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Boston 
Medical Libbart 



8 THE FENWAT 




Ib' ^ 






GACETA MÉDICA CATALANA. 



•^••» -•••-•■«■ H- ■■■•••»* •^* ■•* "••-^ ••«•"•."*•■•' ■•^^••■'*' 






^ (C/^ 



GACETA MEDICA 

CATALANA. 



<^« miSU OOUQEIAI ILDSTIiDi, 



DIRECTORES: 
Dr. R. rodríguez MENDEZ.--Dr. L. FORMIGUSRA SOLER. 



Ut. a. Hondes Peres. I Dr. A. Planellas Uanos. 
D. li. Soñé y MoUst. I D. P. Verdós 11 anri. 
D. A Kaseti Arroyo. | D. M. A. Fargas Aooa. 

Sbgiibtario de la Rboacoion: 
Dr. Federloo Gaetells Balleapl. 



Albarr«iL/Part«;.-iAscarreta.— Barraquer (J.).^BarraQiier (I«.)«-Bon6t (J.). 

— Carreras-Arasó (I«.)-Ga8teU8 (S ).-Ce1>6lra. -Girara. —Ssquerdo(A.X— Ba- 

trany.-IjOpes Ocaña ^tfadridy.—Margarit.-Marlés /"¿értda;.— Moré-Bar^lt.- 

Opín^o (Tarragona). — Ribas. ^ Revira. — Sojo. — Tamayo (Habana), - Teissier 

/Lyon;.— Vidal Careta /'líflkirMiA— Vidal Solares.— VÜaseca (J.).-Viura. 



A 



ASO -IL— TOMO n. 



BARCELONA. 



MMMa«M«k 



SSTABLIGIMIIHTO TIPOQRÁnCO DS L03 8Ü0180RK8 BE H. RAMI&SZ T C. 

pasaje de Bjecudilleret numero 4u. 




/^TALOGL?^ 

( MAY 26 1903 



AÑoH. 1' 15i>HBíIíBfCB«4882. NÚM. 25. 




8UMA.RI0: Artioulo programa, por i0nwiaaa*«*'IV8nejO8patológÍcoi, por I 
des.— Aoatomia de los centros nerviosos, por •.!!. A. FsrgMi (coQtlnaará).->Del ácido sa 
liciiieo 7 sas compaestos, por •• II. E. Moré y Barci* (continuará).~La música en sus 
relaciones con la Medicina, por •. r. Vidal yOmrela (continuará).— Revista crítica de ci- 
rugía, por el Dr. ■«• rormisii(»r».'-LiOs micrófltos de la sangre, por el Drw T. Biehard 
I«ewis.— NOTICiilS CIENTÍFICAS: Tintura de convalUrla en las palpit4clone« cardiacas 
paroxismáticas.— Elixir de bromuro potásico.— Precocld4d notable «—El acónito ea la fiebre 
remUente.— As&oar de leche: acción laxante.— Sección oficial —Publicacione» recilHdas. 



ARTICULO PROGRAMA. 



Un año más es an verdadero acontecimiento para los que están al 
cabo de los detalles que caracterizan la vida intima de un periódico. 
Menudean las conferencias; se hacen cálculos para el porvenir; se sien- 
te el poderoso estímulo que á grandes empresas conduce; detenidamente 
se estudian los medios de salir airosos del compromiso que con su con- 
ciencia, con la ciencia y con el público voluntariamente se va á contraer; 
y, para decirlo todo, se hace un examen de los hechos pasados, por ver si 
en ellos hay algo que haga brotar en la cara los colores de la vergüenza 
y en el ánimo las penas del remordimiento. Si se conceptúa conveniente 
proseguir, se almacena material, poniendo á contribución la buena vo- 
luntad de los Colaboradores; se designan temas á los unos; se apunta el 
título de los artículos que otros tienen preparados ó ya escritos; se dis- 
tribuye la ocupación en armonía con las aficiones y tendencias de cada 
operario, y, designado á cada cual su puesto, una fórmula final cierra 
esta intima evolución: podemos continuar. 

La Gaceta Médica Catalana, después de un minucioso escrutinio, 
píAede continuar. Por una parte han visto sus Directores que, en el mo- 
mento actual, poseen los materiales científicos bastantes para alimentar 
holgadamente el periódico; y por otra han aceptado gustosos la formación 
de un distinguido cuerpo de Redactores, organizado solo por su buena vo- 
luntad, y en el que figuran escritores, ya conocidos en el mundo científi- 
co, ó que han dado sus primeros pasos en nuestro periódico con tanto 
acierto y seguridad como los más avezados á estas pacíficas luchas. Con 
estos dos elementos y con el no menos importante que representan nues- 
tros ilustrados Colaboradores, no podrá tacharse de petulante la idea de 
que la vida científica del periódico está asegurada por el tiempo que 
pactamos con nuestros suscritores. 

Si la vida científica descansa en fuertes apoyos, la vida material, la 
administrativa, independientemente de la protección que el público nos 
dispense, está consolidada tan firmemente como aquella. Hemos tenido 
la pretensión de hacer un periódico, modelo en todos conceptos, y sin 



2 ARTÍCULO PBOGRAMA. 

reparar en el importe de las facturas. Hoy abrigamos iguales tenden- 
ciasy y aun más si cabe, y con este íin, dando á las Bellas Artes el tras- 
cendental papel que en la propagación de las ciencias deben desempe- 
ñar, sin que cambiemos las condiciones de suscricion, estamos resueltos 
á convertir la Gaceta Médica Catalana en periódico ilustrado, publi- 
cando en todos los números uno ó más grabados, reflejo ñel de lo expre- 
sado en el texto y de los progresivos movimientos de la ciencia. 

La abundancia de escritos que hoy poseemos y la laboriosidad de 
nuestra Redacción y Colaboración, al quitarnos el trabajo y el sonrojo 
de ir de puerta en puerta mendigando algunas cuartillas que rellenen, 
no importa de qué, huecos y huecos de interminables páginas, dan cer- 
teza de vivir como ciencia; la íntima convicción de que no se trata de 
empresas comerciales, sino de una noble tendencia de hacer periódico 
como debe ser, y el entusiasmo de los propietarios que aumenta con el 
tiempo que trascurre, dan certeza de vivir como administración. 

Si pues, ciencia y administración se aunan, dijimos bien al decir 
que píiede continuar la Gaceta Médica Catalana 

Esto mirando el hoy y el mañana. ¿Hay algo en el ayer que nos son- 
roje ó que nos duela? La Gaceta ofreció dar una cantidad determinada 
de páginas y una determinada de números, y ha publicado más en am- 
bos conceptos; ofreció algunos grabados, y ha dado 4 lu2 muchos y 
además láminas y fotografías; ofreció no manchar sus columnas con 
ciertas cuestiones, más propias de plazuela que del templo de la ciencia, 
y ha llevado su severidad hasta la exajeracion, sin que la atmósfera in- 
fectante, casi absoluta, que la rodea, ni las pasiones de que nadie se li* 
bra, hayan llevado á su inflexible criterio el maleficióse feí^mento que 
tan bien se recibe en otras partes; ofreció ser seria y formal, y se. ha 
abroquelado contra esa epidemia de escritorzuelos de gacetilla, que si 
escriben con las manos, no piensan con la cabeza, ni albergan en su co- 
razón sentimientos levantados; ofredó separarse un poco de esa cosa 
llamada conocimiento puramente clinico, y ha dado plaza en sus ñlas á 
otros fundamentos necesarios á la constitución de las ciencias médicas; 
ofreció buscar en los ramos auxiliares firmes apoyos, y frecuentemente 
ha hecho escursiones por los territorios de la Física, de la Química, etc.; 
ofreció ser algo más que órgano de la observación, y se ha convertido 
varias veces en el heraldo de la experimentación; ofreció ser amante del 
progreso y de la verdad científica, y no le han dolido prendas en la con- 
secución de sus ideales. 

Este es el pasado, que ni nos sonroja, ni nos duele. Hablando de él, 
no diremos, como Yaltour: <ren nada se pone tanto cuidado como en el 
primer número de un periódico,» pues todos fueron cuidadosamente pre- 
parados y se han ido dando al público cou interés creciente. 

Vida científica, vida administrativa para el futuro, y conciencia lim-* 
pia de remordimientos v llena de satisfacciones para la historia, dicen 
que la Gaceta Medica Catalana puede continuar* 

Hé aquí nuestro programa: continuar. Nada hemos de añadir á nues- 
tros principios, ni nada hemos de reformar en nuestros propósitos. Cien- 
cia, verdad, progreso. Lo demás para quien lo quiera. 

En nuestro personal científico han ocurrido algunas variaciones. El 



RBPLEJOS PATOLÓGICOS. 3 

ilustrado amigo Sr. Bonet y Amigó ha dejado de ser uno de los Directo- 
res. La etiología de este hecho es bien sencilla: Abrumado de trabajo, no 
ha podido llevar por completo la penosa carga que su posición le impo- 
nia. Su delicadeza le ha obligado, no á separarse del periódico, que esto 
hubiera sido tan sensible para él como para nosotros, sino á aflliarse en- 
tre la valiosa pléyade de Colaboradores. £s uno más que nos honra, y 
uno más que ha de contribuir con su material clínico á levantar el pe* 
riódico. Si nos despedimos del que fué uno de los propietarios, no nos 
separamos del amigo ni del hombre ilustrado. 

Entre los Colaboradores ha habido también cambios. Los unos han 
pasado al cuerpo de Redacción; los otros, unidos á algunos nuevos, con- 
tinúan con su interesante encargo; los menos han dejado de serlo. 

Los Directores. 

COMENTARIOS CLÍNICOS. 



POR D. Pedro Verdós. 

Cuanto más se profundiza el estudio de la neuropatologia, mayor 
extensión ofrece la esfera de jurisdicción del clínico. El capitulo de en- 
fermedades de los centros nerviosos no tiene limites. Y no se debe ello 
á que el asunto haya preocupado poco á los observadores, no; es que el 
escabroso y enrocado terreno, en que deben recojerse los frutos para 
enriquecer la cuestión, exige atléticas fuerzas que le preparen al cul- 
tivo. La patologia de los nervios nunca envejecerá: siempre que el ab- 
solutismo de los sistemas la ha llevado caduca al templo de la historia, 
ha sabido remozarse á beneficio de la natural evolución de los hechos. 
Las leyes porque se rigen los fenómenos patológicos dependientes del 
sistema inervador no son inmutables, cambian con el modo de ser físico 
y moral de los organismos; como cambian y se alteran las leyes porque 
se rige la Sociedad con el modo de vivir de los individuos que la com- 
ponen. De aqui que se presente intrincado hasta lo sumo el estudio de 
esta clase de enfermedades. 

Las diñcultades insuperables con que el clínico á cada paso tropieza, 
están entrañablemente enlazadas con el papel que desempeñan los cen- 
tros nerviosos en estado fisiológico. Como todas las funciones normales 
vienen intervenidas por la acción de los nervios, se comprende que 
todos los órganos pueden sufrir por la alteración de los centros de 
donde dimanan aquellos. La tiranía que el sistema nervioso ejerce sobre 
todas las partes del cuerpo no es absoluta: cada aparato, cada órgano, 
cada tejido, y para llegar á la noción más elemental, cada célula, puede 
revolucionarse contra el despótico dominio de la inervación y conde- 
narle á sufrimientos bastante importantes, para que por su interpreta- 
ción difícil y por su no menos fácil yugulación despierten la curiosidad 



4 GOMENTABIOS CLÍNICOS. 

del clinico menos perspicaz. Parece que una á una las células de cada 
tejido, como si estuvieran dotadas de voluntad libérrima, digan á los 
centros nerviosos: Puesto que vosotros, con este espíritu avasallador 
que os distingue, queréis intervenir en todos mis actos y hacerme partí- 
cipe de los males que os afligen, yo, que gozo en la venganza, he de obli- 
garos á probar los sinsabores que me amargan. Y en efecto, los sufri- 
mientos de cada célula orgánica pueden, por acción refleja, hacerse 
sentir por todos los ámbitos del sistema inervante. Donde quiera que 
exista una raicilla nerviosa, ya dependa del sistema cerebro-espinal, ya 
del simpático, allí puede brotar una excitación que dé lugar á trastornos 
reflejos. 

La complexidad, que entraña en sí el vasto asunto que me propongo 
tratar, ofrece varios puntos de apoyo en que basar un plan que facilite 
el estudio. £1 orden anatómico seria, á no dudarlo, un buen guia para 
hacer fructífera la escursion; como igualmente podría ilustrarnos so- 
bremanera una división fundada en los principios más culminantes de 
la Fisiología patológica de los centros nerviosos. Pero ni los presentes 
artículos han de tener el carácter didáctico que implica la adopción de 
un método, ni debe sugetarse á él quien no se propone más que el co- 
mento de algunos casos de más ó menos trascendencia clínica. Ni tam- 
poco me ha preocupado en lo más mínimo el grado de interés que puede 
revestir cada historia, porque en materias clínicas nada hay que no sea 
interesante. De consiguiente, estando libre de toda trabazón, no pienso 
seguir otro orden que el que se relaciona con la fecha de presentación 
de los casos que han de ocuparme. 

El aparato digestivo en sus múltiples relaciones con el sistema iner* 
vador constituye el más caudaloso de los manantiales de donde brotan 
los reflejos patológicos. Sin traspasar los límites de la primera porción 
de dicho aparato, podremos observar una multitud de alteraciones re- 
flejas, que reconocen por causa algún trastorno orgánico que toma 
asiento en la cavidad de la boca. Estos fenómenos no suelen ser siem- 
pre de la misma naturaleza: unas veces, la excitación morbosa se pro- 
paga hasta el cerebro y trastorna sus funciones; en la mayoría de casos, 
el acto reflejo se determina en la médula; en otras circunstancias, la 
evolución del fenómeno tiene lugar en los centros ganglionares perifé- 
ricos. Parece desprenderse de aquí que para el desarrollo de los reflejos 
patológicos se necesita siempre la intervención de algún centro ner- 
vioso; y esta es la opinión univcrsalmente admitida. Entiendo, sin em- 
bargo, que las necesidades de la clínica no se dejan satisfechas con esta 
manera de pensar; y esto me conducirá á la osadía de entrar en nuevas 
hipótesis para darme exacta cuenta de los hechos. La demostración clí- 
nica de estos distintos problemas constituirá el material para este pri- 
mer artículo sobre los reflejos patológicos. 

De cuanto dejo insinuado se desprende, que en Patología las altera- 
ciones de naturaleza refleja pueden desarrollarse .por dos mecanismos 
distintos: ó bien un centro nervioso interviene en la producción del 
fenómeno, ó bien el trastorno reflejo tiene lugar con completa indepen- 
dencia de estos centros. Las lesiones que se comprenden en el primer 



REFLEJOS PATOLÓGICOS. 5 

caso son hoy dia perfectamente conocidas y tienen una explicación ra- 
cional. Elias han de ocuparme muy someramente, ya que mi principal 
obieto es fijar la atención sobre las que vienen incluidas en el segundo 
grupo, cuyo estudio está todavía en germen. 

Las alteraciones reflejas correspondientes al primero de los grupos 
que acabo de establecer son de muy fácil comprobación por la fre- 
cuencia con que se repiten. Basta ver la obra más elemental de esto- 
matología para que se encuentren, aun atrancando su lectura, repetidas 
referencias á esta clase de fenómenos morbosos. Y si alguien no quedara 
satisfecho con la simple narración de los hechos, le fuera suficiente pisar 
los primeros peldaños de una clínica para tener pronto motivo de hacer 
buenas las observaciones de todos los prácticos. A mi la ocasión me ha 
brindado más de una vez para contemplar ejemplares patológicos de 
esta naturaleza, y podría yo aducir aquí algunos casos, que por lo no- 
tables bien pudieran calificarse de típicos. Recuerdo, entre otros, la his- 
toria de un infante, de 12 meses de edad, de temperamento puramente 
sanguíneo y de robusta constitución, que estando en pleno período de 
evolución dentaria, fué presa de violentos ataques eclámpsicosque po- 
nían en inminente peligro su vida. Las medicaciones empleadas para 
moderar la acción de los centros nerviosos no dieron resultado, y solo 
cuando, armada mi mano con un bisturí, deshice la resistencia que los 
tejidos oponían á dejarse penetrar por el diente, quedó asegurada la 
existencia del tierno niño: prueba evidente de que la neuropatía estaba 
sostenida por el proceso residente en la cavidad de la boca. 

Las alteraciones de la motilidad, desarrolladas al calor de los pro- 
cesos que se fraguan en la primera porción del tubo digestivo, pueden 
multiplicarse hasta lo sumo; de suerte que todas las neurosis del mo- 
vimiento son susceptibles de dispertar por esta causa. Pero no son ya 
los desórdenes del eje medular los únicos que pueden presentarse, sino 
que, reflejándose la excitación nerviosa en el cerebro ó en los centros 
dependientes del gran simpático, se desarrollan fenómenos de índole dis- 
tinta. La misma enagenacion mental se ha determinado en estas condi- 
ciones, y yo hallo registrada en mi dietario clínico la historia de un 
hombre, que presentaba delirio alto á consecuencia de una periostitis 
alveolo-dentaria; con el bien entendido de que no existia el más ligero 
movimiento febril que pudiera explicarnos el fenómeno. Pero el catá- 
logo de hechos de esta naturaleza llega á hacerse interminable, cuando 
se quieren anotar todos los reflejos que se determinan por la excitación 
del gran simpático consecutiva á una enfermedad de la boca: las alte- 
raciones del ritmo cardíaco, las leucorreas y otorreas, las inflamaciones 
del globo del ojo, del aparato pulmonar y digestivo, etc., etc., son fe- 
nómenos de aparición harto frecuente para eximirme de insistir más 
sobre este punto. Quien pretenda hacer un estudio más detallado sobre 
esta parte de la patología podrá consultar con provecho, entre otras, la 
memoria sobre la Erupción patológica del tercer molar compuesto^ ori- 
ginal del Dr. Bruguera y Martí. 

Y dicho esto con respecto á los fenómenos reflejos que vienen inter- 
venidos por la acción de un centro nervioso, es necesario que, entrando 
en la parte principal de mi tesis, pase á ocuparme de los que son sus- 



6 COMENTARIOS CLÍNICOS'. 

ceptibles de desarrollarse con completa independencia de todo centro. 
Pero antes de aventurar la interpretación patogénica que yo deberé dar- 
les, precísame apuntar un caso clmico que sirva de parapeto, en donde 
sea fácil defenderme de todas las objecciones á que el hecho se presta. 
El caso á que me refiero ofrece los siguientes detalles: Un joven, de vein- 
te años, bien constituido y sin antecedentes patológicos, sufre, á conse- 
cuencia de la caries del primer molar superior derecho, un flemón gin- 
gival que le proporciona acerbos sufrimientos* Cuando la flogosis de la 
encía habia llegado á la meta de su desarrollo, aparece en la superficie 
cutánea de la zona molar del propio lado una erupción vesiculosa que se 
hace notable por la falta de caracteres con que se presenta: no hay ru- 
bicundez de la superficie en que radica, ni existe círculo rojo al rede- 
dor de cada vesícula, ni edtas se abren para dejar salir el liquido que 
contienen, ni se forman costras, ni finalmente, exigen medio alguno 
para lograr su desaparición. Todo se subordina al proceso gingival, y la 
dermatosis crece con la inflamación de la encía, y se sostiene en tanto 
que el pus se colecciona en aquella parte, y desaparece paulatinamente 
con el gradual descenso de la enfermedad que la sostiene. Y cuenta 
que no existen en el enfermo antecedentes de diátesis alguna, ni han 
obrado agentes externos sobre la parte en cuestión para darnos idea del 
fenómeno: todo se presenta con aparento expontaneidad. 

Guando en alas de mi natural curiosidad científica, pretendo inquirir 
la relación patogenésica que puede mediar entre la dermatosis y el tras- 
torno de la encia, si descuento de los factores del problema el elemento 
nervioso, me quedo completamente á oscuras. Y si colocado en el terre- 
no de las concesiones, quiero suponer que los conductores nerviosos 
juegan un importante papel en la producción del fenómeno, yo no puedo 
aceptar que se trate de un acto reflejo intervenido por algún centro, so 
pena de caer en absurdos y contradicciones por todos conceptos censu- 
rables. Llevada la cuestión áeste terreno, interésame entrar en algunas 
consideraciones sobre el mecanismo de los actos reflejos, que han de 
ayudarme á resolver el punto que debato. 

En la producción de todo acto reflejo deben intervenir siempre dos 
cordones nerviosos. Un mismo filete no puede conducir á un tiempo dos 
corrientes distintas, de la misma manera que un conductor eléctrico no 
puede, en un tiempo dado, trasmitir corrientes contrarias, y también 
de la misma manera que una locomotora no puede adelantar y retro- 
ceder á la vez. Para que haya acto reflejo se necesita, pues, la transmi- 
sión de una excitación nerviosa á otro conductor que sea directamente 
excitado. Este acto, en virtud del cual un nervio comunica á otro sus im- 
presiones, suele verificarse en los centros nerviosos, que es el punto en 
donde confluyen un número mayor ó menor de hacecillos de diversa 
procedencia. Ahora bien, si concretamos la cuestión al hecho de au' 
tos, al caso que llevo narrado, encontraremos que, estando la zona en 
que radicaba la dermatosis y la zona de la encia inervadas por un mis- 
mo nervio, no puede aceptarse en buena Fisiología que el acto reflejo de 
que se trata estuviera intervenido por un centro. El siguiente esquema 
(fíg. 1) sirve para demostrar los diferentes caminos que podía seguir la 
excitación de orden reflejo: T es el nervio trigémino, 1 el ganglio en 



REFLEJOS PATOLÓOICOS. 7 

donde este se trifarcí, O, ^ y F las raams oftálmica, maxilar superior y 
maxilar inferior, que constituyen la poroion terminal del mismo, Ey D, 
rq>i>eseataa las raicillas cutánea y dentaria que salen de la rama maxi- 
lar superior. Una exci- 
tación, que, naciendo de 
la parte terminal de es- 
tas raici lias, se propaga- 
ra hasta al gangtio, de- 
berla rearesar por la 
ramaofLálmica ó por la 
maxilar inferior, porque 
ya se ha dicho que un 
nervio no puede llevar 
á un mismo tiempo dos 
excitaciones emanadas 
de puntos opuestos. A 
pesar de esto, en el caso 
de que vengo hablando, 
la excitación directa y 
Fi|^ i'-F«DdEaeM«T*Q*joiaiBiM>radoiinai gtngiio la excUaoiou refleja ra- 
dicaban en el períme- 
tro de un mismo ner- 
vio: ¿cAmo, pues, intwpretar este hecho excepcional, paradógico al 
perecer, y que envuelto en tupido veto queda sustraído á las más pers- 
picuas miradas? Yo quiero entregarme á su estudio, aún á trueque de 
consentir en que mi pluma desbarre, no porque me sienta capaz de re- 
solver ni el más insignificante de los problemas de la patología, sino 
porque he llegado á adquirir el Intimo convencimiento de que en mate- 
rías especulativas el aventurar una opiniones siempre dar un paso, ya 
que de esta suerte se evita el que surjan mañana las dificultados que 
quedan ventiladas hoy. 

La clave, para la resolución del problema que queda planteado, se 
halla en el estudio de la extructura intima de los conductores nerviosos. 
Si participáramos todavía de )a creencia de que un ñlete nervioso cons- 
tituye uD todo continuo desde el punto de su expansión periférica al de 
su emergencia central, la interpretación del fenómeno, cuya naturaleza 
indago, sería de todo punto impasible. Pero los estudios histolúgicos re- 
ferentes á esta cuestión han adelantado lo suficiente para autorizar ó 
emitir un juicio; y estos progresos de la Anatomía son un auxiliar pode- 
roso para el adelantamiento de la clínica. Los tubos de míelina repre- 
sentan la noción más elemental de los nervios capaz de ser demostrada 
por la análisis anatómica, y los histólogos aseguran que cada uno de es- 
toa tubos está constituido por una serie de discos superpuestos, sepa- 
rados unos de otros por un reducidísimo espacio. Haciendo buenas estas 
aseveraciones de los micrógrafas, resulta: que una rama nerviosa no se 
extiende directamente de la perifariaal centro, sino que desde aquella 
va al eonduetor nervioso de donde procede, y este es el eneargado de lle- 
gar hasu algún centro. E\ adjunto grabado sirve para aclarar eitos con- 
oeptos: A es un tubo de mialiaa de un cordoa nervioso; ByC reprssea- 



8 anatomía de los centros neryiosos. 

tan también tubos da mielina de las ramas qoe da aquel nervio, y Z>indí< 
ca la relación que guardan el nervio y las ramas que engendra. 

Teniendo en cuenta esta disposición, es fácil, 
basta cierto punto, darse cuenta de la manera cómo 
pudo desarrollarse el reflejo patológico en el caso 
preinserto. La excitación constante, en que se en- 
contraban las raicillas dentarias del trigémino, á 
consecuencia del proceso de la encia, podía propa- 
garse hasta el sensorio, dando lugar al síntoma dolor 
y ¿ la vez fué capaz de estimular los discos de las 
ramillas que vana distribuirse en la piel, dando lu- 
gar á la erupción vesiculosa. De suerte que yo en- 
tiendo que: la exciiacion nerviosa, que cerré á lo lar- 
go de un conductor, es susceptible de descomponerse en 
tantas otras cuantas sean laaramasquedeeste saldan 
y dar lugar á trastornos en la tona que cada una 
inerva. £1 esquema de la ñgura 3." representa esta 
subdivisión de la corriente. 

Las aseveraciones,que acabo de establecer, dejan 
rig. 2.'-EitruotDr« entrever una serie de problemas, cuya resolución 
deioanarTkn. . sólo podrá intentarse el día en que aquellas sean 
comprobadas. £1 carácter del presente articulo me 
veda por completo descender & más detalles sobre una cuestión que 
sólo dejo apuntada y que á mi ver es digna de un detenido estudio. Sólo 
me falta indicar aquí que, para elevar estos heclios 
i la categoría de ti'sis, se necesita que los fisiólogos 
vengan á ofrecernos la contraprueba con sus lumi- 
nosos é interesantes experimentos. De todos modos, 
sea cual fuere el concepto que merecieren las ideas 
que vine sosteniendo en el decurso del presente ar- 
ticulo, el caso clínico expuesto quedarA siempre en 
pié é inmarcesible, porque los fenómenos de la clí- 
*. s'-t». ■!« ■ UB I "'"^ ^^^ Perennes; y mientras nadie me señale la 
— raüfjcu de arro- posibilidad de haberse engendrado por otro meca- 
nismo, deberé continuar creyéndolo hijo de un ac- 
to reflejo no intervenido por los centros nerviosos. 



anatomía db los centros nerviosos, 

POR Don Miguel A. Fargas Roca. 



INTROD0CCIOir. 

Los centros nerviosos son algo más que un órgano, más que un apa- 
rato, más que un sistema; son casi por sí solos un complejo y admirable 
organismo, un conjunto armónico, en que cada una de sus partes desem- 



ANATOltlA DE LOS GKNTftOS NERVIOSOS. 9 

peña un papel de primer orden; son sus funciones tan delicadas y tan 
sutiles, que su esencia escapa hoy por hoy á toda concepción del huma- 
no espíritu. Toda teoría, toda hipótesis, toda elucubración, encuentra su 
escollo al convertirse en intérprete de algunas de sus funciones; por 
ellas, el entendimiento humano cae en un abismo, la razón pausada y 
fría llega al absurdo, la imaginación exaltada y fantástica delira. 

El misterio que envuelve las funciones de los centros nerviosos, más 
misterioso antes que hoy, depende en su mayor parte de la falta de co- 
nocimientos anatómicos. Porque la Fisiología sin la Anatomía, es como 
mariposa que vuela errante sin encontrar flor en donde posarse: deslum- 
hra y seduce por la brillantez de sus colores y sus ágiles movimientos, 
pero produce el vértigo por su continuo revoloteo y sus inconstantes 
y fugitivas posturas. Es el genio de la Anatomía en boca de Letamendi, 
quien dice: (da Fisiología en mi seno se engendró y á él retorna, y aun 
en su mayor independencia, yo soy el nombre de su oración, yo el su- 
geto de sus predicados, yo el obligado principio y fin de sus pensa- 
mientos.)» 

£1 hombre es impaciente por naturaleza, y mal se avienen la monó- 
tona y rigurosa sucesión de los hechos con su ávido y turbulento deseo 
de saber: tal vez por el natural disgusto de que en su vida corta y finita, 
no puede abarcar la inmensidad é infinidad del tiempo. Si en la mano 
de un hombre que espera ó prevé un suceso para el porvenir, estuviera 
el adelantar la sucesión de los dias, los siglos se nos vendrían encima 
con la creciente rapidez con que una piedra cae al centro de la tierra 
atraída por la fuerza de la gravedad. 

No se resigna con el severo é imperturbable curso de los hechos, y 
orgulloso por temperamento, cree que aguijoneando su mente ha de su- 
plir la falta de observación y de experiencia. Así es como construye 
esas torres babélicas sobre cimientos de neblina, que evaporándose 
bajo la más tenue contingencia dejan derrumbar el edificio, hiriendo en 
su desplome á cuantos cometieron la imprudencia de cobijarse bajo él. 

¡Cuántas cosas aprendemos hoy en Medicina que debemos olvidar 
mañanal ¡Cuántas teorías é hipótesis sobre el sistema nervioso, que 
aunque útiles en algún concepto, quedan ya relegadas al olvido! Impre- 
sas en nuestra mente debían estar siempre las siguientes palabras de 
Fausto: cen verdad te digo, que el hombre que especula es como un ani- 
mal á quien un espíritu maligiiO hiciese dar vueltas en un árido desierto, 
en cuyo derredor hubiese magníficas y verdes praderas.» 

No es esto decir que las hipótesis, teorías é interpretaciones, sean 
perjudiciales ó inútiles, siempre y cuando queden reducidas á sus justos 
límites; por lo menos tienen la inmensa ventaja de originar, por espíritu 
de comprobación, experimentos y observaciones que, si no demuestran 
la exactitud de la sospecha, patentizan su falsedad en algunos casos, y 
mucho sabe quien está seguro de que una cosa no es cierta; por otra 
parte, ño es raro que por esta vía indirecta se llegue á nuevos descubri- 
miento.-* Pero si nuestra mente se ilusiona, comenzamos á forzar analo** 
gías y hasta hechos, lo más antitético hacemos que venga en comproba- 
ción de nuestra tesis, la hipotética sospecha la convertimos en verdad 
comprobada, y al través dé esto cristal somos víctimas de continuas alu- 



iO ANATOMU DB LOS CENTROS NEBV|Q$OS« 

eiriaeiones, porque toda? l«s cosas son según ^ color 4^1 crisíal con q%t0M 
miran* 

Nunca acontece esto con tanta frecuencia como cuando nos anticipa- 
mos á la realización de los hechos. Sea porque los anatómicos por falta 
de medios de estudio anden tardíos en ds^r i conocer la Anatomía de los 
centros nerviosos, sea porque los fisiólogos se hayan precipitado en el 
cumplimieuto de sus tareas» lo cierto es, que solo en loa estudios con- 
temporáneos de Fisiología del sistema nervioso, comienza á notarse al- 
gún fundamento en verdades anatómicas* Por eso reina tanta confusión 
en las funciones de los centros nerviosos, y por eso vemos tantos estu* 
dios imaginarios y novelescosi por la falta de conocimientos anatómicos. 
Sirva de ejemplo de las aberraciones á que puede conducir el no partir 
de buenos fundamentos, la estra vagancia del inmortal Descartes al con'- 
siderar la glándula pineal como punto de residencia del alma, sin duda 
porque lo pintoresco del sitio le parecería digno de tan sublimada con- 
cepción. 

Al encontrarse los fisiólogos con un aparato, cuya extructura les era 
desconocida, sin saber siquiera los, órganos que lo formaban y que ejer- 
cía funciones, de las cuales apenas si les constaba su existencia de una 
manera segura y positiva, no podían hacer más que divagar; iban y van 
fantaseando doctrinas basadas sobre hechos muy baladies casi siempre, 
desmintiendo hoy lo que ayer dijeron; deshaciendo mañana lo que hicie- 
ron hoy: la interminable tarea de Penelope. Difícilmente se encontraría 
en Medicina cuestión más vertiginosa y abrumadora que la de la Fisio- 
logía de los centros nerviosos. 

Asi como el anatómico le ha dicho al fisiólogo: aquí tienes un exó- 
fago y un estómago, un intestino delgado y un intestino grueso, un hí- 
gado, un páncreas y glándulas salivares, que constituyen partes inte- 
grantes del aparato digestivo, que tienen esta extructura y estas rela- 
ciones, y el fisiólogo ha estudiado el papel que desempeña cada uno de 
estos órganos y de que modo concurre al cumplimiento de la digestión^ 
y asi de muchos otros aparatos, se ha encontiado con un aparato ner- 
vioso, sin saber que órganos lo constituyen y le ha faltado de consiguien- 
te la principal base y guia. Otro tanto le ha sucedido al patólogo» y por 
esto la Patología del sistema nervioso ha quedado por tanto tiempo su- 
mida en la oscuridad más completa; únicamente hoy comienza á levan- 
tarse con cierto donaire y orguilosa de haberse adelantado en muchos 
puntos á sus predecesoras, la Anatomía y la Fisiología. 

A semejanza de Arquimedes, que pedia un punto de apoyo para des- 
quiciar el mundo, el fisiólogo y el patólogo, en cuanto del sistema ner-* 
vioso se trata, reclaman del anatómico un órgano para estudiar respec-r 
tivamente sus funciones y sus enfermedades. 

Pero la delicadeza de los centros nerviosos, la tenuidad de muchas 
de sus partes, la semejanza y casi analogía de otras esencialmente dis- 
díntas por sus destinos, su agrupación en una masa común, y de otro 
lado, la imperfección y reducidos alcances de los medios de estudia de 
que el anatómico dispone, han hecho del eje cerebro-espinal el objeto 
de constante preocupación por parte de loa anatóm,ioos, de los fisiólogos 
y de los patólogos. Todos á porfía han investigado, y después de mucha 



anatomía de los centros nerviosos. 11 

discusión Y de mucha duda, de mucho afirmar y desmentir, han queda- 
do los hechos demostrados y admisibles como ciertos, en gran manera 
cercenados. 

Creo no pecar de exagerado, si me figuro que á ser cierta, tan solo 
una milésima parte de cuanto se ha escrito sobre el sistema nervioso» 
hablamos de saber de sobra su modo de ser por complicado y diiícil que 
aparezca. Sin embargo, cada dia se publican nuevas obras y cada dia 
son más extensas, y todas las nuevas ediciones estampan en la primera 
plana corregida y aumentada^ en vez da imitar á Gonfucio, depurando á 
las anteriores de los errores que tuvieran, y poniendo corregida y dis* 
minuida. Por este motivo ofrecen un tamaño exagerado muchas de ellas, 
y por este motivo también, después de mucho leer, sabemos tan poco. 

Cuanto más vacilante está una ciencia y cuan menos conocido es un 
hecho cualquiera, más grande y gigantesco se presenta este laboriosa 
periodo de preparación. Y es que no se puede expurgar lo malo sin que 
exista algo bueno: y lo bueno solo se conquista á beneficio de tiempo y 
de estudio. No nos apuremos, pues, si la Anatomía de los centros ner- 
viosos no es hoy lo que debiera ser; á su perfección camina y á ella lle- 
gará probablemente, aunque sea á paso lento. 

No pretendo hacer la historia de la Anatomía de los centros nervio- 
sos: primero, porque no me siento con fuerza para ello, y segundo por- 
que el carácter de esta monografía no lo consiente; pues de otro modo, 
bien ó mal, no dejaría de hacerlo. Pero sin hacer esto, conviene á mi ob- 
jeto decir, que en el desenvolvimiento de esta parte de la Anatomía, 
observo tres grandes periodos, que llamaré, no se si con la propiedad 
debida: 

Periodo descriptivo. 
Periodo de siatematízacUHi. 
Periodo anátomo' fisiológico. 

El periodo descriptivo de la Anatomía de los centros nerviosos, después 
de muchas vicisitudes ha llegado ya á su perfección. 

Apesar de reducirse este período á una descripción minuciosa y de- 
tallada de las distintas partes que entran á constituir los centros ner- 
viosos, en cada una de ellas encontramos una comprobación evidente de 
lo dificultoso que ha sido este conocimiento. Como quiera que los nom- 
bres de una cosa nos indican el concepto que de ella se ha formado, 
pondré tan solo un ejemplo de sinonimia de uno de los constituyentes 
del cerebro; trígono cerebral^ báveda de los tres pilares ^ bóveda de los cua'^ 
tro pilíxreSf colpas trifidum, triángulo medular^ fomiXy vendolete gemina* 
dOf etc.: y asi de muchos otros, lo cual demuestra evidentemente el dis- 
tinto concepto que han merecido á algunos autores antes de conocerse 
bien. 

Habiendo llegado este período á la perfección, cada parte de los cen- 
tros nerviosos es descrita con todos los detalles que desearse puedan, y 
cada una de ellas tienen en las obras didácticas de Anatomía descriptiva 
un capitulo aparte, en donde no cabe más exactitud ni más precisión. Pero 
esta descripción presenta una serie de factores aislados é independientes, 
y lo mismo se describe la tela ceroidea después del trígono cerebral, que 
los ventrículos laterales después del cuerpo calloso. La situación de los 



12 anatomía de los centros nerviosos. 

mismos es casi lo único que impone algún orden en su descripción. La 
Anatomía de las formas, viene á ser la de este periodo. Preocupa más el 
aspecto de cada una de sus partes, que las relaciones que entre sí pue- 
dan tener. 

La nomenclatura corre parejas con la 'descripción: no obedece á ra- 
zón alguna, ni en nada se relaciona con una concepción razonada y ló-' 
gica de los centros nerviosos. Ora se originan las denominaciones del 
grosero aspecto de un factor ó de su comparación con un objeto cual- 
quiera: cuerpo calloso, lira, glándula pineal, cuerpo estriado, cuerpo fran- 
geado, olivas, amígdalas, ano, vulva, etc.; ora el autor, que mejor ha 
descrito una parte ó una región, le sirve de padrino, y así los nombres 
de Sylvio, Reü, Mor and, Malacarne, Rolando, Ammon^ Vienssens, Lan- 
cisi, etc., etc., van respectivamente vinculados á los de cisura, ínsula, 
espolón, pirámide, tubérculo ceniciento, asta, centro oval,nervio8, etc. 

Estudiar bien todos estos nombres, conocer algunos de sus sinóni- 
moSy comprender la situación de cada una de las partes, recordar todos 
los detalles que á las mismas se refieren y tener una idea exacta del pin- 
toresco aspecto y caprichosa disposición de algunas regiones, era cono- 
cer á maravilla la Anatomía descriptiva de los centros nerviosos. Pero 
una Anatomía descriptiva empírica, en la que el anatómico hace tan solo 
el papel de narrador de lo que ve y observa. Quizás no expresaría mal 
mi idea diciendo, que ha tomado de los centros nerviosos distintas foto- 
grafías de los varios aspectos y regiones que ofrecen, las cuales pre- 
senta como paisajes sueltos, sin llamar su atención otra cosa que lo que 
puede dar de sí una fotografía: copia de superficies; y por lo mismo, aun- 
que después las haya agrupado, buscado sus relaciones y descríto agru- 
paciones do órganos y cavidades por los mismos formados, no le ha sido 
posible presentar otras síntesis, r^i otros conjuntos, que síntesis y con- 
juntos superficiales. 

Ha abierto el anatómico la cavidad cráneo-raquidea, y ha estudiado 
hoy una parte, mañana otra, de las que á su vista se presentaban; y una 
vez conocidas todas, ha descrito la superficie de los centros nerviosos, 
enumerando sus distintas partes por orden empírico de situación. Ha pe- 
netrado después en el espesor de la masa y ha descrito de igual manera 
los distintos aspectos de la misma. Ha encontrado cavidades y ha obser- 
vado é indagado su forma, sus limites y sus más recónditas prolonga- 
ciones. Ha llamado su atención una sustancia blanca y una sustancia 
gris, y con detenimiento ha marcado las regiones de ambas De este aná- 
lisis, llevado á la perfección, han salido obras y monografías verdadera- 
mente admirables; y siempre serán respetables en la Anatomía de les 
centros nerviosos, los Burdach, Stilling, Bischoff, Foville, Leuret, Gra- 
tiolet, etc , etc.; las descripciones tan magistrales y tan acabadas de 
Sappey y de Cruvelhier, para no citar más que obras didácticas y de to- 
dos conocidas; y en lo referente á la representación de sus distintas par- 
tes por medio de láminas, verdaderas obras de arte, así por la exactitud 
de la copia como por su valor artístico, el altamente notable Atlas de 
Hirschfeld. 

Pero con todo esto, la Anatomía descriptiva de los centros nerviosos 
no pasa de ser una descripción empírica y de escasa utilidad y aplica- 



anatomía db los centros nerviosos. 13 

don, dada su importancia, á la Fisiología y á la Patología. Es como si, 
abriendo las paredes del abdomen, estudiáramos, por el orden que mejor 
nos pareciera, todos los órganos contenidos en dicha cavidad, sin tener 
en cuenta que unos forman parte del aparato digestivo, otros del urina- 
rio, estos del genital, aquellos del circulatorio, etc. Dicho estudio satis- 
faría muy poco las exigencias de la ciencia. 

De aquí que la Anatomía descriptiva de los centros nerviosos, tal 
como se estudia hoy en las obras clásicas, si bien resulta agradable por 
lo pintoresca, es algo estéril por las escasas aplicaciones que de ella se 
desprenden con relación á las funciones y á las enfermedades de los mis- 
mos,*mucho más teniendo en cuenta, que su inmensa mayoría se preo- 
cupan poco de dar mayor importancia á ciertas partes, que la Fisiolo- 
gía y la Patología de consuno han demostrado sobradamente el interés 
que ofrecen, y en cambio la dan á otras bastante secundarias en los mo* 
montos actuales. Otra cosa no ppede ser, mientras esta Anatomía empí- 
rica no se convierta en Anatomía razonada. En el curso de estos estudios 
quedará suñcientemente comprobado este aserto. 

La escasa utilidad para el fisiólogo y el patólogo de esta Anatomía 
descriptiva, si hubiese necesidad de patentizarla, se comprendería de 
sobra con solo tener en cuenta que no presenta grupos de órganos simi- 
lares, bien sea por su naturaleza y disposición anatómicas, bien por sus 
propiedades fisiológicas. Ofrece el más acabado análisis, pero le falta la 
síntesis, que coloque á cada factor en el sitio que le corresponde. 

Bien hubiera querido el anatómico hacer esta síntesis, pero le falta- 
ban elementos para ello. Las relaciones de unas partes con otras eran 
perfectamente conocidas, pero sus conexiones escapaban á toda investi- 
gación, particularmente en cuanto al cerebro, á la protuberancia y al 
cerebelo se refiere. No así para la médula y para el bulbo, cuya Ana- 
tomía hace tiempo anda por buen camino, si bien aun no es completa. 
Pero al intentar seguir paso á paso el trayecto de las fibras, al través de 
la protuberancia y de la sustancia blanca cerebral; al querer conocer la 
•terminación de las mismas; al investigar los lazos de anión entre las dis- 
tintas componentes del eje encéfalo-medular; al escudriñar de qué ma- 
nera entran en parentesco con la sustancia gris, y al buscar el papel y la 
significación de esta, el escalpelo y la sagacidad del anatómico han tro - 
pozado siempre con la tenuidad, complejidad y naturaleza de las partes 
que analizaba. 

Cuando sus investigaciones, en el terreno de la observación, encuen- 
tran una barrera, entonces la hipótesis suple á la ciencia positiva, el 
fisiólogo contribuye por necesidad á estas concepciones teóricas, y de 
esta manera es como se han inventado muchos detalles de extructura ce- 
rebral, que más tarde no han salido comprobados y que han servido solo 
para una necesidad de momento, y para fundar doctrinas que no han 
sido más que la ilusión de un instante. Todo por adelantarse á la suce- 
sión de los hechos, como antes decía. 

No cuesta trabajo comprender por qué el anatómico no ha podido des- 
vanecer la oscuridad que envuelve la Anatomía de los centros nerviosos, 
disponiendo tan solo de iguales medios de los que le han servido para 
conocer aparatos relativamente tan groseros y tan sencillos, como el di- 



14 ANATOMÍA DE LOS CENtROS NERVIOSOS. 

gestiTO, respiratorio, etc., etc. Necesita otros métodos de estadio para 
adelantar con provecho en la textura de los centros nerviosos. 

Si durante este periodo descriptivo no le ha sido posible al anatómico 
hacer una síntesis razonada y llegar á una concepción general, pero 
exacta, de los centros nerviosos, en su pacientísiroa obra de anr'lisis ha 
ido reuniendo gran número de datos suficientemente comprobados, para 
servir de base al periodo de sistematización ó de síntesis. Cierto es que 
muchas de sus creencias han debido borrarse, pero otras sirven de buen 
material, aunque aparezcan en las obras descriptivas con insignificante 
valor, porque se estudian aisladamente las conexiones de un órgano ó el 
trayecto y terminación de un grupo de fibras, sin que vengan agrupados 
con otros constituyendo sistemas. 

Intentada ha sido la sistematización por muchísimos anatómicos; 
pero como tentativas prematuras, de muy exiguos resultados. Para que 
se forme concepto de la seguridad y exactitud que podian ofrecer estas 
síntesis, recordaré tan solo un ejemplo: Vieussens, Tarin, etc., descri- 
bían los pilares anteriores del trígono-cerebral como un cordón único, 
que se terminaba uniéndose con la comisura anterior; más tarde se de- 
mostró su bifidez, y Santoríni siguió su trayecto á través de la sustancia 
de los tálamos ópticos hasta los tubérculos mamilares, que con el nom- 
bre de bulbi fornicis^ que por este motivo y en aquella época recibieron de 
Gunz, marcan una de las etapas porque ha pasado el conocimiento exacto 
del trígono; finalmente, Vicq d'Azyrvino á demostrar que iban aún más 
lejos, y que después de su reflexión en los tubérculos mamilares, se in- 
ternaban otra vez en los tálamos ópticos para terminar debajo de sus 
tubérculos anteriores; y aun después de esto, viene en estos últimos tiem- 
pos Cruvelhier, afirmando, erróneamente, que los pilares anteriores de 
la bóveda se continúan con las fibras de la tenice semicircularis. 

Y eso que los pilares anteriores de la bóveda son perfectamente visi- 
bles, y pueden seguirse con toda facilidad en razón de su aislamiento y 
de ser un cordón blanco en medio de sustancia gris. ¿Qué no habrá su- 
cedido con los hacecillos del centro oval, con el cuerpo calloso, con las 
comisuras, con las pirámides, con los pedúnculos cerebelosos, etc., etc.? 
Confusos y mezclados unos con otros, de color y aspecto iguales, sin nin- 
guna linea de demarcación entre ellos, y por otra parte, sin disponer el 
anatómico de medios para diferenciarlos y aislarlos, forzosamente su es- 
tudio ha de haber sido largo y penoso, y su historia ha de estar cuajada 
de errores. Si la extensión del trabajo lo permitiera, no me seria difícil 
presentar numerosos ejemplos, como el antes citado, del lento paso con 
que se ha caminado al conocimiento de muchas partes de los centros 
nerviosos, no con la facilidad del anterior, sino con dificultad suma y 
después de muchas dudas y errores. Aun hoy, á pesar de tantos traba- 
jos é investigaciones de todo género, nos encontramos, con sólido sos- 
ten, en los primeros peldaños de una escalera, cuyo término apenas di- 
visamos. 

De aquí que por más que los dos periodos de análisis y síntesis, ó 
descriptivo y de sistematización, coexistan y hayan nacido tan juntos 
como dos hermanos gemelos, intente separarlos, porque representan un 
anacronismo científico, y por estar intimamente convencido de que, á 



ACODO SALtCÍLIGO Y SUS SALES* 15 

pensLT de nuestra propensión á sintetizar y á generalizar, aun sin elemen- 
tos suficientes para ello, estas síntesis y estas generalizaciones prema- 
turas son tan perjudiciales á la percepción como al razonamiento. 

En el bosquejo, que á grandes rasgos voy á trazar del segundo pe- 
riodo, ha de q ledar demostrado que aun hoy es arriesgada toda tenta- 
tiva de sistematización completa y exacta. 



CONTRIBUCIÓN Al ESTUDIO DEL ÁCIDO SALICILICO Y SUS COMPUESTOS; 

en particular del sallcüato sódico en el tratamiento del reumatismo i 

POR D. M. E. Moré y Bargit, 

Médico de la Ccua de Lactancia y Ckiaa-eunade Barcelona» 



kClOO SALICÍLIGO Y SUS SALttS EN LA TERAPÉUTlCAé 

I. 

Reseña hi8tórica.-^iempre que la Medicina tiene conocimiento de la 
existencia de un nue\ro cuerpo, todas las investigaciones que respecto al 
mismo se hacen son pocas para ver si por fin se logra conquistarle un 
lugar honroso en la terapéutica de las enfermedades. Por regla general, 
cuando llega este nuevo cuerpo á manos de los prácticos, manifiestan 
éstos una gran laboriosidad, para descubrir en él brillantes virtudes, 
grandes honores, quQ hasta entonces ningún congénere habia adquirido 
en tan gran escala. Todo el mundo tiende á mirarle como la panacea 
universal; las discusiones sostenidas en honor al mismo son rebajantes 
en un sitio y manifiestamente ensalzantes en otro; aqui se descubre una 
nueva propiedad del cuerpo que se estudia, al exterior; más allá, se ha 
combatido con el mismo una afección interna, refractaria ó no, hasta en- 
tonces, á todos los medios indicados por la terapéutica; quien estudia su 
acción fisiológica sobre unos animales; quien en otros, naciendo de todo 
esto una gran diversidad de pareceres porque distintos eran también los 
cuerpos vivientes dedicados al examen fisiológico ó toxicológico. 

Por fin, después de tanto trabajar, hablar, discutir y escribir, llega 
á vecos^ por desgracia de la humanidad, á caer el nuevo cuerpo en el 
olvido de la práctica médica para renacer tal vez al cabo de muchos 
años con propiedades, sino distintas, cuando menos muy limitadas con 
relación á las que tenia antes; y si su caida del reino de la Terapéutica 
no es muy alta, queda el cuerpo aplicable únicamente á un reducido 
número de estados patológicoSé 

Esto no ha sucedido tanto con el ácido salicilico y sus compuestos 
salinos, aunque de todos ellos se haya hecho como cuerpo de reciento 
aplicación un uso exagerado, hijo del general deseo de los prácticos, en 
la experimentación clínica y fisiológica, empleándose en un sin número 
de enfermedades de distinta naturaleza anatómica y sintomática, dando 



16 ÁCIDO SALICÍLICO Y SUS SALES. 

buenos resultados unas veces y otras no. Sin embargo, muchas de las 
propiedades que en él se han reconocido son verdaderamente efectivas, 
según lo ha demostrado la opinión cientiñca de gran número de prácti- 
cos nacionales y extranjeros. 

La experimentación y los bellos resultados que de ella se ha obteni- 
do, nos ha demostrado claramente que, en realidad, este cuerpo presen- 
ta indicaciones, que á la par que variadas son útilísimas en determinadas 
afecciones aplicables á la Farmacia y aun á la industria. 

El ácido salicilico y su combinación sódica han llegado rápidamente 
á ocupar un puesto muy notable en la Terapéutica, lugar no inmerecido 
para algunas afecciones ó síntomas más culminantes de varias enferme- 
dades, pues en estos casos sus fundamentos teóricos responden siempre 
con mayor ó menor exactitud en la cabecera del enfermo á las esperan- 
zas que en el mismo se tenian, dando tan hermosos resultados que no 
se hubieran obtenido probablemente con otros cuerpos en las mismas 
afecciones y en idénticas condiciones de indicación del mismo. 

Las enfermedades que se han combatido y de las cuales nos ocupa- 
remos en su lugar correspondiente, son bastante numerosas para que 
de todas hagamos una verdadera apología, siendo esto la causa de los 
vaivenes que ha sufrido el ácido salicilico y sus derivados en tan corto 
espacio de tiempo. 

En el laboratorio químico se ha trabajado también con inusitada asi- 
duidad para obtener con dicho ácido combinaciones con otros cuerpos. 
Algunas de estas combinaciones son de reconocida importancia en la 
práctica de la Medicina por sus recomendables propiedades terapéuticas. 

Estos cuerpos compuestos, que hoy día son bastante numerosos, son 
el saliciiato de quinina, el de sosa, el de hierro, zinc, cal, etc. 

£1 ácido salicilico, cuyo procedimiento de obtención data de más de 
40 años, toma su nombre de la salicina, en cuya composición entra dicho 
cuerpo; pero aunque su conocimiento date de tantos años, sus propio- 
dades y aplicaciones son tan recientes que puede decirse que se conoce 
desde hace poco tiempo. 

Al principio de su estudio, algunos hablan señalado sus propiedades 
antiséptica3, otros se han distinguido por su experimentación ñsiológica 
y otros por fin han hecho aplicación de él en distintas enfermedades. 

Respecto á sus propiedades antisépticas fué recomendado en Alema- 
nia por Kolbe, en 1874, lo mismo que para ciertos usos industriales, 
como el curtido de las pieles. Thiersch aconseja sustituir el ácido fénico 
por el salicilico en aquellos casos en que se encuentra indicado el pri- 
mero en la práctica de la Cirugía; Riess, Henoque, Stricker y muchos 
otros lo han estudiado en el reumatismo articular. Yahn,Schraeder, Gar- 

cin, etc., etc., en la fiebre tifoidea; Steinitz, Weber, Wagner en la 

difteria. 

En 1876, el Dr. Isla dio á conocer sus buenos resultados en algunos 
enfermos de la clínica del Hospital de la Princesa á cargo del Dr. Sala- 
zar. El Dr. Radía se ocupó de su empleo, y L. March (1) y el Dr. Es- 



(1) Del ácido salicilico en algunas enfermedades.— Independencia Médica. -11 de 
Agosto, 1877. 



ÁCIDO SáUCÍLIGO Y SUS SALES. 17 

quérdo (1) publicaron también una serie de casos de reumatismo trata- 
dos y curados por medio del ácido salicilico. El Dr. Ronquillo (2) dio 
también á conocer sus resultados en un caso de escarlatina maligna en 
un niño. En 1878 publiqué un artículo sobre el tratamiento del reuma- 
tismo agudo por medio del salicilato de sosa (3); en 1879 otro articulo 
sobre el tratamiento del reumatismo crónico por medio del mismo agen- 
te (4), y en 1880 un caso de intermitentes de carácter nervioso, curadas 
por medio del salicilato de sosa (5). 

En muchos otros periódicos, obras y formularios nacionales y extran- 
jeros se han publicado notas referentes al cuerpo que nos ocupa actual- 
mente, ensayándolo en muchísimas enfermedades á cual más diversa, y 
como seria prolijo aquí nombrarlas todas, y como por otra parte no ha 
dado en todas los resultados que de él se esperaban, será mejor que de- 
mos una explicación más detallada de las mismas cuando tratemos de 
las aplicaciones terapéuticas de dicho cuerpo. 

n. 

ESTUDIO QUÍMICO. 

▲ddo salicilico. - El ácido salicilico químicamente considerado tiene 
las misiaias propiedades que todos los demás ácidos conocidos de la quí- 
mica. £{e encuentra en la naturaleza, en las flores de distintas especies 
de plantas del género spiray ya sea bajo la forma de ácido salicilico, ya de 
ácido saliciloso. A pesar de esto, las cortezas del aalix alba y del poptdus 
tremida contienen una sustancia llamada salidna, cuyo cuerpo se obtie- 
ne de la siguiente manera: se hace hervir en agua la corteza del salix 
albay vertiendo después en el cocimiento una cantidad de subacetato de 
plomo, el cual da lugar á un abundante depósito; se filtra el líquido y 
se precipita por el ácido sulfúrico el exceso de plomo que contiene; la 
disolución, después de evaporada, deja depositar la saluñna bajo la for- 
ma de cristales en agujas blancas, inodoras, amargas y neutras. 

Conocida ya en pocas palabras la salicina y su procedimiento de ob- 
tención, podemos. decir que de ella ha tomado origen el ácido salicilico, 
que resume en conjunto todas las propiedades de dicho alcaloide. Al prin- 
cipio del conocimiento de dicho cuerpo se obtenía el ácido salicilico por 
medio de los dos procedimientos siguientes: 

A. Por la salicina, — Se funde potasa en una vasija de plata, en la 
cual se introduce la salicina en pequeñas porciones y agitando la mez- 
cla, pero teniendo cuidado de que la potasa se halle en exceso y de no 
dar un calor demasiado elevado. La masa se hincha y desprende mucho 



(1) Dol ácido salicilico.^Terapéatica in terna. —Independencia ifédtca.— 11 de 
Agosto, 1877. 

( ) Escarlatina maligna, curada con el salicilato de sosa.— Independencia Afédt- 
ca.— 1 .^ de Noviembre, 1878. 

(3) Reumatismo agudo.— Aeviirla de Ciencias Médicos. —.Mayo, 1878. 

(4) Reumatismo crónico. —i{evt«ta de Ciencias líédtca«. »Mayo, 1879. 

(5) Intermitentes refractarias al sulfato de quinina. ^Sentido Católico en las Cien'» 
das Médicas.-^ de Enero, 1880. 



18 XCIDO SÁLÍCÍLIGO T SU8 SALBS4 

hidrógeno y una vez fría se la disuelve en agua y se la trata oon el ácido 
clorhídrico, eloual pone en libertad una gran cantidad de ácido salicüicaj 
que se puede purificar por medio de sucesivas cristalizaciones en el 
agua. 

B. Por la esencia de Wintergreen 6 aceite de GiiaWieria.^^-En este 
procedimiento basta hacer hervir esta esencia durante algunos minutos 
con una disolución de potasa cáustica, y una vez fría verter enseguida 
ácido clorhídrico en la solución, después de lo cual se obtiene un abun- 
dante precipitado de ácido salicíUco. 

Hoy, sin embargo, se obtiene el ácido salicílico por medio de un pro- 
cedimiento debido á Kolbe, el cual aconseja servirse de una legia de sosa* 
T en efecto, en una solución alcalina se hace disolver una cantidad su^ 
ficiente de ácido fénico cristalizado hasta saturar exactamente la sosa, 
evaporando el todo en una cápsula de hierro de forma plana; este se ca- 
lienta suavemente y se agita con una varilla de hierro hasta que por la 
evaporación se haya obtenido un polvo ñno y seco de un color amari- 
llento, á consecuencia de una ligera alteración que le hace sufrir el oxi- 
geno del aire: este cuerpo así obtenido es el fenato de sosa. 

Para convertir el fenato de sosa en ácido salicílico, se calienta el pri- 
mero en un baño-maria, haciéndole pasar una corriente de ácido carbó- 
nico, y cuando la temperatura ha llegado á 180° es cuando empieza la des- 
tilación del ácido fénico, debiendo elevar dicha temperatura hasta los 2%° 
para que estos vapores desaparezcan completamente; de lo contrario, el 
ácido salicílico estaría cargado de ácido fénico y sus efectos serian tóxt* 
eos en lugar de terapéuticos. Operando de este modo y después de en- 
friada la mezcla, se obtiene un residuo blanco grisáceo, que no es otra 
cosa que el salícilato básico de sosa, el cual es mucho más estable que 
el salícilato neutro, porque soporta perfectamente y sin sufrir descom- 
posición una elevada temperatura que puede llegar hasta 300% 

El ácido salicílico puro es un cuerpo sólido, blanco, formando polvo 
muy fino y casi de una consistenoia espoojosa; tiene un sabor dulce y 
fresco, nada desagradable y disuelto en agua hirviendo y enfriado des- 
pués cristaliza en largas y bien delineadas agujas; es perfectamente so- 
luble en el alcohol, en el éter y en el agua hirviendo en la proporción de 
1 por 300: en la glicerina es soluble al Vso 7 ^^ ^^ ^B^^ ^^^^ ^ difícil- 
mente soluble puesto que la proporción es de cerca Vsoo ^ ^^ temperatu^* 
ra de 18"" c. La esencia de trementina tampoco lo disuelve en frío, pero 
cuando llega á la ebullición disuelve la quinta parte. 

Según esto se ve que el ácido salicíUco es un cuerpo algo difícil de 
manejar por su poca solubilidad en el agua, y como solo es soluble en lí- 
quidos de los cuales no pueden darse grandes cantidades, para los usos 
terapéuticos á que se destina, ha sido necesario buscar otros cuerpos 
que asociados al mismo aumenten todo lo posible su solubilidad en el 
agua. 

Entre las sustancias que vuelven ((oluble al ácido salicílico se encuen- 
tran las siguientes: el alcohol, éter, carbonato de amoniaco, carbonato 
de cal, carbonato de sosa y borato de sosa, ácido cítrico, etc., etc. De 
esta manera se obtiene perfecta la solubilidad de dicho cuerpo, pero el 
sabor del mismo cambia según los cuerpos que entran para obtener su 



ÁCIDO 8ALIGÍLIC0 Y SUS SALES. 19 

disolución. Asi tenemos que con los compuestos de sosa, de amoniaco y 
de cal su sabor es dulce; con el ácido cítrico es ácido y con el borato 
sódico es amargo. Sin embargo, de todos estos cuerpos, los que más 
generalmente se usan son el bicarbonato sódico y el alcohol en las pro • 
porciones necesarias, de modo que si queremos formular una poción 
de 200 gramos de agua con 2 gramos de ácido salicilico, tendremos ne- 
cesidad de añadir 3 ó 4 gramos de bicarbonato sódico ó 15 gramos de 
alcohoL 

De todos modos hay que considerar que, usando sales alcalinas para 
volver soluble en el agua el ácido salicilico, no es que en lealidad se di- 
Bu^va, sino que se convierte en salicilatos también alcalinos según sean 
los cuerpos que se usan. En este caso sufren una doble descomposición, 
algunos de ellos en frío, pudiendo ser unos completamente solubles en 
el agua fría, otros insolubles como el salicilato de quinina. 

El ácido salicilico del comercio viene muchas veces iropuriñcado con 
el ácido fénico que sirve para su preparación, á cuya impureza, según 
hemos dicho antes, son debidos los efectos nocivos y aun tóxicos que se 
han observado con su prolongado empleo y aun enseguida cuando se adr 
ministra á una dosis un poco elevada. Este ácido salicilico impuro es to* 
davia menos soluble en el agua, tiene un color más ó menos amaríllento, 
según sea su grado de impureza, y ee el que se obtiene por sublimación; 
de modo que no debe destinarse de ninguna manera para los usos tera-» 
péutioos. Cuando el ácido salicilico se encuentra de esta manera, se ob- 
serva que al cabo de un cuanto tiempo se desarrolla el olor caracteristi* 
co del ácido fénico, descomponiéndose en este ácido y en ácido carbó- 
nico. 

Para demostrar la presencia del ácido fénico en el salicilico, se opera 
del siguiente modo: se pone en un tubo de ensayo una disolución del 
ácido que se quiere ensayar; se vierte enseguida otra disolución de hi* 
pocloríto de sosa y amoniaco y si se produce la coloración azul propia 
del ácido fénico es necesario rechazar el producto por impuro. En esta 
sencilla operación es conveniente que el hipoclorito no se encuentre en 
exceso, pues de lo contrario la reacción no se verificaría. 

Para encontrar el ácido salicilico, en un sitio en donde se sospeche su 
presencia, podemos utilizar varios reactivos, contándose en primer lugar 
las sales de hierro: las sales de este cuerpo, puestas en contacto con una 
solución de ácido salicilico, dan á la misma un color violeta más ó menos 
intenso, según sea la cantidad de ácido salicilico contenida en la diso- 
lución. — Otro de los reactivos para dicho cuerpo es el sub-acetato de 
plomo, el cual da un precipitado también bastante fuerte de salicitato de 
plomo soluble en un exceso de reactivo. — También se encuentran otros 
reactivos, pero son mucho menos sensibles, entre los cuales ñgura el 
acetato de urano y el cloruro de nikel. 

Según Godefroy, los reactivos más sensibles del ácido salicilico son 
los del ácido cianhídrico, los cuales pueden servir para descubrir pe-* 
quenas cantidades de ácido salicilico, de modo que si en una disolución 
de éste se vierte otra de ferro-cianuro potásico, dá origen al ácido cian- 
hídrico por contenerlo este último cuerpo. 

Otro de los reactivos para descubrír la presencia del ácido salicilico 



20 LA MÚSICA EN SUS RELACIONES CON LA MEDICINA. 

es el permanganato potásico, pues si en una disolución de éste se vierte 
otra del primero, el permanganato potásico pierde su coloración carac- 
terística. 

(ContiniMirá,) 

« 

M MÚSIGIL EN SUS RELACIONES CON LA MEDICINA. 

Estudio especulativo, fisiológico, Usienico y terapéutico, 

(Tesis del Doctorado) 

POR D. Francisco Vidal y Careta. 



Exmo. é limo, Sr. — Señores: 

A no disculparme vuestra probada benevolencia, ni tendría el atre- 
vimiento de presentarme en este sitio, ni mucho menos hubiera pensado 
en tomar como objeto de estudio un punto tan trascendental, como el de 
la música en sus relaciones con la medicina. 

En la mente de todos se encuentra la idea de que este potente actor, 
capaz de levantar un pueblo hasta el frenético entusiasmo y de hundirlo 
en la más nefanda molicie, convirtiéndole en ocioso y criminal, es sus- 
ceptible de grandes y provechosas aplicaciones en la parte más práctica 
de nuestras ciencias. Llevando sus potentes efectos al más importante de 
los sistemas orgánicos, al verdadero director de la economía, al sistema 
nervioso, el conjunto de nuestro cuerpo, ya se le considere en su extruc- 
tura, ya preferentemente en su modalidad funcional, ha de sentir de una 
manera imperiosa el influjo de un agente tan notable. 

Declaro, antes de pasar más adelante, que no alcanzan mis fuerzas á 
apreciar, ni en conjunto, ni en detalle, cuanto al tema se refiere. Aparte 
de mi propia flaqueza, me amedrenta el pensar que, no obstante lo in- 
teresante del asunto y á pesar de convenirse unánimamente en su im- 
portancia, apenas si se encuentran otros datos que ideas sueltas, ob« 
servaciones aisladas, opiniones particulares. El desiderátum^ un cuerpo 
de doctrina que reúna y regule los hechos diversos, convirtiéndose en 
cánones científicos, á penas si existe, á menos de que conceptuemos como 
tal ensayos más ó ménoa atrevidos, que no alcanzaron la codiciada meta. 

Las obras todas, que obligación tienen de dar á conocer la materia, 
andan vacilantes en este punto y casi no se atreven á contener otras 
ideas que las vulgares, y que son más producto de la observación del 
profano que de la inteligente averiguación del científico. 

Intentar lo hasta aquí no conseguido, seria laudable, aun siendo in- 
fructuosa la tentativa, y á ello aspiro, si bien con el convencimiento, y 
nadie se llame á engaño, de no realizarlo. Quedaría satisfecho si solo lo- 
grase dar cierta plasticidad á lo hoy disperso y pudiese deducir, de lo 
sabido por otros, conclusiones acertadas. 

Habiendo compartido el tiempo casi por igual entre el estudio de la 
Medicina, de las Ciencias naturales y de la Música, me ha parecido que, 



LA MÚSICA BN SÜ9 RELACIONES CON LA MEDICINA. 21 

sobre esta triple base, pedia fundar con elementos ágenos algo valioso, 
cuando menos en el terreno especulativo, y como éste y el empírico son 
los puntos capitales para la partida, contribuirán en modestísima esfera 
al ñn propuesto. 

Con sujeción á este criterio, me propongo estudiar sucesivamente la 
música en si misma, en su accipn fisiológica y en sus aplicaciones higié- 
nicas y terapéuticas. Previas estas consideracionesi entro en materia. 



3PX^X2id:SR.^ 3PJLRTS. 



KSTUDIO ESPECULATIVO. 

Orlson de la müaica.— Teoría física de la XDiema. 

I. 

Origen de la mú8ica.-La música, se ha dicho por unos, es el sonido 
acompasado; para otros, es una serie de sonidos que sucesivamente se 
llaman entre sí. Chateaubriand dice que la música, considerada como 
arte, es una imitación de la naturaleza; su perfección consiste, pues, 
en representar la más hermosa naturaleza posible. Las dos primeras de- 
finiciones podemos decir son esencialmente especulativas; la última es 
la que representa la parte de aplicación, y bien se puede asegurar que. 
es la que más nos satisface para nuestro objeto, pues con la música po- 
demos despertar las más opuestas impresiones: alegría, tristeza, rabia, 
desesperación, veneración, recogimiento, distracción, etc. 

Su origen, como el de muchas otras cosas, entraña lo supersticioso, lo 
exajerado y lo inverosímil. 

Los griegos creen ser deudores del divino arle á Mercurio, á Apolo y 
aún á Júpiter. Herodoto lo atribuye á Cadmo y á sus compañeros. Otros 
aseguran que el hombre empezó á modular por haber oido las armonías 
del viento. Suponen algunos que el murmullo de las auras, al pasar por 
entre los cañaverales, enseñó á los hombres á soplar en una caña sil- 
vestre, viniendo luego insensiblemente la invención de la flauta. 

Los chinos, que siempre se han distinguido por atribuir origen legen- 
dario á todas las cosas, tienen, respecto al de la música, una creencia 
muy ingeniosa, que ha sido publicada por Suido. Dice así: Diez mil 
seiscientos años antes de Jesucristo, el emperador ordenó á un ministro 
ultimar el desorden que existia en la escala musical. El ministro se fué 
á la cumbre de una elevada montaña, cubierta de bambús; cogió uno de 
estos, lo cortó entre dos de sus nudos, sacó la tripa, y soplando en la 
caña vacía, obtuvo de ella un sonido, ni más alto ni más bajo que el 
tono empleado por el mismo para sus razonamientos, cuando no se ha- 
llaba excitado por ninguna pasión. Este sonido sirvió para fijar el tono 
general de la música. Continuaba dicho ministro en sus experimentos, 
cuando dos pájaros, macho y hembra, fueron á colocarse en un árbol 
próximo. El macho empezó á cantar y produjo seis sonidos y otros tan- 
tos la hembra, formando los doce en conjunto los doce grados de la es- 
cala cromática. El ministro, no dejando escapar la lección, cortó doce 



' 32 LA UÚSlCJí KN SUS RELACIONES CON LA MBOICtNA. 

bambús y les dio la longitud necesaria para que produjesen los doce 
mitones ó grados cromáticos, que vienen comprendidos en la unidad de 
la octava. 

Hablando sin pasión, debemos convenir que su origen es innato en 
el hombre. ¿Acaso no, dice Lamartine, es otra cosa que ese suspiro, ese 
gemido, ese grito melodioso, que nace en nuestros labios cuando comien» 
za á ser imposible la expresión de una idea con la palabra? Todos pro- 
pendemos á cantar, á sujetar los cantos á nuestro gusto, y si se ha ido 
perfeccionando este arte, se debe á los conocimientos accesorios de 
otras ciencias, aunque ¿1, agradecido, ha sabido devolverlos. 

ir. 

Teoría ñsica de la música. *-No es mi ánimo extenderme mucho to- 
cante á este punto, pues que tomando el agente que estudio en sus re- 
laciones con la Medicina, en sus aplicaciones higiénicas y terapéuticas 
será donde le daré á conocer, indicando solamente aquí lo.más principal 
para uniformar mi trabajo. 

Sonido musical es la percepción por el nervio acústico de la impre- 
sión producida por las vibraciones sensibles y periódicas de un cuerpo 
elástico. Se distingue del ruido en que éste es una mezcla de sonidos 
discordantes y confusos, como, por ejemplo, los queda una orquesta cuan- 
do cada ejecutante toca lo que mejor le place. 

Se distinguen en el sonido musical tres cualidades: intetmdadj toiw y 
Umbre^ 

La intensidad del sonido depende de la amplitud de las vibraciones 
emitidas por el cuerpo elástico. El tono 6 altura musical de un sonido del 
número de estas vibraciones. El sonido más bajo, el más grave, es engen- 
drado por un cuerpo elástico que ejecuta 32 vibraciones por segundo; el 
más elevado, ó sea el más agudo, lo es por uno que ejecuta 73,000 en el 
mismo tiempo, estando todos los sonidos, percibidos por el oido humano, 
comprendidos entre estos dos números. En cuanto al timbre, depende de 
la forma de la vibración del cuerpo elástico, ó en otros términos, del nú- 
mero, ór^en é intensidad de los sonidos armónicos superpuestos al sonido 
fundamental, determinando siempre este último la altura musical de la 
percepóion. 

Debemos distinguir el sonido fundamental del armónico. Al excitar 
una cuerda de violón, un oido práctico no percibe solamente el sonido, 
cuya altura corresponde á la duración déla vibración compuesta de la 
cuerda, sino que percibe á más una serie de sonidos más elevados. El 
más grave corresponde á la duración de la vibración compuesta de la 
cuerda y toma el nombre de sonido fundamental; los otros son los armó' 
nicos^ cuyas alturas musicales tienen relaciones definidas con la altura 
del sonido fundamental. La vibración compuesta de la cuerda engendra, 
pues, en realidad un sonido complejo, constituido por una serie de so- 
nidos simples superpuestos, correspondiendo cada uno de ellos á una da 
las vibraciones pendulares, en las que puede ser descompuesto el mo- 
vimiento periódico de la cuerda. 

Hay además sonido omí, inte^inal, esíercoral^ timpánico^ etc. 



LA MÚSICA EN SUS RELAaONES GON I A MEDICINA. 23 

Se dice que están al unisono dos sonidos cuando son producidos por 
el mismo número de vibraciones en un segundo: asi la sirena y la rueda 
de Savart están al unisono porque indican sus contadores el mismo nú- 
mero de vibraciones en un mismo tiempo. Cuando simultáneamente se 
oyen dos sonidos, que no están al unísono, el oido percibe á intervalos un 
refuerzo de sonido, que se conoce con el nombre de puhaeion; por ejem- 
plo: un sonido que produzca 30 vibraciones y otro 31; si se oyen á la 
par, coincidirán las 30 del primero con las 31 del segundo y de consi- 
guiente habrá pulsación. 

La e cala musical es una serie de 7 sonidos, separados entre si por in- 
tervalos, que se van reproduciendo siempre por el mismo orden, esto 
es, en periodos de 7; cada período recibe el nombre de gama y los 7 so- 
nidos ó notos los de do^re^miyfafSolf la, si, teniendo estos doble nú- 
mero de vibraciones con relación á los de la gama que les precede. Así, 
representando por 1 el número de vibraciones del sonido más grave, el 
do fundamental, después de haber comparado entre sí el que correspon- 
de á las siete notas de la gama por medio de la sirena ó de la rueda de 
Savart, se ve la relación siguiente: 

do re mi fa sol la H da 

... 19 5 4 3 5 15 2 

^^/ • 8 4 ' 3 ' 2 ■ 3 8 

n' 

Llámase intervalo entre dos sonidos á la relación — de los números 
de vibraciones que le corresponden; siendo siempre mayor que JL? se 
conviene en tomar por primer término de la relación el sonido más ele- 
vado. Multiplicando ó dividiendo por un mismo número los dos térm|- 

nos de la fracción -^, no varía de valor^ deduciendo de este que el in- 
tervalo no depende del número absoluto de vibraciones, sino del rela- 
tivo. 

Para haber consonancia en el oido es necesario que sean números 

pequeños los dos términos de la relación — . 

Al oido le son agradables los siguientes intervalos: — ==1, unísono; 
— =2,octava;— =~,8exta;— =-5-,qumta;— =5- ,cuarta;— = ^ ,ter. 

cera mayor y — , tercera menor. 

En la relación (A) vienen representados, en las fracciones del se- 
gundo renglón, no solamente el número de vibraciones relativas al do 
fundamental, sino los intervalos siguientes de las seis últimas notas 
con relación á la primera. Así: 

do 



do 




re, 




tni. 




/•«, 




sol, 




la, 




«, 




1 




9 




5 




4 




S_ 




5 




15 






9 


_ 8 


10 


4 


16 


3 


9 


2 


10 


3 


9 


8 


16 




H 




9 




15 




8 




7 




8 




15 



Debe tenerse en cuenta que se reducen á tres los intervalos diferen* 
tes entre las 7 ñolas de la gama: el primero -|- es el tono mayor; el se- 
gundo -j^el tono menor y el tercero -y semitono mayor. El intervalo 



24 REVISTA CRÍTICA DE CIRUGÍA. 

entre el tono mayor y el menor es -^ , se llama comaf y so necesita un 

oido muy ejercitado para apreciarlo. El intervalo de do á re se llama 
una segunda, el de do á mi una tercera, el de doá fa una cuarta^ y así 
sucesivamente. 

La gama, que tiene las relaciones de vibraciones de la manera re- 
presentada en (A), se llama diatónica^ y la que procede por semitono, 
que se compone de 13 sonidos, cromática. Se han intercalado entre las 
notas de la gama otras intermedias, llamadas sostenidos y bemoles. Sos- 
tener una nota es aumentar sus vibraciones en la relación de 24 á 23, y 
hemolizarla es disminuirla en la de 25 á 24. 

Para terminar estos apuntes, diré que se conocen con el nombre de 
acorde perfecto tres ^sonidos ejecutados simultáneamente, pero con la 
condición de que el primero y el segundo formen una tercera mayor, el 
segundo y el tercero una tercera menor y el primero y el tercero una 
quinta, esto es, que el (número de sus vibraciones correspondientes 
guardan la relación 4-5*6. Estas condiciones las satisfacen las notas 

do, mi, sol, pues representan 1, — > "g- . Este es el acorde perfecto ma- 

yor. El menor se diferencia en la colocación de los dos primeros; así: 

6 5 3 

(Continuará.) 

■ 



REVISTA CRITICA DB CIRUGÍA, 
POR EL Doctor León Formiguera. 



Tratamiento de la hipertrofia de las amlsdcaas con el termo-cauterio.— Coló- 
tomia lumbar.— Sutura del olécranon.— Herida penetrante del abddmen. 

Siempre me ha parecido contraproducente la costumbre, adoptada 
por algunos prácticos, quienes, después de modificar ó inventar algún 
nuevo procedimiento operatorio, recurren, para hacer que resalten más 
las ventajas de su invento, á la critica, no siempre fundada, de otros pro- 
cederes reconocidos como buenos por la mayoría de autores. 

En este caso se encuentra el tratamiento de la hipertrofia de las 
amígdalas con el termo-cauterio, que Krishaber (Courrier Méd.) reco- 
mienda, no sin que antes dirija varios reproches exagerados al conocido 
amigdalotomo de Fahnestock. 

Para verificar su procedimiento, se coloca al enfermo, según es cos- 
tumbre para el examen laringoscópico, frenteal operador: abierta la boca 
y garantida la lengua con una ancha espátula, se ilumina el fondo de Ja 
garganta con luz natural ó sirviéndose de un reflector. Generalmente se 
emplea el termo- cauterio de Paquelin, fino, puntiagudo y á la tempera- 
tura rojo cereza. Guando únicamente se quiere modificar la nutrición de 
la glándula, es preferible valerse del gálvano-cauterio del poliscopo de 



REVISTA CRÍTICA DE CIRUGÍA. 25 

Trouvé. Se hunde tan profundamente como sea posible la punta del ins« 
trumento en el tejido glandular; después se practican cinco ó seis pun- 
ciones por encima y por debajo de la primera, siguiendo una línea ver- 
tical que pase á seis ú ocho milímetros del borde libre. Entre una y otra 
sesión, deben dejarse dos ó tres dias de intervalo con objeto de facilitar 
la caída de la escara y poder apreciar el resultado obtenido. 

En general esta operación debe repetirse cinco ó seis veces; no es dolo- 
rosa (?) y solo exige, después de practicada, frecuentes gargarismos con 
agua tibia ligeramente fenicada, para evitar el olor de la escara. 

Es innegable que algunas, aunque raras veces, después de haber ex? 
cindido las amígdalas con el instrumento de Fahnestock, se presentan 
hemorragias. En cambio tiene la ventaja sobre el proceder de Krishaber 
de que, como antes de introducir el instrumento en la boca solo ve 
el enfermo un anillo, que naturalmente no causa, ni con mucho, la'im- 
presión que produce la presencia del termo-cauterio, el acto operatorio 
se puede llevar á cabo con mucha mayor facilidad. Además, la rapidez 
• con que obra el amigdalotomo, basta por si sola, para que, á mi enten- 
der, pueda considerarse superior dicho método de tratamiento al pro- 
puesto por Krishaber, que en resumen no tiene ninguna ventaja aprecia- 
ble sobre el amigdalotomo y si algunos inconvenientes: mayor duración, 
quizás más doloroso, y más difícil aplicación. 

Recientemente Trelat ha practicado la colotomia lumbar en dos en« 
fermos, obteniéndose en ambos un completo éxito. Las indicaciones de 
la misma, son, según dicho autor: 1.** cuando se trata de un cáncer que 
no puede operarse por la vía rectal, sin que exista peligro para el peri- 
toneo; 2.**, cuando se presentan accidentes característicos; y 3.", cuando 
se conserva bien el estado general. 

Se practica una incisión, que se dirija desde la espina iliaca anterior 
y superior al vértice del ángulo que forma la masa sacro-lumbar con la 
duodécima costilla. El centro de la incisión d3be corresponder á la in- 
tersección de aquefla línea, con otra que, partiendo de dos centímetros 
por detrás de Ja cresta ilíaca, se dirija verticalmente hacia arriba. 

La colotomia lumbar tiene la ventaja de no interesar el peritoneo, 
permitiendo regularizar las funciones intestinales; por otra parte, la 
práctica ha demostrado que un ano formado en el dorso es mucho más 
soportable y cómodo que cuando se forma en la ingle. 

* « 

Mac-Cormac ha llevado á cabo, con buen resultado, la sutura de los 
fragmentos, en un caso de fractura del olécranon. A los veinte y un dias 
retiró los hilos, y á los cuarenta, el enfermo salió curado del hospital. La 
herida que tuvo que hacerse para practicar la sutura, curó sin que ape- 
nas presentara supuración. 

m 

* m 

Son raros los casos de herida penetrante del abdomen con hernia 
visceral que terminan por la curación. El siguiente, que extracto de 



26 LOS MIQRÓFITOS DE LÁ SANGRE 

los Archiv, Méd. Belg.^ es uno de los más notables da nuestros días. 

En un duelo á espada, verificado en 15 de Marzo, un sugeto de 
24 años de edad, temperamento linfático sanguíneo y buena constiiucion, 
recibió una herida en el abdomen. Si bien no perdió el conocimiento, 
cuando lo transportaron al hospital (2 horas después de recibida la heri- 
da), ofrecía todo el cortejo sintomático de los traumatismos más graves. 

Al nivel de la región epigástrica, y desde uno á otro hipocondiio, ha- 
bía una herida abierta, de 19 centímetros de anchura^ por la cual salía una 
masa voluminosa cubierta de una gruesa capa de sangre coagulada, que 
permitió reconocer en ella: el estómago, el epiplon cubriendo las cir- 
cunvoluciones del intestino delgado, y el colon transverso que estaba 
lleno de materiales. 

Lavada cuidadosamente la herida con una solución fenicada al Viooo» 
se intentó la reducción de las visceras, que no pudo conseguirse porque 
se encontraban distendidas por gases. Practicóse después la anestesia, y 
á beneficio de la compresión metódica, se consiguió la reducción. Se 
aplicaron cuatro puntos profundos de sutura entrecortada, que com- 
prendían en su asa todo el espesor de la pared abdominal é impedían la 
salida de las visceras, y después una sutura á punto por encima, desde 
uno á otro extremo de la herida, para que sus labios se correspondieran 
lo más exactamente posible. Luego se cubrió con hilas impregnadas en 
solución fénica al Vioo protegidas por una capa de cautchouc laminada y 
sostenido el conjunto con un vendaje de cuerpo. 

V&rias complicaciones, algunas de ellas de carácter alarmante, que 
se presentaron en los primeros días, cedieron á beneficio de los medios 
apropiados. La ulceración progresiva de algunos de les puntos qu« «tra- 
vesaba elhilode lasutura superficial, obligó, al novenodia, á retirar parte 
de ellos y colocar un tubo de desagüe. Tres días después, por la tenden« 
cía que presentaban los labios de la herida á la separación, hubo de qui* 
tarse el tubo y colocar la sutura ensortijada. Desde esta fecha, la cica- 
trización empezó á iniciarse con perfecta regularidad hasta el 25 de Junio 
en que el enfermo, con la herida totalmente cicatrizada, fué presentado 
á los oficiales de Sanidad para que lo examinaran. 

En este caso se tuvo la precaución de practicar las suturas con seda 
y no con catgut, lo cual hubiera redundado en perjuicio del paciente, 
como acontece algunas veces, pues, absorviéndose con suma facilidad, 
impide la completa reunión de las superficies cruentas* 

LOS MICROPITOS DE U SANGRE Y SÜS RELACIONES CON LAS ENFERÍEDADES, <*> 

POR Timoteo Richard Lewis. 

I. 

Antes de hacer una descripción minuciosa de los organismos micros- 
cópicos, y particularmente de los vegetales, que se han hallado en la 



(1) fialjOtfOflte^ JotimaiJíiertAcoj». 



LOS MICRÓFITOS DE LA SANGRE. 27 

sangre, conviene examinar á qué subdivisiones especiales del reino ve- 
getal pueden estos cuerpos referirse. 

Nftgeli, en una obra reciente (1), ha aclarado bastante la cuestión. La 
autoridad cientiflca de dicho.autor, especialmente bajo el punto de vista 
botánico, dá á sus aserciones en esta materia una gran autoridad. 

Los vegetales, que más coadyuvan á realizar las diversas transforma- 
ciones en las sustancias organizadas, pertenecen á los géneros más infe- 
riores délos hongos, habiéndoles dividido Nágeli en tres clases: i.^Mu- 
cedineasy que se caracterizan por ser filamentos ramificados, formando 
ó no segmentos; 2.o SacharomyceteSy constituidos por pequeños células 
de diversas formas y que se multiplican por medio de brotes ó yemas 
desarrolladas en su superficie; 3fi Hongos articulados ó Schizomycetes^ 
pequeños cuerpos esféricos ú ovales, que se multiplican solamente por 
excisión, que algunas veces quedan aislados, otros forman hileras (bas- 
toncitos, filamentos, etc.) y que por excepción adquieren el aspecto de 
masas cúbicas. A este grupo pertenecen las Bacterias, Vibriones, Baci* 
lluSy Spirillium^ etc. 

cHe dividido, dice Nágeli, los hongos de los géneros inferiores en 
tres grupos. Importa mucho, á causa de ciertas cuestiones prácticas, el 
saber si existen realmente entre estos distintos grupos diferencias espe- 
cificas, ó si tan sólo debemos estudiar estados diversos dentro de las 
mismas especies, ya que ciertos hongos toman sucesivamente la forma 
de Mucedineas, de Sacharomycetes ó de Schizomycetes.'k 

£n los últimos años ^ha sido objeto este estudio de numerosas dis- 
cusiones, habiéndose recogido un sinnúmero de hechos con el fin de 
demostrar, en vista de experimentos que con su cultivo se han realizado, 
que las formas más opuestas pueden sustituirse las unas á las otras. 

Partiendo de este punto, Nágeli nos muestra los errores en que es 
fácil caer sacando conclusiones de los cultivos experimentales. cBajo 
multitud de aspectos, dice, el que cultiva la tierra podría asimismo afir- 
mar que las yerbas nocivas, que crecen en su campo, no son más que el 
resultado de transformaciones sufridas por la semilla que anteriormen- 
te habia sembrado.!^ Nadie lo creerla porque las simientes de dichas 
yerbas son lo bastante grandes para ser reconocidas á simple vista; 
mientras que ios gérmenes de los hongos son de dimensiones microscó- 
picas, no pudiendo los de los Schizomycetes ser vistos más que con el 
auxilio de instrumentos muy poderosos, de lo que resulta que es suma- 
mente difícil comprobarlos asertos referentes á la transformación de 
organismos tan diminutos. Además, añade Nágeli, el observador super- 
ficial posee una ventaja muy marcada. Las conclusiones, á que habrá 
llegado después de una sola semana de cultivo, requieren para ser des- 
truidas años enteros de trabajo de parte de un observador muy com- 
petente en este estudio. 

Esta cuestión ha sido profundizada en estos últimos años por mu- 
chos sabios distinguidos y entre ellos, y especialmente, por el profesor 



(1) Die Niederen Pilze in ihren Beziehungen zu den Infections Krankheiten und 
der Gesundheitspflege, 1577.— Meinicheu.- Ha sido publicada la traducción de una 
gran parte de la Memoria de M. Nágeli en la Beuus intemationale de» acieñce»^ 1878. 



28 LOS MICRÓFITOS DE LA SANGRE 

de Estrasburgo, Bary, quien ha demostrado que un Hongo sólo experi- 
menta una serie de transformaciones muy limitadas y perfectamente 
definidas. NSgeli, como resultado de sus propias observaciones, declara 
que de los tres grupos de hongos que hemo^ mencionado, las Mucedineaa 
y los Sacharomycetea han sido examinados más detenidamente que los 
otros, pues que, salvo una sola excepción, no se transforman nunca unos 
en otros. Refiérese dicha excepción á una especie particular de S^uc^di- 
neaSf que, según ha podido observarse, presenta dos distintas formas de 
vegetación (la forma filamentosa y la forma de yemas), afectando unas 
veces la primera y otras la segunda. Los Schizomycetes ninguna relación 
genérica guardan con los dos grupos anteriores, pues nunca producen 
formas parecidas á las de aquellos, ni tan siquiera derivadas. Parece, 
pues, que Nágeli y Bary se hallan completamente acordes. Afirma Ná- 
geli que es fácil demostrar que el grupo de los Schizfymycetea no se trans- 
forma en los demás grupos, pues introducidos estos en una disolución, 
se destruyen á una temperatura más baja que aquellos. 

No obstante, hay una particularidad que hace difícil probar que los de- 
más grupos (MucedineaSySacharomycetes) no den origen á los Schizomyce' 
teSf á causa de que es tan imposible aislar los gérmenes de los otros hon- 
gos como el excluirlos de este grupo. Sin embargo, en ciertas ocasiones 
ha podido obtener la satisfacción de aislar las Mucedineas^ pudiendo ex- 
tender sus filamentos después de haber destruido por el calor los demás 
gérmenes contenidos en la disolución. Ha guardado durante cuatro años 
una solución, asi preparada, que sólo contenia gérmenes de Mucedineas. 

Aun admitiendo tres grupos de organismos, sólo deberemos aqui ocu- 
parnos del tercero, es decir, de los Schizomycetes^ pues hasta el presente 
sólo se han hallado con completa certeza formas de este grupo en la 
sangre de los animales. 

Otro botánico distinguido, el profesor Cohn de Bresiau, ha estudiado 
asimismo con mucha atención estos vegetales inferiores, habiendo es- 
tablecido para ello un nuevo sistema de clasificación. Toma por punto 
de partida la opinión de que los Schizomycetes se asemejan más alas 
Algas que á los Hongos^ razón por la que propone para designar esta 
familia el nombre de Schizofitos^ en lugar del de Schizomycetes dado por 
Nágeli y usado hasta el dia. Ha insistido además sobre la idea de que 
las diterencias especificas, supuesta^ en las propiedades fisiológicas 
manifestadas por algunos de estos seres, bastan para permitir que se 
les asignen denominaciones específicas. Hace notar Nageli que obrando 
de esta madera, Cohn no hace más que emitir una opinión generalmente 
adoptada y muy extendida entre la clase médica, pero que no puede 
apoyarse en ningún hecho cierto. 

cHe examinado, dice Nageli, durante los diez últimos años algunos 
miles de Schizomycetes^ y á excepción de las Sarcinas no hallo necesario 
el dividirlos en grupos específicos» (1). Por otra parte no parece aún su- 
ficientemente demostrado que todas sus formas no constituyan en rea- 
lidad más que una sola especie (2). 



(1) Op. cií., p. 20. 

(2) Op. oit., p. 23. Véase asimismo A. de Bary, Uber Schimmel und Hefe^ 1869. 



LOS MÍCRÓt^ITOS D£ LA SANGAE!. 2d 

Aún admitiendo que, según las circunstancias en que se forman los 
Sch%zomyceie8y tomen hasta cierto punto diversos aspectos (y la expe- 
riencia en este asunto, de un sabio como Nágeli, debe tenerse en mucha 
consideración), conviene, sin embargo, dejando aparte las teorías, que 
los términos adoptados sean suficientes para distinguir las principales 
formas. 

Dujardin ha ideado tres términos para clasificar el grupo: i.^ Bade- 
rtum, 2fi Vibrio y 3.® SpiriUium. Aunque después de Dujardin se halla 
adelantado bastante en el conocimiento de estos organismos, resta todavía 
mucho que hacer antes de que se realize definitivamente algo que sea 
estable y satisfactorio. Es preferible quizás aceptar de momento estos 
términos, pues bastan, con pequeñas modificaciones, para indicar todas 
las formas que hasta hoy se han encontrado en la sangre. La corta des- 
cripción que sigue bastará para explicar cuáles son las formas de este 
grupo de organismos comprendidos bajo las denominaciones que noso- 
tros aceptamos: 

!.• Bacterias esféricas: pequeños cuerpos orgánicos, visibles tan solo 
con la ayuda de instrumentos de grande aumento. 

2.' Bacterias alargadas ó prolongadas: pequeñas varillas delgadas y 
cilindricas. 

3.* Vibriones: filamentos cortos, ondulados, dotados de movimientos 
que revisten hasta cierto punto la forma de un espiral. 

4.° Baccillus ó Vibriones Baccilli: filamentos cortos, delgados, de arti- 
culaciones no manifiestas; cuando adquieren una gran longitud se hallan 
descritos algunas veces bajo el nombre de filamentos de Leptothrix, 

5.* Spiriüa: filamentos en espiral, muy finos, más ó menos flexi- 
bles, dotados de movimientos de ternilloso de tirabuzón. 

Debemos de paso hacer observar que pueden encontrarse ejemplares 
de cada una de estas formas en el líquido muco-salival, que se segrega 
en la boca de individuos en buen estado de salud. 

11. 

Bé aquí ahora la cuestión, tal como se presenta por sí misma. ¿En 
qué condiciones los organismos que reúnen estos caracteres se encuen- 
tran en la sangre? Pasteur admite que en el estado de salud se halla 
completamente libre de ellos. Hé aquí sus propias palabras: «La sangre 
de un animal en perfecto estado de salud no contiene nunca organismos 
microscópicos ni sus gérmenesi) (1). 

Por otra parte, dice Beale: eLa manifestación más elevada de la vida 
se halla, según mi modo de pensar, penetrada por decirlo así por la ma- 
nifestación más baja. No existe probablemente un solo tejido que esté 
privado de estos gérmenes, ni se halla exenta de ellos la sangre de nin- 
gún individuo:^ (2). 

Parecerá extraño que una cuestión tan sencilla en apariencia no haya 
podido ser resuelta todavía de una manera satisfactoria; que hasta su 



(1) Comptes rendus, LXXXV, pág. 108, 46 JuUo 1877. 
(3) DUease Gsnus, pág. 64, 1870. 



30 LOS MlC»ÓFÍTOS DE hk SANGRE 

solución parezca imposible y que observadores eminentes hayan llegado 
en esta materia á conclusiones diametralmente opuestas. 

Es posible que todos ellos se hallen en el verdadero terreno si, como 
aseguran generalmente, muchos de estos organismos, sumamente te- 
nues, pueden entrar en la circulación á través de los pulmones para 
luego aparecer en los vasos quilfferos (y no cabe duda que las Bac- 
terias pueden atravesar las membranas junto con los líquidos, de igual 
manera que atravesarían las paredes de una vasija de barro ó cualquier 
cuerpo poroso); es muy cierto, cuando menos, que su existencia en la 
sangre de las personas en buen estado de salud es comparativamente de 
corta duración. 

Esta conclusión ha sido deflnitivamente admitida, gracias á las ob- 
servaciones de gran número de patólogos. El Dr. Douglas Cuningham y 
yo mismo pudimos convencernos, hace ya algunos años, de que las Bacte- 
rias, los Vibriones, los Spirillum, etc., desaparecen rápidamente de la 
sangre cuando han sido introducidos durante la vida, aun en número 
considerable. Además: de cuarenta y nueve experimentos, que verifica- 
mos para aclarar la cuestión, fueron examinados doce animales, á los que 
se habia inyectado en las venas dichos organismos. A las seis horas fue- 
ron hallados estos en las venas de siete de ellos, es decir, en un 58 por 100; 
treinta fueron examinados á las veinticuatro, descubriéndose organismos 
en catorce, ó en sea un 47 por 100, mientras que en diez y nueve mues- 
tras de sangre extraída de animales inyectados de igual manera, de dos á 
siete dias antes, tan solo se encontraron Bacterias, Vibriones, etc. en dos 
de ellos, es decir, un poco más del 10 por 100, ó sea un 6 por 100 más de 
los que habíamos observado en gran número de experimentos verifica- 
dos en las mismas condiciones en animales que se hallaban en buen 
estado de salud (1). 

Es, sin embargo, evidente que, aunque la sangre pueda contener 
constantemente un número más ó menos crecido de estos organismos, 
no se acumulan en ella en grande cantidad, pudiendo afirmar, según ex- 
perimentos que se han hecho, que su presencia de una manera aprecia- 
ble es incompatible con un perfecto estado de salud. 

Según se verá después, dichas observaciones no pueden aplicarse á 
los parásitos que reconocen un origen al parecer animal. Puédese ade- 
más afirmar que en ciertas condiciones patológicas, los micrófitos se 
hallan generalmente presentes, aunque no de un modo invariable, sin 
que su número guarde relación con la gravedad del afecto. 

Dejando aparte los casos en que se han observado estos organismos 
en las enfermedades de los insectos (á causa de la dificultad de poder 
aislar dichos organismos délos que ya habitualmente se encuentran en 
sus tejidos), puédese establecer definitivamente que ciertas formas de 
Schizomycetes se han hallado en la sangre en dos enfermedades: en el car- 
bunclo y en la fiebre recurrente. Pasteur ha sostenido recientemente que 
á dichas enfermedades debe añadirse otra: la septicemia, y más recien- 



(1) Cholera, A tapport of microtoopicál and phisiological re»earehea. iSTS Ser. t, 
Appénd*-á. Eight annual repori af thesanitari eommUioner irth tke Gouvemement 
oflnaiak 



KOTIGtÁS GlBNTÍFtCAS. 81 

tem^^te aun el Dr. Klein ha incluido otra: tal es la enfermedad «conocida 
comanmente bajo el nombre de fiebre tifoidea del cerdo» 

Han sido estas cuestiones estudiadas detenidamente por gran número 
de sabios, y en la actualidad será difícil hallar un asunto científico que 
haya sido objeto de estudios más minuciosos. 

En el caso de resultar ciertas las conclusiones emitidas sobre la exis* 
tencia de dichos organismos en la sangre, no nos es dado aun entrever 
su importancia; pues, á ser justas tales hipótesis, la teoría y la práctica 
de la Medicina sufrirían una transformación radical, y la acción futura 
del Estado respecto á las enfermedades fuera objeto de grandes modifi- 
caciones. Antes de pasar al examen de estas últimas cuestiones, haremos 
una reseña rápida de los hechos más culminantes que nos han condu- 
cido á la doctrina actual de las relaciones de las enfermedades con las 
primitivas formas de los organismos, cuyo estudio tanto interés ofrece 
á los médicos y á los botánicos. • 

(Contintiará.) 

NOTICIAS CIENTÍFICAS. 



Tintttra de conyallarla en laa palpitaciones cardiacas parozismá- 
ticas. — Aconsejada por fiotkin, ha sido recientemente empleada por Le- 
monowsk, en un caso de palpitaciones cardíacas paroxismáticas, com- 
plicadas con dolor que se irradiaba al brazo izquierdo. Después de haber 
administrado, sin éxito, multitud de medicamentos, prescribió la citada 
tintura á la dosis de 10 gotas, repetida cuatro veces al dia. A los ocho 
días se obtuvo un resultado muy satisfactorio.— (Formiguera). 

Elixir de bromuro potásico. — {Bulletin gen. de therapeutique.) — El 
Dr< Moura, teniendo en cuenta los inconvenientes por todos observados 
cuando se administran juntos el bromuro potásico y el jarabe de eorte* 
zas de naranjas, inconvenientes representados por la repugnancia con 
que lo toman algunos enfermos, su sabor amargo y aún su alteración, 
recomienda el empleo de un elixir, cuya fórmula es: 

Cortezas de naranjaslmandarinae'freseas.. • S,500 
Alcohol á 90» '..... iO,000 

Macérese dunnte seis semanas en un vaso cerrado y cuélese luego 
sin expresión. El líquido obtenido se pone á 15'' y se añaden 350 gramos 
de jarabe de azúcar y 80 de bromuro por cada litro. Hecho esto se mez- 
clan muy bien y se filtra el total. 

Cada cucharada grande contiene un gramo de bromuro, prescribién- 
dolo Mouia á esta dosis en leche ó en una infusión teiforme.^(RoDRi- 
GUEz Méndez.) 

Precocidad notabld. -^ Henry Bodd (de Bellington), ha publicado la 
observación de una niña nacida en 8 de Octubre de 1871, que empezó á 
menstniar á los doce meses; al principio de un modo irregular, y á los 
siete años, cada tres semanas. A ios ocho años y diez meses y medio pa- 
rió un niño, de término, que pesaba 3 kilos y medio. El recien nacido no 
presentaba nada extraordinario en su conformación; pero el pubis y las 
axilas estaban cubiertas de pelo, y las mamas desarrolladas é ingurgita- 
das de leche.— (FoRMiGUERA.) 



á2 PUBLIGAGIO^S RECIBIDAS. 

El acónito en la fiebre remitente. — De las observaciones recogidas 
por el Dr. Gerald Bomford, concluye éste que el acónito en la fiebre re- 
mitente posee las propiedades siguientes: 1/ Disminuye la temperatura. 
2.' Disminuye la rapidez del pulso y aumenta su plenitud y fortaleza. 
3.^ Limpia lu lengua y restablece las funciones digestivas. 4/ Provoca el 
sueño. 5.^ Aumenta la cantidad de orina y disminuye la congestión de 
los ríñones. 6.*^ Disifiinuye la perspiracion.— (R. Rovira). 

Azúcar de leche: acción lazante. — Tiene escasa novedad lo pro- 
puesto por Traube, pues nadie desconoce que las míeles y los azúcares, 
á dosis conveniente, son purgantes. A pesar de ello, ya como recuerdo 
de la ley enunciada, ya como un dato más que la confirma, apunto el 
hecho, observado por dicho autor, de que la lactina es un laxante agra- 
dable y seguro. Se disuelven de 3 á 5 cucharaditas del azúcar reducida 
á polvo fino erí un vaso de leche ó de agua calientes y se toma por la 
mañana. Dos ó tres horas después se manifiesta el efecto purgante. — 
(Rodríguez Méndez). 



SECCIÓN OFICIAL. 



Inspectores y Sub-inspectores de dentista.— Real orden de 16 de Di- 
ciembre derogando la del 16 de Mayo de 1876, en virru 1 de la cual se crearon 
dichas plazas, y disponierdo que los profesores de Cirugía dental quedan su- 
jetos á la inspección y vigilancia de los Subdelegados de Medicina.— Gacela del 
19 de Diciembre. 

Inhabilitación perpetua.— Real orden de 14 de Diciembre aprobando la 
pena de inhabi'itaciun perpetua para cursar en los establecimientos de ense- 
ñanza del reino al alumno de la Facultad de Farmacia D Eusebio Germán 
Saenz y Hernando, por ofensas de obra al catedrático D. Pedro Lletget. — Ga- 
ceta del 21 id. 

Policía módica.— Circular de la Dirección general de Benefícencia y Sanl- 
dady recordando el cumplimiento de ios artículos 11 y 15 del Reglamento de 24 
de Octubre de 1873, pidiendo á ios Alcaldes la relación nominal de todos los 
facultativos municipales de Meiicina, Farmacia y Veterinaria que presten ser- 
vicios en cada pueblo; ordenando que den relación al Gobernador en los meses 
de Julio y Enero de las alteraciones que ocurran en el citado psrsonal faculta- 
tivo; y que ios Gobernadores, al remitir estas relaciones, manden otra en que 
consten las alteraciones habidas en el personal de Subdelegados, con el objeto 
de comprobar los.libcos que en la Dirección deben llevarse en virtud de lo 
dispuesto en la Circular de 5 de Noviembre último.— Gace/a del 20 id. 



iM^W^^t^hA^tAM^^S^k^t^^^^^^^^^^^^W^'W^^^M^^^^^^^^'N^^ 



PUBLICACIONES RECIBIDAS. 



Manual de Anatomía descriptiva^ escritopara Médicos y Alumnos por el Doc- 
tOR Roberto Hartmann. Traducción directa del alemán por los Dres. L. Góngora y 
S. Cárdena í.— Cuaderno ?.• 

Biblioteca económica de Medicina y Cirugía.— Cuaderno 24. 

Oxythórapie, Application de 1* oxygéne au traitement Jes maiadies, par Charles 
Belot de Regla.—Prlx: un franc— Paris, 1881.— Dos ejemplares. 

Pbriódigos: Eco escolar Médico de Valencia. 



<Si^ 



Tomo n. Nóm. 2. 31 Enero de 1882. Año n. Núm. 26. 

Saceta Médica Catalana. 

SUMARIO: Estudios clínicos, por^ Arturo Mimo li (concluirá).— La músiCA en sus relacio- 
nes con la Medicina, por D. W. Tidol y Carete(eontinuacion).—A.natomía de los centros 
nerviosos, por D.M. A. Vmrgmm (continuación).— Del ácido salicilico y sus compuestos, por 
D. M. E. Moré 7 Barsit (continuación).— Coche para el transporte de heridos, por el 
•r. K Rodricnes MendOBj— Revista de terapéutica, por elDr. I<. Formiffiíer».— Los 
micrófitos de la sangre, por el Dr. T. Rleliard liOwis (continuscion).— NOTICIAS CIEN- 
TÍFICAS: Convulsiones de los niños.— Poción con esencia de trementina.— Del fosfato de cal 
en la tuberculosis --Sección 0(10101.— Publicaciones recUndUu. 



ESTUDIOS CLÍNICOS. 



GonsideracioneB sobre la fiebre perniciosa con motivo de algninos casos 

de difícil diagrn6stico, 

POR D. Arturo Masoti Arroyo. 

El conocimiento de las enfermedades palúdicas se remonta á aquellos 
tiempos en que la ciencia, meciéndose en la cuna de la infancia, deste- 
llaba los primeros albores de su potente luz en la viciada atmósfera de 
la superstición, acariciada por la envenenada brisa de la ignorancia. 

Nada más extraño ni extravagante que la infínitud de teorías, la muí- 
tiplicidad de opiniones emitidas desde entonces hasta ahora sobre el 
agente palúdico, y que constituyen lo que pudiéramos llamar su monu- 
mento histórico. Sin descender al estudio detallado de las distintas ver- 
siones dadas sobre esta materia, solo diré que las varias etapas, que 
forman su historia, han servido de jalones para llegar hoy dia, no la 
perfecto conocimiento del agente palúdico, pues aun hay dudas sobre 
esto, pero si á la verdadera noción sobre su naturaleza. 

Que el paludismo es de origen parasitario, es una cuestión confirma- 
da é innegable; un hecho de demostración, que no dá lugar á dudas y que 
todos aceptan como verdad científica incontrevertible. Pero si bien hay 
solidaridad de creencias en este punto, muéstranse disidentes las opi- 
niones sobre cual sea el parásito generador de la enfermedad y cual su 
evolución patogenésica, una vez en el organismo humano. 

Aunque nada cierto pueda sentar sobre asunto de tan trascendental 
interés, indicaré de paso que, aparte de los trabajos de Balestra y de Sa- 
lisbury, el Baccillus malarioe de Klebs y Tommasi Crudelli, y el Oscillaria 
malárica de Laveran, son los parásitos que se disputan la preferencia en 
el actual momento científico, por más que todas las probabilidades se 
muestren en favor del Bacdllus^ scbizomiceto no há mucho descubierto 
en los lagos Pontinos, mediante una investigación prolija y escrupulosa. 
De todos modos, como esta cuestión no desvirtúa el fundamento cientí- 
fico sentado, debemos convenir en la naturaleza parasitaria del palu- 



34 ESTUDIOS CLÍNICOS. 

dismOy para llegar después al conocimiento de su evolución patogenési- 
ca, punto oscurecido por las nieblas de la duda y sobre el cual va der- 
ramando su divina luz el criterio experimental, armonizando la noción 
teórica con el hecho clínico, único modo de que resulte la verdad cien- 
tiñca. Por eso hoy, incansables paladines de la ciencia se esfuerzan por 
demostrar que la infección palódica, como todas las infecciones, tiene 
por razón patogenésica ciertos actos químicos conocidos con el nombre 
de fermentaciones, toda vez que éstas encuentran en el organismo un 
terreno apropiado para desarrollarse. Existiendo el parásito, que es un 
fermento, y habiendo en el organismo materias fe rmentescibles, que son 
condiciones indispensables para que se realicen los cictos fermentativos, 
claro se está que la fiebre malárica es una fermentación llevada á cabo 
en el líquido hemático, idea tanto más aceptable cuanto que los fenó- 
menos, desarrollados por estas acciones químicas, están perfectamente 
armonizados con los síntomas que presenta dicha enfermedad. 

Si descendiera al terreno de las comparaciones y estableciese el pa- 
ralelo entre los actos fermentativos y los fenómenos á que da lugar en el 
organismo humano el elemento palúdico, probado quedaría la legitimi- 
dad de este aserto, pues son muchas las razones que militan en pro de 
esta teoría; pero como mi objeto es más limitado, apartóme de un todo 
de este asunto, no sin dejar sentado que las fiebres infecciosas, en cuyo 
grupo está la palúdica, no tienen más interpretación racional que la teo- 
ría vitalista de las fermentaciones, formulada por Pasteur, Dumas, Bou- 
chardat y otros, á la cual debemos rendir culto si queremos vivir en ar- 
monía con lo que pregonan la razón y la experiencia. 

Sentado este concepto, á todas luces evidente, puesto que el criterio 
clínico no lo rechaza, vengamos á la cuestión principal objeto de este 
escrito. 

¿Qué diferencia existe entre el agente palúdico, que origina la fiebre 
intermitente normal, y el que ocasiona la fiebre perniciosa? ¿Son gér- 
menes distintos, aun desconocidos, ó son seres idénticos en diferente gra- 
do de evolución? ¿Es la receptividad orgánica, en sus diversas gradacio- 
nes individuales, la causa de que aparezcan ya una, ya otra forma de la 
afección palúdica, ó consiste esto acaso en el número más ó menos con- 
siderable de los gérmenes? 

Hé aquí una cuestión por ahora bastante oscura y de solución difícil; 
pero no deja de extrañar el que en ciertas comarcas en donde se padece 
la malaria endémicamente, se obsérvela forma perniciosa cuando apenas 
se registran casos de intermitentes normales y larvadas, y á la inversa: 
puntos donde solo se manifiestan éstas sin revestir carácter de perni- 
ciosidad. Yo bien sé que muchas veces las intermitentes normales dan 
lugar á la perniciosidad con sus fatales consecuencias, y que en los paí- 
ses paludianos se ofrecen á la observación ya una, ya otra forma de la 
manifestación morbosa; más en éste, en que yo ejerzo, llevo asistidos á 
multitud de enfermos afectos del paludismo, y, sin embargo, solo seis 
han padecido intermitentes normales, hasta el punto de ser aquí las 
fiebres perniciosas tan frecuentes casi como los catarros gastro-intes^ 
tíñales. 

Esta particularidad me ha inducido á pensar que el agente palúdico, 



ESTUDIOS CLÍNICOS. 35 

generador de la enfermedad, no debe ser el mismo para todas las formas 
con que se presenta la malaria, y apoyo mi creencia en que el parásito 
productor de la fiebre intermitente, normal, por ejemplo, deberla conti- 
nuar siempre obrando en el mismo sentido y produciendo idénticos fe- 
nómenos, toda vez que es un fermento y los fermentos tienen propieda- 
des fijas é invariables. Más satisfactoria seria la creencia de que estos 
parásitos obran de distinto modo, según el grado de desarrollo en que se 
encuentran; pero de ser así debieran presentarse simultáneamente todas 
las formas del paludismo, y aunque esto ocurre muchas veces, aquí, sin 
embargo, hay marcada predilección á la forma perniciosa, lo cual des- 
virtúa el valor de esta suposición. 

Si admitimos, por último, con Duberder, de Lorient, y Kunze, que la 
perniciosidad está en razón directa del número de los gérmenes, trope- 
zamos con el mismo inconveniente en la demostración clínica de este 
aserto, puesto que es extravagante conceder que en esta zona se desar- 
rollen siempre tan considerable número de gérmenes y que éstos obren 
por igual sobre todos los organismos, sin que valga para nada la recep- 
tividad orgánica, que no debe ser idéntica en todos los individuos. Hecho 
tan original es por su misma originalidad increíble. 

Estas consideraciones, que podrán ser gratuitas, pero que yo consi- 
dero razonadas, me afirman en la creencia de que el fermento palúdico 
es diferente para la forma perniciosa de la enfermedad, la cual reviste 
en este país caracteres especiales dignos de tenerse en cuenta bajo el 
punto de vista diagnóstico. 

Por otra parte, admitida la semejanza del proceso infeccioso con los 
actos fermentativos, es indudable que el fermento malárico, generador 
de las intermitentes normales, debe ser distinto del que origina las per- 
niciosas, puesto que éstas presuponen la existencia de una fermentación 
mucho más activa y frecuentemente de funestas consecuencias, mien- 
tras que las otras, no solo son compatibles con la vida, si que también 
con la salud por un período de tiempo más ó menos largo, según las con- 
diciones individuales. ¿Y hemos de admitir que un mismo veneno pro- 
duzca tan opuestos resultados? 

Sabido es que la perniciosidad está caracterizada por la exagerada 
intensidad de uno de los estadios del proceso palúdico, ó por la presen- 
tación de fenómenos patológicos alarmantes que se asocian á la fiebre; 
más ofrece caracteres tan particulares en la manera de presentarse, en 
su curso y terminación, que constituye un proceso tan desemejante de 
la intermitente normal, que apenas si se sospecha muchas veces su na- 
turaleza; ¡tan complexo es el cuadro sintomatológico que manifiesta en 
la generalidad de los casos! Cuando veis, por ejemplo, á un enfermo aco- 
metido de una fiebre altísima, en que el termómetro marca 40° ó 41°, 
sobrecogido de un delirio incesante ó sumido en un coma profundo, y 
miráis en aquellas facciones los signos de una terrible exaltación moral, 
ó las huellas de un estupor marcado, y en este estado de sobre excitación 
continua ó de adormecimiento absoluto lo sorprende la muerte, sin que 
vosotros hayáis tenido siquiera tiempo para diagnosticar la enfermedad, 
¿diréis aun que el veneno malárico, que origina este cuadro patológico 
tan terrible; es el mismo que el que ocasiona la fiebre intermitente 



36 ESTUDIOS CLÍNICOS. 

franca? Cuando observáis á un febricitante entregado á una de esas es- 
cenas patológicas, cuyos tristes episodios se revelan, ya por una convul- 
sión tetánica ó cataléptica, ya por un dolor cardiáigico intenso que 
amaga mortal golge sobre ese centro de la vida, bien por síncopes repe- 
tidos, fatales remedos de la muerte, bien envuelto en una algidez cada- 
vérica ó cubierto de sudor copioso, cual si las cataratas orgánicas se hu- 
biesen roto, derramando sobre su piel copiosa lluvia, ¿diréis que el 
veneno, que en estos casos infecciona la sangre, que la intoxica y consu- 
me, es un veneno tan inocente como el de la malaria común? De ningu- 
na manera. 

Yo no niego que la receptividad orgánica obre por mucho eh la mten- 
sidad de la fiebre, influyendo en su mayor ó menor malignidad; pero 
también es raro sobremanera que en esta zona solo se padezcan fiebres 
perniciosas en sus diferentes formas, lo cual está en abierta contradic- 
ción con el hecho mismo de la receptividad orgánica, pues siendo esta 
diferente en cada individuo, distinta debiera ser también la manifesta- 
ción morbosa. 

En vista de estas razones y de otras que reservo por no pecar de pro- 
lijo, creo poder admitir que la fiebre perniciosa, si bien es una infección 
de naturaleza palúdica, es producida por un veneno mucho más activo 
y maligno que el que determina la intermitente normal. 

Después de estas consideraciones, nacidas de la práctica, y que en 
parte tienen relación con el tratamiento más ó menos activo, que deba- 
mos emplear para combatir con algunas probabilidades de éxito la fu- 
nesta marcha de dicho padecimiento, pasémosla la narración de algunos 
casos clínicos verdaderamente interesantes, por si su estudio pudiera 
servir de provecho á mis dignos comprofesores. 

Observación 1/ — Fiebre perniciosa simulando una peritonitis puer* 
p«raí.— Gregoria N., de treinta y dos años, multípara y de temperamen- 
to sanguíneo, fué acometida de los dolores de parto en la noche del 1.*" 
de Marzo del pasado año. Sometida á los cuidados de una comadrona, de 
esas que se titulan aficionadas, esperó inútilmente la expulsión del feto, 
hasta que á las 24 horas de continuo sufrir apareció en la vulva la ma- 
no de la criatura. Incidente tan inesperado alarmó á la familia y ésta 
reclamó mi asistencia facultativa. Reconocida la parturiente y diagnos- 
ticada la posición del feto, intenté la versión, que fué imposible en aten- 
ción á lo edematoso que estaba el brazo. Las contracciones uterinas ha- 
bían cesado y el feto se hallaba muerto, según los datos negativos que 
me suministró el estetóscopo y el tacto rectal. Ante esta situación eno- 
josa pedí consulta, qne me fué otorgada. 

En unión de mi distinguido compañero D. Pascual Molina, médico de 
un pueblo vecino, procedí á la amputación de la extremidad braquial y, 
expedita la vagina, pudimos después de grandes esfueizos practicar la 
versión podálica y extraer el feto. £1 alumbramiento fué también arti- 
ficial porque la matriz continuaba inerte; pero á pesar de esto no tuvi- 
mos que lamentar contratiempo alguno. La hemorragia fué moderada y 
el estado de la enferma relativamente satisfactorio. 

Al depositarla en el lecho, experimentó algunas horripilaciones que 
duraron dos ó tres horas con cortos intervalos. Manifestóse una fiebre 



ESTUDIOS CLÍNICOS. 37 

alta, cuya cifra térmica se elevó á 39 grados, sosteniéndose á esta altura 
hasta la mañana siguiente en que remitió dos décimas. El flujo loquial 
continuó siendo abundante; el vientre blando, depresible é indoloro, 
mostrábase algo timpanitico y en la vulva presentóse una pequeña es- 
cara gangrenosa de poca importancia. 

En la tarde de aquel dia varió el cuadro sintomatológico por com- 
pleto. Dolores abdominales insufribles, vómitos, cefalalgia y sed inten- 
sa, pulso frecuente y duro (130), temperatura á 40*, delirio tranquilo y 
facciones contraidas bajo la influencia del dolor, fueron los fenómenos 
que se manifestaron. 

Aquel conjunto de síntomas desplegados con tan extraordinaria ra- 
pidez después de una calma aparente, prodújome bastante inquietud, 
pues en mi concepto se trataba de una peritonitis general aguda ó re- 
pentina, y para decirlo de una vez, de una peritonitis d'emblée. 

Para sentar este diagnóstico, servíanme de fundamento la invasión 
brusca de la enfermedad, la exagerada sensibilidad del abdomen y su 
generalización por todo él sin limitarse á la región principal uterina, 
punto donda se marca el dolor en la peritonitis generalizada, que era 
con la que pudiera haberse confundido. Empero, atendiendo á las razo- 
nes expuestas y recordando que, según Béhier y otros observadores, 
las peritonitis generalizadas suponen un traumatismo uterino, estando 
además sostenidas por alteraciones del útero y de sus anexos, alteracio- 
nes que en la enferma á que aludo no se hablan revelado por ningún 
síntoma positivo, fuese inclinando mi ánimo hacia el diagnóstico mani- 
festado. 

No ignoro la rareza de la peritonitis d^emblée relativamente á la pe- 
ritonitis generalizada; pero en esta última enfermedad el dolor se ma- 
nifíesta por irradiaciones sucesivas, á partir de la región sub- umbilical, 
y la extensión de la flegmasía también se efectúa por etapas ó interva- 
los más ó menos largos, mientras que en la peritonitis general sobre- 
aguda no hay extensión progresiva del dolor, sino que todo el vientre es 
invadido simultáneamente de un sólo golpe, sintiéndose la enferma tan 
pronto de los lomos, como del epigastrio, de los hipocondrios, de la re- 
gión uterina y, en una palabra, de todo el abdomen á la vez; y como esto 
precisamente ocurrió á mi enferma, por eso formulé semejante diag- 
nóstico. 

Además, la timpanitis abdominal tan bruscamente desarrollada, el 
delirio que se presentó, el escalofrió inicial que fué único y prolongado 
y aquella ñsonomía contraída revelando el más acervo sufrimiento, 
eran caracteres semeióticos bastante elocuentes para insistir en el diag- 
nóstico preconcebido; ¿pero creéis que á pesar de la uniformidad de todo 
este cuadro sintomatológico, padecía la enferma una peritonitis general 
sobre-aguda? De ninguna manera; yo padecí un error porque descono- 
cí la naturaleza de la enfermedad^ Aquellos síntomas efectivamente eran 
la expresión de un proceso infeccioso, pero no era producido por el ve- 
neno puerperal, como yo supuse, sino por el miasma palúdico. La prue- 
ba la tenéis, en que después de administrar la quinina á altas dosis, me- 
dicación que me es más simpática en los casos de peritonitis que las 
otras medicaciones aconsejadas y quetodos conocéis, desapareció aquel 



38 LA MÚSICA EN SUS RELACIONES CON LA MEDICINA. 

cuadro tan alarmante, quedando la enferma sin síntomas objetivos ni 
subjetivos y en completo estado de apirexia, después de la ingestión por 
la boca de 4 gramos de la sal quínica, dados en el intervalo de 48 horas. 
Repeti su administración á la dosis de 12 decigramos y todo quedó con- 
cluido, entrando la enferma en una convalecencia franca al cuarto dia 
de manifestada la enfermedad. ¿Creéis que si no hubiera sido una ver- 
dadera infección palúdica, hubiese desaparecido como por magia todo 
aquel terrible proceso perilonitico, que amenazaba tan de cerca la vida 
de la pobre puérpera? Seguro que no, y por eso convendréis conmigo en 
que lo que la enferma padeció^fué una fiebre perniciosa, que escogió por 
teatro de sus manifestaciones la cavidad del vientre, simulando un es* 
tado flogístico que de ninguna manera existia. 

Hechos como éste, no son frecuentes por fortuna, pero revisten for- 
mas tan raras las fiebres perniciosas, que quizá muchas de esas perito- 
nitis, que se han yugulado en poco tiempo á favor de la sal de Pelletier, 
y cuyas observaciones se han referido por la prensa médica, sean otras 
tantas modalidades de la infección palúdica. Quizás el crédito que ha 
adquirido dicho medicamento en la terapéutica de la peritonitis puerpe- 
ral, sea debido á la naturaleza malárica que en muchos casos reviste 
este padecimiento, particularmente en los paises que están bajo la in* 
fluencia de la endemia. 

Yo sólo sé deciros que el hecho fué tan extraordinario y raro como 
grave en sus manifestaciones, y que es digao de atención bajo el punto 
de vista práctico, por lo que me be decidido á molestaros con la narra- 
ción de esta historia clínica. 

(Concluirá,) 



U MÚSICA EN SUS RELACIONES CON U MEDICINA. <» 

Estudio especulativo, fisiológico, higiénico y terapéutico, 

(Tesis del Doctorado) 

POR D. Francisco Vidal y Careta. 



ESTUDIO FISIOLÓGICO. 
Audición. -Fisiologria comparada. -Efec' os en el hombre. 

1. 

Audición. ^^Com o mi tesis es más bien estudio de aplicación, sola- 
mente indicaré lo más principal para dar orden al trabajo que estoy 
haciendo. 

Oido externo,-— El pabellón es órgano de concentración de las on- 



(1) Continuación.- Véase el número 25. 



LA. MÚSICA EN SUS RELACIONES CON LA MEDICINA. 39 

das sonoras, y parece útil para juzgar de la dirección de los sonidos, 
pues las personas que se llenan con cera sus circunvoluciones, están 
desorientadas en cuanto á este punto. El conducto auditivo externo sir- 
ve de medio de transmisión al sonido: 1.® por la corriente de aire 
que existe en su interior; 2.^ por las paredes óseas y cartilaginosas que 
le constituyen. Como de estos se propaga á los huesos de la cabeza y de 
aquí al liquido laberíntico, este úUimo modo de transmisión es el me» 
jor, pues ya se sabe que en medios sólidos es donde se propaga el sonido 
con más facilidad. 

Oido medio, — La membrana del tambor es un aparato de física desti- 
nado á recibir del aire ó de las paredes del conducto las vibraciones 
sonoras. Cuando el aire de la caja^ que lleva el mismo nombre, se en- 
rarece, el exterior ejerce presión sobre la membrana, y hundiéndola en 
la cavidad timpánica, la pone tensa y aumenta su convexidad. El mus-' 
culo interno del martillo tiene una análoga acción. Bichat decía que es- 
ta tensión tenia por objeto aumentar la energía del sonido, lo que con- 
tradice las leyes físicas; pero Savart cree que es para disminuir el efecto 
del sonido sobre ella (cuanto mus tensa está una membrana menos am- 
plias son sus vibraciones) y menguar el efecto de ciertos sonidos desa- 
gradables. La cadena de huesecillos sirve como tallo sólido para el cruce 
de las ondas sonoras, y atraviesa una caja llena de aire, la caja del tam- 
bor^ inútil en los peces, en los cuales las ondas sonoras se trasmiten 
fácilmente desde el líquido ambiente al líquido laberíntico, necesaria en 
los anímales de vida aérea, como aparato aislador, facilitando el paso de 
las ondas de un medio gaseoso á un medio líquido. Las células maS" 
toideas aumentan la cavidad timpánica. Ln trompa de Eustaquio, abrién- 
dose no más que en cada movimiento de deglución, hace comunicar la 
caja y el aire exterior, y á más equilibra la tensión del aire contenido en 
ambas partes. La cuerda del tambor es un filete nervioso que atraviesa 
la caja del mismo nombre, y, como se sabe, dirigiéndose á las glándulas 
salivales, produce su secreción. Se ha dicho que el mismo efecto podían 
determinar ciertos sonidos muy agudos, obrando sobre este filete por el 
intermedio de la membrana á que está aplicado. 

Oido interno. — Aquí es donde se ha trabajado más parañjarydar á 
cada una de sus partes el valor que les pertenece. Se ha dicho que el ca- 
racol^ con su lámina espiral (órgano de Cortí), sirve para percibir las 
distintas impresiones musicales, y los tres conductos semicirculares para 
percibir la dirección en que vienen los sonidos. Hemhollz, verdadera au- 
toridad en la materia, dice: las fibras de Corti constituyen un verdadero 
prisma que disocia los sonidos musicales, siendo reconstituidos inme- 
diatamente por las terminaciones nerviosas de las fibras donde el con- 
junto de vibraciones constituye una sensación auditiva única. Esta sen- 
sación auditiva no es otra que la noción de los sonidos musicales. 
Habiendo, según Kolliker, 3,000 fibras de Corti, más de 400 corresponden 
á cada una- de las 7 octavas de los instrumentos de música, ó sea un gru- 
po de 33 Va por cada semitono. Observando Hemhoitz que la diversidad 
de impresiones percibidas no depende de la naturaleza de los agentes 
exteriores, sino de la naturaleza de los diversos aparatos nerviosos des- 
tinados á p3rcibir la excitación, por ejemplo, las leyes de la naturaleza 



40 LA MÚSICA EN SUS RELACIONES CON LA MEDICINA. 

de los colores, ha admitido en el ojo tres clases de fibras nerviosas cor- 
respondientes á la percepción del rojo, del verde y del violado, siendo 
por lo tanto las diferencias cualitativas de las sensaciones visuales re- 
feridas á la diversidad de nervios que perciben estas sensaciones; asi- 
mismo ba formulado para el sonido que, las diferencias de su cualidad, 
es decir, altura, timbre, son debidas á la diversidad de fibras nerviosas 
que reciben la sensación, y por cada fibra tomada aisladamiente no resta 
más que las diferencias procedentes de la excitación. 

II. 

Fisiología comparada.*-' Estudiaré solamente la influencia de la mú- 
sica en aquellos animales que se ha probado de un modo bien patente. 

Entre los mamíferos, parece el perro gustar de un modo extraordina- 
rio de ella; es tanto lo que le deleita que gime conmovido al oir un or- 
ganillo, así como sale de la cocina para ir al salón en donde se verifica 
un concierto, volviendo al sitio de donde partió una vez terminado. El 
caballo no puede contener sus ímpetus al oir la trompeta, ajustando 
siempre su marcha á la de la música. El buey se trastorna en su faena, 
poniéndose lo más desalentado si su conductor deja de silvar ó cantar. 
Al lobo le ahuyenta el cuerno de caza. El elefante se precia de tener el 
oido delicado. Une sus rugidos al rumor de los tambores y trompetas, 
habiéndose observado, en conciertos dados en el jardin de plantas de 
París, en honor suyo, lo inteligente que es para la música. Se colocó la 
orquestado manera, que no pudiera ser vista por los protagonistas. Al 
oir los primeros acordes manifestaron sorpresa y recelo, pero pronto se 
subyugaron por completo á su influencia. Por su manera de andar, ya 
rápida, ya calmosa, en sus movimientos, ora bruscos, ora blandos, hu- 
hiérase dicho que venían sujetándose á las ondulaciones del canto y del 
compás. El león se enfurece al oir el. contrabajo y las notas graves. 

Entre las aves hay muchas que, como sabemos, tienen la gran faci- 
lidad de emitir ciertos sonidos, realizándose en un gran bosque anidado 
por diversas de ellas el gran concierto de la naturaleza. Lizts lo ha que- 
rido imitar en su leyenda, San Francisco de Asís predicando álos pájaros, 
obra verdaderamente monumental, que prueba el valor de la música 
descriptiva cuando hay genios que sepan manejarla. También la música, 
y en particular la de motivos juguetones, contribuye á dar más anima- 
ción al canto de las aves, como he tenido ocasión de observar distintas 

veces. 

Los reptiles, los saurios y ofidios tal vez representan los animales en 
que más poder tiene la música, pues á las veces llega á dominarlos de tal 
manera que quedan aprisionados en sus redes. Entre los saurios tene- 
mos á la iguana, que, gracias á su influencia, olvida el instinto de la 
conservación (como casi todos ellos) y feliz el salvaje que silba bien, 
pues podrá impunemente acercarse al reptil, cuya carne dicen es muy 
apetitosa. Entre los ofidios, la serpiente de cascabel queda bajo su in- 
fluencia completamente aletargada. Chateaubriand reñere que, viajando 
por el Alto Canadá, en unión de algunas familias salvages, invadió el 
campo que ocupaban una enorme culebra; un canadiense se propuso 



LA MÚSICA EN SUS RELACIONES CON LA MEDICINA. 41 

maravillar á sus compañeros de viaje. El experimentador se fué acer- 
cando cautelosamente al reptil, el cual, asi que le descubrió» empezó á 
agitarse, se enroscó formando espiral, agachó su cabeza, hinchó sus car- 
rillos, contrajo sus labios, descubriendo sus envenenadas y sangrientas 
fauces. Una vez visto el peligro, el canadiense se vale de la flauta, y lo 
mismo es ejecutar la más ligera melodía, el reptil empieza á sorpren- 
derse á sus primeras notas, hasta que se subyuga por completo á su 
canto. Entonces el canadiense ejecuta algunos sonidos suaves, aleján- 
dose del ofidio y este no pudiendo resistir á sus encantos le seguia, lo- 
grando así llevarlo lejos del campamento. 

m. 

Electos en el hombre.- Ante todo convendría saber por qué se llama 
naturalista á David, demonio á Lizts, sensualista á Yerdi, poeta á Cho- 
pin, etc. ¿Qué es lo que se indica con eso? Algo se querrá decir, pero yo 
creo que serán ideas muy vagas. ¿Es que se quiere demostrar que dichos 
autores han trasmitido á los sonidos su carácter? Algo de eso hay, más 
no en sentido absoluto, puesto que la perfección es imposible, pues sien- 
do el hombre el ser más voluble de la creación, hoy escribirá música 
trivial, mañana se inspirará en la religión y nos dará una obra maestra 
en este género. Nosotros no debemos tomarlo en este sentido, sino como 
verdaderos fisiólogos, aplicar la música que signifique algo, esto es, que 
su género se aisle perfectamente, sin atender á que sea de este ó del 
otro autor y desechar laque por muy compleja no sirva de nada. O sino 
¿qué sacaremos en hacer oir á un melancólico una marcha fúnebre? Es 
muy probable empeore. En cambio, ¡cuánto mejor resultado nos daría 
hacerle oir un motivo de danza! 

Rambosson ha inventado una clasificación, fundada en la fisiología 
de la música, qu3 si bien me parece incompleta, es digna de elogio. Es la 
siguiente: 

1.' Hay una música, que actúa especialmente sobre la inteligencia y 
sobre el movimiento, y por consiguiente sobre los nervios locomotores. 

2.* Hay una música, que obra preferentemente sobre los sentimien- 
tos y sobre la sensibilidad, y por lo tanto sobre los nervios que de ésta 
son conductores. 

3." Hay una música, que obra á la vez sobre los nervios locomotores 
y sobre los sensitivos, sobre la inteligencia y sobre el sentimiento, y esto 
es, en general, lo que con más frecuencia sucede. 

4.' Pero desde la música que obra más sobre la inteligencia y los 
nervios locomotores, hasta la que obra más sobre los sentimientos y los 
nervios sensitivos, hay una infinidad de grados, en los cuales cada gé- 
nero encuentra su sitio correspondiente. 

Esta clasificación peca, en mi concepto, de lacónica é incompleta, 
dándonos solamente idea de un modo general del funcionalismo déla 
música, sin decirnos cuál es el género capaz de impresionar los nervios 
de la locomoción, cuál la délos sentimientos, siendo por otra parte de- 
masiado complejo el uso que de ella hace respecto á su modo de obrar. 

Voy á intentar desaparezca este vacío, sin confiar, ni mucho menos, 



42 LA MÚSICA EN SUS RELACIONES CON LA IIEDICINA. 

en haber hecho una clasificación perfecta, pues si en el estado actual de 
la ciencia no hay ninguna que lo sea, ¿cómo lo voy á establecer yo en 
una parte de ella que todavía está en embrión? 
La clasificación que propongo es la siguiente: 

CLASIFICACIÓN FISIOLÓGICA DE LA MÚSICA. 

! Pueril. 
Campestre. 
Melancólica. 
Fantástica. 
Religiosa. 
Binroniea / (Guerrera. 



Medular. 



Teatral | Dramática. 



Locomoción. • • •< 

( Danzante. 

í Exaltante. 
Sensibilidad. • • •< 

(Deprimente. 



Como se ve, divido la música en sinfónica y teatral, dando el nom- 
bre de sinfónica á la que no necesita de ningún artificio para cautivar al 
hombre, y el de teatral á la que se acompaña de ciertos accesorios para 
demostrar mejor el drama de la vida humana. Desde luego se compren- 
de la superioridad déla primera, puesto que se presenta más pura, con 
más atractivos; estudia la naturaleza en si misma, sin menester para 
deleitar de ningún artificio como requiere la segunda, y por lo tanto, 
como médicos y fisiólogos, optaremos por la primera en todas nuestras 
indicaciones, salvo el caso de algún hecho particular en que convenga 
valemos de la segunda. 

He dividido la sinfónica: en una que obra sobre el encéfalo (inteli- 
gente, música de las pasiones), y en otra que dirige su acción sobre la 
médula, ya sobre los nervios motores, ya sobre los de sensibilidad. Bien 
sé que quizá aislo demasiado el poder del agente que estudio, más no 
por eso me arredro, pues si hoy no se presenta con toda su claridad, tal 
vez mañana con más adelantos se comprenderá mejor. Estudiando los 
diversos géneros que comprende la sinfónica, procuraré demostrar lo ló- 
gico de tal división. 

El género pueril, por otro nombre sencillo, suave, etc., comprende 
aquellas composiciones que cautivan sin dominar ni cansar nuestra 
atención, esto es, que la voluntad no hace esfuerzo alguno para que 
nuestra imaginación deje de estar el tiempo que quiera extasiándose 
en su contemplación. Se puede decir que la miramos sin verla. Yo la 
creo indicada para el descanso de todas las ocupaciones del hombre, asi 
como para facilitar una buena digestión, etc. Muchos autores se han de- 
dicado á este género de música, citando particularmente á Haydn, que 
en todas sus composiciones hace campear los motivos más juguetones, 
asi como á Mozart y otros. 

Ya en un grado más elevado se nos presenta el género campestre. Es- 
te permite á la imaginación mucho más vuelo, no contentándose como 
la anterior con extasiarla sin herirla, sino que la eleva hasta el punto de 



LA MÚSICA EN SUS RELACIONES CON LA MEDICINA. 43 

dominar por completo á la naturaleza en toda su riqueza y esplendor. 
Esta es la que ha permitido á sus adoradores el que se hicieran grandes 
concepciones en su honor; jamás podrá olvidarse la Pastoral de Beet- 
hoven, el Desierto de David, la Creación de Berlioz, el Poema sinfónico de 
Meyerbeer. En todos los casos de melancolía, proceda de lo que proceda, 
ya de nostalgia, ya de un amor contrariado, en la hipocondría so- 
brevenida á consecuencia de enfermedades crónicas, está en mi concep- 
to muy bien indicada. 

Luego sigue el género melancólico. Este obra sumiéndonos en un esta- 
do de postración y languidez, que solo él es capaz de producir, y deter- 
mina casi el mismo efecto que cualquier ataque que se acompañe de 
colapso. Aquí tiene su lugar conveniente la música fúnebre, entre la 
cual descuellan las obras de Chopín, Beethovenj, Thalberg y todas las 
que por su carácter triste, como Elegias, Nocturnos^ etc., se hayan inspi- 
rado en tales ideas. Está indicada en individuos de temperamento co- 
lérico, en ciertas monomanías, para dominar malos instintos, etc. 

En penúltimo lugar coloco el género fantástico^ el género poético, 
el que presenta la vida rodeada, de ñores, el que ha inspirado al pintor 
sus cuadros y al poeta sus versos. Quien niegue la poesía en la música 
de Chopin, que ha hecho verter lágrimas al más insensible de los hom- 
bres, solo probará que carece de imaginación y que tiene el encé- 
falo muy poco desarrollado. Muchas composiciones abundan en este gé- 
nero, debiendo hacer especial mención de las de Lizts, Mendelssohn y do 
las del genio del siglo diez y nueve, Rubinstein. Muy bien indicada está 
en todos aquellos sujetos de temperamento linfático y carácter flemáti- 
co, conocidos vulgarmente con el nombre de frios, así como sirve de 
manantial á los artistas para que busquen en ella sus inspiraciones. 

Por último, me ocupo del género religioso, diciendo de él que no hay 
otro arte que nos lo pueda presentar con tanta verdad como la música. 
Ninguno inspira el respeto, el recogimiento y |la veneración que ésta 
inspira. Innumerables son los autores que han cultivado la música sa- 
cra, y de dicho género abundan perfectas producciones, no estrañándo- 
me por otra parte, pues antiguamente se puede decir que era el único 
que se conocía. El arte religioso siempre conmemorará los nombres de 
Alegri, Palestrina, Gounod, etc. Encuentra su indicación en todos aque- 
llos casos en que el hombre se deja dominar por un sensualismo exa- 
gerado, para cortar ciertas pasiones brutales, para inspirar la vir- 
tud, etc., etc. 

La música que dirige principalmente su acción sobre la médula, pu - 
diera llamarse refleja. Esta, como se ha visto, la divido en una que obra 
sobre los nervios locomotores, música rítmica, y otra sobre los de sen- 
sibilidad. La que obra sobre los nervios locomotores, actúa exclusiva- 
mente por su ritmo, sin obrar sobre la inteligencia ni sensibilidad; es 
una música, que yo llamaría mecánica, siendo los efectos que produce 
verdaderos actos reflejos, pues que nos vemos inconscientemente atraí- 
dos hacia el ritmo que ella lleva. Sirva de ejemplo un paso doble ejecu- 
tado por una banda militar. Se puede decir que casi nuestra voluntad 
es impotente para obligar á nuestro cuerpo á seguir una marcha dis- 
tinta de la que marca el compás. Comprende los géneros guerrero y dan- 



44 ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 

7ante. Están indicados, aparte de ciertas monomanías, principalmente 
en las neurosis. 

La que obra sobre los nervios de sensibilidad preferentemente, aun- 
que no se puede aislar también como la anterior, sin embargo, debemos 
admitirla; ¿pues á quién de los mortales no le ha pasado lo que vulgar- 
mente se conoce con el nombre de piel de gallina, al ser impresionado 
vivamente por un canto ó poema sinfónico ejecutado magistral mente y 
digno de tal ejecución? En este caso seria exaltante de la sensibilidad é 
indicado en todos los casos de atonía nerviosa, siendo deprimente 
cuando, al contrario, por ser la composición cansada, larga y peor eje- 
cutada, produce tedio, hasta llegar, como el opio, á dar sueño, aún á los 
mismos ejecutantes. Indicada está en los casos de excitación nerviosa. 
£1 canto se puede decir que es el que impresiona más y mejor, consti- 
tuyendo, por lo tanto, el primer género, y todas esas composiciones ma- 
las, que nunca se acaban, por la razón que son malas, constituye el 
segundo. 

En cuanto á la teatral solo comprende el género dramático. Participa 
de la acción de todas los demás, y por su complegidad no creo oportuno 
su empleo, excepto en el caso de querer combatir el fastidio y tristeza, 
y siendo más bien elemento de distracción y de solaz que elemento cu- 
rativo. Está representada por ]a ópera, opereta, zarzuela^ etc. 

No tengo necesidad de decir que vale poco mi clasificación. Me era 
precisa, y sin esperanzas de haber adelantado un paso en el progreso 
científico, he tenido que establecerla. 

Gomo apéndice á esta sección, voy á reseñar el estudio que el Dr. Dogiel 
ha hecho respecto á la influencia de la música sobre la circulación de ]a 
sangre. Dice: 1.* La música tiene gran influencia sobre la circulación de 
la sangre. 2.' Unas veces aumenta y otras deprime la presión sanguínea. 
Estos efectos son debidos á la influencia que ejerce sobre la médula 
oblóngada y los nervios sensitivos del oído. 3.^ El corazón late general- 
mente por el estímulo de los ganglios auto-motores. 4.° La estricnina 
aumenta los efectos de la música; el curare los amortigua. 5.^ Estos 
efectos varían según el compás y tono de la música. 

Dichos efectos sobre la circulación sanguínea debemos desde luego 
admitirlos como posteriores á su acción primordial sobre el sistema 
nervioso, sirviendo por otra parte de columna de apoyo para nuestra 
clasificación. 

(Continuarí.) 



anatomía de los centros nerviosos, <*> 

POR Don Miguel A. Fargas Roca. 



Ya en 166;1, Willis intentó una concepción general del modo de ser 
de los centros nerviosos y admitió dos órdenes de fibras en los mismos: 



(l) Continuación.— Véase el número 25. 



ANATOlfÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 45 

unas longitudinales ó divergentes, que van á terminar en las circunvolu- 
cioneSy y otras transversales ó convergentes, constituidas por el cuerpo 
calloso. Esta concepción de Willis, á pesar de su sencillez y á pesar de 
expresar tan solo, por asi decirlo, el grosero aspecto del eje encéfalo- 
medular y de estar fundada en hechos al parecer evidentísimos, fué 
prematura y debia sufrir muchas oscilaciones antes no quedase demos- 
trada, como lo está hoy, la certeza de su opinión acerca de las fibras lon- 
gitudinales y transversales. 

Malpighi y Vieusens, contemporáneos de Willis, se hicieron partida- 
rios de sus doctrinas, que fueron admitidas como ciertas y trasmitidas 
de generación en generación hasta principio del siglo actual, en que, re- 
mozadas y aumentadas por Gall y Spurzheim, las presentaron estos au- 
tores con mayores detalles en sus notables trabajos sobre el sistema 
nervioso. Señalaron en las fibras divergentes, extendidas desde la mé- 
dula á la sustancia cortical, los pedúnculos inferiores del cerebelo, como 
propios de este órgano, y las pirámides anteriores como peculiares al 
cerebro; y en las convergentes, cuyo trayecto es desde la sustmcia cor- 
tical de un lado á la del otro, la protuberancia y pedúnculos medios del 
cerebelo para este, el cuerpo calloso y las comisuras para el cerebro. 

Pero luego Tiedeman pretendió demostrar que el cuerpo calloso no 
era tal comisura inter-hemisférica, sino la prolongación de los pedún- 
culos unidos en la linea media. Gomo consecuencia, la sistematización de 
Willis no podia ser cierta y solo podia haber en los centros nerviosos una 
categoría de fibras: las fibras longitudinales. Los excelentes trabajos de 
Foville, confirmados por Cruveilhier, vinieron también en contra de la 
opinión de Willis, y el cuerpo calloso dejó de ser una comisura inter-he- 
misférica, y el sistema de fibras convergentes y divergentes, que por 
tanto tiempo habia prevalecido en la ciencia, que tantos trabajos y doc- 
trinas originara y que sirviera de apoyo á numerosas cuestiones de Fi- 
siologia y de Patología, se disipó como por encanto, dejando suspensas 
en el aire y abandonadas á su propio peso, numerosas especulaciones 
científicas, hijas suyas legitimas y por ella sustentadas hasta entonces. 

£n nuestros días ha sido al parecer confirmada de una manera defi- 
nitiva la idea de Willis acerca del cuerpo calloso, pero como final de 
cuentas, resulta evidente que este autor no se fundó entonces en datos 
positivos y que adivinó, más bien que basó en hechos, su doctrina. Cual 
acertó, pudo haber errado: esto ha sucedido á muchos, á pesar de su 
grandísimo talento y buen criterio, con grave perjuicio de la ciencia y 
sus cultivadores. 

Pero estos conjuntos presentados así grossomodo^ son tan solo el ger- 
men de lo que debe ser la verdadera sistematización de los centros ner- 
viosos. No basta decir que hay un grupo de fibras convergentes y otro 
de fibras divergentes: es necesario describir los haces que forman las 
mismas, estudiar su trayecto, su situación y las partes que ponen en 
comunicación. 

Decir que las fibras nerviosas del eje encéfalo-medular forman un 
aparato primordial y otro secundario, constituido el primero por las fi- 
bras longitudinales y el segundo por todas las demás que unen trans- 
versalmente las dos mitades en que están divididos los centros nervio- 



48 anatomía de los centros nerviosos. 

sos, como lo hacen algunos autores contemporáneos, y entre ellos Sap- 
pey, es repetir con distintos vocablos las ideas de Willis, de Gall y de 
Spurzheim. 

La sistematización, útil á la Fisiología y á la Patología, ha de ser hoy 
por hoy aquella que describa los haces de fibras de una manera topo- 
gráfica, si vale expresarse asi, sin prejuzgar de una manera absoluta las 
funciones que cada uno desempeñe. Las agrupaciones y síntesis que se 
bagan han de ser puramente anatómicas. 

No faltan conatos de sistematización, parciales unos, generales otros. 
Ninguno puede ser perfecto, porque varios puntos están aun en discu- 
sión; pero sí suficientemente útiles para ofrecer gran ventaja su estudio 
y supeditar ya en gran parte la descripción empírica. 

Luys, adelantándose á la ciencia, ha presentado una obra de siste- 
matización completa de los centros nerviosos. No queda en su libro fibra 
que no se sepa á punto fijo en dónde comienza y en dónde acaba. Par- 
tiendo de las masas centrales del encéfalo, admite dos grupos de fibras: 
unas que vienen de la eUremidad medular y otras de la superficie cor- 
tical; las primeras forman el sistema de fibras convergentes inferiores; las 
segundas el sistema de fibras convergentes superiores; unas y otras van á 
parar, como á un centro común, á los núcleos opto-estriados. Gomo sobre- 
puesto al sistema convergente inferior, describe el aparato cerebeloso^ y 
finalmente, el sistema de fibras comisurantes, extendido de una á otra 
sustancia gris en toda la longitud del eje. 

No solo nos indica el trayecto y la superposición de las fibras, sino 
que forma grupos y sistematiza asimismo la sustancia gris, en conso- 
nancia con sus descripciones de la sustancia blanca, y presenta en los 
centros nerviosos una serie de aparatos completos y perfectos. 

Luys no ha encontrado obstáculos en el estudio de la Anatomía de 
los centros nerviosos. Es verdad que, con un afán de resolverlo todo, 
cuando no han hablado los hechos, ha hablado su fantasía, y las inven- 
ciones hipotéticas sustituyen en muchos puntos la falta de conocimien- 
tos sólidos. Bajo una idea preconcebida, que pedia haber sido fecunda 
si no hubiese sido exajerada, ha prescindido de los estudios que estaban 
en contradicción completa con sus doctrinas y de los hechos que de- 
muestran palpablemente la falsedad de algunas de sus afirmaciones. 

Desde su primera publicación, ha seguido Luys sus pacíentisimos es- 
tudios con una constancia y sagacidad admirables, y macho le deberán 
á este autor la Anatomía, la Fisiología y la Patología de los centros ner- 
viosos. £1 método, que ha seguido en sus estudios, no podia menos de 
darle resultados, y si bien es cierto que en sus obras campea en gran 
manera la imaginación, también abundan los datos positivos y la cien- 
cia de observación. 

La obra de Luys sobre el sistema nervioso, no es obra de la ciencia, 
es obra suya por haberse adelantado á ella. ¿Confirmará la ciencia sus 
doctrinas? Si acaso, les toca esperar la época del perdón, pues actual- 
mente muchas de sus creencias están ya firmemente condenadas. 

Otro autor, de allende el Rhin, se ha consagrado muy especialmente 
á un estudio de esta naturaleza sobre los centros nerviosos, recogiendo 
muy opimos frutos. Es Meynert, quien ha publicado numerosos traba- 



anatomía de los centros nerviosos. 47 

jos sobre la Anatomía razonada de los centros nerviosos, trabajos que, 
dada su precisión y novedad, han sido el incentivo de numerosas com- 
probaciones de parte de varios centros científicos y de algunos hombres 
de estudio, resultando confirmadas en su mayor parte. 

Muchos puntos de la histología de los centros nerviosos han sido 
aclarados por las investigaciones de Meynert, y muchos detalles de tex- 
tura y de trayecto de fibras quedan definitivamente establecidos. 

También Meynert ha sistematizado y ha establecido cuatro grupos 
en la sustancia gris del eje encéfalo-medular. Ha agrupado la sustancia 
blanca y ha descrito en una síntesis su esquema de proyección^ formado 
por tres órdenes de fibras: /í&ras ¿6 proi/cccion de primero^ de segundo y 
de tercer orden: completando esta sistematización con Irs fibras comisu- 
rantes y las fibras de asociación. Meynert ha ido formando su obra lenta- 
mente y aun no la ha terminado. A medida que ha comprobado un nue- 
vo hecho ó ha descubierto el trayecto de un nuevo fascículo de fibras, 
ha añadido una piedra más á su edificio. No se ha precipitado, ni ha 
querido forzar el paso, presentando de una vez un conjunto acabado y 
perfecto. Donde ha encontrado una interrupción se ha detenido, aunque 
alguna vez haya dado una escapada al terreno de las interpretacio- 
nes. Ha analizado primero, ha sintetizado después. Por eso sus doctri- 
nas han resultado bastante sólidas y sus escritos están llenos de ver- 
dades. 

Las investigaciones de Meynert han sido vulgarizadas con notable 
claridad por Huguenin en su obra de Anatomía de los centros nerviosos, 
y sirven ya de base con notable éxito y prácticos resultados á muchos 
estudios de Fisiología y Patología. 

La sistematización de Meynert tiene el notable mérito de ser pura- 
mente anatómica. No prejuzga el modo de verificarse una función, ni 
está basada en concepciones teóricas. Indaga y busca la comprobación 
de los hechos en las mejores fuentes, y los factores descritos, lo son in- 
dependientemente de la función que desempeñan y reciben su nombre 
en las pilas bautismales de la Anatomía. 

Sin embargo, no se abstiene de hacer consideraciones fisiológicas, 
que podrán ó no ser ciertas, pero la Fisiología no sojuzga á la Anatomía, 
y sus descripciones tienen vida propia é independiente. Al revés de 
Luys, que en busca de una Anatomía para una Fisiología preconcebida, 
ha hecho su obra de tal modo, que si se quita la función, casi desapare- 
ce el órgano. 

Si antes he dicho que esta parte de la Anatomía en nuestras obras 
clásicas, en las cuales se estudia aun en su período descriptivo, era 
agradable, pero algo estéril, ahora diré que la Anatomía de sistematiza- 
ción es tan sabrosa y tan útil, aun dada su imperfección, que causa gran- 
dísimo deleite ir tocando las numerosas aplicaciones que tiene á la Fi- 
siología y á la Patología. Estudiar la Anatomía descriptiva de los cen- 
tros nerviosos, es contemplar una ciudad desde un globo; estudiar la 
Anatomía de sistematización, es pasearse por sus calles y penetrar en 
sus palacios y viviendas. Lo primero podrá ser más vistoso y agradable» 
pero lo segundo es más real y práctico. 

Por más que fuese muy satisfactorio creer que es posible hoy una 



48 ÁCIDO SALICÍLICO Y SUS SALES. 

sistematización completa de los centros nerviosos, es de necesidad re- 
cordar que faltan aun muchos elementos para ello. Ofrece realmente 
una perfección relativa la Anatomía razonada de la médula, pero en el 
bulbo, en la protuberancia, en e 1 cerebelo y en el cerebro, quedan aun 
muchos puntos oscuros. Solo citaré dos ejemplos, en alto grado demos- 
trativos, por referirse á factores notables y que por su tamaño é impor- 
tancia no presentan la delicadeza de otros más insignificantes. Meynert 
mismo declara que no se conoce en que punto de la cubierta cortical 
van á terminar los pedúnculos cerebelosos superiores. Los cuerpos res- 
tiforraes, según Meynert, después de su trayecto al través del bulbo, 
irian á continuarse con los cordones anteriores de la médula; según 
Sappey y el anotador de Huguenin, Duval, se unen el de un lado con el 
del otro en el espesor del bulbo por intermedio de las fibras arciformes, 
y el mismo Huguenin cree que una pequeña parte de las fibras se con- 
tinúa con los cordones anteriores y que las demás, después de atravesar 
las olivas, se entrecruzan con las del lado opuesto para penetrar en el 
funiculus cuneatus et gracilis. Como estos, son muchísimos los ejemplos 
que podría citar, aparte de algunos otros puntos tan oscuros, que ni 
siquiera en discusión entran. La sistematización, pues, no puede ser 
completa, mientras no se conozcan estos factores. Creerlo y practicarlo 
de otro modo seria prejuzgar. 

En el estado actual de la ciencia es oportuna y útilísima una tenta- 
tiva de sistematización de los centros nerviosos. Una realización defini- 
tiva^ seria prematura y arriesgada. 

(Continuará.) 



CONTRIBUCIÓN Al ESTUDIO DEL ACIDO SAIICILICO Y SUS COMPUESTOS; <*> 

en particular del sallcilato sódico en el tratamiento del reumatismo, 

POR D. M. E, Moré y Bargit, 

Médico de la Casa de Lactancia y Caaa^unade Barcelona. 



SalicilatoB.— Después del estudio más ó menos completo que aca- 
bamos de hacer del ácido salicilico, es necesario detenernos algo en sus 
compuestos, los salicilatos, para demostrar algunas de sus propiedades 
químicas. De paso diremos que en la terapéutica interna son más im- 
portantes estos últimos que el ácido salicilico y que con justa razón han 
adquirido hoy el lugar que les corresponde en sus muy notables aplica- 
ciones. 

El número de salicilatos que hoy se conocen es bastante conside- 
rable para que de todos hagamos una detenida historia de su descubri- 
miento, producción, usos etc., y nos detendremos á decir algo de aquellos 
que más interés ofrezcan en la práctica de la medicina. Hay algunos 
entre ellos, como el de sosa, el de hierro, el de quinina, etc., cuyo uso es 



(1) Continuación, -Véase el número 25. 



ÁCIDO SALICÍLIGO Y SUS SALES. 49 

bastante recomendable, particularmente el primero; pero hay otros como 
el de cal, por ejemplo, de menor interés en el tratamiento de las enfer- 
medades. 

Como todos los ácidos, el salicflico, se combina con la mayor parte 
de cuerpos que con él se ponen en contacto, formando sales solubles ó 
insubles y de mayor ó menor utilidad en el tratamiento de las enferme- 
dades en que se encuentran indicados. 

Los salicilatos han sido estudiados principalmente por Cahours, 
Piria, Broun, Maury, Senator, etc., etc., y los principales compuestos 
del ácido salicilico son: el salicilato de sosa, el de quinina, el de zinc, el 
de litina, el de amonio, de cal y otros que seria prolijo enumerar. 

El salicilato de sosa es un cuerpo blanco, pulverulento, que crista- 
liza en agujas sedosas muy higrométricas: es sumamente soluble en el 
agua en la cual se disuelve sin esfuerzo alguno y sus disoluciones acuo- 
sas adquieren con el tiempo una coloración parda más ó menos oscura; 
su sabor es dulce y, después de ingerido, deja en la boca una sensación 
de frescura que dura poco tiempo, sin producir por esto ningún fenó- 
meno desagradable. 

El procedimiento de obtención, según Buss, es el siguiente: se toman 
12'8 partes de ácido salicilico, se disuelve en 50 partes de agua desti- 
lada por medio de 8 partes de bicarbonato sódico; se toman además 3*2 
partes de ácido en 80 partes de agua destilada de canela, se mezclan 
luego ambas disoluciones añadiendo la cantidad de agua necesaria para 
obtener 460 partes de liquido. Este procedimiento, tan útil como inge- 
nioso, sirve, según puede comprenderse, para obtener una disolución 
de salicilato de sosa cuando este cuerpo no se tenga preparado de ante- 
mano. Según puede recordarse, este procedimiento es el que hemos dicho 
antes, acorta diferencia, que sirve para hacer soluble el ácido salicilico, 
formándose en este caso el salicilato de sosa. Pero para obtener este 
cuerpo en estado sólido es necesario saturar el ácido por medio del bi- 
carbonato de sosa evaporando la disolución hasta sequedad y haciendo 
luego que cristalice en el alcohol hirviendo. Para esta operación es ne- 
cesario emplear los cuerpos en las siguientes proporciones: 141 gramos 
de bicarbonato de sosa por i gramo de ácido salicilico. 

El salicilaio de quinina, estudiado por Graham Brovvn, en Inglaterra, 
es una sal que ha sido objeto de numerosos estudios por parte del doctor 
Antonescu. Este cuerpo es cerca una cuarta parte menos activo que el 
sulfato de quinina, de modo que para obtener con el salicilato los mis- 
mos efectos que con el sulfato se necesita 1*24 gramos, mientras que de 
sulfato basta con un gramo: las proporciones en peso de ambas sales 
son las siguientes: el salicilato contiene 7042 por 100 de quinina y 29*88 
de ácido salicilico, mientras que el sulfato de quinina contiene 87 por 
i 00 de la base y 13 de ácido sulfúrico. 

El salicilato de quinina puede obtenerse fácilmente por precipitación 
del siguiente modo: sobre una disolución de sulfato ácido de quinina 
se vierte otra de ácido salicilico ó de salicilato de sosa en cuyo caso se 
forma yn precipitado insoluble en el agua: este precipitado se trata 
varias veces por el agua, y después de desecado convenientemente á un 
calor suave se obtiene el salicilato de quinina en forma de brillantes y 



50 Acido salicílico y sus sales. 

finísimas agujas. Este cuerpo, como ya hemos dicho, es completamente 
insolublo en el agua, poco en el alcohol; en esta disolución no puede 
añadirse ácido sulfúrico como en el sulfato básico de quinina porque 
entonces se convertirla en este cuerpo. 

El salicilato de zinc es un cuerpo del cual hizo ya mención Gerhart. 
Para obtenerle se mezcla ácido salicílico con agua, en una cápsula de 
porcelana; ésta se calienta, y sin aguardar á que se haya enfriado por 
completo la disolución se vierte poco á poco óxido de zinc diluido en 
una corta cantidad de agua, desde cuyo momento empieza la combina- 
ción. Cuando se observa que hay un ligero precipitado de óxido de zinc, 
después de haber hecho hervir la mezcla, se suprime la adición del 
mismo. Luego esta se filtra, y por el enfriamiento cristalizad salicilato 
de zinc en forma de largas agujas, obteniéndose así un producto extraor- 
dinariamente blanco. Las aguas madres concentradas á un calor 
suave dan todavía más salicilato de zinc. 

Este producto puede prepararse también con el hidrocarbonato en 
lugar del óxido de zinc, pero la operación es más larga á causa del gran 
número de lociones que exige. 

El salicilato de zinc es soluble en el agua hirviendo y por enfria- 
miento cristaliza en largas y blajja«nrarato>^dosas, muy brillantes. 
Su sabor es azucarado, Inegoj^^^Qwo y Séwpí^^amargo: 5 partes de 
esta sal se disuelven en lOO/uáPLes^K^S^uiTála tíimeratura de 20 c: en 
el alcohol y en el éteres m^8oluhla,^^59^evápiracion de estas dis- 
tintas disoluciones se depdeita eíriorma de aguja|;^e se agrupan al re- 
dedor de un centro /^nmnn-Vfe'ngAhT>^^j^ ia_pgflngfc de trementina y en 
el sulfuro de carbono el cuahio^ fé^fgá^T^jf^aj^runo. pequeña cantidad 
cuando llega á la ebullición, cai!Tidra gao -tTSandona luego cristalizada 
por la evaporación. El ácido clorhídrico v el nítrico le atacan con difi- 
cultad, pero el ácido sulfúrico le disuelve sin colorearse si la sal es 
pura. 

El salicilato de zinc es precipitado en blanco de sus disoluciones por 
el amoníaco por exceso del cual se redisuelve el precipitado. 

Con esta ligera reseña que acabamos de hacer de los salicilatos, po- 
demos observar que cuando se hallan en completo estado de pureza, 
presentan todos un color blanco, bajo la forma de agujas cuando son ob- 
tenidos por evaporación de los líquidos en que se encuentran y bajóla 
forma pulverulenta cuando son obtenidos por precipitación. 

Según puede deducirse por lo expuesto anteriormente, no todos los 
salicilatos son completamente solubles en el agua, sino que en algunos 
de ellos, lo mismo que en el ácido salicílico, es conveniente añadir al- 
cohol, algún ácido, etc., para verificar la disolución. El salicitado de 
sosa es completamente soluble en el agua fria; el salicitado de zinc ya 
hemos visto que es bastante soluble en el agua á cierta temperatura; el 
salicilato de quinina es completamente ínsoluble, necesitando, para di- 
solverlo, el auxilio del alcohol ó de ciertos ácidos, lo mismo que el sul- 
fato de quinina; el salicilato de cal es también soluble en la proporción 
de un 4 por 100 de agua. 

Las principales reacciones que permiten descubrir la presencia del 
ácido salicílico sirven al mismo tiempo para descubrir la de los salici- 



ÁCIDO SALICILICO Y SUS SALES. 51 

latos. El salicilato de sosa toma una coloración verde con el sulfato de 
cobre, mientras que esta misma sal produce una coloración azul ver- 
dosa con el ácido salicílico.— El nitrato de plata en contacto con los sa- 
licilatos alcalinos forma un precipitado blanco de salicilato de plata in- 
soluble, lo cual no sucede con el ácido salicílico puro.— El acetato de 
plomo como reactivo, nos dá los mismos resultados que el anterior.— 
Cuando en una solución acuosa de ácido salicílico se añade el carbonato 
de cal, se obtiene el salicilato de la misma base disuelto en el agua: 
mas si á esta disolución, caliente y azucarada, añadimos otra de cal 
en las mismas condiciones, aparecerá en seguida un abundante preci- 
pitado de salicilato neutro de cal, casi insoluble en el agua 

Si en una disolución de salicilato de zinc se añade sulfhidrato amó- 
nico, se precipita en polvo blanco el sulfuro de este metal, quedando en 
disolución el salicilato de amonio. 

Por fin, todos los salicilatos presentan lo mismo que el ácido sali- 
cílico, la coloración violeta más ó menos intensa y característica, con 
las sales de hierro. 

ni. 

ACCIÓN FISIOLÓGICA Y TERAPÉUTICA. 

Addo aaUcllico.— El ácido salicílico lo mismo que sus derivados sa- 
linos, son empleados en el tratamiento de las enfermedades internas y 
externas: su uso en unas y en otras, puede casi asegurarse que se halla 
limitado en las afecciones febriles é infecciosas, empleándose particu- 
larmente en la práctica déla cirugía el ácido salicílico más que los sa- 
licilatos y en la práctica de la medicina, éstos con preferencia al ácido. 

Sin olor y sin sabor, el ácido salicílico puede tomarse sin ninguna 
repugnancia á corta dosis; cuando su cantidad es un poco elevada, por 
ejemplo, de 3 á 4 gramos, se observan inmediatamente sus efectos 
irritantes en las fauces, exófago y mucosa gástrica; estos efectos de irri- 
tación pueden tener distinta intensidad, pues además de la acción del 
medicamento deben tenerse en cuenta los hábitos del individuo y la pre- 
disposición del mismo á la irritación de dichas partes. Sin embargo, hay 
quien asegura que este efecto no es debido al mismo medicamento en 
estado de pureza, sino á la presencia del ácido fénico procedente de su 
preparación. Otros, entre los cuales soy del mismo parecer, atribuyen 
dicha acción á efectos propios, puramente irritantes, del mismo ácido, 
únicamente que esta irritación, en igualdad de condiciones, es más in- 
tensa, cuando el ácido salicílico va acompañado de ácido fénico. 

Soy de parecer que el ácido salicílico puro tiene efectos verdadera- 
mente irritantes, porque he tenido ocasión de usarlo en su verdadero 
estado de pureza en individuos, predispuestos unos y otros nó, á irrita- 
ciones de las fauces, exófago, etc.; mientras que en otros, sin embargo, 
dichos efectos no se han observado. De modo que los que fuman en ex- 
ceso, los amantes del alcohol, picantes y salados, los predispuestos á 
enfrianriientos y á anginas, etc., notan mucho más los efectos irritantes 
del ácido salicílico, que aquellos que no se encuentren en dichas con- 



52 ÁCIDO SALIClLICO Y SUS SALES. 

(liciones. SÍn embargo, como que el ácido salicílico por sí ya es irritante, 
como que muchas veces lleva ácido fénico procedente de su preparación 
y como son pocos los individuos que no se encuentren en una ú otra de 
las condiciones anteriormente expuestas, es necesario usar interior- 
mente con mucha cautela dicho cuerpo, cerciorándose antes del estado 
de dichos órganos y de los hábitos del enfermo. 

Sea como quiera, el caso es que los efectos de irritación y aun á veces 
de intoxicación que se han observado en algunos individuos, se notan 
siempre con mayor ó menor intensidad, únicamente que la irritación 
será menor cuando el ácido salicílico sea verdaderamente puro, y cuanto 
mayor sea su impureza, mayores serán también sus efectos irritantes, y 
esta irritabilidad, según ya hemos dicho antes, correrá pareja con la 
impresionabilidad del enfermo sugetojá su empleo. 

En mi clínica particular he tenido varias veces ocasión de emplear el 
ácido salicílico en distintas afecciones, y antes de que el enfermo empe- 
zara á tomarlo, he tenido siempre buen cuidado de verificar el ensayo 
con el hipoclórito de sosa: con este cuerpo se obtiene á veces una colo- 
ración azul ligera característica de la presencia del ácido fénico en el 
salicílico, y cuando esta coloración no se obtiene es una prueba evidente 
de la pureza del ácido salicílico. Pues bien; á pesar de esto, he notado 
siempre mayor ó menor irritación, según la dosis, las tomas y el tiempo 
que lo tomaba el enfermo. 

Personalmente y en varios otros individuos tengo observado que, 
introducido este polvo en la boca, causa una sensación de escozor y pi- 
cazón en el fondo de la misma, desarrollando, á veces, ligeros accesos 
de tos, sintiendo á todo lo largo de la laringe, exófago y estómago una 
sensación quemante más ó menos intensa y duradera y según lacanti* 
dad de ácido ingerido, semejante á la que se observa cuando se ha to- 
mado cierta cantidad de agua demasiado caliente. 

Cuando el ácido salicílico se toma en polvo seco se adhiere fuerte- 
mente á las mucosas con que se pone en contacto, por cuyo motivo se 
desarrollan fenómenos reflejos que provocan la contracción del exófago 
y hasta vómitos bastante pertinaces y penosos. Pero tengo observado 
que, en disolución en el agua, puede tomarse mayor cantidad sin que se 
produzcan estos fenómenos anormales, lo cual tal vez será debido á la 
cantidad de alcohol que ha entrado en su disolución ó á cualquier otro 
cuerpo que lo haya convertido en salicilato. Sin embargo de esto, y á 
pesar de tomarlo en disolución, alguna vez produce dichos efectos, 
aunque no con tanta frecuencia, pues un enfermo á quien le administré 
dos gramos de ácido salicílico en disolución con alcohol, no había con- 
cluido todavía la poción cuando se le presentaron vómitos precedidos 
de quemazón y plenitud en el estómago. 

El ácido salicílico parece que tiene una acción electiva sobre los cen- 
tros nerviosos y en particular sobre el cerebro, pues cuando se toma 
en cantidad algo crecida ó durante muchos días seguidos, se presentan 
fenómenos de congestión cefálica. Cuando desarrolla toda su acción, so 
nota una cefalalgia frontal de bastante intensidad, presentándose alte- 
raciones de la vista y del olfato, sordera con ruido considerable, cara 
congestionada, sensación de plenitud y pesadez en toda la cabeza; fenó- 



COCHES PARA ÉL TRASPORTE DE HERIDOS. 



53 



menos todos que, por lo regular, son de corta duración y vuelve todo á 
SU estado normal desde el momento que cesa la administración del me- 
dicamento. 

Cuando este cuerpo se toma á la dosis de 0*50 centigramos á 1 gramo, 
estos fenómenos de congestión no se observan, y si acaso tienen poca 
intensidad; pero aunque sea tomándolo acorta dosis, si se prolonga su 
administración durante muchos dias seguidos se presentan de la misma 
manera. 

Si se administra este cuerpo á dosis muy crecidas, sus efectos son 
también de mayor consideración, pues en cierto número de casos ha lle- 
gado á producir la muerte; pero esto ha sucedido cuando su dosis ha 
llagado á 8, 10 y más gramos al dia, lo cual demuestra que el ácido sa- 
licílico es un cuerpo peligroso de manejar. 

{Continuará,) 



COCHE PARA EL TRANSPORTE DE HERIDOS, 
POR EL Dr. Rodríguez Méndez, 

Catedrático de Higiene en la Facultad de Medicina de Barcelona. 



El grabado que acompaña á este articulito representa exactamente el 
nuevo medio de conducir enfermos, inventado por Ricardo Bithorn, de 
Berlín. Su autor le llama Coche para transportar militares enfermos, ha- 
ciendo preceder este titulo de la palabra modificaciones ó innovaciones, y 
lo destina tanto para los heridos graves como para los leves, ya para una 




Fig. 4. 

sola de estas clases, ya para las dos á la vez. La disposición interior del 
vehículo permite sirva para los varios objetos indicados. 

La caja del coche se halla dividida longitudinalmente en dos mitades 
iguales y que entre sí tienen la bastante independencia, no solo en lo re- 
lativo al mecanismo de los bancos que pueden servir de asiento y que 



54 REVISTA DÉ TERAPÉUTICA. 

están colocados en la parte inferior, sino también en lo concerniente á 
la colocación de las camillas. Abiertos los asientos, ni molestan á los pa- 
cientes, ni dificultan los cuidados que les son necesarios. 

£1 suelo del coche está dividido en tres porciones: una anterior y 
otra posterior, colocadas en plano más bajo c, c. que la media ó central. 
En estas dos porciones más bajas entran y se apoyan los pies d de las 
camillas inferiores. Entre la región central &, y las dos extremas, hay dos 
planos suavemente inclinados y lisos ee, con lo cual se logra facilitar 
las comunicaciones entre las tres zonas y sobre todo que se deslicen so- 
bre dichos planos los pies de las camillas en el acto de ser introducidas 
y retiradas, impidiendo por otra parte los sacudimientos que tan noci- 
vos son para los enfermos. 

Las camillas, en uno y otro lado de cada departamento, se apoyan so- 
bre ángulos salientes de hierro situados en el sitio en que se abren los 
bancos asientos, y están fijas tanto en la pared anterior como en la pos- 
terior en una muesca de seguro encaje. 

Además de las modificaciones relatadas, el coche de Bithorn presenta 
otras no menos esenciales. La caja del vehículo está situada lo más 
cerca posible del eje posterior, con lo cual solo queda espacio para que 
quepa un muelle del coche. Los muelles principales se colocan por de- 
bajo de dicho eje y por dentro de las ruedas respectivas; los otros mue- 
lles correspondientes á las ruedas delanteras, por el contrario, están en 
el sitio de costumbre, por encima del eje á ellas relativo. La mitad in- 
ferior de la pared posterior es movible de arriba abajo, mediante visa- 
gras inferiores; levantada, cierra el coche; bajada, ó bien constituye un 
plano de oblicuidad variable, ó una escalinata para lo cual está subdi- 
vidida en tres porciones que sujeta convenientemente una cadena; con 
esta disposición se facilita el acceso al coche y la colocación en el piso 
superior de las camillas á él destinadas. Las letras o, o' corresponden al 
sitio de los cojines; P P^ señalan lazos de cuero para sosten de los enfer- 
mos, y t una especie de escotilla para ventilar, que se cierra y se abre á 
beneficio d3 un cordón. 

El grabado adjunto ha sido tomado del Illtisirirte Vierteljahrsschrift 
der Arztlichen Polytechnik por el Dr. Formiguera, pero reduciendo el ta- 
maño y reformando algunos puntos para mejor inteligencia. 



•^^•-W^-N,»" V^ -.».• -.s^"'».* ••.^— .^•••...."•«••>~.- •S-»"^^*' 



REVISTA DE TERAPÉUTICA 
POR EL Doctor León Formiguera. 



Napelllna.— Alcaloide amorfo y muy soluble nuevo (1) según Labor 
de (Común, d la Soc. de Biol. de Paria), que ha podido retirarlo de las 



(1) Hace próximamente 15 años, que Morson indicó que algunas veces existia, 
mezclado cen la aconitina, un producto extraño, menos activo que elLi, al que Uamó 
napellina. También se conoce la napelllna de Hubschmann. 



REVISTA DE TERAPÉUTICA. 55 

aguas madres de donde se extrae la aconitiná. Sus efectos fisiológicos son 
semejantes á los de esta última sustancia, aunque de menor intensidad 
toda vez que es preciso administrar 3 ó 4 centigramos para que comien- 
ce á producir algún efecto, mientras que la aconitiná, haciéndola ingerir 
á un perro de talla mediana ¿ la dosis de un 1 miligramo, determina 
rápidamente: ataxia de los movimientos, vómitos muy dolorosos y la 
muerte por asfixia por contractura de las cuerdas bucales. El citado au- 
tor y Dumontpallier la han ensayado en el hombre, en cuatro casos de 
neuralgias erráticas que habian resistido á todos los narcóticos, obte- 
niendo en todos ellos la completa cesación del dolor. 

Si una experimentación más dilatada viniese á confirmar las venta- 
jas que se atribuyen al alcaloide, sin duda constituirla un adelanto para 
la terapéutica de las afecciones dolorosas, principalmente en aquellas 
neuralgias contra las cuales algunos autores recomiendan como un ex- 
celente medio para combatirlas, la aconitiná, sustancia que casi nos ve- 
mos obligados á proscribir de la práctica, por existir diferentes varieda- 
des de ella, (Hottot, Morson, Duquesnel, Merck, ordinaria), la intensidad 
de las cuales es también diferente para cada una; y esto por si solo pa- 
rece que no deberla constituir un inconveniente— pues podría zanjarse 
indicando (i) el nombre dol autor cuya aconitiná se desea emplear— y 
sin embargo no resulta asi, pues aun especificando bien la que se preten- 
de, acontece que según la fábrica de donde procede, es distinto el poder 
tóxico del alcaloide. He podido observar tres casos y me consta de algún 
otro que me ha sido comunicado, en los cuales la aconitiná de un mismo 
autor, prescrita á la misma dosis y administrada al mismo enfermo, pro- 
dujo resultados distintos (en dos de ellos síntomas de intoxicación) según 
que procedia de una ú otra manufactura de productos químicos. 

Aceite de colachan. -Se extrae de un pescado análogo al arenque, que 
habita en las costas de Cuadra, Colombia inglesa é islas de Vancouver. 
Hace poco tiempo que se expende en Inglaterra, á lo menos en el con- 
cepto de sus aplicaciones médicas, que según el Repertoire de Pharma" 
cie^ serian el constituir un buen succedáneo del aceite de hígado de ba- 
calao. Contiene tal cantidad de grasa que, desecado, puede servir de 
antorcha, por lo cual se le conoce con el nombre de pez candela. 

Comino negro (Nigella satíva de L.).— Amaldo de Villanueva, según 
consta en su obra De Sterilü, Cap. Vil, empleaba la siguiente fórmula, 
como un poderoso emenagogo. Succi mercurial^ melL despumati an. uno. 
i farinoe nigeloe une. i ^2 ^^^ O- S. ut possint confici pilule. Da mulieri 2 
vel 3 singulis noctibus, quando menstrua debent venire et tune menstrua 
vienent copiosos. Non solum provocat hec piluloe menstrua set etiamprepa- 
rant ad concentum et matrice mundificant. 

He transcrito el anterior pasaje por si alguno de mis lectores hubiese 
leido el artículo publicado por León Canolle, médico de la marina en 



(1) Varias veces he visto prescribir la aconitiná sin indicar el nombre del autor 
cuya variedad se quería. Otras, consultado el médico, acerca la que deseaba ha po- 
dido obtenerse la contestación de: ea indiferente. 



56 REVISTA DE TERAPÉUTICA. 

Karikal, en el Bull. gen» de Therap. y hubiese considerado como cosa 
nueva, que lo dudo, la mayor parte de lo que en el se dice y especial- 
mente lo referente al siguiente párrafo. 

oSea como fuere, el hecho de la acción estimulante del comino negro 
sobre el aparato utero-o várice queda establecido por mi A consecuencia 
de comprobaciones personales y según la generalización de su empleo 
por las indias afectas de dismenorrea, enfermedad muy común entre 
ellas. 

En buen hora que el autor dé á conocer el excesivo uso que en Kari- 
kal se hace de dichas semillas como emenagogas (á la dosis de 15 gra- 
mos) ó como abortivas con un ñn criminal (machacadas, á altas dosis y 
mezclando el polvo con azúcar de palmera), y que recuerde, si bien de» 
beria suponerlo como sabido, que no ha de confundirse el comino negro 
{nigella sativa de L.:. ranunculáceas) con el comino (cuminum cynimum 
de L.: umbelíferas): pero considero .improcedente la enumeración de las 
propiedades emenagogas y otras que las semillas poseen, como la de au- 
mentar el número de pulsaciones, elevar la temperatura, exagerar las 
secreciones, etc., que el autor pretende establecer y que ya estaban des- 
de mucho tiempo establecidas. Los antiguos, é Hipócrates uno de ellos, 
las consideraban como incisivas, aperitivas y diuréticas. Bodart las 
usaba para aumentar la resección láctea; Peyrilhe, como antíhelminticas, 
y ya he dicho la opinión que Arnaldo de Villanueva, que también era la 
de Varandal, tenia formada acerca del modo de obrar délas semillas del 
la citada ranunculáceas 

Snlío-ereailato sódico.— Es muy semejante al sulfo-fenato sódico, de 
cual me ocupé en otra Revista (1), y como aquel ha sido ensayado por 
Rabuteau (Le Praiicien) en la clínica de Hayem. A la dosis de 20 á 25 
gramos constituye un excelente purgante, llegando á determinar, en 
muchos enfermos, 7 á 8 deposiciones diarias. Según su autor, está prin- 
cipalmente indicado en los casos de diarrea fétida. 

Picrotózina é hidrato de picrotóxido.-De varios experimentos prac- 
ticados por Chirone. {Anal. univ. de Med. é Chir.) sobre peces, reptiles, 
pájaros, mamíferos y animales inferiores, dicho autor cree estar autori- 
zado para concluir que: si bien anchas sustancias se extraen de una 
misma planta, el coca de Levante, no obstante, hay entre ellas diferen- 
cia de acción. El hidrato de picrotóxido obra más débilmente que la pi- 
crotoxina y podría usarse en sustitución de ella, que tiene un poder trein- 
ta veces mayor: 1/ El hidrato de picotróxido al que Barth y Kreschy 
llamaban picrotina, porque lo creían amargo y no venenoso, no merece 
este nombre, porque no solo es amargo, sino que además tiene propieda- 
des tóxicas. 2.0 El poder tóxico del hidrato de picrotóxido es, con rela- 
ción al de la picrotoxina, como 1 es á 30, aproximadamente. Zfi La con- 
vulsión epiléptica determinada por el hidrato de picrotóxido, excepto 
ligeras diferencias, es análoga á la de la picrotoxina. Las diferencias en 
tre las dos formas morbosas pueien reducirse á las características si 

(i) Gacbta Medica Catalana.— Tomo I, p&g. 223. 



LOS MIGRÓFITOS DE LA SANGRE. 57 

guíenles: el hidrato de picrotóxido no hace entrar en convulsión, y en 
el caso contrario muy débilmente, al globo ocular; produce el empresto- 
tono con preferencia al opistotono; ataca más á los músculos de las ex- 
tremidades que á los del dorso; después de la muerte se presenta en se- 
guida la rigidez cadavérica. 5/ Ambas sustancias determinan convul- 
siones epilépticas obrando sobre los centros motores bulbares y espi- 
nales, de modo que su acción se concibe perfectamente; es más intensa 
en las ranas decapitadas y en las palomas á las que se ha quitado el ce- 
rebro. 

Agna albuminosa: preparación y naos.— Recomendada, como un buen 
sustitutivo de la leche y del té de vaca, en los casos que estas sustancias 
desagradan al paciente ó no es fácil obtenerlas; constituye un buen ali- 
mento en los casos de fiebre tifoidea y de disenteria; puede administrarse 
adlihitum. 

Entre los diferentes modos de prepararla, algunos de ellos ya anti- 
guos, merece conocerse el publicado por el periódico Cliemist and Dmg^ 
grist y que consiste en disolver una ó más claras de huevo en uno ó dos 
kilogramos de agua edulcorada con glicerina y aromatizada con hidro- 
lado de azahar. 

Trioloroíenol: nuevo antiséptioo.— Esta sustancia ha sido estudiada por 
Soch (Rev. de Ther. Med. chir.) (i) que la ha preparado por acción directa 
del cloro sobre el ácido fénico, resultando un producto que se presenta 
en masas cristalinas de color rojo de sangre, olor intenso y sabor cáusti- 
co, soluble en el éter, y, aun en esta forma, es menos cáustico que el 
fenol. Ejerciendo presiones repetidas con dos hojas de papel de filtro, 
deja cristales blancos transparentes solubles en el éter, que el agua los 
precipita, de una solución alcohólica, en forma de copos blancos. La 
solución alcohólica podría servir para impregnar las diferentes piezas de 
curación. 

Si las propiedades antisépticas fueran tan poderosas como los del 
ácido fénico, lo cual es muy posible, toda vez que sus componentes las 
poseen en alto grado, creo que podrá sustituir con ventaja al dicho 
ácido, especialmente por su menor causticidad, que constituye uno de 
los varios inconvenientes del fenol ó mal llamado ácido fénico. 

LOS MICROFITOS DE LA SANGRE Y SUS RELACIONES CON LAS ENFERMEDADES, <^> 

POR Timoteo Richard Lewis. 



cEn 1836 fueron echadas las bases de la teoría de las enfermedades 
producidas por gérmenes, en la forma mas comunmente aceptada, según 



(1) Véase Gaceta Medica Catalana, tomo I. pág. 321. 
(3) Continuación.— Véase el número 2o. 



58 LOS MICRÓFITOS DE LA SANGRE 

escribe eIDr. Charlton Bastían (1). En esta época, el descubrimiento de 
la pequeña planta de la levadura, hecho por Schwann y Cagniard de 
Latour, condujo pronto á un conocimiento más general de las relaciones 
casi constantes de ciertos organismos superiores con diversas especies de 
fermentaciones. Veinte años más tarde expuso Pasteur, como resultado 
de sus investigaciones, en apariencia decisivas, que los organismos infe- 
riores obran como causas invariables de fermentación y de putrefacción, 
y que, aunque tales cambios se verificasen por procedimientos químicos, 
deben tomar su origen en la acción de los seres vivos. 

Estas observaciones y las interpretaciones que á ellas se refieren, 
llamaron pronto la atención de los médicos, y en breve tiempo la hipó- 
tesis de que la enfermedad se propagaba por medio de un fermento, de 
una levadura, se habia corroborado. Antes de publicarse las observa- 
ciones de Pasteur, una teoría físico-química habia sido casi universal - 
mente admitida, como suficiente para la explicación de los fenómenos 
que se manifiestan en cierta clase de enfermedades. Era esta la doctrina 
de la fermentación de Liebig, doctrina por él sostenida hasta su muerte 
en 1873, y que, algo modificada por el resultado de los últimos trabajos, 
es profesada todavía por algunos de los más eminentes químicos de nues- 
tra época. 

Los caracteres principales de las teorías vitalista y fisico-quimica de 
las fermentaciones (2) han sido reasumidas sucintamente por M. C. T. 
Kingzett en un trabajo leido en la Society ofArts (3), 

En lo que se refiere á la primera de estas teorías, hé aquí cómo se ex* 
presa: «Cuando una solución de azúcar se halla expuesta á la acción de 
un pequeño grado de calor, sufre un cambio; los átomos que entran en la 
composición de sus moléculas se separan para formar, otra vez combina- 
dos, dos cuerpos distintos: alcohol y ácidocarbónico.Laglicerina yel ácido 
succf nico fórmanse asimismo á expensas del azúcar; pero el ácido láctico, 
que acompaña ordinariamente á la fermentación alcohólica, se considera 
como debido á la presencia de un fermento distinto de la levadura, pero 
que va junto á ella. Dicha fermentación se considera como un ejemplo es- 
pecial de reacción biológica, que se inanifiesta como el resultado de una 
fuerza especial que reside en los organismos, ó en otros términos, la fer- 



(1) Trabajo leido & la Sociedad patológica de Londres, el G de Abril de 1875, Latí'- 
cetf vol. I, p. 501, 1875.— -Briíw/i medical Journal, vol. I, p. 469, 1875. 

(2) Ciertos compuestos orgánicos, cuando se hallan expuestos á la acción del 
aire y del agua, á cierta temperatura, sufren una descomposición consistente, ya en 
una combustión lenta ú oxidación por el aire que les rodea, ya en una nueva dis- 
posición de sus elementos en distintas proporciones (asimilándose con frecuencia 
los elementos del agua) y dando lugar á la formación de nuevos productos. El primer 
procedimiento, el de la combustión lenta, se le llama Eremacausis ó destrucción; 
al segundo, putrefacción ó fermentación: putrefacción cuando va acompañado de 
mal olor; fermentación cuando no existe olor alguno semejante y especialmente si 
la fermentación da lugar á la formación de productos útiles; asi la descomposición 
de un cadáver ó de una cantidad cualquiera de sangre ó de orina, es una putre- 
facción, mientras que la descomposición del jugo de la uva ó del mosto, cuyo pro- 
ducto es el alcohol, es una fermentación.— (Dictionary ofchemistry de Watt^ vol. I, 
p.624, 1872.) 

(3) Journal ofthe Soc, ofAris. Marzo, 1878. 



LOS MICRÓFITOS DE LA SANGRE. 59 

mentación es esencialmente un fenómeno correlativo á un acto vital que 
empieza y concluye con él mismo. Según dicha hipótesis, en donde 
quiera que haya fermentación habrá organización, desarrollo y multi- 
plicación de las células del mismo fermento. El hecho que hemos ex- 
puesto no es del todo aislado: hay ejemplos de muchos otros cambios 
producidos por estas materias ó por otras fermentadas en un medio con* 
veniente á su crecimiento y reproducción. Asi tenemos las fermentacio- 
nes manitica, láctica, amoniacal y butírica, y á este tenor otras muchas, 
que guardan todas ellas un carácter C9mun, á saber; la reproducción del 
fermento. No se halla establecido, sin embargo, de una manera satisfac- 
toria, á pesar de lo mucho que importa especificar de un modo conve- 
niente antes de poder establecer deQnitivamente la verdadera interpreta- 
ción de las fermentaciones, el que dichos fenómenos sean el resultado 
de la acción de organismos de especies distintas.» 

Liebig fué un decidido adversario de esta doctrina. Kingzett reasume 
en estos términos la teoría físico-química de la fermentación sostenida 
por Liebig. «Todo movimiento, sea ó no mecánico, ejerce una influencia 
sobre la fuerza que determina el estado de un cuerpo. Asi un cristal de 
sulfato de sosa, un grano de polvo ó de arena, cuando se hallan sumer- 
gidos en una solución saturada de sulfato de sosa, pueden determinar la 
completa cristalización del liquido. De igual manera, cuando se tocan li- 
geramente con una pluma ó una varilla de cristal los fulminatos de 
plata ó de mercurio, explotan con violencia. Mejor ejemplo es todavía la 
reacción que se verifica entre el peróxido de hidrógeno y el óxido de 
plata. Estas sustancias, al mezclarse, producen plata metálica y oxígeno 
libre; el peróxido de hidrógeno, naturalmente inestable, se encuentra en 
descomposición constante desde el momento de su formación, y esta des- 
composición da lugar á la producción de agua y oxígeno, y tan pronto 
como ese cambio se produce al contacto del óxido de plata, comunica á 
este cuerpo igual tendencia á la descomposición.» 

III. ' 
Organismos descubiertos en la sangrre durante el carbunclo. 

Desde el momento en que se han considerado como producidas por 
fermentos ciertas enfermedades, que pueden también indudablemente 
transmitirse por inoculación ó bien por otros medios, las diferentes teo- 
rías relativas á la acción de los fermentos han constituido materia de 
estudio del más alto interés para todos los médicos inteligentes. 

Según ya hemos dicho, la teoría físico-química de Berzélius, y más 
tarde la de Liebig ysus partidarios, fueron aceptadas como perfectamen- 
te suficientes para explicar la etiología délas enfermedades, alcanzan- 
do igual favor entre los patólogos que el que ya habia obtenido entre la 
mayoría de los químicos. Pero más recientemente, las ideas de Schwann, 
tal como fueron modificadas y amplificadas por Pasteur y otros, han pre- 
valecido. 

No hay hecho alguno que haya llamado tanto la atención de los mé- 
dicos como la publicación de los experimentos de Davaine, demostran- 



60 LOS MTGRÓFITOS DE LA SANGRE 

do que los organismos inferiores se encuentran más ó menos constan- 
temente en el cuerpo de los animales muertos de la enfermedad conoci- 
da en el hombre bajo la denominación de pústula maligna, Müzbrand 
en Alemania, carbunclo de los ganados y de los cerdos y sangre de bazo 
de los carneros en Francia. En Inglaterra se adoptan generalmente para 
designar esta afección, entre otros, los términos de fíebre esplénica, apo- 
plegia esplénica 6 enfermedad antracoidea. Según Birch Hirschfeld (1), 
los organismos descubiertos en la sangre en este padecimiento fueron 
primeramente descritos por Brauell en 1849 y por PoUender en 1857; 
pero no hay duda de que las investigaciones de Davaine fueron las que 
más seriamente llamaron la atención del público. 

En Agosto de 1850, Davaine, en colaboración con Rayer, publicó una 
Memoria sobre estos organismos, habiéndolos descrito como pequeños 
cuerpos filamentosos, sin movimientos y cuyas dimensiones erün el do- 
ble de la longitud del diámetro de un corpúsculo rojo de la sangre. Pas- 
leur (2) sostiene que dicha época fué el punto de partida del primer des- 
cubrimiento de la existencia de dichos cuerpos en el carbunclo; pero 
esta opinión es manifiestamente errónea. 

Por instigación de Pasteur, que acababa de probar que la fermenta- 
ción butírica, no era, según se habia creido hasta entonces, debida á una 
materia albuminoidea en via de descomposición, sino á los Vibriones, 
que tenian la mayor semejanza con los cuerpos filiformes hallados en la 
sangre de los animales muertos del carbunclo, Davaine estudió de nue- 
vo la cuestión en 1863 y 1864. Consideró desde luego los organismos como 
Bacterias; pero hallando que en ciertos casos los filamentos ó bastonci- 
llos variaban de longitud, modificó el nombre, siendo en consecuencia 
designados comunmente hasta estos últimos tiempos bajo el nombre de 
Bacterideas. Suponíase en dicha época que estaban más en relación con 
los animales que con las plantas. Convencióse de que se hallaban en la 
sangre durante la vida y de que se desarrollaban en dicho líquido y no 
en el bazo. Efectivamente, logró inocular dichos organismos á animales 
á los que habia extirpado el bazo. Convencióse asimismo de que no se 
hallaban Bacterideas en la sangre del feto, por masque existiesen en gran 
número en la sangre de la madre y en la que circula por la placenta (3). 
Descubrió también que la enfermedad podia ser comunicada por me- 
dio de los alimentos mezclados con tejidos de animales enfermos; el efec- 
to se producía con menos rapidez, pero la sangre contenia de igual modo 
las Bacterideas. 

Davaine no admite la doctrina de la identidad del veneno de la sep- 
ticemia con el del carbunclo por las siguientes razones: 1.^ porque los 
síntomas producidos, inoculando sangre putrefacta, no son constante- 
mente los mismos y porque las Bacterideas no se desarrollan en la san- 
gre de los animales afectados; 2.^ porque los animales que han absorbido 
fragmentos de tejidos putrefactos mueren por excepción; y 3.** porque 



(i) Schmidfi lahrbücher^ lomo CLxvi, pág, 205.— 1875. 

(2) Elude sur la maladie charbonneuse, por M. M. Pasteur et Joubert. (Comptes 
rendus, tomo Lxxxiv; pág. 900. -1877). 

(3) Comptes rendus, tomo Lix, pág. 393.— 1861. 



LOS MICRÓFITOS DE LA SANGRE 61 

los animales que han absorbido fragmentos de tejidos recientemente se- 
parados de otros animales muertos de septicemia no son atacados. De 
aquí deduce que el principio activo de la septicemia no se regenera en 
la economía, como sucede con el del carbunclo, siendo en realidad el 
agente de este un virus, mientras que el de la septicemia seria un ve- 
neno (i). 

En el siguiente número de Comptes rendus^ pág. 429, Davaine y Raim- 
bert participan haber demostrado la existencia de las Bacterideas en un 
hombre atacado de pústula maligna. Escindida esta, se encontró gran nú- 
mero de ellas (2). 

Tales son, reasumidas, las observaciones que han llamado la atención 
de los patólogos sobre este asunto y que han dado un gran impulso á la 
teoría de los gérmenes en las enfermedades. Hánse verificado desde en- 
tonces multitud de observaciones, pero tienen un valor especial por ha- 
ber sido hechas por observadores autorizados las que se han verificado 
dé dos años á esta parte. Nos ocuparemos desde luego de las principales 
observaciones que pueden servir de punto de apoyo á las ideas de Da- 
vaine y Pasteur. 

En 1875, el profesor Femando Gohn publicó el resultado de sus in- 
vestigaciones sobre tales organismos, y siendo de opinión que pertene- 
cían á las BacciUuSj designólas bajo el nombre 
áeBaccillus anthra^is {3). Esta denominación 
ha sido generalmente adoptada en Alemania é 

% *TM^ ^^^Vn^ Inglaterra, si bien á pesar de la teoría implica- 

5^^* T V ^^^^ <i^ dentro de estos dos términos, íuera más 

I \ \!^^^!ÍA(^^ conveniente designarlos de una manera más 

^'^L^^K^^^l^'O^ lacónica. 

En 1876, el Dr. Koch, de WoUstein (Posen), 

publicó sobre estos organismos una obra muy 

importante. El autor tuvo ocasiones propicias 

jij. 5 Jocfffwj aHthfdtít mnM>iitr>4ff dtw- j, «^^«\v« 

pncadeíamiMruenusajigredaini boeyb- para cl cstudío do dícha cnfermcdad (4). Koch 

Í¡^'«¿jr"''°******'"'"''° ^'''"^* ^abia observado que muchas de las aserciones 

y conclusiones de Davaine hablan sido puestas 
en duda. Algunos observadores hablan podido producir un carbunclo 
mortal en animales, inoculándoles sangre que contenia Bacterideas, sin 
que se obtuvieran estas en la sangre de los animales asi infectados; la 
cual pudo determinar á su vez en un tercer animal dicha enfermedad 
hallándose Bacterideas en su sangre, por más que aquella estuviera 
exenta de ellas. 




(1) Loe, cit. pág. 396. Como se verá luego algunas de estas conclusiones no pue- 
den admitirse. 

(2) El Dr. Grisp escribe: cComo ya dije en mi obra sobre el bazo, publicada en 1852 
los perros, gatos, hurones y cerdos, que comen la carne de animales carbunciosos, 
mueren en poco tiempo y los individuos que despellejan lobos son atacados por la 
enfermedad. En i832, Barthelemy inoculó á carneros sangre de otros carneros falle- 
cidos deapoplegia esplénica y los animales inoculados murieron al cabo de 36 á 69 
horas.» (Nota sobre las observaciones hechas á propósito de la teoría de loa gérme^ 
neskU Pathological Society, en 21 de Abril de 1871.) 

(3) Cohn's Beitrage zur Biologie der P/ianzen, tomo l, fase. 3.— 1875. 

(4) Cohn's Beitrage, tomo u, fase. 2. 




62 LOS MICRÓFITOS DE LA SANGRE. 

Otros observadores sostuvieron que la enfermedad no era debida tan 
solo al contagio, sino que hasta cierto punto dependía del lugar; pues la 
afección solo era endémica en los sitios húmedos, en los terrenos pan- 
tanosos, en las costas y en los valles, 
j^^yj "^ Bsís» /|^ y también que la mayor mortalidad 
\ «£í^:ssí«^^ &9^ recaia en los años lluviosos y espe- 
^H É^S^ ^^ jQo cialmente en los meses de Agosto y 
^ ' "" de Setiembre, en los que se eleva 

más la temperatura del suelo. Estas 
particularidades no podían explicarse 
suñcientemente por la suposición de 
Davaine, de que los organismos, con- 
K, é n^^u 1*1 . * ^ , servando su vitalidad durante más 

Fif . 0. Batctuua Mtkract* eacontrado en U MUifra 

dt un eonejito d» indiai (Eonh).-e&o diimetroi. tícmpo CU u n alrc 8600, oran trauspor- 

tadas por corrientes de aire, ó bien 
que la inoculación se verificaba por medio de los insectos, y otras ideas 
por el estilo. 

Los experimentos de Koch hicieron creer que la explicación de Da- 
vaine, sobre la manera de propagarse la enfermedad, solo era justa en 
alguna de sus partes. Halló dicho observador que los bastoncitos de las 
Bacterideas no eran tan vivaces como habia supuesto Davaine. La san- 
gre, que solo contiene filamentos, conserva sus propiedades, en caso de 
sequedad, durante algunas semanas y tan solo algunos días en caso de 
humedad. ¿Cómo, pues, el contagio se conservarla latente en el suelo por 
espacio de meses y de años? Si las Bacterideas entran por algo en la ma< 
teria, es preciso suponer que permanecen fuertes durante algunas fases 
de su desarrollo, ó bien según habia indicado Cohn (1), que se forman 
esporos durmientes, capaces de conservar su vitalidad por largo tiempo, 
dando origen de nuevo á Bacterideas. El Dr. Koch cree haber demostrado 
la existencia de dichos esporos. Como esta cuestión es de suma impor- 
tancia, es necesario someterla de nuevo á un examen más detenido (*2). 

Los experimentos de Davaine y de otros fueron repetidos en ratones, 
por ser estos animales más capaces de dar resultados satisfactorios. 
Después de quitar la piel á una pequeña parte de la cola, se ^inoculó 
por la herida una gota de fluido conteniendo los Baccilli. Dichas inocu- 
laciones fueron fatales siempre que se usaron materiales recientemente 
obtenidos. A fin de asegurarse de si los Baccilli se transformaban por 
las inoculaciones sucesivas y asimismo para obtener constantemente el 
material fresco necesario para los experimentos, inoculó ratones sucesi- 
vamente unos después de otros, suministrando la última inoculación 
materia para la siguiente, hasta haber obtenido asi veinte sucesivas, y 
en todas ellas fueron obtenidos los Baccilli^ sin que se notara cambio 
alguno ni en su forma, ni en sus caracteres (3). 

(Continuará») 

(1) Cohn* 8 Beitrage^ tomo i, fase. 3. 

(2) En la Revue international des sciences, tomo n, pág. 538, se publicó la traduc- 
ción de una Memoria de Brefeld. que parece demostrar completamente la formación 
de esporos en el Baccillu9 suhtilis, 

(3) Davaine ha practicado una serie semejante de investigaciones. 



NOTICIAS CIENTÍFIGAS. 63 



NOTICIAS científicas. 



Convulsiones en los niños. — A continuación copio algunos párrafos 
de la obrita del Dr. Deligny, de Toul, titulada: Convulsiona chez les cn- 
fants considérées au point de vue du diagnostic différeníiel, 

«En las crisis convulsivas de los niños/ abstracción hecha de la causa^ 
los dos medios más efícaces, los más rápidos, son el baño tibio prolon- 
gado y las inhalaciones de cloroformo. Deben rechazarse los revulsivos y 
la compresión de las carótidas. En cuanto á los espasmódicos, los con- 
ceptúo como útiles coadyuvantes, pero su acción no es lo bastante rá- 
pida para responder á un efecto inmediato.» 

Hablando del tratamiento de la eclampsia dice: que en tesis general 
hay que cumplir dos indicaciones: el combatir la causa determinante de 
los accesos convulsivos, y el modificar el estado nervioso. Variable la 
primera, la segunda indicación se cumple mediante agentes higiénicos, 
en cierto modo preventivos, y agentes terapéuticos de elección dudosa. 

cEl diagnóstico es la base del tratamiento de las convulsiones esen- 
ciales. Por desgracia, en presencia de una convulsión, es difícil, con 
frecuencia imposible, reconocer ex abrupto la causa determinante. Enton- 
ces la primera indicación es dirigir el tratamiento contra las convulsio- 
nes, prescindiendo del hecho etiológico, de igual manera que es preciso 
apagar un incendio antes de ocuparse en buscar la causa ó el autor. En 
efecto, el pronóstico de un acceso convulsivo no es siempre favorable, 
citándose casos de muerte durante la crisis. No hablo solo de las convul- 
siones sintomáticas, cuya gravedad está subordinada á la afección que 
las produce, pero en las convulsiones esenciales, en la eclampsia, sin 
tratar de la asñxia durante el ataque, el enfermo corre, después del ata- 
que, el peligro debido al colapso nervioso, que le sigue especialmente 
si el acceso fué violento y prolongado. Contra estos peligros el médico 
está en posesión de dos agentes enérgicos: el cloroformo y el éter; con su 
ayuda, se remedia lo más urgente, la necesidad de calmar, de hacer ce- 
sar, la cris s convulsiva».— (Rodríguez Méndez.) 

Poción con esencia de trementina. — Esta sustancia, administrada 
en poción, constituye un medicamento de sabor sumamente desagrada- 
ble. Para obviar este inconveniente, puede mezclarse con éter sulfúrico, 
que tiene la propiedad de moaiíicar el sabor y olor de aquella, en las si- 
guientes proporciones: 

Esencia de trementina 8 gramos. 

Éter sulfúrico. . 3 » 

agítese fuertemente y añádase: 

Jarabe de azahar 30 gramos. 

Agua 120 » 

Para administrar una cucharada cada dos horas á los enfermos con 
catarro vesical, en las neuralgias y principalmente en la ciática.— (For- 

MIGUERA.) 

Del fosfato de cal en la tuberculosis. — Ocupándose el Dr. A. Ri- 
vet de algunos casos de tuberculosis bien manifiesta en todos los cua- 
les se obtuvo la curación, atribuye el éxito alcanzado al empleo del fos- 
fato de cal usado en las siguientes condiciones: 

El fosfato de cal, dice, solo se absorve en estado de disolución y aún 
esta es preciso que sea clorhídrica y que se opere en estado naciente, 



Qi PUBLICACIONES RECIBIDAS. 

pues de lo contrario se obtendría un producto excesivamente ácido y 
conteniendo muy poca sal. De esta manera, resultd un medicamento 
complejo poseyendo tres acciones distintas que contribuyen aun mis- 
mo fin. 

Por el ácido clorhídrico libre que contiene» obra como un poderoso 
eupéptico facilitando la disolución da los principios albuminoideos y en 
consecuencia la digestión y nutrición, hasta tal punto, que los alemanes 
lo emplean actualmente, con, preferencia á los preparados de hierro, 
para combatir la clorosis. 

Obra, asimismo, por el cloruro de calcio procedente de la reacción 
del ácido clorhídrico. Dicha sal, no usada en Francia, sin que exista ra- 
zón para ello, es muy apreciada en Inglaterra como succedánea del yo- 
do, sobre el que tiene la ventaja de no poseer acción irritante. 

Pero es principalmente como fosfato de cal, que este medicamento 
tiene un valor considerable. En efecto, es un agente indispensable á la 
nutrición, pues sirve para fijar en nuestros tegidos las sustancias azoa- 
das. Su fin es rehacer la materia viva. 

Y aún podría añadirse que coadyuva por igual mecanismo á la cica- 
trización de los focos tuberculosos y á su transformación cretácea. Así 
se ha sostenido, y bien pudiera ser á pesar de no estar enteramente 
comprobado.— (S. Garbo.) 



SECCIÓN OFICIAL. 



Sanidad militar. Reglamento para el servicio de campaña, de 5 de 
Enero. — Gacetas del 8 de Enero al 23 del mismo inclusives. 

Fiebre amarilla. — Orden de 16 de Enero declarando limpias las proceden- 
cias de Gorea y Dakar (Senegal, África), á contar desde el 24 de Diciembre úl- 
timo.— (?ace/a del 17 de Eeero. 

Cátedras vacantes.— Real orden de 16 de Enero mandándose provean 
por oposición las cátedras de ejercicios práctios de Osteología y Disección, 
1.® y 2.' curso; Higiene privada y pública; Terapéutica, Materia módica y Arte 
de recetar, Historia de las Ciencias médicas; Clínica de Obstetricia; Clínica 
médica y deberes del Médico en el ejercicio de su profesión, vacantes en la 
Facultad de Medicina de la Habana, debiendo proveerse las tres úllimas y una 
de las de Disección en esta Universidad y las demás en Madrid.— Gacela del 
20 de Enero. 



PUBLICACIONES RECIBIDAS. 



EpíBodioB de la práctica médica, por D. Ricardo Fajarnés Castells.'-VaUado- 
lid ifel.-Tomo I.— Entregas 13 á 26. 

Gontribucion al estudio de la estadística médica, por D. Juan de Dios Ro- 
quer y Casadesús.— Barcelona 1881.— Tres ejemplares. 

Diagnóstico y tratamiento de las enfermedades del corazón, por Germán 
Seé.— Lecciones recoj idas por el Dr. Labadie Lagrave. Traducion por D. Alfredo 
Opisso Viñas.— Barcelona. 

Tratado de Operatoria Quirúrgica, por el Dr. D. A. Morales Pérez.— Con un 
prólogo del Dr. Creus. Cuaderno 8.^ y 9,^ 

Blanual de Medicina operatoria, por J. F. Malgaigne. Octava edición, por 
León Le Kort.— Cuaderno 10- 

Periódicos: Revista topográfica y estadística de Alicante.— T/ie Tgxas Med, and 
Surg, Record, de Galveston. — Diario medico de Madrid.— £¿ Panorama de Madrid. 
^Revista de Clínica Médica de Barcelona. 



tí<i' 



\^ 



Tomo II. Húm. 3, 15 Febrero de 1882, Año 11. Búm. 27. 



Gaceta Médica Catalana. 



SUMARIO: La música en sus relaciones coa la Medicinft,(conUnuacion), por D. p. Yidaly 
Careta.— Anatsmia de los cantrot Derviosos, (continuación), por D. M. A. Farcas.— Del 
ácido saiicilico y sus compuestos (continuación), por D. H. E. Moré 7 Bar^l.— Estudios 
clínicos (conclusión), por D. Arturo Masoll.— Revista de dermatología, por el Dr. A. Pla- 
BOlla«.— Los micrófltos de la sangre (continuación), por el Dr. T. Hieham Le^ifl.— 
NOTICIAS CIENTÍFICAS: Diarrea «n los nifios: tratamiento.—Estadlstica de una casa de 
locoi.— Quemaduras: tratamiento.— Anorexia de los tísicos.— Estadística demográfico -sani- 
taria (mes de Octubre 1881), por P, J. Cebeira.— Sección ofteiaL—PubUeacione» reeiMdas. 



U MÚSIGl EN SUS RELAGIONBS CON LA MEDICINA. <'> 

Bstudlo especulatlTo, fisiológico, Ugiénico 7 terapéutico, 

(Téais del Doctorado) 

POR D. Francisco Vidal y Careta. 

TBROSSfJL IPJL'BIT'BI. 

ESTUDIO HIGIÉNICO. 

Referente á Higiene privada. 

I. 

La música es sin duda un ageate higiénico de primer orden, y la Hi- 
giene ha sabido sacar partido de ella en muchas de sus aplicaciones. 

Ya los discípulos de Pitágoras, nos dice Quintiliano, aprovechando el 
ejemplo del maestro, tenian la costumbre de tocar la lira al levantarse» 
con el fin de sentirse más aptos para el trabajo, así como hacían lo 
mismo al acostarse para reprimir el influjo de los sentidos y olvidar los 
recuerdos del dia. Oigamos á Plutarco: Cayo era de un temperamento 
frenético y arrebatado; muchas veces en sus peroraciones se dejaba do- 
minar por el, alzando la voz más de lo que debía y dando muestras de 
cólera, hasta llegar á toda suerte de inconveniencias. Un esclavo suyo, 
Licinío, siempre que lo veía en tal situación, se colocaba detrás de él, y 
por medio de instrumentos á propósito para regular la voz, ejecutaba acor- 
des suaves, logrando tranquilizar su ánimo. También los antiguos cono- 
cían la influencia de la música durante la comida, y en ningún festín se 
dejaba de invitar á algunos artistas, asi como de tener al rededor de su 
mesa algunos locos y bufones que excitasen su hilaridad. Excelente 
medio para hacer una buena digestión cuando no se lleva al extremo. 

Otros y otros ejemplos podría citar que prueban el buen uso que de 
este elemento hacían lo.s antiguos en sus aplicaciones higiénicas, asi como 
de los que he citado se dedúcela diversidad de ellos. Seguiré para su 

{t) Contiuuacion.-- Véase elnúnic:o "2^'*. 



66 LA MÚSICA EN SUS RELACIONES CON LA MEDICINA. 

estudio el orden aceptado en la clasiñcacion fisiológica, haciendo siem- 
pre USO del género qae más convenga. 

A la música que dirige especialmente su acción sobre el encéfalo po- 
demos recurrir en Perceptología, asunto vasto é interesantísimo bajo 
todos conceptos. 

Interminable seria el número de ejemplos en la época antigua, en 
que se ve cómo la utilizaban con este objeto. Ya David apacigua los 
accesos de melancolía del rey Saúl bajo la influencia de un laúd; ya un 
esclavo con un instrumento apropiado atempera las peroraciones de 
Cayo. La Sagrada ílscritura nos dice, que en cierta ocasión, en que el 
profeta Elíseo se hallaba poseído de santa cólera contra el rey, llamó á un 
tocador de arpa para sosegarle y restituirle en el don de la profecía. 
(Traedme, dijo, un tañedor de arpa y la mano del Señor vino sobre él). 
Por medio de la música Timoteo inspiró el sentimiento del amor á Ale- 
jandro, así como la filósofa Hypatia con el mismo medio curó de dicha 
pasión á uno de sus discípulos. 

Bastan estos ejemplos para comprender el partido que de la música se 
puede sacar en la medicina de las pasiones, puesto que sirve, ya para des- 
pertarlas, ya para amortiguarlas. Los antiguos la empleaban al azar; nos- 
otros, más experimentadores, debemos ser más rígidos en su uso y como 
aquí habría que hacer repeticiones enojosas de lo que he dicho al estu- 
diar sus diversos géneros en la sección fisiológica, me abstendré de ello, 
pasando solamente á tratar de una funesta y casi se puede decir antigua 
pasión. Me refiero á la nostalgia. 

Esta es, como se sabe, la imperiosa necesidad de volver á ver los lu- 
gares donde hemos pasado nuestra infancia, en donde tenemos los seres 
queridos, etc. He dicho funesta y antigua pasión, pues que en tiempos 
anteriores causaba estragos en los soldados que hacían su servicio en el 
extranjero. Sabida es la influencia que ejercía el célebre canto conocido 
con el nombre de Ranz des Vaches, en los suizos que entraban á engro- 
sar las filas del ejército francés, los que, á pesar de la rigurosa discipli- 
na, desertaban casi todos ellos ó bien caían en una profunda melancolía, 
de la que morían muchos, llegando el caso de tener que suprimir el en- 
tonar dicho canto bajo pena de la vida. Mas hoy, habiendo más liberali- 
dad, hasta en el mismo ejército, se puede decir que ya casi está dester- 
rada esta pasión, siendo sin duda, en el ejército español, los gallegos 
quienes la sostienen. 

El individuo que se vuelve nostálgico, se manifiesta brusco en socie- 
dad, prefiere el aislamiento, está inquieto, taciturno, aqueja cefalalgia, 
á veces palpitaciones de corazón; con todo esto pierde el apetito, enfla- 
quece, y tras fiebre, insomnio, á veces con delirio, respiración corta, fre- 
cuente ó interrumpida por suspiros, cae en el marasmo. 

Buen tratamiento es la música para aquellos nostálgicos que no se 
les puede combatir la pasión con ningún otro medio, siendo los géneros 
pueril y campestre los más apropiados, porque obran distrayendo al pa- 
ciente sin molestar en lo más mínimo su ánimo; por otra parte, son, 
como veremos, los géneros de música higiénicos por excelencia. 

Como he tenido lugar de indicar, la música puede servir hasta como 
agente aperitivo y regularizador de la función digestiva. Bastante lo sa- 



LA MÚSTCA EN SUS RELACIONES CON LA MEDICINA. 67 

bian los antiguos, que en todos sus festines se procuraban un tañedor de 
arpa ó laúd para entretener á los comensales. 

Y aquí voy á indicar lo que ha observado Rambosson y otros, ó sea la 
analogía que existe entre los sonidos y los alimentos. Oigamos á Bau- 
quier en su Filosofía sobre la música: «Los sonidos violentos embriagan 
como los vinos espirituosos, y si admitimos que la música es un potente 
medio para animar al combatiente, igual valor deberemos dar á los lí- 
quidos alcohólicos, pues que producen el mismo efecto, siendo ya sabido 
que muchos soldados no pueden batirse sin haberse excitado antes con 
este medio.» Por otra parte, dice, el mismo resultado que el vino y el 
café pueden producir en un pintor ó poeta es capaz de determinar la mú- 
sica, haciéndoles concebir en su imaginación algún pensamiento subli- 
me por la excitación del sistema nervioso. A este poder le llama acción 
alcohólica del arte. 

Perfectamente, como se ve, describe Bauquier la analogía que existe 
entre cierta clase de alimentos y la música. En efecto, así como la ma- 
yoría de músicos piden al café sus iiispiraciones ¿qué tiene de particu- 
lar que un poeta deba á los sones embriagadores de ella, los lamentos 
de sus composiciones y un pintor la poesía de sus cuadros? Lo que yo 
recomendaría á los artistas es que se inspirasen en el género musical 
que más se adaptase á sus inclinaciones. 

La marquesa de Blocqueville, en su obra Las tardes de la quinta de los 
jazmines, se expresa de la siguiente manera: «La música obra en nues- 
tro organismo como los tópicos materiales: es higiénica y medicinal; sin 
embargo, seduce, embriaga y se hace tan temible como el agenjo y el 
opio, cuando es violenta, apasionada, ó cuando es tierna y volup- 
tuosa.» 

Rambosson, después de largos estudios, ha procurado conciliar dichas 
analogías en ciertas leyes que han llamado pocjerosamente la atención 
de los sabios, y de las cuales dice Beclard, que si se confirman encierran 
uno de los descubrimientos fisiológicos más grandes hasta el presente 
hechos. Dichas leyes son análogas á las del mismo autor sobre la música 
y las formula de la manera siguiente: 

i.' Hay alimentos que obran especialmente sobre los nervios loco- 
motores, y alimentos que obran especialmente sobre los nervios de la 
sensibilidad. 

2.^ Los alimentos de la primera clase influyen de un modo especial 
en la inteligencia. 

3.^ Los alimentos de la segunda la ejercen especialmente sobre los 
sentimientos. 

4.* Hay una transformación de movimiento: las fuerzas que obran 
sobre los nervios locomotores y las fuerzas intelectuales pueden trans- 
formarse en sensibilidad y sentimientos y vice-versa. 

5.' Cada alimento está en un lugar intermedio entre los que dirigen 
su acción más directamente, ya sobre los nervios locomotores, ya sobre 
los de la sensibilidad. 

De este estudio deduzco, que siempre que la música actúe de una 
manera capaz de no impresionar de un modo exagerado nuestro ánimo, 
puede muy bien utilizarse durante la comida, recomendando especial- 



68 LA MÚSICA EN SUS RELACIONES CON LA MEDICINA. 

mente los géneros pueril y campestre, que son en mi humilde parecer 
los más apropiados. 

Tócame ahora hablar de este agente como medio de descanso. En 
cuanto á eso, creo que no hay otro que le iguale, siendo tan beneficioso 
para el que oye como para el que ejecuta. ¿Quién de nosotros no se delei- 
ta al oir un buen pianista en sus ratos de ocio? Advertiré que ya seria 
hora que se desechase la música dramática como casera, pues ésta, por 
lo regular, no produce ningún efecto, y aunque lo produjera, tenemos 
que recordar que está escrita para el teatro y que puede ser origen de 
disturbios, habiendo, como se sabe, partidarios de tal ó cual autor. Lo 
mejor es usar de la sinfónica, que para el que no la entienda le hará el 
efecto del opio y se dormirá tranquilamente, y al que si, le deleitará. 
Aun propondria hacer uso solo de los géneros pueril y campestre, que 
por lo regular son los más agradables al oido. Así mismo esta última 
música es la que envalentona, por decirlo asi, nuestro ánimo para el 
trabajo al dejar el lecho. Ya he dicho que Pitágoras y sus discípulos 
tenían la costumbre de pulsar la lira al despertarse. 

La que obra en particular sobre la médula, la que dirige su acción 
sobre los nervios locomotores ó música rítmica, ejerce una gran influen- 
cia en Higiene privada, siendo dulce compañera del hombre en sus di- 
versos trabajos. 

No á otra cosa atribuye Fetis los inmensos trabajos realizados por los 
egipcios, sino al mágico poder del agente que estudió en unos tiempos 
en que las ciencias físicas y mecánicas estaban poco cultivadas. Ellos, al 
son de cantos rítmicos, ejecutaron mil proezas, extrajeron masas enor- 
mes de las canteras, desprendiéronlas de sus asientos y las trasportaron 
á grandes distancias. Algunos de esos cantos aun se conservan por tra- 
dición á través de los siglos, como el canto de los bateleros del Nilo, el 
canto para cruzar el escollo, el canto para virar de bordo, el de los 
poceros, etc. Inútil es que manifieste que el hombre en todos sus distin- 
tos trabajos se crea, por decirlo así, una música automática que se 
adapte lo mejor que pueda á su ocupación. Desde la más insignificante 
barcarola, que viene en auxilio del pescador en su monótona faena, has- 
ta el más elegante canto de caza que predisponiendo al buen humor ani- 
ma á los cazadores para atacar á las piezas, hay infinidad de cantos que 
prueban esta influencia. 

Esa música obra solamente por su, ritmo. Su acción es casi automá- 
tica, siendo el hombre inconscientemente atraído hacia el canto que más 
le conviene para ayudar á su débil máquina á funcionar. ¿Quién de nos- 
otros al andar no se acompaña de uno adecuado al paso que se lleva? 
Y debemos hacer notar que no solamente la Higiene debe á la música 
rítmica sus beneficiosas aplicaciones, sino que esta quizá deba su origen 
á aquella. ¿Quién dudará que siendo el canto innato en el hombre, este 
se sirviese de él para distraerse en la monotonía del trabajo, y cada dia 
perfeccionándolo dio origen á esa infinidad de composiciones conocidas 
con el nombre de barcarolas, bercenses, marchas, rondós, etc.? En Hi- 
giene pública me ocuparé especialmente de los géneros danzante y guer- 
rero; nada tengo que añadirá lo dicho en la sección nsiológica respecto 
á la música quo ilirigc su acclDii sobro los luu'vio-; do sensibilidad. 



LA MÚSICA EN SUS RELACIONES CON LA MEDICINA. 69 

Tocante á la dramática, como queda limitada al teatro, entra asi mis- 
mo su estudio de lleno en la Higiene pública. 



II. 

Referente á Higiene pública. 

La música, que obra sobre el encéfalo, tiene aquí un lugar importan- 
tísimo por su influencia en la educación popular. Baste saber que en 
Alemania, que se puede decir va hoy ¿'la cabeza de la civilización, ha 
llegado á ser casi oblif^^atnrio el estudio de cualijuipr instrumento músi- 
co. Conocerán que tal agente influye de un modo favorable en la educa- 
ción moral de los pueblos. Tendré ocasión de demostrarlo. 

Bajo el punto de vista social, ó sea para hacer más intimas las rela- 
ciones de los hombres, es un agente que produce tanto ó más buenos re- 
sultados que el tabaco, café, etc., y todo lo que es capaz de poner en con- 
tacto íntimo la sociedad. 

Por otra parte ¿quién dudará de la benéñca influencia que producen 
en el pueblo alemán y francés estos conciertos populares de música clá- 
sica, que se dan en inmensas salas, capaces para miles de espectadores, 
y en los cuales al par que se educa el sentido musical de los mismos 
también los moraliza, puesto que poco á poco inflltrándose en su clasi- 
cismo, van odiando, sin darse cuenta de ello, hasta serles indiferente por 
completo, la música chocarrera, callejera, la que va condimentada con 
versos insulsos, insolentes, y que tan inocentemente componen los auto- 
res para el solaz del pueblo, sin comprender que lo desmoralizan por 
completo llevándolo á su perdición? jLástima que en la nación vecina, 
en donde tanto culto se consagra á las artes, se soporte aun con pacien- 
cia cierta clase de composiciones musicales, que acompañadas de gestos 
grotescos y cantos inmorales, corrompen la juventudl Y no digo nada de 
nuestra España, puesto que aquí el sentido musical se desconoce casi 
por completo, gustando más de lo trivial, de lo superficial, y si se rinde 
algún gusto á lo clásico es por aquello de que se hace de moda. 

En 1872, el Ministerio francés, ocupándose del asunto, dirigió una 
carta á M. Ambrosio Thomás, presidente del Comité de las escuelas mu- 
sicales, en la que se lamenta que el café cantante proporcione el reper- 
torio popular, mientras que en otro tiempo era la ópera cómica quien lo 
facilitaba. Hora es ya de que se instituyan orfeones y conciertos, en los 
cuales se eduque el verdadero gusto musical de nuestra pervertida so- 
ciedad y entonces será cuando se podrán recoger beneficiosos frutos. 

Con motivo de lo expuesto pudiera preguntársenos ¿es que hay una 
música moral y otra inmoral? A lo que contestaré que sin duda es así, 
puesto que, partiendo de las relaciones que entre sí tienen las artes, así 
como un cuadro inspirado en lo sublime de la naturaleza, que nos la re- 
presenta el pintor en toda su magnificencia y grandiosidad, es muy dis- 
tinto del que está inspirado por una pasión inmoral, asi también el au- 
tor que en música se inspire en lo verdadero, lo bueno y lo bello, sacará 
una producción más perfecta que el que se deje llevar por mezquinas 
ideas. Chateaubriand dice: la música considerada como arte es una imi- 



70 LA MÚSICA EN SUS n£LAClüN£S CON LA MEDICINA. 

tacion déla naturaleza; su perfección consiste, pues, en representar la más 
hermosa naturaleza posible; á lo que añado: que mal podrá servir para 
6l objeto que estudio la que se aparte en lo más mínimo de esta idea. 

Se nos dirá que la música es en si mala, á lo que contesto que de nin- 
guna manera, pues tampoco ninguna influencia ejercen en la moral los 
colores que el artista coje con el pincel para dar vida al cuadro. No, 
no es la música en si misma la que desmoraliza; todos, todos los géne^ 
ros de música son buenos con tal que sean bien aplicados, sucediendo lo 
contrario cuando se sirve de tan potente actor para que cubra, como una 
máscara, la idea de una inocente diversión, una de nuestas fatales 
costumbres, me refiero al baile. Con sobrada razón ha podido decir Al- 
fredo de Musset: La musa contemporánea no es la sacerdotisa sino la 
bacante; nuestra sociedad ha degradado á sus dioses. 

De lo dicho resulta que la música es en sí misma inofensiva, insis- 
tiendo en que es asi, pues aunque Rambosson, verdadera autoridad en 
la materia, cree que sus efectos dependen del modo como se encuentra 
nuestro ánimo al oírla, desde luego que un pasaje que indique ternura 
no se puede descifrar si es amor hacia la madre, hermana, etc. Yo creo 
que tal vez Rambosson habrá dicho esto en sentido relativo, pues que 
escaseando los genios, la inmensa mayoría de autores escriben muy le- 
jos de inspirarse en los verdaderos manantiales de un tema, sujetándose 
más á la voluntad del vulgo que á la del público ilustrado. ¿Puede tener- 
se duda, al oir el dúo del 4.^ acto de Los IlugonoteSy de las pasiones que 
luchan allí, de lo que representa la conjura del mismo acto? ¿no se ve en 
el Peaierto de David cómo se aparece la aurora hasta vislumbrar la mag- 
nificencia del dia? ¿no está dando hoy un gran paso Wagner, para que 
la música sea lo más natural posible? Por lo tanto, yo creo que toda la 
música es moral, por trivial que sea, mientras describa algo bueno; mas 
como esta última es la que se acompaña generalmente de cantos grose- 
ros, porque es la que más se presta, tales accesorios son los que la ha- 
cen inmoral. Desde luego que creo que jamás la música podrá tener la 
realidad de la pintura ni de la poesía, pero de que dentro de su género 
la tenga relativamente y de que cada dia que se vaya perfeccionando este 
divino arte la tendrá más, fundadamente podemos tener esperanzas. 

No obstante, en el gérero religioso no hay arte que le iguale, pues 
ninguno inspira la veneración, el recogimiento y elevadas miras como 
este. Quien no ha oído el Réquiem de Verdi, no ha saboreado las delicias 
celestiales. ¡Qué inmenso partido podría sacarse de la música en la edu- 
cación infantil, si se hiciesen repetir en sencillos cantos los preceptos que 
el hombre no debe jamás olvidar! 

En fin, no insistiré más, y solamente diré que desde los tiempos en 
que Platón decía: la música es el arte que regulando la voz llega al alma 
y la inspira el gusto por la virtud; hasta los tiempos modernos, en que 
perfeccionado el canto se ha llegado hasta dominar al hombre salvaje, al 
asesino, al ladrón, siempre la música ha sido, es y será moralizadora. 

La música que obra preferentemente sobre la médula, comprende, 
como se sabe, dos géneros: el que obra sobre los nervios locomotores, 
música rítmica que se subdivide en otros dos: guerrero y danzante, y la 
que obra sobre los nervios de sensibilidad. Me ocuparé aquí solamente 



ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 71 

del primero, pues respecto al segundo no tengo nada que añadir á lo 
dicho en la sección fisiológica. 

La música guerrera anima al combatiente. Al son de la trompa guer- 
rera, los antiguos soldados atacajban y asaltaban las ciudades. Dice Tá- 
cito: los germanos tenian un Hércules y á ese dedicaban un canto al en- 
caminarse hacia el combate, y entonaban estrofas que llamaban bardüh 
al disponerse para la lucha. Osian, al explicar el grande uso que los ca- 
ledonios hacian de la música, cita un pasaje en que dice: Carril aplica 
á sus labios la trompa guerrera, entona el himno bélico é infiltra su alma 
en el alma de los héroes. 

Hoy que las bandas militares han llegado al apogeo de su perfección, 
ejecutan composiciones que ejercen tal poder en nuestros guerreros, que 
hacen olvidar bajo la influencia de sus embriagadores sones, confundidos 
con el estampido del cañón, que luchan con hermanos, que van á una 
muerte segura, llegando á renacer el valor en el más cobarde y en el más 
inepto para el servicio de las armas. 

£1 género danzante si no tiene ninguna aplicación higiénica, pues 
aunque se diga que activando alguna de las funciones de nuestra econo- 
mía como la circulación, respiración, secreciones, y regularizando en 
parte la menstruación, se puede utilizar con algún éxito en ciertas afec- 
ciones, que como las escrófulas, infartos abdominales, neuropatías y clo- 
rosis, reclamen tales cambios, hemos de contar que en primer término 
dichos resultados se pueden obtener con otros medios, en segundo, que 
el baile se verifica generalmente en sitios reducidos é incapaces para él 
gran número de personas que asisten á ellos, y en tercero, que el contac- 
to entre los dos sexos se verifica de un modo demasiado intimo y acom- 
pañado de palabras apasionadas, triviales y grotescas. 

En cuanto á la música teatral, la ópera es sin duda la que cautiva 
más al hombre contribuyendo también hasta cierto punto á moralizarle, 
pues aunque todas tienen su argumento, más ó menos inverosímil y á 
gusto de la imaginación fantástica del compositor, pareciendo que los 
genios buscan sus inspiraciones en temas lo más inextricables y lo más 
distantes de la verdad, sin embargo, lo que más deleita aquí principal- 
mente es la música, siendo secundario lo que pasa en la escena, y ojalá 
llegue pronto el dia que reine ella sola, desapareciendo tantas y tantas 
composiciones triviales que, como la zarzuela, opereta, etc., causan per- 
juicio á la sociedad. 

(ContinuaráJ 



anatomía de los centros nerviosos, ^*> 

POR Don Miguel A. Fargas Roca. 



Aún cuando fuese posible una sistematización completa de los cen- 
tros nerviosos, sin error ni laguna de ningún género, esta parte de la 

(1) GontinuacioD. -> Véase el número 26. 



\ 



rM anatomía dk los centros nerviosos. 

Anatomía no habría alcanzado la meta de su perfección. Mucho más 
ventajosa que la Anatomía descriptiva empíríca, más útil que ella al 
fisiólogo y al patólogo por ofrecerles algo sohre que estudiar, no habla 
aún con la elocuencia que en sus demás ramas acostumbra. No es más 
que un mapa, en el cual, con líneas de carácter y color iguales, se mar- 
can así las cordilleras como los ríos, los canales como los caminos de 
hierro, etc., etc.: al viajero le toca indagar para qué sirven aquellas in- 
dicaciones. 

Al fisiólogo le corresponde estudiar el destino de cada hacecillo de 
fibras y de cada grupo de células que el anatómico le presenta, y esto 
hecho, será posible la síntesis ana tomo-fisiológica de los centros nervio- 
sos, y en vez de describir una sustancia gris de los núcleos centrales, de 
la cubierta cortical, de los cuernos anteriores, etc., y fibras de los cor- 
dones anteriores, de los pedúnculos cerebelosos medios, de la cápsula 
interna, del cuerpo calloso, etc.; en vez de estudiar aisladamente las re- 
laciones y anastomosis que entre ambas existen; en vez de reunir todos 
estos elementos en grupos, según la posición, dirección y trayecto de 
los mismos, los sintetizará el anatómico según sus funciones, y descri- 
birá en el sistema nervioso un aparato motor, otro sensitivo, otro vege- 
tativo, otro intelectual, etc.; en seguida se hará cargo de las relaciones 
que tengan uno con otro, como lo hace en el abdomen con los aparatos 
digestivo y urinario, y entonces le han de resultar muy sucundarios la 
forma de los centros nerviosos y muchos detalles que hoy son la base de 
toda descripción clásica. 

Algunas palabras, ya familiares en el lenguaje anatómico, indican 
que el fisiólogo no se da tregua ni descanso en el cumplimiento de su 
misión: los nombres de cuernos anteriores ó motores y posteriores ó sen- 
^iioosy no hipotéticos ya, sino comprobados y perfectamente sinónimos, 
son el primer paso firme que la Anatomía de los centros nerviosos da 
hacia el periodo anatomo-físiológi^o. 

No representan el carácter de este período ni la Frenología de Gall, 
al encontrar un sitio para cada función y presentar sus cuadros topográ- 
ficos de localizacion, ni las creencias de Comte, quien consideraba des- 
tinada la parte anterior de los hemisferios á los fenómenos intelectuales 
y la posterior á las funciones afectivas. Estas hipótesis no son más que 
estuerzos abortados y estrellados por falta de fundamentos. 

Malamente podía tener ribetes de razonada ninguna descripción 
anatomo- fisiológica, sin tener órganos que describir. Actualmente, por 
lo menos, existen elementos sobre los cuales se puede hacer recaer el 
desempeño de una función: recuérdese el conocimiento, así anatómico 
como fisiológico, que hoy se tiene de la médula, y se tendrá una idea 
aproximada de lo que debe ser en el porvenir la descripción anatomo- 
fisiológica de los centros nerviosos. 

Digo en el porvenir, porque en nuestros dias, al abandonar la médula 
para llegar á las partes superiores del eje encéfalo-medular, nos encon- 
tramos como el ciego que guiado por su lazarillo recorre distintas calles, 
sin ver lo que en ellas pasa y acontece: el ruido confuso podrá hacerle 
presumir algunos sucesos, hasta adivinar con seguridad ciertos aconte- 
cimientos; pero si su lazarillo es mudo, casi siempre quedará en la duda. 



ANATOMÍA DK LOS CENTROS NERVIOSOS. 73 

6 si es travieso y quiere divertirse con el, le llevará completamente en- 
gañado. 

£1 debate sobre las localizaciones cerebrales, teniendo por defensores 
á Charcot, Fritchs, Hitzig, Ferrier, etc., y por impugnadores acérrimos á 
Brown-Sequard, Lussana, Lemoigne, etc., dista mucho de estar definiti- 
vamente resuelto, y sin saber á punto fijo qué papel desempeña la cu- 
bierta cortical, es imposible la agrupación anatomo-fisiológica. Los tála- 
mos ópticos, los cuerpos estriados, las distintas regiones del pedúnculo 
cerebral, los tubérculos cuadrigéminos, el cerebelo y muchos hacecillos 
de fibras y agrupaciones de sustancia gris del bulbo y de la protuberan- 
cia, son objeto de discusión y de numerosas hipótesis acerca del papel 
que desempeñan. 

Lo peor es que no se vislumbran los horizontes de este laberinto, 
pues en otros casos, ni siquiera el consuelo de la hipótesis nos queda: 
por un lado, funciones que ni remotamente conocemos; los órganos á 
que atribuirlas* y por otro, órganos sin alcanzar ni por asomo cual sea su 
destino fisiológico. Sirva de ejemplo de lo primero, la demostración de 
Budgeb el hacer evidente que la protuberancia ejerce una influencia ma- 
nifiesta sobre las funciones vaso-motoras, sin que se conozca anatómica- 
mente, en dicha región, ni centro ni fíbra á ellas destinadas; y demues- 
tre lo segundo, la descripción dada por Meynert de la sustancia gris del 
asta de Ammon, en donde existen tan solo grandes células piramidales 
ó motoras y sus funciones son absolutamente desconocidas. 

Afortunadamente no son todo tinieblas, y algunos estudios modernos 
hacen esperar que, aunque de una manera trabajosa, podrá llegarse al 
fin á una descripción anatomo-fisiológica. Es un hecho evidente que toda 
fíbra nerviosa establece una comunicación entre dos células; cada dia se 
demuestra mejor que la fibra representa el papel de conductor, y la cé- 
lula el de agente impulsor óreceptor; cuando sepamos los grupos de 
células que intervienen en una función y las fibras que sirven para re- 
lacionarlos, tendremos ya un aparato, aunque quizás desconozcamos por 
completo su mecanismo intimo. 

Y bajo este punto de vista, sabemos mucho más del camino que re- 
corren las impresiones, que del punto de donde vienen, y por esto es 
posible, para poner un ejemplo, hacer como Charcot é imaginar un apa- 
rato motor á guisa de esquema hipotético provisional. Charcot parte del 
principio, demostrado ya, de que por el hacecillo piramidal corren las 
impresiones motoras que del cerebro van á la periferia después de este 
hecho cierto, admite, cosa bastante demostrada pero que necesita nuevas 
comprobaciones, que el hacecillo piramidal se continúa sin interrupción 
y sin contraer relación ninguna con los ganglios centrales, desde el pié 
del pedúnculo, al través de la cápsula interna y del centro oval, hasta la 
región de las circunvoluciones parietal y frontal ascendentes; en este 
último sitio admite la localizacion de los centros motores, cuyas gruesas 
células piramidales estarían en comunicación directa con las fibras del 
hacecillo de igual nombre: estas fibras, siempre de una manera continua, 
van desde el pié del pedúnculo al través de la protuberancia, se entre- 
cruzan incompletamente en el bulbo, van á los cordones laterales de la 
médula, y según Charcot, en las células de los cuernos anteriores de este 



74 ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 

Órgano se terminan, una á una y á distintas alturas, las fibras que 
partieran de las células corticales; detalle anatómico este último que 
dista mucho de estar demostrado. De las células de los cuernos anterio- 
res partirían en este caso las fibras de las raices anteriores y el aparato 
motor quedarla asi constituido. 

Tentativas de este género se han hecho muchas, pero tan solo he ci- 
tado la anterior por ser la que se funda en datos más positivos. Y sin 
embargo, necesita para sostenerse de suposiciones y de teorías que otro 
dia podrán ser desmentidas. Por eso Charcot no pretende estar seguro 
de haber llegado á la expresión de la verdad, y únicamente manifiesta 
sus ideas como una concepción racional y que no se opone á ninguno de 
los hechos hoy demostrados. Con este carácter de provisionales, se con- 
vierten las teorías en verdaderos métodos de estudio, sucediendo que se 
van modificando á medida que la ciencia adelanta, ó desaparecen por 
completo al compás de nuevos descubrimientos. Por este motivo es úti- 
lísima y muy plausible toda tentativa de este género; pero quien se en- 
cariñe con ella y la dé por cierta antes de ser plenamente sancionada, 
corre el peligro del inexperto niño que á orillas del mar está haciendo 
un dibujo sobre la arena: mientras se deleita en contemplar su obra, una 
ola inesperada borra todas sus hechuras dejándole consternado. 

« 

Seria ilusorio creer que la Anatomía de los centros nerviosos habia 
de llegar á su perfeccionamiento, confiando tan solo sus adelantos á los 
medios de que hasta hoy ha dispuesto el anatómico. Los métodos de es- 
tudio de la Anatomía clásica son impotentes para desenredar la enmara- 
ñada madeja de los centros nerviosos. Aún con los recursos que ofrecen 
los adelantos de la Histología y de la Histoquimía, los procedimientos de 
endurecimiento de la sustancia nerviosa, los cortes sucesivos practica- 
dos en la pulpa cerebral y los detalles que revelan las planchas fotográ- 
ficas, no se resuelven numerosas cuestiones de suma importancia. 

De aquí que el anatómico haya recurrido á ciencias auxiliares, y sean 
para él finísimos escalpelos el estudio del desarrollo de los centros ner- 
viosos, la Anatomía comparada de los mismos, la Fisiología experimental 
y la Anatomía y Fisiología patológicas. Por esto se encuentran dispersos 
preciosos datos sobre esta parte de la Anatomía, en obras de índole muy 
distinta, como, por ejemplo, las publicaciones de Charcot sobre la Pato- 
logía de los centros nerviosos, y la obra de Lussana y Lemoigne sobre la 
Fisiología de los mismos. 

El estudio del desenvolvimiento de los centros nerviosos, demos- 
trando el origen de algunas partes y la independencia en el desarrollo 
de otras, aclara y fija muchos puntos que el anatómico no hacia más que 
sospechar. Así, para el cuerpo calloso, estaríamos en la duda aún de si 
es comisura inter-hemisférica ó inter-peduncular, si el defectuoso estu- 
dio y mala apreciación de T iedemann no hubiesen sido contrarrestados 
por las investigaciones de Rolando, ya en 1829, seguidas por otras nu- 
merosísimas, y en particular, en nuestros dias, por Lussana y Lemoigne, 
Meynert y otros, demostrando, que hacia el tercer mes de la vida em* 



ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 75 

brionaria salen de la cubierta de los hemisferios dos órdenes de fibras: 
unas que van á los núcleos centrales, y otras que se dirigen á unirse con 
sus análogas del hemisferio opuesto para constituir el cuerpo calloso, 
quedando asi fuera de duda que son independientes de los pedúnculos. 

Cada dia va siendo más fecundo en resultados para la buena Anato- 
mía el conocimiento exacto del desarrollo del eje encéfalo-medular. 
Bastaría señalar los estudios de Kolliker, de Bidder y Kupfer, para con- 
vencerse de ello, y recordar con cuánta claridad demuestran ciertos de- 
talles de extructura-medular los estudios contemporáneos de Charcot y 
Pierret y de Flechsig. Para citar un solo y decisivo ejemplo, diré que en 
el cordón posterior de la médula se desarrollan independientemente su 
parte externa ó hacecillo de Bnrdach y su parte interna ó hacecillo de 
Goll; detalle este, como otros muchos, que la disección por si sola no es 
capaz de revelar. 

Sin embargo, no se le pida á esta ciencia auxiliar más de lo que puede 
producir: suministra excelentes datos comprobantes y hace presumir 
hechos desconocidos, pero no resuelve por si sola numerosos problemas 
que hoy están en litigio. 

Para comprender la importancia de la Anatomía comparada, como 
fuente de conocimientos de la Anatomía de los centros nerviosos, 
basta tener en cuenta, que desde los animales más inferiores hasta los 
más superiores, se presentan en la escala zoológica todos los grados ima- 
ginables de perfeccionamiento, remedando, con más ó menos exactitud, 
las fases porque pasa el desenvolvimiento del eje encéfalo- medular en el 
hombre. 

Sirva de ejemplo la metódica descripción que hoy se hace de las cir- 
cunvoluciones. Gracias á los estudios de Anatomía comparada hechos 
por Gratiolet, Leuret, Foville, Broca, Gromier, Huguenin, etc., la super- 
ficie de los hemisferios no es ya un campo revuelto, en el cual no es po- 
sible establecer orden de ningún género, sino que puede describirse cada 
una de sus partes y enumerar y dar nombre á las distintas circunvolu- 
ciones, las que, si bien á primera vista ofrecen una disposición capri- 
chosa y variable, teniendo en cuenta la Anatomía comparada, se ve que 
obedecen á una Jey fija, y que, aún en su mayor desorden aparente, 
guardan cada una de ellas una posición constante. Es inútil me esfuerzo 
en demostrar la importancia que esto tiene en la Anatomía, Fisiología y 
Patología de los centros nerviosos. 

Pero ha hecho más la Anatomía comparada. No sólo ha servido para 
hacer comprender cuestiones oscuras, como en el ejemplo antes citado, 
sino que en ocasiones ha hecho cambiar, con notable ventaja, el concepto 
que se tenia de partes ya conocidas. Recordaré en comprobación el modo 
cómo se describe hoy el bulbo y nervio olfatorio^ considerándose á este 
último, no como á un nervio, sino como un componente del cerebro, que 
recibe el nombre de lóbulo olfatorio, y las fibras blancas que contiene, el 
de traclus olfatorio. 

Y así por este jaez, muchos son los recursos que puede prestar esta 
ciencia auxiliar para hacer adelantar la Anatomía razonada de los cen- 
tros nerviosos. {Continuará.) 



76 ÁCIDO SALICÍUCO Y SUS SALES. 

CONTRffiüCION AL ESTUDIO DEL ÁCIDO SALICILICO Y SUS COMPUESTOS, 

en particular del salicilato sódico en el tratamiento del reumatismo, (1) 

POR D. M, E. Moré y Bargit, 

Médico de la Ca8a de Lactancia y Casa^unade Barcelona, 



^ El ácido salicilico es absorvido con tal rapidez que al cabo de poco 
tiempo se elimina por los ríñones en un 63 por 100, de modo que, pasa- 
dos 15 minutos de su ingestión puede notarse ya su presencia en la orina 
por medio de los reactivos expuestos anteriormente, entre los cuales he- 
mos dicho se contaban en primer lugar los preparados solubles de hierro 
ó sea una solución al Vio de percloruro de dicho metal. — El precipi- 
tado que se forma es tanto más abundante, cuanta mayor es la dosis de 
ácido que se ha ingerido; pero, según Douglas, no se presenta el color 
violáceo, hasta que se han precipitado todos los fosfatos de la orina. Aun- 
que su presencia en este líquido se note á los 15 minutos de haber to- 
mado el ácido, no significa esto que su eliminación total sea tan rápida 
que á las pocas horas ó al día siguiente no se encuentre nada absoluta- 
mente, pues en muchos casos puede notarse su presencia hasta quince 
días después de haber cesado su administración. Esto indica palpable- 
mente que el ácido salicilico se acumula en la economía y que si su ad- 
ministración está indicada por mucho tiempo seguido, es sumamente 
necesario descansar algunos días para luego volver á tomarlo. De modo 
que siendo tan sencillo el procedimiento para descubrirlo en la orina, 
no estará nunca de más analizarla, cuando menos cada dos días, para 
observar su disminución ó su desaparición completa para volver á repe- 
tir su administración, caso que se halle indicada. 

£1 ácido salicilico se encuentra en la orina bajo dos formas total- 
mente distintas: la una bajo la forma de ácido tal como se ingiere; otra 
cantidad se combina con la urea formando el salicilato de urea. 

Durante su administración, la cantidad de orina puede aumentar ó 
disminuir según sea el estado inflamatorio de los ríñones, habiéndose 
notado lo siguiente sobre el particular: 1.°, cuando el riñon se encuen- 
tra en estado normal, la diuresis aumenta considerablemente, del mismo 
modo que la provocan todos los demás diuréticos; 2.°, cuando el riñon 
se encuentra en estado patológico, la diuresis no solo no aumenta sino 
que disminuye, pues la acción ejercida por el ácido salicilico sobre el ri- 
ñon patológico es más bien nociva que beneficiosa. También se ha dicho 
que la cantidad de orina disminuye cuando el enfermo sufre una enfer- 
medad general grave; sobre esto recuerdo que durante las últimas fie- 
bres tifoideas que se presentaron en Barcelona en el invierno de 1879-80, 
tuve ocasión de administrar el salicilato de sosa á algunos de estos 
enfermos, y noté que, á pesar de la gravedad del mal, aumentó bastante 
la cantidad de orina espelida. A pesar de esto, se ha dicho muchas veces 



(1) Continuación. — Véase el número 26. 



ÁCIDO SALICÍLICO Y SUS SALES. 77 

que, administrando dichos cuerpos á enfermos tifódicos, disminuia bas- 
tante la cantidad de orina segregada por los ríñones, lo cual no concuer- 
da con las observaciones que tengo recogidas sobre el particular,— Estas 
diferencias observadas por distintos prácticos que han escrito de este 
asunto, serán tal vez debidas á ciertas condiciones propias del indi- 
viduo ó de la enfermedad, condiciones qne hoy por hoy no parece que se 
hayan descubierto todavía. 

Ya hemos dicho antes, que una de las acciones del ácido salicílico y 
sus compuestos consiste en evitar la fermentación y putrefacción de los 
cuerpos que lo contienen; y tanto es así, que la orina que contenga di- 
cho ácido deja de fermentar durante muchos días, manteniéndose siem- 
pre acida. 

Sobre la circulación es donde, el ácido salicílico y sus compuestos, 
ejercen una podero3a influencia, puesto que desde el principio de su des- 
cubrimiento se observó ya su acción antipirética. Sobre esto podemos 
asegurar que es uno de los mejores antitípicos que se conocen puesto 
que su acción es muy notable ya, en estado completamente fisiológico. 
Sin embargo, en estos casos, cuando la dosis es pequeña no se observa 
variación alguna, mas si llega á tomarse tres, cuatro ó más gramos al 
dia, es bastante considerable la disminución del pulso y del calor, ob- 
servándose un descenso notable de temperatura, cuando se padece una 
afección febril más ó menos grave. En algunas de estas enfermedades 
llega la temperatura á descender tres y cuatro grados en dos dias y á 
veces en uno. 

Respecto á la acción ejercida por el ácido salicílico sobre los centros 
nerviosos, hoy está casi del todo demostrado que es, á corta diferencia, 
igual ó semejante á la que ejercen los preparados de quina sobre di- 
chos centros; esto es, obtusión de las facultades intelectuales, sordera, 
zumbido de oidos y todos los demás fenómenos que indican la existencia 
de una congestión cefálica más ó menos intensa según sea la cantidad de 
ácido ingerido, el número de dias seguidos que se ha tomado, el tempe- 
ramento, la constitución, fuerzas, etc., del individuo. Además, cuando 
se prolonga por mucho tiempo seguido su administración á dosis alta, 
sobreviene una considerable postración de fuerzas, entorpecimiento en 
los movimientos de la lengua, dificultad en el uso déla palabra, y por fin 
un gran decaimiento de fuerzas físicas é intelectuales. Estos fenómenos 
he tenido ocasión de observarlos marcadamente en tres individuos, uno 
de los cuales quedó poco menos que afásico, y al sacar la lengua fuera 
de la boca se ladeaba un poco hacia el lado derecho. Todos estos fenó- 
menos, que no son muy raros de observar, demuestran claramente la 
notable acción que sobre el cerebro ejerce el ácido salicílico. 

Dosis á qne paede administrarse el ácido salicílico.— Hecha ya esta li- 
gera reseña sobre la acción fisiológica del ácido salicílico y antes de pa» 
sar á ocuparnos de sus compuestos, es preciso que digamos algo de las 
dosis á que puede administrarse dicho cuerpo, para lo cual nos hare- 
mos primero las dos siguientes preguntas, que no carecen de importan- 
cia y que serán la base de lo que diremos después. 

1-* — ^¿Qué cantidad de ácido salicílico puede tomar un individuo^ ya 



78 ÁCIDO SALIGÍLIGO Y SUS SALES. 

en estado normal, ya en estado patológico, sin- que aparezcan los fenó* 
menos anormales propios de su ingestión? 

2/— ¿Cuánto tiempo puede durar su administración? 

Por lo que respecta al mismo ácido salicílico, creo que estas dos pre- 
guntas no pueden todavía obtener una contestación satisfactoria, pues, 
según veremos, es problema de no muy fácil resolución. Esto dependerá 
probablemente, según hemos dicho en otros puntos al tratar de alguna 
acción particular, que de deben atenderse en mucho las condiciones pro- 
pias del individuo y las que le rodean, no menos que la pureza del cuerpo. 

En primer lugar, como he leido en algunas publicaciones periódicas, 
se han podido observar algunos individuos, aunque raros, que han to- 
mado diez y más gramos de ácido salicílico puro, sin incidente alguno 
particular. Pero estos casos son, por cierto, excepcionales, pues este 
cuerpo puede fácilmente, por su poder tóxico altamente irritante, pro- 
ducir la muerte, cuando se toma á la dosis de diez gramos al dia ó de 
una sola vez; en este caso se desarrolla una gastritis tóxica, con lodos 
los síntomas que la caracterizan y que acaban en poco tiempo con la 
existencia del paciente. Sobre esto he tenido ocasión de leer algunas Re- 
vistas donde se dan cuenta de casos desgraciados de este género. Uno de 
ellos, tomado del Journal de Pharmacie et de Chimie relata uno del si- 
guiente modo: e;Un hombre de 47 años de edad, en buenas condiciones, 
atacado de dolores reumáticos, tomó el 27 do Junio de 1878, 7 gramos de 
ácido salicílico en iO papeles. El efecto, dice M. Empis, fué maravilloso. 
El 28, transpiración abundante y gran debilidad. El enfermo tomó 5 gra- 
mos de ácido salicílico y el 29 se sintió bien, pero á las 4 de la mañana 
fué atacado de un violento dolor en la región del estómago y murió.> 

. Por mi parte, he tenido ocasión de observar un caso análogo, del cual 
ya hice mención en la Reoista de Cieticias Médicas del mes de Mayo 
de 1879; caso que, providencialmente, no acabó con la vida de la enfer- 
ma aunque los fenómenos de verdadera intoxicación adquirieron un 
alto grado de intensidad. Esta señora sufría violentos ataques de reu- 
matismo cuando en Noviembre de 1878 determinó ser visitada por un 
médico; éste, para combatir el reumatismo, de forma lumbar, le pres- 
cribió 12 gramos de ácido salicílico divididos en 60 pildoras. La enferma 
ó no entendería bien cuantas debía tomar al dia, ó animada de la sana 
intención de curar lo antes posible, no reparó en pequeneces y se to- 
maba cinco cada dos horas, de cuya manera hubiera concluido con las 
60 pildoras (12 gramos) en las 24 horas. Sea de esto lo que fuere, aun no 
las había concluido cuando S0 sintió presa de violentos dolores en el es- 
tómago, vómitos sumamente penosos, enrojecimiento de la cara y frial- 
dad en las extremidades inferiores, sudor frió y copioso, cefalalgia y 
pulso sumamente concentrado. De repente, y sin otras explicaciones que 
el cuadro que presenciaba en aquellos angustiosos momentos, me creí 
en presencia de un catarro gástrico de forma intensa, mas cuando su fa- 
milia me explicó lo sucedido, que no es otra cosa que lo anteriormente 
expuesto, y vi lo que había tomado, ya no me quedó ninguna duda de 
que se trataba de una gastritis tóxica producida por el ácido salicí- 
lico. 

De casos semejantes ó iguales á los anteriores podría anotar algunos 



ÁCIDO SALICÍLIGO Y SUS SALES. 79 

más, pero para que los lectores se den cuenta y tengan siquiera una idea 
de los efectos que, en general, produce el ácido salicílico, creo habrá su- 
ficiente con ellos para demostrar, que dicho cuerpono debe llevarse nun- 
ca á cantidad tan crecida como la de 10 gramos al dia, aunque algunos 
individuos la soporten sin dificultad. 

Sin embargo, el ácido salicílico, lo mismo que muchas otras sustan- 
cias, es de acción muy variable, según se deduce de los distintos casos 
publicados, en los diferentes individuos y aun en uno mismo. Weber cita 
un enfermo atacado de erisipela en quien existia cierta susceptibilidad 
para con dicho cuerpo; el primer dia dio, á este enfermo, 2 gramos de 
ácido salicílico qua soportó sin dificultad ni fenómeno alguno; pero al dia 
siguiente, las personas que estaban á su cuidado, presas de cierta impa- 
ciencia, le dieron 4 gramos y el enfermo fué preso de colapso y diarrea; 
las manos y los pies se ieron violácpuseos y la temperatura disminuyó 
hasta los 36^ 8. Se le administró café, coñac, etc., y desaparecieron to- 
dos estos síntomas. 

En cambio, Stricker da cuenta de un enfermo á quien le administró 
22 gramos sin que le produjese ninguna alteración gástrica. 

Douglas dice que en el servicio de M. Lépine vio á cun reumático que 
había tomado 8 gramos de ácido salicílico en dos veces con 4 horas de 
intervalo cada una; la primera á las 3 V2 Y ^^ segunda á las 7 V2* Enton- 
ces se durmió, pero á media noche se despertó con silbidos de oidos, 
pero tan violentos, que le parecía oír los silbidos de locomotoras situa- 
das una en cada lado de su cama; á la mañana siguiente disminuyó la 
intensidad del ruido, pero para dar lugar al vértigo; quiso levantarse y 
se vio obligado á volver de nuevo á la cama á fin de no caerse. Todo pa- 
recía que daba vuelta á su alrededor y al andar parecía que estaba ebrio. 
Por otra parte no sufría, y sus facultades intelectuales estaban intactas, 
aunque un poco deprimidas. Durante la noche experimentó violentos có- 
licos y había hecho seis deyecciones. Este estado duró poco, puesto que 
durante este dia se restableció y desaparecieron todos estos fenó- 
menos.» 

El mismo Douglas dice, que en el servicio de M. Desnos, en la Pie- 
dad, un enfermo tomó 3 gramos de ácido salicílico, experimentando to* 
dos los sin tomas propios de su ingestión, y que al cabo de algunos días 
se le volvieron á dar 2 gramos y se reprodujeron los mismos accidentes. 

Sea cualquiera la dosis á que se haya administrado el ácido salicíli- 
co, algunos autores han llegado á encontrar ulceraciones en la membra- 
na mucosa del estómago y aun hemorragias faríngeas, como Wolfberg. 
Otros, porque no han encontrado dichas lesiones, las niegan, diciendo 
que serian debidas al ácido fénico que muchas veces acompaña al sali- 
cílico. Realmente, dichas úlceras pueden ser debidas á la presencia del 
ácido fénico, pero no cabe duda de que también pueden ser debidas a^ 
ácido puro, y por los datos que acabamos de dar, puede colegirse que 
no todos los individuos soportan del mismo modo dicho cuerpo, pues 
acabamos de ver que, desde la dosis de 2 gramos á que lo toman unos, 
hasta la de 8, 10, 12 y 20, á que lo usan otros, los efectos no pueden ser 
más contradictorios y distintos, aun en un mismo individuo. 

Por todas las razones aducidas venimos en conocimiento de que el 



80 ÁCIDO SALICÍLICO Y SUS SALES. 

ácido salicihco solo debe administrarse con gran cautela, empezando 
siempre por administrar dosis inferiores, á fin de observar sus efectos, 
y aumentar esas dosis progresivamente hasta llegar á la máxima (que 
por lo visto no se sabe todavía), para que un individuo se acostumbre 
poco á poco á su ingestión y no tenga que suspenderlo repentinamente 
por haberle producido desagradables accidentes. 

Asi, pues, el ácido salicílico puro, sea cualquiera el uso interno á que 
se le destine, al principio cuando menos, debe administrarse siempre á 
la dosis solo de 50 centigramos á 1 gramo, en disolución en agua ó en 
algún otro menstruo. Desde el momento en que aumentemos estas dosis 
estaremos expuestos á que se origine algún accidente más ó menos grave, 
según sea el aumento, el enfermo y la enfermedad. 

Guando la dosis llega á tres gramos, después de su ingestión, pueden 
notarse ya los síntomas propios de la congestión que hemos mencio- 
nado y los del aparato digestivo, esto es: sordera, pesadez, sensación de 
calor urente en el estómago, soñolencia, vómitos, etc., etc. Cuando la do- 
sis pasa de los tres gramos y llega á 5, por ejemplo, estos trastornos 
son ya de mayor consideración y prontitud, llegando á producir, á veces 
la alteración de las facultades intelectuales, como la excitación mental. 

Si esta dosis aumenta más todavía y llega hasta la de 7, 8 y 10 gra- 
mos, la muerte se hace casi inevitable, pues rara vez nos encontrare- 
mos en presencia de un individuo cuya tolerancia llegue hasta el punto 
de soportar impunemente una dosis tan exorbitante de 22 gramos, como 
sucedió con el enfermo de Stricker ya citado, sino que más bien dare- 
mos con individuos en los cuales su acción será totalmente opuesta. 
Cuando sobreviene la muerte por acción tóxica del ácido salicílico y se 
logra' realizar la autopsia, se encuentra generalmente llena de úlceras 
toda la parte superior del tubo digestivo, principalmente el estómago, 
lo cual demuestra la acción irritante y corrosiva de dicho cuerpo. En 
apoyo de esto se tienen numerosos datos de distintos autores*que corro- 
boran el hecho y que concuerdan exactamente con los experimentos ve- 
rificados en varios animales repetidas veces. Respecto á esto, he admi- 
nistrado dicho cuerpo á dos conejos, un perro y un gato, y después de 
verificada la autopsia he visto que se hablan obtenido resultados dis- 
tintos: uno de los conejos (3 V2 gramos) presentaba pocas ulceraciones y 
mucha congestión de la parte superior del tubo digestivo; otro conejo 
(3 V2 gramos también) presentaba una porción de úlceras y derrame san- 
guíneo, pero de talla regular y gato de gran tamaño (6 gramos cada uno), 
presentaban también muchas erosiones y equimosis. 

Hay sin embargo muchos autores que no han visto, en muchos casos, 
tan pronunciados los efectos del cuerpo en cuestión en la mucosa gástri- 
ca, limitándose sus efectos irritantes á equimosis diversos y á congestio- 
nes en la misma. Suponiendo cierta esta negativa y existiendo solo estas 
dos últimas alteraciones, indica de todos modos que no se producirían, 
sino precediera la acción irritante local de dicho ácido. 

Queda, pues, sentado por la inmensa mayoría de prácticos, que el 
ácido salicílico no debe administrarse nunca más que á la dosis de 50 
centigramos á 1 gramo diario dividido para tomarlo en varias veces, re- 
cordando que todos los individuos que han tomado mayor cantidad que 



ESTUDIOS CLÍNICOS. 81 

la expuesta, se han visto en grave riesgo de padecer los accidentes desa- 
gradables á que da lugar el ácido. Por otra parte, no debe olvidarse nun- 
ca que la mejor manera de tomar este cuerpo es en disolución en el agua 
por el intermedio de cualquier otro cuerpo, como el alcohol, el bicarbo- 
nato sódico, etc., etc. ¡Continuará) 



ESTUDIOS CLÍNICOS. 



Consideraciones sobre la fiebre perniciosa con motivo de alg^unos casos 

de difícil diagnóstico (i), 

POR D. Arturo Masoti Arroyo. 

Observación 2/ — Fiebre perniciosa convulsiva 7its<m/brmc. — Ma- 
ría N., de veinte y cinco años de edad, soltera, de temperamento ner- 
vioso y cloro-anémica, fué acometida inopinadamente de unos escalo- 
fríos intensos que la obligaron á meterse en cama. Terminado el esta- 
dio de frío, que duro próximamente un par de horas, estalló un acceso 
convulsivo de forma clónica, que fué precedido de algunos fenómenos 
espasmódicos manifestados particularmente en la glotis y en el conduc- 
to faringo-gástrico, produciendo la sensación conocida con el nombre de 
bolo histérico. Los paroxismos convulsivos vinieron acompañados de 
una fiebre que elevó la columna termométrica á 39 grados y tres déci- 
mas, persistiendo las convulsiones por espacio de tres ó cuatro horas 
solamente, pero la pirexia continuó á la misma altura á pesar de cesar 
aquellas. 

Cuando yo vi á la enferma, la encontré precisamente en este último 
período y ella me refirió los síntomas subjetivos experimentados, pues 
conservaba perfecta reminiscencia de lo ocurrido. Me limité á prescri- 
birle una poción anti-espasmódica con dos gramos de hidrato de doral, 
para que tomase una cucharada cada hora, y un ligero laxante, pues ha- 
cia tres dias que no defecaba. 

A la mañana siguiente volvieron á manifestarse las horripilaciones y 
tras estas los paroxismos convulsivos, pero la fiebre fué más intensa, 
llegando á marcar 40 grados en la escala del termómetro. Entonces sos- 
peché la naturaleza del padecimiento, y sin dilación alguna prescribí el 
antitlpico á la dosis de tres gramos para seis enemas, que se habían de 
administrar con el intervalo de tres horas cada uno. El éxito que obtuve 
con dicha medicación fué completamente favorable, pues los accesos 
convulsivos y el elemento fiebre no volvieron á presentarse, entrando 
la enferma en una franca convalecencia. La presente observación nos 
recuerda esa clase de histerismo denominado espasmódico, y, sin embar- 
go no podemos atribuir su manifestación más que al agente palúdico, lo 
cual confirma en parte la creencia que Hasse tiene sobre esta neurosis, 
considerándola como una perturbación de las funciones nutritivas del 



(1) Gonclasioo.^Véase el número 26. 



82 ESTUDIOS CLÍNICOS. 

sistema nervioso, mediante la cnal cambian las condiciones de dicho 
sistema tanto en la parte central cuanto en la periférica. Esta perturba- 
éion, según 61, no siempre tiene su punto de partida en el aparato gené- 
sico, sino que puede presentarse por una excesiva irritabilidad nerviosa 
ó por parálisis de los sistemas nervioso y muscular. 

El miasma palúdico, circulando en la sangre, puede en efecto dar lugar 
á esa irritabilidad nerviosa y simular perfectamente, mientras exista en 
el organismo, ataques histeriformes, con todo su cortejo sintomatoló- 
gico, como ha ocurrido en el caso que acabo de referir. 

Observacíon S.^^Fiebre perniciosa de forma pneumónica. -*- Recae 
esta observación en una niña de ocho años de edad, de temperamento 
linfático, escrofulosa y de constitución empobrecida. 

Estando undia entretenida en los juegos propios de la infancia, fué 
presa de un frió intenso, al cual subsiguió una fiebre moderada y un 
dolor persistente en el costado derecho. No tuve ocasión de verla hasta 
el dia siguiente, en que fui llamado, y al observarla á simple vista, des- 
de luego se sospechaba cual era el órgano que padecía. La facies pneu« 
mónica tiene un valor incontestable para el diagnóstico, y al ver aque- 
llas rosetas encarnadas sobre los pómulos contrastando con el blanco 
mate de su rostro, aquella respiración anhelosa y entrecortada por ac- 
cesos tusiculosos, que arrancaban gritos de dolor á la enfermita, no 
habla nada que preguntar para diagnosticar su padecimiento. 

Investigué detenidamente los síntomas suministrados por la percu- 
sión y auscultación, con objeto de precisar el hecho clínico, y pude 
apreciar una matidez notable en la parte antero-lateral de los lóbulos 
inferior y medio del pulmón derecho, acompañada de un soplo bronquial 
intenso y algunos estertores sub-crepitantes. Al hablar la enferma, per- 
cibíase broncofonia en el punto afecto, que iba gradualmente perdién- 
dose á medida que nos elevábamos hacia el lóbulo superior. 

Admití, pues, una pneumonía en su segundo período, y como por la 
constitución de la enferma y su temperamento revestía la enfermedad 
verdadero carácter adinámico, la traté por el alcohol y los tónicos. 

La enfermedad seguía su curso natural y la fiebre presentaba ligeras 
remisiones matutinas, sin que tuviésemos que lamentar complicaciones 
ni locales ni generales. Así continuó dos días; mas al tercero elevóse la 
fiebre al caer la media noche, mostrándose un delirio terrible y alarman- 
te, que puso á la familia en grave apuro, dándome aviso inmediata- 
mente. 

Gomo la paciente se hallaba á dos leguas distante de este pueblo, 
cuando llegué todo había calmado. El sensorio estaba despejado y la 
fiebre remitida; reconocí nuevamente el pecho por si algo extraño allí 
ocurría, y no pude observar nada que roe explicase la situación habida. 
La fiegmasia ocupaba igual extensión, y no había por otra parte ni 
edemas colaterales, ni nuevos puntos pneuraónicos, que de algún modo 
hubiesen dado cuenta de la exacerbación febril. 

Supuse injustificada la alarma de la familia é insistí en !a medicación 
prescrita. 

Aun no se habían manifestado estertores de retorno, que exigieran el 



ESTUDIOS CLÍNICOS. 83 

empleo de los expectorantes, y por tanto nada tenia que añadir. Algo me 
inquietaba, no obstante, que el período de hepatizacion se hiciese tan 
durable; más en atención al empobrecimiento orgánico existente, la en- 
fermedad debía seguir una marcha evolutiva más lenta, y ésta idea 
halagaba mis esperanzas. 

Aquella noche volvió la fiebre á elevarse, reapareció el delirio^ y tan 
intenso fué por ésta vez, que la niña se arrojó dos veces del lecho con 
notable sorpresa de sus padres. En la visita de la mañana enteráronme 
de lo ocurrido, pidiéndome fijara la atención en la enfermedad de su 
hija. 

Volvi al reconocimiento, y entonces, como antes, nada nuevo encontré 
en el estado local; la enfermedad seguía á la misma altura. La fiebre mar* 
caba 39 grados y la situación de la niña era idéntica en un todo á la del 
dia anterior. ¿Qué es lo que allí pasaba? Para mí no había más que una 
pneumonía á todas luces evidente; pneumonía, que se encontraba en su 
segundo periodo y cuyos síntomas locales continuaban en el mismo es- 
tado. La temperatura y el pulso guardaban por otra parte una completa 
armonía; no había complicaciones apreciables de ningún aparato orgá- 
nico, luego ¿á qué era debida aquella exacerbación febril tan alarmante? 
¿Sería el miasma palúdico el que estaba bastardeando el proceso patoló- 
gico? Aunque no podía darme una respuesta afirmativa sobre este punto, 
acepté, en consulta conmigo mismo, la administración de los quinicos, 
siquiera fuese como medio de exploración para aclarar la situación de la 
enferma. Prescribí 12 decigramos en nueve pildoras para tomar en tres 
dosis, y con gran sorpresa de la familia y mía, aquella noche no tuvo 
lugar el acceso. 

Insistí á la mañana siguiente en la misma medicación, y al otro dia 
cuando vi á la enferma la encontré apirética, sin disnea, sin tos y sin la 
coloración roja de las mejillas. Extrañado de tan súbito cambio, reconocí 
la cavidad torácica, y aquel pulmón, que el dia anterior se hallaba hepa- 
tizado, mostrábase casi permeable á la entrada del aire, habiendo desa- 
parecido el soplo bronquial y la broncofonía. Empero no se crea que lo 
que hubo allí fué una resolución del exudado rápida é inapreciable, pues 
esto era imposible en tan corto espacio de tiempo, dada la extensión de la 
fleí^^masía; lo que hubo fué verdadera simulación pneumónica, un estado 
de irritabilidad de los tejidos realizado por ese misterioso mecanismo 
que preside á ciertos fenómenos orgánicos incomprensibles, cuya irrita- 
bilidad perturbó el funcionalismo natural del órgano, colocándolo en 
condiciones especiales, pero sin que existieran alteraciones somáticas 
de ningún género, puesque, de haber existido, no hubieran' desaparecido 
tan rápidamente á pesar de toda la quinina conocida. 

¿Acaso la inflamación es un proceso tan insignificante que podamos 
corregirlo á voluntad? ¿Llegan los tejidos inflamados á su grado de inte- 
gridad orgánica en tan limitado espacio de tiempo? Seguramente nó. 

Yo he visto pneumonías intermitentes, cuyo cuadro sindrómicoha de» 
saparecido al terminar la fiebre, para volver á presentarse cuando 
aquella se ha manifestado, sin dejar en el pulmón las más insignificantes 
huellas de su existencia; pero en nuestra enferma no ocurrió eso de 
ningún modo. Ni la fiebre desapareció en absoluto, ni los síntomas de la 



84 ESTUDIOS CLÍNICOS. 

pretendida pneumonía se borraron. Al principio, la marcha de la pirexia 
fué regular, con sus exacerbaciones y remisiones graduadas, y la pneu- 
monia manifestaba signos ostensibles é inequívocos; pero pasados dos 
dias, el paroxismo febril llegó á su colmo por la noche y al presentar su 
remisión matutina, no por eso desaparecieron los síntomas locales del 
pulmón; luego en este caso lo único que podía admitirse en buena pato* 
logia era la existencia de una pneumonía de carácter remitente, toda vez 
que la fiebre hacia su defervescencia y los síntomas pulmonales persis- 
tían. ¿Como, pues, acabada la fiebre, se yuguló el proceso flogistico? 
Porque no existió más que aparentemente; porque la enfermedad estaba 
constituida en si poruña fiebre palúdica perniciosa, quecomenzócon le- 
nidad marcada ocasionando un estado ñuxionario en el pulmón derecho, 
que simulaba perfectamente todo el cuadro sintomatológico de una pul- 
monía crupal. 

Que fué primitivamente perniciosa, lo demuestra el no haberse mani- 
festado intermitente por completo, como ocurre casi siempre en éste 
género de fiebres; el haber presentado exacerbaciones tan bruscas como 
fuertes, que indudablemente hubiesen acabado con la vida de la niña, y 
el haber ocasionado desórdenes patológicos en el órgano pulmonal, que 
desaparecieron con la terminación del proceso febril. 

Estas razones son suficientes á demostrar la naturaleza de la pirexia, 
y una vez admitida, sírvenos de base para afirmar, que así como hay 
pneumonías intermitentes, cuyos síntomas concluyen con la fiebre, ha- 
ciéndose en éste caso de fácil diagnóstico, existen también falsas pulmo- 
nías, que simulan un estado morboso concluido, creadas por el veneno 
palúdico, y sobre las cuales hay que estar prevenidos estudiando muy 
de cerca la marcha de la fiebre, si queremos librar á los enfermos de una 
muerte cierta. 

Las fiebres perniciosas constituyen un proceso tan grave y ejecutivo, 
que en poco tiempo acaban con la vida del paciente; por eso es preciso 
observarlas detenidamente con el termómetro en la mano, pues hay ca- 
sos en que una ligera remisión sirve de fundamento diagnóstico, como he 
podido apreciar algunas veces. 

Siempre recordaré una fiebre perniciosa, que observé hace algún 
tiempo en un niño de 6 años, y cuyo síndrome constituía el más acabado 
cuadro de la meningitis encefálica; pero á pesar de las razones que había 
para formular éste diagnóstico, fué tan expresiva la remisión que hizo 
la fiebre al día siguiente de aparecida la enfermedad, que sin embargo, 
de no haberse atenuado por este hecho los síntomas meningiticos, se 
diagnosticó una perniciosa y el niño curó en tres dias. 

Guando la perniciosidad está caracterizada únicamente por la inten- 
sidad de uno de los estadios, constituyendo la fiebre álgida ó diaforética, 
es más fácil el diagnóstico; pero cuando viene simulando alteraciones 
patológicas de ciertos órganos, como el cerebro, pulmones, corazón, 
abreviado entonces presenta serias dificultades y solo por el método de 
exclusión podrá llegarse á su perfecto conocimiento. 

No debe olvidarse de ningún modo que las fiebres perniciosas revis- 
ten carácter remitente muchas veces, como habéis podido observar en 
los casos expuestos, constituyendo estados febriles continuos, cuyo co- 



REVISTA DE DERMATOLOGÍA. 85 

aocimiento es bastante oscuro, máxime cuando se asocian á la fiebre 
estados patológicos más ó menos expresivos que puedan torcer nuestro 
juicio. 

Las observaciones referidas en este escrito, no tienen otro objeto que 
llamar la atención sobre estos hechos verdaderamente interesantes bajo 
el concepto clínico, para que aquellos de mis comprofesores que no 
estén muy familiarizados con las manifestaciones morbosas de ésta 
afección, vean en estos hechos un motivo de estudio siempre útil, por 
si la práctica les proporcionara el hallazgo de otros casos análogos. 

Estrecho de San Ginés (Marcia). 



REVISTA DE DERMATOLOGÍA, 
POR EL Dr. D. Alejandro Planellas, 

lédieo Agregado »1 lospital de Sinu Gnu. 



Los medicamentos nuevos; intoxicación por el naítol. — Nunca estare- 
mos bastante prevenidos contra el prurito que algunos tienen en el pe- 
riodismo médico de ensalzar un medicamento que es ó se le llama nue- 
vo, sobre todo si lleva un nombre que pueda sorprender al lector. Nada 
habría que decir si el agente en cuestión se historiase después de repeti- 
dos estudios y ensayos que por sus resultados garantizasen su valor y 
que éste fuese positivo. Pero no es á esto á lo que nos referimos, sino al 
proceder de algunos que tal vez juzgan, que con un nombre nuevo y una 
poco meditada alabanza del agente que lo lleva, se consigue la patente de 
conocedor del más vesdadero en las ciencias. Tal manera de obrar rebaja 
el valor de laliteraturamédica,y nos lamentamos deello, porque lo hemos 
observado más de una vez, y hasta con circunstancias tan especiales que 
no dejan lugar á dudas respecto á la ligereza de los que siguen aquella con- 
ducta. Asi vemos por ejemplo publicarse un articulo encomiástico á favor 
de una|sustancia medicamentosa, para luego al continuar el trabajo sobre 
el mismo agente, en un artículo posterior tener que contradecirse el autor 
de ambos, porque en el tiempo que ha mediado entre la redacción del 
primero y la del segundo ha conocido respetables documentos en contra 
de la supuesta sustancia. 

Lo que acabamos de expresar pasa no precisamente en la terapéutica 
de las enfermedades á que se refiere nuestra Revista^ sino que también 
sucede al tratar de la terapéutica de cualquiera otras; pero hemos de 
ceñirnos á nuestra especialidad y consignar que algo de lo que queda 
dicho ha ocurrido con el naftol. Esta sustancia se ha preconizado para, 
el tratamiento de varias formas de eczema, psoriasis y otras dermatosis, 
y muy pronto se ha visto que su uso no era del todo inofensivo y se han 
multiplicado los testimonios que acreditan que produce una verdadera 
acción tóxica, entre los que figuran los nombres de Kaposi y Mauthner. 



86 REVISTA DE DERMATOLOGÍA. 

Recientemente el Dr. Neuser ha dado á conocer varios experimentos (4) 
que lo demuestran, pues inyectando el naftol debajo de la piel del 
conejo se ha producido én este animal una salivación marcada, pér- 
dida de fuerzas, convulsiones y por fin la muerte. En el perro se han 
notado los mismos resultados, con la particularidad de que siendo un 
animal de mayor talla que el conejo, se intoxica con una dosis menor de 
naftol. Un proceso particular ocasiona el naítol según lo observado por 
Neuser, y es uua nefritis acompañada de hemoglobinuria cuya iniciación 
debe ser motivo para que inmediatamente se suspenda el uso del naftol 
si en alguna ocasión le usásemos. De esto se desprende que el empleo de 
este agente debe ser con la condición de examinar cada dia la orina, lo 
cual hace algo engorroso el echar mano de él. Se puede decir que lo 
hasta aquí expresado solo es hijo de la experimentación, pero en primer 
lugar no podemos negar el valor de esta, y además son varios los prácti- 
cos que han tenido que suspender el uso del naftol en el hombre, por los 
accidentes que ha producido. 

En resumen, el naftol puede producir graves intoxicaciones, y como 
se comprende serán tanto más probables cuanto más extensa sea la su- 
perficie á que se aplique. Queda pues reducido su empleo racional al tra- 
tamiento de afecciones cutáneas de poca extensión, debiendo ser además 
muy cautos en la dosis. Esto no debe desalentar á los prácticos, porque 
precisamente las afecciones para las que se ha indicado el naftol, cuen- 
tan con poderosos y variados recursos con que se ha enriquecido la tera- 
péutica de las enfermedades de' la piel. 

fil parásito de la lepra — Según un trabajo reciente, el Dr. Alberto 
Neisser revindica para sí la prioridad en admitir una relación causal en- 
tre los microorganismos y la lepra. El parásito microscópico de esta 
afección no solo se encuentra en las neoformaciones cutáneas caracterís- 
ticas sino además en las mucosas, bucal palatina y laríngea, en los pro- 
cesos intersticiales de los nervios periféricos, de la córnea, de los cartíla- 
gos y de los testículos, y en las glándulas linfáticas, en el bazo y en el 
hígado. Falta sin embargo en la médula espinal y en los músculos. 

En la piel se coloca el parásito en las células gruesas de la lepra 
descritas por Virchou, invadiéndolas á todas unas veces y formando islo- 
tes otras. Se observan unos glóbulos de aspecto céreo y simulando goti- 
tas de grasa que toman un color intenso y uniforme tratados por la ani- 
lina, que no son mas que célalas degeneradas y fuertemente infil- 
tradas del parásito ó de sus productos (2). A veces la parte invadida 
por el parásito es limitada en comparación á la masa celular infiltrada, 
pero Neisser lo explica ó por la destrucción del parásito ó por haberse 
desarrollado nodulos no leprosos entre los que realnaente no lo son. 

El mismo autor explica la anestesia de la lepra por una infiltración 
del parásito que se produce en los nervios periféricos. 

El microorganismo de la lepra se impregna bien con distintas sustan*' 
cias colorantes, pero lo verifica principalmetnte con la fucsina, y tiene al- 



(i) Lo Sperimentale, Diciembre 1881. 
(3) Lo Sperimeníalef Diciooibre 1881. 



REVISTA DE DERMATOLOGÍA. 87 

guna semejanza con el bacillus de la septicemia. El Dr. Neisser ha obte- 
nido la separación del parásito de la lepra, lo ha sujetado á la cultura y 
experimentando con el resultado de esta en varios animales, ha visto pro- 
ducirse las lesiones características de dicha afección. Opina además que 
la via favorable para el microorganismo es el sistema linfático. 

Una vez introducido el parásito como tal en el estado de esporos se 
detiene más ó menos en las células linfáticas hasta que invade todo el 
cuerpo, particularmente la piel ó los nervios, produciéndose en el últi- 
mo caso la lepra anestésica. 

Por fin el Dr. Neisser expresa la probabilidad de que la lepra sea con- 
tagiosa, si bien que esta afección es de entre las parasitaria's una de las 
que más exigen la disposición del individuo para adquirirla. Cree ade- 
más dicho autor que la lepra no es hereditaria. 

La reBoroina en las oníermedades de la piel. -La mencionada sus* 
tancia es objeto en la actualidad de repetidos estudios aplicándola parti- 
cularmente á las afecciones vesicales y á algunas del tegumento externo. 
Solo nos incumbe referirnos ahora á las últimas. Para hacerlo debida- 
mente indicaremos de una manera breve la acción fisiológica de la resor- 
cina sobre la piel. En primer lugar aplicando sobre ésta dicha sustancia, 
se nota que se reabsorve en algunos animales como sucede en la rana, 
pero en los animales de sangre caliente en muchas partes de la piel y 
en las mucosas no se absorve, según indica el Dr. J. Andeer de Vürz- 
burgo (1). Sin embargo, cuando existe una solución de continuidad ó 
cuando las funciones de la piel están alteradas, entonces puede reabsor- 
verse la resorcina; si es en el segundo caso, se observa que la piel toma 
un tinte verdoso y después moreno debido á la combinación de la resor- 
cina con las bases que se forman por el estado patológico. Tiene dicha 
sustancia una propiedad muy digna de atención, y es que favorece y 
estimula el desarrollo del epitelio cutáneo produciendo una regeneración 
del mismo más completa y fácil que con otros agentes, como los cáusticos 
y desinfectantes. Al mismo tiempo no provoca la irritación local y las 
erupciones que se observan usando otras sustancias como el naftol y el 
alcohol fenilico. 

El Dr. Andeer viene ensayando la resorcina en las enfermedades de 
la piel desde hace cuatro años. Sus aplicaciones más ventajosas han sido 
en la erisipela, la viruela, el pémfrigo, la rupia y la lepra. También la 
ha empleado en las picaduras anatómicas, en las mordeduras por ani- 
males venenosos, en las quemaduras de varios grados y en varias ulce- 
raciones, aplicándola bajo la forma de cataplasmas que llevan la dicha 
sustancia. Finalmente, en muchas pérdidas de tejido parece que se ha ob- 
tenido con el uso de la resorcina el que se curasen sin dejar cicatrices. 

Haremos notar por creerlo oportuno, que la resorcina no ocasiona 
según Andeer la homoglobinurta ni fenómenos de intoxicación como he- 
mos dicho que los produce el nafiol. 

Del mioma cutáneo.-Esta neoplasia es sgmamente rara en la piel^ 



(1) Gacette hébd» des acienc, nied,, Montpellier, 7 de Enero de 1882. 



88 REVISTA DE DERMATOLOGÍA. 

por lo cual creemos que de todo caso que se vaya conociendo , debe darse 
cuenta hasta que esté completamente estudiado en sus formas y varie- 
dades. Por ahora apenas se conoce más de una docena de casos, y las for- 
mas en que se ha distinguido clínicamente son dos; una denominada 
mioma quirúrgicoy el cual se presenta formando un todo continuo y cons- 
tituyendo una especie de tumor cutáneo. La otra se denomina mioma 
eruptivOy que en términos más usuales deberíamos llamar mioma diftiso 
que se presenta en pequeños núcleos diseminados en la piel y produ- 
ciendo manchas rosáceas en la extensión de ésta, siendo doloroso gene- 
ralmente. Pues precisamente de esta forma ha observado el Dr. Brigidi 
un caso de mioma cutáneo situado en las manos y en los pies (1) com- 
puesto de Abras lisas. En el seno de esta neoplasia se encontraba engro- 
sada la pared de los vasos por hipertrofia de su túnica muscular. £1 doc- 
tor Brigidi y el Dr. Marcacci creen que esta neoplasia tomó origen en la 
túnica muscular de los vasos y de los conductos sudoríficos y creció por 
transformación de los elementos linfoides en fíbro-células (opinión de 
Torster). 

La cura de iodolormo.-Este agente viene generalizándose de un modo 
notable de algún tiempo á esta parte á pesar de su penetrante olor y sus 
aplicaciones se extienden más cada dia llegando ya algunos prácticos á 
fundar en él, todo un método de curación, para ciertas lesiones de la piel 
caracterizadas en general por el proceso ulcerativo. De muchos es cono- 
cida esta aplicación pero particularizada al caso de úlceras atónicas. 
Pero nuestro objeto no es ocuparnos de este punto bastante discutido y 
apreciado ya, sino el dar idea de las nuevas aplicaciones del iodoformo 
y el modo de verificarlas. No hace mucho que en la Sociedad de Cirugía 
de Francia (2) se ha tratado de est3 asunto encomiando los Dres. Terri- 
llon, Sée y Verneuil el uso dol iodoformo no solo á las ulceraciones ató- 
nicas en general, sino además de un modo particular en las ulceraciones 
chancrosas y en las escrofulosas. En estas de una manera especial se 
obtienen magníficos resultados, de los que podemos dar testimonio tam- 
bién por nuestra parte pues siempre hemos visto mejorarse la superficie 
de tales procesos y nacer granulaciones de buen género que apresuraban 
el término del afecto. 

Pero no cesan aquí las aplicaciones del iodoformo, sino que en Alema- 
nia además de emplearlo en las úlceras cavitarias y fistulosas, se ha en- 
sayado con buen éxito en las ulceraciones más ó menos sépticas y aun 
en las soluciones de continuidad en que se desea la reunión por primera 
intención. En el primer caso creo que no habrá duda alguna en emplearlo, 
pues supongo que á muchos se les habrá ofrecido ocasión de ver la pro- 
piedad desinfectante del iodoformo, porque con frecuencia la hemos po- 
dido observar en muchos casos, y para quien no baste el testimonio de 
la clínica, ahí están los experimentos de Mikuliez que confirman la 
acción antipútrida de dicho agente, empleándolo en soluciones albumi- 
nosas y otras más ó menos putrescibles. 



O ) Lo Sperimentale, Diciembre 1881. 

(2) Véase: Rev, de chirurg,, 10 de Enero de 1882. 



LOS MICRÓFITOS DK LA SANGRE. 89 

En cuanto al uso del iodoformo en lesiones en que convenga la reu- 
nión inmediata de la piel, el Dr. Billroth lo hace cubriendo la parte con 
una ligera capa de iodoformo, encima seda ocal y por fin un pedazo de 
tafetán impermeable, y según dice haber visto Mikuliez, la reunión tiene 
lugar tan bien como usando la cura de Lister. 

Si se confirma el éxito anunciado de esta nueva aplicación del iodo- 
formo se abrirla un nuevo y deseado horizonte en las curaciones anti* 
sépticas entre las que figuraría esta por su sencillez. 

Dos dificultades, en mi concepto de poca consideración, se oponen 
por algunos al empleo del iodoformo. La primera es la posibilidad de una 
intoxicación por este agente. Esto para nosotros está suficientemente 
atenuado por las circunstancias de ser rarísimos esos casos de intoxica- 
ción y de ser muy fácil el prevenirlas obrando con un poco de cautela. 
La segunda dificultad preocupa bastante á los prácticos de nuestros dias, 
y es el olor molesto del iodoformo. Sin embargo, se ha trabajado ya algo 
con el objeto de evitarlo, y el Dr. Terrillon ha maniíestado que en la clí- 
nica de Billroth en que está muy generalizada la cura de iodoformo no 
se nota su olor pues tanto en la gasa como en el algodón preparados con 
iodoformo ,se pone una pequeña cantidad de esencia de bergamota ó d 
menta para neutralizarlo. 



LOS MICRÓFITOS DE U SANGRE Y SUS RELACIONES CON US ENFERMEDADES,?> 

POR Timoteo Richard Lbwis. 



Los resultados patológicos tuvieron siempre el mismo caráctei : au* 
mentó del bazo y Baccilli transparentes y sin movimiento. 

Estos últimos no se hallaron en el ratón en mayor número en la£»an- 
gre que en el bazo; pero según las diversas clases de animales, se obser- 
varon notables diferencias en la distribución de los organismos en los 
tejidos. La sangre de los cuerpos inoculados hallábase, por ejemplo, poco 

menos que exenta, de tal manera que 
fué difícil hallar en ella trazas de Bac" 
cilliy mientras que el bazo y los gan- 
glios contenían un número considera- 
ble de los mismos. En los conejitos de 
Indias, al contrario, los Baccilli se ha- 
llaban en la sangre en tanto ó en ma- 
yor número que los corpúsculos rojos. 
Añadiendo una porción de bazo 
afecto de Baccilli á humor acuoso per- 
fectamenle fresco, y sometiendo la 
ri9.7. Bac0iau9 antíkraeia pmuAmxa d«i buo d« un preparacíou á uua tcmperatura de 35^ 

'::Z:ZJ:r^ocT^ íli^r^^ •" "^ '"** "• á 370 C. durante un período de quince 

á veinte horas, los Baccilli se hacen de 
dos á ocho veces más largos, aumentando de ese modo gradualmente 




(i) Continuación.— Véase el número 26. 



00 



LOS MIGRÓFITOS DE LA SANGRE 



basta cien veces su longitud. Algunos de estos filamentos se presentan 
entonces finamente granulosos y provistos de moléculas fuertemente re • 
Iringentes, consideradas como los deseados esporos durmientes. 





Hff. 9. FotmMlen dt loi eiporot tn loi flluaratoi. 



rlff. ft. BmIobsUIm dManolIadM vn UrfoafllaBeiitM.— 800 diimetTM. 

No tardan mucho en ser solo visibles dichos esporos, disolviéndose 
los filamentos, pero la persistencia de la disposición de los esporos en 
hileras basta para reconocer su naturaleza. Permanecen en este esta- 
do sin alterarse durante algunas sema- 
nas. Hay que notar que la interpretación 
emitida sobre el carácter de estos cuer- 
pos refringentes, contrasta con la expli- 
cación de Nágeli, quien, según hemos di- 
cho antes, declara que el grupo de los or- 
ganismos primitivos, al que pertenecen 
los Baccilliy se multiplican solamente por 
excisión. De aquí la gran importancia de 
tener en cuenta los hechos observados, 
á fin de probar que en este caso especial se producen esporos que son 
capaces de germinar. 

El Dr. Koch cree, que el hecho de poder producir la fiebre esplénica 

y al mismo tiempo de inocular en la sangre 
¿ran cantidad de Baccilli con el intermedio de 
un liquido (sangre), en el que no se hallada 
traza alguna de filamentos (existiendo tan so- 
lo los pequeños corpúsculos refringen tes), es 
suficiente para demostrar que dichos corpús- 
culos son realmente esporos y no simplemen- 
te productos de la descomposición. 

Los experimentos de cultivo hechos enton- 
ces permitieron observar dichos corpúsculos 
en condiciones favorables. U|;i examen minucioso demuestra que cada es- 
poro es un cuerpo de forma oval, envuelto en una sustancia transparen- 
te, que parece rodearla á manera de anillo, pero que en realidad es de 
forma esférica y se halla dispuesta á su alrededor. Dicha sustancia pier- 
de su forma esférica y se alarga por un extremo en la dirección de la 
longitud del eje del esporo que contiene. Este último queda en uno de 
los extremos, y muy poco después el tubo transparente toma un aspecto 



^. -* 




Flf . 10. Tilamuitofl qne Mhuí hecho omí 
íatIsÍMm. 




LOS MICRÓFITOS DE LA SANGRE 91 

ñlamentoso, y al mismo tiempo el esporo se vuelve menos refringente, 

pálido 7 pequeño, rompiéndose probablemente en fragmentos, cada vez 

^ más exiguos, hasta que desaparece del todo (1). 

Jl ^ '^M^ ^3^ Esta interpretación de los hechos se ha hecho 

Y (I ^ más importante porque últimamente ha sido de- 

// Q N\ < §r'^ mostrado por Pasteur, sin que pueda dudarse de 

^ «^ ello, que la fiebre esplénica, acompañada de san- 

pir u. KqwrM «uiadM enei .eto gro infoctada dc BacáJLU^ puede ser inoculada con 

tr^,^!^^*^ '*'' ** "'"''" ®^ ^i^"s después de la destrucción total de los fi- 
lamentos de BaccilliiSy que la materia morbosa 
contiene, en razón á que los esporos persisten (parece que se les puede 
considerar como casi indestructible), y el virus conserva su propiedad, 

porque los esporos constituyen en realidad el 
virus. 

El profesor Gohn regaló al Dr. Koch un di* 
seño, representando la misma observación he- 
cha con instrumentos más poderosos. Koch 
opina que probablemente el esporo consiste en 
una sustancia muy refringente, aceite según 
rif. 11. E«porM6onTirti«ii4oMenbM- todas probabilidades, que está envuelta en 
toaeiUo.(Ewart). ^^^^ ^^^^ delgada de protoplasma, poseyendo 

esta última sustancia la facultad de germinar, y sirviendo quizá la pri- 
mera para nutrirla durante el periodo de la germinación. Lo que precede 

representa, según diversos escritores, el ciclo com- 
^ » ^ ©o** pleto del desarrollo del Baccülua anthracis. 
• * ^ f^ Q 9 o Davaine, ya queda dicho, habia observado que los. 

* ^ ^ ^^ 9 0- animales, á los cuales se mezclaban con sus alimen* 
'^•^^•^— =» tos tejidos enfermos, habian sido invadidos de la en- 
fermedad, creyendo en vista de ello que era hasta 

fie. 13. Ba eeO lua amtkraei».-~ . . ^ j» « • i « j i • 

G«rmiB.eí<md.{o.e.poro«(Koeh). cicrto punto fácil avonguap la causa de la misma. 
-MOdiinietroi. Koch, al contrarlo, ha visto que los animales suscep- 

tibles de ser infectados por inoculación, como los 
ratones y los conejos, pueden comer impunemente dicha mezcla. Los 
ensayos intentados en dos perros, una perdiz y un gorrión fueron igual- 
mente infructuosos. 

El último trabajo que ha sido hecho sobre 

estas investigaciones es debido al Dr. J. Cossar 

^^ Ewart (2). Ewart confirma en varios puntos los 

experimentos del Dr. Koch, y su opinión acerca 

^ ^^_^ del desarrollo de los bastoncillos en filamentos 

^^'^ <&> corresponde á la de los precedentes autores, pero 

^^ su descripción y sus figuras sobre la germina- 

Fíg. 14. Bacefuu» amthmci*. oer- cíou dc los osporos sou complctamente distintas. 

»ú.^pn^d.io.e.po,o..(coh»)..i«o ^^^ Q^poTOs uua VOZ libros, escribe el doctor 

Ewart, se convierten , según los primeros obser- 
vadores, en bastoncillos, y á lo menos, según el Dr. Koch, el bastoncillo 





(f 



(1) Loe, cü. pág. 289. 

(2) Quaterly Journal of núcrotcopical «cience.— Abril, 1878, pág. 161. 



LOS mcRóriTos de la sangbe 



(teta formado en el exterior de una cubierta gelatinosa que envuelve al 
"lenoro. Mis observaciones me inducen á creer que e! esporo no se con- 




vierte siempre en bastoncillo, sino que se divide en cuatro espórulos, 
por un fenómeno de segmentación, en el que toma también parte la cu- 
bierta. Yo he visto empezar esta división antes que el esporo se escapaso 
del filamento, y es bien cierto que no es una 
degeneración, pues he observado que loa es- 
pórulos asi formados se alargan hasta cons- 
tituir filamentos. El Dr. Koch cree que los 
filamentos toman su desarrollo de la cápsula 
de aspecto gelatinoso y no del esporo brillan- 
te y luciente. Después de lo que he visto, no 
dudo de que la cápsula no tiene parte alguna 
activa en la formación del bastoncillo. El es- 
pórulo se alarga ligeramente y aparece en- 
tonces en uno de sus polos un pequeño cuer- 
po opaco, que á medida que se alarga lenta- 
mente, empuja la cápsula delante de él como si fuera una membrana 
elástica. La cápsula, en fuerza de ser estirada, queda tan delgada y 
transparente, que apenas puede distinguirse de su contenido.! 





Creo muy probable que Cohn y Koch pueden dar, como explicación 
de )a diferencia que se nota entre sus descripciones y sus figuras, y las 
suministradas por Ewart, que este último ha descrito y figurado el es- 
poro (ó conidea) según una planta dol todo distinta y que se hallaba 
accidentalmente presente; y Nageli y de Barry (á falta de datos exac- 
tos relativos al tamaño) manifestarían probablemente que la germina- 
ción, dibujada en la última figura, era la de una conidea perteneciente 
& alguna mucedinea, que goza de ubicuidad. 

fContinuará.) 



NOTICIAS CIENTÍFICAS. 93 



NOTICIAS CIENTÍFICAS. 



Diarrea en los niños: tratamiento.— No son raros los casos en que 
el médico se encuentra impotente para cohibir la diarrea en los infan* 
tes. Esto le aconteció á C. L. Gwyn con uno de sus hijos que padecía 
diarrea de forma lientérica: después de emplear cuantos remedios se 
señalan en las obras y de usar todos los que le indicaron sus compañe- 
ros de profesión, el enfermito seguia con frecuentes deposiciones de un 
olor especial perfectamente característico y habia caido en el marasmo. 
Entonces comenzó el siguiente tratamiento: 

Glicerína 1 dracma. 

Pepsina 3 granos. 

Para propinarle al niño después, del alimento. En los tres primeros 
dias mejoró notablemente, y asi continuó, hasta una convalescencia 
completa, siendo de advertir que antes se habia hecho un primer ensayo 
con la pepsina sola. 

Después de este caso, el Dr. Gwyn ha empleado dicho tratamiento 
con frecuencia, obteniendo siempre muy buenos resultados. — (Fargas.) 

Estadística de una casa de locos. — En el Manicomio de Brentwood 
(Esses), que cuenta unos 26 años de existencia, han sido admitidos 
4,886 enfermos (2,267 hombres y 2,619 mujeres) desde su fundación. Se- 
gún informe presentado por los administradores, han salido: 

Carados 1,989 Sin aUvio. S48 . 

Aliviados 190 Musrtos 1.063 

Entre las causas se encuentran: 

Pérdida de fortuna. .... 120 Religión 185 

Crueldad del marido. . .... 18 Remordimientos 7 

Pérdida de parientes 97 Seducción '^ 

Amor contrariado SS Fortuna inesperada 9 

Disgustos domésticos. ... 91 Enfermedad congénita. ... 166 

Miedo 99 EpUepsia 960 

Encarcelamiento 11 Predisposición hereditaria. . 573 

Celos 13 Intemperancia. ^70 

Pobreza. 89 Parálisis 148 

Calor solar intenso 58 

En los demás casos era desconocida la causa productora de la e^^ i 
medad.— (Rodríguez Méndez.) 

Quemadoraa: Tratamiento.— El Dr. Shrady, de Nueva- York, ha ob- 
tenido buenos resultados con el uso de la mezcla siguiente: 

Groma arábiga • 30 gramos. 

f tragacanto 30 » 

Agua fenicada Vm ^^ * 

Melaza 60 > 

Se extiende con un pincel sobre las superficies quemadas, reno 
las aplicaciones con frecuencia.— (Formigüer a.) 



ESTADÍSTICA DEMOGRÁFIQ 



POR D. JO aquí 



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I. I^rinoipales lo^ 




LOCALIDADES. 



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Tarragona. . 
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Mataró. . . . 
Manresa. . . 
Garona. . . . 
Igualada. . 
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Casa de Ayuntamiento. 



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0*39 
0*80 
0*44 
1*23 
0*71 
0*54 
0*44 
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POBLiCIOH. 



248,534 
33,696 
27,510 
24,270 
23,245 
19,937 
18,185 
17.070 
16,619 
14,829 
11,882 
6,867 



lia. dt li&b. 



por 
lil. euAd. 



58,204*68 
23,729*57 
25,710*28 
62,230*77 
29,056*25 
45,311*36 
14,784*55 
24.042*25 
30,755*93 
33,702*27 
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MáxÍBA. 



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EDAD ns LOS FALLECIDOS- 



LOCALIDADES. 



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Oracia. . . 
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Tortoea.. . 
Tarragona. 
Lérida. . . 
Sabadell. . 
Mataró.. . 
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15 
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ENFERMEDADES INFEC:;¡| 




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II. Oatalui 




PROVINCIAS. 



Barcelona. . 
Tarragona. . 
Qerona. . . . 
L¿rlda. . . . 

TOTAL 

(Cataluña.) . 
ESPAÑA.. . 



LEGÍTIMOS. 



3 

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1402 
4U 
323 
279 



2448 



23548 



a 



1364 
406 
278 
318 



2366 



21840 



ilegítimos. 



50 
2 
4 
3 



59 



1313 



ja 

a 



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3 
4 
6 



59 



1220 






2862 
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606 



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47922 



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3'3m 

2'5íi3 
2*028 
2*123 



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2*855 



EDAD DE LOS FALLECIDOS. 



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542 

162 

97 

81 



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11247 



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319 

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294 
76 
91 

114 



575 



5371 



451 
137 
135 
113 



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7249 



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2 
1338 



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ENFERME^^ 



14 
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1 



16 



547 



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16 



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SANITARIA. (Mes de Octubre 1881), 



TUPIRATUIA. 



HáxÍB». 



22*0 



2i 



36*5 

24*8 



HÍAiaia. 



7*6 



2*0 
3'4 



M«dia. 



16*3 



12 



14*2 
12*4 



VIENTOS 
DOMINANTES. 



E.— O. 



S. 



O. 



O.-N. O. 
S. S. E.— N. 






84 

21 

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Ilnm. 



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Jadoi. 



14 



12 
9 



NACIMIENTOS. 



JLGIT IMOS^ 
YirtHii. iMbru. 



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55 
33 
38 
34 
11 
27 
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31 
16 
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48 
31 
44 
33 
19 
30 
27 
40 
18 

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JilGlTlMOS^ 
Tanses. leabru- 



44 

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5 



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727 
103 
64 
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32 
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67 
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1 



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2*922 
3*065 
2*31C 
3*367 
3*015 
1*608 
3*119 
3*903 
4*250 
2*7701 
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•TRAS EHFERMEDADES FRCCÜEXTES. 



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TIOLIUTAS POI 



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2*600 

3*144 

1*918 

3*039 

2*627 

3*467 

2*353 

1*398 

3*59 

3*445 

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CBNSO 

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POBLiOIOT. 



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NFECCtOSAS. 



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64 

35 

29 

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130 



OTRAS ERFERMEDiDES FRECÜEHTES. 



131 
29 
10 
14 



18^ 



1896 



1^ 
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190 
59 
14 
10 



278 



2269 



197 
30 
17 
19 



263 



1338 



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2 

9 
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294 
497 
477 



2284 



19267 



5 ^5 



2078 
59 
615 
587 



3875 



40421 







2*466 
1*784 
2*043 
2*066 



2*088 



2'406 



CBNSO 
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POBUOIOI. 



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784 
260 

9 

19 



1057 



7501 



9 
9 

6 

9 



96 PUBLICACIONES RECIBIDAS. 

Ajiorexia de los tísicos.— El Dr. Pidoux emplea para combatirla 
oniteur de la Polidiniquej número 1, 1882) la fórmula siguiente: 



\. 



Jarabe de alqaitran. 250 gramos. 

Licor de Fowler 3 » 

Tintara de nuez vómica 3 » 

Para tomar una cucharada regular antes de cada comida. 

En muchos casos de consunción hemos podido comprobar la eficacia 

el empleo de los preparados de brea, y, sobre todo, en aquellos indivi- 

uos que presentan vestigios de diátesis herpética ó reumática hemos 

obtenido excelente éxito usando el tantas veces recomendado licor de 

brea prepara(lo por los Sres. Muñera, que, á una gran concentración 

de sustancia activa, reúne la condición de poder emplearse cómodamente 

al interior y en inhalaciones.— (Castells.) 



^^'^f^^^^^l^0^^^0^^^^0^^0^^t^»^^'^^*^^0^^^^^t^^^^^t^^^^t0^n^^^^»0^^^^^^^^^^^0^ 



SECCIÓN OFICIAL. 



G&tedras vacantes. — Real orden de 16 de Enero mandando proveer por 
oposición las cátedras de Clínica de Obstetricia de Granada y la de Patología 
módica de Zaragoza. — Gaceta del 27 de Enero. 

Fiebre amarilla. — Orden de 16 de Enero declarando limpias las proceden 
cias de Guayana inglesa hechas á la mar desde el 11 de dicho mes. — Id, id. id. 

Fiebre amarilla.— Orden del 27 de Enero declarando limpias las proce - 
dencías de S. Luis del Senegal á partir del.— /lof. 30 id. 

Auxiliares de cátedras.— Real orden de 24 de Enero convocando á oposi- 
ción para proveer cuatro plazas de Auxiliares gratuitos de la Facultad de Far- 
macia de la Universidad central, y dos en cada una de las de Barcelona, Gra- 
nada y Santiago. -*-/d. 9 de Febrero. 

BiZámenes.— Real orden de 6 de Febrero, disponiendo se admitan á exá* 
mea de prueba dé curso de las asignaturas en que se ti aliaren matriculados á 
)<i8 alumnos llamados al servicio activo de las armas. — Id. 10 de id. 



PUBLICACIONES RECIBIDAS. 



Manual de Anatomía desorij^tiva^ escrito para Médicos y Alumnos por el Doc- 
tor Roberto Hartmann. Traducción directa del alemán por loa Dres. ¿. Góngora y 
S, CarctenaL— Cuaderno 8.* 

Mannal de medicina operatoria, por J. F. Malgaine.— 8.* edición por León 
de Fort.* Cuaderno 11.^ 

Mannal de Patología interna, por Dieulafoy, vertido al castellano por D. R. 
Ulecia, con un prólogo del Dr. B. Hobsrt.—Cuaderno 5.® 

Tratado de Operatoria Quirúrgica, por el Dr. D. A. Morales Pérez.— Con un 
prólogo del Dr. Creas. Cuaderno 10 y 11, 

Congreso Módico -internacional de Londres, correspondencia diaria de la £n- 
eiclopecfía Médica-Farmacéutica ^ por el Dr. D. Salvador Badia y Andreu.-Barcelo- 
na.--1882. (Dos ejemplares.) 

NoTÍsimo íormulario magistral^ por A. Bouchardat, traducido por el Dr. Don 
Julián Calaña y precedido de un suplemento de 1881, por D.' Manuel Ortega Moreion. 
-Madrid, 1882. 

▲otas de las sesiones del Congreso regional de Ciencias módicas.— Agos- 
to, 1870. -C&diz, 1882. 

periódico: Giomale di clínica e terapia de Mesina.— ^oZ^tin de Alumnos internos 
lie Barcelona.— iteuue Medícale de Loiiv Siin,^ Revista de higiene de Barcelona.— L" 
elinica escolar áe Barcelona. 



^ 



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Tomo n. Húm. 4. 28 Febrero de 1882. Ano ü. Núm. 28. 



Gaceta Médica Catalana. 

SUM4RI0: La amigdalitis y el bi'tarbonalo sódico, por el Dr. Kovira y Oliver — Traqueoto- 
mía de urf;an<íia. rrocar«9s-traqueotoino8 de Jacolot y de Voelker. Tróca<' de Jacolot niodifl- 
eado, por •• Jíerónimo Eatrany.^ Anatomía de ios centros ervlosos, por D. M. A. Fsr* 
%mm WLoetk (eootlnuacion).— La música en sus relaciones con la Medicina, por B. P* Vidal 
7 Oaretia(e'iniinuacion).— ConiríbuAlon al estudio del ácido sallcllico y sus compuestos en 
particular del sallcilato sódico en el tratamiento del reumatismo por D. M. E. Moré y 
BttPCii(oontlnuacion).— Revista ^e alimentos, por rtl Dr. Bodrii^neB MendeH.— Los ml- 
crófltos de la sangre y sus relacionas con las enfurmedades, por el Br. T. Biehard Lewia 
(continuación).— NOTICIAS GIEMTf PICAS: Solucione* de clorhidrato de morñna.— Cálculos 
vesicales en la mujer: eztraclon.—HHrnla dlafrdffmátici.— Pildoras antlclorótlcas.— Muerte 
por la estrlcnlna.~Hemotlsls aplrética en l«»s tuberculosos: tratamlento.—Seccion ofleial. 



LA AMIGDALITIS Y EL BICARBONATO SÓDICO, 

POR EL Dr. Roselino Rovira y Oliver. 



Liberté entlére de dlscasBlon, 
mais sincere et courtolse, ayant 
alors pour seuies limites le res- 
pect des autres et de sol-meme. 

Laboulbéne. 

Hace ya algún tiempo que quería intervenir en el debate que, acerca 
de la acción del bicarbonato sódico eíi la amiijdalitís, se inició entre el 
Sr. Armangué (i) y el Sr. Mart^arit (2). No lo hice, porque si bien á la 
sazón podia aportar algunos datos que la cuestión ilustraran, eran estos 
reducidos en número, aunque no dejaban de tener importancia, por la 
razón de haber sido recogidos al lado mismo del Dr. Giné, que fué quien 
por pri ñera vez ensayó el bicarbonato sódico en la angina tonsilar. Hoy, 
que los datos que poseo son en mayor número y más concluyentes, voy 
á tomar un lugar en el combate, para defender una solución que casi 
equidista de las conclusiones sacadas por los iniciadores de la lucha. 

Opino que en esta como en todas las cuestiones, los términos medios 
sen los mejores y más virtuosos— virtüs in medio consistit,— .y que á no 
tardar, los defensores de las soluciones extremas, cediendo alas razones 
que les suministren los hechos observados con menos calor y entu- 
siasmo, y por ende, con ánimo más sereno y tranquilo, vendrán á darse 
la roano en el sitio en que voy á colocarme. He de confesar, antes de pa- 
sar adelante, que si logro, como creo, posesionarme del terreno de la 
verdad, terreno firme y seguro, no han contribuido poco á ello las ob* 
servaciores dadas á conocer por los mencionados señores Margarit y 
Armangué (3), y las publicadas por el Sr. Lucio López Arroyo en el Siglo 



(1) Véanse; Siglo médico da 12 Juaio de 18il, Madrid. -^ Independencia médiea 
de 21 Junio de i8Sl, Barcelona. 

(2) Véase. Gaceta médica catalana de 30 Setiembre 1981, Barcelona. 

(3) El Dr. Armangué, además del arUculo & que higo referencia en ana de las 



98 LA AMIGDALITIS Y EL BICARBONATO SÓDICO. 

médico de 11 Diciembre de 1881 y por el Dr. Homs Parellada en el Sentido 
católico en las Ciencias médicas ^ año 111, núm. 38, Barcelona. 

Entremos en materia. Siendo alumno de primer curso de Clínica 
quirúrgica en Barcelona (1877 á 78), ocupaba una de las camas de la 
correspondiente enfermeiía, que estaba confiada entonces, como lo está 
ahora, á la hábil dirección del Dr. D. Juan Gitié, un hombre que frisaba 
en los 40 años, cuya constitución estaba deteriorada, sin duda alguna 
por los sufrimientos motivados por u.ia cruel afección, la cistitis crónica, 
verdadera pesadilla para médicos y enfermos. Encontrábase el mencio- 
nado sujeto, como se habrá comprendido, en abonadas condiciones para 
contraer una enfermedad intercurrente. Contrájola en efecto, aunque sin 
revestir gravedad, pues consistió solamente en una amigdalitis simple, 
es decir, desprovista de todo carácter maligno. Hé aquí una ocasión pro- 
picia que la casualidad ofrecia al profesor de la visita, pura ensayar de- 
lante de sus discípulos las aplicaciones del bicarbonato sódico en el proo 
ceso flegmásico de la amígdala cuando todavía se hallaba en su periodo 
inicial. 

Expuso el Dr. Giné las victorias alcanzadas con el novel procedi- 
miento; dispuso y se practicaron debidamente las correspondientes in- 
suflaciones, y al día siguiente, el paciente no se sentía ni aliviado^ n- 
obstante de haberse pronosticado su completa curación en pocas horas. 
Hubo necesidad de repetir las insuflaciones al segundo día, y abreviando 
diré, que se resolvió el proceso morboso que combatíamos, en el término 
en que cuelen hacerlo gran número de amigdalitis simples que afectan 
tan sólo la superficie de la tonsila, cuando se rodea al enfermo de las 
precauciones dietéticas apropiadas. 

Al ver que los resultados obtenidos en dicho sujeto no correspondían 
á las esperanzas que nos había hecho concebir nuestro distinguido cate- 
drático, consideré el medio terapéutico en cuestión, si no inútil, cuando 
menos inferior á otros muchos en el tratamiento de la esquinancia; de 
suerte que ni se me acudió la idea de echar mano de él, al demandar 
mis servicios profesionales los distintos enfermos de amigdalitis, que 
desde que terminé la carrera he tenido á mi cuidado. 

Ya olvidada tenia la observación clínica que relatada llevo, cuando 
la trajo á mi memoria la discusión que se entabló acerca del asunto 
cuyo epígrafe encabeza estos renglones. Deseoso estaba entonces de darla 
publicidad, pero resolví no hacerlo, hasta tanto que hubiese podido 
ver de cerca nuevamente los efectos del bicarbonato sódico en la tonsi- 
litis. A este fin, he ensayado el bicarbonato tan sólo en dos casos, que 
considero bastan por ahora á mi propósito, ya que pueden ocupar los dos 
extremos de la serie de amigdalitis simples que en la práctica puede 
presetitárscnos. En el primero se trataba de una tonsilitis profunda, es 
decir, que el proceso inflamatorio interesaba todo el espesor del órgano 
afecto; en el segundo, la inflamación radicaba solamente en la mucosa 
y tejido celular adyacente, motivo por el que calificóla de superficial. 



notas precedentes, ha publicado otro sobre el mismo tema en ta Independencia mé" 
dica (21 Enero 1882), que tiene más sabor práctico que el primero. 



LA AMIGDALITIS Y EL BICARBONATO SÓDICO 99 

La primera observación se refiere al niño Ricardo Riquer, de edad 
12 años, constitución débil, temperamento linfático-nervioso, que ha pa- 
decido distintas veces de anginas tonsilares. Cuando solicitó mis cuidados 
(4/ dia de enfermedad), estaba con cefalalgia frontal, saburra gástrica, 
astricción de vientre, disfágia y fiebre. Su amígdala izquierda se ofrecía 
dolorosa, roja, hinchada, obstruyendo casi por completo el lado corres- 
pondiente del Istmo de las fauces; la derecha presentaba los propios 
caracteres, pero menos acentuados* En vista de este cuadro sindrómico, 
prescribí un purgante, que produjo los resultados apetecidos, y las in- 
sufla2iones de bicarbonato sódico finamente pulverizado, en número de 
cinco en cada amígdala, de cuyas insuflaciones tres debia practicar la 
mamá del enfermo y dos el que suscribe, como asi se hizo. 

Al dia siguiente (5.^ de enfermedad), el estado general habia notable- 
mente mejorado, mas muy poco, casi nada, se habia aliviado el estado 
local. Ck)ntinuóse con el uso del mencionado tópico por espacio de tres 
dias más, lográndose el completo restablecimiento del niño Ricardo al 
cuarto dia de tratamiento. 

De la observación 2.* es protagonista la señorita Teresa Q., de 20 
años, buena constitución, temperamento linfático-nervioso. Después de 
recibir la impresión del aire fresco y húmedo de una mañana del pasado 
Enero, sintió Teresa un escalofrió, al que subsiguió quebrantamiento 
general, aumento de calor, cefalalgia, disfágia. Vi á la joven paciente al 
anochecer del propio dia, y previo examen, comprendí que estaba afecta 
de una amigdalitis superficial simple del lado izquierdo, que no habia 
llegado aún al período de esiado. Practiqué una insuflación de bicarbo- 
nato de sodio, y dispuse la administración de 40 centigramos (en dos dó* 
sis) de polvos de Dower en un infuso sudorífico. La angina habia des- 
aparecido al dia siguiente y estaba muy mejorado el estado general, por 
cuyo motivo dejé á la enferma sin medicación de ningún género, encar- 
gándola, no obstante, en gran manera, el cumplimieuto de las reglas 
higiénicas capaces de evitar una recaída. 

Hasta aquí no he hecho más que presentar á mis lectores los hechos 
clínicos descarnados dé todo comentario. Se me acuden algunas consi- 
deraciones y voy á darlas á conocer. 

En la primera observación que he narrado, ó sea en la recogida siendo 
discípulo del Dr. Giné, tratábase de una amigdalitis simple y superficial^ 
que recaiaen un individuo algo caquéctico y cuyas funciones nutritivas 
se hallaban, como es de suponer, bastante perturbadas. Llevo dicho que 
se aplicó sobre la amígdala inflamada el bicarbonato sódico, á las pocas 
horas de haberse iniciado el proceso patológico, ó sea en ocasión opor- 
tuna para hacer aboHar la amigdalitis, según confeí^ion d^l Dr. Gmé. In- 
dicado queda también, que el éxito no correspondió á las esperanzas que 
el profesor concebiera é hiciera concebir á sus discípulos; la flegmasía 
tonsiiar no fué yugulada como se esperaba y deseaba, sino que siguió el 
curso que seguir suelen muchas esquinancias superficiales sencillas, 
cuando no se descuidan las precauciones higiénicas. 

Presencié, pues, un fracaso del bicarbonato de sodio y lo presenció 
así mismo el autor del método en cuestión. ¿Pero era el primero á que 
el Dr. Giné asistía? Así lo creo yo, á juzgar por la explicación que este 



iOO LA AMIGDALITIS Y EL BICARBONATO SÓDiOO. 

nos dio acerca de la acción del tópico que me ocupa en la amigdalitis, 
antes de que se ensayara en el enfermo de que vengo hablando. 

Al recordar lo acontecido en este sujeto, no podia menos de causarme 
sorpresa la lectura de las siguientes lineas, escritas por mi ilustrado co- 
lega Sr. Armangué: «Aseguróme mi querido maestro (alude al Dr Giné), 
que cuenta adocenas los ejemplos de curación rápida de la amigdalitis 
debida á este medio (el bicarbonato sódico), sin que ni en un solo caso 
haya visto el medicamento completamente ineficaz, ya que siempre lle- 
va á la curación antes de las veinte y cuatro horas, mientras que sin él 
esta se hace esperar de dos á tres dias :» (1). 

No se necesita ser muy lince para comprender, después de lo que llevo 
escrito, que entre las anteriores afirmaciones, que elSr. Armanjíuépone 
en boca del Sr Giné, y lo observado por este en su práctica existe una 
palmaria contradicción. ¿Acaso el Dr. Giné, al nacer dichas afirmacio- 
nes, habia olvidado el caso registrado en la enfermería de su cargo? 
¿Acaso el Dr. Armangué, en su afán de demostrar lo que se proponía, es 
decir, la suprema eficacia del bicarbonato en la amigdalitis, atribuyó al 
Dr. Giné aseveraciones demasiado absolutas? Ambas suposiciones son 
posibles, pero estimo que reúne más visos de probabilidad la segunda. 
Es esta una opinión puramente particular, que deseo vivamente, á fé 
mia, no sirva para inclinar prematuramente en ningún sentido el ánimo 
de mis ilustrados lectores, en una cuestión que juzgo delicada é impor- 
tante bajo el punto de vista científico, y acerca de la que los interesados 
debieran hacer, sin pérdida de tiempo, mucha luz, con el elevado fin de 
que quien deba fallar sobre la acción del bicarbonato sódico en la amig- 
dalitis pueda hacerlo con prontitud y mucho acierto. Conste, pues, que 
en esa cuestión no quito ni pongo rey; que intacta y pura la dejo á los 
Sres. Giné y Armangué para que la ventilen cual ella merece. 

Y ahora, continuando mi tarea, se me ocurre preguntar: ¿cómo es 
qu=5 el bicarbonato fracasó en el susodicho caso, siendo así que hasta 
aquel entonces habia dado bellísimos resultados en las peritas manos 
del Dr. Giné? Yo atribuiría tal fracaso al estado de perturbación nutriti- 
va á que habia conducido al enfermo la flegmasía crónica de la vejiga 
urinaria de que se hallaba éste afectado, si tuviera la seguridad deque 
el Dr. Giné nunca habia experimentado el bicarbonato en sujetos cuyas 
condiciones patológicas fueran iguales ó parecidas á las del individuo en 
cuestión, ó si pudiera, en caso contrario, suponer tan sólo, lo que no me 
es licito, que tal circunstancia morbosa habia escapado á la sagacidad 
clínica del maestro, y por ende, que no se tuvo en cuenta al hacer el 
pronóstico, motivo por el cual no debiera causar extrañeza alguna que 
no se realizara cuanto augurado se habia. 

Pero discurramos en otro sentido. Si el estado caquéctico podia in- 
fluir desfavorablemente, como así lo entiendo, en el curso de la amigda- 
litis, y si terminó esta cual suelen terminar no pocas délas que recaen 



(1) Don Juan Giné aseguró á D. José 4rmangué lo que acabo de transcribir en 
Enero de 1881, esto es, cuatro meses antes de que este seño? pubUcara las anteriores 
lineas, fechadas el 10 de Mayo del propio año. El hecho clínico de que me estoy ocu- 
pando fué observado durante el curso de 1877 á 1878, según tengo dicho. 



LA AMIGDALITIS Y EL BICARBONATO SÓDICO 101 

en individuos que no están bajo el yugo de caquexia alguna, ¿no podría- 
mos admitir que el bicarbonato no fué del todo inútil é ineficaz y que el 
tai fracaso no Jo fué sino relativamente? Entiendo que si; pero de todos 
modos quedarla en pié, que no se acertó en el pronóstico, y que el bi- 
carbonato de sodio no siempre lleva á la curación, como se ha asegura- 
do, antes de las veinte y cuatro horas^ aun cuando se use durante las vri- 
meras horas déla aparición de la angina, que es lo que pretendia dejar 
sentado en este momento. 

Ocup:^monos ya de la observación descrita en segundo lugar, prime- 
ra de las dos que á mi práctica privada corresponden. Como se habrá 
leido, empezáronse en este caso las aplicaciones del consabido tópico al 
cuarto dia de enfermedad, y se obtuvo la perfecta curación al cuarto de 
tratamiento. El proceso flogístico se presentaba bastante amenazador, 
pues á la circunstancia de ofrecer no poca intensidad, reunia la de re* 
caer en un individuo de temperamento linfático, pobremente constitui- 
do y que había sufrido en distintas ocasiones de amigdalitis, aunque sin 
presentar un cuadro de síntomas tan acentuado como esta vez. 

No faltaban, como se vé, poderosas condiciones que predisponían á 
una terminación poco lisonjera de la flegmasía, cual es la supuración ó 
la cronicidad, que pudimos, á pesar de todo, evitar con los medios tera- 
péuticos de que echamos mano. No me cabe duda, pues, que en esta oca- 
cion el bicarbonato sódico fué muy útil, ya que se logró la completa re- 
solución de la flogosis en un espacio de tiempo relativamente corto; he- 
cho que, á buen seguro, no hubiéramos presenciado, según á qué clase 
de recursos hubiésemos dado la preferencia. 

A pesar de lo que acabo de escribir, no se crea que considere al bi- 
carbonato como el único medicamento capaz de sacar al enfermo del 
conflicto en que se hallaba, nó; pues algún otro hay, como el alumbre 
pulverizado, en insuflaciones loco dolenti^ que, si no mejor, á lo menos 
tan bien hubiese realizado tal empresa. 

Veamos la última observación. Tratábase en ella de una amigdalitis 
en su primer periodoy que afectaba á persona bien constituida. Recurrió- 
se á los polvos de Dower, que no debieron contribuir en poco en la me- 
jora, sobre todo del estado general, que al sii^uiente dia se había alcan- 
zado, y se insufló una vez el bicarbonato. A las veinte y cuatro horas no 
quedaba ni rastro de angina, pero no había desaparecido del todo el es- 
tado general, prueba evidente de que este no era sostenido exclusiva- 
mente por aquella. 

Si fuera entusiasta y acérrimo partidario del post hoc^ ergo propler 
hoCf al contemplar lo acontecido en este hecho clínico, diría que al bi- 
carbonato de sodio se debe la completa y pronta curación que de la an- 
gina se obtuvo, y le caliñcaria de efícacfsimo¡agente para hacer abortar 
las amigdaliiis. Pero como estoy lejos de afiliarme á dicha escuela, por 
creerla muy ajena al criterio empírico-racional, que real y verdadera- 
mente es quien debe guiarnos en el intrincadísimo estudio de las cícq- 
cias naturales, véome en el caso de manifestar, que tengo inis dudasTv 
acerca de los efectos que en realidad obró el bicarbonato en la observa- 
ción de que me estoy ocupando, por lo que á continuación voy á decir. 

A los dos días de curada la enferma, objeto de nuestra atención en 



LOS MICRÚFITOS DE LA SANGRE 



(j8ta formado en et exterior de una cubierta gelatinosa que envuelve al 
"«poro. Mis obaervacionea me inducen á creer que el esporo no se con- 




é 



vierte siempre en bastoncillo, sino que se divide en cuatro espñrutos, 
por un fenómeno de segmentación, en el que toma también parte la cu- 
bierta. Yo he visto empezaresta división antes que el esporo se escapase 
del ñlamento, y es bien cierto que no es una 
degeneración, pues he observado que los es- 
pórulos asi formados se alargan hasta cons- 
tituir filamentos. £1 Dr. Koch cree que los 
filamentos toman su desarrollo de la cápsula 
de aspecto gelatinoso y no del esporo brillan- 
te y luciente. Después de lo que he visto, no 
dudo de que la cápsula no tiene parte alguna 
activa en la formación del bastoncillo. El es- 
pórulo se alarga ligeramente y aparece en- 
tonces en uno de sus polos un pequeño cuer- 
po opaco, que á medida que se alarga lenta- 
i cápsula delante de él como si fuera una membrana 
elástica. La cápsula, en fuerza de ser estirada, queda tan delgada y 
transparente, que apenas puede distinguirse de su contenido.» 




mente, empuja 1 




Creo muy probable que Cohn y Koch pueden dar, como explicación 
de la diferencia que se nota entre sus descripciones y sus figuras, y las 
suministradas por Ewart, que este último ha descrito y figurado el es- 
poro (ó conidea) según una planta del todo distinta y que se hallaba 
accidentalmente presente; y NSgeli y de Barry (á falta de datos exac- 
tos relativos al tamaño) manifestarían probablemente que la germina- 
ción, dibujada en la última figura, era la de una conidea perteneciente 
á alguna mucedinea, que goza de ubicuidad. 

/'Canítnuaríf.J 



NOTICIAS CIENTÍFICAS. 93 



NOTICIAS CIENTÍFICAS. 



Diarrea en los niños: tratamiento.-*No son raros los casos en que 
el médico se encuentra impotente para cohibir la diarrea en los infan* 
les. Esto le aconteció á C. L. Gwyn con uno de sus hijos que padecía 
diarrea de forma lientéríca: después de emplear cuantos remedios se 
señalan en las obras y de usar todos los que le indicaron sus compañe- 
ros de profesión, el enfermito seguia con frecuentes deposiciones de un 
olor especial perfectamente característico y habia caído en el marasmo. 
Entonces comenzó el siguiente tratamiento: 

Giicerina 1 dracma. 

Pepsina 3 granos. 

Para propinarle al niño después del alimento. En los tres primeros 
días mejoró notablemente, y así continuó, hasta una convalescencia 
completa, siendo de advertir que antes se habia hecho un primer ensayo 
con la pepsina sola. 

Después de este caso, el Dr. Gwyn ha empleado dicho tratamiento 
con frecuencia, obteniendo siempre muy buenos resultados.— (Fargas.) 

Estadística de una casa de locos. — En el Manicomio de Brentwood 
(Essex), que cuenta unos 26 años de existencia, han sido admitidos 
4,886 enfermos (2,267 hombres y 2,619 mujeres) desde su fundación. Se- 
gun informe presentado por los administradores, han salido: 

Curados 1,969 Sin alivio 

Aliviados lao Muertos 1 

Entre las causas se encuentran: 

Pérdida de fortuna. .... 190 Religión 185 

Crueldad del marido. . 18 Remordimientos 7 

Pérdida de parientes 97 Seducción 3 

Amor contrariado SS Fortuna inesperada 9 

Disgustos domésticos. ... 91 Enfermedad congénita. ... 166 

Miedo 39 Epilepsia SW 

Encarcelamiento 11 Predisposición hereditaria. . 573 

Celos 13 Intemperancia. 470 

Pobreza. 89 ParáUsis 148 

Calor solar intenso 58 

En los demás casos era desconocida la causa productora de la e^ i 
medad.— (Rodríguez Méndez.) 

Quemadoras: Tratamiento.— El Dr. Shrady, de Nueva-Tork^ ha jb^ 
tenido buenos resaltados con el uso de la mezcla siguiente: 

Gomaar&biga 30 gramos. 

» tragacauto 30 > 

Agua fenicada Vm ^^ * 

Melaza 60 > 

Se extiende con un pincel sobre las superficies quemadas, reno 
las aplicaciones con frecuencia.— (Fgrmigükra.) 



lOi traqueotomIa de urgencía. 

(de Loríent), el cual está constituido por una cánula ordinaria de tra- 
queotoRila (C) y un trocar curvo (P), cuya cui:;vadura corresponde ala de 
aquella. La punta del trocar, aplastada lateralmente, es cortante por su 



/ 



sd- 



Flg:. 20.— Trucar de Jacolot. 

borde anterior y obtusa por el posterior, siendo su longitud escasamente 
de un centímetro, con lo cual se evita la posibilidad de herir el exófago. 
Cerca de la punta, hay la abertura (O) de un conducto que recorre toda 
la longitud del trocar; por donde pasando el aire ó las mucosidades de 
la tráquea, indican con el consiguiente ruido, el momento en que se ha 
penetrado ya dentro del conducto aéreo; disposición á nií modo de ver 
muy ingeniosa y de grande valor práctico, puesto que desvanece toda 
duda é indecisión y permite obrar con completo conocimiento y segu- 
ridad. 

Por otra parte, el trocar está provisto de un mango bastante largo para 
poder apoyar en él la palma de la mano y bastante pesado para que, sol- 
tándolo, una vez introducida la cánula, se deslice y caiga por su propio 
peso sin necesidad de emplear en ello la otra mano. 

El procedimiento operatorio es como sigue: se sujeta la laringe con 
la mano izquierda, según el consejo dado por Saint- Germain; es decir, 
cogiéndola por su parte inferior y lateral, como.'ii pretendiéramos arran- 
carla al propio tiempo que dirigirla hacia arriba, y asiendo el trocar 
ti'aqucotomo con la mano derecha, de manera que se apoye la palma so- 
bre el mango, se practica (en dos tiempos) 1." el corte de la piel y 2.° la 
perforación del primer cartílago traqueal; teniendo cuidada de no ha- 
cer penetrar al principio más que la punta, hasta percibir el silbido del 
aire que escapa por el conducto del trocar; en cuyo caso, seguros ya de 
la penetración del instrumento, se suelta el mango, caeel trocar y se em- 
puja atrás y ahajo la cánula, teniendo, durante todo el tiempo que dure 
la operación, completamente inmovilizada la tráquea. 

Las ventajas que el autor se promete con este instrumento son: 

1." Reducción del instrumental, puesto que basta ei trócar-traqueo- 
tomo para vei iñcar el acto operatorio. 

2.* Reducción del personal, ya que no siendo preciso el concurso de 
ayudantes inteligentes, se puede echar mano de los primeros individuos 
que se ofrezcan, para sujetar al paciente. 



THAQUEOTOHIA DE URGENCIA. i05 

Estas dos ventajas, muy reales y positivas son de un valor inapre- 
ciable. 

3.^ Rapidez en la ejecución . 

4.^ Queda suprimido el acto de dilatar la herida de la tráquea para 
colocar la cánula, con lo que el operado corre la contingencia de morir 
por la asfixia ocasionada por la entrada de la sangre. 

5.® Inmunidad completa por parte del operador en los casos de 
difteria; puesto que la mano, colocada por delante de la abertura de la 
cánula, evita que lleguen hasta él los fragmentos de falsa membrana 
lanzados violentamente desde la tráquea. 

Antes de exponer algunos inconvenientes que, en mi sentir, ofrece el 
trocar de Jacolot y de proponer su modiñcacion, me ocuparé sucinta y 
comparativamente del traqueotomo de Voelker. 

Este instrumento, inventado primero que el ya descrito y un tanto se- 
mejante por las bases que presidieran á su construcción, paréceme itiuy 
por debajo, respecto á su utilidad. 

La cánula (defínitiva como la de Jacolot) es bivalba y sus hojas se se- 
paran mediante la acción de un resorte y el trocar, cuya punta es como 
de bisturí, salta fuera de la cánula por la acción de otro resorte; care- 
ciendo del conducto que en el trocar de Jacolot permite el paso del aii^ 
para indicarnos su penetración en el conducto respiratorio. 

£1 manual operatorio diferirá pues: en que es preciso un ayudante 
para sujetar la laringe, puesto que la mano izquierda del operador debe 
emplearse en disparar los resortes; en que el instrumento se coge como 
una pluma de escribir, y en que deben separarse con rapidez las valvas 
de la cánula para introducir entre ellas la segunda cánula de quita y 
pon, á fín de solventar los peligros de la entrada de sangre. 

Como se vé, ofrece las ventajas 1.' y 3.* del trocar de Jacolot, no sién- 
dole aplicables cumplidamente ninguna de las demás. 

Pasando ahora á la modificación que propongo del trocar de Jacolot, 
debo decir primero que este instrumento ofrece una desventaja. En efec- 
to, no elude del todo la objeción que los prácticos presentan á los demás 
traqueotomos, puesto que no evita por completo la posibilidad de berir 
la pared posterior de la tráquea, en razón á que siendo plana la punta 
del instrumento producirá una herida lineal igual ó menor que el diá- 
metro déla cánula, herida que para pasar á circular y adaptarse á esta, 
aumentando sus dimensiones, exigirá un notable esfuerzo, que llevado 
más allá de lo conveniente puede exponernos á una introducción brus- 
ca y á lesionar el exófago, por más que sea romo el borde posterior déla 
punta del trocar. Esto es más de temer por cuanto esta punta no es tal 
punta, sino más bien pudiéramos llamarla hoja; lo cual es otra desven- 
taja, pues sabido es de todos lo difícil que es el cortar con una hoja pre- 
sentada de frente si no se le comunican, al mismo tiempo que una pre- 
sión, movimientos de deslizamiento; careciendo de verdadera punta, 
puede resultar que sea algo difícil perforar la tráquea, que esta se aplas- 
te, cediendo á la exagerada presión y que, faltando de súbito la resisten- 
cia, se atraviésela pared posterior colindante con el exófago. 

Para obviar estos dos inconvenientes he dispuesto el trocar de la si- 
guiente manera: dentro de la cánula (A) se adapta un vastago (B) grueso 



06 PUBLICACIONES RECIBIDAS. 

áLXiorexia de los tísicos. --El Dr. Pidoux emplea para combatirla 
')ioniteur de la Polidiniquey número 1, 1882) la fórmula siguiente: 

Jarabe de alquitrán. f50 gramos. 

Licor de Fowler 3 » 

Tintura de nnez vómica 3 » 

Para tomar una cucharada regular antes de cada comida. 

En muchos casos de consunción hemos podido comprobar la eficacia 

el empleo de los preparados de brea, y, sobre todo, en aquellos indivi- 

uos que presentan vestigios de diátesis herpética ó reumática hemos 

obtenido excelente éxito usando el tantas veces recomendado licor de 

brea preparadlo por los Sres. Muñera, que, á una gran concentración 

de sustancia activa, reúne la condición de poder emplearse cómodamente 

al interior y en inhalaciones.— (Castells.) 



*#^^^AiAA^lA^^»^lA^A^^^iM<^#N^I^^«^^l^i^«^^«i^^^h^^A^iA^^i^M^i^^«^/ 



SECCIÓN OFICIAL. 



Cátedras Tacantes. — Real orden de 16 de Enero mandando proveer por 
oposición las cátedras de Clínica de Obstetricia de Granada y la de Patología 
médica de Zaragoza. — Gaceta del 27 de Enero. 

Fiebre amarilla.— Orden de 16 de Enero declarando limpias las proceden 
olas de Guayana inglesa hechas á la mar desde el 11 de dicho mes. — Id. id. id. 

Fiebre amarilla.— Orden del 27 de Enero declarando limpias las proce - 
dencias de S. Luis del Senegal á partir del.— /d. 30 id. 

Auxiliares de cátedras.— Real orden de 24 de Enero convocando á oposi- 
ción para proveer cuatro plazas de Auxiliares gratuitos de la Facultad de Far- 
macia de la Universidad central, y dos en cada una de las de Barcelona, Gra- 
nada y Santiago.— Id. 9 de Febrero. 

Exámenes. — Real orden de 6 de Febrero, disponiendo se admitan á ezá- 
men de prueba dé curso de las asignaturas en que se hallaren matriculados á 
!ii8 alumnos llamados al servicio activo de las armas. — Id. 10 de id. 



PUBLICACIONES RECIBIDAS. 



Manual de Anatomía desoriptiva, escrito para Médicos y Alwmnos por el DOC- 
TOR Roberto Hartmann. Traducción directa del alemán por los Dres. ¿. Gróngora y 
5. Cardenal.— Cuaderno 8.* 

Manual de medicina operatoria, por J. F. Malgaine.— S.® edición por León 
de Fort.* Cuaderno 11.^ 

Manual de Patología Interna, por Dieulafoy, vertido al castellano por D. R. 
Ulecia, con un prólogo del Dr. E. Hob^rt.— Cuaderno 5.^ 

Tratado de Operatoria Qulrúrgloa, por el Dr. D, A. Morales Pérez.— Con un 
prólogo del Dr. Creus. Cuaderno 10 y 11, 

Gonoreso Médloo-lntemaolonal de Londres, correspondencia diaria de la £n« 
(Áelopema Médica-Farmacéutica ^ por el Dr. D. Salvador Badía y Andreu.— Barcelo- 
na.— 18Si. (Dos ejemplares.) 

Novísimo formularlo magistral, por A. Bonchardat, traducido por el Dr. Don 
Julián Gadaña y precedido de un suplemento de 1^1, por D.'Manuel Ortega Morejon. 
-Madrid, 1882. 

Actas de las sesiones del Congreso regional de Ciencias médicas.— Agos- 
to, 1879. -Cádiz, 1882. 

periódico: Giomale di clinica e terapia de Mesina.— i9o¿«tm de Alumnos internos 
lie Barcelona.— i?6i;ue Médicale de Lo\xvA\n.^ Revista de higiene de Barcelona.— /«'^ 
clinica escolar áe Barcelona. 



>1 



\ i 



Tomo n. Húm. 4. 28 Febrero de 1882. Ano ü. Nún. 28. 



Gaceta Médica Catalana. 

SUMARIO: La amigdalitis y el bi'tarbonato sódico, por el Dr. Bovira y Oliver —Traqueólo- 
mía de urffen<^ia. rrocar<)s-traqueotomo8 de Jacolot y de Voelker. Tr6ca>' de Jacolot modifi- 
cado, por •• Gerónimo B«traay.~\n atomía de ios centrús erviosos, por D. M. A. Far* 
caá Boea (coatinuacion).— La miü^iea en sus relaciones con la Medicina, por B. P. Vidal 
7 Oarelia(0'>niintiacion).— Goniribucion al estudio del ácido salicilico y sus compuestos en 
particular del salicilato sódico en el tratamiento del reumatismo por D. M. £• Moré y 
Bapcit (continuación).— Revista <ie alimentos, por rtl Dr. Bodrif^neB Mendea.— Los mi- 
crófliiis de la sangre y sus relacionas con las enformedades, por el Br. T. Biehard ijewis 
(continuación).— NOTICíiVS ClE.STtPlCAS: Solucione* de clorhidrato de mornna.— Cálculos 
vesicales en la mujer: eztracion.— H»irnia diarraRmátici.— Pildoras anti-cloróücas.— Muerte 
por la estricnina.— Hemotisls apirética en l>is tuberculonos: tratamiento.— Sección o/letal. 



LA AMIGDALITIS Y EL BICARBONATO SÓDICO, 

POR EL Dr. Roselino Rovira y Oliver. 



Liberté entiére dé discossion, 
mais sincere et courtoise, ayant 
alors pour seules limites le ree- 
pect des autres et de sol-meme. 

Laboulbéne, 

Hace ya algún tiempo que quería intervenir en el debate que, acerca 
de la acción del bicarbonato sódico eíi la ami^^dalitís, se inició entre el 
Sr. Armangué (i) y el Sr. Margarit (2). No lo hice, porque si bien á la 
sazón podia aportar algunos datos que la cuestión ilusti*aran, eran estos 
reducidos en número, aunque no dejaban de tener importancia, por la 
razón de haber sido recogidos al lado mismo del Dr. Giné, que fué quien 
por pri ñera vez ensayó el bicarbonato sódico en la angina tonsilar. Hoy, 
que los datos que poseo son en mayor número y más concluyentes, voy 
á tomar un lugar en el combate, para defender una solución que casi 
equidista de las conclusiones sacadas por los iniciadoi*es de la lucha. 

Opino que en esta como en todas las cuestiones, los términos medios 
sen los mejores y más üiríuosos— vmrus in medio consistit,— y que á no 
tardar, los defensores de las soluciones extremas, cediendo alas razones 
que les suministren los hechos observados con menos calor y entu- 
siasmo, y por ende, con ánimo más sereno y tranquiló, vendrán á darse 
la mano en el sitio en que voy á colocarme. He de confesar, antes de pa- 
sar adelante, que si logro, como creo, posesionarme del terreno de la 
verdad, terreno firme y seguro, no han contribuido poco á ello las ob* 
servaciores dadas á conocer por los mencionados señoi*es Margarit y 
Armangué (3), y las publicadas por el Sr. Lucio López Arroyo en el Siglo 



(1) Vóanse: Siglo médico de 12 Juaio de L8il, Madrid. -« liidependencia médioa 
de 21 Junio de 18S1, Barcelona. 

(3) Véase. Gagbta méoica catalana de 30 Setiembre ISSl^ Barcelona. 

(3) El Dr. Armangué, además del articulo & que higo referenoia en ana de la* 



98 LA AMIGDALITIS Y EL BICARBONATO SÓDICO. 

médico de 11 Diciembre de 1881 y por el Dr. Homs Parellada en el Sentido 
católico en las Ciencias médicas y año lil, núm. 38, Barcelona. 

Entremos en materia. Siendo alumno de primer curso de Clínica 
quirúrgica en Barcelona (1^77 á 78), ocupaba una de las camas de la 
correspondiente enfermeiía, que estaba confiada entonces, como lo está 
ahora, á la hábil dirección del Dr. D. Juan Giné, un hombre que frisaba 
en los 40 años, cuya constitución estaba deteriorada, sin duda alguna 
por los sufrimientos motivados por una cruel afección, la cistitis crónica, 
verdadera pesadilla para médicos y enfermos. Encontrábase el mencio- 
nado sujeto, como se habrá comprendido, en abonadas condiciones para 
contraer una enfermedad intercurrente. Contrájola en efecto, aunque sin 
revestir gravedad, pues consistió solamente en una amigdalitis simple ^ 
es decir, desprovista de todo carácter maligno. Hé aquí una ocasión pro- 
picia que la casualidad ofrecía al profesor de la visita, para ensayar de- 
lante de sus discípulos las aplicaciones del bicarbonato sódico en el proo 
ceso ñegmásico de la amígdala cuando todavía se hallaba en su periodo 
inicial. 

Expuso el Dr. Giné las victorias alcanzadas con el novel procedi- 
miento; dispuso y se practicaron debidamente las correspondientes in- 
suñaciones, y al dia siguiente, el paciente no se sentía ni aliviado, n- 
obstante de haberse pronosticado su completa curación en pocas horas. 
Hubo necesidad de repetir las insuflaciones al segundo dia, y abreviando 
diré, que se resolvió el proceso morboso que combatíamos, en el término 
en que suelen hacerlo gran número de amigdalitis simples que afectan 
tan sólo la superficie de la tonsila, cuando se rodea al enfermo de las 
precauciones dietéticas apropiadas. 

Al ver que los resultados obtenidos en dicho sujeto no correspondían 
á las esperanzas que nos había hecho concebir nuestro distinguido cate- 
drático, consideré el medio terapéutico en cuestión, si no inútil, cuando 
menos inferior á otros muchos en el tratamiento de la esquinancia; de 
suerte que ni se me acudió la idea de echar mano de él, al demandar 
mis servicios profesionales los distintos enfermos de amigdalitis, que 
desde que terminé la carrera he tenido á mi cuidado. 

Ya olvidada tenia la observación clínica que relatada llevo, cuando 
la trajo á mi memoria la discusión que se entabló acerca del asunto 
cuyo epígrafe encabeza estos renglones. Deseoso estaba entonces de darla 
publicid.id, pero resolví no hacerlo, hasta tanto que hubiese podido 
ver de cerca nuevamente los efectos del bicarbonato sódico en la tonsi- 
litis. A este fin, he ensayado el bicarbonato tan sólo en dos casos, que 
considero bastan por ahora á mi propósito, ya que pueden ocupar los dos 
extremos de la serie de amigdalitis simples que en la práctica puede 
presentársenos. En el primero se trataba de una tonsilitis profunda, es 
decir, que el proceso inflamatorio interesaba todo el espesor del órgano 
afecto; en el segundo, la inflamación radicaba solamente en la mucosa 
y tejido celular adyacente, motivo por el que calificóla de superficial. 



notad precedentes, ha publicado otro sobre el mismo tema en la Independencia mé- 
dica (21 Enero 1882), que tiene m&s sabor pr&ctico que el primero. 



LA AMIGDALITIS Y EL 6ICAHB0NAT0 SÓDICO 99 

La primera observación se refiere al niño Ricardo Riquer, de edad 
12 años, constitución débil, temperamento linfático- nervioso, que ha pa- 
decido distintas veces de anginas tonsilares. Cuando solicitó mis cuidados 
(4.* dia de enfermedad), estaba con cefalalgia frontal, saburra gástrica, 
astricción de vientre, disfágia y fiebre. Su amígdala izquierda se ofrecía 
dolorosa, roja, hinchada, obstruyendo casi por completo el lado corres- 
pendiente del Istmo de las fauces; la derecha presentaba los propios 
caracteres, pero menos acentuados- En vista de este cuadro sindrómico, 
prescribí un purgante, que produjo los resultados apetecidos, y las in- 
suflaciones de bicarbonato sódico finamente pulverizado, en número de 
cinco en cada amígdala, de cuyas insuflaciones tres debia practicar la 
mamá del enfermo y dos el que suscribe, como así se hizo. 

Al dia siguiente (5.^ de enfermedad), el estado general habia notable- 
mente mejorado, mas muy poco, casi nada, se habia aliviado el estado 
local. Continuóse con el uso del mencionado tópico por espacio de tres 
dias más, lográndose el completo restablecimiento del niño Ricardo al 
cuarto dia de tratamiento. 

De la observación '2.* es protagonista la señorita Teresa Q., de 20 
años, buena constitución, temperamento linfático-nervioso. Después de 
recibir la impresión del aire fresco y húmedo de una mañana del pasado 
Enero, sintió Teresa un escalofrió, al que subsiguió quebrantamiento 
general, aumento de calor, cefalalgia, disfagía. Vi á la joven paciente al 
anochecer del propio dia, y previo examen, comprendí que estaba afecta 
de una amigdalitis superficial simple del lado izquierdo, que no habia 
llegado aún al período de esiado. Practiqué una insuflación de bicarbo- 
nato de sodio, y dispuse la administración de 40 centigramos (en dos do- 
sis) de polvos de Dower en un infuso sudorífico. La angina habia des- 
aparecido al dia siguiente y estaba muy mejorado el estado general, por 
cuyo motivo dejó á la enferma sin medicación de ningún género, encar- 
gándola, no obstante, en gran manera, el cumplimiento de las reglas 
higiénicas capaces de evitar una recaída. 

Hasta aquí no he hecho más que presentar á mis lectores los hechos 
clínicos descarnados dé lodo comentario. Se me acuden algunas consi- 
deraciones y voy á darlas á conocer. 

En la primera observación que he narrado, ó sea en la recogida siendo 
discípulo del Dr. Giné, tratábase de una amigdalitis simple y superficial^ 
que recaía en un individuo algo caquéctico y cuyas funciones nutritivas 
se hallaban, como es de suponer, bastante perturbadas. Llevo dicho que 
se aplicó sobre la amígdala inflamada el bicarbonato sódico, á las pocas 
horas de haberse iniciado el proceso patológico, ó sea en ocasión opor- 
tuna para hacer abortar la amigdalitis, según confesión dpl Dr. Gmé. In- 
dicado queda también, que el excito no correspondió á las esperanzas que 
el profesor concebiera é hiciera concebir á sus discípulos; la flegmasía 
tonsila r no fué yugulada como se esperaba y deseaba, sino que siguió el 
curso que seguir suelen muchas esquinancias superficiales sencillas, 
cuando no se descuidan las precauciones higiénicas. 

Presencié, pues, un fracaso del bicarbonato de sodio y lo presenció 
asi mismo el autor del método en cuestión. ¿,Pero era el primero á que 
el Dr. Giné asistía? Asi lo creo yo, á juzgar por la explicación que este 



iÜt LK MÚSICA EN SUS BELACIONES CON LA MEDICINA. 



U MÚSICA EN SUS RELACIONES CON LA MEDICINA. <'> 

Estudio especulativo, fisiológ^ico, Msiénico y terapéutico, 

(Tésia del Doctorado) 

POR D. Francisco Vidal y Careta. 



ESTUDIO terapéutico. 

Múltiples aplicaciones. 

No es de ahora el querer emplear la música en el tratamiento de las 
enfermedades. 

Ya en los tiempos más remotos, Chiron, célebre cazador, que se reti- 
ró á los montes en busca de plantas medicinales y que fué un gran mé- 
dico, curaba las enfermedades, según se decía por algunos de sus entu- 
siastas, sin otro auxilio que los acordes de su lira. Esculapio, célebre por 
la curación de toda clase de afecciones, aprendió la música por medio de 
Apollen, su padre, y Chiron, su preceptor, y la empleaba con éxito. Ascle- 
piades decía que no habia nada más natural que ella para tratar los alie- 
nados. Galeno la empleaba contra las mordeduras de la víbora y del es- 
corpión, y en tiempos más modernos ha sido aplicada con provecho sobre 
todo en afecciones nerviosas por Poume, Charcot, Ball, Méndez, Sauva- 
ge y otros. 

Lo que pertenece por decirlo así ¿ los tiempos mitológicos, no debe- 
mos tenerlo en cuenta sino en la parte que se refiere á la importancia 
que daban á tal pgente. Yo creo, sin embargo, que aunque los antiguos 
la empleaban más que nosotros, no lo hicieron con verdaderos conoci- 
mientos científicos, sino al azar y más bien guiados por sus naturales 
inspiraciones. ¿De qué instrumentos hacian uso? De los más sencillos y 
adecuados á sus alcances. ¿A qué aplicaciones los dirigían? A aplacar 
accesos de cólera, á inspirar sentimientos nobles, á enardecer á los guer- 
reros, á utilizarla para el descanso, en una palabra, hacian uso de ella en 
sus más potentes, claras y fáciles aplicaciones. 

Tocante á los tiempos que suponen mayor ilustración, nos parecen 
en varios casos exageradas algunas indicaciones por no hallar relación 
ninguna entre su modo de obrar y los resultados obtenidos. ¿Cómo se ex- 
plicaba Galeno la curación por tal agente de los emponzoñados por la 
víbora y el escorpión? ¿<:ómo luego se satisfizo la explicación de la cu- 
ración del tarantismo por el misnlo que llegó á hacerla vulgar? ¿En fin, 
cómo se explica en la hidrofobia que también pretenden aplicar hoy al- 
gunos? En cuanto á esta última suponemos habrá estado indicada en el 
periodo melancólico de la enfermedad, pues una vez desarrollada ésta 
ni con música se cura. Respecto á las otras tres no podemos en manera 



(i) Conclusión. -Véanse los números 25, 26 y 27. 



LA MÚSICA EN SUS RELACIONES CON LA MEDICINA. 111 

alguna explicarnos su modo de obrar, pues si dichas enfermedades son 
debidas á una intoxicación del organismo por la absorción de una pon« 
zona ¿quó resultado vamos á obtener con la música? ¿Creeremos, como 
los antiguos de imaginación calenturienta, que por medio de ella se ex- 
pele el veneno del cuerpo? En buena hora se aplique en alguna de estas 
enfermedades con el objeto de distraer al paciente y combatir alguno de 
sus síntomas, pero jamás nos convenceremos de que extienda su poder 
basta la curación. 

A medida que el hombre ha ido perfeccionando este arte, así que se 
ha hecho de la armonía la verdadera música, relegando á la melodía el 
papel de frágil esqueleto, también se ha extendido en sus aplicaciones, 
siendo desde lungo, como veremos, el aparato nervioso el que principal- 
mente ha sentido su influencia y sin duda se irá perfeccionando cada 
día más y más, no llegando hasta su más cercana perfección hasta que 
solamente se utilice la música descriptiva desechándose toda la demás. 
Ya se ha trabajado, y se trabaja hoy en dia, bajo este punto de vista, 
debiendo hacer especial mención de David, Meverber y Wagner. Muy 
atrasados estamos para llegar á este bello ideal, pero mucho se ha ade- 
lantado. 

Voy á tomar el asunto sin ninguna clase de pasión y con un criterio 
completamente imparcial; juzgaré los hechos que más se relacionen con 
la fisiología del agente que estudio, no dando importancia alguna á lo 
fantástico, á lo supersticioso y propio de la imaginación. 

Aparte de las enfermedades de que he hecho mención en el tercer ca- 
pitulo de mi tesis, ó sea las que constituyen verdaderas pasiones, como 
nostalgia, miedo, hipocondría, melancolía, cólera, etc., tenemos mu- 
chas otras que requieren su uso, sino para obtener la curación de todas 
ellas, á lo menos para mitigar algunas. Siendo por otra parte el aparato 
nervioso el que recibe principalmente su benéfica influencia, aquí es en 
donde me fijaré, partiendo siempre del orden seguido en nuestra clasifi- 
cación, para que baya asi el rigorismo posible en su modo de obrar y 
luego en la deducción de las conclusiones. 

Para emplear la música que actúa sobre el encéfalo, hay un grupo 
muy natural, el de las enfermedades mentales. 

Estoy casi convencido de que no se ha utilizado como conviene en 
la inmensa mayoría de manicomios. Se habrá usado con el objeto de que 
proporcione á los vesánicos distracción y solaz, más de aplicarlo de este 
modo á aplicarlo con verdadero arte hay mucha distancia. Laudable es 
de todas maneras el manicomio que cuenta con orquesta formada en su 
mayor parte por los mismos locos; pero no es esto solo lo que se ha de 
buscar, sino estudiar el adecuado uso de ella en diversos casos y utili- 
zarla como convenga. 

De todos modos, para que se vea la importancia que se da en el ex- 
tranjero á tal reforma, voy á transmitir íntegro párrafos de la Sciencie 
libre de PariSy en que dice: «Estamos muy lejos del tiempo en que se 
encerraba á los desgraciados locos en jaulas y calabozos como animales 
salvajes. 

Antes los vesánicos se trataban con violencia; hoy se sigue un trata- 
miento por medio de distintas diversiones á fia de distraerlos. Recien- 



112 LA MÚSICA EN SUS BELACIONES CON LA MEDICINA. 

temente se dio en Bicelre un concierto, el cual dió muy buenos resulta- 
dos á los pensionistas epilépticos.» 

Así mismo en Santa Ana el profesor Ball, de la clínica de enferme- 
dades mentales, presentó á sus discípulos varios enfermos tratados por 
la mús'ica, y se admiraron de los resultados obtenidos. Un coro conocido 
con el nombre Los herreros, música de dos alienados, el uno paralítico y 
el otro con fiebres intermitentes, ha sido cantado por 12 vesánicos de una 
manera inmejorable. Una fantasía sobre motivos de U Elixir d* amare 
por flauta, violin y piano, ha sido magistralmente ejecutada por tres 
alienados, que son: el violinista, un alucinado crónico, el flautista un 
perseguido, y el pianista una melancólica. 

De una carta que dirigí al muy digno é ilustrado Catedrático de Hi- 
giene de la Facultad de Medicina de Darcelona, Dr. Rodriguez Méndez, 
Director del Manicomio de San Baudilio de Llobregat (1), referente á saber 
enquéconcepto tenia á la música para el tratamiento de las enfermedades 
mentales, me contestó diciendo, que está satisfecho de ella como agente 
terapéutico, y que uno de sus primeros pasos en la dirección del mani- 
comio fué el reorganizar la orquesta (toda compuesta de enfermos), que 
ensaya varias horas al dia, y que durante ol paseo colectivo de los pacien- 
tes por los jardines toca piezas distintas, valiéndose de los aires nacio- 
nales en los casos de profunda melancolía, especialmente con los gallegos, 
habiendo visto casi resurrecciones con la gallegada, jota, cerdanas, etc. 

Nuestra orquesta, dice, se compone hoy: de un director, que sufre 
una manía periódica, siendo menos duraderos aquellos accesos en que 
se le puede dispertar la afición á la música; de un maníaco agudo, que 
está en calma cuando toca la flauta; de un demente, en el concepto 
científico de la palabra, que no tiene casi otras muestras de vida de re- 
lación que su sensibilidad musical, transfigurándose cuando toca; de 
varios maníacos crónicos con alucinaciones, que durante los ejercicios 
musicales descansan de sus estravíos; de un loco razonador, bastante 
perverso, que se torna bueno y sumiso cuando se entretiene con la mú- 
sica; de un joven, que hace años estando loco aprendió solfeo, y un ins- 
trumento de viento que le ha dado pan durante su vida libre, una vez 
dado de alta y que hoy le sirve para acelerar su curación; de un niño» 
loco por la masturbación, en quien hemos logrado despertar una viví- 
sima afición por la música, y como se le ha dicho que si se masturbaba 
no podría ser músico, se ha logrado parar su vicio, lo cual no habían 
conseguido ni otros medios morales ni farmacológicos, ni los medios 
coercitivos, etc. etc. 

También, dice, hay coros, y se logra con estos, no solo lo que con la 
música, sino también cultivar Ja memoria. Teníamos un enfermo que 
no quería hablar y se le puso en los coros, y un dia echó á cantar 
como los demás, curándose del mutismo. Había otro que no andaba bien; 
á ios dos ó tres pasos se paraba, luego seguía, y así por deprisa que le 



(1) Así era cuando escribía esta tesis el Dr. Vidal Careta. Hoy el Dr. Rodrigfuet 
Méndez, que procura aj listar su conducta & lo que le dicta su c^onciencia, ha dimitido 
el cargo y nada tiene que ver con el laencionado Manicomio. 



LA MÚSICA EN SUS RELACIONES CON LA MEDICINA. 113 

hiciésemos caminar. Se dio orden de que la música tocase pasos dobles 
y que se pusiese á la cabeza de los pensionistas y marchase. Nuestro 
enfermo anduvo el primer dia con menos interrupciones, y poco á poco 
se quitó el resabio,. primero con la niarcha y después sin ella. Este caso 
prueba de un modo patente la influencia de la música rítmica. 

{Ojalá todos fuesen tan observadores como el Dr. Rodríguez Méndez! 
Otros resultados se habrían ya obtenido. 

Muchos más hechos podría citar, pero para no molestar tanto la aten* 
cion de mis oyentes, me parece basta con los expuestos para ver la in- 
fluencia, antes desconocida, de este poderoso modificador. 

En cuanto á su modo de obrar en las enfermedades mentales, creo yo 
que su acción es bastante compleja en sus resultados, siendo más bien 
su fin verdaderamente humanitario, ó sea distraer los vesánicos en sus 
actos de melancolía, cólera, etc., debiendo hacer siempre uso del gé- 
nero de música que más se adapte á la vesania padecida, pues el trata- 
miento será asi más racional y más seguros los resultados obtenidos, 
no insistiendo más en ello por quedar bastante especificado en la parte 
fisiológica de mi tesis. 

Muy bien indicada se halla como medio preventivo en las epidemias, 
pues, como dice Fígaro en un aforismo de Hipócrates, siempre que urja 
prevenir el miedo del mal, que origina pronto el mal del miedo, la mú- 
sica (sobre todos los géneros pueril y campestre) es una grande indica- 
ción para distraer el ánimo y combatirla preocupación, y por eso es 
bueno recomendarla en todas los épocas de epidemia, en las cuales el 
terror que tal pasión produce es á las veces tan peligroso como el azote 
mismo. 

En cuanto á la música que dirige su acción especial á la médula, la 
que obra sobre los nervios locomotores, encuentra indicación oportuna 
en las neuroses y en otros casos en que ya hemos visto útil su empleo. 

C!on el nombre de tarantismo se designa una enfermedad que se ha 
atribuido á la picadura de la tarántula. A fines del siglo décimo quinto 
tal enfermedad inspiraba serios temores, pues se decía que los atacados 
ó bien morían ó quedaban dementes. Algunos al oír un motivo que les 
fuese agradable se excitaban, tanto que empezaban á saltar y bailar des- 
aforadamente. Otros, por el contrario, lloraban continuamente cual si les 
atormentase algún recuerdo triste y pasaban la vida del modo más de- 
plorable. Otros sufrían un temblor continuo. 

Se observó que los acordes de algunos instrumentos, especialmente 
la flauta y guitarra, les procuraban alivio; primero bajo su influencia* 
parecía que despertasen de un sueño, abrían los ojos, poco á poco se 
excitaban hasta entregarse á la más bulliciosa danza, haciendo especial 
mención de que, así que cesaba la música, caían sin sentido hasta que de 
nuevo venia á excitarles el baile. 

El número de estos enfermos llegó á ser tan grande que en determi- 
nadas épocas se dieron verdaderamente conciertos y fiestas, naciendo 
de aquí las composiciones llamadas tarantelas. Estos hechos se refieren 
principalmente á Pulla. 

Tal vez habrá exageración en los efectos de tal enfermedad, así como 
en la curación de ella por la música; pero bien podemos afirn^ar que 



114 LA MÚSICA EN SUS RELACIONES CON LA MEDICINA. 

análogos resultados podemos obtener en la corea, sabiendo ya que va* 
rios tnúsícos, con el objeto de regularizar el baile, acompañaban á los 
coréicos (danzantes de San Vito) en peregrinación hasta la célebre er- 
mita cerca de Luxemburgo. Así mismo hemos visto el buen éxito que 
ha obtenido Bali de ella en los ^ilépticos. 

Tocante á la música que dirige su acción sobre los nervios conduc^ 
tores de la sensibilidad, quizá la que la deprime dará buenos efectos en 
el histerismo, habiendo, como se sabe, en esta enfermedad una sobreexci- 
tación nerviosa y más si conviene en la forma estática. Poume refiere el 
caso de haber curado verdaderos ataques por medio del violin. 

También puede ser útil en todos aquellos casos en que la mujer se 
encuentra en cierta disposición moral, que es conocida vulgarmente con 
el nombre de carácter nervioso. 

Más me podria extender respecto al particular, pero advirtiendo que 
se va alargando más délo que queria mi tesis, voy á dedicar un simple 
apartado á las aplicaciones de la música de acción compleja, á la teatral, 
ó sea ala que constituye el género dramático. Su acción fisiológica, 
como hemos visto, es muy vaga, pues no solamente interesa aquí ella, 
sino también las pasiones que luchan en la escena. A más de que par- 
ticipa de todo, unas veces nuestro ánimo está tranquilo bajo la influen- 
cia de un cmto suave, otros bruscamente se siente impresionado por 
un desenlace inesperado, ya la sensibilidad se excita, ya se embota, etc. 
Sin emb I rgo, ya he dicho que lo que pasa en la escena es secundario 
para los verdaderos amateurs^ y que, por lo tanto, aparte deque propor- 
ciona verdadera distracción en casos de tristeza impertinente, quizá nos 
dará buenos resultados en todos aquellos otros en que se tuviera que 
combatir una hipocondría á consecuencia de un catarro crónico del es- 
tómago, en las neuralgias, etc. 

En vista del estudio que he venido haciendo de las aplicaciones hi- 
giénicas y terapéuticas de la música, se pueden establecerlas siguientes 

Conclusiones: 

1.^ La música es un agente que produce descanso y distrae al hom- 
bre en sus ocupaciones. 

2.^ Es un elemento tanto ó más social que el café, tabaco, y todo lo 
que engendra el trato, y por lo tanto, es bueno que el hombre sepa uti- 
lizarlo. 

3.^ Que deben establecerse orfeones y conciertos populares de música 
clásica, que haciendo al hombre más indiferente á la música trivial, con- 
tribuyan á moralizarle. 

4.® Que es indispensable conocer la acción fisiológica de sus distin- 
tos géneros para mejor aplicarla donde convenga, desechando la que no 
sea descriptiva. 

5.^ Que es innegable el influjo de ella en Perceptologfa, asi como 
también que conviene adelantar este estudio más de lo que se ha hecho 
hasta hoy. 

6.* Que debieran organizarse orquestas en todos los manicomios, 
aunque no más fuera que para solaz de los vesánicos. 



ÁCIDO SALICÍLICO Y SUS SALES. 115 

7.0 Que es conveniente aplicarla en las neurosis, para que se tengan 
pronto datos seguros y se regularice su empleo. 

8.** Que deben combatirse con tal agente todos los casos de excita- 
ción ó depresión neivjosa. 

Básteme con lo expuesto, Excmo. Sr., y solo diré que quiero prose- 
guir estos estudios, hoy en estado de larva, y que si mi humilde trabajo 
no sirve de mucho, gf*acias á las pocas aplicaciones que ha tenido hasta 
ahor a la música como agente terapéutico, tal vez sirva para levantar el 
ánimo en favor de ella, recomendando exclusivamente el uso de la mú- 
sica descriptiva, pues si hay hombres como David, Meyerbeer, Wagner 
que se han consagrado á ella, que haya también hombres como Rambos- 
son, Charcot, Ponme, Ball, Méndez y Letamendi que sepan aprovecharla. 
«—He dicho. 

CONTRIBUCIÓN AL ESTUDIO DEL ÁCIDO SAUClUCO Y SUS COMPUESTOS, 

en particular del salicUato sódico en el tratamiento del renmatisxno» (1) 

POR D. M. E. Moré y Bargit, 

Módico de la Casa de Laelancia y Casa-cuna de Barcelona, 



Pasemos ahora á la segunda cuestión que dejamos planteada y que 
falta todavía resolver. --¿Cuánto tiempo puede durar la administración 
del ácido salicflico?^Para esto, recuérdese bien que estamos tratando 
del ácido salicilico puro, no de sus derivados, los salicilatos, de tos cuales 
haremos mención aparte. Primero recordaremos lo siguiente: el ácido 
salicilico, es cierto que pasa repentinamente á la orina, pero no es me- 
nos evidente también que al cabo de quince dias, según ya hemos dicho 
anteriormente, puede encontrarse todavía en el mismo líquido excreta- 
do; con esto se demuestra que su presencia en la economía dura tam- 
bién muchos dias, y si muchos dias, además, se sigue administrando el 
ácido, podrá dar lugar indudablemente á todos los fenómenos que hemos 
estudiado, por que será bastante grande la acumulación de ácido salici- 
lico en la economía. Luego la administración de dicho ácido puro debe 
cesar siempre al cabo de pocos dias, por ejemplo 4 6 5, descansan- 
do otros tantos para volver á empezar de la misma manera que antes, y 
asi consecutivamente. 

Administrado de esta manera el ácido salicilico, puede persistirse 
bastantes dias en su aplicación interior. Así lo tengo observado repeti- 
das veces, y este es el sistema que he seguido siempre que he tenido ne- 
cesidad de combatir un síntoma ó una enfermedad. 

8al!ciiato8.-Concluida ya la historia más ó menos completa del ácido 
salicilico en parth^ular, vamos ahora á emprender la de los salicilatos 



(1) Continuación.— Véanse los números 25, 26 y 27. 



116 ÁCIDO SALICÍLICO Y SUS SALES. 

y especialmente la del salicilato de sosa, que es el que más nos interesa 
para el fin que nos hemos propuesto al emprender esta tarea. 

Respecto á la acción fisiológica de estos compuestos, poco más ten- 
dremos necesidad de añadir, pues todo lo que podemos decir lo hemos 
demostrado ya con su ácido respectivo. Pero en cambio, estos compues- 
tos tienen valiosas ventajas sobre el primer cuerpo, ventajas hasta hoy 
no desmentidas, ya por su acción fisiológica, ya respecto á su modo de 
administración. 

£1 empleo del salicilato de sosa en sustitución del ácido salicilico es 
mucho menos peligroso bajo muchos conceptos; sus efectos accidenta- 
les no son, ni con mucho, tan marcados, y su administración puede se- 
guirse bastante más dias que la del ácido salicilico puro. 

Sin embargo, cuando la dosis del salicilato de sosa es crecida y llega 
por ejemplo, á tomarse 12 ó más gramos al dia, sus efectos sobre los 
centros nerviosos se notan de igual manera, aunque no ofrecen la mis- 
ma intensidad. 

A esta misma dosis no se desarrollan tampoco los síntomas gástricos 
tan marcados como con el cuerpo anterior. Cuando se toma en polvo, 
no se adhiere á las mucosas porque, siendo tanta su solubilidad y estan- 
do siempre húmedas las partes con que se pone en contacto, se disuel- 
ve en seguida y pasa rápidamente al tubo digestivo. De modo que las 
sensaciones de escozor, quemazón, accesos de tos y fenómenos conges- 
tivos en el estómago son casi inapreciables, si es que se producen, to> 
mando el salicilato á la dosis que expondremos, y aún á la citada. La 
dosis de 12 gramos no ha sido nunca causa de intoxicaciones y muerte 
consecutiva.— Sin embargo, Mr. Carrion ha publicado un caso de muer- 
te consecutiva á la administración del salicilato de sosa en un sujeto 
afectado de reumatismo, diciendo que la mnerte sobrevino en medio 
de fuertes convulsiones. En la autopsia dice que no se encontró más que 
una ligera congestión de las meninges y un poco más de liquido que en 
el estado normal en los ventrículos cerebrales. — Mr. Clement (de Lyon) 
dice que nunca ha dejado de administrar menos de 6 gramos diarios, pu- 
diendo asegurar que, administrado este medicamento á la dosis de 8 á 10 
gramos al dia, no ha producido más accidentes que náuseas y zumbido 
de oidos, pero nunca fenómenos convulsivos. 

£1 salicilato de sosa es un cuerpo preciosísimo para el tratamiento de 
ciertas enfermedades, porque puede impunemente continuarse su ad- 
ministración durante muchos dias seguidos, sin interrupción, á la do- 
sis de 3, 4 y 5 gramos diarios. Todo lo más que he observado en los in- 
dividuos sometidos á este tratamiento ha sido la presencia de un poco 
de congestión cefálica, que ha desaparecido siempre, con el tratamiento 
que en su lugar correspondiente expondremos. Sobre el tubo digestivo, 
unas veces he observado un poco de extreñimiento y otras una ligera 
diarrea, pero todo sin consecuencias. 

Generalmente, cuando la administración del salicilato de sosa ha de 
durar bastantes dias, la cantidad que mejor puede tomarse sin sobreve- 
nir fenómenos desagradables es la de 2 á 3 gramos, y el máximum 4 
gramos. 

Guando el salicilato se toma á la dosis de 50 centigramos á 1 gramo, 



ÁCIDO SALICÍLICO Y SUS SALES. H7 

se puede, sin ningún inconveniente, seguir su administración durante 
un periodo de tiempo ilimitado^ que puede llegar á dos, tres y cuatro 
meses seguidos, y aún más, sin interrupción. En mis notas particulares 
tengo, hasta la fecha, catorce observaciones de otros tantos individuos^ 
de los cuales, tres de ellos, lo han tomado cinco meses seguidos sin in- 
terrupción ni fenómeno peligroso alguno, y los once restantes durante 
un periodo de tiempo que oscila entre dos y medio y cuatro meses, con 
los mismos buenos resultados que los anteriores. 

Sus efectos sobre la respiración y la circulación son tan claros y com* 
probables como los del ácido salicilico. A la dosis de 3 gramos, es ya muy 
notable la influencia ejercida sobre la circulación de un individuo fe- 
bricitante, pues su temperatura baja notablemente de un dia á otro. 

Para dejar sentada la influencia del salicilato de sosa sobre la circu- 
lación y su manera de obrar en el reumatismo, vamos á transcribir lo 
que dijo Ottramare en la Gazette medícale, en 28 de Junio de 1879, lo 
cual se encuentra á su vez en el Anuario de terapéutica de los Dres. Bou- 
chardat, vertido al español por los Sres. Toledo y Ulecia. El Sr. Ottrama- 
re dice lo siguiente: tlntroducido el salicilato de sosa directamente eii 
las venas, aumenta siempre la presión, el número de pulsaciones y ia 
energia del sístole; este electo pasajero es debido á una acción excitan- 
te sobre los nervios motores del corazón. Casi á la vez, y de una ma- 
nera gradual, acelera la rapidez de la corriente sanguínea; este fenóme- 
no, debido á una dilatación de los capilares, es más durable. 

y>L3í excitación cardiaca disminuye bajo la influencia de inyecciones 
repetidas; después, cuando se llega á la dosis tóxica — que para el perro, 
el asno y el caballo, es de 1 gramo por kilogramo de peso de estos, — 
aparecen irregularidades del pulso, intermitencias, un descenso déla 
presión, y por fln la parálisis cardiaca, el animal muere por una pará- 
lisis de este órgano, y no por asñxia, como se cree. La rapidez de la cor- 
riente sanguínea sigue siendo bastante considerable hasta el fin, y la 
autopsia pone de manifiesto una gran hiperemia de las visceras abdo- 
minales, sobre todo de los ríñones, hecho que concuerda con los fenó- 
menos de dilatación capilar observados en vida. 

9Si se secciona previamente la médula por encima del bulbo, sucede 
,á la hiperemia visceral un estado anémico pronunciadísimo. Es, pues, 
evidente que el salicilato de sosa actúa sobre los centros vaso-dilatado- 
res del bulbo. 

]i»Si establecemos ahora un paralelo entre el proceso anatómico del 
reumatismo articular agudo, los efectos fisiológicos del salicilato sódico 
y sus propiedades terapéuticas innegables, parece admisible que este 
medicamento obra sustituyendo una dilatación capilar generalizada á 
una hiperemia local. 

:»Mientras que las lesiones del reumatismo son de orden puramente 
vascular, el salicilato de sosa puede tener una acción terapéutica; pero 
cuando sobrevienen desórdenes celulares, es necesariamente ineficaz. 
.Asi se explica su ineficacia en las formas sub-agudas y crónicas, inefica-* 
cía que viene en apoyo de mi teoría.» 

Mr. Seivon experimentó también la acción del ácido salicilico y del 
salicilato de sosa sobre la respiración y sobre el sistema nervioso, admi- 



118 ÁCIDO SALIGÍLIGO Y SUS SALES. 

nistrándolo á un mamífero (conejillo de Indias), á un pájaro (tórtola) y 
á un batracio (rana), en los cuales dice que hay aumento de ácido car- 
bónico exhalado.— Sobre el sistema muscular de la rana obtuvo trazados 
que indican la formación lenta de contracciones tetánicas seguidas des- 
pués de agotamiento muscular. — Estudiando la acción sobre la contrac- 
tilidad muscular y sobre la causa de estas contracciones tetánicas, dice, 
fundado en numerosos experimentos, que el ácido salicilico tiene una 
acción es pecial sobre el sistema nervioso central, y que, además la 
extinción rápida de la contractilidad muscular es debida más bien á la 
extenuación provocada por las convulsiones, á las cuales ha dado lugar 
la sustancia, lo mismo que la estrignina y la nicotina, que tienen una 
acción especial sobre la fibra contráctil. 

También se ha observado, sobre la respiración, que hay mayor pro- 
ducción de ácido carbónico, y Mr. Clement (de Lyon) no puede darse 
cuenta de este fenómeno, puesto que el salicilato de sosa tiene una acción 
antipirética constante y notable. Dice que muchas veces ha adminis- 
trado 6 y 8 gramos al día y que nunca ha observado fenómenos desagra- 
dables, y que el salicilato de sosa es un gran remedio para el tratamiento 
del reumatismo agudo. 

Ya hemos dicho anteriormente que la presencia del ácido salicilico 
en la secreción y excreción urinaria se nota con una rapidez notable. 
Pues bien, el salicilato de sosa tiene esta misma acción, y mayor aun si 
cabe, que el ácido salicilico solo, provocando la diuresis de un modo 
extraordinario (suponiendo que los ríñones se encuentren en estado 
normal), hasta el punto que hace pocos dias he visto á una enferma, á 
quien el Sr Arbiol le administró 2 gramos de este cuerpo en 200 de vehí- 
culo, y á la segunda toma tuvo que suspender el medicamento, no solo 
por haberle provocado una extraordinaria diuresis, sí que también por 
haberle aparecido la menstruación muy abundante y fuera de época. Sin 
embargo, ya dice el Sr. Arbiol que estos casos son algo raros, ya respecto 
á lá cantidad de secreción urinaria, ya respecto á provocar con tanta 
prontitud fenómenos ó alteraciones en la menstruación. 

Otra de las acciones muy notables del salicilaro de sosa, lo mismo 
que del ácido salicilico, es la de favorecer, en mayor escala que los de- 
más alcalinos, la expulsión de las materias sólidas contenidas en la orina, 
como los fosfatos y los carbonates, de lo cual daré un ejemplo notabilí- 
simo más adelante. 

A pesar de que eajtoy de acuerdo con el Sr. Arniol sobre la acción 
diurética del salicilato de sosa, debe consignar que Mr. Bouchard, para 
demostrar la acción que ejerce sobre el aparato urinario, sienta lo si- 
guiente: 

i.** El medicamento no ha modiñcado la cantidad de orina. 

2."^ Disminuyó la cantidad de urea. 

3.^ Aumentó el peso total de las materias extractivas. 

4.^ La cantidad de fosfatos y materias colorantes es idéntica. 

5.*" Aunque no es un diurético, es, sin embargo, un poderoso agente 
de iluminación. 

La dosis cuotidiana era de 4 gramos. 

Sobre todo estos puntos no podemos estar de acuerdo con el Sr. Boa- 



RBVISTA DE ALIMENTOS. 119 

cbard. Dicho observador dice que este medicamento no modiñca la can- 
tidad de orina, es decir, que no es diurético, pero si que es un poderoso 
agente de eliminación; pues bien, por este mero hecho es preciso que 
obre, siquiera sea poco, como diurético; y efectivamente, no solo en todos 
los enfermos ¿ quienes lo he administrado, si que también en mí mismo, 
he observado que aumenta considerablemente la secreción urinaria, 
puesto que casi nunca pasan más de 15 á 20 minutos sin que se sienta la 
necesidad de expulsar una regular cantidad de liquido renal, en el cual 
se observa, por medio de los reactivos indicados, la presencia de dicho 
cuerpo. Esto demuestra que el salicilato de sosa, además de pasar rá- 
pidamente á los riñónos y obrar como eliminador, favorece la secreción 
urinaria en cantidad y en rapidez de tiempo. 

Es también particular la acción que ejerce el salicilato de sosa sobre 
el aparato genital. Cuando este medicamento se toma durante muchos 
dias seguidos, produce una impotencia pasajera, impotencia que desa- 
parece desde el momento que cesa la administración de dicho cuerpo. 
Esta acción se nota lo mismo en el estado fisiológico que en el patológico, 
y la observé en varios enfermos, siendo también observada por el señor 
Arbiol hace más de tres años. Esto se corroboró más tarde por un autor 
francés, cuyo nombre no recueroo, y hoy ya no se pone en duda por 
nadie la impotencia pasajera que produce el salicilato de sosa. 

Mas tarde he administrado el salicilato de sosa, unido con la quina, 
en tres enfermos y la impotencia dejó de presentarse en uno de ellos. — 
¿Se hubiera presentado tomando solo el salicilato de sosa?^Esto debe 
todavía estudiarse, pues quién sabe, uniendo el salicilato de sosa con tó- 
nicos, si se presentada esta acción tan marcada de dicho medicamento. 

Otra de las acciones más notables del salicilato de sosa es la si- 
guiente: cuando se toma á la dosis anteriormente citada, y aún mejor 
que no pase de 50 centigramos> tiene un poder excitante del tubo diges- 
tivo que, al cabo de unos cuantos dias de tomarlo, el enfermo experi- 
menta una sensación de bienestar después de la comida, excita de una 
manera muy notable el apetito, y lo considera en adelante como el único 
remi>dio para que pueda C(>mer como en estado fisiológico. Esto solo me 
decidió á usarlo en el tratamiento de ciertas dispepsias, como excitante 
del tubo digestivo, habiendo obtenido muy buenos resultados con su em- 
pleo. Pero si la dosis aumenta más de 50 centigramos, estos efectos no 
son tan marcados 

(Continuará.) 



REVISTA DE ALIMENTOS, 
POR EL Dr. Rodríguez Méndez, 

Catedrático de Higiene en la Facultad de Medicina de Barcelona, 



Plomo: wa presencia en les alimentos más usados.— Exceptuando al- 
gún varón recalcitrante, capaz de negar aun lo que toca, por el mero he- 
cho de ser moderno^ es indudable que la inmensa mayoría de médicos 



120 REVISTA DE ALIMENTOS, 

acepta de buen grado la posibilidad del envenenamiento, crónico de or- 
dinario, agudo por excepción, determinado por el plomo, que ha pene- 
trado en los alimentos cotidianos, ya partiendo de las vasijas en que se 
guardan, ya de los tubos que recorren, ya de los aparatos en que se pre- 
paran ó modifican, etc. Esta verdad científica, conquista de nuestros dias, 
ha sido corroborada por muchos hechos. Recordemos el célebre cólico 
seco, el de los países ccdienteSy el de Madrid, y apuntemos, entre los que 
más han contribuido á constituir este interesante cuerpo de doctrina, á 
Fordos, Bobierre, Boudet, Besnou, MayenQon, Bergeret, Fierre, Berge- 
ron, 1' Hote, Pouchet, Torres Muñoz, etc. 

En confirmación de lo ya sabido, y con el aditamento de nuevos ho- 
rizontes que se abren á la investigación, el reputado Armando Gautier 
ha leido en la Academia de Medicina de Paris (sesión del 18 de Noviem- 
bre último) una interesante Memoria, que titula: Sur Vahsorption du 
plomb par notre alimentationjournaliére. Ante todo debe decirse que, si el 
plomo no es el más temible de los venenos, en cambio su insidiosa ac- 
ción le dá una importancia de primer orden, especialmente si se repara 
en que estamos continuamente en peligro de absorverlo: papeles de las 
habitaciones, pinturas, vasijas estañadas, tintes y afeites, porcelana, 
vitrificados, utensilios de cristal, vestidos, alimentos y otros muchos. 

El trabajo de A. Gautier consta de varias secciones, cada una de las 
cuales merece se trate aparte, por sumaria que sea la exposición. Me 
ocuparé en primer término del procedimiento que dicho autor emplea 
para conseguirlo. 

Demostración^ dosificación,— ^o conceptuando Gautier seguro ningu- 
no de los basta aquí usados por lo que hace á las sustancias orgánicas, 
empieza por incinerarlas á baja temperatura, humedeciéndolas de cuan- 
do en cuando' con una mezcla de ácido nítrico (30 partes) y de ácido 
sulfúrico (1 parte). Hierve las cenizas con un exceso de hidrato de barita 
exento de plomo; las trata en caliente por el ácido clorhídrico puro di- 
luido en dos volúmenes de agua; las filtra, precipitando después en el lí- 
quido ácido mezclado con agua y mediante el hidrógeno sulfurado los 
metales tóxicos. Los sulfures formados se digieren con el polisulfuro de 
sodio para separar el estaño. Por ultimo, convertido el plomo en sulfa- 
to, se somete á la electrólisis y se le redisuelve sobre la lámina de pla- 
tino para dosificarle por el método ordinario. 

El preparador de Gautier, Pouchet, en vista de que los resultados no 
eran muy precisos, modifica el procedimiento hasta conseguir que las 
pérdidas de plomo se reduzcan casi á cero. Calienta las materias sospe- 
chosas con un peso igual de ácido nítrico fumante, añadiendo 25 por 100 
de sulfato potásico ácido. Terminada la efervescencia, consigue la des^ 
irucdon total de la materia orgánica, añadiendo un exceso de ácido 
sulfúrico á la masa, que calienta hasta la decoloración completa. Sin 
filtrarla, la diluye en el agua, y sujeta el licor ácido á la acción de cuatro 
elementos de Bunsen. Todo el plomo se receje sobre la lámina de platino 
del electrodo negativo. Se le redisuelve por el ácido nítrico, y se le pre- 
cipita y dosifica en estado de sulfato. 

Uno y otro procedimiento han sido empleados por Gautier. Mas cuan- 



REVISTA DE ALIMENTOS. 121 

do solo quiere averiguar la existencia del plomo en una soldadura ó en 
un estañado, deja caer en la superficie del objeto metálico dos gotas de 
ácido acético al décimo, que luego abandona á la evaporación. Toca en 
seguida la mancha con una solución de cromato potásico di centesimo, 
la seca y la lava con agua. El cromato amarillo de plomo obtenido está 
adherido al metal, no cambia de tinte al cabo de muchos dias y la man- 
cha puede conservarse como testimonio. Las aleaciones al 3 y aún al 2 
por loo de plomo dan una mancha persistente de cromato. 

Conservas vegetales. — Penetra en ellas el plomo sobre todo por la 
soldadura, aleación de estaño y plomo en la proporción de 10 á 60 por 100 
del último; en la hoja de lata solo ha observado 1 centesimo ó menos. 

Por término medio, hay en cada kilogramo de estas conservas guar- 
dadas en cajas de hojas de lata 2^5 miligramos (de O á 5). Parece que es- 
tas cantidades aumentan con la fecha de la preparación: 

Después de un año de conseryacion había 1*2 \ Medio de milígra- 
Id. de dos id. id. id. 2*1 > moa por kilógra- 

Id. de tres id. id. id. 4*2) mos. 

Sardinas.-^ Gautier cree que las grasas de este alimento y de la con- 
servación en cajas de lata disuelven con facilidad el plomo. En menos 
de un año habia de 20 á50 miligramos por kilogramo de pescado, espe« 
cialmente en los que se conservaron en aceite de olivas. Ha comprobado 
también la existencia de 36 miligramos por kilogramo ó 132 miligramos 
de oleato. La cantidad contenida puede llegar hasta 170 miligramos ó 
sean 624 de oleato por kilogramo. Es muy probable que estas cantida- 
des aumenten á medida que los aceites sean más rancios y ácidos y á 
medida que pase el tiempo. 

Hígado ^ro^o.— Parece que la acción disolvente de las grasas se de- 
tiene en cuanto la superficie se ha impregnado de sales plúmbicas, asi 
es que sólo ha obtenido 11^8 miligramos (43 de oleato) por kilogramo. 

Crustáceos. — La carne de un cangrejo de mar conservado hacia algu- 
nos meses en el Canadá ha dado un término medio de 27 miligramos 
de plomo por kilogramo. 

Carnes.— En las conservadas en cajas de hojas de lata con soldadura 
interior, Schutzenberger y Boutmy encontraron 80 miligramos á 1*48 
gramos de plomo por kilogramo de carne de buey. Gautier, examinan- 
do el buey de América moderadamente salado (com beef) encerrado en 
cajas de estaño absolutamente fino y consoldaduras exierioresy no ha vis- 
to ni vestigios del metal. 

il^Mapoeabfó.— Dice Gautier, después de examinar aguas que han 
permanecido más ó menos tiempo en tubos de plomo, que aquellas to- 
man, aunque estos se hallen incrustados por las sales calcáreas, alguna 
cantidad de plomo, si bien por lo general es muy pequeña. Esta canti- 
dad valia con la naturaleza de las aguas, aumentando á medida que son 
más puras, y con la aireación, que también la acrece, siendo por esta ra- 
zón muy peligrosas las de lluvia y destilada. Bobierre habia ya dicho 
que, exceptuando estas dos últimas, las aguas, en general, no atacan los 
recipientes de plomo de una manera sensible, á menos que la superficie 
metálica no esté alternativamente en contacto con el agua y con el aire. 

Balard, por su parte, ha probado que si en el agua aireada el plomo 



122 REVISTA DE ALIMENTOS. 

encuentra una sal, como el fosfato ó el carboiiato calcico, se forma una 
especie de pasta adherente é insoluble que evita el ataque ulterior! Pero 
si el agua es pura, ó el ácido de las sales no puede formar un com- 
puesto insoluble con el plomo (nitrato, acetato, formiato, etc.), la acción 
es enérgica. 

Gautier opina que es imprudente beber estas aguas cuando han esta- 
do en tubos, viejos ó nuevos; pero que su simple paso á través de ramas 
de 20 á 30 metros, es decir, tal como se reparten ordinariamente, no in- 
troduce cantidad apreciable del metal. 

Mayencon y Bergeret hablan dicho que todas las aguas disolvían el 
plomo, pero en tan exigua cantidad, que pueden reputarse como inofen- 
sivas. 

Aguas addulO'Carbónicas artificiaies. — Análisis recientes de Boutmy 
han probado que á veces las aguas llamadas de Seltz contienen grandes 
cantidades de plomo. Gautier lo confirma: ha encontrado hasta 436 mi- 
ligramos de dicho metal por litro. 

Bebidas y condimentos ácidos consei'vados en valijas de cristaL — 
Las botellas de cristal usadas son un silicato doble de potasio y plomo, 
conteniendo más de un tercio de su peso del último. Gautier ha demos- 
trado que el aguardiente, el vino y el vinagre disuelven el plomo de es- 
tas vasijas, si bien en pequeña cantidad, y por tanto con leve detri- 
mento. 

Vasijas estañadas.-- En Inglaterra se bebe la cerveza en vasos de es- 
taño; en los hospitales civiíes de París los vasos de estaño tienen un 
10 por 100 de plomo como cantidad legal; en los militares el 5 por 100. 
Fordos habia ya demostrado que, aún en estos últimos, la cantidad de 
plomo disuelta por las bebidas acidas puede ser dosificada, y por tanto 
peligrosa. 

De sus experimenlos concluye Gautier que deben tomarse precaucio- 
nes contra esta invasión general del plomo, cuya presencia en ciertos 
alimentos, especialmente en las grasas y carnes, puede ser muy te- 
mible. 

Empeñada la discusión acerca de esta Memoria, hablaron: Larrey del 
pánico que podian producir las conclusiones de Gautier; Leroy de Meri- 
court de la rareza de los cólicos de plomo en la marina, á pesar de usar- 
se mucho las cajas de conservas, sobre todo de pescado, atribuyendo las 
dolencias consecutivas á la ingestión del atún conservado en dichas ca- 
jas á la presencia de las ptomaínas; Chatin de que hoy, en virtud de las 
prescripciones de la autoridad, las soldaduras se hacen exteriores; Ro- 
chard de la falta de envenenamientos que se nota en las poblaciones que 
fabrican estos productos, comiendo de dichos alimentos en gran canti- 
dad; de la inocuidad de las aguas de París, que son muy puras y ade- 
más sufren la electrólisis producida por la yuxtaposición de los metales 
en su circuito, y de que el peligro le parece únicamente teórico; Lefort 
añade que las cucharas de estaño de que se sirven los campesinos y en 
las cuales entra una gran cantidad de plomo no han merecido reproche 
alguno por lo que atañe á su acción tóxica. 

A estos argumentos Gautier responde: que él no ha pretendido en 



LOS BflCRÓFITOS DE LA SANGRE. 123 

manera alguna apoyaren pruebas químicas la demostración tantas ve- 
ces hecha del peligro de absorver plomo, aún á disis pequeñas; que no 
ha intentado hacer que se rechacen las conservas Appert, toda vez que 
presentan más ventajas que inconvenientes, pero que vaidrian más si 
fuesen menos plumbíferas; y que insiste en que deben tomarse precau- 
ciones para evitar la introducción del plomo en nuestros alimentos. 

Gengihre: esencia. -Independien tómente de su acción terapéutica, la 
esencia de gengibre reemplaza hoy, á título de condimento, al vegetal 
de que se extrae. Se conocen dos aceites esenciales; el inglés, que se ob- 
tiene en la proporción de 1*25 por 100 de gengibre y que Tresh ha con- 
seguido á fines del año anterior destilando el extracto etéreo; y el ale- 
mán, obtenido por destilación directa, en la de2'2 por 100. Este es más 
oloroso; pero el perfume de aquel, diluido en una gran cantidad de lí- 
quido, y procedente de la Jamaica, es mayor. El alemán tiene una densi- 
dad de 0'9004 á im c, y el inglés deO'883 ál7 c; Hanbury y Flückiger la 
calculan en 0^878 y Gmelin en 0*893. El poder rotatorio del último es 
a=— 2*«0; y del otro— 35*75; Flückiger ha encontrado— 2106. Ambas 
esencias contienen sobre todo un hidrocarburo C^ H^^, siendo isomé- 
rico el del alemán. 

£1 sabor es aromático y no acre; su consistencia, mayor que la délas 
esencias ordinarias, se parece á la del aceite de almendras dulces. Es 
poco soluble en el alcohol rectificado, pero lo es en todas proporciones 
en el éter, cloroformo, benzol, sulfuro de carbono y ácido acético crista- 
lizable. Abandonada al aire, enrojece el papel de tornasol. Absorve el oxí- 
geno atmosférico, y en poco tiempo es capaz de poner en libertad el iodo 
del ioduro potásico. 

Expuesta largo tiempo al'aireen una extensa superficie, deja un re- 
siduo blando, resinoso. No hay cristales cuando se la coloca en una mez- 
cla refrigerante. £1 ácido sulfúrico la disuelve, dándole un color rojo de 
sangre; el agua precipita este liquido y separa una materia oscura que 
huele á trementina. Una mezcla de ácido nítrico fumante y de esta esen- 
cia hace explosión; con el*ácido nítrico ordinario toma un rolor rojo, 
después azul y más tarde púrpura. 

Sometida á destilación, la parte más volátil contiene el principio 
oloroso (muy probablemente un compuesto oxigenado); en la esencia 
que destila se encuentra cimeno, sobre todo en la porcioa que destila 
por bajo de 16^. La esencia en bruto contiene una pequeña cantidad de 
ácido fórmico y de ácido acético. 



IOS MICROFITOS DE lA SANGRE Y SUS RELACIONES CON LAS ENFERMEDADES/*) 

POR Timoteo Richard Lewis. 



Como Koch, el Dr. Ewart observó ya que las ratones pueden ser ali' 
mentados con fragmentos de tejidos enfermos, ¡carbünculosos, mezcla* 



(i) Gonthiaacion.- Véanse los números 25, 26.y 27. 




134 LOS MiCRÓFrros de la sangre. 

dos con sus alimentos habituales, sin inconveniente alguno, y que en 
el canal alimenticio de dichos animales pueden hallarse los esporos á 
punto de desarrollarse en bastoncillos y en filamentos. En vista de la 
última observación, bueno fuera que las personas competentes, ocupa- 
das en trabajos microscópicos, 
c:> c:,*^^^''^^'*"^ se fijaran en si es posible distin- 

guir estos pequeños cuerpos 
brillantes, de las innumerables 
molécu as, también brillantes, 
que se encuentran en el canal 
« - . -^ ,1 -. » * M, *u , intestinal de todos los animales. 

Plr* n. BaeeíOm» anthraei*. BimIodoUIm que «oft-en U Mgm«DU- 
eienproIoBgáadoMe&fomudefllamt&tof. (EwArt). EU COntra dC lOS rCSUltadOS 

hasta aquí obtenidos y publica- 
dos por otros observadores, que dicen que el virus específico de la fiebre 
esplénica es el BoccUIiíb anthracis, el Dr. Ewart hace notar que los bas- 

toncitos no se hallan del todo privados de 
movimiento, sino que al contrario, en cier- 
tas fases los muestran muy activos, de suer- 
te que á ser cierto desaparecería el argu- 
mento más sólido que hasta ahora se había 
presentado para considerar, estos organis- 
mos como una especie particular (1). 

n9.28.pusiMntoiprodi>cieiidoe«porefl,7e8po. El Dr. Ewart ha obscrvado asimismo 
rottrMfoniiindo.eeDbutoooiuoc gug |qs BaccHH dc la ficbrc cspléníca en los 

conejitos de Indias difieren en tamaño de 
los cuerpos semejantes que se han hallado en los ratones, siendo los 
Bacciliiáe. los primeros de mayor longitud que los de los últimos. Se ha 
admitido también el hecho de que los Baccilli y sus esporos mueren des- 
pués de haber sido hervidos por espacio de dos minutos, volviéndose el 
líquido enseguida completamente inerte. Igual resultado se obtiene so- 
metiendo el líquiJo á la presión de doce atmósferas de oxigeno (2). 

Considerando la situación en que los partidarios de la doctrina emi- 
tida en favor de la teoría de los gérmenes, han sido colocados última- 
mente por sus antagonistas, los hechos relativos á la instabilidad de los 
esporos no serán bien acogidos, tanto más habiendo sido suministra- 
dos por uno de los más ardientes partidarios de la teoría de los gér- 
menes. 

Hace pocos años, Pablo Bert manifestó haber adquirido la certidum- 
bre de que el oxígeno comprimido mata rápidamente todos los organis- 
mos vivos y desorganiza los tejidos. En las investigaciones que llevó á 




(1) Cuando estaba ya escrito el presente trabajo, he sabido que A. Frisch ha- 
bla observado en tres ocasiones movimientos en los bastoncitos deL Baccillu» an- 
thracis de sangre obtenido inmediatamente después de la muerte de lus animales* 
¡Centralblatfür die vissensch, Mediciny 7 de Abril de 1877, pái?: 247). 

(*2) Escrito esto ha aparecido en los Comptea rendus del 15 de Julio de 18''8, una 
nota que confirma esta obs^ervacton. Feltz ha observado que el oxigeno com- 
primido, empleado durante un periodo largo, mata ios génnenes, lo mismo que los 
vibriones de las soluciones sépticas. 



LOS MICRÓFIT03 DE LA SANGRE. 125 

cabo, fijóse muy especialmente en los fermento», habiendo reconocido 
con satisfacción, que los fenómenos de fermentación que dependen de 
los organismos vivientes, son inmediatamente suspendidos cuando se 
les somete á esta influencia, mientras que las fermentaciones referen- 
tes á materias en solución, tales como la pancreatina, la diastasa, la 
mirosina, la emulsina, etc., no son en manera alguna afectadas. 

Puso entonces su atención en algunos venenos segregados por los 
animales, ya en estado de salud, ya de enferme Jad: la secreción veneno- 
sa del escorpión, la sustancia de la vacuna, etc. (i) 

El veneno del escorpión, cuando es liquido ó está desecado y luego 
disuelto de nuevo en el agua, resiste á la acción del oxigeno comprimido, 
lo cual se comprende teniendo en cuenta que debe su actividad á una 
sustancia química, idéntica á los alcaloides vegetales. El líquido fresco 
de la vacuna fué sometido durante una semana á la acción del oxigeno 
comprimido, sin que perdiera ninguna de sus propiedades. £1 pus ob- 
tenido en un caso de muermo, sometido á igual operación, mató rápi- 
damente á un caballo á quien se habla inoculado. Bert dedujo de estos 
experimentos, que el principio activo de la vacuna y del muermo no se 
compone de seres ó de células vivientes. 

Expuso luego sangre procedente de un caso de fiebre esplénica (que 
contenia gran número de Baccilli), á la acción del oxigeno comprimido, 
y observó, que aunque la sangre había sido colocada en capas muy del- 
gadas, había conservado intactas sus propiedades virulentas; en prue- 
ba de ello pudo matar varios conejos de Indias inoculados los unos con 
la sangre de los otros; pero no se hallaron en ellos los Baccilli, 

Sometió también sangre carbunculosa, que con tenia numerosos Bac- 
ciUi^ á un examen aún más detenido. Añadió alcohol absoluto, gota á go- 
ta y con suma prudencia, hasta que el volumen del primer líquido fué 
cuadriplicado, filtrando luego la mezcla. £1 coagulo, bien lavado en el 
alcohol, fué secado con rapidez en el vacío. Un fragmento de dicha sus- 
tancia desecada fué introducido bajo la piel de un conejito de Indias, el 
cual murió en menos de veinte y cuatro horas. La sangre extraída de 
este animal produjo iguales resultados en otro conejito y en un perro. 
Las inoculaciones fueron hecnas de un animal á otro, sin que la sangre 
virulenta de ninguno de ellos contuviera Baccilli. 

Bert fué todavía más léjo^;. Preparó una solución líquida (por agota- 
miento) con el precipitado alcohólico; aseguróse de que dicho líquido con- 
tenia el principio activo (pues añadiendo más alcohol se pudo cojer un 
precipitado en copos blancos), é inoculó con él á tres conejitos. Dicha 
operación había, sin embargo, di^iminuido la virulencia de la materia; 
la inoculación no fué eiicaz después del tercer animal, hallándose la sus- 
tancia muy débil para matar un perro. 

Bert deduce de estas observaciones que en la fiebre esplénica, la 
sangre contiene un principio tóxico y virulento, que rnsiste á la acción 
del oxigeno comprimido, y que puede ser aislado de igual manera que 
la diastasa. 

Estas observaciones fueron publicadas bajo una forma compendiada 



(l) Comptes rendus, t. LXXXIV, pág. 1130, Mayo 1877. 




126 LOS MICRÓFITOS DE LA SANGRE. 

antes de ser sometidas á la Academia (i). Pasteur apoderase en seguida 
del tema, pero no poseyendo grandes conocimientos en Medicina ni en 
Veterinaria, se asoció con Jouhert, del Colegio Rollin, á fin de estudiar 
mejor la cuestión. Su trabajo, hecho en colaboración (2), fué publicado 
pocas semanas antes de conocerse los detalles de los experimentos de 
Bert. Seguramente contribuyeron á la publicación inmediata de la obra 
de este autor. 

Tomaron sangre carbunculosa é hicieron gran número de culturas, 
trasplantándola de vaso en vaso ó de un animal á otro. Fuera del cuerpo, 
descubrióse que casi todos los líquidos, propios para alimentar los pe- 
queños organismos, convenían para la cultura de los BacciUiy siendo 

uno de los mejores y más fácil de obtener puro, la ori- 
f9 ^ na neutralizada ó bien hecha alcalina. De esta manera 
9 fj los autores aseguran que pueden prepararse BacciUi 
/S>- tóxicos por kilogramos y al cabo de pocas horas. Siem- 
pre que la sustancia habia sido filtrada, el líquido era 
n«.i*.iiP»toi«tt aigu. ¿el ^Q¿Q inofensivo, aun tomando de 10 á 24 gotas, 

KM bMtoneiUofl > 

mientras que una sola del líquido no filtrado era suma- 
mente peligrosa para el animal inoculado. De aquí dedujeron que los 
organismos habían quedado en el filtro, siendo ellos solos la causa de 
la muerte (3). 

Esta memoria fué seguida de otra, publicada en Julio de 1877 (4), 
memoria hecha por los mismos autores, en la cual refieren que, habien- 
do repetido los experimentos de Bert, observaron que este estaba en lo 
cierto en lo relativo á la destrucción de los BacciUi y á la propiedad tó- 
xica hasta cierto grado de la sangre carbunculosa sometida á la acción 
del oxígeno comprimido, aún á presión mediana; pero que cuando los 
BcLccüli han formado esporos, resisten al calor del agua hirviendo, á la 
acción prolongada del alcohol absoluto y también á la influencia del oxí- 
geno comprimido (diez atmósferas durante veinte y un dias). 

(Se continuará). 




(i) Comptes rendu9 de la Société de Biologié, Enero, 1877. 

(2) Comptes rendus, t. LXXXIV, pág. 900.— Abril, 1877. 

(3) Un resultado semejante fué obtenido por Onimus, pero la interpretación 
que le dio es del todo distinta. Observo que si la sangre, de un buey, de un caballo ó 
de una persona afecta de ñebre tifoidea, se coloca en un dialisador, y se sumerge 
este último en agua destilada á 35^ C, aparece una prodigiosa cantidad de organis- 
mos, idénticos en apariencia á los dd la sangre infectada. Pero, mientras que los 
animales que habían sido inoculados coa una gota de la sangre contenida en el 
dialisador, morían en poco tiempo, los que hablan sido inoculados con la materia 
dialisada (la que contenia siempre numerosos organismos) no eran infectados. Ob- 
túvose igual resultado sometiendo aun tratamiento semeja ite la sangre infectada 
de un conejo. Onimus deduce de e^to que la materia venenosa es una sustancia al- 
buminoidea y por consiguiente no diaiisable. CBullftin de VAcadeniie de Medicine, 
Marzo, 1873, citado por Kobin en sus Legons sur humeurs, pág. 251, 1874). Ciementi 
y Thin, Schmitz, Bergmann y otros han obtenido resaltados más ó monos idén- 
ticos. 

(4) Comptes rendusy LXXXV, pág. 101. 



NOTICIAS CIENTÍFICAS. d27 



NOTICIAS científicas. 



Soluciones de clorliidrato de morfina. —Hoy que se usan tanto las 
soluciones ie esta sal á grandes dosis, es interesante conocer las obser- 
vaciones de O. Hesse (Annalen der Chimie). 

Menos soluble en el alcohol que en el agua, la solución de clorhidrato 
de morfína ofrece la si^^^uieute particularidad: si se calienta una mezcla 
de 1 parte de la sal y 20 de alcohol fuere, se disuelve aquella instantá- 
netmente, pero casi á seguida cae al fondo del vaso una masa cristalina 
y granujienta; enfriándose, todo el liquido se solidifica, y se llena de una 
masa de ñna^ agujas enti ecruzadas, que son clorhidrato de morfina or- 
dinario, pero sin agua de cristalización. Calentando de nuevo estos últi- 
mos cristales, se redisuelven. 

Con el espíritu de madera ocurre lo mismo, sin otra diferencia que 
ser más abundantes estos cristales, sobre todo después de algunas horas, 
que con el alcohol ordinario. 

Este clorhidrato es muy poco soluble en el alcohol hirviendo; sus 
cristales derivan del prisma romboidal recto. F^l agua le transfoima en 
clorhidrato hidratado ordinario; es soluble en 51 veces su peso de alco- 
hol metílico puro á ir»^ — (Rodríguez Méndez.) 

Cálculos Tosicales en la znt^er: extracción.— En The Texas Med. 
and Surg. Record, dá á conocer H. fiarry, un procedimiento para la ex- 
tracción de los cálculos vesicales en la mujer, que aunque no lo acom- 
pañe de casos clínicos y de resultados prácticos, por no haber tenido 
ocasión de emplearlo, no por eso se recomienda menos, asi por su fácil 
ejecución, como por los escasísimos inconvenientes que consigo lleva. 
Consiste en introducir en la uretra de la mujer una esponja preparada 
del mismo modo que se hace para dilatar el cuello del útero: por este 
medio, es fácil obtener una dilatación de la uretra, suficiente para sa- 
car cálculos de volumen ordinario ú otro cuerpo extraño cualquiera, 
con la notable ventaja de que la uretra se retrae otra vez y el esfínter 
vesical recobra sus propiedades contráctiles, de modo que no hay que 
temer los accidentes de una incontinencia consecutiva. 

Este procedimiento, sencillo y altamente práctico, le fué sugerido al 
Dr. Barry por una mujer casada, que deseando no tener hijos y creyen- 
do que se habia hecho embarazada, intentó provocar el aborto introdu- 
ciéndose una esponja preparada, y como no fuese muy práctica en aque- 
llas regiones anatómicas, se la colocó en la uretra en vez de introducirla 
en el útero. Al querer retirarla no la encontró, llamando al Dr. Barry 
para que se la extrajese, quien después de un examen detenido la ase- 
guró que no existia tal esponja: la mujer le indicó entonces el sitio en 
que creia haberla introducido, resultando que la uretra estaba dilatada, 
de modo, que Barry pudo introducir su pulgar é índice dentro de la ve- 
jiga y extraer cómodamente la esponja, que la mujer en sus tentativas 
de extracción, habia introducido por completo dentro de la cavidad. La 
uretra recobró pronto sus condiciones normales. — (Fargas.) 

Hernia diafragm ática.— El Dr. Foucras {VEscalpel) ha tenido oca- 
sión de observar en su práctica un enfermo que, á consecuencia de una 
compresión violenta sobre el tórax, determinada por la caída desde un 
árbol, sufrió una hernia del lado izquierdo del pecho á través del diafrag- 
ma, cuya lesión fué comprobada por los datos estetoscópicos. A los diez 
años el enfermo falleció repentinamente, encontrándose én la autopsia 
que el abdomen y tórax del lado izquierdo formaban una sola cavidad en 
la que habia los órganos de ambos.— (Formiquera.) 



128 8BCC1QN OFICIAI^. 

Pildoras anticloróticas.— Para combatir los estados cloro-anémicos 
empleo la siguiente preparación, que hasta el presente no ha defraudado 
mis deseos y esperanzas: 

Lactato ferroso 2 gramos. 

Carbonato inanganoso .60 ce.itigramos. 

Extracto de taraxacon 1 gramo y medio. 

Polvos de nuez vómica 50 centigramos. 

M. S. A. y H. treinta pildoras iguales. 

Para tomar una en cada comida.— (R. RovraA). 

Muerte por la estricnina —Hasta aquí se ha supuesto que la estric- 
nina mataba por asfixia, obrando primero sobre el sistema nervioso cen- 
tral, y después, mediante dicho efecto, sobre ios movimientos respirato- 
rios. Habiendo observado Richer que, aun practicando lá respiración 
artiñciai, seguia negra la sangre de las arterias, ni más ni menos que 
ocurre en los tetánicos, deduce, que si bien la muerte es causada por la 
asfixia, esta es doble, debiéndose tanto á la falta de movimientos respi- 
ratorios, como al exceso de anhídrido carbónico que se desarrolla durante 
las enérgicas contracciones musculares que tienen lugar. — (Rodríguez 
Méndez.) 

Hemoptisis apirática en los tuberculosos: tratamiento. — Si la 
hemoptisis no es muy intensa, Jaccoud (Le PraticienJ aconseja adminis- 
trar una poción con 2 á 4 gramos de extracto de ratania, ó con 30 gotas 
de percloruro de hierro y mejor aún, con 1 ó 2 gramos de ácido tánico. 
Si la hemorragia no se detiene después de 48 horas, hace aplicar por la 
mañana y por la noche, ventosas secas en número de 30 á 40 sobre las 
paredes torácicas; aplicando al mismo tiempo un vejigatorio en la parte 
anterior del tórax, y administrando, cada media hora, una pildora de 
2 centigramos de extracto tebaico, que se suspenden cuando se ha lle- 
gado al narcotismo. 

Si por su abundancia la hemorragia es alarmante, pueden practicarse 
inhalaciones de percloruro, de hierro al Vioo ^ pulverizaciones, durante 
8 á 10 minutos. Sin embargo, el medio preferible, son las inyecciones hi- 
podérmicas de ergotina practicadas con la preparación siguiente: 

Ergotina (1) 1 gramo. 

Glicerina 4 i 

Agua destilada 4 » 

Agua de laurel cerezo. ... 2 » 

Para practicar con la jeringuilla de Pravaz, 2 ó 3 y en algún caso 
4 inyecciones durante el dia.— (Formiguera). 



^^^^^^^A^«^^^h^^*^k^t^h^^^MV«#^#^^^»^f^f^W^*^^^»^*V^>^^^^^^'VM^^>%^^»^V^^ 



SECCIÓN OFICIAL. 



Inspectores generales de Instrucción pública. — Real decreto de 10 de 
Febrero de<*Jarando cesantes, por supresión del destino, á los Sres. D Antonio 
Aguijar Vela, D. Juan Magaz y Jaime, D. Vicente Barrantes, D. A fredo Adolfo 
Ga iiús y D. JoHqiiin de Palacios y Rodríguez Gaceta del il de Febrero. 

Cólera morbo — Orden del 11 de Febrero, declarando limpias, á partir del 
24 de £neris las procedencias de la isla de Java y del canal de la Sonda (Occea* 
nía.— /cf. 13 id. 



(1) El periódico Le Praticien no indica quédase de ergotina debe emplearse. 
Supongo V daio caso de que no sea asi, aconsejo, usar la llamada de Bonjean ó ex- 
tracto acuoso de cornezuelo. En algún caso que la he empleado ha surtido uu efecto 
relativamente satisfactorio; en otras no ha producido ninguno. 



1.^ 



Tomo II. Húm. 5. 15 Marzo d« 1882. Año II. Núm. 29. 



Gaceta Médica C atalana. 

SUMARIO: Aneurisma de la IKaea externa, por D. Alfredo Opiado. —El bicarbonato de sosa y 
la amigdalitis, por D. Felipe Marsarit— Contribución al estudio del ácido salicilico y sus 
compuestos, en particular del sallcilato sódico, en el tratamiento del reumatismo, por D. M. 
E. Moré y Bar^it (continuación).— Anatomía de los centros t erviosos, por D. M. A. Par- 
*•• Roe» (continuación).— Revista de Farmacia, por el Dr. D. «onsalo V*or mi caerá. 
—Revista critica bibllográaca, por el Dr. D. Federico €a«tell« Balleepi.— Los micró- 
fltos de la sangre y sus relaciont^s con las enfermedades, por el Dr. T. Rieiiard I«ewi» 
(continuación).— NOTICIAS CIENTÍFICAS: Sociedad farmacéutica española.— Dispepsia fla- 
tulenta: tratamiento.— Contracturas post-mortem — Estadística demográfico-sanltaria (mes 
de Noviembre de 1881), por D. «I. Cebeira.— Quemaduras: tratamiento.— Cuerpo vivo en el 
estómago.— Sección oficial,^ Publicaciones recibidas. 



ANEURISMA D£ LA ILIACA EXTERNA, 
POR ü. Alfredo Opisso. 

Muévenos á publicar la pi*esente observación clínica tan sólo el deseo 
de contribuir, dando noticia de un nuevo caso, á la estadística de los 
aneurismas de la iliaca externa. Por otra parte, la marcha que siguió y 
los síntomas primeros y últimos que presentó la enfermedad, harán tal 
vez que esta relación no carezca de interés hasta cierto punto. 

Trátase de un sugeto de 52 años de edad, de tempei*amento linfático, 
idiosincrasia biliosa y mediana constitución. Rabia pasado su juventud 
en las Antillas dedicado el ejercicio de )a Medicina, contrayendo allí un 
infarto hepático y con el una dispepsia amilácea. 

Empezé yo á visitai*le hará unos tres años, siempre por catarros gas- 
tro-intestinales, fácilmente corregibles, hasta que en Mayo último me 
mandó llamar aquejando un fuertísimo dolor en la región sacro -coxijea, 
que c.só con unturas de cloroformo gelatinizado Como aldia siguiente 
se presentase alguna diarrea procedí á reconocer el abdomen, y con estra- 
ñeza noté en la fosa iliaca izquierda un tumorcitode dos centímetros de 
diámetro, aplanado, indolente, duro, como fibroso, móvil, no pulsátil y 
evidentemente intra-cavitario. Advirtiendo el enfermo mi observación^ 
me dijo que hacia muy pocos dias habia reparado también en ello, pero 
que no le habia causado dolor alguno, ni podia atribuir su producción á 
causa ninguna conocida. Como dicha induración estaba situada en el 
trayecto de la ilíaca extei*na, me creí con derecho á suponer una infil- 
tración calcárea, reservándome explorar convenientemente el vientre 
para llegar á la precisión deseada. 

Por desgracia no pudo ser asi. El enfermo -médico, harto impacien- 
te y sobradamente imbuido en la preocupación de que todo su mal era 
un reumatismo, sin consultarme, se fué á tomar los baños de Caldas de 
Monlbuy, en número de nueve. Volvió de allí algo aliviado al parecer, 
pero era visible su desmejoramiento. Por Setiembre, guiado también 
por sus peculiares fantasías, fuese á las aguas de Vichy, que dijo le pro- 
baron mucho, pero al regresar experimentó una violentísima emoción 
por haberse despenado parte del tren en que iba, ocurriendo un sinnú- 



i30 ANEURISMA DE LA ILIACA EXTERNA. 

mero de desgracias. Siendo él de natural pusilánime, la impresión que 
le causó tal accidente hubo de ser de las más trascendentales. 

Llegó áésta á mediados de Noviembre muy quebrantado de ánimo, y 
á los pocos dias me mandó llamar por haberle acometido de nuevo aquel 
vehemente dolor en la región sacra, pero que esta vez se remontaba 
hacia la lumbar. Deseoso yo de averiguar hasta qué punto podia rela- 
cionarse dicho dolor con el tumorcito que habia notado seis meses antes, 
quedé bastante sorprendido al encontrarme con el violento latir de un 
tumor, que apenas. podia abarcarse con toda la mano, aunque bien cir- 
cunscrito, dotado no solamente de movimiento de elevación, sino que 
también de expansión suma, de sonido macizo á la percusión é indolen- 
te. Todo lo comprendí, explicándome aquel indescriptible dolor lumbo- 
sacro por la compresión de los ganglios lumbares y sacros del gran sim- 
pático, como observó Richet en un caso análogo. 

Tratábase de un voluminoso aneurisma de la ilíaca externa, faltando 
sólo apelar á la auscultación para robustecer más la certeza del diagnós- 
tico. Conociendo empero el natural caviloso y aprensivo del enfermo no 
juzgué de pronto muy acertado insistir en el reconocimiento del tumor, 
pero al manifestarle á la esposa del paciente la gravedad y naturaleza de 
la dolencia, me comunicó la noticia de que después de haber experimen- 
tado el fuerte susto del tren, fueron á Montpeller á ver á M. Courbal y 
que en ausencia de éste^ su suplente M. Roustan, le habia dicho que su 
mal era un €tumor de sangre» en el vientre, ignorando fuese médico el 
consultante. Tan profunda fué la impresión que le produjo la fatal nueva, 
que súbitamente se le desarrolló en las paredes del pecho y abdomen 
una erupción vesiculosa. 

Calmóse el dolor lumbar como otras veces con el cloroformo, que 
hube de emplear por negarse rotundamente el enfermo á que se le prac- 
ticase ninguna inyección hipodérmica, pero recrudeció extremadamente 
por la noche. Celebróse junta ala mañana siguiente y se acordó la apli- 
cación toco dolenti de algunas sanguijuelas, medio aconsejado en seme- 
jante caso por el ilustre Vienes Oppolzer, sintiéndose libre el paciente 
de aquella suma incomodidad, durando la mejoría todo aquel dia (25). 
Interiormente tomó unas pildoras de acetato neutro de plomo, que usa- 
ba hacia algún tiempo, y se le dispuso la dieta animal liquida. 

Por la noche el enfermo empezó á experimentar continuas lipotimias 
y algún síncope, presentándose también algunos espasmos, especialmente 
de los miembros y los globos oculares; al mismo tiempo se encontraba 
afectado de un estado de congoja imposible de describir. Era notable la 
decoloración y la frialdad marmórea de toda la periferia. El pulso apenas 
si podia decirse que fuese filiforme. Probablemente dependían todos esos 
síntomas de múltiples isquemias. Por último, se pudo conseguir con 
enérgicos revulsivos y anti-espasmódicos que cesase aquel estado de an- 
gustia y el enfermo durmió. 

El dia siguiente, 26, hubo anuria, pero, por lo demás, lo pasó tran- 
quilamente, pareciéndole haber salido de una pesadilla. El 27 se mostró 
muy animado por la mañana y comió algo, restableciéndose la micción, 
pero á las 5 de la tarde quedó instantáneamente cadáver. Era evidente 
que se habia roto el saco aneurismático. 



ANEURISMA DE LA ILIACA EXTERNA. 1Í31 

Si bien se examina, este caso presenta algunas particularidades de 
cierto interés. Excepto el enflaquecimiento, faltaron síntomas generales, 
inclusos los que derivan del sistema circulatorio. En cambio, los de 
vecindad fueroq bastante precoces, refiriéndonos á la neuralgia sacro- 
lumbar de que hemos hecho mención. Tampoco hubo edemas, disnea, 
palpitaciones, vómitos, ni otros trastornos consecutivos que suelen 
presentarse en los aneurismas de que tratamos. 

El curso fué de los más rápidos, pues siendo, según Lebert, el pro- 
medio de su duración de 15 á 18 meses, solo tardó seis en recorrer la dis- 
tancia entre el principio y el fin. Hasta el tercer diá antes de su muerte 
no se quejó el enfermo de dolor alguno en el punto afecto, por más que 
presentase neuralgias vecinas. 

Respecto á la patogenia del mal, creemos que puede explicarse por la 
infiltración calcárea de la iliaca externa, punto de partida después del 
cual vino el reblandecimiento de la pared vascular y como consecuencia 
la dilatación parcial de la arteria, cuya teoría es la admitida por BilN 
roth en semejantes casos, aunque en opinión de Broca los aneurismas 
por dilatación se desarrollan sin ateroma previo. 

Oscura se presenta la etiología, pues no podemos invocar la influen- 
cia del alcoholismo, ni la del frió y humedad, ni el artrítismo, ni el reu- 
matismo, ni la sífilis. Si como cree R. Virchow ciertos estados caquécti- 
cos, resultado de la edad, pueden ocasionar una degeneración grasienta 
ó calcárea de las paredes arteriales, digamos que nuestro enfermo habia 
parecido siempre un viejo, con todo y ser aun joven, no siendo de extra- 
ñar que las consecuencias de una senilidad anticipada hubiesen determi- 
nado un mal propio de la vejez. Contamos también, como factores del 
precipitado fin que tuvo la dolencia, el uso de los iDaños de Caldas, el 
susto del tren y la emoción experimentada al descubrirle el médico fran- 
cés la enfermedad de que estaba poseído. 

¿A. qué hablar de tratamiento? Temeridad hubiera sido intentar ope- 
ración cruenta alguna, dada la extenuación física y moral del paciente; 
no son por lo demás muy halagadoras las estadísticas de las ligaduras 
de la iliaca primitiva para remediar aneurismas de la ilíaca externa, 
puesto que dan un 78 Vs P^^^ ^^ ^^ mortalidad general. Era además se*- 
guro que el enfermo jamás hubiera consentido en ello. Respecto á lá 
compresión digital solo produce la difusión del aneurisma. Las aplica- 
ciones del calórico han resultado ineficaces y el éxito, único, debido al 
uso del hielo, exigió su empleo constante durante dos años seguidos. Era 
en nuestro caso vano empeño el de oponerse á la catástrofe que amena- 
zaba y asi nos contentamos con dejarle al uso de las pildoras de acetato 
neutro de plomo que le hablan sido prescritas en esa por dos famosos 
médicos, que aunque no diagnosticaron el padecimiento, parece que 
tampoco dejaban de sospechar pudiese ser un aneurisma. Excusado pa* 
recerá decir que el plomo no produjo efecto alguno. Si algo se desprende 
de todo lo dicho creemos que puede reducirse á lo siguiente: 

1.* Presentóse el aneurisma afectando la forma de un pequeño tu^^ 
mor de dureza cartilaginosa, la cual desapareció después, persistiendo 
durante todo el curso del mal, con raros intervalos, la coxigodinia y el 
lumbago acusados desde un principio. 



i32 EL BICARBONATO DE SOSA Y LA AMIGDALITIS. 

2.° Nada ofreció de anormal el sistema cardio-vascular tuera del 
punto afecto. 

S."" Debido seguramente al uso intempestivo de los baños de Caldas 
de Montbuy y á dos violentas emociones, dilatóse rápidamente el saco 
aneurismático. * 

4.** Predominaron á última hora los síntomas isquémicos y del gran 
simpático. 

5.^ La patogenia se explica por un proceso ateromaloso, debido tal 
vez á la forma senil de las particularidades plásticas y morfológicas del 
paciente. 

6.° El tratamiento hubo de ser sintomático, aunque tal vez con algu- 
nas más precauciones higiénicas desde un principio, quizás hubiese po- 
dido demorarse el fin. 

Tarragona 2 Febrero 1882. 



EL BICARBONATO DE SOSA Y LA AMIGDALITIS, 
POR D. Felipe Margarit. 

Se ha publicado en el número 42 de la Independencia Médica, del cur- 
so actual, un articulo confirmando las abortivas y curadoras propieda- 
des del bicarbonato de sosa en las anginas. Su autor, que es el mismo 
que en tiempo pasado dio á conocer esta aplicación del bicarbonato, en- 
comia de nuevo sus virtudes; y lo hace esta vez, arramblando con todas 
las observaciones que se han publicado desde que insertó su articulo en 
el Siglo Médico (40 Mayo 4884), que suman la cantidad de 45 casos, se- 
gún sus cuentas. 

Está de más el decir, que es un número insignificante, para estable- 
cer la superioridad de una medicación, quince casos; pues el mismo ar- 
ticulista al final de su escrito dice: «¿Qué son, pues, dos ó tres docenas 
de hechos para convencer, sin género alguno de duda, de la acción be- 
néfica del bicarbonato en las sobredichas afecciones? Después de estas 
lineas, parece excusada una palabra más sobre esta medicación; pues su 
mismo defensor aún duda de sus efectos, atendido que estos casos por 
él observados, no han sido todavía suficientes para llevar la seguridad á 
su ánimo. 

Pero como elDr. Armangué, que es el autor de este artículo, me ha 
hecho el honor de ocuparse de varias indicaciones que habia hecho, en 
otro por mí publicado en la Gaceta médica catalana, sobre el mismo 
asunto, me veo obligado á contestarle, para decirle que su nuevo escri- 
to no demuestra lo que intenta probar. 

Examinando el último artículo del Dr. Armangué, se verá que se 
puede reducirá tres partes: una, destinada á exponer unos quince casos 
clínicos; otra, á criticar una historia clínica, por'ml publicada como par- 
te del artículo de que ya he hecho mención, y otra en que se desdice de 
las conclusiones establecidas en su primer escrito. 

Qué diré de sus 45 historias clínicas? Que no se ha corregido de los 



EL BICARBONATO DE SOSA Y LA AMIGDALITIS. 133 

defectos en que incurrió en su primer artículo: la misma confusión en 
las descripciones, la misma vaguedad en los términos, y la misma falta 
de detalles déla región afecta. Cree que decir de ios hijos del Dr. Giné, 
«ambos tienen las amigdalas abultadas, pero no tanto que lleguen á mo- 
lestarlos:i» se formará clara idea, el que leyere su artículo, de qué tem- 
peramento tiene; cómo tiene conformada la garganta; qué variaciones 
presentan las amígdalas en su estado agudo ó en su periodo crónico; los 
antecedentes de familia; los caracteres que presentan al tacto; si hay se<* 
crecion y qué aspecto tiene esta. 

Pues bien, si esta historia, que es la más detallada, tiene estos defec- 
tos; ¿que diréde la que trata de una joven que dice es dismenorreica, sin 
expresar su causa probable; y que establece la superioridad del bicarbo- 
nato habiéndolo usado en combinación con otra medicación de más ó 
menos fuerza; y que no hace una salvedad de la relación que puede tener 
su temperamento linfático y la lesión menstrual sobre la amigdalitis ó 
infarto, pues no describe sus caracteres? 

Hay que confesar, que estos datos no son para convencer á quien 
quiera medicar con alguna esperanza de éxito; y lo mismo se puede decir 
de las historias del Dr. Arroyo, redactadas en los siguientes términos: 
cNiño de 8 años; amigdalitis izquierda; curación con dos insuflaciones y 
en dos dias:» y otras que por no hacerme pesado no copio ni comento. 

Después decentar todo lo que sabia sobre el asunto, el Dr. Arman- 
gué dedica un parrafíto sobre mi historia, que es contraria á su tema; 
numerándome las cuestiones para que pueda seguirle más fácilmente, 
y dice así: d.^ que cuando fué llamado (no dice en que diadela afección 
comenzó á tratar al enfermo) debia estar ya supurada la amígdala, pues 
no tardó en abrirse el abceso que en ella se habia fraguado.» 

Aquí, como se vé, hay la cuestión incluida en el paréntesis y la que 
no lo está. 

A la del paréntesis le haré observar, que como en su primer artículo 
no dice una palabra sobre el dia en que ha de empezar el tratamiento, creí 
que estaba indicado en cualquier periodo, á más que nadie negará que 
estaba dicha angina en su período de estado: periodo en el cual, según 
dice en su segundo artículo el Dr. Armangué, es aplicable dicho medica- 
mento; por lo que tal objeccion no tiene valor, pues está dentro de las 
condiciones por él indicadas. 

En el caso deque he hecho mención no hubo abceso, el pus salia de 
los folículos de la amígdala supurados; se dirá que hubo abcesos folicu- 
lares, pero no supuración parenquimatosa sino supuración del epitelio 
de los folículos; después que como no especificó en qué clase de amig- 
dalitis se habia de usar, lo mismo lo podia emplear en el tratamiento de 
la amigdalitis diftérica que en la gangrenosa. En su segundo artículo si 
que dice: cexcepto que, cediendo á una atinada indicación que el doctor 
Margarit me hace en su ya mencionado escrito, añado al nombre de an- 
guina tonsilar el epíteto de sencilla, común ó catarral.» Por lo que esta 
objeccion, porque habia abceso, corre parejas con la anterior. 

«2.<) Que solo usó un dia el bicarbcnato; cuando en algunos de los 
hechos referidos ha sido preciso administrarlo durante dos y en uno de 
ellos durante tres.:» Esta objeción la contesto copiando párrafos de su 



134 EL BICARBONATO DE SOSA Y LA AMIGDALITIS. j 

primer artículo, cya que siempre lleva á la curación antes de las 24 ho- 
ras, etc.> Y ™¿s abajo: cComunmente el alivio es inmediato; en ningún 
caso no tarda mucho.» Con estos antecedentes ¿quién espera una sema- 
na? Lo mismo hubiera hecho el inventor; no cura en 24 horas, pues vol- 
vamos á nuestra medicación, que cura en 2 ó 3 dias. 

Estas son las objeciones numeradas, y después viene un largo pár- 
rafo con un dilema en que se prueba, que no sé diagnosticar las an- 
ginas, y después que me expreso con impiopiedad; es verdad |que en 
este párrafo dice: csi difteria hubiera habido, no hubiera seguido tal 
afección el curso que siguió, ni los caracteres fueran los que fueron.» Vé 
como expresándome, según mi método, á pesar de mi impropiedad, 
puede diagnosticar sin ver al enfermo; cosa que no puedo hacer, con 
certeza, con ninguna de sus historias. 

¿Porque á una membrana blanquizca la llame diftérica, ha sido el 
motivo porque escribió este largo párrafo el Dr. Armangué? 

Lo hice para hacer comprender su parecido y de estas comparaciones 
hay muchas en las ciencias médicas. 

Queda por probar la última parto de mi tesis. El Dr. Armangué ha 
modificado ^notablemente el sentido de sus conclusiones, desde su pri- 
mer articulo. En efecto: de un dia, que era el tiempo que tardaban en 
curarse las anginas tratadas por el bicarbonato, dice ahora que tardan 
dos ó tres: de que era útil en toda clase de anginas, que solo lo es en las 
sencillas ó comunes: de que era una de las medicaciones más eficaces, 
que no evita siempre las recidivas. 

Y paso por alto el hablar de la hipertrofia, y de otras menudencias, 
que me llevarían á discusiones triviales de las que soy enemigo. 

¿Pero es necesario recurrir como yo he hecho á estas pequeneces, 
para negar la influencia del bicarbonato en la amigdalitis y en la hi- 
pertrofia? no hay leyes y estudios en Patología y en Terapéutica, que 
permitan asegurar con todo conocimiento de causa la falta de funda- 
mento de esta medicación? Si, y como la cuestión vale la pena, le dedi- 
caré algún articulo, que será exclusivamente destinado á considerar la 
cuestión bajo el punto de vista de la Patología y de la Terapéutica; y 
que he dejado de mencionar en éste, por considerarlo poco pertinente. 

Cl presente solo tiene por objeto contestar al Dr. Armangué, imitando 
su estilo y con la buona intención de hacerle entrar en reflexión; pues 
quien como él, parte tan de ligero, se ve obligado á lo mejor á revocar 
parte de sus asertos, como el ha hecho. 

Antes de terminar le haré presente, que si la nota de su último es- 
crito en que dice: que el Dr. Ginó publicará un folleto sobre el asunto, 
lo ha hecho con objeto de arredrar al que quiera ocuparse de él, le diré 
que se ha equivocado, pues con el mismo aplomo con que él ha corre- 
gido una descripción de Peter sobre la matriz, varios amigos mios y mi 
humilde persona nos vemos con el valor suficiente para hacer otro tanto 
con sus escritos, y aún con los del mismo Dr. Giné si llegan á mere- 
cerlo. Si lo ha hecho para darnos una buena noticia, también le diré que 
no ha estado muy acertado; pues ya sabe que los escritos del Dr. Giné 
son muy deseados y quien espera desespera. 



»^^l^^»W»^^WW^^^WX»^^^»«»^W^»<^^<W^^»»^^^«»^^l^^^p^^^«»^^ 



Acido salicílico y sus sales. 135 

CONTRIBUCIÓN Al ESTUDIO DEL ÁCIDO SAUCILICO Y SUS COMPUESTOS; 

en particular del sallcilato sódico en el tratamiento del reumatismoj (1) 

POR D. M. E. Moré y Bargit, 

Médico de la Ccua de Lactancia y Caea-^unade Barcelona. 



Los niños pueden también tomar el salícilato de sosa en ciertos casos 
indicados, como lo he probado repetidas veces, á la dosis de 20 á 25 cen- 
tigramos y el máximum 1 gramo. En enfermos de corta edad no he pro- 
bado el ácido salicílico puro por no exponerme á trastornos difíciles de 
corregir. Sobre el empleo del salicilato de sosa en los niños, recuerdo 
un caso publicado por el Dr. D. Carlos Ronquillo, en el cual hacia men- 
ción de una escarlatina maligna llevada á buen término con el citado 
medicamento. 

Mr. J. Bergueron (de París) dice que nunca ha observado accidentes 
desagradables de la administración del salicilato de sosa en los niños, y 
cree que los casos de muerte, sobrevenidos por el empleo de este medi- 
camento, deben atribuirse más á alguna alteración cerebral producida 
por el reuma ó á lesiones renales muy avanzadas. En efecto, no creo que 
el salicilato de sosa produzca tan fatales accidentes y que estos sean de- 
bidos á su sola administración, pues dicho cuerpo, bien manejado y 
teniendo cuidado de que la dosis no sea mayor de la que hemos expuesto, 
no puede producir nunca accidentes tan desagradables, aún en aquellos 
casos en que el reumatismo haya producido alguna alteración cerebral: 
de ser así, el enfermito morirla á consecuencia de esta última, pero no 
por la administración del citado medicamento. 

£1 Sr. 6. Petit dice, que en todos los casos de muerte producidos por 
afecciones reumáticas y tratadas por el salicilato, existen evidentes le- 
siones viscerales del corazón ó de los ríñones. 

Acerca de administración del salicilato de sosa en los niños, Mr. Ar- 
chambault dice, que su acción es tanto más importante de conocer, por 
cuanto el reumatismo no sólo es frecuente en la infancia sino que pre- 
senta más gravedad que en el adulto, á causa de la frecuencia de acci- 
dentes viscerales, particularmente por parte del corazón. — Realmente, 
los niños ofrecen más complicaciones que los adultos en el curso del 
reumatismo, y es cosa digna de llamar la atención y de fijarse mucho, 
por cuanto estas complicaciones son de gran trascendencia y ponen en 
inmediato peligro la vida del enfermito; pero, así como el Sr. Archam- 
bault ba encontrado mayor número de complicaciones de parte del cora- 
zón, en cambio, por mi parte, sin dejar de haber encontrado algunas, 
las he visto en mayor número cerebrales; y se comprende que así sea 
porque los niños tienen más tendencia al desarrollo de fenómenos cere- 
brales, en cualquiera enfermedad de que so trate, que á fenómenos de 
cualquier otra viscera por importante que sea. Sin embargo, esta parte 



(1) Continuación.— Véanse los números 25, 26, 27 y 28. 



136 Acido salicílico y sus sales. 

de la patología infantil, es digna de estudio y merece ser atendida en to- 
dos sus detalles. 

Respecto á la dosis de salicilato de sosa que puede tomar un niño, sin 
grave riesgo de que se le presenten complicaciones producidas por el 
citado medicamento, muchos prácticos están en desacuerdo sobre esto, 
porque mientras unos, Archambault, Dresch, etc., administran 4, 6, 8 
y 10 gramos al día, otros ea cambio no pasan do 1 á 2 gramos. Verdade- 
ramente las primeras dosis son muy exageradas por muchos conceptos, 
aunque se trate de niños de 8 y 40 años de edad: i.°, porque la dosis de 
8 y 10 gramos, ya hemos dicho que puede producir en un adulto fenóme- 
nos cefálicos y del tubo digestivo; 2.° porque para administrar cualquier 
medicamento á un niño es preciso atenerse mucho á su edad; luego, si 
á un adulto le corresponde una dosis máxima de 8 á 10 gramos, á un 
niño le corresponderá de 1 á 2 gramos según el caso, y todo lo que pase 
de esta dosis es exponernos á fenómenos desagradables. Además, tengo 
observado muchísimas veces que esta dosis es la suficiente para produ- 
cir, en un niño, los efectos que se esperan del salicilato de sosa, ya en el 
tratamiento del reumatismo, ya como antifebril en cualquier otra en- 
fermedad. 

De todos modos, con todo lo que acabamos de exponer del salicilato 
de sosa como medicamento antifebril en general y antireumático en es- 
pecial, no queda duda alguna que es de los mejores medicamentos que 
podemos usar, aun que con cierta cautela, ya en el adulto, ya en el niño, 
puesto que los prácticos difieren tanto respecto á las dosis que se deben 
administrar. Según esto, se vé que algunos, lo mismo lo administran á 
entermos de corta edad que á adultos, casi sin tener en cuenta las dosis, 
lo cual es necesario tener muy presente, porque los fenómenos que sue- 
len aparecer en unos y en otros, no pueden seguramente combatirse 
con la misma facilidad. Por mi parle, no he tenido que deplorar nunca 
el más pequeño accidente en los niños, porque la dosis á que se lo he 
administrado no ha subido nunca más que de 2 gramos al dia en 150 
gramos de vehículo y 20 gramos de jarabe. De esta manera he logrado 
combatir muchos accidentes y dolores reumáticos y febriles dependientes 
de alguna otra enfermedad. 

Hay otras maneras de administrar el salicilato de sosa, y es en ene- 
mas y en inyecciones hipodérmicas. Administrando el salicilato de sosa 
en enemas, debe aumentarse más la dosis para que produzca los efectos 
que de él se buscan, y aún asi lo he administrado solo á los niños de 
corta edad, en aquellos que rechazan toda medicación perlas vías supe- 
riores. En inyecciones hipodérmicas ofrece el gran inconveniente de la 
gran cantidad de vehículo que tendría que inyectarse cada vez. Así es 
que entre todos los medios, el mejor es el ordinario, es decir, por in- 
gestión. 

Por todo lo dicho se comprenderá, pues, que no queda ninguna duda 
que el salicilato de sosa es incomparablemente mejor que el ácido sali- 
cílico, puesto que para producir los efectos nocivos de este último es 
menester que se tome en dosis considerable, y como á tal cantidad no 
tendrá que administrarse nunca, por no haber necesidad de ello, de ahí 
que no estemos jamás expuestos á desagradables accidentes; y si añadí- 



ÁCIDO SALIGÍLICP Y SUS SALES. 137 

mos á esto la gran solubilidad de que goza esta sal, tendremos que su 
acción .sobre las mucosas es inapreciable, que puede soportarse perfecta- 
mente la dosis de 4 y 5 gramos diarios, sin haber fenómenos del tubo 
digestivo, lo cual no sucede con el ácido salicilico solo. 

Hasta ahora hemos tratado especialmente y en primer lugar del sali* 
cilato de sosa, porque oa realidad es el más usado en la práctica de la 
medicina. Los demás salicilatos conocidos, tienen ya indicaciones más 
especiales y no son de uso tan frecuente como el anterior. Además, se 
necesita mayor número de observaciones para acreditar y confirmar su 
empleo en ciertas enfermedades, pues hasta hoy él número de observa- 
ciones lecogidas de una misma enfermedad y tratadas por un salicilato 
especial, como el de hierro, zinc, cal, mercurio, etc., es bastante reduci- 
do para que se pueda afirmar un dato seguro. 

De todos estos salicilatos he tenido ocasión de usar algunos^ como el 
de quinina, el de cal y el de hierro, los cuales rae han dado los resulta- 
dos apetecidos en aquellos casos en que he visto indicado su uso: el de 
quinina, al interior, y el de cal, al exterior. £1 salicilato de quinina tiene 
también el sabor amargo propio de dicho alcaloide, pero no tan marcado 
como el sulfato; es poco soluble en el agua, y para administrarlo en di- 
solución, es necesario hacer ésta por medio del alcohol, y aún así se 
disuelve con dificultad. Para hacer soluble el sulfato básico de quinina 
se usan unas cuantas gotas de ácido sulfúrico para convertirlo de este 
modo en sulfato ácido, soluble perfectamente en el agua; este procedi- 
miento no podemos usarlo para disolver el salicilato de quinina, ni el 
ácido sulfúrico, ni otro ácido, pues, de lo contrario, convertiríamos el 
salicilato en sulfato de quinina, quedando en libertad el ácido salicilico. 

Los efectos del salicilato de quinina sobre el paludismo y la fiebre en 
general son bastante notables y, hasta cierto punto, en las enfermedades 
febriles de la infancia, deberla usarse más el salicilato que el sulfato, 
porque obteniendo con el primero los mismos efectos que con el segundo, 
tiene la doble ventaja de presentar unidos ó combinados dos cuerpos 
eminentemente antifebriles, y de no ser, ni con mucho, tan amargo el 
salicilato como el sulfato, por lo que los niños lo aceptan mejor.— En el 
lugar correspondiente citaremos algún caso de intermitencia palúdica 
que ha cedido á beneficio del salicilato de quinina. La dosis á que puede 
administrarse el salicilato de quinina es, á corta diferencia, la misma 
que la del sulfato y aún algo mayor, porque ya hemos dicho antes que el 
sulfato de quinina contiene mayor cantidad de alcaloide que el salicilato. 

Los efectos fisiológicos del salicilato de amoníaco, de quinina y de 
sosa, son á corta diferencia los mismoi en unos que en otros, teniendo 
en cuenta las diferentes dosis á que pueden administrarse. Más como que 
del de amoníaco, hierro, zinc, atropina, cal, etc. etc., su modo de obrar 
no está en tan alto grado estudiado como el salicilato de sosa, nos abs- 
tendremos por hoy de asignarles propiedades que todavía no conoce- 
mos. Sin embargo, diremos que el Dr. Martenson, en el hospital de niños 
de San Petersburgo, dice que ha obtenido efectos favorables del salici- 
lato de amoníaco, pero que esta sal está lejos de ser inofensiva.— El doc- 
tor Wulfins dice que á un niño de 5 años, atacado de fiebre tifoidea, le 
administró, en 4 dósi?, 2 gramos de salicilato de amoníaco, sobrevinien- 



138 anatomía de los centros nerviosos. 

do una disminución de temperatura de 40'á37% al mismo tiempo que 
afasia, sordera, convulsiones de los músculos de la cara, dilatación de 
las pupilas y un colapso profundo; todo lo cual demuestra la acción elec- 
tiva sóbrelos centros nerviosos, del ácido saíicílico y de los salicilatos, 
y la cautela con que debe obrarse para su administración. 

Del salicilato de cal nos ocuparemos más adelante porque su acción 
se ha estudiado más al exterior que al interior, y es actualmente, aun 
muy dudosa; por esto solo nos ocuparemos de algunos casos en que se 
ha empleado exteriormente y nos abstendremos de decir nada sobre su 

acción sobre el organismo en general. 

fContinuará,) 



ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS, <^> 
POR Don Miguel A. Fargas Roca. 



A. aspecto y simetbia del mismo. 

Formando la parte superior y el órgano más voluminoso del eje en- 
céfalo-medular, ocupa casi la totalidad de la caja craneana y pesa, por 
término medio, 4,182 gramos en el hombre y 1,093 en la mujer. Su vo- 
lumen es tan variable como su peso. 

Está unido á las demás partes de los centros nerviosos por los pe- 
dúnculos cerebrales, descritos generalmente con la protuberancia, pero 
que yo incluiré en este capitulo, porque he de preocuparme poco de las 
reglas establecidas por la Anatomía descriptiva. 

Presenta el cerebro la forma de un ovoide irregularmente aplanado 
en una de sus caras y convexo en la otra, formando esta última la cara 
superior del cerebro y la primera la cara inferior ó base, aquella guar- 
da relación con la bóveda y esla descansa en la base del cráneo, por de- 
lante y por su parte media, y en la tienda del cerebelo por detrás. La 
pequeña extremidad del ovoide está dirigida hacia delante. 

En la cara superior ó convexa del cerebro, se observa en su parte 
media y desde la extremidad anterior á la posterior, una profunda cisu- 
ra, que divide el cerebro en dos mitades simétricas: los hemisferios. 
Esta cisura, llamada grande hendidura ínter-hemisférica, tiene por 
limite inferior el cuerpo calloso y recibe en su intersticio la grande hoz 
del cerebro. 

Aunque la hendidura i nler- hemisférica divide el cerebro en dos mi- 
tades simétricas, no se crea que exista siempre una perfecta simetría, 
ni que la falta de la misma indique una imperfección del órgano. Por 
el contrario, basta haber examinado cierto número de cerebros para 
convencerse de que, en la parle posterior, uno de los hemisferios, por 

(1) Continuación.— Véanse los números 25, 26, 27 y 28. 



anatomía de los centros nerviosos. i39 

lo común el izquierdo, se prolonga más que su congénere; el inmortal 
Bichat, el filósofo Gauss, el matemático MopRan y el polttico Luis XIV 
cuyos cerebros fueron examinados después de muertos, tenían uno dé 
los hemisferios más desarrollado que el otro. 



Fig. 25.— Ba«e del c«rebro (esquema). 
/Copiado del natural por el Dr. L. Formigaera.; 
A Oyrui recluí— B Surco crucial.— C Tercer» ilrcunTOluclon Umporal.— D Primer» elr- 
CTinvolucion lemporo -occipital.— E Circunvolución del hipocsmpo (p&rte iDferlor del piiru» 
/'ornfcolu«),—F Segunda circunvolución temporo-occipllal.— O Hodetti del cuerpo cklloeo.— 
H Handldura Inter-hemlsférlca.— 1 Hendedura da BlchiL— J Corte del pedúnculo cerebral. — 
L Pedúncnla cerebral.— H Eipaclo perforado posterior.- N Tubdrcalof mamlUrei.- O Ei< 
pulo perforad o anterior.- P Infundlbulum.— R Qulaama. 

En la cara inferior se observa, por delante y por detrás, las extremi- 
dades de la hendidura inter-hemisférica (flg. 25, H, H), que establecen 
igual simetría que en la cara superior. Pero la continuidad de dicba 
hendidura está Interrumpida por varios factores, casi todos ellos simé- 
tricos y dobles. Vése, de atrás adelante, tos pedilnculos cerebrales L, los 
espacios perforados posteriores M, los tubérculos mamilares N, á los 
lados las cintas ópticas, produciendo su unión el quiasma R, y los es- 
pacios perforados anteriores O. Todos ellos son pares y simétricos y 
tienen posición idéntica relativamente á la linea media. El rodete del 
cuerpo calloso G, y el infundibulum P, son órganos impares, situados 
en la linea medía y se extienden de uno á otro hemisferio De esto re- 
salta que, prescindiendo, dada su escasa importancia relativa, de estos 
órganos impares y de algunos otros que falta enumerar, el cerebro os 
perfectamente divisible en dos mitades simétricas, estudiada una de las 
cuales se conoce el órgano entero, sin más que añadirle loa factores co- 
munes y las cavidades que de su conexión resultan. 



140 ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 

Debe tenerse en cuenta, pero solo como caso raro, el hecho observado 
por Cruvelhier, quien vio á través de la hoz del cerebro una comisura 
gris, extendida de uno á otro hemisferio. En todo caso no invalida en lo 
más mínimo dicha comisura la separación del cerebro en dos mitades. 

Atendiendo al desarrollo del mismo, en muchas obras se divide para 
su estudio, en base y corteza^ comprendiendo la primera todas las partes 
centrales, junto con los núcleos opto- estriados, y la segunda las partes 
periféricas que cubren y envuelven las primeras. Pero haciendo caso 
omiso de ello, solo tendré en cuenta, al estudiar el cerebro, los factores 
esenciales, prescindiendo de numerosos detalles de descripción de con* 
junto y de importancia muy secundaria. 

Solo diré aquí, que dos sustancias distintas contribuyen á la forma- 
ción de los hemisferios: la sustancia gris y la sustancia blanca, cuya dis 
tribucion y modo de ser iré exponiendo á medida que describa las 
distintas regiones y factores. 

Considerado, de una manera general y esquemática, el hemisferio es- 
tá formado por un núcleo, en el cual termina el pedúnculo cerebral cor- 
respondiente. Este núcleo está envuelto en una gruesa cubierta, que es 
la corteza cerebral, región de las circunvoluciones ó superficie del he- 
misferio. Entre el núcleo y la corteza, hay fibras extendidas de uno á 
otro á manera de radios. Estos son los principales elementos; los demás 
son sobrepuestos como aparatos de perfeccionamiento ó simplemente 
son resultantes de la forma y disposición de los mismos. 

Interesantísimo, bajo el doble punto de vista de la Fisiología y de la 
Patología, es el estudio del sistema circulatorio en el cerebro, pero como 
es imposible comprenderlo sin conocer antes su modo de ser, me ocu- 
paré del mismo en un apéndice, no haciopdo en este capitulo mención 
de él ni de sus dependencias. 

B. LÓBULOS Y CmCÜNVOLUClONES. 

No es en los cerebros naturales en donde mejor puede estudiarse la 
disposición de los repliegues de la corteza cerebral. Algunas prepara- 
ciones facilitan poderosamente su estudio y existen para ello distintos 
procedimientos: el de Broca, el de Morel, el de Beaunis, el de Frederic, 
el de Oré, el de Giacomini, el de Duval, etc. Algunos de estos procedi- 
mientos son esencialmente distintos, y otros son simples modificaciones; 
entre todos ellos indudablemente el más ventajoso, más fácil y más sen- 
cillo es el de Broca. 

El procedimiento de Broca da á la sustancia cerebral una consisten- 
cia de madera y reduce el volumen del hemisferio á una tercera parte 
de su tamaño natural, sin alterar en nada su forma y disposición; con 
lo cual se logra la ventaja de hacerlo muy manejable y de simplificar el 
estudio de las círcunvoluctones, toda vez que con la reducción de vo- 
lumen se aislan y separan mucho más visiblemente. 

Para esta preparación, se disuelve un volumen de ácido nítrico en 
cinco á diez de agua; se sumerge en la disolución el cerebro durante 
doce á veinte dias, según sea la proporción empleada. Es indiferente 
desprender la pia madre antes ó después de su permanencia en la diso- 



ANATOIIÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. lil 

lucion nítrica, si bieu sea quizás más ventajoso hacerlo primero para 
que se empape mejor la sustancia cerebral. Pasado este tiempo, se deja 
secar lentamente á la sombra, para lo cual se necesitan dos meses, & 
puede acelerarse esta desecación, colocándola en una estufa á baja tem* 
peratura, debiendo advertir que este último modo do obrar no corre los 
peligros que señala Morel, da que se llene de grietas y de que se haga 
quebradizo. Poseo algunos hemisferios secados en la estufa que nada 
dejan que desear; la estufa tenia constantemente de 25° á 30° y necesi- 
taban los hemisferios ocho diaa de permanencia en ella para alcanzar 
una desecación conveniente. 

ABC PErQHl 



Figr. 86.— Cara externa del Hemf aftrlo isqolerdo. 
¡Copiado del nslura) por el Dr. L. Formiguera.) 

A 1.' clreunrolucloQ fronul.— b a," clrcunyolucion rrantal.— C 8.* elrcanvolucion (ronul. 
— D ClrcanvolaclOD rrantal aicendente.— E Cisura ds Folando.— F Circunvolución parietal 
■leendenle.— H 1,' circunvolución parlelil — I 2.' clicunvoluclon parietal.— J 3.* clreunvolu- 
clan parleta!.— J Cisura occipital. -K 1.' clrcunvalucloD occipital.— L Z.' circanvoluclon oocl 
plul.— M 3.* circunvolución occipital — P 1.' circunvolución temporal.— Q í' circunvolución* 
temporal.- M 3.' circunvolución lem paral.— Q CUura de Sylvlo. 

Adquieren de este modo un color oscuro de cera, y tienen la grande 
ventaja de poderse pintar con colores diferentes los distintos lóbulos y 
circunvoluciones y marcar el sitio de cada localizacion, con lo cual re- 
sultan magnificas piezas de estudio que se conservan indefinidamente. 

Lóbulos. — En voz de estudiar las circunvoluciones en cada cara del 
hemisferio, describiré primerú los lóbulos y luego las circunvoluciones 
de cada lóbulo. 

1* superficie de los hemisferios eslá recorrida por surcos más ó me- 
aos profundos, algunos de los cuales se distinguen, ya por su fijeza y 



142 ANATOUÍA de: los CENTROS NERviOSOS. 

constancia, ya porque establecen una separación en distintas regiones 
de la cubierta cerebral. 

De esta separación resultan los lóbulos, en número de seis: frontaX, 
parietal, occipital, temporal, insular y olfatorio. 

El lóbulo frontal, comprende en la cara externa toda la parle del he- 
misferio situada por delante de la cisura de Rolando E (fig. 26), que for- 
ma el limite posterior del mismo; circunscrito arriba por la hendidura 
Ínter- hemisférica y abajo por la parte anterior de la cisura de Sylvio, 
alcanza por delante toda la extremidad anterior del hemisferio. En la 
cara inferior del mismo, el lóbulo frontal tiene por límite posterior esia 
última cisura S (fig. 25). En la cara interna, está limitado hacia atrás 
por la antecuña 6 (fig. 27), que tiene por delante la cisura fronto-parie- 
tal, sirviendo de separación entre ambos. 



PON ML K J t 

Fig. 27. Cara interna del bemiafarlo dereclio. 

ICnpiúdo del nalurat por el Dr. L. Formigaero.) 
A RadMIa del cuerpo c»lloso.—B Tabique Inlei-vontricular.—C PlUr anlerlor.— D Coml- 
■ur* gris.— E Plexo coroldeí.-'F nalz anterior de la glándula pineal.— G Glándula pineal.— 
H Rodete del cuerpo calloso. -I Tubérculos cuadrigéniinos anteriores.— J Acueducto de Bjl- 
vto.-K PodOnculo cerebral.-L Tálamo óptico,- M Tubéiculo inamLlar.-N Agi^tero de Hon- 
rd — O Corte déla comisura bUnca anterior.— P Piso del cuerpo calloso- 

1 Origen de la cisura de SylvIo— 2 Circunvoluciones de la cara Infero. Interna del lúbulo 
frontal. — S 1.' circunvolución frontal. - 4 Circunvolución del cuerpo calloso.— K Lobullllo 
para central— 6 Ante-cuña. -7 Cisura occiplul.- 8 Cufia.— 9 í» circunvolución temporo- 
occlpital— 10 Cisura calcarlna— O Eiiremidad Inferior de U circunvolución del cuerpo ca ■ 
lioso ó clroun ve lucían del hipo campo. 

El \bho\Q parietal está circunstrito en la cara externa: hacia adelante 
por la cisura de Rolando E (fig. 20), hacia atrás por la cisura inlerparie- 
tal, parietal interna, parietal externa ú occipital, y por su línea de pro- 
longación; hacia abajo, por la cisura de Sylvio Q (íig. 26), y por su linea 
de prolongación, que va al encue.itro de la correpondiente á la cisura 



ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 143 

occipital, y hacia arriba, se continúa con la cara interna, en donde el ló- 
bulo p&rietal está formado por la antecuña, cuyos liaiites son: la cisura 
fronto- parietal por delante, la cisura uccipital por detrás y el seno del 
cuerpo calloso hacia abajo. 

El lóbulo occipital está limitado por la cisura parietal interaa y por su 
linea de prolongación hacia la cara externa é inferior del hemisferio, de 
modo que el lóbulo occipital comprende la extremidad posterior de 
aquel (fig. 25, 26 y 27). 

Et lóbulo temporal está circunscrito, en la cara externa, arriba por la 
cisura de Sylvio, atrás por la línea ficticia de prolongación de la cisura 
occipital, continuándose por abajo con la cara inferior, en donde dicho 
lóbulo está limitado hacia atrás por la prolongación de la misma linea 
ficticia de la cara externa, y por la grande hendidura de Bichat hacia 
adentro. La extremidad anterior del lóbulo temporal está determinada 
por la cisura de Sylvio. 



Fig. S8.— Id Billa de Rell. 

(Copiado del natural por el Dr. L. Formigunra./ 

A 3.' circunvolución Irontal.— BS/cIrcunvolui-lon parleul.— O t,' circunvolución lempoval 

(Tai Ir» Juntas 1.' c I rrunvo lucían prlmlUva que bordea liicisura de SylTlo).— D LAbulode la 

losula.— Arranque de laciiura de Srlvio. 

El lóbulo insular solo puede verse separando los labios de la cisura 
de Sylvio y desplegándola circunvolución que la rodea. Entonces se ob- 
serva en su fondo una área saliente, perfectamente circunscrita por un 
surco profundo á su alrededor, que forma la Ínsula de fteil, lobulillo de 
la ínsula ó lóbulo insular (lig. 28). 

El lóbulo olfatorio, poco desarrollado en el hombre, está situado en la 
cara inferior del hemisferio y lo forman, en la región del lóbulo frontal, 
lo que en muchas obras de Anatomia se describe con el nombre de ner- 
vio y bulbo olfatorios. La Anatomía comparada demuestra que en los 
animales llamados por flroca anosmáticos, como el hombre, está poco 
desarrollado el lóbulo olfatorio, y al revés ofrece un volumen notable en 
los asmáticos, como el perro. Esto aparte de que la extructura del lóbulo 
olfatorio no consiente que se le llame por más tiempo nervio y de que, 



144 ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS 

las investigaciones de Leydig, Babuchin, Golgi y otros, han demostrado 
la analogía de extructura existente entre el mal llamado bulbo olfatorio 
y las circunvoluciones. Las fibras blancas del lóbulo olfatorio son análo- 
gas á las de la corona radiante y sirven de comunicación entre el sitio 
receptor, hasta hoy llamado bulbo, y las demás parles del cerebro. Debe 
darse el nombre do nervios olfatorios á los filetes extendidos desde el 
bulbo á la membrana de Schneider. Del trayecto de las raíces del lóbulo 
olfatorio me ocuparé en otro sitio. 

En la reseña que acabo de hacer de los lóbulos del hemisferio, se ve 
que, aparte de los lóbulos olfatorio ó insular, cuya independencia es 
grande, los demás están solo separados por cisuras y á veces por líneas 
ficticias. La cisura de Rolando, la de Sylvio y la occipital son las tres 
que dividen la superficie del hemisferio y de su posición relativa han de 
resultar forzosamente las dimensiones de cada lóbulo. La cisura de Ro- 
lando, situada en la cara externa, un poco por delante de su parte media, 
tiene una dirección ascendente é inclinada hacia atrás por su extremi- 
dad superior, extendiéndose desde la de Sylvio hasta el borde superior 
del hemisferio. La de Sylvio comienza en la cara inferior, al lado del es- 
pacio perforado anterior, se dirige afuera y hacia la cara externa, si- 
guiendo una dirección ligeramente ascendente y terminándose en un 
repliegue del lóbulo parietal; da una pequeña prolongación, un poco 
antes de llegar al nivel de la de Rolando, que se pierde en los repliegues 
del lóbulo frontal y se llama rama anterior ó corta de la cisura de Syl- 
vio, circunscribiendo estas dos ramas una porción de cerebro llamado 
opérenlo, que si se levanta deja al descubierto el lóbulo insular. La cisu- 
ra occipital, poco visible en la cara extei'na, lo es mucho más en la in- 
terna, y aunque á veces se llame perpendicular, en esta cara sigue una 
dirección oblicua hacia abajo y adelante. 

De la disposición de estas cisuras resulta que los lóbulos del hemis- 
ferio, teniendo en cuenta su tamaño, guardan la siguiente relación de 
mayor á menor: frontal, parietal, temporal y occipital. 

No tiene el volumen de los IóIduIos la misma proporción en todos los 
cerebros, y sin descender á detalles, diré tan solo que, de un modo ge- 
neral, puede considerarse al hemisferio dividido en dos segmentos por 
la prolongación de la cisura de Sylvio al encuentro de la cisura occipital: 
el segmento fronto-parietal y el segmento temporo-occlpital. Según los 
estudios de Wagner, Hastian, Vogt, etc., el segmento fronto-parietal está 
tanto más desarrollado y tiene tanto mayor predominio sobre el tempo- 
ro-occipital, cuanto más elevada es la raza á que pertenece el individuo 
y cuanto más diísarrolladas están en él las facultades intelectuales. Esta 
diferencia de desarrollo, se traduce por ser mucho más corta la cisura 
de Sylvio y de consiguiente el lóbulo temporal en cerebros privilegiados, 
como el de Morgan, Gauss, etc,, y por el contrario, acentuándose más y 
teniendo mayor longitud en las razas inferiores, como en los hotentotes, 
y sobre todo en los monos antropo-morfos, si descendemos á la Anato- 
mía comparada. 

(Continuará), 



REVISTA DE FARMACIA. 145 

REVISTA DE FARMACIA, 
POR EL Doctor D. Gonzalo Formiguera, 

•x-ftfBaeéukiee primero per opoiieien de les EeipiUlcí militares. 



Poción gomosa.— Generalmente, cuando el médico prescribe poción 
ó julepe gomoso, lo hace con el ánimo de administrar un vehículo agra- 
dablOr En este concepto se podría, dice Destrer de Yersailles, cuando la 
fórmula no contenga indicaciones más precisas, suprimir la goma que 
90 usa para confeccionar la poción y en su lugar arreglarla de la si- 
guiente manera, en cuyo caso solo contendría 2^50 gramos de goma. 

Agua azahar 10 gramos. 

Jarabe de goma 9!) » 

Agua 100 t 

Haciéndolo como aconseja Destrer, resultaría, á mi entender, que 
además de ser más agradable, la fórmula seria siempre igualmente con- 
feccionada, lo cual no acontece en la actualidad debido á que no todos 
los prácticos están acordes respeto á la proporción de dicho producto 
que debe entrar en una cantidad determinada de agua. 

Pomada mercurial á la vaselina.— Un distinguido farmacéutico de 
Argelia ha propuesto, que en la nueva reforma que se está llevando á 
cabo en el Codex francés, se sustituya la manteca con la cual actualmente 
se elabora la pomada mercurial, por la v&selina, que entre algunas de 
las propiedades que posee de los cuerpos grasos tiene la de extinguir el 
mercurio con extraordinaria rapidez. 

Son sufícientes, dice, veinte minutos para extinguir en un mortero 
ordinario, un peso dado de mercurio por la misma cantidad de vaselina. 
La pomada resultante no se enrancia nunca. 

Esteatinas — M. Melcke, de Hamburgo (New» Remedies), da el nombre 
de esteatinas á las mezclas cuyo principal excipiente es el sebo de car- 
nero. Pueden servir para aplicaciones al exterior y principalmente para 
reemplazar las masas emplásticas ordinarias. La mayor parte de dichas 
mezclas contienen: manteca de cerdo, aceite de olivas, emplasto de 
plomo ordinario y además alguna sustancia dotada de acción enérgica. 

Pastillas de menta piperita. «Según un autor alemán, el intenso y 
agradable sabor de las pastillas de menta inglesa, es debido á la adición 
de una pequeña cantidad de gengibre. Se preparan con 

Azúcar blanco 4,000 

Almidón 300 

Gengibre en polvo impalpable 1 

Esencia de menta piperita inglesa SO 



146 REVISTA DE FARMACIA. 

Cuando se han mezclado perfectamente estas sustancias, se reducen á 
pasta á beneficio de una disolución acuosa de gelatina en la proporción 
de 14 partes de esta última por 150 de agua. 

Emplasto elástico. - Para obtener un emplasto que se adapte á las in- 
flexiones que experimenta la piel durante los movimientos musculares 
y evitar la intolerable sensación de rigidez, á la par que la formación de 
pliegues, M. Morgan {Pharm. Zeüschr fur Rüssland) extiende, sobre lá- 
minas delgadas de caotchouc, la masa emplástica de Boyton ^emplasto de 
plomo 300 gramos, resina 18 gramos). 

Desodoracion del almizcle. -Friccionando las manos, ó cualquiera 
objeto con el cual haya estado en contacto almizcle, con una pasta for- 
mada con polvo fino de cornezuelo de centeno y un poco de agua, desa- 
parece inmediatamente, sin que vuelva á presentarse, el olor de la citada 
sustancia. Ernesto Deltz {Noticen zur Pharm. Germ,) observó este hecho 
preparando una mezcla de las dos sustancias, en la cual no se percibía 
el olor del "almizcle que habia sido triturado, previamiente, con una pe- 
queña cantidad de azúcar. 

Lápices de yodolormo.-Se han indicado diferentes modos de prepa- 
ración de dichos lápices. Uno de los que al parecer produce mejores 
resultados en la práctica, es el propuesto por Boickel, de Estrasburgo, 
que consiste en formar una pasta de consistencia pilular mezclando: 

Yodoformo 8 

Goma arábiga i*50 

Goma tragacanto 0*50 

Solución gomosa C. S. 

para fundir en cilindros de la longitud y diámetro que se desee. Pueden 
usarse para cumplir diferentes indicaciones tópicas y especialmente para 
la curación de los trayectos fistulosos. 

GlycelaBum.-Sirve para la preparación de linimentos y está com- 
puesto de: 

Pasta de almendras amargas reducida á polvo fino 46*65 

Glicerina 62*2 

Agusí 31*1 

Es preferible preparar la mezcla, un poco tiempo antes de incorporar 
á ella la cantidad de sustancia activa que quiera emulsionarse. El gly- 
celaeum puede emulsionar el doble de su peso de aceite. 

Algodón absorvente.- Para prepararlo {Jouní, of Parhm.) se hace her- 
vir, por espacio de media hora, algodón cardado en una solución al ^/loo 
de sosa ó potasa cáustica. Se lava luego á grande agua y se coloca el 
producto exprimido en una solución al ^/^qq de cloruro calcico, durante 
15 minutos. Lávase de nuevo de la misma manera, después con agua 
acidulada con ácido clorhídrico y últimamente otra vez con agua pura. 
El residuo se prensa y se hace secar rápidamente. 



REVISTA CRÍTICA BIBLIOGRÁFICA. 147 

La ebullición con el soluto alcalino está destinada á saponificar la 
materia grasa. El lavado con agua, quita el jabón formado y prevenie 
la formación de jabón calcáreo durante el blanqueo. El tratamiento por 
el ácido diluido, después del blanqueo, facilita la separación de la cal. 

Licor de Van S^^ieten modificado.— El Dr. Mauriac (Reo, de Ther, 
med, chir) recomienda la siguiente fórmula que, según dice, reemplaza 
con ventaja al licor de Van Swieten. 

Agua destilada 550 gramos. 

Jarabe de morfina 250 * 

Agua de azahar 100 » 

Alcoolaturo de menta 4 > 

Alcohol rectificado 95 » 

Sublimado corrosivo 1 » 

Para administrar una cucharada de las de café en una taza de leche. 

Quinoleina.— Es uno de los componentes del alquitrán de carbón de 
piedra. Runge (Phartn. Zeit,) fué el primero que la separó llamándola 
Leukolina, Ocho años después, Gerhardt, destilando quinina, cinconina 
Y otros alcaloides sólidos de las quinan, obtuvo una sustancia líquida, 
básica, á la que dio el nombre de Quinoleina, cuya identidad con la leu- 
kolina fué puesta en evidencia por Hofmann. 

La quinoleina es un líquido oleaginoso, de olor peculiar, incolora en 
estado fresco, pero que se enturbia por el calor, soluble en el alcohol, 
éter, benziua, etc. Forma sales fusibles y poco susceptibles de cristali- 
zación excepto el tartrato, que se obtiene en cristales pequeños, blancos 
y sedosos, que resisten perfeclamente á la acción del aire, bastante solu- 
bles en el agua, de olor parecido al de las almendras amargas y de sabor 
semejante al de la menta piperita. 

Posee las mismas propiedades que la quinina, á la cual algunas veces 
aventaja, teniendo además la condición, inuy digna por cierto de tener 
en cuenta, de ser cinco veces más barata que aquella. 






REVISTA CRITICA BIBLIOGRÁFICA. 

POR EL Dr. D. Federico Castells Ballespí. 

Toeal-Biblioteearío en las Jnntw de Gobierno de la leaaemia y Laboratoño de Ciencias Médioas de Catalana, 

j de la Academia Médico- Fannaeéntiea de, Barcelona. 



Elementos de Cirugria clínica, por F. C. Feliz Ouyon, traducida y anotada por 
B. Isidoro de Miguel y Vig^uri y D. José Ustariz, precedida de un prólog^o del 
Br. D. Santiago G. Encinas.— Biblioteca económica de Medicina y Cirugía. 
-Madrid.-1881. 

Complace siempre al que lee, ver consignadas opiniones laudatorias 
de modernas publicaciones, pues que ello demuestra motivo de adelanto; 
nada es tan satisfactorio para el inteligente, como poseer la convicción 



148 REVISTA CRÍTICA BIBLIOGRÁFICA. 

de haberse realizado algún progreso en su época, que al fin señala una 
edad en la vida de la familia humana; y si ai que lee agrada, no menos 
puede sucederle á quien debe consignar las condiciones que permitan 
presentar á una publicación como digna de alabanza. 

Aunque pocas, entre las que modernamente han visto la luz, existen 
algunas obras científicas de mérito indiscutible, en razón á las formas 
literarias que revisten, á la perspicaz investigación analítica que des- 
cubren ó á la concienzuda deducción sintética que entrañan. 

Lucha, es verdad, la publicación de libros eminentemente científicos 
con grandes inconvenientes. Alguien que pudiera inteligentemente pro- 
ducirlos, no cuenta con medios materiales para realizarlo; otros, con es- 
tos medios, no tienen las condiciones que para producir obras de interés 
verdaderamente científico son de exigir en nuestros días. 

Mas como sea la de los primeros obra de la Humanidad, á fuerza de 
demostrarse la necesidad de su divulgación ante la conciencia de to- 
dos, háse encontrado el camino de facilitar medios á quien no los posea, 
asociándolos en número suficiente para obtener los necesarios y llevar 
á cabo su objeto; hánse borrado las fronteras para todo lo científico, y 
por efecto de ese beneficioso acuerdo, la humilde noticia lo propio que 
el artículo como la obra magistral, cunden con vertiginosa rapidez por 
todo el mundo de la Ciencia, siendo en todas partes comprobada la ob- 
servación, repetida la experimentación y, filosóficamente, adoptada la 
verdad. 

Bien han de la humanidad los que tales empresas acometen, pues 
que sin su intermedio, el ^^echo capital, la vulgarización de los conoci- 
mientos sería de realización trabajosa é imposible. Pero el mérito con- 
traído en este sentido es mayor, cuanto más grande resulta el esfuerzo 
que para realizar su objeto necesitan hacer. En otras ocasiones lo he- 
mos dicho: la publicación de obras científicas constituye un negocio 
muy expuesto á quebranto; hoy añadiremos que cuando la publicación 
no se limita á número determinado de producciones, cuando todas las 
que se presentan á la consideración del médico ilustrado son poco ó na- 
da conocidas, cuando en fin, por razón del rápido desenvolvimiento que 
adquieren las Ciencias médicas, envejecen por momentos las nuevas 
teorías, y se modifican al segundo las enunciaciones que señalaban 
principios fundamentales, la exposición resulta mayor. 

Dos Bibliotecas escogidas vienen proporcionando al práctico, en 
nuestro país, las obras más modernas que ven la luz, y ambas se esme- 
ran en escojer las más selectas é interesantes. A la Biblioteca económica 
de Medicina y Cirugía pertenece el libro que va á ocuparnos. 

El reputado cirujano F. [C. Félix Guyon, pertenece al número de los 
prácticos que se caracterizan por la severidad de sus concepciones, en 
las qucson de notar detalles, suficientes por sí solos para dar idea de la 
penetración que entrañan sus juicios, que presenta basados en la obser- 
vación más atenta, en la experimentación mas completa, y alguna vez, 
en muy vasta erudición. 

cEl estudio de la patología debe ser á la vez teórico y práctico; el 
discípulo no podría, sin gran inconveniente, el intentar instruirse ex- 
clusivamente por las lecturas ó por la asistencia más asidua á los hos- 



REVISTA CRÍTICA BIBLIOGRÁFICA 449 

pítales. Aquello que él vé, no es comprendido, sino cuando una des- 
cripción bien hecha le señala [todas las particularidades de la lesión ó 
de la enfermedad observada. Esta descripción es tanto mejor aceptada, 
se fija tanto más en la memoria, si los principales rasgos del cuadro 
que encierra despiertan vivamente su atención.» 

Con este párrafo empieza el Prólogo de su obra el Dr. Guyon. Escrito 
fué para los que, allende el Pirineo, van á dedicar su inteligencia en el 
estudio de los fenómenos morbosos externos, é interpretación de los he- 
chos que entrañan, dando sus primeros pasos por las salas del hospital. 
El párrafo transcrito encierra una gran verdad. No puede precederse 
con fruto al estudio de la [patología, sin poseer fundamentales conoci- 
mientos teóricos de lo que es y representa esta Ciencia; tampoco obten- 
dria éxito en su propósito, si prácticamente, no adquiriera el concepto 
de sujeto enfermo intimamente enlazado con el de la enfermedad, ó lo 
que se representa por la clínica con lo que explica la patología. 

Tiende en su obra á perfeccionar la instrucción clínica y para mejor 
conseguirlo, divide el asunto en tres partes. Más á ñn de favorecer en 
lo posible la estabilidad del concepto primeramente emitido, y teniendo 
en cuenta que las épocas en que mejor se ha marcado un movimiento de 
indudable progreso ha sido en aquellas que mejor se ha atendido de he- 
chOy empieza muy oportunamente á nuestro entender, con una reseña 
histórica de la Cirugía, escrita en resumen por el Dr. A. Henocque. 

Cuarenta y cuatro páginas ocupa este erudito á la par que reducido 
trabajo; no hemos de decir que todo en él es material aprovechable, y 
que su simple lectura basta á disponer el ánimo que no lo estuviera, 
para los efectos que Guyon se propuso y Henocque interpretó perfecta- 
mente, escribiendo un artículo magníGco que aún estando intrínseca- 
mente fuera del título de la obra creemos contribuye á darle verdadero 
realce. Aparte de estas consideraciones que nos permiten apreciar como 
oportuna su inclusión, ^debemos añadir que más lo resulta al ser tradu- 
cido al español, puesto que ha de facilitar entre nosotros esa noción ge- 
neral histórica de la Cirugía, bien necesaria por cierto. 

El docto é ilustrado catedrático de la Facultad de Madrid, D. Santia- 
go G. Encinas, contribuye por otra parte á dar mayor importancia al 
libro que analizamos, que va precedido de un prólogo debido á su casti- 
za pluma, y en el que pone de relieve la necesidad en que estamos los 
españoles de mejorar las condiciones de la enseñanza oficial, tanto con 
relación á los estudios fundamentales, cuanto con referencia á la amplia- 
ción de los prácticos se refiere. No debemos, ni podemos hacer más que 
referirnos á dicho trabajo, que consideramos reúne condiciones excelen- 
tes para leido por un Ministro de Fomento, para comentado por un Con- 
sejo de Instrucción pública, y para meditado por un Senado ó un 
Congreso. Solo por estos medios llegaría á todos el convencimiento de 
que en España raya en incuria el estado en que se tiene á la enseñanza 
déla Medicma en el terreno oficial; solo por tal camino se obtendría al- 
guna seguridad, relativamente al establecimiento de medios que permi- 
tieran una esmerada educación científica, y podrían ser por lodos y en 
cualquier parte perseguidos la ignorancia y el intrusismo; solo de esta 
manera dejaríamos de vernos obligados á admitir, quesea lógico y útil 



450 REVISTA CRÍTICA BIBLIOGRÁFICA. 

aprender, cuando se pueda ó cuando precise, en las clínicas especia- 
les médica ó quirúrgica lo que no ha debido poder aprenderse al pasar 
por la Cátedra de Patología general, que es en la que debió haberse 
aprendido. 

Por lo que acabamos de decir, se explicará que admitamos como muy 
conveniente para nuestros escolares la exposiocin que, de los métodos 
que se siguen para el examen del enfermo y medios de exploración , se hace 
en la Cirugía clínica del Profesor del Hospital Necker, tanto más cuanto 
que es á nuestro entender bastante completa, aún considerada en su con- 
cepto de aplicación genera], y atendiendo en mucho, pues que mucho 
vale, la ext3nsa nota de los traductores relativa á la endoscopia. 

Trata el autor, tras de los medios de exploración, del método que 
debe seguirse para establecer el diagnóstico. Analizados los elementos 
que sirven para establecerlo, estudia en este artículo la aplicación de es- 
tos elementos, procurando la indicación de su valor relativo. Considera 
valiosa la experiencia propia, pero no cae en el absurdo de considerarla 
suficiente; y como no basta observar y estudiar para llegar á ser práctico, 
emite la opinión de que sin método no es posible llegar á la experiencia. 
El método en nosología debe fundarse en dos puntos capitales: utilizar 
con arte los elementos del diagnóstico y deducir lógicamente. 

Para habituarse á ese doble ejercicio, no puede en caso alguno olvi- 
darse el detalle reglamentado del examen del enfermo, y la aplicación 
consiguiente de los medios de exploración. La educación de los sentidos 
es indispensable, si han de evitarse multiplicados motivos de error, que 
á veces aumentan con el empleo de los medios exploratorios. Estos ha- 
cen necesario un conocimiento exacto de las leyes físicas en que están 
fundados, de las relaciones químicas que representan, y, en oportunida- 
des, de las orgánicas y funcionales, normales ó no, que por la natura ' 
leza del estudio que se practique, pudieran tal vez contribuir á oscure- 
cer el juicio que de su aplicación debe resultar. 

Opina que el método que en Cirugía debe seguirse para establecer el 
diagnóstico, es el completamente anatómico, aunque al lado de este es 
preciso siempre hacer el etiológico. Como resultado del razonamiento 
que ambos sugieren, es posible obtener deducciones lógicas que condu- 
cen á obtener, en determinados casos, diagnósticos por exclusión ó dife- 
renciales. 

Señala luego los motivos de dificultades, de duda y de error, con ati- 
nado acierto, y termina con esto, el estudio de la primera parte de la 
obra 

Comprende en la segunda el estudio de la anestesia general y local 
(cuya historia detalla), el de los agentes anestésicos, susefectos naturales 
ó accidentales y medios de combatir estos. Interesantes resultan estos 
artículos, que en resumen contienen lo más importante hasta hace poco 
respecto del particular publicado. Pasa luego á la exposición de princi- 
pios generales de las operaciones, reglas de las mismas y métodos ope- 
ratorios, que califica de modificadores, de destructores, de reparadores 
y de conservadores, haciendo extensa referencia á cuantos datos son ne- 
cesarios en la práctica de las operaciones, para la cual en verdad resulta 
en el dia un tanto incompleto el libro de Guyon, pues que son de notar 



LOS MICRÓFITOS DE LA SANGRE. ÍM 

omisiones muy interesantes, que entendemos no llenan completamente 
las notas de los traductores. 

El espacio destinado á la descripción de las operaciones usuales y ci- 
rugía menor resulta mucho más completo, y es aceptable tanto en este 
concepto como en el que envuelve la interpretación de las indicaciones. 
Por esa misma razón, y refiriéndonos en conjunto á la segunda parte, la 
consideramos útil, y presentada con relativa sencillez, que facilita su 
comprensión y estudio; tiene, empero, el defecto de no ser tan completa 
que contenga todos los medios en el dia conocidos y ventajosamente 
empleados. 

Constituye, sin duda, la parte más importante de la obra de Guyon,el 
estudio que en el Capítulo III hace del tratamiento de los heridos y ope- 
rados. 

Empieza esta parte por el estudio de las tendencias actuales de la Ci- 
rugía, al que signe el del tratamiento general, comprendiendo en este la 
higiene hospitalaria, expuesta concienzuda y extensamente, y el del tra- 
tamiento local, en el que se presenta Guyon verdaderamente práctico, 
tanto como en el anterior pudiera acreditarse de erudito. 

En la imposibilidad de señalar diverso valor para cada uno de los 
factores que en esta parte de la obra se contienen, limitaremos nuestro 
deseo, expresando el de que sea repetidamente leida, ya que entendemos 
ha de reportar berefícios incontestables al campo de la cirugía, como 
guia razonada para los que, viviendo en condiciones especíales, no pue- 
den recurrir á consultas de otro género. 

La importancia del asunto y las condiciones en que lo presenta la Ci- 
rugía clínica de Guyon, hacen que este libro sea útil para todos. Las con- 
diciones económicas con que ha sido presentado á la inteligente clase 
médica española lo hacen para todos acsequible. No escasearemos, por lo 
tanto nuestro aplauso á la obra en cuanto tiene condiciones de utilidad, 
pero sí añadiremos que la Sociedad editorial, la Biblioteca económica 
que lo ha publicado, merece, á nuestro ver, consideración y apoyo por la 
empresa que está llevando á cabo. 



LOS MICRÓFITOS DE U SANGRE Y SUS RELACIONES CON LAS ENFERMEDADES/^^ 

POR Timoteo Richard Lewis. 



Los esporos son, pues, organismos extraordinarios, puesto que resis- 
ten á las influencias destructoras de todas las formas de vida, vegetal ó 
animal. E^ cierto que este poder maravilloso se concede en general á los 
«igérmenea invisibles^; pero estos esporos son los únicos cuerpos visibles, 
en los cuales esta vitalidad persistente haya sido reconocida por a.utori- 
dades eminentes. No obstante, como ha demostrado el Dr. Cassar Ewart, 
que ellos no están más exentos de la 9tendencia á la muerien que los 
otros organismos análogos, en vista de que no pueden soportar ni la ac- 

(i) Continuación.— Véanse los números 25, 26, 27 y 28. 



152 LOS HICRÓFITOS DE LA SANGRE. 

cion del o.\ígeno comprimido, ni la del agua hirviendo, es probable que 
Pasteur, Koch y sus partidarios hallarían manera de aplicar la doctrina 
hoy en boga, afirmando que, aunque cuando los esporos puedan morir, 
sus gérmenes invisibles viven aun, pudiendo reaparecer bajo la influen- 
cia de circunstancias favorables. 

Gracias á la explicación precedente de las diferencias que existirian 
entre los Baccilli y sus esporos^ en cuanto á la facultad de resistir á los 
agentes destructores ordinarios de la vida, Pasteur pudo convencer 
á su antiguo discípulo Bert, y demostrarle las causas de la diversidad 
obtenida en sus resultados respectivos, tanto más fácilmente cuanto 
que un poco de precipitado alcohólico seco de sangre carbunculosa mez- 
clado con orina, no solamente hizo que el líquido adquiriese las propie- 
dades virulentas, sino que hasta dio origen á considerable número de 
Baccillif idénticos en apariencia á los que existen en la sangre antes de 
ser tratados por alcohol. 

Pasteur y Bert parece que no se habían fijado en que, bajo la influen- 
cia de ciertas circunstancias, la adición de una sustancia orgánica seca 
á la orina puede ir seguida de la producción de un sin número de Baccilli, 
£a efecto, sucede con frecuencia, que se obtiene una cosecha de Baccilli 
sin ninguna adición intencionada. 

^Mientras que dicha Memoria estaba en preparación, tuve el placer 
de observar los resultados obtenidos, examinando la orina bajo distin- 
tas condiciones de temperatura, etc. Varias muestras fueron preparadas 
ligeramente alcalinas, otras neutras, y otras no fueron modificadas; to- 
das ellas se mantuvieron á temperatura variada entre 35° y 40** C, y vi 
al día siguiente que más de la mitad estaban cubiertas de una delgada 
película, formada de Baccilli en diferentes grados de desarrollo, inclusi- 
ve la fase esporo, á pesar de los cuidados minuciosos que se habían 
tomado para privar la entrada de cualquier molécula extraña; dicha ex- 
perimento es familiar á todos los que han prestado alguna atención á 
los estudios microscópicos. Es inútil añadir que los organismos así ob- 
tenidos no producían efecto alguno sobre los animales (separándoles de 
la orina descompuesta.) 

IV, 

Los orgpanismoB Te^etales en la septicemia. 

La opinión de que la septicéniia es producida por organismos perte- 
necientes al grupo de los Hongos, en sus especies más inferiores, ha 
tenido tantos adeptos como la que acabamos de "^examinar, habiéndose 
escrito en su apoyo tanto ó más que con motivo de la precedente. El 
virus segregado por los animales, que sufren esta enfermedad, introdu- 
cido e.n la sangre de otros animales, produce tan fatales resultados como 
el carbunculoso. Además, puede ser trasmitido indefínitivamente de un 
animal á otro(l). Los síntomas, que se notan en caso de inoculación, son 



(1) Hace ya mucho tiempo que se hicieron sobre este asunto sabias observa- 
ciones. Hamont, por ejemplo, en 1827, inyectó la sustancia extra'da de un absceso 



LOS MICRÓFITOS DE LA SANGRE. d53 

con frecaencia tan semejantes á los que se observan en la fiebre espléni- 
ca, que á veces es hasta imposible distinguirlos. Existe, sin embargo, el 
siguiente carácter distintivo, que es muy marcado, á saber: que mien* 
tras que la presencia de los organismos en la sangre antes de la muerte 
es una regla en el carbúnculo es en cambio una verdadera excepción en 
el envenenamiento séptico, fil líquido derramado en la cavidad del peri- 
toneo, y con frecuencia también en el pericardio, es á propósito para 
dar origen á distintas formas del ac$c/uzomt/cefe«>, y su abundancia, al- 
gunas veces poco tiempo después de la muerte, ha hecho creer que eran 
los agentes productores de tan fatal resultado. 

La publicación délos experimentos de Panum, que vinieron á probar 
que los principios morbosos de tales líquidos no pueden en manera al- 
guna estar dotados de vida, disminuyeron durante algún tiempo el favor 
de la opinión precedente; mas este ha sido renovado últimamente y 
nunca con tanta apariencia de probabilidad, sobre todo después de la 
memoria sometida recientemente á la Academia francesa por los señof^s 
Pastear y Joubert. Esta Memoria, aun cuando excedía en extensión délo 
prescrito para esta clase de trabajo, fué, en virtud de la importancia 
que le dio la Academia, publicada integra (i). 

La Memoria se ocupa en primer término de los experimentos de 
Bert, explicando las disidencias que existen entre Bert y Davaine 
sobre los resultados relativos á la sangre carbunculosa, pero sin exten- 
derse más. Se recuerda que la materia tóxica, sometida á los experimen- 
tos de Pablo Bert, no dio origen en la sangre á los Baccillij aunque las 
propiedades virulentas fueran muy marcadas, y que la posibilidad de 
inocular la enfermedad de un animal á otro sin los Dacdlli fué tan ma- 
nifiesta, como si el líquido carbunculoso contuviera una cantidad de 
aquellos. Resultados semejantes han sido publicados por muchos ob- 
servadores, entre otros por Jaillard y Laplat, en 18513, poco tiempo des- 
pués de la Memoria de Davaine. Formularon sus conclusiones déla si- 
guiente manera: d.° el carbunclo no es una enfermedad parasitaria; 
2.*^ la presencia de Bacterideas debe ser considerada como un fenómeno 
consecutivo y no como una causa. Sucedió por tanto, como cosa natural, 
que se hablaba del carbunclo con ó sin Bacterideas. 

Davaine ha demostrado también que las propiedades virulentas del 
virus de la septicemia adquieren un aumento notable cuando la enfer- 
medad se comunica de un animal á otro. Se ha observado que, despucít 
de veinticinco inoculaciones sucesivas, una millonésima y hasta una bi- 
llonésima ó trillonésima parte del veneno primitivo, era bastante para 
dar la muerte. Se vio que los conejos eran muy susceptibles de ser ino- 
culados, mientras que los conejillos de Indias lo eran algo menos. Se 
observó también que los ratones podian soportar una gran cantidad de 
virus. 
Fué asimismo averiguado por Davaine que la sangre infectada pierde 



gangrenoso de un caballo á otro, y de este á un tercero, observando que la muerte 
se presentaba en pos de iguales síntomas en ambos casos. Coze y Feltz. Lea mala' 
éies infecdeuses, pág. íS, 1872. 

(1) Comptes rendu8 t. LXXXV, p. 101. 18 julio 1877. 



154 LOS MTGRÓFITOS DE LK SANGRE 

SUS propiedades virulentas» cuando se expone al aire por espacio de al- 
gunos días. En 27 animales inoculados desde una hasta ^/^oq de gota de 
sangre (expuesta al aire de uno á diez días), doce murieron, mientras 
que de 26 inoculados con una sustancia semejante, pero que habia esta* 
do expuesta al aire de once á sesenta dias, pereció uno solo (1). 

Pasteur, creyendo todavía que existia una diferencia entre los Bacci* 
lli del carbunclo y sus esporos, en cuanto á la vitalidad, determinóse á 
examinar si existia un hecho parecido en la septicemia. Examináronse 
tres animales que hablan muerto del carbunclo: un carnero muerto ha- 
cia seis horas, un caballo, de veinte á veinte y cuatro horas y una vaca 
á las cuarenta y ocho horas. La sangre del carnero contenia tan solo 
Bacterideas carbunclosas; la del caballo Bacterideas, al mismo tiempo 
que Vibriones de putrefacción; mientras que en la de la vaca solo se obser- 
varon Vibriones de dicha especie. En los tres animales la inoculación fué 
seguida de la muerte. La autopsia, hecha inmediatamente después de la 
muerte, de los conejillos de Indias, que hablan sucumbido de lainocula- 
cion y de los dos últimos animales mencionados, reveló una grande in- 
flamación de los músculos del abdomen y de los miembros, existiendo 
en varios puntos acumulación de gas; el hígado y los pulmones estaban 
descoloridos; el bazo de tamaño normal, pero muy blando; la sangre del 
corazón no coagulada, aunque dicho carácter fuera más visible en el hí- 
gado, casi tan visible como en un caso cualquiera de carbunclo. cLomás 
extraño, escribe Pasteur, es que los músculos inflamados contuviesen 
Vibriones movibles^ siendo estos más numerosos en la serosidad de la ca- 
vidad abdominal, siendo algunos de^ ellos de regular longitud» (2). Una 
gota de liquido mató rápidamente al'animal ¡inoculado; pero filtrando el 
líquido, diez ó veinte gotas no produjeron efecto alguno. Los Vibriones no 
se encuentran en la sangre sino hasta que el animal muere ó poco tiem- 
po antes, y la sangre no posee entonces ninguna propiedad virulenta, 
siempre que sea tomada directamente del corazón, y no se haya puesto 
en contacto con los tejidos situados por fuera de éste. 

Los movimientos de dichos Vibriones cesan cuando se les somete á la 
acción del oxigeno comprimido, sin que por ello mueran, pues en con- 
' tacto con dicho gas se transforman en corpúsculos, gérmenes^ los esporos 
del Dr. Koch. 

No solamente toleran dichas vibriones la acción del oxígeno compri- 
mido, ó más bien se convierten en filamentos perecederos, corpúsculos'- 
gérmenes^ al parecer permanentes, sino que así como los esporos del 
carbunclo, soportan sin perecer la acción del alcohol absoluto. Pasteur 
deduce de aquí que la septicemia, lo mismo que el carbunclo, es ocasio- 



(1) Inoculación de la materia séptica en el Bullelin de I' Academie des sciences 
Nov., 1872.-Enero, 1873. Citado por Birch-Hlrschfeld, loe. cit, pág. 173. 

(2) Pasteur. haciendo esta observación, se pregunta por qué una particularidad 
tan común en dicha clase de muertes ha quedado sin conocer hasta al presente, y 
cree que esto es debido á que los primeros observadores solo habían fijado seriamen 
te BU atención en la sangre. Parece extraño que el colaborador de Pasteur, elegido 
especialmente y perito en asuntos médicos, no le haya informado de que dicha partí* 
cularidad era precisamente el más conocido de los fenómenos que caracterizan la 
intoxicación séptica. 



LOS MICRÓFITOS DE LA SANGRE 155 

nada por organismos, pero los parásitos de la primera son movibles, 
mientras que los del último no lo son. 
Analizaremos después estos resultados. 

V. 
Organismos vegretales en la pneumo-enteritis (fiebre tifoidea del cerdo). 

En Febrero de 1880, el Dr. E. Klein dio cuenta á la Sociedad real de 
una parte de las investigaciones experimentales (hechas por el oficial de 
sanidad del consejo local del Gobierno), sobre la etiología de una enfer- 
medad designada algunas veces con el nombre de fiebre tifoidea del cer- 
do y también con los de peste del cerdo, miliar roja, mal rojo y erisipe- 
la maligna. 

Esforzóse en demostrar el Dr. Klein, que dicha enfermedad no era 
una fiebre tifoidea, ni un ántrax, sino una enfermedad esencialmente 
infecciosa, á la que propuso deno.ninar pneumo-enteritis infecciosa del 
cerdo (pneumo-enteritis contagiosa) (1). Dicho padecimiento parece te- 
ner una gran semejanza patológica con la septicemia y el carbunclo, 
pero difiere del último en que la sangre, por regla general, no contiene 
materia alguna extraña y en la mayoría de casos no posee propiedad al- 
guna infecciosa. De cinco animales inoculados con sangre fresca, uno so- 
lamente fué infectado, pero una cantidad de la sangre que produjo tal 
resultado, encerrada por algunas semanas en un tubo capilar, conservó 
toda su actividad. El líquido peritoneal contiene, sin embargo, siempre 
el virus, y este conserva su actividad después de desecado á una tempe- 
ratura de 38' C. próximamente. Estos^hechos concuerdan casi exactamen- 
te con lo que se observa generalmente en la septicemia. Las inoculacio- 
nes pueden asimismo efectuarse por medio de porciones del pulmón, 
de los intestinos ó del bazo enfermo y también con la exudación sanguí- 
nea espumosa de los bronquios, pudiendo tener lugar la infección cuan- 
do el virus se introduce directamente en el estómago. Parece que orga- 
nismos semejantes fueron ya descubiertos por Leisering, hace cerca de 18 
años, en una afección análoga en apariencia á la descrita por el doctor 
Klein en el cerdo. 

El Dr. Falke, refiriéndose á los Baccilli del carbuclo y haciendo alu- 
sión al hecho de que Delafond ha podido determinar la enfermedad en 
otros animales inoculándoles la vigésima parte de una gota de sangre 
provista de BcLcciUiy establece que Leisering en su Dresden Report para 
1860, menciona que es muy natural que tales Baccilli se encuentra en 
la sangre en el carbunclo, pero que él los ha encontrado asimismo en 
cuatro cerdos que hablan sufrido un tifus bien declarado (^abdominalis) 
(2) con úlceras en los intestinos é hipertrofia de los folículos. 



(i) Investigaciones experimentales sobre el origen de las enfermedades infeccio- 
sas con referencia especial á la doctrina del contagio vivo. Quaterly microscopical 
Journal.^Ábril 1870. pág. 170. 

(2) Bericht úber die Thierarzneiwissenschaft, in Schmidts *s Jahrb. cxiv, página 
132. Hé aquí sus palabras: Leisering dice que puede admitirse después de las si- 
guientes observaciones que la sangre carbunclosa tiene la propiedad de conté - 
ner constantemente pequeños organismos. Leisering ha observado, sin embargo, que 



156 LOS MICRÓFITOS DE LA SANGRE. 

Nada indica aquí que los BaccÜli, observados por el Dr, Leisering en 
la ñebre tifoidea de los cerdos, difieran exteriormente de los que había 
ya visto en el carbunclo; al contrario, parece afirmar que son idénticos, 
preguntándose en vista de ello si ambas enfermedades tendrán una cau- 
sa común. Siete experimentos fueron hechos por el Dr. Klein con los 
Bacdlti por él observados i fin de demostrar que el virus puede culti- 
varse artificialmente, es decir, fuera del cuerpo del animal. Pequeñas 




porciones de exudación peritoneal se añadieron al humor acuoso bajo 
una lámina de vidrio, según uso, y se conservaron A una tenipeíalura 
que variaba entre 32° y 39° C. durante uno ó dos dias; una porción de la 
sustancia cultivada fué trasladada enseguida á una segunda lámina con 
bumor acuoso fresco, y asi sucesivamente hasta la octava generación. 
Con la materia así obtenida, se inocularon siete animales en diferentes 
grados de desarrollo. Todos ellos, según refiere, fueron atacados, pero 
sin que se presentara la muerte. Detalles más minuciosos, en cuanto i 
los síntomas manifestados por los cerdos que se inocularon, serán re- 
velados seguramente cuanto tenga lugar la publiCHCÍon de los experi- 
mentos. Entre tanto debemos hacer notar que no se hace mención de 
haberse hallado Baocilli en la sangre de los animales inoculados. 

/Continuará.^ 



NOTICIAS CIENTÍFICAS. 



Sociedad farmacéutica española. — Así se llama la nuevamente 
fundada en esta ciudad por la mayoría de señores farmacéuticos de la 
misma. Su objeto, según se desprende de sus estatutos, es dedicarse á la 
compra, preparación y venta de productos químicos, farmacéuticos y 
otros similares, que proporcionará en el mayor grado de pureza posible; 
protegiendo los artículos del país á la par que apoyando los intereses de 
la clase en general y especialmente de los asociados. 

La aceptación que, entre los farmacéuticos de esta capital, ha obte- 
nido la nueva Sociedad, hace presumir que, á no tardar, se adhieran á 
ella la mayoría de profesores del resto de España. 

en cuatro cerdos atacados de lifus infeccioso, habia tumores intestinales, los múscu- 
los inteslinsles estaban liinchadoa con toliculos y eminencias grisáceas, mezcladas 
con exudación sanguínea. (Citado por el Dr. Klobi en su estudio anatómico-patoló- 
gico sobre el cólera en sus diversas fases. Leipzig, IH<)7.} .^ 



NOTICIAS CIENTÍFICAS, ibl 

Felicitamos á los señores farmacéuticos por sa acertado pensamiento, 
toda vez que con la realización del mismo^ es de esperar la instalación 
de un centro modelo para elaborar y expender medicamentos, que re- 
dunde en provecho mutuo de aquellos y que ha de ser garantía para la 
clase médica, cuyas observaciones, como es de suponer, esperamos 
atenderá completamente con lo cual los pacientes reportarán inmensas 
ventajas, pues sabrán á donde deben acudir para obtener productos que 
en conciencia respondan á los efectos que científicamente deben espe- 
rarse de nuestras prescripciones. — (J. Pareulada). 

Dispepsia flatulenta: tratamiento.— Al sin fin de fórmulas preco- 
nizadas para tratar dicha dolencia, puede añadirse la siguiente que acon- 
seja RobertBartholow (Aícd. Bul.) 

a'féntcl'*^ :::::::: ;}* 5 eramos. 

Para tomar una gota tres veces al día. Me parece que en algunos ca- 
sos podría aumentarse progresivamente la dosis. — (Formiguera.) 

Contracturaa post-mortem. — Sabidas son las caprichosas actitudes 
que suelen tener los muertos, especialmente en los casos de extinción 
brusca de la vida, cual ocurre con frecuencia en los campos de batalla. 
Diversas causas, y entre ellas ocupan la primera linea las lesiones del 
encéfalo y en particular las del cerebelo, pueden determinar in aUu et 
in situ tan curioso fenómeno, que nada tiene que ver con la rigidez ca- 
davérica. 

Ocupándose de este asunto, en la sesión del 26 de Diciembre de la 
Academia de Ciencias, el eminente Brown-Sequard, establece que el dia- 
fragma es algunas veces asiente, no déla rigidez cadavérica, sino de una 
contractura, de un acto puramente vital, que puede cesar y reaparecer 
hasta cuatro veces, durante ó después de la muerte, habiendo excitación 
del nervio 6 no habiendo ningún estimulo exterior. Esta excitación puede 
presentarse en otros músculos. 

La mencionada contractura depende de dos causas excitadoras dis- 
tintas: una primitiva y encefálica, y otra secundaria, que nace en la 
parte terminal de los nervios ó en el mismo tejido muscular. Una vez 
establecida, rara vez desaparece cuando ec separa el encéfalo de la mé- 
dula espinal, cortándola cerca del bulbo; en la mayoría de casos la con- 
tractura no se modifica después de haber seccionado todos los nervios 
de la región. Conviene añadir que esta contractura puede aparecer al- 
gún tiempo después que haya cesado toda excitabilidad en el centro ce- 
rebro-raquídeo, pero que no se presenta cuando la han perdido los ner- 
vios motores. 

Brown-Sequard concluye: 1.° que algún tiempo antes ó después de 
la muerte puede presentarse una verdadera contractura, que dura mu- 
cho, pasa al estado de rigidez cadavérica ó desaparece luego, permi- 
tiendo entonces reconocer la persistencia de la irritabilidad muscular; 
2.® que el cerebelo es la parte del encéfalo más potente para producir- 
la; 3.0 que las actitudes conocidas dependen, no de la rigidez cadavérica, 
sino de estas contracturas. 

En la sesi jn del 14 de Enero dio cuenta Brown-Sequard de nuevas in- 
vestigaciones experimentales acerca del mismo asunto. Ha probado con 
ellas que basta la irritación (galvanización) de algunos nervios para que 
no se presente, y que, aún después de la muerte, puede producir cam- 
bios análogos al tétanos, á las convulsiones de cualquiera causa y aún á 
la actividad de los músculos voluntarios (marcha, carrera pi olongada), 
cambios que acortan la rigidez y aceleran la putrefacción.— (Rodríguez 
Méndez. 



ESTADÍSTICA DEMOGRÁFICO- 






POR D. JOAQUÍN 



r. r^rinoipales loca 



LOCALIDADES. 



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2. 

3. 

4. 

5. 

6. 

7. 

8. 

9. 
10. 
11. 
18. 



Barcelona. . 

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POBLiCIOI. 



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33,696 
27,510 
24,270 
23,245 
19,937 
18,185 
17.070 
16,619 
14,829 
11,882 
6,867 



I4b. dt hftb. 

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23,729*57 
25,710*28 
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14,784*56 
24,042*25 
30,755*93 
33,702*27 
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UTURi BiROnniCi. 



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Xtzima. 



769*9 



758*4 



745*0 
734*6 



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740*2 



727*3 
710*0 



Media. 



764*6 

9 

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733*7 
728'3 



LOCALIDADES. 



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ENFERMEDADES INFECCIOSAS.. 




II. Oatalix^a 





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LCGÍTIMOS. 


ILEGÍTIMOS. 


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DE LOS FALLECIDOS. 






ENFERMEDADES 


PROVINCIAS. 


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Barcelona. . 
Tarragona. . 
Gerona. . . . 
Lérida. . . . 


1059 
35-> 
237 
207 




TOTAL 

(Cataluña.) . 
ESPAÑA.. . 


2031 
18963 


1858 
17618 





lAWITARIA. (Mes de Noviembre 1881), 



TlHPlUTOIi. 




VIENTOS 


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1 


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NACIMIENTOS. || 


.- .. 1 


DOMINANTES. 


de 
Unfia. 


nabo- 
eos. 


cubier- 
tos. 


despe- 
Jadoe. 


JjGlTjMQS^ 
TaroDcs. Heabus. 


JIEGITIMOS^ 3a- 
Taroon. Hembris- ¿ S, *¡ 


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MixuBA. MÍBima. 1 


Udia. 


21 'G 


4*0 ' 


13*5 


S. S 0. 


2 


11 


5 


W 


276 


220 


36 


32 


570 


2*290 
















> 


> 


27 


48 




1 


76 


2*254 
















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17 


20 




1 


44 


1*502 
















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• 


37 


34 




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71 


2*9in 
















> 


> 


26 


33 




1 


63 


2*713 


2i'4 


-1*4 


8*1 


S. S. 0. 






10 


9 


11 


21 


8 




2 


33 


1*668 
















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31 


25 




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56 


3*064 
















1 


• 


21 


17 




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38 


2*214 
















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1 


25 


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55 


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INFECCIOSAS. 



OTRAS tHfERlIEDADES FRECUENTES. HmUERTE YIOLEHTA 





160 PUBLICACIONES RECIBIDAS. 

Quemaduras: tratamiento. — Apliqúese, sirviéndose de un pincel 
íinOy esencia de menta piperita sobre las superficies quemadas y el do- 
lor calma inmediatamente, teniendo además la ventaja de que impide la 
formación de la escara. Así lo dice el Peí. Moniide la Med.^ aconsejando 
además, que se sumerja la parte quemada en el agua, antes de aplicar 
la esencia. — (Fgrmiguera). 

Cuerpo vivo en el estómago.— El Dr. Coy, menciona un caso nota- 
ble ocurrido al Sr. Anderson, quien, yendo á una gira y teniendo mucha 
sed, bebió agua de un estanque. Después de beber, dijo á uno de sus 
compañeros que habia tragado un renacuajo ó una serpiente: desde 
aquel día sintió continuos dolores en el estómago, hasta que al cabo de 
cinco meses vióse obligado á guardar cama y habiendo comenzado á te- 
ner vómitos, pronto sintió la cabeza del animal en la garganta; la cogió 
entonces con su pulgar é índice y la sacó al exterior, viva aún, arroján- 
dola al suelo y siendo enseguida muerta por la esposa de Anderson La 
serpiente, media 21 V4 pulgadas. No deja de ser curioso el caso. {The 
Texas ynedical and Surgical /íecord.)— (Fargas) 



SECCIÓN OFICIAL. 



Ley de reclutamiento y reemplazo del ejército.^Real decreto de 8 de 
Enero mandando publicarla íntegra. Queda vigente el reglamento de inutilida- 
des físicas, exceptuando el número 92, orden 8."", clase 2/, que se redacta en 
esta forma: «Tinas favosas, tonaurante y pelada, óponngo decaloans, en cual- 
quiera de sus formas y períodos.» Gaceta del 14 de Febrero. 

Aguas minero-medicinales de Fuente-Podrida.— Real orden de 23 de 
Febrero disponiendo que las dos aguas minero-medicinales, que con igual 
nombre existen en las provincias de Valencia y de Cuenca, se designen para 
evitar confusiones y perjuicios, de Fuente-Podrida la de la primera, y de Yé- 
meda la de la segunda. — Id. 25 id. 

Cdlera-morbo. — Circulares del 2 de Marzo disponiendo se admitan á libre 
plática las procedencias del Japón, hechas á la mar desde el 9 de Febrero, y se 
levante el tratanniento de observación á que estaban sujetas las de Singapoor. 
— Id. del 3 de Marzo. 

Catedráticos de Medicina. — Durante el año 1881 han dejado de pertene- 
cer al profesorado: D. Agustín Morte y Gómez (Valencia), D. José Armenter y 
Ferrer (Valladolid), D. Ángel Botaua y Barbeíto (Santiago) y D. José Aguilar 
y Expósita (Zaragoza), habienlo ingresado únicamente D. Jaime Ramón Goll y 
Domenech (Barcelona). 



PUBLICACIONES RECIBIDAS. 



Módocine vielUe et Módeoina nouvelle.— Introduction au cours de thérapeu- 
tique, parle Dr. Af. ScmmoZa.— Trad. de L, Gircrd.- París, 1>?81. 

Sur la Haladle de Bright, par le Dr. Af. Semmola.^P &ris, 1880. 

Nouvelles recherches ezpórimentales pour démontrer I* origine hématogene 
del' alhuminuriebrighUque, par Mr. M, 5emmo¿a. — Paria. 

Manual de Anatomía descríptÍTa. por el Doc ron Roberto Hartmann. Tra- 
ducción directa del alemán por ios Ores. L. Gónqoray S. Cardenal.— Cu ale rno 9.* 

Manual de medicina operatoria, por J. F. Malgaine.— Cuaderno 12.° 

Tratado de Operatoria Quirúrgica, por A. Morales Pérez.— Cuaderno 13, 

De la lepra en Granada, por O. Benito Hernando y Espinosa —Granada, 1881. 

periódico: Revista Médica^ de Santiago de Chile. 

Errata.->En el número 27 se coneignó recibida La Clínica Escolar de Barceloaa, 
debiendo decir: de Zaragoza. 



^ 



Tomo II. Húffl. 6. 21 Marzo de 1882. Año II. Núm. 30 



Gaceta Médica Catalana. 

SUMARIO: Clínica oftalmolójica. Tratamiento de los abscesos de la córnea, por el Ur. Don 
S. Barraigaer.— Cu'erpo extraño alojado detrás de la corona del glande, por el Dr. D- M. 
mibaa Perdicé.— Anatomía do los centros nerviosos, (continuación), por D. M. Fardas 
Roea— Contribución al estudio del Acido salicilico y sus compuestos, en particular del sa- 
eilato sódico en el tratamiento del reumatismo, (continuación) por D. M. E. Moréy Barril. 
—Revista de desinfectantes, por el Br. Bodrigaes Mendea.— Los micrófitos de la sangre 
y sus relaciones con las enfermedades (continuación), por el Br. T. Biehard L.ewi«— 
NOTICIAS CIENTÍFICAS: Eclampsia puerperal: tratamiento.— Curare artificial.— Atmósfera 
fria y liúmeda.»— Reumatismo articular agudo: tratamiento.— Estadística demogrAfico-f anl- 
taria (mes'de Diciembre de 1881).— Eritema sintomático délos tumores cerebrales.— S<>ccton 
ofíei<U,—Publieaeionei reeibidaa. 



CLÍNICA OFTALUOLÓaiCA. 



TRATAMIENTO DE LOS ABSCESOS DE LA CÓRNEA, 

POR EL Doctor Don J. Barraquer, 

Oeuli$ta de I09 ho$pitale$ de Santo Cruz y del Sagrado Corazón. 



Merecen llamar toda nuestra atención los procesos supurativos de la 
córneai ya que, dadas las exiguas dimensiones de esta membrana, bas- 
ta una ligera supuración para destruirla en gran parte. Evitar que se 
propaguen á la córnea los procesos supurativos de los órganos inmedia- 
tos y detener rápidamente la supuración una vez declarada en el tejido 
de aquella membrana, constituye el objeto principal de tratamiento de 
muchas enfermedades externas del aparato déla visión, y tanto es asi, 
que éstas tienen apenas importancia cuando por la falta de un elemento 
que pueda obrar sobre la córnea no exponen á comprometer su transpa- 
rencia. 

Escoman que se presenten abscesos y úlceras esténicas de la córnea 
en el curso de las conjuntivitis, de las dacriocistitis y siempre que existe 
un proceso supurativo que haga fácil el contacto del pus con la córnea. 
— En el absceso idiopático no tenemos datos para negar la influencia de 
una causa infectiva, y la consideración de que abundan, sobre todo en la 
clase pobre, y el éxito verdaderamente excepcional obtenido por el tra* 
tamiento desinfectante que aplico indistintamente á todos los casos, me 
obligan á admitirla, aunque no se puede demostrar de un modo seguro. 

El tratamiento preventivo de las supuraciones de la córnea debe va- 
riar según la naturaleza y violencia de la afección, asi es que en los ca- 
sos en que es pequeña la cantidad de pus que segregan las mucosas la- 
grimal y conjuntival bastarán las lociones desinfectantes de dichas 
mucosas y de la córnea repetidas Varias veces al dia. Prefiero en mu- 
chos casos abandonar el tratamiento de la afección de la conjuntiva y 



162 CLÍNICA 0FTALB10LÓ6ICA. 

de las vías lagrimales para establecer solamente el que pueda garantir 
á la córnea de los peligros de una infección. 

Si se trata de la infección blenorrágica que invade la mucosa cenjun- 
tival con una rapidez espantosa, propagándose á la córnea y perforando 
la cámara anterior en pocas horas, se comprende que deba obrarse coa 
mayor energía, y sólo puede obtenerse un resultado favorable, apelando 
á una operación que establezca una solución de continuidad éntrela mu- 
cosa infectada y la córnea, cuando ésta no presenta aún ninguna alte- 
ración. 

El modo de evitar la supuración de la córnea en estos casos, consiste 
en confinarla en la mucosa palpebral, impoBíbilitándole el paso á la que 
cubre el globo ocular, lo que he logrado extirpando la conjuntiva en 
todo el perímetro de la córnea y en la extensión de un centímetro dudan- 
te las primeras horas de la oftalmía blenorrágica. — Esta operación obra 
estableciendo una valla entre el epitelio y los vasos linfáticos de la cór- 
nea y los mismcs tejidos de la conjuntiva, imposibilitando la transmi- 
sión de los fenómenos supurativos, que se establece, como sabemos por 
las investigaciones microscópicas, á benefício del epitelio que cúbrela 
mucosa, y por los vasos linfáticojs que tanto abundan en la periferia de 
la córnea y que tan amplias comunicaciones tienen con los de la conjun- 
tiva. Considero tan importante la práctica de esta operación en las pri- 
meras horas de la oftalmía blenorrágica — por ser el único medio de evi- 
tar la pérdida de la córnea— que bien puede colocarse al mismo nivel que 
la vacuna en la profilaxis de la viruela; y no cesaré de recomendar á los 
prácticos, sobre todo á los que se ocupan del tratamiento de las enfer- 
medades venéreas, que acudan á ella desde el primer momento en que 
durante el curso de una blenorragia uretral vean aparecer esa conjunti- 
vitis tan intensa, que en las pocas horas que median de una á otra visi* 
ta adquieren gran desarrollo en la conjuntiva palpebral, tienen marcada 
tendencia á invadir el globo ocular, levantando su mucosa por una 
abundante exudación serosa que precede á la infiltración inflamatoria 
y producen un liquido purulento que ocupa el fondo de saco inferior.-^ 
La peritomla ó sindectomia no habia sido practicada, sino estoy mal en- 
terado, hasta el presente, como proñiáctica de las alteraciones supurati- 
vas de la córnea, y los autores establecen las indicaciones que tiene en 
el pannus y en las infiltraciones rebeldes do la córnea, interpretando el 
saludable efecto que en estos casos produce por la compresión que al re- 
dedor de aquella membrana estableced círculo cicatricial, que susti- 
tuye á la pérdida de sustancia, obliterando los vasos sanguíneos que del 
tejido subconjuntival y de la esclerótica pasan á la córnea y alimentan 
en ella una circulación sanguínea patológica* En la oftalmía bleuorrági* 
ca se ha usado también, cuando existen el quémosis inflamatorio y las al- 
teraciones graves de la córnea con ánimo de librar á este tejido de la com- 
presión que el quémosis puede desarrollar á su alrededor; pero se 
comprende que aplicada la operación en estos casos no puede producir 
el resultado que tenemos derecho á esperar de la misma cuando se usa 
como preventiva; por ser posible en estas circunstancias conservar la 
visión completa, mientras que cuando se usa para el tratamiento curati- 
vo do la queratitis blenorrágica no se obtiene su curación sin una cica- 



TRATAMIENTO DE LOS ABSCESOS DE LA CÓRNEA. d63 

íriz Ó mancha de la córnea, que reduce considerablemente la visión, y que 
por eslar en muchos casos adherida al iris expone el globo del ojo á tras- 
tornos graves que pueden perderlo en una época más ó menos adelan- 
tada. 

£1 tratamiento curativo de las supuraciones de la córnea por medio 
de los desinfectantes puede realizarse con ventaja mediante la cqra 
bórica, auxiliada con el uso de un colirio de sulfato de eserina y los pre- 
parados de quinina al interior; el ácido bórico constituye el desinfectante 
más apropiado para el ojo, porque lo podemos usar en soluciones bas- 
tante concentradas sin que pi'oduzca ninguna impresión desagradable 
para el enfermo, ni desarrolle síntomas inflamatorios, siendo más bien 
ligeramente anestésico. El colirio de sulfato de eserina se opone á la su- 
puración por sus propiedades antidiapedésicas. El sulfato de quinina, 
obrando interiormente como antiséptico, coadyuva á los fines del ácido 
bórico. 

flsta cara desinfectante debe completarse con la aplicación de un 
aposito antiséptico constituido por una compresa circular de lino satu- 
rado de ácido bórico y mojada en el acto de la cura en una solución de 
ácido bórico al cuatro por ciento, algunas capas de algodón salicilado, y 
una venda de gasa preparada ó simplemente de tela mojada en una diso- 
lución de ácido fénico al dos y medio por ciento. 

* * 

Citaré algunos casos clínicos en comprobación del éxito obtenido con 
este tratamiento. 

M. P., labrador, de 41 años de edad, natural de Palaq, á consecuencia 
de una contusión de la córnea derecha producida por la punta de una 
delgada rama de un árbol, sintió á las primeras horas dolores violentos 
en la sien y en la mitad derecha de la frente, vio disminuir la visión de 
su ojo derecho y formarse una mancha blanca en el centro de la córnea, 
según relación que nos dio en el acto del primer examen el 30 de Diciem- 
bre, dos dias después del accidente. 

Examinada convenientemente por medio de la iluminación focal, 
pude notar una colección purulenta extendida á la n^ayor parte del cen- 
tro de la córnea y á la mitad inferior de la cámara anterior. En el centro 
del absceso existia una ulceración. La conjuntiva hiperemiada y edema- 
tosa se levantaba en forma de rodete al rededor de la córnea constitu- 
yendo el quémosis seroso. 

En vista de la rapidez con que los fenómenos inflamatorios se desar- 
rollaban en la córnea y de las alteraciones vasculares de la conjuntiva 
que acompañaban su evolución, prescribí el uso de los calomelanos á 
dosis antiplástica, la aplicación de nueve sanguijuelas en la sien y ceja 
derecha^, y un colirio de sulfato neutro de atropina. 

Dia 2 de Noviembre.— El absceso aumentado de dimensiones; ha dis- 
minuido la hiperemia de la conjuntiva y persisten los dolores. ^ Se sus- 
penden los calomelanos y el sulfato de atropina y se sustituyen por un 
gramo de sulfato de quinina y un colirio de sulfato de eserina. 

Dia 4.— Sigue el enfermo en el mismo estado.— Se añade al tratamiento 
la siguiente poción, que tomó en dos mitades separadas por el interme- 



16 i CLÍNICA OFTALMOLÓGICA. 

dio de 15 minutos á última hora. — R. Hidrato de doral 3 gramos, agua 
100 gramos, jarabe de cortezas de naranja 30. 

Dia 6. — Sigue el mismo estado, aumenta la violencia de los dolores. — 
Continúa el mismo tratamiento y se verifica la paracentesis de la cámara 
anterior, que dá salida á un humor acuoso turbio con grandes coágulos 
de pus. 

Dia 7.— La cámara anterior vuelve i estar llena de humor acuoso y 
existe un ligero hipopion.— Los dolores calmaron por algún rato pocos 
minutos después de la operación; pero reaparecieron más tarde con la 
misma intensidad. Separé los labios de la herida por medio de un estile- 
te, evacuando la cámara anterior. 

Dia 8.— Aumenta la supuración de la cámara anterior y los dolores 
adquieren una violencia extraordinaria. Se sigue el mismo tratamiento 
y se evacúa nuevamente la cámara anterior. 

Día 9. — El enfermo sigue en el mismo estado; aparece nuevamente 
supuración en la cámara anterior. — Se suspende el colirio de la eserina y 
el uso de la quinina, reduciéndose el tratamiento á practicar abundantes 
lociones de la conjuntiva y córnea con una solución tibia de ácido bórico 
al cuatro por ciento practicadas cada 30 minutos y la aplicación del 
antes mencionado aposito, sustituyendo la venda antiséptica por una de 
tela seca. 

Día iO.— Ha disminuido la intensidad de los dolores, sigue el mismo 
tratamiento. 

Dia Í2. — El enfermo no aqueja ningún dolor y le llama milagroso al 
efecto producido por su vendaje. Se reduce la supuración do la córnea, 
sigue el mismo tratamiento. 

Dia dO. — No existe hipopion. La curación se hace cada dos horas. 

Día 20. —La supuración de la córnea, reducida á una pequeñísima 
porción central en el fondo de una úlcera profunda. 

Dia 22. — El enfermo parte para su país recomendándole el trata- 
miento de la úlcera de la córnea. 

M. P., niña de 13 años de edad, natural de Teruel, ocupó el 2 de Di- 
ciembre de 1881 la cama número 8 de Santa Lucia del hospital de Santa 
Cruz. Habia sido tratada en el Dispensario del propio hospital desde el 
26 de Noviembre por una conjuntivitis crupal agudísima, en cuyo curso 
se produjo una ulceración en la parte interna inferior del limbo de la 
córnea, que si bien no adelantaba en extensión, se rodeaba rápidamente 
de una zona supuratoria que abrazaba el dia de su entrada en el hospital 
la mitad inferior de la córnea. —Tratamiento: calomelanos á dosis refrac- 
tas y colirio de eserina. 

Dia 4. — La supuración aumenta abrazando los dos tercios inferiores 
de la córnea. Se hace profunda la ulceración, abombándose su fondo al 
través de la pérdida de sustancia. Sigue el mismo tratamiento y se aplica 
el vendaje compresivo. 

Dia 6.— Sigue el mismo estado, pudiéndose además notar con la ilu- 
minación oblicua que existe una colección purulenta en la cámara ante- 
rior. — Tratamiento: se suspenden los calomelanos y se prescribe un 



TRATAMIENTO DE LOS ABSCESOS DE LA CÓRNEA 165 

gramo de bisulfato de quinina, colirio de eserina repetidos tras veces al 
dia, lociones de ácido bórico al cuatro por ciento cada hora y aplicación 
del vendaje compresivo antiséptico. 

Dia 7.— Siguen el mismo estado y el mismo tratamiento. 

Z)íaS.— Disminuye rápidamente la supuración. 

Dia iO.— La supuración llega solamente al centro de la pupila. 

Dia i2 — La mancha purulenta queda reducida al tercio inferior de 
la córnea; no existe hipopion. 

Dia í^.— No existe ningún vestigio de supuración en la córnea ni en 
la cámara anterior; el fondo de la úlcera es transparente.— Tratamiento: 
lociones bóricas, tres veces al dia, colirio de eserina, fomentos calientes 
con la infusión de manzanilla, aceite de hígado de bacalao y jarabe de 
protoioduro de hierro. Se suspende el sulfato de quinina. 

Dia 28.— Sale curada con un ligero leucoma en la parte interna infe- 
rior que no altera la visión. 

M. A., mujer de 53 años, de Castellón, ocupó la cama n.® 3 de Santa 
Lucia el 10 Diciembre de 1881. — Presenta en ambas córneas varios leu- 
comas, indicios de antiguas afecciones de las mismas y las conjuntivas 
están llenas de cicatrices granulosas. En la parte inferior de la córnea 
derecha presenta un absceso que llega desde el limbo hasta el nivel del 
borde inferior de la pupila. — Tratamiento: curación bórica cada dos 
horas, colirio de eserina y bisulfato de quinina al interior. 

Dia SO. — El absceso está reducido á la mitad de sus dimensiones. 

Dia ¿5.-— El absceso quedó reducido á las dimensiones de una cabeza 
de alfiler. 

JDta 50.— El absceso ha desaparecido por completo y toma el alta la 
enferma. 

J. R., hombre de 40 años, ocupa la cama n.* 8 de la Sala de San Bue- 
naventura el 19 Diciembre de 1881. — Padece la oftalmía granulosa desde 
tres años á esta parte, habiéndose sometido solamente al tratamiento fa- 
cultativo en los casos en que ha sufrido alguna complicación. — Las gra- 
nulaciones están casi cicatrizadas expontáneamente; la córnea derecha 
notablemente vascularizada presenta una colección purulenta en su 
parte inferior que invade la cámara anterior; el iris está totalmente adhe- 
rido al cristalino. — Tratamiento: antiséptico igual al anterior. 

Dia 12, — Disminuye la supuración y aparece una ulceración en el 
centro del absceso. 

Dia Í2.— Los progresos de la ulceración perforan la cámara anterior. 
El absceso se reduce. 

Dia Í7. — No existe supuración. 

Dia 20.— Se suspende el tratamiento del absceso y se sustituye por el 
de la hernia del iris, consistente en el vendaje compresivo y el colirio 
miósico. 

Mes de Enero.— Continúa el tratamiento de la hernia del iris. 

Dia iO Febrero.— Sale del Hospital curado con un leucoma adherente. 



466 CUERPO EXTRAÑO ALOJADO DETRAs DE LA COROMA DEL GLANDE. 

N. N« sufrió la operación de triquiasis (procedimiento de Arll) en el 
dispensario del propio hospital el 22 de Enero de 1882. 

En 5 de Febrero apareció un absceso en el centro de la córnea iz- 
quíerda, acompañado de violentos dolores y de quémosis seroso. Se 
instituyó el tratamiento antiséptico antes indicado. 

Dia iO. — Los dolores y el absceso han disminuido notablemente. 

Dia 'i5.— Aumenta la supuración en la córnea y los dolores adquieren 
una intensidad extrema. Creyendo que esta recaída puedo ser debida á 
falta de cuidado en la práctica de las curas, entra el enfermo en el hos- 
pital y ocupa la cama n.^9 de la Sala de San Narciso, en donde ha estado 
sujeto á la curación bórica rigurosa hasta el dia 26 de Febrero en el cual 
sale enteramente curado. 



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CUERPO EXTRAÑO ALOJADO DETRÁS DE LA CORONA DEL GLANDE, 

Pofi EL Doctor D. M. Ríbas Perdigó. 



En el dia 29 de Noviembre próximo pasado, se presentó & mi con- 
sulta particular un niño de 6 años de edad, natural de esta ciudad, de 
temparamento linfático y de constitución bastante débil; presentaba en 
las regiones parotidea y cervical superior el sello indeleble de abscesos 
escrofulosos padecidos hace dos años, y según relación de su padre, 
salvo éstos y la viruela que sufrió por entonces, no habla tenido otra 
enfermedad que la presente. 

Esta afección apareció hace algunos días, pero no habla sido notada 
por los padres del enfermito más que desde cuatro á esta parte, por haber 
observado un cambio marcado en el carácter y costumbres de su hijo, 
que les indujo á investigar su causa, lo cual dio por resultado el descu- 
brir una fuerte hinchazón en el pene del pequeño enfermo, que alar- 
mándoles sobremanera motivó lo llevaran de una parte á otra hasta que 
por ñn vinieron á consultarme. Cuando me hice cargo del paciente 
presentaba los síntomas siguientes: hinchazón edematosa é inflamatoria, 
alguna rubefacción, calor elevado, y gran sensibilidad en la punta del 
pene cubierto por completo por el prepucio que era el principal asiento 
de los desórdenes citados y que no permitía descubrir el glande; por el 
orificio del prepucio se veía salir una corta cantidad de líquido purulen- 
to que no podía precisarse bien si salia del conducto uretral ó de la cara 
interna del prepucio y externa del glande; pero como la uretra se pre- 
sentaba normal 6 indolora en toda la porción acsequible á mis dedos y 
la micción se verificaba regular y casi normalmente, me incliné á creer 
que dicho pus salia con probabilidad del último de los orígenes ci- 
tados; en la parte superior y media del prepucio, se observaba, explo- 
rando detenidamente con los dedos, una induración ligeramente movili- 
zable, pero dificil de precisar por el espesor de los tegumentos inflama- 
dos; además de los síntomas expuestos se notaba una adenitis aguda y 
bastante dolorosa en ambas ingles, pero principalmente en la izquierda, 



CUERPO EXTRAÑO ALOJADO DETRÁS OE LA CORONA DEL GLANDE. 167 

muy doloroaa á la presioa y aun expontáneamente, pero sin presentar 
ninguna señal de fluctuación. 

Aparte de los síntomas de bcalidad que acabo de mencionar, se ob- 
servaba la lengua ligeramente saburra!, acompañada de anorexia, sensa* 
cion de pesadez en el epigastrio, borborigmos y diarrea; normalidad 
relativa en los aparatos respiratorio y circulatorio, é hipotonizacion 
profunda del sistema nervioso, revelada por desacostumbrada tristeza, 
ganas frecuentes de llorar, aspecto abatido, andar forzado., etc. 

A primera vista, no se puede negar, que la enfermedad que tenía 
delante de mi vista parecía ser un chancro blando, oculto por el prepu- 
cio, que no podía desenvolverse, acompañado de adenitis inguinales; pero 
en contra de este diagnóstico objetaba yo mismo el no haber visto el 
chancro, la temprana edad del enfermo y la presencia del nodulo deque 
hace poco he hecho mérito, que no pareciéndose á la induración infla- 
matoria de los chancros blandos, quizás habría podido tomarse por la 
induración que acompaña á los siQliticos á no ser en estos insólito el 
alto aparato flogistico de que se revestía la afección que examinaba. En 
este estado interrogué detenidamente sobre el particular al padre del niño, 
quien me contestó afirmando que casi estaba seguro de la naturaleza 
venérea de la enfermedad de su hijo, ya por existir algunos burdeles en 
la vecindad que habita, ya por haberlo (según él decia) confesado su 
mismo hijo. Con todo, me esforcé en ver si podría hallar otra expli- 
cación al síndrome que había estudiado, y me ocurrió la Idea de que 
podría ser un cuerpo estraño alojado detras del prepucio la causa de la 
inflamación de éste y de sus consecuencias. ^Dirijíme entonces al niño 
«a este sentido, preguntándole si tenía por costumbre introducirse algo 
dentro del orificio prepucial, á lo cual me contestó, que si bien no tenia 
esta costumbre, recordaba que hacia unos 15 días se había introducido 
un cañamón que luego no pudo retirar, y que no habiéndolo comunicado 
á sus padres por temor á una seria reprensión, se había olvidado de ello 
por completo hasta el momento presente, porque á los primeros dias 
que siguieron á su introducción no le había ocasionado molestia alguna. 

Después de esta ingenua é inocente confesión, creí, no sin fundamen- 
to, haber descubierto la verdadera causa de aquel estado flogistico que 
había sido tomado por un chancro, y como tal tratado, con inyecciones 
de una disolución de sulfato de cobre, por una de esas mujeres que ae 
dedican á empeorar enfermos de afecciones venéreas; á pesar de todo, 
antes de formular la indicación oportuna, quise cerciorarme de la pre- 
sencia del cuerpo estraño indicado pur el paciente y al intento introduje 
un estilete común por debajo del prepucio ha^ta su borde adherente, que 
dio por resultado hacerme reconocer la presencia de un cuerpo extraño 
susceptible de una ligera dislocación; este reconocimiento se acompañó 
inmediatamente después de cierta salida de sangre y de dolores vehe- 
mentísimos. 

Una vez seguro de la presencia del cuerpo extraño antes sospechado, 
procedí á su extracción valiéndome de una pinza de disección introdu- 
cida entre el glande y el prepucio, y de la compresión ejercida con mis 
dedos en la parte externa y media del prepucio; al cabo de algún rato de 
practicar dolorosas maniobras conseguí mi intento logrando sacar aunque 



168 CUERPO EXTRAÑO ALOJADO DETRÁS DE LA CORONA DKL GLANDE. 

en dos pedazos, un cañamón ya germinado. Después de esto ordené prac- 
ticar 3 veces al dia inyecciones desinfectantes con una solución de ácido 
fénico fil i por 100, al propio tiempo que recomendé la aplicación de 
compresas mojadas en agua fria, por espacio de diez horas seguidas, so- 
bre las ingles, con objeto de impedir la supuración de las adenitis exis-* 
ten tes. 

Dos días después, el enfermito se hallaba muy mejorado y habían 
desaparecido en parte los síntomas que habían podido hacer creer en 
una afección chancrosa; tres días más tarde mandé suspender las inyec- 
ciones fenicadas, quedando de esta manera sin medicación alguna por 
no necesitarla ya el niño. 

No he de ser yo seguramente quien, haciendo hincapié en el caso ex<* 
puesto, encarezca la necesidad, por todos conocida, de ir siempre con 
gran liento en las cuestiones diagnósticas, y lo único que me propongo 
hacer, antes de dar por terminada la presente exposición, es ver si se 
puede explicar satisfactoriamente el remedo que de una afección venérea 
había provocado la presencia de un pequeño cuerpo estraño debajo del 
prepucio y por detras de la corona del glande. A mi me parece que esta 
explicación es fácil: se sabe que en la primera infancia el prepucio es, por 
regla general, sumamente ancho y largo en relación al pequeño glande 
que ha de cubrir ;pero tampoco se ignora que aun en esta misma edad el 
fimosis no es ningún hecho raro, y el enfermo de que hemos hecho men- 
ción lo tenía muy marcado el último dia que lo vimos, cuando ya había 
desaparecido por completo la hinchazón que acompañaba á su postitis; 
ahora bien, lo que en el caso expuesto sucedió parece ser que una vez que 
el niño hubo introducido la pequeña simiente debajo del prepucio, no 
pudo hacerla salir con facilidad porque le causaría más ó menos dolor 
cada vez que lo intentaba, y como sin duda observaría que apenas le 
molestaba cuando estuvo muy introducida, optó en su escasa inteligen- 
cia por dejarla como estaba; luego después es fácil comprender cómo la 
sola presencia de este cuerpo extraño pudo acarrear, por el mecanismo 
de la irritación continuada, la inflamación de los tejidos que le eran ad- 
yacentes, y desde estos no es difícil pensar que fué por el intermedio 
de los vasos linfáticos superficiales del pene como la misma flogosis 
invadió los ganglios inguinales superficiales superiores, y ya en este es- 
tado la afección, era bastante la semejanza que ofrecía con los chancros 
blandos ocultos en la cara interna de un prepucio afecto de fimosis en su 
extremidad libre. Aparte de esta semejanza, me parece completamente 
racional la explicación patogénica, que acabo de dar de la afección 
estudiada, y en esta idea me corrobora la curación definitiva y rápida 
que obtuve con la simple extracción del cuerpo extraño. 



ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 109 

ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS, (*> 
POR Don Miguel A. Fargas Roca. 



Circunvolucionea. En el \6h\i\o ívonial existen cuatro circunvolucio- 
nes: utiBL transversal y tres antero -posteriores, que arrancan de la priníiera 
para dirigirse hacia adelante. 

La circunvolución transversal del lóbulo frontal, ó frontal ascendente, 
(circunvolución central anterior, primer pliegue parietal ascendente de 
Gratiolet, gyrus centralis anterior de Ecker), forma el labio anterior de 
la cisura de Rolando y el limite posterior del lóbulo frontal. Se dirige 
oblicuamente de abajo arriba y de delante atrás en toda la extensión del 
lóbulo, desde la cisura de Sylvio al borde superior del hemisferio 
(D,fig,26). 

Las tres circunvoluciones frontales antero- posteriores se subdividen 
en: primera, segund^t y tercera. 

La primera circunvolución frontal (tercera de algunos autores alema- 
nes, circunvolución frontal superior, gyrus frontalis superior de Ecker), 
está situada en el limite superior del lóbulo, y arranca de la frontal 
ascendente para dirigirse adelante, hacia la extremidad del lóbulo, y ex- 
tenderse hasta la cara interior del hemisferio, para formar el gyrus rec- 
tus (A, fíg. 25). Esta circunvolución, á veces está dividida en dos por 
una cisura, y presenta dos caras, una en la superficie de los hemisferios 
y otra en la cara interna de los mismos (3, fig. 27), en donde está sepa- 
rada de la circunvolución del cuerpo calloso (4, fig. 27) por el surco 
calloso marginal. 

La segunda circunvolución frontal (circunvolución frontal media, 
gyrus frontalis medius de Ecker) nace, como la precedente, de la frontal 
ascendente para dirigirse adelante, al lado y afuera de la primera frontal 
(B, fig. 26), de la cual está separada por la cisura llamada por algunos 
de Verga. En la extremidad anterior del lóbulo frontal, se une con la 
precedente y con la subsiguiente, para ir á terminar en la cara inferior 
del lóbulo. 

La tercera circunvolución frontal (G, fig. 26), (circunvolución frontal 
inferior, primera circunvolución de algunos autores alemanes, gyrus 
frontalis inferior de Ecker, circunvolución de Broca), parte de la extre- 
midad inferior de la frontal ascendente, se dirige adelante formando un 
pliegue muy pronunciado, hasta que, unida con la anterior, salva la ex- 
tremidad anterior del lóbulo, para tomar en su cara inferior una dispo- 
sición irregular, que imposibilita seguir claramente el trayecto de am- 
bas, presentando muy á menudo un surco en forma de cruz (surco cru- 
cial (B, fig. 25). Está situada por debajo de la segunda y separada de ella 
por una cisura, formando por su cara inferior el labio superior de la ci- 
.sura de Sylvio. 

En el lóbulo parietal existen también cuatro circunvoluciones: una 



(1) Continuación.— Véanse los números 25, 26, 27, 28 y 29. 



170 ANATOMÍA DK LOS CENTROS NERVIOSOS. 

transversal y tres anterO'posteriores, pero no presentan la disposición re- 
gular que ofrecen en el lóbulo frontal. Las tres antero-posteriores no 
nacen todas ellas de la transversal; sin embargo, en un hemisferio hu- 
mano, que tengo í la vistfi, la que llamaré segunda parielal, arranca 
también de la ascendente, aunque por una raiz poco visible, pero lo su- 
ficiente para extablecer analogía, junto con los datos de la Anatomía com- 
parada, con las del lóbulo frontal. 

La circunvolución transversal ó parietal ascendente (F, fig. 26) (cir- 
cunvolución central posterior, primera parietal de algunos autores 
franceses, segundo pliegue parietal ascendente de Gratiolet, gy.i*ns ceñ- 
tralis posterior de Ecker), está situada por detras de la frontal ascendente, 
constituyendo el límite anterior del lóbulo parietal y formando el labio 
posterior de la cisura de Rolando, que separ{i ambas circunvoluciones, 
y siguiendo una dirección análoga á su congénere, por su e!ctremidad in- 
ferior se une con la frontal ascendente, formando asi el límite inferior c[e 
la cisura de Rolando, y por su extremidad superior, unidos también 
ambos repliegues, se extienden por la cara interna del hemisferio, cons- 
tituyendo un pequeño lobulillo bastante independiente para que reci- 
ba nombre especial y se le llame lobulillo paracenlral (5, fig. 27). 

La primera circunvolución parietal (H, íig. 26) (segunda parietal ^e 
algunos autores franceses, tercera parietal de algunos autores alemanes 
—que aquí como en el lóbulo frontal siguen el orden de abajo arriba, — 
lobulillo parietal superiov, circunvolución parietal superior), ocupa el 
borde del hemisferio y está situada en la parto superior del lóbulo pa- 
rietal. Arranca de la extremidad superior de la parietal ascendente y 
termina en la cisura occipital. En la cara interna del hemisferio esta 
circunvolución forma un lobulillo, situado por delante de la cisura occi- 
pital y por detras del lobulillo llamado paracentral, que recibe el nom- 
bre de antecuña ó lobulillo cuadrilátero de Foville (6, fig. 27). Esta cir- 
cunvolución está separada hacia fuera del resto del lóbulo parietal por 
la cisura intermedia, y como no en todos los hemisferios es visible el 
nacimiento aislado de las otras dos circunvoluciones, como en al que 
antes he citado, de aquí la confusión que reina en este punto, designando 
muchos autores el resto de lóbulo parietal, situado por debajo de la cir- 
cunvolución que acabo de describir, con el nombre de lobulillo parietal 
inferior, lobulillo del pliegue curvo ó del dobladillo, tercera circunvolu- 
ción parietal, etc. En realidad, la parte posterior de esta región del ló- 
bulo parietal representa la segunda circunvolución parietal, y la parte 
anterior la tercera. 

La segunda circunvolución parietal (J, fig. 26), {gyrus angularis de 
Huxley) raras veces nace directamente de la parietal ascendente, como 
en "íl hemisferio á que he hecho alusión: lo común es que, como lo re- 
presenta el gra'oado, se desprenda de la tercera parietal para dirigirse 
atrás formando un repliegue y continuándose directamente por su extre- 
midad posterior con la segunda temporal. 

La tercera circunvolución parietal (G, fig. 26), nace directamente de la 
extremidad inferior de la parietal ascendente, se dirige atrás formando 
un repliegue muy marcado, que recibe la extremidad posterior de la ci- 
sura de Sylvio, y se continúa con la primera temporal. 



anatomía de los centros NERV1030S. 171 

£1 lóbulo occipital se separa algo de la disposición de los demás ló« 
bulos. Sin embargo, se observan á menudo en su cara externa tres cir- 
cunvoluciones antero -posteriores, y en su cara interna un lobulillp 
especial llamado cuña. 

La primera circunvolución occipital, nace de la extremidad posterior 
de la primera parietal y se dirige atrás, describiendo sinuosidades y cor- 
riendo por encima del lobulillo de la cuña, á lo largo del borde superior 
4el hemisferio (K, fíg. 26). 

La segunda eircunvolueion occipital (L, flg. 26), está situada al lado, 
por debajo y por ^etrás de la precedente y se continúa por su extremidad 
anterior con la segunda parietal. 

La tercera circunvolución occipital (M, flg. 26), está por debajo de la 
anterior, continuándose por delante con la segunda y tercera temporales 
y confundiéndose atrás, en la punta del lóbulo occipital, con la extremi- 
dad posterior de las precedentes, en cuyo sitio se encuentra con fre- 
cuencia un pequeño repliegue vertical, llamado por Ecker gyrus desccti- 
4en8. 

La cuña, ó lobulillo occipital interno (8, fíg. 27), representa el lóbulo 
occipital en la cara interna de los hemisferios y está limitado: arriba 
por la cisura perpendicular interna (7, fíg. 27), y abajo por la cisura 
horizontal, cisura del hipocampo ófissura calcarina (10, fíg. 27). Pre- 
senta la cuna ea su superficie pequeños repliegues y por su extremidad 
anterior se une siempre, más ó menos visiblemente, con la circunvolu- 
ción del cuerpo calloso. 

£1 lóbulo temporal presenta en su cara externa tres circunvoluciones 
atUerO'po9terioreSj y en su cara inferior, y comunes con la cara inferior 
del lóhulp occipital, dos, pero estas últimas son quizás de todas las cir- 
cunvoluciones las que menos regularidad y constancia ofrecen y que por 
lo mismo menos se prestan á la descripción. 

La primera circunooludon temporal (P, fíg. 26), nace de la tercera 
parietal y se dirige de atrás adelante formando el labio inferior de la 
cisura de Sylvio, hasta llegar á la extremidad del lóbulo temporal. 

L^ segunda circunvolución temporal, procede de la segunda parietal 
en su extremidad posterior, y al lado de la precedente y por debajo de 
ella ^e 4ii*ig& hacia adelante (O, fíg. 20). 

La tercera circunvolución temporal (N, fíg. 26), se continúa por de- 
trás con la tercera occipital y corre hacia adelante al lado de la ante « 

rior, 

h^B dos circunvoluciones iemporo -occipitales, situadas en la cara ii>* 
fero-interna del lóbulo temporal y llamadas primera la externa y segun- 
da la interna por los autores franceses, ó lobulillo fusiforme aquella y 
labulillo lingual esta por los autores alemanes (D y F, fíg. 25), no son 
muy distintas en todos los cerebros y por su extremidad anterior se 
terminan en la prolongación esfenoidal de la circunvolución del cuerpo 
calloso. 

£1 lobulillo de la ínsula, presenta también varias circunvoluciones, 
cpmo puede verse en la fíg. 28, que partiendo de la parte anterior in- 
terna, se irradian en formando abanico, sin presentar de una manera 
conatante número ni disposición fijos. 



472 ANATOMÍA DE LOS CINTROS NERVIOSOS. 

Descritas las circunvoluciones de cada lóbulo en todas las caras del 
hemisferio, réstame decir dos palabras de una circunvolución muy im- 
portante, que sin formar parte exclusiva de ningún lóbulo, tiene cone- 
xiones con todos. Hablo de la circunvolución del hipocampo (4,0, ílg. !27) 
{gyrus fornicatus, circunvolución del dobladillo). Comienza debajo de la 
extremidad anterior del cuerpo calloso, á la cual rodea, recorriendo 
luego toda su cara superior y reflejándose en sd extremidad posterior, 
para continuarse en el lóbulo temporal, formando su borde interno y el 
límite externo de la grande hundidura de Bichat, y recibiendo en este 
sitio el nombre de circunvolución del hipocampo ó circunvolución en 
forma de gancho (O, fig. 27). Se adelgaza mucho al nivel dala confluen- 
cia entre la cisura occipital interna y la fissura calcarina. Está separada 
del cuerpo calloso por el seno del mismo nombre y de la primera fron- 
tal por el surco calloso marginal, uniéndose en su trayecto, y desde su 
extremidad anterior á lá posterior, con la antecuña, la cuña y el lobu- 
lillo lingual. 

La descripción ordenada y metódica que acabo de hacer de las cir- 
cunvoluciones, es aplicable á todos los cerebros, pero no con igual 
sencillez. Desde las razas inferiores á las superiores y aun en estas, entre 
los individuos de inteligencia vulgar y aquellos que descuellan por la 
notabilidad de su talento ó de su genio, la diferencia es inmensa, aunque 
el tipo se conserve el mismo. Siempre pueden encontrarse con mayor ó 
menor facilidad los repliegues descritos, pero entre el cerebro de un 
Bosquiman, cuyo volumen es pequeño y cuyas circunvoluciones son no- 
tablemente sencillas, y el de un Caucásico instruido y de mediana inte- 
ligencia, de cerebro más desarrollado y de repliegues más complejos, con 
uniones entre ellos, con circunvoluciones de tránsito y de perfecciona* 
mientOrque aunque secundarias están muy desarrolladas, existen todos 
los grados imaginables. 

Contrastan notablemente la copia que presenta Gratiolet del cerebro 
de la Venus Hotentote y la que pone Marshall, en su memoria sobre el 
cerebro de un Bosquiman, con los dibujos que da Wagner de los cere- 
bros de Gauss y del eminente Dirichlet. En aquellos se destacan todas 
las circunvoluciones sin confusión ninguna, se presentan pocas tortuosi- 
dades, existen rarísimos repliegues unitivos, las cisuras tienen una 
dirección bastante rectilínea y el conjunto de la cara externa del hemis- 
ferio ofrece un aspecto de notable sencillez; en los últimos, por el contra- 
rio, las circunvoluciones son sumamente tortuosas y replegadas, unidas 
unas con otras en varios sitios, hay repliegues de tránsito y de perfec- 
cionamiento numerosos y desarrollados, las cisuras son en gran manera 
sinuosas y parece que abandonan su dirección y no ocupaii su debido 
sitio; en una palabra, es necesario un conocimiento profundo del modo 
de ser de la corteza cerebral para lograr la determinación de las distin- 
tas circunvoluciones y convencerse de que, aun en medio de tanta com- 
plejidad y de tanto enredo, la situación, dirección, número y disposición 
general de las circunvoluciones y cisurasi son exactamente los mismos 
que nos enseña la Anatomía comparada y que observanxos 6B las ra^as 
inferiores y en individuos que, ya por herencia, ya por su raquítica cons- 
titución física, tienen una inteligencia tan mezquina eomo su cerebro. 



ANATOMÍA. DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 173 

Por de contado, que la novedad y poco desarrollo de eslos esludios 
bace admitir tan solo de una manera general sus deducciones, pues, 
aunque sea por excepción, puede suceder en el desenvolvimiento y per* 
feccion de )as circunvoluciones, lo que acontece con el peso del cerebro, 
que si bien por punto general el desarrollo de las facultades intelectuales 
guarda relacioii con "J volumen y peso de dicho ór(;ano, hay que tener 
en cuenta que Morris ha dado á conocer el cerebro de un individuo, cuyo 
peso, el mayor conocido excepto los de Cromwellyde Byron.erado 
1,900 gramos, quien murió £ la edad de Utt aííos sin haber descollado en 
nada, siendo deoficio ladrillero y sin saber leer r.i escribir. Pesaba, pues, 
este cerebro 70 gramos más que el de Guvier y 115 más que el de Aber- 
crombie y el de Schiller. 

Estas mismas diferencias en los detalles del modo Oe ser de las cir- 
cunvoluriones en los distintos cerebros, han sido un gran obstáculo para 
llegar á su descripción, y mientras los anatómicos han pretendido en- 
contrar un orden determinado, estudiando tan solo el cerebro del hom- 
bre, sus esfuerzos han fracasado siempre y ha sido preciso valerse do 
la Anatomía comparada para estudiar la creciente sencillez, que se ob- 
serva ¿ medida que descendemos en la escala zoológica hasta llegar al 
murciélago y al topo, cuyo cerebro es liso, sin repliegue ni cisura de 
ninguna clase. 

Poi" eso Graliolet colocó dichos animales en el primer grupo de una 
serie compuesta de catorce etapas, en orden progresivo de perfecciona- 
miento y desarrollo, ocupando la penúltima, el mono, y la última, el 
hombre. 

Únicamente así pudo verse que un número determinado de circun- 
voluciones de existencia y posición constantes existia en todos los ani- 



FJg; 32.— Cerebro ae tarro («squema). 

¡Sfoiin Hugaenín.) 



males, incluso el hombre, si bien que modificadas según los caracteres 
de la especie; y por masque las necesidades déla descripción y las exi- 
gencias de la Fisiología y de la Patología obliguen á hacer un estudio 



174 ANATOMÍA. DB LOS CENTROS NERVIOSOS. 

regional, por así decirlo, de las circunvoluciones en el cerebro del hom- 
bre, podrían en resumen ser consideradas conforme al tipo más ele- 
mental. 

En el tercer grupo de la clasiñcacion de Gralíolet, se encuentra el 
cerebro del zorro, que puede presentarse como verdadero tipo de orga- 
nización elemental de las circunvoluciones (fig. 32). Se ven en la cara 
externa del cerebro cuatro circunvoluciones paralelas, por nada inter- 
rumpidas y que describen una curva concéntrica al rededor de la cisura 
de Sylvio. Son las cuatro circunvoluciones primitivas, que con más ó 
menos cambios se encuentran también en los demás cerebros, 4olo efue 
en algunos de animales superiores, y entre ellos el del hombre, quedan 
reducidas á tres. Se ven también en la misma ñgura las dos extremida* 
des de la circunvolución del cuerpo calloso, de existencia aislada é in- 
dependiente como en el hombre. 

Tres circunvoluciones primitivas al rededor de la cisura de Sylvio en 
la cara externa, y la circunvolución del cuerpo calloso en lá cara in- 
terna; hé aquí el esquema de las circunvoluciones en el hombre. Y no se 
crea que la analogía entre el cerebro del hombre y el del zorro es en 
este sentido muy forzada. La circunvolución del cuerpo calloso es del 
todo aislada y no cuesta trabajo reconstituir con las circunvoluciones, 
que he descrito, las tres primitivas que quedan formadas de la siguiente 
manera: 

Primera circunvolución primitiva: por la tercera frontal, tercera pa- 
pietal y primera temporal, que se continúan sin interrupción y rodean 
la cisura de Sylvio (fig. 28, A, B, C). 

Segunda circunvolución primitiva: por la segunda frontal, la segupda 
parietal (interrumpidas por la cisura de Rolando) y la segunda tempo- 
ral, que se continúa directamente con la anterior. 

Tercera circunvolución primitiva: por la primera frontal, primera pa- 
rietal, primera y tercera occipitales y tercera temporal, que no se inter- 
rumpen en ningún sitio y que llevan consigo algunas circunvoluciones 
suplementarias (las de la cuña, tercera occipital, gyrtis rectuSy globulillos 
lingual y fusiforme). 

As/ considerado el hemisferio y colocada en el centro de la cara 
externa la ínsula de Reil, parece esta el botón de una flor con escota- 
dura y las tres circunvoluciones primitivas, junto con la del cuerpo 
calloso, los replegados pétalos de la misma. 

Si bien podrá ser útil esta idea general de las circunvoluciones, es 
de todo punto indispensable la descripción por lóbulos, que antes he he- 
cho con denominaciones precisas, para los estudios contemporáneos de 
las localizaciones cerebrales y para fijar exactamente el sitio de una 
lesión de la corteza cerebral, que puede encontrarse al practicar una au- 
topsia. 

La índole de este trabajo no me permite extenderme más en este 
asunto, y aprontar numerosos datos de Anatomía comparada y de desar- 
rollo en apoyo de lo que dejo escrito. 

Solo diré, para explicar una contradicción aparente que podría en- 
contrarse en este escrito, que si no llamo, conforme á lo que acabo de 
decir, á la tercera frontal, por ejemplo, primera y viceversa, es por no 



ACIDO SALICÍLICO Y SUS SALES. 175 

desechar completamente la nomenclatura en boga en Francia, con el fin 
de ser más comprensible y útil, ya que muchas de sus obras nos sirven 
de fuente de estudio. 

(ContinuaráJ 






CONTRIBUCIÓN AL ESTUDIO DEL ACIDO SAUCILICO Y SUS COMPUESTOS, 

en particular del saUcilato sódico en el tratamiento del reumatismo, (1) 

POR D. M. E. Moré y Bargit, 

Médico de la Cktsa de Lactancia y Ca8a-i:unade Barcelona, 



Kodo de combatir Iob accidentes á que da lugar el ácido salioilico y 
sus ccmpuestoB.— Hasta a^ui hemos hecho hincapié en un estudio más ó 
menos detenido de la acción fisiológica del ácido salicilico y de sus deri- 
vados, de los trastornos á que puede dar lugar su administración corta ó 
prolongada y de dosis alta ó baja, y cuál de estos cuerpos ofrecia más 
ventajas para el tratamiento de las enfermedades. 

Réstanos ahora decir algunas palabras acerca del modo de combatir 
estos accidentes, cuándo se presentan, y los mejores medios que para 
ello se conocen. 

El medio es muy sencillo, pero pueden tomarse dos partidos, sea que 
los trastornos se verifiquen en los centros nerviosos, sea que se obser- 
ven en el tubo gastro- intestinal. Cuando los fenómenos de congestión 
cefálica son ligeros, basta suspender el empleo del medicamento para 
encontrar un pronto alivio y que desaparezca todo á las 24 horas. Mas si 
se quiere obrar con mayor prontitud, oblen los fenómenos presentan 
un aspecto más grave y alarmante, no hay como administrar al en- 
fermo una infusión de café dos ó tres veces al día, y en los intervalos 
una pequeña cantidad de una bebida alcohólica, como rom, cognac, etc. 

Produce también admirables resultados un cocimiento de quina ca- 
lisaya. Sobre esto tengo observado que ambos cuerpos son mutuamente 
antagonistas, á pesar de que su acción sobre los centros nerviosos es se- 
mejante: de modo que cuando los fenómenos de congestión son produ- 
cidos por el sulfato do quinina, desaparecen con solo administrar una 
poción de salicilato de sosa; y al revés^ cuando son debidos á este últi- 
mo, desaparecen con la quinina.. 

IV. 
APLICACIONES. 

Hemos visto ya los efectos del ácido salicilico y de sus compuestos en 
la economía, y para completar el estudio de este interesante cuerpo, nos 

(1) Continuación. -Véanse los números 25, 26^ 27, 2d y 29. 



176 ÁCIDO SALICÍLICO Y SUS SALES. 

falla todavía decir algo sobre las aplicaciones t\ue puede tener en la iMe- 
dicina, en la Cirugía y en varios otros casos de importante empleo. 

La investigadora mirada de los prácticos no ha cesado un solo mo» 
mentó de indagar todas las propiedades inherentes á este cuerpo, y con« 
tínuamente se reciben noticias de recientes aplicaciones del mismo, 
obteniéndose de todos los m¿s felices resultados; sirviendo, poco menos 
que para casi todas las enfermedades^ y haciendo del mismo la panacea 
universal. 

No diré por esto que sus aplicaciones sean limitadas: al contrario, lo 
creo útil en un gran número de estados patológicos, ya graves, ya Ifves. 
Asi es que se ha empleado en un sinnúmero de casos de Cirugia, particu- 
larmente en úlceras y gangrenas tópicamente, y en gran número tam- 
bién de casos de Medicina, como en muchas fiebres especiales (tifoidea, 
sarampión, escarlatina, etc.), en el reumatismo bajo todas sus fo! mas, en 
las afecciones de las vías urinarias, en las afecciones inflamatorias de la 
boca (muguet, gingivitis, etc.), en las fiebres intermitentes, en la corea, 
en algunas neuralgias y en variadísimas enfermedades que seria prolijo 
enumerar, toda vez que su acción no está todavía bien demostrada. Por 
esto, nosotros limitaremos nuestra atención á cierto número de ellas, 
haciendo especial mención de su uso interno en el tratamiento del reu- 
matismo, y de su uso externo en aplicaciones quirúrgicas de índole in- 
fecciosa ó purulenta. Todas las demás afecciones, en que se ha usado el 
ácido salicilico ó sus compuestos, las trataremos aparte, exponiendo los 
resultados que hemos obtenido, si en dicho caso hemos hecho aplicación 
de ellos. 

APLICACIONES Á LA MEDICINA. 

I.*" Reumatiamo agudo.— El salicilato de sosa, en sus aplicaciones en 
el reumatismo, ha sufrido los vaivenes de todo medicamento que se em- 
plea por vez primera en el tratamiento de una enfermedad dada. Unos 
han obtenido con él felices resultados, otros nó. En Alemania, ha sido 
estudiado por Reiss, Hildebrand, Stricker, etc. Ea Inglaterra porBroad- 
bent, Moore y otros. En Francia, por Garcin, Labatuel, Gueneau de 
Mussy, See, y últimamente por Vulpian. En España, por los Dres. Isla, 
Badia, Esquerdo, Homs y muchos otros. 

A pesar del gran número de hipótesis, que se han vertido sobre su 
manera de obrar en el mismo reumatismo y en otras afecciones y de la 
acción que ejerce sobre el sistema circulatorio, los centros nerviosos y 
los nervios vaso- motores de las distintas regiones del cuerpo, todos los 
prácticos, ó cuando menos la gran mayoría, est'in contestes en que este 
medicamento es el de más útiles resultados en el tratamiento del reuma- 
tismo en general y del agudo en particular; todos citan un número de 
casos de esta enfermedad tratada y curada felizmente con dicho cuerpo; 
hoy no queda ninguna duda de que es el verdadero agente para combatir 
tan molesta y peligrosa afección; así lo demuestran los bellos resulta- 
dos obtenidos en las clínicas hospitalarias y particulares de todas partes. 

Sin embargo, queda todavía una cuestión muy importante que dilu- 
cidar, y es la siguiente: ¿Produce los mismos resultados en el reumatis- 



ÁCIDO SAUCÍLICO Y SUS SALES. 177 

mo agudo que en el crónico? La investigación no ha llegado todavía á 
d ir un fallo definitivo sobro este punto. De todos modos, más adelante 
expondremos la manera cómo trato á esta molestia crónica y cómo tam- 
bién el salicilato de sosa es benefícioso para ella. 

Ahora, pues, nos ocuparemos exclusivamente del leumallsmo agudo. 
Sabemos ya que los ataques de dicho mal van siempre acompañados de 
sintomas generales más ó menos intensos, como escalofríos, fiebre, do- 
lor, etc ; pues bien, aquí es donde el salicilato de sosa llena dos indica- 
ciones: una, como antipirético; otra, como específico contra el reuma. 
Cuando se trata simplemente de un reumatismo agudo, los efectos del 
salicilato de sosa son rápidos y maravillosos. A las 24 ó 36 horas han 
disminuido muchísimo, sino desaparecido del todo, los síntomas genera- 
les, junto con el dolor, rubicundez de las articulaciones, si el reumatismo 
es articular, etc. 

Cuando el reumatismo agudo va acompañado de alteraciones cardia- 
cas, debidas á la misma afección, como la pericarditis y la endocarditis, 
es muy notable la acción ejercida por el salicilato de sosa combatiendo 
á las mismas, lo cual corrobora su acción especifica sobre esta enferme- 
dad. E» apoyo de esto, citaremos más adelante algún caso clínico para 
demostrarlo. 

La acción secretoria que ejerce el salicilato de sosa sobre los ríñones 
influye mucho para combatir el reumatismo. 

Sóbrela administración de este cuerpo en el reumatismo agudo, hay 
dos pareceres completamente distintos uno del otro: los unos, fijándose 
en los accesos febriles vespertinos, administran para cortarlos toda la 
cantidad de una vez, de 6, 8 y más gramos por la mañana, con el objeto 
de que el medicamento tenga el tiempo suficiente de obrar de la manera 
debida hasta la noche; otros, haciendo caso omiso de lo que ha de venir 
más tarde, administran la misma cantidad en poción, pero repartida en 
varías veces durante el dia. Mi opinión sobre el particular es esta últi- 
ma, pues más vale poco y á menudo que mucho de una vez; además, 
dándolo de esta manera, me parece que el medicamento puede obrar con 
mayor seguridad sobre el elemento reumático, pues su acción es conti- 
nuada durante todo el dia, mientras que, dando tanta cantidad, pueden 
ios enfermos, según sea su tolerancia, presentar trastornos de mayor ó 
menor consideración. Por mi parte, puedo decir que siempre he obte- 
nido muy buenos efectos administrándolo de esta manera á la dosis 
máxima de 4 gramos en poción para tomarla durante todo el dia. Esíe es 
el sistema que he seguido siempre, puesto que sin presentar accidente 
alguno he visto curar á los enfermos en muy pocos dias y salvar y evitar 
siempre las complicaciones cardíacas. 

£1 número de casos de verdadero reumatismo agudo, que tengo trata- 
dos hasta hoy por medio del salicilato de sosa, asciende á la cifra de 49, 
y todos han sido tratados por el mismo método, esto es, de tres á cuatro 
gramos de salicilato de sosa al dia en agua común y jarabe simple, para 
que sus efectos sean más apreciables. l)e estos 49 casos, 7 presentaron 
complicaciones cardiacas más ó menos intensas, siendo todas detenidas 
en su curso sin más medicación que la citada. No he tenido ocasión de 
observar más complicaciones viscerales que las expuestas y un caso de 



178 ÁCIDO SALICÍLICO Y SUS SALES. 

complicación cerebral que mejoró bastante, pero cuyo resultado final no 
pudimos observarlo, porque el enfermo tuvo que marchar con su padre 
á la provincia de Asturias, y por consiguiente, no podemos dar más da- 
tos. El Sr. Vulpian dice que ha observado cierto número de casos de 
pleuresía reumática, los cuales no han sido modificados en nada por me- 
dio del salicilato de sosa. Dicho autor cita también el caso de un enfer- 
mo cuyas articulaciones estaban afectadas por el elemento reumático y 
mientras lo trataba por medio del salicilato sódico, desaparecieron los 
accidentes locales citados y se presentó una pleuresía unilateral; al cabo 
de diezdias se atacó la otra pleura desapareciendo de la primera; luego 
se atacaron las dos, y á pesar de no dejar la administración del salici- 
lato de sosa, fracasaron todos los esfuerzos y el enfermo sucumbió á los 
diez días de haber principiado su pleuresía. 

Ahora bien, ¿es cierto que el salicilato de sosa modifica las complica- 
ciones cardiacas y nada hace en favor de las demás alteraciones viscera- 
les? ¿Es que el salicilato de sosa tendrá una acción especial sobre el 
órgano cardíaco, sobre sus nervios ó sobre sus vasos? En este caso, nada 
podemos saber con certeza sobre el modo de obrar de dicho agente y de 
la acción que ejerce sobro coda órgano ó tejido en particular. 

¿De qué modo obra el salicilato de sosa sobre el reumatismo agudo? 
Ante todo, para contestar á esta pregunta, es necesario que recordemos 
algo de la anatomía patológica y de los síntomas de dicha enfermedad, 
haciendo luego un paralelo entre esta medicación y las otras conocidas y 
empleadas. 

El reumatismo es una afección conocida desde muy antiguo y tratada 
según las diversas hipótesis que se han vertido sobro su naturaleza. 
Unos, como Pinel y Franck, la consideraron como una inflamación del 
tejido fibroso; otros, como Huxam, Stoll, etc., la juzgaron de índole 
fluxionaria como el catarro; Sauvages la clasificó entre los dolores; la 
Escuela de Montpellier la cree diatésica. Trousseau la considera análoga 
á la erisipela, creyendo que estas dos afecciones tienen la apariencia de 
la inflamación asimilándose á las fiebres más que alas flegmasías. Gra- 
ves, en su Clínica, no determina nada sobre la naturaleza de esta enfer- 
medad. El Dr, Santero dice: que el reuma por si es un padecimiento fluxiO' 
nario, que participa unas veces del carácter hiperdiacritico y otras del 
ftogísticOy siendo en el primer caío apirélico, y acompañándose en el segundo 
de una fiebre sinocal simple. Respecto, pues, á la naturaleza de esta en- 
fermedad, soy del mismo parecer que el Dr. Santero, es decir, que creo 
que dicha afección es de origen fluxionario, presentándose la fluxión do 
quiera que se presente el reumatismo, quedando bien demostrada esta 
aserción por las complicaciones viscerales á que da lugar; pues dichas 
complicaciones son de índole fluxionaria. — Según lo expuesto, se vé que 
la naturaleza del reumatismo ha fluctuado entre los elementos inflama- 
torio, fluxionario, nervósico y diatésico, fluctuando también, del mismo 
modo, los tratamientos para combatir dicha afección. 

El reumatismo se ha dividido en articular, muscular, nudoso y nev' 
vioso, según los puntos afectados; tomando el nombre de reumatismo vis^ 
ceral cuando ataca tejidos do la misma naturaleza que cubre á los órga- 
nos contenidos en las distintas cavidades. Según el Sr. Jaccoud, el 



ÁCIDO SALIGÍLICO Y SU¿ SALES. 179 

reumatismo viscevály en su relación con el reumatismo, es admisible solo 
caando coincide 6 alterna con las manifestaciones comunes y regula- 
res de la enfermedad, y que de no ser asi se confunde directamente el 
reumatismo con todas las enfermedades a frigore. Esto equivale á decir 
que, salvo raras excepciones, no debe admitirse el reumatismo visceral, 
á no ser que éste se presente al mismo tiempo, ó alternando con el arti- 
cular, muscular, etc. No diré tampoco que deba dar^e el nombre de 
reumática á una afección inflamatoria visceral primitiva, cuya causa 
haya sido el frió, pero si que debe aceptarse el reumatismo visceral, 
puesto que muchas veces, además de alternar con el articular ó mus- 
cular, desaparecen estos y queda solo el visceral para siempre, manifes* 
tándose dicho reumatismo cada vez que se presentan cambios atmosfé- 
ricos ó de temperatura. 

La causa principal del reumatismo es el frió y á veces la herencia; 
pero, aunque sea hereditario ó algún individuo tenga predisposición á 
adquirir dicha enfermedad, no puede desarrollarse si po se pone en juego 
la causa principal, el frip, és decir, un cambio brusco de temperatura. 

Respecto á la anatomía patológica, solo recordaremos que se hallan 
más ó menos afectadas, según sea su intenpjdad, los tejidos periarticu- 
lares, los cuales presentan cierta infiltración serosa, y en consecuencia 
hinchazón. La primera fase de la alteración articular es la fluxión san- 
guínea, la cual á veces desaparece y persiste en forma de derrame 
seroso, siendo á veces del todo purulento y presentando todos los carac- 
teres del pus flegmonoso. También se hallan afectadas las vainas tendi- 
nosas y las bolsas serosas inmediatas á las articulaciones enfermas, lo 
mismo que los tejidos óseo y medular. 

La alteración más principal producida por el elemento reumático 
sobre la economía se encuentra en la sangre, y se comprende perfecta- 
mente que así sea, puesto que el reumatismo no siempre queda fijo en 
una sola articulación ó grupo muscular, sino que un gran número de 
Veces cambia de sitio dejando de ser articular para convertirse en mus- 
cular ó al revés. La alteración que se encuentra en la sangre consiste en 
la nrayor ó menor cantidad de fibrina, constituyendo lo que se llama /u- 
perinosis, cuya cantidad, según el Sr. Jaccoud, puede elevarse en un 
40 por lOOO sobre la cifra normal; esta cantidad de fibrina tiene tenden- 
cia á la coagulación, por cuyo motivo se dice que hay inopexia. La ane^ 
mil reumática, de que se halla afectado un individuo que sufre dicha 
enfermedad, es debida á la hipoalbuminosis. Por otra parte, la sangre, 
según el Sr. Jaccoud, contiene bastante cantidad de ácido úrico, y á ve- 
ces de ácido láctico, si bien este último no es constante y no adquiere 
siempre las mismas proporciones que los demás elementos. 

Sobre la sintomatología del reumatismo articular agudo nos deten- 
dremos poco por suponerla ya conocida y estudiada en los tratados de 
patología y clínica. El enfermo, después do los pródromos propios de toda 
afección febril aguda, es atacado de una fiebre tanto más intensa cuanto 
más lo es el reumatismo, pudiendo llegar la temperatura hasta 40* y el 
pulso á 140; hay cefalalgia, sed, inapetencia, insomnio, quebrantamiento 
general y los síntomas propios de la articulación afecta, como hinchazón, 
calor, rubicundez, dolor, etc., y finalmente, la anemia rápida. Durante 



180 HEVISTA DE DESINFECTANTES. 

el curso de la afección, y aun á veces antes de presentarse la fiebre, apa- 
lecen las complicaciones viscerales, encontrándose en primer término las 
cardíacas y en último las cerebrales. 

fCondnuará.J 



REVISTA DE DESINFECTANTES, 

POK EL Dr. Rodríguez Méndez, 

Catedrático de Higiene en la Facultad de Medicina de Barcelona. 



Licor mineral antiséptico de Huot— Según lo publicado por Horte- 
loup en L'ünion medícale, resulta este producto de la transformación 
que sufren las lavas calcicas atacándolas por el ácido clorhídrico. Cons- 
tituidas eslas lavas por silicatos, el ácido las convierte en una especie 
de pulpa gelatinosa, que, en reposo, se divide en dos partes: una casi 
sólida, verdosa, granujienta y de aspecto craso; y otra liquida, amari- 
llenta, de consistencia de jarabe, la cual, según el análisis de Millot, se 
compone en 100 partes de: 

Cloruro de alaminio fH'75 

Id. de potasio WSi 

Id. de hierro 15*09 

Id. de calcio 2*13 

Sílice gelatinosa 1'22 

Habiendo usado con muy buen éxito el inventor de este líquido, 
A. Huet, en ios mataderos de París y en los depósitos de Bondy, se le 
ocurrió emplearlo como tópico en los chancros y en las adenitis virulen- 
tas. Los resultados fueron excelentes. £n su concepto, se asemeja por 
su acción al cloruro de zinc, pero su poder desinfectante es mucho ma- 
yor. Repetidisimos experimentos, hechos en el Observatorio de Mont- 
souris, prueban que este liquido, aún á dosis muy pequeñas, destruye 
todos los vibriones adultos. 

Las ventajas de este poderoso desinfectante son: 1.% la gran facilidad 
con que puede dosificarse; 2.*, su inocuidad sobre el epidermis intacto; 
3/, su falta completa de olor, propiedad Interesantísima en un desinfec- 
tante; 4.% su relativa baratura, pues solo cuesta un duro próximamente 
un litro de este líquido á 32^. 

Polvo antiséptico de ácido fénico. -*En New Remedieay Setiembre 1881, 
ha publicado P. Bruns el modo de prepararlo: 

Colofonia tíO partes. 

Estearina 15 id. 

fúndanse á un calor suave, y, una vez erfriadas, añádase: 

Acido fónico 25 partes. 

Esta mezcla se reduce á estado de polvo homogéneo, adicionando de 



REVISTA DE DE SIiSFECT ANTES. 'J8l 

7 á 800 partes de carbonato de cal precipitado, que se incorpora cuida • 
desámente. 

Este polvo fenicado puede realizar una de las maneras más sencillas 
de hacer la cura antiséptica. Si se quiere espolvorear una superficie, 
pudiera utilizarse un aparato, toda vez que los hay de facilísimo manejo. 
Si el polvo se queda en el aparato, como si se guarda en otro punto, no 
debe olvidarse que el ácido fénico, entre otros inconvenientes, tiene el 
de volatilizarse. Sin esta precaución, llegaría momento en que la cura 
seria pulverulenta, pero no antiséptica. 

Almidón Mdicilado.-En el mismo periódico se da cuenta de la prepa- 
ración do este producto, propuesto por el Dr. Kersch. 

En una solución alcohólica de ácido salicilico (2 ó 3 por 100) se deja 
caer poco á poco y en pequeñas porciones almidón muy fino, y Juego se 
agita fuertemente. La proporción de solución empleada debe ser tal que 
exceda á la capa de almidón depositada en todo el ancho de la mano. Una 
vez depositado este, se decanta el líquido alcohólico, se exprime el almi- 
dón en un lienzo de tejido compacto, después se seca, se pulveriza y de 
nuevo se seca á 80°. 

La mezcla íntima de ácido salicilico y almidón no presta, aunque se 
diga otra cosa, iguales servicios que el preparado hecho de la manera 
antes expuesta. 

Timol: Uqnelacoion por la berbexina; eolubilidad; coloración.— Lloyd 
(Neu) Remedies j Julio 1881), triturando la berberina obtenida del Hydras- 
ti8 canadensis con un peso igual de ácido tímico, obtuvo un liquido vis- 
coso, aunque una y otra sustancia habia sido tomada en estado de polvo 
bien seco. Este líquido es soluble en el alcohol, al que da un color rojo 
de naranja, al paso que la berberina sola lo da amarillo de limón. No es 
soluble en el agua, que disuélvela berberina sola. 

A propósito de la no solubilidad del timol, así como también del fe- 
nol, en el agua, dijo Portes, en la Sociedad de Farmacia de París, sesión 
del 12 de Octubre último, que dependía de contener dichos cuerpos hi- 
dro-carburos. En la sesión próxima, dial9, Yvon propuso, para quitar 
el color rojo que con frecuencia mancha al timol, disolverlo en su peso 
de glicerina (1), solución que se puede mezclar con el agua en todas pro- 
porciones y que por el reposo deja en la superficie del líquido la materia 
colorante, la que también puede separarse filtrando á través de algodón, 
ó por decantación. Esta materia colorante aun no es bien conocida. 

Antisepsia dorante el embarace, el parto y el puerperio. -El Dr. La- 
besque, en su tesis Essai sur Vemploi de moyens antiseptiques pendant la 
groasesaey I' accouchement el les suites de conches (París, 1881), sienta la idea 
de que los accidentes puerperales son producidos por gérmenes sépti- 
cos, y por tanto que deben combatirse con los antisépticos, entre los 
cuales prefiere el fenol. 

Las ropas de la cama, las de la mujer^ las paredes, los suelos, deben 



(i) Sabido es que el fenol es muy soluble en el agua glicerínada al 5 por 100. 



182 REVISTA DE DESINFECTANTES. 

lavarse con agua fenitíada al 2 por lOo. Las personas que se acerquen á 
la parida, los médicos y los instrumentos, deben, por decirlo así, ser an- 
tisépticos. £1 lavado de las mujeres se hará con dicha egua (desde el 1 
al 2 7-2 P0>^ ^0^)> si se temen accidentes. 

Desde el parto, se aplicarán compresas empapadas en fenol al 1 ó 2 V2 
por 100 permanentemente. Si el parto ha presentado algo de anormal, se 
hará una inyección intrauterina preventiva al 2 V2 ^ ^ P^*' ^^> P^ro cui- 
dando de que vaya precedida de una de ergotina para contraer los vasos 
é impedir que el líquido penetre en los senos, evitando así la intoxica- 
ción. 

Respecto á las irrigaciones permanentes y á la canalización del útero 
no emite el Dr. Labesque opinión, toda vez que no bastan para formar 
concepto los pocos casos en que se ha empleado este procedimiento. 

Timol: caracteres químicos. -Si, á ejemplo de Hammarsten y Rob- 
bert {American Journal of Pkarmacy), se mezcla el timol líquido con la 
mitad de su volumen de ácido acético cristaiizable, y luego con uno á to 
menos igual de ácido sulfúrico y se eleva la temperatura, se presenta un 
magnifico color rojo violeta, muy estable y que no desaparece por la ebu- 
llición ni por un exceso de ácido. £¿ta reacción es apreciable aun en 
una solución al' milésimo. 

Si se agita con éter, sobre todo después de la adición de algunas gotaís 
de ácido clorhídrico, una solución acuosa á Viooooo» se descubre el timol. 
La orina normal contiene una sustancia que tiene igual reacción. Desti- 
lando la orina sin adición de ácido, no se obtiene la coloración dicha 
después de haber tomado al interior 16 2 decigramos de timol. Una mi- 
llenísima de timol añadida á la orina se descubre seguramente. 

Comparando el timol con el fenol, resulta: 1.^, que el percloruro de 
hierro da á este un color azul violeta y no á aquel; 2.°, que erhipoclorito 
de sodio y la anilina colorean á ambos de azul; 3.^, que el hipoclorito só- 
dico y el amoniaco dan color azul al fenol, y verde al timol, pasándooste 
al azul verdoso, y á los cuatro dias al rojo; 4.^, que el reactivo de Millón 
enrojece al fenol, hecho que persiste aun después de la ebullición; al ti- 
mol le comunica un color rojo violeta, que cesa con la ebullición; 5.^ que 
el agua de bromo da un precipitado cristalino con el fenol y enturbia li- 
geramente al timol.— Para distinguir una mezcla de ambos desinfectan- 
tes podemos utilizar el percloruro de hierro y el agua de bromo. 

Fenol: enTeneiiamiento. — Merece tomarse muy en serio la acción 
tóxica del ácido fénico y evitar por tanto esa anticientífica profusión con 
que se emplea por los más incautos. Todo se lava por parte de ciertos 
cirujanos en disoluciones fenoladas, todo, desde un filamento que inter- 
venga en la cura hasta una gran cavidad, la del vientre, por ejemplo, 
cuando se practica la ovariotomía, según cierto ritual. Este lavado, con 
el forzoso aditamento de esa arrobadora atmósfera fenicada, representa 
usar grandes cantidades de fenol, cantidades excesivamente tóxicas, da- 
das á discreción, en las mejores condiciones para que se absorba y apli- 
cadas á superficies que fácilmente les dan paso para el torrente circula- 
torio. Si se meditara un poco en este conjunto de circunstancias mortife- 



REVISTA DE DESINFECTANTES. 183 

ras, esloy seguro de que el abuso se convcrliria en uso prudente, de que 
habría menos catástrofes después de las operaciones, y de que el cJioque 
traumálico ú otra explicación por el estilo no cargarían con el muerto tan- 
tas veces como hoy se lo echan á cuestas. 

Seguramente que un asunto tan grave no es para tocado á la ligera, 
pero no he podido resistir á la tentación de decir algo antes de ocuparme 
€|e la Monografía del Dr. Ed. Reichet {Contribución al estudio de la toxi- 
cología de los agentes deprimentes del corazón) publicada en Filadelfia, en 
el año precedente, monografía que comienza la serie de varias otras y que 
está destinada á tratárselo del ácido fénico. 

Se parte de la base de 56 observaciones, de las cuales 35 acabaron 
por la muerte. Quisiera añadir alguna más que se dé referencia, en la 
que ignoro si tallecieron los microbios, pero de la que me consta que su- 
cumbió el paciente de una manera misteriosa é iinprevista. 

El veneno fenol se absorve rápidamente y en pocos momentos elorganis- 
mo entero sufren alguna vez con tanta ligereza como si se tratara del 

ÁCIDO CíANHÍDRlCO. 

£1 primer síntoma es una sensación tópica de quemadura, si la solu- 
ción es concentrada, sensación que en algunos casos es reeniplazada-por 
insensibilidad. Luego aparecen trastornos cerebrales: difícultad de ha- 
blar, abatimiento, á veces delirio, vértigo, furor; de ordinario la insen- 
sibilidad general existo desde el principio, pero en ciertos casos aparece 
al final. Suele haber náuseas y vómitos. El pulsees débil, frecuente, in- 
termitente casi siempre. La respiración en algunos es estertorosa y no 
es raro halla disnea. Se ha observado salivación y lividez de la cara, así 
como también disfagia. Generalmente hay espasmo pupilar y aun en 
otros músculos; la temperatura es variable; la orina más ó menos mo- 
rena, asi como las deposiciones diarréicas. La anestesia es casi constante. 
En concepto del autor, las convulsiones y los fenómenos reflejos son de 
origen central. Localmente determina una lesión que varia desde un es- 
tado irritativo liasta la formación de escara córnea, según Taylor. 

La muerte es debida casi siempre á una parálisis progresiva de los 
centros vitales, provocándola el síncope cardíaco ó la asfixia ó ambos 
á la vez. Se desconoce el mecanismo íntimo de las lesiones que engendra. 

El diagnóstico es fácil cuando hay el olor á fenol, pudiendo confun- 
dirse con la uremia, apoplegía, etc. 

Cuatro gramos han bastado en un caso para matar; en otro han sido 
precisos 256; la dosis más común es de 16 á 32. Fallece el envenenado en 
un plazo que varia entre 1 y más de 24 horas. 

El tratamiento es análogo al de una intoxicación por agente cáustico 
y corrosivo. Los vomitivos, entre ellos la apomorfina, la bomba esloma- 
cal, el aceite común, la leche, los huevos, el bicarbonato sódico, la mag- 
nesia, el agua de cal, los estimulantes, los contra-estimulantes, etc. San- 
gróse una vez y curó el enfermo. Los alcalinos, y especialmente la cal, 
son muy útiles, diciendo Baumann que, si se administra un sulfato alca- 
lino, se forma un sulfo-carbonato inofensivo. Gerna confírmala eficacia, 
pero no ha podido encontrar el sulfo-carbonato. 

Inhalador de Dowmont.- Con la idea de evitar penetren en el orga- 



184 LOS MIGRÓFITOS DE Í.A SANGRE. 

nismo á través de las puertas del aparato respiratorio los nocivos mi- 
crobios, que tanto abundan, se han inventado varios respiradores, entre 
los cuales merece citarse el de Dowmont, que es un verdadero inhala- 
dor, toda vez que no se limita á tamizar el aire, sino que puede hacer 
que este tome las sustancias que convenga para desinfectar (brea, euca- 
líptus, etc.) 

Consta de una caja cilindrica, llena de un grueso cordón de lana ar- 
rollado en espiral, cerrada por la circunferencia y con aberturas en una 
y otra base; mediante una medía careta de lienzo flexible, se coloca la caja 
ante la boca. La entrada y salida del aire se regula con una válvula, la 
cual permite el ingreso del aird inspirado y no que pase por la caja el 
expirado. 

Oíbalmia de los recien nacidos: profilaxis.— Para prevenirla, Grédé(Ar- 
chiv. für Gynadtologiey tomo XVII) emplea en todos los niños, inmediata- 
mente después de nacer, una solución de nitrato argéntico (Vio), de la que 
deja caer una gota en la cavidad conjuntival. Después aplica sobre los 
párpados compresas empapadas en una disolución de ácido salicilico, 
renovadas cada 24 horas. 

Este sistema preventivo, que usa ó recomienda Grédé, por exagerado 
que parezca, os todavía un pigmeo comparado con el de Olshausen, de 
Halle (Centralblatl für Gincekologiey 1881). No espera á que salga el feto: 
en cuanto aparece la cabeza, antes que se desprendan los hombros, 
cuando aun no están los ojos abiertos, los lava con una solución fenicada 
(Vioo)) limpiando muy bien los fondos de saco con algodón cardado. Para 
Olshausen deben ser un contratiempo los partos que no empiezan por 
la cabeza, los que por ligeros no dan espera, etc., etc. ¿A. dónde vamos? 



LOS MICROFITOS DE LA SANGRE Y SUS RELACIONES CON LAS ENFERMEDADES,<*> 

POR Timoteo Richard Lewis. 



El Dr. Klein asegura que el examen microscópico de los líquidos cul- 
tivados, ha demostrado que son el sitio de crecimiento y desarrollo de una 

clase de Bacteria, que tiene todos 
los caracteres del Baccillun subtilis, 
Cohn. Los bastoncitos del Baccillus 
del cerdo se consideran como más 
delgados que los descritos por Cohn 
como procedentes de soluciones de 
heno, y más delgados también que 
los del Baccillus anthracis^el que, al 
contrario de este último (según Da- 
vaine, Pasten r, Koch y otros), se 

Plf. 81. i)«eeiffM««wWa»>ror«»d3 enUsuperflaiedaona miiairo Hnponta nno fia lüc faene Hp 

infuion de h«o berrido de«pa«. de u 4 4s hora, mucve Quranie uua QC las lases ae 

(Colm).-6TO dtámetroi. SU CXiStOnCia (1). 




(1) Las figuras orígtaales se han publicado ea el Journal micro icopique. 



LOS MICRÓFiTOS DK LA SANGRE. 185 

Hay que tener presente, sin embargo, que el Dr. Ewart ha probado 
lue el Baccillua anthracis puede asimismo manifestar movimientos muy 
activos. En circunstancias favorables, los basloncitos se prolongan en 
forma de filamentos semejantes á los del Leplothrix, como lo verifican, 
según ya sabemos, los demás Baccilli. Dentro de estos filamentos, escribe 
el Dr. Klein, aparecen esporos muy refringentcs, que quedan libres des- 
pués de la desagregación de la matriz de los filamentos originales. 

Los esporos, plenamente desarrollados, de nuestro Bdccillus difieren 
de los de heno y del carbunclo por ser aquellos más cilindricos y mucho 
más reducidos. 

Se ha mencionado en una nota que en las figuras insertas en la pri- 
mera memoria de Koch, en el Cohn'a Beitráge (1878), los esporos son re- 
presentados en varios puntos con una forma más o menos esférica (1), 
pero si viéramos las hermosas micro-fotografias de dichos esporos, re- 
presentados en la memoria posterior de Koch, nos convenceríamos de 
que aquellos son decididamente de una forma oval alargada. Los esporos 
del Baccillus del cerdo tienen, según Klein, un diámetro de O"™™- 0005, 
mientras que los del carbunclo llegan á 0^^* 0045-0™™-002. 

cAl principio, escribe el Dr. Klein, yo daba de los esporos una inter- 
pretación falsa, considerándolos como una especie de micrococciy y solo 
después de repetidas observaciones pude representarlos en sus diversas 
fases de desarrollo. i Desgraciadamente el Dr. Klein no ha detallado en 
qué bases se funda este hecho importante y no ha publicado figura al- 
guna. Es de suponer que ninguno de los grabados de la lámina ha sido 
hecho con el objeto de representar la germinación de un esporo particu- 
lar. Como no igr.ora este distinguido observador, no es lo que precede á 
la supuesta germinación, ni lo que le sigue, lo que ha sido durante tantos 
años la causa del debate relativo al desarrollo de los Schimozycetes, sino 
el acto mismo. Ninguna de las figuras presentadas por el Dr. Klein pre- 
senta semejanza alguna con la figura de la germinación publicadas por 
el Dr. Ewart, en la cual el procedimiento es exactamente dibujado; pero 
algunas de ellas se asemejan algo á las del Dr. Koch; por otra parte, el 
Dr. Klein, refiriéndose á las conclusiones del observador que primero se 
atrevió á afirmar que los corpúsculos del Baccillus anthracis eran esporos, 
escribe: «Difiero completamente del Dr. Koch en lo que se refiere al 
modo de germinar de los esporos del BaccUlus.-» Los puntos de división 
son materia secundaria para la discusión; no es, por lo tanto, necesario 
exponerlos en este sitio. 

El Dr. Klein termina así su Memoria: «En vista de que el carbunclo, 
la pneumo-enteritis y la septicemia específíca tienen una gran afinidad 
bajo el punto de vista anatómico, y considerando asimismo que en la fie- 
bre esplénica y en la pneumo-enteritis existe una especie definida de 
Baccillus (siendo suficiente la diferencia de las especies para dar cuenta 
de la diversidad que existe entre las dos enfermedades), podemos admi- 
tir con alguna probabilidad que la tercera de dichas enfermedades, la 
septicemia, es debida á un Baccilliu. Sin embargo, queda todavía por 
demostrar.» 



(i; Cohn'i Beitráge, tomo ii, fase. H, lám. xvi, 1877. 



i 86 LOS MÍCRÓFITOS DE LA SANGRE 

Por esto el Dr. Klein cree que, mientras él ha demostrado satisfacto- 
riamente que la causa de la pneurao-enteritis del cerdo es un BaccilluSy 
no puede decirse lo mismo de la opinión emitida por Davaine, Pasteur y 
otros en favor de una causa idéntica para la septicemia. 

VI. 
Los organismos veg^etales de la sangre en la flebra recurrente. 

Hay otra enfermedad en la que la sangre se halla infecta de organis- 
mos vegetales: la flebre recurrente (febris ó typhus recurvens). En este 
padecimiento también los organismos pertenecen al grupo más primi- 
tivo de los Hongos, los Schizomycetes, es decir, los Hongos que se multi- 
plican por excisión, á diferencia de los grupos que se reproducen: 1." por 
yemas; G.**, por gérmenes. Los Scliizomycetes, sin embargo, se presen- 
tan en esta enfermedad bajo una forma distinta de aquella que existe en 
las anteriores. En estas últimas, los organismos apreciables varian de 
forma, desde la esférica del fíactenum hasta la del Baccillus, siendo 
estala predominante; pero en la fiebre recurrente, el Suhizomycetes es 
un Spirillurriy especie de Schizomycetes, que, por lo que yo sé, aún no 
ha sido descubierto en ninguna de las afecciones antracoideas, de que 
he hablado en las páginas precedentes. 

Debemos el descubrimiento de este organismo en la sangre, prim:ro 
á Virchow y luego al Dr. Obermeier. Hallólos en la sangre y también en 
la boca de las persjnas.que sufren esta fiebre, habiéndolos descrito mi- 
nuciosamente en 1873 (1). Parece que este observador lashabia ya visto 
en 1868. Descubriólos siempre on la sangre durante el período de la fie- 
bre, sin que existieran en el intervalo, observándolos muy raramente 
después de la crisis. Obermeier los describe como unos hilos muy finos 
de fibrina, iguales en longitud al diámetro de 1 V2 ¿ 6 corpúsculos rojos 
de la sangre y dotadog de movimientos de progresión en espiral, que pue- 
den continuar de una á ocho horas después de su salida del cuerpo. 
Los experimentos de inoculación que llevó á cabo, experimentos que 
consistian en la inyección de sangre infecta por los Spirilla de los en- 
fermos, en las venas de perros, conejos y conejillos de Indias, quedaron 
sin resultado; la inyección sub-cutánea, por medio de una jeringuilla, 
de pequeñas cantidades de sangre en el cuerpo do individuos en buen 
estado de salud no produjeron efecto alguno. Las observaciones de Ober- 
meier, relativas á la existencia de Spirilla de la sangre en esta clase de 
fiebre, fueron pronto confirmadas por buen número de observadores; 
los resultados negativos, que habia obtenido inoculando distintos indi- 
viduos y diversos animales, fueron asimismo obtenidos por los que si- 
guieron su ejemplo. Dice, sin embargo, Motschutkowsky que, si bien no 
logró éxito alguno inoculando animales, habíalo obtenido inoculando 
individuos con la sangre de enfermos atacados de fiebre recurrente, 
tuviese ó no Spirilla (2) dicha sangre. 



(1) Centralblatt für die medhin. Wisa., núm. 10, Mirzo de 1873 y números si- 
guientes del mismo aiío. 

(2) Heydenreich. Ú'ber den Paraailen dea RückfallstyphM, pk¿, 38, 1877. 



NOTICIAS CIENTÍFICAS, 187 

Descubrióse, sin embargo, que, aunque los Spirilla pueden ser gene- 
ralmente descubiertos en la fiebre recurrente, habla casos en que ob- 
servadores perfectamente competentes no pudieron descubrirlos al prin- 
cipio ni al fin de la enfermedad, aún en casos tan serios como aquellos 
6.1 que abundaban los Schizomycetes, estando los enfermos vigilados 
por los mismos observadores durante el mismo periodo. 

Existen algunas diferencias entre los resultados obtenidos pordife« 
rentes investigadores, en cuanto á la ausencia de Spirilla durante los 
periodos de apirexia, como también en lo que hace á su presencia du« 
rante el paroxismo de la fiebre; Birch Hirschfeld las observó, por ejem- 
plo, dos dias después de la crisis (1), y Laskouskjr, baftando sus observa- 
ciones en 32 casos, opinó que los Schizomycetes aumentaban á medida** 
quese elevaba la temperatura (2), mientras que Heydenreich sostieneque 
una temperatura alta tiende d destruirlos. Habia observado que no so* 
laroente los Spirilla se hallan eo más abundancia en la sangre poco antes 
de que la fiebre alcance toda su fuerza, sino que fuera del cuerpo con- 
servaban por más tiempo bus movimientos en un recinto calentado 
de 18® á Sl^C, que no á temperaturas mayores. Habia podido conser- 
var activas en una preparación, durante el período de una semana á 
quince dias, Spirilla expuestos á dicha temperatura, mientras que mo- 
rian en un periodo de 15 á 21 horas cuando habian sido expuestos al 
calor de la sangre (37« 38° C.) A los 40° ó ÁV C, morían en 4 á 12 ho- 
ras (3). Todas las tentativas que se lian hecho para su cultivo han fra- 
ca'^ado. 

(Continuará,) 



NOTICIAS científicas. 



Eclampsia puerperal: tratamiento. — En un corto artículo sobre 
la patología y tratamiento de esta enfermedad, se ocupa Farlanc de las 
causas y desenvolvimiento de la misma. Desarrollando sus creencias 
acerca de este punto, desecha las afecciones renales como causa, y des- 
pués de discutir el asunto muy ligeramente y con no muy sólidos argu- 
mentos, busca las indicaciones de la morfina para combatir esla en^ 
fermcdad, y encuentra: i." que, á consecuencia de que el feto necesita 
sangre, existe anemia cerebral; 2.°, que, en virtud de las funciones del 
embarazo, el cerebro y los nervios de vitalidad orgánica son excitados 
y debilitados, y con este modo de razonar, entiende que, administran- 
do morfina, al mismo tiempo que afluirá más sangre al cerebro, calma- 
rá su excitación por sus propiedades narcóticas. Y dice: «estoy profun- 
damente convencido de que dada con propiedad y á su debido tiempo, 
tenemos en nuestras manos un remedio cierto y seguro contra esla 
enfermedad». En todos los casos que la ha empleado, en número de cin- 
co, ba obtenido éxito satisfactorio. Dice que por el estómago obran los 
opiados con demasiada lentitud y por eso recomienda como único me- 



(i) SchmiÜ'8 Jahrbücher, CXVI, pég. 211, 1875. 
(2) Hydenreich*a RüokfalUtíjphun, pág. 39. 
(3^ Loe. cit, pág. 100 y 101 . 



183 NOTICIAS CIENTÍFICAS. 

dio eficaz la vía hipoJéimica. Otra condicioa es darla precozmente. Por 
fin, emplear la morfina á dosis elevada, sin miedo ninguno, dada la to- 
lerancia que existe; administrando en la primera inyección, de medio 
á un grano de sulfato de morfina, es muy probable que no haya necesi- 
dad de repetirlo (The Canadian journal o f medical science). 

Kn el mismo periódico y en un número posterior, se ocupa también 
Ferguson del tratamiento de la eclampsia y dice que es preciso tener en 
cuenta la patogenia Admite como variedades: 1." la debida d congestio- 
nes de los centros nerviosos: sangría y morfina; 2.* la ocasionada por una 
toxihemia: diuréticos, purgantes y morfina; 3/ la consecutiva á la ane- 
mia: morfina, como base principal, y dic;ital en algunos casos; 4.^ la pro- 
vocada por una excesiva ii ritabiiida i del tubo digestivo: vomitivos y 
morfina; 5.* la que despiertan los refiejos uterinos exagerados: morfina 
como principal agente. Se ve, pues, que en cualquiera patogenia que se 
suponga ó admita, la morfina entra en el trabamiento en virtud de sus 
efectos narcóticos. 

De esta misma enfermedad se ocupa Masini en Lo sperimentale^ y 
deduce de su observación las conclusiones siguientes: 1 .Ma patogenia 
de la eclampsia es aún oscura, pero la clínica está conforme con la fisio- 
logía experimental para demostrar que las alteraciones de esta afección 
tienen su asiento en los centros nerviosos y especialmente en la médu- 
la oblongada; 2/ la naturaleza de estas alteraciones no es conocida aún; 
asimismo ignoramos si son producidas por un agente tóxico ó por una 
alteración refieja; 3.* la glucosuria de las eclámpticas puede indicar 
una alteración funcional de la médula oblongada, pero no tiene ningún 
valor patogénico; 4.*^ la existencia del azúcar parece guardar relación 
directa con los accesos eclámpticos, puesto que con estos desaparece la 
glucosuria; 5.' la albuminuria y el anasarca no son constantes en las 
eclampsias; 6 ^ la temperatura no tiene relación inmediata esencial con 
la eclampsia; 7.^ el descenso de la misma no es constante, por lo co* 
mun aumenta, pero pocas horas después del acceso vuelve al estado 
normal; 8/ la persistencia de una temperatura elevada, indica siempre 
una complicación sobrevenida en la eclampsia; 9.' las dos mejores indi- 
caciones para combatirla son: rebajar las congestiones pasivas y dis-« 
minuir la excitabilidad nerviosa. Para lo primero la sangría y para lo 
segundo el cloroformo y el hidrato de doral. 

En un artículo sobre la propia enfermedad, publicado en Tfie Lanceta 
por Murphy, llega este autor á las conclusiones siguientes respecto del 
tratamiento: 

Tratatnienlo preventivo en las embarazadas albuminúricas. Dieta lác- 
tea, legumbres y pocas carnes. Acido benzoico. Jugo de limón para neu- 
tralizar el carbonato de amoniaco. Cuando comienza á enturbiarse la 
orina, agua de Yichy ó de Seltz. Pildoras de tanino y de aloes, pudiendo 
también ser útiles el cólchico, el percloruro de hierro y la jalapa. 

£1 parto prematuro solo está indicado en los casos más graves. 

Tratamiento de los ataques. Médico, Sin impedirlos movimientos á la 
mujer, evitar su calda de la cama y la mordedura de la lengua. 

Cloroformo, inyecciones hipodérmicas de morfina ó enemas de hi- 
drato de doral. 

La sangría produce solo una mejora pasagera. Las evacuaciones san- 
guíneas en la región renal le han dado buenos resultados. 

Si todo lo dicho fracasa, recuérdese queLangue, en un caso en que 

resultaron inútiles, el parto artificial, la sangría, el hielo, los enemas 

de morfina y el cloroformo, practicó la transfusión después de veinte y 

dos accesos y la enferma se salvó; se trataba de una secundípara con 

dema y albuminuria. 

Obstétrico, Si lacibe?a está encajadi, deb3 aplicarse el fórceps en 



NOTICIAS CIENTÍFICAS. 189 

interés del niño, y si ]a presión de esta parte del feto se considera causa 
de los ataques, debe recurrirse inmediatamente al fórceps ó la versión, 
aunque de momento aquellos se exageren. 

La concordancia de les autores acerca de la utilidad de los narcóticos 
y en especial de la morfina, en la eclampsia, es, pues, general, aun- 
que sea exagerado hablar como Farlane tan categóricamente en su fa- 
vor.— (Fargas). 

Curare artificial.— M. Rabuteau ha presentado á la Sociedad de Bio- 
logía una nueva sal blanca, de sabor amargo, soluble en el agua y en el 
alcohol y cuyas propiedades físicas, químicas y fisiológicas son del todo 
semejantes á las del curare. La composición puede representarse con 

la fórmula del ioduro de amonio 5? NI, en laque se ha sustituido el 

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nitrógeno por el antimonio y reemplazado el hidrógeno por los radica- 
les metílicos y etílicos, resultando ggJV Sbl, que es la fórmula del 

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nuevo cuerpo. 

Bajo el punto de vista químico, este cuerpo obra como el ioduro de 
potasio, adquiere color azul en presencia del almidón, pudiendo tam- 
bién, como este último, producir un óxido. Con este curare artificial se 
puede repetir el experimento de Cl. Bernard en la rana, destruir la con- 
tracción nerviosa, conservando, sin embargo, la contractilidad muscular. 

En su acción fisiológica es imposible reconocer la acción propia del 
antimonio ó de los preparados antimoniales; no aparecen vómitos en los 
animales, el metaloide se ha combinado intimamente con los radicales 
alcohólicos, ha perdido por tanto su autonomía, comportándose química 
y fisiológicamente como lo baria un cuerpo simple, como por ejemplo 
el potasio. — (S. Cardó ) 

Atmósfera fría y liúmeda. — El Boletín semanal de la estadística 
municipal de Londres, llama la atención acerca del gran número de de- 
funciones que ocurren en dicha capital cuando la niebla es muy espesa 
y el termómetro baja. Aparte de las epidemiaade cólera de 1849, 1854 y 
1866, la mortalidad de Londres ha subido en tres ocasiones distintas, 
siempre existiendo nieblas y frío: en la semana de 14 á 20 de Diciembre 
de 1873, en que hubo una niebla memorable, que mató muchos animales 
de la Exposición Islington Cattle, llegando la proporción á 37'5; en la 
de 1 á 7 de Febrero de 1880, que alcanzó hasta 46*7; y en la última se- 
mana (13 á 19 de Febrero de este año), que fué de 35*3.— Todas 
las edades han sufrido, pero menos los niños del primer año y más los 
viejos.— Las enfermedades más frecuentes han sido las de los órganos 
respiratorios: en las tres semanas anteriores, murieron de estos padeci- 
mientos 415,543 y 647, y en la que me ocupa 994 (696 bronquitis, 185 
pneiimonias). El carácter letal de la niebla de Londres, se comprueba 
teniendo en cuenta que, en las 27 ciudades de la provincia, cuya pobla- 
ción total es superior á la de Londres, la proporción no pasó de 23*1 á 
25*2, no obstante ser la temperatura casi igual. ^(Rodríguez Méndez.) 

Reumatismo articular agudo: tratamiento. — Semmola aconseja, y 
yo he podido comprobar alguna vez sus buenos efectos, una fórmula 
compuesta de: 

Glicerina bi-destilada 30 gramos. 

Bromuro potásico 6 » 

Bromo 2 gotas. 

para fricciones sobre las articulaciones dolorosas.— (Formiguera.) 



ESTADÍSTICA DEMOGRÁfl 



POR D. JOAG 



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192 PUBLICACIONES RECIBIDAS. 

Eritema sintomático de los tumores cerebrales. — Un nuevo sín- 
toma de los tumores cerebrales ha sido descrito por Ball (L'Eneéphale). 
Se trata de un eritema ya pasajero, ya permanente, que se desarrolla 
en diversas partes del cuerpo, pero siempre en el lado en que radica la 
hemiplegia. Estas añrmaciones están basadas en tres casos clínicos. 
El primero se refiere á una mujer afecta de un tumor cerebral, de 
origen sifilítico, que presentó varias veces consecutivas los síntomas 
de una erisipela del lado derecho de la cara, cuya aparición y desapari- 
ción se hacían de una manera brusca. El segundo recae en otra mujer 
que, representando todos los síntomas racionales de un tumor cerebral, 
se vio afectada gran número de veces de un eritema nudoso en la pierna 
y antebrazo derechos. La tercera observación es otro caso de tumor ce- 
rebral en el curso del que se desarrolló un eritema compuesto de placas 
de color rojo violáceo. El autor cree que en estos casos se trataba de una 
parálisis do los nervios vaso-motores.— (Verdós.) 



SECCIÓN OFICIAL. 

Catedráticos de Medicina de Barcelona.— En virtud de la nueva ley de 
presupuestos, se establecen desde principios de este año los siguientes suel- 
dos: 

Kúmero 
del escaUfon. I0MBE19. Patitas. 

5 O. Joaquín Cii y Borés. . . . . '. . 10,000 

3L > Garlos Siloniz y Ortiz 7,b00 

90 » Juan RuU y Xuriach (Decano). . . 6,500 

129 » Narciso Carbó Aloy 6,0U0 

465 » Juan Giné Partagás 5,000 

907 » Rafael Kodriguez Méndez 5,000 

238 » Bartolomé Robert Yarzabal. . . . 4,000 

241 » Ignacio Valentí Vivó 4,000 

250 I Antonio Morales Pérez : 4,000 

282 > Kamon Coll y Pujol (Secretario). . 3,500 

312 » Mariano BatUcs Beltran 3,500 

322 » Joaquín Bonet Amigó 3 5IK) 

34 f: I Nicolás Homs Pascuets 3,500 

35S » Jaime Hamon Coll Domenech. . . 3,500 

Cátedra vacante. — Real orden de 23 de Febrero, mandando se provea por 
oposición la cátedra de Patología general vacante en la Facultad de Barcelona. 
Gaceta del 7 de Marzo. 

Cólera-morbo.— Orden declarando sucias las procedencias de Bombay (In- 
dia inglesa) á partir del 6 de Febrero. — Id. del 9 id. 

Sanidad marítima.— R^al orden de 10 de Marzo, aumentando en 240 pe e- 
tas anuales la cantidad consignada para material de las Direcciones de 4/ 
clase.— id. del 17 de id. 

Provisión de Cátedras. — Reales decretos de 17 de Marzo, disponiendo en 
uno de ellos el modo de ingresar en el Profesorado á los opositores que fue- 
ron postergados, yen lo en lugir preferente de la terna, y el otro aboliendo las 
ternas y estableciendo la propuesta unipersonal. — Id, del 18 id. 

Exposición nacional. — Real orden de 17 de Marzo para celebrar una E!C- 
posicíon nacional de minería y aguas minerales. — Id, del 18 id. 

PUBLICACIONES RECIBIDAS. 

Ateneo Barcelonés. — Discurso inaugural, por D. Bartolomé Rober 

De la aplicación de la Higiene en las clases populares.- Por D. José Ramón 
de Torres y Martínez,— Sevilla, 1881. 

Tendencias, unidad y porvenir de la Medicina y de la Terapóutica.— 
Discurso inaugural en la Academia Medico -fannaocutica, por D. Estanislao Andreu 
Serra.— Barcelona, 1882. 

Acta de la sssioa inaugural de la Academia Médico-farmacéutica de Barcelona. 

Dictante a emitido por la comisión nombrada por iicha Academia con motivo 
de la epidemia de barampion que sufre Barcelona.— 1882. 

Periódicos: knalea de Cirugía, Madrid. 



^«ic V) 



Tomo n. Htun. ?. 15 ibrU de 1882. Ano 11. Núm. 3Í 



Gaceta Médica Catalana. 

SUMARIO: Gomen tartos clínicos. Reflejos patológicos, por D. Pedro TerdóB.~CllnÍca oftal- 
mológica, del Br. S. Barraquer.— Obserraciones recogidas por el Ayadante, B. Jíosé 
Preaafl.— •Anatomía de los centros cerviosos (continuación), por B. M. Farsas Boea.— 
Contribncion al estudio del ácido salicllico y sus compuestos, en particular del salícilato só- 
dico en el tratamiento del reamatismo (continuación), por B.BI. E.Moréy Bar^U.— Revis- 
ta de medicina, por el Br. Bosaliao BoTira y Oliver.— Revista de siflliografia, por el 
Br. B. Alejandro Planellaa.— Los micrófltos de la sangre y sus relaciones con las enfer- 
medades (continuación), por el Br. T. Bichard IieiVM.— NOTICIAS CIENTÍFICAS: Erup- 
ciones cutáneas producidas por algunos medicsmentos.— Sífilis: tratamiento por las inyec- 
ciones subcutáneas de peptona mercurico-amónica. — Herencia morbosa.— Apomorfina: ac- 
ción expectorante. — Seeeion ofieial: Cátedras vacantes.— Aguas minero-medicinales españo- 
las. Cólera morbo*— /{emtlidos: Repaso de histología.— Del empteo del hierro en la estación 
de la primavera. 



COMENTARIOS CLÍNICOS. 



S.SV^XiBJ'OS p^a7ozj<3ozoos, 
POR D. Pedro Verdós. 

Neuropatías dependientes de trastornos gastro-intestinales. 

El estado actual de la ciencia obliga todavía á prescindir de la noción 
anatomo-físiológica de la enfermedad en la resolución de gran número 
de problemas clínicos. Y si bien no me cuento yo entre los que, como 
Perls, juzgan que el médico puede muchas veces hacer abstracción del 
trastorno material para el deslinde de muchas cuestiones prácticas; no 
puedo dejar de reconocer que el período histórico contemporáneo está 
aun bajo el peso del más abominable empirismo. Mi anterior artículo 
sobre el estudio de los fenómenos reflejos de naturaleza patológica ten- 
día á esclarecer alguno de los importantes puntos de su fisiología, que 
es la base más firme para llegar al racionalismo médico. Hoy me pro- 
pongo ocuparme de un orden de fenómenos acerca de los que todavía no 
se ha legislado; hechos cuya génesis intima ha quedado hasta ahora ocul- 
ta á las investigaciones más sagaces, y sobre los que la clínica clama á 
voz en grito para que se señale su derrotero, en el que naufragan y se 
estrellan aun aquellos que van armados de la potente brújula del talen- 
to. En esta atención debo desde luego desistir de presentar el problema 
tal como lo exigirla el racionalismo imperante y veréme obligado, bien 
á pesar mió, á ceñirme al relato de algunos casos clínicos que yo califi- 
co de interesantes. 

Desde que Trousseau ha dado á conocer en su obra monumental (CIU 
nica médica del HoteUDieu) el vértigo por dependencia gástrica-* vértigo 
á estomacho loeso^^los casos de alteraciones nerviosas subordinadas á 
trastornos de. las vías digestivas se han multiplicado hasta la saciedadé 
Y no es que se trate ya de excitaciones patológicas que retumbando en 



194 REFLEJOS PATOLÓGICOS. 

los centros de la inervación despierten fenómenos relacionados con el 
funcionalismo higido del cerebro, de la médula y del simpático, sino que 
se trata de verdaderas alteraciones tróficas de distintos órganos, que se 
han visto aparecer durante el curso de algunas afecciones de las vías 
digestivas. El estudio de las trofo-neurósis reflejas forma hoy dia una 
rama importantísima de la neuropatología, porque llevados estos pro- 
blemas al terreno de la práctica constituye una dificultad á veces insu- 
perable el hallazgo del foco de donde arranca la excitación que da lugar 
al acto reflejo. 

Si yo aspirara á presentar un cuadro completo de todas las neuropa- 
tías dependientes de trastornos del tubo digestivo, podria ofrecer á la 
consideración de mis colegas algunas historias clínicas verdaderamente 
importantes, que pondrían de manifiesto cómo las funciones cefálicas lle- 
gan á alterarse por el influjo de órganos muy distantes. Pero como esto 
no constituye la parte principal del punto que me propuse desarrollar, 
deberé tratar de él muy someramente y á guisa de cuestión incidental, 
para fijarme predilectamente en el estudio de aquellos actos reflejos que 
dan por resultado alteraciones que á primera vista no parecen interve- 
nidas por la acción de los nervios. 

Poco necesito esforzarme para dejar demostrada la influencia que las 
alteraciones del tubo gastro-intestinal ejercen en la producción de tras- 
tornos reflejos dependientes del cerebro y de la médula: la observación 
clínica de todos los tiempos se ha encargado de evidenciarla, y yo no po- 
dré hacer aquí otra cosa que corroborar estas aseveraciones prácticas 
con datos de mi propia experiencia. Han pasado ya á adquirir el carác- 
ter vulgar, á puro hecho de repetirse, las irradiaciones reflejas que apa- 
recen en el curso de la dispepsia y, lo que es más todavía, se presenta 
una variedad tal en este orden de alteraciones neurósicas, que se han es- 
tablecido diferentes formas de esta enfermedad, señalándolas en los cua- 
dros nosológicos con los nombres de dispepsia paraliticay convulsiva, 
vertiginosa, etc. Yo no tengo reparo alguno en asegurar que estas deno- 
minaciones y estas especies morbosas están destinadas á desaparecer de 
nuestros clásicos; porque á medida que se observen nuevos reflejos 
patológicos de origen gastro-intestinal, y estos se 'observarán forzosa- 
mente á la vuelta de* más ó menos tiempo, á medida que estas adquisi- 
ciones se vayan haciendo deberian establecerse tantas formas de dispep- 
sia cuantos fueren los actos reflejos observados, y se comprende fácil- 
mente que por este camino llegaríamos muy pronto al absurdo. Yo creo, 
y no temo ver fallidas mis esperanzas, que cuando la observación sobre 
este particular se haya ampliado todavía más deberán comprenderse 
bajo un solo nombre y como formando una especie morbosa distinta, to- 
das las irradiaciones reflejas que aparecen en el curso de la dispepsia. 
¿Quién sabe si el porvenir llegará á designar este conjunto de fenómenos 
clínicos con el nombre de dispepsia mRADiATivA, para distinguirla de la 
dispepsia neurósica que debe ser la que está sostenida por alguna altera- 
ción primitiva del sistema inervador? 

Pero dejemos estas consideraciones de orden puramente especulativo 
y atengámonos á lo que la práctica revela con respecto al estudio de esta 
clase de fenómenos. He visto, hace algunos meses, un caso de apoplegia 



HEPLEJOS PATOLÓGICOS. 195 

determinado por simple acción refleja. El hecho recayó en una señora 
de 50 años de edad, de temperamento linfático-nervioso y de buena cons- 
titución. Sin que jamás hubiese experimentado molestia alguna en sus 
digestiones y sin ofrecer antecedentes que referir á la afección que des- 
cribo, cayóse cierto dia al suelo en verdadero estado apopléctico: ]as 
facultades intelectuales estaban, en este instante, abolidas; la resolución 
muscular era completa y la sensibilidad se habia en un todo extinguido; 
el ritmo respiratorio y los movimientos del músculo cardiaco se sucedían 
con una pausa sorprendente. La circunstancia de que este conjunto de 
fenómenos se desarrollara pocos momentos después que la paciente hu- 
biese comido me hizo sospechar la existencia de alguna relación directa 
entre el estado apopléctico y algún trastorno que radicara en el estó- 
mago; y muy pronto pude ver conGrmadas estas suposiciones por cuanto 
después de desocupar la cavidad gástrica, á beneflcio de la acción del 
tártaro emético, vi alejarse con gran prisa todos los fenómenos que cons- 
tituyen el patrimonio de la apoplejía. ¿Quiere darse un enlace más Inti « 
mo entre las encefalopatías y los trastornos gástricos, que el que se 
deduce de la historia clínica que acabo de apuntar? Pero si este solo 
hecho no fuere suficiente para establecer criterio, me seria fácil detallar 
algunos casos de vértigo dependiente de padecimientos del estómago, que 
vendrían á dejar demostrada la posibilidad y la frecuencia con que se 
desarrollan los actos reflejos cerebro-medulares bajo el influjo de tras- 
tornos gastro-intestinales. Me creo dispensado de insertar una palabra 
más sobre este punto que no constituye la parte principal de mi tesis, 
porque tratándose de hechos que hoy dia están demostrados hasta la 
evidencia el insistir con impertinente empeño en su demostración seria 
motivo suficiente para dispertar la duda. 

Hay otro orden de fenómenos reflejos cuya génesis, á primera vista, 
cuesta trabajo convencerse de que venga intervenida por la acción del 
sistema nervioso; y el médico que no esté convenientemente prevenido 
deberá por fuerza extraviarse en sus escursiones clínicas. El corazón, l03 
pulmones, el globo del ojo, la piel, los músculos, etc., pueden experi- 
mentar alteraciones orgánicas y funcionales por simples trastornos del 
tubo digestivo y cuando se trata de indagar los lazos de unión que exis- 
ten entre estos y aquellas se vé, después del más concienzudo examen, 
que solo por la intervención de los conductores nerviosos puede com- 
prenderse la concomitancia de ambos procesos. Antes de aventurar jui- 
cio alguno sobre el mecanismo de producción de estos fenómenos y sobre 
la manera de curarlos, interésanos proceder á su descripción, siquiera 
sea de una manera sumaria. 

Hace muy poco tiempo (Setiembre de 1881) que se ha llamado la 
atención por primera vez acerca de algunas alteraciones orgánicas del 
globo del ojo que aparecen en el curso de la entero-colitis aguda y de la 
diarrea idiopática de la primera infancia {Crónica oftalmológica). Los 
trastornos oculares que en estas circunstancias han podido observarse 
son: la hiperemia conjuntival, la conjuntivitis simple y la necrosis de la 
córnea. El Dr. Guijo, autor de estas observaciones, no sabe darse cuenta 
de ellas; manifiesta que ve una relación directa entre el trastorno ocular 
y el intestinal, pero que desconoce cual es; asegura ser indudable que la 



i96 REFLEJOS PATOLÓGICOS. 

génesis de la conjuntivitis arranca de una causa interna, y añade, que 
acaso con observaciones sucesivas se podrá resolver la cuestión. Ahora 
bien, yo me pregunto y pregunto á aquellos cuya dilatada práctica les da 
derecho á dirimir dudas, ¿puede aceptarse en clínica severa que estos 
casos de hiperemia conjuntival y de conjuntivitis sean hijos ya de una 
constelación especial, ya de alguna discrasia, ya de un estado adiná- 
mico, etc., cuando el observador que los vio afirma que nada concurría 
en los sugetos que fuera suficiente á explicar tales fenómenos? Si la afec- 
ción ocular se desarrolló al calor de la entero-colitis y si ningún medi- 
camento fué capaz de vencer aquel trastorno que solo se apagó á medida 
que el proceso intestinal cedia, yo no sé calificar el hecho de otra cosa 
que de una Irofo-neurosis refleja. Yo no he pretendido más, al insistir 
sobre este particular, que llamar la atención de los médicos acerca de 
un punto notable de la historia de las trofo-neurosis, y como me complaz- 
co en el adelantamiento de la ciencia y, por otra parte, mi voz carece 
de valía, quisiera que la tesis que he venido sosteniendo fuera probada 
por otros antes que yo la enunciara, porque de esta suerte adquiriría la 
autoridad que le falta con haber salido de mis labios. 

No necesito explicar tan detenidamente, porque se trata de hechos ya 
más conocidos, la variedad de trastornos materiales que aparecen en el 
aparato pulmonar durante el curso de la.s enfermedades de las vías di- 
gestivas. Peter ha visto desarrollarse la congestión activa del pulmón á 
consecuencia del cáncer del estómago, y explica este fenómeno por una 
acción refleja intervenida por el nervio pneumo-gástrico, y creo que na- 
die llegará á dudar de estas observaciones que, con ser de Peter, van 
suficientemente garantidas, ya que se trata, á mi entender, de uno de 
los primeros clínicos de Europa. Pero yo no pretendo imponer ideas á 
nadie, y por si alguien se obstinara en admitirlos conceptos vertidos por 
el gran clínico de Francia, me siento obligado á apuntar datos de otro 
orden que vengan en apoyo de mis creencias. Hoy dia no es ya una ra- 
reza ver hemorragias bronco-pulraonares hijas del zooparasitismo intes- 
tinal, y la aparición de este flujo sanguíneo no cabe ser interpretada de 
otra manera que por una alteración refleja de los nervios vaso-motores. 
Pero hay más todavía; se citan algunos casos de supuración pulmonar, 
diagnosticados de tisis por clínicos eminentísimos, que han visto curarse 
rápidamente después de la eliminación de una larga tenia que anidada 
enelinteiior del tubo digestivo. ¿Quién, que se precie de imparcial, 
podrá negar que tales casos entren de lleno en el estudio de las trofo- 
neurosis reflejas? 

Otro de los órganos que suelen hacercc partícipes de los males del 
estómago, es el corazón. La híperquinesia cardíaca se presenta con harta 
frecuencia en el curso de la dispepsia. Podría citar algunas historias clí- 
nicas en apoyo de este aserto, pero quiero limitarme á la narración de 
un caso que considero elocuente por más de un concepto. Se trata de un 
joven alférez de esta plaza, que por un cargo especial que desempeña, y 
por dedicarse, al propio tiempo, á los estudios de Justiniano lleva una 
vida en extremo sedentaria. Su carácter retraído y tímido sirve de ga- 
rantía para desechar cierto orden de causas, dignas siempre de invocarse 
cuando se trata de individuos de la edad y condiciones del de la presente 



REFLEJOS PATOLÓGICOS. 197 

observación. Este joven aquejó por espacio de más de un año palpitación 
nes cardíacas de accesos frecuentes y de intensidad tal que llegaron á 
poner en verdadero peligro su vida. Durante este espacio de tiempo las 
medicaciones que se emplearon fueron varias y todas ellas impotentes 
para dominar el mal. Confieso que el juicio clínico que en un principio 
yo estableciera resultó erróneo; pero no debo considerarlo tan fuera de 
lugar por cuanto habiendo el individuo recorrido el bufete de varios afa- 
mados prácticos de esta capital todos los medicamentos que se le indi- 
caron tenian iguales miras que el plan predilecto que yo le habia tra- 
zado. La inutilidad de las medicaciones empleadas se acompañaba de un 
incremento notable en los accesos, y asi fué que el espasmo cardiaco al- 
canzó tal intensidad, que algunas veces se desarrollaron síntomas tan 
alarmantes (lipotimias, perfrigeracion cutánea, sudores profusos, etcé- 
tera) que hicieron temer fundadamente una parálisis del corazón. La 
persistencia del mal me indujo á sospechar el carácter de estas palpita- 
ciones y puse entonces el individuo al uso de medicamentos que apaga- 
ran la exitabilidad refteja; con lo cual conseguí un descenso notable en 
el número é intensidad de los accesos. £n este momento fué cuando se 
destacó en el cuadro cierta dificultad en las digestiones que daba exacta 
cuenta del trastorno cardíaco, y dirigiendo el tratamiento á regularizar 
oí poder digestivo, el mal quedó pronto dominado. Hay en este caso de 
notable el fenómeno déla excitabilidad cardiaca como síntoma exclusivo 
de la dispepsia, sin que la más ligera incomodidad gástrica acusara el 
origen del mal. Y debo hacer constar que más de una vez interrogué al 
enfermo acerca de este particular sin que nunca pudiera deducir dato 
alguno positivo de este interrogatorio. Hay que deducir de aquí, por 
tanto, que los trastornos del estómago son susceptibles de revelarse úmOL" 
MENTE por síntomas cardiacos. Guando esto queda sentado, las dificulta- 
des con que han de tropezarse al establecer un diagnóstico son tan evi- 
dentes que no necesitan ser consignadas. Insistiré luego sobre este caso 
por las útiles enseñanzas que se desprenden del tratamiento empleado. 

Para terminar la larga lista de actos reflejos de origen gastro-intesti- 
nal réstame apuntar algunos datos referentes á trastornos déla sensibi- 
lidad y del movimiento capaces de aparecer en el curso de las enferme- 
dades de aquel aparato. Leven ha sido el primero en señalar los tras- 
tornos de la sensibilidad y motilidad que suelen presentarse en la 
dispepsia. Estas alteraciones que comunmente revisten el carácter 
hiperestésico radican, en la mayoría de casos, en el lado izquierdo del 
cuerpo. No debo insistir más sobre este punto, porque cuanto dijera seria 
la repetición de ideas vertidas en una nota que publiqué en este mismo 
periódico á principios del año anterior. Me remito á lo entonces manifes- 
tado como datos para la demostración del problema que estudio. 

Las cuestiones que se desprenden del cuadro que acabo de abocetar 
son principalmente dos: una de orden puramente especulativo; otra de 
carácter eminentemente práctico. La primera hace referencia al modo 
cómo se desarrollan los fenómenos reflejos de origen gastrointostinal. 
No pienso ocuparme de ella en este instante, porque como quiera que 
los actos reflejos de naturaleza patológica tienen una génesis común, sea 
cual fuere el órgano de donde broten, debería repetir los conceptos en 



198 DE LAS ALTERAaONES DE LA CÓRNEA. 

cada uno de los artículos que me propongo publicar, y asi reservo para 
el final tratar estas cuestiones de conjunto. 

Debo ceñirme exclusivamente en este instante á la cuestión práctica 
que es la que se refiere á la terapéutica de estos procesos. Es indudable 
que la separación del foco productor del acto reflejo constituye la idea 
fundamental á que debe aferrarse el clinico, y es indudable también que 
las alteraciones orgánicas de origen reflejo solo pueden corregirse com - 
batiendo la causa productora: véase lo que sucede en los casos de hemor- 
ragias bronco -pulmonares sostenidos por trastornos de las vías digesti- 
vas que únicamente cesan cuando'se ha extinguido el foco generador. 
Pero, si los trastornos materiales no caben ser tratados de otra manera, 
en cambio las alteraciones funcionales de origen reflejo se prestan á 
mayor número de ensayos terapéuticos. Existe un grupo de medicamen- 
tos que se caracterizan por la facultad de embotar el poder reflejo, y 
estos agentes deberán utilizarse siempre que se presenten fenómenos 
bastante intensos para comprometer la vida de los pacientes y que la 
enfermedad que los determina sea de larga curación. En el caso que 
dejo narrado del joven alférez afectado de palpitaciones cardíacas, esta 
indicación se presentaba con todo su esplendor; existian síntomas alar- 
mantes, verdaderamente temibles, sostenidos por un trastorno gástrico 
no vencible en breves instantes, y en estas condiciones, ¿qué recurso le 
quedaba al terapeuta? Solo la medicación sintomática debia ponerse en 
juego, y esta se empleó y obedeció á mis esperanzas. Escuso mentar aquí 
cuáles son los medicamentos que cumplen estas indicaciones porque son 
bien conocidos de todo el mundo; pero me atrevo recomendar la cicuta y 
sus preparados como uno de los mejores que pueden emplearse. 



clínica oftalmológica del dr. j. barraqüer. 

Observaciones recogidas por el Ayudante 

D. José Presas. 



Tratamiento preventivo de las alteraciones de la córnea en la oftalmía 

blenorrágica. 

Ramón París, de 21 años de edad, impresor, sufría una blenorragia 
uretral desde últimos de Enero, y consultó por una conjuntivitis puru- 
lenta muy aguda del ojo izquierdo, el'dia 13 de Febrero. — Se siguió el 
tratamiento por medio de las sanguijuelas, calomelanos al interior, cau- 
terizaciones de nitrato de plata al cinco por ciento, pulverizaciones de 
ácido fónico al uno por ciento, sin que se evitase la formación de un 
grande absceso, que ocasionó la pérdida de la mayor parte de la córnea. 

£1 dia 16 se desarrolló, en el ojo izquierdo, la oftalmía con la misma 
intensidad y violencia que en el derecho.— El enfermo no había querido 
usar el vendaje oclusivo.— La conjuntivitis se desarrollaba con mucha 
intensidad, pues habia adquirido grandes proporciones en el intermedio 
de una á otra de las dos visitas diarias. — Temiendo un resultado tan des- 
agradable como en el ojo izquierdo, el Dr. Barraqüer excindió la conjun- 
tiva al rededor de la córnea, en la extensión dé un centímetro, con la 



ANATOMÍA DE LOS CENTROS NEaViOSOS. 109 

idea de confinar la inflamación en la mucosa que cubre los párpados y 
en los fondos de saco de la conjuntiva el mismo dia, cloroformizando 
previamente al enfermo. 

La oftalmía purulenta se desarrolló con igual intensidad que en el 
otro lado segregando grandes cantidades de pus; la pérdida de sustancia 
se cubrió con un exudado blanco como diftérico y la córnea conservó su 
transparencia durante todo el curso déla oftalmía. — El tratamiento em- 
pleado fué el mismo que en el otro lado, exceptuando las pulverizaciones 
con el ácido fénico, siendo sustituidas por lavatorios con agua bórica al 
cuatro por ciento; dióse de alta al enfermo el dia 7 de Marzo, teniendo 
la herida del todo cicatrizada. — Esta operación obra estableciendo una 
interrupción de continuidad entre el epitelio y los vasos linfáticos de la 
conjuntiva y de la córnea, imposibilitando de este modo la propagación 
del proceso supurativo á dicha membrana. 

Cuerpo extraño alojado en la órbita. 

El Dr. Barraquer extrajo el dia 48 de Marzo, en un hombre de 35 años, 
una astilla aplanada, de dos milímetros de grueso, dos centímetros de 
largo por ocho milímetros de ancho, que hacia diez años habia sido im- 
plantada violentamente, durante el trabajo de carpintero, entre el globo 
ocular y la pared inferior de la órbita por el fondo de saco conjuntival.— 
El enfermo creía que en aquella ocasión se le habia extraído el cuerpo 
extraño en totalidad y consultaba solamente por una hiperemia conjun- 
tival de dicho ojo. -El fondo de saco conjuntival inferior estaba depri- 
mido en su centro y adherido al reborde orbitario; con un estilete podía 
tocarse, en el centro de la depresión, la punta del cuerpo extraño que 
asomaba en el fondo de saco conjuntival.— Haciendo una pequeña inci- 
sión en dicho fondo de saco, se pudo extraer el cuerpo extraño que no ha- 
bia dado ninguna manifestación desde la época en que ocurrió el acci- 
dente. 

ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS, (*> 
POR Don Miguel A. Faro as Roca. 



C. EXTRUCTÜR/l DE LA CORTEZA CEREBRAL. 

Si se practica un corte en una circunvolución perpendicularmente á 
su eje longitudinal, se observa que su núcleo está formado de sustancia 
blanca, continuación de la del hemisferio, rodeado pqr una cubierta de 
sustancia gris, cuyo espesor varia según los sitios, pero que por término 
medio y de una manera bastante general tiene siete milímetros. Esta 
cubierta es continua en toda la superflcie de los hemisferios y lo mismo 
desciende al fondo de la más profunda cisura que se eleva a la cúspide 
de la más elevada circunvolución, constituyendo así la verdadera cor- 
teza cerebral. 

Esta corteza tiene altísima importancia en físiología y en patología. 



(i) ContiauacioQ.— Véanse los números 25, 26, 27, 28, 29 y 30. 



200 ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 

á pesar de lo cual, su extructura ha sido durante mucho tiempo un mis- 
terio y continua siéndolo en parle. De poca aplicación y utilidad son los 
estudios de Baillarger y muchos otros parecidos, al encontrar, en cortes 
transparentes de la capa gris, diver- 
sas zonas decoloración distinta. Es- 
to, aparte de que puede depender de 
la mayor ó menor imbibición de los 
tejidos, según el grado de descom- 
posición, no nos dá ninguna indica- 
ción precisa acerca de los elementos 
y de la situación de los mismos eu 
ella contenidos. 

Los estudios de Clarke, evan- 
Lewis, Gerlach, Betz, Kóllike , Ro- 
bín, Luys, Meynert, etc., etc., han 
llegado á determinar con bastante 
precisión la textura de la sustancia 
gris de las circunvoluciones y han 
dado algunos detalles con notable 
exactitud. Existe una concordancia 
casi completa entre los estudios con- 
temporáneos, aceptando la mayoria 
de autores como bueno y esactc el ti- 
po de la estructura general de las 
circunvoluciones, descrito por Mey- 
nert. 

Describe Meynert, como tipo co- 
mún de extructura, cin<:o capas en la 
sustancia gris de la corteza cerebral, 
fundándose en la disposición de los 
clemeotos anatómicos (íig, 33), 

Primera capa. —Tiene 25 centési- 
moj! de milímetro de espesor, y sien- 
do la más superñcial de todas, está 
formada esencialmente por la neuro- 
glia. No existe acuerdo aún sobre la 
naturaleza de esta neuroglia: quién 
la de-icribe como un tejido reticula- 
do, quién cree que una sustancia 
funda meo tal, salpicada de (;ranula- 
clones, constituye su esencia; actual- 
me:ite están muy en boga las ideas 
de Boíl sobre una sustancia funda- 
mental, en la cual están repartidas 
moléculas más oscuras, presentan- 
Fis.33.-E«r„aura Je 1. «,...« ^ , 3, escarcha; pero es 

cerebral (tesuii Mciíneil)- . .l, . j- j n -.- > 

imposible decidir aennitivamenle si 

este modo de confMTBaoiou es normal ó producto de la muerte de los te - 
jidos. " 



ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 201 

En la neuroglia, y por lo tanto en la primera capa de la corteza ce- 
rebral, existen elementos figurados en forma de núcleos por un lado y 
de células por otro. 

Losnócleos, llamados por Robín mielocilos, existen en gran cantidad 
y son en apariencia completamente libres, presentando un volumen de 
9 á 11 m. m. Los bordes están perfectamente destacados y en su inte- 
rior se observan con frecuencia dos ó tres pequeñísimas nucleolas: mu- 
chos autores creen que están provistos de membrana de cubierta. Dei- 
ters, Boíl y otros, los consideran como células embrionarias, y Meynert 
describe lastransformaciones|patológicas que sufren y que se observan 
fácilmente en los casos de parálisis general: se hinchan y adquieren pro- 
longaciones ramificadas ofreciendo una forma estrellada, siempre que el 
tejido está sobrecargado de suero intersticial. 

Las células de la neuroglia, que algunos autores conocen con el nom- 
bre de células de Deiters, no parecen tener verdadero cuerpo, dada su 
pequenez y su forma especial. Existen en todas las regiones por donde 
se extiende la neuroglia, pero principalmente al rededor de los vasos y 
en la capa de la corteza de que me ocupo. Presentan numerosas prolon- 
gaciones, largas, finas, rectilíneas é indivisas, lo cual hace que estas 
células parezcan más bien núcleos situados en la confluencia de las 
prolongacíoues. 

Algunos autores han dejado escapar la hipótesis de si este tejido es- 
pecial de la neuroglia, tendría á su cargo el desempeño de las funciones 
psíquicas, pero queda esto fuera de discusión con haber demostrado Mey- 
nert que la capa externa de la corteza cerebral es mucho más gruesa en 
ciertos animales que en el hombre, y casi existe uniformidad entre los 
autores, para considerar ala neuroglia como una dependencia del teji- 
do conjuntivo, que sirve al sistema nervioso de armazón y de sosten. 

Además de la neuroglia, existen en la primera capa ciertos elemen- 
tos nerviosos, si bien en escaso número. Alguna célula ganglionar, de 
forma casi siempre piramidal, de 9 á 10 m. m. y con distintas prolon- 
gaciones; tocando á la superficie misma de esta capa, hay una red de 
finísimas fibras nerviosas, y en todo el espesor de la misma un entrete- 
jido de fibrillas nerviosas, cuyas conexiones son desconocidas, pero que 
probablemente guardan relación con las ramificaciones de lascélulas. 

Aunque la neuroglia constituya la mayor parte de esta primera ca- 
pa, existe también en lo restante de la corteza cerebral, si bien no tan 
abundante, y hasta se extiende por el espesor de la sustancia blanca 
después de sufrir algunas modificaciones. 

Segunda capa (fig. 33, 2). Situada inmediatamente por debajo de la 
precedente, ofrece un grosor de 25 centesimos de milímetro y aunque 
tiene neuroglia, esta se hace invisible ante el gran número de células gan- 
glionares, multipolares, que la constituyen. Estas células ofrecen casi to- 
das la forma piramidal con el vértice dirigido comunmente á la superfi- 
cie y tienen un volumen de 10 m. m. Están muy apretadas y reciben el 
nombre de pequeñas células pirsunidales 6 pequeñas pirámides. 

Tercera capa (fig. 33, 3). Constituida, como la anterior, por células 
ganglionares piramidales, tiene un grosor por lo menos tres veces mayor 
que aquella. En esta capa las células piramidales son mucho más claras. 



202 



ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 



aunque su forma y su posición son análogas á las de la anterior, su vo- 
lumen es mucho más grande y va aumentando hacia las partes profun- 
das de dicha capa, pudiendo variar entre 25 á 45m. m.; por eso se las 
conoce con el nombre de grandes células piramidales, grandes pirámi- 
des ó pirámides gigantes, según Charcot. 

Los elementos constitutivos de la segunda y tercera capa, son, por 
consiguiente, los mismos en cuanto á su naturaleza, pero varian por su 

agrupación y volumen, lo cual hace 
diferenciar estas dos regiones. La ex- 
tructura de las grandes y pequeñas 
células piramidales es idéntica. 

Las células nerviosas de la cubierta 
gris fueron indicadas por primera vez 
por Malpígio en d687, quien, al decir 
que estaban en la corteza hemisférica 
como incrustadas en una sustancia 
fundamental, del mismo modo que los 
granos de una granada en la sustan- 
cia blanca fibrosa que los rodea, dio 
una idea exactísima de su disposición, 
á juzgar por lo que hoy se cree sobre 
este punto. 

En efecto, las células piramidades 
de la segunda y tercera capa están 
contenidas, al igual de todas sus pro- 
longaciones, en los huecos formados 
por la neuroglia. 

La célula nerviosa de la corteza 
tiene, como antes he dicho, la figura 
piramidal con el vértice dirigido hacia 
la superficie. De las dimensiones an- 
tes citadas según la capa que se estu- 
die, están constituidas por una masa 
deprotoplasmacon granulaciones pig- 
mentarias, más ó menos numerosas 
según las células, y presentando una 
extructura fíbrilar en sentido longi- 
tudinal según unos ó circular según 
otros, resultando en fin de cuentas, la 
falta de uniformidad en el mismo y la 
existencia en todo caso de estilacio- 
nes que le comunican un aspecto areolar (fig. 34). 

Hacia el centro de esta masa protoplasmática se observa el núcleo 
bien visible y manifiesto, lo mismo que su nucleola ó nucleolas, por más 
que Luys, fundado en estudios de micrografía, pretende negar esta últi- 
ma; núcleo que, según algunos autores, seria originado por una conden- 
sación del protoplasma y al cual irían á terminar las fibrillas del cuerpo 
de la célula y hasta las prolongaciones de la misma. 

La inmensa mayoría de autores, y esta parece la opinión más fun- 




Fig;. 34.-Grande célula pirami- 
dal (según CharcotJ, — a, cuerpo; 
b, prolongación basilar. 



ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 



203 



dada, cree que la célula nerviosa no tiene cubierta, por más que Wal- 
ther, Mauthner, Reissner, etc., opinen que existe, y Roudanowsky llegue 
á suponer que se encuentra envuelta en una membrana análoga á la 
mielina. 

De la periferia de cada célula nerviosa nacen prolongaciones distin- 
tas, pero, aunque otra cosa se haya dicho, no establecen ninguna anas- 
tomosis directa entre célula y célula; tienen todas ellas una extructura 
decididamente fíbrilar, cuyas fibrillas, al penetrar en el interior de la 
célula, se confunden con la red propia de la misma. 

Se ve salir una prolongación del vértice de la célula y varias al rede- 
dor de la base; todas estas prolongaciones se van dividiendo y dicomati- 
zando por la separación de sus fibrillas, hasta perderse en una finísima 
red de fibrillas nerviosas, demostrada por las investigaciones de Gerlach 
y de Boíl, que pone en comunicación unas células con otras. Dar más 
detalles sobre estas anastomosis, y decir como Luys, Butzke, etc., que 
las prolongaciones del vértice ponen en comunicación las células de la 
tercera capa con las de la segunda y á éstas con la red nerviosa termi- 
nal, que existe en la primera, es aventurarse á consignar hechos, que 
faltos de la comprobación experimental, no solo pueden ser inútiles sino 
perjudiciales. 

De la base de cada célula se ve partir una prolongación, que si bien 
tiene como las anteriores una estructura fibrilar, es indivisa y se llama 

prolongación cenlral ó basilar, siendo análoga 
á las prolongaciones que, en las células de los 
cuernos anteriores de la médula (fig. 35) se co- 
nocen con el nombre de prolongaciones de Dei- 
ters. Parece.demostrado que cada prolongación 
basilar se continúa directamente con una fibra 
procedente de la cápsula interna, las cuales 
entran en pequeños grupos en el espesor de la 
corteza cerebral, poniéndose de este modo en 
comunicación directa con las células pirami- 
dales. 

Cuarta capa. Tiene un espesor de 25 cen- 
tesimos de milímetro y está también formada 
de células, pero muy distintas de las anterio- 
res. Con un diámetro de 8 á 10 m. m., son ge- 
neralmente redondeadas y muy raras veces 
triangulares, tienen un núcleo y existen en 
gran número; no ha podido demostrarse aun 
si tienen extructura fibrilar, pero si, aunque 
muy difícilmente, se han encontrado prolon- 
gaciones que se dividen en fibrillas más finas, 
lo mismo que las de las células piramidales. Queda aun por compro- 
bar, si es que exista la conexión de estas células con las fibras de la 
corona radiante, aunque en teoría parece lógica su existencia. Tienen 
estas células grande analogía con las células sensitivas de la protube- 
rancia. 

Por mas que forman una capa aparte, existen algunas, en muy pe« 




Fig. 35. -Célula multlpo- 
lar de la médula {según 
Wundt). 



204 ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 

queño número, intercaladas con las piramidales de la tercera y se- 
gunda. 

Quinta capa» La más profunda de todas, tiene un espesor de 50 cen- 
tesimos de milímetro y está formada esencialmente por células fusifor* 
mes de 30 m. m. de largo, colocadas longitudinalmente, ofreciendo 
una prolongación en cada extremo y, según Meynert, prolongaciones 
laterales; en el vértice de las circunvoluciones, guardan una posición 
vertjcal, lo cual hace suponer fundadamente á Meynert, que estas célu- 
las están anexas á las fibras de asociación, opinión que no sale del ter- 
reno de las suposiciones. 

Fundados en la extructura de los diversos elementos, muchísimos 
autores admiten con Meynert, que las células piramidales de la segunda 
y tercera capas están destinadas á funciones tnotoras; que las redondea- 
das de la cuarta, vienen ejerciendo funciones sensoriales, y que las fusi- 
formes de la quinta, forman parte del aparato da asociación. Dando 
rienda suelta á la hipótesis, y, supuesto que en la corona radiante exis- 
ten fibras motoras, sensitivas y de asociación, encontramos en la corteza 
cerebral una clase de células para cada orden de fibras; solo falta que el 
hecho de las células piramidales se suponga para las demás, aunque no 
esté demostrado, que se admita que las células sensitivas van á termi- 
nar también en la finísima red de Gerlach, y que las de asociación están 
unidas con unas y con otras, y queda fecundísimo campo á una regular 
imaginación, para inventar y poetizar sobre el mecanismo elemental é 
íntimo de los actos psíquicos. Así y no de otro modo se hace por mu- 
chos autores, quienes convierten la Anatomía y la Fisiología cerebrales 
en una belleza seductora. 

Este tipo de extructura, que acabo de describir, prepondera en la ma- 
yor parte de la corteza cerebral: los lóbulos frontal, parietal y temporal 
están así constituidos. Pero existen otras regiones que se separan de esto 
modo de ser, y que indicaré, aunque sea someramente, tanto más, en 
cuanto esta topografía de extructura guarda relación con las funciones 
que se atribuyen á las distintas regiones. 

Lóbulo occipital. La corteza gris de la punta del lóbulo occipital se 
separa del tipo descrito aunque los elementos sean los mismos. 

Ya Vicq-d*Azyr habia observado que al practicar el corte de Vieus- 
sens se notaba en la sustancia gris del lóbulo occipital una cinta blanca 
que la dividía; pero á este detalle, ni se le daba importancia, ni se le 
atribuía existencia constante. Los estudios de Clarke, y en especial los 
de Meynert, han dado á conocer su extructura especial. 

En vez de cinco capas, se encuentran ocho, délas cuales la primera y 
la segunda son iguales y corresponden por su orden y su extructura á la 
primera y segunda del tipo que antes he descrito; y la octava, corres- 
ponde á la quinta del tipo general, por estar constituida por células 
fusiformes. 

La diferencia consiste, pues, en las modificaciones de la tercera y 
cuarta capas, que en dicha región en vez de dos quedan subdivididas en 
cinco. Existen tres capas de células esféricas, que corresponden á la ter- 
cera, quinta y séptima, siendo su extructura igual á la cuarta del tipo 
común, y dos de células piramidales de gran tamaño, constituyendo la 



ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 203 

cuarta y sexta, solo que en lugar de ser abundantes, escasean en gran 
manera, tanto que Meynert las denomina células solitarias. 

De esto resulta evidente el predominio de las células esféricas sobre 
las piramidales en la región que nos ocupa, y en definitiva se ve que el 
aumento de capas corresponde al mayor desarrollo de la cuarta, que in- 
tercalándose con la tercera ambas aparecen subdivididas. 

La linea blanca de V¡cq-d*Bzyr, de que queda hecha mención, cor- 
responde á la cuarta, quinta y sexta capas, porque siendo las células pi- 
ramidales ó ganglionares las más pigmentadas y existiendo en escasísimo 
número en esta región, dan-origen á esta coloración blanquecina. 

Lóbulo hisular. La corteza de este lóbulo en nada se separa del tipo 
común, de modo que seria inútil señalar diferencias; pero muchos auto- 
res consideran, como anexo á esta región, un grupo de sustancia gris 
situado debajo de la Ínsula, entre esta y el núcleo lenticular, estando 
separado de ambos por una capa de sustancia blanca, y al cual se llama 
ante-muroy cuyos detalles respecto á sus conexiones y relaciones, serán 
descritos en otro sitio. £1 antemuro se extiende asimismo hacia la región 
de la primera circunvolución primitiva, y está en íntimo enlace con un 
núcleo llamado amigdalino, que se halla situado en la punta del lóbulo 
temporal. 

El antemuro y el núcleo amigdalino son considerados, en razón á su 
extructura, y á pesar de su situación, como una dependencia de la quinta 
capa. En efecto, células fusiformes análogas á las de esta y distintas de 
las de los núcleos centrales, constituyen sus elementos propios. Al decir 
de Meynert, las conexiones de este grupo de sustancia gris con las 
fibras de los hemisferios, indican, además de su extructura, que forman 
parte del sistema de asociación. 

Lóbulo olfatorio. En el hombre tiene muy rudimentario desarrollo, y 
en razón á las dificultades de su estudio es poco conocida su extructura; 
empero, teniendo en cuenta la semejanza que existe entre todos los ani- 
males, indicaré muy someramente la disposición del bulbo olfatorio en el 
perro, como parte más importante de dicho lóbulo. 

Tiene en el perro cinco capas y en todo su espesor la neuroglia, como 
ocurre en las demás regiones: la primera está constituida por una espesa 
red de fibras nerviosas entrecruzada; la segunda contiene glomérulos 
oscuros, en cuyo interior existen, según algunos, células nerviosas; la 
tercera, encierra un gran número de células ganglionares, pequeñas, 
fusiformes y multipolares; la cuarta, de poquísimo espesor, contiene 
gran número de elementos granulosos poco conocidos, y en la quinta 
encontramos la sustancia medular, con algunas granulaciones análogas 
á las anteriores. 

Asta de Ammon, Como la sustancia gris de esta región es una depen- 
dencia de la corteza, por eso hablo de ella antes de describir la región. 
Ni tiene células esféricas ni fusiformes, estando tan solo ocupada por 
las ganglionares, así grandes como pequeñas, que constituyen el carác- 
ter especial de esta región. 

Circunvolución en forma de gancho. En la punta de la misma termina 
la mayor parte del tractus olfatorio^ y se distingue de las demás regiones 
por el gran predominio de las células esféricas ó sensitivas, en conso- 



206 Acido salicílico y sus sales. 

nancia con el nervio que en ellas termina y con las impresiones que ha 
de recibir. 

( Continuará, J 



CONTRIBUCIÓN Al ESTUDIO DEL ÁCIDO SALICÍLICO Y SUS COMPUESTOS, 

en particular del Ballcilato sódico en el tratamiento del reumatismo, (1) 

POR D. M. E. Moré y Bargit, 

Médico de la Ccaa de Lactancia y Casa^unade Barcelona* 



El reumatismo muscular se asemeja más á las neuralgias que á una 
afección fluxionaria y, en general, no es tan agudo como el articular. 
Tiene también el carácter de ser más errante, pues pocas veces aparece 
en el mismo sitio. El reumatismo muscular puede ser nervioso y vascw 
lar, siendo entre los dos, este último sumamente raro. Con más frecuen- 
cia se presenta en los músculos de la parte posterior y superior del tron- 
co y en la región lumbar, en cuyo caso adquiere el nombre de lumbago. 
El reumatismo muscular nervioso lo he observado más en forma de hemi* 
cránea y de cefalalgia general; este reumatismo no solamente se mani- 
fiesta por medio de alteraciones en la sensibilidad, si que también altera á 
veces la motilidad, presentándose bajo la forma de corea, parálisis, etc., 
tera, lo cual, sin embargo, es sumamente raro. Finalmente, el reumatismo 
visceral se presenta siempre que algún órgano interno, cuya extructura 
anatómica corra paralelo con algún otro externo, presente los síntomas 
inflamatorios propios de dicha afección, sobre lo cual no insistiremos 
por habernos ocupado ya anteriormente. 

Los tratamientos á que se han sujetado á los reumáticos, no hay para 
qué decir que han variado poco menos que hasta lo infinito según las 
teorías que hayan predominado sobre el reumatismo y según los medi- 
camentos inventados y descubiertos para el mismo. Si tuviésemos que 
hacer una reseña de todos ellos, por corta que fuese, nos veríamos obli- 
gados á llenar un sinnúmero de páginas y, por consiguiente, nos concre- 
taremos á citar los más principales y el fundamento que tienen para su 
aplicación. 

En primer lugar nos encontramos con el yoduro de potasio, agente 
usado desde largo tiempo en el tratamiento del reumatismo. Dicho 
cuerpo se ha empleado también en la gota, de modo que Gendrin lo pre- 
conizaba mucho interior y exterrormente, haciendo desaparecer en po- 
cos dias fuertes ataques de esta enfermedad, cuando es aguda. El yodo 
es absorbido rápidanrente, encontrándose en la orina al cabo de pocos 
minutos. Muchos individuos no pueden tolerar el yodo ni los yoduros, 
aun administrados á corta dosis, sobre todo si se continúa su uso por 
mucho tiempo. Respecto á la acción fisiológica y terapéutica del yoduro 



(1) Continuación. -Véanse los numeres 2"), 20, 27 2^, 29 y 30. 



ÁCIDO SALIGÍUCO T SUS SALES. 207 

potásico, unos pretenden que este medicamento no puede producir acci- 
dentes de ninguna clase, mientras que otros creen que los determina 
muy graves. Realmente el yodo es un medicamento muy heroico y en 
este concepto es posible que produzca algunos accidentes; pero vigilando 
bien su acción y suspendiendo su uso de vez en cuando para volver á se- 
guir con él, creo que estos accidentes serán leves y pasajeros. 

Los accidentes más principales causados por el uso más ó menos 
continuado del yoduro potásico son: una cefalalgia frontal bastante in- 
tensa acompañada de un fuerte coriza, lagrimeo é inyección de las con- 
juntivas. Con frecuencia hay insomnio y á veces se notan síntomas cere- 
brales que, á primera vista, asustan al enfermo y al médico, si éste no 
recuerda la acción del medicamento empleado. Hay punzadas muy dolo- 
rosas en la región frontal, en los ojos y en los oido'', habiendo á veces 
zumbidos y desvanecimientos; esto es á lo que Lugol da el nombre de 
embriaguez yódica. Se presentan á veces otras alteraciones propias del 
yodismo que, á pesar de ser importantes, no son tan frecuentes como el 
eritema, el acné, las neuralgias, etc. 

Los preparados de yodo, absorbidos, ya por las vías respiratorias, ya 
por la mucosa digestiva, ya por la piel, ocasionan una excitación general 
bastante marcada, empezando por producir sequedad en la faringe, y á 
veces una angina de mayor ó menor intensidad, según el uso que se haya 
hecho del medicamento. En este caso, la circulación se vuelve más activa, 
poniéndose la piel más caliente y, según el Dr. Kuss, de Estrasburgo, 
esta aceleración del pulso se nota en aquellos individuos cuya circu- 
lación normalmente es lenta, pero en los que la tienen más activa parece 
que sucede lo contrario, siendo difícil en ellos obtener la saturación yó- 
dica. 

Otro de los medicamentos empleados y muy preconizados en el trata- 
miento del reumatismo agudo es el tártaro emético, y uno de los más 
decididos campeones de este método es Jaccoud. Veamos lo que dice en 
su Tratado de Paiologia interna: cEn los caaos inienaos^ con dolores 
violentos y fiebre más alta de SQ'', empiezo en los individuoi robiMtos por 
el tártaro estibiado en dosis elevadas, siguiendo las reglas que tengo for- 
muladas al tratar de la pericarditis; cuanto más abundantes son las 
evacuaciones, tanto más se marca la sedación. Al día siguiente dejo 
descansar al enfermo, pero al tercero reitero la poción estibiada, si los 
dolores ó la fiebre han recobrado una vivacidad más ó monos parecida 
á la del primer dia. Yo convengo en que la medicación es penosa, pero no 
se puede formar una idea del beneficio que produce; comparando casos 
semejantes, me he convencido de que este tratamiento abievia la dura- 
ción de la enfermedad.» Después de la administración del tártaro esti- 
biado, sigue distintos métodos según el grado de sedación obtenida por 
el emético. 

Laennec, Delourmel y otros, dicen que el tártaro emético á dosis ele- 
vadas es uno de los mejores medios para el tratamiento del reumatismo 
articular, y Ghomel cita un gran número de casos en que este medica- 
mento no tiene una acción especial, y que la mejoría que se observa debe 
atribuirse á la acción purgante y vomitiva de dicho agente más bien que 
á sus propiedades contraestimulantes. Trousseau dice que por los anti- 



208 ÁCIDO SALIGÍLICO Y SUS SALES. 

moniales ha tratado más de treinta enfermos, y que los resultados obte- 
nidos han variado tanto que no es posible indicar consecuencias 
terapéuticas algo seguras. 

Tenemos en tercer lugar, como uno de los especiñcos en el trata- 
miento de la3 afecciones reumáticas, el acónito, administrado por dis- 
tintos prácticos que han querido sacar partido de sus propiedades fisio- 
lógicas, como narcótico, diaforético y diurético, y en consecuencia anti- 
febril. Pero nos detendremos poco en la reseña de este medicamento, 
tan útil y eficaz en otras afecciones, porque nos ofrece poco interés en 
la enfermedad de que nos estamos ocupando; y si tuviésemos que pasar 
revista de todos los demás específicos medicamentosos ensalzados para 
combatir al reumatismo, necesitaríamos ocuparnos de toda la terapéu- 
tica, y por lo tanto, no haremos más que citar los demás medios que se 
han propuesto para combatir á dicha enfermedad, medios que, por otra 
parte, si no bastan por sí- solos, algunos de ellos pueden ayudarnos á 
corregir algunos de los fenómenos más exacerbantes del reumatismo, 
como el dolor, etc. Entre estos medios se cuentan los siguientes: el alcan- 
for, la belladona, el azufre, el opio, el estramonio, la veratrina, los anes- 
tésicos, el amasamiento, la electricidad, la faradizacion, la hidroterapia, 
la electro -puntura, etc., etc.— {Desgraciado del enfermo para cuya afec- 
ción se conozcan tantos medios curativos como tiene esta! 

Nos hemos apartado un momento de nuestro objeto principal para 
hacer una ligera reseña del modo de obrar de los principales agentes 
empleados para la curación ó el tratamiento del reumatismo. Ahora bien; 
de lo que acabamos de exponer ¿cuál es el medicamento que ofrece ma- 
yores ventajas para el tratamiento de dicha afección? En primer lugar, 
recuérdese bien que los efectos fisiológicos del yodo y sus preparados 
son mucho más nocivos que el salicilato de sosa y que la administración 
de aquel no puede prolongarse tanto como la de este, obrando también 
con menos rapidez el yoduro potásico que el salicilato de sosa. Recuér- 
dese también que el Sr. Jaccoud confiesa que el tratamiento del reuma- 
tismo por el tártaro estibiado es muy penoso y en consecuencia produce 
mayor alteración en la economía que el salicilato de sosa, dejando una 
convalecencia larga y penosa. 

Llegados pues á este punto, vamos á ver de qué modo obra el salici- 
lato de sosa sobre el reumatismo, es decir, la acción terapéutica de este 
agente sobre dicha enfermedad, pregunta que dejamos sentada en otro 
lugar y de la que nos apartamos para establecer mejor algunas conclu- 
siones sobre dicho agente farmacológico. 

En primer lugar, sabemos ya que el reumatismo articular agudo es 
una de las afecciones más penosas por la violencia del dolor, por la in- 
movilización de las partes afectas, por las vigilias que acarrean constan- 
temente los dolores, dejando aparte la fiebre, los sudores, cefalalgia y, 
en una palabra, el estado general del paciente. En segundo lugar, el 
reumatismo es una de las enfermedades que más contribuye al empobre- 
cimiento general de la sangre, de modo que, á los pocos dias, pueden 
observarse todos los síntomas propios del principio de una anemia, la 
cual aumenta á medida que avanza la enfermedad y cuanto más intensa 
sea esta, siendo muy pronunciada al cabo de pocos dias. Cuanto mayor 



REVISTA DE MEDICINA. 209 

ha sido la duración del reumatismo^ más lenta y penosa es la convale- 
cencia, á causa del empobrecimiento de la sangre. 

Asi, pues, dada la innegable importancia y admirables efectos del sali- 
cilato de sosa sobre el reumatismo, no puede quedar duda alguna de que 
este medicamento, lejos de contribuir al empobrecimiento de la sangre, 
hace que esta quede más rica en glóbulos rojos que no empleando los 
demás medicamentos, toda vez que parte abrevia muchísimo la duración 
de la enfermedad disminuyendo la fiebre con rapidez, haciendo desapa- 
recer el dolor, la cefalalgia y los síntomas generales propios de toda en- 
fermedad aguda febril. De este modo obtenemos también un segundo 
efecto referente á las complicaciones viscerales. 



REVISTA DE MEDICINA 
Por el Dr. Rosalino Rovira y Olí ver. 



Endocarditis diabética. -Las inflamaciones múltiples que se manifies- 
tan con tanta frecuencia en el curso de la diabetes, no dejan duda alguna 
sobre la tendencia que tiene esta afección á producir un estado diatésico 
inflanuxtorio en los individuos que están atacados de ella. Pero estas in- 
flamaciones no se localizan exclusivamente en la piel, en el tubo diges- 
tivo, en los ríñones y en los pulmones, sino que pueden residir en otros 
órganos, como lo prueban las importantes investigaciones del Dr. Le* 
corché. 

Este distinguido miembro de la Academia de Ciencias de París ha lla- 
mado la atención de la misma, en sesión celebrada el mes de Marzo del 
presente año, acerca de la endocarditis desarrollada bajo la influencia de 
la glicosuria, á la que complica notablemente. Se deduce de los estudios 
de Lecorché, que se presenta tan solo en los casos de diabeles de forma 
sub aguda ó crónica, y que la sufre con más frecuencia la mujer que el 
hombre. Aparte de esto, hé aquí los caracteres que señala el Sr. Lecorché 
á la endocarditis diabética: 

«Aparece á una época avanzada de la diabetes, dos ó tres años y hasta 
más después de su principio. Influye en su aparición menos la intensi- 
dad de la glicosuria que su larga duración. 

»Se localiza al nivel del orificio mitral. Una sola vez la he visto afec- 
tar el orificio aórtico. 

»Su existencia se traduce por un ruido de soplo al primer tiempo y a 
la punta del corazón, por la irregularidad y la intermitencia del pulso. 

^Alguna vez se acompaña do degeneración ateromatosa de las arte- 
rias (dos veces en catorce casos). 

^Precipita la marcha de la diabetes y determina á menudo la muerte, 
ya dando lugar á un edema más ó menos generalizado, ya complicándose 
de hepatitis aguda. 

^Parece ser debida ala irritación que produce sobre la membrana 



210 REVISTA DE MEDICINA. 

interior del corazón el contacto prolongado de una sangre alterada por 
la presencia del azúcar en exceso.» 

El lirio de los valles (eon vallarla majalis) en las enfermedades del co- 
razón.- Se asegura por algunos, que el lirio de los valles obra en las en- 
fermedades del órgano central de la circulación de un modo análogo á 
la digital, y con la ventaja sobre ésta de carecer de sus inconvenientes. 
La tintura de flores de la convallaria majalis á la dosis de 20 á 30 gotas, 
preparada con 420 gramos de flores por 500 gramos de alcohol, regula- 
riza las funciones del corazón, afloja el pulso y le hace menos depresi- 
ble. El polvo de las mismas flores produce los propios efectos á la dosis 
de 25 á 50 centigramos. Además de estas propiedades, posee, como la di- 
gital, la de ser un notable diurético. 

Las ventajas de la esmilácea que nos ocupa consisten, en que su ac- 
ción se hace sentir rápidamente, en que puede ser empleada á dosis alia 
sin inconveniente y en que puede ser administrada largo tiempo, sin que 
deba preocuparnos su acumulación como en la administración de la di- 
gital. 

Aunque la mayor parte de enfermos pueden soportar dosis conside- 
rables de convallaria majalis, debe advertirse que hay ciertos organis- 
mos refractarios; por cuyo motivo será prudente comenzar por dosis 
débiles, tanto más en cuanto se puede continuar la medicación si el me- 
dicamento es bien aceptado. 



Degeneración grasienta del corazón: diagnóstico.^ Habiendo Verneuil 
vertido la especie, ocupándose en la Academia de Medicina de París de 
las contraindicaciones de la administración del cloroformo, que el estado 
grasoso del corazón era imposible de diagnosticar en la mayor parte de 
casos, otro académico, Hardy, creyóse en el deber de protestar en nom- 
bre de la clínica contra semejante aserción, y afirmar, que la degenera- 
ción grasienta del órgano cardíaco no es tan difícil de reconocer como 
supone el Sr. Verneuil, y mucho menos en el caso de que su estado sea 
tal, que llegue á constituir un peligro en la cloroformización. 

La blandura y sobre todo la lentitud del pulso, la debilidad de los 
movimientos y de los ruidos del corazón, la disminución ó la desapari- 
ción del primer ruido, el conjunto de síntomas pertenecientes á las afec- 
ciones orgánicas de esta viscera existiendo sin los ruidos anormales de- 
bidos á las lesiones de los orificios, los signos físicos y los síntomas de 
los ateromas arteriales, el arco senil de la esclerótica, la coincidencia 
de caracteres pertenecientes á la gota ó al alcoholismo, son síntomas su- 
ficientes, en concepto de Hardy, para que se pueda llegar al diagnóstico 
de la lesión cardíaca caracterizada, ora por un depósito grasoso, ora por 
una degeneración grasienta de las fibras del miocardio (esteatosis car- 
díaca). 

Opino como el Sr. Hardy, y bajo este punto de vista, entiendo que 
seria justo volver la frase del Dr. Verneuil, y decir que, en la mayor parle 
de casos, s? puede hacer el diagnóstico de la degeneración grasienta del 
corazón. 



REVISTA DE MEDICINA. 2H 

Histerismo: tratamiento por hojas metálioas administradas al inte- 
rior.— Este método, ensayado por el Dr. J. Garel y dado á conocer en un 
trabajo publicado el año próximo Anido, consiste: 1.° En averiguar, por 
I a metaloscopia externa, el metal á qué es más sensible el enfermo, cuya 
anestesia ha sido bien comprobada. 2.® En administrar hojas muy delga- 
das de dicho metal, que se hacen ingerir envueltas en obleas ó de un 
modo parecido. 

Debe cuidarse mucho de no hacer tomar al enfermo, mientras se si- 
gue el método de Garel, ninguna otra preparación metálica (ferrugino- 
sos, zinc, pildoras de Megün), que podrian neutralizar la acción del me- 
tal que^ha de obrar contra los fenómenos histéricos. 

Según el Sr. Garel, la sensibilidad empieza á restablecerse al cabo 
de 28 ó 30 horas, y momentos antes de su vuelta, acusan los enfermos, 
ya un choque brusco en las partes anestesiadas, ya hormigueos, que á 
menudo son molestos. Ha notado, además, el autor de este método (que 
bien podemos denominar metaloterapia interna) que los enfermos expe- 
rimentan vivos dolores durante varios dias, hasta que la sensibilidad se 
ha restablecido por completo. Las hojas metálicas, añade Garel, obran 
no solamente sobre la anestesia, si que también sobre las contracturas 
histéricas, según ha tenido ocasión de ver en varias observaciones perso- 
nales y en otras de enfermos que, á cargo del erudito clínico Dumont- 
pallier, han sido tratados por su método. 

Tratamiento de los derrames pleoríticos por las inyecoiones hipo- 
dérmicas de pilocarpina.— Distintos y variados medios se han propuesto 
y ensayado para combatir los derrames dependientes de la pleuresía. 
Uno de los que modernamente se ha puesto en práctica, y al parecer con 
no escaso éxito, es la pilocarpina administrada en inyecciones hipodér- 
micas. 

£1 Dr. Farge, profesor de clínica de la Escuela de Angers, ha llevado 
á cabo acerca de este asunto experimentos bastante numerosos y deta- 
llados, de suerte que le han permitido llegar á las conclusiones si- 
guientes: 

4.* Las inyecciones sub-cutáneas de pilocarpina (4 á 2 centigramos) 
hacen desaparecer por sí solas, en el espacio de una ó dos semanas, los 
derrames pleuríticos medíanos. Ha bastado una inyección cada día ó 
hasta cada dos dias. 

2.' Han apresurado (5 á 12 dias) la desaparición de derrames más 
considerables, pero ya reducidos por la toracentesis ó los vejigatorios. 

3.' Tienen una acción incomparablemente más segura y son de una 
aplicación mucho más fácil que el jaborandi. 

4.' El efecto de la pilocarpina se ha ofrecido tanto más marcado 
cuanto la diaforesis ha sido más abundante, más exclusiva ó á lo menos 
predominante sobre la salivación. El efecto terapéutico parece ligado ds 
tal suerte ai movimiento diaforético que, en las raras aplicaciones en 
que el sudor ha faltado, el derrame no ha sufrido modificaciones apre- 
ciables. 

5.' A pesar de su rapidez de acción, no puede la pilocarpina ser 
aplicada á todos los casos; jamás reemplazará á la torr centesis en los 



212 REVISTA DE MEDICINA. 

casos de urgencia, y tiene además de esta otras contraindicaciones, de- 
pendientes de la naturaleza y abundancia del derrame, del grado de 
reacción febril, del estado de fuerzas del enfermo, etc. 

Estas contraindicaciones se fundan en los efectos fisiológicos de la 
pilocarpina. Efectivamente; antes de la aparición del sudor y durante 
la mayor parte del estadio diaforético, el pulso es más duro y frecuente 
y el termómetro se eleva de 5 á 12 décimas de grado sobre la tempera- 
tura inicial; por este motivo deberá desecharse la pilocarpina en los en- 
fermos en que pueda ser temible un aumento en la hipertermia. Pero 
después del período de excitación, determina la pilocarpina otro de de- 
presión considerable, durante el cual todos los pacientes acusan un des- 
caecimiento y una debilidad más ó menos profundos, capaces por sí 
solos para contraindicar el alcaloide en cuestión, cuando tengamos que 
habérnoslas con sugetos debilitados. 

Loa ruidos del oorazon en la oirrosis del hígado.— Examinando el doc- 
tor Laurent el corazón de varios individuos afectos de cirrosis hepática, 
ha venido en conocimiento de que en la mayor parte de los casos, si no 
en todos, existían anomalías en los ruidos cardiacos. En las observacio- 
nes que ha reunido y que sirven de base á su trabajo, el primer ruido 
era casi siempre (16 veces en 18 casos) reemplazado por un soplo, que 
en general tenia bastante intensidad. En cinco observaciones ocupaba el 
foco aórtico; en siete, la punta del corazón; en dos, tenia su máximum 
en el foco tricuspideo; en una, correspondía al orificio de la arteria pul- 
monar, y en otra, existia un ruido de galope bastante claro, sin que hu- 
biese hipertrofia del corazón ni signo alguno de lesión brighlica. En 
cierto número de casos, existia también un soplo en los vasos del cuello. 
Una vez desarrollados, los desórdenes cardíacos jamás han desaparecido 
de una manera definitiva. 

En los casos en que la autopsia se ha llevado á cabo, no se ha encon- 
trado, dice Laurent, ninguna lesión de los orificios, pero á menudo háse 
comprobado la existencia de una alteración del miocardio, caracterizada 
por la degeneración grasicnta de sus fibras. 

Para explicar las modificaciones de los ruidos del corazón, admite 
Laurent, ora una dilatación del ventrículo derecho resultante de un ex- 
ceso de tensión en la artería pulmonar, producida por la constricción 
refieja de sus divisiones (por un mecanismo análogo al que Potain in- 
dicó para los desórdenes cardíacos de origen gastro- hepático), ora un 
estado exagerado de hidremia y de hipoglobulia, en cuyo coso estos he- 
chos entrarían en el cuadro de los ruidos anémicos. 

A. mi entender, ha descuidado Laurent demasiado las lesiones del 
miocardio, al ocuparse de la génesis de los ruidos que llaman nuestra 
atención; pues debiera haber tenido presente, que la degeneración ó hi- 
potrofia gránulo-grasienta de las fibras musculares del corazón es causa 
abonadísima para la dilatación de este órgano, dilatación que, determi- 
nando insuficiencias valvulares, puede explicar la existencia de ciertos 
soplos residentes en el mismo. 



REVISTA DE SIFILIOGRAF/A. 213 

REVISTA DE SIFILIOGRAFIA, 
POR EL Dr. D. Alejandro Planellas, 

IMioo Agrtf&do al loipiUl d« 8aau Cnií. 



¿Cuánto tiempo dura la incubación de la siflliB?— No SO puede aún 

contestar de una manera categórica á tal pregunta si nos fijamos en el 
testimonio de todos los autores. Muchos son los que siguiendo á Basse- 
rau creen que la incubación dura por término medio treinta dias. Pero 
Guntz (i) ha reunido 24 observaciones en las que por término medio 
duró la incubación 61 dias, y Rinecker ha señalado un caso en el que las 
primeras manifestaciones sifilíticas se produjeron al cabo de 159 dias 
después do la infección. Debemos hacer constar sin embargo que el mis- 
mo Guntz ha visto en dos enfermos no durar más que d2 ó 15 dias la 
incubación. 

Nosotros que por haber observado con frecuencia en la práctica lo 
expresado por Basserau, consideramos como término de duración más 
común en la incubación 30 días, creemos en términos generales que este 
período de la sífilis constitucional tiene una duración variable como la 
tienen otras infecciones. 

Contagio sifilitico por el ingerto epidérmico.— El Dr. Deubel ha co- 
municado á la Sociedad médica de los Hospitales de París una observa- 
ción que en nuestro concepto no desvirtúa la operación del ingerto. 

Un sujeto de 45 años sufrió una erisipela gangrenosa acompañada de 
extensas ulceraciones. Como estas no cicatrizasen tan pronto como era 
de desear, el Dr. Deubel aplicó sobre la mitad externa de una ulceración 
varios ingertos procedentes de la mucosa bucal de un conejo, y como no 
dieran el resultado apetecido, los volvió á aplicar pero tomando los col- 
gajos epidérmicos de un hijo del paciente y de otro individuo. El enfermo 
en cuestión, que según la observación dada nunca habia presentado acci- 
dentes sifilíticos, apareció luego con una ulceración redondeada de unos 
tres centímetros de diámetro y de color blanco agrisado en la parte 
afecta, y la nueva úlcera tomó grandes proporciones con rapidez. Pos- 
teriormente y á los tres meses aparecieron una roseóla sifilítica y placas 
mucosas en la boca. La sífilis parecia existir en realidad, y era preciso 
asegurarse de ello. Ei tratamiento especifico lo confirmó, pues con sj 
empleo las ulceraciones se cicatrizaron. Indagándose el origen de esta 
infección, se encontró en el hijo del sujeto operado, pues estaba infe:tado 
de sífilis como lo demostraron las placas mucosas observadas en aquel, 
en la proximidad de la ocasión en que se tomaron colgajos de su epi« 
dermis. 

Este caso, como hemos dicho, no desvirtúa en nuestro concepto la 
operación de Reverdin, pues únicamente demuestra que no se debe pro- 



(i) AnñaL de dermaL et de syphil. Febrero 18^. 



214 REVISTA DE SIFILIOGRAFÍA. 

ceder con lijereza en la elección de los sujetos de que se eche mano para 
tomar los colgajos. Es preicso asegurarse de las condiciones y antece- 
dentes de aquellos, y en caso de que sean dudosos ó poco seguros no va- 
cilar en elegir, mientras sea posible, individuos de cuyas buenas condi- 
ciones higiénicas estemos completamente seguros. Comprendemos bien 
que las dificultades suben de punto en ciertos casos, pues siendo lo más 
probable que se piense en sujetos allegados al que se debe operar, cla^o 
está que no confesarán desde luego la verdad de las cosas aunque sean 
interrogados, pues temerán ser mal calificados por éste, pero debemos 
esforzarnos y emplear todos los medios de nuestra perspicacia para ga- 
rantizar el buen resultado. Si por estar expuestos en ciertas circunstan* 
cias á que se verifique el contagio sifilítico por el ingerto epidérmico 
desechásemos esta operación, nos colocaríamos en el mismo terreno que 
los que combaten la vacuna, porque puede producir la misma infección. 
En ambos casos es cuestión únicamente de precauciones. 

Los periodos de la sifllia.-^Bien conocidas son las ideas de Ricord, 
muy generalizadas entre los prácticos, dividiendo la sífilis en tres perío- 
dos caracterizados cada uno por un conjunto de accidentes ó manifesta- 
ciones y por las condiciones de transmisibilidad. No han dejado de ser 
combatidas sin embargo, por algunos autores, y según nos da á conocer 
el Dr. Merklen, lo han sido recientemente en un trabajo que sobre la 
coincidencia de los accidentes secundarios y terciarios ha publicado 
Finger (1). Este autor niega á la división de la sífilis hecha por Ricord 
el rigor matemático que le atribuyen muchos sifiiiógrafos. Algunos ca- 
racteres, como el contagio exclusivo de los accidentes primitivos y la 
transmisibilidad hereditaria de los periodos primitivo y secundario, los 
considera falsos ó infieles. Además, la distinción de los varios períodos 
es en ocasiones difícil y pueden presentarse simultáneamente accidentes 
calificados de secundarios y otros calificados de terciarios. 

Cuatro órdenes de hechos aduce Finger en favor de su opinión: 
i.^ casos de reinfección de antiguos sifilíticos atacados aun de accidentes 
terciarios, 2.° casos de sífilis maligna galopante en que se ha suprimido 
el período latente que acostumbra á mediar entre las manifestaciones 
secundarias y terciarias, 3.^ casos en que sin poderse calificar la sífilis 
de maligna, sigue una marcha rápida y los accidentes terciarios pueden 
observarse sobre el período secundario, y 4.° casos en que después de 
los accidentes terciarios se han observado síntomas secundarios. 

El Dr. Merklen al comentar lo expresado por Finger, dice, que los he- 
chos en que éste se apoya son raros y no son nuevos, que sólo ofrecen de 
particular la interpretación del que los da á conocer y que en definitiva 
nada prueban contra la regla general. En efecto, los considera como ex- 
cepcionales y constituyendo según la denominación de Besnier casos de 
sífilis anómalas ó irregulares. 

Hibridismo escroíalo -sifilítico y sifilo-canceroso. — Entre los varios 
autores que aparte de la coincidencia de la sífilis con las otras diátesis 



(1) Wiener Medizinische Wochensehrift, números i, 9 y 3.-1^2. 



REVISTA DE SIFILIOGRAFÍA. 215 

admiten entre éstas y aquella la posibilidad de su fusión, Ogura muy par- 
ticular y recientemente el Dr. Verneuil. La influencia reciproca de las 
diátesis y de la sífilis, viene demostrada, en su concepto, por la produc- 
ción en ocasiones de afectos con caracteres mixtos cuyo conocimiento 
interesa al clínico. De una manera particular ha consignado dicho autor 
los que se refieren á la combinación de la escrófula con la sífilis y á la 
de ésta con la diátesis cancerosa (1). 

En el hibridismo escrofulo- sifilítico es en general la escrófula lo que 
antecede sobreponiéndose á ella la sífilis, notándose sin embargo que en 
los adolescentes la sífilis favorece el desarrollo posterior de la escrófula. 
Esta influye en la sífilis para que de una manera especial afecte á los 
ganglios linfáticos, piel, periostio y demás puntos donde las manifesta- 
ciones estrumosas acostambran á tomar asiento. Asimismo hace que la 
sífilis, contra lo que le es habitual, provoque fácimente afectos supurati- 
vos y dificulta el diagnóstico de sus lesiones. No agrava, sin embargo, 
la sífilis de una manera notable, y por otra parte anula el dolor. Debe, 
no obstante, tenerse en cuenta que las manifestaciones sifilíticas locales 
adquieren mayor fijeza cuando son influidas por el escrofulismo. Por fin, 
el bibridismo escrófulo-sifilítico debe tratarse cumpliendo las indicacio- 
nes de las dos diátesis que lo originan* 

En cuanto al hibridismo sí filo- canceroso que es bastante raro, la neo- 
plasia es el último elemento que aparece y sufre la influencia de la sífilis. 
No se conocen hechos que demuestren la recíproca. De este hibridismo 
resultan lesiones mixtas muy difíciles de diagnosticar. En general toma 
los caracteres objetivos de la sífilis terciaria y se pronuncia mucho el in- 
farto ganglionar. El carácter de los afectos se distingue por su indolen- 
cia y su marcha es lenta. Sin embargo de esto los progresos son conti- 
nuos, la generalización frecuente y la terminación fatal. 

En los casos en que sea de temer este hibridismo debe ensayarse el 
tratamiento especifico, puesto que conduce á una mejora notable, aun- 
que no constante. Esto llama la atención en los casos de neoplasia, por- 
que está atestiguado por varios prácticos que el mercurio y el ioduro 
potásico son inútiles cuando no perjudiciales en los neoplasmas epitelia- 
les y carimonatosos ordinarios. El éxito, pues, do dicho tratamiento 
creemos que autoriza para considerar como muy probable la existencia 
del hibridismo sífilo-canceroso. 

Un caso de sífilis maligna precoz tratado con buen ézito.-El Dr. Cayla 
ha dado á conocer (France Medícale) esta interesante observación. Se 
trataba de un sugeto de 23 años y bien constituido, en el que se desar- 
rolló un chancro infectante cefálico, en el labio inferior, después de cua- 
tro semanas de incubación. Este individuo enflaqueció rápidamente, y á 
los dos meses se encontraba en i.n verdadero estado caquéctico, tan pro- 
nunciado, que apenas podia tenerse en pié sin que sufriese un síncope. 
Experimentó violentos dolores en los hipocondrios, y tres meses después 
del chancro presentó la roseóla y alopecia específicas. Cuatro meses des- 
pués se presentaban ya las lesiones más profundas del período terciario; 

(I) Ánn.de Demiat. et de Sjfphil, - Febrero, 1882. 



216 BE VISTA DE SIFILIOGRAFÍA. 

una períostosis gomosa del frontal, y luego otra del mismo hueso con 
pérdida de sustancia y una periostitis de la tibia izquierda. No se ob- 
servó ninguna adenopatiaen el enfermo. 

El tratamiento especifíco dio desde luego buenos resultados, pero fué 
preciso suspender el uso del licor de Van-Swieten y el protoioduro de 
hidrargirio por las alteraciones gastro-intestinales que producia. Se re- 
currió al uso de inyecciones hipodérmicas como más ventajoso. 

Este caso llama la atención por su marcha asi como por la ausencia 
de adenopatias. Por otra parte, viene á confirmar la indicación de las in- 
yecciones hipodérmicas en la sífilis maligna precoz de que anteriormente 
nos hemos ocupado (1) con referencia á un trabajo de M. Gayraud. 

Lesiones de la sifilis hereditaria. .-Entre ellas merecen ser menciona- 
das las que Heubner ha observado en tres casos (2). Los dos primeros se 
refieren á lesiones articulares y periarticulares; en ambos se refiere la 
observación á niños de dos meses de edad aproximadamente. En el uno 
todas las articulaciones estaban intactas menos una, presentándose, en 
cambio, múltiples abscesos periarticulares y las epífisis tumefactas; ob- 
servóse además la lesión característica de la capa situada entre la epí- 
fisis y la diáfisis. En el otro, las articulaciones se hallaban rodeadas de 
pus, y aun este se notaba en los músculos. Las supuraciones de que se 
hace mención en estos casos, las considera Heubner como una conse- 
cuencia posible de lesiones epifisarias, no provocando la sífilis por si 
misma las supuraciones. 

En otro caso de sifilis hereditaria se han notado lesiones encefálicas. 
Después del desarrollo de una hidrocefalia, la autopsia ha demostrado la 
existencia de una paquimeningitis hemorrágica muy estensa, lesión pro- 
bablemente rara en el niño. 

Estas lesiones observadas por Heubner son dignas de mención una 
vez que están muy poco estudiadas las que la sífilis hereditaria produce. 

Variedades de testictüo sifllitico.— En una excelente monografía del 
Dr. P. Reclus (3) se trata de una manera especial de las alteraciones que 
la sífilis produce en los testículos escribiéndolas bajo tres formas anato- 
mo-clínicas, que son: la forma ¿sclero -gomosa no supuradayel goma supu- 
rado y el fungus aifiliUco. De la primera y segunda formas no diremos 
nada por creerlas bastante conocidas. En cuanto á la tercera merece que 
llamemos la atención por haber distinguido el Dr Reclus de una mane- 
ra precisa dos variedades de fungus bien descritas. La primera es el 
fungm superficial que se localiza en la túnica albuginea, produciéndose 
en un principio la adherencia al testículo j la ulceración de los tegumen. 
los del escroto para dejar paso al producto puriforme y á los mamelones 
que rebosan la superficie; posteriormente puede producirse la hernia 
del testículo y presentarse la.túnica albuginea desagregada por fragmen- 
tos como esfoliados vegetando luego el tumor, que se reduce al poco 



(i) Gaceta Méoica Catalana, 15 de Febrero de 1881. 

(2) Ann. de dermcU. et de syphiLf Febrero 1882. 

(3) De la ayphilis du testicule, París 18^2. 



REVISTA DE SIFILIOGRAFÍA. 217 

tiempo por medio de un tratamiento iodurado. Es de notar que en esta 
forma no hay salida de los tubos seminíferos. La segunda forma es el 
fungus profundo ó parenquimatoso. En este la lesión se produce en me- 
dio de los tubos seminíferos, y además de abrirse las cubiertas escrota- 
les, lo hace la túnica albugínea saliendo al exterior lasjvegetaciones des- 
pués de haber rellenado la caverna que queda al ser expelido el tumor 
gomoso por el mecanismo ordinario, una vez constituido el fungus es de 
notar como carácter clínico la ausencia de dolor sobre la que insiste 
Reclus. La evolución patológica puede á veces presentarse de tal mane- 
ra que el testículo por entero se mortifique á consecuencia de una infil- 
tración total. Entonces se convierte en una sustancia puriforme que se 
vacia como un abeoso. En este caso las granulaciones fungosa^ nacen de 
la cara interna de los vestigios de túnica albugínea. 

Fisiología patológica de la úlcera Tenérea.— Sobreesté particular he* 
mos visto ua bien meditado trabajo del Dr. Viforcos (1), en el que si- 
guiendo la que califica de sana doctrina dualista estudia las condiciones 
del contagio venéreo subordinándolas á la inoculación del pus chancro - 
so y las lesiones que se producen. Indica entre las últimas como prin- 
cipio de ellas, el trabajo inflamatorio cuya intensidad hace depender de 
la región afecta y cuyo carácter específico viene espresado por terminar 
siempre por un proceso destructivo y de licuación de los tejidos, bien 
por degeneración grasosa, por reblandecimiento ó por gangrena. Consi- 
dera además como hecho casi patognomónico su carácter progresivo, y 
ocupándose luego de los síntomas objetivos de la úlcera, está en general 
conteste con las descripciones clásicas, haciendo notar sin embargo que 
la forma oval y los bordes cortados á pico puedeu presentar variantes 
que desfiguren estas condiciones. Seña.[a, el surco-halano-prepucial como 
el asiento más común de la úlcera venérea, y cree que su terminación 
por gangrena ó por fajedenismo depende de condiciones contrarias para 
producir una ú otra lesión residentes en la región afecta. La gangrena 
la hace depender de la riqueza vascular y el fajedenismo de la condición 
contraria. Hé aquí las ideas más culminantes expresadas por el Dr. Vifor- 
cos y que en general consideramos aceptables si bien que no creemos 
exento de discusión algún detalle. 

Fajedenismo del pene: notable caso olinico (2).^ Un sugeto de 52 años 
ingresó en la clínica del Dr. Gástelo en el Hospital de San Juan de Dios de 
Madrid, con el antecedente de un coito impuro á consecuencias del que 
se presentó en el surco balano prepucial una pústula parecida á la del 
ectima. Esta pústula, al mismo tiempo que manifestaba su tendencia 
destructora daba un pus contagioso específico y se convirtió en verda- 
dera úlcera. La lesión llegó á destruir por completo la piel de la parte su» 
perior y laterales del prepucio y presentó los bordes despegados de color 



(i) Revista de Oftalmología Sifiliografia y Dermatología, dirigida por el Dr. Vi- 
forcos. Madrid, Febrero de 1882. 

(2) HevUita de Oftalmología, Sifiliografia y Dermatología, ^Eaero de 1882. 



218 LOS MIGRÓFITOS DE hk SANGRE. 

violado, con el fondo rojizo constituido por los cuerpos cavernosos de- 
nudados. No hubo síntomas generales. 

El tratamiento consistió en lociones practicadas cuatro veces al dia 
con el agua clorurada que más adelante se reemplazó con la mezcla dd 
alcohol y un tópico especial, el colirio de Fernandez (cuya fórmula de- 
seamos conocer). A beneñcio de estos medios desapareció el estado fa- 
gedénico, uniéndose los bordes y la supuración mejoró hasta el punto de 
iniciarse la tendencia á la cicatrización, que hubo de ser favorecida por 
el uso de la disolución de nitrato de plata por la exuberancia de mame- 
lones carnosos. Posteriormente se consiguió la completa cicatrización 
aplicando tres veces al dia el colirio verde (cuya fórmula también desea- 
mos ver expresada), y por fin, usando el ungüento de estoraque. 

Artritis aguda blenorrágica.— El Dr. Félix Brun, en una monografía 
interesante, trata con extensión de esta forma de artritis blenorrágica 
poco estudiada, aislándola de las otras artritis del mismo origen. Las ar- 
ticulaciones del codo y de la muñeca son el asiento más común de la 
artritis de que trata el aUor, si bien que puede observarse en todas las 
demás. Manifiéstase en un principio la afección por un dolor agudísimo 
que sobre todo se produce por la noche. Después viene la tumefacción 
que puede desarrollarse notablemente, y que no es debida al derramo 
articular (pues este es muy escaso) sino á la infiltración de los tejidos 
periarticulares que á veces pueden ofrecer una sensación de blandura ó 
falsa fluctuación. Posteriormente puede presentarse el roce articular y 
alterarse notablemente los movimientos. 

Tres vanantes puede ofrecer esta artritis blenorrágica en cuanto á su 
terminación, ó es resolutiva ó plástica- anquilosante 6 destructora. En esta 
última variedad, dice Brun (1) que las alteraciones pueden llegar hasta 
la supuración, y que si esta no la han observado muchos autores en el 
reumatismo blenorrágico es porque se previene fácilmente con un trata- 
miento bien aplicado. 

El tratamiento que el Dr. Brun establece para esta forma de artritis 
consiste en la inmovilización hasta desaparecer el dolor algunos revulsi- 
vos para disminuir este, y luego la movilización gradual auxiliada por 
la electricidad. 



LOS MICROFITOS DE LA SANGRE Y SUS RELACIOÍÍES CON LAS ENFERMEDADES,^^ 

POR Timoteo Richard Lewis. 



VII. 

E. Relación de los micrdfltos con las enfermedades. 

En los capítulos anteriores hemos expuesto los hechos principales 
referentes á las relaciones de los organismos vivos con las enfermeda- 



(1) Journ, de Mcd. el de C/iir.praí.- Marzo 18S2. 

(2) Continuación. - Véanse los números '¿5, 26, 27, 28, 2D y 30 



LOS MIGRÓFITOS DE LA SANGRE 219 

des; fáltanos ahora considerar en qué se funda la teoría de las relacio- 
nes de los gérmenes con los padecimientos, porque, por ejemplo, no po- 
demos admitir inmediatamente que el carbunclo sea causado por los 
Baccilli y que su tratamiento consista en la destrucción de los baston- 
citos, ó que la fiebre recurrente sea producida por los Spirilla y que el 
remedio deba consistir igualmente en la destrucción de los mismos. 

Antes de establecer algo semejante á un tratamiento racional, es pre- 
ciso probar: 4.' ó que dichos organismos, en el estado en que se les en- 
cuentra ordinariamente, son peligrosos cuando se les introduce en la 
economía; 2.^ ó que las formas descubiertas en las enfermedades son en 
cierto punto diferentes interiormente de las que hasta el presente se co- 
nocen como pertenecientes á organismos inofensivos, — diferentes al me- 
nos tanto como lo son entre sí, según la idea de Virchow, el perejil y la 
cicuta (1). 

Respecto al primer punto, se ha probado que todos los representan- 
tes del grupo de los Schizomycetes citados, pueden ser introducidos im- 
punemente en el organismo. No solamente su completa inocuidad se ob- 
serva de un modo patente en cada comida por todos los individuos, sino 
que se han publicado observaciones, que demuestran de una manera con- 
cluyente, que pueden ser directamente introducidos en la sangre por in- 
yección en las venas ó indirectamente á través de los canales linfáticos, 
en los tejidos subcutáneos, sin la menor consecuencia sensible. Estos 
hechos son tan conocidos y tan generalmente aceptados que no es nece- 
sario demostrarlos con observaciones especiales. 

Con respecto á la segunda cuestión, existen dos opiniones diametral- 
mente opuestas. Todos los partidarios de la teoría de los gérmenes sos- 
tienen, con pocas excepciones, que el organismo especial, en la enfer- 
medad especial con la que se relaciona, es completamente distinto de 
todos los demás, cuando menos es algo más definido que un granulo 
6 una molécula. Las enfermedades, que se han citado especialmente en 
las primeras páginas como ligadas á los micrófítos, pueden dividirse 
en dos clases, según la forma del micrófito, comprendiendo el grupo 
séptico, la pústula maligna, la septicemia, la erisipela maligna ó fiebre 
tifoidea del cerdo por una parte, y por otra una forma de fiebre conocida 
comunmente con el nombre de tifus periódico, bilioso, recurrente. 

Relativamente á los organismos que se han hallado pertenecientes al 
primer grupo, tomando por tipo el de la pústula maligna, debemos ob- 
servar que Robin (2), en 1865, manifiesta que las bacterideas de Davaine 
eran idénticas al Leptothrix huccális^ y el conocido botánico Hoffmann ha 
expuesto la opinión de que no difieren de los demás cuerpos semejan- 
tes que aparecen en la leche y en las preparaciones de carne (3). Recien- 
temente Fernando Cohn, en sus observaciones sobre el crecimiento de 
los orga^nismos de igual naturaleza contenidos en las soluciones de he- 
no, mani^esta que en estos últimos los Baccilli son idénticos en forma 



(1) Die Fortschritte der Kreigsheilkunde, beaondera im Gehiete der Infectioné" 
krankheiten, pág. 34, 1874. 

(2) Traite du microscope, pág. 926, 1871. 
(3; Birch'Hirschfeld, loo* cU., pág. 906. 



220 LOS MIGRÓFITOS DE LA SANGRE. 

y en tamaño á los que se encuentran en el carbunclo, y que las fases de 
su desarrollo corresponden á las de estos últimos^ diferenciándose tan 
solo en que, mientras el Baccillus anthrads no se mueven, el Baccülus de 
la disolución de heno tiene la facultad de moverse (1). Esta distinción, 
según ya hemos dicho, no existe. 

VIII. 

F. Orgranismos vegretales (hallados después de la muerte en sanare normal) 
considerados en sus relaciones con las bacterias y los baccilli de las en- 
fermedades. 

Hace algunos años, el Dr. Cunningham y yo mismo fuimos sorpren- 
didos frecuentemente por la rapidez conque los organismos aparecen en 
este país en la sangre y en los tejidos de los animales muertos. Los mi- 
crófítos no eran solamenie bacterideas alargadas ó en forma de peque- 
ñas esferas, sino que se presentaban también bajo el aspecto de láminas 
y filamentos. En 1872 y en 1874, sospechamos semejanza entre estos or- 
ganismos y los bacteridias de Davaine (2). 

Poco tiempo después ocurrió una circunstancia, que llamó de nuevo 
mi atención sobre una forma especial de estos organismos. Hart, ciru- 
jano veterinario en Calcuta, me hizo examinar una pequeña cantidad 
de sangre perfectamente fresca, que habia extraído de un caballo muer- 
to en el mismo dia de una enfermedad antracoidea bien declarada. Su 
curiosidad respecto á los caracteres microscópicos déla sangre se habia 
despertado al leer en el The Veterinary Journal^ que se habían hallado 
agusanes» en la sangre de caballos, que sufrieron una afección seme - 
jante en el Punjab. Preparóse una lámina de cristal y se examinó la san- 
gre al microscopio, pero no pudo descubrirse particularidad alguna; 
cuando esta preparación y otras fueron examinadas doce horas más tar- 
de (después de haberlas guardado bajo una campana de cristal), se ob- 
servaron láminas y filamentos numerosos, que por su forma y tamaño 
correspondían exactamente á los cuerpos del mismo género descritos 
como propios del carbunclo en Europa. 

Hiciéronse muchas culturas, añadiendo un poco de sangre al humor 
acuoso en estado fresco. Las preparacioi es fueron entonces guardadas 
por algunas horas en un recinto húmedo. Siendo en este momento la 
temperatura de 90' F., no fué necesario establecer una atmósfera artifi- 
cial. £1 desarrollo de los bastoncitos en filamentos y la aparición en estos 
últimos de cuerpos ovales extremadamente ¡refringentes, correspondían 
de una manera tan exacta á lo descrito por Gohn, Koch, Ewart y otros, 
que no es necesario representar estas diversas fases por nuevas fi- 
guras. 

Practicamos una serie de culturas mezclando con el humor acuoso 
fres:o una pequeña cantidad del producto de la última cillura y asi 
sucesivamente. Tratábamos entonces de asegurarnos de si los Baccilliy 



({) Supplómenl de Cohn, vol. 2. fase. 3, 1877. 

(2; Cholera. Re.herches microscopifjues et physiohgiqujSf i.* y 2.' serie, tS72-74. 



LOS MICRÓF'ITOS DU LA SANGRE!. 



221 



descubiertos en la sangre que se había conservado algunas horas después 
de la muerte de los animales, manifestarían, en condiciones iguales, 
cambios semejantes. Las ratas muertas por medio del cloroformo y guar- 
dadas de tres á veinte y cuatro horas, según que la temperatura fuese 
alta ó baja, dieron el siguiente resultado: halláronse Baccilli en la san- 
gre, en el bazo y en otros órganos. En esta ocasión excepcional los or- 
ganismos aparecieron rápidamente; este ejemplo notable de la apari- 
ción precoz y abundante debíase en parte probablemente al género de 
muerte. 

El individuo, que había procurado las ratas, prometió entregar un 
gran número de ellas en corto espacio de tiempo, comenzando luego, con 
ayuda de ratoneras, una caza activa. Viendo que era posible procurarse 
un número mayor de las que podían contener la trampa que había emplea- 
do, tomó una gran olla de tierra, en 
. la que metió 27 de estos animales, cer- 
rando la abertura con un pedazo de 
lienzo. Como es de suponer, las ratas 
habían todas perecido, excepto una, 
antes de que estuviesen en nuestro 
poder. Examiné la sangre y el bazo 
de veinte, á las seis ú ocho horas de 
haber sido cazadas, hallando una mul- 
titud de Baccilliy absolutamente idén- 
ticos al Baccillus anihracis. En algu- 
nas de ellas la abundancia de Baccilli 
era sorprendente. Presentábanse en 
general bajo la forma de bastoncitos, 
pues algunos de ellos habían crecido 
dd tal manera, que cubrían el campo 
del microscopio. 

Este experimento inclina ádar ra- 
zón á una afirmación, emitida por Si- 
gnol ante la Academia de París, según 
la cual se encuentran Baccilli movibles, idénticos á los del carbunclo, 
diez y seis horas ó menos después de la muerte en la sangre de los aní- 
males que han sido asfixiados por medio del carbón. 

Además, Signol observó que 80 gotas de esta sangre mataban rápi- 
damente un macho cabrio ó un carnero, si bien la putridez no pudo ser 
comprobada, de tal modo, que no existían apariencias de ella, ni olor 
alguno, pero que no se hallaban Baccilli en la sangre de los animales 
inoculados, antes ó inmediatamente después la muerte (1). 




Fif . 36.— Organiamot enconiradoi en U santre de anima 
la lanoe, algonae horaa después de la mnert-, 15(10 diá- 
BMtroa. 



(Continuará,) 



(1) Comptesrendua^LXyOílt pág. 116, Diciembre 1879. 



222 NOTICIAS CIENTÍFICAS. 



NOTICIAS CIENTÍFICAS. 



Erupciones cutáneas producidas por algunos medicamentos.— Se- 
gún AuspitZy las erupciones producidas por algunos de los medicamentos 
más usados son las siguientes: 

Quinina: Eritema escarlatiniforme. Pápulas sarampionaides (i). He- 
morragia y púrpura. Edema, Prurigo. 

Quina, helladonay estricnina y estramonio. Erupciones semejantes á 
las pápulas de sudamina. 

Digital: Eritema á los pocos dias. 

Acónito Exantema vesiculoso. 

Santonina: Flictenas y pápulas. 

Bhus: Erupción vesiculosa. 

Opio y morfina: Eritema, pápulas,con descamación y prurito. 

Pilocarpina: Efidrosis, aumento do la transpiración cutánea. 

Fósforo: Púrpura. 

Acido fosfórico: Péníigo. 

Mercurio: (uso interno) Eritema, Eczema. 

Arsénico: Eritema, y pápulas. Eczema. 

Acido fénico: Eritema, vesículas y pústulas. 

Acido salicilico: Púrpura, flictenas con catarro laríngeo; pústulas. 

Hidrato de doral: Eritema muy marcado; comezón, descamación, 
púrpura y petéquias; eczema con costras y escamas. 

Bálsamo de copaiba^ cubeta^ trementina: Flictenas, eritema, eczema. 

Aceite de hígado de bacalao: Acné. 

Yoduro de potasio: Pápulas, vesículas y flictenas, eclima, eczema, 
equimosis y púrpura. 

Bromuro de potasio: Pápulas y pústulas, grandes, tubérculos y equi- 
mosis, vesículas y úlceras. — (L. Süñb.) 

Sífilis: tratamiento por las inyecciones subcutáneas de pepto- 
na mercúrico-amónica. — Vidal (Común, á la Soc. de Tlierap.) ha ensa- 
yado el tratamiento preconizado por M. Martineau en treinta enfermos, 
en los cuales han desaparecido los accidentes después de veinte á trein- 
ta inyecciones de 5 miligramos de sublimado cada una. Es un medio 
excelente para administrar el mercurio á los individuos dispépticos y á 
los que presentan intolerancia de las vías digestivas. La acción del mer- 
curio es mucho más rápida por la via hipodérmicaque por la estomacal; 
M. Vidal cita, por ejemplo, un caso grave de sifiloma lingual antiguo, 
que mejoró considerablemente al cabo de quince dias. 

Este método es inocente, si se tiene cuidado de fíltrar la solución y 
renovarla á menudo, casi todos los dias, administrándolas en la espalda 
ó en las nalgas, en pleno tejido celular subcutáneo. A pesar de todas las 
precauciones, ha determinado en algunos casos un dolor intenso y 
nudosidades más ó menos persistentes, pero nunca ha producido abs- 
cesos. 

De los treinta enfermos, en cuatro se presentó salivación bastante 
intensa que obligó á suspender el tratamiento. Es cierto que los indivi- 



(i) En luffar de esta palabra, muchos autores emplearían la palabra morbilosas; 
pero la Acaaemia de Medicina y Cirugía de Barcelona ha dicho en cierto dictamen, 
que el epíteto morbiloso y las voces: constipación y desingurgitacion, no deben 
usarse. 



NOTICUS CIENTÍFICAS. 223 

daos afectos de gingivitis anterior no habian sido excluidos del experi- 
mento, y además en la estación húmeda y fria los otros métodos de ad- 
ministración hubieran producido aun más estomatitis.. 

Para prevenir la salivación mercurial, M. Vidal recomienda hacer 
frotar las encías de los enfermos diez ó doce veces por día con los pol- 
vos siguientes, formulados según aconseja el profesor Panas: 

Polvo de quinina. 3 partes. 

Id. de ratania. 1 » 

Clorato de potasa 1 » 

M. Dujardin-Baumetz ha obtenido también excelentes resultados con 
las inyecciones de peptona mcrcúrico-amónica en la sífilis.— (S. Carbó.) 

Herencia morbosa.— Interesantes son los experimentos practicados 
por Brown-Séquard, con los cuales prueba la suma frecuencia con que 
se trasmiten las lesiones orgánicas accidentales producidas en los ascen- 
dientes. Actualmente hay en el Colegio de Francia más de 150 conejitor 
de Indias con lesiones hereditarias, según ha dicho el distinguido autos 
antes mencionado en la Academia de Ciencias de París (13 de Marzo). 

Hé aquí algunas enfermedades trasmitidas por herencia: 1/ epilep- 
sia, producida en los padres por una sección del nervio ciático ó de una 
parte de la médula espinal; 2.^ deformación de la oreja ú oclusión par- 
cial de los párpados, por la sección del gran simpático cervical; 3.* exof- 
talmia, por lesión del bulbo raquídeo; 4 * equimosis seguidos de gan- 
grena seca con otras alteraciones de nutrición de la oreja, por lesión del 
cuerpo rectiforme que habia determinado iguales efectos en los ascen- 
dientes; 5.* ausencia de falanges ó de un dedo, por la sección del nervio 
ciático; 6.' estado morboso de este mismo nervio, por haberlo cortado, 
y aparición sucesiva de los fenómenos que ha descrito como caracterís* 
ticos de los periodos de desarrollo y decrecimiento de la epilepsia, y 
en particular el poder epileptógeno en una parte de la piel del cuello 

y de la cabeza y la caida de los pelos de esta zona, cuando la epilepsia 
mejoró. 

A más de estos hechos, ya conocidos, B'-own-Séquard refiere dos nue- 
vas series de experimentos, relativos la una á alteraciones de nutrición 
del globo ocular y la otra á la atrofia muscular. Actualmente tiene más 
de cuarenta animales, con uno ó con los dos ojos lesionados, hijos de 
tres padres que tenían uno alterado á consecuencia de la sección trans- 
versal del cuerpo restiforme, y unos veinte en los que hay la atrofia 
muscular, hijos de padres que la padecían por haber seccionado el ner- 
vio ciático. ^(RODBIGUEZ Mendez.) 

Apoxnorftna: acción expectorante. — Los experimentos practicados 
por Beck con el clorhidrato de apomorfina, en 60 casos de catarro bron- 
quial y en 30 de bronco-pneumonia, le han inducido á asegurar que las 
secreciones eran más fluidas y que los esputos se expelían con notoria 
facilidad durante la acción de este medicamento. 

La fórmula que emplea es la siguiente: 

Clorhidrato de apomorfina 45 miligramos. 

Acido clorhídrico diluido 15 gotas. 

Agua destilada 120 gramos. 

Jarabe simple 30 » 

Administra una cucharada cada dos, tres ó cuatro horas.— (Ve rdós.) 



224 SECCIÓN OFIQAL. 

SECCIÓN OFICIAL. 

Cátedras vacantes.^Real orden de 16 de Marzo mandando se provean 
por oposición las Cátedras de Ejercicios prácticos de Osteología y Disección; 
Higiene privada y pública. Terapéutica, Materia médica y Arte de recetar é 
Historia de las Ciencias médicas de la Facultad de Medicina de la Habana.— 
Gaceta del 23 de Marzo (1). 

Aguas minero-medicinales españolas.— Cuadro de las temporadas, di- 
rectores, etc.; etc. — Id. del 27 id. 

Cólera morbo.— Orden del 28 de Marzo declarando limpias las procedencias 
de Redjar, distrito de Belet-el-Harem (Arabia), y de observación las de Jambo 
y Djeddah, puertos otomanos del Mar Rojo, y limpias también las de nuestras 
posesiones en Marruecos, todo á contar desde el 30 de este mes.— /d. del 30 id. 



Repaso de histología.— El establecido en Madrid, en el local del La- 
boratorio Micográfíco del Dr. Martinez y Molina, por el Dr. D. Manuel 
Tapia Serrano, tendrá este curso efecto desde 1.* de Mayo, empleando en 
las conferencias el tiempo necesario para que quede terminado en l.^de 
Junio. La matrícula queda abierta en el local del repaso: Atocha, 133, y 
en el de la Facultad de Medicina. 



Del empleo del hierro en la estación de la primavera. — El medica- 
mento ferruginoso que muchos autores han nombrado Remedio ó medi' 
camento heroico porque tiene por principal objeto renovar la sangre, se 
aplica hoy en dia en tantos casos, que se ha hecho casi el único lunda- 
mento de la terapéutica moderna. 

Creemos muy útil llamar la atención de un medicamento que se em- 
plea tanto desde su preparación en hierro líquido, y que hoy es conocido 
por Hierro dializado Bravais, por ser accesible á todas las personas, aun 
cuando tengan el estómago muy delicado, produciendo en esa forma de 
preparación tan buenos resultados, que se puede considerar con toda 
justicia como el medicamento más eficaz de los tónicos y reconstituyen- 
tes, empleándolo sobre todo en la primavera, porque es en esa época que 
la organización del cuerpo sufre del estado atmosférico, sucediendo las 
afecciones y enfermedades crónicas. Ademas, por ser esa preparación de 
fácil empleo y no tener ningún inconveniente, porque es soluble, es 
decir, que se puede desleír, ni tener tampoco el inconveniente de enne- 
grecer los dientes, se puede asegurar que el Hierro Bravais no solo es 
buen remedio, sino que es también un invento verdadero reconocido por 
los más célebres médicos que han estimado sus ventajas. 

Cada uno de los frascos del Hierro Bravais tiene un sistema muy in- 
genioso y fácil de cuentagotas, especie de tubo en goma que se acomoda 
bien al frasco, y basta tan solo apretar con los dedos para que caiga una 
gota de ese liquido. 

Dicho cuentagotas sirve también de tapón, una vez que el frasco se 
ha empezado. 



(i) La Higiene ba sido en 28 de Marzo (Gaceta 4 Abril) eliminada de la convo^- 
toria. 



Tomo II. Húm. 8. 30 Abril do 1882. Año II. Núm. 32. 

Gaceta Médica Catalana. 

SUMARIO: De la oportunidad y valor de las emisiones sanguíneas en la metritis, y en parti- 
cular en el tratamiento de la metritis crónica (continuará), por el Sr. S. €irera.~Trata- 
miento de la dacriocistitis, por el Sr. J. Barraquer.— Anatomía de los centros nerviosos 
(continuación), por m, M. Wmir^mm moe».— Contri bueion al estudio del ácido salicllieo y 
sus compuestos, en particular del salicilato sódico en el tratamiento del reumatismo 
(continuación), por B. M. E. Moré y Bar ipit.— Revista de Fisici. Congreso y exposición 
de electricidad (continuará), por el Br. Bodri^neB Me ndex.— Revista critica bibliográ- 
fica,por los Brea. Vilaaeea y Bodri^oea Mendea.— Los mlcrófltos de la sangre ysus re- 
laciones con las enfermedades (oontinuacion). por el Br. T.Biehard Le Win.— NOTICIAS 
CICNTÍFIGAS: Acción tóxica comparada de varios metales.^Golirio de Fernandez.— Estado 
del lado sano en los hemiplégicos. - Ascárides lumbricoides: tratamiento—Excitación de 
los centros motores corticales.— Sección ofleial.^Publicacionesrecitndas, 



DE U OPORTUNIDAD T VALOR DE LAS EHISIONES SAIUÍKEAS EK U METRITIS 

Y EN PARTICULAR 

EN EL TRATAMIENTO DE LA METRITIS CRÓNICA, 

POR J. ClRERA. 

I. 

Los procesos flogísticos del órgano materno pueden considerarse co- 
mo la enfermedad reinante en los centros populosos. Esto tiene por cau- 
sa indudablemente la mala dirección dada al puerperio unas veces, la 
poca precaución en los periodos menstruales otras, ó el confiar los actos 
abortivos á personas poco idóneas ó abandonarlos por completo á los so- 
los esfuerzos de la naturaleza, que serian suficientes, si no se hallaran en 
presencia de organismos mal dispuestos á reacciones contra los elemen- 
tos morbosos. A parte de otras de menor consideración, y que en último 
resultado son de un mismo orden, éstas son las causas más importantes 
de los procesos morbosos del útero; resultando que los fenómenos neu- 
ro-vasculares y los movimientos orgánicos, que acompañan á la mens- 
truación, al embarazo, al aborto ó al puerperio, se ven con facilidad per- 
turbados y son el origen de disturbios circulatorios y tróficos, que 
constituyen la naturaleza intima del proceso local conocido con el nom- 
bre de metritis crónica. 

Este padecimiento ha tenido y sigue teniendo una terapéutica muy 
variada, porque entre clínicos y patólogos reina un desacuerdo acerca 
de la verdadera significación que debe darse á la metritis, no histológi- 
ca, sino clínicamente considerada. Porque bien se comprende que los 
actos patológicos fiuxion, congestión, infarto, inflamación, no constitu- 
yen procesos idénticos, y no pueden en manera alguna ser comprendí- 



296 TRATAMIENTO BE LA MBTRITIS CRÓNICA. 

dos bajo una misma denominación; pero clínicamente considerados, no 
es posible establecer una linea de demarcación, porque comunmente, 
por no decir de un modo constante, vienen intimamente confundidos en 
una entidad patológica que afecta diversas modalidades, aunquo ofre- 
ciendo un conjunto uniforme. 

No llevamos en el ánimo el propósito de entrar en serias considera- 
ciones sobre punto tan importante de la patología uterina; mas, para ve- 
nir en justificación de lo que valen en si las emisiones sanguíneas y de 
su oportunidad, es fuerza fijemos la atención de un modo preferente 
sobre lo que nos enseña la histología ante los cambios de exlructura 
que experimenta la matriz durante é inmediatamente después de la ges- 
tación. 

Ella nos enseña, pues, que bajo el estímulo del producto de la con- 
cepción, el útero entra en un notable movimiento de actividad nutritiva 
y generadora, dando por resultado la hipertrofia é biperplasia de sus 
elementos ccnstitutivos. De modo que el tejido muscular y el sistema 
vascular, que son los elementos que deben tomar una parte muy activa 
en los fenómenos de nutrición y expulsión fetal, van adquiriendo un des- 
arrollo que guarda proporción con la época del embarazo. Llegado el 
término de éste, una vez que el sistema vascular y el tejido muscular 
han cumplido su tarea, las grandes dimensiones que había adquirido el 
útero en el tiempo máximo de nueve meses, las pierde próximamente 
en el espacio de cinco ó seis semanas, cuando las cosas siguen su curso 
normal; pero no sucede siempre así, sino que ese movimiento, que pudié- 
ramos llamar de desasimilacion» y que científicamente es conocido por 
el de trabajo de involución ó regresión uterina, por causas que no son 
del caso enumerar, no se efectúa cual corresponde al modo normal de 
funcionar el organismo. Por tal motivo, la degeneración grasosa de la fi- 
bra muscular de nueva formación, así la propia del parénquíma uterino 
como la perteneciente á las paredes vasculares, queda suspendida, no 
puede por lo tanto verificarse la reabsorción de los elementos degenera, 
dos, y así es como el útero permanece con un riego sanguíneo superior 
á las necesidades de nutrición. Este éxtasis sanguíneo no puede impu- 
nemente seguir en un órgano de las condiciones del útero en estado 
puerperal, sin que dejen de venir inmediatamente lesiones tróficas, ra- 
dicando ya en el tejido muscular, ya en el conjuntivo. 

Hé aquí cómo vienen á confundirse las lesiones circulatorias con las 
de nutrición, y cómo clínicamente apenas si es posible sorprender esta- 
dos puramente congestivos ó simplemente inflamatorios bajo ana forma 
crónica. En una palabra, el clínico sorprende rara vez, por no decir nun- 
ca, el proceso patológico del útero en su primer estadio, ó de congestión» 
y sí en el segundo, en que coexisten la congestión y la inflamación. 

Pero el acto patológico no se detieneaquí: el tejido celular inflamado 
sufre con el tiempo una transformación tan notable, que cambia por 
completo la faz del proceso. Aquellos elementos anatómicos, hipertro- 
fiados é hiperplasiados por efecto del movimiento irritativo y de la tai- 
ta de involución, se afectan luego de esclerosis, que produce su retrac- 
ción; al rededor de los vasos es precisamente el sitio de preferencia del 
tejido celular, y en virtud de la susodicha retracción determina lacons- 



TRATAMIENTO DE LA METRITIS CRÓNICA. 2ft? 

triccion de los mismos *de un modo permanente, dando por resultado la 
isquemia del órgano materno. 

Tal suele ser el término ordinario de la escena patológica, cuando 
DO se acude á tiempo con un plan terapéutico racional Los solos eS'*' 
fuerzos de la naturaleza no son bastantes para desviar el curso de tan 
fatal proceso morboso. 

Por lo anteriormente manifestado, se hace bien patente la natural dU 
Tísion de la metritis crónica en dos periodos, anatómica y clínicamente 
demostrados. Ellos son y deben ser la base fundamental de una eficaz 
terapéutica. En esta natural división se funda, por consiguiente, la opor- 
tonidad y valor de las emisiones sanguíneas en la m3tritis crónica, toda 
vez que en el período, llamado por Scanzoni, de infiltración, las emisio- 
nes sanguíneas son racionalmente aplicables, porque el útero se er caen- 
tra sobrecargado por el sistema vascular ingurgitado; tnas, en el período 
de induración, según há poco acabamos de indicar, las condiciones son 
totalmente diferentes: el riego sanguíneo, antes aumentado, por efecto 
de la extrangulacion vascular, queda reducido hasta tal punto, que ape^ 
ñas es suficiente para la nutrición del órgano. Por lo tanto, en este pe-* 
ríodo no tienen valor ninguno las emisiones, y coa ello viene establecí* 
da su oportunidad. 

No son conceptos basados puramente en la teoría y en lo que pueda 
dar de sí la anatomía patológica, sino que vienen afianzados por la prác- 
tica de reputados clínicos; y por lo que á nosotros toca, podemos dar fé 
de que las emisiones sanguíneas, metódica y oportunamente practica- 
das, son un medio poderoso y de grande utilidad para la resolución de 
estos procesos uterinos. Sin embargo, este medio no pasa de ser uno de 
tantos otros aceptados con gran confianza y reconocidos como de un va- 
lor terapéutico tanto ó más poderoso que el que nos ocupa. Asi es que, 
por mas que en nuestra práctica hagamos un uso muy frecuente de ellas, 
no por eso echamos al olvido otra clase de medios de gran valía, y que en 
condiciones especiales deben con razón anteponerse á éstas. De modo que 
la medicación intrauterina (1) la estimamos en mucho, pues que con ella 
hemos obtenido y obtenemos diariamente resultados positivos; pero, 
coadyuvada por las emisiones, esta medicación tiene más precio, pues- 
to que las curaciones se efectúan con mayor rapidez; pudiendo alter- 
narse impunemente en el decurso del tratamiento, porque, como más 
adelante expondremos, éstas tienen más razón de ser y son de mayor 
utilidad en determinados momentos de los periodos intermenstruales. 

Esto sentado, pasemos á poner en claro otro punto que voluntaria- 
mente hemos omitido. 

Al tratar de la verdadera significación que debía darse á la palabra 
metritis, nos hemos declarado partidarios, clínicamente, de la simplifican^ 
cion, ó sea de considerar bajo un mismo grupo estos estados patológicos 
que con matices variados vienen á simular procesos distintos. Esta de- 
claración tiene solamente necesidad de ser hecha para lo que debe en- 
tenderse con el nombre de metritis crónica, pues que en la aguda no 
oabe.'discusion alguna. Pero la matriz se compone de dos elementos prin- 



(i) Véase Gaceta Médica de Cataluña, núm. 68, 69 y 70 del año III. 



9SS TRATAIOENTO DE L\ METRITIS CRÓNICA, 

cipales, que cada uno de por si puede afectarse: tales son el parénquima 
y la mucosa. Por eso se han reconocido dos clases de metritis crónica: 
lana parenquimatosa y otra mucosa. No obstan te, ¿se hallan en la prác- 
tica plenamente caracterizadas y bien independientes? No queremos ne- 
garlo en absoluto, pero si diremos que en nuestra práctica no hemos 
sabido descubrir endometritis perfectamente aisladas de trastornos pa» 
renquimatosos, ni aun en las nulíparas, que son las únicas que pudie- 
ran basta cierto punto dar lugar á duda. Siempre que hemos observado 
nulíparas con catarro cervical, hemos hallado al propio tiempo modiíN 
caciones en el cuello — que es lo único accesible con el espéculum— ,con- 
sistentes en una coloración violácea, aumento de volumen y una con- 
sistencia mayor, de manera que no se deja penetrar tan fácilmente por 
un instrumento punzante ó cortante, comeen el estado normal. Por con- 
siguiente, á nuestro entender, la metritis crónica es una y tan sólo es 
posible establecer esta clásica división de metritis parenquimatosa y 
mucosa, por los fenómenos que predominen del lado de la mucosa ó 
del parénquima. 

II. 

Aceptadas en tesis general las emisiones sanguíneas, como un medio 
de tratamiento propio para combatir las afecciones de carácter inflama- 
torio que radican en el útero, pasemos á ocuparnos del examen de los 
diferentes modos como pueden ser practicadas, pudiendo resumirse en 
el cuadro siguiente: 

Sangría* 

1 indirecta. . ) sanguijuelas, 
local. . < > 

' directa.. . ) escarificaciones. 

En el plan de este estudio entra de una manera preferente el juicio 
critico de las emisiones sanguíneas en el tratamiento de la metritis cró- 
nica; pero en razón á su Intimo parentesco con los demás metritis, no 
podemos menos que tocar, siquiera sea á la ligera, algunos punios con- 
cernientes á estas últimas, ya que vienen^.de paso y pueden formar su 
complemento. 

Sangría gfcíncraZ.— Parecerá casi inoportuno que vengamos ahora á 
dedicar algunas líneas á un medio que, si bien había gozado en tiempo 
aún no remoto de un prestigio sin igual, se ve en estos momentos, con 
razón ó sin ella, poco menos que postergado al olvido. No es con el fin 
de vindicar su pasado poderío, que estuvo en su tiempo más ó menos 
justificado, sino para darle lo que justamente le pertenece. 

Es cosa de todos sabida que las localidades influyen mucho en las 
medicaciones, porque el modo de ser de los individuos varía en cada 
una de ellas. Por eso en las grandes poblaciones, por predominar en 
ellas los temperamentos nerviosos y linfáticos, pocas veces se ofrecen 
formales indicaciones de las evacuaciones sanguíneas generales. De aquí 
que se hayan proscrito absolutamente de la práctica ginecológica, k pe- 



TRATAMIENTO DE LA DACRIOCISTITIS. 229 

sar de que en términos generales tal es nuestra conducta, debemos de- 
cir que no de un modo absoluto, porque se ofrecen al clínico casos ex- 
cepcionales de los que pudiéramos relatar algún ejemplo, en que las 
emisiones generales satisfacen una indicación que con difícultad— por 
no decir imposible— seria satisfecha con otros medios. 

En efecto, hay enfermas, cuyo temperamento se inclina más al san- 
guíneo, que, hallándose afectas de metritis crónica en cada época mens- 
trual, sufren un acceso sub-agudo y hasta verdaderamente agudo, con 
todos los síntomas de reacción general y local bien acentuada. Que con- 
viene en estos casos oponernos á tales recrudecencias, es indudable; 
pero ¿cómo hacerlo impunemente y con éxito? A nuestro entender, no 
hay medio más á propósito que la sangría general revulsiva en el ins- 
tante mismo en que se vean aparecer los primeros síntomas de reacción. 
Esta práctica descansa en lo que se observa á consecuencia de una de- 
plecion sanguínea de esta naturaleza, que no debe pasar más allá de los 
iOO gramos, siendo suficientes ordinariamente unos 60 ú 80. Pues bien; 
después de practicada una sangría revulsiva del brazo, la cara se pone 
como abotagada y de un color más subido, sobrevienen palpitaciones, 
sofocación, cefalalgia, en una palabra, todos los fenómenos de una ver- 
dadera fluxión hacia la parte superior del cuerpo. En vista de estos fe- 
nómenos fisiológicos, se hace bien patente su acción revulsiva, que por 
lo enérgica, debe desviar en gran parte el estímulo útero-ovárico, que 
de una manera natural y constante, aun fuera del estado patológico, 
tiene lugar periódicamente en el aparato genésico. 

Por mas que en nuestro ánimo quede sentada la utilidad de este me- 
dio terapéutico, no olvidamos que esta indicación no se ofrece en la 
práctica con frecuencia, porque raras veces tenemos ocasión de tratar 
metritis crónicas en su principio, sino que generalmente llevan ya al- 
guna fecha y han tenido tiempo suficiente para desplegarse sus compli- 
caciones— entre ellas, y la más frecuente, la dispepsia gastro-intesti- 
nal — que suelen determinar profundas alteraciones de las funciones 
reparadoras, y como consecuencia un empobrecimiento de la sangre, 
en cuyo caso queda aquella contraindicada formalmente. 

(Continuará.) 



*t^m0^t^^0^t^m0^0^m0m0^0^0^K^i^m0^K^mÉm 



TRATAMIENTO DE LA DACRIOCISTITIS 

POR EL Doctor Don J, Barraqüer, 

Oeuliáta de loa ho»pitale$ de Santm Cruz y del Sagrado Corazón, 



Aunque las afecciones de las vías lagrimales sean muy variadas y 
exijan tratamientos diversos, la más común y que puede dar origen á 
mayor númeto de complicaciones, es, sin ninguna duda, la dacriocistiti»», 
ó sea la inflamación del saco lagrimal. Las alteraciones inflamatorias 



230 TRATAMIENTO DE LA DACRIOCISTITJS, 

de la membrana mucosa del saco lagrimal se reducen, en la gran mayo- 
ría de casos, á la hiperemia, tumefacción y secreción de un producto 
purulento ó mucoso; en otros casos la secreción es tan exigua que apenas 
puede apreciarse, y los síntomas de obliteración de las vías lagrimales 
llaman exclusivamente nuestra atención. 

La dacriocistitis puede presentarse bajo la forma aguda ó crónica. En 
la primera llaman la atención el edema palpebral desarrollado rápida- 
mente, la sensibilidad al tacto, los dolores expontáneos tensivos y pun- 
gitivos^ sumamente intensos en la propia región, el abultamiento de la 
misma y creación de una fístula á los pocos días. Durante los dos ó tres 
primeros dias la dacriocistitis se limita á producir alteraciones en el in- 
terior del saco, y al exterior solo se notan los síntomas de una tumefac- 
ción difusa en las regiones palpebral y lagrimal; pero en los dias conse- 
cutivos fórmase un absceso subcutáneo en comunicación con el saco, que 
forma una eminencia localizada y cuya abertura prepara la creación de 
una fístula. La dacriocistitis aguda es llamada vulgarmente erisipela. 
En la crónica, el lagrimeo es el síntoma dominante y existe una fístula 
antigua, á través de la cual salen los productos segregados por el saco 
lagrimal: es el resultado del paso de la piimera forma al estado crónico. 
Eq la generalidad de casos falta la fístula en la dacriocistitis crónica, ya 
porque se haya curado expontáneamente, ya porque no haya existido 
nunca, y las mucosidades ó el pus del saco salen por los puntos lagrima- 
les ó por la abertura del conducto nasal en las fosas nasales, cuando 
comprimimos la región del saco. 

La dacriocistitis reconoce por causa, en la mayoría de casos^ la pro- 
pagación de un proceso ñegmásico de las membranas ocular ó nasal; esto 
nos explica la frecuente unión de esta afección con la ozena y con las con- 
juntivitis crónicas. En raras ocasiones es idiopática y debida á las inju- 
rias de los agentes exteriores. La causa inmediata parece ser en algunas 
ocasiones la retención de los productos segregados en el saco, así es que 
no es raro que se presente la dacriocistitis á raiis de la curación de úlce- 
ras de las fosas nasales y en el curso de los exóstosis y pólipos que obtu- 
ran el conducto nasal. Se ha descrito la dacriocistitis sifilitica, y la 
práctica de un gran námero de casos no me permite admitirla en el 
concepto de una inflamación supurativa difusa de toda la superficie del 
saco. La sífilis produce la dacriocistitis por la caries ó por el exóstosis 
de algunos de los huesos que se relacionan con el saco ó con el ccndncto 
nasal. 

La indicación terapéutica en las afecciones de las vías lagrimales 
debe fundarse en tres síntomas capitales: 

El lagrimeo: Tan común en la dacriocistitis, depende de las dificulta- 
des mecánicas que las mucosidades y la tumefacción de la mucosa opo- 
nen á la excreción de las lágrimas y de la perturbación funcional que en 
el mecanismo del saco lagrimal infieren las alteraciones inflamatorias, 
perturbando el funcionalismo muscular, estrechando el saco en unas 
ocasiones y dilatándolo en otras; es^ie lagrimeo aumenta ó disminuye, 
según el estado de irritación de la conjuntiva, los esfuerzos de acomo- 
dacioo del ojo y la temperatura del aire, de modo que asi como eiíate 
BXi 0)achoa pasaos, en otros deja de existir por completo, y en otros se 



TRATAMIENTO DE LA DAGBIOCISTITIS. 231 

maniñesia solaiüente cuando se expone á la acción de un aire frió ó lee ó 
padece una conjuntivitis. La importancia del lagrimeo no se reduce á 
las molestias y á las privaciones á que obliga^ sino que la retención de las 
Mgrímas en la cavidad óculo*palpebral y el constante derrame por la 
abertura de los párpados producen alteraciones, que bajo el punto de 
vista etiológico y terapéutico son exactamente comparables á las que 
tienen lugar en todas las vías de excreción en los puntos situados detrás 
de la estrechez. 

El eczema patpebral provocado (blefaritis ciliar) con sus complica- 
ciones de acné (forunculosis palpebral), sicosis palpebral (blefaritis ul- 
cerosa é hipertrófica), la calvicie palpebral, la retracción de la piel del 
párpado inferior y mejilla (ectropion), y la falta de protección, que por él 
puede sobrevenir á la córnea con las alteraciones inflamatorias de esta 
membrana trasmisible al interior del ojo, son los trastornos á que dá 
lugar en algunas ocasiones el lagrimeo. 

La fístula: Influye poderosamente en la indicación, según los carac- 
teres por ella presentados; puede ser reciente y ancha ó antigua y hasta 
capilar, llegando en algunos casos, raros afortunadamente, á ser tan pe- 
queña su abertura que se necesita grandes esfuerzos para descubrirla, 
porque se limita á un trayecto flstuloso capilar, cuyas paredes y aber- 
tura están exentos de todo proceso flogístico. En otros casos se desar- 
rolla en el trayecto de 1 1 fístula una exuberacion de tejido de granula- 
ción» que desfigura notablemente la fisonomía achatándola. 

La supuración: El contacto del pus con la conjuntiva y el globo, á 
través délos conductillos lagrimales, puede producir la infección de la 
córnea, que es el más grave de los accidentes que en estos casos puede 
tener lugar.— La infección se desarrolla frecuentemento en el curso de 
)a dacriocistitis después de un traumatismo accidental ó quirúrgico; de 
aquí el precepto de no practicar la operación de la catarata ó la de la pu- 
pila artificial en un individuo qne padece la dacriocistitis. El catarro 
conjuntiva!, la conjuntivitis folicular y aun la blefaritis son á menudo 
producidas por la dacriocistitis. 

El cateterismo por el método de Bowman es sin disputa alguna el 
tratamiento que reúne mayor número de curaciones, corrigiendo la fís- 
tula, la secreción y el lagrimeo al mismo tiempo; permitiendo la libre 
evacuación de los productos segregados por el conducto nasal, hace inú- 
til la fístula, da paso á las lágrimas y evita la infección de la membra- 
na mucosa por las descomposiciones de sus productos de secreción. La 
supuración disminuye rápidamente, y las fístulas recientes se curan á 
las pocas sesiones de cateterismo. Cuando la supuración ha durado mu- 
cho tiempo ó el saco lagrimal está muy distendido, el cateterismo es in- 
suficiente para curar la enfermedad y para que desaparezcan sus tres sín- 
tomas capitales, y vemos prolongarse en muchos casos el lagrimeo á 
pesar de la facilidad con que pasan las sondas de mayor calibre. En 
otros casos la supuración no cede, á pesar de la práctica del cateterisnio 
por espacio de muchos meses, y la fístula capilar es por otra parte de 
todo punto incurable con el procedimiento de Bowman. 

En la dacriocistitis aguda, cuando todos los trastornos inflamatorios 
pasan dentro del saco, y él tejido subcutáneo y submuscular de la re- 



232 TRATAMIENTO DE LA DACRIOCISTITIS. 

gion no participan de la flegmasfa, el cateterismo constituye un agente 
terapéutico abortivo de inmenso valor. Es un medio que aplico cons* 
tantemente á lodos los casos y siempre he obtenido los mejores resulta* 
dos, abortando la flegmasía, impidiendo su exteriorizacion y la formación 
déla fístula. La cura abortiva déla dacriocistitis es basta brillantei en 
el concepto de que bastan una ó dos sesiones de cateterismo para obte- 
ner la curación más completa. 

Si la inflamación aguda ha producido ya absceso al exterior del saco, 
nos queda sólo el recurso de dilatarlo á través de los tegumentos, ayu- 
dando de este modo á la naturaleza en el establecimiento de la fístula^ 
que después curaremos fácilmente por medio del cateterismo. 

Kn la dacriocistitis crónica, el tratamiento con el sondaje obtiene la 
curación en la mayoría de los casos á condición de prolongarlo por lar- 
go tiempo, pero en algunas ocasiones, rara?, obtendremos mejores 
resultados acudiendo á otros procedimientos operatorios. Figuran en 
primer lugar las .inyecciones con las soluciones desinfectantes ó as- 
tringente^, así como la destrucción del saco lagrimal, extirpando su 
mucosa ó cauterizándola y la enucleación de la glándula lagrimal. Solo 
n js está permitida la destrucción del saco lagrimal, que forzosamente 
impide el paso de las lágrimas y qu3 puede hacerse con la galvano-cáus* 
tica, con el termo-cauterio ó con el cloruro de zinc, en los casos en que 
es muy abundante la supuración y el citeterismo imposible ó no nos da 
cuenta de ella después de haberlo practicado por espacio de algunos 
meses. Antes de decidirnos á emplear este medio, es preciso echar un 
cálculo de probabilidades: es preciso que nos fijemos mucho en el lagri- 
meo y que comparemos los peligros de una epífora interminable con los 
que puede ofrecer una supuración para siempre prolongada en el saco 
lagrimal. En este juicio deben entrar como factores no despreciables la 
p-»sicion y ocupaciones del enfermo, atendido á que ol lagrimeo tiene 
mayor importancia por las privaciones que produce en las personas que 
deben fijar la vista en objetos delicados, es más pertinaz en los que es- 
tán muy sujetos á las influencias atmosféricas, y la supuración es más 
temible en las personas que, por descuido ó por falta de medios, no pue- 
den mantener un estado de constante limpieza en el saco conjuntiva!. 
La mayor ó menor exposición á las contusiones ó heridas de la córnea» 
por razón de la profesión ó de otros estados patológicos oculares (litia* 
sis de las glándulas de Meibomio, triquiasis, etc., etc..) debe tenerse 
en cuenta, ya que la infección se encuer tra favorecida por las soluciones 
de continuidad del epitelio de la córnea. 

La extirpación de la glándula lagrimal puede sólo cumplir una indi- 
cación sintomática en los casos en que el cateterismo es imposible, por 
haberse practicado la operación de destrucción del saco ó por haberse 
éste destruido por alteraciones ulcerativas ú óseas, y en los casos en que 
después de la curación de la dacriocistitis persiste el lagrimeo incoerci- 
ble, que expone á los peligros de la retención lagrimal en el saco de la 
conjuntiva.— S'olo parece que la naturaleza tiene reservada la glándula 
lagrimal para funcionar en casos excepcionales; pues su falta, después 
de la extirpación, no produce ningún efecto desagradable y el ojo conti- 
núa perfectamente humedecido.— El único inconveniente, que en algunos 



TRATAMIENTO' t>£ LA DACRIOGISTITIS. ^3 

eitsos puede acarrear esta operación, es un ligero ptosisdel párpado supe- 
rior, muy digno de tenerse en cuenta cuando existen granulaciones pal- 
pebraies, por cuanto la primera indicación que ellas nos suministran es 
disminuir el contacto entre. el párpado y la córnea, lo que no se logra 
colocando el ojo en las condiciones de ptosís.-— En los casos en que la 
conjuntiva está normal, este ptosis no produce ningún accidente des- 
agradable. 

A la destrucción del saco lagrimal y á la extirpación de la glándula, 
como procedimientos que no pueden obtener una curación completa y que 
sólo cumplen indicaciones sintomáticas, debemos reservarles un papel 
secundario en nuestra práctica; por mi parte puedo decir que, entre 27ü 
dacriocistítis que he visto en mi Dispensario y en el Hospital de Santa 
Cruz, desde Enero delSSO, solo he tenido que acudir á la destrucción del 
saco en los pocos casos que voy á relatar, para que se vean más clara- 
mente los motivos de t^ indicación. 

Domingo Alonso y Vilá, natural de Barcelona, de 25 años de edad, de 
oficio cerrajero, entró en el Hospital de Santa Cruz el i.^ de lunio. de 
1881 en el siguiente estado: fístula lagrimal capilar derecha, distensión 
enorme de ambos sacos lagrimales^ dacriocistitis doble. —Dilatado el 
punto lagriínal izquierdo con el cuchillo de Weber, é intentado prac- 
ticar el cateterismo, fué imposible el paso de la sonda más allá del saco 
lagrimal por encontrar un obstáculo óseo en todas direcciones. Exami- 
nando con el espejo reflectir las fosas nasales^ se descubrió un abulti- 
miento óseo, que obturaba por completo la cavidad derecha y que dismi- 
nuía considerablemente la extensión de la fosa nasal izquierda. Compri- 
miendo la ventana nasal izquierda y obligando al enfermo á respirar 
por la fosa nasal derecha, nos convencimos de que el aire no pasaba por 
dicho lado y debia respirar por la boca. En la superficie interna del 
cuerpo del maxilar inferior se presentaba una eminencia ósea en cada 
lado, que se extendía desde el borde anterior del masétero hasta el nivel 
de las coanisuras labiales. El achatamiento de la nariz, producido por el 
exóstosis intra-nasal, las elevaciones formadas por los sacos lagrimales 
distendidos, junto con las del maxilar inferior, daban á la fisonomía un 
aspecto muy singular, haciendo la cara esférica. Examinados los antece- 
dentes del enfermo, encontramos vestigios de la diátesis sifilítica, y él 
nos confió, por otra parte, haber sufrido una úlcera en el prepucio se- 
guida de erupciones indolentes generalizadas, dolores nocturnos y úlce- 
ras en las fauces. Se apeló al tratamiento por medio del ioduro potásico 
(8 grwoios diarios), las fricciones mercuriales (ungüento mercurial ter- 
ciado 7 gramos^diarios) y vino de quina ferruginoso durante los meses de 
Junio, Julio, Agosto y Setiembre, después de los cuales habi a n casi de- 
saparecido por completo las exóstosis del maxilar inferior, y el aire podía 
enfilar por ambas fosas nasales, pero en cantidad muy exigua por la de- 
recha, por existir aún una buena parte del tumor óseo en la parte supe- 
rior y externado dicha fosa. 

. Intentado inútilmente el cateterismo de las vías lagrimales derechas, 
prooedi.á Ja destrucción del saco por el procedimiento siguiente: prac- 
tiqué una incisión vertical, pasando por la fístula, de un centímetro en I9, 
pared anterior del saco, á través de la cual introduje una gruesa mecha 



236 anatomía DE LOS CENTROS NERVIOSOB. 

obáervaciones clínicas por un lado, los estudios experimentales por otro, 
han pretendido resolver el asunto, y á las investigaciones y adelantos 
anatómicos se les ha querido hacer justificar las encontradas opiniones 
de distintos autores. Estos, muchos de ellos de renombrada fama y jus- 
tificada autoridad, disienten casi todos en sus apreciaciones; las hipóle- 
sis, las teorías y las opiniones, pueden casi contarse por el número 
de disertantes, cuando no resulta que un autor ha cambiado, en vista 
de nuevos datos, su modo de pensar, que antes fundara en hechos expe- 
rimentales ó de observación. Cuanta mayor amplitud se da á este estu- 
dio, más grande es la confusión. 

Algunos, como Ferrier,H¡tzig, Pitres, Charcot,Carville, Duret, etcéte- 
ra, hablan en pro dé las íócalizaciones con una seguridad matemática y 
con un aplomo evangélico: la Anatomía no contradice sus creencia^; la 
Fisiología y la clínica comprueban plenamente sus asertos; lacinigía de- 
duce indicaciones preciosas de sus doctrinas: la teoría de las localiza- 
clones aparece, bajo sus aupicios, como una conquista de la ciencia 
moderna. Pero por otro lado, no falta quien aún sostenga con vigor las 
ideas sentadas por Flourens antes que de Íócalizaciones se hablara, y así 
Brown-Sequard, Gouty, Lacerda, Lussana, Bourdon, Goltz, Hermann, et- 
cétera, multiplican sus estudios y observaciones para demostrar la false- 
dad de aquella teoría. 

En este asunto, como en otros muchos, la exageración de una idea 
ha servido más tarde para su propio desoí todito. Hoy casi nadie admite 
ya la exactitud y la precisión en las Íócalizaciones que les habia dado 
Ferrier, á pesar de haber encontrado Clarke y Besian Lewis, que en la 
corteza cerebral existían agrupaciones de células piramidales en los si- 
tios indicados por Ferrier, como centros de movimiento, dato anatómi- 
co que no ha resultado confirmado. 

i^or término general, se observa que los autores, que fundan su crite- 
rio en las observaciones clínicas, son localizadores^ y por el contrario^ 
los difusistaSf en su mayoría, sacan sus deducciones de la Fisiología ex- 
perimental. ^ 

Solo la duda era mi creeticia en este asunto, á pesar de cuanto habia 
leido, y la observación de un hecho me inclinó en favor de las localiza- 
clones, porque nada presta tanta fijeza ni criterio como la impresión de 
un hecho miteriai. Una puérpera, que sobrevivió 36 horas á repetidos 
ataques de eclampsia, quedó con una henfSplegia manifiesta del lado de- 
recho: al practicar la autopsia, encontré el cerebro congestionado y una 
meníngorragia abundante en el hemisferio izquierdo, formando un coá- 
gulo, que se extendía á las circunvoluciones parietal y frontal ascen- 
dentes.y que penetraba hasta la profundidad de la cisura de Rolando. Aun- 
que el hecho no es de los más demostrativos, la coincidencia de existiría 
meníngorragia en la zona llamada psioo motora, pudo más en mi ánimo 
que la lectura de tantos trabajos contradictorios. 

Sin entrar en detalles sobre la cuestión, diré que se admite por los 
localizadores el predominio de los lóbulos frontales en el desempeño d^ 
las facultades intelectuales, de los parietales en el de las motoras, y de 
los occípito-temporales en las sensitivas. 

£1 pnncipal apoyo con que cuentan las Íócalizaciones cerebrales, ;8on 



ANATOUÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 287 

loe experimentoa de Ferrier, por haber sido praclicados sobre el mono, 
cayo cerebro tiene grande semejanza con el del hombre. Ferrier ha obte- 



Fig. 37. CantroB motores en la cara externa del cdrebro del n 
BegDn lOB experimentos de Ferrier. 



),_ IdbDtú ( 

;uBllo;b, 'i 



nido en el mono, por U excilacion eléctrica de la corteza cerebral, efec- 
tos constantes para unas mismas zonas, sobre lodo por lo que se refiere 



Pjg. SS.-Esquemade las locaHiaclones probables 
' en el cerebro biicnano. 

á los fenómenos de movimiento; esta fijeza en las manifestaciones le 
condujo á admitir la existencia de centros motores en la corteza cere- 



938 ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 

bral, pues por más .que se haya discutido el mecanismo como obran la6 
excitaciones eléctricas, el caso es que en lin mismo punto parece pro- 
ducen siempre los mismos efectos, bien estos efectos sean debidos, como 
pretende Ferrier, á centos motores, ó, según opina Schiff ¿ centros refle- 
jos, ó que existe en estos sitios el centro del sentido muscular, como 
cree Nothnagel. La teoría de Ferrier es la que cuenta más partidarios. 
En la ñgura 37, debida á Broca y Gromier^ «e ven las distintas locali- 
zaciones motoras sobre el cerebro del mono» según el experimentador 
inglés. 

£n la figura 38, los círculos trazados representan el sitio de las loca* 
lizaciones motoras sobre el cerebro humano. En 1, correspondiente al 
pié de la tercera circunvolución frontal, existe el centro de Broca ó del 
lenguaje articulado; en 2, pié de la segunda frontal, el centro de los mo- 
vimientos de loa labios; en 4, pié de la primera frontal, el centro de los 
movimientos de la cabeza y cuello; en 3, alcanzando la parte media de 
las dos circunvoluciones ascendentes, el centro de los miembros supe* 
rieres; en 5, parte superior de la parietal ascendente y extendiéndose á 
la primera parietal, el centro de los miembros inferiere.'', y en 6, segun- 
da parietal, el centro para los movimientos de los ojos. 

Es cuanto se puede decir respecto á centros psíco-mótores en el hom- 
bre, pero colocándose en el terreno de las hipótesis, puesto que estas 
Idealizaciones, asi definidas y en sitio tan fijo, distan aun bttóhó de 
estar demostradas. Lo que puede admitirse con fundamento, y ast ló há- 
oen muchos autores, que primero señalaban por milímetros la extensión 
de un centro, es la existencia en el hemisferio de una zona motora^ qoe 
abraza las dos circunvoluciones ascendentes, la raíz délas tres ñ*oñtaIés y 
parte de las parietales, de modo que se encuentra en los alrededores de 
la cisura de Rolando: de aquí el nombre de zona rolándica. Las hemor- 
ragias, degeneraciones ó traumatismos de esta región, llevan consigo 
trastornos de la motilidad, probablemente de los mtemíJTOd torácicos, si 
la alteración tiene su asiento en la parte inferior de dioha zonai ó en los 
abdominales sí pe encuentri^hácia arriba y atrás. 

En la misma figura los tres círculos 7, 8, 9, representan^ según Fer- 
rier, cuyas ideas son confirmadas en parte por los experimentos de 
Munk, Lucianí y Tamburini, los centros de recepción de las impresio- 
nes visuales, auditivas y olfatorias, trasladados del cerebro del mono, 
en que dicho autor ha hecho sus estudios» al del hombre. Pero estos 
centros, como otros muchos de los sensitivos, son puramente hipotéti- 
cos, y lo único que hoy puede admitirse con visos de certeza, respecto á 
localizaciones de la sensibilidad, es que así como existe una zona mo^ 
triz, existe también una zona sensitiva, mucho menos conocida que 
aquella respecto á las atribuciones de sus distintas partes. Esta zona 
sensitiva abraza los lóbulos occipital y temporal^ que parecen exclusi- 
vamente destinados á ella, y se extiende también al lóbulo parietal; por 
consiguiente, una alteración en cñalqtiiera de estos tres ióblittrs traería 
consigo desórdenes de la sensibilidad. El lóbulo parietal seria, pues, 
sensitivo y motor. 

El diagnóstico, establecido en muchos casos de unalocalizacion mo* 
tora comprobada en la autopsia, demuestra la certeza de los centres 



anatomía de los centros nerviosos. 239 

psico^tnotores, y por igual método resulta evidente la poca fijeza de 
las localizaciones sensitivas. 

Si intentamos poner en parangón los datos que nos proporciona la 
Anatoraia con estos ligeros rasgos que acabo de trazar sobre las locali- 
zacioneSi resulta palmario que unos y otras se complementan poco en- 
tre si. En efecto, la misma extructura encontramos en los lóbulos fron- 
tal/ parietal y temporal, y, sin embargo, la zona psico-motora solóse 
extiende en la parte posterior del frontal y anterior del parietal; existen 
en esta zona sitios de predilección, como verdaderos centros motores, y 
con todo, á pesar de Glarke, de Lewis y de Betz, pocos autores admiten 
grandes grupos de células piramidales; hoy por hoy, como no sea la 
reunión de unas pocas células en varios sitios, que algunos describen 
con el nombre de nidos de BeiZy la Anatomía sólo ha demostrado la dis- 
tribución uniforme délos elementos en una zona dada. Es preciso, con 
todo, recordar estos detalles, ya sea para recoger datos con niás prove- 
cho, ya sea para sacar partido en lo posible de lo que diré más larde al 
hablar del trayecto y terminación de las fibras y de otros puntos de ex- 
tructura cerebral. 

En lo reiérente á la zona sensitiva, no existe contradicción entre la 
Fisiología y la Anatomía, pues si el lóbulo occipilal está preferentemen- 
te ligado á funciones sensitivas, también en su corteza existen en mayor 
abundancia los elementos propios á dicha función, asi como tampoco 
faltan, aunque no sean tan exclusivos, en los demás lóbulos, en donde 
también residen funciones sensitivas. Es tan perfecta la coexistencia de 
los elementos motores y sensitivos en el lóbulo parietal, que Schiff, 
fundado en hechos de Fisiología experimental, sostiene que los centros 
considerados por muchos autores como motores, son sensitivos, y que 
si después de su destrucción sobrevienen parálisis es por la falla de ac- 
tos reflejos, y al decir esto, en nada discrepa de cuanto hay sabido sobre 
extructura. 

Resulta de lo dicho, que si bien la extructura de la corteza cerebral 
es hoy conocida, de modo que puede servir de base para algunos princi- 
pios generales de Fisiología cerebral, es aún muy oscura para contri- 
buir ¿ la resolución de muchos detalles. 

No queda reducida á la importancia que pueda tener para la preci- 
sión del diagnóstico médico, el estudio de las circunvoluciones y de 
las loáatifzaciones. Díagnosticfáda una lesión en sitio determinado, se- 
gún cuál sea su naturaleza, puede surgir de ella la indicación del tré- 
pano, y para aplicarla, es necesario conocer á punto fijo á qué sitio 
de lá superficie del cráneo corresponde cada una de las circunvolucio- 
nes estudiadas, con el fin de que corresponda la perforación al sitio le- 
sionado. 

A este estudio se le llama topografía cráneo-cerebral^ y gracias á los 
trabajos de Broca, Tillaux, Feré; Terrillon, Ghampionniere, Proust, etc., 
es actualmente bastante conocido. 

domo quiera que la zona motora está situada al rededor de la cisura 
de Rolando, y no siendo incumbencia de un opúsculo como el presente 
el estudio detenido de las aplicaciones médico-quirúrgicas, sino sólo de- 
jarlas traslucir, indicaré brevemente la relación de las cisuras con la 



240 ÁCIDO SALICÍLICO Y BUS SALES. 

superflcie exterior del cráneo, con lo cual se tendrá el límite de los 16* 
bulos y la topografía de la zona psico-motora. 

A partir de la apófisis orbitaria externa, se lira una linea horizontal; 
á tres y medio centímetros de esta linea, hacia atrás, corresponde el ori- 
gen de la cisura de Sylvio, que sigue la dirección de esta misma linea, 1^ 
cual muy aproximadamente es subyacente á la sutura escamosa. 

Siete centímetros hacia atrás de esta misma línea, á partir también 
de la apófisis orbitaria, corresponde tres centímetros por arriba, y en 
dirección vertical, la extremidad inferior de la cisura de Rolando. Como 
la dirección de esta ci.-ura es ascendente y oblicua hacia atrás, debe 
fijarse la extremidad superior, la cual corresponde de 4 y^á 5 centiroe- 
tros por detrás del bregma. Este está situado en la parte media del plano 
vertical bi- auricular. 

La cisura occipital externa está situada seis centímetros por arriba 
de la protuberancia occipital externa, debajo de la sutura parieto-occi* 
pital ó lambdoidea. 

Con la posición de estas cisuras se tiene un esquema de la topogra- 
fía cráneo-cerebral. 

(ContintMrá.) 

CONTRIBUCIÓN AL ESTUDIO DEL ÁCIDO SALICÍLICO Y SUS COMPUESTOS, 

en particular del salicilato sódico en el tratamiento del reumatismo, (1) 

POR D. M. E. Moré y Bargit, 

Médico de la Casa de Lactancia y Casa-cuna de Barcelona. 



¿A qué es debido que el salicilato de sosa disujír.u\a con tanta rapi- 
dez el dolor y la fiebre del reumatismo agudo? Algunos autores han con- 
cedido propiedades anestésicas á dicho agente, diciendo que obra sobre 
Icis extremidades periféricas de los nervios de la parte afecta. En este 
caso equivaldría decir que la enfermedad es simplemente sensitiva y 
que la agudeza de los dolores da origen á la tumefacción y á los síntomas 
gi'nerales, siendo así que el preludio de un gran número de reumatismos 
no lo constituye el dolor, sino el malestar general, la fiebre, etc. Ade* 
más, el salicilato sódico combate también las neuralgias y otras manifes- 
taciones de origen reumático, con lo cual venimos en conocimiento de 
que dicho agente constituye un especiñco propio para combaiir el ele- 
mento reumático, con el cual desaparecen, al mismo tiempo que el do- 
lor, la fiebre, la tumefacción de las partes, etc., eto. Para demostrar que 
el salicilato sódico es un anestésico y que obra como tal, seria neceaa^ 
rio que obrase de la misma manera sobre los demás dolores no reumá- 
ticos, pero esto no se ha probado todavía. 

Bajo el punto de vista de la sensibilidad y de la acción ejercida por di 



(i) Continuación.- Véanse los números 25, 26, 27, 28, 29, 80 y 31 . 



ÁCIDO SALIGÍLIGO Y SUS SALES. 241 

salicilato sódico sobre los nervios vaso- motores, se han vertido dos teo« 
rias completamente distintas. La una que atribuye una acción constric- 
tora sobre dichos nervios, diciendo que disminuye el calibre de los vasos 
dilatados de las sinoviales y de los tejidos próximos. La otra, sostenida 
por Ottramare (1), dice que este cuerpo obra sobre la artritis del reuma- 
tismo articular agudo, por la influencia ejercida sobre todos los nervios 
vaso^diiatadores. cSuplicamos, dice Ottramare, que se nos permita, ex- 
poner una teoría sobre la acción del salicilato de sosa en el reumatismo 
agudo, basada en el mismo proceso y en la acción fisiológica de este me- 
dicamento sobre los centros ^vaso-motores. Bajo su influencia, hemos 
observado que la velocidad de la corriente sanguínea era más rápida, 
lo cual se explica por la dilatación general de los capilares, por una 
acción vaso-motorá fácil de comprobar después de la muerte, particu- 
larmente en los órganos dependientes de los nervios esplácnicos. En 
nuestro concepto, este es el lazo de unión entre el reumatismo y el sali- 
cilato, pues el primero determina hiperemias localizadas, y el segundo 
una hiperemia generalizada.» 

Estas dos hipótesis que, si bien son ingeniosas, carecen de funda- 
mento, á pesar de la vasta ilustración de sus autores, nos satisfacen muy 
poco ó nada, para explicar el modo de acción del salicilato sódico sobre 
el elemento reumático. Por mi parte, creeré más bien en una acción es- 
pecífícadel primero sobre el segundo, favoreciendo esta acción la elimi- 
nación, que de los materiales anormales de la sangre (exceso de fibrina, 
ácido úrico, etc.), se verifica por los ríñones. En ofecto, si el salicilato de 
sosa obrase como anestésico simplemente, no desaparecería con tanta 
facilidad el reumatismo, sino que solo desaparecería el dolor, quedando 
en pié todos los demás síntomas, incluso los generales; además, esto se<* 
ría demostrar que el reumatismo es una afección local, de la cual depen- 
diesen todos los demás síntomas, y en este caso obtendríamos los mis- 
mos efectos empleando el sajicilato de sosa loco dolenti. Es preciso, pues, 
dejar senfado que, siendo el reumatismo una enfermedad más ó nrénos 
generalizada, el salicilato de sosa obra sobré la totalidad del organismo, 
descartando de la masa general de la sangre todos los materiales que 
anormalmente se encuentran en ella, por una acción específica, si así 
pelemos llamarla, acción que, sin embargo, debemos comprender que 
no sií halla todavía perfectamente dilucidada, pero que en parle se com- 
premle por la eliminación por los ríñones del ácido úrico y demás ele- 
mentos que en mayor cantidad se encuentran en la sangre. 

Habiendo llegado al término final de todo lo que podíamos decir sobre 
el reumatismo agu io, deberíamos ocuparnos de su tratamiento, pero nos 
abstendremos de ello por haber dilucidado este punto con mayor exten- 
sión en el párrafo lll, Acción fisiológica y terapéutica^ en cuyo sitio hemos 
dejado sentado nuestro parecer sobre el particular. Además, en la expo- 
sición de Caaos clínicos veremos los distintos modos de administración. 

a."* RenmatUmo crónico.— Vamos á ocuparnos de una afección que, 



(1) Otlramare.- De Vaction physioiogique du salicilale sodique sur la sudorificá- 
tion, cireulation et la re«piroíion. -Th.— Parí?, 1879. 



24Í2 ÁQIDO SÁLICfUGO Y SUS 8ALBS. 

respecto al salicilato de sosa, se ha dejado poco menos que olvidada, 
como si este agente no produjera ningún resultado sobre ella. 

La eficacia de este medicamento ha sido muy debatida en él trata- 
miento del reumatismo crónico. Sin embargo, para tratarlo, se necesita 
un método especial y seguido durante mucho tiem()o para obtener del 
mismo resultados más ó menos satisfactorios, según la fecha de exis* 
tencia que cuente la enfermedad en cuestión. 

Ya hemos visto antes que los efectos del salicilato de sosa sobre los 
ataques de lo que generalmente se llama reumatismo agudo, no pueden 
ser más notables ni más ventajosos para el enfermo; pero tampoco queda 
duda alguna de la favorable acción ejercida por él sobre el reumatismo 
de curso crónico y los accesos agudos del mismo. 

Adviértase que no trato aquí del reumatismo articular ó artritis reu- 
mática crónica refractaria á toda medicación, es decir, de la artritis 
reumática antigua, con deformaciones articulares incurables; me. refiero 
única y exclusivamente á esas formas de reumatismo muscular ó arti- 
cular volante, que al más pequeño cambio atmosférico, se presentan en 
un miembro cualquiera, para, tal vez á las pocas horas, desaparecer de 
él y tomar asiento en otro sitio, siendo articular unas veces, muscular 
otras y neurálgico muchas. Hay ciertos individuos, según he tenido oca- 
sión de ver, que presentan manifestaciones reumáticas, sin que en rea- 
lidad se pueda diagnosticar reumatismo de tal ó cual clase; pero que 
todo su organismo se resiente marcadamente de las más pequeñas varia- 
ciones atmostéricas, de una leve influencia catarral, etc. En todos estos 
individuos es en quienes, en mi concepto, obra ventajosamente el sali- 
cilato de sosa. 

Algunos médicos, dudando de la acción de dicho agente sobre esta 
enfermedad, y para probar si en realidad obraba bien, han querido tra- 
tar todos los ataques de reumatismo crónico, cualquiera que fuese su 
modo de presentarse, de la misma manera que si fuese agudo, y viendo 
que de este modo no obten ian los resultados apetecidos, han abandonado 
dicha medicación por creerla inútil al tratarse de cronicidad. Pues bien, 
si alguno ha querido administrar el salicilato de sosa para atacar tan 
molesto huésped, ha visto que, realmente, no encontraba con dicho me • 
dicamento los mismos resultados que en el reumatismo francamente 
agudo. Otros se han propuesto administrarlo durante quince días segui- 
dos, término medio, á dosis no pequeñas, y durante este espa¿io de 
tiempo, la afección ha tenido el atrevimiento, si asi puede decirse, de 
presentarse otra vez con los mismos caracteres que antes, sin ningún 
alivio y con la misma intensidad de dolor; han creido que el medica- 
mento no producia ó no podia producir buenos efectos, han desesperado 
de su acción terapéutica, y por fin lo han relegado al olvido porque no 
produce, según ellos, buenos resultados en el reumatismo crónico. 

Sobre el particular, podríamos hacer muchas objeciones y comenta-* 
ríos; pero nos limitaremos simplemente exponiendo el sencillo método 
que tengo adoptado desde hace mucho tiempo para tratar á dichos enfer- 
mos, método que, por lo cómodo para el médico y para el paciente, es su- 
mamente recomendable. Para esto, no se necesita más que paciencia y 
constancia por parte del enfermo: paciencia, por ser diario; y constan- 



Agido salicíligo y sus sales. 243 

cía, por ser duradero el tratamiento. Si el enfermo quiere seguir todo el 
tiempo que se le señale, puede estar seguro que con la medicación en* 
contraráy sino la curación completa, cuando menos un marcadisimo 
alivio. 

Ante un reumatismo de curso crónico, cualquiera que sea su forma 
ó modo de presentarse, formulo, en primer lugar, una poción de 400 gra- 
mos de agua con 4 gramos de salicilato de sosa; de esta cantidad toma 
cuatro pequeñas porciones al dia, de modo que el total le dure próxima- 
mente ocho dias, lo cual equivale á medio gramo diario de medicamento 
activo lo que toma el enfermo; á los quince dias aumento la cantidad de 
salicilato á 6 gramos, y al cabo de otros tantos dias á 8 gramos para to- 
marlos en el mismo espacio de tiempo que los cuatro primeros. Según el 
número de años do existencia que cuente la enfermedad, puede durar 
el tratamiento más ó menos tiempo, pero término medio, lo calculo en- 
tre tres y cinco meses*. Durante el tiempo de medicación, si se presentan 
nuevos cambios atmosféricos, no queda duda alguna de que el enfermo se 
resiente; pero su intensidad no es tanto como las demás veces y, por fin, 
los ataques son mucho menos intensos y duraderos, hasta que ya casi no 
molestan y acaban por desaparecer completamente. Pero, repito, si el 
epfermo no tiene la constancia de medicarse todos los dias y dorante 
todo el tiempo que antes he citado, el tratamiento pierde por completo 
todo su valor. 

Según hemos sentado antes, administrado el salicilato de sosa de 
e«ta manera, no ofrece ningún peligro ni produce la más pequeña alte- 
ración en el organismo del paciente, sino que muy al contrario de esto, 
lo tolera perfectamente bajo todos conceptos y además obra como ex- 
citante del tubo digestivo, aumentando el apetito y favoreciendo en gran 
manera la digestión. £1 único efecto desagradable que puede observar el 
enfermo, después de seguir muchos dias con esta medicación, es la im- 
potencia temporal, de la que ya nos hemos ocupado en otro lugar. 

Advertiré de paso, que no es lo mismo administrar de este modo el 
ácido salicílico ó el salicilato de sosa, pues éste, á la parque sus efectos 
tóxicos son muchísimo menos acentuados que los del primero, su acción 
sobre el reumatismo y la economía en general es también mucho mejor. 
En este caso, cuando los enfermos están conformes en someterse, durante 
el tiempo que hemos dicho, á nuestro sistema de medicación, encuen* 
tran un marcadisimo alivio en su dolencia al cabo de un mes ó mes y 
medio de tomar dicho medicamento, en cuyo caso el enfermo toma más 
afición al mismo y se halla dispuesto á no dejarlo durante todo el tiempo 
que se le prescribió al principio. 

En corroboración de estas aserciones podría fácilmente transcribir un 
buen número de casos recogidos, bastante curiosos por el estado en que 
se encontraban los enfermos, cuyos casos veremos en su lugar corres- 
pondiente. 

m 

Para finalizar, pues, con nuestra tarea, diremos que la medicina 
puede congratularse y estar satisfecha con haber adquirido un medica* 
mentó que puede decirse que es hoy casi el único verdad para tratar y 



244 REVISTA DE FÍSICA. 

curar el reumatismo agudo, y para mejorar muchísimo, sino curar del 
todo, el reumatismo crónico. 

Debemos estar tanto más satisfechos de la adquisición de este nuevo 
cuerpo, cuanto que, además de su acción terapéutica, en nada altera la 
economía su acción fisiológica. 

Así, pues, daremos por terminado todo lo que podíamos decir del 
reumatismo, exponiendo al final de todo algunos casos clínicos^ y pasare- 
mos á tratar de la aplicación de este cuerpo á varias otras enfermeda- 
des, como la fíebre tifoidea, afecciones de la boca, aplicaciones á la ciru- 
gía, etc., etc. 

(Continuará). 



REVISTA DE FÍSICA. 



CONGRESO Y EXPOSICIÓN DE ELECTRICIDAD, 

POR EL Dr. Rodríguez Méndez, 

Catedrático de Higiene en la Facultad de Medicina de Barcelona, 



Con motivo de la Exposición de electricidad celebrada en París á ñnes 
del año anterior, hubo, al mismo tiempo, y por iniciativa del Ministro de 
Correos y Telégrafos, un Cmgveso internacional relativo á ese misterioso 
agente, que ca^la un día se convierte más y más en humildey eficacísi- 
mo auxiliar de las empresas humanas, sin olvidar por ello el trascen- 
deiitalisimo oficio que desempeña en los fenómenos puramente natura- 
les. Entiendo que es interesante para el que cultiva nuestras ciencias y 
para el que solicito persigue el conocimiento de las ramas aliñes, cuan- 
to á esta vibración etérea se reñere, y si bien conozco lo arduo de la em- 
presa y lo menguado de mis fuerzas para acometerla, en aras de mis de- 
beres para con los escritores de la Gaceta-Médica Catalana, intentaré, 
pero como sencilla transcripción, ocuparme de lo que es más 'funda- 
mental por una parte y por otra de lo que más aplicación tenga ó pueda 
tener á nuestras Ciencias. Advieito que, libre de las trabas de un orden 
cualquiera, expondré la materia del mismo modo que la vaya encontran- 
do en diversos periódicos, que me sirven en este caso de fuentes de co- 
nocimiento, y no de moldes para el encasillamiento délos apartados. 

Unidades aléotríoas.— Conforme en gran parte con lo resuello por la 
Asociación británica para el progreso de las ciencias, y sin perjuicio de 
haber excitado al mencionado Ministró para la celebración de un Con- 
greso internacional que se ocupe de este importante asunto, el de Paris 
ha aceptado las conclusiones siguientes: 

1/ Se adoptará para las medidas eléctricas las unidades fundamen- 



REVISTA DE FÍSICA. 245 

tales: centímetro, masa del gramo y segundo (de tiempo medio), desig- 
nando este sistema, para abreviar, con las letras C 6 S (1). 

2/ Las unidas prácticas ohm y voU (y se admiten cinco unidades 
como más importantes: corriente, fuerza electro -motriz, resistencia, ca- 
pacidad eléctrica y cantidad de electricidad, expresadas por las voces 
ampare, volty ohm, farad y coulomb) conservarán sus actuales definicio- 
nes: ohm es una resistencia igual á 10^ unidades absolutas — C. G. S.-— ; 
volt es una fuerza electro-motriz igual á 10^ unidades absolutas ~G G. S. 

3.* La unidad práctica de resistencia, ó sea ohm, se representará 
por una columna de mercurio de i milímetro cuadrado de sección ala . 
temperatura de O*. C. — Una Comisión internacional se encargará de de- 
terminar, mediante nuevas investigaciones, para la práctica, la longitud 
de la columna de mercurio de 1 milímetro cuadrado de sección á la tem- 
peratura de O*. C, que representará el valor de ohm. 

4.' Se llama ampere la corriente producida por la fuerza electro- 
motriz de un volt ep un circuito, cuya resistencia es de un ohm, 

5.^ Se llama coulomb la cantidad de electricidad definida por la con- 
dición de que, en la corriente de un ampere, la sección del conductor sea 
atravesada por un coulomb por segundo. 

6.^ Se llama farad la capacidad definida por la condición que un 
cotilomb en un condensador, cuya capacidad es de un farad, establece 
entre las armaduras una diferencia de potencial de un volt. 

CU>rrienteB eléotricAB terrestres.— También el Congreso ha manifes- 
tado el deseo de: 

1.^ Que se tomen medidas por las diferentes administraciones tele- 
gráficas, á Gn de organizar un estudio sistemático de las corrientes ter- 
restres, bajo el patronato de un Comité internacional. 

2.^ Que si no es posible obtener en corto tiempo dicha organización 
general, que á lo menos se hagan observaciones en los dias termos es* 
pecifícados por la Comisión polar internacional, en la época de sus expe- 
dicirnes. 

El teléfono como medio de demostrar la ezistenoiade proyectiles.— 

Siendo las corrientes intermitentes, que bastan para hacer hablar al te- 
léfono, excesivamente débiles, y pudiendo el teléfono receptor sustituirá 
los galvanómetros de gran sensibilidad, Graham Bell tuvo la idea de apli- 
car este aparato á la veriñcacion de proyectiles en el seqo del organismo, 
asunto no siempre de fácil resolución. 

En una de sus primeras comunicaciones, decia Graham Bell: «Pro- 
pongo, como preliminares de la operación, clavar una aguja delgada 
en la región sospechosa de albergar el ]>royectil. Esta aguja comunica 
con uno de los extremos de un teléfono, que el cirujano aplica al oído; el 
otro extremo se pone en relación con la superficie de la piel del enfer- 
mo. Cuando la punta de la aguja encuentra la bala de plomo, se consti- 
tuye naturalmente una pila por el plomo y la superficie metálica aplica- 



' I 



(i) Para mayor ialeligencia me permito añadir las frases que van entre pa* 
réntesis. 



SÍ6 REVISTA DE FISICA. 

da sobre li piel. De eato resulla, que atraviesa las bobinas del teléfono 
una corriente eléctrica, oyéndose un ruido cada ves que la aguja loca á 
la bala... Aun se obtiane mejor efecto aplicando sobre la piel una piaca 
de igual metal que el de la aguja, pues asi se evita toda acción galvánica 
antea del contacto de la aguja con el proyectil. 

tEste método ha sido experimentado en el laboratorio Volta, de V/ñs- 
bington. Colocada una bala en un pedazo de buey, se buscó de la manera 
dicba. £1 contacto de la aguja con el hueso no produjo efecto, al paso que 
S0 ola muy claramente un sonido cada vez que la aguja tocaba al plomo. 
EBBflguro que este método de exploración podrá prestar grandes servi* 
cios en el campo de batalla, en donde es imposible el empleo de apara- 
tas complicados*. 

A partir de esta base, Graham Bell se ocupa luego de los medios de 
reformar el sonido para hacerlo más perceptible. 

Eo una segunda comunicación, describe un explorador, que Tiene i 
ser una especie de balanza de inducción de Hugues, con el cual se logra 
«vitar penetren en el cuerpo las sondas. 

(Se compone esencialmente el instrumento de un sistema de dos bo- 
binas planas, A y B (flg. 39 y )40, paralelas y superpuesta en parte la una 
i la otra, en términos que el borde de la primera de ellas pase cerca del 
<ye de la segunda. Una de estas bobinas est& hecha con un hilo grueso, 7 



Vlg. 33-Bzplar&dor eléctrico de dos bDbinas de Qrahciiu B«U 

es el circuito primario; la otra de hilo delgado, y es el secundario. El 
conjunto de las bobinas se sumerjeen una masa de parafina, y se coloca 
en el interior de una lablita de madera, provista de un puño. Una cor- 
riente vibratoria, procedente de una pila, atraviesa la primera bobina. 



Flg. 40. -Explorador eléctrico de cuatro bobinas de Orabam Bell, 

mientras que el circuito de la segunda comprende un teléfono ordinario. 
En estas condiciones, no hay ruido alguno en el teléfono, pero si se apro- 
xima ala parte común C (flg. 39 y 40) de las bobinas cualquier cuerpo 



REVISrA DK F<8IGA. 347 

metálico, habrá an sonido, caya intensidad dependerá de la naturaleza y 
de la fbrma de dicho cuerpo, asi como también de su distancia. Notemos 
con este motivo que la forma más favorable, para el proyectil que se ex- 
plora, seria la de un disco plano^ paralelo á la superficie de la piel, y la 
más desfavorable seria esta misma, pero perpendicular al tegumento. 

cCk>mo es dificil en la práctica realizar la superposición exacta y con- 
veniente de las bobinas, es ütil intercalar respectivamente en los circui- 
tos primario y secundario dos nuevas bobinas, D y G (fig. 40), análogas 
á las primeras, pero mucbo más pequeñas, coya superficie común puede 
ser modificada por el juego de un tornillo micrométrico. Mediante éste, 
se llega con rapidez á reducir el teléfono al silencio más completo.» 

Añadiendo una capacidad electrostática F (fig. 40) en el circuito pri- 
mario, s3 consigue, según lo ha indicado también el profesor Rowland^ 
de la Universidad Johns-Hopkins, un resultado mucho más notable. 

cSi se quiere determinar la profundidad á que se encuentra la masa 
metálica, será fácil, si se conocen ajniori su forma, su modo de presen- 
tación y su sustancia. Basta para ello regular el aparato, cuando está 
aplicado á la piel, hasta que calle el teléfono, y una ve2 en silencio, re- 
tirando el aparato, se aproxima la masa auxiliar, idéntica á la que se ex- 
plora, hasta conseguir nuevo silencio, dando la distancia entre esta masa 
y el explorador la medida que se buscaba.» 

Radiofonía.- Representa la radiofonía la trasmisión del lenguaje arti- 
culado mediante la regular sucesión de impresiones provocadas por la 
recepción de radiaciones, luminosas ó caloríficas, emitidas por un cuerpo 
lejano, que hace las veces de trasmisor. Verdadera idegrafia acústica ó 
telefonía óptica, intentó realizarla el inventor del teléfono, Graham Bell, 
aprovechando las curiosísimas propiedades del selenio. 

Desde el selenio vitreo al aelenio metálico^ extremos de una serie de 
estados alotrópicos, media gran distancia de conductibilidad eléctrica, 
resultando el primero mucho menos conductor que el último. Esta mis- 
ma diferencia se nota (de 1 á iO y más) entre el selenio colocado en sitio 
oscuro y el iluminado. 

Ahora bien, si entre varias rodajas metálicas, sostenidas por un pa- 
sador común, se colocan otras de sustancia aisladora (láminas de mica, 
por ejemplo) y la ranura circular, que resulta en cada una de estas, se 
renena de selenio reblandecido por una temperatura conveniente, y 
se ponen en comunicación todas las láminas metálicas impares con el 
polo de una pila y las pares con el otro, y en el circuito se coloca un te- 
léfono, este aparato revelará iodos las variaciones de intensidad que resul- 
ten de las variaciones de resistencia producidas por una acdon luminosa 
intermitente. Sigamos la descripción. Un espejo, convenientemente dis- 
puesto, envia la luz á una lente, que la hace converger á corta distancia, 
con el objeto de que atraviese una pequeña vasija, que contiene una 
solución de alumbre, destinado á absorver gran parte del calor oscuro 
del rayo solar. Este va luego á un pequeño espejo, que funciona como la 
lámina de un teléfono ordinario, es decir, vibra bajo la influencia de 
la palabra. Reflejado por este espejo el rayo solar, atraviesa una lente 
que le da la convergencia necesaria para que llegue entero á un eapejo 



94B BEVISTA DE FfsiCA 

parabólico, en cuyo foco se encuentra el receptor de selenio, descrito al 
principio de este párrafo. Si el teléfono no vibra, el rayo llega al recep- 
tor sin modificaciones, pero ai vibra, resultarán alternativas periódicas 



Fig. 41,— Radiófono de Orabliin Bell («squima). 

en relación completa con el lenguaje articulado. £1 receptor de selenio 
trasmite, mediante un conductor, al teléfono aplicado al oído, tos sonidos 
procedentes de alguna distancia y sin más intermedio que el rayo solar. 
Tal es el radiófono de Bell, presentado á la Academia de Ciencias de Pa- 
rla en Abril de 1B80 y de que da idea exacta la figura H . 

Ha habido, por parte de Tainter, colaborador de Bell, entre otros en- 
sayos, la buena idea de reemplazar el selenio por el negro de humo. Pla- 
> téase un cri-stal plano colocado en un cua- 

dro, inteiTumpiendo la capa metálica con 
un zigzag, que separa la superficie en dos 
zonas incomunicadas, y se ahuma la super- 
ficie. Puestas en relación con el circuito de 
una pila dichas zonas, la corriente ha de 
pasar A través de la delgada capa de negro 
de humo. En este caso la resistencia es dis- 
tinta según la intensidad de la radiación 
que sufra el humo, á la par sufrida por los 
gases y vapores condensados en la super- 
ficie de las partículas de carbono (Sg. 42). 

Se comprende, por otra parte, que el 
efecto de la radiación sobre el negro de hu- 
mo se puede traducir por un efecto mecá- 
nico directo, independiente de toda cor- 
riente eléctrica. Mercadier, por ejemplo, ha 
construido un receptor radiofónico colocan- 
do, en un tubo de cristal de 8 á 10 milíme- 
tros de diámetro, una delgada lámina de mica, ahumada por las dos 
caras. Adaptado el tubo á un extremo de otro de caoutchouc, y el otro 
á una trompetilla acústica para aplicar al oido, funciona perfectamente 
un tan sencillo aparato. 



REVISTA crítica BIBLIOGRÁFICA. 249 

Máquinas magneto-eléctrioas; ventaias higiénicas. — La electricidad^ 
como motor y como agente químico, está llamada á causar una verda- 
dera revolución en la industria. Hoy, con su empleo, la galvanoplastia, 
el dorado, el plateado, el niquelado, y, en general, todos los depósitos 
metálicos, se hacen más baratos, mejor, con más precisión y gusto y no 
tienen los inconvenientes de las pilas, que son insalubres. La metalur- 
gia, á las ventajas expuestas, puede añadir la de alcanzar elevadisimas 
temperaturas sin gran esfuerzo. l^Tsalud de los obreros ha de ganar mu- 
cho, aunque solo sea porque trabajarán en mejores atmósferas que hoy. 

(Continuará.) 



REVISTA CRITICA BIBLIOGRÁFICA. 



Tendencias, nnidad y porvenir de la Medicina y de la Terapéutica.— Dis- 
curso inaugural que, en U seBíon pública celebrada por la Acaiemia , médico- 
farmacéutica de Barcelona en 19 ile Enero de 1882. l»'yó el Dr. D. Estanislao 
Andrea Serra. 

Este discurso, aunque previsto por el reglamento de la mencionada 
Corporación, ha sido escrito en muy corto espacio de tiempo por el labo- 
rioso Dr. Andreu, á quien no correspondía en este año. Esta circunstan- 
cia hace forzosamente que un tenia tan trascendental y extenso solo haya 
sido presentado en extracto, si bien debe decirse que se han tocado las 
cuestiones más fundamentales y que sobre el plan ideado pudiera escri- 
birse lina obra magistral. Aunque solo fuese bajo este punto de vista^el 
trabajo que me ocupa merece alabanzas. 

En mi concepto, el Dr. Andreu camina por lo firme cuando asegura 
que la alopatía, la homeopatía y la moderna dosimetría, ni andan muy 
distantes entre sí, ni pueden sostener con toda puridad la noción cientí- 
fica, que se desprende de sus nombres. Si la verdad médica es una, en 
cuanto unos pueden ser los hechos que estudian las ciencias naturales, 
estas tres escuelas han de fundirse en una sola, como consecuencia legí- 
tima del progreso. Yo creo que esta fusión, que ya casi es verdad prácti- 
camente, ha de realizarse en el terreno especulativo en cuanto se aban- 
donen esas ridiculas ontologias del vitalismo, del dinamismo y de otras 
concepciones impalpables^ imponderables ^ inenteligibles y sencillamente 
imagincAles. Si por un momento siquiera, á partir de la experimenta- 
ción, gloría de nuestro siglo, se dieran cita las tres escuelas en el campo 
del positivismo, se limpiarían de errores y de exageraciones y quedarían 
constituyendo un solo cuerpo de doctrina. De la secular y observadora 
alopatía, de la joven y ya decrépita homeopatía y de la recien-nacida (al 
parecer) dosimetría (hablo de la científica, no de la otra... que es la más 
corriente), no puede salir más que una ciencia médica: la verdadera. 
Todo lo demás es bandería, mejor dicho, comercio... anticientíGcoy an- 
tihurnano. Un buen médico debe ser homeópata (expectación), atrevido 
en la exigente occasio prmceps (dosímetra) y normalmente alópata. Y como 
los alópatas son expectantes y atrevidos según los casos, puede con- 
cluirse en rigor cuáles son los verdaderos médicos, los no sistemáticos. 



250 REVISTA CRÍTICA BIBLIOGRÁFICA. 

Estas son las tendencicía, aqui se encuentra la unidad y se ve claro el 
porvenir de Ja Medicina. 

La Terapéutica, objeto final, debe ser purificada, según decia un cé- 
lebre autor, de la misma manera que se limpia un establo. Hoy sufre 
demasiado á lo vivo un trabajo analítico exageradamente grande, queda, 
como resultado primero, el excepticismo, ante el temor de hacer daño. 
Ella tiene la culpa de la división que se nota entre los médicos; si aun 
no sabemos, por ejemplo, sí la digital es el opio ó la quina del cqrazon, 
de donde resultan dos bandos, no nos extrañe aparezca un tercero que 
no la emplee por lo mismo que ignora lo que maneja. En mi sentir, todas 
las fuerzas debieran dedicarse á darle un nivel científico en armonía con 
las otras ramas de la Medicina, seguramente más adelantadas. Por su 
deficiencia pudiera explicarse en gran parte la cortedad de la vida me- 
dia, que corre parejas con el atrevimiento de los médicos jóvenes y la 

indolencia de los médicos viejos. Dr. Rodrigues Mandes. 

Contribución al estudio de la Estadística médica, por D. Juan de Dios Roquer 
y Casadesús. 

Este fué el tema del discurso leido por el Sr. Roquer, al ingresar en 
la Academia ^fédicO'farmacéutica de Barcelona. Empieza con un adecua- 
do exordio, al que sigue la historia muy lacónica de la estadística y me- 
dicina griegas, romanas y árabes, la desfavorable critica de la Edad me- 
dia, varios comentarios á los siglos ix, x, xi y xii, lo propio que al xv, 
y el elogio de los tres siguientes. Encomia con mucha razón la utilidad 
de la estadística, y luego crece el interés de la disertación al consignar y 
explicar los requisitos indispensables á una buena estadística, que son: 
imparcialidad^ ánimo desprevenido, claro juicio, sacrificio del amor propio 
y buena fé. Discurre luego acerca de lo difícil que es reunirlos, y por ende 
los manifiestos errores que á las estadísticas se siguen ó ellas contienen, 
y concluye con que lo mejor seria abstenerse de leer toda estadística y ha- 
cérsela cada uno dentro de su clínica para sus usos particulares, como el 
mejor paliativo para libramos de la duda; lo cual nos parece el dxcepti- 
cismo sistemático, elevado á principio ó dogma, criterio no recomenda* 
ble á nuestro entender, aparte de que, sí por difícil ó defectuosa hemos 
de rehusar la ajena ó pública, por lo mismo hemos de rehusar la propia 
ó privada, pues muchos inconvenientes son comunes á las dos, y si la 
segunda reúne menos, en compensación reporta, menos ventajas á la ne- 
cesidad, observaciones, estas y otras, que no se ocultarán á la perspica- 
cia del Sr. Roquer. j. vnaseca Ker«adé. 



LOS MICROFITOS DE LA SANGRE Y SUS RELACIONES CON LAS ENFERMEDADES/*) 

POR Timoteo Richard Lewis. 



Se ha dicho que los micrófitos, que aparecen en la sangre después 
de la muerte, penetran por el canal intestinal, atravesando sus tejidos 

(1) Gootínuacion.— Véanse los números 25, 26. 27 28, 29, 30 y 31. 



LOS MICRÓFITOS DK LA 8AN0RB. 251 

Esta opinión no es sostenible, porque muchos observadores han demos- 
tradOy que si algún órgano se separa del cuerpo inmediatamente des- 
pués de la muerte, ó se aisla de la circulación, mientras el animal 
vive aún bajo la influencia del cloroformo, aparecen también dichos 
organismos, si la preparación se ha conservado durante algunas horas 
á una temperatura conveniente. Muchas de las muestras de sangre, que 
suministraron las diversas preparaciones que hemos descrito, fueron 
obtenidas de este modo. Ratas, ratones, gatos, etc., fueron sometidos ^ 
la influencia del cloroformo, ó muertos y guardados durante algunas 
horas; mientras estaban aún bajo la influencia del cloroformo, se pasa- 
ron ligaduras alrededor de las visceras á fín de aislarlas antes de que 
sobreviniese la muerte. Por último, colocóse una ligadura alrededor de 
los vasos de la base del corazón, y fué separado dicho órgano del cuerpo. 
Las muestras asi obtenidas fueron sumergidas diferentes veces en 
cera derretida, por medio de un cordón al extremo del cual estaban sus- 
pendidas, de esta manera hallábanse envueltos por la cera lo mismo que 
la torcida de una vela. Asi preparadas, permanecieron de 12 á 14 horas, 
según que la temperatura fuese mayor ó menor de 00° F., y se observó 
casi invariablemente que los organismos aparecieron con igual rapidez, 
ó con poca menos, que en los cuerpos de ios animales que se hablan 
simplemente reservado sin preparación alguna. En el primer caso, sin 
embargo, la suposición de que se hubiesen formado en el canal intesti- 
nal después de la muerte, no era admisible, y no puede decirse tampoco 

que hubiera tomado origen por el contacto del 
escalpelo, del cordón, etc., pues la superílce 
estaba enteramente envuelta por la cera. 

Observados en la sangre, la mayor parte de 
estos Baccilli carecen de movimientos en cier- 
H ctzx::^ *""^ ^ to número de preparaciones, pero en algunas 
// ^^^^^^^y^ Jl otras manifiestan movimientos independien- 
// /í y^ *^^» "^*® ^ menos marcados. Varían de tama- 

^ JV^ ^ ño, principalmente de longitud, según que su 

desarrollo en filamentos se halle más ó menos 
^^^r^X^^rTT^^^^^ adelantado; la longitud media de cada baston- 

r>U d« Mugre fué colowd. en un criiUI, ^JUq eS dC 5 U á 10 U. EU Ol ÚltímO CaSO UU 
Hwyo Mc« y por titino coloreadA coa «tul ^ i • ji • 

de^niíii». nudo más ó menos marcado indica una articu- 

lación. En las fases de desarrollo más avan- 
zadas, se pueden observar dos, tres ó un mayor número de articulacio- 
nes semejantes, especialmente por la adfcíon de reactivos, tales como la 
tinturado iodo. En este caso, los BacciWi miden 45,20,25 micromi- 
límetros y á veces más. La longitud de estos segmentos, ya reunidos, 
ya libres, varia considerablemente en las preparaciones que provienen 
de diversos animales y hasta en las que provienen de un sólo animal, de 
manera, que pueden observarse bastoncillos que alcanzan de 3 á 6 |x de 
longitud y excepcionalmente aún más. La talla media de los bastonci- 
llos es de 1 /A, pero se notan numerosas excepciones. Algunas veces se 
observa que las variedades de especies existentes en un mismo órgano 
son de más ó menos tamaño que las que se encuentran en otro órgano 
del mismo animal. 




252 LOS MTGRÓFITOS DE LA SANGRE, 

Si una pequeñísima cantidad de sangre, que presente este carácter, 
se coloca bajo un cristal pulimentado, junto con otra pequeña cantidad 
de humor acuoso, observase que al cabo de 4 ó 5 horas, con una tempe- 
ratura de 90^, los Baccilli han aumentado considerablemente en tamaño, 
midiendo la mayor parte de ellos de 20 á 60 fx, pudiendo observarse, aquí 
y allá, en la preparación, filamentos que ocupan la mitad del campo 
del microscopio (fig. 8). Algunas horas más tarde aparecieron nume- 
rosos filamentos bien formados, verdaderamente revueltos. Vióse tam- 
bién que algunos de estos filamentos eran perfectamente segmentados y 
que otros no tenían en apariencia segmento alguno en toda su longitud, 
aunque ofreciesen algunos la tendencia á formar ángulos agudos de 
distancia en distancia. Otras variedades presentaban trazas de següíen- 
tacion, ya en el fin, ya en el medio. Haciendo secar las muestras 6 tra- 
tándolas por medio de reactivos, se hacían los segmentos más distintos. 

Algunas horas más tarde, aparecieron en algunos de estos filamen- 
tos moléculas refringentes, de forma oval alargada, variando ligera- 
mente de longitud: por término medio sus dimensiones eran de 1,2 pi de 
largo por 1 ja de ancho. Estos esporos son los que han sido ya descritos 
en el Baccillus anthracis. En corto tiempo, estos cuerpos brillantes ocu- 
pan toda la longitud de los filamentos (fig. 9), manifestando tendencia 
á formar grupos de á dos en línea. Poco á poco los filamentos se vuelven 
cada vez más confusos, hasta que al fín los vestigios de la disposición 
más ó menos linear de estos cuerpos refringentes queda,n tan sólo para 
indicar el sitio ocupado por el filamento (fig. 10). 

He pasado muchas horas, y hasta algunos dias, estudiando estos cor- 
púsculos aislados, pero nunca he podido observar nada que me demos- 
trase positivamente su germinación. Solo puedo afirmar lo que Nágeli, 
Bary y otros han sostenido, es decir, que los Schizomycetes se multipli- 
can únicamente por excisión. Los cuerpos descritos y presentados como 
gérmenes por Cohn, Koch y otros pueden observarse en la mayor parte 
de las preparaciones; algunos han sido representados por mi; pero por 
extensos que hayan sido mis experimentos, no me han podido conducir 
á ver la germinación de los esporos ó conideas (fig. 11, 13 y 14); es verdad 
que alguna vez ciertos cuerpos pueden tener la apariencia de ellos, pero 
muy á menudo los filamentos extremadamente transparentes, que so 
hayan adheridos á ellos, se extienden más allá del esporo hasta al otro 
extremo, probando asi que el filamento no está formado de plasma proce- 
dente del esporo, sino que en realidad es sólo un tubo que lo envuelve. Se 
ha hecho ya notar que los que sostienen la germinación de estos cuerpos 
refringentes fundan su opinión en diferentes motivos (1). Las figuras 



(1) Impreso esto^ he leído acerca de este asuito una muy interesante Memoria 
de Brefeld {Unterauchungen der Spaltpizé), en la que se dice que ni Koch ni Cohn 
pueden haber visto la germinación de estos cuerpos, porque, según sus propias ob- 
servaciones, las cosas no suceden de la manera como ellos las describen. Este dis- 
tinguido botánico se ha asegurado, dice, de que la germinación tiene lugar en ángulo 
recto del largo eje del esporo y de que se efectúa más rápidamente después de haber 
hervido largo tiempo el esporo. Recuérdese que el Dr. Ewart afirma que los esporos 
■e destruyen cuando hierven siquiera dos minutos. 



NOTICIAS CIENTÍFICAS. 253 

trazadas por ellos concuerdan en la mayoría de los casos, pero difieren 
las interpretaciones que dan de las mismas. 

Se puede objetar, que si bien los B(iccilli hallados en la sangre des- 
compuesta de animales en buen estado de salud producen esporos, es- 
tos no tienen los mismos caracteres que los que se hallan en el Baccilliis 
anthracis. A esto p.iede replicarse que Cohn sienta el hecho de que los 
esporos de este último son en apariencia idénticos y pasan por iguales 
fases que los del Baccillus subtilia de las infusiones de heno, de suerte 
que las observaciones hechas por mí, relativas á los esporos del BaccU^ 
Itis en la sangre en Citado normal, se aplican igualmente al Baccilltisde 
las infusiones de heno, pues no he tenido la suerte de observar tam- 
poco en los esporos de estos últimos nada que pudiera asemejarse al 
fenómeno de la germinación. Los esporos de los Baccilli de la sangre 
infectada de un caballo atacado del carbunclo no presentaron tampoco 
nada semejante á la germinación. 

Respecto á las distinciones específicas, que han sido basadas en las 
diferencias de tamaño que presentan los micrófitos, distinciones especifi- 
cas, que, según toda problablidad, serán con más razón admitidas en el 
porvenir, interesa observar que los Baccilli descubiertos en la sangre y 
en los tejidos de los animales, que en el período inmediatamente ante- 
rior á su muerte se hallaban en perfecta salud, dejan en este punto una 
latitud considerable. Los extractos siguientes de mis cuadernos pueden 
servir para aclarar esta cuestión y al mismo tiempo suministrarán un 
compendio de las metamorfosis que sufren los Baccilli bajo la influencia 
de circunstancias casi semejantes. La primera serie de extractos se re- 
fiere á Baccüli de tamaño menor que el de los que se observan ordinaria- 
mente. 

fOntíinuará,/ 

NOTICIAS CIENTÍFICAS. 

Acción tóxica comparada de varios metales. — Carlos Richet ha 
presentado en la Academia de Ciencias el resultado de sus interesantes 
investigaciones acerca de la distinta valia tóxica de diversos metales. 
En vez de valerse de la inyección subcutánea ó intravenosa, experimen- 
tando en peces, ha intoxicado el agua en que residian, con lo cual evitó 
los inconvenientes nacidos del variable peso del animal y las reaccio- 
nes químicas perturbadoras consecutivas auna inyección brusca. Sumer- 
giendo un pez en su agua natural, intoxicada, muere con una rapidez 
que depende de la cantidad de veneno. Por ejemplo: colocó en un litro 
de agua de mar proporciones variables de cloruro de litio (LÍG1-+-H20) y 
resultó que con 

66*0 gramos muere un pez á los 3 minutos. 
330 id. id. Id. id. 15 id. 

16'5 id. id. id. id. 35 id. 

8'2 id. id. id. id. 9 horas. 

3'0 id. id. id. id. 32 id. 

2*6 id. id. id. id. 48 id. y m&s. 

Según el tecnicismo de Richet, esta última cantidad y este último es- 
pacio de tiempo representan el limite de toxicidad en el ejemplo expues» 
to, toda vez que entiende por dicho límite la cantidad máxima de vene- 



254 NOTICIAS CIENTÍFICAS. 

no, por litro de agua, que deja vivir al pez más de 48 horas. Con arreglo 
á este criterio, hé aquí un cuadro bien explícito: 



IvBtrodt «xperiaieAiM. 


I«UL 


LiaittietnUidaá. 


80 


Mercurio (Hg*). 


0*00030 


7 


Cobre (C\x»). 


0*0033 


ao 


Zinc. 


0^0084 


10 


Hierro (Fo^^O- 


0*01 1 


7 


Cadmio. 


0*017 


6 


Amonio (NH*). 


0*064 


7 


Potasio. 


010 


10 


Niquel. 


0*125 


9 


Cobalto. 


0425 


11 


Litio. 


0^ 


'20 


Manganeso. 


0*3 


6 


Bario. 


0*78 


4 


Magnesio. 


1*5 


20 


Estroncio. 


2*2 


5 


Calcio. 


2*4 


6 


Sodio. 


24*17 



En estos experimentos ha usado los cloruros, después de haber de- 
mostrado que los nitratos son más enéi'gicos. Cuando ha recurrido al 
hierro, al bario ó al estroncio, ha eliminado previamente, mediante él 
cloruro de bario, los sulfates y íosfatos del agua marina, lo cual no cam- 
bia al parecerías condiciones citadas de ésta. — Respecto al cloruro de 
sodio, hay que tener en cuenta que, como en cada litro del agua hay por 
término medio 20 gramos, y se pueden añadir 43 más sin producir la 
muerte del animal, en realidad son 63 en conjunto, lo cual da 24*7 de 
sodio combinado. 

Resulta, por tanto, que no hay relación entre el poder tóxico y el 
peso atómico del metal, ni aun*para los de la misma familia, ni entre 
aquel y la función química del mismo. — (Rodríguez Méndez). 

Colirio de Fernandez. — Con el objeto de satisfacer el deseo que, de 
conocer el colirio de Fernandez, manifestó el Dr. Planellas en su Revista 
de Sifiliografia y publicada en el número 31 de este periódico, voy á tras- 
cribir íntegro cuanto se encuentra, acerca de dicho preparado, en el 
Formulario de los Formularios de Medicina por el farmacéutico D. José 
Sánchez y Sánchez. Helo aquí: 

Colirio de Fernandez (P. E.). 

Trementina de pino. . • 15 gramos. 

Goma arábiga 45 » 

Cloruro mercurioso precipitado l'B > 

Sulfato aluminico potásico 4 n 

Éter sulfúrico alcoholizado 4 » 

Alcanfor pulverizado 4 » 

Agua 690 » 

Mézclense en mortero de piedra ó porcelana el cloruro mercurioso, 
alumbre, alcanfor y goma; añádase un poco de agua para formar un 
mucílago muy espeso y agítese largo rato con la trementina; diluyase 
todo en el agua, ochando ésta en pequeñas porciones para que resulte 
una mezcla homogénea; cuélese con expresión por un lienzo claro; añá- 
dase el éter sulfúrico alcoholizado y repóngase en frascos bien tapados 
que se agitarán cuando haya que emplearlo. — Astringente recomendado 
en las blenorragias en inyección y tópicamente como detersivo. 

He visto usar con éxito el colirio de Fernandez en las blenorragias y 
úlceras de nial carácter, á un médico procedente de la Escuela de Ma- 
drid, donde, según tengo entendido, está bastante en boga.— (R. Ro- 

VffiA). 



NOTICIAS GIENTfPIGAS. 255 

Estado del lado sano en los hemiplégloos. — M. Brown-Sequard, 
desde la época en que estuvo como médico en el hospital de paraliticos 
de Londres, en 4860, había observado que en todos los casos de hemi- 
plegia dependiente de una lesión encefálica unilateral, la parte del cuerpo 
considerada sana presentaba en realidad ligera parálisis, particular- 
mente en el miembro inferior. El miembro superior participa casi siem- 
pre de este estado de paresia» pero en menor grado. Los hemiplégicos 
presentan, pues, además de la parálisis tipica cruzada, una ligera pará- 
lisis directa. En cuanto á la explicación de esta paresia directa consecu- 
tiva á una lesión cerebral en foco, Mr. Brown-Sequard dice, que existe 
al principio una simple influencia inhibitoria ejercida por el encéfalo 
sobre la médula y que sobreviene más tarde una alteración de nutrición 
y de extructura de la médula^ en virtud de una influencia semejante á 
las que ejercen las lesiones encefálicas fobre la nutrición de la piel, del 
tejido celular, de los músculos, de los nervios, huesos y articulaciones. 

M. Charcot conñrma la exactitud clínica de las observaciones de 
M. Brown-Sequard. La mayor parte de hemiplégicos son díplégicos en 
especial en el miembro inferior. M. Pitres ha demostrado en efecto, que 
después de una lesión cerebral unilateral, la esclerosis descendente no 
afecta siempre exclusivamente el lado opuesto en la médula, sino que es 
á menudo bilateral. Es probable asimismo que en el caso de paraplegia 
consecutiva á una hemiplegia, se trata de mielitis transversas por pro- 
pagaciony de una mielitis difusa que viene á complicar la primera; 
la parálisis de la vejiga muy frecuente en tales casos seria una prueba 
de ello.— (S. Cardó.) 

Ascárides lumbricóides: tratamiento.— En el BuUelin dñ Therapeu- 
Hquey el Dr. Guermonprés establece las conclusiones siguientes: 

i.* El semen-contra (cuya acción se confunde á menuda con la de la 
silBtonina), es desde lar¿o tiempo el medicamento preferido para matar 
y expulsar los ascárides lumbricóides del tubo digestivo del hombre. 

2/ Lasantonina no mata los ascárides; es para estos animales un 
excitante, que aumenta y acelera sus movimientos, exagerando de este 
modo los accidentes reflejos por un lado, y las obstrucciones intestinales 
por otro. 

3.* Por lo tanto, no siempre está indicada la santonina. No tiene ac- 
ción perjudicial^ si los animales son jóvenes y pocos en número, y puede, 
por el contrario, ser peligrosa, aún á dosis racional, si los parásitos vi- 
vos tienen grandes dimensiones ó son muy abundantes. 

4.* Los purgantes han dado á muchos médicos mejores resultados 
que los vermífugos, empleados al mismo tiempo- Por otra parte, el mé- 
todo evacuante puede ser sufíciente para determinar su expulsión. 

5.* Las reglas higiénicas adecuadas para combatir el estado linfáti- 
co de los individuos y á veces el solo cambio de alimentos y de habita- 
ción, han bastado para producir una expulsión completa de los ascárides 
lumbricóides. 

6.* Está, por consiguiente, indicado plantear el tratamiento de di- 
chos parásitos según las circunstancias de cada caso particular, ora re- 
curriendo álos pui*gantes, ora haciendo uso de lo? cuidados higiénicos 
y farmacéuticos que requiere el paciente.— (Fargas). 

Excitación de los centros motores corticales. — Marcacci (Jawmal 
de Therap.) ha investigado que parte corresponde al encéfalo, médula 
espinal y á los nervios periféricos en la producción de los fenómenos de 
movimiento, observados cuando se excitan los centros motores corti- 
cales* Su método consiste en suprimir de diversas maneras la acción 
del cerebro, dejando intacta la médula; admite que la supresión de la 



256 PUBLICACIONES RECIBIDAS. 

acción propia del cerebro no modiñca en nada las reacciones obtenidas 
por la excitación de la corteza. 

Uno de los medios que ha empleado, consiste en la congelación á be- 
neficio del cloruro de metilo: cuando la zona cortical llamada motriz ha 
sido transformada en una masa dura, no teniendo ya ninguna de las pro- 
piedades del tejido nervioso, una excitación mínima determina aún ios 
mismos movimientos de los miembro«$. Si se recurre á ios anestésicos, se 
observa que, excitando la corteza durante la fase de suspensión de las 
funciones del cerebro, las reacciones motrices se producen del mismo 
modo que anteriormente. Enfriando todo el animal y excitando el cere- 
bro después de la supresión de las funciones cerebrales, los movimien- 
tos aún se producen. Más adelante, cuando el bulbo y la médula empie- 
zan á resentirse de la acción del frió, los movimientos no pueden ser 

provocados.— (FORMIGÜERA.) 



SECCIÓN OFICIAL. 

Cólera morbo.— Orden del 11 de Abril mandando se consideren de obser- 
vación las procedencias de Varna, puerto del Mar Negro, á contar del 30 de 
Marzo. — Gaceta del 12 de Abril. 

cátedras vacantes. — Orden del 10 de Abril mandando proveer por oposi- 
ción las do Disección, Clínica médica y Clínica de Obstetricia de la Facultad de 
Medicina de la Habana, debiendo verifícarse los ejercicios en ésta.— /d. del 
14 id. 

Id. id.- Orden del 1.® de Abril mandando proveer por concurso la de Pato- 
logía quirúrgica de la Facultad de Medicina de Sevilla. — Id. del 19 id. 

Aguas minero-medicinales de Santa Águeda (Guipúzcoa).— Real orden 
de 19 de Abril cambiando la temporada oficial, que en lo sucesivo debe ser 
desde 15 de Junio hasta 30 de Setiembre.— 7d. del 21 id. 

Id. id. de Loujo ó La Toja (Pontevedra).— Qrden del 18 de Abril dispo- 
niendo la clausura provisional del establecimiento.— /d. id. id. 

PUBLICACIONES RECIBIDAS. 

Leoolonasde Clínica terapéutica, por el Doctor Dujardin-Beaumets, recogidas 
por el Dr. E. Garpcntier-M^ricourt. — Segunda edición, vertida al casteUanopor don 
Gustavo Reboles Campos. -Tomo 2.° Entrega 1.* Madrid. BaiUy-Balliere.-1883. 

Biblioteca económica de Medicina y Cirugía.— Cuadernos 25, 26 y 27. — Ele^* 
mentos de Medicina legal y Toxicologia, por E. Hofmann, versión española del doc- 
tor M. Carreras Sanchiz.— Madrid.— 1882. 

Diccionario de Medicina y Terapéutica, por los Dres. E. Bouchut, y A. Des- 
prés.— TraducciO'i de los Dres. D. Pedro Espina Martínez y O. Antonio Espina Capo. 
— Cuaderno 1.°— Madrid. Baiily-Balliere. 

Manual de Laringoscopia y laringologia, por el Dr. Cadier, traducido por 
el Dr. Baldomcro González Awurez.— Madrid.— 1882. 

Manual de Patología interna, por el Dr. G. Dieulafoy, versión españolada don 
Rafael Ulecia y Cardona, con un prólogo del Dr. D. Bartolomé Robert.— Cuaderno 
7.® y 8.* Termina con ellos el Tomo l/^.— Madrid. (Dos ejemplares). 

Tratado de Operatoria Quirúrgica, por el Dr. A. Morales Pérez, con un pró- 
logo del Dr. Creus. — Cuaderno 18.— Barcelona. (Dos ejemplares). 

Iníant íeeding and infant íoods.— por Abraham Jacobi, M. D.-Philadelphfa. 
—1882. 

Gongrós International de laringologie, premiere session. Milán Septembre. 
— I880.-Compte rendu publié par Charles Labus, Président du Congrés, sur les pre- 
ces verbaux coordonnes par le Secretaire Mr. Frua.— Milán.— 1882. 

1m* hypermegalie et la paralisie de la luette, et leur influence de la toíz, 

par Charles Labus.— Milán.— 1882. (Dos ejemplares). 

Manual de Medicina operatoria, por J. F. Malgatgae.— Octava edición por 
León Le Fort.— GMadernos 13, H y 15.— Barcelona. 



I' 




Tomo n. Ifím. 9. 16 Mayo de 188S. Año U. Um. S3. 

"""^ — \ — TT 1 — 1-1 1— 1 n M ■ I ■ 



Gaceta MIdica Catalana. 

SUMARIO: Osteosarcoma del aparato audiavo, por •• L. Svfté MoliAt. — Oportunidad 7 
valor de las emiaionea sangi&ineas en la metritis, y en particular en el tratamiento de la 
metritis crónica (concluirá), por el Wr. S. Cirera. — Fiebre perniciosa colerlforme, por 
W, Arlare jHMioti.— Ani^tomi* de los centros nerylosos (continuación), por^B. M. Var- 
eas Ra«a.— Contribución al estudio del ácido salicílico 7 sus compuestos, en particular 
del salicilato sódico en el tratamiento del reumatismo (continuación), por D. M. E. M or^ y 
Barril.— Revista de enfermedades de mujeres, por B. M. A. Farga* Boea— Revista 
critica bÍbliográaca,por los Brea. Bodricnes Mendea 7 F. Caalella.— Los micrófitos de 
la sangre y sus relaciones con las enfermedades (continuación), por el Br. T. Bieliard 
liewia.— NOTICIAS CIENTÍFICAS: Coqueluche.-» Desodoracion del iodoformo.— Nitroglice- 
rina: acción fisiológica.— Modificación del termo-cauterio de Paquelin.— Calomelanos: su in- 
fluencia sobre las fermentaciones y sobre los micro-organismos.— Difteria: empleo del ti- 
mol.— Tanato de quinina.— Levulosa.— Sección ofieial.—Publicacione» recibidas. 



OSTBOSARCOMA DEL APARATO AUDITIVO, 
POR Don Luis Suñé Molist, 



Profesor libre de Otologia. 



Cuando por primera vez observé al enfermo cuya historia clínica 
voy á trazar en pocas líneas, no había visto en los principales tratados 
de Otologia, siquiera una nota de la grave neoplasia complexa, que los 
oncólogos llaman osteosarcoma, radicando en el temporal. 

En efecto, llama la atención la escasez de datos y de estudios sobre 
el particular. Consúltense los capítulos referentes á la patología de la 
apófisis mastoides, y del hueso temporal en sus porciones escamosa y 
pétrea: Trseltsh no menciona ninguna clase de tumores del hueso tem« 
poral, y en el mismo caso se encuentran Martínez y Gutiérrez Pacheco, 
Bonnafont y Jones; etc. Roosa describe ligeramente exostosis é hiperos- 
tosis; Urbantschitsch, habla de la eburneacion mastoidea; Vandervoot 
(citado por Buck) vio un exostosis del tamaño de una nuez moscada^ 
liso é indolente; Wilde observó tres casos de carcinoma y Rondot un 
caso muy importante. 

Siento no estar más enterado de esta parte de la literatura otológica; 
pero estoy seguro de que otros antes que yo habrán visto osteosarcomas 
de la apófisis mastoides, y por consiguiente renuncio á la prioridad de 
su descripción clínica, dado el caso de que alguno de aquellos hubiese 
publicado sus observaciones. 

£1 enfermo de que se trata, tenia unos 60 años, alto y robusto, un 
poco reumático, como buen hijo de Barcelona, y de piel rugosa, roja y 
morena. £1 mal empezó en 1870, con síntomas de ligera periostitis mas« 
toidea, que curó por sí sola, quedando tumefacción dura; según datos 
del mismo paciente, después de aquella época hubo hiperostosis eonse- 



258 OSTEOSARGQMA DEL APARATO AUDITIVO. 

cativa indolente. Un año más tarde, nuevo crecimiento difuso del tumor 
óseo, extendiéndose hacia el hueso occipital por detrás, é invadiendo 
por delante la porción ósea del conducto auditivo externo y parte ái^ la 
porción escamosa del temporal. Todo el tratamiento consistid en tópicos 
resolutivos y cáusticos, sin resultado favorable. Abandonando el trata- 
miento por espacio de algunos años la tumefacción ósea creció con gran 
lentitud y la piel quedó tirante, roja y adherida intimamente á la neo- 
plasia subcutánea. 

Desde el año 1880 empezó á sentir dolores lancinantes en lo más pro- 
fundo de la región mastoidea; dolores no continuos, pero habia perma- 
nentemente una ligera hiperestesia que tomaba creces al comprimir la 
región con los dedos. Nada de ulceraciones ni otorrea. 

Examiné por primera vez al enfermo el dia 4 de Febrero de 1881. La 
tumefacción dura, ósea, se extendía desde la apófisis zigom ática, por la 
porción ósea del conducto, la apófisis mastoides y la mitad izquierda 
del occipital. Al comprimir la parte, se notaban dos sensaciones en los 
dedos: l.^la delgadez y resistencia de la piel, que permanecía pegada al 
hueso subyacente; 2.^ la dureza de éste, que no era absoluta, como cuan- 
do se comprime, por ejemplo, el hueso frontal por encima de la piel; era 
una dureza algo elástica, que proporcionaba al dedo una sensación es- 
pecial, dando á comprender que en toda la superficie ósea habia otro te- 
jido menos duro, intimamente trabado con el hueso en todo su grosor. 
En general el volumen de la neoplasia, en su porción mastoidea, que 
era la mayor, venia á representar una semiesfera cuyo radio tuviese 5 
centímetros. La porción ósea del conducto estaba también tumefacta, 
como he dicho, formando estrechez tan considerable, que no podia verse 
el tímpano con los instrumentos otoscópicos. Únicamente pasaba por el 
sitio un estilete que siempre salia manchado de sangre, y unas peque- 
ñas bugias de laminaria que sirvieron para diagnosticar que la estre- 
chez dependía de la tumefacción del hueso, pues no se dilataron poco 
ni mucho habiendo permanecido aplicadas 24 horas. 

Síntomas acústicos: Sordera completa del oido afecto. Ni la voz, ni el 
reloj, ni las vibraciones del diapasón, eran percibidas. Esta sordera agrá* 
vaha muchísimo el pronóstico, pues por si sola era indicio de que la 
neoplasia habia invadido las partes profundas del hueso temporal y tar- 
de ó temprano llegaría al encéfalo. Esta opinión se funda en que si la 
cófosis hubiese dependido de la simple estrechez (sordera por oclusión 
externa) el enfermo hubiera oido algo ó mucho las vibraciones del dia- 
pasón ó del reloj. No oyéndolas, estaba comprometido el oido interno. 
No habia zumbidos. 

Continuaban los dolores lancinantes; alguna vez tan rebeldes y se- 
guidos durante la noche, que le privaban el sueño. Sin embargo, se ali- 
viaron y aun cesaron durante muchos días con 8 gotas del siguiente t6« 
pico, instiladas cada 3 horas; agua de laurel cerezo 10 gramos, aconitina 
10 centigramos, tintura de belladona 5 gramos. 

Contribuía á los sufrimientos del paciente una molestia de causa me* 
canica, efecto de la disposición del cóndilo del maxilar al articularse con 
la fosita glenoidea del temporal: la hiperostosis neoplásica habia inva- 
dido la superficie articular, dando por resultado una díñcultad en loa 



0ST20SARC0MA DEL APARATO AUDITIVO. 5259 

movimientos maxilares, hasta tal grado que el enfermo no podia abrir la 
boca más allá de un centímetro de separación entre los diente^ superio- 
res é inferiores. 

Dos meses después, la superficia del tumor se presentó más roja; 
formáronse una porción de vasos muy bien delineados constituyendo ple- 
xos, y la piel se puso más blanda, tanto que temía una supuración ó aber- 
tura expontánea, con ulceración consecutiva. 

En Junio (1881) se presentó el primer vértigo cerebeloso, falta de 
equilibrio y agarofobia. Síntoma claro y patente de compresión con ir- 
ritación consecutiva del cerebelo por engrosamiento temporo-occipital. 

En el siguiente Julio, continuaron los vértigos y los dolores profun- 
dos, insomnio y cefaleas. 

Durante el Agosto, los vértigos y la falta de equilibrio fueron muy 
marcados. La marcha, imposible (sin existir parálisis) pero el enfermo 
andaba bien apoyado en alguna persona, porque entonces» no existiendo 
el peligro de caer al suelo la deambulación se verificaba maquinalmente. 

Siguió de esta manera todo el mes de Setiembre aumentando la gra- 
vedad por efecto de la anemia dependiente de la exigua masticación que 
podia verificar el enfermo, cuya articulación tempero-maxilar apenas 
tenia movimiento. 

A últimos de Octubre, el tumor no se habia ulcerado, aunque estaba 
erisipelatoso^ muy vascular y blando en la región mastoidea. 

Los vértigos diarios, los dolores cefálicos izquierdos y los lancinan- 
tes en el fondo del oido, más frecuentes. Por fin, se presentó coma, exof- 
talmia, congestión conjuntival, algunas convulsiones, caro, pupilas iner- 
tes, pulso agonizante y el enfermo murió 3 dias después del primer 
ataque comatoso. 

No pudo verificarse la autopsia, sencillamente por la mala costum- 
bre que el vulgo tiene de mostrar horror á las necropsias, negando el 
permiso al facultativo. No obstante, me afirmo en el diagnóstico, apo- 
yándome en la respetable autoridad de Torent, Cardenal y Sojo que vi&> 
ron al enfermo varias veces. 

Por otra parte, solo podia confundirse el tumor con un simpte ostao» 
ma, ó con un absceso mastoideo profundo. Pero, siendo osteoma, hubié- 
rase presentado indolente y con la piel normal; y siendo absceso de Us 
células mastoideas, no hubiera llegado la tumefacción hasta el hueso oc- 
cipital ni se habría presentado la^muerte con síntomas de compresión é 
irritación cerebelosa. 

El recto juicio de nuestros lectores nos ahorrará hablar del trata- 
miento que pudiera emplearse en estos casos. La extirpación seria tan 
inútil como peligrosa, contando con que se haría necesario el uso de la 
gubia y el martillo, con la fatal probabilidad de abrir el seno venoso, 6 
herir el cerebelo ó el cerebro. ¿Y qué se adelantaría, aun siendo posible 
arrcísar el tumor, mientras éste creciendo por el lado interno ó profundo, 
determinase compresión y otros fenómenos morbosos sobre el encéfalo, 
tal como sucedió en nuestro enjGermo, que sucumbió á consecuencia de 
dichos fenómenos? 



200 TRATAMIENTO DE LA METRITIS CRÓNICA. 

BE LA OPORTUNIDAD Y VALOR DE US EMHES SANGUllAS EN U METRITIS 

Y EN PARTICULAR 

EN EL TRATAMIENTO DE LA METRITIS CRÓNICA (i), 

POR J. ClRERA. 



Sangría local indirecta,— Esta clase de sangría consiste en la aplica- 
ción de ventosas escarificadas ó sanguijuelas en un punto próximo al 
sitio enfermo, y cuyo riego sanguíneo tenga alguna relación con éste. Las 
regiones generalmente adoptadas para aplicar la sangría local indirecta 
son el hipogastrio, la vulva, la cara interna de los muslos, el ano, la re- 
gión sacra y la lumbar. No es indifírente una ú otra, porque la vulva y 
el ano, por su relación demasiado directa de sus vasos con los del útero 
y anexos, en virtud del estímulo que se provoca en estos puntos, hay 
que temer una recrudecencia del afecto uterino. Por lo tanto, se ofrecen 
circunstancias que no vienen al caso, en que estas regiones deben ser 
las privilegiadas; mas en el tratamiento de la metritis, sea aguda ó 
crónica, serán más bien perjudiciales que útiles, por obtenei* un efecto 
opuesto al deseado. En las demás, como sus vasos sanguíneos no comu- 
nican tan directamente, el resultado es distinto. De manera que las 
ventosas escarificadas y las sanguijuelas prestan algunos servicios en la 
metritis aguda y aún en la crónica con marcada recrudecencia, aplica- 
das en el hipogastrio, que es el sitio preferente. 

Por lo que precede, se ve claramente que la sangría local indirecta 
la reservamos nosotros únicamente para los casos agudos y raramente 
en los de forma crónica; y es porque tenemos más confianza y mayor 
seguridad en las aplicaciones directas, cuando no hay obstáculo que se 
oponga á ello. 

Y aún diremos más: hasta en las inflamaciones agudas puerperales 
podríase echar mano de la sangría directa. De modo que, á nuestro mo- 
do de ver, solamente quedarla limitada aquella á los casos en que fuera 
alDSoluta mente imposible intervenir de un modo directo. Fundamos tal 
aserto en hechos de pura observación. 

Ignoramos si á otros prácticos les habrá sucedido cosa parecida; pero 
lo que podemos asegurar es, que hemos asistido puérpera con todos los 
síntomas de verdadera metritis que se han hecho refractarios á los me- 
dios comunmente puestos en práctica por los más reputados tocólogos, ó 
mejor dicho, que se han pasado cuatro ó cinco dias, sin que se notara 
el menor cambio en los fenómenos propios de dicho proceso. Al dia si- 
guiente de una marcha regular, ^quedamos en extremo sorprendidos al 
observar una notable remisión de los síntomas, y el proceso morboso se 
termina rápidamente. Hechas investigaciones acerca de lo que haya po« 



(1) Véase el número 32. 



TRATAMIENTO DE LA METRITIS CRÓNICA. 261 

dido ocurrir desde la última vez (que vimos ¿ la enferma, hay, comq 
hecho notable y que más llame la atención, una fuerte metrorragia. 

Hé aquí lo que nos enseña la naturaleza: que con una deplecion san- 
guínea local, termínase favorablemente el afecto uterino. 

Así, pues, si queremos obrar acertadamente y con éxito, no hagamos 
más que imitarla. Ella nos traza el camino franco que debemos seguir; 
el de las emisiones sanguíneas locales directas. 

Ocupémonos ya de ellas. 

Sangría local directa. --Las emisiones directas gozan de un favor ge- 
neral. Apenas hay práctico que se ocupe de las enfermedades propias de 
la mujer que no haga diariamente uso de ellas. No obstante, por más 
que vengan unánimemente aceptada, estamos lejos aún de haberse esta- 
blecido reglas en conformidad con la opinión general de los hombres de 
ciencia. Cada clínico de por sí se ha hecho una norma para guiarse en 
su práctica particular, y ésta es la que sigue. Mientras unos conceden 
gran confianza á la sanguijuelas y dejan á un lado las escarificaciones, 
otros se valen de estas últimas casi de un modo exclusivo. 

Sin salir de la clínica— que es la única que puede guiarnos con paso 
seguro — vamos á emitir nuestro juicio acerca de este importante punto 
de la patología uterina. 

Para obrar con orden, haremos un resumen del manual operatorio 
para la aplicación de sanguijuelas, de los accidentes y complicaciones 
á que pueden dar lugar, de las circunstancias y condiciones que requie- 
ren su uso y aplicación. Luego haremos otro tanto con las escarificacio- 
nes, para poder finalmente establecer un parangón. 

Sanguijuelas. — Para proceder á la aplicación de sanguijuelas sobre el 
cuello del útero, se coloca á la enferma en posición igual á la adoptada 
para la introducción del espéculum. Se toma luego éste, que debe ser 
cilindrico y de un calibre proporcionado al diámetro del cuello, á fin de 
evitar que las sanguijuelas piquen la mucosa vaginal. Una vez en su lu- 
gai% se limpia con todo esmero el hocico de tenca de las mucosidades que 
lo embadurnen — sin cuyo requisito estos anélides no se pegarían — y sé 
toma una bolita de algodón para tapar el orificio cervical externo, evi» 
tando asi que alguno de éstos se introduzca en la cavidad uterina. Pues- 
tas las sanguijuelas dentro del espéculum, se mantiene en él y se em* 
pujan hacia el cuello mediante una bola de algodón, cuidando que aquél 
esté bien aplicado para que aquéllas no pasen entre él y las paredes va- 
ginales. 

Guando la sangre fiuye alrededor de la bolado algodón— indicio cierto 
de que alguno de aquellos anélidos se ha desprendido, lo cual acontece 
al cuarto de hora ó á los veinte minutos— se quita ésta y se inclina el 
espéculum para facilitar la salida de la sangre, esperando que los demás 
vayan desprendiéndose; si quedan algunos morosos, se desprenden con 
las pinzas de curación. 

Después de haberse asegurado que todas las sanguijuelas han salido 
al exterior, se retira el espéculum y se coloca á la enferma en la cama. 
Es necesario no abandonar inmediatamente á la enferma, porque la san- 
gre que se derrama á consecuencia de la caida de las sanguijuelas no 
siempre se detiene expontáneamente, y en este caso hay que echar mano 



263 TRATAMIENTO DE LA METRITIS CRÓNICA. 

de las inyecciones astringentes. Este medio no es siempre bastante po- 
tente, puesto que á pesar de ello la hemorragia no se cohibe: entonces 
se aplica otra vez el espéculum, y después de haber lavado conveniente- 
mente la vagina y puesto al descubierto el punto de donde emana aquella, 
se toca con una torunda empapada en la solución oficinal de percloruro 
de hierroi y en caso necesario se acude al taponamiento. 

Ya hemos manifestado anteriormente que convenia tapar el orificio 
cervical externo al objete de evitar que alguna sanguijuela se extravíe y 
vaya á parar á la cavidad uterinay implantándose en su mucosa. Pues 
bien, sea que se olvide tomar tal precaución, ó que, de haberse tomado, 
se haya hecho de una manera imperfecta ¿qué ocurre cuando tiene lugar 
aquel accidente? Guando la sanguijuela está en aptitud para el fin que 
nos proponemos, es muy delgada y se escurre por lo tanto fácilmente á 
través del canal cervical; pero una vez ha satisfeoho su necesidad de 
alimentación, sus dimensiones son algo mayores, y por consiguiente se 
ve imposibilitada su salida. Bajo la acción del estimulo provocado por la 
presencia del anélidOi el útero entra en contracción, que á veces es sufi- 
ciente para expulsarlo al exterior. Esto nos explica los fuertes dolores 
que sufre la enferma, los cuales pueden, según Weber, ser horribles, 
determinando escalofríos y la cianosis en un caso en que las sanguijue** 
las permanecieron de cinco á ocho dias dentro de la cavidad uterina. 

Estos accidentes y otros de menor cuantía son de fácil remediar; más, 
no sucede otro tanto con un fenómeno que se observa en ciertas muje- 
res A consecuencia de una aplicación de sanguijuelas en el cuello del 
útero. 

Ordinariamente la mujer no acusa dolor alguno en el acto de la pica- 
dura de las sanguijuelas. Esta es la regla general, pero se observan bas- 
tantes excepciones. En efecto, algunas mujeres se hallan dotadas de una 
sensibilidad esquisita del cuello del útero y la picadura se traduce súbi- 
tamente por un vivo dolor que puede llegar, según Gourty, hasta el des- 
vanecimiento, ó un ataque de histerismo. En tales casos no debemos 
insistir en su aplicación, y procuraremos despegar las que se hayan 
fijado ya. 

De todas maneras, es de absoluta necesidad que la mujer guarde 
cama algunas horas, para no exponerse á obtener un efecto contrario al 
que nos habíamos propuesto, como acontece en ocasiones, á pesar de 
haber tomado todas las precauciones que se requieren en tal caso; vi- 
niendo por estas circunstancias obligados á reiterar acto seguido este 
medio terapéutico, si queremos sacar el provecho que es dable esperar. 

Todo cuanto viene arriba expresado justifica la imprescindible nece- 
sidad de que toda aplicación de sanguijuelas sea hecha á domicilio de la 
paciente, ó en la sala de un Hospital, no pudiendo en modo alguno prac- 
ticarse en el gabinete del médico. 

He aquí, en resumen, cuanto convenia indicar para nuestro objeto, 
en lo que toca al uso de las sanguijuelas aplicadas directamente: diga- 
mos algo ahora de las escarificaciones. 

Escari/Scaciones.— Entiéndese por escarificaciones unas soluciones de 
continuidad superficiales ó profundas, practicadas en el hocico de tenca 
alrededor del orificio cervical externo. Sin embargo, Huguier y West to* 



TRATAMIENTO DE LA METRITIS CRÓNICA 263 

man por sitio de las escarificaciones la mucosa del canal cervical, y 
Gaillard Thomas las practica en la misma mucosa del cuerpo. No sabe* 
mos entrever las ventajas que puedan reportarse de tales procedimien- 
tos; pero por estar faltos de experiencia personal, nos abstenemos de 
emitir nuestro juicio, limitándonos solamente á ocuparnos de las esca- 
rificaciones tal como son empleadas por la generalidad de los prácticos. 

Varios son los instrumentos conocidos para la práctica de las escari- 
ficaciones; unos complicados, otros sencillos, todos están sin embargo 
encaminados á un mismo objeto, asacar sangre de los vasos capilares 
en cantidad mayor ó menor. No obstante, más adelante tendremos oca- 
sión de significar que con todo y ser el objeto principal la emisión san- 
guínea, no es el único para ciertos autores, á los cuales nos afiliamos, 
por lo que nos enseña la práctica de todos los dias. 

No vamos á hacer una descripción detallada de todos ellos. Cuantos 
autores tratan de las enfermedades de las mujeres los describen, y por 
consiguiente á ellos dirigimos nuestros lectores. Mas, como las necesi- 
dades de la práctica nos han sugerido algunas modificaciones, muy pe- 
queñas, al manual operatorio y á la parte instrumental, procuraremos 
ahora hacer un ligero resumen de los mismos al par que indicar los mo- 
tivos en que vienen apoyados. Lejos de nosotros la idea de presentar 
nada nuevo, queremos tan sólo poner de manifiesto la mayor utilidad y 
conveniencia de unos medios con respecto á otros. 

Desde que nos insinuamos en el terreno de la clínica, creemos de 
gran valor las emisiones sanguíneas locales directas, por mas que no 
las vimos en uso ni en la visita gratuita particular delDr. Cheron, ni en 
las que semanalmente dedicaban al reconocimiento con el espéculum en 
su respectivo Hospital los Dres. Gallard y Martineau, que fueron nues- 
tros primeros guias. Y al efecto, una vez aplicado el espéculum Cusco, 
tomábamos mediante unas pinzas de curación una lanceta de punta 
aguda y la introducíamos á lo más hasta medio centímetro en el parén- 
quima del cuello uterino alrededor [del orificio, en tres ó cuatro puntos 
distintos, cuidando siempre de evitar las partes laterales derecha é iz- 
quierda del hocico de tenca, por ser el sitio en que las arterias uterinas 
se encuentran más superficiales. Al objeto de dar libre circulación á la 
sangre que manaba, imprimíamos un ligero movimiento de báscula al 
espéculum (que, dicho sea de paso, lo introducíamos invertido, esto es, 
con el mango dirigido hacia arriba) recibiéndola en un vaso común. Or- 
dinariamente, tan luego como el sistema capilar se hallaba desingurgi- 
tado cesaba la hemorragia. Previamente enjugado el cuello del útero^ 
retirábamos el espéculum, dejando aplicado un tapón con glicerina que 
mandábamos retirar á las ocho horas después. Con todo y tomar todas 
las precauciones para no exponerse á la abertura de algún vaso impor- 
tante, sucedía que alguna que otra vez nos era preciso tocar con una to- 
runda empapada en percloruro de hierro alguna de las picaduras cuya 
hemorragia no se cohibía expontáneamente; habiendo podido observar 
que el afecto local no era modificado en relación á la cantidad de sangre 
que se había derramado. En su virtud, juzgamos del todo conveniente 
evitar estas pérdidas que, aun cuando eran insignificantes consideradas 
aisladamente, por la frecuencia como solemos repetirlas según tendré* 



264 TRATAMIENTO DE LA METRITIS CRÓNICA. 

mos más adelante ocasión de indicar, podrían ocasionar algún perjui- 
cio. De ahí nació la idea de valemos de un instrumento simplemente 
punzante en lugar de uno punzante y cortante á la vez, como lo es la 
la hoja de un bisturí ó lanceta, que al Qn y al cabo son tan buenos esca- 
rificadores como otros cualesquiera más complicados. A este efecto, hi* 
cimos construir el instrumento (1), al cual hemos señalado con la deno- 
minación de excitador xiterinOy por las razones que luego expondremos. 






Vig. 44.— Excitador uterino. 

Para servirnos de él, aplicamos primero el espéculum de Cusco, pero 
sin invertirlo, lo tomamos á la manera de una pluma de escribir y le im- 
primimos un ligero movimiento de empuje contra el cuello del útero, 
introduciendo las puntas de los alfileres, previamente engrasadas, como 
cosa de unos cinco milímetros poco más ó menos, pinchando el parén- 
quima del cuello como se hace con un salchichón, esto es, practicando 
muchas picaduras. La cantidad de sangre que se sustrae por este medio 
es muy diferente según sea el grado de congestión. Así es que, cuando 
la metritis, aunque crónica, es de fecha reciente, como en estas circuns- 
tancias el estado conjestivo predomina al de infiltración, su cantidad 
suele ser mayor; pero por término medio podemos asegurar que en cada 
sesión no quitamos á nuestros pacientes más que media cucharada de 
sangre de las de tomar sopa, la cual vamos chupando con una esponja 
á medida que va saliendo de sus vasos. Una vez limpiado el hocico de 
tenca con un poco de algodón, con un pincel hacemos una embrocación 
de tintura de yodo pura. Esta precaución la hemos creído conveniente 
para evitar una pequeña complicación que solíamos observar con algu- 
na frecuencia, la cual consistía en un amago de lo que Gubler ha veni- 



(i) El diseño que viene adjunto representa el instrumento de dos modos dife- 
rentes. Una de las ñguras lo representa tal cual es cuando nos servimos de él; la otra 
destornillado, suponiéndose fracturado en J. Como se ve, consta de dos piezas, una 
menor, perforada en los extremos de uno de sus diámetros, por cuyos agujeros se 
introducen fácilmente dos alfileres ordinarios, que son los destinados á servir de es- 
carificador, y otra mayor que sirve de mango, y á la vez —por el reborde del extremo 
que lleva el tornillo— de sosten de los alfileres, que pueden cambiarse á voluntad 
cuando se echan & perder, por cuyo motivo hemos dado al instrumento tal dispo- 
sición. 

Ha sido construido por la casa Glausolles (D. José) y es de alpaca, siendo el metal 
indiferente, teniendo tan solo en cuenta el que no se oxide fácilmente. 

La forma recta y cilindrica del mango la hemos creido más fácilmente manejable 
asi como por su peso, más á propósito para el uso á que está destinado. 



FIRME PETOflGIOSA COLEBIFORHKí 965 

do estudiando bajo ei nombre de peritonismo^ que se i*evelaba, si bien 
que raras yeces con tanta intensidad^ por nn ligero movimiento febril^ 
náuseas, meteorismo y vientre bastante sensible á la presión, desvane- 
ciéndose este estado á los dos ó tres dias. No cabiendo dar otra interpre* 
tacion al origen de tales fenómenos, creímos que puestas las picadoras en 
contacto con los productos vaginales se irritaban, y por consiguiente 
daban lugar á la manifestación de actos reflejos. De todas maneras, sea 
esta ú otra la interpretación que se dé, lo que debemos tener en cuenta 
son los resultados. 

Después de practicada la escarificación, la enferma puede dirigirse 
impunemente á su casa, aconsejándola sin embargo» de hacer el menos 
ejercicio posible. Indudablemente fuera mejor que guardara cama^ si la 
escarificación se verifica por la tarde, basta el día siguiente, para n:ayor 
descanso del órgano enfermo; pero nosotros prescindimos de tal precau* 
cion, porque la prictioa nos ha enseñado que no era ilecésaria. 

(Concluirá.) 



FIEBRE PERNICIOSA COLERIFORHE O 
POR D. Arturo Masoti Arroyo. 

lUiM M Ittntkt d« Sai li&ti (VviiiO. 



Andrés N., de 45 años de edad, de temperamento sertioso, atlétieo y 
minero de profesión, vióse repentinamente acometido^ en la noche del 4 
del pasado Diciembre, de unos vómitos abundantes y repetidos y de una 
diarrea serosa excesiva, que le redujo en pocas horas á una debilidad ex* 
trema, á pesar de los continuos caldos administrados por la familia. A la 
madrugada del siguiente dia vinieron demandando auxilios para el pa* 
ciente, y cuando le vi, más me pareció un espectro animado que miem- 
bro de la humanidad. Aquellas carnes enjutas y frías bañadas eniúi 
sudor viscoso al tacto, aquella fisonomía lánguida y cadavérica de sa*^ 
lientes tifias, cuál si la esfinge de la muerte las hubiese delineado con 
su fatídico dedo, aquellos músculos rígidos como hechos de pasta, y aquel 
latir filiforme y contraído de las arterias, formaban un conjunto tan alat« 
mante y sombrío, que mejor simulaba los signos. del triste episodio déla 
agonía, que los síntomas de uiia enfermedad bien definida. 

Ante aquél cuadro de muerte^ vaciló mí espíritu. Ideas sobre ideas se 
agolpaba» á mi mente, girando desconcertadas por él reducido espacio 
de la intetigencia, sin qué el llamamiento seVero de la razón pudiera or-* 
donarlas, para formular un diagnóstico preciso é institoiir una terapéu^ 
tica salvadora. Me hallaba impresionado por el próximo recuerdo de un 



(i) Esta historia formaba parte del articulo del Sr. Masoti relativo & la pernicio- 
sidad. No habiendo Hegado & tiempo, no pudo colocarse en su respectivo sitio, ó sea 
después de la Observación 5.* 



• 



266 FIEBRE PERNICIOSA GOLERIFORUE. 

caso análogo, que había observado días antes en una niña de ocho años, 
la cual terminó sus días en el espacio de diez horas, sin que me fuera 
posible diagnosticar el padecimiento, y esto ofuscaba más mi ánimo y 
acentuaba mis temores. ¿Era aquello un ejemplo de cólera esporádico 
adquirido al azar, ó era simplemente uno de esos trastornos gastro-in- 
testinales conocidos con el nombre de cólicos? Aunque esta idea me ha- 
lagaba, no podia asegurarlo. Mi imaginación no se hallaba al alcance de 
una síntesis tan precisa; pero era forzoso hacer algo. Me decidí, pues, á 
instituir una medicación sintomática y asi lo efectué, ordenando una po- 
ción gomosa, que llevaba en suspensión 3 gramos del sub-nitrato de bis- 
muto y 15 centigramos del extracto tebáico, para tomar una cucharada 
cada hora, y una limonada vegetal para aplacar la intensa sed que el en- 
fermo experimentaba. Dispuse además unas lavativas mucilaginosas y 
caldos un poco alcoholizados con una cucharadita de vino de Málaga, 
para reconstituir algo las decaídas fuerzas del paciente. 

Este tratamiento, que hubiera sido bastante en otras circunstancias, 
fué ÍDcficaz en este caso, y el enfermo continuó arrojando velis nolis ma- 
terias biliosas en los vómitos y abundante serosidad en las deposiciones 
diarréicas, hasta que á las once de aquella mañana comenzaron á ser 
menos frecuentes unos y otras, dando al pobre enfermo alguna tre- 
gua. 

Este súbito cambio excitó mis esperanzas y disipó las densas brumas 
en que se envolvía el pronóstico formulado la noche anterior. Alas cinco 
de la tarde continuaba el paciente muy mejorado; el pulso era más lleno 
y desenvuelto, aunque todavía se manifestaba febril, pues latía noventa 
veces por minuto; la fácies era más expresiva y animada, la emesis y 
diarrea habían desaparecido, y aquella rigidez muscular, manifestada en 
los primeros momentos, ya no existia. 

Ante la visible declinación de los síntomas, giré como veleta, cam- 
biando el concepto que tenia formado del proceso morboso, y como aquel 
que después de una sangrienta lucha en donde ha cruzado palabras de 
cariño con la muerte, sale victorioso, y en desquite de su pasada tor- 
tura, se entrega á sueños de felicidad eterna, de igual manera mi espí- 
ritu fustigado al pronto por el alarmante cuadro del padecimiento, en- 
tregóse á la más lisonjera confianza, una vez que se fueron borrando las 
oscuras tintas con que apareciera el proceso patológico. Sin embargo, 
aquella conñanza envolvía una nueva decepción. En la noche de aquel 
día volvieron á manifestarse los síntomas, y con tal intensidad que temi 
por la vida del paciente. 

Ya no me quedaba duda: la luz cientíñca iluminó mi espíritu y en 
aquel conjunto fenomenal vi fotografiado el paludismo. La ingestión de 
la quinina á dosis altas y la misma sustancia administrada por el método 
yatraléptico vencieron al coloso enemigo, que bajo disfrazada forma ve- 
nia á cortar el hilo de la vida á mi desgraciado cliente. 



<M»^^»^^^^»^#M%^^MM»^^»N»M»#»^^^i^»»N^»»»^^^>^^^M^^i»MW^^^MVMM^^^»^V^»^»^^^^^^'^^*^^^^^^^^ 



ANATOUÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 

ANATOMÍA DB LOS 0SNTRO8 NBRTIOSOS, <*> 
POR Don Miguel A. Fargas Roca. 



E Disposición geneeul de la rboion de los kúclgos centrales. 

Desde la protuberancia, y naciendo por debajo de las fibras transveí^ 
sales del puente de Varolio, arrancan los dos pedúnculos cerebrales, que 
toman inmediatamente una dirección divergente, para introducirse en 
el hemisrerio respectivo. 

Gratiolet decía que el hemisferio está formado por una bolsa de sus- 
tancia ffrís, correspondiente á la corteza cerebral, bolsa rellena de 
sustancia blanca. El seno constituido por lo3 bordes de esta bolsa es el 
ventrículo lateral. Nada más natural que el suponer que la masa blanca 
es resultante de la expansión del pedúnculo, que entra por su abertura 
y que va á distribuirse á las diferentes regiones de la corteza. 

Asi sucede realmente; pero téngase en cuenta, que la continuidad de 
las fibras pedunculares está interrumpida por diferentes masas de sus- 
tancia gris, que se interponen en su trayecto. 

Estas masas de sustancia gris, que al propio tiempo que interrumpen 
la continuidad de la inmensa mayoría de fibras que provienen del pe- 
dúnculo, forman para cada hemisferio un verda- 
dero núcleo, son de aspecto é importancia samas. 
Este núcleo hemisférico de sustancia gris, recibe 
por un lado las fibras ascendentes del pedúnculo 
y por otro las fibras procedentes de la corteza 
cerebral; algunas otras fibras atraviesan sin in- 
terrupción la masa central y sirven de continua- 
ción directa á los pedúnculos. 

Esta masa central, nüclto hemitférico ó tona 
gris-central, no ofrece uniformidad en todas sus 

partes. Por un lado, la sustancia gris, que la for- 

Ffg;. 45.— Ssqtuama de ma, está agrupada en grandes centros, cuyo as- 
na bemlBfaria ce- pecto, situación, relaciones y extructura bace 
"''^^^ diferenciarlos entre si, y por otro, el trayecto re- 

corrido en este sitio por los manojos de fibras 
blancas, establece separaciones entre ellas. De aquí que esta masa cen- 
tral se subdivida en varios núcleos, que reciben distinto nombre: el nú- 
cleo caudal, el núcleo lenticular y el tálamo óptico, son las tres masas de 
sustancia gris qae encontramos en esta región y que con una forma pro- 
pia para cada una y situación fija, se sobreponen al pedúnculo cere- 
bral, engastándose á su alrededor á manera de cotiledones, como deoia 
Foville. 

De aqui, que el pedúnculo cerebral adquiera, al penetrar en la bolsa 
hemisférica, gran volumen y presente grandes abolladuras, y que esta 

(1) CoDtianacian.- Véanse loa números 35, 36, », 38, 39, 30, 31 ; 83. 



268 ANATOMÍA DE LOS OfiNTROS NftBVlOSOS. 

región guarde una relación inmediata con el seno existente á la entrada 
del hemisferio. 

Para formarse una idea exacta de esta región, es necesario practicar 
sobre el cerebro dos cortes, que atraviesen por el centro la zona de los 
núcleos centrales. Un corte vertical, que comience en los tubérculos 
mamilares de la base y atraviese la región parietal; este corte, análogo 
al que practica Pitres para establecer su nomenclatura de las diversas 
Abras de la corona radiante, permite ver los tres núcleos centrales en su 
disposición y relaciones respectivas. El segundo corte, se practica trans- 
versalmente, y de modo que atraviese también los núcleos centrales; aa 
conoce con el nombre de corte de Flechsig, por haber sido este médico 
alemán quien ha dado las reglas para veriñcarlo. Dice Flechsig, que se 
haga este corte comenzando por la cara externa del hemisferio tin poco 
por encima de la cisura de Sylvio y que se dirija el cuchillo horizontal- 
mente; sin embargo, por este medio raras veces se logra un corte en lás 
mejores condiciones y á mi siempre me ha dado mejores resultados, 
previa la separación de ambos hemisferios comenzar por la cara interna 
del mismo, suponiendo que descansa sobre la externa, y haciendo de 
modo, que el ñlo del cuchillo caiga sobre la paite media de la cabera del 
núcleo caudal y en la unión del tercio superior con los dos tercios infe« 
rieres de la cara interna del tálamo óptico; se termina el corte dirigiendo 
el cuchillo un poco hacia abajo, en dirección de la base del hemisferio; 
Brissaud dice también que^ verificado asi el corte, da mejores resultádoe^ 
que siguiendo el procedimiento de Flechsig. 

£1 corte vertical^ como estudio de conjunto, me parece más Atll lHI«> 
derlo cual lo representa la flg. 12. Es on corte oblicuo, en la dirección 
del bulbo, protuberancia y pedúnculos ¿ través del cerebro» qae permite 
ver con mayor claridad las relaciones del pedúnculo cerebral con los 
ganglios centrales. Se cortan con el cuchillo las fibras transversalee d^ 
puente de Varolio, y en seguida, supuesto que el hemisferio descatiea 
por su convexidad, se dirige el filo del cuchillo inmediatamente por de« 
lante de los tubérculos mamilares y, atravesando oblicuamente báete 
abajo y adelante, se hace salir por la parte media de la primera elrean* 
volucion frontal. 

Estos cortes, pueden practicarse en cerebros endurecidos en alcohol, 
en una disolución nítrica ó crómica, etc., ó bien en cerebros frescos, al 
natural. Estos últimos, tienen la ventaja de qoe cada región conserva 
su coloración propia, aunque á veces se hagan algo difíciles por su 
blando ra« 

En el corte oblicuo (fig. 46), se re en S, el núcleo caudal, en B, el tá«- 
lamo óptico y en F el núcleo lenticular, cortados oblícitamente de abajo 
arriba. Los dos primeros están separados del último por una zona de 
sustancia blanca, que se continúa directamente con el pedúneulo eere* 
bral y con las pirámides del bulbo á través de la protuberancia, conocidiiu 
con el nombre de cápsula interna: A. 

£1 núcleo caudal y el tálamo óptico^^ situados el uno encima del otro, 
están por dentro de la cápsula interna y forman á su vez las paredee 
laterales del ventrículo lateral, U, el superior, y del ventrículo medio, 6, 
el inferior. 



an&toh/a db los chntbos nerviosos. 269 

El núdeo lentióular está por fuera da la cápsula interna y un poco 
hacia abajo, sirviéndole de limite externo otra estrecha zona de sustan- 
cia blanca, llamada oápiula extema E. Más hacia fuera de la cápsula 
ezlMua existe un grapa de sustancia gris, B, formando el antemuro. 



Flg. 46. Corta oblicuo délos hemlilerlOB cerabralBs. 

{Copiado del natural por el Dr. L. Formígiiera.t 



^ Captnla Inurn».— S AnMmnra.— CBaatanela blftDca quB le Mp*ra de U tnnU da Btll-— 
DlDMl>d«Reil — EClpsuU«ilerDa.—F Núcleo lenticular.— GVaDirlcala medio.—// Tubér- 
enloi mamllare) (reHeilon de los plUreg anteriDres da ta bóveda.) — / Pedúnclo cerebral- — 
^Centinnaelenda las pirámides anteriores al tr&Tíe de la protuberancia.— K SuUanola grli 
4e !• protoke rancla.— L j M Hemiifarloi ceTebeíoioi.— JV Cara Inlarlor d(t lúbuU ecclpllo- 
eirenoldal.— O Hendidura de Blcbat 6 entrada del seno bamUIérlco —P Hipocampo.— Q Ventrí- 
culo lateral.— A Tálamo dptlco — S Núcleo caudal.— r Tabique con bu ventrículo.- tf Ventri- 
oalD latarat — V Cutrpo calloie — X Gj/rut formlcalut.—i, 3r ». 1.*. í', j 3.* ctrsiuiToluoionai 
frenuiAi. 

No esUo coBÍúrme todos los autores coa la división y nomenclatura 
qneacaho de exponer: algunas obras cUaica^, como La do Sappey, ni 
siquiera bacen mencioD de ella, y Luys, en su última obra sobre las en- 
i«nuedades mentales, protesta contra la denominación de cápsula inter- 
n* y externa, ;^or ser impropias, y tampoco admite, siguiendo á la 
mayoría de escritores franceses, la dirisíon en n6cJ<eo caudal y len- 
ticular. 

En las obras de Anatomía descriptiva solo se hace mención de dos 
grandes núcleos: el cuerpo estriado .y el tálamo óptico, y por esto se 



270 ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 

designa esta región con el nombre de nMeoa apto^estriadosy quedando 
el cuerpo estriado dividido en dos núcleos por el paso á su través de la 
cápsula interna, que, habida cuenta de su situación respecto á los ven- 
trículos, se llaman, núdeos intra y extra^ventricular del cuerpo estria- 
dOf correspondientes á los núcleos caudal y lenticular. 

La descripción del cuerpo estriado y tálamo óptico, sin hacer mucho 
hincapié en las dos bandas de sustancia blanca que les limitan, tal como 
han venido y vienen haciéndolo los autores franceses, no satisface las 
necesidades de la descripción de la lesiones que tienen su asiento en 
esta región, aparte de que no guarda relación con el modo de ser de la 
misma. 

La nomenclatura y la división formulada por Burdach, en 1826, es la 
que han seguido los autores alemanes y que hoy comienza á ganar terreno 
en Francia, particularmente en las obras que tienen aplicación inme- 
diata á la Patología. Gharcot la admite en su obra de localizaciones, y 
demuestra cuan defectuosa es la nomenclatura francesa. Por este motivo 
he adoptado la nomenclatura de Burdach, ó de los alemanes, aparte de 
que entre el núcleo caudal y el ventricular existe una separación tan 
completa, por mas que en algunos sitios se unan, que continuar desig- 
nándolos con el nombre común de cuerpo estriado, es introducir la con- 
fusión donde puede haber claridad. Al describir separadamente cada 
uno de estos núcleos se verá la independencia que existe entre ambos. 

La cápsula interna, resulta de la expansión, en forma de abanico y 
en el sentido antero-posterior, de las fibras del pedúnculo cerebral, al 
penetrar en la zona de los núcleos grises, y en cuanto abandona esta 
zona por su parte superior, para ir á distribuirse á la cubierta de las 
circunvoluciones toma el nombre de corona radiante de Reil. 

En el corte horizontal (figura 47), practicado del modo que dejo des- 
crito, se observa la región, de las núcleos centrales, cortados al tra- 
vés, lo mismo que la cápsula interna que los separa. El núcleo cau- 
dal es curvo con la convexidad superior, abrazando en su concavidad el 
tálamo óptico: de aqui que, en el corte horizontal, que es secante al nú- 
cleo caudal, aparezca la sección del mismo en dos sitios, L y F, y entre 
ellos, la del tálamo óptico, G; ambos por dentro de la cápsula internaK yH 
que siendo aqui cortada al través, permite ver como se extiende en sen- 
tido antero-posterior, separando el núcleo lenticular J é I que queda por 
fuera y llegando hasta la cápsula externa D. 

La cápsula interna, no es rectilínea en el sentido transversal, como 
lo es en el longitudinal, sino que presenta hacia su tercio anterior una 
inflexión con la concavidad externa y que Flechsig ha designado con el 
nombre de rodillaf resultando de esta disposición de la cápsula interna 
su división en dos partes: una anterior K y otra posterior H á dicha ro- 
dilla: esta última comprende los dos tercios posteriores de la cápsula. 

El antemuro^ que por su situación parece formar grupo con los nú- 
cleos centrales, ya he dicho que correspondía por su extructura á la cu- 
bierta gris del lobulillo de la ínsula. 

Resumiendo, antes de describir cada uno de los factores de esta 
región, diré que los núcleos centrales forman un grueso pelotón de sus- 
tancia gris á la entrada del hemisferio, en el cual, penetra por su parte 



ÁCIDO SAUCÍLICO Y SUS SALES. 271 

ioferior y posterior el pedúnculo cerebral; siendo al principio un cordón 
redondeado, se extiende, divergiendo, en sentido antero-posterior, á la 
manera de un abanico, para formar la cápsula interna y saliendo por ar- 
riba con el nombre de corona radiante de Reil. 



K r r G H I J ICL M 
Flg. 47. Corte horliontal de na bBmlsftrlo csrsbral. 
{Copiado del natural por el Dr. L. Formiguera.) 

A Citara de STlTlo.— 01aiaU da Rell.—i: AoLemuro.— DCápsaU exlerna.— ¿Vaotrlouto 
lateral.— F Col» dal núcleo caudal.— L Padúncnla cerabral.— C Tálamo dpttco.— H Segmento 

pottarior da la oápaula Interna.— J Zona media del núcleo lenticular / Zona externa dal 

miamo núcleo— SSegcaenlo anterior de la ctptala Interna.— ¿Cabete del núcleo caudal. — 
M Ven trícalo lateral. 

De los tres ganglios, que componen la zona gris central, el primero 
que se sobrepone al pedúnculo es el tálamo óptico, que lo envuelve por 
su parte interna, posterior y externa; más bácia arriba y hacia adelante, 
inmediatamente por encima del anterior, el núcleo caudal, que casi da la 
vuelta completa al rededor de la expansión peduncular; por fuera de ia 
expansión peduncular, ó cápsula interna, y como enclavado en su con- 
cavidad, el núcleo lenticular, que resulta externo y algo inferior, relati- 
vamente á los demás. Reunidos el núcleo caudal y el lenticular por sus 
extremidades anteriores, constituyen el cuerpo estriado, pudiéndose de- 
cir que este cabalga sobre el borte anterior de la expansión peduncular, 
asi como el tálamo óptico sobre su borde posterior. 

(Contimiar&.¡ 



CONniBnH 11 ÍSTDDIO DE i» SAUCU Y SUS «MPDÍSK; 

SO particular del eaUcUato sódico en el tratamiento del renmatiamo, <l) 
POR D. M. E. Moré y Bargit, 

Mdleo Ib Id Ca»a i» Lactancia y Cata-cmtad» Bantlona. 



3.* Fiebre tuoidea.-lntenorm?nte, el ácido salicilico ha sido em- 
pleado en un sinnúmero de enfermedades más ó menos graves. Además 



(1) ConUnuacion.- Véanse los números as, aS, 17, 38, 39, 80, 91 t 31* 



Q72 ÁCIPO SAI^IGÍUGO Y 3U8 SALfCS. 

del Fduiaatí9mo9 ae ha heobo aplioacion de dicho euerpo en 1a fiebre 
li£bid0a, en la difteria, intercnitentesi en la tenia, en las enfermedades 
del tubo digi^stiyOy en la diabetes y en muchos otros estados morbosos; 
es decir, que se ha empleado en afecciones de oasi todo» loa órganos de 
la economía. 

No puede dudarse que el salicilato de sosa es un agente útilísimo en 
todas las enfermedades febriles puesto que ya conocemos su acción anti- 
pirética en general. Es un cuerpo que podemos describir en un sinnú- 
mero de afecciones; pero la que ha llamado más la atención de los prác« 
ticos bajo este punto de vista, y después del reumatismo, ha sido una de 
las enfermedades más graves que afligen al hombre, la fiebre tifoidea. 
Muchos han sido los autores que han dado euenta de un gran número 
de casos tratados con el ácido salioilico ó sus compuestos, á la dosis dia- 
ria de 3, 4 ó 5 gramos» 

Si recordamos la aoeion fisiológica del ácido salicilico y su modo de 
obrar sobre el organismo en general, particularmente la acción que 
ejerce sobre el aparato urinario y el sistema sanguíneo, deduciremos 
que, lejos de ser nocivo en la fiebre tifoidea, puede reportar grandes be- 
neficios auxiliado ó no de otros medicamentos apropiados, cuando menos 
en el primer período de la enfermedad, es decir, cuando los fenómenos 
verdaderamente tíficos np han llegado á su apogeo, en cuyo caso puede 
evitarse bastante la descomposición de la sangre, disminuir la fiebre, et« 
cetera. La adinamia no es tan marcada, porque desde el principio rebaja 
notablemente la temperatura, según he tenido ocasión de observar algu- 
nas veces, y en la fiebre tifoidea, desde el momento que las cifras térmi- 
cas disminuyen, hay menos combustión y por consiguiente menos adi- 
namia. ^1 salicilato de sosa tion^ la inmensa ventaja, sobre muchos otros 
medioamentos antifebriles, que su acción antipirética es notable desde 
el primer dia Recuerdo que durante la semi^epidemia de fiebre tifoi- 
dea, que se pres^tó en Baroelona durante el invierno de 1879-80, admi- 
nistró en algunos enfermos el salicilato de sosa cuando los síntomas de 
tal enfermedad la caracterizaban bien. £n los enfermos que traté con di- 
cho agente, noté un descenso de temperatura de cerca 2" en las S4 horas, 
siendo cada dia menos intensa la exacerbación vespertina^ En todos estos 
casos, la dosis que preaoribi no pa@ó en ninguno de ellos de 9 gramos 
diarios. 

En esta enfermedad se comprende perfectamente la acción que sobre 
ella ejerce el salicilato de sosa, pues, además de ser un antipirético no- 
table, obra como antipútrido, deteniendo asi la ferntientaeion de las ma- 
terias que con él se ponen en contacto. 

El ácido salicilico, en esta afección, produce los mismos efectos que 
el salicilato de sosa^ pero debe ser administrado progresivamente, por- 
que á la dosis de Beis gramos pueden sobrevenir aeeldentes tóxicos y 
colapso. 

Muchas veces, con la medicación salicílica, los enfermos no tienen 
diarrea, y si acaso sus cámaras no son tan frecuentes ni abundantes. Sin 
embargo, esto no se observa en todos los casos^ pues hay tifódioos que 
las cámaras diarréicas que tienen son frecuentes y abundantes da la mis- 
ma manera, lo cual tal vez dependerá de un estado partioular del tubo 



ágído saligíligo y sus saines. 273 

digeetiyo que 00 se encontrará en condioíoBeB propias para que él ácido 
salicilico pueda ser absorvido como se desea, Douglas (1) dice: «Según 
Jabn, el ácido salicilico parece que ejerce una influencia muy notable 
sobre la mucosa y ia túnica muscular del intestino, pues, en los casos de 
tifus graves, no He visto nunca diarrea y el meteorismo fué poco mar- 
cado. La mayor parte de los enfermos, durante el dia, tuvieron solo una 
deposición liquida que al final de una semana se volvió semi-sólida.» 

Sobre el tratamiento de la fiebre tifoidea por la medicación salicilicá 
se han hecbo nuicbas y notables observaciones, y todos los prácticos es- 
tán acordes en que disminuye considerablemente la temperatura y en 
que obra como antipútrido; pero entre los mismos hay una discordancia 
especial sobre la dosis y formas en que debe administrarse. Estas desave- 
nencias sobre el particular, podríamos decir que son dependientes de 
condiciones propias del enfermo, del pais ó de la localidad, si viésemos 
que un mismo práctico administra dosis distintas á distintos individuos; 
pero aqui no sucede esto, sino que los autores, después de sus experi- 
mentos, sientan una dosis como fija para todos los enfermos, y oscilan 
al rededor de ella variando poco la cantidad. Respecto al modo de tomar 
la dosis que cada práctico considera necesaria, sucede io mismo que 
con el reumatismo articular agudo, es decir, sentada una dosis, unos la 
administran de una sola vez á una determinada hora del dia y otros la 
reparten en 24 horas. Asi, Ewald ha recogido cien observaciones de esta 
enfermedad, á cuyos enfermos administraba el ácido salicilico á la dosis 
de 5 gramos al dia, poco antes de que empezase la elevación térmica de 
la tarde y diciendo que la temperatura empezaba á disminuir rápida- 
mente. 

Gueneau de Mussy administra el ácido salicilico á la dosis de un gra- 
mo diario, en una solución alcohólica acidulada con zumo de limón; di- 
cho autor dice que la curación de los enfermos no es debida á la admi- 
nistración del ácido salicilico, puesto que la fiebre tifoidea es una 
enfermedad de múltiples fases y que á veces escapa á toda previsión. 

M. Jaccoud da cuenta de un gran número de observaciones, las cua- 
les le inducen á colocar al aalicilato de sosa al lado de todos los agentes 
que oumplen una indicación hipo*térmica. Dice que si el enfermo vomita 
ó tiene tendencia al vómito, con dicha medicación, se combate este sín- 
toma, bastando para ello mezclar á la poción 4 ó 5 gotas de oloroformo. 
M. Jaccoud emplea el salicilato de sosa á la dosis de 6 gramos al dia en 
dos veces, aconsejando al enfermo que durante las 24 horas tome un li- 
tro y medio ó dos litros de liquido para favorecer la eliminación renal de 
las materias sólidas, eliminación excitada ya por este agente. Dice que 
en SO casos, la remisión le ha faltado dos veces. 

M . Mussy, en su tesis sobre el ácido salicilico, dice que este, en los 
periodos de invasión y de estado de la fiebre tifoidea, no obra sobre la 
temperatura, sino que la disminución es debida á una verdadera intoxi- 
caoion caracterizada por un delirio especial, y que cuando se deja de 
administrar el medicamento, desaparece el delirio y la temperatura 
vuelve con rapidez á su punto de partida. Creemos, en efecto, que el ácido 



(i) Douglas Hogg.-Tb. París, iS'H. 



274 ÁCIDO SALICÍLICO Y SUS SALES. 

salicilico obra sobre el tubo digestivo como 'antipútrido descartando á 
la sangre de las materias extractivas que en ella se encuentran en exceso; 
pero no estamos conformes con el parecer de dicho autor, diciendo que 
dicho agente produce un delirio especial debido á una intoxicación. Por 
una parte, parece muy natural que, si disminuye la temperatura, ha de 
evitar el delirio. Por otra, parece que administrando dicho autor el ácido 
salicilico á la dosis de 1 gramo, según dijimos antes, no puede producir 
intoxicación especial ni tampoco síntomas cerebrales, pues la dosis no 
es suficiente para ello, á no ser que se trate de un enfermo que no lo to- 
lere, en cuyo caso constituye una excepción; ó que el Dr. Mussy adminis- 
trase á dichos enfermos dosis más crecidas del medicamento en cues- 
tión. 

£1 Dr. Douglas, en su Memoria, dice que pueden administrarse 8 gra- 
mos de salicilato de sosa á un tifódico en cuatro veces durante las vein- 
te y cuatro horas. Creo también que esta es una dosis algo excesiva y 
que no puede continuarse muchos dias, pues en este caso nada extraño 
seria que se presentasen síntomas cefálicos y de intoxicación. Si con el 
salicilato de sosa pudiésemos yugular una tifoidea, entonces sin temor 
de ninguna clase podríamos, y aún deberíamos administrar la citada 
dosis de dicho medicamento durante cierto número de dias y sin ningún 
temor á los accidentes á que pudiese dar lugar dicha medicación, pues 
sabemos ya la facilidad con que se combaten. 

Por nuestra parte dejaremos sentadas las siguientes conclusiones, en 
vista de la discordancia de pareceres que hay sobre este importante 
asunto, discordancia que, tal vez, será hija de ciertas condiciones que 
no acertamos á imaginar, pero que sin embargo pueden hacer titubear 
á los que por primera vez empleen la medicación salicflica en el trata- 
miento de la fiebre tifoidea. 

Hé aquíj pues, los resultados de nuestras investigaciones: 

1.° La medicación salicílica está muy indicada en el tratamiento de 
la fiebre tifoidea. 

S."" No disminuye la duración de la enfermedad. 

3.^ Rebaja notablemente la cifra térmica y en consecuencia todos 
los demás fenómenos que de ella dependen, como el delirio, la diar- 
rea, etc., etc. 

4.° La dosis no debe pasar de 2 á 3 gramos en las 24 horas, pero to- 
mada en 6 ú 8 veces. 

5.^ La medicación salicílica no excluye por esto otros medicamen- 
tos para combatir ciertos fenómenos propios de la enfermedad, y 

6.^ Muchas veces la medicación salicílica, no basta por sí sola para 
combatir á la fiebre tifoidea, sino que se hace necesaria la adición de 
otros agentes, aunque el salicilato de sosa es un precioso medicamento 
para combatir á dicha enfermedad. 

4.<^ Diversas eníennedade8.*En este párrafo nos ocuparemos muy á 
la ligera de algunas enfermedades internas que han sido tratadas por el 
salicilato de sosa, ocupándonos de algunas de ellas con poca extensión, 
porque son muchas las afecciones que se han querido tratar con este 
medicamento. 



REVISTA DE ENFERMEDADES DE MUJERES. 275 

Fiebres INTERMITENTES.— Los resultados obtenidos con el ácido sálici- 
lico en las fiebres intermitentes no son ni con mucho tan favorables co- 
mo en las anteriores afecciones. El ácido salicilico no pasa de ser un 
anti-pirético: las fiebres intermitentes no dejan de estar constituidas 
por un miasma, por un veneno palúdico y. los efectos del ácido salicilico 
no son equivalentes á los obtenidos con el sulfato de quinina, el cual 
viene á constituir un especifico contra el paludismo. Muchos autores 
han hecho experimentos sobre el particular y los resultados que han 
obtenido, además de contradictorios, son muy diversos. Además, según 
dejamos expuesto en la parte. II de nuestro trabajo, al estudiar el salici- 
lato de quinina, dijimos que este es una cuarta parte menos activo que 
el sulfato de la misma base y por consiguiente, para tener que dar una 
mayor cantidad de medicamentos es preferible usar el sulfato en lugar 
del salicilato. 

Sin embargo, recuerdo dos casos de intermitentes, refractarias al sul- 
fato de quinina, que cedieron fácilmente á la administración del salici* 
lato de sosa; debo, no obstante advertir, que estas intermitentes no eran 
originadas por el veneno palúdico, sino que obedecían simplemente á 
una influencia catarral, á una corriente de aire, la cual hubiera podido 
dar lugar á una manifestación reumática en lugar de unas intermitentes 
francas como aquellas. fContrnuará.) 



REVISTA DE ENFERMEDADES DE HÜJERES, 
POR Don Miguel A. Fargas Roca. 



Desviaolonee aterinas.— De un magnifico estudio sobre este asunto in- 
sertado en el American joumal ofohstetrics y debido á la pluma del espe- 
cialista P. E. Mundé, en el cual abundan los datos estadísticos propios y 
los resultados satisfactorios obtenidos por el autor, pueden extractarse 
las siguientes conclusiones generales: 

En un total de 895 casos de desviaciones uterinas observadas por el 
autor, ha ensayado los distintos medios de tratamiento y estudiado la 
utilidad y efectos de los distintos pesarlos, los tapones vaginales, la po- 
sición de la enferma, la electricidad, las operaciones cruentas y el emba- 
razo como agente terapéutico en casos semejantes. 

Dice el autor, que jamás ha tratado un caso de desviación uterina por 
cualquier método de tratamiento, sin asociarle inyecciones diarias intra- 
vaginales, calientes si existe congestión, frias y con astringentes sí es 
preciso dar tonicidad á los tejidos. En este último caso, se emplea con 
mucha frecuencia la siguiente solución: 

Alcohol 250 gramos. 

Glicerína 60 i 

Sulfato de ziac 15 i 

Añadiéndole una cuarta parte de agua caliente en invierno, ó helada 
en verano, resultando ser un poderoso coadyuvante de la acción de los 
pésanos para el enderezamiento del útero. 



378 REVISTA DS SNFERHBDAÜES DB BI0JBRB8. 

Bt tíeínpo que debe emplearse el pesario, (qne casi eada autor usa 
ano prefiBrentemente, empleando Mundé, de una manera general, para 
las retro-versiones ó flexiones el pesarlo palanca de Hodge modificado 
por A. Smithy y para las desviaciones anteriores el de Gehrung 6 el de 
Tfaomas, según los casos) es por lo menos de tres meses, generalmente 
seis ó un año, y en los casos en que sea realizable una curación completa, 
salo será posible empleándolo por lo menos dos años. 

Los pesarlos son el mejor medio para obtener una mejora temporal, 
pues la curación absoluta y definitiva solo será posible en un reducido 
número de casos. Cualquiera que sea su variedad, tan solo las desvia- 
clones recientes ofrecen probabilidades de curación completa á benefí* 
ció de los medios necesarios de que disponemos. 

Los tapones vaginales empapados en una disolución astringente (par- 
ticularmente en el prolapso de la matriz, en el cistocele y en el rectocele, 
los tapones de uata glfcero-tánicos), son de los mejores medios que tie- 
nen por objeto sostener el útero desviado. 

La aplicación diaria y prolongada de tapones vaginales es un exce- 
lente medio, en muchos casos de ante y retro -desviación, y aventaja á 
todos los pesarios en la mayoría de casos de prolapso, por ser el único 
procedimiento eficaz é inofensivo. 

La posición de la enferma debe considerarse á lo más como un me- 
llo de mejora temporal, habida cuenta de los inconvenientes que consi- 
go lleva. 

Será más fácil una curación definitiva siendo reciente la desviación, 
cuando ésta sea debida á causas traumáticas ó cuando sirva de auxilar el 
proceso de la involución puerperal, si es que se reconozca á tiempo la 
desviación, lo cual sucede raras veces. 

La época más favorable para la curación de una desviación uterina, 
son las primeras semanas que siguen al parto, antes de abandonar la 
cama la paciente. 

La electricidad aplicada en los casos recientes de una manera racio- 
nal y con constancia tiene probabilidades de llegar á la curación, aunque 
este agente sea en estos casos poco conocido aun. 

Por lo referente al prolapso del útero y de la vagina, como no sean 
muy recientes, hasta hoy solo puede obtenerse la curación por el estre- 
chamiento del canal vaginal á beneficio de una operación ó restaurando 
ei periné que fué destruido ó relajado. 

El tratamiento quirúrgico de la flexión uterina por los procedimien- 
tos actuales sobre el cuello del útero, es poco menos que inútil: no así 
el prooedimieBto de Sims para la anteversion, y el de Kseberle para la re- 
troflexion, que aunque poco usados y conocidos para hacer de ellos una 
critica fundada, cuentan ya con algún suceso. 

La ignipontara en el tratamiento de la metritla perinquematosa cró- 

nioa.-(i4nal. de GynecoL) Estudia Olivier las indicaciones y ventajas de 
este tratamiento de reciente introducción en la terapéutica ginecológica, 
y puede resumirse su trabajo del modo siguiente: 

La ignípuntura solo debe usarse ai final del primer periodo de la me- 
tritis parenquimatosa crónica ó periodo de infiltración, ó bien en el se- 



REVISTA DG ]fiNffBRIfI0ADn DB MUJARB^ fiT7 

gando periodo 6 de indaracian« Se recenoeeeslaópocaoporluBa^ porque 
en vez de estar el cuello blando^ presenta al tacto puntos depresibles y 
puntos resistentes é indurados, y su ooloracion en lugar de ser roja uoi^ 
forme algo violácesi ofrece ya manchas más pálidas. 

Está contraindicada si existen síntomas inflamatorios 6 de congestión 
en los órganos vecinos del útero« 

La cavidad del cuello no debe oauterizarse por más que esté frecuea* 
temente ulcerada, porque expone á una deformación de malas oonse^ 
cuencias y que puede evita rse« 

£1 cauterio más recomendable^ es el termo* cauterio de Paqiielin en 
forma de. punta afilada. 

Se introduce un espóculum refractario al catofi ó si es metálico re-^ 
frescándolo con frecuencia, que solo deje al descubierto ^1 cueHo delAte^ 
ro: entonces se introduce con fuerza el termo-cao terio en ei espesor del 
cuello uterino y paralelamente al eje del mismo, desde uda profandídad 
de Vfi centímetro, cuando menos, hasta 3 OMtimetros, cuando más, se* 
gun los casos. Si solo está hipertrofiado el labio inferior, bastarán 3 ó 4 
picaduras: si está abultado todo el cuello 5, 6 y 8, como máximiua* Se 
inyecta en seguida agua fria, la enferma queda en cama durable uno» 
dias, se dan duchas vaginales diarias de aguado malvas y adormideras: 
á los cinco 6 seis dias podrá levantarse la enferma procurando andar 
muy poco. A los diez ó doce dias se desprende la escara y la úlcera, de 
buen carácter, camina rápidamente á la cicatrización. 

No se hará nueva aplicación de ignipuntura hasta que se pasen tné 
semanas, no siendo inconveniente el que no estén completamente eioa* 
trizadas las úlceras de la última aplicación. 

Si la afección es reciente, podrá obtenerse la curación con dos ó tres 
aplicaciones: si es muy antigua, podrán necesitarse cinco, seis y basta 
diez según los casos. 

Después de la primera cauterización, acostumbran á desaparecer 
completamente los dolores; )a sensación de pesadea; tarda más, pero fal- 
ta ya antes de llegar á la curación completa. En los primeros dias, au- 
menta el flujo leucorreico para desaparecer pronto completamente. La 
ignipuntura regulariza con rapidez los menstruos, y particularmente caK 
ma á no tardar los dolores que les acompañan. Las complicaciones no 
son de temer, no descuidando las precauciones antes citadas. Las duchas 
emolientes se sustituirán á los siete ú ocho dias por agua fría, Sin des*' 
cuidar nunca el estado general de la enferma* 

Prooediaiiento de Fritach pera el tratasAienio del prelapao nterino*-*' 

En 3 casos ha practicado el autor una resección parcial de la pared poA^ 
terior de la vagina. La coge con las pinzas y la tira fuertemente abajo y 
adelante: aplica en seguida un clamp, lo cieraa, coloca por debajo de él 
tres puntos de sutura profunda, oorta con el bisturí la porción cogida 
por sobre del clamp y aplica 6 ú 8 puntos de sutura superficial en la 
herida de 6 á 7 centímetros que queda abierta: no se necesita tratamien* 
to ulterior especial. En su consecuencia, sobreviene una estrechez dé lá 
parte inferior de la vagina invisible al exterier; en dos casos se produjo 
á los tres meses una retroflexion que servia de obstáculo á la reeidiva» 



278 REVISTA DE BNFlDIíaDADES DE MUJERES. 

El yodolormo en la oTariotomia.— (León Leoschin, profesor de Kasan). 
En cuatro casos lo ha empleado el autor espolvoreando abundante- 
mente el pedículo con dicha sustancia y todas las partes del peritoneo 
puestas en contacto de los dedos ó de los instrumentos; cada ligadura la 
cubría de yodoformo, y la herida, después de suturada, otro tanto. Enci- 
ma, compresas de gasa de Lister, una almohadilla de Neuber y una gran- 
de esponja desinfectada para ejercer presión. En tres de las ovarioto- 
mias la enferma no tuvo accidente ninguno ni reacción febril y la herida 
se cicatrizó con un solo aposito, que se levantó á los 16, 17 y 20 dias, para 
sustituirlo por un simple aposito de diaquilon. Al levantar el aposito se 
percibía fuerte olor de yodoformo y la cicatriz linear presentaba aun pol- 
vo de esta sustancia. En la cuarta sobrevino perimetritis, y á ios 32 dias 
de la operación, continuaba en tratamiento y en vías de curación. 

Cita el autor diez y siete otras grandes operaciones tratadas por el 
yodoformo, del cual se declara entusiasta, y dice que no lo teme, pues en 
ningún caso ha observado síntomas de envenenamiento. 

Dyakinasia nt6rina.-6raily Hewit, cree poder dar este nombre al sín- 
toma más dominante que ha observado en sesenta y siete casos de des- 
viaciones uterinas y al cual no se le habia dado importancia. Consiste 
este síntoma, en una debilidad física muy acentuada unida á una pérdi- 
da, en grado variable, de la locomoción: se consideraba á esta manifes- 
tación como imaginaria, ó á lo más se diagnosticaba á la enferma de his- 
térica, sin prestarle los auxilios necesarios por desconocer la verdadera 
causa y llegando á veces á perder la simpatía de sus allegados, por estar 
estos convencidos que esforzándose un poco, podrían estas mujeres an- 
dar y trabajar. Como otros síntomas frecuentes observados en esta serie 
de ante y retro- flexiones y versiones, señala las náuseas y la falta de 
apetito, y como regla general, los desórdenes menstruales. 

PólipoB uterinos volumiaosoa de ancho pedioulo.-En una tesis sobre 
este tema, se declara Br o wkillo partidario de la extirpación parcial de 
estos pólipos, dado que su extirpación total es extremadamente peligrosa 
y por este motivo muchos autores se circunscriben á la expectación. 

Concluye, que la ablación parcial es generalmente fácil y de poca du- 
ración: que las objeciones hechas á esta operación son de poco valor, 
porque la supuración y la gangrena de la parte restante, son raras y 
porque puede evitarse la hemorragia sirviéndose del aprieta nudos 6 del 
extranguiador, á condición de no terminar momentáneamente la opera- 
ción, sino esperar algunas horas, y finalmente, que varias observaciones 
atestiguan que este procedimiento proporciona curaciones evidentes. 

Ouistea de los grandea lé^ioa.^ Revxie med. chir, des maladiea des fem^ 
mes). En estos casos, dice haber obtenido Cheron muy buenos resultados 
con la ligadura elástica; pero como este medio disgusta y atemoriza mu- 
chas enfermas, entonces recurre á las inyecciones de licor de Villate, que 
le han producido mejores resultados que los otros líquidos ensayados. 

Emplea el licor de Villate solo ó añadiéndole una quinta parte de 
agua destilada é inyecta un gramo de la solución sin extraer nada del 



REVISTA CRÍTICA BIBLIOGRÁFICA. 279 

quiste: al dia siguiente ó á los dos dias, renueva la inyección, hasta tres 
ó cuatro veces durante ocho días. Al cabo de un mes queda una pequeña 
induración, que desaparece con la aplicación diaria de una pomada de 4 
de extracto de digital por 40 de vaselina. 

CSálcoIos produotores de üstolas vesioo-Taginales.^Dos casos curiosos 
ha observado Vemeuii {Gazet. des hopiiatAx)^ de cálculos vesicales que han 
producido una fístula vesico-vaginal el uno y una fístula uretro-vaginal 
el otro. En el primero coincidiendo con la existencia del cálculo habia 
una notable reducción de la vejiga que llegó á comprimir el cálculo con- 
tra la pared posterior, la cual se desgastó y perforó por la compresión 
de las rugosidades del mismo cálculo: extraído éste y operada la mujer, 
curó bien. En el segundo, un cálculo atascado en la uretra perforó su 
pared posterior; extraído llegó á curar la enferma; al cabo de un año se 
renovó la fístula y se encontró en el mismo sitio un nuevo cálculo su- 
mamente anfractuoso, no pudiéndose ya verificar nueva operación por 
no quedar en la vagina tejidos suficientes, como quiera que además de 
la operación anterior, habia sufrido esta mujer diez años antes una fís- 
tula vesico*vagínal consecutiva á un parto, que curó también á beneficio 
de una operación. 

Quistes ováricos y fibromos uterinos.— En la sesión del 29 de Marzo úl- 
timo de la Sociedad de Cirugía de París, hubo una discusión sobre la con- 
veniencia, al practicar la ovariotomia, de extirpar los fibromas uterinos 
coexistentes con quistes ováricos. Querel relata un caso en que con to- 
das las precauciones antisépticas, extirpó al mismo tiempo un quiste del 
ovario y ún fibroma uterino, y la enferma murió. Terrier cita cuatro ca- 
sos operados por él de la misma manera y todos terminaron por la muer- 
te. Duplay, en un caso análogo, se circunscribió á la ovariotomia y la 
enferma curó, quedando él convencido que de practicar también la his- 
terotomia hubiera muerto al choque traumático como las anteriores, por 
lo cual aconseja en estos casos respetar los cuerpos fibrosos uterinos. 
Trelat, apoya las ideas de Duplay, diciendo que solo cuando el excesivo 
volumen del tumor uterino ó su naturaleza sarcomatosa, se hacen temi- 
bles, puede arriesgarse el grande peligro de la histerotomia. Con todo 
esto, la conducta del cirujano en presencia de fibromas uterinos com- 
plicados de quistes ováricos, no está aun fundadamente marcada. 

REVISTA CRÍTICA BIBLIOGRÁFICA. 



El OtélBémino,'^ Estudio teórico'práctico acerca de esta planta meáíemal^ por el 
Dr. Larra y Cerezo. Nueva tirada, ilustrada con grabados. -Madrid, i882. 

A pesar de ser conocida esta planta primero por el vulgo y después 
por los¡médicos hace ya algunos años, es lo cierto que su introducción y 
empleo en Europa es bastante reciente. En España, á lo menos que yo 
sepa, no se ha publicado nada sobre este asunto, hecho negativo que 



280 BSmSTA (SmfTICA bebuográfica. 

cQdndo menos dice que no se asa por nuestros compañeros, y é£io que es 
verdaderamente incitante la acolen fisiotógioa y terapéniica de este ve- 
getal. Ei Dr. Larra ha querido llenar este vacío, y si no ha sido el prime- 
ro en aplicar este agente, es seguramente el único hadta la fecha que ha 
escrito acerca del GelsemiuYn sempervirens, en nuestra patria. 

Leí parte de su trabajo en la Gticeta de Sanidad fnüüar y ahora lo he 
leído integro. Confieso ingenuamente que antee como hoy me ha pareci- 
do una buena Monografía. Larra, y aún con esto solo hubiera hecho una 
obra meritoria, no se limita á reunir en cuerpo de doctrina lo que otros 
autores dijeran, sino que, sujetando á svt propia experiencia algunos 
puntos cuestionables, llega á ser una autoridad én este asunto. Y ya 
puesto en el Camino de hacer algo útil, estudia el vejetal bajo todos sus 
puntos de vista, fijándose con bastante detención en la parte botánica y 
en lá puramente farmacéutica. Las secciones correspondientes á la ao« 
cton del GeUemium (fisiológica, terapéutica, tóxica), ,á la posológia y á 
las aplicaciones están muy bien tratadas, mereciendo cita especial el 
tratamiento de las neuralgias, contra las cuales parece el GeUemium ima 
sustancia de primer orden. 

Recomiendo á mis lectores, médicos y farmacéuticos, la lectura dé 
este folleto, seguro de que han de sacar provecho. 

Dr. Rodrigues Mendex. 

Diagnóstico y tratamiento de las eüíemiedadea del corazón y ^ parHculat 
de 9H8 formas anómaltu^ por el profesor Germán Sée; lecciones recogidas por el 
Dr. Labadie«Lagrave; tradaoido por 0. Alfreáe Opisso VUlas.-^olinae, editor.-* 
Baroelona. 

Al comienzo de mi práctica, hubo de llamarme la atención la dificul- 
tad con que muy á menudo tropezaba,— en los frecuentes casos de en- 
fermedades del corazón que se me ofrecían, — al pretender detallar el 
diagnóstico de las mismas, que, según la generalidad de los autores, 
constituye asunto relativamente fácil, aunque en oportunidades retista 
motivos de justificada duda. 

Esforcéme durante mucho tiempo en inquirir la variabilidad de los 
fenómenos que en esa agrupación nosológica son de observar, y por qué 
hacen tan difícil de resolver el problema de su diagnóstico y de compa- 
ginar los hechos concretos con las detalladas descripciones que, en Casi 
todos los libros que del asunto tratan, vienen expuestas con halagadora 
precisión. 

Cuando, al aparecer la obra que voy á analizar, Jeí sus primeras pá- 
ginas, pude darme razón de que el secreto se reducía á una expresión bien 
sencilla: el mayor número de veces, las lesiones que caracterizan á los 
procesos cardíacos, vienen subordinadas á alguna de las muy variadas 
modalidades que afectan las enfermedades generales. Gonvenoime tam^ 
bien de que nóes igual poseer conocimientos teóricos que habituarse al 
conocimiento técnico, y que, por lo mismo, puede haber quien, aún 
siendo muy erudito, no llegue, ni con mucho, á ser buen clínico.— -Infe- 
rimos de lo dicho, no qtre sea imposible llegaf á reunir amims cualída^ 
des, pero sí que es un tanto difícil conseguirlo. 

El Dr.Sée ha lograda vencer no pocos obstáculos, y con ^sCérnkniett' 



LOS MICRÓFITOS DE LA SANGRE. 281 

to propio del que es á la vez clínico y teórico, ha conseguido compen- 
diar en breve espacio el mentado asunto, que he de decir, presta para 
trabajo de mucha más extensión.— Lo capital, en el que me ocupóles 
la fundada ordenación en que presenta la materia, consignando que en el 
terreno práctico se ofrecen las enfermedades del corazón revistiendo 
formas muy diversas, que califica: de tipicas, cuando se caracterizan por 
los signos físicos y racionales; de oncUámicaa^ cuando existen los prime- 
ros sin perturbaciones funcionales, con y sin hipertrofia compensadora 
(que propone se llame hipersarcosü); y de anómalaa, cuando presentaR* 
do más ó menos incompletos los signos racionales no se acompañan de 
signos físicos. 

A estas últimas dedica preferentemente su atención, clasificándolas 
en: formas pulmonares, que comprenden: la disnéica, continua ó paro* 
xistica y la hematóica;— formas hidrópicas, que comprenden: la forma 
vulgar (última); el edema simple (forma inicial); y las hidropesías car- 
diaca y nefrítica;— formas funcionales, que comprenden: las arritmias; 
las intermitencias; las palpitaciones; las afecciones dolorosas: angina de 
pecho, cardiodíneas; y el síncope; — formas cerebrales (entre las que ha- 
ce notar el vértigo como la más característica)— Además de ellas, estudia 
en un apéndice los trastornos oculares en las enfermedades del corazón, 
y en capitulo aparte la enfermedad de Basedow. 

Tales el pian del libro en la que pudiéramos llamar su primera parte, 
que aparece expuesta con muy sano criterio, en forma didáctica y ar- 
gumentación eminentemente clínica. 

Los restantes capítulos están dedicados á la exposición de la terapéu- 
tico, comenzando la general por el estudio de la inervación del corazón, 
asunto difícil que el autor trata con gran cuidado, y á baso del que pro- 
cede luego al de los medicamentos cardiacos: digital, clora!, sales de 
potasio, veratrina, diuréticos, régimen lácteo, y modificadores de la 
respiración. En el estudio de la terapéutica aplicada, se demuestra su- 
mamente práctico y racionalista, entrando en consideraciones brillan - 
tisimas y dignas de atención por muchos conceptos. 

Bien á pesar mió, oblígame el espacio de que puedo disponer á ter- 
minar; más no lo haré sin dejar consignado que la obra del Dr. Sée me- 
rece ser leida por todo profesor médico que pretenda conocer lo mucho 
bueno que contiene, y que en la elegante edición española del Sr. Moli- 
nas aparece ampliado con interesantes notas del traductor, Sr. Opisso, 
quien ha sabido cumplir perfectamente tal misión, por lo cual no hemos 
de escasearle nuestro sincero aplauso. Dr. 7. casteus. 



LOS MÍCROFITOS DE LA SANGRE Y SUS RELACIONES CON LAS ENFERMEDADES/*> 

POR Timoteo Richard Lewis. 



Hé aquí mis notas: Muertos dos ratones ayer y examinado hoy uno 
de ellos, 24 horas después de la muerte. Los glóbulos rojos de la sangre, 



(i) Continuación.— Véflinse los números 25, 26, 27 28, 29, 30 y 31. 



282 LOS mcRóFiros de la sangre. 

tomados en el corazón, se hallan muy bien conservados. Numerosos Bac- 
cilli cortos y sin movimientos. El bazo está lleno de Baccilli semejantes. 
Parecen menos grandes que de ordinario: los segmentos tienen por tér- 
mino medio tan solo 2/5 fx de largo por 8 ál ^ de ancho; en gran número 
de bastoncillos, no pueden ser descubiertas señales de segmentación ó 
solo lo son en parte (flg. 15, 16 y 17). Los segmentos se vuelven más visi- 
bles al secarse, de modo que pueden tomarse exactamente las medidas. 
Una gota de humor acuoso se puso en el fondo de una pequeña vasija, 
introdujese en la gota de humor una aguja que habia sido previamente 
hundida en el bazo, y luego el receptáculo fué vuelto sobre una placa de 
cristal igualmente excavada en el centro, poniendo un poco aceite de 
olivas en los bordes para mantenerlas en posición. Otra muestra fué 
preparada y bajo una campana según él método ordinario, es decir, sin 
que pudiese penetrar el aire, exceptuando por el borde de la misma, y 
ambas preparaciones fueron abandonadas hasta el día siguiente* 

Las transformaciones sufridas por las últimas preparaciones se ha« 
Han descritas del modo siguiente: La preparación ordinaria de ayer se 
halló algo alterada. En un lado de la campana se habian desarrollado 
cierto numero de Bacterias, formando una zona blanquecina. A lo largo 
de estas Bacterias habia bastoncitos de la especie ayer descrita, pero 
considerablemente aumentados y empujados por las Bacterias en todas 
direcciones. En la mayor parte de la preparación se habian formado es- 
poros. En el resto, los filamentos y las articulaciones eran todavía dis- 
tintos y presentaban un protoplasma normal. Muchos de los filamentos 
estaban ligados entre si por cordones delgados, algunos de los cuales 
partían de un extremo solamente, debido sin duda á una torsión del 
tubo; en los otros la continuación de éste era visible. Compárese esta 
descripción con las figuras del BoociUus anihraci$ que hay en la memoria 
del Dr. Cassar Ewart(fíg. 22). Podíanse ver esparcidos en una fa2 de tran- 
sición esporos formados en cada segmento, siendo la articulación poco 
visible, pero el plasma desapareóla, excepto en uno ó dos sitios, gene- 
ralmente en el extremo de los segmentos del bastoncillo. Ordinariamen- 
te los segmentos separados contenían dos esporos coincidiendo proba 
blemente con el número primitivo de los segmentos. Los bastoncillos son 
más anchos cuando contienen esporos que cuando carecen de ellos. Los 
esporos tienen de 1 á V4 y^ de longitud, y de 0,8 á |x de anchura. El es- 
pacio ocupado por cada esporo en un filamento, es decir, por cada seg- 
mento, era de 6 á 7 fx de largo, de manera que un filamento que contu- 
viese dos esporos ocuparla de 12 á 14 /:« y tres de 18 á 21 |x y asi sucesi- 
vamente, de suerte que el filamento se extiende de una manera manifiesta 
en todas direcciones (fig. 23). 

El tercer diá, habiendo colocado la campana en sitio húmedo y al 
abrigo del aire, la evaporación fué suprimida. No sobrevino cambio al- 
guno, á no ser el verse en diversos sitios que los esporos de los filamen- 
tos parecían haberse alargado y haberse vuelto proporcionalmente más 
delgados. En algunos se observa una constricción (fig. 17), otros se ha- 
llan completamente divididos y forman dos moléculas completas. En 
muchos casos las moléculas se han separado. (Compárese con la figura 
del Baccillus anthracis^ trazada por el Dr. Ewart). Resultaba, pues, evi- 



LOS MICRÓF1T08 DE LA SANGRE 283 

dente que las partículas refringentes eran en realidad los esporos de los 
filamentos distintamente observados antes, y esto por la razón de que, 
aún cuando el tubo cristalino hialino que los contenia era extremada- 
mente transparente, á pesar de lo cual se veia bastante difícilmente á 
través de él, se podia no obstante distinguir perfectamente la serie de 
moléculas brillantes. Todos los movimientos comunicados á una parte 
de la serie parecían acompañados de movimientos de las series enteras. 
Los movimientos eran causados por la constante agitación de los objetos 
en el campo del microscopio á causa de la presencia del Bacterium termo. 
No pudo descubrirse ctro cambio en los esporos. 

La descripción precedente, aun cuando se aplique á las formas más 
generalmente observadas que presentan los desarrollos del Baccülw, no 
es el único camino de desarrollo seguido por estos organismos cuando 
son transportados á un medio nutritivo además de aquel en que se han 
formado, y no puede en modo alguno asegurarse el camino particular 
que en este caso seguirán. Para aclarar este hecho y asimismo el que á 
á veoes lo% BaccUli excepción almen te grandes predominen en la sangre 
(precisamente como hemos visto que sucedía con los bastoncitos excep- 
ción almente pequeños), el extracto siguiente de mis cuadernos de netas 
podrá prestar alguna utilidad. 

Un ratón, que había sido muerto á las diez de la mañana, fue dise- 
cado á las cinco de la tarde del mismo día. La temperatura era de cerca 
94*" F. El corazón fué extraído con gran cuidado y una pequeña cantidad 
de sangre fué transportada en el extremo de un escalpelo sobre una pla- 
ca de cristal. Añadióse un medio por ciento de una solución de sal y 
agua destilada, á fin de disolver la preparación y de hacer más fácil el 
descubrimiento de las materias extrañas que pudieran existir en el sue- 
ro. Existían numerosos BaccilH sin movimientos, variando de 4 á 20 pi de 
largo y de 8 á 14 /x de ancho, predominando la variedad más gruesa. La 
mayoría estaba compuesta de hilos cortos y tiesos, que tenían 5'5 ia de 
longitud ó bien el doble; en este último caso había indicaciones mani- 
fiestas de tendencia de inclinación hacia el centro. Había asimismo al- 
gunos filamentos más gruesos que los que se hallaban dispersos en el 
campo de la preparación (fíg. 18). Al cabo de una hora de examen, pare- 
cióme que loB BaccUli eran más numerosos que al comenzar la obser- 
vación. Guardé entonces la placa de cristal en una habitación húmeda. 

Una placa semejante fué preparada con una pequeña cantidad de 
sangre mezclada con humor acuoso fresco y colocada en la misma ha- 
bitación. 

A la mañana siguiente, la preparación, á la que se había añadido un 
medio por 100 de sal, fué examinada de nuevo, hallándose que los fila- 
mentos habían crecido en longitud y un poco en grosor. En algunos casos 
los filamentos se extendían á través del campo del microscopio. Todos 
estaban sin movimiento y eran casi transparentes, carecían por comple- 
to de granulaciones y tan solo en algunos sitios podia distinguirse una 
articulación (Qg. 19). Ninguna molécula refríngente apareció en los fila* 
mentes largos, pero había algunos bastoncitos cortos, pálidos, transpa- 
rentes, diseminados en la preparación, y en ellos algunos corpúsculos 
brillantes. 




284 LOS MTCRÓFITOS DE LA SANGRE. 

Algunos de estos bastoncillos ó segmentos tenían 8 jx de longitud, y 
contenían un esporo de un color azul brillante (visto con un objetivo de 
inmersión de Hartnatk, núm. 9), de 2 /x de longitud por 1 de anchura; 
otros segmentos de igual longitud contenían dos (fig. 24). Los bastonci- 
tos cortos y transparentes mezclados con estos estaban articulados, y 
algunos tenían dos esporos separados por un tabique; y los más cortos 
(Vs ff>) un solo esporo. Al dia siguiente los filamentos eran apenas per- 
ceptibles, habían casi desaparecido y la preparación se componía prin- 
cipalmente de una multitud de Bacterium termo activos. 

La otra lámina de cristal, que había sido preparada con el humor 
acuoso, fué de igual modo examinada al siguiente día. Los filamentos 
no eran tan largos como los de la otra preparación, y parecían tener una 
tendencia decidida á formar pequeñas masas cúbicas de plasma. Algu- 
nos de los filamentos, aunque bien conservados en uno de sus extremos, 

se segmentaban en el otro, teniendo 
cada fragmento 1 V2 /^ de diámetro 
en su mayor longitud. Parecía que los 
segmentos largos de 4 á 5 |x, de que 
se hallaban compuestos los filamen- 
tos, libres al principio, se habían seg- 
mentado, en lugar de dar origen á un 
esporo. En otros casos, la segmenta- 
Fig. ^.^Baeciiii en via de segmentación ^íon tenía lugar mientras los segmen- 
Xi.ooo diámetros. tos particulares Conservaban su dis- 

posición lineal. En otros parecía que 
las dos primeras mitades de los segmentos primitivos se habían alai^ga- 
do (y adelgazado proporcíonalmente) y dividido de nuevo, formando de 
este modo cuatro plastidas más ó menos esféricas. Cuando todo el fila- 
mento había sufrido esta transformación y los esporos (plastidas) con- 
tinuaban con su formación lineal, presentaban la apariencia de un rosa- 
rio. Es cierto que cuatro plastidas igualaban la longitud de uno de los 
segmentos del filamento primitivo, á saber 5 /x. 

Se ve, pues, que los filamentos de los ^accíMi pueden desaparecer 
dedos maneras: 1.* dando origen á pequeños corpüsculos fuertemente 
refringentos, volviéndose los primeros filamentos transparentes al prin- 
cipio y desapareciendo en seguida aparentemente, de una manera más ó 
menos completa; y 2.* segmentándose y dando origen á delgadas plas- 
tidas. Estas pueden hallarse dispuestas excepcionalmente en forma de 
rosario; pero de ordinario su identificación se hace imposible, á causa 
de mezclarse con otros corpúsculos en el campo del microscopio. 

No puedo en manera alguna indicar cual es la vía normal que toman 
los Baccüli, pues observo que sus filamentos pueden desari'ollarse de 
nuevo en condiciones convenientes de las materias extraídas de. las pre- 
paraciones, en las cuales se haya producido alguno de los fenómenos 
precedentes. Es probable que ambas cosas en poco 6 en mucho sucedan 
á la vez; pero es raro que los filamentos den origen á corpúsculos bri- 
llantes en un liquido fuertemente nutritivo sin formación de plastidas. 

(Continuará,) 



NOTICIAS CIENTÍFICAS. 283 



NOTICIAS CIENTÍFICAS. 



Coqueluclie.^Para el tratamiento abortivo, se indica como medio 
seguro ( Ceñir alblatt für Klin. Medicin.) el empleo de la pilocarpina, se- 
gún la siguiente fórmula: 

Clorhidrato de pilocarpina. • • 0*025 gramos. 

Cognac (Fine champagne.). . • 5' i 

Jarabe ae cortezas de naranjas 

amargas 25' » 

Agua destilada 70' » 

Después de cada acceso de tos, dése una cucharada de las de tomar 
café de esta poción, á los niño menores de cinco años, y una cucharada 
regular á los que hayan pasado de esta edad. Hay que reponer la poción 
cada 24 horas. — (Martina Gastells.) 

Desodoracion del iodoformo.^El uso frecuente, que se hace hoy 
dia en terapéutica del iodoformo, ha sugerido á algunos prácticos la idea 
de privarle de su olor penetrante, que es muchas veces un obstáculo 
casi absoluto para su empleo. Entre los varios medios que para ello se 
han ideado merece especial mención el del Dr. Politzer, de Viena. En un 
receptáculo, en que se contiene dicho medicamento, añade una haba ton- 
ka cortada en pequeños pedazos, con lo cual adquiere rápidamente el 
iodoformo un olor de almendras muy agradable y tanto más perceptible 
cuanto más prolongado ha sido el contacto. M. Turquety, farmacéutico, 
ha perfeccionado este procedimiento, añadiendo una pequeña cantidad 
de esencia de azahar, de vainilla y de espliego. El iodoiormo es entonces 
un verdadero perfume, sin perder ninguna de sus propiedades. Debe 
advertirse, sin embargo, que dicha preparación ha de verificarse poco 
tiempo antes de usarlo, pues de lo contrario se favorecerla la evapora- 
ción del medicamento, volviendo á reaparecer entonces el olor particu- 
lar del iodoformo. — (S. Cabbó.) 

Nitroglicerina: acción fisiológica. — Según el Dr. Horczynski la ni- 
troglicerina obra, en el hombre sano, especialmente sobre los vasos del 
cerebro. Bastan dos gotas para producir una cefalalgia fugaz, pesadez 
de cabeza y sensación de calor en la cara. A mayor dosis sobreviene fo- 
tofobia, tensión intracraneana, latidos cerebrales, zumbidos de oídos y 
entorpecimiento intelectual. Al mismo tiempo ejerce acción sobre el co« 
razón: los latidos se refuerzan; los ruidos cardíacos se acentúan mas y 
el pulso se hace frecuente. La tensión vascular disminuye y el pulso se 
hace dicroto. La secreción de la orina se acelera, en algunos casos^ pero 
la cantidad excretada en 24 horas no varia. 

Este agente ha sido empleado con algún resultado en casos de asma, 
de estenocardia, de palpitaciones cardíacas, de angina de pecho y de 
corea. — (Verdós.) 

Modificación del termo -cauterio de Paquelin. — El primitivo apa- 
rato de Paquelin tenia algunos graves defectos que exigian imperiosa- 
mente una reforma. Estos defectos eran dependientes del frasco en que 
se contiene el líquido; y se motivaban principalmente por la acción que 
la esencia contenida en el mismo ejercía sobre el tapón de cautchouc 
que sirve para cerrarlo; resultando del contacto de estos dos cuerpos un 
líquido impropio para producir la incandescencia del cauterio* El doctor 
Grilli ha logrado desterrar estos inconvenientes construyendo un frasco 
metálico en el que se contiene una esponja que sirve para empapar el 



286 NOTICIAS CIENTÍFICAS. 

líquido; debiendo procurarse úaicamente verter la cantidad que puede 
retener la esponja á ñn de que no quedando excedente no se determinen 
descomposiciones de la esencia. En la parte superior del frasco existen 
dos aberturas con su correspondiente tubo que sirve para graduar la 
intensidad de la corriente. El mismo Dr, Paquelin ha aceptado estas 
modiñcaciones.-*(SERRÁ). 

Calomelanos: su influencia sobre las fermentaciones y sobre la 
vida de los micro-organismos.— Inútil es buscar en los tratados de te- 
rapéutica el por qué son en el dia menos empleados los calomelanos en 
el tratamiento de ciertas enfermedades de la infancia, habiendo sido el 
medicamento de mayor boga entre nosotros hace algunos años, y cons- 
tituyendo la base de múltiples indicaciones para los prácticos ingleses. 
Hoppe-Seyler, ha llenado en gran parte esta laguna, resultando de sus 
observaciones» que son los calomelanos un medicamento antiséptico de 
los más eficaces (ZeitschHft für physiologische Chemie). Principia el autor 
por la observación de dicho preparado sobre los fermentos solubles, 
tales como la pepsina, la trypsina, etc., los cuales siguen obrando como 
si no influyera en ellos el proto-cloruro de mercurio, 

Pero como es bien sabido, desde más abajo del páncreas, el jugo con« 

tenido en el tubo intestinal aparece con organismos bacterideos más y 
más numerosos á medida que se desciende hacia el intestino grueso. 
Tales micro -organismos (bacterias y micrococos), que en estado normal 
existen en considerable cantidad en nuestro tubo digestivo dan al conte- 
nido intestinal sus propiedades cfecales»; y sábese también que la fer- 
mentación pútrida que tiene efecto en el intestino, da origen á la mayor 
parte de los productos desoxigenados y compuestos aromáticos que se 
encuentran en las materias fecales y en las orinas, á las que llegan gra* 
cías á la absorción parcial que tiene efecto en los intestinos. En el dia se 
está ya casi de acuerdo en admitir, que la importancia de estos organis- 
mos pútridos, crece en una proporción muy grande, en las alteraciones 
digestivas más diversas. Ocurre que, después de un catarro del estó- 
mago, se encuentra el contenido de éste lleno de micro-organismos, á la 
vez que lo está el tubo intestinal. Su aparición determina una fermenta- 
ción verdaderamente pútrida, butírica, etc., como prácticamente puede 
el experto convencerse por el olor de las materias vomitadas en las 
dilataciones del estómago, por ejemplo. En esas circunstancias, la pu- 
tridez del contenido del estómago no es menor que la del contenido del 
intestiojo grueso. Algunos autores indican como punto de partida de la 

mayor parte de las alteraciones gástricas^ una inmigración de bacterias 
pútridas, mieatras el mayor número admite que las bacterias se desen- 
vuelven en grande abundancia en el estómago y en el tubo digestivo, 
porque el órgano enfermo se hace terreno más favorable al desenvolvi- 
miento de los gérmenes mícrobos introducidos todos los dias con los 
alimentos. Resulta de ambas hipótesis, como hecho capital, que la 
intervención de los microbios, influye en el mayor número de los tras- 
tornos orgánicos gastro-intestinales; y que de conseguirse la muerte y 
desaparición de esos huéspedes del tubo digestivo ha de influirse bené- 
ficamente en la enfermedad que su presencia determina. 

Experimentalmente se ha demostrado que, los calomelanos, como el 
ácido salicílico, ejercen activa influencia sobre los fermentos figurados. 
Es más, el preparado mercurioso, destruye hasta los que estén en plena 
actividad. 

Una cuestión resuelta por incidencia (Revue medícale de Louvain) es 
la de las deposiciones verdes después de la ingestión de calomelanos. Se 
puede, en este caso, extraer de las materias fecales la bilverdina, no 
descompuesta. De ordinario» encuentra la bilis en el intestino ios enjam- 



NOTJGUS CIENTÍFICAS, 287 

bres de bacterias putrefactas, en los que el carácter dominante es de re* 
ducir, de desoxidar las sustancias más diversas y principalmente biliA" 
res, basta el punto de que éstos no den la reacción de Gmellin. Si 
administramos los calomelanos, detenemos la fermentación pútrida y las 
reducciones en el tubo digestivo; la materia colorante de la bilis pasará 
sin alteración, á lo menos en parte, en las materias fecales que serán 
entonces coloreadas por la biliverdina. Se sabe, de otro lado, que las ma- 
terias fecales procedentes de deposiciones provocadas por los calomela- 
nos no tienen olor.— (F. Castex-k^). 

ZKfteria: esipleo del timol.— Uno de los remedios más eficaces para 
combatir tan grave afección es según Warren una mixtura compuesta de: 

Giicerina 70 gramos* 

Timol 0'3á0<5 » 

Clorato potásico.. • • • • 10 

Bisulfato de quiniaa.. ... 2ft4 
Cognac 250 

Para administrar, á los nii>os de 3 á 5 anos, una cucharada de las me- 
dianas cada una ó dos horas: en los de mayor edad puede elevarse la do- 
sis hasta una cucharada de las de sopa. Es preferible administrarla sin 
adición de agua, con lo cual se obtiene una acción excitante y además 
otra irritante de las paredes bucales.-^(FoRMiGUERA.) 

Tanate de quinina. — Habiendo agotado en 1867 todos los tratamien- 
tos recomendados contra la coqueluche, sin obtener alivio resolvió 
Bínz emplear el sulfato de quinina. Desde el prineipio de su adminis- 
tración pudo notar que dicha enfermedad mejoraba de un modo visible, 
transformándose en una bronquitis intensa, pero tolerable. La dosis que 
prescribía estaba en relación con la edad del enfermo, dando tantos 
decigramos como años tenia este. 

Estas mismas observaciones fueron repetidas por Hagenbach, siaido 
sus resultados hasta tal punto favorables que le hicieron exclamar: ae* 
gun mi es^riencia^ el empleo de la quinina en la coqueliÁdie debe colO' 
caree en primera linea» 

Pero este tratamiento no deja de tener sus obstáculos, pues los niños 
soportan mal las preparaciones amargas. 

Beker, en una epidemia de coqueluche, que se presentó en los alre- 
dedores de Raindorf, recurrió al tanate de quinina que no tiene los in- 
convenientes del sulfato, obtuvo buenos resultados: los vómitos sobre to- 
do cesaron. Lo administraba unido al agua azucarada. 

Según Ressbach, el tanate de quinina, dado en In coqueluche, dismi- 
nuye la excitabilidad refleja y la intensidad de los accesos. Las observa- 
ciones hechas por los discípulos de Binz demuestran igualmente que 
obra como antipútrido. En la coqueluche se puede unir al ácido salicilico 
como anti-ziótico. 

Pero no se limitan á esto las aplicaciones del tanate de quinina, sino 
que además, Hagenbach, dice haber logrado muy bueuos efectos, como 
antipirético, en la fiebre tifoidea, pneumonía, escarlatina, etc. Las dosis 
que emplea varían con la edad de los enfermitos, según expresa la si* 
guíente e.scala: 

Niños de menos de laño.. ..#.••• i gramos. 
Id. id. da 1 B 4 3 afios de 1*50 & 2 » 

Id. id. de 8 » » 4 » 2 » 

Id. id. de 6 » » iO » de 3 á 4 » 

Id. id. de 10 • » 15 » 4 » 

Estas dosis deben ser administradas de una sola vez ó á lo más en dos 
veces con el intervalo de media hora. Para acelerar la absorción en el 



288 PUBLICACIONES RECIBIDAS. 

estómago, es preciso administrar un poco de vino ú otro licor alcohóii • 
co.— Los niños no repugnan el medicamento. La acción antipirética se 
hace sentir pronto, según Hagenbach, pero no tanto como con el sulGaLio 
de quinina. Los efectos fisiológicos secundarios, tales como el zumbido 
de oídos, vómitos, etc., de esta última sal casi nunca se presentan. Des- 
graciadamente el tanato es una sal muy variable, pues contiene de 10 á 
25 por 100 de quinina. — (Galvet.) 

Levulosa. — Entre los componentes del azúcar incristalizablef que se 
obtiene de varios frutos, hay además de la glucosa, del azúcar de caña y 
de otros productos, la levulosa, nombre dado por Berthelot á un azúcar 
incristalizable de poder rotatorio izquierdo, quien á la par consideraba 
al azúcar de caña como un éter mixto, formado por la asociación de dos 
glucosas distintas, haciendo de él el tipo de la familia de las sacarosas. 

Jungfleisch y Lefranc, fundándose en varios experimentos, niegan 
que la levulosa sea incristalizable, pues la han obtenido siempre en agu* 
jas incoloras, Anas, sedosas, de la solución alcohólica, habiendo obser- 
vado además que su fórmula es C^2hi2 0^.— (Rodríguez Méndez.) 



SECCIÓN OFICIAL. 

Cátedra Tacante.— Real orden de 21 de Abril, mandando se provea por 
traslación la de Patalogfa médica de la Facultad de Medicina de Madrid.— &a- 
ceta del 28 de Abril. 

Módicos titulares.— Real decreto de 21 de Abril, resolviendo en favor de 
la Administración la competencia suscitada entre el Gobernador de Vailadolid 
y elJuez de d.* instancia del distrito de la Piaza de dicha capital^ acerca del 
expediente incoado con motivo de la separación, antes de acabar el contrato, 
del Médico titular de Villabaña, D. Raimundo Arias.— íc{. del 29 id. 

Cátedra vacante.— Orden de 3 de Mayo, mandando se provea por oposición 
la Cátedra de Higiene privada y pública de la Facultad de Medicina de la Ha- 
bana, debiendo realizarse los ejercicios en esta. — Id, del 5 de Mayo. 

Exámenes.- Real orden de 24 de Abril permitiéndose se examinen en Ju- 
nio, si el Catedrático no tiene en ello inconveniente, los alumnos que tengan 
matrícula extraordinaria. — Id. del 6 id. 

Aguas minero-medicinales de Graena.— (Granada) orden del 3 de Mayo 
accediendo á la reapertura del Establecimiento.— id. id. id. 

Cdlera-morbo.---Orden del 6 de Mayo declarando limpias las procedencias 
de Varna, puerto del Mar Negro.— Jd. del 7 id. 



PUBLICACIONES RECIBIDAS. 

Manual de Anatomía descriptiva, por el Dogtoh Robbat Hartmann. Tra- 
ducción directa del alemán por los Dres. L. GóngorayS, Carclenal.— Cuaderno 11. 

Tratado de Operatoria Quirúrgica, por el Dr. A. Morales Pérez, con un pro* 
logo del Or. Greus.— Cuaderno 20.— Barcelona. (Dos ejemplares). 

Manual de Medicina operatoria, por J. F. Malgaigne.— Octava edición por 
León le Fort.— Cuaderno 16.— Barcelona. 

Diccionario de Medicina y Terapéutica, por los Dres. E. Bouchut, y A. des- 
prés.— Traducción de los Dres. D. Pedro Espina Martínez y D. Antonio Espina Capo. 
—Cuaderno 2."— Madrid. Bailly-Balliere. 

Información parlamentaria referente al proyecto de Sanidad, hecha ante la 
comisión respectiva del Senado. (Dos ejemplares). 

Manual práctico de las enzermedades de las mujeres (Medicina y Ciru- 
gía) por el Dr. G. Eustache, versión castellana de D. Enrique Moresco y Labado y don 
Rafael Ulecia y Cardona, con un prólogo delDr. D. Andrés del Busto López.— Cua- 
derno 1.*— Madrid. -1882. (Dos ejemplares). 

Almanaque de Medicina y Farmacia para 1882. Ilustrado con grabados. 

Publicado por Pablo Alvarez Delgado.— Madrid! 

Periódicos: Gaceta médica, Méjico.— T/i^ Therapeutie Gazette, Detroit. Mich.^ 
Lea Alfaires Espagnoles, París.— L* Osaervalore médtco, Palermo. 



Tomo II. Núm. 10. 31 Mayo de 1882. Ano II. Núm. 34. 

Gaceta Médica Catalana. 



SUMARIO: Una visita á la Clinica delDr. Rubio en el Hospital de la Princesa de Madrid, por 
al Dr. B. Alejandro PlAuellaa.— De la oportunidad y valor de las emisiones sangul* 
neas en La metritis y en particular en el tratamiento da la metritis crónica (conclusión), por 
ell^r. «P. Cirera.— Anatomía délos centros nerviosos (continuación), por 9, H. Farctuí 
Moca.— Contribución al estudio del ácido salicllico y sus compuestos, en particular del 
salicilato sódico en el tratamiento del reumatismo (continuación), por 9. M. E. Moré y 
Barcil.— Revista de enfermedades de niños, por Doña Martina Ctutteíím Balleapí.— 
Los micrófltos de la sangre y sus relaciones con las enfermedades (continuación), por e| 
•r. T. Biehard Lewiii.— NOTICIAS CIENTÍFICAS: Tuberculosis: nosogenia.— Galactogogo 
de Jamaica.— Menstruación precoz.— Polvos contra la diarrea de los niños.— Fenol: acción 
antipiréctica.— De la dispepsia en las diferentes clases de nea.mlA,— Publicaciones recibidas. 



UNA VISITA A LA CLÍNICA DEL Dr. RUBIO 

en el Hospital de la Prineesa de Hadrid, ' 
POR EL Dr. D. Alejandro Plánellas, 

l«di«o sgrtg&do al HoipiUl d« Suita Onu de Baretleaa. 



Si nos es licito manifestar en primer tét*mino lo que podría figurar 
como conclusión de lo que en este articulo vamos á decir, empezaremos 
por hacer una recomendación á todos los que practican la profesión mé- 
dica y se interesan por las enseñanzas de la misma índole. Guando se 
desee conocer los imporlantei elementos de ilustración y perfecciona- 
miento de nuestra carrera que en la capital de £spaña existen, anótese 
en caletera, como una de las diligencias más oportunas, la de visitar la 
clínica de operaciones del Dr. Rubio. 

No hemos tenido la fortuna de seguir paso á paso todos los aconte- 
cimientos científicos que en dicha clínica han ocurrido; pero podemos, 
sin embargo, dar una idea de lo que en ella se aprovecha el tiempo, 
transcribiendo, aunque poco hábilmente, las impresiones que hemos ex- 
perimentado al realizar lo que en la anterior recomendación indicamos. 

Lo primero que hemos notado en la expresada clínica es que todos 
los que á ella concurren son ya profesores que, á más de haber terminado 
su carrera literaria, se dedican ya á la práctica de su profesión, circuns- 
tancia que por sí sola indica que una sólida instrucción científica al 
mismo tiempo que un criterio madurado al calor de los hechos, estable- 
cen una base firme con que fácilmente se llega á los resultados más 
apetecidos en la clínica. Por esto en la del Dr. Rubio las enseñanzas son 
de un valor y utilidad incontestables, llegando á gran altura. 



290 UNA VISITA Á LA CLÍNICA DEL DR. RUBIO. 

Veamos el interior de las enfermerías. Entremos en la sala de 
Santa Isabel, en donde se encuentran alojados unos veinte y tantos enfer- 
mos. El primero que observamos fué el de la cama n.® 2, que está diag- 
nosticado de arlritiB reumática despertada por causa traumática. Las 
articulaciones afectas eran la tibio^tarsiana y algunas de las del tarso, 
presentándose bastante abultada la región correspondiente. Consta, sin 
embargo, por sus antecedentes, que el abultamiento era mayor y ha re- 
bajado por el tratamiento empleado en la actualidad, que consiste en la 
aplicación del agua caliente y de la compresión bajo una forma especial, 
esto esy por medio de esponjas bañadas en dicho líquido, y luego expri- 
midas algún tanto para sostenerlas al rededor de la articulación por medio 
de varias vueltas de venda bastante apretadas. 

Apropósito de este caso, hizo el Dr. Rubio algunas consideraciones á 
la cabecera del enfermo, que son de un sabor práctico muy estimable. 
Refirióse á la predisposición marcada que tienen las articulaciones en 
los reumáticos á padecer procesos inflamatorios á consecuencia de cau- 
sas traumáticas ligeras, que por sí solas no bastarían para afectará una 
articulación de un individuo enteramente sano. Así sucedía en efecto con 
el enfermo que teníamos á la vista, que por una contusión insignificante 
sufría un proceso de notable desarrollo, que solo se explicaba por sus 
antecedentes reumáticos. Citó, como testimonio de la apreciación ante- 
rior, otros hechos, de los cuales recordamos el de un postulante á quien 
bastó para producir una artritis considerable en las articulaciones del 
carpo y de este con el antebrazo, el movimiento repetido de la mano 
derecha para tocar la guitarra. 

Fijémonos en otro enfermo de curiosa historia. Lo es el del n.® 5 de la 
misma sala. Entró en la clínica con una tumefacción dura en el labio 
inferior y en el mentón, y hasta parece que hubo algún proceso ulcerativo, 
llegando á presentar el afecto toda la apariencia de un epítelioma. Estaba 
indicada, en el caso de serlo, la operación, que debía separar la neoplasia 
y sustituir el labio alterado con tejidos sanos de partes adyacentes; en 
una palabra^ la autoplastia de dicho labio. Hubo de permanecer el en- 
fermo por fortuna suya en una clínica en donde se apuran los medios de 
diagnóstico, y donde para sentar este de una mañera sólida se sacrifica 
todo, dejando á un lado ese amor propio mal entendido de algunos prác- 
ticos, que no les deja volver atrás sobre un juicio ya pronunciado, aun- 
que sea de simples probabilidades. Se multiplicaron los reconocimientos 
de la parte afecta, y un día se notó que, comprimiéndola, rezumaba por 
algunos puntos una materia entre purulenta y caseosa, que no tardó en 
reconocerse que procedía de los folículos sebáceos de la piel. Entonces 
se sospechó que solamente en esto radicaba la afección, lo cual se ha 
confirmado por su marcha. Nosotros la hemos visto con el verdadero 
aspecto que corresponde á su actual diagnóstico, que es el de foliculilis 
difusa. Las escarificaciones, medio recientemente introducido en el tra- 
tamiento de varias dermatosis rebeldes, ha producido ya algunas ven* 
tajas en el caso de que tratamos, cuya completa curación abrigamos la 
esperanza de que se realizará. Una reflexión se nos ocurre aquí.¿Será 
este el único caso en que la foliculitis haya simulado un epitelioma? 
Creemos que no, y que hasta algún práctico impaciente se habrá congra- 



UNA VISITA A LA CLÍNICA DEL DR. RUBIO. 291 

tulado de haber tratado con el más feliz éxito á sujetos que no necesita 
ban operación alguna de consideración. Si acaso nos equivocamos, sirva 
el caso citado para demostración de lo que muchas veces cuesta y con« 
viene depurar el diagnóstico quirúrgico. 

De notable importancia es el enfermo del n."" 6, ó mejor dicho, las con* 
sideraciones á que dio lugar y que hizo en presencia nuestra el Doctor 
Rubio. Solamente por ellas hubiéramos recordado siempre con fruición la 
visita á la clínica de que tratamos. El distinguido jefe de la misma, hacien- 
do un estudio profundo de las roturas ligamentosas que son conocidas en 
las articulaciones de las extremidades, ha fijado su atención en las 
consecuencias que la lesión del ligamento trae para los tejidos que le 
circundan y que inmediatamente se hallan en contacto con el. Dichos 
tejidos, por regla general, se inflaman y su alteración llega á ser más no* 
tabla que la del ligamento mismo, puesto que á diferencia de este se en- 
cuentran muy vascularizados y contienen mayor ó menor cantidad de 
tejido conjuntivo capaz de proliferar con mucha facilidad. Estas y otras 
lesiones consecutivas á las roturas ligamentosas son conocidas en ciertas 
articulaciones, pero su estudio no se ha particularizado bastante en las de 
la columna vertebral. El Dr. Rubio, fijándose en estas, ha calculado sus 
consecuencias y ha construido hasta cierto punto a priori el cuadro de 
síntomas correspondiente. Desde luego ha considerado distintamente di- 
chas roturas, según pudiesen referirse al ligamento vertebral común an- 
terior 6 al posterior. En el primer caso, ha podido darse cuenta de mu- 
chas terceduras de la columna vertebral, como son algunas debidas al 
mal de Pott, en que la lesión del ligamento anterior puede producirse al 
nivel de un número variable de vértebras. En estas circunstancias las 
roturas ligamentosas afectan principalmente á la conformación del indi- 
viduo, y solo cuando se desvia de una manera notable la columna ver- 
tebral es cuando por una tercedura muy angulosa pueden alterarse las 
funciones de la méiula. Mas no sucede asi cuando las roturas correspon- 
den al ligamento vertebral común posterior. Entonces las condiciones 
de lesión afectan de una manera más directa á la médula. Estas condi- 
ciones han sido determinadas por el Dr. Rubio, quien después de haberlas 
concebido por razonamiento, las ha visto confirmadas por la naturaleza, 
y lo que es más, ha observado exactamente los mismos síntomas que 
dichas condiciones le daban derecho á esperar que se presentasen. La 
proximidad inmediata del citado ligamento á los cordones anteriores de 
la médula, asi como la continuidad del tejido conjuntivo ambiente auna 
y otra parte, debia favorecer el paso del procoso inflamatorio á la neuro- 
glia medular, y esto es lo que realmente ocurre. Los cordones anteriores 
de la médula participan del trabajo morboso y el estado esclerói^ico no 
tardaría en constituirse en ellos, si una intervención inteligente no lo im- 
pidiese, y he aquí un origen antes poco estudiado de la ataxia locomo» 
triz. No es difícil alcanzar que con tal patogenia en vano iremos en 
busca de recursos de curación al campo de la farmacología, si anfes no 
procuramos valemos de un tratamiento quirúrgico local, que corrija la 
lesión primitiva extra-medular, y esto, como se concibe, urge que lo ha- 
gamos lo más pronto posible, antes de que el proceso de proliferación 
conjuntiva haya tomado carta de naturaleza en el seno de la médula. 



292 UNA VISITA Á LA CLÍNICA DEL DR. RUBIO. 

Todo esto ha calculado el Dr. Rubio, instituyendo un precioso trata- 
miento quirurgo de la ataxia locomotriz^ cuando se produce en las cir- 
cunstancias que venimos expresando. El vendaje enyesado deSaire es el 
medio á que aludimos. Su empleo en las roturas ligamentosas de la co- 
lumna vertebral lo funda el Dr. Rubio en la base de este tratamiento, 
esto es, en la inmovilización. Con ella ha obtenido brillantes resultados 
en un número ya respetable de casos, y nosotros podemos atestiguarlo 
en cuanto al enfermo á que nos referimos y á otro análogo existente en 
la misma clinica, los que, habiendo entrado en el Hospital de la Princesa 
en un estado bastante avanzado de la afección medular, han conseguido 
un notable alivio, recobrando en gran parte los movimientos délas ex- 
tremidades inferiores, en un período de tiempo corto relativamente á la 
duración de la ataxia. 

Al Dr. Rubio, pues, debe reconocérsele un doble mérito en su con- 
cienzudo estudio de las roturas ligamentosas de la columna vertebral. 
Por una parte ha llevado al terreno de la teoría una concepción cienti- 
fíca, confirmada luego por los hechos; por otra parte los resultados 
prácticos han coronado su obra con el buen éxito clínico. 

Continuemos nuestra visita. 

Al llegar á la cama número 10, de la sala de Santa Isabel, nos encon- 
tramos con un sujeto adulto, que, según se nos manifestó, padecía una 
coxalgia. £1 caso en sí no es objeto de largas consideraciones, pero con 
motivo de él las hizo muy interesantes el Dr. Rubio, teniendo la galan- 
tería de manifestarnos su criterio especial en las relaciones de esta afec- 
ción con la edad del sugeto que la padece. Contra la creencia bastante 
generalizada de que la coxalgia es una afección propia y casi exclusiva 
de la infancia, el Dr. Rubio, fundado en las observaciones verificadas en 
su clínica de operaciones, establece que no deja de ser frecuente dicha 
afección en los adultos, por mas que no lo sea tanto como en los infan- 
tes. Bien sabemos que muchos prácticos no aceptarán, desde luego, esta 
conclusión; pero si se hacen cargo de algunas circunstancias especiales 
de la coxalgia en los adultos, consignadas por el Dr. Rubio, la concilla- 
rán mejor con los datos de su experiencia. Me refiero á los cambios que 
en el curso y síntomas de la coxalgia se presentan cuando afecta á los 
adultos. Las periostitis difusas, que se producen tanto en el fémur como 
en el hueso innominado, dificultan el diagnóstico de la primitiva afección, 
y así no se extrañará que hayan pasado desapercibidos muchos casos de 
coxalgia. 

Otra consideración importante nos hizo presente á la cabecera del 
enfermo el Dr. Rubio, y es, que la afección de que tratamos es mucho 
más grave en los adultos que en los infantes. 

Sobre este estudio de coxalgia es muy probable que aparezca una 
monografía interesante basada en las observaciones de la clínica del 
Hospital de la Princesa. 

En la sala de Santa Isabel, en donde se encontraban los enfermos que 
quedan indicados, habia otros de que no haremos estudio especial, por- 
que, según vemos en nuestras notas, muchos de ellos estaban operados 
y terminando su curación; algún otro podría ser objeto de reseña par* 
ticular, pero nos faltan datos y espacio para hacerlo. Los individuos á 



UNA VISITA A LA CLÍNICA DEL DR. RUBIO. 293 

que nos referimos son: uno 'afectado de estrechez traumática uretral; 
otro operado con buen éxito de uretrotomía interna; otro con periostitis 
y caries de las costillas; una artritis traumática de la rodilla derecha; 
un sujeto operado de hemorroides con buen resultado, y otro operado 
de estafíiorrafia, del que nos ocuparemos al tratar de la sesión de ope* 
raciones que presenciamos. 

Vamos á la sala de Santa Teresa. 

Aqui, siguiendo un turno altamente provechoso, habia encargado el 
Dr. Rubio la visita al Dr. D. Eugenio Gutiérrez, Profesor Ayudante del 
Instituto de Terapéutica operatoria y encargado de la sección de traba- 
jos histológicos. 

Si hemos de empezar refíriendo lo que primeramente nos llamó la 
atención de un modo poderoso en esta sala, debemos hacerlo relatando 
dos casos de fístulas en la mujer, de los que, con una amabilidad que 
desde aqui agradecemos» nos dio una completa idea á la cabecera del 
enfermo el citado Dr. Gutiérrez. El primero era el de una mujer de 
34 años, la cual se habia hecho embarazada varías veces y contaba ya 
por desgracia suya cuatro partos distócicos. El último de estos habia 
ocurrido ocho meses antes de la ocasión en que vimos la enferma, y en- 
tonces el trabajo del parto duró nueve dias. Esto naturalmente debia pro- 
ducir una compresión demasiado continuada sobre la vagina, para que 
no se tradujese en alteraciones de importancia sobre dicho órgano. Asi 
no tuvo nada de extraño que se gangrenase parte de este órgano, pro- 
duciendo una considerable pérdida de sustancia en sus dos tercios supe- 
riores, interesando el fondo de la vejiga y dando por resultado una fís- 
tula vésico-vaginal. Al propio tiempo que esto sucedía, parte de la pared 
vesical, que no habia sido interesada por la solución de continuidad, em- 
pujada por los paquetes intestinales, venia á aparecer herniada á través 
de la abertura de la fístula. 

El segundo caso era el de una mujer de 32 años y primípara, cuyo 
parto tuvo lugar más de año y medio antes de verla nosotros. Entonces 
permaneció la cabeza del feto en la escavacion de la pelvis unas treinta 
horas, habiendo tenido que apelar á las aplicaciones de fórceps, que du- 
raron cuatro horas. Por un mecanismo semejante al del caso anterior, 
se gangrenó la vagina en su tercio superior, quedando luego una fístula 
útero-vésico- vaginal. El labio anterior de la porción vaginal del cuello 
sufrió también las consecuencias de la compresión, y al retraerse los te- 
jidos, después de la eliminación de la escara, quedó comprendido en la 
fístula, formando su borde posterior. La retracción fué considerable en 
toda la porción superior de la vagina, y en la ocasión en que vimos la 
enferma, la fístula estaba representada por un orificio pequeño en el 
infundibulum que forma la vagina; por dentro de aquel orificio y unido 
á él se encuentra fijo el cuello uterino. 

El Dr. Gutiérrez nos puso en evidencia con sus extensos conocimien- 
tos, la dificultad de obtener resultados satisfactorios en el tratamiento de 
estas fístulas, sobre todo, tratándolas de operar directamente. Sin em- 
bargo, propone un medio que da muy buenos resultados en los casos de 
fístulas inoperables, y es, la oclusión de Ja vagina en dirección trasver- 
sal, que es la más preferible en sentir de L. le Fort, y que siempre su- 



294 UNA VISITA Á LA CU'NIGA DEL DR. RUBIO. 

pera á la oclusión de la vulva, aun en el concepto de la mortandad, pues 
según el autor citado, la primera no ha dado más que tres casos de 
muerte en 78 operaciones, mientras que la segunda en solos 13 casos ha 
dado dos muertos. 

Otra enferma vimos que nos proporcionó ocasión de conocer los pro- 
fundos estudios del Dr. Gutiérrez en las enfermedades de la matriz, que 
con la ginecología forman su especialidad práctica. Se trataba de una 
mujer que habia aquejado algunas alteraciones menstruales, junto con 
una sensación de dolor gravativo en el empeine, ya en tiempos anteriores, 
y que posteriormente habia empeorado aumentando sobre todo el sin- 
toma dolor, llegando á simular algunas manifestaciones histeriformes. 
La afección en un principio fué diagnosticada de endometritis; pero 
más tarde el Dr. Gutiérrez, no satisfecho con esto, llevó la mayor pre- 
cisión al diagnóstico, descubriendo la alteración del ganglio linfático post- 
cervical descrito por algunos anatómicos. La lesión inflamatoria com- 
prendía, pues, dicho ganglio. 

Continuando nuestra visita, nos dirigimos á la cama número 16 de la 
sala de Santa Teresa. Allí vimos una mujer de mediana edad, en la que se 
notaba en la parte superior de la fosa ilíaca derecha un abultamiento 
sobre el que aplicamos las manos, pudiendo apreciar un voluminoso tu- 
mor bastante adherido á las profundidades de la cavidad abdominal. El 
diagnóstico, que sobre aquella producción formuló el Dr. Rubio, fué el de 
fíbro^mioma. El tratamiento aquí empleado eran las corrientes farádicas, 
que vimos aplicar al Sr. Buissen, cuyos conocimientos especiales sobre 
electroterapia son muy recomendables, y han sido motivo de que se le 
encargase la enseñanza y práctica de aquel agente terapéutico. Un fenó- 
meno observamos al contemplar dicha aplicación sobre el fibro-mioma: 
este tumor se contraía reduciendo bastante su volumen y recordándo- 
nos el efecto que las corrientes farádicas producen en los órganos de fibra 
muscular lisa. 

Nuestras notas no nos permiten ocuparnos cual quisiéramos de otras 
enfermas que tuvimos ocasión de ver en la clínica del Dr. Rubio, entre 
las que citaremos un caso de lipoma gigarUe situado en la región glútea 
y muslo izquierdos, que se encontraba ya en el período degenerativo; 
una operada de ovariotomia en disposición de levantarse pronto; otra 
operada de un sarcoma ulcerado^ y otras dos enfermas que respectivamente 
presentaban, la primera, una osteo-periostitis del metalarse derecho y de 
la extremidad superior del húmero del mismo lado, y la segunda una ar- 
tritis anquilósica del codo derecho, tratada por las corrientes continuas 
y por el amasamiento. 

Salimos de las enfermerías y acompañamos al Dr. Rubio á la sala de 
operaciones. Era jueves, y este dia y los iúnes son los señalados para 
operar. Tuvimos pues la fortuna de presenciar 

UNA SESIÓN DE OPERACIONES. 

En la clínica del Dr. Rubio se aprende á operar por dos caminos ái^ 
ferentes, que no se siguen desgraciadamente en todas las clínicas análo- 
gas de España. Por una parte se recibe una sólida enseñanza, presencian- 



UNA VISITA Á LA CLÍNICA DEL DR. RUBIO. 295 

do las operaciones que praclica el maestro; por otra, el jefe de la clínica 
no ve peligro alguno para su envidiable gloria, en que los que van á 
aprender operen también, y no solo lo consiente sino que lo presencia 
con verdadera fruición, y ayuda al entonces protagonista. Por esto en la 
ocasión á que nos referimos, fué verificada la primera operación por un 
individuo del Instituto de Terapéutica operatoria, el ilustrado profesor 
D. José Gil y Valero, Ayudante del mismo Instituto. Se trataba de un caso 
de hidrocele. El método elegido fué el de la incisión, que practicó hábil- 
mente el Sr. Gil, después de poner tenso el escroto con la mano izquier- 
da. Procuró el operador hacer la división de los tejidos de una manera 
metódica, esto es, procediendo por capas. Llegando ya á la túnica vaginal, 
penetró en el espacio en donde se alojaba la serosidad, procurándola una 
extensa abertura, é inmediatamente y de una vez salió el liquido anormal- 
mente acumulado. Después introdujo y paseó el dedo índice de la mano 
derecha en la cavidad serosa que al testículo envuelve, con lo cual se 
asegura el éxito de la operación en el caso de existir alguna travécula 
celulosa que impida la completa evacuación del líquido. Verificada esta, 
muy pronto se mostró retraído el escroto, y sin más que una sencilla cu- 
ración, sujeta, sin embargo, á todos los requisitos de la cirugía antisép- 
tica, se dio por terminada la operación. 

Ciertamente excitó nuestra curiosidad el ver operar el hidrocele por 
incisión, pues este método ha sido por lo general excesivamente olvidado. 
No desconocemos los inconvenientes que se le achacan, pero también es 
cierto que se han exagerado. Se dice que, entre otros, Polt ha relatado 
un caso de hemorragia mortal ocurrido en la operación del hidrocele por 
el método dicho; mas el peligro se evita procediendo déla manera como 
vimos obras al Sr. Gil, esto es, dividiendo una á una las capas del escroto, 
y evitando la herida de los vasos. Además, como dice muy bien Blandin, 
es de creer que en el caso de que habla Pott hubiese alguna complica- 
ción no expresada. 

Muchos han dicho que la mortalidad era muy elevada en el método 
por incisión, pero el Sr. Gil, con quien conversamos sobre este punto, 
nos manifestó que había operado en las misma clínica tres casos, si- 
guiendo este método y obteniendo el mejor resultado. 

En nuestros días Volkmann práctica también la incisión, pero luego 
verifica la sutura de la túnica vaginal. En la clínica del Dr. Rubio ni esto 
se hace, pues todo se subordina á la idea de obtener la vegetación de 
granulaciones carnosas, que adhiriendo las superficies opuestas de la 
túnica vaginal da por resultado la curación radical del hidrocele. Debe 
curar, pues, la herida por segunda intención. 

Terminada la operación anterior, se dispuso lo conveniente para ope- 
rar á un sujeto que estaba diagnosticado de caries en la porción trocan- 
térea del fémur del lado derecho. En efecto, en una parte cercana se ha- 
bía operado otra vez al enfermo, confirmándose ya en aquella ocasión la 
exÁstencia de la caries. Cuando nosotros lo observamos, pudimos ver un 
trayecto fistuloso que se dirigía desde la piel hacía la parte del hueso que 
parecía afecta. El Dr. Rubio procedió á la operación, disponiéndose á 
abrir el trayecto fistuloso, llegar á la parte del hueso que paiecia afecta 
y legrarla. Mas, he ahí que una vez que el hábil operador profundizó la 



296 UNA VISITA Á LA CLÍNICA DEL DR. RUBIO. 

sección de los tejidos é introdujo el dedo índice para reconocer el fondo 
del trayecto fraguado por la supuración, no halló al término de éste la 
aspereza y alteración que en el hueso eran de suponer, sino que después, 
al introducir la sonda acanalada en la herida y removiéndola algún tanto 
vio aparecer, sin que nadie lo esperase, un cuerpo extraño largo y del- 
gado, de color negruzco, que reconocido resultó ser una sonda de goma 
que se habia vuelto casi negra y quebradiza como si estuviera carboni- 
zada. El hecho llamó la atención y puede muy bien calificarse de sor- 
presa quirúrgica» Probablemente la sonda (y su aspecto lo indicaba), ha- 
cia mucho tiempo que se encontraba allí; pues en tal parte habia sido 
herido el sugeto hace cuatro años en nuestra última discordia civil de la 
Península. La bala habia sido extraída, pero tal vez una mano atrevida y 
torpe, que seguramente no fué la de ningún médico, dejó escapar de sus 
dedos la sonda que ahora apareció. Excusado es decir que, extraído el 
cuerpo extraño, quedó la operación terminada. 

El tercero y último sujeto que fué operado, era un joven de unos trece 
años que habia entrado en la clínica del Dr. Rubio con el labio superior 
congénitamente hendido y con una división anómala también del maxi- 
lar superior, esto es, un caso de labio leporino completo. La hendidura 
de las partes blandas había alcanzado casi toda la extensión de la mucosa 
palatina hasta el velo del paladar. En otra sesión se habia verificado la 
parte principal de la operación de que el sujeto era susceptible, y asi 
cuando nosotros lo vimos habia desaparecido la hendidura del labio y la 
mayor parte de su prolongación palatina. De esta, sin embargo, quedó 
una pequeña porción, como de centímeiro y medio, que se dejó para 
operar en la ocasión á que nos referimos y que formaba como un ojal. 
Pero como los bordes de este se hallaban adheridos al paladar, la reu- 
nión de los mismos era difícil, lo cual junto con lo embarazoso que es 
operar en tal región, puso en evidencia la reconocida destreza del ope • 
rador. Combinó el Dr. Rubio el despegamiento de los bordes del ojal con 
dos incisiones, una á cada lado de este y paralelas á la abertura que se 
trataba de cerrar. Fué entretenida la operación, particularmente en lo 
que se refiere al despegamiento de la mucosa palatina. Con paciencia y 
habilidad se vencieron todas las dificultades, y la operación se llevó á 
cabo en los términos propuestos. 

Como detalle de esta última operación, debemos manifestar que el 
sujeto fué anestesiado sin tener que lamentar ningún accidente, lo cual 
prueba una vez más que es exagerada la restricción absoluta que algu- 
nos hacen de la anestesia en cuanto se trata de operaciones de la boca, 
fosas nasales y regiones cercanas. 

Con lo que acabamos de contar terminó la sesión de operaciones á 
que nos referimos. Debería ahora, para dar una completa idea de lo que 
es la clínica del Dr. Rubio, entrar en un conjunto de detalles y pormeno- 
res que bien merecen un artículo aparte respecto á la organización del 
Instituto de Terapéutica operatoria; pero no es tal nuestro objeto, y sí 
solo dar á conocer las impresiones que en una ocasión hemos experi- 
mentado visitándolo. Debemos añadir, sin embargo, que en aquella clí- 
nica hemos podido presenciar una provechosa sesión de laringoscopía. 
En ella nos convencimos de lo que vale esta manera de exploración en ma- 



TRATAMIENTO DE LA METRITIS CRÓNICA 297 

nos tari hábiles como las del Dr. D. Rafael Ariza, quien por otra parte 
posee con perfección la especialidad de otología. 

Quedamos, puos, altamente satisfechos de ver que en el Instituto de 
Terapéutica operatoria todo está á gran altura, tanto en lo teórico como 
en lo clínico y práctico. No vacilamos en decir que puede sustituir á las 
clínicas extranjeras á las que estamos acostumbrados á ser demasiado 
tributarios, pues la del Dr. Rubio nos proporciona la gran ventaja de 
instruirnos sólidamente en los adelantos de la cirugía sin necesidad de 
abandonar nuestra patria. 



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DE LA OPORHIDAD Y VALOR DE US EMISMES SAMVÍNEAS EN U MEIRITIS 

Y EN PARTICULAR 

EN EL TRATAMIENTO DE LA METRITIS CRÓNICA 0)> 

POR ;J. ClRERA. 



¿Cómo obran las escarificaciones? Salta á la vista que las escarifica- 
ciones producen como efecto inmediato la decongestion del órgano por 
la cantidad de sangre derramada; pero ¿es éste su único efecto? No lo 
eremos así con Virchow, quien supone en ellas una acción excitante que 
determina la contracción del útero, y éste ha sido el motivo de haber 
dado á nuestro instrumento la denominación de excitador tUerino. Por 
otra parte, si tenemos presente que los buenos efectos de las escarifica- 
ciones no están en razón directa de la cantidad de sangre que extraemos 
con ellas, tendremos una razón de más en que poder apoyar tal opinión. 
Ybajo este principio hemos juzgado más conveniente dar al escarificador 
la forma punzante, por la sencilla razón de que al obrar sobre un vaso 
no determinamos igual efecto con una cortadura que con una puntura. De 
modo que, en resumen, al obrar con el excitador, atravesamos una serie de 
capilares repletos de sangre, cuya tonicidad se halla perdida á conse- 
cuencia de su mayor distensión. Evacuada aquélla, entran las paredes 
vasculares en reacción por no encontrar ya el obstáculo que se oponía 
á ello, y por la acción especial que provocan las punturas sobre el teji- 
do muscular, determinamos la contracción del órgano materno, la cual 
suele ser imperceptible para la paciente. 

Con todo, como esta acción excitante que hemos provocado no queda 
de un modo permanente, sino que tan sólo es pasajera, es fuerza que á 
intervalos la reproduzcamos, pues de no obrar asi, nada absolutamente 
alcanzaríamos. De ello podemos convencernos al examinar una enferma 
á los dos ó tres dias después de haberla practit;ado una escarificación 
del cuello uterino, pues así como inmediatamente después de cada una 
de ellas, el color antes subido se ha convertido en pálido, aquél ha rea- 
parecido en aquella época, y quizás antes. 



(1) Véanse los números 82 y 33 . 



298 TRATAMIENTO DE LA BÍETRITIS CRÓNICA. 

Por lo tanto, plenamente convencidos de lo que acabamos de indicar, 
nuestra habitual conducta consiste en obrar en dias alternos al princi- 
pio, alejando sucesivamente las sesiones á medida que lo permite el es- 
tado de la enferma, no siendo necesario reiterar las escarificaciones con 
tanta frecuencia en los casos en que el origen del mal radica en fecha 
reciente, porque entonces la tonicidad vascular no es tan difícil de ser 
restablecida, como en aquéllos en que el tejido uterino ha tenido tiempo 
sobrado para sufrir serias alteraciones en sus elementos constitutivos. 
De lo dicho se infiere que el momento más oportuno para las escari- 
ficaciones, es inmediatamente después de cada época menstrual, porque 
este acto fisiológico ha determinado un movimiento fluxionario hacia el 
útero, que por sus malas condiciones orgánicas no está apto para resta- 
blecer el equilibrio que le corresponde. Y también viene aquí á pro- 
pósito para corroborar la inutilidad de las escarificaciones en el segundo 
período de la metritis, ya que el proceso ha sufrido expontáneamente 
una evolución— según más arriba hemos tenido ocasión de indicar—, que 
ha cambiado las condiciones esenciales para esperar de ellas los benefi- 
cios consiguientes. 

Aceptada en principio su inutilidad en condiciones tales, ¿cómo re- 
conocerlo clínicamente? El aspecto del cuello puede ya hacernos presu- 
mir cuanto debemos esperar de este medio terapéutico. Asi, cuando en 
lugar de la coloración rosada, que presenta la mucosa en su modo de ser 
' normal, ó de este tinte violáceo propio de los estados congestivos que 
acompañan á la metritis crónica, observamos un tinte pálido, como ana- 
carado, debemos ya de antemano desconfiar. Pero, para mayor seguridad, 
y como no queriendo dar crédito á lo que tan ostensiblemente se nos 
presenta á nuestra vista, no tenemos mejor piedra de toque que el mis- 
mo excitador. De manera, que si al dirigirlo contra el hocico de tenca 
encontramos un tejido que solamente á viva fuerza se deja penetrar, y 
al retirarlo apenas si rezuman algunas gotas de sangre, debemos desis- 
tir de nuestro empeño y acudir á otros medios, que con mayor probabi- 
lidad satisfarán esta indicación más acertadamente y con mejor éxito. 

III. 

Lo que precede, sin ser un vasto estudio de cuanto concierne á la 
cuestión de las emisiones sanguíneas locales directas, nos suministra da- 
tos suficientes con que poder establecer nuestro criterio. El material, que 
hemos hacinado en breves líneas, por dimanar directamente de la prác- 
tica, no puede menos que gozar de una robustez propia, y por lo tanto 
bajo garantía de un sincero convencimiento, vamos á hacer el paralelo 
entre las emisiones practicadas por medio de las sanguijuelas y las es- 
carificaciones, y con ello daremos por terminado nuestro cometido, cuyo 
móvil, como siempre, no es otro que el de contribuir con nuestras es- 
casas fuerzas al adelantamiento de la ciencia, si adelantamiento puede 
llamarse á toda modificación impresa en los medios curativos, que re- 
dunde en provecho, por insignificante que sea, de los pacientes. 

Al hablar del manual operatorio para la aplicación de sanguijuelas, 
hemos á propósito hecho mención de algunos detallos, que son los que 
hacen peso en la emisión de nuestro juicio crítico. Fieles á la verdad, 



TRATAMIENTO DE LA METRITIS CRÓNICA. 299 

debemos decir que en las sanguijuelas y en las escarificaciones hallamos 
un medio poderoso para combatir los estados flegmásicos del útero, cuya 
utilidad viene afianzada por reputados clínicos, adoptando, sin embargo, 
con mayor confianza, uno ú otro de dichos medios. 

Cuanto llevamos consignado nos excusaría el decirlo; pero, digámoslo 
de una vez, somos partidarios de las escarificaciones, no porque supon- 
gamos en ellas un medio más enérgico, sino porque algunas circunstan- 
cias, que apuntaremos brevemente, nos las han hecho adoptar. 

Asi, para hacer una aplicación de sanguijuelas en el cuello del útero, 
hemos dicho que era necesario un espéculum cilindrico— el de Fergus- 
son, por ejemplo — por cuya circunstancia no se mantiene aplicado, sino 
que nos vemos obligados á sostenerlo todo el tiempo que trascurre hasta 
que las sanguijuelas se desprenden — al menos quince minutos — lo cual 
es bastante incómodo, porque al propio tiempo hay que tenerlo bien apli- 
cado, para evitar que los anélidos piquen las paredes vaginales. Luego 
es de imprescindible necesidad no abandonar á la paciente inmediata- 
mente, á fin de estar á la mira por si la hemorragia procedente de las pi- 
caduras no se cohibiera expontáneamente, ó por si era mayor de lo que 
le correspondiera, y en cuyo caso obrar según hemos manifestado. 

Ya tenemos en primer término un gasto de tiempo que no podemos 
precisar, pero que se puede contar por horas. Es verdad que podemos 
alejarnos algún tiempo después del desprendimiento de las sanguijuelas, 
mas con condición de hacerla una visita al poco rato. 

¿Sucede otro tanto con las escarificaciones? Ya lo hemos manifestado 
antes: todo es cuestión de pocos momentos. 

Ademas, después de cada aplicación, la enferma ha de guardar cama 
durante algunas horas, para evitar el que sobrevengan serias complica- 
ciones, cuyo motivo nos obliga á efectuarla en su domicilio. Al contra- 
rio, las escarificaciones las practicamos en nuestro propio gabinete, y la 
paciente puede sin peligro dirigirse á su casa, y hasta continuar en sus 
quehaceres habituales, como no sean muy cansados. 

Por otra parte, tenemos también en contra de las sanguijuelas los su- 
frimientos á veces intensísimos, determinados por sus picaduras, hasta 
el punto que en ciertos casos hemos de desistir de nuestro propósito. 
Podíase creer, pues nada hemos significado respecto á ese punto, que 
las escarificaciones son completamente indolentes; no, en honor á la 
verdad sea dicho, por más que se considere esta región como una de las 
menos sensibles á los agentes exteriores — lo cual es muy cierto con res- 
pecto á la mucosa—, las enfermas tienen completa conciencia de las pi- 
caduras producidas por los alfileres del excitador; y algunas, aunque ra- 
ras, hasta las produce verdadera molestia; pero de esto á determinar 
sufrimientos intolerables, va gran trecho. 

Ahora bien, olvidemos por un momento toda esta serie de detalles 
de más ó menos valía, y hasta lleguemos al extremo de suponer que 
iguales condiciones sean comunes á uno y otro proceder. A pesar de esto, 
chocaremos con una desventaja por parte de las sanguijuelas, no monos 
digna de tenerse en consideración. Téngase presente que tratamos con 
individuos del sexo femenino,^ y no hay para qué decir que el tempera- 
mento nervioso predomina en ellas de una manera notable, y muy par- 



300 TRATAMIENTO DE LA METRITIS CRÓNICA. 

ticularmente en las circunstancias en que están indicadas aquéllas; por 
cuyo motivo, su imaginación altamente impresionable las hace presen- 
tir peligros imaginarios de la introducción de aquellos anélidos en sitio 
que para ellas no tiene límites ó que se pierde en las profundidades del 
abdomen, y á la vez su aspecto poco agradable les inspira á algunas un 
sentimiento de repugnancia tal, que no son bastante las súplicas ni el 
temor de males mayores, para convencerlas y hacerlas entrar en el ca- 
mino de la sana razón. 

Después de las consideraciones precedentes, que hemos procurado tu- 
vieran un carácter puramente práctico, en nuestro sentir no cabe per- 
plexidad en la elección. En último resultado, tenemos á mano dos medios 
curativos destinados á igual fín, y que poco más ó menos lo cumplen con 
resultados análogos, con la sola diferencia de que con el uno— las sangui- 
juelas — , así el práctico como la paciente, se ven más molestados y ponen 
á ésta en el caso de abandonar un tratamiento que le causa tantas ó más 
incomodidades que la misma eníermedad que trata de combatir, mien- 
tras que con el otro— las escarificaciones— ésta y aquél no sufren respec- 
tivamente privación alguna en el ejercicio de sus funciones. 

Terminaremos diciendo que, si algunos fenómenos y accidentes que 
hemos observado, y cuyo juicio hemos emitido, pueden ser interpreta- 
dos de un modo distinto que el nuestro, creemos que esto no hace gran 
mella al principio fundamental de este corto estudio, porque al fin y al 
cabo poco importa la teoría, pues que á los hechos prácticos debemos 
atenernos. 

Cuanto hemos pretendido dejar sentado, helo aquí resumido en las 
siguientes 

CONCLUSIONES: 

1 / Las emisiones sanguíneas son un medio poderoso para combatir 
la metritis crónica; sin embargo, en la aguda, sea ó no puerperal, tienen 
también su valor. 

2." Las emisiones sanguíneas locales están casi siempre indicadas; 
las generales rara vez. 

3.* De entre las locales, damos la preferencia á las que se practican 
directamente e.i el cuello del útero. 

4.' Para cumplir esta indicación, colocamos en primer término á las 
escarificaciones. 

5.' En el segundo período de la metritis crónica, bien que no son 
perjudiciales, son, no obstante, completamente inútiles. 

6/ La medicación intrauterina es un poderoso coadyuvante de las 
escarificaciones. 

7.' Las escarificaciones, practicadas con un instrumento punzante, 
deben preferirse á las que lo son con otra cualquiera forma de escarifi- 
cador. 

8/ Este obra tanto por la sangre que sustraemos, como por su ac- 
ción vaso-motora. 

9/ Para conseguir el objeto que nos proponemos, es necesario que 
se practiquen con frecuencia al principio, para obrar á intervalos mayo - 
res á medida de los resultados. 



ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 301 

ANATOMÍA DB LOS CENTROS NERVIOSOS, <*> 
POR Don Miguel A. Fargas Roca. 



P PEDÚNCULO CEREBRAL Y SU EXPANSIÓN. 

Los pedúnculos cerebrales son dos cordoní^s gruesos, que sirven de 
unión entre la protuberancia y el cerebro; son divergentes al salir de la 
protuberancia, siguiendo una dirección ascendente y un poco oblicua 
hacia adelante hasta introducirse por debajo del tálamo óptico. Por su 
dirección, forman los ángulos posteriores de un rombo en la base del 
cerebro, el cual está circunscrito hacia adelante por las cintas ópticas 
(Figura 25). Este rombo tiene, de atrás adelante, el espacio perforado 
posterior, que llena el intersticio que dejan los dos pedúnculos, los tu- 
bérculos mamilares y el infundibulum. 

El pedúnculo cerebral tiene de longitud próximamente centímetro y 
medio y su forma es cih'ndrica. En la cara superior, el limite posterior 
de los pedúnculos cerebrales está inmediatamente por detrás de los tu- 
bérculos cuadrigéminos posteriores, y el anterior en la parte posterior 
del tálamo óptico que cabalga sobre el pedúnculo. De la parte posterior 
y externa del tálamo óptico arranca un manojo de fíbras que, rodeando 
al pedúnculo por su cara externa é inferior, marca en estos sitios su lí- 
mite anterior. El límite posterior de la cara inferior está formado por 
las fíbras transversales de la protuberancia. 

No existe mucha claridad entre los autores en lo relativo á la región 
de los pedúnculos cerebrales; porque siendo estos factores en su esencia 
un sitio de paso para las fíbras que van desde la protuberancia al cere- 
bro, la sustancia gris^ que en ellos existo, ó se estudia aisladamente ó 
como anexa á otra región. 

Limitado el pedúnculo cerebral del modo que acabo de decir, en su 
cara inferior se ve claramente que está constituido por fíbras; en la su- 
perior se observan los tubérculos cuadrigéminos, de los cuales se hace 
un estudio aparte. 

Si se practica un corte transversal en los pedúnculos (Fig. 49), se 
observan varias regiones: en la parte inferior, se ve una zona blanca E, 
formada por el corte transversal de las fíbras longitudinales de la cara 
inferior; sobre esta zona blanca hay una capa gris D fuertemente pig- 
mentada, que en algunos sitios llega á tener un color negro^ y que sepa- 
ra á la zona anterior de otra situada más arriba y constituida también 
por el corte transversal de las fíbras blancas B, si bien esta región no 
tiene un color tan decididamente blanco como la primera; en la parte 
más superior y como formando el techo del pedúnculo cerebral, se nota 
el corte de los tubérculos cuadrigéminos A y entre ellos el acueducto de 
SylvioC. 



(i) Continaacion.-Vóanse los números 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31, 82 y 33. 



302 ANATOSflA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 

Se ve, pues, que el pedúnculo cerebral tiene tres regiones principa- 
les: una inferior, conocida con el nombre du pisa inferior ó pié del pe- 
dúnculo y que en algunas obras se comprende esta sola región con el 
nombre de pedúnculo cerebral; otra media, llamada piso superior, calata 
ó segmentum del pedúnculo y que atendiendo solo á la topografía debie- 
ra llamarse piso media; una capa de sustancia gris separa estas dos re- 
giones y es conocida con el nombre de sustancia de Sommering; final- 
mente, un piso superior formado por los tubérculos cnadrigéminos. 



Slg. 49.-^orte transversal de los pedúnculos cerebrales al Divel de los 
tub Arcólos cuadrigeminos posta riores. 



El estudio de estas distintas partes deberla, por lo tanto, incluirse 
en el de los pedúnculos cerebrales, sobre todo teniendo en cuenta que, 
si bien los tubérculos cnadrigéminos merecen como centros un estudio 
independiente, la sustancia gris de Sommering, aunque menos conoci- 
da, no deja también de ser centro; por otra parte, en la región de la ca- 
lóla ó piso medio, existen asimismo núcleos de sustancia gris que, co- 
mo los primeros, merecerían describirse aisladamente. Por estas razo- 
nes me ocuparé primero de los hacecillos de Obras, que en el pedúnculo 
forman región aparte, y luego de las distintas agrupaciones de sustan- 
cia gris existentes en esta zona. 

Fibras de los pedúnculos. — Piso inferior ó pié del pedúnculo cerebrcd. 
Constituido por fibras blancas longitudinales, que inferiormente se con- 
tinúan con otras partes, de las cuales hablaré al estudiar la protuberan- 
cia, y teniendo por su extremidad superior una relación íntima con la 
cápsula interna, pueden dividirse estas fibras en tres manojos secunda- 
rios: interno, medio y extemo. 

El baz de fibras del pié del pedúnculo continúa agrupado, sin diso- 
ciarse, mientras el pedúnculo cerebral no penetra en la región de los nú- 
cleos centrales; al llegar á este Mtio, se ensanchan á manera de abanico 
con un borde dirigido hacia adelante y otro hacia atrás, una cara interna 
convexa é inclinada arriba y otra externa cóncava y dirigida bácia aba- 
jo. Esta dispersión de las libras del pié del pedúnculo, junto con otros 
grupos de fibras sobrepuestas á las primeras, constituye la cápsula in- 
terna. 

Las fibras del manojo interno se continúan con la parte de cápsula 
interna situada por delante de la rodilla, á sea con su segmento anterior; 
las del medio están en relación con los dos tercios anteriores de su seg- 
mento posterior, y el externo está unido con el tercio posterior del mismo 



ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 303 

segmento. De esto resulta, que las fibras internas del pié del pedúnculo 
se hacen interiores en la cápsula interna, y las externas, posteriores. 

La continuidad de las fibras del pié del pedúnculo con la sustancia 
blanca de la cápsula interna y de esta con la del centro oval, hizo supo- 
ner á los anatómicos antiguos que el pedúnculo cerebral llegaba sin in- 
terrupción á la corteza gris. Pero Kolliker y Luys, con estudios detenidos 
y finas disecciones, demostraron el error de esta creencia y llegaron á 
negar la existencia de fibras directas desde los pedúnculos á las circun- 
voluciones. En su obra de 1865, pretende demostrar Luys que los núcleos 
opto-éstriados interrumpen la continuidad de todas las fibras, y que á 
dichos núcleos van á terminar todas las fibras pedunculares; en su 
última obra (1881), ha modificado algo sus creencias, pero continúa sos- 
teniendo que todo hacecillo de fibras es interrumpido antes de llegar á 
la corteza cerebral por un núcleo de sustancia gris. Kolliker dice, en su 
obra de Histología, que una de las más interesantes deducciones de sus 
estudios sobre el sistema nervioso central, es haber demostrado que to- 
das las fibras de los pedúnculos cerebrales terminan en los cuerpos 
estriados y en los tálamos ópticos. Esta creencia ha sido adoptada por 
muchos autores, especialmente por Wagner, por mas que sea tan exa- 
gerada como la de los autores antiguos. 

Vulpian habia sospechado la existencia de fibras directas en el pió 
del pedúnculo, por haber observado degeneraciones descendentes á con- 
secuencia de daños en las circunvoluciones de los lóbulos anteriores; y 
hoy está demostrado que, si bien gran número de fibras pedunculares 
terminan en los ganglios centrales, existen otras que atraviesan sin in- 
terrupción la cápsula interna y van á terminaren las circunvoluciones. 
De las primeras volveré á ocuparme cuando estudie los núcleos cen- 
trales. 

Un anatómico inglés, Broadbent, que ha hecho en nuestros dias estu- 
dios profundos acerca de la extructura de los centros nerviosos, dice, 
con tanta concisión como claridad, que existe gran número de fibras di- 
rectas desde los pedúnculos á las circunvoluciones. Henle, fundado en 
minuciosos estudios de disección y disociación de fibras, las admite tam- 
bién. Huguenin considera su existencia probable, pero no demostrada; 
porque si bien los cortes transversales parecen indicar fibras, que no 
terminan en ninguno de los ganglios centrales, esta preparación no es 
suficientemente demostrativa. 

No es lo más difícil de la Anatomía de los centros nerviosos el con- 
vencerse de la existencia de fibras directas: si se pretende llegar á esta 
demostración, aislando y disociando las fibras de la cápsula interna, se 
bace sumamente difícil, y otro tanto sucede con los cortes horizontales y 
verticales, porque ambos cortan las fibras en su trayecto. En el corte 
oblicuo, que antes he descrito y que está representado en la fig. 46, 
aparecen manifiestas las fibras directas: el cerebro está endurecido en 
una disolución nítrica y el corte debe seguir precisamente la misma 
dirección oblicua de las fibras, con lo cual, no siendo estas cortadas en 
todo su trayecto, puede observarse su continuidad, ya sea á simple 
vista, ya con el auxilio de una lente. No siempre se logra con facilidad 
hacer correr el filo de la cuchilla paralelamente á las fibras, por lo cual 



304 anatomía de i^os centros nerviosos. 

es preciso repetir los cortes para obtener una superficie de sección, que, 
cuando se logra en buenas condiciones, no deja duda acerca de la existen- 
cia de fíbras directas. Para convencerme de que mi inclinación auna 
creencia determinada no me hacia ver las cosas distintas de lo que eran, 
he preguntado más de una vez á alumnos, que poco ó nada sabían de ex- 
tructura cerebral, á dónde les parecía iban á terminar las fíbras del pe- 
dúnculo, y me han contestado que algunas de ellas podian seguirse hasta 
perderse en la masa blanca de los hemisferios. (Fig. 46, I, y Fig. 50, C.) 

Si esta demostración anatómica podia aun dejar ciertas dudas, algu- 
nas observaciones de Anatomía patológica y de Fisiología experimental 
bastarían para demostrar la existencia de fibras directas. Pero para esto 
importa distinguir los dos manojos internos del pié del pedúnculo del 
manojo externo. Dada la naturaleza de sus funciones, los primeros es- 
tán constituidos por fibras centrifugas, que trasmiten impresiones mo- 
trices desde la corteza cerebral á la médula; el último lo componen fíbras 
centrípetas, que conducen al cerebro impresiones sensitivas y su de- 
mostración anatómica es mucho más sencilla, siendo admitida su exis- 
tencia por muchos que dudan ó niegan las fibras motoras directas. 

Los dos manojos internos, ó porción motriz del pié del pedúnculo, 
en su trayecto hasta las circunvolaciones, pasan, como antes he dicho, 
por el segmento anterior de la cápsula interna y por los dos tercios an- 
teriores del segmento posterior, y van á distribuirse con toda probabili- 
dad en las circunvoluciones de los lóbulos frontal y parietal. 

Fritsch é Hitzig han obtenido movimientos parciales por la excita- 
ción de la corteza del lóbulo frontal en el perro; es verdad que la exci- 
tación podia trasmitirse también al través de una célula que interrum- 
piese las fibras; pero Gudden ha practicado la extirpación de determina- 
das porciones de la corteza cerebral, y como consecuencia ha observado 
una degeneración secundaria, que extendiéndose al través de la cápsula 
interna, se continuaba por los pedúnculos cerebrales. Sabido es que las 
degeneraciones consecutivas á la desaparición de un centro trófico, se 
detienen cuando las fibras encuentran en su trayecto una célula con la 
cual entran en relación; hasta el punto donde se extiende la degenera- 
ción, las fibras nerviosas son, pues, continuas. Notnhagel, Carville y 
Duret, Ferault y Pitres, han confirmado con sus experimentos los resul- 
tados de Gudden. 

Esto seria tan solo un hecho de Anatomía comparada, que podría 
hacer presumir su existencia en el hombre. Antes he dicho que Vulpian 
habia observado degeneraciones secundarias análogas á las que subsi- 
guen á las lesiones de los núcleos estriados, en casos de daños algo ex- 
tensos de regiones del centro oval vecinas al cuerpo estriado, y por otra 
parte, Charcot ha ido reuniendo, durante estos últimos 15 años, un gran 
número de observaciones de reblandecimiento cerebral isquémico, y ha 
podido deducir que, siempre que dicha lesión tenía su asiento en las cir- 
cunvoluciones parietal ó frontal ascendentes ó en ambas á la vez, si era 
bastante profunda y extensa, se encontraban esclerosis consecutivas al 
través de la cápsula interna y del pié del pedúnculo, entendiéndose que 
en estos casos estaban sanos los núcleos centrales. 

Queda, por consiguiente, demostrada la existencia de fibras directas 



ANATOMÍA DE LOS CENTROS ÑEBVIOSOB. 305 

centrifugas 6 molrices que, naciendo de las circunvoluciones anterio- 
res, pasan sin interrumpirse por los dos tercios anteriores de la cápsu- 
la interna y se continúan directamente con los dos manojos internos del 
pié del pedúnculo. 

El manojo externo, centrípeto ó sensitivo, del pié del pedúnculo, es 
de macha más fácil demostración. Meynert lo habia descrito perfecta- 
mente en el cerebro del mono, y Huguenin y muchos otros autores lo han 
comprobado en el hombre. Su observación es sencilla, pues basta levan - 
tar, como dice Huguenin, el tálamo óptico y los ganglios geniculados. 

Desde la parte externa del pié del pedúnculo, va este manojo al ter- 
cio posterior del segmento posterior de la cápsula interna, en donde se 



Tíg. BO.— Corte oblicuo de loa hemlsierloB pasando 
por la reglón rol&ndlca. 



A Núcleo c 




a bóveda. 


licular.-B T 


lamo éptlco.— F ProlongíCion d 


1 nüoiBO c 


(Com pírese c 


n al corte aoierior i este reprea 


enUdO «D 



CCdpBula tnlern».— DNilEleo len- 
udal.— G SuttancU de SoiDiiiering. 
1 flg. 48.) 



refleja para dirigirse al lóbulo occipital. Algunas fibras prolongan la cáp- 
sula interna hacia la extremidad posterior del núcleo lenticular, en don- 
de se reflejan también hacia atrás. En el corte representado en la figura 
50 se ven, entre ta parte inferior del núcleo lenticular D y la prolonga- 



306 ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 

cion del núcleo caudal F, fibras transversales, procedentes también del 
pié del pedúnculo y al parecer de su manojo externo, no señaladas por 
los autores, pero cuya existencia se ve palpablemente en algunos cortes 
de cerebro indurados en ácido nítrico, las que van á distrubirse al ló- 
bulo esfenoidal; estas fibras quizás confirmarían anatómicainente la ex- 
tensión que da Ballet á la zona sensitiva. 

Las fibras del manojo externo se distribuyen, según Ballet, en los ló- 
bulos parietal, esfenoidal y occipital, pero particularmente en este 
último, y para ello divergen alrededor de la extremidad posterior del 
núcleo lenticular. 

Acerca de las funciones sensitivas de este manojo, que ya Meynert 
había sospechado, no queda duda alguna después de las observaciones 
clínicas de Turck, Jackson, Ballet, Gharcot, etc., y de los experimentos 
primero de Veyssiere, y después y especialmente de Garville y Duret. 

£1 paso de las fibras del pié del pedúnculo al través de la cápsula in- 
terna, hace que esta quede dividida en dos porciones: una anterior ó 
motora y otra posterior ó sensitiva, sobre lo cual insistiré al hablar en 
conjunto de la constitución de dicha cápsula. 

Piso superior ó calota del pedúnculo cerebral. — Está situado sobre el 
anterior, del cual le separa el lacus niger de Sommering; es mucho me- 
nos conocido en su modo de ser que el piso inferior. 

Así como en el pié del pedúnculo no se encuentra sustancia gris en- 
tremezclada, en la calota existen algunos grupos de células, que acaban 
de complicar la región. 

La parte esencial del piso superior está también formada por fibras 
extendidas desde la protuberancia al cerebro. En un corte transversal de 
la región (fig. 49), se observa un manojo redondeado y algo aplanado, 
constituido por fibras que atraviesan longitudinalmente el piso superior 
del pedúnculo y que son la prolongación de los pedúnculos cerebelosos 
superiores (B). Bien en cortes trasversales, bien en cerebros endureci- 
dos en el alcohol, es fácil observar estos hacecillos. Guando la indura- 
ción en el alcohol se logra en cierto grado, que no es fácil determinar, 
puede aislarse el pedúnculo cerebeloso superior al través de la calota, 
en donde corre mezclado con otros hacecillos de fibras que se penetran 
mutuamente. Pero aun así, puede verse que en cuanto el pedúnculo ce* 
rebeloso superior se introduce por debajo de los tubérculos cuadrigé- 
minos, se entrecruzan el de un lado con el del lado opuesto, y al salir de 
debajo de los dichos tubérculos el derecho es izquierdo y viceversa. Si 
la preparación está en buenas condiciones, pueden seguirse los pedún- 
culos cerebelosos hasta llegar á la cápsula interna, al través de la cual y 
sin entrar en comunicación con los núcleos centrales, se dirigen á la co- 
rona radiante y centro oval, sin que se conozca el sitio de la corteza en 
que van á distribuirse. Antes de penetrar en la cápsula interna, se en- 
cuentra interpuesto en su trayecto un núcleo de sustancia gris del 
volumen de una pequeña avellana, conocido con el nombre de cuerpo 
rojo de Stüling^ del cual hablaré más adelante. 

Más de una vez he logrado con facilidad observar estos detalles rela- 
tivos al hacecillo del pedúnculo cerebeloso; empero, por lo que hace 
referencia á los demás numerosos hacecillos que corren por la calota al 



ANATOMÍA DE LOS CENTROS NERVIOSOS. 307 

lado del anterior, existe gran confusión, y como quiera que muchos ana- 
tómicos creen que van á terminar al tálamo óptico, no hago más que 
señalarlos aquí como órganos de paso, para hablar otras vez de ellos al 
estudiar los núcleos centrales. Las conexiones que estos hacecillos tienen 
con la protuberancia las estudiaré al tratar de este órgano. 

Sustancia gris de los pedúnculos. — Varios grupos de sustancia gris, 
interpuestos entre los hacecillos de ñbras, se encuentran en el espe - 
sor del pedúnculo cerebral: unos, poco conocidos en su extructura y 
menos en sus funciones; otros de importancia suma en Fisiología y Pa- 
tología. 

En el espesor de la caleta existen los dos núcleos de origen de los 
nervios motor ocular común y patético, de los cuales no me ocuparé 
ahora, porque más adelante describiré, en un estudio de conjunto, el 
origen real de los nervios craneales. 

Prescindiendo de estos núcleos, existen en el pedúnculo cerebral el 
locus niger de Sommering, los núcleos rojos de Stilling, el corpus L^ysii 
y los tubérculos cuadrigéminos. 

Luys ha reunido los tres primeros en un solo grupo y, añadiéndoles, 
la sustancia gris de la protuberancia, ha formado el grupo de los gan- 
glios sub-ópticos, cuya representación seria análoga á la del tálamo óp- 
tico y servirían como este de punto de llegada de las fibras convergen- 
tes inferiores. Prescindiré de esta agrupación de Luys, fundada en sus 
recientes investigaciones, que aun no ha dado á conocer de una manera 
extensa, porque es poco conocida ía extructura de estas regiones para 
sistematizar con tanta exactitud, y solo me detendré en el estudio de los 
tubérculos cuadrigéminos, cuya importancia está hoy demostrada, pa- 
sando muy ligeramente sobre los demás. 

Sitstancia gris de Sommenngr.— Situada entre el piso inferior y el su- 
perior del pedúnculo cerebral, sirve de separación entre ambos y forma 
una capa que se hace visible á los lados del pedúnculo. Su color es muy 
oscuro; está formada por células nerviosas muy pigmentadas, de volumen 
variable. De esta red sale, según Meynert y Luys, un hacecillo de fibras 
que se junta á los del pié del pedúnculo para ir á la cápsula interna. 
Probablemente recibe también fibras procedentes de la médula. En un 
caso de delirio crónico parcial, ha encontrado Luys una decoloración 
completa de esta sustancia en un lado, único dato recogido sobre su 
destino fisiológico. 

Núcleo rojo de Stilling. Llamado por Luys oliva superior, es una ma- 
sa de sustancia gris, situada en la caleta, casi en el seno formado entre 
el pedúnculo y el tálamo óptico. Recibe casi todas las fibras del pedún- 
culo cerebeloso superior, el cual, al salir de este núcleo, tiene mayor 
contingente de fibras, nacidas probablemente en el seno del mismo. Es- 
tá constituido por células de volumen variable, cuyas conexiones con las 
fibras son desconocidas. Se ignoran completamente sus funciones. 

Corpus Luysii. Nombre dado por Forel á un grupo fusiforme de sus- 
tancia gris, situado al lado y por fuera del anterior, que Luys describió 
el primero con el nombre de vendolete accesorio del núcleo rojo. Está 
constituido por células, que reciben fibras del pedúnculo cerebeloso su- 



308 anatomía de los centbos nerviosos. 

períor y de la protuberancia, y dan origen á otras q'ie van i la cápsula 
interna. 

Tubérculos cuadrigéminos. En número de cuatro, dos á cada lado (fi- 
gura 17), están situados sobre la calóla, formando el verdadero piso 



Fi?. 51.— TuDércalos caadrigéminoa. 

a Hoja saperflclBl da La cinU de Hall.— 6 Hojaprolundi 
—d Brazo dul Lubérculo posterior.— Z Llosa que indica el 
capaAptlcu, 

superior de los pedúnculos cerebrales, á los cuales cubren á manera de 
techo. Los dos anteriores fueron llamados eminencias nales, y los poste- 
riores testes. Katán separados los anteriores de la parte posterior del tá- 
lamo óptico por un surco, y los posteriores dan paso por su parle infe- 
rior á los pedúnculos cerebelosos superiores; un surco crucial separa 
unos de otros. Son redondeados, hemisféricos y cubiertos por una capa 
de sustancia blanca. 

Como arrancando de estos tubérculos, se ven salir de cada uno de 
ellos unos cordones poco pronunciados, que se dirigen hacia adelante y 
algo hacia fuera G D, llamados firazos de los tubérculos cuadrigéminos, 
que se introducán debajo del tálamo óptico. 

Los brazos de los tubérculos cuadrigéminos están formados por fi- 
bras, que en su mayoría penetran debajo del tálamo óptico, para formar 
parte, sin inturrupcion en su trayecto, de la cápsula interna y distri- 
buirse en la corteza cerebral en sitios sospechados, pero no conocidos. 

No todas las fibras de los brazos de los tubérculos cuadrigéminos 
van directamente á la cápsula interna: de los anteriores, van algunas 
ñbras al ganglio genicuiado interno del tálamo óptico, y probablemente 
otras, procedentes del posterior, entran en relación con el ganglio geni- 
culado externo. Al estudiar el tálamo óptico trataré del estado de esta 
cuestión. 

Cada uno de estos brazos, al llegar sobre su tubérculo correspondien- 
te, divide sus ñbras en dos partes: unas que pasan sobre tubérculo, for- 



anatomía de los centros nerviosos. 309 

mando la zona blanca que les cubre, y otras, que penetran en la sustancia 
gris del mismo para reunirse otra vez, después de atravesado el gan- 
glio. En seguida (fíg. 50) los hacecillos procedentes de los brazos ante- 
riores se entrecruzan en la línea media, lo mismo que los de los poste- 
riores, y van á continuarse, aquellos con la hojilla superficial déla cinta 
de Reil B, y éstas con la profunda A. La cinta de Reil, asi constituida, 
rodea al pedúnculo cerebeloso superior, introduciéndose en la protu- 
berancia por debajo de él. Esta cinta se ve en parte á los lados de los 
pedúnculos cerebrales, como naciendo en las partes laterales y por de- 
bajo de los tubérculos cuadrigéminos, pero su estudio corresponde á la 
protuberancia. 

Existen además en esta región otras fibras, cuyo trayecto es poco co- 
nocido, pero que también parecen entrecruzarse y extenderse entre tu- 
bérculo y tubérculo; y según Duval, algunas fibras las pondrían en 
comunicación con el núcleo sensitivo del trigémino, y según Meynert, 
habria otras destinadas al motor ocular común y al patético. 

En su interior, los tubérculos cuadrigéminos están formados por sus- 
tancia gris. En los anteriores esta sustancia gris ofrece una forma len- 
ticular y no está bien limitada, difundiéndose algo por las partes veci- 
nas; en los posteriores, tienen una forma parecida y está mejor limitada. 
En ambos, tienen por su cara superficial las fibras del brazo correspon- 
diente como limite, y por su cara profunda, las fibras del brazo de su 
congénere después del entrecruzamiento (fig. M). 

Las células, que constituyen esta sustancia gris, han sido bien estu- 
diadas por Meynert, quien las divide en tres clases: pequeñas células 
multipolares, que se encuentran por igual en todos los tubérculos cua- 
drigéminos; grandes células multipolares, que abundan especialmente 
en las capas profundas de los tubérculos anteriores; gruesas células 
fusiformes, exclusivas á los tubérculos anteriores y situadas por debaio 
de las precedentes, consideradas por dicho autor en relación con los 
núcleos de origen del ocular común y del patético, y siendo por consi- 
guiente la via de los actos reflejos motores, que tienen lugar en el ojo 
por las impresiones de la retina. 

Las relaciones, que las prolongaciones y ramificaciones de estas cé- 
lulas puedan tener entre si y con las fibras de la región, no son conO' 
cidas. 

Respecto á la importancia funcional de los tubérculos cuadrigéminos, 
fisiólogos y patólogos están acordes en concedérsela, aunque reina entre 
las apreciaciones de cada autor la más completa confusión, quedando las 
funciones de estos órganos hoy por hoy muy oscuras. Huguenin los con- 
sidera como ganglios ópticos, destinados á funciones reflejas: Flourens 
como centros de la visión: Adamük, Beaunis y otros, como centros de 
los movimientos de los ojos; en los movimientos pupilares, en los de la 
cabeza y de los miembros y en ciertas funciones sensitivas, tendrían 
también intervención los tubérculos cuadrigéminos. En resumen, se 
sabe que es compleja la Fisiología de estos centros y que representan 
un gran papel en las funciones del aparato visual. 

(Continuará,) 



310 ÁCIDO 8ALICÍUC0 Y SUS SALES. 

CONTRIBUCIÓN AL ESTUDIO DEL ÁCIDO SALICILICO Y SUS COMPUESTOS, 

en particular del sallcilato sódico en el tratamiento del reomatlsino (i), 

POR D. M. E. Moré y Bargit, 

Módico de la Casa dé Lactancia y CasiJHíuna de Barcelona. 



Afecciones de la boca: difteria. — En la difteria, lo mismo que en 
varias otras afecciones de la boca, los resultados obtenidos son mucho 
más notables que en las intermitentes de origen palúdico. Este medi- 
camento destruye f^lcilmente las falsas membranas adheridas ai fon- 
do de la boca, á la laringe y á la faringe y tomado al interior rebaja 
notablemente la fiebre, puesto que esta ,es una afección con síntomas 
generales. 

Se citan un gran número de casos curados con esta medicación, ad- 
ministrando el salicilato de sosa al interior y en gargarismos á la dosis 
de 1 y 2 gramos en las 24 horas. He tratado dos casos de difteria, el uno 
de mucha intensidad y el otro de poca, y si bien no disminuyó la dura- 
ción de la enfermedad, sin embargo, llegaron ambos á feliz término sin 
ulteriores consecuencias. 

Respecto á las demás afecciones de la boca, como el muguet, la es- 
tomatitis, etc., puedo decir que hoy no uso otro medicamento, particu- 
larmente en la primera de estas afecciones. En cuanto al muguet, que 
tanto se trata por medio del bórax y rodomiel, ofrece el salicilato de so- 
sa mayores ventajas que la medicación anterior, pues por el solo hecho 
de ser este cuerpo tan soluble en el agua, hace que no repugne tanto el 
tomarlo como el bórax mezclado con el rodomiel. Para tratar el muguet 
con dicho medicamento uso la siguiente fórmula, cuyos resultados han 
sido siempre muy satisfactorios: 

Agua 100 gramos. 

Salicilato de sosa 3 » 

Jarabe de quina 20 » 

De esta manera, el muguet desaparece, en la generalidad de los casos, 
con mayor rapidez que con el biborato sódico. 

En las inflamaciones catarrales de la mucosa bucal son también muy 
notables sus efectos por medio de buches un poco cargados del mismo 
medicamento, desapareciendo perfectamente la inflamación, tan bien, 
ó mejor si cabe, que con cualquier otro medicamento. 

£1 ácido salicilico es recomendado por Mr. Kolbe como un excelente 
agente higiénico para la boca, sea mezclado á los polvos dentífricos, sea 
introducido en las diversas soluciones con las cuales hay costumbre de 
limpiar la boca, conservando en ella la frescura y quitando todo olor 
desagradable. En solución alcohólica, aromatizada con la esencia de 
Gualteria procumhens^ el ácido salicilico sólido encuentra realmente un 
lógico empleo en los polvos dentífricos. 



(1) Continuación.- Véanse los números ^, 26, 27, 28, 29, 80, 31, 32 y 33. 



ÁCiDO SALICÍLIGO Y SUS SALES. 311 

El tratamiento de la difteria por el ácido salicilico ha dado igual- 
mente felices resultados al Dr. Luchwíg Letrarich, usándolo localmente 
para destruir las bacterias y los productos vivientes del exudado dif- 
térico, y al interior para combatir la infección general á la dosis de 15 
á 30 centigramos en las 24 horas. 

Sudor de los pies.— El ácido salicilico ha sido empleado en polvo ó 
en solución contra el sudor de los pies; mezclado al talco, al jabón y al 
almidón dá una agilidad á los pies que hace la marcha menos fatigosa. 
Usado de este modo, previene dicho sudor sin poner obstáculo á ]a se- 
creción moderada del mismo, oponiéndose á su descomposición y á la de 
los productos epidérmicos. 

Enfermedades purulentas é infecciosas. — En el hospital de Pensyl- 
vania (Filadelña), el Dr. Da Costa dio una notable lección á sus discípu- 
los sobre un caso de gangrena pulmonar y los resultados del ácido sali- 
cilico en esta afección. Uno de los síntomas más notables de ella es la 
fetidez peculiar del aire expirado y de la expectoración, bastante desa- 
gradable para hacer desistir á algunos médicos del examen físico del 
pulmón. El Dr. Da Costa determinó emplear el ácido salicilico ala do- 
sis de 25 centigramos, disueltos en 15 gramos de agua por medio de 
3 gramos de glicerina, para tomar tres veces al dia, con el objeto de pu- 
rificar la expiración y modificar la expectoración. 

Empleó también el ácido salicilico por vez primera como desinfec- 
tante con el mejor resultado, en una mujer afectada de un desorden gás- 
trico con fetidez del aliento, habiendo obtenido también los mismos 
efectos en las indigestiones, en las bronquitis fétidas, abscesos y cáncer 
del pulmón, modificando el aire expirado y corrigiendo el carácter pú- 
trido de la expectoración (1). 

Como agente desinfectante médico, es preferible al ácido fénico y 
Kolbe lo administra con buen resultado en los casos de fiebres eruptivas 
y enfermedades infecciosas de la sangre, como la escarlatina, saram- 
pión, viruela, disenteria, sífilis, etc. El Dr. D. Carlos Ronquillo obtuvo 
la curación de una escarlatina maligna con el empleo del salicilato só- 
dico. Bult lo administra en la erisipela, etc , etc. 

Ehstein lo ha empleado con éxito, según dice, en la diabetes sacarina 
y Wagner lo recomienda en todas las afecciones del estómago y del tubo 
digestivo, con fermentación anormal de las materias contenidas en es- 
tos órganos. 

En el hospital de Bresne se sirven constantemente de una solución 
estable de una parte de ácido salicilico en 20á 30 de glicerina y 300 á 
400 de agua caliente. 

Oftalmías reumáticas. — El Dr. Abadie, considerando que un gran 
número de afecciones del ojo son debidas al reumatismo, en sus leccio- 
nes de clínica oftalmológica, refiere que ha conseguido buenos resultados 
con la administración del salicilato de sosa á sus enfermos. — Dice que los 
mejores resultados los ha obtenido en las iritis reumáticas, en aquellas 
cuyo iris estaba deformado y la agudeza visual disminuida. — Refiere dos 
casos de esclorititis ligera, pero tenaz, y de esclerotitis grave en las que 



(1) Anales de Cienciaa médicaSf tomo 1.^ pág. 306.— ifoclrid. 



31 2 REVISTA DE ENFERMEDADES DE LOS NIÑOS, 

dio buen resultado el salícilato de sosa.— Dice que en las manifestacio- 
nes oculares del reumatismo crónico, las dosis no han de ser tan eleva- 
das como en este, empezando por dar 2 gramos al dia y si es bien tole- 
rado aumenta sucesivamente la dosis hasta llegar á;4 ó 5 gramos, siendo 
rara vez necesario aumentar esta dosis si el medicamento ha de obrar 
de una manera favorable. Dice que, de este modo, no provoca ningún 
síntoma sensible; pero que si determina cefalalgia, zumbidos de oidos, 
sordera y alteraciones en las vias digestivas, no hay que esperar que dé 
buenos resultados. En las manifestaciones reumáticas crónicas, cuyo 
tratamiento ha de ser largo, durante algunos meses, es bueno dejar des- 
cansar al enfermo durante algún tiempo, cuando menos ocho dias. 

Finalmente, el salicilato de sosa ha sido empleado en otras muchas 
afecciones, como en la diabetes, cistitis, blenorragias y otras enferme- 
dades de las vias urinarias, afecciones puerperales, afecciones de las 
vias respiratorias, diversas afecciones cerebrales, etc. 

(Continuará.) 

REVISTA DE ENFERMEDADES DE LOS NIÑOS 
POR Doña Martina Gastells Ballespí 

Licenciada en Medicina y Cirugía. 

Afeooiones espasmódicas.— TVotamieuío por la compresión de la caró- 
tida. — De igual manera que se ha conseguido en varias ocasiones la de- 
saparición en adultos de una neuralgia facial (Listón), de un ataque de 
asma (Genty), de uno de epilepsia (Reimez), de catalepsia y con- 
vulsiones histéricas (Parry), por medio de la compresión de una ó 
de las dos carótidas, y aun en algún caso se ha llegado á practicar la li« 
gadura de una de ellas para llenar un fin terapéutico (Brown, Mac-cle- 
Uon, Parker), aconseja el Dr. E. Gavoy este medio (Journal de Medecine 
et de Chirurgie) como seguro para cortar en los niños los accesos de tos 
en la coqueluche y demás paroxismos de sofocación. — Según dicho prác- 
tico, basta al efecto sostener con una mano la cabeza calda hacia 
delante, mientras con la pulpa del dedo medio de la otra se comprime 
la carótida por encima del ángulo inferior de la mandíbula, evitando la 
yugular. — El acceso cede muy luego, y cuantas veces repita, puede cor- 
tarse del mismo modo. 

Para explicar el mecanismo de este resultado, no recurre á la opi- 
nión de que es comprimido el nervio laríngeo inferior ó el pneumogás- 
trico; cree que el efecto se obtiene por la modificación brusca, por is- 
quemia, de la inervación del mesocéfalo. 

»^ ^ Importante es el medio y de fácil práctica, sobre todo en los casos en 
que, atacados por accesos espasmódicos niños de corta edad y poca re- 
sistencia, solo muy difícilmente puede recurrirse al empleo de otros 
agentes terapéuticos, todos de acción más lenta que el expresado. 



REVISTA DE ENFERMEDADES DE LOS NIÑOS. 313 

£1 Barampion en Barcelona.— Aun cuando entiendo no está esta epi- 
demia tan completamente terminada como fuera de desear, diré de ella, 
ya que la considero en un período de descenso manifiesto, que ha sido 
por muchos conceptos interesante la historia cientifíca del sarampión, 
que desde Octubre viene reinando.— La enfermedad, que sin duda hu- 
biera podido aislarse desde el principio en gran parte, si se hubiesen to- 
mado las debidas prevenciones, aconsejadas, si bien con algún retraso, 
en forma de instrucción popular por la Junta local de Sanidad y en re- 
sumen científico por una Comisión de la Academia Médico-Farmacéuti- 
ca, ha revestido caracteres muy diversos y ha ocasionado proporcional- 
mente gran número de victimas, alguna de las que contaba con edad 
relativamente poco apropósito para la dolencia. — ^Sobre todo durante el 
primer período de la epidemia y durante el de ascenso, fué cuando pre- 
sentó mayor variedad de formas clínicas y estados de complicación; las 
primeras pudieran en algún caso caracterizarse de tifoideas en todas sus 
fases; los segundos, de alteraciones correspondientes al proceso in ñama- 
torio. — ^Ya en el período de estado, comenzaron aquellas á decrecer en 
intensidad y en el período de descenso, en que considero nos encontra- 
mos aun hoy, esas formas van siendo más raras, á la vez que siguen 
más francamente su curso normal los nuevamente afectados, que desde 
luego son también menos en número, á pesar de los grandes focos en 
que á la sazón se desarrolla (Inclusa, cuarteles). 

No me he propuesto hacer la historia de la epidemia de que me ocu- 
po,'pero sí deseo no se borre fácilmente su recuerdo, con lo cual tal 
vez se tendrán más en'^cuenta, que hasta aquí, las circunstancias que 
concurren á esos continuados diezmos do la niñez, que tiene derecho á 
toda la protección, y que en el dia apenas la recibe de las Autoridades 
administrativas. Fuerza me es consignar que dependo ello de la falta 
continua de observancia en los preceptos higiénicos; y si estos no se 
cumplen en cuanto al público atañen, poco puede esperarse de la ini- 
ciativa particular, que para el caso ha de encontrar muchas dificulta- 
des. Al fin, tratándose de los que pudiendo, no quieren evitarlo, el mal 
puede considerarse menor; pero como la higiene protejo á todos, su 
inobservancia á todos daña y más que A otros á los niños. ¡Pobres ni- 
ños! Pagan un tributo crecido por hechos en que no intervienen siquie- 
ra; respiran una atmósfera mefítica y pestilente, porque ante el interés 
no se respeta la higiene; y á pesar de .¿ue está todo el mundo convenci- 
do de que la robustez del niño ha de ser muy luego base de felicidad 
para la familia y para la patria, se le vé abandonado al azar, en su sa- 
lud, cuando no ocurre,— que en moda se va poniendo, para mejor excitar 
los sentimientos de la caridad, ó por necesidad verdadera — que se le 
dedica al pordioseo en altas horas de la noche ó se le condena á trabajos 
muy superiores á sus fuerzas. — ^¿En qué estado alcnnzará» á ver, si lle- 
gan á hombres, la degeneración de la familia y de la patria?... ¡Pobres 
niños! 

Reumatismo articular agudo de la iníancia.— En el hospital de A bor- 
deen se ha observado un caso en unniño de nueve meses {The pratitioner), 
que presentaba fiebre intensa hacia cuatro ó cinco días, gritaba mucho 



314 BEVISTA DE ENFERMEDADES DE LOS NIÑOS. 

por las noches y parecía tener vehemente dolor en las rodillas y tobillos, 
Creyóse primero que se trataba de algún traumatismo, más por los an- 
tecedentes se supo luego que la enfermedad había principiado por una 
hinchazón poco notable de la mano y pulgar derechos, hinchazón que 
desapareció rápidamente, y sin que la madre sospechara la relación que 
pudiera tener este afecto con el de la rodilla izquierda, priraera que ha* 
bia llamado su atención. 

Reconocida la enfermedad y fijado el diagnóstico, se le administraron 
0M5 gramos de salicina tres veces al día y gradualmente fué reponien* 
dose el enCarmito {L' esoalpel.). Es de creer que una observación atenta 
permitiría fácilmente descubrir el reumatismo en los niños, con lo cual 
se aclararían muchos diagnósticos, que en otro caso suelen ser muy difí- 
ciles. 

Reseoclon de la rodilla.— William Stokes (Brit. med. journ.) ha hecho 
muchas observaciones acerca de este punto, que pueden reasumirse (Pres- 
te med. belge.) en esta forma: La resección de la rodilla no debe conside- 
rarse como medio extremo, sino que deberá practicarse antes que las 
lesiones graves se hayan establecido.— Para ser eficaz el tratamiento es- 
pectante, debe emprenderse en uno de los primeros períodos y durar 
por lo menos dos años.— El mejor resultado que puede obtenerse por 
este medio es la anquilosis.— En los enfermos predispuestos á la tuber- 
culosis, es de temer una recidiva. — Guando hay supuración abundante 
y prolongada, se encuentran fácilmente lesiones viscerales y particular* 
mente renales. — En los casos en que la piel está aun intacta y la enfer- 
medad sea poco intensa, con un medio inmovilizador eficaa^ y un trata- 
miento antiséptico rigoroso, el mayor número de veces se. obtiene, 
después de la resección, la reunión inmediata. -^Cuando se encuentra 
en estas condiciones, la resección de la rodilla no debe sec consíderAda 
como una operación terrible, sobre todo practicándola desde luego. 

Polvo do limpieza para los niños.— Según el Dr. Klamann puede ser 
de utilidad reemplazar el licopodio, almidón, etc., por la mezcla siguiente 
{Repert. dePharm.) 

Magnesia calcinada 5 gramos. 

Talco de Venecia 25 » 

Acido saliciiico 0*20 » 

Mixtura oleo-balsámica 10 gotas. 

Gréohes ó oasas-ounas.— Mientras en Francia adquiere esta institu- 
ción grandísima importancia y es reconocida de utilidad y subvenciona- 
da por el Estado, apenas cuenta España con alguna benéfica asociación 
que vele por los niños desvalidos, ó los que por razones de índole social 
han de quedar poco menos que abandonados, mientras sus angustiadas 
madres acuden á rudos trabajos con que ganan lo preciso para vivir. — 
Conocida en Barcelona la institución, puesto que se ha publicado acerca 
de la misma un trabajo bastante completo, réstame consignar el hecho 
y lamentar que no se organicen verdaderas Créchea en grande escala. 



L0$ MICRÓFITOS DK LA SANGRE. 315 

LOS MICRÓFITOS DI ü SANGRE Y SOS RELACIONES CON LAS ENFERMEDADES/') 

POR Timoteo Richard Lewis. 



IX. 

Relación del Spirillum de la fiebre recurrente con los otroB Spirüla conocidos. 

Habiendo intentado demostrar que no hay bases suficientes pai*a 
aceptar la opinión de que los Daccilli, que se han hallado en el carbun- 
clo, en la septicemia y en otras enfermedades, difieran, no solo en algu- 
nos puntos materiales, sino en muchos otros de los Baccilli que pue^ 
den ser descubiertos en ciertos casos fácilmente indicados, falta demos- 
trar que el Schizomycetes, descubierto en la fiebre recurrente, Spirillum 
Obermeieri^ difiere de los demás Spirilla conocidos como inofensivos. 

Sobre este punto hay también gran diversidad de opiniones, no tan 
grande quizás, por lo que hace á los micrófitos, como hasta hoy se habia 
creido. 

Existe la circunstancia, la cual simplifica el asunto, de que los que 
han tenido mejores ocasiones para observar personalmente son después 
de todo los menos inclinados á reclamar para este Spirillum los carac- 
teres específicos en el sentido botáni- 
co ordinario de esta palabra. Desde 
que ha sido hallado en la sangre por 
Obermeicr, se le han dado diversos 
nombres Spirothrix, Protomycetum re- 
curreniia en el artículo de Lebert so- 
bre la fiebre recurrente y en el Ziems- 
sen's Handbuch of Medi Hne; Spirillum 
por Erichsen, Litten, Birch-Hírschfeld, 
etc.; Spirillum tenue por Naunyn y 

Fig. ^.^spiriuum n^irochcote obermeicH Spiroch(ete Ohermeieri por Cohn. Este 
(Weigert, publicada por cohn) X 600 diá- último observador, el único que po- 
™«^ros. see una gran experiencia botánica, 

dióle un nombre específico basado 
tan solo en hechos fisiológicos, porque después de un detenido exa- 
men no pudo descubrir diferencia al^unOj ya en el tamaño, ya en el ca- 
rácter de los movimientos, entre el Spirillum de la sangre en la fiebre 
recurrente y el Spirillum (Spirochoete) plicátiles que habia sido hallado 
anteriormente en el agua por Ehrenberg. Cohn lo ha hallado también en 
el agua y también en la boca, en el moco que rodea los dientes (2). La 
figura de este Spirillum dada por Cohn la reproducimos para facilitar la 
comparación (figs. 22 y 23) (3). Se recordará que el Dr. Obermeier habia 




(1) Continuación.— Véanse los números 25, 26, 27 2«, 29, 30, 31, 32 y 33. 

(2) Loe, cit. tomo I, p&g. 180, 1872. 

(3) Ehrenberg indicó que la palabra Spirillum debia Umiti^rse k loe Schizo- 
mycetes que presentan movimientos espirales sin flexibilidad, y propuso llamar 




316 LOS MIGRÓFITOS DE LA SANGRE. 

observado el Spirülum en el moco bucal en los enfermos atacados de 
fiebre recurrente, habiendo probablemente descuidado el hecho de que 
su presencia en dicho fluido es anormal. Manassein (1), que en San Pe- 
tcrsburgo habia tenido ocasiones favorables para verificar observacio- 
nes, se declara terminantemente contra la supo- 
sición de que la presencia de este micrófíto sea 
otra cosa que un fenómeno excepcional en la fie- 
bre recurrente. No solamente no existe en la san- 
Fig. 53.- spiriiium fSpiro- gr© cn algunos casos de fiebre examinados por el 

chcBteJ plieatUe (Cohn) mismO y por OtrOS, slUO qUO i^JJirt'íía, COmpleta- 
X 650 diámetros, mente semejantes á los que se hablan visto en 

otros casos, permanecieron, durante un período 
de algunos meses, constanlemente presentes en la secreción que se es- 
capaba de un absceso de la^boca en un enfermo sin fiebre. Billroth afir- 
ma asimismo que Spirilla semejantes aparecen en la caries de los hue- 
sos; Heydenriech, que probablemente ha estudiado el asunto más que 
nitigun otro, y ha escrito sobre la materia la Memoria más completa que 
conozco, á pesar de su deseo manifiesto de referir el Spirillum á la causa 
de la enfermedad, se ve, sin embargo, forzado á declarar que no existe 
razón suficiente para considerarlo específicamentej diferente del Spiri- 
llum del agua y del Spirillum ordinario de la boca (2). 

En Mayo de 4877, tuve ocasión de observar en Bombay algunos casos 
de fiebre, en los cuales el Dr. Vandyke Cárter habia demostrado la exis- 
tencia de Spirilla en la sangre. El Dr. Cárter ha publicado recientemen- 
te una interesante relación de sus observaciones (3). Estas, á juzgar por 
el extracto de la Memoria sometida á la Pathological Societyf coinciden 
del todo con las observaciones idénticas hechas en Europa. Durante mí 
estancia en Bombay, tuve ocasión de examinar veinte y cinco casos de 
esta enfermedad, habiendo observado los Spirilla en cinco ocasiones 
diversas. No puede decirse, sin embargo, que los síntomas fueron más 
graves en otros casos que en aquellos en que no se hallaron vestigios de 
Spirillum. Una de las preparaciones de sangre, conteniendo dichos or- 
ganismos, que he podido conservar, es especialmente buena y como se 
obtuvo exponiendo el líquido recientemente extraído á los vapores de 
una débil solución de ácido ósmico, puede considerárseles como presen- 
tando los Spirilla absolutamente en condiciones idénticas á cuando apa- 
recen sobre una lámina de cristal preparada. Los vapores de este ácido, 
según han declarado muchos observadores, son particularmente útiles 
para conservar el aspecto de estos mícrófitos y en'general de todas las 
preparaciones de sangre. El profesor Bay Lankester, al recomendar su 



SpirochoBte álos que son marcadamente flexibles. Gomo esta distinción es simple- 
mente cuestión de grado, toda vez que los Spirilla poseen también más ó menos 
flexibilidad, me asocio á la clasiflcacion de Dujardin. F'omental {Elude sur les mi' 
crozoaires^ 1874) adopta por igual razón la palabra antigua que es la más sen- 
cilla. 

(1) Saint- Peterabourg medie, Wochenachrift^ núm. 18, 1876. 

(2) Loe ciu, pag. 31. 

(3) The Lancety Junio, 1878. 



LOS MICRÓFITOS DE LA SANGRE 



317 



USO á los observadores ingleses, escribe: Basta exponer una delgada 
capá de sangre, debajo de una campana, á los vapores que salen de una 
botella que contiene un dos por ciento de una solución de ácido ósmico, 
y esto por el espacio de tres minutos, para asegurar la completa conser- 
vación. Cada corpúsculo queda de ese modo, por decirlo asi, en su forma 
viviente: no hay coagulación, ni encogimiento, ni disolución; el cor- 
púsculo queda en el mismo estado en que se hallaba antes de ser ex- 
puesto á los vapores del ácido. Los corpúsculos blancos hasta muestran 
sus falsas pestañas detenidas en el acto del movimiento. Birlase que la 
botella con ácido ósmico contiene una cabeza de Gorgona, que cambia 
en piedras los corpúsculos cuando estos la miran (1). 

Yo habia preparado algunas micro-fotografías en dichas condiciones, 
esperando poder hacer con ellas copias fac-sfmiles para la presente Me- 
moria. Temo, sin embargo, que no sea posible obtener reproducciones 
negativas, por los actuales procedimientos usados en Europa, bastante 
á tiempo para poder realizar ahora su publicación. Por esto he dibujado 
algunas, que he hecho grabar en madera (2). 

Para el último número del Suplemento de Cohn (tomo 2.^, cuader- 
no 3.^), el Dr. Koch ha facilitado excelentes micro-fotografías de Spirilla 

observados en San Petersburgo. Los 
Spirilla de la preparación de ácido 
ósmico que poseo, aunque presentan 
los mismos caracteres generales que 
los fotografiados por el Dr. Koch, son 
hasta cierto punto más grandes que 
los representados por este último ¿Se 
debe esto á alguna ligera diferencia de 
la sangre entre la fiebre que reinaba 
en Bombay el año último y la que cau- 
saba sus estragos en San Petersburgo? 
No puedo asegurarlo, pero eso se debe 
en gran parte, como así lo creo, á que 
la diferencia entre los Spirilla de las 
preparaciones que estaban en mi po- 
der y las que fueron recibidas en San Petersburgo, fotografiadas por el 
doctor Koch, ó las dibujadas por Weigert (flg. 22), es tan grande como la 
que existe entre el SpiHllum Ohermeiere y el SpiriUum plicatile por una 
parte y el SpiriUum de la boca por otra. Según ya hemos dicho, estas 
diferencias son habituales y es posible que diferencias tan lijeras existan 
en los micrófitos de diversos individuos durante una misma epidemia, y 
aun en diversos momentos en un mismo individuo, como ha ocurrido, 
según queda expresado en las páginas precedentes, con los Baccüli déla 

sangre. 

Siquiera sea de paso, creo puede ser útil decir algo acerca de la fiebre 
que ha asolado á Bombay durante una gran parte del año 1877, porque 




Fig. lA.—Spirilla encontrados en la sangre 
de enfermos en Bombay. 



(i) Quartely joum, of mier. se. IX, pág. 370, 1871. 

(2) Dos de estas micro-fotografías se encuentran convertidas en fotografías per- 
manentes por la Compaaía aulotipa, en la Memoria original. 



318 NOTICIAS CIENTÍFICAS. 

parece habeí* existido una mala inteligencia sobre su verdadero carác- 
ter. Lo que se llama en Alemania fiebre recurrente, tifus bilioso, algunas 
veces fiebre biliosa periódica y también tifus periódico, se considera en 
Inglaterra como idéntico á la fiebre recurrente del hambre, que ha rei - 
nado hace algunos años en Irlanda y en otros puntos. Que sea ó no sea 
esta última causada por la falta de alimentos, no es la cuestión que aquí 
debe tratarse; pero lo que está probado en absoluto es que son erupcio- 
nes de fiebres periódicas en diferentes partes de Rusia y de Alemania, cu- 
yas erupciones, ligadas con los Spirilla de la sangre, se han presentado 
en distritos completamente al abrigo de las necesidades de todo género. 
En algunos casos, en efecto, las erupciones de fiebre se presentan en co- 
marcas y durante periodos en que las clases trabajadoras están excep- 
cionalmente bien acomodadas. Sobre este punto no debe haber duda 
alguna. Por lo que respecta á la relación sospechada entre la fiebre de 
Bombay y el hambre que existia en varias partes del país, puedo solo 
afirmar que, en virtud de lo que me dicen mis observaciones personales 
y mis minuciosas investigaciones, no hay motivos bastantes para esta- 
blecer dicha suposición; el cirujano general Hunter, después de un dete- 
nido análisis de los informes oficiales, al escribir sus impresiones per- 
sonales acerca de la enfermedad, sintetiza su parecer sobre este punto 
diciendo: no debe admitirse relación de causalidad entre la fiebre y el 
hambre. 

De estos hechos es preciso deducir que la frase fiebre del hambre no 
es aplicable á la enfermedad hasta aqui asociada con los SpiriUa de la 
sangre, ya en Alemania, ya en Rusia 6 en Bombay (1). 



NOTICIAS CIENTtFICAS. 



Tuberculosis: nosogenia.— El profesor Robert Koch ha leido, en la 
Sociedad de Fisiología de Berlin, una Memoria en ia que hace constar: 
1.* que la séptima parte de muertes en la raza humana es causada por 
la tisis; 2.* que el tercio, poco más ó menos, de los que fallecen en toda 
la fuerza de su edad sucumbe á esta terrible afección. Acepta luego las 
ideas de Villemin acerca de la inoculabilidad de la tisis, partiendo de 
su naturaleza contagiosa. 

En las investigaciones microscópicas hechas sobre gran número de 
órganos enfermos, de hombres y de otros animales, Koch ha conseguido 
aislar de los tejidos adyacentes, por medio de soluciones coloreadas, un 
microbio que en todos los casos se reconoce en forma de bastoncillos. ~- 
Según la Revue medícale de Louvain^ el microbio es casi tan largo como 
el tercio de diámetro de un glóbulo rojo de la sangre, y su diámetro 
transverso es á su longitud como 1: 5 ó 6. 

Con arreglo á los experimentos de Pasteur, se ha dedicado Koch á la 
cultura de dichos bastoncillos durante cierto tiempo, obteniendo resuN 
tados concluyentes.— Una vez seguro de que el microbio está perfecta- 
mente puro, ha inoculado diferentes animales sanos, y constantemente 
han sido afectados de la enfermedad originaria.— Las inoculaciones fue- 



(1) Indian medical Gazette, \,^ Octubre 4877. 



NOTICIAS CIENTÍFICAS* 3Í9 

ron prUcticadas de ordinario por debajo de la piel del abdomen, aunque 
algunas se hicieron en oirás regiones, por ejemplo, en el humor acuoso 
del ojo, con una gota de sustancia virulenta. 

La temperatura necesaria al desenvolvimiento de oste microbio oscila 
entre los 30 y 40 grados, que es también la más propia para el hombre. 

Tales son, en resumen que ampliaremos, los fundamentos de la co- 
municación de Koch á la Sociedad fisiológica de Berlin y al Congreso 
médico de Wiesbaden (Berliner Klinische Wochenschriffy) y cuya impor- 
tancia no hemos de encarecer.— (F. Castells.) 

Galactogogo de Jamaica.— Anderson se vio en el caso de practicar á 
una negra la operación cesárea: el niño salió vivo, y la madre, aunque se 
salvó, no curó hasta los cuarenta y seis dias por haber sido atacada de 
peritonitis. Durante este tiempo, se alimentó al recien nacido por medio 
del biberón, el que creyó Anderson seria preciso emplear durante toda 
la lactancia, cuando un dia^ por casualidad, entró en casa de la negra y 
la encontró que estaba amamantando á su hijo. Ella le refirió que las 
mujeres de su país tenian la costumbre de tomar una infusión llamada 
tíié de hojas de algodón, á fin de procurarles leche cuando carecían de 
ella. El autor se aprovechó de la observación y durante seis años la 
administró á todas sus clientes que no tenian leche, habiéndose conven- 
cido evidentemente de la eficacia galactogoga de esta sustancia. La plan- 
ta es un arbusto llamado Gossypium barbadense; se ponen 6 ú 8 hojas 
para cada taza de infusión y se dan 4 ó más tazas en las 24 horas, según 
los efectos producidos; algunas llegan á tomar 2 y 3 litros al dia; su 
gusto no es desagradable y puede tomarse mezclado con leche y azúcar 
{TVcms. ofthe obst. 8. of L.) (Fargas ) 

Menstruación precoz. — Trátase de una niña que, cuando la vióZeller 
de Beamsville {Medical Record), tenia cinco meses. Habia empezado á 
menstruar á los dos y continuó regularmente cada cuatro semanas du- 
rando el flujo de tres á cuatro dias. 

Bedford, en su obra de Obstetricia, cita, sin darle gran crédito, un 
caso análogo observado por Rowlett de Kentucky en una niña que empe- 
zó así mismo á menstruar á los dos meses.- ÍFormiguera). 

Polvos contra la diarrea de los niños.— Hé aquí los que administro 
siempre con eficacia: 

Subnitrato de bismuto 50 centigramos. 

Polvos de Dower 16 » 

Lactosa 3 gramos. 

Palv. m. y h. ocho papeles iguales. 

Para tomar uno cada cuatro horas los niños de dos á cuatro años.— 
(R. Rovira). 

Fenol: acción antipirética.— El Dr. Van Oye se ocupa en su tesis 
De Vaction de V acide phénique sur les fébricitants, (París, d881). Como 
veneno del sistema nervioso, obra bajando la temperatura del hombre y 
de los animales superiores. 

Dosis que no bajan el calor del hombre disminuyen el anormal, poco 
después de la absorción, desde i.° á 3.** durante 4, 2 ó 3 horas, según la 
dosis, tal vez por la hiperemia cutánea y los sudores consecutivos. Ter- 
minada la acción del fenol, sobreviene un escalofrió y después sube la 
temperatura hasta su nivel anterior, lo cual puede evitarse con nueva 
dosis en tiempo oportuno. 

La dosis antipirética no ejerce acción tóxica inmediata; bastan para 
ello 50 centigramos en lavativa; gradualmente se puede subir hasta 2 



320 NOTICIAS CIENTÍFICAS. 

gramos por dosis y hasta i 2 por día (??). Un gramo de una vez ha lle- 
vado en algún caso la temperatura á 34° 5, sin resultados nocivos. 

Gomo consecuencia del empleo del ácido fénico á estas dosis, debe 
temerse la congestión pulmonar, y la albuminuria, la poliura y las de- 
generaciones grasosas, si se usan durante largo tiempo grandes cantida- 
des. Cree Oye que su empleo debe limitarse, como antipirético, á las 
fiebres continuas y á las intermitentes.— (Rodríguez Méndez). 

De la dispepsia en las diferentes clases de anemia. — Hay en la 
anemia dos elementos morbosos distintos: el primero es la misma lesión 
de la sangre; disminución de los glóbulos y de los principios solubles del 
suero; el segundo consiste en el conjunto de las lesiones orgánicas que 
son el resultado de la anemia ó que, precediendo á esta, han contribuido 
á provocarla. Si el primero de esos dos elementos es bien conocido, no 
así el segundo. Queda muy á menudo desconocido ese verdadero circulo 
vicioso, en el cual la pobreza de la sangre de un lado, y el decaimiento 
de los órganos, particularmente del estómago, por otro, son la causa de 
la debilidad general y dan la explicación de los malos resultados tera- 
péuticos. 

En estos casos, el enfermo que estaba ya dispéptico^ por motivo del 
reuma, de las clorosis, del nervosismo, de cualquier otra caquexia, se 
queda anémico y resiste al principal agente reconstituyente de la sangre; 
por este motivo elemental que se ha olvidado que su estómago es intole- 
rante, que su intestino no absorbe^ el hierro, pues, en lugar de serle útil, 
le hace daíio aumentando su dispepsia y, además, le es inútil puesto que 
no es absorbido. Sin embargo, el hierro es indispensable á esos enfer- 
mos. ¿Cómo podrá administrarse? De ahí la importancia del preparado. 

Si las varias clases de pildoras, las sales más ó menos solubles, el 
hierro en limadura, pulverizado, reducido, etc., son agentes nocivos é 
inútiles á los anémicos afectados de dispepsia, no es asi lo mismo del 
hierro líquido dializado, cuya preparación por el método de Raoul Bra- 
vais nos asegura la pureza absoluta y la perfecta solubilidad. 

Aunque sean esas las dos principales cualidades del expresado agente 
desde ahora registrado en la terapéutica corriente y magistral, hay otra 
que le da más precio todavía: el hierro Bravais se absorbe fácilmente. — 
No daña el estómago, y por ese moti vo es eupéptico. Se ve, pues, los ser- 
vicios que puede prestar en los ca^os á los cuales aludimos; y que es 
gran recurso para los médicos que no han conseguido poder curar 
las anemias rebeldes sostenidas por lesiones del sistema digestivo. 

Helo aquí en dos palabras: uno de los más grandes inconvenientes 
de la anemia, es la dispepsia. No se podría mejorar la primera sin tener 
en vista la otra. El hierro dializado Bravais llena esa doble condición. 



PUBLICACIONES RECIBIDAS. 

£1 Arte de vivir, *por Ilübert Boens. Tratado completo dé /ti^'^n^,- traducid o 
por D. R. Fernandez Esnaola.— Madrid. 

DiBcuraos leídos en la Real Academia de Bfedicina para la recepción pública del 
académico electo D. Jaan Greus y Manso. —Madrid 7 Mayo i8:2. 

Dr. P. Manant. -Fecundación artificial humana. Hietorla, indicación y proce- 
deres. - Barcelona 1882. 

Manual de Medicina operatoria, por J. F. Malgaigne.— Octava edición por 
León le Fort.— Cuaderno 17.— Barcelona. 

Biblioteca económica de Medicina y Cirugía.— Cuadernos 28.— Comienza 
el Manual práctico de Ginecología y de las enfermedades de las mujeres, por el doc- 
tor L. de Sinety.-Madrid. 



!Í^ 



Tomo II. Núm. U. 



15 Junio de 1882. 



Ano II. Núffl. 35. 



Gaceta Médica Catalana. 



SUMARIO: El iodoformo en otología, por el Dr. Sojo y Batlle.— La cirugía ocular antiséptica 
en la clínica del Sr. S. Barraqaer, por D. S. Casasemas.— Contribución al estudio del 
ácido aalicllicoy sus compuestos, en particular del salicilato sódico en el tratamiento del 
reumatismo (continuación), por •■ M . E. Moré y Dar^it-^Anatomla de los centros ner- 
viosos (continuación), por B. M. Far^aa Hoea.— Revista de Dermatología, por elDr. Ale- 
jandro Planellaa.— Revista critica bibliográñca, por F. Ca«i«ll«.— El alimento en los 
niños, por el Dr. S. Labastide, traducido por Arlisas ttimenem.— Los micrófitos de la 
sangre y sus relaciones con las enfermedades (continuación), por el Vr. T. Aichar Leivi*.— 
NOTICIAS GIENTÍ Pie AS: Tétano: tratamiento.— Contribución al estudio del oxigeno en tera- 
péutica.— La cafeína en las parálisis de las fibras musculares de los intestinos.— Pufr/tcacio- 
nei recibidas,^ Advertencia. 



EL IODOFORMO EN OTOLOGÍA 

POR EL Dr. Sojo y Batlle 

Profesor cUnico de la Facultad d§ Medicina' 



Desde el año 1878 uso el iodoformo en el tratamiento de las supura- 
ciones crónicas del aparato de la audición. Antes de aquella fecha habia 
aprendido en los libros y en las clínicas de Mioty Garrigou Desarenes, de 
París, á tratar las otitis medias purulentas, las externas, circunscritas ó 
difusas, cuantas supuraciones, en una palabra, tienen asiento en el oido 
medio y externo, simples ó díatésicas, con los lavados mediante el irriga- 
dor á proposito, seguidos de tópicos astringentes, particularmente el sub. 
acetato de plomo líquido, el sulfato de zinc, el sub-borato sódico, etc.^ 
en soluciones más ó menos concentra tas. Con este tratamiento tópico, 
y con el plan dietético y farmacológico indicado en cada caso especial 
logré, y logro todavia, curar supuraciones antiguas y rebeldes á otros 
medios. Pero bien pronto se me ofrecieron casos, en los cuales^ aquel tra- 
tamiento era completamente impotente, particularmente en supuraciones 
do la caja, con perforación más ó menos extensa del tímpano. Ideé para 
ellos en aquel entonces, la irrigación intra- timpánica con soluciones an. 
tisepticas de ácido bórico y ácido salicílico, cuyo modus faciendi puede 
.verse en las Actas de la Academia y Laboratorio de Ciencias médicas 
de Cataluña, en cuya sociedad y en una de sus sesiones, lo expuse. Con 
ella conseguí resultados mejores, pero no triunfé en todos los casos. Eché 
mano entonces del iodoformo. 

No tenia noticia de qud se hubiera aplicado dicha sustancia en otolo- 
gía, así es que le usé como por via de ensayo y con cierta reserva, juz- 
gando por analogía, del i*esultado que pi*etendia sacar de la misma. Mis 
primeros ensayos, que califico de empíricos, me animaron á repetir la 
cura iodofórmica. Desde entonces he obtenido con ella gran número de 



322 £L lODOFORMO EN OTOLOOIA. 

curaciones; habiendo podido estudiar sus indicaciones, y modo de obrar, 
sustituyendo el conocimiento cientíñco á la idea empírica. 

Si tratara de hacer un estudio clínico completo al escribir estas li- 
neas, reseñaría aquí una casuística numerosa. No es este mi objeto, y 
como no quiero robar tiempo al lector, seré breve, amen de que la ma- 
yor parte de casos serian la repetición de los siguientes que apunto 
en sumario y elijo al azar. 

Observación I. — A fines de 1878 vino á mi consulta particular 
María V. y B., de 17 años; temperamento linfático, con infartos ganglio- 
nares cervicales. Otitis media purulenta de ambos lados con perforación 
del tímpano. La supuración data de tres años con alternativas de mejoría 
y agravación. Han sido infructuosos los medios ordinarios de trata- 
miento. Cura iodofórmica. Notable meioria desde las primeras aplica- 
ciones. Curación al mes de instituido el tratamiento. 

Observación II.— En 1879 el Dr. Esquerdo (D. P.) me envió á la seño- 
rita N.,de 19 á 20 años y de temperamento linfático. Supuración crónica 
de ambas cajas con perforación poco extensa del tímpano. Habia sido tra- 
tada sin resultado por médicos y cirujanos los más afamados de esta ca- 
pital. La otorrea databa de 6 á 8 años. Empecé el tratamiento con la 
ducha de agua templada seguida de la instilación de una solución de sub- 
acetato de plomo. Ningún resultado. Cura iodofórmica todos los dias. 
Curación completa á los dos meses. Tímpano cicatrizado en un lado y 
la perforación apenas perceptible en el otro. La audición ha aumentado 
notablemente. 

Observación III.— En el año 1879 el Dr. Soler y Buscallá me mandó á 
la niña N., de 7 años de edad, escrofulosa y que ha padecido queratitis en 
ambos ojos. Supuración de la caja del tímpano izquierdo, tumefacción 
inflamatoria de las paredes del meato externo debida á la acción irritan- 
te de la gran cantidad de pus fermentado que fluye continuamente por 
él. La han tratado varios médicos con inyecciones de quina alcanforada, 
cocimiento de hojas de nogal, instilaciones astringentes y demás medios 
de este tenor, y todo ha sido infructuoso. Cura iodofórmica. La supu- 
ración disminuye notablemente á las pocas aplicaciones del fármaco. A 
los 30 dias completa curación. 

Observación IV. — Vino á mi consulta particular Josefa P., de 23 
años, escrofulosa y con ozena; ha padecido desde niña supuraciones 
en ambos oidos, que han cesado alguna temporada para reaparecer- 
más tarde. El tímpano derecho engrosado y con notable deformación, 
sin perforación. En el tercio interno del conducto auditivo existen 
algunas costras bañadas en un pus fétido, que se desprenden fácilmente 
dejando al descubierto ulceraciones superficiales. En el otro oido hay 
supuración de la caja con perforación del tímpano de 4 milímetros en su' 
mayor diámetro, y situada en la parte antero-inferior del segmento infra- 
umbilical. Tratamiento: aceite de hígado de bacalao Jonch; lavados con 
agua tibia, seguidos de instilaciones con diversos solutos astringentes. 
A los 15 dias de tratamiento continúa la supuración. Sustituyo el trata* 
miento tópico por la cura iodofórmica. .Curación completa á los 12 dias. 

Observación V. — En el año 1880 el Dr. Montagu me manda á la en- 
fermita N., de 7 años; al parecer, linfática. Supuración del oido derecho 



EL lODOFOBlIO EN OTOLOGÍA. 323 

que data de '2 años. Pdr él meato externo asoma una nepolasia polipifor- 
me que llena por completo todo el conducto. La exploración con el es- 
tilete, tratando de circunscribir la neoplasia, me pone en conocimiento 
que bajo toda probabilidad el pólipo tiene su implantación en la caja. 
Extirpo el pólipo con el polipotomo de Duplay. Existe una perforación 
del tímpano en la parte infra-umbilical y en su segmento anterior, junto 
al borde la membrana, por donde asoma la raiz de la neoplasia que tiene 
su implantación en el borde ó marco del tímpano prolongándose hasta 
la caja. Extirpo por arrancamiento la porción restante del pólipo. Trato la 
otitis media purulenta, causa en la mayor parte de casos, por no decir 
en todos, de estas neoplasias, con lavados, instilaciones de una solución 
de permanganáto potásico que por lo infructuosa es sustituida por otra 
de hidrato de doral y sub-borato de sosa. A los 20 dias de tratamiento la 
supuración continúa. Empleo el iodoformo en curas diarias. Disminuye 
notablemente la supuración y cesa por completo á los 10 dias de trata- 
miento . 

ObsbrvAíCion VL— En el año 1880 vino á mi consulta!. N., vecino de 
Sabadell. Hace 12 años lleva en cada oido un pólipo que llena por comple- 
to todo el meato y subresale un centímetro al exterior. Un práctico, que 
hace tiempo murió y era conocido en Barcelona con el nombre de médico 
Inglés, intentó extirpar dichos pólipos, pero según dice el enfermo fraca- 
só en la operación. Desde entonces, creyendo su enfermedad incurable 
no ha consultado ningún otro facultativo. La audición notablemente dis- 
minuida, pues solo oye el reloj aplicado á las regiones temporal y mas- 
toidea. Extirpo los dos pólipos. El derecho tiene su implantación en la 
caja. Habiendo la audición aumentado bastante (O. D. R. 10 centíme- 
tros O. Y. R. 12 centímetros) y cesando la supuración en el izquierdo, el 
enfermo, que se creyó ya curado, descuidó el tratamiento que se seguía 
después de la operación, y que no repito, pues era igual al caso anterior. 
Efecto de este descuido y del algodón nada limpio con que tapaba el oido 
derecho, sobrevino una inflamación agudísima de la caja, parálisis facial 
del propio lado, efecto esta última sin duda de la progresión de la fleg- 
masía por el hiatus de Fallopio, y compresión consiguiente del nervio 
por el exudado inflamatorio. Con un tratamiento apropiaio desapareció 
el estado agudo, y con él la parálisis facial. Quedó una perdida de sustan- 
cia del tímpano, que alcanzaba toda la porción infra-umbilical, excepto 
un pequeño segmento de forma semilunar, que quedó en la parte poste- 
rior del mismo. A los dos meses de la operación, quedaba la otitis media 
purulenta en el mismo estado. Decidí entonces apelar al iodoformo, y á 
los ooho dias la supuración había cesado por completo, sin que reapare- 
ciera de nuevo á los dos meses de haber dejado el tratamiento. 

Observación VIL— El año pasado vi al enfermo T. N., de 17 años de 
edad,que padecía, desde niño, de supuración en ambos oídos. Por con- 
sejo facultativo nunca ha tratado la otopatía, á fin de dar libre curso á los 
malos humores. Diagnóstico: Otitis media purulenta crónica bilateral. 
Cura iodofórmica. Curación completa á los veinte dias. 

Observación VIH.— La señorita N., de 19 años de edad, hace dos me- 
ses vino á consultarme por una supuración crónica del oido izquierdo. 
Examinado el aparato, diagnóstico: otitis media purulenta. Curación 



324 EL lODOFORMO EN OTOLOGÍA. 

diaria con el iodoformo. Cesa la supuración á los diez dias de trata- 
miento. 

Las observaciones anteriores creo son suficientes para poder afirmar, 
que el iodoformo es superior, en eficacia, á los demás medios tópicos usa- 
dos en el tratamiento de las supuraciones crónicas del aparato de la 
audición, particularmente en las otitis medias. Solo puede exceptuarse 
el ácido bórico, que también en muchos casos, conforme he tenido cca- 
sion de observar, agota supuraciones rebeldes á los otros agentes tera- 
péuticos. 

La cura la hago del modo siguiente: Lavo ante todo el oido medio y 
externo. Para ello me valgo del irrigador Eguisier ó de la ducha de Es- 
march. Es necesario desterrar las jeringuillas de cristal, asi como las 
de goma piriformes, llamadas vulgarmente de oídos, y á las que tan afi- 
ciDnados son los enfermos. El chorro debe ser uniforme y constante, cu- 
ya condición sólo llenan aquellos aparatos. Puede el lavado hacerse con 
agua tibia, previamente hervida, ó adicionándole una ligera cantidad de 
ácido bórico ó salicílico, (2 ó 3 7o)- ^^ 'os casos en que la perforación del 
tímpano es extensa y la supuración abundante, puede hacerse con ven- 
taja una irrigación intra-timpánica. Hoy apenas la uso, pues la creo in- 
necesaria en la mayoría de los casos. 

Seco el conducto auditivo en toda su extensión con una bolita de al- 
godón hidrófilo, y valiéndome de un espéculum de Toynbée como con- 
ductor del fármaco, voy echando iodoformo en polvo porfirizado, en can- 
tidad suficiente para llenar toda la caja, hasta que el polvo tapice y 
cubra toda la timpánica. Para repartirlo convenientemente en el oido 
medio y externo, es necesario hacer repetidas insuflaciones con una pera 
de goma. De este modo el polvo, arrastrado por la corriente de aire, se 
deposita en todos los puntos de la caja, y probablemente en las mismas 
celdillas mastoideas. Colocado el polvo, es nev3esario tapar el meato ex- 
terno con algodón hidrófilo 6 uata de Bruns. 

La cura, cuando la supuración es abundante, la repito todos los dias, 
y luego, en dias alternos, y cada 4, 5 ó 6, á medida que va disminuyendo. 

El olor penetrante del iodoformo se corrige bien, mezclando una gota 
de esencia de bergamota por diez gramos de aquel, cuya esencia la pre- 
fiero á la de menta. Sin embargo, ofrecen el inconveniente, asi ésta como 
aquella, de que poca esencia corrige apenas el mal olor, y mucha, ha- 
ciendo grumoso el polvo, es difícilmente arrastrado per la corriente de 
aire, y no se reparte bien por las anfractuosidades de la caja. Bajo este 
punto de vista, el haba de Tonka ha de ser preferible. Con todo, si al 
hacer la cura se evita que parte del polvo caiga en la concha y que quede 
á la entrada del conducto, tapándole después con el algodón hidrófilo, el 
olor del fármaco apenas se percibe y puede prescindirse de aromatizarlo. 

¿Cómo obra el iodoformo en las supuraciones crónicas del aparato 
de la audición? En mi concepto se debe su eficacia á las propiedades an- 
tisépticas ó antifermentecibles del fármaco, las cuales las afirman y po- 
nen fuera de toda duda los experimentos de Mikulicz y Panneth. La 
causa que en efecto sostiene estos flujos purulentos del oido, no es otra, 
en mi sentir, que la presencia de materias flogógenas procedentes de lá 
descomposición del pus que permanece estancado en algún punto de la 



LA CIRUGÍA OCULAR ANTISÉPTICA. 325 

caja. El íodoformo evita dicha fermentación, obrando, no pasajeramente 
como las soluciones antisépticas (ácido fénico, bórico, permanganato de 
potasa etc.) sino ejerciendo una acción antifermentecible constante, gra- 
cias á sus propiedades físico-químicas, evaporación y descomposición 
lenta de los principios que lo constituyen, y su mezcla y solución con 
la grasa y albúmina. Además, su acción anestésica y no irritante, al po- 
nerse en contacto con las superñcíes enfermas, descarta el elemento ílu- 
xionario y exudación plástica y serosa consiguiente, á que dan lugar otros 
agentes medicamentosos. De ahí la ventaja positiva que sobre los mis- 
mos tiene. 

En resumen, acción aséptica constante y en todos los puntos del oido 
medio y externo, sin irritación físico-química de las partes con que se 
pone en contacto. 

¿Quiere esto decir que el Íodoformo sea la panacea de las supura- 
ciones del oido medio y externo? De ninguna manera. En vano se apli- 
cará el medicamento en las supuraciones de la caja con perforación del 
tímpano tan reducida.que no permita su paso al través de la misma para 
ponerse en contacto de las superficies enfermas; lo propio que en esa 
suerte de escrofúiide del oido, sin que se modifique el estado general 
poruña medicación apropiada, y en muchos casos de caries y necrosis 
del elemento óseo del aparato. El íodoformo tiene, pues, sus indicacio- 
nes, que es necesario estudiar, si se quieren obtener resultados ventajo- 
sos de su aplicación, los cuales lograremos indudablemente siempre que 
la indicación esté bien basada, y se aplique según los principios expues- 
tos anteriormente. 



LA cirugía ocular ANTISÉPTICA 

m, la olíziloa* del Dr. J. BairretOLuer, 

por el ayudante D. J. Gasagemas. 



Aceptadas ya anteriormente, como causa inmediata de la supura- 
ción, la existencia de un exceso de tensión en los tejidos ó.bienla de una 
irritación directa de los mismos, las investigaciones microscópicas nos 
suministraron el conocimiento de otra nueva y poderosa causa; la de la 
acción de los gérmenes atmosféricos, de existencia hasta entonces des- 
conocida y que son además el principal y tal vez único origen de las 
complicaciones de mayor gravedad que se presentan en el curso de las 
heridas, constituyendo uno de los más temibles escollos para la práctica 
de la cirugía. 

Comprobada la existencia de esos seres microscópicos y reconocida, 
la variedad de especies que los constituyen, ya por las distintas formas 
exteriores que revisten, ya por las diversas y bien definidas alteraciones 
patológicas á que dá lugar su acción sobre los organismos vivos, ha na- 
cido la necesidad de clasificarlos, á fin de poder estudiar metódicamen- 



326 LA CIRUGÍA OCULAR ANTISÉPTICA. 

te SUS condiciones de vida con relación á su nutrición, á las temperatu- 
ras que son susceptibles de resistir, á los antagonismos que para su 
desarrollo existe entre las varias especies que constituyen ese mundo, 
microscópico y en fin, de un modo general, á los medios en que viven, 
se nutren y se multiplican. Este estudio nos facilitaría notablemente el 
poder llegar al conocimiento exacto de su modo de obrar y á las condi- 
ciones necesarias para ello, ya dependientes de nuestros tejidos, ya de- 
pendientes de esos mismos seres, como lo es, por ejemplo, el período da 
desarrollo en que se encuentran, favoreciéndose de este modo el poder 
establecer con seguridad una línea divisoria entre los que son perjudi- 
ciales y los que son inofensivos para nuestra economía. 

Mas esta clasificación se ha hecho sumamente dificultosa en el estado 
actual de la ciencia, desde que se ha reconocido que la generación de 
esos seres no es exclusivamente escisipara, sino que en algunos casos 
es más complicada, tal vez alternativa, pudiendo sufrir numerosas me- 
tamorfosis que nos son desconocidas y revistiendo, para algunos auto- 
res, diversas formas y propiedades según las condicionen del medio en 
que se desarrollan. 

Fundándose en esta teoría, en la teoría parasitaria, los cirujanos mo- 
dernos han buscado recursos para impedir los nocivos efectos de esos 
gérmenes. — De ahí la base de donde han nacido dos distintos métodos. — 
Uno de ellos (Guerin) tiende á impedir la acción de los microbios sobre 
las partes lesionadas, protegiéndolas y filtrando á través de grandes 
masas de algodón, convenientemente comprimidas, el aire que se pone 
en contacto con ellas. 

Este método, por lo engorroso, por la dificultad de aplicar convenien- 
temente el aposito, sio.ido su mala aplicación origen, en la generalidad 
de casos, de dolores y hemorragias, y por sus resultados menos seguros, 
se aconseja únicamente por la generalidad de cirujanos en determina- 
das circunstancias, como en los campos de batalla, pues facilita nota- 
blemente la traslación de los heridos, ó bien para llenar indicaciones 
especiales, como acontece en las quemaduras. 

£1 otro método tiende también á colocar las heridas en una atmósfe- 
ra aséptica, pero no filtrando el aire que llega hasta ellas, sino emplean- 
do sustancias que á dosis inofensivas para el hombre, neutralizan las 
condiciones nocivas de esos seres, ya haciéndolos indiferentes, ya des- 
truyendo por completo sus propiedades vitales. Este es el método de 
Lister, cuyo proceder es el más generalmente seguido, y que casi puede 
asegurarse cuenta como agente principal al ácido fénico, hasta que otra 
sustancia desprovista de sus inconvenientes (tal vez el eucaliptol si res- 
ponde á las esperanzas en él fundadas) venga á sustituirlo. 

Reconocida, ya casi universalmente, la cura antiséptica como la me- 
jor profilaxis contra las principales complicaciones de las heridas, inú- 
til es que nos detengamos en detallar las numerosas ventajas que de 
ella se obtienen para la vida de los operados. 

También influye notablemente esta cura en el éxito de las operacio- 
nes, y para poder apreciar la beneficiosa acción que ejerce bajo este con- 
cepto, no tenemos más que recordar los peligros que ofrece la supu- 
ración para el ojo y su vecindad. Asi yernos, que una vez establecida 



LA CIRUGÍA OCULAR ANTISÉPTICA. 327 

la supuración en la conjuntiva, puede el proceso supuratorio propagar- 
se por el epitelio y los vasos linfáticos á la córnea, en donde determina 
un abscesO) ó bien puede el pus, por una solución de continuidad en el 
epitelio, ya accidental, ya debida á la prolongada maceracion en que se 
encuentra, obrar directamente sobre el tejido propio de la córnea, in- 
feccionándolo y provocando la supuración. 

Estas complicaciones, que si no producen la pérdida del órgano, 
pueden dar origen á máltiples alteraciones ó cuando menos comprome- 
ter gravemente la transparencia total ó parcial de la córnea, ban perdi- 
do parte de su temible importancia, desde que se ba introducido en la 
eirugia ocular el uso de las principales sustancias que constituyen la 
base del método antiséptico de Lister. 

Pero, enti'e estas sustancias, el ácido fénico, que como anteriormen- 
te bemos dicho, es el cuerpo que goza de mayor aceptación por los ex- 
celentes resultados que dá como antiséptico, tiene sin embargo, nu- 
merosos inconvenientes en la práctica, y dejando aparte los efectos 
generales tóxicos que puede determinar, aunque sea absorvido en pe- 
queña cantidad, según la influencia de la disposición individual, y ate- 
niéndonos únicamente á sus efectos locales, vemos que son tan alta- 
mente irritantes, que en algunos casos llegan á producir el eczema. 
Esta acción del fenol, la contraindica en determinadas circunstancias 
y muy especialmente en la cirugía ocular, pues aunque sea aplicándole 
en disoluciones mitigadas, irrita fuertemente el ojo y preséntanse con 
mayor fireouencia, á favor de su uso, accidentes inflamatorios consecu- 
tivos que pueden comprometer gravemente el é*ito de la operación. 

Estos inconvenientes del ácido fénico, han obligado á buscar otras 
sustancias que le sustituyan ventajosamente, y no cabe duda de que en- 
tre todas las conocidas hasta hoy, es el ácido bórico el que mejores con- 
diciones reúne en la cirujia ocular, porque si bien sus propiedades 
antisépticas son inferiores á las del fenol, pirogalol, ácido salicilí- 
co, etc., etc. , su acción nada tiene de caustica ni irritante, á la par que 
siendo completamente inodoro, su uso se hace menos desagradable para 
el operador y el paciente, presentando además la ventaja de no provo- 
car los efectos anestésicos del ácido fénico, siempre molestos, por el 
entorpecimiento que producen en las manos del cirujano. 

Tanto el ácido bórico como el ácido fénico, tienen numerosas aplica- 
ciones en la clínica oftalmológica del Dr. Barraquer, ya se trate de ope- 
raciones, ya de la desinfección del órgano, cuando la secreción de la 
conjuntiva es abundante ó se halla establecida la supuración. 

El prooedimiento que se sigue en dicha clínica, en los casos de ope- 
raciones oculares, para la cura fénica, en nada se aparta del aconsejado 
clásicamente para las heridas de las otras regiones, si se exceptúa la 
sustitución, en la generalidad de casos, de la gasa fenicada por el algo- 
don salicilado, pues el fenicado no se emplea, por la dificultad que exis- 
te de hallar una sustancia que fije el ácido al algodón. £1 algodón dá 
más fácilmente á la parte una forma redondeada y ofrece punto de 
apoyo á las vendas, para que puedan ejercer una compresión mayor ó 
menor, según la indicación que se trata de cumplir. 

En la cura bórica, para producir la atmósfera antiséptica bajo cuya 



328 LA CIRUGÍA OCULAR ANTISÉPTICA. 

acción debe operarse, emplea la solución al 4 ó al 8 por 100, según se 
utilice, respectivamente, el aparato de Richardson ó el de Champion- 
niere, usando la primera solución para la desinfección de las manos, 
parte afecta, instrumentos, esponjas, etc., etc., y para locionar luego la 
herida resultante de la operación. Terminada ésta, cubre el ojo con una 
róndela de lint bórico ó sea un trozo circular ú ovoideo de tela de algo- 
don suave y poroso impregnado con anticipación en una solución acuo- 
sa de ácido bórico, saturada á favor de la ebullición, y que gracias á 
una completa desecación, presenta el espesor de la trama y la superfí- 
cie cubiertas de polvillo de ácido bórico. Inmediatamente por encima 
coloca una masa de algodón seco, hecho antiséptico mediante una in- 
mersión más ó menos prolongada en una solución alcohólica al 10 por 
100, generalmente, de ácido salicílico, que se mantiene conveniente- 
mente comprimida con vendas de gasa fenicada. En estos casos de ope- 
ración en que las curas son retardadas; por la imposibilidad que hay de 
mantener directamente sobre la conjuntiva y sus repliegues una atmós- 
fera antiséptica, por la comunicación que tiene el ojo con las fosas 
nasales, y sobre todo por la secreción de la mucosa que lleva en si prin- 
cipios aptos para entrar en descomposición, que se depositan en los fon- 
dos de saco hasta donde no alcanza tan fácilmente la desinfección, existe 
la dificultad.de obtener una perfecta antisepsis ocular, que obliga al ci- 
rujano á renovar el aposito con mayor frecuencia que la aconsejada para 
las otras regiones. 

Por idénticas causas, cuando no se trata de obtener una buena cica- 
trización, sino una rápida, completa y sostenida desinfección de la par- 
te, las curas no pueden ser retardadas, debiendo, por el contrario, re- 
novarse con cierta frecuencia, siendo en estas circunstancias, sin duda 
alguna, la irrigación continua antiséptica la cura mejor aconsejada prác- 
ticamente, si no fuese por el peligro que ofrece la prolongada macera- 
cion en que se encuentran los tejidos y las dificultades que se presentan 
para su aplicación en el ojo. 

La imposibilidad de aplicar esta cura en absoluto, ha obligado á 
modificarla, empleando en su lugar repetidas irrigaciones con la solu- 
ción bórica, abandonándose generalmente el uso del ácido fénico por 
ser muy dudoso su valor antiséptico á dosis en que se encuentra des- 
provisto de sus propiedades irritantes. El ácido bórico es, pues, el que 
por su^ condiciones inofensivas llena más cumplidamente esta clase de 
indicaciones aplicado en pulverización ó mejor aún en abundantes irri- 
gaciones practicadas con jeringas metálicas ó con peras de caout- 
chouc repetidas con mayor ó menor frecuencia, según la gravedad del 
caso, protegiendo el ojo, durante sus intervalos, con una compresa de 
lint bórico, empapada en la disolución bórica en el momento de su apli- 
cación y aislada de las influencias exteriores, por una capa de algodón 
salicilado, sujeta por medio de vendas fenicadas, excepto en los casos en 
que, por la abundancia de secreción