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Full text of "Fábulas de la vida del sabioy clarisimo fabulador Isopo, con las fábulas, y sentencias de diversos, y graves autores: ahora de nuevo corregido, y enmendado con las anotaciones"

Presenten to 
of % 

Pitbersüg of 3Ioronto 

Mlss K.D. Gower 



^^ 



FÁBULAS 

DE LA VID.K 

DEL SABIO Y CLARÍSIMO 
FABULADOR 

ISOPO, 

CON LAS FÁBULAS , Y SENTENCIAS 

DE DIVERSOS, Y GRAVES AUTORES : AHORA. 

DE NUEVO CORREGIDO, Y ENMENDADO, 

CON LAS ANOTACIONEF. 




Segovid : En la Imprenta de Espinosa , y en 

Madrid en la del mismo calle del Carmen, 

donde se hallarán. Año de 1813. 






1 9 ^ ■' 



67S3¿Z 



(III) 
PROLOGO 

df:. muy sabio y clarísimo 
FABULADOR ISOPO, 



C 



omlenza la Vida de Isopo, muy claro, y 
apidislmo Fabulador , muy diligentemente 
5.j:ada, y vulgarizada , clara y abiertamente 
i< Latín en lengua Castellana , la qual fue 
tnsladada de Griego en Latin por Rcmic'.o, 
pra el muy Reverendo Señor Antonio, Car- 
d nal del titulo de San Crisogono , con sus 
Fíbulas, las quales en otro tiempo Romulo 
di Athenas, sacadas de Griego en Latin, eni- 
hó á su hi;o Tiberino. Y asimismoalgunas Fa- 
tulas de Ablano, y Doligamo, y de Alonso, 
; otros. Cada Fábula con su título asignado, 
JO que sean sacadas de verbo ad verbum, mas 
ogiendo el seso real , según común estilo de 
ntérpretes , por muy mas clara , y mas evi- 
iente discusión , y clariíicacion del texto. 15 
Igunas otras palabras añadidas , y otras qui- 
idas , y exclusas en muchas partes, por ma- 
or ornato, y eloqiiencia mas honesta y pro- 
vechosa. La qual dicha vulgarización , trasla- 
ianiiento se ordenó por ya instituto, contcm- 
Dlacion,-)'^ servicio del muy ilustre, y Exce- 
lentísimo Señor Pon Henrlque, Infante de 
^.ragün , y dt Sicilia , Du|ue de Segorve, 
** 



( IV ) \ 

Conde de Empurias , y Señor de Valdeuon, 
y Visorrey de Cataluña , conociendo q» la 
Obra no sea reputada por indigna, para q%de 
ella pueda ser informada , é instituida sv^s- 
clarecida Señoría ; mas porque de superalii- 
dante disposición , y muy benévola nobka 
recibia alguna autoridad,,y sea distribuida abs 
vulgares , y personas , no- tanto doctas , y l- 
tradas, como de muy piadoso padre á los L 
jos: las quales Fábulas son mucho provecA. 
sas , si por los Lectores son entendidas cen 
de la doctrina de San Basilio , usando del 
prudencia ,ó mejor, á manera de instinto ni 
tural de las abejas , las quales no mucho r 
piitan la calor exterior de las flores, mas pe 
quieren, y buscan el dulzor de la miel, y prd 
ve^ho de la cera, para composición, y ediíicl 
cien de su casa, y aquello toman, quedan 
do, y permaneciendo la otra parte de la flu 
no corrompía: Y asi , todos aquellos que qul 
sieren leer este Libro de la color de la flon 
esto es, de la Fábula, no deben curar, mal 
antes de la doctrina en ella contenida , y enl 
gerida , para adquirir, y alcanzar muy buei 
ñas costumbres , y virtudes: para evitar, y 
guardarse de todos los malos usos, chupanj 
do, y tomando en sí en vianda del anima, co-j 
mo del cuerpo ; porque los que no lo hacenJ 
mas tan solamente por Fábulas leen estelibroj 
por cierto estos ninguna cosa de provecho den^^ 
de recibirán, mas que el Gallo de la piedra^ 
preciosa , la qual halló en el muladar, bus-j 
cando de comer, en el qual mas quisiera ha-| 
ver hallado un grano de cebada , ó de trjgo^i 



que el iaspidc, asi como esto enseña la prime- 
ra Fábula de Isopo: como haya de decir de las 
Fábulas de Isopo, cosa razonable es, que sea 
Qqui permitido, y sabido, que' cosa es Fábula. 
Es de notar que todos los Poetas tomaron este 
nombré Fábula de Fando, que quiere decir ha- 
blar: porque las Fábulas son cosas nunca he- 
chas, mas fingidas, y fueron halladas, porque - 
por palabras fingidas de las animalias irracio- 
ifilcs de las unas á las otras, la imagen y cos- 
/umbre de los hombres, fuesen conocidas. Y el 
primer inventor de las Fábulas fue dicho su 
nombre Maestro Alemo , Cracoviense. E hay 
Ofjyersas Fábulas porque algunas son dichas 
Hesophicas , las quales hizo , y compuso el 
muy clarisimo Isopo, y son donde las ánima- 
lias irracionales, que no tienen habla , son in- 
troducidas, y fingidas, que hablan, ó las cosas 
que carecen de sentido: asicomo Arboles, Mon- 
tes, Piedras, Aguas, Ciudades, Villas, y Lu- 
gares , &c. Otras son dichas Libesticas , don- 
de los hombres con las animalias hablan , ó al 
contrario: y también los Poetas siguieron las 
Fábulas , porque son delectables ; paraoir las 
costumbres de los hombres , declara , y des- 
cribe por quanto de ellas son mejoradas , asi 
como Tcrencio , y Planto hicieron. Ca descri- 
bieron á Vulcano , Dios del fuego , corbo , y 
cojo, porque esto conviene á la natura del fue- 
go, por quanto la flama del fuego nunca de su 
naturaleza derechamente sube , mas torcida- 
mente. Fingen también los Poetas uVia Bestia, 
de tres formas , la qual ha por nombre Qui- 
mérica, que ha la cabeza de León, y el vien- 



(VI) 

tre de Cabroh, y la cola de Sierpe, porque el 
estado de tres maneras el hombre sigriiiica ; es 
k saber, de la iuventud, verilidad, y de la ve- 
jez , porque los hombres en la juventud son 
casi el León, ufanos, crueles y fuertes, donde 
acordándoseles de sus obras enmedio del esta- 
do de su edad, procuran", y buscan para si co- 
sas provechosas , y huyen las cosas nocivas, 
por lo qual, porlaásperidad, y clara vista, sor» 
comparados al Cabrón , mas en la vejez cons- 
titu'dos asi como Culebras, en diversas mane- 
rasseencorban, y asiáellosmuchosdaños acon- 
tecen. Son también fingidos de los Poetas, los 
Cemitauros , ó Centauros , que son ñ^uraáfif 
hasta el ombligo casi hombres, y dende abaxo 
como cavallos , significantes la brevedad de la 
vida del hombre , la qual asi como carrera de 
cavallo ayna pasa. Algunas' costumbres de es- 
ta manera aprobantes , como parece en la Fá- 
bula de Horacio, donde dice: Un ratón haver 
hallado á otro, y la Cohiadrcja ^ la Raposa, y 
fueron halladas estas Fábulas , no porque U 
cosaf; e asi hecha, mas porque signifíqueelesta- 
do délos hombres. Asi las Fabulasdelsopo son 
ordenadas sobre la vida , y costumbres de los 
hombres. Semejable cosa vemos en el Libro de 
los Reyes , donde los Arboles pidieron Juez, 
y hablavan con la Oliva , Higuera , Cepa , y 
Zarza. Y todas estas cosas se hacen, porque de 
la Higuera vengamosála verdad que deseamos. 
Asi hizo el muy claro Aíaestro Démoste nes de 
Athenas contra el Rey Filipo, quando deman-- 
daba diez de los Ciudadanos mas sabios de 
Athenas, porque se alzase el cerco d^ la Ciu-. 



(VII) 

dad , sobre la qual estaba: el qual tal Fábula 
ungió, que un lobo pedia al Pastor, que le die- 
se en su poder los mastines, y que asi guarda- 
ria la paz con las ovejas , porque por este di- 
cho quería avisar, y dar á entender á los Ciu-» 
dadanos de Atlienas aquello que el Rey pedia, 
según que esta Fábula en la vida de Isopo se 
contiene. Cá decia Demostenes asi como el lo- 
bo al pastor pedia los perros , para dende en 
adelante , sin miedo, las ovejas comiese* Asi 
el Rey Píiilipo p'de , que le embien los mayo- 
res, y mas sabios de nosotros, porque asi mas 
ligeramente vos pueda sojuzgar. Postrimera- 
mente es de notar la diferencia entre la Fábu- 
la, Historia, y argumento. Fábulas son aque- 
llas cosas, que no son, ni pueden ser hechas, 
porque serian hechuras fuera de la naturaleza. 
Las Historias son verdaderas, y asi hechas co- 
mo se cuentan. Argumeuto son las cosas que 
no fueron hechas, mas pueden ser hechas , asi 
como las Comedias de Terencio, y de Plauto, 

Í' otras á estas semejables. Agora vengamos á 
a Vida de Isopo, la qual se sigue en esta ma» 
ñera» 



EMPIEZA 

LA VIDA 

DEL SABIO FABULADOR ISOPO, 

con Otras muchas 
adicciones. 

JC-n ías partes de Frigia , ¿onde es ía muy 
antigua Ciudad de Troya , había una V.IU 
pequeña , llamada Anionla , en la qual na- 
ció un mozo disforme , y feo de cara , y 
cuerpo } iTias que ninguno que sé hallase en 
aquel tiempo en todo el mundo. El era de 
muy gran cabeza, y de ojos agudo^^ y de ne- 
gra color, Y de mexillas luengas , y el cuello 
tuerto, y de pantorrillas muy grueso , y de pies 
grandes, bocudo, giboso , barrigudo , tarta- 
mudo , habla por nombre Isopo , y como cre- 
ciese por sus tiempos , sobrepujaba á todos en 
saberes astuciosos: el qual á pocos dias fue 
preso , y cautivo, y traído en tierras estrañas, 
y fue vendido á un Ciudadano muy rico dfe 
Athcnas, llamado Ariste, y camo aqueste Se- 
ñor lo estimase por ilnutil, y sin ningún pro- 
vecho para los servicios de casa, deputolo para 
labrar, y cabar sus campos, y heredades. M uu 



a 

día como CZenas á quien le era encomendada 
la administración de la heredad por su señor ) 
se levantase de su reposo para trabajar , coma 
solia hacer en la dicha heredad, apoco espacio 
le fue presentado al señor con un mozo llama- 
do Agathopus. Y como Zenas le mostrase la 
diligencia de su trabajo, acaeció, que llegó á 
una higuera, en la qual había madurados unos 
pocos de higos, principalmente mas que en las 
otras higueras , de los quales el dicho Admi- 
nistrador cogió , y con gran reverencia á su se- 
ñor los presentó , diciendo: A tí pertenecen 
los frutos primcr»:)s de la tu heredad. Y el se- 
ñor, vista la belleza de los higos, dixo: Gran- 
des gracias te hago , Zenas , del buen amor que 
me tienes. E como fuese hora, (según habia 
acostumbrado de ir en tal dia á bañarse, y lim- 
piarse en un baño ; dixo: Agathopus, toma, 
y guarda con mucha diligencia aquestos hi- 
gos , porque quando del baño torne comience 
a comer con ellos. Empero, tomando Agatho- 
pus los higos, y mirándolos, la codicia desor- 
denada de la gula se acrecentó en él ; y asi, 
mirando, y remirando los higos delante de un 
compañero suyo, comióse los dos; y dixo: si- 
no huviese miedo á mi señor, yo me comiera 
uno á uno aquestos higos. Respondió su com- 
pañero , diciendo: Si tú quieres que entram- 
bos á dos comamos estos higos, yo daré' mane- 
ra como no padezcamos mal ninguno porellcs. 
Dixo Agathopus: Cómo podra ser eso que tu 
dices? Respondió el otro: A nosotros es mani- 
íiesta cosa, que Isopo, viniendo de su hacien- 
da 3 demanda el pan , que cada día le es acos- 



5 
tumbrado á dar. E como el señor demande los 
higos, diremos, que Isopo viniendo de su 
obra, halló aquellos higos en la despensa guar- 
dados , y que se los comió. Y como el Isopo 
fuere llamado, con la tardanza, y tartamude- 
ría que tiene no se podrá defender , ni menos 
se escusará, y el señor azotarlo há, y nosotros 
cumplire'mos el nuestro deseo. E oído Agatho- 
pus el buen consejo que su compañero le da- 
ba, con la codicia que tenia de comer los higos,, 
sin mas pensar comenzaron á comer , y como 
los comiesen con mucho placer, y alegría, di- 
xo 'Agathopus riendo: Dolor , y aún tristeza 
será á tí Isopo , que sobre tus espaldas muy 
furiosamente el señor absolverá la nuestra cul- 
pa : y asi hablando , y riendo, todos los hi- 
gos se comieron. E venido el señor del baño, 
mandó que le truxesen los higos en el princi- 
pio de su comer, y dixo Agathoptis: Mi buen 
señor , el Isopo , viniendo de su trabajo , co- 
mo hallase la despensa abierta, entró dentro, y 
no mirando razón alguna, los ha comido todos. 
Oyendo aquesto el señor, y movido con muy 
grande ira , dixo: Quién me llamarada ese Isopo? 
E como él fuese llamado ante él, dixole el se-» 
ñor: Dime acelerado tacaño, y sin vergüenza, 
de tal manera me tratas, entainpoco metienes, 
que los higos que estaban en la despensa guar- 
dados para mí, has tenido osadía de comer? El 
Isopo , no pudiendo responder á las palabras 
ay radas de su señor, por tener la lengua muy 
tartamuda , estaba muy temeroso , y luego el 
señor lo mandó desnudar. Mas como en astu- 
cias, y cabilaciones fuese agudo, peosó, que por 



4 

aquellos qne presentes estaban fuese solamente 
acusado de los hijos, é hinca«dose de rodillas 
a los piesdel señor, con señales le demanda un 
poco de tiempo antes que le mandase herir. Y 
pensando el Isopo , que no podía satisfacer con 
palabras al engaño , que le habian levantado 
aquellos faLos acusadores , que presentes esta- 
ban, y que le era necesidad de defenderse con 
arte, y astucia: Por tanto fuese para el fuego, 
y tomó, una olla de agua caliente, ende halló, 
y echo de aquella en un bacin , y bebió de ella, 
y dende á poco metió los dedos en la boca, y 
'echó solamente el agua que habia bebido, por 
quanto en aqísel dia otra vianda no habia co- 
mido. E asimismo pidió por merced ásu señor, 
que aquellos acusadores bebiesen de aquel agua 
caliente, los quales como por mandado del se- 
iíor bebiesen; porque no vomitasen , tcnian las 
manos á la boca; mas como el estomago, con 
el calor del agua , ya fuese resolvido , echo fue- 
ra el agua revuelta con los higos. E viendo el 
señor mani tiestamente la experiencia de aque- 
llos que habian comido los higos, dixoles: Por 
qaé habéis mentido contra este que hablar no* 
pLicdeí E asi mandólos desnudar , y publica- 
mente azotar diciendo: Qualquier.que contra 
otro alguna cosa por engaño levantare, o acu- 
sare , por igual , y por galardón , ser.í cuero 
afcytado , y guarnecido. Y después el siguiente 
dia fuese el señor para la Ciudad y como es- 
tuviese el Isopo ensu labor ^ caoando enelcam- 
po, allegóse a e'l un Sacerdote, llamado Isidis, 
el qual andaba errado del cannno, y rogo á 
Isopo, que le enseñase por qual camino podri» 



jr á h Ciudad. El Isopo , como era piadoso, 
tomólo por la mano, e hizo sentar al Sacerdo- 
te debaxo de una sombra de higuera , y dióle 
pan, aceytunas, higos, y dátiles, y rogóle que 
comiese, v luego fuese Isopo á un pozo, y sacó 
agua, y dióle á beber: y despiies quelsidis hu- 
vp holgado , Isopo le enseñó el camino de la 
Ciudad, y pensando asi el Sacerdote, qu'j con 
pecunias ño podía satisfacer á la caridad , Tue 
de Isopo habia recibido , deliberó rogar á los 
Dioses por aquel , que con tanto amor , v tan 
•fectuosamente lo habia enderezado. Y eomo 
Isopo fuese tornado á la herec^ad á la hora de la 
s'esta , asi como es de costumbre á los traba an- 
tes en tal hora reposar, y dormir , durmióse á 
la sombra de un árbol. E como la Piosa de 
piedad huviese oído, y entendido ias plegarias 
de Isidis, apareció á Isopo, y dióle en gracia, 
que pudiese hablar distintamente, y sinningun 
impedimento, tridas ias lenguas del m.undo, j 




que entendiese los caracteres de las aves^ y las 



señales de todas' las ánimallas , y que dende 
adelante fuese ¡ntentor, y reclta'dor de muchas, 
y diversas Fábulas, El Isopo, despertando del 
sueño , en que estaba , dixo entre sí: O como 
he holgado tan dulcemente , y me parece que 
haya soñado un su sño de gran maravilla, y me 
semeja, que sin trabado ninguno hablo, y las 
cosas que veo , nombrólas por sv.s nombres. E 
los caracteres de las aves yo bien entiendo , y 
conozco lasseñales délas animalias por los Dio- 
ses, todas las cosas entiendo, y percibo, ó no 
puedo pensar de donde tan súbito el tal cono- 
cimiento haya recibido. Pienso que por la pie- 
dad , caridad , y amor de que muchas veces 
he usado contra los huespedes, me han hecho 
gracia los Dioses , quien cosas derechas hace, 
buenas esperanzas recibe en el corazón siem- 
pre. Estando asi Isopo muy gozoso de la gran- 
de gracia , que habia recibido de los Dioses to. 
mó el azada , y comenzó á cabar en la here- 
dad í mas como Zenas viniese á ellos, por cau- 
sa de mirar la obra, y hacienda que hacían, mo- 
vido de grande ira, sin tener ninguna razón, 
hirió con la verga cruelmente á un compañero 
de Isopo, E tomando Isopo enojo, é molestia 
de aquello, «áixo: Porque' á este, sin causa, tan 
cruelmente hieres cada hora , sin tener razón 
ninguna, hiriendo nos majas, y tú ninguna, co- 
sa de b'en haces? Por cierto yo haré que esta 
tu crueldadsea manifiesta al señor? S como oye- 
se Zenas las palabras de Isopo , fue muy ma- 
ravillado como hablaba tan distintamente, csin 
ningún trabajo le contradecía, dixo entre sí: A 
nií es necesario proveer antes qu8 aqueste mal- 



? 

%rA¿o me revuelva con el señor, y me quite la 
procuración. E luego se fue para la Ciudad , é 
comenzó de hablar.i su señor, hac'endo, y mos- 
trando, el gesto temeroso, é diciendo: Mucha 
salud haya mi señor. Respondió el señor: Que 
€s la causa, porque vienes temblando; Res- 
pondió Zenas: Cosa muy nueva, y de gran ma- 
ravilla ha acontecido en la tu heredad. Respon- 
dió el señor: Por ventura es, que algún árbol, 
antes de su tiempo, ha dado algún fruto, ó es 
que alguna bestia haya parido algún monítruoí 
E dixo Zenas: no es nada de eso , mas aquel 
esclavo Isopo ha comenzado de hablar clara- 
mente , é sin impedimento. Entonces dixo el 
señor: Sea en buen hora, y de eso te espantas. 
no es cosa de naturaleza? Respondió Zcnas: si 
señor. Dixole el señor: Puessiasies, no es ma- 
ravilla, que vemos muchos, que como se ensa- 
ñan no pueden hablar; y después que se les qui- 
ta la saña, sin empacho, y trabajo todas las co- 
sashablan. EntonccsdixoZenas, Mashablaque 
hombre: Amí me ha dicho muchas palabras in- 
juriosas, y átí, y álos Dioses, y Diosas, cruel- 
mente, y sin temor falsamente blasfema; y en- 
tonces el señor fue movido de ira, é dixo á 
Zenas: Vete, y haz lo que quisieres de e'l-, yo 
te lo doy, y te hago donación de él; y Zenas 
aceptada, y recibida la donación , que le fue 
hecha de Isopo, tornóse para la heredad, y di- 
xo al Isopo: agora eres en mi poder, el señor 
te ha dado á mí, y porque eres parlero, y malo 
del todo , te quiero vender. Ea ventura acae- 
ció , que un Mercader , que solia comprar es- 
clavos , pasaba cerca de aquella heredad > bus- 



9 * 

cando bestias alquiladas para llevar cargas ñ la 
feria de Eíeso; y como aquel Mercadei- encona- 
trase á Zenas , que era conocido suyo , lo sí- 
ludo, Y le rogó, que le dixese ; si sabia de a.U 
gunas bestias , para vender, ó alquilar. Ras- 
pondió Zenas, Por ningún precio, ni por otra 
manera se pueden aqui haber esas best'as; mas 
yo tengo un esclavo muy sabido, y provecho- 
so, y de buena edad , el qual te venderé si lo 
quieres mercar. El Mercader le dixo , que le 
queria ver. Entonces Zenas llamó á Isopo, y 
mostróle al Mercader, el qual viéndolo de tal 
hecliL^ra, y fealdad, dixo: De donde es aques- 
ta fantasma í Por cierto no parece sino trompe- 
tero de la batalla de los monstruos, y maravi- 
llas, y si voz no tuviese, yo psnsaria que 
era odre hinchado; y por causa de esta tal vi^ 
síon me traxiste acá del camino derecho. Pea^ 
saba que venia á comprar algún esclavo, sabio, 
hermoso, y elegante. Y dichas estas palabras, 
volvióse para su camino, y el Isopo siguió al 
JVIertader , y dixole: Espérame un poquito; y 
el Mercader respondió: No me quieras hacer 
tardar, no puedes haber provecho algunodemí, 
porque site comprase, llamaríanme comprador 
de cosas señaladas , y de maravillas monstruo- 
sas. Y el Isopo le dixo: Pues a qué venisteaquif 
Respondió el comprador: Por cierto yo vine 
pensando comprar algún Gentil esclavo; mas 
tú mucho eres sucio, y feo, y tales mercaderías 
no he menester. Dixo Isopo: Si me comprares, 
no perdieras nada. Dixo entonces el Mercader 
á Isopo: en qué me podrás aprovechar? Res- 
|>0|i4ÍQ isopo; Ko has en?l lugar donde tienes 



9 

tu casa, nlgunos nio»os , niños vocingleros , y 
esquivos? Cómprame para maestro de ellos, en 
vercíad nías miedo me habrán que a un espan- 
tajo; y con estas palabras de Isopo provoco al 
■^íercader;, el qual se volvió á Zenas, v ledi^o: 
Por qiiaino me Jar.'s este estropajo^ ¿enas reS' 
pondió: Por tres libras de oro, ó por treinta 
dineros, porque se' que ninguno lo querrá com- 
prar asi te lo doy casi por nada. El Merca- 
der , pagado el precio, fuese para su casa con 
Isopo, y entrando por un lugar, estaban dos 
niños asentados en el regazo de su madre, los 
quales , viendo á Isopo , espantados de su vi- 
sión, comenzaron á llorar, y esconder las ca- 
ras en el seno de la madre. Entonces dixo iso- 
po á su amo : Ya tienes prueba, y argumento 
del mi prometimiento, ya ves , que como es- 
tos niños me vieron , íes ha parecido que soy 
algún diablo , ó espantajo, El Mercader se ri- 
vó mucho de la respuesta de Isopo , y después 
le dixo: Entra , y saluda á tus compañeros los 
esclavos. El Isopo, entranio dentro, y viendo 
los esclavos mozos, y hermosos, dixoles: Sal- 
veos Dios mis compañeros; y ellos mirando á 
Isopo dixeron:Por cierto hasta hoy dia no ha 
comprado nuestro amo co^a tan fea ; y asi, es- 
tando ellos todos iurtos, el señor entró en el 
Palacio, édixo á los esclavos: Llorad vuestra 
fortuna, no hallo bestias á vender, ni alquilar, 
partid estas cargas entre vosotros, y asimismo 
tomad viandas, que mañana iremos á Efeso. Y 
como los mozos partiesen las cargas de dos en 
dos, Isopo dixo: Buenos compañeros, ya sabéis 
como yo soy el menor de vosotros, y el mas 



ío 



flaco : ruego vos , que ñre deis alguna carga 
ligera; y ellos le respondieron: pues no lleves 
nada. Isopo dixo: Pues vosotros todos trabajáis: 
no cumple que yo solo quede, y sea inútil, y 
sin ningún provecho al señor. Dixeron ellos: 
Toma lo que quisieres. 




El Isopo, mirando todo quanto hai?ia de llevar 
para el camino, es á saber los costales, fardages, 
y canastas , en otras cosas , tomó una canasta, 
cargada de pan que estaba por carga para dos, 
y dixoles: esta carga me dad. Ellos le dixeron: 
JNo hay cosa mas loca que este hombre, él nos 
ruega por una carga ligera , y el escoge la 
mas pesada de todas. E dixo uno de ellos. 
Pongámoslo por costumbre , y asi el Isopo 
tomó su canasta de pan acuestas , é andaba 
mas que los otros esclavos, los quales mi- 
rándolo . y maravillándose mucho de él di- 
xeron : Este no es perezoso en trabajar , en 
verdad mas carga lleva que ninguno de xiosj en 



II 

esto solo paga su precio , cierto no llevarla 
mas carga una bestia, y de esta manera escar- 
necian á Isopo , por quanto dos de ellos no 
llevaban tan grande carga como él solo : em- 
pero , como llegase á una cuesta Isopo , qui- 
tóse la carga que llevaba acuestas, y púsola en 
tierra , y tomó la canasta en las manos, y con 
los dientes, y con menor traba'^o subió la cues- 
ta ; y asi en el mesón antes que los oíros fue 
recibido; y en llegando todosal mismo mesón, 
mandóel señor, que holgasen un poco, y dixo 
á Isopo : Trae acá pan , y dá á estos p4ra que 
coman ; y él dio tanto pan á cada uno, que la 
canasta estaba casi medio vacia. E como ya se 
levantasen de comer, Isopo, algo olvidado de 
la carga, antes que los otros lltgó á la posada, 
y á la noche asimismo partió el pan á los com- 
pañeros, y asi acabó de vaciar toda la canasta. 
Otro dia, como mairiígisen, Isopo iba con la 
canasta vacia delante de los otros , que no lo 
pódian conocer por el espacio grande del ca- 
mino; y mirándole los esclavos, no sabiendo 
que él era Isopo , decían unos á otros: Quién 
es aquel que tanto vá delante , es de nuestra 
compañía, ó algún Peregrinoí Y uno de ellos 
dixo: No veis como éste ganapaw nos vence á 
todos, y sobrepuja en sutileza, y astucia, que 
nosotr':>s tomamos cargas, que no se gastan por 
el camino, y trabaiambs andando, y caminan- 
do con ellas, y este artero cargóse de pan, que 
cada dia se gasta, y agora se vá como veis, sin 
carga , vacío, y holgando? Y como llegasen á 
Efcso, el Mercader puso los esclavos á vender 
«n el mercado, y no ganó poco en ellos ^ pues 



solo le quecíaron tres , qne no se pudieron ven- 
der los qnalesfueron el Gramático, el Tañedor, 
e Isopo, Y uno que conociaal Mercader, dixo- 
le: Si estos escLivos llevas á un lugar llamado 
Samún, allí los venderás, que allí está un Fi- 
losoíb , que ha nombre X'.ntus , al qual con- 
curren, y vienen muchos de las Islas llamadas 
Cicladas, y Esporadas , por causa de aprender 
en el estudio. Oído esto el Mercader , navegó 
pa a Samún; val Gramático, y al Tañedor, ves- 
tidos de nuevo, púsolos á vender en el merca- 
do ; y al Isopo -. porque era muy torpe , y íto 
f usólo entre ambos , solamente vestido d^ si- 
icio. Y como los otros dos fuesen hermosos 
ir.arcebos, y bien proporcionados, toios los que 
mi 'iban á Isopo, se espantaban de su fealdad, 
diciendo: De donde es traído iuglar , é ridicu- 
lo? Por cierto este encubre á to-^os los otros 
de su fealdad, y torpe hechura. Mas el Isopo, 
sintiéndose escarnecer por palabras de re ir, es- 
taba enojado , y á todos miraba muy cruelmen- 
te. Y como el Xantus saliese de sii casa , e'vi 
nicse al mercado , él se andaba por éí pasean- 
do; y mirando alto, y baxo , vio aquellos dos 
mancebos hermosos de hechura , y enmed'o al 
Isopo , e' maravillándose de la ignorancia del 
vendedor , dixo : Mirad que saber de hombre; 
y llegándose al uno de ellos, preguntóle ; De 
¿onde eresf Y el respondió , que era de Capa* 
docia : y él le tornó á preguntar: Qué sabes ha- 
cer'í Dixo el esclavo : Sé hacer lo que tu quer- 
rás. E oyendo esta respuesta el Isopo , se rió 
de el muy disolutamente. Los escolares, que es- 
taban coh el Filosofo, viendo al Xsopo reírse de 



13 

aquella forma , y mostrar los dientes de fuera 
riéndose , parecíales que veían cosa monstruo- 
sa , é fuera de condición , humana, é dixcron 
entre sí: Para que a el vientre dientes. E dixo 
otro que lo vido : Porqué de tanta gana se rió? 
y dixo otro : No serie , mas regaña ; roguemos- 
le que nos diga la causa de ello. E llegándose 
uno de ellos a el , dixole : Isopo , compañero 
sabio , mozo , dimc : por qué te reiste tan lar- 
gamente? Y el Isopo , estando lleno de ira, 
por quanto se veía de todos escarnecido , res- 
pondióle : Vete enhoramala , bestia , y cabrón 
del mar ; é con tamo , corrido de vci-guenza, 
fuese el escolar dende. Mas dixo el Filosofo al 
Mercader : Por qu.xnto daréis al Tañedor? A 
qual respondió el Mercader : Por tres mil di- 
neios , el qual precio , reputándolo por dema- 
siado , llegóse al otro esclavo , é dixole : De 
qué tierra eres? El qual respondió: Soy de Li- 
bia ; é dixo el Filosofo : Qué sabes hacer? El 
esclavo dixo: Sé hacer lo que pensarás. Oyendo 
aquesto el Isopo , rióse ; y como los escola- 
res le vieron reír , dixeroii : Por qué se rie 
este de tocias las cosas ? E dixo uno de entre 
ellos á otro : Si quieres ser llamado calron ma- 
rino , pregúntale la causa de la risa. Y Xantus 
dixo al Mercader : Por quanto precio darás el 
esclavo Gramático? E respondió: Por tres mil 
dineros. Oyendo aquesto el Filosofo, calló, j 
fuese de allí. Entonces dixeron ios escolares: 
Maestro, aquellos esclavos por ventura te pla- 
cen , ó no? A los quales respondió el Filoso- 
fo : Si placen , mas me es grave cosa comprar 
wn esclavo por tanto precio, Dixo uno de los 



14 

escolares : Pues los hermosos no se pueden, 
comprar por causa de la ley , cómprese aqueí 
que no hay quien le esceda , y sobrepuje en 
fealdad , y por cierto no menos te servir.ís de 
él que de otro , y p.igarcmos nosotros el pre- 
cio por él. Respondió el Filosofo : Cosa muy 
fea sería esa , y mi rauger es delicada, y no se 
dexaria servir de semejante. Dixeron otra vez 
los estudiantes: Maestro, muchos mandamien- 
tos nos has hecho, y enseñas, en los quales la 
muger no consentiría, salvo por contradicion, 
y asimismo debes usar de ellos ; y asi dixo el 
JFilosofo : Sepamos de él, qué sabe hacer, por- 
que no perdamos el precio por negligencia ; y 
vuelto á Isopo , dixole : Dios te salve mozo. 
Respondió Isopo , ruegote que no te enoies 
por mi. Dixo Xantus : Yo te salvo. Y respon- 
dió Isopo, Y yo áti; y dixole el Filosofo: De- 
xate de las molestias ," y enojos , y responde á 
lo que te rogare. De que tierra eres tiií Res- 
pondió Isopo: De carne. Dixo Xantus: >3o de- 
mando eso , mas donde fuiste engendi-ado? Res- 
pondió Isopo. En el vientre de mi madre. Di- 
xo el Filosofo : Ni aún eso te ruego : mas en 
qué lugar fuiste nacido? A esto dixo Isopo: 
íio me dixo cierto mi madre , en qual cáma- 
ra , ó palacio, ó sala, me parió. Xantus le di- 
xo: Dexemonosde esto ; dime, qué aprendis- 
te? Respondió Isopo : Yo ninguna cosa sé 
hacer. Xantus le requirió: De que manera d - 
ees eso? Isopo le declaró : Por quanto estos 
mis compañeros esclavos dixeron , que sabian 
todas las cosas , y asi no dexaron para mí na- 
da. Entonces los" escolares , maravillándose d« 



él, dixeron: Por la Divina Sapiencia apuesta- 
mente respondió , quien las todas cosas sabe, 
no se halla; y por esto se rió. Preguntóle el 
Filosofo: Ruegote que me digas si quieres que 
te compre. Dixo Isopo, eso es en tí, por cier- 
to ninguno te constriñe , mas sin voluntad lo 
has , abre las puertas de la bolsa , y cuenta el 
dinero , y si no cierra la bolsa. Oídas estas co- 
sas, dixeron los escolares: Por los Dioses este 
sobrepuja al Maestro. El Filosofo le rogó, que 
le dixese, que si comprándolo él, se huiría de 
el. Y respondió Isopo : Si eso quisiese hacer, 
no demandaría conse;o de ti. Dixo Xantus: 
Muy honradamente hablas, mas eres sin forma 
del todo feo. Y Respondió Isopo : No debe al- 
guno mirar la cara corporal , mas el anima , y 
el corazón del hombre. Entonces dixo Xantus 
al Mercader: Qu.ínto vale este espantajo ? El 
qual dixo , aguárdame un poco , cierto muy 
poco sabes de mercadería. Xantus dixo: Porqué 
dices esas cosas? 




El Mercader respondió j toi^ua acAa$ á lo$ 



i6 

qise son dignos de ti, al indigno tomas. Tom« 
uno de ellos , y dexa este ; replicó Xantus: 
Riiegotc que me digas , por quanto me lo 
dar.is Dixo el Mercader; Por sesenta dineros. 
Luego los escolares contaron el precio , y de 
esta manera compró Xantüs á Isopo. Los arren- 
dadores , como supieron esta venida, deman- 
daron quien fuese el vendedor , y comprador; 
mas el Filosofo , y Mercader pusieron entre 
sí , que costaba muy poco. Dixo Isopo á los 
arrendadores : Este es el comprador , y aquel 
es el vendedor: y si ambos lo niegan, "yo soy 
libre , c por tal me afirmo ; y por este donayre 
cabiloso, sonriendose los arrendadores, el tri- 
buto le dexaron , y como cada uno de ellos se 
fuese donde les cumplia, y como Isopo siguie- 
se á su nuevo amo Xantus , acaeció que su se- 
ñor vertía las aguas andando , lo qual , v'en- 
do Isopo, trabóle del manto? é dixole: Señor 
m'io, si no me vendes á otro, sepas que huiré 
de tí. E preguntóle Xantus: Por qué; D'xo 
Isopo: A tal señor no puedo yo servir. Dixo- 
le el Filosoto: Porqué es eso; Respondió 
Isopo: Por ouanto no has vergüenza , siendo 
tan honrado señor, de mear andando. !No pue- 
des dar^tanta holganza á la naturaleza, que bas-» 
te para nicar escando? Según esto á mí , que 
soy tu esclavo , si me emb'ases á hacer algo, 
y él vientre requiriese purgación , convenia 
que lo hiciese volandea como tú haces, eso que 
es menos torpe andando? Respond.o el Filo- 
sofo, é dixo: Ruegote, que por aquesta causa 
no te muevas , mas abre bien las ore as, y es- 
cucha lo que diré: Yo meo andando por evitar 



ti*es cosas nocivas; i,a primefa , porque el ca- 
lor del Sol , como sea medio dia , no me da- 
ñase la cabezi : La segunda , porque los mea- 
dos no me quemasen los pies: La tercera, por- 
que el hedor de los meados no me empeciese 
á las narices , y en mear andando me guarda 
de estos daños. Entonces d'xo Isopo: Satisfe- 
cho me has ; y llegando el Filosofo á su casa, 
dixo á Isopo : Quédate aquí á la puerta un. 
poco , en tanto que voy al estudio , y hablo á 
tu señora de tí. Dixo Isopo : 'No te esperaré 
nada , mas haré lo que me mandas. Xantus, 
entrando en su casa , dixo á la muger : De 
aqui adelante cesarás de barajar, y reñir con- 
migo , diciendo que codicio tus mozas. Cata, 
que te he comprado un mozo asi sabio , que 
no viste hasta hoy ningún otro mas hermoso^ 
y mas elegante , y gentil. Las esclavas de 
que esto oyeron, creyendo que era asi la ver- 
dad, comenzaron á contender, y reñir r.nas 
con otras. Una decía : El señor me ha com-v 
prado á mí este por marido. Otra decia : Yo 
soñé esta noche -, que mi señor me desposaba^ 
y en tanto que ellas asi hablaban, dixo la mu-, 
ger á Xantus: Dónde está ese á quien tú tan- 
to alabas? mándale venir acá; y dixo el Filo- 
sofo: A la puerta estÁ^ llámele alguno que su^ 
ba el nuevo comprado. Y una de las esclavas, 
mientras las otras se barajaban sobre qnal lo 
llamarla, fuese para e'l callando, y decia entre 
sí: Yo iré primero, y lo tomaré por marido; 
y asi. qi^ando fue á la puerca, comenzó á de- 
cir: Y donde está el mi nuevo esposo espe- 
tado í £ isopo le respondió : A quien tú de- 



i8 . 

manilas, yo soy. Y como ella lo miró, mudó* 
sele la color , y fue muy espantada, y dixo: 
Guay, huyo , y apartóme de la fantasma, y 
dónde es la cola? dixole Isopo : Si rabo ha- 
brás menester, no te faltari. E como el qui- 
siese entrar en casa , dixo la sierva: Acá no 
entrarás, que todos quantos son en ella, huirán 
como te vean dentro en casa. Y después, tor- 
nada á las sus compañeras que estaban deseo- 
sas de lo ver, dixolcs: Por mucho mal id allá, 
y vedlo. E otra de ellas , salieno fuera, como 
mirase á Isopo tan feo , y tan espantoso , di- 
xole: Loco , cierra tu boca , guarda allá , no 
me tengas Y presentóse ante su señora Isopo, 
como entrase en su casa: mas como ella lo 
miró bolvió el rostro, y dixo á su marido: 
Como espantajo y monstro me habéis compra- 
do por esclavo? Apartádmelo allá de mí. El 
Pilosofo respondió: Muger , amansad , vues- 
tro corazón , por s'ervo os lo he comprado, 
aun es asaz suUciente de ciencia. Y ella le dixo: 
no soy tan necia, que no conozco, que ya me 
aborrecéis, y buscáis otra muger, porque abier- 
tam.ente no me osáis decir, por tanto me ha- 
béis traído esta cabeza de perro , pensando 
que antes me iré de cisa , que conversar con 
él: mas pues que asi es dadme mi dote, y yo 
me iré en paz. Y Xantus dixo á Isopo: Qüan- 
do íbamos por el camino mucho hablab.is; mas' 
«gora que es menester que hables , calías , y 
no dices nada. E isopo le respondió : Señor, 
piies que esta tu muger es de esta condición 
tan sooerviosa, y eno osa, échala en tinieolas. 
Y Xantus le dixo: Calla que eres digno de ser 



, '9 

azotado , no ves que la amo como á mi m's- 
mo , V no menos: Respondió Isopo , é dixo: 
Rucgote q e la ames. Xantus le d xo: Pues qué 
onra cosa i: Entonces Isopo , hiriendo con un 
pe la sala , con muy alta voz llamaba dicien- 
do: Este Filosofo es detenido, y preso de la 
muger. Y brelto á la señora, comenzó á ha- 
blar de esta manera: Mi señora, yo te amare, 
y traba;arc mucho, porqi.e hayas piz, y bien. 
Tú querías que te comprase tii marido un es- 
clavo, mancebo de edad, hermoso, sabio, com 
pues.o , y ornado, que te esperase en el baño, 
y te echase en la cama , y te rascase los pies , y 
arn quando tu quisieses, qne confundiese al 
Filosofo. Ay dolor en los peligros de la mar, 
boca de oro, y no mentirosa en nada; y lo 
meor , donde dice: Muchos son los Ímpetus, 
y bueltas de la mar, y muy muchos son los Ím- 
petus , y aborrecimientos de los arroyos: d'fi- 
cil , y áspera cosa es soportar la- pobreza. Y 
por cierto infinitas cosas son malas de sopor- 
tar , y siitrir : mas lo que peor es de compor- 
tar , y tolerar , es mala hembra. Mas tú , 'se- 
ñora j no quieras mozos hermosos, y lozanos, 
que te sirvan , porque en un poco de t'empo 
nos diQ% deshonor , y infamia á tu marido. Y 
como la señora le ovese esto , d'xo -. Ko sola- 
mente es feo, V disforme, mas parlero , cruel, 
y hallador de crueldades , y con qué palabras 
se burla de mí , y me escarnece , mas yo me 
guardaré , y me enmendaré. Entonces díxo el 
FJosofo Á Isopo : Isopo , cata que la sañora 
est.i enoada. Respondió Isopo: No se dá asi 
de ligero poder amansar, y complacer á U mu-» 



co 

gei'. Entonces le mandó callar el Filosofo álso» 
po , diciedo: Calla ya, que asaz has hablado: 
toma una cesta , y sigúeme , para que com- 
premos alguna verdura : y asi se fueron am- 
bos a una hreita , y dixo el Filoso al Horte- 
lano: Danos de la verdura ; y el Hortelano 
tomo un gran haz , en que había bretones , y 
otras verduras juntamente , y diólas á Isopo; 
y como su señor pagase el precio al Hortela- 
no, y comenzase a andar , dixo el Hortelano: 
Ruegote , Maestro , que me esperes un poco, 
p n-que queria pi-eguntarte una qucstion. JDixa 
el Filosorb, píaceme, y soy contento de espe- 
rarte, haMa lo que te placerá, y dixo el Hor- 
telano: Maestro, las yerbas, y hortalizas, que 
diiigenrcmenre se siembran , y se labran con 
gran cura , por qué vienen mas tarde que las 
que nacen por sí , y no se labran í Y Xantus, 
como ovese esta question filosofal , y no pu- 
diese responder ,\ ella, dixo: Estas seme antes 
cosas proceden de la Providencia Divina , de 
lo qual Isopo 5e rió, y dixóle su señor: Loco, 
riese , ó escarnercs. Dixo Isopo : Escarnezco, 
no á tíj mas al Filolofo, qi e te enseño, y qué 
solución de Filosofo es , que por la Divina 
Providencia pro.edan afli'^stas cosas ta\cs't Es- 
to tamü'ien lo saben los Aibarderos. Dixoíc el 
Filosofo: Pres que asi es, suelta tria qi cstion. 
Kíjfpondio Isopo : Si me lo mandas ¿i mí , es 
cosa muy ligera de liacer. Entonces el Maestro 
buclro ocia ei Horteiano , dixo: ív o conviene 
al Fiiosoro-, qie continuamenie enreña los es- 
tud'os en las hiiertas, responder, v soltar ques- 
tiones } mas aquese mi mozo 3 que ea estas 



1t 

cosas es asaz sabio , soltar.í la qnestion ; por 
tanto riégaselo. Y dixo cl Hortelano: líse su- 
C'o sabe letras? O q ■€ mala ventura le dixo 
á ísopo : Y tú mozo , has conocimiento de es- 
tas cosas? Ai qual respondió Isopo , v dixo; 
Pie:"!ío que si , mis está atento. Tu demandas 

Íior qi.c' causa las hortalizas , que siembras, y 
abras , crecen mas tarde que las que <ae suyo 
nacen , y no se siembran? Abre las ore as , y 
oye: Asi como la muger viuda, que há hi os^ 
y se cara con o;ro marido, que tiene hijos , i 
los unos es madre, y á los otros madrastra , y 
muy grande diferencia es entre los hí os, y en- 
tenados, los hl'os con inny grande aíicioii , y 
dilige;'tcmente son criados , y los entenados 
con negligencias , y muchas veces con mucho 
«borrevitfiicnto se tratan: De !a misma mane- 
ra la tierra es madie á las yerbas , que por sí 
nacen : y á todas las otras , q. e por ma;io de 
hombre se siembran , es madrastra. Y como 
oyese el Hortelano aquestas cosas, dixole: 
Cran eno'o me has quitado , y de gracia te 
•doy las verduras , y quanJo las huvicses me- 
nester , vendnís , y toma de gracia qualqaiera 
cosa de la huerta. Después de pasados tres 
dias, como Xantus s* lavase enel baño en uno 
con otros sus mamiliarcs , y amigos, d'xo á 
Isnpo: Vete ^ casa, y pon eñ la caldera la len- 
te'.a , y lo mas presto que podr. s -, cuécela. 
Fuese corriendo el Isopo , y entrando en casa, 
tomo un grano de lenteja solamente, y echóla 
á cocer en la caldera , y apare' ó luego todo 
Aquello que conveaia , y era necesario. Des- 
pués que fueron lavados , dixo Xantus á las, 



24 

amigos; hoy comeréis conmigo ác la lentc-aj y 
por cierto entre los aailgos no se ha de mirar 
tan solamente el valor de Us viandas , mas 
considerar la buena voluntad ccn que se d.hi. 
y vinieron ya á yantar, mando su señor álso- 
po: traenos aguamanos , v él lt;ego , toman- 
do el lavatorio de pies , apartándose al lugar 
secreto, hirchole de agua, y traxolo para su 
señor, el qual, sintiendo el olor, d'xo de esta 
manera: que es est->, cabeza de maldades? Es- 
th loco, quita allá eso, v ti*'''-e el vacin; y ,Iso- 
po prestamente traxo el vacin sin agua ningu- 
na. Y el Filosofo con gran melancolía , dixo; 
mozo sabes ya mas de esto^ Respondióle: por 
tí_ me fue uña vez mandado , qie no hiciese 
sino lo que tú me mandases. Tú dices pon el 
agua en el vacin, lávanos lo.s pies, y apareja 
los paños, y manreles , y las otras cosas q-ue 
son necesa,riás; mas tan sóliméntc dices , trae 
el vacin, yo te lo he traido. Entonces dixo el 
Filosofo á los amigos: no compré siervo mas 
maestro, y mandador. Y como yase asentasen 
á la mesa', mandóle el señor j/si la lente a es 
cocida , traenosla; y sacó Isr^pp con la cucha- 
ra la lente'a , que había puesto ^ cocer , de la 
caldera , y tráxola á la mesa Y pensando el 
señor, que aquella traía, porqnc viesen si. es- 
taban ya cocidas las lente as , quebrantando U 
lente'a con los dedos , dixo: cocida es, trácla, 
y comeremos, y prso Isopo en la mesa la es- 
cudilla solamente por vianda ; y dixo Xantus: 
qué es de la lente'a.^ Respondió él: aora te la 
tra e en la cuchara. El señor dixo; verdad es, 
un grano de lenteja , y grano digo yo , dixo 



^3 
Isopc: tú mandaste que cociese la lenteja en 

singular, y no lentejas en plural. Entonces dí- 
xo el Filosofo .í +OS que eran asentados á la 
mesa, turbado de corazón: por cierto este me 
ha de tornar loco. Y dende mandó á Isopo, 
siquiera porq'je no parezca que escarnezco: á 
los amigos, ve', y compra quatropicsde puer- 
co , y cuécelos presto, y'.ponlos en la mesa. 
Y fue Isopo, y compró los pies , y púsolos a 
cocer en la olla. Y su señor buscando causa 
para lo az^'tar, mientras que Isopo eníendia 
en otro5 negocios , sacó un pie de la olla , y 
escondido. Dende á poco Isopo, catando lá 
olla, no halló sino fres tan solamente; y pen- 
sando la cosa c^mo habia acaecido, descendió 
al establo, y corto el pie á un puerco, que allí 
estaba , y tornando arriba , púsolo en la olla. 
Tvías Xantus, por miedo que Isopo, po h^H'^n- 
<lo el pie, se h»vc."?e por temor de ios azotes, 
mientras Isop«5 descendió abaxo , torno el pie 
Á la olla. Y Isopo , com.a los pie* ft>eron co- 
cidos lo que hablan menester, traxo cinco pies, 
lo q'al como viese Xantus , dixo: que cosa qs 
esta , por ventura un puerco tiene cinco pies? 
Cixo Isopo: Y dos puercos quantos pies tie- 
nen? Xai.tus dixo ocho, mas aqui son cinco. 
Dixo Isopo: el puerco , que está aba;o sola- 
mente ha tres pies. Entonces dixo Xantus .' los 
amigos , que estaban con él: por ventura no" 
dixc yo, qi.*c aqueste mozo me ha de tornax 
loco, Y sin seso? Y Isopo dixo: por ventura 
sabes, señor, qu,e todas las cosas que se hacen, 
y se dicen en otra manera, que el jUÍcio,.y la 
i-azon lo muestra , aquellas oo son medianas, 



®4 . , . 

ó virtud? Entonces el Filosofo calló, y dcxo- 

lo pasar en disimuliicion. Y otro dia de mnñ'»- 
na, como los escolares fuesen en el auditorio 
donde Xantus leía, uno de ellos aparejo la cc^ 
na , y como cenasen , el Filosoio tomo una 
ración de las viandas, y diola á Isopo, decién- 
dole: vete Á casa , y á la mi bien queriente 
íleva , y dá esto. Y yendo Isopo á casa , iba 
'diciendo entre si: agora se dá ocasión , para 
pode.se vengar mi señora de mí por las cosas 
que le tengo dicho, y aora parecerá clara qual 
es la bien queriente del señor. Pues entrando 
en casa , asentóse en uno con los de casa ; lla- 
mando á la señora por su nombre, puso la es- 
portilla delante de las viandas, v dixo: señora 
Jiiia , de aquestas viandas ning'jna cosa gi^-^ta- 
ras. Y ella le dixo: siempre tienes de ser loco, 
■y hac'ér locuras? Y diko Isopo: estas viandas 
no me manda dar Xantus á tí, mas á la su bien 
querietite; y llamando la perrilla , que conti- 
•nuamente eíJtaba en casa , dixo : ven acá golo- 
S3. , y hinche tu vientre de estas viandas: y la 
perrilla , al bagando con la cola , vino al olor 
de las viandas, á la qual Isopo dando las vian- 
das, dixo: el señor á tí, y no á otro, aques- 
tas viandas mandó que se diesen. Después, 
tomo se tornase adonde estaba el Filosoio, di- 
xole: diste aquellas viandas á la mi bien que- 
riente? Respondióle Ifopo : yo las di, y ante 
mí las comió. Preguntóle Xantus: que dixo 
mientras comia? Respondió Isopo : por cierto 
ninguna cosa dixo , mas parecia que te desea- 
ba, y amaba. Mas viendo esto la muger de 
Xantus, llorando , y gimiendo entro en la ca- 



mará ? y después que los escolares hnvieron 
comido, Y bebido abundosanicnte de una par- 
. te y otra, cada uno por su parte propusieron 
questjones, y uno de ellos demando , en qué 
tiempo sería mayor priesa, y dificultad á los. 
homl)rcs; y Isopo, presto de ingenio, el qual 
estaba tras los otros , respondió ; quando lo» 
mueiros en la Resurrección cada uno buscare 
su cuerpo. Lo qual oido los escolares, dixeronj 
por cierto agudo es este mozo, y no es inepto- 
de ingenio, mas abierta, y claramente enseña- 
do de su señor. Y después , c^mo demandase 
otro, porque las animalias , como sean , traí- 
das para matar calladamente vienen, y no dan 
voz alguna ;' y el puerco no solamente no se 
dexa tomar, mas de continuo gruñe, y regaña, 
El l5-opo, como de cabo, respondió: como lo» 
ganados, asi como bacas, ovc'as, y otras ani- 
malias sean acostumbradas á se ordeñar, )- tras- 
quilar, vienen callando, pensando que vienen 
para aquello , y ansí no han miedo del hierro» 
mas el puerco ño es asi, de cuya leche, ni la- 
na curamos, mas solamente acostumbramos de 
nos aprovechar de su carne , y sangre , y por 
iquanto quando lo traen de tanto gordo regaña, 
y gruñe. Entonces los escolares iuntamente ala- 
baron, V aprobaron mucho el dicho, y senten- 
cia de Isopo, y fueronse dende regraciándose 
los unos á los otros para sus casas. El Maestro, 
venido á casa entrando en la cámara, comenzó 
;1 alhagar á su muger, que lloraba, y eila bol- 
viendole la cara, le dixo: quitate allá , y ten 
la mano queda. El Filosofo dixo: tü eres mi 
delectación, y no conviqne que sicas cno;os3, y 



a6 

triste i mí, que soy tu marido. Y ella le res- 
pondió: que la embiase de casa, porque no era 
su voluntad de estar con el donde en adelai-.te; 
y dixo al n:iarido: llama á la perrilla, y alha- 
.gaia, á la qual ernbiaste de las viandas; y como 
él no sabia la cosa, dixo: que' cosa traxó Isopo 
del combite para tí? Respondió ella: cosa al- 
guna no me traxo. D^xo el Filosofo: por ven- 
tura estoy embriagador Poiicierto yo te embie 
tu parte con Isopo. Dixo ella: á mí? Responr 
d;ó el Filosofo: á tí. Replicó ella: no ernbias- 
te ámí, ma^ á la perrilla. Entonces dijío'Xan- 
tus: llamajiic á Isopo; y dixolp: á quién diste 
lo que teniandé? Respondió <ÍI; á la tu bien 
queriente , asi como lo mandante. Dixo Xan^ 
tus á la mygcr: por ventnra, oyes bien lo que 
dice Igopor Respondió ella: oygo'o, mas digo 
y otra vez lo torno á decir, qVe ninguna cosa 
traxn para iní, salvo á la perrilla. Y el seror 
dixo .i isopo: á quien las diste, di, estorzadi- 
zor Respondió él', á quien tu mandaste. Dixo 
el señor: yo te las mande' traer • mi bien que- 
riente. Dixo Isopo: asi las truxe á la tu bien 
queriente. Y dixo el Fiíosofo : y q'de'n es 
«cuella , fugitivo? Y el Isopo, llainando á U 
perrilla, dixo: esta es tu bien queriente , la 
mugev , al que la ama, no lo ama nada , por- 
que si en muy pequeña cosa le ofende , luego 
lo descubre , y le dice quanto inal puede , y 
luego se ensaña , y se vá de casa: el perro, 
aunque lo hieras, y persigas, nunca se vá; mas 
el señor , llamándole otra vez , luego puesta 
la cola entre las piernas , viene, y lisonjea, y 
alhaga ; asi debieras decir, traelo á mi muger, 



-7 

y no á la mi bien- queriente. Entonces dixo 

X-inti.s: ya ves mpgcr si füc mi culpa , ó d I 
mensigero ; mas rucgote qi.e te amanses , vo 
hallare' causa-, por la qual y*^ ^o heriré, y aco- 
tare, y dixo ella: ha?- conio quisieres, conmi- 
go ningu:,,a cosa se harádeaqui adelante; yasi 
Cipero tiempo, y salióse de casa , y fuese á los 
parientes. Y coipo el marido srpo de la ida de 
su miger , y fuese de ello muy triste , dixole 
Is^po: agora v:s que verdaderamente , no la 
iriuger, mas la perrilla te ama derecho. Y por 
algunos dias, no bolvieiido ella á casa, el ma- 
rido sentíalo gravemente, y se le hacia áspero, 
y embióle íi rogar, que viniese á casa; ella, no 
queriendo obedecer á su marido, decia: nunca 
lT3as á e'l tornaré. Y dixo Isopq ^ Xantus: se- 
iñor , alégrate , yo haré por cierto , que ella 
sola , sin ser llamada , ni rogada , verga cor- 
riendo Á casa; y tomó dineros, y fuese otro día 
al mercado , y compró gallinas', capones , pa- 
vones , y ansarones ; y después pasando por la 
calle d'>nde estaba la muger de su señor , disi- 
mulando, que no^abia donde estaba ella, rogó 
á un siervo que salia de aquella casa donde es- 
taba , que le hiciese vender algunas aves , y 
otras cosas pertenecientes para unas bodas, que 
se hacian en la Villa: y el esclavo le pregunto, 
quien hacia las bodas? Rcspor\dió Isopo: el Fi- 
losofa V, .,*.,„ .^ .', .,-.,. rv^,. „ U-,r,^ 



osofo Xantus toma mañana muger , y hace 

grandes bodas: ovendo esto el esclavo , luego 

ntró en casa , y recontólo luego á la muger 

de Xantus, la qúal muy apriesa, y congoxada, 

llamando , y dando voces, se fue á la casa del 

Filosofo su marido ; y entrando en casa , dixo: 



(25 

esta era la causa por que tne escarnecías poí 
aquel esclavo maivado ; mas no stvÁ lo que 
pensabas, vo estando viva, no entrará x'n casa 
otra miiger, y asi lo digo yo -í tí, Xantus. Des- 
pués de pocos dias , como Xantus combidase á 
sus díscipjilos á yantar , dlxo á Isopo: compra 
lo que sea muy bueno , dulce , y ¿abroso. Iso- 
po , yendo al Uicrcado, lia^i/laba consigo: ago- 
ra me mari; estaré , que soy sabid^-r para apa- 
rejar \:n yantar; y :ueíe á la carnicería, y com- 
pró íolamente leáguai de puerco , y guisólas, 
y pufo Ja mesa; y asentándose el Filosofo con 
sus discipulos , Uiandó a iiopo traer de comer; 
y el Isrpo puso las lenguas con sal.a de vii;a- 
gre. Y los escolares, alabando ai Maestro de- 
cían: Señor j este tu ayantar es lleno de Filo- 
íofia. Dcnde á poco Xantus mando á Isopo 
traer otra vianda. Y el tiaxo otra vez lenguas 
aparejadas, y guisadas con saha de pimienta, 
y a;os. £ntonces díxcron los ^scobres: 









fti 







Maestro, conveniblemente es puesta la len- 



*9 

g\ia,"una lengua se aguza con otra. Un poco 

después, dlxo el Filosoí'o á Isopo: trae aqui 
otra comida alguna; y traxo otra veü lenguas. 
l,os conibldados , ya enojados de ello , dixe- 
ron : y hasta quando durarán las lenguas? 

Y el Filoso con saña dixoie de esta manera: 
V)or ventura tenenijs otra cosa que comer? 
Respondió Isopo : por cierto no tenéis otra 
cosa : y Xantus dlxo : O cabeza de maldad, 
azotado , no te d xe , compra aquello que 
sea muy bueno , y muy sabroso? Respondió 
Isopo : Asi Jo mandaste : mas de tí qutrria 
«aber, qué cosa hay me or y mas dulce que 
la lengua , que por cierto todo arte y toda 
doctrina y lilosoiia por lenguas está estable- 
cida y ordenada. Iten dar , tomar , saludir- 
el Juicio , mercadería , la gloria , las cien- 
cias , los casamientos , casas , ciudades , por 
lengua son hechos, por la lengua ios hombres 
se ensalzan , en la lengua consiste, y esc^. ca- 
si toda la vida de los mortales. Asi que no 
hay cosa ninguna me'nr que la lengua, ni mas 
dulce , ni cosa mas saludable , haUaris , que 
sea dada de los inmortales a los mortales, que 
la lengua. Entonces los escolares , abrazando 
á Isopo dixeron: bien dice Isopo porque pa- 
rece Maestro que erraste , que peiísaste que 
en otra marera era esto y que era maldad. 
Otro día siguiente el Maes.ro , codiciando 
purgarse ante sus disc:puios dixoles : ayer no 
cenastcs de mi sentencia , mas de este esclavo 
sin provecho , hov mudaremos las viandas; 

Y lo que hubiere de hacer , ante vosotros se 
io mandaré ; y llamando á Isopo le d^xo : Lo 



que peor y mas amargo hillares, aquello trae- 
ras para cenar , que todos estos han de cenar 
conmigo. El Isopo, sin espanto alguno, fuese 
luego ,1 la carnicería, y como de cabo compró 
lenguavS , y aquellas de la misma manera que 
antes las guisó y aparejó. Y como á la tarde 
los escolares se asentasen á cenar , Xantus 
dixo á Isopo : trae aquí de cenar. El esclavo 
con la misma manera de salsa puso las lenguas 
en la mesa. Entonces dixeron los escolares: Y 
aun venimos á las lenguas ; y otra vez traxo 
lenguas. Lo qual com j los que estaban á ce- 
nar sé indignasen, y en paciencia lo tomasen, 
el Filosofo dixo á Isopo : no te mandé yo 
traer lo me!or y mas dulce? Mas dixete otra 
vea , que traxeses lo que fuese peor y mas a- 
margo , y así te lo mandé. Respondió Isopo 
así : muy verdaderas son las cosas que tu di- 
ces ; mas demandóte , que cosa se halla peor, 
ni mas hediente que la lengua; Por la lengua 
los hombres perecen , p6r la lengua viene el 
hombre en pobreza , por la lengua se destru- 
yen las ciudades, por la lengua vienen todos 
les males. Entonces uno de los que estaba^i 
sentados á la mesa , dixo á Xantus : si á este 
mirares v entendieres., por cierto tu vendrás á 
estrema locura , pues cual es su hechura de 
cuerpo , tal es de corazón. Y díxole Isopo: 
tú eres aguijón muv malo , y mucho aguias 
al señor contra el siervo , y demás eres cur o- 
so y mas agudo que los otros. Y el Filosofo, 
buscando causa como pudiese herir á Isopo, 
dixole así: por qué llamas tú al Filósofo cu- 
rioso y cuidadosoí trae tií un kombre que sea 



31 

sin cuidado. Y saliendo de casa Isopo, traba- 
jaba y miraba mucho si podia hallar algún 
hombt"e sin ningún cuidado. Y mirando á mu- 
chos que encontraba, vio un aldeano, al qual 
dixo de esta. manera : el filoso mi señor , te 
combida á comc^ con él. El Aldeano, no cu- 
rando de preguntarle por qué combidaba aquel 
hombre que no conocia, siguió á Isopo segu- 
ramente con sus zancajos lodosos , y entró en 
casa , y sin cuidado ninguno se asentó á la 
mesa con los otros. Entonces dixo Xantns á 
íu muger: porque yo pueda con razón azotar 
á Isopo , y así mismo , porque los otros sean 
mas prontos á obedecernos , recibe con pa- 
ciencia lo que te diré , y no hayas por ello 
enojo. Después dixo en alta voz : señora, to- 
ma el bacin con agua , y lava los pies á este 
peregrino, peúsar.do que el villano rustico, 
avergonzado de aquello , se fuese de casa , y 
por ello fuese Isopo azotado. Y ella , como 
el marido lo mandó , puso un bacin de ac^ua 
á los pies del Aldeano. El qual sabiendo que 
ella era señora de casa, pensando entre sí di- 
xo: por que me quiere tanto honrar este hom- 
bre í Dexando de mandar á los siervos v sier- 
vas , manda á su muger que me lave los pies, 
y así se dexó lavar de ella los pies. Después 
mandó Xantus á la muger , que ella misma 
le de á beber; y dixo entre sí el rustico: aun- 
que convenga que ellos beban primero , mas 
pues asi es la voluntad de este honrado hom- 
bre , quiero obedeoer á sus mandamientos ; y 
t ".nando la taza osadamente bebió. Y como 
\a comiesen, hízole Xfurtus poner un pesca- 



3a 

do delante , diciendole í que comiese^ Y et 
rustico vacio de cuidados , comía con muy 
buen talento y sabor. Y mirando esto él Fi- 
losofo mandó llamar al cocinero y díxole: 
este pescado no es bien adereíiado y guisado; 
y mandó que fuese despojado y azotado; y el 
Aldeano decía entre sí: á este pescado no fal- 
ta cosa alguna, y así se azotó esté sin razón, 
mas qué me va á mí si el cocinero es azota- 
do ó no? Yo hinchiré mi vientre de buenas 
viandas , y allá se avengan. Y Xantus , vien- 
do que el huésped comia el pescado , dexos© 
de hablar , y después comenzó el rústico á 
cortar del pan que traxeron á la mesa gran- 
des pedazos á manera de ladrillos. Y no mi- 
rando en ello , Xantus comenzó á comer , y 
viendo lo que hacia el Aldeano y como, co- 
jliia tan de gana y muy aprisa , hizo_ llamar 
á su panadero y le dixó : O muy sucio y vi~ 
llano, por qué no pusiste miel ni pimienta en 
€ste pañí Bespondio el panadero : Si este pan 
no es de los mios , y no es bien hecho , cas- 
tígame hasta que me mates, y sino es de mis 
panes, tu mugcr es culpa y yo no. Xantus dí- 
xo: si esto sale de mi muger, yo la haré que- 
mar viva. Y por otra parte dixo el Filosoto 
á su muger callando que no respondiese nada 
por causa de herir á Isopo ; y mando á unos 
de los siervos: traer de los sarmientos y arri- 
ba en el retrete encended fuego ; y tú c Iso- 
po tomad mi muger y quemadla. Esto lingia 
el Filosofo , pensando que el r- stico , ovendo 
estas rosas, se levantase, y quisiese impedir, y 
«storvar el hecho. Mas el rustico dixo entre 



5^ 

SI : Este sin causa quiere quemar a su mugetí 

y dixo .? Xantus: Señor, ruegote, que pues 
quieres quemar á tu muger , que me cspered 
un poco, mlei'tras que yo traigo la mia, para 
que ambas untas sean quemadas, lo qual 
ovendo Xantus, maravillándose, d xo: Firme 
es ei corazón de este hombre, y es s\n cuidado; 
y bueito a isopo, dixo: Cata, que me has ven- 
cido, m s no sea de aqui adelante de esta ma- 
nera; si nelmente, y con diligencia me sirvie- 
res , presto conseguir.^.s libertad. Respondió 
Isopo: Asi me habré en todas las cosas conti- 
nuamente, que con razón no ,uzgaras contra 
mi Después de tres dias dixo ei Filosofo a 
Isopo: Mira si son muchos hombres en el ba- 
ñe^ cá mucho querria lavarme El Isopo, yen- 
do para allí, encontró al Alcalde de laCii^daá 
el qual , conociendo que tuese ei esclavo de 
Xantus , dixole: Donde v's , cabezi de saber? 
Respondió Isopo: no se por cierto. El Alcalde 
pensando que lo escarnecía, mando que lo 
llevasen á la cárcel. E Isopo, yendo preso, 
dixo: Señor AlcíUde, verdad te hablé, que no 
áabia donde iba ,\o muy poco pensaba , que 
habia de ir á la cárcel preso; y por estas pala- 
bras el Juez, sonriendose , mandó que lo sol- 
tasen. Dende, yendo Isopo al baño , vio, que. 
todos los que entraban, y salian, se lisiaban, 
en los pies en una gran piedra. Finalmente» 
uño que estaba sentado á la puerta del baño, 
como se hiriese en el pie en aquella pledraj 
qu'.tandola de allí, púsola aparte. Lo, qual vien^ 
do isopo j tornó á casa, y dixo á su señor: que 
wn solo hombre estaba en el baño. IC asi dúo 

C 



34 

el Filosofo: Toma esas cosas, que son necesa- 
rias, y vamos al baño. Y entrando el Filosofo 
en el baño , vio gran copia de gente , y con 
saña d xo á Isopo: Por que dixiste, que no es- 
taba en el baño sino un hombre solo? El qual 
respondió: Asi lo dixe , y no está aqui entre 
ellos sino un hombre , y si me oyeres , tú me 
juzgarás que dixe gran verdad. Aquella piedra, 
que está en aquel rincón , estaba quando yo 
vine acá en la entrada de la puerta , y todos 
los que entraban , se herian en ella, y no fue 
ninguno de ellos que la quitase, salvo uno que 
la quitó , y la puso donde agora está, al qual 
juzgo yo solamente por hombre, y no á los 
otros. Entonces dixo el Filosofo: lío tardaste 
en te escusar. Y después que Xantus salió del 
baño lavado, llegando á su casa, limpiaba el 
vientre, estando Isopo presente, y preguntóle: 
Dime, por que los hombres, quando salen fue- 
ra , y limpian su vientre, miran luego su es- 
tiércol? Respondió Isopo: Antiguamente, como 
un sabio, en un lugar secreto asentado , alim- 
piaba á su vientre , habiendo en ello alegría, 
largamente tardase , echó el seso , ó meollo 
del celebro, juntamente con las heces Fuera; y 
desde aquel tiempo acá los hombres, por mie- 
do de semejante caso , quando salen fuera, siem- 
pre catan su estiércol ; empero tú dexate de ha- 
oer miedo de aquello, que lo qu.e no tienes, no 
puedes perder. Otro dia Xantus, asentándose 
con los amigos , y teniendo en la mano el vaso, 
como se turbase con muchas questlones, que le 
proponian , dJxole Isopo: Señor,, léese en el 
libro de DIonysio ^ que el vaso en las compa* 



3f 

fiias tiene tresfueraas: .La primera ftjerza es de- 
ley te. La segunda alegría. La tercera locura; 
porque te rucgo señor, que. vivas ahgre, y d» 
la5 otras cosas dcxate. Al qual Xantus , embria- 
gado de vino, dlxo: Calla tú boca de inrierno, 
y de tinieblas, respondió Isopo: Como fueres 
al iníierno me vengue de tí. Uno de los escola- 
res , entendiendo que Xantus íuese algo carga- 
do del vino , dixole: Dinie, Maestro un hom- 
bre olo podr beber la Mar toda? ReiponÍi6 
el Filosofo: Y por que no? Yo mismo bebería 
toda la mar. D xo el discípulo: Y si no la bebe» 
toda, que pagan^si* Respondió Xantus: m, casa 
daré si no la beio. Los qualcs apostaron sobre 
esto, poniendo los anillos por seual , y fueron* 
se cada uiio para su casa. Otro dia de mañana, 
como Xantus se levanto y se lavo la cara, no 
viendo el a-ñllo en la maro, preguntó á Isopo: 
Sabes tu de mi anillo' Dlxo él: No señor, njafi 
soy muy cierto , que presto seremos huespiídea 
de esta casa. Xantus le dlxo: Porqué dices eio? 
Respondió Isopo: Por quanto ayer apostaste, 
que beberías toda la mar, sobre lo qual pusist© 
en señal el anillo. Xantus espantado como oyó 
esto , dlxo: En que manera podría yo beber 
toda la mar; esto no puede ser dixo á Isopo: 
Mas pues que así es, ruegote que en quanto pu- 
dieres por ingenio me valgas, y ayudes de con- 
sejo , cómo pueda vencer, ó á lo menos para 
que se deshaga la apuesta. Dixo Isopo: Vencer 
no puedes , mas bien se deshari , y se soltará 
la apuesta. Dixole Xantus: Muéstrame algún 
camino como eso se haga. Dixo Isopo: Esta es 
U carrera , y via para ello. Quando tu contra^ 
Ca 



I 



S<5 - 

rio te (lira, y requerirá que le entregues lo que 
prometiste , mandar.'s et;tonccs qi.e te pongan 
estrado, y mesa en la ribera de la ínar , y que 
sean puestos ende séiv dores, escanciadores , y 
co'peros, con todos apare'os para ello pertene- 
cientes; y como viercdes ende el Pueblo jun- 
tado, haz labar las tazas , y picheles , y Jarros 
en la mar: dende, tíniendo la taza en las ma- 
nos, llena de agua, y de sal, manda , scgun la 
convención, y apueita, declarar todo lo pasado; 
mas tú las mii-mas cosas que prometiste con el 
vino , afírmalas mesuradamente sin el vino, y 
dirás : varones de Sanuin, ya oifteis yo haber 
rometido de beber toda la mar; mas como sa- 
els , muchos rios , y arroyos corren á la mar, 
y mi contrario en e^te caso , mire 'y guárdese 
qi c los r'.os no corran, ni se entren en la mar, 
y yo haré lo que prometí , y de esta maner* 
vos soltareis , dixo Isopo. El Filosofo , cono- 
ciendo que es*:a era carrera, muy provechosa, 
alegróse mucho y dende apoco vino aqiiel es- 
colar que apDstó con '1, presentes algunos Se- 
radores de la Ciudad , y requiere que cumpla 
lo que apostó con e'I, ó le dé la osa. Oyendo 
esto el Filosofo luego mando poner el e.trado 
y mesa cerca de la mar , y ajurt.ido ende gran 
pueblo á m'rar. El Filosofo acertado en su si- 
lla, mando lavar la tJza, y q e le fícese traída 
llena de agua. La qual teniendo en la mano, 
mando al que tenia los anillos en prendas, que 
explicase' en piibrco el caso de la apuesta , y 
como él lo contase , dixo Xantijs al Pueblo, 
Varones de Famün, cierto es. y • todos es ma- 
nilieitOp que muchos rios caudalosos , y peque- 



3? 

,. ios , con muchos , arroyos entejan en el mar^ 

íni advtr:;aiio cierre las bocas de ellos , yo 
cumpliré lo que viixe. Dicho esto, toda la com- 
pañía de los Pueblos, hiriéndose las palmas, 
d xeron al Filosofo, que jio curase mas de ello, 
Entor.ces el J^scolar dixo: Gran Maestro , yo 
conozco, qie soy vencido de ti', porque te pi- 
do , que esta apuesta sea anulada; lo qual á 
ruego de todo el Pueblo otargo el Filosofo, y 
9 si fue librado del yerro en que cayo por con- 
se'o de fsopo. Después como volvieron á casa, 
rogóle Isopo, que- asi como aquel que lo habia 
bien merecido , que lo quisiese hacer libre. 
Xantus maldiciendolo , dixole; Ve de aquí, 
€! cantador , eso no ganarás hoy conmigo. Salr 
te tiiera á la putrta , y si vieres dos cuervos, 
dimelo , que buen agüero es ver' dos, mas ver 
uno es mala señal. Isopo , saliendo de casa, 
como viese dos cuervos, que estaban en un ar^ 
bol , luego lo coiit;o al señor. El Filosofo sa- 
liendo de su ca^a , COJIJO no viese mas de un 
cuervo, porque el orro ya habia volado, dixo 
á isopo : dln>e verdugo, donde son los dos 
cuervos que yiste? Dixo Isopo : El uno voló 
^1 tanto, que y.o entré á decírtelo. Dixo Xan- 
tus : Ya tienes^ por costumbre don viejo sieoi- 
pi'e de escarne'^erme con tus cazDrrerias , y ca- 
vilaciones, 'm.3,s galardón de tus engaños, final- 
mente, til ha'cJr.'S. y mandóle d*esnudar, y -azo- 
tar muy, crudamente. Mientras que ^ Isopo 
a/JO aban, yino/un much'-acho de casa á llamar á 
iXantus i comer. Entonces dixo Isopo : Ay de 
mi mezquino sobre todos, yo que yí á dos 
cuervos, soy cruelmente azotado, y Xantus que 



5», 

V ó uno, es llamado á deleytes, y placeres: no 
hay j qiiien mas contrarios sean' los bienos a- 
gueros, qi e i mi. Las qi:ales palabras conside- 
rando Xantiis, dixo al que lo azotaba : Dexad 
ya de azotarlo Desp\)es de algunos días dixo 
Xantus á Isopo: Adereza el y-intar muy sabro- 
so, y con buena salsa El líópo compro lo ne- 
cesario, y venido á ca<a, halló a la señora dur- 
miendo , á la qual dixo : Señora ^ mira , Don 
esto, que no lo coma el perro. Respondió ella: 
Vére en buen hora, y no te cures de eso que 
«un mis nalgas tienen o os. Y como Isopo apa- 
rejó todo agí ello quecumpliaj y otra vez en- 
trase en la cámara , hallóla durmiendo , pues- 
tas las partes trajeras .'cia la mesa , v acordan-i 
dose de lo qre un poco antes le ha'bia dicho, 
alzóle las faldas hasta las nalgas muy quedo, 

Í' dexola dormir, as', mirando con las nalgas a 
a mesa: Y como el Filosofo entrase en casa, 
vio estar _ durm endo a la muger , descubierta 
desde la cinta toda kasta abaxo, y con las nal- 
gas aci. la mesa y de gran vergüenza confuso, 
y avergonzado, llamo luego á Isopo con gran 
Ira , en presencia de los Escolares , que crart 
«lli con e'l diciendo : Que cosa es esta , hom- 
bre sucio, y muy abominablec Respondió Iso- 
po , mi señor , mientras que yo apare aba dft 
comer en la cocina lo qre convenia , rogué á 
mi señora, que un poco mirare , porque no se 
comiede el perro lo que estaba p;:esto en la 
mesa , y mi señora dixome : No cures nada de 
ello , qne ann mis nalgas tienen o os con que 
vén , y yo hallándola como la' veis asi dur- 
miendo, calladamente le descubrí aquellas par- 



I . ^ 1, ^' 

tes , porque los oíos que tenia , en ellas pu- 
diesen ver la mesa puesta. Enfonces dlxo el 
el Filosolo: Mal siervo, muchas veces has me- 
tido cosas varias, mas en ningún tiempo hicis- 
te cosa peor que agora, que á mi , y á mi mu- 
ger tan suciamente nos has escarnecido agora 
por los convidados , de grado se te perdona, 
mas ocasión vendrá , que hasta que mueras te 
haga azocar. Después de pasados algunos días, 
Xantus combido a los Filósofos , y Retóricos, 
y dixo á Isopo : estáte á la puerta, y no dexes 
entrar á ningún idiota , y sin letras , mas tan 
solamente á los Filósofos, y Retóricos. E Isopo 
estando ií la puerta , como uno de los combi- 
dados viniese , y dixese que le abriese, dixole 
algunas palabras que él no entendía. El combi- 
dido pensando que lo llamaba perro , ú otras 
palabras iniuriosas , enojado de ello volvióse, 
y asi lo mismo otros muchos hicieron. A la 
postre vino uno asaz agudo, y no descortés , y 
dixole Isopo palabras muy ingeniosas : Y el 
presto de ingenio , respondió , y destajó, y á 
este luego lo metió Isopo en casa. Dende á po- 
co Isopo se fue para el señor, y dixole: Fuera 
de este, no viene otro ningún Filosofo. Por lo 
qual Xantus , sintiéndose escarnecido de los 
otros , hubo gran eno':o. Mas otro dia aquellos 
que no entraron en casa , encontraron con el 
-Filosofo, dixeronle: Como nosfaltaseayer^q le 
aquel que guardaba la puerta, por nos "injuriar 
á todos, nos llamó canes? O idas estas palabras, 
turbado por ellas , dixo entre sí: Si desvarío, 
y desacuerdo yo , ó estos? y llamando á Isopo, 
dixole, y que fue esto, biien mozo? Dizque 



4© 

«quellos que con honor , y reverencia debie* 
Ta¿ recibir , has denostado, é in'tr ¿do por pa- 
labras leas; Respondió Isopo: Ay demi\ tú me 
dixisie que oo r<cibít:se er casa sino á los Sa- 
bios, y Letrados Entonces dixo Xantus : O 

ndiablura , por ventura no parecen estos Sabios, 
y Letrados: Respondió líopo: A mí me parece 

' que no son SaDlos: por cierto como yo les dixe 
wn vocablo, eltos q e cosa les decia no enten- 
dieron, y como pi edén ser Sabio?, y Letrados 
«líos, o algí ro: Mas aquel que bien entendió, 
el qual pareció ser sabio, luego lo recibí. Y di- 
chas estas palabras ñor Isopo, todos iuntamen- 

"te las aprobaron. Mas <leip es de muchos dias, 
como Xartus con Isopo ñiese é las sepi Ituras 
de los mayores , y leyese algunos Epitafios de 
ias sepulturas , el Isopo en una arca, que esta- 
ba cerca de la estatua, r. la qial subiar por unas 
gradan v'o i ñas letras ro sonantes mas sola- 
ínente por puntos, pintadas y esculpidas enesta 
forma: a g. q- S- i- t. a. Y p-e unto á su se ¡^ri 
Qué di:en e^tis letras; Entonces Xartus dili- 
gentcmer^te, v con espac'o, pensando en ellas, 
TiO piidiendo entender lo qi;e querían sonar, 
dixo .- Isopo: Di señalado , qué s'gniácan es- 
tas letras'. Dixo líop^»: S'. te m'>ítr-'re aqui te- 
soro qi.é bien me harsí Respondió el señor: 
Sé riel y de buen éorazon, que la'libertad, v mi- 
tad del tesoro c 'nscg"'.ir.^s. Entonces Isopo. su- 
biendo á quatro gradas de la columna , y ca- 
bando, ende halló mucho 0.0 , el qual luego 
ofrecró á su señor, v d'.xole: Ruégate , señor 
que rne guardes lo que me prometiste Respon- 
dió Xantus: Jso tíaré nada si no me muestras lo 



4» 

■<íuc*ine hallaste, eso estimo por mas que todo. 
y dixo Isopo: El qie guardo aquí es:e tesoro, 
sin duda debía ser gran FUoiOlo, lo selló con 
aquellas s^ete letras, q.e quieren decir e;to: S: - 
be gradas quatro , ó caoa de^de , f hallaría 
eran tesoro de oro. Y dixo el Filosoib: P 



lies 



gra 

aue e es tan agudo no aítjtrzar-ís libertad. 
FesDond o Isopb: Gvaria y e^t q»edo - este 
te¿óro perrerece al Rey. Dixo Xapius: Como 
sabes eso "' Yo lose poi éstas otras letras sigilen- 
tes , q e son t r.d. q. i.t. a. Q\ e qi 'ere decín 
Dá al Rev D.onisjo el tesoro de oro , el qual 
hallaste. Kl Filosofo oyendo que el tcsom 
pertenecía al Rey , dixo á isopo : Toma la mi- 
tad del t;4oro y e :o no digas á alguro. Res- 
poiviió Isopo: ro me das n eso , mas el que 
guarda aqrel tesoro. Dixo Xantus: C^mo es 
eso? Respo dio Isopo : Las letras ■ siguiértes 
mreitran e to- las quales son e.d.q i t.a. Qve 
qu'ere decr: Andando, partid el tesoro de oro, 
el qi<al hallaste. Entonces d'.xoXantns: Vamos 
á ca^a , V partamos el tesoro. Llegando á cas* 
el Filosofo por mifedo que lo descabr ese, 
mando que lo pusiesen en pulsiones. Entonces 
dixo Isopo: Ay de los promermienios de los 
Filósofos . en lugar de me hacer libre y hon^ 
ra , me ponen en crueles cárceles. -Oídas estas 
palabras, el FUotoíO' mudo la serttenéi», f. 
mandólo sacar de ía prisión en que estaba , f 
dixole : Si quieresser libre, refrena tu lengua, 
^ no me acuses tan abiertamente de aquí aje- 
ante. Respondió Isopo: Haz asi como te pla- 
cerá , quieras , o no quieras , libre me has de 
hacer. Jín este mismo tiempo, eos* mtiy man- 



4? 

V ¡llosa , acaeció en ese lugar de Samún ,,en e;l 
qiul, como .se hiciesen muchos juegos públicos 
una Águila de una volada súpitamente el anillo 
del Juez, ó Governador mayor arrebató del 
teatro, o lugar donde hacen los espectáculos, el 
qual anillo dexó caer en el seno d.l esclavo, 
por la qual maravilla , la compiñia toda, que 
era en el teatro ,. murmurando y contando nue- 
yjLS , miy cuidadosa , congoxada, y dudosa es- 
taba. Y ayuntando el Pueblo todo en ConsejOj 
deman.iaron con se o á Xantus, como á princi- 
pal de la cosa pública , que les dixese, que sig- 
niiicaba aquello. Yel Filosofo Xantus, que ei'a 
bien ignorante de aquel hecho, demandó algu- 
nos diis de eipaco pira les responder, y fuese 
á su casa: no sabiendo que responder, ni acon- 
se'ar al Pueblo, estaba muy pensativo, y triste 
de corazón ; y llegando.e Isopo á el le dixo: 
Porqué estís triste de corazón í Quita de tí la 
tristura , y pon sobre mi el cargo de responder 
d esta question , y de les aconse"ar mañana tú 
irás al consc o, y habla de esta manera al Pue- 
blo: Varones de Simún , yo no soy agorero, 
niaiivino, ni aun interprete, y declarador de 
seniles, y maravillas, mis yo tengo en mi casa 
un esclavo, el qual dice que sabe de estas tales 
cosas, y que ha conocimiento de ellas, si vos 
placera, hacerlo he traer, y e'l vos declarará, 
qué signilica este agüero. E itonces , si con lo 
que Y") aconsejare , fuere contento el Pueblo, 
tú habrás gloria, y gracia juntamente, y si yo 
no le satisfaeiere , tú serás sin infamia , y mía 
serí la culpa. Confiando en estas palabras de 
Isopo, en el dia siguiente el Filosofo Xantus 



43 
iracínigó, y fuese al Teatro, y Plaza, enlaquil, 
estario d Pueiilo iinro, llamaJo para esto, su- 
biéndole en una Cátedra , Xintuí- recontó , y 
dixo .7 todo el Ayurtam'rnto según, y de la 
marera que con su tami.lo 'sop'^» habí», determi» 
nado. Y oídas sus palabras.^ toi:^ el Pueblo le 
rogó con mry grande afíc'.on ^ que luego fuese 
*Ui tra'do Isopo, el qi'al ^ venido entre ellos, 
y vista su mala d'sposícion. y tealdad, menos- 
preciábanlo y escarneciendo mucho de él. ha- 
cían uego de él , dic:endo asi: Y qre otro ma- 
yor aguer-^ putde ser^ que su carav Y no es dt 
creer, que hayamos de oír algura cosa de blért 
de hombre tan srcio, y hedicne. El qual sien- 
do por estas , y otras seme'-antes palabras escar- 
necido , subiendo , y estai^do en el lugar mas 
«Ito , hizo senil al Prebto, que le escuchasen, 
y dixo asi: Varones de Sjmün, por qué escar- 
necéis m' forma' No .es de mirar tan solamente 
la cara del hombre, nías su corazón por cierto 
debaxo de hechura , v forma fea del hombre, 
muchas vec~s está escondida' la sabiduría Asi 
como en los cueros, y botas de vino no se mira 
ia forma , mas q(ual vino tenga en si, y de su 
gusto se "uzga Ser huero , ó malo , asi Tan so- 
lamente la cara pías I n voluntad del hombre 
se debe considerar. El PuebVo pyeado esto, di- 
Xeron á Isopo: Sien ^alguna. c6sá pudieses apro- 
vechar á la cosa pública por consejo, esto te ro- 
gamos que hagas Entonces Isbpó, con fnayoí 
confianza , dixo ; La natura , de la qual todas 
las cosas procede^, gran- batalla de glor-a puso 
hoy entre el señor, y él esclavo, si el i no ven-< 
ce no igual galaraoñ reportará; porque si íeñoií 



44 

íuese vencedor de la batalla , gloria, y gracia, 
conseguirá acerca de voá ; mas yo, aunque ica 
venced «• , y declare la maravilla . no me hará 
Ubre: asi como seria de razón", y derecln, mas 
antes me maldecirá, y me echará en prisión. Y 
si esta batalla , y contienda igualar vos place- 
rá , y q';e yo sea hecho Ubre, porque en gran 
fiícia pueda hablar , ciertamente vos digo, que 
yo. abriré , y declarare sin duda , q';é quiere 
¿ign'litar.eite agiiero. Entonces toda la compa- 
fila juntamente dixeron: Cosa iista es la queí 
denunda, por ende Xantus hag.'lo libre y tran- 
co; Y como Xantiis no quisiese hacer aqu^^llo» 
eÍJiíz, por autoridad 4>i..bl¡ca , le d xo : Si 
luvigo no obedeces al Pv eblo , yo lo haié liber- 
tado en la ca.a de Juno por derecho pretorio, 
y, yo te daré' en su lugar a otro. Oyendo t-sto los 
aaajgos, amonestaron, y rogaron á Xantus, que 
Ig, s,¡.case,de &U;poder , Vdp diese á la casa pú- 
blica á ísopo.;Jín.Corces'el Filosríto, aunque no 
de su gradio, anC¿,todo el Pueblo, le dixo: Iso- 
po eres libre.y franco. Y luego el Pregonero 
publicamente 'Gon alta voz, dixo,: Xantus, Fi- 
losofo ^ I^ice.libre á Isopq §m esclavo,, en lo 
íjual se cumplió lo-.qne Isopo, ha[jla dicho á su 
amo. Quieras, ó np- quieras, me harás libre; y 
asi , Isopa ya libr? , andando, poír med'o de la 
compañía, haciendo señal de silencio con la 
mano , dijco con a,legr/.a lo siguiente: Varones 
^e Samúnj lo que la AgAiilai qiiC! es entre las 
aves , asi como son los Keyes,e;itre los hom- 
bres., arrebató elanillp.deU mano del Juez, 
ciertamente , slgivlnca ¡que od^un Rey querrá 
proceder contra vos, y quitar vuestra libertad. 



y franqueza , y vos querrá abrogar , y qiiitar 
vuestras leyes; y asi so^ii2garDn cnsu potestad. 
Oyendo aquetas cosas aquellos Pueblos , íue- 
ron muy e^ p.i otados , y maravlliados en graa 
manera.' Y dende .i poco he a]ul donde viene 
el Secretario con letr.isdcl Rey , preguntando 
por los Jueces, y Ju ticias de Samún ; y asi, 
fueron por él presentadas al Senado, y Consc" 
jo de Samún las cartas de e.ta manera , y for- 
ma: El Rey Cresus de los Libios . al Senado, 
y Pueblo cié Samún envió á saludar. Mando 
vos , que de aqui adelante me paguéis , y pe- 
chéis t.ibutos , y censos. Y si asi este mi map.- 
damlento no lo obedecieredes, asi como debéis 
obedecer, tanta pobreza vos será dada, qiianta 
no podréis soportar. Estas letras asi leídas en el 
Conse'o , todos se inclinaron por miedo á re- 
cibir al Rey ; nías determinaron primero de oir, 
qui co nse o les daria Isopo , el qual venido al 
Senado, d xo: Varones de Samún, que deis tri- 
buto al Rey, aunque os veo inclinados á eIlo> 
no vos aconse o, por lo qual brevemente vos 
quiero decir, que cosa convenga á vuestra Re- 
pública. La fortuna á los hombres mortales en 
e.^ta vida dos caminos ha mostrado. El uno de 
libertad cuyo comienzo es duro, y áspero de 
soportar: más al fin ligero de sufrir. El otro de 
servitud^ cuyo comienzo es ligero y llano como 
el campo ; mas el fin muy áspero. Hablo vos 
esto , porque sobre esto deliberéis. Y como el 
Pueblo oyese estas cosas, conoc'endo que' con- 
viniese á la cosa pi,blica, á una voz aprobaron 
el dicho de Isopo, d'clendo : Como seamos li- 
bres, no queremos servir j y coa esta respuesta 



4<^ 

embiaron el mehsagcro clel Rey. El Rey Cre- 

sus, viendo esto movido en su corazón , deli- 
bero de enioiar a los ae Samiin, manera de 
los otros sus tributarios , las sumas , y copias 
del tributo. Emptro ceso por entonces poi que 
el pr.mero me- sagero, que all.i tue ; se lo ira- 
p'd'.o dicicndole asi : Nunca podrás so uzgar á 
Saniiin, si primero no sacas y quitan de ei tre 
ellos Á Isopo , por cuyo conseo se rigen ellos; 
mas podras por tus mensagorob demandar a q\ie 
te emolen a isopo , y que tu le bar. s grandes 
gracias , y alzaras el tributo ; y si est ) hacen, 
en tu mano son luego. Ento: ees » 1 Rey por 
este consejo, embio .'• ino de su ricos hombres 
á ellos , el qual , llegando a S.iuiún puso su 
embaxada en el Conreo, y persi.a ii al Sena- 
do, como á Isopo embiaseii para ti Rjy E Iso- 
po llamó á conse o , y sintiendo la intención 
del Rey, dixo: Varones de Samun yo codicio 
ir ciertamente á los pies del Rey ." le besar la 
mano; mas primero os quiero contar una í'a. il- 
la. En aquel tiempo , que la.s animalias brutas 
se ayuntaban en uno, los lobos movieron guer- 
ra contra las ove. as, las qtiales no se piidiendo 
defender de ellos, demandaron favor, y ayuda 
á los perros, los qi-ales guerreando, y pugnan- 
do con los lobos , hicieronlos huir. Entonces, 
conociendo ios lobos como podian menos que 
las ove-as, y que los podian gravemente empe- 
cer por causa de los canes , embiaron men- 
sagero á las ovejas , diciendo , que querian 
paz perdurable con ellas , con una condi- 
ción, que porque la sospecha de la guerra fue- 
se del todo quitada , que los perros fuesen 



f n poder de los lobos puestos. Y las ove; 



. 47 
'as lo- 




cas, creyendo á los lobos , hicieron la paz , y 
concoriiaj con la condición que pedian los lo- 
bos, los quales como tuviesen en su poder , y 
guarda los perros matáronlos ; y asi , sin difi- 
cultad alguna prendieron , y destruyeron las 
ove;as. Los de Samún , oyendo la fábula , y 
considerando el sentido de ella, trabajaban por 
detener á Isopo, y él no obedeciendo al man- 
damiento de ellos , mas en uno con el mensa- 
gero, navegó, y se fve para el Rey, y se pre- 
sento ante él. El Rey, como vio á Isopp, con 
saña dixo : Como este es el que hace que los 
de Samún no obedezcan mis mandamientos? 
Entonces comenzó á hablar Isopo de esta ma- 
nera: O muy mayor Rey de los Reyes, yo por 
cierto , no constreñido , ni por fuerza alguna, 
mas de grado soy venido á tu acatamiento , j 
tengo fiucia, qué me o¡r.ís con piadosas orejas. 
El qual mandado por el Rey, que hablase se- 
guramente , dixo , y recontó esta fábula : Un 
bombre pobre, andando á caza de. langosta*. 



4» 

tas, prendió, y tomo und cigarra, la qnal vien-» 
do que el cazado:' la quería matar, dixo : Ko 
me quieras sin culpa matar , que yo no daño 
las esp gas , ni empezco .i los frutos y graios, 
mas hiriendo con mis alas , y pies , hago har- 
monia , y di Ice canto, ton que alegro los ca-» 
minantes, ly les alivio su trava o, en m¡ no 
hallaras salvo tan solamente la voz. Oyendo 
esto el CazaJor .solto la cigarra. E yo, stñor, 
asi te suplico , que no me mandes matar , yo 
soy de poco valor , y sin culpa, por quanto no 
quiero, ni puedo, por la gran fiaqi eza de mi 
cuerpo , á alguno hact-r in uria ; mas hablo 
aquellas cosas que <^ la vida de los mórcales son 
muy provechosas. Entonces el Rey, movido de 
misericordia , marav. liándose de Isopo , dixo: 
"íio te doy yo á ti la vida; mas la fortuna te la 
dá, si alguna cosa quieres, demanda , que ver- 
daderamente te será otorgada. Dixo Isopo: Una 
sola cosa demando á tu Jilagestad, que á los de 
Samun, los quales me Ijicieron libre, y fran- 
co , 'sean dexados y remitidos á los tributos. 
Luego otorgó el Rey , que fuesen remitidos, 
y dexados^ De lo qiial Isopo, humillan lose en 
tierra, hizo gracias al R y. Y dende compuso 
las Fábulas , que hasta e.^to- tiempos son habi- 
das, y presentólas ante el Rey. Y después con 
las letras que el Rey le mando dar sobre la re- 
mis'on del tributo, y con muchos dones que 
el Rey lehzo dar, navegó, y fuese para la Ciu- 
dad de Samún; y el Pueblo de ella todo lo re- 
cibió con muy grande honra á Isopo, todo el 
Senado, siguiéndole todo el Pueblo, le salie- 
ron á recibir, y mas fue coda la Ciudad empa- 



ramentada , y ordenada, y decorada con guir- 
naldas , y danzasi Y Isopo , traído al asenta-» 
miento Consistorial, mostró, y leyó las Letras 
del Rey Cresus , haciendo entender al Pueblo 
con el Senado , como eran libres , y los tribik- 
tos eran ya remisos , y dcxadós. JDespues de 
esto, partiéndose de Samún, anduvo por mu- 
chas, y muy diversas Naciones, enseñando, f 
dando en Fábulas muy .provechosas , y sabias 
doctrinas á los hombres. Y como llegó á Ba* 
bylonia ^ después que mostró ende todo su sa»- 
ber , fue habido ende en gran estma , y hon-» 
ra , cerca de Licurus , Rey de Babylonia En 
aqutl tiempo los Reyes embiaban iino á otrb 
cuestiones por cartas en juego, de esta maneraí 
El que no sabía intercretar, y declarar la cues^ 
t on, pagaba, y daba tributos al que la embiaí"» 
ba. Donde,' como Isopo interpretase muy clá* 
ramente las semeianzas , y otras cuestiones-, 
ennobleció , y clariticó altamente al Rey dfc 
Babylonia. Asimismo por el Rey Lycurus hi- 
xo, y ordenó cuestiones , para embiar á otros 
Reyes ; y no pudiendo á ellas responder mu- 
chos Reyes, daban tributos al Rey de Babylo- 
iiia ,^ por lo cual el Reyno de Babylonia' tue 
aumentado en grandes espacios, y hecho muy 
«ublimado , y honrado : mas como Isopo no 
tuviese hüo , adoptó por hiio aun hombre 
mancebo, hi,odalgo, que habia nombre £ ñus, 
al cual muchas veces traia á la presencia del 
Rey , y se lo encomendaba , no menos que á 
«unijo natural, el cual, antes de mucho tiempo, 
como hubiese habido que ver con una fámula, 
y criada de Isopo, la cual tenia como pornjur 
V 



ger , por miedo (í^ivc por, aquello no le hiciese 

-algun mal, acusó i liopo a;teeIRey l'alsamcn-» 
te , y moitró letras ful ai en nombiv de Iso- 
!f)0 , hechas para otro Rey , con su señal acos- 
-tumbrada Sflladasj y las d¡ó al Rey, d". las 
jcvialci íc le oírccia de serv r para el «> soltar 
Jas cuestiones , por lo cual el Rty Licurus-» 
-dando te' á la señal , y movido de ira, mandó 
á Herm^po, que I' ego sin ta.da; zi hiciese ma- 
tar á Isopo. Mas Hermlpo huvo piedad de el, 
■mirando , y consÜtrando , que poi a aprove- 
-char para algún otro tiempo , con estuüo, no 
.lo h'.zo m.tar antes secretimente lo hizo me- 
■•ter en un sepulcro, y allí lo tuvo guardado 
:VÍvo ; mas srs bienes consiguió-, y heredó su 
^hi ado Erus. Después de gran tiempo, Kec- 
tanabo , Rey de Ej^vpto , considerando como 
Isopo era muerto, según que era publica fama 
de su muerte, embio cuestiones al Rey L'cu- 
'Tus, por esta manera: "iSíectanabo , Rey de Io< 
-Egvpcianos , al Rey Licurus dc'Babylonia sa- 
lud Por quanto yo querría edificar una Torre^ 
^ue po tocase al Cielo,. ni á la Tierra, embia- 
■me Maestros , que me edifiquen esta tal Tor- 
j-e; V responde á.la question, y recibirás de mi 
■Reyno tributos ■, y censos por diez años. Y 
•corno esta tal cxfestion recibiese el Rey Licu- 
rus, fue muy entristecido, y penoso. Y llama* 
dos todos sus Sabio's , les mando que soltasen 
aquella cuestión. Y. viendo que no la podian 
soltar , el Rey, con gran gemido , dixo de es- 
ta manera: Ay de mi mezquino, que perdí la 
¿lolumna del mi Rey no, que hado me echó en 
ni fortuna , que huviese de mandar matar i 



ísopo? Trermlpo oyendo el libro , y angustia 
del Rey, llegóse á él, dixole: No te atormen- 
tes, ni te mates mas , yo no hice matar á Iso- 
po , entendiendo que de ello te arrepentiriaí 
algún tiempo mucho, porque te hago cierto^ 
que ese á quien mandaste matar vive ahora en 
este tiempo entre los sepulcros, haoJendo mie- 
do del tu mandamiento, en un monumento lo 
guardé hasta este dia. El Rey , oyendo esto, 
no de poca alegría lleno , levantóse luego , y 
abrazando á Hermipo, dixo: Si verdad me di- 
ces, que Isopo es vivo , este dia me has hecho 
que me sea perdurable , y por cierto «i tu lo 
guardaste, en ello confirmaste mi Reyno. Y 
mandó que luego fuese traído delante de él 
Isopo, el cual no limpio, flaco , y de en,er- 
medid envejecido ) presentándose ante el Rey. 
bolvíendo la cara , el mismo ReV gimió , j 
mando que fuese lavado , y mudado: Y por 
asi Isopo muy bien lavado, y vestido de nue- 
vo', vase para el Palacio , y con debida reve- 
rencia relata su causa , como de su hijo adop- 
tivo Enus fue acusado. Oydo esto el Rey 
mandó que Enus padeciese la misma pena ; "ja 
cual debe padecer el que mata á su padre. Y 
Isopo mirando asimismo al Rey , antes que sol- 
tase la cuestión , dixo asi: Escrive key de es- 
ta forma la respuesta de esta letra : que tu em- 
biarás pasado el invierno, quien le edificu-a la 
Torre, y que para entonces le responderos en 
todo por menudo. Y asi embio el Rey ai 
mensagero de los Egypcianos con esta respues- 
t« : Donde mandó que fuesen tornados, y res- 
tituidos todos sus bienes á Isopo , y fue torn^ir 



jáo~ia-la dignldací primera: y mas le di6 á Enut 
•para quc hiciese de el lo que tuviese por bien. 
^' Isopolo lecbó benignamente, de tales con- 
seos y amn!-!estimientos con gran estudio , y 
cuidado le redarg'yó, y castigó, diciendole 
«?»i ; Hi o, mira , y entiende mis palabras con 
dlVigercia , y tómalas de todo tu corazón, de-» 
fuera todos sa.-tmos, y otros damos conse'os, 
!»f Á' nosotros no sabemos dar conse o. Como 
¿eas hom're , acuérdate que eres sugtto á las 
■^íiidas humanas. Prime:amente ama , y sirve 
ó ivi-ós, V guarda <í tu Rey. Como -seas hom- 
bre, piensa-, v procura las cosa? que pertene- 
cen ¿hambre. Pios se venga de los in i'stos. 
SVlafdad es de giado , y de voluntad , hacer 
eno ad'T .! otro. Con- corazón lin.pio , v gran- 
de 'íu tve la- Inrtnnas , y adversidades.' A tu« 
enemigos muestra te cruel , porqre note me4 
Tsosprecen- y-' tus amigos se muy llano ,'y 
míír-'-n, porque de dia en dia te sean mas bien 
q-ijerie-tes J--'eyea á t> s crcmigiís mala saliidi 
y calda . p>rque no te pne.ian empecer ^ y á 
tus amigos co.TJcialcs buenas andanzas. Habla 
i' tu mr.gcr cosas provechosas, porque na cocí i- 
cíe á otro varoh , que cierto como la hembra 
sea varia, y muciable, si no esaíhagada, pres- 
tam^ente se inclina ^ mal. Acuérdate de te gnar- 
<Íar de hombre cruel. El hombre malo , aun- 
que' hava prospeHdad , s'empre es mezquino. 
Se mas presto áoir ., que no á hablar , retre- 
jia la lengua; poco habla , mientras comes; y 
bebes qne en elcomer , no es oido el sabio, 
mas el doloso, y chocarrero. JNo hayas embidia 
de aquellos qué. U fortuna favorece, mas an- 



te? goza de su bien , porque la ecnbldia al «m- 
bidioso mucho empece- Cura de tu lamilu , dg; 
manera que no solamerte com • señor mas aun 
como bien haciente seas acajtado at los tuyos* 
Guarda la vergüenza y no te apartes de la ra- 
«on. Y no hayas vergi¡euza cada dia de apren^ 
der cosas me okcs. Guárdate de descubrir el se» 
creto principal <i tu niüger , que ella está arma- 
da para te infamar. Lo qi e un dia ganas guár- 
dalo para otro dia, por cuanto es me or dexar 
el dinero y haber en la muerte á los a tn i pos. 
Saluda , y salva de bne?ia voluntad .' los que 
encontrares , que vemos cxempíb en el perro: 
que es animal irracional, que uusca el pan con 
la cola alhajando. Muy mala cosa es escarne- 
cer al cuitado, y mezquino. Las cosas buenas 
no ceses siempre de aprender , y ent'ende en 
la sabiduria. Cuando alguna cosa tomares de 
otro , lo mas prtsto que podráis , la tornarás, 
porque mas ligeramente otra vez te la cmpres* 
te. Cuando pudieres bien hacer .i algunos no 
te pese, ni hayas pereza. Al hombre parl.TO, 
maldiciente, y mormurador, arritdra lo lexoi 
de tu compañia. Los tus dichos , y hechor á 
*mIgos callados encomendarás, mas tales cosas 
harás , que no te pose después de haberlas he- 
dió. Como te vinieren trii>ulaciones y y adver- 
«i.iades , no las sufras con corazón triste , mas 
«legre y holgadamente. A los malos , y per- 
Versos no cures de aconsc arlos. íío sigas . las 
costumbres de los malos. Se }íü5pital , y re-, 
cibe los huespedes , y los peregrinos .>. porque 
cuando fueres por tierras estrañas halles qr.ien 
le reciba, La buena palabra contra los vicio* 



u 

del anima, muy tuen Físico es. Aquel es por 
cierto bienaventurado, el cual usa, y ha buen 
amigo. No h^y cosa tan escondida, queel tiem- 
po íinalmente no la manifieste, y traiga á luz. 
Con estos, y otros muchos amostamientos, Iso- 
po emulo de sí Á Enus , el qnal falsamente lo 
acusó, y doide -i poco desesperado , de uníi 
torre abaxo se echa, y asi como malo que era, 
desavencuradamcnte acabó su vida. De.- pues 
de e:t3 , ilamaioí los fa Ico n etes , mandóles 
JsopD, que los pollos, hijos de las águilas to- 
masen, los cuales como tuesen tomados, acos-» 
tum.)rólos á cebar, y comer, andando arriba, 
y abixo v»lando ligadas, y atadas .í los pies 
unas gran>.lei talegas de cuero, en cada una dg 
las cuales estaba un niño. Y asi como los niños 
alzaban , ó baxaban el cebo, asi las águilas si- 
guiendo el cebo y comida , volaban airibí , y 
abaxo. Estas cosas asi pasadas , como la gran 
fortuna del Invierno pasase, Isopo, con licen- 
cia del ReyLIcuriiS fue para la tierra de Egyp- 
to , con esperanza qu§ 41 dar'a á tanto, que se 
inaravillasen los Egypclanos: mas como los 
Ejypcianos la fea hechura de Isopo vieron, es« 
timando por monstruo, pensaron que era Ju- 
glar , y burlador , ni mirando que á veces en 
vasos feos , y torpes está el balsamo , que e« 
muy precioso. Y asi Isopo se fue á Palacio , y 
5e echó á los p"es del Rey , el cual, como es- 
taba en su Mage-stad , lo recibió benignamen-. 
te , y después el dlxa; Dime, Isopo , ,i quie'a 
comparas i mí, y á los miosí Respondió Iso- 
po: Comparo á tí al Sol , y á los tuyos .í los 
rayos del Sol, que por cierto np resplandeces 



de otra manera , sino como el Sol , y los tu- 
yos asi resplandecen co;no los rayoi del Sol.- 
JEntonces dixole í*«ect;inabo : Qué cosa es el 
Rey no de Licurus, cohiparaio al miestroc Iso- 
po , sonr endose , d'x) de esta manera : En caso 
alguno no e" nías baxo , mas en muchas mas 
«Ito , que asi como el Sol S la Luna excede coa 
su resplandor, asi el Keyno de Licurus excede 
y sobrepuja al tuyo. Maravillándose cl Rey de 
la pronta, y apareada habla de Isopo, dixoleí 
Truxisteme los Maestros, que han de ed ricar 
la torre í Respondió Isopo: SI señor, pues qué 
mandas otra cosa? Mie-tiame el lugar donde 
la quieres edincar. El Rey lu^go , saliendo i 
gran priesa, acompañado desús vasallos, y ri- 
cos hombres de la Ciudad, le mostró el lugaf 
en el campo, donde qucria que se ediricase Ift 
torre. Y señalado Isopo las cuatro partes , ó 
esquinas de aqu^l lugar, puso las águilas con 
las talegas atadas á los pies, y los niños en ellas, 
los cuales tenían las lenguas en las manos , y 
la comida, y el cebo de ellas en las otras ma- 
nos. El cual, siguiendo las Águilas, como y* 
en muy alto , y cncí mbradas volasen , llama- 
ban los mozos, mostrándoles las lengiiecillas, 
diciendo: Dadnos cal , ladrillos, y madera, y 
las cosas que convienen para ediñcar. Lo cual, 
como viese Nectanabo, dixo: Para qué son. 
entre nosotros hombres que tienen alasí Res-' 
pondió Isopo: Para muchas cosas Y tú, como 
hombre seas, quieres contender, y litigar con 
cl que es muy sabio. Entonces dixo el Rey de 
Egypto: Yo me doy por vencido, mas ruegotc 
Isopo, (^ue me respondas á esto: Yo hice traer 



yeguas de Grec;a, las cuales del relincho de los 
cavallos , que son en Babylonia , conciben, y 
a(e empreñan; Is^po le demandó un dia despa- 
cio para le responder. E ido para su casa, man- 
dó Á sus mozos , que le truxesen un gato , y 
truxeronlo ante Isopo, el cnal lo h'zo azotar 
publicamente con un palo. Lo cual , viendo 
los Egvpcianos, tentaron de librar, y defen- 
der al gato; mis no lo pudiendo defender, fue- 
ronse al Rey, y recontaronselo por grave he- 
cho. Entonces mandó el Rey á Isopo, que vi- 
niese ante c'l , y venido, .dixole: For qué hi- 
ciste esto asi ,' Isopo? No sabes que nosotros 
honramos al Dios en figura de gato? que los 
Egypcianos tal ídolo honraban. Respondióle 
I-^opo : Este gato e^a. noche pasada ofendió á- 
Licurus, porque le mató un gallo batalloso, y 
generoso, que le cantaba las horas de la noche; 
dixo el Rey: No pensaba que era tuyo asi men- 
tir 5 porque no puede ¿er que cu una noche 
vava, y venga un gato á Babylonia. Sonrien- 
dose Isopo, dixo: De aquella misma manera 
el gato ñ\e , y tornó a Babylonia , como las 
yeguas que son aqui , y se empreñan al relin-. 
cho de los cavallos , que son en Babylonia, 
Por estas palabras el Rey alabó, y encomendó 
mucho la sabiduría de ísopo. Mas en el dia si- 
guiente hizo el Rey llamar a los hombres sa- 
bidores, y letrados de la Ciudad del Sol. A lo* 
cuales , haciéndoles saber de Isopo, combidó- 
los á cenar, y á Isopo can ellos. Estando á la 
mesa, dixo lino de ellos á Isopn: Salva tu pa^ 
digo: De Dios sov aquí embiado , porcjue h,a- 
We contiga, que ¿ices á estaí Respandít? Is** 



po: Dios no qulew que los hombres aprendan 
á mentir, porque tu palabra te acusa que pocq. 
tcmtís , y honr4s á Dios: Dixo otro: Un gran 




ITemplo está, y en eTnna columna , que sos- 
ticno doce Ciudades, y cada Ciudades cubier- 
ta de treinta, vigas , las cuales discurren dos 
hembras. Dixo Isopo : Esta cuestión a Baby- 
lonÍ4 los niños k saben soltar. Que el Tem- 
plo es la redondez de la tierra.. La cr^iumna es 
el uño. Las doce Ciudades son los doce meses^ 
Las treinta vigas son los dias de los meses. 
Las dos hembras , se dicen el dia , y l^ noche^ 
que uno en pos de otro , continuamente cor- 
riendo siguen. Eiuonces dixo el Rey á sus 
Grandes: Que yo embie tributos al Rey de Ba- 
byionia, derecho es. Dixole uno de ellos, pre- 
guntémosle avín otra cuestión; es á saber: Qué 
cüs^ es la que nunca oimos, ni vimos? Dixo 
Isüpo: Scame dada licencia para responder ma- 
cana. Y asi como se fue á su cas^i hizo una; 



?5 , 

ungida escritura de contrato, y obligación, erí 
que el Rey confesaba haber recibido empres- 
taJo del Kv'V Licurus mil maícos de plata, lo# 
cuales se oüligo de dar y pagar á un termino, 
que era ya en el tiempo corriente por enton- 
ces pasado ; y otro día de mañana tiuxo , y 
mostró ante el Rey aquella tscrituia. La cual 
leída , el Rey, maravillándose, dixo á todos 
los ricos hombres . que presentes estaban: Vo- 
sotros oisieJs, ó visteis, que yo hubiese recibi- 
do alguna pecor.ia, ó alguna' plata , ó algunos 
haberes, agora , ó en ah^ui tiempo pasado del 
Rey Licuriis, Rey de Babvlonia, emprestada, 
ó dada; Entonces dixcrón todos: iS^osotros 
nunca oim^s , ni vimos tal cosa en toda nues- 
tra vida. E tonces dJxo Isopo ai Rey: Si esto 
que dices es verdad , sudta es la ^ucítion. En» 
tonces el Rey Nectanabo , oyendo esta tan su- 
til respuesta'de Isopo , dixo: Bienaventuiado 
eres , Rey Lvcurus , que tal hombre posees , y 
asi pir aquesto embió el tributo con el gran sa- 
bio Isopo. El cual , tornando á liai^ylonia, 
contó al Rey Licurus todo cuanto hiciera en 
Egypto , y allende presentóle el tributo. Por 
lo cual el Rey mando, qu9^ fuese he^ha á Iso- 
Po una imagen de oro en público. Después de 
pocos dias isopo, codiciando de ver .í Grecia, 
demando licencia al Rey , prom.tiend 'le de 
volverse para e'I, y de gastar lo restante del 
tiempo en Babylonia , y así andando por ha 
Ciudades de Grecia , monstrando su sibiduría 
ende en fábulas , grande nombradla gano , y 
adquirió en sabiduría. Finalmente, Isopo se 
pasó á un lu¿ar , llamado Delfo» el cual era 



Ciudad muy honrada, y cabeza de Región. Y 
como los Puoblos le oyesen, y le siguiesen , y 
honran alguna no le hiciesen , Isopo Jes dixo: 
Varones de Deltb , vosotros sois cierto seme a- 
bles al árbol , el cual es traído á la mar. El 
.madero , cuando está lejos de la mar , parece 
cosa muy grande ; mas cuando está cerca , co- 
iioce como es pequeña cosa. Y como yo asi íue- 
se apartado de vuestra Ciudad , como pensaba 
que vosotros crides los mas excelentes dt- todos, 
inas agora , estando cerca, conozcoos por me- 
nos discretos de todos. Los Pelfos, oyendo es- 
tas cosas, di.xeron entre sí: Este, como por Ms 
otras Ciudades ha sido mucho seguido , y teni- 
do de los Pueblos, y si nosotros no nos guar- 
damos, por cierto por sus fábulas, y e'xemplos, 
quitará, y menguará la autoridad cíe esta nues- 
tra Ciudad. Por ende hayamos nuestro consejo 
sobre esto ; y asi acordaron de matar á Isopo 
por engaño, levantándole quesera muy malo, y 
sacrilego; v porque el Pueblo no lo osaba ma- 
tar pg";Iica mente sin razón, aguadaron al sir- 
viente de Isopo , cuando viniese de aderezar 
sus cosas para partir, y pusiéronle dentro de 
sus cargas una redoma de oro escondidamente, 
la cual era del Templo del Sol. Y Isopo , no 
sabiendo la asechanza, y traición, que estaba 
contra él aparcada, partióse de aquel lugar para 
otro, llamado Focida, al cual siguieron los de 
Pelfo , y le prendieron con gran clamor. Y co- 
mo Isopo , les rogase, que le dixesen, porque 
lo prendían , y dixeronle : O malo, y malva- 
^o , por que robaste el Templo de Apolo del 
Sol? ¿o cual Isopo negó; mas los Delfos, de- 



6o 

satando las cargas , hallaron la redoma de oríj^ 
la cual,' mostrando á todos gran ruido, lo tru- 
xcion á la carecí. Y Isopo, aun n« sabiendo la 
gran traición , y falsia , rogábales, que le de- 
xasen ir su camino. Y ellos le apremiaban , y 
constreñían mas ahincadamente camino de la 
corcel. 



^mmi 







Isopo entonces, como no viese manera de es- 
capar, y conocia qué tenían acuerdo dclo mas 
tar, gemía, y aquexabase de su fortuna mala. 
Y á un su amigo , que havia nombre Demás, 
entr.indo en la cárcel, y viendo á Isopo gemir, 
dixole asi: Por qué te aquexas , y gimes asi, 
Isopoí Est; con fuerte corazón, ytoma buena 
esperanza, y consuela .í tí mismo. Y ellos, es- 
tando en estas palabras, los Delfos condenaron 
a muerte á Isopo , como á robikor, y sacrilego 
del Templo de Apolo ; *y a untándose en uno, 
«atáronlo de la cárcel j pira lo dcspeíijí de una 



di. 

peña abaxo^ lo cual conociendo, dixolesisopo 
asi: En tiempo que lasanimalias brutas eran en. 
concordia , el mur con la rana, tratada, j he- 
cha su amistad , la combidó .i cenar , y asi en- 
trando en una camai-a ^^ donde estaba el pan, 
miel, y higos, y otras muchas buenas viandas, 
dixo el mur á la rana,: De todas esas viandas 
escoge , y come de las que mejor te sabrán , y 
habrán me"or apetito; y después que/se;akgra- 
ron, y holgaron con aquellas viandas, rogo Iz 
rana al ratón: Pues yoihe comido , y holgada 
contigo , razón será, que tú vengas á conocer- 
mi casa, y tomes de etlatodo lo que quisieres, 
V porqrie pases mas seguro , ata tu pie ál mió, 
íll mur , creyéndola, lo hizo asi, y atados los 
pies , la rana salto en el rio, y llevó al ratoa 
nadando; y asi viéndose el mur, que se ahoga- 
ba , y mciia dentro en el agua, dixo á voces: 
Por ¿nr^año sov muerto, de tí , alguno de los 
que quedan en vida me ha de ser vengador de 
tí. Ellos , estando en esta contienda, sobrevi^ 
to el milaüo , y viendo al mur en agua , arre- 
batólo en uno con la rana, y comiólos ambos 
j,\j Tita mente. Agora sin culpa, y contra derecho 
muero yo de v:osotros, y soy penado.; mas Ba-^ 
bylonia, y Grecia me han de vengar de voso- 
tros, que cometéis £n mí este mal. "1.05: Delfos, 
oyendo esto , no curaron de lo dexir? mas an-» 
tes traba aban pov'k llevar á la peña, donde Iq 
queriasi de; penar; Mas Isopo, repugnando, hu«? 
yo de ius mano':, y acogióse al Templo de Apo- 
lo, y ir-bí')se al Áltarj mas no le valió nada, 
los Dc.lios por íuaraa,, y muy crudamente sa- 
cándolo donde- con gran' ira > y ím¡L&t^.»}f M^9 



6a 

batam lento , aquexamente lo llevaron á áespe- 
ñar. Y Isopo, viéndose traer asi tan deshonra-» 
dainente, dixoles: Varónos de Delfo , mirada 
vuestro Dios maguer esta su casa sea pequeña, 
no le queráis asi deshonrar; mas catad vergüen- 
za, y mesura á Apolo , al cuál Dios me acogí, 
y de donde me habéis sacado. Mas ellos , no en-» 
tendiendo ensus palabras, con muy grande agu-« 
cia lo llevaban a la muerte. Viendo Isopo su 
fin ser presente muy -presto, diííoles asi: Varo- 
nes malvados y crueles, pues no puedo hacer 
que me entendáis mis msioiies, y amonestamien- 
tos, atended muy diligentemente á este exem-í 
pío : Un Labrador como en el campo se enve-» 
jeciese , y no huvie.se visto jamás alguna Ciu- 
dad , codicioso de la ver, rogó á sus parientes 
que lo llevasen á la Ciudad, y ellos pusieron en 
un carro al viejo , el cual llevaban dos asnos 
unidos, y díxeron: Agora aquijalos , ellos te 
llevarán á la Ciudad 5 mas como el viejo cami- 
nase para la Ciudad, aconteció un torbellino de 
viento súpitamente, de manera que obscureció 
el tiempo, ^y los asnos errando el camino, lle- 
váronlo á un lugar muy altó, y peligroso. El 
viejo, viéndose en tal peligro , llamo a Júpiter^ 
diciendo : Ay Júpiter , en que te he ofendido^ 
porque asi perezco mezquinamente, aun si fue-* 
ra muerto de unos cavallos preciosos , mas de 
unos asnillos viles? Y asi dixo Isopo: Yo no 
sov muerto de hombres ¡lustres, m.is de siervos 
inútiles soy despeñado: y llegando al lugar del 
despeñamiento, recontóles otr.i vez de o.^ca for- 
ma. Un hombre, siendo preso del amor de su 
hija , embió,i una aldea á>u muger, y detuvo 



«5 

la hija enr<asA , á la cual cdfno violase y y estru- 

pase , ciixo la hi;a : Padre , cosas defendidas , y 
muy feas cometes, yo quisiera mas padecer este 
crimen , y mal de otros ciento , que de tí solo, 
y asi dixo Isopo : Varones de Delíb , malos^ 
y perversos, yo escogiera cercar á toda Cicilia, 
y todos los peligros de la mar sufrir antes que 
<ae vosotros asi injuriosamente morir. 




lluego vos, y á vuestros Dioses , y á vuestra 
tierra requiero , y amonesto á todos , que oy- 
gan á mí que muero injustamente , y reciban 
de todos vosotros dignas venganzas de tormén* 
tos, y penas: mas ellos, no curando de oir na-, 
da, de una peña muy áspera lo hicieron despe- 
ñar, y caer. Y asi el cuitado de Isopo feneci© 
su vida. Y muerto Isopo , la pestilencia , y 
hambre , y un gran furor , y locura de corazón 
comprehondió, y cayó sobre los Delfos. Sobre 
lo cual demandaron consejo á Apolo, y huvie- 



¿4 

ron respuesta, que h'clése un oratorlb'á Isbpo, 

para amansar, y aplacar los Dioses. Y asi com-t 
pungidos , V arrepentidos de corazón , porque 
asi mataron .> Isopo tan iniustanicnte, le edifi- 
caron un templo. Por lo cual todos los princi-« 
pales de Grecia , y los Adelantados y Presiden^ 
tes de todas las Provincias, oida la cruel nnief* 
te de I^opo^ vinieron para los Delfos, y habí» 
da su diligente información , y sabida toda la 
Verdad.- justiciaron, y castigaron á los que fue* 
ron eniti muerte, con grandes penas, y tormén» 
tos, y ^si vengaron la muerte de Isopo. 

í^qiti Sé acíiha. Ia V'i-dci de Iso£Ot 



«1129 



^'5 

LIBRO PRIMERO. 

aquí empieza el prefacio, 

y Prologo del primer libro 

de Isopo. 

jtvomulo á Tiberio su hijo de la Ciudad de 
Ática , premisa salud. &c. Ciertamente el Iso- 
po , hombre Griego , clarísimo, é ingenioso, 
COR sus Fábulas y exemplos, enseña á los hom- 
bres de qie deben guardar. e en sus hechos: y 
porque palpablemente la vida délos humanos, 
y costumbres mostrase , induce, y trae en sus 
Fábulas, y exemplos , las aves, bestias, arbo- 
les, y ganados, que hablan, según que requie- 
re ¿ cada una Fábula, porque los hombres co- 
nozcan porque causa es hallado el modo, y li- 
nage de las fábulas, y recontólas breve , y 
abiertamente , y propuso las cosas muy veida- 
deras , y buenas, a las malas: compuso las co- 
sas enteras a las buenas. Escrivió las falsedades 
de los malos, y los argumentos de los malva- 
dos; y ensena á los enfermos y flacos ser hu- 
mildes, y que las palabras blandas son señala- 
dameiite de esquivar, y guardarse debe el hom- 
bre de ellas y otras muchas cosas enseña se- 
gún que parece por estas Fábulas siguientes. Y 
yo RomuJo las traslade de Griego en Latin. X 
&i tu Tiberino , hi^o, las lees , y con corazón 



66 

ileno las miras, hallarás lugares apuestos, qu* 
moverán á risa , y allende aguzar asaz el in- 
genio. 

uí^ui se acaba eí Prologo Prosajpo , y comienza 
la declaración del otro Prohgo Mttrico, 

j: orqre ayude, y aproveche á la vida huma» 
fia , el presente liüro es compuesto á manera 
de Fábulas de reír, qi'C las cosas provechosas, 
y nece<!arias , mejor , y mas dulcemente se tO' 
man pintadas , y fulcidas con cosas provocan* 
tes ^■ risa, y placer: este hurto contiene íváX.q. 
con flor, y l'i flor causa sabor. El fruto sabe, 
y ha dulzor; la flor resplandece: si te plac« 
iras el froto que la flor, aquel coge: y si mas 
la flor que el fruto, toma la flor; y si entram- 
bos te placen, tómalos junros. Y porque la vir- 
tud, y pereza no haga dormir la anima, y vo- 
luntad del estuosa y perezosa , el mi corazón 
movió obra en que vele, y haya cxercicio ; J 
porque el valor de la m es se levantó de vil 
campiro. El Dios todo poderoso riega las pa- 
labras secas con tu recio , y la brevedad de lat 
tabulas trae carga honesta de costumbres, como 
U cascara seca cubre muctias Yec«^ el meoUo. 



^1 

COMIENZA EL PRIMER LIBRO 

de las Fábulas de Isopo. 

FÁBULA L 

D$l GaVo-, y dtla Mcirgarltay ó Jaspii, 




E, 



léCtr , y no entender , menosprecio es. 



'I Gallo brscando de comer en el mutaííar, 
halló una piedra preciosa , llamada Jaspide, 
que yacia en lugar indigno , y no conveni:)Ie, 
la cual viendo el Gallo en tal li gar, dixo asi: 
O buena cosa, en el estiércol y.ices de esta ma- 
nera í Si algún c dicioso te huviese hallado, 
con que gozo te hu viera recibido; y asi habrís 
tornado a tu primer estado , mas yo de valde 
te ha lo en este lugar do yaces , porque mas 
busco yo aquí algún man ar , que á tí , ni yo 
aprovecho á tí , ni tu á mí. 

Ksia Fábula recuenta Isopo contra acjuelios 
fíi» /«!#/! »jte librjy -V no Lo f/itUnden, l<is cuales 
'Ka 



68 

no saf'en la vlftud cU la M-argéiñta , y asi né 
yueden chufar la muí de atas f.ores 1/ á. estos 
j>0co aprovedia leer , salvo tan solaiuent» purtt 
fmí^er solaz de las palabras mattriaUs. 

FÁBULA II. 

Üel Lobo , y el Cordert. 

S*oeo aprovecha verdad , y razón con los malos¡ 
y perversos 

JCil Isopp , del inocente , y sin culpa , y del 
improao, y malo recuenta tal Fábula. El Cor- 
dero , y el Lodo , cada uno por su parte , vi- 
nieron ^ beber al rio, el Lobo bebia arriba, y 
el Cordelo mas abaxo en el agua. Y vendo el 
Lodo al {loricro, dixole: Por qué me has en- 
turbiado el agiia , eTi tanto que yo bebia? Res- 
dondioel Cordero con paciencia: Como te pue- 
do yo enturbiar el agua que corre , de donde 
tu bebiste , <i Jo yo bebía c Ll Lobo no curan* 
¿"O de la verdad , ni razón , dixole: y por eso 
me maldices? Respondió el Cordero: Ko te 
maKiixc yo. Entonces el Lobo , mirándolo da 
través, dixo: seis meses ha que me hizo otra 
tanto tu padre. Y respondifj el Cordero: yo 
en ese tiempo aun no era nacido. De cabo di- 
Xo el Lobo: Porqué me has destruido mi cam*» 
po, paciéndomelo? D xo el Cordero: Por cier- 
to aun no tengo dientes para pacer , y asi no 
te- he hecho daño alguno. Finalmente , dixole 
«1 Lobo aunque no pueda :olcar tus argumen- 
tos , empero yo te entien.io cenar , y dcspue© 
de ceiíA ¿Q'gar contigo , y ¿«Áxomanda el C0.i>) 



ácro Inocente, q ni tole la v Ida, y comiólo. 

JEsta F al^ula signip'ea , míe cerca de los w.r- 
los-, -v fulsos y no ha lugar verdad , ni razón ^ ni 
^aU'otra cosa contra ello<^ salvo lafi'er-za solas 
|r semtjaiitcs Lo/ os se hallan e</ cúda ligar, os 
cuales par tiranía , I iiscando ocasiones , iieüen l(t 
téin^re , y afán de los inocentes , y pobres, 

FÁBULA III. 
iPtt Mur , y ^ana ; y del Milano. 




i 

Muchos por hacer daño A otros , destruvcn d si 
miamos. 



A. 



.quel que piensa mal , Y cosas conrearlas 
c'^r:ra otro, no puede buir, según qr.e por esta. 
fioula se muestra. El mur , queriendo pasar un 
rio , demandó avuda d !a Rana , la cual se le 
oircció mucho , y dixo , que era contenta de 
lo pasar muy seguramente , imaginando entre 
si d< lo ahogar , y matar , y dixole: Por que 
pases mas seguramente , ata tu pierna á la mia, 
y el mur, creyendo á su$ palabras, dexóse atar 



7» 

con ella, y llegando en medio del rio, comen- 
tó la rana á meterle dentro en el agua por aho- 
gar el ratón , el cual puso sus fuerzas por te- 
nerse encima del agua. Estando ellos asi en 
porña , vino un milano , y arrebató con su» 
uñas al ratón, que sobre el a,ua estaba, y lle- 
vó consigo Á la rana , que con el estaba atada, 
y asi los despedazó , y comió á entrambos. 
Significa esta Fahtila-, '/'/« lO'i <]"e piensan 
mal t y da fía d Los otros, y lo ponen por ohra^ d 
ta< ve. es se átstriiv»i 6 sí mismo por hacer mal d 
ctrosy y así perecen los que so especie de bien hw 
et/i mal. 

FÁBULA IV. 

Del Perro ^ y de la Ovija* 

Condición es natural de los malos , movef ptey» 
tos falsos d los inocentes , y buenos^ 

JL/.' los hómbre<: fals'^s , que contra los bue- 
nos mueven plevt-» , v traen flilsos test;c,os, se 
dice esta fábula.' El perro demando falsamente 
á la ove a cierta cantidal de pan, que dixo ha- 
verle prestado; la ove a lo negó, sobre lo cual 
.jcontienlo, se fueron ante el Juez , ante quien 
fu- prop est-i li demanda , por el perro pedi-^ 
do, y negido por la ove a. El perro -re ofreció 
de probar su intención con testigos dignos de 
fe , V h'zo concierto con el lobo, con el buy- 
tre, V COI el milmo, que testiguasen contra \a 
verdal. 'Presentado al lobo por testigo , dixo, 
«é que el pm demandaba el perro á la oveia 
qi.e se lo pre^tJ. Y el buytre aixo : Por qué? 
niega la ove^-a el pan , que recibió prestad» 



ft 

Bl milano afirmó, que estaba presente, por lo 
cual condeno el Jiez .í la ove, a , compelién- 
dola ^ que torne el pan ton las costas, ^o te« 
niendo a ove'a de que pagar , aunque era ya 
Invierno , se huvo de trasquilar 5U lana, con 
la cual pago el pan , que no debía : pasando 
•quel Invierno con arto traba o, y frío. 

Quiere decir ejta Jlitn/n, ijne los hombres 
malos ^ y falsos , btiscíitiJo otros semeantes fa'' 
sarios^ hacen mucho mal-, y daíto a los inocentes^ 
f á los que foco pueden, 

FÁBULA V. 
X)*/ Perro y del pedazo de la. carne» 




JTo dehe el hotnlre dexar lo cierto for lo duáos*» 

,/tL Las veces pierde el codicioso lo que tic- 
r.e en s,\\ poder , queriendo tomar lo ageno, 
de lo cual se dice la siguiente fábula. El per- 
ro , teniendo un pedazo de carne en \\ boca> 
pasaba por un rio , en el cual vio U sombra 



7» 

de la carne , que él llevaba ; y parecienáoTe 
cquella mayor que la que el tenia , abrió la 
boca para tomar la somora , que en el agua 
parecía ; y asi, se le cayó el pedazo de la car- 
ne , y llevósele el rio, y quedó sin lo uno, y 
sin lo otro perdiendo lo que tenia, pensando 
alcanzar lo otro que le parecía mayor, lo cual 
no pudo haber. 

£sta Fábula significa , que no dehe el hom," 
"hre codiciar lo ageno , y dudoso y y dexar lo su~ 
yo , qt/e es cierto^ aunque lo que codicia parezca, 
mas. Y asi , según e! coman proverbio , quien 
todo lo quiere , ^odo lo pierda. 

FÁBULA VI. 

Del Lcon > y í^s l^ Bnca , y de ta Caira y it 
la Oveja, 




jpeh et hombre tornar eompañia con sus iguales^ 
y no coa los mayores. 

Jjái proverbio dice , que nunca es igual , ni 



73 

fue , la partición que se nace entre mayores, 

Í menores, de lo cual es el exemplo siguiente. 
a baca , la cabra , y la oveja te.iian compa- 
íiia con el león, y como , andando por las sier- 
ras, tomasen un ciervo, partiéronlo en quatro 
partes ; el león tomo la primera parce dicien- 
do : Yo tomo esta como león , y la segunda 
parte es mia, que soy mas lucrte que vosotros 
Ja tercera parte diciendo , porque corrí mas 
que todos , y quien tocare a la quarta parte, 
me tenga por su enemigo , y asi tomó todo 
el ciervo para sí. 

Esta fábula amonesta., que no tome eí hoK- 
"hre compaíi'ui con mayor que ¿I , jorque el tro.- 
tajo es para los menores j y </ provecho para Los 
mayores. 

FÁBULA VIL 

Del Sol , y del mal Ladrón. 

2fo dehe el hombre favorecer ¿i los malos , por» 
qiit no Sean aumentados. 

V^omunmente se halla , que los malos pa- 
dres engendran , y procrean peores hijos que 
ellos., de lo cual habla la tabula siguiente. Los 
vecinos del mal ladrón le buscaban una mu- 
ger , para que tuviere hi;os ; y un íabio halló- 
se ende , y vio como aquellos' vecinos querían . 
complacer , y gratificar el ladrón , y les co- 
menzó Á rogar , que le oyesen el siguiente 
exemplo. Un tiempo el Sol" ífuiso tomar mu- 
ger , y casar con ella , de la cual , sintiéndose 
agraviadas todas las Naciones, queriéndolo em- 
barg.ir, y estorvar > fucion á Jiipiter 5 dkien- 



74 

dO) que no debía casarse el Sol , porque ser/a 
gran perjíiicio , é in"uria de ellos, y alcgjndo 
otras cosas , que les parecían que podK'i em- 
bargar, Y estorvar su casamiento Júpiter, mo- 
vido de ellos , demando las causas de su per- 
juicio , y incuria ; y uno de ellos se levantó 
ante Jnpiter , y dixo : Las causas de nuestro 
per uicio son esta^: Ahora no tenemos mas de 
Un Sol , y él solo con su calor , y estío nos 
perturba, y enoja en tanto grado, que nos me- 
dio quema. Y pues asi es, como podríamos so- 
portar , si e'l procrease hi'osí 

Quiere decir esta fahula , que tos fiornhres ti» 
ílehen cotiiyla^cr á los malos , y perversos , tftiA 
viven malamente , antes del en echarlos de entre 
sí ■) y no procurar que sean aumentados &ntre 
•líos. 

FÁBULA VIIL 

Del Loho -^ y de la Grulla. 

IjOS malos nunca conocen el Lien que l-es hacen. 

V^ualquiera que hace bien al malo , puede 
lecibir mal por ellos ; y no bien ; por 1» 
cual oiréis este cxemplo. Como el lobo comie- 
se carne , atravesoseie en la garganta un hue- 
so , y rogó á la grulla y que pues ella teni- 
bien largo el cuello, le quis ese poner medici- 
nas , y lo librase de aquel peligro , sacándole 
•«quel hueso, prometiéndole por ello de le dar 
galardón : la cual por sus ri^egos , y prometi- 
mientos le sacó el hiieso, v asi guareció el lobo. 
La grulla , pidiéndole que le pagase su traba- 
Jó, y cumpliese lo que le prometió. El lobo le 



.7? 

respondió: O ing-ata , y desagradecida, no sa- 
bes que tenias tu cabeza dentro en la mi boca, 
de mjnera que te pudiera degollar, si quisiera, 
y te la dexe sacar , sin te hacer mal ninguno, 
no te parece que te hice gran b en en ello? 
Que me demandas mas sobre elloí 

Esta fábula nos demuestra^ que hacer hien d 
los malos-, no apro echa ■, portjitá nunca se acuer' 
dan del ticn que reciben. 

FÁBULA IX. 

De las dos Perras, 




Jfo dehen ser creídos los lisongeros^ porque á las 
veces dehaxo de la tnieL hay ¡.ieU 

xl/sta Fábula nos enseña , que nos guarde- 
mos de las palabras blandas de los malos hom- 
bres. Una perra , estando para parir , y no te- 
niendo lugar donde , rogó á otra , que la de- 
íase parir en su cama. Y donde á poco ^ como 



7^ 

ya estuviese buena , y fuerte , la otra , cuya 
era la cama , dixole : Pues habia parido, y era 
sana , y estaba en buena disposicif^n , para po- 
derse ya ir con sus hios, que se íueíe en buen 
hora. Y la perra , recogida, le re.'-pondló, que 
no quería. Deípues , como ella vio e?to , co- 
merzó de pedir su cama mas ahincadamente, 
amenazándola , 'si no salla de su cama. Y la 
otra con gran saf.a , respondió : Por -qué me 
turbas con in urias r Si fi'eres mas poderosa, y 

Ímd.eres mas q.-c vo , y mi compañía , darte 
le la cama , y nc de otra m.anera. 

JLsta fábula nos avisa , qi-e no demos h que 
tenemos para nos r:ísn;os d estos por palaíras 
l-> laudas : porqi,e de! axo de la miel , v'isne á 
veCQs la hiél , y amarga. 

FÁBULA X. 

Del Hombre , j' de ¡a Cttíel-ra. 

Xa hiena obra hecha al ingrato , no solamente 
es perdida , mas siempre da mal por bi¿n. 

X.J\ que hace bien ayuda al malo , y ingrato, 
Ecpa que será de el desagradecido ; y en lugar 
íle le responder con huera obra, le contrariará 
i-egun prueba esta Fnbuia En el tiempo del In- 
vierno , Como hiciesen Ejráncles fríos , y hela- 
das , un buen hombre , üiovldo de piedad, co- 
gió en su casa u^^.a culebra , y la governo , y 
mantuvo en todo aquel tiempo : y como vino 
el Verano , comenzó de hjn har.<;e , y enopon- 
«oñarse la culebra , y moverse contra el hom- 
Ih'c , el cual , viendo su ingratitud , le dixo» 



77. 
que se fuese en buen hora Je su casa; y la cu- 
lebra , ea lugar de se enmendar , tornóse con- 
tra él. 

Quiérenos mostrar ¿su cximplo , ^«c los in-' 
grates , y malos , otízj^ .íó m.cjen á enojar lí 
mquellos que /< hace'i hten , qu¿ no á retntinerar- 
Us ; y /^ar /a otí'c/ les dan veneno , y ^or el friU0 
^ctia j y ]^or la ¡■•iedad tngaíio. 

FÁBULA XI. 

Del León , y del ^stiO^ 

Delimos -perdonar a los ignorantes , y resistir ú 

los locos. 

JLMq los que se ríen , y escarnecen de los que 

no deben , el sabio propuso tal Fab;:Ia. Algu- 
nos hombres son eqo;osos , burladores , y es- 
carnecedores de otros ; mas á sí mismo causan 
•y ha. cíi mal. Asi como un Asno, q- e ei.con- 
fro con un Icón, y dixole, burlando de el. 
Dios te salve hermano, y rióse dee'l. El León, 
irdigpai;dose de ¿us palabras , dixo er.trc sí: 
]So quera Dios quede vana sangre enstfcie 
mis die lites , que contenia dexarte in;uria4o, 
O despedaiado. 

yi^jiijica esta Fahula , cjite deemos perdonar 
los ¡¿/.orantes ; mas debemos rósistir , 1/ de-^ 
fundir r.os di los -ocos, que quieren acometer a otroSi 
nielares que si: y que el loco fantástico no dehe 
reírse ds los hointres nobíis y virtuosos , ni i^uai* 
larse eon «Uos» 



78 



FÁBULA. XII. 

JDe los Raíofits, 




2ízjor es tener polre^a ■, y en pm , iju^ riqííestt 

j fí)// turvacioii , y escándalo. 

Jr rneba c ta Fábula -, que meVr es que el 
hombre sea seguro , y pobre y que rico , tur-' 
bado , V licno de eno os. Un Ratón, que mo- 
raba, en una Ciudad , andando un camino, íue 
recibido de la posada , v co: vidado de otro 
mur , qi.e morab'. en el campo , y en gu casi- 
lla, le dio de comer de lo qi e él aícaizaba; es 
á saber , de bellotas , habas , y cebada , &c. 
con muy buena v 'hintad. Y dondv' -i poco el 
ratou de la Ciudad, tarnando por allí-, rogó al 
inur del campo, que .él quisiese ir .^ la Ciudad 
á holgar con el , el c'iial mucho rogado , se lúe 
con él : V asi, entrambos .í dos á la Cit^'dad en- 
traron en una cámara honesca en el Palacio, 
donde moraba el Katon ciudadano, la cual era 



79 

llena , y abundada de todas viandas; y mos- 
trándole todo esto el mi;i- de la Ciudad al otro 
aldeano; dixole: Amigo, come, y usa de todas 
estas viandas, que tengo en abundancia , y me 
sobran cada dia. Y ellos asi estando, y giiítan- 
do de muchas maneras de viandas, vino súpi- 
tamente el despensero , y abrió la puerta con 
gran estruendo, de lo cual los Ratones espan- 
tador > comenzaron de huir cada uno por su 
parte. Y como el mur de casa tuviese lugares 
conocidos para luego esconderse , de presto se 
puso en cobro: el otro que no sabia como se 
escapar , si;b'ó por una pared arriba, con mie- 
do de la aiuerte , v asi se defendió, asaz tur- 
bado. Y salido el despensero de la cámara, cer- 
rando la puerta , los ratones tornaron á su co- 
mer , y placer. Donde dixo el mi.r de la Ciu- 
dad aldel campo: Cómo te turbaste asi, amigo, 
cuando huías: Vente acá, y comamos, y goce- 
mos , ya ves cuantas viandas , y dcleytes tene- 
mos , v no haya.s miedo, que no hay peligro 
ninguno í: nosotros en esto. Respondió el mur 
«Ideano: Tú, que no has miedo, ni pavor, usa, 
y gózate de todas estas cosas que tienes , pues 
no sientes esta turbación de cada dia. Yo vivo 
en el buen campo alegre á todas las cosas, y no 
me turba mucho ni esparta cosa alguna. Tú tie- 
nes , y has mucho cuidado , y ninguna seguri-- 
dad tienes. Tú serás tomado en la ratonera o en 
algún lazo, y scr's comido del gato, y allende 
eres. aborrecido de todos. 

H.sta 1 ahtilu increpa., v nJarguxe á aquel 'oS 
gtíi st allt::nn <í hs mejores , por jae l'ayan al- 
¿Hítos aé/íjt4¿ j y ces.i4 ^l« son mas qut su natn* 



8o 

raleza requiere, y da dectrina.^ j énseñanea, que 
dit'ea amar la vida provechosa , que les es dada, 
según estado , y qi e mas seguros vivieran en sus 
casillas j porqíie la po.'re-a alegremente tomaday 
mas se,- uva es que las riqne asj con las cuales hS 
«/ hombre muchas turbaciones , y tristezas inmensas. 

FÁBULA XIII. 

t}el Agalla y y des la Raposa. 




XéOS grandes no deben hacer mal ó los pequeños, 
porque muchas veces se ve.igan de e Los. 



E, 



ísta Fábula muestra , que los poderosos 
deben temer á ios mas baxos , y peqr.eños. 
El Águila robó , y tomó á la raposa lo^ hi os, 
para dar de comer k los suyos Ella sír íendo 
al Águila , rogábale, que le diese sus hi os; y 
riendo el Águila como ella era poderosa, y la 
raposa mas baxa , y pequeña , no curo de ella, 
mas antes la menospreció. L.i rap >sa , liena de 
ejngaño , traxo fuego , y muchas pa^as , y cer- 



Si 

cando el árbol, donde estaba el águila con sus 
l^ijcij, puso luego; y como el humo, y la llama, 
aquexa^st!) al Águila con si¡s híos, fareida ella,' 
por Qzv.sa que ios hi,os no se quemasen , tomó, 
y dio los hijos á la raposa, sanos, y sin lesión. 
1' asi nos enseíí* csía l^Ahula , que ao haga- 
mos mal Á Los jpcqueí^os, porque, no se vensuai d^ 
nosotros ^ que en tnuct:ns maneras foJña t/npgce/f 
el inenar al mayor, y aíUiule. serídn punidos d& ¿a 
llama , y f liego de lajasticig. Divina por úlo. 

FÁBULA XIV. 

D&l Agulleí, y Caracol , y Iti Corneja. 

Muchas cosas se hacen por arte , quí no se hacen 
por fuerza. 

Jtlíí que es seguro , y guardado, í»or eí mal 
conse'o-, puede ser confundido ,. según pruebii 
esta fábula. Una águila tomando en las uñas un 
caracol , voló con él en alto , la cual no podiá 
quebrantar el caracol, porque se encogía dentro 
estando asi el águila, no pudiéndole quebran— 
tar, sobrevino cndela corneia, ycomcníindo- 
la de alabar, dixole: Por cierto, muy buena 
caza traes; mas si por ingenio no k;sas, no te 
aprovecharás de eUa en cosa alguna. Entonces 
el águila , prometiéndole parce de la caza , ic 
rogo que le aconse',ase, la cual le aconse-o en 
esta manera: Que voiase muy alto, y que de- 
rasc caer, la ca«a sobre algutia pcña^ y asi se 
quebraría la cascara de él, y de esta maíierar.os 
goaaremos , y cemereinofi de tu caza. Y por 
F 



8a 

este mal consejo pereció el caracol , el cual por 

líatura estaba bien escondido, y cubierto de la 

concha. 

Quiere decir esta fábula , que muchas cjsas st 
hacen ^or arte , fradencla , y consejo , las ciii^ 
Us na se podrian hacer ^or fuerza, 

FÁBULA XV. 

l}el Cuerva-, y dt la Raposa» 




Cuando alguno de lo fjue en él no cale , es alaiñ- 
do, juzgue, fue la tal alabansa es engaño. 

JLios que desean , y han gozo en ser alaba- 
dos por palabras, arfepientense de ello, cuan- 
do se ven engañados , de lo cual se pone tal 
fábula. Un cuervo tomando de una ventana 
Un queso, llevólo encima deun ¡Tbol, lo cual 
como lo viese la raposa , deseando haber el 
iqueso, con palabras engañosas, comenzóle de 
alaban , y decir de est4 maaejt'a: O ave .ipuy 



85 

hermosa , no hay en todas las Volátiles ^uien 
sea semeiante á tí , asi en eí resplandor de la 
color , como en disposición , y forma muy 
opuesta. Si tuvieses la voz clara, no habría eñ 
las ares quien te llevase ventaia, ni primor. Y 
él gozándose de la vana alabanza , y querien- 
do complacer á la raposa , y mostrarle la voz, 
comenzó á cantar, y abriendo la boca, cayo- 
sele él queso que tenia en ella ; y no era bien 
en el suelo , cuando la raposa lo tenia ya, y 
codiciosa del queso, en su presencia , lo co"-- 
niió luego. Entonces el cuervo gimió de la 
vana alabanza , con gran pessir que tenia , eí 
cual no le aprovechaba. 

amonesta Ui^tiesta fahnld , que ningún» dehí 
Oír-, ni craerÍAS^falabras engañosas devana aíéi- 
íanra , ijue ¿a. vana , y falsa gloria , causa. , y 
trat vtrdadtro enojo , y dolor. 

FÁBULA XVr. 

Dil Leoa , Puerco , Toro , j del A.sn9, 

ios (¡ue son constituidos en grandes estados y seart 

iénevolos i porque si cayeren de, tal estada , ha-" 

lien amigas.. 

.A-quel que ha perdido su dignidad , y es- - 
tado , quite de sí , y dexe la osadía , y mane- 
ra primera, porque no padezca injuria alguna, 
según que se prueba por este exemplo. Eí 
León , estando enfermo, vieio, y sin fuerza, 
que ya escabí en el punto de la muerte , llegó 
á él un puerco mojités con sapa que teni*. 



contra él poí haver sido herido, é injuriad» 
de él. y asilo hirió^y se vengó del león. Den- 
de i poco sobrevino el toro , e hiriólo muy 
cruelmente con sus cuernos; finalmente vino 
el asno para el león, que era su cntmigo , y 
dióle un par de coces "ein la frente. Y viendo 
esto e kon , con gran suspiro , díxo asi: 
Cuando yo estaba sano , y en mis fuerzas , y 
virtud , me fue hecho honra , y temor , y to- 
dos no curaban , sino solamente de mí; de 
guanera , que la mi fama sola espantaba á ma- 
chos , y á muchos , siendo benévolo , no les 
hice daño, y á muchos fui en ayuda , y de- 
fensión, y todos juntamente son agora contra 
jDoi , cuando las mis fuerzas, y poder feneció^ 
jroD , toda mi honra pereció con ¿lias. 

jí4.mo/:sstci ¡sopo con tsta fak^ulsh.^qua los que 
son in dignidad , sean mansos , hn^uvoios , qua^ 
de'-en temer , que viiedcii caer de ella 3 3/ si rt» 
tieie-i ¿imlqos , no iiallatiUi quisa les ayude , an- 
teí todos los (Ju& enojaron , astando en dignidady 
S* vaugará^i di «líos ^ viéndolas caídos de cllñi, 

FABUIA XVII. 

Del A-Sno^ -i -^ di la perrilla. 

ffingtmo se det't meter en cosas ^ á qxie no es /'#«» 
teníjcignie, 

\^ue ninguno debe dexar sü oficio propio, 
por se entremeter en 'otros mejores, de lo 
C\ial se cuenta tú fabuli. Ün así.o continua- 
mente vfiifij cQrtio SU scrsor a.lhagaba , y pi^e- 



'8V 

•íabft mucho una perrilla, y se acompañaba 
áe ella. Lo cual viendo el asno, dixo entre sí: 
Si Á este animal tan pequeño , tan inmundo, 
mi señor , en tanto gra 'o ama , y estima , y 
r»o menos toda la su compañía . cranro mas m« 
amar-í , si yo le hago algún serv c'o"' Que yo 
?oy mcior que ella; v pna ma« cosas, y oric-oí, 
me-'Or soy que la perrilla , yaai ocre me;a«r 
vivir, V alcanzar mayor honra. Y estando (rí 
asno en est'j y vldo que el -•^eñor venia , y en- 
traba en ca^a, y salií) de! esfablo . y corrió pa- 
ra él, rebn^naiido, y echando pernadas, y co^- 
ct'S , y saltando sobre el ,. puso las manos , y 
pataí sobre ios ombros del señor, y con la len- 
gua, á manera de perrilla, comer zo de lamer, 
y allende de fatigarle , con su gran peso , le 
ensució las ropas de lodo , y polve. 'El señor 
espantado de aquellos ¡uegós , y alhigos del 
asíiO, llamó, y demando socorro, y ayuda, y 
su familia oyendo las voces , y clamor, vinicr 
fon , y dieron de palos , y azotes al ísno , y 
<}uebrántandole las costillas , y miembros , ié 
tornaron al establo, y lo pusieron donde bien 
atado. 

Esta Fahula significa , que ninguno 7io Sf 
/í?/'g entremeter en las cosds para que no es per- 
teneciente , qite lo qu0 la naturaleza no le dú, ^ 
/dispone , nó pueda alguno hacer línerafnente ; y 
asi el necio pensando que complace ■, hace desviar 
Cfir-f y de servicio-. 



FÁBULA XVIII 

Del León , y del Ratón, 

yo eleben tos mayores menospreciar los ipenores^ 

forqiie en algún tiempo los han menester. 

»!5l algún pequeño , y baxo errare contra el 
mayor , conviene que sea perdonado , porque 
p-jede ser que sirva en algún tiempo , en eso 
poco que podr.í , sobre lo cual se recuenta tal 
fábula. Estando un león durmiendo en la rive- 
ra de una montaña , los ratones del campo, 
que andaban jugando, llegaron alli, y uno de 
ellos acaso saltó sobre el león. El ratón vién- 
dose preso en sU poder , suplicaba al león 
que tuviese misericordia de él , como no hu- 
-vicie errado por malicia, ni con voluntad: mas 
por caso, y danda causa de! error, y conocien- 
do , como el solo habia caido en aquella des* 
obediencia entre tjdos, porque le pedia humil- 
demente perdón. El león viendo, como no po- 
'da haber venganza en aquel mu r, cosa tan pe- 
queña , aunque lo matase , antes le seria cri- 
tnen , é "gnominia, y no gloria de alabanza, 
y conocido , que mas es poder vencer, y de- 
karque vencer ; el león al ratón dexóle ir sin 
le hacer mal. El ratón se fue , dándole mu- 
chas gracias , su camino. Después de algunos 
dias , el león cayó preso en una red , y vién- 
dose asi enlazado , comenzó de rugir , y bra- 
mar con muy gran dolor. Y tomo tlraton sol- 
tado por el mismo león, oyese este clamor, e'I 
fuCj y corrió , preguntóle , qué Qosa le havia 



87 
ac?€cido, y que mal era, de que tanto se sea^- 
tiac Y conociendo, que estjba preso el les n en 
aquella red , y la^o^, dixole: O señor , toma 
buen esfuerzo , que , no es cosa de qué debes 
temer , yo me acuerdo del bien que de ti reci- 
bí , por lo cual te quiero tornar el servicio, X 
gracia. Y asi comenzó de roer , y romper los 
ligamentos , y ataduras , y lazos en aquellos 
lugares, y partes donde conocía que era nece- 
sario, y para deshacer, y desa:ar aquesta arte.X 
y royendo los ingenios de aquella red con su' 
dientes ; de manera , q^ e poco á poco él sacs 
al león libre , y esento de aquella prisión , o 
lo puso en libertad. 

Quiere de- ir esta fahtila, qict^ ninguno preste 
ma de menos preciar ^ y dañar d los mp.noves-, <¡uey 
algunas veces acontece á ios mayores\ que han 
menester d los menores :, y se sirven de ellos^ por* 
que el í]ue no hasta d hacer mal al poderoso , á 
las veces le ^uede aprovechar, 

FÁBULA. XIX. 

Del 3í(lano , y de la ]\'íadre. 

JBt que eS hlasfemador , nunca de los Santos es 
oído en stt tribulación, 

Jjil que siempre blasfema de valde , ruega 
«n la tribulación, sobre que se pone tal fábula. 
El milano , siendo enfermo largo tiempo , ya 
desesperado déla vida, rogaba á la madre con 
lagrimas , que hiciese por ei comerias , v pro- 
metiese votos, porque alcanzase salud. Ál cual 



88 ^ 

respondió la madre , y díxo: Hijo, bien haré 
yo eso que me megas , mas he mleio, ci-e no 
aprovechar<í cosa, porque m has destrnido to> 
dos los templos, y ensuciado los altares » y nb 
Perdonaste aun á los sacrificios, y ahora qi^e 
demandas salud , creo que no se alcanzará. 

Quiere decir esta fahuía^ que al que hace ma- 
chos males , quaiido se vi en tribulación , y "peli- 
gro ^ nó io oirán los Santos y si primero no limpia 
sñs maldades ; porque el que en tct prosperidad 
ofende A muchos .^ no hallará, en la fortuna amis- 
tad ^ que quilín blasfema , y ensucia hs Altares ^ 
por demás ruega d los Santos, 

FÁBULA XX. 

JDe la Golondrina f y de las otras aves.» 




Quien lio tomaft et buen consejo , arrepuitirse ha, 
de ello. 

yJ.iien no to.* a buen conse'o , arrepentirse 
^"ha de ello, de que habU esta faoula. Como 



89 
Us aves focJas vinieron á arai' , y sembrar el 
lino , no hubieron por nacía Cito ; y la golon- 
drina , entendiendo esto , llamadas las otras 
aves , ixlacóles , que eito era gran mal para 
ellas; después viendo como nacii , y crecía, la 
simiente, dixoies, como de cabo: Esto se hace, 
y crece en nuestro per'uicio, y detrimento: ve- 
nid, y quitémoslo, que como creciere , harán 
i-cdes ^ y lazos donde , y los hombres nos ma- 
tarán por artiñcios que harán del lino. Menos- 
preciando el conso'o de eila todas , no curaron 
de proveer en ello. La golondrina, viendo co* 
monoquerian las aves tomar, ni usar del buen 
consejo , pasóse para los hombres , para que 
pudiese vivir con su amparo , y defensión en 
sus casas , y las otras ^ que no curaron del 
buen consejo, siempre con cuidado viven, ca- 
yendo en los lazos , y redes. 

lEsto sd difij^c contria aqucUos <jr/e quieren re 
girse por sus prúptas opiniones , y no gnieren to- 
mar el buen co/isejó de otro. El ^tic esto dexa de 
■ hacer., toma mal consejo , y cuando menos se- cateiy 
^on fci'zón cae en redes, y tazos ^ 



LIBRO II. 

DE LAS FÁBULAS DEL MUY 

CELEBRE FABULADOR 

IsOíO. 

EL PROEMIO. 

V_/ontra los hombres se prueba toda manera 
de fábula. Que qu'én es bueno , ó malo , sino 
es el hombre? Gran cosa es compreherder la 
vida de los hombres, y sus costumbres. Mas yo 
he osado brevemente escribir seme, antes Fá- 
bulas, y dirs los hechos 3e los buenos , y i""^- 
los , y en aquel que vive seguro , el cual no 
tiene á quien tema. Los de la Ciudad de Athc- 
ñas , como fuesen varones muy buenos , y li- 
bres, y no temiesen á alguno, y sirviesen unos 
Á Otros con voluntad sana , inducidos por vano 
consejo demandaron para sí un superior, y ma» 
yor , el cual pudiese refrenar, y punir las ma- 
las costumbres de los perversos • y de esto mu- 
chos se apartaban , otros , que eran punidos, 
cuasi &u corrección se dolían, porque de otros 
se recibían estas cosas, los cuales asaz mezqui- 
namente eran ofendidos ; mas por cuanto agra- 
viados, debaxo de esta ley vivían, tenían gra- 
ve peligro , no porque ello era grande, mas 
porque ellos no eran acostumbrados á estar do 



9» 
bajeo de ley , y señorío de otro , lo cual era á 
ellos gran pena , y carga , y convertidos en 
paciencia, lloraban, á los cuales Isopo recon- 
tó la fábula siguiente. 

FÁBULA I. 

De Júpiter , y las Harías» 




Iil hieii no es conocido y hasta q^iie es perdida» 

V iviendo las ranas libremente en las lagunas, 
-y riveras , donde mas íes placía , ayuntadas 
con grande clamor, pidieron á Júpiter, que les 
diese un Regidor, y Gobernador, el cual cor- 
rigiese, y castigase á las que errasen entreellas. 
Oida esta petición, Júpiter se r,ió de ellas. Y 
no embargante esto , como de cabo , empeza- 
ron á dar grandes voces; y como vieron algu- 
na señal en Júpiter, embiaron á suplicarle so- 
bre ello , el cual , asi como era piadoso, vien- 
do su inocencia , embioles una gran viga en 



)a laguna. Las ranas , oyCndo el gran soni.io 
que fue hecho en el agua del madero pesado, 
todas huyeron , y íueron espantadas ; mas des- 
de á poco una de ellas alzó la cabeza sobre el 
«gia fjsr mirar , y saber que Regidor tenían. 
y viendo que era madero , llamo ; las otras, 
y algunas llenas de miedo , se ayuntaron á sa- 
ludar su nuevo Rev; y llegando .i él, conocie-. 
ron que era madero, en el cual no havia espi- 
ritu de vida; y llegando mas cerca , subieron 
sobre él , y holláronlo , y pisáronlo con los 
■pies, y aSi otra vez tornaron a rogar á Júpiter, 
diciendo , que aquel Regidor , por él á ellas 
dad'j y era cosa inútil, y tal , que no pertene- 
cía para su castigo de ellas , y que ppr e'l les 
fuese dado otro mas perteneciente. Entonces 
Júpiter embió á la Cigüeña, la cual las comen- 
zó á comer una á una. Viendt) las ranas tan 
grandísima crueldad, llamaron con altas voces 
3 Júpiter , pidiéndole ser socorridas de e'l , y 
diciendo, que todas morir'an. A las quales res- 
pondió Júpiter, soñando de lo alto: Como vo- 
sotras me demandasteis el Rey, no vos lo que- 
via yo dar, y contra m' voluntad, á grande ins- 
tancia vuestra vos di la viga , la cual menos- 
preciasteis, y asi vos otorgué este Governador, 
ove -.i'iora tenéis, y tendréis para adelante , y 
rii'Z'iíí es , que pues no quisisteis el bien, aho- 
ra sufráis el mal. 

Quiere íiecir ^esta fa n^a , que ilo conoce el 
hombre el lien , salvo cuanJo Pasta el wnl ; y 
que í1¿he ser contento el qrie tiene toqúese camplej 
-^ asimismo vio sea de otro , qaien fticde ser siiv<3. 



ÍABÜIA IL 

JDí la» F alomas y Milano , y Falcon. 

ni que al malo se encomienda , en llagar de de 
fenslon , halla perdicioHé 

.A-questa figura nos enseña , que al que se 
encomienda al mal hombre , en lugar de ayu- 
da, y defensión, recibirá daño , perdición de 
tal delesscr. Las palomas , siendo muclus ve- 
ces espantadas , y corridas del milano, por sec 
seguras , y defendidas de él , tomaron por de- 
fensor, y seáOr, al falcon fuerte, y cruel, pen- 
sando que con su amparo serian muy seguras 
de él. El falcon, ungiendo, y dando á enten- 
der que lo hacia por castigo , y corrección de 
ellas , comenzó á comer una á una. Entonces 
se dice, quedixo una de cuas: Por cierro, mas 
leve nos era padecer, y sufrir las importunida- 
des , y abatimiento del milano , que tener tal 
defensor, que ahora él mismo nos mata, y des- 
truye , por el cual pensamos ser defendidas, 
mas digna'nente padecemos todo esto , porque 
nosotras mismas fuimos causa de nuestro mal. 

Significa esta Fábula^ que debe hacer el hom- 
iré sus hcclios prudentemente ■, y saiiamente, mi- 
raudo el fin ^ue le fucile seguir , y que mejof es 
juidacer un jpQco de enojo , que yor quitar aquel 
•poco , cuir «n otro feligro , y molestia inayor. 



J>4 



FÁBULA iir: 

JDet Ladrón^ y del Perra. 




JEt ^ui prudencia no tiene , lo mucho por lo poc^^ 
pierde. 

JtVeciientase aquí una Fábula tocante á los 
engañadores. Un Ladrón , andando á hurtar 
de noche , acaeció , que entrO en una casa, en 
la cual halló un perro ladrando á la puerta, y 
por hacerle callar el ladrón echóle un pedazo 
<le pan, al cual pregunto el perro, si se lo da- 
ba de gracia, o por le dañar, y empezer.Dixo 
mas, donde viviré yo , si tú matas á mi señoi' 
con toda su comparia , y hurtares , y llevares 
lo que esta casa , si ahora me á s el pan pof-^ 
que calle , por ventura dármelo has después, 
havTas misericordia de mi , cuando vieres que 
muera de hambre? No quiero que tu pan entre 
€n mi boca, y calle mi lengua, y me qiitc mí 
gracia , mÁ$ antes iadraré , j despertaré á is¡ 



9'> 

amo , y á la familia , y les haré entender que 

andan ladroneis , que yo no solamente miro la 
presente vida , mas aun la venidera, por doii- 
de anda vete de aqui , si no, yo te descubriré. 
O buen can , que no quiso comer tal pan , ni 
perder tal gracia. 

I^sta fábula cons'uhr'en los que pof un íutn 
comer solo , pierden muchas cosas , -porque deben 
mirar , que cosas les dan , y por que , -y apren- 
der deben domar la gula ■, y él apetito , y ¿uar" 
darse qttt ?íO pierdan lo mucho por lo poco. 

FÁBULA IV. 



De la. Puerca , y del Loío. 




jEl que creyere palabras afectadas , hurlado se 
hallará muchas veces. 



I hombre no debe creer al malo , según 



E 

r.os muestra esta fábula. Una puerca -, ej^tando 
€on dolores de parto gimiendo , vino el lobo, 
pa;'a eJLla , y saludan<io.U 5 le djkxo : Heroxa.aa, 



9^ 

pare sej^iiramente tus hljos^, y por la amistad 
que yo be contigo , mí voluntad es de te ser- 
vir en esra necesidad «n el oficio de partera, 
y quiérete hacer cuanto solaz , placer pudiere, 
.íéa puerca, viendo el mal lobo, no creyó, á 
su> palabras , ni quiso recibir su servicio , an- 
tes le rogo , que se apartase de. ella , porque 
pariese mas sin vergüenza, dieier.dole , qi c él 
era obligado ^í hacer aquella honra por eila, 
por haver sido Su comadre; y a.';i el lobo , por 
su ruego , se partió de ella , y parió en paz, 
y seguramente , la cual si creyera al lobo, 
mezquinamente pariera , que la comiera el lo- 
bo con sus hl;os. 

Quiere dec'ur eJta Fahu/a. , //.ve fio dehémos 
creer á todas palabras , porque q^ue'i <:ree pala- 
Irns afectadas , compiustaí , muc¡:asv»cas st 
hulla burlado, 

ÍABULA V. 

Dt /« tierrxi qtm quería parir. 

JEl que amenaza macha ^ hace poco. 

_jf\_caece , que muchas veces causa temor ^ 7 
espanto algún hecho, ó fama , que en la ver- 
dad es en si cosa de no temer , y de pequeña. 
eficacia, según que muestra esta seme anza. La 
tierra se dice , que daba grandes gemidos , di-, 
fiiendo, que queria parir,- y todas las Naciones, 
Oyendo esto , fueron espantadas , y turbadas, 
de manera que todo el mundo estaba alterado, 
y atemorizado por el ^raa gemido , y :¿on que 



97 
la tierra daba. Y asi, acordaron de hacer gran- 
des aberturas por muchas partes de ía tierra, 
por donde pudiese parir. Finalmente, que ella 
parió un mur , y de e'sto corrió ia fama por 
todas partes. Y bvendo eda cosa tan civil , y 
poca, ios que antes estaban espantados, toma- 
ron en si espirita, por lo cual tornó el gran es- 
panto en juego , y risa. 

Significa esto , que los homhres que íraveariy 
■y amenazan mucho j hacen poco \ t/ asi acontece j 
(jtie la cosa pe'iaeáa trae ií las Vices graves mie- 
dos , y espantos 

FÁBULA VI. 



Del Cordero , y del Loto. 




M.ejor es vivir con estraúos en pci^^ que con los 
paruntes ¿n guerra. 

jt. a bondad hace S los parientes , no el nací- 
niiento; sobre lo cual oirás el exemplo siguien- 
te. Al cordero, que andaba paciendo entre la 



cabras, dixo el lobo; 



No es esta con quien an- 
G 



9^ 

das tu madre? y mostróle las ovcias apartadas 

bien iexo;. Re pondio el cordero: iSo busco 
yo aquella que me concibió, y parió, mas esta 
cabra digo yo , que es mi m.adre , que me ha 
criado ,V me dá á mamar, dexando de dar le- 
che -í sus hí'os propios. Y por el contrario, di- 
xo el lo JO. Cata que es mas cierta, y mas se- 
gura la madre que te parió, por donde debeste 
ir á ella. A:,í es, como dices, dixo el cordero, 
mas mi madre misma de su propio intento , y 
apetito natuial , porque fuese mas seguro , me 
encomendó á esta con quien estoy : qué a los 
ganados , y beitias no aprovechan los hi"os; 
mas á los Carniceros , y Pastores , que cada 
dia las ordenan, y les quitan la lana , y los 
matan para sus usos; y á mi me parece, que es 
vida esta mas segura para mí, morando entre 
estas cabras ; y asi. anda en hora buena , que 
yo qiúero morar aqui , y me será mejor que 
donde tu me muestras. ^ 

Si^iií/i'^'t esta Fábula, quena hay nielar cosa 
que el hiicu consejo , ni ■peor que el vial consejo^ 
y que mas provechosa es vivir fuera de sus pa- 
rientes seguramente , que entre sus parient$s con 
CH€Stiones , y guerra. 

FABUXA Vil. 

Del Ferro viejo ^ -y de sh señor. 

El que ú viejo desea llegar , á los viejas deie 
honrar, 

Jü/l viejo no debe ser aborrecido j ni echado, 



99 

porque ya fue mancebo. Y el que quiere ser 
viejo , debe amar, y querer bien á los ancia- 
nos: y si no ama al vieo, que ame i lo menos 
á sus heciios primeros buenos , según que se 
enseña por esta ligura. Como un perro huviese 
servido á su señor en su juventud , y moce- 
dad , muy diligentemente cazando , y en todo 
lo otro que él podía. Y siendo ya muy viejo 
en dias, hecho grave, muy pesado , y desden- 
tado , tomo una liebre. La cuál , después de 
ser tomada en la boca , se salió por fuerza , v 
se le escapo sin lesión , y asi fatigo al perro 
por el campo. Por lo cual el señor , estando 
muv movido contra él perro, dixole asi-. Para* 
que eres bueno, que ya rió vales nada í Al cual 
se recuenta, que respondió el perro : Señor,- 
YO he ya muchos años, y estoy sin fuerzas , y 
sin buenos diente?: en algún tiempo fui fuerteV 
y entonces me alababas par lo, que fui, y ahora, 
me reprehendes por lo que no puedo. Acuér- 
date de lo que hice , y como hoy en día bagó 
lo que puedo, y asi hallaré gracia, y bien entii 
£sta Fábula clarameiiti muestra., que el que 
fus bueno , -v hizo proezas en la juventud , né 
debe ser menospreciada en La ifsjéz j porquí nd 
^iidde asi hacer. 

FÁBULA VIIT. 

De lo-s Liihres , y de las Ranas* ^ 

Itas persecuciones dehense sufrir con ^aci&n clri 
porque tras ti mal viene el bien. 

xlísta íiEura siguiente, nos amonesta , que! 



700 

los tiempos de los mnlos deben ser tolerados^ 
y que en ellos no deben dar lugnr los hom- 
ores , V porq-'c lo puedan me/or sufrir , deben 
mirar él mal que los otros padecen. Como gran 
nnmcro, y conipañia de galgas, y perro? bus- 
casen las liebres súbitamente, y las matasen 
dada día, hubieror-. su acuerdo-, y consejo, que 
ihe'or les sería despeñarse, y matarse, que pa- 
decer tantos males continuamerite , las cuales, 
yendo .^ despeñarse, y matarse, ahogándose en 
iin rio, llegando i la ribera, vieron las ranas 
la comp.inia de las liebres , que venían para 
donde ellas estaban , y por gran espanto , y 
miedo que huvieron de las liebres, saltaron to- 
das en el rio. Y viendo esto las liebres , dixo 
una de ellas: Hermanas, no desesperemos, mas 
sigamos nuestra vida, según nuestra naturale- 
tx: que otros hay también, que han, y sufren 
grandes miedos, y espantos como nosotras; y 
si alguna adversidad nos viene, sufraiuosJa 
con paciencia y con esperanza. Que no ka de 
durar el mal por todos tiempos. 

FÁBULA IX. 

Hel Lobo , y del Cahro^n, 

Provechoso es seguir ¿os consejes de lo^ fadrtf* 

J^labanza , y provecho es á los hijos oir los 
mandamientos de los padres , según que nos 
enseña esta fábula; La cíbra, com.o hubiese pa- 
rido, qi'ericndo irá pacer, amonestó, y man- 
do al cabrifeillo, que quedaba en casa, que 

f 



JOX 

no abriese la puerta del establo á ninguno^ 
porque ella sabia , que muchas bestias fieras, y 
otras animalias andabafi al rededor , but-cando 
los establos de los ganado.s. Y dexindo ai hi¡o 
•conseiado, fuese á pacer. Donde á poco vino 
el lobo, y semejando la voz de la madre lla- 
mó á la puei ta , diciendole que abriese. El ca- 
brito, mjrardo por entre una pueita del e^^ta- 
blo , re.ípondio: Yo oygo la voz de mi madre, 
mas sé que eres ercmigo engañoso , que bus- 
cas mi .cangro con vo^, ringida, y disimulada 
de la midre; pues que ai i es , vete, y soy 
muy cierto , que no te abriré'. 

Quiere decir , (jne quien sigtie el consejo del 
padre -y y de ¡(i madre , que vive mas segura trica^ 
te •■, V al contrario , quian no cura de los buenos 
consejos de sus padres j caen en tniicfios ¡.>eU¿^ros^ 
y males y que no pueden desunes reparar, 

FÁBULA X, 

Del Homhre polre ^ '^ de la cuUhra. 

ÍJ/ que ha. injuriado á otro , siempre dele andar 
sospechoso. 

sospechoso debe ser toda aquel que en al- 
gún tiempo iniurió, y damnifico ¿> alguno, se- 
gún que se colige de esta fábula. En la casa de 
un pobre hombre acostumbraba venir á la mesa 
una culebra , y donde se mantenía con sus mi- 
ga-as , durante el tiempo todas las cosas le ve- 
nían muv bien , y prospfr.nnente; y dende á 
jiempo el hombre se ensañó contra la culebra. 



J0% 

y la hirió con un destral. Después de lo cual 
aquel hombre tornó en su primera pobreza , y 
asi entendió , que por la ventura de la culebra 
56 havia enriquecido primero, antes que la hi- 
riese , por lo cual , pesándole mucho, pidió 
perdón a la culebra ; mas la culebra se dice ha- 
yer respondido al hombre asi: Porque conoz- 
co que te pesa , yo soy contenta de te perdo- 
nar ; mas aunque mi llaga sea cerrada , no te 
dexare' creer en mí con tanta fe, y yo me tor- 
naré en gracia contigo , si se me olvidare el 
golpe de la acha. 

Quiere decir ^ que el qtie daña y y hiere á otro, 
sitnifre debe ser sospechoso. 

FÁBULA XI. 

Del Ciervo , de la Oveja , y del Loto. - 
^l que traxere engaño, resistele con otro engaño^ 

JL^os engañadores , cuando piden alguna co-. 
$a por Iraude, traen malos medianeros, y tes- 
tigos , vegun se contiene en este cxcmplo. El 
ciervo pedia un moyo, ó hanega de trigo á la 
Ove)a, diciendole, que se lo habia prestado pa- 
ra se lo tornar para dia cierto , ya pasado , y 
eso pedia escando el lobo presente , y hacien- 
do fe de ello. La oveja espantada por la pre- 
senc"a del lobo , conoció que era verdad, aun- 
que no habia sido asi , y pidió plazo para lo 
buscar , el cual por el ciervo le fue otorgado. 
y pasando el término, el ciervo tornó á de- 
mandar el trigo, al cual se dice haver respon- 



103 
ífldo la ove'a; Tú hieres el campo con el pie; 
el lobo es ido do se p.íga, yo te prometí lo que 
no te debía, por miedo de romper contigo en 
palabras e;>tando en tu compañia mi cap'tal 
enemigo: grande es el engaño que traes , el 
cual por ahora no te apí;ovechará que note pa- 
garé lo que no te debo 

Ilstafahí.la nos cuse. úa , que helemos eiigU" 
ñnr al que, nos quiere e'igaíiarj por nos ¿icfi/iJef 
de él. 

FÁBULA. XIL 

Del Calvo y y de Li Mosca. 

Por el enojo que otro te causa-¡ no hagas mal á ti. 

V^osa es de reir del que se hace mal , ó inju- 
ria á si, por algún cno'o que otro le haga, co- 
nio se cuenta en esta Fábula del calvo , y de 
la mosca , la cual le mordía , y picaba cada 
día en la calva , y el calvo no cesaba de dar 
palmadas en ella , por tomar la mala mosca: y 
ella, riendo, y burlando de el , no dexaba de 
lo eno-ar , el cual se dice que le dixo así : Ca- 
ta , que buscas la muerte porque puesto que 
me hieras, o in'uries ^ m.í, ligeramente me tor- 
rari conmigo en gracia , por machas veces 
qitc yo me moleste , y me haga mal . y tú, si 
vna vez te hiero, morirás sin gracia alguna. 

J-J.'-ta Fábula s'iguipca , que no deoe alguno 
■procurar enemistad por causa de delectación i y 
placer haciendo sin ratón , y mal d otros , qut 
puede ser in'uriado sin pena de aqiicl á quien in- 
juria , y perturba. 



104 



FÁBULA XIII. 



JDe la Raposa , y Cigüeña. 











tJí «/ hirtcidor fuere lurlado , súfralo de agvado, 

JLjo que no quieres pAra ti, no debes procu- 
rar para otro, se colige de esta íahuh. La ra- 
posa combidó primeramente á la cigüeña , y 
pu'ío delante de ¿lia el manjar, y vianda rala, 
y no espesa , en un plato, del cual no podia 
bien tomar con el pico, y asi se torno del 
comb'.te para su casa hambrienta. Después de 
algunos diris pasados , ella rogó ú la raposa, 
qie se fuese con ella á cenar? y acordándose de 
la burla, que había recibido de la raposa , di- 
cen que la cigi:eña puso las viandas centro de 
un va:o de vidrio , en el cual no podia cabsr 
el rostro, ni boca de la raposa. La cigüeña, co- 
jnensando a comer primero de aquella vianda, 
y alabándola como era buena, y sabrosa rogó 
á la raposa j que comiese de ella , la cual sin- 



tiendo la burla , y vlenííose escarnecida, álce- 
se que la cigüeña le di.xo asi: Amiga, si bue- 
na vianda me diíte á comer, toma otra tai , y 
si no lar tomas por mal debes de perdonar, que 
es galardón de tu traba o , y asi se paga una 
burla , ó ¡niuria , por otra. 

K&ijiiiere esta Fábula á todos los hurladons 
de dicho ^ ó de hecho , que cuando otra semejante 
íurla se le torna d 'nacer , qii¿ lo tomen en pa- 
ciencia . 

FÁBULA XIV. 

Del Lo. o , y de la Imagen, 

lia hermosura sin prudencia , es como Imagen 
sin sentido. 

JL/c los ignorantes recuenta el Autor tal Fá- 
bula. El- lobo liilló una Imagen en el campo, 
la cual una , y dos veces rebolvió , y dlxo: O 
cuanta heI•mo;^ura hay en tí, mas no tienes sen- 
tido , ni cerebro. 

lista faitíín se dtce de aquellos que tienen 
gloria , hermosura y y hunra , y no han -pradenday 
ni saf^er-¡ y puede bien aprovechar n ¡as mugcres 
hermosas , que carecen de graciosidad j las cua- 
les se pueden Lien decir imágenes sin espíritu. 



10$ 



FÁBULA Xy. 



JD< la gfaja ■, y de ¿os Pavones^ 



'^^^^^ 




i \:A^^ 







iPt que Se ennobtece. con lo ap^eiio ■, al tiempo -que 
le es quitado ^quedará afrentado. 

-Tl-inonesta esta Fábula , que nlngiíno debe 
hacer grandes miuestras de las cosas age ñas: 
nías que es mcor, que de eso poco , que tie- 
ne , se comporte, y componga, porque cuan- 
do lo que no es siiyo le fuere quitado no sea 
traído en muy gran vergüenza. La graja , lle- 
na de sobervia , tomando una vana , osadía 
pi'es'.mió de se componer, y vestir de las plu- 
nvas de los pavones que hallo; y asi , mucho 
guarnecida, menospreciando á siis iguales, eüa 
se entró en la compañia de los pavones , los 
cuales, ^conociendo que no era de su genera- 
ción , y naturaleza , por fuerza le quitaron las 
plumas , y le dit-ron picadas, y la acocearon. 
y asi, escapando medio muerta, y gravemente 



I07 

llagada, habla vergiienza, como estaba asi des* 
trozada , y despedazada de su propia genera- 
cioai , dqnde en el tiempo de su pompa á mu- 
chos de los amigos in urio , y meno5precio, á 
la cual se dice, que dixo una de su l¡i age: Si 
%ú huvif.'.es amado, y estimado á estas virtudes, 
que naturaleia tedio, asaz te huvicran abasta- 
do, como son de ellas contentas otras tus se- 
mc'antes , y asi no padecerías in-uria , ni d^ 
rosotias fueras lanzada , y echada , y te fuera 
bueno, si vivieras contenta con lo que natu-= 
raleza te daba, 

FÁBULA XVL 

Pe la Mosca , y det Mulo, 

Viendo su tiempo los pequeños , amenazan á lo^ 
mas valientes que el os. 

jf\_Igunos valiendo muy poco, se ensañaban, 
mostrándose contra los me ores que ellos, y 
amenazan, diciendo, qre han de hacer cosas á 
que no fe estiende su poder, según nos mues- 
tra esta Fábula. La mosca , asentándose sobre 
un madero del carro, dixo al mulo: O cuan pe- 
rezosamente andas, por donde anda m^as pres- 
to , si no yo te heriré' en la cerviz, de manera 
que muy bien lo sientas, ú la cual el mulo res- 
pondió : Yo no he miedo de tus palabras, sal- 
vo he miedo de este que está asentado sobre la 
silla, el cual nos rige con el freno, y «lun con 
el azote , el cual nos hace andar camino, y á 
este temo yo , y no á tí : mas tú , loca , y so- 



io8 

bervia, que vales para enojar á otros mas fuer- 
tes que tú. 

Quiere decir , que á las veces , vlerdo tiempo 
los pequeños , y Jlacos , ameiia'zaii los maycres^ 
y mas valientes que eilos- 

FABÜLA XVII. 

2?e la 3Iosca , y de la Hormiga. 

111 que vanamente se fi^aha , su vana alaían'zct 
se torna en nada. 

JLJos que vanamente se alaban, muchas veces 
vienen á nada , según que se nos e»iseña , y 
declara por esta Fábula. La mosia, y la hor- 
miga contcndian sobre cual de ellas era n-e or. 
Y comerzo la mosca primero á razonar , di- 
ciendo de esta manera. Tu no puc-les igualarte 
conmigo por cuanto yo te lleve' venta a en 
todas las cosas: que donde quiera que se sacrl- 
üca alguna vianda, yo la guiso primero; y me 
asiento asimismo en la cabeza del Rey , y beso 
las damas, y mugercs dulcemente, cuando me 
place, de lo cual todo tú no tienes rrada. Dixo 
la hormiga contra ella: Tú eres dicha mala 
pestilencia , la cual alabas tu importunidad, y 
poca vergüenza; por ventura desean á tí para 
alguna cosa de eso que dicesi A esos Reyes, y 
matronas castas, sin vergi-enza alguna te llegas, 
y dices todas las cosas ser tuyas , coni'^ seas 
echada donde quiera que llegas, como aquella 
que es injuriosa, y enoiosa: tú eres, y conva- 
leces en el estio, viniendo- el irioj y ú heladi^. 



109 
Jueoo eres desmayada , y muerta , mas yo soy 
muy deleytosa en ei veíano, y en el invierno 
soy segura, el tiempo me conserva sana, mu- 
chos placeres, y gozos me siguen, mas tú con 
azote ventoso te ahuyentas , y te echan. 

QuUfe decir cstd, 'Jííc quien et sí mismo aldbay 
y otros maldice , y desalaba de aquella, mistnck 
medidii 5 (S medido ^ r desalabado dt otros, 

FÁBULA XVIII. 

Del X.óho , 3/ Raj^osa. , y JCimio. 

Si qu€ ha las hechas , ha las sospecJtas* 

X-/1 que por engaño una vez escarnece, slem-* 
pre vive sospechoso, y torpemente , y aunque 
después diga 'verdad ., no es creido , como se 
colige de esta fábula. El lobo con gran ira acu- 
só 5 la Rap')ái de hurto, y ella negó muy fuer- 
temente, diciendo, que era sin culpa. En este 
pleyto era el Juez el ximio , ante el cual ale- 
gaban sus razones , y descubrían sus crimines 
de ambos , entre los cuales el mismo ximio, 
Sue2 justo, y discreto, juzgando entre las par- 
tes, áió sentencia, según lo que en el proceso 
halló. Porque el lobo no habia perdido lo que 
él pedia , y acusaba. Empero él creia , que la 
raposa algo había hurtado , aunque rasamente 
lo nega-íi en uiicio. Por lo cual mandó , que 
fuese entre elios concordia , que quedasen en- 
trambos por so5pechosos , cada uno de ello* 
por su distinto respeto. 



lio 

Pof cuanto los que cometen engaños -^ V fulse-* 
dades ^ siemprt vive-i sospechosos. 

FÁBULA. XIX. 

De la Comadreja , y del Homhre. 

2^0 solamente se ha de mirar' la obra , tnas Id 
voluntad con que sé hace. 

J\. las veces , los que sirven bien son escar-» 
iiecidos, y engañados j cómo no sirvan de co- 
razón 1 mplo, y bueno, cerca de lo cual habla 
este .exéfnplo siguiente. Un hoiíibre tomó, una 
comaircii en uno con los ratones , y viendo 
ella que no podía huir, dlxole: Ruégete que 
ine sticltes , que muchas veces te he limpiado 
tu casa de los enojosos ratoñCs. -A lo cual se 
dice haver respondido eí hombre asi: Eso no 
hiciste tu por mi causa , que si tu lo huvieses 
hecho por mi respeto , yo te perdonaría, y te 
soltaHa, mas tu mataste los mures por comér- 
telos, y tener vianda para tu provisión, y por-* 
que lo que quedase, y «i mi sobrase, y los mu- 
res havian de comer, tu lo comieses, y te go-* 
zases, y no por otra causa limpiabas mi casa, 
salvo por el provecho, solo qu2 tu en ello sen- 
tias , y asi no era tu voluntad de servir á mí, 
mas átí mismo , porque te digo que no me- 
reces perdón. 

Slgnipca esta Faínla j qué es de considerar^ 
y mirar la voluntad con que hace el homln algu- 
na, cosa, y no tan solamente si hecho, ú obra. 



FÁBULA XX. 

X)¿ la Rana , y dd Buey. 

£/ q^í¡¿ mtichó se quiere henchir j por fuerici hd 
de reheiitar. 

^i algún p.obre quiere igualarse con algún 
poderoso , el tal se destruye , y perece , según 
muestra esta Fábula, tina rana , viendo pacer 
á un buey en el prado, pensó entre sí, que po- 
dría ser tan grande, si aquella su piel, y cue- 
ro arrugado pudiese henchir^ y asi'comer.zó á 
hincharse, de manera, qae parecía á ella, qué 
era grande , y preguntó á sus hijos, si era tan 
grande como el b\ieyí A la cual respondieron! 
sus hi;os , que no. Ella se hinchó otra vez , y 
les tornó á preguntar-: Soy. tan corpulenta? 
Ellos-respondieron , que ño se igualaba con él 
en cantidad. A la tercera, vez comenzóse. í hin- 
ch.ir con gran fuerza , de manera que rompió 
el Querp;, y rebentada murió, y, por eso se dice. 
"oq ■-: ^ V- ■ •- 

2^0 te hinchis , j no rehentarás. 



LIBRO III. 

PE LAS FÁBULAS BEL MUY 

clarisimo, é ingenioso Fabulador 
Isopo. 

FÁBULA I. 

Del León y y del Pastof. 

jEJ/ que íuéiía ohra de otro recibe , en. ningún 
tiempo la olvide. 

V^ue lós^poderoáos á'ébeft hacef gracias á los 
peqi'eñbs , y menores. Y que aunque pase 
iargo'tiempo , ño deben olvidar la gracia los 
que la reciben, pruébase está Fábula. Andan- 
do el león en una montafia^ erro el cansino; y 
asi, pasando por un lugar muy espino*o, se le 
entró una espina en la mano , la cual le causó 
materia , y veneno en ella. Y yendo por el 
rnonte cojó de la manó, encontró un Pastor, 
al cual, ,como viese el león , comenzó de lo 
alhagar con la cola , teniendo la mano alzada, 
viendo el Pastor venir para si el león fuerte, y 
espantoso, ttirbado de su presencia, comeneó 
de darle del ganado , que comiese; mas el 
león , no curando de comer , mas antes bus- 
cando medicina , puso la mano en el seno del 
Pastor; y como viese el Pastor la llaga, y hin- 
chazón en la mano, entendíalo que qiieria el 
león , y con su buen ingcnitr, con ui^a alesna 



aguda poco á poco le abrió la hinchazón, y Té 
saco la espina, juntamente con la materia. Sin- 
tiéndose sano, el león , por esta mediio.na, la- 
mió la mano del Pastor con la lengua, y asen- 
tóse ^ su lado ; Y tomando poco á poco sus 
fuerzas, fuese deél salvo, y sano. Después de 
esto , fiic tomiido para estar en el arena del 
Anfiteatro, o lugar de las armas, y rieptos. 
Este Pastor fue preso por la justicia, y fie sen- 
te üciado que fuese dado á las bestias en el An- 
liteatro donde estaba el león. Y dexando al 
Pastor en la arena, salió el león para e'l con 
grande Ímpetu , y furia , llegando al Pastor, 
luego, lo conoció , y asi comenzó de alzar los 
oíos, y la cara para el Pueblo, con gran gemi- 
do, y rugido, y tornando para la gente, asen- 
tóse con el que tenia cargo de las bestias , y 
hizo ante él señales , porque entendiese que 
fuese á dar recaudo a sus cosas , y de cabo vol- 
vió para el Pastor, del cual no quiso apartar- 
se , ni dexarlo solo ; por lo cual entendió al 
Pastor , que el león estaba ende por su causa: 
y de esto presumió, que era aquel el leen, que 
havia sanado, y sacadole la espina en la mon- 
taña, y viendo esto, fueron dexadcs ambos, 
para que fuese donde quisiese. Y el león no 
quiso irse, mas antes defendió al Pastor. El 
Pueblo, viendo todo aquesto, fue muy mara- 
YÍllado, y preguntaban que cosa era , porque 
no comia el león aquel hombre; y coma el leo- 
nero recontase todo el hecho , rogaron todos 
por el perdón de ellos, y asi fueron dexados, 
y librados entrambos , y el león fue para las 
montanas , y el Pastor para su tierra. 
H 



114 

Aquesta faVula nos amonesta. , ^ne ninguno 
sea ingrato de la gracia -, tjiie recibe , mas antes 
que haga otra gracia , ó servir , citan Jo el casó 
st ofriciere , á aqi el de criden recibió gracia á 
¿«nejício. 

FÁBULA II. 

Del Cavalh , 1/ da¿ León. 

J^lnguno se alabe del oficio que no sabe. 

.A.luellos se pierden vanamente , los cuales 
lio siben alguna arte , según que se contiene 
en esta fábula. El león muy fuerte , vido al 
cavallo paciendo en el prado , y pensó como 
lo podría matar. El pensando como lo matase, 
por se llegar á él mas seguramente, íirsgió que 
era su gran amigo ^ y aun lo disimuló sutil- 
mente ser gran íisicó, y asi se llegó al cavallo^ 
saludándolo por palabras hermosas, el cual sin- 
tiendo el engaño , que traía el león, dio á en- 
tender, que no se recelaba del león, mostról e 
alegría , porque su olicio era íiS'co, y por otra 
parte pensó uir engaño en esu forma : El fin- 
gió que se le havia metido en el pie una espina, 
y dixole: O león , hermano , como he grande 
alegria con tu venida , porque creo que Dios 
te traxo aquí .í me librar, ruegote que me so- 
coíl'as , pues eres físico, y sácame esta espina 
del pie, que me' fatiga mucho. El león mos- 
trando, que havia, petar grande desu mal, mas 
otra cosa teniendo en su corazón, llegóse á sa- 
car la espina alxavallo , el cual le dio un par 
de coces en l.i fvente, y el leo^n cayo end sue- 



lo de tan fuerte golpe, y estuvo sin sentido 
un buen espacio; mas como tomase sentido, y 
fuerza, tornaiido en sí, no vido mas al cava- 
lio, y viendo como estaba herido, y descala- 
brado en la cabeza, y cara, dixo entre sí: Por 
cierto, dignamtnte be padecido este mal, que 
yo venia so especie de pacifico, y manso , di- 
simulando que era físico j y venia por hacejrle 
mal como enemigó. 

Y^ asi nos muestra está fdhitld , que no dthe 
mostrar el hombre otra cosa, dé lo que es, ftics 
que se divc t^ntr ^or quién es ^ y no se alaha'r 
de oficios , que nó sabe , si no qultre caer tn ven-^ 
gnw^a. 

FÁBULA ilí. 



Del C avallo ^ j del jísno. 




T-l <^ií¿ se 'jure en -prosperidad , no menásprede 
di pobre. 

jL¿o& que se ven en prosperidad, no deben ha- 
Fa 



ii6 

cer Injuria á alguno , deben conocer , que lá 
rueda de la fortuna es dudosa, y se p'.ede mu- 
dar , según nos enseña esta labiua. Un caballo 
hermoso de cuerpo, nievo, y muy ornado, 
apuesto , y ader.zdo de guarniciones platea- 
das , y doradas, se encontró en un camino es- 
trecho con un asno , el cual venia cargado de 
luengas térras, y porque no le hizo lugar pres- 
tamente , sino de>pacio, porque venia cansa- 
do , dicese que le aixo el cavallo: Maravilló- 
me comn no te despedazo á coces , porque no 
me hiciste lugar para que pasase, y aun debie- 
ras estar, y quedar mientras que yo pasaba. El 
cuitado del asno, espantado de la sobervia del 
cavallo, callando entre sí, gimiendo, se que- 
xaba de los Dioses. Después de algunos dias el 
cavallo corriendo rebentó, de manera, que no 
se pudo reparar, y asi enflaqueció, que no per- 
tenecía á su señor, por lo cual mandó, que lo 
llevasen á su heredad, para llev.ir , y acarrear 
estiércol para las t'erras , y viñas, por lo cual 
el cavallo dexados los arreos plateados, y do- 
rados , huvo de tomar albardas , y aparejos de 
traba'ar , y asi se iba cargado por esos caminos. 
El asnillo mismo, paciendo un prado, conoció 
al cavallo, al cual de esta maneVa maltrató , y 
deshonesto: que te aprovecharon aquellos or- 
namentos, y guarniciones., para que mehuvie- 
$es menospreciado en aquel tiempo, tomando 
gran sobervia , v osadía contra mí , ahora usa 
como yo de estos nuestros oficios de aldea: 
Donde es ahora aquella tu sobervia, y silla tan 
preciada , aquella tu gramicion dorada-? Don- 
de Qstá tu hermosura de cuerpo, todos tus bie- 



117 

nes son tornados en mezcJuíndaJ y desventura? 
JEnseáa'ios esta fábula ^ me e¿ voderoso^ en 
el tiempo de su prosperidad -y' no dele menosprc^ 
ciar a! po'^re^ /. orq: e si cayere , no se escarnezca 
de ¿7, antes dts'e hacer éte.! , y ayudar al pobrij, 
pori2U0 filien quiera , pi:ede venir á ser pobre* 

FÁBULA IV. 

I?3 fas Bestias -, y de tas Aves^. 

JUt que n'e¿a á ios suyos y^ razpn es que sea de 
elios negado. 

X }c los hombrea de des Iengi;as puso ta! fá- 
bula el Isopo. Aquel qre en dos partes se mos- 
trare empecíale, y contrario , entre ambas par- 
tes vivir-í sin agridccimiento , é ingrato, y 
strá muy culpante á si mismo. Las animalias 
bestias naoian muy cruelísima guerra con as 
aves, y peleabm muy forfcisimamcnte , y nin- 
guna de las partes aflcxaban: mar, como mu- 
chas veces estuviesen en treguas , el murciéla- 
go, temiéndolas graves y tuertes venturas de 
la guerra, y viendo como las bestias eran muy 
n^ay ircs, dióse á ellas como á vencedores. Sii- 
plraniente viniendo el águila, v favoreciendo, 
y esforaindo las aves, entre) entre ellas, y mo- 
vieron contra las animalias, y en tanto grado 
peleó el águila con toda su compañia, qiie hií- 
vieron de hñir las animalias, y asi quedaron 
vencedoras las aves. Después de lo cual huvo 
concordia entre ellas, y hicieron paz, según 
que lo usaban en los tiempos pasados, y el 



inurcielago , que se pasó de sus parientes pars^ 
ios contrarios, fue condenado por sentencia de 
ias aves, quef le fuesen quitadas las plumas, y 
que siempre huvese de la luz , y asi v jlase de 
Tí oche desnudo y sin plumas. 

Quiere, de-ir , qtie quien dexa su parentela., 
•y genera, ion , v se pasa d los contrarios , que es 
ra'zon que no haya , ni goce de cosa , ni de liber- 
tad alguna de su nat( rahz/f ; porque no es buen 
ciudadano el que trata con los enemigos de la, 
Citidíídy como fuída alguno servir d dos sifiores . 

FÁBULA V. 



Del Valcon , v Rnvseiíor. 




^tnguno haga d otro en^dín ,> por<,uc 
detrás , que le arma lasos. 



otro está 



E 



íl que arma asechanzas contra otro, convie- 
ne qTie tema , porque no cavga en su misma 
malicia, según dice este exemplo. Como estu- 
viese asentado el falcon en el nido á^i ruise- 



í^9 

ror, para mirar, y especular las albas cíe las 

mañanas , hallo alíi los paxarillos , hijos del 
ruysenor, el cnal, viniendo para su nido, ro- 
gó al falcón que no hiciese mal ninguno á sus 
hi os. Respondió el falcon: Haré' lo que me 
ruegas, si me cantares bien. El ruysenor, por 
miedo de perder los hi^os, aunque no de gana^ 
comenzó de cantar, al qual dixo el falcon: No 
cantaste bien; y asi, tomó un hí"o , y comcn- 
55ÓI0 de comer, y .; esta misma hora, llegando 
dende un cazador _, lo prendió en un lazo, que 
■ ■ armó calladamente , y lo echó en tierra. ¡ 
Y asi , aquel que contra otro pone lazos f 
asechanzas ., si no se guardia ^ cae en otras redes^ 
y lazos semejantes , for cuanto el evgañaaor^ 
Tfiientras defrauda á otro ^ no se guarda^ ni mira 
•por sí ; y asi se engaña él mismo de otros , eit 
tanto que él •hace mal ct otro. 

FÁBULA VI. 

Xíe la Raposa , y del Loho. 

2^0 dehe el homhre hacer daño á otro , porque 
no lo hagan d él. 

JT^ ;.'uda la fortuna i los buenos, y malos , y 
aq. ellos que no favorece, desdeña, y indígna- 
los , y esos qu^ traen llaga en el corazón; con- 
tra l'SÍque hm buena fortuna, su misma ma- 
licii los pervierte., y trastona, según se colige 
de e>ta fah-la. £1 lobo aiuntó mucha carne, y 
vianda eü su cueba para su mantenimiento, y 
vivir delicadamente á su placer por largos dias. 



nao 

Xa raposa . conociendo esto , vino á su cueba 
con embídia dee'l y dixole: Porque ha muchos 
días que no te he visto, ni ha vemos andado en 
compañía, he estiido muy triste, por donde te 
ruego que me quieras consolar. Él lobo , co- 
nociendo la llaga en su corazón, respondióle; 
Tü no vienes aqui tan cuidadosa por mí, como 
por causa de me tomar alguna cosa, y asi no te 
recibo en gracia tu venida , porque soy cierto 
xjue vienes por me engañar. La raposa, havien- 
do gran pesar de estas palabras , fuese para un 
pastor, y dixole asi: Hacerme has alguna gra- 
cia , si te diere oy en este, día en tus manos al 
enemigo de tus ovejas, y ganado , de manera 
que de aqui adelante vivas seguro : Respon- 
dióle el pastor, yo te regraciare', y aun te -daré 
fiara ello lo que havr<ís menester. Entonces ella 
e mostró al lobo, que encerrado en su cueva, 
al cual el pastor lo mató alii con su lanza , y 
asi la raposa qmbidiosa se hartó de lo ageno, 
Pespues, como ella fuese en poder del cazador 
tomada, y despedazada de los perros , dice asi: 
Yo hice mal , y asimismo padezco mal ahora, 
porque procuré mal i otro 

Por donde debe el hombre cesar de cometer 
tnal a otros , porque otros no lo hagan ií él en la 
t/iistna. vtamrcd^ 



FÁBULA VII. 

Del Ciervo , y ¿cí Cazador, 



lai 




Jja ítiena cosa liel'e ser Ifada , y la iiiala vi-' 
tupa'ada^ ¡ 

x^omo á las veces los. hombres loan las cosas 
sin provecho , y vituperando las buenas , "se 
muestra por esta fabul?. Un ciervo , bebiendo 
en. la fuente, vio dende la sombra ce sus cuer- 
nos, porque se comenzó á alabar ¿ sí muy mu» 
cho , y mirando las piernas delgi^das , viaipe- 
rabaías. Y estando en esta coniideracion , el 
ciervo oyó la voz del cazador , y el ladrar de 
los perros , y dicese que escapó por pies , hu- 
yendo de sus enemigos. Después entrando ea 
una áspera montaña, la grandeza de sus cuer- 
nos no le dexaban andar, y asi lo tomaron los 
cazadores: entonces, viendo el ciervo sa muer- 
te , dixo: las coias que me eran provechosas, 
vituperé, y las tuve en nada, y lo que no me 
crs provechoso j mais antes dañoso alababa. 



Quiere decir , y debemos aliihar lo hieiio ^ y 
provechoso , y no lo contrario ; porcjiíe ú las ve- 
ces Lo bueno aborrecemos , y malo aquello que 
amamos i y deseamos. 

FÁBULA Vlir. 

JDc til Raposa y' n/ del Gallo y y de los ferros. 

Un engíiiío con otro se escluye, 

JUicJto esuB engaño, embarazar con otro en-i 
gaño, según se cuenta en esta íabula. Una ra- 
posa que havia hambre, &c llego á nnás gilli- 
nas que andaban con un gallo. Vista la raposa, 
snbieron el gallo, y las gallinas á un r-rbo! alto, 
adonde ella no podía subir , la cual viendo 
como estaban en el .h'bol, comienza á ha»- 
bhr muy blando, saludando al gallo, v dicele: 
Que' haces en alto asi , estando , por venrura, 
has oído las nuevas í El güilo respondió , yo 
soy ignorante de eso que hablas: dixo la rapo- 
sa: Ellas son tales, que h'avrás placerenÍ3soír, 
y yo vengo aqui por las c^ntai' , v comunicar 
contigo tan grart gozó. Es celebrado c^tícíIíó 
general, en el cual es confirmada la paz perdu- 
rable cutre todos los animales ; en tal tbtma, 
eiue de oy en adelante , sin m?edo ni recelo 
ninguno, viviremos Unos con otros en paz, ^\n 
iniuria que se haga dé ios unos á los otros: 
por donde baxaste seguramente , y celebrare- 
mos este día festival. Conociendo la fábula de 
la raposa, dixo el gallo: Por cierto buenas , y 
graciosas nuevas, y ámi muy agradables -traes. 



.Y c!o^n<?e estendiendo el gallo su cuello, y es- 
tendiendose , hacia que miraba al camino la- 
xos, al cual la raposa puguntó, qué es lo que 
miras? El gallo respondió: Veo venir dos per- 
ros corriendo , las bncas abiertas , y creo que 
nos vienen á denunciar esa paz. Entonces dixp 
la raposa , con miedo que huvo: Quedad vqs 
^n paz, que' no conviene .í rpí ertar aqui, mas 
acogerme á seguro Dixo el gallo: Por que' tr- 
ines , pi.es que hay paz; Respondió la raposa: 
Porque dudo, s'i estos perros saben de esta con- 
lirmacion. Y asi de esta maner^ fue excluido 
un engaño con otro. 

TABULA IX. 

X)e la Mugen >i y del Iilavido muefio^, 

'J^o faJta á los muertos.) de que se duelan j ni á 
los vivos de que teman. 

-OLquelia muger es casta ,;, según pienso , la 
cual no es vencida del importnaa»; ..y solicito 
amor , según prueba esta fábula. Uña muger 
mi. riendo su marido, fuese á una gran; a, don- 
de «u marido estaba enterrado , par i qi.e pase 
dende sus dias de luto , y tristeza. -Y estando 
eiia ende . cometió un hombre crimen , y ma- 
leíkio,, por el cual^fi e ahorcado, y luele pues- 
to en guarda un Cavallero, porque no le qui- 
tasen srs parientes. El cual , fatigado de sed, 
se-ailego en aquella granja, donde rogo que le 
dieren una poca de agua, la cual hallo donde, 
y reparo su necesidad de sed. Y porque el ca- 



124 

vallero víó aquella miiger , tornó otra vez 
para la granja , para ver que muger fue^-e: 
donde conociéndola , comenzóla á consolar, 
y haver conversación con ella : y donde con- 
tinuando la amistad, tornó i ella por mas ve- 
ces , en tanto grado ., que un dia , mientras 
que fue él para la gran'a , hurtáronle el ahor- 
cado. El cavaliero cómo tórnase , no halló el 
ahorcado ; y asi huyendo , viene á los pies de 
la muger , y con gran cuidado comenzósele á 
quexar , la ciial le dixo: Pésame dé tu mal, 
mas tío sé q>«e haga para ello. Respondióle el 
cavaliero : Ruegote que me ayudes , y de tí 
misma pido consejo: Ella, haviendo mií-eri- 
cordia de él , desenterró su marido , y púsole 
en la horca ; y asi encubrió al cavaliero su de- 
fecto, cotí tanta misericordia. El cavaliero, 
viendo tanto amor en la muger contra sí , la 
requirió , y íinalmente ella consintió en su 
ruego, y aunque havia sido casta hasta aquel 
tiempo, cometió hurto, y estrupo, un crimen 
en pos de otro. Y asi no falta á \ns muertos, 
de que se duelan, y á los vivos de que teman. 

FÁBULA X. 

De tit muger.) y délhomhre mancc¡h&. 

Xa mala muger .y á ninp.ino ama con amor ver- 
dadero . 

JL^as mugeres que no tienen vergüenza , por 
ingenio , iniurian á los varones , según se de- 
clara por esta fábula. Una mala muger , que 



era porfiada , como á muchos huvlese engaña- 
do , halló á uno , que muchas veces habia en- 
gañado , y in uriado. Y 5e le dio ligeramente, 
por cansa de la costumbre que habia con ella: 
decíale la muger: aunque muchos han cues- 
tión sobre mí, y me prometen , y dan gran- 
des cosas , yo amo á ti , mas que á ninguno. 
El mancebo , acordándosele de cuantas veces 
fue engañado ella, mas muy benignamente le 
respondió , dicele asi : Y yo te amo á ti mas 
que á mi luz, no porque me guardas la fe, 
mas porqne me alegras. Y asi , por palabras 
hermosas se engañaron el uno al otro según 
que ellas engañan á los otros simples : que, 
aunque ayer te hava engañado la mala muger 
no dexará de te burlar oy otra vez. Y muger 
ella sea amada , no es alguno , que sea amado 
de ella , porque. la muger carece de amor, sal- 
vo del dinero , el cual ella ama. 

FÁBULA XL 

Del Fadte , y del Hijo cftiéU 

2Los hijos se dehén castigar , cuando pequeños, 
jorque cuando grandes pocé aprovecha, 

-zi-lgunos conviene que rean domados, y cas- 
tigados , mientras son menores: porque he- 
chos mayores , no se podrían cast'gar , como 
se muectra en este exemplo. Un padre tenia 
el Hijo mal castigado, y cruel: cada dia se que- 
daba de fuera, y los suvientes evan por su cau- 



sa. heridos ¿ á los cuales el señor les cu5?nti dé 
esta manera: Un Labrador unció un becerro 
con un buey mayor ; mas el becerro con los 
Cuernos, y coces, lanzaba el yugo de sobre sí j 
y asi que quebrantando el becerro al buey, 
d.'xo el aldeano: Ko vos unció , ni ajunto, 
porque aréis , ni labre s , mas solamente quie- 
ro domar á los menores Qvé como las coces, 
y cuernos quebrantare , y lisiare alguno , con 
piedras , y palos sera amansado , y castigado. 
Y asi , conviene «í cada tino castigar sus Hijos, 
mientras son pequeños : y ellos debeíi tomar 
consejo , y doetrina de los mayores , y creer''* 
les en su oficio. 

FÁBULA. XIÍ. 



Z)é la Vivara y y de. la Lima: 




JE,Í menor debe siempre temer al mayor. 

JCrfl malo no empece al peor , ni nn jr.aíigno 
íio perturbará á otro t^al , rii fuerte , ni duro 



1^7 

na se quiere tomar con su semejante , salvo 
con los qtse menos pueden , según parece cla- 
ramente por Cita faaiila. En la fragua de un 
herrero entró lina vivora ,, y buscando alguna 
cosa de córner, comenzó de roer en una lima; 
viendo esto la lima, dixoi la Vivora -si: Qué 
haces mala, quieres tú roer, y limpiar tus 
dientes? No sabes como yo soy lima , que 
suelo roer todos los hierros ? Mas si alguna 
cosa es áspera, yo la hago llana , y muelle: y 
si buelvo de esquina , yo la corto , por donde 
no te cumple contender conmigo , poiqi;e pe- 
leando con el mas fuerte, siempre halla el hom- 
bre peoría: y asi , el mayor debe temer el 
menor. 

FÁBULA XIII. 



De los LohoSi Ovejas^ v Perros. 




Con lo {[ue el hombre es defendido , no ló yonga 
e/i £od¿r de sü enemigo. 

V^omo no conviene dexar, ni desamparar la 



ía8 

pati'on, Víiefeñsor, ise muestra en esta fábula. 
Las ovejas , y los lobos se hacían guerra los 
unos á los otros , de tal suerte , que duraba la 
cuestión entre ellos , cada una de las partes 
manteniendo la guerra: y como ellas eran mas 
por cuenta , y con los perros , y carneros que 
les ayudaban^ y era clara, y irtónifiesta la me- 
joría de las ove;as , y conociendo esto los lo- 
bos, embiaron mensageros .i las ovejas, dicien-» 
do , que querían paz con ellas, con tal que 
pusiesen en su poder los perros ^ y que ellos 
pondrían en su poder de ellas sus hijos , lo 
cual cumplieron con fuertes centraros. Las 
ove;as pue«tas en paz , los hijos de los lobos 
eomenziiron á ahullar, los lobos pensando que 
las ove>s habían quebrantado eí juramento, y 
contrato de la paz, por lo cual comenzaron de 
despedazar de ellas , no teniendo ellaá alguno 
que las ayudase , ni defendiese. 

Y asi' nos avisa , qus no debe el hófiíbre po- 
ner su defensión-, %■ ayuda en manos , y -poder d¿ 
los tnemi%os , porque tanto es , como ponerse el 
hombre mismo en su podar. 

FÁBULA XIV. 

Dd Hombre y y de los Arboles, 

Quien dd favor á su enemigo , es causa de su 

muerte^ 

\)uien dá favor, y ayuda al enemigo , cau- 
^^ sa su muerte, como parece por e-a fábu- 
la. Como el instrumentp de la acha fuese he- 



cho, los hombres demandaban el palo:, ó man- 
go para ella de los arboles. Los cuales dixeron, 
que era muy buen pato , ó madero , de dura 
la oliva montes , y mandaron que les fi eíc 
dado: asi, engastada la acha , comtnza en los 
hombres á cortar con e!Ia grandes ramos , y 
todos cuantos arboles ellos quisieron sin duda. 
Lo cual viendo, d.'xo el roble ai fresno: dig- 
namente padecemos , porque dimes el madero 
á nuestro enemigo, para aderezar lu acha. 

Significa tsta fábula , que cuando e¿ homlre 
es rogado dt su enemigo , que deba -pensar , por 
no e dar cosa con que después le pueda hacer al' 
gun malj ó daño. 

FÁBULA XV. 

Del JLoho, y del Perro. 

I,a Lilertad no se puede coffiprar. 

K^omo es cosa dulce la libertad , se prueba 
por esta fábula. El lobo, y ci peiro , ii:ntan- 
dose en la montaña, preguntó el Sobo al peno: 
Hermano , de qué ere^ asi gordo , y resplan- 
deciente? El cu.il respondió: Por cuanto yo 
guardo la casa délos ladrones, y no entran en 
ella 5 estando yo alli: y si por ventura descu- 
bro algún ladrón, luego me dan un pan, y el 
señor me dá los huesos j y asimismo toda la 
compañía de casa , y me echan cualquier cosa 
qv;e Íes s-jbra, de manera, que me harto de la? 
viandas que quiero; y yo duermo debaxo del 
teíado i ni me falta agiía, y asi tengo vida hol- 



130 

g.ida. Dice el lobo, bien (íereo hermano , que 
otra tal vida haUase, que estando ocioso, 7 
holgado como tú , me hirtase de vianJas. Al 
Cíiil dixo el perro: Si tu quieres ha-ber buena 
vida 3 vente conmigo , y no hay cosa de que 
te debes temer. Y caminando el lobo con el 
per -o, vio el cnello de el quebrantado, y se- 
ñalado déla cadena, y dicele: Dime, herma- 
no, que yigo traes, que te quebranta asi es 
crelloí Respondió el perro: Porqi'e sea mas 
bravo me atan de día, y de noche ando si e'to 
dentro de casa, y duermo donde qu'ero. Oidas 
ert-is palabras , dixo el lobo al perro: No he 
in:;nester usar de estas cosas que me alabas, 
mas quiero vivir libre , y esento á cualquiera 
co5a que me venga : yo voy donde quiero 
esento , y no me tiene alguna cadena, ni otra 
co^a me impide: los caminos son á mí francos, 
entra.las , y salidas , que tengo en los montes, 
no he mlecio alguno. Yo gusto primero de los 
ganados , v bestias , y sé engañar por arce , y 
ingenio los perros, por donde vive como has 
acostum.'rado , y yo pas.-írc también mi vida 
usada , que la libertad no es por todo el oro 
comprada: esta es la que excede todas las ri- 
quezas del mundo. 

FÁBULA XVI. 

De los manos , dt los pies , y del vitntre. 
2^ "y píense nhiQunOy que A otro no haya menestef» 
JCil que desampara- locamente á sus pariente* 



'3^ 

sepa que asimismo se engaña, ni vale el hom- 
bre alguna cosa sin los si yes, asi como parece, 
y se declara por esta fábula. Los pies, y manos 
embldioáos , acusaron al vientre, d ciendo asi: 
Tu tomas , y tienes todas nuestras ganancias 
solo , y gozas de ellas , y a nosotros es el tra- 
bao, y A ú la holganza: cuant nosotros bus- 
camos afanando , tú comes , y tragas holgan- 
do. Por donde escogei- una de dos cosas , ó 
aprende oiicio, de que te mantengas , o pide- 
ce hambre cruel , y asi lo desampararon. Y ei 
vientre , no sabiendo con que se mantener, 
con gran humildad pedia ayuda de ellos por 
una, dos, y mas veces. Los cuales se la dene- 
garon por largos dias, de manera que asi, es- 
tando sin comer muy largos tiempos , el calor 
del estomago murió , y desfalleció , y la sed 
encerró la garganta , y a^í huyó la natura. Y 
las manos , aunque tarde , viendo como el 
cuerpo todo iba á morir , y ellas mismas con 
el, traenle viandas, y manjares en abundancia. 
Pero no le aprovecHaban , por cuanto no las 
podia tomar ni comer. Murióse el cuerpo to- 
do, con las manos, pies, y estomago. 

Quitre iiecif esta fábula , que ninguno hasta 
para, sí , y que todo hombre ha menester parien- 
tes ■) y amigos, y que dehetnos traha:ar todos ca- 
da uno en su oficio, aunque á primera vista nos 
parezca que trabajamos para otros' porque obran- 
do para otros, d»l provecho que ellos han en ello, 
redundará á. nosotros parte:, y si no lo hacemos 
por otros . á lo menos qu¿ lo hagamos por el bUti 
que, recibiremos nos mismos. 

I2 



i3« ^ 

FÁBULA XVII. 

I)e la Mona y y Raj.wsa. 

JjO que al homhre no aprovecha , y otro lo ha me-- 
nester, no lo dele retener. 

Xirfsta fábula se dice del rico, y del pobre. La 
mona rogaba a la raposa , que' pues tenia tan 
gran cola , y veia que ella no tenia nada, que 
le partiese un pedazo, pai*a que ius nalgas muy 
torpes cubriese con ella , que no ¡aprovechaba 
á elía níisma cosa la demasía del rabo , antes 
le era carga , y gi'^n impedimento, que le ar- 
rastraba por el suelo. A la cual se dice haber 
respondido la raposa : Solamente porque note 
cubrieses , para ser mas honesta , y hermosa, 
recibiendo de mí alguna cosa, yo desearla de 
la tener mas larga, de manera que me arrastra- 
se po. la tierra, por las peñas, espinas, y lodoi. 
IL it A. fíbula amone Si ii cí los ricos avarientos j 
que liO retengan lo que ¡es sobra , v no les apro- 
t>4cfiay antes lo d.n ú los que lo han menester. 

FÁBULA XVIIL 

Del Mercatíer , y Áel Asno. 

^0 desees la muerte por holgar , si después has 
dd penar. 

Jl\jLuchos después de muertos aun son ve-a- 
dos, y trabajados: porque ninguno debe desear 
la muerte, según prrcLa eíta i.ibula. Un com.- 
prador se íu« po» un calnino con un asnillo á 



gran priesa , por llegar á una feria hiriendo a 
menudo su bestia con el azote , por causa que 
I'; carga liegaye mas prc'5to , y íjanase en ella: 
El asno , vieoviose cargado , y azotado, y ca- 
minando allende, y mas que sus fuerzas alcan- 
zaban, deseaba la muerte, pensando de ser se- 
guro dfvpues de muerco ,* y asi , quebrantado, 
Y caneado murió: aun despiies de él mi-erto, 
nicieron ie su cuerpo panderos que son siem- 
pre batidos , y heridos. 

Quiere decir , que ninguno no p'-*'ise njie ta 
■mue-'te le será holgara , f:}rc!ii: no se P^aua la 
hj!^a>iza por muerte j mas por merecimiento. 

FÁBULA. XIX. 

Del Ciervo , y M Bv.evi 




X,a libertad del que htye , á la ventura se 
atril' lixe, 

\ ÁGS, que huyendo no son suyos , mas por la 



rortuna se salvan, como parece por este exem- 
plo. El Ciervo, perturbado, y espantado délos 
cazadores, huyó á la primera Villa, por esca- 
par de ^Uos, y entróse en un establo, y recon- 
tando al buey 5 que halló en el caso , porque 
alli era venido, el le respondió en esta forma. 
Porq ié quisiste venir aqui, mezquino, á mo- 
rir í Me or estarlas en la montaña , donde an- 
darías á tu placer T que aqi'i en peligro. El 
ciervo le ruega humildemente , que lo cubra 
siquiera hasta la noche , porque pudiese /r su 
camino seguro : al ctial el buev mostró un lu- 
gar obscuro del establo. Y como no fuese vis- 
to de los Pastores, que venían al estibio con 
heno, ho as, v provisión, el ciervo estaba muy 
alegre , haciendo mucha-^ gracias al buey, que 
asi lo hab.a encub erto. E i esto el mayordomo 
de la <;asa entró en casa , donde se dice , que 
dixo el buev al ciervo: Si este que tiene cien 
o os no te viere, salvarte hemos; mas si el te 
vé, haz cuenta que eres muerto. Acabadas es- 
tas pa-abras , ^1 m1^'ordomo entró en el esta- 
blo; y porque otro ^.^la antes vio algunos bue- 
yes , que estaban flacos por culpa de les c'er- 
vos , comenzó de mirar todos los pesebres ; y 
como los vio vacios, y la yerba pu.esta en otra 
S;í ensañó con los sirvientes, por lo qual entró 
en el eitablo á dar yerva á los hueves , y vio 
los cuernos ¿el ciervo bien altos Por lo cual 
el señor llama á los Pastores , y les pregunta 
donde havian traído aquel ciervo? Los cuales 
le respondieron , que no sabían Diceo'l: Pues 
coino vino aquí? Al cual toJos juraron , que 
no sabían nada. Y asi fue aleare el señor por 



T3- 

el ciervo , que vino por si , al menos cue alf 
guno io rraxese , y estuvo donde el ciervo po 
muchos dias. 

K ta f ai ida significa , mt ningt¿H huido es 
sino , mas vieue a la vtntttra. con los estrauos, 
V que el sthor dict ser atento , y solicito en sus 
cesas. 

FÁBULA XX. 

De la conversación tnga'iosa del León» 

Contra Tiranos i no aprovecha el hablar ni callar* 

^omo hablar cerca de los Tiranos es pena, 

?' callar es tormento, muestraíe por e.^ta Fabu- 
a. El león, hecho Rey dolos animales lieras, 
quería , según que los otros Reyes , alcanzar 
buena fama, no queriendo usar de sus cruelda- 
des , se:i> n que en los tiempos pasados solía. 
A las cuales todas renuncio , y mudó su cos- 
tumbre, V uro pública, y solemnemente de no 
empecer,' ni damnificar á alguna bestia, ó ga- 
nado , salvo solamente comer su vianda sin 
sangre. Y después, com.o no pudiese muiar su 
cosnimhrc , le peso de esto que habla jurado, 
asi comenzó de tomar, y traer algunos t.^ se- 
creto pnr los engañar, a los cuales deni-Miia- 
ba , si le olía mal la boca ; y los que decian, 
que m:i le olia , como á los que declan , que 
no, o callaban por 5u rasero "los mella, y des- 
pedazaba. Y dcsp:;es pregunto /) la mona, sí 
le olla la boca? La cual respondió , qu • no, 
mas que ant:s le oiia bien , y mis qne comió, 
y que Io« akaixs de los Dioics. Ei León , ha- 



ri6 

Bien cío una poca de vergüenza de aquella mo- 
na , que tanto le alababa , la perdonó por en- 
tonces: mas donde á poco mudó el proposito: 
y inventó manera como la engañase, y íingió, 
que estaba enfermo , j mandó llamar los Me- 
dico? , ios cuales , tocando el pulso, vieron la 
alteración, que era poca, y leve> dicenle, que 
porq le el fastfo de las vian.ias W, caucaba al- 
giin sentimiento , que tomase algunas viandas 
ligei'as por causa de digestión. El león , como 
á los Reyes todas las cosas parecen licitas , y 
les son elevadas , dixo : La carne de las monas 
es cosa que nunca comí , queniala probar. 
Xrego le fue traída aquella mona ,-pira qre 
comiese por vianda, aunque primero habia 
bien hablado ; y asi , no le aprovechó su buen 
hablar , porque fue muerta , y comida. 

Quiere decir este eremplo , que con los tira-' 
nos-, ni basta hien hallar , ni callar \ j>crqae 
sin catisa , y razón destruyen á quien quiera. 



LIBRO IV. 



137 



DE LAS FÁBULAS DEL MUY 

clarísimo y sabio fabulador 

Isopo. 

FÁBULA I. 

Tfe la Rttifosa , -v ^íc fts Uhas. 




Prudencia es di tmtilar , ^nc no se procure la 
cosa , cuando no se puede alcanzar, 

V íendo la Raposa los racimos de las iií>as 
maduras , codiciando de comer dé ellas , ima- 
ginaba; y tentaba toda manera de subir al par- 
ral por alcanzar , y comer de ellas; mas como 
todos sus pensamientos , y tentaciones ñicsea 



136 

validos , y no pudiese alcanzar , ni satisfacer 
á sil deseo , tornando en su tristeza, comienza 
á decir asi: Aquellos racimos, aun muchos 
son verdes , y agraces ; y caso que los pudiese 
alcarzar , no los comería , y asi no se me dá 
nada. 

Significa esta fahtila , que es -prudencia , y 
salidor a disimiular , -v niostrcir (]ue no há gaiía^ 
tii quiere al^zi ñas cosas el que as desea , en espe- 
cial cuando él conoce-, que no las podría alcansar» 

FÁBULA II. 

De la Comadreja , y del Mnr. 




ItO que ¿as fuerzas no pueden , cL ingenio , y 
arte lo suple. 

jti/sta Fábula muestra, q- e todo hombre debe 
aprender oficio , y arte ; porque alguno puede 
hacer por ingenio , lr> qi-e por la fuerza no 
podia hacer. La comadreja vieja , que no po- 



-^9 
<Jia seguir los mures, embolcose, y embolv'o- 
se en harina, y púsose en lugar obscuro, que- 
riendo, sin traban, engañar y deitruir .i los 
ratones; y viniendo un cuitad i mur, ignoran- 
te, pensando que era algr.na vianda , llegóse 
acia e.Ia, y asi preso déla comadreja, fue muer» 
to , y comido: y asimismo llegóse otro ratón 
segundo, haj;ta el otro tercero, fueron todos 
tres engañados. DvSpues vino donde un otro 
ratón de mas dias, y cauteloso , el cual cono- 
cía todas maneras dé arte , y de ingenio , asi 
las rateras, como las cabás , lazos , y culebras, 
y otroí modos de engaños, y fraudes; y cono- 
ciendo aquellas artes, y asechanzas del enemi- 
go, dicese que le dixo: Induces, y atraes á los 
mures ignorantes, y inocentes, y los comes, y 
tragas: mas por artera queseas, a mí no toma- 
rás , que conozco tus engaños. 

FÁBULA III. 

Del Maquero , y del Lóho. 

Muchos ha\¡ de dulces palalras , y en las otras 
perversos. 

J^\ que tiene palabras blandas, y es infiel, y 
traydor , peca en su corazón , y séc¿ conocido, 
según muestra esta fábula El lobo , huyendo 
del cazad:;r, que le seguia , fue víelo de un 
Pastor , donde se escondió , el cual lleno de 
pavor , y miedo , rogaba mucho al baquero, 
que no le descubriese , diciendo que le supli- 
caba por los Dioses, en los cuales tenia su es- 



14'^ 

peranza, que no fuese causa de su mal, y muer- 
te. Respóndele , y promete el Pastor , q.:e el 
sería seguro , porque mostraría al cazador á la 
parte contraria ^ de manera, que íuese en paz. 
jDonde .i poco vino el cazador tras el lobo, y 
rogaba al baqnero, C[ue le dixese del lobo, que 
el seguía. Respondió el Pastor: Yo le vi venir, 
y paso por aquí á la parte sin'estra y aHi(dixo) 
rwe parece que podrás bien preito hallarlo, mos 

f'or la otra parte le guiñaba , y señalaba con 
03 OÍOS á la parte diestra , donde esta el lobo: 
mas como el cazador no mirase en esto, fuese 
quejosamente á la parte siniestra , v escapo el 
lobo. Entonces dixo el Pa.stor al lobo: Qué te 

Íarece , agradecesmelo porque le he escapado? 
lespondió el lobo: Por cierto, á la tu lengua 
hago muchas gracias , mas á los tus o^os enga- 
ñosos pido que hayan gran ceguedad. 

l'^ste exemplo es coiitra aquellos que pancen 
tveijos , y hettignos en ¿a habla , v fervirscs en 
las otras , y acusa á ¿as personas cjuc tienen ¿e/i- 
¿í¿as dobl-adas. 



FÁBULA IV. 

De Juno , áel Pavón , -y Riiyseñor. 



141 




Conténtese cadéi uno con lo que de Dios recibió^ 
]jt¡es todo en todo no cabe. 

V^acía uro se debe contentar , y u?ar de lá 
gracia que le es dad¿ ; y se prueba por esta fá- 
bula. El Pavón vino á Juno con gran ha. , y 
poca paciencia, diciendo que el Ruyíeñor can- 
taba hermoio , y corocia muchas cosas natura- 
les , y humanas í y éi que no sabia hacer nada 
de elio , mas antes si cantaba , q¥;e todos se 
reian de él. Entonces, por quitarle aquella sa- 
ña , y por lo consolar Juno, le habla dulce- 
mente , diciendole asi: La visca trya , y la 
hermosura excede , y es mas que ninguna per- 
fección , que el Ruyseñor haya. >'o hay ave 
alguna seme anee á ti en la color, y re:piandor, 
<jué reluces como la esmeralJa , y' eres pintado 
díi plumas doradas en el cuello , y en la cola^, 



149 

y asi te debes tener por contento : Dice el pi- 
ren á Juno: Y que son todas e-tas cos;wi para 
mi , pi.es soy vencido en la voz. Sobre lo cual 
Juno habla asi: Pienso, y afirmo, que de los 
dioses, por gran providencia , y aívedrio- son 
partidas las cosas á vosotros todos: á tí es dada 
la hermosura , y resplandor mayor: á la águi- 
la tuerza y virtu 1; el Riiyseñor por su canto, 
Y voz signjíica, y mrestra las cosas por venir: 
ía natura del ciitrvo es croquear: la paloma 
ha p edad del vie o: el grito ^e la grulla siem- 
pre muestra los tiempos , y en la oliva pare 
tarde: la licedula en los monzanos , la golon- 
drina Sv" alegra á la mañana de la luz, «1 mur- 
ciélago desnudo, vuela tarde, el gallo conoce 
las horas de la noche. 

^ tydos hasta entender bn lo que t'untn , por 
donde no cures de buscar , sino a<piallo qui lof 
dioses te dieron. 

FÁBULA V. 

Del Loto cerhal ■, tj de Los Labradores, 

Jincho ganan tos que son piadosos , para los que 

poco puedan, 

jLVLenester es , que seamos buenos , y mise- 
ricordiosos : los peregrinos y estrang'eros, y 
á quien quiera, y dcoemos perdonar á los que 
poco pueden; porque no taita donde se den las 

Í¡racias , asi como nos muestra esta fábula. El 
obo cerval , que era sin culpa, cayó en el la- 
zo , y hoya. Viendo ios labradores cómo esta- 



143 
ba preso , vanse para el , y unos lo hieren cor» 
palos , y otros lo escarnecen : Dixo uno de 
ellos : No le hagáis mal ninguno , pues e'l no 
hace mal a nadie , y es inocente, y por estas 
palabras, muchos que le querían dar de palos, 
y herir, lo dexaion , y otros le daban pan , y 
otros lloraban de mancilla, según que oran las 
voluntades diversas. Venida la noche , todos 
se fueron p'ira sus casas, pensando que aquella 
roche moriría , y donde á poco él tomó sus 
fuerzas, y saleó de la hoya, y cava, y librán- 
dose de aquel peligro , con gran miedo se fue 
á su cueba: Después de algunos dias, acordán- 
dosele de la in uria , él se fu? con gran ira á 
aquel lugar, y se arremete para los Pastores, y 
ganados , y los mata ; y destruye. Aslmlámo 
salta con í^s labradores que araban, y los hie- 
re, y les hace mucho mal, y daño. Como vie- 
ron los de aquel lugar esto , sintiéndose mu- 
cho , en especial del estrago que hacia en los 
hombres, rogaron al lobo que les asegurase 
las vidas. Entonces rtspondió él mansamente, 
diciendo, que no haría mal á ninguno, que le 
haya apaleado, ó herido con piedra, ó le qui- 
so hacer otro quilquier mal , y menos á los 
que le dieron el pan , y huvieron misericordia 
de él 3 mas que no perdonaría, antes seria ene- 
migo , á los que pidieron, que fuese muerto. 
Miren los injuriadores dt dií-hj , o t-.echo á. 
esta semeíanza ; y asi asen dt haar mal , inju^ 
riar , y daftar Á otros. 



M4 



FÁBULA VI. 

jDe/ Carnicero ^ y de los Carneros. 



Con tiempo se debe remediar el peligro fue se 
% espera. 

JL^os parientes , y amigos que no se avienen, 
ni se igualan , malamente perecen; cerca de lo 
cual habla esta fábula. Los carneros ; estando 
en uno en compañía , y en una misma mana- 
da , viendo que entraba el Carnicero entre 
ellos , disimularon , y no curaron de él , visto 
como el Carnicero tomó uno de entre eiíos , y 
lo mató , ni por esto se sintieron tampoco, 
jnas solamente decian : A este tocó; y á ti no- 
dexemoslo, lleve «í quien quisiere; y íinaimen- 
te , él mató /< todos , hasta uno solo; y como 
asimismo echase mano á aquel, para lo matar, 
dixo ai Carnicero: Dignamente somos dego- 
llados , y despedazados de tí todos lino á uno, 
porque al principio no curamos de nos dcíen- 
der de tí, al cual pudiéramos matar , y echar 
de entre nos á cornadas , y cabezadas. 

Quiere decir esta JabuLa^ que el que no mira 
j)or defenderse con tiempo-) y ayudar ú su vecino ^ 
t¿ue viene ú padecer ¡ y morir mala muerte. 



FÁBULA Vil. 

Del Paxarero y y ^e las JÍves 

r " 



145 








\ I >.^ jf -T" ■*» 



FL biLta i:on¿4jo no s¿ dtbe wencs^ redar. 

jLÍ^sta fábula nos muestra , que en ninguna 
minera debemos escusar de tomar el consejo 
del sabio. En el tiempo de Verano , las aves 
con gran placer , escando .í la sombra , y co- 
miendo de las hojas , vieron un paxarero de. 
malos oes , que aderezaba las canas , y recla- 
mos, y aparejos que traia en.su costal , "las aves 
simples, é ignorantes ., de esta ma-^era comen- 
zaron á decir: O qué piadoso hombre m. ra- 
mos, al cual por la mucha bondad, pied.id que 
es en e'l , las lagrimas le corren de los o os, 
cuando nos mira I Y una de ellas mas artera, 
y experta que las otras , la cual había probado 
las artes de los cazadores , dixo asi á las otras: 
Guardaos , aves simples, é ignorantes , huio, 
y Ubiad vos. del engaño de este hombre , y 



ij^6 

amonestovos , que sin pereza vos alcéis bien 
alto en el ayrc: y si queréis conocer la verdad 
mirad á sus obras , y prudentemente ved, que 
las que de vosotras tomare , y mordidas , o i 
bocados, ó ahogadas , meterá en su talega. 

Quiere decir , qtie shi duda se pueden librar 
^or consejo de uno muchos, y qug no al contrario. 

FÁBULA VIIT, 

JDel Hotnlre vzrdadersj y del engnáoso , y del 
Ximio . 

¡Hacho nos dshemos guardar de hotnhrts li'^ 
songcjjs. 

JL/'' pues de tiempos antiguos usan !os hom- 
bres ÍaIsos^ y malos Usongear; y la adulación, 
y lisonja se recibe de buena mente , y la ver- 
dad honesta , y la bondad se suelen retraer, y 
reprobar, según significa e.íta fábula. Dos hom- 
bres , el uno falso , y el otro verdadero , eran 
compañeros, y andiínio por el mundo, Hca- 
ron en tierra de Ximioí, á ios cuales como vio 
él mayoral de los Ximios , mandólos detener, 
y traer ante sí. Kilos ante él 'raidos, presente 
toda la compañía de ios monos, hacienda 
grandes pompas, y aparatos. Asentado en muy 
arreada silla , en manera de Emperador el Xi- 
mio mayor, según que lo hablan visto en Eo- 
ma en otro tiempo , mandóles preguntar, qué 
es lo que decían de él , y de su compañía , y 
gente , y á quién parecía' el? El hombre enga- 
ñosa , y -falss? /Comenzando á hablar primero. 



'47 

dixo: Pareceme que fueres grande Emperador, 
Slas fue preguntado, qué le parecía de losquc" 
estaban al rededor dcélí JRespondio: Que eran 
sus Cavallcros, y Capitanes, y otros Oficiales. 
Y por esto elXimio, que fue alabado de men- 
tira de aquel faíso , mandó que ñieie por él 
remunerado. Visto todo esto aquel hombre 
verdadero, dixo entre si: SI eíte mentiroso, 
que en to^o miente, sin mesura, es acepto , y 
amado de ellos , y aun remunerado , cuanta 
mas ser"^ yo, que diré cosas veruaderas? El es-. 
tando pensando en Cito , el Ximio niayrr le 
pregunto : Dime, quién soy yo, y estos que 
estm coum'go? Y aq.'el que amaba la verdad, 
r tíempre acoiiumbraba ;; liablar verdad , res- 
pondió : Ti: , y todoá los que estáis aqui sos 
Ximios. Oidoesio - el Sev délos Xiuiios, mo- 
vido con grande sana, mando que ese hombre 
verdadero fuese mierto , y despedazado con 
ios dlei^tes , y uñas. • 

X)e esia Mísmu firma s¿ suele h«íc¿r de ídf 
kamhns falsos ^:-^ne unnin la maUíta^ y tng.aí'io.^ 
los cuales son remida erados , y npv.tados «» tstA 
inundo -, mas qut los qus son verdaderos. -• 

FaBüLA IX. 

Del Cavallo , Cisrvo , j Cazador. . 

^0 debe ti hotnhrc tomar enemistad con quien 
^iiede mas que ¿/. ■ .. . . :. 



M< 



kejor es no poner enemistades ,• que des- 
pués üc ii*ber encirá^os ¿.nip. pudicndo vex-¿Ar-y 

IL a _ .j:. .. 



14» 

se c^eellos, an-epentirse , y- pesarle de ello como 
mueitra esta fábula. Elcavallo, y el ciervo vi- 
nieron en enemistad entre sí, y como el cava- 
lio viese , que el ciervo era disp'.iesto , y muy 
mas ligero en correr quee'í, y de hermoso cuer- 
po , y bien adornado de cuernos , hechos i 
manera de una |yma. £1 cavallo, que fue he- 
rido de él, víf^e para el cazador , y dicele: 
Quiérete mostrar un ciervo maravilloso de ver» 
el cual, si podrás herir con tu venablo, habrás 
muchas car res , y muy buenas para comer , y 
ios cuernos , y el cuc"o vender.'s por mucho 
dinero. El cazador, encendido de codicia, di- 
ceie asi. Y como podriamos h.>bcr , y tomar 
aquese ciervo? Kespondiole el cavallo: Caval- 
ga tú sobre mí, y yo por mi puro trabajo te lo 
mostraré; y como tu hieras, y matares al cier- 
vo con tu lanza , dándole muy buenos golpes, 
acabada la caza, nos gozaremos, y nos alegra- 
remos en uno. El Cazador c.ivalga en^l cava- 
llo, y vase para donde estaba el ciervo. Y co- 
mo el ciervo sintiese venir aquel Cazador, con 
mal proposito para él , no olvidando su inge- 
nio natural , corriendo por el campo , huyó 
para la montaña , y a^i se escapó. Mas el cava- 
lio, desque sevic'o sudado, y quebrantado, di- 
cese que dixo al Cazador: No p'íedo alcanzar 
lo que -querría , por donde descavalga, y bus- 
ca tu vida .^co.;tumbrada. El cual res,;ondió de 
encima": I'-o habavis poder para correr , sino 
cuando yo te dexáre , porque tienes el freno 
en la boca , ni para dar salto , porq e est.is 
apretado con la silla; v si comenzares á echar 
coces , en la mano tengo un bastón , con e| 
cual te amansaré. 



149 

jiíjitestn fíbula es contra atjvellos tjt/e /j'^ie- 
ten hacer nuiL á otros , y á las vec¿s d si mis"*^" 

FÁBULA X. 

Dsí Asno , V del León. 



^ ■'^^¿^'^l.::^*'^°**^ 










í¿^J^te 



algunos se quieren hacer algo , ios cuales no 
son. nada. 

X^iensan muclios que han de espantar con su 
voz , asi á los fuertes como á los flacos, y pe- 
<3ueños , de lo cual se cuenta esta fabnla. ün 
asno , viniendo por un monte , encontró un 
Ison , al cual dixo: Subamos encima en la al- 
tura del monte , y mostrarte he conuí ioy te- 
mido de muchos. El león, riéndose de las pa- 
labras del asnillo, dl.vo: Subamos. Y ellos es- 
tando Y'^ en lo alto del monte, el asno comien- 
za de rebuznar muy iucrrcn-ieiitc. Oyendo su 
voz las liebres, y conejos, comenzaron de huir: 
y asi, dixo el asno al ieon: Vé» como' han aiie- 



do todos de mí? Al cual d'ixo el león : Antes 
pudieran haber miedo á mí, mas que á tu voz, 
que' yo , pues se que eres asno , no puedo te- 
mer á tí. 

Quiere decir' e^no , que es de re'ir de a^v.el 
que «1 puzíia. hacer sino ^oco , y muestra con pa- 
labras que puede mucho. 

i FÁBULA XI. 

JDel Buytre i y de las otras Aves. 

Algunos tjuieren hacerse algo , los cuntes no 

son nuda. 

J~J\ buytre , fingiendo que quería ho-nrar el 
día dc^ su nacitnJer.ro - conibicío á las otras 
avcí: m'enorcs A conar; y como todas estuvie- 
sen dentro en casa, cerro Us puertas; y comen- 
zó de mirar una á una hasta todas 

Acuesta fatula sigr.ifica , que los que son ri- 
£0S , y poderosos , yocas veces , 6 ninpívna com- 
iidan á ¿os meiures ^ y j^equeiíos, salvo con gra.¡i 
daño , ■y menosca.ho ie ellos. 



FÁBULA. XIT. 

Del Lton ^ -y de la Raposa. 



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E 



JEJ/ discreto (.scarmunte en cabera, agena, 

I león fingía que era muy enfermo, y por 
ese engaño hacía venir á sí todas lasanimalias 
a visitarlo como á su Rey, y continuamente 
mataba de ellas: Vinieron las raposas ante las 
puertas déla cueba, y saludaban al león de fue- 
ra. El cutí preguntó á una de ellas , que por 
"qué no entraba? Ella respondió: Porqut veo 
las pisadas de los que entran, y no de los que 
salen. 

Signijíca esta fahula^ que los males , v pe- 
ligros que los otros han , y pasan , def-en ser 
■nuestra ens ¡.lianza , vara que nos guardemos de 
eVos , qus en la casa del poderoso ligeramente 
puede entrar el hombre , tnas puede ser que sal- 
ga tarde , ó nunca. 



FÁBULA XIII. 

J^el Jísno enfermo , y del Loho, 

jél ho7nhve malo no se Jehe dar f¿, 

Jl-á\ mal hombre nunca es de dar fé,, según se 
mue.tiM en esta fábula: El lobo visitaba al asno, 
qiie estaba cníermo , y ccmienzó é^^Xo. tocar, y 
palpar el cu.rpo, y preguntábale, en cuales 
partes mas le doliaí Respondió el asno: Los 
lugares adonde me apalpas, me duelen mas. 

Jf o si los homi res ina'os , aunque )ni¡estrett 
^or palabras -i que aprovechan ^ 1/ hacen hien^ tro.' 
baja a -i y procuran como hagan mal ^ y daño. 

FÁBULA XIV. 

Del Carnero mayor ^ y de los tres menores. 

■Propio es de los necios , mojar de los hechos 
ajenos. 

_l\l_uchas veces murmuran los menores de los 
madores, sobre que se recuenta tal tabula. Tres 
carneros menores , viendo un carnero mayor 
que huyo, v temió, escarnecían, y murn.ura- 
ban de el. El cual respondió , y díxo á ellos: O 
desesperados , y ignorantes, si vosotros su pie- 
sedes , que es la cansa, por que yo huyo, y he 
.miedo , no os reiriades de mí 

Y asi Maestra esto , que ú las veces se mal' 
trae por ios menores de hs mayares da los hechos 
sayos j jio sabiendo las causas ; las cuaUs sahi' 



das , cesarían por vtntura de murmurar , y asi 

caca 4/2 ignorancia, 

FÁBULA XV. 

iDel Hombre , y del León. 

JLa mentira , aunque sea hitn compuesta , pres- 
to es vencida 

JlvI ttempo de la virtud prueba alguna cosa 
por obra , según demueítra esta la bula. El 
hombre , y el león tomaron cuestión , cual de 
ellosluese me or, v cada uno procrraba de pro- 
bar su intención : Y asi andando, llegaron í 
un sepulcro , donde ertab.i pintido , como el 
hombre ahogaba al Icón. Y viendo esto el hom- 
bre mostró aquella fábula , p^ra en prueba de 
su intención. Al cual respondió el león; Esta 
obra fue pinta-da por el hombre la cual si fue- 
ra pintada por algi-n kon, tii vierao que no fue- 
se el león ahogado del hombre , mas el bonibre 
del león. Empero yo te quiero mostrar pro- 
banza verdadera, y llevó al hombre al anfitea- 
tro, lugir de combatir, y pelear, y asi pelean- 
do con el , por experiencia verdadera le mos- 
tró , como el hoiv.bre es ahogado del león. Di- 
ciendole, que alli no havia lugar de probanza 
de pintura, salvo de het^ho verdadero. 

Esta fábula significa , ^ue la mentira co/n- 
fvesta de colores , l!:ego es vencida de v:rdady 
donde haj/ cierta provan^a. 



XJ4 

FÁBULA XVI. 

JDe let pulga ^ y el Catnetlo. 

algunos no son nada , y quierease estimar en 
mucho. 

-nLlgunos que no son nada , ellos mismos se 
engrandecen, según que recuenta esta fábula. 
Una pulga-, que estaba en la carga del came- 
llo, viendo á él cargado , se gozaba , alabán- 
dose, que era mejor que el camello. En fin, 
de la jornada que anduvieron . vinieron á un 
mesón , donde la pulga descendió, y sacudió- 
se antes los pies deí camello; y dlccsequedixo: 
Bien hice en me baxar de tu espinazo, porque 
no te enojase , ni cargase mas. A U'^-uaI res- 
pondió el camello: Gracias hago á Dios , que 
porque tu te pongas sobre mí , no soy carga- 
do , ni porque te baxes xais descargado. 

Minn esta fábula aquellos ijac no 'pueden 
agraviar^ ni des aur aviar á los mayores y y quie- 
ren hacer estim* de sí'^ y asi son escarnecidos :, y 
habidos por locos. 

FÁBULA XVIL 

X)e la Hormiga .^ y déla Cigarra, 

El perezoso siempre está menesteroso. 

Jtiín el tiempo del invierno , la hormiga sa- 
caba al Sol el trigo , que donde en el verano 
havla cogido. La cigarra , llegando á ella con. 



hambre, rogábale, que le diese un poco de 
aquel tr'go, porque no muriese. A Is. cual d¡- 
x6 la hormiga: Amiga, qué hiciste en el estío? 
Keypondiü la cigarra: í^o tuve para coger es- 

Eacio, porque andaba por los sotos cantando, 
-a hormiga, riéndose de ella , y metiéndose 
su tri^o ea 5U casilla , dixole: Si cantaste en el 
verano , danza ahora en eí invierno. 

Esta fabfJa euse'ia ai yeftioso , ^ue trabaje 
cuande puaJe-, v es tianpo-, j?o>'ifut después ■, fal- 
tando, e de comer , no ^dda á otros , los cualts 
a-fiíes st reirán d& ¿í , que darle alfiQ. 

FÁBULA XVIII. 

De la espada^ y del CamUiante. 

JZl ffta'o á mtiéhos emptce^ masal Jin perece. 

j1a\ hombre malo á muchos pierde , y e'l solo 
P'^rece, según declara esta fábula- Un hombre 
caminando , hallóse una espada , que yacia en 
el camino , y preguntóle , quien la babk per- 
dido? La espada , respondió asi: Por cierto á 
mí uno solo me perdió , mas yo he perdido á 
muchos. 

Quiere significar Aquesta, fábula , c¡ue el mala 
solo se pierdu'y mas antes que Je pierda .y emptct, 
y ¿aña A muchos. 



IQ.6 

FÁBULA XIX. 

De la Corneja ^ y de ía Oveja, 

TJ malo al bueno enoja , qae al malo no osa. 

JL/e las iivunas que se dicen á los ¡nocentes, 
liopo nos recuenta esta tabula. Una corneja, 
oclosii y holgazana , subiese encima de una 
ove;a , y asi se estaba holgando alli, Y como 
niuchas veces usase de hacer este enoio á la 
©veja, diccie, que le dixo asi: Si al perro eno- 
jases , ó entríises., según que á mi lo haces, no 
sufrirías sus ladridos , ni la ira de su boca. La 
corneia hablo de esta manera ?. la oveía : Yo 
me asiento en los collados fuertes, y se'á quien 
tengo de cnoar , ó no , que' soy deinuchos 
años, y sov mala , y áspera á los buenos , y 
humildes, y muy arñiga á los malos, y fuertes, 
y tal me criaren los dioses. 

Esta fatula increpa á nqaefhs , que a los 
inocentes , y buenos injurian , y -provocan , 1/ no 
osan solamente mirar á Los malos , r fuertes» 



FÁBULA XX. 

De la Ava-i v de la Cañavera. 



M7. 




El humilde permanece , v el sotet'vio perece. 



A 



los que son sobervios^ y duTrm de cora- 
zón, y no se quier.cn someter á su señor, sue- 
le acaece.- como á la aya , la cual , vin'.endox;] 
viento, no quiso baxarse; y una cañavera, que 
estaba cerca de ella , viendt» venir el viento 
recio, l^axabasc , y volvíala el viento, á cual- 
quiera parte que quería. Diccsc que le dixo ia 
aya: Por qué no est.ís ñrme como yo'í respon- 
dióle la cañavera : Ko es tal mi fuerza cor^iOv 
la tuya. Y di.xo la aya: Y por eso puedes sa- 
ber , que soy mas tuerte que tú. Mas dcnde á 
poco vino .un gran^viento , el cual derribo á 
la aya, que estaba fuerte, y dexó a la cañave- 
ra , que se baxaba ; y de esta manera , muchas 
veces los sobervios son destruidos, resistiendo, 
y los humildes escapan , dando luga.r ¡- y su- 
friendo á los que son mas fi^ertes. 



FÁBULAS 

ESTRAVAGANTES DE ISOPO, 

las cuales comienzan en esta 

orden que se sigue. 

FÁBULA I. 

Dtt Mtile , de la Raposa , y dsí Loh. 




Qteitii pregunta le qm tío ha curia , o^e la que 
no^ qtierria. 

JVJLi'chos hay que preguntan soberv'osamen- 
te cuestiones sin cüerto , que elíos no saben 
sus responsiones , y des e*n- ser maestros , sin 
primero havcr sido ¿üíci^ifloá , íegun que re- 
cuentii esta fabnla, Ei nii!l'<f'^,"pacicndo cerca de 
la montaña , -vino á élílu -raposa , y preguntó- 



le : Quién eres tú? Respondió él. f^oy bestia. 
Replico la raposa, no digo eso: mas pregi^nto, 
quién fue tu padreí Respondió el mulo: El ca- 
vallo fue mi abuelo. Torno á decir la raposa, 
ni C50 te pregunto yo: mas dime, cómo te iU- 
mas? A la cual dixo el mulo: Por cierto yo no 
sé mi nombre , porque mi padre murió siendo 
■yo pequeñnelo, y por causa que no se olvida- 
se mi nombre, hizolo escribir en el mi pie iz- 
quierdo; y si quieres saber mi nombre, lee en 
este mi pie. La raposa; entendiendo el engaño, 
fuese para la montaña á un lobo , con el cual 
tenia enemistad, y hallólo yaciendo deba:»© de 
una sombra, trabajado de hambre, al cual co- 
menzó la raposa de denostar, diciendole : O 
loco sin seso , por que te mueres de hambre, 
levántate, y vete aquí cerca á un prado, don- 
de hallar..-s una bestia grande , gruesa , y so- 
bervia , mátala , y hártate de ella. Entonces, 
yendo el lobo acia el prado, preguntó al mulo, 
quie'n era? Respondió: Soy bestia. Tornó ¿de- 
cir el lobo: x^o pregunro eso: mas quien fue 
tu padre? El mulo respondió: El caballo fue 
mi abuelo, al cual dixo el lobo: Ki eso te pre- 
gunto ; mas dime, cómo te llamas? Al cual 
respondió el mulo: Yo no sé mi nombre, por 
cuanto mi padre murió siendo yo pequeño, y 
porque no se olvidase mi nombre , lo hizo es- 
cribir en un canto de este mi pie izquierdo; y 
asi , si tu quieres saber como me llamo, lee en 
este mi pie. El lobo , mirando las palabras, 
cuanto á la cortesía, y no sintiendo el engaño, 
tomó el pie del m'.ilo , y comenzó de limpiar- 
lo , pensando hallar alli su nombre. Y él ^ es- 



t6o 

tando muy atento acerca de esto , el mulo le 
dio una coz en mitad de ía frente , quele hizo 
saltar los o, os con el meollo en tierra. La ra- 
posa , q.ic estaba detrás de una mata escondi- 
da , dixo entonces con gran risa: U loco sin 
sentido , tu no sabias letras , y querías leer; 
por la mi mano derecha , uro que eres dcrca- 
labrado por ;u¡cio verdadero ; y asi ^ los hom- 
bres ignorantes, mientras desean mostrarle sa- 
bios , muchas veces caen en grandes peligros. 

FÁBULA II. 

Del Berraco , Corderos , y del Loho, 

Juos presantaosos desean sujetar á sug tita* 

yorcs. 

jLi.ay gran pnrte de gente , que no son con- 
tentos de los honores privados , y codiciar» 
mandar á los mayores , y á sus iguales , cerca 
de que oirás esta tabijla. Un pequeño berraco 
vivia en una gran manada de puercos , el cuaí 
indignado, y hinchado de sobtrvia, porque no 
era principal, y mayor, que mandase -^ todos, 
andaba al rededor de la campana , haciendo 
bravezas, grm^endo, y basqueando, y aguzan- 
do los colmillos , pencando que c^pantaoa alos 
otros , y como viese que no se espantaba nin- 
guno dé él , con gran ira dixo asi: Que' me 
aprovechará estar aqui, pues en e^ta compañía, 
aunque vo mande, ningno me obedece, n¡ 
aunque me ensañe , no huyen de mi , y si 
amenazo, no s« dan por eiio nadaí y asidcli- 



i6t 
beró de no quedar allí , mas «ntes se partió 
dende , y vasc á buscar sus aventuras 5 y así 
andando , llegó á una manada , y rebaño de 
cprdcios, y como se vio en mediode ellos, él 
se volvió con grande estruendo , gruñendo, y 
basqueando , aguzando los d. entes. Lo cual 
vicude los corderos, espantados con gran mie- 
do , comenzaron de huir todos , unos á una 
parte , y otros a otra , y asi estando el berraco 
con espanto, dixo: Aqui me conviene morar, 
y este honor conviene a mí , porque como yo 
me ensaño , todos huyen de mi, y s¡ amenazo 
todos y se espai.tan. -ívqui seré amado, y hqn- 
rado dé todos. Estas semejantes cosas , usanda 
él por muchos días, vino aUi un lobo con gran 
hambre , el cual llego a los corderos querien-- 
do comer de ellos, y ellos como lo vierotv Ucy 
gar á ellos, huyeron por las peñas. Mas el beív< 
vaco, pensando que seria defendido de los corg 
¿eros, no qüso huir, y asi lo tomó el lobo, -f 
lo llevaba para la montaña. Y como lo llevase,, 
por caso llegaron á una manada de puercos, 
donde huviera salido el berraco, el cual conoi 
ciendo a ellos, comenzó á grandes voces á lla- 
marlos, y pedirles socorro. Y ellos conocl'?n-í 
dolo , levantáronse todos juntamente cqncca 
el lol>o , y libraron d su compañero , llagado^ 
y herido hasta la muerte. Entonces el berracoy 
estarjdo «n medio de todos ellos , lleno de 
dolor, y vergüenza ,, dixo: Ahora conozco, 
por verdadero el proverbio, que dice': Qü^ 
en las íorcunas ,, y adversidades , y prosperint 
dades, siempre es bueno tener con su parente-í 
^-j. 4^<r ,■ 29S. cierto , . si, np^; iuij?i9r4: MÜÍQ dft 



l6<2 

pils parientes , y lintge , no hubiera yo pade- 
cido estos males 

1^ asi muclios homhres , (]iie quiefeii mandar 
con sohervia , allende dz lo que les conviene^ caen 
Ú menudo en muchas fortunas , y maUs. 

FÁBULA III. 

Del Raposo , y del Gallo. 

2^0 se debe nada hallar , sin -primero pensar. 

J.VLnchas personas hablan sin primero pensar 
lo que han de hablar , dicen tales cosas , que 
después de haber hublado , les pesa , y aun les 
viene por ello mal , y daño , cerca de lo cual 
seppne tal fábula. El raposo , haviendo ham- 
bre , se fnQ á una Villa , y llegando ante ua 
gallo , dixo : O mi señor gallo , qué hermosa 
voz tenia tu padre, el cual, era mucho mi se» 
ñor , y asimismo pienso , que tu vengas; y asi 
poí Ta amistad que tenia con c'l , vengo .í te 
conocer, por 1) cual te ruego, que qnieras 
cantar de manera, que yo pueda conocer , si 
tu bastan buena voz, ó mejor? El gallo , cre- 
yendo eisto , comenzó á cantar cerrados los 
ojos. El raposo saltando con él , tomólo , y 
llevólo para su cueva, Y los hombres del lu- 
gar 'que oyeron esto, seguían al raposo, di- 
ciendo , qiie su gallo havja llevado el raposo. 
Oyendo esto el gallo, dixo al raposo: No oyes. 
Yo que dcen aquellos aldeanos. groseros? diles 
tu , que. yo no soy suyo ^-mas tuyo , y que tu 
Mevas tti-gaUo-^y noel suyo, i/ñtonces el ra- 



1 6^3 
poso , dexando el gallo de la boca , dlxo: Yo 

llevo mi gallo, y no el vuestro , y en tanto 
que el raposo decía estas palabras , el gallo 
voló para un árbol , y respondió al raposo: 
Mientes mi señor , rasamente, que yo lo soy- 
de ellos , y no tuyo. El raposo , viéndose en- 
gañado, hiriendo su boca decia: O boca, cuan- 
tas cosas dices , y hablas , que después te pesa! 
Por cierto , si ahora no huvieses hablado , no 
hubieras perdido el galio , al cual cazaste. 

Y asi significa , (jae muchos hombres hahlau 
sin pensar cosas , que después se arrepienten por 
haberlas dicho, y aun les viene matf y daño por 
ello. 

FÁBULA IV. 

Del Dragón , y del Villano. 

léOS qtie por hie/t tornan mal , 4 las veces han 
^ su pago, 

^rLcaece algunas veces , que los hombres tor- 
nan malas cosas por las buenas, y á los cua.- 
les ayudan , damnitican , según parece por esta 
fábula. El dragón moraba en un rio , y como 
creció , él siguió por el rio abaxo , eñ tanto 
que el rio menguando , se lo dexó en un are- 
nal, donde yacía, no pudiendo ir sin agua. Y 
pasando por alli un labrador, dixo: O dragón, 
como estás aqui de esta forma? Respondió el 
dragón: He seguido el rio , que creció por el 
agua abaxo , y ahora como ya menguase el 
agua , dexóme en eite lugar seco , y no puedo 
ir sin mas si tu me atases, y me llevases sobre 
tu asno pata mi casaj , recibirlas oro, y plata, 

' ¿3 



164 

y muchos bienes de mí. Entonces el labradof, 
induc'do por codicia, ato al dragón , y púsolo 
sobre su *sno , y llexólo , y solo en su cueva, 
y baxando el labrador de asno , púsolo desata- 
'do en su libertad, y asi le^demandaba , que le 
diese lo que le navia prometido. Entonces 
dixo el dragón al aldeano : Cómo , por atar- 
me demandas ero , y plata? El rústico, le 
dixo : Tu mismo me "rogaste que te atase. Al 
cual dixo el dragón : Ko estamos en eso^ 
mas antes te quiero comer , porque he ham- 
bre. Dixo el labrador : Según eso , por bien 
me quieres tornar mal ? Y estando ellos en 
esto, aconteció, que estaba donde una ra- 
posa , la cual oyó todas estas cosas, y dixoles, 
qué cosa es esa, que haveís entre vosotros dis- 
cordia, y sois diferentes? Y comenzó ,i hablar 
primero el dragón , y dixo: Este villano me 
ató muy fuertemente , poniéndome sobre un 
asno, traxome hasta aquí , y ahora me deman- 
da, no se qué cosas- Después dixo el hombre, 
óyeme á mí, señora raposa. Este dragón, que 
fue llevado por el rio, fue lanzado en un are- 
nal seco; y pasando yo por allí, me rogo que 
lo atase, y lo pusiese en mi asno , y lo traxe- 
se para su casa, y prometiéndome por ellooro, 
y plata , y otras muchas cosas, y ahora no so- 
lamente no me lo quiere dar , mas antes me 
quiere comer. Dixo la raposa: Locamente hi- 
ciste , porque lo ataste; mas muéstrame ahora 
como lo ataste , y después yo juzgaré. Enton- 
ces el labrador comienza de atarlo ; y pregun- 
tó la raposa al dragón: Cómo tan fuertemente 
te ató? Respondió el dragón: l^o solamente 



tanto , mas cien veces tanto. Y la raposa dixo 
al labrador: apriétalos; y el labrador, como 
era valiente, ato lo mas que pudo. Y pregun- 
tó la raposa al dragón : Tan fuertemente t© 
ató ? Respondió el dragón: Por cierto , s" se- 
r.ora. Ella dixo al aldeano. Añúdalo, pues que 
asi es, bien fuertemente , y nprieta los lazos, 
que quien bien ata , bien desata , y tórnalo á 
poner sobre el asno, y vuelvf lo al lugar don- 
de lo tomaste . Y dexálo aili atado , asi como 
está , y no te podr? comer. 

Y cuifiyUó el lalrador orna jtczgó I« raposa^ 
y asi los Ojue tornan por bien mal^ á las Viccs 
reciben su jvsto galardón. 

FÁBULA V. 

De Ja Raposa-, v de^ Onfo. 




Porque tú j&as ^ruaente , no dcijcs u tra'jar a. 



E 



írisiiionte. 



sta fábula habla de los hombres , q^e s£Í 



JÍ6 

alaban de saber muchas cosas; y tenienáosé por 
ingeniosos , y sutiles riense , y escarnecen á 
otros muchos. La raposa , encontrándose con 
un gato, lo saludó, diciendo: Hermano, sal- 
vo seas de los males. El gato respondió á ella: 
La salud sea contigo, y donde pregunta la ra- 
posa al gato: Que' cuantas artes sabia' Respon- 
de el gato: No se de esas artes cosa , salvo se 
Tin poco saltar , y subir .i los .-rboles , y pare- 
des , y con Cito me escapo de a'gunos peligros. 
Entonces se dice que le dixo la raposa: Por la 
mi cabeza, que no mereces vivir, pues no sa- 
bes mas , y eres tan ignorante , v necio. El 
gato respondió: Asi es como tu Hablas , mas 
ruegote , que me digas cuantas artes sabes? 
Responde la raposa: Yo sé cien artes, y no 
asi medianamente como quiera , mas perfecta- 
mente , cada una de las cuales me basta para 
vivir honradamente, y para me escapar de mu- 
chos peligros. El gato , oyendo esto , dixo: 
Por cierto tu mereces larga vida, y salud, pues 
eres tan sabidora , y esciente. Y hablando de 
esta manera , dixo el gato á la raposa: Herma- 
na, yo veo venir un hombre á cavallo con dos 
perros muy ligeros grandes , nuestros enemi- 
gos. Dixo "la raposa: No sabes lo que te dices, 
eres ignorante , y medroso , y por eso hablas 
esas cosas, y aunque eso sea, que' priesa? y lle- 
gando mas cerca el ca vallero , y los perros, 
viendo h la raposa, y al gato , comenzaron á 
correr contra ellos ; y la raposa, viendo venir 
cerca los perros, dixo al gato: Hermano, hu- 
yamos. Respondió el gato: No es necesario* 
Dixo la raposa : Por cierto necesario seria huir. 



i67 
Fesponde el gato : Puede ser que sea necesi- 
daJ , empero cada uno traba'e por sí , y asi 
cada uno de ellos comienza de hi ir. El gato, 
hallando un árbol alto, subióle luego en e'l, y 
asi se libró. Y dexando los perros el gato, 
aprietan tras la raposa , la cual perezosamente 
huía. Y el gato llamaba á grandes voces del ár- 
bol, dic'endo: Hermana raposa , ahora es tiem- 
po de usar alguna de aquellas cien artes , qué 
arredrada estás de aquesta montaña. Y como 
los perros la alcanzasen , no le villendo nada 
las artes , la mataron. 

amonesta esti fahvla á los sabioS' estudio-' 
sos y ingeniosos , y viciosos , tjtíe ma' tratan y y 
se rim de ¿os ignorantes , y insipientes» 

FÁBULA VI. 

Del Lobo , y del Cahron, 

No hace de su partido el pobre , que se toma con 
el rico. 

J.^ os enfermos , y pobres se levantan á me- 
nudo contra los poderosos , los cuales libran 
mal en ello, según se prueba en esta fábula. 
Un lobo seguía al cabrón de las cabras para lo 
matar , el cual se subi < en una alta peña , y 
allí se aseguró, al cual el lobo aguardo al pié 
de la peña : mas después de tres, ó cuatro días, 
el lobo por hambre, y el cabrón por sed, apar- 
táronse , y fueronse cada cual por su parte, 
primero el lobo , y después el cabrón ; y como 
el cabrón fuese al rio, y bebiese abundosamen* 



i6S 

te aquella agua, mirando su sombra en el agua, 
dixo entre si: O que buenas piernas, y hermo- 
S4 barba , y grandes cuernos tengo , y tenien- 
do todas estas perfeciones , me hácé huir un 
soío loboj De aqui adelante yo lo quiero es- 
perar , y resistir, y menos 1¿ daré ninguna 
venta'a. El lobo , estando detras del cabrón, 
escuchaba calladamente todo esto, el cual, lle- 
gando al cabrón, le trabó de la pierna con los 
dientes, y dixole: Qué cosa es esti: porque asi 
hablas , hermano cabroni; El cual, viéndose 
preso en su poder, dicele: O mi señor lobo, 
habed merced de mí, que yo muy bien conoz- 
co mi culpa , porque el cabrón ^ después que 
bebe , desvaría , y habla mas de lo que debe. 
Empero el lobo, no curando de sus palabras, 
empezó de comer al cabrón. 

Enséñanos esta fábula , que los peque/los , y 
fohres no se levanten contra los -poderosos •, allett- 
ds , y nms j«c valtn sus fuerzas. 



FÁBULA VII. 
T)el Lcho , y (Jel Asno. 



i6g 








W^S^-:>, 



T)e aquel note debes accyusejar, á quien haces mal» 



]sr, 



o debe el hcmbre ligeramente tomar con- 
se o de aquel á quien quiere mal hacer, según 
prueba esta fábula. Encontrando el lobo á un 
asno, le saludó , dicicndole: Hermano asno, 
he gran gana de comer, porque es necesidad 
que te haya de comer. Respondió el aino: Co- 
mo te plugiere, señor, asi sea cumplido, por- 
que á ti te pertenece mandar, y «s nii obede- 
certe, y si me comes , me librarás de muchos 
traba'os , por cuanto vo traigo el vino de la 
bodega, y el pan de las eras, y la lena del 
\ monte, y vo allende de esto traigo las piedras 
para edlncár las casas , y llevo a moler el pan 
al molino, /tornólo. En suma, yo hago todo 
eso que se hade hacer, todo el traba'.o es para 
mí, por la cual muchas veces maldigo el día 



170 

que nací, porque tan grandes traba'os paso, 
mas solo una cosa te pido, y es que no me co- 
mas en este camino, porque habian gran ver- 
güenza de los vecinos, y de mi señor, que' di- 
rán , como se dexó este asno comer del lobo, 
asi por donde oye mi consejo. Vamos á la mon- 
taña , y hagamos bilortas retorcidas , y átame 
por los pechos , asi como esclavo, según que 
lo soy, y vo atare' á ti en el cuello, como á se- 
ñor que trae consigo siervo , y me llevarás 
abaxo en el monte , y me comerás asi en paz 
á tu sabor. El lobo, que sintió el engaño, dl- 
xo: Hagamos como dices; asi yendo al monte 
hicieron bilortas muy fuertes: el lobo torcién- 
dolas, y el asno teniendo, y aderezándolas, de 
manera , que el lobo ató al asno por el pecho, 
y el asno ligó bien fuertemente al lobo por el 
cuello: dixo entonces el asno: vamos donde 
quisieres. El lobo dixo, muéstrame el camino. 
Responde el asno: buenamente haré yo eso, y 
asi comienza el asno á caminar para casa de su 
señor. Y como el lobo vio la vecindad, y po- 
blado, dice: Cata, que no vamos por camino 
derecho. El asno dice: Sen r , no digas eso, 
que si te place , bien derecho camino es este. 
El lobo, conociendo el engaño, comenzó de 
tirar atr.'s , y el asno tira por fuerza para su 
casa, y llegando ambos á la puerta de su señor, 
y viendo esto cl señor, sale con toda su con- 
pañia, y hirieron al lobo hasta la muerte. Uno 
de ellos, queriendo dar un gran golpe en la 
cabeza ¿on un hacha, erró el golpe , y cortó 
la atadura, Y asi si;elto el lobo , huyó para la 
montaña. Y entrando el asno en el JPalacio de 



su s'ñor, turbado del miedo que había pasado, 
y con gran voz , viéndose escapado del poder 
del lobo , comenzó á rebuznar, y dar muy al- 
tas voces. Lo cual oyendo el lobo en el monte, 
decía asi: por cierto, por muchas voces que tu 
me de's , no me tomar s alia. 

Enséñanos esta Jai ala , c^uc no creamos l'ige^ 
raméate á aquellos ^ & íjiúen nos mismos queremos 
hacer mal , y daño , y como fuéremos engañados^ 
que mejor , y mas diligentemente donde adeiante 
nos guardaremos. 

FÁBULA VIL 

De la culebra j v dil Lahrador. 

2sío creas á quien mal fias hedió- 

J^ o conviene fiar , ni creer á aquel á quien 
quiere el hombre hacer , ó le ha hecho mal, 
porque en ftn recibir.? mal, y daño dee'l s' gun 
se colige de esta fábula. Un Labrador iba á 
sembrar un campo, y pasando por un camino, 
pisó una culebra ; la cual le dixo : O mal ami- 
go, por que me has lisiado , y pisado, note 
mereciendo algún mal? Cata que te digo, que 
no creas á quien mal hiciste. Y pasó su via el 
Labrador, Curando poco de sus palabras. En el 
siguiente ano, el mismo Labrador, yendo por 
aquella senda, hablóle la culebra: dónde vas 
amigo? El cual respondió: Voy á sembrar el 
campo ; y dixo la culebra: Guárdate, no siem- 
bres tierra de regadío, porque en este año habrá 
muchas aguas, y lo que fuere sembrado en lugar 



de agras ahogársela, empero cata, qtie nocreas 
á qiiien m.il hiciste. Y fuese el Labrador, pen- 
sando que hablaba engaño, y sembró elcampo 
húmedo, y de legadío , en el cual ano lueion 
muchas aguas, y pereciei'on las simier.tesdeJas 
tierras aguosas : y asi no cogió aquel hombre 
cosa algi.na. Y pasando el siguiente año el La- 
brador por el mi>mo camino ^í scr^'.brar -, pre- 
guntóle U culebra: dónde v.ís amigo c Ilixoel: 
a sembrar: Ella le amonestó que ro sembrase 
en lugar seco , porque aquel año havria gran- 
des calores, y se secar.a cuanto e tuviese sem- 
brado en lugar seco , y d xo en fin , empero á 
quien mal h'ciste, no creas. El Labrador, pen- 
satiuo que io quería eiígañar , nó curo de lo 
qi.e ella le decia y sembró en lugares secos: y 
acontec'ó aquel año grt^n estío , y sequedad, 
de manera , que se seco todo el campo : y to- 
das ias tierras secas se perdieron. En el tereco 
año , pasando el mismo Labrador por á^nde 
Citaba la culebra, dlceella: Donde vas, hom- 
bre? El respondió: Voy á sembrar m'is hereda- 
des. Y dice la culebra: Si quieres coger panen 
este año , siembra en tierras comunes , que no 
sean muy húmedas, ni muy secas , mas tem- 

Eladas; empero torn<)teío á decir, á quien mal 
leíste , no creas. El Labrador hizo en aquel 
año lo que la culebra aconse'ó , y hi7.e todo, 
según que la culebra le había dicho , y cogió 
m'^cho pan aquel ano. Y" volviendo el buen 
hombre de su heredad dixole la culebra: Cata, 
amigo, que te han venido todas las cosas, se- 
gún, y como yo te las he antes dicho. Respon- 
dió él; Por cierto , asi iian venido , coiuo tu 



175 

lo has dicho , por donde te hago mnchñs gra- 
cias. La culebra le pide, que le hic'.esc alpuna 
gracia v remuneración por ello El Labrador 
le presunto , que galardón |;»des de mí; ¿a 
serpiente dixo: JNo pido otra cosa, salvo, que 
me embles mañana a tu hí.o solo, que tienes 
con una olla de leche , y mostróle un agu'ero, 
en que le pusiese la leche. Y anadio: Mira en 
esto, que muchas veces te he dicho, que al que 
irial haces , no creas : con. tanto vase el buen 
Jiombre para su casa, y otro dia en la nuíñana 
embióle su hl o , según se lo habia prometido, 
y llegando en el lugar que el padre le había 
mostrado , puso la leche en el agu ero , y lue- 
go saliendo la culebra, saUo en el mo2o, y lo 
mrwdió, de manera qie murió donde. El cui- 
tado del padre, viniendo .1 la culebra, hablóle 
asi: Me encanaste, y has muerto á mi hi o ma- 
lamente. La culebra", estando en la peña aira, 
respondióle, diciendo: Yo no niego eso quctu 
dices, qué yo no he heciio cosa engañosamen- 
te, tu me heriste sin razón, y nunca teennien- 
daste, y siempre té decía que no creyeses á 
quien mal habías hecho. 

£st.i f'abu'a nos amonesta , que no creamos á 
quUn mal., y daño habernos hecho. 

FÁBULA IX. 

De fa Raposa, y del Lobo pescado/: 
Si dentro no di.reres hi&n , no digas mal. 

^¡ alguno fuere Iniuriado, ó damnlHcado, nó 
se debe vengar por lengua, diciendo maldeéi, 



174 

qué no es honesta venganza: se prueba por es- 
ta fábula. Le raposa, comiendo de un pescado 
cerca de un rio, llegando el lobo allicon ham- 
bre , pedíale parte de la vianda , la raposa le 
dixo , Señor, no me hables deestj, porque no 
sería honesto, ni. convenia que tu comieses las 
sobras de mi mesa, no quiera Dios de abaxar- 
teen tanto grado ; mas darte un consejo. Trae- 
me aqui una cesta , y te enseñare un arte de 
pescar , de mi^nera , que cuando otras viandas 
te faltaren, á lo menos no te faltarán pescados, 
y peces de te hartes. El lobo se fue ai primer 
lugar y hurtó donde una cesta bien grande, y 
traxola á la raposa, la cual sela ató muy fuer- 
temente al rabo, y dicele: Entra en el agua, y 
anda tu adelante , con tu cesta arrastrando , f 
yo me iré detr.is aguzando , y moviendo los 
peces, y asi sabr.ís pescar, como también sabes 
cazir. El lobo creyendo á la raposa, entró en 
el rio con su cesta atada al rabo , y la raposa 
echaba en ella piedras. Y como la cesta fuese 
llena, dice el lobo: No puedo mover esta ces- 
ta , tanto está llena. Respondió la raposa: Gra- 
cias hago á Dios , que te veo buen pescador, 
y bien enseñado en esta parte. Espera un poco, 
inieiitras busco quien nos ayude á sacar este 
pescado. Entonces vase ella al lugar , y dice á 
hombres: En que estáis donde? Sabed que el 
lobo que os come vuestros ganados , no con- 
tento de ello, aun saca los peces de vuestro rio. 
O'do esto, salieron todos con lanzas , y espa- 
das, Y con perros para el lobo, y casi hasta la 
muerte lo hireron, y uno, queriéndole dar 
una gi^éin cuchillada por lo acabar, acertóle en 



el rabo, el cual del todo le cortó ; y asi como 
se vio deícargado , y desrabado , comenzó á 
huir; y asi escapó medio muerto. En este tiem- 
po acaeció, que estaba en aquella provincia el 
león , Rey de las animalias , muy enfermo, al 
cual itMRí «í visitar todas, las bestias, y anima- 
lias , enríe las cuales vino aquel lobo pescador 
desrabado , le dixo al león: O mi señor Rey 
natural , yo, tu servidor , he andado buscando 
medicina alguna para tu salud, y no he halla- 
do otra cosa , salvo he sabido ,' que mora en 
aquesta Provincia una raposa artera , y muy 
sabia, la cual tiene gran medicina dentro ensi. 
Si quisiere venir , llámala .i consejo, y quíta- 
le la pelleja, de modo, que quede v.vá, yem- 
vuelvete el vientre , y la boca del estomaga 
con su piel , y luego serás sano. La raposa te- 
nia la ciieba allí cerca , donde moraba el león 
en una peña , y oyó con gran diligencia todas 
estas palabras. Y como el lobo saliese del león, 
ella se fue , y rebolcóse toda en un lodo , y 
vino ante el león , y dixole : Señor Rey , sál- 
vame. Respondió el león: salva sea. Mas llé- 
gate mas cerca, que te quiero besar, y decirte 
he un secreto. La raposa dixo: Ya vés, señor^ 
que viniendo con priesa por te visitar , como 
estoy enlodada, y llena de estiércol, y he ver- 
güenza de me acercar á tí, porque no recibas 
algún enojO , mas después que me apañare , y 
peynare, asi limpia, yo vendré ante mi señor 
el Rey , y dir.is lo que te placerá : mas antes 
que me bañe , manifestarte quiero la causa de 
mi venida tan quexosamente. Yo he andado 
casi por todo el mundo buscando medicina, y 



176 

no he podido saber mas de cito , que un tísico 
Griego iiic ha enseñado en Atenas. En esta 
Provincia, dlcr , que hay un lobo desrabado, 
grande, y gordo i el cual perdió la cola , para 
otra semejante medicina : este dice, que tiene 
medicina pura tu salud , en esta man^ , que 
tu llamándolo ante ti , estiendas tus nérmosas 
manos sobre él , y le quites el cuero , estando 
vivo ; salvo qne le dexcs la cabeza , y los pies 
por desollar ; porque dice que aquellas partes 
son ponzoñosas , y con su cuero caliente, cm- 
buclvc tu vientre, y luego ser.»ssano, yalegrcí 
y dichas t^ns palabras se partió, y donde á 
poco cse vino el lobo para el león , ' llamado á 
su consejo ; y entendiendo sus fuertes manos, 
segim la orden de la raposa, le quito el cuero, 
salvo el cuero, de la cabeza , y de los pies , y 
así con el caliente, y recien desollado, se em- 
bolvió el vientre, y las moscas, abispas , y es- 
carabajos, comenzaron á p car al lobo, y mor- 
derle brevemente, y él huyendo de ellos fuer- 
temente. La raposa , que estaba en una peña 
alta, llamábalo con gran risa, diciendo: Quién 
erei tu, que vas con el sombrero en ia cabeza, 
y .gur.nres en las manos, en este t'.eaipo tan ca- 
liente , y corres pOi ese pradoí Escucha esto 
que te digo: Quando fueres en casa di bien del 
seáor; y cuando fueres en corte, di bien.de to- 
dos-, y sino quisieres decir bien, no digas mal. 
Miiseáuuoi esta fabi.La que qHCi¿c¡iíier i]ue Jne:'-^ 
re injuriado de alguno. , no dsh^ de recitir ven.i't 
ganza de Ui.giui ni diga mal , jti blasfemias de- 
él , ni en publico , ni en jccnetu ; y el que arma 
luzo contra sh hermano ^ ^H«de ssr qi>* cay^a, en 
ti misí/io. 



f í ABULA X. 

l)el Itohif ^ c aventó torpemente. 

Lo que muestra úí agujero no es verdadero. 

jVxuchos buscand'o cosas mas altas , ^ue á 
ellos convenga, y presumiendo allende lo que 
su estado requiere , demandan lo que no cabe 
en ellos , y cortiunmente cuanto mas suben, 
tanto mas, y mayor caída dan, segun íe mues- 
tra por esta fábula. El lobo , levantándose de 
mañana, y es ten diendose, latizó un sonido de- 
tfcís , y dice: Esa buena señal és: gracias hago 
á los dioses , que oy en este día scre harto , y 
cumplido de muchas dignidades íeguli me ha 
mostrado el rabo, que me ha sonado. Es asi: 
partiendo por busdar aventuras , halló en un 
camino una enjundia de puerco, que se cayó á 
unos harrieros, como la olió, volvióla de una 
parte á otra , y dixo: í^o comeré de tí , que 
me sueles mover todo mi vientre , cierto soy; 
que oy he de ser harto de dignidades , según 
que ala mañana me figuró mi trasero. Y yen- 
do mas adelante halló un tocino salado , y %e-^ 
CO , el cual volviendo , dixo : íío comeré de 
tí , pvies soy cierto , que he de ser harto oy de 
buenas viandas segun denunció mi rabo. Y des- 
cendiendo en un valle, liallo donde una yegua 
con un h- o , y dixo entre sí: Deo gracias, yo 
sabia que ho/ habia de ser harto de dignida- 
des, y llegando á la yegua, dixole: Hermana, 
yo vengo de camino y he hambre, por donde 
cumpltí, que m« des á-tu hijo , para qac coma. 



178 

La yegua respondió: como te placerá , asi se 
haga ; mas mi señor , ayer caminando , se me 
hincó una e.^pina en este pie , ruegote , que 
pues eres mc-iico, y cirujano afamado, que me 
la saques y cures primero, y después todos es- 
taitioi . tu mand.ir , y comerás este mi hijo. 
Creyendo esto el lobo , se llegó al pie de la 
yegua , queriéndole sacar la espina ; y ella le 
tí'ó una gran coz en mitad de la frente , de 
manera que dio con el en el suelo; y asi huyó 
ligeramente con su hijo á las sierras, y fue li- 
brada del peligro. El lobo, recobrando, y tor- 
nando en sí, dixn: JSo me curo de esta in uria, 
pues que vo seré harto, y fuese su camino ade- 
lante, dónde halló dos'carneros , que reñian 
en un prado ; y dixo entre si : Ahora es cosa 
cierta , que he de ser harto , á Dios gracias; y 
llegando á los carneros , él los saluda , y dice: 
Hermanos, aparejaos; que el uno de vosotros 
me ha de combidar á comer: Responde el un 
carnei-o: Hágase como te placerá ; mas rogá- 
rnoste, que ^uzgues entre nos derechamente, y 
d/i una sentencia sobre este prado , que fue de 
nuestros padres, sobre el cual, como no sabe-, 
nios , ni havemos usado de pleitos , y juicios, 
reñimos, y contendcmonos, por donde haz en- 
tre nos partición derecha de él, y después man- 
da á tu voluntad libre de nosotros. Kespondió 
el lobo : Yo haré de buen grado eso , mas que- 
ría que me dixeseies , en qué manera queréis 
que parta' Entonces dixo el otro carnero: Se- 
ñor, p'Jes demandas el modo á mi parecer, que 
debes de partir en esta manera: Tú debes de 
estar en medio d^l prado , y no*oíios estaré- 



'79 

filos cada uno por su cabo del prado , j corre- 
remos ambos para donde tú estar s ; y aquel 
que primero llegare á tí . haya el prado , y al 
otro que lo comas tú. Dixo el lojo: hngaseasi, 
que me parece buen modo. Y asi se van los 
carneros cada uno á su cabo ^ y corrieron con 
gtan aquexa , y ímpetu para donde estaba el 
lobo en medio del prado: y juntamente llegan- 
do hirieron al lobo: el golpe doblado fue tan 
grande, qae el lobo cayó en el suelo, quebran- 
tadas las costillas, y medio nu.erto ensuc an- 
dose de su estiércol ; mas desde «í poco , retor- 
nándose en si , dixo: Ni aun me curo por esta 
otra injuria, que yo he de ser yo harto, según 
esta mañana me lo tiguró el rabo; y partién- 
dose donde , halló en una ribera una puerca 
con sus hijos paciendo en un prado , y dixo: 
Gloria tibi Domine , yo sabía , que hoy habia 
de scv arto de buenas viandas delicadas; y dixo 
á la puerca: Hermana comeré tus hijos ? Rcí- 
pondió ella. Señor, como tu mandares ; mas 
no están aun lavados, según que manda nues- 
tro rito , y secta. Por donde te ruego , que 
pues la buena ventura te traxo aqui , que tu 
mismo seas el padrino , y los laves, según nues- 
tra ley , y después escoge de ellos los que mas 
te agradaren. El lobo dixo que le mostrase la 
fuente. Y estando en lo mas aito de la canal 
el lobo presumiendo de padrino tomó un ie- 
chon para meterlo en ei agua , y lavarlo , se- 
gún aquella ceremonia; la puerca se llegó á el^ 
y diólc un gran golpe con el hocico , gruñen- 
(lo con furia, y lanzólo dentro en la canal , y 
1.a fuersa del agua que era corrienüe arrebatido, 



i9o 

llevó al lobo , hásía que cayó en el focfezno 

del molino, donde anduvo al rededor danzan- 
do un poco , en que padeció asaz mal en su 
cuerpo Escapando de aquello con mucha cui- 
ta , esfuérzate, .dxlendo 3 que aun el dolor no 
era tan gra:-;de , que p. ¡diese , á él de su buen 
proposito retraer, y no era á él Injuria nada de 
• eil^ , pues por engaño le era cometido; y que 
todavía enrcnJia , se^un .1 la maña:,a le habla 
solieado el rasero, que había descr harto aquel 
dia de muchas viandas delicadas. Y asi, pasan» 
do cerca de cv. lugar, vio unas cabras, aue es* 
taban encima de un horno , y dixo: Gracias 
sean dada' a Dios ; aora veo vianda, que mu- 
cho codicio, y fuese para ellas. Como ellisvie- 
ron al lobo, escondiéronse dentro en el horno, 
y el lobo eítnndo ante el horno, saludólas di- 
ciendo: Hermana , salud hayáis , yo soy lle- 
gado .i vos vis tar , á comer algunas de voso- 
tras. Dicen ellas: Señor seamos oidas, y haz 
de nos lo que te pluguiere, noiOtras nos veni- 
mos aqui , sino a o¡r los oficios, rogárnoste 
mucho; que tu lo cantes, y hecho el oíicio de 
alabanza , haiás lo que te agradare. Ei lobo, 
presumiendo mucho de cantor , comenzó de 
akuliar , y dar muy grandes voces altas, hos 
Aideana>', oyendo Ls voces , y ah'ilidos del 
lobo, salieron todos con armas ^ y perros, y le 
dieron tantos de los golpes , y heridas, hasta 
que él casi medio muerto" escapó bien mordido 
de los perros y asi huyendo, él se llegó do.nde 
gran pedazo de camino, debaxo deun árbol de 
mnchas ramas, y echándole á ia sombra esten- 
dido, comenzóse de qucxar , y maltratai*, ha- 



7f?r 
fclandóíntresf áe esta manera: ODios, cwjn-- 

tos males son venidos oy sobre mí; mas ble;i 
mirndo , la mayor parte ha sido por mi culpa. 
Y donde me fue á mí tan sobervia voluntad, 
oue rehuse la ¡n'undía , y desechase la carne 
del puerco i Y mas mi padre no iue ñsico, vo 
fío aprendí medicina , y dónde me vino ¿ mí 
Ser medico para curar, y sanar la yegua: Y asi- 
mismo, mi padre no fue juea, ni tampoco no 
«prendí yo leyes , ni derechos ; y quien me 
mandaba í mí tener veces de iuez , y 'uzgar 
entre los carneros i: >'i tampoco mi padre nun- 
ca fue padrino de ninguno , para que yo hu- 
viente de lavar los cochinos en la fuente? Y asi 
en semejante , donde me fue tan locapresím- 
cion , que quisiese mostrarme padrino en tal 
oficio? Y dichas esMs s\^s desventuras, dixo asi* 
G Júpiter , aora cayese de la tu silla de marfil 
tin cuchillo : que me hiriese sobre e^to muy 
íut^rtemente. En este mismo tiempo acaeció es- 
»tar un homnre en el árbol encima limpiándo- 
lo , el cual ovo con diligencia todas estas pa- 
labras, y acabando el lobo su platica, ysus cin- 
tas , el hombre lanza, y tira la acha con que 
limpiaba el árbol, y acertó, y hirió al lobo en 
el espinazo , de minera que le hiao dar una 
buelca al derredor; y levantándose luego, mi- 
rando al cíelo , y a"l árbol , dixo: O Júpiter 
que' grandes reliquias se contienen aqui, para 
qu¿ fan ligeramente las oraciones de los que 
ruegan , y suplicar) sean oídas! Aora sup'.esen 
ejte tan buen lugaí'r todos los que son de cora- 
zones atribulados ; porque viniendo aqui fuesen 
librrados áe tribukciones, X^'d cspcnnác donae. 



7 fia 

mas antes bien corrientío, y Itegtao, y hum!-» 
liado , se torno para los montes , donde salió 
muy sobervio. 

Enseííaiios aquesta fahula. , qtte no debe et 
fiomhre que,rtr que le llamen mas de lo qne es '^ n¿ 
de'e querer, ni seguir las cosas mayores , y mas 
fuertes , que d su estado requieren', mas qut cads 
tino debe ser muy contento con su estado, y quant 
deba el hombre dar crédito , ni ft d agüeros» 

FÁBULA XI. 

D^l Perro Emhidioso. 

JEI/ emhidioso A si mismo daña. 

-íTLlgurios son embldlosos , en tanto grad», 
^üü aun han embidia de los otros , en las co- 
sas que ellos no las pueden haber , aunque á 
ellos* no aprovechan impiden , y embargan á 
los otros , según que se colige de esta labiila. 
El perro yacía en un pesebre, que era lleno de 
heno, y 'venían alli los bueyes, r> los cuales 
no dexaba de comer de ello , ladrando , y mos- 
trándoles su£ dientes con saña. Entonces dixe- 
ron ios bueyes: Cara, que haces mal y per- 
versamente , mostrando que has embidia á la 
rau'stra naturalesa , qve no puedes tu usar, ni 
aprovecharte de e.sto , porqi e no es tu linage 
de comer heno , y pa'a, y defiendes , que no 
lo comamos nosotros , que es nuestra natural 
vianda Y asimismo este perro tenia un hv.eso 
cu la boca , el cual no podia roer; mas no de- 
xaba que ío royese, y se aprovechase otro perro. 



I ... .'«3 

i lEsfa ^fahvla quiere decir ^ ^ue Ici efnhltiiat no 

í se piíiJe íjnitar de ligero , mas que se i^tiitn coit 
: gran trabajo ^ v su natura es ^ que no sabe holgar, 

FÁBULA. XII. 

Del Lobo , y dil Perro hambriento, 

JRÍ qae excede lí su natural y hace de su mat, 

Za^'x el que mantiene casa, y familia, nodáde 
comer bien á sus tamiliares, muchas veces pa- 
dece daño por sti avaricia; y asimismo el que 
' quiere exceder su naturaleza , á las veces le 
viene mal por elio, según se prueba por esta 
fábula. Un hombre rico tenia gran manada de 
ove as, y un perro que la seguia por defender- 
las de los lobos , mas porque su amo era ava- 
riento, no hart.iba al perro. Y un dia, vinien- 
do el lobo al perro , dixole , que estaba mwy 
■flaco , Y que entendía que lo causaba , porque 
no se hartaba , por cuanto , según él conocía, 
su señor era muy escaso ; y que si él quería, 
que le daría buen consejo para ello. Re:.poa- 
dió el peiTo: Y necesario es para mi mal cual- 
quier sano consejo , según me dices, y se yo - 
que estoy muy flaco. Y dice el lobo: lo que 
me parece que cumple para tí; esto es , yo en- 
traré en medio de los corderos, y tomando uno 
de ellos, haré que huyo, y tu me^eguir.'s , y 
después que corras ua'largb trecho, fingiendo 
que eres cansado , caerás de flaqueza , cantes 
que me alcances, y los pastores, vl?ndo aques- 
to , luego dirán: Por cierto, este nuestí'o per- 



xB4 

ro : Si se hartase de viandas , cíe manera , qne 
estuviese mas recio , no Uev.iria el lobo el cor- 
dero: y entonces yo creo, dixo el lobo, que te 
mejorarán la ración , y te hartarán. Dice el per- 
ro: Hágase como te placerá , después de poco 
tiempo fue tomado nn cordero del lobo, y co- 
menzó de huir con él. El perro se vá siguiendo 
tras él , y antes que lo alcanzase , cayó en el 
suelo , como desmayado de hambre. Y viendo 
esto los pastores , y toda la familia, dixeron: 
Este perro no es harto de viandas , y asi no 
puede correr , ni alcanzar al I090; si él estu* 
viera mas fuerte , y pnido , segisn el corazón 
tiene , no llevaria'el lobo su piel, y de todo 
esto el señor, es en culpa, porque no lo pro- 
vee y ni harta como cumple. Oyendo estas pa- 
labras , mostrando que estaba sañudo, lleno de 
vergüenza , dixo asi : Maldiga Dios aquel que 
dá. de comer á este peiro, que yo m.indo , que 
lo harten , y él c&t.t muerto de hambre •< y asi 
echaba la culpa á la f.imilia: mas d cc^ de aqui 
adelanto désele la vianda en abundancia , y asi 
le daban después del caldo, y de la cocina, de 
la.s candes , y de los salvados de trigo , de ma- 
nera, ({' e el perro comenzaba á tomar fuerzas. 
Y donde ,i pocos dias vino otra vez el lobo al 
perro, el eral Hlxo: Hermar:0 , cata que te di 
Düen const'o. Respondió el perro: Por cierto, 
bueno, y necesario para mí. Dixo mas el lobo: 
Entremos ertrainbos entre los corderos , y yo 
arrebatando uiiO de ellos , comenzaré á huir 
con él , y tu alcanzándome, herirme has del 
pecho , de manera , que el golpe no sta muy 
grande , y donde echaré en tierra^ como quien 



mo puede tenerse de cansado , y ñaco , y luego 
d¡i\.n los pa.stores: Verdaderamente, si este per- 
ro fuese harto, y lleno de viandas , no huiría. 
eí lobo con el cordero ; y aun e'l mismo no es- 
capara vivo. Respondió el perro: Yo he miedo 
grande á mi señor, el cual me da de comer, y 
aunque no mt dá hasta del todo hartar, empe- 
ro consiento en eso que me dices. Entonces, 
entrando el lobo: tomo un corderuelo gordo, y 
comenzó á huir con él por su camino, al cual 
siguió el perro, según entn ellos era concerta- 
do , hasta que alcanzándolo, le hirió en el pe- 
cho fuertemente, y así se dexó caer, como aquel 
que no se podia tener por hambre, y flaquera. 
Visto esto , los pastores , y tioda la" conCpañia 
clamaban, diciendo: Porclorto si el perro úiQ' 
se proveído, hasta que fuese contento, no lleva- 
ra el lobo nuestro cordero grueso, ni escapara, 
vivo. Oyendo esto el sefior, con ira, y dolor 
les dixo;Cata, que vos mando, me hartéis bien 
de aqui adelante este perro. Y asi, donde ade- 
lante le daban Ja cocina cocha, con carne , y 
CQn buen pan de triqo ; v con 'esto dentro de 
poco tiempo tomo en sí eliteramentc su fuerza 
con daño c!e su señor. |Y de cabo vino el lobo 
á él , y dixole : Muy b:;en conse o te di esta 
postrera vez , hermano. Respondió el peyro: 
Conozco que es buen consejo para mí , y nece- 
sario , y cougruo para ti. Y dixole eí lobo: 
Quiero entrar á tomar un cordero , con tu li- 
cencia , en galar.-'on de lo que te he merecido. 
Respondió el perro: Ya recibiste tu jornal , y 
niercji, por cuanto ya comiste dos corderos de 
mi amo, y señor. Tornóle á preguntar el lobo: 



i86 

jSi á tí pluglere , tomaré un cafnero ? Dixo el 
perro: JSo me place eso, y si lo haces, por mi 
vida juro, que no escaparás vivo. Y como el 
lobo vio esto, dixole: Pues qtie asi es , quie- 
res darme consejo , que' muero de hambre; AI 
cual dixo el perro: Aver cavó nna pared de 
una cámara de mi señor, donde estaba mucho 
pan , y asimismo hay donde m' chas carnes en 
sal, y v'no en abundancia: y si tú vas allá esta 
noche, podrás contentarte de viandas. Dixo el 
lobe: Haiílasme eso engañosamente, porque 
si entro donde me descubrirás , y harás sabep 
á tu señor , y á su compañia, porque me ma- 
ten? Respondió el perro: Por mi fé , te juro, 
tal cosa no haga , porque no es .' mi cargo na- 
da de las riquezas de mi señor, salvo de estas 
ovejas, por donde yo te descubriré. Y con es- 
to segurado el lobo , como fue de noche oscu- 
ra, él se fue para aquella cámara, donde se har- 
tó de muy buen pan , y carnes muy gruesas, y 
aun bebió del me or vino , con el cual se em- 
briagó , y dixo asi, estando pagado , entre si: 
Estos villanos, después de hartos de pan , y 
vino, cantan sus canciones, y yo por qué no 
cantare , pues estoy bien contento; y asi co- 
menzó á cantar. Y los perros, oyendo su can- 
to , comenzaron de ladrar , y el continuando 
su canto , y alzando la voz ; oyendo esto los 
hombres , dixeron: Cerca está el lobo , y aun 
todavía el lobo alzando mas la voz , dixeron: 
Por cierto, en la despensa de las viandas canta 
el lobo. Donde fueron todos , y hallándolo 
cantando de buen espacio, fue muerto , y aca- 
bado de ellos. 



iB7 
■ j4cpnseia esta fábula d tos rteos , /j> jfo^ero- 
res-, qi.e 'i'e/i de comer a' undcisafmntí £ su Jami- 
íia p.r<^ue fa tandoles' lo mcesaño , no tonen 
t'loí mucho mas , ae manera , qtte los señores 
sientan el daño de cadadia. Y asimismo amoueS' 
ta á cada, uno^ que no exceda su pró¡.id natura^ 
teta , porqué no incurra én peligro :> -omo el loco 
aqtd: el cual leínndo vinOj que no pertenece é. Stt 
íinage^fut embriagado ., y muerto por tU^% 

FÁBULA XIII. 

Del Padre , y de los Hijos. 

Quien locos ple^jtos sigue-, locamente pierde stt 
hacienda. 

V^ontra aquellos , que por vanidades , y co- 
sas de nonada toman pleytos , y van ante los 
Í'ueces contendiendo , habla esta fábula. Un 
lombre dexó tres h'ios en su fin, á los cuales 
mandó todas su^ posesiones ; es á saber un man- 
zano, un cabrón , y i'n molino, y enterrado el 
padre, dixeron íos'hiios: Vamos al iuez, y pi- 
dámosle , que nos parta esta nuestra heredad, 
«nte el cu.il por ellos Cae propuesto en esta 
forma: Señor ucz, nuestro padre cu.indo mu- 
rió niss mando á todos tres sus posesiones por 
iguales parres , y que las p.iitlesemos, El juez 
les preguntó, qi:; cosa era? Dixeron ellos: Se- 
ñor, un manzano, y an cabrón, y un molino. 
El uez dixo: Pues como os dexó' eí m.anzano? 
Respondieron elíoí.: Asi mando partir, que no 
tuviese mas para uno, que para otro. Dixo el 



i88 ^ 

juez: Cotno se podrá partir el manzano? Dixo 
el mayor hermano: Yo tomaré del todo lo que 
fuere derecho , y tuerto. El segundo dixo: Y 
yo lo que fuere verde, y seco. El tercero, di- 
jto: Yo escojo de e'l las raices con el tronco, y 
ramaí!. Oídas estas palabras dixo el "uez: Y 
quien habrcí mas de eso , ciertamente , ni yo, 
ni otro no podrá entender , cual o'e vosotros 
Jíaya de haber mas , ó menos : y pues asi es, 
cualquier de vosotros , que pudiere declarar, 
quien me or ba escogido entre vos<~'í-ros , haya 
aquel árbol por entero. Mas dixo el tez: Él 
cabrón , cómo le dexó vuestro padree Respon- 
dieron ellos: Eso es lo que dispuso de! cabrón, 
que aquel lo heredase, el cual de no.";otfos su- 
piese hacerlo mayor por palabras orat^rAS. En- 
tonces el hermano mayor hizo oración, dicien- 
do asi: Flugese aora á Dios: que este cabrón 
fuese tan grande , que de una vez pudiese bé-* 
ber toda el agua de la mar , con toda el agua 
restante, que es debaxo del cielo, y aun no le 
bastase para ser harto. El «egundo hermano^ 
dixo : Señor , jo pienso , conmigc ir.í el ca-^* 
bron , que yo le haré' mas mayor , rogando, y 
«rando asi: Aora fuese en uno juntada tod^i 
manera de fuste , y árbol , y de cáñamo, y li- 
no , y de toda especie de lana , y hecha una 
soga de tcdo esto , y este cabrón fuese tan 
grande, que no bastase á ceñirle al derredor su 
pierna. I)ixo el tercero: hermano , aunque yo 
hablo tarde , y a la postre , yo entiendo , que 
el cabrón será de esta vez mió, porque yp.: 
le haré mayor de esta manera orando. O plu--, 
giese á Dios, que huviese una gran Águila,' 



^9 
la cual volase hasta el Cielo , y mírase á todas 

ias cuatro partes del mundo , y tanta cantidad 
huvleic en este cabrón , en anchura , largura, 
y altura, cuanta esta Águila pudiese ver. Aca- 
badas aqueitas sus tres oraciones, dixo el iuez: 
Os mando , cual de vosotros ha hecho mayor 
el cabrón , porque vos digo, que yo , ni otro 
alguno no podr.i determinar, y declararlo Por 
donde sea el cabrón de aquel, que verdadera- 
mente sabrá declarar esto. iVlas d.xoel juez: El 
molino , como mandó vuestro padre que fue- 
se partido? Respondieron ellos: Del molino 
ordenó en esta forma, que aquel lohuviese, el 
cual fuese habido por mayor mentiroso, cerca 
de los vecinos; y parientes. Y comenzó á de- 
cir el m^yor , que él lo debe haber , como 
aquel que es mas mentiroso entre ellos, lo cual 
prueba de esta manera, diciendo: Muchos años 
ha, que estoy echado en una casa grande, y por 
un solo agugero cae sobre mi ore)a una gotera; 
la cual asi me ha cortado, y dañado las venas 
de mi cabeza, que desgobernando, y derraman- 
do los miembros , me ha quebrantado los hue- 
sos, y empodrecido el cerebro, de manera, que 
ya me sale , y me corre el meollo por la otra 
ore a, y asi soy ya tibio, que no me puedo le- 
vantar del lecho, ni volverme á la otra parte, 
fá inclinar la cabeza por gran fuerza de men- 
t'r. El segundo hermano dixo: Según yo pien- 
so, el uiollno ser.í mió, por cuanto soy mucho 
4^3. mentiroso , porque aunque ayuné quince 
dias , ó un mes entero , si me allegare á una 
ines% llena, y abundante de viandas muy bue- 
nas , no podre íjiQtQT en íx\i boca alguna cosa, 



1^ 

por la gran manera de mentir que tengo: «al* 

vo, si por fiierza otros me hacen abrir la boca, 
metiéndome la vianda en ello. Dixo el terce- 
ro: Creo, por cierto, que conmigo quedará el 
molino, porque es manifiesto, que yo soy 
mentiroso , por cuanto yo , aunque sufriese U 
sed hasta morir, y estuviese en el agua hasta 
la gargarta, antes me morirla donde, qve aba- 
xar la cabeza por beber sola una gota de agua, 
SI otro alguno por fuerza, abriéndome la boca, 
no me la lanzase en ella. Entonces dizo el 
-iuez: Vosotros no sabes í Yo no entiendo, ni 
hay en e! mundo qn'en pueda entender cual de 
vosotros sea mas mentiroso , por donde suS" 
pendo la sentencia por aora , y asi fueron sin 
sentencia. 

Enséñanos esta ftthida. , qtt* no andemos en 
pleytos , y juicios vanamente , en especial pon 
cosas tan oscuras , y difíciles , (¡te por juicia na 
se yueden dijíuir^ porque no seamos escarnecidos^ 
y despendamos nuestras haciendas sin eféCto^ c#- 
mo estos tres hermanos. 

FÁBULA XIV, 

T)e la Raposa , y del Loho, 
Xoco es aquel y que sin deprender ^ quiere tase^/tr, 

tOomo los que quieren ser antes maestros 
que discípulos, Y primero procuran de enseñar, 
que de ser enseña Jos, queriendo igualarse con 
otros sabios mayores , y mas fuerces , caen en 



191 

grandes males , y yerros , nos muestra esta fá- 
bula. Lj raposa con su hijo, yendo al lobo, le 
rogó de esta manera : Mi señor , te pido de 
merced que tu quieras labar en la fuente á este 
mi hijo, y ser su padrino. El lobo respondió : 
Yo lo haré de buena gana, y asi lo puso luego 
por la obra; y después que fue el raposillo la- 
vado, pusiéronle por nombre Benitillo. A poco 
tiempo dixo el lobo á la raposa , su comadre: 
Ruegote : hermana , que me dexes á tu hijo, 
mi ahi'ado Benitillo, para ^ue le crie conmi- 
go, y él será avisado, y bien doctrinado de 
aquellas artes que yo sé, y mejor se criará con- 
migo, porque tu tienes abundancia de hijos, y 
no los puedes criar, sino con gran trabajo. Res- 
pondió la raposa: Mi señor, hágase como te 
placerá, y muchas gracias te doy, porque asi 
te acuerdas de mí. Entonces quedando Beniti- 
llo con el lobo, tornóse la madre para los otros 
hijos. Y un dia, tomando á su criado Beniti- 
llo, el lobo se fue para unos corrales , don<ie 
estaba una manada de ovejas, por tomar algií- 
na de ellas ; empero porque fue sentido de los 
perros, no pudo tomar nada, y al Alva subió-, 
se al monte alto, el cual estaba sobre un lugar, 
y dixo á su ahijado Benitillo: Ya sabes como 
esta noche fui á las ovejas, y soy aora cansado, 
V fatigado: tú vela un poco, mientras yo duer- 
mo, y mira cuando salieren las bestias del lu- 
gar á pacer me despertarás , porque tomemos 
alguna para comer. Y como durmiese el lobo, 
á la mañana despertóle el ahi'ado, llamándole: 
Ser.or, señor. El padrino le dixo: Qué quie- 
re* ahijado? El cual res]g>ondló: Señor, ya sa- 



len los puercos. Dixo el lobo: Ko curemos de 
ellos., porque son ganado, y animah;£ sucios, 
y eno osos cuando los como, torzones me iia-» 
cen , y mas sus sedas , y cerdas me lisian en 
los paladares , de manera que muchas veces se 
me hincan en ellos. Donde cerca déla hora de 
prima llamó Bt-nitüío: Señor padrino. El lo- 
bo rspondjó: Qué esñhi;adoí El le dixo: Ca- 
tad, que salen las bacas ^ pacer. Dixo el lobo: 
ISo cures de ellas , qué los pastores las guar- 
dan, que son fuertes y crueles, y traen masri-' 
nes malos , y bravos , los cuales luego como 
me sienten ladran , y me persiguen hasta la 
mueite. Después á la hora de tercia Beritillo 
llamo al lobo: Señor, ya salen las yeguas , y 
mandóle que mirase donde iban, y el í-apOsilló 
miró donde iban. Y volvió , diciendoie , que 
son entradas en un verde prado , cerca de la 
montaña , donde son muchos alamos. Oido 
aquesto , el lobo se levantó, y se fue sabia , y 
prudentemente , y se entró en la montaña , de 
manera qiie no fuese visto por alguno, y fue- 
se 5 y llego escondidamente hasta el prado, 
donde estauan las yeguas, y saltó, y tomó una 
de las mas gruesas de las narices, y ahogándo- 
la , la tomo . y asi ae hartaron de ella e'l, y su 
criado BenitiJlo. Y como se vio iiarto el ra- 
posiilo, llegóse al lobo saludándolo , y dlxoí 
Señor padrino , si alguna cosa quieres , yo la 
cumpliré' de grado , y seré á tu ,mandamlen o: 
y por cuanto yo me siento ya suficiente, sé la 
que me basta para buscar la vida, pldote licen- 
cia para irme á mi madre. El lobo le respon- 
dió: H¡;o, no quiera flue ce vayas, porc^ue yo 



it- que te pesará, si te ryjtre tan aína. Respon- 
dió el ahiia>3o: Pues 5C lo que me cump'e, no 
estaré mas aquí. Y como el lobo vido: que 
absolutamente , y del todo era su voluntad de 
irse, dixole: Vete en paz, mas tornotelo .-, de- 
cir, que te pesará de ello antes de mnch'^' tiem- 
po; empero , pues que asi tu quieres me ,?aiu- 
dar s á mi coniadre. El raposülo Benit'ilo se 
fuQ f aia sü madre, la cual, como vido á su hi- 
jo Bcnitillo dixole: P;)rqué te viene«; tan ama 
de tu escuela? Respondió Benitillo: Yo vengo, 
porque sov ya bien cumplidamente enseñado, 
T tanto he aprendido, que yo p^dré mantener, 
no solamente «í ti, y á mí , mas aun ^ tus hi os 
sin traÉ^,o alguno: Preguntóle la madre; Hi/o- 
dondeWas aprendi.io tan prestamente: Se^pon 
dio él: JNo cures de inquirir, y saber eso, mas 
levántale, Y sigúeme, y sabrás como vo soy 
buen maestro. La madre, aunque no con liúc'a; 
em.pero, por comp!.TV"ile , siguió á su h¡,o. £Í 
cual como vio hacer al lobo , úiesc de noche á 
las ovejas, por tomar de ellas; y como no pu- 
do tomai, subió al monte ilto, cerca de un lu- 
gar, y dlxo .1 la madre: Ya sabes como esta 
iiotíie lui a los corrales de las ove¡as , y estoy 
cansado , y fatigado , dorm.iré un poco, y tü 
velarás, y mira cuindo salic'-en las bestias á 
pacer; y como las vieres, despiértame, y tu ve- 
r s entonces lo qr.c vo sé, y he aprei)dido qué 
donde te quiero mostrar mjs artes, y sabiduria. 
Cerca de U mañana comenzó á llamar la rapo- 
sa al iiijO Bealcillo , el cal respondió: Qué 
quieres madre? ¿lia dixo: Cata que salen ¡os 
puerco* á pacer. Respondió el kijo: 'ho cure- 



194 _ ' 

mo-s de ellos, porque son sucioj, y fastidiosos, 
y llenos de cerdas, y hacen torzones ;í los que 
los comen, y lisian'los paladares. Donde á la 
hora de prima llamó la madre : Hijo Beni- 
tlllo. El ciial dixTX Por que no me dexas 
dormir un poco, pues sabes que eítov cansado? 
Ella le dixo: Las bacas salen del lugar. Dixo 
el hi:o: K o curo de ellas, porque son mucho 
guardadas de los pastores con fiertes , y fero- 
ces perros, los cuales, luego como me ven, me 
ladran , y me persiguen hasta no poder mas. 
Después á la hora de tercia llamó la madre al 
hio : diciendole , que se levantase. El rapo^- 
liO d'.xo: Qué coía csí Dixo la madre; La« 
\eguís *alen ú pasto. A esto respondió JSeneti- 
íiOj mostrando alcgria: Mira, madie, donde 
irán. Buelta la madre de mirar, dixo que eran 
entradas en unos prados ,. que están cerca del 
inontc. Entonces se levantó Benitillo , y dixo 
á la madre: estáte tu aquí en la altura del mon- 
te, y mira lo que haré', y verás verdaderamen- 
te mi sapiencia, y ingenio. Y asi se fue, y en- 
tro en el monte escondidamente , de niancra 
que n-- fue visto de alguno, y llegó al lugar 
donde las yeguas pacían , y saltó á una de las 
mas gruesas, y tomándola délas narices, pen- 
sando déla ahogar, y matar, sin mal que don- 
de le viniese, como á su amo el lobo ; mas la 
yegua casino sintiendo carga alguna porél, al- 
zando á Benitillo , comenzó de correr para los 
pastores , llevándolo colgadoal raposillo desús 
narices, donde tenia sus dientes hincados , y 
imprimidos. Y viendo la madre déla altura del 
monte , comenzó de llamarlo: O hijo , Eeni- 



^9? 

tillo, luelta la yegua , y tornt par» ael salvo, 
mas él no puJlendo derar la bestia, porque sus 
dientes estaban hincados en sus narices, fue lle- 
vado por fuerza. Y como la raposa viese venir 
corriendo los pastores , entendiendo que ve- 
nían á matar á su hi,o , y hiriéndose una pal- 
ma con la otra , comenzó á llamar , y llorar, 
diciendo : Hay de tí , mi hi'o Benitiílo, por- 
que tan alna volviste del estudió , ya veo que 
te matará aora, y asi dex.iras á tu madre mea- 
quina, y cuitada, y debieras creer á las pala- 
bras del lobo , tu buen padrino: y asi fue pre- 
so, y murto el Benitiílo de los pastores , y 
quitada su pelleja- 

^sta fábula enseña-) que ninguno dáht presm- 
tnir de maestro j antes que sea discípulo:, ni quls- 
ra primero enseñar^ que aprender:, ni se deb» 
igualar con otros mayores ■, y mas salios , j«« si. 

FÁBULA XV. 

D$l F*rro, Lobo , y Carmro. 

for su mal husca tngaíio ti simpU contra «í 

salió. 

J[yi.uchas veces los engañadores simples , f- 
que poco pueden , estudiando , y trabajando 
j)0i" engañar á los sabios, y poderosos , se en-« 
gañan , y hacen mal .i sí mesmos , según que 
nos declara esta fábula. Havia un hombre, que 
tenia grandes manadas de ovejas , y de otro» 
ganados , donde guardaba, y era un grande y 
(Upanuble «astir; , porque espantase 4 los I99 



ig6 

bos ; y asi por este perro , ninr;un lobo osab« 
llegar á las ovejas; Y corno niiicjios a:;os vivie- 
se, finalmente murió. Los pastores , turbados 
por esto, declan: Qiié liaremos .-hora, que nos 
ha faltado aquel r,ran n.astiilt El nos ascgrira- 
ba el campo, de aqui adelante vendr.in los lo- 
bos, destruirnos iiar, las ove as. Üyeíido esto 
un carnero sobervio , dixo á los pastores , oíd 
Kn íano cónsc'o: Cortad á mi L.s cuernos , y 
quitadme á mi la lana , y ve.scidme !a piel de 
aqi:el mismo perro mnerto, y yo espantar; to- 
dos los lobos con mi vi-íta, porque ellos pen- 
sar n que soy aquel peno. Y ios pastores toma- 
ron su consco, y pusiéronlo p(;robraj de ma- 
niera, que el carnero fue vest do de la piel del 
perro. Donde los lobos , como vicien n las 
ovejas, según que havian cf-sfimbre , viendo 
aquel carnero vestido con la piel del perro, to- 
d'.s huyeron de gran miecio. ¡Vias un dia, lle- 
gando doidc un muy hambriento, y comando 
una , comenzó de huir con ella. El carnero 
viendo crto , segnia al lobo con gran priesa. 
El cual, viendo al carnero ch íi^u;ra de paro, 
y creyendo que era el peno , el lobo se ensu- 
ciaba de miedo ; y asi comenzó á huir con gran 
priesa , al cual el carnero siguió muy ahinca- 
-da mente. Y visto esto el lobo , estando con 
•gran congoja, otra vez se ensució deestiercol, 
,con e^spanto del carnero , que ptrrro se hacía. 
Pinalmcnte, conociendo ei lobo que no podia 
ya mas huir , ni escapar , doblabascle el mie- 
do : y asi se ensució la tercera vea muy tea- 
mente , sembrando mala simiente por aqi-el 
camino. Y asi con quexa por saIvíV U vida. 



"^97 
corría el lobo , siguiéndolo in"v cerca el car- 
nero. Y corriendo entrambos de.esra manera, 
acaeció , que las espinas que estaban cerca del 
camino , rompieron !a pitl del perro , de que 
era vestido el carnero, y pareció luego dentro 
de la piel la lana del carnero. El loLo viendo 
esto, entendió el ení;año y asi tornando para 
el , le preguntó : Quíe'n eres tu: El carnero, 
no pudiendo nerjar lo qre era , d^xo: Soy car- 
nero. Al cual dixo el lobo: Y porqué me has 
espantado asi? Respondió él: Por juego lo ha- 
cia , y jugando contigo. A cíto dixo el lobo: 
sígneme, v te mostraré este ruego. Llevándolo 
al primer lugar , donde primero se havía en- 
suciado , mostrándoselo , dlxole : Te parece 
buen iuego este? Por consiguiente lo llevó al 
segundo , y tercero lugar , donde se estercoló 
por miedo: y preguntándole, dixo: Te parece, 
que es buen juego ,, que un lobo por miedo, y 
y espanto de un carnero , se haya de ensuciar, 
y estercolar tres veces ? Por lo cual , castigan- 
dolo por aquel juego , lo degolló , y comió. 

Qi.iere decif esta fahala-, que hs ignorantes, 
*j vecjtiefios no deben presumir' dt ¿ag íuir á los 
s •bios , y poderosos 3 porque en fin no engaÍLen á 
si mAstno$. 

FÁBULA XVL 

Del íiomírcci/lo , y Lean , y de su hijo. 

Pocas veces acaecerá , el que siguiere los conse- 
jos de los padres. 



JL, 



os que no quieren oír sus padres, y madres, 



y no reciben sus doctrinas, y enseñanzas, cae» 
en muchos trabaios , y peligros según que nos 
enseña esta fábula. Moraba un pequeño hom- 
bre en un desierto, viviendo del trabajo de sus 
manos cortando arboles, y sembrando las tier- 
ras , y un león que andaba en aquel desierto, 
destiufale los panes , v mieses , y arrancábale 
las plantas , y todos íos arboles que le daban 
fruto, y haciéndole otros i numerables, y gran- 
des daños El hombrecillo, viendo todosV'stos 
males, que el león hacía, pensó contra él cuan- 
to mal pudo, y armóle redes, y lazos, y cuan- 
tas maneras de artes pudo pensar. El león, co- 
nociendo que no podia escapar de tantas artes, 
y lazos, tomando un hijo leonciilo que tenia, 
-pasóse á otra parte, y región, donde mas qui- 
so morar seguramente, que donde primero con 
recelo y miedo. Después de gran espacio de 
tiempo, el leonciilo hecho grande , y fuerte, 
preguntó á su padre un día, si tran naturales 
de aqulla región donde moraban , ó de parte 
cstrangeros? Respondió el padre; No somos de 
este Reyno , mas antes somos de otra Provin- 
cia , y en esta tierra venimos huyendo de las 
«rtes, y asechanzas de un hombrecillo. Pregun- 
tó el hijo al león : Y quien es ese hombrecillo, 
cl cual espanta á los leones í Respondió el pa- 
dre: Ko es tan grande, ni tan fuerte como no- 
sotros, mas es muy ingenioso , y artero. Dixo 
el leonciilo: Pues que asi es, yo me iré á él, 
.V vengaré nuestras injurias. El padre rogó al 
liijo , que en ninguna manera quisiese ir allá, 
porque sabia muchas artes aquel hombrecillo, 
y no lo tomase por algún ingenio , y laao , y 



T99 

lo matase. Respondió el h'ro , diciendo -isi; 
Por la mi ccabeza , no haré menos de lo que 
digo , y vo vengaré aun nuestras In'urias. DIxo 
el padre: hl o , no vayas allá , sino creóme, 
que te has de arrepentlr. Mas el leoncillo, no 
curando de lo qi'e decía , y aconveiaha el pa- 
dre , fuese para el homl-rccillo. Y andando su 
camin) , hallo un cavallr» paciendo en un pra-» 
do, con el espinazo pelado , y con las costillas 
quebrantadas, al c\u{ pre^íunt ■ r Dime quien 
te iniurlo asi tan cruelmente? Respondió el ca- 
-vallo: El hombrecillo me ata con diversos la- 
zos, y ataduras de hierro , y de madera , y de 
correas, y cavalgí sobre mí y haceme andar,, 
correr por donde el quiere; y asi me pela el es- 
pinazo , V me quebranta las costillas , hacien-> 
dome traba".ar hasta la muerte. Dlxo el león: 
Tú, bestia , eres de mi padre? Respondió el 
cavallo: Y aun tuya , como de tu padre. Al 
cual habló el león de esta forma , mostrando 
gravedad: Por la mi cabeza yo vengaré tus in- 
jurias. Y caminando mas adelante , halló un 
buey nliiy herido , y aguiioneado en un prado 
paciendo 1 al cual pregunto: De quién eres asi 
cruelmente iniuriado? Amigo, respondió el 
buey , el hombrecillo me ata con muy fuertes 
correas, y me hace correr la tierra, y traer, y 
acarrear las piedras, hiriéndome hasta la muer- 
te Dixo el león: Tú eres bestia de mi padreí 
Dixo el buey: No solamente detu padre, sino 
también tuya. Por lo cual el leoncillo renega- 
ba entre si , diciendo: O cuántos males ha co- 
metido este hombrecillo, no solamente contra; 
iwí, mas aun contra los mios. Por la mi baib^ 



fio© 

que yo me vengpé de el, v mirando la tierra, 
vio las pisadas del horahrccilin , y preguntó al 
buey: Cuyas son estas pisadas c El cual respon- 
dió: Estas pisadas son cW\ hombrecillo: enton- 
ces el león, estendió su palma sobre la pisada, 
y dixo: Como tan peqr.eño pie tiene el Iiom- 
breciilo , y tantos niales hace: Y dixo ai buey 
<lue le mnstra.se á este hombrecillo. El buey 
dixo : Allí está señalando con la pata. Y co- 
mo m;ró el león , vio al hombre , que estaba 
en el monte alto, teniendo en la mano tina aza- 
da , con la cuil cabaha la titrra , y acercándo- 
se nías .1 e'l, dlxole el león : O hombrecillo, 
cuantas m.![dndes has cometido contra mí , y 
contra mi padre, y contra nuestras bestias, cu- 
yos Royes nosotros somos ; y-i es razón que 
haga enmienda , y yo me vengue de tí. El 
hombrecillo , mostrándole un palo, y una ha- 
cha , y un cuchillo , dixole di león" asi : Yo 
juro -í Dios que me hizo , que si acá tu siilics, 
que este palo te mate las tus carnes, y con esta 
hacha te corte , y haga pedazos , v te desuelle 
con aqueste cuchillo el cuero. Respondió el 
león, con temor que hubo , por la grande osa- 
día del hombrecillo: Pues qu^^ no quieres que 
yo suba á tí , ni haga justicia de tí , vamos tu, 
y yo á mi padre , y iuzcue e'l entre mí , y tí 
cual de nos sea Rev. Respondió el hombreci- 
llo; Jura solemnemente , que no cometer.is 
mal contra mí , mientras allá vamos, v yo ju- 
rare' asimismo , y asi pláceme que vamos. Y 
con esto el ieoncillo le -uro de no le empecer 
en este tiempo , v el hombrecillo de no le to- 
car. Y hecha esta, conveniencia , comenzaron 



10I 

su camino í mas el hombrecillo, dexando el 
camino dereciio, ibasc por ia ^cnda, en la cual 
tenia parados sus lazos, y dixole eUcon: Quie- 
rotw seguir por el camino que tu vás. Respon- 
dió e'l: Como tu quisieres ; y asi andando el 
león tras el, subkamente cayo en un lazo ; en 
el cual í'ue preso , y atado de ambos dos pies, 
el cual con gran voz llamó al hombrecillo 
que le ayudase. Y él le pregisntó, que havia? 
Respondió el: Ko se qué cow es, que asi me 
ha a:ado entrambos los oles, por donde te rue- 
go que me ayudes. Dixole el hombrecillo: Ya 
sabes como iiiré , de no tocar en t >do este ca- 
mino , hasta oir sentencia de tu pidrc y asi 
note puedo ayudaí-. Er.tonces, andando oíkon 
como podía, trabado de los p'.es, donde >í poco 
cayó en otro lazo, en el cual fue tan fuerte- 
mente atado en las manos , cic manera que no 
se podía mover , y asi conieiizó ¿ llauíar al 
hombrecillo , pidiendo socorro de e'l. Eí cual 
en lugar de le ayudar, tomó un palo verde del 
monte; y comenzóle á herir cruelmep^te, y de- 
cía el león: O hombrecillo, h.ibed piedad de 
mí , y perdóname , no me hieras en la cabeza, 
ni en el espinazo, ni en el vientre; mas hiére- 
me en las ore'as, que no oyeron el consejo de 
mi padre, y en el corazón, el cual no quiso 
creer su buena doctrina, en q.;e me dccia, que 
sabias muchas artes, y que me havia de arre- 
pentir. Y asi lo hirió el hombrecillo por las 
orejas, y en el corazón , hasra que lo mató. 

T^nseítanos esta fábula , que seamos ohcdien- 
tes á nuestros padres , j( gv.arderitjs sus tnaiula- 
míentos ■) y enseñanzas j y amouestacioiies. 



FÁBULA XVII. 

Del C aval! ero ■) y Raposa^ y del Escudero. 

F aciltnente es tomado el mentiroso. 

X-JstOi fíibula nos enseña , que hay muchos que 
se estienden en mentir tan largamente, y co- 
nociendo ellos mismos, como no les creen los 
oyentes, se desdicen poco á poco de lo que ha 
hablado. Caminando un Cavallero con su es- 
cudero , vio una raposa, y dixo: O Dios, y 
qué gran raposa veol mirándola el escudero, 
dixo: Maravillaste, señor, de esta raposa? Por 
la té que te debo, que yo he estado" en una re- 
gión, donde vi una raposa que era mayor que 
nn buey. Dixo el Cavallero: Y cómo se po- 
drían ahorcar ligeramente los balandrones , ó 
mongiles de tales cueros , pues son tan gran- 
des": Y asi andando su camino , como alargí-» 
sen las riendas en muchas palabras , dixo el 
Cavallero: O Júpiter muy poderoso, suplicóte, 
que nos guardes este día de toda mentira , y 
haznos pasar este rio peligroso, sin peligro de 
nuestros cuerpos, y llévanos salvos al lugtr, y 
posada por nos deseada. El escudero, oyendo 
estas palabras, preguntó al Cavallero: Señor 
suplicóte, que me digas ^ qué cosa te mueve á 
tan devotamente rogar, y suplicar? Respondió 
el CaviUero: Cómo no sabes tu lo quees á to- 
dos manlñesto? Ahora debemos pasar un rio 
de- gran virtud, v maravilla, en el cual, si al- 
guno entrare, que en aquel dia haya mentido, 
no puede salir vivo; mas antes será en él abo- 



203 

gado. Oyendo esto el escudero , de gran mie- 
do fue turbado , y cspantido; y andando rnas 
jadelante, coino allegasen .^ nn arroyo, dixo el 
^escudero: Señor, este es el rio Peligroso , del 
cual hablabasí Respondió el: No es" este , aun 
no somos tan cerca de éí: Y divo el escudero: 
Por eso lo pregunto por cuanto la rap:?za , de 
que oy hablaba , no era mayor que un asno. 
Respondióle el Señor: Yo ño me curo de la 
grandeza de la raposa, Y caminando su vsage, 
llegaron á otro, rio , y preguntó el escudero: 
Señor, este debe ser el rio, del cual oy decías? 
■ Dixo el Cavallero: Aun no llegamos ácl. Ha- 
bló el escudero, diciendo: Por tsto lo p-egun- 
to ; porque rae acuerdo de la raposa, que di- 
xe que era tan grande , como un asno , y yo 
me quiero enmendar , qué no era mavor que 
una becerra. Dixo el Cavallero : Ko tengo yo 
cuidado de tu raposa , si sea ella grande , ó 
pequeña: Donde ellos llegaron en un otro rio. 
E! escudero , con la quexa que traía , Cf^men- 
zó á decir : Ebte debe ser el rio del Dcligro? 
Respondió el Cavallero : Aun no llegamos 
allá. El escudero tornó á decir: Por causa de 
lo que dixe de la raposa de hoy , digo esto: 
Por cierto no era mayor que un carnero. El 
señor , mirando en todo lo que el escudero 
havia dicho, dixole: Dexame ya de tu raposa, 
y había de otra cosa. Y como llegasen y.", á la 
tarde al gran rio, dixo el escudero: Ya pien- 
so que sea este el río , de que^^habemos habla- 
do : El Cavallero, dixo: que eri verdad, que 
Jiquel es el rio de grandes maravillas. El eseu- 
dero con gran miedo , y lleno de vergüenza, 



S04 

dixo asi: Señor, yo me confieso á tí , la men- 
tira que dixe cerca de la raposa , qué yo te 
juro por la mi cabeza, que aquella raposa, que 
yo vi en aquella otra región , no era mavor 
que la que hoy vimos. Entonces el Cavaiicro 
con juego , y risa increpándolo, dixole: Y 
yo te juro asimism.o, que esta agua de este rio 
no es peor, ni mas peligrosa , que otras aj^uas. 
lista fábula repreheiuit, , y iiu.oncsta á ¡os 
mentirosos , que sin mensura mienten ^ que se en- 
íidenden , porque muchas veces ellos mismos son 
inducidos , -y traídos de los pruaentes , que se 
contradigan á si mismos^ revocando las mentiras 
por sus bocas mesmas. 

SIGUENSE ALGUNAS 

Fábulas del Isopo de la 

traslación nueva de 

Remigio. 

FÁBULA 1. 

X)el águila j y del Cuervo. 

ÍTingunó pruehü hacer lo que sus fuerzas no 
bastan, 

■J-^l Águila, volando de una peña alta, arre- 
bató , y tomó un cordero de v.'^.i manada de 
ove'as llevándolo en alto. Y vierdo esto el 



20^ 

cuervo , movido de embiJia , vase volando 
contra un carnero . con gran estruendo, y voz, 
pc.'i£.;ndo de tomar, y llevar el carnero, coma 
el Águila , el cual se embolvió, y implico sus 
«ñas en la lana del carnero, de manera, que 
no pudo por muchf) que hizo , descabullirse, 
V salirse del vellón del carnero. Y como le 
viese el pastor asi est.^r trabado en la laiui, 
corre para el cuervo ; y tomándolo , y corta n- 
I dolé las alas , lo dio á ios mozos para jugar; 
I y como uno le preguntase , qué ave fuese 
laqneilac Respondió al primero: Cuanto al co- 
razón fui Águila , ahora me conozco , que 
i' soy cuervo 

! Sirnijjia g^reí fahula , que el que osa., v aco- 
I mets aHziide , y mas que sus fiiefzas requieren^ 
j/u' /j/uci¿as veces cae en fortuna , y ha.é reír al 
fuello di sí. 

FÁBULA 11. 

Del Águila 5 y del Es,:araVajo. 
JVo es hueno despreciar al rudo. 



E 



-¿\ Águila iba siguiendo tras una liebre por 
la matar , la cual viendo, que no se podia es- 
capar , por ver á quien se acoger para ser de- 
fendida ; en cabo vio un escarabajo , al cual 
pidió socorro , y ayuda , encomendándosele 
ii'ucho, como menguada de defensor. El esca- 
carabaio la recibió, y amparó, prometiéndole, 
que el la deícnderia. En este instante vio co- 
mo el Águila se acercaba j á la cual rogó muy 



ao6 

afectuosamente, que no quería enojar, ni ma- 
tar la liei:<re , que era de su encomienda. El 
Águila , menospreciando la poquedad del es- 
car.íba o, no *.u.ó oe oírlo ,• mas antes e'l mis- 
mo tomó , y mato la 1 ebre. El cual, sintién- 
dose por aire! tado , ¡sigúela hasta saber donde 
hacía el Águila el nido, y por el tiempo, que 
el Águila poiiia sus huevos. Sabido esto por el 
escarabajo , subió , y voio al nido del Águila, 
donde echó y lanzó sus hi-evos en tierra. El 
Águila, movida, é incitada de pesar , y man- 
cilla, que habia de los h; evos perdidos , fue- 
se a quexar a Júpiter, porque es ella ave muy 
llegada á él, demandóle , que le diese un lu- 
gar cierto 5 y seguro , para poner huevos. Y él 
le otorgó, que como viese c,ue luesc tiempo 
hábil para ello , que los pusiese en su mismo 
seno. El escaraba o , como oyese todo esto, 
aguardó aquel tiempo en que ponía el Águila 
los huevos , y sabido como los puso en el seno 
de Júpiter , subió volando con una pella de 
estiércol , doíiie estaba Júpiter , y dexola caer 
en el seno , donde tenía los huevos. Y como 
sintiese en el seno Júpiter la pella del estiér- 
col , queriendo quitar y echar de su seno el 
estiércol, en uno con el derribó los huevos en 
el suelo. Y desde entonces se dice , que el 
Águila no pone huevos , mientras hay escara- 
bajos. 

Quiere decir' esta fábula , que no es de Inju^ 
riat' á alguno , por pequeño que sea; porque n» 
lay ninguno , qi-.e sea. injuriado .^ qué no rtc\bn 
ve:i¿¿anza-¡ cuando ví la sujcl. 



FÁBULA III. 

De la Raposa , y del Cnhron. 



•07 




J 



F rimero que hagas , mira ¿o que haces. 



os hombres de buen consejo , primero mi- 
ran el fin , antes que comiencen las cosas, qu« 
quieren hacer, según se recuenta en esta fábu- 
la. La raposa, y el cabrón, por causa de beber, 
descendieron á una fuente o pozo, Y después 
que huvieron satisfecho á la sed, miraron la 
salida del pozo , que era difícil , y mala , so- 
bre lo cual considerando, dixo la raposa: Her- 
mano, oye mi consejo , que he pensado , qué 
cosa conviene para que salgamos de aqui con 
la vida: si tu quieres estar derecho sobre tus 
pies , y llegarte á la pared con los cuernos , y 
yo subir por tus espaldas , y cuernos ; y asi 
calida, como fuere suso, tomarte con la mano, 
Y con mi ayuda saldrás. £1 cabrón , siguiendo 
el consejo de ía raposa, hizo como ella le per- 
suadió , y salida U raposa de I4 fuente , y es- 



cio8 ' ^ 

tando en salvo , ^escarnecía del c.ibron. El ca-^ 
bron , como acusase á la raposa de la iguala y 
contrato, qi;e no lo qucria cumplir, según 
que entre ellos havia pasado , requiriendola, 
que tuviese, y cumpliese. Respondió ella: O 
cabrón cortés, si tu fueses proveído de sabidu- 
ría, y prudencia, como eres abundado de bar- 
bas, y no huvieras descendido al pozo , antes 
que miraras, y pensaras la salida. 

i" nsi significa esta falnla , que el -prudente^ 
y entendido , -primero debe pensar el Jin , antes 
^ue comience La obra. 

FÁBULA ly. 

Del Gato y y del Gallo. 

"Para los homíres malos , poco aprovecha raeon» 

XJ^ ios hombres de mala natura , y condi- 
ción se pone tal fábula. Como el gato prendle-- 
se un gallo , buscando ocasión para lo matar, 
y comer, come'zó de lo acusar, diclen io, 
que era ave, que infestaba, y turbaba á todos, 
no los dexando dormir de nócíie. El gallo se 
escusaba, que aquello hacía por provecho de 
todos , porque él lo despe.taba , para que hi- 
ciesen lo que íes cumpl a. Decía mas el gato 
al gallo: Cruel eres , y mucho malvado , y t«- 
cineroso , que' tu cometes contra la orden na- 
tuiMÍ, luxuriando con la madre , y hermanas, 
no guardn.ndo deudo ni parentela algui:a. A 
esto re?:pondió el gallo . que lo hacía por dar 
ganancii á su señor , por cuanto sin cwenca, 



mc¿'inrtc aquel coito, ▼ ayuntamiento suvo», 
iai gallinas ponían los huevos. Entonces el 
gato dixo : Aunque tengas muchas exctsacio- 
nes , ni por esas yo te entiendo ayunar. 

Quiere decir esta faltilay que el melle-, y per- 
verso -por mutua , como propone dt ha. sr tmil 
en su cora^Off., arinque no huya cansas co;:ipet en- 
tes j que le muevan , por eso nO dgxa. dé cumjjiir 
su mala intención. 

FÁBULA V. 

JDt la Raposa .^ y de la Mata , ó Zarta. 

Del malo no se esptra huma ohra. 

J^ocura es demmdar favor y ayuda á aquellos 
que de su naturaleza les viene empecer , y no 
aprovechar, de que habla esta fabiíl:. Corno' 
la raposa subiese en un cerro , por escaparse 
áel peligro en que estaba , por cuanto la, se- 
guían los perros, abrazóse con la mata, ó zar- 
za , y así sus manos con las esplnr.s de ella, le 
lisiró, Y rompió. Dcspiies se vio asi gravemen- 
te rompida de aqueihs espinas de la zarza, di- 
xo: Yo me acogí para tí, porque me ayudases, 
y tu peor me h .ees , que enemigo. A la cual 
dixo la zarza: Amiga: tu erraste, qué por en- 
gaño me pensaste de tomar , como sueles to- 
_ mar on-as cosas. 

Quiere decir qm locamente se demanda rtT«- 
da-f v jjvor de aquel qm mas es inclinado^ y na,', 
tural á hacer mal., j daúoy (¿ue ayudar. 

O 



aio 

FÁBULA VI. 

Del Homhre , y del Dios de madero, 

JÍrhol hay , qu¿ ú -palos dú el fruta. 

Jlruebase por esta fábula, que el malo, si al- 
gún tiempo ;,provecha , no hace aquello , sino 
por fuerza, y constreñido. Un hombre, que te- 
nia en su casa el Dios de madero , rogaba á 
aquel Dios , que algún bien le diese; empero, 
cuanto mas i^ogába y oraba á él, tanto menos 
de bien, y provechos habia en su casa , y aun 
cada dia se aumentaba la pobreza, y angustia. 
Finalmente , movido con gran ira , tomó á su 
Dios de madero por las piernas , y dio con él 
de cabeza en las paredes; y asi quebrantada su 
cabeza , salió mucho oro de ella. El hombre, 
cogiendo su oro, dixo al Dios; Muy perverso, 
y porfiado eres , que no me quisiste hacer al- 
gún bien , en tanto , que te tuve reverencia, 
aora , como te herí , y deshonre , mucho bien 
me has hecho. 

Quiere decir , que el mal hondirt no hace hien 
id provécItOy sino £or fuerza, 

FÁBULA VIÍ. 

De un Pescador, 

Cada cosa es lien hecha ú su tiempo. 

T 

**- odas las cosas se haCen bien, las cuales en 
cu debido tiempo sqri hechas, según esta fabu- 



filX 

lü. Un pescador, que no era avisado, ni exper- 
to en e.1 arte de poacar, con flautss, trompetas, 
y redes , se llegó á la ribera del nur , y asen- 
tándose en una roca, ó peña, primero comen- 
zó á tañer la trompeta , y flauta , lo mas alto 
que podia , pensando que asi tomaria ma^ li- 
geramente los pescados. Conociendo , que por 
el cai-.to , y son de la flauta , y trompeta , no 
conseguía provecho, dexadas las flautas, lan- 
aó la red en el mar, y tomó muchos pescados, 
y como los sacase de la red, y viese como sal- 
taban , dixo el pescador. O ignorantes anima- 
les , cuando yo cantaba con la flauta, y ti-om- 
peta , no quisisteis danzar , y aora , que n* 
canto , comenzáis, á danzar, y saltar. 

T asi todas las cesas j* /mean bitn €H sus 
tiempos convtnibUs, 



O a 



aii 



FÁBULA VIIT. 

2De los Mires , y dfl Gato. 










í^/ homhrc priidei.te , í/z/íz 4;'¿*. pueda Ser ini^afíadt, 

V^omo el prudente, y cuerdo, si una vez es 
engañado cié algunos ,' dcspii«s no cree á los 
íin'f'idos , y íaisos hombres, prueba esrn íabii- 
la. Sintiendo el gato , que en una casa havia 
muchos mures, fuese luego para etlos, y temó, 
V comió mticlios de ellos", tjmandolos, uno en 
pos de otro: mas los mures, sintiendo que de 
dia ea dia >-c consumiesen , y apocaseiY,, i^^inta- 
ronse, y dixeron, que no !es venia bien decen- 
der , dónde adelaxite abaxo , y acordaron de 
estar , y morar arriba en lugares , donde el 
gato no pudiese subir , porque no se perdiesen 
todos. Ei cual cuten iiendo e:te consc"o de los 
iBires , fingió , y simuló que era muerto , y 
colgóse de lo* pies de un árbol , • que estiba 
junto con una pared. Y who de los ratones, 



fir?3 
que estiba arriba m'randjlo, agv chámente, di- 
ce: Bay am;go , aunque yo supiere , que te 
habías tornado en fielle , ó barquín cu nin- 
gún caso me abaxAria de aqui. 

Quiere decir -j ijtte el que es engañado una Vity 
no aj.e creer ú los falso, disimuladores. 

FÁBULA IX. 

T>il Lahrador t y de la Ahutarda. 

TJ que ds malo se aco/nfaña-, por malo es tenida 

|jl que con los malos , en compañía, es to- 
mado , por igual pena es punido con ellos, se- 
giin nos enseña esta tabula. Un labrador paró 
sus lazos en el campo , para tomar las grullas, 
V ánsares, porque le destruían sus panes, y si- 
mientes, y prendió con ellas una abutirda , la 
cual , viéndose presa , y tomada rogaba al la- 
brador, que la soltase, pues ella no e\\\ grulla^ 
ni ánsar, ni de gen-eracion de ar.sares ; mai's 
abutarda , que es ave piadosa cntie todas las 
aves, porque no desampara á su padre en la ve- 
jez , mas antes e;i todo tiempo lo sirve. El la- 
brador sonriendosc , dixole: Lo que hablas no 
me huve , ni soy ignorante , y e^o que cvcs^ 
bien' ib entiendo ; mas pues eres tomada en 
coir.pañia de estas grullas , y ánsares , que me 
hxn damnificado el ..ampo , conviene que coíi 
ellas juntamente mueras , porque eres hallada 
con estas. 

Quíers decir esta i fa} ufa, , (^a-O nos ¿luiriU.-iOS 
¿e la mala co.'ni^aúia. 



«14 

FÁBULA X. 

Del mozo qtie guardaba las ovejas. 

jC/ mentiroso aunque diga verdad^ no le creen. 



E 



'L que es infamado por mentiroso , aunque 
diga verdad , no es creído ; sobre lo cual es dé 
mirar esta fábula. Apacentando un Pastor sus 
ovejas , en lugar eminente , y alto , muchas 
veces llamaba socorro , por se burlar de los 
que al derredor trabajaban, y labraban las tier- 
ras, diciendo: Ay de los lobos , y oyendo el 
clamor , los que eran en la comarca . dexando 
su labor , venían á lo socorrer ; y no hallando 
donde lobo alguno, tornábanse para sus traba- 
jos. El pastorcillo ponía algunas escusas , di- 
ciendo, que los lobos habían huido por partes 
no manifiestas. Y como este moiso' huvlese he- 
cho esta burla , y juego muchas veces, un día. 
el lobo , verdaderamente entro entre sus ove- 
jas , y asi comenzó á llamar el mozo , como 
otras veces , socorro , llamando , ay de los lo- 
bos. Mas los labradores , pensando que burla- 
ba, conio otras veces, no curaron de lo socor- 
rer, y asi el lobo destruyó, y mató cuantas ove- 
jas qiüso. 

Esto le vino á aquel pastor mentiroso , porgue 
otras veces hahia mentido , no le creyeron cuandt 
de verdad -pedia socorro. 



FÁBULA XI. 

Jpe la Hormiga , y <Í¿ /¿z Paloma, 



aij 




E 



JEii el homhre. agradecido todo lien cat>¿. 



'sta fábula significa, que pues las animalias 
brutas son gratas, y agradecen á los que les ha- 
cen bien , que mucho mas deben agradecer los 
hombres que tienen razón naturíil , á aquellos 
de qu'ien reciben beneficio. Eftando una hor- 
miga con sed grande , decendio á una fuente 
á beber , donde acaso huvo de caer dentro en 
ti ag'a. Acaeció en este tiempo estar donde 
un árbol una paloma, la cual viendo , que la 
hormiga se ahogaba, quebró una ramilla con su 
pico , y asi la echó en la fuente muy presto, á 
la cual rama liegarido la hormiga, se escapo, y 
saló, V filias, estando a-Á , llegó de camino un 
cazador de palomas , y comenzó de aderezar 
sus redes , y aparearlas , para tora.^r aq;;elU 
paloma. La hormiga viendo esto , mordió ei». 



ai5 

el p'c al cazador , por lo cual sintiendo dolor 
en el pie , dexando sus aparcjO.> ,vasc dcnde. 
y la paloma ;, viendo esto, y el movimiento 
de e'l , voló de aqnei árbol , y asi se escapo. 
Quiere decir c^ta fábula , que no deh¿ ser fiingu- 
na ingrata contra aqnsl de quien bien ncibió. 

FÁBULA XII. 

De la Áhe']M. j y de Júpiter. 

jE/¿ mal que de tu boca, sale , en tu seno se cas» 

-iTXlgunas veces acontece , según se contiene 
en cta íabula, que rogando noy por algún mil 
que v<enga á nuestros enemigos , toma en nos 
miamos aquello que suplicamosXcontra ellos. 
Xa abeía, que es madre de ía cera,Viie un tiem- 
>.a a' sacrificar ¿ los dioses ; la cual ofreció á 




estaba muy benigno contra ella, suplico de cita 
Bianera : Q muy claro , y excelentísimo señor, 
supiico á tu muy excelente Mageitad , que 
otorgues A mí , tu servidora , esta giacia , y 
nierc.^d; Que. cualquier que llegare á la coime- 
ra para hurtar la miel , y yo le njordiere, que 
muera el tal luego. Y Júpiter, que a nía ba el 
linage de los hombres, ¿eliüerando sai; re esta 
si¡pl;cacion maduramente, en íin , mandó, en 
esta m.inera : Asaccs . que cualquiera que le 
hurtare la miel de U colmena, V lo mordieres^ 
dexando en la mordcdura-cl aguijón, que luc« 



go te mueras tu misma , y el agui;on tuyo te 
yca tu vida; y as* tornó en U abeja el mal que 
pedia para los otios.. 

Siguijica esta fubu^a que cada u'to se guarde -^ 
de no suplicar mu- para otro ; porque zl mal 12^0 
íítU de la hoca , en el seno propio s¿ cae, 

FÁBULA XIII. 

T}e un Carpintero.- 




c 



Xa v:rdad aprovecha mincho 4 ios buenos. 



ajanto mas piadoso es Dios á los buenos, 
tanto es cruel á los malos, sobre lo cual verr's 
e.sta fábula. En la rudera de un rio, dedicado, 
y atri'L>uido á Mcrcur'o: cerrando madera ^m 
Carpintero , cayoj.'cle la hacha con que cortaba 
dentro en un rio. El Carpintero pobre , vién- 
dose sin su hacha, con la cual ganaba su Vid», 
comenzó de llorar, y plañir; gin;iendo con 
gran angustia en la misma ribera, pidiendo ser 



ai8 

socorrido en su necesidad. Oyendo esto Mer-r 
curio, movido de misericordia de el, apareció 
al carpinterí) , preguntándole la causa de su 
qucxa , y recontada la causa , y o ida por Mer- 
curio, éi le traxo una hacha de oro, y pregun- 
to al carpintero si era aquella la hacha que ha- 
bía perdido? el cual respondió: Que por cier- 
to aquella hacha no era la que se le había per- 
dido en el río. Después , segunda vez le mos- 
tró otra hacha de plata el mismo Mercurio; la 
cual el carpintero asimismo negó ser suya. A 
la tercera vez le ofreció la propia hacha suy* 
de hierro. El carpintero, conociendo aquella 
por suya , aíirmó como aquella era su hacha. 
Y Mercurio , viendo aquel hombre asi pobre 
tan verdadero, y justo , dióle todas tres ha- 
chas , asi la de pro , como la de plata , y la 
propria suya ; con las cuales tres yendo el cnr- 
pinteio bien alegre para sus compañeíos, con- 
tóles su buena dicha. Y uno de aquellos com- 
pañeros , movido de codicia , pensando haber 
alguna buena fortuna , fuese para aquel rio, 
echó un hacha que tenia en el rio , y asentcíc 
llorando, y plañendo á la ribera, dando gran- 
des voces. Al cual , no menos apareció Mer- 
curio , preguntándole la causa de su mal , y 
declarada por él , según que el primero , tra- 
xole Mercurio una hacha de oro, diciendole: 
si era aquella la hacha que habla perdido? El 
cual con gran codicia sin duda alguna dixo que 
aquella era su hacha. Y conociendo Mercurio 
su imprudencia , y poca vergüenza y mentira, 
con desordenado apetito , ni le dio la de oro, 
ni la misma suya, que habla en el rio hnzado. 



Y asi la londad ele tos homl^rcs , e.s galardo- 
nada de Dios , In maldad punida. 

FÁBULA XIV. 

Del mozo ladrón , y de su madre. 

Provechoso es et castigo dendt yei\tie>''>os. 

«^u'en no es castigado en principio cuándo 
comienza á delinquir , y iiacel* mal de dia 
en dia se torna peor ^ stguñ que muestra esta 
fábula. Medió burlando un mozo, que apren- 
día letras V hurtó un libro, en que leía su com- 
pañero , y traxolo á su madre. La cual, en lu- 
gar de castigar, y repreliéndeHo por ello , re- 
cibiólo con gran alegria. Donde a poco el mo- 
zo hurtó un manto i. otro compañero, el cual 
no menos lo truxo á la madre , la cual lo re- 
cibió buenamente. El mozo mal castigado, ca- 
da dia hurtaba , tomándolo por olicio , de ma- 
nera , qiie como hurtase ya muchas cosas , y 
grandes , un dia e'l fue tomado en un hurto 
manifiesto, y preso, y atormentado , y sabida 
la verdad , e'l fue sentenciado , y condenado, 
que fuese ahorcado como ladrón , que era ; y 
como al lugar de la justicia lo llevasen, la ma- 
dre lo seguía llorando , y plañendo. El cual 
demando licencia para hablar á su madre se- 
cretamente, y volviendo para ella, y allegan- 
do su boca á la orc> de ella, como para le ha- 
blar en secreto, cortóle las ore"as con los dien- 
tes. La madre, qucxandnse del dolor , malie- 
ciálo, y rogaba contra el. Entonces aquellos 



que lo llevaban tomando aquello por gran de- ; 
sobedlencia , y fuera de orden , criminábanlo, : 
no solamente del hiTto , mas por la crueldad ■ 
que cometió contra su madre. El ladrón s.n ^ 
vergüenza alguna dixo: JNo vos mar.ivilleis, ' 
porque yo he cortado laorea á mi madre, por ' 
cuanto ella fue causa de este mal , que ahora 
padezco , y de todos mis males: porque si ella 
mecasrig/ra, como yo le llevé el libro hurta- 
do del estudio ; yo dexrra de hurtar , y no vi- 
niera á ser ahorcado por ladrón. 

Y así amonesta esta fábula , que ai fñ/ici- 
■ph se han cU castlgtir , y reprehendtp Los niñas, 
cnar.do algún crimen , ó delito cotnUia. 

FÁBULA XV. 

He la Talca, 

"Del Incorregible no es de haler misericordia. 

_|_y<í lt)s malos , que por («ostumbre pecan , y 
no cesan, no es de haber miser-cordia, aunque 
su error, y pecado sea peqieño, significa esta 
fábula. Mordiendo una p'.'lga á un hombre, 
fue presa de él ; ella , estando asi presa , tue 
preguntada por e'l: Quien eres tu, que asi me 
mordías en Ins piernas? Dixo ella: sov del li- 
nage de los animales, á los .cuales de su natura 
es dado de morder las personas, y vivir de esta 
manera. Por donde te ruego que me perdones, 
y no me mates, pues sabes que el mal por mí 
cometido, ei pequeño, y no puedo mucho mal 
hacer. El hombre sonrícndósc , le respondió: 



por eyto tu morir ís á mií: manos , porque tu 
natura no es inclinada á algunas obras buenas, 
ni conviene que poco , ni mucho eriipczcas á 
al-Juno. 

X asi nos maestra , que no es de perdonar á 

los malos , av.nqut su delito , y crim n sea chico, 

yuis que so't ccostnmhrados en mal hacer , y ta/i' 

-to se deoe , y aun mas considerar la volunlud, y 

ttso 5 como el lucho , y crimen cometido. 

FÁBULA XVI. 

Díl Marido, y de las dos magtrts. 

No conforma al vi^jo la moza. 

i, N o hay me'or sahui para los vieios, q"e no 
tienen miígeres mozas , j mayormente muge- 
res muy mozís , según dice esta flibula. Era 
tiempo de verano, en el cwal los miembros ge- 
niiaícs mas se miicven. Y i^n liomure criado, 
y usado en píaceres , y dcleytes , como tuesc 
en media edad, y medio cam.ro, tomó dos 
mugeres juntamente ; la una vie;a , y la otra 
moza, los cuales todos juntos en in-sa casa mo- 
rando: la mugcf vie:a, por atraer ai marido á 
su amor, espulgábale la cabeza ca'da dia, y sa- 
cábale los cabellos negros , porque pareciese 
mas vie'o , y participase mas en el parecer con 
ella, que era mas vie'a. La otra muger que era 
mas mo2a , per.só también como le quitase de 
la conversacio'i de la otra mu^er, atrayéndolo 
á su amor , porque no menos la amase , co- 
=• uien2-)le de sacar ios cabellos canos, deseando 



asa 

de lo tornar mas seme'able á si en mocedad. 
Finalmente de tal ma.'Cia fue pehido de ambas 
á dos, que hicieron cosa de reir, y juego en 
todo el. pueblo ; y asi parece que es muy gran 
salud j los viejos no tener mugere,s , salvo si 
quieren vivir en continua aflicción, y tormen- 
to, y ser soterrados vivos. 

For donde guárdate , Enrique , porq^iie no 
$res medio cano-¡ mas del todo. 

FÁBULA XVII. 

Del Labrador j y de sus ¡¡¿jos. 
Del continao trabajo se saca el tesoro. 



F: 



1 trabajo continuo tesoro parece, y cria se- 
gún significa fsta fábula. Un Labrador , cono- 
ciendo que estaba en fin de sus dias , desean- 
do que sus hi;cs fuesen avisados , é instruido* 
en la labranzi de sus heredades , llamólos an- 
te sí, Y dixóles: Hi;os, yo dexo todos mis bie- 
nes muebles en nuestra viña por donde cwin- 
do los quisicredes partir entre vosotros , bus- 
cadios en ellt , y alli los hallareis. Después 
que e! padre falleció, no donde á mucho tiem- 
po ellos se fueron .í la viña .í buscar los bie- 
nes , diciendo que habían de hallar algún te- 
soro en 1» viña , y asi cabaron la viña muy 
iiondamente con azadas, y aparejos , y instru- 
mentes muy convenibles para ello: pero no 
hallaron donde tesoro alguno, según que ellos 
lo pensaron ; mas como la viña fue muy bien 
cabada , dio mucho fruto en aquel aáo , y asi 



— 2» 

ganaron mwcho en ella , de manera que todos 
fueron ricos. 

Y asi quiere dtcir que el tmíajo de cada dia> 
es tesoro. 

SIGUENSE LAS FÁBULAS 

DE AVIANO. 
FÁBULA PRIMERA. 

Del Loho j de la muger ^ y del Hijo. 

Huye de las palahras de las mtigeres. 

JL¿os que á las palabras de las mugeres quie- 
ren creer , muchas veces son engañados , de 
que oirás la Fábula siguiente. El lobo con 
hambre que lo constreñia , una vez, salido, de 
la montaña , buscaba de comer para sí , y su 
muger, y sus hijos, el cual lo mas secreto que 
podía , llegó á una casa, con esperanza de to- 
mar donde alguna vianda , donde oyó la voa 
de la madre, diciendo al hijo que lloraba do- 
boj^osamente : Si no callares , yo te echaré al 
lobo rabioso, para que te coma. El lobo, cre- 
yendo estas palabras, toda la noche esperó con 
esperanza que le daría la madre su hijo, seguu 
havia prometido. Mas el mozo después que 
lloi'ó mucho ,' de cansado se durmió , por lo 
cual toda Svi esperanza perdió el lobo, y setor- 
no para su cueba. Al cual , como la loba co- 
noció venir, y tornar asi hambflento, como se 



Í3C4 

fríe, dixolcí Cómo te ha acaecido que no traes 
»lgvna caza segí n sueles; mas antes vieres la 
boca abierta , v triste; A la cual dixo el lobo: 
jNo te maravilles, porque no traigo alguna ca- 
za ; qué soy detenido de una muger por toda 
esta noche , esperando en íus palabras , y asi 
me ha tomac^ -> la luz del dia; y como fui sen- 
tido de los aldeanos, y perros, apenas con gran 
traba ;o he escapado , por cuanto mientras, iba 
buscando alguna vianda para nosotros, fiieme 
prometido un niño de su madre ; mas no me 
tve dado, y per donde con esta esperanza pe- 
ligrosamente hasta ahora he tardado. 

f^e fj cual se colige, que el (fus na quiere ser 
tvgaÚcidc ^ no dehe dar cree/ieia í la f¿^ y inconS' 
tanda di las mugercs. 



cae 



FÁBULA II. 

Del Galava^o , ó Tortiiqa , -v de las Aves. 







Si, 



yl gran suttda gran dec&udtdm.. 



— *¡n gran trabajo no puede alguno subir k /a^ 
cosiís altís, y cuanto mas alto sube, anendc de 
su naturaleza, tanto mas gravemente cae aL>a- 
xo, como aquesta tabulada teítimonio. Estan- 
do todas las aves ayuntadas en uno , vino el 
galápago entre ellas , diciendo: Si alguna de 
vosotras me alzare en alto , por cierto yo le 
mostraría las conchas , en que se crian muchas 
piedras preciosas , lo cual yo no pinedo por mí 
acabar, aunque continuamente anduviese; por- 
que yo ando muy pocop de manera que según 
mi andares pesado. en un día enteiT' andaría 
bien poco. Las ave.?, oyendo esteoírecimiento 
y prometiendo muy engañoso , alegres muy 
muv.ho-por ello, deputaroníe á la águila ^ qi e 
es la que mas alto , y mas presto enire cila^ 



Q.l6 

biiela , para qne lo alzase, según su deseo del 
galápago. La cual, t. mandólo en las uñas , lo 
subió as.'Z alto por los ayres, donde le deman- 
daba, que le mostrase, según había prometido, 
las conchas qi;e crian las piedras preciosas. Y 
como el galápago no pudiese esto cumplir , el 
águila comenzó de lo apretar con sus uñas as- 
peras, y él gimiendo, dixo asi : Estos tormen- 
tos no huviera yo padecido, si no huviera de- 
mandado ser alzado de suso en el ayre. Y oí- 
das estas palabras > el aguda desamparó á e'l, y 
cayendo en tierra, fue muerto , y despedaza- 
do , al cual la natura tan fuertemente huviera 
armado. 

Amonesta aquesta Fatula , qui cada uno se 
contente del estado que la natura U dio , porqiit 
la sohefvia pocas veces vú , ó llega á hiten jin-^ 
vías antes para en caída. 

FÁBULA III. 

De las dos Langostas , ó Cangrejos. 

2To reprehendas á otro del vicio que en tí hay, 

^in primero corregir así mismo, no debe al- 
guno redargüir á otro de la tacha,, ó vicio, que 
tiene, según se denota de esta fábula. Una lan» 
gosta , ó cangrejo, mirando á su hija, que an- 
daba tuertamente , y que no traía derechos los 
pies , porque se lisiaba en las piedras malas, j 
áspera^ de las aguas : por causa que anduviese 
derechamente, y sin lesión, dix'de la madre asi: 
Hijn amada , no vos plega de andar por esos 



227 

caminos ásperos, y sin carrera? y también mi- 
rad y porque no andéis asi á tuertas al trave's 
con los pies ; mas andad dercciía , y lermosa- 
mente, y no vos lisiareis tanto. Respondió la 
hiia: iVIadre , andad vos primero adelante , y 
mirad vos he como os movéis; y seguiré lo 
mejor que podré vuestras pisadas. La madre, 
comenzando de andar, vio la hi;a, que iba taa 
tuerta-, y feamente como ella: y asi le respon- 
dió: Maravillóme, cómo me redargüís del an- 
dar , no sabiendo vos misma mcior caminar. 
Y^ asi demacstrai , que torpe-) y fea cosa es re- 
^rthsnd^r el hombre ú otro , Lo qm tn si mismo es 
digno de reprehensión. 

FÁBULA IV. 

Del jisno , 3r cuero del Lean. 

Mal s* honra el homlrre con lo ageno. 

v.^ualquíera debe ayudarse de sus cosas pro- 
prias , y no usurpar las agenas , porque no se- 
vea iluso , y escarnecido, cuando senm quita- 
das de él las cosas agenas , que presuniptuosa- 
niente, y como se convenia usurpó, y tomó, y 
como aquesta Fábula nos demuestra claramen- 
te. Un asno , hallando un cuero de León , se 
vistió de él, encubriendo sus miembros con éí 
cuanto podia ; y como se vio en habito de 
León , honrado , y decorado, allende , y mas 
de lo que su natura queria espantaba, y causa- 
ba miedo i las bestias , y con la presiimpcion 
que tenia ,' hollaba , y pisaba las viandas á la« 



aa8 

ove'as , y no menos espantaba las anímalias 
mansas, asi como ciervos y liebres en los mon- 
tes. El andando en esta pompa , el aldeano, 
que lo habia perdido , cuyo era el asno , por 
caso pasó por aquel monte , donde halló á e'l 
ai.i vestido de la piel del león , y lo tomó por 
las ore as luengas , las cuales no podía cubrir, 
y dándole de p,ilos cruelmente, le desnudo de 
ia piel dtl león, diciendole: Ligeramente á 
estos que no te coi^ocen empavoreces, y espan- 
tas lu; mas.í los que te conocieron, no puedes 
espantar ; porque como fuií-te , y eres , queda- 
rás por asno, y vístete de las ropaí, y vestidos 
de tu padre ; y no codicies las honras age ñas, 
que no pertenecen Á ti , porque no seas me- 
nospreciado ; cuando te la quiten , de que te 
pensabas no debidamente honrar. 

FÁBULA V. 

De la Rana Física , y Raposa, 
JEs ntcedad alabarse de lo <¡ue el hombre ns sale, 

V./omo alguno no debe alabarse de saber las 
cosas que no sabe, ni puede cumplir, si quie- 
res no incurrir , y caer en vituperio , y daño 
signiñca esta Fabida. La rana , nacida en lo* 
abismos de las aguas, y criada morando en las 
lagunas por toda su vida, salía al prado verde, 
y florido, donde las bestias, y anin;ales esta- 
ban, diciendo que era gran Física, y natural 
en el arte de la Medicina, ofreciéndose á curar 



«09 

cualcsqi'ier enfermedades , y a^iin preservar la 
vida mas q.:e Peonio el mayor de los Médicos, 
el cual se dice haber hecho los Dioses ; mas las 
simples bestias , creyendo las p da. ras locas, 
daban fé á la jactancia , y vana elocuencia de 
la r.ufa. Lo cual , como viniese á las ore as de 
la raposa, que es mas artera, qiic las otras, di- 
ceníes: O qué gran locura es esta, yo estoy ma- 
ravillado de vosotras, como tan solamente po- 
déis pensar , que esta rana pueda curar alguna 
enfermedad , por peq\3eña que sea ; pues ella 
misma es amarilla , y hydropica; y si ella ffe.ese 
Física, como dice , antes huviera curado á sí 
misma, y á sus arrugas, de que está llena, hu- 
vicse lanzado de sí , de manera , que fuese de 
creer. Y como la fealdad suya sea muy apartada 
de la sabiduría , de que ella desea ser alabada, 
y 'muy desemc'ables sean sus obras de sv.s pala- 
bras , no curemos de sus hablas blandas , por- 
que el alabanza de sí misma , aun no parece 
bien á la boca suya. Las cuales cosas oídas, la 
rana muy avergonzada, y escarnecida á su sa- 
biduría , de que se alababa , partióse de entre 
ellas. 

Ensefianos aquesta fábula , (jiie no es de creer 
ligt.ratnciiti íi nqacl'os que se aLalan j y dicen-y 
(]ue ^alen mucluts cosas , mas antes deben gnat''^ 
darse de ellos , asi como de los alquimistas , les 
cuales comunmente el los -^ andando hamlrientos.j y 
rotos-, sus facultades qtderen enriquecer cílosoir^S' 
para sí mismos ^ no sabiendo ganar de comer-, que 
fio hacen otra cosa , sino vor evitar la ociosidad, 
ec'ando los carbones en el fuego ^ soplar , ¿iclcii-' ' 
dt j que iíait de iieiccr cosas de ¿i^n maravilla* 



ajo 

FÁBULA VL 

Di los dos Ferros, 

Et Esclavo no trae el esifuí/on por su honor. 

-L'ifítil , y malo es de conocer aquellos que 
^on de perverso corazón , si alguna cosa les 
acaece, si aquella es reputada á aquellos p. hon^ 
ra , ó deshonra, según se contiene en esta Fá- 
bula. Era un h^^mbre que tenia un perro , el 
cual sin ladrar , ni regañar , mas la cola pues- 
ta entre las piernas, mucho mordia á traición. 
Conocida esta condición del perro , su amo, 
porque ninguno pretendiese ignorancia, mas 
tóese avisado de la falsía del perro, echóle un^ 
ccncerrilla al cuello : mas ti perro , no enten^ 
djendo , porque creía que el cencerro le era 
puesto al cuello á honra, y hermosura especial, 
por lo cual menospreciaba á los otros perros. 
y un perro vieio , conociendo esto , y miran- 
dolo , que estaba así sobervio , y altivo , con- 
tradecíale cstis' palabras , diciendo: O loco , y 
desventurado , cómo eres tan ignorante , que 

{)iensas que la campanilla, que traes al cuello, 
a cual te fue puesta por vituperio, crees que 
la traes por honra : por lo cual resistes, y me- 
nosprecias á ios otrosí Por cierto en pubL'co 
error eres hallado : este cencerro es testigo de 
tu malicia por el cual los hombres falsamerte 
muerdes, y sepas que por esta causa te es pues- 
to., porque pueda guardarse de tu traición, lo 
cual si mirases, en ninguna manera tu cora- 
zón contra nos alzases. Y oyendo estas pala. 



33t 

bras , tornado en gran confusión , se fi;e de la 
compañía, 

*^ FÁBULA VIL 

Deí Canulh , y Jupicer. 




J!l que codicia lo ageno , merece que te qui- 
ten lo suyo. 

JCil sabio contento debe ser de aquello que la 
natura le dio, no codiciándola, porque la for- 
tuna no contraria él quitándole lo que tiene de 
lo cual oye esta fábula. El camello , viniendo 
á los campos , viendo dende gran manada de 
toros bien arniLidos de cuernos , malamente 
murmuraba, porque no le parecía abastar á sí 
aquello que la natura le habla dado. Y asi, 
yendo para Júpiter de esta manera, comenzóse 
de quexar, diciendo: O que vergonzosa cosa 
es á tan gran bestia de cuerpo como yo, andar 
sin armadura , y defensión, qué lostoros son 
trmados de cuernos, los puercos de dientes , y 



aun los erizos áe espinas ; y asi todas las bes- 
tias , según estado , y yo sola voy sin armas 
por estos caminos. Por donde, o Júpiter, yo 
te ruego , que asi como los toros me de's cuer- 
nos , con los cuales me pueda defender de mis 
enemigos. Jífpiter viendo su ingratitud del be- 
neñcio de la grandeza , que habla recibido, 
quitóle casi del todo las orejas , y riéndose de 
él le dixo: Porque no fuiste contento ton lo 
que la fortuna te dio , te quito las ore as: por- 
que te acuerdes para siempre de esta coire.^ cion, 
y asi con temor, gimiendo, uses de íu vida. 

.Esta fahula amontsta , qm nu debe a guno 
codiciar Lis cosas aceñas , porque no ^i¿rda lo 
que antes pacijicameate poseiM. 

BABULa VIII. 

De los dos Compañeros. 




Mas vale solo , que mal acompaÚado. 
jfxmcnesíanos esta fábula , que no nos raez- 



-^5 

ciemos en las compañías no conocidas; mayor- 
mente con aquellos , en los cuales se ha halla- 
do una vez engaño, y traude: Dos compañeros 
caminaban en uno por montes, y valles, y ca- 
minos llanos, y ásperos , en tanta concordia, 
que se prometían, y oírecian de no se desam- 
parar, por muy grande, y adversa fortuna , que 
les sobreviniese. Ellos no hablan acabado de 
hablar sus ofc\tas , he aqni donde pareció un 
oso: que venia para ellos "El cual visto, el uno 
de ellos : lo mas presto que pudo , comenzó á 
huir, y subiórc en un árbol. Mas el otro com- 
pañero, conociendo que no podia huvendo es- 
capar, echóse tcn-üdo en tierra, como muerto, 
de tal mar.era que ni respiraba , ni se movía. 
y como el oso lo volviese de una parte á otra, 
llegando su rostro á su boca , v oreja , como 
tenia el aliento sin respirir , y sin se mover en 
parte alguna, el oso sintió, que el hombre era 
muerto , y sin vida , por cuanto los miembros 
de él eran enfriados , y el calor natural era 
apartado de svs huesos por el gran miedo , y 
espanto ; y asi creyó el oso que fuese cuerpo 
muerto , y por cuanto no es de su naturaleza 
comer de seme'antes carnes muertas , asi lo de- 
xó yacer , sin le hacer mal , ni lesión alguna, 
tornándose para su cueba. Después que el oso 
se fue asi, dcccndió el otro del árbol, diciendo 
á su compañero: Ruegote, que me quieras de- 
cir , que' cosa tan secretamente el oso te habla- 
ba á la ore'a, cuando tan largamente eras pues- 
to en gran espanto , y angustia de la muerte? 
El cual respondió: Por cierto muchas , y di- 
versas doctrinas me enseñó, y especial una, la 



*34 

¿nal será á mí necesariamente de encomendar á 
la memoria, y es esta: Que cuanto pudiese, me 
guardase de mala compañia , y que donde , ó 
de quien una vez me sintiese engañado, 6 de- 
fraudado , que dende adelante no me juntase 
en su compañia. Estas palabras dichas, se apar- 
tó del compañero , y se fue solo su camino, 
diciendo que mas valia ir solo , que mal acoai'« 
panado. 

FÁBULA IX, 

De las dos oUas^ 

2^0 es ^provechoso al ^ohrc la cotti^aiíia del rico, 

\^ue el pobre , y mas baxo no debe haber 
compañia con el rico, y poderoso, nos en- 
seña esta tabula. Creciendo un rio de súbito to- 
mando dos ollas , que estaban en la ribera, las 
llevaba una pos de otra , la una era de cobre, 
y la otra de barro. Mas el movimiento de ellas 
no era igual ; porque la de barro , como mas 
ligera ; iba delante ; y la de cobre iba detrás, 
según mas pesada ; la cual le rogaba á la de- 
lantera , que la esperase , porque fuesen en- 
trambas en compañia , uirando de no le hacer 
mal, ni daño alguno. Empero la olla de barro, 
conociendo que la cosa pesada hace mal, y em- 
pece ií la ligera, y que no h.íce buena compa- 
ñía éntrelos mayores, y pequeños: respóndele: 
Aunque me haces segura de palabra? , y con 
juramento, no me puede salir el miedo del co- 
razón , porque ahora me haga la honda del 
agua tocar en tí , ó á ti en mi siempre seré yo 



= 3? 
en peligro , y suíeta á tí, y al agua, y todo el 

daño viene sobre mí , y asi no me conviene 

bien tu compañía. 

Quiere decir , que conviene al -pobre de no tt" 

ver compañía con el rico , -porque todo el lien de 

la cosa coman ha de ser del ma-]¡or ^ tj el daño ¡ 'jj 

trabajo ^ara el menor. 

FÁBULA X. 

Del León , d^l Toro , y det Cabrón^ 

JEl injuriado dele aguardar tiempo. 

\^ualquier que recibe alguna in'uria , ó dá-. 
ño de alguno no se debe vengar en tiem- 
po , en que el mismo está en peligro de haber 
otro mayor daño , y injuria, mas esperar debe 
algún tiempo , que sin desprovecho suyo se 
pueda vengar, asi como nos enseña esta fábula: 
El león, que andaba buscando de comer, halló 
en un prado á un toro muy grande pici ndo. 
Y como el toro vido venir al lenn contra sí, 
comenzó á huir para el desierto , buscando lu- 
gar donde se escondiese: linalmente, él, lle- 
gando á una cueba , donde moraba un cabrón, 
queria esconderse , dende el cual , viendo co- 
mo el toro queria donde entrar, abaxada la ca- 
beza, y alzados los cuernos , púsose contra e'l; 
porque no entrase alli. Lo cíial visto, el toro, 
por temor del león, pasó adelante, sin vengar- 
se del cabrón, diciendo asi: Ahora vo sufro es- 
ta injuria, no me vengando de ti ; mas no creas 
que huyo por temor tuyo, antes temo el león, 



Q3^ . ' 

que me sigue , al cual si no temiese , ó si se 
apartase, yo mostrarla <i tí , cabrón , hediente, 
sucio, y barbudo , qué diferencia hay entre las 
fiierzas'del toro, y del sucio cabrón; m^s por^- 
que veo que me est:\ apare ado mayor despro- 
vecho, y peligro, no curo ahora de la vengan- 
za , hasta que sin peligro la pueda executar. 

Significa esta f<ihuia -j que las inj/iruis, ó da- 
ños , basta el tiempo convenible , nlgimas veces 
sufrir debamos ■) porque como nos (]i eramos vengar, 
,otras mayores injurias nos sobrevengan. 

FÁBULA XI. 



JDe la Mona 




J'^l alíii'a,i2a ¡.<vopia es v'-tu])erio. 






JL^a alabanza propia en la boca misma se en- 
sucia , ó vilece , mas á cada uno aplacen s.n% 
cosas , aunque sean mas viles , que las de los 
otros ; de lo cual se pone tal fábula. Jupitcx- en 



^37 
un tiempo quiso ver eral tle toáis las animalins 
procreaban , y hablan mas hermosos hi;os , y 
mandó á todas las bestias , aves , y pescados, 
que se pi-eseria>en ante él con sus hlos. Cum- 
pliendo SI) mandamiento, todas las madres de 
todos los linages de anlmalias se presentaron 
ante él , ei'tie los cuales vino la mona con su 
hi;o mas disíorme y feo , que todos los otros, 
y presentándolo delante de Júpiter, dixo asi: O 
Júpiter, tú sabes que yo Meve la ventaja en esto; 
aunque alguno por ventura crea lo contrario. 
Empero , según mi juicio , digo , que este mi 
hi'o es el mas hermoso de cuantos presentes es- 
t¿n. Oídas tiUs palabras de la mora , Jrpiter 
coiner.zóse de reir , y toda la compañía con él, 
y dlxole asi: No quieras tu alguna de las tus 
cosas loar, salvo si primero no es aprobada con 
tesrimoiiio digno ¿t gran fé. Y si á esto no 
obedecieres, síempie escarnecida, y menospre- 
ciada serás de todos. 

SLini/fCtj esta fahula-y gi/e muchos homhrzs en- 
salzaii £iií cosas ii as qtte ¡as a¿ehas,aí:n/jí;e sean 
viles , (iií ningún precio ^ ¿ de mwy j^oco valer. 



23^ 



FÁBULA XII. 

Del Pillán ^ 11 de fa Grulla. 




2^0 éS justo que ti rico ultrajé al ^otre. 

J^ o debe alguno , aunque tenga virtud , ó 
excelencia mayor, que otro, menospreciar, y 
deicchav á otros; porque aunque ellos carezcan 
de aquella , puede ser que tenga otra meior, 
que la que el tiene , según se muestra por este 
exemplo. La grulla fue rogada del pabon, que 
cenase con él , y estando en uno á cenar , fue 
cuestión entre ellos , sobre las virtudes, y bie- 
nes naturales de que eran dotados. Y comenzó 
el pabon á alabarse á sí mismo de sus plumas, 
que eran muy hermosas , v resplandecientes, 
como el espeo y esparciendo la cola sobre la 
grulla , dixo: Cata que tu misma puedes con- 
siderar mi hermoiura , y cuanto te sobrepujo 
mirando á tu cue-rpo , y á tus plumas , como 
son sin alguna color lucientes solamente de 



color gris, y sin disposición agradable Enton- 
ces respondió U grulla: y dixo asi: Yo conoz- 
co , y no contradigo , que tu me excedes en 
hermosura de las plumas, mas aunque en la na- 
tura te haya dado aquellas mas hermosas y ex- 
celentes que las mias ; empero por eso tu no 
puedes volar suso en los ayres : mas está baxo 
en tierra, porque no bastan ellas para te alzar, 
y sostener , y las mis plumas , aunque no res- 
plandezcan, y sean indispuestas y feas, bastan 
para me alzar , y sostener en el ayre , de ma- 
nera, que las maravillas de este mundo yo pue- 
do con gozo , y alegría del corazón contem- 
plar , en tanto, que tu con tu sobervia quedas 
en tierra podreciéndote. Pues no debes menos- 
preciar alguno por la hermosura qne Dios te ha 
dado , porque no sabes tu de cuales virtudes 
sean dotados los otros, 

FÁBULA XIII. 

Del Tigride , y Laírador. 

La mala lengua es -peor que suena. 

V^omo la oculta murmuración, y detraimien- 
to secreto de la falsa lengua mas hiere que la 
«aeta nos enseña esta fábula. Un cazador era 
tan experto , y avisado en el arte de la ballesta, 
que muy pocas veces , ó nunca sus saetas per- 
día , sin que hir'ese, de manera, que todas las 
animalias lo temían ; no osaban andar segura- 
mente por las montañas , y campos , sino con 
muy gran peligro j inas el animal Tygride, sin- 



240 

tiendo , esto pensaba en que manera y diodo 
podia ayudar y librar las otras anlmalias , y 
bestias de este pcl gro tan giande, y incompor- 
table en que estaban, á las tiuieá dixo asi : No 
queráis temer, ni hayáis miedo alguno, queen 
cuanto yo pudiere, yo tds guardare', y ayudare, 
y deten'deró -^o'i mi fortalezi, y no es de temer 
á alguno , qué vos libraré yo de todos ios pe» 
ligros. Como estas cosas se hablasen asi , el ca- 
zador estaaa bien cerca escondido , y oyendo 
esto , paró su ballesta , y con una saeta hirió 
muy fuertemente al Tygride , diciendo: Este 
mi mensa gwro embio .; tí , jf orque te cuente 
quien soy."" Y como el Tygride quiso sacar la 
saeta, vino á él la Raposa, y dixole: Ruegote 
que me digas , quien tan fiicrteaiente te hirió, 
y donde estaba escondida esta saeta, que asi te 
he hallado. A la «ual el Tygride , con ira que 
tenia por el dolor , no pudieudo perfectamente 
hablar mas según que podía, con grande ge- 
mido, y suspirando, dixo: De una parte, y de 
otra mire al derredor; y ninguna cosa vi , que 
fuese de temer; empero , la sangre derramada, 
y la saeta, de que soy herido, me muestra a al- 
guno estar escond¡-"?o , el cual me ha herido, de 
lo cual puedo pensar quan gravemente 4os dar- 
dos , y saetas escondidos pueden llegar. 

Quien decir , qae cada aiLo se debe temer de 
los hombris falsos , -porque sus malas palakrcis 
asi vuelan sin imptdííueftto , como la sa^ta da la 
h ilUsta , V mas fuertsnwite , y peor in&ren , qiie. 
los durdos , y sastas. 



s.4t 
FÁBULA XIV. 

JDc los cuatro btuyas. 

Del mulo nunca huen censejfi. 

JCista fábula nos eneña, que no debemos creer 
las palabras engañosas, ni dar fe' á los lisonge- 
ros, y que no nos apartemos de la amistad , y 
compañia vieja ligeramente. Cuatro grandes, y 
fuertes bueyes , hecha compañia , y amistad, 
entre ellos, con grandes confederaciones, y iu- 
ramentos , iban a pacer continuamente á los 
prados , y tan grande era la amistad entre 
ellos, que donde quiera que fuesen i pacer 
juntos , sin miedo alguno iban , y tornaban, 
defendiéndose unos a otros sin peligro , de 
manera, que aunque el lobo hambriento vinie- 
se para ellos, ayudándose unos á otros con los 
cuernos se defendian , y lo haci;ííi huir espan- 
tado de su tanta concordia. El lobo , viendo 
que no bastaban sus fuerzís para contra todos 
cuatro , y que no aprovechaba en cosa, pensa- 
ba por sus engaños, y lisonjas , en que manera 
los pudiese ap.-!rtar de la compañia , para que 
pudiese matarlos uno á uno: y asi apartadamen 
te se llegó á ellos, diciendoles á cada uno de 
ellos , como era muy hermoso , v muy fuerte, 
y como era de cada uno de los otros aborreci- 
do, y mal querido , por donde Q,\^c mirase por 
sí , V se guardase de sn mala compañia, la cuál 
hallaría, por verdad brevemente,' v asi los bue- 
yes apartadamente , sobornados del lobo , í ue- 
ron engañados. Y como se juntaron, cada uno 

Q 



de ellos mirab» con mal o'o á los otros, y con 

recelo , coiis'.^eraba muy diligentemente de lo 
qvc har.ín los otros contra el. Y como la sos- 
pecha entre ellos cada dia creciese del continuo 
pen.T-miento , que siempre tenían , creyendo á 
las palabras del lobo, comenzó de disminuirse 
Ja ami;.tad, y concordia, en tanto , que dendc 
en a. leíante no curaban los unos de los otros; 
jnas antes iban solos á pacer. Mas el lobo, co- 
mo conoció que fresen discordes , que no an- 
daban en compañía , viendo que sus fuerzas 
bascaban, para contra cada uno de ellos, mató- 
ios uno á uno apartadamente, los no podía iun- 
t^mente acometer, antes había miedo de ellos. 
y como al cuarto , y postrimero buey llegase 
el lobo, dice asi el buey: En memoria, y doc- 
trina de todas las bestias, aquel que segura vi- 
da pudiere haber , por nuestra muerte iea avi- 
sado , que no sea inclin:ido , n-i atento á- oír 
los consejos j y palabras engiñosas, ni se apar- 
te de la amistad , y compañía vie'a , porque si 
en concordia nos huviesemos permanecido, en 
ninguna manera el lobo nos liabria acometido, 
ni menos conaído. 

FÁBULA XV. 

Díl Pino y y Jel Re'v//o ,- ó Endrino, 

iVíJ dehi la hermosa dt Li fcn cscarnectr. 

J3i o debe alguno por su hermosura mucho 
ír.saliíar , mas erro nionospreclar , y escarr.e- 
G«i\, porque muchas veces los mas h'-n-mosos 



• 243 
SMclcn caer donde los feos , y disformes esca- 
pan , y permanecen en su estado , según que 
nos muestra esta fábula. Un pino muy hermo- 
so, V alto, estando cerca de un. rebollo, o en- 
drino , escarneciéndolo, decia: O como eres 
áspero , y sin hechura, y disposición , no eres 
digno de que e^iie's cerca de mí, ni debes parti- 
cipar en cosa alguna conmigo , porque yo ten- 
go «uerpo alto , y grande , y asi derecho , que 
casi alcanzo las nubes, y mi altura hasta las es- 
trellas se estiende, y aun yo tengo el medio lu- 
gar en las nubes t^randes, y á mí atan las ve- 
las para tomar el ayre , y hacer andar, govcr^- 
nar, y regir la nao por la mar, Y adonde de 
estas otras inumerables virtudes, yo he, y al- 
canzo , de las cuales tu careces ,' mas tu' eres 
torpe , y feo , y menospreciado de los que te 
ven , y desechado , y escarnecido. Mas el en- 
drino "respondió : Ha^ta ahora tu has sido con- 
tento de tu hermosura , a todos nosotros , me- 
nospreciando por la fealdad miestra ; empero 
como te cortaren las randas , y el tronco con la 
hacha te será arrancado, cuanto te placerían 
las mis espinas , mas que tus ramas , con las 
cuales ahora te alegras. Porque alguno.no debe 
presumir de su noblcKu, y hermosura, que' mu- 
chas veces la hermo-ura > tristeza , y gemidos 
padece , y los disformes , y feos pasan con paz, 
y seguramente. 



Qa 



^44 

FÁBULA XVI. 

Del Pescador -^ y dal Pez. 

M¿ts vale paxaro en nano , ^itt íicytre volando. 

Xiíl hombre no debe dexar aquello que segu- 
ra, y pachicamente posee por la cosa venidera, 
que es inciercá , que puede í>er , que después 
busque , y no halle nada , asi como significa 
esta labula. Un pescador en la ribera''de ja mar 
pescaba con anzuelo , donde prendió t_ y sacó 
pez pequeño ; como le sacase el anzucfd de Iz 
boca, dixo el pececillo con gran gemido: Rué- 
gete, que hayas misericordia, y que te apiades 
de mí , y me quieras dexar libre , y en paz, 
pues ves que no puedes haber de mí , sino poco 
provecho, porque soy chiquito, y ahara me pa- 
rió mi macíJC , v no has tu en ello algún daño: 
V como fuere giande, y grueso, yo me torna- 
ré .i esta ribera , v de grado me dexaré tomar 
de ■ti. Mas el pescador le dixo asi: Por cierto, 
gran locura seria soltar el pez tomado, y tor- 
nar á trabajar para tomar otro. Pues ninguno 
debe dexar ligeramente lo que ha ganado con 
trabajo, porque después puede venir tiempo, 
en que el querrja tenerlo, y no lo hallará. 

yr asi no dcicmos dexar ¡o cierto por lo diido" 
sOj porque mas vale píixaro en mano , que biiy^ 
tre volando. 



\ 



FÁBULA XVII. 

Del Sol ^ X ai' ^vr'fH-^ . 1' T.tn'i-^ioso. 



■4S 




ilfllO. 



on ci daño del pra- 



Xan grande es la embidia de alg'unos qne de 
buena gana quieren padecer alguñ daño, por- 
que otros reciban, y padezcan niayore; de¿pro- 
vecbas , sobre que se recuenta tal fábula. El 
soberano Júpiter embio de su alta silla al Sol 
á conocer las voluntades dudosas de los hom- 
bres , V luego vinieron ante el Sol dos que eran 
muy diferentes en condiciones , porque el uno 
eraav atiento , y el otro enibidio'so , á los cua- 
les dice el Sol: Qae' es lo que queréis pedir. 



dado. Oyendo esto el avariento , queria el em- 
bidioso demandase primero ^ porque el consi- 



9.^6 

guie<^ ló doblado , porque él creía , que de- 
raandarí.! algunas riquezas í mas el cmbidioso 
entendiendo esto , considerando , que el ava- 
riento havia de haver , y recibir al doble que 
c'l 5 no pudo encubrir su émbidia ; y asi pidió, 
que le fuese sacado un ojo , porque al otro le 
saciscn los dos. El sol , viendo esto , sonrien- 
dose contra el otro , subió á Júpiter , y recon- 
tóle cuanto la embidia en los hombres reynase, 
de manera , que muchos querían exponerse á 
peligro, porque á sus próximos viniesen mayo- 
res males , y daños. Asi como se dice, qué go- 
zo es á los mezquinos , y amancillados , haber 
compañeros ch sus males, y penas. 

FÁBULA XVIIL 

líel mezo florante -y '^ del ladrón. 

El codicioso fterde lo suyOy y lo ageno, 

,A>quellos que codician las cosas agenas, á las 
vt-LCS pierden las suyas proprias . y no las co- 
bran, ?egun que la presente fábula declara. Un 
mozo, estando cerca de un pozo hondo , fingía 
que lloraba de dolor, de manera , que se hizo 
producir lagrimas de fingida , y simulada tris- 
tesa. Al cual oyendo un ladrón, preguntóle la 
causa de su tristeza diligentemente, diciendole: 
Dlme^ mancebo hermoso, por que con tan llo- 
rosos o os tu tan fuertemente lloras? Respon- 
dió el tnnzo con gemidos: Aquí vine con una 
caldera de oro asacar agua, y sacando el agua, 
haseme quebrado la soga ; y asi se ha caido la 



caldera dentro en el pozo, y por esta causa 5oy 
lleno de tristeza , y lloro. Oyendo estas pala- 
bras el ladrón a; tuto , y codicioso , qiiit se la 
capa , y ponendola cerca del mancebo, descen- 
dió en el pf)Zü á buscar la caldera. Y lucqo, 
como e'l entro, y descendió , el mozo tonio^su 
capa, con la cua] hi.yó al monte, y asi se escon- 
dió. El ladrón tardo mucho, pensando de ha- 
llar la caldera de oro; mas el, conociendo que 
rola podía" haber, porque no estaba en el pozo, 
Y qne su tempo pasaba en valde traha'ando, 
salió del pozo, y comenzó de buscar sn capa de 
unt parte á otra. La cual, como no hallase, ca- 
yendo en tierra, dlxo asi: O d oses de toáis la» 
gentes, qué juicio' tan iusto ig^al juziastcs, por 
muy gran razón deben perder sis mantos to- 
dos los que por codicia, y avaricia, inclinados, 
y traídos, creen que han de hallar la caldera de 
oro en los pozos, según que yo, como loco, y 
desventurado, me creí'. 

^rnOResca esta fíihnla , que no seamos asi co- 
diciosos ^ y que no deseemos las cosas agerws y^v- 
que no perdamos las nuestras ¡rofias , huscando 
las agenas ^ -porque so'jre nones digan: JBicPííven- 
turado es aque! , (}t:e los peli¿,ros de otro lo ¡tit- 
een cante , v avisado. 

FÁBULA XIX. 

X>«f/ León , 1/ Caira. 
"Nunca creas á pauíhras blandas , %• afectadas. 
JM o creamos ligeramente á las palabras blan- 



548 

das, y engañosas , según nos muestra esta fá- 
bula. El león , hambriento , mirando por el 
campo si alguna rapiña sintiese , vido uHa ca- 
bra, que pacía en una alta peña, la cual, como 
desease comer, no viendo manera como pudie- 
se subir á ella, comenzó á hablar por palabras 
engañosas , y blandas , diciendo asi: Dimc, 
hermana , porqué moras en esos lugares secos, 
y sin fruto , buscando de comer en esas peñas 
altas; Dexa esa tierra no labrada, despoblada, 
y luítéril, y abaxate ■; los prados verdes, donde 
podr.is usar, y comer muchas buenas yervas de 
diversas especies, j flores con que toriiar<ís ale- 
gría. La cabra , oyendo el conse'o , con gran 
gemido , consideraba como era este conse'o muy 
bueno para ella empero, la natural enemistad, 
y contrariedad, que era contra el león, y ella,. 
causaba que no creyese, que el león le aconse- 
jaba de buen corazón. Por lo cual respondió á 
el, diciendo asi: Ruegote, que no entiendas 
mas en esto, que has comenzado , por cuanto, 
aunque fuesen verdaderas tus palabras , mas el 
tu consejo es falso ;, porque tu querías engañar- 
me con adulaciones, y falsías por voces muy 
blandas, y ornadas, las cuales, si creyere, no 
escapare' de morir en tus manos , por donde 
apártate de mí, por cuanto mas seguro me es 
morar aqui sin miedo, que usando de tu doc- 
trina, y conse-o, abasarme á los prados, don- 
de puedo ser muerta , y comida. 

£sta fábula nos amonesta , que no cr'eamos ¿e 
libero d las palabras engañosas , aunque A yri- 
íiiir^z 'i/lsta j^iúczc^LH vcrdadzrLis'- ¡ñas antes i^us 



249 
bebemos AWgent emente considerar á que jin , y dt 
ffte muñera , y porgué son dichas. 

FÁBULA XX. 

JDe la Corneja sedienta. 

-^ tas veas es viejor la industria qite !a fuerza, 

x-^omo la prudencia , y industria muchas ve- 
ces suplen, y cumplen la vez, o defecto de las 
fuerzas, nos enseña la presente tabula. La cor- 
nc'a, cofi sed vino Á un pozo , donde halló una 
herrada en el hondo , en la cual csta'>a una 
poca de agua , en tan chica cantidad , que la 
ave no podía beber de^^clla, salvo trastornando- 
la, y no bastaba para ello su fuerza, porque 
era pesada : y asi, movida la cornea de impa- 
ciencia, pe-- ando toda manera de ingenio, que 
podia considerar , para que pudiese satisfacer 
su sed , de que casi queria morir . cogió de las 
piedreziielas quo podia traer con la boca , con 
las cuales , echándolas dentro en la hcrrad¿, 
hizo crecer el Rgua; y asi halló manera, como li- 
geramente pudiese beber de clia, y mató su sed. 
Significa esta fábula , que por arie , y ingenia 
■puede hacer el hombre muchas cosas , las cuales 
por futría no podría cumplir. 



FÁBULA XXI. 

Del Rustico , y del If ovillo. 

JEl aastigo dil rebelde es la. muerte . 

jnLpenas se castigan por palabras, ni por azo- 
tes , los que son rebeldes, y de mala naturale- 
za , sobre los cuales se pone tal fábula. Teni» 
un labrador un bney nuevo, bravo, y indoma- 
do , el cual , queriéndose servir de él, comen- 
zóle de uncir con otro buey manso , y echarle 
el yugo sobre el pescuezo. "ÍEl novillo, yintien- 
do esto, comenzó de bravear, echando de so- 
bre ií el yugo, y las correas, y á dende queria 
herir, y despedazar con los cuernos á todos los 
que estaban al rededor. Viendo el labrador 
esta braveza, echóle grandes travas de los pies 
á las manos, y mas le aserró los criemos, pen- 
sando, que asi se amansaría , y no podría ha- 
cer mal , ni daño alguno , y como de cabo , le 
tornó á echar el yugo , comenzándole á hacer 
traba"ar. El novillo echaba coces , y pernadas, 
y cababa la tierra con los pies , y maros , de 
manera , que hinchla al amo en la cabeza , y 
o"os de polvo, y arena , el cual, alimpandose 
del polvo , con grave corazón , dixo asi: Por 
cierto, yo me conozco ser vencido de este toro, 
porque su malicia es contra toda bondad , de 
manera, que ni por palabras, ni por azotes 
pudo ser traido á bien; ñus el carnicero lo cas- 
tigará brevemente. 

Significa esta f al- lila , r.ue los homlrts de ma- 
la naturaleza , ;y criai,-^a , semejantes son á los 



ioros í>ravos , qt/e jamas se quieren castigar por 
disciplina ^ fii ^or palabra , hasta que los matan 
las Justicias j ahorcándolos ^ ó en otra mala ven- 
tura sean acabados, 

FÁBULA XXII. 

Del Satyro, y caminante. 




Híive del homíre de des caras. 



K 



ista. fábula nos muestra, que son de apartar, 
y huir los hombres de dos Iengií3^.-íki el tiem- 
po del invierno, como hiciese muy fuerte tem- 
pestad: aora de nieves, y lluvias, aora dot vien- 
tos, y de ciadas. Un peregrino Romero, cami- 
nando en regiones longinquas , y sáj^arradas, 
llegó á una montaña, donde liabia grandes nie- 
ves, y enceles vientos, en tanto grado, que no 
parecia el camino, niel sabia donde se acoger. 
Y acaeció , q-.:e estando asi el caminat^te , un 
Satyro vino á él. Es á saber , que satyros son 



unos hombres de pequeña estatura , que moran 
en las partes de Lidia, en el Monte Atlas, los 
cuales tienen unos pequeños cuernos en las fren- 
tes, han los pies semejantes á los de las cabras, 
el cual Satyro, habiendo misericordia del pere- 
grino, recibiólo en su casa, y much© se maravi» 
liaba de tan gran fuerza de este peregrino, por- 
que soplando las manos eladas , de las cuales 
no se podia ayudar, las escalentaba, y retorna- 
ba ii su estado primero. Y como ya huviese lan- 
zado la frkldad de fuera , el Satyro lo hizo 
asentar dándole de las mejores viandas que te- 
nia, donde á poco, traxole un vaso de vino ca- 
liente, para que le calentase las partes de dea- t 
tro. Y como el caminante , tomando el vino, 
le llegase <) la boca, sintió sobrada Calentura de 
él: no menos otra vez comenzó á soplar con la 
boca para lo enfriar, lo cual , como viese el 
Satyro, dice: Yo he conocido por cierto , qu« 
has obrado cosas contrarias con tu boca misma, 
porque las cosas frias calientas, y las calientes 
enfrias; pues salte luego de la montaña , y no 
buelvas acá otra vez , por cuanto la operacio-n 
contraria de la boca, y lengua doblada, en nin- 
gún lugar son de soportar; mas luego, y lexos 
son de arredrar: mayormente de aquellos que 
alaban, y alhagan los presentes, y redarguyen, 
y blasonan de los ausentes, de loi cuales se di- 
ce este probervio. 

JNTo es juego de reír y tener cara con dos haces -^ 
con la. una mal decir , coií la otra yoiitr paces. 



FÁBULA XXIII. ^^ 

Del Toro , y del Mar. 

La conformidad conserva los estados. 

XÍil poderío, y mando de los poderosos, y ri- 
cos , no es mas , sino cuanto se conforma por 
voluntad , y favor con los inferiores, y subdi- 
tos , como declara esta fábula. El toro fuerte, 
y grande, estando echado , por dar holganza á 
sus miembros, un pequeño ratón comenzó con 
sus d'entes chicos á morderlo. Y como el toro 
muchas veces se volviese á una parte, y á otra, 
por echar al mur donde , él huía á un agirero, 
y tornaba para el toro otra vez , y esto hacía 
tantas veces , que el toro se enojaba mucho de 
ello ; mas aunque era grande , y robusto , no 
se podía vengar de él , porque apenas le podia 
ver. El n.ton sufría con paciencia su ira ,• por- 
que sabía que era bien seguro de él. Y asi, di- 
xo estas palabras al toro: Aunque la natura te 
haya dado gran cuerpo, ni por eso puedes ha- 
cer <i mí alguna cosa de mal , qué aunque yo 
sea pequeño de cuerpo, perturbo á tí, que eres 
grande, y tu no puedes vengarte de mí. Pues 
aprende en pocts palabras , para que conozcas 
tus fuerzas, confórmate con la voluntad de los 
subditos , y no menosprecies alguno , y asi po- 
drás usar de tu poderío , y fuerzas libremente. 
(2í.'í¿''e decir , que ¿os safioref , y poderosos , 
gue deben conformarse con los subditos ^ y no los 
detyen menospreciar , por pe(jíteños que sean , si 
quieren guardar su estado , y honra. 



aj4 



FÁBULA XXIV. 



Dsl yliiS'ire ■, y de sti dueña. 



iX4:7.;SDS»«S9tí>n 



f'^lM 



\ - 




iíz íoduia desordenada row^e el saco. 

'i alquiera que tiene lo que h^i menester 
suikientemente , y no se contenta de ello, 
mas codicia dende de lo que debe, justamente 
pierde lo que tiene, sobre lo cual se dice esta 
fíbula. Tenia un hombre un ansare , que c.ida 
dia le p^nia un huevo de oro en su nido ; ma$ 
este hombre, no solamente dexaba de ser con- 
tento con esto , mas codiciaba que le pusiese 
dos huevos cada dia. Mas el ansare, no pudicn- 
do hartar la codicia desu señor, cuanto mas pe- 
dia , ponia su huevo , según que lo havia de 
costumbre. Empero el hombre, pensando sobre 
esto, donde venia este huevo de oro, conside- 
ró, y creyó, que algún tesoro debía tener es- 
condido cí ansare dentro de sí ; y por donde. 



a?? 
por su grin coilcia , porque pudiese tomar to- 
do aquel tesoro de una vez , mató al ansare, y 
abriéndola por las tripas , buscó el tesoro por 
todas parres ; y como no hallase cosa alguna, 
perdió to.ta su esperanza ; y conociendo su 
gran culpa , en que havia caldo , con suspiros, 
y gemidos huvo de soportar su mal , y pena. 
iPorque cosa igual era , y conforme á ia ra- 
zón, que pues era rico, y codiciando mas, per- 
dió lo que él tenia , quiso soportarse en pa- 
ciencia , imputando á sí. 

P ues conviena á cada una , cjiíe se. contente d» 
lo^rjue JDios fá ha dado , y no t¿i>ga por poco lo 
íjue es ra'ZO'!able ; 7nas antes d¿ gracias á Dirs, 
1) ¡ij pierda ¿o qug tieJie , por alcanzar otras co^ 
sas tna'yores. 

FÁBULA XXV. 

D& la Jilona y y de sus hijos. 

A las veces es amado lo que ha sido desechado. 

J\Xuchr.s veces acontece , que las cosas que 
menospreciamos , y pensamos que son de me- 
nos valor, sean amadas de nos; y al contrario, 
las que amarnos , sean perdidas ,' y desam.para- 
das, según dice esta fábula. En uñ tiempo una 
ximia parió dos hijos ¡untamente , los cuales 
hi'os no se criaban igualmente déla madre, 
porque amaba , y queria mas al uno que al 
otro , de manera , que al uno de continuo al- 
hagaba , y al otro ningún bien , ni alhago le 
hacía y salvo aquello que por natural amor de 



0^6 

maííre no lo podía negar , para que sustentase 
la vicia, i^aeció qi¡e la ximia , andando por 
una montaña con los hi os, sintió los cazadores 
con perros, por lo cial turbada de espiritu, por 
temor que hibo ; pensaba como pudiese salir 
de allí sin peli^o , v tomo al hijo que mas 
amaba en los brazos, y al otro hizo que subie- 
se sobre ella ; y de esta manera lo mejor que 
pudo comenzó .- huir. Mas como la siguiesen; 
y alcanzasen casi ios perros, dexó al hi;o que 
traía en ios brazos , y no menos quisiera lan- 
zar al otro que traía encima ; mas él se abraza 
fuertemente al cuello de la madre , y asi se es- 
capó con ella de los perros. Y asi luego como 
la mona perdió al hijo que mas amaba, camen- 
zó á amar al otro, la cual tocios los bienes que 
al primero hacía, daba á el, de manera que to- 
das las riquezas de padre , y madre solo él 
poseyó. 

Quiere decir , que á ¿as veces la fortuna tor- 
na a (ilgana , que es menospreciado , ú ser mas 
amado que otro^ al cual ha sido mas caro -^ y ¿.vs- 
ciado en otro tiempo. 

FÁBULA XXVI. 

Del Lpho , y del Carrito. 

Un mal en respe' o de otro i¡ia\¡or se dthi eUglf 
por bien. 

.xx-unque toc1?,s las cosas hayan apetito , y in- 
clinación al bien , empero , representados por 
la razón i la voluntad de male*, el menor mal 



es de escoger , según que se declara , y enseña 
por osea fábula. El cabrito pacia no muy lexos 
de su casa en un prado, al cual viendo un lo- 
bo, se llegó por lo matar; mas luego . como 
vido el cabrito al lobo :, comenzó de huir , v 
acogerse para casa, donde estaban los carneros. 
El lobo viendo que su voluntad no podia cum- 
plir por fuerza en el cabrito, delibero de aten- 
tarlo por palabras blandas , diciendole: O r.ni- 
mal loco sin prudencia , qi c busc .s tú en este 
lugar entre estos carneros c Por ventura no mi- 
ras como en el templo por todas parres esta la 
tierra sangrienta , v mojada de sangre de las 
animalias , que ca^dá dia se matan , y se sacri- 
fican á los jJioscsí Ruegote que no quieras 
morar aqui, donde no puedes e.^perar otra cosa 
sino la muerte; mas bueivete en el prado, don- 
de sin peligro, y miedo puedes vivir. ívlas 
respondió el cabrito: Ruegote, mi señor, que 
no quieras haber cuidado sobre esta co.^a , qué 
ni por tu íieldad, ni por tu coi-sseo podrás aca- 
bar, que yo me vaya de aquir por cuanto aun- 
que continuamente me convenga y haya de te- 
mer la m.uerte ^ y que mi sangre sea dej-rama- 
da ; empero mas vale , aunque todo esto haya 
de sufrir, ser sacriticado á los Dioses, que no 
que sea tragado y comido del lobo rabioso. 

1^ asi SLí^tújica , que de dos males- ■^r&sentes¡ 
el menor dehe el honíbrt esc.gcr. 



1^ 



EAI3UL AS 

COLETAS 

DE ALONSO DE POGIO 

y de otros , en la forma 

siguiente. 

FÁBULA PRIMERA. 

I:N- que ALONSO AMONESTA 

A las personas d la sabiduría , 3/ verdadera 

amistad. 



E 



En léi gran necesidad se prueha el amigo. 



i\ sabio Lucano de Arabia dixo á su hijo: 
jNo debes soportar, que sea la hormiga mas sa- 
bia que tu , la cual ayunta en el Estío donde 
viva en el Invierno/ Mo sea el Gallo me^or 
velador que tú , el cual vela á las mañanas , y 
tú" duermes. Ki sea mas fuerte que tú, el cual 
rige nueve mu.geres; porque siquiera tú puedas 
regir una. Y no sea mas noble de corazón el 
perro que tú , el cual siempre se acuerda del 
bien que recibe, y tú no te acuerdas de el. íio 
menosprecies ningún enemigo , por pequeño 



a^9 
que sea, ni te parezca mucho tener mil amigos. 

y una vez, estando este miimo sab o á la muer- 
te, Uamó á su hio, al cual pregunto, curantos 
am'gos havia adquirido hasta aquel diar Res- 
pondió el hijo: Según picns » , ya tengo mas 
de cien amigos. Dixo el padre: Cata , que no 
tengas por amigo á ninguno, hasta que lo ha- 
yas probado , porque primero nací yo que tú, 
y apenas alcance' un medio amigo , y aun este 
tal con gran traba'o, y marayiliome , de como 
tu pudiste haber tantos amigos, por donde de- 
bes los probar; porque verdaderamente conoz- 
cas cuales de ellos sean amigos. Respondió el 
hijo: Padre, cómo lo debo probarí Dixo el 
Padre: Prutbense de esta manera : Mata un be- 
cerro , y mételo en un costal , el cual ensan- 
grentado de fuera, llévalo <í algún am go, y di- 
le, que es un hombre muerto ; al cual por de- 
sastre mataste, por donde que le ruegas , cotno 
á mí que lo quiera encubrir, y soterrar , por- 
que este tu mal no sea sabido," pues el lo pue- 
íle hacer sin sospecha , y tú por su amistad te 
puedes salvar de este peligro. £1 hi:o hizo 
cuanto el padre le acorneo » Y mando, y el 
primero am go, á quien fue con el cuerpo, res- 
pondióle asi: Amigo, ten allá tu hombre muer- 
do, no me entres coa él en cisa , si mal hicis- 
te , apare,ate á ia pena. Y después , yendo á 
otro amigo , y á otros muchos , requlriendolos 
wno á uno por la misma orden, y palabras, to- 
dos le respondían por un modo, diciendo: 
Amigo, el caso es grave y peligroso y tal que 
no conviene que entres en nuestras casas , con 
til cosa como esta , allá te lo hayas pues que 

R a 



tv.al comiste, no nos metas en peligro. El hijo, 
vista V conocida'^la poca am'stad, que halló en 
sus amigos , tornóre para su padre , y contóle 
todo lo que le navia acontecido. El cual dixo 
á su hi o: Ya liavr.ís experim.cntado por verda- 
dero al Filoíotb , el cnal dice: Que muchos 
son los amigos de nombre , mas pocos los de 
obra en la necesidad , p'jes Ueqa aquel medio 
amigo, Y prueba lo que te dirá!^ El hijo se fue 
para él , y él relatóle el caso , por parte de su 
padre, según que á los amigos suyos, diciendo, 
q. e era un honure muerto. "El cual le dice: En- 
tra encasa, qué este secreto no conviene mani- 
festar á ios vecinos ; y der.pues hizo echar de 
casa á su mi:ger, y á toda sr. compüñia y a'íi se- 
cueíamer.te cabo en un lugar mas convenible 
qi.e havia en su casa para enterrar aquel cuer- 
po. Y asi , estando presto y dispuesto para en- 
terrarlo , allí el hijo descubrió todo el hecho, 
verdaderamente á aquel medio amigo de su pa- 
dre , al cual , dando muchas gracias , se tornó 
fiara su padre á quien por extenso manifestó 
as palabras y obras de su medio amigo. Enton- 
ces dixo el padre : De este tal amigo habla el 
Filósofo: Aquel es buen amigo, el cual te ayu- 
da , cuando todo el mundo te falta. Y pregun- 
to el hi)ó al padre: Viste por ventura á alguno, 
que alcanzase amigo entero? Respondió el pa- 
dre: iNo vi, mas oi decir: Ruégale el hijo: Re- 
cuentamelo, si podré alcanzar en algim tiempo 
tai atnigo entero. Dixo el padre: Lo que oí 
contar íue de dos iMercaderes, de los críales el 
uno era en Egypto, y el otro vivia en Baldac, 
que se conocieron solamente por oídas y men- 



n6i 
sageros y cartas , que embiaba el uno al otro, 
por las cuales contrataban vendlenJo y com- 
prando, y en otras diversas maneras. Y asi an- 
dando el tiempo acaeció , que aq'iel Mercader 
de Baldac se fue á negociar en Egypto. Oren- 
do el Egypclano como su amigo venía , con 
gran alegría lo salió á recibir , y lo llevó a su 
casa sirviéndole como es costumbre entre ami- 
gos, por siete dias, y mostrándole en este tiem- 
po todos los sus bienes, riquezas y secretos, los 
cuales pasados^ coincnzó a caer en entermeJad 
•grave el de Baldac, de lo cual habiendo gran, 
pesar, y sentimiento su amigo ^ busCÓ cuantos 
Físicos havia en la Provincia ; y escogiendo 
los niv'iorcs entre ello» , hiaolos venir á su ca- 
sa , porque socorriojen á aqnel su amigo , sa- 
nándolo de su eníermecUd: mas l<-)s Fisicos- to- 
cándole el pulso , vista , examinada su oriíia, 
no pudieron entender que huviese enfermedad 
alguna en sw cuerpo , salvo que era aquella su 
dolencia de la parte intelectual y áel anima, 
porque su mal era de encendimiento de amor, 
y codicia, y conociendo eso su a'migo , se fue 
para él, y preguntóle, rogando con f rucia, que 
le dixese , si habia en su casa al'juna muger, 
por cuyo amor fuese encendido, y enfermo. A 
esto respondió el enfermo: Muéstrame todas 
las mujeres de tu casa , que veré entre cli:is á 
esta que tanto ama la mi anima ; yo te diré la. 
vridad. y luego hizo poner ante el todas las 
mugeres, y sirvientas de su cara , mas no plu- 
go Á él ninguna de ellas. Y después le traxo las 
h'.ias, empero tampoco era ní;surja de "ellas. Era 
en casa una moza, que^el Mercader havia cria.- 



9.6l 

do , para que conociese su costumbre , la cual 
tenia para tomar por muger, y esta fue traída, 
para que la viese el enfermo, la cual vista, lue- 
go dixi : De esta depende la mi vida, ó muer- 
te. Oidas estas palabras , sin dilación, luego le 
entregó por muger aquella moza , que era no- 
ble , y rauy hermosa , con gran dote , la cual 
tenia para recibir por su proprla muger el mis- 
mo Egypciano; y asi fue luego sano, y acaba- 
da su negociación , tornóse para su t'erra con 
est.^ muger. Donde -i poco tiempo acaeció, que 
aquel Mercader de Egypto perdió todos sus bie- 
nes; y asi, caído en pobreza,, de i'ero de se ir 
para aquel amigo, que tenia en Baldac; porque 
él , habiendo misericordia de e'l , le hiciese al- 
guna ayuda, y reparo , y asi se fue' para e'l , el 
cual llegó una noche á Baldac , y repugnábale 
la vergüenza ir luego para casa de su amigo, y 
deliberó de entrar tn el templo , y pasur la no- 
ciie allí. Donde , revolviendo , y pasando mu- 
chas cosas entre sí, se eno ó de estar alli, y sa- 
lió donde por causa de quitar sns pensamien- 
tos: andando íucra, y saliendo del templo, en- 
contró con dos hombres en la calle, el uno de 
los cuales mató al otro ; huyo , escondiéndose 
por U Ciudad. Los C udadanos, < 'yendo el es- 
truendo, y go'pes, salieron á ver que cosa era, 
y hallaron un hombre muerto; y ellos buscan- 
do por una prte, v por otra al matador , pJra 
1 > prender , toparon con aquel Ecíypciano , el 
c.ai p eso por ellos , fue nreguntado , si havia 
el muerto aquel hombre. Este hombre asi caíao 
en pobreza , codiciando que su m.:li fortuna 
fuese encubierta , y siquiera por muerte fene- 



203 

cíese , dixo: Yo lo maté ; v asi , fue puesto en 
la cárcel aquella noche. Otro d¡a siguiente fue- 
traído ante ios Jueces, y sentenciado á que fue- 
se ahorcado. Y mucha gente, según que es cos- 
tumbre, se fue á ver la exccucion de la justicia 
al lugar donde le havian de aiiorcar. Entre los 
cuales vino aquel su amigo de Baldac; y como 
lo vio , mirándolo mas agudamente , el Mer- 
cader su amigo lo conoció , y vio como aquel 
escrangero era su amigo el de Egypto, del cual 
havia recibido mucha honra, y á sm muger con 
dote grande-» y otros beneficios, y bienes, acor- 
dándosele de todo aquello , y considerando 
como el hombre es tenido, y obligado a regra- 
ciar , y remunerar por los beneficios recibidos 
en Cita vida á su amigo , como no los pueda pa- 
gar después de muerto , deliberó, y detcr;n¡no 
de recibir la muerte por aquel su amigo, y co- 
inenzo á decir á altas voces: O malos Ji eces, 
por que' condenasteis , y queréis matar á quien 
no tiene culpa? Por cuanto este que queréis 
ahorcar, no mereció la muerte, y yo soy el que 
merezco la pena , que yo maté .í esté hombre^ 
lo cual se le reputa á ese hiverlo matado. Los 
Jiieces oyendo esto , prendiéronle, y condená- 
ronle á muerte, y soltaron al Egypciano , que 
que fue primero condenado El matadorverda- 
dero, oyendo, y viendo tidas estas cosas, re- 
bolviendo en su corazón el mal, y crimen, que 
havia cometido, y considerando cl gran amor, 
y té de aquellos amigos, como el uno por ot.o 
querían tin buenamente morir , pensando asi- 
mismo , que era justicia, y mas razón, qüc c!, 
siendo culpante, y merecedor, muriese , qvie no 



algíino de los otro? , los cuales eran sin culpa, 
y inocentes, comentó á llamar con grande ins- 
tancia , y voces , diciendo asi: Oid, Jueces, y 
executores de la Justicia, verdaderamente Dios 
es j-nsto, el cual no dexa algtin mal, ni delito, 
sin pungir,* y porque Dios estQ mi pecado no 
mande punir, y castigar mas duramente en el 
otro mundo , yo me conozco , y con tieso, que 
soy el verdadero mata.lor del hombre, y por 
el mal que cometí, yo soy presto de padecer la 
pena , por donde , dexad , y largad ú ese que 
DO tiene culpa , y condenad á mi que soy cul- 
pante. Los Jueces , maravillandoíc mucho de 
esto , prendieron á c'ste , y dudando, que de- 
Ka.n ji;zgar en el caso, emBiaron, y remitieron 
á todos tres al Rey con relación verdadera, de 
/qvé manera, y íorma todo havia pasado, y no 
iTicr.rs dudaba el Rey del caso: y finalmente, 
el crimen del homicidio, el cual de manera, y 
libre voluntad havia sido confesado, y por con- 
corde conse o, y determinación de todos los sa- 
bios fue perdonado ; y asi , todos tres fueron 
perdonados , y dejados , declaradas las causas, 
y razones , porque el uno por el otro queria 
recibí'- la muerte; y asi se fueron todos en paz. 
líí Mercader de'Baldac traxo para su casa el 
Egypciirio, y viendo su pobreza y mengua, le 
comeiis^ó rl consolar de esta manera: Si tu quie- 
res estar en mi compañía , todas las cosas , que 
yo tengo, ser.ín tu vas, como mías, y comunes 
á entrambos; y si de esta manera no quieres, 
•partamos todo cuanto yo tengo en parí-es igiía- 
|eí, toaj » la una parto, y yo soy con'. - ;!:o con 
iF otra. Kl Mercader de ÍEgypío j. inducido , y 



movido por la inclinación, y dulzor de la tier- 
ra de su nacimiento, recibió la parte de los hie- 
res, que le dio su amigo , y asi se ñie para su 
tierra. Acabando el padre de decir esto , dixo 
el hi o: Tal n!nÍ3o como este, apenas, ó jamás 
pienso , ni espero haver, y alcanzar. 

FÁBULA II. 

De la moneda encommdaaa. 
Can un engaño s« deshace otro eugaíio. 

^omo un Español pasase para Meca ., llegó 
en Egypto, y coi.ociencio , que habia de andar 
por tierr.is despobladas, y desiertas , temiendo 
¿ ios pel'gros del camino, deliberó de dexar en- 
cmendada la moneda que tenia , tomando lo 
(^ue era mene?ter para su viage , á un hombre 
de fé ^ y crcdiro. Al cual encomendó veinte 
marcos ¿c pkíta , y asi se fue .i ^' era , donde 
acabó todos sus hechos, y tornando de allí pi- 
dió 5u plata .i aquel á quien la habia encomen- 
dado. La guardia , y depos'tario , lleno de- en- 
gaño , negó el deposito , diciendo , que nijnca 
habia solamente visto tal hombre, Eí Espa-ñol, 
oyendo esto, se fue muy triste pira sus comp4- 
ñcms con quien vino , á los cuales demandó 
conseio , por cuanto le era negado el depositQ 
de !a plata, por aquel buen hombre leal. Yien- 
do esto los comp.í ñeros, en ninguna manera Lo 
podían creer , diciendo, que aquel ham.bre 9ra. 
de muchas bondades, y virtudes, y que en nlrir 



a66 

guna manera negaría tal cosa. Por lo cual , el 
ii^pañol se fue otra vez para el con mucha hu- 
miliiad, Y reverencia , creyendo , qne asi mo- 
vería Á le tornar su plata.' Mas el engañador, 
cuanto e'l mas le rogaba, tanto el mas se la ne- 
gaba , amenazándolo, y denostándolo, porque 
de aquella manera lo infamaba. Lo cual, vien- 
do cl Español, se tornó mas triste, y encontró 
con una vic'a , vestida en habito de religiosa, 
la cual andaba sobre un bordón. Aquesta bue- 
na vieja : viendo aquel extrangero turbado , y 
ginrendo; movida de piedad, Íc preguntó, que 
mal había , porque así estaba turbado? El cual 
■^p contó todo su trabajo por extenso, según que 
le había acaecido con aquel buen hombre. La 
buena vie a le comenzó á consolar , diciendo, 
que tuviese buena esperanza, porque con la ayu- 
da de Dios, si verdad era lo que decía, ella' lo 
entendía reparar. El Español, le preguntó, có- 
mo puede ser esoí Respondió ella: De esta ma- 
nera. Traeme un hombre de tn tierra, de quien 
tu te fies. El truxo un $u compañero, al cual di- 
xo la vieja , que hiciese hacer cuatro caxetas 
pintadas, y por de fuera muy bien guarnecidas 
de plata, y seda, y lis hinchiere de pedrczuelas 
pequeñas, y que las hiciese llevar una á una á 
la casa de aquel que negaba los marcos , dán- 
dole á entender, que las quería poner en su po- 
der, y guardar , y cuando ellos entraren en su 
casa con aquellas caxetas, tú ír.'s allá , y de- 
mand.iletij plata, la cual, mediante Dios, con- 
seguirás. El Español se fue, v cumplió todo lo 
que la vie'a le díxo. Y entrando su compañera 
con las que traían las caxas en casa del que nc- 



2^7 

gó la plata en uno con aquella v'eja , y díxe' 
ron a aqiícl engañador: Sfior, aqiii están nno' 
mercaderes Españoles, qoe traen tesoros de pie^ 
dras preciosas , v de oro, y piaca , los cuales 
querían pasar para Meca , y han oído tu bi:cna 
fama, y lealtaJ ; rnegante que les guardes citas 
cuatro caxas, hasta que bucl van, porque no l?s 
osan llevar consigo, por tcraor de ser roba.-los 
en el camino, y no menos te rogamos, que por 
respeto nuestro les quieras otorgar esu gracia, 
y e«to sea muy secreto entre nos mismos: por- 
que ellos son hombres, que no se querrian des- 
cubrir de tan grat.i tesoro como traen. Ellos, es- 
tando en esto, y subiendo las caxas, suso .? una 
cámara , sobrevino aquel primer Español í !e 
pedir su pl.ita con gran priesa , según que U 
vie;a le habla ya dicho. El depositar.o, que ha- 
bla negado la plata, viendo a{ E-panol , temió 
que hiciese mala relación de e'l 3 los otros que 
le traían las caxas, ó se qrexase delante de ellos, 
por lo cual le di\o: Amigo, como haveis tar- 
dado tanto, i^o pidiendo ía plata qv.e tengo de 
vos en guarda, que yo soy hirto de ía guard-ir 
tanto tiempo? y asi se ía mandó luego entregar 
porcjne huvo miedo, quesf'el negase lo que" ha- 
bla de e'l recibido en guarda , que las caxas del 
tesoro, no fíarian de el, ni se las encomenda- 
rían. Y como vido la vie^a que ha!-ia reputado 
aquel hombre, encomend.) al engañador las ca- 
xa'; , y no curó mas de bol ver por ellas. Y de 
Cita manera por otro engaño , y sutileza hizo 
recaudar al Español su plata. 



a68 

FÁBULA III. 

De la sutil invención de sentencia, en tina causa. 
La verdíZii adelgaza , pero jamás q^uiebra. 



E. 



fn su fin, y muerte un hombre dexó una casa 
sola, sin mas bienes algunos á su hijo, el eral, 
buscando su vida con trabajo de sus manos, 
muchas veces padecía haníbre, y porque hnvie- 
se memoria de su padre, antes quiso soportar 
grandes menguas, y trabajOSi, que vender la ca- 
sa. Y un vecino suyo, que era rico, con codi- 
cia desordenada , prociftaba de e sacar aquella 
casa para sí , moviéndole muchos partidos in- 
justos .1 aquel mozo, lo cual sintiendo e'l, huia 
de su compañía cuanto podía , por no ser en- 
gañado de el; que lo conocía por ingenioso, y 
artero. El rico , conociendo qi'.e él no quería 
vender la casa, lle^;ose para él, diciendoíe por 
palabras dulces , que puts no le quería vender 
aquella caía, que á lo menos le alquilase un pe- 
dazo , 6 parte de ella , para tener donde diez 
toneles de olio, los cuales dexaria en su enco- 
mienda , y que de ello habría provecho, y no 
daño alguno. Por estas palabras , indu/cido el 
mozo, -alquilóle una camaiade.-u casa, no pen,, 
sando que lo engañase en ello. H como eJ mozo 
fue á negociar lo qnc le cjimpüa, el rico hizo 
cabar la tierra, donde pu,w clcvO toneles llenos 
de aceyte, y otros cincO medio líenos, y asi ve- 



z6g 

nulo el mozo, dióle la llave déla •enmara, don- 
de estaban los toneles, y dixole: Jbuen mance- 
bo, á ti encomiendo mis diez toneles llenos de 
aceyte, y en tu guarda 1^.5 pongo, y asi se par- 
tió "de el-, saludándolo. £1 mancebo", no sor.pe- 
chando ninguna cosa del engaño, creyó que to- 
dos los diez toneles fuesen Henos , ios cu:.lcs 
recibió en su guarda. Donde á cierto tiempo, 
como el aceyte valiese caro , dixo el rico al 
mancebo: Saquemos para vender el aceyfe que 
está en tu casa, y como fuere justicia, tomarás 
tu galardón porta trabaio; y alquiler. El man- 
cebo se fue con él, y llamados los compradores 
' dt\ aceyte, hallaron" ginco toneles llenos y otros 
cinco medio llenos , lo cual visto por el rico 
er.gañoáo, dixo: Am;go, cómo has asi defrau- 
dado en la guarda del aceyte que te encomendé? 
Ruegote que tornes , y enmien^des lo qiie falta 
del aceyte. Y el» mancebo negaba el engaño, y 
fraude que le pedia : por lo cual t'ue ante el Juez 
acusado de crimen. El mancebo respondió á la 
acusación, y dixo: Qve no negaba haver reci- 
bido los diez toneles de aceyte; mas que éi era 
si-n culpa del crimen contra él acusado, y pidió 
termino para deliberar, y responder, y defer- 
der su derecho, el cual d' ntro del termino por 
el Juez asignado, fue á aconse-arse con nn Fi- 
losofo , que era virtuoso varón , Abogado de 
los pobres , al cual humildemente pidió favor, 
y. ayuda , y consejo , declarándole toda la ver- 
dad del hecho , y aílrmandole con iuramento 
que él no era justamente acusado. El Filosofo, 
oída la simpleza, y pueridad del moi;o , movi- 
do de miscricordk , dixole: Hijo, toira buen 



270 

corazón , y 3ro te ayudaré: porque la verdad 
debe ser prelerida al engaño, y as] en el prime- 
ro día siguienre se fue a ulcio con el Filosofo^ 
el cual era establecido pir Asesor del Consejo, 
Y ;uIc¡o del Rey: y como luesen oídas lai ra- 
zones de la una parte á la ocra, y dixo el Rey 
ai Filoioío: Quierote c meter esta causa, por- 
qiie con lista .sentencia la determines, ül F ilo- 
sofo , obcJecJendo el manaaaiieí.to del Rey, 
dixo de e.ta manera: Aquel hombre rico es de 
biena tama , y no es de pensar que pida , sino 
que 1= la ka verdaderamente, y no menos es de 
presumir, y creer que este mancebo j que no es 
ha.s!:a .lora corrompido de mala tama, haya hur- 
tado el aceyte ; mas porque parezca la verdad 
niidasc priiie.o el aceytw" de los cinco tonelós 
llenos , y sus heces apartadamente, y después 
sei medido también cí aceyte délos toneles me- 
dio He* os , y sus heces, cada uno de por sí, y 
sea visto, y considerado, si las heces délos to- 
neles medio llenos, y de los llenos pienso que 
se probará suíiclcntementc ser hurtado el acey- 
te; mas si en los medio llenos no hubiere sino 
la mitad de las heces, que en los llenos, en tal 
caso el aciisado debe ser suelto, y asi fue halla- 
da la mitad de las heces en los cinco medio lle- 
nos , y doblada en los otros : por lo cual el 
mancebo fue dado por libre, y quitado de Ix 
falsa acusacion-i, que el rico le demandaba por 
aquíUa sentencia de! discreto FJlosoío Ai cual 
haciendo muchas gracias , se íue en paz para 
su casa. 



2/1 

FÁBULA IV. 

De la sentencia de la moneda haHada. 
JE/ Juez justo es anq^aro de los polrcs. 



J^náxnáo un rico mercader por una Ciudad, 
peidió un saquillo con mil florines en una calle: 
el cual saquillo halló un hombre pobre , y lo 
llevo para su casa, y lo dio á guardar á su mu- 
ger, la cual con alegria dixo: Lo que á mí vi- 
niere 5 no lo echaré fuera: Si el señor nos dio 
estos bienes, guardémoslos. Otro dia se prego- 
nó por la Ciudad, como un hombre habla per- 
dido mil florines, y <\^-^ prometía el dueño cien 
floiines de hallazgo al queselos restituyese. El 
hombre que los hallo , dixo á su mugei:: Tor- 
nemos estos mil florines , y havremos cien flo- 
rines sin pecado , qué mas nos aprovechar.ín, 
que todos mil con pecado. Y ella todavía qui- 
siera los tener, mas el marido contra su volun- 
tad los reitituyó. El rico, desde que vio los mil 
florines en su poder, dixo al pobre: aun no me 
has tornado todo lo que hallaste, que aun fai- 
tm cuatrocientos florines, y trayendomclos tú, 
YO sov presto déte pagar tus cien florines. Mas 
él pobre añrmaba , que no havia hallado mas 
de aqi:ellos mil florines, sobre lo cual conten- 
diendo , se fueron ante el Rey, en cuyo poder 
depositaron los floiines , fue mandado por el 
Key , que fuese determinada por un Filosofo 
esta cueition , el cual se llamaba Ayuda de los 



27^ 

pobres, ante quien fue propuesta esta causa: 
El , movido de piedad , dix-o al pobre: Ami- 
go , dimc ia verdad , si Iiallastc mas de estos 
mil florintií Respondió el pobre: Sabe Dios, 
que restituí todo cuanto halle'. Entonces dixo el 
Filosofo: Este hombre es rico , y de gran cré- 
dito , nuxhos testimonios trae , no es de creer 
que dema, da sino lo ¡usto, y aquello que real- 
mcrte peraio: y pues él aiirma con "uramento 
que ha perdido mil ciiarrocientos florines , de 
citícr i^s que dice verdad. Y este otro pobre, 
auiiquc sea pobre , es de buena fama , al cuaí 
no menos se debe creer mayormente haviendo 
re"^tituido estos mil florines, los cuales pudiera 
tener , si quisiera encargar ¿v anima, y lo aiir- 
ma tambicn con jurarneüto haver restituido to- 
do lo q^e i^allo. Por donde, muy alto Rey, mi 
]uiciO es: que tal sentencia debe ser pronuncia- 
da, q;-e se guarden en deposito estos mil fiori- 
nes , de ios cuales se den ciento á este pobre, 
porque bien parece que estos mil tiorincs no 
son los que perdió estt- Mercader, pues que ju- 
ra qut perdió mil y cuatrocientos, y parecien- 
do aqutl que los perdió, darse'e han: Y si por 
ventura alguno hallare los mil y cuatrocientos 
■florines , que dice haver perdido este hombre 
rico , aquellos se le demandaran restituir á el. 
Esta sentencia plugo al Rey, 'y á todos los que 
eran presentes. Oida esta sentencia, el rico con 
un muy gran arrepentimiento , y dolor en su 
corazón del engaño qr.e cometió contra aquel 
pobre hombre , pidió , y suplicó misericordia 
al Rey , diciendo: O mr.'y alio Principe , habe 
misericordia, y merced de mi: yo conozco mi 



pecado, y engaño que cometí , y quiero cono- 
cer la verdad. Por cierto, estos mil floF-inesson 
míos; mas yo quería deíraud^r á este pobre, 
por no le dar cien florines que le prometí. El 
Key , usando de clemencia , mando que le fue- 
sen tornados los mil florines , de los cuales le 
dio ciento al que ios hallo. Y as. fue librado de 
la falsa demanda del rico este pobre , con ayu- 
da del justo , y buen Juez. 

FÁBULA V. 

Xfe ta f¿.¡ ó engaño de los trss compañeros. 

Un eiigaáo excluye otro engaño. 

jLVJLuchas veces cae el hombre en el lazo que 
arma á otro, según contiene esta fábula. Tres 
compañeros, de los cuales eran los dos Merca- 
deres, y Ciudadanos, y el tercero Aldeano, por 
causa de su devoción , iban en romeria á la 
Casa de Meca , á los cuales faltó la vianda en 
el camino, de manera que no tenian cosa de 
comer , salvo una poca de harina , que sola- 
mente bastaba para hacer de eila un bien pe- 
queño pan. Los Burgueses, engañosos, viendo 
esto , dixeron entre si: Poco pan tenemos , y 
este nuestro companero es gran comilón , por 
donde es necesario que sin el comamos este po- 
co de pan, Y^amasado el pan, y puesto á cocer, 
los Mercadé>es , buscando manera de engañar 
al rustico, dixeron: Dormamos todo.i, y aqi;el 
que huviere mas maravilloso sueño entre todos, 
coma el pan: concertado esto entre ellos, echa- 

S 



*74 

ror.se á dormir. El Aldeano, entendiendo el 

engaño, sacó el pan mcuio cocho, y comiose- 
lotodo, y ti'^rnose á dormir. Donde á poco es- 
pacio el uno de los IMercadcres, como espanta- 
do de un maiuvilioso si eño , se levantó , al 
cual preguntó ti compañero: Por qué :e espan- 
tas? Re poniio el: Parecíame, qne dos Ange- 
ler , abrcndo las pierias del Cielo , me I eva- 
ban deíont ' dtl Trono del Señor Dios con gran 
goz ). Dice el compañero: Maravilloso sueño 
es e.e : mas yo he visto otro mas m'ravUloso, 
porque yo vi dos Angeles, que me llevaban por 
tierra ¡irme al Infierno. El Aldeano , oyendo 
esto ^ hacia qi.e dormía; mas ellos, queriendo 
acabar su engaño , despertáronle. Y el rustico 
arreramente , comí e-pantado , dixo: Q.:ién 
son estos que me llaman? Ellos djxeron: Tus 
compañeros somos. El les preguntó: Cómo os 
volvisteis ü Y respondieron: Kunca nos parti- 
mos de aqu" , como hablas de nucitra tornada? 
Dixo el rustico : Pareceme que dos Angeles, 
aoilendo las puertas del Cielo, llevaron aluno 
de vosotros ante el Señor Dios: y al otro arras- 
trando por tierra íirme al Inherno, y pensé que 
runca ac<í bolvierades , como hasta aquí no he 
oido que ninguno haya tornado del Paraíso, ni 
dclíníiernfi ; y asi, me levanté, y comúueelpan. 
Aluesiranos esta fábula , que á las ve^es pen- 
sando de tngaíiar a otr» ignorante :¡ del tal gs ít 
mismo engañado. 



FÁBULA VI. ^^ 

Del Rustico , y dtl Avecilla. 

Al mato de coruzon foco aprovecha la doctrina, 
ni razón. 

JLenla un Aldeano una huerta con svís fuen- 
tes corrientes , limpias , y muy ornada de yer- 
vas y flores , porqué muchas veces venian'alli 
las aves, Y él se fue, como hibia de costumbre, 
á holgar á la huerta sintiéndose cansado , por 
recrearse donde , y se asentó dcbíxo de un ár- 
bol , sobre el cual árbol cantaba una avecilla 
muy suavemente , cuyo canto tan delectable 
oyendo el rustico, armóle un lazo, ó red, con 
la cual la tomo. La avecilla viéndose asi presa, 
dixo asi: Porqué tanto trabajaste por tomar á 
mí que no puedes conseguir de mí provecho al- 
guno í Responde el rustico: Yo te he prendido 
porque tu canto dulce alegre mi corazón. Dixo 
el avecilla: En vano has trabajado, no te can- 
taré por precio, ni por ruego El Aldeano le 
dixo: Si no me cantas, yo te mataré y comeré. 
Respondió el ave: En qué manera me cómenos? 
Si cocida en agua, el bocado será muy pequeño 
de forma que no me sentirás en tu boca: Si ni¿ 
asas, mucho menor seré: mas dexame volar, y 
havrás gran provecho de mí , porque te daré tre« 
doctrinas de sabiduría las cuales amarás masque 
tres becerros para comer Y como el avecilla es- 
tas cosas le prometiese, ella dexo volar y pues- 
ta ella en su libertad , dixole asi: Esta sea la 
primera , que no creas á todas las palabras que 

S 1 



oytM-es, en espec'al aquellas que no parecen ver- 
dadcn'as. La secunda sea que guardes lo que es 
tuvo. La tercera , y final, que no te diieias de 
las cosas peivildas, {as cuales no puedes cobrar. 

Y acaoadas e^t.^s palabras, el ave subió en el ár- 
bol, y caita dulcemente est.i canción: bendito 
sea el Senor Dios que el sentido de este caza- 
dor encuurió, y cegó, y le quitó su prudencia 
porqi e no me tocafe ni me mirase con los ojos, 
ni entend ese con el entendimiento la*' piedra 
preciosa llamada acinto del peso de una onza, 
que traigo en mis emrañas, porque si el supie- 
ra que yo traía tal cosa, yo muriera en sus ma- 
nos, yel tuera rico. El rústico, como oyó esto, 
turbado en sí, poixjue habia dcxado el avecilla, 
con dolor y llorando dixonsit O desventurado 
de mí, por que crei las palabras del avecilla en- 
gañosa, y no fui para guardar lo que tenia. Al 
cual respondió ella: O loco, y porqu te ator- 
mentas tan ahina, has olvidado la doctrina que 
te di? Piensas, que una ave tan pequeña como 
yo que toda entera nO peso una dragma , que 
es tanto como un dinero, no puedo traer en mis 
entrañas una onza de jacinto? No te acuerdas 
q!;e te dixe , que no creyeses á todas las pala- 
bras? Y si tuya era, porque no me guardaste? 

Y si tú pierdes la tal piedra pues no la puedes 
cobrar; por qué te dueles csntra las tres doctri- 
nas que te di? Y esto dicho , riéndose del rus- 
tico se ñic el avecilla. 



^71 
FÁBULA VII. 

Del Metrificador ^ -y del Giboso. 

De dos mates .y el menos se debe esccger. 

-l^ixo un sabio i sii hi'o. Cuando en alguna 
cosa fticres agraviado y pudieres desa .braviar- 
te por poco , no entres sobre eilo en question, 
ni lo dcxes alargar , mas lo nías presto que po 
drás , te dtísagravia . porque no te venpa otro 
cno'o , ó agravio mayor, sobre lo cual se con- 
tó tal fábula. Ante un Rey fueron presentados- 
por un metriticadoi" unos metros, en quese con- 
tenían grandes ala:->anz.is , y proezas de aquel 
Rey •> el cu.il , queriendo remunerar al mctriii- 
cidor su servicio, dlx^le: Pide lo que qjierr.-s 
con liucia ; que te será otorgado. Si metriiica- 
dor si'plicó al Rev , que lo hiciese porrero de 
la Ciudad por un mes, con esta condición que 
cualqi'Ier que huviese algún defecto corporal,- 
y pasase por aquella puerta, que le pagase por 
cada defecto, ó tacha un dinero, ah<^ra íucse 
el tal sarnoso ó tinoso , 6 potroso , o defectuo- 
so de o os -, o en otra, manera cualquiera.. El 
Rev estando truy cortento de sus metros , le 
otoigó todo cuanto le suplicó, sobre lo cu.'^l le 
mand > dar un Privilegio sellado. Y como el 
retof'co , y metriñcador, usando de su nuevo 
oficio de Portero, tsHiviese asentado á la puer- 
ta , pasada la puente , llego á la puerta un gi- 
boso, bien cubierto de su capa, con un cayado 
en la mano, queriendo entrar por la puerta, del 
cual el Portero pidió un dlacro , diciendo que 



0.78 

era giboso. El, no queriendo pagar el dinero, 
el inctriíicador le quitó, y tomo la capa, ^mi- 
rándolo en hito, vio como era tuerto, y asi le 
dixo: Dos dineros me has de p-^gar ; porque no 
tienes mas de un o;o pues no quisiste pagar un 
dinero. El caininante no menos reliusando de 
p.ig-ar los dineros, ei portero le tomó el bonete 
de la cabeza, en la cual le pareció la tina , y 
«si le dixo: Tres dineros debes, porque aun eres 
tinoso. Elnolo queriendo pagar, como el por- 
tero le quisiese tomar los tres dineros por fuer- 
za , el giboso , alzando , y arremangando las 
mangas para se defender, mostró los iMazos ar- 
rugados, y sarnosos, y asi le dixo: Cuatro di- 
iheros has de pagar. Y sobre esto el portero que- 
riéndole hacer pagar por virtud del Privilegio 
los dineros /el giboso, rehusando la paga, di- 
ciendo, que le hacia in;.uria, vinis-ron .; las ma- 
nos: y como el giboso cayese en tierra, le pa- 
reció y descubrió una potra, al cual dixo el 
Portero: Cinco dineros debes , por cuanto aun 
eres potroso, allende de las otras tachas. Y asi 
finalmente vino á pagar cinco dineros , porque 
no quiso pagar al principio un dinero pacifica^ 
mente Por donde , cuando algún peligro pu- 
dieres escusar , pagando alguna poca cosa , no 
dudes de dar lo poco , por excusar poríias , en 
que podrás mucho mas perder. 



»79 
FÁBULA VIII. 

De las Ovejas. 

Tanto es lo de mas como I o menos. 

vJ n discípulo, que mucho se delevtiba en 
oír tabulas, pidió su Maestro , que le recon- 
tase lina larga fábula , al ci al dixo el Maestro: 
Guar*.ia no nos acaezca, se^nn que .1 un Rev le 
acaeció con su ta i.iuJor. D.xo el discípulo: 
buen jMaestro declárame eso como fue, el cual 
rccont ) e;i est.i tormí: Un Rey tenia un Fabu- 
lador, componedor de cxemplos, y fábulas, que 
cada vez que el Rev quería holgar, le había, de 
conrar cinco fábulas, con que e'i se recrease, y 
alegrase. Acaeció que una noche el Rey eta/a 
muy imaginativo, y cuidadoso, de manera que 
no podía dormir, porqué mando al sabio que 
le contase mas fábulas , alemas de las cinco 
acostumbradas, el cual inventi, y relató otras . 
bien breves; el Rey dixo: Mu/ breves son es- 
tas fábulas; cuéntame alguna , que sea grande, 
y asi dormirás después despacio, el Faoulador 
comenzó á contar en e.ta torma: Eri un Al- 
deano , que alcanzó mil libras de dineros , el 
cual fue á una feria, y compró dos mil ove as; 
y tornaado con las ovejas á su casa, asi crecie- 
ron los ríos , que no poAían pisar las ove as 
por la puente , ni menos por el vado ; por lo 
cu.il estaba con gran cuidado , y pensamiento, 
como pasaría sus oveias. Finalmente , vio una 
barqueca, en que podia pasar una ove'a, ó é^s 
con graa apretura ; y asi comenzó á pasar las 



ove'as de dos en dos. Y diciendo esto, comen- 
zábase á dormir el Fabi;lador; mas el Rey des- 
pertábalo del sueño, diciendo que acabase! Res- 
pondió e'l : ]Ml;v alto Rey, este rio es grande, 
y la barca pequeísa , y las ove as sin numero: 
y tú, Rey de inumerables ovcjai, dexa pasar aí 
rustico las ove as , y después acabaré la fábula 
comenzada. Y asi ton aquestas palabras dono- 
sas , contentó al Rev , que estaba codicioso de 
íabulss , por donde dlxo el Maestro al discípu- 
lo : Hijo, si de aqui adelante me enojares con 
muchas fábulas , yo te haré recordar de este 
exemplo , porque te contentes de las que dixc- 
re , y contare. 

FÁBULA IX. 

Del Rustico y di la Raposa , y del Queso. 
Por el Jii^s malo se pUrdí el derecho. 



f^as cosas ciertas no son de dexar , por espe- 
ranza cJe las inciertas , com.o el lobo hizo ; y 
a-mismo, no debe hombre poner sus negocios 
ei) póiifcí- de Juez falso: porque los malos Jue- 
ces con poca cosa se corrompen, como el rapo- 
so aqnj.^ dc lo cuai habla esre exemplo. Era nn 
Labrador, que tenia unos bueyes, los cuales 
coi^ gran traba'o hacía arar derechimente: mu- 
chas veces decía: Aora vos comiesen los lobos, 
porque no queréis andar sino tuertamente. Vn 
lobo, oyendo esto, estuvo tido un dia esperan- 
do cuando'se los daria el labrador ; mas como 
vidrió la noche, vio el lobo que en valde havia 



a8i 
esperado ; que el labrador desvhó los bueyes, 
y los embió para su casa Y asi dixo al labra-' 
dor : Pues tantas veces me has prometido Ios- 
bueyes, iiste dia cumple lo que prometiste , y- 
yo estoy presto para ]os recib r. Respondió el' 
Labrador: por palabra general te los prometí, 
la cual no me obll'ga, pues no afirme con líra- 
mento. Al cual dice el lobo ÍVo te partir s de 
aquí , si la fe' no me guardas , sobre lo ci ai 
contendieron largamente : mas en lín acorí^la- 
ron , á que su cuestión se viese por Jueces ar- 
bitrtos Ellos, yendo buscando ¿us Jueces, en- 
contraron una raposa ^ la cual les preguntó: 
Donde es, amigos, vuestro viageí Por les cua- 
les fue todo el hecho, y cuestión recontado por 
extenso , y ella les dice : Para esto no debéis 
buscar Jueces, por cuanto» vo m sína ;uzgaré en- 
tre vosotros muy bien: y porque yo sea me;or 
informada , y determine mejor , y mas breve- 
mente la cuestión vuestra , quiero hablar con 
cada uno de vosotros apartadamente; y si esto 
vos placerrí, otorgádlo, donde no; ahí vosque- 
dad, que busquéis después otro Juez. Respon- 
dieron ellos que eran contentos- La raposa co- 
menzó <T hablar primero con ellabrador, aJcual 
dice: Tú me dar. s un par de ualiinas para mí, 
y yo haré que -tus bueyes seao seguros, y tu 
qi'cdes salvo del prometimiento Y como ¿1 la- 
brado!- consintiese esto, dixo a) lobo, apártate: 
Óyeme, amigo , porque yo soy encargo á tí,; 
por las buenas obras que de ti he recibido en 
tiempo pasado: yo he traba infío tonel }.U>rador, 
y lo he inducido j que te haya de dar un que- 
so', porque te desistas de la acción que Uas con- 



íi8a * 

tía el sobre los bueyes, y lo ¿exes en paz; á la 
cual no menos otorgo el lobo, agradeciéndose- 
lo mucho. La rapoí^a, mandando al labrador ¡r 
con sus bueyes , dJxo al lobo: ¡r.ís conmigo, y 
Ilevartehe a un lugar, donde hallar<:s el queío; 
y asi llevó al lobo por acá, y por aculLí , en 
tanto que la Luna saliese; y salida la Luna, lo 
llevó á un pozo, donde le mostró la sombra de 
la Luna dentro del agua, y dixole: Amigo, ca- 
ta aqiii un buen queso grande , y escogido, de- 
ciende por él, y sácalo contigo. Respondió el 
lobo: U hermana, tú me debes presentar el 
queso en mi poder, por donde desciende tú, y 
si no pudieres con él subir, yo te ayudaré La 
raposa consintiendo en esto con engaño , esta- 
ban sobre el pozo dos herradas atadas en una 
soga, con que sacaban agua, de tal modo, que 
cuando la una baxaba , la otra subia. Y como la 
raposa entró en la herrada , descendió en ella 
dentro en el pozo , y alli estuvo buen espacio, 
á ¡a cual preguntó ellobo: Dime, amií^a, por 
qué tardas tanto, y no sacas el queso? Y soi.pe- 
chaba que la raposa sola quisiese comer el que- 
so, al cual ella responde: Tan grande es , que 
no le puedo sacar sola, por donde cumple que 
entres en la otra herrada, y deciendas ac<í para 
me ayudar. El lobo, entrando en la errada, co- 
menzó de abaxar; y porque era mas pesado que 
la raposa , hizo subir la otra herrada con la ra- 
posa ^ y desde que se vio ella ñ la boca del po- 
zo, con mucho gozo saltó donde, dexando al 
lobo dentro en el pozo. Y asi el lobo dexó el 
bien presente, por el venidero, y incierto, cre- 
yendo al falso medianero, perdió los bueyes, y 



a83 
el queso no alcanzó. Por donde no quier.is de- 
xar lo cierto por lo incierto , y ro pongas tus 
hechos en poder de los malos Jueces, y media- 
neros. 

FÁBULA X. 

De la mtiger moza , y de su marido ., y de la 
suegra , y del adultero. 

A caso repentino el consejo de la muger. 

\^ne los engaños de las mugeres sean sin nu- 
mero, se prueba de esta tabula. Un merca 
der, partiendo pira una ferii, dexo en guarda 
de la mugcr S su suegra , porque se la tuviese 
horesta, y c'-stamente. Mas e.^ta muger del mer- 
cader, consintiendo en ello su madre, recibió- 
por enamorado , no honestamente , á un hom- 
bre mozo , Y p-ira tratar su amistad , vino el 
mancebo .> la posada de ella combidado , y des- 
pués que fue apa;e ado de comer, estando este 
joven , y la midre y hi'a comiendo con gran 
placer , he aqni donde viene el mercader de la 
feria , y llamo á la puerta : como no huv icse 
lugar dqnde se acoger , ni esconder, estaba el 
mancebo, y no menos la mrgcr en gran cuita, 
no sabiendo lo qi'c debian hacer: mas la sue- 
gra, que era vieja artera, por reparar el peli- 
gro, aconse ó prestamente al mancebo, queto- 
m'asc una espada sacada, y qr.e se parase aba- 
xo >. k puerta, donde llamábi el marido, mos- 
trando ferocidad, v braveza, y que no respon- 
diese cosa alguna, salvo que hiciese ademanes, 
como que quería herir al que llamaba á la 



c^4 

puerta: lo cual todo cumplido, el joven, jegun 
que la Vieja le havia aconsejado , en tanto la 
muger tivó de un cordel , que estaba atado en 
la cerradura .de la puerta , y abrió el postigo 
de la casa , de manera quo el marido pudiese 
entrar, el cual , comenzando á entrar por el 
postigo , vio estar aquel hombre con la espada 
desnuda en la mano, y asi ceso ja entrada, pre- 
guntándole: Quién eres tú? Y él no respondió 
nada , por lo cual causó en sí mas miedo. La 
suegra, v'endo esto, dixo: Calla mi amado hi- 
jo. Mas maravillándose el marcader de esto, 
dixo: Mi amada señora madre , qué es esto? 
Responde ella: Hi'o honrado , el caso es este: 
Aquí vinieron tres hombres tras este hombre 
que cst^ en la puerta, queriéndolo matar ; no- 
sotras lo dexamos aquí entrar con la espada en 
la mano, porque entonces estábala puerta abier- 
ta , y él pensaba ahora que tu eras alguno de 
ellos, y por miedo que há, no te responde A 
la cual dixo el mercader: O que bien haveis he- 
cho en escapar este hombre déla muferte. Y asi, 
seguramente entrando en casa , saludó aquel 
mancebo , y habló con él en gran amistad, to- 
mándolo por amigo dende en adelante. 

FÁBULA XI. 

De la vieja, y ííe la mager casta. 

IDehaxo de hiien hnhitó está mal Mongt. 

X^uentase que un noble hombre tenia una mu- 
ger casta , y hermosaz éU queriendo ir á Roma 



á visitar las Santas Reliquias , no quiso i^exar 
otra gu rda á su nuiger^ salvo á símism.i, con- 
tiendo en sus buenas , y aprobad^is costumbres. 




ta por un hombre mancebo , y en tanto orado 
comenzó de caer en amores aquel , que el día 
que no la veía parccia que no estaba en si. Ella, 
siendo requerida de el con muchas ¡oyas que le 
embiaba , jamr^s quiso consentir á sus ruegos: 
por lo cual el mancebo, viéndose del t do me- 
nospreciado de ella ; tan gran ansia , y dolor 
le toiuo quj cayo en gran enfermedad; empero 
asi enfermo, y como podia, muchas veces iba, 
y anJaba cerca déla casa desu amada, mostrán- 
dose triste , y doloroso , en tanto grado , que 
á las veces lloraba de sus o os, el cual andando 
asi pensativo , encontró una vie.a , honesta de 
cara , con habito de Religiosa , de la cual fue 
preguntado la causa de su tristeza: o!, no que- 
riéndosele descubrir, uixole ella : El enfermo, 
que no quiere mostrar su enfermedad al iis co, 
mas adolecerá. El oyendo esto , desciíbriole Ix 
causa desu mal, demandándole conseo, y ayu- 
da. La luena vie'.a lo consoló diciendo: Con- 
fórtate, qué si no me engaño, en breve habrás 
lo que deseas. Ella se partió de el, dcxandolo 
con mucha esperanza , y asi tornada á su casa, 
entro v.m perrilla en una cámara, y la h"zo es- 
tar tres dias sin comer, y después le dio un pan 
amasado con mostaza. Como la perrilla comió 
con hambre de aquel pan, comenzóle á correr 
las ia^rinias, con ia agudeza déla most».za. La 



vieia llevó á la perrilla asi llorando á la casa 
d(i la muger casta ,• la cual la recibió con cara 
alegre toieudose por contenta de ser visitada 
de ella , porque era tenida por persona de bue- 
navida. Ellas, citando asi hablando, vióaquella 
casta nuiger como lloraba aquella perrilla ; y 
preguntó la causa de su lloro. La honrada vie- 
ja , aguzando sus engaños , le dixo: O amiga, 
no queras renovar mis dolores , haciéndome 
contar la causa de las lagrimas de esta perrilla, 
porque en ello habria mi corazón tal dolor, 
que podria ser que antes que acabase de contar, 
feneciese mi vida. Y como la muger casta le 
rogase mas ahincadamente , comienza la vieja 
malvada s recontar con un geito llorable , y 
triste, de aquesta manera: Esta perrilla , que 
aquí est; llorando, fue mi hiia propria, la c;ial 
en otro tiempo era muger muy hermosa, y cas- 
ta, y fue amada, y procurada de un hombre jo- 
ven , adonde de Ío que se puede decir. Este 
mancebo, viéndose de ella desatuparado , por- 
que ella presumía mucho de su contineneia, ca- 
yó en eníermedad incurable : por el dolor , y 
áiieion, que recibía de sus amores, por lo cual 
los dioses, habiendo misericordia de este hom- 
bre, por la culpa que mi hi a huvo en no con- 
sentir á sus rueg'^s, la tornaron en perrilla, se- 
gún que aora lo ves; qué tan aceptablemente ro- 
go, v suplicó el mancebo llorando ante los dio- 
ses, que cumplieron todo aquello que les rogó, 
y suplicó , y de esta forma recontó la vieja la 
causa , mostrando en ello gran pesar , y triste- 
za , de manera que apenas podia acabar Us pa- 
labras. Responde sobre esto la honesta muger: 



a87 
O muy amada , miedo me has causado en mi 
corazón , sobre lo cual no puedo saber qné me 
d-iga, por cuanto yo misma he incurrido en otro 
semeante crimen , y delito , qué un hombre 
mancebo, con tanta aticion, y amor me requie- 
re , y tantas veces, que parece que por mi amor 
se quiere morir ; mas por amor de la castidad, 
y por el amor c[i:e he á mi marido, yo he me- 
nospreciado todos sus ruegos Y decia la vitja: 
Amiga, yo te aconse o, que lo mas presto que 
puedas, oygassus ruegos, porqu.e te puedas sal- 
var , que no seas tornada en otra hechura , nsi 
como mi hi;a , que fue tornada en perrilla. Y 
dice la muger: Yo me guardaré, porque no sea 
contraria a los Dioses; qué si él me quiere, no 
le negare el oficio de amor; y caso que no me 
pida, yo misma me le ofrecerá, si le podré ha- 
blar. Y con tanto la vieja reagradeció á la mu- 
ger honesta, tornándose para su casa: llevó al 
mancebo nuevas á su apetito concordes ; y asi 
ayuntó al amante con la amada, y adquirió, y 
ganó la gracia de entrambos. 

FÁBULA XII. 

Del Ciego j y mancebo adultero. 

A. la muger mala poco aprovecha haer.a 
guarda. 

Jjira un ciego , el cual tenia una muger muy 
hermosj ; este guardaba con gran diligencia Ix 
castidad de ella con grandes zelos que había. Y 
acaeció un dia , que estando entrambos en una 



íi3^ 

■huerta debaxo de un peral á la sombra , que 
ella con su consentimiento subió suso en el pe- 
ral á coger de las peras: mas el ciego , como 
era zeloso, poique no subiese otro ninguno ar- 
riba, en tanto que la muger e>taba suso , abra- 
zóse con el tronco del peral ; mas como el pe 
ral era de muchas ramas, tstaba escondido un 
mancebo, que havia subido antes suso en el ár- 
bol , esperando la mugcr del ciego , donde se 
ayuntó con gran a'egrja , de manera, que vi- 
nieron s ugar el juego ele Venus. Eilos en esto 
estando, el ciego r-yo el sonido, y con gran do- 
lor comlerza á lámar: O malvada muger, aun- 
que yo carezca de vista, no por cío ceso de 
sentir, y oír, antes los otros sentidos son en mí 
mas intensí-s , y forzosos, d¿ maijera, q. e yo 
siento qMC tienes donde contigo algún adidtero, 
de esto me querello al soberano Júpiter, el cual 
puede reparar con gozo los cor-zones de los 
tristes, y dar vista á los c'egos. Estas palabras 
dichas, fue luego restituida la vista al ciego, y 
dada la luz natural, y mirando arriba el ciego, 
vio estar aquel manccüo adulterando con su mu- 
ger , por lo cual dixo súpitamente: O muger 
falsa , y engañosa , por qi.e me cometes eite 
engaño , co íno yo te tenga por casta - y muy 
buena: Ay de mil porque de aquí adelante no 
tengo esperanza de haber contigo aigun buen 
dia. iVlas ella, viendo como el marido la incre- 
paua tan mal , a nque primero se espartaba, 
con una cara alegre, inventando de presto una 
malicia engañosa, respondió al marido con alta 
voz iOiiantv : Gracias hago á los dioses codos, 
que han oído mis oraciones , y tornaron la vis- 



a89 
ta á mi marido > que sepas, caro señor , que U 
vista que te es concedida , que te es dad. por 
mis ruegos, y obras. Por cuanto como hasta 
aora no haya expendido en valie muchas cosas, 
y si en Fiscos , como en otras muchas mane- 
ras. Finalmente, yo me torné .i rogar, y hacer 
muchas peticiones á los dioses: y el Dios mer- 
curio, por mandado del soberano Jup'tér, apa- 
reci ndome entre sueños , me dixo que subiese 
en un árbol llamado peral, donde jugase el jue- 
go de Venus con un mancebo, y asi seria resti- 
tuida á ti la luz de tus oios, lo cual yo he cum- 
plido por tu b'en , y salud , porque debes dar 
gracias á los dioses , y en especial debes agra- 
decer á mí, pues has por mí recobrado tu vista. 
El ciego, dando fé á las palabras engañosas de 
su myeer , la perdonó , y aun le dio muchas 
graciasN, y la remuneró con grandes dones , y 
¿adivas. 

FÁBULA XIII. 

De. la astucia de la. muger contra, su marido 

VLÍiadero. 

JUliicho mal cabe en la mala mvgeré 

JL a muger engañosa, prestamente inventa ra- 
zones fraudulenias, y engañosas con que cubra 
sus maldades, como declara esta Fábula. Un 
Aldeano, como fuese á vendimiar su viña, la 
muger , pensando que tardaría mucho , según 
que otras veces solia, embio á llamar á su ami- 
go, el cual viniendo, y estando comiendo , y 



Q90 

tomando placer, con deseo Ilícito de se contra- 
tar . su apetito, y deseo, sobrevino súpitamen- 
te el marido de la viña con un o;o quebrantado 
de lina rama, llamando á la puerta , al cual sin- 
tiendo la muger espantada de miedo, escondió 
ál ntnigo en v.r.a. cámara, y asi abrió al marido 
la pticita; él entrando en casa triste, y con gran 
dolor ^^el ojo, mando á la.mtiger que le apare- 
]í\fe I.: cama en aquella cámara. Mas ella , tc- 
n-. cn'do que en entrando en el'a viese aquel su 
amigo, que estaba donde, dixo al marido; por 
qué te quieres tan aquexadamente echar en la 
cama? dime primero la causa de tu turbación, 
y nue mal has habido. El marido le contó el 
caso de su desventura , y dixo ella: Dexame, 
seüor, que te rep. re , y conlirme tu o o sano, 
por una manera , ó arte, que yo sé , de, mane- 
ra , que ese otro 0,0 quebrado no se te perturbe, 
y dañe segun que muchas veces acaece; y por- 
que asimismo mis oíos no padezcan algún mal, 
de lo Cual sé, que no menos te pesarla, que de 
tus cosa.> p*)pr;as , como á tí , y á mí todas las 
cosas sea ■ comunes. Y de aquesta forma ella 
disimulando, y dándole á entender, que le ben- 
decía co'i la boca , le cubrió el 00 sano , ca- 
lentando, y recreándoselo con aliento, en tan- 
to grado , que el amigo salió de la cámara , y 
se fue seguramente , sin que fuese sentido del 
marido , v desde que fue puesto en salvo, dixo 
la muger: De aqui adelante, mi buen marido, 
seguro ser s del daño que re pudiera venir al 
otto 00; y asi , cuando te placerá, podr.'s pa- 
sar á la cámara. Y con esta fraudulenta arte, y 
muy prestamente hallada, engañando al mari- 
do , embio á su amigo $in peligro. 



FÁBULA XIV. 

JDe la mugir dil ^lersader -^ y de su sus^ 
gra vieja. 

JDt mala madre , mala, hija. 

j_Je una -vieja muy engañosa , qne no quería 
que su hi;a guardase castidad , se dice cita fá- 
bula. Un mercader , que iba fuera á negociar, 
dexó la mugcr en guarda á iu suegra. Ella, co- 
mo era moza, cayo en amores de un mancebo, 
y descubrió su secreto á la madre , la cual con- 
sintiendo á su hi'a en sus ilícitos amores , tve 
llamado el mancebo , que viniese á ser combi- 
dado de ellas. El joven, conociendo que la ma- 
dre cousentia á sil pioposlto , y apetito, toman- 
do en sí gran placer, sé fue para ellas; y él re- 
cibido con alegría en la posada , comenzaron 
todos tres con placer á comer, y beber, pensan- 
do de cxeci.i.ir su apetito á su querer. Estando 
ellos comiendo, viene el marido llamando á li 
puerta; y el marido, luego como entró , man- 
dó que le aderezasen la cama , porque venia 
cansado: mas la muger turbada de esto, sabien- 
do que estaba el amigo cerca de la cama escon- 
dido, no sabia que se hacer. "5l la madre, vien- 
do la hi;a asi turbada, dixole: Hila , dexate de 
hacer la cama , en tanto que mo-tramos á til 
mar do la sabana qne hicimos: v liego, sacan- 
do la vieja una sabana del arca y aízaüdola ella 
por un cabo , mando i la hija que alzase por 
el otro, y de cst.: manera , poniendo la sabana 
delante del raarido, hicieron salir al mancebo. 

T a 



Y luego dixo la vie'a: Ahora puedes estender 

sobre el lecho la s^Bana que es texida, y hila- 
da de nuestras manos. El marido les díxo: Ben- 
ditas seáis, que tan bien haveis trabajado. Ellas 
entonces alabándole, dixeron: Otras cosas sa- 
bemo. hacer me¡ores que estas , las cuales , si 
quieres, bien podr s ver. De esta manera en- 
gañado se fue el mercader á la cama. 

FÁBULA XV. 

J?t la muger , y del marido encerrada en tt pa- 
lomar. 

JEl fabor de la vntger hace osados á lo* 
temerosos. 

A^a astucia, y agudeza de las mugeres , hace 
osados los temerosos , según que se contiene 
en estx fábula. Un hombre, que havia nombre 
Pedro , tenia trato de adulterio con la muger 
de un labrador, siendo todos de una parentela. 
Este labrador, por miedo de la justicia, que le 
quería executar por una deuda, dormia muchas 
veces en el campo ; y como una vez el Pedro 
encontiííse á su mtigct , según que otras veces, 
el marido vino .í la noche para su casa. Ella, 
viendo esto, puso el amigo debaxo de la cama, 

V comenzó de retraher al marido, diciendole, 
que bien merecía que fuese preso , porque en 
aquel punto partían los executores déla justicia 
de allí, catando toda la casa por le prender , y 
que decían, que havian de tornar por aili. El 
labrador^ oyendo esto , buscaba manera como 



595 
se ir al campo: mas como las puertas de la Vi- 
lla eran ya cerradas, cesó de ello Y dixole la 
muger: Desventurado de ti , qué haces? Si te 
toman, claro es que nunca saldrás déla cárcel. 
Y como el cuitado del labrador pidiere consejo 
de la muger, ella prestamente á engaño, dixo- 
le: Súbete en e.ste palomar , donde podras ser 
bien seguro esta noche , porque yo cerrare' la I 
puerta, j quitaré las escaleras, porque no po- 
dr.ín sospechar que est^s donde. Este hombre 
hizo como la m\iger le acoii";e aba, y asi se en- 
tró en el palomar , de manera que no pudiese 
salir sin que la muger le abriese y hecho esto, 
ella sacó á su ami^ de debaxo de la cama , el 
cual tingiendo como que fuese algún executor, 
comenzó á hablar con gran Ímpetu ala muger, 
preguntando por su marido , de ta-l modo que 
el cuitado, que estaba encerrado en el palomar, 
quedó bien espantado ; mas como cesaron las 
Voces, y ademanes , fueronse ambos á la cama 
de buen espacio; y asi quedó aquel hombre en- 
gañado de su muger , teniéndose por contento 
de dormir en el estiércol de las palomas , por 
escapar de la justicia. 

FÁBULA XVI. 

De la muger que -parió un hijo , siznio su ma.- 
rido ausente. 

Qtíieu nit^a lo que $ív¿^ qiu hará lo que no se vé\ 
V>omo los que moran en la Ciudad de Gaeta 



*94 

buscan la vida navegando por las mares , un 
Maestro de Ivao , que era vecino de aquella 
Ciudad , como fuese pobre , partióse donde, 
dexando la muger moza en casa, á otras p.irti- 
das á buscar su vida, donde tardó muchos días; 
y pasado el quinto año , el se bolvió para su 
casa á ver á su muj^er, la cual, como e'l huvie- 
se tardado tanto tiempo, con desesperanza de 
su tornada , acostumbr¿iba tener conversación 
con otro. El marido, entrando en casa , hallóla 
muy bien reparada, v meior que él la habla ¿e- 
xado en su partida ; y maravillábase mucho, 
porque éJ habia dexado á su mugcr muy poco 
a uar, como aquella su casilla mal reparada ha- 
bia ella asi aderezado , y adornado. Responde 
la muger de esta manera: Señor mió, note ma- 
ravilles de esto, porqiie la gracia de Dios mu 
ha ayudado, como hace á muchos grandes mer- 
cedes. Dice eln)arido: Bendito sea Dios, que 
a.íi nos ha ayudado. Viendo asimismo la cáma- 
ra , y el lecho mas adornado , y todo él arreo 
de la su casa bien limpio , y muy aderezado, 
pregunta á la muper: Donde tanto bien habia 
.adquirido, y alcanzado? Ella rej^pondio: Que 
la gracia , y m scricordia de Dios se !o habia 
dado. Y asi de cabo el marido hace grandes 
loores á Dios , porque tan liberal ha sido con 
ellos, y no menos por todas las otras meorías, 
que haiíaba en su casa, alaba á la magniíicen- 
cia de liios. Finalmente , que parcelo en su 
casa un muy bonito niño, bien gracioso , que 
pasai;a de tres años , el cual, según que es cos- 
ti.mbre de niños, alhagaba á la madre: visto el 
niñp, pregunto el marido: Que niño era aquel.^ 



La miiger dixo: Mió es. El, maravillándose 
de Cito, dixo; Y donde vino este niño, siendo 
yo aumente r Aiuma la muger muy osadamente, 
que la misma gracia, y misericordia de Dios se 
lo habia dado Entonces dixo el marid\) con 
gran saña: Cómo la 'gracia de Dios entiende en 
procrear , y hacer en mi miigcr hijosí No bas- 
taba que me ayudase en otras cosas ; mas en 
hacer en mi ausencia hijos, no es de creer, 

FÁBULA XVII. 

Dei Diablo^ y de una Vieja, 

Del consejo de la mala vieja resulta obra, 
endiablada» 

JCil que bien , y paz seguro desea acabar sus 
dias, guárdese de la compañía , y conversa.clon 
de las malvadas, y falsas viejas, porque baxo el 
Ciclo, apenas fue criada cosa mas vil, y enga- 
ñosa , que las semejantes viejas. Empero no 
quiera Dios, que por alguna cosa que en esta 
fábula se contiene , entici»la yo de reprehender 
á la condición de las niugeres honestas , y cas- 
tas, las cuabs son dignas de toda honra , y re- 
verencia; mas antes en alabanza de ellas , y 
porque se guarden de seme antes viejas diabó- 
licas, que por su conversación no sean torna- 
das en maldad, engañadas poi- ellaí, seordeaó 
c^a fábula en c^ta tor.nf\i : Un honradD honure, 
esclireciio por su buena vida, y honesto, dé 
biienas costumbres , tomó una mu¿er , con la 
cual muchos años vivió en paz, y amor ¿ de 



manera, que jamás entre ellos fue discordia al- 
guna , eñ tanto, que todos los vecinos se mara- 
villaban de su grande paz , y concordia. Mas 
^ el diablo, que sabe muchas, y infinitas artes, y 
es enemigo de toda<; buenas obras, viendo esta 
tAn buena compañía de entre marido, y muger, 
el se dolia nías de lo que se puede decir , y de 
noche, y de dia, sembrando mucha cizaña con 
todas sus fuerzas insistía, como el amor, y uni- 
dad, y concordia con que se amaban el uno al 
otro , pudiese destruir, y pervertir; mas como 
por muy largo tiempo , asi por e'I , como por 
sus factores , y medianeros , atentase esta con- 
cordia, por la tornar en discordia, y no apro- 
vechase, ni acabase su proposito, ya quitada su 
esperanza toda, manifiesto esta cosa á una vie- 
ja bjíbuda , rogándole , que le ayudase en al- 
guna cosa ; li cual dixo asi: Eso es á mi in- 
dustria cosa ligera de hacer muy brevemente, 
por poca cosa "que me des, lo cumpliré , si te 
place; porque tales asechanzas, y cizañas pon- 
dré entre ellos , cuales hasta oy dia nunca fue- 
ron puestas entre marido , y muger , de mane- 
ra que sen mayor la mal querencia entre ellos, 
que el amor "amís haya sido. A lo cual dixo el 
diablo: Pues que' quieres t) que te dé por este 
tríba'o? Dixo la vie'a: Por cierto, á mí será 
poco trabajo, por donde no te pido sino un par 
de zapatos, que rae des. A lo cual dixo el dia- 
blo: No solamente un par de zapatos, mas to- 
do"; cuantos te basten para todo un año te dar . 
Entonces se fue la vie'a pira la buena muger, 
y después que con ella habló muchas cosas, di- 
ácoie asi: Por cierto tanta tribulación, y traba- 



^9r 

jo he pasado esta noche , que apenas lo pudie- 
ras creer Y preguntando esta muger, que cau- 
sa era aquella, de que tanto habia sido atribu- 
lada? Respondió la viea: Ruegote que no di- 
gas nada á tu marido, de lo que te quiero decir. 
La causa de mi tribulación fue esta: El tiene 
una manceba, cuyo nombre callo por su honra, 
la cual es visitada cada dia por él ; y esta es cosa 
muy secreta, y -si no temiese, que él por ventu- 
ra te tratase lá muerte, y por no te molestar, y 
perturbar, no te havria dicho cosa de esto. Em- 
pero, si tú quieres usar de mi conse o , yo te 
daré orden, y modo, que él no ame á otra al- 
guna , salvo tí. Respondió la buena muger, 
turbada de corazón, diciend) asi: Hasta ahora 
alguna cosa de jnal, ó que fuese deshonra de él, 
no he hallado en mi marido; mas si son verda- 
deras las cosas que dices en eso , podrás á mi 
cuitada ayudar, y me havrís para adelante por 
tuya, en todo cuanto mandares de mí: Dice la 
vié a entonces: Tu marido tiene un pelo en la 
garganta, el cual asi como durmiere, si lo pu- 
dieses cortar, sin duda no podr.í amar á otra al- 
gun.i sino á tí. Lo cual-, como la buena muger 
creyendo, otorgase de cumplir, después de re- 
cibidas muchas gracias, partióse de ella la vie'a, 
y futse prestamente para donde el marido esta- 
ba , tratando , y haciendo sus hechos : y entre 
otras muchas cosas, dixole estas palabras: O 
h."mbre de buena condición, y crianza, yo he 
cojnpasivo de tí: porque tu muger , la cual es 
de buena, y honrada parentela, y bien se, que 
la amas como á tí mismo, no solamcrite ama á 
otro, mas tiene concertado, como te pueda ma- 



tar, por se ir con él ; y yo sé, que es acordado 
entre ellos, que ella te corte la cabeza con una 
navaia: Y si por ventura no me crees , finge 
que duermes entre dia, y verás como yo hablo ; 
verdad: mas' guárdate diligentemente del sue- 
ño, y tú te podr.?s vengar á ta placer. El ma- 
rido , espantado de esta cosa tan horrible , gi- 
miendo dixo: Por cierto, de mi muger no sen- 
tí hasta oy cosa no ilícita ; mas si yerdad es lo 
que rae avisas, mucho te tendré que agradecer: 
y yo te lo satisfaré. Y asi, tornando el marido 
á su casa , después que comió , comenzó como 
quien dormia , á estar echado abaxada la cabe- 
xa sobre el escaño; y según el consejo déla vie- 
ja, mostraba que dormía. La buena muger, cre- 
yendo que él dormía, tomó la navaja , que te- 
nia aparejada , y quería cortarle el pelo de la. 
garganta. Mas el marido, pensando que le que- 
ría degollar , tomóle la navaja por fuerza , y 
con ella misma mató á su muger. Después que 
la vieja, por su engaño, y astucia , acabó este 
hecho tan malo, dixo al diablo: Dame los za- 
pitos , que me prometiste; parécete que los he 
.merecidoí el cual respondió; IVIucho mas que 
los zapatos mereces: mas piics excedes , y so- 
brepujas á todos nosotros por malicia, y enga- 
ño, y ingenio no quiero ni es razón que te lle- 
gues mas cerca de mí dejo q\ie cst^'s, ó que me 
toques, y palpes con tus tninos Y dichas estas 
palabras , el diablo por miedo que aun á él mis- 
mo le engañase con su malíeia, en un palo, ata- 
dos los zapatos enel cabo, rc:)iendo unseto en- 
tre medias , se los dio, diciendo asi: O vieja 
pesdfera , y vil, recibe tu alquiler , ó merced, 



y apártate allá, porque cuanto mas lexos fueres 
de nosotros , tanto ma>s amada seréis de nos, 
por cuanto puesto que seamos malos, y mez- 
quinos , y aborrecidos de todos , aunque no te 
queremos recibir en nuestra compañía , porque 
eres llena de engaño, y maldad , y no nos po- 
drías hacer sino mal. Y asi pereció aquel hon- 
rado hombre con su muger, por el consejo de 
la vieja, por lo cual todos deben huir de ellas, 
ni creer ligeramente á sus palabras , qué mas 
son inclinadas á mal que á bien; mas antes de- 
bemos creer aquellas , cuya rama , y obras ha- 
vemos probado , y experimentado. 

FÁBULA XVIII. 

Del 'Maestro Sastre ^ del Rey y y de sus criados. 
No hagas lo que no querrías que te hiciesen.. 



etribuir, y tornar un engaño por otro, co- 
mún cosa es : lo que no querrías que te hicie- 
sen á tí, no lo hagas á otro, iobre que se cuen- 
ta esta fábula. Un Rey tenia un Maestro Sastre, 
muy bueno , el cual sabia muy bien cortar las 
ropas, y vestiduras de cualquier manera, y te- 
nia muchos discípulos de su arte, entre los cua- 
les tenia uno, que le llamaba í^edio. Este ex- 
ce.i^a .r todos en coíer ; y acercándose la íiesta 
dtl Rey, llamo al Maestro, y mandóle, que le 
hititse unas ropas preciosas, y convenibles pa- 
ra si, y para ios suyos; y porque esto se hicie- 
se mas prestamente', deputo, y mando a su Ca- 



300 

marero, llamado Enm'cos, que adminístrase, y 
diese las cosas necesarias al Maestro, y mandó- 
les proveer de viandas abundosamente. Un dia, 
como les hiciese dar pan caliente con miel, 
mandó que guardasen de aquella miel para Ne- 
dio , que era ausente, y dixo el Maestro: No 
come ISedio miel , y asi comieron toda la miel. 
Después de comer vino aquel discípulo, y dixo: 
Por qué comistcs sin mí , y aun me parece, que 
no me guardastes mi parte? Respondió el Ca- 
marero: Tu Maestro dixo, que no comias miel, 
y por tanto no te la guardamos. El calló, pen- 
sando entre sí, cómo á su Maestro pudiese ha- 
cer otra semejante burla, Y un dia estando el 
amo ausente , preguntó el Camarero á Nedio, 
si en algún tiempo habia visto meior cortador 
que su Maestro í Respondió: Señor, muy buen 
Mae:tro sería , si aquella su mala enfermedad 
no le impidiese , y atormentase. El Camarero 
le preguntó, qué enfermedad tuviese su Maes- 
tro? Kedio respondió: Mi amo es frenético en 
tanto grado, que cuantos est.in presentes, cuan- 
do le toma este mal , quiere herir , y matar. 
Dice el Camarero: si supiese cuando le tomase 
este su mal , yo le haria atar muy recio, porque 
no hiciese mal , ni daño. Dixó el Discipulo: 
Cuando tú vieres, que él mira al tablero, y á 
una parte, y á otra, hiriendo al tablero con las 
manos , se levanta do su asentamiento, y toma 
de eso que donde halla: sepa? que entonces es- 
t! con su mal,.^y locura, porque si no to guar- 
das, no menos te herirá á tí , que á nosotros. 
Respondió el Camarero: Tú seas bendito, qué 
me avisas; porque yo guardaré á mí, y á voso>« 



501 

iros de el. El día siguiente Nedio esconcjiá las 
tixeras de su Maestro secretamente. Y buscan- 
do el Maestro sus tixeras , y no las haMando, 
comienza de herir en el tablero , mirando á una 
parte, y á otra, y levantóse desu asiento, dan- 
do muy grandes golpes con las manos. Y como 
viese aquesto el Camarero, luego mandó á sus 
criados, que atasen al Maestro, porque no hi- 
riese alguno , y hacíale dar de palos , como á 
manera de castigo. El Maestro, viendo aqueste 
mal, que le cometían, no sabiendo la causa, á 
muy grandes voces se quexaba , diciendo : Qne 
porqué lo herían, sin razón, y sin culpa. Ellos 
no dexaban de herirlo , y dar en él, entendien- 
do que estaba loco, por reducirlo á su sentido. 
Después que fueron bien cansados délo apalear, 
desatáronle , el cual con grandes suspiros , y 
quexas , comenzó de preguntar al Camarero: 
Por qué tan cruelmente lo habia hecho herir? 
Fuele por él respondido, que por su gran bien 
lo habia mandado , por cuanto l*Jedio , su dis- 
cípulo , le habia informado como algunas ve- 
ces se enloquecía , y le tomaba frenesí, de ma- 
nera cjue si no le ataban, y castigaban, no ce- 
saba de hacer mal , y herir á los que eran pre- 
sentes, y que no sanaba de aquel mal, á lo me- 
nos que no fuese atado, azotado , y castigado; 
y por tanto lo habia asi mandado , porque sa- 
nase. Entonces dixo el Maestro á su discípulo: 
O muy malvado , y cruel , cuando me viste á 
mí enloquecer í Respondió el discípulo: En- 
tonces te vi yo que te tornabas loco , cuando 
tu conocí te, que yo no comía miel. El Cama- 
rero , y todos los ^ue estaban presentes , que 



3oa 

oyeron estas pal?.bi-as , con muy gran risa, iuz- 
garon que con sunciénte razón el Maestro ha- 
bía padecido todo el mal ; porque quien burla 
de otro , de razón espera de ser engañado , y- 
burlado. £1 que qu.ere no recibir mal , ni ser 
en^'añado, no qi 'era hacer a otro lo que no 
querría que hiciesen á él mismo. 

FÁBULA XIX. 

Z)el Locoy 1/ del Cavalfero, y Cazador. 
JEl trabajo sin provecho , deiarlo es provechos&é 



V^omo usar, y exercitar el oficio, y arte, en 
que mayores son los gastos, qi;e las ganancias, 
Y rentas , es de reprobar , y dexar , se prueba 
poí- esta fábula. En la Ciudad de Milán había 
un tiempo un fumoso Medico , el cual tenia 
cargo de sanar, y reparar á cualquiera locura 
é infamia. El tenia eta manera en sanar Jos 
locos : había en su casa un corral , donde era 
una laguna, ó balsa de muy viscosa , y hedien- 
te agua , donde ataba aun pilar cada loco que 
quería curar, desnudándolo , y poniéndolo en 
aquel cieno hasta las rodillas , o mas alto , se- 
gún se convenían á la natura , y calidad de láT 
locura, y hacíalos estar allí con gran dieta, has- 
ta que sentía que eran sanos. A este Medico fne 
traído un loco entre otros muchos, al ctial puso 
en esta balsa hasta lo muslos: cstQ loco , como 
estuviese donde quince dias, fue reducido , y 
tornado en su sabidad , a&i camenzó á rpgar aJ 



3^3 
Medico , que Iq sacase de allí , pues estaba ya 
sano. El Doctor lo sacó de aquella agua, y tor- 
mento en que estaba , mas defendióle que no sa- 
liese del corral. El errando obediente por algu- 
nos dias, según qjc le estaba mandado, el Me- 
dito, habiendo piedad de él, le dexó salir don- 
de: mandóle que anduviese por casa , con tal 
que no saliese á la puerta. Este loco asi sano, 
con gran gozo andaba por la casa, guardando 
bien el mandamiento del Medico. Estando una 
vez el loco á la puerta , vio venir un hombre 
a cavallo, con un falcon; un perro delante, el 
cual llamó , movido de aquella novedad que 
veía, porque no se acordaba, que en otro tiem- 
po antes habia visto. Llegando el del cavallo á 
él, preguntóle el loco: Tú quién eresí Escú- 
chame aova un poco, si te place. Dime, eito en 
que tú vienes subido, qué cosa es, y para que 
lo tienes? Respondió: Cavallo es , y trajgolo 
por no cansarme. ítem le preguntó: Y este otro 
que traes en la mano , qué es , y para que le 
traes? Respondió el Cavallero: Es falcón, y es 
muy bueno para cazar perdices, y garzas. Mas 
le preguntó del perro , y no rñen'^s le dixo, 
como era cosa necesaria para la caza , porque 
con él hallan liebres, y conejos, y aves, y otras 
cosas, Y preguntólo eí loco: Qué puede valer 
cuanto tú cazas con tu perro, y aves en un año? 
Respondió el Cavallero: íío te podria respon- 
der cosa cierta í mas pienso que menos valdrá 
de cu;itro ó cinco libras de oro. Y demandóle 
el loco : Cuaoto puedes gastar con tu cavallo, 
y falcones, y perros en un año? El de á cavallo 
disoí Puedo gastar mas de cincuenta libras de 



304 

oro Entonces , maravillníío déla locura del Ga- 
vallero, dixo el loco: Ruégete, que te vayas 
presto de aqui, y aun volando, si puedes, por- 
que no te vea el Medico nuestro Maestro, qué 
si él te halla aqui^ y sabe de esta tu gran locu- 
ra , él te pondrá en la balsa del agua con los 
otros locos; y aun á mi parecer mas dentro que 
á estos otros , porque tu locura es mayor. 

Sigrujíca esta fábula , que el uso , y exercício 
d» la cata^ ó de ctros oficios ^ en qua és mayor et 
gasto , que la ganancia , son da desampara»^ , y 
dejar, si quiere el hombre ser tenido por discreto. 

FÁBULA XX. 

Del Saeei'dote ■) y de su -perro , y del Obispa, 

JEl dinero hace lo malo ser hueno. 

_L^os dones , y servicios dadivosos , aun á los 
lugares violados sin ceremonia reconcilian, se- 
gún it declara por esta fábula. En Toscana era 
un Sacerdote ignorante, mas bien rico: zstQ en- 
terró un perrillo muy preciado que tenia, en el 
cimenterio. Como eite su exceso vino á noticia 
del Obispo, sintiendo que el Clérigo era rico, 
agravó mucho el delito , y hizolo llamar ante 
sí , para que fuese punido. El Sacerdote , que 
conocía que mas miraba el Obispo en raparle 
la pecunia , que por corregirle, ni punir cor- 
poralmente , por penitencia saludable , tomó 
cien piezas de oro, y íue con ellas ante el Obis- 
po. Como el Clérigo fuese por el Obispo mu- 
cho reprehendido por este delito , mandó que 



ftiese llevado á la carecí , pira ser castigado, 
y punido. Viéndose el Sacerdote en este rigor, 
dixo al Obispo. O Señor, si conocieses de que 
prudencia era aquel perrillo, no te maravilla- 
rías, por haverlo yo enterrado entre ios hom- 
bres , que por cierto él excedía en agudeza ■9 
todo ingenio humano, asi en la vida como era 
en el articulo de la muerte. El Prelado , m.p-a- 
villandose de esto pregunto: Qué es eso que di- 
ces? Respondió el Sacerdote: El hizo testamen- 
to en su íin; y considerando como estabas en 
necesidad de dineros , por los grandes gastos 
que haces por la Iglesia de Dios , cien piezas 
de oro mandó para tu cámara , las cuales helas 
aquí. El Obispo, probando el testamento, mari- 
án que fuese guardado el dinero para las cosas 
necesarias , v dio por libre de aquel delito al 
Sacerdote. Signiñca esto claramente , que la 
moneda es grande medianera , para aícan'4ar 
todo cuanto los que la tienen quieren. 

FÁBULA XXI. 

2Del JCimio ^ y de las 2^ueces. 

For la -perseverancia se dá ti premio. 



or el grande, y continuo traba'o , muchas 
veces se gana, y alcanza mucho galardón: si 
de la obra comenzada no desiste el hombre pul* 
\x ^^.ravedad , y trabajo que halla en ella maí 
contíiViia hasta el fin, según esta fábula nos erv- 
seña. Un Ximio , estando dcbaxo de un nog.í|, 

V 



3o6\ 

preguntó del valor, nombre, y fruto de él; y 
como le fuese dicho, que iquel frutal producía, 
y daba las nueces muy sabrosas de meollos, co- 
menzó á haber muy gran placer , pensando en- 
tre sí en que manera podría usar de aquellas 
nueces á su talante ; mas como el árbol fuese 
grande , y alto , sin ramas hasta la mitad, de 
minera, que el mono no pedia saltar encima, 
el se fue á una casa , que era cerca de la de 
aquel nogal, doniü rogó á un hombre, que le 
prestase una escalera, porque con ella pudiese 
subir al árbol á comer de las nueces , la cual, 
como le fi:e prestada , él la truxo con traba'io 
hasta el frutal , y alli puso, y arrimó- de ma- 
nera que él pudiese subir arrilía, y asi con go- 
zo subió, y tomando una nuez , la mordió en- 
tera , con su* cortesa verde ; y como sintió la 
amargura de la corteza, lanzóla á mal, y pro- 
bando otras tres, ó cuatro , no las hallando de 
ni.e'or sabor, sino amargas , como la primera, 
él las echó con fjran eno o, y no curó mas de 
buscar de meollo : que dentro tenían; por lo 
ci:al lleno de dolor, v tristeza, después de mu- 
chos gemidos, y suspiros, dixo: Malditos sean 
aquellos qie me mostraron estas nueces, v me 
las alabaron, ó me dieron favor , y ayuda , ó 
conseo , que comiese de ellas ; porque en to- 
dos \')s días de mi vida nunca tan grandes tra- 
ba'o'; tom?, y soporté, y no he hecho otr.? cosa 
en ello, sino expender mi tiempo en vano, sin 
provech<^: qué el dulzor del fruto que me de- 
cían que era , en amargura es tornado ; y asi 
¿icbas estas palabras, gimiendo , y suspirando 
se partió de alli. Significa esto , que ninguno 



307 
debe desamparar la obra comenzada, por traba- 
josa que sea ; mas debe pensar el fin , que es 
galardón del trabao , el cual si diligentemente 
quisieres mirar la obra , sin gran dolor acaba- 
rá , que según dice el proverbio: No mereció 
las cosas dulces , el que la amargura no gustó. 



FIN. 



FÁBULAS 

LITERARIAS. 

POR 
DON TOMAS DE IRIARTE, 



JJsus "Vetusto genere , sed relus novis. 

PHAET. LIB. V. PROI. 



CON licencia: én falencia: 

IN LA IMPRENTA Y LIBRERÍA DE MIGUEL DGMINGQ. 

ASo 1 8 14. 



ADVERTENCIA DEL EDITOR. 



JL orque empezaban á andar en manos <3e los 
curiosos algunas copias diminutas y viciadas de 
estas Fábulas , me pareció que haría un servi- 
cio al público literario en pedírselas á su au- 
tor , valiéndome de la amistad que le debo, 
y en darlas á luz con su beneplácito. No quie- 
ro preocupar el juicio de los lectores acerca 
del mérito de ellas : sí solo prevenir á los mé- 
Hos versados en nuestra erudición que ésta es la 
primera colección de Fábulas enteramente ori- 
ginales que se ha publicado en castellano. Y así 
como para España tienen esta particular reco- 
mendación , tienen otra , aun para las naciones 
extrangeras : conviene á saber , la novedad de 
ser todos sus asuntos contraídos a la literatura. 
Los inventores de Fábulas meramente morales 
desde luego han hallado en los brutos propieda- 
des de qué hacer cómodas explicaciones á los 
defectos humanos en lo que pertenece á las cos- 
tumbres , porque los animales tienen sus pasio- 
nes ; pero como éstos no leen ni escriben , era 
mucho mas difícil advertir en ellos particulari- 
dades que pudiesen tener relación ó con lus vi- 



cios literarios, 6 con los preceptos que deben 
servir de norma á los escritores. 

La doctrina que sobre uno y otro punto en- 
cierran estos apólogos , va amenazada con la 
variedad de la versificación ; y para llamar la 
atención de los jóvenes que los lean , y se in- 
clinen al arte métrica castellana , se ha añadido 
al fin de la obra un breva índice de los qua- 
renta géneros de metro en que está compuesta, 
empezando por los de catorce sílabas , y aca- 
bando por los de quatro. 



(5) 

PRÓLOGO. 

FÁBULA PRIMERA. 
El Elefante y otros animales. 



A, 



Mi en tiempo de entonces, 

Y en tierras muy remotas, 
Quando hablaban los brutos 
Su cierta gerigonzí?. 

Notó el sabio Elefante 
Que entre ellos era moda 
Incurrir en abusos 
Dignos de gran reforma. 
Afeárselos quiere, 
' Y á este fin los convoca. 
Hace una reverencia 
A todos con la trompa, 

Y empieza á persuadirlos 
En una arenga docta 
Que para aquel intento 
Estudió de memoria. 
Abominando estuvo. 

Por mas de un quarto de hora 
Mil ridiculas faltas, 
Mil costumbres viciosas: 



(6) 
La nociva pereza, 
La afectada bambolla, 
La arrogante ignorancia, 
La envidia maliciosa. 

Gustosos en extremo, 
Y abriendo tanta boca. 
Sus consejos oian 
Muchos de aquella tropa: 
El Cordero inocente. 
La siempre fiel Paloma, 
El leal Perdiguero, 
La Abeja artificiosa. 
El Caballo obediente, 
La Hormiga afanadora, 
El hábil Xilguerillo, 
La simple Mariposa. 

Pero del auditorio 
Otra porción no corta, 
Ofendida , no pudo 
Sufrir tanta parola. 
El Tigre , el rapaz Lobo 
Contra el censor se enojan, 
i Que de injurias vomita 
La Sierpe venenosa ! 
Murmuran por lo baxo. 
Zumbando en voces roncas, 
El Zángano , la Abispa, 
El Tábano y la Mosca. 



(7) 
Sálense del concurso 
Por no escuchar sus glorias 
El Cigarrón dañino, 
La Oruga y la Langosta. 
La Garduña se encoge, 
Disimula la Zorra; 

Y el insolente Mono 
Hace de todo mofa. 

Estaba el Elefante 
Viéndolo con pachorra; 

Y su razonamiento 
Concluyó en esta forma: 
A todos y á ninguno 
Mis advertencias tocan: 
Quien las siente , se culpa; 
El que no, que las oyga. 

Quien mis Fábulas lea. 
Sepa también que todas 
Hablan á mil naciones, 
No solo á la española. 
Ni de estos tiempos hablan; 
Porque defectos notan 
Que hubo en el mundo siempre, 
Como los hay aliora. 

Y pues no vituperan 
Señaladas personas, 
Quien haga aplicaciones, 
Con su pan se lo coma. 



(8) 
FÁBULA II. 

j?/ Gusano de seda y la Araña. 



rabajando un Gusano su capullo, 
La Araña , que texía á toda prisa, 
De esta sueitc le habló con falsa risa. 
Muy propia de su orgullo: 
¿Que dice de mi tela el seor Gusano? 
Esta mañana la empecé temprano^ 
Y ya estará acabada á mediodía. 
Mire qué sutil es , mire qué bella.... 
El Gusano con sorna respondía: 
Usted tiene razón: así sale ella. 



FÁBULA líL 
El Oso , la Mona y el Cerdo. 



ü, 



n Oso con que la vida 
Ganaba un piamontés, 
La no muy bien aprendida 
Danza ensayaba en dos pies. 



(9) 
Queriendo hacer de persona, 

Dixo á una Mona : ¿ Que tal ? 

Era perita la Mona, 

Y respondióle : Muy mal. 
Yo creo , replicó el Oso, 

Que me haces poco favor. 
¿ Pues qué , mi ayre no es garboso ? 
¿ No hago el paso con primor ? 
Estaba el Cerdo presente, 

Y dixo : ¡ Bravo , bien va ! 
Baylarin mas excelente 
No se ha visto ni verá. 

Echó el Oso , al oir esto 
Sus cuentas allá entre sí, 

Y con ademast modesto %¿*- v-. la-^i/v- 
Hubo de exclamar así: "* 

Quando me desaprobaba 
Xa Mona , llegué á dudar: 
Mas ya que el Cerdo me alaba. 
Muy mal debo de baylar. 

Guarde para su regalo 
Esta sentencia un autor: 
Si el sabio no aprueba , maloi 
Si el necio aplaude , peor. 



(lo) 
FÁBULA. IV. 

La Abeja y los Zánganos. 



A 



tratar de un gravísimo negocio 
Se juntaron los Zánganos un dia. 
Cada qual varios medios discurría 
Para disimular su inútil ocio; 

Y por librarse de tan íe^ nota 
A visPa de los otros animales, 
Aun el mas perezoso y nías idiota 
Quería , bien ó mal , hacer panales. 
Mas como el trabajar les era duro, 

Y el enxambrc inexperto 
No estaba muy seguro 

De rematar la empresa con acierto. 
Intentaron salir de aquel apuro 
Con acudir á una colmena vieja, 

Y sacar el coda ver de una Abeja 
Muy hábil en su tiempo y laboriosa; 
Hacerla con la pompa mas honrosa 
Unas grandes exequias funerales, 

Y susurrar elogios inmortales 
De lo ingeniosa que era 

En labrar dulce miel y blanca cera. 
Con esto se alababan tan ufanos. 



Que una Abeja les dixo- por despique: 
¿ No trabajáis mas que eso ? Pues , hermanos, 
Jamas equivaldrá vuestro zumbido 
Á una gota de miel que yo fabrique. 

¡ Quántos pasar por sabios han querido 
Con citar á los muertos que lo han sido ! 
¡ Y que pomposamente que los citan ! 
Mas pregunto yo ahora: ¿los imitan? 



FÁBULA V. 
Los das Loros y la Cotorra. 



D, 



e santo Domingo traxo 
Dos Loros una señora. 
La isla es mitad francesa, 

Y otra mitad española. 
Así cada animaüto 
Hablaba distinto idioma. 
Pusiéronlos al balcón, 

Y aquello era Babilonia, 
De francés y castellano 
Hicieron tal pepitoria, 
Que al cabo ya no sabían 
Hablar ni una lengua ni otra. 



(12) 

El francés del español 
Tomó voces , aunque pocas; 
El español al francés 
Casi se las toma todas. 
Manda el ama separarlos, 

Y el francés luego reforma 
Las palabras que aprendió 

De lengua que no es de moda. 
El español , al contrario, 
No olvida la gerigonza, 

Y aun discurre que con ella 
Ilustra su lengua propia. 
Llegó á pedir en francés 
Los garbanzos de la olla: 

Y desde el balcón de enfrente 
Una erudita Cotorra 

La carcajada saltó, 

Haciendo del Loro mofa. 

El respondió solamente, 

Como por tacha afrentosa: 

T^os no sois que^ una Purista * ; 

Y ella dixo : A mucha honra. 
\ Vaya , que los Loros son 
Lo mismo que las personas! 

* Voz de que moderadamente se valen los co 
ruptores de nuestro idioma , quando pretenden r 
diculizar á los que hablan con pureza. 



(13) 
FÁBULA VI. 

El Mono y el Titiritero. 



E, 



1 fidedigno padre Valdecebro, 
Que en discurrir historias de animales 
Se calentó el celebro, 
Pintándolos con pelos y señales; 
Que en estilo encumbrado y eloqüente 
Del Unicornio cuenta maravillas, 
Y el Ave-Fénix cree á pie-juntillas, 
(No tengo bien presente 
Si es en el libro octavo ü «n el nono) 
Refiere el caso de un famoso Mono. 
Este , pues , que era diestro 

En mil habilidades , y servia 

A un gran titiritero , quiso un dia, 

Mientras estaba ausente su maestro, 

Convidar diferentes animales 

De aquellos mas amigos 

A que fuesen testigos 

De todas sus monadas principales. 

Empezó por hacer la mortecina; 

Después bayló en la cuerda á la arlequina, 

Con el salto mortal y la campana; 

Luego el despeñadero, 



(r4) 
La espatarrada , vueltas de carnero, 

Y al fin el exercicio á la prusiana. 
De" estas y de otras gracias hizo alarde. 
Mas lo mejor faltaba todavía; 

Pues imitando lo que su amo hacia, 
Ofrecerles pensó , porque la tarde 
Completa fuese , y la función amena, 
De la linterna mágica una escena. 

Luego que la atención del auditorio 
Con un preparatorio 
Exordio concilio , según es uso. 
Detrás de aquella máquina se puso; 

Y durante el manejo 
De los vidrios pintados 
Fáciles de mover á todos lados, 
Las diversas figuras 

Iba explicando con loquaz despejo. 

Estaba el quarto á obscuras, 
Qual se requiere en cosas semejantes; 

Y aunque los circunstantes 
Observaban atentos, 

Ninguno ver podia los portentos 
Que con tanta parola y grave ton» 
Les anunciaba el ingenioso Mono. 

Todos se confundian , sospechando 
Que aquello era burlarse de la gente» 
Estaba el Mono ya corrido , quando 
Entró maese Pedro de repente, 



E informado del lance , entre severo 
Y risueño le dixo : Majadero, 
¿ De que sirve tu charla sempiterna, 
Si tienes apagada la linterna ? 

Perdonadme , sutiles y altas Musas, 
Las que hacéis vanidad de ser confusas: 
¿Os puedo yo decir con mejor modo 
Que sin la claridad os falta todo? 



FÁBULA VIL 
La Campana y fl Esquilón. 



E, 



m cierta Catedral una Campana había, 
Que solo se tocaba algún solemne dia. 
Con el mas recio son , con pausado compás 
Quatro golpes ó tres solia dar no mas. 
Por esto, y ser mayor de la ordinaria marca. 
Celebrada fue siempre en toda la comarca. 

Tenia la ciudad en su jurisdicción 
Una aldea infeliz , de corta población. 
Siendo su parroquial una pobre iglesita 
Con chico campanario á modo de una ermita; 
Y un rajado Esquilón pendiente en medio de é\, 
Era allí el que hacia el principal «papel. 



A fin de que imitase aqueste campanario 
Al de la catedral , dispuso el vecindario 
Que despacio y muy poco el dicho Esquilón 
Se hubiese de tocar solo en tal qual función. 
Y pudo tanto aquello en la gente aldeana, 
Que el Esquilón pasó por una gran Campana. 

Muy verosímil es ; pues que la gravedad 
Suple en muchos así por la capacidad. 
Dígnanse rara vez de despegar sus labios, 
y piensan que con esto imitan á los sabios. 



FÁBULA VIII. 
El Burro flautista. 

XLsta fabulilla. 
Salga bien ó mal, 
Me ha ocurrido ahora 
Por casualidad. 

Cerca de unos prados 
Que hay en mi lugar 
Pasaba un Borrico 
Por casualidad. 

Una flauta en ellos 
Halló , que un zagal 



Se dexó olvidada 
Por casualidad, 

Acercóse á olería 
El dicho animal; 

Y dio un resoplido 
Por casualidad. 

En la flauta el ayre 
Se hubo de colar; 

Y sonó la flauta 
Por casualidad. 

í Oh ! dixo el Borricoí 
¡ Qué bien sé tocar ! 
i Y dirán que es mala 
La música asnal ? 

Sin reglas del arte 
Borriquitos hay 
Que una vez acieitaa 
Por casualidad. 



FÁBULA IX. 
La Hormiga y la Pulga. 

ienen algunos un gracioso moda 
L>e apare.ntar que se lo saben todo; 



(18) 
Pues quando oyen ó ven qualqniera cosa, 
Por mas nueva que sea y primoroso, 
Muy trivial y muy fácil la suponen, 

Y á tener que alabarla no se exponen. 
Esta casta de gente 

No se me ha de escapar , por vida mia. 
Sin que lleve su fábula corriente, 
Aunque gaste en hacerla todo un dia. 

A la Pulga la Hormiga refería 
Lo mucho que se afana, 

Y con qué indu^^trias el sustento gana; 
De qué suerte fabrica el hormiguero; 
Quál es la habitación , quál el granero; 
Cómo el grano acarrea, 
Repartiendo entre todas la tarea; 

Con otras menudencias muy curiosas, 
Que pudieran pasar por fabulosas. 
Si diarias experiencias 
No las acreditasen de evidencias. 

A todas sus razones 
Contestaba la Pulga, no diciendo 
Mas que estas , ú otras tales expresiones: 
Pues ya ; sí ; se supone; bien; lo entiendo; 
Ya lo decia yo ; sin duda es claro; 
Ya ves que en eso no hay nada de raro. 

La Hormiga , que salió de sus casillas 
Al oir estas vanas respuestillas, 
Dixo á la Pulga : Amiga , pues yo quiero 



(19) 
Que venga usted conmigo al hormiguero. 

Ya que con ese tono de maestra 

Todo lo facilita y da por hecho, 

Siquiera para muestra, 

Ayúdenos en algo de provecho. 

La Pulga , dando un brinco muy ligera, 

Respondió con grandísimo desuello: 

¡ Miren que friolera ! 

¿Y tanto piensas que me costaria ? 

Todo es ponerse á ello.... 

Pero.... Tengo que hacer.... Hasta otro dia^ 



FÁBULA X. 
La Parietaria y el Tomillo. 

X o leí, no se donde, que en la lengua herbolaría. 
Saludando á un Tomillo la yerba Parietaria. 
Con socarronería le dixo de esta suerte: 
Dios le guarde, Tomillo: lástima me da yertej 
Que aunque mas oloroso que todas estas plantas, 
Apenas medio palmo del suelo te levantes. 
El responde : Querida , chico soy ; pero trezco 
Sin ayuda de nadie. Yo si te compadezco; 



(20) 

Pues , por mas que presumas , ni medio palmo 

puedes 
Medrar , si no te arrimas á una de esas paredes. 
Quando veo yo algunos que de otros escritores 
A la sombra se arriman, y piensan ser autores 
Con poner quatro notas, ó hacer un prologuillo, 
Estoy por aplicarles lo que dixo el Tomillo. 



FÁBULA XI. 
Los dos Conejos. 



JL or entre unas matas. 
Seguido de Perros 
(No diré corría), 
Volaba un Conejo. 

De su madriguera 
Salió un compañero, 
Y le dixo : tente, 
Amigo , ; qué es esto ? 

¿ Qué ha de ser ? responde: 
Sin aliento llego.,.. 
Dos picaros Galgos 
Me vienen siguiendo. 

Sí (replica el otro). 



(21) 

P©r allí los veo.... 

Pero no son Galgos 

¿ Pues qué son ? Podencos— 

I Que , Podencos dices ? 
Sí , como mi abuelo. 
Galgos y muy Galgos: 

Bien visto lo tengo 

Son Podencos : vaya, 

Que no entiendes de eso—» 

Son Galgos te digo 

Digo que Podencos. it>annl 

En esta disputa 
Llegando los Perros, 
Pillan descuidados 
A mis dos Conejos. 

Los que por qüestiones 
De poco momento 
Dexan lo que importa, 
Llévense este exemplo. 



M= 



FÁBULA. XII. 
Los Huevos. 



.as allá de las islas Filipinas 
Hay una que ni sé como se llama, 



Ni me importa saberlo, donde es fama 

Que ¡amas hubo casta de gallioas, 

Hasta que aila un viagero 

Llevó por accidente un gallinero. 

Al ñn tal fue la cria , que ya el plato 

Mas común y barato 

Era de huevos frescos ; por todos 

Los pasaban por agua (que el viajante ' 

No enseñó á componerlos de otros modos). 

Luego de aquella tierra un habitante 
Introduxo el comerlos estrellados. 
¡ O que elogios se oyeron á porfía 
De su rara y fecunda fantasía! 
Otro discurre hacerlos escalfados.... 
¡Pensamiento feliz!.... Otro, rellenos.... 
Ahora ú que están los huevos buenos : 
Uno después inventa la tortilla; 
y todos claman ya ¡ que maravilla! 

No bien se pasó un año, 
Quando otro dixo : sois unos petates; 
Yx) los haré revueltos con tomates: 
Y aquel guiso de huevos tan extraño, 
Con que toda la isla se alborota, 
Hubiera estado largo tiempo en uso, 
A no ser porque luego los compuso 
Un famoso extiargero á la hugonota. 

Esto hicieron diversos cocineros; 
Pero i qué condimentos delicados 



(23) 
No añadieron después los reposteros ! 

Moles , dobles , hilados, 

En caramelo , en leche, 

En sorbete, en compota , en escabeche. 

Al cabo todos eran inventores, 
y los últimos huevos los mejores. 
Mas un prudente anciano 
Les dixo un dia : Presumís en vano 
De esas composiciones peregrinas. 
i Gracias al que nos traxo las gallinas ! 

¿ Tantos autores nuevos 
No se pudieran ir á guisar huevos 
Mas allá de las islas Filipinas? 



FÁBULA XIIL 
El Pato y la Serpente, 



A 



orillas de un estanque 
Diciendo estaba un Pato: 
¿A que animar dio el cielo 
Los dones que me ha dado ? 

Soy de agua , tierra y ayre: 
Quando de andar me canso, 
Si se me antoja , vueloj 



Si se me antoja , nado. 

Una Serpiente astuta, 
Que le estaba esciíchando, 
Le llamó con un silva, 
Y le dixo ; Seo guapo, 

No hay que echar tantas plantas? 
Pues ni anda como el Gamo, 
iNi vuela como el Sacre, 
Ni nada como el Barbo: 

y así tenga sabido 
Que lu importante y raro 
No es entender de todo 
Sino ser diestro en algo. 



FABULA XIV. 

JEl Manguito, el Abanico y el Quita- sol. 



s 



i querer entender de todo 
Es ridicula presunción, 
Servir solo para una cosa 
Suele ser falta no menor. 

Sobre una mesa cierto dia 
Dando estaba conversación 
Á un Abanico y á un Manguito 



Un Para- aguas ó Quita- sol; 

Y en la lengua que en otro tiempo 
Con la Olla el Caldero habló *, 

A sus dos compañeros dixo: 

¡O qué buenas alhajas sois! 

Tú , Manguito , en invierno sirves; 

En verano vas á un rincón: 

Tu , Abanico , eres mueble inútil 

Quando el frió sigue al calor. 

No sabéis salir de un oficio. 

Aprended de mí , pese á vos; 

Que en el invierno soy Para-aguas, 

Y en el verano Quita- sol. 



E 



FÁBULA XV. 
La Rana y el Renacuajo. 



n la orilla del Tajo 
Hablaba con la Rana el Renacuajo, 

* Alude á la Fábula que escribe Esopo del Cal- 
dero 3' la Olla , disculpándose con este exeinplo la 
impropiedad en que parece se incurre haciendo ha- 
blar no solo á los Animales , sino aun á las cosas 
inanimadas , como son el Manguito , el Abanico y 
el Quita-sol, 



(26) 

Alababan las hojas , la espesura 

De un gran cañaveral y su verdura, 

Mas luego que del viento 
El ímpetu violento 
Una caña abatió , que cayó al rio, 
En tono de lección dixo la Rana: 
Ven á verla , hijo mió: 
Por defuera muy tersa , muy losana, 
Por dentro toda fofa , toda vana. 

Si la Rana entendiera poesía, 
También de muchos versos lo diria. 



FÁBULA XVI. 
La Avutarda. 



D. 



e sus hijos la torpe Avutarda 
El pesado volar conocía. 
Deseando sacar una cria 
Mas ligera , aunque fuese bastarda. 

A este fin muchos huevos robados 
De Alcotán , de Xilguero y Paloma, 
De Perdiz y de Tórtola toma, 
Y en su nido los guarda mezclados. 

Largo tiempo se estuvo sobre ellos: 



(27) 
I aunque hueros salieron bastantes, 

Produxeron por fin los restantes 

Varias castas de páxaros bellos. 

La Avutarda mil Aves convida 

Por lucirlo con cria tan nueva: 

Sus polluelos cada Ave se lleva; 

Y hete aquí la Avutarda lucida. -^ 
Los que andáis empollando obras de otros, 

Sacad , pues , á volar vuestra cria. 
Ya dirá cada autor : ésta es mia; 

Y veremos qué os queda á vosotros. 



FÁBULA XVII. 
El Xilguero y el Cisne* 

C 

V.-'alla tú , Paxarillo vocinglero, 
(Dixo el Cisne al Xilguero): 
¿ A cantar me provocas , quando sabes 
Que de mi voz la dulce melodía 
Nunca ha tenido igual entre las Aves? 

El Xilguero sus trines repetía; 
\ el Cisne continuaba: ¡qué insolencia! 
¡ Miren cómo me insulta el musiquillo ! 
Si con soltar mi canto no le humillo, 



Dé muchas gracias á mi gran prudencia. 

¡ Oxalá que cantaras! 
(Le respondió por fin el Paxarillo): 
¡Quánto no admitirías 
Con las cadencias raras 
Que ninguno asegura haberte oido, 
Aunque logren mas fama que las mias!.... 
Quiso el Cisne cantar, y dio un graznido. 

j Gran cosa ! ganar crédito sin ciencia, 
Y perderle en llegando a la experiencia. 



FÁBULA XVIII. 
Bl Caminante y la Muía de alquiler. 



H 



-arta de paja y cebada 
Una Muía de alquiler 
Salia de la posada. 

Y tanto empezó á correr, 
Que apenas el Caminante 
La podia detener. 

No dudo que en un instante 
Su media jornada haria; 
Pero algo mas adelante 

La falsa caballería 



(*9) 
Ya iba retardando el paso 

¿Si lo hará de picardía?.... 

Harre,... ¿Te paras? Acaso 
Metiendo la espuela.... Nada. 
Mucho me temo un fracaso.... 

Esta vara que es delgada.... | 

Menos.... Pues este aguijen.... *- 

Mas ¿ si estará ya cansada ? 

Coces tira.... y mordiscon: 
Se vuelve contra el ginete.... 
¡ O qué corcobo , qué envión ! 

Aunque las piernas apriete.... 
Ni por esas,... ¡ Voto á quien I 
Barrabás que la sujete.... 

Por fin dio en tierra.... ¡ Muy bien ! 
¿Y eras tú la que corrías?.... 
¡ Mal muermo te mate , amen ! 

No me fiaré en mis dias 
De Muía que empiece haciendo 
Semejantes valentías. 

Después de este lance , en viendo 
Que un autor ha principiado 
Con altisonante estruendo, 

Al punto digo : cuidado, 
Tente , hombre , que te has de ver 
En el vergonzoso estado 
De la Muía de alquiler. 



(3o) 
FÁBULA XIX. 

La Cabra y el Caballo. 



XLs 



estábase una Cabra muy atenta 
Largo rato escuchando 
De un acorde violin el eco blando. 
Los pies se la baylaban de contenta; 
Y á cierto Xaco , que también suspenso 
Casi olvidaba el pienso, 
Dirigió de esta suerte la palabra: 
¿No oyes de aquellas cuerdas la armonía? 
Pues sabe que son tripas de una Cabra 
Que fue en un tiempo compañera mia. 
Confio (dicha grande) que algún dia 
No menos dulces trinos 
Formarán mis sonoros intestinos. 

Volvióse el buen Rocin , y respondióla: 
A fe que no resuenan esas cuerdas 
Sino porque las hieren con las cerdas 
Que sufrí me arrancasen de la cola. 
Mi dolor me costó , pasé mi susto; 
Pero al fin tengo el gusto 
De ver qué lucimiento 
Debe a mi auxilio el músico instrumento. 
Tu , que satisfacción igual esperas, . . - 



(^0 

¿ Quando la gozarás ? Después que mueras. 

Así, ni mas ni menos, porque en vida 
No ha conseguido ver su obra aplaudida 
Algún mal escritor , al juicio apela 
De la posteridad , y se consuela. 



FÁBULA XX. 
La Abeja y el Cuclillo. 

Oaliendo del colmenar, 
Dixo el Cuclillo á la Abeja: 
Calla , porque no me dexa 
Tu ingrata voz trabajar. 

No hay Ave tan fastidiosa 
En el cantar como tú: 
Cucú , cucu , y mas cucú, 
Y siempre una misma cosa. 

¿ Te cansa mi canto igual ? 
(El Cuclillo respondió): 
Pues á fe que no hallo yo 
Variedad en tu panal: 

Y pues que del propio modo 
Fabricas uno que ciento, 
Si yo nada nyevo intento, 



En ti es viejísimo todo. 

A esto la Abeja replica; 
En obra de utilidad 
La falta de variedad 
No es lo que mas perjudica; 

Pero en obra destinada 
Solo el gusto y diversión, 
Si no es varia la invención 
Todo lo demás es nada. 



FÁBULA XXL 
El Ratón y el Gato. 

uvo Esopo famosas ocurrencias. 
¡Qué invención tan sencilla! qué sentencias. 
He de poner , pues que la tengo á mano, 
Una fábula suya en castellano. 

Cierto (dixo un Ratón en su agujero): 
No hay prenda mas amable y estupenda 
Que la fidelidad : por eso quiero 
Tan deberás al Perro perdiguero. 
Un Gato replicó : pues esa prenda 
Yo la tengo también.... Aquí se asusta 
Mi bueü KatoD^ se esconde. 



Y torciendo el hocico , le fcsponae: 
¿Cómo? ¿La tienes tú?.... Ya no me gusta. 

La alabanza que muchos creen justa 
Injusta les parece, 
Si ven que su contrario la merece. 

¿Qué tal, señor lector? La fabuÜlla 
Puede ser que le agrade y que le instruya.- 
Es una maravilla: 

Dixo Esopo una cosa como suya - 

Pues mire usted : Esopo no la ha escrito; 
Salió de mi cabeza ¿Con que es tuya?.^ 

Sí , señor erudito: 
Ya que antes tan feliz le parecía, 
Critíquemela ahora porque es mia. 



FÁBULA XXIL 
La Lechuza. 

Y 

FÁBULA XXIÍI. 
Los Perros f el Trapero. 



V^obardes son y traydores 
Ciertos crítico^ que esperan. 



(34) 
Para impugnar á que mueran 
Los infelices autores, 
Porque vivos respondieran. 

Un breve caso á este intento 
Contaba una abuela mia. 
Diz que un dia en un convento 
Entró una Lechuza.... miento; 
Que no debió ser un dia. 
Fue , sin duda , estando el sol 
Ya muy lejos del ocaso.... 
Ella , en fin , se encontró al paso 
Una lámpara ó farol, 
(Que es lo mismo para el caso): 

Y volviendo la trasera, 
Exclamó de esta manera: 
Lámpara ¡ con qué deleyte 
Te chupara yo el aceyte, 
Si tu luz no me ofendiera! 

Mas ya que ahora no puedo, 
Porque estás bien atizada, 
Si otra vez te hallo apagada, 
Sabré , perdiéndote el miedo, 
Darme una buena panzada. 

Aunque renieguen de mí 
Los críticos de que trato, 
Para darles un mal rato, 
En otra fábula aquí 
Tengo de hacer su retrato.. 



(3 5) 
Estando pues un Trapero 

Revolviendo un basurero, 

Ladrábanle (como suelen 

Quando á tales hombres huelen) 

Dos parientes del Cerbero. 

Y díxoles un Lebrel: 

Dexad á ese perillán; 

Que sabe quitar la piel ^' f 

Quando encuentra muerto un Can, 

Y quando vivo huye de él. 



FÁBULA. XXIV. 
£l Vapagayo , el Tordo j la Marica. 



O, 



yendo un Tordo hablar á Urt Papagayo, 
Quiso que él , y no el hombre , le enseñara; 
Y con solo un ensayo 
Creyó tener pronunciación taií clara^ 
Que en ciertas ocasiones 
A una Marica daba ya lecciones* 
Así salió tan diestra la Marica 
Como aquel que al estudio se dedica 
Por copias y por malas tradaccioQes. 



(36) 
FÁBULA XXV. 

El Lobo y el Pastor. 



V_>ierto Lobo , hablando con cierto Pastor, 
Amigo (le dixo), yo no sé por qué 
Me has mirado siempre con odio y horror. 
Tiénesme por malo , no lo soy á fe. 

I Mi piel en invierno qué abrigo no da! 
Achaques humanos cura mas de mih 

Y otra cosa tiene , que seguro está 

Que la piquen Pulgas ni otro insecto vil. 
Mis uñas no trueco por las del Texon, 
Que centra el mal de ojo tienen gran virtud. 
Mis dientes ya sabes quán útiles son, 

Y á quántos con mi unto he dado salud. 
El Pastor responde: perverso animal. 

Maldígate el cielo, maldígate, amen. 
Después que estás harto de hacer tanto roal, 
¿Que importa que puedas hacer algún bien? 

Al diablo los doy 
Tantos libros Lobos como corren hoy. 



(37) 
FÁBULA XXVI. 

El León y ti Águila. 



XZil Águila y el León 
Gran conferencia tuvieron 
Para arreglar entre sí 
Ciertos puntos de gobieruo. 

Dio el Águila muchas quejas 
Del Murciélago , diciendo: 
I Hasta quando este avechucho 
Nos ha de traer revueltos ? 
Con mis Páxaros se mezcla, 
Dándose por uno de ellosj 

Y alega varias razones 
Sobre todo la del vuelo. 
Mas si se le antoja , dice: 
Hocico , y no pico , tengo. 

I Como Ave queréis tratarme ? 
Pues Quadrúpedo me vuelvo. 
Con mis vasallos murmura 
De los brutos de tu imperio; 

Y quando con éstos vive, 
Murmura también de aquellos. 

Está bien , dixo el León: 
Yo te juro que en mis rey nos 



(38) 
No entre mas, Pues en los mios,. 
Bespondió el Águila , menos. 

Desde entonces solitario 
Salir de noche le vemos; 
Pues ni alados ni patudos 
Quieren ya tal compañero. 
Murciélagos literarios, 
Que hacéis á pluma y á pelo, 
Si queréis vivir con todos, 
Miraos en este espejo. 



FÁBULA XXVII. 
La Mona, 



A, 



-unque se vista de seda 
La Mona , Mona se queda. 
El refrán lo dice así; 
Yo también lo diré aquí; 
Y con eso lo verán 
En fábula y en refrán. 

Un trage de colorines, 
Como el de los matachines, 
Cierta Mona se vistió: 
Aunque mas bien creo yo 



(39).. 
Que su amo la vestiría, 

Porque difícil seria 

Que tela y sastre encontrase, 

El refrán lo dice : pase. 

Viéndose ya tan galana, 
Saltó por una ventana 
Al tejado de un vecino, 
Y de allí tomó el camino 
Para volverse á Tetuan. 
Esto no dice el refrán, 
Pero lo dice una historia; 
De que apenas hay memoria 
Por ser el autor muy raro; 
(Y poner el hecho en claro 
No le habrá costado poco). 

Él no supo , ni tampoco 
He podido saber yo. 
Si la Mona se embarcó, 
Ó si rodeó tal vez 
Por el Ismo de Suez: 
Lo que averiguado está 
Es que por fin llegó allá. 

Vióse la señora mia 
En la amable compañía 
De tanta Mona desnuda; 
Y cada qual la saluda 
Como á un alto personage, 
Admirándose del trage, 



(4o) 

Y suponiendo seria 
Mucha la sabiduría, 
Ingenio y tino mental 
Peí petimetre animal. 

Opinan luego al instante, 

Y nemine diserepante, 

Que á la nueva compañera 

La dirección se confiera 

De cierta gran correría 

Con que buscar se debia 

En aquel pais tan vastp 

La provisión para el gasto 

De toda la Mona tropa. 

(¡Lo que es tener buena ropa!) 

La directora marchando 
Con las huestes de su mando, 
Perdió no solo el camino, 
Sino lo que es mas , el tino; 

Y sus necias compañeras 
Atravesaron laderas, 

Bosques , valles , cerros , llanoj, 
Desiertos , rjos , pantanos; 

Y al cabo de la jornada 
Ninguna dio palotada: 

Y eso que en toda su vida 
Hicieron otra salida 

Ln que fuese el capitán 
Mas tiebo ni mas galán. 



(4t) 
Por poco no queda Mona 
A vida con la intentona; 
Y vieron por experiencia 
Que la ropa no da ciencia. 

Pero, sin ir á Tetuan, 
También acá se hallarán 
Monos, que aunque se vistan de estudiantes 
Se han de quedar lo mismo que eran antes. 



FÁBULA XXVIII. 
El Asno y su Amo. 



i3¡empre acostumbra hacer el vulgo necio 
De lo bueno y lo malo igual aprecio. 
Yo le doy lo peor , que es lo que alaba. 

De este modo sus yerros disculpaba 
Un escritor de farsas indecentes; 
Y un taymado poeta que lo oía 
Le respondió en los términos siguientes; 

Al humilde Jumento 
Su Dueño daba paja , y le decía: 
Toma , pues que con eso estás contento. 
Díxclo tantas veces , que ya un dia 
Se eníandó el Asno y replicó : yo tomo 



Lo que me quieres dar: pero, hombre injusto, 
¿Piensas que solo de la paja gusto? 
Dame grano , y verás si me le como. 
Sepa quien para el público trabaja, 
Que tal vez á la plebe culpa en vano; 
Pues si en dándola paja como paja, 
Siempre que la dan grano come grano. 



FÁBULA XXIX. 

El Gozqiie y el Macho de Noria. 



Bi 



'ien habrá visto el lector 
En hostería ó convento 
Un artificioso invento 
Para andar el asador. 

Rueda de madera es 
Con escalones ; y un Perro 
Metido en aquel encierro 
La da vueltas con los pies. 

Parece que cierto Can 
Que la máquina movia, 
Empezó á decir un dia; 
Bien trabajo ; y ¿ qué me dan ? 

i Como sudo ! ¡ ay infeliz ! 



(43) 
Y al cabo por grande exceso, 

Me arrojarán algún hueso 

Que sobre de esa perdiz. 

Con mucha incomodidad 

Aquí la vida se pasa: 

Me iré , no solo de casa, 

Mas también de la ciudad. 

Apenas le dieron suelta, 

Huyendo con disimulo, 

Llegó al campo , en donde un Mulo 

A una noria daba vuelta. 

Y no le hubo visto biej), 

Quando dixo : ¿ quién va allá ? 

Parece que por acá 

Asamos carne también. 

No aso carne ; que agua saco, 

(El Macho le respondió): 

Eso también lo haré yo, 

(Saltó el Can) aunque estoy flaco. 

Como esa rueda es mayor, 

Algo mas trabajaré. 

¿Tanto pesa?.... Pues ¿y qué? 

¿ No ando la de mi asador ? 

Me habrán de dar , sobre todo, 

Mas ración , tendré mas gloria.... 

Entonces el de la noria 

Le interrumpió de este modo: 

Que se vuelva le aconsejo 



. , (44) 

A voltear su asador; 

Que esta empresa es superior 

A las fuerzas de un Gozquejo. 

j Miren el Mulo bellaco, 
Y qué bien le replicó ! 
Lo mismo he leido yo 
En un tal Horacio Flaco, 

Que á un autor da por gran yerro 
Ofigar con lo que después 
No podrá llevar ; esto es, 
Que no ande la noria el Perro. 



FÁBULA XXX. 
FA Erudito y el Ratón. 



E 



'n el quarto de un célebre Erudito 
Se hospedaba un Ratón , Ratón maldito, 
Que no se alimentaba de otra cosa 
Que de roerle siempre verso y prosa. 
Ni de uo Gatazo el vigilante zelo 
Pudo llegarle al pelo. 
Ni extrañas invenciones 
De varias c ingeniosas ratoneras, 
Ó el rejalgar en dulces confecciones 



(40 
Curar lograron su incesante anhelo * 

De registrar las doctas papeleras, -^ 

Y acrivillar las páginas enteras. ' -^ 
Quiso luego la trampa 

Que el perseguido Autor diese á la estampa 
Sus obras de eloqüencia y poesía: 

Y aquel bicho travieso, 

Si antes lo manuscrito le roía, 
Mucho mejor roía ya lo impreso. 

¡Qué desgracia la mia ! 
(El Literario exclama): ya estoy harto 
De escribir para gente roedora; 

Y por no verme en esto , desde ahora 
Papel blanco no mas habrá en mi quarto. 
Yo haré que este desorden se corrija.... 
Pero sí, la traydora sabandija, 

Tan hecha á malas mañas , igualmente 
En el blanco papel hincaba el diente. 

El Autor aburrido, 
Echa en la tinta dosis competente 
De solimán molido: 

Escribe (yo no sé si en prosa ó verso): 
Devora , pues , el animal perverso; 

Y rebienta por fin.... ¡Feliz receta! 
(Dixo entonces el crítico Poeta): 
Quien tanto roe , mire no le escriba 
Con un poco de tinta corrosiva. 

Bien hace quien su crítica modera; 



(46) 
Pero usarla conviene reas severa 
Contra censura injusta y ofensiva, 
Quando no hablar con sincero denuedo 
Poca razón arguye , ó mucho miedo. 



FÁBULA XXXI. 
La Ardilla y d Caballo. 



Mi 



-irando estaba una Ardilla 
A un generoso Alazán, 
Que dócil á espuela y rienda 
Se adestraba en galopar. 

Viéndole hacer movimientos 
Tan veloces y á compás, 
De aquesta suerte le dixo 
Con muy poca cortedad: 

Señor mió, 

De ese brio, 

Ligereza, 

Y destreza 

No me espanto; 

Que otro tanto 
Suela hacer , y acaso mas. 

Yo soy viva. 



. (47) 
Soy activa; 

Me meneo, 

Me paseo; 

Yo trabajo, 

Subo y baxo; 1 

No me estoy quieta jamas. 
El paso detiene entonces 
El buen Potro , y muy formal, „ 

En los términos siguientes 
Respuesta á la Ardilla da: 

Tantas idas 

Y venidas, 

Tantas vueltas ""^ 

Y revueltas 

(Quiero , amiga " \|' 

Que me diga) :^ 

¿Son de alguna utilidad? 

Yo me afano; ' *: 

Mas no en vano. 
Sé mi oficio; 

Y en servicio 
De mi dueño 
Tengo empeño 

De lucir mi habilidad. 
Con que algunos escritores 
Ardillas también serán, * 

Si en obras frivolas gastan 
Todo el calor natural. 



(4B) 

FÁBULA XXXII. 

El Galán y la Dama. 

C 

V->¡erto Galán a quien París aclama 
Petimetre del gusto mas extraño, 
Que quarenta vestidos muda al año, 
Y el oro y plata sin temor derrama. 

Celebrando los dias de su Dama, 
Unas hebillas estrenó de estaño. 
Solo para probar con este engaño 
Lo seguro que estaba de su fama. 

¡ Bella plata ! ¡ qué brillo tan hermoso ! 
(Dixo la Dama): viva el gusto y numen 
Del Petimetre en todo primoroso. 

Y ahora digo yo: llene un volumen 
De disparates un autor famoso, 
y si no le alabaren , que me emplumen. 



FÁBULA XXXIII. 

El Avestruz , el Dromedario y la Zorra. 



P 



ara pasar el tiempo congregada 
Una tertulia de Animales varios, 



(49) 
(Que tambieu entre Brutos hay tertulias), 

Mil especies en ella se tocaron. 

Hablóse allí de las diveisas prendas 
De que cada Animal está dotado: 
Este á la Hormiga alaba , aquél al Perro, 
Quién á la Abeja , quién al Papagayo. 

Nó (dixo el Avestruz): en mi dicrámea 
No hay mejor Animal que el Diomedario. 
El Dromedario dixo : Yo confieso 
Que solo el Avestruz es de rai agrado. 

Ninguno adivinó por qué motivo 
Ambos tenían gusto tan extraño. 
¿Será porque los dos abultan mucho? 
¿O por tener los dos los cuellos largos? 

¿O porqué el Avestruz es aígo simple, 

Y no muy advertido el Dromedario ? 
¿ O bien porque son feos unp y otro ? 
¿O porque tienen en el pecho un callo? 

ó puede ser también ... No es nada de eso, 
(La Zorra interrumpió) ya di en el caso, 
¿Sabéis porque motivo el uno al otro 
Tanto se alaban ? Porque son paysanos. 

En efecto, ambos eran Berberiscos; 

Y no fue juicio , no , tan temerario 

El de la Zorra , que no puede hacerse 
Tal vez igual de algunos literatos. 



(50) 
FÁBULA XXXIV. 
El Cueruo y el Pavo. 

V 

X. ues, como digo, es el caso, 
(Y vaya de cuento^ 
Que á volar se desafiaron 
Un Pavo y un Cuervo. 

Al término señalado 
Qual llegó primero 
Considérelo quien de ambos 
Haya visto el vuelo. 

Aguarda (dixo el Pavo 
Al Cuervo de lejos); 
¿Sabes lo que estoy pensando? 
Que eres negro y feo. 

Escucha : también reparo, 
(Le gritó mas recio) 
En que eres un paxarraco 
De muy mal agüero. 

Quita allá , que me das asco, 
Grandísimo puerco; 
Sí , que tienes por regalo 
Comer cuerpos muertos. 

Todo eso no viene al caso, 
(Le responde el Cuervo); 



(51) 
Porque aquí solo trátanos 

De ver qué tal vuelo. 

Quando en las obras del sabio 

Ko encuentran defectos, 

Contra la persona cargos 

Suele hacer el necio. 



FÁBULA XXXV. 
La Oruga y la Zorra, 

Oi se acuerda el lector de la tertulia 
En que á presencia de Animales varios 
La Zorra adivinó por que se daban 
Elogios Avestruz y Dromedario; 

Sepa que en la mismísima tertulia 
Un dia se trataba del Gusano 
Artífice ingenioso de la seda, /• 

y todos ponderaban su trabajo, 

Para muestra presentan un capullo; 
Exámínanle , creen los aplausos; 
Y aun el Topo , con todo que es un ciego, 
Confesó que el capullo era un milagro. 

Desde un rincón la Oruga murmuraba 
En ofensivos términos , llamando 
La labor admirable , friolera, 



(52) 

y á sus elogiaaorcs , mentecatos. 

Preguntábanse , pues , unos á otros: 
I Por qué este miserable Gusarapo 
El único á de ser que vitupere 
Lo que todos acordes alabamos? 

Saltó la Zorra y dixo : ¡ Pese á mi alma ! 
El motivo no puede estar mas ciato. 
¿No sabéis, compañeros, que la Oruga 
También labra capullos, aunque malos? 

Laboriosos ingenios perseguidos, 
¿Queréis un buen consejo? Pues cuidado. 
Quando os provoquen ciertos envidiosos, 
No hagáis mas que contarles este caso. 



A, 



FÁBULA XXXVI. 
La compra del Asno, 



.yer por mi calle 
Pasaba un Borrico, 
El mas adornado 
Que en mi vida he visto, 
Albarda y cabestro 
Eran nuevecitos, 
Con flecos de seda 
Roxos y amatillos, 



(53) 
Borlas y penacho 
Llevaba el Pollino, 
Lazos , cascabeles, 

Y otros atavíos. 

Y hechos á tixera 
Con arte prolixo 
En pescuezo y anca 
Dibuxos muy lindos. 
Parece que el dueño, 

Que es , según me han dicho, 
Un chalan gitano 
De los mas ladinos, 
Vendió aquella alhaja 
A un hombre sencillo; 

Y añaden que al pobre 
Le costó un sentido. 
Volviendo á su casa, 
Mostró á sus vecinos 
La famosa compra; 

Y uno de ellos dixe; 
Veamos, compadre, 
Si este animalito 
Tiene tan buen cuerpo 
Como buen vestido. 
Empezó á quitarle 
Todos los aliños; 

Y baxo la albarda 
Al primer registto 



(?4) 
Le hallíron el lomo 
Asaz mal ferido 
Con seis mataduras 
y tres lobanillos, 
Amen de dos grietas 
T un tumor antiguo 
Que baxo la cincha 
Estaba escondido. 

Burro (dixo el hombre) 
Mas que el Burro mismo 
Soy yo , que me pago 
De adornos postizos. 

A fe que este lance 
Ko echaré en olvido. 
Pues viene de molde 
A un amigo mió, 
El qual á buen precio 
Ha comprado un libro 
Bien enquadernado 
Que no vale un pito. 



J\] 



FÁBULA XXXVIL 
JEl Buey y la Cigarra. 



rando estaba el Buey , y á poco trecho 
La Cigarra cantando le decía: 



(55) 
¡ Ay , ay ! qué wirco tan torcido has hecho. 

Pero el la respondió ; señora mia, 

Si no tuviera lo demás derecho, 

Usted no conociera lo torcido. 

Calle , pues , la haragana reparona; 

Que á mi amo sirvo bien , y él me perdona 

Entre tantos aciertos un descuido. 

i Miren quien hizo á quien cargo tan fútil! 

Una Cigarra al animal mas ütil. 

Mas ¿si me habrá entendido 

£1 que á tachar se atreve 

En obras grandes un defecto leve ? 



FÁBULA XXXVIII. 
El Guacamayo y la Marmota. 



u. 



n pintado Guacamayo 
Desde un mirador veia 
Cómo un extrangero payo 
(Que saboyano seria) ^ i 

Por dinero una alimaña sV. < 

Enseñaba muy feota, 
Dándola por cosa extraña; 
Es á saber , la Marmota. 



oalia de su caxon 
Aquel ridículo biche; 
Y el ave desde el balcoí? 
Le dixo : ¡ raro capricho ! 

Siendo tú fea^ ¡ que así 
Dinero por verte den, 
Quando siendo hermoso , aqui 
Todos de valde me ven ! 

Puede que seas , no obstanh 
Aljjun precioso animal; 
Mas yo tengo ya bastante 
Con sambar que eres venal. 

Oyendo esto un mal autor, 
Se fue como avergonzado.—, 

¿ Porqué Porque un impresor 

Le tenia asalaiiado. 



FÁBULA XXXIX. 

£/ Retrato de golilla. 






e frase extJangeríi el mal pegadizo 
Hoy á nuest'o idioma gravemente aqueja; 
Pero h.ibrá quien pieií^e que no habla castizo 
¿i poí lo antiquado lo uSado no dexa. . 



Voy á entretenclle con una conseja; ' 

Y porque le trayga mas contentamiento, 
En su niesmo estilo reterilla intento, 
Mezclando dos hablas, la nueva y la vieja. 

No sin hartos zelos un% pintor de ogaño 
Via como agora gran loa y valía 
Alcanzan algunos retratos de antaño; 

Y el no remedallos á mengua tenia: 
Por ende, queriendo retratar un dia 

A cierto rico home , señor de gran cuenta, 
Juzgó que lo antiguo de la vestimenta 
Estima de rancio al quadro daria. 

Segundo Velazquez creyó ser con esto: 

Y ansí que del rostro toda la semblanza 
Hubo trasladado , golilla le ha puesto, 

Y otros atavíos á la antigua usanza. 
La tabla á su dueño lleva sin tardanza, 
El qual espantado tincó desque vido 
Con añejas galas su cuerpo vestido. 
Maguer que le plugo la faz abastanza. 

Empero una traza le vino á las mientes 
Con que al retratante dar su galardón. 
Guardaba , heredadas de sus ascendientes, 
Antiguas monedas en un viejo arcon. 
Del quinto Fernando muchas de ellas son, 
Allende de algunas de Carlos primero, 
Do entrambos Filipos , segundo y tercero: 

Y henchido de todas le endonó un bolsón. 



Con estas monedas , ó si quier medallas, 
(El pintor le dice): si voy al mercado, 
Quando me cumpliere mercar vitualla. 
Tornaré á mi casa con muy buen recado. 
Pardiez (dixo el otro) ¿ no me habéis pintado 
En trage que un tiempo fue muy señoril, 

Y agora le viste solo un alguacil? 
Qual me retratasteis, tal os he pagado. 

Llevaos la tabla ; y el mi corbatin 
Pintadme al proviso en vez de golilla; 
Cambiadme esa espada en el mi espadín, 

Y en la mi casaca trocad la ropilla;- 
Ca non habrá nadie en toda la villa 

Que al verme en tal guisa conozca mi gesto; 
Vuestra paga entonces contaros hé presto 
En buena moneda corriente en Castilla. 
Ora pues , si á risa provoca la idea 
Que tuvo aquel sandio moderno pintor. 
¿ No hemos de reimos siempre que chochea 
Con ancianas frases un novel autor ? 
Lo que es afectado juzga que es primor; 
Habla puro á costa de la claridad, 

Y no halla voz baxa para nuestra edad, 

Si fue noble en tiempo del Cid Campeador. 



(59) 
FÁBULA XL. 

Jj)s dos Huéspedes. 

JL asando por un pueblo 
De la Montaña 
Dos Caballeros mozos, 
Buscan posada. 

De dos vecinos 
Reciben mil ofertas 
Los dos Amigos. 

Porque á ninguno quieren 
Hacer desayre, 
£n casa de uno y otro 
Van á hospedarse. 

De ambas manciones 
Cada Huésped la suya 
A gusto escoge. 

La que el uno prefiere 
Tiene un gran patio 
Con su gran frontispicio 
Como un palacio: 

Sobre la puerta 
Su escudo de armas tiene 
Hecho de piedra. 

La del otro d la vista 



(6o) 
No era tan grande; 
Mas dentro no faltaba 
Donde alojarse; 

Como que habia 
Piezas de muy buen temple, 
Claras y limpias. 

Pero el otro palacio 
Del frontispicio 
Era , ademas de estrecho, 
Obscuro y frió: 

Mucha portada; 
Y por dentro desvanes 
A teja vana. 

El que allí pasó un dia 
Mal hospedado, 
Contaba al Compañero 
El fuerte chasco; 

Pero él le dixo: 
Otros chascos como ese 
Dan muchos libros. 



El 



FÁBULA XLI. 
Bl Té y la Salvia. 



t\ Té , viniendo del imperio chino, 
Se enccntió con :ia Salvia en el camino, 



(6i) 
Ella le dixo: ¿adonde vas compadre? 
A Europa voy , comadre, 
Donde sé que me compran á buen precio. 
Yo (respondió la Salvia) voy á China; 
Que allá con sumo aprecio 
Me reciben por gusto y medicina ♦. 
En Euiopa me tratan de salvage, 
I Y jamas he podido hacer fortuna. 
Anda con Dios. No perdarás el viage; 
Pues no hay nación alguna 
Que á todo lo extrangero 
No dé con gusto aplausos y dinero. 

La Salvia me perdone; 
Que al comercio su máxima se opone, 
\ Si hablase del comercio literario, 
Yo no defendería lo contrario; 
Porque en él para algunos es un vicio 
Lo que es en general un beneficio: 
Y español que tal vez recitaría 
Quinientos versos de Boyleau y el Taso, 
Puede ser que no sepa todavía 
£n que lengua los hizo Garcilaso. 



♦ Los chinos estiman tanto la Salvia , que por uaa 
caxa de esta yerba suelen dar dos, y á veces tres, de 
Té verde. Véase el Dice, de Hist. Nat. de M. Valr 
mont. de Bomare en el art. Sauge. 



(62) 

FÁBULA XLII. 
El Gato , el Lagarto y el Grillo. 



E 



lio es que hay animales muy científicos 
En curarse con varios específicos, 
Y en conservar su construcción orgánica 
Como hábiles que son en la botánica; 
Pues conocen las yerbas diuréticas, 
Catá-rticas , narcóticas , eméticas, 
Febrífugas , estípticas , prolífícas. 
Cefálicas también , y sudoríficas, 

En esto era gran práctico y teórico 
Un Gato , pedantísimo retórico, 
Que hablaba en un estilo tan enfático 
Como el mas estirado catedrático. 
Yendo á caza de plantas salutíferas, 
Dixo á un Lagarto: ¡ qué ansias tan mortíferaí! 
Quiero, por mis turgencias semi- hidrópicas, 
Chupar el zumo de hojas hiliotrópicas. 

Atónito el Lagarto con- lo exótico 
De todo aquel preámbulo estrambótico, 
No entendió mas la frase macarrónica 
Que si le hablasen lengua babilónica. 
Pero notó que el charlatán ridículo. 
De hojas de girasol llenó el ventrículo; 



Y le dixo : ya en fin , señor hidrópico, 
He entendido lo que es zumo hili§tr6pico. 

¡Y no es bueno que un Grillo oyendo el 
diálogo, 
Aunque se fue en ayunas del catálogo 
De términos tan raros y magníficos 
Hizo del Gato elogios honorícos ! 
Sí; que hay quien tiene la hinchazón por mérito, 

Y el hablar liso y llano por demérito. 
Mas ya que' esos amantes de hiperbólicas 

Cláusulas y metáforas diabólicas, 
De retumbantes voces el depósito 
Apuran , aunque salga un despropósito, 
Cayga sobre su estilo problemático 
Este apólogo esdrúxulo enigmático. 



FÁBULA XLIII. 
La Música de los Animaks. 



A, 



.tención , noble auditorio, 
Que la bandurria he templado, 
Y han de dar gracias quando oygaa 
La xácara que les canto. 
En la corte del León, 



(64) 
Dia de su cumple años, 
Unos quantos Animales 
Dispusieron un sarao; 

Y para darle principio 
Con el debido aparato, 
Creyeron que una academia 
De música era del caso. 

Como en esto de elegir 
Los papeles adequados 
No todas veces se tiene 
El acierto necesario, 
Ni hablaron del Ruiseñor, 
Ni del Mirlo se acordaron, 
Ni se trató de Calandria, 
De Xilgero ni Canario. 
MtMios hábiles autores, 
Aunque mas determinados, 
Se ofrecieron á tomar 
La diversión á su cargo. 

Antes de llegar la hora 
Del cántico proyectado, 
Cada Músico decia: 
Ustedes verán qué rato: 

Y al fin la capilla junta 
Se presenta en el estrado 
Compuesta de los siguientes 
Diestrísinios operarios: 

Los tiples eran dos Grillosi 



(60 

Rana y Cigarra , contraltos; 
Dos Tábanos , los tenores; 
El Cerdo y el Burro , baxos. 
Con qué agradable cadencia, 
Con qué acento delicado 
La Música sonaria, 
No es menester ponderarlo. 
Baste decir que los mas 
Las orejas se taparon, 
Y por respeto al León 
Disimularon el chasco. 

La Rana por los semblantes 
Bien conoció sin embargo, 
Que hablan de ser muy pocas 
Las palmadas y los bravas. 
Salióse del corro , y dixo: 
¡ Cómo desentona el Asno ! 
Éste replico : los tiples 
Si que esrán desentonados. 
Quien lo echa todo á perder 
(Añadió un Grillo chillando) 
Es el Cerdo. Poco á poco, 
(Respondió luego el Marrano): 
Nadie desafina mas 
Que la Cigarra , contralto. 
Tenga modo , y hable bien, 
(Salto la Cigarra), es falso; 
Esos Tábanos tenores 
5 



(66) 
Son los autores del daño. 

Cortó el León la disputa 
Diciendo : grandes bellacos, 
¿ Antes de empezar la solfa 
No la estabais celebrando ? 
Cada uno para sí 
Pretendia los aplausos, 
Como que se deberla 
Todo el acierto á su canto; 
Mas viendo ya que el concierto 
Es un infierno abreviado, 
Nadie quiere parte en él, 
Y á los otros hace cargos. 
Jamás volváis á poneros 
En mi presencia : mudaos; 
Que si otra vez me cantáis. 
Tengo de hacer un estrago. 
¡ Así permitiera el cielo 
Que sucediera otro tanto 
Quando , trabajando á escote 
Ti es escritores ó quatro, 
Cada qual quiere la gloria, 
Si es bueno el libio ó mediano; 
Y los compañeros tienen 
La culpa si sale malo ! 



(6?) 

FÁBULA XLIV. 

1.a Espada y el Asador» 

Oirvió en mucho<; combates una Espada 
Tersa , fina , cortante , bien templada, 
La mas famosa que salió de mano 
De insigne fabricante toledano. 
Fue pasando á poder de varios dneños, 

Y avrosos los sacó de mil empeños. 
Vendióse en almonedas diferentes, 
Hasta que por extraños accidentes 
Vino, en fin , á parar (¡quién lo diría!) 
A un obscuro rincón de una hostería, 
Donde , qual mueble inútil , arrimada, 
Se tomaba de oiin. Una criada 

Por mandado de su amo el posadero, 
Que debia de ser gran m.ajadero, 
Se la llevó una vez á la cocina; 
Atravesó con ella una gallina; 

Y héteme un asador hecho y derecho 

La que una Espada fue de honra y provecho. 

Mientras esto pasaba en \a. posada, 
En la corte comprar quiso una Espada 
Cierto recien- llegado forastero, 
Transformado de payo en caballero. 
El espadero viendo que al presente 



Es la Espada un adorno solamente, 

Y í^ue pasa por buena qualquier hoja, 
Siendo de moda el puño que íe escoja, 
Dixole qiíc volviese al otio dia. 

Un Asador que en ru cocina había 
Luego desbasta , añla y acicala, 

Y por Espada de Tomás de Ayala 
Al pobre fciastero , que no entiende 
De semejantes compras , se le vende; 
Siendo tan picaron el espadero 
Como fue ignorantón el posadero. 

¿ Mas de igual ignorancia ó picardía 
Nuestra nación quejarse no podria 
Contra los traductores de dos clases, 
Que infestada la tienen con sus frases? 
Unos traducen obras celebradns, 

Y en Asadores vuelven las Espadas: 
Otros hay que traducen las peores, 

Y venden por Espadas Asadores. 



FÁBULA XLV. 

Los quatro Lüiados. 

kJ 11 Mudo á nati vitare, 
Y mas sordo que una tapia. 
Vino á tratar con un Ciego 



Cosas de poca importancia. 

Hablaba el Ciego por señas, 
Que para el Mudo eran claras; 
Mas hízole otras el Mudo, 

Y él á obscuras se quedaba. 
En este apuro tiaxeron, 

Para que los ayudara, > ' 

A un camarada de entrambos ^- 

Que era Manco por desgracia. 

Este las señas del Mudo 
Trasladaba con palabras, 

Y por aquer medio el Ciego ¡i > l 
Del negocio se enteraba. oáiiíQ/ 

Por último resultó btisuQ 

De conferencia tan rara, 
Que era preciso escribir 
Sobre el asunto una carta. i 

Compañeros, salt(5 el Manco, 
Mi auxilio á tanto no alcanza;'^ ^ "^ 
Pero á escribirla vendrá 
El domiíie , si le llaman. 

¿Qué ha de venir (dixo el Ciego), 
Si es Coxo , que apenas anda ? 
Vamos: seiá menester 
Ir á buscarle á su casa. 

Así lo hicieron : y al fin 
El Coxo escribe la carta; 
DíctaaU el Ciego y el Manco, 



y el Mudo parte á llevarla. 

Para el consabido asunto 
Con dos personas sobraba; 
Mas como eian ellas tales, 
Quatro fueron necesarias. 
Y á no ser porque ha tan poco 
Que en un lugar de la Alcarria 
Acaeció esta aventura, 
Testigos mas de cien almas, 
Bien pudiera sospecharse 
Que estaba adrede inventada 
Por alguno que con ella 
Quiso pintar lo que pasa 
Quando , ¡untándose muchos 
En pandilla literaria, 
Tienen que trabajar todos 
Para una gran patarata. 



u. 



FÁBULA XLVI. 
El Pello y los dos Gallos. 



n Gallo , presumido 
De luchador valiente, 
Y un Pollo algo crecido, 
No sé por qué accidente 
Tuvieron sus palabras , de manera 



(71) 
Que armaron una brava pelotera. 

Dióse el Pollo tal maña, 

Que sacudió á mi Gallo lindamente, 

Quedando ya por suya la campaña. 

Y el vencido sultán de aquel serrallo 
Dixo , quando el contrario no lo oía: 
Eh ! con el tiempo no será mal Gallo; 
El pobrecillo es mozo todavía. 

Jamás volvió á meterse con el Pollo. 
Mas en otra ocasión , por cierto embrollo, 
Teniendo un choque con un Gallo anciano, 
Guerrero veterano, 
Apenas le quedó pluma ni cresta; 

Y dixo al retiiarse de la fiesta: 

Si no mirara que es un pobre viejo.... 
Pero chochea , y por piedad le dexo. 

Quien se meta en contienda, 
Verbigracia de asunto literario, 
A los años no atienda, 
Sino á la habilidad de su adversario. 



FÁBULA XLVII. 
La Urraca y la Mona. 



JTjL una Mona 
Muy tayraada 



Dixo un dia 
Cierta Urraca: 
Si vinieras 
A mi estancia, 
i Quántas cosas 
Te enseñara ! 
Tú bien sabes 
Con qué maña 
Robo y guardo 
Mil alhajas. 
Ven , si quieres, 

Y veráslas 
Escondidas 

Tras de una arca. 
La otra dixo: 
Vaya en gracia; 

Y al parage 
La acompaña. 

Fue sacando 
Doña Urraca 
Una liga 
Colorada, 
Un tontillo 
De casaca, 
Una hebilla, 
Dos medallas, 
La contera 
De una espada, 



(73) 

Medio pcyne, 

Y una vayna 
De tixeras; 
Una gasa, 
Un mal cabo 
De navaja. 
Tres clavijas 
De guitarra, 

Y otras muchas 
Zarandajas. 

¿Qué tal? dixo: 
Vaya , hermana; 
¿No me envidia? 
¿No se pasma? '-^ 

A fe que otra 
De mi casta 
En riqueza 
No me iguala. 

Nuestra Mona 
La miraba 
Con un gesto 
De bellaca; 

Y al íin dixo: 
¡ Patarata ! 
Has ¡untado 
Lindas maulas. 
Aquí tienes 
Quien te gana, 



,(74) 
Porque es útil 

Lo que guarda. 

Si no , mira 

Mis quixadas. 

Baxo de ellas, 

Camarada, 

Hay dos buches 

ó papadas, 

Que se encogen, 

Y se ensanchan. 
Cómo aquello 
Que me basta; 

Y el sobrante 
Guardo en ambas 
Para quando 

Me haga falta. 
Til amontonas, 
Mentecata, 
Trapos viejos 

Y morralla; 
Mas yo , nueces, 
Avellanas, 
Dulces , carne 

Y otras quantas 
Provisiones 
Necesarias. 

¿Y esta Mona 
Redomada 



(75) 
Habló solo 

Con la Un acá ? 

Me parece 

Que mas habla 

Con algunos 

Que hacen gala 

De confusas 

Misceláneas 

Y fárrago 

Sin substancia. 



FÁBULA XLVIII. 

El Ruiseñor y el Gorrión. 



Oiguiendo el son del organillo un dia, 
Tomaba el Ruiseñor lección de canto, 
Y á la xaula llegándose entretanto 
El Gorrión parlero , así decia: 

¡ Quánto me maravillo 
De ver que de ese modo 
Un páxaro tan diestro 
A un discípulo tiene por maestro ! 
Porque , al fin , lo que sabe el organillo, 
A ti lo debe todo. 



(70 
A pesar de eso (el Ruiseñor replica), 

Si él aprendió de mí , yo de él aprendo. 

A imitar mis capriclios él se aplica: 

Yo los voy corrigiendo 

Con arreglarme al arte que él emeña: 

Y así pronto verás lo que adelanta 

Un Ruiseñor que con escuela canta. 

¿ De aprender se desdeña 

El literato grave ? 

Pues mas debe estudiar el que mas sabe. 



FÁBULA XLIX. 
El Jardinero y su Amo. 



E, 



m un Jardín de flores 
Habia una gran fuente, 
Cuyo pilón servia 

De estanque á carpas , tencas y otros peces, 
únicamente al riego 
El Jardinero atiende, 
De modo que entretanto 
Los peces agua en que vivir no tienen. 

Viendo tal desgobierno, 
Su Amo le reprende; 



(77) 
Pnes aunque quiere flores, 

Regal.ir<:e con peces también quiere: 

Y el rudo Jardinero 
Tan puntual le obedece, 
Que las plantas no riega 
Para que el agua del püon no merme. 

Al cabo de algún tiempo 
El Amo al jardín vuelve; 
Halla secas las flores, 
Y amostazado dice de esta suerte: 

Hombre , no riegues tanto 
Qne me quede sin peces; 
Ni cuides tanto de ellos, 
Que sin flores , gran bárbaro , me dexes. 

La máxima es trillada; 
Mas repetirse debe: 
No escriba quien no sepa 
Unir la utilidad con el deleyte. 



FÁBULA L. 
Los dos Tordos. 



X ersuadia un Tordo , abuelo, 
Lleno de años y prudencia, 



A un Tordo su nietezuelo, 
Mozo de poca experiencia, 
A que , acelerando el vuelo, 
Viniese con preferencia 
Hacia una poblada viña, 
É hiciese allí su rapiña. 

¿ Esa viña dónde está ? 
(Le pregunta el mozalvetc); 

¿ Y qué fiuto es el que da? 

Hoy te espera un gran ban<^uete 
(Dice el viejo), ven acá: 
Aprende á vivir, pobrete. 
Y no bien lo dixo , quando 
Las ubas le fue enseñando. 

Al verlas salró el rapaz: 
¿Y esta es la fruta alabada 
De un páxaro tan sagaz? 
¡Qué chica, qué desmedrada! 
Ea , vaya , es incapaz 
Que eso pueda valer nada. 
Yo tengo fruta mayor 
En una huerta , y mejor. 

Veamos , dixo el anciano; 
Aunque sé que mas valdrá 
De mis ubas solo un grano. 
A la huerta llegan ya; 
Y el joven exclama ufano: 
¡Qué fruta ! qué gorda está! 



(79) 
¿No tiene excelente traza?.... 

¿Y qué era? Una calabaza. 

Que un Tordo en aqueste engaño 

Cayga , no lo dificulto; 

Pero es mucho mas extraño 

Que hombre tenido por culto 

Aprecie por el tamaño 

Los libros y por el bulto. 

Grande es , si es buena , una obra. 

Si es mala , toda ella sobra. 



FÁBULA LL 
El Fabricante de galones y la Encaxera. 



V^erca de una Encaxera 

Vivia un Fabricante de galones. 

Vecina , ¡ quién creyera 

(La dixo) que valiesen mas doblones 

De tu encaxe tres varas 

Que diez de un galón de oro de dos caras! 

De que á tu mercancía 
(Esto es lo que ella respondió al vecino) 
Tanto exceda la mia, 
Aunque en oro trabajas , y yo en lino, 



{8o) 
No debes admirarte; 
Pues mas que la materia vale el arte. 

Qui§Q desprecie el estüo, 
y diga que á las cosas solo atiende, 
Advieita que si el hilo 
Mas que el noble metal caro se vende, 
También da la elegancia 
Su principal valor á la substancia. 



FÁBULA LII. 

JEl Cazador y el Hurón. 



G< 



'argado de conejos, 
Y muerto de calor, 
Una tarde de lejos 
A su casa volvia un Cazador. 

Encontró en el camino 
Muy cerca del lugar 
A un amigo y vecino, 
y su fortuna le empezó á contar. 

Me afané todo el dia 
(Le dixo) ; pero qué, 
Si mejor cacería 
No la he logrado , ni la lograré. 



(8r) 

Desde por la mañana 
Es cierto que sufrí 
Una buena solana; 
Mas mira qué gazapos traygo aquí. 

Te digo y te repito, 
Fuera de vanidad, 
Que en todo este distrito 
No hay Cazador de mas habilidad. 

Con el oido atento 
Escuchaba un Hurón 
Este razonamiento 
Desde el corcho en que tiene su mansión. 

Y el puntiagudo hocico 
Sacando por la red, 
Dixo á su amo : suplico 
Dos palabritas , con perdón de usted. 

Vaya , ¿ quál de nosotros 
Fue el que mas trabajó? 
¿ Esos gazapos y otros, 
Quién se los ha cazado sino yo ? 

Patrón , ¿ tan poco valgo 
Que me tratan así ? 
Me parece que en algo 
Bien se pudiera hacer mención de mí. 

Qualquiera pensaria 
Que este aviso moral 
Seguramente haria 

Al Cazador gran fuerza i pues no hay tal. 

6 



(82) 

Se qneaó tan sereno, 
Como ingrato escritor 
Que del auxilio ageno 
Se aprovecha, y no cita al bienhechor. 



FÁBULA Lili. 
El Gallo , el Cerdo y el Cordero. 



H 



.abia en un corral un gallinero; 
En este gallinefo un Gallo habia; 
Y detrás del corral en un chiquero 
Un Marrano gordísimo yacía, 
ítem mas , se criaba allí un Cordero, 
Todos ellos en buena compañía: 
¿Y quién ignora que estos animales 
Juntos suelen vivir en los corrales ? 

Pues (con perdón de ustedes) el Cochino 
Dixo un dia al Cordero: ¡qué agradable. 
Qué feliz , qué pacifico destino 
Es el pode.r dormir ! ¡ Qué saludable ! 
Yo te aseguro, como soy Gorrino, 
Que no hay en esta vida miserable 
Gusto como tenderse á la bartola, 
Roacar bien , y dexar rodar la bola. 



El Gallo , por su parce , al tial Cordera 
Dixo en otra ocasión : mira , inocente, 
Para estar sano , para andar ligero, 
E*. menester dormir muy parcamente. 
El madrugar en julio ü en febrero 
Con estrellas , es método prudente, 
Porque el sueño entorpece los sentidos, 
Dexa los cuerpos floxos y abatidos. 

Confuso ambos dictámenes coteja 
El simple Corderillo , y no adivina 
Que lo que cada uno le aconseja 
No es mas que aquello mismo á que se inclina. 
Acá entre los autores ya es muy vieja 
La trampa de sentar como doctrina 
y gran regla , á la qual nos sujetamos, 
Lo que en nuestros escritos practicamos. 



FÁBULA LIV. 
El Pedernal y el Eslabón. 

jt\X Eslabón de cruel I 

Trató el Pedernal un dia, * 

Porque á menudo le hería 
Para sacar- chispas de él. ^ 



(84) 
Riñendo éste con aquel, 
Al separarse los dos, 
Quedaos , dixo , con Dios. 
2 Valéis vos algo sin mí ? 
Y el otro responde : sí, 
Lo que sin mí valéis vos. 
Este exemplo material 
Todo escritor considere 
Que el largo estudio no uniere 
Al talento natural. 
Ni da lumbre el Pedernal 
Sin auxilio de Eslabón, 
Ni hay buena disposición 
Que luzca faltando el arte. 
Si obra cada qual aparte. 
Ambos inútiles son. 



FÁBULA LV. 

El Juez y el Bandolero. 

I rendieron por fortuna a un Bandolero 
A tiempo cabalmente 
Que de vida y dinero 
Estaba despojando á un inocente. 



(85) . 
Hízole cargo el Juez de su delito; 

Y el respondió : señor , desde chiquito 

Fui gato algo feliz en raterías: 

Luego hebillas , reloxes , capas , caxas, 

Espadines robé , y otras alhajas: 

Después , ya entrado en dias, 

Escalé casas ; y hoy , entre asesinos, 

Soy salteador famoso de caminos. 

Conque vueseñoría no se espante 

De que yo robe y mate á un caminante; 

Porque este y otros daños 

Los he estado yo haciendo quarenta años. 

¿Al Bandolero culpan? 

Pues ¿ por ventura dan mejor salida 

Los que quando disculpan. ,.,; , 

En las letras su error ó su mal gusto, 

Alegan la costumbre envejecida 

Contra el dictamen racional y justo ? 



FÁBULA LVI. 

La Criada y la Escoba. 

V^ierta Criada la casa barria 

Con una Escoba muy puerca y muy vieja. 

Reniego yo de la Escoba (decia): 



(86) 
Con su vasiira y pedazos que dexa 
Pot donde pasa, 

Aun mas ensucia , que limpia la casa. 
Los lemendones , que escritos ágenos 
Conegir piensan , acaso de errores 
Suelen dexarlos diez veces mas llenos.... 
Mas no haya miedo que de estos señores 
Diga yo nada: 
Que se lo diga por mí la Criada, 



FÁBULA LVIL 

El Naturalista y las Lagartijas. 



V, 



lo en una huerta 
Dos Lagartijas 
Cierto curioso 
Naturalista. 
Cógelas ambas, 
Y á toda prisa 
Quiere hacer de ellas 
Anatomía. 
Ya me ha pillado 
La mas rolliza; 
Miembro por miembro 



(87> 
Ya me la trinchaí 
El microscopio 
Luego la aplica. 
Patas y cola, 
Pellejo y tripas, 
Ojos y cuello, 
Lomo y barriga, 
Todo lo aparta 
y lo examina. 
Toma la pluma; 
De nuevo mira; 
Escribe un poco; 
Recapacita. 
Sus mamotretos 
Después registra; 
Vuelve á la propia 
Carnicería. 
Varios curiosos 
De su pandilla 
Entran á verle: 
Dales noticia 
De lo que observa. 
Unos se admiran, 
Otros preguntan, 
Otros cavilan. 
Finalizada 
La anatomía; 
Cansóse el sabio 



De Lagattija, 

Soltó la otra 

Que estaba viva. 

Ella se vuelve 

A sus rendijas, 

En donde , hablando 

Con sus vecinas, 

Todo el suceso 

Las participa. 

No hay que dudarlo 

No (las decia): 

Con estos ojos 

Lo vi yo misma. 

Se ha estado el hombre 

Todito un dia 

Mirando el cuerpo 

De nuestra amiga. 

¿Y hay quien nos trate 

De Sabandijas? 

¿Cómo se sufre 

Tal injusticia, 

Quando tenemos 

Cosas tan dignas 

De contemplarse 

Y andar escritas? 

No hay que abatirse^ 

Nqble quadrilla; 

Valemos mucho 



Por mas que digan, 
¿Y querrán luego 
Que no se engriaii 
Ciertos autores 
De obras iniquas? 
Los honra mucho 
Quien los critica. 
No seriamente, 
Muy por encima 
Deben notarse 
Sus tonterías; 
Que hacer gran caso 
De Lagartijas, 
Es dar motivo 
De que repitan: 
Valemos mucho, 
Por mas que digan. 



FÁBULA LVIII. 
La Discordia de los Reloxes, 



V-^onvidados estaban á un banquete 
Diferentes amigos ; y uno de ellos, 
Que faltando á la hora señalada, 



(90) 
Llegó después de todos , pretendía 
Disculpar su tardanza. ¿Qué disculpa 
Nos podrás alegar? (le replicaron). 
El sacó su Relox ; mostróle y dixo: 
¿No ven ustedes como vengo á tiempo? 
Las dos en punto son. __ ¡Que disparate! 
(Le respondieron): tu Relox atrasa 

Mas de tres quartos de hora Pero , amigos, 

(Exclamaba el tardío convidado ) 
¿Qué mas puedo yo hacer que dar el texto? 
Aquí está mi Relox.... Note el curioso 
Que era este señor mió como algunos 
Que un absurdo cometen , y se excusan 
Con la primera autoridad que encuentran. 
Pues , como iba diciendo de mi cuento, 
Todos los circunstantes empezaron 
A sacar sus Reloxes en apoyo 
De la verdad. Entonces advirtieron 
Que uno tenia el quarto , otro la media. 
Otro las dos y treinta y seis minutos, 
Este catorce mas , aquel diez menos, 
No hubo dos que conformes estuvieran. 
En fia, todo era dudas y qüestiones. 
Pero á la astronomía cabalmente 
Era el amo de casa aficionado; 
Y consultando luego su infalible. 
Arreglado á una exacta meridiana, 
Halló que eran las tres y dos minutos, 



(90 . ^ 

Con lo qual puso fin á la contienda, 
y concluyó diciendo : caballeros, 
Si contra la verdad piensan que vale 
Citar autoridades y opiniones, 
Para todo las hay ; mas por fortuna, 
Ellas pueden ser muchas , y ella es una. 



FÁBULA LIX. 
El Tofo y otros Animales^ 



v^iertos animalitos, 
Todos de quatro pies, 
A la gallina ciega 
Jugaban una vez. 

Un Perrillo , una Zona 

Y un Ratón , que son tres; 
Una Ardilla , una Liebre 

Y un Mono , que son seis. 
Este á todos vendaba 

Los ojos , como que es 
El que mejor se sabe 
De las manos valer. 

Oyó un Topo la bulla, 

Y dixo: pues pardiez 



, (90 
Que voy allá , y en rueda 
Me he de meter también. 
Pidió que le admitiesen; 

Y el Mono muy cortés 
Se lo otorgó (sin duda 
Para hacer burla de él ). 

El Topo á cada paso 
Daba veinte traspiés, 
Porque tiene los ojos 
Cubiertos de una piel; 

Y á la primera vuelta, 
Como era de creer, 
Facilísimamente 
Pillan á su merced. 

De ser gallina ciega 
Le tocaba la vez; 

Y ¿quién mejor podia 
Hacer este papel ? 

Pero él con disimulo 
Por el bien parecer 
Dixo al Mono : i qué hacemos ? 
Vaya ¿ me venda usted ? 

Si el que es ciego y lo sabe, 
Aparenta que ve, 
* Quien sabe que es idiota, 
¿ Confesará que lo es ? 



(93) 
FÁBULA LX. 

El Volatín y su Maestro. 

JVxiéntras de un Volatín bastante diestro 
Un principiante mozalvillo toma 
Lecciones de baylar en la maroma, 
Le dice : vea usted , señor Maestro, 

Quánto me estorba y cansa este gran palo 
Que llamamos chorizo ó contrapeso. 
Gargar con un garrote largo y grueso 
Es^ lo que en nuestro oficio hallo yo malo. 
¿A qué fin quiere usted que me sujete, 
Si no me faltan fuerzas ni soltura ? 
Por exemplo , ¿ este paso , esta postura 
No la haré yo mejor sin el zoquete ? 

Tenga usted cuenta... No es difícil.... nada... 
Así decia ; y suelta el contrapeso. 
El equilibrio pierde.... A Dios. ¿Qué es eso? 
¿ Qué ha de ser ? Una buena costalada. 

¡ Lo que es auxilio juzgas embarazo, 
Incauto joven ! (el Maestro dixo): 
¿ Huyes del arte y método ? Pues hijo, 
No ha de $er este el último porrazo. 



(94) 
FÁBULA LXI. 

JB/ Saj^o y el Mochuelo, 



E 



/scondido en el tronco de un árbol 
Estaba un Mochuelo; 
Y pasando no lejos un Sapo, 
XiC vio medio cuerpo. , 

¡ Ah de arriba , señor solitario ! 
Dixo el tal escuerzo: 
Saque usted la cabeza , y veamos 
Si es bonito ó feo. 
, No presumo de mozo gallardo. 
Respondió el de adentro: 
y aun por eso á salir á lo claro 
Apenas me atrevo; 

Pero usted que de dia su garba 
Nos viene luciendo, 
I No estuviera mejor agachado 
En otro agujero ? 

¡ Ó qué pocos aurores tomamos 
Este buen consejo ! 
Siempre damos á luz , aunque malo, 
Quanto componemos: 

Y tal vez fuera bien sepultarlo; 



(95) 
Pero ¡ ay , compañeros ! 
Mas queremos ser públicos Sapos 
Que ocultos Mochuelos. 



FÁBULA LXII. 
El Burro del Aceytero, 



(ti cierta ocasión un cueto 
Lleno de aceyte llevaba 
Un Borrico que ayudaba 
En su oficio á un Aceytero. 

A paso un poco ligero 
De noche en su quadra entraba; 

Y de una puerta en la aldaba 
Se dio el porrazo mas fiero. 

Ay ! clamó : ¿ no es ,cosa dura 
Que tanto aceyte acarree, 

Y tenga la quadra obscura ? 
Me temo que se mosquee 

De este cuento quien procura 
Juntar libros que no lee. 

I Se mosquea ? Bien estáj 
Pero este tal ¿ por ventura 
Mis Fábulas leerá ? 



(96) 
FÁBULA LXIII. 

í.a contienda de los Mosquitos. 



Di 



iabólica refriega 
Dentro de una bodega 
Se trabó entre infinitos 
Bebedores Mosquitos. 
(Pero extraño una cosa; 
Que el buen Villaviciosa 
No hiciese en su Mosquea 
Mención de esta pelea). 
Era el caso , que muchas 
Expertos y machuchos 
Con tesón defendian 
Que ya no se cogian 
Aquellos vinos puros, 
Generosos , maduros, 
Gustosos y fragantes 
Que se cogian antes. 

En sentir de otros varios, 
A esta opinión contrarios, 
Los vinos excelentes 
Eran los mas recientes; 
Y del opuesto bando 
Se burlaban , culpando 



, . (97) 
Tales ponneraciones 

Como declamaciones 

De apasionados jueces, 

Amigos de vejeces, 

Al agudo zumbido 

Da uno y otro partido 

Se hundía la bodega; 

Quando héteme que llega 

Un anciano Mosquito, 

Catador muy perito, 

Y dice, echando uií taco: 

Por vida de Dios Baco... 

(Entre ellos ya se sabe 

Que es juramento grave"); 

Donde yo estoy , ninguno 

Dará mas oportuno 

Ni mas fundado voto: 

Cese ya el alboroto. 

¿ No ven que soy navarro, 

Que en tonel , bota ó jarro, 

Barril , tinaja ó cuba, 

El xugo de la uba 

Difícilmente evita 

Mi cumplida visita ? 

Que eñresto de catarle, 

Distinguirle y juzgarle. 

Puedo poner escuela 

De Xeréz á Tudela., 

7 



(98) 
De Málaga á Peralta, 
De Canarias á Malta, 
De Oporto á Valdepeñas? 
Sabed , por estas señas, 
Que es un gran desatino 
Pensar que iodo vino 
Que desde su cosecha 
Cuenta larga la fecha, 
Fue siempre aventajado. 
Con el tiempo ha giinado 
En bondad : no lo niego; 
Pero si él desde luego 
Mal vino hubiera sido, 
Ya se hubiera torcido: 

Y al fin , también había, 
Lo mismo que en el dia, 
En los siglos pasados 
Vinos avinagrados. 

Al contrario , yo pruebo 
A veces vino nuevo 
Que apostarlas pudiera 
Al mejor de otra era: 

Y si muchos Agostos 
Pasan por ciertos mostos 

De los que hoy se reprueban, 
Puede ser que los beban 
Por vinos exquisitos 
Los fuLuios Mosquitos. 



(99). 
Basta ya de pendencia; 

Y por final sentencia 
El mal vino condeno: 

Le chupo aliando es bueno; 

Y jamás aveí iguo 

Si es moderno ü antiguo. 
Mil doctos importunos, 
Por lo antiguo los unos, 
Otros por lo moderno. 
Sigan litigio eterno. 
Mi texto favorito 
Será siempre el Mosquito, 



FÁBULA LXIV. 
La Rana y la Gallina. 

JL/esde su charco una parlera Rana 
Oyó cacarear á una Gallina. 
Vaya C h dixo): no creyera, hermana. 
Que fueras tan incómoda vecina. 
Y con toda esa bulla, ¿qué hay de niievo?_ 
Nada , sino anunciar que pongo un huevo — 
¿Un huevo solo? ¡Y alborotas tanto J^,,— . 
Un huevo solo; sí, señpyi mia. ^^^^\l ^^. 



(loo) 
¿Te espantas de eso; quando no me espanto 
De oirtc como graznas noche y dia ? 

Yo , porque sirvo de algo , lo publico; 
Tú , que d¿ nada sirves , calU el pico. 



FÁBULA LXV. 
El Escarabajo. 



T. 



engo para una Fábula un asunto, 
Que pudiera muy bien.... pero algún día 
Suele no estar la Musa muy en punto. 

Esto es lo que hoy me pasa con la mia; 
Y regulo el asunto á quien tuviere 
Mas despierta que yo la fantasía: 

Porque esto de hacer Fábulas requiere 
Que se oculte en los versos el trabajo, 
Lo qual no sale siempre que uno quieic. 

Será pues un pequeño Escarabajo 
El héroe de la Frbula dichosa, 
Porque conviene un héioe vil y baxo. 

De este insecto refieren una cosa: 
Que comiendo qualquiera porquería, 
Nunca pica las hojas de la rosa. 
Aquí el autor cqn toda su energía 



(lOl) 

Irá explicando como Dios le ayude 
Aquella extraordinaria antipatía. 

La mollera es preciso que le sude 
Para insertar después una sentencia 
Con que sepamos á lo que esto alude. 

Y según le dictare su prudencia, 
Echará circunloquios y primores, 
Con tal que diga en la final sentencia; 

Que así como la rey na de las flores 
Al sucio Escarabajo desagrada, 
Así también á góticos doctores 
Toda invención amena y delicada. 



FÁBULA LXVL 
El Ricote Erudito, 



H 



-ubo un Rico en Madrid (y aun dicen que era 
Mas necio que rico), 
Cuya casa magnífica adornaban 
Muebles exquisitos. 

i Lástima que en vivienda tan preciosa, 
(Le dixo un amigo) 
Falte una librería ! bello adorno, 
Útil y precioso. 



(to2) 

Cierto , responde e) otro : ¡ qué esa idea 
No me haya ocuirido !.... 
A tiempo estamos. El salón del norte 
A este fin destino. 

Que x'cnga el evanista , y haga estantes 
Capaces, pulidos, 
A toda costa. Luego trataremos 
D ■ com^prar los libros. 

Va tenemos estantes. Pues ahora, 
El buen hombre dixo: 
¡ Echarme yo á buscar doce mil tomos ! 
j No es mal exercicio ! 

Perderé la chaveta , saldrán caros, 
Y es obra de un siglo.... 
Pero ¿ no era mejor ponerlos todos 
De cartón fingidos ? 

Ya se ve : por qué no ? Para estos casos 
Tengo un pintorcillo 
Que escriba buenos rótulos é imite 
Pasta y pergamino. 

Manos á la labor. Libros curiosos 
Modernos y antiguos 
Mandó pintar , y á mas de los impresos, 
Varios manuscritos. 

El bendito señor repasó tanto 
Sus tomos postizos. 

Que aprendiendo los rótulos de muchos, 
Se creyó Erudito. 



Oo3) 
Pues i qué mas quieren los que solo estudiar 

Títulos de libros, 

Si con fingirlos de cartón pintado 

Les sirven lo mismo? 



FÁBULA LXVIL 
La Víbora y la Sanguijuela, 



jTJli 



.unque las dos picamos (dixo un día 
La Víbora á la simple Sanguijuela), 
D¿ tu boca reparo, que se fia 
El hombre , y de la mia se recela. 

La ciiuponii responde : ya , querida; 
Mis no picamos de la misma suerte: 
Yo, si pico á un enfermo, le doy vida: 
Tü , picando al mas sano , le das muerte. 

Vaya ahora de paso una advertencia: 
Muchos censuran , sí , lector benigno; 
Pero á fe que hay bastante diferencia 
De un censor útil á un censor maligno. 



(io4) 

ÍNDICE 

DE LAS FÁBULAS Y DE SUS ASUNTOS. 



P, 



rólogo. Fábula I. El Elefante y otros 
Animales. 
Níngtin particular debe ofenderse de 
lo que se dice en común P^^- ^ 

Fábula 11. El Gusano de seda y la Arana. 
Se ha de considerar la calidad de la 
obra , y no el tiempo que se ha tar- 
dado en hacerla 8 

Fábula III. El Oso ^ la Mona y el Cerdo. 
Nuiíca una obra se acredita tanto de 
mala , como quando la aplauden los 
necios Id. 

Fábula IV. La Abeja y los Zangaños. 
Fácilmente se luce con citar y elogiar 
á los hombres grandes de la antigüe- 
dad : el mérito está en imitailos lo 

Fábula V. Los dos Liaros y la Cotorra. 
Los que corrompen su idioma no tie- 
nen otro desquite que llamar Puris- 
tas á los que le hablan con propie- 
dad , como si el serlo fuera tacha ii 



Fábula VI. El Mono y el Titiritero. 

Sin claridad no hay obra buena 15 

Fábula VII. La Campana y el Esquilón, 
Con hablar poco y gravemente lo- 
gran muchos opinión de hombres gran- 
des IS 

Fábula VIII El Burro fautista. 

Sin reglas del arte , el que en algo 
acierta , acieita por casualidad 16 

Fábula IX. La Hormiga y la Pulga. 

Para no alabar las obras buenas , al- 
gunos las suponen de fácil execu- 
cion 17 

Fábula X. La Parietaria y el Tomillo. 
Nadie pretenda ser tenido por autor 
solo con poner un ligero prologo, ó 
algunas notas á libro ageno 19 

Fábula XI. Los dos Conejos. 

No debemos detenernos en qüestio- 
nes frivolas, olvidando el asunto prin- 
cipal « 2« 

Fábula XII. Los Hue'vos. 

No falta quien quiera pasar por au- 
tor original , quando no hace mas que 
repetir con corta diferencia lo que otros 
muchos han dicho ni 

Fábula XIII. El Pato y la Serpiente. 

Mas vale saber una cosa bien , que 



(io6) 
muchas mal 23 

Fábula XIV. El Manguito , el Abanico y 
el Quitasol. 
También suele ser nulidad el no sa- 
ber mas que una cosa : extremo opues- 
to del defecto reprendido en la Fá- 
bula antecedente 24 

Fábula XV. La Rana y el Renacuajo. 
\ Qué despreciable es la poesía de mu- 
cha hojarasca ! , 2< 

Fábula XVI. La A-vutarda. 

Muy ridículo papel hacen los plagia- 
rios que escriben centones 26 

Fábula XVII. El Xilguero y el Cisne. 

Nada sirve la fama , si no correspon- 
den las obras.. 27 

Fábula XVIII. El Caminante y la Muía 
de alquiler. 
Los que empiezan elevando el estilo, 
se ven tal vez precisados á humillar- 
le después demasiado 28 

Fábula XIX. La Cabra y el Caballo. 

Hay malos escritores que se lisonjean 
fácilmente de lograr fama postuma, 
quando no han podido merecerla en 
vida 30 

Fábula XX. La Ab/ja y el Cuclillo. 

La variedad es requisito indispensable 



(T07) 

en las obras de gusto.. » 3' 

Fábula XXI. EL Ratón y el Gato. 

Alguno que ha alabado una obra ig- 
norando quién es su autor , suele vi- 
tuperarla después que lo sabe.. 3^ 

Fábula XXII. La Lechuza. 



Y 



Fábula XXIII. Los Perros y el Trapero. 
Atreverse á los autores muertos y no 
á los vivos , no solo, es cobardía sino 
traición. 33 

Fábula XXIV. El Papagayo ., el Tordo y 
la Marica. 
Conviene estudiar los autores origina- 
les , y no los copiantes y malos tra- 
ductores 35 

Fábula XXV. El Lobo y el Pastor. 

El libro que de suyo es malo , no 
dexa de serlo porque tenga tal qual 
cosa buena 36 

Fábula XXVI. El León y el Águila. 

Los que quieren hacer á dos parti- 
dos, suelen conseguir el desprecio dí 
ambos,. 37 

Fábula XX Vil. La Mona. 

Hay tiagtís propios de algunas pro- 



lesiones literarias , con los quales 
aparentan muchos el talento que no 
tienen , 38 

Fábula XX VIH. hl Asno y su Amo. 

Quien escribe para el publico , y 
110 escribe bien , no debe fundar 
su disculpa en el mal gusto del 
vulgo , 41 

Fábula XXIX. El Gozque y el Macho de 
noria. 
Nadie emprenda obra superior á sus 
fuer::2S. 42 

Fábula XXX. El Erudito y el Ratón. 
Hay casos en que es necesaria la crí- 
tica severa 44 

Fábula XXXI. ■ La Ardilla y el Caballo. 
Algunos emplean en obras fn'volas 
tanto afán como otros en las impor- 
tantes. ,...,. 46 

Fábula XXXII. El Galán y la Dama. 
Quando un autor ha llegado á ser 
famoso, todo se le aplaude.. 48 

Fábula XXXm. El Avestruz , el Dro- 
medario y la Zorra. 
También en la literatura suele domi- 
nar el espíritu de paysanage,. Id. 

Fábula XXXIV. El Cuervo y el Pavo. 
Quando se tiata de notar los dcf¿c- 



(ic9) 
tos de una obra , no deben censurarse 
los personales de su autor.. 5° 

Fábula XXXV. La Oruga y la Zcrra. 
Lz literatura es la profesión en que 
mas se verifica el proverbio : ¿ quién 
es tu enemigo? El de tu oficio ^Z 

Fábula XXXVI. La compra del Asno. 
A los que compran libios solo por la 
enquadernacion -. 5^ 

Fábula XXXVII. FJ Buey y la Cigarra. 
Muy necio y envidioso es quien 
afea un pequeño descuido en una 
obra grande.. * 54 

Fábula XXXVIII. El Guacamayo y la 

Marmota. 
Ordinariamente no es escritor de gran 
mérito el que hace venal el ingenio. 5J 

Fábula XXXIX. El Retrato de golilla. 
Si es vicioso el uso de voces extran- 
geras modernamente intioducidas , tam- 
bién lo es , por el contrario , el de las 
antiquadas... ^S 

Fábula XL. Los dos Huéspedes. 

Las portadas ostentosas de los libros 
engañan mucho Jj) 

Fábula XLI. hl Te y la Salvia. 

Algunos solo aprecian la literatura ex- 
trangera ; y no tienen la menor noti- 



(tto) 

cia de su nación 6» 

Fábula XLII. El Gato , ¿I Lagarto y d 

Grillo. 
Por mas ridículo que sea el estilo re- 
tumbante , siempre habrá necios que 
le aplaudan , solo por la razón de que 
se quedan sin entenderíe 62 

Fábula XLIII. La Música de los Animales. 
Quando se trabaja una obra entre mu- 
chos , cada uno quiere apropiársela si 
es buena , y echa la culpa á los otros 
si es mala 63 

Fábula XLIV. La lispada y el Asador. 
Contra dos especies de malos traduc- 
tores.. 6j 

Fábula LXV. Los quatro Lisiados. 

Las obras que un particular puede 
desempeñar por sí solo , no merecen 
se emplee en ellas el trabajo de mu- 
chos hombres.. 68 

Fábula XLVI. El Pollo j los dos Gallos, 
No ha de considerarse en un autor la 
edad , sino el talento 70 

Fábula XLVII. La Urraca y la Mona. 
El verdadero caudal de erudición no 
consiste en hacinar muchas noticias, 
sino en recoger con elección las íitiles 
y necesarias 71 



CttO 

Fábula XLVIII. El Ruiseñor y el Gorrión. 
Nadie crea saber tanto que no tenga 
mas qne aprender 75 

Fábula XLIX. El Jardinero y su Amo. 
La peiíeccion de una obra consiste en 
la unión de lo útil y lo agradable... 76 

Fábula L. Los dos Tordos. 

No se han de apreciar los libros por 

su bulto , ni por su tamaño yj 

Fábula LI. El E'ahricante de galones y la 
la Encaxera. 
No basta que sea buena la materia 
de un escrito ; es menester que tam- 
bién lo sea el modo de tratarla • 79 

Fábula LII. El Cazador y el Hurón. 

A los que se aprovechan de las noti- 
cias de otros , y tienen la ingratitud 
de no citarlo^; So 

Fábula Lili. El ijaiio , el Lerdo y el 
Cordero. 
Suelen ciertos autores sentar como 
principios infalibles del arte aquello 
mismo que ellos practican 8a 

Fábula LIV. El Pedernal y el hsiabon. 
La naturaleza y el arte han de ayu- 
darse recipiocamente 83 

Fábula LV. El Juez y el hanaclero. 

La costumbre inveterada no debe au- 



(112) 

torizar lo que la razón condena 84 

Fábula LVI. La Criada y la Escoba. 

Hay correctores de obras agenas, 
que añaden mas errores de los que 
corrigen 85 

Fábula LVII. El Naturalista y las 
Lagartijas. 
A ciertos libros se les hace demasiado 
favor en criticarlos ,. 86 

Fábula LVIII. La discordia de los Re- 
laxes. 
Los que piensan que con citar una 
autoridad , buena ó mala , quedan dis- 
culpados de qualquier yerro , no ad- 
vierten que la verdad no puede ser 
mas de una, aunque las opiniones sean 
muchas .n^ 89 

Fábula LIX El Topo y otros Animales. 
Nadie confiesa su ignorancia , por mas 
patente que ella sea 91 

Fábula LX. El T^olatin y su Maestro. 

En ninguna facultad puede adelantar 

el que no se sujeta á principios.. 9] 

Fábula LXI. El Sapo y el Mochuelo. 

Hay pocos que den sus obras á luz 
con aquella desconfianza y temor que 
debe tener todo escritor qne no esté 
poseído de vanidad... 94 



(tt.) 

Fábula LXir. El Burro del Ace) tero. 

A los que juntan muchos libios , y 
ninguno leen. • 95 

Fábula LXIII. La contianaa de los Aíos- 
quitos. 
Es igualmente injusta la preocupa- 
ción exclusiva á favor de la liteíatu- 
ra antigua , ó á favor de la moderna. 96 

Fábula LXIV. La B.ana y la Gallina. 
Al que trabaja algo, puede disimulár- 
sele que lo piegone : el que nada ha- 
ce, debe callar 99 

Fábula LXV. El Escarabajo. 

Lo delicado y ameno de las bueñas- 
letras no agrada á los que se entregan 
al estudio de una erudición pesada y 
de mal gusto., 100 

Fábula LXV I. El Kicote Erudito. 

Descubrimiento íuil para los que fun- 
dan su ciencia únicamente en saber 
muchos títulos de libros , loi 

Fábula LXVIL La Plbora y la Sangui- 
juela. 
No confundamos la buena crítica con 
la mala ro3 



(ri4) 

GÉNEROS DE METRO 

USADOS EN ESTAS FÁBULAS 



A 



lexandrinos de catorce sílabas. Fáb. X. 

2. Pareados de trece y de doce sílabas d la 

francesa. Fáb. VII. 

3. Octavas de arte ma^or. Fáb. XXXIX. 

4. Endecasílabos agudos de arte mayor. Fá- 

bula XXV. 

5. Endecasílabos jareados. Fáb. XLIV. 

6. Endecasílabos pareados esdrúxulos. Fábu- 

la XLII. 

7. Soneto. Fáb. XXXII. 

8. Tercetos. Fáb. LXV. 

9. Octavas endecasílabas. Fáb. LIII. 

10. Sextinas ó Sextas Rimas. Fáb. LXIV. 

11. Quartetos endecasílabos. Fáb. LX. 

II. Serventesios ó Quartetos endecasílabos con los 

consonantes alternados. Fáb. LXVII. 
i'i^.Siha. Fáb. II. IV. VI. IX. XII. XV. 

XVII. XIX. XXI. XXIV. XXVIII. 

XXX XXXVII. XLI.XLVI.XLVIII. 

y LV. 

14. Endecasílabos con acento en la quarta y sép" 
tima silaba , y pie quebrado. Fáb. LVI. 



1$. Romance heroyco. Fáb. XXXI. y XXXV. 

16. Endecasílabos sueltos. Fab. LVIII. 

17. Endecasílabos con quebrados de seis sílabas, 

Fáb. LXVI. 

18. Liras de seis njersos. Fáb. LT. 

19. Quartetos decasílabos. Fab. XVI. 

20. V'ersos de diez sílabas y de seis , alternados, 

con dos asonantes. Fáb. LXI. 
11. Romance en 'versos de nueve sílabas. Fá- 
bula XIV. 

22. Tercetos en versos de ocho sílabas. Fábu- 

la XVIII. 

23. Sonetillo con estrambote. Fáb. LXII. 

24. Décimas. Fáb. LIV. 

25. Octavas en versos de ocho sílabas. Fáb. L. 
2Ó. Quintillas. Fáb. XXIII. y XXIII. 

27. Redondillas. Fab. XX. y XXIX. 

28. Redondillas con los consonantes alternados. 

Fáb. III. y XXXVIII. 

29. Pareados de ocho sílabas. Fáb. XXVII. 

30. Romance Fáb. V. XXVI. XLIII. y XLV. 

3 1 . Vt'rsos de ocho sílabas y de seis , alternados, 

con dos asonantes. Fáb. XXXIV. 

32. Romance con quebrados de quatro sílabas, 

Fáb. XXXI. 

33. Endechas de siete sílabas. Fáb. I. XIII. 

y LIX. 

34. Endechas reaUs. Fáb. XLIX» 



i, ("^^) 

35. Endechas reales con consonantes. Fáb. LII. 

36. Pareados de siete sílabas. Fáb. LXllI. 

37. Seguidillas. Fáb XL. 

38. Endechas de seis sílabas , o 'versos de redon- 

dilla menor. Fab. VIII. XI. y XXXVI. 

39. Romancillo en versos de cinco sílabas. Fá- 

bula LVII. 

40. Romancillo en versos de quatro sílabas. 

Fáb. XLVIÍ. 



FÁBULAS 

EN VERSO CASTELLANO. 

TOMO I. Y II. 



FÁBULAS 

EN VERSO CASTELLANO 

PARA EL USO 
DEL REAL SEMINARIO BASCONGADO, 

POR 

D. FÉLIX MARÍA SAM ANIEGO, 

DEL NÚMERO DE LA REAL SOCIEDAD 

BASCONGADA DE LOS AMIGOS 

DEL país. 

TOMO I. 
QUINTA EDICIÓN. 



MADRID 

IMPRENTA DE D. FRANCISCO DE LA PARTE. 

AÍÍO DE 1813. 



Dúplex libeli dos est : quod risum moveí, 
Et quod fTiidenti titam consilio monet. 

Phedr. Fab. Prol. Lib. i. 



PROLOGO. 



M, 



Aichos son los sabios de diferentes 
siglos y naciones que han aspirado al re- 
nombre de Fabulistas; pero muy pocos los 
que han hecho esta carrera felizmente. 
Este conocimiento debiera haberme re- 
traido del arduo empeño de meterme á 
contar Fábulas en verso castellano. Así 
hubiera sido : pero permítame el público 
protestar con sinceridad en mi abono, que 
en esta empresa no ha tenido parte mi 
elección. Es puramente obra de mi pronta 
obediencia, debida á una persona en quien 
respeto unidas las calidades de Tio, Maes- 
tro y Xefe. 

En efecto : el Director de la Real So- 
ciedad Bascongada , mirando la educa- 
ción como á basa en que estriba la feli- 
cidad pública , emplea la mayor parte de 
su zelo patriótico en el cuidado de pro- 
porcionar á los jóvenes alumnos del Real 
Seminario Bascongado quanto conduce á 
su instrucción ; y siendo ( por decirlo así) 
el primer pasto con que se debe nutrir el 



6 PRÓLOGO. 

espíritu de los niños las máximas morales 
disfrazadas en el agradable artificio de la 
Fábula , me destinó á poner una colecciotí 
de ellas en verso castellano, con el ob- 
jeto de que recibiesen esta enseñanza , ya 
que no mamándola con la leche, según 
deseó Platón, á lo menos antes de llegar 
á estado de poder entender el latin. 

Desde luego di principio á mi obrilla. 
Apenas pillaban los Jóvenes Seminaristas 
alguno de mis primeros ensayos , quando 
los leian y estudiaban á porfía con inde- 
cible placer y facilidad ; mostrando en 
esto el deleite que les causa un cuente- 
cilio adornado con la dulzura y armonía 
poética , y libre para ellos de las espinas 
de la traducción , que tan desagradable- 
mente les punzan en los principios de su 
enseñanza. 

Aunque esta primera prueba me ase- 
gura en parte de la utilidad de mi empre- 
sa , que es la verdadera recomendación 
de un escrito , no se contenta con ella mi 
amor propio. Siguiendo éste su ambiciosa 
condición , jdesea que respectivamente lo^ 
gren mis Fábulas igual acogida que en los 
niños en los mayores , y aun si es posible 



PRÓLOGO. 7 

entre los doctos ; pero á la verdad esto 
no es tan fácil. Las espinas que dexan de 
encontrar en ellas los niños , las halla- 
rán los que no lo son en los repetidos 
defectos de la obra. Quizá no parecerán 
estos tan de marca, dando aquí una bre- 
ve noticia del método que he observado 
en la execucion de mi asunto , y de las 
razones que he tenido para seguirle. 

Después de haber repasado los pre- 
ceptos de la Fábula , formé mi pequeña 
librería de Fabulistas : examiné , compa- 
ré , y elegí para mis modelos entre todos 
ellos después de Esopo á Fedro y La- 
Fontaine : no tardé en hallar mi desen- 
gaño. El primero , mas para admirado que 
para seguido , tuve que abandonarle á los 
primeros pasos. Si la unión de la elegan- 
cia y laconismo solo está concedida á 
este Poeta en este género, ¿cómo podrá 
aspirar á ella quien escribe en lengua cas- 
tellana , y palpa los grados que á éste le 
faltan para igualar á la latina en conci- 
sión y energía ? Este conocimiento , en 
que me aseguró mas y mas la práctica, 
me obligó á separarme de Fedro. 

Empecé á aprovecharme del segundo 



B PRÓLOGO. 

( como se dexa ver en las Fábulas de la 
Cigarra y la Hormiga , el Cuervo y el 
Zorro , y alguna otra ) ; pero reconocí 
que no podia , sin ridiculizarme , trasla- 
dar á mis versos aquellas delicadas nue- 
vas gracias y sales , que tan fácil y natu- 
ralmente derrama este ingenioso Fabulis- 
ta en su narración. 

No obstante , en el estudio que hice 
de este autor , hallé no solamente que la 
mayor parte de sus argumentos son to- 
mados de Locmano , Esopo y otros de los 
antiguos , sino que no tuvo reparo en en- 
tregarse á seguir su propio carácter tan 
francamente , que me atrevo á asegurar, 
que apenas tuvo presente otro precepto 
en la narración , que la regla general que 
él mismo asienta en el Prólogo de sus Fá- 
bulas en boca de Quintiliano : por mucho 
gracejo que se dé á la narración , nunca 
será demasiado. 

Con las dificultades que toqué al se- 
guir en la formación de mi obrita á estos 
dos Fabulistas , y con el exemplo que ha- 
llé en el último, me resolví á escribir to- 
mando en cerro les argumentos de EsopOj 
entresacando tal qual de algún moderno, 

1 



PRÓLOGO. 9 

y entregándome con libertad á mi genio, 
no solo en el estilo y gusto de la narra- 
ción , sino aun en el variar rara vez al- 
gún tanto ya del argumento , ya de la 
aplicación de la moralidad , quitando, 
añadiendo , ó mudando alguna cosa , que 
sin tocar al cuerpo principal del Apólogo, 
contribuya á darle cierto ayre de nove- 
dad y gracia. 

En verdad , que según mi conciencia, 
mas de quatro veces se peca en este mé- 
todo contra los preceptos de la Fábula; 
pero esta práctica licenciosa es tan cor- 
riente entre los Fabulistas, que qualquie- 
ra que se ponga á cotejar una misma Fá- 
bula en diferentes versiones , la hallará 
tan transformada en cada una de ellas 
respecto del original , que degenerando 
por grados de una en otra versión , ven- 
drá á parecerle diferente en cada una de 
ellas. Pues si con todas estas licencias ó 
pecados contra las leyes de la Fábula ha 
habido Fabulistas que han hecho su car- 
rera hasta llegar al templo de la inmor- 
talidad ; ¿ á qué meterme yo en escrúpu- 
los que ellos no tuvieron ? 

Si en algo he empleado casi nimia- 



I o PRÓLOGO. 

mente mi atención , ha sido en hacer ver- 
sos fáciles hasta acomodarlos , según mi 
entender , á la comprehension de los mu- 
chachos. Que alguna vez parezca mi es- 
tilo no solo humilde , sino aun baxo , ma- 
lo es ; ¿ mas no sería muchísimo peor , que 
haciéndolo incomprehensible á los niños, 
ocupasen estos su memoria con inútiles 
coplas ? 

A pesar de mi desvelo en esta parte,, 
desconfio conseguir mi fin. Un autor mo- 
derno en su tratado de Educación dice: 
que en toda la colección de La-Fontaine 
no conoce sino cinco ó seis Fábulas en 
que brilla con eminencia la sencillez pue- 
ril ; y aun haciendo análisis de alguna 
de ellas , encuentra pasages desproporcio- 
nados á la inteligencia de los niños. 

Esta crítica ha sido para mí una lec- 
ción. Confesaré sinceramente que no he 
acertado á aprovecharme de ella , si en 
,mi colección no se halla mas de la mJtad 
de Fábulas, que en la claridad y sencillez 
del estilo no pueda apostárselas á la prosa 
mas trivial. Este me ha parecido el solo 
medio de acercarme al lenguage en que 
debemos enseñar á los muchachos : pero 



PROLOGO. 1 1 

¿quién tendrá bastante filosofía para acer- 
tar á ponerse en el lugar de estos , y me- 
dir así los grados á que llega la compre- 
hension de un niño ? 

En quanto al metro no guardo uni- 
formidad : no es esencial á la Fábula, co- 
mo no lo es al Epigrama y á la Lira, 
que admiten infinita variedad de metros. 
En los Apólogos hay tanta inconexión de 
uno á otro como en las Liras y Epigra- 
mas. Con la variedad de metros he procu- 
rado huir de aquel monotonismo que ador- 
mece los sentidos, y íe opone á la varia 
armonía que tanto ddeita el ánimo , y 
aviva la atención. Los jóvenes que tomen 
de memoria estos versos , adquirirán con 
la repetición de ellos alguna facilidad en 
hacerlos arreglados á hs diversas medi- 
das , á que por este nedio acostumbren 
su oido. 

Verdad es que se hdlará en mis versos 
gran copia de Endecasílabos pareados 
con la alternativa de pies quebrados , ó 
de siete sílabas ; pero me he acomodado 
á preferir su freqüenteuso al de otros me- 
tros , por la ventaja qie no tienen los de 
estancias mas largas, en las quales por 



12 PROLOGO. 

acomodar una sola voz que falte para la 
clara explicación de la sentencia, ó queda 
confuso , y como estrujado el pensamien- 
to , ó demasiadamente holgado , y lleno 
de ripio. 

En conclusión : puede perdonárseme 
bastante por haber sido el primero en la 
nación que ha abierto el paso á esta car- 
rera , en que he caminado sin guia , por 
no haber tenido ábien entrar en ella nues- 
tros célebres Poe:as castellanos. Dichoso 
yo si logro que con la ocasión de cor- 
regir mis defectoí, dediquen ciertos ge- 
nios poéticos sus tareas á cultivar este y 
otros importantes ramos de instrucción y 
provecho. Miéntris así no lo hagan , ha- 
bremos de contertarnos con leer sus exce- 
lentes Églogas , y sacar de sus dulcísimos 
versos casi tanta nelodía como de la me- 
jor música del divno Heyden , aunque tal 
vez no mayor enseñanza ni utilidad. 



13 

LIBRO PRIMERO. 

FÁBULA PRIMERA. 

EL ASNO T EL COCHINO. 

k LOS CABALLEROS ALUMNOS 

DEL REAL SEMINARIO PATRIÓTICO 
BASCGNGADO, 

\J Jóvenes amables, 
Que en vuestros tiernos años 
Al templo de Minerva 
Dirigis vuestros pasos. 
Seguid , seguid la senda 
En que marcháis, guiados 
A la luz de las ciencias 
Por Profesores sabios. 
Aunque el camino sea 
Ya difícil, ya largo, 
Lo allana y facilita 
El tiempo y el trabajo. 
Rompiendo el duro suelo 
Con la esteva agoviado 
El labrador sus bueyes 



14 FÁBULAS. 

Guia con paso tardo; 
Mas al fin llega á verse 
En medio del verano 
De doradas espigas 
Como Ceres rodeado. 
Á mayores tareas, 
A mas graves cuidados 
Es mayor y mas dulce 
El premio y el descanso. 
Tras penosas fatigas 
La labradora mano 
j Con qué gusto recoge 
Los racimos de Baco ! 
Ea , Jóvenes , ea. 
Seguid , seguid marchando 
Al templo de Minerva 
A recibir el lauro. 
Mas yo sé , Caballeros, 
Que un Joven entre tantos 
Responderá á mis voces: 
No puedo , que me canso. 
Descansa enhorabuena: 
¿Digo yo lo contrario? 
Tan lejos estoy de eso, 
' Que en estos versos trato 
De daros un asunto 
Que instruya deleitando. 



LIBRO PRIMERO. I¿ 

Los perros y los lobos , 
Los ratones y gatos. 
Las zorras y las monas, 
Los ciervos y caballos 
Os han de hablar en verso, 
Pero con juicio tanto. 
Que sus máximas sean 
Los consejos mas sanos. 
Deleitaos en ello, 
Y con este descanso 
A las senas tareas 
Volved mas alentados. 
Ea , Jóvenes, ea. 
Seguid , seguid marchando 
Al templo de Minerva 
A recibir el lauro. 
jPero qué! ¿os detiene 
El ocio y el regalo ? 
Pues escuchad á Esopo, 
Mis Jóvenes amados : 

ünvidiando la suerte del Cochino 

Un Asno maldecia su destino. 

Yo , decia , trabajo , y como paja; 

El come harina y berza , y no trabaja : 

A mí me dan de palos cada dia; 

A él le rascan , y halagan á porfía. 



16 FÁBULAS. 

Así seiamentaba de su suerte: 

Pero luego que advierte 

Que á la Pocilga alguna gente avanza 

En guisa de matanza. 

Armada de cuchillo y de caldera, 

Y que con maña fiera 

Dan al gordo Cochino fin sangriento, 

Dixo entre sí el Jumento: 

Si en esto para el ocio y los regalos^ 

Al trabajo me atengo y á los palos, 

FÁBULA 11/ 

LA CIGARRA T LA HORMIGA, 

'Chantando la Cigarra 
Pasó el Verano entero, 
Sin hacer provisiones 
Allá para el Invierno. 
Los frios la obligaron 
A guardar el silencio, 
Y á acogerse al abrigo 
De su estrecho aposento. 
Vióse desproveída 
Del preciso sustento. 
Sin mosca , sin gusano» 
Sin trigo , sin centeno. 



tiBRO PRIMERO. 17 

Habitaba la Hormiga 
Allí tabique en medio, 
Y con mil expresiones 
De atención y respeto 
La dixo : Doña Hormiga, 
Pues que en vuestros graneros 
Sobran las provisiones 
Para vuestro alimento. 
Prestad alguna cosa 
Con que viva este Invierno 
Esta triste Cigarra. 
Que alegre en otro tiempo, 
Nunca conoció el daño^ 
Nunca supo temerlo. 
No dudéis en prestarme, 
Que fielmente prometo 
Pagaros con ganancias 
Por el nombre que tengo. 
La codiciosa Hormiga 
Respondió con denuedo, 
Ocultando á la espalda 
Las llaves del granero: 
¡Yo prestar lo que gano 
Con un trabajo inmenso! 
Dime puesn holgazana, 
'¿Qué has hecho en el buen tiempo? 
Yo, dixo la Cigarra, 

B 



l8 FÁBULAS. 

A todo pasajero 
Cantaba alegremente 
Sin cesar ni un momento. 
¡Ola! ¿con que cantabas 
Quando yo andaba al remo? 
Pues ahora que yo como. 
Baila, pese á tu cuerpo. 

FÁBULA III. 

EL MUCHACHO T LA FORTUNA. 

xV la orilla de un pozo 
Sóbrela fiesca yerba 
Un incauto Mancebo 
Dormia á pierna suelta. 
Gritóle la fortuna: 
Insensato , piespierta; 
¿No ves que ahogarte puedes 
A poco que te muevas'^ 
Por ti y otros canallas 
A veces me motejan 
Los unos de inconstante, 
Y los otros de adversa. 
Reveses de fortuna 
Llamáis á las miserias: 
7 Por qué., si son reveses 
De la conducta fiecia ? 



LIBRO PRIMERO. T^. 

'FÁBULA IV. 

LA CODORNIZ, 

X resa en estrecho lazo 
La Codorniz sencilla. 
Daba quejas al ayre, 
Ya tarde arrepentida. 
¡Ay de mí miserable 
Infeliz avecilla, 
Que antes cantaba libre, 
Y ya lloro cautiva! 
Perdí mi nido amado, 
Perdí en él mis delicias; 
Al íin perdílo todo. 
Pues que perdí la vida. 
¿Por qué desgracia tanta? 
¿Por qué tanta desdicha? 
Por un grano de trigo. 
¡O cara golosina! 
\E i apetito ciego 
A quantos precipita^ 
Q,ue por lograr un nada 
Un todo sacrificanl 



£2 



FÁBULA V. 

EL ÁGUILA r EL ESCARABAJO* ^ 



Q 



_ ue me matan, favor: así clamaba 
Una Liebre infeliz, que se miraba 
En las garras de un Águila sangrienta. 
A las voces , según Esopo cuenta. 
Acudió un compasivo Escarabajo; 

Y viendo á la cuitada en tal trabajo. 
Por libertarla de tan cruda muerte. 
Lleno de horror exclama de esta suerte: 
O Reyna de las aves escogida, 

¿Por qué quitas la vida 

A este pobre animal, manso y cobarde? 

¿No sería mejor hacer alarde 

De devorar á dañadoras fieras; 

O ya que resistencia hallar no quieras, 

Cebar tus uñas y tu corbo pico 

En el frió cadáver de un borrico? 

Quando el Escarabajo así decía, 

La Águila con desprecio se reía; 

Y sin usar de mas atenta frase. 
Mata, trincha, devora, pilla, y vase. 
El pequeño animal así burlado, 
Quiere verse vengado. 



LIBRO PRIMERO. áU 

En la ocasión primera 

Vuela al nido del Águila altanera: 

Halla solos los huevos; y arrastrando. 

Uno por uno fuélos despeñando. 

Mas como nada alcanza 

A dexar satisfecha una venganza, 

Quantos huevos ponía en adelante, 

Se los hizo tortilla en el instante. 

La Reyna de las Aves sin consuelo. 

Remontando su vuelo, 

A Júpiter excelso humilde llega. 

Expone su dolor , pídele , ruega 

Remedie tanto mal. El Dios propicio. 

Por un incomparable beneficio, 

En su regazo hizo que pusiese 

El Águila sus huevos, y se fuese. 

Que á la vuelta, colmada de consuelos. 

Encontrarla hermosos sus poUuelos. 

Supo el Escarabajo el caso todo: 

Astuto é ingenioso hace de modo. 

Que una bola fabrica diestramente 

De la materia en que continuamente 

Trabajando se halla. 

Cuyo nombre se sabe aunque se calla; 

Y que según yo pienso. 

Para los Dioses no es muy buen incienso: 

Carga con ella, vuela, y atrevido 



22 FÁBULAS. 

Pone su bola en el sagrado nido. 
Júpiter que se vio con tal basura, 
Al punto sacudió su vestidura, 
Haciendo al arrojar la albondiguilla 
Con la bola y los huevos su tortilla. 
Del trágico suceso noticiosa, 
Arrepentida el Águila y llorosa, 
Aprendió esta lección á mucho precio: 
A nadie se le trate con desprecio^ 
Como al Escarabajo^ 
"Porque almas miserable^ vil y baxOy 
Para tomar venganza , si se irrita^ 
¿ Le faltará siquiera una bolita^ 

FÁBULA VI. 

EL LEÓN VENCIDO POR EL HOMBRE. 

V^ierto artífice pintó 
Una lucha , en que valiente 
Un Hombre tan solamente 
A un horrible León venció. 
Otro León que el quadro vio. 
Sin preguntar por su autor. 
En tono despreciador 
Dixo: bien se dexa ver 
Que es pintar como querer, 
Y no fué León el pintor. 



LIBRO PRIMERO. 23 

FÁBULA VII. 

LA ZORRA T EL BUSTO, 

JJixo la Zorra at Busto, 

Después de olerlo: 

Tu cabeza es hermosa^ 

Pero sin seso. 

Como este kny muchos^ 

Que aunque parecen Hombres:, 

Solo son Bustos^ 

FÁBULA VIIL 

EL RATÓN DE LA CORTE T EL DEL CAMPO. 

U n Ratón cortesano 

Convidó con un modo muy urbano 

A un Ratón campesino. 

Dióle gordo tocino. 

Queso fresco de Holanda; 

Y una despensa llena de vianda 

Era su alojamiento; 

Pues no pudiera haber un aposento 

Tan magníficamente preparado, 

Aunque fuese en Ratópolis buscado 

Con el mayor esmero, 



24 FÁBULAS. 

Para alojar á Roepan primero» 

Sus sentidos allí se recreaban: 

Las paredes y techos adornaban. 

Entre mil ratonescas golosinas. 

Salchichones, pemiles y cecinas. 

Saltaban de placer , ¡ó qué embeleso! 

De pernil en pernil , de queso en queso. 

En esta situación tan lisonjera 

Llega la Despensera, 

Oyen el ruido , corren , se agazapan. 

Pierden el tino , mas al fin se escapan 

Atropelladamente 

Por cierto pasadizo abierto á diente. 

¡Esto tenemos! dixo el campesino, 

Reniego yo del queso , del tocino, 

Y de quien busca gustos 

Entre ]os sobresaltos y los sustos. 
Volvióse á su campaña en el instante, 

Y estimó mucho mas de allí adelante. 
Sin zozobra , temor , ni pesadumbres, 
Su casita de tierra y sus legumbres. 

FÁBULA IX. 

ÉL HERRERO T EL PERRO» 

kJ n Herrero tenía 
Un ^'erro que no hacia 



LIBRO PRIMERO. 2$ 

Sino comer , dormir , y estarse echado: 
De la casa jamas tuvo cuidado; 
Levantábase solo á mesa puesta: 
Entonces con gran fiesta 
Al dueño se acercaba, 
Con perrunas caricias lo halagaba. 
Mostrando de carino mil excesos 
Por pillar las piltrafas y los huesos. 
He llegado á notar , le dixo el Amo, 
Que aunque nunca te llamo 
A la mesa te llegas prontamente; 
En la fragua jamas te vi presente: 

Y yo me maravillo 

De que no dispertándote el martillo, 
Te desveles al ruido de mis dientes. 
Anda , anda , poltrón ; no es bien que cuentes 
Que el Amo , hecho un gañan , y sin reposo, 
Te mantiene á lo conde muy ocioso. 
El Perro le responde: 
i Qué mas tiene que yo qualquiera Conde ? 
Para no trabajar debo al destino 
Haber nacido Perro , y no Pollino. 
Pues, señor Conde , fuera de mi casa, 
Verás en las demás lo que te pasa. 
En efecto salió á probar fortuna, 

Y las casas anduvo de una en una: 
Allí le hacen servir de centinela. 



26 FÁBULAS. 

Y que pase la noche toda en vela; 
Acá de lazarillo y de danzante. 
Allá dentro de un torno á cada instante 
Asa la carne que comer no espera. 
Al cabo conoció de esta manera. 
Que el destino, y no es cuento, 
A todos nos cargó como ai Jumento. 

FÁBULA X. 

LA ZORRA T LA CIGÜEÑA. 

Una Zorra se empeña 
En dar una comida á la Cigüeña. 
La convidó con tales expresiones, 
Qne anunciaban sin duda provisiones 
De lo mas excelente y exquisito. 
Acepta alegre, va con apetito: 
Pero encontró, en la mesa solamente 
Gigote claro sobre chata fuente. 
En vano á la comida picoteaba. 
Pues era para el guiso que miraba 
Inútil tenedor su largo pico. 
J.a Zorra con la lengua y el hocico 
Limpió tan bien su fuente , que pudiera 
Servir -de Fregatriz si á Holanda fuera. 
Mas de allí á poco tiempo convidada 



LIBRO PRIMERO. 27 

De la Cigüeña halla preparada 
Una redoma de gigote llena: 
Allí fué su aflicción , allí su pena. 
El hocico goloso al punto asoma 
Al cuello de la hidrópica redoma; 
Mas en vano, pues era tan estrecho, 
Qual si por la Cigiiefía fuese hecho. 
Envidiosa de ver que á conveniencia 
Chupaba la del pico á su presencia, 
Vuelve, tienta, discurre. 
Huele , se desatina , en fin , se aburre. 
Marchó rabo entre piernas tan corrida, 
Que ni aun tuvo siquiera la salida 
De decir : están verdes , como antaño. 
También hay para picaros engaño, 

FÁBULA XI. 

LAS MOSCAS, 

J\ un panal de rica miel 
Dos mil Moscas acudieron. 
Que por golosas murieron 
Presas de patas en él. 
Otras dentro de un pastel 
Enterró su golosina. 
Así ^ si bien se exami?ja, 



58 FÁBULAS. 

Los humanos corazones 
Perecen en las prisiones 
Del vicio que los domina, 

FÁBULA XII. 

EL LEOPARDO T LAS MONAS, 

O á pares, á docenas encontraba 
Las Monas en Tetuan quando cazaba 
Un Leopardo : apenas lo veian, 
A los árboles todas se subían. 
Quedando del contrario tan seguras. 
Que pudiera decir : no están maduras. 
El Cazador astuto se hace el muerto 
Tan vivamente, que parece cierto: 
Hasta las viejas Monas, 
Alegres en el caso y juguetonas. 
Empiezan á saltar : la mas osada 
Baxa , arrímase al muerto de callada; 
Mira , huele , y aun tienta, 
Y grita muy contenta: 
Llegad, que muerto está de todo punto, 
Tanto que empieza á oler el tal difunto. 
Baxan todas con bulla y algazara: 
Ya le tocan la cara. 
Ya le saltan encima , 



LIBRO PRIMERO. 29 

Aquella se le arrima, 

Y haciendo mimos á su lado queda; 
Otra se finge muerta , y lo remeda. 
Mas luego que las siente fatigadas 

De correr , de saltar y hacer monadas, 
Levántase ligero; 

Y mas que nunca fiero. 

Pilla , mata , devora , de manera 
Que parecía la sangrienta fiera. 
Cubriendo con los muertos la campaña, 
Al Cid matando moros en España. 
Es el peor enemigo el que aparenta 
No poder causar daño ; porque intenta^ 
Inspirando confianza^ 
Asegurar su golpe de venganza^ 

FÁBULA XIIL 

EL CIERVO EN LA FUENTE, 

U n Ciervo se miraba 
En una hermosa cristalina fuente: 
Placentero admiraba 
Los enramados cuernos de su frente: 
Pero al ver sus delgadas largas piernas, 
Al alto cielo daba quejas tiernas. 
; O Dioses ! ¿ á qué intento 



30 FÁBULAS. 

A esta fábrica hermosa de cabeza 
Construís su cimiento, 
Sin guardar proporción en la belleza ? 
¡O qué pesar ! ¡ ó qué dolor profundo 
No haber gloria cumplida en este mundo i 

Hablando de esta suerte 
El Ciervo , vio venir á un Lebrel fiero. 
Por evitar su muerte 
Parte al espeso bosque muy ligero; 
Pero el cuerno retarda su salida 
Con una y otra rama entretexida. 

Mas libre del apuro 
A duras penas , dixo con espanto: 
Si me veo seguro. 

Pese á mis cuernos , fué por correr tanto. 
Lleve el diablo lo hermoso de mis cuernos, 
Haga mis feos pies el cielo eternos. 

y^s/ freqüentemente 
"El hombre se deslumhra con lo hermoso : 
EU,s,e lo aparente^ 
abrazando tal vez lo mas dañoso-^ 
Pero escarmiente ahora en tal cabeza. 
El útil bien es la mejor belleza. 



LIBRO PRIMERO. 3 1 

FÁBULA XIV. 

£L LEÓN T LA ZORRA, 



u. 



n León , en otro tiempo poderoso. 
Ya viejo y achacoso. 
En vano perseguía hambriento y fiero 
Al mamón Becerrillo y al Cordero, 
Que trepando por la áspera montaña, 
Huian libremente de su saña. 
Afligido del hambre á par de muerte, 
Discurrió su remedio de esta suerte: 
Hace correr la voz de que se hallaba 
Enfermo en su palacio , y deseaba 
Ser de los animales visitado. 
Acudieron algunos de contado; 
Mas como el grave mal que lo postraba 
Era una hambre voraz , tan solo usaba 
La receta exquisita 
De engullirse al Monsicur de la visita. 
Acércase la Zorra de callada, 
Y á la puerta asomada. 
Atisba muy de espacio 
La entrada de aquel cóncavo palacio. 
El León la divisó , y en el momento 
La dice : ven acá , pues que me siento 



32 FÁBULAS. 

En el último instante de mi vidaí 
Visítame como otros , mi querida. 
¿ Como otros ? ¡ ah Señor ! he conocida 
Que entraron sí , pero que no han salido. 
Mirad , mirad la huella. 
Bien claro lo dice ella; 

Y no es bien el entrar do no se sale. 
La ■prudente cautela mucho vale. 

FÁBULA XV. 

ZA CIERVA r EL CERVATO* 

xV una Cierva decía 

Su tierno Cervatillo: madre mía, 

¡ Es posible que un perro solamente 

Al bosque te haga huir cobardemente. 

Siendo é) mucho menor , menos pujante ! 

¿ Por qué no has de ser tú mas arrogante ? 

Todo es cierto , hijo mió; 

Y quando así lo pienso , desafio 

A mis solas á veinte perros juntos: 
Figuróme luchando , y que difuntos 
Dexo á los unos : que otros falleciendo, 
Pisándose las tripas , van huyendo 
En vano de la muerte, 

Y á todos venzo de gallarda suerte. 



LIBRO PRIMERO. 33 

Mas si embebida en este pensamiento 

A un perro ladrar siento, 

Escapo mas ligera que un venablo^ 

Y mi victoria se la lleva el diablo. 
A quien no sea de ánimo esforzado 
No armarlo de soldado'^ 

Pues por mas que al mirarse la armadura^ 
Piense en tiempo de paz que su bravura 
Herirá^ matará quanto acometa^ 
En oyendo en campaña la trompeta^ 
Hará lo que la Corza de la historia^ 
Mas que el diablo se lleve la victoria, 

FÁBULA XVI. 

EL LABÁADOR T LA CIC-UENA, 

Un Labrador miraba 
Con duelo su sembrado, 
Porque Gansos y Grullas 
De su trigo solian hacer pasto. 
Armó sin mas tardanza 
Diestramente sus lazos^ 

Y cayeron en ellos 

La Cigüeña , las Grullas y los Gansos. 
Señor rústico , dixo 
La Cigüeña temblando, 

c 



34 FÁBULAS. 

Quíteme las prisiones, 

Pues no merezco pena de culpados. 

La Diosa Ceres sabe. 

Que lejos de hacer daño, 

Limpio de Sabandijas, 

De Culebras y Vívoras los campos. 

Nada me satisface, 

Respondió el Hombre airado: 

Te hallé con delinqiientes. 

Con ellos morirás entre mis manos. 

La inocente Cigüeña 

Tuvo el fin desgraciado 

Ojie pueden prometerse 

Los buenos que se juntan con los malos. 

FÁBULA XVIL 

LA SERPIENTE T LA LIMA. 

ün casa de un cerragero 

Entró la Serpiente un día, 

Y la insensata mordia 

En una Lima de acero. 

" Díxole la Lima : el mal. 

Necia, será para ti. 

pCómo has de hacer mella en mí, 

Que hago polvos el metal ? 



LIBPvO PRIMERO. 35 

Quien pretende sin razón 
Al mas fuerte derribar^ 
No consigue sino dar 
Cocé^ corít'ra el aguijan, 

FÁBULA XVIII. 



í y- 

EL' CALVO T LA MOSCA» 



1 icaba impertinente 

En la espaciosa calva de un Anciano 

Una Mosca insolente. 

Quiso matarla: levantóla mano, 

Tiró un cachete , pero fuese salva, 

Hiriendo el golpe la redonda calva. 

Con risa desmedida 
La Mosca prorumpióí Calvo maldito. 
Si quitarme la vida 
Intentaste por un leve delito, 
7 A qué pena condenas á tu brazo. 
Bárbaro executor de tal porrazo'^ 

Al que obra con malicia. 
Le respondió el Varón prudentemente. 
Rigurosa justicia 
Debe dar el castigo conveniente, 
Y es bien exercitarse la clemencia 
En el que peca por inadvertencia. 

C2 



36 íAbulas, 

Sabe , Mosca villapa, 
Que coteja el agravio recibido 
La condición humana 
Según la mano de donde ha venido: , 
Que el grado de la ofensa á tanto asciende^ 
Quanto sea mas vil aquel que ofende. 

FÁBULA XIX. 

LOS DOS AMIGOS T EL OSOk 

j\ dos amigos se aparece un Oso: 

El uno muy medroso. 

En las ramas de un árbol se asegura: 

El otro abandonado á la ¿ventura, 

Se finge muerto repentinamente. 

El Oso se le acerca lentamente; 

Mas como este animal , según se cuenta, 

De cadáveres nunca se alimenta. 

Sin ofenderlo lo registra y toca, 

Muélele las narices y la boca; 

No le siente el aliento 

Ni el menor movimiento; 

Y así se fué diciendo sin recelo: 

Este tan muerto está como mi abuelo. 

ILctónces el cobarde, 

De su grande amistad haciendo alarde, 



LIBRO PRIMERO. 37 

Del árbol se desprende muy ligero. 
Corre, llega, y abraza al compañero: 
Pondera la fortuna 
De haberlo hallado sin lesión alguna; 

Y al fin le dice: sepas que he notado 
Que el Oso te decia algún recado. 
¿Qué pudo ser? Diréte lo que ha sido: 
Estas dos palabritas al oido: 
Aparta tu amistad de la persona. 

Que sí te ve en el riesgo , te abandona» 

FÁBULA XX. 

LA ÁGUILA, LA GATA T LA f AV ALINA* 

U na Águila anidó sobre una encina: 
Al pie criaba cierta Javalina; 

Y era un hueco del tronco corpulento 
De una Gata y sus crias aposento. 
Esta gran Marrullera 

Sube al nido del Águila altanera, 

Y con fingidas lágrimas la dice: 

j Ay mísera de mí! ¡ Ay infelice! 
Este sí que es trabajo: 
La vecina que habita el quarto baxo, 
Como tú misma ves , el dia pasa 
Hozando los cimientos de la casa: 



3^ FÁBULAS. 

La arruinará ; y en viendo la traidora 
Por tierra á nuestros hijos, los devora. 
Después que dexó el Águila asustada, 
A la cueva se baxa de callada, 

Y dice á la Cerdosa: buena amiga. 
Has de saber que la Águila enemiga, 
Quando saques tus crias hacia el monte. 
Las ha de devorar; así disponte. 

La Gata aparentando que temia. 

Se retiró á su quarto, y no salia 

Sino de noche , que con mana astuta 

Abastecia su pequeña gruta. 

La Javalina con tan triste nueva 

No salió de su cueva,, . - 

La Águila en el ramage temerosa, 

Haciendo centinela no reposa. 

En fin, á ambas familias la hambre mata, 

Y de ellas hizo víveres la Gata. 
Jóvenes , ojo alerta , gran cuidado^ 
Que un chismoso en amigo disfrazado^ 
Con capa de amistad cubre sus trazas^ 
T así causan el mal sus añagazas» 



LIBRO segundo/ 

FÁBULA PRIMERA. 

EL LEÓN CON SU EATERCITO, 

A DON XAVIER MARÍA DE MUNIVE 
É IDIAQUEZ, 

CONDE DE PEÑAFLORIDA , DIRECTOR PER- 
PETUO DE LA REAL SOCIEDAD BASCONGADA 
DE LOS AMIGOS DEL PAÍS. 

JVl ién tras que con la espada en mar y tierra 

Los ilustres varones 

Engrandecen su faina por la guerra 

Sojuzgando naciones. 

Tú, Conde , con la pluma y el arado 

Ya enriqueces la patria, ya la instruyes; 

Y haciendo venturosos , has ganado 

El bien que buscas., y el laurel que huyes. 

Con darte todo al bien de IpsJiumanos 

No contento tu zelo, - . -H '"i f 

Supo ynir á los' nobles ciudadanos 

Para felicidad del patrio suelo. 

La Hormiga codiciosa - 



4© FÁBULAS. 

Trabaja en sociedad fructuosamente; 

Y la Abeja oficiosa 

Labra siempre ayudada de su gente. 

Así unes á los hombres laboriosos, 

Para hacer sus trabajos mas fructuosos. 

Aquel viaja observando 

Por las naciones cultas: 

Este con experiencias va mostrando 

Las útiles verdades mas ocultas. 

Qual cultiva los campos, -qual las ciencias; 

Y de diversos modos. 

Juntando estudios , viages y experiencias. 
Resulta el bien en que trabajan todos. 
¡En qué trabajan todos! ya lo dixe. 
Por mas que yo también sea contado. 
El sabio Presidente que nos rige. 
Tiene aun á el mas inútil ocupado. 
Darme, Conde , querias un destino 
Al contemplarme ocioso é ignorante: 
Era difícil ; mas al fin tu. tino 
Encontró un genio en mí versificante. 
A Fedro y La-Fontaine por modelos 
Me pusiste á la vista, 

Y hallaron tus desvelos 

Que pudiera ensayarme á Fabulista. 

Y pues viene al intento, 
Pasemos al ensayo: va de cuento. 



LIBRO SEGUNDO. 4^^ 

JcLl León , Rey de los bosques poderoso. 
Quiso armar un exército famoso. 
Juntó sus animales al instante: 
Empezó por cargar al Elefante 
Un castillo con útiles , y encima 
Rabiosos Lobos que pusiesen grima. 
AI Oso lo encargó de los asaltos: 
Al Mono con sus gestos y sus saltos 
Mandó que al enemigo entretuviese: 
A la Zorra que diese 
Ingeniosos ardides al intento. 
Uno gritó : la Liebre y el Jumento, 
Este por tardo , aquella por medrosa. 
De estorbo servirán, no de otra cosa. 
¿De estorbo? dixo el Rey, yo no lo creo: 
En la Liebre tendremos un correo, 
Y en el Asno mis tropas un trompeta. 
Así quedó fe armada bien completa. 
Tu retrato es el Leo-a ^ Conde prudente: 
T si á tu imitación , según deseo. 
Examinan ¡os Xefes á su gente, 
A todos has de dar útil empleo. 
7 Por qué no lo han de hacer ?• ¿ habrá cucaña 
Como no hallar ociosos en España ? 



42 FÁBULAS. 

FÁBULA II. 



LA LECHERA, 



L 



rlevaba en la cabeza 
Una Lechera el cántaro al mercado 
Con aquella presteza. 
Aquel ayre sencillo, aquel agrado. 
Que va diciendo á todo el que lo advierte: 
; Yo sí que estoy contenta con mi suerte! 

Porque no apetecía 
Mas compañía que su pensamiento, 
Que alegre la ofrecía 
Inocentes ideas de contento: 
Marchaba sola la feliz Lechera, 

Y decia entre sí de esta manera: 

Esta leche vendida, 
En limpio me dará tanto dinero; 

Y con esta partida 

Un canasto de huevos comprar quiero, 
Para sacar cien pollos, que al Estío 
Me rodeen cantando el pió , pío. 

Del importe logrado 
De tanto pollo , mercaré un cochino; 
Con bellota , salvado. 
Berza , castaña engordará sin tino, 



LIBRO SEGUNDO. 43 

Tanto que puede ser que yo consiga 
Ver como se le arrastra la barriga. 

Llevarélo al mercado. 
Sacaré de él sin duda buen dinero: 
Compraré de contado 
Una robusta vaca, y un ternero 
Que salte y corra toda la campana 
Hasta el monte cercano á la cabana. 

Con este pensamiento 
Enagenada brinca de manera, 
Que á su salto violento 
E] cántaro cayó. ¡Pobre Lechera! 
¡Qué compasión! A Dios leche, dinero. 
Huevos, pollos, lechon, vaca y ternero, 

¡ O loca fantasía. 
Qué palacios fabricas en el viento! 
Modera tu alegría. 
No sea que saltando de contento, 
Al contemplar dichosa tu mudanza, 
Quiebre su cantarillo la esperanza. 

No seas ambiciosa 
De mejor ó mas próspera fortuna, 
Que vivirás ansiosa. 
Sin que pueda saciarte cosa alguna. 
No anheles iñipaciente el bien futuro^ 
Mira que ni el presente está seguro. 



44 FÁBULAS. 

FÁBULA. III. 

EL ASNO SESUDO. 

v^ierto Burro pacía 

En la fresca y hermosa pradería 

Con tanta paz como si aquella tierra 

No fuese entonces teatro de la guerra. 

Su Dueño , que con miedo lo guardaba, 

De centinela en la rivera estaba: 

Divisa al Enemigo en la llanura; 

Baxa , y al buen Borrico le conjura 

Que huya precipitado. 

El Asno muy sesudo y reposado 

Empieza á andar á paso perezoso. 

Impaciente su Dueño y temeroso 

Con el marcial ruido 

De bélicas trompetas al oido. 

Le exhorta con fervor á la carrera. 

¡Yo correr! dixo el Asno , bueno fuera; 

Que llegue enhorabuena Marte fiero: 

Me rindo, y él me lleva prisionero. 

¿Servir aquí ó allí no es todo uno? 

¿Me pondrán dos albardas? no, ningung. 

Pues nada pierdo , nada me acobarda. 

Siempre seré un esclavo con albarda. 



LIBRO SEGUNDO. 4S 

No estuvo mas en sí , ni mas entero 

Que el buen Pollino Amidas el barquero, 

Quando en su humilde choza le despierta 

César con sus soldados á la puerta. 

Para que á la Calabria los guiase. 

¿Se podría encontrar quien no temblase 

Entre los poderosos 

De insultos militares horrorosos 

Déla guerra enemiga? 

No hay sino la pobreza que consiga 

Esta gran exención: de aquí le viene, 

Nada teme perder quien nada tiene* 

FÁBULA IV. 

EL ZAGAL T LAS OVEJAS, 

Apacentando un Joven su ganado. 
Gritó desde la cima de un collado: 
Favor, que viene el Lobo , Labradores, 
Estos , abandonando sus labores. 
Acuden prontamente, 
Y hallan que es una chanza solamente. 
Vuelve á clamar, y temen la desgracia: 
Segunda vez los burla: ¡linda gracia! 
pPero qué sucedió la vez tercera? 
Que vino en realidad la hambrienta fiera: 



4^ FÁBULAS. 

Entonces el Zagal se desp^añita; 

Y por mas que patea , llora y grita. 
No se mueve la gente escarmentada, 

Y el Lobo le devora la manada. 

j Quántas veces resulta de un enxraño 
Contra el engañador el mayor daño ! 

FÁBULA V. 

LA ÁGUILA , LA CORNEJA T LA TORTUGA. 

J\ una Tortuga una Águila arrebata: 
La ladrona se apura y desbarata 
Por hacerla pedazos, 
Ya que no con la garra , á picotazos. 
Viéndola una Corneja en tal faena. 
La dice: en vano tomas tanta pena: 
¿No ves que es la Tortuga, cuya casa 
Diente , cuerno ni pico la traspasa; 

Y si siente que llaman á su puerta. 
Se finge la dormida , sorda ó muerta? 
¿Pues qué he de hacer? Remontarás tu vuelo; 

Y en mirándote allá cerca del cielo. 
La dexarás caer sobre un peñasco, 

Y se hará una tortilla el duro casco. 
La Águila , porque diestra lo executa, 

Y la Corneja astuta, 



LIBRO SEGUNDO. 4^ 

Por autora de aquella maravilla, 

Juntamente comieron la tortilla. 

i .6"^ podrá resistirse á un poderoso 

Guiado de un consejo malicioso'^ 

De estos tales se aparta el que es prudente'^ 

T así por escaparse de esta ^ente^ 

Las descendiefites de la tal Tortuga 

A cuevas ignoradas hacen fuga. ■ 

FÁBULA VI. 

EL LOBO r LA CIGÜEÑA. 

Oin duda alguna que se hubiera ahogado 

Un Lobo con un hueso atragantado, 

Si á la sazón no pasa una Cigüeña. 

El paciente la ve , háceia seña; 

Llega, y executiva 

Con su pico , xeringa primitiva 

Qual diestro Cirujano, 

Hizo la operación , y quedó sano; 

Su salario pedia; 

Pero el liígfato Lobo respondia: 

?,Tu salario? ¿pues qué mas recompensa 

Que el no haberte causado leve ofensa, 

Y dexarte vivir para que cuentes 

Que pusiste tu vida entre mis diejites^^ 



48 FÁBULAS^ 

Marchó por evitar una desdicha^ 
Sin decir tus ni mus la susodiciía. 
Haz bien , dice el proverbio castellano, 
Tno sepas á quien; pero es muy llano 
Que no tiene razón ni por asomo: 
Es menester saber á quien y como. 
El exemplo siguiente 
Nos hará esta verdad mas evidente. 

FÁBULA VII. 

EL HOMBRE T LA CULEBRA, 

jl\ una culebra ., que de frió yerta 
En el suelo yacía medio muerta. 
Un Labrador cogió; mas fué tan bueno, 
Que incautamente la abrigó en su seno. 
Apenas revivió , quando la ingrata 
A su gran bienhechor traidora mata. 

FÁBULA Vin. 

EL PÁJTARO HERIDO DE UNA FLECHA. 

u. 



n Páxaro inocente 
Herido de una flecha 
Guarnecida de acero, 



tiBRO SEGUNDO. 49 

Y de plumas ligeras, 
Decia en su lenguage 
Con amargas querellas: 
j O crueles humanos , 
Mas crueles que fieras ! 
Con nuestras propias alas, 
Que la naturaleza 

Nos dio , sin otras armas 
Para propia defensa. 
Forjáis el instrumento 
De la desdicha nuestra. 
Haciendo que inocentes 
Prestemos la materia. 
Pero no , no es exfraiio 
Que así bárbaros sean 
Aquellos que en su ruina 
Trabajan , y .no cesan. 
Los unos y otros , fraguan 
Armas para la guerra : 

Y es dar contra sus vidas /j.^^ ¿^ , 
Plumas para las flechas. ..,,,,. 



50^ Cabulas. 

FÁBULA IX. 

EL PESCADOR T EL PEZ, 

Xvecoge un Pescador su red tendida; 

Y saca un pececillo. Por tu vida. 

Exclamó el inocente prisionero. 

Dame la libertad : solo la quiero. 

Mira que no te engaño, 

Porque ahora soy ruin : dentro de un año 

Sin duda lograrás el gran consuelo 

De pescarme mas grande que mi abuelo. 

¡ Qué ¡ ¿ te burlas ? ¿ te ríes de tni llanto ? 

Solo por otro tanto 

A un hermanito mió 

Un Señor Pescador Id tiró al rio. 

p Por otro tanto ai rio ? [ qué manía ! 

Replicó el Pescador ; i pues no sabia 

Que el refrán castellano 

Dice ; mas vale páxaro en la mano..,^ 

A sartén te condeno, que mi panza 

No se llena jamas con la esperanza. 



Libro SEGUNDO. S^ 

FÁBULA X. 

EL GORRIÓN T LA LIEBRE. 

Un maldito Gorrión así decía . 

A una Liebre que un Águila oprimía: 

¿ No eres tú tan ligera , 

Que si el Perro te sigue en la carrera , 

Lo acarician y alaban como al cabo 

Acerque sus narices á tu rabo? 

Pues empieza á correr : ¿ qué te detiene? 

De este modo la insulta , qüando viene 

El diestro Gabilan , y lo arrebata. 

El preso chilla, el prendedor lo mata; 

Y la Liebre exclamó : bien merecido. 

¿ Quién te mandó insultar al añigido ? 

¿ Y á mas , á mas meterte á consejero, 

No sabiendo mirar por ti primero? 

FÁBULA Xí. 

JÚPITER T LA TORTUGA, 



A 



las bodas de Júpiter estaban 
Todos los animales convidados: 
Unos y otros llegaban 
A la fiesta nupcial apresurados. 

D 2 



52 FÁBULAS. 

No faltaba á tan grande concurrencia 
Ni aun la reptil y raas lejana Oruga, 
Quando llega muy tarde y con paciencia 
A paso perezoso la Tortuga. 
Su tardanza reprehende el Dios airado; 
Y ella le respondió sencillamente: 
Si es mí casita mi retiro arriado, 
¿Cómo podré dexarla prontamente? 
Por tal disculpa Júpiter Tonante, 
Olvidando el indulto de las fiestas. 
La ley del Caracol la echó al instante, 
Que es andar con la casa siempre acuestas. 
Gentes machuchas hay que hacen alarde 
De que aman su retiro con exceso ; 
Pero á su obligación acuden tarde: 
yiven como el ratón dentro del queso» 

FÁBULA XIL 

EL CHARLATÁN, 

&i qualquiera de Ustedes 

Se da por las paredes, a 

O arroja de un tejado, 

Y queda á buen librar descostillado. 

Yo me reiré muy bien : importa un pito. 

Como tenga mi bálsamo exquisitp* 



Ll^RO SEGUNDO. 53 

Con esta relación -un Chacharero 

Gana mucha opinión , y mas dinero; 

Pues el vulgo pendiente de sus labios, i 

Mas quiere á un Charlatán 

Que á veinte Sabios. 

Por esta conveniencia 

Los hay el dia de hoy en toda ciencia. 

Que ocupan igualmente acreditados, 

Cátedras , academias y tablados. 

Prueba de esta verdad será un famoso 

Doctor en eloqüencia , tan copioso i 

En charlatanería. 

Que ofreció enseñaria 

A hablar discreto con fecundo pico 

En diez años de término á un Borrico. 

Sábelo el Rey , lo llama , y al momento 

Le manda dé lecciones á un Jumento: 

Pero bien entendido. 

Que sería , cumpliendo lo ofrecido. 

Ricamente premiado; v 

Mas quando no , que moriría ahorcado. 

El 'Doctor asegura nuevamente 

Sacar un Orador Asno eloqüente. 

Pícele callandito un Cortesano: 

Escuche, buen hermano. 

Su frescura me espanta: 

A cáñamo me huele su garganta. 



54 "FÁBULAS, 

No temáis , Señor mió ^ 
Respondió el Charlatán , pues yo me río, 
jEn diez años de plazo que tenemos. 
El Rey , el Asno ó yo no moriremos ? 

Nadie encuentra embarazo 

En dar un largo plazo 

A importantes negocios ; mas no advierte 

Que ajusta mal su cuenta sin la muerte, 

FÁBULA XIII. 

EL MILANO r LAS PALOMAS, 

J\ las tristes Palomas un Milano, 

Sin poderlas pillar, seguía en vano; 

Mas él á todas horas 

Servia de Lacayo á estas Señoras. 

Un dia , en fin , hambriento é ingenioso. 

Asilas dice: ¿amáis vuestro reposo, 

Vuestra seguridad y conveniencia ? 

Pues creedme en mi conciencia: 

En lugar de ser yo vuestro enemigo, 

Desde ahora me obligo, 

Si la banda por Rey me aclama luego, 

A tenerla en sosiego. 

Sin que de garra ó pico tema agravio; 

Pues tocante á la paz seré un Octavio. 



LIBRO SEGUNDO. ¿5 

Las sencillas Palomas consintieron: 
Aclámanlo por Rey : viva , dixeron , 
Nuestro Rey el Milano. 
Sin esperar á mas este tirano, 
Sobre im vasallo mísero se planta: 
Déxalo con el viva en la garganta; 
Y continuando así sus tiranías. 
Acabó con el reino en quatro dias. 
Quien al poder se acoja de un malvado y 
Será en vez de feliz un desdichado» 

FÁBULA XIV. 

LAS DOS RANAS* 

X enian dos Ranas 
Sus pastos vecinos: 
Una en un estanque. 
Otra en un camino. 
Cierto dia á esta 
Aquella le dixo; 
j Es creíble , amiga. 
De tu mucho juicio, 
Que vivas contenta 
Entre los peligros 
Donde, te amenazan, 
Al paso preciso, 



S6 FÁBULAS. 

Los pies y las ruedas, 
Riesgos infinitos ! 
Dexa tal vivienda: 
Muda de destino: 
Sigue mi dictamen , 

Y vente conmigo. 
En tono de mofa. 
Haciendo mil mimos. 
Respondió á su amiga: 
¡ Excelente aviso ! 

¡ A mí novedades ! 
Vaya , ¡ qué delirio ! 
Eso sí que fuera 
Darme el diablo ruido. 
¡ Yo dexar la casa 
Que fué domicilio 
De padres , abuelos, 

Y todos los mios, 
Sin que haya memoria 
De haber sucedido 
La menor desgracia 
Desde luengos siglos ! 
Allá te compongas: 
Mas ten entendido. 
Que tal vez sucede 
Lo que no se ha visto. 
Llegó una carreta 



LIBRO SEGUNDO. '57 

A este tiempo mismo, 
.'Y á la triste Rana 
Tortilla la hizo. 

Por hombres de seso 
Muchos hay tenidos^ 
Que á nuevas razones 
Cierran los oídos* 
Recibir consejos 
Es un desvario: 
La rancia cost-umbre 
Suele ser su libros 

FÁBULA XV. 

. , r'-r-jBZ PARTO DE LOS MONTES, 

V>on varios ademanes horrorosos 
Los Montes de parir dieron señales : 
Consintieron los hombres temerosos 
Ver nacer los abortos mas fatales. 
Después que con bramidos espantosos 
Infundieron pavor á los mortales. 
Estos Montes , que al mundo estremecieron, 
Un Ratoncillo fué lo que parieron. 
Hay autores ^ que- ett voces misteriosas^ 
Estilo fanfarrón y campanudo , 
Nos anuncian ideas -portentosas:, 



¿8 FÁBULAS. 

Pero suele á menudo 

Ser el gran parto de su pensamiento y 

Después de tanto ruido , solo viento, 

FÁBULA XVL 

LAS RANAS PIDIENDO RET» 

í^in Rey vivía libre , independente 
El pueblo de las Ranas felizmente. 
La amable libertad solo reinaba 
En la inmensa laguna que habitaba; 
Mas las Ranas al fin un Rey quisieron: 
A Júpiter excelso lo pidieron. 
Conoce el Dios la súplica importuna, 

Y arroja un Rey de palo á la laguna: 
Debió de ser sin duda buen pedazo. 
Pues dio su Magestad tan gran porrazo. 
Que el ruido atemoriza al reino todo: 
Cada qual se zambulle en agua ó lodo; 

Y quedan en silencio tan profundo, 
Qual si no hubiese Ranas en el mundo. 
Una de ellas asoma la cabeza, 

Y viendo á la Real pieza. 

Publica que el Monarca es un zoquete. 
Congrégase la turba, y por juguete 
Lo desprecian , lo ensucian con el cieno, 



LIBRO SEGUNDO. 59 

Y piden otro Rey , que aquel no es bueno. 
El Padre de los: Dioses irritado, 

Envia un Culebrón , que á diente airado 
Muerde, traga , castiga, 

Y á la mísera Grey al punto obliga 
A recurrir al Dios humildemente. 
Padeced, les responde, eternamente. 
Que así castigo á aquel que no examina 
Si su solicitud será su ruina. 

FÁBULA XVH. 

EL ASNO T EL CABALLO. 

\ Ah ! ¡ quién fuese Caballo ! 
Un Asno melancólico decia: 
Entonces sí que nadie me veria 
Flaco , triste y fatal como me hallo. 

Tal vez un Caballero 
Me mantendría ocioso y bien comido; 
Dándose su Merced por muy servido 
Con corbetas y saltos de carnero. 
Trátanme ahora como vil y baxo: 
De risa sirve mi contraria suerte: 
Quien me apalea mas , mas se divierte; 

Y menos como , quando mas trabajo. 

No es posible encontrar sobre la tierra 



6o FÁBULAS. 

Infeltz como yo. Tal se juzgaba, 
Quando al Caballo ve como pasaba 
Con su ginete y armas á la guerra. 

Entonces conoció su desatino; 
Rióse de corbetas y regalos , 
Y dixo : que trabaje , y lluevan palos, 
No me saquen los Dioses de Pollino. 

FÁBULA XVIII. 

EL CORDERO T EL LOBO. 

Uno de los Corderos mamantones, 
Que para los glotones 
Se crian, sin salir jamas al prado 
Estando en la cabana muy cerrado, 
Vio por una rendija de la puerta 
Que el Caballero Lobo estaba alerta. 
En silencio esperando astutamente 
Una calva ocasión de echarle el diente; 
Mas él , que bien seguro se miraba. 
Así lo provocaba: 

Sepa Usted , seor Lobo , que estoy preso 
Porque sabe el Pastor que soy travieso: 
Mas si él no fuese bobo, : ; '■ ^^ 

No habria ya en el mu(ido ningún Lobd; 
• Pues yo corriendo Ubre por los cerros, 



LIBRO SEGUNDO» Cl 

Sin Pastores ni Perros, 
Con sola mi pujanza y valentía 
Contigo y con tu raza acabaria. 
A Dios , exclamó el Lobo , mi esperanza 
De regalar á mi vacía panza. 
Qiiando este miserable me provoca. 
Es señal de que se halla de mi boca 
Tan libre como el cielo de ladrones. 
Así son los cobardes fanfarrones^ 
Que se hacen en los puestos ventajosos 
Mas valentones , quanto mas medrosos, 

FÁBULA XIX. 

LAS CABJiAS r LOS CMIBOS* 

Uesde antaño en el mundo 

Reina el vano deseo 

De parecer iguales-.---- 

A los grandes Señores los plebeyos. 

Las Cabras alcanzaron 

Que Júpiter excelso 

Les diese barba larga 

Para su autoridad y su respeto. 

Indignados los Ciiibos 

De que su privilegio 

Se extendiese á las Cabras, 



62" FÁBULAS. 

Lampiñas con razón en aquel tiempo; 

Sucedió la discordia 

Y los amargos zelos 

A la paz octaviana. 

Con que fué gobernado el barbón pueblo. 

Júpiter dixo entonces. 

Acudiendo al remedio: 

¿Qué importa que las Cabras 

Disfruten un adorno propio vuestro» 

Si es mayor ignominia 

De su vano deseo 

Siempre que no igualaren 

En fuerzas y valor á vuestto cuerpo ? 

El mérito aparente 

Es digno de desprecio-^ 

La virtud solamente 

Es del hombre el ornato verdadero^ 

FÁBULA XX. 

EL CABALLO r EL CIERVO. 

X erseguia un Caballo vengativo 
A un Ciervo que le ijizo leve ofensa; 
Mas hallaba segura la defensa 
En su veloz carrera el fugitivo» 

El vengador , perdida la esperanza 



LIBRO SEGUNDO. 63 

De alcanzarlo, y lograr así su intento, 
Al hombre le pidió su valimiento 
Para tomar del ofensor venganza. 

Consiente el hombre; y el Caballo airado 
Sale con su ginete ala campaña. 
Corre con dirección , sigue con maña, 

Y queda al fin del ofensor vengado. 
Muéstrase al bienhechor agradecido: 

Quiere marcharse libre de su peso. 
Mas desde entonces mismo quedó preso, 

Y eternamente al hombre sometido. 
El Caballo ^ que suelto y rozagante ^ 

En el frondoso bosque y prado ameno 
Su libertad gozaba tan de lleno , 
Padece sujeción desde ese instante» 

Oprimido del yugo ara la tierra : 
Vasa tal vez la vida mas amarga ; 
Sufre la silla ^ freno , espuela , carga ^ 
T aguanta los horrores de la guerra. 

En fin , perdió la libertad amable 
Por vengar una ofensa solamente. 
T ales hs frutos son que ciertamente 
Produce la venganza detestable. 



64 

LIBRO TERCERO. 

FÁBULA PRIMERA. 

LA ÁGUILA T EL CUERVO. 

k PON TOMAS DE IRIARTE. 

Hdi mis versos , Triarte v 

Ya no quiero mas arte. 

Que poner á los tuyos por modelo. 

A competir anhelo 

Con tu numen, que el sabio mundo admira, 

Si me prestas tu lira , 

Aquella en que tocaron dulcemente" 

Música y Poesia juntamente. 

Esto no puede ser : ordena Apolo 

Que digno solo tú, la pulses solo. -^ 

¿ Y por qué solo tú? ¿Pues quando ménoí^ 

No he de hacer versos fáciles , amenos V* 

Sin ambicioso ornato ? 

2, Gastas otro poético aparato ? 

Si tú sobre el Parnaso te empinases, 

Y desde allí cantases: 



LrBRO TERCERO. 6$ 

Risco tramonto de época altanera, 
GÓNGORA que te siga , te dixera; 
Pero si vas marchando por el Ilaao 
Cantándonos en verso castellano 
Cosas claras ^ sencillas , naturales; 

Y todas ellas tales. 

Que aun aquel que no entiende poesía 
Dice : eso yo también me lo diría. 
¿Por qué no he de imitarte, y aun acaso 
Antes que tú trepar por el Parnaso? 
No imploras las Sirenas , ni las Musas, 
Ni de Númenes usas, 
Ni aun siquiera Confias en Apolo. 
A la naturaleza imploras solo; 

Y ella sabia te dicta sus verdades. 
Yo te imito: no invoco á las Deidades; 

Y por mejor consejo, 

Sea mi sacro Numen cierto Viejo. 
Esopo digo. Díctame , machucho. 
Una de tus patrañas , que te escucho. 

U na Águila rapante , 
Con vista perspicaz , rápido vuelo. 
Descendiendo veloz de junto al cielo. 
Arrebató un Cordero en un instante. 
Quiere un Cuervo imitarla: de un Carnero 

£ 



66 FÁBULAS. 

En el vellón sus uñas hacen presa: 
Queda enredado entre la lana espesa. 
Como páxaro en liga prisionero. 

Hacen de él los Pastores vil juguete. 
Para castigo de su intento necio. 
Bien merece la burla y el desprecio 
El Cuervo que á ser Águila se mete. 
El Viejo me ha dictado esta patraña, 
Y astutamente así me desengaña. 
Esa facilidad , esa destreza 
Con que arrebató el Águila su pieza. 
Fué la que engañó al Cuervo, pues creía 
Que otro tanto á lo menos él haria. 
¿Mas qué logró? servirme de escarmiento. 
OxaJá que sirviese á mas de ciento 
Poetas de mal gusto inficionados^ 
X dixesen^ qual yo^ desengañados: 
El Águila eres tú , divino Iriartei 
Ta no pretendo mas sino admirarte: 
Sea tuyo el laurel^ tuya la gloria^ 
T no sea yo ti Cttervo de la historia. 



LIBRO TERCERO. 67 

FÁBULA II, 

LOS ANIMALES CON PESTE^ 

Ün los montes , los valles y collados 

De animales poblados. 

Se introduxo la peste de tal modo. 

Que en un momento lo inficiona todo. 

Allí donde su Corte el León tenia, 

Mirando cada dia 

Las cacerías , luchas y carreras 

De mansos brutos y de bestias fieras. 

Se yeian los campos ya cubiertos 

De enfermos miserables , y de muertos. 

Mis amados hermanos. 

Exclamó el triste Rey , mis cortesanos, 

Ya veis que el justo cielo nos obliga 

A implorar su piedad , pues nos castiga 

Con tan horrenda plaga; 

Tal vez se aplacará con que se le haga 

Sacrificio de aquel mas delinqüerite, ' 

Y muera el pecador, no el inocente. 

Confiese todo el mundo su pecado; 

Yo cruel , sanguinario , he devoradq 

Inocentes Corderos, 

Ya Vacas, ya Terneros; 

E2 



68 FÁBULAS. 

Y he sido á fuerza de delito tanto 

De la selva terror, del bosque espanto. 

Señor, dixo la Zorra, en todo eso 

No se halla mas exceso 

Que el de vuestra bondad, pues que se digna 

De teñir en la sangre ruin , indigna 

De los viles cornudos animales. 

Los sacros dientes, y las uñas reales. 

Trató la Corte al Rey de escrupuloso: 

Allí del Tigre j de la Onza y Oso 

Se oyeron confesiones 

De robos y de muertes á millones; 

Mas entre la grandeza sin lisonja. 

Pasaron por escrúpulos de Monja. 

El Asno sin embargo muy confuso 

Prorumpió: yo me acuso 

Que al pasar por un trigo este verano. 

Yo hambriento , él lozano, 

Sin guarda , ni testigo, 

Caí en la tentación ; comí del trigo. 

¡Del trigo! ¡y un Jumento! 

Gritó la' Zorra , ¡ horrible atrevimiento! 

Los cortesanos claman: este , este 

Irrita al cielo , que nos da la peste. 

Pronuncia el Rey de muerte la sentencia; 

Y executóla el Lobo á su presencia. 
Té juzgarán virtuoso. 



LIBRO TERCERO. 69 

Si eres , aunque perverso^ poderoso; 
T aunque bueno ^ por malo detestable y 
Quando te miran pobre , miserable. 
Esto hallará en la Corte , quien la vea^ 
T aun en el mundo todo, \ Pobre Astrea\ 

FÁBULA III. 

EL MILANO ENFERMO, 

U n Milano después de haber vivido 

Con la conciencia peor que un foragido. 

Enfermó gravemente. 

Supuesto que el paciente 

Ni á Galeno, ni á Hipócrates leía, 

A bulto conoció que se moria. 

A los Dioses desea ver propicios, 

Y ofrecerles entonces sacrificios 

Por medio de su madre , que afligida 

Rogarla sin duda por su vida. 

Mas esta le responde: desdichado, 

¿Cómo podré alcanzar para un malvado 

De los Dioses clemencia. 

Si en vez de darles culto y reverencia. 

Ni aun perdonaste á víctima sagrada 

En las aras divinas inmolada? 

Así queremos irritando al cielo ^ 

Que en la tribulación nos dé consuelo. 



7<5 FÁBULAS. 

FÁBULA IV. 



EL LEÓN ENVEJECIDO, 



Ai 



.1 miserable estado 
De una cercana muerte reducido , 
Estaba ya postrado 
Un viejo León del tiempo consumido; 
Tanto mas infeliz y lastimoso, 
Quanto habia vivido mas dichoso. 

Los que quando valiente 
Humildes le rendían vasallagei 
Al verlo decadente, 
Acuden á tratarlo con ultraje; 
Que como la experiencia nos enseña» 
De árbol caído todos hacen leña. 

Cebados á porfía. 
Lo sitiaban sangrientos y feroces. 
El Lobo le mordia : 
Tirábale el Caballo fuertes coces. 
Luego le daba el Toro una cornada; 
Después el Javalí su dentellada. 

Sufrió constantemente 
Estos insultos; pero reparando 
Que hasta el Asno insolente 
Iba á ultrajarle, falleció clamando: 



LIBRO TERCERO. 7^ 

Esto es doble morir: no hay sufrimiento. 
Porque muero injuriado de un Jumento. 

S¿ en su mudable vida 
Al hombre la fortuna ha derribada 
Con misera caída 

Desde donde lo había ella encumbrado^ 
zQué ventura en el mundo se promete^ 
Si aun de los viles llega á ser juguetea 

FÁBULA V- 

LA ZORRA T LA GALLINA, 

Una Zorra cazando. 

De corral en corral iba saltando; 

A favor de la noche en una aldea 

Oye al Gallo cantar : maldito sea. 

Agachada, y sin ruido, 

A merced del olfato y del oído. 

Marcha , llega , y oliendo á un agujero. 

Este es, dice, y se cuela al gallinero. 

Las Aves se alborotan, menos una. 

Que estaba en cesta como niño en cuna. 

Enferma gravemente. 

Mirándola la Zorra astutamente. 

La pregunta: ¿qué es eso, pobrecita? 

i Quál es tu enfermedad ? ¿ tienes pepita? 



72 FÁBULAS. 

Habla , j cómo lo pasas, desdichada? 
La enférmale responde apresurada : ^^ — - 
Muy mal me va. Señora, en este instante; 
Muy bien , si usted se quita de delante. 
Quántas veces se vende un enemigo , 
Como Gato por Liebre , por amigo, 
Al oir su fingido cumplimiento ^ 
Respondiérale yo para escarmiento: 
Muy mal me va , Señor ^ en este instante^ 
Muy bien , si usted se quita de delante, 

FÁBULA VL 

LA CIERVA r EL LÉON, 

JVjLas ligera que el viento 

Precipitada huía 

Una inocente Cierva 

De un Cazador seguida. 

En una obscura gruta. 

Entre espesas encinas , 

Atropelladamente 

Entró la fugitiva. 

i Mas hay ! que un León sañudo, 

Que allí mismo tenia 

Su albergue, y era susto 

De la selva vecina, 



LIBRO TERCERO. 73 

Cogiendo entre sus garras 
A la res fugitiva. 
Dio con cruel fiereza 
Fin sangriento á su vida. 
Si al evitar los riesgos 
La razón no nos guia , 
Por huir de un tropiezo 
Damos mortal caida. 

FÁBULA VIL 

EL LEÓN ENAMORADO, 

x\maba un León á una Zagala hermosa; 

Pidióla por esposa 

A su padre Pastor urbanamente. 

El hombre temeroso, mas prudente. 
Le respondió: Señor, en mi conciencia. 
Que la muchacha logra conveniencia; 
Pero la pobrecita , acostumbrada 
A no salir del prado y la majada 
Entre la mansa Oveja y el Cordero, 
Recelará tal vez , que seas fiero. 
No obstante, bien podremos, si consientes, 
Cortar tus uñas , y limar tus dientes; 
Y así verá que tiene tu grandeza 
Cosas de raagestad , no de fiereza. 



74 FÁBULAS. 

Consiente el raanso León enamorado, 
V el buen Hombre lo dexa desarmado. 
Da luego su silvido : 
Llegan el Matalobos y Atrevido^ 
Perros de su cabana; de esta suerte 
Al indefenso León dieron la muerte. 
^'n quarto apostaré á que en este instante 
Dice^ hablando del León ^ algún Amante^ 
Ojie de la misma muerte harta gala^ 
Con tal que se la diese la Zagala, 
Dexa , Fabio , el Amor , déxalo luego ; 
Mas hablo en vano^ porque siempre ciego ^ 
No ves el desengaño ; 
T así te entregas á tu propio daño» 

FÁBULA VIH. 

CONGRESO DE LOS RATONES* 

Uesde el gran Zapiron el blanco y rubio^ 
Que después de las aguas del diluvio 
Fué padre universal de todo Gato^ 
Ha' sido Miauragato 
Quien mas sangrientamente 
Persiguió á la infeliz ratona gente. 
Lo cierto es, que obligada 
;'^su persecución la desdichada. 



LIB*.0 TERCERO. 75 

En Ratópolis tuvo su congreso. 
Propuso el eloqüente Roequeso 
Echarle un cascabel , y de esa suerte 
Al ruido escaparían de la muerte. 
El proyecto aprobaron uno á uno. 
¿Quién lo ha de executar? eso ninguno» 
Vo soy corto de vista. Yo muy viejo. 
Yo gotoso, decían. El concejo 
Se acabó como muchos en el mundo. 
Proponen un proyecto sin segundo; 
Lo aprueban. Hacen otro: ¡qué portentol 
i Pero la execucion?: ahí está el cuento* 

FÁBULA IX. 

EL LOBO T LA OVEJA, 

V>ruzando montes y trepando cerros. 
Aquí mato , allí robo. 
Andaba cierto Lobo, 
Hasta que dio en las manos de los perros. 

Mordido y arrastrado 
Fué de sus enemigos cruelmente: 
Quedó con vida milagrosamente; 
Mas inválido al fin y derrotado. 

Iba el tiempo curando su dolencia: 
El hambre al mismo paso le afligía; 



7^ FÁBULAS. . 

Pero como cazar aun no podía, 
Con las yerbas hacia penitencia. 
Una Oveja pasaba , y él la dice: 
Amiga , ven acá : llega al momento: 
Enfermo estoy , y muero de sediento: 
Socorre con el agua á este infelice. 

¿Agua quieres que yo vaya á llevarte ? 
Le responde la Oveja recelosa, 
Dime pues una cosa: 
¿Sin duda que será para enjuagarte. 

Limpiar bien el garguero. 
Abrir el apetito, 

Y tragarme después como aun pollito ? 
Anda , que te conozco , marrullero. 
Así dixo , y se fué , si no la mata. 

¡ Quánto importa saber con quien se trata \ 

' FÁBULA X. 

EL HOMBRE T LA PULGA, 

(Jye, Júpiter Sumo, mis querellas, 

Y haz, disparando rayos y centellas. 
Que muera este animal vil y tirano. 
Plaga fatal para el linage humano; 

Y si vos no lo hacéis , Hércules sea 
Quien acabe con él y su ralea. 



LIBRO TERCERO. '7-' 

Este es un hombre que á los Dioses clama. 
Porque una Pulga le picó en la cama, 

Y es justo , ya que el pobre se fatiga. 
Que de Júpiter y Hércules consiga , 
De este, que viva despulgando sayos; 
De aquel, matando pulgas con sus rayos. 
Tenemos en el cielo ¡os mortales 
Recurso en las desdichas y ¡os ma¡es; 
Mas se suele abusar freqüent emente , 
Por lograr un antojo impertinente, 

FÁBULA XL 

EL CUERVO T LA SERPIENTE. 

i illó el Cuervo dormida á la Serpiente, 

Y al quererse cebar en ella hanibriento. 
Le mordió y en^nosa^ Sepa e¡ cuento 
Quien sigue á su apetito incautamente, 

FÁBULA XIL 

EL ASNO T LAS RANAS, 

IVluy cargado de leña un Burro viejo, 
Triste armazón de huesos y pellejo, 
Pensativo , según lo cabizbaxo. 



78 fAbulas. 

Caminaba , llevando con trabajo 

Su débil fuerza la pesada carga. 

El paso tardo : la carrera larga; 

Todo al fin contra el mísero se empeñt, 

El camino , los años y la leña. 

Entra en una laguna el desdichado. 

Queda profundamente empantanado. 

Viéndose de ^quel modo. 

Cubierto de agua y lodo. 

Trocando lo sufrido en impaciente. 

Contra el destino dixo neciamente 

Expresiones agenas de sus canas. 

Mas las vecinas Ranas 

Al oir sus lamentos y quejidos. 

Las unas se tapaban los oidos. 

Las otras, que prudentes lo escuchaban , 

Reprehendíanle así , y aconsejaban; 

Aprenda el mal Jumento 

A tener sufrimiento, 

Que entre las que habitamos la laguna, 

Ha de encontrar lección muy oportuna. 

Por Júpiter estamos condenadas 

A vivir sin remedio encenagadas 

En agua detenida, lodo espeso; 

Y á mas de todo eso. 

Aquí perpetuamente nos encierra. 

Sin esperanza de correr la tierra, 



LIBRO TERCERO. 79 

Cruzar el anchuroso mar profundo, 

Ni aun saber lo que pasa por el mundo. 

Mas llevamos á bien nuestro destino; 

Y así nos premia Júpiter divino. 

Repartiendo entre todas cada dia 

La salud , el sustento y alegría. 

Es de suma importancia 

Tener en los trabajos tolerancia ; 

Pues la impaciencia en la contraria suerte 

Es un mal mas amargo que la muerte, 

FÁBULA XIIL 

EL ASNO T EL PERRO. 

Un Perro y un Borrico caminaban 
Sirviendo á un mismo Dueño. 
Rendido éste del sueño. 
Se tendió sobre el prado que pasaban. 

El Borrico entretanto aprovechado, 
•Descansa y pace; mas el Perro hambriento^ 
Báxate , le decia , buen Jumento, 
Pillaré de la alforja algún bocad©. 

El Asno se le aparta como en chanza; 
El Perro sigue al lado del Borrico, 
Levantando las manos y el hocico. 
Como perro de ciego quando danza. 



8o FÁBULAS. 

No seas bobo , el Asno le decía: 
Espera á que nuestro Amo se despierte, 
Y será de esa suerte 
El hambre mas , mejor la compañía. 

Desde el bosque entretanto sale un Lobo; 
Pide el Asno favor al Compañero; 
En lugar de ladrar el marrullero 
Con fisga respondió : No seas bobo'. 

Espera á que nuestro Amo se despierte. 
Que pues me aconsejaste la paciencia. 
Yo la sabré tener en mi conciencia, 
Al ver al Lobo que te da la muerte. 

El Pollino murió: no hay que dudarlo; 
Mas si resucitara , 
Corriendo el mundo a todos predicara ; 
Prestad auxilio , si queréis hallarlo* 

FÁBULA XIV. 

EL LEÓN r EL ASNO CAZANDO, 

Ou Magestad Leonesa en compañía 
De un Borrico se sale á montería. 
En la parte al intento acomodada. 
Formando el mismo León una enramada. 
Mandó al Asno que en ella se ocultase, , 
Y que de tiempo en tiempo rebuznase 



LIBRO TERCERO* 8 1 

Como trompa de caza en el ojeo. 

Logró el Rey su deseo; . 

Pues apenas se vio bien apostado, 

Quando al son del rebuzno destemplado, 

Que los montes y valles repetian, 

A su selvoso albergue se volvían 

Precipitadamente 

Las fieras enemigas juntamente; 

,Y en su cobarde huida 

En las garras del León pierden la'vída. 

Quando el Asno se halló con los despojos 

De devoradas fieras á sus ojos, 

Dixo : par diez si llego mas temprano, 

A ningún muerto dexo hueso sano. 

A tal fanfarronada 

Soltó el Rey una grande carcajada: 

ÍT es que jamas convino 

Hacer del Andaluz al Vizcaíno, 

FÁBULA XV. 

EL CHARLATÁN T EL RUSTICO, 

-Lrfo que jamas se ha visto ni se ha oid© 
Verán Ustedes : atención les pido. 
Así decia un Charlatán famoso 
Cercado de un concurso numeroso, 

F 



82 FÁBULAS. ~ 

En efecto : quedando todo el mundo 

En silencio profundo, 

Remedó á un Cochinillo de tal modo. 

Que el auditorio todo. 

Creyendo que lo tiene , y que lo tapa. 

Atumultuado grita : fuera capa. 

Descubrióse ; y al ver que nada habia. 

Con vítores lo aclaman á porfía. 

Par diez , dixo un Patán , que yo prometo 

Para mañana , hablando con respeto. 

Hacer el Puerco mas perfectamente. 

Si no que me lo claven en la frente. 

Con risa prometió la concurrencia 

A burlarse del Payo su asistencia. 

Llegó la hora , todos acudieron: 

No bien al Charlatán gruñir oyeron 

Gentes á su favor preocupadas. 

Viva , dicen al son de las palmadas. 

Sube depues el Rústico al tablado 

Con un bulto en la capa , y embozado. 

Imita al Charlatán en la postura 

De fingir que un Lechon tapar procura; 

Mas estaba la gracia en que era el bulto 

Un Marranillo que tenia oculto. 

Tírale callandito de la oreja: 

Gruñendo en tiple , el animal se queja: 

Pero al creer que es remedo el tal gruñido. 



LIBRO TERCERO. 83 

Aquí se oja un fuera , allí un silvido, 

Y todo el mundo queda 

En que es el otro quien mejor remeda. 
El Rústico descubre su Marrano: 
Al .público lo enseña , y dice ufano: 
¿Así juzgan Ustedes? 
j O preocupación -, y quánto puedes I 

LIBRO QUARTO. 

FÁBULA PRIMERA, 

LA MONA CORRIDA» 

EL AUTOR Á sus VERSOS. 

-T leras , Aves y Peces 
Corren , vuelan y nadan, 
Porque Júpiter Sumo 
A general congreso á todos llama. 
Con sus hijos se acercan, 

Y es que un premio señala 
Para aquel , cuya prole 

En hermosura lleve la ventaja. 
El alto regio Trono 
La multitud cercaba, 
Quando en la concurrencia 

F2 



84 FÁBULAS. 

Se sentía decir : La Mona falta, ■ 

Ya llega , dixo entonces 

Una habladora Urraca, 

Que como centinela, 

En la alta punta de un Ciprés estaba. 

Entra rompiendo filas 

Con su Cachorro ufana, 

Y ante el excelso Trono 

El premio pide de hermosura tanta. 

El Dios Júpiter quiso, 

Al ver tan fea traza, 

Disimular la risa; 

Pero se le soltó la carcajada. 

Armóse en el concurso 

Tal bulla y algazara. 

Que corrida la Mona 

A Tetuan se volvió desengañada. 

i Es creíble^ Señor es y 

Que yo mismo pensara 

En consagrar á Apolo 

Mis versos , como dignos de su gracia^ 

Quando por mi fortuna 

Me encontré esta manaría^ 

Continuando mi obrilla^ 

Este cuento moral , esta patraña'^ 

To dixe á mi capote^ 

xCon qué chiste -, qué gracia^ 



LIBRO QUAR.TO. 8g 

T que vivos colores 

El jorobado Esopo me retrntai 

Mas ya mis producciones 

Miro con desconfianza^ 

Porque aprendo en la Mona 

Quanto el ciego amor propio nos engaña, 

FÁBULA IL 

EL ASNO r JÚPITER, 

So sé como hay Jumento, 
Que teniendo un adarme de talento. 
Oliera meterse á Burro dé. Hortelano. 
Llevo á la plaza desde muy temprano 
Cada día cien cargas de verdura: 
Vuelvo con otras tantas ;de basura; 
Y para minorar mi pesadumbre, 
Uu Criado me azota por costumbre. 
Mi vida es esta : ?,qué será mi muei:te \ 
Como no mude Júpiter mi suerte? 
Un Asno de este modo se quejaba. 
El Dios que sus lamentos escuchaba, 
Al dominio lo entrega de un Tejero. 
Esta vida decia no la quiero: 
Del peso de las tejas oprimido. 
Bien azotado , pero mal comido, 
A Júpiter me voy con el empeño 



86 FÁBULAS. 

De lograr nuevo Dueño. 

Enviólo á un Curtidor : entonces dice! 

Aun con este Amo soy mas infelice. 

Cargado de pellejos de difunto 

Me hace correr sin sosegar un punto. 

Par? ínatarme sin llegar á viejo, 

Y curtir al instante mi pellejo. 
Júpiter por no oir tan largas quejas, 
Se tapó lindamente las orejas; 

Y á nadie escucha desde el tal Pollino, 
Si le habla de mudanza de destino. 
Solo en verso se encuentran los dichosos^ 
Que viven ni envidiados , ni envidiosos. 
La Espada por feliz tiene al Arado^ 
Como el Remo a la 'Pluma y al Cayado^ 
Mas se tienen por míseros en suma 
Remo , Espada , Cayado , Esteva y Pluma, 
i Pues á qué estado el hombre llama bueno ? 
Al propio nunca , pero si al ageno. 

FÁBULA líl. 

JEL CAZADOR T LA PERDIZ, 



U na Perdiz en zelo reclamada, 
Vino á ser en la red aprisionada. 
Al Cazador la mísera decia: 



LIBRO QUARTO. 8/ 

Si me das libertad , en este dia 
Te he de proporcionar un ^yan consuelo. 
Por ese campo extenderé miíjvuelo: 
Juntaré á mis amigas en bandada. 
Que guiaré á tus redes engañada, 
Y' tendrás, sin costarte dos ochavos. 
Doce Perdices como doce Pavos. 
¡Engañar, y vender á tus amigas! 
¿Y así crees que me obligas? 
Respondió el Cazador ; pues no Señora: 
Muere, y paga la pena de traidora. 
La Perdiz fué bien muerta , no es dudable'^ 
La traición , aun, soñada , es detestable. 



FÁBULA IV. 

EL VIEJO T LA MUERTE. 



E 



«ntre montes por áspero camino. 
Tropezando con una y otra peña. 
Iba un Viejo cargado con su leña 
Maldiciendo su mísero destino. 

Al fin cayó , y viéndose de suerte 
Que apenas levantarse ya podia. 
Llamaba con colérica porfía 
Una , dos y tres veces á la Muerte. 

Armada de Guadaña en esqueleto 



88- Cabulas. 

La Parca se le ofrece en aquel punto; 
Pero el Viejo- temiendo ser difunto, 
Lleno mas dé^íeyrror que de respeto. 

Trémulo la decia , y balbuciente: 
Yo.... Señora.... os llamé desesperado; 
Pero...» Acaba : ¿qué quieres, desdichado?; 
Que me cargues la leña solamente. •- 

Tenga paciencia quien se cree infelices 
Que aun en la situación mas lamentable ' s 
Es la vida del hombre siempre amable: *fí 
El Viejo de la leña nos lo dice* ^"^ 

FÁBULA V* 

EL ENFERMO T EL MÉDICO» 

yJn miserable Enfermo se moría, 
Y el Médico importuno le decia: í 

Usted se muere , yo se lo confieso; 
Pero por la alta ciencia que profeso, 
Conozco, y le aseguro firmemente. 
Que ya estuviera sano 
Si se hubiese acudido mas temprano 
Con el benigno clister deterg'^^nte. 
El triste Enfermo , que lo estaba oyendo^ 
Volvió la espalda al Médico diciendo: 
Señor Galeno, su consejo alabo: 



LIBRO QUARTO. ^9 

Al asno muerto la cebada al rabo. 
Todo varón prudente 
y^ conseja en el tiempo conveniente; 
Que es hacer de la ciencia vano alarde 
Dar el consejo quando llega tarde. 

FÁBULA VI. 

tA ¿ORRA T LAS UVAS. 

fs VOZ común que á mas del mediodía 
En ayunas la Zorra;¿iba cazando: 
Halla uflá'páfrá, quédase mirando 
De la alta' vid el frutó que pendia. 

Causábale mil ansias y congojas 
No alcan^raf' á las Uvas con la garra, 
Al mostrará sus dientes la alta parra 
Negros racimos entre verdes hojas. 
Miró, saltó , y anduvo en probaduras; 
Pero vio el imposible ya de íixo. 
Entonces fué quando la Zorra. dixo: 
No las quiero comer : No están maduras^. 

No por eso te muestres impaciente^ 
Si te se frustra , Fabio , algún intento: 
Aplica bien el cuento^ 
T di : No están maduras , frescamente. 



90 FÁBULAS. 

FÁBULA VIL 

LA CIERVA r LA VINA* 

Jriuyendo de enemigos Cazadores 
Una Cierva ligera. 
Siente, ya fatigada en la carrera. 
Mas cercarjos los Perros y Ojeaciores. 

No viendo la infeliz algún seguro • - 

Y vecino parage 

De gruta ó de ramage. 

Crece su timidez , crece su apuro, 

A\ fin sacando fuerz4s de flaqueza. 
Continúa la fuga presurosa: 
Halla al paso una Viña muy frondosa, 

Y endo espesQ se oculta con presteza. 
Cambia el susto y pesar en alegría. 

Viéndose á paz y á salvo en tan buen hora. 
Olvida el bien ; y de su defensora 
Los frescos verdes pámpanos comia. 

(Mas ay ! que de esta suerte 
Quitando ella las hojas de delante. 
Abrió puerta á la flecha penetrante, 

Y el listo Cazador le dio la muerte. 
Castigó con la pena merecida 

El justo cielo á la Cierva ingrata. 



LIBRO QUARTO. 91 

I Mas que puede esperar el que maltrata 
Al mismo que le está dando la vidd^. 

FÁBULA VIII. 

JEZ ASNO CARGADO DE RELIQUIAS. 

\Je Reliquias cargado 
Un Asno recibía adoraciones. 
Como si á él se hubiesen consagrado 
Reverencias , inciensos y oraciones. 

En lo Vaho , lo grave y lo severo 
Que se manifestaba. 
Hubo quien conoció que se engañaba; 
Y le dixo: Yo infiero ;:>?3cf. i- 

De vuestra vanidad vuestra, locura. 
El reverente culto que procura 
Tributar cada qual este momento. 
No es dirigido á vos , señor Jumento, 
Que solo va en honor aunque lo sientas. 
De la sagrada carga que sustentas. 
Quando un hombre sin mérito estuviere 
En elevado empleo ^ ó gran riqueza^ 
T se ensoberbeciere 
Porque todos le baxan la cabezal 
Para que su locura no prosiga. 
Tema encontrar tal vez con quien le diga: 



9^_^ FÁBULAS. 

Seíior Jumento , no se engría tanto. 
Que Sí besan la peana ^ es por él Santo, 

FÁBULA IX. 

LOS DOS MACHOS. 

Líos machos caminaban : el primero 
Cargado de dinero, 
Mostrando su penacho envanecido, 
Iba marchando erguido 
Al son de ios redondos cascabeles. 
El segundo , desnudo de oropeles. 
Con un pobre aparejo solamente. 
Alargando el pescuezo eternamente, 
Seguía de reata su jornada 
Cargado de costales de cebada. 
Salen unos ladrones , y al instante 
Asieron de la rienda al Arrogante: 
El se defiende , ellos le maltratan; 
V después que el dinero le arrebatan, 
Huyen , y dice entonces el segundo: 
Si á estos riesgos exponen en el mundo 
Las riquezas , no quiero , áfe de Macho, 
Dinero , cascabeles , ni penacho. 



LI9RO QUARTO. 93 

FÁBULA X. 

EL CAZADOR T EL PERRO, 



M, 



-ustafá , Perro viejo. 
Lebrel en montería exercitado, 

Y de antigua? heridas señalado 

A colmillo y á cuerno su pellejo, 

Seguia á un Javalí sin esperanza 
De poderlo alcanzar ; pero no obstante. 
Aguzándolo su Amo á cada instante, 
A duras penas Mustafá lo alcanza. 

El,. Cerdoso valiente 
No escuchaba recados á la oreja; 

Y así su resistencia no le dexa 
Cebar al Perro su cansado diente: 

C^n airado colmillo.lo rechaza, 

Y bufando se marcha victorioso. 
El Cazador furioso 

Reniega del Lebrel , y de su raza. 

Viejo estoy, le responde, ya lo veo: 
Mas di, ¿sin Mustafá quándo tuvieras 
Las pieles y cabezas de las fieras 
En tu casa de abrigo , y de trofeo? 

Miras á lo que soy , no á lo que he sido. 
¡Sueíte desgraciada! 



94 fAbulas. 

Presente tienes mi vejez cansada, 

Y mis robustos años en olvido. 
¿Mas para qué me mato, 

Si no he de conseguir cosa ninguna? 

Es ¡adrar á la luna 

El alegar servicios al ingrato, 

FÁBULA XI, 

LA TORTUGA T LA ÁGUILA. 

Una Tortuga á una Águila rogaba 

La enseñase á volar , así la hablaba: 

Con solo que me des quatro lecciones. 

Ligera volaré por las regiones: 

Ya remontado el vuelo 

Por medio de los ayres hasta el cielo, 

Veré cercano al sol y las estrellas, 

Y otras cien cosas bellas: 
Ya rápida baxando, 

De ciudad en ciudad iré pasando; 

Y de este fácil delicioso modo 
Lograré en pocos dias verlo todo. 
La Águila se rió del desatino: 

La aconseja que siga su destino. 
Cazando torpemente con paciencia. 
Pues lo dispuso así ia Providencia. 



LIBRO QUARTO. 95 

Ella ii2siste en su antojo ciegamente: 
La Rey na de las aves prontamente 
La arrebata , la lleva por las nubes: 
Mira , la dice , mira como subes. 
Y al preguntarla, dixo : ¿ vas contenta? 
Se la dexa caer , y se revienta. 
Para que así escarmiente 
Quien desprecia el consejo del prudente. 

FÁBULA XIL 

EL LEÓN r EL RATÓN, 

xlfStaba un Ratoncillo aprisionado 
En las garras de un León : el desdichado 
En la tal ratonera no fué preso 
Por ladrón de tocino ni de queso. 
Sino porque con otros molestaba 
Al León que en su retiro descansaba. 
Pide perdón llorando su insolencia. 
Al oir implorar la Real clemencia, 
Responde el Rey en magestuoso tono 
(No dixera mas Tito) : te perdono. 
Poco después cazando el León , tropieza 
En una red oculta en la maleza. 
Quiere salir , mas queda prisionero: 
Atronando ia selva ruge fiero. ** 



g6 FÁBULAS. 

El libre Ratoncillo que lo siente, 

Corriendo llega , roe diligente 

Los nudos de la red , de tal manera. 

Que al fin rompió los grillos de la Fiera» 

Conviene al poderoso 

Para ¡os infelices ser piadoso: 

Tal vez se puede ver necesitado 

Del mxíUo de aquel mas desdichado*. 

FÁBULA XIII. 

LAS LIEBRES T LAS RANAS. 

xVsustadas las Liebres de un estruendo, 
Echaron á correr todas diciendo: 
A quien la vida cuesta tanto susto, 
La muerte causará menos disgusto. 
Llegan á una laguna de esta suerte 
A dar en lo profundo con la muerte. 
Al ver á tanta Rana, que asustada 
A las aguas se arroja á su llegada: 
Ola , dixo una Liebre , ¿con qué hay otras 
Tan tímidas , que aun tiemblan de nosotras? 
Pues suframos como ellas el destino: 
Conocieron sin mas su desatino. 
^sí la suerte adversa es tolerable. 
Comparada con otra miserable. 



tlBUO QUARTO. 97 

FÁBULA XIV. 

EL GALLO r EL ZORRO, 

Un Gallo muy maduro. 

De edad provecta , duros espolones, 

Pacífico y seguro 

Sobre un árbol oia las razones 

De un Zorro muy cortés y muy atento» 

Mas eloqüente quanto mas hambriento. 

Hermano , le decia. 
Ya cesó entre nosotros una guerra. 
Que cruel repartía 

Sangre y plumas al viento y á la tierra: 
Baxa , daré para perpetuo sello 
Mis amorosos brazos á tu cuello. 

Amigo de mi alma. 
Responde el Gallo, ¡ qué placer inmenso 
En deliciosa calma 
Dexa esta vez mi espíritu suspenso! 
Allá baxo , allá voy tierno y ansioso 
A gozar en tu seno mi reposo: 

Pero aguarda un instante. 
Porque vienen ligeros como el viento, 
Y ya están adelante. 
Dos correos que llegan al momento, 

a 



pS FÁBULAS. 

De esta noticia portadores fieles, 
y son según la traza dos Lebreles. 

A Dios , á Dios , amigo , 
Dixo el Zorro , que estoy muy ocupado; 
Luego hablaré contigo 
Para finalizar este tratado. 
El Gallo se quedó lleno de gloria. 
Cantando en esta letra su victoria: 

Siempre trabaja en su daño 
El astuto- engañador: 
A un engaño hay otro engaño^ 
A un -picaro otro mayor. 

FÁBULA XV, 

EL LEÓN T LA CABRA, 

U n señor León andaba como un Perro 
Del valle al monte , de la selva al cerro, 
A caza , sin hallar peló ni lana. 
Perdiendo la paciencia y la mañana. 
Por un risco escarpado 
Ve trepar á una Cabra á lo encumbrado. 
De modo que parece que se empeña 
En hacer creer al León que se despeña. 
El pretender seguirla fuera en vano : 
El Cazador entonces cortesano 



LIBRO QUARTO, Pp 

La dice : baxa , baxa, mi querida: 

No busques precipicios á tu vida. 

En el valle frondoso 

Pacerás á mi lado con reposo. 

i Desde quando , Señor , la Real persona 

Cuida con tanto amor de la barbona ? 

Esos halagos tiernos ''^'>' 

No son por bien , apostaré los cuernos. 

Asi le respondió la astuta Cabra; 

Y él se fué sin replicar palabra. 

JOo paga la infeliz con el pellejo^ 

Si toma sin examen el consejo, 

FÁBULA XVL 

LA HACHA T EL MANGO, 

U n hombre, que en el bosque se miraba 
Con una Hacha sin Mango , suplicaba 
A los árboles diesen la madera 
Que mas sólida fuera 
Para hacerle uno fuerte , y muy durable, 
Al punto la arboleda inumerable 
Le cedió el Acebnche. Y él contento, 
Perficionando luego su instrumento. 
De rama en rama va cortando á gusto 
Del alto Roble el brazo mas robusto. 
Ya los árboles , todos recoríia; 

G 2 



lOO FÁBULAS. 

Y mientras los mejores elegía, 

Dixo la triste Encina al Fresno : AmigO'y 

Infeliz del que ayuda á su enemigo. 

FÁBULA XVII. 

LA ONZA r LOS PASTORES, 

Un una trampa una Onza inadvertida 

Dio mísera caida. 

Al verla sin defensa. 

Corrieron á la ofensa 

Los vecinos Pastores, 

No valerosos , pero sí traidores. 

Cada qual por su lado 

La maltrataba airado. 

Hasta dexar sus fuerzas desmayadas. 

Unos á palos, otros á pedradas: 

Al fin la abandonaron por perdida. 

Pero viéndola dar muestras de vida 

Cierto Pastor , dolido de su suerte. 

Por evitar su muerte^ 

Le arrojó la mitad de su alimento. 

Con que pudiese recobrar aliento. 

Llega la noche , témplase la saña. 

Marchan á descansar á la cabana. 

Todos con esperanza muy fundada 



LIBRO QUARTO. XOI 

De hallarla muerta por la madrugada. 

Mas la fiera entretanto. 

Volviendo poco á poco del quebranto. 

Toma nuevo valor, y fuerza nueva. 

Salta , dexa la trampa , va á su cueva; 

Y al sentirse del todo reforzada. 

Sale , sí muy ligera , pero mas airada- 

Ya destruye ganados: 

Ya dexa los Pastores destrozados; 

Nada aplaca su cólera violenta: 

Todo lo tala , en todo se ensangrienta. 

El buen Pastor por quien tal vez vivia. 

Lleno de horror , la vida le pedia. 

No serás maltratado, 

Dixo la Onza , vive descuidado. 

Que yo solo persigo á los traidores 

Que me ofendieron, no á mis bienhechores. 

Quien hace agravios , tema la venganza : 

Quien hace bien , al fin el premio alcanza. 

FÁBULA X.VML 

EL GRAJO VANO, ' 

V>on las plumas de un Pavo ^ i"^i^ 
Un Grajo se vistió : pomposo y bravo 
En medio de los Pavos se pasea. 



I.©2 FÁBULAS. 

La manada lo advierte, lo rodea. 
Todos le pican , burlan , y lo envían, 
¿Dónde , si ni los Grajos lo querían ? 
¿ (¿uánto ha que repelimos este cuento , 
Sin que haya en los plagiarios escarmiento'^ 

.-b'íií^í'A.BULA XIX. 

EL ÍÍOMBB^B T LA COMADREJA, 

Asírdjecia cierta Comadreja 
A un hombre que la habia aprisionado: 
¿Por qué ,aO¡me dexais ? ¿Os he yo dado 
Motivo de disgusto , ni de queja ? 

¿No soy-laque desvanes y rincones. 
Tu casa -toda , qual si fuese mia. 
Cuidadosa 'registro noche y dia 
Para que vivas libre dje Ratones? 

¡ Gran %^za p^r -Qjerto ! 
El Hombre respondió : pues di , ladrona. 
Si tu glotoÓ0j:ía'/no pe/doná 
Ni á Ratón vivo , ni á Cochino muerto, 

Niá quantogaardan ruines Despenseras, 
¿ Cómo he de creer que tu cuidado apura 
Por mi bien los Ratones ? ¡ Qué locura ! 
No tenditá yamalr.s tragaderas: 

Mor¡rás..¿^8e/| astuís'^ue pretenda 



LIBRO QUARTO. IO3 

Vender como fineza lo que ha hecho ^ 
Sin mirar á mas fin que á su provecho ^ 
Sabrá que hay en el mundo quien lo entienda* 

FÁBULA XX. 

BATALLA BE LAS COMADREJAS 
r LOS RATONES, 

V eneldos los Ratones, 
Huian con presteza 
De una atroz enemiga 
Tropa de Comadrejas. 
Marchaban con desorden. 
Que quando el miedo reina, 
Es la confusión sola 
El gQÍQ que gobierna. 
Llegaron presurosos 
A sus angostas cuevas. 
Logrando los Soldados 
Entrar á duras penas: 
Pero los Capitanes. 
Que en las estrechas puertas 
Quedaron atascados 
Sin ninguna defensa, 
A causa de unos cuernos 
Puestos en las cabezas 
Para ser de sus tropas 



I04 FÁBULAS. 

Vistos en la refriega. 

Fueron las desdichadas 

Víctimas de la guerra; 

Haciendo de sus cuerpos 

Pasto las Comadrejas. 

¡ Quántas veces los hombres 

Distinciones anhelan , 

T suelen ser la causa 

De sus desdichas ellas ! 

Si Júpiter dispara 

Sus rayos á la tierra^ 

Antes que á las cabanas 

A los palacios y á las torres llegan, 

FÁBULA XXI. 

EL LEÓN r LA RANA. 

Una lóbrega noche silenciosa 

Iba un León horroroso 

Con mesurado paso magestuoso 

Por una selva : oyó una voz ruidosa, 

QwQ con tono molesto y continuado 

Llamaba la atención , y aun el cuidado 

Del reynante animal, que no sabia 

De qué bestia feroz quizá saldría 

Aquella voz , que tanto mas sonaba 



LIBRO QUARTO. 10$ 

Quanto mas en silencio todo estaba. 

Su Magestad Leonesa 

La selva toda registrar procura: 

Mas nada encuentra con la noche obscura, 

Hasta que pudo ver, ¡ó qué sorpresa! 

Que sale de un estanque á la mañana 

La tal bestia feroz , y era una Rana. 

Llamará la atención de mucha gente 

El Charlatán con su manía loca : 

¿ Mas qué logra , si al fin verá el prudente^ 

Que no es sino una Rana , todo boca ? 

FÁBULA XXIL 

EL CIERVO r LOS BUEYES» 

v_>on inminente riesgo de la vida 
Un Ciervo se escapó de la batida, 
Y en la Quinta cercana de repente 
Se metió en el establo incautamente. 
Dícele un Buey: ¿ ignoras, desdichado. 
Que aquí viven los hombres? ¡ah cuitado! 
Detente, y hallarás tanto reposo. 
Como Perdiz en boca de Raposo. 
El Ciervo respondió : pero no obstante 
Dexadme descansar algún instante, 
Y en la ocasión primera 



J06 FÁBULAS. 

Al Bosque espeso emprendo mi carrera. 
Oculto en el ramage permanece: 
A la noche el Bueyero se aparece, 
Al imanado reparte el alimento: 
Nada divisa ; sálese al momento. 
El Mayoral y los criados entran, 

Y tampoco lo encuentran. 
Libre de aquel apuro. 

El Ciervo se contaba por seguro: 

Pero el Buey mas anciano 

Le dice: ¡qué ! ¿te alegras tan temprano? 

Si el amo llega lo perdiste todo: 

Yo le \la.mo Cien-ojos por apodo: 

Mas chiton , que ya viene. 

Entra Cien- ojos , todo lo previene; 

A los rústicos dice: no hay consuelo: 

Las colleras tiradas por el suelo. 

Limpio el pesebre , pero muy de paso. 

El ramage muy seco , y mas escaso: 

Seor Mayoral , ¿ es este buen gobierno ? 

En esto mira al enramado cuerno 

Del triste Ciervo : grita, acuden todos 

Contra el pobre animal de varios modos; 

Y á la rústica usanza 

Se celebró la fiesta de matanza. 
Esto quiere dccij' ^ que el Amo bueno 
No se debe fiar del ojo age no. 



LIBRO QUARTO. I07 

FÁBULA XXIII. 

LOS NA VEG ANTES, 

J-¿loraban unos tristes Pa^ag^eros 
Viendo su pobre nave combatida 
De recias olas , y de vientos fieros. 
Ya casi sumergida; 

Quando súbitamente 
El viento calma, el cielo se serena, 
Y la afligida gente 
Convierte en risa la pasada pena. 
Mas el Piloto estuvo muy sereno. 
Tanto en la tempestad como en bonanza; 
Pí¿es sabe que lo malo y que lo bueno 
Está sujeto á súbita mudanza» 

FÁBULA XXIV. 

EL TORRENTE T EL RIO* 

jUespeñado un Torrente 

De un encumbrado cerro. 

Caía en una peña, 

Y atronaba el recinto con su estruendo. 

Seguido de Ladrones 



To8 pAbulas. 

Un triste pasagero. 
Despreciando el ruido, 
Atravesó el raudal sin desaliento; 
Que es común en los hombres 
Poseidos del miedo. 
Para salvar la vida. 
Exponerla tal vez á mayor riesgo. 
Llegaron los Vandidos, 
Practicaron lo mesmo 
Que antes el caminante, 

Y fueron en su alcance y seguimiento. 
Encontró el miserable 

De allí á muy poco trecho 

Un Rio caudaloso. 

Que corria apacible y con silencio. 

Con tan buenas señales, 

Y el próspero suceso 
Del raudal bullicioso. 
Determinó vadearle sin recelo; 
Mas apenas dio un paso. 
Pagó su desacuerdo. 
Quedando sepultado 

En las aleves aguas sin remedio. 

Temamos los peligros 

De designios secretos^ 

Que el ruidoso aparato^ 

Si no se desvanece , anuncia el riesgo» 



LIBRO QUARTO, lOp 

* FÁBULA XXV. 

BL LEÓN ^ EL LOBO T LA ZORRA, 

X rémulo y achacoso 
A fuerza de años un León estaba; 
Hizo venir los Médicos ansioso 
Por ver si alguno de ellos lo curaba. 
De todas las especies y regiones 
Profesores llegaban á millones. 
Todos conocen incurable el daño: 
Ninguno al Rey propone el desengaño; 
Cada qual sus remedios le procura. 
Como si la vejez tuviese cura. 
Un Lobo cortesano 
Con tono adulador y fin torcido 
Dixo á su Soberano: 
He notado , Señor , que no ha asistido 
La Zorra como Médico al congreso; 
Y pudiera esperarse buen suceso 
De su dictamen en tan grave asunto. 
<^uiso su Magestad que luego al punto 
Por la posta viniese: 
Llega , sube á Palacio ; y como viese 
Al Lobo su enemigo , ya instruida 
De que él era el Autor de su venida. 



no FÁBULAS. 

Que ella excusaba cautelosamente. 
Inclinándose al Rey profundamente, 
Dixo : quizá , Señor , no habrá faltado 
Quien haya mi tardanza acriminado; 
Mas será porque ignora 
Que vengo de cumplir un voto ahora, 
Que por vuestra salud tenia hecho, 

Y para mas provecho, 

En mi viage traté gentes de ciencia 
Sobre vuestra dolencia. 
Convienen pues los grandes Profesores 
En que no tenéis vicio en los humores, 

Y que solos los años han dexado 
El calor natural algo apagado; 
Pero este se recobra y vivifica. 
Sin fastidio, sin drogas de botica. 
Con un remedio simple , liso y llano. 
Que vuestra Magestad tiene en la mano. 
A un Lobo vivo arránquenle el pellejo. 
Haced que os lo apliquen al instante; 

Y por mas que estéis débil , flaco , viejo, 
Os sentiréis robusto y rozagante. 

Con apetito tal , que sin esfuerzo. 
El mismo Lobo os servirá de almuerzo. 
Convino el Rey ; y entre el furor y el hierra 
Murió el infeliz Lobo como un perro. 
Así viven ^y mueren cada día 



LIBRO QUARTO. III 

En su guerra interior ¡os palacie/os. 
Que con la emulación rabiosa ciegos^ 
Al degüello se tiran á porfiít. 
Tomen esta lección muy oportuna'. 
Lleguen á la privanza enhorabuenas 
Mas labren su fortuna. 
Sin cimentarla en la desgracia agena. 

LIBRO (lUINTO. 

FÁBULA PRIMERA. 

LOS RATONES T EL GATO.. 

UjíLarramaquiz ^ gY2.n Gato, 
De iiariz:^roma , pero largo olfato. 
Se metió en una casa de Ratones. 
En «no de. sus lóbregos rincones 
Puso su alojamiento: 
Por delante de sí de ciento en ciento 
Les dexaba por gusto libre el paso, 
Como hace el bebedor que mira ai vaso; 
Y ensanchando así mas sus tragaderas, 
Al fin los elegia como peras. 
Este fué su exercicio cotidiano; 
Pero tarde ó temprano 



112 FÁBULAS. 

!AI fin ya los Ratones conocían 
Que por instantes se disminuían. 
Don Roepan^ Cacique el mas prudente 
De la Ratona gente. 
Con los suyos formó pleno consejo, 
Y dixo así con natural despejo: 

Supuesto,hermanos,queelsangrientoBruta, 
Que metidos nos tiene en llanto y luto. 
Habita el quarto baxo. 
Sin que pueda subir ni aun con trabajo 
Hasta nuestra vivienda , es evidente 
Que se atajará el daño solamente 
Con no baxar allá de modo alguno. 
El medio pareció muy oportuno; 
Y fué tan observado, -..^ 

Que ya Marramaquiz el muy taimado. 
Metido por el hambre en calzas prietas. 
Discurrió entre mil tretas 
La de colgarse por los pies de un palo 
Haciendo el muerto : no era el ardid malo. 
Pero Don Roepan luego que advierte 
Que su enemigo estaba de tal suerte; 
Asomando el hocico á su agujero: 
Ola , dice , ¿ qué es eso , Caballero ? 
¿Estás muerto de burlas, ó de veras? 
Si es Jo que yo recelo , en vano esperas: 
Pues no nos contaremos ya seguros 



LIBRO QUINTO. 113 

Aun sabiendo de cierto. 

Que eras á mas á mas de Gato muerto, 

Gato relleno ya de pesos duros. 

Sí alguno llega con astuta maña , 

!r una vez nos engaña^ 

Es cosa muy sabida^ 

Que puede algunas veces 

El huir de sus trazas y dobleces 

Valemos nada menos que la vida, 

FÁBULA II. 

EL ASNO r EL LOBO, 

Un Burro coxo vio que le seguía 
Un Lobo cazador , y no pudiendo 
Huir de su enemigo , le decia: 
Amigo Lobo , yo me estoy muriendo: 

Me acaban por instantes los dolores 
De este maldito pie de que coxeo: 
Si yo no me valiese de herradores. 
No me veria así como me veo. 

Y pues fallezco, sé caritativo: 
Sácame con los dientes este clavo. 
Muera yo sin dolor tan excesivo 
Y cómeme después de cabo á rabo. 

O, dixo el cazador con ironía, 

H 



114 FÁBULAS. 

Contando con la presa ya en la mano, 

No solamente sé la anatomía, 

Sino que soy perfecto Cirujano. 

El caso es para mí una patarata; 

La operación no mas que de un momento: 

Alargue bien la pata, 

Y no se me acobarde , buen Jumento. 

Con su estuche molar desenvainado 
El nuevo profesor llega al doliente; 
Mas este le dispara de contado 
Una coz que lo dexa sin un diente. 

Escapa el coxo; pero el triste herido 
Llorando se quedó su desventura, 
¡Ay infeliz de mí! bien merecido 
El pago tengo de mi gran locura. 

Yo siempre me llevé el mejor bocado 
En mi oficio de Lobo Carnicero; 
¿Pues si pude vivir tan regalado, 
A qué meterme aliora á curandero? 
Hablemos en razón : no tiene juicio 
Quien dexa el propio por ageno oficio. 



ilBRO QUINTO. 11$ 

FÁBULA III. 

EL ASNO T EL CABALLO. 

iban , mas no sé adonde ciertamente. 
Un Caballo y un Asno juntamente: 
Este cargado , pero aquel sin carga. 
El grave peso, la carrera larga. 
Causaron al Borrico tal fatiga. 
Que la necesidad misma le obliga 
A dar en tierra. Amigo compañero- 
No puedo mas , decia, yo me muero, 
Repartamos la carga, y será poca; 
Si no, se me v'a el alma por la boca. 
Dice el otro: revienta enhorabuena: 
¿Por eso he de sufrir la carga agena? 
Gran bestia seré yo, si tal hiciere. 
¿Miren, y qué Borrico se me muere? 
Tan justamente se quejó el Jumento, 
Que espiró el infeliz en el momento. 
El Caballo conoce su pecado. 
Pues tuvo que llevar mal de su gr^do 
Los fardos y aparejos todo junto; 
ítem mas, el pellejo del difunto. 
Juan , alivia en sus penas al vecino : 
Te/y qiiandü tú las tengas ^ déte ayuda, 

n2 



Il6 FÁBULAS. 

Si no lo hacéis asi ^ temed sin duda 
Que seréis el Caballo y el Pollino, 

FÁBULA IV. 

EL LABRADOR T LA PROVIDENCIA, 

U n Labrador cansado 

En el ardiente Estío 

Debaxo de una encina 

Reposaba pacífico y tranquilo. 

Desde su dulce estancia 

Miraba agradecido 

El bien con que la tierra 

Premiaba sus penosos exercicios. 

Entre mil producciones, 

Hijas de su cultivo, 

Veía calabazas. 

Melones por los suelos esparcidos. 

¿Por qué la Providencia, 

Decía entre sí mismo. 

Puso á la ruin bellota 

En elevado preeminente sitio? 

¿Quánto mejor sería. 

Que trocando el destino. 

Pendiesen de las ramas 

•Calabazas, melones y pepinos? 

Bien oportunamente 



LIBRO QUINTO. II? 

Al tiempo que esto dixo. 

Cayendo una bellota. 

Le pegó en las nances de improviso. 

Par diez , prorumpió entonces 

El Labrador sencillo: 

Si lo que fué bellota. 

Algún gordo melón hubiera sido. 

Desde luego pudiera 

Tomar á buen partido 

En caso semejante 

Quedar desnarigado,-pero vivo.v 

Aquí la Providencia 

Manifestarle quiso ^ 

Que supo- á cada cosa 

Señalar sabiamente su destino, 

A mayor bien del hombre 

Todo está repartido^ 

Preso el pez en su concha^ 

T libre por el aire el paxarillo. 

FÁBULA V. 

EL ASNO VESTIDO DE LEÓN. 

'^ U n Asno disfrazado 

Con una grande piel de León andaba; 
Por su temible aspecto casi estaba 
Desierto el bosque , solitario el prado. 



Il5 FÁBULAS. 

Pero quiso el destino. 
Que le llegase á ver desde el molino 
La punta de una oreja el molinero. 
Armado entonces de un garrote fiero. 
Dale de palos, llévalo á su casa; 
Divúlgase al contorno lo que pasa. 
Llegan todos á ver en el instante 
Al que habían temido León reinante; 

Y haciendo mofa de su idea necia , 
Quien mas le respetó , mas le desprecia. 
Desde que oí del Asno contar esto , 
Dos ochavos apuesto , 

Si es que Pedro Fernandez no se dexa 
De andar con el disfraz de Caballero^ 
A vueltas del vestido y el sombrero , 
Q,ue le han de ver la punta de la oreja» 

FÁBULA VL 

LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO, 

-tirase una Gallina que ponia 

Un huevo de oro al dueño cada dia. 

Aun con tanta ganancia mal contento. 

Quiso el rico avariento 

Descubrir de una vez la mina de oro, 

Y hallar en menos tiempo mas tesoro. 



LIBRO QUINTO. IIp 

Matóla: abrióla el vientre de contado; 

Pero después de haberla registrado, 

¿Qué sucedió? que muerta la Gallina 

Perdió su huevo de oro , y no halló mina. 

j Quííntos hay que teniendo lo bastante , 

Enriquecerse quieren al instante^ 

Abrazando proyectos^ 

A veces de tan rápidos efectos , 

Que solo en pocos meses ^ 

Quando se contemplaban ya Marqueses , 

Contando sus millones^ 

Se vieron en la calle sin calzones ! 

FÁBULA VII. 

LOS CANGREJOS. 

JLjos mas autorizados, los mas viejos 

De todos los Cangrejos 

Una gran asamblea celebraron. 

Entre los graves puntos que trataron, 

A propuesta de un docto Presidente, 

Como resolución la mas urgente. 

Tomaron la que sigue : pues que al mundo 

Estamos dando exemplo sin segundo 

El mas vil y grosero 

En andar hacia atrás como el Soguero : 



120 FÁBULAS. 

Siendo cierto también que los ancianos 
Duros de pies y manos. 
Causándonos los años pesadumbre, 
No podemos vencer nuestra costumbre. 
Toda madre desde este mismo instante 
Ha de enseñar á andar hacia adelante 
A sus hijos: y dure la enseñanza 
Hasta quitar del mundo tal usanza. 
Garras á la obra, dicen las Maestras 
Que se creían diestras; 
Y sin dexar ninguno. 
Ordenan á sus hijos uno á uno. 
Que muevan sus patitas blandamente 
Hacia adelante sucesivamente. 
Pasito á paso al modo que podian 
Ellos obedecían; 

Pero al ver á sus madres que marchaban 
Al revés de lo que ellas enseñaban. 
Olvidando los nuevos documentos. 
Imitaban sus pasos mas contentos. 
Repetían las madres sus lecciones; 
Mas no bastaban teóricas razones. 
Porque obraba en los jóvenes Cangrejos 
- Solo un exemplo mas que mil consejos. 
Cada Maestra se aflige y desconsuela 
No pudiendo hacer práctica su escuela: 
De modo que en efecto 



tIBRO QUINTO. 121 

Abandonaron todas el proyecto. 

Los Magistrados saben el suceso; 

Y en su pleno congreso 

La nueva ley al punto derogaron. 

Porque se aseguraron 

De que en vano intentaban la reforma, 

Quando ellos no sabian ser la norma. 

Tes así ^ que la fuerza de las leyes 

Suele ser el exemplo de los Reyes» 

FÁBULA VIIL 

LAS RANAS SEDIENTAS, 

Uos Ranas, que vivían juntamente, 

En un verano ardiente 

Se quedaron en seco eii su laguna. 

Saltando aquí y allí llegó la una 

A la orilla de un pozo. 

Llena entonces de gozo, 

Gritó á su compañera: 

Ven , y sal ligera. 

Llegó, y estando entrambas á la orilla, 

Notando como grande maravilla 

Entre los agostados juncos y heno 

El fresco pozo casi de agua lleno , 

Prorumpió la primera: ¿á qué esperamos. 



J22 FÁBULAS. 

Que no nos arrojamos 

Al agua que apacible nos convida? 

La segunda responde inadvertida : 

Yo tengo igual deseo; 

Pero pienso y preveo. 

Que aunque es fácil al Pozo nuestra entrada. 

La agua con los calores exhalada. 

Según vaya faltando. 

Nos irá dulcemente sepultando, 

Y al tiempo que salir solicitemos. 

En la Estigia Laguna nos veremos. 

Por consultar al gusto solamente 

Entra en la Nasa el Pez incautamente'^ 

El Páxaro sencillo en la red queda ; 

\T en qué lazos el hombre no se enredal 

FÁBULA IX. 

EL CUERVO r EL ZORRO, 

Urn la rama de un árbol 
Bien ufano y contento. 
Con un queso en el pico 
Estaba el Señor Cuervo. 
Del olor atraído 
Un Zorro muy maestro. 
Le dixo estas palabras 



LIBRO QUINTO. 1^3 

A poco mas ó menos: . 
Tenga usted buenos dias. 
Señor Cuervo , mi dueño: 
Vaya que estáis donoso'. 
Mono lindo en extremo : 
Yo no gasto lisonjas, 
Y digo lo que siento , 
Que si á tu bella traza 
Corresponde el gorgeo,; 
Juro á la Diosa Ceres, 
Siendo testigo el cielo. 
Que tú serás el fénix 
De sus vastos Imperios. 
Al oir un discurso 
Tan dulce y halagüeño, 
De vanidad llevado 
Quiso cantar el Cuervo. 
Abrió su negro pico, 
Dexó caer el queso. 
El muy astuto Zorro, 
Después de haberlo preso , 
Le dixo: señor bobo. 
Pues sin otro alimento 
Quedáis con alabanzas 
Tan hinchado y repleto. 
Digerid las lisonjas 
Mientras digiero el queso. 



t24 rÁBULAy. 

Quien oye aduladores ^ 
Nunca espere otro premio, 

FÁBULA X. 

UN COATO T UN PICARON. 

J\ un buen coxo un descortés 
Insultó atrevidamente: 
Oyólo pacientemente 
Continuando su carrera, 
Quando al son de la coxera 
Dixo el otro : una , dos , tres , 
Coxo es. 

Oyólo el coxo : aquí fué 
Donde el buen hombre perdió 
Los estribos ; pues le dio 
Tanta cólera , y tal ira. 
Que la muleta le tira. 
Quedándose, ya se ve. 
Sobre un pie. 
Solo el no poder correr 
Para darte el escarmiento , 
Dixo el coxo, es lo que siento. 
Que este mal no me atormenta: 
Porque al hombre solo afrenta , 
Lo que supo rnerccer , 
Padecer. 



LIBRO QUINTO. 12$ 

FÁBULA XI. 

EL CARRETERO T HERCULES, 



E, 



ífl un atolladero 
El carro se atascó de Juan Regaña: 
El á nada se mueve, ni se amaña; 
Pero jura muy bien: gran Carretero. 

A Hércules invocó; y el Dios le dice: 
Aligera la carga: ceja un tanto: 
Quita ahora ese canto: 
¿Está? Sí , le responde , ya lo hice. 

Pues enarbola el látigo , y con eso 
Puedes ya caminar. De esta manera , 
Arreando á la Mohina y la Roncera, 
Salió Juan con su carro del suceso. 
Si haces lo que estuviere de tu parte ^ 
Pide al cielo favor: ha de ayudarte, 

FÁBULA XIL 

I LA ZORRA T EL CHIVO» 

Una Zorra cazaba; 
Y al seguir á un Gazapo , 
Entre aquí se escabulle, allí lo atrapo, 



ijQí6 FÁBULAS. 

En un pozo cayó que al paso estaba. 

Quando mas la afligía su tristeza 
Por no hallar la infeliz salida alguna. 
Vio asomarse al brocal por su fortuna 
Del Chivo padre la gentil cabeza. 

¿Qué tal? dixo el barbón, ¿la agua es 
salada? ' 
Es tan dulce , tan fresca y deliciosa , 
Respondió la Raposa, 
Que en el tal pozo estoy como encantada. 

Al agua el Chivo se arrojó sediento: 
Monta sobre él la Zorra , de manera 
Que haciendo de sus cuernos escalera , 
Pilla el brocal , y sale en el momento. 

Quedó el pobre atollado: cosa dura. 
i Mas quién podrá á la Zorra dar castigo^ 
Quando el hombre , aun á costa de su amigo^ 
Del peligro mayor salir procura ? 

FÁBULA XIII. 

EL LOBO^ LA ZORRA T EL MONO JUEZ, 

U n Lobo se quejó criminalmente 
De que una Zorra astuta lo robase. 
El Mono Juez , como ella lo negase, 
Dexólos alegar prolixamente. 



LIBRO QUINTO. 127 

Enterado pronuncia la sentencia: 
No consta que te falte nada , Lobo; 
Y tú. Raposa , tú tienes el robo, 
Dixo , y los despidió de su presencia. 

Esta contradicción es cosa buena. 
La dixo el docto Mono con malicia. 
Al perverso su fama lo conde fia , 
Aun quando alguna vez pida justicia. 



FÁBULA XIV. 

LOS DOS GALLOS* 



Hí 



abiendo á su rival vencido un Gallo, 
Quedó entre sus gallinas victorioso. 
Mas grave, mas pomposo 
Que el mismo Gran Sultán en su Serrallo. 

Desde un alto pregona vocinglero 
Su gran hazaña : el Gavilán lo advierte. 
Lo pilla , lo arrebata ; y por su muerte 
Quedó el rival Señor del gallinero. 

Consuele al abatido tal mudanza : 
Sirva también de exemplo á los mortales 
Que se juzgan exentos de los males ^ 
Quando se ven en próspera bonanza. 



128 FÁBULAS. 

FÁBULA XV. 

LA MONA r LA ZORRA, 

Ün visita una Mona 
Con una Zorra estaba cierto dia, 

Y así ni mas ni menos la decía: 
Por mi fe que tenéis bella persona. 

Gallardo talle, cara placentera. 
Airosa en el andar , como vos sola; 

Y á no ser tan disforme vuestra cola. 
Seriáis en lo hermoso la primera. 

Escuchad un consejo. 
Que ha de sffr á las dos muy importante; 
Yo os la he de cortar, y lo restante 
Me lo acomodaré por zagalejo. 

Abrenuncio , la Zorra le responde: 
Es cosa para mí menos amarga 
Barrer el suelo con mi cola larga. 
Que verla por pañal bien sé yo donde. 

Por ingenioso que el necesitado 
Sea para pedir al avariento^ 
Este será de superior talento 
Para negarse á dar de lo sobrado. 



LIBRO QUINTO. 1^9 

FÁBULA XVI. 

LA GATA. MUGE ft*:. 

Jlj apaquilda la bella ■ 

Era Gata doncella 

Muy recatada , no menos hermosa > 

Queríala su dueño por esposa 

Si Venus consintiese, 

Y en muger á la Gata convirtiese. 
De agradable manera 

Vino en ello la Diosa placentera; 

Y ved á Zapaquilda en un instante 
Hecha moza gallarda , rozagante. 
Celébrase la boda; 

Estaba ya la sala nupcial toda 
De un lucido concurso coronada, 
La Novia relamida, almidonada 
Junto al Novio galán enamorado. 
Todo brillantemente preparado, 
Quando quiso la Diosa 
Que cerca de la Esposa 
Pasase un Ratoncillo de repente. 
Al punto que lo ve , violentamente, 
A pesar del concurso y de su amante. 
Salta , corre tras él , y échale el guante. 

j 



I^O FÁBULAS. 

Aunque del valle humilde á la alta cumbre 
Inconstante nos mude la fortuna^ 
La propensión del natural es una 
En todo -estado , y mas con la costumbre, 

FÁBULA XVII. 

'.;-^Xi4 LEONA T EL OSO, 

XJentro de un bosque oscuro y silencioso. 

Con un rugir continuo y espantoso. 

Que en medio de lanociie resonaba. 

Una Leona á las fieras inquietaba. 

Dícela un Oso : escúchame una cosa: 

¿Qué t=ragedia horrorosa, 

O qué sangrienta guerra. 

Qué rayos , ó qué plagas á la tierra 

Anuncia tu clamor desesperado 

En el nombre de Júpiter airado? 

¡ Ah ! mayor causa tienen mis rugidos. 

Yo , la mas infeliz de los nacidos , 

¿ Cómo no moriré desesperada 

Si me han robado el hijo ? ¡ay desdichada! 

¡ Ola ! ¿ con que eso es todo ? • 

Pues si se lamentasen de ese modo 

Las madres de los muchos que devoras, 

Buena música hubiera á todas horas. 



LIBRO QUINTO. 131 

Vaya , vaya , consuélate como ellas, 

No nos quiten el sueño tus querellas. 

A desdichas y males 

J^ivimos condenados los mortales^ 

A cada qualno obstante le parece^ 

Que de esta ley una excepción merece. 

Así nos conformamos con la pena^ 

No quando es propia , si quando es agena^ 



FÁBULA XVIII. 



HL LOBO T EL PERRO FLAC§» 



Di 



'istante de la aldea 
Iba cazando un Perro 
Flaco, que parecía 
Un andante esqueleto. 
Quando menos lo piensa 
Un Lobo lo hizo preso. 
Aquí de sus clamores. 
De áus llantos y ruegos. 
Decidme , señor Lobo , 
iQué queréis de mi cuerpo, 
Si no tiene otra cosa 
Que huesos y pellejo ? 
Dentro de quince dias 
Casa á su hija mi dueño; 



132 FÁBULAS. 

Y ha de haber para todos 
Arroz y gallo muerto. 
Dexadme ahora libre. 
Que pasado este tiempo. 
Podrás comerme á gusto, 
Lucio , gordo y relleno. 
Quedaron convenidos; 

Y apenas se cumplieron 
Los dias señalados. 

El Lobo buscó al Perro, 
Estábase en su casa 
Con otro compañero. 
Llamado Matalobos, 
Mastin de los mas fieros: 
Salen á recibirlo. 
Al punto que lo vieron. 
Matalobos baxaba 
Con corbatín de hierro. 
No era el Lobo persona 
De tantos cumplimientos; 

Y así por no gastarlos. 
Cedió de su derecho. 
Huía, y lo llamaban; 
Mas él iba diciendo 

Con el rabo entre piernas: 
Pies , ¿ para qué os quiero ? 
Hasta Jos niños saben 



LIBRO QUINTO. 133 

Qjue es de mayor aprecio 
Un Páxaro en la mano^ 
Que por el aire ciento. 

FÁBULA XIX. 

LA OVEJA T EL CIERVO, 

Un celemín de trigo 
Pidió á la Oveja el Ciervo, y la decia: 
Si es que Usted de mi paga desconfia, 
A presentar me obligo 

Un fiador desde luego, 
Que no dará lugar á tener queja: 
¿ Y quién es este ? preguntó la Oveja. 
Es un Lobo abonado , llano y lego. 

¡Un Lobo! ya: mas hallo un embarazo: 
Si no tenéis mas fincas que él sus dientes, 
Y tú los pies para escapar valientes, 
¿A quién acudiré cumplido el plazo? 

Si quien es el que pide ^ y sus fiadores 
Jantes de dar prestado se examina , 
Será menor , sin otra medicina^ 
La peste de los malos pagadores. 



134 FÁBULAS. 

FÁBULA XX. 

LA ALFORJA. 

ün una Alforja al hombro 

Llevo los vicios; 

Los ágenos delante, 

Detras los mios. 

Esto hacen todos; 

Así ven los ágenos. 

Mas no los propios. 

FÁBULA XXL 

EL ASNO INFELIZ, 

JL O conocí un Jumento 
Que murió muy contento. 
Por creer ( y no iba fuera de camino ) 
Que así cesaba su fatal destino. 
Pero la adversa suerte 
Aun después de su muerte 
Lo persiguió : dispuso que al difunto 
Le arrancasen el cuero luego al punto 
Para hacer tamboriles; 
Y que en los regocijos pastoriles 



LIBRO QUINTO. 135 

Bailasen las zagalas en el prado 
Al son de sq pellejo baqueteado. 
Quien por su mala estrella es infelice^ 
Aun muerto lo será : Fedro lo dice,' 

FÁBULA XXII. 

EL JAVALÍ T LA ZORRA, 

^us horribles colmillos aguzaba 
Un Javalí en el tronco de una encina. 
La Zorra , que vecina 
Del animal cerdoso se miraba. 

Le dice: extraño el verte, 
Siendo tú en paz Señor de la bellota, 
Quando ningún contrario te alborota. 
Que tus armas afiles de esta suerte. 

La fiera le responde : tengo oido 
Que en la paz se prepara el buen guerrero, 
Así como en la calma el marinero, 
T que v.ale por dos el prevenido* 



13^ FÁBULAS. 

FÁBULA XXIII. 



EL PERRO r EL COCODRILO* 



B 



ebiendo un Perro en el Nilo, 
Al mismo tiempo corria: 
Bebe quieto , le decía 
Un taimado Cocodrilo. 

Díxole el Perro prudente: 

Dañoso es beber y andar; 
Pero ¿es sano el aguardar 
A que me claves el diente ? 

j O qué docto perro viejo ! 
To venero su sentir 
En esto de no seguir 
Del enemigo el consejo, 

FÁBULA XXIV. 

LA COMADREJA r LOS RATONES, 

Uéb'ú y flaca cierta Comadreja, 
No pudiendo ya mas de puro vieja, 
Ni cazaba ni hacia provisiones 
De abundantes Ratones, 
\^?mo en tiempos pasados, 



LIBUO QUIMTO. 137 

Que elegía los tiernos regalados 
Para cubrir su mesa. 
Solo de tarde en tarde hacia presa 
En tal qual que pasaba muy cercano. 
Gotoso , paralítico, ó anciano. 
Obligada del hambre cierto dia. 
Urdió el modo mejor con que saldría 
De aquella pobre situación hambrienta. 
Pues la necesidad todo lo inventa. 
Esta vieja taimada 
Métese entre la harina amontonada. 
Alerta: y con cautela, 
Qual suele en la garita el centinela, 
Espera ansiosa su feliz momento 
Para la execucion del pensamiento. 
Llega el Ratón sin conocer su ruina, 

Y mete el hociquillo entre la harina. 
Entonces ella le echa de repente 

La garra al cuello , y al hocico el diente. 
Con este nuevo ardid tan oportuno 
Se los iba embuchando de uno en uno; 

Y á merced de discurso tan extraño 
Logró sacar su tripa de mal año. 
Es un feliz ingenio i?iteresante : 

£/ nos' ayuda , si el poder nos dexa; 
T al ver lo gm pasó a la Comadreja^ 
i (¿u¿^;-¿ no aguzará el suyo en adelante ? 



138 FÁBULAS» 

FÁBULA XXV. 

EL LOBO r EL PERRO. 

■l^n busca de alimento j 

Iba un Lobo muy flaco y muy hambriento. 

Encontró con un Perro tan relleno, 

Tan lucio, sano y bueno, 

Que le dixo : yo extraño 

Que estés de tan buen año, 

Como se dexa ver por tu semblante; 

Quando á mí mas pujante. 

Mas osado y sagaz mi triste suerte • 

Me tiene hecho retrato de la muerte. 

El Perro respondió : sin duda alguna 

Lograrás , si tú quieres , mi fortuna. 

Dexa el bosque y el 'prado; 

Retírate á poblado. 

Servirás de Portero' '' 

A un rico Caballero, 

Sin otro afán, ni mas ocupaciones. 

Que defender la casa de ladrones. • 

Acepto desde luego tu partido, ^^' 

Que para mucho mas estoy curtido.". 

Así me libraré de la fatiga 

A que el hambre me obliga. 



LIBRO QUINTO. 1 39 

De andar por montes sendereando peñas, 
Trepando riscos, y rompiendo breñas, 
Sufriendo de los tiempos los rigores, 
Lluvias , nieves , escarchas y calores. 
A paso diligente 

Marchaban juntos amigablemente, 
Tratando varios puntos de confianza 
Pertenecientes a llenar la panza. 
En esto el Lobo por algún recelo. 
Que comenzó á turbarle su consuelo, 
Mirando al Perro dixo : he reparado 
Que tienes el pescuezo algo pelado. 
Dime : ¿ qué es eso ? Nada. 
Dímelo por tu vida , camarada. 
No es mas que la señal de la cadena: 
Pero no me da pena; 
Pues aunque por inquieto 
A ella estoy sujeto. 

Me sueltan quando comen mis Señores; 
Recíbenme á sus pies de mil amores: 
Ya me tiran el pan , ya la tajada, 

Y todo aquello que les desagrada : 
Este lo mal asado, 

Aquel un hueso poco descarnado; 

Y aun un glotón que todo se lo traga , 
A lo menos me halaga , 
Pasándome la mano por el lomo. 



140 FÁBULAS. 

Yo meneo la cola , callo y como. 

Todo eso es bueno , yo te lo confieso; 

Pero por fin y postre tú estás preso: 

Jamas sales de casa. 

No puedes ver lo que en el pueblo pasa. 

Es así. Pues amigo. 

La amada libertad que yo consigo 

No he de trocarla de manera alguna 

Por tu abundante y próspera fortuna. 

Marcha, marcha á vivir encarcelado; 

No serás envidiado 

De quien pasea el campo libremente. 

Aunque tú comas tan glotonamente 

Pan , tajadas y huesos , porque al cabo 

No hay bocado en sazón para un esclavo. 



Nec aliud quidqttam per Fabellas quaeritur, 
Quam corrigatur error ut mortalium, 
^cuatque sese diligens industria, 

Phedr. Fab, Prol. Lib. n. 



FÁBULAS 

EN VERSO CASTELLANO 

PARA EL USO 
DEL REAL SEMINARIO BASCONGADO, 

POR 

Z>. FÉLIX MARÍA DE SAMANIEGO, 

Sefior de las Villas y Valle de Arraya en la 

Provincia de Alata , Individuo de Ntimero y y 

Literato de la Real Sociedad Bascongada^ 

Presidente de turno de dicho Seminario, 

TOMO IL 

r — ffp^ .V''' 

Ñeque enim notare singulos mens est mihi; 
jyerum ipsam vitam , et mores hominum ostendere* 
Phedr. Fab. Prol. Lib. iii. 



ADVERTENCIA. 



A excepción de un corto 
número de argumentos sa- 
cados de Esopo , Fedro y 
La-Fontaine , todos los 
asuntos contenidos en los 
Apólogos de los Libros i. n, 
y III. pertenecen al Fabu- 
lista ingles Gat. El Libro ir. 
es original. 



FÁBULAS. 

LIBRO P R I M fE R O. 

PRÓLOGO, 
FÁBULA PRIMERA. 

EL PASTOR r EL FILOSOFO, 

iJe los confusos pueblos apartado 
Un anciano Pastor vivió en su choza. 
En el feliz estado en que se goza 
Exístirvni envidioso , ni envidiado. 
No turbó con cuidados la riqueza 
A su tranquila vida; 
Ni la^ extremada mísera pobreza 
Fué del dichoso anciatio conocida. 
Empleado en su labor gustosamente 
Envejeció : sus canas , su experiencia 

Y su virtud le hicieron finalmente 
Respetable varón , hombre de ciencia. 
, Voló su grande fama por..ei níundo; 

Y llevado de nueva tan extraña, 
Acercóse un Filósofo, profundo . 



144 FABÜfcAS. 

A la humilde cabana, 

Y preguntó al Pastor: dime ¿en qué escuela 
Te hiciste sabio? ¿Acaso te ocupaste 
Largas noches leyendo á la candela ? 

¿A Grecia y Roma sabias observaste? 
I Sócrates refino tu entendimiento ? 
¿ La Ciencia de Platón has tú medido ? 
¿ O pesaste de Tulio el gran talento ? 
¿O tal vez como Ulises has corrido 
Por ignorados Pueblos y confusos. 
Observando costumbres , leyes y usos? 

Ni las letras seguí, ni como Ulises 
( Humildemente respondió el anciano ) 
Discurrí por incógnitos paises. 
Sé que el género humano 
En la escuela del mundo lisonjero 
Se instruye en el doblez y en la patraña» 
Con la ciencia que engaña 
¿Quién podrá hacerse sabio verdadero? 
Lo poco que yo sé me lo ha enseñado 
Naturaleza en fáciles lecciones : 
Un odio firme al vicio me ha inspirado : 
Exemplos de virtud da á mis acciones. 
Aprendí de la Abeja lo industrioso, 

Y de la Hormiga , que en guardar se afana, 
A pensar en el dia de mañana: 

Mi Hastia el hermoso. 



LIBRO PRIMERO. I4S 

Y fiel -sin semejante. 

De gratitud y lealtad constante, 
Es el mejor modelo, 

Y si acierto á copiarle me consuelo. 
Si mi nupcial amor lecciones toína, 
Las encuentra en la candida Paloma. 
La Gallina á sus pollos abrigando 
Con sus piadosas alas como madre, 

Y las sencillas aves aun volando, 

Me prestan reglas para ser buen padre. 

Sabia naturaleza mi maestra, 
Lo malo' y lo ridículo me muestra 
Para hacérmelo odioso. 
Jamas hablo á las . gentes 
Con aire grave, tono jactancioso;- 
Pues saben los prudentes, 
Que lejos de ser sabio el que así hable. 
Será lüH Buho solemne despreciable. 
Un hablar moderado. 
Un silencio oportuno 
En mis conversaciones he guardado. 
El hablar molesto é importuno 
Es digno de desprecio. 
Quien escuche á la Urraca será un necio. 

A los -que usan la fuerza y el engaño 
Para el ageno daño, 
Y usurpan á los otros su derecho, 

K 



146 FÁBULAS. 

Los debe aborrecer un noble pecho.' 
Únanse con los Lobos en la caza» 
Con Milanos y Aleones, 
Con la maldita serpentina raza. 
Caterva de carnívoros ladrones. 
¡ Mas qué dixe! Los hombres tan malvados 
Ni aun nterecen tener estos aliados. 
No hay dauo ni animal tan peligroso 
Como el usurpador y el envidioso. 
Por último en el libro intermii^able 
Déla naturaleza yo medito: ri^ • 
En todo lo creado es admirables. 
Del ente mas sencillo y pequeñito 
Una contemplación profunda alcanza 
Los mas preciosos frutos de enseñanza. 

Tu virtud acredita , buen. anciano, 
(El Filósofo exclama) ' -1 

Tu ciencia verdadera y justa fama. 
Vierte el género humano : ■;;:. 
En sus libros y escuelas sus errores: 
En preceptos mejores 
Nos da naturaleza su doctrina; 
j4sí quien sus verdades exám'ma 
Con la meditación y la experiencia^ 
Llegará á, conocer virtud y ciencia* 



LIBRO PRIMERO. I47 

FÁBULA ir. 

.£L HOMBRE T LA FANTASMA. 



u. 



n Joven licencioso 
Se hallaba en un estado vergonzosa 
Con sus males secretos retirado: 
En soledad , doliente , exasperado. 
Cavila , llora , canta , jura , reza 
Como quien ha perdido la cabeza. 
¿Te falta la salud? Pues caballero. 
De todo tu: dinero, 
Nobleza , juventud y poderío, 
Sábete: -que me rio: 
Trata de recobrarla , pues perdida 
¿De qué sirven los bienes de la vida? 
Todo esto una Fantasma le previno, 
Y al instante se jfué como se vino. 
El enfermo se cuida , se repone. 
Un nuevo plan de vida se propone: 
En efecto se casa. 
Cércanle los cuidados de la casa. 
Que se van aumentando de hora en hora. 
La muger (Dios nos libre) gastadora. 
Aun mucho mas que rica, 
Los hijos y las deudas multiplica; 

K 2 



I4B FÁBULAS. 

De modo que el marido. 

Mas que nunca aburrido, 

Se puso sobre un pie de economía. 

Que estrechándola mas de dia en dia, 

Al fin se enriqueció con opulencia: r 

La Fantasma le dice : en mi conciencia 

Que te veo amarillo como el oro: 

Tienes tu corazón en el tesoro: 

Miras sobre tu pecho acongojado 

El puñal del ladrón enarbolado:' 

Las noches pasas en mortal desvelo: 

¿Y así quieres vivir?.... ¡qué desconsuelo! 

El Hombre , como caso milagroso. 

Se transformó de avaro en ambicioso. 

Llegó dentro de poco á la privanza: 

¡El señor don Dinero que no alcanza! 

La Fantasma le muestra claramente 

Un falso confidente: 

Cien traidores amigos. 

Que quieren ser autores y testigos 

De su pronta caída. 

Resuélvese á dexar aquella vida, 

Y ya desengañado, 

JEn los campos se mira retirado. 

Buscaba los placeres inocentes 

En las flores y frutas diferentes. 

¿Quieren Ustedes creer (esto me pasma) 



LIBRO PRIMERO. I49 

Que aun allí le persigue la Fantasma? 
Los insectos , los yelos y los vientos. 
Todos los elementos, 
Y las plagas de todas estaciones 
Han de ser en el campo tus ladrones. 

¿Pues á dónde irá el pobre Caballero? 

Digo que es un solemne majadero 
Todo aqttel que pretende . 
Vivir en este mundo sin su duende. 



FÁBULA IIL 

EL JAVÁtÁ T EL CARNERO. 



D. 



'e la rama de un árbol un Carnero 
Degollado pendia: 
En él á sangre fria 
Cortaba el remangado Carnicero: 

El rebaño inocente. 
Que el trágico espectáculo miraba, ;^ 
De miedo ni pacia , ni balaba. 
Un Javalí gritó, cobarde gente, 

Que miráis la carnívora matanza, 
¿Cómo no os vengáis del enemigo? 
Tendrá (dixo un Carnero) su castigo; 
Mas no de nuestra parte la venganza. 
La piel, que arranca con sus propiavStnanos, 
Sirve para los pleitos y la guerra, 



T50 FÁBULAS. 

Las dos mayores plagas de la tierra. 
Que afligen á los míseros humanos. 

Apenas nos desuellan , se destina 
Para hacer pergaminos y tambores: 
Mira como los hombres malhechores 
Labran en su maldad su propia ruina, 

FÁBULA IV. 

EL RAPOSO , LA MUGER T EL QALLO^ 

v>on las orejas gachas, 

Y la cola entre piernas. 
Se llevaba un Raposo 
Un Gallo- de la Aldea. 
Muchas gracias al Alba, 
Que pudo ver la fiesta 
Al salir de su casa 
Juana la madruguera. 
Como una loca grita: 
Vecinos que le lleva: 
Que es el mió , vecinos. 
Oye el Gallo las quejas, 

Y le dice al Raposo: 
Dile que no nos mienta. 
Que soy , tuyo y muy tuyo. 
Volviendo la cabeza 



LIBRO PRIMERO. Igl 

Le responde el Raposo: 
Oyes , gran embustera. 
No es tuyo , sino mió: 
Él mismo lo confiesa. 
Mientras esto decia. 
El Gallo libre vuela, 
Y en la copa de un árbol 
Canta que se las pela. 
El Raposo burlado 
Huyó : ; quién lo creyera! 
To : pues á mas de quatro 
Muy zorros en sus tretas^ 
Por hablar á destiempo^ 
Los vi perder la presa. 



FÁBULA V. 

EL FILÓSOFO T EL RUSTICO. 



L 



fa del Alba sería 
La hora en que un Filósofo saKa . 
A meditar al campo solitario. 
En lo hermoso y lo vario. 
Que á la luz de la Aurora nos enseña 
Naturaleza entonces mas risueña. 
Distraido sin senda caminaba, 
Quando llegó á un Cortijo donde estaba 



152 FÁBULAS. 

Con un martillo el Rústico en la mano, 
En la otra un Milano, 

Y sobre una portátil escalera. 
zQué haces de esa manera? 
El Filósofo dixo: 

Castigar á un ladrón de mi Cortijo, 
Que en mi corral ha hecho mas destrozos 
Que todos los ladrones en Torozos. 
Le clavo en la pared... ya estoy contento... 
Sirva á toda tu raza de escarmiento. 
El matador es digno de la muerte, 
(El Sabio dixo) mas si de esa suerte 
El Milano merece ser tratado, 
¿De qué modo será bien castigado 
El hombre sanguinario , cuyos dientes 
Devoran á infinitos inocentes, 

Y cuenta como mísera su vida. 
Si no hace de cadáveres comida? 

Y aun tú que así castigas los delitos. 
Cenarías anoche tus pollitos? 

Al mundo le encontramos de este modo, 
(Dixo airado el Patán) , y sobre todo, 
Si lo mismo son hombres que Milanos, 
Guárdese no le pille entre mis manos. 
El Sabio se dexó de reflexiones. 
yíl tirano le ofenden las 7'azones^ 
Qr/e^ demuestran su orgullo y tiranía^ 



LIBRO PRIMER.O. 153 

Mientras por su sentencia cada dia 
Muere {viviendo él mismo impunemente^ 
Por menores delitos otra gente, 

FÁBULA VI. . 

LA PAVA T LA HORMIGA, 

J\\ salir can las yuntas 
Los criados de Pedro, 
El corral se dexaron 
De par en par abierto. 
Todos los Pavipollos 
Con su madre se fueron 
Aquí y allí picando 
Hasta el cercano otero. 
Muy contenta la Pava 
Decía á sus poUuelos: 
Mirad , hijos el rastro 
De un copioso hormiguero. 
Ea , comed hormigas, 
Y no tengáis recelo. 
Que yo también las como: 
Es un sabroso cebo. 
Picad , queridos mios: 
¡O qué dias los nuestros. 
Si no hubiese en d mundo 



1 54 FÁBULAS, 

Malditos cocineros! 

Los hombres nos devoran, 

Y todos nuestros cuerpos 
Humean en las mesas 
De nobles y plebeyos. 

A qualquier fiestecilla 
Ha de haber Pavos muertos. 
¡Qué pocas Navidades 
Contaron mis abuelos! 
¡ O glotones humanos. 
Crueles carniceros! 
Mientras tanto una Hormiga 
Se puso en salvamento 
Sobre un árbol vecino, 

Y gritó con denuedo: 
¡Ola! con que los hombres 
Son crueles , perversos: 
¿Y qué seréis los Pavos? 
¡Ay de míí ya lo veo: 

A mis tristes parientes, 
¡Qué digo! á todo el pueblo 
Solo por desayuno 
Os le vais engullendo. 
No respondió la Pava 
Por no saber un cuento. 
Que era entonces del caso, 

Y ahora viene á pelo. 



LIBRO PRIMERO. IgS 

Un gusano roía 
Un grano de centeno: 
Viéronlo las Hormigas: 
¡Qué gritos! ¡que aspavientos! 
Aquí fué Troya (dicen): 
Muere , picaro perro. 
Y ellas ¿qué hacían? Nada: 
Robar todo el granero. 
.■ ■ .Hombres ^ Pavos ^ Hormigas^ 
Según estos exemplos^ 
Cada qual en su libro 
Esta moral tenemos» 
La falta leve en otro 
Es un pecado horrendo^ 
Pero el delito propio 
No mas que pasatiempo, 

FÁBULA VII. 

EL ENFERMO T LA VISION, 

I v^on qué de tus recetas exquisitas 
(Un Enfermo exclamó) ninguna alcanza!... 
El Médico se fué sin esperanza. 
Contando por los dedos sus visitas. 
. Así desengañado, 
Y creciendo por horas su dolencia. 



156 FÁBULAS. 

De este modo exámiíaa su conciencia: 
En todos mis contratos he logrado - 

(No lo niego) ganancia muy segura: 
Trabajé en calcular mis intereses, 
Aumenté mi caudal en pocos meses, 
Mas por felicidad que por usura. 

Sin rencor ni malicia 
Hice que á mi deudor pusiesen preso. 
Murió pobre en la cárcel , lo confieso; 
Mas en fin es un hecho de justicia. ~'' 

Si por cierto instrumento 
Reduxe á una familia muy honrada 
A pobreza extremada, 
Algún dia leerán mi testamento. 

Entonces (muerto yo) se hará patente 
En la tierra , lo mismo que en el cielo. 
Para alivio de pobres y consuelo 
Mi caridad ardiente. ' ' 

Una Vision se acerca, y dice: Hermano, 
La esperanza condeno 
Dd que aguarda á morir para ser bueno: 
Una acción de piedad está en tu mano. 

Tus próximos , según sus oraciones. 
Están necesitados: 
Para ser remediados 

Han menester siquiera cien doblones 

¡Cien doblones! No es nada. 



LIBRO PRIMERO. , 157 

Y si porque Dios qiiiara , no me muero, 

Y después me hace falta ese dinero, 
Sería caridad bien ordenada?,... 

Avaro ¿te resistes? Pues al cabo 
Te anuncio que tu muerte está cercana.... 
¿Me muero? Pues que esperen á mañana. 
La Vision se volvió sin un ochavo. 

FÁBULA Vin. 

EL CAMELLO T LA PULGA* 

■ Al que ostenta valimiento, 
Quando su poder es tal 
Que ni influye en bien ni en mal, 
Le quiero contar un cuento. 
En una larga jornada 

Un Camello muy cargado 

Exclamó ya fatigado: 

j O qué carga tan pesada! 

Doña Pulga que montada 

Iba sobre él , al instante 

Se apea , y dice arrogante: 

Del peso te libro yo. 

El Camello respondió: 

Gracias , Señor Elefante. 



TS8 FÁBULAS. 

FÁBULA IX. 

EL CERDO , EL CARNERO T LA CABRA» 

JL oco antes de morir el Corderillo 
Lame alegre la mano y el cuchillo 
Que han de ser de su muerte el instrumento, 
Y es feliz hasta el último rríómento. 
Así , quando es el mal inevitable, 
Es quien menos prevee mas envidiable. 
Bien oportunamente mi memoria 
Me presentad Lechonde cierta historia. 

Al mercado llevaba un. Carretero 
Un Marrano,' una Cabra y un Carnero. 
Con perdón, el Cochino -' 
Clamaba sin cesar en -el camino: 
¡Esta si que es miseria^' ' -• .í-'') ' 
Perdido soy , me llevan á la feria." 
Así gritaba : ¡mas con qué gruñidos! 
No dio en su esclavitud tales gemidos 
Hécuba la infelice. 
El Carretero al Gruñidor le dice: 
¿No miras al Carnero y á la Cabra, 
Que vienen sin hablar una palabra? 
¡ Ay , Señor (le responde) , ya lo veo! 
Son tontos , y no piensan. Yo preveo 



LIBRO PRIMERO. 1^9 

Nuestra muerte cercana. , . i 

A los dos por la leche y ppr la lana 
Quizá no matarán tan prontamente; 
Pero á mí , que soy bueno solamente 

Para pasto del hombre no lo dudo, 

Mañana comerán de mi menudo. 

A Dios , pocilga , á Dios , gamella mia. 

Sutilmente su muerte preveía. 

¿Mas qué lograba el pensador Marrano? 

Nada , sino sentirla de antemano. 

El dolor ni los oyes es seguro 

Que no remediarán el mal futuro» 

FÁBULA X. 

EL ,LEON ^ EL TIGRE T EL CAMINANTE. : 

Üntre sus fieras garras oprimía 
Un Tigre á un Caminante. 
A los tristes quejidos al instante 
Un León acudió : con bizarría^ 
Lucha , vence á la fiera, y lleva al hombre 
A su regia caverna. Toma aliento, 
(Le decia el León) nada te asombre: 
Soy tu libertador: estame atento. 

¿Habrá bestia sañuda y enemiga. 
Que se atreva á mi fuerza incomparable? 



l6o FÁBULAS. 

TÚ puedes responder ; ó que lo diga 
Esa pintada fiera despreciable. 
Yo , yo solo , Monarca poderoso. 
Domino en todo el bosque dilatado. 
¡Quántas veces la Onza , y aun el Oso 
Con su sangre el tributo me han pagado! 
Los despojos de pieles y cabezas, 
Los huesos que blanquean este piso, 
Dan el mas claro aviso 
De mi valor sin par y mis proezas. 

Es verdad (dixo el hombre) soy testigo: 
Los triunfos miro de tu fuerza airada, 
Contemplo á tu nación amedrentada. 
Al librarme venciste á mi enemigo. 
En todo esto , Señor, (con tu licencia) 
Solo es digna del trono tu clemencia. 
Sé benéfico , amable, 
En lugar de despótico tirano: 
Porque , Señor , es llano, 
Que el Monarca será mas venturoso, 
Quanto hiciere á su pueblo mas dichoso.... 

Con razón has hablado; 
Y ya me causa pena 
El haber yo buscado 
Mi propia gloria en la desdicha agena. 
En mis jóvenes años 
El orgullo produxo mil errores, 



LIBRO PRIMERO. l6l 

Que me los ha encubierto con engaños 
Una Corte servil de aduladores. 
Ellos me aseguraban de concierto, 
Q^ue por el mundo todo 
No reinan los humanos de otro modo : 
Tú lo sabrás mejor : dime ^ ly es cierto ? 

FÁBULA XL 

LA mUERTE, ,,^„_ 

Pís no3 
ensaba en elegir la Reina mueirt^rí 

Un Ministro de Estado: •■ 

Le queria de suerte 

Que hiciese floreciente su Reinado. 

El Tabardillo, Gota, Pulmonía, 

Y todas las demás enfermedades, 

Yo conozco ( decia ) 

Que tienen excelentes calidades. 

¿Mas qué importa? la Peste, por exemplo, 
Un Ministro sería sin segundo ; 
Pero ya por inútil la contemplo , 
Habiendo tanto Médico en el Mundo. 
Uno de estos elijo.. .Mas no quiero , 
Que están muy bien premiados sus servicios 
Sin otra recompensa que el dinero. 
Pretendieron la plaza algunos vicios. 



l62 FÁBULAS. 

Alegando eíi su abono mil razones*. 
Consideró la Reina su importancia; 
Y después 4e maduras reflexiones. 
El empleo ocupó la Intemperancia. 

FÁBULA XII. 

EL'^AMORT LA LOC&RA» 

XJ-abiendo la Locura 
Con el Amor reñido , 
Dexó cíégO de un golpe 
Al miserable niño. 
Venganza pide al Cielo 
Venus: ¡mascón qué gritos! 
Era madre y esposa. 
Contesto queda dicho. 
Querellase á los Dioses 
Presentando á su hijo: 
¿De qué sirven las flechas» 
De qué el arco á Cupido, 
Faltándole la vista 
Para asestar sus tiros? 
Quítensele las alas, 
Y aquel ardiente cirio, 
Si á su luz ser no pueden 
Sus vuelos dirigidos. 



IIBRO PRIMERO. 163 

Atendiendo á que el ciego 
Siguiese su exercicio, 
Y á cjue la delinqüente 
Tuviese su castigo, 
Júpiter, Presidente 
De la asamblea, dixo: 
Ordeno á la Locura 
Desde este instante mismo. 
Que eternamente sea 
De Amor el lazarillo, 

LIBRO SEGUNDO. 

FÁBULA PRIMERA, 

£L RAPOSO ENFERMO^ 

ül tiempo , que consume de hora en hora 
Los fuertes murallones elevados, 
Y lo mismo devora 
Montes agigantados, 

A un Raposo quitó de dia en dia 
Dientes , fuerza , valor , salud , de suerte 
Que él mismo conocia. 
Que se hallaba en las garras de la muerte. 

Cercado de parientes y de amigos, 

L2 



1 64 FÁBULAS. 

Dixo en trémula voz y lastimera: 
¡ O vosotros , testigos 
De mi hora postrera. 

Atentos escuchad un desengaño! 
Mis ya pasadas culpas me atormentan: 
Ahora conjuradas en mi daño, 
¿No veis como á mi lado se presentan? 

Mirad , mirad los Gansos inocentes 
Con su sangre teñidos , 

Y los Pavos en partes diferentes, 
Al furor de mis garras divididos. 

Apartad esas aves que aquí veo, 

Y me piden sus pollos devorados: 
Su infernal cacareo 

Me tiene los oidos penetrados, 

Los Raposos le afirman con tristeza: 

( No sin lamerse labios y narices) 

Tienes debilitada la cabeza, 

Ni una pluma se ve de quanto dices. 
Y bien lo puedes creer , que si se viese. 

¡O glotones! callad: ya os entiendo: 

(El enfermo exclamó ) ; si yo pudiese 

Corregir las costumbres qual pretendo! 
¿ No sentis que los gustos. 

Si son contra la paz de la conciencia. 

Se cambian en disgustos? 

Tengo de esta verdad gran experiencia. 



LIBRO SEGUNDO. v l6$ 

Expuestos á las trampas y á los perros. 
Matáis y perseguís á todo trapo 
En la Aldea Gallinas , y en los cerros 
Los inocentes lomos del Gazapo. 

Moderad , hijos mios - las pasiones: 
Observad vida quieta y arreglada , 
Y con buenas acciones 
Ganareis opinión muy estimada. 

Aunque nos convirtamos en Corderos, 
( Le respondió un oyente sentencioso) 
Otros han de robar los gallineros 
A costa de la fama del Raposo. 

Jamas se cobra la opinión perdida : 
Esto es lo uno: á mas ¿usted pretende 
Que mudemos de vida? 
Quien malas mañas ha...ya usted me 
entiende. 

Sin embargo , hermanito , crea , crea.... 
( El enfermo le dixo ) ¡ Mas qué siento!.... 
¿No oís que una Gallina cacarea?.... 
Esto sí que no es cuento. 

A Dios , Sermón : escápase la gente. 
El enfermo Orador esfuerza el grito: 
¿ Os vais , hermanos ? Pues tened presente. 
Que no me baria daño algún pollito. 



1 66 FÁBULAS. 

FÁBULA II. 

LAS EATEJQÜIAS DE LA LEONA» 

ün su regia caverna inconsolable 
El Rey León yacia, 
Porque en el mismo dia 
Murió ( ¡cruel dolor! ) su esposa amable. 
A Palacio la Corte toda llega, 
Y en fúnebre aparato se congrega. 
En la cóncava gruta resonaba 
Del triste Rey el doloroso llanto. 
AHÍ los Cortesanos entretanto 
También gemian, porque el Rey lloraba, 
Que si el viudo Monarca se riera , 
La Corte lisonjera 
Trocara en risa el lamentable paso. 
Perdone la difunta : voy al caso. 
Entre tanto sollozo 
El Ciervo no lloraba, ( yo lo creo) 
Porque* lleno de gozo 
Miraba ya cumplido su deseo. 
La tal Reina le habia devorado 
Un hijo y la muger al desdichado. 
El Ciervo en fin no llora: 
El concurso lo advierte: 



LIBRO SEGUNDO. t6f^ 

El Monarca lo sabe , y en la hora 
Ordena con furqi/ darle la muerte. ' 
¿ Cómo podré llorar ( el Ciervo dixo ) 
Si apenas puedo hablar de regocijo? 
Ya disfruta ( gran Rey ) mas venturosa 
Los Elíseos campos vuestra esposa: 
Me lo ha revelado á la venida. 
Muy cerca de la gruta aparecida: 
Me mandó lo callase algún momento. 
Porque gusta mostréis el sentimiento. 
Dixo así: y el concurso cortesano 
Aclamó por milagro la patraña. 
El Ciervo consiguió que el Soberano 
Cambiase en amistad su fiera saña. 

Los que en la indignación han incurrido 
De los grandes Señores^ 
A veces su favor han conseguido ■. -. 
Con ser aduladores. 

Mas no por esto adv-ferto .^- ^jip ¿nrri ; 
Que el medio sea jmPcí^ pues es cierto^ 
Que á mas Príncipes rvifia 
La adulación servil ^^qm la malicia* 



1 68 FÁBULAS, 

FÁBULA III. 

EL POETA T LA ROSA. 

U na fresca mañana 
En el fíorido campo 
Un Poeta buscaba 
Las delicias de Mayo. 
Al peso de las flores 
Se inclinaban los ramos, 
Como para ofrecerse 
Al huésped solitario. 
Una Rosa lozana. 
Movida al aire blando. 
Le llama, y él se acerca. 
La toma, y dice ufano: 
Quiero , Rosa, que vayas 
No mas que por un rato 
A que la hermosa Clori 
Te reciba en su mano. 
Mas no, no, pobreeita. 
Que si vas á su lado. 
Tendrás de su hermosura 
Unos zelos amargos. 
Tu suave fragrancia. 
Tu color delicado , 



LIBRO SEGUNDO. . 1^9 

El verdor de tus hojas , 
Y tus pimpollos caros 
Entre estas florecillas 
Pueden ser alabados; 
Mas junto á Clori bella. 
Es locura pensarlo. 
Marchita , cabizbaxa 
Te irias deshojando. 
Hasta parar tu vida 
En un desnudo cabo. 

La Rosa , que hasta entonces 
No despegó sus labios. 
Le dixo resentida: 
Poeta chabacano, 
Quando á un héroe quieras 
Coronar con el lauro. 
Del jardín de sus hechos 
Has de cortar los ramos. 
Por labrar su corona 
No es justo que tus manos 
Desnuden otras sienes 
Que la virtud y el mérito adornaron. 



I^Qí . FÁBULAS. 

FÁBULA IV. 

EL BUHO r EL HOMBRE, 

V ivia en un granero retirado 
Un reverendo Buho, dedicado 
A sus meditaciones , 
Sin olvidar la caza de Ratones. 
Se dexaba ver poco, mas con arte: 
Al Gran Turco imitaba en esta parte. 
El Dueño del granero 
Por azar advirtió , que en un madero 
El páxaro nocturno 
Con gravedad estaba taciturno. 
El Hombre le miraba , se reía: 
I Qué carita de Pasqua ! le decia. 
i Puede haber mas ridículo visage? 
Vaya , que eres un raro personage. 
¿Por qué no has de vivir alegremente 
Con la páxara gente, 
Seguir desde la Aurora 
A la turba canora 

De Gilgueros , Calandrias, Ruiseñores, 
Por valles , fuentes , árboles y flores? 
Piensas á lo vulgar : eres un necio: 
( Dixo el solemne Buho con desprecio) 



LIBRO SEGUNDO. í?^ 

Mira , mira, ignorante, 

A la sabiduría en mi semblante: 

Mi aspecto , mi silencio, mi retiro. 

Aun yo mismo lo admiro. 

Si rara vez me digno, como sabes. 

De visitar la luz , todas las aves 

Me siguen y rodean : desde luego 

Mi mérito conocen : no lo niego. 

¡Ah, tonto presumido! 

( El Hombre dixo así ) ten entendido 

Que las aves, muy lejos de admirarte. 

Te siguen y rodean por burlarte. 

De ignorante orgulloso te motejan , 

Como yo á aquellos hombres que se alejan 

Del trato de las gentes, 

Y con extravagancias diferentes 
Han llegado á Doctores en la ciencia 

De ser sabios no mas que en la apariencia. 

De esta suerte de locos 
Hay hombres como Buhos , y no pocos» 

FÁBULA V. 

LA MONA, 

Oubió una Mona á un nogal, 

Y cogiendo una nuez verde, 



17^ FÁBULAS. 

En la cascara la muerde; 
Con que la supo muy mal. 
Arrojóla el animal , 
Y se quedó sin comer. 

Así suele suceder 
A quien su empresa abandona^ 
Porque halla como la Mona 
Al principio que vencer, 

FÁBULA VI. 

USOVO ^ r UN ATENIENSE» 

v^ercado de muchachos, 
Y jugando á las nueces , 
Estaba el viejo Esopo 
Mas que todos alegre. 
¡Ah pobre! ya chochea 
( Le dixo un Ateniense). 
En respuesta el Anciano 
Coge un arco que tiene 
La cuerda floxa , y dice: 
Ea , si es que lo entiendes, 
Dime, ¿qué significa 
El arco de esta suerte? 
Lo examina el de Atenas, 
Piensa , cavila , vuelve, 



LIBRO SEGUNDO. 1 73 

Y se fatiga en vano. 

Pues que no lo comprehende. 

El Frigio victorioso 

Le dixo : Amigo , advierte. 

Que romperás el arco 

Si está tirante siempre: 

Si floxo , ha de servirte 

Quando tú lo quisieres. 

Si al ánimo estudioso 
yílgun recreo dieren, 
J^olverá á sus tareas 
Mucho mas útilmente. 



FÁBULA VIL 

ÜEMETRIO T. MENANDRO» 



Si 



te falta el buen nombre 
Fabio , en vano presumes 
Que en el mundo te tengan por grande 

hombre. 
Sin mas que por tus galas y perfumes, 
Demetrio el Phaleriano se apodera 
De Atenas; y aunque fué con tiranía, 
De agradable manera 
Los del vulgo le aclaman á porfía. 
Los grandes y los nobles distinguidos 



174 FÁBULAS. 

Con fingido placer la mano besan 

Que los tiene oprimidos. 

Aun á los que en el ocio se embelesan^ 

Y á la poltrona gente 

Los arrastra el temor al cumplimiento: 
Con ellos va Menandro juntamente. 
Dramático escritor de gran talento» 
Cuyas obras leyó sin conocerle 'J 
Demetrio. Con perfumes olorosos, 

Y pasos afectados entra : al verle 
Llegar entre los tardos perezosos, ^ 
El nuevo Archónte prorrumpió enojado: 
¿ Con qué valor se pone en mi presencia 
Ese hombre afeminado ? 

Señor , le respondió la concurrencia. 
Es Menandro el autor. AI punta -muda 
De semblante el tirano: 
Al Escritor saluda, 

Y con grata expresión le da la mano, 

FÁBULA VIII. 

1,AS HORMIGAS, 

J_^o que hoy las Hormigas son 
Eran los hombres antaño: 
De lo propio y de lo extraño 



LIBRO SEGUNDO. 1 75 

Hacían sil provisión. 
Júpiter , que tal pasión 
Notó de siglos atrás, 
Ní> pudiendo aguantar mas. 
En Hormigas los transforma. 
Ellos mudaron de forma: 
íT de costumbres V Jamas» 



FÁBULA IX. 

LOS GATOS ESCRUPULOSOS, 



A 



las once , y- aun mas de la mañana 
La cocinera Juana 
Con pretexto de hablar á la vecina. 
Se sale , cierra , y dexa en la cocina 
A Micifufy Zapiron hambrientos. 
Al punto ( pues no gastan cumplimientos 
Gatos enhambrecidos ) 
Se avanzan á probar de los cocidos. 
j Fú , dixo dixo Zapiron , maldita olla ! 
¡ Cómo abrasa ! Veamos esa polla 
Que está en el asador lejos del fuego. 
Ya también escaldado , desde luego 
Se arrima Micifixf-¡,\y- ea uninkáqte 
Muestra cada trinchante 
Que en el arte cisoria , sin gran pena. 



1^6 FÁBULAS, 

Pudiera dar lecciones á Villena. 

Concluido el asunto. 

El señor Micifuf tocó este punto. 

Utrum , si se podia ó no en conciencia 

Comer el asador. ¡ O qué demencia, 

( Exclamó Zapiron en altos gritos ) 

Cometer el mayor de los delitos 1 

¿No sabes que el herrero 

Ha llevado por él mucho dinero, * 

Y que , si bien la cosa se examina. 

Entre la batería de cocina 

No hay un mueble mas serio y respetable? 

Tu pasión te ha engañado miserable, 

MicifufQn. efecto 

Abandonó el proyecto; 

Pues eran los dos Gatos 

De suerte timoratos 

Que si el diablo , tentando sus pasiones. 

Les pusiese asadores á millones, 

(No hablo yo de las pollas ) ó me engaño, 

O no comieran uno en todo el año. 

De otro modo. 

y ^ué dolor ! por un descuido 

Micifuf y Zapiron 
Se comieron un capón 



LIBRO SEGUNDO. 1^7 

En un asador metido. 
Después de haberse lamido 
Trataron en conferencia 
Si obrarian con prudencia 
En comerse el asador. 
¿ Le comieron ^ no señor'. 
Era caso de conciencia, 

FÁBULA X. 

EL ÁGUILA T LA ASAMBLEA DE LOS 
ANIMALES. 

X odos los Animales cada instante 
Se quejaban á Júpiter Tonante 
De la misma manera 
Que si fuese un Alcalde de montera. 
Kl Dios ( y con razón ) amostazado, 
Viéndose importunado. 
Por dar fin de una vez á las querellas. 
En lugar de sus rayos y centellas, 
De Recetor envia desde el cielo 
Al Águila rapante, que de un vuelo 
En la tierra juntó los Animales, 
Y expusieron en suma cosas tales. 
Pidió el León la astucia del Raposo, 
Este de aquel lo fuerte y valeroso. 

M 



1^8 FÁBULAS. 

Envidia la Paloma al Gallo fiero. 
El Gallo á la Paloma en lo ligero. 
Quiere el Sabueso patas mas felices, 

Y cuenta como nada sus narices. 
El Galgo lo contrario solicita; 

Y en fin ( cosa inaudita ) 

Los peces de las ondas ya cansados, 
Quieren poblar los bosques y los prados; 

Y las Bestias, dexando sus lugares. 
Surcar las olas de los anchos mares. 

Después de oirlo todo. 
El Águila concluye de este modo: 
¿Ves, maldita caterva impertinente. 
Que entre tanto viviente 
De uno y otro elemento. 
Pues nadie está contento. 
No se encuentra feliz ningún destino ? 
¿ Pues para qué envidiar el del vecino ? 
Con solo este discurso 
Aun el bruto mayor de aquel concurso 
Se dio por convencido. 

De modo que es sabido 
Que ya solo se matan los humanos 
En envidiar, la suerte á sus hermanos. 



LIBRO SEGUNDO. 1 79 

FÁBULA XI. 



LA PALOMA. 



u. 



n pozo pintado vio 
Una Paloma sedienta : 
Tiróse á él tan violenta. 
Que contra la tabla dio: 
Del golpe al suelo cayó, 
Y allí muere de contado. 

De su apetito guiado^ 
Por no cofisultar al juicio , 
Así vuela al precipicio 
El hombre desenfrenado. 



FÁBULA XIL 

EL CHIBO AFEITADO, 



V. 



aya una quisicosa. 
Si aciertas , Juana hermosa, 
Qual es el animal mas presumido. 
Que rabia por hacerse distinguido 
Entre sus semejantes. 
Te he de regalar un par de guantes. 
No ¿s el Pavón , ni el Gallo, 

M 2 



1 8o FÁBULAS. 

Ni el León , ni el Caballo, 

Y así no me fatigues con demandas.— 

¿Será tal vez... el Mono? — Cerca le andas.— 

I El Mico ? — Que te quemas ; 

Pero no acertarás : no , no lo temas. 

Déxalo , no te canses el caletre. 

Yo te diré qual es : el Petimetre. 

Este vano orgulloso 

Pierde tiempo , doblones y reposo 
En hacer distinguida su figura. 
No para en los adornos su locura: 
Hace estudio de gestos y de acciones 
A costa de violentas contorsiones. 
De perfumes va siempre prevenido: 
No quiere oler á iiombre ni en descuido. 
Que mire, marche ó hable. 
En todo busca hacerse remarcable, 
¿Y qué consigue? Lo que todo necio: 
Quanto mas se distingue, mas desprecio. 
En la historia siguiente yo me fundo. 

Un Chivo , como muchos en el mundo, 
Vano extremadamente. 
Se miraba al espejo de una fuente: 
¡Qué lástima, decia. 
Que esté mi juventud y lozanía 
Por siempre disfrazada 
Debaxo de esta barba tan poblada! 



LIBRO SEGUNDO. l8r 

¿Y quándo? Quando en todas las naciones 

No tienen ni aun vigotes los varones; 

Pues ya cuentan que son los Moscovitas, 

Si barbones ayer , hoy señoritas. 

¡Qué cabrunos estilos tan groseros! 

A bien que estoy en tierra de barberos. 

La historia fué en Tetuan , y todo el dia 

La barberil guitarra se sentia: 

El Chivo fué guiado de su tono 

A la tienda de un Mono 

Barberillo afamado. 

Que afeitó al Señorito de contado. 

Sale barbilampiño á la campaña. 

Al ver una figura tan extraña, 

No hubo Perro ni Gato 

Que no le hiciese burla al mentecato. 

Los Chivos le desprecian , de manera 

Que no hay mas que decir. ¡ Quién lo 

creyera ! 
Un respetable Macho 
Dicen que se rió como un muchacho. 



1 82 FÁBULAS. 

LIBRO TERCERO. 

FÁBULA PRIMERA. 

LL NAUFRAGIO DE SIMÓnIDES» 
Á ELISA. 

Jtin tanto que tus vanas compañeras. 
Cercadas de galanes seductores. 
Escuchan placenteras 
En la escuela de Venus los amores; 
Elisa , retirada te contemplo 
De la Diosa Minerva al sacro templo. 
Ni eres menos donosa. 
Ni menos agraciada. 
Que Clori , ponderada 
De gentil y de hermosa; 
Pues , Elisa divina , ¿ por qué quieres 
Huir en tu retiro los placeres ? 
¡ O sabia , qué bien haces 
En estimar en poco la hermosura, 
Los placeres fugaces. 
El bien que solo dura 
Como rosa que el ábrego marchita í 



LIBRO TERCERO. 1 83 

Tu prudencia infinita 

Busca el sólido bien y permanente 

En la virtud y ciencia solamente. 

Quando el tiempo implacable con presteza, 

O los males tal vez inopinados.^ 

Se lleven la hermosura y gentileza. 

Con lágrimas estériles llorados 

Serán aquellos dias que se fueron, 

Y á juegos vanos tus amigas dieron: 
Pero á tu bien estable 

No hay tiempo ni accidente que consuma, 
Siempre serás feliz , siempre estimable. 
Eres sabia , y en suma 
Este bien de la ciencia no perece: 
Oye como esta fábula lo explica, 
Que mi respeto á tu virtud dedica. 

^imónides en Asia se enriquece 
Cantando ajusto precio los loores 
De algunos generosos vencedores. 
Este sabio Poeta , con deseo 
De volver á su amada patria Ceo, 
Se embarca , y en la mar embravecida 
Fué la mísera nave sumergida. 
De la gente á las ondas arrojada 
Sale quien diestro nada, 

Y el que nadar no sabe, 



184 FÁBULAS. 

Fluctúa eti las reliquias de la nave. 

Pocos llegan á tierra afortunados 

Con las náufvagas tablas abrazados. 

Todos quantos el oro recogieron. 

Con el peso abrumados perecieron. 

A Clecémone van : allí vivia 

Un varón literato , que leia 

Las obras de Simónides , de suerte 

Que al conversar ios náufragos, advierte 

Que Simónides habla , y en su estilo 

Le conoce , le presta todo asilo 

De vestidos, criados y dineros; 

Pero á sus compañeros 

Les quedó solamente por sufragio 

Mendigar con la tabla del naufragio. 



FÁBULA U. 

EL FILOSOFÓ T LA PULGA. 



M< 



.editando á sus solas cierto dia 
Un pensador Filósofo, decia: 
El jardín adornado de mil flores, 
Y diferentes árboles mayores. 
Con su fruía sabrosa enriquecidos, 
Tal vez entretexidos 
Con la frondosa vid que se derrama 



LIBRO LUCERO. 1B5 

Por una y otra rama. 
Mostrando á todos lados 
Las peras y racimos desgajados, 
Es cosa destinada solamente 
Para que la disfruten libremente 
La Oruga , el Caracol , la Mariposa: 
No se persuaden ellos otra cosa. 

Los páxaros sin cuento. 
Burlándose del viento. 
Por los aires sin dueño van girando. 
El Milano cazando 
Saca la conseqüencia: 
Para mí los crió la Providencia. 
El Cangrejo en la playa envanecido 
Mira los anctios mares , persuadido 
A que las olas tienen por empleo 
Solo satisfacerle su deseo: 
Pues cree que van y vienen tantas veces 
Por dexarle en la orilla ciertos peces. 
No hay ( prosigue el Filósofo. profundo) 
Animal sin orgullo en este mundo. 
El hombre solamente 
Puede en esto alabarse justamente. 

Quando yo me contemplo colocado 
En la cima de un risco agigantado. 
Imagino que sirve á mi persona 
Todo el cóncavo cielo de corona. 



1 86 FÁBULAS. 

Veo á mis pies los mares espaciosos, 

Y los bosques umbrosos 
Poblados de animales diferentes. 
Las escamosas gentes, ; 
Los brutos y las fieras, 

Y las aves ligeras, 

Y quanto tiene aliento 

En la tierra , en el agua y en el viento; 

Y digo finalmente todo es mió. 

j O grandeza del hombre y poderío ! 

Una Pulga que oyó con gran cachaza 
Al Filósofo maza , 

Dixo : quando me miro en tus narices. 
Como tú sobre el risco que nos dices, 

Y contemplo á mis pies aquel instante 
Nada menos que al hombre dominante. 
Que manda en quanto encierra 

El agua , viento y tierra, 

Y que el tal poderoso caballero 

De alimento me sirve quando quiero. 
Concluyo finalmente : todo es mió. 
j O grandeza de Pulga y poderío ! 
Así dixo; y saltando se le ausenta. 

De este modo se afrenta 
Aun al mas poderoso^ 
Quando se muestra vano y orgulloso. 



LIBRO TERCERO. 1 87 

FÁBULA III. 

EL CAZADOR T LOS CONEJOS, 

X. oco antes que esparciese 
Sus cabellos en hebras 
El rubicundo Apolo 
Por la faz de la tierra. 
De Cazador armado 
Al soto Fabio llega. 
Por el nudoso tronco 
De cierta encina vieja 
Sube para ocultarse 
En las ramas espesas. 
Los incautos Conejos 
Alegres se le acercan, 
Uno del verde prado 
Igualaba la yerba: 
Otro, qual jardinero. 
Las florecillas riega: 
El tomillo y romero 
Este y aquel cercenan. 
Entretanto al mas gordo 
Fabio su tiro asesta: 
Dispara , y al estruendo 
Se meten en sus cuevas 



l88 FÁBULAS. 

Tan repentinamente. 
Que á muchos pareciera 
Que ( salvo el muerto ) á todos 
Se los tragó la tierra. 
¿ Después de tal espanto 
Habrá alguno que crea 
Que de allí á poco rato 
La tímida caterva, 
Olvidando el peligro, 
Al riesgo se presenta ? 
Cosa extraña parece ; 
Mas no se admiren de ella: 
i Acaso los humanos 
Hacen de otra manera ? 

FÁBULA IV. 

EL FILÓSOFO r EL FAISÁN. 

-Llevado de la dulce melodía 
Del cántico variado y delicioso. 
Que en un bosque frondoso 
Las aves forman saludando al dia, 
Entró cierta mañana 
Un Sabio en los dominios de Diana. 
Sus pasos esparcieron el espanto 
En la agradable estancia; 



LIBRO TERCERO. 1 89 

Interrúmpese el canto: 

Las aves vuelan á mayor distancia: 

Todos los animales asustados 

Huyen delante de él precipitados; 

Y el Filósofo queda 

Con un triste silencio en la arboleda. 

Marcha con cauto paso ocultamente, 

Descubre sobre un árbol eminente 

A un Faisán rodeado de su cria. 

Que con amor materno la decía: 

Hijos míos , pues ya que en mis lecciones 

Largamente os hablé de los Milanos, 

De los Buitres y Aleones, 

Hoy hemos de tratar de los humanos. 

La Oveja en leche y lana 

Da abrigo y alimento 

Para la raza humana; 

Y en agradecimiento 

A tan gran bienhechora , 

La mata el hombre mismo y la devora. 

A la Abeja que labra sus panales 

Artificiosamente, 

La roba , come , vende sus caudales, 

Y la mata en exércitos su gente. 
¿Qué recompensa en suma 
Consigue al fin el Ganso miserable 
Por ehprecioso bien incomparable 



IpO FÁBULAS. 

De ayudar á las ciencias con su pluma? 
Le da muerte temprana el hombre ingrato, 

Y hace de su cadáver un gran plato. 

Y pqes que los humanos son peores 
Que Milanos y Azores, 

Y que toda perversa criatura , 
Huiréis con horror de su figura. 

Así charló ; y el hombre se presenta. 

Ese es , grita la madre , y al instante 

La familia volante 

Se desprende del árbol y se ausenta. 

¡ O cómo habló el Faisán ! ]Mas qué dixera 

( El Filósofo exclama ) si supiera 

Que en sus propios hermanos 

La ingratitud exercen los humanos í 



FÁBULA V. 

EL ZAPATERO MEDICO, 



u, 



n inhábil y hambriento Zapatero 
En la Corte por Médico corria: 
Con un contraveneno que fingía 
Ganó fama y dinero/ 
Estaba el Rey postrado en una cama 
De una grave dolencia: 
Para hacer experiencia 



LIBRO TERCERO. I9I 

Del talento del Médico , le llama , 

El antídoto pide , y en un vaso 

Finge el Rey que le mezcla con veneno; 

Se lo manda beber ; el tal Galeno 

Teme morir : confiesa todo el caso, 

Y dice que sin ciencia 

Logró íiacerse doctor de grande precio 

Por la credulidad del vulgo necio. 

Convoca el Rey al Pueblo : ¡Qué demencia 

Es la vuestra , exclamó , que habéis fiado 

La salad francamente 

De un hombre á quien la gente 

Ni aun queria fiarle su calzado ! 

Esto para los crédulos se cuenta , 

En quienes tiene el charlatán su renta, 

^ FÁBULA VL 

EL MURCJEQALO Y LA COMADREJA. 

v^ayó sin saber como 
Un Murciégalo á tierra, 
Al instante le atrapa 
La lista Comadreja. 
Clamaba el desdichado 
Viendo su muerte cerca. 
Ella le dice : muere, 



192 FÁBULAS. 

Que por naturaleza 
Soy mortal enemiga 
De todo quanto vuela. 
El avechucho grita, 

Y mil veces protesta 

Que él es Ratón , qual todos 
Los de su descendencia. 
Con esto ( ] qué fortuna ! ) 
El preso se liberta. 
Pasado cierto tiempo. 
No sé de qué manera, 
S^egunda vez le pilla: 
Él nuevamente ruega; 
Mas ella le responde 
Que Júpiter la ordena 
Tenga paz con las aves , 
Con los Ratones guerra.— 
¿ Soy yo Ratón acaso? 
Yo creo que estás ciega. 
¿ Quieres ver cómo vuelo ? 
En efecto , le dexa , 

Y á merced de su ingenio 
Libre el páxaro vuela. 
^qut aprendió de Esopo 
La gente marinera^ 
Murciégalos que fingen 
Pasaporte y bandera» 



LIBRO TERCERO. J93 

No importa que haya pocos 
Ingleses Comadrejas , 
Tal vez puede de un riesgo 
Sacarnos una treta» 



FÁBULA VIL 

LA MARIPOSA T EL CARACOL» 



A, 



.unque te haya elevado la fortuna 
Desde el polvo á los cuernos de la luna. 
Si hablas, Fabio, al humilde con desprecio. 
Tanto como eres grande serás necio. 
¡Qué! ¿te irritas? ¿Te ofende mi lenguage?— 
No se habla de ese modo á un personage,— 
Pues haz cuenta , Señor, que no me oiste, 
y escucha á un Caracol: vaya de chiste» 

En un bello jardin cierta mañana 
Se puso muy ufana 
Sobre la blanca Rosa 
Una recien nacida Mariposa. 
El Sol resplandeciente 
Desde su claro oriente 
Los rayos esparcía: 
Ella á su luz las alas extendía. 
Solo porque envidiasen sus colores 
Manchadas aves, y pintadas flores. 

N 



Í94 FÁBULAS. 

Esta vana , preciada de belleza, 
Al volver la cabeza 
Vio muy cerca de sí sobre una rama 
A un pardo Caracol. La bella dama 
Irritada exclamó: ¿ Cómo, grosero, 
A mi lado te acercas? Jardinero, 
¿De qué sirve que tengas con cuidado 
El jardin cultivado, 

Y guarde tu desvelo 

La rica fruta del rigor del yelo , 

Y los tiernos botones de las plantas, 

Si ensucia y come todo quanto plantas 
Este vil Caracol de baxa esfera? 
O mátale al instante, ó vaya fuera. 

Quien ahora te oyese. 
Si no te conociese, 

(Respondió el Caracol) en mi conciencia. 
Que pudiera temblar en tu presencia. 
Mas dime , miserable criatura , 
Que acabas de salir de la basura; 
¿Puedes negar que aun no hace quatro días 
Que gustosa solias 
Como humilde reptil andar conmigo, 

Y yo te hacia honor en ser tu amigo? 
¿No es también evidente. 

Que eres por línea recta descendiente 
De los Orugas, pobres hilanderos, 



LIBRO TERCERO. ipg 

Que mirándose en cueros, 

De-sus tripas hilaban y texian 

Un fardo, en que el invierno se metían. 

Como tú te hias metido, 

Y aun no hace quatro dias que has salido? 
Pues si este fué tu origen y tu casa , 

¿Por qué tu yentolera se propasa 
A despreciar á un Caracol honrado? 
El que tiene de vidrio su tejado 
Esto logra de bueno 
Con tirar las pedradas al ageno, 

FÁBULA VIII. 

LOS DOS TITIRITEROS, 

X odo el pueblo admirado 
Estaba en una plaza amontonado, 

Y en medio se empinaban un Titerero 
Enseñando una bolsa sin dinero. 
Pase de mano en mano, les decia, 
Señores, no hay engaño, está vacía. 
Se la vuelven , la sopla , y al momento 
Derrama pesos duros ¡qué portento 1 
Levántase un murmullo de repente, 
Quando ven por encima de la gente 
Otro Titiritero á competencia. 
Queda en espectacion la concurrencia 

N 2 



19^ FÁBULAS. 

Con silencio profundo , 
Cesó el primero , y empezó el segundo. 
Presenta de licor unas botellas: 
Algunos se arrojaron acia ellas, 

Y al punto las hallaron transformadas 
En sangrientas espadas. 

Muestra un par de bolsillos de doblones: 
Dos personas, sin duda dos ladrones. 
Les echaron la garra muy ufanos, 

Y se ven dos cordeles en sus manos. 
Aun Relator cargado de procesos 
Una letra le enseña de mil pesos. 

Sople Usted : sopla el hombre apresurado, 

Y le cierra los labios un candado. 
Aun Abate arrimado á su cortejo 
Le presenta un espejo, 

Y al mirar su retrato peregrino , 
Se vio con las orejas de pollino. 
A un Santero le manda 

Que se acerque: le pilla la demanda, 

Y allá con sus hechizos 

La convirtió en merienda de chorizos. 
A un Joven desenvuelto y rozagante 
Le regala un diamante: 
Este le dio á su dama, y en el punto 
Pálido vSe quedó como un difunto: 
ítem mas : sin narices y sin dientes. 



LIBRO TERCERO. Ip^ 

Allí fué la rechifla de las gentes, 

La burla , y la chacota. 

El primer Titerero se alborota : 

Dice por el segundo con denuedo: 

Ese hombre tiene un diablo en cada dedo, 

Pues no encierran virtud tan peregrina 

Los polvos de la Madre Celestina. 

Que declare su nombre. 

El concurso lo pide, y el buen hombre 

Entonces mas modesto que un novicio, 

Dixo: no soy el diablo, sino el vicio. 



FÁBULA IX. 

EL RAPOSO T EL PERRO, 



D. 



'e un modo muy afable y amistoso 
El Mastin de un Pastor con un Raposo 
Se solia juntar algunos ratos, 
Como tal vez los Perros y los Gatos 
Con amistad se tratan. Cierto dia 
'El Zorro á su compadre le decia: 
Estoy muy irritado: 

Los hombres por el mundo han divulgado 
Que mi raza inocente ( ¡qué injusticia! ) 
Les anda circumcirca en la malicia. 
¡ Ah maldita canalla! 
Si yo pudiera.. ..En esto el Zorro calla, 



198 FÁBULAS. 

Y erizado se agacha. Soy perdido, 
(dice) los cazadores he oido. 
¡Qué me sucede! Nada. 

No temas (le responded camarada), 
Son las gentes que pasan al mercado. 
Mira, mira, cuitado, 
Marchar aldas en cinta á mis vecinas 
Coronadas con cestas de Gallinas. 
No estoy (dixo el Raposo) para fiestas: 
Vete con tus Gallinas , y tus cestas, 

Y satiriza á otro. Porque sabes 
Que robaron anoche algunas aves, 

¿He de ser yo el ladrón? En mi conciencia 
Que hablé (dixo el Mastin ) con inocencia. 
¿ Yo pensar que has robado gallinero, 
Qnando siempre te vi como un Cordero? 
¡Cordero! ( exclama el Zorro) No hay 

aguante, 
¡Que Cordero me vuelva en el instante 
Si he hurtado el que falta en tu majada! 
¡Ola! (concluye el Perro) camarada, 
El ladrón es Vmd. según se explica. 
El estuche molar al punto aplica 
Al mísero Raposo, 

Para que así escarmiente el cosquilloso, 
Que de las Fabulillas se resiente. 
Si no estás inocente, 



LrBRO TERCERO. 1 99 

Dime, ¿porqué no baxas las orejas? 
Y si acaso lo estás , ¿de qué te quejas? 



LIBRO dUARTO. 

FÁBULA PRIMERA. 

EL GATO r LAS AVES. 

l^harlatanes se ven por todos lados 
En plazas y en estrados. 
Que ofrecen sus servicios ( ¡cosa rara ! ) 
A todo el mundo por su linda cara. 
Este , Químico y Médico excelente, 
Cura á todo doliente ; 
Pero gratis: no se hable de dinero. 
El otro Petimetre caballero 
Canta , toca, dibuxa, borda , danza , 
Y ofrece la enseñanza 
Gratis por afición á cierta gente. 
Veremos en la Fábula siguiente 
Si puede haber en esto algún engaño: 
La prudente cautela no hace daño. 

Dexando los desvanes y rincones 
El señor Mirrimiz , Gato de maña. 
Se salió de la villa á la campaña. 



úQO Fábulas. 

En parnge sombrío 

A la orilla de un rio 

De sauces coronado. 

En unas matas se quedó agachado. 

El Gatazo callaba como un muerto 

Escuchando el concierto 

De dos mil avecillas , 

Que en las ramas cantaban maravillas; 

Pero callaba en vano , 

Mientras no se acercaban á su mano 

Los músicos volantes ; pues queria 

Mirrimiz arreglar la sinfonía 

Cansado de esperar, prorumpe al cabo, 
Sacando la cabeza: bravo ^ bravo. 
La turba calla : cada qual procura 
Alejarse , ó meterse en la espesura ; 
Mas él les persuadió con buenos modos, 
Y al fin logró que le escuchasen todos. 

No soy Gato montes ó campesino ; 
Soy honrado vecino 
De la cercana villa: 
Fui Gato de un Maestro de Capilla : 
La música aprendí: y aun si me empeño, 
Veréis como os la enseño , 
Pero gratis., y en menos de una hora. 
¡ Qué cosa tan sonora 
Será el oir un coro de cantores, 



LIBRO QUAUTO. 201 

Verbigracia , Calandrias , Ruiseñores! 

Con estas y otras cosas diferentes 

Algunas de las aves inocentes 

Con manso vuelo á Mirrimiz llegaron: 

Todas en torno de él se colocaron. 

Entonces con mas gracia , 

Y mas diestro que el Músico de Tracia, 

Echando su compás hacia el mas gordo. 

Consigue gratis merendarse un Tordo. 

FÁBULA II. 

LA DANZA PASTORIL. 

-¿A. la sombra que ofrece 
Un gran peñón tajado , 
Por cuyo pie corria 
Un arroyuelo manso , 
Se formaba en Estío 
Un delicioso prado. 
Los árboles silvestres 
Aquí y allí plantados. 
El suelo siempre verde 
De mil flores sembrado, 
Mas agradable hacian 
El lugar solitario. 
Contento en él pasaba 



202 FÁBULAS. 

La siesta, recostado 
Debaxo de una encina. 
Con el Albogue, Bato. 
Al son de sus tonadas 
Los Pastores cercanos. 
Sin olvidar algunos 
La guarda del ganado. 
Descendían ligeros 
Desde la sierra al llano. 
Las honestas Zagalas 
Según iban llegando , . 
Bailaban lindamente 
Asidas de las manos 
En torno de la encina 
Donde tocaba Bato. 
De las espesas ramas 
Se veía colgando 
Una guirnalda bella 
De rosas y amaranto. 
La fiesta presidia 
Un Mayoral anciano; 
Y ya que el regocijo 
Bastó para descanso. 
Antes que se volviesen 
Alegres al rebaño. 
El viejo presidente 
Con su corvo cayado 



LIBRO QUARTO. 20$ 

Alcanzó la guirnalda , 
Que pendía del árbol, 
Y coronó con ella 
Los cabellos dorados 
De la gentil Zagala, 
Que con sencillo agrado 
Supo ganar á todas 
En modestia y recato. 

Si la virtud premiaran 
Algunos cortesanos^ 
To sé que no huiría 
Desde la Corte al campo, 

FÁBULA 111. 

LOS DOS PERROS, 

JL rocure ser en todo lo posible 
El que ha de reprehender irreprehensible. 

Sultán, Perro goloso y atrevido. 
En su casa robó, por un descuido. 
Una pierna excelente de Carnero. 
Pinto (gran tragador) su compañero 
Le encuentra con la presa encarnizado. 
Ojo al través, colmillo acicalado, 
Fruncidas las narices, y gruñendo: 

¿Qué cosa estás haciendo, 



204 FÁBULAS. 

Desgraciado Sultcirñ (Pinto le dice)' 

¿ No sabes , infelice, 

Que un Perro infiel , ingrato 

No merece ser Perro, sino Gato? 

i Al amo , que nos fia 

La custodia de casa noche y dia. 

Nos halaga, nos cuida y alimenta, 

Ledas tan buena cuenta, ' 

Que le robas goloso 

LéLpierna del Carnero masxugoso! 

Como amigo te ruego 

No la maltrates mas: déxala luego. 

Hablas, dixo Sultán^ perfectamente. 

Una duda me queda solamente 

Para seguir al punto tu consejo: 

Di: ¿te la comerás si yo la dexo? 

FÁBULA IV. 

LA MODA, 

'espues de haber corrido 
Cierto danzante Mono 
Por cantones y plazas 
De ciudad en ciudad el mundo todo, 
Logró ( dice la historia , 
Aunque no cuenta el cómo) 



LIBRO QUARTO. 205 

Volverse libremente 

A los campos del África orgulloso. 

Los Monos al viagero 

Reciben con mas gozo 

Que á Pedro el Czar los Rusos, 

Que los Griegos á Ulises generosos. 

De leyes, de costumbres 

Ni él habló, ni algún otro 

Le preguntó palabra; 

Pero de trages y de modas todos. 

En cierta gerigonza. 

Con extrangero tono. 

Les hizo un gran detalle 

De lo mas remarcable á los curiosos. 

Empecemos (decian) 

Aunque sea por poco. 

Hiciéronse zapatos 

Con cascaras de nueces por lo pronto. 

Toda la raza mona 

Andaba con sus choclos, 

Y el no traerlos era 

Faltar á la decencia y al decoro. 

Un Leopardo hambriento 

Trepa para los Monos: 

Ellos huir intentan 

A salvarse en los árboles del soto. 

Las chinelas lo estorban , 



206 FÁBULAS. 

Y de muy fácil modo 

Aquí y allí mataba. 

Haciendo á su placer dos mil destrozos. 

En Tetuan desde entonces 

Manda el Senado docto 

Que qualquier uso ó moda 

De países cercanos ó remotos. 

Antes que llegue el caso 

De adoptarse en el propio, 

Haya de examinarse 

En junta de políticos á fondo* 

Con tan justo decreto^ 

T el suceso horroroso 

íDexaron tales modas"^ 

Primero dexarian de ser Monos* 

FÁBULA V, 

EL LOBO T EL MASTÍN, 

A rampas, redes y perros 
Los zelosos Pastores disponían 
En lo oculto del bosque y de los cerros. 
Porque matar querían 
A un Lobo por el bárbaro delito 
De no dexar á vida ni un cabrito. 
Hallóse cara á cara 



LIBRO QUARTO. 207 

Un Mastín con ei Lobo de repente, 

Y cada qual se para, 

Tal como en Zama estaban frente á frente 

Antes de la batalla muy serenos 

Aníbal y Scipíon: ni mas ni menos. 

En esta suspensión treguas propone 

El Lobo á su enemigo. 

El Mastín no se opone; 

Antes le dice: Amigo, 

Es cosa bien extraña por mi vida 

Meterse un señor Lobo á cabricida. 

Ese cuerpo brioso 

Y de pujanza fuerte. 

Que mate al Ja valí, que venza al Oso, 
¿Mas qué dirán al verte 
Que lo valiente y fiero 
Empleas en la sangre de un Cordero? 
El Lobo le responde: Camarada, 
Tienes mucha razón: en adelante 
Propongo no comer sino ensalada. 
Se despiden , y toman el portante. 

Informados del hecho 
Los Pastores se apuran y patean: 
Agarran al Mastín, y le apalean. 
Digo que fué bien hecho; 
Pues en vez de ensalada en aquel año 
Se fué comiendo el Lobo su rebaño. 



2o8 FÁBULAS. 

iCon una reprensión^ con un consejo 
Se pretende quitar un vicio añejo"^ 

FÁBULA VI. 

LA HERMOSA T EL ESPEJO» 

Anarda la bella 
Tenia un amigo 
Con quien consultaba 
Todos sus caprichos: 
Colores de moda 
Mas ó menos vivos. 
Plumas , sombreretes , 
Lunares y rizos 
Jamas en su adorno 
Fueron admitidos, 
Si él no la decia: 
Gracioso , bonito, 
Quando su hermosura 
Llena de atractivo. 
En sus verdes años 
Tenia mas brillo. 
Traidoras la roban 
( Ni acierto á decirlo ) 
Las negras viruelas 
Sus gracias y hechizos. 



LIBRO QUARTO. 2Q9 

Llegóse al espejo : 
Este era su amigo; 
Y como se jacta 
De fiel y sencillo. 
Lisa y llanamente 
La verdad la dixo. 
Anarda furiosa 
Casi sin sentido 
Le vuelve la espalda 
Dando mil quejidos. 
Desde aquel instante 
Cuentan que no quiso 
Volver á consultas 
Con el Señor mió. 

Escúchame, Anarda: 
Si buscas amigos. 
Que te representen 
Tus gracias y hechizos; 
Mas que no te adviertan 
Defectos , y aun vicios 
De aquellos que nadie 
Conoce en sí mismo: 
Dime , ¿ de qué modo 
Podrás correg¡irlos ? 



2IO FÁBULAS. 

FÁBULA VII. 

EL VIEJO t EL CHALAN* 

X^ abio está , no lo niego , muy notado 
De una cierta pasión que le domina; 
¿ Mas qué importa , Señor ? Si se examina, 
Se verá que es un mozo muy honrado. 

Generoso , cortés , hábil , activo, 

Y que de todo entiende 

Quanto pide el empleo que pretende. 

Y qué, ¿no se le dan ?... ¿Por qué motivo?... 
Trataba un Viejo de comprar un Perro 

Para que le guardase los doblones; 
Le decia el Chalan estas razones: 
Con un collar de hierro 

Que tenga el animal , échenle gente: 
Es hermoso , pujante. 
Leal, bravo, arrogante; 

Y aunque tiene la falta solamente 
De ser algo goloso.... 

¿ Goloso ? ( dice el rico ) No le quiero. 
No es para marmitón , ni despensero. 
Continúa el Chalan muy presuroso. 

Sino para valiente centinela. 
Menos, concluye el Viejo: 



LIBRO QUARTO. 211 

Dexará que me quiten el pelleja 
Por lamer entretanto la cazuela» 

FÁBULA VIH. 

r 

LA QATA CON CASCABELES, 

Oalió cierta mañana 
Zapaquilda al tejado 
Con un collar de grana. 
De pelo y cascabeles adornado, 
Al ver tal maravilla 
Del alto corredor y la guardilla 
Van saltando los Gatos de uno en uno. 
Congrégase al instante 
Tal concurso gatuno 
En torno de la dama rozagante. 
Que entre flexibles colas arboladas 
Apenas divisarla se podía. 
Ella con mil monadas 
El cascabel parlero sacudía; 
Pero cesando al fin el sonsonete, 
Dixo que por juguete 
Quitó el collar al Perro su Señora, 
Y se le puso á ella. 
Cierto que Zapaquilda estaba bella; 
A todos enamora, 

02 



2 tí Fábulas. 

Tanto que en la gatesca compañía, 

Qual dice su atrevido pensamiento; 

Qual se encrespa zeloso; 

Riñen este y aquel con ardimiento » 

Pues con ansia queria 

Cada Gato soltero ser su esposo. 

Entre los arañazos y maullidos 

Levántase Garrafa Gato prudente: 

Y á los enfurecidos 

Les grita : Noble gente, 

¡ Gata con cascabeles por esposa ! 

¿ Quién pretende tal cosa ? 

¿ No veis que el cascabel la caza auyenta, 

Y que la dama hambrienta 
Necesita sin duda que el marido. 
Ausente y aburrido. 

Busque la provisión en los desvanes, 
Mientras ella cercada de galanes. 
Porque el mundo la vea, 
De tejado en tejado se pasea ? 
Marchóse Zapaquilda convencida, 

Y lo mismo quedó la concurrencia. 

¡ Quántos chascos se llevan en la vida 
Los que no miran mas que la apariencia ! 



LIBRO QUARTO. 213 

F Á B U L A I X. 

EL RUISEÑOR T EL MOCHUELO, 

Una noche de Mayo, 
Dentro de un bosque espeso. 
Donde según reinaba 
La triste obscuridad con el silencio, 
Parece que tenia 
Su habitación Morfeo: 
Quando todo viviente 
Disfrutaba del dulce y blando sueño» 
Pendiente de una rama 
Un Ruiseñor parlero 
Empezó con sus ayes 
A publicar sus dolorosos zelos. 
Después de mil querellas. 
Que llegaron al cielo, 
A cantar empezaba 
La antigua historia del infiel Tereo, 
Quando sin saber como 
Un cazador Mochuelo 
Al músico arrebata 
Entre las corvas uñas prisionero. 
Jamas Pan con la flauta 
Igualó sus gorgeos, 



214 TABULAS. 

Ni resonó tan grata 

La dulce lira del divino Orfeo: 

No obstante , quando daba 

Sus últimos lamentos. 

Los vecinos del bosque 

Aplaudían su muerte : yo lo creo. 

Si con sus serenatas 

El mismo Farinelo 

Viniese á despertarme 

Mientras que yo dormía en blando lecho, 

En lugar de los bravos^ 

Diria : Caballero, 

í Que no viniese ahora 

Para tal Ruiseñor algún Mochuelo! 

Clori tiene mil gracias^ 
I T qué logra con eso ? 
Hacerse fastidiosa 
Por no querer usarlas a su tiempo. 

FÁBULA X. 

£L AMO T EL PERRO, 

V>allen todos los Perros de este mundo 
Donde está mi Palomo : 
Es fiel , decia el Amo , sin segu ndo, 
Y me guarda la casa.... ¿ Pero cómo? 



LIBRO QUARTO. 21^ 

Con la despensa abierta 
Le dexé cierto dia; 
En medio de la puerta 
De guardia se plantó con bizarría. 

Un formidable Gato, 
En vez de perseguir á los Ratones, 
Se venia guiado del olfato 
A visitar chorizos y jamones. 

Palomo le despide buenamente: 
El Gatazo se encrespa y acalora: 
Riñen sangrientamente, 

Y mi Guarda-jamones le devora. 
Esto contaba el Amo á sus amigos, 

Y después á su casa se los lleva 
A que fuesen testigos 

De tal fidelidad en otra prueba. 

Tenia al buen 'Palomo prisionero 
Entre manidas Pollas y Perdices: 
Los sebosos ríñones de un Carnero 
Casi casi le untaban las narices. 

Dentro de este retiro á penitencia 
El triste fué metido 
Después de algunos dias de abstinencia. 
Al fin ya , su Señor compadecido 

Abre con sus amigos el encierro: 
Sale rabo entre piernas agachado: 
Al Amo se acercaba el pobre Perro, . 



2l6 PÁBULASe 

Lamiéndose el hocico ensangrentado» 

El Dueño se alborota y enfurece 
Con tan fatales nuevas. 
To le preguntaría : ¿ T qué merece 
Quien la virtud expone á tales pruebas^ 

FÁBULA XL 

LOS DOS CAZADORES, 

v^ue en una marcial función, 
O quando el caso lo pida. 
Arriesgue un hombre su vida. 
Digo que es mucha razón. 

Pero el que por, diversión 
Exponer su vida quiera 
A juguete de una fiera, 
O peligros no menores. 
Sepa de dos Cazadores 
Una historia verdadera. 

Pedro Ponce el valeroso, 

Y Juan Carranza el prudente. 
Vieron venir frente á frente 
Al Lobo mas horroroso. 

El prudente temeroso 
A una encina se abalanza, 

V qual otro Sancho Panza 



LIBRO QUARTO. fil7 

En las ramas se salvó. 
Pedro Ponce allí murió. 
Imitemos á Carranza, 

FÁBULA XII. 

EL GATO r EL CAZADOR, 

V^ierto Gato en poblado descontento, 
Por mejorar sin duda de destino, 
(Que no sería Gato de Convento) 
Pasó de ciudadano á campesino. 
Metióse santamente 
Dentro de una cobaciía , mas no lejos 
De un gran soto poblado de Conejos. 
Considere el lector piadosamente 
Si el noble ermitaño 
Probaria la yerba en todo el año. 
Lo mejor de la caza devoraba. 
Haciendo mil excesos; 
Mas al fin por el rastro que dexaba 
De plumas y de huesos, 
Un Cazador lo advierte: le persigue: 
Arma trampas y redes con tal maña, 
Que al instante consigue 
Atrapar la carnívora alimaña. 
Llégase el Cazador al prisionero: 



2t8 fábulas. 

Quiere darle la muerte: 

El animal le dice: Caballero, 

Duélase de la suerte 

De un triste pobrecito, 

Metido en la prisión y sin delito.— 

¿Sin delito me dices, 

Quando sé que tus uñas y tus dientes 

Devoran infinitos inocentes? — 

Señor , eran Conejos y Perdices; 

Y yo no hacia mas , á fe de Gato, 

Que lo que Ustedes hacen en el plato." 

Ea , picaro , muere. 

Que tu mala razón no satisface. 

Con que sea la cosa que se fuere 

íLa podrá Usted hacer si otro la hace"^ 

FÁBULA XIII. 

EL PASTOR. 

Malicio usaba tañer 
La zampona todo el año, 
Y por oirle el rebaño 
Se olvidaba de pacer. 

Mejor sería romper 
La zampona al tal Salicio: 
Porque si causa perjuicio 



LIBRO QUARTO. 219 

En lugar de utilidad^ 

La mayor habilidad 

En vez de virtud es vicio* 

FÁBULA XIV. 

EL TORDO FLAUTISTA, 

Ura un gusto el oir , era un encanto 
A un Tordo gran flautista, pero tanto. 
Que en la gaita gallega, 
O la pasión me ciega, 
Oá Mison le llevaba mil ventajas. 

Quando todas las aves se hacen rajas, 
Saludando á la aurora, 
Y la turba confusa charladora 
La canta sin compás, y con destreza 
Todo quanto la viene á la cabeza. 
El flautista empezó : cesó el concierto. 
Los páxaros con tanto pico abierto 
Oyeron en un tono soberano 
Las folias , la gaita y el villano. 

Al escuchar la aves tales cosas. 
Quedaron admiradas y envidiosas. 
Los Gilgueros preciados de cantores. 
Los vanos Ruiseñores, 
Unos y otros corridos , 



320 FÁBULAS. 

Callan entre las hojas escondidos. 
Ufano el Tordo grita : camaradas. 
Ni saben , ni sabrán estas tonadas 
Los páxaros ociosos. 
Sino los retirados estudiosos. 

Sabed , que con un hábil Zapatero 
Estudié un año entero: 
El dale que le das á los zapatos, 

Y alternando silvábamos á ratos. 
En fin , viéndome diestro, 

Vuela al campo , me dice mi Maestro» 

Y harás ver á las aves de mi parte 
Lo que gana el ingenio con el arte. 

FÁBULA XV. 

EL RAPOSO r EL LOSO, 

Un triste Raposo 
Por medio del llano 
Marchaba sin piernas, 
Qual otro soldado. 
Que perdió las suyas 
Allá en Campo Santo. 
Un Lobo le dixo: 
Ola , buen hermano. 
Diga ¿en qué refriega 



LIBRO QUARTO, 221 

Quedó tan lisiado? 
¡Ay de mí! (responde) 
Un maldito rastro 
Me llevó á una trampa. 
Donde por milagro, 
Dexando una pierna. 
Salí con trabajo. 
Después de algún tiempo 
Iba yo cazando, 

Y en la trampa misma 
Dexé pierna y rabo. 
El Lobo le dice: 
Creíble es el caso. 

Vo estoy tuerto, coxo, 

Y desorejado 

Por ciertos Mastines 
Guardas de un rebano. 
Soy de estas montañas 
El Lobo decano; 

Y como conozco 

Las mañas de entrambos, 
Temo que acabemos, 
No digo enmendados, 
Sino tú en la trampa, 

Y yo en el rebaño. 

¡ Que el ciego apetito 
Pueda arrastrar tanto\ 



222 FÁBULAS. 

A los brutos pase; 
\ Pero á los humanos] 

FÁBULA XVI. 

EL CIUDADANO PASTOR, 

C>ierto Joven leía 
En versos excelentes 
Las dulces pastorelas 
Con el mayor deleite. 
Tenia la cabeza 
Llena de prados , fuentes, 
Pastores y Zagalas, 
Zamponas y Rabeles. 
Al íin , cierta mañana 
Prorumpe de esta suerte: 
¡Yo he de estar prisionero 
Cercado de paredes. 
Esclavo de los hombres, 
Y sujeto á las leyes, 
Pudiendo entre Pastores 
Grata y sencillamente 
Disfrutar desde ahora 
La libertad campestre! 
De la ciudad al bosque 
Me marcho para siempre: 



LIBRO QUARTO. Í223 

Allí Naturaleza 
Me brinda con sus bienes. 
Los árboles y rios 
Con frutas y con peces. 
Los ganados y abejas 
Con la miel y la leche: 
Hasta las duras rocas 
Habitación me ofrecen 
En grutas coronadas 
De pámpanos silvestres. 
Desde tan bella estancia, 
¿Quántas y quántas veces, 
Al son de dulces flautas, 
Y sonoros rabeles, 
Oiré los Pastores, 
Que discretos contienden, 
Publicando en sus versos 
Amores inocentes? 
Como que ya diviso 
Entre el ramage verde 
A la Pastora Nise, 
Que al lado de una fuente. 
Sentada al pie de un olmo, 
Una guirnalda texe. 
¿Si será para Mopso?.... 

Tanto el Joven enciende 
Su loca fantasía, 



224 FÁBULAS. 

Que ya en fin se resuelve, 

Y en Zagal disfrazado. 
En los bosques se mete. 
A un Rabadán encuentra, 

Y le pregunta alegre: 
Dime ^ íes de Melibeo 
Ese ganado"^. — Miente, 
Que es mió ; y sobre todo, 
Sea de quien se fuere. 

No respondió el buen hombxe 

Muy poéticamente. 

El Joven temeroso 

De que tal vez le diese 

Con el fiero garrote 

Que por cayado tiene. 

Sin chistar mas palabra 

Huyó bonitamente. 

Marchaba pensativo, 

Quando quiso la suerte 

Que cogiendo bellotas 

A la Pastora viese. 

¡O Nise fementida! 

(Exclama) ¡quántas veces 

Siendo niña querías 

Que yo te recogiese 

La fruta con rocío 

De mis manzanos verdes! 



LIBRO QUARTO. 2^5 

Diciendo así, se acerca. 
La moza se revuelve, 
Y dándole un bufido 
En las breñas se mete. 
Sorprendido el Mancebo, 
Dice: ¿qué me sucede? 
¿Son estos los Pastores 
Discretos, inocentes, 
Que pintan los Poetas 
Tan delicadamente? 
A nuevos desengaños 
Ya no quiero exponerme. 
Rendido , caviloso 
A la Ciudad se vuelve. 

To siento á par del alma 
Que no se detuviese 
A disfrutar un poco 
De la vida campestre. 
Por mi fe que las migas , 
El pastoril albergue^ 
El rigor del verano^ 
Los yelos y las nieves 
Le hubieran persuadido 
Mucho mas vivamente^ 
Que es un solemne loco 
Todo aquel que creyere 
Hallar en la experiencia 



226 FÁBULAS, 

Quanto el hombre nos pinta por deleite, 
FÁBULA XVII. 

EL LADRÓN, 

JL or catar una colmena 
Cierto goloso Ladrón, 
Del venenoso aguijón 
Tuvo que sufrir la pena. 

La miel (dice) está muy buena: 
Es un bocado exquisito: 
Por el aguijón maldito 
No volveré al colmenar. 
¡ Lo que tiene el encontrar 
La pena tras el delitol 

FÁBULA XVin. 

EL JOVEN FILÓSOFO T SUS COMPAÑEROS, 

Un Joven educado 
Con el mayor cuidado 
Por un viejo Filósofo profundo 
Salió por fin á visitar el mundo. 
Concurrió cierto día 
Entre civil y alegre compañía 



LIBRO QUARTO. 22^ 

A una mesa abundante y primorosa. 
¡Espectáculo horrendo! ¡fiera cosa! 
I La mesa de cadáveres cubierta 
A la vista del hombre!.... ¡Y este acierta 
A comer los despojos de la muerte! 
El Joven declamaba de esta suerte. 

Al son de filosóficas razones. 
Devorando Perdices y Pichones, 
Le responden algunos concurrentes: 
Si Usted ha de vivir entre las gentes. 
Deberá hacerse á todo. 
Con un gracioso modo, 
Alabando el bocado de exquisito, 
Le presentan un gordo paxarito. 
Quanto Usted ha exclamado será cierto; 
Mas en fin (le decían) ya está muerto. 

Pruébelo por su vida Considere 

Que otro le comerá , si no le quiere. 

La ocasión , las palabras , el exemplo, 
Y según yo contemplo. 
Yo no sé qué olorcillo, 
Que exhalaba el caliente paxarillo, 
Al Joven persuadieron de manera. 
Que al fin se le comió. ¡Quién lo dixera! 
4 Haber yo devorado un inocente! 
Así clamaba, pero fríamente. 
Lo cierto es , que llevado de aquel cebo, 

P2 



228 fAbulas. 

Con mas facilidad cayó de nuevo* 

La ocasión se repite 

De uno en otro convite, 

Y de una Codorniz á una Becada, 

Llegó el Joven al fin de la jornada. 

Olvidando sus máximas primeras, 

A ser devorador como las fieras. 

De esta suerte los vicios se insinúan^ 
Crecen^ se perpetúan 
Dentro del corazón de los humanos ^ 
Hasta ser sus señores y tiranos. 
¿ Pues qué remedio'^,.. Incautos Jovencitos^ 
Cuenta con los primeros paxaritos, 

FÁBULA XIX. 

EL ELEFANTE , EL TORO , EL ASNO 
T LOS DEMÁS ANIMALES, 

i-iOS mansos y los fieros animales , 
A que se remediasen ciertos males 
Desde los bosques llegan , 
Y en la rasa campaña se congregan. 
Desde la mas pelada y alta roca 
Un Asno trompetero los convoca. 
El concurso ya junto. 
Instruido también en el asunto, 



LTBitO QUARTO. ÍÍ2^ 

( Pues á todos por Júpiter previno 

Con cédula ante diem el Pollino ) 

Imponiendo silencio el Elefante, 

Así dixo : Señores , es constante 

En todo el vasto mundo 

Oue yo soy en lo fuerte sin segundo: 

Los árboles arranco con la mano (*): 

Venzo al León , y es llano 

Que un golpe de mi cuerpo en la muralla 

Abre sin duda brecha. A la batalla 

Llevo todo un castillo guarnecido: 

En la paz y en la guerra soy tenido 

Por un bruto invencible, 

No solo por mi fuerza irresistible. 

Por mi gordo coleto , y grave masa. 

Que hace temblar la tierra donde pasa. 

Mas , Señores , con todo lo que cuento. 

Solo de vegetales me alimento; 

Y como á nadie daño, soy querido. 
Mucho mas respetado que temido. 
Aprended , pues , de raí , crueles fieras. 
Las que hacéis profesión de carniceras, 

Y no hagáis por comer atroces muertes, 
Puesto que no seréis ni menos fuertes, 



(*) Buffon en la Historia Natural , artículo del 
Wlcfante^ llama asi á la trompa de este animal. 



«30 FÁBULAS. 

Ñi menos respetadas, 

Sino muy estimadas 

De grandes y pequeños animales, 

Viviendo como yo de vegetales. 

Gran pensamiento (dicen) gran discurso; 

Y nadie se le opone del concurso. 
Habló después un Toro de Xarama: 

Escarba el polvo , cabecea , brama. 
Vengan ( dice ) los Lobos y los Osos , 
Si son tan poderosos, 

Y en el circo verán con que donaire 
Les haré que volteen por el aire, 
¡Qué! ¿son menos gallardos y valientes 
Mis cuernos que sus garras y sus dientes? 
Pues ¿ por qué los villanos carniceros 
Han de comer mis Vacas y Terneros? 

Y si no se contentan 

Con las hojas y yerbas que alimentan 

En los bosques y prados 

A los mas generosos y esforzados. 

Que muerdan de mis cuernos al instante, 

O sino de la trompa al Elefante. 

La asamblea aprobó quanto decia 

El Toro con razón y valentía. 

Seguíase á los dos en el asiento 
Por falta de buen orden el Jumento, 
Y con rubor expuso sus razones. 



LIBRO QUARTO. 23 1 

Los Milanos (prorumpe) y los Aleones, 
(No ofendo á los presentes , ni quisiera) 
Sin esperar tampoco á que me muera» 
Hallan para sus uñas y su pico 
Estuche entre los lomos del Borrico. 
Ellos querrán ahora como bobos 
Comer la yerba á los señores Lobos. 
Nada menos : aprendan los malditos 
De las Chochaperdices ó Chorlitos, 
Que sin hacer á los Jumentos guerra. 
Envainan sus picotes en la tierra: 
Y viva todo el mundo santamente. 
Sin picar ni morder en lo viviente. 

Necedad , disparate, impertinencia, 
(Gritaba aquí y allí la concurrencia). 
Haya silencio ( claman ) haya modo. 
Alborótase todo: 

Crece la confusión , la grita crece: 
Por mas que el Elefante se enfurece. 
Se deshizo en desorden la asamblea. 
A Dios, gran pensamiento : á Dios idea. 

Señores animales , yo pregunto : 
¿ Habló el Asno tan mal en el asunto ? 
¿ Discurrieron tal vez con mas acierto 
El Elefante y Toro ? No por cierto. 
¿ Pues por qué solamente al buen Pollino 
Le gritan disparate , desatino ? 



232 FÁBULAS. LIBRO QUARTO. 

Porque nadie en razones se paraba^ 
Sino en la calidad de quien hablaba. 
Pues, amigo Elefante , no te asombres: 
Por la misma razón entre los hombres 
Se desprecia una idea ventajosa. 
¡ Qué preocupación tan peligrosa ¡ 



PIN. 



Í233 

TABLA 

DE LAS FÁBULAS 

QUE CONTIENEN ESTOS DOS TOMOS. 

TOMO PRIMERO. 

LIBRO PRIMERO. 

FÁB. L El Asno y el Cochino.,. Pág. 13 

IL La Cigarra y la Hormiga 16 

IIL El Muchacho y la Fortuna 18 

IV. La Qodorniz 19 

V. El Águila y el Escarabajo 20 

VI. El León vencido por el Hombre. 22 
VIL La Zorra y el Busto 23 

VIII. El Ratón de la corte y el del 
campo ib. 

IX. El Herrero y el Perro 24 

X. La Zorra y la Cigüeña 26 

XT. Las Moscas 27 

XII. El Leopardo y las Monas 28 

XIII. El Ciervo en la Fuente 29 

XIV. El León y la Zorra...-. 31 

XV. La Cierva y el Cervato 32 



«34 TABLA 

XVI. El Labrador y la Clfrüeña 33 

XVII. La Serpiente y la Lima,.,. 35 

XVlir. El Calbo y la Mosca ib. 

XIX, Los dos Amibos y el Oso 36 

XX. El Águila , la Gata y la jfavalina, 37 

LIBRO SEGUNDO. 

FÁBULA I. El León con su exército, 39 

It. La Lechera .«. 4^ 

IIÍ. El Asno sesudo 44 

IV. El Za^al y las Ovejas 4S 

Y, La Águila , la Corneja y la Tor- 
tuga 4^ 

VI. El Lobo y la Cigüeña 47 

VIL El Hombre y la Culebra 48 

VIH. El Páxaro herido de una flecha, ib. 

IX. El Pescador y el Pez SO 

X. El Gorrión y la Liebre gi 

XI. Júpiter y la Tortuga ib. 

XII. El Charlatán 52 

XIII. El Milano y las Palomas S4 

XIV. Las dos Ranas c 56 

XV. El Parto de los Montes S7 

XVL Las Ranas pidiendo Rey 5^ 

XVII. El Asno y el Caballo 519 

XVIII. El Cordero y el Lobo 60 



DE LAS FABUXAS. 23$ 

XIX. Las Cabras y los Chivos 6r 

XX. El Caballo y el Ciervo 62 

LIBRO TERCERO. 

FÁBULA I. La Águila y el Cuervo. 64 

II. Los Animales con Peste 67 

III. El Milano enfermo 69 

IV. El León envejecido '¡o 

V. La Zorra y la Gallina 71 

VI. La Cierva y el León 72 

VIL El León enamorado 73 

VIII. Congreso de los Ratones 74 

IX. El Lobo y la Oveja 75 

X. El Hombre y la Pulga 76 

XL El Cuervo y la Serpiente 'J'J 

XÍL El Asno y las Ranas ib. 

XIIL El Asno y el Perro 79 

XIV. El León y el Asno cazando,,,. 80 

XV. El Charlatán y el Rústico 81 

LIBRO QUARTO. 

FÁBULA I. La Mona corrida 83 

II. El Asno y Júpiter b5 

IIL El Cazador y la Perdiz 86 

IV. El Viejo y la Muerte 87 



G36 TABLA 

V. E! Enfermo y el Médico 88 

VI. La Zorra y ¡as Uvas 89 

VIL La Cierva y la J^iña 90 

VIII. El Asno cargado de Reliquias, 91 

IX. Los dos Machos 92 

X. El Cazador y el Perro 93 

XI. La Tortuga y el Águila 94 

XII. El León y el Ratón 95 

XIII. Las Liebres y las Ranas 96 

XIV. El Gallo y el Zorro 97 

3CV. El León y la Cabra 98 

XVI. La Hacha y el Mango 99 

XVII. La Onza y los Pastores.„..i.,» 100 

XVIII. El Grajo vano, loi 

XIX. El Hombre y la Comadreja 102 

XX. Batalla de las Comadrejas y 

los Ratones , 103 

XXI. El León y la Rana 104 

XXII. El Ciervo y los Bueyes 105 

XXIII. Los Navegantes 107 

XXIV. El Torrente y el Rio ib. 

XXV. El León ^ el Lobo y la Zorra* 109 

LIBRO SEGUNDO. 

FÁBULA L Los Ratones y el Gato, iii 

IL El Asno y el Lobo 113 



DE LAS FÁBULAS. 237 

III. El Asno y el Caballo 113 

IV. El Labrador y la Providencia,., 116 

V. El Asno vestido de León 117 

VI. La Gallina de los huevos de oro, 1 1 8 

VII. Los Cangrejos 119 

VIII. Las Ranas sedientas 121 

IX. El Cuervo y el Zorro 122 

X. Un Coxo y un Picaron 124 

XI. El Carretero y Hércules I2«; 

XII. La Zorra y el Chivo ib. 

XIII. El Lobo , la Zorra y el Mono 
Juez 126 

XIV. Los dos Gallos 127 

XV. La Mona y la Zorra 12B 

XVI. La Gata Muger 129 

XVII. La Leona y el Oso 130 

XVIII. El Lobo y el Perro ^aco 131 

XIX. La Oveja y el Ciervo 133 

XX. La Alforja 134 

XXI. El Asno infeliz ib. 

XXII. El Javalí y la Zorra 13c; 

XXIIL El Perro y el Cocodrilo 136 

XXIV. La Comadreja y los Ratones, ib. 

XXV. El Lobo y el Perro 13G 



«33 TABLA 

TOMO SEGUNDO. 

LIBRO PRIMERO. 

FÁBULA I. El Pastor y el Filósofo. 143 

II. El Hombre y la Fantasma 147 

IIÍ. El Javalí y el Carnero 149 

IV. El Raposo ^ la Muger y el Gallo. 150 

V. El Filósofo y el Rústico 151 

VI. La Pava y la Hormiga 153 

VII. El Enfermo y la Prisión 155 

VIII. El Camello y la Pulga 157 

IX. El Cerdo , el Carnero y la Cabra. 158 

X. El León , el Tigre y el Caminante, 1 59 

XI. La Muerte 161 

XII. El Amor y la Locura 162 

LIBRO SEGUNDO. 

FÁBULA I. El Raposo enfermo........ 163 

II. Las Exequias de la Leona 166 

III. El Poeta y la Rosa i68 

IV. El Buho y el Hombre 170 

V. La Mona 171 

VI. Esopo y un Ateniense 172 

VIL Demetrio y Menandro ..4....... 173 



DE LAS FÁBULAS. 239 

VÍIl. Las Hormigas 174 

IX. Los Gatos escrupulosos 175 

X. El Águila y la Asamblea de los 
Animales 1 77 

Xí. La Paloma 179 

XII. El Chivo afeitado ; ib, 

LIBRO TERCERO. 

fAB. i. El Naufragio de Simónides, 182 

II. El Filósofo y la Pulga 184 

III. El Cazador y los Conejos 187 

IV. El Filósofo y el Faisán 188 

V. El Zapatero Médico 190 

VI. El Mur ciégalo y la Comadreja, 191 

VII. La Mariposa y el Caracol, 193 

VIII. Los dos Titiriteros 195 

IX. El Raposo y el Perro 197 

LIBRO QUARTO. 

FÁBULA I. El Gato y las Aves,,,, 199 

II. La Danza Pastoril. 201 

III. Los dos Perros 203 

IV. La Moda 204 

V. El Lobo y el Mastin 206 

VI. La Hermosa y el Espejo 208 



240 TABLA DE LAS FÁBULAS. 

VII. El Viejo y el Chalan 21a 

VIII. La Gata con cascabeles 211 

IX. El Ruiseñor y el Mochuelo 213 

X. El Amo y el Perro 214 

XI. Los dos Cazadores 216 

XII. El Gato y el Cazador 217 

XÍII. El Pastor 218 

XIV. El Tordo flautista 219 

XV. El Raposo y el Lobo 220 

XVI. El Ciudadano Pastor 222 

XVII. El Ladrón 226 

XVIII. El Joven Filósofo y sus Com- 
pañeros v«. ib. 

XÍX. El Elefante , el Toro , el Asno 
y los demás Animales 228 



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Aesopus 
3855 Fábulas de la vida del sabic 
S7 7 clarísimo fabulador t.^^^ 

1513 



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