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Full text of "Expedicion botanica de Jose Celestino Mutis al Nuevo Reino de Granada y Memorias ineditas de Francisco Jose de Caldas"

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EXPEDICIOX BOTÁNICA 



NUEVO REINO DE GRANADA 




FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS 



EXPEDICIÓN BOTÁNICA 



DE 



JOSÉ CELESTINO MUTIS 



AL 



PEVO 8E1N0 DE GRAMDA 

Y 

:\ÍEAIORIAS INÉDITAS 

DE 

FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS 

POR 

DIEGO MENDOZA 



MADRID 

LIBRERÍA GENERAL DE VICTORIANO SUÁREZ 
48, Preciados, 48 

1909 



Madrid.— Imp. de Fortanet, Libertad, 29.— Teléf.^' 991. 



:l6^ 



AL ILUSTRADO AMERICANISTA 

DON ANTONIO GRAÍÑO 

dedica este libro 



8S2304 



MUTIS Y LA EXPEDICIÓN BOTÁNICA 



Este volumen contiene algunos documentos ilus- 
trativos de la historia del desarrollo intelectual de 
Colombia. 

Nuestra historia literaria no se ha escrito todavía. 
Quien emprendiere la ardua tarea tendrá por necesi- 
dad que estudiar muy detenidamente la vida y los 
trabajos científicos de José Celestino Mutis y Fran- 
cisco José de Caldas. 

La primera parte de este volumen versa sobre 
Mutis, y la segunda contiene cinco trabajos inéditos 
de Caldas y treinta y dos cartas, inéditas también, 
que éste le dirigió de 1801 á 1805. En un volumen 
posterior publicaremos un estudio sobre la instruc- 
ción pública en la Colonia y la biografía y epistola- 
rios de Mutis y de José Ignacio de Pombo, con varias 
cartas importantes que el primero recibió de algunos 
sabios europeos. 

Para el estudio de Caldas es necesario que previa- 
mente se haga una edición de sus obras. Hemos for- 



— 8 — 

mado el siguiente catálogo, que probablemente no 
es completo: 

i.° Discurso sobre la educación. 

2 ° Estado de la geografía del Virreinato de Santa 
Fe de Bogotá con relación á la ecor^omía y al co- 
mercio. 

3.° Prospecto de la geografía de las plantas y 
notas al trabajo de Humboldt sobre el mismo 
asunto. 

4.° Cuál es la producción propia de nuestro cli- 
ma que se deba cultivar con preferencia á las demás, 
y cuál la producción extranjera que nos interesa con- 
naturalizar en nuestro suelo (Memoria). 

5.° Sobre la importancia del cultivo de la cochi- 
nilla que produce el Reino y la de transplantar á él 
la canela, clavo, nuez moscada y demás especias del 
Asia. 

6." Del influjo del clima sobre los seres organi- 
zados. 

* 7.° ]\Iemoria sobre un plan de un viaje proyec- 
tado de Quito á la América Septentrional (i). 

(i) ¿Esta Memoria es distinta del ensayo señalado con el núme- 
ro 31? 

N. B. Los números señalados con un asterisco indican los trabajos 
inéditos de Caldasj los marcados con dos, los que contiene este volu- 
men, y los que no tienen ninguna indicación son los publicados en el 
Semanario de la Nue'va Grar.ada, edición de París. No hemos incluido en 
el Catálogo los escritos publicados en el Correo Curioso porque ignoramos 
sus títulos. Nos informan que la Academia de la Historia de Bogotá 
prepara para celebrar el primer Centenario de la Independencia una 
edición de las obras de Calaas, cuya estatua en bronce se erigirá en 
igio en Popayán. 



— 9 — 

8.° Viaje al corazón de Barnuevo. 
9.° Viajes al Sur de Quito. 

10. Viaje de Paute y apéndice. 

11. Viaje de Quito á Popayán. 

* 12. Relación de viaje á Ibarra, Otavalo y pue- 
blos circunvecinos en Agosto, Septiembre y Octubre 
de 802. 

** 13. Viaje de Quito á las costas del Océano 
Pacífico, por Malbucho, hecho en Julio y Agosto 
de 1803. 

* 14. Memoria sobre la nivelación del camino de 
Malbucho. 

* 15. Relación de un viaje á Timaná y carta geo- 
gráfica de Timaná y su jurisdicción. 

* 16. Carta del río Magdalena levantada en 1797 
desde su origen hasta Neiva, y trozo de carta de To- 
caima á Neiva. 

* 17. Carta del río Magdalena levantada en 1805 
desde Neiva hasta la embocadura del Bogotá. 

* 18. Descripción déla parte alta del río Cauca 
hecha en 1805. 

19. Descripción del Observatorio astronómico 
de Santa Fe de Bogotá. 

20. Elevación del pavimento del salón principal 
del Observatorio. 

21. Observaciones meteorológicas hechas en el 
Observatorio de Bogotá. 

* 22. Memoria acerca de las refracciones astro- 
nómicas al nivel y latitud del Observatorio. 

* 23. Almanaque de 181 1 y su prefación. 



10 



* 



24- Lunario (i). 

* 25. Memoria sobre las mareas atmosféricas ba- 
sada en los preciosos manuscritos de Mutis que con- 
tienen este bello descubrimento. 

* 26. Fitografía ó geografía de las plantas del 
Ecuador comparadas con las producciones vegetales 
de todas las zonas y del globo entero, formada sobre 
las medidas y observaciones hechas en la vecindad 
del Ecuador desde 1800 hasta 

* 27. Chinchografía ó geografía de los árboles de 
la Quina formada sobre las observaciones y medidas 
hechas desde 1800 hasta 

** 28. Memoria sobre las Quinas de la provincia 
de Quito en general y principalmente sobre la de 
Loxa (2). 

* 29. Memoria sobre la nivelación de las plantas 
que se cultivan en la vecindad del Ecuador. 

* 30. Memoria sobre la elevación media del mer- 
curio entre los Trópicos al nivel del mar. 



(i) El Dr. Andrés Posada Arango en un artículo publicado en el 
Boletín de Historia y antigüedades, de Bogotá (Núm. 48, Septieníbre de 
1907), cuenta la historia del Lunario de Caldas, que es un cuadro que 
servía para averiguar en cualquier mes del año las épocas en que se veri - 
ficaban la conjunción y la oposición de nuestro satélite. Quiso el Dr. Po- 
sada hacerlo grabar, pero desistió de su propósito porque reconoció que 
no era rigurosamente exacto. Por tradición se sabe que es invención 
de Caldas. Debiera publicarse también el Lunario en una edición defi- 
nitiva de las obras del insigne sabio, junto con la descripción que de él 
hace el Dr. Posada Arango, 

(2) La carta topográfica de que habla Caldas no está en el Archi- 
vo de la Expedición Botánica, ¿Es esta Memoria la misma que publicó 
el limo, Sr, González Suárez con el título Un opúsculo de Caldas? 



— II — 

'^* 31. Memoria sobre el origen del sistema de 
medir las montañas y sobre el proyecto de una ex- 
pedición científica, 

** 32. Ensayo de una Memoria sobre un nuevo 
método de medir por medio del termómetro las 
montañas. 

* 33. Memoria sobre el volcán de Puracé, en co- 
laboración con D. Antonio Arboleda. 

* 34. Discurso en el Colegio-Seminario de San 
Luis de Quito, en un acto de conclusiones de Física 
y Botánica, en 1803, dedicado á Mutis en elogio de 
los trabajos de éste. 

** 35. Plan razonado de un Cuerpo militar de In- 
genieros mineralógicos en el Nuevo Reino de Gra- 
nada. 

* 36. Utilidad de importar vicuñas del Perú. 

* '^']. Informe dirigido al Secretario del Virreinato 
con fecha 16 de Octubre de 1808. 

38. Informe al vSecretario del virreinato y Juez 
comisionado para los asuntos de la Expedición Bo- 
tánica de Santa Fe. 

39. Artículo necrológico del Sr. Mutis. 

40. Elogio histórico de Cabal. (No está en la 
edición que el señor Acosta hizo del Semanario.) 

* 41. Memoria sobre Imbabura. 

*42. Correspondencia con D. José Ignacio 
Pombo. 

* 43. Correspondencia con Humboldt. 

44. Correspondencia con Mutis. 



** 



— 12 — 



II 



Falleció D. José Celestino Mutis, Jefe de la Ex- 
pedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, el 2 
de Septiembre de 1808, en la ciudad de Santa Fe 
de Bogotá, capital del Virreinato. La Flora de Bogotá 
era una obra que preparaba de muchos años atrás, 
y que deseaba publicar en varios volúmenes. «Cada 
uno debía contener una centuria de plantas ameri- 
canas, representadas con colores al natural para la 
ilustración de los escritos de las plantas de América 
en las no bien determinadas y de las nuevamente 
descubiertas. La forma de cada volumen sería, coma 
solía decirse, Atlántica, con la explicación circuns- 
tanciada de toda la lámina en ella misma á la izquier- 
da, precediendo á la lámina toda la descripción cien- 
tífica de cada planta». Era este el pensamiento de 
Mutis y sus mismas palabras. «Deseo — proseguía en 
una carta al Virrey — concluir, y espero verificarlo, 
mediante Dios, en todo este año, los tres prime- 
ros volúmenes, que pasando por las manos de V. A, 
á las del Sr. Ministro de Indias, lograrán el honor 
de ser ofrecidos al Rey como á su legítimo Señor y 
Dueño». 

»Esta obra será tal vez la Flora más completa, y 
como el fondo principal de la General de América, 
Por fortuna logra hoy la España artífices muy hábi- 



les en el grabado y pintura, capaces de imitar estos 
-suntuosos originales. Para acelerar la publicación y 
asegurar el crédito de la ejecución, convendría se 
encargase, de orden de S. M., la Real Academia de 
las tres nobles Artes de la elección de los artífice?, 
bajo su dirección.» 

Cuando ocurrió su fallecimiento, no había Mutis 
-concluido sus trabajos. El Virrey comisionó á su 
Secretario para que pusiera en seguridad el archivo 
de la Expedición. Dos años después de la, muerte de 
^u Jefe, se abrió en Nueva Granada la era de la Re- 
volución de independencia, y todas las labores del 
•espíritu cedieron el campo á la lucha de las armas. 

El Pacificador D. Pablo Morillo ordenó que todos 
los papeles, herbario, láminas, etc., pertenecientes á 
la Expedición, fuesen traídos á esta ciudad de Madrid* 
La orden se cumplió en parte por el coronel D. Anto- 
nio Van Halen el año de 1817. El resto de los docu- 
mentos se conserva en el Archivo Nacional de 
Bogotá. 

La Expedición recibió en veinticinco años la 
-suma de 220.001 pesos, 6 reales y un cuartillo, en- 
tregados á D. Salvador Rizo, á cuyo cargo corría la 
parte económica de ella, mas 13-029 pesos pagados 
por las Cajas Reales á diversos empleados. Era tan 
bueno el concepto que les merecía la probidad de 
Mutis á los Gobiernos de Madrid y Santa Fe, que 
nadie le pidió cuentas de los dineros que se le sumi- 
nistraban. En el expresado Archivo se guardan 37 
cuadernos en que Mutis anotaba, día por día, hasta 



— 14 — 

el último cuartillo gastado, así en los trabajos de la 
Expedición, como en su casa y persona. El Real 
Erario no estaba por los años de 1791 en capacidad 
de publicar los trabajos botánicos realizados en Amé- 
rica y Filipinas. En carta circular fechada en San 
Lorenzo á 17 de Septiembre de 1791, y suscrita por 
el Marqués de Baxamar, solicitaba de los Arzobis- 
pos, Obispos, Deanes, Virreyes, Cabildos eclesiás- 
ticos y seculares y Universidades, cualquier auxilia 
con que voluntariamente quisieran contribuir para 
la publicación de la obra de las Expediciones. «La 
obra es tan vasta — decía la carta — y tantos los cau- 
dales que se requieren para su ejecución en los 
ramos tipográficos, grabado é iluminado, que no los 
puede soportar el Real . Erario, por los inmensos 
gastos que han ocurrido en el anterior Reinado y en 
éste para sostener el honor de las armas españolas^ 
las propias posesiones, y conservar la paz contra los 
enemigos de la Corona á los vasallos de esos domi- 
nios.» Consérvanse aún en el Jardín Botánico inédi- 
tas las colecciones de dibujos de la Flora de Nueva 
Granada y de la Quinología de Mutis, de la Flora 
peruana y chilena (publicada en parte), de las Floras 
mejicana y cubana y del viaje alrededor del mundo, 
que se hizo bajo la dirección de Malaspina. 

A fines de 1837 fueron comisionados D. Mariana 
La Gasea, D. Antonio Sandalio de Arias, D. Vicen- 
te Soriano y D. Pascual Asensio para reconocer el 
Archivo y demás objetos de la Expedición del Nue- 
vo Reino de Granada. Estos señores compararon 



— 15 — 

el inventario que antes había sido formado por los 
mismos La Gasea y Van Halen y D. Simón de 
Rojas Clemente^ con los objetos existentes; de esta 
comparación resultó que había siete mil cuatro- 
cientos treinta y seis dibujos, dos ejemplares de la 
Historia de las Quinas, escrita por Mutis, y muchísi- 
mos manuscritos sueltos, algunos de los cuales no 
tienen relación con la Expedición Botánica. Don 
Miguel Colmeiro, que fué Director del Jardín Bo- 
tánico, da como número total de dibujos de plantas 
el de 6.849. 

D. Mariano La Gasea fué encargado de la publi- 
cación de la Flora de Bogotá. El 27 de Junio de 1825 
da cuenta á los editores que un motín ocurrido el 
día 13 de los mismos mes y año en Sevilla había 
destruido todos sus manuscritos: «entre todas mis 
pérdidas — dice — siento más que todo la de objetos 
muy preciosos que no me pertenecían, y que estaban 
en mi poder bajo recibo.» Entre éstos estaba un 
ejemplar de la Historia del árbol de la Quina. 

D. Miguel Colmeiro revisó este copioso Archivo, 
Algunos de los documentos no botánicos pasaron á 
la biblioteca de la Academia de la Historia; el resto 
se conserva en el Jardín Botánico (i). 

(i) Los que abajo firmamos, comisionados por la extinguida Junta 
de Protección del Museo de Ciencias Naturales por una parte y, por 
otra, por la Junta gubernativa del mismo Museo, para el reconocimien- 
to de los objetos existentes en el Jardín Botánico del referido Museo, 
declaramos: Que en el reconocimiento practicado en el departamento 
de la flora de Santa Fe de Bogotá, que estuvo á cargo del difunto don 
José Celestino Mutis, desde el día veintidós del corriente hasta el de la 



— i6 — 

En 1881 el Ministerio de Fomento autorizó al 
botánico colombiano D. José Triana para que clasi- 
iicara, denominara científicamente y vulgarmente, y 
publicara por su cuenta la colección de dibujos y 
láminas de la Flora y Fauna de Nueva Granada. El 
Sr. Triana publicó en 1872, adicionándolo con ob- 
servaciones propias, El arcano de la Oiiiiiá, de Mutis, 
con el título Nonvelles Hiides sur les Quinquinas, «El 
manuscrito (de Mutis), ordenado y adicionado con 
la parte botánica por el sobrino del autor, é ilustra- 
do además con muchos dibujos, fué depositado y 
permaneció inédito en el Jardín Botánico hasta que 



fecha, se ha encontrado el número de dibujos iluminados y en negro 
que se expresan en el inventario general, que existe en uno de los estan- 
tes, excepto los pertenecientes á uno de los dos ejemplares de la Histo- 
rió del Árbol de la Quina, que con el correspondiente manuscrito y de- 
jando el competente recibo, que se ha ordenado, sacó D. Mariano de La 
Gasea: declaramos asimismo, que buscados algunos manuscritos, se ha 
visto corresponden con el inventario arreglado ya de ellos, que también 
existe en dicho estante, no habiéndose unido ni reconocido los que están 
sin arreglar por conceptuarse que existen todos y ser de menos impor- 
tancia. También se han hallado sesenta y cinco cajones que según el 
inventario general y original, contienen plantas secas, semillas, maderas 
y varios productos de la vegetación, todos cerrados, en cuyo estado se 
dejan para reconocerles y clasificar los objetos, cuando y como el Go- 
bierno determine. Igualminte se ha encontrado una lámina de cobre 
de una Quina, grabada por D. Esteban Boix, vecino de esta Cortej los 
inventarios originales hechos en Santa Fe de Bogotá por D. Sinforoso 
Mutis y traídos por el coronel D. Antonio Van Halen, comisionado 
por el General, Conde de Cartagena, para la conducción de todo lo per- 
teneciente á la Expedición de Historia Natural, que estuvo á cargo del 
difunto D. José Celestino Mutis, desde Santa Fe de Bogotá hasta Ma- 
drid; é igualmente se han hallado en el estante arriba dicho, el inven- 
tario original de los dibujos, formado y firmado por los tres comisiona- 
dos al efecto por S. M. D. Mariano La Gasea, encargado que era de la 



— 17 — 

se publicó en París con la debida autorización 
en 1872 por el americano Triana» (i). 

Del Archivo de que hemos hablado hemos copiado 
üelmente los manuscritos de este volumen. 

Antes de adelantar estas Noticias, damos las gra- 
cias más cumplidas al Excmo. Sr. D. Faustino Ro- 
dríguez San Pedro, Ministro de Instrucción Pública 
y Bellas Artes, por el permiso que nos otorgó para 
estudiar el Archivo y tomar las copias que necesitá- 
bamos; al Sr. D. Ignacio Bolívar, Decano de la Fa- 
cultad de Ciencias, por su amable intervención, y á 
los Sres. D. Federico Gredilla, Director del Jardín 
Botánico, y D. Luis Aterido y Ramos, Jardinero 



publicación de dicha Flora de Sjnta Fe de Bogotá, por su compañero el 
difunto D. Simón de Rojas Clemente y por el referido coronel D. An- 
tonio Van Halen, y cuatro ejemplares del inventario de los manuscritos 
ya arreglados, que formaron los mismos. Asimismo se encontraron co- 
locados en diez y seis huecos distintos de los armarios, dispuestos para 
contener el herbario, otros tantos paquetes desiguales en grosor de 
plantas secas, que se habían sacado antes de 1823, de algunos cajones 
de la referida expedición. Se encontraron también treinta y siete res- 
mas de papel grande, que se mandó fabricar especialmente para el her- 
bario de la referida Flora de Santa Fe de Bogotá, y además otras tres de 
papel de estraza común. 

Para que conste lo firmamos en el Jardín Botánico del Museo Na- 
cional de Madrid á .veintinueve de Noviembre de mil ochocientos 
treinta y siete. 

ts copia del original suscrito por D. Mariano La Gasea, D. Antonio 
Sandalio de Arias, D. Vicente Soriano y D. Pascual Asensio, cuyo do- 
cumento se conserva en el Jardín Botánico. Madrid, 2 de Octubre 
de 1869. 

E/ Director, 
Miguel Colmeiko. 

(i) Miguel Colmeiro, Bosquejo hntórico y eitad'atico del Jardín Botánico 
de Madrid. Madrid, imp. de Fortañet, 1875. 



— i8 — 

mayor, por las facilidades y buena voluntad coa 
que nos ayudaron en nuestra tarea durante varios 
meses (i). 



III 



La Expedición Botánica de la Nueva Granada 
estuvo á cargo del Sr. José Celestino Mutis desde 1785 



(i) El espléndido Jardín Botánico de Madrid, que como instituta 
científico está en relación con todos los de su clase en Europa, Asia y 
América, tiene con Colombia dos gratas vinculaciones: la Expedición 
Botánica de Nueva Granada estuvo en relación con el Jardínj Mutis 
formó colecciones que el Virrey remitió para el Gabinete de Historia 
Natural y para el mismo Jardín enriqueciéndoloj sostuvo corresponden- 
cia con algunos de sus directores, como Gómez Ortega y el ilustre Ca- 
vanilles. Según el testimonio de Colmeiro, Mutis adquirió, desde 1757 
hasta 1760, su fundamental instrucción de naturalista en el Jard/n 
cuando éste estuvo en el Soto de Migas Calientes. A D. Antonio José 
Cavanilles sucedió en la dirección del Jardín D. Francisco Antonio 
Zea. En fin, la Ciencia española fué maestra de la que floreció en la 
Colonia. D. Miguel Colmeiro, en su Boiquejo hhtórko y estadístico .del 
'Jardín., consagra á Zea los siguientes párrafos: «Sucedió á Cavanilles 
en 1804 el americano Zea, discípulo de Mutis, y lo hizo por ascenso, 
supuesto que á principios de 1803 había obtenido la plaza de segunda 
profesor con una gratificación sobre el sueldo que disfrutaba como re- 
dactor del Mercurio y de la Gaceta. La dirección de Zea duró unos cinco 
años, habiendo cesado en 1809, y aunque le correspondía desempeñar 
la enseñanza, la dejaba con frecuencia á cargo de Lagasca, discípulo 
predilecto y el más aventajado de Cavanilles. Inauguró Zea el curso de 
1805 con un Discurro acerca del me'ritoy utilidad de la Botánica, impreso en 
el mismo año, con una nota final que demuestra haber sido mal recibi- 
das y muy criticadas las innovaciones que pretendía introducir en la 
enseñanza, esperando que la opinión le sería favorable en Europa, luego 
que fuesen publicadas sus lecciones, lo cual no llegó á realizarse... La 



— 19 — 

hasta 1808, año de su muerte. A Mutis siguió como 
Director D. Sinforoso Mutis, su sobrino. Los escri- 
tores que se han ocupado hasta ahora en trazar la 
biografía del primer Director de la Expedición Bo- 
tánica no han dado cuenta circunstanciada de su 



dirección de Zea limitó su influencia al sostenimiento del Jardín Botá- 
nico, dejando á los discípulos de Cavanilles, nombrados viceprofesores 
en 1806, y en particular á Lagasca, las minuciosas tareas científicas, y 
así lo acreditan los catálogos manuscritos de las siembras y la letra de 
las correcciones hechas después de examinadas las plantas nacidas. Ter- 
minó la dirección de Zea en 1809". 

El actual Jardinero Mayor del Establecimiento es D. Luis Aterido 
y Ramos, de quien hemos visto en el Bo'et'm de la Real Sociedad española 
de Historia natural algunos trabajos muy interesantes, entre otros uno 
sobre las plantas crasas que se cultivan en el Jardín, colección impor- 
tante, así por el número de ejemplares como por el tamaño de algunos, 
que llegan á medir hasta 4 y 5 metros de altura. El señor Aterido hace 
excursiones en los alrededores de Madrid con el objeto de recolectar 
plantas espontáneas para su herbario particular y semillas con que en- 
riquece el catálogo de las que se publican anualmente para los cambios 
con los establecimientos botánicos del extranjero. En sus excursiones 
ha encontrado cuatro nuevas especies que han enriquecido la Flora de 
la provincia de Madrid: una es la Hohenacktria folyodon Coss. et Dur,, 
planta de la familia de las Umbelíferas^ otra es el Trifolium spumosur: L., 
de la familia de las Leguminosas; la tercera el Amarantus sf>inGsus L., y la 
cuarta la Pascalia gLuca G. Orteg. No ha limitado el señor Aterido sus 
estudios botánicos á la provincia de Madrid. En hs Actas déla Sociedad 
se insertó una lista ordenada metódicamente de muchas plantas de la 
provincia de Cuenca. La vida del señor Aterido, consagrada exclusi- 
vamente al desempeño de sus funciones de Jardinero Mayor, debe mos- 
trarse como ejemplo de lo que pueden alcanzar en las labores científi- 
cas la afición, el estudio, la inteligencia y la constancia. En los largos 
años de sus servicios en el Jardín, que comenzó ocupando las posiciones 
más humildes, ha adquirido una copia tal de conocimientos, que es ri- 
gurosamente exacta la frase del sabio señor Bolívar: Aterido es un diccio- 
nario botánico. Es miembro correspondiente de una sociedad botánica de 
Portugal. Grato nos es dejar aquí testimonio de los méritos de este dis- 
tinguido español. 



— 20 — 

vida en la Nueva Granada ni de todos los trabajos 
que por el progreso intelectual de la Colonia y el 
desarrollo económico de la misma llevó á cima el 
ilustre gaditano. 

Por las indicaciones esparcidas aquí y allí en los 
fragmentos de sus diarios, ensayaremos rastrear, en 
parte siquiera, la vida de Mutis en Nueva Granada, 
y dejamos para otro trabajo, cuyos materiales no es- 
tán todos en Madrid, el intento de una biografía 
coiiíipleta del mismo. 

Después de coronar su carrera en la Universidad 
de Sevilla, se estableció Mutis en la corte de Madrid 
en 1757, donde ejercía con crédito la profesión de 
médico. Nombrado Virrey del Nuevo Reino de Gra- 
nada D. Pedro Mesía de la Cerda, fué invitado por 
éste á que le acompañase á América, á lo cual acce- 
dió con gusto. Aceptada la proposición con un sueldo 
de 700 pesos anuales, que comenzó á devengar desde 
el i.° de Noviembre de 1760, se embarcó con rumbo 
á la Colonia. Ignoramos la fecha en que emprendiera 
el viaje y la de su arribo á Cartagena de Indias. En 
los fragmentos de su diario, la primera indicación 
tiene fecha 8 de Enero de 1761, día en que con Me- 
sía de la Cerda salió de la villa de Mompos, situada 
á orillas del río Magdalena. Es de creer que llegara 
á Cartagena en los últimos días del año anterior. 
El 17 de Febrero salió de Honda, en dirección á 
Santa Fe. «Comenzamos á experimentar los riesgos 
y quebrantos no bien ponderados del camino que 
llaman el Monte. Para este fin hicimos una pequeña 



21 

distancia por el río de la Magdalena, saliendo á las 
ocho de la mañana, despidiéndonos la compañía de 
chapetones, clero y gente lucida de la villa, con re- 
petidos vivas al Rey, que oíamos alternando él pue- 
blo y D. Joseph Palacios (honor á la verdad que 
debió el señor Virrey á esta villa, y no á los pueblos 
de más abajo), siguiéndonos algunos sujetos de la 
mayor distinción hasta el pueblo de Guaduas, según 
tenían determinado. De este modo evitamos el mal 
paso (que hacen todos los traficantes del Reino) lla- 
mado de los Almireses, y el de las Varandillas. La 
distancia de la navegación sería V4 de legua. Acia 
las diez de la mañana montamos á cavallo,y empezó 
á experimentar el fastidio con que 3^0 camino de esta 
suerte. Acia las once de la mañana llegamos á Río 
Seco. Asta aquí no hallamos malos pasos; pero 
desde aquí asta el Sargento se fueron multiplicando 
con el motivo de la lluvia, que nos cojio. El camino 
de su naturaleza es tan malo, que no ai con que ex- 
presarlo, sino diciendo que es todo el un continuado 
peligro. Bien lo confirman las continuadas desgra- 
cias que se nos refieren. Y aunque por la venida 
de S. Ex. se han esmerado en hacer menos ásperos 
los pasos impracticables, no por eso dexaba de 
aver ag.^ riesgos. Yo me he sorprendido de aver 
visto unos caminos tales.» 

Es lástima que no tengamos la relación de sa 
llegada á la capital. 

En los días siguientes empleó su tiempo en arre- 
glar las colecciones de plantas que había recogido 



22 

en Cartagena y en las orillas del río. «Todo podría 
darse por bien empleado si se uvieran conservado 
las inscripciones, que venian sobre los respectivos 
papeles. Nació esta desgracia del continuado golpeo 
que uvieron de recibir estas y algunas otras curiosi- 
dades de historia natural. En la caxa en que venian 
son inponderables los quebrantos que recibe todo 
quanto se conduce desde Honda asta Santa Fe (por- 
que siendo los caminos quebrados, han de hacer las 
mulasunos violentisimos esfuerzos para salir de losba- 
rriales y charcos, y para saltar algunos malos pasos.» 

Al Virrey Cerda no se le hicieron los honores acos- 
tumbrados «reducidos á toros, fiestas y otras diver- 
siones», «por no condescender con las pensiones que 
se imponian al pueblo para costear los crecidos gas- 
tos. Es el caso que no teniendo proprios esta ciudad, 
se ven precisados en semejantes circunstancias á 
idear algunos arbitrios. La bondad de nuestro Vi- 
rrey fue tanta, que quiso dispensarse de los honores 
debidos á su persona y empleo, porque el publico no 
quedase pensionado á costa de su recreación y mag- 
nificencia». 

Más adelante, el 28 de Junio, víspera del día en 
que se celebraban los del Virrey, el comercio de la 
ciudad preparó unos fuegos artificiales, «hechos — 
refiere Mutis — con más artificio del que yo podia 
esperar de unas gentes donde anda tan escasa la 
habilidad; y aunque no son comparables á los de 
nuestras ciudades de Europa, suplia este defecto la 
abundancia de pólvora quemada en diferentes artifi- 



— 23 — 

cios y juguetes; cosa por cierto mui de alabar en un 
pais donde la pólvora va tan cara, y el dinero no 
muy sobrado». 

El tránsito por el río Magdalena y las penalidades 
-que había sufrido en el camino de Honda á Santa 
Fe (y que hoy volvería á experimentar si por allá, 
resucitando, viajase), quebrantaron su salud. Por 
€sta razón no asistió al banquete dado en Palacio el 
día de San Pedro. «Asistí á la fiesta de toros con 
cuerda, que fué de lo mejor que llevo vistas en este 
pais. D. Jaime Navarro tendrá ocasión de acordarse 
en adelante de este dia. Fue el caso que aviendo 
querido seguir la costunbre del pais, imitando á los 
orejones (llaman así á los criollos de los pueblos ve- 
cinos y tierra adentro), y á los Majitos de este pue- 
blo, cuya gala es salir en tales dias montados en sus 
cavallos, y rodear y seguir al toro; queriendo pues 
nuestro D. Jaime imitar estos usos, se preparó en su 
Cavallo, excediendo tanto su valentía, que se pro- 
porcionaba muchas ocasiones de estas, y en ocasión 
de estar en la plaza un torito guapo, tuvo la mala 
suerte de hallarse acometido tan de repente, que no 
tuvo ocasión de escapar. Pasó toda la desgracia en 
su cavallo, que de la herida murió al siguiente dia. 
Nos ha dado á S. Ex. y á todos los que conocemos sü 
buen humor, abundante materia para divertirnos 
con el lanze para muchos dias.» 

Por esa época recibió Mutis la primera carta de 
Linneo. A este hecho le hace en su diario el siguiente 
comentario: 



— 24 — 

«Aun mayor gusto tuve hallándome con el honor 
de una correspondencia entablada con el Sr. Linneo^ 
honor á que no debía yo aspirar en mi corta edad. 
Este cavallero se sirvió escribirme una elegante y 
dilatada carta en que solicita mi correspondencia^ 
me anima á las peregrinaciones, me franquea el 
honor de Académico en la Academia de Ciencias de 
Upsal; me promete consagrarme una planta, me da 
noticia de las ediciones, actual de Faimá Suetica^ y 
futuras de Species plantarum, y Systema natural) me 
manifiesta que desearia poseer ya las colecciones- 
ofrecidas, y me promete no faltar á nombrarme 
siempre que se proporcione motivo de citar mis 
colecciones. Hace un elogio digno de las bellas 
prendas de nuestro Virrey por las noticias que yo le 
comuniqué al Cavallero Astroemer, que las propaga 
hasta Suecia en carta al Sr. Linneo. 

»Me encarga especialisimamente que trabaje e» 
describir las especies de hormigas, sus costumbres y 
economía, y que al punto le remita mis trabajos, 
para ser admitido en el numero de aquellos sabios^ 

)>Con esta noticia no tardé en registrar mis ma- 
nuscritos, y me hallé con el gusto de haber recogida 
trece especies de hormigas que habitan las orillas 
del rio de la Magdalena» (i). 

De la correspondencia de Mutis con Linneo sólo 
existen dos cartas autógrafas entre sus papeles; fue* 
ron publicadas por D. Miguel Colmeiro en los Apén- 
dices de su Bosquejo histórico y estadístico del Jardín- 



(i) Entre sus M. SS, hay bastantes observaciones sobre este punto> 
hechas especialmente en el Real del Sapo, de ] bagué. 



— 25 — 

Botánico^ de Madrid. «Es posible — dice este profe- 
sor — que otras se ha3'an extraviado ó quedado en 
Nueva Granada, cuando se recogió todo lo pertene- 
ciente á la expedición científica para traerlo á Es- 
paña.» Sobre las dos á que nos referimos, dice el 
Sr. Colmeiro: 

«Ambas están en latín, y la primera, sin fecha, 
empieza de la manera siguiente: «Al varón clarísima 
y expertísimo D. J. C. Mutis, saluda Car. Linné.» 
Muéstrase en ella muy agradecido, por haber podida 
formar exacta idea del género á que pertenece la 
quina, y le anuncia una nueva edición del Systemcí 
naturcB^ agregando otros pormenores relativos á di- 
versos asuntos. «Recibí á su tiempo, hace ocho dias, 
dice, tu carta dada el dia 24 de Septiembre de 
1764 (i), y por ella fui conmovido y regocijado en 
gran manera, pues contenia un bellísimo dibujo de 
la corteza de quina, juntamente con hojas y flores, 
cuyas flores, nunca vistas por mí antes de ahora_, me 
dieron verdadera idea de un género rarísimo, y muy 
diversa de la que adquirí por las figuras de M. Con- 
damine. Estoy agradecidísimo por todo. En estos^ 
dias empieza á imprimirse una nueva edición del 
Systema naturce, que será aumentada casi en el doble^ 
de las anteriores. Si tuvieses algo -con que acrecen- 
tar esta colección, te ruego que me lo comuniques- 
en tiempo oportuno, y verás hecha en cada cosa tu 
honorífica mención.» Es todavía más afectuosa la 
otra carta, escrita diez años después, en 20 de Maya 

(I) Esta fecha tiene un valor decisivo en la controversia que á- 
Mutis movió Sebastián López Ruiz, como lo veremos después, cuando 
estudiemos el punto del descubridor de la quina en la Nueva Granada, 



— 26 — 

-de 1774, y preceden á su contenido calificaciones su- 
mamente lisonjeras, en la forma siguiente: «Al varón 
amicísimo, suavísimo y candidísimo Dr. D. J. C. Mu- 
tis, botánico sabidísimo y agudísimo, saluda Car. Lin- 
né: «Pasmado, agradecido y contento por haber 
recibido una importante colección de plantas y aves, 
las primeras en número de ciento cuarenta y seis, 
-diez y nueve de ellas dibujadas, le dedica el género 
Mntisia, y le comunica las denominaciones sistemá- 
ticas de las especies remitidas, raras unas y nuevas 
otras. Recibí á su tiempo en estos dias, dice, tu 
•carta dada el dia 6 de Junio de 1773, y nunca con 
mayor gusto en toda mi vida, siendo tanta la riqueza 
de plantas raras, aves y otros objetos, que me deja- 
ron completamente atónito. Te felicito por tu nom- 
bre inmortal, que jamás borrará edad alguna. Dia y 
noche, durante estos ocho dias, todo lo he vuelto y 
revuelto; salté de alegría siempre que comparecían 
plantas nunca vistas. Llamaré Alutisia á la planta 
número 21. En ninguna parte vi planta que le exce- 
da en lo singular; su yerba es de clemátide, y su flor 
de singenesia. ¡Quién tuvo jamás noticia de una flor 
compuesta con tallo trepador, zarcilloso, pinado en 
€ste orden natural! No hagas nombres genéricos con 
los de amigos ú otras personas desprovistas de me- 
recimientos botánicos, pues llegará tiempo en que 
desaparezcan de igual manera como fácilmente lo 
preveo» (i). 



(i) Publicamosen el borrador de una carta de Mutis al hijo de 
Linneo, inconclusa, y que tomamos del Efitio/ario de Mutis que he- 
mos formado, y donde hay cartas de Humboldt, Bonpland, Bergius, Le 
Blond, Willdenow, Labillardiére , Schousboe, Cavanilles, Valenzuela, 
Gómez Ortega, Sessé, V^. Cervantes, etc., etc., que publicaremos 
ílespués. 



— 27 — 

Sobre la muerte de Linneo escribió Mutis la si- 



*Al eruditísimo Varón Carlos Linné, Profesor de Histo- 
ria Natural eu Upsal, Hijo dignisimo del Principe de 
la Historia Natural, el cavalkro 

Carlos Linné. 

Desea mucha salud, 

JosEF Celestino Mutis. 

Apenas puedo dar principio á esta carta por el 
golpe de lagrimas que bañan mis ojos en esta oca- 
sión que recibo la tuya ¡oh varón humanísimo! pen- 
sando yo en otro tienpo escribirte lleno de gozo y 
complacencia. Al tienpo de abrir un pliego en que 
me incluía mi Amado Hermano, que habita en 
Cádiz, una carta con inscripción de mano extran- 
gera, aun no pude cerciorarme de quien fuese; y 
leyendo la de mi Hermano con bastante sobresalto 
comenze ya á sospechar que estaba ya en peligro ó 
ya del todo extinguida la vida preciosísima del Ca- 
vallero Linné. En efecto, después de bien leida, me 
acabe de enterar con bastante pena que ya habia 
muerto aquel Grande Hombre como se anunciaba 
en los escritos públicos; quiero decir que falleció tu 
amado Padre, cuya fiel amistad tuve el grande honor 
de cultivar por muchos años, venciendo la grande 
distancia que media entre los Habitantes del Polo y 
del Equador. Apenas me atrevía á abrir la carta del 
Sr. Gahn,cuya letra conocí poco después, lisonjeán- 
dome entre tanto con la única esperanza, que solo 



— 28 — 

me quedaba, de hallar tal vez incluida la carta ultima 
como ultima prenda de nuestra amistad. Sufre algún 
poco en que yo traiga á tu memoria novedades tan 
amargas, que ni tu ni yo debemos olvidar. Porque 
si tu te avras quexado de los inviolables derechos de 
la Naturaleza, yo debo también pagar el tributo á 
nuestra amistad, mientras los dos sentimos justa- 
mente nuestra suerte. Sabrás pues, que desde el año 
de 1 76 1, tiempo en que yo estaba ya preparando 
algunos donecillos de su agrado para presentarme 
delante de tan gran Varón, por no aver yo antes 
dexado establecida su correspondencia al tiempo de 
mi salida de Europa, tuve yo la singular complacen- 
cia de recibir su primera carta hallándome tan dis- 
tante, besando por la primera vez sus letras tan 
apreciables para los Sabios de la Europa. En ellas, 
como siempre acostumbraba este Grande Hombre, 
vi sus dulzes expresiones con que me amonestaba, 
siendo yo joven entonces, para inflamarme mas en 
el estudio de la Naturaleza. Desde entonces me di el 
parabién por verme ya estrechado en la amistad de 
tu Padre; y desde ese tiempo cultivé con mucha fide- 
lidad su amistad, continuando nuestra corresponden- 
cia por el dilatado espacio de diez y ocho años en 
que se padecieron algunas no pequeñas intermisio- 
nes causadas forzosamente ó por la suma distancia, 
ó por el descuido délos que intervenían en la direc- 
ción de nuestras cartas, ó finalmente por mis largui- 
simos viajes. De aquí dimanó también que muchas 
de mis cartas no uvieran llegado á sus manos, espe- 
rimentando yo también algo tarde que no pocas de 
las suyas se uviesen perdido. No por eso dexe en 
todo ese tiempo de guardar inviolablemente los fieles 
pactos de la amistad mas estrecha; sin permitirme 



— 29 — 

mi fidelidad á solicitar otra correspondencia ni entre 
los míos ni entre los extraños, porque ciertamente 
amaba 5^0 tiernamente á este Grande Hombre y á 
5U Genio inmortal tenia yo dedicado mis trabajos, 
tareas y descubrimientos. Aun en estos últimos dias 
en que avia creido que todavía vivia (aviendo hallado 
su esclarecido nombre en la lista de los Ilustres Miem- 
bros de la Real Academia de Ciencias de Paris, in- 
presa al fin de la obrita que se inprime todos los años 
por orden de la Academia con el nombre de conoci- 
miento del tiempo, y de que uso para mis observa- 
ciones Astronómicas) en estos dias, vuelvo á decir, 
estaba yo ardientemente esperando de ver 3'a com- 
pleta la fructificación del árbol hermosísimo, que pro- 
duce el Balsamo del Perú, para satisfacer su curiosi- 
dad sobre este asunto tan deseado y encargado repe- 
tidas vezes; logrando tanbien aconpañar esta noticia 
con algunas otras observaciones y descripciones de 
algunos géneros nuevos. Finalmente salió de esta 
vida este Grande Hombre sin que yo uviera podido 
cumplirle sus deseos, ni que venciendo gravísimas 
dificultades uviese podido escitarle nuevamente aquel 
gusto con que se recreaba leyendo mis cartas y mis 
descubrimientos. ¡Finalmente murió tu amadísimo 
Padre y mi Grande Favorecedor! Yo espero que con 
la sangre avras heredado tanbien sus grandes talen- 
tos, su amor vehementísimo á las Ciencias, su huma- 
nísima liberalidad para con sus amigos, y todas las 
demás preciosísimas prendas. Para pagarle yo algún 
tributo, remunerándolo con algún don semejante, 
aqui baxo del mismo Equador, donde las Ciencias 
útiles van logrando los mayores progresos, y donde 
tal vez puede sospechar que nuestras queridas Mu- 
sas fijaran su asiento y trono en los siglos venideros, 



— 30 — 

hize conocer á este Grande Hombre, cuyo nombra 
3'a se conoce, se alaba y anda en boca de todos con 
los mayores elogios. Ciertamente no hallo 3^0 en los 
siglos mas remotos Genio semejante dedicado á la 
contemplación de las obras de la Naturaleza, si en 
mi ai algún conocimiento de estas cosas, que pueda 
justamente conpararlo al Grande Linné, el Mayor 
Principe de la Historia Natural. Solo hallo esta 
comparación: quanto alcarizo el Gran Newton en 
asuntos Filosóficos y Matemáticos, tanto adelantó el 
inmortal Linné en asuntos de Botánica y de Histo- 
ria Natural. Únicamente hallo semejantes á si á estos 
dos inmortales varones, enpleados cada uno por di- 
verso respecto en estudios y ser fieles interpretes d& 
las obras de la Naturaleza. Espero, ó varón Huma- 
nisimo, que no ofenderé tu modestia, ni llevaras á 
mal estas debidas alabanzas; porque si á ti te tocó la 
suerte de heredar la mayor parte por el derecho de 
la sangre, no me cabe á mi la menor parte por el 
derecho de la amistad. Ciertamente nunca podre 
olvidar, ni se apartara de mi agradecido corazón la 
dulce memoria de este Grande Honbre, á quien 
siempre he estimado con la veneración de mi Maes- 
tro, y asi permanecerán gravadas en mi por toda mi 
vida las prendas de su amistad. 

Finalmente recibo y leo, besándola muchas vezes, 
tu apreciable carta, que es lo único que puede miti- 
gar mi pena, y reparar la perdida de mi Amigo. En 
ella me das señales mui nobles de tu Padre. Me 
ofreces tu amistad; y yo la abrazo haciéndote here- 
dero de mis descubrimientos, que tenia destinados 
para tu Padre. Ciertamente veo que comienzas imi- 
tando la generosa liberalidad de tu Padre, ofrecién- 
dome regalar la nueva edición del Sistema y sus 



— 31 — 

Mantisas que yo tanto deseo ver, y en vano las sO' 
licitaría en España por ningún precio, guando yo 
yo sali de España debi á la generosidad de mi Ami- 
go Alstroemer y logré la edición del Sistema de^ 
aquel tiempo, el precioso Viaje de Loefling, y la 
Filosofía Botánica. Casualmente hallé tanbien de 
venta los dos volúmenes de las Amenidades Acadé- 
micas, las especies de plantas de la edición primera 
y los géneros de plantas de la edición quarta; y nada 
mas. Me traje conmigo estas obras preciosísimas, 
sin las cuales bien preveía yo que casi nada podría 
yo adelantar. Después de largo tienpo logre los gé- 
neros de plantas de la quinta edición, y finalmente 
por la liberalidad de tu Padre ya poseo la edición 
del Sistema de 67, las especies de plantas de 62 y la 
Fauna Suetica de 61. Todo lo que aya salido después- 
y aun muchas cosas anteriores fuera de lo expresa- 
do, me es absolutamente desconocido: aunque cier- 
tamente veo que ai muchas cosas inpresas reciente- 
mente. No permitas pues, O Varón Humanísimo, 
que yo carezca por mas tienpo de estas preciosísi- 
mas obras. Tengo indecibles deseos de leer estos pre- 
ciosos Monumentos, pero especialisimamente el Mu- 
seo de Luisa Ulrica y los quatro posteriores volume- 
nesdelas Amenidades Académicas, que hallo frequen- 
tisimamente citados. Deseo impacientemente poseer 
estas obras, no solamente por arreglar mis descrip- 
ciones al estilo y modelo de las de tu Padre, sino 
tanbien para poder conocer que cosas de las que 
frequentemente ai por acá necesiten ó averiguarse 
nuevamente ó pulir sus caracteres. Y no te imagines, 
ó Varón Humanísimo, que ya quiero yo desde el 
principio abusar de tu amistad y ocasionarte estos 
cuidados; porque solo te pido, que tomes á tu cuida- 



— 32 — 

do, pidiéndote una y muchas vezes la venia para 
excusarme, la remisión de estas obras; quedando á 
mi cuidado y agradecimiento satisfacer las costas 
por mano del señor Gahn, de quien espero no ten- 
drá á mal tomar sobre si este mi encargo. Porque si 
tu, O Varón Hurnanisimo, hallándote colocado en el 
centro de las Ciencias uvieras alguna vez experi- 
mentado lo mucho que me atormenta y aflije la es- 
casez de libros, no obstante de ser mi libreria mui 
copiosa, y tal vez nunca vista en America, me excu- 
sarlas por este mi atrevimiento. Perdóname pues 
por todo, mientras te prometo guardar" inviolable- 
mente la misma amistad que tuve con tu Padre. De- 
seo inpacientemente saber que juicio aya hecho tu 
Padre de mis descubrimientos, y que lugares ayan 
merecido en el Sistema. Yo le remiti muchas cosas 
sin nonbres, dexando á su arbitrio la carguilla y li- 
bertad de ponerles nonbres mas proporcionados. 
Desde este lugar, en que ya casi dos años ha vivo, le 
escribí una carta por el Mes de Febrero de 1777, 
pero ya veo que no llego á tienpo. En ella incluy 
el Catalogo de todo lo que contenia la cajita, que 
remiti por el Sr. Davila, Prefecto del Gabinete Real 
y tanbien algunos avisos sobre la primera colección. 
Me escribió el Sr. Gahn que todo se avia ya éntre- 
•gado, y espero tu respuesta. Tanbien me acuerdo 
que prometía entonces, como ciertamente lo desea- 
ba, enviar dentro de pocos meses una grande colec- 
ción. Pero no pude cunplir mi palabra detenido por 
una penosa enfermedad y por los cuidados gravísi- 
mos de la industria de estas Minas. Porque desde 
los principios de mi llegada á este Real de Minas, y 
por causa de un insecto mui frequente que entra 
xientro del cutis de los Plonbres, Ganados y perros, 



— 33 — 

fuera de las niguas, que son muchisimas (y no hablo 
de estas) que es diverso del destro de las vacas, es- 
tuve gravemente enfermo por muchos dias. En efec- 
to el dia 24 de Febrero de 1777 llegué finalmente á 
descubrir el molestísimo huésped oculto, que avia 
formado un tumor en la pierna para su habitación. 
Pero aviendome dejado inprudentemente aplicar el 
zumo del tabaco poniendo encima la leche del plá- 
tano Guinea (según la practica común de nuestros 
rústicos) al punto me sobrevino una crudísima erisi- 
pela que sin poderlo remediar degenero en supura- 
ción con grande peligro de mi vida. Finalmente des- 
pués de largo tienpo logre recuperarme, resuelto ya 
á abandonar este sitio por el miedo de la abundan- 
cia de estos insectos y de las muchas culebras, si 
vuelto en mi no uviera mudado de pensamiento 
exhortándome únicamente á la constancia con la 
alegrisima esperanza de los descubrimientos que po- 
dría hacer aqui, y la fria memoria de los muchísi- 
mos peligros ya pasados. Y asi firme y constante, y 
aun acostunbrado á tales calamidades crei que seria 
mui oportuno dar principio á mis averiguaciones y 
descubrimientos por el mismo insecto. De aqui es 
que con tan opoituna ocasión descubrí muchisimas 
cosas curiosas; y asi hallo en muchos lugares de mis 
Diarios las hermosísimas averiguaciones de este in- 
secto, cosas verdaderamente ocultas asta aora á to- 
dos los honbres, y aun no bien sabidas de nuestros 
mismos rústicos. De esto hablare en otra ocasión 
con la debida extensión. Para mi tengo creido, des- 
pués de aver examinado los descubrimientos de los 
viajeros, que es una especie de Oestro, que podre 
llamar Oestro del honbre, para distinguirlo del Oes- 
tro bovino bellisimamente descrito por Reaumur, 

3* 



— 34 — 

que he leido varias vezes, y que tanbien es aqui muí 
común; no aviendo podido hallar hasta aora su His- 
toria cientificamente tratada ni en los Viajeros ni en 
las relaciones de los Museos. Esta nuestra especie 
de óestro es del tamaño de la Mosca domestica, y en 
unos tubulillosen forma de abispero inbucadamente 
puestos al rededor del vientre de la Madre asta mas 
de 50 se esconden y anidan unas larvas pequeñisi- 
raas. De aqui resulta que puesta la Madre encima 
del Honbre que equivocándola con la Mosca domes- 
tica no la teme mucho por no aver antes experimen- 
tado sus asechanzas regala salva su maldita concien- 
cia tantos dones quantos gusanillos salen de sus tu- 
bulillos para buscar nuevo nido dentro del pellejo 
del honbre; dexandole sin averio primero saludada 
los gravísimos cuidados de proveer á la nueva gene- 
ración en sus necesidades de alimento, casa, educa- 
ción y aun de la transformación, si pudiera tolerar- 
lo nuestra paciencia, retirándose la Madre finalmen- 
te sin arrepentirse del hecho para acabar su vida en 
la soledad. Tanbien el 24 de Mayo de este añp tuve 
la fortuna de conocer en tienpo este mal huespede 
que me avia entrado en el brazo, haciéndolo sacar 
sin mucha molestia. Pero ya basta por aora acer- 
ca de este singularísimo insecto. Estoi mui dis- 
tante del lugar en que se cria la Cinchona oficinal 
que descubrí en las cercanías de Santafé, en donde 
tanbien se cria la hermosa Mutisia. Todos los exen- 
plares que tenia de esta mi Planta los envié con 
otras, aconpañadas de un hermoso dibujo, al Gavi- 
nete Real, trayendome conmigo otro mas hermoso 
dibujo; pero prometo enviarte la planta y el dibujo 
en yendo á Santafé. Aun no he podido ver el Árbol 
de la Caraña. De las demás cosas que me preguntas 



— 35 — 

ignoro aun todavía muchas cosas. De la resina elás- 
tica, que entre nosotros se llama Caucho, tengo ave- 
riguado casi todo. ¡O y que bellisimas cosas hallo 
depositadas en mis Diarios, y destinadas para tu 
Padre! Aun no he logrado ver el mismo Árbol, de 
donde se coje, y crece en la Provincia del Chocó; 
pero por una justa analogía deducida de los Arboles 
que he visto concluyo que es una especie de Higue- 
ra de America. Tanbíen he tenido la singularísima 
conplacencía de descubrir en las frutillas de estos 
Arboles los pequeñísimos insectos del mismo genero 
(que aun todavía ignoro si estaran reducidos al Ge- 
nero Ichucumon) pero de especie diversa de los 
Mosquitos de la Higuera de Europa. Tanbíen veo 
la pregunta que me haces, que aun todavía se duda 
del árbol que produce la sangre de Drago. Yo no he 
visto los arboles descritos por Loefling y Jacquín 
con el nonbre científico de Ptesocarpo. Solo me 
consta que en Provincias muí apartadas entre sí se 
entiende entre nosotros con el vulgar nonbre de 
Drago un Árbol que produce un jugo semejantísimo 
y es, si nq, me engaño , especie del Genero Císton. 
Un exemplar de esta planta tiene en el num. i de la 
segunda colección; y tal vez otra especie de este 
mismo genero en el num. 41. Acerca de la jalapa 
confieso que no he hecho averiguación alguna digna 
de tu curiosidad. Quando las vi en Cartagena y otras 
partes destinadas solamente por hermosura de los 
jardines no me detuve en su prolija averiguación, 
persuadido que ya esta especie estaba bien determi- 
nada entre los Botánicos; y me consta que las rayzes 
para el uso Medico se traen de muí lexos, ó bien del 
suelo nativo, ó bien de España. Por lo que mira á 
la Ipecacoanha siempre he deseado ardientemente 



- 36 - 

aunque asta aora no lo aya logrado, examinar la 
planta viva; cuyas rayzillas cojidas en Simiti y en 
lugares mui ardientes se llevan á Monpox para ven- 
derlas. Aun veo que dudas de esta planta; y de aqui 
se me ha vuelto á excitar una duda que tuve en otro 
tienpo y que te voi á declarar en pocas palabras. 
Tienpo ha que descubrí una planta que algunos 
creyeron era la verdadera rayzilla, bejuquillo, ó Ipe- 
cacoahna (con todos estos nonbres es conocida entre 
nosotros) y fue hallada en Cañaverales de la Provin- 
cia de Girón, cuyo tenple es muy parecido al encen- 
dido suelo de Simiti donde nace la ipecacoanha. 
Este enpyrico aseguraba que era la misma que la 
del Simiti, que tenia bien conocida. Entonces pude 
descubrir, aviendola logrado tan viva por el cuidado 
del Governador de Girón , que prontamente me la 
remitió. Mas estando yo firmemente persuadido que 
no avia duda acerca de la especie de esta planta 
colocada por los Botánicos bajo de genero mui di- 
verso, tanpoco dudé afirmar delante de todos, ó que 
esta no era la verdadera ipecacoanha, ó si era la 
misma de Simiti como aseguraba el Enpyrico, en- 
tonces la que se llevo de Simiti á Europa con este 
nonbre es del todo diversa de la del Brasil, de don- 
de fue, sino m.e engaño, la primera á Europa, y por 
eso se llama asi con el nonbre familiar de aquella 
lengua de los Indios del Brasil y esto no seria de 
admirar aunque la nuestra tuviese la semejanza y 
virtudes de la del Brasil: porque me acuerdo que ai 
otra planta de genero tan diverso, como que perte- 
nece al Genero Viola, y cuyo exenplar remiti en la 
primera colección bajo el num. 56, que tiene al- 
guna semejanza y casi las mismas virtudes que la 
ipecacoanha. La planta Gironense reputada por 



— 37 — 

ipecacoanha la describí el año de 68; remití su des- 
cripción el año 74, y es Pentandra Monogyna. Mas 
sea lo que fuere de esto, yo te prometo hacer en 
este punto nuevas averiguaciones, aunque me hallo 
mui distante de la Provincia de Simíti. Ni tanpoco 
olvidaré todas las demás cosas que me preguntas, 
respondiendo lo que averiguare en ocasión oportuna. 
Por lo que mira á los específicos, de que uso en la 
practica de la Medicina, solo quiero decirte de paso, 
que toda la practica de la Medicina, como lo han 
conocido bien los Grandes Honbres, puede reducir- 
se á mui pocas cosas según pienso: porque en reali- 
dad ni á ti ni á ningún profesor de Medicina se le 
ha podido ocultar que toda la practica es sumamen- 
te sencilla y purgada del amontonamiento de muchas 
drogas contra la preocupación del vulgo de los Mé- 
dicos: tan sumamente sencilla es toda la IMateria 
Medica, que he acomodado á mi practica, que no 
han dexado de entenderlo estos Habitantes de Ame- 
rica, y de este conocimiento ha resultado averme 
adquirido y conciliado tal estimación entre ellos, 
que guiados por la experiencia de una practica feli- 
cisima y casi de ningún costo concurren los enfer- 
mos en tropa á este sitio donde me retiré. Apenas 
creería algún europeo que estos enfermos casi nada 
gastan en sus enfermedades sin aver conocido pri- 
mero que están desterradas (y con felicidad) de estos 
Payses las Boticas. Porque á la verdad los Ameri- 
canos se han acostunbrado á vivir contentos con las 
sinples yerbas que la Naturaleza produce en sus 
canpos. 



- 38 - 



IV 



El motivo principal que había llevado á Mutis á 
Nueva Granada era el estudio de la Botánica. Desde 
que pisó las playas de Cartagena comenzó á hacer 
colección de plantas y otros objetos. No desistió de 
su empeño al llegar á la sabana de Bogotá. Todo lo 
que llamaba su atención lo iba anotando en sus dia- 
rios, no sólo respecto de las plantas, sino de las cos- 
tumbres de la población. «Un día, por la tarde, salí 
de casa á pasearme con D. Jaime Navarro. Nos en- 
derezamos hacia San Diego, donde se celebraba á la 
Virgen del Campo, señora muy milagrosa. Hálleme 
con la novedad de ver la costumbre introducida ya 
años. Redúcese ésta á disponer un acampamento 
por todos los tres días que dura la celebridad, con 
tiendas de campaña, donde se tiene la provisión su- 
ficiente para satisfacer el apetito al modo del País 
del concurso, que es mucho. Es grande la cantidad 
de chicha, bebida del país, de que hablaré larga- 
mente en lugar separado, que se despacha. Corres- 
ponde el numero de los achichados, que son los 
indios y gente baja, ó embriagados, cosa tan univer- 
sal en el país, que apenas llama la atención de los 
que pasan. Costumbre es ya muy antigua, que las 
resultas de semejantes fiestas, que deberían mover 
todo el pueblo á devoción y piedad, sean éstos abun- 
dantísimos desordenes.» 



— 39 — 

En 1762 comenzó á ejercer Mutis en Santa Fe su 
generoso ministerio de educador. No era un hom- 
bre expansivo en la sociedad; se le ha increpado su 
carácter reservado, pero ninguno como él más con- 
sagrado á las expansiones espirituales. El solo viaje 
á América, abandonando las comodidades de Madrid 
y el ejercicio de una profesión que siempre ha sido 
ocasión de distinciones sociales por su amor al estu- 
dio de la Naturaleza, es buena prueba de lo que deci- 
mos. Durante la travesía ofreció á los jóvenes que 
acompañaban al Virrey La Cerda, que en la capital 
de la colonia les enseñaría privadamente las Matemá- 
ticas. Exigiéronle el cumplimiento de la promesa, y 
cuando se preparaba á llenarla, supo el Rector del 
Colegio del Rosario el proyecto, y le propuso abrie- 
ra el curso en este Instituto. «El día 29 de Febrero 
fui á hablar con S. E. sobre este punto; el mismo 
<iía me dijo S. E. en la mesa su consentimiento y 
gusto en esta nueva disposición. El día 1° de Mayo 
comencé á prepararme con una oración inaugural, 
que diese principio á este curso. Dentro de cinco 
días había yo formado ya mi oración, preparándome 
al acto que se habia determinado para el día 8 del 
mismo mes. Pero queriendo S. E. asistir á este acto 
-en una casa, de quien siendo Patrono el Rey, 
S. E. es Vicepatrono, y en una Facultad nunca 
leída publicamente y comenzada entonces bajo la 
protección del Señor Virrey, se cambio de dispo- 
sición, determinando que fuese el día 13 del mis- 
mo mes.» 



— 40 — 

De los borradores de su discurso sobre las Mate- 
máticas tomamos los dos párrafos siguientes: 

«No son de menor utilidad para las otras Cien- 
cias en que se mira introducido con ventajas el len- 
guaje matemático. Y para no fatigar con la dilación 
de mi discurso la atención de los que me oyen, pe- 
netrando con nuevas reflexiones por las Ciencias 
que faltan, bastará, señores, el decir que procuremos 
imitar el ejemplo de la Europa sabia, cuya conducta 
en este punto parece la mas acertada. Para tratar 
con el debido acierto la Física, se instruyen general- 
mente los jóvenes antes, ó al mismo tiempo, en los 
conocimientos matemáticos. Con unos principios tan 
solidos hallan en su juventud materia dispuesta para 
cualquiera Facultad que se propongan profesar en 
adelante. Este es el camino por donde han subido al 
grado de perfección los sabios que mira hoy con 
singular respeto toda la Europa, y este es el medio 
por donde lograron aquellos hombres relucir entre 
muchos otros que no se acomodaron á seguir el 
mismo rumbo, con conocido desdoro de sus talentos 
y del afortunado siglo en que nacieron. 

sRazon, será, señores, que encendidos del amor á 
unas ventajas tan conocidas, imitemos la conducta 
de los sabios, apartando la atención de los ruines 
respetos de nuestra España detenida. No hagan en 
nuestros ánimos impresion]alguna los motivos de su 
temeroso procedimiento en las Ciencias naturales, 
cuyo atraso lloran actualmente los españoles de 
juicio que, desembarazados de ciertas circunstancias 
en óierto modo afectadas, si no encubiertas de un 
falso celo, conservan su juicio libre de infinitas 
preocupaciones de que no pueden librarse los que 



— 41 — 

tienen el destino de nacer en un suelo por otra parte 
feliz. Abrazad, señores, esta nueva ocasión, que 
será principio á la afortunada época de nuestro des- 
empeño. Mudemos, señores, de conducta para sobre- 
vivir con mejor suerte á nuestro primer destino. Cor> 
esta resolución, verdaderamente feliz, lograremos 
mejorar de fortuna en la carrera de las letras, y el 
consuelo de habernos instruido en una Ciencia, cuyo 
estudio nunca es inútil, y á veces es necesario para 
servir á la Religión, al Rey y á la Patria; para per- 
fección de las Artes, para avivar el ingenio, instruir 
el entendimiento, formar el juicio y ejercitar la me- 
moria; y, últimamente, siempre es necesario para 
inquirir la verdad en todo lo que se ofrece y es per- 
mitido á la curiosidad del hombre.» 

Para esta Cátedra de Matemáticas escribió ó tra- 
dujo y adaptó Mutis varios tratados: sus Elementos 
de Física constan de 14 hojas, divididos en cuatro 
capítulos: el i.° versa sobre el objeto de la Física y 
de las reglas del razonamiento; el 2.°, sobre el 
cuerpo en general y las reglas del razonamiento; el 
3.", sobre la extensión, la solidez y el vacío, y el 4.°,. 
sobre la divisibilidad del cuerpo al infinito y de la pe- 
quenez de las partecillas. Los principios que guiaban 
su enseñanza los reducía á 19 definiciones y tres es- 
colios. Proclamaba el método Newtoniano, fundado 
en que el Creador del Universo gobernaba todas las 
cosas con leyes determinadas y constantes, propias 
de su sabiduría, ó que nacían espontáneamente de la 
naturaleza misma de las cosas. 

«Para que la Física se íidelante — decía en el Es- 



— 42 — 

eolio i.° — y los filósofos puedan aprovechar en sus 
descubrimientos , se ha de observar todo el mérito 
de las Reglas Newtonianas, sin las cuales es impo- 
sible comprender los fenómenos que se manifiestan, 
ni descubrir sus causas, ni hacer el debido uso de las 
debidas observaciones y experiencias. En la Regla 
primera se establece abandonar las suposiciones; 
porque suponer una causa para explicar un fenó- 
meno que se nos presenta, es lo mismo que manifes- 
tar claramente que se ignora la verdadera causa de 
aquel efecto; pues si se conociera, no era necesario 
suponerla. Todos saben que las conclusiones dedu- 
cidas de una suposición, ni satisfacen ni convencen 
al entendimiento, que siempre aspira á razonamien- 
tos muy solidos: y por estas razones tan débiles, nos 
quedamos en las mismas dudas en que antes nos ha- 
llábamos. Por lo qual es mucho mejor, para hacer 
progresos en la verdadera ciencia, confesar abierta- 
mente que se ignora la causa del efecto que se ve, si 
en efecto no se ha podido descubrir. Mucho más 
importa esta ingenua confesión, que perder inútil- 
mente el tiempo en hacer suposiciones, cuya false- 
dad conoceremos tarde ó temprano, y en inventar 
sistemas que para hacerlos plau^sibles respecto de los 
ingenios humildes y de poca penetración, que todo lo 
reciben y creen como se les enseña, es necesario 
revestirlos con otros adornos igualmente falsos. 
Todos los esfuerzos de los genios sistemáticos son 
de ningún valor en nuestro siglo, en que semejantes 
autores no granjean más que el desprecio de los 
verdaderos filósofos que solo aspiran al adelanta- 
miento de la verdadera ciencia. Mas no por eso se 
debe creer que todas las suposiciones son inútiles en 
todas las ciencias y en todas ocasiones. Esto sería 



— 43 — 

apretar demasiado. Para saber las ocasiones y las 
circunstancias en que deban emplearse con la debida 
moderación, seria muy conveniente observar las 
reglas que sobre este punto prescriben Muschem- 
broeck y Gravesand. Nosotros procuraremos obser- 
var puntualmente en nuestros razonamientos esta 
preciosa regla, cuya utilidad conoceremos bien presto 
en el curso de nuestras experiencias, para descubrir 
de este modo la verdadera causa de los fenómenos. 
Y así, para conocer el filosofo que la causa que ha 
hallado es la verdadera causa, es menester que 
pueda demostrar que todos los fenómenos y todos 
los efectos de los cuerpos de una sola y de una mis- 
ma naturaleza dependen de aquella causa, de tal 
suerte que tenga toda aquella fuerza y debida activi- 
dad para producir semejantes efectos. Pero si, al 
contrario, no se hallare el filosofo en estado de de- 
mostrar todo esto, claro esta que no habrá descu- 
bierto la verdadera causa. Y si se hallare ya en 
estado de hacer todo esto, será inútil buscar otra 
causa; porque ademas de que seria imposible descu- 
brirla, tampoco seria posible que un mismo efecto 
naciese de dos causas. 

))La segunda regla es (Escolio 2."^) que los efectos 
de la misma naturaleza son producidos por las mis- 
mas causas. De esta regla se deduce que si los cuer- 
pos terrestres caen por su gravedad hacia el centro 
de la tierra, que es su centro de gravedad, tanbien 
los planetas, que giran alrededor del sol, que es su 
centro común de gravedad. Nuestras manos, frega- 
das entre si y con celeridad, se calientan: toda espe- 
cie de palos, metales y piedras duras, fregadas entre 
si, tanbien se calientan. Este es un efecto que se 
observa en todos los cuerpos: se deberá, pues, atri- 



— 44 •— 

buir á una sola y una misma causa, que es el fuego. 
Tocios los metales, vidrios y piedras, que tienen una 
superficie muy lisa y muy compacta, se pegan fuer- 
temente entre si, aunque estén secos: luego la causa 
de esta adherencia sera la misma en todos estos 
cuerpos. 

»La tercera y ultima regla es (Escolio 3.°) que las 
cualidades de aquellos cuerpos, sobre los cuales po- 
demos hacer experiencias, y que hallaremos ser 
unas mismas, sin aumentarse ni disminuirse en nin- 
gún tiempo, pueden colocarse en la clase de propie- 
dades comunes á todos los cuerpos. Por esta regla se 
puede concluir, que los cuerpos celestes tienen las 
mismas propiedades que los cuerpos terrestres ya 
examinados, como tanbien todos los que hasta ahora 
están ocultos y sepultados en las entrañas de la 
tierra. Semejantemente concluiremos, que si todos 
los cuerpos terrestres tienen extensión, solidez é im- 
penetrabilidad, y están dotados de una fuerza que 
los newtonianos llamaremos fuerza de inercia, pro- 
piedades todas sin grados ni cantidad, concluiremos 
tanbien que los cuerpos celestes tienen las mismas 
propiedades. Estas son las reglas del celebrado Mé- 
todo newtoniano, por cuyo medio se han hecho tan- 
tos progresos en la Filosofía; que con razón se ad- 
miraran los siglos venideros de que en tan corto 
espacio se haya podido adelantar tanto. ¡De cuanto 
tendría que admirarse nuestro siglo, si en el dilatado 
espacio de dos mil años, enpleados lastimosamente 
en asuntos inútiles, se hubiera cultivado la verda- 
dera Filosofía! » 

Para el curso de Astronomía escribió un corto 
texto de 63 páginas. El Libro iii trata del Sistema 



— 45 — 

del Mundo. Enuncia con timidez el sistema de Co- 
pérnico, que más adelante daría lugar á una contro- 
versia célebre en los anales de la Colonia. «Mas 
aquellos — dice — que no entienden á fondo los prin- 
cipios establecidos, tampoco podian percibir la fuer- 
za de las consecuencias, ni dejaran las preocupacio- 
nes con que se acostumbraron á engañar su enten- 
dimiento en los años anteriores. Por esta razón, pro- 
curando evitar que este asunto no se enredase mas 
con disputas, toda aquella doctrina conpendiada la 
dispuse en proposiciones demostradas matemática- 
mente, para que las leyeran solamente aquellos que 
hubiesen estudiado los principios establecidos. » 

Los Elementos de Trigonometría están inconclu- 
sos; los de Aritmética, que al parecer son una tra- 
ducción, están en 200 páginas de letra menuda. Es- 
cribió también unos Comentarios á la Geometría de 
Descartes. Emprendió este útilísimo trabajo para 
hacer fácil y perceptible la Geometría á los princi- 
piantes; se propuso seguir el texto del autor desde 
el principio hasta el fin, examinándolo por partes y 
poniendo en cada lugar todo lo que le pareció útil 
para hacer inteligible la doctrina. 115 páginas tiene 
el fragmento de sus Elementos de Mecánica, y 65 los 
Principios Matemáticos de Filosofía Natural, que no 
sabemos si serán original ó traducción; tampoco sabe- 
mos si iMutís es ó no autor de un copioso trabajo 
titulado «Comentarios de Newton». 

Sin interrupción ensenó Matemáticas en el Colegio 
del Rosario desde 1762 hasta 1766. Era la primera 



- 46 - 

vez, como él mismo lo dice, que se oyeron lecciones 
de tales Ciencias en el Nuevo Reino de Granada 
desde su conquista. Al propio tiempo ejercía su 
profesión de médico y daba lecciones privadas de 
Historia Natural, con la mira de preparar jóvenes 
que le ayudasen en el grande objeto que lo había 
llevado á América. 



V 



A fines de 1766 se encaminó á las minas de Pam- 
plona. Copiamos de su diario esta curiosa página: 

a Di a 30. Martes. Septiembre, 1776. 

Llegue á mi deseado destino del Real de la Mon- 
tuosa Baja en las Betas de Pamplona. Aunque yo 
venia bastantemente informado de la infelicidad del 
sitio por D. Jaime Navarro, que habia vivido en el 
cerca de un año, nunca pude formar juicio cabal, ni 
hacer concepto de lo que es el sitio en realidad. 
Ciertamente que es necesario venir aqui para cono- 
cer lo que sufren los honbres por su gusto, por el 
interés, ó algunos otros fines particulares. Mi con- 
descendencia en venir á este voluntario destierro, 
abandonando la comodidad de la corte (que hasta 
aora no he conocido que Santa Fe es corte), aban- 
donando, digo, las delicias de mi gabinete, la racio- 



— 47 — 

nalidad y cultura, tal cual es, la de aquella ciudad, 
mis intereses; ella me ha traído á conocer la miseria 
de los indios, miserias verdaderamente indecibles, 
pero ciertas, y no ignoradas de los europeos qne ha- 
bitan por estas minas. Las muchas incomodidades 
que padeci este dia, parece que fueran anuncio, pero 
en sombra, de otras mayores que me esperaban. 
Considero despacio solamente la situación y fabrica 
de mi alojamiento; era bastante para cubrir mi 
corazón de la mayor confusión. Y ¿como podria ser 
de otra suerte? No es para menos el verme metida 
en un nicho menos impropio para unos palomos 
que para contener un ser racional. La antesala de 
mi palacio, por donde libremente pasa el aire, me 
dio una idea completa del resto del edificio, que se 
reduce á una sala desigual, pero muy pequeña, y un 
reducido gabinete, mas ancho que largo, bien que su 
anchura no exceda de seis varas. La luz entra en 
esta menos que celda capuchina por una ventanilla 
de un pie en cuadro. Esta es la casa que dicen alta, 
pero viene á ser casa en el aire. Debajo tiene su 
correspondiente despensa y cocina, y mas debajo de 
la cocina una zanja por donde pasa el agua que 
sirve para andar el ingenio. Esta el ingenio á conti- 
nuación de la antesala, y hace como una misma 
pieza con mi Palacio, lo que contribuye un poco á 
hermosear la perspectiva del edificio. El ingenio 
está casi pegado á la falda de un cerro de la ceja 
occidental, cerro tan poco seguro como todos los de 
estas cercanias, y tal, que ha dejado memoria de su 
mala vecindad. El gabinete mira al rio, del que dista 
tanto, que seria fácil coger el agua si hubiera alguna 
otra ventana por aquel lado. Todo este edificio está 
entre rio y cerro, cuya proximidad se podra inferir 



- 48 - 

por lo largo de la casa, que apenas tendrá 12 varas. 
Si mucho debe asustar la mala vecindad del cerro, 
no debe hacerlo menos la proximidad del rio; pues 
si en crecientes regulares baña el cimiento de mi 
gabinete, formado de piedras hacinadas, ¿que no 
deberá temerse en una creciente extraordinaria? 
Entonces no seria muy extraño que el rio arrastrase 
con un edificio que no puede resistir á una corriente 
impetuosa. Y cierto que no es necesario mendigar 
exenplares de esta naturaleza fuera de la propia 
casa arrastrada ahora dos años por una fuerte ave- 
nida. Esta mediación del rio no priva por eso de la 
ventajosa necesidad de otro cerro algo mas alto que 
el occidental por esta parte. Cualquiera de les dos, 
ó ambos en un terremoto, si la Providencia del Altí- 
simo por su infinita bondad y misericordia no libra 
á los que están en estas habitaciones, pueden dar á 
conocer las admirables ventajas de este suntuoso 
Palacio. Si no fuese por esta mala vecindad de rio y 
cerros, no podria haber edificio más seguro para un 
terremoto. Todo el es de varas mas ó menos grue- 
sas, y en toda su fabrica no se hallara un claro. 
Todo en el tiembla y aun se banbolea al piso del 
cuerpo menos pesado. ¿Que efecto no hará el movi- 
miento del ingenio con una piedra voladora de mas 
de 150 quintales? No es fácil dar una verdadera idea 
de este edificio, en cuya fabrica hubo de agotar 
todas las reglas y preceptos de Arquitectura su 
constructor Quevedo. Por lo que mira á la situación, 
baste decir que estando esta mina situada como las 
demás de este -Real entre dos cejas de cerros diver- 
gentes, no hay otro plano que la latitud del rio que 
corre encajonado, sin playa alguna entre sus faldas, 
y aqui no tiene ocho varas de ancho. Para construc- 



-- 49 — 

cion de ingenio, casas y demás oficinas se ha exca- 
vado en el mismo cerro un corto plan. Este rio 
forma un ángulo á imitación del que forma el cerro, 
y es juntamente el paraje de nuestra situación. No 
estoy bien asegurado de su origen, que aquí dicen 
cabeceras, pero sí que le entra un cuarto de legua 
mas arriba una quebrada que llaman de Paez: que- 
brada que le hace echar unas crecientes terribles, 
pero que lo serian mucho mas si viniera creciendo 
juntamente por las lluvias de sus cabeceras. Pase 
esta pintura por una sombra de lo que es esto en 
realidad. 

»No es, pues, esto (aunque sea tanto) lo que me 
lleno de confusiones. Mi venida á este Real de Minas 
fue proyectada y consentida en la suposición de que 
las labores de la mina, el ingenio y demás oficinas 
estaban corrientes, como en efecto asi lo aseguraron 
D. Jaime Navarro y D. Pedro Ugarte en la Junta 
que tuvo la Compañía el día ... de Agosto, y en que 
se acabo de determinar que yo viniese á manejar 
esto, como uno de los interesados. En esta suposi- 
ción, yo venia muy contento á ser un descansado 
intendente de estas labores, y á establecer un go- 
bierno perpetuo en la distribución de caudales y be- 
neficios de la plata. Cual seria, pues, mi confusión, 
cuando á estos agradables pensamientos hubieron de 
seguirse las novedades que yo no esperaba; esto es, 
que un mes habia que las labores estaban aguadas y 
que el ingenio, después de haber quebrado el peón y 
dos codos, haberse abierto la rosa (que desde su 
origen estaba sentida, y desde entonces acá solo ase- 
gurada para moler con desconfianza); después de 
todas estas averias, que no dieron lugar á que la in- 
signe voladora hubiese molido tres dias enteros, el 

4* 



— 50 — 

dia de mi llegada, para colmo de infortunios, rom- 
pió la viga solera. Estos cuidados me atormentan 
tanto cuanto no es fácil proferir. Tal ha sido mi en- 
trada en la Montuosa Baja en la celebre mina de 
Quevedo, hoy de la Compañía.» 

Por cosa de cuatro años estuvo Mutis dedicado á 
la administración de la mina de plata de la Montuo- 
sa, en nombre de la Compañía explotadora de que 
formaba parte. A principios de 1770 regresó á 
Santa Fe. 



VI 



Llegamos en esta reconstrucción de la vida de 
Mutis en Nueva Granada á un punto muy importante. 
Su regreso á la capital del Virreinato le permitió rea - 
nudar sus tareas profesionales y docentes. Uno de 
los objetos que le preocupaban desde su llegada á la 
Nueva Granada era averiguar si en sus bosques se 
encontraba el árbol de la Quina. Las gentes con 
quienes hablaba le aseguraban que en las cerca- 
nías de Santa Fe crecía el árbol buscado con tanto 
ahinco. De sus diarios correspondientes á 1761 
tomamos dos informes. Dice el primero; «Día 14 
(parece que corresponde á Diciembre). Me hizo 
el favor S. E. de invitarme á que saliese á exa- 
minar la Quina, que decian hallarse tan*- cerca 



— 51 — 

de Santa Fe, como que no distaba mas que un 
dia de camino; distancia entre Santa Fe y la Mesa 
de Juan Diaz, donde se dice hallarse el árbol. 
El primero que me dio esta noticia fué D. Mi- 
guel de Santisteban. Me la confirmo mi criado Car- 
los, vaquiano de aquel terreno. Aviendo yo visto 
allanado el camino de parte de S. E., me determiné 
á decirle que tanbien seria muy oportuno hacer 
algunas tentativas sobre la canela, que decian estar 
tanbien muy cerca, pues me hablan asegurado que 
habitaba este árbol en el monte de Cipacon. Res- 
pondióme que venia gustoso en ello, y que cuando 
quisiera diese principio á esta salidas». Dice el se- 
gundo; «Tuve una larga conferencia sobre mis sali- 
das proyectadas y otras ideas en asunto de Historia 
Natural con D. Miguel de Santisteban. Es muy justo 
que comunique yo mis ideas á este cavallero, cuyo 
conocimiento en el pais, amor á las Ciencias, supe- 
rior inteligencia en muchos ramos, y el particular 
cariño y estimación que me profesa, lo hacen justa- 
mente acreedor á que yo nada reserve de su noti- 
cia». En una carta de Humboldtá Sebastián López, 
escrita en Quito el 4 de Febrero de 1802 (que en 
copia figura entre los papeles de Mutis), leemos: «He 
visto por las memorias comunicadas que el señor 
doctor Miguel de Santisteban observó la Quina en 
1753 cerca de Popayán y al bajar del páramo de 
Guanacas». Si el descubridor de una planta es quien 
la vio por primera vez. Mutis no hizo el descubri- 
miento de la Quina en Nueva Granada; pero si el 



— 52 — 

descubridor es quien primero la describrió con más 
ó menos exactitud, ó con toda perfección la clasificó, 
entonces, sí, Mutis puede reclamar para sí la gloria 
del descubrimiento. El primer hecho tiene en su 
apoyo el testimonio del mismo Mutis, que afirma 
que fué Santisteban quien puso en su conocimiento 
la existencia del árbol, observado por éste en Guana- 
cas y en la Mesa de Juan Díaz; y el segundo se fun- 
da en la carta que Linneo escribió á Mutis y que don 
Miguel Colmeiro insertó en su Bosquejo del Jardín 
Botánico de Madrid. La carta de Linneo no tiene 
fecha, pero refiriéndose á la de Mutis de 24 de Sep- 
tiembre de 1764, le dice que recibió el bellísimo di- 
bujo de la corteza de la Quina, y que pudo formarse 
exacta idea del género á que pertenecía. Estas pala- 
bras de Linneo son decisivas contra la pretensión de 
Sebastián López, quien se daba por descubridor de 
la Quina. En las notas que este López puso á su 
traducción de la ((Descripción del árbol de la Quina 
hecha en 1737 por M. de la Condamine», dice que 
por Agosto de 1776 publicó su descubrimiento hecho 
antes y que en 1778 la descubrió en los montes in- 
mediatos á Guaduas. Pretendió López engañar á la 
Corte, la cual había recibido ya el informe sobre las 
Quinas que le había remitido Mutis en 15 de Marzo 
del año de 1773. Tan persuadida estaba la Corte de 
la suplantación de López, que en 29 de Septiembre 
de 1783 el Ministro de Indias dijo al Virrey de 
Santa Fe: «Mediante á la manifiesta falsedad con 
que se atribuyó á sí mismo el descubrimiento de la 



— 53 — 

Quina de Santa Fe D. Sebastián José López, le reti- 
rará V. E. inmediatamente de sus encargos y dis- 
pondrá que le cese la asignación que se le dio por 
aquel particular mérito, haciendo conocer su delin- 
cuente suplantación digna de un severo castigo, que 
no se le impone por mera piedad de S. M.; y no le 
admitirá V. E. recurso alguno sobre el asunto, ni 
dará permiso para venir á España á molestar la 
Real atención amonestándole que de ejecutarlo sin 
las licencias necesarias se le castigará como corres- 
ponde». 

De una carta de Mutis en contestación á la nota 
reservada que le dirigió el Gobierno para que infor- 
mase sobre el descubrimiento de la Quina, reprodu- 
cimos lo siguiente: 

«Por el mes de Octubre del año 72, de vuelta de 
mi viaje á las Minas del Sapo y en compañia de don 
Pedro Ugarte, descubri por la primera vez en e\ 
Monte de Tena el árbol de la Quina por las ideas y 
conocimientos que me habian dado las ojas, flores y 
frutas secas de la verdadera Quina de Loxa, que 
de esta preciosa planta me regaló á mi llegada á 
esta capital por el año 61 el erudito Dr. D. Miguel 
de Santistetevan, remiti al caballero Linné el año 
de 64. 

» Sobre el mismo sitio hice al mencionado Ugarte 
todas las reflexiones oportunas sobre la utilidad del 
descubrimiento, facilidad de su conducción á Espa- 
ña, los aumentos del Real Erario conbinados con la 
utilidad publica y cuanto puede pensarse ocurriría 
en aquel feliz momento á un Naturalista inflamado 
con el entusiasmo de un descubrimiento tan ulii. 



— 54 — 

«Prontamente di cuenta á varios amigos de esta 
ciudad, sin la menor reserva enseñando el ramillete 
de la planta viva que conduje á diferentes personas 
y deseando se vulgarizase su conocimiento. 

»Por Abril del año de 73, bajando de esta ciudad 
á la Villa de Honda para visitar al Excmo señor. Vi- 
rrey D. Manuel Guirior, la volví á descubrir á la sa- 
lida del monte en el sitio que llaman Pantanillo; y 
de vuelta lo puse en manos del mismo señor Virrey, 
quien manifestó como consequencia deseando trans- 
plantarla al jardin de su Palacio; en Santafé trate 
con S. E. sobre la utilidad de aquel descubrimiento. 
Aun no soñaba D. Sebastian López venir á esta ciu- 
dad por los asuntos que posteriormente le obligaron 
á salir de su pais, lá ciudad de Panamá. 

»No teniendo yo entonces otros deseos que la uti- 
lidad publica conbinadacon el aumento del Real Era- 
rio, tomé de aqui la ocasión de promover con 
el Excmo. Sr. Guirior el útilísimo plan del Estanco 
de la Quina propuesto en resultas de su comisión á la 
provincia de Quito en virtud de las instrucciones que 
para ello traia el Excmo. Sr. Marqués del Villar, 
remitido á la Corte en 4 de J'unio de 1753; posterior- 
mente esforzado en mi representación á S. M. de 
3 de Mayo de 1763 y de Junio de 1764 con el pleno 
conocimiento de su autor diho. Sr. Santistevan por 
la indiferencia con que ya miraba aquel pensamiento 
en su avanzada edad. Sin embargo, no pudiendo yo 
desentenderme de tan importante asunto, persuadí 
al Excmo. Sr. Guirior propusiese á la Corte el plan del 
Dr. Santistevan, como lo ejecutó á nonbre de su le- 
xitim© autor el 15 de Mayo de 1773, sin reservarme 
para mi mas que la oculta gloria de servir al Rey y 
á la Patria en asuntos de tan conocida inportancia. 



— 55 — 

»De todos estos esfuerzos mios dimanó la Real 
Cédula de 20 de Enero de 1776 para que el Exce- 
lentísimo Sr. Virrey D. Manuel Flores, tratase se- 
riamente sobre el establecimiento del Estanco de la 
Ouina y entonces, aprovechándose López de estas 
noticias, que pudo saberlas en su fuente por hallarse 
de escribiente en la Secretaria del Virreinato; va- 
liéndose igualmente de la oportunidad de las conti- 
nuas y graves conferencias del Sr. Santistevan que 
solo pensaba ya en morir, de mi notorio desinterés 
á las glorias que se figuraba López, y de mi antiguo 
descubrimiento cuatro años vulgarizado en toda esta 
ciudad y comenzado á esparcirse por todo el mundo 
sabio, ideo el arbitrio 4e asegurarse una decorosa 
carrera á costa del pequeñísimo trabajo de apropiar- 
se mi descubrimiento y las noticias que pudo reco- 
ger fácilmente en los papeles de la Secretaria. A 
consequencia de su sagacidad y diligencias hizo su 
representación á principios de Agosto de 76 con el 
animo resuelto de sufrir á rostro y firme la risa y 
dicterios del publico, manifestando con el ultimo 
grado de satisfacción su pretendido descubrimiento 
que decia acababa de hacer, fiado no menos en mi 
experimentada modestia y silencio que en la notoria 
caducidad á que habia llegado por su avanzada edad 
«1 Dr. Santistevan.» 

Desde que Mutis pisó las playas de Nueva Gra- 
nada tenía la segura esperanza de encontrar en sus 
bosques el árbol de la guiña. Sabía que indefectible- 
aiente crecen unas mismas plantas á unas mismas 
latitudes y elevaciones del suelo en ambos hemisfe- 
rios. Otra idea que le preocupaba desde entonces 



- 56 - 

era el estanco de la Quina, temeroso, según decía, de 
que ai tercer siglo de su descubrimiento llegara áser 
tan raro un árbol de Quina en el Perú como en la 
Noruega. Sus proyectos de estancar ese ramo de 
comercio encontraron apoyo en el Sr. Satisteban y 
otros sujetos ilustrados de la colonia, de quienes 
Mutis vino á ser el vocero. «Desde mi llegada á la 
capital logré la estimación y confianza del erudito 
D. Miguel de Santistevan, primer autor del proyecto 
del estanco, y después de haber sido comisionada 
para pasar á Loja por las causas que manifestaré en 
adelante, donde hizo todas las observaciones condu- 
centes á desempeñar dignamente su comisión, y des- 
pués de haber meditado la materia según la exten- 
sión de sus conocimientos políticos, se halló en 
estado de poner los cimientos del edificio proyectada 
en el Ministerio de España, y confiando su examen 
á vuestro Virrey el Marqués del Villar.» 

En el largo y laboriosísimo informe que redactó 
Mutis sobre el proyecto de estanco, recuerda las cir- 
cunstancias que acompañaron al descubrimiento de 
la quina (de que hemos hablado ya), y esto otro, 
que confirma lo dicho: «Segunda vez, y con mo- 
tivo de visitar en Honda á su llegada á vuestra 
Virrey D. Manuel de Guirior, tuve la ocasión de 
hallarla por Abril de 73 en este camino, y á mi 
vuelta, en su compañía, le presenté en Pantanillo 
una rama Aereada y cortada del árbol en su presen- 
cia, con todas las refiexiones propias de un hombre 
que, en fuerza de su representación anterior, se 



— 57 — 

hallaba constituido en la obligación de ir siempre 
consiguiente con sus pensamientos.» 

Refiérese aquí Mutis á la representación que 
insertaremos más adelante cuando tratemos de la 
Expedición Botánica. 

El proyecto de estanco redactado por Mutis ilus— 
tra sus ideas económicas y prueba que para un espí- 
ritu comprensivo no eran extrañas las ideas, buenas 
ó malas, que privaban entonces sobre la administra- 
ción de las rentas públicas. 

Resumía Mutis los perjuicios que resultaban de la 
libre explotación de los bosques de quina en las pro- 
posiciones siguientes: «i.* Derribar los árboles sirt 
elección hasta talar los montes, sin alguna relación 
al consumo de géneros. 2.* Precipitar los acopios 
sin atender á la competente dilación que pide el 
beneficio de este delicado específico. 3.* Ahorrar de 
gastos en su exportación por lograr mayores ganan- 
cias, ó sufrir menores pérdidas en los casos de 
extraordinaria concurrencia, 4.* Amontonar en los 
almacenes de Cádiz inmensas porciones, dejanda 
rezagadas en los de América otras iguales ó mayo- 
res. 5.* Dejar interrumpida por muchos años la ocu- 
pación de los cosecheros, que tarde ó nunca volvían 
á practicar con inteligencia y afición el ejercicio 
que dejaron». 

Historia luego las circunstancias bajo las cuales 
se concibió por primera vez la idea de administrar 
la quina por cuenta de la Real Hacienda: 



- 5S - 

«Al tiempo de cumplirse justamente un. siglo de 
-su descubrimiento, eran las provincias en que hasta 
entonces se cosechaba la quina elmas glorioso teatro 
de importantisimas observaciones practicadas para 
determinar la verdadera figura de la tierra con la 
medida de uno ó más grados del Meridiano mas 
próximos al Ecuador por una compañía de sabios 
académicos franceses 3^ españoles. No era regular 
que á personas de este carácter, entre quienes se 
hallaba tanbien un celebre botánico de profesión, 
se ocultasen las reflexiones de este asunto, exami- 
nado por los dos respectos que desde luego presen- 
taba este precioso remedio en lo cientifico y politice. 
El sabio La Condamine, con las instrucciones del 
•botánico Jussieu, hizo la descripción y dibujo de 
este árbol, dándolo á conocer en Europa: y las 
reflexiones comunes á toda la compañia, no tardaron 
•en producir algunos buenos efectos (i). 

»La soberana protección que hallaron á su vuelta 
nuestros sabios españoles D. Jorge Juan y Ulloa á la 
sombra de un celosisimo Ministro, cuya confianza 

(i) La Condamine dice que el uso de la quina era conocido de los 
americanos mucho tiempo antes de ser practicado por los españoles. 
Antonio Bolo, mercader genovés, afirma que lo ocultaron á los espa- 
ñoles. Oyó una tradición, según la cual se había descubierto su eficacia 
por los leones, que, comiéndola, se curaban de unas fiebres intermitentes 
que padecían. Sufría la Condesa de Cinchón, esposa del Virrey del 
Perú, Conde de Cinchón, de fiebres tercianas: el Corregidor de Loja le 
envió corteza de quina, con lo cual curó. La Condesa repartiS luego á 
los enfermos, y de ahí que por algún tiempo se llamara la quina polvos 
de la Condesa. En 1640 regresaron á España el Conde y la Condesa; su 
Médico Juan de Vega llegó á vender en Sevilla la corteza á loo reales 
la libra. El nombre de ¿^uina CinchoKa tiene el origen expuesto, y el de 
quinquina, de dos palabras del antiguo idioma de los Incas quina-quina, 
que significan corteza de las cortezas, para indicar su excelencia. (Véase 
Descripción del árbol de la quina hecha for M. de ¡a Condamine.) 



— 59 — 

merecieron siempre , los alentó á dar sus informes 
en todos los asuntos de America con el generoso 
candor que por lo regular forma el carácter de los 
sabios. Entonces fué, como positivamente me cons- 
ta, cuando quedó bien instruido el Ministerio en los 
desordenes de este ramo de comercio. 

»A este mismo tiempo recayó la elección para 
Virrey de este reino en el Marques del Villar, y en 
ocasión tan oportuna, que pudo influir la presencia 
del celebre D.- Pedro Virgilio, de quien tuve estas 
noticias después de pocos años , en promover vigo- 
rosamente el establecimiento del ramo de la quina 
por via de Real Administración, no hallándose otro 
mejor arbitrio en las amigables conferencias que 
tenian todos cuatro, igualmente favorecidos del Mar- 
ques de la Ensenada. 

• Esta es la primera y verdadera época del utilisi- 
mo pensamiento de administrar la quina por cuenta 
de la Real Hacienda.» 

Varios sujetos competentes en el asunto rindieron 
iníormes, todos los cuales, según Mutis, estaban de 
acuerdo: i.° En que la quina es un específico de 
mucho consumo entre todas las naciones civilizadas, 
y cada día más acreditado por sus singulares virtu- 
des, que no pueden suplirse por otros remedios co- 
nocidos. 2." En que la desolación de la quina en los 
montes de la provincia de Quito pide un pronto y 
poderoso remedio, á fin de ordenar los acopios con 
la economía dirigida á la provisión del género y á 
su conservación. 3.° En que siendo pocos los vasa- 
llos del Rey que se interesan en este comercio, no 
sufre perjuicio el cuerpo nacional. 4." En que admi- 



— 6o — 

nistrado por una sola y poderosa mano se precaverían 
los daños que ha experimentado la humanidad, fuera 
de otros que la amenazan. 5.° En que como produc- 
ción depositada únicamente en los dominios del Rey 
puede disponer de su propiedad. Y 6.° En que la 
pingüe renta que ofrece este ramo distribuido al 
público á un precio moderado, y administrado con 
simplicidad y economía, recompensará sobre abun- 
dantemente el benéfico celo del Monarca y los nue- 
vos inevitables cuidados de sus Ministros en las gra- 
ves disposiciones de realzar y mantener con acierto 
su saludable adm nistración. 

Proponía que se estableciera la Real Factoría 
Universal para los acopios de Europa en Honda, lo 
cual tenía tres ventajas, á saber: i.* La presente 
abundancia del específico. 2.* La facilidad en sus 
acopios y exportación. Y 3.* Los considerables 
ahorros de gastos á beneficio de la Real Hacienda. 
Proseguía Mutis: 

«La gran cordillera de este reino, continuación de 
la de los Andes, la dividió la naturaleza por el cau- 
daloso rio de la Magdalena en dos cordilleras subal- 
ternas, oriental y occidental, que reparten su pobla- 
ción entre las provincias de Santa Fe, Neiva y Ma- 
riquita. El principal puerto de este rio, cauce y gar- 
ganta general del mayor comercio de este reino se 
halla establecido en la villa de Honda, como centro 
común, adonde se dirigen todos los caminos de tierra 
y agua, por donde se introducen y exportan todos los 
frutos y efectos del comercio. 

i>Si se eligiera este puerto para el establecimiento 



— 6i — 

de la Factoría Universal, quedaba colocada esta 
oficina en el centro de unas ciento 5' cincuenta leguas 
de contorno, desde cuya circunferencia mas distan- 
te, y desde todos los puntos intermedios, pueden 
conducirse cómodamente por agua y tierra las anua- 
les cantidades de quina que deberían depositarse en 
sus respectivos almacenes hasta el tiempo de su ex- 
portación en el puerto de Cartagena.» 

Anotaba los acopios de quina en los años de 1784, 
1785 y 1786, respectivamente, así: 632.332 libras, 
1.448.951, y 1-76.787; y describía el sistema de expor- 
tación y navegación en los términos que ahora mis- 
mo se verán, y que tienen inportancia para el estu- 
dio de nuestro desarrollo económico. 

«Siendo (dice) por su naturaleza este genero de 
mayor volumen que el de las regulares cargas del 
comercio, presenta la exportación, por este solo as- 
pecto, el grande inconveniente que no admite conci- 
liarse con las reglas comunes establecidas en esta 
navegación del puerto de Honda hasta el muelle de 
Cartagena. Se halla constantemente establecido y 
regulado el numero de cargas por el que llaman 
dotación del champan ó bote; de modo que se ha de 
satisfacer al dueño de la embarcación todo el valor 
de las cargas que se puedan conducir en ella, aun- 
que no se acomode sino la mitad de otras de mayor 
volumen. Asi lo pide la equidad y lo tiene invaria- 
blemente introducido el uso de esta navegación. 

• Todo el comercio que gira la introducción y ex- 
tracción de sus efectos y frutos se acomoda á pro- 
porcionarse las ocasiones que le ofrecen los de las 
embarcaciones reciprocamente entradas y salidas de 



— 62 — 

los puertos de Cartagena y Honda, para introducir 
y retornar en ellas todos sus géneros comerciales^ 
sin otros periodos prefijados que los que ofrece la 
misma necesidad. De aqui se origina el desorden 
inevitable, por no estar debidamente calculado niel 
numero de enbarcaciones ni los tienpos de su sali- 
da, en que solo rigen los intereses particulares de 
individuos comerciantes. 

))A estas frecuentes é incontables contingencias 
deben también su origen la alteración de los precios 
y detención de los géneros liasta el tiempo de los 
retornos en el puerto de Honda, que careciendo de 
astillero propio, maestranza y marinería de rio (que 
llaman Bogas) no puede exportar por arbitrio propio 
todos los frutos del reino, sino acomodándose á los 
retornos. 

»Igualmente ha resultado que, ó por no perjudicar 
al comercio, ó por no sufrir la dilación cuando ins- 
tan las remesas de los géneros estancados á sus res- 
pectivos Departamentos, han recurrido al arbitrio 
de celebrar contratas los Administradores del tabaca 
y aguardiente con los dueños de enbarcaciones en 
Monpos para enviar sus respectivas remesas de ta- 
bacos y anises. 

»En el puerto de Tenerife, y como escala mas 
principal en el de Monpos, existen las enbarcacio- 
nes llamadas Chanpanes, de invención original en 
todas las naciones barbaras, que suelen atinar con 
el arbitrio más sencillo y más proporcionado á sus 
necesidades absolutas, con la gloria de verlo poste- 
riormente adoptado por las naciones cultas. En los 
puertos de Soledad y Cartagena se hallan los botes 
de río, enbarcacion de quilla, timón y cubierta in- 
troducida de cuarenta años á esta fecha por ciertas 



ventajas relativa?, compensada su dilatada navega- 
ción de subida con el precio menor que admiten la 
capacidad del buque, menor dotación de bogas y 
aumento de ganancias al retorno, ventajas que pro- 
porciona la misma facilidad de navegar rio abajo á 
beneficio de su corriente. 

»E1 comercio elige á su arbitrio y necesidad estas 
dos especies de enbarcaciones, y se acomoda á las 
alteraciones de los precios y á las forzosas dilacio- 
nes de los retornos, no siéndole fácil á qualquiera 
individuo que obra separadamente, adoptar otros 
arbitrios ni imitar el de las rentas, cuyas contratase- 
algo mas costosas, no admiten conciliación con sus- 
particulares intereses. 

»Con semejante sistema de navegación, de pura 
necesidad y contingencia, no pueden conciliarse los 
dos inportantes respectos del tiempo periódico y 
precio equitativo un nuevo ramo, que ocupando el 
buque de 63 enbarcaciones medias entre ma3^ores y 
menores de retorno al año, debia hacerlas subir 
varias á su costa, ó suponerlas ocupadas por igual 
numero de cargas introducidas en Honda por el 
comercio. Mas como hasta la presente se han man- 
tenido en cierto modo equilibradas las salidas con 
las entradas , no hay en esta época , ni habrá tal vez 
en adelante, introducción periódica por parte del 
comercio capaz de conpensar la exportación perió- 
dica por parte de la Real Hacienda.» 

Las dificultades de la navegación del río Magda- 
lena eran efecto, según Mutis, del error original 
de no haberse establecido los primeros pobladores 
en sus orillas. «Amenisima y llena de todas las 
comodidades seria la navegación de este caudaloso^ 



-- 64 - 

TÍO de la Magdalena en manos de unos hombres des- 
pués de dos y medio siglos, si aquel yerro original 
no hubiera frustrado los progresos que suele hacer 
á pasos lentos qualquiera nación abandonada á sí 
misma y á sus débiles recursos cuando enprende y 
obra sin intervención del Gobierno, que solamente 
puede dar el mayor y mas constante impulso á sus 
enpresas.» Insistía en creer que todo el mal deri- 
vaba de la despoblación. La pintura del boga me- 
rece citarse: «Países silvestres y sin cultivo mantie- 
nen á estos hombres fieros que huyen de la ocupa- 
ción y no saben obedecer á las leyes: agrios y feroces 
aman la vida brutal, se resisten al trabajo, y si los 
enplean cazándolos como á fieras, se conportan 
con el con violencia, resisten á la dulzura y atracti- 
vos de aquella sociedad momentánea, tratando con 
ferocidad en las fatigas de su penosa navegación á 
unos hombres racionales que tuvieron la desgracia 
de valerse de ellos, sin el recurso de poder fiar á 
otros sus intereses y su honor. Tal es, y seria sien- 
pre, el infame carácter de los llamados bogas del 
rio de la Magdalena; carácter de puro contagio que 
enmendaran y borraran, seguramente, las acertadas 
providencias del Gobierno, acelerándolas si á ellas se 
reúnen las ideas del nuevo plan de navegación real.» 
Lo sustancial de este plan era la matrícula de los 
bogas, la fijación de sus sueldos conforme á sus 
condiciones personales, y el establecimiento de asti- 
lleros en Honda y Mompos, con la concentración de 
los pueblos y la fundación de nuevas poblaciones. 



- 65 



YII 



El amable escritor D. José María Vergara y Ver- 
gara dedica muy pocas líneas en su Historia de la 
Literatura de Nueva Granadu á Mutis y á la Expedi- 
ción Botánica. Ignoramos si más extensas noticias 
contiene la Memoria sobre el estudio de la Historia de la 
Botánica^ del Sr. Florentino Vesga, trabajo muy pon- 
derado por aquél , que no hemos podido consultar. 
La Memoria del Ilustrísimo Arzobispo de Quito^ 
Sr. González Suárez, es un estudio muy notable, 
digno de la pluma de tan ilustre historiador. Un in- 
vestigador bogotano ha publicado un artículo en un 
periódico de la ciudad. «Por ser tradicional que los 
trabajos de la Expedición Botánica — dice — se habían 
remitido íntegros á Madrid, parecía ocioso pretender 
encontrar aquí los documentos necesarios para escri- 
bir la historia de dicho Cuerpo, y aún se estableció 
como desiderata nacional que el país adquiriera copia 
de tales trabajos en la Península á fin de enriquecer 
con ella la Biblioteca Nacional. Este deseo, muy justo 
por cierto, aún realizado, no llenaría sino en parte 
el vacío apuntado, porque si lo remitido á la antigua 
Metrópoli permite juzgar la calidad de la obra de 
Mutis y de sus compañeros, no basta para reconsti- 
tuir la historia interna de la Expedición. » Es lástima 



^ 66 -^ 

que no se haya publicado el resultado de las explora- 
dones de este esciitor en nuestro Archivo Nacional. 
La obra científica de Mutis es muy vasta; la parte de 
ella, estrictamente botánica, no está estudiada toda- 
vía. El Director del Jardín Botánico publicará den- 
tro de corto tiempo el estudio de Mutis sobre el sueño 
y la vigilia de las plantas. Encontramos unas cuantas 
páginas en que Mutis, atendiendo a las indicaciones de 
Linneo, estudió las costumbres de las hormigas (i). 
Es probable que este punto sea estudiado por el sabio 
Decano de la Facultad de Ciencias, D. Ignacio Bolí- 
var, en quien una refinada |cultura social realza sus 
grandes méritos científicoF. Pero queda aún mucho 



(i) De un fragmento de carta de Mutis, sin nombre de destinata- 
rio, tomamos lo siguiente: 

((Mi amadísimo el caballero Von Linné, á quien respetaba como si 
hubiera sido mi preceptor, en su primera carta me pidió trabaje una 
memoria acerca de las hormigas de America con esta para mí tan esti- 
mable expresión Nox't^ etc. Desde entonces comencé á procurarme los 
conocimientos de este genero pero con la lentitud ocasionada por la 
necesidad de vivir sujeto en la capital de Santa Fe de Bogotá, cuyo 
suelo elevadísimo en esta zona de temperamento para nosotros frío, no 
sufre estos insectoF. Pedí colecciones de las tierras bajas y calientesj. 
averigüé sus propiedades, formé sus descripciones y, finalmente, conocí 
que nuestras hormigas americanas eran desconocidas por la mayor 
parte en Europa: en aquel estado remití mi memoria: y conocí después 
de mis largas peregrinaciones que aquel escrito había sufrido la misma 
suerte que muchas de mis cartas al caballero Linné. Desde el año de 77, 
que cambié de destino entregándome todo á mis delicias de la Historia 
Natural en mi casa de campo de las minas de Ibagué, tuve la propor- 
ción de habitar un país, que parecía ser la corte y el centro de todas las 
hormigas americanas. Comencé á formar el empadronamiento de todas 
las familias del distrito, y durante los cinco años que habité aquella 
dulcísima mansión gasté horas, días y semanas enteras en buscar las 
hormigas, etc.» 



-67 - 

por hacer: es necesario publicar las admirables lámi- 
nas y su explicación científica; para realizar esta 
obra es indispensable que el Gobierno de Colombia 
suministre á la Facultad de Ciencias de Madrid los 
fondos necesarios, ó, lo que sería mejor — y así la 
hemos propuesto — que el Gobierno de Bogotá toma- 
se un número suficiente de ejemplares de la obra 
cuya publicación dirigiese dicha Facultad. Solo así 
pagaríamos á la gloria de Mutis lo que le debemos 
por todo lo que hizo en servicio del progreso inte- 
lectual de la Colonia, y podríamos los colombianos 
conocer mejor nuestra Flora. 

El pensamiento del Gobierno español de enviar 
á América exploradores científicos, data de Enero 
de 1 754,, año en el cual fué comisionado el botánico 
sueco Loefling para hacer un estudio de este ramo de 
la Historia natural. Fernando VI ofreció á I.inneo 
en España un puesto digno de su mérito. No aceptó 
el renovador de la ciencia botánica, pero envió en 
su reemplazo á un discípulo suyo «penetrado de las 
nuevas doctrinas y hábil en el conocimiento de las 
plantas». 

Algo más de dos años duró el viaje de Loefling 
por América. Por desgracia, murió antes de termi- 
narlo en Cumaná en 1756. «Linneo cuidó de pu- 
blicar la correspondencia del malogrado viajero, 
y aprobó las noticias y materiales suministrados por 
el mismo, cuyos manuscritos, acompañados de dibu- 
jos hechos por Cartel y Carmona, artistas pertene- 
cientes á la Expedición, fueron archivados y se 



— 68 — 

.conservan en el establecimiento», dice el señor 
Colmeiro, 

Mutis, conforme al testimonio de este ilustre botá- 
nico español, había adquirido su instrucción en la Bo- 
tánica durante su permanencia en Madrid desde 1757 
hasta 1760, año en que partió para América. Desde 
el principio de su vida en la Colonia preocupóse de 
sus estudios favoritos, y en 1777 hizo una remesa al 
Ministro de Indias para el Gabinete de Historia Na- 
tural de objetos que había coleccionado en la Nueva 
Granada, junto con cuarenta dibujos de plantas. 
Mantuvo correspondencia con Linneo. El Sr. Col- 
meiro publicó las dos únicas cartas de éste que en- 
contró en el Archivo del Jardín. Es posible que en 
nuestro Archivo Nacional existan las otras. 

Malograda la Expedición encomendada á Loe- 
fling, en 1777 se organizó la destinada al Perú y 
Chile á las órdenes de los señores Ruiz y Pabón. 
«Los botánicos destinados al Perú y Chile regresa- 
ron á España en 1788, antes que los de las demás 
expediciones, y por tanto, pudieron aprovecharse de 
circunstancias bastante favorables, siéndolo entre 
otras, la decidida protección de Gómez Ortega, cuya 
influencia por entonces no había decaído: así es que 
consiguieron publicar la Qninología en 1792, obra 
particular de Ruiz, aumentada con un Suplemento en 
1 80 i; el Pródromo de la Flora peruana y chilense en 
1794; un tomo del Sistema de los vegetales de la expre- 
sada Flora en 1798; tres tomos de la misma JFlora 
desde 1798 hasta 1802, quedando el cuarto con su 



- 69- 

texto manuscrito y cien láminas grabadas, en unión 
del quinto y siguientes completamente inéditos, con 
muchas láminas de aquél grabadas, pasando de dos 
mil el núníero total de los dibujos hechos para toda 
la obra, y cuyos originales se conservan en buen 
estado (i).» 

La Expedición botánica destinada á Méjico el aña 
de 1787, tuvo por director á Ssssé, quien murió en 
1809. «La Expedición desplegó grande actividad- 
desde 1795 hasta 1804, y los frutos que se conservan 
de ella consisten en un considerable herbario, que 
vino á parar al Jardín Botánico de Madrid en 1820,^ 
hallándose actualmente intercalado en el general áe\ 
establecimiento, y en numerosos manuscritos perte-- 
necientes á la Flora mejicana, obleniáos antes y poco- 
después de aquella fecha, y cuyas descripciones, 
ordenadas según el sistema de Linneo, ocupan unos 
cuantos tomos en folio» (2). 

La Expedición que dio la vuelta al globo á las ór- 
denes de Malaspina, compuesta del naturalista Pine- 
da y del botánico Neé, dio principio en 1789. «Exis-' 
ten en el Jardín Botánico de Madrid las colecciones 
y manuscritos concernientes á la vegetación de las 
distintas regiones recorridas por los naturalistas que 
acompañaron á Malaspina en su viaje, emprendido 
en 1789, estando intercaladas las plantas en el herba- 



(1) Colmeiro. Bosqu-^jo hhtórico y estadístico del Jardín Botánico de Ma- 
Jrid, páginas 23 24. 

(2) Colmeiro, obra citada, pág. 25. 



— ^o — 

rio general del establecimiento, no todas denomina- 
das, y entre las que lo están se cuentan las someti- 
das á competente examen y esparcidas en diversas 
obras, después de la vuelta de Neé en 1794. El her- 
bario formado por este famoso colector contenía, se- 
gún se asegura, unas diez mil plantas y además fue- 
ron hechos bajo su dirección más de trescientos di- 
bujos que forman algunos tomos de varios tamaños, 
conservándose también sus observaciones y descrip- 
ciones manuscritas con otros apuntes» (i). 

La expedición á Cuba, encomendada á Boldó en 
1796, está representada en el Jardín Botánico por 
un tomo «con sesenta y seis hojas de dibujos ilu- 
minados, y separadamente muchas descripciones de 
diferentes géneros y especies de plantas» (2). 

Respecto de la Expedición de Nueva Granada, 
creemos conveniente reproducir la representación 
hecha por Mutis al Rey de España en Mayo de 1763, 
con el informe favorable de Mesía de la Cerda, y 
que fué repetida en Junio de 1764 en la ciudad de 
Santa Fe, en vez de extractarla ó servirnos de ella 
para dar por nuestra cuenta la historia de la misión 
confiada al ilustre gaditano. Ambos documentos son 
del tenor siguiente:- 

Señor: 

La inportancia de unos asuntos tan útiles al Pu- 
blico como gloriosos al Monarca que los protege y 

(l"i Colmeiro, obra citada, pág. 26. 
(2) Colmeiro, obra citada, pág. 27. 



— 71 — 

cuya necesidad esta bien conocida entre todas las 
naciones civilizadas me alienta á poner á los Reales 
Pies de V. M. el plan de mis ideas en el viaje que á 
inpulsos de una rara resolución enprendi á este 
Nuevo Reyno de Granada por el año de mil sete- 
cientos y sesenta. 

Establecido tres años antes en esa Corte, y entre« 
gado á la lección de los mejores Autores extranjeros, 
que tratan de las Ciencias naturales en todos sus 
ramos, iba notando las inponderables ventajas que 
nos hacian en los últimos siglos todas las Naciones 
cultas de estas Ciencias. En tales circunstancias un 
verdadero y desinteresado amor nacional me hacia 
concebir y suspirar. unas vezes entre varios proyec- 
tos literarios por el establecimiento ó renovación de 
una Academia de Ciencias, observando mui de cerca 
la inacción en que se mantenían las dos de Medicina 
de Madrid, y la de Ciencias de Sevilla; otras vezes 
me proponía en compañía de otros literatos tan há- 
biles como activos la formación de una Historia cri- 
tica de todos los Autores Españoles, siendo entera- 
mente sufocada y desvanecida desde sus principios 
la inportantisima obra de nros. Diaristas. Anbos 
pensamientos, que en el corto espacio de dos años 
llegaron ciertamente á estado de que los viese el Pu- 
blico desenpeñados, se dirijian no solo á despertar 
en la nación la memoria de sus bellos dias, sino tan- 
bien á promover el adelantamiento de las ciencias 
naturales tan olvidadas en nuestra Península. En- 
tretanto procuraba pulir mis conocimientos botáni- 
cos en conpañia del celebre Dr. Barnades. 

Mas hallándome inpensadamente solicitado para 
seguir á vuestro* Virrey en calidad de su Medico, me 
resolví á abandonar proyectos, comodidades, y 



— 12 -^ 

quanto podia ofrecerme mi establecimiento perma- 
nente en esa Corte, deseando dedicarme enteramente 
á la formación de la Histoiia-Natural de la America, 
gloriosamente comenzada por la magnificencia del 
Sr. D. Felipe Segundo, continuada después de largo 
tienpo por la liberalidad del Señor Don Fernando 
Sexto, y tal vez concluida en los bellos dias del feli- 
císimo Reynado de V. M. -Parecióme que no solo 
podria partir la gloria con el celebre sueco Loefling, 
pero tanbien conpetir y aun enmendar mucho de le 
observado y descubierto por el Español Hernández. 
Figurábame tanbien entonces que podria dirigir mis 
excursiones botánicas por las dilatadas Provincias 
de este Reyno, y aun de las demás Americas, pare- 
ciendome que podria tolerar en una edad floreciente 
y con una salud bastantemente robusta las fatigas y 
quebrantos de la vida áspera que deben sufrir los 
viajeros en estos tan variados climas. 

Al tienpo de mi partida para la America con tan 
honroso y proporcionado destino de Medico de 
V. Virrey en este Nuevo Reyno de Granada deberla 
aver representado á V. M. las ideas, con que anima- 
ba la resolución de mi viaje; que no tuvo ciertamente 
sus principios en la esperanza de aquellos intereses 
que lisongean por lo regular á los Europeos. Aun sin 
salir de mi Patria debia aver esperado no sin fun- 
damento esa felicidad, ala verdad mui pequeña para 
llenar mi corazón, semejante en algún modo al de 
aquellos honbres que sacrificando generosamente 
todos sus propios intereses se destinan á trabajar 
para el bien del Publico, y gloria de la Patria en que 
nacieron. Pafecio conveniente á juicio de V. Virrey, 
á quien comuniqué mis ideas, omitir por entonces el 
manifestar á V. M. el principal objeto de mi viaje: 



— 73 — 

pueS" los inmensos cuidados que cercaban el trono 
de y. M. en aquel tienpo arrastraban toda la Real 
atención felizmente enpleada en arreglar los gravi^ 
simos negocios de la Monarquia. Aora que V. M. ha 
logrado ver el fruto de sus fatigas en la paz solida, 
que acaba de establecerse, considerara á V. M. el 
mundo sabio dignamente enpleado en el total resta- 
blecimiento de Ciencias, Artes y Comercio: en que 
logrará V. M. la misma felicidad y acierto, con que 
sirpo V. M. hacer feliz, sabio y respetable otro 
Rey no. 

' La Historia Natural de la America, por quien 
tanto suspira la Europa sabia es obra de un Monar- 
ca como V. M. Esta debió sus principios á-la Real 
Liberalidad del Sr. D. Felipe Segundo,, quien 
deseoso de admirar las preciosas producciones nartu- 
rales de la Nueva España, y no menos interesado 
en promover el bien de la Humanidad que pudiera 
resultarle con los copiosos descubrimientos de algu- 
nas cosas medicinales y minerales, enbió al sabio 
Dr. Hernández su Medico con la dotación propor- 
cionada al Real Proyecto. Executose con quanta 
exactitud cupo en aquel siglo esta comisión, cuyas 
resultas no logró ver el Publico asta después de mu- 
cho tienpo en la instructiva obra del Dr. Hernández 
publicada en Roma á mediados del siglo pasado por 
el italiano Recchi. El poco ó ningún gusto de la na- 
ción á las Ciencias naturales, á que contribuiria 
mucho el fallecimiento de los Autores de la enpresa, 
dexó sepultada entre el polvo de la Biblioteca det 
ICscorial una obra tan preciosa con el fatal destino 
de ser comunicada posteriormente á los sabios por 
un extraño con estanpas mui desiguales al mérito de 
los originales, y que no hacen honor ni á su siglo. 



— 74 — 

Es obra ya tan rara, y tan digna de la Generosidad 
de V. M. que corregida y aumentada con nuevas 
notas y laminas acomodadas al gusto de nuestro 
siglo por algún naturalista versado en las produccio- 
nes de America debería reinprimirse á nonbre 
<ie V. M. para ocupar dignamente el primer lugar en 
la Biblioteca de Historia Natural del Real Gavinete 
que se pretende formar en esa Corte. 

Mientras en España se iba perpetuando un pro- 
fundo olvido sobre las enpresas de esta naturaleza, 
todas las naciones, especialmente las que poseian 
algunos establecimientos en America, aspiraban á 
porfia á poseer igualmente el conocimiento de sus 
tesoros naturales, y á la formación de Gavinetes pú- 
blicos y privados. Apenas salia algún viajero curioso 
para estos remotos payses, que no trajera la reco- 
mendación de conducir algunos tesorillos ó peque* 
ñas colecciones de Historia natural en sus tres ra- 
mos. Pensaron después las Academias en enviar de 
tienpo en tienpo algunos sabios, en entablar corres- 
pondencias, y en valerse de quantos medios podian 
para aumentar á conpetencia la Historia natural con 
nuevos descubrimientos. Jamas uviera llegado esta 
Ciencia á la perfección con que se admira en nues- 
tro siglo, si los Soberanos y algunos Personajes dis- 
tinguidos no uviesen tomado por su cuenta la noble 
idea de promover, gratificar, y premiar liberalisi- 
mámente algunos sabios naturalistas, para poder 
tener un cabal conocimiento de quanto útil y curio- 
so producen sus establecimientos. De esta noble 
emulación nacieron los viajes de los famosos viaje^ 
ros Castety, Sloan, Plumier, Brown, y acaba de ver 
la Europa un rasgo de esta generosidad en la inmor- 
tal enpresa, que por consejo del Barón de Van 



— 75 — 

Swieten su Medico fomento y costeo generosisima- 
mente el Emperador Francisco primero sin reparar 
en los inmensos gastos, pues llevaba ya consumidos 
con sus tres compañeros sobre trescientos mil pesos 
quando llegó á esta Ciudad de Cartagena de Indias 
el celebre naturalista Nicolás Josef Jacquin Gefe de 
esta Real Expedición, cuya obra espera con inpa- 
ciencia el Publico. Arrebatóme de las manos este 
insigne botánico los mas preciosos descubrimientos, 
que pudieran averse comunicado con gloria de la 
Nación por un Naturalista Español, si uviera yo 
tenido la oportunidad de aver llegado dos años antes 
gratificado con alguna pensión inferior á la suya. 

Acia la mitad dei siglo presente despertó la Espa- 
ña de su antiguo letargo. Comenzaron algunos Sa- 
bios y Señores á gustar de las Ciencias naturales 
con el motivo de la nueva juventud, que por Real 
orden y á expensas del Erario de algunos Grandes 
salia á instruirse en todos sus ramos á los Reynos 
Extrangeros. Proyectóse por este tienpo la Expedi- 
ción de limites; y con esta tan oportuna ocasión pen- 
só sabiamente el Ministerio hacer venir de Suecia 
al naturalista Pedro Loefling: y aunque tan tarde 
se volvió á continuar la grande enpresa de nuestra 
Historia Natural Americana, que debió no pocos 
progresos á la Real Generosidad del Sr. D. Fer- 
nando Sexto Hermano é inmediato antecesor de 
V. M. Murió esta inportante obra casi en sus prin- 
cipios con la muerte de su continuador Loefling, 
quando se hallaba enpeñado con el mayor ardor y 
en el mejor tienpo de su florida juventud, y tanbien 
con el honor del aplauso publico de toda la Europa 
que le animaba en el glorioso desenpeño de su des- 
tino. La pequeña Historia de aquel desgraciado 



- 76 ~ 

viaje uviera ciertamente perecido por nuestro des- 
cuido, ó retardadose por negligencia á no averia pu- 
blicado su Maestro y mi correspondiente el Cavalle- 
ro Carlos Linné, Gloria de la Suecia y Honor de- 
nuestro Siglo, dedicándola al Sr. D. Fernando Sex- 
to para eternizar en la República de las Letras la 
agradecida memoria del Glorioso Monarca, que Te- 
dio principio. Esta pequeña obra toda llena de pre- 
ciosos descubrimientos lexos de apagar la insaciable 
sed de los Sabios solo ha servido de excitar mas su 
inpaciente curiosidad; cuya expectación esta pen- 
diente de la Real Liberalidad de V. M. de quien 
ciertamente espera la Europa sabia ver fomentados 
los progresos de la Historia Natural de la America. 
No parecen infundadas semejantes esperanzas, quan- 
do vemos por la experiencia, que para V. M. tiene 
el Cielo reservadas ^las mas gloriosas enpresas del 
presente siglo. 

Sabiendo yo la muerte de este insigne Naturalis- 
ta suspiraba como todos por la continuación de esta 
obra: y hallándome inpensadamente convidado para 
seguir á V. Virrey, fue mui natural que nada tarda- 
se en aceptar esta propuesta, para elegirme yo mis- 
mo por Continuador de esta gloriosísima enpresa 
con la esperanza de probar mejor fortuna en su lo- 
gro y desenpeño. A mi primera llegada á esta Ciu- 
dad tuve la noticia^ que á qualquiera otro en tales 
circunstancias pudiera aver desmayado, del viaje de 
Jacquin por orden de su Soberano, y con el Real 
permiso de fecha anterior al reynado de V. M. Mas 
aviendoseme asegurado de no aver penetrado este 
naturalista por lo interior de nuestras Provincias, 
donde se hallan los mejores tesoros de la Naturale- 
za, he seguido mi enpresa con el mismo enpeño. 



— 77 — 

He procurado constantemente vencer una infinidad 
de tropiezos, que tiraban á sufocar los sazonados 
frutos de una obra, que va naciendo entre espinas. 
No me horrorizan Señor las indecibles incomodida- 
des que consigo traen el trabajoso estudio de la na- 
turaleza. Los sabios en los Gavinetes ó en las Es- 
cuelas pasan con toda comodidad los dias enteros, 
recojiendo á pie quieto el fruto de su aplicación. Un 
viajero debe gastar gran parte de la noche en orde- 
nar y con poner lo que por el dia recojio en el canpo, 
después de aver sufrido las alteraciones de la Esta- 
ción, que suelen ser mui variadas; las asperezas y 
precipicios del suelo que va registrando; las inco- 
modidades de los insectos insufribles que por todas 
partes le rodean; los sustos y peligros de muchos 
animales venenosos y horribles, que á cada paso le 
espantan, sobre la austeridad de una vida verdade- 
ramente austera y desabrida, que por calores, para- 
mos, y lugares desiertos quebranta y fatiga su cuer- 
po. No es esto Señor una estudiada ponderación 
para realzar el mérito de los trabajos de un Natura- 
lista: es únicamente manifestar con realidad y sen- 
cillez á V. M. que si aquellos para la subsistencia y 
continuación de sus tareas son magníficamente do- 
tados, mucho mas acreedor deberá ser un viajero á 
una dotación proporcionada al continuado gasto que 
se experimenta en los largos y penosos viajes de la 
America. Mis fuerzas que son las de un particular, 
que se sostiene por una Profesión, que por lo mis- 
mo lo aparta y distrae del objeto de su proyectada 
Expedición, solamente han alcanzado á los crecidos 
costos con que me he formado una gran colección 
de instrumentos y Ubros, esforzándome á gratificar 
moderadamente á todas aquellas personas, de quie- 



- 78 - 

nes debia valerme en mis viajes para recojer y des- 
cubrir las producciones pertenecientes á mi Histo- 
ria. Me hallo ya no solo exhausto, sino tanbien en- 
peñado, y por lo mismo inposibilitado á continuar 
por estos medios, que deben ser mayores los sufra- 
gios para tan grande enpresa. Por ahora nueva- 
mente inploro los de V. M. para continuarla. 

Conozco Señor que haria agravio á la alta con- 
prehensión de V. M. si me detuviera en referir por 
menudo las grandes utilidades, que podrían resultar 
de mi proyectado viaje con dos agregados para los 
trabajos científicos, y otros dos para las pinturas, 
dibujos, y demás trabajos materiales. Nadie mejor 
que V. M. conocerá desde luego, que sobre la gloria 
inmortal que resultarla á V. M. de esta gloriosa en> 
presa dignamente desenpeñados, ninguna otra na- 
ción tanto como la Española se halla interesada en 
saber ^y conocer las producciones admirables, con 
que la Divina Providencia ha enriquecido los dilata- 
dos Dominios que tienen la fortuna de vivir bajo la 
feliz Dominación de V. M. en este Nuevo Mundo.. 
Si las demás naciones, que poseen en la America 
algunas colonias ó establecimientos han adquirida 
desde sus principios un cabal conocimiento de todo- 
quanto les produce el suelo de aquellas Posesiones, 
como es bien notorio por sus bellas Historias inpre- 
sas especialmente en este siglo, deberá atribuirse 
no solamente al buen gusto del bello día que tan 
tenprano les amaneció, sino tanbien á la facilidad 
con que pudieron executarse aquellas Expediciones» 
La Universal Historia Natural de los Dominios Es- 
pañoles tiene por objeto una prodigiosa extensión 
de dilatadísimos Payses: es obra de mayor conside- 
ración, y en que se debe gastar mucho mas tienpo 



— 79 — 

que en las demás. Sin enbargo con lo mucho que 
llevo trabajado en mas de quatro años incesante- 
mente enpleado en esta y otras ocupaciones no me- 
nos útiles y gloriosas á la Nación, podra dentro de 
poco tienpo manifestarse al Mundo Sabio las utili- 
dades que producen al genero Humano las liberali- 
dades de V. M. 

La formación en esa Corte de un esplendido y 
riquísimo Gavinete de Historia Natural en sus tres 
ramos superior á los de muchos particulares, y á los 
públicos de toda la Italia, Alemania, Suecia, Ingla- 
terra, y aun al magnifico de París, deberá ser una en- 
tre las principales glorias de esta Expedición. Parece 
Señor increíble lo mismo que nos manifiesta la expe- 
riencia. Los Sabios y honbres curiosos, que viajan 
por todas las Cortes de Europa, creyendo encontrar 
en la de Madrid unos suntuosos y magníficos Jardín y 
Gavinete de Historia natural espléndidamente ador- 
nados con todas las plantas y cuerpos preciosos que 
produce el Nuevo Mundo, no hallan que admirar^ 
sino las sombras de su jardín y Gavinete comenza- 
dos á formar en el Reynado anterior al de V. M. 

La America, en cuyo afortunado suelo deposito el 
Criador infinitas cosas de la mayor admiración, no 
se ha hecho recomendable tan solamente por su oro, 
plata, piedras preciosas, y demás tesoros que oculta 
en sus senos; produce tanbien en su superficie para 
la utilidad y el comercio exquisitos tintes, que la in- 
dustria iria descubriendo entre las plantas; la Co- 
chinilla de que ai abundancia en este Reyno, aun- 
que no la cultivan por su indolencia los naturales de 
estas Provincias; la preciosa cera de un arbusto lla- 
mado Laurelito, y la de Palma; muchas gomas, de 
que pudieran hacerse algunos usos ventajosos en las 



- 3o — 

artes; maderos mui estimables para instrumentos^y 
muebles; produce finalmente para el bien del gene- 
ro humano muchos otros arboles, yerbas, resinas, y 
bálsamos, que conservaran eternamente el crédito 
de su no bien ponderada fertilidad. Un viajero debe- 
ría ir recojiendo, describiendo, y conservando seme- 
jantes producciones, para que depositadas en el Ga- 
vinete y otros lugares públicos las conocieran los 
Sabios, excitaran su curiosidad, y se hiciera de ellas 
útil aplicación en algún dia para bien de los Morta- 
les. Es en vano persuadirse Señor á que la Quina, 
la Cascarilla que es otra planta mui diversa, la cas- 
cara del Guamocó, el bejuquillo, la zarza, el Gua- 
yacan, el balsamo de tolu, el de Zaragoza, el Cati- 
vo de mangle, el de Coruña, el Balsamo del Perú, 
los azeites de Maria y de palo con muchas otras co- 
sas conocidas sean lo único entre las medicinales, 
que nos produce la America. Aun falta muchisimo 
por conocer; y lo que mas debe admirar, falta mu- 
cho que saber para usar bien de lo conocido. 

La útilísima Quina, tesoro concedido únicamente á 
los Dominios de V. M. en cuya mano esta el distri- 
buirla á las demás naciones bajo del mismo pie en 
que los olandeses distribuyen la Canela de Ceylan, 
la quina digo á quien tienen un cierto horror injus- 
tamente concevido algunos Médicos de Europa, por 
no averse cuidado de separar la verdadera y reciente 
de la falsa y despreciable, introducida por la igno- 
rancia y la anbicion, sabrá manejarse con mayor 
confianza, desenbarazo y acierto, quando salgan al 
Publico mis observaciones, que para anticipado bien 
del genero humano haré publicar en alguna de las 
Academias de Europa, por donde se propagan los 
nuevos descubrimientos. Un remedio tan admirable. 



_ 8i — 

que disputa la superioridad entre los pocos antidotos 
conocidos, y que ha puesto la Divina Providencia 
en manos de V. M. para el bien universal de la Hu- 
manidad, se va haciendo despreciable, se disputa de 
su eficacia, se tiene ya por menos útil que en otro 
tienpo; y lo que peor es, llegara á escasear al terzer 
siglo de su feliz descubrimiento, si V. M. no aplica 
en tienpo las mas oportunas providencias. Mas ha 
de treinta años que se oyeron estas quexas en el Mi- 
nisterio, 3' temiéndose con razón tan fatales conse- 
quencias, se pensó seriamente en arreglar este im- 
portantisimo ramo. De aqui dimano la bien desen- 
peñada comisión del erudito D. Miguel de Santiste- 
ban, cuyos pensamientos aun no se han reducido á 
practica con detrimento del bien publico y del Real 
Erario. Aun todavia subsisten las causas de los ma- 
les que amenazan en perjuicio de la causa publica. 
¿Quien se imaginaria en los primeros años de su 
descubrimiento que llegase á faltar en algún tienpo 
la Quina en los montes del Perú ni que pudiese es- 
casear en el tienpo en que se va confirmando la ma- 
yor eficacia de este admirable remedio? Esta seria 
una perdida irreparable para la posteridad, que ape- 
nas podria concebir las causas de semejante ruina y 
descuido. Es mui temible Señor que llegue á faltar 
la Quina, porque asi lo manifiesta cada dia la expe- 
riencia. No permita V. M. que por la anbicion délos 
que comercian en este precioso genero se multipli- 
quen las miserias, que fundadamente tememos. El 
corte indiscreto de todo un árbol de Quina para 
aprovechar solamente una pequeña porción podria 
hacer tan desconocido un árbol de este genero en el 
Perú como en la Noruega. La mezcla reprehensible 
procedida de la ignorancia, ó de la malicia de los 



— 82 — 

que quieren aumentar su mercancía; la conducción 
desde el Perú asta España, y desde allí asta las mas 
remotas partes del Mundo disminuyen notablemen- 
te la eficacia de una Quina depositada sin cuidado 
en suelos húmedos, alterada sensiblemente por la 
diversidad de climas, asta que después de mucho 
tienpo va pasando lentamente á las Boticas, donde 
suele ser mui común hallarla mezclada, medio po- 
drida, y sin virtud después de veinte ó más años de 
su separación del árbol. Una Quina de esta naturale- 
za es la que ha dado lugar á tantas desconfianzas y 
disputas; esta suele ser el remedio en que vanamen- 
te confia el Medico en los lanzes mas apurados; y 
esta finalmente es el antidoto que conpra para su 
mayor daño un pobre enfermo. ¡Que funesto y la- 
mentable seria el espectáculo, que puede figurarse 
una viva imaginación representándose llegar al pie 
del trono un exercito innumerable de leales vasallos 
desgraciadamente perdidos! Será mui fácil á V. M. 
que ama tan tiernamente á sus vasallos, y en cuyo 
feliz Reynado se han logrado hacer estas reflexiones, 
mirar por una causa, en que se interesa nada menos 
que el mayor bien de la humanidad, con aprobar los 
establecimientos que podran formarse sobre el corte 
y economía de estos arboles, conducción de la Quina 
á España, y su distribución á todas las Naciones. 
En ellas lograra el Publico á un precio moderado la 
Quina reciente y escojida, cortada y conducida por 
cuenta de la Real Hacienda, á cuyo favor puede re- 
sultar un producto, que no cede al ponderado ren- 
glón de la Canela, de que tanto cuidan los olandeses, 
y que abundantemente reconpense los esmeros y 
cuidados que aumente al trono la vigilante atención 
de V. M. por la salud publica. 



- 83 - 

No me parece Señor que sean deltodo inútiles ni 
despreciables los ensa3'os y oportunos experimentos^ 
que me propongo hacer sobre el beneficio que pue- 
da esperarse de nuestra canela silvestre. Los Montes 
de America, y en especial los del Perú acia las Pro- 
vincias de Macas y Quijos, están poblados de unos 
arboles, cuyo olor color y sabor han hecho creer 
asta á la gente menos instruida que merecen el 
nonbre de canelos. En efecto ellos están universal- 
mente reputados por arboles verdaderos de canela, 
aunque en el concepto de los Botánicos solo fueran 
una constante variedad de aquella especie. Mas si 
llegaran á lograrse por su beneficio algunas ventajas, 
salvarían en gran parte y con utilidad de nuestro 
comercio, la equivocación que algunos han padecido 
en tenerla por la legitima de Ceylan, y disculparan 
el gusto de aquellos que en defecto de esta usaron 
sin mayor repugnancia de la canela del Perú. La 
importancia de un hallazgo tan útil merece la repe- 
tición de algunos ensayos. Los ingleses, que aspiran 
sienpre á la mayor extensión de su comercio, han 
propuesto, según lo que nos refieren los escritos pú- 
blicos, algunos premios considerables para animar 
á los Habitantes de la Guadalupe al cultivo de la 
canela silvestre. Y si los ingleses esperan ver logra- 
das las tentativas de este genero, gloriándose algún 
dia de haber cortado á los olandeses este gran ramo 
de su comercio ¿con quanto mayor fundamento de- 
beríamos esperarlo los Españoles, siendo bien noto- 
rio que nuestra canela silvestre es excesivamente 
superior á la de Guadalupe? 

Manifestar á V. M. el mérito de nuestras espece- 
rías, cuya introducción podria ser tal vez mas venta- 
josa en todas lineas á no hallarse los paladares Eu- 



~ 84 - 

ropeos tan acostumbrados á las Orientales, seria re- 
petir á V. M. lo que tantos viajeros han insinuado 
con disimulo en sus escritos. Las orillas del Mara- 
ñen podrían abastecer á toda la Europa de espece- 
rías capazes de rebajar el ponderado mérito de las 
de Oriente según el testimonio de M. de la Conda- 
mine. Con la misma abundancia se crian todas las 
plantas que las producen en las tierras calientes y á 
las orillas de los caudalosos rios que bañan lo inte- 
rior de nuestras Provincias. 

Aun no sé limitan á esta sola especie de trabajos 
mis pensamientos. A cada paso se me iria propor- 
cionando la oportunidad de executar muchas inpor- 
tantes observaciones, que podrían merecer algún lu- 
gar en la relación Histórica de mi viaje bajo sus co- 
rrespondientes títulos de Medicina, Fisica, Geogra- 
fía, Astronomía, y algunos otros ramos de las cien- 
cias Matemáticas. Un seguido catalogo de las obser- 
vaciones meteorológicas y de las elevaciones del 
suelo por donde transita un viajero, de que resultan 
no pocas luces y conocimientos á las Ciencias, no 
deberla faltar en una Historia Natural. Parece indu- 
bitable que mi dilatada peregrinación por tan remo- 
tos Payses, donde no han penetrado asta aora los 
honbres sabios, me facilitarla frequentisimas oca- 
siones de hacer muchos descubrimientos y observa- 
ciones dignas de ser comunicadas. 

Al considerar los felizes resultados de mi enpresa 
no sé si diga Señor que para perpetuar entre los sa- 
bios un eterno agradecimiento á la Inmortal Gloria 
de V. M. ó para no pequeña confusión mia tenia la 
Providencia reservado en esta Corte un Joven ani- 
moso y atrevido, un vasallo [de V. M. (destinado 
poco antes para pasar á Londres bajo la Real Pro- 



- 85 - 

teccion del Augusto Hermano antecesor de V. M. 
por los informes de su Ministro el Excmo. D. Ri- 
cardo Wall) que destituido de las ordenes, socorros, 
y Protección Real, con que tanbien suelen malograr- 
se las mas bien meditadas Enpresas, fiado solamente 
en esperanzas, y animado del zelo de la Gloria na- 
cional, se uviese determinado por si mismo á conti- 
nuar la obra principiada por dos Grandes Monarcas 
Antecesores de V. M. Asi se ha verificado Señor en 
mi; y es ya bien publico en todo este Rey no, que 
sabida la muerte de aquel insigne Naturalista quise 
arrojarme á la continuación de una Enpresa tan 
ardua, inpacientemente estimulado de ver robados- 
nuestros mejores tesoros de la America por mana 
de los extraños. 

Aun en medio de todo mi atrevimiento no me 
uviera ciertamente resuelto á llegar al Pie del Trono 
de V. M. sino me viera patrocinado por las frequen- 
tes persuasiones de V. Virrey, testigo ocular de mi 
continuada aplicación á estos asuntos; instado por 
los fervorosos deseos de algunas Personas condeco- 
radas zelosamente interesadas en la gloria de la Na- 
ción; solicitado para la continuación de mis tareas 
por los Sabios de Europa; cuyas ardientes suplicas 
aconpañan las mias asta el Trono, por ser común á 
todas las naciones la causa que promovemos. Todos 
estos claman, todos suplican, todos se interesan; y 
en nonbre de todos hablo á V. Virrey por represen- 
tar en este keyno la Augusta Persona de V. M. el 
Principe de la Historia Natural, el Filosofo del Nor- 
te, el Cavallero Carlos Linné en carta escrita en 
Upsala el dia 3 de Febrero de 1761 con estas agra- 
decidas expresiones: 

Si fave at nobis et Pro Rex tuus Celsisimus-et 



— 86 — 

ipsi Statuam erigemus- toto ejus Imperio peren- 
niorem. 

Estas son Señorías reflexiones que tengo el honor 
de presentar á V. M. en testimonio del amor con 
que me he dedicado, renunciando mis propios inte- 
reses y comodidades, á trabajar para utilidad uni- 
versal y gloria de la Nación Española. No soi Señor 
tan zeloso de mis pensamientos, que dexe de ceder 
gustosísimo mi lugar á qualquiera otra Persona mas 
instruida en todos los ramos que me propongo cul- 
tivar, y á quien V. M. se digne fiar las felices resul- 
tas de esta inportante Comisión. No dudo que entre 
nuestros jóvenes Españoles, ó entre los Sabios ex- 
tranjeros se hallaran algunos que atrahidos por el 
interés de grandes sueldos, y animados con la espe- 
ranza de una correspondiente colocación, desenpe- 
ñen dignamente todas las partes que abraza esta 
Enpresa. Mas es bien cierto que, sobre quedar ex- 
puestos á muchas contingencias, avra de padecer 
necesariamente una larga retardación, á que por lo 
común aconpaña el peligro. Desde los principios del 
año de sesenta, en que resolví mi proyectado viaje, 
no me hallo ocupado en otros pensamientos que en 
los que podrian conducirme al logro de mi suspirada 
Expedición. No he logrado poco en hallarme ya 
acostunbrado á los rigores de estos climas, y en 
averme ensayado asta donde podran alcanzar mis 
fuerzas. No es pequeña la ventaja de hallarse 
tanbien en America con las mismas circunstancias 
y sin los crecidos costos en que seria menester pen- 
sionar el Erario, los quatro jóvenes agregados, que 
avran de trabajar bajo de mi dirección. No me ocupa 
ni enbaraza por aora aquel natural deseo de asegu- 
rar el destino que corresponda á un honbre que se 



- 87 - 

resuelve á renunciar todos sus intereses particulares 
por la gloria y bien universal de la Nación. A mi me 
basta saber que V. M. por un puro efecto de su 
Real Clemencia no hade consentir, que en la Super- 
intendencia del Gavinete Real, que avra de formarse 
en esa Corte, aya de destinarse otro que su mismo 
autor. No tienen mis esperanzas ni las de mis agre- 
gados menos fundamento que toda la Protección 
Real. 

Réstame pues manifestar á V. M, que me hallo 
pronto y preparado para el desenpeño de una tan 
grande 3^ útil Comisión luego que V. M. se digne 
mandar, que se me destinen los sueldos y medios 
proporcionados á los trabajos de una enpresa, que 
solo se dirije á producir honores á la Nación, utili- 
dad al Publico, extensión al Comercio, ventajas á las 
Ciencias, nuevos fondos al Erario Real, y Gloria in- 
mortal á V. M. cuya vida conserve la Divina Provi- 
dencia para el bien universal de la Monarquía. 

Santafe 20 de Junio de 1764. — Señor: á los pies 
de V. M. 

JosEF Celestino Mutis. 



INFORME DEI. SR. VIRREY 

Excmo. Sr.: Mui Señor mió, considerando lo 
útil que puede ser la verificación de quanto expone 
T>. Josef Celestino Mutis en el memorial adjunto que 
me ha entregado para su dirección á manos de V. E. 
le doi cubierta confiado en que se ha de servir infor- 
mar á S. M. de lo que propone; pues constandome, 
que en este sujeto concurren todas las circunstancias 
que se pueden apetecer, y que por su infatigable 



— 88 — 

aplicación y notoria suficiencia es capaz de consu- 
mar la obra que á costa de inmensas incomodidades 
tiene ya principiada, estoi en el firme concepto de 
que lo conseguirá, si merece la Real Protección y 
auxilios que solicita ; y espero se sirva promo- 
ver V. E. para que le toque gran parte en los efec- 
tos de sus ínportantes progresos y resultas. — Nues- 
tro Señor guarde á V. E. muchos años como deseo. 
Cartagena 28 de Mayo de 1763. 

El Baylio Fvey^ 
D. Pedro Mesia de la Cerda. 

Excmo. Sr.: 

Baylio Fveyy 
D. Julián DE Arriaga. 



Por el momento no dio los resultados que espera- 
ba Mutis la representación que acaba de leerse. 

Dejamos á Mutis en Santafé de regreso de la 
Mina de Pamplooa. No quiso admitir el empleo que- 
se le ofreció de Gobernador de Girón, porque esta 
ocupación se oponía á sus designios de investigador 
científico. 

Por los años de 1773 Mutis y los otros miem- 
bros de la Compañía minera, en vista del fracaso de 
los métodos empleados en la explotación de la Mina 
de La Montuosa, enviaron á Suecia á D. Clemente 



- 89 - 

Ruiz para que adquiriese el conocimiento de los 
nuevos procedimientos metalúrgicos y volviese á 
Nueva Granada á ponerlos en planta. 

A principios de 1777 — año en que Ruiz había 
regresado á Santa Fe — se retiró Mutis al Real de 
Minas del Sapo de Ibagué. cAqui (dice el mismo 
Mutis) fue donde V. E. (el Virrey) con el motivo de 
su santa visita por la Provincia de. Ibagué me halló 
sepultado en mi profundo letargo filosófico, y en 
donde se dignó honrar con su presencia y bendicio- 
nes aquel Real, reconociendo con curiosidad y esme- 
ro todas las Maquinar-, Oficinas y Minas hasta el ex- 
tremo de usar conmigo la estimable condescenden- 
cia de celebrar el Santo sacrificio de la Misa, y 
bendecir después aquella Mina en el mismo cerro, 
bien distante de la Iglesia del Real: bendición sin- 
gular y memorable que no habrá logrado ninguna 
Mina de ambas Americas». 

«Aqui fue donde V. E., instruido pacientemente 
en todas mis tareas literarias, proyectos, afanes, y 
enpeños, y conpadecido de verme finalmente re- 
suelto á concluir mis días en aquella mi elegida so- 
ledad, determinado á dejar á la innata piedad del 
Rey la edición de mis obras y la satisfacción de mis 
deudas, se digno mandarme V. E. con todo el inpe- 
rio de quien manda á un subdito, que pusiese algu- 
nas treguas á mis continuados trabajos sacándome 
al descanso de su amable compañía en que actual- 
mente me hallo gozando de las honras con que V. E. 
debe distinguir á las personas de mérito superior al 



— 90 — 

mió, y de las comodidades necesarias para continuar 
y pulir mis escritos» (i). 

Mientras se resolvía en la Corte la segunda soli- 
citud de Mutis, el Arzobispo Virrey organizó una 
Expedición provisional en Nueva Granada. De esto 
dio cuenta á su sucesor Gil y Lemus en los siguien- 
tes términos: 

«Bajo este pie propuse á la Corte la creación de 
la Universidad pública en Santa Fe, y tal vez la 
gravedad de la materia ha detenido la resolución; 
pues, según las noticias extrajudiciales, se trabaja 
-en un plan metódico de estudios para la instrucción 
de la juventud americana, pero no siendo unos mis- 
mos los recursos de las provincias para la dotación 
de cátedras, siempre habrá desigualdad en el núme- 
ro de ellas, y en cuanto á este reino convendría no 
se excusaran las de botánica, química y metalurgia, 
necesarias en el reino de los metales y preciosi- 
dades. 

» Estas habrían permanecido en la mayor parte 
desconocidas si, con motivo de las órdenes de la 
Corte para auxiliar y conceder libre tránsito de unos 
exploradores alemanes en este reino, no hubiese yo 
prevenido su intención y el oprobio que ciertamente 
nos resultaría de que estos extranjeros viniesen á 
nuestros países á señalarnos los tesoros de la natu- 
raleza que no conocemos: oprobio que tanto nos han 



(i) Para explotar la mina de plata de Nuestra Señora del Rosario 
del Sapo formó Mutis una Compañía con los señores Antonio y Nico- 
lás de Ugarte. En 6 de Junio de 1793 vendió sus derechos por lO.OOO 
pesos. Entró á formar parte de la Compañía en reemplazo del primero, 
como socio industrial don Juan José D'Elhuyar, 



— 91 — 

echado en cara, y que creí deber concurrir á des- 
agraviar en esta parte á la nación. Dispuse, pues, la 
formación de una expedición botánica, compuesta 
de un director,un segundo y un delineador. Para el 
empleo de director elegí al Presbítero D. J. Celestino 
Mutis, sujeto que había corrido por más de veinte 
años gran parte del reino recogiendo las produccio- 
nes de la naturaleza, y conocido por su correspon- 
dencia literaria de los sabios de Europa, y conocien- 
do yo que importaba aprovechar los instantes, le 
mandé desde luego emprender sus excursiones y 
trabajo, dando de todo cuenta al Rey, que se dignó 
aprobar esta providencia, honrando á Mutis con los 
títulos de botánico y astrónomo de S. M. y á la ope- 
ración con el de Expedición botánica de la América 
Septentrional (i)». 

Había concedido el Rey de España, á solicitud del 
Emperador de Alemania, permiso á Humboldtysus 
compañeros para recorrer con objetos científicos sus 
posesiones ultramarinas. En i\gosto de 1782 el Go- 
bierno de la Metrópoli puso en conocimiento del Vi- 
rrey de la Nueva Granada la licencia concedida; y 
le previno que, como importante precaución, seña- 
lase alguna persona para que observara de cerca á 
los viajeros para que éstos no se ocupasen en objetos 
distintos de su comisión. Para ejercer estas funciones 
de vigilancia fué designado el capitán del regimiento 
de la Corona D. Miguel Raon, á quien el Virrey 
pinta como á un sujeto de fina educación, perspicaz, 
y provisto de algunas luces. 



(i) Re/ación del Estado del Nue-vo Reino de Granuda^ que hace el Ar-zo- 
bhpo Obispo de Córdoba á su Sucesor el Excmo. Sr. D. Francisco Gil y Lemus. 
Año de 1789. 



— 92 — ^ 

Creía Mutis que el origen del viaje de Humboldt 
había sido el buen resultado obtenido por Nicolás 
Jacquin en su expedición científica por las costas de 
Tierra Firme en los años de 1755 y 1760. Sea ó no 
sea esto así, el anunciado viaje de Humboldt sí fué 
el origen inmediato de la Expedición botánica pro- 
visional organizada por el Arzobispo Virrey. En una 
nota, dirigida por éste al Gobierno de Madrid con 
fecha 31 de Mayo de 1783; corren los pasajes si- 
guientes: 

«Y para poder aprovechar el tiempo ganando los 
momentos de anticipar la gloria del Rey á la que 
pretenden adquirir y arrebatarle en sus Dominios 
los Botánicos del Emperador: he dispuesto provisio- 
nalmente que mientras S. M. se dignsPresolver sobre 
punto tan importante se dedique enteramente á la 
perfección de su obra adquiriendo nuevos descubri- 
mientos el mencionado Mutis con uno de sus dos 
adjuntos Botánicos, que será por hallarse ahora más 
desembarazado el Dr. D. Eloy Valenzuela, en com- 
pañía de su Dibujante García, disponiéndose pron- 
tamente para reconocer todas las inmediaciones y 
demás lugares en que se hallan depositados sus des- 
cubrimientos, 

»Me he tomado la libertad de disponer esta Expe- 
dición interina interpretando la voluntad del Rey y 
mente de V. E. por las repetidas y recomendadas 
órdenes é instrucciones con que S. M. quiere pro- 
mover con predilección estos asuntos; manifestando 
en ellas con las más vivas expresiones ser de su 
Real y especial agrado todos los importantes servi- 
cios de esta clase.» 

No dijo el Arzobispo Virrey en la Relación de 



— 93 — 

Mando que hemos citado todo lo que él sabía y todo 
lo que él había hecho sobre la Expedición enco- 
mendada á Mutis. Esta discreción del Arzobispo 
Virrey aumenta el mérito de su generosidad. No que- 
riendo gravar por entonces al Real Erario con los 
gastos del sostenimiento de Mutis y sus compañeros, 
asignóles de su propio peculio la suma de tres mil 
pesos, que distribuyó así: dos mil páralos gastos de 
las excursiones del jefe de la Misión científica, y 
quinientos pesos para cada uno de sus colaborado- 
res. Antes, á principios de 1782, obHgó á Mutis á 
que abandonase sus labores en las minas de Ibagué 
y se encaminase á Santafé á proseguir sus tareas de 
naturalista; y como Mutis estuviese arruinado, le dio 
alojamiento en su propio palacio. 

Los adjuntos ó discípulos de Mutis eran por en- 
tonces el Dr. Eloy Valenzuela y el Dr. Bruno Lan- 
dete, el cual tenía á sus órdenes al geógrafo D. José 
Camblor, «sujetos todos — decía el Arzobispo — esco- 
gidos por sus talentos, aplicación, conducta y favo- 
rables disposiciones para desempeñar los vastos y 
gloriosos pensamientos que propone el Dr. José Ce* 
lestino Mutis». Solicitó, por último, que el Gobierno 
otorgara á Mutis una compensación de dos mil do- 
blones para satisfacer sus deudas, lo que le fué con- 
cedido. 

Aprobada por el Rey la Expedición organizada 
en Santafé, continuó Mutis sus trabajos anteriores 
con la colaboración de D. Eloy Valenzuela como se- 
gundo, y de D. Salvador Rizo como pintor y como 



— 94 — 

encargado de la parte administrativa. Correspondía 
al Virrey, de acuerdo con Mutis, la organización 
definitiva de la empresa científica. El pensamiento 
original no era solamente estudiar la Flora de la 
América Septentrional (es decir, de la parte septen- 
trional de la América del Sur, limitada al S. por la 
línea equinoccional, que era hasta donde llegaba el 
campo de acción de los Botánicos del Perú), sino 
también realizar un plan de observaciones astronó- 
micas, geográficas y físicas, y formar un mapa com- 
pleto de las regiones que se recorrieran. Para esto 
último se necesitaba «un joven diestro en los dibu- 
jos de esta especie y bastantemente practico en las 
observaciones de rumbos, que con el socorro de las 
reciprocas observaciones de toda la compañía, ayu« 
dará á desenpeñarme en esta obra», sirviéndonos de 
los propios términos de Mutis. Hacía alusión proba- 
blemente á Restrepo cuando decía que había «un jo- 
ven de conocida habilidad para perfeccionar un 
Mapa tan útil al Ministerio, que podrá publicarse 
con gloria del Monarca y honor de la Nación si al- 
gunas otras razones de Estado no contradicen su pu- 
blicación». 

La Expedición fué aprobada por el Rey el 6 de 
Septiembre de 1783. 

Establecióse la Expedición primero en la ciudad 
de Mariquita. Luego veremos cuándo fué trasladada 
á la capital del Virreinato. 

No se realizó el pensamiento original de Caballe- 
ro y Góngora y de Mutis. La falta de un número 



— 95 — 

suficiente de hombres ilustrados en la Colonia y las 
múltiples capacidades de Mutis obligaban al Gobier- 
no á servirse de sus luces para la solución de los di- 
ferentes problemas administrativos que se presenta- 
ban. Si esto, en cierto modo, fué un quebranto para 
la gloria del Botánico, les da más realce á los grandes 
servicios científicos que le prestó á su patria adop- 
tiva, á la cual no quiso abandonar cuando el Virrey 
Guirior le propuso que se trasladara con él á Lima. 
Hemos visto ya el origen de la Expedición Botá- 
nica en las solicitudes -dirigidas por Mutis al Rey 
por conducto del Virrey de Santafé. La razón que 
tuvo el Rey de España para aprobar el estableci- 
miento provisional de ella hecho por el Arzobispo 
Virrey, fué el haberle asegurado éste que Mutis en 
los veinte y dos años anteriores á 1783 había realiza- 
do ya un gran número de observaciones botánicas, y 
tenía preparados para la estampa varios volúmenes 
de la Flora de Bogotá. Cuando el Arzobispo Virrey pi- 
dió la aprobación real, aseguró al Monarca que Mutis 
tenía ya casi concluidos los tres primeros tomos, y 
que había dispuesto que para llevar adelante su tra- 
bajo, habiéndose imposibilitado dos de los cuatro 
pintores que trabajaban bajo sus órdenes, fuesen á 
Santafé los pintores más hábiles que se hallasen en 
Quito (i). «Cuando era de esperar que á tan pro- 



(l) Existen los contratos hechos con los pintores de Quito. Todos 
ellos quedaron á las órdenes de Rizo, quien era un habilísimo artista. 
Mutis creó nuestra primera Escuela de Pintura, dependiente de la Ex- 
pedición Botánica. Entre los pintores figuraron Antonio García, Fran- 



- 96 - 

pensa y eficaz protección de Su Majestad hacia la Ex- 
pedición botánica y su Director, hubieran correspon- 
dido los efectos, remitiendo los tres tomos, cuya con- 
clusión se fijó para fines del ochenta y seis, adelan- 
tándose cuanto fuere posible los restantes, y en- 
viándose perfeccionados de última los que por Real 
orden de seis de Septiembre de ochenta y tres se 
encargó al Virrey concluyese Mutis antes de salir á 
su Expedición, se ha experimentado, por el contra- 
rio, que siquiera no se haya dado desde la citada 
carta de mediados del año de ochenta y seis la me- 
nor noticia ni de estas obras, ni de los progresos 
que debían esperarse rapidísimos y muy próximos 
de una Expedición tan favorecida, ni aun de la lle- 
gada de los Botánicos que fueron de acá en ochenta 
y siete Méndez y Calzado.» Así se expresaba en 
tono de reproche el Ministro Porlier en carta fecha 
en San Lorenzo el 27 de Octubre de 1789. Ordena- 
ba, en consecuencia, este Ministro al Virrey que lla- 
mase á Mutis para que diese cuenta de su conducta 
por escrito y para que remitiese las obras ó los trata- 
dos particulares, en especial la Quinología y el Ar- 
cano de la Quina revelado. El Virrey Ezpeleta pasó á 
Mutis copia de la Real orden y le ofreció casa y to- 
das las facilidades para satisfacer los deseos del Rey. 
Mucho debió de sentir Mutis el tono de la carta 



cisco Javier Matis, Antonio, Javier y Nicolás Cortés, Pablo Caballero 
Bernardo Rodríguez, José y Manuel Martínez, Vicente Sánchez, An- 
tonio Barrionuevo, Antonio Silva, Francisco Villarroel y Merino y 
Mariano Inojosa, 



— 97 — 

de Porlier, que el Virrey atenuaba por su parte, 
conocedor, como es de suponer que lo estuviese, de 
que á Mutis se había distraído de su ocupación prin- 
cipal con una serie de tareas distintas á los estudios 
botánicos. Mutis en su primera respuesta al Virrey- 
decía: ccLa superior orden de V. E, en que me man- 
da que á la mayor brevedad me transfiera á la Ca- 
pital con mi oficina y dependientes, á fin de no dis- 
traerme en otros asuntos que en la conclusión de la 
Flora de Bogotá, supone por una parte que mi resi- 
dencia en esta Ciudad es puramente arbitraria 3^ sin 
designio directo de los progresos de la Flora; y por 
otra parte indica no habérsela manifestado á V. E. la 
multitud de comisiones del Real servicio, con que el 
Ministerio mismo y el Jefe de este Reino antecesor 
de V. E. el Arzobispo Virrey multiplicaron los esla- 
bones de la pesada cadena, que siempre me ha he- 
cho gemir por las quiebras de mi salud contraidas 
en el Real Servicio; pero sobrellevándola con resig- 
nación y gusto por las satisfacciones de otro tiem- 
po, que aconpañan á cualquiera hombre de honor 
hasta rendir la vida». 

En efecto, á instancias de Mutis, quien estaba 
aleccionado por las pérdidas que había sufrido en los 
nueve años que estuvo consagrado á empresas mine- 
ras en Pamplona é Ibagué, se debió que fueran á 
Nueva Granada Ángel Díaz y D'Elhuyary, ayudan- 
do á éstos, que se estableciese en la explotación de 
ellas el beneficio de fundición en cambio del imper- 
fectísimo del azogue. El Arzobispo Virrey en su Re- 

7* 



- 98 - 

lación confirma lo dicho por Mutis en su respuesta á 
Ezpeleta, «Para arreglar este nuevo método ú otro 
mejor que se tenga por conveniente, propone Es- 
quiaqui, y creen muy útil los Directores D'Elhuyar 
y Mutis que haya una persona que cele el laborea 
de las minas»; y dice también que por dirección 
de Mutis, se habían descubierto seis vetas de azo- 
gue en la montaña de Quindío. A Mutis, pues, se 
debió la introducción del sistema de fundición des- 
cubierto en Alemania. 

Los acopios de quinas y maderas que se le en- 
comendaron; la publicación de sus estudios sobre 
el Te de Bogotá; el descubrimiento de una mina de- 
azogue en la provincia de Antioquia; el trabajo que 
llevó á cabo durante algunos meses sobre las len- 
guas americanas en compañía del Canónigo D. Die- 
go Ugalde y el presbítero D. Anselmo Alvarez; sus 
intrucciones para el uso de la vacuna; sus estudios 
sobre el aguardiente; su Memoria para la curación 
de las enfermedades del Darién; la correría que 
hizo por dos provincias para acopiar 4.000 arrobas 
de quina de distintas especies; y la abundante co- 
rrespondencia, que se conserva en el archivo, sobre 
las operaciones de las Factorías de la Quina y del 
Te... todo esto es suficiente para rectificar las ma- 
las impresiones de Porlier en la nota de agravios 
que hemos citado. Respecto de los dos Pintores 
mandados de España — que el Ministro llama Bo- 
tánicos — hay en el archivo pruebas de que uno 
de ellos falleció sin haber dado una sola pincela- 



— 99 — 

da, y que el otro solo trabajó unas pocas láminas, 
A fines de 1791 se restituyó Mutis á Santa Fe. En 
la capital continuó sus trabajos botánicos hasta su 
muerte. 



VIII 



Lucido fué el papel que desempeñó Mutis como 
Médico en la Colonia desde que á ella llegó con el 
Virrey Messia de la Cerda hasta su muerte en Santa 
Fe, En una nota que éste dirigió al Rey de España 
en 12 de Mayo de 1771 en obedecimiento á la Real 
Cédula de 8 de Julio de 1770, en la cual se le pidió 
informe sobre el hecho de haber nombrado al Doc- 
tor Juan Cortés Protomédico anteponiéndolo á 
D. Juan Bautista de Vargas y sobre los ingredientes 
de que se componía el aguardiente de caña, calidad 
de esta bebida y si su uso era dañoso á la salud 
espiritual ó corporal de los naturales, decía: «No 
es dudable que será más ventajoso y útil conferir 
vía Cátedra de Medicina á D. José Celestino Mutis 
con la asignación de quinientos pesos en el ramo 
de aguardiente, con obligación de servirla hasta 
dejar discípulos capaces de sustituirle, dividién- 
dose en dos Cátedras la dotación como propuso 
esta Real Audiencia á Vuestra Majestad, y yo no 
lo ejecuté por haberme persuadido á que el referido 



Mutis se negase á permanecer en este Reino, á 
donde le conduje asalariado para mi asistencia 
con la satisfacción de su mucha inteligencia, acier- 
tos en el arte y aplicación á su estudio, que aun en 
España tenía acreditado, y de otra manera no le 
hubiera conducido y fiado mi salud. Pero ahora con 
vista de lo informado y conocimiento de que desea 
ejecutar este servicio, desde luego convengo en que 
recibirá esta ciudad y Reino conocido beneficio en- 
cargándole la enseñanza de la Facultad Médica, con 
precisión de permanecer hasta tener discípulos bien 
instruidos, con calidad de agregar las Cátedras á la 
Universidad pública si llega á tener efecto su esta- 
blecimiento en fuerza del examen que está actual- 
mente pendiente para su creación. Y este caso pa- 
rece correlativo y justo que el mismo D. José Celes- 
tino Mutis ejerza el Protomedicato durante su obten- 
ción de la Cátedra, que pasará después sucesiva- 
mente á los que la granjearen por oposición, y ss 
conseguirá el alivio de tener Médicos de suficiencia 
en esta ciudad que hasta ahora ha vivido sujeta álos 
que se aparecen ó transitan de fuera, obligando la 
necesidad á valerse de ellos, sin detenerse en exami- 
nar su talento y la legitimidad de sus títulos.» 

El Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario 
era la única casa de estudios que en Santa Fe tenía 
privilegio para leer Medicina según la Real Cédula 
de Felipe IV, fechada en Madrid en 31 de Diciembre 
de 1651. La historia de esta Cátedra desde su esta- 
blecimiento hasta 1790, está resumida en dos docu- 



lOI 

ixientos, uno de los cuales es el informe que el señor- 
D. Fernando Caicedo, Rector del Colegio susodicho, 
rindió al Virrey el 27 de Mayo de 1799, y el otro el 
expediente levantado con motivo de la pretensión del 
Reverendo Padre Miguel de Isla á ocupar la misma 
Cátedra. Dice así el Sr. Caicedo: «Las contradic- 
ciones con que en todos tiempos ha sido combatida 
este Colegio, particularmente en los principios de su 
fundación, serían, sin duda, causa de que no se pu- 
siera desde luego en uso un privilegio real en que s& 
interesaba nada menos que la salud pública; ni se 
sabe se hubiese tratado de esto hasta el año de 1715 
en que el muy Ilustre Cabildo de esta capital solicitó 
se le confiriese el grado de Doctor á D. José de la 
Cruz á fin de que pudiese regentar la Cátedra de Me- 
dicina en este mi Colegio. Posteriormente, en el año 
de 33, se trató de poner de Catedrático al Doctor 
D. Francisco Fontes para lo que el Rector propuso 
al referido Cabildo solicitasen arbitrios á fin de asig- 
nar á este Profesor una competente dotación. Así se 
ve en la respuesta original que dicho ilustre Cuerpo 
dio al Rector, la que se guarda en el archivo, pero 
absolutamente se ignora el resultado de esta solici- 
tud, como también si efectivamente llegó alguno de 
estos sujetos á leer la Medicina. 

»En el año de 53 consultó el Rector Dr. D. Nico- 
lás de Vargas al Excmo. Sr. Marqués del Villar doc- 
tor D. Alfonso Pizarro, captando su beneplácito para 
poner edictos á la Cátedra de Medicina; con efecto,, 
obtenido el superior consentimiento de Su Ex. pues- 



102 

tos los edictos y verificadas las oposiciones y demás 
requisitos que previenen los Estatutos de este Cole- 
gio, fué electo por el Claustro y confirmado por el 
Excelentísimo señor Vicepatrono, el Dr. D. Vicente 
Canzino, quien leyó Medicina trece años continuos 
hasta el de 66 en que por su muerte quedó vacante 
esta Cátedra, con cuyo motivo, puestos nuevos Edic- 
tos y verificados los actos de oposición, fué electo 
en propiedad y confirmado por el Excmo. señor 
Bailío de Lora D. Pedro Mezia de la Zerda, el doc- 
tor D. Juan Bautista Vargas, el que igualmente con- 
tinuó leyendo hasta el año de 74 en que por causa 
del nuevo método provisional de Estudios se man- 
daron suspender por el Gobierno las leccionas de 
esta Facultad hasta nueva orden.» 

El Padre Miguel de Isla, que residía en Cali, fué 
llamado por Ezpeleta á Santa Fe en 1792 para que 
se encargara del Hospital y de la asistencia médica 
de la tropa. En 30 de Junio de 1798 solicitó del Vi- 
rrey que por la Regia y Pontificia Universidad se le 
confiriera el grado de Doctor en Medicina como se 
había hecho antes con D. Vicente Cansino, gradua- 
do de Médico y con D. Luis Aznola, de Teólogo, 
por la misma Universidad. El Rector y C'austro de 
ésta — Fr. Manuel León y Fr. José María Granados, 
Fr. Antonio Maldonado, D. Francisco Gama y Bas- 
tida y el Dr. Antonio Martínez Recaman — infor- 
maron favorablemente. El Rector del Colegio 
I\ Fernando Caicedo, dijo al Virrey lo siguiente: 
<(En el ejemplar impreso de las Constituciones 



— 103 — 

aprobadas y mandadas observar verá V. E. el por- 
menor de las circunstancias que se requieren para 
la provisión de esta Cátedra. Ella, así como de las 
otras Facultades, debe proveerse por oposición 
€n personas graduadas en la Facultad y sin que se 
pueda oponer otro que no haya sido Colegial; así se 
dispone expresamente en la Constitución 2 tít. 5." 
Esto es, en casos que haya colegiales graduados en 
la Facultad, pero habiéndolos (como en la actualidad 
sucede en Medicina) puede serlo cualquiera seglar 
que tenga la habilidad y grados suficientes hasta que 
de los colegiales se formen discípulos que puedan 
desempeñar con acierto el Magisterio y Cátedra fir- 
mando oposición á ella, que parece ser el caso de 
que habla Su Ilustrísima en la Constitución i.* del 
mismo título, observándose lo mismo cuando las Cá- 
tedras se proveen interinamente, como en las va- 
<;antes mientras se dan en propiedad, ó cuando por 
algún motivo se suspende al Maestro en el ejercicio 
de la Cátedra: en estos casos ó el Rector, con anuen- 
cia del Excmo. señor Vicepatrono, ó su Excelencia 
con informe del Rector, nombra el interino sin ne- 
cesidad de oposición para que no se interrumpan las 
lecciones de la Facultad. » Del Padre Isla formó el 
Sr. Caicedo esta opinión: «Es demasiado notoria, 
Señor, la habilidad, suficiencia y demás circunstan- 
cias que concurren en el Maestro D. Miguel de Isla 
en punto á Medicina para poner la menor duda en 
que leerá un curso completo de esta Facultad, y que 
formará discípulos que llegando algún día á ser el 



— 104 — 

honor de su -Maestro sean asimismo el alivio y con- 
suelo de los enfermos. Tampoco hay duda en el fino 
gusto y acertado discernimiento de este sujeto con 
que sabrá elegir los mejores autores, escogiendo en 
ellos las materias más útiles que ha de dictar sin 
aligarse á sistema determinado, consultando solo á la 
experiencia y á la razón; y concurriendo á su clase 
en las horas más acomodadas á la distribución eco- 
nómica del Colegio.» 

Opúsose el Fiscal de la Real Audiencia, fundado 
en que existía el Catedrático D. Juan Bautista de 
Vargas. Con motivo de la oposición fiscal se aclaró 
un poco más el hecho de cómo había adquirido la 
Cátedra el Sr. Vargas. Siendo Rector del Rosario 
D. Miguel de Mazústegui nombró, para que lo exa- 
minaran, á los doctores Antonio Manrique y D. Ma- 
nuel Ruvianes, que no eran Médicos, y el Dr. Man- 
rique cedió su última réplica á D. Jaime Navarro, 
Médico de profesión, que se hallaba presente al acto 
como convidado. Graduado Vargas en tan imper- 
fecta forma, regentó la clase hasta que, por su pleito 
con el Dr. Cortés por el Protomedicato, se retiró 
á Popayán. De esto hacía veintiséis años. Dos infor- 
mes rindió Mutis, en favor del Padre Isla, en uno 
de los cuales — el que tiene fecha 5 de Marzo de 1799 — 
decía que «aun cuando hubiese muchos profesores á 
escoger, ninguno le aventajaría en las proporciones 
en que se halla constituido el Maestro Isla para el 
completo desempeño déla Cátedra.» Con todo, la 
Real Audiencia confirmó la oposición del Fiscal, y el 



— 105 ~ 

Virrey en 20 de Abril del mismo año dispuso «reser- 
var, tratar á su debido tiempo de lo perteneciente á 
nombramiento de Protomédico y Catedrático de Me> 
dicina». 

El Rector del Colegio del Rosario solicitó del Vi- 
rrey que se formase un plan ó método de enseñanza, 
comprensivo de los Autores, distribución del tiem- 
po y demás particulares, y proseguía: «El doc- 
tor D. José Celestino Mutis es á mi parecer ¡salvo el 
mejor dictamen de V. E.), el sujeto más á propósito 
para desempeñar este tan importante encargo, por- 
que á más de los sublimes conocimientos que noto- 
riamente tiene en la materia médica, los tiene muy 
suficientes en la distribución económica del Colegio, 
como que ha sido Catedrático de Matemáticas en él: 
no obstante V. E. resolverá lo que sea de su supe- 
rior agrado.» 

El 7 de Junio de 1799 dispuso el Virrey: i." Que 
el Maestro Isla regentase interinamente la Cátedra 
por ser aprobado Médico; con tal título se subsanaba 
el defecto de grado de Bachiller en Medicina; y 2.°, 
Que el Dr. Mutis formara el plan sobre el Método y 
Autores por quienes se debía explicar la Facultad 
de Medicina, y lo presentase para su aprobación. 

El Padre Isla dio principio á sus lecciones de Ana- 
tomía el 18 de Octubre de 1802 con 14 cursantes 
matriculados y otros aficionados de libre asistencia; 
y el Sr. Mutis presentó el Plan^ de que daremos al- 
gunas ideas. El Padre Isla acompañaba sus instruc- 
ciones teóricas con las disecciones de cadáveres en 



— io6 — 

«1 anfiteatro del hospital de San Juan de Dios. Ter- 
minó el prinaer año con acto público de conclusiones, 
que presenció Mutis como Regente de la Facultad. 
En el segundo año dictó lecciones de Fisiología. Dice 
Mutis: 

Sin embargo, reflexionando sobre las actuales cir- 
cunstancias no se puede ocultar, que á pesar de la 
constancia del Catedrático auxiliado por el Pasante 
y el aprovechamiento de los discipulos actuales, si 
se retardan las providencias consiguientes á los in- 
formes pedidos, quedarla reducida la presente insti- 
tución á un beneficio pasajero, y de pequeña utili- 
dad para todo el reino. En efecto; una sola cátedra, 
que ha de llevar sobre sí la enseñanza de la ciencia 
principal y sus ramas auxiliares, según el espíritu 
de una solida instrucción á imitación de lo estable- 
cido en las Universidades, según los últimos planes 
de reforma; semejante cátedra seria un fenómeno 
único visto en una profesión de tan extensos y va- 
rios conocimientos, que aumentan su dificultad, y la 
distinguen de las otras ciencias. 

Supóngase prolongada la vida del anciano cata- 
dratico hasta completar tres cursos con el mismo 
enpeño que hasta aqui ha manifestado ¿qué ventaja 
sacará el publico de unos pocos discipulos recien 
formados en ocho años, y de otros más, si no des- 
mayan, en el dilatado espacio de veinte y cuatro 
años? ¿Y ese pequeño numero pedia llenar el inmen- 
so vacio de Médicos inteligentes que reclama la ca- 
pital del Reino y sus provincias por su inmensa po- 
blación doliente? Desde luego, van á desaparecer 
los deseos de una lucida y copiosa juventud inclina- 
da á seguir esta carrera, faltando el indispensable 



— I07 — 

■establecimiento de franquearle un curso cada año, 
abriendo la matricula para los que hayan cumplido 
su filosofía en los colegios de la capital, y demás es- 
cuelas habilitadas en ella, y sus provincias? Así se 
han retraido de esta carrera muchos jóvenes en este 
año, tercero para los primitivos, con quienes no po- 
drían aquellos alternar, ni distraerse el catedrático 
■con la enseñanza de dos años vencidos. 

En vista de lo que expongo... vuelvo á repetir, 
que á pesar de los honrados procedimientos del cate- 
drático y del aprovechamiento de sus actuales discí- 
pulos por la única esperanza de alternar en lo su- 
cesivo con sabios, con profesores, abolida para sien- 
pre la miserable turba de curanderos, habilitados 
por la necesidad, autorizados por el vulgo, y disi- 
mulados por el Gobierno, á pesar de tan lisonjeras 
esperanzas vendrá á parar el actual establecimiento 
-de una sola cátedra en un establecimiento de mera 
ilusión, y de una aparente perspectiva, capaz de 
frustrar los benéficos designios del Rey, y las espe- 
ranzas de sus necesitados vasallos en estos do- 
minios. 

Así se expresaba Mutis en 2 de Enero de 1805, y 
en tales razones fundó su Plan de estudios. Antes de 
resumirlo precisa que recordemos otros servicios 
prestados por Mutis á la Medicina en el Nuevo Rei- 
no de Granada y el modo cómo trascendió á la tera- 
péutica universal su descubrimiento de la Quina. 

Tuvo Mutis la idea de publicar en Santafé un dia- 
rio consagrado á la propagación de los conocimien- 
tos médicos, y para dar noticias de las obras sobre 
Medicina que se hubieran publicado á partir de 



— io8 — 

1750; y al efecto, formó el plan correspondiente. Le 
preocupaba mucho el estado de las boticas en la ca- 
pital, y para subsanar los males que acarreaba la ig- 
norancia de los boticarios, se proponía dar á cono- 
cer en el diario, especialmente, los progresos alcan- 
zados en el ramo de la Farmacia. 

Como fuesen muchas las quejas contra los botica- 
rios de Santafé, facultó el Virrey al Profesor de 
Medicina D. Antonio Joaquín Froes para que visi- 
tara las boticas de la capital. Froes rindió su informe 
en 28 de Noviembre de 1792; y, á consecuencia de él, 
se dispuso que el boticario Antonio Gorraez asistiera 
á su establecimiento de día y de noche; lo mismo se 
le ordenó á Felipe Antonio Antodilla, y especial- 
mente al boticario de la de San Juan de Dios por 
ser la más surtida; respecto de la de Santo Domin- 
go, se ordenó al padre provincial la cerrara hasta que 
el religioso que la manejaba no fuera sometido á 
examen. 

A los Médicos se les ordenó que fechasen y firma- 
sen sus recetas y las redactasen con claridad, á fin 
de evitar las equivocaciones: y como había anar- 
quía en los precios, nombróse una diputación de dos 
Capitulares, los que, con un Médico aprobado y la 
asistencia del Síndico Procurador General, debía 
proceder al cumplimiento de la providencia de 13 de 
Febrero de 1792 que había ordenado la formación 
del arancel ó tarifa de los precios délos medicamen- 
tos simples y compuestos. 

Más adelante — en 1801 — el Síndico Procurador 



— 109 — 

General le pidió al Alcalde ordinario que les tomara 
declaración á varias personas y certificado á Don 
Honorato de Vila, Médico, sobre los honorarios que 
los facultativos exigían. El Alcalde D. Francisco 
Domínguez de Castillo accedió á lo pedido; y en 
consecuencia D. José Martín Carpintero dijo que los 
Médicos cobraban por visita 4 reales de plata; Don 
Antonio Meléndez de Arjona y el Dr. Victoriano 
Ronderos, abogado de la Real Audiencia, dijeron lo 
mismo. Para resolver la petición del Síndico Pro- 
curador de fijarles tarifa á los Médicos, pidióse in- 
forme á Honorato de Vila, á Miguel de Isla y á Se- 
bastián López. Vila dijo que á su llegada á Santafé 
en 1793 no había tarifa y que él había fijado la si- 
guiente: 4 reales por visita á los pudientes; á los po- 
bres la mitad, y nada á los de solemnidad; por la 
noche el doble, según el Arancel del Protomedicato 
de Barcelona; y 4 pesos por consulta. Sebastián Ló- 
pez Ruiz se opuso en largo y erudito alegato. Don 
Ignacio Duran, qne era Médico transeúnte, no se 
mezcló en el litigio. D. Diego Martín Tanco dijo que 
en España se pagaban 4 reales de vellón por cada 
visita y en la Habana 4 reales de plata de América, 
y lo mismo en Cartagena. D. Carlos Manuel de 
Ledezma, dijo que en Cádiz se pagaba 4 reales de 
vellón por visita, y el doble por la noche, y un do- 
blón por cada junta; en Cartagena, Mompox, Tolú 
y otros parajes, 4 reales de moneda americana. 

Sea porque conociese que antes de esta contro- 
versia la Real Audiencia había fallado dos pleitos 



— no — 

sobre honorarios médicos contra lo pedido por eí 
Fiscal; sea que creyese que no era asunto en que la 
Autoridad debiera intervenir, ó sea que su mansa 
condición le retrajese de tales embrollos, Mutis — 1 
quien se pasó el expediente para que informase — no- 
dio dictamen; y parece que el asunto no prosperó.. 
Existe en el copiosísimo archivo de Mutis una 
Memoria para la curación de las enfermedades rei> 
nantes en el Darién, especialmente sobre el sistema 
de curar las fiebres con el uso de la Quina. En 24. 
de Octubre de 1801 le decía Mutis al Virrey Mendi- 
nueta que, «aunque á costa de la .propia humilla- 
ción» no debía ocultarle los saludables efectos que 
estaba produciendo la publicación de la Quinología 
de Santafé. «En efecto — proseguía — el Dr. Clarke,. 
Médico de Filadelfia, ha empleado la Quina blanca 
de Santafé en la terrible epidemia de la fiebre ama^ 
rilla con tan feliz suceso, que asegura en el tratado- 
publicado sobre este descubrimiento haber sido este 
el único remedio con que ha curado dicha enferme- 
dad en los Estados Unidos, interesando esta noticia 
al bien de la humanidad, por si llega el caso de 
prender en nuestras costas semejante fuego, como 
prendió en España; y también para extenderla apli- 
cación dé este poderoso auxilio en otras epidemias 
análogas, como se insinúa en la mencionada Qtiinologia, 
seria muy conveniente que se propagase este inpor- 
tante aviso. Animados nuestros Médicos á imitar el 
celo del sabio profesor de Filadelfia podran hacer 
sus observaciones según las nuevas luces que sumi- 



— III — 

nistra la Quinologia de Santafé en crédito de su pro- 
fesión y beneficio de la humanidad». 

Del descubrimiento de Mutis se habló en El Co- 
rreo Mercantil, El Semanario de Agricultura y Artes, El 
Mercurio Peruano y La Gaceta de Méjico, La Miscelánea 
Instructiva y El Diario de Madrid, Este último de- 
cía en 13 de Septiembre de 1800 que las cuatro es- 
pecies de Quina conocidas con los nombres de na- 
ranjada, roja, amarilla, blanca, «sirven para diferen- 
tes calenturas y enfermedades según ha acreditado 
la experiencia y práctica de 36 años del sabio Mé- 
dico y Botánico de Santafé de Bogotá el Dr. D. José 
Celestino Mutis^ autor de la historia natural y Flora 
de aquel Reino aun inédita, que ha examinado y 
reconocido por sí mismo los árboles, sus virtudes y 
diferencias», Con este solo descubrimiento tenía 
Mutis bastante para su gloria é inmortalidad. 

Existe también en el mismo archivo el discurso 
que en 26 de Noviembre de 1796 escribió Mutis en 
favor de la vacuna, cuya frase final dice de esta 
suerte: «Por todo lo expuesto hasta aquí con la 
brevedad posible se ha procurado manifestar los 
poderosos motivos que se tuvieron presentes para 
poder asegurar al principio de este discurso haber 
triunfado ya en la buena causa de la inoculación la 
razón, la experiencia, la política y la religión.» 

La Expedición encargada de la propagación de la 
vacuna en el Nuevo Reino de Granada, fué muy 
bien recibida por autoridades civiles y eclesiásticas 
y pueblos en su jira benéfica de Cartagena á Santa- 



112 



fé. A su paso por Nare, á orillas del río de la Magda- 
lena, salió á su encuentro D. Juan. Carrasquilla, co- 
merciante de la villa de Medellín, con tres hijos su- 
yos pequeñuelos, á quienes hizo vacunar con el ob- 
jeto de aprender á ejecutar la operación, y se llegó á 
asegurar que había vacunado á más de seis mil per- 
sonas. De un informe de su jefe tomamos lo si- 
guiente: «Es general el obsequio que recibe la Ex- 
pedición desde que tuvo la dicha de llegar á este 
Reino: en todas partes es recibida por sus Justicias, 
Cabildos ó diputados y por los principales, procu- 
rando á competencia insinuarse con las más vivas 
demostraciones, de modo que en los lugares en que 
ha hecho mansión ha sido mantenida á expensas del 
ramo de propios. Poco ó nada ha tenido que per- 
suadirles acerca de la eficacia de este prodigioso es- 
pecífico, por ser grande el entusiasmo que reina á 
favor de él, y de su perpetua conservación, y mayor 
el contento y satisfacción que se tiene en verse pro- 
pietarios del más apreciable bien que podía dispen- 
sar nuestro piadoso Soberano á estos sus leales va- 
sallos, por cuyo motivo no dejan de rogar incesan- 
temente al Todopoderoso por su muy importante 
salud y demás Reales Personas». 

El Plan de Estudios Médicos es un documento 
que hace mucho honor á Mutis, así por los conoci- 
mientos que revela como por cierta sagacidad pe- 
dagógica que muestra en algunos pasajes. 

Rompe así: 

«Queriendo manifestar el sabio autor del Plan de 



— 113 — 

Sevilla la deplorable y pésima enseñanza de los es- 
tudios médicos de aquella Universidad á imitación 
de todas las del Reino, y proponer la necesidad de 
su urgentísima reforma hizo su introducción con 
este sencillo razonamiento: «Si el Medico debe em- 
pezar por donde acaba el Fisico, es consiguiente 
que al estudio de la Filosofía suceda el de la Medi- 
cina. Esta ha padecido el mismo mal que las demás 
Ciencias, aunque con mayor perjuicio de la humani- 
dad». Y para manifestar la necesidad que hay de des- 
terrar el método hasta aqui seguido, sin afrentar á 
nuestros mayores con la historia de sus desvarios, 
bastará la sencilla narración del curso de Medicina, 
que se estudiaba en esta Universidad. 

• ¡Cuatro Catedráticos con los nombres de Prima, 
Vispemétodo y Anatomia concurrían en distintas 
horas á explicar cada uno á los Discípulos la ma- 
teria que le parecía, por el Bravo ó el Enríquez 
según su voluntad y Escuela, uno de estos autores 
acomodado al sistema tomista y otro al surista. Po- 
cas horas y cuestiones llenaban el año: pues entre 
vacaciones y días feriados apenas llegaban á setenta 
los de clase; y con tres años de esta aplicación y una 
cuestión que dictaba el Catedrático de Prima en los 
ocho dias después de Concepción, á que llamaban 
Cunsate, y se cuenta por año, se daban por cumpli- 
dos los cuatro precisos del Estatuto. Con estos y dos 
de practicas al lado de cualquiera Medico por algún 
rato al dia, de quien tomaba la correspondiente cali- 
ficación de este ejercicio, tenia el estudiante todos 
los documentos necesarios para su revalida; y solo 
con el tema del examen que debia sufrir para obte- 
nerla, se aplicaba á estudiar alguno de los prontua- 
rios que hay escritos á este fin: mediante lo cual sa-, 



— 114 — 

lía con ella á ejercer su Facultad sin entenderla, con 
irreparable detrimento de las gentes. Tal cual dotado 
de extraordinario ingenio solia, á pesar de este mal 
método, formarse sobre los libros, pero á éste leerá 
no solamente inútil lo que habia estudiado de Medi- 
cina, sino también le estorbaba un poco para seguir 
el verdadero camino. Es necesaria muy poca refle- 
xión para reconocer la extravagancia de este mé- 
todo! » 

* ¡Que pintura — prosigue Mutis — tan horrible como 
verdadera del infeliz estado á que habia declinado la 
enseñanza de una ciencia cuyos Profesores están 
destinados al alivio y consuelo de la humanidad! ¡Y 
que juicio hubiera formado el mismo contraponien- 
do aquel espantoso cuadro al más horroroso bos- 
quejo de lo sucedido en una sola Cátedra en todo 
este vasto Reino! Dejando ya en olvido la suerte in- 
feliz que le ha tocado en el dilatado curso de más de 
dos siglos, se lisonjea la capital con las próximas y 
bien fundadas esperanzas de la creación de las Cá- 
tedras de Medicina y demás ciencias subalternas, á 
imitación de los ventajosos establecimientos hechos 
en España por la benéfica Real Protección no solo 
erigiendo los tres Colegios de Cirugía y últimamen- 
te el de Medicina, sino también mejorando la ense- 
ñanza de las Universidades. Siguiendo las mismas 
huellas se ha procurado arreglar el Plan de estos 
estudios á las felices proporciones del pais, adaptan- 
dolo después en lo posible al restablecimiento de su 
actual única Cátedra de Medicina». 

Conforme al plan de Mutis el estudio debía durar 
cinco años para los cursos académicos y tres para la 
práctica de hospital. Concluidos los primeros recibi- 



— 115 — 

rían los estudiantes sus grados, que se revalidarían 
después de los tres de práctica. 

Sobre los estudios preparatorios decía: 

«La suficiente instrucción en el idioma latino y 
algún conocimiento del griego, la filosofía racional 
que incluye la Lógica y Etica se han considerado 
sienpre como necesarios para cualquiera Facultad 
mayor. La inteligencia de las lenguas vivas inglesa^ 
italiana y principalmente la francesa, que sirve de 
coronamiento á cualquiera literato, seria inconpa- 
rablemente más útil al Medico por hallarse publica- 
dos en ellas los progresos más recientes de la Medi- 
cina y de las otras ciencias naturales sus auxi- 
liares.» 



Pedía, en consecuencia, «el estudio previo de la 
Filosofía natural que comprende las ciencias mate- 
máticas y físicas. Al Medico que careciera de esta ne- 
cesaria instrucción le seria imposible penetrar los 
profundos arcanos que ocultan las funciones de la 
economía animal ni comprender en lo posible los 
admirables designios á que se dirigen la organización 
y mecanismo de la mejor maquina del Universo, 
cual es el hombre^ para cuya inteligencia y aplica- 
ción se ha reclamado tanbien el auxilio de estas 
ciencias.» 

Dividía los cursos así: 

«I.* Facultad: Anatomía, operaciones de cirugía, 
arte obstetricia y demás ramos prácticos de esta 
ciencia. 



— ii6 — 

2.* Facultad de Fitología, ó primera parte de las 
instituciones medicas. 

3.* Facultad de las cuatro restantes partes de las 
instituciones que sirven de introducción á la historia 
de las enfermedades, cuya enseñanza teórica perte- 
nece á esta Cátedra. 

4.* Facultad de doctrina hipocratica. 

5." Facultad de Clinica ó estudio practico de las 
enfermedades en el Hospital. 

6.» Facultad de Matemáticas. 

7.* Facultad de Física experimental. 

8.* Facultad de Historia Natural. 

9.* Facultad de Química.» 

Las cuatro últimas son las auxiliares. «Es impo- 
sible reducir á menos numero de Cátedras la ense- 
ñanza medica si se trata seriamente de formar dis- 
cípulos que puedan titularse verdaderos Médicos y 
desenpeñar los gravísimos cargos de su profesión 
en beneficio de los pueblos.» 

El tiempo de la enseñanza durante el año escolar 
de nueve meses, lo compartía en dos espacios des- 
iguales de tres horas por la mañana y dos por la 
tarde. En el primer año debían los alumnos concu- 
rrir á la Cátedra de Anatomía y de Historia natural. 
En el segundo, á la de Fisiología y á la de Historia 
natural. En el tercero, á la de Patología y á la mis- 
ma de Historia natural. En el cuarto, á la de doctri- 
na hipocratica y de Químñca. En el quinto, á las mis- 
mas del año anterior. Concluidos los cinco años aca- 
démicos, seguirían los tres de práctica del Hospital, 



— 117 — 

adonde concurrirían con sus catedráticos á oir las 
lecciones clínicas, visitando á los enfermos desde las 
siete á las nueve de la mañana, y en los casos de 
importancia de cinco á seis de la tarde. 

Explica la manera cómo debe enseñarse la Ana- 
tomía, y agrega: «La universal aceptación que ha 
merecido el compendio anatómico de Heister tanto 
en las Universidades extranjeras desde el momento 
de su publicación, como en las nuestras desde la 
reforma general de sus estudios, ha decidido su 
elección. El método, claridad y reunión de lo mas 
selecto, y la circunstancia del idioma latino, cuyo 
uso se ha observado generalmente desde su origen 
en todas las Universidades les han dado la preferen- 
cia á todos los conpendios posteriormente publica- 
dos en lenguas vulgares. No hay duda, que aunque 
contiene lo mas esencial para los principiantes, carece 
de algunos descubrimientos posteriores sin embargo 
de haber añadido muchos en sus notas ; pero no 
siendo esas finuras anatómicas tan interesantes al 
estudiante del primer año, le pertenece al catedrá- 
tico explanarlas en los cursos siguientes valiéndose 
délos autores mas aplaudidos, pero especialmente 
del Winslow por ser la obra más acreditada entre 
todas las naciones.» 

Concluido el estudio de la Anatomía seguía la en- 
señanza de Cirugía. «Por la notoria necesidad — 
dice — que sufre la capital y demás poblaciones del 
Reino de Cirujanos instruidos se ha introducido la 
costunbre de entregarse los enfermos á honbres y 



— ii8 — 

mujeres con el oficio de sobanderos y pegaparches; 
de cuya rudeza y groseras maniobras experimenta la 
humanidad desgracias muy fatales. Semejantemen- 
te sucede que los mancebos de barberias y boticas, 
sin instrucción alguna, comienzan á ejercitar la ciru- 
gía, y con el tiempo llegan á parar en Médicos. De 
esta ultima clase de gentes se podra sacar algún 
partido mejorando su infeliz suerte; porque substi- 
tuyéndolos por medio de una proporcionada ense- 
ñanza á los enpiricos se podrá ir formando la pro- 
fesión de cirujanos romancistas, legítimamente apro- 
bados con sus títulos correspondientes. Cuanta deba 
ser la diferencia entre estos y los latinos se adverti- 
rá por la diversa instrucción entre ambas clases; 
pero aun á pesar de esta diferencia serán incalcula- 
bles por ahora los bienes que resultaran de seme- 
jante establecimiento, especialmente á la numerosa 
plebe indigente, hasta que la experiencia los mani- 
fieste luego que se vayan esparciendo por la capital 
y todo el Reino». 

El Plan de estudios de Medicina que aparece for- 
mado por el Rector del Colegio del Rosario y por el 
Padre Isla, fué preparado por éste según las notas 
de Mutis y el cambio de puntos de vista que tuvie- 
ron en varias conferencias. 

La nota que Mutis dio á Isla decía: 

«Los Estudios de Medicina teórica se reducen á 
cinco cursos escolares en la forma siguiente: 

El primer año destinado á la anatomia teórica en 
el Colegio, y á la practica en el Hospital. 



— 119 — 

El segundo á las instituciones medicas* 

El tercero á la patología general y particular. 

El quarto y quinto á la doctrina hipocratica. Con- 
•cluidos los cinco años quedan habilitados los Estu- 
diantes para recibir los grados de su facultad. — Los 
estudios prácticos del Hospital se reducen á tres 
años; y concluidos quedan formados los Médicos 
para recibir su revalidación y licencia de curar. 

Los cirujanos romancistas harán sus estudios teó- 
ricos y prácticos en el hospital. Se reducen á tres 
años. 

El primero destinado á la anatomía. 

El segundo á las instituciones quirúrgicas. 

El tercero al estudio practico de operaciones. 
Concluidos los tres años podrán ser admitidos al 
examen y obtener la licencia de curar. El orden de 
tratados y Autores escogidos para la enseñanza que- 
dan señalados en el Plan de Estudios que se está 
formando para su aprobación. Por ahora sera Boer- 
haave. — José Celestino Mutis». 

Y el plan provisional para 1802 en el colegio del 
Rosario formado por el Rector y el Catedrático 
decía: 

«Siendo tan necesario al Medico el conocimiento 
de la Naturaleza, que enseña la verdadera fisica, 
ningún Estudiante entrará á cursar la Medicina sin 
aver hecho antes, y estar aprobado en el curso de 
fisica moderna, y manifestar que posee los conoci- 
mientos elementales de la Mecánica, Estática é Hi- 
dráulica y el modo de inquirir sus leyes. — La Quí- 
mica es una secuela de la fisica; pero ésta junto con 
la Farmacia y Botánica se estudiarán en el tiempo 



I20 

de Pasantía. — La Anatomía es una parte precisa é 
indispensable al Medico para conocer el cuerpo hu- 
mano. Por jsl estudio de esta se comenzará el Curso 
y servirá para ello el compendio anatómico de Lau- 
rencio Hister que escribió é ilustró él mismo en la- 
tín... Se dedicará un día en cada semana, y será el 
jueves, á la practica de estos conocimientos, hacien- 
do en el hospital disección anatómica á presencia de 
todos los discípulos de aquella parte ó partes cuyo 
conocimiento teórico se hubiera estudiado en las an» 
tecedentes lecciones, explicándose con particulari- 
dad, por el Catedrático la alteración que tienen en 
el cadáver y la economía de sus oficios. Concluido 
el primer año se examinarán de todo lo estudiado 
en él, demostrando en las tablas anatómicas el sitio,, 
magnitud, conexión y uso de las partes que se les 
preguntasen. — En el segundo año se estudiará la 
Fisiología, ó tratado de la Economía animal por las 
instituciones medicas de Hermán Boerhaave y to- 
mando los cursantes de memoria los aforismos de 
ellas, y explicándolos el Catedrático por las prelec- 
cienes del mismc Autor, dispuestas por Alberto Ha- 
11er y por la Fisiología magna del mismo Plaller. 
Concluido este año se examinarán en la misma for- 
ma que se dijo en el primero. 

Tercer año. En este se estudiará la Patología, ó 
tratado de Morhis del mismo Boerhaave, que es ya 
la Medicina practica, cuyo primer paso es el cono- 
cimiento general de las enfermedades; sus diferen- 
cias sinptomas y farignosticas, y se divide en Nosolo- 
gía^ que es la descripción de los males: EHologia, 
que es la diferencia de ellas; Sinptomatologia, ó na- 
rración de sus sinptomas; y Semiótica^ que son los 
signos asi generales como particulares, deducidos 



del pulso, respiración. Cuando ya se hallen instrui- 
dos en lo dicho, será muy conveniente que asistan- 
con el Catedrático á la visita de algunos enfermos 
del hospital, para que alli observen prácticamente 
las doctrinas que se les han dictado. — Después del 
estudio que se ha dicho del tratado de Morbis, se es- 
tudiarán los de Sanitate tuenda, et metJiodo medenii del 
mismo autor. — Concluido este año, examinados y 
aprobados, pasarán al quarto. 

Cuarto año. En este año se estudiarán las obras 
de Hypocrates que cupieren por el orden de su bon^ 
dad y utilidad, dando principio por los aforismos de 
este autor, cuyas máximas ó sentencias se extienden 
á toda la Medicina, y fueron el fruto de las observa- 
ciones y aplicación de este principio de la facultad, 
y han de ser los cimientos sobre que ha de fundar 
su edificio el Medico./ Estos se estudiarán por el co- 
mento de Andrés Parta, y el Catedrático los expli- 
cará por Juan Gorter. Los cursantes tomarán los 
aforismos de memoria. Después se estudiará el libro 
Aere Locis et Aquis del mismo autor. — Al mismo 
tiempo se estudiara la parte Meteorológica de Santafé 
(ó del lugar donde se haya de ejercer la Medicina). 
Este sera un tratado dictado por ahora por el Cate- 
drático de la situación topográfica del lugar, varia- 
ciones de la atmosfera, vientos, aguas y alimentos. 
Concluido lo dicho, si queda lugar, se podrán estu- 
diar con mucha utilidad los libros ó tratadillos del 
mismo autor, siguientes: Praenotiojmm, Praedictio- 
num, Coacae pvaenotiones , de niorbis virginum, de morbis 
miilievum, de morbis popularibus, de victns ratione in 
actitis morbis, de vulneribus Capitis, según la oportu- 
nidad] y como mejor parezca al Catedrático. Con- 
cluido este año se examinarán como ya se ha dichc 



— 122 — 

Quinto año. En este se estudiará el libro viribus 
medí camentor uní de Boerhaave y su materia medica, 
a'ñadiendo lo que de nuevo contenga la de Murray y 
de Cullen. Se estudiarán los principios elementales 
de Química por Lavoisier, ó Chaptal, añadiendo lo 
que trate nuevamente Foucroy por lo tocante á la 
aplicación de esta ciencia á la Medicina. Tanbien se 
estudiarán los elementos de Botánica por el curso 
que de ella escribieron D. Casimiro Ortega y Don 
Antonio Palau, Catedráticos del Real Jardin Botá- 
nico de Madrid. Este estudio debe juntarse con el 
año de Pasantia. Concluido esto puede el Estudian- 
te recibir el grado de Bachiller y después pasar á 
practicar en el Hospital tres años. La Pasantia de 
que aqui se hace mención se reduce su exercicio á 
repasar los cursantes, y ayudar al catedrático en las 
funciones que señalare. — El que no se hallare capaz 
de hacer el transito se quedará en la misma clase 
para volver á ser examinado en el año siguiente, 
pero si permanece en la misma incapacidad será 
preciso despedirlo de la facultad en que no ha apro- 
vechado, por deberse considerar como inepto para 
la carrera por falta de talento ó aplicación. = Pf¿7¿;/¿- 
ca. Esta se reduce á concurrir diariamente á la visi- 
ta de los enfermos del hospital que practique un 
Medico aprobado y bajo de su dirección. Debe el 
practicante llevar apunte exacto de cada enferme- 
dad que observare, añadiendo el éxito, y lo que se 
hubiese observado en los cadáveres, los yerros co- 
metidos ó por el enfermo ó por los asistentes, ó 
por otra cualquiera via; de modo que al fin de su 
practica pueda tener una historia de las enfermeda- 
des mas comunes del pais, de donde poder deducir 
muchas reglas útilísimas para el conocimiento y cu- 



— 123 — 

ración de ellas. Durante este tiempo podra el prac- 
ticante con gran provecho suyo estudiar los aforis- 
mos prácticos de Boerhaave de cognoscendis et cuvandis 
morbiSj comentados por Wanswieten, como que son 
los que le podrán guiar á una practica racional y al 
mejor desempeño de su comisión. Podrá con el mis- 
mo fin leer frequentemente á Sydenham, á Hoffman, 
CuUen, Morton, Gorter su practica, Quarin, Haen y 
particularmente á Ramazini sobre las enfermedades 
de los artífices, 3' á Tizot sobre las enfermedades 
particulares de la gente de Corte, de los literatos y 
otras. El Diccionario grande de Medicina llamado 
de James, y las Memorias de la facultad medica de 
Paris, son obras exquisitas entre nosotros y costo- 
sas, pero mui útiles á un Medico. Finalmente las 
nuevas observaciones y especiales doctrinas que con- 
tienen las obras modernas, hace indispensable su 
lección; la qual dirigida por las reglas de una sana 
critica ayudarán mucho á formar el gusto medico. 
Cinigía. Este arte no debe separarse de la Medicina 
aunque su objeto es la curación de las enfermedades 
externas. El Practicante constituido ya en el estado 
á que le hemos conducido tomará de memoria los 
aforismos de Cirugía de Boerhaave, que comienzan 
desde el número 107 de su practica hasta el 557, im- 
poniéndose bien en el comento que de ellos da 
Wanswieten, y lo que á ellos se ha añadido en la 
traducción castellana que oy tenemos. También 
leerá las operaciones de Cirugía por Heister, y la 
Cirugia expurgada de Gorter en los casos que ocu- 
rran. Como la curación manual de las enfermedades 
Quirúrgicas se practica todos los dias en el hospital 
antes ó después inmediatamente á la visita del Me- 
dico, asistirá á esta procurando executar por su pro- 



— 124 — 

pia mano la aplicación de los enfermos que ordena- 
re el Cirujano, y las operaciones que necesitan ma- 
nejo expedito de los instrumentos á fin de adquirir 
aquella intrepidez y destreza tan necesaria á un Me- 
dico completo, y de lo que le será siempre mui ver- 
gonzoso el carecer. — Habiendo concluido el Estu- 
diante los tres años de practica en el hospital bajo la 
dirección del Medico titular* de él, ó de otro legíti- 
mamente aprobado, logradas las correspondientes 
certificaciones dadas por dicho Medico, en que se 
acredite la practica dicha; y obtenidas certificacio- 
nes de examenes de Química y Botánica y de com- 
pleta instrucción en la Farmacia y arte de rezetar, 
se presentará al Superior Govierno pidiéndola reva- 
lida ó declaración de Medico aprobado; con la qual 
puede exercitar licitamente la facultad, y obtener el 
grado de Doctor. 

Cirujanos romancistas. Se admitirán en esta clase á 
todos los que lo soliciten, con tal de que sean de cos- 
tumbres y porte decentes. Su curso durará cinco 
años, dos de teórica y tres de practica en el hospi- 
tal. El primer año estudiarán la Anatomía por Mar- 
tínez, dando la conferencia y oyendo la explicación 
que hiciere el Pasante de Medicina. Al fin del año 
se examinarán en la misma forma que se dijo tra- 
tando de los examenes de medicina. Concurrirán á 
todas las disecciones anatómicas en el hospital. — El 
segundo año estudiarán la Cirugía de Gorter en 
castellano, tomando de memoria todo lo que el pa- 
sante considerase necesario, y al fin se examinarán 
de toda la Anatomía y partes principales de la Ci- 
rugía, y lograda la competente aprobación por es- 
crito, pasarán á practicar en las salas de Cirugía 
del hospital bajo la dirección del Medico y Cirujano 



— 125 — 

<ie él". Esta practica ha de durar tres años. Conclui- 
dos estos se presentarán á examen ante el Protome- 
dicato, y lograda la aprobación y con las licencias 
y título correspondiente de tal Cirujano romancista 
podra exercer lícitamente su facultad. 
Santafe Mayo 25 de 1804. 

Miguel de Isla.» 



El Rector del Colegio del Rosario D. Andrés Ro- 
sillo y Meruelo pasó este Plan al Virrey, el cual 
plan iba conforme al apunte de Mutis, con el objeto 
de que lo aprobara. — El Fiscal Director de Estudios 
Manuel Martínez Mansilla fué de concepto que se 
aprobara y pasara á Mutis para las reformas, adi- 
ciones ó ilustraciones que estimara oportunas. El 5 
de Septiembre de 1804 fue aprobado y pasado á 
Mutis; éste dijo: 



«ExcMO. Señor: 

El Plan provisional para los estudios de Medicina 
que me ordena V. E. reconocer, lo hallo arreglado 
no solamente á la distribución general de los cursos 
teóricos y prácticos que di por escrito al Catedráti- 
co, sino tanbien á los puntos conferenciados en nues- 
tras juntas particulares sobre la elección de Auto- 
res de Medicina y demás ramos auxiliares que debe- 
rían suministrárseles oportunamente á los cursantes 
según las limitadas facultades del Restablecimiento 
de una sola cátedra en las circunstancias presentes. 
Semejante plan solo puede regir ó por la esperanza 



— 126 — 

de un conpleto restablecimiento de cátedras, 6 
mientras persevere por algún tiempo la constancia 
del actual catedrático sin el aliciente de la dotación 
conpetente, y sin el auxilio de los demás maestros,, 
que le hagan soportable el peso que se ha echado 
sobre si para llenar de algún modo el hueco de todos 
ellos. Estos son absolutamente necesarios para la 
perfecta enseñanza de una ciencia tan espinosa y 
conplicada con otros ramos subalternos, á imitación 
de lo establecido en las Universidades y Colegios de 
Cirugía de España, como igualmente lo desea el 
Rey para el alivio de sus vasallos en estos dominios; 
y lo tengo informado extensamente en el expedien- 
te que va circulando por los respectivos tribunales á 
consecuencia de la Real Cédula de i6 de Octubre 
de 1798. A continuación del referido informe ofreci 
explanar, y tengo casi concluido, el plan general 
que deberla gobernar en el establecimiento de todas 
sus cátedras, sin las quales es absolutamente inposi- 
ble formar profesores instruidos; de modo que en 
caso de no adoptarse aquel pensamiento, y en ei 
desgraciado de subsistir sienpre regentada en lo su- 
cesivo una sola cátedra por alguno de los discípulos 
actuales aspirante al honor de titularse Catedrático, 
tengo por cierto que se vuelven ilusorias las benéfi- 
cas intenciones del Soberano, perpetuándose la falta 
de Médicos y Cirujanos instruidos en todo el Reyno, 
cuya indigencia excitó los clamores que llegaron al 
trono y motivaron la citada Real Cédula. Asi lo ha 
manifestado la experiencia de siglo y medio con la 
única cátedra de su primitiva institución regentada 
á larguísimos intervalos, y sin haber producido no 
solo un suficiente numero de Médicos para las nece- 
sidades de la Capital, pero ni de sujetos capaces de 



127 — 

obtener sin interrupción el honor de Catedrático. Es 
muy notorio el desenpeño con que lleva su enseñan- 
za el actual Catedrático; pero tanbien será factible 
que quando ó fallecido vuelva á suceder la serie des- 
graciada de las anteriores interrupciones; y mucho 
mas cierto que faltará la concurrencia de jóvenes 
desanimados á seguir esta carrera por falta de Maes- 
tros, sin los quales no se puede dar principio á los 
cursos anuales. Asi lo tengo expuesto en otro infor- 
me; y asi lo repito en este para que V. E. se sirva 
meditarlo, y exponer lo mas conveniente á S. M. en 
el informe pedido y reclamado para proceder á las 
providencias de un establecimiento tan urgente y 
necesario para la felicidad publica de todo este afli- 
gido Reyno. 

Santafé 6 de Mayo de 1805.» 



IX 



El Papa Paulo V dio al convento de Santo Do- 
mingo de Santa Fe la facultad de conferir grados,, 
con limitación al caso de erigirse Universidad públi- 
ca. Los frailes se titulaban á sí mismos Universidad^ 
y ejercían de una manera arbitraria la facultad que 
se les había concedido. 

No era este convento un factor de cultura en la 
Colonia; y si lo mencionamos es solo para dar cuen- 
ta de la controversia con Mutis sobre el sistema de 
Copérnico. 



— 128 — 

Turbó, ciertamente, la quietud de los indolentes 
habitantes de Santa Fe la novedad de las doctrinas 
que sustentaba Mutis en la Cátedra de Matemáticas 
del Colegio del Rosario. Los padres dominicos fue- 
ron los que movieron el escándalo, no tanto por la 
tesis que sostenía Mutis, cuanto por espíritu de riva- 
lidad: todo lo que diera prestigio al Colegio del Ro- 
sario socababa los cimientos de la Universidad do- 
minica. 

Mutis, aparentemente, fué para el convento un 
revolucionario, y era necesario cortarle Jas alas. Sos- 
tenían los dominicos que la doctrina que defendía 
Mutis era contraria á la religión católica; éste les 
replicaba: «Para tratar esta cuestión con aquel noble 
desembarazo que debe reinar en las disputas filosó- 
ficas, y la modesta ingenuidad que acompaña siem- 
pre al amor de la verdad, es necesario tocar algunos 
puntos, que podría excitar ciertos escrúpulos, bien 
fundados en otro tiempo. Pero la sabia y respetable 
cordura con que ya se tolera disputar abiertamente 
en el siglo más ilustrado, permite no solamente pro- 
poner todas las razones á favor y en contra de los 
dos sistemas florecientes, sino tanbien defender 
como hipótesis el sistema prohibido . » Ponderaba 
luego el método de la observación y la experiencia, 
y proseguía: «Si los Astrónomos se hubieran con- 
tentado con recoger y ordenar todas las observacio- 
nes hasta hallarse con el numero suficiente para la 
formación de un sistema solido fundado todo en la 
experiencia, se podrian haber evitado las ruidosas 



— 129 -~ 

disputas que se han seguido.» A los oídos de los 
buenos frailes dominicos no sonarían muy bien las 
siguientes palabras de la exposición de Mutis: «Po- 
dría decir que la sabia y respetable conducta de la 
Iglesia Romana en la prohibición del sistema Co- 
pernicano se manifestó entonces tan suave como 
acostunbra cediendo á las instancias de los podero- 
sos perseguidores, pero con la reserva de levantar 
la prohibición si los copernicanos mejorasen su cau- 
sa. Y viendo la Iglesia que el universal consenti- 
miento de los Astrónomos se ha declarado en favor 
de Copernico, se ha dignado relajar su prohibición 
mandando expresamente que pueda defenderse como 
una suposición probable: testimonio de que no hay 
muchos ejemplares en las prohibiciones eclesiásticas, 
y el más autentico á favor del sistema Copernicano: 
pues manifiesta con esto la Iglesia Romana que no 
es de tanto valor como se pensaba aquella repug- 
nancia del sistema con las expresiones sagradas que 
se alegan.» Hacía reflexiones contra el sistema Ty- 
chónico: sentaba la proposición de que la tierra se 
movía alrededor del sol, y entraba á demostrarla, y á 
renglón seguido sostenía que el sistema de Coperni- 
co en nada se oponía á las Sagradas Escrituras. Con- 
cluía sus observaciones con estas palabras: «Si el 
amor de la verdad me ha detenido más de lo que era 
justo manifestando mi inclinación al sistema Coper- 
nicano, razón será ya concluir celebrando la feliz 
época en que vemos renacer la Filosofía natural en 
este Reino. Ya volvemos á ver renovados con este 



— I30 — 

Colegio los esfuerzos con que el V. P. Joseph Da- 
dey, uno de sus primeros fundadores, procuraba 
inspirar á los jóvenes el gusto de las Matemáticas. 
Podemos esperar qu?, animada la juventud con tan 
lucido ejemplo, se entregará desde hoy al estudio de 
las Ciencias Naturales, en que, á imitación de sus 
compatricios de Lima y Méjico, competirán entre si 
los ingenios americanos, dando motivos para recelar 
si las Musas europeas intentan alguna vez para me- 
jorar de fortuna fijar su trono en el dilatado imperio 
de la America.» 



X 



Uno de los grandes servicios prestados por Mutis 
á la Nueva Granada, fué la construcción del Obser- 
vatorio Astronómico. Hizo él los planos, que inter- 
pretó el padre capuchino Petrés. Publicó Caldas en 
el Semanario una descripción del Observatorio. Tiene 
este edificio la figura de una torre octógona, y está 
compuesto de tres cuerpos, con una altura total de 
56 pies de rey. Su posición geográfica, según Caldas, 
es 4°, 36', 6" N. y su longitud, conforme á los ensa- 
yos del mismo, sitúan su meridiano á 4 hor. 32' 14" 
al O. del de la Isla de León; su altura sobre el nivel 
del Océano es de 1.352 toesas (3.156,3 varas de Bur- 
gos). Se principió su construcción el 24 de Mayo de 
1802 y se terminó el 20 de Agosto de 1803. 



— 131 — 

Por muchas vicisitudes ha pasado el Observatorio 
de Bogotá. En el período corrido desde que Caldas 
lo dirigió hasta la época actual, en que es su Jefe el 
eminente astrónomo Doctor Julio Garavito, ¡qué 
contrastes! Al estallar la revolución de la Inde- 
pendencia, Caldas se consagró á luchar por la pa- 
tria, 3^ abandonó, ó poco menos, sus estudios favo- 
ritos. Boussingault hizo en el Observatorio varios 
estudios por los años de 1823 y 1824. En 1837 fué 
nombrado Director D. Joaquín Acosta, autor de 
la reimpresión del Semanario y de una apreciable 
Historia de la Conquista y Colonización del Nuevo 
Reino de Granada. Le reemplazó á fines del mismo 
año D, Benedicto Domínguez, discípulo de Mutis y 
Caldas. A Domínguez siguió D. Francisco Javier 
Matis, discípulo de ]\Iutis. El General Tomás Ci- 
priano de Mosquera — uno de los grandes hombres 
de la América del Sur — llevó á la Nueva Granada 
al matemático francés Aimé Bergeron, y anexó el 
Observatorio á la Escuela IMilitar que fundó en su 
primera Administración. En 1859 se encargó del 
Observatorio D. José Cornelio Borda, y duró dos 
años en el desempeño de su cargo. De 1S62 á 1868 
fué su Director D. Indalecio Liévano. En este últi- 
mo año fué reemplazado por D. José María Gon- 
zález Benito. En 1872 ocupó su puesto D. Luis Lle- 
ras. En 1880 volvió á ser Director el Sr. González. 
A la muerte de éste fué nombrado Director el 
Sr. Garavito. 

Caldas trabajó en él hasta i8io. 



— 132 — 

De la cuenta presentada por D. Salvador Rizo 
aparece que en la construcción del edificio se gastó 
la suma de 13.815 pesos i ^/^ reales, cantidad que 
hubo de' pagar la mortuoria de Mutis por haber pro- 
cedido éste á construir el edificio sin autorización! 



XI 



A más de los esfuerzos de Mutis por el progreso 
de los estudios matemáticos en la Colonia y de lo 
que hizo en favor de la Medicina, es de justicia re- 
cordar sus trabajos por el adelanto de la Mineralo- 
gía, ciencia que llegó á conocer teórica y prác- 
ticamente en Pamplona é Ibagué cuando administró 
las minas de estas dos ciudades en nombre de las 
respectivas compañías. 

De la Junta formada por el Arzobispo Virrey á 
fines de 1784, á la que se había encargado el estudio 
de los medios más convenientes de beneficiar las 
minas de la Colonia, formó parte Mutis. «Desde el 
año de 67 — decíale al Arzobispo en su carta de acep- 
tación — conozco á fondo el trabajo de minas en el 
método americano. Por una especie de casualidad 
venturosa ó por la estrecha conexión que tenían con 
los objetos de mi Historia Natural todas las produc- 
ciones del reino mineral, vine cargado de los mejo- 
res libros de Mineralogía, Docimacia y Metalurgia. 



— 133 - 

Observé las operaciones de America, y á poco tiem- 
po conoci que no sólo no había método ni ciencia, 
sino tanbien que era incapaz de reducir á reglas 
científicas unas operaciones en que procedían á cie- 
gas los que se tenían por ■Maestros. La continuada 
experiencia de diez y ocho años me ha confirmado 
en los mismos pensamientos de aquel primer año, 
en que pensé abandonarlo todo y pasar á Suecia con 
el fin de instruirme en estas materias, si otras refle- 
xiones más serias no me lo hubieran inpedido.» 

El informe reservado que el Arzobispo Virrey 
dirigió al Soberano sobre la situación de atraso en 
que encontró la Colonia, fué redactado por Mutis. 
En ese informe reconocía el Virrey que una de las 
causas del atraso del Reino era el abandono en que 
yacían sus minas y otras riquezas naturales. A la sa- 
zón sólo se explotaban las de oro, cuyos productos 
eran inferiores á los que habían rendido el siglo an- 
terior, }'' unas pocas de cobre. Las de plata, de que 
tanto abundaba la Colonia, estaban abandonadas ó 
poco menos. Abundaban las de cobre, y se traba- 
jaban para surtir los mercados interiores de mu- 
chos utensilios domésticos y de estriberas, artículo 
de gran consumo. Sólo se introducían algunos obje- 
tos de cobre batido, importados de Veracruz. La 
explotación de estas minas se hacía empíricamen- 
te. Las de plomo no eran menos abundantes y ri- 
cas, pero su explotación era también muy imper- 
fecta. Rudo golpe había sufrido el beneficio de las 
minas de plata por causa de la supresión de las 



— 134 — 

mitas, tanto en Mariquita como en las que se explo- 
taban en la Montuosa y Betas de Pamplona. Los 
Gobiernos anteriores quisieron impulsar este ramo 
industrial: el de Pizarro trató de entenderse con una 
compañía que formaron cuatro casas acaudaladas 
del Reino, pero algunas condiciones que exigían le 
hicieron desistir de su propósito: el de Mesia de la 
Zerda no logró suerte mejor: los beneficiadores que 
á costa de la Real hacienda llevaron del Perú, eran 
sujetos ignorantes. El inconveniente que presentó 
la supresión de las mitas se hubiera subsanado si 
procedimientos más científicos se hubieran adopta- 
do; se beneficiaban las minas por medio del azogue, 
y no se había usado el método de fundición, como 
se practicaba por el mismo tiempo aun en las minas 
pobres de Suecia y Alemania. El beneficio de fundi- 
ción comenzaba por entonces á practicarse en Nueva 
España^ y los mineros del Perú querían establecerlo 
en sus empresas. Para favorecer la industria pro- 
ponía Mutis al Arzobispo Virrey que se llevaran 
dos sujetos inteligentes que enseñasen el sistema de 
fundición, que era el más natural, más sencillo y 
menos costoso, «Como en todo el mundo — decía en 
su reservada representación — los artesanos suelen 
carecer de los finos conocimientos del arte; y los su- 
jetos que los poseen con toda perfección no están 
dedicados al penoso trabajo y expedito manejo de la 
práctica, pareceria conveniente (supuesta la inpo- 
sibilidad de atraer á unos países tan extraños y re- 
motos un hombre consumado igual al Barón de Re- 



— 135 - 

■den, celebre Mineralogista que acaba de llevar la 
Inglaterra para un semejante Establecimiento), que 
«no de los dos fuese alguno de los muchos ensaya- 
dores instruidos en la Quimica Metalúrgica, en la 
Docimacia y Mineralogia, capaz de conferir estos 
conocimientos teóricos con algunos aficionados de 
por acá, para irlos propagando: y el otro fuese un 
puro y desembarazado practico de las fundiciones en 
grande. » Reconocía el Arzobispo que por el momento 
no era posible conseguirlos en España, por carecer 
la Península de escuelas de esta clase; y como el sis- 
tema de enviar jóvenes de la Colonia á que se ins- 
truyesen en los centros científicos le pareciera muy 
dilatado al Arzobispo, insistía en el envío de las dos 
personas competentes que pedía. «Ni la diversidad 
de religión que profesan — proseguía el Arzobispo — 
debe servir de obstáculo, siendo más regular que con 
el tiempo se reconciliarán con nuestra Religión, 
como sucedió al sueco Pedro Loeflin, Botánico de 
Su Magestad en la Expedición de limites. Y á la 
verdad no debemos temer que gentes de una ins- 
trucción puramente artesana formen aquí prosélitos 
en su Religión.» No debía ser obstáculo á la acepta- 
ción de sus ideas el perjuicio que se decía sufriría la 
Real Hacienda con el no consumo de los azogues, 
tanto porque éstos no se usaban por entonces como 
lo probaba el depósito de ellos en los almacenes de 
Mariquita, y el hecho más importante de que el Rey 
quedaba defraudado de los quintos reales con la no 
explotación de las minas por ninguno de los métodos 



- 136 - 

conocidos. Pedía asimismo que se remitiese á la Co- 
lonia el Laboratorio portátil de Cronster con todos 
los ácidos necesarios para ensayar los Minerales por 
los dos métodos que llamaban en la Docimacia la 
vía seca y la vía húmeda, con la obra del autor y 
las instrucciones necesarias. 

En este informe reservado, que tiene fecha de 15 
de Octubre de 1782, se ven el buen consejo y la ins- 
trucción de Mutis. 

El pensamiento de éste y del Arzobispo Virrey 
fué del agrado del Soberano: «S. M. no sólo se dig- 
nó aprobar el pensamiento, sino que mandó que de 
la Real Hacienda se diesen todos los auxilios nece- 
sarios á D. Juan José D'Elhuyar, que, después de 
haber estado en muchas minas de Alemania, venía 
con el título de Director de Minas á entablar el de- 
seado método de fundición (i). 

En tiempo de Ezpeleta fueron comisionados Mu- 
tis y D'Elhuyar para examinar y analizar química- 
mente «las tres clases de sal común, vijúa ó natural 
sin quemar y la preparada según el método ordina- 
rio de Zipaquirá; con el fin de estudiar si se podría 
emplear otro método más ventajoso ó hacer algunas 
mejoras en el actual». Los dos comisionados dieron 
su informe, que está fechado en Mariquita el 22 de 
Noviembre de 1790. De este documento copiamos 
los siguientes conceptos: 

(i) Para más informes véase la Relación del Estado del Nuevo Reino de 
Granada que hace el Arzobispo Obispo de Córdoba á su sucesor el Exento. Sr. don 
Francisco Gil y Lemos. 



— 137 — 

«Resulta de estos experimentos que el quintal de 
vijúa contiene sobre noventa y siete libras de sal 
marina pura, y que las tres libras restantes son de 
materia insoluble, y una parte de sal marina de mag- 
nesia. Si indagamos ahora cuál de estas materias 
es la que puede ser nociva á la salud, hallaremos 
que no pueden ser el espato calizo, la selenita y la 
pirita sulfúrica, porque siendo cuasi insolubles las 
dos primeras, y la última enteramente, se precipitan 
con facilidad al fondo de los estanques ó albercas 
donde se disuelve la sal; y aun cuando se disolviera 
una pequeña parte de selenita y tierra caliza no sería 
por eso la sal dañosa, pues son muy raras las aguas 
potables que no contienen la una ó todas las mate- 
rias. La sal marina de magnesia tampoco puede 
serlo, pues se halla en mayor abundancia en la sal 
del mar, y no se ha experimentado daño en su uso. 
Con que si es cierto que la experiencia ha enseñado 
que la vijúa contiene partes dañosas, ninguna otra 
puede ser la que produce este efecto sino la tierra 
de magnesia y la materia betunosa. 

)»La tierra de magnesia es insoluble, y se precipi- 
ta con facilidad cuando está sola, pero unida á la 
materia betunosa, se mantiene mucho tiempo sus- 
pendida en el agua, y le da á ésta un color lechoso 
negruzco cuando es de vijúa sin quemar, y rojizo, la 
quemada; y si se cociera el agua en este estado, la 
sal saldría más ó menos cargada de estas materias, 
en la misma proporción que esté más ó menos sen- 
tada; hemos observado que la vijúa cruda tarda mu- 
cho más tiempo en aclararse, y de eslo puede pro- 
venir que llevase la sal más partes dañosas y se hi- 
ciese más sensible que en la quemada. Sin embargo, 
la quema no basta para quitarle como hemos vista 



- 138 - 

la materia betunosa y la tierra de magnesia, pues la 
sal cocida contiene todavía bastante; si no, hágase 
la prueba con ésta y las muestras que van, disol- 
viendo por separado una cierta cantidad en agua, y 
se verá que la de aquélla sale turbia, y la de ésta 
muy clara. 

«Para remediar este inconveniente y otros que 
puede haber en la fabricación de sal que se practica 
en Zipaquirá, sería preciso tener conocimiento del 
modo como trabajan, de los instrumentos, hornos, 
etcétera, que emplean, de las proporciones que ofre- 
cen las fábricas y minas, y en una palabra, de las 
circunstancias locales, para en su vista dictaminar 
sobre los medios que serían más conducentes á per- 
feccionar su beneficio y procurar algún ahorro á la 
Real Hacienda reduciendo ó simplificando las ope- 
raciones.» 



XII 



En páginas anteriores, y tratando del asunto 
referente á la explotación de la quina por cuenta 
de la Real Hacienda, dimos á conocer algunas 
de las ideas económicas de Mutis. No creemos 
desde luego que hubiera hecho estudios especiales 
de estas materias. La expresión de ideas sobre pun- 
tos de esta índole era resultado de su cultura gene- 
ral. Flotan siempre en la atmósfera intelectual de la 
época ciertas ideas que un hombre de letras no pue- 



— 139 — 

de dejar de conocer, y nos imaginarnos que esto era 
lo que á Mutis ocurría en cuestiones de la ciencia en 
el siglo anterior sistematizada por Adán Smith. En 
la comunicación que dirigió al Virrey en 24 de Di- 
ciembre de 1804 recordaba su dilatada experiencia 
durante los cuarenta y cuatro años que hacía que 
vivía en la Colonia, experiencia que le había dado á 
conocer que toda la prosperidad de ésta dependía de 
las minas y la agricultura, sus dos inagotables rique- 
zas. «Dejemos á los políticos disputar acerca de las 
ventajas ó desventajas que hayan ocasionado ó pue- 
dan ocasionar las minas; deberá decidirse el proble- 
ma por los hechos, tendiendo la vista á más de 24 
millones al año desentrañados de las minas de Méjico 
de la riqueza subterránea, donde permanecían ocio- 
sos: debiéndose concluir que ya no puede subsistir 
el comercio de casi todo el mundo sin este ramo de 
industria americana. Lejos de impedir las minas el 
ramo de agricultura, ellas le darán mayor impulso á 
beneficio de la rapidez con que se va aumentando la 
población de estos dominios, cuyos preciosos frutos 
inclinan también la balanza de comparación con la 
opulencia de la Nueva España y el Perú.» 

La Junta compuesta de Mutis y los señores 
D'Elhuyar y Ángel Díaz, autorizada para hacerle al 
Gobierno colonial todas las propuestas convenientes 
al fomento de las minas, le había indicado el esta- 
blecimiento de un cuerpo de minería adaptando las 
ordenanzas generales á las circunstancias locales del 
país. «Presentó D'Elhu3'ar el reglamento con la bien 



— 140 — 

concebida esperanza de ser agradecido su celo en 
desempeño del Real servicio; pero mudado aquí el 
teatro experimentó la inesperada suerte del más pro- 
fundo olvido, sin haber podido conseguir que se die • 
se su debido curso á la Corte; cuyo acontecimiento 
contribuyó en parte al abatimiento de ánimo que 
causó con otros semejantes disgustos su fallecimien- 
to. ¡Pérdida casi irreparable para este Reino!» Mu- 
tis que, conforme lo decía, había sobrevivido á la 
desgracia de D'Elhuyar y que se consideraba repa- 
rador de su honor, insistía en apoyar el antiguo pen- 
samiento como medio único de redimir de la miseria 
á los habitantes del Reino. 

No hemos encontrado el concepto ó informe que 
á Mutis se pidió sobre las reformas que debían 
introducirse en las minas de esmeraldas de Muso. 
Don José Felino Cassal, á cuyo cargo estaban en 
1784, daba cuenta al Virrey de que se habían ago- 
tado y de que, no habiendo asistido el Corregidor 
de Tunja á la cita que le hizo, había convocado 
una junta de hombres prácticos para que diera su 
dictamen sobre los trabajos que debían emprenderse 
mientras el señor Mutis informaba sobre el expe- 
diente que se había formado, y «á quien Su Exce- 
lencia se sirvió mandarlo pasar». 

Por último, escribió Mutis una cartilla sobre el be- 
neficio de las minas bajo el rótulo «Cuaderno y Carti- 
lla útil de beneficios para todo el aficionado que se qui- 
siere dedicar á obra tan útil y de tan crecido interés 
para el bien común y adelantamiento del Real Haber.» 



141 — 



XIII 



La traslación de Mutis á la ciudad de Mariquita 
obedeció, en primer lugar, al deseo de situarse en un 
lugar tranquilo donde pudiera proseguir en paz sus 
tareas botánicas. Aprobada la Expedición por Real 
Orden, se le confirió el título de primer Botánico y 
Astrónomo de S. M. 3^ se le dio la seguridad de que 
la obra que proyectaba sería publicada á expensas 
de la Real Hacienda. En segundo lugar, la elección 
de dicha ciudad, cuyo «temperamento le probaba 
muy bien», lo puso en condiciones de prestar ciertos 
servicios al Gobierno en el estudio de las minas y 
en su administración; y finalmente, lo situó en un 
centro muy adecuado á sus investigaciones cientí- 
ficas. 

La Expedición Botánica del Nuevo Reino de 
Granada fué muy diferente de las que el Gobierno 
español envió á Nueva España, Perú y Chile. Estas 
fueron estrictamente botánicas. El Gobierno de la 
Metrópoli le dio á la Expedición de Mutis más am- 
plitud, conforme á la solicitud presentada por éste 
y aceptada en Madrid, que hemos reproducido en 
páginas anteriores. Pero el programa original no se 
realizó tampoco. Es verdad que Mutis no abandonó 
nunca por completo su estudio de la botánica; pero, 



— 142 — 

aparte de largas interrupciones durante las cuales 
ocupaba su inteligencia y actividad en labores mi- 
neras y de otro orden, el Gobierno del Virreinato, se- 
gún se ha visto, le confiaba comisiones que le dis- 
traían del objeto principal; es decir, que fueron los 
jefes de la Colonia quienes desvirtuaron el plan pri- 
mitivo. Por un lado fué esto muy sensible, porque 
nunca pudo Mutis darle cima á una empresa que le 
hubiera colmado sus legítimas aspiraciones á la glo- 
ria; pero, por otro aspecto, su larga vida en la Co- 
lonia fué muy útil al desarrollo intelectual y á otras 
esferas del progreso. 

La Expedición Botánica fué, en puridad de ver- 
dad, un Instituto científico encargado de propagar 
las ciencias físicas y naturales en la Colonia y de 
servir de centro á todos los ingenios neogranadinos 
que á su director acudían en busca de luz, enseñan- 
zas y consejos. Los frutos botánicos de ella esperan 
todavía una mano inteligente y cariñosa que los dé 
á conocer en el mundo de los sabios. Puede suceder 
que en el estado actual de la ciencia botánica la 
obra de Mutis no sea una revelación; pero de lo que 
sí estamos ciertos es de que el Gobierno que empren- 
da por medio de una asociación científica la publica- 
ción de la Flora de Bogotá realizará una obra de 
reivindicación justiciera. En la historia de la Botá- 
nica, por esta y otras expediciones americanas del 
siglo xviii, España ocupa prominente lugar. Los 
grandes eruditos españoles, á cuya cabeza — punto 
que no se discute — está Menéndez y Pelayo, re- 



— 143 — 

construyen desde sus fundamentos la historia litera- 
ria de España reproduciendo los textos, anotándo- 
los, criticándolos, comentándolos ó haciendo nuevas 
investigaciones de los autores y sus épocas. j\Ienén- 
dez Pidal y sus discípulos explotan la mina de la 
Edad Media; la literatura caballeresca ocupa la 
mente cultivadísima de Bonilla y San Martín; la 
señora Blanca de los Ríos estudia la época de Tirso 
de Molina, y la señora María Goyri, el Siglo de oro; 
el erudito Rodríguez Marín investiga el siglo xvii, y el 
Romanticismo D. José Ramón Lomba. Los naturalis- 
tas, sin duda, emprenderán la gloriosa tarea de reivin- 
dicar las glorias de la ciencia espaííola en América. 

Mutis aparecerá, cuando esta obra se lleve á cabo, 
en altísimo lugar. 

Su labor científica en la Nueva Granada duró mu- 
chos años, pero tropezó con serias dificultades. Su 
carácter generoso no era expansivo; sus facultades 
intelectuales, movidas por el resorte de una gran 
curiosidad, eran analíticas, no sintéticas; escrupulo- 
so en los detalles— cualidad muy útil en un botáni- 
co — gustaba de anotar todas las particularidades de 
las cosas y de los fenómenos; mas, en lo general, el 
conjunto de éstos se ocultaba de su visión interior. 
El carácter domina siempre en la labor espiritual. 
Un ser ondulante les da á sus creaciones aspectos 
policromos, sin poder iluminarlas con el sol de las 
convicciones; no cree en nada, ó cree en todo su- 
cesivamente según las influencias intelectuales á que 
se somete. 



— 144 — 

Mutis fué vencido por la expedición botánica de 
Ruiz y Pabón, no porque éstos fueran superiores á 
él, sino porque vacilaron menos, y dieron al mundo 
más pronto el fruto de sus investigaciones. La 
J^lora de Bogotá aguarda todavía una mano inteli- 
gente que la saque á la luz de una reivindicación re- 
trospectiva. 

A este primer obstáculo con que tropezó su labor 
científica hay que agregar otros dependientes de la 
variedad de sus ocupaciones, como se ha visto: el 
ejercicio de su profesión de médico; sus aficiones y 
estudios mineralógicos y astronómicos; sus empresas 
mineras y comerciales; sus ocupaciones matemáti- 
cas; el estado eclesiástico que abrazó, y el haber sido 
consultor de varios virreyes en asuntos administra- 
tivos y hasta empleado fiscal, no fueron circunstan- 
cias propicias á sus labores estrictamente botánicas. 

No era Mutis un genio capaz de comprender el 
cosmos, aunque pudo adquirir muchos conocimien- 
tos en cada una de las provincias del saber humano 
que exploraba su inteligencia superior. Solo una vez 
llegó á la generalización; pero, por desgracia, parece 
que ha desaparecido su bello descubrimiento de las 
mareas atmosféricas. Médico, clérigo, botánico, mi- 
neralogista, astrónomo, profesor, comerciante, ad- 
ministrador: todo esto eran demasiadas preocupa- 
ciones para un cerebro colocado en un medio poco 
intelectual. 

Su vida, con todo, fué útilísima en la Colonia; fué 
un centro intelectual de primer orden; á su lado se 



— 145 — 

formaron pintores y naturalistas; el grupo de sus dis- 
cípulos realzó el mérito eminente del Maestro incom- 
parable; todos ellos se cuentan entre los creadores 
de la nueva nacionalidad colombiana. «Si nuestros 
gobernantes — ha dicho con magistral acierto Don 
Marcelino Menéndez y Pelayo — no llegaron á pre- 
ver con tiempo que el espíritu ardiente de los crio- 
llos no había de contentarse mucho tiempo con la 
ciencia pura, sino qne había de lanzarse rápidamente 
á las extremas consecuencias políticas que en aquella 
cultura venían envueltas, aun esta misma generosa 
imprevisión es para sus nombres un título de gloria.» 
Por donde se ve claramente que José Celestino Mu- 
tis fué el verdadero precursor dé la Independencia. 

Entre Mutis y Caldas hubo el vínculo que hay en* 
tre el protector y el protegido, y en cierta esfera 
restringida, entre maestro y discípulo. Si Mutis podía 
enseñarle Botánica, en los otros ramos de las cien- 
cias naturales á que Caldas consagró sus vastísimas 
facultades geniales. Mutis no podía seguir por las 
altas cimas del pensamiento el vuelo del águila. 

Caldas pereció en el patíbulo: fué — como dice el 
Sr. Menéndez y Pelayo — víctima nunca bastante 
deplorada de la ignorante ferocidad de un soldado á 
quien en mala hora confió España la delicada em- 
presa de la pacificación de sus provincias ultrama- 
rinas. 

Los documentos que publicamos en este volumen 
son bastantes á probar la importancia de la ciencia 
en el progreso moral é intelectual de los pueblos. 

10* 



— 146 — 

La Ciencia que propagó Mutis en la Colonia prepa- 
ró á ésta espiritualmente para la Independencia. Al 
lado de Mutis hubo otro hombre, poco conocido, de 
mérito sobresahente, generoso patrocinador de las 
labores científicas de Caldas. Don José Ignacio Pom- 
bo (cuyas cartas á Mutis publicaremos en otra oca- 
sión) como miembro del Consulado de Cartagena, 
ciudad donde residía, tuvo la inspiración patriótica 
de proponer la comunicación del río Magdalena por 
cinco caminos con los centros poblados é industrio- 
sos de la Colonia, y de invitar á Caldas para la res- 
pectiva exploración de ellos. Si esto se hubiera rea- 
lizado entonces, ó si posteriormente la República 
hubiera emprendido la labor que inició el Sr. Pom- 
bo, la conquista del valle de aquel río, donde está 
la promesa de nuestro desarrollo económico, sería 
hoy una tarea de verdadera civilización relativa- 
mente fácil. El Sr. Pombo no sólo lo comprendió 
con singular previsión, sino que hizo cuanto pudo 
para llevar á cabo la empresa salvadora. No limitó 
á esto su esfuerzo. Las cartas de Caldas que hoy 
pubHcamos honran su memoria. A Mutis y á Pom- 
bo se debió en mucha parte que el espíritu de 
Caldas, felizmente dotado por la Naturaleza, adqui- 
riese la madurez sorprendente que hoy admiran 
todos los que conocen sus obras. La admiración 
será mayor el día en que se haga la publicación de 
sus obras completas, como lo propone con tanto 
acierto el historiador González Suárez; lo que nos- 
otros, sin saberlo, hemos contribuido, en modesta 



— 147 — 

esfera, á realizar en parte. Mutis y Pombo ejecu- 
taban una labor silenciosa, sin que el público se 
percibiese de la inmensa trascendencia de los actos 
que en secreto consumaban estos dos hombres bene- 
méritos. Así sucede siempre con el apostolado délos 
grandes hombres: depositan en el espíritu y en los 
corazones la semilla de las futuras redenciones 
humanas; se alian con el tiempo, y el tiempo es 
siempre el mejor de los aliados. 

La influencia que HumboWt y Bompland ejercie- 
ron sobre el pensamiento de la Colonia, fué pasaje- 
ra. Hubiera sido más grande y permanente si Hum- 
boldt hubiera accedido á llevar consigo á Caldas en 
su viaje por el Perú y por la Nueva España. Caldas 
á su regreso habría llevado y propagado un cúmulo 
inmenso de conocimientos. Tal vez el discípulo ha- 
bría superado al maestro en el curso del tiempo. De 
mayor trascendencia fué el apostelado científico de 
Mutis, aun prescindiendo de sus labores estrictamen- 
te botánicas (i). 

Los auxilios pecuniarios y de otro orden que tanto 
Mutis como Pombo prestaron á Caldas para sus es- 
tudios y excursiones, no fueron sueldos devengados 
en calidad de individuo de la Expedición Botánica. 
Mutis no tenía facultad para hacer semejantes nom- 
bramientos; podía, como jefe de ella, presentar can- 



di Sobre los escritos botánicos de Mutis, véase la excelente Me- 
moria histórica sobre Mutis y la Expedición Botánica de Bogotá, del Ilustrísi- 
mo Arzobispo de Quitoj páginas 89 y siguientes. 



— 148 — 

didatos al Gobierno, pero no podía hacer él mismo 
la elección. Esto se hacía por Reales Ordenes^ Así 
aconteció cuando D. Jorge Tadeo Lozano fué agre- 
gado para la parte zoológica. En carta que Pombo 
escribió á Mutis en lo de Julio de 1804, dice que no 
habiendo obtenido buen éxito la solicitud que Mutis 
había hecho á Mendinueta para que Caldas fuese 
agregado á la Expedición, había escrito al Conde de 
Casa Valencia para que se interesara con el Minis- 
tro Soler. «He representado al Conde lo convenien- 
te con motivo de dirigirle ciertos papeles; si se lo- 
gra que le den una regular pensión y que lo destinen 
á esa Expedición podrá continuar sus trabajos sin 
sernos gravoso, y usted tendrá á quién confiar los 
suyos sin riesgo de que se pierdan. » 

Ni era necesaria, por otra parte, esta agregación. 
El desinterés de Caldas era uno de los rasgos de su 
carácter. Con ello daba buena prueba de que era 
hombre superior. No era necesario ese puesto para 
el culto que á las Ciencias rendía. Tampoco fué 
miembro de la Expedición D. José Manuel Restrepo, 
y, sin embargo, disfrutó de la ciencia que propagaba 
Mutis en su Instituto científico (i). 



(i) En comprobación léase la siguiente carta que escribió á Mutis 
el 24 de Enero de l8o8, con ocasión de remitirje su Ensayo iobre la Geo- 
grafía, produccione!, industria y f oblación de ¡a pro-vincia de Antioquía en el 
Nue'vo Reino de Granada: 

«Mi venerado Sr.: No he podido resistir á les impulsos de mi cora- 
zón: sin su consentimiento he colocado su respetable nombre al frente 
de mis ensayos sobre la Geografía de la provincia de Antioquía. Haber 
yo recibido mis cortas luces sobre esta ciencia interesante en su Obser- 



~ 149 — 

Mutis y el grupo de hombres que se formó inte- 
lectualmente á su lado ó bajo su influencia, hicieron 
el primer esfuerzo para constituir una ciencia y una 
Uteratura propias por la contemplación y el estudio 
de la Naturaleza nativa. En ese grupo figura en pri- 
mera línea Francisco José de Caldas, Tenemos ele- 
mentos bastantes para darles á nuestras letras sabor 
y valer castizos. Es una gran lástima que nuestros 
ingenios busquen su inspiración en temas exóticos, 
ó imiten á escritores forasteros, ó sigan las huellas 
de literaturas que no corresponden á nuestros ideales 
como nación. En los arcanos de nuestra historia, en 
el suelo virgen de nuestras tradiciones nacionales, en 
nuestra estupenda naturaleza, que nutrió el cerebro 
de Caldas, en la aspiración común por ser pueblo 
de ideales cuando nos amenazan los apetitos organi- 
zados de naciones de mercaderes, tenemos oro y 
laurel para las coronas de las frentes pensadoras. El 
Semanafio del Nuevo Reino de Granada fué todo eso; 
pero, por desgracia, no ha tenido imitadores. La 



vatorio Astronómico: deberse á usted los conocimientos científicos que 
existen en el Reino: saber lo célebre que es ya su nombre entre los sa- 
bios; he aquí las poderosas razones que han influido en semejante de- 
terminación. Conozco que la obra no es digna de tan sabio Mecenas; 
pero con todo estando determinados los principales puntos por observa- 
ciones astronómicas, y los demás por rumbo y estimaciones trigonomé- 
tricas, espero que la adjunta copia merecerá la indulgencia de usted como 
formada por un principiante, así en el dibujo como en la Astronomía. 

Deseo el que usted me ocupe, pues soy uno de sus más apasionados. 
Entre tanto, pido á Dios guarde su importante vida muchos años. Su 
afectísimo y seguro servidor q. s. m. b., 

José Manuel Restrepo.» 



— 15© — 

liza espiritual de nuestros proceres 'debe tener nue- 
vos luchadores. 

Nada mejor — diremos en conclusión — podemos 
ofrecer desde playas extranjeras para celebrar el 
Primer Centenario de la Independencia que este modesto 
volumen, cuyo único mérito es rescatar del olvido 
algunas páginas de Francisco José de Caldas. 



MEMORIAS científicas DE CALDAS. 



Memoria sobre el origen del sistema de medir las 
montañas y sobre el proyecto de una expedi- 
ción científica. 



El pais q.^ hoy habito es de los mas feraces y en que se 
halla la mas bella, la mas abundante y la mas nueva vege- 
tación. Conosco á Santafé, he vivido mucho tp.° en las 
margen.^ del Magdalena, en Neyva y Timana: he recorri- 
do todas las cercanías de Popayan; pero nada iguala a las 
diversas formas y á las plantas caprichosas de la parte alta 
de Quito. Bompland está asombrado, y en solo la precipi- 
tada subida á Antisana hallo mas de 50 plantas, entre ellas 
géneros nuevos. ¡Otas, se habrán escapado a sus indagacio- 
nes! En la familia de gramas halló á mi vista un genero 
nuevo en la Monaniria. Yo le examine, y no me queda 
duda en el particular, juzgando por los libros q.^ trae con- 
sigo. De quantas plantas q.^ se han escapado á Ruiz y Pa- 
bon, q.« se escaparán seguramen.^'" á Tafalla en Guayaquil, 
haria poseedor al autor de la Flora Je Bogotá? Conosco que 
mis luces en este precioso ramo de Historia Natural no 
igualan á las de Bompland: conosco q.« p.^" mi solo no dis- 
tinguirla lo nuevo de lo conocido; p.° un trabajo constante 
y el método q.® me ha aconsejado este joven botánico es 
seguro, y nada escapará á mis miradas. Se reduce á muy 
poco en la teoria, y mucho en la práctica. Toda planta que 
se presenta se clasifica^ se describe j/ se esq'ieleta. Su determi- 

t 



nación se reserva p.' quando haya libros y sosiego, Baxo de 
este plan he comenzado á trabajar: tengo un numero res- 
petab." de ellas, en mucha pte. descritas. Bompland ape- 
nas ha visto su sendero y los arrabales de Quito, y va a 
desaparecer como un cometa, ¡Que riquezas vegetal.^ baja- 
rían del termino de la nieve, tan poco frequentado de los 
Botenicos! No seria de la ultima importancia p." la Flora 
comenzar el proyecto q.^ estoy proponiendo por una corre- 
rla de quatro ó seis meses sobre estas masas colosales? Ah! 
centenares de plantas en esqueleto, y descritas irian á ma- 
nos del S.^' Mutis, mi benefactor. Yo poseo un poco de di- 
bujo, las q.^ p.*" mis libros parecieran nuevas irian tamb.»^ 
en diseño. Todo lo q.® necesito p.^ el desempeño deste 
ramo precioso es un poco de papel propio p.^ desecar. ¡Que 
objetos tan bellos y tan varios se presentan á mi imagina- 
ción p.^ unirlos en esta expedic." preliminar! Pero es con- 
fundir las cosas, mesclarlas sin discernim.t°: concluyam.'" 
con la Botánica. 

He trabajado de un modo extraordin." p.^ corregir y aña- 
dir la parte practica de Linne traducida p.'^ Palau, seg." el 
Species plantarum de Willdenow, q.* trae Mr. Bompland; y 
en el dia tengo muy abanzada la Pentandria q.^ es hasta 
donde llega. He tomado de la Flora del Perú los géneros: 
he visto una parte del herbario de Bompland: he apuntada 
qt.° me ha parecido conven.^®, y espero verlo todo, sino me 
reserva algo, como lo temo. ^-Quien sabe si el temor de q.*^ 
yo le arrebate alg." genero, alg.^ especie nueva, ha influido 
en la negativa del Barón? Esto es lo q.^ he hecho, esto es 
lo q.® he trabajado en el ramo q.^ hace el objeto principal 
de las indagns. del sabio Director de la Expedec." de San- 
tafé: ¡Que progresos no debo esperar con sus luces y con 
sus auxilios! ^Y solo baxare plantas destas espantosas 
montañas? Ahí mis ideas se alropellan, y no se p.'" donde 
comenzar. Es preciso caminar aqui con una lentitud poco 



conforme á los estrechos limites de una carta; p.° quitémos- 
le este nombre, y démosle el de Memoria, y está enmenda- 
do el defecto. 

Hace muchos años q.^ el Barómetro, y su compañero el 
Teimometro son el objeto de mis profundas meditac.^ He 
trabajado sobre ellos de un modo y con una constancia 
nada común; y me parece q.*^ he dado alg." paso interesan- 
te, y q.« he hecho un pequeño descubrim.^'^La falta de me- 
dios y de proporción.^, no me han permitido darle la últi- 
ma mano, haciendo las esperic.'^ q.« se requieren en todas 
las elevac.^ Yo pensaba trabajar sobre este asunto en Qui- 
to y en Guayaquil; formar una Memoria, dedicarla |á mi 
Protector; hacer ver en ella q.« sin el socorro de los tubos 
q/ me envió, se habrian frustrado mis proyectos: y q.^ baxo 
el nombre ilustre del S.'" Mutis se publicase p.'' separado 6 
en los Anales de Literatura del Abate Cavanilles. Fie aquí 
el orden de mis ideas, y si se quiere la historia desta Me- 
moria. 

Lei en Sigaut de la Fond (tom. 3, p. 203) la idea de 
medir la altura de las Montañas p.^" medio del Termóme- 
tro, y las experienc* hechas p.'' Mr. Heberden. El resulta» 
do fué q.^ p.'' 190 pies de altura baxaba un grado cada 
vez el Termom." Este método me pareció y me parece 
sumam.'^ impracticab.^ é imperfecto. El calor de la atmosfera 
está expuesto á las mayor.^ variedad. *" en el mismo nivel. 
Si el tiempo es sombrio, si hay sol, si corre tal y tal vien- 
to, una reflexión, lo abrigado ó expuesto del lugar, la hora 
misma, todo influye sobre el licor del Termómetro, todo 
nos arroja en la incertidumb.^ acerca del grado de calor 
de un cierto punto. :Y como asegurarse del calor relativo de 
la base y de la cima de una montaña.^ Aunq.® supongam.^ 
dos observación.^ con sus termómetros, q.^ observasen al 
mismo momento, una nubécula puesta sobre el i." haria 
variar cantidades terribles el licor, y p.' consig.^^ la altura 



— 4 — 

de la Montaña. No hay método mas expuesto á error qS el 
indicado: lo miré spre. con desprecio, y no quise gastar mi 
tpo. en verificarlo. 

Un dia trabajaba p.' señalar el termino sup.°^ de la es- 
cala de un Term.° q/ se me habia roto en el extremo del 
tubo, y se podia componer. Sumergí mi tubo en el agua 
hirviendo, subió no á los 80° de Rem.'", p.'" q.« obraba á 
800 toes, sobie el nivel del mar, y con solo la presión de 
22 pulg.* II lin.'^, en lug.~* de 28 q.'' se nccesitab." Los 
grados de mi nueva escala eran muy cortos y era preciso 
ensancharlos. ^*Pero sobre q.^ principios debia conducir mi 
calculo? Nada hallaba escrito en el particular. Medito, re- 
flexiono, y he aqui q.'- nacen en mi espíritu estas ideas. 

Me decia á mi mismo, el calor del agua hirviendo es 
constante á igual presión atmosférica, si se obra sobre una 
agua pura y en vaso conven. ^^: es menor este calor quando 
se disminuye la presión, y es proporcional á esta. jNo es 
este el mas bello método p.^ determinar tanto, la presión 
atmosférica, como la elevac." de los lugar. ■", con tanta 
exactitud como lo puede hacer el barómetro y q." sabe si 
libre de los efectos de las atracción.^ del calibre de los tu- 
bos, de la pureza del mercurio, de la forma y diámetro de 
la cubeta q,^ spre. afectan á este.^ El calor del agua es pro- 
porcional á la eleva. ^'^ en q.^ hierve, como lo es la colum- 
na de mercurio en el Barom.*', al peso de la atmosfera. He 
aqui, concluía yo, reunidos en el Term." las propiedad.^ de 
ambos instrum.*°s Volvía sobre mJs pasos, examinaba de 
nuevo mis principios: todos eran incontestab.% todos eran 
unas verdad." físjcas. ¿Habré hecho yo un descubrim.^°.^¿Se 
habrán ocultado estas ideas á los hombres mas grandes.^ Sea 
como fuere, á mi se me acaban de presentar por si solas: yo 
vivo en las tinieblas de Popayan: el libro mas reciente' q.'' 
ha llegado á mis manos es Sigaut de la Fond, este nada dice 
sobre mi asunto, y nada pierdo en creerme, sino i.°, á lo 



— 5 — 

menos original. Ardia en deseos de poner en practica mi 
modo de pensar; un termom.° roto era todo mi aparato, y 
me veia ligadas las manos. Se q.*^ un particular poseia uno 
y le guardaba como una alhaja preciosa: tomo mis medid. ^ 
le saco de sus manos; examino el termino del yelo, lo hallo 
bueno: supongo tam." bueno el del agua hirviendo p.'" 
ser de Dllond, cerrado á las 28 pulg.^ en Londres: examino 
la escala, no era muy exacta: sustituyo otra, adapto una 
laminilla movible, q.'^ hace veces de nonio ó vertiev: con 
esto divido el grado en 10 partes. 

Preparado mi Termom." decia: los 80° de calor del agua 
indican 28 pulg.^ El grado q.« medí en Pop.'^ es el calor 
q.^ debe corresponder á 22.^ 11. ^, q.^ es la altura á q.<^ se 
mantiene en Pop.": la diferencia de los grados de calor es 
á la difer.^ del Barom.°, como un grado del Term,° á la 
cantid/' q.« corresponde en el Barí>m.° Este resultado debe 
ser el exponente p.^ con solo el calor del agua hirviendo 
calcular la del mercurio en el Barm." Hago mis prim.^ 
ensayos y el resultado es de los mas felices. El calculo me 

3 
da p.'' altura del Barom." en Pop." 22 p. 10 — lin/, 

4 

solam." — de linea mas pequeño q.« la q.^ indicaba mi Ba- 

3 
rometro. Ah! ¡que jubilo se apodera de mi corazón! ¡Que 
deseo, q.^ furor de verificar mi método con nuev." observa- 
ciones hechas á diferentes elevación. "^I La cordillera de los 
Andes, en cuyo pie está Pop.", era el teatro destinado á 
mis operación.^, las q.'^ verifiqué con la mayor actividad y 
zelo. Nada se oponia mas al buen éxito de mi teoria q.'' la 
perplexidad en q.^ estam.^ de la altura media del mer- 
curio al nivel del mar, en la vecindad de la linea, á pesar 
de las observación.^ de Bouger, laCondamine, Juan, Ulloa. 
No queria hacer depender mis trabajos desta elevac." in- 
cierta y tomé el partido sigt.^ 



Llené mi barom.^con la ultima escrupulosidad, no perdí 
de vista la mas pequeña circunstancia, mercurio, cubeta, es- 
cala, todo se rectificó. Emprendí una serie de observ."^ del ba- 
rómetro casi de hora en hora p.'" mucho tpo. p.^ asegurar- 
me de la elevac." de el en Pop.": destilé agua con todo el 
aseo y cuidado imaginb.^ en alambiques nuevos y prepa- 
rados exprofeso: sugete esta agua al examen de la solu- 
ción de plata y de mercurio p.'" el espíritu de nitro: la her- 
ví muchas veces, consultando el barom." en el mismo mo- 
mento, é indiqué el calor del agua en mi Term." Los resul- 
tados fueron 75° 65' term." de Reaum.'", qdo. el barómetro 
indicaba 12^ \i,i} Tomé el nivel y la presión de Pop.", 
como el termino á q.'- dcbia comparar mis elevac.**, y los 
resultad.* de mi trabajo sobre ó bajo su nivel. Con estos 
preparativ.^ emprehendí un pequeño viage á la Cordillera, 
con el mismo barom.", el mismo termomet.°, y la misma 
agua: verifiqué cinco observ.~ á toda mi satisfac": calculo 
p.'" solo el calor del agua, y veo con la mayor complacen- 
cia q.^ mis resultad,^ tienen una precisión q.^ no esperaba; 

las mayor." difer.^ apenas son de i — linea, y en las mas 

2 

no llega á ella. En mi viage á esta Ciudad no pude hacer 
mas q.^' dos, q.<^ tuvieron el mismo efecto feliz. El exponen- 
te, fruto de mil combinación." y trabajos lo he fixado por 
ahora en 0°, 974 grad.* de Reaum.'", p.'' una pulgada del 
barom.° Yo hallo mil ventaj.* en este método, q.'' expondié 
en mi Memoria sobre el, p.° sobre todo de q.*^ su exponen- 
te es relativo á la altura del barom.° y á la presión y no a 
la altura del lugar, q.« jamas sigue la ley de la presión y 
del calor, es un ^xponente q.*"- necesita de añadir y quitar, 
ya se obre en altas montañas, ya al nivel del mar. 

En este estado estab." mis cosas quando llegó á Quito 
el S.^' Barón. En las prim.^ conversac." le traté sobre la 
materia, y me dixo q." Sucio habia trabajado sobre el par- 



ticular, y habia enseñado el método de medirlas montañas 
con el term.° Ya se dexa ver con q.^ ansia oiria al Barón 
sbre. este punto. Yo creí, vi mis ideas como una cosa que 
habia nacido en mi espíritu á 20 años de agolada en Euro- 
pa, y solo traté de presentar unas ideas confirmator.^ de la 
teoria de Sucio, apreciab.^ p.^' ser en grand.=* elev.^ y en la 
vecindad del equador. Insté á este sabio viag.° p.^' el expo- 
líente y p.^" las experienc.^ de Sucio; p.° quando quiso to- 
marlo de sus manuscritos halla q.® Sucio no habia pensado 
en el agua hirviendo, q.« este físico solo era el perfecciona - 
dor del método de Herder, q.^ asigna 640 pies p/' un gra- 
do de menos en el term.° expuesto al ayre; y vuelvo yo á 
entrar en poses. "^ de mi pequeño descubrim.*^°. 

Remitiré una tabla de mis operac.^ ó mejor de mis resul- 
tad.^ En ella se verá con admirac.'" la perfecta correspon- 
dencia del calor con la presión, y la exactitud del método 
p.» conocer la altura del barom.°, dado el calor del agua 
hirviendo. ¡Que grado de perfecc.'^ adquirirá esta teoria 
con mis observac.^ sobre el Chimborazo, á todas las ele - 
vaciones! ¡Que noción.^ sobre la presión deducid. ^ de unas 
opérac.s hechas en las montañas mas elevad.^ del mundo 
conocido! ¡Que Memoria tan interesante se podria formar 
y publicar antes q.^ el Barón llegase á Europa! Para darle 
la ultima mano es preciso ir al nivel del mar. ^'Y que 
lug.'^ mas oportuno q.^ Guayaquil, al pie se puede decir 
del inmenso Chimborazo.^ Yo deliro qdo. me imagino ir 
baxando con mis instrum."^*^^ desde el termino de la nieve 
permanente hasta el mar, y á cada pulgada de mas en el 
barom.° verificar una observac."^ del calor del agua, y que 
qdo. haya llegado á la costa verifique la altura media del 
barom.° p.^' unos metod."^ y con una exactitud q.*^ no conocie- 
ron los determinador.s del grado del Meridiano. Ahí q.^ 
punto tan importante es este. ¿Serán nros. mares mas ele- 
vados q.^ el Mediterráneo y dem/ situados en la zona tem- 



piada y glacial? Si es asi, ¿será acaso esto una nueva prueba 
de la rotac." de nro. globo? ^"Será efecto de una atrae." mas 
poderosa? ¡Que gloria p.« el sabio Mutis protexer, hacer 
una exped." q.^ resuelva este importante problema. Es pues 
neccs.o baxar á Guayaquil en busca de la teoria del 
Term.°, y de la elevac." media del mercurio al nivel del 
mar. El trato con el S.^ Barón me ha dado una larga prac- 
tica en este genero de observe.^, hemos medido junios la 
altura media en Quito, en mi casa, llenando muchos tubos de 
diferente calibre al mismo tpo. Una vez hize con este sabio 
esta observac"; y en los dias consecutiv.^ la he repetido 
tres veces al dia. En uno húmedo, en otro seco, y á pesar 
d2 esta escrupulosidad, espero nuevos trabaj.^ p.^ decidir- 
me sobre la altura media en Quito. 

Incluiré á su tpo. la observe." común, y mis particula- 
res. Se notará q.® la i.** da alturas muy pequeñas, y q.'' las 
mias las aumenta. El genio del Barón es muy vivo obra 
con velocidad, y no se detiene: yo sequé con mucha 
paciencia los mismos tubos, purgué el mercurio de ayre, 
los llené con paciencia, é hize aumentar la columna. Sigo 
trabajando en este género, y las resultas las irá tenienda 
mi Protector todos los correos. Si á estos intereses se aña- 
de el de fixar en tierra p.^' buenas observac.-^ astronómicas 
la posic." de Guayaquil, todavía incierta, de recoger con- 
chas, peces, animales, insectos, plantas en tod.^ las eleva- 
ciones, visitar á Tafalla y sus trabajos, levantar la car- 
ta &. &., ;se podrá dudar del interés deste viage? Si la 
baxada se hace p.'" Cuenca, si se visita á Loxa, q.« objetos 
tan interesantes en la .Quina, en la base austral & &? Quan- 
tos puntos se establecerían en altura, qtos. perfiles, nivela- 
ciones barometric,^ podiam."" publicar? Quant.^ indago.'^ so- 
bre las corrient.-^, sobre las mareas en nros. mares? 

El S.'" Barón me ha dicho de la influencia de la luna 
sobre el barom.°, descubrimiento debido al Ilustre Mutis. 



— 9 — 

Esta simple noticia ha despertado mis deseos de llevar un 
diario p.^ remitirlo a dho. S '", hecho con escrupulosid.'' y 
cuidado: el puede servir de material p.^ confirmar este 
importante descubrim/° En la mansión q.^ el Barón ha 
hecho aqui he visto la practica de las observac.^ sobre la 
cantidad de lluvia, y sobre la pureza de las atmosferas; de 
estas nada podré verificar p.^ falta del Eudiometro, p.° de 
las prim.s podré hacer mucho. 

La Agricultura de esta prov.^, sus buenas ó malas máxi- 
mas, y sobre todo el cultivo del Cacao en Guayaquil mere- 
cen una atención particular. Consideremos las ventajas 
q.^ de esto resultarían á sus amadisim.* American.*; yo 
paso muchos objetos en silencio p/ q.^ no hay tpo , no es 
posible decir todo lo q.« pienso: yo me limito á lo pral. 
Todos los dias se cargan barcos en este Puerto para 
Acapulco, llenos de cacao; he aqui la puerta abierta para 
visitar á México, al sabio De Elhuyar, intimo amigo del 
ilustre Mutis. En esta America qtos. objetos nuevos/ gran- 
des é importantes! La visita de sus Minas baxo la direc- 
ción de Elhuyar, una mansión considerab.*^ en casa de este 
Minero, no me pondrían en estado de dar luces á las ricas 
q.^ poseemos? Qtas. plantas no recogerla en mi transitor 
Ah! quiza la Flora de Bogotá seria la Flora de la America. 
El añil de q.^ hace un rico comercio Guatemala, la cochi- 
nilla merecen sin contrad." el mayor aprecio en esos luga- 
res, y es digno de observarse y connaturalizarse en nues- 
tra patria. En Acapulco podia volver á determinar la 
clevac." del Mercur.° á 20 grad.^ de latitud boreal, com- 
pararla con la de Guayaquil. ¡Que preciosos conocimientos 
si acaso hay una ley de aumento ó de disminuc", como lo 
creo! Establecerla este Puerto astronomicam.^^, y he aqui 
un nuevo servicio hecho á la Geograf.® á la Navegac.'^ á 
la especie humana. El carácter, los usos, los traxes, las 
produce.^ natural.^, los planos, la carta gral. de mi ruta. 



las montañas, las cordiller "^ los volcan. % he aqui q.*^ obje- 
tos tan grand.^, tan important.=^ me ocuparían. Es cierto 
q/- necesito de muchos instrum.^^^; p.^ yo poseo alg.^ tubos 
de barom.*', dos termomet.^^, si la bondad de mi protector 
añade algo en este genero ya tenemos lo que necesitamos 
p.^ tantas observac.^ físicas y meteorológica Tengo un 
optante de Hadley, una caxa de reflexión.*^, y con esto pue- 
do verificar las altur.^ correspond.'^^% y absolutas de las 
€slrell.% determinar mis latitudes en mar y en tierra, tomar 
ángulos en todas posic.^, medir montañas 6c &. Poseo dos 
bruxulas p.^ las declinac.% p.'^ arrumbar los terren.^: si el 
ilustre Mutis me franquea una de bolsillo ya estamos 
armados. Es verdad q.^ no podré hacer nada en qto, á las 
irxlinac.*; p.° no se puede hacer todo. Tengo un estuche, 
algunos reactiv.^ químicos p.» analizar aguas. Pero nada 
tengo p.^ el tpo., ni p.^ ver en el Cielo: una péndola, y 
cronometro y un telescopio son las piezas q.® me faltan 
y q.^ necesito absolutam.'^'^ Ya le dixe al S.'" Mutis en mi 
antecedente q.^ este Presid.^e habia hecho venir de Maynas 
la colecc." de instrum,^°' q.*^ la Corte ha abandonado alli 
ha doce años. Yo he desenterrado la lista de ellos q.*^ in- 
cluiré á dho. S.'"; y hay los q/- justam.^*^ necesito: un quar- 
to de circulo de un pie de rayo, una péndola astronómica, 
dos telescopios &. Si el sabio Mutis dice una palabra á esc 
Virrey, no esta todo conseguido? Una orden deste Xefc 
p.* q.*^^ se acelere su conduce", y se me entreguen basta- 
rla p.^ armarme de qto. necesito. 

La Astrom.^ y la Geograf.^ han hecho mis delic.% y he 
adquirido en estos ramos alg.^ conocim.^°^. Yo no creia 
q.^' obraba con tanto acierto hasta la llegada del Barón. 
He confrontado mis observ.^ he manifestado mis pobres y 
miserab."^ instrum.'°^ y han agradado á este Viag.'' Ellas 
antes de conocerme le arrancaron un elogio, q.® el amor 
propio mas desordenado quedarla satisfecho. Es preciso 



— II — 

confesar en honor deste sabio, y de la verdad q.« me ha 
dado luces inmensas en la Astrom.», me ha perfeccionado 
en el uso del optante, me ha dado ui) rico catalogo de 560 
eslrell.^, la fórmula p.» el calculo de las declinac.=*, tablas 
de refracc.=^ á diferent.* elevac.^ sobre el Mar, los métodos 
de la Borda p.'' las distanc.^ de la luna al Sol, mil peque- 
ñas practic.s p.^ la perfecc." de las observac."^; todo esto y 
mucho más debo á este Prusiano: seria un ingrato sino lo 
confesara abiertamen.^^ Me ha puesto en estado de mane- 
jarme p/" mi solo, y de hacer algo de provecho. El ha 
insertado en sus diarios muchas determinac."^ astromic."^ he- 
chas en Neyva y Timana, y ha copiado mi carta desla 
jurisd/^ Todo este aprecio le meresco. <Qto., pues, deter- 
minaría con este aparato en benef.° de la naveg." y de la 
geografía? El sabio I^Iutis q,'^ es Astrónomo penetrará 
mejor estas cosas. 

Los libros q.® necesito seria una Astrom.» de Lalande, 
el Almanaque náutico adelantado. Para este año de 802 he 
tomado lo neces.° del q.^ tiene el Barón. Yo tengo las 
tablas logarítmicas de Baíls, y estas me bastan. México 
esta soberbia Capit.^ seria descrita con toda extensión, 
seria mejor conocida. En mí ruta á Veracruz se me presen- 
tarían nuev.^ objetos en todos ramos. Aquí volvería á tra- 
bajar sobre la clcvac.'^ del Mercurio en el barom.° al nivel 
del Atlántico, y á 19 grad.^ de latitud. Esta nos haría 
conocer mejor, y confirmaría nras. sospechas sobre la ley 
de diminución y sobre la rotac.'^ de nro, globo. 

El plan de mi anter.^'' proyecto es el mismo desde Méxi- 
co: los mismos objetos, los mismos intereses en Havana, 
Sto. Domingo, Jamayca, Puerto Rico, Cartag.* Honda, 
Santana. eV. No puedo escribir este nombre sin envidiar su 
suerte. Posee al virtuoso Mutis. Que día tan glorioso aquel 
en q.« pueda estrecharle entre mis* brazos, besar esa mano 
liberal y bienhechora^ regarlas con lagrimas de respeto, de 



jubilo y de reconocim.^'^, y en q,^ me una p.^ spre. á hom- 
bre tan grande, tan generoso, tan sabio! O Dios concédeme 
esta gracia, no cortéis el hilo de mi vida antes de servir, 
antes de mostrar mi gratitud á Mutis. Dichoso Rizo, si 
dichoso q.^ puedes gozar de la presencia deste genio, que 
podéis consagraros d su servicio, q.'^ es servir á la sabidu- 
ria. Envidio vra, suerte. ¿Podré, seré tan feliz q.^ alg.'^ dia 
podré partir contigo tan glorioso ministerio? Mi alma está 
conmovida, yo estoy fuera de mi, es necesar.° dexar evapo- 
rar el fuego q.« me abrasa p.^ poder proseguir. 

Cargado de los despojos de ambas Americas, lleno de 
luces y de gloria me presentaré á mi benefactor, á mi 
padre, pondré á sus pies tod. mis trabaj.*^ como debidos 
á su bondad y á su beneficencia: el será dueño absoluto de 
todo, como lo es de mi corazón; el corregirá mis descuidos, 
el digerirá, el publicará una relación de un viage costeado, 
apoyado, dirigido p/ su sabid.^ y su magnif.% toda la glo» 
ria q.® resulte de el se acumulará sobre su cabeza, y en ñn 
tendrá el dulce placer de haber formado á un joven, de 
haberle sacado de la obscuridad, de haberle labrado su 
felicidad. 

Este es mi plan, conf.^ á el comienso á trabajar sobre 
Quito desde mañana mismo: p.« Julio puedo partir de aqui 
á Guayaquil; residir dos meses en este Puerto; en Septiem- 
bre puedo estar en Acapulco, y pasar el invierno en Méxi- 
co con el sabio de Elhuyar. En Enero partir á Veracruz, de 
aqui á Havana &., y en todo el año de 803 regresar á 
Stafe.: año y medio ó dos años será todo el tpo. de mi 
correrla; al fin de ellos estaré ya al lado de mi benefactor, 
y dentro de tres q.^ vea el Universo q.® hay hombres sa- 
bios, q.^ hay generosidad, q.^ hay grandeza de alma en el 
ilustre Mutis, q.^ no contento con las plantas de su distri- 
to, q."^ no contento con plantas ha costeado ha emprehen- 
dido un viaje q.^ abraza tod.» los objetos útiles. ¡Que gloria 



— 13 — 

redundará desta empresa concebida y executada baxo la 
protec." deste sabio! Tendremos conq.^ vindicarnos del 
desayre de Humboldt. Si, desayre ipS q.^ viola la ley q.^ 
se ha impuesto de viajar solo con un joven de Quito, q.® 
carece de luces absolutam.'% q.® como Alfer.^ sigue p.^ Es- 
paña á continuar su servicio? Porq.^ el mismo lo costes? 
¿Porq.^ desciende con el hasta las mas pequeñas operación.^ 
de Geometría? Mas de una vez he sido testigo de lo q.® es- 
cribo. Yo he visto q.® el Mártir voluntario del Galvanis- 
mo ha perdido el tpo. en medir ángulos sobre un pequeño 
terreno, en resolver graficam.t^ un triangulo, p/" q.^ su dis- 
cípulo es incapaz del calculo, en hacer semicírculos de pa- 
pel p.^ explicarle q.^ es grado. Este joven no le complica 
su equipage. Tiene tpo. p.^ instruirlo. Ah! hasta los homb."' 
mas grandes tienen debilidades! Mi constitución es débil p.^ 
ir á Lima y á México, asi dice. ¿"Tiene alg." fundam.^^ p.* 
asegurarlo? Ha entrado conmigo en alguna fatiga q.® no 
haya podido soportar? Una salud perfecta, una cabeza q.^ 
trabaja horas, diré mejor, q.^ casi no interrumpe el traba- 
jo, q.* ayuna sin fatiga y sin acortar sus tareas, q.' pasase- 
manas enteras al pie de su Quarto de Circulo, q.^ sabe no 
dormir muchas noches de seguida, q.^ hace jomad. ^ es- 
pantosas, q.' sube q.^ baxa á pie las montañas, q.' no sabe 
lo q.* es una grave enfermedad; es el joven débil q.* no 
puede sufrir un viaje, q.* lo hace la dama mas mimada y 
delicada. Sobre todo, no han querido llevarme, y esto vale 
p.'' todos los discursos q.' inútilmente me hace el Barón 
y Bompland. Yo he ahogado mis sentim.^^^ dentro de mi 
pecho: he manifestado en medio de mi desesperac", sere- 
nidad; y he hecho creer a estos Señores q." estoy conven- 
cido de sus razones. No he querido ni en este caso 
extremo ser de dictamen diverso del Barón: seguimos con 
la misma amistad, me aprovecho de sus luces y de sus 
instrum.<^°-^ Me empeño en no perder los dias q.* esté con 



— 14 — 

nosotros, p/' desempeñar mejor todo lo q/ se digne en- 
cargarme mi benefactor. 

Tengo pocos años, mi juventud ardiente puede delirar 
en este plan conmovida con un acontecim.*° no esperado. 
La sabia penetrac." del Señor Mutis, su prudencia consu- 
mada pesarán mejor las ventaj.^ desta nueva expedición. 
El me dirigirá y dispondrá con absoluto dominio sobre mi. 
Se va á cerrar el correo^ y solo esto me hace caer la pluma 
de mi mano. Tanto fuego tengo en mi corazón en amor del 
generoso Mutis. ¡Cielo santo conservad esta vida tan pre- 
ciosa, prolongad unos dias q." nos labran nra. felicidad! 



Ensayo de una Memoria sobre un nuevo método 
de medir p/ medio del termómetro las Mon- 
tañas ^^\ 

Quito y Abril 1802, 

m 

J. C. Mutis. 

Auctori mee fortune XJCotWxz primo ñaue offero. 
Ex ipso Systemate Nature á tonto Mecíenate donato. 
I. En un pequeño viaje (2) q.^ hice al Volcan de Puracé 
distante 5 leguas al Este de Popap." p.'' reconocer sus bo- 



(1) Don Lino de Pombo en su Memoria histCr'ica sobre la nj'ida, carácter^ tra- 
bajos cientrjjcosy literarios y ser'vidcs patrióticos de Franci^.co "José' de Caldas, publi- 
cada primero en La Siesta, de Bogotá, en 1852.-7 en parte reproducida por el 
señor Vergara y Vergara en su Historia de la Literatura en Nueza Granjda^ 
dice que esta Memoria fué dada á la estampa en Burdeos en 1819 con innu- 
merables errores tipográficos, y expresa el deseo de que se reimprima «ex- 
purgada de sus graves defectos con amor é inteligencia». No nos es posible 
llenar el segundo requisito. Cuando la copiamos escrupulosamente del ar- 
chivo de la Expedición Botánica creímos que era un documento inéditoj re- 
cordábamos que el señor Vergara y Vergara había reproducido en la Re-viila 
de Bogotá el escrito del señor Pombo, pero habíamos olvidado la circunstancia 
que apunta respecto de esta Memoria. Satisfacemos en parte el deseo del se- 
ñor Pombo, y dejamos á los especialistas el cuidado de cotejar el texto que 
damos en este volumen con la edición de Burdeos y de expurgar de errores, 
si los tuviere, el texto que hemos tenido á la vista. — D. M. 

(2) El autor de este viage fue D. Ant." Arboleda joven de luces y amante 
de los conocimientos útiles. Nos acompañó D. Juan Joseph Hurtado q.* lo 
anima igual espíritu. Gastamos ocho días asistidos con una magnificencia 



— lo- 
cas, elevación, termino de la rrteve permanente en esta la- 
titud, muchas vertient.^ de aguas minerales y plantas, no 
tuve acontecimiento mas feliz q.^ romper un term." p.^' la 
extremidad del tubo. Sí, este fue el fruto mas precioso de 
esta expedición p.'" q.® fue la causa de q.^ nacieran en mi 
alma ideas q.® de otro modo nunca se habrían excitado. 

2. Restituido á Popayan sin mas T. (i) q.« el q.^ acababa 
de romper, con el dolor de ver interrumpida una serie de 
observaciones comenzadas traté de hacer útil lo q.^ me 
quedaba de este instrum.^° El termino del yelo me decia, 
aunq/' ha quedado invariable es preciso q.«>axe á causa 
del mercurio q.*" se ha de derramar quando le hierva; pero 
nosotros gozamos de la nieve todo el año y es fácil obtener 
el termino inferior de mi escala. En mis primeras reflexio- 
nes crei q.'^^ el calor del agua hirviendo me daria con igual 
seguridad el termino superior. Sin profundisar mas sobre 
la verdad de estos principios tomo agua de lluvia con pre- 
caución, la hiervo, sumerjo mi T., dexo q.® evaqije todo el 
mercurio superabundante, lo cierro y creo tener el un ex- 
tremo de mi nueva escala: Hago venir nieve, le machaco 
y envuelvo en ella la bola de mi T., señalo el punto en que 
se detiene y pienso q."' no faltaba ya otra cosa q.« dividir 
el espacio contenido entre estos dos puntos en 8o parleF, 
si quería la escala de Reaumur; y en i8o si la de Favenheit. 
Pongo en execucion mi pensamiento, hallo unos grados 
demasiado pequeños comparados con los q.^ tenia el T. an- 
tes de romperse: el calor de la atmosfera de Popayan, tan 



nada común y auxiliados con quanto quisimos. Formamos una Mem:,r'ía io- 
breel Volcan de Purace. Ella contiene la determinación del termino de la ve- 
getación á 2" 20' de latit. boreal, mis reflexiones sobre este particular, el 
análisis de dos fuentes minerales, la descripción de ellas, de dos cascadas, 
nras. observaciones geológicas, congeturas sobre las erupciones del Volcan 
y en fin, la descripción de un numero considerable de plantas, 
(i) La T expresará termómetro y la B barómetro. 



— 17 — 

conocido p.^ mi p.^' mis anteriores observaciones, crece; y 
habria creido qualquiera, desnudo de este conocimiento, 
q.« esta ciudad tenia el temperamento de Neyva ó Mari- 
quita. Concluí en gral. q.^ habia error en los extremos de 
mi escala y q.® era necesario profundizar la materia. Am- 
bos puntos, el yeloy el calor del agua, ¿estarán afectos de 
alguna corrección precisa q.^ he omitido? ¿Tendrá la niev^e 
menos frió en la vecindad de la linea.^ ¿Resucitara la opi- 
nión de q.« el yelo es mas frió en razón de la latitud? Yo 
habia tenido cuidado de sumergir mi T. muchas veces en 
la nieve antes de q.^ se rompiese, y siempre habia baxado 
exactamente al termino de la congelación. No podia, pues, 
concluir nada contra la invariabilidad del termino inferior. 
Por el contrario mis observación.^ sobre este objeto con- 
firmaban su fixeza de un modo mas victorioso q.^ las del 
D/' Martine. Este Fisico (i) habia visto solamente q.« el 
yelo era igualmente frió á 56" 20' y 52° 30' de latitud bo- 
real, entre quienes no hay mas diferencia q.« 3° 48'. Pero 
mis trabajos en este genero prueban q.^ un T. q.« señala o 
en Londres á 51° 30' de latitud; se detiene en el mismo 
punto á 2° 24' de lat., quando se le sumerge en el yelo, y 
acabo de veer q.^ lo mismo sucede en Quito á 13' de lati- 
tud austral. El yelo es, pues, igualm.^^ frió baxo de la linea 
q." á 5 1° 30' de lat. boreal, en un pais baxo coma Londres, 
á 800 toesas en Popayan, y á 1.600 sobre el mar en Quito, 
en unos paises tan diferentes p.'" su clima y p.'" sus produc- 
ciones q.^ parecen los extremos. 

3. Si tenia ideas claras y hechos q.'^ demuestran el ter- 
mino del yelo, habia pensado muy poco en el del agua 
hirviendo. Desde entonces conoci q.^ el error de mi escala 
se acumulaba sobre el termino superior, y traté de adqui- 
rir nociones exactas sobre él, como las tenia del inferior. 

(i) Física experim. de Mr. Sigaud jle la Fond., t. 3., p. 191. 

2 



— i8 — 

Bien presto vi q.*^ aunq.«^ el calor del agua hirviendo es 
constante supone igual presión atmosférica: q.« aumentán- 
dose ó disminuyéndose esta, se aumenta ó disminuye el 
calor del agua: y en fin q.« yo obraba a 800 toesas sobre 
el nivel del mar y con solo la presión de 22" 10^, 9, eleva- 
ción del mercurio en Pop.", en lugar de 28 q.^ se requieren 
p.^ obtener el termino superior de una buena escala. Era, 
pues, preciso aumentar el espacio entre los dos puntos fun- 
damentales tanta cantidad quanta corresponde á 5" 1\ i de 
mayor presión del agua. ^-Pero sobre qué principios debia 
establecer mi calculo.^ Muy poco ó nada se ha escrito, diré 
mejor, ha llegado á mis manos sobre este particular. To- 
dos los ñsicos, todos los artistas cierran sus T.^ quando el 
B. está á 28 "; y De Luc adopta la altura de 27 como mas 
gral. en las ciudades de Europa. La única luz, y esta es- 
casa que tenia era un pasage de Mr. Sigaud de la Fond (i) 
«del Dr. Martine, dice este físico, ha experimentado q.<^ la 
elevación ó descenso del mercurio siendo de una pulgada 
en el Barómetro, el calor del agua cociendo varia algo me- 
nos de dos grados según la escala de Farenheit». La expre- 
sión algo m:nos q.^ no asigna una cantidad determinada 
me arrojaba en la incerlidumbre y en la imposibilidad de 
poder verificar en mi T. el termino superior de la escala, 
sin pasar á un lugar baxo en q."' ascendiese mi B. á 28 ". La 
necesidad era urgente, y no podia hacer un viage costoso 
por solo este interés. Dirigi todas mis fuerzas á veer si po- 
dia verificar mi escala sin salir de Pop." 

4. Dos grados de Farenheit hacen o°,888 de Reaumur. 
^•Será acaco el algo menos del D.'" Martine las dos ultimas 
cifras de la fracción antecedente? Quiero creer q.<^ esta es 
la cantidad q.*' asigna este fisico, quiero p.^" ahora calcular 
con solo 0°8 de R. p.'^ una pulgada del B., y será: 

(i) Física experim., t. 3., p. 189, 



— 19 — 



Debo, pues, conforme á este calculo añadir 4°, 073 al 
termino superior q.^ dé el calor del agua en Popayan, y la 
unidad q.^ debe servir para verificar esta cantidad le hallo: 

80" — 40 — 073 = 75, 927. 

Por consiguiente debo dividir en el nivel de Pop." el es- 
pacio comprehendido entre el yelo y agua hirviendo en 
75; 927, y este es el calor que tiene este fluido á la pre- 
sión de 22^ 10^, 3. 

5. Tales fueron los resultados de mis combinaciones, 
resultados q.« no contentaban mi escrupulosidad. Ellas 
eran el producto de dos números q.« aun no conocemos 
bien. La elevación media del mercurio en el B. al nivel del 
mar baxo del Equador y en sus inmediaciones y lo q.« au- 
menta ó disminuye el calor del agua p.^' una pulgada de 
este instrumento son cantidades inciertas. 

6. A pesar de las observaciones hechas en Portobelo, 
Panamá, Manta, Guayaquil, Lima p.^' los astrónomos Go- 
din, Bouguer, de laCondamine, Juan, Ulloa quedamos en 
la incertidumbre sobre la alt.^ del B. al nivel del mar entre 
los Trópicos. El tiempo q.^ se mantuvieron estos sabios 
sobre nuestras costas fue muy limitado y el resultado de 
sus observaciones vario. Si reflexfonamos sobre sus escri- 
tos, si nos tomamos el trabajo de compararlas y tenemos 
presente el estado de nros. conocimientos en aquella época, 
hallaremos que las variaciones son mayores en los lugares 
baxos, y mucho menores en la cima de las montañas: que 
sus determinaciones van desde 27 " 11' hasta 28 " i V2' ^^^ 
en 1735 y 36 no se pensaba en disminuirla columna de mer- 
curio dilatada p.'' 27, p.'"28y muchas veces p.'" 29 grados 



20 — 

de calor en la escala de R.: q.^ es bien dudoso que se haya 
tomado la precaución de no deducir la altura media de la 
suma de todas las observaciones partida p.'" su numero, 
método q.^ ha expuesto á muchos á los mayores errores, y 
q.e ha inutilizado tantos trabajos preciosos; y en fin que su 
elev." media es la indicada p.'" un B. simple y único y nun- 
ca p/ muchos tubos de diferente densidad y calibre. ¡Que 
desconfianza no deben inspirarnos estas reflexiones! Esta 
materia la he tratado con mas extensión en mi Memoria 
sobre la elevac.^ media del mercurio entre los trópicos al nivel 
del mar. 

Aun es mas dudoso el otro dato de mi calculo, y si he 
de hablar con la ingenuidad propia de un amante de la 
verdad, la fracción o°, 8 p.'' 12 ^ del B es una adivinanza. 
De estos principios q.® se me presentaban con toda la fuer- 
za de su verdad concluí q.*^ el calor del agua en Popayan 
era incierto, y que era preciso buscarle de un modo direc- 
to é independiente de toda suposición. 

Aqui habria acabado la lucha con mi escala si hubiera 
hallado un T. q.'^ sostituir al primero. Las observaciones 
comenzadas se iban á inutilizar, y he aqui un poderoso 
motivo q.^ me anima: duplico mis exfuerzos, leo los pocos 
Físicos q.^ tengo y comienso á meditar con seriedad. Un 
dia revolviendo en mi espíritu todas las ideas expuestas 
hasta aqui quiero volver sobre mis pasos para aclararlas 
y, tomo un camino inverso. De repente se me presentan es- 
tas verdades «El calor del agua hirviendo es proporcional 
á la presión atmosférica: la presión atmosférica es propor- 
cional á la altura sobre el nivel del mar: la presión 
atmosférica sigue la misma ley q.^ las elevaciones del B., 
ó hablando con propiedad, el B no nos enseña otra cosa 
que la presión atmosférica: luego el calor del agua nos 
indica la presión atmosférica del mismo modo q.*^ el B: 
Juego como el puede darnos las elevaciones de los lugares. 



He aqui un método de medir las Montañas y las elevacio- 
nes de los lugares sin necesidad del B y con tanta seguri- 
dad como el.» ^'Será este un verdadero descubrimiento? ¿Ha- 
bré adivinado en el seno de las tinieblas de Popayan un mé- 
todo q.e estará hallado y perfeccionado p/ algún sabio 
europeo? O p/ el contrario ;seré yo el primero á quien se 
hayan presentado estas ideas? Siendo tan claras ¿se habrán 
ocultado á Reaumur, D'Lisle, Farenheit, De Luc y Sucio? 
El libro mas reciente q.^ tengo es Sigaud, le consulto de 
nuevo, no hallo nada q.® se parezca á mi teoria. Indica, es 
verdad, un método de medir las alturas p/ el T. Pero ¡que 
diferente! ¡que imperfecto! ¿Habria suprimido el del calor 
del agua si hubiera sido conocido al tiempo que escribía? 
Por lo menos, concluyo, hasta esta época no se ha pensa- 
do en el. La simplicidad de los principios la claridad 
de las ideas me inspiraban, apesar de estas reflexiones 
una grande desconfianza ;Es posible, me volvía á pre- 
guntar, q.^ se hayan ocultado estas pequeñeses á unos 
hombres tan grandes? Es verdad q.® la historia nos pre- 
senta exemplos q.® no se pueden leer sin humillación. 
¿Quien creyera q.^ los Antiguos q.^ poseyeron el arte de 
hacer el vidrio no alcanzaron á usar de el para defen- 
derse del ayre y del frío sin privarse de la luz? ¿Que los 
Peruanos q.^ erigieron unos edificios q.^ hacen nra. admira- 
ción no supieron formarse una ventana? Puede ser que á 
estos sabios ocupados siempre de grandes objetos se hayan 
escapado estas ideas. ¡Qué dudas! ¡Que suerte tan triste la 
de un Americano! Después de muchos trabajos si llega á 
encontrar alguna cosa nueva lo mas q.^ puede decirse: no 
está en mi i libros. ¿Podra algún pueblo de la tierra llegar á 
ser sabio sin una accelerada comunicación con la culta Eu- 
ropa? ¡Que tinieblas las que nos cercan! Pero ah! ya duda- 
mos ya comenzamos á trabajar, ya deseamos! Esto es ha- 
ber llegado á la mitad de la carrera. ¿Qual es ese genio 



22 — 

bienhechor q." nos ha conducido hasta este termino? Mutis 
llega á nras, costas: la luz raya sobie nro. hemisferio, 
levanta el grito y despierta á este mundo aletargado. Ilus- 
tre sabio, yo os veo en este momento cercado de una glo- 
ria q.* vros. mas implacables enemigos no os podran arre- 
batar: ¡Mutis nos trajo las primeras nociones de las Cien- 
cias! Si aun no somos sabios no es culpa vra., todo se 
debe imputar á nra. pereza y á esa funesta adhecion á 
nras. antiguas preocupaciones. Si correspondiendo á vues- 
tras miras paternales seguimos la gloriosa carrera q.' nos 
habéis abierto, si hacen progresos las Ciencias entre nos- 
otros, si alguno requiere reproducir en el Nuevo Mundo á 
Montucla, Bayllé, Andrés, si se escribe la Historia literaria 
de la América; Mutis estará al frente. Mutis sera el padre 
de nras. luces. Yo me desvio: sin advertirlo he dado con 
el objeto de mi amor y de mi delirio. No tengo que pedir 
venia p.'' esta digrecion. Mis paysanos, los jóvenes que as- 
piran á la sabiduría, querrían que, olvidando la materia de 
este Ensayo de Memoria, se convirtiese en el panegírico 
del Autor de sus luces: ¡Que objeto! que breve! Tiemblo, 
no me atrevo á tocarlo. Las cenizas de Fontenelle y de 
Tomas, los genios succesores de estos sabios reclamarían 
sus derechos: no quiero disputarlos: pongo en sus manos un 
material q.^ no es digno de las mias: me contento con no 
ceder á ninguno de ellos en amor; y con hablarle del B, de 
la agua hirviendo y del T. 

Sean conocidas, ó nuevas yo debo perfeccionarlas, me 
decia, debo consultar á la experiencia. Si lo primero, ten- 
dremos un exemplo de que una misma verdad se presenta 
al mismo tiempo á muchos: compararemos los trabajos del 
europeo con los del hijo de Popayan; veremos los caminos 
q.*^ han seguido, sug resultados, y tal vez unos corregidos 
p.^" los otros perfeccionaran esta teoria. Aun quando haya 
salido perfecta de las manos del primero no habré perdido 



— 23 — 

mi trabajo. Mis observaciones en este caso serán unos 
hechos q.** la confirmen, probaran q/ es general, q.® baxo 
■de la linea, á pequeñas latitudes, en todas las elevaciones 
los resultados son iguales á los de la zona templada y que 
no influyen en ella ni la distancia ni el clima. Si lo segun- 
do ¿no es desidia, no es una pereza reprensible abando- 
nar una materia que puede tener conseqüencias impor- 
tantes? 

Estas reflexiones me inspiran un valor superior á los 
obstáculos q.' me rodean y resuelvo trabajar en quanto 
esté de mi parte. Pero ¿por donde debo comenzar? ¿Que 
principios deben guiar en mis indagaciones? Solo, aislado, 
sin luces, sin libros, sin instrum.*^*^^; mi mano debe formar, 
yo he de ser el criador de q.^° necesite p.^ poder dar un 
paso en los trabajos proyectados. El primero debe ser una 
observación del calor del agua en Popayan con T. exacto. 
jOue dificultad! Aun no he com.enzado, ya estoy detenido 
en mis trabajos. Nada me acobarda Indago con el mayor 
cuidado y de todos modos si existe alguno en Popayan y 
«n cuyas manos. Descubro dos, el uno de espíritu de vino 
q.' no me podia servir, el otro de mercurio hace el objeto 
de mis deseos: lo consigo sin dificultad, era de Dollond, 
cerrado en Londres: examino el termino del yelo, y lo hallo 
exacto: no puedo sujetar á igual examen el termino supe- 
rior y le supongo bien establecido: divido el espacio fun- 
damental en 80°: lé adapto un Nonio q.^ subdivide en diez 
partes cada grado: tomo agua de lluvia, la hiervo, sumer- 
jo mi T., avivo el fuego, el mercuiio se detiene, se fija en 
75^,7: salto de contento ¡que cerca de mis primeras conge- 
turas! (i) ¡Mis ideas se comienzan á confirmar p.'' la expe- 
riencia! Depongo por este momento mis escrúpulos; adop- 
to 28** del B. al nivel del mar; y 80° del T. p.'" calor del 

(i) Véase el num " 4 de este ensayo. 



— 24 — 

agua á esta presión: conosco que este es de 75,7 á 22" 10^,9 
en Popapan: emprendo el calculo de lo q." debe variar por 
una pulgada en el B.: obro así: 

28'' — 22" iii (ij = 5" i' = 6i>: 
8o°-75'',7 = 4°,3 

61' : 4°, 3 :: 12' : -Ü^^i-L^ — o °, 8 grados de-fó — 
61 

en el T. de R. p.' 12^ de -|- ó de — en el B. ¡Que bien ha- 
bia adivinado el algo menos del D.'' Martine (2). 

Con este resultado comienzo mi calculo inverso: em- 
prendo conocer p.'" el y p>'' el calor del agua en Popayan 
la altura del B. q.^ le corresponde: 

o«,8 : 12 > : : 4°, 3 : ^°'\''/'' = 64' = 5'4> 

O ,» 

28° — 5" 4I =r 22" 8 ' altura del mercurio en el B. que 
corresponde á Popayan. No difiere de lo q.' indica este 
instrumento sino en 2^, 9. Este resultado tiene una presi- 
cion superior á mis esperanzas; pero no me satisface: resu- 
citan mis escrúpulos, mis dudas se aumentan. ¡Quantos 
principios de error se presentan á mi imaginación! La im- 
pureza del agua, la forma de la vasija, la altura del B en 
nros. mares, el exponente, la escala, y sobre todo mi poca 
practica en este genero de experiencias me añigen, me 
desaniman; estoy por abandonarlo todo. Me avergüenza 
de mi floxedad, me reprendo, entro en nuevas j-eflexiones 
p.* remover obstáculos: distingo los q.*" me parecen inven- 
sibles de los que no lo son: solo queda la alt.^ del B. en el 
mar entre los primeros: los segundos no exigen sino pacien- 
cia y trabaxo p.^ desaparecer. 



(i) Tomando un numero redondo, p.* q.* o', I de mas es despreciable 
en nro. caso y complicarla el calculo sin fruto. 
(2) Véase el num.o 4 de esce Ensayo. 



— 25 — 

A este tiempo un Amigo (i) quiere que le acompañe á 
una bella casa de campo q/ posee en las faldas de la fa- 
mosa cordillera de los Andes y situada á muchas toesas 
sobre el nivel de Popayan. No pierdo esta ocasión: mani- 
fiesto á mi Amigo mis ideas, hallo las mas favorables dis- 
posiciones en el, y animados del mismo zelo partimos con 
nros. instrumentos. ¡Que actividad! que constancia la del 
compañero de mis trabaxos! No se desdeña de hacer los 
oficios mas penosos y humildes. Apesar de la educación 
barbara en su juventud ha sabido sacudir las preocupacio- 
nes: conoce el camino de la verdad, trabaja con utilidad 
propia y de sus compatriotas. Libros, instrum/°-, luces, he 
aqui el objeto de su ambición. ¡Quanto debo á este Amigo 
generoso! La mitad de la gloria, si alguna merecen estos 
pequeños trabajos, á el le pertenece. Estoy seguro que á 
no haberme auxiliado con su persona y con sus bienes es- 
tarían ya mis ideas sepultadas en el olvido. Faltarla á las 
leyes del reconocim.'^'^ si no le diera este testimonio de mi 
gratitud y de mi amor. 

Hacemos muchas experiencias en Poblasen: (2) subi- 
mos á un cerro inmediato nombrado Buenavista, observa- 
mos el calor del agua: los resultados son aproximados y 
tienen el mismo grado de precisión q." el hallado p.* Po- 
payan. Nuevas pruebas de la incertidumbre de la altura 
media del B. en el mar. ¡Que elemento tan necesario para 
mis indagaciones! ¿Como asegurarme, como saber con 
exactitud la altura de esta columna sobre nras. costas.^ 
O verificarla baxando á ellas, ó dirigir el calculo de modo 



(i) El Dj D." Manuel María de Arboleda, hoy Prov.»' Vic <> gral. del 
Ob¡sp.° de Popayan. 

(2) Este es el nombre de la casa de campo de mi Amigo á 3 leg.* al Este 
de Pop.". 



— 2Ó — 

q.^ no exija este principio; tomo este camino, y el modo 
de executarlo es el siguiente: 

Hago á Popayan el centro de mis operaciones: fixo la 
altura media del mercurio en esta ciudad de un modo es- 
crupuloso y seguro: determino el calor del agua destilada 
en su nivel p.'" repetidas experiencias: refiero á este mis 
observaciones, y destierro de mis cálculos el principio de 
28" al nivel del Mar. Quando p.'" nuevas y exactas obser- 
vaciones conoscamos este principio fundamental no ten- 
dremos sino aplicarlo sin alterar en nada los resultados de 
mis observaciones. 

Los cálculos relativos al nivel de Popayan con el expo- 
nente 0°, 8 me manifiestan que es preciso aumentarlo, y re- 
suelvo un viage á la Cordillera. Rectifico de nuevo mis ins- 
trum.^°^ destilo agua q.' sugeto á las pruebas de la solución 
de plata (nitrato de plata) y de mercurio (nitrato de merm- 
rio), y provisto de lo necesario parto el 22 de Julio de 801. 

Antes de exponer los resultados de mis trabajos sobre 
€sta famosa cadena de Montañas, es preciso saber, q.' la 
altura del B. en Popayan p.'' mis ultimas observaciones 
hechas con el mayor cuidado es de 22" 11'^ es decir o', 3 
mayor q/' la q.' asignamos anteriorm." , y que el calor del 
agua á esta presión es de 75°, 65 de Ja escala de Reaumur. 

En un sitio nombrado Las Juntas hago mi primera man- 
cion. El B. se sostubo aqui en 21, 9' 0,14' mas baxo que 
en Popayan: hierve el agua, el licor del T. se detiene en 
ella á 74°, 5: calculo el exponente p.'" esta observac". 

Alt.^del B. enPop.". 22Piií, 2 Cal.'" del agua 75°. 65 
En Lf.s Juntas 21. 9,0 74 • 50 



Diferencias... 



14,2 



grados de Reaumur, p.'' 12' del B. 



— 27 — 

Subo un poco mas, hago mi segunda observación en 
Paispamba pequeña hacienda á 5 leg.^ al S. de Popayan 
El B. se sostiene en 20", 9 1, i y el calor del agua es de 
73^5 

Alt.'' del B. en Pop". 22.11,2 Cal.' del agua 75.65 
En Paispamba.. ... . 20. 9,1 73-50 

Diferencias 2. 2.1 2.15 

2^ 2\ 1 = 261, I : 2°,i5 : : 12^ : ^^^^ ' ^^ =0^,988 

26,1 

grados del T. de Reaumur p.'' 12 ^ del B. 

Mi alegría fue extrema al veer el resultado de esta se- 
gunda observación. ¡Que conformidad en el exponente! No 
difiere del primero sino en 0°, 017 milésimas, cantidad que 
no la puede indicar el mas delicado instrumento. 

Animado p.^' unos resultados tan felices doy un paso 
mas: subo á un cerro al Este de Paispamba llamado Som- 
breros: mi B. se mantiene en 19^ 6', 05: el calor del 
agua 72°, 4 

Alt.^del B. en Pop.". 22" 11 1,20 Cal.'" del agua 75.65 
En Sombreros 19.6.05 7 2 . 40 

Diferencias.... 3- 5 -15 3-25 

3^ 5^ 15 = 41 . 15 : 3°, 25 : : 12' : '^^^^^^ =o^947 

4i> 15 
grados del T. de Reaumur p.'' 12 • del B. 

He aqui un resultado acorde con !os anteced.^-% he 
aqui tres observación.^ q.® demuestran q.^ mas de nueve 
decimas de un grado en el T. de Reaum. de -+- ó — en el 
calor del agua corresponden á 12^ del B. 

Resuelvo subir mas: llego á la cima de otro cerro llama- 
do Tambores: el B. se sostiene aqui á iS'' 11, 6 : el calor 
del agua es de 71°, 75. 



— 28 — " 

AIl.^ delB. en Pop.". 22.11.2 Cal. •' del agua 75.65 

En Tambores 18. 11. 6 71-75 

Diferencias. ... 3. 11. 6 3-9© 

3^ ii\6 = 41\ 6 : 3% 9 : : 12^ : '' ^f ^ ^ = o\ 983 

47; o 
grados del T. de Reaum. p.' 12' de B. 

Me lleno de satisfacción al veer este ultimo numero, se 
disipan mis dudas, me confirmo en la incertidumbre sobre 
la alt.* del B, en el mar, y conosco q.' mas de 9 decimas 
es el exponente verdadero, q.^ la presión indicada p.'' el 
B. no se distingue de la q.'' da el calor del agua, y en fin 
q.^ mis ideas están comprobad.^ p.'^ la experiencia. 

Emprendo un nuevo trabajo, combino las mas satisfac- 
torias: les elixo con prudencia y con precaución, p.^ se 
trata de fixar un exponente q.'' va á ser el fundam.t° de 
todos los cálculos posteriores. Tomo las observación.® de 
las Juntas y Sombreros y calculo de nuevo el exponente. 

Alt.^ del B. en las 

yuntas 21^9^,00 Cal.'" del agua 74° 60 

En Sombreros 19.6.05 72. 40 

Diferencias ... 2. 2, 95 2. 2. 

1 2 X 2° o 
2" 2\ 95 =: 26, 95 : 2°, 2 : : 12 : ^^ — = 0^979 

grados del T. de Reaumur p.'' 12' de B. 

Hago lo mismo con las observac.^ de Paispamba y Tam- 
bores. 



Alt.^ del B. en Pais 

pamba 

En Tambores 

Diferencias . . 



1^9,5 = 2ii, 5 



— 29 — 



20^ 9^1 Cal/' del agua 73°, 50 
18. II. 6 71 . 75 



I- 9-5 1.75 

12X1°, 75 

2í,5 



grados del T. de Reaum. p/' 12^ del B. 

No podemos ya dudar q/ mas de 9 decimas es el ex- 
ponente verdadero: fixemos de una vez este elemento sus- 
pirado. Reúno en una suma los reis resultados, parto por 
el numero de ellos y el cociente o, 974 es el numero que 
buscamos, expresa la cantidad de + y — en el T. de 
Reaum. p/ 12 líneas del B. 

Ya estamos en el caso de resolver el problema. Dado el 
calor del agua hirviendo de un lugar hallar la elevación del 
mercurio en el B. qJ le corresponde y su altura sobre el nivel 
del mar. 

Como el exponente 0°, 974 : á 12^ : : así la diferencia 
del calor del agua del lugar con el de Pop.^^ p.^ ahora, ó 
con el del mar quando se conozca: á un numero de pulga- 
das, lineas &. del B. que se quitaran si el lugar esta sobre 
y añadirán si esta debaxo del nivel de Pop."^: con el mar 
siempre se quitaran de su altura. Ensayemos aplicar estos 
principios. 

El calor del agua en Tambores es 71°, 15: se pide la al- 
tura del B. q * le corresponde. 

Calor del agua en Pop." 75-^5 

En Tambores 7i-i5 



Diferencia 3-90 



>°, 974:12':: 2>\ 9 :-^^-f^^^ = 48^05 = 4^0105. 

o > 974 



-_ 30 — 

Como Tambores está sobre el nivel de Pop." resto este 
resultado de la altura del B. en esta ciudad. 

Alt.* del B. en Pop." 22.11.20 

Resultado 4 . 00. 05 

Residuo 1 8. 1 1. 15 altura del B. en 

Tambores. 

Comparemos el resultado del calculo con la observación 
q.' hice sobre este cerro. 

Alt.^ del B. en Tambores 18° 11' 60 

Altura del B. calculada p/' el 

calor de agua 18. 11. 15 

Diferencia 00. 00. 45 



No se puede decear mayor exactitud. 

Si queremos una expresión general de este calculo sean: 

a = la altura del B. en Pop.", ó en el mar. 

b =-= calor del agua en los mismos lugares. 

c = el exponente. 

e =--= 12 lineas. 

d = calor del agua en un lugar qualquiera. 

z = alt.^ del B. en el 

h —d X^ 
Valdrá: a zh =: 2 para Popayan. 

c 

b — dxe 
a = z para el mar. 



Baxo de estos principios he calculado las alturas del 
B. que corresponden á los lugar. ^ en que he observado el 
calor del agua, como llevo referido, y de otros en q.^ ob- 
servé á mi regreso á Pop." La Tabla siguiente presenta de 



— al- 



una ojeada los lugares , calor del agua en la escala de 
Reaum. y de Farenheit, las alt.' del B. observadas, y las 
mismas calculadas p/ el calor del agua, con las diferencias 
entre unas y otras: 





Calor 


Calor 


Alturas 


Alturas 
del B 




LUGARES 


del agua. 


del agua. 


delB. 


calculadas. 


DIFERERCIAS 








observadas 


por el calor 






T. Reaum. 


T. Farznh. 




del agua. 




Popayan. . 


75°, 65 


202°; 21 


22.PII.S2 




» 


Juntas. . . . 


74,50 


199 , 62 


21. 9, 21. 9, 04 


4- 0,^ 04 


Paispamba. 


73, 50 


197 , 37 


20. 9, I 20. 8, 72 


— 0, 38 


Sombreros.. 


72 ,40 


194,90 


19. 6,05; 19. 7, 15 


+ I, 10 


Tambores.. 


71 ,75 


193 , 43 


18. II, 6 


18. II, 15 


- 0, 45 


Estrellas.. . 


73 ,30 


196 , 87 


20. 7, 


20, 6, 25 


- 0, 75 


Poblasen.. . 


74,30 


199, 17 


21. 6, 9 


21. 6, 59 


— 0, 31 


Buena-vista 


73,80 


197 , 05 


21. II, 15 


21. 0, 5 


— 0, 65 



Siete observación.^ del calor del agua, siete alturas del 
B. calculad.^ por ellas, y comparadas con las observadas 
q.^ no difieren sino en cantidades q.* nros. instrumentos 
no nos pueden indicar, q.^ en seis no llega el error á una 
linea y en otra no pasa de i,^ i anuncian un método 
seguro p.^ medir las elevación. ■" de los lugares sin el auxi- 
lio del B. 

Este era el estado de mis trabajos quando me fue preci • 
so pasar á Quito p.'' intereses particulares. Me alegraba de 
una ocasión q.'' se me iba á presentar para poder mul- 
tiplicar mis observación.'' en niveles tan diferentes como 
tienen los países q.^ era preciso atrabezar. A pesar de los 
deseos que me abrasaban de ponerlas en practica no pude 
hacer sino tres, la una en el valle abrasador de Patia, la 
otra en Pasto y en fin la ultima en Quito. Aun estas no se 



— 32 — 

habían verificado sin el socorro de un Amigo (i) zeloso é 
ilustrado q.' era mi compañero único de viage; no puedo 
dexar de nombrarle como una muestra de mi reconocimien- 
to. La pequeña Tab. siguiente presenta de un golpe todos 
nros. resultados: 



LUGARES 



Calor 
del agua. 

T. de Ream. 


Calor 
del agua, 

T. de Far. 


Alturas 

dal B. 

observadas 


Alturas 

delB. 

calculadas 

por el 

calor 

del agua. 


DIFEREKCUS 



Herradura. . 78 . 50 

Pasto 73 • 60 

fíuito 73 . 05 



208.62 25.11.85 25.10.31 —1,54 
197.60 20. 9.85 20. 9.95 +0,10 
196.30 20. 2.00 20. 3.18 -+ 1,18 



La llegada del S.'' Barón de Humboldt se acercaba: es- 
pero con impaciencia á este joven sabio p.^ salir de mis 
dudas. Con su trato me confirmo en que la altura media 
del mercurio al nivel del mar en la vecindad del Equador 
es dudosa, y q.'' absolutam.*^ ignoramos el calor del agua 
en el mismo. Manifiesto mi método, pregunto si es nuevo. 
Cree este sabio á primera vista q." Sucio habia trabajado 
baxo de esta idea: revee sus M. S. S. y me contesta: Sucio 
no ha pensado como Vd. en agua hirviendo: sus trabajos se 
han limitado al temple de la atmosfera: asigna 640 pies de 
altura p.^ un grado en el T. y yo he observado q/ va muy 
bien este expM en el pico de Teyde quando el dia es sereno y 
se obra en lugares elevados. Desde este momento entro en 
posesión de este, si se puede llamar pequeño descubrimien- 
to. ¡Que diferencia del método de Sucio al mió! ¡que im- 
perfecto el del primero! ¡que precario! Sucio no es sino el 
perfeccionador de las ideas de Heberden, ideas ex^puestas á 
los mayores errores, casi impracticables y que exigen el 



(i) El D. D. Toribio Rodríguez Abogado en Quito. 



— 33 — 

juicio y la prudencia de un Fisico experimentado p.^ po- 
derlas aplicar con suceso. ¿Como es posible q.* el temple 
de la atmosfera variando hasta el infinito sobre un mismo 
nivel, en q.« influye el lugar, la reflexión, un viento, una 
nube, la hora puede servir con fixeza p.* determinar la ele- 
vación? Aun quando se supongan dos observadores q.' de 
convenio observen al mismo momento ¿quantas causas lo- 
cales y particulares á cada estación alterarán el licor del 
T.r ¡Que raro que difícil hallar un dia perfectam.'' cereño! 
Y solo esta circunstancia ¡que limitado hace el método 
de Heberden y de Sucio! Por el contrario el del agua hir- 
viendo presenta toda la comodidad, toda la precisión q.* se 
puede apetecer. Que sea el tiempo cereño, nublado, frío, 
caloroso, con viento: q.^ el observador este á cubierto ó 
expuesto, siempre el agua hirviendo indicará en el T. un 
calor proporcionado á la presión. 

Por otra parte. el exponente de 640 p.'' un grado en 
el B. es un exponente relativo á la altura, y es necesario 
variarlo en los lugares baxos, en los medios y en los eleva- 
dos, sin lo qual estaría el método expto. á los más groseros 
errores y en contradicción con la teoría. Este exponente 
constante es lo mismo q.^ si le diésemos uno al B. como lo 
hace Paulian asignando 12 toesas. de altura p.'" una linea 
de menos en este instrumento. Es preciso no estar iniciado 
en la Física p.^ admitir un principio tan erróneo. Los tia- 
bajos hechos en Quito á principios del siglo pasado hacen 
veer que en la elevación de Caraburu ya es necesario subir 
17 tosas, p.^ q.' el B. baxe una linea. Yo pienso que todo 
exponente constante relativo á la alt.^ es un absurdo. 

No se pueden objetar e-tos defectos á mi exponente. El 
es relativo á la presión, aumenta la altura en donde se dis- 
minuye esta, es relativo al B. y todas las indagaciones so- 
bre la ley y la progres." q.' conviene á este instrumento 
se acomoda y conviene al calor del agua, pues ambos no 



— 34 — 

tienen otro fundamen.*° q/ la presión atmosférica. El se- 
ñor Barón de Humboldt á quien he manifestado una parte- 
de mis ideas creyó q.* mi exponente tenia los mismos de- 
fectos q.* el de Sucio; pero meditada la cosa convino con- 
migo en esta preciosa propiedad de mi exp.'* q.^ le distin- 
gue de todos. 

Este mismo sabio me objetó q." el calor del agua varia- 
ba á la misma presión hasta un grado. Yo habria subscrito 
con el mayor gusto á una autoridad tan respetable si hu- 
biera autoridad contra la exp.^ Una larga practica me ha 
enseñado q^ el calor del agua á igual presión es invariable 
observando con las precauciones convenientes. La autori- 
dad de todos los Físicos apoya mi modo de pensar. De 
otro modo ¿-podia haber Termom.^ comparables? ¿*No es 
esta invariabilidad del calor del agua hirviendo á la presión 
de 28'' el fundamt." del termino superior de la escala de 
todos los T.^? Es verdad q.' á los primeros hervores no ha 
adquirido el- agua todo el calor q.* es capaz; pero avivando 
el fuego, aumentando el hervor hasta su maximez adquiere 
siempre el mismo calor. 

Se podia creer q.* este método exige grandes T.^ para 
obtener la presicion; pero yo diré lo q.* la experiencia me 
ha enseñado en este punto. El T. de q.* he usado en todas 
mis observaciones tiene de largo 11 pulgadas i linea de pie 
del Rey^ y cada grado en la escala de Reaum. i,.c5 lineas, 
espacio demasiado grande p.^ admitir una subdivisión consi- 
derable. Por medio de un Nonio he dividido cada grado en 
10 partes y percivo hasta una media decima con la mayor 
claridad. Los resultados de mis experiencias tienen tal 
grado de precisión q.*" las mayores diferencias no pasan de 
I V2 lineas en el B. y esta diferencia espero q.^ se corregi- 
rá con observación.'^ posteriores hechas con mas cuidado y 
mejores instrum-^^*^ 

He apreciado los errores q.' se pueden cometer con esta 



— 35 — 

escala, y he hallado q/ si el observ.'" es tan poco átenlo 
q.* llegue á errar en o,° i en el T. produce solam.** i/ 25 
en el B. Si se advierte q/ es muy difícil engañarse en esta 
cantidad obrando con precaución y con cuidado, se con- 
vendrá en q/ el método del calor del agua tiene tanta 
exactitud y quien sabe si mas q/ el B.: en fin que merece 
ponerse en practica. 

Todos los q.^ tienen alguna practica del uso del B. con- 
vienen en q.** es un instrum.*° de difícil transporte, volumo- 
80, mucho mas expuesto q.^ el T. y q.' el montarlo bien 
exige mil cuidados y atenciones de q.^ no, es capaz el co- 
mún. Solo la purificación del mercurio ;que inteligencia no 
requiere.^ Si añadimos la preparación del tubo el modo de 
llenarlo, purgarlo de ayre, la escala, el calculo de rectifi- 
cación; concluirenios q.* este instrumento no puede salir de 
manos de los Físicos, jamas puede vulgarizarse y jamas 
pueden multiplicarse sus observación.'* p.'' q.** jamas pue- 
den vulgarizarse estos conocimientos. El T. es de poco va- 
lor, su transporte cómodo, no hay q.* purificar, no hay que 
llenar, no hay que purgar de ayre, no exige calculo de rec- 
tificación, en fin no necesita como el B. otro instrumento 
auxiliar p.^ obtener un resultado preciso. 

Se pueden simplificar de tal modo las observaciones del 
calor del agua q.* el mas ignorante, el menos versado en 
materia de Fisica pueda p.^ si solo hacerlas y calcular sus 
elevaciones. Añadiendo al T una escala q.* indique las 
pulgadas del B es inútil el calculo de reducción expuesto 
arriba y se puede suprimir. 

Yo he trabajado sobre esta escala y en los principios 
sobre q.* se debe formar. La fracción 0°, 974 de la escala 
de Reaum. equivale á 12^, ó á una pulgada del B. Si se 
multiplica p.'' 12, 13, 14 &:, hasta hallar un producto sin 
fracción, ó con esta fácil de verificar con el compás y se 
toma en la escala del T tantos grados como unidad.^ tiene 



~ 36 - 

el multiplicador, se tendrán los extremos de la escala del 
B. Hagamos mas perceptible este método. El producto de 
o° 974 p.*' 19 es i8°,5o6: despreciemos lasó milésimas 
como una cantidad infiniíam/" pequeña é insensible en la 
practica: tendremos q.'' 18°, 5 de la escala de Reaum. co- 
rresponden á 19 pulgadas del B. Tomo sobre la escala del 
T 18°, 5, los pasQ á la izquierda desde el termino superior 
hacia á baxo; divido este espacio en 19 partes, y quedan 
expresadas en el T las pulgadas del B: aplico un Nonio 
que subdivida á estas en 24 partes y tengo una escala que 
me da hasta media linea del B. Ah! es preciso no haber 
saludado esta materia para no subscribir á estos principios. 
No hay B con B, no hay tubo con tubo: sus diferencias en 
un mismo lugar, con el mismo mercurio, la misma escala 
hasta 4 Va lineas, diferencia espantosa nacida del calibre 
y de las atracciones, á q.* no está sujeto el T ni el método 
del calor del agua. Conozco las variaciones á q.° están ex- 
puestos los T cerrad.^ y preparados del mismo modo; pero 
comparadas con las del B me parece que los resultados son 
mas uniformes los de el T q.^ los del B. Ah! si los estre- 
chos limites en q.® me ha encerrado mi escasa fortuna, me 
hubieran permitido, si los obstáculos hubieran sido meno- 
res, yo hablarla ahora de un modo positivo, podria valuar 
los errores, y compararlos; pero no puedo, me han faltado 
instrum.*°^ facultades, ocas."^. 

La figura adjunta (i) representa mi T con la misma ex- 
tensión q.^ tiene: en ella se ve con la mayor claridad la es- 
cala común p.* el calor y la q.' indica la altura del B. 
¿Habremos unido en un pequeño instrum.*^" los celebres 
descubrimientos de Drebbel y Torricelli? Los sabios, la 
experiencia desidiran este problema. 

Esta no es una Memoria, es un ensayo para formarla. 

(i) No la encontramos. — D. M. 



— 37 — 

¡Quantos trabajos, q."^ observaciones faltan q.' hacer para 
darle la ultima mano! jQuantas atenciones q.^ yo he omiti- 
do p/ la escasez de mis instrumentos, son preciso obser- 
varlas y practicarlas? Todas las alturas del B hechas en 
Pop.", Poblason, Juntas, Tambores &. no las he podido 
corregir de los efectos del frió y del calor á falta de un T 
q.' me indicase el temple de la atmosfera al momento que 
mi único T me daba el calor del agua. ¡Quien sabe si las 
pequeñas diferencias q." he hallado provienen de la falta 
de esta rectificación! 

Guando yo pienso en q.* á poca costa y en poco tiempo 
puede adquirir esta materia todo el grado de perfección de 
que es capaz, quando me veo en las inmediación. ^ del mas 
bello lugar q.* se puede hallar sobre la tierra, q.' parece que 
la Naturaleza le formó con este designio salgo de mi y ardo 
en deseos de verificarlo quanto antes. Chimborazp, esta 
maza colosal situada p.'' 2 V2 grados de latitud austral, cu- 
yas faldas descienden dircctam.'^ bástalas costas del Pacifi- 
co y sobre quienes corre el camino q.^ une á Quito con el 
puerto de Guayaquil presenta toda la extensión y toda la 
comodidad imaginable para observar el calor del agua 
desde el termino de la nieve hasta el nivel del mar. Si es 
verdad q.* el B se sostiene en aquel á 16 pulgadas, se pue- 
den verificar doce observaciones de pulgada en pulgada 
hasta las 28 en Guayaq.^ Aqui verificando la alt.^ media y 
el calor del agua sobre la costa misma se habrian echado 
todos los fundam/°^ de esta teoria, se habria perfeccionado 
el método mas sencillo, el menos costoso, y tal vez el 
mas seguro de medir las montañas y la elevac." de todos 
los lugares. 

Las utilidades parecen notorias. Apenas hay Ciudad, 
apenas hay pueblo en q.^ no se halle un T en manos de 
algún particular: este es, sin contradicción, el instrumento 
mas generalizado, y se puede decir q.'' á 100 T.^ apenas se 



- 38 - 

puede oponer en B: el método es fácil, la observ." sencilla, 
y proporcionada al alcance del común. ¡Que esperanzas 
tan lisongeras consibo de q/ dentro de un corto numero 
de años podemos conocer la elevac." de todos los pueblosl 
Este cuerpo de observac.^ ¡qué conocim.*^"^ tan extensos 
nos proporcionará sobre la forma de los continentes, sobre 
las corrientes de las aguas, sobre las misteriosas revolu- 
ciones de esta costra del globo q.*" habitamos! Este mate- 
rial puesto en las manos de los sabios succesores de Wood- 
vard y de Buffon produciria una Teórica de la Tierra me- 
jor fundada, menos poética, mas católica. 

Quando p.'" una serie de trabajos haya comparado el 
calor del agua destilada con el del agua de lluvia, quando 
haya dado la ultima mano á mi Memoria sobre las precau- 
ciones necesarias p.^ hacer este genero de observac.'* esta- 
remos en el caso de no necesitar sino de un simple T y de 
una lluvia p.^ medir todas las montañas, todos los valles 
y todos los lug.^ Si esta comparación la hacemos con el 
agua de fuente también habrá duplicado la comodidad. Si 
se advierte q.^ la pureza del agua no se necesita p.^ las 
alturas relativas no dexa que desear este método. Tantos 
joven.^ laboriosos, q.** faltos de B. arden en deceos de tra- 
bajar ¡de quantas observaciones nos enriquecerianl Ya me 
parece q.* los veo á todos en movimiento, q.* tomando sus 
T escalan las montañas mas espantosas, que descienden 
gradualm.*^^ al fondo de los valles abrasadores, q.^ se for- 
man nivelaciones de las qualro partes del mundo, q." con 
ellas se desploman los systemas de unos filósofos, q/ se 
erigen sobre sus ruinas otros nuevos, q.] se levanta un 
ángulo del velo y da un paso la Geologia. Pero esto es 
mucho: apenas conocemos el momento presente ^-que pode- 
mos decir de los futuros? No usurpemos los dros. de la 
posteridad: aspiremos á merecer su reconocimiento, ó á lo 
menos á q.' no se nos reprenda de pereza. 



— 39 — 



APENDIX. 

No quise perder la brillante ocasión de comparar mis 
miserables instrumentos con los del S/ Barón de Hum- 
"boldt y hacer lo mismo con las observaciones verificadas 
en los lugares que nos eran comunes. Solo en Pop." había- 
mos observado ambos el calor del agua. Este ilustre viage- 
ro habia hallado q.' el agua llovediza habia hecho subir el 
licor del T en esta ciudad á 203°,3 de Farenheit quando el 
agua destilada me daba 202°, 21, es decir casi un grado 
menos. Me sorprendí al veer tan enorme diferencia, pues 
«1 agua de lluvia no puede producir un grado de más en 
€l T. Estará el error, me decia, en nuestros instrumentos? 
Si lo hay seguramen.'^ recae sobre mi T. Deseando salir 
de la duda suplico al Sr. Barón me confie el mismo T que 
le habia servido en Pop." p.^ su observ.": me concede 
traerlo á mi casa, lo pongo al lado del mió, dexo que 
adquieran la temperatura de mi aposento y hallo q,^ el 
del S.^ Barón está justam.*' un grado mas alto q.^ el mió. 
^•Pero qual de los dos está fuera de la altura verdadera? 
El yelo es el mejor camino q.* se me presenta p." salir de 
mi incertidumbre. Sumerjo ambos T.^ en el y veo con admi- 
ración q.' el bello T de Nairne se detiene en un grado 
sobre la congelación y á 33 de Faren, quando el mió baxa 
con la mayor exactitud á O de Reaum. y 32 de Faren. Por 
consiguiente es necesario quitar i." de los resultad.-^ de las 
observaciones hechas con este instrum.^'' Asi 203, 3 — 
1°, o = 202°, 3; y quitando o'', i p.'" haber sido con agua 
de lluvia quedan nras. observaciones perfectam.'^ acordes: 
la del S.'' Barón será 202^,20, y la mia 202, 21. He aqui 
dos T."" de autores, de escala, de tiempos diferentes dar el 
mismo calor al mismo nivel quando nros. Barom.^ se sos- 
tienen bien diferentes. El S.-^ Barón halla q." su B en 



— 40 — 

Pop." se mantiene en 23^ 3', 4: el mió á 22.^ 1 1 J 2, y el de 
Bougucr á 22^ 10' y casi cinco lineas mas baxd que el 
primero. ^"Qual es el T q.^ graduado con inteligencia dé tan 
grande diferencia? Ah! parece q.* la exp.* comienza á con- 
firmar q.' el calor del agua en diferent.^ T.'^ es más cons- 
tante, menos variable q.^ la columna de mercurio en B."- 
distintos. 

Otra de las observación.^ de este sabio q.* confirma de 
un modo notable mis ideas es la del calor del agua en 
Santafé. He visto q.* su T subió en esta Capital á 198°, 6 
de Farenh: si quitamos un grado de error en el instrumen- 
to quedaran 197, 6 — o", i p.'' ser con agua de fuente, ten- 
dremos 197, 5 el calor del agua en Santafé, q.® son 73*^, 55 
de Reaum. Calculemos con este calor la altura q.* mi B de- 
bía dar en esta ciudad: 

Calor del agua en Pop." 75 > 65 

En Santafé 73,55 

Diferencia 2'' , 10 

0^974: 12 ::2°,i :: A^^^^ = 251,8 = 2M^ 8 de 

0,974 
menos q.' en Pop.". 

Alt.^ del B. en Pop." 22^ ii^, 2 

2 1,8 

Alt.^ de mi B. en Santafé 20 9 , 40 

El año de 1796 he observado, y publicado (Correo Cu« 
rioso) q.* mi B se sostenia en esta ciudad en su mayor ele- 
vación á 20"^ 8^ o. No difiere pues el calculo de la obser- 
vación sino en i' 4 y no hay B.'^ q.^ no den entre si mayores 
difer.^ 

Lo mismo podemos hacer con Guadalupe. El S.'' Barón 



— 41 — 

halla el calor del agua sobre este cerro de 194°, 6 — 
1°, 0= 193,6 — o*', I = 193, 5 q.^ hacen 71°, 77 de Reaum. 

Calor del agua en Pop." 75 ; 65 

En Guadalupe 1^,11 



Diferencia 3 ; S8 

c\ 974 : 12 : : 3°, 88 : ^ \ "^ = 47^ 8 = 3^ ii\ & 

0,974 
de menos q.* en Pop.". 

Alt.^ del B. en Pop." 22,11,2 

3,11,8 



Alt.^ de mi B. en Guadalupe ... 18,11,4 

En 1796 hallé 13^ justas (Correo Curioso), q.' no difiere 
de la calculada sino en o^ 6'. No se puede desear mas 
exactitud. 



Viaje de Quito á las costas del Océano Pacifico por 
Malbucho, hecho en Julio, y Agosto de 1803. 



I. La comunicación de los países interiores de la pro- 
vincia de Quito con las costas del Océano Pacifico^ tantas 
veces emprendida y ninguna verificada, era un problema 
difícil en la Economía Política de esta Capital. El Presiden- 
te Barón de Carondelet trata de resolverle en beneficio de 
los pueblos que manda. Ilustrado, sabe que la parte mas 
poblada de la provincia, aquella porción establecida sobre 
el nivel de todos los pueblos conocidos se halla encerrada 
por la famosa Cordillera de los Andes, que la separa de un 
modo casi impenetrable hacia al Este de la provincia de 
Maynas, y p.'' Occidente de las costas del Pacifico; que en 
la presente situación la agricultura de estos pueblos debe 
estar siempre nivelada por el consumo interno: que su in- 
dustria no pasando sino á sus vecinos, tales como Popa- 
yan, Antioquia y Neyva, tan encerrados como ellos por la 
Cordillera, jamas saldrá del estado agonizante en que se 
ve: que lo poco que sale á las costas por caminos difíciles 
llega á precios tan subidos que los habitantes del Chocó, 
Barbacoas, Tumaco, Esmeraldas &.^ contentos con el sim- 
ple necesario limitan extremadamente su consumo: que el 
comercio mismo de la Metrópoli padece respecto de Quito 
lo que el de Quito respecto de las Costas: y en fín que todos 
estos males no se pueden remediar en su origen, y de un 



— 44 — 

modo duradero sino abriendo comunicación del interior 
con la costa, haciendo los últimos esfuerzos para vencer el 
obstáculo formidable de la Cordillera, de este muro espan- 
toso, que hasta hoy nos ha tenido separados de todos los 
pueblos marítimos y comerciantes. Este ha sido el grande 
obgeto, estas las verdades, verdades capitales en nuestra 
política, las que han ocupado á este Xefe, digno de serlo, 
desde que tomó el mando de la provincia mas poblada, y 
n:as industriosa de la America Meridional. El medita, in- 
forma, mueve todos los resortes, y consigue de la piedad 
del Rey 40 mil p.^ sobre sus caxas para que se inviertan en 
este obgeto interesante. 

2. Diversos partidos sob.*^ el camino. Ya no se trataba 
de otra cosa que del punto por donde se debia verificar 
esta comunicación. Disputas, papeles, conversaciones, con- 
sultas, todo recala sobre la elección de los lugares mas 
ventajosos para el nuevo camino. Dos partidos principales 
se formaron, sin contar con otros menos autorizados y se- 
guidos. El uno sostenia que el de Esmeraldas, el mismo- 
que el ilustre Maldonado habla abierto á mediados del si- 
glo pasado merecía la preferencia, el otro hallaba ventajas 
en el de Malbucho emprendido ha pocos años, y en que 
tanto trabajaron Pose (i), y el obispo Calama, Prelado sa- 
bio, generoso, digno de mejor suerte por sus virtudes y por 
sus talentos pastorales. 

3. Se resuelve abrir el de Malbucho. El Xefe oye con 
bondad los fundamentos de cada partido, los compara y 
resuelve mandar un comisionado para que le informe sobre 
el estado de las cosas. Confesémoslo, no fue feliz en su 
elección, recayó esta sobre un hombre sin luces, sin talen- 
to, y que no tenia otro mérito que el haber transitado en 
otro tiempo estos lugares. He visto su informe y la carta 

(i) D." José Pose Pardo Correg.'' de Ibarra. 



— 45 — 

que se atrevió á levantar uno que no puede aun distinguir 
el Norte del Occidente. [Que monstruosidades! ¡que leguas 
prodigadas sin tino! ¡quantos obstáculos ilusorios! En ma- 
nos de otro Xefe habria hecho trastornar todas las ideas, 
y todas las esperanzas. Pero Carondelet supo distinguir el 
hombre practico del ignbrante, separar las preocupaciones 
y conocer los hechos. En vano levantan el grito los parti- 
darios de Esmeraldas, en vano se apoyan sobre el resulta- 
do del reconocedor, Carondelet en medio de estas tinieblas 
se decide por Malbucho. -El suceso ha justificado el pulso 
político del Xefe. 

4. Nuevos curas, ordenes, comisionados, reclutas, he- 
rramientas, provisiones, todo se pone en movimiento. El 
Corregidor de Ibarra (i) comisionado en Xefe parte el i." 
de Julio de 803, hecha los fundamentos de la felicidad de 
la Provincia poniendo los del camino de Malbuciio, y eri- 
ge el monumento mas grande y duradero á la gloria de 
Carondelet. Si, Xefe ilustrado, vro. nombre se verá escul- 
pido por todas partes en el camino de presente: nuestros 
nietos se acordaran con reconocimiento de vro. gobierno 
humano y generoso, y no podrán gozar de las riquezas y 
de los bienes, que se les preparan s-in referirlos al hombre 
de estado, al hombre benéfico, de cuyas manos los reciben. 
jQue gloria! ¡que dulce satisface.^ la que os espera! Si, la 
satisfacción de hacer bien, este deleyte, el mas puro y su- 
blime, digno solo de las almas grandes y virtuosas, será la 
recompenza de vro. zelo. ¡Que torrentes de alegría deben 
anegar vro. corazón al ver tantos hombres, tantas familias, 
hoy miserables, en el seno de la abundancia! Embidio vra. 
suerte. No es la baxa adulación la que me arranca estas 
clausulas. Nada espero de vra. mano, nada temo de vuestra 



(i) D." Miguel Fernandez Bello, hoy correg.'" de Latacunga. 



- 46 — 

autoridad. La verdad, el conocimiento que tengo de vro. 
corazón es el que anima mi pluma en este momento. 

5. Hasta aqui no he tomado otra parte en esta empresa 
que la de un simple espectador. Veia si, que se habia co- 
menzado á talar un bosque virgen y desconocido, que se 
ponderaban sus producciones en todo genero, y sobre todo 
sus Quinas, de quienes me habia hablado el mismo Presi- 
dente. 

. Motivos de este viage. — Conosi que se me presentaba una 
ocasión ventajosa para colectar plantas preciosas, nuevas, 
y tal vez útiles al comercio, ó á la medicina. Las quinas 
este genero importante, este obgeto especialmente encar- 
gado por mi sabio, y digno Xefe (i), no me permitían mirar 
con indiferencia la expedición de Malbucho. Sin dudar un 
momento la propuse á este Presidente, y le pedi su protec- 
ción. Con una bondad que no sabré agradecer dignamente 
me ofreció sus letras de recomendación para el corregidor 
comisionado, y al mismo tiempo me encango levantase la 
Carta del camino, su medida Se. Yo me crei honrado con 
esta Comisión importante, y no pensé en otra cosa que en 
disponerme para partir. 

6. El 14 de Julio de 803 sali de Quito, y el 16 llegue 
á ¡barra. Paso en silencio todos los obgetos, observacio- 
nes & que ofrece este trozo. Ellos se hallan tratados am- 
pliamente en mi Relación de viage á Ibarra, Otavaloj/ Pue- 
blos circumhezinos en Agosto, Septiembre, y Octubre de 802. 
A pesar del zelo del Juez ordinario de Ibarra (2), á pesar 



. (i) D. D. José Celestino Mutis, Director de la Expedición Botánica de 
Santafé, 

(2) El D. D. Domingo Gargotena. En todas mis largas residencias en 
Ibarra he recibido grandes servicios de este sugeto modesto, ilustrado, y que 
observa religiosamente todas las leyes de la hospitalidad mas humana y ge- 
nerosa. 



— 47 — 

de las ordenes estrechas del Presidente, y á pesar de mis 
instancias repetidas no fue posible salir de esta villa antes 
del 2 2 del mismo Mes. 

Observaciones diversas en Ibarra. Yo aproveche el tiem- 
po de esta mansión forzada en observaciones relativas á la 
Carta de Malbucho. Determine astronómicamente por mu- 
chas alturas meridianas del Sol, y de las Estrellas la lati- 
tud de Ibarra que hallé de o° 19' 42" Norte, y la declina- 
ción de la Aguja de 6° 30" Nordeste, medio entre un gran 
numero de observaciones verificadas con métodos dife- 
rentes, 

7. Declinac." de la aguja. — Antes de mi partida habia 
tenido cuydado de determinar esta misma declinación en 
Quilo en donde era en Julio del mismo año de 9° 45' tam- 
bién Nordeste. Mr. de la Condamine asegura que en 1742 
declinaba la Aguja 8° -90' hacia el mismo lado en toda la 
extensión de la provincia. ¿'No podíamos concluir que la 
declinación se aumenta en Quito, al mismo tpo. que se dis- 
minuye en Ibarra? Confieso que siento una repugnancia 
imbencible para asentir á una conclusión tan contraria á 
todas las ideas que tenemos sobre los fenómenos magnéti- 
cos. Quien sabe si Pitchincha, esta mole inmenza tan in- 
mediata á Quito obra vigorosamente sobre las Agujas hta. 
desviarlas 9° 45' hacia el Este. Lo que podemos asegurar 
es que en Otábalo declina 5", que en Ibarra 6° 30', que 
en Malbucho 6° 45' y que en Carondelet 7°, es decir, que 
la declinación crece en razón de la latitud. Este pensa- 
miento lo confirman mis observaciones en Popayan y San- 
tafé. En aquella es de 8" 30', y en esta de 10° o' siempre 
Nordeste. La admirable regularidad de las declinaciones 
constantem." observada desde 0° 13' hasta 4° :^6' de lati- 
tud borl. parece que nos autoriza á creer que en Quito 
debía ser menor que en Otábalo. Es pues seguro que al- 
guna causa local obra este fenómeno, á la verdad extraño» 



- 48 - 

8. Salinas. — El 22 me transporté con mis instrumentos 
á Salinas. Este pueblo toma su nombre de la abundancia 
de sal, y de su extracción que hace el fondo de las rique- 
zas de sus habitantes, y su única ocupación. Situado en 
una llanura espaciosa y estéril, no produce otra cosa que 
Mimosas^ Cactus, pequeñas Eiiphorhias, un Crotón, la Do- 
donéa resinosa, Tribiilus, Aniaranthos espinosos; y sal. Es- 
tos moradores forman grandes fosas para sacar la tierra 
mezclada con la sal, y la transportan á las cercanías de 
sus habitaciones. Aqui le amontonan, le deslien en agua, y 
por filtración en una maquina tan rustica como el pais, y 
recogen la lexia que cristalizan á fuego. 

Las Mimosas y Doáonea resinosa, les proveen de la in- 
menza cantidad de leña que consumen. La tierra de que 
han extraído la sal le arrojan en los mismos lugares y sa- 
linas, presenta á los ojos del viagero la imagen de una 
Ciudad saqueada, y de que no existe otra cosa que las 
ruinas. 

Su ruina próxima.— Coni&nios con la sal sus habitantes, 
miran con desprecio el cultivo de la tierra y qualquiera 
otra ocupación, recibiendo de los pueblos vesinos quanto 
necesitan para la vida. Con una existencia tan precaria se 
halla en vísperas de perecer. La sal de la Punta de Santa- 
helena, que hace ventajas en calidad á esta, puede llegar 
por el camino de Malbucho á mejor precio y proveer no 
solo los partidos de Ibarra, y Otábalo, sino también á 
Quito. 

9. A mas de los defectos del beneficio se halla la sal 
de este pueblo mezclada con gran cantidad de Nitro que 
le da un gusto que degenera en amargo. Los que se ven 
en la necesidad de usarla le ponen antes sobre asquas en 
donde detona todo el Nitro, y adquiere una blancura ad- 
mirable. Tal vez el alkali libre de su acido es mas perju- 
dicial que el mismo Nitro. Se pondera su virtud para des- 



— 49 — 

truir los cotos, y se alegan muchos exemplares. En Quito 
y en toda su provincia se mira como un especifico para 
esta terrible enfermedad. 

10. Su clima y temperatura. El clima es maligno y se 
manifiestan sus efectos en el semblante pálido y descarnado 
de sus moradores. El Termómetro de Mr. de Reaumur en 
el mayor calor sube á 20° y en el mayor frió baja á 9° so- 
bre la congelación. Esta variación de 11° á 824 toesas so- 
bre el Mar es bien notable en las cercanías de la linea, y 
hace parte de las pruebas de mis ideas sobre el calor de 
los paises con relación á su altura: materia interesante y 
que pienso exponer en una Memoria por separado. El Ba- 
rómetro se sostubo hechas todas las correcciones en 278,9. 
El agua de que se provee, rogiza, gruesa, salada es un bre-, 
vage insoportable para el que no se halla acostumbrado. 

11. A pesar de ser el Zipaquirá de la Provincia de 
Quito, á pesar de hallarse esta salina en manos de los par- 
ticulares, á pesar de recibir mucho dinero, no crece esta 
población. El clima, las calenturas intermitentes, de quie- 
nes yo mismo aun soy victima después de siete meses de 
padecimientos, desoían este pueblo, y le mantienen en la 
triste situación en que le vemos. 

12. Su posición en lat. y en longitud. El tiempo era 
favorable á la Astronomía y toda la noche del 22 la ocupé 
en observación.^ de este genero. Por alturas meridianas de 
las Estrellas Aniares, B Escorpión, y otras hallé que Sali- 
nas está á 0°, 31'. 46". de lat. borl., y por mi estima y 
otras convinaciones á o'', 23'. 28" al Este del meridiano 
de Quito. 

13. Nivelación de las Plant.^ Una de las miras que 
siempre he tenido presente en todos mis viages dentro y 
fuera de la Cordillera ha sido la Nivelación de las plantas 
en la vesindad del Equador. El descenso á las Costas del 
Océano Pacifico por Malbucho, desde los paises mas ele- 



— 50 — 

vados del globo hasta los mas baxos me presentaba una 
ocasión brillante para dar algunos pasos importantes en 
este obgeto útil, y al mismo tpo. deleytable. En esta Rela- 
ción nombraré pocas especies, reservándome para mi Me- 
moria sobre la Nivelación del Camino de Malbucho, que 
tengo á punto de concluir. 

14. Term.°^Super.'" de la Zabila y Mimosa. Conoci que 
el Aloe perfoliata (Zabila) q.* nace en grandes grupos 6 
manchones circulares no se halla en las pequeñas latitudes 
sino desde 772, O del Barom.° hacia abaxo, ó desde las 
933 toesas sobre el Mar: que la Mimosa n.°... (Espino) eleva 
algún tanto su termino superior y comienza á vegetar des- 
de 263, O del Barómetro, ó á 1079 toesas. 

15. El 23 antes de salir el sol verifiqué algunas obser- 
vaciones en las Estrellas para arreglar mi Chronomeíro . A 
la primera luz tomé muchos ángulos con la Aguja, y á bue- 
na hora dejamos á Salinas. Apenas habríamos andado me- 
dia legua quardo hallamos el principio de la composición 
del camino verificada por el Corregidor Bello. Comienza en 
el alto de Palacara y debe continuar hasta el embarcade- 
ro. Como este obgeto es del mayor interés no se estrañe 
que me detenga en todo lo relativo á su bondad, peligros, 
modos de componerlo & &. 

16. La bajada de Palacara hasta las orillas de Mira 
esta sobre un pico pedregoso y árido en todo tiempo del 
año, y sin exfuerzos tenemos uno de los mejores trozos del 
Camino de Malbucho. Pero es necesario hacer un gran ro- 
deo, que puede evitarse con la mayor facilidad. Véase la 
Carta Topográfica. 

17. Al pie de esta baxada, y á orillas del Rio de Mira 
sé sostubo el Barómetro en 288,5. ^s decir 28 lineas mas 
alto q.^ en ¡barra: hablamos pues baxado 442 toe.^ desde 
esa Villa hasta aqui. El calor se aumenta considerablem.*^^ 
y la vegetación varia ya mucho de aquella que cubre la 



— 51 — 

parte alta de la Cordillera. Desde este punto comienza á 
vegetar el Capparis n. 206 (Poroticos) y aqui hemos esta- 
blecido el termino superior de la Zona en que habita esta 
especie. 

18. A la izquierda del camino, y á orillas de la Que- 
brada de Palacara se ven las ruinas de un basto ingenio de 
Azúcar: canoas y vazos de Piedra de un tamaño monstruo- 
so, paredes de mucha extencion, que han recistido á los 
Temblores y á las injurias del tpo. y un muro circular de 
Piedra están manifestando las riquezas, y los fondos de sus 
antiguos dueños. Los campos inmediatos que estuvieron 
cubiertos de Caña, hoy no proJucen sino Espinos y male- 
za. Uno de aquellos terribles Temblores de Tierra, tan fre- 
qüentes en esta Provincia, desplomó de un modo irrepara- 
ble la colina inmediata por donde pasaba la Azequia que 
regaba la campiña. ¡Quantos de estos tristes exemplares se 
ven en toda la extencion de la Cordillera! Toda la parte de 
la Provincia de Quito, que se halla dentro de ella, está ex- 
puesta á las mas grandes revoluciones. Dos series de Bol- 
canes, dos series de Cañones de un calibre inm.enso le ame- 
nazan continuamente, y más de una vez ha sido triste vic- 
tima de sus furores. 

19. Después que se baxa de Palacara no se vuelven á 
dejar las orillas del Rio de Mira por el espacio de muchas 
leguas y aun jornadas. El Camino de Alalbucho sigue per- 
fectam.*^^ su dirección en la mayor parte, lo que nos ha pro- 
porcionado los medios de conocer el curso de este Rio. 
¡Quantos herrores ha publicado el Autor del Diccionario 
Geográfico de America en el Articulo Mira! Sin entrar en 
discuciones odiosas, sin manifestar un pormenor de los ye- 
rros cometidos en este Libro, damos la descripción de Mira 
sobre nuestras propias observaciones. Si se quiere, ella 
podrá sostituir y enmendar el Diccionario en esta parte. 

20. El Rio de Mira toma su origen en el Ramo mas 



— 52 — 

oriental de los Andes, al occld.*^ de las ruynas de los anti- 
guos Cofanes por o° 28' de lat. bor.^ y 0° 58' al Oriente 
de Quito. Corre al Occidente hasta Salinas, aqui vuelve su 
curso al Norueste hasta el frente del alto de Carlos Augus- 
to, en donde se dirige perfectam.'* al Norte por el espacio 
de algunas leguas, después vuelve á tomar su antiguo No - 
rueste en cuya dirección entra en el Océano Pacifico por 
I'' 30' de lat. bor. al frente de la Isla de Tumaco. Por la 
banda del Este recibe entre un numero infinito de Arroyos, 
los Rios del Ángel, Cabuyal, Plata, Mayasquer, Hualpi, y 
Nulpe: por la de Occidente Pisco, Taguando unido ya con 
el Blanco que recoge todas las aguas de Sanpablo, Angla, 
Mojanda, Cuycocha &, Palacura, Amarillo, Palatin, Sam- 
pedr'o, Cachiyacu, el caudaloso Lieta, Camumbi, y Puerpi. 
Rápido desde su origen, siempje encerrado en una Caxa 
profunda inutiliza sus aguas para el riego de los Payses 
que están entro de la Cordillera, y es innavegable fuera de 
ella. Inútil á la Agricultura y al Comercio solo existe para 
cortar el terreno, p/ dar paso á las aguas y arrojarlas en 
el Océano. Es cierto que los Mulatos de Tumaco, y pobla- 
ciones inmediatas le navegan algunas leguas hacia arriba. 
Pero las corrientes, los vórtices, los estrechos les impiden 
pasar adelante en el mismo punto en que parece mas ne- 
cesario, y en lugar de darnos comunicación con el Pacifico 
nos opone el obstáculo del foragido, del Asesino que busca 
el asilo de sus desordenes y de sus crímenes. 

21. Si Mira no nos proporciona una navegación venta- 
josa, si nuestros campos no pueden sacar utilidad ninguna 
de sus aguas nos hace un gran servicio, servicio imponde- 
rable, servicio desconocido del común, y solo apreciado 
p.'" aquel que sabe viajar con el Barómetro en la mano, y 
calcular sus niveles. Mira tomando su nacimiento como lo 
hemos dicho, al Occidente de los antiguos Cofanes, atra- 
viesa el valle de Tusa, viene á Ibarra, y volviéndose al 



— 53 — 

Norte rompe el ramo occidental de los Andes, abre brecha 
en este muro formidable, y nos presenta una salida cómo- 
da, una comunicación con el Pacifico, y el descenso mas 
graduado y suave desde los paises mas elevados hasta los 
lugares mas baxos de nuestro globo. Guando Esmeraldas, 
Cayapas, Barbacoas, Castigo, Chizquio, Dagua & & no 
presentan sino un suelo prodigiosamente desigual, dificul- 
tades y precipicios á Quito, Pastos, Patia, Popayan, Caly, 
Cartago &, Mira ofrece á Ibarra, y á la Provincia de Quito 
un plano inclinado y uniforme de 25 leguas de largo, y 
1. 100 toesas de altura: tal es en general el resultado prin- 
cipal de Nuestra nivelación barométrica del Camino de 
Malbucho, resultado desconocido del Xefe de esta empresa, 
de los partidarios de este camino y de todos hasta mi re- 
greso á Quito en Nov.° de 804, y resultado que habría evi- 
tado detención.^, perplegidades y disputas. Afease la Nive- 
lación. 

22. El lecho de Mira al atravesar la Cordillera es com- 
puesto de dos series de Montañas elevadas que gradualm.** 
decrecen hacia Occidente y que se tocan por sus baces. En 
unos lugares sus faldas son pendientes, en otros suavemen- 
te inclinadas, y en algunos presentan llanuras de 3.400 
varas de anchura. El camino se halla sobre ellas por la 
banda Sur, y sufre las mismas variaciones que las Monta- 
ñas sobre que corre. Aqui es una senda angosta excavada 
en la roca que atemoriza al viajero viendo á su izquierda 
un muro casi perpendicular, y á la derecha el caudaloso 
Mira baxo de sus pies á 200 y en muchas partes á 300 va- 
ras de profundidad, alli es un camino ancho, apasible, y de 
los mas cómodos que puede tener la Cordillera. Desde Pa- 
lacara hasta Buenavista por el espacio de 11-12 leguas se 
anda con la alternativa de bueno á malo y de malo á 
bueno. 

23. La falda de las Montañas de que hablamos, de 



— 54 — 

piedra solidísima en unas partes, y otras schitosa, aqui 
compuesta de cascajo, alli de Arena presenta siempre un 
pizo firme, y á cubierto de todos los efectos de las Ilubias. 
En estos lugares es indiferente el tiempo seco ó de Ilubia, 
por lo que mira al canino; qualidad preciosa que solo sabe 
estimar el que ha pasado á Guanacas, y á 'Meneses en la 
estación de las aguas; qualidad sola que hace el camino de 
Malbucho prelerible á quantos conosemos de comunica' 
ción con las costas. ;Quien ignora los fangos, las dificulta- 
des, y los trabajos de Guaranda? Seis meses del año se 
halla interrumpida absolutam.'^ la comunicación en Quito 
y Guayaquil; seis meses del año se detienen los efectos 
que nos vienen de Lima, Chile y Panamá; y seis meses del 
año tenemos un Mar de lodo entre nosotros y la Costa por 
esta vía. 

24. Es verdad que al presente hay ciertos puntos ver- 
daderamente peligrosos, tales como el Derrumbo de Qiiaja- 
ra, el Alambique, y otros; pero un poco de Pólvora, un ta- 
ladro bastarían para quitarles toda la Maleza y todo el 
riesgo que hoy tienen. 

25. Este gran cañón, esta Caxa en que está encerrado 
Mira de 10-12 leguas de largo, y en unos lugares de 50, en 
otros de 100, de 400, de 800 varas de anchura, está desnu- 
da de bosque, y solo se ven pequeñas manchas de arbustos 
de distancia en distancia, que se multiplican y elevan por 
grados insensibles á proporción que se baxa. En el se ha- 
llan establecidos algunos ingenios de Azúcar, tales como la 
Concepción, Cuajara, y Chumanal, muchas posesiones pe- 
queñas, algunas chozas de los Indios de Lachas, esparcidas 
acá, y allá, crias de Ganados &:, y en lugar de las soleda- 
des del camino de Barbacoas, el de Malbucho presenta este 
recurso, este consuelo al viagero que sale de los bosques, 
y al que baxa de la Cordillera. Aqui halla proviciones, pacr 
tos, hombres, en lugar de los bosques, del lodo y de las 



— 55 — 

fieras de aquel: aqui corta el ramo occidental de los Andes 
por una linea casi horizontal y poblada, quando alia tiene 
que escalar Montañas formidables en medio de desiertos 
absolutos. ¡Que ventajas! 

26. Este mismo cañón goza de un temple moderado, 
pues el Termómetro' de Mr. de Reaumur varia de 12 á 19 
solamente. Apesar de esto es el Senegal de los Quiteños 
-asi como Quito es la Laponia de los habitantes de Quajara. 
No podemos negar q.* el calor y el frió son relativos á los 
lugares que dejamos, á aquellos en que hemos nacido, y 
con quienes nos hemos connaturalizado; pero cuesta traba- 
jo persuadirse q.* obre objetos tan grandes como los que 
se refieren sobre la constitución del Negro y del Indio, y 
solo puede ceder el viagero á la evidencia de lo que palpa. 
Es casi inevitable la muerte del Indio q.* nacido sobre los 
Andes á una prodigiosa elevac.^^ baxa á 900 toesas sobre 
el iSIar. La Terciana, la fiebre pútrida, y la muerte son los 
tristes frutos de su viage. ¡Quantos sentenares de estos inr 
felices han sido sacrificados al capricho, á los viles intere- 
ses de sus dueños! Sordos á los gritos de la humanidad 
obligan á estos desgraciados á baxar á Chota, Quajara &, 
en donde miran abiertos sus sepulcros. El Negro menos 
sensible que el Indio reciste mas largo tpo. los frios de la 
Cordillera; pero acordándose spre. de su Pais originario, 
jamas prospera como en los lugares ardientes. Esta es la 
causa por que en los Payscs elevados sobre 90^ t."^ se ha 
hecho recaer el peso de la agricultura, y de todos los tra- 
bajos sobre el Indio, y esta es la causa por que vemos en 
manos del Negro el cultivo de las tierras desde este termi- 
no hacia abaxo. 

27. Esta linea de separación en que acaba el Negro y 
comienza el Indio á prosperar, establecida á goo t.^, ó á 
2.100 varas castellanas sobre el Nivel de nuestros Mares, 
€s el resultado de muchas observaciones sobre este genero 



- 56 - 

en la vecindad del Equador. Bien lejos de crerle imbaria- 
ble en todas las Latitudes de la zona tórrida, sospechamos 
q.* varia, y que viene en apoj^o de nuestras ideas sobre el 
nivel de la misma temperatura á diferentes latitudes. Supli- 
camos á los que se hallen distantes de la linea se apliquen á 
este genero de observaciones nuevas é importantes, supuesta 
que tienen por objeto la historia natural de nuestra especie. 

28. El Español, sus hijos, y todas las castas proveni- 
das de su mezcla con el Negro y con el Indio prosperan 
maravillosam/' en todos los Niveles, en todas las tempera- 
turas, y en todas las elevaciones posibles de la zona tórri- 
da. Con una constitución mas flexible el mestizo, el zambo, 
y el Mulato, maneja el Arado á 1.500 t.^ de elebacion- 
en los Pastos y en Riobamba con la misma libertad y ven- 
tajas que el Remo y la Palanca en Esmeraldas y en Santia- 
go. ;Se abra mejorado la constitución de nuestra especie 
cruzando las razas, y mezclando al Africano y al Indio con 
el Europeo.^ He aqui una de las qüestiones mas importan- 
tes al genero humano, y que merece muy bien hacer el ob- 
geto de las indagaciones de nuestros filósofos. 

.29. También observamos. que el Indio nacido y conna- 
turalizado con los países ardientes corre tanto riesgo en 
subir sobre las 900 t.*^, como el que vio la luz sobre este 
termino y temerario quiere pasar los limites que le prescri- 
bió la naturaleza. 

30. Como el Pais en que estamos se halla baxo las 900 
t.s no se ven en el sino negros transportados de África, 6 
sus descendientes ocupados en las faenas del campo y en 
todos los demás trabajos de los Ingenios de Azúcar, y por 
fortuna para el Indio se halla desterrado p.^ spre de estos 
lugares baxo pena de la vida. De otro modo no se verian 
libres, y esclavos en todas las temperaturas, fabricarían el 
Azúcar en estos lugares baxos como recogen el Trigo ea 
Jos elevados. 



— 57 — 

31. El Plátano de especies diferentes, la Yuca, el Maiz, 
Naranja, Limón, Batatas, y todos los frutos de los Países 
ardientes se producen maravillosamente. Nada iguala en 
delicadez y en dulzura á la Pina de Lachas, celebre y bus- 
cada en la Provincia de Quito. Esta especie (Bromelia Ana- 
nas) se cria muy bien desde 260,0 del Barómetro, ó desde 
1. 1 29 t.^ hacia abaxo. En su termino superior es pequeña,, 
dura, y muL agria; pero por las 560 t.^ de altura adquiere 
tal grado de bondad que dudo sean mejores las de las ori- 
llas del Magdalena. Este fruto deleytoso, q.* casi no cede 
la preferencia á ninguno, ama la temperatura de 19 grados 
R. una presión atmosférica de 295,0 del Barómetro, un 
suelo arenisco poco substancioso, y una lluvia moderada. 

32. Papa Camote. Aqui vi por la primera vez la raiz 
que conocen con el nombre de Papa- Camote. En efecto 
este nombre compuesto le conviene maravillosamente. Es 
un camote, pues es un verdadero Convolviilus, y tiene el 
mismo gusto de la Papa. Sin el dulce de la Batata conser- 
va su figura, el tamaño, la abundancia, y substituye tal vez 
con ventajas á la Papa en los Payses ardientes de donde la 
Naturaleza ha desterrado á esta raiz preciosa que hace el 
recurso de Quito, Pasto, y Santafé. 

2,Z' Tabaco. El Tabaco {Nicotiana Tahaciim) se cria 
expontaneamente, y el poco que se cultiva de contravando 
es de excelente calidad. Esta hace ver que podian estable- 
cerse sembradios de este genero en caso necesario. Por las 
observaciones diversas sobre su Nivelación he hallado que 
el Tabaco vegeta muy bien desde 252 lineas del Baróme- 
tro, o de 1.264 ^'^ sobre el Mar por los 0,° 13' de latitud 
bor.i y que mejora mucho desde las 300, ó hasta las 312 
lineas del mismo Instrumento. Creo que á mas de solicitar 
las qualidades del terreno se debia poner igual cuydado en 
establecer su cultivo por esta elevación, y baxo esta pre- 
sión atmosférica pues le conviene mejor que otra qualquie- 



- 58 - 

ra. En nuestros Payses todo tabaco cultivado en esta altu- 
ra hace muchas ventajas á los demás cosechados sobre, ó 
baxo de este nivel. Como este genero hace hoy una de las 
rentas mas pingües de la corona merece tratarse con deli- 
cadez, y confesamos con toda la ingenuidad de un buen 
vasallo que aun nos hallamos faltos de observaciones, y 
que es preciso hacer nuevas comparaciones, nuevas medi- 
das para decidir definitivamente sobre la temperatura, cli- 
ma, elevación, y limites de esta planta. Nos reservamos 
pues el derecho de alterar estos resultados para quando 
hayamos visitado á Guayaquil, Candelaria, Ambalema y 
Girón. 

34. Todo el partido de Ibarra, y Otavalo se provee de 
el Tabaco de Macas y Guayaquil, y llega hasta Malbucho 
mismo, es decir, hasta el principio del Bosque por la parte 
del Este. La parte baxa, toda la costa de Santiago, Tuma- 
co, y Barbacoas consume el de la Candelaria, Factoría 
bien cerca de Buga y al Norte de Popayan. El Tabaco pasa 
á esta Ciudad, de aqui á Pasto, de Pasto á Tuquerres, de 
Tuquerres á Barbacoas, de Barbacoas á Tumaco, y de Tu- 
maco á los diversos puntos de la Costa, después de haber 
hecho 180, ó 190 leguas de los peores caminos de la Ame- 
rica Meridional. Llega este genero á precios exorbitantes, 
y las mas veces dañado por la humedad y por el calor que 
todo lo corrompen en estos climas con una velocidad incal- 
culable. Nosotros hemos visto vender en la Vigia una vara 
de Longaniza de la Candelaria á dos reales de plata de 
nuestra moneda. Un mazo, ó libra de este Tabaco tiene de 
9 á 10 varas; sale pues en la costa á 18, ó 20 r.'^ de la 
misma moneda. Con este procedimiento no hay que extra- 
ñar que los Mulatos de Santiago, Mira y Barbacoas se pro- 
vean de el contravando. En unos climas los mas propios 
para la vegetación de esta planta, convidados por las Sole- 
dades, los senos, las Canales, los laverintos que forman los 



— 59 — 

Ríos por todas partes, y que al mismo tpo. que les ponen á 
cubierto del Guarda, y de el Administrador, les facilita su 
transporte, hacen grandes sembradíos, recogen cosechas 
abundantes, y le venden á un precio vilísimo con daño 
irreparable de el Erario. En vano se multiplican los guar- 
dias, en vano se toman las providencias mas escrupulosas, 
y advertidas, el havitante de la costa no tomará jamas por 
veinte r.^ la libra de una hoja que sus Bosques producen 
con la mayor facilidad. El único recurso que queda para 
cortar el contravando, para evitar la dureza y las extor- 
ciones de los subalternos que siempre abusan de su autori- 
dad, es proverles á precios moderados: es ponerles en esta- 
do que su contravando les produzca poce, que su Cosecha 
les arruyne, ó á lo menos que no puedan vender á menos 
precio que el Rey. ^-Y como obrar este prodigio? No proveer 
á estos países de la Factoría de la Candelaria, sembrarlo de 
cuenta de el Soberano en Esmeraldas, en Santiago, en 
Malbucho, ó en otro de los infinitos lugares que le produ- 
cen expontaneamente. x%i el Erario no se hallaría grave- 
mente perjudicado, y el vasallo sin el sebo de la ganancia 
no tendría ningún estimulo para desobedecer las Leyes y 
perjudicar las Rentas de la Nación. ¿Un establecimiento se- 
mejante en las cercanías de Carondelet (i) no haría el mas 
firme apoyo de el camino de Malbucho? ¿No poblaría estos 
desiertos fecundos hasta hoy havitados solamente por las 
Fieras? Pero yo me adelanto, este punto tiene su lugar en 
esta Relación. 

35. En el espacio que hay dentro de Palacara y Qua- 
xara no entra en Mira ningún río por la banda del Oeste á 
excepción del pequeño arroyo Amarillo. Este nombre se le 
ha dado por el color amarillo-roxo, y semejante al de ocre 
q.* tienen sus aguas. Estas son de gusto abstringentc 

(i) Este es el nombre de el embarcadero á orillas del Bogotá. 



— 6o — 

vitriolico, unido á un olor sulfúreo bastante fuerte: las creo 
cargadas de yerro y azufre, aunque no tuve proporción de 
asegurarme de su presencia con alguno de los reactivos 
conocidos. El lecho y las orillas de este arroyo se hallan 
prodigiosamente cortadas en todo sentido. No puede el 
viagero dejar de reconocer que aqui ha habido fuertes mo- 
vimientos locales de que no han participado los terrenos 
inmediatos. Una mina de azufre poco mas arriba de su 
embocadura acaba de confirmar que en estas cercanías 
existe alguna boca ardiente q.** debe aumentar el numero 
de volcanes que tanto abunda en esta Provincia. Apenas 
se andan cien varas quando se encuentra una playa espa- 
ciosa sembrada de piedras á las orillas de Mira, y todos 
los vestigios de un desplome considerable de la Colina 
inmediata, conocida con el nombre de Jabonería. Aun se 
mantiene en la memoria de los havttantes de estos payses 
la época y las circunstancias de esta catástrofe, cuya rela- 
ción estaría aqui de mas y nos separarla de nuestro objeto. 
36. En las orillas del Este, cerca de la Concepción á 
286,0 lineas del Barómetro, y á 715 toesas sobre el Mar 
se hallan huesos fósiles enormes. A juicio del Barón de 
Humboldt son despojos de elefantes carniboros que en otro 
tpo. poblaron el nuevo Continente. He visto muchos en 
Quito y he poseido algunos; el mas notable y digno de la 
curiosidad de un naturalista es un cormillo de 12 pulgadas 
de largo, y dos y media de diámetro. En el se reconocen 
todos los caracteres del verdadero marfil. Esta alhaja per- 
tenecía al Gavinete de un Amigo (i) digno de ella por su 
gusto y por sus luces en la Historia Natural y en otros 
ramos. Generoso, la cedió al Barón de Humboldt, quien la 
llevo á Europa para enriquecer alguna de las colecciones 
de aquella porción ilustrada de nuestro globo. 

(i) D. Juan de Larrea. 



— 6i — 

37. El mismo 23 llegamos á Quajara á buena hora, y 
hallamos en su dueño (i) la acogida q.^ podíamos esperar 
de un amigo. El tpo. spre. favorable á la Astronomía me 
proporcionó el determinar en latitud este punto por alturas 
meridianas de las Estrellas, y por una del Sol á 24. Hallé 
que estaba á 0° 39' 44" de latit.^ bor.^ y 0° 21' 54 al 
oriente del meridiano de Quito. El Barómetro hechas todas 
las correcciones se sostubo á 291,2. Todo el 24 le ocupa- 
mos en colectar y en describir las plantas de estos paises. 

38. El 25 partimos para Malbucho; pero á pesar de 
nros. exfuerzos apenas pudimos arribar á Pilchiguayco, y 
hacer seis leguas y media de camino. En este espacio den- 
tran en Mira por la banda del Este los rios Palatin, Sange- 
ronimo y Pilchiguayco que es necesario pasar á bado. En 
tiempos secos, en los meses de Julio, Agosto, y buena 
parte de Septiembre traen una corla cantidad de agua; 
pero en Octubre y en los restantes meses del año son unos 
torrentes rapidísimos que vienen de las Montañas inmedia- 
tas á precipitarse en Mira, y detienen al pasagero que no 
quiere exponer sus intereses y su vida. Todos estos y mu- 
chos otros, que se hallan mas abaxo necesitan de puentes 
si se desea darle la debida perfección á este camino. 

39. Al paso hemos visto las ruynas de Lachas. No 
queda otra cosa de este Pueblo que algunos arboles fruta- 
les que enseñan al viagero el lugar en que existió. Sus 
Yndios en pequeño numero se hallan dispersos á lo largo 
de las orillas de Mira, y semejantes al Yndio pueden decir, 
no tenemos ni Patria, ni templo, ni Pastor. ¡Cuantos de 
estos tristes exemplares podemos citar en toda la exten- 
sión de nuestros viages en el Vireynato de Santafé! Limi- 
tándonos al de Malbucho, han desaparecido de la superfi- 
cie del globo, Lachas, Puntel, Tola, y Limones. Sabemos 

(i) D. Miguel Freyre. 



— 62 — 

que la maza de la población crea siempre en todas las 
regiones de la tierra, ^'porque experimentamos diminución 
solo en el Yndio? Si nos hallásemos un poco abanzados en 
nuestra Geografía, si poseyésemos una Carta exacta y poli- 
tica del Virreynato, nos asombraríamos al ver el sepulcro 
por decirlo asi de tantas poblaciones, los esqueletos de 
tantas ciudades florecientes en la edad de nuestros PP. y 
hoy en vísperas de perecer. jQue causas funestas y contra- 
rias á nuestra felicidad han influydo tan vigorosamente 
sobre el aumento de nuestra especie en esta porción de la 
America Meridional? He aqui un campo basto para las 
reflexiones mas profundas: he aqui una carrera gloriosa 
para el genio que se hallase bien instruido en nuestros 
principios, en nuestros progresos, y en nuestro estado pre- 
sente; que conociese el clima, las producciones, las necesi- 
dades, los recursos, la extensión, las virtudes, y también 
los vicios de esta bella porción de la Monarquía. ^-Pero 
quien es el hombre que en el estado presente de las cosas 
puede entrar en estas especulaciones, y contar con unos 
resultados juiciosos, y verdaderos.^ Desnudo de principios 
los forjarla á su antojo, ó los tomarla de las fuentes mise- 
rables que tenemos. Sin nuevas observaciones, sin nuevas 
medidas, sin nuevos cursos nada podemos esperar venta- 
joso á nuestra constitución. ¡Quando pensaremos en nues- 
tros verdaderos intereses! ¡Guando hecharemos los fun- 
damentos de nuestra felicidad! Ahí una carta atrevida, y 
soberbia, una Carta superior á la proyectada por el pro- 
fundo Arriquibar, una carta erigida sobre observaciones 
exactas, una Carta que descendiese á los objetos mas pe- 
queños, y se elevase á los mas grandes, una Carta política, 
una Carta Económica que presentando de una ojeada 
nuestras producciones, nuestros campos, nuestros bosques* 
las Montañas, los caminos, las distancias, los ríos, los cli- 
mas, la población, la riqueza, y la miseria de todas las 



-es- 
partes que la componen, pusiera al político, al Magistrado, 
al Ministro en estado de juzgar de las cosas, de su valor, 
y de sus relaciones verdaderas, es lo que nos falta para ser 
felices. Este seria el Libro, este el Código luminoso en que 
se formarla el hombre de estado q.^ quisiese mandar con 
acierto, y con utilidad esta Colonia: este seria el mas gran- 
de servicio que podiamos hacer á nuestra Patria, á la Me- 
trópoli y á la Nación entera, y este el monumento mas 
glorioso, mas humano, mas sabio que puede erigirse un 
Ministro que desea inmortalizar su nombre, y merecer el 
dulce epíteto de Padre de los Pueblos, y este el solido, ver- 
dadero, y único medio de .mejorar la constitución presente 
y hacer que produzca ventajas reales á la Madre-patria 
una Colonia que hasta hoy no ha recompensado al sovera- 
no ni aun los cuidados de su conservación. --Estaremos muy 
distantes de esta época feliz? ¿Necesitaremos de grandes 
exfuerzos para conseguir la Carta que proyectamos? No se 
trata de hallar el paso á la China por el Norte, no se tra- 
ta de las longitudes en el Mar, se trata si de una Carta 
que dejando la ruta común, ensanche prodigiosamente sus 
escalas, y nos pinte las producciones, el cultivo, la indus- 
tria, las necesidades, las fuerzas, el comercio A: de este 
troso de la Monarquía. Quatro jóvenes, un Astrónomo, un 
Botánico, un Politice, y uno que se hallase instruido en la 
Chimica y en la Mineria bastaban para erigir este soverbio 
edificio en un corto numero de años. Esta empresa superior 
á las fuerzas de un particular, exige la protección del go- 
vierno. Todo lo debemos esperar de el Augusto Soverano 
y del Ministro sabio que la Providencia ha colocado á la 
frente de este Ymperio el mas dilatado del Universo. 



Memoria sobre el estado de las Quinas en general 
y en particular sobre las de Loxa. 



Los arboles de las diferentes especies de Quinas q." na- 
cen en los Andes equinocciales pueden ser tan ventajo- 
sos p.* España, como lo han sido p.^ Holanda los de la 
Canela de Ceylan. Si asta oy no hemos cogido frutos tan 
abundantes, si el producto de la Quina no iguala ni en mu- 
cho al de la canela, pende, sin contradicción, del abando- 
no en que mantenemos este ramo, y tal vez de no aver re- 
flexionado sobre las ventajosas circunst.* en que la Provi- 
dencia le ha colocado. Estoi persuadido q.^ una Memoria 
en q.^ se manifestase el estado presente de los bosques 
en q/ nacen estas plantas, su extensión, sus limites, cor- 
te, acopio, plantíos &^de algunas especies, y pralmente. de 
la de Loxa, seria mui interesante á la Nación. Este recono- 
cimiento, los deseos de contribuir al serv.° del Rey, y uti- 
lidad de sus vasallos; el amor q." tengo á mi pays, y la 
obligación de corresponder á las miras benéficas del 
Xefe (i) q.*" oy manda esta Provincia, me han obligado á 



(i) El Barón de Carondelet, este zeloso é infatigable Magistrado, que 
desde el momento que tomó el mando de la provincia de Quito no cesa de 
{yomover todos los objetos útiles al Rey, á la Nación, y particularmente 
á esta porción de la Monarquía, me pasó el 9 de Enero de este año (1805) 
un oficio en que me ordena le manifieste los conocimientos que he traido 
de Loxa sobre el importante ramo de las Quinas. 

5 



— 66 ^ 

ordenar y reunir en esta los conocimientos que he adquiri- 
do sobre la Quina en mis viages (i) dentro del Virreynato, 
y principalmte. en el q.^ acabo de verificar á la Ciudad de 
Loxa (2). ¡Dichoso yo si estos trabajos llegan algún dia á 
mejorar la suerte de uno solo! 



(i) En Julio de 1803 recorrí los bosques de Malbucho en solicitud de 
las Quinas, En Octubre del mismo año entré á Intac, Pueblo situado en 
las faldas occidentales de la Cordillera por 0°. 26' de lat. boreal. En Julio 
de 1804 interné en Tagualó, Macuchi, también en las faldas occidentales 
de la cordillera por 0°. 53,21" de lat. Sur, según mis observaciones. En 
Agosto del mismo año recorrí los montes de Alausi, Cibambe por o^. 10, 
de lat. austral. En Setiembre los de Paute, Taday, Gualarco en las cer- 
canías de Cuenca} y en fin pasé á visitar los de Loxa en Octubre y No- 
viembre. 

(2) La altura de Loxa sobre el mar, su temperatura, producciones c5c 
tienen mucha relación con lo que sigue, y he creido necesario dar una idea 
sucinta de esta Ciudad. Loxa es un grupo de casas mal formadas en la mi- 
tad de un valle angosto y desigual} pero que se extiende de Norte á Sur 
tres ó quatro leguas. Al Este tiene el ramo mas oriental de los Andes con 
el nombre de cordillera de Zamora, y por el Oeste el Cordón de Villanaco, 
que se reúne al principal en Caxanuma. El horizonte estrecho, los campos 
sin cultivo, unas casas medio arruinadas, las calles angostas y sucias, dan á 
Loxa un aspecto tan melancólico que inspira deseos de salir de ella quanto 
antes Colocada en medio de dos arroyos que se unen en la extremidad bo- 
real de la población, goza de aguas puras y abundantes. En otros tiempos 
floreciente, se halla oy en un estado bien miserable. Sus moradores no pa- 
san de 2.000. Se pueden dividir en dos clases por lo que mira á su ocupa- 
ción: los unos cultivan sus haciendas, que les producen Maíz, Azúcar, Mu- 
las excelentes^ y Ganado vacuno: los otros viven en una perfecta ociosidad,, 
y les conviene muy bien la fama de mezquinos que tienen en toda la Provin- 
cia. Es de admirar la buena fe y paz en que viven unos hombres que no co- 
nocen el trabajo, ni la generosidad: el robo es casi desconocido entre estos 
moradores. El terreno es de los mas fértiles del Reyno: sin esfuerzos tiene 
con mediana abundancia los frutos de los temperamentos medios y de las 
ardientes. Estos los sacan del Catamayo, valle profundo al Occidente, del 
Villanaco, y á 6 leguas de Loxa. La chirimoya^ la mas deliciosa de las fru- 
tas, crece espontáneamente. He atravesado bosques compuestos de estos ar- 



- 67 - 

La especie de Quina conocida por los botánicos con 
el nombre de Cinchona officinalis, esa especie eminen- 
temente febrífuga, bosquejada sobre esqueletos por el ilus- 
tre Mutis, y publicada por el Caballero Carlos Linné, no 
se halla esparcida como las otras de su genero. Una por- 
ción del Corregimiento de Loxa es la depositarla única de 
esta planta preciosa. Esta verdad de que me creo ser au- 
tor, merece examinarse con alguna detención. Ella intere- 
sa al comercio, da luces para organizar su corte, acopio y 
libertad, y lo que es mas importante, pone al govierno en 
estado de juzgar con firmeza sobre la economía de un ramo 
que puede hacer felices á muchos miles de vasallos. 



boles en la estación en que florecen. El aire se hallaba entonces perfumado 
con las exhalaciones de sus flores que se esparcían por todos los lugares, 
¡(^ue abundancia de plantas, de gomas, de cortezas, todas útiles á las artes 
y á la medicina! En el recinto de la ciudad no hay terciana; pero sus ha- 
bitantes las toman en el Catamayo, de donde sacan la mejor parte de su 
subsistencia. Parece que en ninguna parte de nuestro globo debia temerse 
menos esta enfermedad; no obstante, á pesar de hallarse rodeados de ar- 
boles de la mejor quina mueren sin recurso quantos tienen la desgracia de 
ser atacados de ella, principalmente los Indios en quienes hace los mayores 
estragos. Creen que esta corteza enciende la sangre y los humores, la mi- 
ran con horror y la detestan. Es bien sabido en Loxa que para salvar la 
vida de uno de estos infelices es necesario aprisionarle, y muchas veces usar 
de los castigos mas severos, para que tome el mejor y mas poderoso reme- 
dio que se le puede administrar. La experiencia de todos los días nos ense- 
ña que el Indio, religioso observador de lo que hicieron sus mayores, per- 
petua sus usos, sus preocupaciones, sus secretos, sus vicios, y aun esa fu- 
nesta inclinación á la idolatria. ¿Por que no conserva también el uso de la 
Quina, si es cierto como dicen de la Condamine, Savary, Ruiz c5c''^, que los 
Españoles hallaron establecido entre ellos este remedio, y de quienes le to- 
maron al tiempo, ó después del descubrimiento de la Provincia de Loxa.' 
Llueve desde Octubre hasta Mayo con la irregularidad que observamos erk 
los lugares elevados de los Andes equinocciales: graniza poco, el rayo no es 
tan frecuente como en Quito y Popayan. Desde Junio hasta Setiembre ce- 
san las lluvias, y reina un viento impetuoso del Este, acompañado de una 



— 68 — 

Para manifestar sus limites de un modo sensible, presen- 
tar los discursos sobre que se deben apoyar nuestros dis- 
cursos, las consecuencias y resoluciones ulteriores sobre la 
Quina, he formado una pequeña carta topográfica (i) de 
las inmediaciones de Loxa, y un perfil ó corte de la Cordi- 
llera de los Andes en la latitud mas conveniente. Los fun- 
damentos de aquella son muchas observaciones astronómi- 
cas, medidas &:, verificadas sobre los mismos lugares, jun- 
tas á los trabajos de los ilustres Condamine y Maldonado. 
Abraza i°,45' en latitud, y 2°, 30' en longitud, contando 
esta del meridiano de Quito. Este, que llamaré Nivelación 



llovizna menudísima sobre las cimas de las montañas, á que dan el nombre 
de temporales ó de paramos. Algunas veces son tan abundantes que llegan 
hasta la misma Ciudad, y hacen casi impracticables los pésimos caminos 
de sus cercanías. Esta estación es la peor del aiío para atravesar de J^^il^o ^ 
Loxa. Tiene en sus inmediaciones minas de marmol blanco, semejante al 
de Cuenca, de yeso, de estaño en espato blanco, que según Maegraffes el 
mas puro, de Asfalto ó betún de Judea, de Antimonio, de cobre muy abun- 
dantes, de plata y de oro y de cristal de roca. Su temperatura es de las mas 
agradables: el termómetro de Mr, de Reaumur varía de lo°- ló*^ mante- 
niéndose la mayor parte del año entre 14*^ y 15°. La altura del mercurio 
en el Barómetro es de 263, 5 lineas, medio entre un numero prodigioso de 
observaciones. Mr de la Condamine halló primero 260, O lineas (Mem. de 
la Acad. de las Ciencias de 1738) y después 265, O, (Mem. de la Acad. de 
1745). La altura de esta Ciudad sobre el Océano Pacifico es: 

toesas var.* cast.* 

Según Mr. de la Condanime 1 100. — 2566 

Según el Sr. Barón de Humboldt 1006.0 = 2347 

Según mis observaciones y cálculos. . . . 1002.7 = 2339,6 

La latitud deducida de dos alturas meridianas del sol con un buen quarto 
de circulo de J. Bird. es de 4°. ol' 02', 5 Sur. Mr. de la Condamine le da 
4*^. 01.', 00" (Mem. de la Acad, 1738), resultado demasiado conforme á 
nuestras observaciones astronómicas. Su longitud es de o'^. 58', 30'', al Oc- 
cidente de Quito, 

(l^ No existe en el archivo de la Expedición Botánica. D. M. 



^ 69 - 

barométrica, está apoyada sobre un gran numero de obser- 
vaciones de este genero, hechas con el mayor cuidado, y 
sobre mis cálculos muchas veces repetidos, usando en ellos 
de las mejores formulas q.* tenemos. Es necesario notar en 
esta nivelación lo siguiente. 

A la derecha se hallan quatro escalas: la i.^ expresa la 
altura de la columna de mercurio en pulgadas y lineas: la 
2.^ en lineas solamente: la 3.^ las toesas que hay de una 
pulgada á otra del Barómetro; y la otra la suma de toesas 
contadas desde la superficie del mar. La linea mas baja 
representa el nivel del Océano Pacifico: sus paralelas hacia 
arriba las zonas ó capas diferentes de la atmosfera que 
equivalen á la presión de una pulgada- de mercurio, y que 
aumentan su anchura en razón de las densidades del aire á 
proporción que se sube. 

La Quina de Loxa no se halla sino desde los 3°,44' de 
latitud austral faltando del todo en otra latitud menor que 
la asignada. Puedo lisongearme conocer, sino todas las es- 
pecies propias de la Provincia de Quito, á lo menos la ma- 
yor parte. Las he visto vivas, y cuidadosamente diseñado 
y descrito: poseo esqueletos y cortezas con que voy á en- 
riquecer la Flora de Bogotá, y ninguna se parece á la que 
producen las cercanías de Loxa. Este limite puesto por las 
manos de la naturaleza, que llamo termino boreal de la 
Cinchona officinalis^ comienza en el ramo que divide las 
aguas entie el rio de Saragtiro y el de Loxa, quetoma 
después el nombre de Zamora, y entra en el Marañon bajo 
del de Santiago. Véase la carta adjunta. 

Desde Ayabaca, desde los 4^40' de latitud austral hacia 
el Sur ya no se vuelve á encontrar esta especie. Se citará 
la autoridad de Ruiz (i) para ensanchar este limite. Peroá 
pesar del respeto que debo á los conocimientos de este bo- 
íl) Quinolog. pag. 57. 



tánico, debo decir que si se compara la descripción que nos 
ha dado de ella con la que he visto en Loxa, si nos acor- 
damos que el autor de la Quinólo gia del Perú jamas estu- 
vo en los bosques de las inmediaciones de esta Ciudad, se 
convendrá en que la Cinchona officinalis de este laborio- 
so profesor difiere mucho de la Quina roxa de que habla- 
mos. Estarla aqui fuera de su lugar un pormenor circuns- 
tanciado sobre este objeto. Pero reflexionando que hablo 
en una materia delicada, y que tiene consecuencias reser- 
vo su resolución para cuando restituido al lado del mayor 
botánico de que puede gloriarse la nación, oiga su juicio, 
y pueda consultar mejores libro?. Por ahora baste saber 
que de Ayabaca hacia el Sur falta esta especie per el espa- 
cio de muchas leguas; que en toda la extensión de la Pro- 
vincia de Quito solo Loxa produce la Cinchona officinalis 
de Linné, y que aun aqui esta confinada dentro de 3°42', 
y 4^,40/ de latitud austral. Llamo á este ultimo limite 
termino austral de esta especie de Quina. 

No hay que apoyarse sobre la analogía perfecta de la 
temperatura, elevación y vecindad de los paises para creer 
que esta especie se halla también en ellos. ¿Que lugares 
mas semejantes, por no decir iguales á los de Loxa, que 
Saraguro, Cuenca, Cibambe, Paute y otros.^ Pues apesar de 
hallarse estos casi en la misma temperatura, la misma pre- 
sión atmosférica, y casi la misma latitud, no se halla en ellos 
un árbol de las quinas que producen las cercanías de Loxa. 

No se crea que esta bella Cinchona nace en todas las ele- 
vaciones posibles de los Andes. Huye tanto de los climas 
helados, como de los ardientes, y solo prospera en la re- 
gión media (i) de la cordillera. Una presión atmosférica 

(i) Hablando con rigor el centro de la zona en que vegeta la Quina se 

jO 

halla á — de toda la altura de los Andes. Con este objeto he puesto sobre 

3 
el perfil una vista de Chimborazo tomada de la nueva Riobamba. Esta 



■q.® exceda el peso de una columna de mercurio de 23 pul- 
gadas, ó q.^ sea menor de 20, y una temperatura q.® no 
esté dentro de 4° y 18° R. son poco favorables ó más bien 
adversas á la vegetación de esta planta. Muchas observa- 
ciones en diferentes lugares de los bosques en q.^ nace me 
han enseñado que estos son los limites en q.^ se halla con- 
finada. Por consiguiente el término inferior está á 813,5 
toesas (1898, 2 varas cast.") sobre el mar, y el término su- 
perior á 1.380,0 toesas (3.220,0 v.^ cast.^): la zona en que 
prospera tiene solamt.^ 566,5 toesas (1.321,8 v.* cast.^) de 
anchura, y su centro 1.096 toesas (2.558,9 v.^ cast.^) ele- 
vado sobre el mar. 

Esta propiedad de la Quina de Loxa unida á la disposi- 
ción del terreno q.« la produce, le ponen limites de Oriente 
á Poniente. Para formar una idea clara de este punto es 
preciso acordarnos q.^ las montañas depositarías de esta 
quina hacen pte. de los Andes, q.^ como todos saben co- 
rren constantem. ^ de N. á S., del un hemisferio al otro, 
spre. inmediatas y paralelas á las costas Occidentales del 
nuevo continente. Si cortamos de Poniente á Oriente esta 



cima, la mas elevada de la tierra, tiene según las recientes observaciones 

3267 I 
-del Barón de Humboldt 3267 toesas sobre el mar. Ahora =• 1089 

de los Andes. 

El termino superior de la vegetación de la quina está 1380, O, toesas so- 
bre el mar, el inferior 813, 5 toesas, luego 13S0, O — 813, 5 = 566, 5 
566,5 



2 



= 283, 2 + 813, 5 = 1096, 7 altura del centro de la zona de la ve- 



getación de la Quina. 

Altura del centro de la zona IO96 . 7 

Un tercio de los Andes 10S9 • o 

Diferencia 7.7 toesas. 



— 72 — 

famosa cordillera, en la latitud de Vilcabamba (i) q.^ ocu- 
pa el centro del domicilio de la Quina (2): si le represen- 
tamos su perfil con todo lo restante de la America meri- 
dional, desde Tumbez sobre el Pacifico, hasta el Para en 
las costas del Atlántico, tendremos una sección semejante 
á la q/ presenta la nivelación que acompaño. Echemos una 
ojeada rápida sobre ella, y hallaremos 

Que lo primero que se presenta á la derecha son las 
aguas del Océano Pacifico, y el puerto de Tumbez. Co- 
mienza á elevarse el terreno poco á poco: primero se ha- 
llan colinas pequeñas que van aumentando su altura á pro- 
porción q.^ se alexan de la costa; pero q.* no alcanzan sus 
cimas á tocar el termino inferior de la Cinchona, es decir, 
que no tienen 813,5 toe.^ (1.898,2 v.^ c.*) de altura perpen- 
dicular sobre el Océano. Por 615,6 toe.^ (1.436,4 v.^ c.^) 
está Zaruma con sus minas. Desde aqui se levantan mon- 
tañas sobre las colinas, q.^ pasando el termino inferior etc. 
de la cinchona, van casi á tocar el termino superior p.'' 
1.380,0 toesas (3.220,0 v.'* c.^) de elevación. Este es el 
famoso Orito-Singa (3). Aqui comienza á descender el te- 
rreno hasta la ciudad de Loxa, q.' como hemos dicho se 
halla á 1.002,7 toe.^ (2.339,6 v.^ c.^) de elevación. Vuelve 



(i) Por ties alturas meridiano del Sol hallé que este Pueblo está á 40^ 
18', 30" de latitud austral. 

(2) Véase la carta topográfica adjunta. 

(3) Orito-Singa, Montaña situada al Occidente de Loxa, y que se ex- 
tiende desde Malacates hasta el Cisne y Santiago por el espacio de 8-9 le- 
guas náuticas. Al frente, y justamente al Oriente de la Ciudad de Loxa, 
forma una cresta de roca herizada, y en lo mas alto de ella una punta que 
tiene semejanza con el pico de un Papagayo, de donde le viene el nombre 
de Orito-Singa. Esta palabra es compuesta de dos de la lengua del Perú: 
Or'tto, que significa Papagayo, y Singa^ nariz ó pico. Es fértil en Quinqui- 
na, y la que ha mas de un siglo da grandes cantidades de esta corteza s¡t\ 
agotarse. 



— 73 — 

á subir en Caxanuma (i), baja hasta Malacates, Cararan- 
go y Vilcabamba. Después de este ultimo punto se eleva 
sin interrupción hasta las 14-1.500 toe.*^, y forma la cordi- 
llera de Zamora, q/ es el ramo mas oriental de los An- 
des, y el divide las aguas entre el Marañen y Catamayo, 
ó Calar. Al Este no se presenta otra cosa que un des- 
censo continuado hasta Zamora y Tomependa (2) sobre el 
Amazonas. En Tomependa comienza la inmensa llanura 
que va á terminar en las costas del Brasil, en cuya extre- 
midad se ve el Para y las aguas del Océano Atlántico. 

Al primer aspecto de esta nivelación se manifiesta que 
en todo el inmenso espacio de la America meridional, que 
en las 900 leg.* q.* tiene de Este á Oueste, en el paralelo 
de 4° 5' de latitud austral, solo la cordillera de Zamora en 
los puntos B. y C, y las montañas de Orito-Singa y de Za- 
ruma en A. y D. tocan el termino inferior de la cinchona 
officinalis. Es pues evidente que esta planta no puede ha- 
llarse sino desde A. hasta B. Este es el termino oriental, y 
aquel el occidental de la Quina de Loxa. El primero está 
p.'" 1° 45', y el segundo por 0° 35' al occidente del meri- 
diano de Quito. 

De todo lo dicho resulta que tenemos seis términos den- 
tro de quienes se halla confinada la Quina. Términos cu- 
yas diferencias nos dan la extensión de las tres zonas dife- 



(1) Caxanuma: mas bien es una falda pequeña que Orito-Singa suelta 
para reunirse á la cordillera de Zamora, que una montaña separada. Ella 
forma la división de aguas entre el rio de Zamora y el Catamayo. Aquellas 
van al mar Atlántico, y estas al Océano Pacífico. El Barómetro se sostie- 
ne sobre Caxanuma en 252, 5 lins., lo que enseña que la cuna de este cor- 
don está á 1172,7 toesas sobre el mar (2736,0 v.» c.*), y 170,0 toesas 
(396,6 v.s c,*) sobre Loxa. Abunda como en Orito-Singa la mas bella 
^uina, 

(2) He colocado á Tomependa en 168, O toesas (392, v.« c, ^ ) de altu ^ 
ra según las observaciones del Barón de Humboldt. 



— 74 — 

rentes de que acabamos de hablar, y términos en fin que 
nos enseñan el punto de vista bajo del cual debemos con- 
siderar el plantío, comercio, cultivo, acopio &.^ de la Qui- 
na. En resumen son: 

Termino austral 4*^ 40' de lat. aust. 

Termino boreal 3" 42' de lat. aust. 

Diferencia o" 58' 

Termino oriental 0° 35' al occid.te de Quito. 

Termino occidental... 1° 45' al occid.te de Quito. 

Diferencia 1° 10' 

Termino inferior 813 , 5 toe."^ sobre el mar. 

Termino superior 1380 , o toe.'* sobre el mar. 

- Diferencia 566 , 5 

Semidiferencia.. . 283 , 2 

+ 813,5 
Altura del centro de la 

zona 1096 , 7 

A esto podemos añadir las temperaturas de los dos úl- 
timos términos: serán: 

Temperatura del termino superior. . . minimij 4^ , o R. 
Temperatura del termino inferior . . . maximij 18° , o 



Diferencia 1 2° , o 

Suma 1 2° , o 

Temperatura media 11 ,0 



Con estos conocimientos podemos ya apreciar por una 
juiciosa aproximación el numero de leguas que produce la 
Quina mas estimada. En la carta topográfica que acompaño 
he bañado de color pajizo el terreno que es fértil en ella, para 
que á primera vista se distinga de las demás. El está ence- 



— 75 — 

rrado. comenzando por el Norte, entre el rio de las juntas, 
que toma su origen en las montañas de Zaraguro, hasta 
la embocadura del pequeño rio de Santiago. Este hacia 
arriba hasta su nacimiento en la montaña del Cisne. Des- 
pués el rio de este nombre hasta su embocadura en el 
Catomayo. En fin siguiendo este rio hasta su unión con el 
de Macará, que le entra por los 4° 20' de lat. aust. y por 
1° 50' al occidente de Quito. Por el Sur está confinado 
dentro del rio de Macará^ montaña de Ayabaca, Vallado- 
lid, hasta su unión con la cordillera de Zamora que le ter- 
mina por el oriente. 

El espacio que encierran estos limites se ve dividido en 
muchos quadrados formados por lineas de puntos que se 
cortan en ángulos rectos distantes entre si una legua náu- 
tica de 20 al grado, ó de 2.837, 5 ^.^ (6.620, 8 v.^ c.-^). Bas- 
ta, pues, contar estas quadriculas para saber el numero de 
leguas quadradas que hay en el recinto que acabamos de 
señalar. He hallado que son 275: quitemos 100 leg.^ por 
ios pequeños valles, que mas bajos que el termino inferior 
de la nivelación, no producen ningún árbol de Quina; que- 
darán 175 leg.^ quadradas útiles. Bien podemos añadir sin 
temor de exageración 25 leguas por el aumento de superfi- 
cie causada por las montañas que se enlazan y cruzan en 
direcciones diferentes por todas partes, no haviendo mas 
espacio de una á otra que el lecho de los arroyos que las 
separan. Tenemos, pues, 200 leguas quadradas fértiles en 
Quina, leguas que han dado un numero incalculable de 
quintales desde que se extrae su corteza, y que parecen in- 
agotables. 

Es de admirar que en 167 años que ha conocemos las 
virtudes de la Quina no hayamos pensado en transplantar- 
la á otros lugares análogos del Virreynato. ^-Quien creyera 
que este árbol, cuya corteza asegura la vida inestimable 
de nuestros Soberanos, de la familia real de España y la 



- 76 - 

de sus vasallos, había de permanecer hasta hoy confinada 
en el estrecho recinto que acabamos de prescribirle? Mas 
afortunados elAlgodon y el Cacao han sido transportados 
á todos los lugares en que se ha creído prosperarían. ^Ha- 
brán influido en esta injusta preferencia las prontas venta- 
jas que percibe el cultivador? ^'Seran las caprichosas vici- 
situdes á que han estado expuestas las cortezas de la 
Quina? Sea la que fuere la causa, lo cierto es que aun no 
tenemos un solo árbol de la Quina de Loxa en toda la 
extensión del Virreynato. 

¡Quantos lugares absolutam/^ análogos al de Loxa tene- 
mos en las Provincias de Quito y Santafé! ¡Quantos cente- 
nares de leguas con la mísm.a elevación, la misma presión 
atmosférica, y las mismas estacionesl La Quina transpor- 
tada á estos países prosperaría seguramente con lá mayor 
felicidad. Todos los bosques_, todos los lugares, cuya lati- 
tud no pase de 12'*, en quienes el barómetro se sostenga 
de 241 á 277 lín.- (de 20-23 pulgadas) es decir, que su 
elevación sobre el mar sea de 813, 5 á 1380, o t.^ fde 1898, 
2 á 3220, o v."^ c") son propios para el plantío de este 
vegetal, cuyo incremento feliz lo debemos esperar con la 
mayor seguridad . Si es cierto que en la vecindad de la 
línea la altura decide del calor, si es cierto que á igual 
elevación la carga eléctrica, la cantidad de oxigeno y la 
presión atmosférica son las mismas, ¿"que debemos temer 
en el transplante y cultivo de esta especie preciosa? Guay- 
llabamba (i), Otavalo, todas las cercanías de Ybarra, Qui- 
to y alrededores, Yntac, Valle de Chillo y de Tumbaco, 
Xalupana, Pitaló, Minas de Macuchi, Hambato, Riobam- 
ba, Alausi, Cíbambe, Cuenca, Azogues, Gualaceo, infinitos 
lugares de la Provincia de Popayan, otros tantos de las 

(l) Ponemos aquí una tabla de muchos lugares del Virreinato cuya al- 
tura barométrica esté dentro 241 y 277, ó su elevación sobre el mar dentro 



— 77 — 

inmediaciones de Santafé, Socorro &.« &.^ son propios para 
establecer inmensos plantíos de esta Quina. Pero entre 



y 3220 v.s cast.s como propio para el cultivo de la Quina de Loxa: 

Altura Altura 

LUGARES del sobre el mar 

Barómetro, en v.» cast.s. 

Guayllabamba 263 , 6 2335 , 9 

Otavalo 251 , 7 2775 , 9 

Colimbuela 256 , 7 2588 , 8 

Atontaqui 256 , 2 " 2607 , 3 

Ibarra 260 , 6 2445 , I 

Quito-. , • • • 243 ' 3 3099 '6 

Añaquito: llan.^. . . . 243 > 5 3^91 » 4 

Turumba: llan.^. . . . 243 > 2 3103 > I 

Quitumba 260 » I 2405 , 3 

Yntac 273 , 2 1995 , 7 

Chillo: valle 250,6 2817,9 

Conocato 251 , O 2802 , 5 

Cumbayá 255 , O 2652 , 5 

Tumbaes 255 , 9 2628 , O 

- Puembo 252 , 9 2730 , 9 

Pifo 248 , 6 * 2894 , 2 

Xalapana. . 243 , 7 3o!^3 . 7 

Macuchi: mina 275 > 5 I9I5 > 4 

Pilaló 252 , 9 2730 , 9 

Hambato 249 , 5 3075 , O 

Riobamba 245 , O 3304 , O 

Alausi 256 , O 2614 , 7 

Cibambe 253 , 5 2708 , 3 

Guasuntos 251 , 8 2727 , 4 

Pumallacta 24I , 4 3174 , 2 

Deleg 247 , 7 2928 , 8 

Cuenca 250 , 5 3010 , O 

Azogues 250 , 6 2817 , 9 

Paute 261 , 9 2397 , 7 

Sadan 246 , 7 2867 , 3 

Gualaceo 261 , I 2463 , 3 

Yarqui 245 . ^ 31/8 , O 

Nabon 244 , 5 3213 , O 

Oña 253 , 9 2807 , O 

Yaraguru 250 , O 2838 , 8 

Pasto 249 , 8 2845 , 5 

Ventaquemada 275 , 5 19^5 ' 4 

Popayan 275 ,2 2102 , o 

Poblason 258 , 9 2487 , 4 

Chiriyio 258 , O 2540 , 7 

Atofrío 261 , O 2430 , 6 

Santafé 247,3 3143 . o 



- 78 - 

todos los que conozco, ninguno mas análogo al de Loxa 
que el suelo de Popayan: su temperatura (de 10° 17° R.): 
su presión atmosférica (275, 2 lin.^ del Barómetro): su altu- 
ra sobre el mar (901 toesas = 2102 v.'^ c.''): la qualidad de 
su terreno, las plantas que produce espontáneamente, son 
del todo iguales á aquella en que prospera también la me- 
jor Quina de Loxa. Crei hacer un presente interesante á mi 
patria transportando á ella diez plantas jóvenes; pero la 
estupidez ó malignidad del Yndio que las conduela á. 
espaldas me privó de esta satisfacción, y á Popayan de un 
iondo inagotable de bienes y de riqueza. Ah! si algunos 
de los hombres pudientes de aquella Ciudad, si algunos de 
Quito, Riobamba, Cuenca, Santafé, emprendiesen trans- 
portar algunas plantas de esta Quina á sus respectivos 
lugares, si la cultivasen con cuidado, si la propagasen has- 
ta el punto de poder hacer colecciones abundantes de su 
corteza. ¡Que comercio, que felicidad para unos pueblos 
depositarios únicos del mas poderoso especifico de que 
puede gloriarse la Medicina para restablecer la salud del 
hombre en las quatro partes del Mundo! Esta corteza nos 
presentarla relaciones, y nos unirla con las extremidades 
de la tierra. Mas preciosa que el oro y que la plata, merece 
preferirse á ese montón de proyectos quiméricos siempre 
desgraciados, y de quienes no hemos sacado otro fruto en 
nuestros climas que familias arruinadas y mendigos. 

Los transplantes á los Andes.equinocciales y no á Europa, 
son los que se deben promover. No creo que una planta 
que ama una presión atmosférica de 23 pulg.^ barométri- 
cas quando mas, que perece en una temperatura de 4° -|- 
20", o' — 4° R., que le es necesaria una lluvia abundante 
por el espacio de nueve meses &c.^ pueda prosperar en Vis- 
caya, Galicia, Cataluña y Andalucía como piensa Ruiz (i), 

(i) Quinologia, pág. 21. 



— 79 — 

á una presión de 27 pulg.", un calor de 28° 30*^ R. en estio^ 
un frió de 5- 0° en invierno, & 6c. 

De las 200 leg.^ quadradas que producen quina, solo la 
ó 20 de las cercanías de Malacates, Vilcabamba y Gonza- 
namá están casi agotadas-: las restantes se hallan intactas. 
Creo que con algunos reglamentos que extingan los abusos 
y corrijan la ignorancia de los cascarilleros (i) se puede 
asegurar para siempre no solo la cantidad necesaria para 
subvenir alas necesidades de la Real Botica, sino también 
para establecer un com.ercio ventajoso. 

El abuso mas perjudicial que executan los cascarilleros 
es cortar quantos arboles encuentran en sus correrías, sin 
cuidar de la semilla para lo futuro. De aqui no hallarse 
sino con grandes dificultades una flor, ó una semilla en el 
espacio de muchas leguas, y extinguir en su origen la re- 
producción de la especie. Todos los arboles que hoy exis- 
ten en el recinto de donde se acostumbra extraer la corteza 
son renuevos de dos, quatro ó quando mas seis años. Por 
fortuna en este corto espacio de tiempo se hallan en estado 
de volver á suministrar nueva corteza. Con este objeto les 
cortan de nuevo antes de florecer, y sin que llegue a su 
perfección la semilla que la debe perpetuar. Es pues de la 
ultima importancia conservar algunos individuos imponien- 
do penas al cascarillero que por malicia los corte, Zelanda 
y visitando cada año los lugares en que estén los arboles 
reservados. 

Muchos de los acopladores descortezan el tronco, rom - 
pen los ramos del modo mas rustico y grosero, se aprove- 
chan de la corteza, é inutilizan para siempre este individuo; 
pues maltratado de este modo se seca sin recurso. Otros el 
primer paso que dan es cortar el árbol por su base: practi- 



(l) Este es el nombre que dan en Loxa y en el Perú á los peones que se 
ocupan en extraer y beneficiar la Quina. 



— So- 
ca insensata, pero menos perjudicial que la anterior. El 
tronco principal arroja dos, tres, y algunas veces cinco 
renuevos. A esta reproducción bienhechora de la naturaleza 
debemos los individuos que actualmente proveen al Rey y 
á nuestras Boticas. Sin ello habrian tal vez extinguido la 
especie. Son muy juiciosas las reflexiones de Don Hipólito 
Ruiz en su Quinolog. Grt.° 3.° pag. 13, que creo se deben 
adoptar en la extracción de la quina de Loxa. 

Los dueños de haciendas hacen terribles perj'iicios á los 
bosques de Quina. En los meses de Agosto y de Septiem- 
bre ponen fuego en todas las faldas de las montañas para 
renovar los pastos. Muchas veces se apodera este de los 
bosques inmediatos, y reduce á cenizas una, dos y muchas 
veces mas leguas. En 1803 se incendió de este modo un 
espacio que ajuicio de un experimentado cascarillero podia 
haber dado muchos quintales de la mas bella y sazonada 
quina. Yo he sido testigo de otro incendio semejante, que 
duró dos noches y un dia. 

Cada año se dificulta mas la extracción y acopio de la 
Quina que se remite á España de cuenta de S. M. El cas- 
carillero tiene ya que internar muchas leguas para recoger 
dos ó quatro arrobas que se le han asignado por el Corre- 
gidor, y dia llegará en que sea necesario duplicar,.y aun 
triplicar la cantidad que hoy paga el Rey por cada arroba. 
Este grave inconveniente se habría evitado si los que están 
encargados de esta Comisión hubieran atendido al corte, y 
no hubieran despreciado los plantíos tantas veces encarga- 
dos por S. M. Es de admirar que una planta de este interés 
se halle abandonada á solo la fecundidad natural de los 
bosques de Loxa; y es aun mas admirable se haya dexado 
expuesta por tantos años á la mano destructora del bárba- 
ro cascarillero. No se puede ver sin dolor que no exista 
hoy un solo árbol de plantío en todo el distrito del corre- 
gimiento de Loxa, y que en Octubre de 1804 estaban 



— 8i — 

las cosas en el mismo estado que tenían al tiempo de su 
descubrimiento. Estoy persuadido que solo los plantios 
podran detener la ruina ó á lo menos las dificultades in- 
mensas que se van presentando todos los dias en el acopio 
de aquella cantidad que cada año se remite á lá Botica 
Real. No hay que prestar oidos á las dificultades que opo- 
nen los encargados y acopladores para la concesión de los 
plantios que proponemos. Todas ellas son hijas de su igno- 
rancia ó de su pereza. Me detendría en nombrarlas; pero 
qualquiera hombre sensato conocerá su futilidad al propo- 
nérselas. No obstante hay una que deslumhra á primera 
vista: dicen, que la quina ama la sombra de los bosques y 
que perece quando se halla rodeada de arboles corpulentos, 
ün vecino honrado y curioso fi) de Loxa quiso comprobar 
con la experiencia un hecho que arruinaba de un golpe el 
proyecto, y las mas lisongeras esperanzas que prometen 
los plantios. Transportó quatro plantas jóvenes g1 patio de 
las Casas capitulares de aquella Ciudad, en donde prospe- 
raron felizmente. Aun existieran si en Loxa se tomara 
algún interés en el aumento de las quinas. Con la muerte de 
aquel hombre zeloso se introduxeron caballos en el lugar 
en que estaban los quatro arboles de quina, quienes los 
destrozaron é hicieron perecer. 

Hay -tanta oposición entre los habitantes de Loxa á los 
plantios, que es necesario tomar las mas serias providen- 
cias para que los executen, y que el tiempo y la experien- 
cia vayan arrancando una preocupación tan envejecida. 
Confieso que se necesita pulso para elegir el hombre á 
quien debe confiarse una comisión tan delicada. Si por 
desgracia recae sobre algún ignorante en materia de plan- 
tios aumentamos el mal que queremos precaver. Arrancará 
muchos cientos de plantas jóvenes de los bosques, los 

(i) Don Xavier Valdivieso, Corregidor de Loxa. 



— 82 — 

transportará á los lugares destinados á los plantíos, aquí 
perecerán por su ignorancia, y habrá despoblado al mismo 
tiempo las montañas. 

Un arbusto de Quina de 30-40 años de edad produce de 
3-4 arr.*^ de corteza: otro de 5-6, proveniente de renuevos 
solo da de 12-14 lib.'^. Por consiguiente para recoger 50a 
a.^ son necesarios i.ooo arboles que no podran volver á 
suministrar corteza hasta los 5 ó 6 años siguientes. Para 
llenar este vacio es preciso tener 6.000 plantas en el mis- 
mo estado que las primeras. En suma si se quieren remitir 
todos los años 500 (a) á S. M., y precaver todo inconvenien- 
te es indispensable que los plantíos no bajen de 10.000 pies. 

Los empleados, sueldos & de los que se ocupen en el 
acopio y remisión de la Quina son: el Corregidor de Loxa 
tiene el mando y dirección con 500 p.^ anuales: hay un 
Profesor de Botánica y Química con i.ooo p.^ quando se 
mantenga en la ciudad, y 2 000 si verifica alguna expedi- 
ción: un Factor con 200 p.*^ para almacenar, encaxonar &''^: 
un Guarda Mayor residente en Malacates para verificar la 
extracción de la corteza con 100 p.^: cincuenta peones lla- 
mados cascarilleros, todos domiciliados en Malacatos, Vil- 
cabamba y Ponzanamá. Por el mes de Junio el Corre- 
gidor asigna á cada uno de estos la cantidad de arro- 
bas que debe entregar en Diciembre, conforme su robustez, 
agilidad y practica. Se le adelanta el valor á razón de 
20 r.s por arroba. El cascarillero se provee de carnes y 
demás bastimentos en Junio: en Agosto se interna en el 
bosque, de donde sale con la porción de su cargo: en Di- 
ciembre la lleva á Loxa, en donde se encaxona: y se remi- 
ta á Piura en Enero á manos de aquellos oficiales Reales 
que deben embarcarla para el Callao. 

Un quintal de corteza puesta en Piura cuesta al Rey 
33» 4 P«* porque si sumamos los sueldos, valor de la quina 
en Loxa, caxones, forros, fletes; si dividimos esta suma por 



-83- 

el numero de arrobas, nos dará el valor de cada una de 
estas, y por consiguiente del quintal. 

Sueldos 1.800 p.s 

Valor de 500 @ (a) de quina en Loxa, 1.250 * 

Caxones, forros, & 625 » 

Fletes 500 » 



Suma 4-175 



» 



4 I 'T C 

Ahora — ^ = 8,35 X4 = 33,4 pesos. 

500 

¡Quantos abusos! quantas injusticias hay que corregir en 
este establecimiento. Dependiente solo de la Corte á 3.000 
leguas de distancia, sin un Xefe que vele de cerca sobre el 
buen orden de este ramo, no es extraño se abuse de la 
sencillez del cascarillero, y se respeten poco las ordenes 
de S. M. Indicar aqui todos los vicios de esta Factoría, y 
de que yo mismo soy testigo, seria hacer demasiado larga 
esta memoria; pero no puedo callar, sin hacer traición á 
mi patria y al Soberano, la inacción en que ha 13 años se 
mantiene el Profesor de Botánica. Si, este joven ha frustra- 
do las mas bellas esperanzas que concibió el Gobierno 
quando lo destino á Loxa. Véanse las pag.* 26 y 92 de la 
Quinologia de Ruiz: allí están descritas las operaciones 
que debian haberle ocupado desde su arribo á la Provincia 
de Loxa. ¡Guantes conocimientos útilísimos perdidos! 
Quantas luzes interesantes á la salud del hombre malo- 
gradas! ¡Quantos perjuicios á la Botánica, á la Química, al 
comercio y al honor de la Nación! 

Mientras este Profesor de Loxa se mantenga, por decir- 
lo asi, en la independencia, mientras no pertenezca á un 
cuerpo que le estimule, que vele sobre sus operaciones, que 
tome cuenta con frecuencia, no tenemos que esperar nin- 



_ 64 — 

gun progreso sobre el importante ramo de la Quina de 
Loxa. Estando este Corregimiento dentro de los limites del 
virreinato de vSantafé, existiendo en esta Capital una expe- 
dición Real Botánica, teniendo por Director á un Mutis, á 
este sabio que tanto ha profundizado sobre el genero Cin- 
chona, y de cuya infatigable actividad no pueden dudar 
sino aquellas almas envidiosas de su gloria. ^'No es dema- 
siado conforme á la razón y al buen orden sujetar en todo 
á sus luces al Botánico que se halla en la Ciudad de Loxa? 
Asi reunido comenzarla el mundo sabio, la nación, la hu- 
manidad, el Soberano á coger los frutos que ha 13 años 
espera de manos de Don Vicente Olmedo. Impaciente el 
celebre Mutis por comparar sus Quinas con la de Loxa y 
demás que produce la Provincia de Quito, desesperando 
de conseguirlo por los escritos del Botánico de aquella 
Ciudad, me destinó á colectarlas. ^-Quicn creyera que hasta 
el mes de Noviembre de 1804 se ha ignorado el numero 
de quinas que produce el suelo fecundo de Loxa? No igno- 
ro que los celebres Jussieu, de la Condamine, el Barón de 
Humboldt y Bompland han visitado esta Provincia en cali- 
dad de botánicos, pero sabemos que los trabajos del pri- 
mero perecieron: el segundo solo nombra tres especies, la 
roxa, la blanca y la amarilla (i); los últimos se detuvieron 
tan poco tiempo que no les fue posible ver sino muy pocas. 

Los extractos... ¡Aun esta por elaborarse la primera 
onza! No hay quien ignore sus ventajas sobre la corteza en 
el uso medico, en el transporte y en el comercio. ¡Quantas 
ocasiones, quanto dinero perdido sin esperanza de resar- 
cirse! 

Ya debíamos saber el tiempo en que florece la Quina. Si 
lo hace solamente una vez al año, ó dos, como tengo fun- 
damento para creerlo, en que meses lo verifica, quando 

(i) Memoria de la Acad. de las Ciencias de París de 1738. 



- 85 - 

bota la hoja, si lo hace sucesivamente, como la mayor 
parte de las plantas equinocciales, que tarda el fruto en 
perfeccionarse, y que en germinar la semilla, si nace de 
estaca, qual es el tiempo del empuje de la savia, si en esta 
estación es mas activa la corteza, si la que nace en el ter- 
mino inferior es mejor que la del superior, si va degradando 
á proporción que sube ó al contrario, el modo de podarla, la 
qualidad del terreno, si mejora su calidad con el cultivo 
&.^ &.^. He aqui los bellos objetos que debian haber ocu- 
pado al Profesor de Loxa: he aqui las cuestiones importan- 
tes cuya solución habria mejorado el comercio, y también 
la medicina. 

Otras especies de quina. Todas las especies del genero 
Cinchona, sin excepción, nacen en la altura media de los 
Andes vecinos al equador. Los viages, las herborizaciones 
de todos los botánicos que han trabajado en el nuevo 
mundo, prueban ,que no se hallan las quinas sino desde 
5° de lat. aust. hasta 12° de lat. boreal en la dirección de 
Norte á Sur, y que del Este al Oeste solo nacen sobre la 
cordillera. Llamo al i.° termino boreal, al 2.° termino 
austral, al 3.° termino oriental, y al 4.° termino occidental 
del genero Cinchona. La distancia de los dos últimos es tan 
varia como la base de los Andes; no obstante no pasa de 
40 leguas náuticas, ni baja de 25. Como la especie oficinal 
tiene el genero un termino superior, y otro inferior en que 
vegetan sus especies; estos son demasiado interesantes, de- 
tengámonos un poco en ellos. 

El Barón de Humboldt establece el termino inferior de 
este genero á 300 toesas, y el superior á 1.500 sobre el 
mar. Subscribiendo gustoso al primero, creo que se debe 
levantar el segundo algunas toesas sobre esta determina- 
ción. En San Nicolás al Oriente de Alausi he observado la 
especie n... á 230, o lin.^ del barómetro. Esta altura del 
mercurio da 1.553,7 t."* de elevación sobre el Pacifico. 



— 86 — 

Aqui colocamos el termino superior de las Cinchones en 
nuestra AUvelacion. Es pues evidente que la gran zona en 
que las encerró la naturaleza tiene 1.253,7 t.^ (2.925,3 
ir.'* c.^) de altura perpendicular. 

Se opondrán contra estos limites las plantas febrífugas 
de las llanuras de Orinoco (i), Upatú, Golfo de Santafé, 
Cumaná, las Quinas de Santo Domingo (2) de Jacquin, y 
la de las Islas de los Amigos Forster (3); y en fin la de 
Tacames. Pero á ninguna de estas plantas las miran los 
verdaderos botánicos como pertenecientes al genero cin- 
chona (4^. Basta reflexionar sobre las descripciones que de 



(i) El sabio Humboldt nos ha asegurado que las Quinas de la Angostu- 
ra, Golfo de Santafé y Cumaná no pertenecen al genero Cinchona. «La 
Quina déla Angostura es la corteza de un nuevo genero (Cusparla febrífu- 
ga) ¿'erw/ra^wí quinqué, foiiis ternath, alíernis, crece cerca de Upatá en las Mi- 
siones de C-ironi y el Golfo de Santa Fe al Este de la Nueva Barcelona. La 
Quina de Cumaná muí febrífuga viene del árbol Cuspa, que tiene stipulas nu~ 
llae, joVia alterna. Estos dos arboles preciosos para la salud de los hombres 
vegetan á mas de 200 leguas al Este de los Andes, ó de la Patria de las Cin- 
chonas. . Se ignora su analogía con la Quina de Tacames, que producen las 
costas igualmente bajas del Mar del Sur, y que ningún naturalista ha ob- 
servado.» Geograf de las plantas M. S. S. 

(2) El caballero Jacquin nos ha dicho que en la Isla de Santo Domin- 
go crece un árbol que llama cinchona caribaca. Pero el juicioso D. Hipólito 
Ruiz (Qulnolog. pag. 9.) hace ver que distante está esta planta del genero 
cinchona, y que asi este sabio botánico, como el digno hijo de Linné se en- 
gañaren sobre el genero de este vegetal. 

(3) Con igual prudencia separa el mismo RuIz del genero Cinchona la 

C. Corymblfera de Forster. No hay mas que leer con atención la pag. 12 
de la Qulnolog. de este A, para quedar convencido que en Tongataboe no 
existe ninguna especie de Quina. 

(4I La única especie que existe en las costas del Océano Pacifico con 
el nombre de Cinchona es la de Tacames, ó Atacames. He visto ramos se- 
cos de este árbol remitidos de las bocas del rio de Esmeraldas á Quito por 

D. Manuel José Pérez de Valencia. Creo que no pertenece al genero Cin- 
chona, aunque no he podido conseguir sus flores y frutos, á pesar de los es- 



- 87 - 

■ellas nos han dado sus A. A., basta leer la Qninologia de 
Ruiz, y la Geografía de las Plantas de Humboldt para per- 
suadirse que no hay quinas fuera de los equinocciales. En 
conclusión queda este genero confinado dentro de los limi- 
tes que acabamos de prescribirle, y son en resumen: 

Termino bo- 
real 5° o' lat. bor.^ 

Termino aus- 
tral -\- 12** o' lat. aust.». 

Suma.... 17° o' de Norte á Sur. 

Termino orien- 
tal co , o 

Termino occi- 
dental 32,5 leg.^ distante del oriental. 

Termino infe- 
rior 300 , o t.^ sobre el mar. 

Termino supe- 
rior 1553 , 7 t.^ sobre el mar. 

Diferencia. 1253 , 7 t."*. 

Con estos preliminares podemos aproximarnos lo bastan- 
te en el calculo de la extensión de superficie que produce 
las Cinchonas. Si multiplicamos la suma de los grados de 
latitud por la base media de los Andes, tendremos una área 
11.050 leguas quadradas. Es preciso rebajar por lo menos 



fuerzos repetidos que he hecho. Tiene las hojas oblongas de 4-5 pulgadas 
de largo, enterisimas, pecioladas, lampiñas, alternas, y sin estipulas. Estos 
ultimos caracteres jamas se han visto en ninguna de las Cinchonas conoci- 
das. Todos poseen las hojas opuestas y estipuladas. Esperamos del zelo del 
referido Don Manuel José Pérez de Valencia otros esqueletos mas perfec- 
tos, corteza y frutos de este árbol, con que podremos fijar nuestras ideas 
sobre este punto. 



un tercio por el espacioso terreno que ocupa la parte supe- 
rior é inferior de la Cordillera, en que jamas nacen las qui- 
nas. Por consiguiente de toda la extensión de la America 
Meridional, de las 600 mil leg ^ de superficie que presenta 
esta mitad del nuevo mundo, solo 7.367 producen las espe- 
cies diferentes de este genero (i). 

¡Y quanto hay que rebajar de este numero! Aunque en 
todas se crie, y pueda connaturalizarse, no en todas se ha- 
llan arboles de Quina; y aunque los botánicos cuenten ya 
en este genero muchas especies, son pocas las que se pue- 
den poner al lado de la Cinchona officinalis. Se dexa sen- 
tir quanta atención, y quanto deben economizarse estos 
bosques limitados, y únicos sobre la tierra: es preciso po- 
ner freno á los cortes indiscretos: es preciso dirigirlos con 
preceptos: es preciso... digamos de una vez, el ramo de la 
Quina necesita ordenanzas sabias con mas razón que las 
Minas de México y del Perú. 

Diez y siete especies de Quinas diferentes he colectado 
solo en la Provincia de Quito desde 1°, 30' de lat. boreal 
hasta 5° o' de lat. aust. Todas las he diseñado, descrito y 
esqueletado cuidadosamente; de todas poseo porciones de 
corteza que llevo á la Capital del Virreinato como mues- 
tras. De estas 17 especies 10 nacen en los bosques de Loxa 
al lado de la oficinal, con quien tantas veces se ha equivo- 
cado, y de que tanto se ha abusado, con perjuicio del cré- 
dito del especifico, y de la salud del hombre. 

Pero, ¿-qual es el grado dé bondad de cada una de estas 
especies? ^'De que virtudes se hallan dotadas, y que estima- 
ción merecen de nuestra parle? En fin ¿xuales son los ca- 
racteres que las distinguen entre s\} He aqui unas cuestio- 

(i; El calculo es: 5*^ 4- 12^ — 17^ x 20 leg« náuticas = 3^0 X 32,5 

11.050 

= 1 1050 : -^ 7367. 

3 



- 89 - 

n«s importantes,, cuya solución esta reservada á los pro- 
fundos conocimientos del ilustre Mutis. Quando me haya 
restituido kl lado de este Patriarca de los botánicos (i), 
quando le haya presentado mis colecciones, quando esos 
ojos envejecidos en la distinción de mas de 2 mil especies 
de plantas, examine, analice y aplique estas cortezas, en- 
tonces conocerá la Provincia de Quito, la Nueva Granada, 
y la nación entera quanto debe á las luces de hombre tan 
grande. Se sabrá con firmeza cual es la buena, la mediana, 
la inútil, que lugares las producen, á que sitios se puede 
transportar, con otros conocimientos útiles á la extracción, 
beneficio y comercio de este genero importante. 

Si es cierto que ya conocemos muchas especies, no lo es 
menos que aun nos falta mucho para podernos lisongear de 
haber visto todos las cinchonas que producen los Andes {2). 
Ah! ¡Que no debíamos esperar de Mutis si poseyese esque- 
letos, cortezas, descripciones & de cuantas especies nacen 



(1) Humboldt, este sabio viagero, cuyos talentos y luces no acabamos 
de admirar, es el autor de este elogio tan grande como conciso. Asi se ex- 
plica en su Geografía de las Plantas, obra sublime y filosófica, que creyó 
digna de ser dedicada á Mutis. 

(2) Mientras llega ese tiempo, mientras damos la ultima mano á la 
Carta Quinologica del Reyno, nos contentamos con indicar aquí los luga- 
res en que se hallan arboles de Quina. 

Lugares del Reyno en que hay arboles de Quina. 
En la Governacion de Popayan: 
Popayan. 
Pirojé: hacienda. 
Poblasen: pueblo. 
Chirivió: hacienda. 
Champillaceta, y otros muchos. 
Almaguer. 
Guaytara. 
Guaytarüla. 
Ancuya. (Continúa la nota.) 



— 90 — 

sobre esta cadena famosa de montañas! ¡Quantas relacio- 
nes! quantos caracteres! quantas luces necesarias para dis- 
tinguirlas nos daria este Linné del Nuevo Mundo! 



En el Corregimiento de Ibarra. 
Guaca: pueblo. 
Yntac: pueblo. 
Quarabi: anejo. 
Cunchi: hacienda. 
En las cercanías de ^uito: 
Nanejal. 
Perucho. 
Causacoto. 
En el Corregimiento de Guaranda: 
Piíianatoy. 
Chasojuan. 
En la jurisdicción de Alausi: 
Calumbin: hacienda. 
San Nicolás: hacienda. 
Piñonpungo. 
Uncun. 
En la Governacion de Cuenca: 
Cañar. 
Azogues. 
Paute. 
Gualaseo. 
Bulan. 

Cerro del Pan. 
Taday. 
Sidcay. 
Sigse. 
Sangurina, 

Xiron. i 

Mayeturo. 
En el Corregimiento de Loxa: 
La mayor parte de el abunda no solo de la officir.a'is, sino también de 
otras muchas. 

Nota. A estos pueden añadirse otros muchos que omitimos para hacer- 
lo en nuestra carta guinologica con mas extensión. 



— 91 — 

Apenas ha visto cinco que nacen en los paises que he 
recorrido cuando nos da avisos importantes á nuestra sa- 
lud, y abre un nuevo campo á trabajos gloriosos é intere- 
santes en la física, en la química y en la medicina. Si de- 
seamos una solida reforma sobre las quinas, si queremos 
organizar este ramo, si queremos darle como es justo el 
ultimo grado de perfección de que es capaz, es preciso co- 
menzar por un examen detenido de los Andes equinocciales, 
desde 5^ de lat. boreal hasta los 12 de lat. aust. ¡Quantas 
especies hasta hoy desconocidas! ¡Quantas que tal vez 
igualen ó excedan en virtud á la de Loxay Calysaya! Pero 
yo salgo de los limites que me prescribe mi condición pri- 
vada. 

Conclusión, — De todo lo dicho hasta aqui resulta que en 
toda la America meridional, solo en las 200 leguas de las 
inmediaciones de Loxa se halla la verdadera cinchona offi- 
cinalis, la única que se remite por cuenta de S. M. á la 
Botica Real: que acotándola bajo los limites que prescribe 
la carta adjunta, corrigiendo algunos abusos, y sobre todo 
promoviendo los plantíos, pueden proveer para siempre esos 
bosques, no solo de las 400 ó 500 arrobas que se extraen 
hoy, sino de una cantidad mucho mayor: que animando los 
trasplantes á los otros lugares análogos del Reyno, se mul- 
tiplicará este especiñco prodigiosamente, con notables ven- 
tajas de los Pueblos y del Rey: que sujetando al Profesor 
de Loxa á las luces y dirección del celebre Mutis, saldrá 
del letargo en que hace 13 años se halla sepultado; se per- 
feccionarán, ó por mejor decir, se echarán los fundamentos 
auna administración abandonada hasta hoy al capricho y 
á la ignorancia de los Corregidores de esa Ciudad: que las 
otras especies de Quina, inferior en virtud, pueden sin per- 
juicio de S. M. dexarse en manos de los vasallosi^que esta 
providencia, digna de un soberano clemente, sacará á mu- 
chas familias de la miseria, y reanimará considerablemente 



- 9¿ - 

elcomercio moribundo de la Provincia de Quito; en fin, 
que para impedir los cortes indiscretos, y los abusos de los 
particulares, se formen ordenanzas sabias que prescriban 
el método, la cantidad, el tiempo & en que deben verificar- 
se los acopios. 

Quito y Marzo i6 de 1805. 



Plan razonado de un Cuerpo militar de Ingenieros 
mineralógicos en el Nuevo Reino de. Granada. 



En un pais casi sin industria, con poca población, y 
mirado como colonia, tal como el Nuevo Reino de Gra- 
nada, para que su Metrópoli haga con el un comercio 
ventajoso y útil, se requiere que se le faciliten los me- 
dios de adquirir numerario con que pagar los efectos 
que se traen para su consumo; de otro modo la escasez 
de moneda envilece el precio de aquellos, y poco á 
poco arruina el comercio destruyendo su incentivo, que 
es la ganancia. Aun cuando esta reflexión no fuera de 
aquellas que por su evidencia no exigen prueba, bas- 
tarla observar lo que se experimenta en este Nuevo 
Reino para confesarla. Todos los negociantes se que- 
jan de que á vista de ojos se disminuye la utilidad de 
su profesión; ya no se ven las fortunas que antigua- 
mente proporcionaba el comercio; y, sin embargo de 
que con la población ha crecido el numero de consu- 
midores, se compran los efectos por la mitad del pre- 
cio en que se vendían hace cincuenta años. 

No pudiendo contarse con la industria y agricultura 
del reino para proporcionarle el numerario que nece- 
sita, porque todavía no tiene el crecido numero de bra- 



— 94 — 

zos que para estos objetos se requieren, es preciso fijar 
la atención en sus ricas minas, y promoviendo su labo- 
reo hacer que abunde la plata y oro, y que con ello se 
reanime el comercio, que amenaza ruina si no se fo- 
menta con este arbitrio. 

A un objeto tan importante como este se dirige el 
presente plan, que en su ejecución presenta tres efectos 
dignos de la atención de nuestro Gobierno, á saber: 
I.** Socorrer á la nobleza de este reino, facilitándole 
una ocupación distinguida con que subsistir. 2.° Fomen- 
tar los progresos del reino en general, familiarizando 
á sus moradores con el conocimiento de las ciencias 
útiles, sin las cuales es imposible que se aprovechen los 
muchos tesoros que encierra en los tres reinos de la 
Naturaleza y que están desconocidos hasta ahora por 
falta de aquella instrucción. 3." Finalmente, asegurar 
al Rey nuestro señor esta preciosa posesión, tanto por 
un nuevo vinculo de amor con que se unirán mas á su 
Real persona los corazones de sus vasallos de estos do- 
minios, cuanto porque en caso de invasión enemiga po- 
drá S. M. contar con un Cuerpo de oficialidad á cuya 
inteligencia, honor y valentía se puede confiar la defen- 
sa de este reino. 

Si logro hacer patente que este proyecto, desempe- 
ñando completamente tan sagrados objetos, será venta- 
joso al Real Erario y le proporcionará mayores ingre- 
sos, lejos de serle gravosa su subsistencia, creo que 
quedará comprobada su utilidad; por tanto, después de 
recorrer en este discurso cada uno de los capítulos pro- 
puestos haciendo ver la necesidad de atender á ellos, y 



- 95 — 

sus conocidas ventajas, y demostrando los aumentos 
que con este establecimiento reportará la Real Hacien- 
da, expondré las reglas sobre que me parece conve- 
niente se maneje este nuevo Cuerpo, y daré un estado 
de los gastos que deberá causar y arbitrios de que se 
podrá echar mano para facilitar estos caudales. Aun 
cuando no tengo la fortuna de acertar en lo que me pro- 
pongo, á lo menos el pequeño trabajo de este papel dará 
á conocer que aspiro al mejor servicio del Rey, al fo- 
mento de mi patria, y me tendré por muy dichoso si en 
algo contribuyo á tan respetables fine?. 

El carácter guerrero de la nación española y la pros- 
peridad de sus armas en la maravillosa conquista de 
America, junto con las muestras de inagotable riqueza 
que esta parte del mundo presentó á sus primeros des- 
cubridores, fueron sin duda alguna las causas que pro- 
dujeron en el primer siglo de la conquista tan numerosa 
emigración de la Peinnsula á estas regiones. De incul- 
tas y despobladas, pasaron en un instante como arte 
de magia á gozar de las ventajas de la civilización y 
cultura; los aduares de indios barbaros se transforma- 
ron en hermosas ciudades y poblaciones; y á esta me- 
tamorfosis no ayudó poco la nobleza española, ya cos- 
teando las expediciones que debian someter estos do- 
minios á su Monarca ó ya suministrando gran numero 
de sus individuos para contribuir al éxito de las memo- 
rables hazañas que los cubrieron de gloria, y que jamas 
dejará la posteridad de mirar con admiración. 

Nuestro Gobierno, siempre sabio y siempre justo, no 
pudo mirar con indiferencia el mérito de aquellos hom- 



- 96 - 

bres distinguidos, que abandonando sus comodidades 
y su patria, lo sacrificaban todo para contribuir al au- 
mento de la Monarquía; y como la situación local de 
estos dominios en aquellos tiempos no le facilitaba pre- 
mios para tantos y tan beneméritos héroes, echó mano 
del único arbitrio que se le presentó para remunerarlos, 
y fué el de adjudicarles el tributo anual de los indios de 
aquellos pueblos, que se les dieron con el titulo de en- 
comiendas. 

Con el producto de estos se mantuvieron con decen- 
cia los que- las ganaron y su posteridad, fomentando 
con su residencia y gastos las poblaciones en que se 
avecindaron hasta tanto que la experiencia adquirida 
en la serie de dos siglos hizo ver á nuestro Ministerio 
las malas consecuencias de las encomiendas, y lo obligó 
á abolirías. Esta medida, aunque justa y resuelta des- 
pués del mas maduro examen^ produjo (á lo menos en 
este reino) bien tristes efectos. Muchas ciudades y po- 
blaciones distinguidas, tales como Tocaima, Tunja, et- 
cétera, decayeron de su esplendor y se vieron reducidas 
á la despoblación y miseria; los trabajos de la agricul- 
tura se dificultaron; los de las minas se abandonaron 
del todo, y últimamente los descendientes de aquellos 
respetables conquistadores, que á costa de su sangre y 
haberes habían añadido estas ricas posesiones á la Co- 
rona de nuestro Monarca, quedaron sumergidos en una 
vergonzosa obscuridad y pobreza. 

Solo se salvaron de este común naufragio aquellas 
familias que, á más de las encomiendas, tenían algunas 
posesiones, con cuyo producto pudieron dar á sus hijos 



— 97 — 

proporcionada educación para colocarlos en el estado 
eclesiástico ó abogacia, que fueron las únicas carreras 
que podían aspirar para sostenerse. Posteriormente, el 
establecimiento ó arreglo de las Rentas Reales ha faci- 
litado la colocación de algunos en los empleos que se 
han creado; pero^, sin embargo, todavia existen muchos 
que por falta de medios para educarse están confundi- 
dos con la mas baja plebe. Gran numero de familias 
ilustres no tienen en el publico la representación que 
les corresponde por su nacimiento y méritos de sus an- 
tepasados, y son unos acreedores del Estado, que tacita- 
mente reclaman la munificencia y soberana liberalidad 
de nuestro Monarca para salir de la extrema pobreza 
que los abate, y á que sin culpa suya se ven reducidos. 
La nobleza es el mas seguro apoyo del trono y, por 
tanto, debe sostenerse. Nada es capaz de fomentarla 
como el de facilitarle con el medio de educarse como 
corresponde la proporción gloriosa de sacrificarse en 
servicio y defensa de su Monarca; uno y otro se logra 
con el actual pro3'ecto, como se conocerá por el regla • 
mentó que acompaña, reservándonos ahora el demos- 
trar las utilidades y ventajas que debe producir al rei- 
no en general. 

Entre tantas y tan vastas posesiones de que se com- 
pone la iNIonarquia española, apenas habrá una tan im- 
portante por su situación y natural riqueza como el 
Nuevo Reino de Granada, colocado en el centro de las 
Americas, bañado por los dos mares del Norte y del 
Sur, en cuyas costas tiene los mas excelentes y seguros 
puertos regados por diez ó doce grandes ríos navega- 

7 



— 98- 

bles; que cortándolo en diversos sentidos, facilitan el* 
trato de sus provincias internas, y dotado de los mas 
variados y saludables climas parece que la naturaleza 
lo destinó para ser el emporio del comercio que las 
otras partes del mundo hagan con este. No restringid 
su prodigalidad á estas solas ventajas locales, sino que 
también lo dotó con sus mas exquisitas y admirables 
producciones: las piedras preciosas y metales en el 
reino mineral; las solidas y hermosas maderas; sabro- 
sas legumbres; abundancia de granos y mantenimien- 
toSj aromas, gomas y plantas medicinales en el vegetal; 
la variedad de cuadrúpedos y aves en el animal, junto 
con la facilidad de apropiarse todas las producciones 
exóticas transplantadas á su suelo, son otros tantos te- 
soros que demostrando la mucha riqueza natural de este 
reino, reclaman su fomento para que sus poseedores 
aprendan á aprovecharlos y contribuyan asi á la pros- 
peridad general de la Monarquía. Bien penetrado de 
esta verdad está nuestro Gobierno supuesto que sin 
atender á lo excesivo de los gastos ha hecho en distin - 
tos tiempos las mas costosas tentativas para animar á 
sus vasallos al aprovechamiento de los dones que con 
mano liberal les presenta la naturaleza en este reino. 
La expedición botánica, que con tanto acierto dirige el 
doctor D. José Celestino Mutis, y el laboreo de las mi- 
nas de Mariquita, que estuvo al cuidado de Juan José 

D'Elhuyar, son claras pruebas de esta aserción; pero 

¿me atreveré á decirlo? Se ha errado en la elección de 
medios que se han adoptado para este importantísima 
fin. Murió D'Elhuyar y con el la esperanza de que se 



— 99 — 

instru3'an los mineros en esa facultad después de haber 
gastado infructuosamente el Erario mas de doscientos 
mil pesos. Morirá Mutis y quizá se sepultarán con él sus 
sabios descubrimientos y sus inmensos conocimientos 
botánicos, y lejos de sacar utilidad la corona y este 
reino de tan caras empresas, les resultará el per- 
juicio de equivocarse, atribuyendo el mal éxito á ingra- 
titud de la tierra y de sus moradores y no á la verdade- 
ra causa que ha sido no haber acertado en el medio de 
propagar y arraigar los conocimientos y cultivo de las 
ciencias útiles, por haber querido contra el orden natu- 
ral introducir la practica antes de procurar la instruc- 
ción teórica que sirve á aquella de fundamento. 

Mientras que no se reformen nuestras escuelas susti- 
tuyendo en ellas el estudio de las ciencias naturales al 
de la peripatética que solo sirve para hacer cavilosos y 
díscolos á los que la estudian y mientras que no se des- 
tinen premios para los que se distingan por su aplica- 
ción y aprovechamiento, no hay que esperar que haya 
en este reino abundancia de sujetos capaces de sacar par- 
tido de sus naturales riquezas sin embargo de las exce- 
lentes disposiciones y talento que en todos se advierte. 
Sin el segundo requisito, de nada servirá el primero^ 
como lo ha acreditado la experiencia en la Escuela de 
Matemáticos del Colegio mayor de Nuestra Señora del 
Rosario, que ha tenido por mucho tiempo sin ejercicio 
D. Juan Fernando Vergara, porque por falta de un 
atractivo que remunere las tareas de aquel estudio no 
ha habido discípulos que oigan sus lecciones. 

El Cuerpo que propongo reúne las dos ventajas de 



— loo 

dar al publico escuelas en que aprendan las ciencias 
útiles; y de animar á su estudio por el incentivo de los 
ascensos destinados para los que se distingan por su 
talento y aplicación, de suerte que una vez establecidos 
los Ingenieros mineralógicos veremos infaliblemente 
propagarse con rapidez las luces déla Filosofía natural 
y con ellas la inteligencia en el laboreo de las minas que 
hará abundar el numerario que tanto escasea; la per- 
fección en la agricultura, que abaratando los víveres 
disminuirá el valor de los jornales que en el dia por 
necesidad son caros; la actividad en el comercio, único 
conducto por donde la Metrópoli saca utilidad de sus 
Colonias; la dulzura en las costumbres, que fomentará 
las poblaciones, y, últimamente, la perfección en todos 
los ramos que se requieren para el solido fom.ento de 
este Reino, sin los cuales es gravosa su conservación á 
la Monarquía. 

De nada servirían todas estas ventajas si no trajeran 
consigo la mas importante y sagrada, cual es asegurar 
el amor de los vasallos por tantos títulos debido á nues- 
tro Monarca, y poner bajo sus soberanas ordenes un 
Cuerpo de oficiales militares dignos de este titulo por 
su fidelidad, pericia, distinción y deseo de sacrificarse 
en servicio de su Rey. Siendo indubitable que de este 
establecimiento deben resultar los beneficios que llevo 
expuestos, y que, ademas subministrará el medio de 
subsistir, con decoro á lo menos, á sesenta individuos 
de familias principales del reino, ¿quien podrá dudar la 
tierna veneración que inspirará acia la persona de 
nuestro generoso y católico Soberano? Solo aquellos 



— lOI 

desgraciados que estén infectos de las máximas del 
pseudc-politico Maquiavelo sostendrán con su maestro 
que los beneficios del Monarca enajenan de el los cora- 
zones de sus vasallos: proposición absurda y reprobada 
por la naturaleza y la experiencia. La ingratitud, y 
generalmente todos los vicios y delitos*atroces que aver- 
güenzan á la humanidad, son fruto funesto de la igno- 
rancia y de la miseria, pero jamas se encuentran en el 
hcmbre instruido y con suficiente fortuna. 

La aplicada y laboriosa educación que se ha de dar á 
los individuos del Cuerpo de Ingenieros mineralógicos, 
á mas de. disponerlos para el exacto desempeño de su 
primario Instituto, es un seguro garante de que si lle- 
gare el caso de ocuparlos en el servicio de armas se 
harán dignos por su conducta del distintivo con que los 
honra la Real clemencia. 

Bien pudiera crearse este Cuerpo sin la calidad de 
militar; pero en tal caso §e privaria el Estado de la ven- 
taja que le resulta de tener un numero de oficiales pron- 
to para cualquiera evento fortuito de invasión eneniiga, 
en que armando al paisanaje y poniéndolo á las orde- 
nes de estos oficiales , se hallarla con un considerable 
refuerzo merecedero de su confianza por la inteligencia 
de los que lo mandaban. Por otro lado, es muy convcr 
niente el que los estudiantes tengan el carácter de ca- 
detes, tanto para acostumbrarlos á la subordinación, 
cuanto para contener la natural inconstancia de la 
juventud, que en nada se manifiesta tanto como en el 
estudio; pues demuestra la experiencia que de doscien- 
tos que se aplican á una facultad, diez ó veinte conclu- 



102 

yen el curso que principiaron. A mas de esto, debiendo 
los Inspectores de minas residir en las varias provincias 
en que las hay, seria con detrimento del objeto de su 
Instituto y Comisión menos atendidos y respetados si 
les faltara el carácter de militares. 

Solo me resta probar que este establecimiento no 
será gravoso á la Real Hacienda, y que le proporcio- 
nará considerables ingresos. Lo primero se demuestra 
por la simple inspección del estado de los arbitrios 
que para su subsistencia propongo al fin de este papel; 
y lo segundo se comprueba por la reflexión de que 
fomentando este establecimiento á las minas, se mejo- 
rará el laboreo de las ya establecidas y se emprenderá 
de nuevo el de las que ahora están abandonadas ó por 
ignorancia ó porque la falta de economía actaal no per- 
mite que se trabajen. A proporción que se aumente la 
extracción de metales crecerá el producto que á favor 
del Real Erario dan las Casas de Moneda; la abundan- 
cia de numerario dará estimación á las posesiones y fru- 
tos territoriales^ y esto hará mayores los ingresos de 
Aduanas y Alcabalas; últimamente, repartiéndose el 
dinero por su abundancia entre todas las clases del Es- 
tado, refluirá al Real Erario por medio del consumo ge- 
neral de tabaco, aguardiente y demás ramos estancados, 
cuyo expendio se aumentará á proporción. 

Ni son estas solas las utilidades que la Real Hacienda 
debe esperar del establecimiento de los Ingenieros mi- 
neralógicos; las salinas son uno de los ramos pingüísi- 
mos; en este reino hay muchas, de las cuales las mas 
no se aprovechan, y las pocas que se trabajan es sin 



— 103 — 

«conomia, y con tanta impericia, que habiendo visto 
las de Zipaquirá el Barón de Humboldt, sujeto bien 
conocido en el orbe literario, aseguró, como practico en 
la materia, en una Memoria que dirigió al Superior 
Oobierno de esta cap.^ y que tengo á la vista, que si 
no se reformaban los trabajos, se perderla la mina se- 
pultada en los derrumbes que debia ocasionar su mala 
dirección. Esta mina, aunque la menos desarreglada de 
todo el reino, tiene tan mal manejo, que sobre no labrar 
sales precisas para el consumo de los territorios que de 
•ella se proveen, y, por tanto, tenidos en continuada 
escasez de un renglón de primera necesidad, las pocas 
arrobas que introduce en el comercio son frecuente- 
mente de mala calidad por su impureza, y de poca uti- 
lidad para la Real Hacienda por el mucho desperdicio 
de combustible y jornales en su laboreo, como lo demos- 
tró el mismo Humboldt en la Memoria citada, pudién- 
dose comprobar la escasez y mala calidad de las sales 
por las repetidas quejas que sobre el particular se ver- 
san en el Gobierno. 

No se puede dudar que confiadas las salinas á manos 
inteligentes, como deben serlo los Ingenieros mineraló- 
gicos, se remediaran todos estos daños nacidos de la 
ignorancia; y quedando el publico bien servido, repor- 
tará el Erario duplicadas ventajas, ya por el mayor 
numero de arrobas que se labren, ya por la economia 
■de su fabricación y ya por el establecimiento de otras 
nuevas salinas que pueden ponerse en Chaleche, Vega 
•de Supia y otras provincias del reino que las tienen sin 
sacar fruto de ellas hasta el día. 



— 104 — 

Las fabricas de salitre 3- pólvora, hoy del todo aban- 
donadas (acaso por faka de inteligentes que las mane- 
jen), pueden también confiarse á los Ingenieros mine- 
ralógicos, y en sus manos producirán mucha utilidad, 
porque abaratándose su costo con una bien entendida 
manipulación, podrán venderse al publico sus produc- 
tos con mas equidad que en el día, y á beneficio de este 
manejo crecerá su consumo, y con el los ingresos de la 
Real Hacienda. 

Pero suponiendo que esta no se pudiera prometerlas 
referidas ventajas, y otras muchas que por evitar pro- 
lijidad no apunto, bastaria la mera creación del Cuerpo 
de Ingenieros para darle los más considerables ingresos 
de modo que aun cuando tuviera que sostenerlo por sí 
solo quedaría superabundantemente cubierta con los 
aumentos que reportara. Asi se ha experimentado con 
el establecimiento del Batallón Auxiliar, cuyo socorro, 
derramado por todas las clases del Estado, ha dado vi- 
gor á la agricultura y comercio y ha sido la única causa 
aparente del fomento que se observa en el reino en los 
años que van corridos desde que se estableció aquel 
Cuerpo. Su subsistencia cuesta á la Real Hacienda 
cchenta y tantos mil pesos anuales, que puestos por su 
medio en circulación se puede decir , sin exagerar, que 
han hecho triplicar los productos de las Rentas Reales^ 
Sirvan de ejemplo la Aduana y los Diezmos el año de 
178 1 en que no había tropas en Santa Fe, produjo su 
Aduana 40.827 pesos y el de 1801 ascendió 128.657 
pesos. En el año de 1791 importó la masa de Diezmos 
la cantidad 177.022 pesos y en el de 1801 269.875; de. 



— 105 — 

suerte que con el aumento que hay en cualquiera de 
estas dos rentas le sobra al Re}^ para pagar al Batallón 
Auxiliar. He escogido dos épocas distintas para que se 
observe por su comparación lo progresivo del aumento 
y he tomado por ejemplo las dos rentas citadas, por ser 
las que dicen relación con los importantisimos objetos 
del Comercio y Agricultura. 

Una vez explicadas las razones que me persuaden lo 
conveniente que será este establecimiento, que dirigién- 
dose á perfeccionar el laboreo de las minas servirá 
para el socorro de la nobleza , fomento general del 
Nuevo Reino, seguridad de su posesión y aumento de 
la Real Hacienda, pasaré á decir las reglas bajo las cua- 
les me parece que debe originarse y manejarse, y para 
que en esto haya la debida claridad, lo pondré por el 
estilo de la ordenanza militar, dividiéndolo en títulos y 
articulo?. 



Re glamentcf que debe gobernar el Real Cuerpo de Ingenieros 
Mineralógicos del Nuevo Reino de Granada conforme á 
las reflexiones que anteceden. 



TITULO I 
Destino y fuerza de este Cuerpo. 

Articulo i.° El principal objeto á que se dirige el 
establecimiento de este Cuerpo es para el fomento y 
perfección del laboreo de minas del Nuevo Reino de 
Granada, por tanto, todos los individuos de que se 
<:omponga, deben tener la instruccion.conveniénte en las 
ciencias y artes relativas á aquel importante fin. 

Art. 2.** Siempre que lo exijan las circunstancias 
deberán los individuos de este Cuerpo tomar las armas 
y hacer el servicio militar de su grado en el pasaje á 
que les destine el Jefe del reino; y para estar aptos 
para el efecto, se impondrán en la táctica militar, orde- 
nanzas generales, y demás conocimientos necesarios 
para el cabal desempeño de este honroso destino. 

Art. 3.° La aplicación y talento en ambos ramos 



— I07 — 

•será la principal recomendación para los ascensos de los 
oficiales de este Cuerpo y sólo se atenderá á la antigüe- 
dad cuando militen iguales circunstancias; de suerte que 
jamas se ha de verificar el posponer el mas instruido y 
aplicado al menos instruido. 

Art. 4.° Estarán bajo la dirección de este Cuerpo 
todas las minas que se labren de cuenta de Su Majestad 
y en especial las salinas y fabricas de salitre y pólvora. 
Los individuos empleados en esta dirección tendrán 
medio sueldo más de gratificación, que se les abonará 
por cuenta del establecimiento que dirijan. Y será Juez 
privativo de estos establecimientos el Jefe de este 
Cuerpo. 

Art. 5.° Se compondrá este Cuerpo de un Director 
en Jefe Coronel vivo; un Vicedirector, Teniente coro- 
nel vivo, ocho Inspectores de minas, Capitanes vivos; 
ocho Inspectores en segundo, Capitanes graduados; 
ocho Inspectores, Tenientes vivos; ocho Ayudantes, 
alférez vivos, veinticuatro alumnos, cadetes, un Ca- 
pellán y un Cirujano. 

Art. 6.° La residencia ordinaria de este Cuerpo 
será en la ciudad de Santa Fe de Bogotá, capital del 
Nuevo Reino de Granada, en donde tendrá una casa con 
la debida capacidad y piezas correspondientes para 
todas las Escuelas, Biblioteca y un Gabinete de Histo- 
ria natural, Laboratorio y habitación del Jefe que vivi- 
rá en ella para cuidarle y custodiar todos los enseres 
y caudales que alli se depositen. 

Art. 7.° A más de los caudales necesarios para pa- 
^ar los sueldos de todos los individuos de este Cuerpo 



— io8 — 

se le abonaran anualmente tres mil pesos con nombre 
de Fondo común y con destino de que de el se costeen y 
aumenten una Biblioteca y un Gabinete de Historia 
natural para instrucción de los individuos del Cuerpo y 
á beneficio del publico que podrá disfrutar de uno y 
otro en los días que para el efecto se señalen. También 
se costearán del fondo común un Laboratorio químico, 
las maquinas físicas y demás gastos comunes que ade- 
lante se dirán. 

Art. 8.° En el manejo de caudales, distribución de 
ellos, Cajero y Habilitado, se arreglará en lo posible 
este Cuerpo con lo prevenido en la ordenanza general 
sobre tales asuntos. 

Art. g° El uniforme de este Cuerpo será casaca 
y calzón azul, chupa, buelta, solapa, collarín y forros 
anteados, sombrero sin galón; galón de plata en la so- 
lapa, collarín y buelta; botón blanco con el dibujo de 
un pico y una barra arpados sobre una granada, encima 
la corona Rl. y debajo el nombre de Ingenieros mine- 
ralógicos. 

TÍTULO II 
De los alumnos cadetes. 

Articulo i.° Para la recepción de cadetes se obser- 
varan las prevenciones de la ordenanza general y será 
particular recomendación para los que pretenden acre- 
ditar que descienden de los primeros conquistadores y 
pobladores de estos dominios. 



— I09 — 

Art. 2.° Como los cadetes de este Cuerpo se desti- 
nan al estudio de las Ciencias naturales, y la niñez es 
la edad mas á proposito para que se radiquen estos co- 
nocimientos, se les admitirá desde ocho años cumplidos 
hasta catorce, bajo la circunstancia de que cuando en- 
tren al Cuerpo sepan leer y escribir. 

Art. 3.° Su numero fijo será el de veinticuatro, y á 
cada uno se le socorrerá con diez pesos mensuales, á la 
manera que se hace en los demás Cuerpos militares de 
America, deduciendo los descuentos de ordenanza. 

Art. 4.° Si después de completo el numero de vein- 
ticuatro solicitaren algunos jóvenes entrar de supernu- 
merarios con opción á las plazas numerarias conforme 
vayan vacando, se les admitirá y no tirarán sueldo has- 
ta tanto que entren de numerarios. Se tendrá particular 
cuidado de que los supernumerarios no excedan de diez 
ó doce para que no se les demore demasiado los ascen- 
sos y esto les resfríe el ardor y aplicación que constan- 
temente deben manifestar en su carrera. 

Art. 5." Se hará entender á los cadetes que sus as- 
censos dependen de sus conductas y aprovechamiento 
en las ciencias que se les enseña, y el Director en jefe 
tendrá particular cuidado de observar encada uno estas 
dos cualidades para que aquellos que no den esperanza 
de ser buenos oficiales, sean despedidos con su respecti- 
va licencia, y aplicándose á otra cosa mas de su elección 
desocupen una plaza que puede obtener otro mas digno. 

Art. 6.° Los supernumerarios pasaran ala clase de 
numerarios no por antigüedad, si no conforme ásu me- 
jor conducta y aplicación. 



ÍIO 

Art. 7.** Anualmente se examinaran todos los cade- 
tes en las respectivas clases que estén cursando; y á los 
que en este acto manifestaren su aprovechamiento se 
les tendrá presente para sus ascensos y se les pasará á 
la clase siguiente. 

Art. 8.° Ningún cadete será ascendido á oficial sin 
haber cursado todas las facultades que se enseñan en el 
Cuerpo, á menos que por su particular aplicación las 
hayan aprendido privadamente; y para hacerlo constar 
sufra un riguroso examen de todas ellas, en cuyo caso, 
y saliendo aprobado, se le dispensará aquel requisito. 
Esto mismo se observará en el cadete que al entrar en 
una clase pida pase á la inmediata superior por estar ya 
instruido en lo que en aquella se enseña. 

Art. 9.° Mantendrá el Cuerpo un maestro de dibujo 
para que instruya en su arte á todos los cadetes, del 
que se le asignarán de sueldo 150 pesos anuales, que- 
dando obligado á asistir á la casa de Ingenieros una vez 
al día para dar lecciones en la hora que por el Jefe se 
le prevenga. 

Art. 10. Si por falta de vacantes se verifica que los 
cadetes hayan concluido el curso de Ciencias naturales 
y demás que se enseñe sin atender á oficiales, no por 
eso dejarán de atender á la Biblioteca del Cuerpo para 
instruirse en los idiomas francés é ingles y para irse per- 
feccionando en los ramos de su Instituto, pues todos de- 
ben estar entendidos que para el completo desempeño de 
su destino no bastan las lecciones elementales que se dan 
en las aulas y que solo se dirigen á abrirles las puertas 
de las ciencias que han de ser la ocupación de toda su 



-^ III — 

vida, sino que por su parte han de poner todo el estu- 
dio necesario para adelantarse y hacerse dignos de ul- 
teriores ascensos. 

Art. II. Los dos cadetes más antiguos, turnando 
por semanas, servirán para comunicar á los individuos 
del Cuerpo las ordenes del Jefe y para dar parte diario 
á este de todo lo que ocurra; á cuyo fin el que esté de 
turno, visitará por mañana y tarde la casa, aulas y Bi- 
blioteca, tomando noticia de los cadetes qne hayan fal- 
tado para avisarlo al Jefe. 

Art. 12. Todos los jueves, por la tarde, se instrui- 
rán los cadetes en el ejercicio militar y ordenanzas^ 
con el objeto de estar siempre aptos para el servicio 
de armas á que por algunas circunstancias pueden des- 
tinarse. 



TITULO III 
De los Ayudantes. 

Articulo i.° Esta es la primera salida de los cade- 
tes, y en la que deben manifestar su aptitud para obte- 
tener mayores ascensos; por tanto, lejos de aflojar en 
su aplicación, deben perfeccionarse en las ciencias de 
su profesión y procurar adelantarles con peculiares des- 
cubrimientos. 

Art. 2." A mas de las obligaciones que como alfé- 
rez les corresponden por la Ordenanza general, y de 
que deberán estar bien instruidos, será de su cargo 



112 

suplir las ausencias de los Subinspectores encargados 
de la enseñanza de los cadetes; para este fin , á cada 
Subinspector se le asignará un Ayudante que desempe- 
ñará las funciones que en los Colegios son peculiares 
á los Pasantes respecto de los Catedráticos. 

Art. 3." La asignación de los Ayudantes á cada 
clase de las que se compone el curso de Ciencias de 
este Cuerpo, será por antigüedad; de suerte que se ve- 
rifique haberlas recorrido todas el que esté próximo 
para salir á Subinspector. 

Art. 4.° Los Ayudantes mas antiguos se destina- 
rán á viajar por este reino, y los demás de America, 
para que visiten sus minas, imponiéndose de sus labo- 
reo y producto, recojan escantillones de todas las que 
haya y descubran de nuevo; y tomen noticia de todas 
las provincias, por lo respectivo á su situación geográ- 
fica y producciones naturales en los reinos mineral, 
vegetal y arimal, recogiendo lo mas particular que en- 
cuentren en cada uno. 

Art. 5.° Para ayuda de costa de estos viajeros se 
les socorrerá con medio prest mas de sobresueldo, de- 
ducido del fondo común del Cuerpo, de cuyo ramo se 
le pagaran también por su justo precio todas las pre- 
ciosidades relativas á los tres reinos de la naturaleza 
que traigan para enriquecer con ellas el Gabinete de 
Historia Natural destinado para instrucción y recreo 
de los individuos del Cuerpo. 

Art. 6.° Entre los Ayudantes, el que parezca mas 
á proposito por su aplicación y por su instrucción en 
los idiomas francés é ingles, se destinará para Bibliote- 



— 113 — 

cario, y el que á mas de asistir y cuidar la Biblioteca 
del Cuerpo, estará obligado á enseñar aquellos idiomas 
á los cadetes y oficiales que quieran aplicarse á su estu- 
dio, como tan importante para inteligencia de las obras 
magistrales de su Facultad, escritas en aquellas len- 
guas. Por estas ocupaciones, tendrá de sueldo media 
paga mas, que se deducirá del fondo común. 

Art. 7.° El sueldo de los Ayudantes será de tres- 
cientos sesenta pesos anuales, á razón de treinta pesos 
cada mes , de los cuales se le harán los descuentos de 
ordenanza. 



TÍTULO IV 
De los Subinspectores. 

Articulo i.® El destino peculiar de este grado será 
dirigir las Escuelas de enseñanza del Cuerpo y ejercer 
en ellas las funciones de Catedráticos; por tanto, para 
que los Ayudantes sean promovidos á este empleo, de- 
berán tener la suficiencia necesaria para desempeñarlo 
y estar instruidos en las obligaciones que como á Te- 
nientes les corresponden por la Ordenanza general. 

Art. 2.° Habrá seis Escuelas destinadas para la 
enseñanza de los individuos del Cuerpo y demás perso- 
nas que quieran asistir á ellas; en la primera, y primer 
año de curso, se enseñaran Aritmética, Geometría, Di- 
námica y Hidrodinámica; en la segunda, y segando año 
de curso, se estudiará la Física experimental; en la ter- 



— H4 — 

cera, y tercer año, se explicará la Historia Natural y 
Botánica; en la cuarta, y cuarto año, la Mineralogia; en 
la quinta, y quinto año, la Quimica; y en la sexta, y 
ultimo año, la Dosimetica y Metalurgia. De suerte que 
el curso de estas ciencias ocupará seis años y otros tan- 
tos maestros, que cada año repetirán la enseñanza de 
su Facultad á beneficio de los que de nuevo entren á 
cursarla ó de aquellos que no estén aptos para seguir á 
la clase inmediata. 

Art, 3.° Para que se guarde la debida conformidad 
en la enseñanza y facilitar á los alumnos su instrucción 
y adelantamientos, se imprimirán los elementos de cada 
una de las Facultades mencionadas en el artículo ante- 
rior, cuidando en su redacción de proporcionar y limi- 
tar su extensión á lo mas importante é indispensable, 
de suerte que cómodamente se puedan aprender en el 
tiempo destinado para su enseñanza, sin que por con- 
cisos pierdan el mérito de la claridad y suficiencia. 
Para proceder á la impresión, se requerirá la aproba- 
ción del Jefe, y deberá cuidar de que tengan las cir- 
cunstancias prevenidas y de que no se varié en orden y 
opiniones, á menos que la experiencia manifieste la 
necesidad de practicarlo. 

Art. 4." Los Subinspectores servirán por antigüe- 
dad estas Escuelas, de modo que el menos antiguo será 
Catedrático de Matemáticas; el que le sigue, de Física, 
Así se verificará, que cuando asciendan á Inspectores, 
hayan regentado todas las Cátedras y perfecciona- 
dose con este ejercicio en todas las Facultades 
para poder desempeñar con acierto la dirección de 



— 115 — 

minas y demás comisiones del real servicio que se les 
confien. 

Art. 5." En cada una de estas Escuelas se darán 
lecciones por mañana y tarde, todos los dias que no 
sean festivos , excepto los jueves, y para descanso y 
recreo de los alumnos y maestro, habrá dos vacaciones 
al año; la primera principiará en i.° de Agosto y ter- 
minará en igual día de Septiembre , y la segunda se 
empezará en 8 de Diciembre y se acabará en el mismo 
día de Enero. 

Art. 6.° Antes de esta ultima vacación se harán los 
examenes prevenidos en el título 2.°, art. 7.°, y para que 
la emulación sirva de estimulo á los estudiantes, aque- 
llos que diesen muestras de su mejor aprovechamiento 
se examinaran en publico segunda vez, para que los 
asistentes sean testigos de su lucimiento y délas venta- 
jas que se proporcionan al Estado por medio de este 
Cuerpo que perfecciona la instrucción de la juventud. 

Art. 7.° Los Subinspectores limitarán la enseñanza 
de sus respectivas Facultades á los principios mas ele - 
mentales de cada una, en el concepto de que los cade- 
tes, al salir á oficiales, deben, por su parte, perfeccio- 
narse en su estudio, aplicándose con esmero al porme- 
nor de cada ciencia. 

Art. 8." Será particular recomendación en los Sub- 
inspectores los progresos de sus discípulos, debidos á 
su esmero y destreza en enseñarlos. 

Art. 9." Por ningún caso usaran en sus clases el 
vergonzozo castigo de azotes, y solo se limitaran al de 
arresto, dando parte al Jefe. Pondrán particular cuidado 



— ii6 — 

en manejar á sus discípulos de tal modo, que una ligera 
reprensión produzca en ellos el efecto de corregir su 
descuido ó desaplicación, sin necesidad de valerse de 
mas serias demostraciones. 

Art. 10. Los dos Subinspectores mas antiguos se 
ocuparan en viajar por España y demás reinos de Euro- 
pa, visitando las minas que en ellos haya, para instruirse 
de sus labores. Llevarán un apunte exacto de las prac- 
ticas mas ventajosas que observen, sacaran diseños ó 
modelos de las maquinas mas útiles, solicitaran y com- 
praran los libros que para el uso del Cuerpo se les en- 
carguen por su Jefe, y para este mismo fin recogerán 
las preciosidades naturales que encuentren. Por esta 
ocupación se les gratificará con medio prest mas de 
sobresueldo, que les servirá de ayuda de costa para sus 
viajes, y se sacará del fondo común del Cuerpo, del 
cual también se pagará por sus justos precios los libros, 
maquinas y preciosidades que traigan con destino á la 
instrucción de los cadetes y oficialidad del Cuerpo. 

Art. II. Tanto á los Subinspectores viajeros como 
á los Ayudantes que se hallen en esta misma Comisión, 
se les pondrá por cuenta de la Real Hacienda su paga en 
el lugar en que se hallen, sin que por este motivo se les 
haga descuento alguno; y á los que estén en Europa, se 
les abonará su sueldo en igual numero de pesos duros 
que los que disfrutan en America, sin el desmedro de 
escudo por peso que se acostumbra en el resto del ejer- 
cito. Para facilitarles sus marchas, se les adelantaran 
los pagos por trimestres ó por medios años; y al tiempo 
de salir para sus destinos, se darán á cada uno ciento ó 



— 117 — 

doscientos pesos á buena cuenta de los encargos que 
han de traer ó remitir para el Cuerpo. 

Art. 12. Los Subinspectores cuatrocientos ochenta 
pesos anuales (sic) de sueldo, á razón de cuarenta pesos 
en cada mes, del cual se harán los descuentos de or- 
denanza. 



TITULO V 
Inspectores en segundo. 

Articulo i.° Estos serán primeros Tenientes, gra- 
duados de Capitanes, y á mas de las obligaciones que 
como á tales les corresponden por la Ordenanza gene- 
ral, desempeñaran las siguientes. 

Art. 2.** Siendo su destino ayudar y sostituir á los 
Inspectores de minas, deberán estar instruidos perfec- 
tamente en las ciencias de su facultad y en el desempe- 
ño de las obligaciones que se les confien , procuraran 
acreditar su- inteligencia y celo. 

Art. 3.° En todos los establecimientos que estén 
bajo la inmediata dirección del Cuerpo, administrándo- 
los un Inspector de minas, hará las funciones de Con- 
tador un Inspector en segundo, con media paga de 
sobresueldo, que se deducirá del producto del ramo en 
que estén ocupados. 

Art. 4.* Los Inspectores en segundo que no estén 
empleados en particular comisión, podran ser ocupados 
por el Jefe del reino en levantar planos, proyectar y 



— lia — 

dirigir caminos, arreglar poblaciones y demás que por 
su instrucción y destino puedan desempeñar. 

Art. 5.° El mas moderno de los Inspectores en se- 
gundo desempeñará las funciones de Ayudante del 
Cuerpo, arreglándose en este punto á lo que la Orde- 
nanza general previene para los Ayudantes, y siendo 
de su incumbencia la instrucción militar de los cadetes 
en el ejercicio y Ordenanzas que se previene en el ar- 
tículo 2.". 

Art. 6." Uno de los Inspectores en segundo, á elec- 
ción del Jefe, será Director del Gabinete de Historia 
Natural, y como tal cuidará de su arreglo, conservación 
y aumento, y de tenerlo abierto para el publico en los 
días que á este efecto se señalen; tendrá media paga 
de mas por esta ocupación, que se deducirá del fondo 
común, 

Art. 7.° Los Inspectores en segundo tendrán seis- 
cientos pesos anuales de sueldo, á razón de cincuenta 
pesos cada mes, de los cuales se harán los descuentos 
de ordenanza. 



TITULO VI 
Inspectores de minas. 

Articulo i.® Estos oficiales, cuyo grado corres 
ponde al Capitán de ejercito, desempeñaran las funcio- 
nes de tales, con arreglo á lo que previene la Ordenanza 
general. 



Art. 

y fabricas reales respectivas, tendrán su residencia en 
las provincias donde las haya, cada uno en el lugar 
donde se fije la Dirección de minas. 

Art. 3." Será de su obligación dar á los mineros las 
instrucciones y noticias que les pidan, dirigidas al 
objeto de mejorar el laboreo de sus minas, ó de enta- 
blar otras nuevas, y procuraran por todos los medios 
posibles el fomento de este importante ramo. 

Art. 4.° Con este objeto facilitaran el que se di- 
funda la instrucción en las Ciencias naturales, dando lec- 
ciones de ellas á las personas curiosas que en la provin- 
cia de su residencia quieran aplicarse á aquel estudio. 

Art. 5.° Seguirán correspondencia con el Jefe del 
Cuerpo, y le comunicaran noticia de la situación geo - 
gráfica de la provincia de su destino, de sus produccio- 
nes en los tres reinos de la Naturaleza, y con especiali- 
dad de las minas, distinguiendo las que se beneficien 
«n la actualidad, y las que se pueden explotar; ultima- 
mente, darán puntual razón de los progresos que se 
■observen en aquella provincia. 

Art. 6.° Recorrerán la provincia de su residencia, 
formando planos geográficos y mineralógicos de ella; 
estudiaran el carácter de sus moradores; indagaran las 
producciones útiles del territorio y los arbitrios de ha- 
cerles valer; proyectaran el modo de mejorar los cami- 
nos existentes y abrir otros nuevos, y propenderán al 
-arreglo de las poblaciones. Del resultado de todos estos 
importantes encargos darán cuenta al Gobierno por el 
conducto de su Jefe. 



— 120 — • 

Art. 7.° Si en virtud de las noticias qué comuni- 
quen al Gobierno tuviese este por conveniente comi- 
sionarlos para alguna cosa relativa á los capitulos- 
expresados en el anterior articulo, procurarán que su. 
exacto desempeño dé muestras de su pericia, celo y 
amor al Real servicio. 

Art. S.^ En las minas y fabricas reales de sal, sali- 
tre, pólvora, etc., puestas á su cuidado, á mas de diri- 
girlas, desempeñaran los Inspectores de minas la ocu- 
pación de Administradores, cobrando media paga de 
sobresueldo, que se les abonará de los fondos del ramo- 
en que estén empleado?. 

Art. 9.° Los Inspectores de minas que no tengan 
particular destino, residirán en Santa Fe de Bogotá, 
incorporados con su Cuerpo; y podran ser empleados 
por el Gobierno en cualquiera Comisión militar ó rela- 
tiva á su facultad que se tenga por conveniente poner á 
su cuidado. 

Art. 10. Los Inspectores de minas que tengan des- 
tino en las provincias acopiaran las preciosidades que: 
estas produzcan en los tres reinos de la naturaleza, 
para enriquecer con ellos el Gabinete de Historia Natu- 
ral de su Cuerpo, de cuyo fondo común se les abonará 
su importe luego que verifiquen la remesa y den cuenta 
del coste que haya tenido. 

Art. II. Los Inspectores de minas, y en general 
todos los Oficiales del Cuerpo mineralógico que residan 
eri la capital, se juntaran una ó dos veces á la semana,, 
el día y hora que por el Jefe se les señale, en la Biblio- 
teca de su Cuerpo, á tratar y conferir sobre materias 



— 121 — 

convenientes á sus facultades, cuyas materias se anun- 
ciaran con anticipación para que les que quieran dar 
pruebas de su pericia tengan tiempo de hacer discursos 
académicos sobre ellas. 

Art. 12. También asistirán los Inspectores de minas 
y todos los Oficiales residentes en la capital á la asam- 
blea que con el fin de no olvidar las instrucciones mi- 
litares de ejercicio y ordenanza, se hará todos los años, 
por el espacio de un mes. 

Art. 13. Para que el trabajo y utilidades de los In» 
genieros de minas se repartan por igual entre todos, y 
para que al mismo tiempo se generalicen mas sus co- 
nocimientos locales de las provincias del Nuevo Reino- 
de Granada, cada tres años se mudaran los que estén 
empleados en la Dirección de minas de las provincias, 
rele\ andolos otros nuevos, y en caso que no haya nu- 
mero sobrante para dar descanso á los salientes, á lo 
menos cambiaran los destinos que por necesidad no- 
podran ser iguales en clima y comodidades. 

Art. 14. ■ Las Comisiones lucrosas que conforme á 
este Reglamento traen consigo aumento de media 
sueldo, se darán en cada clase de los Oficiales á los mas 
antiguos de cada una, á menos de que se presente otro- 
mas digno, que por su mayor instrucción y mejor con- 
ducta dé esperanzas de desempeñarlas con mas acierto, 
en cuyo caso este será preferido. 

Art. 15. Los Ingenieros de minas, como Capitanes 
vivos que son, gozaran el sueldo de setecientos veinte 
pesos anuales, á razón de sesenta pesos cada mes, de 
los cuales se les harán los descuentos de ordenanza. 



122 



TITULO VII 
Vícedi rector. 

Articulo i.** Este oficial será Teniente coronel 
vivo y segundo Jefe del Cuerpo de Ingenieros minera- 
lógicos; por tanto, á mas de tener la instrucción militar 
de su grado y la facultativa que debe haber adquirido 
€n el curso de sus servicios, deberá estar adornado de 
la prudencia y demás prendas que se requieren para el 
mando, como que en él se ha de reasumir el de su 
Cuerpo por ausencia, enfermedad ó muerte del Direc- 
tor en Jsfe. 

Art. 2.° El Vicedirector hará en su Cuerpo todas 
las funciones de Sargento Mayor, y para su exacto des- 
empeño deberá estar bien instruido en todo lo concer- 
niente á este ministerio, que se halla detallado en la 
Ordenanza general. 

Art. 3." El Vicedirector tendrá de sueldo mil qui- 
nientos pesos anuales, á razón de ciento veinticinco en 
cada mes, de los cuales se les harán los descuentos de 
ordenanza. 



— 123 — 

TÍTULO VIII. 
Director en Jefe. 

Articulo i.° Su carácter es de Coronel vivo y Jefe 
de los Ingenieros mineralógicos; por tanto, deberá 
reunir las cualidades de un militar digno de mandar un 
regimiento por su pericia, instrucción en la táctica y 
Ordenanzas, y las de un perfecto Director de minas 
por su consumada inteligencia en todas las Ciencias 
naturales, y artes que se requieren para el desempeño 
de aquel objeto. 

Art. 2.° Como la conducta y aplicación del Director 
en Jefe deben servir de modelo á todos los Oficiales de 
su mando, procurará que su ejemplo los inflame en amor 
al Real servicio y afición al instituto de su carrera. 

' Art. 3.° Cuidará de que todos los Oficiales que 
están bajo sus ordenes cumplan con sus respectivas 
obligaciones, y en las minas y fabricas confiadas á la 
Dirección de su Cuerpo, procurará, como juez conser- 
vador de ellas, que se simplifique y perfeccione cada 
vez mas su laboreo; que se economicen los jornales 
todo lo posible, y que la parte administrativa se maneje 
con la debida formalidad. 

Art. 4.° Para atender á estos] importantes objetos, 
visitará personalmente, cada cuatro años, todos aque- 
llos establecimientos, reconocerá su estado, corregirá á 
los Oficiales que no cumplan exactamente con su obli- 



— 124 — 

gacion, mudará á los que no den esperanza de enmen- 
dar sus descuidos, y dará cuenta del resultado de su 
visita al Virrey, Jefe del reino, especificando todo lo 
que pida pronta reforma. En todo el tiempo que dure 
esta visita cobrará medio sueldo de sobreprest, que se 
¡e abonará de cuenta de los establecimientos que dirija 
el Cuerpo, y que le servirá de ayuda de costa para los 
viajes que con este motivo tendrá que hacer. 

Art. 5.** Si por causa legitima no pudiere hacer 
esta visita en persona, la ejecutará en su lugar el Vice- 
director, quien en tal caso cobrará medio sueldo de 
gratificación en la manera y para los fines que para el 
Director se dijo en el antecedente articulo. 

Art. 6° El Director en Jefe hará todas las pro-^ 
puestas de los empleos y comisiones que vaquen en su 
Cuerpo, prefiriendo en ellas á los mas beneméritos, y 
las dirigirá al Virrey del reino para que las eleve á las 
Reales manos; como que este ha de desempeñar las 
funciones de Inspector general de Ingenieros mineraló- 
gicos, quedando, por tanto, exento este Cuerpo de la 
jurisdicción de la inspección á que están sujetos los 
demás Cuerpos militares del Virreinato. 

Art. 7.° El Director en Jefe (lo mismo que los 
demás Oficiales de su Cuerpo), arreglará su conducta y 
Gobierno por las Ordenanzas generales del Ejercito 
en todo aquello que no esté mencionado ó prevenido en 
este Reglamento. 

Art. 8." Tendrá el Director dos mil cuatrocientos 
pesos de sueldo, á razón de doscientos pesos cada mes, 
de los cuales se le harán los descuentos de ordenanza» 



— 125 — 

TÍTULO IX 
Capellán y Cirujano. 

Articulo i.° El Capellán desempeñará la funcio- 
nes de su Ministerio, con arreglo á lo que para el caso 
se dispone en la Ordenanza general, y ademas estará 
obligado á enseñar latinidad á los individuos del Cuerpo 
que se apliquen á este estudio, arreglándose en el mé- 
todo y horas de su enseñanza á lo que sobre este par- 
ticular le prevenga el Director en Jefe. Tendrá de 
sueldo cuatrocientos pesos anuales. 

Art. 2.** El Cirujano deberá ser facultativo en la 
Medicina, y en consideración al corto numero de indi- 
viduos de que se compone el Cuerpo de Ingenieros mi- 
neralógicos, estará obligado á asistirlos gratuitamente 
en todas las enfermedades que le sobrevengan. Tendrá 
de sueldo cuatrocientos pesos. 

1ÍTOT.A.S 

Los artículos hasta aquí contenidos parecen suficien- 
tes para dar una idea clara del objeto á que se dirige 
este proyecto, y modo como debe manejarse en caso de 
que se realice; por lo tanto, á beneficio de la brevedad, 
se suprimen otros menos importantes, que con facilidad 
se pueden añadir, deduciéndolos de los antecedentes. 

El numero de Oficiales á lo que ha parecido mas in- 



126 

dispensable en las actuales circunstancias C^^^Ji sin 
embargo, si la experiencia hiciese ver que no bastan 
para desempeñar todas las comisiones que se confíen á 
su cuidado, se podran aumentar hasta que compongan 
la dotación de un regimiento completo; en la inteligen- 
cia que este aumento no será gravoso á la Real Hacien- 
da, pues en caso de hacerse, los mismos destinos á que 
se apliquen las nuevas plaza?, sufragaran el coste con 
sus ahorros y utilidades. 

Iguales Cuerpos al que aqui se proyecta para el 
Nuevo Reino de Granada, se podran criar en él Perú y 
Nueva España, acaso con mas ventaja del publico y 
mayores ahorros y utilidades de la Real Hacienda. 



ASTADO que manifiesta los gastos que debe causar anual- 
mente el Real Cuerpo de Ingenieros mineralógicos. 

Pesos. 

Primeramente p.'^ tres mil pesos de fondo 

común 3.000 

Por dos mil y quatrocientos p.'' sueldo del Di- 
rector 2.400 

Por mil y quinientos p.'' sueldo del Vice-Di- 

rector i-Soo 

Por cinco mil setecientos sesenta pesos, sueldo 

de ocho inspectores de minas , 5-76o 

Por cuatro mil y ochocientos pesos de ocho 

Inspectores en segundo 4.800 

Por tres mil ochocientos y quarenta pesos, suel- 
do de ocho Sub- Inspectores 3.840 



— 127 — 

Pesos. 



Suma anterior 21.300 

Por dos mil ochocientos ochenta pesos, sueldo 

de ocho Ayudantes 2.880 

Por igual cantidad, sueldo de 24 Cadetes 2.880 

Por quatrocientos pesos, sueldo del Capellán. . 400 

Por igual cantidad, sueldo del Cirujano 400 



27.860 
Por ciento y cinquenta pesos, sueldo de un 

Mro. de Dibuxo 150 



Suma total 28.010 



Fuera de este gasto anual, ocurrirá al tiempo de eri- 
girse el Cuerpo, otro extraordinario para comprar la 
casa que ha de ocupar y los primeros libros y maqui- 
nas que se han de emplear en la enseñanza de sus indi- 
viduos. Para este efecto se podran beneficiar por una 
vez algunas de las plazas subalternas de Ayudantes y 
Subinspectores, obligándose los que las beneficien á 
cursar las facultades, á fin de habilitarse para el ejerci- 
cio de sus funciones y para obtener ulteriores empleos. 



ESTADO que manifiesta los arbitrios y caudales que se pue- 
den aplicar para la subsistencia del Real Cuerpo de In- 
genieros mineralógicos del Nuevo Reino de Granada. 

Primeramente, siendo este Cuerpo destinado para el 
fomento y auxilio de los mineros, es justo que estos lo 
ayuden á sostener, contribuyendo con una pequeña 



— 128 — 

parte del producto de sus minas, cuyo laboreo, mejo- 
rado, puede soportarlo sin detrimento del propietario. 
Bn este concepto podran pagar, al tiempo de satisfacer 
el Derecho Real del quinto, un cuarto por ciento mas á 
beneficio de este Cuerpo, y extrayéndose actualmente 
^n el distrito del Virreinato lo menos tres millones de 
pesos anuales de metal, resulta una renta de siete mil 
quinientos pesos, cuya cantidad debe crecer con el 
fomento que reciban las minas, una vez establecido el 
Cuerpo de Ingenieros. 

Las Reales Casas de Moneda reportaran utilidad del 
establecimiento de este Cuerpo, que mejorando el labo- 
reo de minas aumentará el ingreso y utilidades de la 
amonedación. En este supuesto se podrá aplicar para 
subsistencia de los Ingenieros mineralógicos el ramo de 
feble que en las dos Casas de Santa Fe y Popayan as- 
ciende á tres mil pesos. 

Respecto á que el Cuerpo mineralógico ha de dirigir 
y manejar todos los Establecimientos Reales que digan 
relación con su facultad, y supuesto que todas las ope- 
raciones en las Casas de Moneda son puramente meta- 
lúrgicas, se podran poner bajo su dirección, suprimien- 
do las Superintendencias, con medio sueldo de gratifi- 
cación. En Santa Fe hará de Superintendente el Direc- 
tor en Jefe, y de Contador un Inspector de minas; en 
Popayan podrá hacer de Superintendente el Vicedirec- 
tor, y de Contador un Inspector en segundo; deducidas 
las gratificaciones de estos cuatro del total importe de 
los sueldos que en el día se pagan á aquellos empleados 
que se han de suprimir, resulta un ahorro de siete mil 



129 — 

trescientos noventa pesos, que pueden aplicarse para la 
subsistencia de los Ingenieros mineralógicos. 

También han de quedar bajo la dirección de estos las 
salinas y fabricas de salitres y pólvora, de cuya dispo- 
sición resulta otro ahorro semejante al de la Casa de 
Moneda en los empleos suprimidos. Este ahorro, que 
asciende á siete mil pesos anuales, puede aplicarse 
para la subsistencia del Cuerpo que lo produce. 

Según lo que observó el Barón de Humboldt, y refie- 
re en su Memoria que he citado en el cuerpo de este 
discurso, se puede asegurar sin exageración que en las 
salinas de Zipaquirá se malbarata lo menos un real en 
cada arroba, por la falta de economía en jornales y 
combustible; reformado este desperdicio, en virtud de 
manejarse por inteligentes, se podrá, sin perjuicio de 
la Real Hacienda, y con ventaja de esta, asignar á be- 
neficio del Cuerpo mineralógico medio real en cada 
arroba de sal que se labre, y ascendiendo el numero de 
arrobas á doscientas mil, resulta una renta de doce mil 
quinientos pesos. 

Todos estos ramos, lejos de disminuirse, deben au- 
mentarse, y con ellos el ingreso á favor de los Ingenie- 
ros; pero como el sueldo de estos es fijo, todo el aumen- 
to queda á favor de la Real Hacienda, que también 
debe aprovechar el exceso de los arbitrios sobre los 
gastos, para cuya manifestación resumiré á las ante- 
riores partidas: 



— I30 — 

Pesos. 



Primeramente de la contribución de los mi- 
neros 7-500 

Del feble de las Casas de Moneda 3.000 

Ahorro de sueldos de la Casa de Moneda 7.390 

Ahorro de sueldos de Salinas y Pólvora. ..... 7.000 

Renta sobre la economía de jornales y combus- 
tibles en las Salinas de Zipaquirá 12.500 



Suma total 37-39o 

Costo del Cuerpo de Ingenieros 28.010 



Renta á favor de la R.^ Hacienda 09.380 



CARTAS DE CALDAS 

DIRIGIDAS A MUTIS 



S.^ D. D. JosEPH Celestino Mutis. 



Po payan y Agost." 5/1. 8oi. 

Muy Sr. mió de toda mi estimación: recibí la prime- 
ra carta de Vmd. ¿pero que carta? Dos buenos tubos de 
Barómetro y las obras maestras de Linne. Este modo de 
escribir es singular, y nuevo; es en un idioma q.' lo en- 
tienden las Nación. s mas barbaras, y de q/ no usan 
sino las almas generosas. Confieso que estoy tan asom- 
brado como reconocido. No puedo admirar bastante q.^ 
un hombre del mérito de Vmd. haya acogido tan favo- 
rablem.*® un rasgo q.* remití á mis amigos, que desé 
escribirme, q.* sienta no haberme conocido, q.^ comien- 
ze á protegerme sin saberlo yo mismo y me dé libros é 
instrumentos. Esto me hace sospechar q.^ mis amigos 
deslumhrados p.^ el amor q.* me tienen han ponderado 
demasiado los cortos conocimientos q/ tengo. Ellos tal 
vez piensan q.* van á hacer conocer á un hombre ilus- 
trado y capaz de tomar parte en las sabias y profundas 
investigación.*^ de la naturaleza q.* ha tantos años hacen 
su única ocupación. Pero yo pienso de un modo muy 
diferente. ¡Que contraste no hay entre los dos! Vmd., 



— 134 — 

sabio, conocido de la Europa entera, elogiado en el 
Norte por el digno hijo de Linne, apreciado de la Na- 
ción, q.' ha merecido la confianza de nro. augusto So- 
berano, xefe de una brillante expedición cuyos frutos 
preciosos espera con impaciencia el mundo sabio; yo, 
ignorante, desconocido de mis paisanos mismos, pasan- 
do en un rincón de la America una vida obscura y 
á veces miserable, sin libros, sin instrumentos, sin me- 
dios de saber y sin poder servir en alguna cosa á mi 
Patria. Esta espantosa diferencia de fortuna y de luces 
me acobarda, y solo el conocim.^'^ q.* tengo de la 
bondad de Vmd., unido á la sinceridad y buena fe con 
q.^ voy á hablar de mis estudios pueden animarme. No 
pretendo parecer sabio pJ q." no lo soj^: no quiero q.J 
Vmd. se forme una idea falsa de mi juzgándome p.'' los 
informes apasionados de mis amigos. Esto perjudicarla 
demasiado á mi instrucción, p.'" q.* no podria V. acon- 
sejarme con acierto. Es preciso q.* deponiendo todas 
las ideas q.^ tenga Vmd. de mis conocimientos sustitu- 
ya la descripción siguiente q.* voy á hacer de ellos. 

Mi primera educación fue adosenada: á los i6 años 
de edad vi unas figuras de Geomt.^ y unos Globos, y 
senti una vehem.** inclinación acia estas cosas. Por for- 
tuna me tocó un Catedrático ilustrado q.* detestaba esa 
xerga escolástica que ha corrompido los mas bellos en- 
tendimientos: me apliqué baxo su dirección al estudio 
de la Aritmética, Geomt.% Trigonom.^, Algebra y 
Fisica experimenta], p.'-' q." nro. Curso de Filosofía fue 
verdaderam/* un curso de Fisica y de Matem.^»^ Los 
q.* disponían de mis estudios y de mi persona me remi- 
tieron á esa Capital, me enserraron en uno de esos Co- 
legios en q/ no se via otra cosa q.* desatinos de mate- 
ria prima, me pusieron á Vínio en las manos; pero yo 
no habia nacido p.^ Jurisconsulto. Apesar de los casti- 



— 135 — 

gos, reconvención.^ y exemplos yo no pude tomar gusto 
á las leyes, ni á Justiniano, y perdi los tres años mas 
preciosos de mi vida. Asi q.* recobré mi libertad p.^ 
medio de un grado q.® no exige conocimientos me res- 
tituí á mi lugar: aquí dueño de mis acción.^ me entre- 
gué á cultivar los elementos q.^ habia recibido en el 
Curso de Filosofía. Conoci q.^ estos no eran sino las 
semillas de las Ciencias, q.* era preciso fomentarlos, 
multiplicarlos de todos modos, comenzar á observar y 
poner en practica los principios. Nada tocaba mas 
vivam.*^ mi gusto q.*" la Astronomía: su relación con la 
Naveg.", con la Geografía, con la Chronologia, lo bri- 
llante y magnifíco del espectáculo me decidieron p.^ 
ella. ^-Pero que podia hacer en un pais en q.® se ignoran 
hasta los nombres de Quarto-de Circulo, Telescopio y 
Péndola.^ Quatro libros q/ una feliz casualidad arrojó á 
esta Ciudad me daban noción.^ de esta Ciencia y de sus 
instrum.^o^: mis dececs, mi furor p.^' la Astron.^ me su- 
gerían recursos. Un pequeño Gnomon q.^ hice construir 
me entretenía: tiraba meridian.*, observaba alturas del 
sol, fixaba latitud, calculaba azimudes, y emprendí co- 
nocer la amplitud de la eclyptica p/ la observ."^ de los 
solsticios: con solo este instrum.*° estaban p.^ mi como 
aniquiladas las Estrellas y los Planetas, y no podía dar 
un paso mas en la Ciencia q.' hacia mis delicias. La 
-necesidad de buscar la subsistencia, q.* en otros sufoca 
el amor á la sabiduría, en mi fue una ocacion para ade- 
lantar algo en mis estudios. Volví el año de 796 áSan- 
tafé con miras de mercader: aquí vi p.'' la prim.^ vez y 
de paso la Astronomía de Lalande y los Elem.^^^ del 
Ab.'* Besout p.* los Guardias Marinas de Francia. Es- 
tos dos libros al tiempo q.* me instruían me manifesta- 
ban q.** era imposible ser Astrónomo en America. Co- 
pie del ultimo las Tab.^ del Sol p.^ calcular sus decli- 



- 136 - 

nac.^ y hacerlas servir en mis observación.* de latitud: 
compre una Bruxula, un Barom.° de mar, dos Term.°s 
y un Octante de reflexión. Mis intereses mercantiles me 
llamaban á Timaná y emprendí hacer una Relación de 
mi viaje. Entonces fue q.* subi á Guadalupe y tomé el 
material p." el papel que ha visto Vmd. de la elev." de 
este Cerro. Parti de Santafé en Octubre del mismo año, 
y emprendí levantar la Carta del pais q.^ iba á atrabe- 
sar: observé la elevación del mercurio en el Barom." en 
la Mesa, Tocayma Gigante, Pital: aqui se rompió el 
instrum.*". A mi llegada á Timana se disputaban los 
limites de jurisdicción este Cabildo y el de la Plata: se 
me encargó levantar la carta de su jurisdicción, q.* tam- 
bién ha visto Vmd. Yo queria establecer un punto en 
long.^ p.'^ alguna observ." astrom.*: el eclypse de luna 
del 3 de Dic. de 797 me ofrecía una ocacion muy ven- 
tajosa. Aunq.' no tenia péndola sabia q.^ con solo la 
alt.^ de una estrella podia concluir el tiempo verdad. ° 
de mi observación. Yo habia hecho construir un Quarto- 
de-Circulo de madera de 17 pulg.^ franc- de radio, le 
habia dividido con quanta exactitud me fue posible,, 
poseia un anteojo de quatro palmos y una muestra de 
segundos regular; pero me faltaba un Coobservador. El 
cura del Gigante, hombre de talento , se encargo de 
ayudarme. Antes del eclypse observé la alt.^ de dos 
Estrellas y noté el instante q.* señalaba mi muestra: el 
calculo me enseñó lo q.* atrasaba ó adelantaba sobre el 
tiempo verdad. o Poco después comenzó la inmercion y 
noté p.^' mi muestra la hora y seg.°s en q.^ se verificó: 
lo mismo hice con 25 lugares del disco lunar. Conclui- 
da la inmerc." tomé la altura de otras Estrellas p.^ po- 
der juzgar del estado de la muestra. Diez y siete luga- 
res observé en la emercion y concluí p."^" volver á tomar 
alturas de estrellas p.» corregir la muestra. De este 



— 137 — 

modo comensé la carta de Timana q.* concluí en Feb.'^ 
de 798. 

Dexe este país miserable y volvi á Pop." con el cono- 
cim.*° q.* no era p * mercader: aqui he trabajado en 
cultivar la Astronomía. Emprendí fixar la long.^ de mi 
Patria: sabia q.' en Caly existia un Telescopio achro- 
matico de 4 pies é hice tod.^ mis esfuerzos p.* q.** me 
lo prestacen. Lo conseguí y he logrado observar quatro 
emercíon.^ del primer Satélite de Júpiter. 

Fixado en un lugar con unos instrum.*°^ miserables 
no podia la Astronomía llenar mi tiempo y fue preciso 
buscar una Ciencia que no exigiese el aparato de aque- 
lla: tal me pareció la Botánica antes q.® supiera que era 
Botánica. Contento con el pequeño Curso de Ortega me 
dedique á estudiarlo; pero bien pronto conocí q.* era 
insuficiente. Busque en todas las Bibliotecas de Pop.'^ 
otros libros q.* pudiesen satisfacer mis deceos y no hallé 
en tod.s ellas sino las Institución.^ de Tournefort. Ya 
habia gustado la belleza del Systema de Linne en el 
Ortega y fue preciso q.' me desagradase el Tournefort; 
pero no habia mas libros y era preciso estudiarlo. Al 
cabo de algún tiempo un amigo generoso pidió la Parte 
practica de Linne traducida p.' Palau y me cedió su 
uso. Esta es la época de mis pequeños progresos en la 
Ciencia de los vegetales. Con esta obra inmortal pude 
determinar muchas plantas y picaron mí gusto p.^" la 
Botánica como Lalande lo habia hecho p.'' la Astrono - 
mía. Pero la parte científica, la Filosofía Botánica de 
este Autor me faltaba. Yo he hecho los ultim.^ esfuer- 
zos p.^ conseguirla; la he pedido á esa Capital, á Carta- 
gena, á Quito y han sido infructuosas todas mis diligen- 
cias. De repente, quando mencs lo pensaba me hallo 
con este libro precioso entre las manos remitido p.'' el 
primer Botánico de la Nación como sn primera carta ^ 



- 138 - 

A Vmd. dexo la considerac." de lo q.* pasaría en mí 
alma qd.° lei las cartas de mis amigos y vi la Filosofía 
Botánica. Toda mi vida le conservare como el mas bello 
monum/^ de su generosidad, y como el mejor titulo de 
honor q." pueda adquirir. Yo no puedo recompensar á 
V. sino con un eterno reconocim.*°. Si, jamas olvidare 
el 3 de Ag.^° de 1801, dia en q.' he recibido este pre- 
sente, presente digno de un sabio. 

Quando pensaba dedicarme con mas ardor al cono- 
cim.*^° de las plantas en medio de la paz de mi fam." un 
pleyto temerario ganado p.'" mi en esta Ciudad, me llama 
á Quito; y he aqui renacida mi pación p.^' la Astrono- 
mía. Este pais visitado p.'' los héroes de esta Cieñe. % 
q.^ han determinado la elev." y posición de estos lugar.^ 
y q.* han dexado los monum.*^^"^^ mas preciosos. Estos 
me arrastraban con mas violencia q.^ el oro y tod.*^ las 
riquezas: este pais es un libro avierto en q.^ puede es- 
tudiar un aficionado á las Mat.^»^. Es verdad q,* la Bo- 
tánica puede cultivarse en este viage y estoy resuelto á 
consagrarme á ella. Yo no correspondería á Vmd. sus 
finezas sino le diese una razón circunstanciada de mis 
operación. s en los géneros que puedo hacer algo. ¡Di- 
choso si meresco la acogida de Vdm. y mil veces mas 
dichoso si V. se digna corregir mis defectos. De este 
modo podre hacer algo de probecho en lo sucesivo, me 
instruiré y tendré el honor de contarme entre el num.° 
de los discípulos de V. 

Mi partida p.^ Quito es el 10 de Ag.^° y no me ha 
ha sido posible esperar en esta al Barón de Humbolt: 
en Quito tendré la satisfacción de conocerlo y de apren- 
der algo. 

Si V. juzga que puedo p.^ mi p.^^ desempeñar el en* 
cargo de los Esqueleto*? de Quina de Esmeraldas, pue- 
de V. mandarme sus instrucción.'^ para no errarlo. ¡Oja- 



— 139 — 

lá pudiera dar á Vmd. esta pequeña muestra de mi re- 
conocim.t"! En ninguna ocacion se juzgaría mas honrrado 
su afmo. estimad.'" y vivamen.'* reconocido, 

Fran.-° Joseph de Caldas. 



Quito y Enero 21 de i.8c2. 

Mi amadísimo amigo: ;q.*' ingrato seria yo si no le 
comunicase quanto me ha pasado, y quanto me ha en- 
señado el Barón de Humbolt, este joven prusiano, supe- 
rior á quantos elogios se pueden hacer! Me transporte á 
Ybarra, como anuncie á V., p/ antelar el momento de 
conocerlo; salí algún trecho de aquí, y le hallé el 31 de 
Diciembre de i8or, á las once del dia. ¡Que momento 
tan feliz p.^ un amante entusiasta de las Ciencias! Yo 
fui el primero q.® me le presente, y sin detenerse un 
instante me preguntó: Vmd. es el S.^ Caldas? A lo que 
contexto lo q.* correspondía. Desde este instante me 
comenzó á tratar con una franqueza y liberalidad sin 
igual. ¡Que noticias tan exactas trae de mi y de mis 
cosas! ¡que opinión tan ventajosa formada p.^' los infor- 
mes de mis amigos! Yo confieso á V. q.* mi amor pro- 
pio nunca me habría sugerido expresión. "^ mas honrosas 
á mis conocim.*^'* Asi q.* llegamos á Ybarra comí con 
el, y publicam.*^ se volvió á mi y me dixo: He visto los 
preciosos trabajos de V. en Astronomía y Geográfia. Me 
los han enseñado en Popayan. He visto alturas correspon- 
dientes tomadas con tal precisión qJ la mayor diferencia 
no pasa de 4 segundos. Después q.' abrió sus cofres me 
mostró el manuscrito de observac.^ astronómicas: me 
hizo notar la q.* había hallado de Pop." con su famoso 



— 140 — 

Cronometro, y luego me dixo: el Pad/ de V. sin su con- 
sentimiento me ha enseñado un libro manuscrito en que 
lidié una observación de la inmersión del i.'^'' Satélite de 
Júpiter, calculada; y da la misma longitud q.^ mi crono- 
metro: lea Vd. He visto un elogio en francés q.^ no me- 
resco. En subst." le diré su contenido, ya se ve lleno 
de rubor; p.° q.* con un amigo como V. depositario de 
todos mis pensam.^'^ no puedo ocultar nada, aunq/ se 
ofenda la modestia. Desp.^ de referir su observac." del 
Cronometro añade. El D.'" Caldas ha hecho en tanto 
una bella observac.'^ del i.^"" satélite de Júpiter: el ha 
hallado ¿J' i¿j..' i6." ; y yo 5/^ 7^.' Jj/. II est ettonant 
que ce jeune americain, se haya elevado hasta las mas de* 
licad.^ observac.^ de la Astronom."- pf si mismo, y con 
unos instrumJ''^ hechos de sus manos; con otro montón 
de cosas q.^ no quiero referir. Asi escribió en Pop." por 
una simple observac." aislada, q.^ dexé p.^ casualidad 
en esa Ciudad. Es preciso q.' le haya tocado mas una 
serie de ellas q.' le he presentado, en q.' las diferencias 
de altur.^ correspondientes no pasan de un seg.'''', con 
mi Quarto de circulo de madera Dividivi, >[." cono- 
ce Mig.' En esta colecc." de observación.^ astronomic* 
q.* le he dado, está la del Eclipse de Luna de 1797, 
y un numero grande de latitudes en la parte alta del 
Magdalena, hechas con el Sol, y diferent." estrellas. 
Le. enseñé mi carta de Timana, y otro trozo q.^ levante 
en 1796 de Tocayma á Neyva: de modoq.' unid.^ estos 
material.'^ á los del Barón, tenemos ya una carta de 
todo el Magdalena. Este sabio me ha pedido un exem- 
plar de todo, y lo ha añadido á la gran Carta del Rey- 
no. ¡Que honor p.« mi el ver mis prim.*^ trabajos al lado 
de los de un homb.^ grande! Estos pequeños ensayos^ 
condenados á permanecer en los autos sobre limites de 
Timana, y en mi quarto, van á ver la luz publica. ¡Oxa- 



— 141 — 

la yo hubiera trabajado mas en este genero. Pero me 
consuelo, y he criado una satisface en mis operaciones 
viendo q.* han merecido la aprobac."^ deste hombre 
grande. Quando acabó de ver mi Carta, volvió á mi y 
me dixo: He visto muchas Cartas en las Secretar.^ de 
Caracas, Cartagena y Santafé; y la única q.* merece 
este nomb.% la única astronomicam.'^ levantada es la 
de Timana. Desp.^ ae leer mis manuscricos dixo en una 
tertulia, q.' mis observac.^ astronomic.' están mas bien 
executadas q.* las de D. Jorge Juan. ¡Que honor p.* mi 
oirme preferir á este homb/ admirado de la Europa! 
Tanto mas sensib/ á este elogio, qto. no lo dixo en mi 
presencia. Le di una serie de mis observac.^ barométri- 
cas y comparad. =^ las hechas en lugar.^ comunes, como 
Guadalupe, Santafé, Pop.", Pasto, los Pastos, Chota, 
Ybarra y Quito, les ha hallado justas y conform.^ á las 
suyas. Esto le ha inspirado una confianza completa 
p.* las de la Mesa, Tocayma, Gigante, Pital, Patia, 
Ventaquemada & &.; y se insertan en el Viage de este 
Sabio. Me ha dicho q/ quiere me conosca todo el mun- 
do; y no dudo q.® en mas de un lugar me haga repre- 
sentar algún papel. Aun no he entrado en materia sobre 
nuestro asunto del Termómetro en agua hirviendo, y 
yo avisare lo q.' resulte. ¡Que no pueda en los estre- 
chos limites desta carta decir á V. quanto me ha dicho, 
y qto. me ha enseñado este homb.* singular y raro! El 
uso y la forma de tod.-" sus instrum.*°"; las experiencias 
y sobre todo sus discursos me arrebatan, y me hacen 
sentir anticipadam.'*" el dolor mortal de perderlo. Ahí 
mi amigo, esta es una luz efímera q.* se nos escapa 
casi sin disfrutar de su influxo y beneficios. Quien 
sabe si semejante al relámpago nos ilumina fuertem.'^ en 
un instante, p.» dexarnos caer en tinieblas mas espe- 
sas. Yo ardo en deseos de seguirlo, y solo la falta de 



— 142 — • 

comodidad. s me detiene. Si hoy me hallara con mil 
p.^ desahogad.^, le seguirla siquiera hasta Lima á don- 
de marcha de aqui. Veria toda la parte austral del 
Reyno, la celebre meridiana la recorrerla del uno al 
otro extremo, y conocerla la Capital del Perú. ¡Quanto 
aprenderla con Humboll! Pero mi suerte, mi destino me 
ata á este suelo enemigo de las Ciencias. Yo lloro mi 
desgracia, y el Barón q." debia hacer mi felicidad me 
ha sumergido en un abismo de tristesas. Este amor de 
la sabiduría, esta sed insaciab.^ de saber ha llegado en 
mi á tal punto, q.* ya se equivoca con el furor y con 
la desesperac.'^ jam.as habia sabido mi corazón q.* era 
el deseo del oro y de la plata, hasta q.^ he sentido su 
necesid.*^^ p.^ ser sabio. ;Que destino mas noble se le 
podia dar á esos cofres plenos de nros. paysanos? Por 
desgracia de las Ciencias no se conoce su mérito, y se 
juzga q." el protegerlas es botar el dinero en fruslerías. 
'En fin amigo, yo me hallo en medio de las esperanzas 
y del valor. Creo aprender algo, y pienso q.^ quedo en 
la barbarie. ¡Que nros. xefes sean tan insensibles! Ha- 
brá, mi Amigo, alg." medio de hallar apoyo siquiera 
por recorrer la America con Humboldt.^ El Señor Mutis, 
el protector de las ciencias en el Reyno, no tendrá al- 
gún influxo sobre el Virrey p.^ q.* á lo menos se me 
permitiera recorrer alg.^ tpo. con este homb.^ sabio? Si 
mi amor propio no me engaña, me parece q.^ sacarla 
grand.'^ utilidad. ^ el Reyno entero, si este me sostuviese 
en una correrla semej.'^ ¿El Consulado de Cartagena 
q.* está encargado p.^ S. M. de aumentar la agricultura 
y el comercio destos países, no podia auxiliarme p.^ ir á 
Lima, regresar p.'' Guayaquil, seguir la costa á Panamá, 
de alli á Acapulco, luego á México á Veracruz, y de 
alli á Havana, Jamayca, Santo Domingo, y en fin Car- 
tag."^? Considere V. qto. aprenderla sobre Hornos, Tra- 



— 143 — 

piches, Añil, Cochinilla, Cacao &; todos ramos impor- 
tantes p.^ el Reyno. La Botánica, la Astronomía, la 
Geografía, la Histor.^ Natural, todo se aumentaría en 
mi, y todo cederla á benf.° de nros. hogares. Medi- 
te V. esto, consúltelo con mi amado Mig.^, quien puede 
apoyar el pensam.^o con su tio D. Jph. Ignacio, hacién- 
dole los inform.^ necesarios de mis disposic.^ p.^ estos 
ramos, de mi edad, estudios &. Hable V. con nro. don 
Camilo, y si a V. le parece q.® Mig.^ le hable al D.^ Mu- 
tis, y pongan el asunto en candela, como dicen, con lá 
mayor velocidad. Vmd. tiene genio, tiene juicio, y toma- 
ra todas las medidas p.* q.* se logre este gran proyecto. 
Estoy tan acalorado sobre este particular, q.* á pesar 
de lo tarde y estrechez del tpo. voy á escribir al señor 
Mutis proponiéndole mis modos de pensar y los planes 
q.^ me he figurado. A mas de esto tengo un primo de 
mi Pad/ comerciante en Guayaquil; en Lima esta mi 
tia D.^ Rosa y D.'^ Miguel; en México está ^Mosquera, y 
es probab.^ me auxilien en alguna cosa, viéndome con- 
sagrado á la común utilidad. Yo no he dicho al Barón 
nada de mis proyectos y modo de pensar; p.'' q.* no 
tengo medios de realizarlos; y si acaso se efectúa esta 
empresa esperaría á q.* se lo dixese ei S.^' Mutis ó don 
Jph. Ign.° Pombo. Pero, amigo, el tpo. vuela: q.* se 
tomen tod.-^ las medidas con la mayor velocidad: consá- 
grese, amigo, á poner este asunto en movimiento: aña- 
da á mi plan qto. quiera, y haga qto. juzgue oportuno 
p.^ efectuarlo. 

¡Quanto he aprendido en 18 dias de un trato inte- 
rrumpido con mil visitas importun.~! En Astronomía ya 
no me conosco: un velo espeso de dificultad se ha disi- 
pado delante de mis ojos, y como yo tenia muchos 
objetos trabajad.^ y quasi concluid.*, solo faltaba una- 
mano maestra q." les diese la ultima perfecc." Con un 
poco mas de tpo. y de trato con el Barón puedo gloriar- 



— 144 — 

me de haber entrado en los mas profundos misterios 
desta Ciencia preciosa; 3' ya puede contar con su ami- 
go Astrónomo. En la Geografía, no hay voces para 
explicarle qto. he aprovechado: nuevos métodos, nuevas 

agujas, nuevos cálculos, nuevos q.* se yo que diga 

á V. Me ha ofrecido sus libros, sus Instrum.^°=* y el 
famoso Cronometro ha estado á mi disposición. En la 
Meteorología, he visto el Higrometro de Luc; el Antra- 
cometro, el Eyrometro, el Eudiometro: se su uso y sus 
resultados. En atracciones, he visto su obra maestra, la 
Aguja de Bogda de Incline. % sus maravillosas propie- 
dades; las observación.^ hechas desde los 75° hasta la 
linea; los resultados y combinac.^ sublimes de este 
sabio. En Química, ^'quantas luces sobre los asombrosos 
descubrim.<^os de Lavoissier, Morveau, la Place &} Seis 
meses con este Sabio, me formaba. En ning.* época de 
mi vida podia haber llegado mas oportunam** q.^ en 
esta, en q.' mi ansia de saber habia como desflorado 
los objetos mas importantes. En Botánica, ayl amigo 
querido!, no se lo q.® pasa en mi alma, no se hasta don- 
de se han aumentado mis conocim.^""^. Bompland, el sabio 
y profundo Bompland, me ha franqueado sus libros, su 
hervario inmenso, y su voz viva: me ha honrado permi- 
tiéndome q." tome un lugar en su estudio, q.^ vea y 
copie quanto quiera, fí es posible q.* p.^ un poco de 
dinero no perfeccione esta obra, no acabe de entrar en 
los santuarios de Flora.^ Feliz, mil veces feliz, si puedo 
seguir á estos genios privilegiad.^^, no á la Asia, ni á 
la Europa; p.° siquiera á Lima y á México. ^'Que hom- 
bre volverla al seno de mis amig.^ al fin de dos años? 
Amigo querido, mas de lo q.* puedo expresar con mis 
voces, tome V. este asunto con toda la intensid.'^^ que 
merece: no malogremos esta brillante ocasión de hacer 
mi fortuna y mi instrucc.'^ Yo no quiero sueldos, ni pen- 
siones; solo apetesco lo necesario p.* transportarme. 



— 145 — 

p.* unos instrumentos los mas preciosos, p.' poder ser- 
vir á mi Patria y á mi Sob.°, y p.^ ser útil: he aquí el 
objeto de mi ambic"; con que poco podria yo hacer 
este brillante viage! Una sabia economia me haria me- 
nos gravoso á mis protect.^ ¡Quien sabe si una sola 
insinuación del Sr. Mutis bastaria p.* facilitarlo todo. 
Haga V. q.® este sepa mis disposición.^, p.^ q.* el asun- 
to es grande, y no me ha sido posible poner una carta 
buena sobre mis ideas; lo q.* reservo p.® el venidero sin 
la menor falta Entre tanto ya tendrá alg.^ noticias, y 
entrara en mejor lugar mi carta. El Barón piensa ir por 
Cuenca, Loxa, Trujillo &• á Lima, de aquí volver reco- 
nociendo p.^ Mar la costa á Guayaquil: de aqui atrave- 
sar la linea p.^' la costa de Esmeraldas. Barbacoas, 
Chocó, Panamá: seguir á Veraguas hasta Acapulco: 
entrar en el continente, y desp.^ de muchas correrlas 
en este Reyno volver á Acapulco, y tomar la ruta de 
Filipin.^. Mi proyecto es acompañarle desde Quito 
hasta México, y separarme: tomar la via de Veracruz, 
embarcarme aqui, pasar á Havana, Sto. Domingo, Ja- 
mayca &, y volver á Cartag.""^ y de aqui á Stafe. á dar 
cuenta de mi misión. ¡Que felicid.^ p/ mi después deste 
viage estrechar en mis brazos á mis amig.% á estos 
Ídolos, á estos dueños de mi coraz."^. Dexeme V. des- 
ahogar, y pintar los movim.<^°-^ de mi alma, y no me 
mande callar. 

A Mig.^ léale V. esta: q.* la tenga p.'" suya, q.* obre 
de concierto con V., que desplegue su valim.*° con el 
Sr. Mutis, y su tio. Llama V. á nro. socorro á nro. Ca- 
milo q.^ conmueva á tod.o^ á fin de verificar este pro- 
yecto interés.*' A Dios =(ij. 



(i) Aunque esta carta no dice para quién es, Caldas la envió en 
copia á Mutis, y por esto se incluye aquí, — D. M. 

10 



- T^ó 



S.« D.« D.*' José Celestino Mutis. 

Quito j Febrero 6/802. 

Amadissimo Sr. y benefactor mió: la llegada def 
Sr. Barón de Humbolt á esta Ciudad ha hecho q.* mi 
alma se inflame de nuevo en el mas vivo reconocimien- 
to de V. Este sabio viagero me ha dado expresivas me- 
morias, me ha dho. el aprecio q.* ha hecho V. de mis 
pequeñas producciones. Yo no no soy capaz de dar á 
y. una idea justa de lo q.* ha pasado y de lo q.* ac- 
tualm.*^ siente mi corazón. Mi amor y mi gratitud para 
con V. han llegado á un grado tan eminente q.* ya no 
son capaces de ningún aumento. Seria yo un ingrato sino 
lo hiciera presente asi al sabio, al generoso Mutis. Yo 
no tengo otras riquezas q.^ un corazón sensible y agra- 
decido, y esto que poseo esto pongo en las manos de 
mi benefactor. Si, este epiteto glorioso le combiene á 
V. p.^ todos títulos. No quiero ahora descender al por- 
menor de las acciones que lo comprueban: V., mis ami- 
gos, yo las sabemos demasiado. -Otro objeto más gran- 
de en el mismo genero me ocupa enteram.**: él exige 
todo el zelo y toda la protección del primer Botánico 
del Rey Católico para poderlo executar con ventajas de 
la Nación y del Reyno. El deceo ardiente q.* ha mani- 
festado V. p.* desterrar de nuestra patria la ignoran- 
cia, los cuidados q.' le ha costado darnos las primeras 
nociones de las Ciencias en una edad en que ni aun el 
nombre habíamos oído de ellas, la uniforme conducta 
de tantos años con q.' constantem.^* ha procurado de- 
rramar p.^ toda la Nueva Granada el cúmulo inmenso 
de luces y de conocimientos q.^ posee V. me han ani- 
mado á proponerle un, proyecto q.*^ tal vez hará honor 



— 147 — 

al Reyno y q.* puede ser ulil á la Nación entera: he 
aqui mi modo de pensar: 

El S/ Barón de Humbolt, este sabio admirador y 
panegirista de V. va á hacer una mancion conciderable 
en esta Capital: á principios de Junio de este año sigue 
p/ tierra á Lima reconociendo, si se puede, parte de 
las Misión.^ de Maynas y todo el pais q.*' hay entre 
Quito y la cap.^ del Perú. Después de recorridas las 
cercanías de esta Ciudad puede internar al Cuzco, y 
haciendo un gran circulo, ó volviendo sobre sus pasos 
pasar á la Costa y embarcarse para Guayaquil: visitar 
aqui á Tafalla continuador de los trabajos de Ruiz y de 
Pabon: seguir p.'' mar hacia el Norte; atrabesar la línea; 
verificar aqui sus observaciones sobre el magnetismo 
q.® hacen uno de los mas grandes objetos de su viage: 
tocar en Panamá y seguir la costa hasta Acapulco: in- 
ternar en el continente hasta México, recorrer muchas 
partes de la America septentrional: subir hasta el Nue- 
vo México y volver á la costa occidt.^ para seguir á 
Manila, China &. Este es el plan de los viages q.* ha 
emprendido en nro. hemisferio el digno sucesor de 
Byron y de Cobk. ^'No seria de la mayor utilidad p.* la 
Botánica, p.' la Astronomía, p.^ la Navegación, p.* el 
Comercio & de la America y en particular del Nuevo 
Reyno unirle á este sabio un joven iniciado en las Cien- 
cias p.^ q.* se formase en esta escuela á q.* no ten- 
drían vergüenza de asistir Tournefort y Thichobrahe? 
No quiero q.* le siga al Asia, sino solamente á todas las 
partes de la America á donde le arrastra la sed insacia- 
ble de saber: que separándose de su Mentor en las costas 
occidentales de México vuelva á esta CapJ, de aqui á 
Vera-cruz: embarcarse en este puerto; visitar, si se quie- 
re, la Habana, Sto. Domingo, Jamayca, Puerto Rico y 
gresar p.'' Cartagena á Santafe á dar cuenta de su misión. 



— 148 — 

Yo me confundo y no se por donde comenzar para 
manifestar los progresos y las ventajas q.* resultarían á 
nra. patria. ¿'Que profundos conocimientos de las pro- 
ducciones naturales traerla este joven como fruto de su 
viage? Las Minas del Perú y de México visitadas al 
lado del Consejero supremo de las minas de Prusia le 
pondrían en estado de dirigir con inteligencia las nues- 
tras. El cultivo del cacao en Guayaquil y en las Anti- 
llas, el de la Cochinilla, y del Añil en México forma- 
rían á un hombre p.^ dar luces importantes en su pro- 
pio pais. ¡Que aumento y perfección adquirirían nues- 
tras manufacturas y nros. ingenios de azúcar visitando 
los de Habana! La caña de Otaiti se transplantaria á 
nros. campos. La Botánica ¿"quantas ventajas no debía 
esperar de una correría semejante verificada baxo los 
ojos de Bomplant, y baxo la dirección del sabio Mutis? 
¡Que herbario tan copioso se pondría en las manos de 
este digno sucesor de Loeflíng, de Plumíer, y de Jae- 
quin! ¡Q jantas noticias traería con sigo de los progre- 
sos de Tafalla! Las conchas, los peces, los insectos, las 
aves, los animales, la zoología de nros. países toma- 
ría grandes aumentos y tal vez las colecciones de estos 
seres hecharian los fundamentos de un Gavinete de 
Historia Natural en la Cap.^ del Reyno. Nra. Geografía 
tan defectuosa hasta ahora daría un paso importante; 
nras. costas del Sur adquirirían un grado de presicion 
conocido; en el interior se conocerían mejor nros. ríos 
navegables, las distancias, las montañas y los caminos 
mas ventajosos, q.^ los que la casualidad abrió y man- 
tenemos. La Meteorología, la Chimica, la Astronomía, 
la Física tendrían en este joven viageroun hombre ins- 
truido en sus principios y en el uso de sus instrumen- 
tos. ¡Como se difundirian estas luces en nros. Cole- 
gios y en todos los lugares! Ya me olvidaba q.* esta- 



— 149 — 

ba hablando con el primer genio de la Nación quan- 
do he descendido á un pormenor de las utilidades 
comunes de este viage. Si, V. sabe demasiado que 
importante seria esta expedición en todos ramos. Pero 
quando el joven agregado á Humbolt no pensase en otra 
cosa q.' en copiar las observaciones de este franco y 
generoso viagero, en diseñar sus cartas, sus animales, 
tomar un exemplar de las plantas q.* pone en su herba- 
rio, y de los minerales q.* recoje, oirlo discurrir sobre 
nuestras manufacturas, economía, rentas, agricultura y 
apuntes; esto solo puesto en nra, lengua y publicarlo en 
la Nación, con el consentim.'^^ y baxo del nombre de 
Humbolt, esto solo, digo, recompensarla altamente los 
costos impendidos en este viage. Si esto es asi, ¡que 
apoyo no debe esperar este proyecto de un hombre que 
ha consagrado los mas bellos dias de su vida en conna- 
turalizar en nra. patria las Ciencias, las Artes y todos 
los conocim.''"^ útiles! Una palabra del celebre IMutis al 
Xefe del Reyno y al Consulado de Cartagena bastarían 
p.* hallar los pequeños fondos q.^ se necesitan para 
esta expedición. Sí, lo repito, pequeños fondos siempre 
q.* la comicion caiga en un joven de educación y fru- 
gal. Una ocacion particular y preciosa se presenta 
ahora para armar á nro. viagero de buenos instrumen- 
tos sin costo alguno. Actualmente se conducen de May- 
nas p.'" orden del Presidente Barón de Carondelet á 
Quito muchos cajones de instrum.^os q e ^q orden de 
S. M. vinieron al Marañon p.» la expedic." de limites 
con Portugal, y q.* ha tantos años se hallan abandona- 
dos allí p."^ haberse concluido ó disipado esta empresa. 
Una orden del Virrey del Reyno p.' q.^ se tomasen de 
ellos los precisos bastarían p.^ armará nro. viagero. 

<*Pero qual es el joven q.* entre nosotros se halla 
adornado de los conocim.*"'' necesarios p.^ desempeñar 



— 150 — 

dignam.'* esta comicion? ¿Qual es el que quiere entre- 
garse á una vida laboriosa y á los peligros de este via- 
ge sin una gruesa pencion y solo pj el noble deceo de 
instruirse y ser útil á los demás hombres? Confieso 
á V. con mi mayor ingenuidad q.* he temblado al con- 
ciderar q/ habia de llegar á esta linea de mi carta. Por 
lo q.* mira á la segunda parte estoy seguro q.* Caldas 
no ambiciona otra cosa q.* instruirse y ser útil, no 
quiere rentas sino honor y el dulce placer de servir á 
sus semejantes. Pero no puede hablar con igual firmeza 
quando se trata de los conocimientos necesarios para 
hacer con ventajas este viage. Conoce la. escaces de 
sus luces, sabe q." se reducen á una tintura de Mate- 
máticas, de Botánica y de Fisica; pero sabe también 
q.^ tiene un amor ardiente á la sabiduría, un deceo de- 
vorador de instruirse, q,* irá al polo, q.^ arrostrará 
todos los horrores de la zona glacial y de la tórrida, que 
atrabesará con corage los desiertos espantosos de la 
Arabia p.'' seguir al Mártir voluntario del Galbanismo. 
Dichoso si hallo protección en el Gov.° p.^ verificarlo 
y mil veces mas dichoso si después de haber recorrido 
el México, y el Perú puedo volver á presentar mis tra- 
bajos al Autor de la Flora de Bogotá. Si acaso llegaran 
estos á merecer su aprobación, he aqui el colmo de mi 
gloria. 

Es verdad q.^ preveo las inmensas dificultades que se 
oponen p.' realizar mis modos de pensar; pero quando 
se frustre el proyecto de seguir al Sabio Prusiano ^no 
debo tener fundadas esperanzas de ir á formarme en 
Santafe en el templo de Flora y baxo la dirección de su 
hijo amado? La pregunta q.* hizo V. á mi querido 
amigo Pombo consebida en estos términos ¿que ha^ 
cemos p.^ traer á Caldas á Santafe? me ha llenado de 
regosijo, ha hecho renacer en mi corazón la esperanza 



— 151 — 

lísongera de q* tal vez la humanidad de V. proporcio- 
nará un destino análogo á mis ideas para sacarme de la 
•obscuridad y de la ignorancia en q/ vivo. Todo lo debo 
esperar de la alma generosa, humana y sabia del ilus- 
tre Mutis. Yo quedo pidiendo al Señor prolongue los 
dias de su vida preciosa p.^ q.* tenga el tiempo necesa- 
rio de acabar de ilustrarnos, colmarnos de beneficios y 
-de dar la ultima mano á sus grandes y gloriosos traba- 
jos. V. cuente siempre con el amor y con el reconoci- 
miento de su admirador y panegirista. 

Q. B. S. M. 
Fran.co Joseph de Caldas. 



Quito y Abril 6/802. 

Mi Protector, mi Padre, no hallo un epíteto q.' co- 
rresponda á la bondad, á la virtud del alma grande y 
generosa del ilustre Mutis. ¡O Dios! que presente tan 
grande hicisteis á la America quando arrojasteis á 
nro. continente al generoso Mutis! Somos unos estupi- 
dos, merecemos el anatema de todo el Universo si el 
nombre Augusto de Mutis se separa en adelante de 
nros labios, si no le ñxamos en todos los lugares. Si su 
imagen respetable no se ve sobre el marmol y el bron- 
ce en todas las Ciudad." en todos los Colegios, en todas 
las plazas de nra. America. Ah! ¡que grande es Mutis! 
jQue no tenga en mis manos todas las coronas del Uni- 
verso p.^ acumularlas sobre su cabeza! Mi corazón esta 
agitado, yo no como, no duermo, en tod.^ los momen- 
tos se presenta á mi imaginación Mutis, el sabio, el vir- 



- 152 — 

tuoso Mutis. Ya es pequeño mi corazón p.^ amar a 
hombre tan grande. ^'Ouien pudiera ir de Nación en 
Nación á publicar una generosidad de q.* no tenemos 
exemplos en la Historia? Ilustre sabio, recive estas clau- 
sulas consevidas en los transportes de mi alma conmo- 
vida como la efucion de un corazón tiernam/* agrade- 
sido. Padre mió, si lo repito Padre mió, acabo de reci- 
bir de vra. mano beneficios dignos del Padre mas aman- 
te y tierno. Ya no puedo decir q.* no tengo protectores. 
Sino soy sabio, sino sostengo con honor la gloria del 
hombre iinico q.* tiene la Nación no tengo de que que- 
xarme, toda la culpa se imputará á mi pereza. Esto si, 
ilustre sabio, es proteger las Ciencias, es amar á la Pa- 
tria y á la posteridad. ;Oual es el hombre que derrama 
el oro y la plata á manos llenas p.^ q/ un joven viage, 
se instruya y vuelva á ser útil al común? Ah ¡que raros 
son estos genios bienhechores! ¡Que ingratos hemos 
sido con este Ángel Tutelar de la Nueva Granada! 
¿Quantos años ha que trabaxa en ilustrarnos, en hacer- 
nos felices? Ignorantes hasta no percibir vro. mérito, 
vra. sabiduría, una sabiduría q.* ha resonado en los 
ángulos mas retirados de la Europa. Barbaros, hemos 
creido q.' el ilustre Jvlutis era un hombre común. Ah! 
que suerte la de los hombres grandes! No conocemos 
su mérito sino en su ocaso y el colmo de su gloria está 
decretada á los cien años de enterrados. Si, ilustre 
Protector de los genios Americanos, si Padre de las 
luces q.' hoy poseemos, esta es vra. suerte. Oxala nos- 
hubieramos contentado con una indiferente estupidez, 
habríais seguido tranquilo en colmar de beneficios á 
unos ingratos; pero se os ha disputado la gloria, se ha 
querido arrebatar de vra?. manos el mas bello de vues- 
tros descubrim"^-^. Yo me irrito y me anima el furor 
quando me acuerdo de esta traición hecha p.'^ un hom- 



— 153 — 

bre q.* no merece ser vro. discipulo; pero me desvio del 
grande asunto q.' hoy nos ocupa, 

Ah! día 3 de Abril de 802 te borrarás alguna vez de 
mi memoria? Este dia, dia glorioso y terrible hará épo- 
ca en mi vida. A las dos de la tarde se aparece en mi 
casa un criado del Barón de Humboldt me entrega un 
pliego, conosco la letra del ilustre Mutis, m,i corazón se 
conmueve, abro, veo este nombre J. C. Mutis, mis la- 
grimas asoman, no puedo contenerme, beso esta firma 
respetable, leo ¡Cielo Santo! solo tu eres testigo de lo 
que pasó en mi alma, mis ojos se aniegan, mi garganta 
se anuda, corro como loco, no hallo á un Amigo á quien 
dar parte de mi felic'dad y con quien disipar una parte 
del fuego q.* me abraza, voy á casa de Humboldt, no le 
hallo, vuelvo á la rnia, no atino,, no puedo fixarme en 
nada, lodo es amar á Mutis, todo es admirar su genero- 
sidad. ¡Que cumulo de ideas se me presentan' ¡Que glo- 
riosos trabajos los q * voy á emprender! He aqui al 
mortal mas feliz. Vuelvo á la casa del Barón, le hallo, 
pregunto p.^ el sabio Mutis, p.^ sus cartas. Me contesta 
este Viagero con frialdad, me suprime el asunto'princi- 
pal, me lo niega directam.'^ En los primeros mom.<^*^'^ de 
mi sorpresa creo al Prusiano, ¡Que asombro el mió! Veo 
de letra del ilustre Mutis estas clausulas q.* queda- 
rán eternam.'^ gravad.^ en mi corazón. Se cumplirán los 
ardieiitisimos deceos de V. si mi amadisimo el S^ Ba- 
rón de Humboldt nos franquea su consentimj'". tengo en 
mis manos un quartioso libram.*° Oygo de boca de este 
sabio joven: no me dice nada el S.'' Mutis, no me ha escri- 
to sobre el viage de V. ¡Que distracción tan espantosa la 
de mi ilustre Protector, decia entro de mi! No puede 
ser: vuelvo á reconvenir y á preguntar, reconvengo con 
mi carta, con el libram.'^° La fuerza de la verdad le 
oprime y me dice: Mi Amigo yo he mentido d V. el 



- 154 — 

Sf Mutis me habla á la larga del asunto; pero yo q/ he 
resuelto viajar solo no qiieria dar á V. esta pesadumbre. 
¡Que rayo, que golpe tan terrible sufre mi corazonl Del 
colmo de mi gloria en un mom."-» paso á la melancolía 
ínas profunda y á la desesperación. [Qje reflexión.^ tan 
espantosas me oprimen! Todo el basto edificio de mis 
proyectos se desploma, todo desaparece como el humo. 
jQue contraste el q.* se presenta á mi imaginac.'^l Mu- 
tis zeloso, amante de las Ciencias abre sus tesoros. 
Humboldt amante de un desembarazo pueril le oprime 
el modesto equipage de Caldas, le parece complicado et 
aparato de una persona mas. Mutis se pone en movim.^"* 
escribe, empeña su respeto p.^' ilustrarme. Humboldt 
sacrifica mi fortuna, mi gloria á una comodidad imagina- 
ria. Mutis amante de su especie quiere prolongar sus 
beneficios mas alia de la muerte reproduciendo sus co- 
nocim.t"-^ en jóvenes aplicados. Humboldt me dexa con 
tranquilidad en medio de mis cadenas. Si, ilustre Pro- 
tector mió, estas son las ideas baxo de las quales me 
representaré toda mi vida al ilustre Mutis y á Humboldt. 
Jamas pense q.* un hombre q.® me habia apreciado 
tanto, q.* recogía mis pequeños trabajos con ardor, q.* 
los ponia al lado de los suyos, q.'' me habia hecho un 
elogio en sus diarios superior á mis méritos, que mas 
de una vez habia dcho. q.* era lastima no se me 
protegiera y q.' se me armase de instrum.^o^ q/ ha- 
bia escrito á Popayan p.^ q.^ se me costease á Europa 
sin saberlo yo mismo, q.* me inspiraba ideas gigan- 
tescas y gloriosas de trabaxos futuros, jamas, digo, 
crei q.' me negase su lado y q.^ no me permitiese acom- 
pañarlo al Perú y á México, acabando por franquear 
oñciosam.^* este favor á un joven ignorante, sin princi- 
pios y disipado. Corramos de una vez ^1 velo á este 
misterio. Yo hablo con el hom'ore prudente y reservado 



— 155 — 

q.* ocultará eternam/* lo q.* voy á escribir. El carácter 
de Humboldt y el de Caldas son muy diferentes. El pri- 
mero tiene una viveza q.^ ya toca en inquietud, loquaz, 
amante de la divercion y de la sociedad, el segundo con 
un fondo de actividad conserva un cierto grado de len- 
titud en sus operaciones, tasiturno, de una vida un poco 
austera, y amante del retiro, su semblante freqüen- 
tem.** tranquilo; rara vez risueño no salta, no canta, no 
corre, no lucha. Este es el origen, diga lo que quiera el 
Barón de Humboldt de su negativa: asi lo dixo á un 
Amigo. Si no es asi, ^'de donde la estrechez, las satis- 
face.^ con unos jóvenes q.* no saben sumar, q.^ no co- 
nocen un ángulo.-^ La amistad mas viva, el amor mas 
verdadero no puede igualar al q.' el Barón ha manifes- 
tado en Quito con esta especie de gentes. Este es un 
hecho publico y de que darán testimonio todos estos 
habitantes. Es joven, es extrangero, no es ingles. Una 
conducta severa y tranquila no es del gusto del Barón. 
Bien presto conocí q.' el modo de agradarle era hablar, 
reir, correr. Pero yo no puedo contrahacer mi carácter: 
paso antes p.'' disgustar al Barón. Yo he entrado entro 
de mi he examinado mi conciencia, y me he preguntado 
que haz hecho al Barón p.^ q.* no quiera llevarte á su 
lado.^ No he hallado, ilustre protector mió, no he halla- 
do sino elogios, admiración, pequeños servicios p/ q.* 
no soy capaz de grandes obsequios. Todo lo q.* alega 
p.* eximirse me han parecido mas escusas que razones, 
me ha avergonzado y he resuelto no volver á hablar 
sobre el particular con este viagero.. 

La conducta q.* he guardado con él ha sido esta. Yo 
le he mirado como joven, no he querido abrirle mi co- 
razón, ni mi genio, le he manifestado aquellas cosas que 
me parecían análogas á sus trabajos sin otro fin q.* el 
q.'me advirtiese mis errores y me pusiese en el camino, 



- 156- 

he hablado q.*^° menos ha sido posible p/ q/ no quería 
pasar la plaza de charlatán, le he hecho muchas pregun- 
tas y me he retirado. Yo conoci desde el primer dia q.*" 
nos conocimos q/ nros. genios no eran análogos, y he 
procurado no serle molesto: estoy bien seguro q.* no me 
conoce, y si aventurara sus juicios son pj algunas ob- 
servaciones q.* le he dado, y nada mas. Un dia, recien 
llegado, me leyó un elogio q,* había hecho de mi en sus 
diarios, me franqueo su libro, le copie. Quiero insertar- 
lo á U. no p.^ q.' lo crea verdadero, sino p.^ q.^ vea 
como pensaba de mi este viagero. Después de referir 
una observ." de longitud hecha en Pop." con el i." 
Sat.*^ de Júpiter, perfectam.'' acorde con la de su Chro- 
nometro, dice: «cCe Mr. Caldas est un prodige dans 
l'Astronomie. Né dans les tenebres de Popayan n'ayan 
jamáis voyage plus loin que jusq'a S. Fe il se est cons- 
truit lui memedes Barometres, un Secteur, un Quart de 
cercle du bois. II tire des Aleridiennes, mensure la lat. 
par de Gnómones de 12-15 pies. ¡Que ne ferait pas ce 
jeune homme dans un pais ou il y a des moyens, ou il 
ne faut pas tout apprendre par soi meme! Les ouvrages 
de Bouguer et de la Condamine ont eu une influence 
singulier sur les Americains depuis Quito á Popayan. Le 
sol de ce pais est devenu clasique et on est tente de diré 
qui se raporte au sol natal. L'Audience de Quito á pu 
detruire les Pyramides; mais elle n'a pas realise d'etouf- 
fer cet etincelle de genie qui renait de tems en tems 
dans ce pais et qui etraine dans le carriere q.^ les Bou- 
guers et la Condamine ont ouvert.» Esto escribía ea 
Pop.'^ p.'' un simple ^L S. S. antes de conocerme. Pien- 
so q.' mi moderación lo ha hecho mudar de consepto: 
no estoy plenamente seguro de este punto. Pero hoy 
mismo entró un Amigo en mi casa, y me dice: «No se 
confie V. del Barón: yo he oido q.* decia á N. 'á N. (jo- 



— 157 — 

venes ignorantes y los mismos de que he hablado) Cal- 
das es un tonto y otras cosas de esta especie. No quiero 
creerlo p.'" ahora, p/ q.^ apenas conoce mi interior, y 
este pueblo es abundante de chismes.» 

No será asi mi conducta con mi amado Protector, á 
€l abriré plenam.*^ mi corazón, yo le diré q /° pienso y 
le remitiré mis trabajos. Por ellos y no p.'' juicios siem- 
pre osados debe V. conocerme. Yo seré tonto, no lo ne- 
garé al Barón, pero no tiene en sus manos tontera dada 
p.^' mi. Jamas le he manifestado mis modos de pensar, 
y siempre he oido con respeto los suyos, y he corregido 
los mios. ¡Oxala me hubiera ocultado de el para siem- 
pre. Pero ya no hay remedio. 

Confieso q.^ la noche del 3 fue noche tan espantosa 
p.^ mi como gloriosa la tarde q.* le presedió: le pasé en 
medio de las mas tristes reflexiones, me abuti. Pero es- 
toy repuesto, he vuelto sobre mi, y en el seno de mi des- 
gracia me he conzolado, he enxugado mis lagrimas con 
mi generoso mi sabio Mutis. Nros. caracteres parecen 
análogos y creo que una paz eterna reynara entre nos- 
otros. Todo lo q.* sé de la vida publica y pribada del 
virtuoso Mutis me encanta me arrebata. Tan agradecido 
de V. como resentido del desayre de este Viagero me 
vuelvo á mi Padre, á mi Protector, le muestro mis ca- 
denas y quiero que añada á estos títulos gloriosos el de 
mi Libertador. Si, sabio, generoso Mutis, sacadme del 
abatim.t°, de la ignorancia y de la obscuridad en q.* 
vivo. Yo envejesco en medio de un pueblo bárbaro, y 
32 años de esfuerzos p.* ilustrarme deben compadecer 
al virtuoso Mutis. Esta pasión de saber sin los medios 
de conseguirlo es mi cruz y mi suplicio, entro en furor 
q.* se equivoca con la desesperación. ¿Por que me ha 
dado la Natur.^a este amor á la sabiduría si me habla de 
pribar de los medios de conseguirla.^ Yo soy un necio. 



- 158- 

¿No me ha dado al generoso Mutis? Sí, y he aqui el fin 

de mis angustias. 

Con las lagrimas en los ojos he formado otro plan de 
trabajos y de operaciones q.* debia seguir aqui. El tiem- 
po se me ha estrechado de tal modo q.* es imposible co- 
piarlo: él seguirá en el venidero; alli abro á V. todo mi 
genio, le manifiesto mi interior, todos mis trabajos, to- 
dos mis proyectos: el lenguaje de la verdad se habla en 
el. Remito una muestra de mis operación. ^ p.* q.* V. las 
juzgue con rigor, para q/ decida de la limitación y es- 
tupidez de su autor, p.^ q.* vea si meresco se auxilien 
unos trabajos q." mis émulos sin motivo quieren califi- 
car de tonteras. No soy sabio, este es mi primer co- 
nocimiento; pero me parece q.* lo poco que se, lo poco 
q.* he hecho hasta ahora esta trabajado con cuidado y 
con verdad. 

Ya no existo para mi, todo pertenezco á mi gene- 
roso Protector, de el depende hoy toda mi fortuna y 
mi gloria. ^-Y estando en manos tan benéficas puedo 
dudar un momento de q.* ya tengo un destino análogo 
á mis ideas y á mi genio? ^ique ya espiro p.^ mi el aba- 
tim.^"y la miseria? Cielo santol conservad esta vida tan 
preciosa, prolongad unos dias q.* nos labran nra. feli- 
cidad. Ya que habéis sido tan benigno en dárnosle no 
nos le quitéis apresuradam/** Si, yo quedo pidiendo al 
S.^esta gracia singular, y V. debe estar convensido que 
á nadie cede en amor, en respeto, en reconocim.'^° p.^ 
con V. su afmo. y tiernam.'*' agradecido 

Franc.'" Joseph de Caldas. 

P. D. 

No devuelvo el libram>° de q.* no he hecho uso, has- 
ta q.^ vea V. mi nuevo plan en el siguiente. Si merece 



— 159 — 

su aprobación evitaremos el transporte, si no haré 
fielm.** lo q." me ordene el sabio Mutis. 



S/ D. D. JosEPH Celestino Mutis. 

Quito y Abril 21/802. 

Mi Padre: permítame V. este dulce tratamiento. Son 
tantos los beneficios q.** he recibido de sus manos que 
exceden á los q.* pudiera haber recibido del mas tierna 
Padre. Mi alma esta abrazada con el mas vivo recono- 
cim.^o, no puedo separar un instante al generoso Mutis 
de mi memoria. ¡Que fiel es mi corazón! Quando estube 
en esa ciudad en 796, q.* vi á V. en muchas concurren- 
cias sagradas, olvidando la santidad de los lugares fixa- 
ba mis ojos, meditaba sobre el exterior del sabio Mutis: 
un secreto placer me arrebataba y no me cansaba de 
mirar al padre de nos. conocim.^°^ Si fuera Estatuario 
ó Pintor creo formarla en Quito el retrato del ilustre 
Mutis. Tan fixos tengo en mi memoria los rasgos de 
ese rostro tranquilo y venerable. Quando comienzo á 
hablar de V. me vuelvo inagotable, y es necesario ha- 
cer callar á esta alma agitada, á este corazón recono- 
cido, para poder hablar de otros asuntos. 

Ya sabrá V. la suerte desgraciada de nros. proyec- 
tos. ¡Pero que lexos están del sabio Mutis las causas 
q.^ han arruinado esta empresa! En mi anterior, por 
efecto de moderación y de mi crianza manifesté á V. la 
diferencia del carácter del S.'' Barón y del mió: es ver- 
dadera, no quize adelantar el paralelo y me contenté 
con esto. Pero pensando con mas reflexión sobre ti 
asunto he creido debo hablar al autor de mi fortuna con 



— i6o — 

una franqueza digna de un hijo agradecido. Confieso 
q/ mi pluma se resiste, y solo el amor de mi honor y 
el de la verdad me hacen revelar á V. un secreto abo- 
minable. 

¡Que diferente es la conducta q.* el S.'" Barón ha lle- 
vado en Santafé y Pop.^ de la q.* lleva en Quito! En 
las dos primeras ciudad.^ fue digna de un sabio, en la 
ultima es indigna de un hombre ordinario. El ayre de 
Quito está envenenado: no se respiran sino placeres: los 
precipicios, los escollos de la virtud se multiplican, y se 
puede creer q." el Templo de Venus se ha trasladado 
de Chipre á esta ciudad. Entra el Sr. Barón en esta Ba- 
bilonia, contrae p/ su desgracia amistad con unos jo- 
venes obsenos, disolutos; le arrastran á las casas en 
que reyna el amor impuro; se apodera esta pasión ver- 
gonzosa de su corazón, y siega á este sabio joven hasta 
un punto que no se puede creer. Este es Telemaco en la 
isla de Calypso. Los trabajos Matemáticos se entibian, 
no se visitan las Pyramides, y quando el amor á la glo- 
ria reanima á este viagero quiere mezclar sus debilida- 
des con las sublimes funciones de las Ciencias. Mide 
una bace en las llanuras de Quito, aqui viene el objeto 
de sus ancores, ó el de los complises de sus fragilida- 
des. A veces compadesco á este joven, á veces me irri- 
to. Quando me anima esta ultima pasión me parece que 
veo reanimarse las ¿fenizas de Newton, de Newton que 
no llegó á muger, y con un semblante airado y terrible 
decir al joven prusiano. ¿"Asi imitas el exemplo de pu- 
reza que dexé á mis sucesores.^ ¿'Quieres q.* vro. nombre 
se fixe en el templo de la gloria y en el de la Diosa de 
Atharea? No, la gloria no es debida á un corazón q.* no 
sabe vencer á esa pasión q.^ os domina. Deponed esos 
instrumentos, ved á pasar una vida obscura y afemina- 
da en medio de los placeres. El sentim.*^^ de esta des- 



— i6i — 

gracia me arrastra á estas imaginación.^ Vamos al 
asunto. 

Como yo he freqüentado la casa de este sabio, como 
hemos vivido un mes juntos en una bella hacienda he- 
mos tenido ocasiones repetidas de q.* el conozca mi 
<liverso modo de pensar en materia de placeres. Guando 
se hablaba de ellos yo no podia sino mostrar en mi 
semblante mi disgusto y en sierto modo mi indignación. 
La Provid.^ me dio unos Padres zelosos de la pureza de 
sus hijos, estos afuerza de desvelos enfocaron mis pa- 
ciones, y puedo decir q.* me oprimieron. A los 19 años 
me mandaron á esa Capital á continuar mis estudios: 
cuidaron de darme unos q.* hicieran sus veces en San- 
tafé q.* no les cedian en zelo: entre en otra feliz opre- 
cion. Mis años se aumentaban, y yo contraia un habito 
dichoso de retiro y cierto gusto á la pureza: la Religión 
completó esta obra. Violento hago á V. esta relación 
de conducta; pero hablo á mi Padre á quien debo ha- 
blar con sencillez y con franqueza. 

A V. debo la comparación de nros. caracteres y las 
m.^ ocacion.^ de diferenc.^ El S.^" Barón me juzga severo, 
inflexible, triste. -'Como puedo aprobar sin hacerme com- 
plise? ¿Como puedo reprobar mostrando un semblante 
risueño.^ Este es el origen de la avercion, si asi se pue- 
de llamar el disgusto que tiene el S.'' Barón de mi com- 
pañía: este es el origen de su negativa diga lo que 
quiera, este es el origen de la idea q.* se ha formado sin 
motivo de mi debilidad y de mis aprenciones. V. tiene 
en Santafe á Torres, á Pombo y á Arroyo: estos me co- 
nocen, son hombres de bien ellos dirán á V. si mi cons- 
titución es débil. El S.^ Barón se desmayo en Pitchin- 
cha ¿esta es prueba de fortaleza.^ Desengañémonos ¿un 
viage q.* lo han hecho muchas damas delicadas no 
lo podra hacer Caldas.^ yo no he probado mis fuerzas 



— I62 — 

con este Viager'o ^'como sabe si soy débil? No quiere á 
un compañero silencioso q.* le reprenda sin hablar. Si 
yo viviera en el Paganismo, habria creido q.* Venus 
irritada p.'' q.* no habia querido sacrificar en tcntos 
Templos como tiene en Quito habia excitado esta bo- 
rrasca contra mi; pero vivo en el seno de la verdad, re- 
conozco una Provid.'^ paternal en esta negativa. ¿Quien 
sabe si mi ilustración seria á expensas de mis costum- 
bres? Este es el momento en q.° comienzo á amar mis ti~ 
nieblas. ;Pero mi instrucción está vinculada á la com- 
pañia del Barón de Humboldt? ¡Que triste suerte si fue- 
se esto verdad! No, no está vinculada á su sociedad. 
¡Que verdad tan conzoladora! Persuadido de ella he 
formado una Memoria sobre un nuevo plan de 'viage, 
q.* ofreci á V. en mi anterior, y ahora remito, con otra 
sobre un pequeño descubr¡m.*^° q.* me parece haber he- 
cho en el Termómetro. Si merece la aprobac.^ del sabio 
Mutis, no apetesco la de la Europa. 

El plan del nuevo Viage esta consebido y executado 
con velosidad: debe tener mil defectos de orden, de ex- 
precion, y de objetos. El va á buenas manos, en ellas 
se rectificará. Presenta los proyectos de un joven infla- 
mado p.^ la sabiduría, y p.^" aumentar la gloria de su 
Protector. No he puesto en el sino lo que juzgo propor- 
cionado á mis alcances: puede ser que me engañe, y 
q.' no les desempeñe dignam.'^ Ccntiene algunos repa- 
ros sobre los descuidos del S.'" Barón: no me ha anima- 
do el resentimiento para escribirlos, la cosa es clara y 
V. puede juzgar p.'' si mismo. Desde el principio vi los 
lexos: no he querido formarme de este sabio un rival 
poderoso: he disimulado mi sentim.<^° en el seno de mi 
despecho, le he manifestado el mismo amor p.® se lo 
tengo, el mismo cariño q.^ antes. Si emprendo el viage 
proyectado no creerá jamas este Sabio, q.* lo hace un 



- i63 - 

censor de sus operaciones: nros. descubrim.<^°^ si se ve- 
rifican, se anunciaran al publico simplem.'- y sin nom- 
brar á Humboldt. Si restablecemos la bace, este hecho 
hará la materia de una Carta en q.*^ se lo comunique- 
mos, y asi mantendremos una amistad útil y evitare- 
-mos un enemigo temible. Mis reparos en la Memoria 
q.* dirijo son solam.'^ instructivos, y recerbados á V. y 
á mis mas Íntimos Amigos q.^ son Arroyo y Pombo de 
cuya confianza no podemos dudar. Sus debilidades son 
solo p.^ V. y no las sabrá por mi boca ni el q.® me dio 
el ser. 

Si mi plan agrada al Sabio Mutis, si hago mi expedi- 
ción le daremos á entender á Humboldt q.^ V. insiste 
en el loable pensam."^*^ de q.^ visite las minas de México 
y oyga al Sabio Minero D."^ Faustino D'Eluyar, que los 
demás objetos son accesorios y los presenta la ocacion. 
Asi hablamos la verdad, y no crerá el S/" Barón q.® se 
forme una exped."^ á despecho de su negativa. Si nos 
vemos en México le tratare con franqueza y sin rivali- 
dad, pues no la tengo. En nra. Relación de Viage no 
hablaremos de el sino con el respeto y veneración que 
se merece. 

Yo he suprimido el viage á Lima p.'' que me ha pare- 
sido no tan interesante como el de México, y p.'' evitar 
costos. Las Minas en esta parto están quiza en mas alto 
punto de perfección y sobre todo está D." Faustino 
D'Eluyar. He variado de ruta, he preferido la de Son- 
sonete á la de Acapulco p.^' evitar el temperamento 
destructor de esta, y p.^" vistar á Guatemala y sus añi- 
les; en todo lo demás el mismo que anuncie en mis an- 
teriores. 

He reflexionado sobre los costos de esta expedición 
sobre el tiempo q.* se necesite p,^ concluirla y sobre 
los instrumentos precisos. No he olvidado la poáibili- 



— 104 — 

dad de executarla, y el modo, y sobre todo he hallado 
lo siguiente. 

V. es Astrónomo, es Físico, es Geógrafo, es Botáni- 
co, es todo, posee los ramos de q." trata mi plan, y sabe 
mejor q.^ yo lo necesario q/ es un coobservador. ^-Como 
atender al Telescopio, al Quarto de Circulo y tomar 
el momento en la Péndola? ¿Como hacer fuego en un 
cerro y observar á i ó 2 leguas de distancia? Es de ab- 
soluta necesidad un compañero. En caso de una enfer- 
medad, en caso de muerte, ¿en manos de quien queda- 
ban M. S. S., libros, instrumentos, colecciones? Los tra- 
bajos son inmensos, y sin una ayuda no es posible 
desempeñarlos. Los costos no se aumentan concidera- 
blem.^' y puedo decir q.* en nada p.'' q.* suprimido el 
Viaje á Lima se evitan m.^ gastos q.* se emplearían en 
el coobservador, el viatico seria lo mismo, y asi sin au- 
mentar costos se podria darme un compañero de mi 
genio, y laborioso ¡Ah ilustre Mutis, si uno de esos dos 
virtuosos amigos Arroyo ó Pombo quisieran venir á 
partir conmigo la gloria de servir á Mutis, al generoso 
Mutis! Esta seria la noticia mas brillante, la mas gran- 
de q.^ se me podria anunciar! No necesito de otro apo- 
yo que de un joven de este calibre. Nra. economia, 
nra. moderación será digna de unos jóvenes amantes de 
saber y no de lucir en la sociedad: los costos serán los 
menos q.* nos sea posible. 

He meditado mucho sobre los instrum.<^°^ que exige 
mi plan, y hallo q.^ p.^ las refracciones y posiciones de 
las Estrellas australes es necesario un Quarto de Circu- 
lo de un diámetro considerable, y de un Chronometro. 
La falta de este ultimo instrum."^" hizo malograr las 
mas bellas ocac.^ de observar á Godin, Bouguer, la 
Condamine. ¡Que difícil es montar sobre una monta- 
ña una péndola, ¡que difícil es arreglarlo en medio de 



- i65 - 

unes torbellinos de vientos continuados! A mas de esto, 
^•como determinar con velocidad, con seguridad las lon- 
gitudes de los pueblos, sin tener q.^ esperar una emer- 
cion, un eclypse, raros, y q. apocas veces se consigue un 
Cielo descubierto? El Chronometro es indispensable. Mi 
atrebimiento, mi furor p/ trabajar, la idea colosal que 
V. me ha inspirado de su generosidad, me han sugerido 
los medios. Yo me he dicho á mi mismo: el sabio Mutis 
posee estos instrum.^o^, pueden servir en esta correría 
pueden volver á su sobervia colección sin alteración, y 
con el mérito de haber aumentado la gloria de su dueño: 
no tendrá este sabio embarazo de confiarnos estas alha- 
jas p."^ el tiempo de nra. expedición, de una expedición 
dirigida, emprendida p.^' el mismo y p.^ utilidad común. 

Yo no tengo Telescopio, pero los hay muy buenos 
entre la colección de Maynas cuya lista incluyo. En 
ella se hallan dos, una Péndola, y un pequeño Quarto 
de Circulo con otros menos importantes. Si el sabio 
Mutis hace presente á ese Virrey el objeto y la impor- 
tancia de esta expedición, si hace veer q.^hace muchos 
años que están abandonados, q.' no se pienza ya en di- 
vicion de limites, se podrá obtener una orden p.' q.® se 
nos confien estos instrumentos en calidad de empréstito. 

Yo poseo algunos pocos q.* pueden servir: un Micros- 
copio, un Octante, dos Term.^ algunos tubos de Baró- 
metros, una Aguja: si á estos se añade algo, no tenemos 
q.' apetecer, ni que decear. 

Lo mismo digo de algunos libros preciosos, ellos vol- 
verían con aseo á la inmensa Biblioteca del generoso 
Mutis. Una Astronomía de Lalande, un D.^' Luc, algu- 
nas Tablas, los trabajos de la Caille eh el Cielo Austral, 
el Almanaque Náutico, algo de Botánica, principalm.** 
en la parte científica p.* perfeccionar nras. descrip- 
ciones, un Buffon, algunos Mapas. 



— j66 — 

Estas son mis ideas, estos los pensamientos q.* me 
ocupan. En ellos vera V. mi calor, verá el amor ver- 
dad." que le profeso. Conosco q.* soy joven, q.^ mi en- 
tusiasmo me puede arrebatar y proponer delirios: V. 
lleno de prudencia y de sabiduria refrenará mi activi- 
dad, quitara, añadirá, ó arruinara mis imaginaciones.' 
Como dé gusto á mi Benefactor, todo lo demás lo miro 
como nada: este es mi objeto principal, aquel p.'' q.' 
suspiro. La letra, el desorden de las ideas todo le mani- 
festaran á V. la velosidad con q.* formo estos borro- 
nes, el correo parte y yo no puedo hablar mas con mi 
Protector, mi Padre á quien profesa un amor digno de 
este nombre su afmo. su admirador, su tiernam.*' agra- 
decido, 

Fran.^" Joseph de Caldas. 

S.'' D. D. Joseph Celestino Mutis. 



Quito y Mayo 6/802. 

Mi Protector: quando V. vea esta sabrá las verdade- 
ras causas de mi desgracia, sabrá el plan de mis nue- 
vas ideas, de tstas ideas q.^ me arrebatan y que me in- 
flaman. Ahora añadirla otras muchas bien importantes 
á las q.* contiene mi Memnrii sobre el plan de Viage; 
pero V. es demasiado sabio p.^ penetrarlas, y no nece- 
sita de q.^ yo las apunte. 

El S. Barón de Humboldt me propuso compra de su 
excelente Qiiarto de Circulo q.* mantiene en Guayaquil. 
El corazón me palpitó al oir esta oferta ventajosa. Un 
montón de pensamientos se apiñan en mi cabeza en ese 
momento. ¿-Llegaré á poseer esta obra maestra deBridf 



- i67 - 

He aqui un instrum.*" necesario á mi plan, ya no se ne- 
cesita q.* el sabio Mutis se deshaga del q.* posee, se ha 
ahorrado un transporte difícil y costoso, yo puedo co- 
menzar mis trabajos sobre el cielo austral, sobre las 
refracción.^ astronómicas, puedo llegar antes del 20 de 
Junio, puedo hacer una observ." solsticial, puedo..... 
Ah! que grande pensamiento! Puedo observar p.^' mucho 
tiempo la distancia de E de Orion al zenit de la Torre 
de la Merced de Quito con un instrum.*' que da las al- 
turas entro de dos segundos; puedo hacer igual obser- 
vación en la Torre de la Catedral de Cuenca. La impor- 
tancia de estas des obscivaciones debe conmover á 
Mutis. Los observatorios de Mira y de Cotchesqui, 
igualm.*^ q.® el de Tarqui se perdieron para siempre. 
Situados en unos pueblos miserables q/ mudan de for- 
ma todos los años, se ignora el lugar en q.^ adquirieron 
tanta gloria Godin, Bouguer, de la Condamine, Juan, 
Ulloa. En toda la extencion de la meridiana no hay 
mas q.^ dos puntos conocidos, la Torre de la Merced 
de Quito y la Torre de la Catedral de Cuenca. Por for- 
tuna p.' las Ciencias ligaron estos Astrónomos á su serie 
de triángulos estos dos edificios: están ventajosam.*^® 
situados, el uno al extremo austral el otro al boreal del 
arco medido. Se puede, casi sin trabajo restablecer la 
medida astronómica con un instrumento aunq.* de me- 
nor radio q.^ el Sector de q.*' se usó, pero de mayor 
precisión. Si restablescmos la bace de Yaruqui, si ob- 
servamos la distancia de.E de Orion y la mano de An • 
tinoo al zenit de las dos Torres, si fixamos la altura de 
Caraburú, y la eleva." media del mercurio al nivel del 
mar Pacifico puede creer el sabio Mutis q.' ha hecho 
mas que esos cinco héroes de la Astronomía y puede 
añadir á su corona este nuevo laurel. Se dice q.^ el 
Obpo. y Cabildo de Cuenca piensan en erigir una nue- 



— i68 — 

vá Catedral en el lugar de la antigua. Yo he temblado 
con esta noticia terrible p.^ las Ciencias. Perdida la To- 
rre de Cuenca se perdió p.* siempre la medida Astronó- 
mica. Yo habria ya hablado á su Prelado, habria for- 
mado una Memoria sobre la importancia de. conservar la 
Torre, pero no se me oiria sino como á un visionario. 
Los q.* no cuUiban las Cieñe. ^, los q.* apenas han oido 
á sus abuelos qJ allá en la antigüedad vinieron unos 
Franceses, qJ subían á todos los cerros á buscar minas, 
que hallaron el Punto fixo, q.^ midieron la Plaza, con 
otro montón de desatinos, ¿como pueden oirme con ín- 
teres y con agrado? Un Obpo. que cree que la Tierra es 
un plano inmenso, p/' q.® en su niñez se lo dixo asi un 
Piloto de S." Buenabentura, q.* aconseja Barómetros de 
espíritu de vino como más sensibles ¿'conservará la To- 
rro de Cuenca? Ah! ilustre sabio, las tinieblas se espe- 
san en la Nueva Granada en razón de la distancia de los 
lugares en q.* ha existido Mutis: la parte meridional del 
virrey nato esta mas barbara q.* la boreal. Yo los dis- 
culpo, quando hicieron sus estudios aun no habia veni- 
do Mutis, el padre de nros. conocim.*^^^, al Reyno. Seria 
del cuidado de los executores de este viage hacer pre- 
sente al Gov.° la necesidad q.* hay de conservar esta 
Torre, mas preciosa mas interesante, mas celebre q.* las 
de Piza y Sevilla. Nra. medida astronómica estarla en- 
tro de dos segundos de diferencia con este Quarto de 
Circulo, quando la de los Astrónomos va hasta 5.0 con 
un Sector de 12, y otro de 20 pies de radio. 

Este precioso instrum.*» tiene otra qualidad digna de 
la mayor atención. El brazo en q.® esta el anteojo fixo 
tiene un gran nivel de ayre, p.^ ponerle horizontal, y 
todo el cuerpo del Ouad.*^^ ge fixa solidam.'^ á un pie 
robusto p.^ una maquina cuya descripción estaría aqui 
de mas. Una alidada armada de otro anteojo rueda so- 



— 169 — 

bre el limbo con doble Nonio, y doble divicion, una en 
90°, otra en 95°. Esta alidada con el nivel inutiliza el 
perpendiculo ó aplomo siempre undulante. He aqui un 
instrumt.** á cubierto de los insultos del viento: en medio 
de los mas impetuosos se puede observar con tranquili- 
dad y firmeza: he aqui burlado el mayor enemigo de las 
observaciones, según la exprec."^ de la Condamine. Una- 
mos un Chronometro á esteQuarto de Circulo: podemos 
desafiar á los mas fuertes torbellinos: nada turbara 
nras. observación. % y nos admiraremos al veer nra. 
tranquilidad en los mismos lugares, y baxo las mismas 
circunstancias en q.* casi desesperaron los mayores As- 
trónomos del siglo pasado. ¡Que seguridad, que venta- 
jas las q.* ofrecen estos instrum.^'^^ p.^ perfeccionar las 
refracciones astron.*^^' en todos los niveles! 

En vista de todo esto concideré de la mayor impor- 
tancia tomar este Quarto de Circulo, p/ q.^ sirviese en 
nra. exped.° en caso de aprobarse p.^' el sabio Mutis, 
Contesté al S."^ Barón q.* lo tomaba: pregunté su precio^ 
me respondió q.® en Europa le habia costado 300 p.^ y 
que habia impendido mucho en su transporte: 0/ p.^ 
400 p.* lo dexaria en mis manos. En el momento le ha- 
bría entregado esta suma si mis facultades fueran capa- 
ces de ella; pedi tiempo p.^ solicitar el dinero, y p.'' 
pronto remedio ocurri á un amigo á Pop.'^ mientras te- 
nia tiempo de dar esta noticia á V. aun no es tiempo de 
recibir su contestac.° y temo mucho no me socorra. En 
todo lance creo consentirá el Sr. Barón en dejarme esta 
alhaja ofreciéndole poner su valor en Lima ó Guaya- 
quil. Apesar de estos apuros no me he atrebido á hacer 
uso de la libranza que.tengo en mi poder, sin una orden 
expresa de U. 

Ya habrá visto V. p.^' mi antesedente lo necesario q.^ 
rae es un compañero p.* el desempeño de esta comicion: 



— lyo — 

yo apunto á V. uno de mis virtuosos amigos Arroyo, 
Pombo: he conciderado las dificultades y las diversas 
carreras de estos dos jóvenes amables é ilustrados y 
creo no es posible quieran venir á partir con migo la 
gloria de servir á V. Acabo de recibir una de Cartage- 
na en q.* me abisan q/ el sobrino de V., este amable y 
modesto joven acababa de llegar á este puerto, y q.* 
partia p.^ Santafé. Yo felicito á V. de la suerte de esta 
victima de la calumnia escapada, y fclizm."" restituida 
á casa de su virtuoso y sabio Tio. ^"Xo seria ventajoso 
á la Esp." Botánica, q.*' este miembro suyo viniese á 
desempeñar en mi compañía una comicion tan honroza? 
Yo recibirla muchas luces de este joven, le amarla como 
á una persona q,* toca tan de cerca á mi ilustre Protec- 
tor, se acabarla de formar, no con mis luces, sino con 
la vista de lo mas grande y mas suntuoso q.* tiene la 
America, y con el trato de D'Eluyar. V. tendría la dulce 
satisfacción de vcer volver al ñn de dos años á unos 
jóvenes cargados de los despojos de ambas Americas á 
ponerlos á los pies de su Protector, y á completar la 
grande obra de su ilustración al lado de un hombre tan 
grande y tan virtuoso. Quien sabe si al fin de una ca- 
rrera tan ilustre, pudiera V. dexar al Nuevo Reyno en 
herencia dos sabios jóvenes, q.* imitadores de los ta- 
lentos y de las virtudes de V. prolongasen sus benefi- 
cios mas alia del sepulcro. Yo quizá frustraré estas dul- 
ces esperanzas; pero debemos ponerlas en mi amado 
Sinforoso, á mi me quedaria á lo menos el honor de 
haberle acompañado. 

Quando me acuerdo q.^ V. ha dicho al S.'' Barón q.* 
si no tiene por conveniente llevarme á su' lado, me lla- 
marla á Santafé para unirme á Zea y á su amable So- 
brino incorporándome en su Exp." comienzo á veermis 
proyectos con tibieza, y el viage á México se me pre- 



— lyi — 

serrta como una eternidad: yo quisiera abandonarlo todo 
p/ poseer á Mutis Alil :si esta fortuna q.' hasta aqui 
ha sido tan contraria á mi ilustración estará esperando 
elevarme al lado de este Linne del Nuevo mundo? ¡Ten- 
dré el hoiiOr, tendré la gloria de servir á esta alma 
grande y generoza? Dichoso si lo consigo, y mil veces 
■mas dichoso si asierto á dar gusto á un hombre tan 
.grande y tan amado p.^ mi. Estas paciones contrarias, 
estos deceos incompatibles me agitan. Yo quiero volar 
á Santafé, quiero trabajar en Quito, en México, en Ha- 
bana: quiero gozar de la presencia de Mutis, quiero 
viajar. V. es mi apoyo, en esas manos sabias pongo mi 
suerte, yo haré lo que se me ordene, y como obre, como 
mis operación. s agraden á mi Benefactor, me es indife- 
rente todo lo demás. V. es el arbitro absoluto de mi for- 
tuna, y de mis acciones, mande V. que será obedecido, 
y respetadas sus orden.^ por el mas agradesido y entu- 
siasta admirador, 

Franc.''° Joseph de Caldas. 

S.'' D.'' D. Joseph Celestino Mutis. 



Quito y Junio 21/802. 

Mi Padre: si, á V. combiene en todos sentidos este 
dulce tratamiento. Seria yo un ingrato si lo reusara 
al generoso Mutis. Ah! no puedo traer á mi memoria lo 
q.* debo á V. sin conmoverme. ¡Que grata me es la me- 
moria de Mutis! El fuego q.* me anima lo he comuni- 
cado á quantos me rodean. Ya tiene V. á todos mis 
amigos y á tod.^ mis conocidos p.'' sus adoradores. No 
puedo dcxar de hablar y de pensar sobre el objeto de 



— 172 — 

mi amor. Este acaba de inflamarse con la ultima de- 
V. de 21 de Mayo. ¡Quanta es la bondad, quanta es la 
sabiduría de esta preciosa carta! La leo, la releo, 
no me canso de leerla y quiero grabar sus expresiones 
sobre mi corazón. Ilustre Sabio ¿como pudiera volar á 
Santafé á besar esa mano bien hechora, y autora de mi 
felicidad? ¿Como pudiera pintar sobre este papel, el 
amor, el reconocimiento, y el fuego q.' me anima? Yo 
escribo, y no quedo contento: toda expresión es inferior 
á mis sentim.^°^ ¿Yo sabré reconocer, y sabré correspon- 
der á tanta bondad? Tiemblo, me irrito contra mi mismo 
al verme tan inútil y tan nada para recompensar al 
virtuoso Mutis. Mi caudal, con el que pagaré esta 
inmensa deuda, es mi corazón. Dispon de él^ Sabio ge- 
neroso, yo no existo ya sino p ^ Mutis. Voy á hacer 
callar á mi coraz."^ p.» poder hablar sobre los otros 
objetos q.^ nos ocupan hoy. 

El S.'" Barón de Humboldt partió de aqui el 8 del 
corriente con Mr. Bompland y su Adonis, q.^ no le es- 
torba p.** viajar como Caldas. Yo he mantenido hasta el 
mom.*^o de nra. despedida una buena armonía con este 
Viagero. Creo no tendrá de q.* quexarse, si no me hace 
injusticia. Yo he observado con el mayor cuidado sus 
pasos, y he visto gran parte de sus M. SS. En las vis- 
peras de salir de aqui visitó una Pyramide (la de Cara- 
burú) con una velocidad increíble. En 26.^' se hizo toda 
la exped." y solo se traxo p."^ fruto, q.^ existía el qua- 
dro de los cimientos, ignorando si en su centro se halla 
la muela de molino, q.* es el asunto principal. El señor 
Barón ha escrito mucho sobre este punto, y creo que 
el exacto y verdad." de la Condamine no sale muy bien. 
Yo deseo leerla causa q.' existe en el Archivo secreto de 
esta Audiencia y q.* no se franqueo al Barón para recti- 
ficar m.^ ideas falzas de que esta imbuido este Prusiano. 



— 173 — 

Como la causal q/ ha dado p/ no franquearme su 
lado ha sido q.* mi semblante es severo, y mi trato 
poco afectuoso y seco, no quise molestar su delicadez 
con mi presencia, y me escusé acompañarlo en su pri- 
mera subida á Pitchincha, y Cotopaxi. Creyó el S ^^ Ba- 
rón que eran efectos de mi sentim.*^^ p/ su negativa, y 
procuró de todos modos contentarme, de modo q.® al 
ñn de su mancion en Quito me ha hecho mil exprecio- 
nes, visitas, elogios, y procurado dexarme satisfecho. 
Yo le amo, pero he sentido este desayre, q.' no curará 
con nada este sabio. 

Pasó un dia personalm.*^ á mi casa á convidarme 
p." una segunda subida á Pitchincha, ponderándome la 
importancia de veer de cerca á este Volcan. Esta habría 
sido la ocasión de explicarme con el; pero no quice, 
acepté el convite y lo segui. Jamas me pesará haber 
hecho esta pequeña expedición. ¡Que espectáculo! Figú- 
rese V. una boca de cerca de 2.000 v.^ de diámetro, 
cuyos bordes destrosados, y negros presentan la imagen 
del Chaos: que á 500, ó 600 v.^ de profundidad se ve 
elevarse una llama azul con mucho humo: que de rato 
€n ralo tiemblan las rocas. Apenas hay p.^' donde acer- 
carse á este lugar de horror y de espanto, q.* no se vea 
al observador cercado de peligros. Es necesario subir 
sobre la nieve, p.'' q.^ toda la boca está cercada de ella, 
y en mas de una parte se forma en falzo entre dos rocas 
vesinas. Yo he visto al Barón en punto de pereser, y 
dar m.*^ pasos sobre una bóveda de nieve en la orilla 
del precipicio. Un indio q." le presedia libro esta pre- 
ciosa vida de la muerte. Yo seguia de cerca al Barón, y 
los dos fuimos los primeros q.* tomamos la cima. Este 
Viagero tiene corage, pero lo vi temblar en la extremi- 
dad de la roca. Yo partia con él el peligro, no menos 
temeroso: le ayude á hacer la observ." del Barom.° y 



— 174 — 

descendí. Mr. Bompland cayo en deliquio 3 veces,' y 
me acordé q.® este me habia dho. q.^ no se me llevaba 
á Lima y México p/ débil. Tube la satisfacción de que 
viese el Barón que no era Dama y sabia escalar las 
montañas mas terribles, pero yo me desvio de los asun- 
tos que hoy deben ocuparnos. 

Mi Memoria sobre el plan del viage no la debe usted 
considerar sino como los pioyectos de un joven fogoso 
q.* desespera p/ trabaxar en el progreso de las ciencias, 
y q.* la pone en mano de un Padre prudente p.* q.* les 
limite, corrija, y suprima. Las sabias reflexión.^ de usted; 
los conocim.*^^ políticos de las cosas de la Corte; las 
grandes miras de un segundo viage á las islas y Nueva 
España; con todo lo mas q.*' contiene la bella carta de 
V. esta llero de sensatez y de prudencia. Yo le acepto 
con todo mi corazón, y he resuelto ponerle en practica 
q.^° antes: cada clausula es un canon de conducta pre- 
ciosa. Si, ilustre Sabio, Caldas le va á observar con 
escrupulosidad, no se separará de ella en nada, sin un 
orden expreso de su generoso benefactor. 

Actualm.*® me ocupo en la observac." del solfticio 
q/ se verifica entro de dos dias. Asi q." le concluya 
comienso sin la menor dilación á recorrer todas las cer- 
canias de Quilo, y á acopiar y describir todas las plan- 
tas q.** se me presenten. La Botánica hará el primer 
objeto de mis investigaciones, y q.® no sedera á ningu- 
no de tantos como contiene mi Memoria. Las observa- 
ciones barométricas, asi las q.^ tienen por objeto el 
periodo nocturno, como las del calor del agua ocuparan 
el segundo. Por lo q.^ mira á aquel ha m.^ años q.® ha- 
bia potado q.* de 6 á 8 y aun 9 de la noche comensaba 
á subir; pero no habia pasado de aqui hasta q.® el señor 
Barón me habló sobre el asunto. Mi genio amigo de 
verificar con una experien.^ seguida y constante quan- 



-- 175 — 

tas ideas leo y me dicen, me empeño en velar al lado 
de mi Barom.°, y vi q.* es fuera de toda duda el perio- 
do nocturno, y q.* se verifica como el diurno. No estoy 
bien determinado sobre la hora: de su mayor elevación 
y de su menor; pero una serie de observación.^ me lo 
enseñará dentro de poco tiempo, y de todo daré á usted 
cuenta en forma de Memoria p.^ el deposito de la Expe- 
dic." como V. me insinúa, ó como paresca mejor á mi 
generoso Benefactor. V. es dueño absoluto de hacer lo 
que quiera de los materiales q/ remito; yo no deseo 
otra cosa sino q,* cedan en honor del sabio que les pro- 
texe y sostiene. Si soy capaz con mis exfuerzos de 
añadir un átomo á la gloria de Mutis están recompen- 
sados mis trabajos, y no quiero otro premio. Hablo á 
V. con toda la sinceridad de mi almia. 

Estoy contento con el plan de viage q.^ V. se ha dig- 
nado proponerme; no veré á México, y no partiré de 
Quito hasta q.^ V. me lo mande. Nada tema V. de mi 
obediencia, esta es ciega. En el plan modificado puedo 
verificar casi todos los grandes objetos q.^me he pro- 
puesto. Las elevaciones del mercurio al nivel del mar, 
en una palabra, todo lo relativo á este genero queda per- 
fectam.*^ desempeñado en Guayaquil, Panamá, Porto- 
belo, y Cartagena. Yo creo q.^ seria mas ventajoso á 
esta expedición no partir de Guayaquil directam."" á 
Panamá, sino á S. Buenabentura, é internar algún tanto 
en el Chocó, p.'" el numero inmenso de plantas, y en 
especial de palmas que se dice hay en estas regiones. 
Este pequeño desvio nos pondría en posccion de unas 
riquezas considerables, y todo se reduce á un mes mas. 
Me parece que invirtiendo los seis meses próximos en 
Quito y sus alrededores puedo, después de observar el 
Solsticio del inbicrno en Diciembre, partirá Guayaquil^ 
y en otros 6 meses estar en Santafé, y en el Junio de 



— 176 — 

8o3 presentarme á mi Benefactor. ¿Seré tan feliz que se 
conceda esta gloria? Ah! deceo este momento con una 
intención que no puedo explicar. 

La Astronomía, este precioso ramo, nada tiene de 
incompatible con la Botánica, y esta circunstancia me 
hace amar estos trabajos con entusiasmo. Las noches 
consagradas al descanso, me llaman á grandes é impor- 
tantes trabaxos. El cielo austral esta sobre mi horizonte 
y puedo perfeccionar y fijar muchas estrellas. Si hallo 
una nueva q.* no pertenezca á alguna constelación le 
pondré el corazón de Mutis. ¿No tenemos el corazón de 
Carlos? ¿Pues porque no ha de haber en el cielo el co- 
razón del Sabio y del virtuoso Mutis? Yo habria comen- 
zado ya á trabajar sobre esto, si la partida del vSr. Barón 
no me hubiera pribado del bello Atlas celeste, q.* traia. 
El pequeño planisferio de la Caille no basta, es nece- 
sario el grande q.^ publico este Sabio Astrónomo, redu- 
cido á un gran pliego. Yo suplico á V. q,^ si lo hay en 
su famosa Biblioteca, me lo confie p.* mi expedic.'^. 

Está ya en mi poder el Quarto de Circulo del S.'' Ba- 
rón, y estoy trabajando con el. Con este bello instrumen- 
to, con mi octante y con dos mas instrumentos que voy 
á decir tengo qto. necesito para hacer con honor mi ex- 
pedición. No se puede creer q.*° he trabaxado p.'' con- 
seguir una péndola. Un reloxero de esta Ciudad pose 
el de Mr. Graham q.<^ sirvió para la divicion, digo, de- 
terminación del grado antiguo al Equador: le compró 
por un huevo, y cree tener la bienaventuranza en el. No 
<luiso prestarlo apesar de los empeños q.^ he hecho, y 
para no estar ocioso, y perder la ocacion de observar 
el Solsticio baxo del Equador, me he valido de una 
péndola inglesa en q.^ suprimí el rodaxe de la campa- 
na y diario y le dexé verdaderam.<^« astronómica. Con 
esta observo actualm.*^. Me es pues de la mayor nece- 



— 177 — 

-sidad una medida del tiempo. Las péndolas p/ buenas 
<q/ sean no se pueden arreglar sino con mucho tiempo 
y trabaxo, son del transporte mas difícil, é inútiles en 
m.s casos. V. posee dos Cronómetros, confie uno á mis 
manos, el volverá con la misma integridad á Santafé: 
bien acondicionado, entro de una gruesa atmosfera de 
Jana ó algodón puede llegar ileso aqui. 

Con el mas vivo dolor veo perderse centenares de 
ecl3^pses de los Satélites de Júpiter pS falta de un Teles- 
copio de mediana fuerza. Ah! si V. se resolviese á unir 
al Chronometro un Telescopio no tendría q.*^ decear. 
Con estos dos instrum.^°^ y los q.^ poseo estaba yo 
bien provisto. Medite V. este punto y no dudo q.^ se 
resolverá á hacer este sacrificio en beneficio de nuestra 
Geografía. 

El correo va á cerrarse y no puedo ser mas largo: en 
el venidero daré cuenta de todo lo q.^ haya trabajado. 

Deceo q.^ Dios N. S. gue. la imp.^- vida de V. y que 
me mande como al mas afecto, y reconocido Q. B. S. M. 

Fran.co Joseph de Caldas. 



S.« D.'^ D.- Joseph Celestino Muris. 

Quito y Julio 6/802. 

Mi Padre tierno: este será el tratam.^^ conq.* me hon- 
re toda mi vida, y este el q.* daré á V. mientras viva. 
Ah! seria un monstruo de ingratitud sino obrase de esta 
manera. Cada correo esta señalado con un beneficio de 
sus manos y parece que el ilustre Mutis no se ocupa 
sino en hacer feliz á Caldas. Virtuoso Sabio, ha 15 dias 

12 



- 378 - 

q.* lo soy, y no cambio mi suerte p.'' la de Humbold: Si, 
15 días ha q.^ trabaxo para la Expedición de Bogotá, 15 
dias q.* vivo ya unido para siempre con mi amado, con 
mi respetado Mutis. Voy á dar á V. cuenta de mis ope- 
raciones, y de q.*'^ ha hecho Caldas en estos pocos dias. 
Esta cuenta, á mas de imponer á V. de mis ideas y de 
mis trabaxos tienen otra utilidad importante., y es el q.^ 
V. las corrija, el q.' me dirija desde Santafé p.* q.*esta 
Expedición sea digna del Autor de la Flora de Bogotá. 

Ya dixe á V. en el pasado q." me hallaba ocupado 
con el Solsticio del verano, y ahora pongo en noticia 
de V. q.'' le concluí felizm.*^ Aun no puedo sacar to- 
das las consequencias de q.* es susceptible esta ob- 
servación p.'' q.^ aun no he tenido tiempo de calcular, y 
p/ q.* me son desconocidas las refracción. ^ al nivel de 
Quito. Espero hacer muchas de este genero en las be- 
llas noches de Julio y Agosto y completar, esta obra 
con la observac." del Solsticio del Ynvierno próximo. 
V. sabe q." aun ahora podria concluir la máxima decli- 
nación de la Eclíptica, pues me es bien conocida la la- 
titud de Quito, p.'" las observ.^ de los Académicos y p.'" 
las mias; pero este método no satisface á un Astronom.o 
escrupuloso, y rae expondría á objeciones fundadas: yo 
me recervo p.* Diciembre, y no ocuparé ahora la aten- 
ción de V. con esto. 

Asi q.^ le di fin á mis trabaxos solsticiales, entré en- 
tro de mi mismo y me dixc. Hastahoy has trabajado p.'' 
afición y p.^ gusto: desde hoy es ya una ocupación nc - 
cesarla, ya no puedes disponer de tu tiempo á tu gusto; 
este y todo yo pertenesco al sabio Mutis: es preciso 
aprobechar el tiempo, y dedicarme á los objetos q.^ este 
sabio ama con preferencia. Con estas disposiciones, tomé 
la libranza é hice uso de ella. El primer gasto q.* he 
hecho fue tomar una resma del mejor papel que he po- 



— 179 — 

dido conseguir, por q.* esta caro y escaso. Hize enqua- 
dernar m.'* libros en blanco: al primero he puesto p."" 
título Descripciones de plantas: al 2.° Relación de imvia- 
ge proyectado y á expensas del Celeb. Direct.^ de la ex- 
pedición Botánica de Santafé á Quito, Guaj/aqJ Pana- 
má, Portobelo, Cartagena y Santafé. En este ha comen- 
zado !a historia y el origen de este Viage, y con- 
tinuo con el diario circunstanciado de mis operacio- 
ciones y observaciones en usos, costumbres, carácter, 
política, temperam.*° y producciones naturales de los 
pueblos p/ donde voy á transitar. El 3.° tiene p.'' titulo 
Observación.^ Meteorológicas. Aqui va todo lo relativo á 
Meteoros, y nras. observ.* favoritas sobre el Term.° y 
Barom.° No puedo dexar de decir loque he hecho hasta 
aqui en este particular. Arreglé una péndola astronómi- 
ca que he podido conseguir p.^^ alturas correspond.^^^ 
del Sol: rectifiqué mi Barom.° y el 1.° de Julio destiné 
á mi observación sobre las mareas atmosféricas: coloqué 
un Termom." al lado del Barom." y otro comparado con 
el primero al ayre libre y á la sombra. Dadas las 12 de 
la noche del 30 de Junio consulté á estos instrum/*^^, y 
segui haciendo lo mismo de hora en hora hasta las 12 
de la noche siguiente: yo tengo ahora la satisfacción de 
remitir á V. una tabla de esta observa.^ y q.^ vea el 
sabio Mutis verificados en Quito sus modos de pensar: 

Observación hecha el i.° de yulio de 1802 en Quito. 

Hor.' verdader.s. Alt.^ del B. Term.°ane. Term.° lib. 

12 n. 20P I>, 30 57°, 5 ó-^, 9 

1 m. I , 30 57 , o 6,9 

2 m. I , 10 57 , O 6,5 

3 m. I , 05 56 , 5 6,2 

4 m. O , 95 56 , 5 6,2 

5 m. O , 90 56 , O 6,0 

6 m. o , 90 54 , 9 5,8 



1 8o — 



Hor.s verdader.s. 


Alt. s del B. 


Term.o 


ane. 


Term. 
6 


>Hb. 


7 m. 




, 10 


55 


.7 


5 


8 m. 




, 10 


56 


, 


7 


8 


9 m. 




>30 


56 


,0 


10 


5 


10 m. 




>30 


56 


,5 


II 


2 


II m. 




, 30 


57 


, 


II 


8 


12 del día. 




> 15 


58 


, 


12 


4 


I t. 




, 00 


58 


,5 


13 


, 2 


2 t. 





,90 


59 


) 


14 


, 


3 t- 





.75 


59 


,3 


12 


9 


4 t. 


O 


,70 


58 


,8 


II 


. 9 


5 t- 





wo 


58 


>9 


II 


6 


6 t. 





,8o 


57 


.5 


10 


, 4 


7 "• 





,90 


57 


,8 


9 


> 5 . 


8 n. 




, 10 


^7 


, 


9 


) 


9 n. 




,30 


57 


, 


8 


> 2 


10 n. 




> 30 


57 


,0 


8 


, 


II n. 




•30 


56 


,8 


■ 7 


, 5 


12 n. 




>30 


57 


,0 


7 


, 8 



Esta observ." la he querido hacer con este rigor, p/' ser 
en una materia nueva. De ella se infiere q.^ en el perio- 
do de 24I» hay dos fluxos, y dos refluxos, el uno de dia 
y el otro p.^ la noche: q.^ el mayor abatim.*'^ es á 
las 5 de la mañana y á las 5 de la tarde: que la 
mayor elev." se verifica á las 9 de la mañana y á 
las 9 de la noche. Parece pues q/ estos fluxos y 
refluxos se verifican á iguales distancias de sol al 
meridiano: es decir al circulo entero, y no como co- 
munm.'^ se entiende el semicirculo q.* está sobre nro. 
horizonte. A las 9 de la mañana dista el Sol del meri- 
diano superior 3'' y á las 9 de la noche dista también 
3^^ del meridiano inferior: á las 5 de la mañana dista 
del meridiano inferior 5^^ y la misma cantidad dista del 
superior á las 5 de la tarde. ¿Tendrá el Sol influxo en 
estas mareas? Estas son las conseqüencias q.* legiti- 
mam.*^ se infieren de los hechos, y las q.* pongo en ma- 
nos de V. La experiencia nos dirá aun mas, y tal vez 
suministraré hechos seguros, y experiencias exactas 
p.^' q.*" el Sabio Mutis nos dé la tcoria verdadera de es- 



— i8i — 

tas mareas. Oxalá V. se dignase comunicarme sus ideas 
sobre este bello punto de fisical Ellas me servirían de 
guia en mis trabajos, y quedarían absolutam.*^ reserva- 
das, hasta q.* V. las publicase. Como la bondad de V. 
para con migo es tanta q. •" no le hallo limites, como un 
Sabio del orden de V. se ha dignado comunicarme sus 
planes y sus miras sobre varios puntos en la Carta ulti- 
ma, q." me honrará eternam"* , yo quiero tratar á V. con 
la misma franqueza de q.^ me ha dado el exemplo, y 
voy á proponer á V. lo q." he pensado sobre este pun- 
to. Creo q.* debemos averiguar también la dirección de 
las corrientes de estas mareas. Yo ignoro si vienen de 
Oriente hacia Occidente, ó de Occid.'^ á Oriente. No 
creo que se verifiquen de Norte á Sur, ó de Sur á Nor- 
te; pero no puedo hablar con firmeza hasta que buenas 
observ.^ no nos den luz. El modo mas fácil y quiza 
único de averiguarlo seria que un observador inteligen' 
te arreglase p.^ alturas corresp."^ una péndola en San- 
tafé, ó ajustandola á una .Meridiana (pues i' no es de 
consequenc* en este genero de observ,^ p/' q.® el Ba- 
rom.° no varia cantidad sensible en este espacio), y 
seguir p.^' un convenio anterior la marcha del Barom.* 
en esa Ciudad, y en Quito. Es claro q.^ estando Santa- 
fé mas oriental q.' Quito, si se verifican, como lo creo, 
á la misma hora p.^ nras. péndolas ajustad.- á nros. 
meridian.s las variac.^ en el Barom.° la marea atmosfé- 
rica ha arribado primero á Santafé q.* á Quito, p.^^ q." 
primeio fue medio dia y todas las horas en esa q.^ en 
esta: p.'^ consiga* la marea tiene su curso de Oriente á 
Occ.^' No puede suceder esto si su curso es de Occ.*® á 
Oriente. En este caso primero debe llegar á Quito y 
mucho después á Santafé, y las horas lo indicaran se- 
guram.'^ Si acaso, lo q/ no espero, se hacen de Sur á 
Norte la marea llegará primero á Quito en 13' de latit. 



— Ib2 — 

austral q.' á Santafé en 4° ;^6' de latit. boreal, y al con- 
trario si la marea corre de Norte á Sur. Seria de mucha 
importancia que hiciésemos estas observaciones corres- 
pond.*" y me parece q." es fácil <}ue se verifiquen en 
esa. Es cierto q.^ un hombre solo no puede llevarlas 
mas alia de 24^^ consecutivas, pero en la casa de la 
Exp." hay m.*^ q.^ se podian encargar de continuar la 
experiencia. Por si acaso es de la aprobación de V. este 
pensam.^o he resuelto velar todos los primeros y todos 
los 15. "^ de los meses siguientes desde las 5 de la tarde 
de estos mismos dias hasta el 2 y 16 siguiente á la 
misma hora. 

La tercera columna contiene los grados de calor en 
q.^ estubo la columna del Barom." expresada en la es- 
cala de Farenheit, para poder reducir las 24 obs.^ á 
una misma temperatura; peí o como sea muy poca esta 
diferencia no he querido tomarme p.'' ahora el trabaxo 
de calcular los errores cortisim.^ q.® pueden haber pro- 
ducido 4" de Farenheit. La quarta expresa el calor de 
la atmosfera en cielo libre y á la sombra en grad.^ de 
la escala de Reamur. 

El libro 4.° de los blancos que he hecho enquadernar 
está consagrado á las ohserv,^ Astronómicas. Yo he dado 
principio p.i" mi observ." del Solsticio, muchas de las 
distancias de la Luna al Sol & & que aun no he calcu- 
lado reservando este trabajo p.^ después, y lograr los 
momentos en amontonar hechos y observaciones. El 5.° 
está dedicado á las descripciones de Animales, y en fin 
otro para los materiales geográficos de mi Carta. Tales 
son en general mis operaciones hasta el dia. 

Las plantas que llevan á V. su primera atención, me 
la llevan también á mi. He aqui lo que he trabajado en 
estos 15 dias. Tengo descripta una especie de PJiyto- 
lacca con todas las flores hermafroditas, y q." me pare- 



- i83 - 

ce distinta de todas las que liay en mis pocos libros. La 
Sorophularia mevidionalis de V. abunda mucho aqui, y 
constantem.'* le he hallado las bracteas aserradas y no 
enterissimas como las q.*V ha visto para descrivirla: va- 
ria aqui con las corolas moradas y blancas. Tengo pre- 
parados tres esqueletos de otras tantas especies de 
Daturas arbores todas y con la capsula lampiña. Es 
necesario q.* algunas de ellas sean nuevas. En mi pe- 
queño hervario de Pop." ha de haber otras dos, aunq.* no 
puedo desidirme sobre si son distintas de las de aqui. 
Ya tengo encargado á un amigo mió p.^ q.^ se tome 
el trabajo de esqueletarlas y unirlas á las que remita á 
V. á Santafé, Tengo otras m.^ descripciones de plantas 
que no he podido conocer: todas irán esqueletadas. 

Yo insisto sobre q.^ V. se digne franquearme un 
D'Luc, ú otro libro maestro sobre el Barom.** y Term.", 
una Chimica moderna, un tratado de Astronomía de 
Lalande, y algo de Botánica. En materia de instrum.*°s 
con algunos tubos de Barom.", un par masdeTerm.^ el 
Telescopio, y el Chronom.", tengo q.'^° necesito p.* mis 
operaciones y p.^ desempeñar la comicion presente. 

Voy á concluir esta diciendo, q. el 15 parto p.^ Iba- 
rra á visitar á Cotacache, Ynbabura, y Cayambe con 
todas sus cercanías. V. diríjame siempre mi contestac."^ 
á Quito q.' es el centro de mis operación.^, y en donde 
estaré de regreso entro de tres semanas. Espero venir 
cargado de plantas y de observ."": de todo daré á V. 
cuenta en el venidero. 

Yo deceo reunirme á V. q.^'^ antes, amarle de cerca y 
nó á 200 leguas de distancia. Dios que me ha dado á 
este tierno Padre me lo conserve sano y le conceda el 
honor de servirlo y de aumentar su gloria á 

Franc.''° Joseph de Caldas. 



1 84 — 



. S. D. D. JosEPH Cele -TINO Mutis. 

Quito y yulio 21/802. 

Padre amadisimo: he leído con el mayor respeto la 
de Vm. de 21 de Junio^ q.^ miro como un código de 
Preceptos que cumpliré con la mayor fidelidad. 

Ya habrá visto Vm. á la fha. mis modos de pensar 
sobre el viage proyectado, y q.^ no se hará de otro 
modo, sino como agrade y prescriva Vm. No veré á 
México; pero tendré un inmenso material q.* poner en 
manos de Vm. recogidos en esta Provincia, en Guayaq.^, 
Barbacoas, S.'^ Buenaventura, Panamá, Portovelo, Car- 
tag.^ y Santafé, y esto me parece un gran circulo p.^ 
ensayo de mis observación. ^ La Botánica tiene en el la 
mejor parte pues son Payses fecundísimos, y q.* muy 
pocos han visitado. Yo me detendré como Vm. quiere 
todo el tiempo necesario p.^ recoger las producción.*^ 
vegetales de esta Provincia lo q.** ya he comenzado á 
verificar, y sobre lo q.^ voy á hablar á Vm. largamen.^® 

Como Mr. Bomplant hizo su centro á Quito y salió 
muy poco á sus alrededor.^ se puede decir q.* ha ago- 
tado las plantas de las cercaíiias de esta Ciudad, y ño 
ha tocado las de la Villa, á donde pensó regresar desde 
aqui, y q.' no verificó nunca. Yo he gastado estos quin- 
ce dias últimos en hacer algunas pequeñas salidas á las 
faldas de Pichincha y Panecillo, y he trahido muchas 
yerbas con q.^ he dado principio á mis trabajos botáni- 
cos. Yo he adoptado p." desempeñar con seguridad el 
Plan siguiente, si Vm. le halla defectuoso, espero q.® 
con aquella franqueza característica de Vm. y propria 
de un Padre q.* quiere formar á un hijo corrija sus de- 
fectos. Todo vegetal q.* viene á mis manos conosca ó 



- i85 - 

no su genero: si lo primero no me detengo en una larga 
descripción sobre sus fructificac.^ y solo describo la in- 
florencia, tallo, ojas, raiz &: si no le conosco procuro 
determinarle pj los pocos Libros q.^ poseo, si le hallo 
en ellos hago lo mismo q.* en los anteced."^^; pero si 
me es desconocido y no le hallo en mis Libros hago 
una amplia descripción de todas sus partes: en todas 
anoto los lugares de su nacim.**^, y como la elevación 
de estos ya me es conocida p.'' mis operación. ^ del 
Barómetro les añado la zona en q.^ havitan conforme á 
las ideas q.* he comunicado á Vm. en mi primer Plan. 
Añado el nombre bulgar, el q/ le dan en lengua del 
Ynca, y enfin concluyo p.^ las virtudes medicas, y usos 
á q.^ las aplican en las Artes. 

A pesar de la escaces xle papel en q.<^ me hallo, tengo 
esqueletadas todas las plantas q.^ he descripto. Hasta 
ahora no puedo dar á Vm. grandes y agradables noti- 
cias botánicas, p.^' q.® á mas de haver estado un poco 
enfermo del estomago, me ha sido preciso dedicarme a 
los preparativos de mi primera salida al Norte de Qui- 
to. Yo me he propuesto visitar en ella á Cotacache, 
Imbabura, y el inmenso Coyambe, ver ks ruinas de las 
pirámides, y volver á Quito entro de un mes. Estas tres 
masas locales presentan grandes proporción.^ p." verifi- 
car nras. observaciones del Barómetro, y Termómetro 
desde el termino de la nieve permanente hta, 23 pulga- 
das. A mas de esto tienen una vejetacion vigorosa, y 
sobre quienes aun no han subido un Botánico. Tengo 
fundadas esperanzas de traer una riqueza in.mensa de 
este genero. Pienso levantar la carta Topográfica del 
Pais q.* voy á atravesarlo, y hacer en Ibarra mis obser- 
vación.^ de refracción.^ astronómicas, como las tengo 
ya verificadas al nivel de Quito. 

Muchas son las ideas, y muchas las observaciones 



— i86 — 

q.^ hay q.* añadir á la memoria sobre el método de 
medir las montañas p/" el Termómetro. Yo deseara que 
Vm. suspendiese su remisión al S.'' Cavaniles hta. ha- 
ver concluydo yo mis operación.^ en Quito y Guaya- 
quil, y poder presentar de este modo una obra acabada 
digna de ponérsele al frente el nombre ilustre de Mu- 
tis, y q.^ hiciese honor á este sabio protector de los 
Americanos y al Discípulo suyo q.^ las ha verificado. 
Creo que en mas de 6 ú 8 meses podré poner en manos 
de Vm. todo el material, y toda la memoria, p,^ que 
Vm. se digne corregirla, y ponerla en estado de ver la 
luz publica. Conosco q.^ el ensayo q/ remito á Vm. 
tiene muchos defectos de exprecion, de Ortograña, y 
á no saber q.^ ivan á manos de mi bueno y sabio 
Padre habria suprimido, ó a lo menos retardado su 
remisión. La cosa ha salido como lo havia pensado y 
ninguna clausula de las cartas de Vm. he leydo con 
mas complacencia y fruto q.^ aquellas en q.® nota mis 
errores. ¡Qué esperanzas tan fundadas he concebido de 
mi futura ilustración! Si, ilustre sabio, yo conozco en 
Vm. no un Padre condescend.^® q.* disimula los defec- 
tos de su hijo, sino un zeloso de la reputación y apro- 
vecham.t^ de su hijo. Una corrección de la voca del 
grande Mutis me es mas útil, y me anima mas en los 
trabajos, q.* si mereciera sus elogios; -pero yo me 
desvio. 

Mucho siento no poder indicar á Vm. por ahora todas 
mis ideas sobre la elevación media del mercurio al ni- 
vel del Mar, y en todas las elevación.^ El S.^' Barón 
de Humboldt me regaló dos Jugos de Barómetro, y con 
los dos con q.* Vm. me honrró he montado quatro Ba- 
rómetros. Como Vm. sabe, se ha sobstenido el licor á 
diferentes elevaciones. He formado tablas de quatro co- 
lumnas en q.* van indicadas las elevación.^ y periodos 



- i87 - 

<ie cada uno de ellos: lo mismo pienso hacer en Ibarra 
y en Caraturo. 

Ya he dicho á Vm. q,* todo mi aparato en materia de 
Thermometros se reducían á dos. El prim/'° el mas pre- 
cioso, aquel que me havia servido en todas mis obser- 
vación. ^ del Agua hirviendo se me acaba de romper; y 
solo quedo depend.^^ de uno, expuesto á la misma des- 
gracia, y sin recurso. Yo tiemblo al considerar q.^ pue- 
do perderlo, y con el las mas brillantes ocaciones de 
dar la ultima mano á esta materia importante. Díg- 
nese Vm. socorrerme en esta grande necesidad con 
algunos buenos Thermometros, y demás instrum.<^°^ que 
he indicado á Vm. en mis anteced.*'' y principalm.** el 
Chronometro, y Telescopio. Por falta del primero dexo 
de citar en longitud tantos puntos interesantes p.^ mi 
carta, y tengo q.® trasladar á Ibarra una péndola fasti- 
diosa. 

Mañana 22 parto p.^ Ibarra á la expedición q.' tengo 
comunicada á Vm, , y de donde remitiré á Vm. todas las 
noticias, y quanto ocurre de este viage. Vm. no olvide 
á Caldas, como el no pierde un momento de vista á su 
ilustre Protector á q."^ le desea la salud completa, y una 
larga vida, y q * ocupe en quanto fuese de su agrado á 
su afmo. y tiernam.^' am.<^^ de Vm. 

Fran.'^ Joseph de Caldas. 



S.i^ D.« D.^' José Celestino Mutis. 

Ibarva y Agosto Z/Z02, 

Mi Padre, y mi Benefactor: sin veer cartas, é igno- 
rando q.**^ V. se haya dignado comunicarme en este 



— i88 — 

correo, voy á poner á V. quatro letras precipitadamente 
dando parte de los progresos de mis operaciones. 

Ya anuncié á V. q.* salia de Quito el 22 lo que veri- 
fiqué el 23 del pasado, y lentam,*® me he transportado á 
esta Villa. En mi transito he colectado muchas plantas 
de diferentísimos niveles, y entre ellas no conozco un 
gran numero. Todas están esqueletad.^ y descriptas. 
Subí al cerro de Cotacache, en un dia terrible y horro- 
roso. Un viento glacial, acompañado de granizo nos 
elaba: las nieblas nos cercaban p.^' todas partes y nos 
robaban todos los objetos. Este obstáculo invenzible me 
pribo de m.^ operación.^ topográficas q.* me preparaba 
á executar desde una elevación tan prodigiosa, y segu- 
rara.^* con utilidad de nra. Geografia, principalm.'* de la 
parte occid.^ de la gran cordillera p.^ donde se trata 
hoy restablecer el camino de IMalbucho q.* comunica 
estas provincias con las costas del Pacifico. A fuerza de 
valor y constancia pudimos subir hasta las 17 pulg. 6 
lin. de nro. Barómetro, 6 lin.^ menos q." el termino de 
'la nieve perman.'® Aqui verifique mi observ." del agua 
hirviendo, que aun no he calculado, ni verificado en 
Ibarra mis corresp.*^^ p.^ q.* me sirvan de puntos de 
comparación. Yo habria repetido esta observ." á las 
18, 19, 20 &.^ pulg.^ del Barom.^, pero la noche nos 
instaba á bajar con precipitación, pena de dormir entre 
los rigores de la nieve y de tod.^ los meteoros. Hay 
m.^ particularidad. s q/ notar en esta montaña. La vege- 
tación, que hace mi primer objeto, no guarda las leyes 
del nivel q.^ he observado constantem." en todos los 
cerros elevad.'^ q.® conozco y he escalado. Ya se sabe 
que el bosque existe hasta cerca de 19 pulg."^: que des- 
pués sigue la paja hasta las 17, q.* desde aqui hasta las 
16 es arena, estéril, y de las 16 hasta el extremo se 
mantiene la nieve perman'^ Pero en Cotacache esta todo 



— 1^9 — 

bien dif/' No hay bosque en sus faldas, y todo el no 
contiene sino paja desde las 20 p.^ hasta las 16, en que 
comienza la nieve. Apenas se hallará sobre la tierra 
montaña mas pobre de vegetación. El Fraylejon (q.^ el 
señor Barón me dice ser una de las plantas de la Flora de 
Bogotá con el nombre de Ezpeletecia) no se halla sobre 
esta montaña. No obstante he bajado una Genciana, un 
Rammculo, m.^ singenesias, una Valeriana, una Siver- 
tia, un Lupino^ dos Geranios, & * A:.^ y una Trianiria 
monogynia que tiene caracteres bien particulares, y que 
creo no está entre mis libros, ^'será acaso un genero 
nuevo? En el mismo caso creo á otra Trianiria digynia. 
Mucho siento la estrechez del tiempo, q.® no me permi- 
te unir á esta sus descripción. = y hablar á V. largamen- 
te sobre Botánica. Yo he resuelto formar en Quito mu- 
chas memorias, una sobre Botánica en que manifieste á 
usted todos mis trabajos sobre este ramo, y todas mis 
dudas. Entonces desahogaré mi pasión p.'' este bello 
ramo de Hist.^^ Nat.^ 

He fixado en latitud astronomicam.^^ todos los luga- 
res de mi transito, he levantado la carta del pais q.* he 
recorrido, he formado las vistas de Caj^ambe, Cotaca- 
che, é Imbabura, tengo bosquejada la nivelación de mi 
camino, las alt.^ del mercurio en todos los puntos prin- 
cipales, y en fin otras m.^ cosas .q.** comunicaré á V. de 
Quito. Actualm.'*" me ocupo en medir una base en las 
inmediación.^ de Ibarra con ra.^ miras: la primera es de. 
term.inar geometricam.*^ la altura perpendicular de va- 
rios puntos en las faldas de Imbabura, para verificar en 
ellos mis observ.^ del Barom.° y examinar si las formu. 
las de Schevrbuch y Tralles combienen también en la 
Zona Tórrida y grandes elev.^ como en la zona Templa- 
da y á medianas alt.^ Yo creo q.^ aun no se ha pensado 
en sugetarlas á este exam." baxo de la linea. Yo siento 



— 190 — 

no tener á mano una obra de estos sabios p.^ dirigir mis 
operación.^ La segunda mira con mi base, es un plano 
geom.° de estos paises, y enfin la velocidad del sonido, 
y rectificación.^ de mis instrum.**^^. 

El correo se cierra; yo deseo q.' V. se mantenga con 
una salud perfecta y q.^ mande con imperio al mas agra- 
decido y amante de V. 

Fran.c^ Joseph de Caldas. 



Ihavva y SeptJ 23/002. 

Mi amadísimo y generoso benefactor: concidero á us- 
ted deceoso de saber de mi y de los progresos de mi 
expedición, y yo no lo estoy menos de dar cuenta exac- 
ta de mis operaciones. No es posible mantener una con- 
testación sin interrupción en el tiempo de mis correrías 
botánicas. Es preciso retirarse en paz de nras. amadas 
plantas á lugares miserables, y de donde no hay comu- 
nicación. Esta ha sido la causa de la falta de mis cartas 
en los dos correos anteriores. Ahora voy á reparar esta 
falta del modo posible. 

He recibido bien atrasada la apreciabilisima de V. de 
21 de Julio. ¿Como explicaré á V. los movimientos de 
mi alma quarrdo veo letra de mi buen Padre? Yo confie- 
so con sinceridad q.^ no me canso de veerlas. V. parece 
q.^ quiere acumular sobre mi todos los beneficios de 
q.^ es capaz: ya me ofrece un Chronometro y el Teles- 
copio, y ya estoy en el pie de no envidiar á nadie en 
materia de instrum.*-'^^ p.'' sola la bondad del generozo 
Mutis. Yo no hallo voces p.^ expresar á V. mi recono- 
cimiento; pero espero, q.^ ya q.^ mi voz no lo puede, lo 



— 191 — 

puedan mis trabajos. Todos, ilustre sabio, si algo valen, 
están á los pies del autor de mi fortuna, yo no trabaxo 
sino para mi Protector, yo no existo sino para Mu- 
tis, y si consigo darle gusto ya están coronadas mis fa- 
tigas. 

Yo he ofrecido á V. q/ la Botánica será el objeto fa- 
vorito de mi viage, y ya he comenzado á cumplir esta 
ley dictada p.^' V. en una de las cartas con que me ha 
honrado. Yo voy á dar cuenta de mis trabajos en este 
genero. 

Mis conocimientos botánicos son cortos, mis libros 
son pocos y la vegetación inmensa. El camino q.^ he 
tomado p.' salir con felicidad de este laberinto, es re- 
cogerlo todo, describirlo todo, y diseñar lo mas. Se 
q.* gran parte será conocido, se también q." habrá mu- 
cho nuevo. A juzgar p.^ miserables libros ya he hallado 
m.'' géneros nuevos. He resuelto ir remitiendo á V. por 
los correos mis descripciones y diseños p.^ q.' me con- 
zuele é ilustre el primer Botánico de la nación. ¿No de- 
ben tener envidia de mi los discípulos de Jusieu y de 
Lamark.^ Yo quisiera, virtuoso sabio, remitir q.to he tra- 
bajado en cerca de ico plantas q.^ he podido recoger, 
diseñar y describir en los dias que llevo de expedición: 
pero lo haré consecutivam.'^^^, como digo, por los co- 
rreos. 

Sobre Imbabura, montana de q." tengo tanto q.^ de- 
cir á V. he hallado una Syngenesia poligamia igual^ 
q.^ me ha parecido nueva. Ella es del orden dicho, y 
posé 10 cordas en la base de las anteras^ como en la 
ínula, cuyo carácter se habia creido distintivo de este 
genero respecto á todos los conocidos. Me ha parecido 
singular y remito á V. un diseño imperfecto, hecho á 
lápiz sobre esta montaña y la descripción q.* he podido. 
Yo espero q.'= V. se digne corregirme esta p.^ enmen- 



— 192 — 

darme y formarme y hacerlo mejor en lo sucesivo. Tan 
generoso como es V. con el dinero y con los instrumen- 
tos, sealo también del inmenso tesoro de sus conoci- 
mientos, instruyame, fórmeme botánico. 

Oyga V. ahora algo de mis trabajos sobre otros ra- 
mos. Concluí la base en las inmediación.^ de Ibarra de 
1855 varaS; he medido el volcan apagado de Imbabura 
sobre cuyas faldas está esta villa y un num.*' considera- 
ble de población.^; por una red de triángulos he levan- 
tado la carta de este pais y el plano del volcan, de 
quien he tomado 4 vistas de los puntos cardinales. Yo 
he puesto mi atención con preferencia sobre esta monta- 
ña p.^ que nada se sabe hasta el dia de ella. Los SS. Aca- 
démicos y el S^Baron le despreciaron absolutamente. 
He subido dos veces, y he escalado este espantoso ce- 
rro. El asunto es serio y merece referirse con alguna ex- 
tencion. Yo voy á copiar mis diarios, y si V. me ama 
creo se estremeserá. 

«Asi q.'' dieron abiso q.'' nras. cabanas estaban cons- 
truidas no pensamos en otra cosa q.* en verificar nues- 
tra subida. El 14 de Sept.' de 802 fue el destinado para 
un viage q.^ me tocaba tanto y m.e llenaba de entusias- 
mo. Arm.ado de mi Barom.°, Term.°, Octante y Bruxula 
partimos con m.^ indios prácticos de la montaña. Gas- 
tamos 5.^^ en montar hasta nras. cabanas q.* estaban en 
17.° 11.^ Era ya medio dia y no pudimos emprehender 
la subida, y resolvimos dexarla p.* el dia sig.^^ Envuel- 
tos en nubes y penetrados de frió pasamos la tarde, y 
yo la ocupe en describir y diseñar algunas plantas. Mi 
Term.° no subió de 4 % grados sobre la congelación. 
Las cabanas no tenian toda la capacidad necesaria para 
mantenerse un hombre en pie, y estaban muy mal cu- 
biertas p.^^ los Indios... Yo esperaba con impasiencia la 
venida de la luz, en el instante q.^ la persibi estaba en 



— 193 -^ 

pie y comensé á disponerme p.^ un viage q.« tanto de- 
ceaba. Con un báculo en la mano, y presedido de 3 In- 
-dios cargados ligeram.*® de mis instrum.*»- partí de nues- 
tras cabanas con una alegría y un entusiasmo extraor- 
dinario. Comenzamos á escalar esta terrible montaña. 
El cráter es inaccesible p.^' todas p.^^^ excepto p.'" la del 
este, q.^ seguram.t^ fue p.'' donde arrojó todo el mate- 
rial al tiempo de su erupción. Este lado no se compone 
de otra cosa q.^ de grandes trozos de roca despedasada 
y amontonados confusam.^^ unos sobre otros. No se 
puede dar un paso sin horror, y en la orilla de espanto- 
sos precipicios. El sendero apenas tiene V3 de ancho y 
no es otra cosa q.^ escalones cabados en la roca p.^' los 
Indios q.« tienen el triste y terrible empleo de baxar 
nieve á Ibarra. En algunas partes es preciso asirse de 
las pajas con las manos p.^ no presipitarse en 200, ó 
, 300 v.^ de profundidad. Yo he visto con espanto el lu- 
gar en q.^ se presipitó uno de estos infelices q.^° volvia 
cargado de nieve. Desde nras. cabanas comensamos á 
caminar sobre nieve p/ la mucha q.^ habia caido la no- 
che presed.^<^ El frió era penetrante y mi Term.° al na- 
cer el sol señaló }4 grado baxo de la congelación. To- 
dos los escalones estaban cubiertos de granizo, y hacia 
mas terrible la subida p.'' lo poco firme del paso, y so- 
bre todo por habérseme entorpecidos los pies con el frió 
q.* se aumentaba p.'^ momentos. Yo deceaba con ardor 
veer este cráter desconocido, y desprecié todos los peli- 
gros. De presipicio en presipicio llegamos á las 9 de la 
mañana á la orilla del cráter agotad." de sudor y de 
cansancio. ¡Que espectáculo! El horror, y un secreto 
placer se apoderaron de mi alma. No me cansaba de 
veer y de admirar de cerca á esta naturaleza espantosa. 
Bocas quemadas, y destrozadas, puntas, pómez, arena, 
azufre, nieve, greda, presipicios y confusión eran los 

13 



— 194 — 

objetos q.« se presentaban á mis ojos. Yo me mantube 
largo tiempo en considerarlos, y en compararlos con los 
q.« habia visto en Pitchincha. Si la inmensa boca de 
este, presentó á Mr. de la Condamine una viva imagen 
del chaos de los Poetas, ¿que le habria parecido la de 
Imbabura q.^ aunque menor en su diámetro es sin com- 
paración mas horrorosa q.* la de Pitchincha? Imbabura 
es una Montaña aislada y solitaria q.* se acerca á la fi- 
gura de un cono truncado. Toda esta inmensa masa esta 
comp.*^ de piedra suelta y de cascajo amontonado des- 
de su base hasta 17 >i pulg.^ de elevación, sin ninguna 
organisacion y sin seña de capas. Sobre esto sienta la 
roca de la cima, de un bello pórfido y en q.* esta esca- 
bado el cráter. Este ocupa toda la cima de la montaña, 
tiene la fig.** de un amphiteatro circular, y no esta roto 
sino p.'' la parte del Este. El bordo es de rocas despe- 
dasadas y tienen la fig.* de una cresta circular, q.j ten- 
drá de 3-400 v.^ de diámetro. Las pared. "^ interiores del 
cráter no están tajadas perpendicularm.^^: tienen una 
pend.*^ rápida, q/ se van á unir en un punto, acercán- 
dose á la fig." de un cono inverso. Por la parte occiden- 
tal hay un plano entre la cresta, y el punto en que co- 
mienza la inclinación. Se distingue muy bien p.^ esta 
parte una roca q.® parece precipitada sobre el cráter al 
tiempo, ó después de la erupción. ;Quien sabe si fue la 
parte superior de este volcan, q.^ faltándole apoyo por 
el material arrojado en la erupción se presipito den'.ro 
de la boca? Esta parte es de roca ó pórfido hecha peda- 
sos y conglomerados p.'^ medio de una materia q.* pare- 
ce azufre convertido ya en higado p.^ alguna materia 
alkalina, y de q.® tengo muestras. Lo restante ^de la 
boca es de arena y greda mezclada con azufre. En par- 
tes se ve la piedra pómez en pequeños y en grandes 
trozos. Yo conocia la altura de la cresta por mi medida 



— 195 — 

geométrica y deceaba conocer la profundidad de este 
cráter p.^ medio del Barom.° llevado al fondo, y tomar 
muestras de las diversas materias de q.* se componía, y 
resolví baxar á este abysmo. Quando estaba en estas 
consideraciones y proyectando el modo de descender se 
presipito gran cantidad de piedras y arena del borde 
del Sur en el fondo de esta boca, lo q.* me hizo adver- 
tir un nuevo peligro, q/ no habia tenido presente hasta 
este momento. Nros. Íbamos al punto mas peligroso y 
en q.^ iban á parar todas las materias desprendidas de 
la circunferencia: yo lo veia, pero el deceo de medir su 
profundidad, y de tocar de cerca este lugar de horror, 
me resolvió á arriesgarlo todo, y comenzamos á bajar 
por el lugar q.* nos pareció menos rápido y peligroso. 
Me presedia un Indio practico de la montaña cargado 
con mi Barom.°, y yo le seguía i s ó ^ pasos de distan- 
cia. Ya habíamos baxado como V3 de la profundidad 
quando se presenta una pendiente rapidísima de piedra 
pómez, reducida á pequeños pedazos: yo vi que mi guia 
la atravezaba con facilidad, p.« buscar en el lado opues- 
to una canal hecha p.'" las aguas q.* facilitaba el des- 
censo. Esta pend.^^ de pómez era peligrosa, pS q.® tenia 
como 100 varas de longitud, q.® iva á terminar en rocas 
terribles, al fondo mismo del cráter. Yo temi, pero la 
facilidad con q.^ habia pasado mi guia me animó y en- 
tré en el peligro. Apenas habia dado 3 pasos sobre la 
pómez quando veo q.^ todo se remueve, y no pudiendo 
sostenerme en pie me siento, y aun en esta situación 
comienzo á precipitarme hacia el fondo de este espan- 
toso cráter: creo llegado el fin de mi vida, y doi una 
voz á mi guia. Este Indio generoso vuelve la vista, me 
vé perdido, se abanza hacia mi con una intrepidez 
inaudita, se arroja al mismo peligro en q.* me veia, 
me ase del brazo derecho, me arroja á dos varas 



— 196 — 

del presipicio y me da la vida. Mi alma pasó en este 
momento de todos los horrores de la muerte á los senti- 
mientos del mas dulce y vivo reconocimiento. Ah! 
transportado, beso la mano de mi libertador y le testi- 
fico de todos modos mi agradesimiento. Este Indio se 
llama, p.'" q ® es justo nombrarle Salvador Chuqnin. 

Repuesto de la abentura pasada no pensé sino en con- 
tinuar mi descenso^ lo q.^ conseguí con felicidad. Yo 
temblaba en el fondo de este cráter, p.^' q." p.^* todas 
partes nos amenasaban las rocas, y creo q.* al menor 
viento habríamos todos peresido baxo de alguna de 
ellas. Por fortuna nra. cesó mientras nos mantubimos 
en esta región del espanto y del horror, y no pensé en 
otra cosa q.^ en hacer mi observ.^^ del Barom.°, q.* se 
sostubo en 17 pulg.^ justas. Inmediatam.** comenzamos 
á subir p.^ el lado opuesto p.^ reconocer completamente 
el cráter. Era necesario ponernos á grandes distancias 
unos de otros y subir con el mayor pulso, p.'" q.^ todo 
se desmoronaba, y una imprudencia del primero habría 
hecho perecer á los q.' le seguian con alguna piedra que 
rodase. Subimos paso á paso hasta los 2/3 y ^^ esta 
elevación se resistió mi guia y me advirtió que era pre- 
ciso volver sobre nros. pasos al fondo del cráter p.^ to- 
mar el mismo sendero q.® nos habia conducido á él. Te- 
nia, lo escribo con horror, q." volver á pasar p.'' el mis- 
mo presipicio en donde había estado p.* perecer. Yo 
hice presente á mi Chuquin el horror q.' me causaba 
volver p.i' el mismo lugar y lo empeñe en buscar otro 
camino qualquiera. El gastó algún tiempo en reconocer 
el terreno, y volvió diciendo q.^ no quedaba otro recur- 
so para salir de este lugar q.^ tomar el mism.o camino 
ú otro mas peligroso q.^ el primero, pero de piedra so- 
lidísima. Yo medité, vi mi nuevo sendero y temblé. Es- 
taba entre Syla y Caribdes; pero era preciso resolverse 



— 197 — 

con prontitud antes de perecer p/ alguna roca despren- 
dida de lo alto p.'^ el viento. Elegi á todo riesgo el ca- 
mino de piedra y comenzamos á salir. Una profundidad 
espantosa á la derecha, otra, aunq.^ menor á la izquier- 
da, me esperaban al menor desliz en mis pasos. Con 
manos y con pies nos afirmábamos p.''^ subir esta terri- 
ble roca, llenos de sudor y de cansancio ganamos con 
felicidad el labio de la boca p.^' donde habíamos entra- 
do. Aqui descansamos p."^ poder atrabezar los presipi- 
cios q.* nos esperaban. Para el colmo de nros. trabajos 
comenzó á nevar y á caer unas pequeñas telas de yelo 
de 23 lineas en quadro q.* en el pais llaman Papa- 
Cava. Este granizo nos mojó el sendero y lo puso en 
estado de no poder dar paso sin riesgo de la vida. Yo 
conoci esto temprano, y p.^" consejo de mi Chuquin 
amado dexé el calzado y á pie desnudo empesamos á 
baxar los terribles presipicios q.^ habíamos subido por 
la mañana. En algunas partes era necesario caminar 
sentado p.^ no perecer. En fin, á fuerza de constancia y 
de maña volvimos bien tarde á nras. chozas, q.* no 
distaban del cráter mas de V2 legua p.^ el ayre.» 

Yo concluyo esta recordando á V. los Termom.' pues 
no tengo uno bueno p.* las observación. ^ del calor del 
agua, 'y q.* V. cuente con q."^*' puede su admirador y 
eternam.t^ reconocido, 

Fran.co Joseph de Caldas. 



S.'' D.'^ D." Joseph Celestino Mutis. 

Otábalo y Nóv.^ 7 de 802. 

Mi amadísimo Protector: concluidas mis operaciones 
en diversos géneros, y al parecer agotados los vegetales 



de Ibarra, dexé á esta Villa, y me transporté á Otábalo 
p.^ reconocer la montaña de Mojanda abundante de 
plantas, y q.* creo es la base de un volcan apagado, y 
tal vez primitivo; p.*' veer el lago de Cuicocha;y al mis- 
mo Cotacache p.'' el sur. Ha como tres semanas q.* exis- 
to en este bello asiento trabaxando en los objetos de 
nra. expedición. No he abanzado como pensé, p.'" que 
llueve casi sin interrupción: los caminos son de lo mas 
malo de America en un terreno gredoso y desigual, las 
nubes me roban las montañas, y los astros, y apenas 
puedo dar un paso en la Astronomía y la Geografía. 
Pero por fortuna los rigores del invierno no dañan al 
objeto favorito, á la Botánica. Yo voy á dar á V. cuen- 
ta de mis ocupaciones desde q.^ baxe de los horrores de 
Imbabura. 

He nivelado todos los alrededores de Ibarra, y he 
hallado p.'^ fruto de mis trabaxos q.^ todos son mas ele- 
vados q.^ el plano en q.* existe esta Villa, y q.* las aguas 
de todas sus inmediaciones refluyen sobre ella sin otra 
salida q.* p.'' el profundo lecho de Taguando, pequeño 
rio á cuyas orillas esta situada. He visto con admiración 
q.^ este se ha habierto paso p.^ medio de una colina de 
quien aun existe la mitad en la orilla oriental y la otra 
mitad en la occidental. Estoy intimam.** convencido que 
antes q." Taguando se habriese este paso toda la expla- 
nada sobre q.* existe Ibarra ha estado sumergida baxo 
de las aguas, ó lo q.* es lo mismo, Ibarra esta fundada 
en el fondo de una antigua laguna desecada. Tal vez 
sucedió esta revolución en el momento de la erupción 
de Imbabura, p.'" q.' el paso que hoy tienen las aguas es 
violento y manifiesta q.* es obra de fuertes sacudimien- 
tos. Yo he diseñado esta colina partida p.^ q.* me ha 
parecido merecerlo. 

Mis proyectos de refracciones astronómicas en Iba- 



— 199 — 

rra, casi dos pulgadas del Barom." mas baxa q.* Quito 
han abortado miserablem.'* p.^" falta de un bárbaro, de 
un idiota q.* leyera sobre mi Péndola los momentos y 
los escribiese en un papel. ¡Que raros son los hombres 
q.* aman las ciencias y el trabaxo! Todos temblaban al 
oir mis propuestas, y han creido imposible mantenerse 
6 ú 8 horas al pie de la Péndola contando los momen- 
tos. ^-Quanto me costo tomar alturas correspondientes 
p.» el ultimo eclypsc de Luna.^ Jamas he sentido la uni- 
dad en nro. ser sino en Ibarra, y si me comparo á Gen- 
til en el despecho no exagero. 

Logré el fin del eclypse ultimo de Luna p.* deducir la 
longitud de Ibarra el punto mas oiiental de mi expedi- 
ción. „ 

En Otibalo he medido una bace, y sobre ella he for- 
mado mi systema de triángulos p.* continuar mi topo- 
grafía y medir el bello y encantador lago de S. Pablo 
q.^ le he hallado p.^ una operación gráfica de 3.500- 
3.600 varas de diámetro. Digo una operac." gráfica por 
q.* no he querido calcular economisando el tiempo, y 
reservando estos trabajos para Santafé. Todos los resul- 
tados y números q.* remita á V. en mis cartas son todos 
aproximados solam.^^, reservándome el derecho de dis- 
minuirlos ó aumentarlos p.'" mis cálculos futuros. 

Remito á V. un monumento de los antiguos Peruanos 
q." he hallado en las orillas del lago de S. Pablo, y que 
creo se ha escapado á las investigaciones de Ulloa. No 
tengo el viaje de este oficial á mano p.^ decidirme, pero 
no tengo especie de haberlo visto en él. Es un edificio 
circular de piedra bruta labrada unicam.*^- p.'' el frente 
y unida solidam.*^ con un argamaza en q.* no ha entra- 
do cal. Esta en gran parte arruinado no p.'' los temblo- 
res, ni p.^' el tiempo, sino p.'" la mano barbara del Cura 
de Otábalo. Este Eclesiástico ha creido útil deshacer 



200 

este monumento precioso, capaz p/ si solo de darnos 
luces sobre la Arquitectura, y sobre los ritos de este 
pueblo el mas celebre del nuevo continente, y con su 
material construir una mala capilla, q.^ no exitará en lo 
futuro sino la indignación y las criticas de todos los que 
tengan algún gusto en el arte de edificar. Tiene 46 pies 
del Rey de diámetro interior: el grueso del muro 4 pies, 
la altura 14 pies. No existe sino una sola puerta, y los 
Indios me han asegurado habia otra diametralmente 
opuesta, y en efecto hay una abertura en este lado. 
Véase el plano. Seguram.*^ conocieron el plomo, pues lo 
esta la parte q.^ existe. Parece q.' no llegaron á conocer 
el arte de las bcbedas ó cañones, pues aun quando da- 
ban esta fig.^ á sus puertas no colocaban las piedras en 
la dirección del radio, sino q.^ buscaban las piedras 
chatas y largas, enlasandolas del modo q.* manifiesta el 
diseño, y llenando las cavidades q.^dexabancon la mez- 
cla de q.^ he hablado. Todo lo q.' va de negro en el per- 
fil de la puerta, es lo q.^ ocupa la argamasa. ¿Con que 
maderos cubrirían este ancho edificio, en un pais en que 
un gran árbol es tan precioso como las piedras en el 
baxo Amazonas? Confieso ingenuam.*® q.^ no alcanzo á 
penetrar este misterio. Si acaso le traian de los valles 
inmediatos, no hay voces p.« ponderar los exfuerzos y 
el valor de este pueblo laborioso. 

El estado de las Arles en general, y de la industria 
en particular entre estos pueblos me ha ocupado algu- 
nos ratos. Los Obrages (asi llaman aquí lo q.* en otras 
partes se conoce con el nombre de Fabricas) me han 
parecido unas grandes maquinas q.* influyen mucho so- 
bre el comercio, la política y las costumbres de esta pro- 
vincia, y me he aplicado á conocerlas fundamentalmente 
en su economía y en sus maquinas. He formado el plana 
de uno de ellos, el diseño de tornos, telares, perchas^ 




Adoratorio de los a 
lago de S." Pablo e 



Diámetro ini 
Grueso del r 
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Ancho de es 



Otábalo y Noviem 
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Escala de 40 pies del Rey. 




s 

VISTA DE OCCIDENTE 

Adoratorio de los antiguos Indios situado en las orillas del 
lago de S." Pablo en el Perú, en el estado que tenía en Octu- 
bre de 1802. 

Diámetro interior 46 pies. 

Grueso del muro 4 pies. 

Altura del mismo 4 pies. 

Altura de la puerta 5 pies justos. 

Ancho de esta 3 pies. 



Otábalo y Noviembre 7 de 1802. 
F. J. DE Caldas. 





Perfil de la puerta, aumentada ^■^ escal.i de 1 
y del plano. 




20 SO 



mili I I I I I 

Escala de 40 pies del Rey. 



20I 

batanes, q.* difieren mucho de los q.* usan los pueblos 
cibilizados. He penetrado, todas las operaciones p.^' que 
hacen pasar la lana y el algodón, y sobre todo la mate- 
ria de tintes en q.* tiene gran parte la Botánica. He es- 
queletado, diseñado y descrito todos los vegetales que 
sirven p.* dar color á nras. telas. El resultado de todo 
ha sido el conocim.*° de nros. Indios y de una parte 
de su carácter. Estos hombres han fundido, por decirla 
asi, las Artes y la industria en la simplisidad de sus al- 
mas. Todo lo q.' tiene visos de complicado lo han des- 
terrado de sus maniobras, y han sabido sostituir instru- 
mentos sensillos y análogos á su genio. V. vera con pla- 
ser sus tornos, la suprecion de la Aspa-de cuenta, y 
muchas piezas del telar común, sin faltará la exactitud 
de la maniobra. No negaré q.* los Indios han degradado 
las Artes del punto en q.' las recibieron de sus conquis- 
tadores en gral., pero ninguno me podrá disputar en 
vista de mis trabajos y observaciones, o.^ mas sabios 
q.* sus maestros han sabido simplificar muchas maqui- 
nas y muchas operaciones. 

La labranza y sus instrumentos han llamado también 
mi atención. ¡Que simplisidad en sus arados! Yo los he 
diseñado y he descrito las operaciones del campo como 
se veen al presente. Los granos, las rayces, en fin todas 
las plantas q.* cultivan y q.* hacen el fondo de su ali- 
mento las he reconocido, con el tiempo y modos que 
observan en su cultivo. 

En la zoología he trabaxado bastante, principalmente 
en el ramo de Aves. Tengo diseñados, descritos y esque- 
letados muchos Orlólas, un Tántalo, un bello Añade de 
la laguna de san Pablo, tres especies de Trochilas y 
otros q.* no he podido determinar. Yo he comenzado á 
formar una especie de herbario de pájaros, permítame 
V. esta exprecion, pues me faltan las palabras. La cosa 



202 

es asi. Después q.* he descrito y diseñado la Ave, alas, 
cola, y pies, y extendiéndolas entre papeles como se 
hace con las plantas, presentaré al sabio Mutis una vis- 
tosa colección de lo mas rico y mas bello q.® tiene la 
Naturaleza. 

En la Botánica he trabaxado sin limites. Yo no aca- 
baria si quisiese decir á V. todo lo q.^ he colectado en 
este genero, y seria en perjuicio de este ramo predilec- 
to. De Quito, á donde me restituiré á principios de Di- 
ciembre á completar mi observ." de la amplitud de la 
Eclyptica con la del Solsticio del invierno próximo re- 
mitiré á V. mi primera colección, y el tomo de descrip- 
ciones, con todos los diseños. Necesito formar una es- 
pecie de Memoria sobre mis trabajos botánicos p.^ ma- 
nifestar al primer Botánico de la Nación mis dudas y 
mis ignorancias, y asi ilustrado p.'" tan grande hombre 
partir á la otra parte de esta provincia en conquista de 
los demás vegetales y de las Quinas. Yo espero que 
V. me conteste á todos los puntos q.'' contenga, y me 
forme á 200 leguas de distancia. Si ilustre sabio. Cal- 
das espera sacar p.'" fruto de sus trabajos la ilustración 
de mano del ilustre Mutis. No quiero otra cosa que 
aprender y aumentar si es posible vra. gloria. Todo lo 
sacrifico á la bondad de vro. generoso corazón. Dicho- 
so si consigo agradaros, y si mis fatigas merecen la 
aprobación del padre de nros. conocimientos. 

V. me habla del Observatorio Astronómico q.^ está 
erigiendo en esa Capital, y se expresa del modo mas 
honorífico q.'' puede apetecer mi amor propio. Pero no 
me deslumhro: mi primero y capital conocimiento es 
q.* no soy sabio. Conosco la extencion de este epíteto y 
me conosco: no lo meresco, no me lo dé V. en adelante. 
Déme V. el de discípulo y quedaré honrado, y quando 
V. me negase esta gracia yo me la usurparé. ¡Que espe- 



— 203 — 

tanzas tan lisongeras se exitan en mi corazón quando 
imagino q.* algún dia he de observar al lado del sabio 
Mutis! Casini, Lalande mismo embidiarian mi suerte. 
Yo comunico á mis amadísimos Sinforoso y Pombo 
•mis modos de pensar sobre las observaciones que de- 
ben executarse en el Observatorio en todo el dircurso 
-de mi viage. Creo q.* sera de la mayor importancia que 
V. haga trabajar á estos dos preciosos jóvenes en fixar 
la latitud del Observatorio entro de 5" p.^ observacio- 
nes rigurosas al Norte y al Sur con pequeñas estrellas 
bien conocidas.' V. sabe mejor q/ ninguno q.* no conoce 
hasta ahora la Astronomía mejor método p.* las latitu- 
des: en él se halla la suma de los errores del instru- 
mento q.* provienen del paralelismo del anteojo y de 
las diviciones. Si se corrigen las refracciones p/' el ca- 
lor y p/ la elevación del suelo sobre el mar convinada 
con las variaciones del Barómetro é Higrometro nada 
dexa q.* decear. Después de esta operación preliminar 
y si se quiere antes de ella, debe V. hacer arreglar una 
péndola, ó el otro Chronometro con alturas correspon- 
dientes del Sol, y q.* dirigidos p.'' V. estos bellos y 
apreciables jóvenes, observen todos los eclypses de los 
Satélites de Júpiter. A V. dexo la consideración del 
grado de precisión q.' adquirirían las observaciones que 
yo haga en el discurso del viage sobre la rosta occiden- 
t.i del Virreynato. ¡Que diferencia no hay entre la de- 
terminación de una longitud p.'" el calculo y por dos 
observaciones correspondientes! Baxo la sabia dirección 
de V: ¿de qué no son capaces estos dos jóvenes ilustra- 
dos y laboriosos: Si el virtuoso y amable Arroyo toma 
parte en estos bellos é importantes trabajos, tendrá 
V. la dulce satisfacción de haber formado á quatro jo- 
venes astrónomos, tres á su lado, uno á 200 ó 300 le- 
nguas de distancia. A mi me toca esta suerte, ella es 



204 — 

duia lo conozco, no p.'" los trabajos inseparables de un 
viage, sino p/ estar ausente y retirado del generoso y 
sabio padre q.* nos ilustra. Ah! ¡que gloria para mi po- 
der fixar mi primer meridiano en el Observatorio del 
ilustre sabio director y protector de mi viage! Yo ten- 
dría la satisfacción de mirar la casa de Mutis, esta 
casa en que hacen su residencia las Ciencias, y la vir- 
tud, como el centro á q.' se refieran mis trabajos astro- 
nómicos y mi corazón. He aqui un nuevo motivo para 
amar la astronomía. ¡Que conzuelo p.^ Caldas en medio 
de las soledades fixar sus ojos sobre el mismo objeto 
en q.* tienen los suyos Mutis, Sinforoso, Pombo, Arro- 
yo! ¡Qué nombres! ^No es este Casini rodeado de sus 
discípulos en S. Petronio? Yo me desvio, mi corazón 
sensible me arrastra, y me hace expresar de este modo. 
Perdone V. estas distracciones del amor. 

¿Como pintaré á V. mi reconocim.^° y mi felicidad el 
dia dichoso en q.' he recibido el Telescopio y el Chro- 
nometro? ¡Que grande es Mutis! ¡Que generoso es Mu- 
tis! ¡Que bueno es Mutis! Estas eran mis palabras, este 
era mi delirio. ¡O Dios' ¿por que hacerme conocer tan 
tarde á hombre tan grande: Yo mismo me irrito contra 
mi encogimiento de no haberme llegado á tan buen Pa- 
dre en 796 en que pude hacerlo en Santafé, Entonces 
si merecerla los elogios q.' hoy me prodiga el amor y 
amistad. Ilustre sabio, recibe mi alma, recibe mi cora- 
zón: esto tengo, esto os doy. 

El Telescopio llegó perfectam.*^ bueno, el Termome • 
tro lo rompieron los conductores, y el mercurio manchó- 
la caxa del Chronometro y me asusto á primera vista 
temiendo hubiese calado y echado á perder el instru- 
mento. Por fortuna todo quedo en la caxa y la maquina 
ilesa. Lo q.* me ha admirado es q.° no manchase ó se- 
amalgamase con el pie y demás piesas del Telescopio i 



— 205 — 

-quienes no ha tocado el mercurio. ^'Tal vez el bruñido y 
lo terzo de la superficie ha impedido q.* se una al la- 
tón? ^'0 tal vez es alguna mezcla sobre quien no obra el 
mercurio? El Microscopio llegó también bueno. 

Mucho he sentido la perdida del Termom.° p.^ la 
gran falta q.* me hace un par de estos instrumentos. 
Tal vez será mejor q.^ yo los pida á Cartagena al gene- 
roso ciudadano Pombo q.® ha querido partir con V. la 
gloria de proteger esta expedición, él me ha escrito unas 
cartas q.^ le honraran eternam.^^® y me ha facilitado mu- 
chos medios útiles. Si es asi, es decir, si á V. agrada 
haremos q.' vengan p.'' Guayaquil; pero pierdo las me- 
jores proporciones, las más brillantes ocaciones de per- 
feccionar la teoria de mi Mem.^ sobre medir las monta- 
ñas p.^' medio del Termom." En Quito es casi imposible 
hallar un instrumento semejante. Por aqui conocerá us- 
ted el estado de la Fisica y de las Ciencias útiles en 
esta populosa Ciudad. 

V. me dice q.* es preciso formar una completa colec- 
ción de Quinas p.^ responder alas injurias que han ver- 
tido contra V. los Peruanos de acuerdo con el S.^ Orte- 
ga. Yo quisiera una copia de la Memoria de Zea que las 
ha ocasionado, de la contestación de esosBotanicos lo q.* 
estos han publicado sobre el gen.° Cinchona, p.^ impo- 
nerme á fondo de los puntos controvertidos, y poder 
obrar conforme á ellos. V. vee q.^ voy á recorrer unos pal- 
ees abund.^^' de especies de este genero, y que puedo po- 
ner en manos de mi benefactor un material con q.* pueda 
vindicarse con conocim.*° de causa. El primer tomo 
de la Flora del Perú q.^ vi con misterios en manos de 
Bompland, me seria muy útil y quien sabe si necesario. 

V. cuente con el amor y con el reconocim.'*^ del me- 
nor de sus discípulos Q. B. S. M. 

Fran-g*^ Joseph de Caldas. 



— 2o6 



S.'" D/ D." JosEPH Celestino Mutis. 

Otábalo y Nov/ 22/802. 

Mi amadisimo y generoso Benefactor: presipitada- 
mente voy á decir á V. mis ocupaciones en estos 15 dias 
últimos, p.^ q.* el correo en estos pueblos miserables 
apenas se detiene 102 inoras. 

Verifiqué ya mi subida á Mojanda, montaña al S. de 
Otábalo q/ toca ya con el termino de la vegetación; 
todo él herizado, y despedasado. Desde q.* le vi sos- 
peché q.® fuesen las reliquias de un antiguo volcan, 
y acabo de confirmarme en mi pensam.^° El cráter es 
manifiesto á todos los q.* sepan veer á la naturaleza, y 
no sus apariencias. Toda la cima esta cercada de una 
cresta de piedra q.^ hoy sirve de bordas á una espacio- 
sa laguna, y q.* en los siglos anteriores fue el foco del 
volcan. M. M. Bouguer, de la Condamine ni le nom- 
bran, ni le pintan en sus cartas. Yo la he medido geo- 
metricam.*^, aun no he calculado, pero á mi estima no 
baxa de 10 v.^ de diámetro. Yo estoy hallando arroyos, 
montañas, lagos, volcanes mismos q.* han olvidado es- 
tos sabios. 

He baxado una abundante cosecha de plantas que 
actualmente describo y esqueleto. Creo q.* el genero 
Loasa merece reformarse en m.^ partes. El es formado 
sobre una sola especie, yo acabo de hallar una en Mo- 
janda con los nectarios tan diferentes de la descripción 
que apenas se parecen: tiene tres estigmas, y las ojas 
aovadas y opuestas en arpa: no pincha. ¿Quien sabe si 
los Peruanos le han hallado.^ ella habita en una grande 
elevación: yo le vi entre 18 y 19 pulg.^ de mi Baróme- 
tro. Abunda una especie de Molina sin hojas, el tallo 



— 207 -^ 

alado, con tres de estas, semi- ovales y semi-circulares 
alternadam.*^, los ramos alternos, erectos; las flores 
sentadas, las mas veces solitarias, rara vez de dos en 
dos. He baxado dos Andrómedas, un Vacczuiez, un Fian- 
tago sumam.t^ pequeño con otras muchas que aun no he 
examinado. 

La Astronomía ha dado un paso. El Telescopio q.^ V. 
ha confiado á mis manos se ha extrenado con el paso 
de Mercurio p."^ el disco del Sol. V. sabe la importan- 
cia de esta observación. Quando nació el Sol sobre el 
horiz.*'* de Otábalo estaba Mercurio como en el n. i. La 
mañana fue de las mas bellas, y claras que puede de- 
cear un amante de la Astronomía. Logré con la mayor 
felicidad el momento del contacto interior n. 2, y el del 
contacto exterior n. 3 á la salida. Yo habia tenido cui- 
dado de arreglar el Chronometro p.^' alt.^ corresp.*^^ los 
dias anteriores, lo q.^ hice también en los q.* siguieron 
á este fenómeno importante. ¿Si habrá V. hecho igual 
observ." en Santafé.í* El S.'' Barón de Humboldt me es- 
cribe de Truxillo una carta larguísima llena de expre- 
cíones de cariño y de noticias de su viage: en ella me 
recomienda esta observación, q.* él pensaba verificar en 
Lima: tal vez ese cíelo nebuloso, y obscuro no se lo ha- 
brá permitido. 

Las terribles dudas en q.^ nos han arrojado Bouguer, 
de la Condamine, y Juan sobre la longitud de Quito me 
han empeñado en decidirla p.^ mis propias observacio- 
nes. El Cielo ha estado favorable á mis deceos. Yo he 
logrado á toda mi satisfacción la inmercion del i.'' saté- 
lite de Júpiter sucedida el 19 de este á la madrugada. 
Aun no he calculado, reservando este trabaxo para Quito. 

No hay tiempo p.* mas; V. cuente y mande con 
imp.° sobre q.*^° puede su mas reconocido 

F. J. DE Caldas. 



— 208 



S.^ D.R D.N JosEPH Celestino Mutis. 

Quito y Enero 6/803. 

Mi amadisimo y generoso benefactor: quatro meses 
ha que vivo en una duda continua y absoluta de V. y 
de q.*° pasa en Santafé. ¿'Se ha olvidado de mi el ilus- 
tre Mutis? ^"No sabe q.* Caldas está consagrado y ya no 
existe sino p.« aumentar, si es posible, su gloria? ¿Por 
qué un silencio tan grande y tan dilatado? No se si han 
llegado á sus manos muchas larguísimas q.^ son un ex- 
tracto de mis operaciones y de mis trabajos, y no sé si 
vive mi ilustre benefactor. ¡Que duda tan cruel p.^ un 
corazón q.^ ama á V. con entusiasmo! Mi vida me es 
poco apreciable si la comparo con la del sabio Mutis. 
¡Que ansias, que deseos de saber del estado de su salud! 
Ilustre sabio, conzuela al menor de vros. discípulos, al 
mayor de vros. admiradores, y al primero de vuestros 
amantes q.* trabaxa baxo de la linea, sobre las mayores 
elevaciones del globo p.^ vra, gloria, ausente, y á 200 
leguas del objeto de sus amores. Ya me es odiosa la 
llegada del correo. Estos dias q. antes me llenaban de 
conzuelo, y de placeres, hoy me llenan de disgustos y 
aun de desesperación. Mis amigos, mis fieles amigos 
Arroyo y Pombo parece q.^ se han olvidado de mi, y 
creería q.^ han perecido. Conosco las grandes é impor- 
tantes ocupaciones de V., sé q.^ no le queda tiempo para 
nada, y esto me conzuela. Pero, ^-p/ que no me ponen 
quatro letras mis amadísimos Sinforozo y Rizo? Vive 
Mutis, ha recibido sus cartas: he aqui q.^° apetesco, he 
aqui quatro palabras q.^ labrarian mi felicidad. ;Y me 
negará V. esta satisfacción? Haga V. q.* su digno sobri- 
no, ó D. Salvador Rizo me pongan quatro letras todos 



^ 209 — 

los correos. Perdone V. estas quexas hijas de mi reco- 
nocimiento y de mi amor. 

El 19 de Diciemb.^ regresé á Quito, y terminé mi 
primer viage al Norte de esta Capital. Aun me habría 
mantenido en Otábalo ocupado con nras. amadas plan- 
tas; pero el solsticio del Imbierno se acercaba, y puedo 
4ecir q^ se pasaba, y V. sabe me era precisa esla ob- 
servación p." acompañar la que hice en Junio pasado 
antes de comenzar mi expedición, del solsticio del ve- 
rano. Aqui me ocupé el 20 hasta el 27 en trabajos as- 
tronómicos y atenciones sociales. Ahora arreglo el ma- 
terial q.* he traido y me dispongo p/ otras salidas á 
las montañas inmediatas, comensando p.'^ el inmenzo 
Pitchincha principalm.*^ p.^' el Norte q.* no reconoció 
Mr. Bompland. El 2 de Enero hice una subida hasta el 
termino de la vegetación p.*^ baxar las plantas q.* con- 
tiene el Guagua Pitchincha (Pitchincha el mozo) y en 
efecto baxe m.^ q.** hasta hoy me ocupan. Vi con admi- 
ración sobre la roca misma una planta femenina de 
Ephedra de quien acababa de veer otra en Guaillabam- 
ba á 22 X pulg.s del Barom.° Se q.* la hay en Guaya- 
quil, y si esto es asi tenemos q.^ la Ephedra es una de 
aquellas plantas q.* pueden vegetar en todas las eleva- 
ciones posibles. La p.^^ mas elevada de esta punta es de 
pórfido ordinario esquitoso, con sus capas colocadas 
casi verticalm.t^ 

En Otábalo he logrado muy bellas observaciones as- 
tronómicas. Dos inmerciones del i.«^ Sat.'^ de Júpiter 
me han fixado el meridiano de este pueblo de un modo 
satisfactorio, y á el viene ajustado el Chronom.", con 
cuyo auxilio he determinado la longitud relativa de 
Cuicocha, Cayamba, Guaillabamba. El Barom.° me ha 
ocupado mucho en estos últimos dias. He emprendido 
hallar sus variación.'^ relativas, y p.^ ello he montado 

14 



tres tubos, los he llenado en Otábalo, los he transporta- 
do llenos á Cuicocha, á Cayamba, á Guaillabamba, á 
Quito, y mis resultados parecen importantes y curiosos. 
Ojala los limites de una carta permitieran aclarar y ana- 
lizar mis ideas sobre este punto; pero breve tendré la 
satisfacción de comunicar á V. todos mis resultados. 

Yo trabajo con ardor en el ramo favorito de nro. via- 
ge, en la Botánica: he acopiado mucho y estoy acopian- 
do continuam.*® Quando haya visto y recorrido áNono, 
Lloa, Machache, Antisana & &, quando haya agotada 
las plantas de las 5 leguas de Quito pienso hacer mi 
primera remisión con todos los demás objetos de histo- 
ria nat.' Entretanto conzueleme V. en mi destierro, di- 
game los modos de executar mis proyectos y mande con 
absoluto imp.° sobre q.^° puede el mas reconocido, ad- 
mirador y amante de V. 

Fran.<=o Joseph de Caldas. 

P. D. — Cotopaxi nos ha asustado el 4 de este: á las 
7 de la mañana comensó á arrojar una nube espesa de 
polvo menudisimo q.e llego á las 3 leguas de su circun- 
ferencia: es de color cinéreo, con olor de azufre, y pa- 
rece pómez pulverizada: fundió alguna nieve, y aumen- 
to los rios; pero g.^ á la Divina Prov.* sin malas conse- 
quencias. 

S.'" D.'' D. Joseph Celestino Mutis. 



Quito y Febrero 20/803. 

Mi generoso Benefactor: muchas he escrito á V. y ha 
mas de siete meses q.* ignoro el estado de su salud, y 
miras cientificas. Este largo silencio que tanto me aflige 



lo atribuyo á las graves é importantes ocupación.* de 
V.: la Divina Provid.* permita sea esto solo, y no ten- 
gan en esto ninguna parte las enfermedades. 

Yo trabajo sin intermicion en todos los ramos que 
hacen el objeto de mi viage. Desde el rr.es de Dic* del 
año pasado me restitui á Quito en donde me he mante- 
nido hasta el dia, haciendo salidas á los lugares mas 
abund.^^^ de plantas, y aprovechando los instantes que 
dexan libres las nubes, en mis observ.^ astronómicas. En 
esta parte he sido mas feliz q.* el S."^ Barón de Hum- 
boldt. Este sabio apenas consiguió en su larga residen- 
cia aqui dos inmercion.* de los Satélites de Jup.^, y yo 
ya puedo gloriarme de muchas. Actualm.^^ trabajo 
en los preparativos p.* la observación del eclipse de Sol 
q.* se verificará mañana. Si el Cielo me es favorable, 
tendré un hecho de qué concluir la longitud de esta ciu- 
dad de un modo satisfactorio, si V. en Santafé, si Tiscar 
en Cartagena y Humboldt en Guayaquil consiguen el 
mismo fenómeno. 

Las noticias q.* freqüentemente hemos recibido del 
S.^' Barón de Humboldt nos enseñan q." la fama del 
Perú y de su capital ha sido exagerada por todos los 
viageros q.* le han presedido, y q." no merece la visita 
de un Filosofo: él se halla al presente en Guayaquil pró- 
ximo á embarcarse p.* Acapulco: dice q.* el suelo es 
fecundo en producciones naturales q.* casi ha agotado 
Tafalla y Manzanilla, continuadores de la Flora del 
Perú. Estas noticias y mis nuevas reflexiones sobre los 
países por donde debo transitar me han hecho variar 
considerablem.*® de plan de viage, q.* voy á proponer á 
V. y que espero se aprobará. • 

Yo quiero salir á la Costa del Mar del Sur p.'" Malbu- 
cho, ó p.'' Barbacoas é Isquande: embarcarme aqui, 
costear todo el Chocó hasta S. Buenabentura, internar 



— 212 — 

alguna parte, y volver á la costa, seguirla hasta la em- 
bocadura del Rio S. Juan: subir este hasta Calima, atra- 
besar el arrastradero de S. Pablo, embarcarme en el Atra- 
to, y descenderlo hasta su embocadura en el Golfo del 
Darien; pasar p.'' mar á Cartagena, ó si se quiere por 
tierra visitando al Zinú y Tolú. De Cartagena pasar á 
S.*^ Marta, veer la Cierra Nevada, y si es posible por 
el Valle de Upar regresar á Santafé. Este viage á mas de 
ser mas corto se verifica por paises vírgenes, y de una 
feracidad admirable. Los objetos principales relativos á 
el son bien interesantes. 

I." Actualm,*' se trata pJ este Presid.^ de la aper- 
tura del camino de Malbucho, q.* comunica el interior 
de la Provin.^ de Quito con la Costa. El S.'' Obpo. Cala- 
ma trabajó mucho sobre este objeto interesante, que no 
pudo verificar á pesar de sus exfuerzos y de su zelo. Ca- 
rondelet q.^ ama estos paises ha obtenido de la piedad 
del Rey q.* se tomen 40 © p.^ á un 5 p/ °/q sobre sus 
Reales Caxas, quedando el Erario cargado con esta deu- 
da, p.^ q/ se inviertan en este camino. Si las luces de 
este Xefe correspondieran á las qualidades virtuosas de 
su corazón nada faltarla p.^ hacer revivir la industria y 
el comercio de estos pueblos agonizantes. Pero p.^ des- 
gracia nra. se ha puesto este asunto en unas manos 
absolutam.^^ ineptas. El Comicionado es el hombre mas 
ignorante q.* podia hallarse en toda la extencion de la 
Provincia: ha hecho un viage á la costa p.* su reco- 
nocimiento á expensas del Erario: ha hecho un diario 
miserable, y un borrón del camino, q.* ha dexado al 
Xefe sumergido en la insertidumbre. Baxando yo á la 
Costa p.^ él, podré levantar una carta del pais, y de los 
ríos nabegables q.* contiene, apoyado sobre buenas 
observ.^ astronom.'^»^ formar un diario q.* contenga 
todo lo relativo á este camino, q.* puesto en manos de 



— 213 — 

Carondelet, ó del Virrey podría dar luces p.^ dirigirlo 
con asierto. El pais es muy rico de plantas y todas las 
producción.^ naturales: fixaria astronomicam.** la posi- 
ción del puerto desconocida hoy. 

Todos saben la abundancia de culebras q.* hay en 
Barbacoas y el Chocó, y también q/ en ningún pais del 
mundo se cura mejor el veneno de sus mordeduras con 
vegetales q.^ produce el pais con abundancia. ¡Que ser- 
vicio tan señalado seria el conocim.^" de todas estas 
yerbas, y de las culebras q.* producen el daño! 

El Arrastradero de S. Pablo q.'^ ha dado tanto que 
pensar á los políticos, y al S.^ Conde de Gijon en par- 
ticular, merece una atención distinguida: p.^ el se pue- 
den unir los dos mares, y causar una de aquellas revo- 
luciones q.* hacen época. Hasta hoy no se conoce sino 
á medias el terreno q.* divide las aguas del Atrato y de 
S. Juan, no se han hecho buenas nivelaciones, ni medi- 
das exactas p.^ poder desidir sobre este gran problema 
político. Si se verifican, si de ellas resulta la posibilidad, 
si la Nación las adopta, y se realiza este Canal, ;qual 
será la gloria, qual el reconocim.t° de la Monarquía y 
en especial de la America p.* con Mutis, autor y promo- 
veedor de este Viage? Una estatua apenas serviría de 
recompensa. 

A V. dexo la concideracion de tantos otros objetos 
q.* encierran estos países desconocidos, y feraces. Solo 
la Botánica podía ocupar á m.^ viageros. 

Yo seria mas largo si el correo me diera tiempo: en 
el siguiente satisfaré mis deseos. 

Ruego á Dios conserve su vida tan preciosa para 
nros., y conceda verle y estrecharle en sus brazos al mas 
reconocido y amante de todos sus discípulos Q. B. S. M. 
Fran.co Joseph de Caldas. 

S.'' D. Joseph Celestino Mutis. 



214 



Quito y AbJ 2i/8ot,. 

Mi sahio protector: há ocho meses que no veo letra 
de V. ¡Que aflicción para un joven que ama con ternura 
á V! Muchos puntos de la mayor importancia están 
todavia indecisos: El ultimo plan de viage q.* propuse 
á V. aun no tiene la aprovacion: El verano se acerca, y 
me expongo á perder la mas bella estación del año, y 
he resuelto salir de Quito en los primeros dias de Junio 
para Barbacoas, Isquandé & &. Pienso pasar á Pasto, y 
detenerme aqui algunos dias por ser Pais mui abundante 
de Plantas. En el recogeré las ultimas q.* formaran mi 
primera colección q.* remitiré p.'' mano del D.'" Arbo- 
leda Provisor de Popayan. 

El 8.°'' Barón de Humboldt, q/ partió á dos meses 
de Guayaquil, remitió á manos del S/ Marques de Sel- 
va Alegre un Canon de lata, que contenia una Memo- 
ria sobre la Geografía de las Plantas. Este no se p.'" que 
motibo la retubo en su poder mucho tiempo, y no me 
la entregó para su remisión p/ mi mano según la vo- 
luntad del mismo Barón. Yo la he detenido quince dias 
para tomar una copia, y la remito ahora acompañada 
de una friolera mia casi en el mismo genero, q.*^ espero 
la reciva V. con bondad. 

Tampoco parece todavia de Guayaquil la colección 
de Plantas q.* Humboldt remite á V. por mi mano. Oja- 
lá bengan á tpo. p.* unirlas con las mias. En el siguien- 
te remitiré á V. la descripción, y diseños de algunas 
Plant.» q!' me han parecido particulares, con una 
Memoria sobre Ymbabura. 

Considerando q.* ya Yo era demasiado graboso á la 
expedición, q.' me era absolutam.'® necesario un com- 
pañero, propuse el S.'' D.° José Ignacio Pombo agregar 



— 215 — 

á mi expedición á un Hermanito mió de 13, á 14 años. 
Yo he echado los primeros fundamentos de su educa- 
ción en Popa^'an, y el ha sido un co-observador en todo 
lo q.* he travajado en esta Ciudad. Pombo, este paisa- 
no ilustrado, me ha franqueado todo lo necesario para 
q.* me acompañe, y creo q.* faltarla á mi obligación 
sino diese á V. parte de esto. Espero no desagradará á 
^^'íY ^•* P-'" ^^ contrario merezca su aprovac.^, en inte- 
ligencia de que no lo haré spre. q.' V. me haga enten- 
der que no le agrada. 

El S.°^' Barón de Humboldt me ha escrito m.^ llenas 
<ie expresiones de cariño y me manda á presentar un 
Cajón de Libros de Historia Natural, y de Matemáticas, 
entre ellos muchos Alemanes. Yo no entiendo esta len- 
gua, y he pensado remitírselos á V. en compañía de las 
Plantas. Aun no llegan, y quien sabe si se perderán con 
las revoluciones de Riobamba. 

Espero q.* V. me conteste á Pasto antes de undirme 
en las soledades del Chocó. En el siguiente seré mas 
largo. Deseo, q.^ V. goze de una salud constante, y q.« 
la Providencia me conceda la satisface." de hallarle en 
este estado quando llegue á Santafé el mas reconocido 
de sus discípulos Q. B. S. M. 

Fran.*^'^ Joseph de Caldas. 

S.oR D.o» D. José Celestino Mutis. 

Stafé. 



Quito y Mayo 6/ So^. 

Mi amadísimo protector: jamas he desconfiado de la 
generosa protección de V. para llevar al cabo mis tra- 



— 2l6 

vajos. Ellos se han emprendido bajo de su sabia direc- 
ción, y todos van á ceder en su gloria. Es verdad que- 
ocho meses de silencio me aílgian, pero yo adivinaba- 
las causas, las mismas q.* V. insinúa. 

Recivi el Pasaporte de ese señor Virrey, q.* me hacia 
una falta considerable p.* empeñar á las Justicias á que 
me presten los auxilios necesarios de que tanto he care- 
cido hasta hoy. V. me aconseja á continuación, q."' no 
deje estas Provincias hasta no haver agotado sus vege- 
tales, y Yo tampoco he pretendido otra cosa. Este pun- 
to es importante, y merece que Yo imponga á V. en el 
p.*' extenso. He suvido á muchas Montañas de los alre- 
dedores de Quito, y en todas se reproduce la misma ve- 
getación llegando á iguales Niveles. Puede decirse sin 
exagerac." que examinando bien una de estas Montañas 
se ha examinado casi toda la vegetación de la Provin- 
cia. El fondo del A^'alle de Quito es muy elevado y casi 
toca en el termino Superior de la Quina, y todavia no 
he hallado una planta de este genero. Solo Antizana 
hace la escepc." de esta regla gral. Mr. Bomplan ha que- 
dado asombrado á la vista de tanta fecundidad. Asi que 
se componga el Tpo. boy á pasar muchos dias sobre 
Antizana, y estoy seguro q.^ he agotado las Plantas de 
esta región. Yo pienso inmediatam.^^ partir para los 
Pastos, y Pasto, paises fecundísimos, y aun mas eleva- 
dos que los de Quito, y acercarme de este modo á las 
entradas de Barbacoas. Antes que el verano espire quie- 
ro entrar á esta Ciudad en donde abundan las Quinas, 
y todo genero de Plantas. Aqui pasare muchos Meses 
en la colecc." de Plantas, y de semillas, y tal vez se 
acabará este año sin que haya salido de Barbacoas. En 
todo este Tpo. puede V. comodam.*® auxiliarme antes 
de mi partida. Poco mas se aumentan los gastos estan- 
do de camino, q.' haciendo pequeñas excursiones en las 



— 217 — 

cercanías de Quito. Todos los víveres se hallan excesi - 
vamente caros, y vasta la qualidad de forastero p.* que 
se le aumente una tercera, ó quarta parte mas del va- 
lor. En vista de todo he resuelto en Agosto, ó Septiem- 
bre meterme en Barbacoas porque lo juzgo mas impor- 
tante á la expedición, siempre q.' sea del beneplácito 
de V. cuyos consejos son para mi ordenes inviola- 
bles. Yo espero á vuelta de correo la ultima resolución 
de V. 

El Sor. D." José Ignacio Pomboha contribuido á los 
laudables fines de V. dándome libranzas de que no he 
hecho uso todavía, y q.* haré p.^ transportarme y sobs- 
tenerme en Barbacoas. Este País necesita de mucho tra- 
bajo, y de mucho tpo. para reconocerlo. En el hay mu- 
chas Quinas, y apenas se hallan en Quito. Espero remi- 
tir á V. en Agosto una copiosa colección de plantas 
con sus descripciones, y disceños, y otra de Barbacoas. 
7o creo muy importante mí residencia p.^ algunos me- 
ses en esa Ciudad; pero á pesar de todo, Yo renuncio á 
mis luces, al conocim.*° que tengo de estos Países, y 
me atengo á lo q.* V. me ordene. 

Mi Alma rebosa de contento al saver que ya está 
concluido el observatorio del sabio Mutis. [Quando lle- 
gará el día en que entre yo en este Templo de Urania, 
el primero q.' se le ha erigido en el nuevo Mundo al 
lado, y baxo las luces de su hijo amado, del zeloso Mu- 
tis! Yo deseo, que todos mis trabajos Astronómicos 
sean relativos al Observatorio de Mutis, y p.'' consiguien- 
te quisiera q.* V. ó Pombo el joven baxo de su dirección 
observasen las inmersiones y emersiones de los dos 
primeros satélites de Júpiter. De este modo podíamos, 
á mas de fixar de un modo incontrastable el meridiano 
del observatorio, el de todos los puntos de mí ruta, y 
publicar una carta del Reyno, tomando p.'" primer Me- 



— 2l8 — 

ridiano el observatorio del ilustre Mutis. Ya yo he ha- 
blado otras veces sobre este particular, y suplico á 
V. humildemente no sea todo de Flora, y reserve algu- 
nos instantes p.'' la Noche p.® hacer algunos omenages 
á Urania en el sovervio edificio que acaba de erigirle. 
Yo seria mas largo, pero me hallo con algunas indispo- 
siciones, que no me permiten escrívir de mi puño. 

Deseo á V. la mas perfecta salud, y una larga vida 
V. cuente y mande, con imperio sobre quanto puede el 
mas agradecido, y el menor de los discipulos que besa 
su mano. 

Frak^*^ Joseph de Caldas. 

S.o« D.« D.N José Celestino Mutis. 

Stafé. 



Quito y Mayo 21/803. 
S OR D,oR dn Joseph Celestino Mutis. 

Mi generoso Protector: acaba de entregarme el S.'* 
Marques de Selva-Alegre la adjunta del Sor. Barón de 
Humboldt q.« ha traido el Barco q.^ lo lleva á Acapul- 
co. Este Savio ha llegado con felicidad, y á la fha. le 
considero en México. 

No tenia animo de escrivir á V. en este reserbandolo 
p.* el venidero, y solo pongo á usted estas quatro letras 
p.* incluir la del S."^ Barón. Solo digo ahora q.« se dig- 
ne \'. contestarme sobre el objeto de mi antesedente, y 
principalm.*^ sobre mi salida de Quito, q.« es lo único 
q.® espero p.^ ponerla en execuc." 



— 219 — 

Deseo q.« V. se mantenga con salud, y q.® ocupe al 
mas reconocido de sus discípulos 

Q. B. S. M. 
Fran.^^o Joseph de Caldas. 



Quito y ynlio 6 de 1803. 

Mi generoso Protector: aunque no me hallo todavía 
bien restablecido de la enfermedad de q.^ he hablado á 
V. en mis antesedentes, parto entro de cinco, ó seis días 
para Malbucho en solicitud de las Quinas q.^se crian en 
estos Bosques. Yo me veo obligado p/' mi honor, y mu- 
cho mas p/ la gloria de V. á dar este paso violento en 
las circunstancias presentes, porque los Botánicos con- 
tinuadores de la Flora del Perú caminan de Guayaquil 
para esta en solicitud de las mismas Quinas, y seria 
vergonzoso q.^ estando un dependiente de la expedición 
de Bogotá en Quito, viniesen los Peruanos á desflorar 
estas Selvas. ¡Que insultos, q.^ injurias no vomitarían 
Ruiz, y Pabon contra nosotros si se verificasen mis te- 
mores! con menos motivo han querido deprimir el mé- 
rito, y la gloria q.« con tanta justicia tributan á V. los 
sabios, en la infame producción que acaba de ver la luz 
con el Titulo de continuac." á la Quinologia. Los resul- 
tados de este pequeño viage los verá V. con la maíor 
prontitud. 

El Catedrático de Filosofía del Colegio Seminario de 
S."^ Luis, adorador del mérito, y de las producciones 
de V., joven de luces, de un talento bas to, y propio 
para las ciencias naturales, me consultó acerca de una 



220 

dedicación q.® quería hacer á V. de un acto de conclu- 
siones de Fisica, y de Botánica. Me alegaba q.^ no ha- 
bía tpo. para consultar á V. y pedir su consentimiento: 
yo q.^ no puedo mirar con indiferencia nada de lo q.®" 
pueda ceder en honor del Sabio Mutis, convine gustoso 
en q.® se verificase atendiendo á los sequaces q.^ se ha 
criado el Canónigo López, hermano del rival de V. á 
los alucinados con el Folleto q.® este ha impreso, y á la 
fanática contestación de Ruiz y de Pabon á la Memoria 
de D.° Francisco Zea. A mí se me encargo la primer 
Replica como agregado á esa expedición, y con este 
motivo pronuncie el Discurso q.® remito. Puede ser q.® 
haya algunas equivocaciones pues Yo no conozco á fon- 
do las acciones, los trabajos ni los descubrimientos de 
V. En todo lo q.® digo, no soy sino el órgano de la voz 
publica, y esta puede equivocarse. Yo tengo la satisfac- 
ción de haver abierto los ojos á este Publico sobre el 
aprecio q.« debe hacer de V. y de las insulsas produc- 
ciones del Triunvirato Ruiz, Pabon, y López, á quien 
sin vergüenza, y contra la confesión ingenua de el ulti- 
mo, le han dado los dos primeros el glorioso titulo de 
Botánico. ¡Quanto puede la rivalidad! El concurso fue 
lucidísimo: asistió en cuerpo la Universidad, las Comu- 
nidades Religiosas, y Nobleza, Españoles y America- 
nos, grandes, y pequeños, ignorantes y sabios, todos 
han aplaudido y se han regocijado al ver publicadas las 
glorias de Mutis, y que se le tributen los honores q.® se 
merece. Actualmente se trabaja en imprimir los Acer- 
tos, y las Dedicatorias q.^ pronunciaron el Catedrático, 
y el Joven estudiante D." Manuel Espinosa y Ponce. 
Esperan estos q.^ se concluía este trabajo, y el de la. 
Lamina para escrívir á V. como corresponde. 

Se me pasaba decir á V. q.® Tafalla y Manzanilla 
meten ya la hoz en Mies agena viniendo á explorar las 



221 

Selvas de Malbucho, q.« pertenecen al Virreynato de 
Santafé: yo no hablaría una palabra si supiese q.e solo 
se trataba del progreso de las Ciencias; pero sospecho 
q.® todas las indagaciones q.* hagan estos Botánicos, 
las han de convertir en insultos contra V. Yo creo, sal- 
vo el parecer de V., q.* se les debe impedir p/ el Go- 
bierno el q.* trabajen en esta Provincia, supuesto que 
existe en ella un agregado á la expedición de Bogotá. 
V. verá lo q.^ mas combenga, y mande con imperio 
sobre quanto pueda el mas agradecido de todos sus dis- 
cípulos Q. B. S. M. 

Fran.co Joseph de Caldas 

Sor. D.^ D.^' José Celestino Mutis. 



Ibarra y Octubre 6 de l8oz - 

Mi amadísimo Protector: en mi antesedente avisé á 
M. q.« partia p.^ Malbucho en busca de unas Quinas 
q.^ no han existido sino en la imaginación de los Qui- 
teños. El 14 de Julio sali á recorrer esos bosques en 
donde me he mantenido hta. el 3 de Octubre en que 
llegué á esta Villa con mi salud sumam.*^ quebrantada 
después de una cadena continuada de fatigas, de tra- 
bajos, y puedo decir q.® de miseria. Esta seria dema- 
siado larga, y enternecerla el corazón de V. si entrase 
en una relación circunstanciada de todo lo q.« he tenido 
q.^ sufrir en este viage. Pero ya pasaron estos dias de 
amargura consagrados á la gloria del maior Botánico. 
Oyga V. la relación abreviada de mis tareas en estos 
tres meses. 

El 17 de Julio llegué á Ibarra, el 24 del mismo sali 



— 222 — 

p.a Malbucho en donde estube el 26. En este transito 
verifique muchas observaciones del Barómetro con el 
objeto de formar una nivelación barométrica del nuevo 
camino, y hacer ver por ella el fácil descenso desde 
Ibarra hta. las costas del mar del Sur: muchas latitudes 
astronom.*^® determinadas, un numero inmenso de ángu- 
los con la aguja p.* levantar la Carta interesante del 
País: he recogido, he descrito, y he diseñado, y esque- 
letado un numero considerable de plantas como q.® es 
el objeto principal de mi micion. En Malbucho me de- 
tube dose dias ocupados en estos mismos objetos, y 
halle una vegetación del todo diferente á la de la cor- 
dillera. Este pueblo reciente se halla ya p/ las 3007 
lin.s del Barómetro. El 6 de Agto. parti de Malbucho 
acompañado del Corrg/ Bello Comisionado en Gefe 
p.* la apertura de este camino, y comense á atrabesar 
este bosque inmenso á pie, con la Brújula en la mano» 
Habia grandes disputas sobre la longitud de esta mon- 
taña, y me resolví á desidirlas encargándome del largo 
é improbo trabajo de medirla á cordel, p/ q.^ todos los 
métodos geométricos son impracticables en estos luga- 
res cubiertos de un bosque tan antiguo como el mundo. 
Siete dias de fatigas, de cansancio, de calor, y de lodo, 
apenas bastaron p.» llegar á las orillas del rio Bogotá. 
Todas las noches, y todas las tardes llobia sin intermi- 
cion: la umedad no tiene limites, todo se corrompe, y 
nada puede resistir á un clima tan contrario á la salud 
del hombre, como al progreso de las ciencias. En tres 
meses q.* he existido en estos tristes lugares no he po- 
dido tomar la altura de una estrella sola á pesar del 
continuo cuidado q.* he tenido. El Sol ha sido mi recur- 
so en estos apuros geográficos. Un dia pasamos en 
Bogotá, y el siguiente nos embarcamos con nros. ins- 
trumentos: bajamos este rio hta. su embocadura en el 



— 223 — 

de Santiago, q/ bajamos hta. la Costa. No me detengo 
en manifestar á V. los rios q.« entran en este, asi por 
el lado del Norte, como p.^ el del Sur, sus anchuras, 
velocidades, islas, mareas, fondos, bajos &. Se. p.'' que 
todo lo verá V. p.^ extenso en una larga memoria que 
estoy formando sobre este viage, y los objetos de his- 
toria natural q.« produce el Pays, y q.* pienso, siempre 
q.* sea del beneplasito de V., dedicarla al ilustre Caba- 
nilles supuesto q.« V. quiere presentar á la Europa 
alguna producción mia. Yo también lo deseo, no por 
vanidad sino p^ q.* se me empleé y se me confirme por 
el Rey en la plaza que V. ha determinado proponerme; 
Concluidos nros. trabajos á la costa regresé á el puer- 
to de Bogotá subiendo el mismo rio de Santiago. El 
Correg/ mi compañero de viage regresaba inmediata- 
mente á Ibarra, y yo debía seguirlo según mi primer 
plan q.« comuniqué á V. en mi antesedente. Entré en 
largas y serias reflexiones: los trabajos pasados de la 
montaña, los costos de transporte y los q.* debia oca- 
sionar de nuevo, el tpo. q.* perdia no consagrándolo á 
la Botánica, y resolví no bolver á ver á Quito. Como 
habia salido de esta Ciudad sin esta ultima resolución 
habia dejado en ella mucha parte de mis instrumentos 
y Libros: no habia trahido ninguna ropa, ni las provi- 
siones necesarias p.^ mi alimento. Yo me hallaba casi 
sin dinero, y tome las resoluciones siguientes: 

Pedi á D. Pedro Montufar la cantidad de ochocien- 
tos p.^ en virtud de la libranza de D. José Ignacio 
Pombo, llamé á mi hermanito q.^ acababa de llegar á 
Quito, q.^ debia traherme todo lo q.« necesitaba para 
seguir inmediatam.*^® mi viage á Tumaco, Isquandé, San 
Buenabentura Se 6c. El Correg/ fue el encargado para 
remitirme todo lo dho. y yo quedé en el nuevo puerto 
ocupado unicam.*® en la Botánica. Todos los alimentos 



— 224 — 

se acabaron, y quedé sercado de miseria. Los q.* po- 
díamos conseguir se reducian á plátano y carne de 
Sayno. Cuyo uso unido á la malignidad del clima y al 
genero del trabajo á q/ estaba reducido quebrantaron 
mi salud hta. el punto de hacerme variar de resolucio- 
nes, y regresar á Ibarra á repararme, y á proveerme de 
lo necesario p.^ emprender con toda seriedad un viage 
q.® va á enriqueser á la exp." con las mas bellas pro- 
ducciones naturales. Yo habia colectado un numero 
considerable de plantas preciosas q.* creia nuebas. 
Pero en Malbucho hallé á Tafalla y Manzanilla Botáni- 
cos del Perú á quienes trate y pedi me manifestasen 
los Tomos q.® tubiesen de la Flora del Perú. Satisfacie- 
ron mis deseos, y yo quede verdaderam.'^^ afligido al 
ver q.* habia perdido los dos tercios de mi trabajo por 
carecer de esta obra absolutam.^^® necesaria p.* un Bo- 
tánico en la America. Si yo la hubiera tenido no habria 
malgastado el tpo. y mi salud describiendo y diseñan- 
do plantas conocidas y publicadas, y habria contentado 
con esqueletarlas p.^ completar la colección. Yo boy á 
hablar á V. con aquella franqueza, noble ingenuidad 
de q.® V. me ha dado tantos exemplos. 

Si V. desea poseer una colección completa de todos 
los vegetales q.® produce al nuevo Reyno desde el ter- 
mino de la nieve hta. el mar es indispensable q.* V. me 
provea de una Flora peruana sea del modo q.* se fuese 
y de un Sehreber. Este auxilio me dispensará de un 
trabajo indefenso, con utilidad notoria de la Expe." pues 
no agotaré mis fuerzas en diseñar y en describir lo que 
está bien diseñado y descrito, empleando este tpo. en 
las q.' lo merecen. 

El seg.d" auxilio q.^ espero de V. p.^ poder sacar todo 
el fruto q.** me prometo en este viage es q.* me remita 
un pintor. Son tantas las plantas q.* me rodean y tan 



— 225 — 

corto el tpo. q/ me veo obligado á no diseñar sino á 
una ú otra, y abreviar demasiado las descripciones tal 
vez con perjuicio de la expc." V. ha dado dos á mi ama- 
disimo Sinforoso q.^ esta recorriendo unos payses sin 
contradicción menos interesantes q.* los q/ yo voy á 
visitar. Yo trabajo sin intermicion, me agoto las fuerzas 
y no puedo ni aun desflorar la fecundidad de estos bos- 
ques. Que dolor p.^ mi ver plantas bellas y no alcanzar- 
me las fuerzas p.^ describirlas, y p.^ diseñarlas. Yo voy 
á apuntar á V. en pocas palabras lo q.^ me pasa. Veo 
una planta, la busco en los pocos libros que tengo, no 
ía alio, y entro en la duda de si se incluirá en la Flora 
peruana, y obligado á no solam.^^ describirla, sino 
también diseñarla: dos horas, y muchas vezes tres ape- 
nas alcanzan p.* concluirlo todo lo relativo á esta sola 
planta. Quando en un dia de buen trabajo se pongan en 
el mismo estado tres ó quatro especies se ha hecho de- 
maciado. El tpo. y las fatigas de la hervorizacion fre- 
quente quita sino la mitad á lo menos una tercera parte 
del tpo. Hablemos con claridad: yo no me alcanso, y mi 
salud tal vez va á quebrantarse hta. el punto de no po- 
derse restablecer. Medite V. seriamen.^^ sobre esto y no 
dudo q.^ convendrá en remitirme no solam.^^ el pintor 
q.' pido sino también otro. Estoy intimam.'^'^ persuadido 
q f es mil veces mas útil á la Exp." el q.^ vengan á mi 
lado los dos pintores q.*" hoy tiene D. Sinforoso en Gi- 
rón. El Chocó es de una fecundidad sin limites, y en que 
aun no han puesto sus pies ningún inteligente. Que do- 
lor seria recorrer estos lugares, tener en las manos tan- 
tas riquezas y llegar pobre á Sta. Fe. No creo que V. se 
resista á unas razones tan poderosas, y trate seriamen- 
te de darle una nueva forma y los auxilios q.^pido para 
esta Exp." La gloria de V. pues yo no trabajo sino para 
ella se alia demaciadam.^" interesada en q.^ vengan los 

15 



— 226 — 

dos pintores con la FJora. Lo q.« he visto de la costa 
me ha demostrado q.^ son necesarios estos apoyos. La 
contestación de V. debe ser pronta, y el envió de los 
pintores con la mayor velocidad, pues yo pienso salir 
de Quito en Enero, y gastar todo el año de ochocientos 
quatro en el reconocimiento del Chocó, p.^ poder estar 
en esa á principios de ochocientos cinco cargado de los 
despejos de esta patria del oro. 

Apesar de haver recojido q.*^^' papel me ha sido posi- 
ble en Quito, en Ybarra, y aun en Popayan me veo su- 
mamente escaso, pues el hervario va á ser inmenso. Es- 
pero q.^ V. remita con los pintores todo el q/ se pueda 
conseguir. Una barra de tinta de la China no se puede 
conseguir aquí pJ ningún precio. Me alio sin Termo- 
metro p.^" q.^ el único q.^ me quedaba se acaba de rom- 
per en este viage. Los Lapices no se encuentran, y me 
hace una falta indecible una Aguja pequeña, ó Teodo- 
lite semejante al q.'' V. regaló al S.'^ Barón. No dudo que 
V. me remita con los pintores este instrumento, dos 
Termómetros y provicion de Lapices y tinta de la 
China. 

En el siguiente escrivire á V. mui largo, y le remitiré 
todo lo q.^ haya digerido de mi ultimo viage, y tendrá 
V. todas las Quinas q.^ he recogido en el, con sus des- 
cripciones, diseños y esqueletos, y largas noticias de 
Tafalla y Manzanilla nros. rivales. 

Yo me alio un poco restablecido, y espero reponerme 
dentro de pocos dias. Deceo con todas las anclas de mi 
corazón el q.' goze de salud perfecta, y que mande con 
imperio sobre q.*° pueda al mas reconocido y admirador 
d(i todos sus Discípulos Q. B. S. M. 

Fran.^^o Joseph de Caldas. 



— 227 — 

P. D. — Dispénseme V. vaya esta de otra letra, pues 
no me hallo con fuerzas para hacerlo p.^,mi mismo: dis- 
pense los yerros, y no olvide Pintores, la Flora & &. 

S/ D.^' D, JosEPH Celestino Mutis. 



Quito y Nov,^ 21/803. 

Amadísimo Protector mió: de Ybarra escribí á usted 
sobre mi salida de Malbucho y sobre mis observaciones 
sobre diferentes géneros. Después de esa época y antes 
de convalecer partí p.* kitac pueblo situado fuera de la 
Cordillera y á 3 dias de mal camino de Ybarra. Aqui 
contraje unas fuertes tercianas q.^ corté álos 11 dias, y 
de q.' me hallo restablecido g? á la Divina Prov.^ Este 
ultimo viage ha sido oprimido y forzado p.^ los émulos 
de V. Tafalla y Manzanilla. Estos desconzolados por 
no haber hallado Quinas en Malbucho regresaban á 
Ybarra en solicitud de las mismas q.^ se sabia con cer- 
teza existían en íntac. Ya yo habia visto las cortezas y 
me hallé antes q.^ ellos en Ybarra. No dudé marchar 
medio agonizante á este bosque tan áspero y mas ma- 
ligno que el del Malbucho, me veia sobre el Nevado de 
Cotacachey no lo creía. ¡Quanto imperio tiene sobre mi 
corazón el honor del ilustre Mutis vulnerado con tanta 
injusticia p.'" Ruiz y Pabon! Entré en Intac saque mis 
plantas y una especie de Cinchona. A mi regreso á 
Ybarra, hallé allí ya á nros. Botánicos rabiando p.'' que 
el discípulo de Mutis habia tomado posesión de esta 
Quina. Llenos de urbanidad me visitaron y preguntaron 
p.i' mis hallasgos en Intac. Yo no dude decirles q.' te- 
nia yo la única especie de Cinchona q.^ producen los. 



— 228 — 

bosques de Intac. Asi aseguraba p/ nra. Exp." mas y 
mas de esta especie. A mi me ha parecido muy afín á 
la pallescesis aunque tiene caracteres q.« la separan 
como V. vera entro de 15 d'ias p/' los esqueletos, 
descrip.'^y diseño q.^ apronto p.* remitirlos. Nros. ene- 
migos desistieron de su proyecto de visitar á Intac q.^^ 
supieron q.<^ ya yo lo habia executado. 

Como este ultimo viage ha sido Quinologico puro he 
averiguado y me he asegurado de m.^ cosas q.^- serán 
muy gratas á V. acerca de las Quinas. Sí, y lo ignoran 
nros. enemigos, q.® en Huaca á 6 dias de esta y en el 
mismo camino de Popayan, hay dos especies de Cincho- 
na, q.^ dos dias mas alia de Intac hay una diferente de 
la q.® poseo, q.^ en Xalupana á un dia de Quito hay una, 
q.^ en Lloa y Chillugalli hay dos de q.^' he visto muest.% 
q.^' en los bosques entro de Aloa y Mochacha hay 3 
esp.^, q.^ en los Colorados hay un num." prodigioso de 
especies de este genero. Yo me hallaba resuelto á vol- 
ver á Malbucho en Enero, internar en el Chocó, y á 
fines de 804 estar en Santafé. Pero he variado de plan 
p.^' el honor de V. 

Los Botánicos nros. émulos son mas propios p.* Da- 
mas de corte q.^ p.^ el oficio que exercen. La mas lige- 
ra indisposición los encierra en sü gavinete. ¡Que ven- 
tajas las q.^ yo sé sacar de su flogera! Nadie sabe mis 
miras y las pondré en practica como no me me falten 
los auxilios. Creo q.^ entonces sí podremos responder á 
las injurias de Ruiz y Pabon: oiga pues V. los proyectos 
de Cald."^ Me mantendré hasta Enero en Quito pillando 
las Quin.s inmed.^»^ y otras plantas: en este mes parto 
á Huaca y montaña de Intac, sigo á Mochacha, Aloa, 
Colorados, Riobamba, Cuenca, Loxa. Ah! que golpe el 
que vamos á dar siendo los primeros q.^ vamos á reco- 
nocer estas Quinas imperfecl.*® descritas p.^' la Conda- 



— 229 — 

mine. Se de positivo q.** Tafalla y el otro tienen orden 
de recoger todas las Quinas de la presid." de Quito, q.^ 
estos SS. van á Loxa en el Agosto inmediato p." q.^ no 
pueden salir en invierno. Yo voy á tomar la delantera 
sin remedio. Estoy tan encaprichado en este punto q.^ 
voy á verificarlo aunq.^ cueste mi vida. ^Que vale esta 
en paralelo con el honor del ilustre Mutis? Ah! protec- 
tor mió, si V. viera de cerca las llamaradas de mi co- 
razón! Las Quinas son el grande objeto de mi viage, y 
p.» desempeñarlo dignam.*® necesito de la Flora del 
Perú^ y de un Pintor p."^ lo menos. Si, q.' venga accele- 
radamente uno de tantos q.® hay alia: tal vez jamas se 
ha ocupado con mas interez q.^ en esta, exp." ninguno 
de los Pintores. Imagínese V. con todas las Quinas de 
esta presidencia, con todas las de Loxa, Guayaq.^, cos- 
ta &^ bien diseñadas, esqueletad.^, descritas, q.^ reuni • 
das á las de la Flora Peruana, y á las de V. se halla en 
estado de dar un golpe maestro en el punto mas intere- 
sante q.* tiene hoy la Botánica. La producción q.' se 
formarla de este material colmaria á V. de gloria y 
triunfarla de nros. enemigos. Ilustre sabio, no perda- 
mos ocacion tan brillante, ocacion única y q.^ si nos 
descuidamos puede q.^ pase á nros. émulos. Incorpore- 
ce V., reanime mi exp.^^ con libros, con instrum.'^^^ q.® 
me faltan, con Pintores y con los auxilios necesarios p.^ 
nros. transportes y mantención. Este S.^" Pte. me ama, 
me distingue, y se ofrece á auxiliarme en todo lo q.^sea 
de mando. Yo vuelvo á insistir, y ruego á V. mire p.'^ 
su honor vulnerado, y me auxilie p.^ desempeñarlo. 

La Coya va con la Quina, y con la noticia circuns- 
tanciada de los Instrum.*'^^ de Maynas. 

Recibí p.'" mano de .mi amadisimo Rizo la lib.'* de 500 
p.-^ q.6 guardo para la colecc.'^ de Quinas q.^ comenza - 
rá en la semana entrante. 



— 230 — 

Yo no pienzo en otra cosa q/ en desempeñar digna- 
mente el encargo y la conf." q.'' V. ha hecho de mi, á 
quien debe V. mandar con el imperio de P.® y de Mro., 
y contar con q.^^ puede el mas agradecido de todos 
sus subd.t«« 

q. b. s. m., 
Franc.<=° Joseph de Caldas. 

S/ D. D. Joseph Celestino Mutis. 



Quito y Enero 6/804. 

S.J* D.J^ D. Joseph Celestino Mutis. 

Amadísimo Protector y Padre mió: quando hallase 
títulos mas dulces q.^^los q.^ me atrebo á usar con V. no 
correspondería á la ternura de su ultima carta. ¡Que 
carta! Una tormenta de paciones contrarias, de senti- 
mientos opuestos, ha excitado su lectura en mi cora- 
zón. El dolor, el reconocimiento, la ternura, el amor, 
las lágrimas, los temores todo se ha sucedido rápida- 
mente. He temblado al leer el riesgo en q.^ se vio la vida 
del sabio Mutis, vida preciosa, vida q.® compraría con 
la mia si estubíese en nras. manos. ¿'Como reparar esta 
perdida? Muchas docenas de hombres puestos en el lu- 
gar que dexa no le llenarían dígnam.te ¡Que desgracia 
p."* Caldas! No me acuerdo de su colocación, de sus 
planes, proyectos, viages y trabajos que quedarían arrui- 
nados en un mom.^° con este golpe, hablo sí de mí do- 
lor, del cáliz de amargura q.^ habría tenido q.® agotar, 
de mi despecho, despecho generoso pues se fundaba en 
el arrepentím.'^o de no haber volado á.Santafé á servir. 



— 231 — 

á alibiar'los últimos dias del mejor de los Sabios, á be- 
5ar, á bañar con mis lagrimas, con estas lagrimas de 
amor y de reconocimiento la mano generosa y bienhe- 
chora del virtuoso Mutis. Ah! Padre generoso, humano 
y compasivo, mi alma se turba y no podra aquietarse 
hasta q.^ abrase las rodillas del Sabio ilustre á quien 
tengo la gloria de obedecer. Me hallo en el estado mas 
violento q.^ puede imaginarse, Mutis no se separa un 
instante de mi memoria, la vuelta á Santafé el termino 
á que aspiro, todo me disgusta, las dulzuras de Flora y 
de Urania, q.^ tanto imperio han tenido sobre mi cora- 
ron en otro tiempo, me son insípidas, el telescopio cae 
de mis manos q.'^o imagino q.« estoy á 200 leguas de 
Mutis. V. se explica del modo mas fuerte y positivo 
-sobre esta pronta reunión, el Joven Pombo me hace 
una larga relación de q.*^° ha pasado en la funesta en- 
fermedad, ambos reflexionan sobre la importancia de 
mi residencia en esa y de q.® logre, que recoja las ulti- 
mas palabras del hijo mas querido de Flora. Ah! Ilus- 
tre sabio, yo no podre vivir si no consigo estar al lado 
y baxo la dirección de Mutis. Tenga V. compacion del 
mayor idolatra de sus virtudes, de sus luces, y de todo 
lo q.^ pueda pertenecer de algún modo á V. Saque- 
me V. de este estado de amargura de abatimiento y de 
temores. Concédame V. la dulce satisfacción de servirle 
de cerca, satisfacción que miro como el colmo de mi 
gloria. Desespero p.'^ hallarme en Santafé p.^ arrebatar 
sus trabajos, p.^ encargarme del arreglo de las cosas 
baxo de su sabia dirección, p.* aliviar los dias de uno 
q.^ miro como á Padre por... pero mi alma esta conmo- 
vida en este instante: yo no vivo, me hallo lejos de Mu- 
tis. Mutis se halla cnlermo. ¡Que triste situación! Yo 
voy á regresar precipiladam.*^*^ á Santafé, voy á acortar 
mis trabajos, y entro de algunos meses me voy á pre- 



— 232 — 

sentar en la casa del ilustre Mutis. ¡Gran DiosI ;seré 
tan feliz q.^ se me conceda este conzuelo como premio- 
de mi amor y de mi ternura? Acuérdese V. de mi cora- 
zón, y de mis penas y no se oponga á lo q.« voy á pro- 
poner. 

En Enero presente paso al Norte de Quito, y lugares- 
circunvecinos, iré á Loxa p.'' Cuenca en solicitud de 
Quinas, baxaré p.^ Tumbez á Guayaquil, regresaré á 
Quito p.^^ Guaranda, y tomaré la ruta de Santafé á Po- 
payan. Es necesario variar de plan, es preciso no veer 
al Chocó ni á Cartagena. Este viage esta concluido en 8,. 
á 12 meses, hemos visto q.'^^ tienen las cercanías del 
Equador y al paso hay prodigios en especial Timana,. 
Cali, Almaguer, Pasto, Loxa, Guayaquil. V. conoce 
bien la importancia de esta acceleracion. Es cierto q.^ 
quedan intactos los bosques de la p.*^ oriental y occ.^ de 
la Cordillera, pero yo voy á proponer á V. un medio 
q.^ lo creo de la mayor importancia. 

He observado q.® Mexia ha tomado muy de veras los 
consejos q.^ V. le dio en su ultima: desde ese dia no 
pienza, no habla, no respira sino Botánica: hace fre- 
quentes salidas á los alrededores, se oculta de mi, pues 
teme con fundam.^^ q.*^ yo posea las yerbas de estas cer- 
carlas. Yole hable positivam.te diciendole q.Menia, sino 
todo, lo más, que no duplicase, q.* corriese mas lejos, 
q.* todas las plantas q.* remite las tengo en mi herbario- 
y que mi honor no me permite callar sobre este punto. 
^•Qué hará V. con esqueletos, con descripción.^, y dise- 
ños de una misma planta remitida p.'' Mejia, y tamb.^ 
p/ Caldas? Le añadi q." yo avisarla á V. las q.^ des- 
de el año pasado poseía no p/ q.' tenga yo interez en 
q.^ vayan con mi nombre ó con el suyo, sino p.^ hacer 
veer á V. q.* he trabajado con honor y con actividad. 
Yo veo con dolor q.' él hecha mano de una miez q.^ des- 



— 233 — 

floré ha mas de un año. Apesar de esto conozco q.* e^ 
para el caso, q.^ tiene un buen talento, mas q.^ media- 
nos conocim.to^ botánicos, que sabe latin, con su tintura 
del griego, q.* es activo, constante, mozo, con salud, y 
sobre todo q.« ama á V. Por otra parte, sus émulos, 
pues á ninguno q.' tenga mérito le faltan, han dispuesto 
de tal modo las cosas q.* lo han pribado de la Cátedra 
q/ poseia, lo han arruinado y reducido á miseria, ale- 
gando q.* ha hecho perder el tiempo á los jóvenes ense- 
ñandcles á conocer la col, el apio, el orégano & , y ol- 
vidado el evgo, el ente de razón y las categorías. Creo, 
pues, muy útil á la Exp.'^ el q.' se le agregue si V. lo 
tiene p.^' combeniente, y fixarlo p.* recorrer á Macas, 
Canelos, Maynas &. &. al mismo tiempo que yo al lada 
de V. trabajo en cosas de mis interez. El se insinuó con- 
migo acerca de esta propuesta y no lo he verificado 
sino después de un maduro examen: V. hará lo mejor, 
y me contestará con prontitud sobre este, y sobre el 
acortam.'^^de mi viaje atendidas las circunstancias pre- 
sentes. 

Añada V. á todo, q.^ aun me veo acometido de la 
terciana, q.« Malbucho ha estropeado mi salud hasta el 
punto de sospechar q.® ya no podrá sufrir la maligni- 
dad del Chocó sin una larga y solida reposición. Todo 
parece q.® concuerda en obligar á V. á que subscriba á 
mi pronto regreso á Santafe. 

Yo no tengo interez en la agregación de Mexia, y 
solo lo propongo p.'' q.« se lo ofreci y p/ q.« conozco 
que nos puede ser muy útil. Pero todo esto baxo la 
intelig.^ de q.* V. lo crea asi, V. q.^ conoce las cosas, 
q.* las tiene presentes y penetra las circun.^^ actuales. 

No soy mas largo p.^' q.^ el tiempo es corto; y con- 
cluyo diciendo q.® en esta sigue un caxon con m.^ es- 
queletos, diseños y descripción.'* de plantas, y de aves 



— 234 — 

«ntre ellas la Cinchona de Intac, sus cortesas, con las 
semillas de la Polymnia. Remito también unos esquele- 
tos de una Vcilea q.* no difiere de la de V. sino en la 
falta de estipulas, Mexia incluye á V, 4 esq.*^'^ de plan- 
tas q.' poseo, con descrip.^ y diseños, unas raices de 
Crotón con semillas. 

Deceo con las mas vivas anclas q.* Dios conserve á 
V. con salud, y lleve á su lado q.^° antes á su afmo. ad- 
mirador, amante y reconocido discípulo q. b. s. m., 

Franc." Joseph de Caldas. 

P. D. — Se me olvidaba advertir á V. q."" Mexia es 
casado con una vieja de quien no tiene hijos. 
Lo q.^ encierra el caxon de mi i.^ remicion. 

Laminas. 

23 lam.^ de plantas mias. 
5 lam.'^ de Mexia. 
14 lam.^ de aves mias. 

Mss. 

Descripc."^ de plantas en 30 fox. mias. 

Dcscripc.^ de Mexia. 

Razón de los instrum.^°^ de Maynas. 

Raye.', Cortez.% &:."■ 

Rayz del Crotón n. 43. 
Xugo del mismo en frasco. 
Corteza de id. 

Corteza de la Cinchona n. i. 
Semillas de la Polimnia n. 42. 



— 235 — 

Esqueletos de aves, . 
15 pieles de aves. 

EsqJ"^ de Plantas, 

4 Polimnia n. 42. 

4 Sida? n 48. 

3 Convolvulus n. 72. 

Ra.s Pent.^ monog.^ n. 49. 

1 Didyn.^ angiosp.^ n. 162. 
3 Eehites n. 68. 

3 Anothera n. 92. 

2 Pent.^ monogy.^ n. 78. 

3 Pitcarnia n. 51. 

Ms. Peni.^ monog. (Melloco) n. 147. 

2 Lobelia n. 131. 
M. Genciana n. 29. 
M. Plantago n. 138. 
M. Ranunculus n. 189. 

3 Crotón n. 43. 
3 Loara n. 137. 

3 Coriaria n. 134. 

3 Collumellia (Flor Peruv.) n. 160. 

2 Loranthus n. 152. 

3 Manettia n. 153. 
3 Manettia n. 156. 
3 Manettia n. 172. 

3 Molina (Flor Peruv.) n. 142. 

2 Molina n. 146. 

6 Molina n. 149 (Chilquilla). 

Syng.^ cuya descrip.'^ y diseño tengo remitidos, n. 39, 

3 Cedrela odorata n. 128. 



— 236 — 

3 Dodec* monogy.' n. 144. 

6 Monoec* dodec.^ n. 181 (Pombea). 

7 Cinchona n. i.° (seg/'^ colecc"). 

Quito y Enero 6 de 1804. 

F. J. DE Caldas. 

He añadido: 

6 Valea sin estipulas n. 42 (seg/*'> colecc"). 



S/ D. D. JosEPH Celestino Mutis. 

Quito y Fehs 6/804. 

Amadísimo Protecíor mió: acabado de salir de lasep' 
tima recaída de mí rebelde terciana, y pongo á V. esta 
p.^' pedir á V. un remedio, ó un método curativo p.^ li- 
brarme de esta cruz q.* ha 3 meses q.* me oprime. Re- 
caer y levantar han sido los dos estados de que no sal- 
go: cada recaída va minando mi ser y me va dejando 
reliquias bien molestas. 

V. se habrá confundido con mi carta y falta de caxon, 
Pero sepa V. q.* desp.'^ de entregadas mis cartas en el 
correo lleve el dho. cajón, me pidieron una suma exor- 
vitante q.* me desanimó, lo dexé, y ahora van los dise- 
ños, descripción.^ y los esqueletos solam.^^® je la Quina 
de Intac, y otra especie de liliácea q.^ me ha parecido 
rara p.'' sus caracteres: tiene 6 filam.^Q^ glandulosos, y 
6 anteras unidas fuertem.^^ en cylindro, cosa bien nue- 
va para mí. 

D." Joseph Ign.° Pombo me ha escrito cosas q." me 
han inquietado demasiado, y q.^ es preciso q.^ V. sepa. 



— 237 — 

>Ie dice q.^ yo me detengo aqui contra la voluntad de 
V. Si V. hace memoria de sus cartas se acordará q.'' 
me tiene ordenado me mantenga hasta dejar explorada 
esta Prov.^ y q.^ yo insté á V. para q.* me permitiese 
salir de ella, cuyo permiso no obtube hasta Sep/ de 
Sos, época en q.' salia moribundo de Malbucho, de 
cuya enfermedad aun no convalesco. ^-Como pues se 
me puede reprender morosidad aquí? Confieso á V. q.* 
estas cosas enfrian de tal modo mi corazón, q.^ decea- 
ria hallarme en otras circunstancias. Añade q/ gasto el 
tiempo en trabajos largos, costosos y aun inútiles. Esto 
me ha llenado de amargura; he vuelto mis ojos sobre 
mis trabajos y no he hallado cosa q.* meresca el epíte- 
to de inútil. Un hervario, descrip.^, diseños, acopios de 
semillas, latitudes, longit.^^^, cartas geográficas, nive- 
lación.-^ barom.^'^^, algunas aves, una u otra antigüedad, 
algunos animales es el material q/ se cree inútil. Obe- 
diente á las ordenes de V, hasta la religiosidad, he aho- 
gado mi genio é inclinaciones y casi abandonado todo 
p.'' la Botánica. Ah! que contraste el q.* esto ha causa- 
do en mi imaginación! Quando á los ojos de mi con- 
ciencia me hallaba justificado, q.^"^ creia q.^ Y. se halla- 
ba contento con una conducta semejante saber q.^ Mu- 
tis, este objeto idolatrado á quien me hallaba sacrificado 
enteramente, no se hallaba contento con mi conducta, 
es cosa que me ha abatido mas q.'' la terciana de Iba- 
rra. Por q.^ V. no se ha explicado positivam.^" con migo.? 
Por que no me ha dicho, esto es inútil, aquello útil.? 

Me habla sobre socorros prestados y añade que ya 
son mas que triplicados los q.* se me han prestado. Yo 
entro en un pormenor de cuenta, le hago veer el estado 
en que se halla esta prov.^ en asunto á víveres, me hago 
cargo de 1.500 p.^ q.* V. me ha librado y 800 p.^" su 
parte, entro en gastos mensuales ordinarios, y los ex- 



— 238 — 

traordinarios le incluyo los q.'' he causado en Enero de 
este año estando quieto, p/ q.^ se forme juicio de los 
q.* se harán en campaña, y en fin después de un dila- 
tado por menor le hago veer q.^ conforme á la voluntad 
de V. y de él salgo afines de este aun no libre de la 
terciana p.' Loxa, colectando Quinas en los diferente 
sitios q.^ las producen con solo unos 500 p.' A V. tam- 
bién incluyo una planillita de mis gastos mensuales, sin 
andar. Se deduce de todo q.« le digo q.^ mas que me 
estreche no puedo sostenerme con menos de 50 p.* 
mensuales q/'*^ pare y m."" mas q.^'-" camine. De toda la 
cuenta de mis gastos resultan existentes en mi poder 
como 500 p.* los únicos con que parto de esta entro de 
un mes p.^ Cuenca y Loxa en acopios de Quinas, q.^ 
van á ser el grande objeto de esta exped." La contesta- 
ción de esta no me alcanzara en Quito seguram.*' , pero 
V. escríbame con rotulo á esta, q.^ un amigo queda 
encargado de tomarlas del correo y dirigirlas á mi des- 
tino. Yo no habría entrado jamas en menudencias de 
cocina & &. si no me dixese Dn. Joseph Ign.° Pombo 
q.'' 5^ me han dado mas qJ triplicados los auxilios de 
todo genero. Yo jamsis he asignado á V. cantidad nin- 
guna q.^ pudiese impender en esta exp.": V. me man- 
dó mantenerme aqui en donde he gastado m.*^ p.^ en un 
tiempo de extremada escaces. Los víveres se han mas 
q.** duplicado en su precio: baste decir q.* la arina valia 
antes 7 p.^ carga, y hoy 17, y 18 p.^: el maiz antes 3 
pesos hoy 5: el azúcar antes 20 r.^ hoy 6 p.'': la papa 
antes 10 r.^ hoy 3 p.^: una gallina antes 2 r.^ hoy 4, los 
huevos antes 8 hoy 3, ó 4. 

El diseño y la descripc." de la liliácea no va ahora, 
ira el venidero con la carta de Malbucho y Nivela- 
ción. 

Avíseme V. positivam." si he de seguir al Chocó 6 



— 239 — 

nó. Mis fuerzas las ha acabado la terciana, ^-quien sabe 
si peresco en esos desiertos sin auxilios, mayorm.'^ ha- 
biendo ya mi constitusion padecido tanto, y manifes- 
tando una naturaleza tan propensa á terciana? Concide- 
re V. esto y abiseme q.'o antes, pues si falta salud el 
animo no falta; yo daré gustoso mi vida p.^ el ilustre 
Mutis, de quien es adorador é idolatra el menor de su& 
discipulos'q. b. s. m., 

Franc." Joseph de Caldas. 



Gastos de Enero de 1804. 

Por 6 p.s á la cocinera p.** la prim/ semana 

dos el 1° hasta el dia 7 oc6,o 

P. un r.^ de pan diaiio cc3,7 

P. medio r.^ diario de luz 001,7 i/^ 

P. dos caxas de dulce á 6 r.^ 00 1,4 

P. un r.^ diario de chocolate 003,7 

P. 6 r.^ de un queso 000,6 

P. 2 p.^ de var.^ medicinas 002,0 

P. 2 r.^ al barbero 000,2 

P. 4 r.^ de Xabon 000,4 

P. 6 p.'' de cocina hasta el 14 006,0 

P. otros id. p/ id. hasta el 21 006,0 

P. otros id. p.^ id. hasta el 28 006,0 

P. 20 r.^ id. p.^ id. hasta el 31 002,4 

P. 10 r.^ á la cocinera por su trabajo 001,2 

P. 10 r."^ á la laband.^ y cost.^ 001,2 

P. un par de zapatos p.^ mi en 10 r.'' 001,2 

P. otro p.» mi hermanito en 8 000,8 

P. 5 p." de la casa á razón de 60 p.^ an.^. . . 005,0 

StjMA ; 50,7 



— 240 — 

SS D. D. JosEPH Celestino Mutis. 

Quito y Marzo 5 de 804. 

Generoso Protector mió: 6 correos ha q.* espero los 
■sabios consejos q/ V. me ofrece en la ultima q/ recibí 
en Nov.^ de 803. Desespero p.'^ saberlos y aun mas p/ 
obedecerlos con el respeto profundo con q.* he obser- 
vado los q.^ la bondad de V. me ha comunicado. 

Yo crei q.^ mi antesed.** era la ultima q.* escribía de 
-Quito: pero la Terciana, esta terrible enfermedad, trizte 
fruto de mí viage á Malbucho, me ha detenido hasta 
hoy. Ha 3 semanas q/ no me ataca, y siento q.Ma ape- 
tencia y las fuerzas se van restableciendo poco á poco 
y voy á cumplir con mí promesa entro de 15 dias, para 
lo q.^ me hallo prepaiado. 

Comienzo p.^' sacar las Quinas de Tagualó, voy á 
Riobamba, Cuenca, Loxa, Guayaquil en donde estaré en 
principios de Junio. En este espacio de tiempo espero 
su ultima resolución sobre las propuestas q.* posterior- 
mente le he hecho. Es cierto q.* la terciana, mi natura- 
leza adicta á contraer con facilidad, y retener con obs- 
tinación esta enfermedad me acobarda, y casi veo mi 
sepulcro en el maligno clima del Chocó. No obstante, y 
suplico á V. haga alto sobre esta espresion q.* nace 
del fondo de mi corazón, si V. quiere q." entre en esta 
prov.^ Caldas sabe morir y su vida vale poco q.^" se 
trata de obedecer al sabio Mutis. 

Toda mi colección queda encajonada en poder de 
D. Vicente Arroyo p,^ q.^ la dirija á Pop." al D.^' D." 
Manuel María Arboleda quien la pondrá en manos de 
V. Van los esqueletos de todas las plantas que he colec- 
tado hasta aqui, van semillas, de q.*'' ha sido posible, 



— 241 — 

pero no van descripción.^ ni diseños p/ q/ no tengo ni 
fuerzas, ni tiempo p.^ enmendar mis borrones. 

V. debe estar persuadido q.* la Botánica hace mi 
prim.^ ocup." q." las nivelación.^ botánicas el segundo, 
que la perfecc.o'^ de la Mem.^ sobre el calor del agua 
el 3'°, y la carta del pais el 4.° suplico á \^ se des- 
impresione de qualq.^ otras ideas q.* se haya formado 
sobre mis trabajos. Si alguna vez me he distraído en 
otros objetos menos interesantes ha sido p.^' mom.*°^ pa- 
sajeros q,« no exigen ni tiempo ni fatiga. 

Ya he dho. á V. el estado de esta prov.^ y de mis 
gastos q.* no es posible cercenar: ya he avisado á V. 
q.^ parto de Quito con solo 500 p.^ y q.' me voy á ver 
con necesidad. 5 en paises extraños y lejanos. V. puede 
escribirme directamente á Quito en donde D. Vicente 
Arroyo queda encargado de sacarlas del correo y remi- 
tírmelas á mi paradero. Espero de su bondad q.« me 
honrrará con sus letras y con sus auxilios q.**' antes, 
q.* no olvidará, y q.^ estara seguro del amor, y del 
reconocim.*° del menor de sus discípulos q. b. s. m. 

Fran.<^^ Joseph de Caldas. 



Quito y yiilio 6 de 804. 

Mi generoso benefactor: al cabo de nueve meses de 
un silencio absoluto de todos los de Stafé he recivido 
ayer una de D.^ Santiago Arroyo acompañada de una 
esquela de mi estimadísimo D.^ Salvador Rizo dirigida 
á aquel. Por ellas se q.^ V. vive, y goza de salud, y 
también veo los ardientisimos deseos de V. por mi 
pronta llegada á esa Capital, y los sentimientos q.« V. 

16 



— 242 — 

ha concevido por mi larga residencia en esta. Pueda 
atestiguar á V. con todos estos havitantes el estada 
triste de mi salud en todo este espacia de tpo. La ter- 
ciana revelde me ha oprimido de tal modo desde q.^ 
sali de Malbucho q.* me ha sido imposible á pesar de 
mis ardientisimos deseos seguir adelante temiendo re- 
caer y morir en un desierto: no atribuya Vm. á otra 
cosa mi tardanza tan forzada para mi como para V. 

Ahora q* entra el verano, que los dias son secos sal- 
go infaliblem.*'' para Cuenca y Loxa en pos de las mu- 
chas Quinas q.* producen estos lugares, y regreso de 
Loxa con la mayor velocidad p.^ Santafe de modo que 
me halle en esa Capital en Diciembre sin falta. He creí- 
do que estando tan inmediato alas Quinas tan deseadas 
de V. no debo partir sin llebarlas: en los meses de Julio 
y Agosto estara evaquada esta diligencia importante, y 
Yo próximo á seguir á esa Capital: deponga V. sus te 
mores, y cuente con migo en Diciembre infaliblemente. 
Seis meses son y en ellos haré tal vez mas q.^ en todo 
el tpo. anteced.^s atendiendo á las circunstancias. Ape- 
sar de todo esto si en la carta q.* me anuncia D.'^ Sal- 
vador Rizo me ordena V. otra cosa, será ovedecido. 

Muchas cartas he escrito á V. en todo el tpo, de mi 
enfermedad, y tal vez ninguna ha llegado á sus manos: 
yo he tenido la imprudencia de dirigirlas vaxo el con- 
ducto de Pombo el Joven, y según acabo de saber no 
recide en Santafe, y mis cartas habrán estado bien 
guardadas, lo mismo q." un caxoncito con Diseños que 
remití á V. ahora seis meses. Yo me enmendaré en 
adelante, y todas 'mis cartas irán directam.*^® á V. por 
Estafeta. 

Remito á V. en este Correo un cañón de Lata que 
contiene la carta del camino de Malbucho con un trozo 
de la Memoria sobre mi viage, q.Ma terciana no me ha 



— 243 -^ 

dejado concluir. No puedo en el dia poner mano en ella^ 
pues me hallo próximo á partir entro de dos dias, y 
pienso no tener uno desocupado hta. el momento feliz 
en que me presente á V. Ban también los diceños de 
una DidelphiS; y del Mono Ohnarine del Conde de Bu- 
fon q.* no vio este naturalista. 

Seria mas largo, si las ocipaciones, y afanes de sali- 
da no me lo impidiesen, y concluyo deseando á V. una 
larga vida, y perfecta salud, y q.** cuente con el amor^ 
y reconocimiento de el ultimo de sus discípulos 

Q. B. S. M. 

Fran.'^° Joseph de Caldas. 

P. D, — Sup.^° á V. franqueé los materiales del ca- 
ñón de Lata á D." Santiago Arroyo p.* q.' tomando una 
copia la remita á Cartag/ á D." José Ignacio Pombo mi 
favorecedor. La correspond.» de V, q.^ venga á Quito, 
pues aqui queda encargado D. Vicente Arroyo, de reco- 
gerla, y remitirla á mi destino. 

S.^ D.'' D. José Celestino Mutis. 



Cuenca y AgJ^' 28/804. 

S.'* D.« D.^ Joseph Celestino Mutis. 

Mi generoso Benefactor: desde q.* sali de Quito espe- 
ro con ansia los correos p.^' letras del sabio Mutis, letras 
tan suspiradas y tan escasas. Mi amado D." Salvador 
Rizo me ofreció p.'' mano de D. Santiago Arroyo una 
larga de Vd. para el inmediato q.* correspondió al del 



— 244 — 

15 de Junio y hasta ahora no aparece. ¡Que angustias 
las q.* padece mi corazón con este eterno silencio de 
la casa de la Exp."! Todos los padesim.t°s de la Ter- 
ciana rebelde q/ me oprime, todos los trabajos inevi- 
tables de los caminos me serian gustosos si supiera del 
hombre mas querido, del virtuoso y generoso Mutis. 
Pero mi suerte me tiene condenado á pasar largos espa- 
cios de tiempo en una perfecta ignorancia del estado de 
V. y de sus cosas. Me he resignado y espero con pa- 
siencia. 

Sali de Quito á principios de Julio, me desvie á 
Occidente á Tagualó y Macuchi en solisitud de las Qui- 
nas que se decia producían esos bosques. En efecto las 
halle. Creen estos moradores poseer tres especies áiV^^ 
Pero yo no pude hallar caracteres q.' la separen y las he 
creído como una y sola especie. No obstante, temiendo 
q.* mis luces no alcancen d distinguirlas he tomado can- 
tidad de esqueletos de cada una, corteza y he diseñado 
y descripto con quanta presicion me ha sido posible. 

En Alausi p.'' 2° 10 de latit. austral he visto otra 
bien diferente de la de Tagualo. Las hojas lanceoladas 
con peciolos de i-i V^ pulg.^ de largo, lampiñas y lus- 
trosas p.*' encima y vellosas blanquesinas p.'* debaxo. 
Tengo copia de esq.*°^ corteza, diseño y descripción. 

Llegue á este Cuenca asaltado de la terciana en don- 
de he pasado 10 dias entre labativas, bomititivo y Qui- 
na. Me hallo casi restablesido y en vísperas de partir 
á sus alrededores en donde me aguardan muchas Qui- 
nas cuyas muestras he visto. A mi regreso las acondi- 
cionare y remitiré acDeleradam.^^ 

Muchos son los vegetales q.* produce este suelo y 
mis fuerzas pocas p.^ poder describirlos todos. Lo que 
hago es describir lo q.* me parece bello y mejor, y 
llevar esqueletos y semillas de los demás. 



— 245 — 

A mediad.^ de Sept.' estaré en Loxa, y en Oct.* habré 
regre sado á Quito p.^ marchar á Santafé en donde creo 
estar en Enero. 

Mis males y ocupaciones no me permiten ser mas 
largo, lo seré en el siguiente. Deceo con toda las fuer- 
zas de mi corazón una salud perfecta y todas las pros- 
peridades p.^ V. quien debe mandar con imp.° sobre 
q.to puede su amante y reconocido discípulo q. b. «. m. 

FrAN.co JOSEPH DE CALDAS. 



S.J* D.^' José Celestino Mutis. 

Cuenca y SepS' 28/804. 

Mi amadísimo y generoso benefactor: Con fecha 
28 de Agto. escribí á V. de esta casi acabado de 
llegar, y recien salido de mi terciana. Le anuncie á us- 
ted mi pequeña exped." á los alrededores de esta Ciu- 
dad, la que tengo felizm."^^ concluida. Mr. de la Conda- 
mine ha sido mi guia en esta excurcion de Quinas. En 
su Introducción histórica al Viaje al Equador, pagi- 
na 83 dice q.* baxando de la señal del Yasuay fue á 
visitar un terreno en quien se habia descub."^^ hacia 
poco tiempo (en 1739) arboles de Quinquina. Añade 
que la hoja y la flor le parecieron mayor.- q.' la de 
Loxa, y q.* la corola era de un roxo mas subido q.^ la 
de esta ciudad. Hacia reflexión q.^ desde aquella época 
hasta aqui no habia visitado estos lugares ningún Bo- 
tánico, q.« Ruiz y Pabon no llegaron con sus indicacio- 
nes á esta latitud, q.* Bompland no salió de Cuenca ni 
vio á Taday, Paute, Gualaceo, ni el Pan, en cuyos bos- 



— 246 — 

ques he colectado tres especies de Cinchona distintisi- 
mos, q." apesar de mis lib.^ miserables y cortisimos co- 
nocimientos las creo desconocidas. La corola no roxa, 
sino de un morado purpura obscuro, el tubo ensancha- 
do hacia su mitad, y muy grande. La hoja de la prime- 
ra oblonga, de la 2.^ subrctanda, y lanceolada la de la 
3.* Las he diseñado con q.*'' cuydado me ha sido posi- 
ble, y las he descrito del mismo modo. He visto una 
especie de Canelo bien diferente del de Andaquíes que 
V. conoce demaciado, con otras cosas q.* he podido 
colectar presipitadamente. 

Debo anunciar á V. q.*" nada hay mas voluntario q.® 
los términos q.' estableció el S."" Barón de Humboldt á 
la vejetacion del precioso genero Cinchona, en su Geog.« 
de las plantas. Ambos términos los tengo falsificados 
con pruebas incontrastables. Mi prim.^ Quina (foliis 
oblongis) se comienza á ver p.'" 247^,0 del Bar.° y la he 
hallado á las 234 o del mismo B.** Este instrum.<^°, el 
mismo, se mantenía en Quito en 243^0, antes de mi par- 
tida. Humboldt establece el termino sup/ de la Cinchona 
á las 243,0 en Quito y yo le acabo de veer abundante y 
florida 400 varas mas elevada q." aquella Ciudad. Lo 
mismo puedo decir de su termino inf.'' Pero me reservo 
p.^ mi mancion en Guayaquil. 

No olvido nras. variac.^ barom.^»^ nocturnas, ni todo 
q.'^^ contribuya á perfeccionar la bella idea de mareas 
atmosf.^^s q.* V. concibió el primero. Creo haber dado 
un paso en este precioso objeto. MM. los Academ.^'"^ 
'Creen q.^ las variación."^ del B." entro de los Trópicos 
*no pasa de i 74 línea. Esto es verdad en los lug.^ baxos 
-en q.* la columna mercur.^ es de 27-28 pulg.^ Pero no 
asi en los países altos como Quito. Diga lo q.* quiera 
Mr. de la Condamine, alegue años enteros de observa- 
«cion.^ jamas subscribiré á i 74 lin.^ la variac." en Quito- 



— 247 - 

Mis Bar.°s cerrados hernieticam.*®, llenos con la ultima 
prescision de q.® es capaz un hombre, aprobados p.*" 
Humboldt, mejor divididos, con su Notiio ó F^m/V/' dis- 
puestos del modo mas conven.*^ llevando diarios es- 
crupulosos no me dan mas q.* 0^,6 de variación entre el 
máximes y el minimez de la columna mercurial. Pero 
esto seria solamente alterar la variación. El punto prin- 
cipal es y aquel en que creo haber hecho un pequeño 
descubrimiento: que no solo la elevación del lugar tiene 
relación con las variación.^ barom.*^^' sino también las 
latitud.^: q.* el minimez de las variac.^ está baxo el Eq.^ 
en el punto mas alto de nra. atmosf.% q.** en una li- 
nea perpendicular considerada en el plano del Eq.^" ere- 
sen estas hasta el nivel del mar, pero son siempre los 
mínimos de las variación.^ á la misma eleva. "^ compa- 
rad.s con las q.^ se verifican á 1°, 2°, 3°, &. g.^ de 
lat.'^ q.^ dos lugares p.'' exemplo Quito, y la Nueva Rio- 
bamba la I.* á 13' lat., y la 2.* á i°,3o', peroáig.^ alt.* 
sobre el mar tienen variac.^ barom.<^*^ bien dif.*^^, es 
pues necesario atender á la elevación y tamb.° á latitud 
del lugar para valuar la cantidad de las variación.^ 
atmosféricas. Con esta nueva idea he vuelto sobre mis 
pasos, he desenterrado mis antiguas observaciones, he- 
chas en Santafe, Neyva, Popay.°, Pasto y Quito, las he 
comparado con los resultados de mis ultimas operacio- 
nes. ¡Que armenia la que se ha presentado á mis ojos! 
Aquella inconstancia que parecia capricharse en las va- 
riación. "^ viene á ser una ley constante y arreglada Pero 
una carta es espacio muy limitado para explanar todas 
mis ideas sobre este punto interesante. Concluyo ro- 
gando á V. haga se verifiquen observación.^ barom.*^*^ 
en Santafe, mientras yo las hago en mi viaje. Quanto 
es desear q.* hallásemos sugetos inlelig.*^^^ en toda la 
-extenc.'^ de la zona tórrida q.' las verificasen al mismo 



— 248 — 

tiempo. Encargue V. á nro. Sinforozo á Havana recoja 
algunas, ó verifique p/ si mismo el periodo barom." en 
aquella ciudad situada baxo del^nismo Trópico. 

El i.° de Oct.' parto á Loxa, en donde pasaré 12, 6 
15 dias viendo la mas celebre de las Cinchonas. De 
aqui escribiré á V. y de todas partes es su agradecido^ 
y amante entusiasta q. b. s. m. 

Feanc.co Joseph de Caldas. 



S.^ D.^ D.^ Joseph Celestino Mutis. 

Quito y Enero 3/805. 

Mi generoso benefactor: el 25 del pasado Diciemb/ 
llegué á esta Capital de regreso de Loxa. Apesar de la 
grave enfermedad q.^ me atacó en esa Ciudad, y cuyas 
reliquias me han oprimido en todo el camino, he venido 
rico de vegetales, principalm.'^® de Quinas. Diez y seis 
especies diferentes de estas tengo concitadas y descritas: 
10 hallé en Loxa: 3 en Cuenca: 2 en Alausi, y una en 
Tagualo. Creo q.'' tengo agotada la materia de Quinas en 
esta Provincia, cumpliendo con las instrucciones de V., 
y procurando q.® por mi parte se disminuya la melanco- 
lía en q,' V. se halla sumergido según se expresa V. 

Mañana 4 parto para el Nanegal, bosque situado al 
Norte de Quito, á sacar la única y ultima especie de 
Quina q.' me falta. Este viage se concluirá entro de 6 
ú ocho dias, y yo no pienso en otra cosa q.* en partir 
p.« esa capital. Del 25 al 30 dejaré á Quilo, y no dudo 
á fines de Marzo ó principios de Abril me reuniré á la 



— 249 — 

persona q.* mas amo, y respeto sobre la tierra. Dichoso 
Yo si consigo esta felicidad. 

Nada digo de los otros objetos q." me han ocupado 
en esta expedición, por q.® los afanes del presente viage 
no me lo permite. Deseo á V. una salud robusta, y q.® 
cuente con el amor y con el reconocim.*° del mas pe- 
queño de sus Discípulos Q. B. S. M. 

Fran.co Joseph de Caldas. 



S.^ D. D. Joseph Celestino Mutis. 

Quito y Marzo 21/^0^. 

Mi ^generoso benefactor: crey salir el ii de esta de 
aqui pero las fuertes Ilubias casi sin intermisión me han 
detenido hasta el 25, en el q.^ salgo sin duda alguna. 

Este Presidente me pasó un oficio preguntándome el 
estado de los bosques de Loxa, y si podrían proveer de 
Quina para siempre á la Botica RJ, con todo lo demás 
q.* Yo supiese y conduxese al mejor servicio del Rey 
en este Ramo. Para satisfacerlo del mejor modo q.^ me 
fuese posible, formé una Memoria sobre las Quinas de 
la Provincia de Quito en general, y principalm.*® sobre 
la de Loxa, cuya copia remito á V. en el presente correo 
suplicándole q.*^ después de veerla la entregue á D."^ Mi- 
guel Pombo, para que tome una copia p.^ su Tio en 
Cartagena á quien la tengo ofrecida. A mas del interés 
q.^ tengo en q." este sugeto la vea, es fruto de un viage 
en q.^ el tiene no pequeña parte. En este correo escribo 
al dho. Pombo y le digo, que de Santafe remitirá su So- 
brino una copia de la memoria de q.* hablamos. Ruego 



— 250 — 

i V. q.* si halla como es demasiado seguro defectos en 
este trabajo, sírvase V. corregirlos, p.* q.® la copia salga 
perfecta, pues* creo q.'^ D." José Ignacio Pombo piensa 
en remitirla á España para q/ sirva de apoyo á mi agre- 
gación. Yo deseo quanto antes se verifique esta resolu- 
ción para en cierto modo asegurarme, por q.« creo q.^ 
hta. q.* no consiga la R.^ aprobación, todo esta en el 
ayre. En esta inteligencia, sírvase V. corregir mis de- 
fectos. 

No tenga V. cuydado q.' me hallo resuelto á duplicar 
todos mis exfuerzos á fin de llevar á esa expedición 
quantas plantas me sean posibles colectar mirando casi 
con indiferencia los demás obgetos q.* me puedan dis- 
traer de este. V. tendrá mis cartas de todas las partes 
de mi camino. 

Deseo goze de perfecta salud, y q.* mande lo q.* quie- 
ra á su afectísimo y reconocido Discípulo Q. B. S. M. 

F. J. DE Caldas. 



Quito y Marzo 6/805. 

S.^ D. D. JosEPH Celestino Mutis. 

Mi amadísimo benefactor: he visto con suma compla- 
sencia la apresiabilisima de V. q.* crei no recibir en 
Quito. La grande dificultad de conseguir caballerías me 
han detenido hasta hoy. Pero salgo sin ninguna falta 
el II de esta p.' Pasto. Ah! el corazón se me dilata en 
el pecho quando concídero q,* cada día me aserco al 
ilustre Mutis. ¡Dichoso yo si llego á ver, á besar esa mano 
bien hechora, instrum.^° de mí felicidad! 



— 251 — 

'Quedo advertido de la colección de gramas; no dexa- 
-íé ninguna de q.*^^ se me presenten en mi transito. No 
tenga V. cuidado sobre el numero de esqueletos de Qui- 
nas, p/ q.^ he formado q.*^^^ ha podido y me lo han per- 
mitido las circunstancias. 

Olmedo existe ha 13 a.^ en Loxa. Sumergido en asun- 
tos bien difer.t«^ de los de su instituto, no ha descrito 
una sola planta en este numero de años. El comercio, 
las haciendas, los pleytos han tomado en su corazón el 
lugar de las Plantas, Minerales, Animales y Química. 
•Creo q.* aun ha olvidado hasta los primeros elem.*^°^ 
Yo le he enseñado el numero de Q.^^^ q.* nacen al lado 
de la Oficinal. ¡Como se engaña al Rey y á la Nación! 

Por lo q.® mira á Mexia debo decir á V. q,* todas las 
circunstancias han variado desde la época en q." pro - 
puse á V. su agregación. Me he creido autorizado para 
retener en mi poder la carta de V. reservándome impo- 
ner á V. á nra. vista. Ahora me hallo ahogado en pre- 
parativos p.^ arrancar de este Quito y tío soy capaz de 
nada. 

Saludo con todo mi af.*° á Salv.'^ Rizo, y V. cuente 
con el amor y eterno reconocim.*'^ de su discípulo 
q. b. s. m. 

F. J. DE Caldas. 



Pasto y Abril 28/805. 

S.'^D.^D. JpH. Celestino Mutjs. 

Mi generoso Benefactor: ha m.^ dias q.* estoy dete- 
nido en esta p.'" las continuas é interminables Uubias. 



— 252 — 

Los caminos se hallan intransitables, y los ríos dema- 
siado crecidos. Solo espero unos pocos dias buenos p.* 
pasar á Popayan de donde escribiré también. Mi felici- 
dad crece en razón de la menor distancia q." hay entre 
el Cel. Mutis y Caldas. ¡Quanto deceo veer y tocar á una 
persona tan generosa, tan sabia, tan virtuosa! Dichoso 
yo si meresco tanta felicidad. 

No me he ocupado en todo este transito sino en co- 
lectar q.*^os vegetales hemos visto. No he olvidado el 
encargo de las gramíneas. He visto con placer el árbol 
que aqui llaman Palo de Roza, q." exhala un olor gra- 
tísimo y es el único q.' tornean y de q.* forman toda es- 
pecie de vasos y otros utensilios. El Barón de Hum- 
bold y Bompland no le vieron: es un Loranthus enorme 
pS su elevación y diámetro. Aqui abunda la Vallea 
Stipal y hacen de ella el mismo uso que del antesedente: 
le llaman Rozas-colorado. Tiene eminentemente la vir- 
tud catártica q.^ quiza no es conocida p/ alia. Toman 
las hojas, y forman de ellas una especie de extracto. 
Este excede con mucho al Sen Xalapa &. En los bos- 
ques inm "diatos abunda una especie de CincJiona q. Mle- 
varer o-^ asi q. serene el tiempo. 

Ya e abria multiplicado mucho mis observaciones 
sobre el calor del agua hirviendo si tubiese un Termo- 
metro. El ultimo q.^ me restaba se quebró en una de 
las observaciones. Siento perder tan bellas ocaciones 
como las q.® se me van á presentar de Pop." á esa. 
Esto me anima á pedir á V. q.* p.^ mano de mi amado 
D. Salvador Rizo, ó de Pombo me remita uno ó dos á 
Popayan p.^ el correo. Mucho deceo dar la ultima mano 
á este objeto q.* puede ser importante. 

Deceo á V. una salud robusta y q.* mande con impe- 
rio á su afmo. y reconocido discip.° q. b. s. m. 

Fran.^^ Joseph de Caldas. 



— 253 



S.« D.« D.^' JosEPH Celestino Mutis. 

Pop,"^ y Mayo 20/805. 

Mi generoso Benefactor: Ya estoy en Popayan, ya no 
me separan de V. sino 100 leguas ¡que satisfacción 
para mil ¡Quando se aniquilará esta distancia! Creo q.® 
será dentro de pocas semanas. 

Daria á V. ahora cuenta de mis trabajos dentro de 
Quito y Pop.^ Pero una Ilubia de visitas importunas 
me oprimen y ha sido necesario robar estos pequeños 
mom.*^°^ para abisar á V. de mi llegada á esta ayer 19. 
Espere V. en el siguiente una larga, y cuente V. con el 
amor, y con el mas profundo reconocimiento de su 
admirador y panegirista q. b. s. m. 

Fran.co Joseph de Caldas. 

P. D. — Mil expresión.^ á nro. D. Salvador Rizo, q.« 
recibí la suya y lib.", q.* en el siguiente le contestaré. 
No olvide V. mi suplica y encargo del Termómetro q.® 
pedi á V. en mi anterior. 



S.R D.R D.^' Joseph Celestino Mutis. 

Pop.'' y Junio 5/805. 

Mi generoso Benefactor: ^en el pasado abise á Vmd. 
mi llegada á esta, y ahora comunico que me hallo bas- 
tante agravado en mis enfermedades tristes reliquias 
que aun me quedan de Malbucho. Estoy actualm.'* ve- 



— 254 — 

rificando los remedios q.' estos Médicos han conceptua- 
do útiles. Jamas he sentido tanto la falta de salud que 
en la ocasión presente. ¿-Quanto hubiera ya colectado 
de la vegetación de mi Patria.^ Este suelo es rico en 
producciones, y creo hace grandes ventajas al de Quito. 
Nacen en las goteras de esta ciudad tres especies de 
Quinas que no he visto en los paises q.'' he recorrido. 
Tal vez existen otras, que no han llegado á mi noticia. 
Luego que me mejore, y las Ilubias lo permitan haré la 
colee " de ellas. He visto á una legua del Norte de 
Pop." una Passiílora arbórea q.* no acabo de admirar.. 
Creo igualm.*^ haber encontrado el Laurus Camphora 
en las mismas cercanías de esta ciudad. Apenas he sa- 
lido una sola vez al campo y percivo una vegetación 
bien diferente á la de Quito. 

Es imponderable la falta q.* me hace el papel p.^ las 
desecaciones de las plantas. Todo el q.^ saque de Quito 
se ocupo, y me hallo en la necesidad de estar mendi- 
gando libros viejos, cartas, y retazos de papel. Si esto 
no alcanza á envolver la vegetación de Popáyan hecha- 
ré mano del papel común, aunque este recurso le sea 
costoso á la expedición. 

Esperaba en este correo el termómetro q.* pedi á V.. 
desde Pasto. ¡Quantas ocaciones perdidas p.» perfeccio- 
nar una teórica, q.* tal vez será interesante! 

Deceo á V. una salud perfecta, y q.* ocupe, y mande 
con imperio sobre quanto puede su af."^° y reconocida 
Discípulo Q, B. S. M. 

Franc."'° Joseph de Caldas. 



POST SCRIPTUM 



Impreso ya este volumen, á tiempo de componer 
los índices^ recibimos una carta del Ilustrísimo señor 
Arzobispo de Quito, D. Federico González Suárez, 
de fecha 22 del mes de Julio próximo pasado, y, en- 
tre otros, el folleto titulado Un opúsculo de Caldas. 
Agradecemos muchísimo al ilustre escritor el envío 
de sus interesantísimas publicaciones. 

Entre éstas, la principal para nosotros en el mo- 
mento presente, es el Opúsculo de Caldas, que figu- 
ra en nuestro catálogo bajo el número 28 con el títu- 
lo Memoria sobre las Quinas de la provincia de Quito en 
general y principalmente sabré la de Lo ja. Hemos cote- 
jado los dos textos y hemos encontrado diferencias 
en algunos nombres de los lugares del Virreinato 
cuya altura barométrica está dentro 241 y 277 ó su 
elevación sobre el mar dentro 1.898 y 3.230 varas 
castellanas, y en algunos nombres de los lugares del 
Reino en que hay árboles de Quina. No vacilamos 
en decir que el limo. Sr. Suárez está en lo cierto. 
Léase, pues: 



256 — 



^; 



h) 



AUintaqiii 

Iñaquito 

Turiibamba 


en 


lugar 


de 


Atontaqui. 

Añaqnito. 

Turumba. 


Intag 








Intac. 


Conocoto 








Conocato. 


Tumbaco 








Tnmbaes. 


jfadan 








Sudan. 


jarqui 
Nabon 








Yarqui, 
Ñahon. 


Saragiiro 
Pizofé 
Chaupillacta 
Intag 








Yara gurú. 
Pirojé. 

Champillaceta, 
Intac. 


Calubíii 








Calnmbia. 


Piñanl ungo 
Sigsig 
Sanguriina 
Molleturo 




» 
)) 




Piñonpungo, 
Sigse, 
Sangurina. 
Mayeturo. 



Sobre esta Memoria de Caldas leemos los siguien- 
tes conceptos en cartas de D. José Ignacio Pombo 
á D. José Celestino Mutis: 

«Celebro su salud y le agradezco la remisión déla 
Memoria de Caldas y Planos que la acompañan, que 
he recibido y visto con gusto. Que llame á la Quina 
Roja eminentemente febrífuga y que asegure que las 
especies que conocemos ó tenemos en esa, son todas 
inferiores á la de Loja, es contrario á lo que usted y 



— 257 — 

Hiimboldt nos han dicho, contra la experiencia y lo 
que observan los buenos jMédicos.» 

(Mayo 30 de 1805.) 

«Su memoria (de Caldas) sobre Jas Quinas está, 
en efecto, escrita de prisa, y como tal. tiene sus 
equivocaciones. Creo lo que dice sobre la superiori- 
dad de la de Loja, pero no que ésta sea roja ni es- 
pecie distinta de las cuatro determinadas por usted: 
fija el límite de las Quinas en el Hemisferio Austral 
al 12° de Latitud, y en el Boreal á solos 5**. Esto, 
además de ser arbitrario, es contra sus principios, 
pues habiendo las mismas elevaciones y temperatu- 
ras á mayor altura, no hay inconveniente para que 
las haya á igual altura en este Hemisferio. En efecto, 
sabemos qne en los Montes de Ocaña y en los de la 
Sierra Nevada de Santa Marta, que están á io°, hay 
Quinas.» 

(Septiembre 10 de 1805.^ 

«Lo que espero me diga usted es su concepto en 
orden á la Quina Colorada de Loja, si es una espe- 
cie diferente de las cuatro determinadas por usted, 
como asegura Caldas y Tafalla, ó solo es una varie- 
dad de la roja.» 

(Enero 20 de 1806.) 

«En él (un escrito sobre Quinas) habrá visto usted 
que á las especies de Caldas las supongo variedades, 
como usted me dice y él ha reconocido.» 

(Mayo 20 de 1S06.) 

«Celebro que mi concepto de que todas las Quinas 
de Caldas sean variedades, incluso la colorada de 
Loja, como ya lo he dicho en mi Memoria.» 

(Junio 30 de 1806.) 

17 



— 258 — 

«La Quina que conocen en España con el nombre 
de Caluaya, es la que se colecta en los Montes de la 
provincia de la Paz en el Virreinato de Buenos 
Aires, y se halla hasta los 17° de L. Austral, error 
en que me hizo incurrir Caldas, que en su Memoria 
asegura no haberla en aquel Hemisferio sino hasta 
los 12° y que yo adopté en mi papel, sin tener pre- 
sente lo que el Dr. Crespo había dicho sobre dicha 
Quina en uno de sus escritos insertos en el Mercurio 
Peruano y que he advertido después.» 

(Junio 30 de i8o8.) 

La enumeración que el limo. Sr. González Suárez 
hace de las escritos de Caldas, contiene los siguien- 
tes, que deben agregarse á nuestro catálogo: 

Memoria sobre el modo de cultivar la Cochinilla, pu- 
blicada en el Semanario de 18 10. 

Cuadro físico de las regiones equinocciales." Ex- 
tracto de la obra de Humboldt. Anotaciones de Caldas. 

Estadística de Méjico por el Barón de Humboldt. 
Caldas lo pubHcó con notas en el Semanario. 

Viaje al Norte de Santa Fe de Bogotá, publicado en 
los Anales de Ingeniería^ de Bogotá. 

Dos volúmenes manuscritos, en los cuales hacía la 
narración de sus viajes y describía el estado de los 
pueblos de la parte meridional del Virreinato (i). 



(i) Al corregir las pruebas de nuestro Catálogo, dejamos señalado 
con un asterisco el número 7.", y la Memoria de que se trata está publi- 
cada en el Semanario. 



— 259 — 

Cartas publicadas en el Repertorio Colombiano, 
Respecto del Diario Político no hemos hecho ob- 
servación ninguna, porque ignoramos cuáles de sus 
artículos son de Caldas y cuáles de su compañero el 
Sr. Camacho. 






El folleto del limo. Sr, Suárez está enriquecido 
con la Carta topográfica de una parte de la provincia 
de Loja, con un plano que se relaciona con la Me- 
moria sobre las Quinas y con la Carta hidrográfica 
de toda la comarca de Intag. 



índice 

de algunos nombres geográficos 
citados en este volumen. 



La publicación de este índice de nombres geográfi- 
cos — ciudades^ pueblos, montañas, ríos, etc., etc. — per- 
tenecientes á las actuales Repúblicas de Colombia y el 
Ecuador, obedece al propósito de aclarar algunas refe- 
rencias de Caldas y Mutis. Las noticias que contiene 
son tomadas del Diccionario Geográfico-Histórico de las 
Indias Occidentales, de D. Antonio de Alcedo. Sabido 
es que este autor no era ordinariamente geógrafo á la 
manera de Caldas, esto es, que describiera lo que ha- 
bía estudiado personalmente. Tampoco siguió en su 
Diccionario á autores que hubieran estudiado la geo- 
grafía sobre el terreno; pero Alcedo sí se reconocía 
deudor de sus predecesores y no ocultaba que su obra 
era apenas un «cimiento» ó «bosquejo». Por lo demás 
no respondemos de las afirmaciones de Alcedo. 



Alausi. Provincia del reino de Quito. Confina por 
el N. con la de Ríobamba, por el NO. con la de Chim- 
bo, por el S. con la de Cuenca; por el Poniente con el 
partido de Yaguache y por Levante con la de Macas. 
La bañan los ríos Uzagoche, Guasuntos, Piñancay y 
Alausi. Su principal comercio es de paños, bayetas y 
tejidos de algodón, que fabrican en sus obrajes. 



— 202 

Almaguer. Ciudad de la provincia y Gobierno de 
Popayán. Fué fundada por el capitán Alonso de Fuen- 
mayor el año 1543, en la cumbre de un montecillo, que 
está en medio de una llanura, llamado Guachicono. 
Está 7 leguas al S de Popayán. Tiene algunas minas 
de oro. 

Amarillo. Río de la provincia de Loja en el reino 
de Quito. Nace al pie de la sierra, cerca del pueblo de 
Saraguro; corre al O. y entra en el de Tumbez. 

Ambato. Distrito de la provincia de Ríobamba en 
el reino de Quito. Abunda en él la cochinilla, que em- 
plean para los tintes. La capital tiene el mismo nombre. 
Se arruinó en 1698 por la erupción del volcán de Coto- 
paxi, que tiene cerca. 

Tiene el mismo nombre un río de la provincia, el 
cual se junta con otros y forma el caudaloso Palate. 

Andes (Cordillera de los). Cadena de montañas y 
serranías altísimas que atraviesan casi toda la América. 
Estas montañas están llenas de inmensos bosques y sus 
cimas siempre cubiertas de nieve, de que se forman 
grandes lagunas y los mayores ríos del mundo. La ma- 
yor extensión de estas montañas es de 20 leguas de 
ancho; se separan en algunos parajes 12 leguas de la 
costa del mar, y en otros sé acercan á 5. 

Ángel. Pueblo de la provincia y corregimiento de 
Pasto, situado en el camino que baja á Popayán. 

Pueblo de la provincia de Ibarra en el reino de Qui- 
to, situado en la cabecera del río de su nombre. 

Río de la provincia y corregimiento de Ibarra en el 
reino de Quito; nace del páramo del Ángel, corre al 
SSE. y entra en el de Mira. 

Antioquia. Provincia y Gobierno del Nuevo Reino 
de Gianada. Llamábase en tiempo de los indios Hebé- 
jico. La descubrió y conquistó el año de 1541 el Maris- 
cal Jorge Robledo. El país es montuoso y regado de 
varios ríos. La capital es Santa Fe. 

Antisana (Páramo dej. Monte muy alto y cubierto 
de nieve en el reino de Quito hacia el Levante. Nacen 
de él los ríos de Quijos y de Caranga. 

Atacames. Pueblo de la provincia y Gobierno de 



' — . 203 — 

Esmeraldas en el reino de Quito, con un buen puerto 
en el mar del Sur. 

Atontaqui. Pueblo de la provincia y corregimiento 
de Otavalo en el reino de Quito. 

Atrato. Río grande y caudaloso de la provincia y 
Gobierno del Darién; tiene su origen y nacimiento en 
las montañas de la del Chocó de dos lagunas que for- 
man los ríos de Quito y de San Pablo, que luego se 
unen. Corre casi del S. al N. más de 95 leguas y sale 
al mar del Norte recogiendo en su curso las aguas del 
Tigre, Torren y Pequest, del lago llamado Quina, y 
otros muchos, tan caudaloso que forma una boca de 
más de 5 leguas de ancho, en la grande ensenada ó 
golfo del Darién; es navegable por muchas leguas. Las 
arenas llevan mucho oro; en su salida al mar forma 17 
isletas en dos filas. 

Aucuya. Pueblo de la provincia y Gobierno de Pasto. 

Azogues. Pueblo de la provincia y corregimiento 
de Cuenca en el reino de Quito, situado en el célebre 
valle de Yunguilla. Tiene minas de azogue, que se tra- 
bajaron antiguamente, de. donde le quedó el nombre. 
Por medio de él corre un arroyo, que en las avenidas 
trae entre sus arenas finísimos rubíes. 

Barbacoas. Llámase también Nuestra Señora del 
Puerto, del Nuevo Toledo. Está situada entre los ríos 
de Patia y de Guaji, cerca de la costa del mar del Sur, 
en un terreno cálido y muy húmedo. Las casas, aunque 
de madera y de unas cosas que llaman Guaduas, cu- 
biertas de hojas grandes y secas en lugar de tejas, son 
muy cómodas y de buena construcción. Tiene 4 pue- 
blos dependientes de ella, y está entre el río Huachi al 
O. y el Telembí al NE. 

Betas. Pueblo y Real de minas del Nuevo Reino de 
Granada, en el territorio del Gobierno de Pamplona, y 
jurisdicción del Alcalde mayor de minas que reside en 
Bocaneme. Las de este pueblo han sido de las más ri- 
cas y abundantes. 

Blanco. Pueblo de la provincia y Gobierno de Ata- 
cames ó Esmeraldas en el reino de Quito, situado á 
orillas de un río pequeño. 



— 204 — 

Pueblode la provincia y Gobierno de Mariquita en 
el Nuevo Reino de Granada, situado á orillas del río 
Cauca. 

Bocaneme. Pueblo corto del Gobierno de Mariqui- 
ta en el Nuevo Reino de Granada. Es célebre por sus 
ricas minas de plata. 

Bogotá. Pueblo y capital del corregimiento de 
este nombre, que también se llama de la Sabana, en el 
Nuevo Reino de Granada, situado en un hermoso y 
agradable llano, á las orillas de un río que tiene la mis- 
ma denominación, en que pescan muchísimo, y con es- 
pecialidad un pez que llaman Capitán. Fué antigua- 
mente población muy grande y opulenta, como que era 
la corte de sus Reyes ó zipas; hoy está reducido á un 
miserable pueblo. 

Bogotá (Rio). Nace cerca de Santa Fe, en el pára- 
mo de Albarracín, cerca de esta ciudad y la de Tunja, 
hacia el Poniente, después de fecundar aquel espacioso 
llano, se precipita de un salto por un formidable despe- 
ñadero llamado de Tequendama; atraviesa la provincia 
á que da el nombre, y la de los Ranches, donde lo lla- 
man los indios Eunzhn, y luego entra en el de la Mag- 
dalena. 

Bogotá (Río). De la provincia y Gobierno de Ata- 
camos ó Esmeraldas en el reino de Quito, corre EO. 
más de 30 leguas; recibe por el E. las aguas de Duran- 
go y Tululvi y las de Cachavi. Por el O. baña muchas 
tierras incultas de la nación de los Malaguas, y se jun- 
ta coii los de Santiago y San Miguel para salir á la 
mar del Sur, donde forma el puerto de Limones. 

Buenaventura. Pueblo en la mar del Sur en el dis- 
trito de la provincia y Gobierno del Chocó, que solo 
subsiste por razón de las embarcaciones que llegan á 
él, porque es de muy mal temperamento y de difícil en- 
trada, y el camino por tierra á la ciudad de Cali, tan 
áspero, que solo se hace en hombros de indios por las 
inaccesibles montañas que se pasan. 

Buga (Guadalajara 4e ). Ciudad pequeña de la 
provincia y Gobierno de Popayán, situada en un her- 
moso valle que bañan y fertilizan diferentes riachuelos^ 



— 205 — 

Fundóla el capitán Domingo Lozano el año de 1588. 
Por la parte de Poniente la baña el río Cauca, que ape- 
nas dista una legua. 

Cali (Santiago de). Ciudad de la provincia y Go- 
bierno de Popayán en el reino de Quito, fundada en un 
hermoso llano al pie de la sierra y á orillas del cauda- 
loso río Cauca, por Miguel Muñoz el año de 1537, de 
donde la trasladó al paraje en que está hoy poco dis- 
tante Miguel López. Es muy poblada, fértil y abundan- 
te en minas, frutos y ganados con que hace gran comer- 
cio. Es de temperamento cálido. Sus naturales pasan por 
los más hábiles é ingeniosos de la provincia, y sus indios 
fueron tan belicosos que con dificultad los hubiera con- 
quistado la fuerza, si no se hubieran rendido á las per- 
suasiones de Fr. Agustín de Coruña, Obispo de Popayán. 

Cartagena. Provincia y Gobierno del reino de Tierra- 
Firme en la jurisdicción del Nuevo Reino de Granada. 
Descubrióla Rodrigo Bastidas el año de 1520, y la con- 
quistó el Adelantado Pedro de Heredia á costa de mu- 
chos combates, porque sus naturales eran valerosos y 
guerreros. Contiene el distrito de su jurisdicción 83 po- 
blaciones. La capital, del mismo nombre, es ciudad 
grande, hermosa y de muy buenos edificios, fundada por 
Pedro de Heredia en 1533, á orilla de una gran bahía 
muy cómoda que tiene más de dos leguas de largo. 
Llamóse Calamari en tiempo de los indios, que signifi- 
ca en su idioma tierra de cangrejos. Esta situada en 
una isla arenosa. Está bien fortificada, y reside en ella 
un Gobernador con título de Capitán general, depen- 
diente del Virrey de Santafé. 

Cartago. Ciudad de la provincia y Gobierno de 
Popayán, fundada por el Mariscal Jorge Robledo el 
año de 1540, entre los ríos Otún y Quindío; las conti- 
nuas invasiones y hostilidades de los indios Pijaos y 
Pimaes determinaron su traslación á orillas de un bra- 
zo del río de la Vieja, caudaloso y navegable en canoas 
y balsas, y á poco mas de un cuarto de milla del cau- 
daloso Cauca, en que entra aquél, y forma enfrente de 
la ciudad una isla. Tiene por armas tres coronas im- 
periales con un sol. 



— 266 — 

Catacocha. Pueblo de la provincia y corregimiento 
de Leja en el reino de Quito. 

Catamayo. Río grande y rápido de la provincia y 
Gobierno de Loja en el reino de Quito, llamado tam- 
bién de Chira en su salida al mar. Nace del páramo ó 
monte de la Sabanilla, recoge las aguas de otros meno- 
res, corre del S. al N. hasta que se une con el Gonza- 
namá; tuerce su curso al Poniente y después al SO. re- 
coge las aguas de los de Quiros, Macará y Pelingara; 
engrosado con éstos toma el nombre de Amotape por 
el pueblo de este nombre; cerca de su boca se llama de 
Colán y desemboca al mar en el corregimiento y pro- 
vincia de Piura. 

Cauca. Río grande y caudaloso de la provincia y 
Gobierno de Popayán. Nace en las montañas del Go- 
bierno de Mariquita, y corriendo i6o leguas del S. al 
N. en que recoge las aguas de otros muchos ríos, pasa 
cerca de las ciudades de Popayán, Buga, Cali y Anser- 
ma, desde donde es navegable, hasta que entra en el 
río grande de la Magdalena. Entre las ciudades de Po- 
payán y de Antioquía pasa muy estrecho, formando 
una S entre peñascos que hacen muy peligrosa su na- 
vegación; pero los indios están tan diestros en aplicar 
la palanca á la peña para libertar á la canoa del cho- 
que, que rara vez lo yerran: llaman á esta estrechura 
las Mamas de Caramanta por la ciudad de este nombre 
que hubo allí. Algunos hacen esta navegación por evi- 
tar algunas jornadas de muy mal camino por aquellas 
montañas. 

Cayamba. Pueblo de la provincia y corregimiento 
de Otavalo en el reino de Quito. Es de temperamento 
muy frío por el Páramo de Cayamburo que tiene á su 
espalda en medio de un llano que da nombre al pueblo. 
En su inmediación se ven las ruinas de un adoratorio 
de indios, situado sobre una eminencia. Es de figura 
-circular de (8 varas castellanas de diámetro y 6o 
de circunferencia. Solo se conservan las paredes de 
5 á 6 varas de altura, y de cerca de 2 de espesor de 
fábrica tan dura, aunque de adobe, como si fuera de 
piedra. 



— 267 — 

Cibambe. Pueblo del partido y corregimiento de 
,Álausi en el reino de Quito. 

Cisne. Pueblo de la provincia y corregimiento de 
Loja en el reino de Quito. 

Cofanes. Nación bárbara de indios del reino de 
Quito que empezó á convertirse á la religión católica 
el año de 1602 por el trabajo y celo del Padre Rafael 
Ferrer, misionero que fué muerto por estos indios. El 
pueblo principal, fundado por el referido mártir, con la 
advocación de San Pedro, está hoy casi destruido. Está 
situado entre el río de su nombre al N. y el Azuela al 
Mediodía. El citado río es grande y rápido; nace en la 
Sierra Nevada y entra en el de Azuela. 

Conocoto. Pueblo del reino de Quito en el corregi- 
miento del distrito de las cinco leguas de la ciudad, á 
cuya inmediación hay un cerrillo que llaman lllaló, en 
cuya falda hay varias fuentes de agua medicinal. 

Cotocache. Pueblo de la provincia y corregimien- 
to de ^Otavalo en 'el reino de Quito. Tiene el mismo 
nombre un monte de esta provincia y reino, cuya cima 
está siempre cubierta de nieve. Baja de lo alto el río de 
Cayapas. 

Cuenca. Provincia y corregimiento del reino de 
Quito. Confina por el N. con la de Ríobamba, por el Sur 
con la de Jaén de Bracamoros, por el E. con la de Gua- 
yaquil, por el O. con la de Quijos y Macas, por 
el NE. con la de Chumbo y por el SE. con la de Loja. 
Riéganla cuatro ríos caudalosos llamados Yanuncay, 
Machangara, Baños y Tumebamba, al que llaman tam- 
bién del Matadero. Tiene abundancia de quina y Cochi- 
nilla, y la emplean para el tinte de bayetas, que pasan 
por las mejores que se fabrican en toda la América. En 
su territorio, al Mediodía, está la altura de Tarqui, cé- 
lebre por ser el sitio donde formaron la base de la Me- 
ridiana los Académicos de las ciencias de París M. Go- 
din, Bouguer y la Condamine, ayudados de D. Jorge 
Juan y D. Antonio de Ulloa, que los acompañaban el 
año de 1742. 

Cuicocha. Laguna grande de la provincia y corregí - 
-miento de Otavalo en el reino de Quito. 



— 268 — 

Chillagallo. Pueblo del reino de Quito, en el distri- 
to de las cinco leguas de su capital. 

Chillo. Llanura del reino de Quito cerca de esta 
capital, entre dos cadenas de montes, bañada de dos 
ríos principales, que son el de Pita y el de Amaguaña. 

Chimborazo. Monte muy alto de la cordillera de la 
provincia de Ríobamba en el reino de Quito, que en el 
idioma del país significa Monte de la otra banda, cu- 
bierto siempre de nieve. Termina en la figura de un 
cono ó pirámide truncada. Sus faldas están cubiertas 
de arena blanca ó materia calcinada, de piedras sueltas 
y de cierta hierba que llaman pajón. El agua caliente 
que mana por la parte del N. da indicio de que en su 
centro hay algún volcán. De su cumbre bajan algunos 
ríos, como el de Guaranda, al S., el de Guano, al SE. y 
el de Máchala á Levante, Está al N. de la villa de Río- 
bamba 

Chocó. Provincia grande y Gobierno de la jurisdic- 
ción de Popayan, con cuyo territorio confina por Le- 
vante y por el SE., por el Poniente con el mar Pacífico 
ó del Sur, por el N. con las naciones de indios bárbaros 
y provincia? del Darién, por el S. con la de Barbacoas. 
La bañan muchos ríos y arroyos, que todos van á salir 
por el Occidente al mar del Sur. Los partidos del Ci- 
tará y del Raposo son parte de ésta. Sus minas de oro 
la hacen muy rica, y poblada. Se extiende 48 leguas 
del S. al N. y 39 de ancho de Levante á Poniente. La 
capital es la ciudad de Nóvita. 

Darién. Provincia del reino de Tierra Firme, con- 
fina por el N. y por el S. con los dos mares, por el E. 
con la piovincia de Tierra Firme, y por el O. con la del 
Chocó; tiene de largo 68 leguas EO. y cerca de 50 de 
ancho NS. Riéganla infinitos ríos, que unos desaguan en 
el mar del Sur y otros en el del Norte, en cuyas arenas 
llevan porción de oro de las muchas minas de este me- 
tal que tiene, y de q-ue era la más copiosa la de Santa 
Cruz de Cana. La situación de esta provincia, que se 
comunica con los dos mares, su fertilidad y su riqueza 
han excitado el deseo de establecerse en ella los ingle- 
ses y franceses: aquéllos lo ejecutaron el año de 1699 



— 269 — 

en el Puerto de Calidonia, y los otros empezaron á es- 
tablecerse el de 1740. Los primeros fueron echados por 
los españoles y los segundos pasados á cuchillo por los 
indios. 

Tiene el mismo nombre, con la advocación de Santa 
María, un pueblo pequeño en que reside el Gobernador 
con un corto fuerte para su defensa contra las invasio- 
nes de los indios. Fué la primera población de la Amé- 
rica en el Continente, fundada el año de 1509 por el 
Licenciado Enciso de orden de Pedrarias Dávila, y ob- 
tuvo título de ciudad y cabeza de Obispado erigido el de 
1531, que luego se trasladó á Panamá y fué poco apoco 
decayendo y despoblándose por su mal clima. El Em- 
perador Carlos V la concedió por armas un castillo de 
oro en campo rojo, y encima un sol del mismo metal, y 
á los lados un león rapante y un cocodrilo. 

Tiene el mismo nombre y también el de Urabá, un 
golfo grande, formado por el Cabo de San Sebastián á 
Levante y el de Tiburón al Poniente; tiene de extensión 
cerca de 26 leguas de Mediodía al N., y 9 de ancho de 
Levante á Poniente. Desaguan en él muchos ríos, el 
mayor es el de Atrato. La ciudad de' San Sebastián de 
Bellavista estaba situada en su orilla; el puerto mejor 
que tiene es el de Nilcos. 

Delec. Pueblo de la provincia y corregimiento de 
Cuenca en el reino de Quilo; está situado entre dos pe- 
queños ríos, que se unen para formar el de Abancay. 

Girón. Ciudad en el Nuevo Reino de Granada, fun- 
dada por Pedro Mantilla de los Ríos ci año 1552 á la 
orilla oriental de un riachuelo á que da el nombre. 

Tiene el mismo nombre un pueblo de Cuenca en el 
reino de Quito y un río que desagua en el golfo de 
Guayaquil. 

Gonzanomá. Pueblo de la provincia de Loja en el 
reino de Quito. 

Guaca. Pueblo del Gobierno de Pamplona en el 
Nuevo Reino de Granada. 

Tiene el mismo nombre una provincia antigua en el 
reino de Quito; forma parte del corregimiento de 
Ibarra. 



— 270 — • 

Otra provincia pequeña al N. de Antioquiacn el Nue- 
vo Reino de Granada. Tiene muchas minas de oro. 

Un valle de la provincia y Gobierno de Antioquia en 
el Nuevo Reino de Granada. 

Guanacas. Pueblo de la provincia de Popayán en el 
Nuevo Reino de Granada, situado en los confines del 
de Quito. 

Tiene el mismo nombre un páramo ó monte muy alto 
cubierto siempre de nieve en la misma provincia y 
reino. 

Guaranda. Pueblo de la provincia de Chimbo en el 
reino de Quito. 

Guayaquil. Provincia del reino de Quito. Con el mis- 
mo nombre se conocen la ciudad, el puerto y un río, 
formado de otros varios que bajan de la cordillera de 
los Andes. 

Honda (San Bartolomé de). Villa del Nuevo Reino 
de Granada, fundada en la provincia de los Mosquetones, 
á la orilla occidental del río Magdalena, en el paraje en 
que le entra el Guali. 

Tiene el nombre de Salto de Honda una angostura 
del río Magdalena. 

Ibarra. Provincia del reino de Quito, confina á Le- 
vante con la de Sucumbios y con las selvas en que ha- 
bitaban los indios Cofanes, al N. con la provincia de 
Pasto, al Poniente con la de Esmeraldas y al Mediodía 
con la de Otavalo. 

La capital es la villa del mismo nombre. 

Imbabura. Monte muy alto en la provincia de Iba- 
rra en el reino de Quito, cubierto siempre de nieve. 

Iscuandé. Pueblo de la provincia de Esmeraldas en 
el reino de Quito, con un pequeño puerto en el mar 
del Sur. 

Lachas. Pueblo de la provincia de Atacames ó Es- 
meraldas en el reino de Quito con un buen embarcadero 
en el río Bogotá. 

Limones. Pueblo de la provincia de Esmeraldas en 
el reino de Quito. 

Loja. Provincia del reino de Quito, confina por 
el N. con la de Guayaquil, por el S. con la de Yaguar- 



— 271 — 

songo, por el E. con la de Jaén y por el O. con la ciu- 
dad de Zamora. La principal riqueza de este país es la 
quina, llamada allí cascarilla de Loja; los dilatados 
montes en que se cría este árbol empiezan 10 leguas 
antes de llegar al llano de Cuzibamba y se dilatan has- 
ta la provincia de Yaguarsongo más de 70 leguas. Ha- 
ce un cuantioso comercio de la quina; aunque es opi- 
nión de algunos autores que los indios conocían su vir- 
tud febrífuga y la usaban, es cierto que hasta el año 
de 1730 no tenía allí gr.?nde estimación; luego que su- 
pieron la estimación que tiene y su propiedad, empeza- 
ron á hacer lo mismo, y mas después que M. Jussieu, 
profesor de Botánica, que pasó al Perú con los Acadé- 
micos de las Ciencias de París el año de 1735, estuvo 
en Loja y les enseñó el modo de cogerla, usarla, sacar 
el extracto de ella, distinguir sus calidades y otras 
operaciones tan curiosas como útiles. 

Macará. Pueblo de la provincia de Jaén de Braca- 
moros en el reino de Quito, situado á orillas del río de 
su nombre. 

Este baja de las montañas de Loja, recoge en su cur- 
so las aguas del Saviango y entra en el de Colán ó 
Catamayu. 

Machache. Pueblo del reino de Quito cerca de la 
capital. 

Magdalena. (Río grande de la). Uno de los mayo- 
res de la América Meridional en el Nuevo Reino de 
Granada, descubierto el año de 1525 por Rodrigo Bas- 
tidas el día de Santa María Magdalena en cuya memo- 
ria le puso el nombre. Fué García de Lerma el primero 
que lo navegó el año de 1531. Nace en la provincia de 
Popayán de dos fuentes que hay en las montañas al 
Poniente de Timaná por donde pasa; atraviesa y riega 
la provincia de Neiva y sigue su curso del Mediodía 
al N. corriendo más de 300 leguas hasta salir al mar, 
recibiendo las aguas de otros muchos con que aumenta 
su caudal y algunos muy caudalosos como el Cauca, el 
Cesar ó Pompatao, el ¿arare, el Macates, de la Miel, 
Zarate y otros. Pasa por Honda, Mompox, Tenerife, 
Tamalameque y otros pueblos; y es navegable desde su 



— 272 — 

boca- hasta la villa y puerto de Honda, que hay 160 le- 
guas. Sus orillas están cubiertas de espesos bosques en 
que habitan algunos indios bárbaros, feroces y traidores; 
en ellos se crían tigres grandísimos y en el río multitud 
de caimanes, como toda especie de pescados; por él 
se sube al Nuevo Reino de Granada y se hace el trá- 
fico y comercio en una especie de barcos grandes cha- 
tos que allí llaman champanes, cuya navegación hacen 
muy molesta el calor y los mosquitos; á su salida al 
mar forma una isleta desierta y baja que llaman Isla 
Verde, y sus aguas no se mezclan con las del n:ar por 
más de 20 leguas, en que se beben puras todavía. 

Tiene el mismo nombre un pueblo del reino de Quito 
en la jurisdicción del corregimiento del distrito de las 
cinco leguas de la capital. 

Mariquita. Ciudad del Nuevo Reino de Granada y 
capital de corregimiento, erigido en Gobierno el año 
de 1776, fundada por Francisco Pedroso con el nombre 
de San vSebastián del Oro el año de 1550 en el país del 
Cacique Marqueta, dedonde, corrompido el vocablo, tomó 
el de Mariquita; fué trasladada luego el año de 1553 á 
una llanura á la falda de un monte, cerca del río Gualí, 
á tres leguas de donde entra en el de la Magdalena. Ha 
sido célebre y rica esta ciudad por las minas que tiene. 
Rodéanla al O. los minerales de oro de Bocaneme y 
San Juan de Córdoba, que cenfinan con los de Hervé, 
Malparo, Guarino y Puano, y al E. los de plata de San- 
ta Ana, las Lajas y San José de Frías. Murió en ella el 
conquistador Gonzalo Jiménez de^ Ouesada en 1597. 
Es de temperamento muy cálido, abundante de toda 
especie de frutos. 

Maynas. Provincia y Gobierno del Reino de Quito, 
confina al Oriente con las de Quijos y Jaén de Braca- 
moros; sus límites por el N. y por el S. se ignoran to- 
davía. 

Mira. Pueblo de la provincia de Mainas en el reino 
de Quito. 

Tiene el mismo nombre un río, que desagua en el 
Océano Pacífico. 

Mompox (Santa Cruz de). Villa grande de la pro- 



— 273 — 

Tincia de Cartagena en el Nuevo Reino de Granada, á 
la orilla occidental del río de la Magdalena. Fué íun- 
dada por Gerónimo de Santa Cruz en 1 540. Tiene Adua- 
na Real, donde se reconocen y pagan los derechos las 
mercaderías que suben al Xuevo Reino de Granada. ■ 

Nanegal. Pueblo de la provincia y Gobierno de 
Pasto. Tiene el mismo nombre otro pueblo de la pro- 
vincia de Esmeraldas. 

Neiva, Provincia del Nuevo Reino de Granada, lla- 
mada de los Pantagoros en tiempo de los indios. Tiene 
80 leguas á una y otra banda del río de la Magdalena. 
Confina su jurisdicción con la de las ciudades de To- 
caima, Mariquita y la Plata. Es muy abundante en mi- 
nas y lavaderos de oro. 

La Concepción del Valle de Neiva es la capital de 
esta provincia, fundada el año de 1350 por el capitán 
Juan Alonso en el paraje donde hoy existe un pueblo 
llamado Villa Vieja, y allí permaneció hasta el año de 
1569, que la destruyeron los indios Pijaos. El año de 
1612 volvió á poblarla el Gobernador D. Diego de Hos- 
pina, 8 leguas de su primer sitio á orillas del Magda- 
lena. 

Tiene el mismo nombre con aditamento de Vieja un 
pueblo de la misma provincia situado á la margen del 
río Magdalena. 

Nono. Pueblo de la provincia de Esmeraldas en el 
reino de Quito. 

Nulpe ó Nulpi. Río de la provincia de Esmeraldas 
en el reino de Quito. 

Entra en el Mira. 

Ona. Pueblo de la provincia de Loja en el reino de 
Quito. 

Pamplona. Ciudad de la provincia de Tunja en el 
Nuevo Reino de Granada; la fundaron el capitán Pedro 
de Ursúa y Ortún de Velasco el año de 1549. 

Panecillo. Monte en la llanura de Callo en la pro- 
vincia de Latacunga en el reino de Quito. Se cree que 
es hecho á mano por los indios, cerca de un antiguo 
palacio de los príncipes de este reino para servir de 
vigía á fin de descubrir todo el país inmediato. 

18 



— 274 — 

Tiene el mismo nombre otro cerca de la ciudad de 
Quito. 

Pasto. Partido y corregimiento de la provincia de 
Popayan en el Nuevo Reino de Granada. Es abundantí- 
simo de pastos para el ganado y por eso le dieron el 
nombre. Riéganlo diferentes ríos caudalosos que se in- 
corporan en el Ñapo y Putumayo para entrar en el Ma- 
rañón. 

La capital es la ciudad del mismo nombre, fundada 
por el capitán Lorenzo de Aldana el año de 1539 en 
una dilatada llanura. 

Patía. Pueblo de la provincia de Popayán en el 
Nuevo Reino de Granada. 

Tiene el mismo nombre un río grande y caudaloso 
de esta provincia. Recoge en su curso las aguas del 
Mayo y sale al mar Pacífico por once bocas que for- 
man diferentes islas. 

Valle del mismo nombre. 

Paute. Río de la provincia de Cuenca en el reino 
de Quito. 

Tiene el mismo nombre un pueblo de la misma pro- 
vincia y reino, y un valle grande, hermoso y fértil., 

Perucho. Pueblo del reino de Qjito cerca de la ca- 
pital. 

Pichinche. Monte muy alto y volcán del reino de 
Quito, á cuya falda está situada esta capital; en la cum- 
bre se divide en varias puntas ó picachos; la más alta, 
que llaman Rucu-Pichinche ó Pichinche viejo, se eleva 
sobre el nivel del mar 5.605 brazas, 2 pulgadas y 8 lí* 
neas, medido por los Académicos de las Ciencias de 
París. 

Popayán. Provincia del Nuevo Reino de Granada, 
confina por el N. con la de los Llanos de Neiva, por 
el NE. con la de Antioquía, por el O. con la del Chocó y 
por el S. con la de Pasto. 

Tiene el mismo nombre la capital fundada por su 
descubridor y conquistador Sebastián de Belalcázar el 
año de 1536 en una dilatada y deliciosa llanura. Tuvo 
colegio de los Regulares de la Compañía, con un semi- 
nario de colegiales en que tenían cátedras de Latini- 



— 275 — 

dad, Filosofía y Teología moral y escolástica, y des- 
pués de la expulsión de aquéllos, está á cargo de un 
eclesiástico secular, y solo mantiene las dos primeras 
cátedras y 20 ó 24 colegiales con ocho becas fijas que 
paga el Rey. En tiempo de los jesuítas se conferían en 
él grados mayores; hoy tienen que ocurrir á las Univer- 
sidades de Santa Fe y Quito para estudiar Teología, 
Cánones y Leyes. D. Pedro Agustín de Valencia fundó 
por contrata la Casa de Moneda en 1749. 

Puembo. Pueblo cerca de la ciudad de Quito. 

Puracé. Pueblo y volcán de la provincia de Popa- 
yán, situado cerca de su capital. 

Quito. Reino de la América Meridional. 

La capital tiene el mismo nombre. En el año de 
1736 fueron enviados á esta ciudad por la Academia 
de las Ciencias de París para hacer diferentes observa- 
ciones astronómicas los Sres. D. Luis Godín, D. Pedro 
Bouguer, D. Carlos de la Condamine y otros, á quienes 
acompañaron los tenientes de navio españoles D. Jor- 
ge Juan y D. Antonio de Ulloa. D. Carlos de la Conda- 
mine construyó la Meridiana en la terraza del colegio 
de la Compañía. Es la patria de D. Pedro Maldonado y 
Sotomayor, joven de tan sobresaliente instrucción en 
las Matemáticas y la Física, que mereció que la Aca- 
demia Real de las Ciencias de París y la Sociedad Real 
de Londres lo nombraran individuo de estos Cuerpos; 
Gentilhombre de Cámara de S. M. y Gobernador de 
Esmeraldas. Murió en Londres en la flor de su edad, 

Ríobamba. Provincia del reino de Quito, confina 
por el N. con la de Tacunga, por el S. con la de Cuen- 
ca, por el E. con el asiento de Chimbo y por el O. con 
el Gobierno de Quijos y Macas. La capital es la villa 
del mismo nombre. Hay un río caudaloso en la provin- 
cia con la misma denominación. 

San Pablo. Pueblo de la provincia de Otavalo en 
el reino de Quito. 

Otro de la provincia de Moxos en el mismo reino. 

Laguna de la provincia de Otavalo en el mismo rei- 
no. Recibe el agua del cerro de Mojanda. 

Río de la provincia del Chocó en el Nuevo Reino de 



— 276 — 

Granada, nace de una laguna, y poco después se une 
con el de Quito, que nace de otra, y juntos forman el 
de Atrato. 

Santa Fe de Bogotá. Ciud'ad capital del Nuevo 
Reino de Granada y de este Virreinato, fundada el año 
de 1538 por Gonzalo Jiménez de Ouesada, conquista- 
dor del reino, fabricó primero 12 casas, en memoria de 
los 12 apóstoles, á la falda de dos montes en que se ex- 
tiende su población NS. no distante de unas elevadas 
sierras que tiene al oriente, y siguen desde Santa Mar- 
ta la cordillera de los Andes hasta el Perú. Es grande 
y hermosa, sus calles anchas y bien empedradas, la 
adornan cuatro plazas y cinco puentes sobre los peque- 
ños ríos de San Francisco y San Agustín, cuyas aguas 
cristalinas, delgadas, frías y saludables, tienen su ori- 
gen en la montaña, y pasando por los umbrales de estos 
conventos les dan el nombre, y corriendo de Oriente á 
Poniente bañan la ciudad y su llanura, que tiene 20 le- 
guas de largo y 11 de ancho hasta incorporarse en el 
Funzha que pasa un cuarto de legua distante. Es de 
temperamento fresco, experimentando duplicadas las 
cuatro estaciones del año, en que se puede más bien 
llamar continua primavera, porque siempre prodúcelos 
mismos frutos con tanta fertilidad y abundancia, que se 
cogen de ellos dos cosechas, una que llaman del año 
entero, que se siembra á fin de Febrero y se coge por 
Julio, y otra de medio año, que se siembra por Sep- 
tiembre y se coge por Enero en que suele helar y per- 
derse. Los vientos que reinan, regularmente son el Sur, 
que allí llaman Ubaque, de un pueblo que está^ en la 
altura de la Montaña por donde viene, es sutil y frío, 
y tan benéfico que dicen los naturales que se ha de re- 
cibir con la boca abierta, y el N. de que se resguardan 
porque es destemplado, húmedo y tempestuoso. La ciu- 
dad contiene de largo 25 manzanas y 12 de ancho, y 
sus calles se regulan á 12 varas castellanas. Es cabeza 
de arzobispado metropolitano erigido por la Santidad 
de Pío el año de 1561, y tiene por sufragáneos los 
obispados de Cartagena, Caracas, Popayán, Panamá, 
Santa Marta y Mérida de Maracaibo. La catedral es 



— 277 — 

magnífica y rica, y entre sus tesoros venera la cabeza 
de Santa Isabel, reina de Hungría, dádiva de su arzo- 
bispo D. Fr. Luis Zapata de Cárdenas; hay en ella 
1 6 prebendas; tiene tres parroquias llamadas Nuestra 
Señora de las Nieves, que tiene por distrito su cuartel 
y el del Noviciado, segunda Santa Bárbara, y tercera 
la de San Victorino. Conventos de religiosos de Santo 
Domingo dos, el uno que es recolección con el nombre 
de Nuestra Señora de las Aguas; tres de los de San 
Francisco, uno que está á orilla del río de su nombre, 
otro con título de la Vera Cruz, y el tercero de Recole- 
tos de San Diego. En el egido de la ciudad, á su salida 
para Tunja, dos de San Agustín, de los cuales es 
uno de Recoletos con el título de Nuestra Señora de 
Monserrat, y que está en la cumbre de un monte que 
domina, y en otro que hay hacia la parte de la catedral 
una ermita dedicada á Nuestra Señora de Egipto en 
que están los religiosos de la Merced. Un colegio que 
fué de los Regulares de la Compañía, cuya casa era la 
más suntuosa y magnífica que tenían en toda la cristian- 
dad (exceptuando la de Jesús en Roma), donde se ve- 
neran los cuerpos de los santos mártires Mauro, Fortu- 
nato, Dionisio, Euthimio y Anastasio. Otro llamado la 
Compañía Chiquita y Casa de Noviciado, en que tenían 
el Crucifijo con que murió San Francisco de Borja. 
Convento de San Juan de Dios, á cuyo cargo está el 
grande hospital de San Pedro. Cuatro Monasterios de 
religiosas, uno de la Concepción, otro de Santa Clara, 
otro de Carmelitas Delcalzas y otro de Santa Inés de 
Monte Policiano. Tres colegios de estudios, que son el 
Mayor con la advocación del Rosario, fundado el año de 
1652, en que hay cuatro becas destinadas por el Rey 
para hijos de ministros, y goza los mismos privilegios 
que el del Arzobispo de Salamanca. Otro seminario de 
San Bartolomé, y el tercero el de Santo Tomás con 
Universidad, fundado el año de 1621 por autoridad 
pontificia y regia, en que hay una gran Biblioteca pú- 
blica, establecida el de 1772. Ilustran esta capital que 
tiene además de los templos referidos, los de la capilla 
del Sagrario de Nuestra Señora de Belén, de Guadalu- 



— 278 — 

pe, de la Peña, de las Cruces, de San Felipe y el Humi- 
lladero, que está en la plazuela de San Francisco, en 
memoria de haberse dicho en aquel sitio la primera 
misa, y todos componen 28 sin varias capillas y orato- 
rios reservados, un Tribunal de audiencia y Chancillería 
Real erigida el año de 1548, con un presidente, que des- 
pués se erigió en Virreinato el de 17 18, suprimido el 
de 1724, y vuelto á restablecer el de 1739; otro Tribu- 
nal mayor de cuentas, que se fundó el de 1605; otro de 
Dirección de Rentas Reales estancadas el de 1780; otro 
de la Santa Cruzada; otro de bienes de difuntos, conta- 
dor general de azogues y Casa Real de Moneda, que 
gobierna un intendente, un contador, tesorero y otros 
ministros. El Emperador Carlos V le concedió título de 
muy noble, muy leal, y ciudad más antigua en el año 
de 1548, y por blasón de armas un escudo en que está 
una águila negra en campo de oro, con una granada 
abierta en cada garra, orlado de algunos ramos de oro 
en campo azul. 

Santa Marta. Provincia y Gobierno del Nuevo 
Reino de Granada. Confina con la de Cartagena por 
el ONO. y SO. sirviéndoles de límites el río grande de la 
Magdalenaquelas divide; por el NE. con la provincia del 
río del Hacha, por el N. con las costas del mar Océano. 

Santiago. Pueblo de la provincia de Quijos y Ma- 
cas en el reino de Quito. 

Pueblo de la provincia de Cartagena en el Nuevo 
Reino de Granada, cerca del río Cauca. 

Pueblo de la provincia de Popayán en el mismo 
reino situado á orilla del río Putumayo, cerca de su na- 
cimiento. 

Saraguro. Pueblo de la provincia de Loja en el 
reino de Quito. 

Tiene el mismo nombre un río en la misma provin- 
cia, que recibe por la parte austral al de Vesiacapa y 
por la del X. al de Natuvañucha, y muy crecido con las 
aguas de otros ríos muda el nombre en el de Amarillo, 
pasa por la ciudad de Zamora. 

Taday. Pueblo de la provincia de Cuenca en el rei- 
no de Quito. 



— 279 — 

Timaná. Villa de la provincia de Popayán en el 
Nuevo Reino de Granada, fundada por el capitán Juan 
de Añases en 1538 en el territorio de los indios Paeces 
y Pijaos. 

Tolú (Santiago de). Villa de la provincia de Carta- 
gena en el Nuevo Reino de Granada. Abunda en el ár- 
bol que produce el bálsamo tan celebrado de tolú, que 
tiene tanto crédito y estimación para curar heridas. 

Tomependa. Pueblo de la provincia de Jaén de Bra- 
camoros en el reino de Quito, situado en una llanura 
donde se unen tres grandes ríos, cuales son Chachapo- 
^ras, Chinchipe y el Marañón. 

Tumaco. Isla del mar del Sur á la boca del río Mira, 
llamado también Agua Clara; está rodeada de otras is- 
letas pequeñas con los nombres de la Viuda, el Viudo, 
Placer de Perlas y el Morro, con un pueblo corto del 
mismo nombre. 

Tumbaco. Pueblo de la provincia de Quito. 

Vilcabamba. Pueblo de la provincia de Loja en el 
reino de Quito. 

Zamora. Ciudad y río en la provincia de Jaén de 
Bracamoros en el reino de Quito. 

Zinú. Río de la provincia de Cartagena en el Nuevo 
Reino de Granada. Tiene el mismo nombre una villa de 
esta provincia y reino, situada á la orilla oriental 
■del río. 



ÍNDICE 



DE PERSONAS CITADAS EN LA PRIMERA PARTE 
DE ESTE VOLUMEN 



Mutis y la Expedición Botánica 



Acosta Joaquín, ii, 131. 

Alvarez Anselmo, 98. 

Antodilla Felipe Antonio, 108. 

Arboleda Antonio, 11. 

Arias Antonio Sandalio, 14, 17, 

Arriaga Julián, 88. 

Asensio Pascual, 14, 17. 

Astroemer, 24. 

Aterido y Ramos Luis, 17, 19. 

Azuola Luis, 102. 

Barnades, 71. 

Barrionuevo Antonio, 96. 

Bergius, 26. 

Bergeron Aimé, 131. 

Blond, 26. 

Boerhaave Hernán, 120, 123. 

Boix Esteban, 16. 

Boldó, 70. 

Bolívar Ignacio, 17, 19, 66. 

Bonilla y San Martín, 143. 



— 282 — 

Bonpland, 26, 147. 
Borda José Cornelio, 131. 
Brown, 74. 

Cabal, II. 

Caballero, 96. 

Caballero y Góngora, 94. 

Caicedo Fernando, loi, 102, 103. 

Caldas, 7, 8, 10, 130, 131, 145, 146, 147, 148, 149, 150- 

Calzado, 96. 

Camblor^ 93. 

Cancino Vicente, 102. 

Carmena, 67. 

Cartel, 67. 

Carpintero José Martín, 109. 

Carteti, 74. 

Carrasquilla Juan, 112, 

Cassal José Felino, 140. 

Cavanilles, 18, 19, 26. 

Cervantes, 26. 

Clarke, iio. 

Colmeiro Miguel, 15, 17, 18, 24, 52, 68, 69, 70. 

Condamine, 25, 52, 58. 

Cortés Juan, 96, 99, 104. 

Copérnico, 127, 129. 

Cruz José de la, loi. 

Cullen, 122, 123. 

Chaptal, 122. 

Dadey José, 130. 

Dávila, 32. 

D'Eihuyar, 90, 97, 98, 136, 139, 140. 

Descartes, 45. 

Díaz Ángel, 97? 139- 

Domínguez Benedicto, 131. 

Domínguez de Castillo Francisco, 109. 

Duran Antonio, 109. 

Ezpeleta, 96. 



— 283 — 

Felipe II, 72, 73. 

Felipe IV, 100. 

Fernando VI, 67, 72, 75, 76. 

Flórez Manuel, 55. 

Fontes Francisco, 101. 

Foucroy, 122. 

Froes Antonio Joaquín, 108. 

Gahn, 27, 32. 

Gama y Bastida Francisco, 102. 

Garavito Julio, 131. 

García, 92, 95. 

Gil y Lemos, 90, 91, 136. 

Gómez Ortega, 18, 26, 68. 

González Benito J. M., 131. 

González Suárez Federico, 10, 65, 146. 

Gorter Juan, 121, 123, 124. 

Gorraez Antonio, 108. 

Goyri María, 143. 

Graiño Antonio, 5. 

Granados José María, 102. 

Gravessand, 43. 

Gredilla Federico, 17. 

Guirior Manuel, 56. 

Haen, 123. 

Haller, 120. 

Heister, 123. 

Hernández, 72, 73. 

Hoffmann, 123. 

Humboldt, 8, 11, 26, 51, 91, 92, 147. 

Inojosa Mariano, 96. 

Isla Miguel, loi, 102, 103, 104, 105, 109, 118, 124. 

Jacquin, 35, 75, 76, 92. 
Juan Jorge, 58. 
Jussieu, 58. 

Labillardiére, 26. 



-— 284 — 

Lagasca Mariano, 14, 15, 16, 17, 18, 19. 

Landete, 93. 

Lavoissier, 122. 

Ledezma Carlos Manuel, 109. 

León Manuel, 102. 

Liévano Indalecio, 131. 

Linneo, 23, 24, 25, 26, 27, 30, 52, 53, 66, 67, 68, 

69, 85. 
Loefling, 31, 35, 67, 68, 72, 75, 76, 135. 
Lomba José Ramón, 143. 

López Ruiz S'sbastián, 25, 51, 52, 53, 54, 55, 109. 
Lozano Jorge Tadeo, 148. 

Lleras Luis, 131. 

Malaspina, 69. 

Maldonado Antonio, 102. 

Manrique Antonio, 104. 

Martínez, 96, 124. 

Martínez Mansilla Manuel, 125. 

Martínez Recaman Antonio, 102. 

Matis, 96, 97, 131. 

Mazústegui Miguel de, 104, 

Meléndez de Arjona Antonio, 109. 

Méndez, 96. 

Mendinueta, 110. 

Menéndez Pelayo Marcelino, 142, 145. 

Mesía de la Cerda, 20, 22, 39, 70, 88, 99, 102, 134. 

Morillo Pablo, 13. 

Morton, 123. 

Mosquera Tomás Cipriano, 131. 

Murray, 122. 

Muschembroeck, 43. 

Mutis José Celestino, 7, 11, 12, 13, 15, 16, 18, 20, 22, 
23; 25, 26, 51, 52, 53, 55, 56, 57, 59, 60, 63, 65, 66, 
67, 70, 87, 88, 89, 90, 91, 92, 93, 94, 95» 96, 98, 99; 

100, 104, 105, 106, 107, lio, III, 112, 114, 118, 
119, 125, 127, 128, 129, 130, 131, 132, 133, 136, 

138, 139; 140; 141, 142, 143; 144; 145; UÓ, 147; 148. 
Mutis Sinforoso, 19. 



- 285 - 

Navarro Jaime, 23, 38, 46, 49, 104. 
Neé, 69, 70. 
Newton, 45. 

Ortega Casimiro, 122. 

Pabón, 68, 144. 

Palacios, 21. 

Palau, 122. 

Parta Andrés. 121. 

Paulo V, 127. 

Petrés, 130. 

Pineda, 69. 

Pizarro Alfonso, loi, 134. 

Pombo José Ignacio, 7,11, 146, 147, 148. 

Porlier, 96, 97. 

Posada Arango Andrés, 10. 

Plumier, 74. 

Quarin, 123. 
Quevedo, 48. 

Ramazini, 123. 

Raon, 91. 

Recchi, 73. 

Restrepo José Manuel, 94, 148. 

Ríos Blanca, 143. 

Rizo Salvador, 13, 93, 132. 

Ronderos Victoriano, 109. 

Rodríguez Bernardo, 96. 

Rodríguez Marín, 143. 

Rodríguez San Pedro Faustino, 17. 

Rojas Simón, 15, 17. 

Rosillo y Meruelo Andrés, 125. 

Ruiz, 68, 89, 140. 

Sánchez Vicente, 96. 

Santisteban Miguel, 51, 52, 53, 54, 55» S^, 81. 

Schousboe, 26. 

Sessé, 26, 69. 



— 286 — 

Silva Antonio, 96. 

Sloan, 74. 

Smith Adán, 139. 

Soler, 148. 

Soriano Vicente, 14, 17. 

Sydenham, 123. 

Tanco Dieg^ Martín, 109. 
Tizot, 123. 
Triana José, 16. 

Ugalde Diego, 98. 
Ugarte Pedro, 49, 53, 90. 
Ulloa, 58. 

Valenzuela, 26, 92, 93. 

Van Halen Antonio, i^, 15, 16, 17. 

Van Swieten, 75. 

Vargas Juan Bautista, 99, 102, 104. 

Vargas Nicolás, 101. 

Vega Juan de, 58. 

Vergara José María, 65. 

Vesga Florentino, 65. 

Vila Honorato, 109. 

Vülarroel, 96. 

Virgilio Pedro, 59. 

Wall Ricardo, 85. 
Wildenow, 26. 

Zea, 18, 19. 



índice 



DE PERSONAS CITADAS EN LAS MEMORIAS 
Y CARTAS DE CALDAS 



Andrés, 22. 

Arboleda Antonio, i5-. 

Arboleda Manuel María, 25, 240. 

Arriquibar, 62. 

Arroyo, 161, 163, 164, 170, 204, 208, 240, 241, 243 

BaJls, II. 

Baillé, 22. 

Bello, 45, 50, 222. 

Besont, 135. 

Bird, 68. 

Bompland, i, 2, 84, 144, 172, 174, 184, 205, 209, 216, 

245. 252. 
Borda, 11. 

Bouguer, 5, 19, 156, 164, 167, 206, 207. 
Buffon, 38, 165, 243. 
Byron, 147. 

Caille, 165. 

Calama, 44, 212. 

Carondelet, 43, 45, 47, 66, 149, 213. 

Casini, 203. 

Cavanilles, 3, 186. 



— 288 — 

Condamine, 5, 19, 67, 68, 84, 156, 164, 167, 169, 194, 

206, 207, 245. 
Cook, 147. 

Chuquin Salvador, 196. 

D'Elhuyar, g, 12, 98, 163, 170. 
Dilon, 5. 
Dollon, 23. 

Espinosa Manuel, 220, 

Farenheit, 16, 18, 21, 31, 39, 40, 182. 
Fontenelle, 22. 
Freiré Miguel, 61. 
Forster, 86. 

Gargotena Domingo, 46. 
Godin, 19, 164, 167. 
Graham, 176. 

Heberden, 3, 33. 

Humboldt, 32, 34, 39, 60, 68, 71, 73, 84, 85, 86, 87, 

89, 103, 129, 138, 139, 142, 147; 149; 153, 154; ^SS; 

162, 166, 172, 178, 186, 207, 211, 214, 215, 218, 

246, 252. 
Hurtado Juan José, 15. 
Jacquin, 86, 

Juan, 5, 19, 141, 167, 207. 
Jussieu, 84, 191. 
Justiniano, 135. 

Lalande, ir, 135, 137, 165, 203. 

Lamarck, 191. 

Larrea Juan de, 66. 

Lavoissier, 144. 

Linneo, 2, 67, 70, 133, 134, 137, 171. 

Loefling, 148. 

López, 220. 

Luc, 21, 144, 165, 183. 



— 289 — 

Maegraff, 68. 
Maldonado, 44, 68. 
Manzanilla, 220, 224, 226, 227. 
Maquiavelo, 101. 
Martine, 17, 18, 24. 
Mejía, 232, 234, 251. 
Montuela, 22. 
Morveau, 144. 
Montúfar Pedro, 223. 

Mutis, 2, 3, 8, 10, II, 12, 14, 22, 46, 67, 84, 89, 91, 
98,99,227. 

Nairne, 39. 
Newton, 160. 

Olmedo Vicente, 84. 
Ortega, 137, 205. 

Pabón, I, 219, 220, 223, 227, 228, 245. 

Palau, 2, 137. 

Paulian, 33. 

Place la, 144. 

Plumier, 148. 

Pombo, 143, 16 r, 163, 164, 170, 203, 204. 205, 208, 

214, 215, 217, 236, 238, 243, 250. 
Pombo Miguel, 242, 249, 252. 
Pombo Lino de, 15. 
Pose, 44. 

Reaumur, 7, 16, 18, 21, 26, 27, 28, 31, 39, 49. 55» 68. 

182. 
Rizo, 12. 208, 241, 243, 252, 255. 
Rodríguez Toribio, 32. 
Ruiz, I, 67. 69, 78, 83, 86, 87, 219, 220, 227, 228, 241: 

Savary, 67. 

Schevrbuch, 189. ^ 

Sigaut de la Fond, 3, 4, 17, 18, 21. 
Sucio, 7, 21, 32,33, 34. 



iQ 



— 290 — 

Tafalla, i, 8, 148, 211, 220, 224, 226, 227. 
Tomás, 22. 
Torres, 161. 
Tournefort, 137. 
Tralles, 189. 

Ulloa, 5, 19, 167, 199. 

Valencia Manuel José Pérez de, 86, 87. 
Valdivieso Javier, 81. 
Vergara y Vergara, 15. 
Vergara Juan Fernando, 99. 
Vinio, 134. 

Wildenow, 2. 
Woodvard, 38. 

Zea, 205, 220. 



CONTENIDO 



Mutis y la Expedición Botánica 

Páginas. 

I. — Catálogo de las obras publicadas é inéditas 

de Francisco José de Caldas 7 

II. — Historia del Archivo de la Expedición Bo- 
tánica de José Celestino Mutis que se con- 
serva en el Jardín Botánico de Madrid 12 

III. — Datos biográficos de Mutis; su partida para 

América; su correspondencia con Linneo. . . 18 

IV. — Llegada de I^Iutis á Nueva Granada. Su 
ministerio de educador. Cátedra de Matemá- 
ticas en el Colegio del Rosario. Párrafos de 
su discurso de apertura del curso. Textos que 
escribió 38 

V. — Se establece Mutis en la Montuosa de Pam- 
plona. Descripción de su casa 46 

VI. — Regresa Mutis á Santafé. Descubrimiento 
del árbol de la Quina. Examen de la contro- 
versia que suscitó. Proyecto del estanco de 
la Quina. Razones en que fundó Mutis el 
proyecto. Navegación del Río Magdalena. 
Proyecto de Mutis. Los bogas del Mag- 
dalena 50 

VII. — Expedición Botánica. Expedición de Loe- 
fling. Las Expediciones Botánicas del Perú 
y Chile, de Méjico y de Cuba y el viaje de 



— 292 — 

Páíjina; 



Malaspina. Representación de Mutis al Rey 
de España. Informe del Virrey la Cerda. Se 
establece Mutis en las minas del Sapo de 
Ibagué. Organiza provisionalmente el Arzo- 
bispo Virrey la Expedición de Nueva Gra- 
nada. Viaje de Humboldt. Generosidad del 
Arzobispo Virrey. Aprobación del Rey. No 
se realiza el pensamiento original. Obstácu- 
los que lo impidieron 65 

VIII. — Papel que como médico desempeñó Mu- 
tis en la Colonia. El Colegio del Rosario y su 
Cátedra de Medicina. Historia de esta Cáte- 
dra según D. Fernando Caicedo El Padre 
Miguel de Isla. D. Juan Bautista de Vargas. 
Solicita el Colegio del Rosario se forme un 
plan de enseñanza de la Medicina. Se nom- 
bra á Mutis para que lo forme. Las boticas 
en Santafé. Honorarios de los médicos. Me- 
moria de Mutis para la curación de enferme- 
dades en el Darién. Su discurso en favor de 
la vacuna. Expedición encargada de propa- 
garla. Plan de esludios médicos de Mutis é 
Isla 99 

IX. — El sistema de Copérnico. El Convento de 
Santo Domingo de Santafé se opone á la en- 
señanza de ese sistema. Controversia con 
Mutis. Proposiciones de Mutis 127 

X. — El Observatorio Astronómico de Santafé. 
Es construido por Mutis. Breve historia del 
Observatorio 130 

Xf. — Esfuerzos de Mutis por el progreso de la 
Mineralogía en la Colonia. Informe reservado 
del Virrey sobre el atraso en la explotación 
de las minas. Propone que se lleven á la 
Colonia profesores que enseñen el sistema 
de fundición. D. Juan José D'Elhuyar, Aná- 
lisis de las sales de Zipaquirá hecho por Mu- 
tis y D'Elhuyar 132 

XII. — Junta compuesta de Muti?, D'Elhuyar y 



— 293 — 

Páginas. 

Díaz para proponer medidas sobre fomento 
de las minas. Minas de esmeraldas de Muzo. 
Cartilla de Mutis sobre el beneficio de las 

minas 138 

XIII. — Carácter verdadero de la Expedición Bo- 
tánica del Nuevo Reino de Granada. Fué un 
Instituto científico dirigido por Mutis. Pro- 
yecto para la publicación de la Flora de Bo- 
gotá. Mutis y Caldas. Mutis y Pombo patro- 
cinadores de Caldas. La influencia de Mutis 
comparada con la de Humboldt. D. José Ig- 
nacio Pombo y sus proyectos. Importancia 
histórica de Mutis y sus discípulos. El primer 
Centenario de la Independencia y objeto de 
este volumen 141 



CONTENIDO 



Memorias científicas de Caldas. 



Páginas. 

i.^ — Memoria sobre el origen del sistema de 
medir las montañas y sobre el proyecto 
de una expedición científica i 

2/ — Ensayo de una Memoria sobre un nuevo 
método de medir por medio del termó- 
metro las montañas 15 

3.^ — Viaje de Quito á las costas del Océano Pa- 
cífico por Malbucho, hecho en Julio y 
Agosto de 1 803 43 

4.^ — Memoria sobre el estado de las Quinas en 

general y en particular sobre las de Loja. 65 

5.^— Plan razonado de un cuerpo militar de In- 
genieros mineralógicos en el Nuevo Reino 
de Granada 03 



Cartas de Caldas dirigidas á Mutis 

I.*— Popayán y Agosto 5/1801 133 

2.^— Quito y Enero 21 de 1802 139 

3/^ — Quito y Febrero 6/802 146 

4.^ — Quito y Abril 6/802 151 

5.^ — Quito y Abril 21/802 159 



— 296 — 

Páginas. 

6.^— Quito y Mayo 6/802 166 

7.^— Quito y Junio 21/802 171 

8.* — Quito y Julio 6/802 177 

9.^— Quito y Julio 2r/8o2 184 

10.^ — Ibarra y Agosto 8/802 187 

11.^ — Ibarra y Septiembre 23/802 190 

12.^— Otábalo y Noviembre 7 de 802 197 

13.^ — Otábalo y Noviembre 22/802 206 

14.^ — Quito y Enero 6/803. 208 

15.^— Quito y Febrero 20/903 . 210 

16.^ — Quito y Mayo 6/803 215 

1 7 .^ — Quito y May 3 2 1 /803 218 

18.* — Quito y Julio 6 de 1803 219 

19.^— ibarra y Octubre 6 de 1803 221 

20.^ — Quito y Noviembre 21/803 227 

21.^— Quito y Enero 6/804 230 

22.^ — Quito y Febrero 6/804 236 

23.^— Quito y Marzo 5 de 804 240 

24.^— Quito y Julio 6 de 804 241 

25.^ — Cuenca y Agosto 28/804 243 

26.^ — Cuenca y Septiembre 28/804 245 

27.^ — Quito y Enero 3/805 . . 248 

28.''— Quito y Marzo 2 1/805 249 

19.^ — Quito y Marzo 6/805 250 

30.^— Pasto y Abril 28/805 251 

31.^— Popayán y Mayo 20/805 253 

32.* — Popayán y Junio 5/805 253 



Post Scriptum 

Corrección de ciertos nombres geográficos 255 

Opiniones de Mutis y Pombo sobre la Memoria 
de Caldas publicada en este volumen y por 
el Sr. González Suárez, y adiciones á la lista 
de obras de Caldas 256 



ERRATAS IMPORTANTES 



Mutis y la Expedición Botánica 

Página. Línea. Dice. Léase. 



26 Nota. Publicamos en el Publicamos el 

53 24 Santistetevan Santistevan 



Memorias científicas de (Saldas 

Página. Línea. Dice. Léase, 



74 22 Suma I2°,0 



N. B. La carta de la pág. 250 de fecha 6 de IVlarzo de 1805 debió 
colocarse antes de la de 21 de los mismos mes y año de la página an- 
terior. 



UNIVERSITY OF CALIFORNIA LIBRARY 

Los Angeles 

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JUN 2 3 1976 
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'^UH Í4 1978 



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