en otraa 
varias obras modernas. 

En otro tiempo se cifraba el interés dramá- 
tico en las contiendas íntimas y en las amargu- 
ras del alma. La fe, la gloria, el entusiasmo, los 
afectos ardientes, siempre el espíritu, formaba 
el nudo de la emoción escénica: el interés de la 
materia parecía indigno de entrar en primer 
término en la sagrada esfera del arte. [Qué ha- 
brían pensado Sófocles, Shakspeare, Lope, Cal- 
derón, Corneílle y Goethe, dioses de lo grande 
y de lo ideal, de esta literatura de tísicos y de 
prostitutas! 

Se dice que estas son las tendencias de la 
época en que vivimos, y que en las letras y en 
las artes debe reflejarse siempre la sociedad 
que las inspira y alimenta. Esto es indudable 
en cuanto se refíere al gusto, á la belleza, á la 
emoción estética, que es el alma del movimiento 
artístico y literario. Pero tal observación, que, 
más que un principio crítico, es un hecho, na 
ha de convertirse malamente en dogma per- 
nicioso á la sociedad y á las letras mismas» 



^ 



380 SENTIDO MORAL DSL TEATRO 



El escritor no se exime nunca, por vigorosa 
que sea la originalidad de su ingenio , de cier- 
tas influencias dominantes en su tiempo y en 
su país: mas no por eso ha de encadenar su 
conciencia, entrando á ciegas con servil propó- 
sito en la esfera de la depravación moral. El 
ingenio tiene, como el corazón, su espontanei- 
dad, su nobleza, su libre albedrío. No puede 
transigir cuando se trata de las verdades san- 
tas del cielo y de la tierra. Si se hace cómplice 
de los vicios mundanos , envilece á las letras, 
tuerce su rumbo natural, mata su gloria y su 
belleza, profana su misión moral. El autor dra- 
mático que entra en tan triste camino, lejos de 
ser, como debe, un apóstol de la verdadera 
civilización, de aquella que engrandece y acri- 
sola, se convierte en un instrumento de corrup- 
ción y de barbarie. 

Y ¿pueden estos repugnantes cuadros de vi- 
cios y extravagancias morales, en que están 
desquiciados los fundamentos de la conciencia 
y desnaturalizados los impulsos del corazón, 
constituir el noble deleite que busca en el tea- 
tro toda nación culta é ilustrada? El teatro, 
como la novela, como la prensa, como todos 
los medios de propagar ideas y de mover los 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 381 

ánimos de una manera pública y general, es el 
árbol del mal y del bien, según el sentido mo- 
ral que en sí lleva; y de aquí nace la grave res- 
ponsabilidad que pesa en esta parte sobre los 
escritores laxos ó indiferentes, y sobre la ad- 
ministración misma, que, temerosa de poner 
estorbo en lo más mínimo á legítimas liberta- 
des, peca, por lo común, en toda Europa, de 
sobrado tolerante en lo que toca al sentida 
moral del teatro. 

Calumnian á la actual sociedad los que , pre- 
sentándola como á Segor ó á Síbaris, ó á cual- 
quiera otra de aquellas ciudades de Palestina que 
son emblemas tradicionales de una corrupción 
irremediable y absoluta, echan sobre ella toda la 
culpa de la prostitución del teatro. La culpa es 
recíproca, como lo es también la acción moral. 
El bien y el mal andan siempre revueltos en el 
mundo, y es deber imperioso, así como noble 
privilegio de las sociedades verdaderamente 
civilizadas, poner estorbo al mal y abrir al bien 
francos caminos. Aunque la perversión fuese 
universal , y hubiese en el Estado una sola fa- 
milia perfectamente pura y preservada del con- 
tagio inmoral, esa sola familia tendría derecho 
á que se respetasen en las diversiones públicas 



3Sa SXNTIDO MORAL DEL TBATKO 

SU pureza y su austeridad. Imagin 
madre que educa solícita á sus hij 
atmósfera inalterable de recogimient, , — .- 
cato, y que, llegada la edad en que pueden y 
deben participar del movimiento artístico, de 
su tiempo, las lleva al teatro, esperando hallar 
en él un recreo honesto y civilizador, y da con 
La Señora de las Camelias, con Paul Fores- 
tier. Une Visite de Noces, ó con otro drama 
cualquiera de los innumerables en que asoma 
claramente, detrás de primorosas formas ar- 
tísticas, el más grosero materialismo. ¡Qué re- 
pugnante sorpresa! ¡Qué retroceso en la educa- 
ción! ¡Qué luz funesta en la santa ignorancia de 
la inocencia verdadera! (i). 



(i) Es tal el audaz desenfado que Be ha enseñoreado 
de la escena en la época moderna, que no ha faltado 
quien declare, como doctrina estética, que la inmorali- 
dad es condición inherente á la literatura dramítica. Pa- 
ladinamente lo declara el ilustre académico Alejandro 
Dumas (hijo). Asi dice, hablando alfúélUo: 

<Au Eujet d'une Visilt di Noces, et de La Princessí 
Georgt!, OD t'a crié: N'y vas fias; c'est immomll Heuren- 
■ement, toi et moi sommes habitúes i. ce mot-lá depuis 

que nous sommes en relations Tu y as couní, avec tes 

amis,aTec ta frimne, avec too fila. Tu n'y as pas mené 
U filie; tu as eu raison. II ne faat jamáis mener sa filie au 

théetre, disons-Ie une fois poot toutes..... SachoDS bien 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 383 

Las reñexiones no parecen necesarias. La 
juventud española que se dedica á la litera- 
tura dramática, debe tener siempre en la me- 
moria que el antiguo teatro de nuestra patria 
respira el honor, la fe, la grandeza heroica. 
Para aquellos autores, hombres entre sí tan 
diferentes en índole y condición , los más altos 
y puros sentimientos no eran medios conven- 
cionales de interés escénico; eran su verdadera 
inspiración. Puede decirse que todo aquel tea- 
tro, vario, complejo, inmenso, brotaba, como 



que, le théfttre étant la peinture ou la satire des passions 
et des moeors, il ne peut jamáis étre qa'immoral, les pas- 
sions et les moeurs moyennes étant toujoors iimnorales 
elles-mémes. 

Nous devons maintenir et t'imposer ce qui te trouble, 
quand il faut que cel& soit.» 

(Préface de La Princesse Georges,) 

Estas palabras, relativas á la moral de las obras escé- 
nicas, tienen algo de sofisticas y mucho de abiertamen- 
te cínicas. ¿No ve Dumas la triste imagen familiar que 
ofrece una madre que deja en el hogar á su hija para 
acudir á un recreo que , por inmoral^ está á la doncella 
vedado? ¿No hay motivo para temer que lastime algún 
tanto el prestigio y la autoridad moral de la madre el 
hecho de que ésta vaya sin reparo adonde no pueda la 
hija ser llevada sin azorar su inocente espíritu y manchar 
la pureza de sus sentimientos? 

La doctrina de Dumas es falsa y peligrosa. £1 arte 
dramático no es forzosamente inmoral en sí mismo. Lo 



384 SENTIDO MORAL DEL TEATRO 

un raudal, de tres fuentes únicas: el fervor de 
la fe, el instinto épico del pueblo castellano y 
la elevación de los sentimientos morales. 

Aun no se ha agotado del todo el caudal de 
aquellos nobles sentimientos. El amor á la ver- 
dad y ája virtud nace con el hombre, y, aun- 
que indiferente ó pervertida , no hay sociedad 
que no reconozca y aplauda aquellas dos luces 
del cielo, tesoros incomparables, con que Dios 
dotó al alma humana. Verdad ^ virtud: esas son 
las poderosas palancas de la conciencia, que 
obligan al hombre á hacer ceder sus pasiones á 
sus deberes. Presentadlas en el teatro con los 



hacen inmoral, escandaloso y corruptor, los que lo con- 
ducen, con descaro y sin escrúpulo, por tortuosa senda. 
Y no es que haya de estribar la moral del teatro en 
que todos los personajes se hallen revestidos de perfec- 
ción ascética , ni sean dechados de inmaculada inocen- 
cia. Entonces no habría drama. Ya se sabe que el movi- 
miento y el interés novelesco ó dramático no puede 
nacer sino de la contraposición y pugna de afectos, pa- 
siones é intereses. Dumas confunde la inmoralidad in- 
trínseca de las cosas, con la inmoralidad que crea el 
escritor, pintando sin decoro, sin escarmiento y con cí- 
nica indiferencia ó desenfado de errada estética, inmun- 
das acciones y repugnantes sentimientos. 

£1 pecado de inmoralidad literaria no está en pintar la 
perversidad y la impureza humana, sino en presentarla 
triunfante y en impúdica forma, 



SENTIDO MORAL DEL TEATRO 385 

ingeniosos y cautivadores atavíos artísticos con 
que suelen vestirse la mentira y el vicio , y ve- 
réis cómo alcanzáis triunfos mayores , más pu- 
ros, más provechosos á la sociedad, más dig- 
nos de la misión moral del arte. 

Algunos afirman que el teatro es un simple 
recreo, sin acción sobre el ánimo de las gentes, 
incapaz, por tanto, de ejercer influencia en las 
ideas y en las costumbres , y que las virtudes 
que retrata son «tan muertas como las que del 
mármol y del bronce finge el arte para ador- 
nar los pórticos de los jardines» (i). ¡Insigne 
error, nacido de la indiferencia de nuestros 
tiempos! No hay cuadro de afectos y de cos- 
tumbres, no hay expresión de ideas y de sen- 
timientos que no deje rastro alguno en el alma. 
Todo sentimiento provoca un sentimiento; toda 
idea despierta ó confirma una idea. ¡Cuántas 
veces la diestra ficción de la ternura ó del in- 
fortunio nos hace derramar lágrimas dulces ó 
amargas en el teatro! ¡Cuántas la expresión 
feliz de afectos generosos, la pintura de accio- 
nes heroicas hace palpitar nuestro corazón por 
la simpatía que nos inspira involuntariamente 



(1) Ezpresión de un escritor ascético. 

cxvi 25 



^^ 



3S6 SSNTIDO MORAL DBL TXATRO 

caanto es puro y grande en la tierra! Y ^hay 
quien pueda pensar que esas lágrimas y esas 
santas emociones son absolutamente perdidas, 
y que su impresión es tan efímera como la ins- 
tantánea huella que deja el ave al tocar con el 
ala los tersos cristales de un lago? No lo creáis. 
Nada es indiferente para la educación del alma. 
Todo sentimiento noble resuena en el corazón; 
toda idea luminosa ó sublime vibra en el en- 
tendimiento. «He visto un príncipe, dice Vol- 
taire¿ «perdonar una injuria después de una re- 
presentación de La Clemencia de Augusto,^ 
Ésta es la sana impresión del momento. De ella 
quedan siempre huellas en el alma. 

El espectáculo moral de la sociedad no es 
edificante; pero ¿es motivo para retratar lo malo 
que hay en ella con seductores y risueños colo- 
res? Si el teatro no conspirase á levantar y acri- 
solar los sentimientos, y á robustecer la dig^ni- 
dad moral del hombre, pobre y estéril fuera su 
misión en la esfera del arte. Hacemos com- 
prender y sentir el valor de las prendas eleva- 
das y de los impulsos sanos y generosos; ha- 
cemos discernir el mal del bien con el cuadro 
de las perniciosas consecuencias que acarrean 
las perfidias mundanas y los sofismas con que 



SENTIDO MORAL DSL TBATRO 387 

el vicio se encubre; y todo ello sin pláticas doc- 
trinales, con la ims^en viva del movimiento 
humano, con ática elegancia y armonía, coft 
las galas de un lenguaje rápido y acendrado, 
con el estilo sencillo y noble de los afectos ver- 
daderos: esos son los deberes sociales y litera- 
rios de los escritores dramáticos dignos de las 
naciones cultas. 

He llegado al término de este desaliñado 
examen de los deberes morales del teatro. Cua- 
dra á la alta y justiciera crítica protestar contra 
todo aquello que en las letras es esencialmente 
malo ante Dios y ante la razón, y evidente- 
mente pernicioso á las costumbres. Mengua 
fuera callar al ver crecer sin límite el torrente 
de los escándalos de la literatura dramática. Es 
materia en que no podemos equivocamos. Cer- 
tas verdades morales tienen el privilegio de 
vivir grabadas en el corazón de los hombres, y 
de ser tan infalibles como las verdades mate- 
máticas. £1 asunto es, además, de trascenden- 
cia capital, así para las letras como para la so- 
ciedad misma. La pureza y la elevación moral 
no son sólo un deber; son para la especie hu- 
mana la única gloria y la única ventura. 



J 



LA 

Leyenda romana |de Virginia 

EN LA LITERATURA DRAMÁTICA 




RECUERDO LITERARIO 



Cuando el Sr. D. Manuel Tamayo alcanzó 
en 1853 un verdadero triunfo escénico con su 
hermosa trs^edia Virginia^ el Director de la 
Revista Española de Ambos Mundos rogó al 
Sr. D. L. A. de Cueto, cuyos escritos de crítica 
teatral eran ya en aquel tiempo muy estimados, 
que escribiese para dicha Revista un artículo 
crítico acerca de la aplaudida obra dramática. 
Á los pocos días se publicó el artículo , que fué 
bien recibido del público. 

Muchos años después hubo quien recordó 
aquel somero escrito; pero su autor no conser- 
vaba ejemplar alguno; cerca de medio siglo ha- 
bía transcurrido, sin que volviese á pensar en 
obra tan sencilla, de efímero carácter, cuyo 
contexto se había borrado enteramente de su 
memoria. 



393 LA LKTXlfDA DS VIRGINIA 

Pero el Sn Tamayo conservaba un ejemplar, 
y manifestó deseos de que se diese de nuevo á 
la estampa. Ahora se publica en la Colección 
dé Escritores Castellanos^ como recuerdo de 
historia literaria. 



^^ 




LA 

LEYENDA ROMANA DE VIRGINIA 

EN LA LITERATURA DRÁSTICA 



VIRGINIA 
tragedia en cinco actos por D. Manael Tamayo y Baus. 




^NTRB los ejemplos de bárbaro estoicis- 
mo de que están sembrados los anales 
de los primeros siglos de Roma, ninguno puede 
tal vez compararse al de la muerte de Virginia. 
Las preocupaciones republicanas; el acre anta- 
gonismo de los patricios y de los plebeyos; la 
perniciosa influencia moral de aquel politeísmo 
grosero, que asf divinizaba los vicios como las 
virtudes, y tan complicado que hizo decir á 
Petronio que en Roma era más fácil hallar d 
un Dios que á un hombYe (i), y por último, las 



(i) Los romanos, en su tendencia i considerar sagra- 
do no solo lo belU^ sino lo úHl^ llegaron á divinizar hasta 



394 LA LEYENDA DE VIRGINIA 

condiciones de un pueblo que asentaba los fun- 
damentos de su existencia, de su vitalidad y de 
su gloria, más que en impulsos naturales y hu- 
manos, en impulsos artificiales y políticos, die- 
ron por mucho tiempo en aquella sociedad 
pagana torcido rumbo á las ideas del deber y 
á las voces de la conciencia. £1 centurión Vir- 
ginio, asesinando á su hija en el Foro, y en 
medio de una turba facciosa estremecida de 
indignación contra la opresión de los decenvi- 
ros, no es sólo el padre heroico que salva á 
toda costa el honor de su sangre; es además, y 
acaso principalmente, el romano impetuoso, 
arrebatado por las pasiones políticas que ardían 
en torno suyo. 

Desde el punto de vista histórico, y trasla- 
dando el pensamiento á aquella sociedad sin- 
gular en que las pasiones públicas se sobrepo- 
nían tan imperiosamente á los afectos naturales 
del alma, la terrible acción de Virginio puede 
despertar admiración; á la luz de la moral cris- 



las cosas más antipáticas y prosaicas. Crearon á Chacina^ 
diosa que presidía la cloacas (Lactancio), esto es, la lim- 
pieza de las cloacas y pues el nombre nació de cluo, lim- 
piar, purificar. — Asi y todo, entre los modernos no pue- 
de aceptarse sin repugnancia tan extraña divinidad. 



LA LEYENDA DE VIRGINIA 395 

tíana no debe ser considerada, cuando más, 
sino como una ferocidad sublime. 

Como quiera que sea, ese frenesí de libertad, 
esa abnegación inconsiderada, esa rigidez de 
temple de las almas romanas, llevan consigo 
carácter tal de elevación y de grandeza, que no 
pueden dejar de hablar activamente á la ima- 
ginación, y de constituir un poderoso resorte 
para las composiciones trágicas. Por eso la 
muerte de Virginia ha sido escogida tantas ve- 
ces como argumento en el mundo dramático. 

Como en nuestro sentir, la basa de la esté- 
tica literaria estriba en hermanar las leyes ge- 
nerales y eternas de la naturaleza, de la verdad 
y de la razón con las condiciones peculiares de 
cada asunto, creemos indispensable, para juz- 
gar con acierto la bella tragedia del Sr. Tama- 
yo, recordar las circunstancias más importantes 
del hecho que le sirve de fundamento. En el 
examen de ima tragedia histórica este recuerdo 
debe de ser la luz principal que guíe las obser- 
vaciones de la crítica. 

Cabalmente Tito Livio refiere de un modo 
notable el transcendental acontecimiento de la 
muerte de Virginia, que acabó con la domina- 
ción de los decenviros. Es una de las ^^^ 



LA LEYENDA DS VIRGINIA 

ncillas, más vigorosas y más patéticas que 
legado la antigüedad. Procuremos dar de 
una idea, transcribiendo, traducidos, va- 
rrafos de Tito Livio, que contengan la 
i del hecho (i): 

líese ahora otra maldad que en la cin- 
aeció , cuyo principio fué la liviandad; la 
) menos se terminó en deshonrado fin 
fuerza que fué hecha á Lucrecia, é asf 
I causa de que los decenviros perdiesen 
erfo, como la de Lucrecia de que los 
nos perdiesen el reino, 
s como Apio Claudio quedase en Roma 
iiarda de ella, fué encendido en amor 
virgen desposada hija de Lucio Virgí- 
cual en Álgido estaba de capitán de 
orden de soldados. Era este varón de 
lemplo, así en la guerra como en la elu- 
de sus buenas costumbres tenían parte 
:r é hijos. Tenia desposada á su hija con 
£Ílio, varón tribunicio muy esforzado, 
;dor de la causa del pueblo. É como 

refeiimoa vtlemos de nna UadacciÓn del il- 
porqa« el saboi rancio del lenguaje contriba^e 
a leyenda derto prestígio de sencilleí de que 
i eo estila propio del áí*. 



LA LEYENDA DE VIRGINIA 397 

esta virgen fuese de aventajadísima hermosura, 
Apio se enloqueció en su amor, y pensó de la 
haber con prometimientos é dones. Mas viendo 
que todas estas cosas no podían vencer la vir- 
tud y castidad de la virgen, inclinó su corazón 
á pensar una manera muy cruel de fuerza. 
Para poner su pensamiento' en obra habló con 
su criado llamado Marco Claudio, é díjole que 
demandase delante de él en juicio á aquella 
virgen, alegando que era su esclava, y que no 
se dejase vencer de los que defendiesen la parte 
de la doncella; que pues su padre estaba au- 
sente, bien tendrían lugar para salir con su 

empresa Pues como esta virgen viniese un 

día á la plaza donde estaban las aulas literarias, 
llegóse allí el criado de Apio, echóle mano, 

diciendo que era su sierva, nacida en su casa 

Espantada la doncella de aquel acontecimiento, 
comenzaron ella y los que la acompañaban á 
dar voces, demandando el favor y fe de los ca- 
balleros. Hízose gran concurso de gentes, cele- 
brando y alabando el nombre del padre y es- 
poso de la virgen, para la defender que no le 
fuese hecha fuerza. Viendo esto el criado de 
Apio, dijo: que no había necesidad de gente 
para la defender, pues que él no la quería 




398 LA LKYBNDA DB VIRGINIA 

tomar por fuerza sino por justicia, y que para 

esto él la quería llevar delante del juez 

Vino, pues, con la doncella delante de' Apio, 

acompañándola mucha gente 

»Apio pronunció que le placía que el padre 
fuese llamado, mas que entre tanto que él ve- 
nía, no quería perjudicar al demandador, que 
él no pudiese llevar á la doncella, prometiendo 
y dando fiadores de la traer allí cuando fuese 
venido Virginio, y de la entregar á quien la 

justicia determinase É como muchos de los 

que estaban presentes á esta sentencia tuviesen 
mayor ánimo para blasfemar de ella entre sí 
mismos que no para la contradecir públicamen- 
te, Publio Numitor, abuelo de la doncella, é 
Icilio, su prometido esposo, vinieron á priesa, 

haciéndoles lugar los que presentes estaban 

É Apio mandó á los porteros que no dejasen 
entrar al prometido esposo. Mas Icilio, encen- 
dido con la injuria, dijo á voces: «Con hierro 
»me has de quitar de aquí, ¡oh Apio!, porque 
» así puedas encubrir la maldad que tienes pen- 
»sada. Yo soy esposo de esta doncella y la 
» tengo de recibir virgen y casta; llama á los 
» verdugos, haz aparejar las segures, que, por 
» más que amenaces, la eq)osa de Icilio no que- 



LA LEYENDA DE VIRGimA 399 

»dará fuera de la casa de su padre » Toda la 

multitud que estaba presente se alteró viendo 
estas cosas, y los maceros tenían cercado á Ici- 
lio. Entonces Apio dijo que Icilio no defendía á 
la prometida esposa, mas que alborotaba la re- 
pública y sembraba discordias, por codicia que 
tenía del tribunado, y que él no quería aquel 
día darle más materia de errar, no porque tu- 
viese temor de su osadía, mas por considera- 
ción de Virginio que estaba ausente; y que para 
esto él quería dilatar el juicio y dejar á la don- 
cella en su libertad hasta otro día. Luego los 
parientes enviaron á gran priesa á llamar al pa- 
dre, que estaba en el real, diciendo que en él 
sólo estaba la salud de su hiju, y que por eso 
viniese muy presto para estar presente al juicio 
que se había de tener otro día. Después Apio 
escribió al real á sus compañeros mandándoles 
que tuviesen preso á Virginio. Este perverso 
consejo no aprovechó cosa, porque cuando las 
cartas llegaron, ya Virginio era partido, y aquella 
noche llegó á Roma, antes del día. Toda la ciu- 
dad esperaba ansiosa en el Foro desde el ama- 
necerj y á la hora del juicio, Virginio, vestido 
de luto, vino con su hija, vestida de una vesti- 
dura no acostumbrada, acompañada de algunas 



LA LEYBNDA DK VIK6INIA 

tronas; y venían con él gran multitud de 
gados y otros muchos por ver el ñn de este 
:vo caso. Virginio hablaba públicamente, y 
fa á cuantos encontraba, c que si estando en 
hueste por la salud de la república, tales 
>sas se habían de hacer en Roma contra sus 
ios, que ellos lo mirasen, que tan bien tocaba 
ellos como á él>. É diciendo estas cosas, 
guaba á todos cuantos hablaba. É semejan- 
palabras decía Icilio. É Apio, teniendo el 
iudimiento turbado con la fuerza del amor, 
or mejor decir, del desatino y la locura, 
itóse en su tribunal é silla, é antes que el 
landador nii^una cosa dijese, ni á Vii^inio 
e dado lugar para responder, dio sentencia 
xa la doncella, jugándola sierva de su 
io. Todos se espantaron de ver cosa tan 
ninable, y con tanta admiración fueron ocu- 
)s los corazones de los que estaban presen- 
que estuvieron algún espado atónitos y en 
icio. É como después Marco Claudio fuese 
nar la virgen de entre las matronas, las la- 
laciones y lloros de las mujeres que eata- 
presentes le detuvieron. É VirginiO) su 
e, extendiendo las manos amenazadoras 
ra Apio, dijo: • jHan de sufrir esto los ro> 



LA LEYENDA DE VIRGINIA 4OI 

> manos? No espero yo, por cierto, que tal cosa 

> sufran los que tienen armas > Como el de- 
mandador de la virgen fuese embargado de la 
tomar, defendiéndola la multitud de las muje- 
res é abogados, que estaban presentes, mandó 
Apio pregonar que callasen todos, é dijo á uno 
de sus lictores: «Aparta la gente y haz camina 

> para que el señor tome á su esclava » ; y como 
oyeron este mandamiento , todos se apartaron 
llenos de ira, y quedó la doncella sola, desam- 
parada en las manos del que la demandaba. 

Entonces Virginio, su padre, viendo que to- 
dos le dejaban solo y ninguno le daba favor^ 
volvióse contra Apio y díjole: «Perdonad al 
» dolor paternal, si alguna cosa he dicho contra 

> tí sin reverencia ; suplicóte que me des lugar 
» que aquí delante de la virgen pueda saber de 
>su nodriza cómo es esto; porque sabienda 
» que falsamente hasta aquí he sido llamado su 
» padre, me aparte con alegre corazón de esta 
» demanda. > É dándole Apio para esto lugar^ 
apartó á la hija y á la nodriza junto al templo 
de Cloacina, hacia el sitio que hoy llaman Tien-- 
das nuevas, y tomando un cuchillo de un car- 
nicero en la mano, dijo: « No me queda ya otro 
» remedio, hija mía, para te poner en tu li- 

cxvi 36 



402 LA LEYENDA DE VIRGINIA 

»bertad, sino éste.» É didendo esto, le atra- 
vesó el pecho. É mirando á la silla donde Apio 
«staba sentado , díjole: c A ti y á tu cabeza con- 
> sagro esta sangre.» É levantándose gran cla- 
mor en el pueblo por este tan terrible caso, 
mandó Apio prender á Virginio , mas él salióse 
de entre toda la gente, haciendo lugar con sus 
armas por do quiera que pasaba y acompañán- 
dole muchos de los mancebos hasta que salió 
de la ciudad. El prometido esposo de la virgen 
é Numitor, su abuelo , tomaron el cuerpo muer- 
to, y mostrábanle al pueblo, maldiciendo todos 
la maldad de Apio é llorando la hermosura no 
lograda é la necesidad del padre. É las matro- 
nas cercaron el cuerpo, é decían con voces la- 
mentables: «¿Es esta la condición de creará 
» los hijos, ó son estos los galardones de la cas- 
» tidad? » El pueblo todo se alteró, parte por el 
pecado tan abominable y parte con esperanza 
que esta maldad cometida por Apio sería causa 
de recobrar la libertad.» 

Esta narración, tan llena de vida y de color, 
ha dado origen á una dilatada serie de Virgi- 
nías teatrales, cuya filiación histórica sería e: 
extremo curiosa si la conociésemos entera 
mente. Vamos á citar, sin embargo, aquella 



LA LEYENDA DE VIRGINIA 403 

que han llegado á nuestra noticia, las cuales 
de seguro no formarán la lista completa. 

No debemos incluir en el número á la Vir- 
gima y tragicomedia de Mayret, representada 
en 1628. Esta Virginia no es romana: no nació 
en las márgenes del Tíber, sino en las de Ara- 
xes. La historia literaria no ha conservado de 
esta acción dramática, que pasa en Bizancio, 
más recuerdo que el de su desenlace, cuya ex- 
travagancia no tiene ejemplo. Virginia, colocada 
entre dos asesinos, desfallece y cae de rodillas 
en el momento mismo en que van á herirla. 
Este repentino movimiento la salva, y los ase- 
sinos, cuando creen inmolar á su víctima, se 
hieren recíprocamente. 

La primera Virginia romana de que tene- 
mos noticia es la que escribió en cuatro jorna- 
das Juan de la Cueva, con el título de La 
muerte de Virginia y Apio Claudio. Fué repre- 
sentada en 1580, y aunque se advierte en ella 
desde luego que el arte de la tragedia moderna 
se halla en la infancia, no deja de ser notable, 
así por la disposición del plan en las tres prime- 
ras jornadas, como por la pintura y expresión 
de los afectos, singularmente del borrascoso 
amor de Apio Claudio. Era Juan de la Cueva 




404 LA LEYENDA DE VIRGU^IA 

hombre de claro ingenio : habíase ensayado en 
la imitación del teatro griego, como lo prueba 
su tragedia La muerte de Ayax Telamón^ y 
así en el sueño de Virginio , como en otros pa- 
sajes, demostró las disposiciones aventajadas 
que tenía para el cultivo de tan difícil arte. 
Á esta tragedia siguieron: 

Virginia (Appius and)^ de John Webster (i). 

La Virginie Romainey de Le Clerc. La es- 
cribió su autor á los veintitrés años de edad, y 
fué representada con muy escaso éxito en 1645. 

Virginie y de Campistron. A la amistad que 
Racine dispensaba á Campistron debió éste que 
se representase su tragedia (12 de Febrera 



(i) Este poeta dramático inglés, de principios del si-^ 
glo XVII, se distinguió por lo sombrío, terrible y bárba- 
ramente violento de su inspiración. Se complacía en la 
pintura de los crímenes y de las venganzas. Nadie ha 
llevado más lejos la intensidad trágica de las concepcio- 
nes escénicas. £1 ilustre crítico Taine , al juzgar uno de 
sus dramas (Una mujer perversa y delincuente, á la cuaí 
llama £1 Diablo Blanco.— 7)^^ Wiie DeviL'), dice así de 
Webster: cpersonne, aprés Shakspeare, n'avuplusavant 
dans les profondeurs de la nature diabolique et décha!- 
née.> 



LA LEYENDA DE VIRGINIA 405 

de 1683). Si bien no carece de fluidez y cultu- 
ra de lenguaje, no tiene ni verdad, ni color, ni 
naturalidad, ni interés. Su éxito fué mediano, 
según el autor mismo confiesa en el prólogo de 
la tragedia. 

Campistron es de los que con mayor des- 
acuerdo han desnaturalizado la leyenda. — No 
introduce en su obra á Virginio, que debía ser 
principal elemento de la acción. — Además pre- 
senta á Virginia, violada; pensamiento falso y 
antipático. 

Las comedias de este autor dramático son 
muy superiores á sus tragedias. 

Virginia^ tragedia en cinco actos de don 
Agustín Montiano y Luyando. Se imprimió por 
primera vez antes de mediado el siglo xviii. El 
autor conocía las obras de Juan de la Cueva y 
de Campistron, y cifró su esmero en apartarse 
de ellas. Hay cierta cordura en el desarrollo 
del plan, pero no se vislumbra en toda la tra- 
gedia un asomo de movimiento ni de emoción. 
Los personajes todos discurren con una sensa- 
tez glacial, y hablan en un lenguaje, á par que 
afectado, rastrero y prosaico hasta lo sumo. 
Véase la siguiente muestra, no escogida, sino 



406 LA LEYSNDA DE VIRGINIA 

tomada al azar en su obra. Icilio, que advierte 
la tristeza de Virginia, procura despertar en 
estos términos su confianza: 

Pero ¿ podrá negarme tu hermosura 
Que no está sin motivo su tristeza 
Delatando el dolor que la maltrata? 

VIRGINIA. 

£s verdad que le tiene ; el mismo llanto. 
Que en balde reprimí, lo califica. 

ICILIO. 

Pues no me lo recates, que no es justo 
Que yo esté sin sentir lo que sintieres. 

VIRGINIA. 

Es tal, señor, que el labio que hasta ahora 

Sólo aprendió en la escuela del recato 

Cláusulas encogidas que no salen 

De caseros asuntos, no halla voces 

Que al grave que le ocurre correspondan...,. 

Este es el estilo trivial, helado y ceremo- 
nioso en que vivía el secretario de la Cámara 
de Gracia y Justicia del rey Fernando VI, don 
Agustín Montiano y Luyando. No cabe estar 
más lejos de Roma y de la entonación trágica» 

Virginie; de La Harpe. Se representó el 1 1 
de Julio de 1876. La Harpe, sin echar de ver 
que el carácter del padre de Virginia debía ser 
uno de los principales fundamentos del interés 
y del enlace propio y natural del plan, se es- 



LA LEYENDA DE VIRGINIA 407 

fuerza en balde por concentrar exclusivamente 
toda la atención en Virginia. Las situaciones no 
ofrecen, por consiguiente, la necesaria varie- 
dad, y la acción se arrastra lenta y entorpe- 
cida. Baste decir que Virginio no se presenta 
hasta el cuarto acto. En cambio, ha ocurrido 
á La Harpe devolver su madre á la huérfana 
Virginia, y este pensamiento, contrario á la 
verdad histórica, y que en realidad complica 
inútilmente la acción , le inspira admirables y 
apasionados versos, dignos del más grande y 
persistente de los sentimientos humanos, el 
amor maternal. Así contesta á los testigos falsos 
que afirman que Virginia no es hija suya: 

A Taudace du crime et de la calomnie 

Ce que j'oppose? oh ciell mon coeur et Virgíniel 

Les cris da désespoir en mon &me éleyés, 

Et d'indígnation tous mes sens soulevés, 

Ses larmes, mes transports, et ce grand caractére 

Que la nature imprime aux douleurs d'one mere, 

Ce sentiment sublime, invincible, étemel, 

Qui n'a jamáis mentí dans un coeur matemel. 

Dans un complot infame ils peuvent tous tremper; 
Tous on peut les séduire, ils peuvent tous tromper; 

Mais moi!, mais moil jamáis je le sens, je suis mere. 

C'est ma filie, c'est elle Ah d'une enfant si chére 

Daus mon sein déchiré je ressens les douleurs; 
Oui, c'est mon sang qui crie et répond k ses pleura. 



408 LA LEYENDA DE VIRGINIA 

Virginie^ tragedia en tres actos de Doigny 
du Ponceau. Se representó, muy pocas veces, 
en 1 791 . 

Virginie^ de Lemierre. La Harpe dice, en el 
Curso de literatura^ que esta tragedia no llegó 
á ser representada. 

Virginia^ de Alfieri. Es acaso la más célebre 
y al propio tiempo una de las mejores tragedias 
que sobre este tan cultivado asunto han apare- 
cido en el mundo literario. Pero en esta obra, 
como en todas las demás de Alfieri, domina 
casi exclusivamente la inspiración política. El 
autor no halla, al parecer, en la leyenda ro- 
mana más que un magnífico pretexto para dar 
libre rienda al fervor de sus pasiones republi- 
canas. ¿Quién no ve en el bronco y acerado len- 
guaje del tribuno Icilio el reflejo del alma altiva 
é indomable de Alfieri? Virginia, más que de 
una virgen enjamorada y pudorosa, tiene trazas 
de una conspiradora sublime que se sacrifica 
entusiasmada en aras de la libertad popular. El 
desarrollo de las emociones patéticas, la lucha 
de afectos de diferente índole, alma de la tra- 
gedia, apenas caben en tan austero y exclusivo 



LA LKVKNDA DE 

sistema. Aprisionado, por otra parte, el | 
de Alfleri en la estreclia red de los preo 
de la escuela francesa, á pesafde haber £ 
mido las relaciones y los confidentes, cosí 
pasó en su tiempo por singular audacia, 
es posible dar á la acción la variedad, el e 
che y el movimiento, que son las condic 
naturales de la verdad humana, de la v< 
histórica y de la verdad literaria. El pueh 
la Virginia de Alfieri, no es el pueblo, e 
cir , esa turba animada del mismo sentim 
pero tan agitada, tan instable, tan varia e 
formas de expresión; es un personaje sol 
y acompasado que siente, piensa y hablí 
uniformidad imposible. Pero, en cambio, 
destellos de elocuencia tan vigorosos 
nuevos! ¡Cuan felizmente concuerdan losi 
ques tumultuosos del ánimo que agitaban 
tor del Tratado de la Tiranía, con aquel 
bronco, tan distante de la melodiosa cae 
que distingue á la poesfa italiana, con aq 
rápidas inversiones, coa aquella condsióc 
tica, tan censurada por los puristas de 
pero tan propia para hacer vibrar en las 
modernas el recuerdo un tanto prestigio! 
heroísmo latinol 



410 LA LEYENDA DE VIRGINIA 

Desde el primer momento en que Virginia 
aparece en la escena, se advierte ya que la ter- 
nura no reina sola en su corazón. «Nunca paso 
por esta plaza (dice á su madre) sin que un 
alto pensamiento detenga mi planta. Este es el 
sitio donde en otro tiempo se oían tronar los 
libres acentos de mi <Icilio. Ahora lo hace en- 
mudecer el poder absoluto. jOh! ¡cuan justo es 
su dolor!» Se ve que con el amor ha pasado 
al alma de Virginia la ira republicana, y hasta 
es fácil adivinar que ésta ocupa en ella el lugar 
preferente. — Cuando Marco llega á reclamarla 
como esclava suya, Virginia contesta con la so- 
berbia de la libertad: 

Svenarmi qui, pria che menarmi schiava, 
Camefíci v'é forza. D'alto padre 
Figlia, certo, son io: mi sentó in petto 
Libera palpitar romana Taima 

Virginiey de Leblanc du Guillet (1786). Ins- 
pirada por las tendencias republicanas de la 
época, esta tragedia, cuyo estilo es desigual é 
incorrecto, aunque á veces enérgico, alcanzó 
im éxito superior á su escaso mérito. Con un 
cinismo de perverso gusto, presenta en la es- 
cena los arrebatos de amor de Apio Claudio en 
forma indecorosa. 



LA LEYENDA DE VIRGINIA .411 

Virginia^ tragedia sueca, citada en la colec- 
ción titulada Obras maestras de los teatros ex- 
tranjeros^ publicada en París. No tenemos nin- 
guna otra noticia de esta obra. 

Virginia^ escrita en versos suecos por el ca- 
ballero Carlos Gustavo Leopold. No conoce- 
mos esta tragedia más que por ima traducción 
francesa, y no nos es dado, por consiguiente, 
juzgar del prestigio de la versificación y de las 
seducciones del lenguaje original. Pero atenién- 
dose á las únicas prendas que suelen conser- 
varse en las traducciones, el mérito del plan y 
el alcance de los sentimientos y de las ideas, se 
echa de ver desde luego que el caballero Leo- 
pold es un escritor de primer orden. Sería 
traspasar los límites que nos hemos impuesto 
en esta ligera reseña, hacer aquí el análisis 
de la notable y singular producción del autor 
sueco. 

Pero no podemos dejar de decir, para que 
se forme alguna idea de ella, que con una in- 
dependencia que no aprobamos en quien busca 
en la historia asuntos trágicos, se aparte deli- 
beradamente el Sr. Leopold, en el carácter de 
sus personajes, de las tradiciones romanas. La 



4ia LA LEYENDA DE VIRGINIA 

supresión del personaje de Icilio, la invencible 
pasión de Virginia por Apio Qaudio , las vaci- 
laciones del decenviro, cuya alma está cons- 
tantemente sacudida por contrarios impulsos 
de amor, de arrepentimiento y de ambición, 
son condiciones que , al paso que desnaturali- 
zan completamente la verdad histórica, abren 
ancho campo á los combates de pasión, que 
son el más fecimdo manantial de las emociones 
trágicas. Apio Claudio, alternativamente su- 
miso y amenazador, generoso y criminal, tierno 
y empedernido, no es en verdad aquel decen- 
viro pertinaz é irrevocablemente pervertido de 
Tito Livio y Dionisio de Halicarnaso; pero en 
cambio despierta á un tiempo, con las borras- 
cas de su alma, horror y compasión, Virginia, 
ni es la inocente niña que asistía á las aulas del 
Foro, ni la mujer de incontrastable temple que 
han creado los escritores trágicos; pero al ver 
su razón y su virtud en lucha abierta con un 
amor tan inextinguible como vituperable, al 
ver el martirio de su corazón que pugna en 
\rano por despreciar y aborrecer al hombre á 
quien adora, no es posible dejar de sentir pro- 
funda emoción. ¡Cuan desgarradora es, en el 
cuadro final, la imagen de aquella joven des- 



LA LEYENDA DE VIRGINIA 4 1 3. 

venturada que en medio de su agonía consagra 
el último suspiro al hombre mismo que oca- 
siona su muerte! Virginio dice á Apio Claudio» 
mostrándole á su hija bañada en sangre: 

«Conoce á Roma Tiembla, y aprende cómo 

se rompen sus cadenas ^ Crees ahora que es 

mía esa sangre que estás viendo correr?» 

APIO CLAUDIO. 

{De rodillas junto d Virginia.) 

«¡Aun respira! ¡Virginia! ¡Mírame!....^ 

Di que me perdonas y que no me aborreces > 

VIRGINIA. 

{Al expirar,) 

«Aun hago más Te amo.» 

Hasta en el enérgico carácter de Virginio ha 
sido el caballero Leopold fiel á su sistema de 
mezclar con la sensibilidad del corazón el ímpe- 
tu de las pasiones ó la rigidez de los principios. 
Véase, en prueba, el bello rasgo con que con- 
cluye la tragedia. Como consecuencia natural 
del carácter que el autor le ha dado. Apio Clau- 
dio, vencido del amor y de los remordimientos, 
se mata al lado de Virginia. Entonces exclama 
Virginio dirigiéndose á Licinio: 

«¡Ya está vengada! La libertad de Roma 

renace de sus cenizas ¡Gracias, oh dioses!» 



414 I'A LEYENDA DE VIRGINIA 

Licmio. 
«¡Les das gracias pero Horas!» 

Virginia^ de don F. R. de Ledesma. Esta tra- 
gedia, impresa en 1805, se halla, por la perver- 
sidad de su concepción y su desempeño, fuera 
de la acción de la crítica. El autor se inspiraba 
de un modo infeliz en el teatro de Alfieri; pues 
escribió también, con el título de Lucrecia 
Pazziy una tragedia, reflejo pálido y extrava- 
gante de La Congiura dei Pazzi del célebre 
poeta italiano. No podemos resistir á la tenta- 
ción de transcribir algunos versos de la Virgi- 
nia del Sr. Rodríguez de Ledesma, para que 
pueda formarse idea de un estilo que acaso no 
tenga igual en la literatura trágica española: 

PÜBLICIA. 
(Nodriza de Virginia.) 
«fAparta, seductor, y sos oídos 
No manchen expresiones tan indignast 
Para mujeres frágiles las guarda ¡ 
Esas que el pundonor en nada estiman, 
Que libres vagan por los lupanares, 
Por las públicas plazas, y convidan 
Á lascivos antojos. 

APIO CLAUDIO. 

Ko te empeñes, 
Mujer, en apartarme de su vista; 
Yo creyera que fuera tu consejo 



LA LEYENDA DE VIRGINIA 415 

Menos capaz de malograr las dichas 
Que puede el que absoluto manda en Roma 
Ofrecer á las plantas de Virginia 
Y á las de su nutriz 

VIRGINIA.' 

ilnfame, calla! 
Ya no sufro 

PUBLICIA. 

Señora 

VIRGINIA. 

(Aparta, quita, 
Que oir tan delincuentes sugestiones 

No es permitidol ¿Ignoras, alma impía. 

Los ilustres blasones de mi sangre, 
£1 pundonor y orgullo que me inspira 
Mi prosapia, que .á un torpe é infame lazo 
Tu antojo me sugiere y me convida? 
La honestidad del tálamo, y las leyes, 
Que velan por tu esposa, que castigan 
Aun los imaginados adulterios, 
4N0 te contienen? Y aun aquella misma 
Que vano y orgulloso promulgastes, 
Para impedir la unión de las familias 
Patricias y plebeyas, ¿no te sirve 
De freno, aunque intentase tu malicia 
Dirimir de tu esposa el nudo sacro? 
Reprime esa tu bárbara lascivia, etc.> 

Como se ve, la doncella Virginia no deja de 
estar iniciada en asuntos mundanos, y ni ella 
ni su nodriza titubean para esforzar sus argu- 
mentos con las imágenes más atrevidas. 

Virginius^ de Scheridan Knowles, Como pue- 



4l6 LA LEYENDA DE VIRGINIA 

de inferirse por el título de esta obra, la inten- 
ción principal del autor inglés consiste en pre- 
sentar un cuadro político, colocando en primer 
término al padre de Virginia. Mister Knowles 
ha seguido el sistema libre y natural de las tra- 
gedias romanas de Shakespeare, y este rumbo 
feliz, por la variedad de tonos y situaciones que 
permite, da ocasión á los contrastes más inte- 
resantes. El espectáculo de un hogar doméstico, 
apacible y puro en medio de la turbulenta y be- 
licosa Roma, despierta desde luego poderosa- 
mente la simpatía del espectador en favor de 
aquella virgen modesta é ignorada, que en bre- 
ve va á ser objeto de la persecución de un ti- 
rano y de las borrascas sediciosas del Foro. Esta 
antítesis de situación y la vehemencia (no bien 
sostenida) del personaje de Virginio, constitu- 
yen el mérito principal de esta tragedia, que, 
representada en Londres y en París por admi- 
rables actores ingleses, proporcionó á su autor 
un triunfo completo. 

Virginie^ de Mr. Alexandre Guiraud. Repre- 
sentóse con aplauso en el Teatro Francés en 
París en 1 827. El plan está concebido sin ori- 
ginalidad, pero con buen gusto y cordura. El 



LA LEYENDA DE VIRGINIA. 417 

lenguaje carece casi siempre de elevación y de 
poesía, pero los pensamientos son nobles y opor- 
tunos. En el acto de clavar el puñal en el cora- 
zón de su hija, y como para contestar á las du- 
das suscitadas acerca de su paternidad, exclama 
Virginio: 

«iMa filie, mon amour te doit un demier gage ; 

Oul, qu'on n'en doate plus je suis tou pére!> 

Virginüy de Mr. Latour (de Saint-Ibars). E^ta 
tragedia, cuyo principal personaje fué represen- 
tado en el Teatro Francés por la célebre made- 
moiselle Rachel, alcanzó un éxito brillantísimo 
(1845). Este éxito fué debido no sólo al realce 
fascinador que prestan los grandes actores á las 
obras dramáticas, sino al mérito real y verda- 
dero de la tragedia. Hay en ella situaciones de 
grande efecto, versos sonoros, pensamientos 
incisivos y elevados, diálogos llenos de anima- 
ción y de energía. Pero la acción se arrastra á 
menudo lentamente; los resortes dramáticos, si 
bien manejados con cierto tino, no son ni tan 
eficaces ni tan abundantes como requiere la 
progresión del interés trágico; la exposición de 
los hechos en las relaciones es poco concentra- 
da; á veces el movimiento político de la acción 
ex VI 27 



tí 



4X8 IrA LBTBNDA DB VIRGINIA 



f entibia y dbtrae del interés principal, en lugar 

* de ayudarle, y, por último, hay caracteres, como 

el de Fabius y el de Fausta, descoloridos y en 
rigor inútiles. £1 estilo es desigual, y aunque el 
autor se esfuerza por darle cierto color cons- 
tante de aticismo y de grandeza tradicional en 
el teatro trágico de Francia, no acierta ni con 
la robustez sublime de Comeille, ni con la ma- 
jestad de Racine, ni con el artificio sentencioso 
de Voltaire, ni aun siquiera con la sencilla gra- 
vedad de Delavigne ó de Ponsard. La tragedia 
de Mr. Latour encierra, no obstante, bellezas 
de primer orden. Está sembrado de magníficos 
rasgos el diálogo de Apio Claudio y Virginia en 
el segundo acto. La relación que hace Virginia 
en el cuarto acto de su pavorosa entrevista noc- 
turna con el decenviro, está superiormente con- 
cebida y escrita, y reemplaza con gran ventaja, 
por el carácter de realidad que en sí lleva, al 
obligado sueño de la antigua tragedia; arti- 
ficio mezquino ya derrocado, de la estrecha 
poética del clasicismo francés del siglo xvn. £1 
hacer desaparecer á Icilio desde el segundo 
acto, es también una prueba del instinto escé- 
nico del autor. Entre las bellezas de expresión» 
las hay á veces de eminente valor. Contentémo- 



LA LEYENDA DE VIRGINIA 419 

tíos con citar aquel rasgo de sagacidad teatral 
que tanta emoción produce en los labios de ma- 
demoiselle Rachel: 

« Poorquoi p&lisser-vous, si je vous calomnie? » 

ó bien aquel verso verdaderamente bellísimo 
que dice Claudio, subyugado involuntariamente 
por la virtud inflexible de Virginia: 

cTon coear, par ses dédains, ajoute á son empire: 
Je t*aime pour Thorrear que mon ciime t'inspire I » 

Además de estos autores, han escrito sobre 
el asunto de Virginia, con diferentes títulos: 

Virginia, tragedia, por Gualterotti (Raffae- 
11o), en 1584. 

AppiuSy tragedia, por Gravina (Gianvincen- 
zo), célebre jurisconsulto calabrés. — Escribió 
un tratado sobre la tragedia. M. 171 8. 

Accolti (Bernardo) d' Arezzo. Poeta de grande 
pero efímero renombre. Favorito de León X. 

Chabanon (Michel de). Individuo de la Aca- 
demia Francesa. Notable crítico y erudito; pero 



n 



430 LA LEYENDA DE VIRGINIA 

poeta dramático de escaso mérito. M. 1 792. Su 
Virginia^ aunque aceptada por el Teatro Fran- 
cés, no llegó á ser representada. 

Lessing (Gotthold-Ephraím), creador de la 
crítica moátXTídi,^-Emilia Galotti^ tragedia. Es 
la historia de Virginia trasladada á Venecia; 
obra maestra de Lessing. 

Podemos mencionar además las tres siguien- 
tes tragedias que, después de haber dado con 
las anteriores, hemos encontrado en las adi- 
ciones á la Drantmaturgiay de AUacci (i). 

Virginia, Tragedia. — in Napoli, per Dome- 
nico Antonio, e Niccolo Parrino, 1725 in 8 — di 
Saverio Pansuti, Napoletano. 

La Virginia, Tragedia. — in Bologna, per 11 
Longhi, 1738, in 8. — di Farnabio Gioachino 
Annutini, cioéYr, Giambatista Bianchi, Minore 
Osserv. 

La Virginia, Tragedia, tradotta dal Francese 
{in prosa). — In Bologna, per il Pisarri, 1821, in 
12. — Del Co. Antonio Zaniboni. 



(i) Libro importante y hoy rarísimo, de monseñor \ 

Lione Allacci, bibliotecario del Vaticano. N. 1586. 
M. 1669. 



" "^X1 



LA LEYENDA DE VIRGINIA 



421 



Este aluvión de Virginias no bastó á arre- 
drar al Sr. Tamayo y Baus para componer la 
suya, que es, indudablemente, muy superior 
á todas las demás. Con el criterio elevado 
del verdadero ingenio, con la perspicacia ins- 
tintiva y segura que escoge, depura y com- 
pleta en el mundo de las ideas, el Sr. Tamayo 
comprendió fácilmente que ni Alfieri, á pesar 
del vigor de sus caracteres, ni el sueco Leo- 
pold, á pesar de su delicada sensibilidad, ni 
Mr. Latour, á pesar de su inteligencia de la es- 
cena, ni ninguno de los demás escritores cita- 
dos, á pesar de las felices inspiraciones de de- 
talle diseminadas en sus obras, han acertado á 
dar á la vez al dramático asunto de Virginia 
la propiedad, la armonía y la animación de que 
es susceptible. Unos, como Alfieri, han otorga- 
do sobrada parte á la emoción política, descui- 
dando el patético interés que debe concentrarse 
en la figura de Virginia; otros han alterado 
aventuradamente la historia sin provecho del 
interés que tan poderoso hemos visto en la le- 
yenda de Tito Livio; ninguno ha sabido vencer 
tan afortunadamente como el Sr. Tamayo la 
verdadera dificultad que, en nuestro sentir, 
ofrecía el asunto: la de hacer caminar de con- 



1 



433 LA LEYENDA DE VIRGINIA 



suno, y sin estorbarse ni perjudicarse uno á 
otro, el interés de Roma oprimida y el interés 
de la familia desventurada. La acción de una 
tragedia ha de ser como un lente concentrador 
donde de muchos rayos se forme una luz sola. 
Esa es la gran dificultad del arte, y esa la difi- 
cultad de la cual, como ningún otro, ha triun- 
fado el Sr. Tamayo, hermanando admirable- 
mente los dos grandes objetos dramáticos del 
asunto, al parecer unidos, pero en realidad se- 
parados y en la esfera del arte muy distintos. 

El Sr. Tamayo al escribir su hermosa trage- 
dia no se ha dejado llevar de ningima preocu- 
pación de dogmatismo literario. No ha temido 
emplear el caduco resorte del sueño ^ porque 
halló eh su imaginación poética recursos para 
conmover con esta ficción, absurda cuando es 
preceptiva y forzosa, pero que alguna, aunque 
rara vez, ha sido y puede ser pretexto admisi- 
ble para desplegar grandes bellezas de decla- 
mación y de poesía. Mas al propio tiempo ha 
tenido buen cuidado de no sujetarse por do- 
cilidad sistemática á ninguna de las tiranías 
tradicionales de la tragedia. Apostaríamos á 
que al concebir su plan no ha pensado en 
aquel método de composición uniforme y casi 



LA LEYENDA DE VIRGINIA 423 

plástica que daba tan enfadoso aire de familia 
á todas las tragedias, y que se reducía á esta 
curiosa y ridicula forma; el primer acto e3q)0- 
ne; el segundo promete ; el tercero amenaza; 
el cuarto inquieta ; el quinto resuelve. Es bien 
seguro que el Sr. Tamayo, siguiendo la- regla 
de las reglas, sólo ha pensado en encadenar 
lógica y naturalmente las condiciones del asun- 
to, y en combinar artísticamente la esencia y 
las formas, para que resulten, no las unidades 
arbitrarias de las poéticas, sino la unidad inva- 
riable y filosófica que se ha designado sucesiva- 
mente con los nombres de unidad de acción^ 
unidad de interés^ unidad de conjunto^ y que es 
lisa y llanamente la condición fundamental y 
eterna de la belleza en todas las artes : la ar- 
monía. 

El Sr. Tamayo ha venido á demostrar una 
vez más con el triunfo que ha alcanzado su 
notable obra, que el gusto moderno, tan tole- 
rante, tan independiente, tan vario é inagotable 
en sus tendencias, no rechaza, como han pre- 
tendido Víctor Hugo y otros innovadores, el 
género noble y severo de la tragedia. Lo que 
sí exige imperiosamente es que la tragedia 
modifique sus formas según la índole del gusto 



4^4 LA LEYENDA DS VIRGINIA 

y de la vida social de los tiempos actuales. La 
escena griega, impulsada por un ñn nacional y 
religioso, abierta á treinta mil espectadores, mo- 
vida por las influencias morales del paganismo; 
que no observaba las tres unidades, que em- 
pleaba un horror y una desnudez de imágenes 
que repugnan á la cultura moderna, que mez- 
claba á menudo lo grotesco con lo sublime y 
lo cómico con lo terrible, y cuya libertad de 
formas é independiente vuelo ha dado lugar á 
que eminentes críticos hallen analogías entre el 
sistema teatral de los griegos y las audaces y 
originales formas de los teatros español é in- 
glés (i), no fué ni pudo ser, por más que se 
haya sostenido, el verdadero modelo de la 
tragedia clásica francesa. Racine no habría em- 
pleado ciertamente en sus tragedias ni los cam- 
bios de escena ni los frecuentes viajes del teatro 
griego: él no habría hecho volar el Océano como 
en el Prometeo^ ni lavar la ropa en el río á la 
princesa Nausicaa^ ni estremecer á los espec- 
tadores, como en el FilocteteSy con las angus- 



(i) Hasta se ha hallado, con razón, singular semejanza 
entre la Alcestes, de Eurípides, y la Julieta ^ de Shaks- 
peare. 



LA LEYENDA DE VIRGINIA 435 

tías del dolor físico. Racine blasonaba de admi- 
rador é imitador del teatro griego; pero en rea- 
lidad ño imitaba sino sujetándose á las inmen- 
sas transformaciones que le prescribían el gusto 
y las, exigencias de la sociedad en que vivía. 

Cada época imprime necesariamente á las 
artes una forma peculiar que representa su ín- 
dole y sus tendencias. Cuando Voltaire, refi- 
riéndose á la Alcestes^ de Eurípides, decía: de 
telles scénes ne seraient pas souffertes chez 
nous á la foire^ expresaba perfectamente la 
imposibilidad de inocular en el arte de una 
corte tranquila, ceremoniosa y refinada, el sello 
de rudeza y de sencillez, de audacia y de cor- 
dura que caracteriza la tragedia griega. Por ra- 
zones análogas sería insensato imponer ahora 
á la tragedia el molde tímido y amanerado del 
siglo de Luis XTV, que si pudo ser fecundo 
y hasta original en un tiempo de autoridad, dé 
prestigio y de pompa, no cabe en una sociedad 
como la nuestra, esencialmente crítica, indisci- 
plinada y descreída. 

El Sr. Tamayo ha comprendido todo esto, y 
conservando la parte plausible de las tradicio- 
nes clásicas, esto es, la nobleza, la unidad, la 
sobriedad, la concentración, ha formado al mis- 



426 LA LEYENDA DE VIRGINIA 

mo tiempo su obra con los elementos constitu- 
tivos del teatro moderno, á saber: el movi- 
miento, la naturalidad y la separación distin- 
tiva de los caracteres. En su Virginia la verdad 
local está esmeradamente observada; en lugar 
de relaciones hay escenas, y cuadros en vez de 
descripciones. Allí todo es acción; no hay epi- 
sodio alguno ocioso, y por eso el interés se en- 
laza y crece prc^resivamente ; por eso también 
la emoción reemplaza á la curiosidad, que es 
la impresión común de las obras vulgares. To- 
dos los espectadores saben de antemano la 
suerte que está deparada á Virginia, y, ún em- 
bargo, jcon cuánto afán se escuchan sus pa- 
labras! ¡Con cuánta ansiedad va siguiendo el 
espectador las diferentes peripecias de la trage- 
dia! La comparación entre la acción déla Vir- 
ginia del Sr. Tamayo y la narración de Tito Li- 
vio da á conocer desde luego hasta qué punto 
ha sido el autor fiel á las circunstancias históri- 
cas en el límite en que el teatro debe respetar- 
las. La tragedia nos traslada desde las primeras 
escenas á aquel mundo de preocupaciones y de 
heroísmo. Allí todo es romano: la vida íntima, 
las ideas, los caracteres, el pueblo sobre todo 
Éste no es aquel personaje colectivo que con 



LA LEYENDA DB VIRGINIA 437 

una oportunidad convencional pronuncia frases 
de efecto en la Virginia de Alfieri; es la ver- 
dadera masa popular, con sus arranques irre- 
flexivos, sus vacilaciones y su irregularidad de 
lenguaje. 

El carácter tierno y elevado de Virginia está 
trazado y sostenido con un vigor y una conse- 
cuencia admirables. El de Virginio, si bien nn 
tanto declamador en el tercer acto, está lleno 
en todo lo demás de propiedad y de entereza: 
en el quinto acto sube, con la lucha interna que 
manifiesta, á extraordinaria altura. Hasta Apio 
Claudio está presentado con siuna cordura ; es 
delincuente supersticioso y cruel ; pero no ca- 
rece de aquella' especie de dignidad que debe 
ir unida al engreimiento del decenviro, Alfieri, 
en el juicio de su propia tragedia, define per- 
fectamente el carácter que conviene á Apio 
Claudio con estas breves palabras: Appio é 
znzioso^ tna romano. 

La conmiseración del taimado augur en favor 
de Virginia, expresada tan sobria y natural- 
mente con aquella sencilla exclamación: ¡tan 
joven^ tan hermosa!^ es imo de los más felices 
pensamientos de la acción, y da lugar á la dra- 
mática escena en que juzgando Claudio su exis- 



428 LA LEYENDA DE VIRGINIA 

tencia misteriosamente ligada á la de Virginia, 
se humilla en su propio palacio ante la joven 
sola y desvalida que creía tener ya sujeta á los 
antojos de su voluntad. 

Sólo alabanzas, harto merecidas por cierto, 
hemos tributado al sobresaliente mérito de la 
Virginia del Sr. Tamayo. Vamos á señalar aho- 
ra el único reparo grave que, en nuestro juicio, 
se ha hecho á la tragedia, y que fué desde luego 
advertido por muchas de las personas com- 
petentes que asistieron á la primera represen- 
tacióiL Este reparo consiste en el embarazoso 
inconveniente que el autor ha creado, casando 
á Icilio, y colocándole después en toda la acción 
al lado de Virginio. Ó ha debido quedar soltero 
Icilio, conforme á la historia, ó casándolo para 
conservar el cuadro seductor de costumbres 
romanas que constituye la exposición, ha debido 
desaparecer en seguida, como acontece oportu- 
namente en el segimdo acto de la Virginia 
de Mr. Latour. Fácil sería demostrar que en el 
estado de las costumbres romanas en la época 
de los decenviros no era natural que el padre 
defendiese legalmente á su hija casada en pre- 
sencia de su marido , para lo cual ni aun dere- 
cho tenía. £1 esposo, y señaladamente el casado 



LA LEYENDA DE VIRGINIA 429 

por confarreación^ como el Sr. Tamayo supone 
á Icilio, adquiría plenamente sobre su mujer la 
potestad llamada manusy que convertía á ésta 
en esclava. Además, en Roma, como en todas 
partes, siempre que se trata de la honra con- 
yugal la intervención del marido parece la única 
conveniente y legítima. En la leyenda histórica 
el decenviro se ve en la necesidad de esperar al 
regreso del padre para pronunciar la sentencia; 
pero allí Virginia es soltera y está exclusiva- 
mente bajo la potestad paternal. Mas prescin- 
diendo de la impropiedad moral y legal que 
resulta en la obra del Sr. Tamayo de que el 
padre eclipse completamente al marido; pres- 
cindiendo, por otra parte, de lo mucho que con 
esto se desvirtúa el fogoso carácter de Icilio, el 
acer vir et pro causa plebis expertes virtutis de 
Tito Livio, ^cómo no ha echado de ver el autor 
que forzosamente han de estorbarse y dañarse 
en el mismo cuadro dos figuras que á la par 
sobresalen por su importancia, por la analogía 
de sus medios de acción y por la identidad del 
ñn que las mueve? 

No hemos atenuado en lo más mínimo el ri- 
gor de nuestra censura con respecto á la única 
sombra reparable en el luminoso cuadro dra- 



430 LA LEYENDA DE VIRGINIA 

mático que con tan superiores prendas ha tra- 
zado nuestro amigo el Sr. Tamayo. Nosotros, 
y seguramente con nosotros el autor mismo, 
preferimos siempre juicios francos é imparciales 
á panegíricos apasionados; y, además , la emi- 
nente obra del Sr. Tamayo, tan justamente ce- 
lebrada, no necesita, por cierto, de las contem- 
placiones de la crítica. 

Nada hemos dicho todavía del estilo y de la 
versificación de la tragedia. Aun dura en Jos 
oídos del público la grata impresión de aquellos 
fáciles endecasílabos, cuya entonación, á un 
tiempo sencilla y noble, está llena de armoniosa 
cadencia. Aim no se han borrado ni se borrarán 
de la memoria aquellas felices y vigorosas ex- 
presiones, aquellos destellos de dignidad ó de 
pasión, tan adecuados por su concisión y senci- 
llez ala majestad trágica. Copiemos como mues- 
tra los dos magníficos diálogos en que Virginia 
rechaza con heroica entereza el amor de Apio 
Claudio. 

En el segundo acto, en casa de Virginia: 



VIRGINIA. 

Déjame. 

CLAUDIO. 

No lo esperes. 



LA LEYENDA DE VIRGINIA 43 1 

VIRGINIA. 

{Me horroriza 
Tu amor! 

CLAUDIO. 

¡El de otro te seduce! 

VIRGINIA. 

Eterno 
Será el que á Icilio consagré. 

CLAUDIO. 

Desiste. 

VIRGINIA. 

iNunca! 

CLAUDIO. 

Olvídale. 

VIRGINIA. 

¿Ignoras que un afecto, 
Que en la virtud se funda acaba sólo 
Con la vida? iLe adoro! iTe aborrezco! 

CLAUDIO. 

Pues bien, mía serás. 

VIRGINIA. 

¿Virginia tuya? 
Sella el impuro labio 

CLAUDIO. 

Estoy resuelto; 
Tú misma el precio del favor señala. 

VIRGINIA. 

iYo vender mi virtud? jNo tiene precio! 

CLAUDIO. 

Pues tiembla. 

VIRGINIA. 

Bn vano intimidarme quieres. 

CLAUDIO. 

¿Ignoras, desdichada, cuánto puedo? 

VIRGINIA. 

Á reprimir y castigar delitos 
Alcanza tu poder, no á cometerlos. 



43» 



LA LEYENDA DE VIRGINIA 



CLAUDIO. 

£1 corazón de la mujer es cera; 

£1 tuyo al fin se ablandará, lo espero. 

VIRGINIA. 

£1 corazón de la mujer romana 
£s cera á la virtud, al vicio hierro. 

CLAUDIO. 

Lástima sólo tu desdén me inspira: 
Yo postraré tu efímero ardimiento. 

VIRGINIA. 

I Auxilio á Roma pediré ! 

CLAUDIO. 

íY en Roma 
Quién puede más que el decenviro? 

VIRGINIA. 

£1 pueblo. 

CLAUDIO. 

Basta. Adiós, pues. Para luchar contigo 
Tengo astucia y poder..... y tengo celos. 

VIRGINIA. 

Para vencer en la contienda impía, 
Yo mi virtud y mi constancia tengo. 

En el cuarto acto , cuando Virginia se halla 
en el palacio del decenviro: 



VIRGINIA. 

Pero en la cumbre del poder te miras 
A desventura eterna condenado, 
l'JPorque á sí propia la maldad se hiere, 
Porque al hacer temblar, tiembla el tirano I 

CLAUDIO. 

£n breve los excesos que me imputas 
Verás, en justa pena, realizados. 
£sto exige mi amor. 



LA LEYENDA DE VIRGINIA 433 

VIRGINIA, 

Maldito sea 
Amor que al odio se parece tanto. 

CLAUDIO. 

Icilio morirá. 

VIRGINU. 

Con honra expire. 

CLAUDIO. 

Será tu padre de mi furia blanco. 

VIRGINIA. 

Mátelo el golpe de enemiga saña, 
Y no el dolor de verse deshonrado. 

CLAUDIO. 

¿Por qué desdeñas la propicia suerte? 
¡Pronuncia un sí; pronuncíalo, y ufano 
Rompo tus hierros y te doy riquezas, 

Poder I Un no te abismará en el fango 

Responde 

VIRGINIA. 

No. 

CLAUDIO. 

Tu desventura labras. 

VIRGINIA. 

Mil veces no, 

CLAUDIO. 

Si galardón más alto 
Codicias, habla, pide, y Roma es tuya. 

VIRGINIA. 

Fácilmente se otorga un bien robado. 

CLAUDIO. 

Pues de la tumba ó mía. 

VIRGINIA. 

De la tumba. 

CLAUDIO. 

I Al punto ! 
(^Dirigiéndose Mácia la puerta del f oro, ^ 

cxvi 28 



/ 



434 LA LEYENDA DE VIRGINIA 

VIRGINIA. 

Correí que impaciente aguardo. 

CLAUDIO. 

Piénsalo bien. ¡La mnertel {Detmiéndose,) 

VIRGINIA. 

Soy romana. 

CLAUDIO. 

i Pierdes la vida ! 

VIRGINIA. 

La inocencia salvo. 

Corneille no habría probablemente titubea- 
do en prohijar este rápido y heroico lenguaje. 

Se ha dicho, y es verdad, que el Sr. Tamayo 
se ha aprovechado de muchos pensamientos de 
los autores que le han precedido. Aquel admi- 
rable verso que arrebató al público, cuando al 
proponer el decenviro á la doncella que^ señale 
el precio de su amor, ella contesta' indignada: 

«¿Yo vender mi virtud? No tiene precio.> 

está probablemente inspirado ppr el siguiente 
pensamiento de Mr. Latour: , ^ 

CLAUDIUS. '; 

«Fortune, empire et rang, pour un jour de bonheur. 
>Je mets tout á tes pieds.> 

VIRGINIB. * 

«Rien ne vaut mon honneur.> 

Aquella seguridad sublime MeTla Virginia 
española cuando contesta á Claudio, que le ad- 



LA LEYENDA DE VI&GINIA 435 

vierte que está sola y desamparada: ^ El pudor 
e5td>^ conmigo ha parecido á algunos reflejo de 
este pensamiento de la última Virginia fran- 
cesa: 

CLAUDIUS. 

«L'amour peut tout ici.» 

VIRGIMIE. 

«La vertu davantage.» 

Sobre ser dudoso tal origen, ¡cuanto más 
bello y penetrante es el rasgo español I ^Y á qué 
buscar estos reflejos, que son la infiltración re- 
cíproca, plausible é involuntaria que resulta 
del roce natural de las ideas, y de la comuni- 
cación de todas las literaturas? El Sr. Tamayo 
ha creado muchos rasgos envidiables; y tal es 
la uniformidad de inspiración que en los por- 
menores produce el manejo del mismo asunto, 
que en algunos de ellos ha coincidido con 
escritores que no conocía. Y en último ca- 
so, ^ quién no imita? ^Qué genio humano no 
ha recibido impulso ajeno? El hombre siempre 
imita, pero con esta diferencia: la medianía 
copia; el entendimiento superior transforma. 

En suma, el triunfo teatral de la Virginia 
es uno de los más grandes y legítimos que 
hemos visto en la escena española. Glorioso y 



43^ LA LEYENDA DE VIRGINIA 

lisonjero es para el Sr. Tamayo haber logrado 
avasallar la atención y los sentimientos de un 
público exigente y gastado ; pero no debe glo- 
rificarse menos de haber dotado á la literatura 
elevada de su patria de una obra de arte, de 
conciencia, de inspiración, y sobre todo de 
buen gusto y que es, según la expresión afortu- 
nada de un grande escritor, la razón del genio 



m¿ 




ÍNDICE 



DE LAS MATERIAS CONTENIDAS EN ESTE TOMO 



Páginas. 

Advertencia preliminar. 7 

Los hijos vengadores en la literatura dramá- 
tica II 

Étude sur le Cancionero de Baena • 157 

Apéndice al anterior estudio 307 

Sentido moral del teatro • 315 

La leyenda romana de Virginia en la litera- 
tura dramática 389 




f 



^ 



EsU libro se acabó de imprimir en Madrid, 

en el Establecimiento tipográfico 

^Sucesores de Rivadeneyra"^, 

el día 3 de Enero 

de 1900. 




■^ 



COLECCIÓN 

DE 

ESCRITORES CASTELLANOS 



TOMOS PUBLICADOS 

I.* — Rotnanuro espiritual del Maestro Valdivielso, con retrato del 
antor grabado por Galbán, y un prólogo del Rdo. P. Mir, de la Real 
Academia Espaflola. (Agotados los ejemplares de 4 pesetas, los hay 
de lujo de 6 en adelante.) 
2.0 — Obras db D. Adklardo Lópbz db Átala: tomo I. — Teatro :iom.Ql^ 
con retrato del antor grabado por Manra, y nna advertencia de D. Ma- 
nuel Tamayo y Bans. — Contiene: Un hombre de Estado. — Los des 
Gutmanes. — Guerra d muerte. — 5 pesetas. 
3.* — Obras db Andrés Bello: tomo I. — Poesías , con retrato del antor 
grabado por Mama, y nn estudio biográfico y crítico de D. Miguel An« 
tonio Caro. — Contiene todos sus versos ya publicados, y algunos iné- 
ditos. (Agotada la edición de 4 pesetas, hay ejemplares de lujo de 6 eo 
adelante.) 
4.* — Obras db D. A. L. db Átala: tomo II. — Teatro: tomo II.— Con- 
tiene: El tejado de vidrio.— El Conde de Castralla.—^ pesetas. 
5.»— Obras DB D. Marcelino Mbníndbz t Pblato : tomo I. — Odas, 
epistoias y tragedias^ con retnio dc\ autor grabado por Maura, y un 
prólogo de D. Juan Valera. — 4 pesetas. 
6.<'— Obras db D. Serafín Estébanbz Calderón {El Solitario): tomo I. 

--^Escenas andaluzas. — 4 pesetas. 
7.*— Obras db D. A. L. db Átala: tomo lll.— Teatro: tomo IIX.— (^n- 

tiene: Consuelo.—Los Comuneros. — 4 pesetas. 
S.^'Obras db D. Antonio Cánovas del Castillo: tomo L — El Solí' 
tarioy su tiempo: tomo I. — ^Biografía de D. Serafin Estébanes (}alde« 
ton y crítica de sus obras, con retrato del mismo, grabado por Maura.— 
4 pesetas. 
9.*— Obras db D. A. Cánovas dbl Castillo : tomo II. — El Solitario y 

su tiempo: tomo II y último.— 4 pesetas. 
10.— Obras db D. M. Mbníndez t Pblato: tomo II. — Historia de las 

ideas estéticas en España: tomo I. Segunda edición. — 5 pesetas. 
10 bíi.- Obras db D. M. MbnAndbz t Pblato: tomo III. — Historia do 
¡as ideas estéticas en E^ña: tomo II. Segunda edición.— 5 pesetas. 



II.— Obiai db a. Bello: tomo II. — Principió* it Dertcho int^rftadO' 
nslt ooD notu de D. Carlos Martinex Silva: tomo I. — Estado do paz. 
—4 pesetas. 

it.—OBRAS DB A. Bbllo: tomo IJÍ.-^Príncipios dt Derecho inUrtgaeU- 
naJ, con notas de D. Carlos Martínez Silva: tomo II y último. — Es- 
tado de guerra. — 4 pesetas. 

I3.-*Obra8 db D. a. L. db Átala: tomo IV,— Teatro: tomo IV. — Coo- 
tiene: Xioja, — La estrella de Madrid. — La m^ corona, — ^4 pesetas. 

14. — Voces del alma: poesías de D. José Velarde. — 4 pesetas. 

X5._0bras db D. M. Mbnéndbz t Pblato: tomo IV ,^Estiidios de 
critica literaria. — Primera serie, 3.* edición. — Contiene: La poesCa 
mística. — ^La Historia como obra artística. — San. Isidoro. — Rodrigo 
Caro.— Martínez de la Rosa. — Ndftez de Arce. — 4 pesetas. 

16. — Obras db D. Manubl CaKbtb: tomo I, con retrato del antor gra- 
bado por Maura. — Escritores españoles i hispanoamericanos. — Con- 
tiene: El Duque de Rivas. — D. José Joaquín de Olmeda — 4 pesetas. 

ly.^OBRAS DB D. A. CImovas dbl CASTILLO: tomo lll,— Problemas 
contemporáneos: tomo I, con retrato del autor grabado por Maura.~> 
Contiene: El Ateneo en sus feladones con la cultura española: las 
transformaciones europeas en 1870: cuestión de Roma bajo su aspecto 
nniversal: la guerra ñanco-prusiana y la supremacía germánica : epí- 
logo.— El pesimismo y el optimismo : concepto é importancia de la 
teodicea popular: el Estado en sí mismo y en sus relaciones con los 
derechos individuales y corporativos; las formas políticas en general. 
—El problema religioso y sus relaciones con el político: el problema 
religioso y la economía política: la economía política, el socialismo y 
el cristianismo: errores modernos sobre el concepto de Humanidad y 
de Estado: ineficacia de las soluciones para los problemas sociales: el 
cristianismo y el problema social: el naturalismo y el socialismo cien- 
tífico: la moral indiferente y la moral cristiana: el cristianismo como 
fundamento del orden social: lo sobrenatural y el ateísmo científioo: 
importancia de los problemas contemporáneos. — La libertad y el 
progreso. — Los arbitrístas.^Otxo precursor de Malthus. — La Interna- 
tíonal.— s pesetas. 

18. — Obras db D. A. CAnoyas dbl Castillo: tomo IV,— Problemas 
contemporáneos: tomo II. — Contiene: Estado actual de la investíga- 
ción filosófica: diferencias entre la nacionalidad y la raza: el concepto 
de nación en la Historia: el concepto de nación sin distinguirlo del 
de patria;— Los maestros que más han enriquecido desde la cátedra del 
Ateneo la cultura espafiola. — La sociología moderna. — Ateneístas 



{lastres: Moreno Nieto; Revilla. — Los oradores griegos y latinos.-* 
Centenario de Setnstián del Cano. — Congreso geográfico de Madrid.» 
Ideas sobre el libre cambio. — 5 pesetas. 

i9.-> Obras dk D. M. Mekíndkz t Pblato: tomo \. -^Historia de las 
ideas estéticas en España: tomo III (siglos xvi y xvii). — 5 pesetas. 

ao.— Obras dk D. M. Men£ndez t Pelayo: tomo yi.-^Historia de las 
ideas estéticas en España: tomo IV (siglos xvi y xvii).— 5 pesetas. 

21.— Obras dk D. M. Menéndbz y Pelayo: tomo VIL — Calderón y su 
teatro. — Contiene: Calderón y stis criticos. — £1 hombre , la época y el 
arte. -Autos sacramentales.— Dramas religiosos. — Dramas filosóficos, 
—Dramas trágicos.— Comedias de capa y espada y géneros inferió* 
res. — Resumen y síntesis. — 4 pesetas. 

12.— Obras db D. Vickntb db la Fuentb : tomo 1.— Estudios criticos 
sóbrela Historia y el Derecho de Aragin: primera serie, con retrato 
del autor grabado por Maura. — Contiene: Sancho el Mayor. — £1 £bro 
por frontera. — Matrimonio de Alfonso el Batallador. — Las Herrén- 
cias de Avila. — Fuero de Molina de Aragón. — Aventuras de Zafodola. 
— Panteones de los Reyes de Aragón. — 4 pesetas. 

23.— Obras de D. A. L. db Ayala: tomo V.— TVa/rn».* tomo V. — Con- 
tiene: El tanto por ciento. — El agente de matrimonios. — 4 pesetas^ 

24. — Estudios gramaticales. Introducción á las obras filológicas de don 
Andrés Bello, por D. Marco Fidel Suárez, con una advertencia y noti* 
da bibliográfica por D. Miguel Antonio Caro. — 5 pesetas. 

25. — Poesías de D. José Ensebio Caro^ precedidas de recuerdos necrológl. 
eos por D. Pedro Fernández de Madrid y D. José Joaqufn Ortiz, con 
notas y apéndices, y retrato del autor grabado por Maura.— 4 pesetas. 

26.— Obras DB D. A. L. db Ayala: tomo VI. — Teatro: tomo VI. — Con- 
tiene: Castigo y perdón (inédita). — El nuevo Don fuan. — 4 pesetas. 

27.— Obras DB D. M. Mbníndkz y Pelayo: tomo VIH. — Horacio en 
España. — Solaces bibliográficos, segunda edición refundida: tomo I.— 
Contiene: traductores de Horacio. — Comentadores.— 15 pesetas. 

28._Obras db D. M. Cañete: tomo II. — Teatro español del siglo XVI, 
--Estudios histórico-literarios. — Contiene: Lucas Fernández. — Micael 
de (Carvajal. — Jaime Ferruz. — £1 Maestro Alonso de Torres. — Fran- 
dsoo de las Cuevas. — 4 pesetas. 

29. — Obras db D. S. £st¿banbz Calderón {El Solitario): tomo II.— 
De la conquista y pérdida de Portugal: tomo I. — 4 pesetas. 

30. — Zas ruinas de Poblet, por D. Víctor Balaguer, con nn prólogo d« 
D. Manuel C^ete.— 4 pesetas. 

SI.— Obras db D. S. Estébambz Caldkkóm (El Soliíaríc): tomo III.— * 



Dt te cvmquUta y pérdida de Partmpü: tomo II y último.— 4 pesetas. 

jt.— Obras dk D. A. L. dk Átala: tomo VII 7 último. — Paesias y pro- 
yecUs dé «om«tf¿u.— Contiene: Sonetos y poesías varías. — Amores 7 
desventuras.— Proyectos de comedias. — £1 último deseo. — Yo. — £1 
cautivo. — ^Teatro vivo. — Consuelo. — El teatro de Calderón. — ^4 pesetas. 

33.— Obkas db D. M. Mbníndkz t Pblato: tomo IX. — Horacio en 
España, — Solaces bibliográficos ^ sesfunda edición refundida: tomo II 
y último.— Contiene: La poesía horaciana en Castilla.— La poesb fao. 
laciana en Portugal.— 5 pesetas. 

34.— Obras db D. V. db la Fubntb: tomo lI.-^Estudios críticos sobre 
la Historia y ti Derecho de Aragón: segunda serie.— Contiene: Las 
primeras Cortes. — Los fueros primitivos. — Origen del Justicia Ma- 
yor.— Los señoríos en Aragón. — El régimen popular y el aristocrático. 
—Preludios de la Unión.— La libertad de testar.— Epílogo de este 
período.— 4 pesetas. 

ll,^Leyendas mofiscas, sacadas de varios manuscritos por D. F. Gní- 
Uén Robles: tomo I.— Contiene: Nacimiento de Jesús.— Jesús con la 
calavera. — Estoría de tiempo de Jesús. — Racontamiento de la donoe> 
lia Carcayona. — Job. — Los Santones. — Salomón. — Moisés. — 4 pesetas. 

36. — Cancionero de Gómez Manrique t publicado por primera véameos 
introducción y notas por'D. Antonio Paz y Melia, tomo I. — 4 pesetas. 

3*^. — Historia de la Literatuta y del arte dramática en España , por 
A. F. Schack, traducida directamente del alemán por D. Eduardo de 
Mier: tomo I , con retrato del autor grabado por Maura. — Contiene: 
Biografía del autor. — Origen del drama de la Europa moderna, y orí- 
gen y vicisitudes del drama español hasta revestir sus caracteres y 
forma definitiva en tiempo de Lope de Veg^. — 5 pesetas. 

3g.~.0BRAS DR D. M. Mbníndbz y Pblato : tomo X,'~Historia d€ las 
ideas estíticas en España: tomo V (siglo zviii). — 4 pesetas. 

39. — Cancionero de Gómez Manrique, publicado por primera vez, con in- 
troducción y notas por D. A. Paz y Melia: tomo II y último. — 4 pesetas. 

40. — Obras db D. Juan Valbra: tomo I. — Canciones, romances y poe^ 
maSj con prólogo de D. A. Alcalá Galiano, notas de D. M. Menéndez y 
Pelayo y retrato del autor grabado por Maura. — 5 pesetas. 

41. — Obras db D. M. Mbníndbz y Pblato: tomo XI.— Historia de ¡as 
ideas estéticas en España: tomo VI (siglo zvzii).— 5 pesetas. 

43. — Leyendas moriscas^ sacadas de varios manuscritos por D. F. Gni- 
Uén Robles: tomo II.— Contiene: Leyenda de Mahoma.— De Temim 
Addar. — Del Rey Tebín. — De una profetisa y un profeta.— Batalla del 
rey Almohalbal.— El alárabe y la doncella.— Batalla de Alexyab ooatim 



Mahoma.— El milagro de la Luna.— Ascensión de Mahoma.--Leycnda 
de Guara Alhochorati.— De Mahoma y Alharits.— Muerte de Mahoma- 

— 4 pesetas. 
43,— Ptf«iíw de D. Antonio Ros de Olano, con un prólogo de D. Pedro 
A. de Alarcón. — Contiene: Sonetos.— La pajarera. — Doloridas, —Por 
pelar la pava.—La gallomagia. — Lenguaje délas estaciones. — Gala- 

tea.— 4 pesetas. 

^,^fítsíoria del nuevo reino de Granada (cuarta parte de los Varona 
ilustres de Indias), por Juan de Castellanos, publicada por primera Tez 
con un prólogo por D. A. Paz y Melia: tomo I.— 5 pesetas. 

j^^,^Poetnas dramáticos de Lord Byron, traducidos en verso castellano 
por D. José Alcalá Galiano, con un prólogo de D. Marcelino Menén- 
dez y Pelayo. — Contiene: Ca£n. — Sardanápalo. — Manfredo. —4 pts, 

4(í.-^Historia de la Literatura y del arte dram&tico en España, por 
A. F. Schack, traducida directamente del alemán por D. E. de Mien 
tomo IL— Contiene: la continuación del tomo anterior hasta la edad 
de oro del teatro espafloL— 5 pesetas. 

47.— Obras de D. V. de la Fuente: tomo IIL— Estudios críticos sobre 
la Historia y Derecho de Aragón: tercera y última serie.— Contiene: 
Formación de la liga aristociátíca.— Vísperas sicilianas.— Revoludo* 
nes desastrosas.— Reaparición de la Unión.— Las libertades de Ara- 
gón en tiempo de D. Pedro IV.— Los reyes enfermizos.— Influenciado 
los Cerdanes.— Compromiso de Caspe.— La dinastía castellana.— Fal- 
seamiento de la Historia y el Derecho de Aragón en el siglo xv— 
D. Femando el Católico.— Sepulcros reales.— Serie de los Justicias de 
Aragón. — Conclusión. — 5 pesetas. 
At.-'Leyendas moriscas, sacadas de varios manuscritos por D. F. Gui- 
llen Robles: tomo III y último. — Contiene: La conversión de Omar. 
—La batalU de Yermuk,— El hijo de Omar y lajudfa.— El alcázar del 
oro.— Alí y las cuarenta doncellas.— Batallas de Alexyab y de Jozaima. 
—Muerte de Belal.— Maravillas que Dios mostró á Abraham en el mar. 
-Los dos amigos devotos. — El Antecristo y el día del juicio.— 4 pts. 
^^.^Historia del nutoo reino de Granada (cuarta parte de los Varones 
ilustres delndia»), por Juan de (>atellanos, publicada por primera vex 
con un prólogo por D. Antonio Paz y Melia: tomo II y último, que 
termina con un índice de los nombres de personas citadas en esta 
coarta parte y en las tres primeras publicadas en la Biblioteca de 
Autores Españoles de Rivadeneyra.— 5 pesetas. 
SO.— Obras db D. J. Valera: tomo IL — Cuentos , diálops y fanta-^ 
Wm.— Contiene: Bl 'pájaro yerde. — Parsondes.— El bermejino pre- 





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D. Acre. 


iiüdai-Gtu™ y 


«™^e~bad 


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P(,íd«s.-s pesetí'i. 






set y artículos UUraria de D 


Alí^KvJra 




7 Moa- 




aQlor gnbulD 




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tiene: L« 




alisDO.— Fr. L 


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-Joai Sel- 


ipeyM ponnpií 


sa>.- Glorias 


stnrianas. 


-Coro 


Miión d> 


[.-ElP.Zefen 




j Pelayo. 




nindei^FríM 


Delll.— Epfslola 


s.-Ui.an«d™HlstÍMia._ 



M D. A. CiMovAS DBi. CisriLu): lomo VI.— Arta y lorai. 
le: De lo< asnnlos respectivo! de l«a enes.— Del origen y t1- 
del fenoina teatro cspaDol.^ Apéndiu. — La libertad en lac 
sándice. — Un poeta descoDocido y anónimo. — 5 pesetaa. 
ctD.M. Meníhdk t pEum tamoXIIL— ¿dwncwu. 
erecta edición correjnda 7 aumentada: toDU> U.— Ctinlime 

dos de D. Alcandía Pidal ntire lai catlai anteiioici. !■ 

srtas. -* La ciencia espaflola. tnjo la Inqnisiclón, — Cartaa.*-* 
laoa Marsarita^ — La paula de Raímoado Sabnode. — Instaa- 
1 In Chtiilo. — Apéndice.— s pesetas. 

ia ai la Li/íralura y iil ertí dravtáliíe a SifoMa, por 
lack. tiadncida directamenlc del alemán por D, E. de Mler, 
-Coniiene: Fin déla materia anterior.— £dad deondal 
AdI.— J pCHlak 



S^.—Historia de la Uterátura y del arte dramático en España, por 
A. F. Schack, traducida directamente del alemán por D. E. de Míen 
tomo V y Último.-Contiene: Fin de la materia anterior.-Decaden- 
cia del teatro espafiol en el siglo xvm.-Irrupción y predominio del 
gusto francés.— Últimos esftierzos.—Apéndices.--5 pesetas. 

6o.— Obras de D. J. Valera: tomo lll.^ Nuevos estudios críticos,-- 
Contiene: Apuntes sobre el nuevo arte de escribir novelas.— El Fausto 
de C3<Etlie.-Shakspeare.- Psicología del amor.- Las escritoras en 
España y elogio de Santa Teresa.— Poetas líricos espafloles del si- 
glo XVIII.— De lo castizo de nuestra cultura en el siglo xviii y en el 
presente.— De la moral y de la ortodoxia en los versos— 5 pesetas. 

61.— Obras DE D. M. Meníndez y Pelayo: tomo XlV.^fíistoria de 
las ideas estéticas en España: tomo VII (siglo xix).— 5 pesetas. 

62.-OBRAS DE D. Severo Catalina: tomo l.-La Mujer, con L pro- 
logo de D. Ramón de Campoamor: octava edición.— 4 pesetas. 

63.— Obras de D. J. E. Hartzenbüsch: tomo II,— Fábulas: primeim 
edición completa. — 5 pesetas. 

64.— Obras de D. M. Meníndez y Pelayo: tomo XV,— /.a ciencia 
española: tomo III y último.— Contiene: Réplica al Padre Fonseca.— 
Inventario de la ciencia española: Sagrada Escritnia: Teología: Mis- 
tica: Filosofía: Ciencias morales y políticas: Jurisprudencia: Filólo, 
gía: Estética: Ciencias históricas: Matemáticas: Ciencias militares: 
Ciencias físicas: 5 pesetas. 

65.— Obras de D. J. Valera: tomo lY,— Novelas: tomo I, con un pró- 
logo de D. Antonio Cánovas del Castillo.— Contiene: Pepita Jimine», 
—El Comendador Mendoza.— s pesetas. 

66.— Obras de D. J. Valera: tomo W. ^Novelas: tomo II. —Contiene: 
Doña Luz. — Pasarse de listo, — 5 pesetas. 

67.— Obras de D. A. Cánovas del Castillo: tomo Vil.— Estudios 
del reinado de Felipe IV: tomo I.— Contiene: Revolución de Portugal: 
Textos y reflexión.— Negociación y rompimiento con la República in- 
glesa. — 5 pesetas, 

68.— ObrasdeD. J. E. Hartzenbüsch: tomo III,— Teatro: tomo I. 
—Contiene: Los amantes de Teruel.— Doña Mencia,— La Redoma eii 
cantada,— $ pesetas. 

69.— Obras sueltas de Lupercio t Bartolomí Leonardo de Ar. 
CENSÓLA, coleccionadas é ilustradas por el Conde de la Vinaza: to- 
mo I — Contiene las de Lupercio : Prólogo.— Poesías líricas.— Epís- 
tolas y poesías varias.— Obras dramáticas.— Opúsculos y discaraos li- 
terarios.— Cartas eruditas y íwnüiartss.- Apéndioes.-s pesetas. 



^ 



8 

jo.'-'Rtbilión d* Ptuana en el Pttú y Vida de D. Pedfó Gasea, por Cal- 
vete de Estrella, y un prólogo de D. A. Paz y Melia: tomo 1.^5 pts. 

71.— Obras db D. A. CAmovas dbl Castillo: tomo YHI. — Estudios 
del reinado de Felipe IV: tomo II. — Contiene: Antecedentes y reladóo 
critica de la batalla de Rocroy. — Apéndice laminoso c<m 27 doco* 
mentos de interés.— 5 pesetas. 

73.— Obras db D« Sbrafín Estíbanbz Caldbrón {El Solitario y. to- 
mo TV, —Poesías. — 4 pesetas. 

fi,^Poesias de D. Enrique R« de Saavedra, Duque de Rivas, con ub 
prólogo de D. Manuel Cafiete y retrato del autor, grabado por Mamv: 
tomo único. — Contiene: Impresiones y fantasías. — ^Recuerdos. — Hojas 
de álbnm.-> Romances.— La hija de Alimenón. — Juramentos de amor. 
— 4 pesetas. 

74.— Obras db D. M. MenAndbz t Pblato: tomo XYI.— Historia dt 
las ideas estéticas en España^ tomo VIII (siglo ziz).— 4 pesetas. 

75. — Obras sueltas db Lupbrcio t Bartolomé Lbonardo de Aroxn- 
SOLA, coleccionadas é ilustradas por el Conde de la Viflaza: tomo II.— 
Contiene las de Bartolomé Leonardo: Poesías líricas. — Sátiras.— Poe- 
sías varias.— "Diálogos satíricos.— Opúsculos varios.-— Cartas eruditas 
y familiares.— Apéndices.— 5 pesetas. 

•jt.^Rebelión dePizarro en el Perü y Vida de D. Pedro Gasea, por Cal- 
vete de Estrella: tomo II. — 5 pesetas. 

yj, — Obras db D. J. £. Hartzenbusch: tomo Vf.— Teatro: tomo H. — 
Contiene: Lavisionariaj— Los polvos de la madre Celesti$ui.~- Alfonso 
elCasto.—'Primeroyo.s pesetas. 

78.— Obras db D. J. Valbra: tomo VI,— Novelar, tomo III.— Contie- 
ne: Las Ilusiones del Doctor Faustino^-'S pesetas. 

79.— PiDAL (tJlüRQvia DE). -^Estudios históricos y Uterafios: tomoL 
Con retrato del autor, grabado por Maura. — Contiene: la lengua casto, 
llana en los códigos.— La poesfa y la historia.— Poema, crónica y ro- 
mancero del Cid.— Un poema inédito. — ^Vida del rey Apolonio y de 
Santa Maria Egipciaca.— La poesía castellana de los siglos znr y zv.— 
4 pesetas. 

to.-^ Sales españolas ¿ Agudezas del ingenio nacional, recogidas por 
D. a. Paz y Melia.— Primera serie.^Contient: Libro de Cetrería y pro- 
fecía de Evangelista. — Carta burlesca de Godoy. — Privilegio de Doa 
Juan II en favor de un hidalgo. — Carta del bachiller de*Arcadia al ca- 
pitán Salazar, y respuesta de éste.- Sermón de Aljubarrota.— CarU d« 
D. Diego Hurtado de Mendoza á Feliciano de Silva.— Proverbios de 
D. Apóstol de Castilla.— Carta del Monstruo satírico.— Libro de chis- 



tes de Luis de Pinedo.»Memoríal de un pleito. — ^Carta liaUada en el 
correo sin saber qaién la enviaba.— Carta de nn poit|igQés.-~X!;arta 
burlesca de Fr. Guillen de Peraza. — Descendencia de los Modorros.— 
Oarta de Diego de Ambnrcea á Esteban de Ibarra. — Carta del Conde 
de Lemus á Bartolomé L. de Argensola. — Carta de Ustarroz al maes- 
tro Gil González Dávila. — Epitafios y dichos portugueses.— Carta de 
un quidan al Castellano de Milán. — Carta ridicula de Di^o Monfor.— 
Mundi novi y diálogo. — Carta sobre el destierro del duque de Esca- 
lona. — Cartas del Arcediano de Cuenca al ctu% de Pareja. — Nota de 
las cosas particulares del anticuario de D. Juan Flores, 5 pesetas» 

%i, Obras de D. A. Cánovas dsl Castillo: tomo IX. — Probltmas 

contemporáneos: tomo III. — Contiene: Ejercicio de la soberanía en las 
democracias modernas. — Las revoluciones de la edad moderna. — Clasi- 
ficación de los sistemas democrátioos. — La democracia pura en Suiza.— 
La democracia del régimen mixto en los cantones suizos. — La sobera- 
nía ejercida en Suiza por la confederación. — El régimen municipal. — 
La democracia de los Estados Unidos.— El conflicto de la soberanía en 
los Estados Unidos y en Suiza.— Principios teóricos de la democracia 
ñancesa.— Conclusiones. — El juicio por jurados y el partido liberal 
conservador. — La economía política y la democracia economista en Es- 
paña. — La producción de cereales en Espaíla y los actuales derechos 
aianoelaríos.— Necesidad de proteger, á la par que la de los cereales, 
la producción española en general. — De cómo he venido yo á ser doc- 
trinalmente proteccionista. La cuestión obrera y su nuevo caxácter.— 'De 
los resultados de la conferencia de Berlín y del estado oficial de la cues- 
tión obrera.— Últimas consideraciones. — 5 pesetas. 

ts.— Obras utsrarias db D. Manubl Silyxla.— 5 pesetas. 

S3. — PiDAL (MarquAs db). — Estudios históricos y literarios: tomo II. 
—Contiene: Vida del trovador Juan Rodríguez del Padrón. — D. Alonso 
de Cartagena. — El Centón epistolario. — Juan de Valdés y el Diálofjt 
delalenffía, — ^Fr. Pedro Malón de Chaide. — ^¿Tomé de Bnxguillosy 
Lope de Vega son una misma persona? — Observaciones sobre la 
poesía dramática. — Viajes por Galicia en 1S3 6.— Recuerdos de nn 
viaje á Toledo en XS42.— Descubrimientos en América. — ^Póesías.-^ 
4 pesetas. 

84.— Obras db D. Juan Valbra: tomo Yll.^ Disertaciones y juicios 
literarios: Contiene: Sobre el Quijote. — La libertad en ciarte.— Sobro 
la ciencia del lenguaje.— Del influjo de la Inquisición en la decadencia 
de la literatura española. — ^La originalidad y el plagio. — Vida de Lord 
Byroa. — ^De la perversión moral de la España de nuestros díss.— D«U 



V 



10 

filosofía española.— Poesía lírica. — Estadios sobre la Edad Media. — 
Obras de D. Antonio Aparid y Guijarro. — Sobre el Amadís de Gaula. 
— Las Cantigas del Rey Sabio, 5 pesetas. 

85. — Canciimero de la Rosa^ por D. Juan Pérez de Gazmán: tomo I.— 
Contiene: Manojo de la poesía castellana, fofmado con las mejores pro. 
ducciones líricas consagradas á la reina de las flores dorante los si- 
glos xvx, xvii, xviix y XIX, por los poetas de los dos mondos. — Tomo i, 
5 pesetas. 

S6.— Obras db Andrís Bbllo: tomo IV: Opúsculos gramaticalesi 
tomo I. — Contiene: Ortología. — Arte métrica. — Apéndices. — 4 pesetas. 

$7, — DuQUB DB Bbrwick. — Relociáti de la conquista de los reinos de 
Ñápeles y Sicilia. — Via/'e á Rusia: 5 pesetas. 

gg.— FxRNÁNDBZ-DuRO (D. Cbsárbo).— ESTUDIOS HISTÓRICOS.— i>4rrv/a 
de los Gelves. — Antonio Pérez en Inglaterra y Francia : un tomo. — 
5 pesetas. 

19. — Obras DX Andrís Bbllo: tomo V. -^ Opúsculos gramaticales: 
tomo II. — Contiene: Análisis ideológica.— Compendio de gramática 
castellana. — Opúsculos. — 4 pesetas. 

^.— Rimas de D. Vicente W. Querol: un tomo, 4 pesetas. 

^1,— Cancionero de la Rosa, por D. Juan Pérez de Guzmán: tomo II.— 
Contiene: Manojo de la poesía castellana^ formado con las mejores 
producciones líricas consagradas á la reina de las flores durante el si- 
glo jux, por los poetas de los dos mundos. — ^Tomo 11, 5 pesetas. 

ga. — Obras DB D. M. Msníndbz y Pxlato: tomo XVII. — Histeria dé 
las ideas estéticas en España: tomo IX (siglo xix). — 5 pesetas. 

93.— Obras db D. J. E. Hartzbmbusch: tomo V. — Teatro.— Tomo III. 
Contiene: El Bachiller Mendarias. — Honoria.-^ Derechos postumos, 
5 pesetas. 

^^.'— Relaciones de Us sucesos de la Monarquía española desde 1654 
i 1658, por D. Jerónimo Barrionuevo de Peralta, con la biografía del 
autor y algunas de sus obras poéticas y dramáticas: tomo I. — 5 pe- 
setas. 

95. — Obras db D. M. Mbmíndxz t Pelato: tomo XVIII. — Ensayos dé 
critica filosófica. Contiene: De las vicisitudes de la Filosofía platónica 
en Espafia. — De los orígenes del criticismo y del escepticismo, y espe- 
cialmente para los precursores espa&oles de Kant.— Algunas consideír 
ciones sobre Francisco de Vitoria y los orígenes del deredao de gentci 
tomo, 4 pesetas. 

96. — Relaciones de los sucesos de la Monarquía española dtsds 165. 
Á x6s8, por D. Jerónimo Barrionuevo de Peralta: tomo II.— 5 P«setai 



ZI 

97. — HisUria critica de la poesía castellana en el siglo XVIII, por el 
Marqués de Valmar: tomo I. — 5 pesetas. 

9S.— Obras ds Fbrnáit Caballero: tomo I. Contiene: Fernán Caba- 
llero 7 la novela contemporánea. — La familia de Alvareda. — 5 pesetas. 

99. — Relaciones de los sucesos de la Monarquía española desde 1654 
á X65S, por D. Jerónimo Barrionnevo de Peralta: tomo III. — 5 pesetas. 

100. — Historia crítica de la poesía castellana en el siglo XVIII, por el 
Marqués de Valmar: tomo II. — 5 pesetas. 

I o I.— Obras Ds D. Sbrafín Estíbanxz Calorróm {El Solitarío): tO' 
mo V. — Novelas, Cuentos y Artículos,^4 pesetas. 

102. — Historia crítica de la poesía castellana en el siglo XVIII, por el 
Marqnés de Valmar: tomo III y último. — 5 pesetas. 

if>l.'— Relaciones de los sucesos de la Monarquía española desde 1654 
á 165S, por D. Jerónimo Barríonoevo de Peralta: tomo IV y último. — 
5 pesetas. 

104. — Memorias de D, José García de Lean y Pitorro: tomo I (de 1770 
á 1814). — 5 pesetas. 

105. — Obras coMPLKTAS dbl Duque db Riyas: tomo I. — Poesías. — 5 
pesetas. 

106.— Obras dx D. M. Mkníndbz t Pblato: Estudios de crítica lite 
raria, — Segunda serie. — 4 pesetas. 

X07. — Obras db Fernán Caballero: tomo II. — La Gaviota. — 5 pesetas. 

X08. — Obras completas del Duque de Ritas: tomo U.^-Poesías. — 5 
pesetas. 

109. — Memorias de D. Josi García de León y Pizarra: tomo II. — 5 pe- 
no. — Ocios poéticos, por D. Ignacio Montes de Oca; un tomo, 4 pesetas. 

ziz. — Obras de Fernán Caballero: tomo III. — Clemencia, — 5 pe- 
setas. 

113. — Memorias de D. fosé García de León y Pitarro: tomo III.— 5 pe- 
setas. 

JJ3. — Obras completas del Duque de Riyas: tomo III.— wE^i moro 
expósito.—s pesetas. 

114.— Obras de Fernán Caballero: tomo IV. — L4grimas.-^s pesetas. 

115. — Obras completas del Duque de Rivas: tome Vf»— Romances 
históricos, — s pesetas. 

116. — Estudios de historía y de crítica literal ia, por el Marqués de 
Valmar. — 4 pesetas. 

Ejemplares de tiradas especiales de 6 á 350 pesetas. 



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EN PREPARACIÓN 

Ohntdé FimáM CáMUro^ tomo IV. 

Oirtu del Du^ue de Riuu, tt>tñ6 V. 

Gramática di ¡a Ungua auteílana, de D. Andrés Bello. 



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NOT RETURNEO TO THE LIBRAR Y 
ON OR BEFORE THE LA8T DATE 
STAMPCD BELOW. NON-RECetPT OF 
OVERDUE NOTICES DOES NOT 
EXEMPT THE BORROWER FROM 
OVERDUE FEES. 






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