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Full text of "Florilegio de poetas y escritores poblanos por nacimiento, o por haber hecho en el estado su carrera literaria"

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Ricardo Saúl Rodiles 



FLORILEGIO 

.PE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS POR NACIMIENTO, O POR 
HABER HECHO EN EL ESTADO SU CARRERA LITERARIA 




IDITOR: ENRIQUE DEL MORAL 



Av. 16 de Septiembre Num. 23 
Apartado Num. 5111 

méxico, d. f. 



Calle de Zaragoza Num. 8 
Apartado Num. 186 

puebla, pue. 



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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 

AT CHAPEL HILL 




ENDOWKD BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

-SOCIETIES 



PQ7291 

.P83 

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This book is due at the WALTER R. DAVIS LIBRARY on 
the last date stamped under "Date Due." If not on hold it 
may be renewed by bringing it to the líbrary. 




DATE RET 
DUE KhT - 


DATE RET 
DUE RET - 




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Alfonso G. Atareen 



Ricardo Saúl Rodiles 



MI 3 



FIíORIIiEOIO 



DE POETAS Y ESCRITORES 
POBLANOS POR ISLflCIMIENTO, POR HABER HECflO Ep EU ESTADO 



SU CARRERA LITERARIA 




OBRA DECLARADA DE TEXTO EN LAS ESCUELAS PRIMARIAS DEL ESTADO DE PUEBLA 



Propiedad asegurada. — Queda hecho el depósito que marca la ley 



Editor; 

av. 16 de septiembre num. 23 

Apartado Num. 5111 

méxico. d. f. 



; ENRIOUE DEL MORAL. 



Calle de Zaragoza Num. 8 
Apartado Num. 186 
puebla. pue. 



1 913 










... ' ' 



NARRACIONES 



' « — ¿S&5 — » ' 



Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hil 



http://archive.org/details/florilegiodepoetOOalar 




UNA HEROÍNA POBLANA DE LA GUERRA 



Pocos poblanos saben que en la actualidad vive en esta ciudad, 
como gloriosa superviviente de una época de rudos combates y de 
sacudimientos políticos, una anciana que cuenta la viril proeza de 
haber tomado las armas en defensa de la patria. 

Un repórter de í4 La Semana de Puebla," sabedor de esto, y en 
la creencia de que este asunto sería de verdadera actualidad, se apre- 
suró á entrevistar á la señora Altagracia Calderón, que tal es el nom- 
bre de la anciana á que nos referimos, 

Habita en la casa número ocho de la Portería de Santa Catarina 
y á ese lugar dirigió sus pasos el repórter, ávido de encontrar á esa 
heroina de quien tantas hazañas le habían contado. 

En una humilde habitación de una sola pieza, situada ene) lado 
izquierdo del patio, tiene su domicilio la señora Calderón. 

Presentóse el representante de "La Semana" y á través de los 
vidrios de la puerta pudo verla sentada, leyendo trabajosamente, con 
ayuda de toscos espejuelos, un volumen que descansaba sobre 
una mesa de madera sin pintar. 

A los golpes dados por los nudillos sobre el cristal, se levantó 
la anciana y abrió, mostrando la extrañeza de quien, no acostumbra- 
do á recibir visitas, ve ante su puerta á una persona desconocida. 

¡Interesante figura la de nuestra heroina! Surcado el rostro por 
profundas arrugas, vivos é inteligentes, aunque un si es no es des- 
confiados, los ojos, que bien pronto quedaron desprovistos de los cris- 
tales que los resguardaban; el cuerpo, delgado sin ser enjuto y erguido 
sin aparecer afectado; la palabra, reposada y firme. 



6 FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITOReS POBLANOS 

Vestía limpia y almidonada enagua de percal obscuro y floreado 
y su busto se perdía bajo "un rebozo" que le cubría la cabeza y era 
insistentemente atraído por su nerviosa diestra hacía la boca, como 
si quisiera atajar con la estampada tela el paso á las palabras, pues 
hay que advertir que doña Altagracia se mostraba al principio re- 
servada y huraña. 

— ¿La Sra. Altagracia Calderón? — Preguntóle el repórter antes 
de franquear al umbral. 

— Allí enfrente está la casera. Ella puede informar á Ud. 
— Pero ¿no es Ud. doña Altagracia Calderón? — insistimos le- 
vantando la voz. 

— Ah, sí. Es que no oigo bien-contestó sin decidirse á hacer- 
nos pasar. 

— Quisiera platicar con Ud. un rato. 

Mirada inquisitorial, por sobre los espejuelos, de la entrevistada 
á quien decididamente no hacía mucha gracia nuestra intempestiva 
visita. 

— Pase Ud y siéntese. 

— ¡Por fin! 

En el muro del frente, algunas estampas de santos, y entre ellas, 
descollando como el preferido, un soldado romano, cuyo nombre no 
acertamos á leer, por la distancia. En la pared de la izquierda, cla- 
vada con tachuelas, una hoja de "El Imparcial," mostrando, átoda 
la página, los retratos de cuerpo entero de nuestro presidente el Gral. 
Porfirio Díaz y de Mr. Taft, dándose-la mano en la famosa entre- 
vista. El libro que había dejado abierto sobre la mesa adosada al 
muro, una novela de esas en que hay combates y aventuras. 

— ¿Qué se le ofrece á usted? 

— Quiero saber si es verdad que en épocas aciagas para Méxi- 
co, prestó Ud. servicios de importancia peleando por la patria. 

— Algo hay de eso. 

Dijo y desarrugó el ceño, como si el giro que tomaba la conver- 
sación le halagara. 

— Aquí tiene usted-añadió extrayendo de un cajón una caja cilin- 
drica de hojalata, abollada y mohosa, de la cual sacó un legajo 
amarillento, que puso en nuestras manos. 

— Son mis papeles, que pueden decirle, mejor que yo misma, lo 
que desea saber. 

En efecto, lo que la simpática viejecita nos mostraba eran cer- 
tificados expedidos por los Grales. Juan N. Méndez, José B. Cueto 
y Hermenegildo Carrillo, y en los que consta, bajo él testimonio de 



FTORTI.EGIO DE POETAS Y ESCRITORES PORLAN0S 7 

esos ameritados jefes, la deuda de gratitud que la nación ha contraído 
con doña Altagracia. 

El primero de los generales mencionados atestigua que, siendo 
casi una niña, se batió contra los imperialistas y franceses, forman- 
do parte de la guerrilla que mandaba el coronel Mauricio Ruiz, has- 
ta que se efectuó la capitulación de Papantla, después de la cual 
fué tomada prisionera y traída á Puebla, junto con el citado coronel 
Ruiz y el de la misma graduación Benito Marín, también prisioneros, 
y que permaneció presa hasta que Puebla se rindió al Gral. Díaz el 
2 de Abril de 1867. 

— Por cierto, dijo la señora Calderón, que yo estrené entonces 
la cárcel de San Juan de Dios, y que tuvieron que pasarme luego al 
Colegio de San Juan, donde hoy está el Palacio de Gobierno, para 
custodiarme mejor, pues Trujeque hizo correr la voz de que Antonio 
Pérez, uno que andaba con nosotros iba á sacarme á la fuerza 
de la prisión. Cuando salí, al entrar á la plaza don Porfirio, me 
monté á caballo y me fui al Carmen á ver el fusilamiento del mismo 
Trujeque. Después me dirigí á México. 

En esa capital continuó tomando parte activa en la contienda, y 
el general Cuellar asienta, en el certificado que le extendió, que allí 
estuvo en varios combates parciales sostenidos entre las fuerzas de 
caballería republicanas y las imperialistas de la misma arma, cuan- 
do estas salían á forrajear, y añade que ' 'siempre se^ portó con valor 
y arrojo." 

Cuando la revolución de la Noria, peleó también bajo las ór- 
denes del general Hermenegildo Carrillo, que mandaba la primera 
división del Ejéreito de Oriente, y este jefe afirma, en especial cer- 
tificado, que la interesante anciana se halló mandando una guerrilla, 
en las acciones de guerra siguientes: 15 de Enero de 1872, San Juan 
de los Llanos--27 del mismo, San Andrés--22 de Marzo Apulco--20 
de Abril, Huauchinango; 31 de Marzo, Coahuitique (cerca de Xo- 
chiapulco); 14 de Julio, San Juan Aquixtla. El mismo Carrillo añade 
que tomó participación activa en todos estos encuentros, "habiéndose 
portado con todo valor, lo que la hizo acreedora á toda clase de dis- 
tinciones." 

Como es natural, en más de una ocasión las balas enemigas hi- 
cieren blanco en el cuerpo de nuestra heroina y la más grave de 
sus heridas fué una que recibió el 20 de Enero de 1864, en una es- 
caramuza con las tropas imperialistas que iban de Perote á Jalapa 
y que fueron batidas y derrotadas cerca de la Olla, por una fuerza 
que salió de Tlacolulas. La bala que entonces la lesionó penetró 



8 FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 

por el lado izquierdo de su cuello y le salto por la boca, que, á con- 
secuencia de ello, le ha quedado algo deforme; por eso procura cu- 
brirse, al hablar, la boca con el "rebozo," cual si quisiera atajar sus 
palabras • 

— Y mire usted lo que son las cosas de la vida—dijo con inge- 
nuidad, el general Hermenegildo Carrillo, que me dio ese certificado 
que tiene usted en sus manos, elogiando mi conducta, fué el mismo 
que antes, cuando era traidor (así les decíamos á los imperialistas), 
me hizo prisionera y me entregó á la Corte Marcial que se instalaba 
entonces en el ex-convento de la Concepción de esta ciudad. 
Pero.... -dijo de pronto deteniéndose y volviendo á su actitud de 
desconfianza—todo esto que le cuento á usted, me parece que lo va 
asacar en los periódicos. ... y, la verdad, me da temor de que 
lo haga, porque ya ve usted que hoy están los periódicos di- 
ciendo muchas exageraciones y alo mejor lo comprometen á uno. . . . 

No tardó en tranquilizarse, al saber que la entrevista iba á ser 
publicada por "La Semana de Puebla" y que quizá serviría para 
que el Gobierno Federal, que le da una cortísima pensión, se fijara 
en ella y quizá decretara un aumento que le permitiera pasar con 
alguna comodidad sus últimos días, que hoy ve trascurrir sola, in- 
digente y enferma. . . ¡Ella, que desmintiendo la debilidad de su 
sexo, derramó la sangre de sus venas por hacer á su patria libre y 
feliz! 

Terminó la visita con estas palabras de doña Altagracia: "Pues 
puede usted publicar lo que le he dicho y lo que en mis papeles ha 

leído Ah! Y diga también que, á pesar de mis setenta años, 

puedo todavía, si llega el caso, disparar un fusil por la paz y la li- 
bertad de México." 

Eduardo Qómez Haro 













KAFAEL B. GAKCIA 



Nació en Puebla el 10 de Julio de 1869. Fueron sus padres el 
Señor Don Rafael José García y la Señora Concepción Romero. 

Su instrucción elemental la cursó en México en el Instituto di- 
rigido por el Profesor Francisco de P. Robles. En 1881 ingresó al 

Colegio del Estado de Pue- 
bla, donde terminó la pre- 
paratoria y la profesional 
de leyes, obteniendo el tí- 
tulo de abogado de' los tri- 
bunales de la República el 
11 de Octubre de 1892. 

Ha desempeñado nume- 
rosos é importantes empleos, 
entre otros el de Oficial Ma- 
yor en la Secretaría General 
de Gobierno, Magistradosu- 
plente, Defensor de la Be- 
neficencia, etc. 

Actualmente es auxiliar 
del fondo de Instrucción 
Secundaria, cuyo nombra- 
miento obtuvo por unani- 
midad en la elección corres- 
pondiente. 

Fué profesor suplente de 
Lógica y Procedimientos civiles ene! Colegio del Estado y de Len- 
guaje en el Instituto Normalista, y actualmente es Profesor de Eco- 
nomía Política y Derecho Mercantil en el citado Colegio. 

Es miembro de la Sociedad de Geografía y Estadística de Mé- 




IO 



FLORILEGIO I>E POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 



xico; de la Mutualista Siglo XX de Puebla y de la Filarmónico-Li- 
teraria de la misma ciudad. 

Ha colaborado en 'La Evolución" "La Nueva Era," "El Mundo 
Ilustrado" y otras publicaciones. 

Escritor ameno y poeta lestivo; cuya fabor en su mayor parte 
es desconocida. Su prosa es rica en colorido, especialmente en la 
narración. Cuentista v orador. 




EL JÁZM I N 



Cuando después de una noche de angustia, en aue los vecinos 
caritativos lucharon por .salvar de la muerte á Doña Teodorita, an- 
ciana octogenaria sin familia y que vivía sola en un cuartucho de 
ia populosa casa del Divino Rostro, una bondadosa señora de la 
Junta de Candad resolvió que la enferma fuera internada en el Asi- 
lo de Mendigos, nadie pensó por lo pronto en la suerte del pobre 




JAZMÍN. Doña Teodorita había tenido sus buenos tiempos. Hija 
de la clase media y educada conforme á los usos de su época, con- 
trajo dos veces matrimonio, tuvo sucesión y disfrutó de las dulzuras 
del hogar; pero el destino quiso favorecerla con larga vida, tan larga, 
que le permitiera ver morir á todos los parientes, quedar solo entrega- 
da al mezquino trabajo de la aguja, y ^por último, cuando la vista faltó, 
el oído fué torpe y las manos se pusieron temblorosas, entregarse en 
manos de la caridad pública, que no siempre dá para la diaria sub- 
sistencia. Doña Teodorita pedía limosna, ya en la calle, ya en la 



12 FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 

casa de los ricos, recogiendo algunos centavos y los restos de la co- 
mida, en ciertos días de la semana; y á todas partes iba acompañada 
del JAZMÍN, perrillo faldero, único amigo y compañero déla ancia- 
na que con él andaba compartiendo la exigua pitanza. Aquella no- 
che, los vecinos de la casa del Divino Rostro, oyeron á eso de las 
nueve, gemidos ahogados en la pocilga de Doña Teodorita; acudió 
la casera, principal autoridad de la morada colectiva, y se encontró 
á la mísera mujer, echada en el sucio camastro, quejándose, víctima 
de quién sabe qué dolencia, y con el animal encima de la vieja á la 
cual parecía querer curar á fuerza de lamerle la cara. Entraron 
también los vecinos de las viviendas contiguas; deliberaron seria- 
mente y resolvieron llamar desde luego á un sacerdote y á un cu- 
randero para intentar la salvación del alma y del cuerpo de aquella 
desdichada. Mientras llegaban los auxilios empezaron los comen- 
tarios: — ¿Qué le habrá pasado á Doña Teodorita? — Tomaría más 
copitas que de costumbre, dijeron dos mujeres. Mas que pida 
limosna, agregó un hombre, ha de tener su dinero enterrado ó 
escondido. Estas limosneras son así. Donde lloran está el muerto. 
— ¡Y cómo puede vivir sólita!— Por desconfiada, para que no la ro- 
ben — continuaron las mujeres — ¡De veras que vivir no más con un 
perro! ¡Yo cuándo! Luego á esos animales se les mete el diablo 3' 
quieren que una viva en pecado mortal para llevársela. — Claro ¿no 
ve á Doña Teodorita? ¿Acaso se confiesa ni comulga? De balde 
que sea tan vieja, si no piensa ni para remedio en la muerte. — En 
lugar de querer al perro debía de querer áDios. — Cabal que sí, no 
que todo su amor es para el indino perro. — A mí ese animal me da 
mala espina. ¿No vé Usted, mi alma, como lo quiere Doña Teo- 
dorita? ¡Cómo lo besa y lo cuida! ¡Ni que fuera de oro! — Y ¿quién 
sabe si el demonio no se valdrá de ese cariño para condenarla; por 
que una cosa es querer á los animales, y otra verlos más que si fue- 
ran prójimos. — Yo, -dijo el hombre-álos animales como animales, y. 
Dios me libre de más. 

Llegó el sacerdote, confesó á Doña Teodorita y ofreció, previos 
informes de la soledad y desamparo en que esta vivía, dar parte á 
la Sociedad de Señoras Católicas, á fin de que la desvalida fuese 
internada en el asilo de mendigos. El curandero recetó una tizana 
que propinaron á la pobre mujer, quien gracias á este auxilio, pudo 
ver la luz del nuevo día. Más le valiera no haberla visto, porque 
al atardecer, llegó la comisión de Señoras con propósito de llevar á 
Doña Teodorita al asilo. Y entonces fué lo bueno. Esta, sea por 
amor á su vida vagamunda y libre, sea por no separarse del perro 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 1 3 

que la veía con tristes ojos, resistió á la buena obra. Pedía que al 
menos le permitieran llevar consigo al animal, su compañero, su 
amigo, el único ser que le había demostrado cariño en la vejez; pero 
no fué posible, porque los reglamentos de la benéfica institución no 
lo permitían; y las excelentes Señoras colocaron á Doña Teodorita 
en un coche y la llevaron al asilo. JAZMÍN la siguió. Largo rato 
esperó en la puerta la salida de su dueña, y sin esperanza ya, volvió 
á la casa del Divino Rostro á rascar ahullando la puerta de la pocil- 
ga, cerrada ya para él, por siempre, Allí pasó la noche. x\llí es- 
tuvo todo el día siguiente, y allí lo vieron los vecinos que entraban, 
y salían, hasta que la casera resolvió el caso: — Oiga, Don Tomás, 
dijo á un robusto mozo de cordel que en la misma casa tenía su do- 
micilio; ese maldito perro de Doña Teodora, no nos deja dormir 
con sus ahullidos. Mi comadre Cholita dice, que es el diablo que 
se quería llevar el alma de la viejecita; y por las dudas, pues bueno 
fuera acabar con él; pero con ganas, para que no vuelva por acá á 
molestar más á uno, ni á perder más almas. -No tenga cuidado, je/a, 
contestó Don Tomás, á la tarde le damos recio para acabar de una 
vez. 

Y así fué. Al caer la tarde, el hombre se proveyó de un lazo. 
Unos chicos espantaron al perro con palos y piedras para que salie- 
ra de la casa, y antes de franquear el umbral del zaguán, le alcanzó 
el nudo corredizo al derredor del cuello. Don Tomás apretó con las 
dos manos, levantó el cuerpo del animal haciéndolo girar en el aire 
al extremo de la cuerda, y repetidas veces golpeó con él el suelo. 
Cuando ya no dio señales de vida, exclamó el hombrón: ¡Ah conde- 
nao, que trabajo me jas dao para mandarte al infierno! 

Así murió el JAZMÍN. 

Rafael B. García 






MANUEL M. HERRERO. 



Nació en la ciudad de Zacatlán el 22 de Abril de 1869. 

Fueron sus padres el Señor Don Manuel Herrero y la Señora Doña 

Refugio Martínez. Cursó 
la instrucción elemental, 
parte en su ciudad natal y 
parte en Puebla; fué alum- 
no del Colegio del Estado 
en donde hizo su instruc- 
ción preparatoria, la que 
tuvo que abandonar por 
circunstancias de familia. 
Desde 1896 prestó sus 
servicios en el Estado, ha- 
biendo servido antes como 
Secretario de la Jefatura 
Política de Tulancingo, 
Hidalgo, y en igual pues- 
to en el Estado de Vera- 
cruz. Este mismo empleo 
lo desempeñó en el Estado 
de Puebla en las Jefaturas 
de los Distritos de Aca- 
tlán, Matamoros, Tehua- 
cán y Puebla. En 1904 fué 
Profesor del Instituto Nor- 
malista del Estado y en 

Mayo de 1907 fué nombrado Director del mismo Establecimiento. 




FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 1 5 

De este empleo se separó momentáneamente para desempeñar la Se- 
cretaría Particular del Señor Gobernador Isunza y por un corto pe- 
ríodo la del Señor Gobernador Cañete, volviendo después a encar- 
garse de la Dirección del Instituto. 

Fué redactor y colaborador de "El Hijo del Ahuizote," toman- 
do parte en la formación de una obra titulada "Liberales Ilustres 
de México," cuya dirección tomó por enfermedad del Sr. Daniel 
Cabrera. En la obra citada débense al Sr. Herrero las biografías de 
D. Miguel Cruz Ahedo, D. Felipe Berriozabal y D. Juan Crisósto- 
mo Bonilla, de las que sólo se publicó la última. 

Colaboró también en "La Evolución," "El Quijote" y en 
otros muchos periódicos literarios y políticos. 

Cuentista y Novelador. Prefiere la novela de costumbres y es 
en ella un verdadero detallista. Su prosa es exuberante y fácil. 




PRIMER AMOR. 



(FRAGMENTO.) 



Por azares de la suerte, no pude volver a mi pueblo, sino, has- 
ta después de varios años, cuando ya en mi alma se habían apaga- 
do muchas tempestades y la juventud me daba su eterna despedida. 

¡Cuántos cambios se habían operado en mi pueblo durante mi 
ausencia! Mi primer cuidado al llegar a él fué el ir a besar la tierra 
que cubría las cenizas de mis padres. Muy lejos andaba yo cuando 
ellos cerraron sus ojos a la vida, y no pude tener ni el consuelo de 
estar a su lado en aquel supremo instante. 

Era yo casi extranjero en mi tierra. La casa donde nací, ya en 
poder de extrañas gentes, parecía que me cerraba sus puertas y que 
despiadada me negaba el albergue de otros días. Mis compañeros 
de escuela, ya hombres como yo, pasaban junto a mí sin conocer- 
me, o si me conocían, mostrábanse huraños y se conformaban con 
dirigirme miradas de curiosidad. Sin embargo, pronto se corrió la 
voz de que un hijo del lugar había llegado a él; y no faltaron per- 
sonas de las que tuvieron amistad con mi familia que deteniéndome 
en la calle, entraran en conversación conmigo cansándome a pre- 
guntas sobre lo que había sido de mi vida, y refiriéndome lo que de 
más notable había acontecido en el pueblo desde la época en que lo 
abandoné. De este modo pronto contraje relaciones, y dejé de ser 
un extraño para mi pueblo y él dejó de serlo para mí. 

¿Y en cuanto á Ella? No faltó quien me contara que casada ha- 
cía algunos años con un rico propietario de las inmediaciones, lle- 
vaba una vida de verdadera mártir a causa del carácter brutal de su 
marido, quien no sólo la maltrataba de palabra, sino la daba una 
vida solitaria y triste. También me refirió que los padres al saber 
io que ocurría, habían tratado en más de una ocasión, de restituirla 
a su lado, para substraerla a la tiranía del marido: pero que Ella,, 
resignada y llena de abnegación, se había rehusado terminantemen- 
te a abandonar la casa con3 7 ugal, diciendo que tenía hijos y que su 
deber era permanecer en su puesto a pesar de toda su desgracia. 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 



17 



Esta historia tan breve corno dolorosa, me conmovió profunda- 
mente y me hizo sufrir lo que no es decible. ¿Por qué ella tan dul- 
ce, tan tierna y delicada no era feliz como 
merecía serlo? ¡Qué no habría yo dado a 
cambio de poder ofrecerla un poco de di- 
cha y bienestar, en nombre del recuerdo 
siempre vivo del bendito ideal de mi pri- 
mer amor! 

Cierto día recibí una invitación para 
una merienda que debía verificarse en una 
de las Huertas más lindas déla localidad; 
y no pudiendo excusarme prometí desde 
luego concurrir. 

Llegada la hora, me presenté en el lu- 
gar de la fiesta. Era una hermosa tarde de 
primavera. Los árboles, ricos de savia, 
elevaban al cielo su ramaje y recibían del 
sol poniente un baño de dorada luz. La 
huerta ofrecía en primer término un vas- 
to jardín compuesto de un laberinto de 
arriates caprichosos, donde ostentaban su 
elegancia las amapolas, las dalias y ama- 
rantos, al lado de los jazmines, los clave- 
les y violetas, cuyos perfumes se mezcla- 
ban embalsamando el aire. Entre eso? 
arriates, multitud de callecillas con rosales 
cuajados de flores a uno y otro lado, con- 
ducían en distintas direcciones, ora a gru-^ 
tas artificiales en cuyo interior había hermosas plantas de som- 
bra; ora a graciosos cenadores cubiertos como por un encaje de flo- 
ridas y perfumadas madreselvas; ora a fuentecillas rumorosas, cu- 
yos surtidores hacían saltar el agua en vistosos juegos: y ora en fin, 
a pequeños lagos bordeados de flores y en cuyas aguas bullían pe^ 
Cecilios de colores. Una vez pasado el jardín, se veían por un lado, 
grupos de árboles frutales cuyas ramas, al entrelazarse, formaban 
bóvedas de verdura; y por otro lado un tupido membrillal, dispues- 
to con tal arte, que simulaba un umbroso bosque en miniatura, ba- 
jo el cual se abría un dédalo de calles corKdas á veces por arro- 
yuelos de ag-uas cristalinas. 




*W. Herrero. 



POR EL MISMO CAMINO. 



No podía caber en el 
que Doña SaJud muriese. 



ánimo apacible de las gentes del pueblo 
No era posible que dejara de vivir una 
persona tan sabia en cu- 
rar males y tan práctica 
en aliviar los achaques 
de que adolecía por cos- 
tumbre la gente de la co- 
marca. ¿Cómo iba a ser 
que dueña tan paciente, 
de tantos remedios case- 
ros, fuese a entregar el 
espíritu, sin que nadie 
atinara con la yerba que 
le curaba del mal? y ¿có- 
mo, Señor, era justo que 
quien había salvado me- 
ses antes al párroco, de 
la misma dolencia, no tu- 
viese un remedio que la 
restituyera a la acongo- 
jada gente del pueblo? 
Sobre todo, de hoy en 
más ¿quién iba a salvarla 
de sus enfermedades y a 
Sr.nr. Alfonso g. Aiarcón. asesorar en los trances 

esperados a las madres hasta entonces tranquilas y llenas de fe en 

lo porvenir?, 




FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 



í9 



i Era un castigo de Dios que el lugar se quedase de tal modo 
desamparado! 

Ni el Señor Cura podía ilustrar acerca del sabor de la tizana 
ambarina que Doña Salud le había hecho beber en los fatigosos días 
de su enfermedad, ni el Sacristán conocía la yerba de donde la cu- 
randera había extraído la vida para el párroco, ni nadie estaba en 
los innúmeros secretos con que Doña Salud iba disputando al clima 
insalubre los días de los pálidos moradores del lugar. 

Las mujeres más viejas, más curanderas por esta triste circuns- 
tancia, rodeaban el lecho de Doña Salud, con la mirada preguntona 
y el espíritu apesadumbrado, sin saber qué hacer de aquel tesoro 
que se les iba irremediablemente de las manos, y preocupadas de 
sentirse rodeadas de tanto manojillo de yerbas, de tanta nuez, de 




tanta raiz y tanta corteza que venían a constituir la apretada farma- 
cia de la paciente. Y entraban y salían con jarrillos humeantes, 
siempre con caras de poca esperanza y ademanes desmayados de 
quien desalienta. 

Doña Salud, desde el día en que por extrañarla temprano por 
la calle la habían ido a encontrar de bruces en la cama, sumida en 
profundo sopor y apenas mascullando palabras incoherentes a las 
preguntas que le hacían, no había vuelto a dar señales de estar en 
este mundo ni de entender una palabra de cuanto se le decía, por 
más que medio levantase los párpados para dejar ver los empaña- 
dos ojos. 

Era, pues, imposible hacerla indicar el remedio que necesitaba 



20 FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITOReS POBLANOS 

ni el rincón de la casa o matojo del cerro donde era fácil encontrar- 
lo. Las fricciones que le iban y venían confortándole el aterido 
cuerpo, las plantillas y sinapismos que las mujeres le aplicaban a 
menudo, no hacían más que traerla al calor pasajeramente y hacer 
quejarse a medias a la desganada enferma que parecía, en medio de 
aquel trajín, ambicionar si no la eterna, por lo menos la efímera paz 
de que puede disfrutarse en la tierra. 

— Ella tiene la culpa, decía algún circunstante que, hu5 7 endo del 
calor de la estancia, liaba en el corredor un cigarrillo de hoja. Hace 
tiempo que no está buena la santa señora. Bebía agua que era un 
vicio; como si hubiera tenido la calor por dentro. Tanto, que yo no 
sé como vino a caer de esta enfermedad y nó de 'hidropesía, con ese 
mar.de agua que ha bebido desde hace tiempo. No podía entrar de 
visita en una casa sin pedir por prontas providencias un vaso de a- 
gu>a, ni sin salir de cuando en cuando al patio dizque a deshacerse 
del agua tal como la bebía. 

Y miren ustedes lo que son las cosas: comía cómo desesperada, 
y sin que le luciera; porque quien la hubiera visto hace seis meses 
no la conocería ahora que está en los puros huesos. 

Realmente, el amigo del cigarrillo tenía razón. Desde por San 
Francisco se había notado alarmante flaqueza en el cuerpo a Doña 
Salud, poco ánimo para ir a casa de los enfermos, y profunda pe- 
reza en el discurrir, amén de los achaques que quedan referidos por 
el susodicho circunstante. 

El mismo señor Cura le aconsejaba atenderse con empeño, aun 
con el pretexto de ser pecado -y muy grande- el abandonar desde- 
ñosamente la carne a los estragos de las enfermedades, ¿No le ha- 
bía sanado a él de males semejantes? . . . 

-Pues entonces, hija mía, ¿qué trabajo ha3 r en beber lo mismo 
que yo bebí, cuidarse como yo lo hice y esperar de la omnipotencia 
divina el supremo bien de la salud? 

Y la curandera que por ser hábil tenía escasa f é en la ' 'cascara 
de nanche, cortada justamente por el lado de donde el sol nace," ha- 
cía poco caso del repetido consejo de todo el pueblo . No había de 
sanar. Era en vano engullir tizanas llenas de amargor y som.. terse 
a dietas torturadoras, máxime cuando hambre era lo que tenía y 
muy grande, y no deseo de privarse del buen comer. Por eso fué 
que enfermándose más cada día, descansando cada día más veces 
en sus labores y tomando cada vez menos interés por los cuidados 
que venían a sus manos, un día cayó en la cama privada del senti 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 21 

do en medio del dolor de todo el pueblo que veía marcharse la salud 
con ella, y entre la desesperación de aquella gente que hubiera que- 
rido darle la vida, no sencillamente como Doña Salud se las había 
ministrado colectando raíces, cortezas y retoños en la montaña, sino 
esforzadamente como es fama que los señores médicos arrancan de 
las garras de la muerte a sus aterrorizados pacientes. 

Nada de esto fué posible, sin embargo. Florecían las acacias 
alegrando las callejas del pueblo con su abundante flor, cuando Do- 
ña Salud, la curandera que había tenido en sus manos a todo el pue- 
blo al nacer éste, y que curaba los males que nunca salen del lugar, 
y fomentaba el manso correr de los años en los viejos, fué llevada 
tristemente a la vuelta del cerro, a aquel cementerio del pueblo, ten- 
dido en la ladera, donde por las tardes pasa una brisa suave orean- 
do la madre tierra y despeinando las acacias. 

A. Q. Alarcón. 




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DESCKIPCIONES. 



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EN PLENA CORDILLERA. 



Tuxtla Gutiérrez es una población escasa de habitantes y de 
agua. La gran sierra que atraviesa el Estado de Chiapas forma, 

frente al Pacífico, uno a 
modo de escalón gigan- 
tesco sobre el cual derra- 
ma Tuxtla su vasto case- 
río, que simula, visto 
desde lejos, bandada de 
garzas tomando el sol, 
inmóviles y con las alas 
extendidas, en medio del 
paisaje azulado y distan- 
te. Y naturalmente, se- 
ducido el viajero por ese 
encanto apacible que da 
a las cosas la distancia, 
detiene el paso sobre la 
última cumbre que sirve 
de atala3'a al escalón re- 
ferido, y allí, bajo el fo- 
llaje músico de los espe- 
sos pinares, respira, ca- 
lla y sueña .... Sueña en 
el término de las fatigas 
del penosísimo viaje, mi- 
rando largamente cómo 
se aplanan y desaparecen las últimas colinillas en la verde unifor- 




Sr. Lie. Felipe T. Ccntrerss. 



26 FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS. 



midad del valle, lleno de plantíos de caña de azúcar y recortado por 
las curvas tranquilas del Grijalva, que después de discurrir mansa- 
mente, al fin se hunde y despeña en Jas gargantas profundas de la 
serranía. Pero aquella tierra es ingrata. No bien tomaij? posesión 
del albergue más o menos humilde que se os destina, dais en las ga- 
rras de una horda despiadada de pulgas, con tanto número, que pa- 
rece que pulgas forman el suelo polvoroso del pueblo y aun el sub- 
suelo. Aquello, por lo de más, es apacible, con esa apacibilidad 
primitiva nunca interrumpida, como no sea por el constante ladrar 
de canes que a todas horas, pero singularmente por la noche, atrue- 
na y ensordece los aires. Los otros caracteres que distinguen al 
pueblo, son los ordinarios y conocidos de nuestras poblaciones pe- 
queñas, a saber: exagerado espíritu de localismo, carencia casi ab- 
soluta de escuelas públicas y particulares, comercio heterogéneo de 
gachupines patriarcales, y entera sumisión de cuerpo y alma al cura 
del lugar. 

Allí pasé con mi madre enferma los días más amargos de mi 
vida. Acababa yo de terminar la lectura de un soñador y de un 
triste, de Rousseau (julie), y de Hegessipe Moreau (Myosotis). El 
primero con su estilo enfático pero elocuente, dejó en mí el justo 
anhelo de una sociedad más perfecta; Moreau la penetrante tristeza 
de las orfandades. Moreau es el poeta de las lágrimas furtivas y 
calladas; su vida toda se compendia en las estrofas consagradas por 
él a La Voulzie, un obscuro, un ignorado arroyo de provincia. Ger- 
minaba en mí la vida del proscripto, y en tanta soledad adopté como 
amigo el primero que pasaba por mi lado. Desde aquel momento 
sufrí menos; mi amigo Juan Víctor era la encarnación de lo cómico 
y algo más. Venía del fondo tenebroso de nuestras viejas revuel- 
tas políticas: había "luchado" sin saber lijamente por qué, como 
solía suceder a nuestros caudillos dé aquel tiempo, y no habían sido 
escasos sus triunfos e<n ésta o en aquella "barranca." Su vida había 
sido un pronunciamiento, decía él: se pronunció contra Santa Ana 
cinco veces; dos contra Comoníort; gracias o él renunció Alvarez la 
Presidencia; después se pronunció por la Constitución y luego por 
la Reforma, amén de los pronunciamientos que estuvo a punto de 
legrar contra Juárez y contra Lerdo. Y al terminar, ya puesto el 
sol, el eterno capítulo de sus pronunciamientos comenzado a la hora 
de la siesta, me miraba con aire victorioso, recargado el cuerpo so- 
bre un bastón formidable en que habían dejado la huella de su ira 
los vientos de la montaña v acariciando con la mano izquierda aque- 



FLORILEGIO DE POETAS V ESCRITORES POBLANOS 27 



Ha barba lacia de un color indefinible, que indudablemente recorda- 
rían aún con horror los desvalidos pueblos de la comarca en que se 
había desarrollado la vida del 'Héroe." 

Pronto caí de nuevo en el silencio y en la más negra postración 
de espíritu, pues si bien mi madre se curaba merced a la eficacia del 
clima, estuve a punto de perder la vista. Y ya con los ojos enfer- 
mos, recibí la última visita y el adiós de mi amigo Don Juan Víctor 
que se iba a Guatemala a ver si conseguía mover allí el espíritu pú- 
blico y provocar así un levantamiento contra el Gobierno. 

Restablecido de mi dolencia de ojos, resolví a mi vez abando- 
nar a Tuxtla y volver a la heredad de los míos, situada al acabar 
la vertiente septentrional de la sierra chiapaneca, "donde los ríos 
en veloz corrida se llevan a la mar. " Por manera que, enclavada Tux- 
tla casi al término de la gran vertiente que mira al sur, tenía yo que 
trasponer el inmenso laberinto de cumbres que forman la cordillera. 
El viaje era largo y penoso; pero me alhagaba que al dejar a Tuxtla 
me hundía yo de nuevo en la dulce y profunda majestad de la natu- 
raleza, tan saludable, tan pura, tan callada, y hacía yo rumbo hacia 
las brisas del Golfo que acariciaron mis inocencias de niño, mis sue- 
ños de adolescfnte y mis reflexiones de hombre. Mis apuntes de 
viaje dicen así: 

"Salí de Tuxtla el 12 de Marzo de 1880, con cielo franco, auras 
libres y plenitud de luz en los dilatados horizontes; 3 r así caminé 
por espacio de tres días atravezando campos feraces. Caminaba yo 
desde la primera luz que dijo el autor de "García del Castañar" 
hasta ya próximo a rodar el sol por las pendientes del ocaso. Ter- 
minada mi peregrinación por los tales llanos, comenzó a quebrarse 
violentamente el terreno, y comenzaron a abrirse a mis pies tajos 
inexplorados y profundas gargantas, pues avanzaba 3-0 precisamente 
sobre el flanco Sur de la Sierra Madre, que aquí, en Chiapas, se en- 
crespa, se hacina, se amontona hasta fingir inmóvil y colosal conci" 
lio de titanes negros y fríos. Aquí la sierra parece abandonar toda 
dirección sostenida y constante, todo precepto geológico y con sus 
hondas vertientes, sus variados y metálicos tonos en que campean 
desde el plomo severo hasta el azul vaporoso y soñador; con sus 
enormes y desordenadas cumbres que bañan el pie en las espumas 
de los torrentes de plata, se hace una sierra esencialmente hermosa. 
A medida que ascendía yo, la vegetación de las hondonadas iba ha- 
ciéndose cada vez más rara y de más mezquinas proporciones, tanto 
que hubiérase dicho que nacía con miedo: ien tan crecido número 



28 FLORILEGIO PE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS. 



eran las raíces con que se adhería a los peñascos abruptos y salva- 
jes! Y subía yo siempre. . . . Pude entonces observar cómo las aves, 
que eran un populacho en la llanura iban siendo, a medida que as- 
cendía yo, más grandes y más raras. Cuando llegué a las cumbres, 
me envolvían los vientos, me cercaba el álamo, menudeaban las alas 
obscuras, las fuertes garras y los picos corvos; los plumajes torna- 
solados, los nidos y los pétalos de mil colores, habían desaparecido*' 
y respirando amplia y fatigosamente, casi con la frente en las nubes, 
grité con el poeta: "¡Alas!" .... Comencé entonces a descender por 
la vertiente Norte de la sierra; ésta es allí húmeda y cálida, y mar- 
chaba yo envuelto por sombra de montañas y rumor de torrentes. 
La decoración había cambiado por completo; murmuraba el viento 
en la hojarasca y entre el espeso follaje; algo solemne y grande flo- 
taba en torno mío, bajo el bosque imponente apretado de robles, pi- 
nos y ocotes; otra vez volvieron las flores, las gavillas de pájaros, 
los nidos hechos de algodones anónimos; y ya de vez en cuando 
descubríase la línea franca y distante del Estado de Tabasco, tras 
cuyo límite lejano adivinábase el estruendo marino.... ¡Cuánta 
grandeza por donde quiera! ¡Qué despilfarro aquel de extraños fru- 
tos y variadísimas hojas caprichosamente recortadas! ¡Qué derro- 
che de perfumes embriagadores e ignorados, de auras, de luz, de 
rumores como quejas, como besos, como cantos . . . . !" 

Puede asegurarse que vistos los nidos, observado el verdor de 
las lejanas praderas, notada la milagrosa florescencia y oído el bra- 
mar de los profundos torrentes, hubiera hecho verdadera cosecha de 
metáforas cursis cualquier romántico desvelado. Y aquí vendrían 
tiradas sobre el hogar, con pretexto de los nidos: '.obre la paz de la 
conciencia, a propósito de las silentes praderas; sobre las ilusiones 
con motivo de las florecillas silvestres; y sobre la furia de las pasio- 
nes, con ocasión de los torrentes indomables y espumosos. ..." 

Claro es que en todo esto no ha) r para qué hablar de las cos- 
tumbres del país, esencialmente primitivas; ni menos hay que citar 
los caracteres uniformes, los tipos honrados e ignorantes que con 
singular exuberancia se crian en los agreste i repliegues: nó. Lo que 
predomina y vale, lo que suspende y arrebata el espíritu es la N 1- 
turaleza prodigiosa, única y salvaje, alfombrando con hojas y con 
cálices las plantas del viajero; la augusta Naturaleza, ora escalando 
las cumbres con su apretada vegetación, ora colgando sobre el fra- 
gor de las aguas despeñadas, sobre 'a soledad y el misterio de los 
abismos, cortinajes de verdura en que silban a una los reptiles y los 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS. 20 



vientos, que si cuadra a alguna cosa no es indudablemente al idilio 
afeminado y rancio, sino a la opacidad trágica en que se entreven 
Átala, Evangelina y Manon Lescaut. 

"Llegamos al término del viaje el 17 del mismo Marzo, con 
cielo franco, auras libres y plenitud de luz en los anchos horizontes." 
Hasta aquí mi libro de apuntes. 

Quedé instalado en un aposento humilde con vistas al Poniente 
y a un tamarindo verde y copudo, del que habían hecho, con motivo 
de la primavera que entraba, trono y palacio una bandada de tordos. 

En los primeros días del mes de Abril, recibí de Guatemala, una 
carta, firmada (para evitar compromisos) con las simples iniciales 
J. V. En ella me decía Don Juan Víctor entre otras cosas: "Amigo 
mío: estoy en ésta como víctima del capricho de tiranos; la peor ti- 
ranía es la que se escuda con el nombre de Libertad, según me han 
dicho que dice un filósofo. He sembrado la sedición a puñados por 
los cuatro vientos, y el "negocio" fermenta. No deje Usted de ayu- 
darme desde allí por los periódicos." 

Y hasta ahora no he dicho nada por la prensa. 

Felipe T. Coníreras. 



^UJcr 






T 



EL PUENTE DE DIOS 

Del libro "Paisajes del Anahuac" en prensa. 

Fué el empedernido cazador Baudelio quien primero que nadie 
me habló de aauel grandioso accidente de la naturaleza. Viajero in- 
cansable que es, acos- 
tumbrado a pasarse los 
días con sus noches en la 
sierra, durmiendo bajo 
un árbol, sin otro abrigo 
que un sarape ni más res- 
guardo que sus magnífi- 
cas armas y algún mozo 
que lo acompaña, yo lo 
tenía por capaz no sólo 
de haber visitado aquel 
paraje, mas de conocer 
como á sus manos los 
mismos confines de la tie- 
rra. De manera que no 
me sorprendió cuando di- 
jo haber cruzado varias 
veces el Puente de Dios. 
Yo de mí sé decir, 
que, aunque le menciona- 
ron una que otra ocasión 
en mi presencia, infiere 
que las contadas perso- 
nas que de esa maravilla 
natural hablaran, no debían de conocerla sino de oídas, porque la 




Sr. Juan Palacios. 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 3 1 



idea que me dejara su relato tuvo bastante de fantástica. Era un lu- 
gar remoto, fuera casi de tierra conocida: había que caminar leguas 
y leguas hacia el sur; y, más allá, rodaba un río de caudal podero- 
so, cuyas aguas se abren paso entre la mole de un cerro, que sobre 
elias ha combado la bóveda de un puente. A esto llaman los pobla- 
dores de aquel rumbo el Puente de Dios. 

Claro se nota que la descripción era vaga, aunque ¡eso sí! im- 
presionante y propia para espolear la imaginación con cuadros de 
algo tan maravilloso y apartado como los reinos infernales. ¡Lejos 
está en efecto, pero no tanto! 

Es de suponerse mi curiosidad, despierta siempre ante toda be- 
lleza de las que a millares guarda este país privilegiado. Aquí me 
atraía, además, con el irresistible imán que sobre nuestro espíritu 
ejerce lo desconocido, la circunstancia de tratarse de un sitio que 
nadie visita, puedo afirmar que poco menos que ignorado. El nom- 
bre mismo del paraje suena a cosa extraordinaria, y, aun desprovis- 
to de acentos solemnes, tiene desde luego, a los oídos de cualquiera 
viajero un tanto soñador, no sé qué de extraño y sugestivo. ¡Algo 
hay que fascina deveras en eso de Puente de Dios! 



Como decía, Baudelio me dio los primeros informes aproxima- 
dos del lugar. Sus instrucciones, — de verdadero globe trotter, - me 
hicieron comprender que aquello ofrece acceso a pies humanos, que 
los suyos los tengo por semidivinos, atentas sus hazañas de monta- 
ñista y cazador. 

— ¿Vé usted aquellas montañas que cierran el horizonte al 
sur ?.... -exclamaba mi amigo, señalándome el rumbo por donde 
fulguran los relámpagos en esas tormentas lejanas que suelen con- 
templarse desde Puebla, por otoño.- Pues por allá es ... . 

Todo cuanto un verdadero viajador relata, es atrayente y su- 
gestivo, y tiene el don de apoderarse de nuestra imaginación. ¿Qué 
programa más apetitoso cari un viaje, que enderezar la marcha al 
rumbo por donde revientan las tormentas? Si allí no hay más que 
un miraje engañador, fugaz como todo lo bello, que perpetuamente 
huirá de nuestro alcance, en cambio, atrae con su señuelo de relám- 
pagos y lo miramos agigantado y seductor. 

— ¿Cómo se llaman esos montes? 

— La cordillera del Tentzo: todavía se prolonga muchas leguas, 
hasta donde no alcanza la vista; - contestó el cazador apuntando el 
horizonte con el índice. 



32 



FLORILEGIO DK POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 



— ¿El puente está cercano de esa s erra? 

— Sí lo está, pero al otro lado; atr¿s de ella. La última de las 
cumbres que la forman, y que desde aquí no se distingue, es un mon- 
te de gran tamaño, del que recibe su nombre la serranía entera: es 
el Tentzo. En su ladera occidental descansa el puente. 

— ¡El puente! eh. . .. ? Dígame, Don Baudelio: - interrogué con 
tono de fisga al cazador- ¿es natural en efecto, el tal puente, o hu- 
bo allí intervención de los hijos de Adán? 

— ¡Eso usted vaya a verlo, si lo duda! Le digo que es un paso 
puesto por Dios mismo, gracias al cual los indios se libran de bajar 
y subir algunas leguas, por la barranca muy honda que allí ha for- 
mado el río. -Y añadió, 3'a menos brusco:- Hay dos puentes: el 
que llaman chico, y éste de que hablamos, retirados uno de otro sus 




cuatro horas de caballo. El puente chico es muy bonito, y de chico 
no tiene nada, que es grandioso; pero el verdadero Puente de Dios 
sirve de camino para la Mixteca, y no sólo es ma3^or, sino que pa- 
rece que la Providencia ¡bendito sea su divino nombre! lo tendió co- 
mo paso a los viajeros que van y vienen de Molcajac. En fin, eso 
hay que verlo. . . . 

Yo no podía persuadirme de que aquel punto que juzgué dis- 
tante, escabroso y tan difícil de alcanzar como el propio averno lo 
fué para Telémaco, estuviese a mi alcance, con una poca de buena 
voluntad, y aun al de cualquiera currutaco, de esos que no pisaron 
en su vida otro suelo que las losas del embanquetado citadino. 

— ¿De manera que usted ha recorrido esa cordillera? -pregunté 
a Baudelio. 

— Me la sé de memoria, hasta en sus veredas. He ido muchas 
veces a tirarle al venado. 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 33 



Abrí tamaños ojos. ¿Con que por allí hay venado! .... Para un 
habitante de las ciudades, que ni conejos suele ver en sus escapadas 
campestres, eso del «venado» suena a fábula. La mayoría de las 
gentes se forman del campo ideas enteramente novelescas: imagí- 
nanse cuadros pastoriles, como los que ven pintados en los telones; 
creen que de cada arbusto va a saltarles al paso un alegre cervati- 
llo, tierno y juguetón; ya se lo figuran triscando por el prado; ya 
piensan que las piezas, ellas mismas, se vienen a colocar placente- 
ramente ante el cañón de la escopeta. 

Yo guardaba la impresión contraria. Sólo después de mucho 
caminar por cuetos y vericuetos, había llegado a tropezarme con a- 
nimáies de caza mayor; y en la época de mi relato los tenía casi por 
quiméricos, atribuyéndolos a invenciones de la vanidad de los caza- 
dores. De existir, ello sería en alguna comarca remotísima, de esas 
que no conocen sino los verdaderos centauros, como Baudelio, pon- 
go por caso. De modo que di inmediato crédito a sus palabras y a- 
cepté al pié de la letra la existencia del venado en los rumbos su- 
pradichos. 

II. 

No lejos de las llanuras abrasadas donde crece vigorosa la ca- 
ña de azúcar y cubren la pradera con su tono verdegueante los arro- 
zales; a la entrada de las ardientes mixtecas, cuj'as lomas áridas 
reciben sin deshacerse los besos de fuego de un sol implacable; cos- 
teando el borde extremo de la cordillera del Tentzo, corren silencio- 
sas y encajonadas las aguas del Atoyac, por la profunda cortadura 
que da paso a su corriente.. . . Región extraña y desolada la que 
precede a aquel sitio. 

Una estación, de nombre sonoro cual feudo de hispano mayo- 
razgo, da término al viaje sobre ruedas que es necesario emprender 
previamente a la excursión en forma. En aquel poblado, insignifi- 
cante a pesar de su apellido, en Santa Cruz, encontramos las cabal- 
gaduras que amigos del rumbo prepararon para la parte verdadera- 
mente efectiva del paseo. 

Comienza éste por un camino polvoso, calizo, cercado de hura- 
ños mezquites .... Monótona aridez se presenta en cuanto miramos 
por delante, nada más interrumpida por la sombra de los tristes ar- 
bustos que medran en aquel suelo, escuetos y encogidos miembros 
de la gran familia vegetal, para la que apenas queda savia en los 
resecos terrones. 



34 FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORPS POBLANOS 

El desmayado color de la planicie, la ruindad de los ramajes, 
las plantas canijas y como anquilosadas, anuncian que la lluvia ra- 
ras veces refresca aquellos campos mustios. Confirmándolo, el cielo 
enteramente limpio no promete ni la esperanza de una nube. 

De trecho en trecho cruzamos el cauce de algún seco arroyuelo. 
Los caballos avanzan sudorosos, batiendo el polvo del camino. La 
atmósfera, caldeada por un sol canicular, nos sofoca con las ina- 
guantables bocanadas de horno, de tierra caliente. Allá muy lejos, 
detrás de la sabana, comienzan a levantarse las vertientes del Tent- 
zo, convidando a remontarse a sus alturas, cuyos frescos hálitos 
quisiéramos ya muy pronto respirar. 

Aparentemente ninguna arruga corta la superficie del suelo has- 
ta el límite que alcanza la vista. Nadie adivinaría que en esa gris 
extensión, moteada de las cácteas, agaves y espinosas palmas del 
rumbo, se encuentra la profunda cortadura que sólo un titán fuera 
capaz de atravesar impunemente. 

* 
* * 

Pero, he aquí que una especie de oasis se presenta á nuestra 
vista, alegrando la aridez del paisaje. ¡iMolcajacü. . . .Es la llave 
del sur por estos rumbos pedregosos. El caserío del pueblo interrum- 
pe la parda uniformidad de la sabana, salpicándola con las man- 
chas alegres de los amates, entre el risueño verdor de sementeras y 
hortalizas.' 

No es muy grande la fertilidad, iquia!; pero hay que confor- 
marse con lo que la tierra puede darnos. 

Dejada atrás la villa, prosigue la llanura, gris, monótona, uni- 
forme. Cácteas erizas y magueyes de punzantes púas alternan si- 
métricamente sobre el suelo. Parece la tierra una parduzca piel, mo- 
teada a trechos. 

Conforme nos aproximamos al Tentzo, lo que tomáramos por 
fácil sabana, mansamente empinada hacia el declive del monte, se 
determina como un terreno quebrado por poderosas ondulaciones y 
cortado en atrevidos pliegues. Pero todavía no presentimos la pro- 
funda partidura que esconde aquella superficie terrosa. . . .De pron- 
to, el suelo, cuando debiera continuar alzándose para formar las 
vertientes de la eminencia vecina, empieza a descender inesperada- 
mente. Parece el principio de una ladera, cuyo talud opuesto cree- 
mos percibir, muy remoto, confundido con los estribos del Tentzo. 
Pero no hay tal: aquello es una cuarteadura de la costra terrestre 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POP.LANOS 



más y más profunda y anchurosa. El declive se acentúa de suerte 
que los caballos resbalan por pendientes que bruñeron los regatos 
precipitándose á la hondura, en época de lluvias. Ahora vemos cla- 
ramente la naturaleza del paraje: estamos penetrando en una gigan- 
tesca barranca; allá lejos, a centenares de yardas, se alza su opues- 
to flanco. Sin duda aquí debe encontrarse algo inesperado. 

No obstante el buen trecho descendido, la cortadura penetra 
tan adentro que su fondo todavía no se percibe. De repente, el terre- 
no, cual si lo hubiesen hendido con una cuchilla, se corta en canti- 
les perpendiculares. Nos asomamos a la orilla de los tajantes pe- 
ñascos y vemos una red vertical alejarse hasta desaparecer en el re- 
moto seno de la tierra. 

Allá en el fondo, como una cinta de esmeralda, hay algo que se 
agita, que reluce. . . .Sin un rumor, sin un murmullo que ascienda a 
las alturas, corren silenciosas las aguas de la corriente, -verde gi- 
gantesca boa, -a profundidad vertiginosa ondulando por el cauce en- 
cañonado que se abre paso al río. ¡Estamos en presencia de uno de 
los accidentes más extraordinarios de la cuenca del Atoyac! 

Cuando la vista se ha abismado largo rato en aquel precipicio, 
miramos a diestro y siniestro, siguiendo con los ojos el glauco listón 
de la corriente. Por allá viene, entre cantiles cortados a pico; pero 
el cañón amurallado no la estrecha sino en este punto: más lejos, a 
uno y otro lado, la barranca se ensancha con irregularidad, y sus 
costados descienden en taludes de violencia menos salvaje. 

Dijérase que aquel abismo es una colosal hendedura abierta en 
el terreno: así están sus paredes de elevadas y cortantes. Pero la 
hendedura es infranqueable: levantamos la mirada al bordé opuesto, 
.. ..y ancho vacío nos separa de su filo. ¡Solamente las aves de 
rapiña, con poderosas extendidas alas, se mecen sobre la inmensi- 
dad de la cuenca, cual si se deleitaran en atravesarla victoriosas! 

Absortos de la impotencia humana, frente a la grandeza inne- 
narrable de los elementos naturales, no hemos advertido una espe- 
cie de paso que cruza de un lado al otro del barranco. Pero, ¿será 
posible? .... ¿En aquella soledad, en aquella desolación, en aquella 
inmensidad . . . . ! Mas sí, allí está, allí va un camino de piedra cru- 
zando de una orilla a la otra del precipicio, cual si un trozo del talud 
frontero o todo el cerro se hubiesen desplomado sobre aqueste 
flanco, cegando la barranca y tendiendo el paso bendito que presta 
acceso a uno y otro borde .... 

¡Necesitamos inmediatamente atravesarlo para persuadirnos de 
su realidad! Ya lo vamos recorriendo.... Ha sido aplanado por 



36 FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 

humana labor, pero sin duda fué tendido aquí por el poder inmenso 
que quiso franquear en este sitio el paso de un abismo. ¡¡Con razón 
le Maman el Puente de Dios!! 

No le aconsejaría yo ni al más pintado que remontase los replie- 
gues del fragoso declive del Tentzo, ni aun para tener la satisfac- 
ción de contemplar, desde la cima misma dei hirsuto viejo, -que esto 
significa el sonoro nombre aquél,- cómo gira y ondula, hasta perder- 
se de vista, delgada y apenas perceptible cual minúscula resquebra- 
jadura del terreno, la ancha cuenca del Ato3 7 ac. No se lo aconse- : 
jaría en verdad: ese gusto hay que dejárselo a Don Baudelio, que a 
fe que no necesita de mis consejos. 

Pero qué familia de esas que gustan de paseos, qué burgués 
dado a excursiones, dejaría, una vez conocido el puente por la parte 
superior, de querer bajar hasta el pie de los pilares, de rocas o acero 
formados, que sostuvieran la mole de la bóveda. Hay un placer 
pueril, pero sin embargo irresistible, en atravesar por debajo del 
paso que momentos antes hollasteis con los pies. Y este placer se 
acrecienta cuando la bóveda en cuestión tiene la pesadumbre y pro- 
porciones de un cerro posando sobre vuestra cabeza. 

Esto es decir, que, apenas hubimos dirigido la última ojeada a 
aquella parduzca inmensidad por la que tanto trecho descendiéramos, 
después de contemplarla a derecha e izquierda, hostil y huraña, y 
de maravillarnos de que cortadura tan formidable la tierra le hubie- 
ra abierto al río, o de que el mismo río se la hubiese practicado al 
golpe de sus ondas coléricas, cuando ya nosotros íbamos bajando 
en dirección al cauce, anhelosos de mojar pronto nuestras plantas 
en los verdes y líquidos cristales. 

Lo de que íbamos directamente ha de tomarse a título de retó- 
rica; pues que, a no ser descolgándose por cables de indefinida 
extensión, nadie, ni las cabras, -y éstas no acostumbran a descol- 
garse, — es capaz de bajar en línea recta. Ora culebreando por 
sendas imposibles, saltando aquí 3' resbalando allá, dejándonos casi 
arrastrar por la inercia de lo que más bien parece una caída, recorre- 
mos una serie de zis-zas harto desiguales que vienen a morir a la 
margen de la corriente. Digo. . ! pero si no obstante tan desusada 
rapidez, tardamos tanto en el descenso, ¿qué rato invertiremos a la 
subida? ¿Y cuál será la altura de este precipicio? ¡¡Sépalo el diablo!! 

Pues señor, cuando dando el último brinco hicimos saltar en 
gotas cristalinas las ondas del soñoliento Atoyac, estábamos a un 
kilómetro largo, sin hablar de la diferencia en altura, del punto de 
partida. Ustedes dirán si es cualquier cosa ese descenso! 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 37 

No sin grandes esfuerzos, porque el cauce del río en aquel 
punto es irregular y quebrado en extremo, y realmente no deja mar- 
gen entre el agua y los acantilados laterales, logramos avanzar, 
saltando de piedra en piedra, hacia lo que constituía el objeto actual 
de nuestra curiosidad e ímprobos trabajos: ver la boca del puente. 

Por el difícil trayecto, entre malezas, órganos armados de fero- 
ces espinas, arbustos y aun ahuehuetes centenarios, y grandes 
pedruscos desprendidos a no dudar de las paredes laterales, íbamos 
admirando la hermosura de los muros, su abismante elevación y sus 
colores. Si vistas de lejos, aquellas rocas parecen monolitos impla- 
cables, el corte de la barranca manifiesta una pasmosa superposi- 
ción de capas de naturaleza calcárea, endurecidas como el granito; 
pero susceptibles de sufrir desprendimientos y desplomes que ates- 
tiguan los peñascos diseminados por el cauce. 

¡He allí una poza convidando al baño! Fórmala pulimentado 
tazón de piedra, alimentado por límpidos chorros desde muy alto 
escurriendo en el cantil, cuya empapada superficie reluce con los 
tonos del marrón y la brillantez de la ágata. El agua de la planicie 
superior se filtró, sin duda, en el terreno, y aparece a gran altura 
sobre el río, brotando cual puro manantial entre las peñas. 

El último obstáculo que nos oculta la oquedad del puente es 
una roca gigantesca. Apenas la salvamos, aparece la obscura entra- 
da, apoyada en macizos puntales esbozando vagamente la forma de 
la ojiva, como si fuese la puerta de algún satictorum misterioso. 

Esta es la boca que la distancia empequeñecía. De su seno 
tenebroso salen mansamente las ondas del río, silenciosas, apenas 
rizadas, 3^a perdido el color de esmeralda que reluciera desde lejos. 
Salen quietas, tranquilas, indiferentes.... Como no es época de 
lluvias y el caudal viene escaso, se diría que surgen de] mismo 
antro, que allí está lá boca de no sé qué fuente, como el viejo Eri- 
dano brotada del infierno, para vaciar en la tierra alguna inmensa 
odre alimentada sin cesar por los espíritus de las tinieblas. 

Porque hay que advertir que la boca de este puente no se parece 
a otra alguna. Aquel túnel se prolonga más de dos centenares de 
metros y obscuridad impenetrable lo vela. Nadie ha osado romper 
el misterio. Del extremo por donde el río penetra bajo la bóveda, 
ni una vislumbre de claridad llega a nosotros. En medio de un 
silencio que se antoja siniestro, se diría que el callado raudal brota 
allí mismo! 

¿Cómo resonará, cómo rugirá y tronará aquella bóveda s cómo 
repercutirán los ecos de esas altísimas murallas, cuando el río, 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 



hinchado y bramante, asaltando por el opuesto extremo la entrada 
del puente, inunde la cavidad, llene hasta el último seno de aquel 
antro sombrío, y aparezca por esta boca que admiramos, arrollador, 
impetuoso, arrastrando peñas gigantescas como si fueran minúscu- 
los guijarros, arrancando los arbustos de la margen y asordando 
las alturas eon sus horrísonos bramidos? Un amigo del rumbo 
dice que en tiempo de crecidas nadie baja a este sitio. ¡A te mía! 

* * 

¿Supongo que penetraremos bajo la bóveda? Hay que atravesar 
por debajo y salir al otro extremo, cuya luz, por lejos que se encuen- 
tre, no distará sino algunos centenares de pasos. ¿Que nó? ¿Que 
ninguno la ha cruzado todavía; que aquella obscuridad ha permane- 
cido virgen?.. .. Pero ahora la corriente es suave, se arrastra con 
pereza y apenas si forma blancas orlas en torno de las piedras que 
lame silenciosa .... 

— Pues, sin embargo, nadie se ha aventurado nunca bajo el 
puente — ¡Cómo! ¿Ni el mismo Don Baudelio? — ¡i Ni él mismo!! 

¡Demonio! .... La cosa es para poner escalofríos y al mismo 
tiempo cier'ta curiosidad en cualquier ánimo. La novedad de la 
aventura válela pena de intentarla. .. . iVa3 r a! haremos un tímido 
ensayo: la ocasión parece propicia. 

Quizá fuese preferible penetrar por la boca opuesta del túnel, 
con el mismo río, para no tener en contra la corriente. Pero, ni 
pensarlo.... que aquella entrada es en absoluto inaccesible: allí 
todavía no ha estado nadie. El barranco viene completamente acanti- 
lado desde algunos kilómetros antes, haciéndose imposible todo des- 
censo al cause. Hay que entrar forzosamente por aquí. 

Y allá van los caballos, que buen trabajo costó meter al río, avan- 
zando lentamente, por el agua que no les llega todavía á las ancas, 
recelosos y queriendo retroceder, como tocados del pavor que inspira 
aquella cueva obscura de la que mana un raudal inagotable. 

Estamos casi en el arco de la entrada, envueltos en la primera 
penumbra que proyecta. ¡Firme a la espuela, para salvar este difi- 
cultoso trancel Brusco avance de los caballos salpicando á diestro 
y siniestro, y penetramos los primeros metros, encontrando piso 
seguro y regular, sin que la corriente se enfurezca ni arrolle a los 
bridones. Avanzamos con lentitud, y, en lo que llevamos, todavía 
no hemos advertido ni mayor profundidad ni más fuerza del agua; 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITOrES POBLANOS 



apenas si ésta empieza a romper con subido rumor en el pecho de 
los nobles brutos. 

Pero cuando la obscuridad se acentúa, no obstante que un rayo 
de claridad deja ver algo que parece estrecho callejón por donde 
viene el caudal del río, aparentemente sin mayores amagos ni hon- 
duras ni peligros que los que ya hemos notado, son inútiles cuantos 
espolazos aplicamos a las bestias, que se resisten decididas y aun 
vuelven grupas a pesar de las riendas, no sin grave riesgo de volcar 
y con ellas, voltear a sus ginetes. Y sin más experimentos, dejamos 
la aventura para otra ocasión 

IV. 

Nosotros no habremos atravesado el puente bajo la bóveda, 
— allá queda esa hazaña convidando los arrestos del primer audaz 
que quiera ser el Colón de esa aventura;- pero ¡eso sí! qué preciosi- 
dades admiramos. Como si manejase un cincel maravilloso, el agua 
ha esculpido las piedras, y penden del techo filigranas bellísimas. 
Gráciles agujas, colgantes como estalactitas; complicación de arabes- 
cos dibujados en las rocas; finos encajes y cenefas y bordaduras 
trazados y calados por el agua; haces de columnillas y capiteles 
recortados caprichosamente; toda una lacería pétrea labrada al 
suave roce de las ondas, en el yunque de los siglos, sobre aquella 
arquitectura déla naturaleza.... Para nada echar de menos, un 
pulpito contornea las líneas elegantes de su delicada estructura. 

Pues qué decir del arco mismo de la entrada, gallarda ojiva 
natural, que apenas puede creerse sostenga la poderosa masa que 
se asienta sobre sus pilares. Porque aquí es de contarse que el 
Puente de Dios, sin ser menos imponente, difiere por manera nota- 
ble del famoso puente natural de Virginia y de la ma3 ? or parte de 
los conocidos. Como verdadero puente, presta paso sobre un río; 
pero aparte de abrazar buena longitud de la cuenca, — con lo que 
resulta mucho más ancho que prolongado, — su claro es con exceso 
reducido en comparación de lo que pudiéramos llamar el cuerpo 
mismo, cu} 7 o espesor es desproporcionadamente grande, de tal 
manera, que, entre la clave del arco y el nivel superior que sirve de 
camino, allá arriba, a los viajeros, media una masa formidable de 
rocas. 

Hay que suponer que en tiempos muy lejanos, cuando las dos 
paredes de la barranca encaraban sus rostros de piedra, como los 
enfrentan aún antes y después del paso, una de ellas se precipitó 



4-0 FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 

sobre la contraria cegando el hueco y estableciendo la comunicación 
que ahora contemplamos. Ya desplomadas las rocas, dejaron natu- 
ralmente un túnel allá abajo, o el río por sí solo se lo abrió paciente- 
mente. 

Y en efecto, aquellos paredones tan elevados, sobre los que 
heléchos, hiedra y musgos prenden panoplias a diversa altura y 
recaman de variados tapices, están agujerados, resquebrajados y 
hendidos por doquiera, mostrando de cerca escisiones, cavidades y 
rajaduras infinitas. 

No son, en verdad, masas compactas y macizas; no son pórfi- 
dos, ni basaltos, ni granitos. Son espesas superposiciones de mate- 
rias calcáreas, acumulación enorme de capas sucesivas, por efecto 
de la presión de los siglos endurecidas y apretadas. El terreno está 
hecho como las páginas de un libro: delgados filetes forman una 
hoja, y mil de éstas completan una capa, con cien de las cuales 
toma forma un lienzo de muralla de apariencia impenetrable, pero 
en realidad poroso, ahuecado por doquiera, desgajándose aquí y 
allá, taladrado por las filtraciones y rajado por la lluvia. Se dirí a 
que la corteza terrestre es una inmensa esponja de la que enormes 
fragmentos se desploman a cualquiera sacudida. Alguna de ellas, 
urna convulsión sísmica, acaso, dio origen al Puente de Dios. 

Peculiar e interesante fisonomía la de esas paredes, hechas 
como de grandes losas encimadas, cuyas aristas salientes los indíge- 
nas designan con el nombre de t 'excales. Sobresaliendo pocos centí- 
metros de la altísima muralla, aseméjanse a sus arrugas, simétrica- 
mente colocadas. Las imagino depositadas lentamente sobre el 
lecho del antiguo mar, que en épocas desconocidas debió cubrir, 
según los vestigios que miramos, toda la comarca. Cuando el fuego 
interior alzó el terreno despidiendo las aguas, una de las mayores 
cuartead uras de la dislocación originó sin duda la cuenca actual del 
río, cuyas avenidas han recortado caprichosamente, hacia ambos 
lados, los bordes filosos de la texcalera. 

Algunas veces esbozan graderías de peldaños apenas volados 
unas breves pulgadas sobre el abismo, por los que parece imposible 
que descienda o suba ningún ser humano, a no llamarse oruga. 
He visto sin embargo frente al Puente chico, en una texcalera de la 
altura de una catedral, hecha toda de cornisas paralelas, bajar en 
tropel un caprino rebaño, precipitado, bullicioso, juguetón, brincan- 
do y balando de gozo. Iban a saciar ia sed en los remansos de 
abajo. ¡Por allí suben y bajan también, imperturbables y flemáti- 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POliLANOS 41 



eos, ios indígenas desprovistos de nervios y con falanjes de cuadru- 
mano que habitan nuestra tierral 

V. 

Emprendemos el retorno. Al ir trepando fatigosamente por el 
costado del barranco, observamos otra vez su curiosísima estructu- 
ra. El lecho de la corriente divide, casi con la precisión de un 
lindero, dos formaciones opuestas. En la de allá, en la del cerro, 
aparece el trabajo plutónieo, las venas de sílice, las inyecciones de 
pedernal caldeando las masas calizas y haciendo cristalizarse ese 
hermoso mármol veteado que cubre la superficie y llena las entrañas 
de la montaña. Todo el Tentzo, desde el cauce del río donde muere 
su último declive, hasta los crestones de la cima, contiene depósitos 
y 'rellenos" de tecalis. El flanco opuesto de la cuenca es una 
inmensa esponja calcárea, horadada como un laberinto, hasta el que 
llegaron algunos efectos del fuego que allí cerca hirvió rabiosamente. 

Y ya arriba, dirigiendo la postrer mirada a aquella inmensidad, 
parda y bravia, vestida de órganos y palmeras espinosas, en la que, 
como con un cuchillo, la naturaleza rebanó desmesurada cortadura, 
me represento el antiguo mar que cubría aquella comarca esponjosa, 
sedimentando lentamente inacabables capas de caliza, que unas 
después de otras iban apretando y espesándose, cuando, con súbito 
fragor, errumpió, bramante y devoradora, la cólera infernal, alzando 
el suelo y enderezando los contornos del hirsuto cíclope, cuya greñu- 
da cabellera sube hasta las nubes a agujerear el firmamento. 

Allá va el río; allá se aleja, como cinta de plata, rumbo al sur, 
hacia las áridas lomas de la Mixteca, para entrar después, engrosa- 
do con el tributo de nuevos caudales, en las ardientes zonas de 
Guerrero, y más allá, salvando los gigantescos contrafuertes de la 
Sierra Madre, incontrastable y anchuroso, desbordar sus encrespa- 
dos caudales y precipitar su masa inmensa sobre lasólas profundas 
y tranquilas del más grande de los mares . . . . ! 



Juan Palacios. 



i^re^Bsnn^si ggqnBgT f^i PBsi 



LOS LIBROS VIEJOS 



En verdad os digo que los libros viejos me llenan de una tris«- 
teza infinita. Cuando voy por la calle, y vuelvo el rostro, y los miro 
alineados en los estantes de una zahúrda sin luz, junto a cromos ba- 
ratos y calendarios de Galván, se me oprime el corazón. Y entro a 
saludarlos. Su dueño es las más de las veces un hombre de edad inde- 
finible, de traje gris, gris de años y de polvo, nariz y orejas cabellu- 
das y espejuelos turbios que velan unos ojillos rapaces y verdosos. 

Allí están los pobres libros vie- 
jos, colocados uno al lado de 
otro, según el capricho de su se- 
ñor, esperando las manos ávidas 
de los bibliómanos que llegan, 
los huelen, los estropean, los ob- 
servan con lente, rectifican el año 
de la edición, vuelven a hojear- 
los, y regatean con encarniza- 
miento hasta el último marave- 
dí para llevárselos bajo el brazo 
con un gestesillo de triunfo. 

Allí están los pobres libros vie- 
jos, polvorosos, amarillentos, con 
los lomos desteñidos; allí están, 
asfixiándose con el humo pesti- 
lente de un mal tabaco, oyen- 
do a todas horas la tos seca y mo- 
nótona de su dueño, sintiendo 
que les devora las entrañas la po- 
lilla, espiando por la puerta el sol 
de la calle que no sale para ellos, 
mirando pasar los días grises y 
uniformes, entre carraspeos seni- 
les y malos humores 

Hoy, es un viejo maniático que vé a éste o aquél con taimada 




Vt. Rafi»e? Cabrera. 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 43 

codicia; mañana, un estudiante perdulario que va a vender toáoslos 
que posee, para ablandar con su importe el duro corazón de una Mi- 

mí de barrio Siembre entre la brutalidad del debe y el haber \ 

hasta que el día se va, y el hombre de traje gris de años y de pol- 
vo cierra el '"Establecimiento," y la polilla puede con más sosiego 
morderles el corazón 

¿Os sonreís? . . . .Mal hecho. Entrad á una de esas casas, con- 
centraos mirando los libros viejos, y esperad. A poco ya no sonrei- 
réis con burlón desenfado. Los libros comenzarán a contaros sus 
historias, pero de una manera tan elocuente y tan triste, que acaba- 
rán por enterneceros y acabaréis por amarlos, y os quedaréis ca- 
bizbajos, pensando muchas cosas hondas y delicadas. 

Algunas de esas historias (¿cómo no?) son sentimentales; mu- 
chas, verdaderas tragedias, tragedias anónimas de burgueses ham- 
brientos; y en todas, absolutamente en todas, la ingratitud de los 
hombres luce en todo su esplendor. 

Oid, ¿no os lo dice claramente aquél libro de cantos . . . .llamé- 
mosles dorados. ...?.... Hace no sé qué tiempo fué de una Señori- 
ta de provincia. Distrajo sus tedios acompañándola en las tardes, 
a la ventana, y en la paz de las horas lentas y largas le contó con 
ingenuidad la historia de un amor imposible y romántico; recibió en 
alguna de sus páginas alguna lágrima titilante, y guardó en otras 
con fidelidad, con una fidelidad más grande que la de su ama, las 
cartas del amante lejano y las corolas marchitas de unas violetas .... 

¿Veis aquél otro que habla, de hadas benéficas, de princesas en- 
cantadas y de mágicos acontecimientos? fué de un niño, que ahora 
es viejo quizá; tal vez de un primogénito que todas las noches a la 
luz de la lámpara familiar lo hojeaba febrilmente, y que ahora lleno 
de infortunios quiere más que nunca creer en todas esas fruslerías 
de enanos y de magos y de princesas, que al menos jamás le envene- 
naron el corazón, como sus hermanos los hombres. 

¿Y aquellos otros, rígidos, serios, que hablan de ecuaciones y 
de parábolas? . . . .Oíd: eran de un viejo profesor, que -como la ma- 
yor parte de los maestros, llevaba consigo todos sus bienes. Encane- 
ció desbravando muchachos. Y sucedió que una vez, a causa de la 
edad y las fatigas, tosía más que hablaba y los ojos se iban entur- 
biando. Como era natural se le dieron las gracias para bien de los 
alumnos y desdicha de él. Entonces a esos pobres libros que le ha- 
bían dado de comer tantos años (de comer mal) les pidió un último 
sacrificio: que le dieran de comer algunos días más, y los vendió. 



44 FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS. 

. . ¿Y aquel otro?. . . .iPsh!. . . .Una aventura galante. Fijaos en lo 
que os dice: Mi ama fué joven y bella 3' frivola por lo tanto. Una 
noche me llevó a su budoir un señor de frac y monóculo, y viví en- 
tre pomos de perfume, versos fáciles, y palabras enardecedoras. Mi 
ama señaló algunas de mis páginas más picantes con paréntesis sig- 
nificativos. Pero ¡ay! creedme,el único talento de mi ama era su ju- 
ventud; se fué ésta y aquí estoy a vuestras órdenes. Mirad más 
allá. Aquellos fueron los libros dé un escritor ilustre. Cuando mu- 
rió, su viuda (¿para qué se casaría?) los vendió cuanto antes. Allí 
tenéis libros aun no abiertos, con dedicatorias encomiásticas: u al 
muy ilustre Maestro;" "al genial artista" & & que poetas inexpertos 
y novelistas incipientes pusieron a sus pies, esperando' un elogio que 
nunca llegó. 

No os marchéis todavía. Hojead estos libros viejos. Sus pági- 
nas os contarán muchas historias que yacen" petrificadas, esperando 
que llegue e¿l que sepa leerlas. Mirad en este libro, esta página tie- 
ne huellas que parecen de lágrimas; en ese otro hay una honda anota- 
ción al margen; en el de más allá la página está estrujada; en el de 
más lejos se percibe todavía el perfume deunos dedos finos y lar- 
gos, cargados de joyas extrañas. ¿No os dice nada esto? ¿No po- 
dríais reconstruir con datos tan insignificantes, las vidas de los que 
ios poseyeron? ¿No podríais decir hasta le hora en que eran leídos? 
¿No os hablan de emociones, de pasiones, dé tristezas, de afa- 
nes? ¿Nada os dicen las flores marchitas que duermen entre sus pá- 
ginas? Decid, decid, ¿no os dice nada esto? ... .Si, dominando vues- 
tra emoción, ponéis un oído más atento, escucharéis que los libros 
no solamente os hablan de sus dueños. Fijaos, son los autores de 
ellos, sus padres los que os hablan. Os hablan de vigilias, de des- 
velos, de ideales acariciados con amor a través de las vicisitudes, 
de hambres, de rencores, de miserias sin nombre. Aquí, es u-n hidalgo 
burlón, manco él, que engendró el más excelente de los caballeros 
entre las cuatro paredes de un calabozo; allá, un claro ingenio, que 
hastiado de mundanas locuras, se puso serio para decir que la vida 
es un sueño; más lejos poetas, juglares, pensadores de todos los cli- 
mas y de todos los idiomas, en la más inaudita de todas las promis- 
cuidades; pero todos, todos hablandoos de fatigas, de trabajos, de 
largas noches de meditación, de estremecimientos sagrados del espíri- 
tu aue anuncian el nacimiento de una idea feliz . . . .Oídlos .... oíd- 
los. . .Sacudieron a muchas almas, fueron amados, envidiados, es- 
carnecidos, todos corrieron tras esa inocente vanidad de la gloria, 
o tras la luz de unos ojos esquivos, o tras el fantasma de una verdad 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS. 45 



o tras la verdad de un sueño. . .. ¿No escucháis? ¿No os conmueve 
este concierto de voces que vienen del fondo de los años, ahora que 
que ya no queda ni el polvo de esos hombres que un día pasaran 
por el mundo y padecieron como nosotros? ¿No os conmueve que 
sigan hablando con su voz eternamente joven y ennoblecida por la 
muerte, de cosas grandes, buenas, en la zahúrda de un mercader 
sin entrañas que con ellos medra? 

Si yo fuera rey, haría un asilo para los libros viejos. Compra- 
ría todos los que hay en el mundo. Los llevaría a un palacio hecho 
de mármol blanco y de cristal, lleno de ventanas por donde entrara 
la luz del Sol, de ventanas que cayeran hacia un jardín siempre ver- 
de, siempre oloroso y lleno de alegres surtidores. 

Allí, en ese palacio que parecería de cuento, en sus salones am- 
plísimos, en las estanterías hechas de maderas preciosas con incrus- 
taciones de oro y marfil, allí dejaría que vivieran los libros viejos, 
sin inquietudes ni temores por su destino. 

Manos de vírgenes, manos pálidas hechas para las caricias su- 
tiles, manos diáfanas y unciosas los cuidarían con esmero, les qui- 
tarían el polvo con plumas exquisitas de aves fabulosas; quemarían 
ámbar y mirra en turíbulos de oro, para perfumar a estos pobres 
viejos; abrirían las ventanas para que se embriagaran de luz, de flo- 
res, de trinos de pájaros, de querellas de agua cristalina 

Así al menos, los manes de los que con amor y con dolor los 
crearon en días de místico arrobamiento, dormirían tranquilos y tal 
vez ¿por qué no? en las noches, sobré todo , en las noches de luna, 
vendrían más poderosos que la ingratitud' y la muerte, a contem- 
plar a sus hijos. 

Mas ¡ay! como habré de llegar a morir sin ser rey, hermanos 
míos, os ruego que en el hoyo en que he de pudrirme, deposi- 
téis también todos mis libros. No quiero que estos mis únicos ami- 
gos leales, los que me hicieron menos mal en la vida ingrata y amar- 
ga, los que discretos enmudecían cuando yo no les hablaba y me 
hablaban solícitos cuando yo se los pedía, siempre sabiamente, siem- 
pre con nobleza y con amor; los que encendieron en mi alma huraña 
ideales generosos, y me enseñaron a trabajar y a perdonar; no quie- 
ro que éstos mis libros que me acompañaron hasta la última ho- 
ra, y que valen más, mucho más de lo que costaron, vayan a caer 
entre manos impuras o mercenarias, o a dormir en una pocilga de 
anticuario, o a ser valuados brutalmente por un bibliófilo calvo y 
ruin 



4-6 FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 



Así, hermanos míos, dejadlos que duerman conmigo; ponedme 
este tomo de versos delicados junto al corazón para que nazcan 
azucenas sobre mis huesos; y para dormir plácidamente el sueño de 
ila eternidad, ponedme por cabezal este otro que habla de un hidalgo 
seco y avellanado, que vivió en un rincón de la Mancha de cuyo 
nombre no quiero acordarme 






ro-* 2 



¡SI YO FUERA VIEJO ! 



POR EL COLEGIO DEL ESTADO. 



Cierro de golpe el libro que me habla con paciente bondad de 
una cruel dolencia del hombre, y mientras pasa la tregua que me 
doy en esta mi diaria labor caigo icómo no había de caer! en el co- 
tidiano deliquio de soñar. 

Y adelanto la imaginación al encuentro de futuros días, y por 
un mero capricho, por un mero antojo de mi loco magín que .gusta 
de lo triste, rae sueño lejos ya de esta juventud cuyo efímero en- 
canto me inquieta hondamente, me sueño por un momento llevando 
ya en los hombros la carga de muchos años, y en la frente la hue- 
lla de muchos dolores que hoy no alcanzo á concebir siquiera, y co- 
mo muchos de mis mestros y muchos de mis amigos de cabeza en- 
canecida, veo dulce y melancólicamente hacia este querido asilo in- 
telectual. 

Soy viejo ya. De cuanto palpita ahora en derredor saturando 
mi ambiente de rico olor a vida nueva, no queda más que el recuer- 
do; y un día, el menos pensado, llevo mis pasos, ya difíciles, hacia 
este mi grave y caritativo amigo. A resultas de tan gran merodeo 
por el maravilloso campo del recuerdo, me vuelvo a mi callado es- 
tudio con una estupenda carga de impresiones cariñosas. 

En cada quieto rincón, a la sombra de cada arco, en cada án- 
gulo de los patios llenos de sol, al borde ennegrecido de cada fuen- 
te, al amparo de la obscura biblioteca, donde quiera que mi memo- 
ria va acomodándose, reconociendo, ' besando, difundiéndose como 
un perfume, prospera el germen de un sueño azul sembrado en leja- 
nos días, me habla de remotas venturas acariciadas con fruición, to- 
da la amada existencia de un bello pasado . . .... 

El severo pórtico de arcaica manufactura, por debajo del cual 
han pasado tantas y tantas cabezas coronadas con el laurel del triun- 
fo, y tantos y tantos corazanes estremecidos de entusiasmo ante las 
visiones color de rosa de la risueña imaginación juvenil, el pórtico 



48 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 




aquél ante el cual muchos de nuestros viejos maestros habrán sen- 
tido húmedos los ojos de emoción tras de azaroso éxodo en la are- 
na de la lucha por la existencia, aun es grave y de continente pa- 
ternal; aun tiene aquella su benévola majestad que me hiciera te- 
mer y creer a un tiempo mismo en horas de la pubertad. u 

Y su escalera monumental, cuyo acceso guardan dos plateados 
leones, y sus sonoras bóvedas de calado churrigueresco; y sus in- 
terminables galerías de mil bovedillas a cuyo amparo intentan bur- 
lar en bandalismo del tiempo los penumbrosos cuadros místicos que 
el atinado consejo de la estética, ha hecho conservar en los muros y 
en las encrucijadas del edificio jesuíticoVy sus espaciosos corredores 
anegados en luz. tan pura y tan confortable como la que emana de 
las cabezas encanecidas de los: sabios maestros que a diario dejan 
en el aula alguna miajade su saber; todo ese grato conjuntó,' todo 
ese bello panorama abracado en mi a días felices de la vida pasada, 
me ha sacudido en honda enioción v me ! há purificado de males y mé 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 



40 



ha indemnizado de injusticias y veleidades* Ante el viejo amigo de 
amorosa gravedad en cuyo ambiente alienta inmutablemente fresca 
la juventud de todos los que por él pasaron, yo he' sentido en mi 
espíritu el hálito de una mañana primaveral. Así es la sensación de 
frescura, de pureza, de fragancia» de juventud que me llena el co- 
razón mientras resuenan por las galerías de mil bovedillas mis cui- 
dadosos pasos. 

Y el grupo de mocitos risueños apiñados a la puerta de una cá- 
tedra en días de exámenes; y el confuso murmullo de tantas voces 
de mozalbetes mantenidos en fogosa tensión en espera del campani- 
llazo del jurado, y el pausado ir y venir de uno que otro estudiante 
que se entrega a la necesaria recalentada final, y el corrillo alegre 
y comentador de desatinos y lamentables fracasos, y el palmotear 
efusivo de los compañeros sobre las espaldas del agraciado que aca- 
ba de escuchar todo trémulo, de boca del secretario del jurado, su 




FI ORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORPS POBLANOS 



calificación, y aun conserva enrojecidas las orejas por las laboriosas 
lucubraciones a que se ha entregado con un erudito sinodal puerta 
adentro del salón de clases, y la nerviosa zozobra del inmediatamen* 
te abocado, que le torna lívido el rostro, el ademán desatinado y 
precipitado al andar a lo largo del corredor, y en armonía con todo 
esto, el monótono canto del surtidor que en medio de la fuente yer- 
gue su penacho blanco a la altura de las mohosas cornisas, tienen 
para el espíritu acostumbrado alguna vez a medrar en aquel refugio 
de inteligencias sedientas de luz, y corazones ansiosos de triunfo, 
un encanto apenas comparable a que debe tener la inviolada blan- 
cura del campanario de la aldea, cuando al tramontar la última lo- 
ma del camino, se descubre sobre el fondo azul del horizonte el gra- 
to, el inolvidable terruño. 

Al llegar aquí, mi libro que se me escapa de las manos me ha- 
ce volver en mi. No, no es cierto que soy viejo . ..soy joven toda- 
vía. . . . ¡qué fortuna! y acabo de cumplir mi deseo de escribir algo 
acerca del Colegio del Estado, solo que para hacerlo a mi satis- 
facción he tenido que alejarme de él; bien sabido me tengo que to- 
das las cosas grandes para el alma, son como las montañas: mien- 
tras más lejanas, más azules. 



Jllfonso Q. Jllarcón. 




COMPOSICIONES 






ALOCUCIÓN 

pronunciada el 3 de Octubre de 1911, en la velada 

que el "Círculo Católico" dedicó al Maestro JAIME NUNO, autor 

del Himno Nacional Mexicano. 



Grandioso y conmovedor es el espectáculo de un país que por 
la vez primera y con unánime entusiasmo, acuerda a un artista los 
merecidos homenajes. Quizá el estado perpetuo de discordias y gue- 
rras civiles, interrumpido solamente por las mayores calamidades 
de las sostenidas con el extranjero, no nos permitió antes de ahora, 
recordar que aun vivía "cubierta la cabeza con el blanco polvo del 
camino," el Maestro insigne que engastara en vibrantes armonías, 
las tirteas estrofas de un himno que refleja, con el acento del divi- 
no artístico, las tres cosas más grandes y santas que existen en la 
tierra: la libertad, la virtud y el honor! 

El olvido de tantos años ha sido y esplendorosamente repara- 
do. Sobre la tumba de González Bocanegra la gratitud nacional de- 
posita coronas y le decreta un lugar entre los inmortales. Nunó» 
para quien los jardines ya no tienen flores, ni las multitudes aplau- 
sos, más dichoso que sus hermanos de gloria a los que tardíamente 
alza estatuas la posteridad, ha celebrado su propio apoteosis, ento- 
nando entre nosotros, después de medio siglo, el imperecedero can- 
to de la Patria. 

El "Círculo Católico," que rinde fervoroso culto a la verdad y 
a la belleza, en todas sus manifestaciones, patentizando de continuo 
por lucidos certámenes no ser el único objetivo de su institución el 
sostenimiento de los principios religiosos. El "Círculo Católico" 
que acredita en la actualidad su patriotismo, armando su juventud 
en las reservas del ejército, no como una amenaza a las Instituciones 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 



públicas, sino para que sea firme apoyo de la Paz, no podía perma- 
necer indiferente al entusiasmo público, tanto más legítimo cuanto 
que las fiestas al Maestro, deben en justicia considerarse como las 
conmemorativas de nuestro poema inmortal. 

Su poesía descendió la primera del cielo, y fué el himno su pri- 
mer canto. Al pie de los altares es la oración que entre las nubes 
del incienso bate sus alas, como divina alondra, para alzarse hasta 
el Dios por quien suspira el alma; en medio de los bosques, canta 
con el susurro de las frondas y el gorjeo de sus aves, las magnifi- 
cencias de la hermosura siempre virginal de la Naturaleza; perpetúa 
en los hogares las poéticas tradiciones de las familias, con estrofas 
que son las primeras páginas de la Historia, y cuando el hombre, 
en la lucha con el hombre, fía a la guerra la solución del pavoroso 
problema de la concurrencia vital, el himno es el ardimiento que ace- 
lera el ritmo de la sangre, ocultando a la vista los abismos de la 
muerte. 

Hermanas inseparables la Poesía y la Música, se adornan la 
una con la otra para hermosearse más despreciando mezquinas pa- 
siones, cantando sólo a los dioses y los héroes. Los himnos de la 
Grecia fáciles, nobles, expresivos, en los templos inspiran la piedad; 
en el combate deseos de gloria, embriagueces de triunfo y fortaleza 
en el desastre. Las palabras, la melodía, el ritmo, van unidos has- 
ta lo más hondo de los corazones, para despertar los sentimientos 
más generosos: el valor, la gratitud y el amor a la Patria: Se refle- 
jan en las mismas instituciones y conservando la integridad de las 
costumbres, poseen el privilegio augusto de enseñar a los hombres, 
con la noción del bien, la idea de verdadera belleza. 

La música y la poesía atraviesan los siglos; las tradiciones gre- 
colatinas no desaparecen por completo en la Edad Media. Los ger- 
manos y los galos que, como todos los bárbaros, poseían tan hon- 
damente el sentimiento de la libertad individual dentro de la liber- 
tad civil, introdujeron en la Europa sus cantos militares, poco lite- 
rarios sin duda, pero espontáneos y apasionados. Los cruzados lle- 
varon bardos que cantaran sus triunfos sobre los infieles: los trove- 
ros, penetraban en las almenadas mandones para loar lides y amores; 
pero todos son cantos'pc-pulares, no himnos que conmovieran una na 
ción unificándola por el mismo ardoroso 'sentimiento. Los cantos 
patrióticos no pueden existir sino en los pueblos que han sacudido el 
yugo de la conquista y ven amenazadas sus libertades. Tiene Suiza 
por eso, el canto de los pastores" popularizado por Rossini: por eso 
Francia se levantó como un solo hombre a los acordes de su Mar- 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITOrES POBLANOS $$ 

sellesa, y nosotros también, contra las monarquías coaligadas para 
ahogar la naciente República y nosotros también libres por el valor 
de nuestros padres, tenemos una bandera y un canto que nos con- 
gregará el día aciago en que nuevamente peligre nuestra indepen- 
dencia. 

Vana empresa sería discutir la belleza de nuestro himno, y su 
supremacía sobre los demás cantos marciales, i No es bastante sa- 
ber que es la voz de la Patria? ¿que a su reclamo nuestros padres 
murieron por ella y que cuando nos convoque para defender su exis- 
tencia amenazada, le haremos también el sacrificio de la vida? Oí- 
mos sus bélicas estrofas, desde la infancia, en todas nuestras fies- 
tas públicas; señala cada avance de nuestro progreso; es el hossa- 
na de la victoria y la elegía de la derrota; ¿qué lograría el frío cri- 
terio discutiendo sus méritos, si tiene el de hacer vibrar el senti- 
miento y el enseñorearse avasallador de nuestra voluntad? 

Pero nuestro himno es hermoso; como en los antiguos cantos 
griegos los numerosos versos en estrecha unión con las modalida- 
des del ritmo musical, despiertan en todas las almas el mismo pen- 
samiento e idénticas aspiraciones: vivir y morir por la grandeza y 
la libertad de la Patria. ¡Oh Maestro, la inspiración de la juventud 
hace gloriosa vuestra ancianidad. Cuando en pié y descubierta la 
cabeza entonamos el canto de los libres, con el homenaje a la Pa- 
tria, lo rendiremos también a vuestra memoria! 

Congratulémonos, Señores, de haber asistido a una fiesta que 
debe iniciar una era de reparaciones. Los honores merecidísimos 
que tributamos a Nunó, deben hacernos pensar en otros olvidados. 
Allá en las mortíferas Playas del Pacífico, más que a la enferme- 
dad al infortunio, rindió la vida la más genial de nuestras artistas. 
Dios había puesto en el corazón de aquella desventurada todas las vir- 
tudes de nuestras nobles mujeres mexicanas, encendido en su alma 
la viva llama del talento, y depositado en el tesoro de su garganta 
los melodiosos trinos de las aves. Como ellas cruzó la Europa can- 
tando, arrullada por el rumor de los aplausos que por doquiera le 
prodigaba una delirante admiración. Angela Peralta, como dama y 
como artista fué honor de su sexo y gloria de su Patria. En esta 
ciudad donde rodó su cuna debe dormir su último sueño. ¡Qh, vo- 
sotras, nobles damas, tan gentiles y nobles como ella, sed las ini- 
ciadoras de esta obra de reparación! 

Perdonad, Maestro, que en vuestra fiesta me haya permitido 
abogar por una artista, como vos honrada y humilde como vos. Si 
la guerra tiene lauros para los vencedores, el talento en la Paz los re- 



56 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 



clama como suyos. Ceñidas las sienes con los que en justo tributo os 
ofrecemos, volved al hogar y referid allá a los vuestros que el pueblo 
de las revoluciones es hoy un pueble de obreros del Progreso, que 
esta ciudad, a la que una poética tradición llama de los Angeles 
y la historia pudiera apellidar "la Batalladora," ya no conserva ni 
las cicatrices de la guerra, y que es vuestro canto, en medio de talle- 
res y escuelas, no el grito del combate, sino el himno ala Paz, nuestra 
mejor victoria. 

/. Mariano Pontón. 




VAGACIONES 



De "El Alma de la Escuela." 



Cuando todos salieron y el maestro quedó solo, se dio á con- 
templar los pupitres uno a uno, reconstruyendo en su imaginación 
toda la historia del año escolar. 

Aquí se hallaba éste; aquél rubillo juguetón que jamás limpia- 
ba las plumas y cuyos cuadernos estaban siempre llenos de manchas; 
allí era su lugar de aquél; alto, moreno, vivaracho, de grandes ojos 
negros, que siempre interrogaba, como si la duda molestara cons- 
tantemente su imaginación infantil; más allá, el otro, pequeñín y 
enfermizo y luego otro y otro más. 

Veíales a todos, como el primer día de clase, risueños, bulliciosos, 
muchas caritas picarezcas, muchas miradas curiosas, sonrisas tími- 
das y burlonas 

Hizo reminiscencias^.'; 

Unas eran plácidas y alegres como cuando se hizo el reparto de 
recompensas; todavía escuchaba para sí el rumor placentero de las 
risas, todavía sentía las miradas de reconocimiento y aun se re- 
creaba en el bienestar juvenil, que invadía todo.. ..hasta él, viejo 
enfermo de encorvada espalda. 

Otras veces eran tristes; como cuando la expulsión de aquél 
chicuelo que en un rato de mal contenida ira, hundió su pluma en el 
hombro de su compañero causándole una herida, que descuidada, 
produjo más tarde una infección, que costó perder un brazo al niño 
enfermo. 



58 FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 

Entonces hubo llantos; llanto de la madre que veía al hijo inu- 
tilizado, llanto de la abuela del perverso, aquella viejecita de faz ru- 
gosa y apergaminada a quien no solo daba pena el mal causado 
por su hijo, sino la vergüenza sin nombre que éste sufría. Lágri- 
mas de niños impresionados que a veces ocultaban entre sus manos 
las cabecillas asustadas. 

Y cuando la excursión aquella 

Y se dibujaban en su mente los hechos pasados con pasmosa 
claridad y lucidez completa. 

L.os alrededores de la aldea. El arroyuelo que serpeaba, agi- 
tando su linfa cristalina. El bosquecillo de álamos, cuyas plateadas 
hojas azotaba el céfiro primaveral y más allá el lejano caserío de un 
poblado ó el terciopelo esmeralda de los campos. 

De pronto irguióse y ditigió la mirada en torno suyo. 

Los pupitres estaban vacíos. 

Notó que le faltaba algo, sintió como un nudo en la garganta 
y enjugóse una lágrima que pugnaba por salir de sus ojos. 

¡El maestro estaba solol 

Saúl Rodiles. 




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COMPOSICIONES EN VERSO 






-^r-TO 



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SÍ3&S 





PATRICIO CARRASCO 



Nació en la ciudad de Puebla el 17 de Marzo de 1849. Sus pa- 
dres fueron el Señor Don José Mariano Carrasco y la Señora Doña 
Manuela Carrasco. 

Su instrucción primaria 
1 hizo en el Convictorio 
Angelopolitano que dirigía 
el Padre Estsveé y en una 
Escuela particular bajo la 
dirección del Profesor Gre- 
gorio Pacheco. Sus estu- 
dios profesionales y prepa- 
ratorios los hizo en el Cole- 
gio del Estado, en la Es- 
cuela de Minería en México 
y en el Seminario de esta 
Ciudad; obtuvo el título de 
escribano en 1870 y el de 
abogado en 1880. 

Ha sido Regidor del 
Ayuntamiento de Puebla; 
miembro de la junta de Be- 
neficencia, Consejero de 
Gobierno y miembro de va- 
rias sociedades literarias y 
mutualistas 

Fué uno de ios fundadores de una junta protectora que inició 
*n eí Estado la construcción de la Penitenciaría y persiguió la aboli- 




62 FLOKILF.ÜIODK POETAS Y ESCRITORES POBI.AXQ'S 



ción de la pena de muerte. Ha tomado parte en la iniciación de va- 
rias mejoras materiales de importancia, como el Jardín de la Liber- 
tad y el Puente de la Democracia. 

Fundó un periódico quincenal de literatura llamado ''La Lira 
Poblana," de cuya redacción fué jefe el Sr. Lie. José M. Castillo 
U rizar. Fundó también el Sr. Carrasco un semanario literario "El 
Búcaro," en el que colaboraron los más notables escritores del Es- 
tado. 

Perteneció a la Sociedad "Rodríguez Galván" de la que fué 
presidente el Sr. D. Manuel M. Flores. 

Editó la "Tribuna Forense," periódico de legislación y juris- 
prudencia, en donde escribieron los más notables abogados del foro 
poblano. 



Escritor festivo y romancero de nuestras costumbres y nues- 
tra, historia, a la manera de D. Guillermo Prieto. Se le tilda de 
desaliñado, pero sin embargo, es grande la espontaneidad de su H- 
tera f ura. Es un amenísimo conversador. 



NOTA. — Mientras gestionábamos la edición de este libro, el Sr. Lie. Carrasco 
dejó de existir. No obstante, aun siendo este Florilegio de poetas vivos, no ha de 
ser la muerte quien nos trunque tan alevosamente nuestra obra. Y sirva esta pági- 
na de homenaje al caro desaparecido. 



A HIDALGO 



Hace cien años, alzando 
La frente noble y serena 
Lleno de la fé que inspira 
Lo grandioso de una idea, 
Llamaste al pueblo y dijiste: 
"México es la patria nuestra. 
Luchemos para librarla 
Del yugo que la sujeta." 
Oyó tu palabra el pueblo 

Y agrupado a tu bandera. 
Entusiasta y valeroso 
Marchó contigo a la guerra; 
Sucumbiste, y sucumbieron 
En esa lucha sangrienta 
Muchos héroes cuyos nombres 
La historia guarda y venera; 
Pero otros héroes vinieron, 

A continuar la pelea, 

Y alumbró, al fin, nuestro suelo 
El sol de la independencia. 



64 FLORILEGIO DK POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 

La tea de la Discordia 
Prendió fuego en nuestra tierra 
E introdujo en los hogares 
Desolación y miseria 
Hasta que, tras largos años 
De aterradora tormenta 
Despejado el horizonte 
Se hizo, con la unión, la fuerza. 

* * * 

Hoy el árbol de la paz 
Opimos frutos ostenta 
La patria que tú nos diste 
Constantemente prospera; 
El crédito y el trabajo, 
Fuentes de dicha y riqueza, 
La harán grande y poderosa 
Siempre digna, siempre bella, 

Y nosotros, los que ahora 
Asistimos a su fiesta 
Celebrando el centenario 
De su gloriosa existencia, 
Incensamos los altares 
Que la gratitud te eleva 

Y allí dejamos las flores 

De nuestro amor como ofrenda. 



SSDSCPSDÍ 



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IGNACIO PÉREZ SALAZAR 



Nació en Atlixco y fueron sus padres el Señor Ignacio Pérez 
Salazar y Venegas y la Señora Dolores Osorio. 

Desde sus primeros años 
dedicóse al estudio de las 
letras é ingresó al Colegio 
Seminario y después al Co- 
legio Carolino, hoy Colegio 
del Estado de Puebla, ob- 
teniendo poco después su 
título en la carrera de Abo- 
gado. 

Desempeñó varios pues- 
tos públicos, habiendo sido 
Juez de Primera Instancia 
en varios distritos, Director 
del "Monte de Piedad Vi- 
dal-Ruiz, " Magistrado de 
los Tribunales Superior y 
Supremo del Estado, y por 
último, Diputado al Con- 
greso de la Unión. 

Ha publicado "Álbum de 
Viaje"-colección de impre- 
siones -1904, "juveniles," 
"Estivales," "Otoñales," 
"Ayes del Alma," "A través de los mares"-ioio, "Troqueles An- 
tiguos"- 1910. También ha escrito vanos estudios jurídicos y co- 
laborado en las mejores publicaciones literarias. 

Es miembro de varias sociedades científicas y literarias y entre 
los Arcades Romanos es conocido con el nombre de Alidauro Za- 
cintio." 







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Este poeta, uno de los más fecundos, ha cultivado todos los 
géneros; pero en el que ha tenido más éxito es en el festivo como 
epigramatista. Su poesía seria es romántica con dejos clásicos. 



epístola familiar 



Carísimo Luis! con gusto 
Miro que no se ha resfriado 
Con la ausencia, el don preciadc 
De su sincera amistad. 

Es prueba de ella su carta 
Que, con complacencia suma, 
Tomando al punto la pluma 
Me propongo contestar. 

Soy bastante campechano 
Para sentirme por esa 
Despedida a la francesa 
Que Usted tuvo a bien hacer. 

Y así, aunque tomó soleta 
Sin visitarme, le digo 

Que siempre seré su amigo 
Adicto, constante, fiel. 

Por cuya razón le encargo 
Se cuide, y no una hechicera 
Y linda tehuacanera 
Me le robe el corazón. 

Y diciendo con San Pablo 
"Quien no se casa se abrasa" 
Aunque tiene "Cura" en casa, 
No se cure del amor. 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 67 



No se vista Usted "Casaca" 
Que eso fuera ser muy bolo, 

Y ya que se fué Usted solo, 
No vayan dos a venir. 

No, Luis, desplegue las velas 
En cualquiera trance fiero 

Y vuélvase acá soltero, 
Independiente y feliz. 

No tanto como Usted piensa, 
Mas si estudio Escriche y Sala 
Pero es mi suerte tan mala 
Que me van a reprobar. 

Esto me hundirá en la fosa; 
Mas sírvale de consuelo 
Que si pierde un hombre el suelo 
Tendrá el cielo .... un ángel más. 

EPIGRAMA 

Se precia de hablar Martín 
Correctamente el inglés, 
De saber también francés 

Y de entender el latín. 
De traducir italiano, 

Árabe, alemán y griego .... 
ILástima, exclama Don Diego, 
Que no sepa el castellano! 



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MI POSTRER BESO 



Lo vuelvo a ver en su mortuorio lecho 
A la luz funeral de los blandones, 
Nobles, i k . .que extenuadas las facciones, 

Y cruzadas las manos sobre el pecho. 

Era mi corazón recinto estrecho 
A contener tan crueles emociones 
Que externaba en fervientes oraciones, 
Prosternado y en lágrimas deshecho. 

Lo miré amortajar piadosamente 
Entre el dolor de propios y de extraños, 
Con infinito amor besé su frente; 

Sentí del hielo la frialdad . . . . ¡Dios mío! 
Han pasado los años. . . .muchos años, 

Y aun me quema los labios ese írio. . .. 



<*W*> 



AL SOL 



Sol! espléndido sol! ¡padre del dial 
Con tu calor germina la simiente, 
Y con la luz que irradia de tu frente 
Por doquiera difundes alegría. 

Yo concibo por tí la idolatría, 
Que a nó, por mi ventura, ser creyente, 
¡Oh sol! te venerara reverente, 
Que tu vista embelesa el alma mía. 

Mas tú, fúlgido sol, eres cual sombra 
Del Sol de la Justicia, eterno y santo, 
A quien mi labio, balbuciente, nombra. 

Y siendo de aquel Astro la penumbra 
¿Cuál será la belleza y el encanto 
De ese Sol inmortal que^atí te alumbra? 



sy¿W - 



MANUEL R. SOLIS 



Nació en Tepeaca el g de Agosto de 1854. Fueron sus padres 
el Señor Antonio Solís y la Señora Isabe' -sio > xíascón. 

A la edad de doce 
años, recorrió el Esta- 
do de Oaxacaen com- 
pañía de su padre y 
en 1874 pasó al Cole- 
gio Seminario como 
pensionista, obtenien- 
do las primeras cali- 
ficaciones del curso de 
latinidad en examen 
público. Del Semina- 
rio pasó al Colegio 
del Estado a continuar 
sus estudios terminan- 
do la instrucción pre- 
paratoria y la profe- 
sional de abogado, no 
habiendo logrado reci- 
birse por haber falle- 
cido en aquella épo- 
ca sus padres. 

Ejerció más tarde 
para poder subsistir, 
el magisterio, pero en 
virtud de una enfer- 
medad que le impidió conti-nuar esta carrera tuvo que aceptar el em- 
pleo de Oficial i 9 de la Sección de Fomento en el Gobierno del Estado. 




FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITOrES POBLANOS 



71 



Ha colaborado en muchos periódicos y es conocido en el mun- 
do literario con el pseudónimo de Payo Franco. Cultiva de prefe- 
rencia el estilo serio y los estudios sociológicos. 



* * * 



Es poeta pesimista por excelencia. Viene de Espronceda y 
tiende a la sobriedad becquerianá. Se cuida poco de la forma, y 
en el fondo es sombrío. 




P0E5IA5 



Las auras perfumadas de los boeques 

Besando tus mejillas, 
Del moribundo sol el tibio rayo 

Que irradia en tus pupilas; 
El arroyo que borda la campiña 

Con sus hilos de plata; 
El trino de la alondra que escondida, 

En los trigales canta; 
El triste y melancólico tarrido 

De la vieja campana 
Que a la oración postrera de la tarde 

A los labriegos llama; 
¿No despiertan en tí como despiertan 

Honda tristeza en mi alma? 
¿No te dicen también como me dicen 

Que algo a los dos nos falta? 

Como del mar la luna se levanta 
Quebrando entre las olas sus reflejos, 
Con tinte melancólico que encanta 
Y la vetusta cruz de ermita santa 
Con sus tintes de luz tiSe a lo lejos, 
Así dentro del mar de mi memoria 
Brota la luz de mi recuerdo triste, 
Triste recuerdo de ignorada historia 
Que en lo íntimo de mi alma sóio existe. 
* * * 

Madre! madre del alma! 
Ruega por mí que sufro! 
Tú lo sabes muy bien, nunca la calma 
En el herido corazón se anida, 
Porque al perderte a tí . . . .perdí la vida! 



JOSÉ MARÍA CORDERO 



Nació en Puebla el i° de Diciembre de 1856. Sus padres fue- 
ron el Señor D. Manuel Cordero y la Señora Eulalia Soledad Márquez. 

Hizo sus estudios 
elementales en cole- 
gio particular, pasan- 
do después al Semina- 
rio Palafoxiano y más 
tarde a una escuela 
particular de Juris- 
prudencia que estaba 
bajo la dirección del 
Señor D. Tirso Rafael 
Córdoba. Terminó su 
carrera de abogado y 
se recibió en el año de 
1879. 

Fué catedrático de 
retórica en el Colegio 
Católico de la Com- 
pañía de Jesús, de 1881 
a 1885, y de Tenedu- 
ría y Aritmética en 
la Escuela de Artes y 
Oficios del Estado. — 
En 1890 el Gral. Ro- 
sendo Márquez, Gobernador del Estado, lo nombró Juez de prime- 
ra Instancia y de lo Criminal en el Distrito de Zacapoaxtla; de- 




74 FLORILFGTO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 



sempeñando este empleo después en varios Distritos del Estado y 
por último en Puebla desde Enero de 1908. 

Colaboró en diversas publicaciones de índole literario, entre 
otras "El Presente," "La Caridad," periódico dirigido por Miguel 
Palacios Roji; actualmente en el "Heraldo del Hogar." 

Ha publicado una colección de fábulas en verso, edición de 1883. 
En su juventud dedicóse al género erótico, prefiriendo más tarde 
la poesía didáctica. 



Nuestro único fabulista. Su fábula es fácil y castiza, quizá no 
se ie tenga por lo que vale. El único tomo de composiciones de és- 
ta índole que ha publicado, debiera ser bien conocido y mejor apre. 
ciado. 



''^S^p^T^ 



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EL MUCHACHO CON LENTES 



Un muchacho por juguete 
sobre su nariz montó 
unos lentes verdes cl-aros 
que se halló cierta ocasión. 

Empezó a ver sus vestidos 
y luego a su derredor 
después las casas, las calles, 
las nubes, el cielo, el sol. 

Cansado de ver las cosas 
a que su vista alcanzó, 
dijo con cierta extrañeza 
"Pues todo está, verde hoy." 

Los que están bajo el influjo 
de un vicio o preocupación, 
todo ven, de sus defectos 
con el mentido color. 



EL RATÓN Y EL QATO 

Andábase un ratoncillo 
de esos que a millares hay, 
recogiendo cierta noche 
agunas migas de pan. 

Cuando más alegre estaba 
!oh, negra fatalidad! 



76 FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 



oye de repente un gato 
tan cerca de sí maullar, 
que temió por su existencia 
de una manera formal. 

Al punto mismo se escurre, 
corre de aquí para allá, 
y al fin, por fortuna logra 
con un agujero dar. 
En tal momento, un gran gato 
entra a la pieza; quizás 
algo sospecha. . . .olfatea, 
y busca, y vuelve a buscar, 
hasta que al cabo le dice 
su mucha sagacidad 
en dónde el ratón se oculta, 
y resuelve no irse ya. 

Silencioso, acurrucado, 
atento y pronto a saltar 
sobre su presa, el gatazo 
esperó una hora mortal. 

Entre tanto el ratoncito, 
que siente una hambre voraz, 
escondido en su agujero 
así discurre: "infernal 
"maldito gato! Si acaso 
"cerca de mí se hallará. . . . 
"Pienso que no. . . .ya bastante 
"tiempo ha pasado; además 
' 'que no me vio y . . . . qué hambre! 
"ya me vuelve a importunar! .... 

"Si, yo salgo, no es posible .... 
"pero el gato es muy tenaz. . . . 
"Tenaz! Mas en este caso 
"no cabe tenacidad. 
"Sí, me hubiese visto, pase 

que no me engaño es esta: 
de que lo he oído maullar 
y no lo juzgo tan torpe 
que antes me avisara .... Bah! . . . 
Eh! Salgamos . . .sí . . .la mar 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 



77 



no pasa quien no se arriesga; 
'así lo enseña un refrán." 

Dice, y .... a pocos instante! 
como no era de extrañar 
el bicho aquél se lamía 
los bigotes, en señal 
de que el ratón imprudente, 
fué grato a su paladar. 

Cuando en algo tengas duda 
de si obrarás bien o mal, 
te aconseja la prudencia 
que mejor dejes de obrar. 




RAFAEL SERRANO 

Nació en la ciudad de Puebla el 13 de Diciembre de 1858.- 

Sus padres fueron el señor Epifanio Serrano y la señora Sole- 
dad Daza. 

Su instrucción preparatoria y profesional en la carrera de Me- 
dicina la hizo parte en el Seminario y parte en el Colegio del Estado. 

Obtuvo su título de Médico Cirujano en 1879. 

Ha colaborado en varias publicaciones cientíñcas y literarias. 

* * * 

Poeta y filósofo de gran austeridad. Escritor sobrio y sincero. 
Su producción es muy escasa. 







Víctor Hugo pintado por Bonnat 



(*De Dezamy) 



Medita grave y triste, el codo sobre Homero. 
Su faz entre la sombra nocturna centellea, 
Su labio, donde aun vibra el cántico postrero 
Si cortejó a las flores al huracán tutea. 

Soñando está. Una mano oprime el pecho ardiente; 
Y la otra como el Atlas que al mundo sostenía, 
Sostiene un firmamento, aquella erguida frente 
Do el surco del destierro trazó la tiranía. 

Inviernos y desgracias, nevando en su cabeza, 
Espléndida corona le tiñen con escarcha. 
Los ojos en los astros, la planta en la maleza, 
Mirad, de ese profeta en pos el mundo marcha. 

¡Filósofos, poetas, en pié! Es el maestro. 
Bajad la sien orlada, allí está el gran proscrito, 
El soñador de auroras, el inmortal cu3'o astro 
Refleja en las pupilas la luz de lo infinito. 



Su dios es el progreso; su templo todo el cielo, 
La humanidad que sufre esa alma reverbera, 
Humilde en la grandeza, no olvida que es su abuelo 
Y a Jorge dice: "cree," a Juana dice "espera." 



8o 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 



Los besos de los niños vencieron al gigante, 
En un crisol eterno ardían los corazones 
De Shiller y Virgilio, de Shakespeare y del Dante 

Y hervía la sangre Olímpica de Orfeo y sus leones. 

De allí surgió tu espíritu, poeta circundado 
De nubes y relámpagos, estrellas y penumbras, 

Y como en alta noche un astro inmaculado 

La senda, de los siglos y el porvenir tú alumbras. 




JOSÉ MARIANO PONTÓN 

Nació en la ciudad de Puebla el 15 de Enero de 1861. Sus pa- 
dres fueron el Señor Licenciado José Mariano Pontón y la Señora 
Basilisa Ponce. 

Sus estudios ele- 
mentales, preparato- 
rios y profesionales 
en la carrera de dere- 
cho, los hizo en varios 
colegios de la ciudad 
citada, siendo discí- 
pulo del eminente ju- 
risconsulto D. Félix 
Béiztegui. Obtuvo su 
título de abogado el 
11 de Diciembre de 
1881. 

Ha ocupado va- 
rios puestos públi- 
cos ^de carácter judi- 
cial y político; desem- 
peñado las clases 
de Lenguaje, Raíces 
Griegas y Latinas y 
Literatura que actual- 
mente desempeña. En 
la carrera de Abogado 
ha servido las clases 
de conferencias sobre Legislación Comparada, Literatura Forense y 
de Historia del Derecho. 

En literatura fué discípulo del Lie. Tirso Rafael Córdova y más 
tarde del Señor Lie. Arango y Escandón. 

Ha escrito en varios géneros de poesía, predominando en sus 
composiciones el estilo de la Restauración y en sus traducciones la 
forma latina. 




Literato y orador elocuente. Su poesía suele ser de tesis, y en 
ella usa de forma correcta y castiza dicción. 



ODA A LA FUERZA 



Si es ley ineludible del progreso, 
En cuantos seres el vivir inflama, 
La lucha pertinaz por la existencia 
El afán angustioso del mañana; 

Si todo ser sucumbe fatalmente 
Cuando al medio su vida no se adapta, 
Despareciendo entonces de la tierra, 
Las especies, los pueblos y las razas, 

¿Cómo no prevenir al combatiente, 
Y asegurar su triunfo en la batalla, 
Robusteciendo el brazo que en un día 
Habrá de fulminar la dura lanza? 

i Cómo extraño ha de ser que cabe el templo 
-Erigido a la Ciencia soberana 
Alcemos a la Fuerza triunfadora 
Los cincelados muros de un alcázar? 

Ya en los albores de su vida, el hombre 
Tuvo que combatir: la tierra huraña 
No se entrega al primero que pretende 
Robar los dones que en su seno guarda. 

Cada secreto patentiza un triunfo: 
Es la humana labor, labor de lágrimas: 
Los anales del mundo impresos llevan 
El sello del dolor en cada página 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 

¿Sin tí ¡oh Fuerza! pudiera el miserable 
Suyos hacer los frutos de la rama? 
¿Sin tí, Deidad que su valor moviste 
De las fieras vencer la hambrienta saña? 

Brotó la mies en medio de las flores 
Al vigoroso golpe de la azada; 

Y para hacer fecundos los desiertos 
La oorriente torciste de las aguas. 

Con el forjado hierro tus cinceles 
Labraron los palacios del monarca; 

Y en desprecio del aire, en las ciudades 
Los templos elevaron sus arcadas. 

Tendiste el puente sobre el ancho río: 
Los remos impulsaste de la barca, 
El mismo mar revuélvese impotente 
Cuando tú poderosa le amurallas. 

¡Dominadora eterna! en cuanto existe 
Tu poderoso imperio se dilata! .... 
Trazas la curva de la errante estrella, 
Palpitas del volcán en las entrañas; 

Savia das a la flor, vuelos al ave, 
Poder incontrastable a la cascada; 
Donde hay vida tú estás; sin tí de nuevo 
El Universo volvería a la nada! 

¡Eres la libertad! Cuando insolente 
El tirano los pueblos avasalla, 
Aliento das al oprimido siervo 
Para empuñar las redentoras armas. 

La noble inteligencia por tí logra 
Sus prodigios cumplir, y en dulce alianza 
Ambas lleváis a cabo esos portentos 
Cuya grandeza la Poesía canta. 



84 FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 

til vapor, que no teme vendavales, 
El rayo, servidor de la palabra; 
La imprenta, fijadora de la idea; 
El titánico esfuerzo de las máquinas. 

Obras son de las dos; también la guerra 
Débeles iay! sus fratricidas armas 
Rara vez esgrimidas por justicia, 
Cómplices a menudo de la infamia. 

¡Dichoso el pueblo que en la Paz florece, 
Y, cual nosotros, con afán levanta 
Al saber y a la fuerza monumentos 
Que su cultura por doquier proclaman! 

La nuestra i vedla aquí! .... esta es la base 
De un porvenir risueño de esperanzas, 
Este el plantel de nuevos ciudadanos 
Que vigor le derán a nuestra raza; 

Vastagos de ese pueblo sin segundo, 
Cuyos hechos la Historia fatigaran, 
Y al que hoy los huracanes del combate 
Al exterminio y a la muerte lanzan; 

Descendientes de aquellos indomables 
Defensores del suelo del Anahuac, 
Libre, por el valor de nuestros padres, 
Grande, por los destinos que la aguardan. 

De nuestra estirpe ufanos, y renombre, 
Aun soñamos con épicas hazañas .... 
¡La grandeza pasada de los pueblos 
Para un glorioso porvenir no vasta! 

Roma, la soberana de la tierra; 
Atenas, poseedora de la gracia; 
La patriótica España, ¿qué conservan 
de su antiguo poder, de gloria tanta? 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS. 



85 



Cual árbol carcomido por los siglos 
Que indómitos los vientos desarraigan, 
Los pueblos que su vida no renuevan 
El empuje del tiempo no contrastan. 

Parece el débil en la lucha recia; 
Fuerte el cuerpo ha de ser y fuerte el alma: 
Educados así, ¿quién osaría 
Sojuzgar arrogante nuestra raza? 

Si es ley ineludible del progreso 
¡Luchemos por nosotros y la Patria, 
Uniendo al genio de la sabia Atenas 
La heroica fuerza y el valor de Esparta! 



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J. MANUEL LOBATO 



Nació en Teziutlán el 
26 de Marzo de 1863. 

Sus padres fueron el 
señor Don Manuel José 
Lobato y la señora Ger- 
trudis Hermoso. 

Hizo sus estudios pre- 
paratorios y profesiona- 
les en la carrera de le- 
yes en el Colegio del Es- 
tado de Puebla. 

Es profesor de inglés, 
de Lenguaje y de Lite- 
ratura en el citado Cole- 
gio y en el Instituto Nor- 
malista del Estado. 

Ha colaborado en pe- 
riódicos de carácter ex- 
clusivamente literario. 



Literato y crítico de 
gran erudición. Maestro 
de casi todos los literatos formales de Puebla. Conversador ameno, 
cultivador incansable de la sátira y epígramatista suspicaz y opor- 
tuno. Su poesía se distingue por la puieaa de la forma. 




EPÍSTOLA 



Entre la bruma que en misterio esconde 
Cuando en el mundo mi esperanza sueña, 
Agonizante, sin cesar se agita 
Merced pidiendo al corazón; en vano 
Las miradas imploro de los dioses, 
Su luz les pido en vano, mis querellas 
Se pierden impotentes, y en mi pecho 
Embravecida la tormenta ruge. 
¿Será que para siempre hayan huido 
Las horas de pasión? Nunca la mente 
Podrá volver, hendiendo los espacios, 
A volar en incógnitas regiones 
De amor y de placer? Vida, armonía 
Ensueños de ambición, todo sucumbe 
Al rudo golpe de la adversa suerte. 

Cual un cadáver que se mueve y anda 
Por galvánica acción, así me arrastro 
Entre la turba mundanal que ignora 
Lo que al vivir, el infortunio encierra. 

Tiendo la vista por doquier; fastidio 
Tan solo infunden los humanos hechos; 
Aquí amistad hollada, allí vendidas 
La honra, la fé, la dicha; los hogares, 
Talados por la garra pestilente 
Del sacrilego crimen; la conciencia 
Es objeto de tráfico asqueroso 
O en obscuras prisiones gime y llora. 

¡Ah! retiróse la virtud del mundo 
Y su santo recuerdo ante los hombres 
Sólo alcanza a formar la hipocresía. 



FLORILIOIO DE PJETAS Y ESCRITORES POBLANOS 



Ornado el vicio con pomposo arreo 
Fingiendo Santidad, el nombre invoca 
De sublimes principios, y a su amparo 
Difunde asolación, miseria y luto. 
¿No hay una luz que alzándose indignada 
Acuse al miserable? torpe miedo 
O lisonja servil harán que incline 
El honrado varón la noble frente? 
No, no será; la pluma del poeta 
Que es en tu mano hierro encandecido 
Marque a los malos sin piedad, castigue 
Con pública vergüenza a los infames, 
Sirva de guarda a la inocencia, luche 
Por la virtud, y ceñirán tus sienes 
Lauros eternos de grandeza y gloria. 




FELIPE T. CONTRERAS 



Nació en Ixtacomitán, Estado de Chiapas,el 8 de Enero de 1864, 
siendo sus padres el Señor D. Felipe de jesús Contreras y la Seño- 
ra Rafaela Sánchez. 

Hizo parte de sus estudios primarios en su pueblo natal y par- 
te en la ciudad de San Juan Bautista-Tabasco.-En 1878 se dirigió 
a Campeche, donde hizo sus estudios preparatorios. En 1884 llegó 
a Puebla con objeto de cursar sus estudios de Derecho, obteniendo 
el título de Abogado en 1890. 

Ha sido catedrático de Instrucción Cívica y Derecho Usual en la 
antigua Escuela Normal parajProfesores y ha servido por poco tiem- 
po la Cátedra de Elocuencia Forense en el Colegio del Estado. Fué 
Director de la Escuela Normal para Profesores, y actualmente Ma- 
gistrado Suplente del Tribunal Superior del Estado. 

Ha dado a luz en la prensa periódica diversos trabajos sobre 
política, literatura y otros asuntos y es autor de un libro de índole 
literario titulado "Épicas y Líricas," edición de 1903. 

En los juegos florales celebrados en esta ciudad en 1902, fué 
Jurado Calificador y Presidente de los mismos. 

Ha mostrado siempre gran inclinación por la oratoria y apar- 
te de sus aficiones poéticas, ha consagrado su tiempo a diversos es- 
tudios históricos y científicos. 



Literato y poeta cuya característica es el atildamiento y la do- 
nosura. Su poesía lírica no es superior a sus poemas, en las que pa- 
rece provenir de D. Ramón de Campoamor. Su prosa es bella y ar- 
moniosa. Narra y describe con verdad y elegancia. 



MISTERIO 



Fragmento de un Poema 



Y hay un exceso de alma 

Que jamás halla empleo en este mundo. 



Es una historia humilde, 
que agita sin cesar mis negras horas. 

Brisas murmuradoras; 
Hojas marchitas ya, que el torbellino 
Arrastra por las quiebras del camino; 
Niebla crepuscular, reflejos de oro, 
Todo ese mundo del dolor que adoro, 
dejó en mi corazón entristecido 
esta historia de lágrimas, que acaso 
se salve déla saña del olvido. 

* * * 

Era joven el joven de mi cuento, 
y pálido, muy pálido.. ..tenía 
en el rostro pintado el sufrimiento 
y cual todas las almas soñadoras, 

gustaba de las horas 
tristes y dulces, en que muere el día. 
¡El cielo del crepúsculo!. . . .¡qué encanto 
tan hondo el de sus pálidos crespones! 
¡Ay! los desesperados corazones 
a medias carcomidos por el llanto, 
en sus momentos de profundo duelo 
en que es el corazón como una herida, 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS Ql 

si no tuvieran el azul del cielo, 
¿dónde abrigar los sueños de la vida? 

Y no me engaña la memoria mía: 
era el pálido joven de mi. cuento 
un maniático fiel del firmamento. 

En sus ojos profundos se leía 
la misteriosa historia 
de esas pálidas frentes exaltadas, 
que viven casi siempre amenazadas 
de estallar, delirando con la gloria; 
de esas pálidas frentes sin ventura, 
nidos de amor y de soñar profundo, 
que llevan en su grave curvatura 
cintilación de luces de otro mundo. 

¿Y en qué soñaba tan eternamente 
aquella triste y abrasada frente? 
¿qué buscaba su mente en el celaje? 
¿por qué su triste palidez crecía 
cuando tocaba el sol en occidente? 

¿Acaso tras las nubes se perdía 
de su esperanza el mágico plumaje 
con el último rayo del poniente? 

No se puede saber. . . .ama el silencio 
el alma que consumen los desvelos 
en callada y letal melancolía: 
y al mirarle una vez se presentía 
alguna ave de paso de los cielos. 

Y era de ver, al transportar los montes 
el tibio sol que entre celajes arde, 
cómo hablaban sus ojos de la tarde 

y de los apagados horizontes; 

pues era el joven de mi extraño cuento, 

si no me engaña la memoria acaso, 

un taciturno adorador del viento 

y un singular creyente del ocaso; 

que mirando .... mirando 

nubes que van por el azul desierto, 

cuando quiso morir, quedó soñando. . . . 

cuando quiso vivir. . . .estaba muerto! 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBEANOS 



iOh mundo del misterio, cuya calma 
no explicará la erudición del sabio; 
cuando se pone, como el sol, una alma. . . . ! 

No dejar en el mundo ni una huella, 
vivir para el silencio y la esperanza; 
y al ver la muerte, que en la sombra avanza 
sepultar un ensueño en una estrella. . . . 
que es muy extraño me diréis acaso; 
mas no os asombre el misterioso caso 
que era el pálido joven de mi cuento: 
un taciturno adorador del viento 
y un singular creyente del ocaso. 




ERNESTO SOLIS 



Nació en Pichucalco, Estado de Chiapas, el n de Agosto de 
1865. Sus padres fueron el señor José María Solís y Letona y la 
señora Rita Rendón. 

Sus estudios elementales los hizo en una Escuela particular de 
una finca llamada "San Pablo." 

Cursó su Preparatoria en el Instituto Campechano, y en 1886 
llegó a esta Ciudad donde siguió la Carrera de Derecho en el Cole- 
gio del Estado, obteniendo el título de Abogado el 5 de Mayo de 1890. 

Ha desempeñado varios puestos públicos de importancia, entre 
otros el de Magistrado del Tribunal Superior y Diputado a la Le- 
gislatura Local. 

Fué colaborador de "El Eco de la Prensa," "El Ensueño," 
El Quijote" y alguna otra publicación literaria. 

En 1889 publicó una colección de poemas cortos, titulada Ci- 
rrus y Nimbus" y más tarde editó la Revista de la Academia de Ju- 
risprudencia y Legislación Correspondiente de la Real de Madrid. 

Es miembro del Colegio de Abogados, del que es Presidente el 
Señor Lie. Juan Quintana. 

* * * 



Literato de pluma vigorosa. Poeta lírico en su primera juven- 
tud, en que escribió bellas e inspiradas composiciones. La prosa 
de su profesión le ha robado el entusiasmo y la ingenuidad de su 
labor juvenil. 



SIC TRANSIT GLORIA.......! 



Las tardes de celajes coronadas: 
los céfiros ungidos con olores 
de multitud de flores, 
y allá por los espacios las bandadas 
de aves cruzando en pláticas de amores: 
todo, todo decía 

que derramaba sus portentos Mayo: 
y era en cada semblante la alegría 
como avanzado rayo 
de astro de gloria amaneciendo en calma 
en la región del alma. 

Que Puebla celebra este gran día 
en que al partir el sol de nuestro cielo 
apresurando el vuelo, 
fué a contar a las bélicas Naciones 
de la orgullosa Europa, 
que nada puede una aguerrida tropa 
ante un broquel de nobles corazones 
que es cobarde la fuerza que no cuenta 
con el apoyo santo del derecho: 
Que el pecho más valiente es aquel pecho 
que quiere redimirse de una afrenta. 

En tanto pues, que todos se entregaban 
al gozo más ferviente, 
dos seres sin abrigo, vanamente, 
la piedad imploraban 
de la turba feliz e indiferente. 

Y, queriendo saber si aun extendía 
la esperanza sus alas en el pecho 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 95 



de esos dos infelices, aquél día, 

lo que cada uno al otro le decía 

escuchábalo yo, con el derecho 

que me da entre razones tan supremas, 

la gran razón de que estos desgraciados 

del bien y la esperanza abandonados, 

los personajes son de mis poemas. 

Era uno de los dos ciego y anciano 

era el otro una pálida criatura 

el niño guiaba al viejo de la mano, 
sirviéndole de encanto en su amargura, 
prestándole el calor de su cariño, 
y oid lo que el anciano con tristura 
contaba al pobre niño: 

"Esta herkki mortal que nunca sana 
que va minando mis alientos de hombre,, 
fué recibida en lucha sobrehumana 
con honra de mi patria y de mi nombre. 
¡Tantos años y cambios han venido 
en pos de aquella lucha tan tremenda 
que al volver la mirada al tiempo ido, 
hasta a mí me parece una leyenda! 

En las cumbres que tienes ahí enfrente 
(¡cuánta mi dicha fuera 
si aun pudieran mirarlas estos ojos!) 
orgullosa bandera 
flameaba imprudente 
petando sin pudor nuestros enojos. 
Algunos compañeros atrevidos, 
y de alma denodada, sobre muertos y heridos 
el paso nos abrimos con Ira espada 
llevando nuestro arrojo temerario 
hasta hacer que besara el patrio suelo 
esa bandera, orgullo del contrario. . . , 
Y fué por nuestra rabia destrozada. . .. 
De ella aun guardo una parte con anhelo, 
tiene una franja de color de cielo 
y después de una blanca, una encarnada. 
"Más tarde, nuestra patria agradecida 
por tan feliz victoria, 
escribió conmovida 



90 FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 

5 de Mayo en su gloriosa historia. 

"Con todo, si de males agobiado 

quisiera alguna vez la suerte fiera 

que seas tú soldado, 

no olvides que al ganar yo esa bandera 

valió a mi jefe el ascender un grado. 

Pero a mí. .. .ya lo ves, hijo querido, 

el humo del combate 

nubló por siempre el cielo de mis ojos 

y si es torpe mi oído, 

y si este nuevo mal mi ser abate 

si el eco de tu voz que cura enojos 

no lo oigo ya con distinción bastante 

para que diera a mis dolores pausa, 

el trueno rebramante 

con que ruge el cañón, sabe la causa." 

Detúvose el anciano un breve instante 

como a tomar aliento 

De pronto iluminóse su semblante 
con la luz sideral de un pensamiento 
y luego prosiguió: "i No me arrepiento! 
¡Vuelva mi juventud! ¡dame, Dios mío! 
aquél vigor de mis mejores años! 
y a pesar de mis muchos desengaños, 
una vez más con desusado brío * 
a la luz renunciara, 
a la luz de los ciegos tan querida 
aun de tu amor ¡oh niño! me olvidara: 
¡y cómo no! .... que si comprar lograra 
la dicha de mi patria con la vida, 
yo mismo las entrañas me arrancara! 

El niño como tal, menos sufrido 
le interrumpió diciendo acongojado: 
'muchos señores, padre, ya han pasado 
y no les has pedido. . . . 
Si no encontramos, padre, una alma buena, 
hoy no tendremos cena." 

Y el niño más y más entristecido 
nada pudo agregar .... La noble frente 
del buen anciano se tornó sombría .... 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 97 

Llegúeme hasta ellos, estreché su mano 
y en ella puso convulsivamente 
cuanto en mis bolsas encontró la mía; 
y llorando aléjeme velozmente 
porque ya el corazón se me partía. 

¡Oh México, mi patria idolatrada! 
¿Y consientes que viva de este modo 
quien por salvarte se olvidó de todo? 
¡que no tenga siquiera un pobre lecho 
do reclinar la frente fatigada 
quien a las balas presentó su pecho 
por defender la libertad sagrada! 



<*>A 



FELIPE NERI CASTILLO 



Nació en México el 26 de Mayo de 1867. Fueron sus padres el 
Señor Licenciado Amado Castillo y la Señora Carmen Carrasco. 

Llegó a Puebla el año de 1879 y poco tiempo después ingresó 
al Colegio Seminario, donde cursó sus estudios secundarios y pro- 
fesionales para la carrera de Abogado, pasando a continuarlos al Co- 
legio del Estado. 

Desde la edad de doce años y siguiendo su afición literaria, co- 
menzó a publicar composiciones suyas en "La Luz," "El Ami- 
go de la Verdad," "El Presente" y algunos otros periódicos que 
por aquel entonces se publicaban. Posteriormente ha colaborado 
en "El Monitor" y "El Diario del Hogar." 

De 1902 a 1903 fundó un semanario litarario del que salieron 
cuarenta y dos números. 

Ha publicado: "Colección de Poesías-i889"-''Beltrán de Alta 
Roca- 1 890 "-"Amor y Locura-poema-i 891 "-"Rimas Crepuscula- 
res"-"La Flor Roja-leyenda-i893"-"R°mances de Invierno-1894" 
-"Un Sacrificio-1894"- "Injusticia Social"-' 'Esposa y Madre"- 
"Berta-poema" - "Siempre vi vas-i 900" - Brisas y Nubes- 1908'' 
-"Pétalos Dispersos-1910. " 



El verdadero poeta romántico de nuestra literatura. En el gé- 
nero erótico se distingue como en ninguno, salvo el festivo en el que 
es más afortunado auuque no tan fecundo. Lo singulariza la facili- 
dad de que goza para versificar. El fondo de su poesía es triste. Es 
t^da ella una dolora. 



TRANSFIGURA CION 



Y me dijo mi amigo: "¿Por qué veo 
corno que se ilumina tu semblante, 
y por súbito encanto se disipan 
de cólera y dolor tus tempestades? 

Dulce tu voz y tierna tu mirada 
se han tornado. Creyérase que un ángel 
ha ceñido a tu frente macilenta 
nimbo de pensamientos celestiales. 

Tu sonrisa revela que en tu alma 
todo es amor y luz en este instante, 
y que te han concedido blanda tregua 
las penas de la vida miserable. 
Dime: 

¿Por qué en tu ser, así, de pronto 
tan luminosa beatitud se esparce?" 
y yo le respondí sencillamente: 
es que pienso en mi madre. 



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ATENEDORO MONROY 



"El Licenciado Atenedoro Monroy nació en Puebla, por los años 
de 1867 a 1868. 

Formó parte de ' 'El Liceo Libre" y escribió en ' 'El Progresista, " 
órgano de aquella sociedad; a él pertenecen los siguientes versos: 

"La primera pasión es infinita; 
Es eterno ese anhelo 
Y cuando en el alma se marchita 
Ella en las alas de la fé bendita 
Vuela triunfante en la región del cielo" 

Escribió más tarde en "El Correo de Puebla," sosteniendo una 
polémica literaria con Don Rafael B. de la Colina. Por ese tiempo 
terminó su carrera de abogado, siendo nombrado profesor de filo- 
sofía en la Escuela Normal de Profesores y habiendo desempeñado 
después varios puestos públicos." 



Literato de gran erudición y traductor fiel y asiduo de los poe- 
tas del habla inglesa. Orador muy elocuente. 



Nota de los A. A. 

Los datos anteriores fueron tomados de la obra "Semblanzas de algunas perso- 
nas distinguidas de la ciudad de Puebla," escrita por el Señor Manuel R. Solís. 
debido a que por la modestia del Señor Lie. Monroy no pudieron obtenerse de ¿1 

porsonalmente. 




LOS NIÑOS 



(T)e Longfellow) 



Niños, venid a mí, que a los rumores 
de vuestros juegos, huyan derepente 
las sombras de mis dudas y temores, 

Vos abrís las ventanas del Oriente, 
las que dan hacia el sol, do golondrinas 
canoras son los sueños de la mente 



y fluyen dulces fuentes peregrinas. 
En vuestros corazones ha} r rocío, 
claridades y pájaros, divinas 

y encantadoras músicas de río 
en vuestro alegre ser; de Otoño el viento 
y las primeras nieves en el mío 

¡Ah! Si no hubiera niños ¡qué tormento! 
¿El mundo entre nosotros qué sería? 
Delante obscuridad y aburrimiento, 

detrás desolación triste y sombría. 
Lo que las hojas son en la arboleda 
que alimentan el aire y luz del día, 



102 . FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 

antes de que su jugo tierno puecta 
en du;a 3' fuerte rama transformarse, 
los niños son en la incesante rueda 

del rríundo: en ellos siente uno abrasarse 
en calor más intenso, en luz de nidos 
que entre los troncos por doquier se esparce. 

Ni'ños^ venid a mí y en mis oídos 
murmurad lo que pájaros y vientos 
cantan en nuestra atmósfera perdidos. 

¿Qué son nuestras contiendas y tormén tcfc 
que nuestras ciencias todas comparadas 
con vuestros dulces ósculos y acentos . 

y el gozo que nos dan vuestras miradas? 
¡Oh, niños, sois vosotros en el mundo 
superiores a todas las baladas 

que el canto a la palabra en su fecundo 
poder han consagrado a eterna suerte: 
sois vivientes poemas sin segundo 
y todo lo demás es sombra y muerte. 




MANUEL RIVADENEYRA Y PALACIO 



Nació en el año de 1869 en la ciudad de Puebla y fueron sus 
padres el Señor Lie. Don Bernardo Rivadeneyra y la Señora .Ger- 
trudis Palacio. Hizo sus estudios preparatorios y profesionales en 
la carrera de Derecho en el Colegio del Estado. 

Residió algún tiempo en la ciudad de Atlixco, donde desempe- 
ñó algunos puestos públicos y entre otros gratuitamente el de Di- 
rector de la Escuela de la Cárcel. 

En algunas épocas vivió en la ciudad de Jalapa en donde tam- 
bién sirvió a'gunos empleos. 

Fué Profesor de Filosofía en el Colegio Preparatorio de Jalapa 
y actualmente de la clase de primer año de Lenguaje en el Institu- 
to Normalista del Estado de Puebla; ha desempeñado, además, d¿- 
ve»sas cátedras en varios Colegios particulares, entre ellos la Es- 
cuela Normal Católica. 

Fué colaborador de "El Quijote, " "La Espiga de Oro" y otras 
varías revistas literarias del país. El Señor Rivadeneyra y Palacio 
es miembro de la Academia de Literatura Española de la Universi- 
dad. Fué comisionado para establecer una escuela nocturna de ar- 
tesanos que en ¡a fecha se halla establecida en el local que ocupa la 
Escuela Elemental "Juan Bautista de Lasalle." Déla citada Es- 
cuela es Inspector y hasta la fecha ha logrado establecer tres, cur- 
sos servidos por tres profesores. 



Poeta lírico que se distingue por la tersura y la vaguedad de 
su poesía un tanto pastoril y un tanto aristocrática. Sustrabajos en 
prosa son de crítxa literaria. 




A R.S. 



A tí los himnos de la estrofa blanca, 
y del cincel que arranca 

torsos y curvas de la piedra herida, 

y a tí la fiesta en que el color asoma 
y en tela policroma 

sorprende y fija con amor la vida. 

A tí, divino, el luminoso rayo, 
que en lánguido desmayo, 
el filo hiere del cristal sonoro; 
y el ala obscura que suspensa el ave, 

perfila en el suave 
ocaso triste de la luz de oro. 

A tí la dulce vibración, la nota 

que por el aire rota 
e*i viaje ledo los acordes lleva; 
y de la virgen el aliento puro, 

qué brota de lo obscuro; 
a tí todo lo blanco que se eleva! 



Si en el derrumbe de lo noble, oh arte! 

es ya crimen amarte; 
si es risible baldón seguir tus huellas; 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 105 

tiende al azul las alas 3^ alejadas 

esplendan salpicadas 
con el polvo de luz de las estrellas! 

Dios, el artista sin igual, te ama; 

por él tu ingente llama 
siempre ha de ser inmaculada y pura; 
seca y maldita quédese la diestra 
que mancille tu blanca vestidura! 

Si en este siglo de impiedad y duelo, 

Navegas bajo un cielo 
donde encalla tu nave triunfadora; 
si ya en la selva el viento enfurecido, 

ha destrozado el nido 
en que el pájaro-amor cantó a la aurora; 

Si por misión postrera quiso el hado, 

Que salves el sagrado 

Depósito inmortal de la belleza 

huye con él; más llévame a la honda 

inmensidad, que esconda 
tu depósito augusto y mi tristeza ...... 



SÜ^iMiiMI^llMSlÜl 



ALFREDO FENOCHIO 



Nació en la Ciudad de Oaxaca en 1869, sus padres fueron el 
Señor Andrés Fenochio y la Señora Asunción de la Rosa. 

De edad de diez años llegó a Puebla donde hizo todos sus estu- 
dios elementales, tuvo después un empleo en una camisería y más 
tarde trabajó en el telégrafo del entonces Ferrocarril de San Mar- 
cos; deseando estudiar, obtuvo del Ingeniero Don Pedro Senties,ex- 
Director del Colegio del Estado y entonces Inspector del Ferroca- 
rril, permiso para asistir a algunas clases sin perder su empleo. 
Siguió estudiando y trabajando, hasta lograr recibirse en la Escuela 
Normal y en la de Artes. Por aquella época logró publicar sus pri- 
meros trabajos literarios unos en francés y otros en castellano. Los 
artículos escritos en francés fueron científicos y se publicaron en 
"Ea Revue Cientifique de Paris." Obtuvo su título de Profesor en 
farmacia en 1892 y ha sido y es catedrático en el Colegio d¿l Esta- 
do, en la Escuela Normal de Profesores y en el Instituto Metodista. 

Tomó participación en los últimos juegos florales obteniendo 
su composición "La Trova de Aimerich" el accessit a la flor natu- 
ral. En ese tiempo se fundó en Oaxaca un periódico literario llama- 
do "Alborada" que publicó artículos inéditos de distinguidos lite- 
ratos. En 1904 escribió el Señor Fenochio un tratado de electricidad 
que fué premiado con medalla de bronce en la Exposición de San 
Luis Missouri. lía escrito varias obras de diferentes géneros, va- 
rias de ellas dramáticas que no se han puesto en escena, por la re- 
pugnancia que a nuestro biografiado inspira el tono que los ac- 
tores pretenden darse con los autores principiantes. 

* * * 

Poeta y literato de los más laboriosos aunque de los menos co- 
nocidos. Cultiva todos los géneros,. pero su musa desordenada se 
aviene imjor con el romance en la poesía histórica y en la leyenda. 






LA TROVA DE AIMERYCH 

(Fragmento) 




Bellas damas, galantes caballeros, 
Jueces buenos, oíd al trovador 
Que desde lejos vuestro juicio probo 
Buscando viene cual la flor al sol. 
Voy a cantar al dueño omnipotente 
Que impone su alta ley a la creación; 
Al que todo lo impulsa y moviliza, 
Voy a cantar al soberano amor. 
La materia era tosca, inmóvil, ciega, 
Cuando de un pensamiento hízola Dios 



IOS FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 



Y en un informe tenebroso caos 
Yacía inmoble, muerta, sin acción; 

La contempló el Eterno y tuvo lástima 
De aquel profundo y eternal sopor 

Y quiso que algo de su propia esencia 
Le animara. . . .y entonces sonrió. 

Y tembló la materia a su sonrisa, 
Germinó en sus entrañas el calor, 

Y hubo ley y armonías y perfumes, 
Dulce atracción su sonreir creó. 

¡Así nació el amor! 
Cuando llega, los átomos inertes 
Se buscan, unos a los otros van, 
Se combinan, se unen, cristalizan 

Y viven su existencia mineral. 

Los otros seres, aun la inerme planta 

Le siente de sus fibras en el haz, 

Se yergue, se engalana con sus flores, 

Y en perfumado cáliz sabe amar. 
El ruiseñor entona sus gorgeos, 
Pierde el tigre, su atroz ferocidad, 
El león sacude su imperial melena 

Y arrulla tiernamente en el breñal. 
El ser humano en sólo una mirada 
De su raza comprende la beldad, 
Buscan los labios otros dulces labios 

Y por primera vez llega a besar, 
iEl amor llega ya! 

Cuando existe es un fuego que circula 
Dando a la vida celestial placer, 
Es luz en las miradas, es sonrisa, 
Es lágrima, es suspiro: todo lo es. 
Por obra suya el pájaro revuela, 
Perfúmase la flor sólo por él; 
Por, él se mira alegre y triste el mundo, 
Por él vale la pena de nacer; 
Por él los soles ruedan y llamean 
Unidos por oculta, mansa red; 
El es quien*rige el Cosmos infinito, 
Dóblase todo ante su dulce ley; 
El puede en la opulencia dar la m ¿erte, 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORPS POBLANOS 



O al que muere, en la muerte, dar un bien, 

Y al que es miseria y polvo y barro 
Para escalar el cielo, bástale él. 

¡Tal su potencia es! 
Yo le siento gigante, omnipotente, 
Por doquier regir y dominar, 
Atraer las moléculas, los soles. 

Y producir de vida ancho raudal. 

Lo siento entre las sombras de la noche 

Flotando entre la vaga obscuridad, 

Le aspiro entre las ondas de la brisa, 

Le miro en los reflejos de la mar; 

La estrella al cintilar, de amores tiembla, 

Es fruto del amor su claridad 

Del consorcio del átomo y la fuerza 

Que a millones de leguas va a brillar 

Y yo comprendo que de Dios emana, 
Que por doquiera su poder está 

Que a todo eleva su espiral inmensa. 
Hasta volverlo en él a concentrar 

¡Esta es su obra eternal! 
Yo le siento también dentro del alma 
Como incendio febril, devorador, 
Que me enardece hasta la fibra última 
Que me eleva con férvida emoción, 
Por él seré capaz de lo imposible 
Pues que me inunda cual radiante so]; 
Por él ardiente beso de unos labios 
Fuera, capaz de darle cuanto soy, 
Yo le siento tan grande, que al sentirle, 
El infinito he comprendido ya, 

Y de absorto estudiante y cruel guerrero, 
Su inmensidad tornóme en trovador, 

Y pues lo siento tan potente y arito 
Galardone este afán una pasión 
Que si ella me ama yo* sabré adorarla 
Con infinito y celestial ardor. 

¡Así lo siento yo! 
Los egoístas que a entender no alcanzan 
Su alta ley y le quieren adormid, 
Tornan a ser los átomos inertes 



IIO FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 

La molécula torpe, abyecta y vil, 
Hacia él corremos los demás humanos, 
Los pasos guía siempre hasta morir: 
Niños y viejos, grandes y pequeños, 
Sostenemos por éi tremenda lid. 
Busca el infante de la madre el beso, 
Le siente el joven en su sangre hervir 
El hombre le comprende y le da el alma, 
El anciado sin él es infeliz; 
La niña le sospecha y le sonríe 
Cifra en él la doncella el porvenir, 
La mujer se abandona entre sus ondas 
Y aun el dolor que da la hace feliz. 
¡Es nuestro único finí 
Sonrisa del Increado, misterioso 
Fuego que vivificas la creación, 
¡Tú eres el alma misma del poeta 
Ante tu inmensidad me abismo yo! 
Brisa suave que acaricias tenue, 
Celajes de sin par coloración, 
Murmullos de las aguas y las hojas, 
Piedra preciosa de vivaz fulgor, 
Gusanillo de luz que en las tinieblas 
Brillando, su querer manifestó, 
Aves que gorjeáis en la enramada, 
Pez silencioso y hórrido león, 
Flor perfumada de corola espléndida. 
Mundos inmensos, deslumbrante sol 
Seres humanos y demonios y ángeles 
Postraos ante el cetro del Amorl 







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EDUARDO GÓMEZ HARO 



Fué su cuna la ciudad de Puebla y nació el 6 de Noviembre de 
1871. Sus padres fueron el señor Don Eduardo Gómez y la señora 
Luz Haro. Cursó las pri- 
meras letras bajo la direc- 
ción del eximio poeta Don 
Manuel María Flores pri- 
mero, y después en el Li- 
ceo Franco Mexicano que 
dirigía el Profesor D. Fran- 
cisco Cid y de allí pasó al 
Colegio del Estado en don- 
de cursó su instrucción pre- 
paratoria y parte de la ca- 
rrera de medicina. 

'En 1903 fué nombrado 
Director del Periódico Ofi- 
cial del Estado, puesto qv.e 
sirvió hasta el año de 191 1, 
siendo además Profesor de 
Lenguaje en el Instituto 
Normalista. 

Ha publicado: "Colec- 
ción de Tradiciones y Le- 
yendas de Puebla-Prólogo 
del Lie. Felipe T. Contreras-verso-1904,", "Púgiles, colección de 
sonetos-1901," "Historia del Teatro Principal de Puebla," "En- 




Il2 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 



tre la vida y la muerte-Drama 1902," La Ciudad de Puebla y La 
Guerra de Independencia-1909," 'Colección de Episodios Dramá- 
ticos Nacionales," "El Héroe del 2 de x\bril," melodrama de cuya 
música es autor el señor C. Samaniego, "El Indio de Guelatao," 
drama en prosa y muchas otras obras de esta índole que se han re- 
presentado en varios teatros del país. 

Fundó en 1897 un periódico llamado "El Bohemio" y ha cola- 
borado en "El Imparcial," "El Mundo Ilustrado," "El Quijote," 
"La Revista de Mérida, " "La Lira Chihuahuense," "The Méxi- 
can Herald." 

Es socio corresponsal de la Sociedad de Geografía de México. 



Poeta y dramaturgo de basta producción. Su poesía suele pe- 
car de oratoria, pero es de brillante forma. Cultiva con éxito el gé- 
nero festivo.. 







ORIZABA 



Por la humedad y el tiempo carcomida, 
tosca tapia limita la calleja 
y de su borde al suelo colgar deja 
reluciente follaje en red tupida. 

Blanca tela en las barras extendida, 
impide indiscreciones en la reja; 
al rojo muerto de inclinada teja 
da humilde yerba su matiz de vida. 

Entre campos de flores y de caña 
despertando a la industria suena el río 
que en oro trueca todo cuanto baña. 

Y los cendales que en tropel humbrío 
forman gigante crin a la montaña, 
cobijan con amor al caserío. 

'POR LJS CUMBRES 



Su verde felpa, magna colgadura, 
los cerros fijan en grisáceo cielo; 
cual limpio y enjoyado terciopelo, 
se tiende exhuberante la llanura. 



114 FLORILEGIO DE POETAS V ESCRITORES POBLANOS. 



Denuncia el humo, al escalar ia altura, 
de fabril colmenar el noble anhelo; 
comienza el tren su milagroso vuelo, 
perforando veloz la roca dura. 

Abismos salva en cuyo fondo hirviente 
turbión amenazante se desata 
que osado esquiva el acerado puente. 
Clava en la cima ya su airón de plata, 
y muy abajo roja y sonriente 
mansión de Liliput, yace Maltrata. 







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FEDERICO ESCOBEDO 



Nació en Salvatierra, Estado de Guanajuato, en 1874. Fueron 
sus padres el señor Don Leandro Escobedo y la señora Porfiria 
Tinoco. 

Hizo sus estudios elementales en su ciudad natal bajo la direc- 
ción del sabio Maestro Don Tirso Rafael Córdova, sus estudios 
eclesiásticos parte en la Compañía de Jesús y parte en el Semi- 
nario de ésta Ciudad, recibió las sagradas órdenes en el mes de 
Noviembre de 1899. 

Ha publicado: "Odas Breves," "Colección de poesías en ver- 
so castellano-1902," 'Colección de poesías 1903" "Carmina Lati- 
na-1904," "Madrigales Marianos-1905, " "Flores de Mayo-1908, " 
"Pro Patria-1910." 

El Presbítero Escobedo es miembro de la Academia de la Len- 
gua correspondiente déla Real Academia Española. Es Arcade Ro- 
mano bajo el nombre de "Tamiro Miceneo;" Secretario perpetuo de 
la Academia de Literatura Española en la Universidad; profesor de 
Literatura en el mismo Colegio, miembro honorario de la Sociedad 
Mutualista de Dependientes. 

Fundó el Colegio de la Luz en Huamantla y en esta ciudad una 
Academia de Literatura llamada de "San Juan de la Cruz." 

Ha colaborado en diversas publicaciones literarias y cultiva de 
preferencia la poesía clásica. 



Poeta místico a la manera de Santa Teresa. Su poesía épica 
es inspirada y elegante. Literato muy erudito en lenguas muertas 
en las que escribe corrientemente. Orador sagrado y crítico literario. 

- 




BEATI M1TES 



En su negro corcel la guerra avanza 
acortando del mundo los confines, 
los hombres convertidos en Caínes 
se entregan sin piedad a la matanza. 

No queda ya de paz ni una esperanza, 
ebrios de sangre están los paladines, 
y por el aire vago los clarines 
van repitiendo sin cesar: venganza! 

Mas no triunfan los hijos de Belona, 
y quien dijere lo contrario, yerra; 
la venganza los ánimos encona, 
la mansedumbre triunfa de la guerra. 
¡Feliz el hombre manso que perdona! 
¡Muda a sus plantas quedará la tierra! 



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MADRIGALES MARIANOS 



Ayer mi corazón — dorado alcázar — 
daba a todos asombros; 
hoy, por tierra caído, 
¡es un montón de escombros 
donde crece la ortiga del olvido! 
De la regia morada 
en pié un muro agrietado solo queda, 
y restos de la arcada 
en cuyas aberturas, 
la yedra melancólica se hospeda! 
Espectáculo triste 
se presenta a los ojos: 
del antiguo explendor, ¡ya nada existe! 
de lo que gloria fué, ¡sólo despojos! 
Mas entre tanta ruina 
y entre despojo tanto 
vino a hospedarse hermosa peregrina 
que a tanta, soledad llenó de encanto; 
¡Fuiste tú! Virgen.. ..¡Tú, fiel golondrina 
que en mí tu nido colocaste santo! 



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JOSÉ MIGUEL SARMIENTO 



Nació en Cholula el 29 cíe Septiembre de 1S76. 

Sus estudios elementales loa hizo en esta ciudad, ingresando 
después al Colegio Seminario donde terminó humanidades y filoso- 
fía. Pasó después al Colegio del Estado y comenzó su instrucción 
preparatoria desde el primer año; terminada esta, siguió la profesio- 
nal de leyes. 

Actualmente es Profesor de Lectura corriente y expresiva en el 
Colegio del Estado. 

Ha publicado: "Conferencias sobre el Folk-lore, " "Toques — 
verso." Ha terminado ya varias obras y está por concluir algunas 
más que en breve plazo verán la luz pública. 



Literato de amplia erudición y de numerosas actividades. Poe- 
te cultivador de la poesía popular. Lector y recitador correcto. 



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MI ORACIÓN 



Cuando la luz del sol apenas llega 
a la azulada 3' triste lejanía, 
cuando el viento rasgándose en las frondaf 
salmodia dolorosas elegías, 
cuando las nubes fingen en Poniente 
de enorme población mudas ruinas 
y viste con sus mantos el crepúsculo 
de rojo y oros viejos la campiña, 
y los gorriones buscan de sus nidos 
el blando fondo entre las altas cimas 
de los copados fresnos, y perfumes 
derrama en derredor la maravilla, 
y el viento arrastra pétalos perdidos 
menudo polvo y hojas amarillas, 
v los m¡irmnr¡n<? de las fuentes crecen. 



120 FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 

y en la agreste y lejana serranía 

las sombras lentamente se acumulan, 

mueren los ecos y el lucero brilla, 

cuando atardece, en fin, cuando Natura 

aparece doquiera entristecida, 

del fondo del paisaje hasta mi alma 

se llega tu recuerdo, madre mía. 

Y siento que introduce hasta mi pecho 

del triste campo donde estás dormida 

la friaídad de los céfiros que viven 

entre los mirtos y las blancas lilas, 

y la mente se vuelve sin quererlo 

al triste reino de las cosas idas 

y, camino del cielo, hasta mis ojos 

asciende alguna lágrima furtiva. 

Es esa mi oración para tu ausencia; 

yo sé que ha de tenerla el alma mía, 

-mientras el corazón bate su ritmo - 

como el perfume de la flor marchita! 








- 








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AURELIO M. AJA 




Nació en la Ciudad de Acatlán, cabecera del Distrito de su 
nombre en el Estado de Puebla, el 14 de Febrero de 1879. 

Estudió las primeras letras en su Ciudad natal. 

Aunque ha colaborado en algunos periódicos, no ha publicado 
ninguna obra 



Poeta erótico, afecto al madrigal. Su producción es escasa y 
poco conocida. Su inspiración promete mejores obras para lo futuro. 



DE REGRESO 



Ansiando el Ideal tomo el sendero 
Áspero y largó'que a la cumbre lleva, 

Y la esperanza que se siente nueva, 
Augura que seré feliz viajero. 

A cada golpe del destino artero 
El amor a lo bello se renueva, 

Y avanzo y no desmayo; y más se eleva 
El Ideal por el que vivo y muero 

Y proseguí llevando amores, 
Fuerza en el cuerpo y en el alma brío, 
Cantando versos y cortando flores . . . . 

Pero ahora, ya vuelvo ¡padre mío! 

Y traigo nada más muchos dolores 
Llanto en los ojos y en el alma frío. 




ireas^iiE&s^lliriss^ini^^l K^^ 



JUAN PALACIOS 



Nació en la ciudad de México el 23 de Enero de 1881. 

Fueron sus padres el señor Agustín Palacios y la señora Ade- 
laida de Mendoza. 

Hizo sus estudios elementales en la ciudad de Orizaba y la pre- 
paratoria y profesional en el Colegio del Estado de Puebla. 

Es catedrático de Español en la Escuela Nacional Preparatoria: 
esta clase la obtuvo por oposición en Junio de 1906. 

Entre las obras científicas que ha publicado se cuentan: "El 
Prob'ema de la Enseñanza Secundaria en México — 191 1." "El In- 
cendio del Pozo de Petróleo «Dos Bocas»-i909, " "México en el 
Centenario de su Independencia-1910." 

Es miembro del Ateneo de la Juventud y de la Sociedad Mexi- 
cana de Geografía y Estadística de México. 

Obtuvo Mención honorífica en los Juegos Florales de Puebla — 
1902, Accessit en los de la Colonia Española de México — 1906, 
Primer premio en los de Tacubaya en Octubre de 1906. 



Escritor de costumbres que gusta mucho del género descripti- 
vo. Le cautiva esencialmente el paisaje nacional en relación con la 
Historia Patria. Literato y crítico. Su prosa es elegante y correcta. 



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£L ///MM) D£ L/4 VIDA 

Del Libro -ÓNIX. " 

¡La vida apareció. . . . ! Por el oriente 
rompe el primer albor de la mañana, 
y tal como la onda embravecida 
tascando espuma sobre el mar cabalga 
de uno al otro confín del horizonte 
un estremecimiento se propaga .... 
Tímida al pronto, en el caliente seno 
del esponjado nido se desata 
la matinal, confusa greguería: 
bulliciosa después, los aires rasga. . . . 
Como suave caricia un tibio soplo 
sobre los campos ateridos vaga, 
y el suelo absorbe por sus poros ávidos 
la fecundante emanación con ansia.. .. 
Mil rumores profundos e inauditos 
turban del bosque la soñada calma: 
crujen aquí las amarillas hojas, 
que acaso huellan invisibles náyadas; 
más lejos, sobre el césped que semeja 
al filtrarse la luz entre las ramas 
la piel flordelisada de un leopardo, 
torpe reptil con lentitud se arrastra.. .. 
en lo alto de la fronda exhuberante, 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 1 25 

que el verde ostenta con el rojo y gualda, 

resuena estrepitosa algarabía; 

ora hienden al aire las fermatas; 

ora un grito estridente y repetido 

el cristal de la atmósfera desgarra: 

ora brotan arpejios argentinos; 

ora vibran marciales clarinadas . . . . ! 

Como explosiones súbitas, las yemas 

cada momento entre el ramaje estallan 

La grácil linfa de ondulado curso 

engastada en riberas de esmeralda 

que de los montes que enjoyó la nieve 

ágil desciende sobre peñas bravas, 

también el himno inmenso de la vida 

con sosegado trémolo acompaña: 

y, dondequiera, en la gigante selva, 

por las hinchadlas venas de las ramas, 

vigoroso, fecundo, irresistible, 

bulle v zumba el torrente de la savia...! 




■*«•"- " i nonon i — m ónc 



inone anocipEii inonc 



RAFAEL CABRERA 



Nació el 5 de Marzo de 1884 en la ciudad de Puebla. Fueron 
sus padres el señor Ingeniero Ángel Cabrera y la señora Elena Ca- 
macho. 

Hizo sus estudios elementales en la Escuela Anexa a la Normal 
de Profesores, de 1892 a 1898. 

Fué premiado en los Juegos Florales de 1902 en Puebla. En 
1899 ingresó al. Colegio del Estado, donde cursó sus estudios 
preparatorios y profesionales en la Carrera de Medicina, habiendo 
recibido su título de Médico Cirujano el 16 de Diciembre de 19 10. 
Desempeña actualmente el empleo de Bibliotecario en la Biblioteca 
«Laf ragua» y es Médico civil agregado al Hospital Militar en Puebla. 

El Dr. Cabrera es miembro del Ateneo de la Juventud de Mé- 
xico. 

Ha colaborado en los principales periódicos literarios del país 
y en algunas Revistas extranjeras. 



Poeta lírico de robusta inspiración, quizá uno de los poetas 
más altos de la República. Distingüese también en la poesía épica, 
Cultiva habitualmente la erótica, y en prosa prefiere el cuento. 



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CflfieiOfl DEü OTOfiO 



Muere la tarde callada 
mientras caen las hojas secas, 
y el aire azul las mecía 
y el aire azul se las lleva. . . . 
Caen las hojas de Otoño 
como lluvia triste y lenta; 
de un soplo de amor nacieron 
al nacer la primavera, 
y un soplo del amor las mata 
y a un soplo de amor vuelan . 
Caen lentamente las hojas 
las pálidas hojas muertas, 
con la amargura incurable, 
con Ja infinita tristeza 
de lo que se va y no vuelve 
de lo que se va y nos deja. 
Se apagó el tenue susurro 
de su frivola existencia; 
si el aire azul las amaba 
y al pasar jugó con ellas, 
luyy, tornadizo, jugando, 
el aire azul se las lleva. . . . 

Así, dentro el pecho mío, 
muere una tarde serena 
con lejanías veladas 
por un manto gris de niebla, 
mientras el viento de Otoño 
pasa y marchita y se lleva 
mis cariños más profundos 
37 mis más hondas quimeras. . 



128 FLORILEGIO Di: POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 

Caen las hojas lentamente 

de mi alma triste y enferma; 

y las amo, porque siento 

con el dolor de perderlas, 

el placer de que me faltan 

para soñar con su ausencia; 

porque el aire vagabundo 

que las arrastra y me deja, 

en su loco torbellino 

mi propia vida se lleva. . . . 

Las amo, como a las rosas 

hoy marchitas y ayer frescas, 

porque no volverán nunca 

a embriagarme con su esencia; 

como a la onda fugitiva 

que un punto en el lago tiembla 

y se ensancha y desfallece 

al tocar la blanda arena; 

como el beso que en mis labios 

ardió en una hora suprema 

y en los labios de mi amada 

expiró sin dejar huella; 

como a las pasadas horas 

por pasadas más risueñas, 

y como al tiempo futuro 

que no veré cuando muera .... 

Como las hojas marchitas 

van cayendo mis quimeras .... 

¿Qué extraño queme abandonen 

mis pákdas hojas secas 

si un soplo de amor las trajo 

y otro soplo se las lleva? 

Terminó el dulce destino 

de su frivola existencia: 

gemir a todos los soplos 

que a mi espíritu atraviesan 

y cubrir con sus verdores 

la desnudez de mi selva 

Cuando en el fondo de mi alma 
ruge una cólera ciega 



FLORILEGIO DE POETAS V ESCRITORES POBLANOS 129 

y maldigo de las horas 
que van pasando tan lentas 
cuando siento que me abruma 
la vida con sus cadenas 
y me arrebata lo que amo 
y solitario me deja, 
alzo la orgullosa frente 
y así pienso en mi tristeza, 
también en la dura vida 
soy la hoja de una selva; 
susurrar es mi destino 
al soplo que me estremezca, 
susurrar todos los cantos 
de la frivola existencia, 
hasta que el viento voluble 
me lleve en sus alas negras: 
y entonces. . . .¡Oh Dios! entonces, 
' ¿quién de los muertos se acuerda? 
seré al volar para siempre 
con mi última quimera, 
un susurro que se extingue 
y una hoja mustia que rueda; 
mientras mis dulces hermanas 
suspiran, quedo en la selva: 
el aire azul la mecía 
y el aire azul se la lleva. 



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ALFONSO G. ALARCON 



Nació en la Ciudad de Chilpancingo, Capital del Estado de 
Guerrero el 25 de Junio de 1884. Sus padres son el Señor Andrés 
Alarcón y la Señora Taide Martínez. 

Hizo sus estudios elementales en la ciudad y Puerto de Acapul- 
co, y su instrucción preparatoria y profesional en el Colegio del 
Estado. 

Se recibió de. Médico Cirujano el 20 de Diciembre de 191 1. 

Es miembro del Ateneo de la Juventud de México. 

Fué uno de los Directores de la Revista Literaria «Don Quijo- 
te» y ha colaborado en diversas publicaciones políticas y literarias 




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EN LA ESGUELA 



¡En el aula otra vez, corazón mío; 
¡Otra vez al fulgor de la primera 
luz que recibe el pensamiento humano, 
y de nuevo aspirando el pecho sano 
un ambiente oloroso a Primavera! 

¡Otra vez corazón, donde naciste. . . . ! 
Y hoy que sabes cantar, canción sentida 
surja de tí para el terruño triste 
en que hoy apenas la hojarasca existe 
de la gran primavera de tu vida. 

Vuelve al patrio rincón; no te amedrente, 
encontrarte los árboles desnudos, 
apagado el hogar, seco el torrente 
cenagosas las linfas de la fuente 
y los céfiros mudos. 

¡Como rayo de luz por el vacío, 
del pensamiento audaz sigue la estela 
y si acaso llegares al sombrío 
lugar que hoy sólo mi recuerdo vela 
¡Ay! deja corazón un beso mío 
en el solar de mi querida escuela. 

¡Oh! sagrado rincón, con qué ternura, 
con qué veneración no conocida 
a mí vienes y pasas por la vida 
robándola al pasar mucha amargura! 



132 FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS 



Hallo en tí cada vez que se renueva 
el castísimo amor por mi pasado, 
un pedazo de cielo entre el nublado 
y una santa caricia siempre nueva. 

Todo lo que hay en tí, rincón amado, 

lecho florido de mi edad temprana, 

por mi amor no será nunca olvidado, 

y a mi pecho entrará desde el pasado 

cual luz crepuscular por mi ventana. 
I 

¡Allá estará mi banco en que solía 
luengas horas pasar con la mirada 
fija en el tardo reclinar del día, 
mientras en juguetona algarabía 
se iba alejando la infantil parvada. 

Invadiendo el recinto, en la mañana 
todavía entrará por la ventana 
un hálito de frescas maravillas: 
y aun no habrá muerto el cefirillo inquieto 
que volvía entre tímido e indiscreto 
de mi libro las hojas amarillas. 

Azul será aquel cielo todavía; 
intensamente azul; ágil el viento, 
argentino el acento 
del agua bulliciosa del torrente; 
ha de morir ensangrentado el día, 
y por la noche el amplio firmamento 
se ha de enjoyar con rica pedrería. 

Ha de ser como a> r er, sí; más espesa 
será quizá la pródiga maleza 
que borda las orillas del sendero; 
quizá en el viejo alero 
vengan a hablar de amor más golondrinas. 

Quizá sobre la frente encanecida 
del caduco maestro habrán pasado 
otros mil sinsabores de la vida. . . . 
y aquella noble frente 



FLORILEGIO DE POETAS Y ESCRITORES POBLANOS. I 3; 

a l paso asolador de otros dolores 

más rugosa estará; en la mirada 

de mi sabio mentor se habrá extinguido 

otro de sus magníficos fulgores 

y la sonora voz que estremecía 

nuestro ánimo cobarde. 

habrá perdido mucho en melodía 

tal 3' como en la muerte de la tarde 

va perdiendo rumor el viejo día. 

Pero vive el rincón; no en el olvido 

como desierto nido 

vive con la existencia de lo santo 
o mismo allá donde la mar le envía 
la pomposa cadencia de su canto 
que aquí, muy lejos de la tierra mía 
y en este corazón que lo ama tanto! 

Así amarán en los futuros días 
muchas generaciones 
este nuevo recinto; corazones 
iniciados aquí en las alegrías 
que pueblan el vergel de la existencia, 
a curarse vendrán de nostalgias 
a aqueste manantial de amor y ciencia. 

Cada alma aquí formada 
rendirá su tributo 

a la madre común, la Patria amada, 
como lo rinde el fruto 
a la madre Natura: su simiente 
germina, y cuando es árbol florecido 
puebla con sus perfumes el ambiente. 



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RICARDO SAÚL RODILES 



Nació en la Ciudad de AtlixcoTel i<? de Diciembre de 1884. Sus 
padres son el Sr. Dr. Francisco Rodiles y la Sra. Luz Pina. 

Hizo sus estudios elementales en parte en su ciudad Natal, par- 
te en la ciudad de Zacatlán. 

Ex-alumno del Colegio Católico de Puebla, del Colegio del Es- 
tado, del Colegio Militar en México y de la Escuela Normal de Xa- 
lapa. Profesor de Instrucción en Marzo de 1906. 

Ha colaborado en varias Revistas Políticas y Literarias. 

Poeta que gusta de la poesía filosófica. Cultiva el género des- 
criptivo de preferencia, y en prosa el estiló epistolar. Su produc- 
ción en su mayoría permanece inédita. 



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PLACIDA CALMA.... 



Es una tarde gris. No cruza un ave 
La tranquila extensión del firmamento 

Y sólo el cefirillo grato y suave 

Se detiene en las rosas un momento. 

Roba su aroma ) r vuela; nadie sabe 
Donde camina presuroso o lento, 

Y si lleva a la par, amigo grave, 
Algún enamorado pensamiento 

Yo quisiera como él volar muy lejos; 
Inundarme de luz con los reflejos 
O posarme en el cáliz que revienta, 

Acariciar del bosque los ramajes, 

Y extasiarme rondando en los celajes 
De una tarde apasible . . . .triste .... lenta! 




LJI IÍUBE 



Sobre el azul topacio de la altura 
cintila el Sol y en resplandores baña 
el fondo verdi- oscuro en la llanura 
y el claro amarillear de la montaña. 

A lo "ejos se esfuma la blancura 
— Que el horizonte en la extensión empaña- 
De una nube de nivea vestidura 
de airosas curvas y de forma extraña. 

Poco a poco se extiende. El firmamento 
reviste en un instante con su velo; 
tórnase en gris el azulado cielo, 

Se pierde .entre la niebla la campaña, 
Y sólo el Labrador siente contento 
v canta v es feliz en su cabana. 



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LUÍ/ /anchez pontón 



Nació en la ciudad de 
Puebla el 8 de Agosto 
de 1889. Sus padres son 
el Sr. Manuel Sánchez 
de Lara y la Sra. María 
Luisa Pontón. 

Hizo sus estudios ele- 
mentales parte en Puebla 
y parte en la ciudad de 
México. 

Después ingresó al 
Colegio del Estado don- 
de cursó su Instrucción 
Preparatoria, terminada 
ésta principió a estudiar 
la carrera de Le} r es que 
a la fecha sigue en el ci- 
tado Establecimiento. 

Ha colaborado en al- 
gunos periódicos litera- 
rios y políticos. 



/Poeta lírico muy inspirado y de poderosa imaginación. Culti- 
va, aunque con mucha discreción, la poesía modernista. El género 
de su preferencia es el erótico. En prosa se inclina al cuento y a la 
narración. 




VESPERALE 




i. 

A través del borroso cristal de la ventana 
me llega la tristeza gris del cielo nublado; 
y satura el ambiente un hálito cargado 
de ese frescor que anuncia una lluvia cercana. 

En la estancia las cosas inmóviles dormitan 
como en una suprema resignación. ..jen medio 
de la vaga penumbra que infunde obscuro tedio, 
parece que recuerdan y sueñan y meditan 

Un misterio inefable palpita en esta hora. 
Alma y cuerpo dilúyense en el eterno olvido 
y en la calma profunda de la vida inconsciente, 

La lluvia en los cristales resbala. . Todo llora. . . . 
Y en la paz de la tarde sólo se oye el ruido 
sollozante y monótono del chorro de una fuente. 

II. 

Hay un olor a cosas empolvadas y arcaicas 
en el ambiente. El alma siente mucho y no piensa. 
y se embriaga en el raro porfume de la intensa 
y sutil poesía de las cosas prosaicas. 

Miro cruzar la sombra de mis años pasados 
monótonos y tristes, y en mi alma se despierta 
una melancolía y una nostalgia incierta 
de penas presentidas y placeres soñados. 

En mi memoria sólo de un recuerdo lejano 
el aroma de flores disecadas percibo: 
es él beso primero que conquisté en el día 

más azul y más claro de mi niñez. ..... Y en vano 

hacer preciso intento el rostro fugitivo 

de aquella novia humilde que tanto me quería 



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INDIO 



PROSA. Pag. 

Una heroína poblana de la guerra 5 

El Jazmin 11 

Primer amor . . 16 

Por el mismo camino 18 

En plena cordillera 25 

El puente de Dios ' 30 

Los libros viejos 42 

¡ Si yo fuera viejo! 47 

Alocución en honor del Maestro Jaime Nunó, autor del Himno Nacional ... 53 

Vacaciones 57 

VERSO. 

Patricio Carrasco 61 

Ignacio Pérez Salazar 65 

Manuel R. Solís. ... . 70 

José María Cordero 73 

Rafael Serrano 78 

José Mariano Pontón .... 81 

José Manuel Lobato 86 

Felipe T. Contreras . . 89 

Ernesto Solís 93 

Felipe Neri Castillo 98 

Atenedoro Monrroy 100 

Manuel Rivadeneyra y Palacio 103 

Alfredo Fenochio 106 

Eduardo Gómez Haro " . 1 1 1 

Federico Escobedo 115 

José Miguel Sarmiento 118 

Aurelio M. Aja 121 

Juan Palacios 123 

Rafael Cabrera ' 126 

Alfonso G. Alarcón 1 30 

Ricardo Saúl Rodiles 134 

Luis Sánchez Pontón 137