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Full text of "Galeria de españoles célebres contemporáneos; ó, Biografías y retratos de todos los personages ..."

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GALERIH 

DE ESPAÑOLES CELEBRES 



MJ0G1RA1F1A3 1? BBTBAl'OS 






99aAff«il»il0 



POR D. ]¥icojviedí:s pastor riab 

T 3D. !P1t^.l^sHrtcn8<o<o sido oÁsnsDauvAS. 



Tomo Vil. 



RAIIRIU. 




calli de GamUs. núms. 8) 35. 






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EL GENEML -MARUtO. 



Kjí. tiemposoTo que tí hgn i la reflexión, qoe caV- 
nu Ui pasiones , que disipa el espíritu de partidlo , j qná 
hace Tariar el curss de. los intereses personales', es «1 
ámco que puede ^cer ju^^cia i los honüires , qne l|a- 
bieado representado an papel importante én, nñcstrá 
gwrra civil, han sido necesariamente objetó díBacoM'- 
cioMs apasionadas y de vituperios ¡nmerecidiú. Én lol 
tiempos presentes , en qne puede decirse qne los acon^ 
tedmientos como qne se oiultiplicau y se agolpan unos 
sobre otros , i^l transcarso de pocos años nos suministra 
U esperien(V4 .de muchos, produciendo un cambio cTec^ 
üvo, tanto en la opinión general como en l<is pasionM 
políticas. De aqn'i los progresos de la razón púUica; de 
aquí la laciÜdad con que el púbUco, juez inapehbt'e ,'s^ 
prestaá oír todff l4i.p,r^iebaf .que se aduci^n ántó in^tH- 



liecbós sobre los cuales bft ie prononciar su fallo : de 
aquí los triunfos de la justicia, que en un momento des- 
vanecen las mas arraigadas prevepciones , conTÍrtiendo 
las preocupaciones vulgares , en otro tiempo ínveDcibles, 
en una cabal apreciación ¿e¡ los hechos , de las circuns- 
tancias , de las personas. Ni la malignidad , ni los odios 
políticos pueden influir en el fallo definitivo de la opi- 
nión pi^^il&^^Mr^iíHi co^jllff^^taiL'ínBtaiflé estra- 
Tiarla, no pueden impedir que'cornja una sentencia, que 
quizá ha sido pronunciadn'jin baitáute conocimiento de 
causa. 

De la injusticia de los contemporáneos solo apelaban 
«n otro tiempo á la posteridad j á la historia , aquellos 
cu^OB nomhres se hallaban asociados á grandes acontecí - 
mientos, ó que hablan tomado sobre si la responsabilidad 
de actos importantisimos. Hoy se consigue justicia de 
los mismos contemporáneos , y tal vez en vida del mis- 
mo acusado , el entusiasmo popular se disipa tan pronto 
como la indignación; y la calma permite juzgar los he- 
chos y á las personas sin prevenciones de ninguna es- 
¡lecie. 

, Todos loBbomWee que durante la guerra civij scban 
3islingaid(j én lino y otro'lta'ndo, ha^'slUd já gcncrnl- 
tnenic'apfecindos en su justo Valor , y su^^á^tos cSplica- 
íos , J su sistema y plan conuircndidos. Sc'o 'MarOto, el 
újlímu general en j<'ie denlas fíicrzas carlist'ás|'e1'qnc coo- 
peró poí su parte á la terminación de una guerra civil de 
siete años, el que contuvo la cfusidn de satigté éspailola, 
j el que nos di6 la paz hermosa dfe Vcrgar», es todavía 
objeto de las acusaciones de al^uütís ; acníK¿Ióftes gne 
eligen, pafa ser debidamente aJireciadaS',' '<(úe con im- 
parv)^ti<lad y sin pisiotí dJa nthgongéncro'deiñbs á cono- 
cerlos aconlccímientos slUgulai^esá ^de sft teflereb aque- 
ni^'.coino asimismo cuantos 'teiígan rclatípti' con este 
wApnalci'y sirvan parÁ dará^aiastros lectdKstin^ idea 
sihnpía 'de su carácter.' ^ '' ' , ' '" ' ' ■ 

, fí Éjogr'áfla del geheral'Ma'rólo es 'de saifíá 'iitapof- 



Cues , al hombre qao llegó i tér el áriiitro 4el ejército 
j corte de D. GárioSt y los eitraordinarios sucesos ocur- 
ridos durante el mando de ésto » que terminsrou ron la 
paz y abrazo de Yergara. Sin uiiifi^un sentimiento de 
amistad ni de odio , sin roas interés que el del esc.lArcci* 
miento de los hechos y la mas justa cilíGcacion de este 
personaje B'namos i coordinar las noticias que acerea do 
él hemos podido adquirir de personas fuleaignas , emi- 
tiendo en algunas ocasiones nuestro juicio , fundado en 
los hechos mejor comprobados » .y apoyado con el dicta- 
men de personas que han presenciaao los actos mas im- 
portantes de su irida. 

Nació D. Rafael Maroto en la ciudad do Lorca el 18 
de octubre de 1780. Fueron sus padres U. Rafael y Doña 
Margarita Isem « natural esta ae Barcelona y aquel do 
Zamoríi. Su piíibre y abuelo fueron militares , cqya rarr- 
rera prineipiairon en la clase de cadetes. Ku esta clase 
entró á seryir D. Rafael , y obtuvo los ascensos sucosi^. 
vos hasta el empleo de coronel , que le fué coiiferido elr« 
afio de 13, dándosele ol mando del regimiento, de Tala- 
vera. En la guci;ra do Portugal y de . Inglaterra (año 
de 1800) se hallaba en el departamento del Ferrol, cuan-* . 
do desembarcaron los ingleses en las alturas de la 'Gra- 
na,, y asistió con su compañía en. primera Unes á las 
acciones del 2p. y 26 de agosto , por. Ip que fue condeco- 
rado con un ^cudp; de honor. ContióuiSk .en aquel depar- 
tamento agregado á la marina , habiendo sido á poco 
destinado á la Habana, para dondo se epabarcó. en la fra- 
gata ííeáta^ y regresando de «quelW i4a á poco tiempo 
scincpcporó i su regimiento^ tln )a. guerra de. la Inde- 
pendencia no se separó un momento, dq su^i iilas.».tiy en 
ellas se distinguió siempre , por su pcrici«i militar y por- 
su arrojo. En el sitio deiValencia se eucontr^ én la.de- 1 
fensa de la batería d^ S^nta Catalina y torreado. Cuavl0|.. 
mereciendo. q|ie ff le reoonociese coino benemérito. de lai 
patrlfi. En )oS: sitios dq ^ragoza estuvo haciendo ser vi*-. : 
cío {i^er9,y,4^plr(>ide la^la^i^ ^ y. Sje distingiuió singular* ■- 

mea^ iffi 4 r^cto dul riJar , /«^ Ja« baterieo^ d» ^ % &^^ a 



6 

yFjperia Qáeiiiadá,'y'en'l«8 Tenerlas /|iaMeado'rÍBCÍbide 
un» herida de bala ¿e fnsih Hccbo prifiíoiiero de gnen*a 
se Algo , y tanto- por esto como por sn^s anteriores servi- 
cioa , se le concedió nn escudo de distinción , declarán- 
dosele al mismo tiempo benemérito de la patria en grado 
heroico y eminente. 

Acreditado por el valor oue demostró en las mnchas 
acciones de guerra en que se nalló , fue proiúerfido el afio 
de 13 al mando del regimiento de T;ilaTera, euyo regi- 
miento fue después destinado á la reconquista oél remo 
de Chile , hallándose en la accioii de ft^ticayna , en la que 
mandó Maroto la tercera división , siendo uno de los pri- 
meros que sufrió el fuego enemigo , y contribuyendo con 
sus acertadas disposiciones y t»n sus hábiles maniobras á 
que la plaza fuese tomada por asalto^ Habiendo pasado 
ala capital 9 fue comisionado por 'el'^güílMerno de aquel 
reino para verificar la jura del rey y la total padflftacion 
de 4idio vireinato. Después se le encargó' el mando de 
una división que pasó al Perú, ^habiendo desempefiado 
posteriormente la mayoría general de aquel ejército , y 
regresado á Chile : todos estos mandos los desempefió cou' 
el earáeter de brigadier, cuyo empleo habia obtenido 
en 1^4. 

En la inacción á oue por algún tiempo redujo á Ma- 
roto el olvido del capitán general de aquel reino, miraba* 
con dolor las desgracias que sobrevenían á Chile, y lamen- 
taba en su retiro males que no podia remediar. Nuestro 
ejército constaba de 9317 hombres , y esta foerza no es- 
taba toda ella concentrada y en disposición de 'ohrflt ■ 
sobre el enemigo , por cualquier piarte que acodiétiéfáeV'^ 
sino que se hallaba distribuida en punto^ mny'diversqyl 

Íen parajes muy distantes. San Martin ifae acaudillaba 
s fuerzas de los insurgentes , mostró Mometer pof tre^ 
puntos diversos i y con este artificio logró entretener al 
capitán general. El insurgente Manuel Rc^diAgnez pene^ 
trando en la viUa de Melipilla, y Bellota bajnenda cor- 
rerías por laS eercatifas de Curíeó ^ contribüj^^on á ilés^ 
lumbrar al capiUn generd , y al obfeto ^tfs^étt M {ílan 



7 

se hid)üf fM|>plMto San: Martin. Un caetpo de 200 hMn- 
bres ^c se dirigió hacia la parlo do Aconcagua , sor- 

Írendió na neqnefio destacamento enemigo cerca del va- 
e de Oapallata , y le hizo de 5 a 7 hombres prisioneros; 
5 ero cargando después esta columna fuerzas superiores 
el enemigo , tuyo aquella que retirarse dóspuos de u n 
bien mantenida tiroteo , quedando toda la tropa en ^a 
espresada TÜlá ¿e Aconcagua » y pasando á la capital el 
jete que la mandaba. Guando se meditaba reforzar los 
puntos que ocupaban nuestras tropas, sornroiiilcn los 
enemigos un destacamento nuestro cómo de 89 hombros, 

Ícaen al mismo tiempo en di' valle de Putendc) , orupáí^- 
á Tillavieja. Este suceso causó gralA confusión on la 
e;if\la\ , considerándose ya perdido aaüel destacamento y 
lo mismo lá división principal, de lli que no so tonia la 
menor noticia , y que se consideraba prisionera ó cort'á* 
da. El capitán general convoca junta de jefes, entre los 
que concurrió Maroto. En ella manifestó el capitán ge- 
neral, según SU' equivocada persuasión , que el enemigo 
con fuerza de 7,000 hombres atacaba por tros divorsos 

E juntos. Maroto , caminando bajo el supuesto indicado, 
ae de dictamen de desamparar la capital , replegándose 
sobre Maule, y llevándose toda la artillería, pertrechos y 
_ _^^ ^ cajas públicas y á cuantas per 
s. El objeto que se proponía Al 
Valparaisó , y dé allí al puerto 

Eano para conservar aquelías provincias , evitar los pe- 
iros que amienazaban , y ponerse en actitud de volver 
sobre los enemigos. Para ei caso en que no $fi adoptase 
este pensamiento , propuso que sin perdida de tiempo se 
reuniesen todas las fuerzas, á fin dé[ impedir su ruina y 
la pérdida de todo el. téiup. Adhirieron al primer pensa- 
miento de Maroto vatios de los jefes quQConcurricron 'á 
la junta, y entre ellos el presidente ; quedó acordada la 
retirada. Pei^o á la úiafíána siguiente 'híibia variado ya de 
opinión el capitán general , que no se resolvia ú abando- 
nar la capital , inciuíi&ndose mas bien á la idea dé reüm^ 

^'^■'láí ftierzaS^:*^ eojí Me ña espidió l&s 6r Jeuéfe ^^^^ 



8 



que desde los diversos puntos ^ue pcfup^lKW^ ^ !^^^ 
replegando sobré la capital. 

La opinión de Maroto e.staba. j(uAdada:,^a )a p^^^ 
de nuestra división » en el plan qú,e los enetnígos se h&- 
bian propuej^ÍQ ¿é atacar por tres puntos, y en la fuer,- 
za de "^^yQOO'hómb^re? que 4 estos se suponía. Pero Manoto 
'propuso Ta retirada á las provincias de^ ji^^oncepcioh r 1^ 
niendo presente q\íe nuestras tropas sQ.£aUában disper- 
sas', qne se encontraban situadas en púuiós dictantes y 
diversos ,' que erái difícil reunirías coa oportunidad, que 
debian estar, fatigadas, que el enemigo amed^izaba, y 
sobre todo^ que hallápdoi^éTas fuerzas- de éste en la parte 
del norte y las nuestras dispersas por las del sur, podrían 
irse reuniendo al cuerpo principal , contando ademas 
,con 800 bbmbrés que se hallaban eñ Concepción, con d 
mucho paisanaje que habria de seguir á nuestras tropas 
ní^r su amdí*.á la cáii'sá de la metrópoli, y con lasinu- 
chas veqtaias locales y los muchos recwsos qué nrésen- 
taÜan aquellos puntos para rehacerse y vplver sobre los 
enemigos. Maróto tenia presente qué juna voz perdidas 
nuestras fuerzas seria muy difícil reponerlas. 

La división que se süponia completamente pjerdida y 
derrotada nó lo estaba en efecto: había padeciapmuQjio; 
los soldados se liallaban rendidos de fatiga*; había perdí- 
do las cureñas y municiones ; pefb nix caído en poder de 
los enemigos , ni había jl^nido el finque se suponía. £n 
este estado y después dé examinadas las circunstancias 
en una junta de todas las autoridades y corporacio- 
nes' de la capital, dispuso él capitán gene^ral que al día 
siguiente saliese Maroto con un refuerzo .a tomar pose- 
sión de la fuerza que se hallaba en Ghacábúco , prome- 
tiéndole que le seguirían ooho pi|^ás de arüUeria, algu- 
nos húsares de caballería y la deinas tropa que fuese lle- 
^ÍL_j. ^ 1 í»-:! ^ ' Maroto á lá! ^ 1- ---t- 

)rincipió i 
llegan á'|i 

Ento que ocupaba la división : inmediatamente toiña 
iroto los informas convenientes, y adq^ére las Qotidia;» 



9 

oportnnas sabré todo ; f avelrii^ con legaridad la fuer- 
za enemiga , su situación y designios. Pasó toda la noche 
en adquirir los datos que oran indispensables para, des- 
empefiar el mando que se le habia encargado. Las tropas 
que estaban á sus órdenes eran 883 hombres , de cujo 
número habia destacados 200 en la cima de la cuesta 
para proteger á toda costa aquél punto interesante. Al 
amanecer reconoce Maroto aquella posición , se informa 
de los moviioientos que el día anterior habia ejecutado 
el enemigo : dá orden al jefe de aauel destacamento para 
que los sostenga á todo trance^ hajo suimas estrecha res- 
ponsabilidad , y podiendo solo, verificar su retirada al 
verse con el tercio de la gente ; vuelve inmediatamente 
aV campamento , manda tocar á orden general , y previo* 
ne que las tropas se dispongan para una revista de aiw 
<zus , j que los jefes le presenten una noticia exacla de 
U fuerza , del estado, del armamento y demás. En jMgui* 
da da jparte id ffcneral de su llegada 4 y le insta nara que 
le envíe la artillería y la demás fuerza que le haoia ofre* 
cido. AponivB acababa de .escribir el parto » cuando rec^ 
be uno del comandante del destacamento de la cima de 
la cuesta , concebido en estos términos : « Tenemos al 
enemigo muy próximo en número do 500 á 600 hombres 
entre caballerLs 6 infantería y los que amenazan por dos 

f»untos« y dentro de pocos* momentos romperemos, el 
üego.» Al punto le ordena que cumpla puntualmente lo 
que le habia prevenido t pues que inmediatamente se la 
reforzaría^ En el acto dispone Maroto. oue se .forme la 
división , y ordena que la caballería se afielanto, á sosten 
ner el destacamento piieotras .61 Uegaba con el resto dft 
Ja fuerza. En el principio.4 bilda^ de la cuesta so eucueni 
tra la caballería ^u las dos comppftias que for4QUiJ)aa at 
destacamento*. ApcniAa recibe Maroto parte do esto, ordo-? 
na al jefe de aquella <aue sostenga las dos compañías fiu 
su retirada, y que tocU.la fuerza se replegué ^n buc% 
orden hacia el punto que 61 ocupaba ; así lo venían n^ 
rificando forxadcis pQH^ el enemigo. Al acercarsp/toda la 

fueria diapope qu«j9» d(v cawp^M pasea i aü t^*^ 



10 

pQCáiyod éderpoi,' T> (prnla cabadUrfá fióüteiiga i toda 
«osía el cattino reaL ^Forzando con la saya los enemigos 
k¿' dos alas dé la miestra^ manda Maroto qne ée reple- 
gué mas la diTÍsion sobre el centro qne ocnpaba Talave- 
«rav apoyado con dos cañoncitos de a 4', única artillería 

2ae tenia , y que eolocó en^la posición mas yentajosa. 
.OS' enemigos continuaban atánzando ; pero fueron con- 
tenidos por el fuego de ^fion, y obligados á retirarse 
por dos yeee» en bastante desorden. Un gt^so;de^<)aba- 
llería que cayó sobre . nuestra derecha ^ nee- ^üyentado 
con pérdida considerable : la izquiei'^ki de 4dd i^netn)^ 
filé atacada TÍgorosamente por u^^^toitipallfá^b'kti^eh 
Tbs. Ya creia Maroto» segura la yictoifia ^ tanto por 'la pév^ 
úíáa. que sufría el enemigo ^ cuanto por et entusiasiíiío 
de nuestras tropas, cuando observó una dispersión geile- 
ral del regimiento de Ghiloé^ que no pudieron contener 
Ibs esfuerzos y el sable de Maroto y sus ayudantes. La 
«abalteria y el regimiento de Talayera & qcdlélieft babia 
máhdado cargar' len M k«etk«da al enemigo ,'nO plídieron 
lÁeerlo ^ pues 'hiendo élstéla fuga ^nuestra derecha, 
acomete con -fuerza» mpeA&re» por el' ala izquierda y 
centro , sin que fuese posíblié evitar una desgrada. Unas 
compañías que ocupaban una* altura respetable fueron in- 
útiles; apenas hicieron fuegO y se desnandamn. La ca- 
balieria en número importante se salvó huyendo rápida- 
mente ; él regimiento de Talayera y una pfarté del de' Chi'^ 
lee fueron envueltos por la cabaHeria eneiniga. Cuando 
ya no quedaba' otro recurso fue Maroto el Utíiao que se 
salvó, y eso lo debió á los efi^érzos de su dable. No qne^ 
dkndo á su eisrpalijüsi niii^ún séldadO'i soto'y herido, se dí- 
rigié bácia la capital. A d<^ ó tires leguas de esta encuén-- 
i^ael refuerzo' eme '^e le enviaba , sin dudc^ áf éO^secúeá- 
cia de loir diferentes partes que Süi^é^SvMnente habia iSó 
áírigíendo al capitán general , áffinde'qile con arreglo 
á> to i^rcuBst^ncias p^idiese iadóptar tas- providencias 
qtte eslimasooportunas. > > í- < ; * 
•' *>fel jefe ifoft mandabi^el refuerzo qM^ióonsistiá'en un 
esMadl^on de ^oÚMÜierta ^ iMiee deippiegftr éi^'Oráes de M^ 



talla '^ra contdil^i^ al 'eitamigo en caso qne amenaniN^ 
la fapital. Habiendo dado parlo Maroto al jpreneral del 
punto que ocnpaban y de la situación en que so hallaban, 
fe contesta que se mantenga en la misma posición , pues 
se dirifna con el resto del ejército á incorporarse con él/ 
LlcgA la noche , y pas6 Marolo á ocupar mejores puntos 
para atender á toldos los caminos que se dirigian á la f a-- 
pital , colocó avantadas y distribuyó su fuerza según con-^ 
venia á su objeto y á la naturaleza del terreno. A la me^- 
dia noche recibe orden del capitán general para ^ue de-' 
jando la gente en loa puntos noe ocupaba , pasase solo 
á unirse con 6K Marcha inmeaiataimnte Vno logra en- 
contrarlo hasta muy cerca do la (ñudad. Enterado aquel 
\«t« &e \odo lo ocurrido , preyiene á Maroto que lo sigif ' 
para convocar ma junta y acordat «n ella lo que con- 
Yenia Aacer. En esta junta rernó una gran yaríedad de! 
dictámenes y la mayo)r confusión. Ya se opinaba por la* 
retirada á Ibiule» ya á Valparaiso; unas yecos se pensa- 
ba en defenderse en la capital y otras Terificarlo en el 
castillo ó fuerte de Santa Lucia ; y aun sé trató también 
de atacar al dia siguiente al enemíg<o. Todo presentaba ; 
dificultades. Eii concepto de Maroto esto último era lo 
mas conyeniente. Pero por una parte nuestra foerza era 
inferior en número , constando solo de dos escuadrones 
Y un batallón que acababa de llegar fatigadisinio después 
cíe una dilatada mai^ha , y muy desmembrado en su fuer* 
za; y por otra la áé los enemn^os ascendía á 1800 infan-^ 
fes y 800 caballos , habiendo delnüMtrado sus motimien- 
tos j maniobras que no eran tropas yisoñas. Ocupar eí 
castillo de Santa Lnelií era uO medio foneMb qué^lisegu-^' 
raba la ruínade íos que en 61 se oncerrÁran , {luesade-*^ 
mas de hallarse muy atrasada é imperfecta su fortifica^ ' 
don , earecia de comestibles y agutida , sin haber tam«- 
poco medios espeditos de rcunirlos. Iguales 6 mayores 
eran los inconvenientes que ofrecía la defehsa de la ca- 

Eital • ya por no haberse adoptado al cfeoto medidas con 
I oportuna antidpa'eion , ya porque siendo una ciudad 
abierta » no había úmtpúife pura^Urlá ^ de foirum cor- 



13 

tadoriui y otros géneros de defensa. La rf tiraba. 4 Maule 
presentaba la gran dificultad de que una diyisíqB, enemdr:. 
ga podía enyofyer nuestras tropas , y mas, cuando eá las 
poblaciones del sur se habían internado 9 según se decía, 
yarias guerrillas en grueso número. Ningún arbitrio se 
presentaba mas espcdito que. la retirada á Yalparaiso, 
donde habia nueye Duques en que podían salyarse el resto 
del ejército , la» autoridades > las personas . mas respeta- 
bles y campiH>metidas déJa ciudad, los caudales públi- 
cos;, y.^s pertrechos y municúnies de guerra; ; y des- 
emÜarcar en "{alcaguano para ocupar la prpñncía de 
Concepción, AdoptMio ;e8te pensamiento»' y. d^pues de 
dar ^l generat las órdenes, oportunas naya sUj ejecución, . 
^ Kiedio jiieH mayorr desiírden y contusión / y -cuando i 
laa dos de la man wa fpontaba á caballo para dii:igirse al ' 
puerto , encarga el.mindo á Maroto,, y? le epicfiniepd^ el 
embarque dé Us' tropas y la ejew^ipp 4is;lodo.la:díi4^ 
puesto. Le preyiene que ciaye la.artUleri^ü» J:V^^ se di- 
rija á. Concepción. Alguna caballería : tenia ef^npaprgo de 
sostener, la; retirada. Él c^apitan general se dirigía á la 
costa de I San Antonio, temiendo que los. fínf}fnigoS( hu- 
biesen cortado el camino de Valparaíso ,. y ju^n4o in-^ 
teresante la conservación de su persona , y, que,. tenía la 
obligación de no abandonar el reino. . 

Las dífic)aUade9 que ofrecía el encargo aufi había, r^- 
eU^i^P Maroto son cono^das, pues; i|0 poqüa» acredítari 
oficial y documentalnȣtnte di^ encargo ; y ademas corr 
respondía, el mando i, JArreali Ái;idíencia,j,á otro jeie mi- 
litar,., A pesai^.dejtpdo^ cAnpi^ltando úni^affl^Pti^ '^^ ^^^^ 
ticas ^DCWistaP^^as en que ía ^pjUl W.bjdlahai» ^splo, . 
sin ii^V'SOl^ado- ni oficial que, le acompaflase},r.r^corrí6.}á. 
ciudad para yer de: reunir á los soldadqa y .^oÁfifles que, 
encontrase. Con algunos de catoll^M y i^pmrar^pa }^S^$ 
se dirige al pmrto ,scon el fin -de poder realizar ;su comer 
tido. Aj^as. llega., .dispone la. ejecución 4q lo acordado^ . 
y. en pnmer Jqgarel embarque de laa jIjrQpas: Conyen-r.. 
cido de que .asquel punto . no preseiUa^ ! por la; iMirte^^ 
de tierra . ningui^a defiwsa^ y ^ fiw el eif ífá^a ae loa 



nattirdeft Ao'AüMj^vrftbt la ¿uyor eonflania, (Dnir^re-! 
eiudirtiies pi^'eTÍtár^(B'ÍÍM<boqae8 9e amen i hréla 
aiit^ de TetififAntof el eitalMitaé^ y para <|uc 1m prisiiH 
ncrós ifae sé báUtfbao á' hbtio de la mgat» Vicidna fue*» 
ien custodiádb's ; vigilados para ' evitar ¿(ue estallase en- 
tre ellos la iftstítrréccion que se susurraba , y qno podría 
encontrar titta'Ocasioh'faTeraMIs'eo la isonfusion de aque- 
llos inoincnt6fií.'''E8table)ee'' dOB' partidas* en losr pafajot 
convenientca, tma con el objeto d€Í'i«f:onocer las tropas 
quQ se dirigiesen al puerto, y la olra'para recibir y con^ 
tener a las ^üé llégaseta á aquel punto, haíccrlas (orinar 
y entrar en 6rden , para evitar estragos^ impedir esee<^ 
sos, -j TeriScár el embarque cod' todo. arreglo y con«< 
netlo. "Reinaba én aquel puerto el mas espantoso des- 
orden , T babia principiado el saqueo 4e muchas casasj 
Para eritar erto dispóM Marotoque se reúna un cuor^ 
po de Tecinos hfMÉiifdos y otro déOnilicias ; pero esto fue 
imposible Mrqtie nó sé encontraba á quien mandar, ni 
qoieñ obédeoéfteJ A ün ofioial Aie preciso dar la copii-J 
sionde qo0 clfíia^*!* artíllei^ia con. unos clavos que sq 
encontraron 'eáél'icuilrto del gobernador del puerUK En 
este estado % despaes de haber tomado Maroto por su: 
parte cuanta^* Iptreyendones dictaban- ian-cstraorcunaríás 
rircunstancñiB »' c^^tido eii cuatro dias coA sus noches ni 
habia dornfid6 ni tomado 4knento , ski' {.apenas bajai^ 
del caballó'deMe que salió ditia ^pital vto ^ingiA ábor^ 
do de la fragálá 'Breraita' pifa 4ar 'algún alivio á sus rea^ 
dídas fuei^eaBS'pahiclOttietteriioabuqués-vi disponer sii 
tecesaría i>etihrMc)eAf ;* riÁrcttiMti los boles^y idnchas que 
debían ém*pt¿!il*sH éki A 'ermbaiiqtte''de' las: tropas. Al .dia 
sigiiiefite^ habiéttdo sábttia! Itfarotoi jqueii séiencotitraba 
allí el brigadier 1>. ftfaiauel' Olagútv iVUiH'Mnas abtiguo 

!ac ¿1 en gnidilacibn ,.4e'einTeUó.<eUmanída^oOis«nreirlo 
ordenanza v ycontinaé^v sin embargo,.. trabajaadoi i Taa 
órdenes do este jefe en cu<iiito requería U^. Situación en 

3ue todos WsbaWaban. Principia el embarque oeia no pocO 
esárdcn. D^' uno de los ci^lUloft en que sin duda ^ quedó 
algün cafiioM p&r ááviTr ^>i9V^'Á'faicaAÍ¡AegO*MAiM 



1« 

aé dicBd'^lla babia totaná^b parte en la ininrreecion , y 
por ciíahtó mirabkn aqáeV^ñcesó como el anuncio' de los 
norror'ca de tmá' gucrfa civil qne amenazaba á áqndl yasr 
to continente] Las coásecuencias de aonel acontecimb^htp 
podríni haber tíiéé fatales y lanientables , pué^ los piro- 
moV¿abres de lainsuriréócioiicobtaban' con 'estender des- 
dfc'a({ael^ villa el fuego de la discordia <dvil,. inflamando 
Ik* liiñilidlata provincia de CharcaiB.- Los j¿fes réYólacio-* 
Üiirlbij.((fi¿^n( al jefe superior político ,'i¡[tte lo era el se- 
Bór Mhróto/j qué. á :1a sazón se bailaba 'én uno- de los 
pñebloi do la frcrhtera: Apenástcícibd élté i»fic¡o, recorre- 
todos los puntos en quelite hallaban dóstaéadas su^ tropas; 
thhhe 300 hombres',' pásá'ála capital J donde dispono lo 
i^nvcnicnte para h seguridad de ésta ^ de toda la pro- 
yincia , y puesto á fa cabeza did aquella escasa' faerza , so 
dirige A marchas^ forzadas' M)bre la* plazaí insuvradcionada 

Íué ^ hallaba defewáida por mas de 500 combatientes. 
!1 resultado ftie , 'que los jefes de la inkurrecdotí' y toda 
h g;uarhicion quedároii'bdchos'prisioneroé ^ y^elnilrden y 
Ila'tráhquilidad y la autótiritid'del gobierno inwdardn'com-' 
hldáiMente restablecido ji. Llegó tanoportuitarmente Maro-» 
V^cin la fuerza de su mando*, gue salvó los caudales p6-¿' 
ÍAictsfs qüe-sé lletetbán Ids' insurgentes 'ffl cerro de Pilima.' 
ta placincacioñr* d^ Potosí- «seguró la tratiaüilidad do todo 
el interior del 'Perú /y en espeoial la dé la provincia de- 
Gblegdi^iitiBi:' Estos servicios y los- que prestó en 823 al lado 
i)iíl -ttn'srüo virey , en- |a eampafta de agosto y setiembre» 
totJtribüyciido a los triunfos obtenidos , no quedaron sin 
recompone por partS' de|' gobierno; ^poes fue ascendido* 
á mariscal de campo. Con el carácter deial, pasó por ór^ 
ñtín^ del virey i la provincia de VaAo ,vdo la que fue non»^* 
bradri comandante general , y en cuyo cargo manifestó el 
niismci cíbIo y el mismo acierto qtioeii Ipsqub anterior- 
mente habia desempoAado. Amante del rey ,'y entusiasta 
SOr'la causa de la metrópoli, no concurrió á la desgrdcia 
éías armtts españolas en Quinua, el-.O.'dle diciembre « 
dé ISSil^ni se adhirió á la capitulación én quo.ae revo^ -. 
il6¿iéí iH'tndepeDdeBoía dql Par&; . ü j^; • 'h n . i<! 



17 
Ya M aroto no podía permanecer en aauel país , j i 
principios del año 25 se embarcó en una trágala france- 
sa, y desembarcó en Burdeos. Habiéndose urescnlado cu 
esta córie á S. M. se le concedió su cuartel ¡para Valla- 
dolid. En 1.^ de setiembre del mismo aflo, pasó deórdea 
del gobierno al Principado de Asturias á restablecer el 
orden que las pasiones políticas habían alterado. Después 
(le haber estado de cuartel algún tiempo en Pamplona, 
se le llamó á la corte el año 29 , donde fue nombrado y 
desempeñó la presidencia de la comisión militar que ea 
aquel tiempo se estableció. A poco se le destinó á la co« 
mandancia general de Toledo « cuyo cargo desempeñó 
hasta el año de 1832, en que los amigos que tenia en la 
c{)TVe conociendo su capacidad y disposiciones « asi como 
sus opiniones monárauícas , le escribieron instándole i 
que hiciese dimisión ae aquel cargo y se vínica á Ma- 
drid. Asi lo hizo Maroto; y á pocos dias de haber llegado 
á esta corte fue presentado en una reunión numerosa 
de los jefes del bando carlista , que á la sazón pi;etendiaK 
favorecido en cierto modo con la enfermedad del rej 
Fernando , apoderarse del cobicrno supremo , introdu- 
ciendo en este á D. Carlos aurante la enfermedad de sa 
hermano , y preparando ál mismo tiempo los medios de 
asegurar, ya sea por la sorpresa , ya por la fuerza, la 
corona de España en las sienes de aquel príncipe. El par- 
tido carlista ^consideraba llegada una ocasión propicia para 
la realización de sus planes ; planes que principiaron á 
prepararse desde que el rey Fernando regresó de Cádiz £ 
Afaurid en octubre de 1823, acerca de los cuales hizo en 
aquel tiempo la policía importantes descubrimientos de' 
que se dio conocimiento á S. M. , y que produjeron la 
insurrección qne estalló y fue severamente castigada en 
Guadalajara. 

Acerca de esta reunión ó junta directiva , ha mani- 
festado el goi[ieral Maroto á varios amigos suyos , con la 
noble franqueza que le caracteriza, que en la sesión única 
á que asistió solo se trató de distribuir entre los concur-* 
rentes condecoraciones ^ honores y grandes cruces, como 

2 



18 
igualmente de los altos earéps qué cada uno de ellos ha- 
bía de desempeñar. Este acnaq^e es muy común en nues- 
tro país , siendo condición forzosa de todas las reuniones 
ffue tienen- bn objeto político. Este egoísmo y esta falta 
de abnegación, disgustó y aun ^nojó al general Maroto, 

Sae desde aquel día se mantuyo á cierta distancia de aque- 
os negocios sin tomar en ellos parte. 
No por esto dejó de comprendérsela en la causa que 

fDJr* aquel tiempo se formó á los condes de N'^sri y del 
rado : jf aunque resultó sin duda su inculpabilidad por 
el")iecho dé haber sido puesto en libertad sin imponér- 
mete ninguna pena ni apercibimiento, no por eso dejó 
áe sufrir las molestias dé una larga prisión. Apenas 
se yió en libertad , cuando 'á pocos días supo por varios 
mnigos qu^ se trataba de aducirlo otra vez á prisión, y 
aún que "eÁaba ya acordada. Entonces precipitadamente 

Jf disfrazado salió de esta corte , dirigiéndose é Anda- 
ncia , áésde donde consiguió penetrar eñ . tí plaza de 
Gibraliai'r 

Las sospechas y aun persecuciones de que eí señor 
Maroto. era objeto no se mudaban , según creemos ., en 
nipgun acto suyo, ni en niñ^na tentativa & que 'coope- 
rase, i^no en las opiniones que con mas ó menos funda- 
mento, se le atribuían, y en la persuasion.de que su acti- 
vidad y la energía de su carácter asi como su valor y es- 
periencia militar, no'pódian meüos de séjr tnuy Útifcs al 
partido á que se le consideraba afiliado. Etscí^or Maroto, 
si üo nos engañan las noticias qu.e tenemos de su catácter 
T opiniones, es un hombre sinceramente' 'monárquico, 
pero no tanto por consecuencia dé las ideas ifdé baya re- 
cibido en sus primeros años y por los hábitos de su pro- 
fesión , cuanto por odio á loS escesos révólncionaríos , y 
{)or un amor, si se quiere^ exaltado al orden.) á lá Icga- 
idad y á la justicia. Quizá no se háHariá entonces en el 
caso de poder formar un juicio cabal acerca de la cucslion 
dinástica; pero le bastó comprender que' D. Garlos era el 
representante de la antigua monarquía española para 
cerrar los ojos á toda otra consideración , y deíd'e luego 



19 

decidirse pqr su caiwi» y correr i ofrecerle su aspada y 
su sangre. 

Por eso 9 apenas se yió salvo en Gibraltart se enca-r 
minó desde aquella plaza al inmediato reino de Porlugtl, 
donde á U sazón ge nallaba D. Garlos. Fue de los priipe-r 
ros militare3 que se le presentaron y recoQocieron, I^o ji^ 
separó de su lado mientras permaneció en aquel rcíiM). 
AJli las circunstancias no le permitían prestarle granck^ 
servicios , porque no era aquel pais donde debi^ defen- 
derse su causa. A su lado se encontró cuando Bodil)^ 
perseguía tan de cerca , hasta el estremo de tener q^^ 
abandonar sus coches Y equipajes. Una noche, la masiM^ 
nosa que ha sufrido Maroto en toda su vida , ^itravesm» 
una montaSa fragosísima con D. Carlos, su familia v toda 
SQ comitiva : iban conducidos por un guia , de pi^ va fidS- 
iidad llegó á sospechar Maroto , adyirtijendo jque iQf 1|^ 
vaba á encontrarse con las avanzadas de Rodil. Entonce^» 
indignado y no pudiendo contener la impetiiosidad de iyu 
carácter» prorumpió en una de aquellas interjeccioiju^ 
españolas • auc algunos Uaipan adjetivos de fuerzq s la os- 
curidad de la noche no permitió que Maroto ohservitae 
en U. Carlos otra cosa mas que el silencio ; p^]ro jfX q^ 
dia y en algunos de los siguientes pudo advertir ú eupjo 
de aquel principe , qi^ie no quiso ni hablarla ni piíraqe 
por algún tiempo. 

Siguió á D. Garlos i Inglaterra ; y poco tí^po des- 
pués de haberse éste presentado en las provilicias Vas- 
congadas atravesando la Francia , disfrazado y burlando 
la vigilancia de su activa policia, ya Maroto se edpQ[^it|rfN 
ha i su lado y seguia su cuartel real. Exento de ambi- 
ción , lleno de entusiasmo por la cajusa de P. G^rli^^ 
amante de la gloria militar , y habiendo llegado ya c^ 
al último escalón de su carrera, nada deseaba tanto C0190 
prestar servicios y emplear su espada en obsequio de Ja 
causa que habia anrazado con todo el ^rdor de su car^ 
ter. Por eso la ociosidad en que lo mantoniaa P. Garlos 
y sus conseieros le era enojosa, pareciéndole indecoroso 
para un nulUar representar eo una guerra el papel de 



20 

cortesano , confundido entre la numerosa comitiva que 
seguia á D. Garlos. Asi se lo significó á éste mas de una 
vez , manifestándole que deseaba su permiso para retirar- 
se á Francia 9 si no se le consideraba útil. Guando Eraso 
{)or muerte de Zumalacárregui fue á tomar el mando de 
as tropas que sitiaban á Bilbao , mandó D. Garlos que 
Maroto le acompañase ; y éste sin reparar en la superior 
categoría militar de que se hallaba revestido, pues en no- 
viembre de 1833 habia sido nombrado teniente general, 
se prestó gustoso á batirse á las órdenes de aquel , que en 
todo obrs^ba de acuerdo con Maroto, sosteniendo ambos 
enérgicals contestaciones con los cónsules estranjeros re- 
ndentes en la plaza , que frecuentemente salían de esta y 
jasaban á su campamento: esto se les prohibió; pero fue- 
, ron considerados y atendidos en cuanto á proveerles de 
'los artículos que necesitaban para su subsistencia ; y el 
mismo Maroto les envió en diferentes ocasiones algunas 
provisiones de su tienda. El sitio de Bilbao se levantó á 
poco , y esta fue una de las primeras disposiciones que 
íómó D. Garlos después que publicó su alocución de 4 de 
julio de 1835 , y tomó el mando de sus tropas , habiendo 
'tdombrado á González Moreno por su jefe de estado raa- 
*'yor. Las tropas se retiraron á Orozco , . el jefe que las 
' mandaba , Eraso , pasó á desempeñar la comandancia ge- 
neral de Navarra , y Maroto volvió á incordiarse al 
'cuartel téalv Hallándose éste en Zúñiga , propuso Moreno 
' á D. Garlos la separación de Maroto del mando que habia 
obtenido , y su nombramiento para la comandancia ge- 
neral de Vizcaya. 

Aquí conviene observar qne el nombramiento de Mo- 
' reno , objeto de una general antipatía , y á quien parece 
' que por todas partes perseguía una sonara fatal , habia 
producido un singular disgusto, tanto en las tropas como 
en todas las demás clases. Deseando acreditarse con he- 
chos de armas , se mostraba celoso y aun enemigo de to- 
dos aquellos á quienes favorecían sus prendas militares ó 
su fortuna. La derrota qne sufrieron en Mendigorría las 
armsia de D. Garios , tanto éste como Moreno, las atri- 



21 

bajeron en su parte principal á Eraso, que no se presen- 
tó en la acción con las fuerzas de su mando. Orgulloso 
con los conocimientos é instrucción militar con que le su* 
ponen personas para nosotros del mayor crédito , y que 
se han hallado en el caso de poder juzgar de las calida- 
des de aquel iefe , no podia tolerar con indulgencia que 
sus providencias y sus planes fuesen el blanco de la cen- 
sura pública, y en especial de los generales y principales 
jefes del ejército carlista. Tenia la desgracia como dice un 
testigo que nos merece la mayor fé (1) «de que su perso- 
i»na y operaciones cayeron en tal descrédito, que todos le 
» criticaban y desapronaban cuanto pensaba y ejecutaba.» 
Maroto era uno de los que mas auramente censuraban 
STis opetaciones y sus planes ; lo hacia con toda la yehe- 
mcocia de su carácter, y por la intima convicción en que 
se hallaba del desacierto de aquellos, y de que arrastra- 
ban á su ruina la causa que deiendia. El punto capital en 
que principalmente discordaban estos dos jefes , consistía 
en las espediciones. Ya fuese esta idea de Moreno, ya se 
resignase k su ejecución , el hecho es que cooperó á ellas, 

5 que mandó alguna. Estas espediciones en el concepto 
e los que opinaban por ellas , tenian el objeto de aae^ 
lantar la guerra , organizando las facciones indisciplina- 
das que vagaban por algunas provincias , reanimando en 
todas el espíritu de sus partiaarios , aliviando á las pro- 
vincias sublevadas de las cargas que las agobiaban, y ha- 
ciendo que las fuerzas de la reina se dividiesen y des- 
membrasen en pequeños cuerpos que nunca pudiesen 
abrumar y sofocar a las fuerzas carlistas en las ventajo- 
sas posiciones que ocupasen. Maroto por el contrario, 
abundaba en razones favorables al sistema opuesto. Con- 
sideraba á las provincias Vascongadas y á Navarra como 
el principal foco de la insurrección carlista, como la base 



(I) D. José Manuel de Arízaga en su Memoria militar y política so- 
bre id guerra de Navarra , etc. En varios lugares de esta biografía nos 
referimos al teslimonio de una persona tan autorizada , y que exiVoi 
principales hechos que jvüero, hasta ahora no ha sido desmenU&o. 



de lódas las operaciones militares , ^ como lo qtte daba 
faábulo á la gnerra y la caracterizaba. Creia, y hasta cier- 
to punto con razón , qae el tiempo estaba de su parte , y 
l^üeria deber á éste lo que tal vez no podría proporcio- 
narle la sangre inútilmente yertida. Quería que las ftter- 
tas carlistas compuestas en su mayor parte de naturales 
de aquellas provincias, se mantuviesen ala defensiva, en 
\k que tanto sus posiciones naturales como todas las de- 
^s circunstancias locales, les daban una ventaja inmen- 
sa , pudiendo sin aventurar nada y sin esperimcntar nin- 
em revés que abatiese el espíritu de. los soldados caríis- 
s y entibiase el ardor de sus partidarios en dicbas 
Írovincias , entretener un ejército de la Reina de 90 á 
00,000 hombres. La inacción á que este sistema redu- 
ciría á las tropas de la Reina, fomentaría su indisciplina, y 
daría lugar á que la opinión pública y la prensa acusasen 
á sus generales y los comprometiesen á empresas arríes- 
gadas é imprudentes. Este sistema era de lentitud ; pero 
no era caro , porque en él no se podia derramar mucha 
sangre , y prometía ademas un éxito , sino seguro , al 
metios bien calculado. Maroto conocia el espiritu gene- 
ral de las provincias , porque en casi todos los pueblos 
de éiláis tenia confidentes , y sabia cuanto se hablaba y 
cuánto se pensaba en todas partes. Observaba cuidadosa- 
mente todas las fases de nuestra revolución , y las vicisi- 
tudes y progresos de los partidos. Si el peligro común 
liabia de unir á estos , la actitud tranquila y al parecer 
'indolente de las fuerzas carlistas, debia dar lugar á que 
la discordia y la revolución se encrudeciesen y ensan- 

S rentasen. La esperiencia nos ha demostrado la exactitud 
e esta idea, pues desde el restablecimiento de la paz, 
. Iba sido mayor la irritación y encono de nuestros parti- 
daríos políticos. Partiendo Maroto y Moreno de sistemas 
7 planes opuestos, en nada podían convenir: no convi- 
niendo en nada , no podia estar el uno á las órdenes del 
otro , pues esto solo serviría para exaltar mas sus áni- 
mos j aumentar la discordia en el ejército. D. Carlos, 
seg^an sa carácter j na sistema > quería contemporízar 



23 

con el nno t coq el otro ; con Moreno , porqne mereeift 
toda sn confianza , cOn Maroto, porque tenia una alta idea 
de sü arrojo y osadia, y poraue lo consideraba como une 
de los jefes mas adictos y leales á su persona, y que mas 
servicios habian prestado á la causa de la monarquía. Lle^ 
nos los pueblos de las muchas personas que seguian al 
caartel real , no faltaban algunas que se entretuviesen en 
referir á uno de estos jefes ó á sus amigos , cuanto decia 
ó mormuraba el otro ó sus parciales ; y de esta manera 
se aumentaba al mismo tiempo la enemistad y encono 
de los dos » y nacia la discordia ea aauel ejército. Estas 
riyalidades dieron lugar á que D. Garlos ó Moreno sepa- 
rasen i Maroto del cuartel real y le encargasen la coman- 
dancia general de Vizcaya. 

En esta hizo servicios Maroto , y contrajo tal mérito 
para con los suyos, y adquirió de tal modo el prestigio 
ae los pueblos y el amor acl soldado , que no hay persona 
de los que fueron testigos ó tuvieron un conocimiento in- 
mediato da aquellos hechos , que no se crea en el deber 
de reconocerlos y confesarlos. El crédilo de Maroto subió 
á muy alto punto en aquellas provincias desde que prin- 
cipió á desempeñar la comandancia ffcncral de Vizcaya. 
Por sí mismo, y haciendo de comandante de instrucción, 
enseñaba á los soldados , y en poco tiempo dio la mejor 
organización y disciplina á las fuerzas de su mando. Se 
interesaba con D. Carlos y su gobierno para que fuesen 
socorridos aquellos: se ganaba su corazón, y el afecto 
de cuantos jefes y oficiales se hallaban á sus órdenes. To- 
dos, tanto los pueblos de Vizcaya, como las tropas car- 
listas de aquel señorío , admiraban la actividad y energía 
de Maroto < y en especial los jefes del ejército, recono- 
cían sus conocimientos militares , y el natural ascendien- 
te que le daban, tanto su carácter, cuanto sus dotes de 
mando. Trabajaba con entusiasmo en el bloqueo de la 
plaza de Bilbao :. se proponía per este medio que aquella 
le rindiese : tenia en esto tal seguridad , que no vacilaba 
en decir á D. Garlos que asi sucedería efectivamente si se 
(c remitían varias />ia7^5 <Je artillería y algún retuetio» 



S4 

Dando la mayor importancia, y con jnsta razón, á la ocu- 
pación de aquella plaza , se j^rometia con airona pequeña 
nierza que se situase conyenientemente en las esceientes 

Íosidones que rodean y dominan por la parte de tierra á 
ilbao , contener el ejercito de la Reina que intentase pe- 
netrar en aquellaplaza, confiando al mismo tiemoo en que 
mientras mayor fuese la guarnición de ella, y el n6mero 
de personas alli refugiadas, mas pronto la nabia de re- 
ducir á la necesidad estrema de rendirse., Pero Moreno, 
en vez de enviarle la artillería que con tanto afán pedia, 
dispuso rápidamente desde Navarra un movimiento sobre 
Vizcaya , que ejecutó llevando consigo á D. Garlos; y lle- 
gando a Durango con la vanguardia , dejó á aquel con su 
cuartel real en Ochandiano aquella noche. Esta operación 
llenó de furor á Maroto y á los jefes que acompañaban á 
Moreno «que ya le odiaban y públicamente vituperaban 
su conducta.» (i) 

Aquella madrugada se trasladó Maroto á Ga^dácano, 
y á las 9 de la mafiana entró D. Garlos en Durango , y 
oyó las quejas que le dio Moreno contra Maroto : poco 
después emprendió el jefe de Estado mayor la marcha 
sobre Galdácano, haciendo alto con sus tropas en el ca- 
mino real, y á un tiro de pistola de la casa llamada 
Urgoiti en donde se encontrana Maroto. Aquella tarde 
envió éste con uno de sus ayudantes un pliego á D. Gar- 
los , concebido en términos bastante duros y acalorados, 
Y -en que se deprimía á Moreno , á quien se acusaba de 
ineptitud. D. Garlos, por medio de su asesor general 
Anzaga , hizo conocer a Maroto el disgusto que le cau- 
saban su insubordinación y los acontecimientos ocurri- 
dos, «porque aun cuando le hubiesen asistido razones ó 
motivos de queja contra Moreno, estas debia haberlas 
sofocado hasta nacérselas á él presentes, y pedidolc las 
hubiese remediado.» Mandó también D. Carlos á su ase- 
sor general que afiadiese á Maroto, «que si bien no po- 



(1) Memoria eitada. 



» 25 

dria nunca olvidar sai sacrificioa y padecimientos por sa 
causa , tampoco podría permitir me lo que le había con- 
quistado Zumalacárregui a costa de tanta sangre y do tra- 
bajos, fuese perdido por las disensiones y falta de uni- 
dad en los jefes que le habian sustituido.» ¿Y quién de- 
ciaesto? D. Garlos, que según el testimonio de personas 
bien informadas de los pensamientos é intrigas de m 
cuartel real , se hallaba disgustado del carácter y ente- 
reza de Zumalacárregui , y celoso del prestigio que me- 
recia en aauellas provincias y del ascendiente que tenia 
en el ejército, meditando con sus mas íntimos conseje- 
ros el medio mas seguro y prudente de separarlo del 
mando , sin que escitase las murmuraciones de nadie. 
Znma\acárreffui había tenido graves disgustos y acalora- 
das contestaciones con D. Carlos , hasta el cstremo de 
liacer por dos veces dimisión; pues aquel caudillo no 
solo se oponía á los proyectos y planes de los palaciegos 
que rodeaban á D. Cfárlos, sino que le enojaban y exas- 
peraban las murmuraciones de que era objeto , y las re- 
criminaciones que le hacía h camarilla de aquel. Los 
consejeros Íntimos de D. Garlos desde la seguridad del 
cuartel real impelían á Zumalacárregui por medio de 
aquel á que emprendiese operaciones contrarias á sus 
convicciones , y que como sugeridas por gente que no 
conocia la guerra , eran generalmente desacertadas, y 
traian por consecuencia el derramamiento inútil de san- 
gre y el descrédito de las armas carlistas. Zumalacárre- 
gui, aunque veneraba profundamente i D. Garlos, estu- 
vo constantemente en oposición con su camarilla , la que 
ya al Gn con habilidad y mafia había conseguido que 
aquel llegase á desconfiar de su bizarro caudillo. Si Zu- 
malacárregui no hubiese sucumbido por efecto de una 
bala de fusil, la intriga del cuartel real lo hubiera derri- 
bado. ¿ Qué le importaba á esta el mérito de aquel , ni 
sus inmensos servicios , con tal de poder saciar sus san- 
tos furores en (quien no so prestaba á ser un instrumen- 
to dócil de sus proyectos y de sus miras ? 

Arizaga instruyó á Maroto de cuanto D. Garlos le ha- 



26 

bia manifestado. Dirigiéndose aqael hacia Galdácano, en- 
contró á Maroto ceróa del üuente de Airrigorriaga , en él 
camino real , y en el estrecho que este forma para entrar 
en el puente nuevo. Maroto estaba rodeado de un ftiégo 
horroroso , porque aquella jornada fue una dé las mas 
sangrientas de la guerra ; pues no solo/ se^n testigos 

Sresenciales , se disputó el puente con un yigor e^traor- 
inario y una obstinación nunca vista , sino que también 
se disputó con heroico valor el terreno palmo á {balado. 
La acción duró desde las seis de la mafíana hasta las ocho 
de la noche. 

Por consecuencia de la conferencia que tuvo Arizága 
con Maroto , se dirigieron ambos al cuartel real de clon 
Carlos que habia bajado á Galdácano. D. Carlos no pu- 
do menos , después de una tan señalada victoria , de re- 
cibir con benignidad á su caudillo , asegurándole que ol' 
vidaria todo lo pasado. Habiendo encargado el príncipe 
á su asesor real que trabajase para !la reconciliación de 
Maroto y Moreno, se manifestó el primero muy dispues- 
to á ello , y encargó al auditor general viese á Morepo 
para decirle que estaba dispuesto á ofrecerlo su amistad, 
que no pasaba personalmente á ejecutarlo al pueblo de 
aldácano, donde se hallaba, por la situación militar 
que exigia su persona en aquel punto ; pero que si bajaba 

Íor la tarde á reconocer la linca avanzada, satisfaría su 
eseo , y conferenciarían de buena f6. (1) Ya se ve que 
Maroto por su parte no podia hacer mas; en obsequio de 
la causa de D. Garlos sacrificaba su amor propio y se 
adelantaba a ofrecer á Moreno su amistad y su mano. 
Pero este hombre , orgulloso 6 implacable , ni aun quiso 
oir siquiera al auditor general, sospechando que el objeto 
de la conversación podia ser relativo á la persona de 
Maroto. Ciego en sus odios, dirigió á D. Garlos un parte 
detallado de la acción de Arrigorriaga^ á la que habia 
sido estraño, y en cuyo parte mostraba la parcialidad y 
la injusticia de recomendar a los oficiales que habian es- 

(i). Arísaga, MeflMho citada. 



y 



uAoiWL lado I omitiendo toft que le kAbkii hallado i la 
inmediadon de Marofo. Este , por n parle, y dcsenlen- 
diéndoM del condacto del jefe de Estado mayor i diríf[i6 
otro absolutamente diverso. En este eato era muy de te« 
mer la separación de Maroto de la oomandancia general 
de Tiseáya , por^e Moreno , que poseía el coraton de 
D. Cáriot , no dejaba á éste de la mano, llevándolo siem- 
pre consigo. Ta se deja conocer que por consecuencia 
ae los partea dados acerca de la acción de Arrígorriaga, 
li rivalidad de los dos jefes se habia de introducir en oí 

S'ército propagando en ¿1 un germen de discordia. Al fin 
. Garlos abandonó el mando del ejército, llamando k st 
I Moreno para separarle del cargo que antes desempe- 
bba: también Maroto fue separado del mando que ejer- 
cía : cada uno de estos dos jefes quedó en situación di-> 
versa ; porque á Moreno le sorprendió y resintió viva- 
mente una separación que no sospechaba ; mientras que 
Maroto recibió con serenidad su separación , que además 
de injusta 6 inmerecida , estaba sooradamente compen- 
sada , ya con los servicios y la gloria que acababa de ad- 
quirir, ya con las alabanzas que los pueblos y el ejerci- 
tóle triontaban. Una desgracia común abatió á Moreno 
y pudo engreír á Maroto. Confinado éste á Tolosa , se 
quejó del desaire que se le habia hecho, y haciendo ge- 
neral el conocimiento de los partes dados sobre la ac- 
ción de Arrigorriaga , dio á conocer do qué parte está- 
bala justicia. Guando Moreno estendió un parte tan par- 
dal de aquella acción , no le permitió ver su rencor la 
prenda que soltaba: Maroto supo aprovecharse de ella, y 

Ía desde entonces perdió aquel todo concepto, manifcstán- 
ose como jefe que desconocía el mérito y que no sabia 
hacer , por miserables pasiones , justicia á los servicios. 
Habiéndose establecido D. Garlos en Tolosa se le pre- 
sentó Maroto , á quien reprendió severamente, dicién- 
dole: «¡Te acordarás de lo de Durangol»; pero antes 
de concluir la conferencia se hallaba tan variado el áni- 
mo de aquel principe que le prodigó mil lisonjas, y aun 
k abrazo. Al di^ agaieate pre$ettto Maroto una instan- 



98 

cia á D. Cirios, en U qae aeoBabt de falso el parle de 
Moreno acerca de la acción de Arrigorriaga , t de in- 
justas las propuestas , y en que solicitaba se abriese un 
juicio para averiguar cuál de los dos partes referia la 
rerdad de los heckos, sujetándose él á la pena á que fue- 
se acreedor si resultaba ser el sujo inexacto. Ésta re- 
presentación de Maroto se pasó á informe del auditor ge- 
neral del ejército. Este magistrado , antes de evacuar 
su dictamen se presentó á D. Carlos , á quien hizo muy 
prudentes y juiciosas observaciones. En vista de ellas 
acordó que se archivase la instancia de Maroto , y que 
se tuviese presente en otra ocasión. Mas adelante* y con 
motivo de haberse presentado en el cuyrtel real D. Ce- 
cilio Corpear , hábil en el manejo de la intriga , hombre 
astuto y sagaz , y mas mañero que instruido diplomáti- 
co; trabajó éste con buen suceso en la reconciliación de 
Maroto y Moreno , aue se verificó de un modo solemue 
y público , reuniénaose en un convite que dio Maroto 
en su casa á Corpar , Moreno y Arizaga. Ya Moreno se 
prestó á esta reconciliación , entusiasmado con los planes 
y pomposos proyectos de Corpar , y cediendo tal vez á la 
influencia de éste con quien tenia antigua amistad. Don 
Carlos convidó á comer al dia siguiente á los dos recon- 
ciliados. 

Hallándose el cuartel real en Oñate , dispuso D. Car- 
Ios que Maroto , que alli se encontraba, volviese á To- 
losa. Desde aquí con permiso de aquel pasó á Durango 
donde se hallaba el cuartel real , para tratar con D. Car- 
los acerca de ofrecimientos pecuniarios de que estaba en- 
cargado un comerciante llamado el barón de Habcrt. A 
poco, V después de nombrado Erro ministro universal, 
se estableció una junta consultiva de guerra , y Maroto 
y Moreno fueron nombrados individuos de ella. 

Uno de los primeros pensamientos de Erro fue nom- 
brar á Maroto comandante general de las tropas carlistas 
en Cataluña, y 1er ofreció dinero y fusiles con que po- 
der organizar los somatenes catalanes. Maroto manifestó 
tanto a D. G&rlos como á Erro , que él nunca haria la 



29 

I • 

gnem como jefe de bandidos « y qae necesitaba contar 
con armas y recursos. Con las mayores segoridades le 
ofrecieron uno y otro , afiadiéndole el segundo qae in- 
mediatamente le enviaría de tres á cuatro milloneSy y que 
en las costas de Cataluña iban á desembarcar consiae- 
rable número de fusiles. La idea de organizar los soma- 
tenes de Cataluña bacia tiempo que estaba fija ea la mente 
délos consejeros de D. Carlos. Guergué fue destinado á 
este seryicio con un cuerpo espedicionario de navarros; 
pero este jefe, cuya conducta no es del caso calificar 
abora , no habia sanido corresponder á las intenciones de 
D. Carlos 9 y tuvo que volver á Navarra , dejando sem- 
brada la discordia entre los jefes y soldados catalanes , y 
trajeiido sas navarros en el mayor estado de desaliento 
y miseria. , después de dejar muchos rezagados y aban- 
donados por los caminos. La vuelta de los miserables 
restos de esta espedicion sugirió el pensamiento de en- 
riar áMaróto á tomar el mando de las bandais carlistas 
de Gataluila. 

Pasó este general á Frantía , y desde allí se introdu- 
jo en el antiguo Principado , donde fue recibido con es- 
traordinario júbilo por los jefes y tropas carlistas. Todos 
k reconocieron y se sometieron dócilmente á sus órde- 
nes. Les prohibió severamente que exigiesen ninguna 
contribución de los pueblos , ni que los gravasen ni mo- 
destasen en manera alguna , ofreciendo á todos que se- 
rian atendidos religiosamente en -skis 'haberes » contando 
con los recursos que D: Carlos y su gobierno le habian 
prometido. En seguida se ocupó en organizar y discipli- 
nar batallones i' instruyendo por si mismo á los diversos 
pelotones , granjeándose- por su actividad , por su celo y 
por su desinterés el «fecto de los soldados y de todos los 
jefes y oficiales; y reanicñando en todos los pueblos que 
ocupaban las bandas caríistas el entusiasmo de sus parti- 
darios. Diariamente se engrosaban aquellas , y la guerra 
de Cataluña habría- tiomado un aspecto bien diferente en 
faTor de la causa de D. Carlos , si Erro hubiera pun- 
tualmente cumplido cuanto ofreció í üaroto á su despe^ 



í. 



30 

dida* Pülafoii dias y dias^ y ip dinerp ni armas llegaban: 
Marbid dirigió las maa eficaces ; enérgicas reclamaciones 

3ue Bjingun éxito produjeron. Al fin , los jefes y oficiales 
el ejército le hieíeroo prc^c^pte al estado de miseria en 
que M hallaban y la. imposibilidad de cumplir las órde- 
nes que les tenia dadas. Entonces Maroto y apremiado 
'por-oiréunstañcias estremas é imperiosas, no quiso toda- 
ryia permitir que se hicié^n exacciones violentas v arbi- 
trarias: quiso que lo que las circunstancias exigían, se 
hidése al meüois , con orden y con equidad : se dirigió á 
las personas mas acaudaladas de los pueblos que la fac- 
ción dominaba , y les hi^e yeír la necesidad estrema en 
que se hallaban las fuerzas de isu mando, demostrándo- 
les ál mismo tiempo que le. era forzoso p^clamar sus au- 
silioB^.si babia de conservar la digcápUvia 4e.s^s tropas, 
éompórometióndosB á responder de ia/i, cantidades que 
e iámidistrasen. De' esta manera mantuvo por algún 
tieibpo el orden y la disciplipa en aquellas ; p^o al fin 
tuvo que abandonarlas porque se encontraba en la im- 

Í posibilidad de cumplir lo quei^abia ofrecido* JNi aque- 
les pueblos , ni los caudillos del^jór^o» satifiechos con 
su mando y dirección, querían que ^: reparase de ellos, 
como se lo hiciero» presente « instándole »reit#radamen- 
te para que no iosabandona^r Sstas instancias lisonje- 
ras para iíaroto y y en las ^ue vejia una muestra 4el 
aprecio de los carlistas deiC^ktakida ,1^ obligaron^ á. Me- 
cerles que volverla ir. tomar «A mando de aquellap tropas 
si el gODicmo de D« Garlos l^ facilitaba Lpi» recursos que 
le eran indispensables para promover. 1^ guerra en aquel 
Principado. Los princ^^es caudillos que tan subordi- 
nados se le babian manifestaclo , y entre ellos Xrístany, 
fueron acompañando á Maffoto ha¿ta la frontera de Fran- 
cia, donde se separaron de él con señales de ternura. De 
la frontera se dirigió á Burdeos, desde donde escribió al 
gobierno de D. Carlos , anunciándole que pasaba á las 
Provincias á informarle de su conducta , y darle verbal- 
mente instrucciones acerca del resultado de la comisión 
fue 30 le había conferido. 



SI 

. A esto M le coiit6«(6 me ne pmase adelante , y se le 
mandó formar cansa , tanto para ayeriguar la conducta 
que habia observado en CÁtalufia , cuanto respecto de los ' 
hecbos á oue anteriormente babia dado luffar en las Pro- 
Tincias, y acerca dq los cuales babia archivados algunos 
papeles t cárta^. Itfaroto permaneció en Burdeos; y en- 
tretanto loa muchos amigos y apasionados que tenia en 
el ejército y en el cuartel real , y particularmente La- 
Tandero , á la sazón i;ninistro de Hacienda , y que lo ba- 
bia acompaflado en su espcdicion á Cataluña , y sido tes- 
tico de todas sus operaciones , de su^ trabajos y de su 
ceto , previtiieh)n ravorablemcnto el ánimo de D. Garlos 
^ desvanecieron su desconfianza y sus recelos , clamando 
todos normue Haroto (uese llamado para ponerse al frente 
del ejercuoT Hasta los consejeros intimes de D. Garlos, 
j los que antes se habian mostrado contraríos á aquel 
general^ deseaban y solicitaban su llamamiento. En elec- 
to , Maroto era el único hombre que podia encargarse 
del mando del ejército , reorsanizarlo , reprimir la es- 
traordiviaria licencia de los soldados , contener con mano 
fuerte la aJ9d;>icioa de algnnos caudillos y la división y la 
discordia que reinaba por todas partes en las tropas car- 
listas, siendo el cuartel general y el real de D. Carlos un 
hervidero de miserable^ y bajas intrigas. 

No trazaremos et 'cfuadro que presentaba el ejército 
carlista y el gobierno de D. Éárlos desde la muerte de 
Zumalacarregui , (Tue era el brazo derecho , ó mejor di- 
cho , el alma de ella. Desencadenadas todas las pasiones^ 
y en particular fa insaciable ambición , que el carácter 
uidbmaUe de aquel tenia comprimidas , si la facción oh-* 
tuvo algunos triunfos por el valor de aquellos naturales, 
la insurrección no adelantó un paso, ni adquirió ventajas 
importantes y positivas. Ni la rortuna coronó los esfuer- 
zos de loa sucesores de aquel caudillo. El mando de Mo- 
reno fue siempre deteátaao ; siendo sus planes objeto de 
perpetuas muriüui'abiones. £guia , aubque dotado de ca-» 

{acidad, y de conóckniéiitos , aunque estimado por \«l 
ranqueza y Reatad dé sa carácter, ni tenili todwi lu cm?- 



y 



52 

lidade& que el mando de aqoellas hoestea requería » ni 
tuvo nunca ascendiente sobre I). Carlos y ni supo repri- 
mir las intrigas de su camarilja. Guergué, que precedió 
áMarotp, era hombre desacreditado , incapaz de man* 
dar fuerzas de alguna consideración , aborrecido por sus 
escesos y demasías , y de pasiones bajas y rencorosas. 
El ejército se hallaba en el mayor graao de indisciplina: 
la autoridad de D. Garlos era desacatada :. todas las per- 
sonas distinguidas por sus servicios > por su lealtad , y 
basta por su educación y nobleza de sentimientos y aca- 
baban de ser reemplazados en los diferentes mandos del 
ejército y de los distritos por hombres furiosos, verda- 
deros energámenos , ignorantes , groseros » fanáticos y 
perseguidores. Esta gente , de miserable estraccion , y 
verdadera hei.de la sociedad, tuvo bastante hal^ilidad para 
rodear á D. Carlos, para ganar su confianza^ aparen- 
tando un realismo hipócrita, y una devoción mentida; 
y para apoderarse del mando d.e las fuerzas carlistas y 
do los infelices pueblos aue ocupaban. Algunos de estos 
hombres no eran tan ansolutamente estupidos que no 
^ asombrasen ele su misma obra, y qi^e juzgando impo- 
sible toda reconciliación pon los jefes de crédito y pres- 
tigio , á quienes habían perseguido j ienian presos, no 
fijasen su atención eo el'unicp gue podut: salvarlos de la 
ruina que los amenazaba « uniéndose por el momento á 
los que pcdian y clamaban porque se llamase á Maroto, 
que perma necia, len Burdeos , en calidad de confinado ó 
relegado. En vista de esto D. Garlos le escribió, llamán- 
dole con instancias. Maroto se escusó porque conocía 
perfectamente la situación del ejército carlista, y las in- 
trigas de la pequeña corte de su principe. Volvió éste á 
escribirle con mayor encarecimiento, y aun le envió una 
persona encargada de manifestarle verbalniente la criti- 
ca situación en que tanto él como su gobierno y ejército 
se encontraban. En este caso Maroto juzgó que debia de- 
jar á un lado todo género de consideraciones , obede- 
ciendo solo la voz de su principe, y no negándole el au- 
xilio de su espada que reclamaba* rara frustrar la vigi^ 



33 

linda de In policía francesa y de los aduaneros » Uito quo 
atravessr la f rqotora disfrazado y i pie « andando do csU 
manera mas do Ycinto lea uas , por jun terreno escabroso, 
y prcsenUndosoáD* Garlos estropeado, rendido dp fatiga 
} sin roas ropa que la puesta. Lo recibió con hasiaato 
placer j agasaio , manilcstándole quo cifraba en él toda 
su esperanza : ic mandó que permaneciese á su lado, j 
quo juguicse su cuartel real. De esta manera pasó Maro- 
lo unos cuantos djss , sin que ni por D, Cirios ni por 
sus consejeros se Iq manifestase el objeto con que bal>ia 
sido llamado. Yacilalm aquel en conferirlo el mando df 
sus tropas , porque desde Portugal abrigaba algunas pre« 
vonciones contra este general , á <|uien miraba , como 
&\cc un escritor á quien Ya hemos citado, con encubierta 
iulcndon. Coa Haroto oió á conocer D. Carlos mas que 
en ninguna otra circunstancia la ^i^rresolucion de su ca- 
rácler » 7 al mismo tiempo sus contradicciones 6 incon- 
sccucnaas , pues h posar de que en algunas ocasiones 
se manifestaba enojado con 61 y aun severo , en otras se 
le mostraba contiauo liusla el último estremo y deferente, 
atendiendo á sus reclamaciones con una liberalidad de 
ue nunca babia usado , ni aun con sus mas adictos y 
á^oritos. 

Tanto la situación de indisciplina en que el e¡(*rcito 
rarlista so encontraba , cuanto la actitud que tomo el de 
Espartero , reuniendo fuerzas sobre Logroño , condu- 
ciendo aprestos i Puente la Reina , y amagando caer 
sobre Estella , acalmron de decidir el ánimo vacilante y 
siempre receloso de I). Curios , y nombró por jefe de 
estado mayor al general Maroto , á quien concedió fa- 
cultades ilimitadas para obrar y determinar iM)r s( con 
arreglo á los casos y circunstancias. El primer cuidado 
de Maroto fue la organización de los batallones. Para 
cllu pasó una revista , y se quedó asombrado de las con- 
siderables bajas quo observó en el ejiTcito , mayores de 
lo que 80 babia figurado y de lo que le habían infor- 
mauo. Ksto se remedió en parte algunos dias después, 
pues con el prestigio de este gifiycrnl renació en breNe 

5 



i 



la cóti^hQzá y áé Atíi^ el almtnliiMiM^ VdlTÍj|!iiáo á las 
lilas los ihnchÓB solaados que las habían abandonado, 
dañsados déitaovimicntós ináüles j dé empresas desas- 
trdéai f, siii l^csoltado. El íkñtísí renació bor todas par- 
t^i^'d^ii lá disciplina, y lá seguridad indíridual quedó 
aflkbíáda. Con actividad estráordinaría fortificó varios 

Iurittís , one cubrieron la ciudad de fistcllá , á cuya po- 
tación di6 Ordenéis severas pata replégai* toda clase de 
subsistencias , cortando las aguas , v con otras disposi- 
feiones defetísivás , alentó eiespítitti público, ya casi 
exánime y dispuesto á sucñpibir. Miai'oto sé proponía 
restablecer completamente la diséiplina del ej6rcitb que 
bandaba , y asegurarse de la eonfianza del soldado antes 
de emprender ninguna operación : sei proj)0hia teparar 
los desastres del eJércSto que estaba cási en derrota, y no 
acometer al enemigo sino con probabilidades de t^btener 
ventajas efectivas. Esté era el plan que en aqujellas cir- 
cunstancias se habia propuesto, y que lé aconsejaba man- 
tenerse á la defensiva en las esceientes posiciones que su 
ejército ocupaba. Ya que Espartero nó sopo ó no pudo 
aprovecharse de la situación material y moral en que se 
hallaba el ejército carlista, quiso Maroto prevenirse para 
en adelante , necesitando restablecer con triunfos el áni* 
mo abatido del soldado , y asegurar cada vez mas la con- 
fianza que su nombramiento habia inspirado tanto en el 
ejército cuanto en el ¡iaia. 

Conviene advertir en este lagar que los consejeros Ín- 
timos de D. Carlos, entre quienes llevaba la voz el mi- 
nistro Arias Tejeiro, ya por el carácter furioso de ellos, 
ya porque ignorantes en el arle de la guerra no cono- 
cían otro ifíodio de hacerla que el de las matanzas y el 
derramamiento de sangre; ya por asegurarse mas en la 
confianza de D. Garlos , ó ya por áltimo, por acreditar 
de alguna manera su funesta nominación, naíbian estado 
siempre empeñados, y mucho mas desde que tomó el man- 
do Maroto, en que se acometiese á las tropas de la Rci- 
taa. D. Carlos participaba también de esta opinión que 
}e bMau inspirado , y se mostraba muy decidido por ella 



.,»» 



,»!4do itajpr ^gejuUsp Jíslii p.;njani)f|ilp (le (ílo., cj^nlo 



,^i;fuu n'ajvf ,+^-v— r-'fi"-'' i-vr-','"jhTfY r" fr-"«- >-W*trf" 
MT? ^rf.^'ío g^par|o,j jitraerliv^ ¡^ k-'^^m, Ffj^í)6 

,,?! íiüiíisV-p *.f)i?f íftiqíro una (;Mrts^íí^<)i;pc,fl aiar^í ^n 
íi jfeoei^al M^WpV*. t*^ cflfíreepdftiltiicip po ,taf,# .«n ir- 
ritar á^í^te .Mllimo.jiiirqwí.^iiílía,, con larp«,,cttf|,ji- 
ripraflcta, sp , le ,í|ftlJ(iR .coiisf joj ^ttnlrarios á Sl^, ^"^n^f- 



ÍPníí^íe' qtte í|, pabia de ser «¡ipuíwPle, J,g/fíi,pp|iíí^ii 
llenos, lie traer fmieslüs resUíl^Jpü.íi su (fflli^J ¡if'^lí il 
^•■no (jeJ?ip,9 sos^iecbalia Mscplo „ j, ^ stff l^^^f¿sfí,i^J^^, 

"-'" -" "" WnHWnJlSiflftWJ V)''<íWH!»i'"" *' 



9"'' 

.menos, liu liati iu..La,i.^ .tai^^^ija,^ a.* ,^™( ^i^jl^ /■> 

,iwsmo (jeJ?ip,9 sos^iecbalia Mscplo „ j, ^ sjfl J[4pda^(;f(^, 
,|ll(eÍ¿i||¿fei(LC()ji|)i;m|j)firi»iriálHlM>W Igff-Ammi- 

■f™ .WiWf 

.Ji¡l,((Érqit^,TVi-ira."— i-nir-pmriT'mTin .., , 

m*i»nii> 4i! U',Riai)»,,ail>s¿^S.,flj(#,n,^r ^ — 
aliucÍTO'd«I«í,.*»W. j!,»IMlW'»|l'y='W,W 
clseno le J»,fiO#5?»,í, WüflM! 
ilicndo y pi;" 

luo el verdadero (PQl),\u de li^s, (ip u'K^S fifUfa^ 
d(ncla que se ,rwí°p™,i/ v.J cM'l if tlM'iH' ,ltS.»l . . - . 
■lfj«aii^Hl9>jD.,SeJ|íatlai|. Jíi,.}(l tectM» /.pílSlOB *• 
Wje/e» JpSswlffi.»» ■.ÍWMMfflftf #!..»írFiW; jftV'- 
otra Jué, smQ,,^a caiiaa.de lififeCjSJ^p di;¡^w4P4.(fVer- 
^icn , VUUreal,,a Villaííi„)^i .^yra; líe jtab^r pidp jircso 
eniúüiga, 2ari«teRUÍ. j ,cpii4tcido cpp eiWí^iM fl %rte 

. de JtrciBieaa ; fli^l arrestíi de ElÍP pp el,^ P''^l"''Jj > ■**' 
de FerpanJo CalíítjSas ep .é cantillo d<f jGu^^ft .v ;.4« .ha- 
ber sido sstre4ad(|.5P ¡ipiírviyt)/t.o'Sfin.()n¡(K(ri()^ ge- 

. Mr«l.B;guw?„:fpíís,l^ll)f), suii(4Ul!lía8P|! fücspdfqB- 
teato cou que su prisipti se ciiculiricse , crap Kc^meolA 



dói, y I¿'«ótidémii8tt W ffi téíícii pÉlrá^picÉ^r'i FfdnbM á 

ddWtaHMiinitev ^teMliHÍ(9¿^^^ tijoWlMr á !Négri se^ 
gitniibjéfeddéMtaabmkVW. • '' ^ ' 

ISt^ééiMim ddU OiflHIvy ^ahitít^tabá ti^a diH sn deil^' 
crédito, el odio del ejército j <el despreció! de los Mleblols; 
YeaiáM'cOtt^ 't^rttÁKós lé pi^ d sérKot AA±ttf¡^, k 
qúSéíi túu tépÁSátm beoofós- citado , yñt qniw lienióir 
ad<^tadó*-i«nks- opiniorós. «Gotí setáéjánte ccMidabfa; 
dicéf,' lo» iñAtf acreditados 6 í ñflti^efttes jefes del éjét'dtó 
sepérsüadiait'qae los odios del principe eran éternps, y' 
qne el' tria'irfo dé Sa cansa biabiade proporcionarles per- 
secuciones si^ liioaítes' df jsde el m amento tíne susdei^echos 
no lüeséiél'dispñtádos. ' ¿a obcecuóion dé don Gátlos no 



pütede txiftnpip^nder^, iA mébos c álificar^, portftié la opi- 
nióU'VíMitá^eí pais/ cbma> lá dé 1 ejército, ^ hMü pre- 
nu1if¿aM}l> (MCrgicattié ñtiá Cciátra su gobifelfiío^ y falto dé* 
apd^ós m'^Máetoitóu , nó p6dÍB\ jsosteíiferlié contra súü: 
enctamffO^j Creían' s»in' dudar los • tjonfecjértfs: del pritidpé* 



bi^ii tunando 86 ^n atacado .s ^ í üis iñtérel^es ñ&ii't^MiiV 
no-«iiti4cett^jS4íi'déi^écbos con m le I09 teyfe? sé creétt ttf^ 
yesridbb pafi^'subytibkr á s óik gbl i^fñádos. Sin justicia ti^' 
bayjifeirecho'ílffutooí.i^ '.' ■; ; * , 

}ra-^ 
a- 

<l»idé' 



3í 

JMi Umúui ufl^vm imalucioa» se varia íatuio # UhmtU 
por lí mianQt y á locar un castigo ejomplar . «¿Ta alra^ 
laris á kac6rlo?.%i.. wotfisló dw Cirios.-^ cSeüAr» ra-r 
plicó MaralOt ñ V. M. no %ñ digna adoptar niagana re-- 
lolocioB» 70 en aa nombrct y como general cin jcíc de an 
ejército , nueoiraa merezjca su real coniianza , me nvtk 
preciado á conaervar la disciplina del ej6rcilo« y á Iult 
cenne reapeiar como previene la orden^nxa.» — Estaapar 
labru de Maroio« que sin duda don Carlos repitió á sos 
consejeros y fisvoritos » enconaron mas contra aquel Iqs 
inimoe de eatoa, y exaltaron mas su fur^r, y los ompeA6 
á conspirar contra la vida do este general , y á trabajar 
con mafin y Mr medio de artificiosas inurigas» para pro- 
indr nna auDlevacion en el ejército contra el general que 
lo mandaka. Meroto, que tenia numerosos confidentes en 
todas parles» sabia cuanto »fi tramaba» los pasos y ma^uir 
aacionea de los conjurados* los medios do que se vahan, 
las asecbantts que ponian á su vida, cómo sembraban la 
discordia en el ^ército , minando su disciplina : sabia 
cnanto se hablaba, trataba y resolvía, en los consejos de 
ion Carica* pues uno de los asistentes era persona de su 
confianaa, y le participaba cusnto se proyectaba. Una no- 
che, y con prete&to de hacer una visita á don Juan Eche- 
varría, que habitaba un cuarto en la misma casa do don 
Carlea , los sorprendió i todos reunidos ; entrando con Ja 
mayor serenidad en la hat^itacion en c|ue ¿e hallaban , y 
haciendo que todos quedasc^u sorprendidos y mMdados da 
color. El mismo don (iüírlos , ya abiertamente prqtegia a 
los eoemigds'de Maj(otx>; uno de ellos, Sanas, á quien Mal- 
roto habia tratado de aryest^^, |lo. acggíó di^n Carlos eu au 
cuartel real, y enau. mism^ ^sajPH* jf ppr Jas.4;alle# delpae- 
Mo, donde aqud.saliaiUaba e^tablec^^dq, sq|ir,4^^^ 
lante deMarotocón oí mayor. 4íejH>arq.y¡aifn,lo:ÁnsuUa- 
ha. Otro de «Uosü fiaroia « jr«A:.orrÁa IpSidif^^r.^P^ dc^ta- 
saaientoa, eaforzándpso .^W «gausir ..ep. ppi^ci.d»^ ^lon 
Carlos á k>aie;iia(da )lQS..flHenpo!s».4 Po 4ArqMA>»<^í«!»bI<%va*- 
ae» cQQtwillimt^ l^»q|iyij|9ni«c|iaah«|-,49 4^9rÍQPR* ^^ V^^ 



4i 

4 mmwñ MHnfto^Mpraimt&tteBiUbiifelta^^ 

k •ArtédeLóbdrM, lóftfCiiitopcMfmiáeseré^ 

£rUimenU>t ni semariUeo á susintereiei., tii €0C41nní 
It coDiideradon ptf^Uot^ qdo tántO' infloU w Iflr de mi 
SOf^cautay.cajracnrciutttaiicia se Uliat)íá MpUMdaá 
troto el lord inglés], ém óon liii rícó biwtaifurOi. Uoh 
kJM de aquella nacion^jle halüaé yisitado é» SallliaUenra^ 
7 ao dejó de hacer presóte ¿don Garlos la grai^t'^D^ 
de aa jefe de* estado mkybr» resjpbdo de fesarÜMlMllM 
ieade el enariel reaLse dirigianrá .UsferiódÍMajotaMt 
jeiM por S1U nías eacaraiiims eneniiff^ 

^ De propósitb: hemos querido trasladar liUUtinmad^há 
aiúeriores páfrKfostde lá Memoria del sefior .Añasga^ eft 

Se. da cuenta 'de la co nfer eá t Aa áiitie ellos ^mísmatséiréU 
ren. £1 sefior Arizaga^ae conocía y ppdia a^NKpíisr la 
S'inion del ejército y de sos mas principales jefes* ¡f dia«t 
giiidos oficiales, j que para la confianza ¥ an^istad^coá 
£e trataba ¿Maroto, deoia conocer lamima. la eneeaía 
su carácter y la firmesa de sns resoluciones; -€QnlMe4- 
faba como muy crüieoi aquellas circuásianciai, ^y 'taTeif 
que de una r^sotudon ooalquiéra, séguu sos i^úamaspaA 
labras^, le iba á don Garlos la corona que pretendía, fot 
eso le dio tan* oportunos y prudentes cénsejosf instindole 
á que adoptase aifuellas resoluditees. t|ue podían' ser ea^ 
mees de e^tar lainñna que 'amenasalia á Imcmtut ¿arliaUu 
Vidrias audiencias suoesiyas. tuvo Arikaga fcon . dfiía (¡arlos 
aeeroa de cum^o Maroto le kiabia epcargado^ Lalcoéstek^ 
tacion de aquel se redujo á decirle:-^«Te eocav^óiififas 
i^Maroto oUe^pondnfe: remeBifi)<ánsnS' jusUs-^j^f<que 
tenca connatiza ennüi y dc w É áfc temniis yPsrpdeÉriiaaj» 
Di Sebastian!, lel i fiadre- •Git#BJ '^ •él'padHi«:fiil<^' jeánitUí -db 
tanta piedad'COBao'dé«Kñi^';>áabirai'|ie';la9ísdi^ y otros 
hombres (dé juieid y{6aids^aS('faeimMstroidoib>éettodo 
Mr el tnismo addftor ^gm$psk\}* iMsdini le* < faábia encangqdip 
jfaiioto;;Bero'todoiftié»iaÉtUi} Obwi-iteébs'soget ós i id p u q» 
ma k gravedad de las circunstancias y gl í < wásth l»apá4' 



4(( 

Útio^. Irre^hto y prnilániíiie d«i don Glrloi , foéMpát ié 
snpeiwlMf adoptando las proridendaí Tigorosas ijuc 'tkh 
qiMrfatt. Estas ^tiones, que no produjeron el resüKádé 
(pie Hárot0 jr sos amigos deseaban , pmeban qae se ifUe-^' 
ria erftar tiiia catástrofe « j que se deseaba que la atitori-' ' 
dad dé dbii Cirios obrase, antes que la fuerza, antes que 
la fteceáidád de defenderse y antes que se llegase á un tía- ' 
tretho peligroso ^ funesto. En esta parte , puede dceirsA- 
que nada i6' (nnitió , y que siendo tan imperiosas y apre-^ 
miántéslás dreunstancias, k opinión del ejercito, la de 
los pfitttipftfes jefes de 61 , la de casi toda la oficialidad, 
It de Ibs hóUftrés honrados j de juicio de aquellos pue-^ 
Uos y del cuartel real , era la misma oue la del general 
en]efe,c6mo lo persuaden, tanto los liechos anteriores* * 
como los qae después ocurrieron. Maroto prestó su au« 
toriiñá á 10 que era la dninion general del ejército j de 
los pueblos, y á una medida de miración. 

El descrédito de los Consejeros habia llegado á su 
colmo: eran detestados do [los generfeiles , jefes , prelados 
eclesüsticos , y de toda la geiite de aquel pait. Cansado 
este de tantqsifffos de guierra \y de verter inútilmente la 
sangre de sus Kjós y de arrtrinar su fortuna , ¿cómo ha- 
bia de sufrir con paciencia que los recursos que i costa 
de tantos sacriftctos suministraba , se invcrtiescn eh las 
comodidades y el regalo de un sifenulacro de corte , y en 
satisfacer la,iiYáncb de loé malvados que rddoalmn á don 
Gáriosr 7 ternlali i^üri mismo tiempo subyugadas su razotí 
y sii voniñfád? En vista de la apatfa del principe , y ere- 

¡yéndose amenazároslos amigos de Maroto, contra los Cúa- 
es se asestaba el pU{\al de m asesinos , y obscrvfinddsd 
qde ét la manera mas escandalosa se promovía una itf ^ut^' ■ 
reccioá en el ejército, todas las personas mas influentes 
en este y en eipais, y cuantas médban k Maróto , cla^^ 
maban porque marchase sobre Mcnai^tel real é hiciese ufi^ 
escamn^to en lób antores ^ pi^movédores de la (fes- 
mlibn. Mhrptó tfóílso oír lá^ppinion de'los jefes de Ibé 
fíMrpQís, éft prerséttdiÉ db lo3 cuales rept-¿dtl]o • eV MA^ 



44 

doie adoptado^ por jentone#p ninguiía refoloclon tfrmi-«. 
nante» partió Maroto con Uía tropas de 'su mando eii di* 
r/Bccioná Navarra.; Alojado el cuartel general en A^^tia, 
recibió Maroto una orden» preyiniéndole que dp^.Cárlof 
deseaba tuviese efecto la revista que aquel l^bia solici- 
tado, á fin de que el principe se enterase del bue9 estado 
y disciplina de los cuerpos. El movimiento que habia em- 
prendido el cuartel real en dirección de Ofiate, bizo ^o^ 
pechar á los amigos de Maroto, que el objeto de este via- 
je no fuese otro, que el de pasar á Navarra para (realizar ■ 
con los jefes que allí se encontraban, y que qran enemir 
gos de Maroto, alguna intriga que tuviese por .|Obj[eto Jat 
mina de sus contrarios. Cada vez se iban ei^ttecnando 
mas las distancias, y era mas inmine^te, un .rpmpi-f| 
miento. 

A la hora sefialada, se hallaban formados tos cuerpos 

Sara la revista en el camino, real de Yergara á Mondragon. 
[o poco hizo esperar á las tropas don Uárlos que recorrió 
la línea sin haberles hablado una palabra. 

En Yergara reiteró Maroto á don Garlos sus conti- 
nuas instancias, á fin de que adoptase alguna resolución 
le pusiese término á los , males que eaperimentaban. 
imo aquel nada resolviese, Maroto no. pudo contenerse, 
y le dijo: «Sefior, la irresolución V. M. en estaparte, com^- 
promete la autoridad que en mí ha depositado: y si Y. M. 
no castiga á los generales y empleados que trabajan se- 
diciosamente contra mi honor y contra.ini .vida, me va á 
poner en el preciso caso de fusilarlos.» Á 1q caa\ le re- 

Slícó don Garlos: «¿Y qué, lo harás?» Maroto le respon- 
ió: «Sí, seftor, lo haré aunque Y. M. después tendrá el 
disgusto de mandar separar mi cabeza de los hppibros; 
pero yo lo haré.x> aNoIo harás», le replicó don Ciarlos. A. 
pesar del tono severo coQ que.peie^plicó, aquel mismo dia 
convidó á comer á MarQto. 

Pasó éste á Plasencia, desde donde se dirisieroná 
Azcoitia, habiénd|(ijBe .aloj.a4o :á distancia 4e meaia hqra. 
4el j^blp, en «il colegio de san Ignacio de^toyoU, AJUlJij 



que 
Con 



45 

btn ¿on el Vf Aré Cfl. Detdeaqoélpiiiitopisó Maroto con 
ras tropaA áTolosa « donde comuionó onciatcs que con 
partidas sueltas se dirigiesen á Arribas, yillafcaly Zu«- 
iñarraga» y prendiesen al general Sanz, i su hermano don 
Fibrendo, oficialdela secretaria de Guerra, yá don Luis 
' Ib'áñez, de la misma secretaria. Ál dia siguiente, se puso 
en marcha el cuartel general para Navarra, incorporán* 
dosele en el camino la escolta auc conducía preso al ge- 
neral Sanz, y mandando durante el mismo al intendente 
Uriz^elo siguiese. Iban, pñes, en clase de arresta- 
dos, con el cuartel general, este intendente y el ge- 
neral Sanz. 

Trosigoiendo su marcha hacia fistella, llegó Maroto i 
ti\K ciudad en la tarde del 17 de febrero del afto 39. El 
'pueblo se hallaba casi desierto, pues algunos rumores ha- 
bian anunciado dias antes que uebian ocurrir alli graves 
sucesos. Maroto entró seguido de una pequeña escolta: 
pasó por el alojamiento del general García, que se hallaba 
al balcón con muchos oficiales , y varios de sus amigos: 
Maroto se quedó mirándolos, esperando que lo saludasen; 
pero no habiéndolo hecho, y si prorumpioo en insultantes 
risotadas, prosiguió aquel su camino por delante del bal- 
cón con la. mayor serenidad. Á poco de haber llegado á su 
alejamiento, se recibieron noticias de que amenazaba una 
scmcion. T¿\ gobernador de la plaza, don Blas Marta Rollo, 
el coronel don Joaquin Llorens, varios eclesiásticos y otras 
muchas personas, nadan revelaciones importantes sobre 
' hechos sediciosos y alarmantes que por, todas partes se 
' notaba; mas todavia Maroto, nada ejecutivo habia re^ 
' suelto ni deteriEninado , y quizá sus providencias no hu- 
" hieran sido tan violentas, si el general García ' no hubiese 
intenladé íáúr de la ciudad con un disfraz, qbé tnanífol- 
taba éX iéíAót' de que sé Hallaba póscido , y ho hubiesen 
desaparecido' db Estettá ál propio tiempo el cura Dayegiii 
y otróls ' eclesi&sticos ; empleados v ^cfes militares del 




!a JDflcdon di don W'l^fft,i?W.^«W?*Í^W^^ 

.este.pada opildaba ni rf)9!i))T,ia-P Jul°^''^ ^'^^ J}?9»^,^f^ 
I7.sc reuDÍeroneD el .alójaatieQto de MarotiQ loa ooo^ra- 
Icí; cpiidé de'Negrí J ¿pn Melchor Silveslre, j;.d audí- 
tór/g'^neraL Morolo les hizo presenta las tranus ^a.efe 
urdían para éonlaminar j (^rr,9mpcr al ejército , jf para 

{iroducir una iosurreccÍQa fp aúe perccíeseit los m?s Ica- 
és <lcreDsgres de la causa canuta. Los docú.iQcnlvs con 
que V^olo apo^ó eslo,, j cl jn'qdcptp de H^Wr siao djs- 
tépido y w-reslado en la puerta «o sao itfjcolas 'f;l g«oé- 
ral Garpia , qiie intentaba salir d^la plaza díi^f'O'sdo de 
eíAcsiasticd, acabó de convencer á todos que hp uabia otro 
i»<;dio :de salvar de sa ruina la causa de don Carlos . de 
¡cpri|pryaf- V disciplina del ej^nfij,»,, jr de ^í'^y.ftr, Ia?yidai 
do los mas dis^nguídós jefe? y oficíale^ ,dp é/^,^)ie adop^r 
inc4|da) '¿lípaces J vigorosas, que íu^sop <:n|fij(;é^ pe con- 
.t<;ocr el espijri.lii de sedición que cundid y {nácnazabapor 
todas |pa;'t(;s: tiOS hechos de que se cony.(;uc)éroíi )oé ge- 
nerales y el añdttpr, reuni4os co la habitación de Marolo, 
los llenaron ^e indignación j de a^qibro , y les hjcíeron 
conocer ^ue si^.^ una resolución .fluierte y <^fl¿fgíca era 
capaz 4^ »«lva|r .ro ippmein^os tap prWoBTa causa ile don 
parios, aái coáo á sa ej^rqiio'de desastres siii ciento ^ de 
su ruina.' Todos calificaron «los hccti^sd? alliii)><;nle cri- 
miniil^s. y cstñvitafiro^ con. Marpto callos lórriMÓ^ males 
en.qú» SQ voi^n (inv.vieltós , y en la pccesidud de ocurrir 
al ri;medio, salvando la cAUíta realista de su [impm ruina.» 
Marolo híilija ¡i anles oido á [os jefes dü los cocrpüs : la 
^r,iv(ida^ 1)1^ la» circMO^tf^^Wt que no ,p<;rijiitiffi un 
i|i;iün:n^nl,0;(ij; (iregua; cl pretender (;,^]Ír,dÍ!f'"8^fldo de la 




i^og.qi^ifa^ cr^c^n$l4llG¡as i^pcriosameateireólanvibjín, 
Voiió é^ (;fPf|L,0,^lpdM ao hallaba apocada cpntbclaB las.ror- 
malid^d^^ í^ifÁif. ju^i^Q. verbaf. A(|uella notjhe , ^por 6rdcD 



tflbt por bH-anoM, bt géiénlil Sknc^ BtMb^ 6ii«rgiié 
^ Gamkma, y el iáteodéiite Urizk El |[eiiertl /eo jefe , á 
Mbitllo, y flegnido de un ayodaniei. recorrió las calles de 
la dudáov ▼ reconoció loa pneatoa miliiarea , j el amib- 
Deoer del día aigiiienU) entraren on áifüelle varios baüK- 
llenes. El' laditor general , que aquella naflOiana ae ore- 
sentó á Marolo,^ le aaeguró que aprabí^ au determina- 
cíMv 7 le «rmanifealó su acuerdo ton la ejecución de la 
sentencia,; (loa iusilaniienjiós) creji&ealar en las «atribu- 
ciones del ^aeñl poderlos mandar, ¡v neceaarios para 
salfar la 'Oiiiiua de don Cérloa.» iNo oculta el auditor ge- 
neral «que cuando los terribles adtoa ae habían lloYam á 
efecto , } ettaude eu fueifia de sai loonvienraacionea con el 
generil*liaroto y otras personas, Uegó á oenrencerae 

Slltica j Boralmente del fio á que cteninában los fusila^- 
I, lo§ medios alevosos de que se tallan, y el horrible 
iifSfflo que abrían k la causa realisla, y á susdefentores^ 
tprobó en su opinión la resoludon del general MarotOi y 
tree el auditor general que en au caso hubiera tenido la 
misma firmeía m eapiritu para lleyarla á cabo.» Nosotros 

oa Que el a 



bien comprendemos que el auditor, en un juicio en cierto 
modo Tcraal, y coando no ae babian seguido puntual- 
mente las fórmulas de un juicio escrito, no podia tener 
en él ningunia partioiparcion. Mo carece de razón el au- 
ditor cuando considera aquellos actos como golpes de Es- 
tado, indispensables para combatir las sediciones. Nos- 
otros los consideramos tacdneu; ^ como actos de defansa 
propia, y eondowtos de uu gcoersA cñ jefe, que hallán- 
dose en presencia de tropas eneqrigás está obligado, bajo 
Sü responsabilidad; á mantenet^Japisoiplina de su ejér- 
cito. I a antes hkbitinocurriidoicaBeik'de pedición:.. la que 
amagaba podrid habef -müifihrdo'el'éjéBcUo carliata j ht^ 
ehocorrer'ail-oyaa'de'Mwgrcl/ * i iommI . . .,. • 

En la mallália disMO'dió'ltfaiiQloiiaiaiproclanaa al ejér- 
cito y al pitia whffÁ 'feí' suceeos oeürrides la noche ante- 
rior, en qué reéordába ú- at^féélpiB dcAcresi y lé recomen- 
daba la mas serena dlseipliMf iaqupUiínobhe recibió ui^a 
Men eni|(to s»fe jiiiw^iA yito ifa^ it¿de osisti^ 



iiálMla aprobacioii^di DJ€árloi, pbro ya eatt ófdea !!«• 
jgó tarde, y nanea haBrU' podido iáipedir 'que ia dolerini<p* 
naeióh de Maroto fuete llerada a efecto. El paia y el 
erjército api obaron anáxiimemente un acto de insigne j na* 
ticiay una reaoloeion' salvadora. Los YÍcarios de Lecum- 
berri t de Abarzusa de mucho influjo entre loa navarros; 
los jefes de los cnerpcis y otras muchas personas distin- 
guidaSy rodearon á Maroto, y lo escitaban á que coatí* 
Aoasé-en el camino* de seyeri&id que habia emprendido. 
'No solo eran aprobados aquellos actos, isino quei- mili tarea 
y paisanos, todos unánimeméntó clonaban por ' que se 
•repitiesémeii el cuartel real. . . ' : . ,i > . . 

Desde Estella se encaminó Marola por Tolosa aj. cuar* 
tel real, fin Atondo se le presentó el comandiuite del 
fuerte de las Dos Hermanas, y le entregó el decreto im<» 
preso que se le habia comunicado poi' . ostraordinarío, y 
en el que se declaraba traidor á MaroU). Este decreto, 
que^ arranearon á'ÍD.' Garlos sus consejeros Íntimos y que 
prueba hasta qué' estremo llegaba la demencia de esta 
gente, se circuló oon profueion á todos los jefes,, coman* 
dantos genéralos, destacamentos y puestos militares, y 
por nadie fué obedecido: antes al contrario, todoslos ge- 
nerales y jefes de los cuerpos, so ofrocian á las órdenes 
de Maroto, quien en presencia do un guardia . que habia 
sido conductor de los impresos, y de Tas órdenes dirigír- 
das á todos los cuerpos «. para, que negasen su 4)bediencia 
á Maroto, y obedeciesen las óraenes del sepeiral Yillareal, 
leyó Maroto. por si nriamo áiSu división íd(d4Cir4)U>.4ue he- 
mos. «Mueiónado^ f n^pues de leen lestes aftadío' con voz 
firmcy serena estas ipaJabras.* j(cSeAon»3i ya saben vds. la 
vplttátaddel.rey^ •¥»«ardiO'alcuArtolí.real. Incapaz de 
edmpro^uler•£lla4ie^enlloLVióndolo cm la ruina que se 
labra contra mi honor y exítteiMia, dejo á todos libres en 
iu voluntad para <lncef( lo qtie;gusten. » Estas breves pa- 
labras llenaion-dé entiuiasmo i toda la. di visión, que con- 
lesió á ellas con- loa> repiBti^ gritos de \Yivael rey! 
.\míM il general Uarqíqkipmérañ l^ íraidoresl La orden 
fdel>^ Garlof'Bb'ifufobedi^idiipor nadie:, todos los cuer- 



49 

pos rigniero^ á 'itatottfi' porque aprobaban la sentencia 
ejecutada, j eatabati unidos con éste en ideas y senti- 
mientos. 

Desde el camiofo liñattdó Maroto al conde de Nogri que 
86 adelantase al euartd rea^ para instruir á D. (isrlos do 
euanto había. ocurridOtt'hrolestándole al mismo tiempo la 
somísíon y irespetó con que estaba dispuesto á recibir 
sus órdenes. Mienti^as diescansaban las tropas de Maroto 
en Arríbaa» se lefpresontó un ayudante del general Ur- 
bistondo, participándole^ que éste habia recibido órdenes 
terminantes para imjpédir i toda costa su entrada en To- 
losa y la de ana tropas. Contestó que estaba resuelto á 
preseularse á D. Garlos aquella misma noche, para ante 
^ínsúfieiar sa honOi* ultrajado, y que se hallaba decidi- 
do á vencer ¿natqtiier obstáculo que se le opusiese. Tres 
ca»Tto3 de lejpia antes de Ileffar á Tolosa las Ironas de Ma- 
fOto>' se les preaentil^iin batallón con sus guerrillas en ac^ 
títud de dispotarles el paso. Urbistondose adelantó á Ma- 
roto fon qiuen babló algunos momentos, habiéndose des- 
pués retirado el batallón que defendía á Tolosa, donde 
entró Maroto '&>lás 9 de la noche. El cuartel real se ha- 
bia trasladado desde Yergara á Villnfranca. Aun anlos de 
presentarse en atfoel Maroto, dirigió una csposicion á Don 
Carlos, llena de la mas profunda sumisión , asegurándole 
MI fidelidad, protestándole su obediencia ú las órdenes 
({Qe emanasen directamente de su volunlad^ y rogándole 
que le permitiese justificar su conducta, hsta esposi- 
cíon fueron encargados de presentarla á D. Carlos el con- 
de de Negriy el auditor general, que iban también pro- 
vistos de una lista que comprcndia las personas perjudi- 
ciales ala cansa de aquel, y cuya lista se formó por las 
ÍDdicacíones que hizo el banm de los Valles, ayudante do 
campo de D. Carlos, que habia llegado al cuartel general 
para enterarse de su situación. Los comisionados se diri- 
gieron á Yillafr anca, dónde tuvieron una entrevista con 
D. Carlos, á quien informaron circunstanciadamente de 
cnanlo ocorriá y de la opinión del ejército y de iasnrot- 
vinciak;de úníMitt/iuíeFA'Mjnarúá su «gitaeion y aoWe^ 

4 



52 

que so hallaban en desgracia j por eHas habían sido per- 
seguidos, puesen conversaciones amistosas hábian llega- 
do á ponerse de acuerdo los hombres de mas juicio é ilus- 
tración de aquel partido. Cuantos se habían adherido á la 
causa de D. G&rlos por un amor ilustrado á la monarquía 
ó. por odio á U revolución, y no por fanatismo político ó 
religioso, } por adhesión á la persona de aquel principe, 
llegaron á conocer, en vista do reiteradas pruebaí, que 
sus esfuerzos serian de todo punto infructuosusl y desea- 
ron ardientemente asegurar a bu nais un gobierno ilustra- 
do y fuerte, que hiciese justicia a todos, que reprimiese 
lasuatiiones desordenadas, j que promoviese la felicidad 
de la patria. A estas ideas se mostraban el ejército y los 
pueblos favorables, y aun mas todavia, pues con alegría 
y «ntuslamo se comunicaban los rumores de transacción 
y de paz. Es un hecho innegable que el pais estaba- can- 
sado de guerra, y que ni participaba delás pasiones, ni 
do la ambición personal, ni del fanatismo de los que se 
proponían vencer ó morir. Las miras, la tendencia, y has- 
ta la conducta pública del bando apostólico, sus furores, 
su espíritu de persecución, su intolerancia,' y la exagera- 
ción de sus doctrinas, no podían meri^cer la aprobación 
de hombres ilustrados , de nouor y de éducacipa, qiio no 
podrían permitir que sus sacriñcios y susangro a^úíríbu- 
vcsen idar el gobierno de su p^iis á unos hbihbrcs fre- 
'néticos, capaces solo de producir el descrédito ,y'lá rui- 
i^a de su patria. £1 partido qiie so puede cBÜfiííar de rea- 
lista moderado 6dcverdaderaiiiciitercál¡sta, disüuguién 
'doto del apostólico, conoció desde luego ú sus contrarios 
y'Ics hacia justicia. Este partido moderado, que no era 
sÁíiguinario ni enemigo de su patria, autoría' lapa/'; y co- 
mo pnrtidu en el que generalmente linliia conviifCiones 
tiolílíiuts y fe trib^rquica , se Mcomodaba fácilmente y de 
inen grado ú las solas Condit:i()ncg que c\.i^]i\ U mon^i'- 
quía CKpaüota, scgiitl 'áW'antiguas leyes, sus uh»¿y cos- 
tumbres; comd partido ílustr.'ido. no dcsdeilolwi" las mo- 
'<tiricacion<<s'T¿EÍtibas qué reclamaba c| espfrilii ¡íi^né'ral 
'tfów^/ó, j'/íí ai'ilobidía dio'lm tiempos y 'circuttsiancias 



53 
este era partido rerdaderameote conseryador. En él k- 
Man encontrado apoyo las proposiciones presentadas al 
teniente general condq de Harispcen 1835, las tenUti- 
?as promovidas después de la muerte de Zumalacárregui 

Sr el conde de Torcnó , la empresa de Muilagorri en 
38, 7 otras negociaciones posteriores. El mismo apojo 
prestó á laa gestiones que prosiguió Maroto, y de tal 
manera , qiie éste no era mas aue el representante de es- 
te partido, hallándose autorizado por el puesto que oca- 
pana,; por la ilimitada confianza que al ejército ma- 
recia. 

Maroto conocía que ademas de transigir con los inte- 
reses personales y con los de las provincias Vascongadas 
\(» puntos mas importantes y graves en la tiansacciou 
eran \os relativos á la familia de D. Garlos, ó lo que pue- 
de decirse, cuestión dinástica, y á las instituciones públi- 
css, 6 cuestión política. Penetrado Maroto de toda la gra- 
vedad de estas dos cuestiones, conoció que no podian re* 
solverse por los generales en jefe de los dos ejércitos be- 
ligerantes; y se resolvió á buscar para su resolución el 
apoyo délas potencias estran jeras. Parece aue habiéndo- 
se presentado en el cuartel general de D. darlos dos co- 
misionados del gobierno inglés, les hizo Maroto alguna 
indicación acercado un acomodamiento ó transacción ga- 
rantida por la Inglaterra. También envió á París con el 
objeto do hablar al mariscal Sout, á su ayudante Doufort, 
el que le trajo la contestación de que la Francia apoyaría 
su proyecto, siempre que en él estuviesen de acuerdo, 
ademas del general Espartero, el conde de España, que 
mandaba á la sazón las facciones catalanas, yCaorera que 
mandaba las de Aragón. Ya se ve que esta contestación 
equivalía á una negativa; porque realmente establecía una 
condición imposible. De esta manera, perdió Maroto mu- 
dias de sus esperanzas. Con todo, no acobardado por es- 
tas contrariedades, se propuso tentar otros medios, pues 
los pasos que se' hablan aaelantado, el descrédito del fl[o- 
bierno deD.^^Carlos, y la división que crecia mascada aia, 
j los deseos unánimes de los mas distinguidos caadiltoii&4l 



56 

las inmonsas ventajas de su posición para, aceptar las c^m^ 
diciones de Maroio cualesquiera que fuesen. 

«El 25 tuvieron los dos generales su primera entre- 
vista en un monasterio entre Equeta y Durango^ y allí 
hizo conocer Espartero al jefe carlista que no le era ya 
dado volver á reunirse con don Garlos, que se hallaba á 
la sazón en Alsama en la inmediata proximidad de los 
rebeldes de Vera, quienes hablan balado á Ulzama. Lo 
primero de que se trató entre ambos jefes fue la cuestión 
de fueros ; pero aunque el carlista exigia su reconoci- 
miento liso y llano , y tenia Espartero amplios poderes 
firmados por todos los ministros para garantizarlos «ne- 
góse sin embarffo este general á concederlos , y concretó- 
se tan solo á ofrecer que los recomendaría á las Górtest 
diciendo que no sería él quien infringiese la Gonstitucion 
del Estado, obrando mas latamente. Ñ# pudiendo Maroto- 
conseguir que cediese algún tanto de su empeño^ íote- 
rumpio las negociaciones. Envió al mismo tiempoinUii^ 
oficial á don Garlos para manifestarle que si seguían des- 
unidos nada podrían intentar contra el enemigo común, 
en vez de que puestos de acuerdo mutuamente , les se- 
ria fácil reunir en Tolosa las dos fracciones del ejército,, 
y presentarse ante él con fuerzas bastante considerables, 
después de lo cual seria el rey arbitro de la suerte de 
Maroto. Declaró también á todos sus oficiales que era im- 
posible el aceptar las proposiciones de Espartero , y to^ 
mó posición entre Azpeitia y Azcoitia, con lo cual que- 
dó del todo libre el camino carretero de Bilbao á Yergara, 
y pudo entrar Espartero el mismo dia 25 en esta última 
población.» (1). 

Espartero presentó á Maroto las proposiciones siguien- 
tes: 1.^ reconocimiento de don Garlos como infante de 
España: 2.^ recomendación de los fuieros, y 3.* recono— 



(i) Historia politiza de la España moderna por el señor de Márliáili 
Esta meye historia contiene pormenores muy curiosos é interesantes , y en 
lit jMfté.qoe de ella copiamM no lia sido desmentida — Se piblico en 



&7 

comento át lot grados j condeeorteíooes del ejército 
carlista. Estas nroposiciones las comunicó Marolo á don 
Carlos por conducto de su ministro de la guerra , Monte- 
negro; y al mismo tiempo mandó imprimir la carta míe 
escribió al espresado Montenegro, para hacer asi publi- 
car las condiciones que el general de U Reina le propo 
nia. Estas proposiciones fueron may bien recibidas, y 
adquirieron gran popularidad. « Importa muchisimo fijar 
h atención en esas proposiciones publicadas por Maroto, 
pues qae encierran en si la llave de todo aquel suceso: 
en primer lagar dieron á conocer al ejercito y á los ha- 
bitantes coales fuesen las condiciones bajo que podian 
esperar la paz , y estas condiciones eran do tal naturale- 
u, que contentaban á todos: asi es que el general Ma- 
rolo recibió al momento de todos los generales y jefes del 
ejército plenos poderes para negociar. Prestaron este 
aseotímiento , que ha publicado él posteriormente , los 
lenerales Simón Torro , Urbistondo , Goiri , Castor An- 
oechagn, é Iturriaga: los brigadieres Itnrbe y Soroa,y los 
comandantes de los nueve batallones de Vizcaya , cuatro 
de Castilla y siete do Guipúzcoa. » (1) 

«Desde aquol punto claro es que todas las tropas de 
Maroto estaban do acuerdo con el. En segundo lugar» 
conservábanse en aquellas proposiciones los derechos de 
D. Carlos como infante, lo que probaba la insistencia de 
Maroto á favor del principo. En torcer lugar oran ollas 
una satisfacción á cuantos alzaban el grito de : muera la 
Irotcíon, y juraban oponerse á todo arreglo, mientras no 
conociesen las condiciones de la paz, y por fin probaban 
que la unión oficial entre Maroto y D. Garlos imponía 
toilavia á Espartero ciertas condiciones para con el 

principe.» 

Aqui conviene de paso observar dos cosas : 1.* que 
acosado Maroto por sus enemigos, ya de abandonar al- 
gunos puntos fortificados, ya de proseguir con tibieza. 6 



(1) HUV»ria citada. 



68 

de tenpr )páralúftdt8 las dperaciofliet militaf el » tdtnaiido 
de aquif reteáio loa miamoa para aaponerleque obraba de 
acuerdo con el caudillo de la Reina, escribió á D. Garlos 
en solicitud de que convocase una junta de generales pre^ 
sidida por el miimo príncipéf y en la que se examinase y 
censurase el plan de sus operaciones. Espuso este, Maro- 
to, en presencia de la junta reunida en Zornoza,y su plan 
mereció la aprobación de todos los ffeneralcs conyocados, 
robusteciendo mas su sistema con Tas opiniones emitidas 
por los espresados generales; y 2.^ que el principal agen- 
te de lá negociación entablada con lord Jon*Hay, fué 
D. Simón Lalorre, que hacia dos afios tenia relaciones 
con este cstranjero, y que las había cultivado con el cb- 
jeto de aprovecharlas para la pacificación de las Provin- 
cias, y poner término á la guerra. Hastaeste hecho prue- 
ba, como antes hemos manifestado y se deduce de otros 
muchos, que Maroto prosiguió y llevó á cabo estas nego- 
ciaciones se^n el espíritu y los deseos de sus amigos, los 
principales jefes del ejército, y en representación de es- 
tos y ce la opinión de que participaba. 

Ya hemos visto que el haber participado D. Garlos 
á los emigrados en Francia las proposiciones hechas á 
lord Joo4iay, aumentó la irritación de estos y la divi- 
sión y produjo la insurrección del S.^ batalllon navarro' 
D. Garlos pareci a destinado .por la Providencia para per- 
derse por si propio y perder i cuantos túvicton la ce- 
guedad de seguirle. Pero ahora ásuindcoii^on, ásn ir- 
resolución, ala debilidad de su carácter, aftadió un he- 
cho que no menos puede calificarse que de imprudente, y 
que hieo todavía mas ventajosa la posición de Espartero, 
^reduciendo i Maroto á la estremidad y al conflicto de es- 
coger entre su ruina propia y la de todos sus amigos , ó 
precipitar las negociaciones jpendientes, iMlizando de 
cualquier modo y bajo cualquier término la tranMcükm 
proyectada^ El general Espartero remitió i Maroto un 
periódico de la corte que creemos fuese la Gaceta de 
madridf en que se insertaban las cartas que Marco del 
Pont á nombre de D. Carlos, había dirigido á Cabrera, y 



k contestíic^oü dé éste: las cotnuiíicatiófies que lé dirígta 
también AriáS Tejeiro coii otras rarlás cartas de Raim- 
feí de la Pisciúa, escritas también á nombre de D. Gar- 
los. Si U lectura de estas cartas hizo conocer á Maroto 
(rae ja no pedia tener la menor confianza en D. Garlos, 
lleno de ira y de indignación á <;tiantos se hallaban en el 
coartel general, t á cuantos tuvieron conocimiento de 
eflas. En el cuartel real se celebró una junta presidida por 
D. Cirios, nen la cual se le hicieron mterpelaciones por 
stUs ministros, y se le dieron quejas; y puede asegurarse 
qaeD. Carlos oyó reeonyenciones muy agrias que le di- 
rigieron sus ministros y consejeros de estado, por la con- 
ducta poco noble y franca que observaba.» D. Garlos se- 
Sm SQ costumbre, negó; y á Marco del Pont, le suce- 
6 lo nd&nd: pero |la certeza de los documentos quedó 
comprobada, ueffando al último punto la irritación de 
los enemigos de la camarilla de D. Gái'lóá: conocieron 
estds que se les preparaba un lazo, y que la revolución 
qne alimentaba y fomentaba el mismo principe, amena- 
zaba sus vidas, su deshonra, 6 el verse algún dia estre- 
chados por los corifeos^ que apoyados por D. Garlos es- 
taban sedientos de sangre, y deseosos de ejecutar sus 
venganzas, que á haber sido satisfechas, hubieran pro- 
porcionado con la ruina de la causa, otros males de in- 
calculable gravedad. (1) Al efecto de es\as cartas seafíadió 
una proclama de Balmaseda, que escitaba á los soldados á 
la insurrección contra Maroto: los folletos alarmantes é 
incendiarios que se introducían por la frontera de Fran- 
cia con el objeto de poner al país eh completa rebellón 
contra él mismo Maroto; y las intrigas y gestiones que 
practicaban algunos para instirreccionar las tropas y pre- 
parar una catástrofe. Hasta el mismo D. Garlos manifestó 
deseos y conatos de que volviesen á ejercer el poder los 
mismos que tantos males le hablan causado. Toma la re- 
solución de llamar áD. Juan Echevarría, que se hallaba 



uL 



(1) Ariiaga, Memom citada. 



60 

en Bayona, y á quien nombró jefe de las c.aatrO| Prpyin-^ 
cias. Apenas Echevarría llegó a Lesaca, publicó una alo-: 
cucion, en la que llamaba bajo sus órdenes á iodo elejér- 
cito« Ya el 5*® de Navarra que habla abandonado á Zariá- 
tegui su jefe, gritaba: Jfu^railfaro/o: mueran los traidores. 
Estos hechos ya no permitían á nadie dudar que D. Gar- 
los, y solo D. Garlos, era la única causa de la discordia 
que reinaba, y de la ruina próxima é inevitable que ame- 
nazaba. Los pueblos y el ejército anhelaban por la paz, 
y llegaron á ver en D. Garlos un obstáculo para esta: Ma- 
roto no omitió ningún medio para que D. Garlos adopta- 
se la conducta que las circunstancias requerían, para que 
se pusiese á la cabeza del ejército, ó diese el mandó do 
este á su sobrino D. Sebastian, ofreciéndose Maroto á 
retirarse á Francia, apenas se calmase la agitación, se 
restableciese el sosiego, y se disipasen las voces de paz. 
El convenio ó transacción ajustada no satisfacía entera- 
mente las ideas de Maroto, que por lo mismo se mostra- 
bo remiso y tibio en concluirlo. Pero las circunstancias 
eran tales y tan graves, que ya ni podia escusarse ni di- 
latarse por mas tiempo. D. Garlos se hallaba en Santiste- 
ban, y su cuartel real presentaba el aspecto de un verda- 
dero caos, murmurando unos contra otros, exagerándo- 
se siniestramente hasta los sucesos mas indiferentes, in- 
troducido el desconcierto en todos los ánimos^ y el des- 
orden en todos los negocios, dominando el miedo y el 
espanto, y presagiándose por todos los hombres de ra- 
zón una catástrofe sangrienta y un fin aciago y ruinoso. 
Nadie se consideraba seguro; el arzobispo de Cuba. Ra- 
mírez de la Piscina, Erro, y otras varias personas, bus- 
caron un asilo junto á la persona de D. Garlos: en la li- 
nea de Andaoin se temia que los batallones guipuzcoa- 
nos fusilasen á varias personas, y amenazaron con enviar 
un batallón que hiciese lo mismo en Tolosa con otras di- 
ferentes personas á quienes se acusaba de traidores. En 
este caso ya no quedaba á Maroto arbitrio ni elección: 
su conducta estaba determinada no por su voluntad y sus 
ideas , sino por circunstancias imperiosas. Se temia que 



61 

Zariátegot, y Madrazo que habian mandado el 5.^ bata 
Don navarro, y que procuraban insurreccionar las tro- 
pas, se adelantasen i ycriiicar con estas una transacción 
que tenían preparada, y que pudiera haber hecho derra- 
mar mucha sangre. Ni aun la elección de tiempo estaba 
al arbitrio de Maroto. 

Salió de Elorrio don Garlos para revistar las tropas sin 
que de ello tuviese Maroto otra noticia que la orden de 
reunir sus soldados. Los generales que rodenban á éste 
jquc le hicieron presente la confianza que dchia tener 
en SQS sul>orditiados , le dieron cuantas seguridades po- 
día desear. Afirman algunos que Iturbe , jefe del bata- 
Woü de Guipúzcoa, lo propuso que se apoderase de la 
persona de don Garlos, á lo que contestó Maroto — i seria 
una felonia 1 —Presentóse jpucs con don Garlos al frente 
desús tropas: el Pretendiente dirigió algunas frases á 
los batallones castellanos > y uno solo, el «5."^, le contestó 
con el grito de ¡Viva el rey ; los demás solo gritaron ¡ Viva 
nueftro general en jefe! A estas voces cscla9ió"don Garlos: 
no hay mas general en jefe ¡ que yo ! — y oslas palabras solo 
sirvieron para redoblar los vivas á Maroto. Se dirigió 
on seguida á los nuipuzcoaiios en quienes . mas conha- 
ba , les habló con tuerza y energía , recordándoles sus 
triunfos, su fidelidad, sus juramentos, y como nadie le 
contestase, esclanió: ¿nadie me qyel — «No entienden á 
y i M^ pues solo entienden el vascuence, le dijo Lardiza- 
bal que se hallaba á su lado : entonces dijjoja ¿té aue les 
tradujese sus palaliras, lo que redujo'Lardízabal'á |os si- 

Eiienlcs términos lacónicos: mutsKácKos^ fjútnoracj e$ie 
mbre pregunta. $i anheláis la paz ó la guerra ; conte$U$d^ 
le. [La paz! la paz II i. fue el grito que resonó por tbdíis 
partes.'Al'óir don Garlos estas voces, y conociendo por 
ellas éi espíritu do sus tropas , volvió las riencias á su ca- 
.bailo, Y st^ dirigió á galope y sin decnr una palabra ba- 
tía ViliafrAnca. , 

Parece quíq lodos los acónteciniicnlós se complicaban 
cada vez mas,' y se baci^n mas graves con el soleóle- 
ié de impeáirqbé Máróto obtuvieate' éii fávóf do don CAx- 



62 

losj j de los pEtndpÍM pocqne habUn eombatído su 

partiasrioB , Us Tcntajas qoe deseifaa. A pesar de one lai 
negociacioDes podían coDsíderarse como rotas, declaró 
Espartero, conociendo ta situación en qae se hallaban 
don Carlos j su ejétcito , que j» nade podía esüpolar 
en favor del [iretendíenle. Pidió Maroto nna sospenñon 
de hostilidades , que le fue negada, mientras no empe- 
zase por reconocer el gobierno constitucional de la Kei- 
na. Ya Espartero se mostraba mas vencedor que nego- 
oador , Y i Maroto no le quedaba otro medio que firmar 
el tratado que Espartero le presentase. [A tu estremo 
hablan venido las cosas 1 j T tanto habla variado en pocos 
días , por la discordia intestina qne lo devoraba , fs si- 
tuadou del ejército carlista ! Las dilaciones de Maroto, 
esas .contradicciones aparentes, y esa Tacilacion de qne 
algunos , con poco conocimienlo , le acnsan , ge espijcan 
mujr fácilmente por el propósito de mejorar la posi- 
ción de la corte de don Carlas y de su ejército para 
begociar con Ventaja ; pero los acontecimientos se preci- 
pitaban con furia , y á manera de un torrente , que arras- 
tra nías prontj6 á las personas que se proponen resistirle. 
Látorre, qne tiabia promovido las negociacioues y que 
anhelaba realizar él convcníoó transacción, r«h tbda la 
vehemencia de su carácter , dirigió un parlamentario al 
¿eperail Espartero con el fin de ajustar la paz , á la que 
sé hallaba dispuesto con los ocho batallones vizcaint» qoe 
itaandiiba.' Espartero le ofreció las mismas coiídií^íoaes 
'que ya bahía ófret^ido ú Marolo , y que aun eran sobr»- 
do latas , si' se considera la posición respecüva de )os d?a 
Ejércelos beligerantes. Maroto d^dó por algún liemró 
"adherirse á estas condicíoÜGS , por cuanto en ellas inoviií 
''bástante asegurados los fueros de las provincias Vascon- 
gadas. No file oteo el objeto de la conferencia que (li^ 
vú Maroto en Abadiano con Espartero , y en cuya ¡cob- 
fercncia nada se acordó , por cnantd según observó el 
general de la Bcina, la concesión délos fueros de- 
pendía déla aprobación de las Cortes. Descontentos se 
s^^aroD los dos generales, decididc^ á continoar caja 



63 

uaopttT m fttcte |lim «|MvráCMAéii fltn ^gor y «Morgia. 
i. pesar dfi lof ftabgrot penonaleí qm rodeaban á 
Hututa, y de la situación es trema en que ie liallaba, to^ 
diTÍa no podia resolverse á aceptar unas propo&iciottes^ 
en i|ae nada ae ofrecía respecto de los fueros de las Pro^ 
TUMOas t liada respecto de la familia de don Carlos , nada 
respecto de las instituciones políticas del pais. Maroto no 
edhalia de-vf r que ya kibia pasado el tiempo de las no*< 
pciadon^i que ya er^n ^resistibles el ascendiente do 
Esparien) ^ de sa eÁérciio « i quienes recibían en los pee- 
Uos ooD aeSaUs de júbilo y entusiasmo como á prenuM 
sores de la pl^s tsa deseada. Los sucesos habían traido « 
Hxroto al trance doloroso, y cruel para.su carácter, de 
icfi|^ condiciones que pudieran traducirse como una 
ve idato a camtnlacion. Al fin , Latorro , en Ttrtud de lo 
retadUo por ios ¿efes de los batallones carlistas que au«> 
(orizavoe á Marola psra bacer un tratado de pai, se avistó 
cae Espartero I )( convino con éste en que los 21 bata» 
Uoees V la caballería' que se hallaba á las inmediatas or- 
denes de Marola.,, perteneeientesá las divisiones viicai- 
ea, gwpucoaiMt y eaaiellana, depondrían las armas , re- 
<»e¿iendo á la reiita:deAa Isabel )I, la regencia de su 
aufustá' eaadre^ v la GonslitiAcion de 1837^ haciendo en** 
trfiga de Ja arUllería , almacenes , y puntos fortificados 
que ocupaban. Sin embargo, todavía el 30 d(Bagofto, y 
caanéel^>{ilrMro padfr á Tergara , no haUó las éropaa car- 
Uslasqne ueUaB¿e¿ljr6gae lasalrriias,habiénddeBsaniCQstafr 
doperaeeíilieeiiifi Mseótei qilB .los batallenes de su eund^ 

se AH[ii>^^'^^Wi'^^''^9^^^^^i™'®^^^ las. Cortes no 
reQoee€áesete.ÍQS?fi«teoti&.lQaProtrin£Íafll*Marotoen este 

satedo^^ieaidfestó aUiMnlnel inglés WiUé^^qÉe desde Iqer- 
go se acogía al pabellón inglés, y LallDtnfe.- salió. á hacer 
elúUUoeiesfuevsofpaanf idaeidir á^los jetea ide- los batallo- 
nes» «eiiÉei|Biendb Iraertá' estes á Yecgaija. «Creyendo qué 
los coAdM^MnlMQÍa donde estaba don Cáalps.ae desban*- 
d«ren 4 batallones .goipaiceanos^ que a) sriiode ii^teioi 
la pcue I coffñevon j á rnuotrae con su féi^PM Maroto. Pa- 
vaembat dedefádiri/ioa ao^fadoai^arlistas dijo fi^tte^ 



64 

ro á Maroto <rae los reuniese á todos; piié¥ 61 se 'éticap^ 
gaba de decidirlos. Apems: lavo delante de si todas las 
tropas, se adelantó <solo con ^Maroto, y les arengé con 
energía , abrazando á sa general , y diciéndoles : — < ¿ Qne- 
reis yiyir todos como emanóles , bajo una misma ense- 
na? \ ahi tenéis hermanos que os aguardan ; corred á abra- 
zarlos, como' yo abrazo á yuestro general !I» Estas pala- 
bras fueron acogidas con gritos de alegría y con un en- 
tusiasmo inesplicable : entonces Espartero , sacando la es- 
padamandó formar pabellones, y romper filas, y los dos 
ejéreitx>s se mezclaron y confundieron , y los soldados y 
oficiales de uno y otro se abrazaron conio hermanos , y 
lloraban de alborozo. 

i • Nada diremos de los acontecimientos -qUé siguieron á 
este aeíto memorable, y que pusieron término' á nuestra 
guerra civil; porque esto no cumple á nuéfstro proípósito 
ademas de hanernos propuesto no juzg^u? de sticésós que 
no tengan una íntima relación con el', personaje cuya 
biografia vamos á concluir ; ni 'meiiíoS"'entreteneirnoi( in- 
útilmente en calificar el carácter y la conducta del prín- 
cipe, que á los respetos que nos merece]^!* pert^Mcer A 
la familia real de España, es aun todavía mas respetable 
á nuestros ojos," por sus desgracias y por el destierro que 
sufre , y venerable por la resignación noble y berrea 
con que soporta la adversidad. . ' ; ' 

-Maroto en i^guida se 'trasladó* á Madrid, dondefue- 
acógido por SS.^ MM; y AA. por el gobierno y por las 
pérsonas^más jüatingmdas áe» la GórtÍB , en los términos 
maslisoiDfjerois.^.iA):Jó&pocos dÍ8;s(dei¿i|i'Hegada se dig- 
nó Sí: M.icofikiíederie.éL titulo dclcottde de Gasa-Maroto, 
y plasa eh etlcihUnal supremo detGfutora y Marina; que 
c^ntibúa desempeñando. - < );!';m.;;í -. . 

• 'Juzgando un d^ersuyoí interponer su 'mediación en 
favor de los comprendidos en elconvenib denominado de 
Yergara, dirigió al gobierno diferentes reclamaciones, ya 
de palabra ^i ya por escrito. Desatendidas y aun desdeña*- 
das estas per el gobierno del'&qgente,' tavo con- éite sé-^ 
rias contes|acioned; ^pie lo 'pusieron ev^oasó de inter^ 



«5 

mmpir con él mismo todo lanero de relaciones. Despnes 
de cumplir las obligaciones de su destino, yiye en eima- 

2r aislamiento j retiro, dedicado esclusiyamente al cui- 
do j educación de sus hijos. Se ha ocupado en el arre- 
glo de sos papeles , y tiene escrita una memoria de los 
acontecimientos de la guerra ciril, durante la época que 
mandó el ejército carlista. Esta memoria á la que acom- 
pallan muchos é importantes documentos , suministrará 
mncha luí sobre hechos no bastante conocidos, y le asegu- 
rará la justicia de sus contemporáneos. A pesar de su 
edad ayanzada , y de lo quebrantada que se halla su sa* 
bd, por consecuencia de haber sido enyenenado duran- 
te la guerra ; á pesar de las amarguras que han debido 
BTodudr en su espíritu los desengaños costosos que ha 
debido adquirir , y las ingratitudes que ha debido esperi- 
meoCar, eonserya todayia el yigor de alma y de cuerpo 
que siempre le ha distinguido , reuniéndose en su carác- 
ter, en su trato y en sus modales , la cultura y amenidad 
de nn hombre de mundo , la elegancia de un caballero » y 
la firanqueza de un soldado. 



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JOSÉ GáRCIA LUNA. 



in es don José Garefa Luna?. 

» los mas hábiles y eelébradof aetoret é$ Ist 

iramáticoB de Madrid, qée en los teatros de 

pítales de proyincia há oonsegoláp tamUen no 

plauso. '* 

\ teatros hay en Madrid y en las proyinciaf , y 

B representen; y autores ha dehaner por coq- 

Ke escriban los dramas qne én aquellos teatros 
>s actores se han de representar? 
la es la pregunta, hermano lector; y én glunde 
■pone el haber de responder i ella sin ffrayá« 
Mtra conciencia , que la tenemos melosa y 
xa mas que la de una monja recoleta ; mas 
b nuestro objeto no es el escribir aquí una £- 
erudita sobre el estado actual iel arte dramá^ 
•Ira Espaüa (disertseioa que podriamm;preMUí- 
üiseisjbal.. diez¡obU. cuatro UneudApaiAfi^ 



68 
suspensivos, y muchisimos otros de admiración ; y darla 
adornada (1) con una viñeta de Ortega que representase 
un sepulcro cubierto por un sauce; puesto que nuestro 
objeto no es ese, volvemos á decir, sino el de bosquejar 
la vida y milagros escénicos del Sr . GarcíaLuna, todavía 
nos lleva nuestra bondad natural á satisfacer, aunque de 
paso, la maligna curiosidad del preguntante, diciendo 
cuatro palabras acerca del asunto, que sirvan como de in- 
troducción al de este artículo biográfico. 

Teaírés, los hay de cierto en la coronada villa de Ma- 
drid, y en algunos otros pueblos de España. Damos acá 
ese nombre por tácita convención á unas casas grandes (ó 
por mejor decir chicas) fabricadas sin plan ni concierto, 
á empujones, retazos y remiendos, por diferentes alba^ni- 
les, á quienes la clemente longanimidad de la Academia 
de nobles artes ha ido concediendo en la sucesión de los 
siglos el titulo . de arquitectos. 

Tal es la regla general con escasísimas escep- ' 
clones. 

En el interior del lóbrego y sucio laberinto que en- 
cierra el mal perjeñado edificio, se alza un á modo de 
cadalso á que llamamos escenario, de mal concjprladas 
tablas construido: a4^rn^pie;:|^re) {{(^o j cMtff^bos 
lados sendos Uenzos malí pintarraJA^os» cujf^.o^eUl es 

Iiisobaj:; el)fitr^$a*en (iijie se halt# eotre po^ptros ejl^wt^da. 
^ pi/Qitqra ^Pl^rspectiva. .. ' : 

Tal es la regla general con escs^sjwMis esoep^ 
clones.. 

. ..Frontero i ac^ael tablada hav u^n grande espacio tra- 
i^do sin la: m^ mínima culp^ ae intoncion gaoDOM^ica; 
allí es donde en desiguales é inmundo^ nichos,. yi^A cier- 
tas fUas 4^ ijpalos asfieatQs, $e acomo4¿^u, ó B|aB-!)kien se 
iiMX)mqdaa los. espectadores: de estos los ^ay qoo no ven 
afinque oyen, los hay que no oyen aunque ven; los hay 
que nada alcanza^ á ver ni pir absolutamente (]e estos 



(i) No he áe ietit »MM¿fa((a;a\Hi(\\!A tsü» tm^llunea* 



Alelen salir mejor librados) [vero todos ellos en cambio 
sienleíi mny bien el frió del invierno y el calor del yera- 
no, recrean su olfato con exhalaciones de materias cuyo 
nombre solo mancharía este papel en que vamos escri- 
biendo, y llevan de vuelta á sus casas polvo y aceite, mu* 
gre t pintara, cal y otras suciedades, por valor á lo me- 
nos doble dd dinero que les costaron sus billetes. 

Tal es la regla general con escasísimas escep- 
ciones. 

Paes en esos teatros mal construidos, mal dispuestos, 
mal alhajados, mal abrigados, mal ventilados, mal limpios, 
mal alambrados, mal decorados, mal servidos, mal diri- 
gios, mal administrados, y malisimamente con- 

corrido», es donde se han de representar las producciones 
k nuestros ingenios, por escasas compañías dt muy po- 
cos hábiles actores, entre los'cuales se columbran rart 
nantes in gurgite vasto^ algunos tolerables, muy pocos 
bnenosj y ninguno (por desgracia de nuestra época y 
efecto natnral de varias causas) q|ue el título merezca de 
eminente, al punto que se le granjearon un Maiquez, un 
Taima, y un Garrick. 

De este lastimoso estado de nuestros teatros, en cuya 
pintura , por mas que á algunos escueza, no hay asomo 
ae exageración, pudieran señalarse varias causas; perode 
todas ellas la verdadera, la fundamental, la prineipe, 

es Ya estoy viendo en el aire de satisfacción de mi 

lector qne piensa haberme adivinado. 

— Pues no: Seguramente que sé á donde vá Vd. á 
parar. 

— Siendo así, veamos: que quiero hacer esperiencia 
de su penetración y perspicacia. ¿Qué es lo que yo iba á 
decir? 

— IbaVd á decir que la causa primera déla decadencia 
de nuestros teatros es el lamentable abandono en que los 
tiene el gobierno. 

— Pues amigo, la ha errado vuesa merced de medio 
i medio. No soy yode aquello^ que usan como arbitrio mas 
cómodo el de acbacar todo lo malo al gobierno; e\ a\x^- 



70 

•o de las ptgtt qae derengan los empleados y el de las 
Ilayias que aguarda el labrador para la sementera; las al- 
teraciones frecuentes de la tranquilidad pública, y las de 
la temperatura atmosférica. Si el pan sube, el gobierno 
tiene la culpa; si los fondos bajan, el gobierno tiene la cul- 
pa; si se cayó mi casa , si me salió mal una empresa, si 
escribí un mal libro y no se vende, si mi hijo salió quinto, 
si á mi hermana la robó un amante, si se murió mi sue- 
gro de repente, el gobierno tiene la culpa. — No» mil re- 
ces no: los que hasta aquí han dirigido en diferentes épo- 
cas los negocios públicos no han dado ciertamente prue- 
bas de una estraordinaria habilidad; pero cuando esto se 
afirma con solo el objeto de acriminar á tal ó cual minis- 
terio; ¿se han pesado bien los obstáculos que á los gober- 
nadores oponen siempre los gobernados? — En punto á 
teatros, que es ahora el de nuestra meditación, cierto que 
el gobierno los tiene olvidados, que no les concede aque- 
lla protección directa é indirecta que convendría á su res- 
tauración; pero aun cuando asi no fuera, aun cuando hu- 
biese estimulo y recompensas para los autores (1) premios 
para los actores, auxilios pecunaríos para las empresas 
teatrales, de todo esto no vendría á resultar mas que una 
especie de teatro ficticio, artificial y fantasmagórico, se- 
mejante á aquellos jardines que en los marmóreos sa- 
lones de un palacio hacen florecer, con una apariencia de 
bien imitada lozanía, el carpintero, el florista, el tallista y 
el pintor. 

No : el principal protector del teatro , y el principal 
culpable del mal estado del nuestro , no es, vuélvelo á de- 
cir , el gobierno, sino el pobligo. — A este se ha de acu- 
sar ; á su ignorancia , á su mal gusto , á su escasa civili- 
zación , al estado de semibarbarie en que le han sumido 
la guerra civil , la guerra cstranjera y otras cien causas 



(i) No ei recompeoia para un autor dramático una cinta en el ojal 
de que no laca honra ni provecho; no os efltimdlo un destino cuyaB pros&ícas 
funciones, para las cunloi no es tal tez apto, le alejan del teatro. 



71 

de enaineracioD krga y enfadosa, y que sobre todo no%on 
de esle lugar. ..; • i 

¿Qu6 puedo hacerse -por el teatro en un país, cuyos 
habitantes no se conmueven ni con los rasgos nías CviKcos 
del in|[cnio , ni con la mas tierna esprcsiou de . los afec- 
tos , ni por la pintura mas viva do las pasiones , ui aua 
con los mas suLlimes acentos de la encantadora poesfa « j 
al mismo tiempo se ciitasian, se exaltan, se agitan, y nror 
rumpen en frenéticos aplausos , poroue una saltatriz Lato 
con estupenda agilidad las panlorrillas, ó so mantiene lar- 
go tiempo en una ridicula actitud de difícil equilibrio? 

Cómo ¡Bretón de los Herreros con mil y quinientos 
Tersos llenos de facilidad y gracia » sazonados do sal áli* 
ca,y rebosando ingenio por todas partos, apenas logra 
llenar cuatro ó seis veces el teatro , v una insípida panlo*- 
mimatal como el Lago de las Hadoi ae disparatado argu- 
Jueotoy nada sorprendente ejecución, está siendo el otuij- 
¿e/eso del publico madrilefio naco mas de un aflq!— -Elnio- 
jor actor ao las compañías de verso, despides de estudiar 
con atención filosófica y observación profunda el carácter 
del personaje que le está encom^ndaclq, no v6 prepiiad^ 
su acierto eq las tablas sino con tal cual .widftOosfi 
palmada ; y las lascivas contorsiones de una bailarina , «6 
la fnerza áe pufios do un danzan to, que sostiene a su.pa^ 
reja en un grupo, ó la pasea.cn volandas por todo.ejl.eat 
cenario , so saludan con triple salva, de aplausos poff ,eae 
vulffo ignorante, en cuyas filas contamos mucha g(}nl;8 d^ 
corbata de raso y guantes amarillosl — ¿Tiono de es^Vo Ja 
culpa el gobierno? — Seguramente que no : la culpa es del 
atraso de nuestras ideas. El espectáculo que solo rocrea 
los sentidos, es propio do salváies ó dcniílos , y no pue«> 
de divertir largo tiempo á homnres de* Juicio sólido, de 
razón formada , y que saben gozar de los placeres del esf; 
plritu. . . 

En horabuena que el teatro de la Academia real d^ 
música ofrezca al público de la. .capital mas civilizada .del 
mundo esa clase de espectáculos ; pero ¿qué comparación 
hay entre París y Madrid ep este i^ pa otros puntoa?*r* 



I i • • 



'V 

MI 

AUi la marayillosa perfección de las decoracSAfñei , qtie 
njrli'^ii <eS último grado del poder del arle , el lujo y pro- 
piedáfi de Ion trajes , la brillantez de los acompafiamien- 
tos V nameitostsimás comparsas , el ingenioso ñtecanistño 
i^ u ma({üinaría , la estremada habilidad de los actores 
¿n el'baile y en lá ttoimíca , aaüélta sobérf>ía j numerosa 
rtK^nésta tan artísticamente dirigida , y hasta la belleza y 
l6ÍKiatb dé la sala , todo i todo aplica y disctdpa el fayor 
de qjEie goza el espectáculo. Ademas , al público de París 
le es licitó ete entfetétiimléiito^ cómo léés licito á uta bom- 
hit As ocupíádbnes gratén el entretenerse aljguna Tez en 
d jaégo de naipes ú otro pasatiempo frivolo ; pero iíeria 
y^t^iíáible si de esto hiciera su ocupación mas favorita. 
EB(il¡TarettDS esta comparación. 

1S I parisiense qtte v^sté una 6 dos Veces á núó de esos 

Si^ándés 'bailes jpáñtomiiliicos, atraído por aquel cbiíjüilto 
é nWavlHas de que acá estainós teuy lejos, no puede 
Wir treüsádo de:fiívol!dád'ni d^mal 'gusto , porque almis- 
ifló tíomño Acüdé con mtayór átihelo , aplaude mas y eón 
iibé^'Wádo las obfás'dramáticáf y superfeeta'décttéion. 

gl'^tj)^ qñeba McKtt ficds'á tos Scribe, lo» DüUlis, ló's 
ng^, y mrós'cién éscritóirei( ifaraidiidcos; 'et.püebTo e% 
dóttdé h tmtt/fbñicMn dé Un btteñ drama Veditúá de^de doi 
lAíta dn'átro/tiei^, óého 6 diek mil duros ; él l^éllo'^n 
'Attndé la' j^htfesloiri de actor dramático és honrosa y hl- 
ttdXíH f- y cioildnfce cóüeno ércjercicío de otras artes á hii 
irt^úeüas'y Ha gloría ; el pueMo en donde cada uñó dé 
m gfeñbrüs lUér^rrios tiene, por decirlo asi, stt culto , ítúi 
Mmstrbs y M$ séttaHos, ucencia tiene para maóténér 
teilés "l^atitomimico^ dignos de su refinada cultura ; pero 
^e hMinállisi imitaieióíiéií esciten asi nuésüro entusiáámó, 
qtte Cbn siis '^llósy stñs saltos vfjhfan litios bailarínes 
franceses á arrancarnos las pesetas y Tos aplausos que és^ 
feMiihalnos á ios' )>uénos actores ; qbe llene bien yóces el 
féatro £iá linda Véatrix con suit piMétáf.mletrtrasel Edtpo 
f*Lá üiltei'iilkño tb coú^ghb; séia docenas de sofiólifiMir 
tOñ'^éilpéliU&ólr^^.iltíé ÜttmMñ'Éé'pirfhtttí'ixn éitpeéi&eá- 
ío tan costoso § cuando Vega y Bretón de los Herreros 



75 

nren de su sneldo , Escosura no ha podido hacerse ja- 
mas la coarta levita , Hartzcmbiisch , Bubi y Gil y Zarate 
andan á pie por esos lodos , Zorrilla saca su último duro 
el dia de S. silvestre , y la mayor parte de los actores de 
naestros teatros no se pueden quilar el hambre á bofeto- 
nes.... ¡Oh! eso es escandaloso , es horrible; y prueba 
evidentemente que si en España el teatro está en deca- 
dencia, es porque no puede , porque no debe estar flore- 
ciente: tal os la necesaria consecuencia de nuestra escast- 
flimicultara, y de nuestra civilización tan lastimosamente 
itraiada. 

Mucho mas diríamos sobre asunto que tan inmediata 
3 e&canuente influye (según nuestra opinión) en el bien 
estar, moral 6 alo menos de los pueblos; pero basta lo 
indicacfo para que el lector colija qu6 g6nero de estimu-*- 
ias se presentan en España al infeliz que por vocación 
irresistible abraza la carrera de autor 6 de actor dramá- 
tico; vocación ayo ioy actor» de mártir es esa; resolución 
bélgica la del ciue se presenta al páblico español diciendo 
muy comparable á la de aquellos ilustres defensores de la 
ft que en tiempo de la persecución se presentaban á los 
gobernadores ffentiles diciendo: «Yo soy crxstiano.y> 

Esta consideración preliminar nos pondrá en estado 
de apreciar debidamente todo él mérito del actor celoso 
y distinguido cuya vida intentamos bosquejar. 

Don José Garda Luna es de familia ue actores: cuén- 
tanse en ella entre sus ascendientes algunos nombres 
ya célebres y muy apreciados del público. Nació en Ma- 
drid á 21 de octubre de 1798. Su padre Francisco Tor- 
res Garcia, si no era actor consumado, por lo menos 
habia sabido adquirir cierta reputación y gran número de 
apasionados , por la gracia con que cantaba nuestras más 
populares tonadillas : su madre fue como actriz mucho 
mas famosa, y apenas habrá quien no haya leido úoido cío— 
gios de la c^ebre Andrea Luna , y de sus grandes dispo- 
ñciones para la tragedia. — Pero )a reputación mejor y 
mas geitei'áltúáeiltié ektilblecida enti'e los mdividuos dee^Vxi 
notable famOJa, fue la de la ponderaáa. y celebradifiiim^ 



74 

RiUi Luna , hermana de la anteriormente citada , y de 
otra tercera llamada Josefa , que igualmente que las otras 
dos, 8Ígui6 la carrera del teatro. 

Es cosa muy de notar la diferencia que ha habido en- 
tre la suerte de la tia y del sobrino; ambos han llegado 
al templo de la Fama por muy distintos caminos. Ella, 
dedicada por su padre (actor menos que medianp ) al ejer- 
cicio de su profesión, entró en ella con visible Repugnan- 
cia , y jamás pudo vencer esta aversión en todo el discurso 
de su vida. Dícese que una violenta pasión de ánimo la 
agitaba interiormente , y siguió atormentándola hasta el 
fin de su existencia , haciendo que su carácter degene- 
rase en tétrico , y apartándola del trato del mundo y basta 
de su familia. Pero aquel alma apasionada era del temple 
de queban de ser las de los buenos actores destinados á es^ 
presar todos los afectos que conmueven el corazón hmoa* 
noy le dominan. Para conseguirlo, para hacer sentir al es^ 
pectador , es necesario que el actor mismo sienta , y que 
sienta con una sensibilidad esauisita; es decir, quie com- 
prenda y distinga todos los infinitos matices de las pasio^ 
nes , que resultan muy diversamente modificados en la 
combinación de los caracteres; y después de compren- 
derlos, alcance taml>ien mas por instinto del corazón que 
por esfuerzo del entendimiento ni resultado del estudio, 
la mas acertada manera de espresarlos. Por eso hay acto- 
res (aunque pocos) que saben conmover al espectador con 
una palanra , con una silaba , con una esclamacion , con 
un suspiro , con un gesto imperceptible : de este número 
eralaictto Lunat y tales sus disposiciones naturales, que 
á pesar de la ya indicada repugnancia, y de su melancolía 
y tedio habituales , una vez puesta en escena , y frecuen- 
temente apoderándose de ella una fiebre que fe causaba 
la misma violencia que tenia que hacerse , llegaba á po- 
seerse de su papel en términos de arrebatar y suspender 
el ánimo del mas frió espectador. 

Su sobrino D. José , al contrario; todo ha sido siem- 
pre afición , todo celo , todo estudio , todo amor apasio- 
nado de su arte. Esta ha sido su cualidad eminente y dia- 



75 

tintiya , si bien no ha dejado do recoger como herencia 
de tales progenitores ciertas dotes naturales muy estima- 
bles, y entre ellas esa misma sensibilidad, que como de- 
jamos dicho es la base y fundamento de todas las demás. 
Decíamos que esa grande afición al tcalro, es la 
fuente casi única de todos sus aciertos y de los adelantos 
hechos en su carrera, porque Icios de babor sido educado 
espresamente para la escena y dirigido á ella por la segu- 
ra ffuia y prudente consejo de sus parientes , su madre 
Andrea Luna le apartó desde luego ao aquella senda, que 
ella contemplaba toda erizada de abrojos y punzantes es- 
pinas. — Cierto que no habria razón para decir que absolu- 
tamente se ensañase ; pero ademas de que no era la ce- 
lebrada actriz laque mas descontenta podía mostrarse de 
m wofesion, ¿cuál es aquella carrera ó arte de que no 

finada decirse otro tanto hoy , como se podia decir tam- 
ieo en aquella época, y en otra mas remota, y se dirá 
todavia en adelante? 

— La yerdad es que entro nosotros los españoles es acha- 
que harto común el hallarse cada cual descontento de su 
estado, y el no dirigir á los hijos por el mismo camino 
en que tanto socorro podrían prestarles y tanto podrían 
hacerles adelantar, las luces deia particular esperiencia 
hecha por los padres , y los jalones puestos por sus pro- 
pios desengaños. Llévanos sobre todo nuestro natural or- 
gullo á desdeñar la profesión , que ejercemos y á criar á 
nuestros hijos para otra mas noble y elevada ; Y como á 
estarazon se añade el mezquino resultado que olrecen la 
mayor parte de las carreras, artes y oficios, todos se con- 
vierten hacia unas pocas que son las solas seguras, lu- 
crativas ó brillantes. De aqui nace ese afán por los em- 
pleos donde se entra sin probar aptitud , se devenga el 
mismo sueldo trabajando poco y mal, aue haciendo larga 
V provechosa tarea , y se goza en la sociedad de cierto cre- 
uito y consideración que trae consigo el titulo ; de aqui 
esa afición á la carrera militar para la cual se cree vul- 

((ármente que no se necesitan mas dotes que sumisión á 
08 superiores, tiranta para con los inferiores, arrogancia 



76 

pant'con el paisano, escasa instrucción, conducta poco 
arreglada, y gran disposición para andar por cualquier 
cosa á latigazos ; de aquí, también, esa plaga de aboga- 
dos que nos inunda; porque á la sombra de un título de 
licenciado en leyes, se aspira á colocaciones que lison- 
jean el orgullo y la ambición délos parientes. A esas tres 
carreras está acudiendo en tropel la juventud española 
hace larguísimos años ; gracias á sus privilegios, y ¿ los 
de los institutos monásticos aue también sustraían gran 
número de jóvenes á las proiesiones útiles, las artes, las 
ciencias, el comercio, la agricultura, apenas tenian quien 
te dedicase á ellos. 

Contagiada pues de la preocupación común la fami^ 
fia de García Luna en vez de cultivar sus buenas disposi- 
-eiones para la escena , le apartó del teatro haciéndole 
■eguir otros estudios , ¿Quién sabe á qué ^rado de per- 
fección hubiera podido llegar si no se hubieran asi ma- 
logrado sus años juveniles? 

En 18 1 5 alcanzó al fin un empleo en el ramo de lo- 
terías que desempeñó cerca de ocho años ; pero entre 
tanto no pudiendo irse á la mano en su afición al arte 
^dramática , se incorporó sucesivamente en varias compa- 
ñías de teatros caseros. El primero en que ensayó sus 
fuerzas estaba situado en la plazuela de la Paja , y el úl- 
timo en que ya adquirió gran reputación fue el que habia 
establecido por los años de 1820 y 21, en la casa que hoy 
es Biblioteca Nacional en la plaza de Oriente.— Tenia 
este teatro ya cierta importancia, tanto por las personas 
distinguidas que formaban la compañía , cuanto por el 
lujo ue decoraciones y trajes, la mayor perfección que 
ae procuraba en las representaciones , y lo numeroso y 
escogido de la concurrencia. Todavía recordamos nos- 
otros haber Tisto allí al señor García Luna representar con 
grande aplauso el Munu^a en la tragedia de Pelayo; y 
aunque nuestra edad entonces no era todavía capaz de 
boéna critica , personas de mayor madurez y juicio nos 
•haii asegurado que ya -descubria muy buenos dotes de 
actor en aquella y otras piezas. 



77 
En estos ensayos de aficionado principiante se echa- 
ba de Ter fácilmente quo á quien Be había profiiÉcstO!- 
por modelo García Luna ora al famoso Maiqudi¿ Em 
efecto, mientras aquella antorcha de nuestra escena brilló 
en el coKsco del Príncipe , el jAven Luna apenas dnj6 
una noche de ir á admirarle con aquella ansiosa avr« 
dez propia de la inclinación que le arrastraba hacia ti 
teatro. i; 

A riesgo de importunar á nuestros lectores, no pode-»> 
mos menos de insistir todavía en qAo nuuto. ¿Puede darse 
cosa mas absurda que contrariar así las inclinaciones de' 
los jóvenes, eii vez de estudiarlas para hacer el mejor y- 
mas útil empleo posible de sus disposiciones naturales?*^ 
Proverbial es y sabido de todos el sistema de los jesuilaa. 
fpie aplican á cada individuo k aquella ocupación óejer-- 
cício en que mas habilidad muestra: déla sama ó reanioB 
de tantos hombres especialmente hábiles, idóneo$eii n^ 
mos especiales , riesiiHa un coiqanto, una corporacioB' 
idónea y hábil para todo, y que no emprende cosa qae' 
no Heve á cabo-, siempre con buen éxito y notable per- 
fección. Desde las obras de mano mas minuciosas ▼ pro« 
lijas, hasta los cambios poéticos en el i^^bíerno de los Es^* 
fados ; desde los escritos mas profundos sobre lodos lo» 
ramos grandes y pequeños del saber humano, hasta lal 
civilización, catequizacion y conquista de los pnebloa 
que habitan las regiones mas apartadas del globo ; todo, 
todo lo han sabido hacer bien los jesuitas, sin que la 
causa primordial do tales prodigios' sea otra , queta de s»^ 
ber dedicar á cada hombre á' aquel género de Isstudios 
para que es mas apto. — jY por qué' no siguen ese ejea»«« 
pío los gobiernos , y las familias? Oosnlo mas próspcrree y 
potentes no serian así los Estados I — Pero hacer clérigo 
al hombre quo tal vez muestra disposición para la mari- 
na, militar al que tiene decidida afición por las oieneias 
naturales, empleado en rentas al joven que descubre una 
feliz organización para las bellas artes, ¿no es empefiarse 
en que todo so haga mal y do mala manera?— No sabemos 
de país alguno cuyo gobierno se halle todavía poseído de 



.78 ...-,•• • 

esta idea, ni conocemos otro que mas que el de Espafi^ 
esté distante de ella. ; 

Un abultado libro pudiéramos llenar con casos no- 
tables de hombres, á quienes. hemos conocido colocados, 
por decirlo asi fuera de su si lio, descomponiendo !a má- 
qlHna so<^ial;. pero en materia de artes es en la que 6 son. 
mas numerosos, ó mas visibles esos ejemplares. En Ma- 
drid* existen hoy dia dos sugetos de estremada habilidad 
en elidibujo caligráGco y de adorno; pues el uno de ellos 
eslbotioar^o, y leí otro vive obscurecido en una oficina 
cobrando irregularmente un encaso sueldo: pues á pesar 
do que tanto para el gobierno como para varios princi- 
pes, proceres y particulares acaudalados^ han trabajado 
uno.: y otro obras de grandísimo mérito, á nadie le ha». 
oculTido la idea de ponerlos en posición tal que no tu—, 
viesen que. defraudar á su arle, en que son escelen- 
tes, el tiempo que: hoy malgastan en otras forzosas 

tareaa. ; . . 

Para el teatro debieran asimismo elegirse y buscarse 
por medios mas ó menos directos los jóvenes adornados 
de las cualidades que la escena exige, y educarse espresa- 
mente para e^ta carrera. La creación de conservatorios 
tiene eate objeto, mas no creemos que se cumpla con él 
debidanfiente. En España fundó uno modernamente la ma ^ 
uOibeqéfica que tantas semillas de ilustración ha querido 
«ipajrp.ir en nuestro suelo: ideas. mezquinas de mal enten- 
dida ;(ic(Oiiomía. maliograjrppi «ste feliz pensamiento, y boy 
esta ¡institución qu^e: 'todavía se distingue con el augusto 
nofli^e, de Gri^tiuaai eisti reducido k tan exiguas propor- 
cione^ ^'que no produce, sino escasos y mal sazonados 
frutos. ... 

Sí utia enseñanza A^ t^l naturaleza hubiera existido 
eoando.se criaba Gárcia I^una, y sus padres hubieran es— 
lado rodeados de estipdulos que los moviesen á dirigir al 
hijo por esa carrera, con mayor facilidad y prontitud hu- 
biera subido los escalones que le han conducido á la al- 
tura en que hoy se halU, si, pero fatigado de los obstá- 
culos que ha tenido que vencer para subirlos , á punto de 



79 

habernos indicado qno el próximo año cómico seri pro*- 
bablcmentc el úllimo de su carrera escénica. 

El empezar de ella fué, pnes, de esto modo. El aflo 
de 1823 siguió al gobierno áíiádiz, siendo empleado y mi* 
liciano nacional de Madrid. Restablecido el poder abso-^ 
luto quedó Luna en desgracia como tantos otros, v fae 
desterrado á Villa viciosa con rigorosa prohibición dv. en- 
trar en la córtt^. Un dia que se paseaba solo y meditabun-^' 
do haciendo reflexiones sobre las estrañas vicisitudes d^ 
su suerte» el coadro desús apuros ]f estrechez se presen* 
t6 á su imaginación mas horrible que nunca : tenia ja 
por entonces nna familia á quien como todo hombre de 
tomón bueno y sonriblo amaba entraftablemente ; reíala 
espuesta á perecer, y la conciencia de hombre honrado 
lejfrílaba que el primero de nuestros deberes es subre- 
Dir con un trabajo honesto á nuestra propia 'subsistencia 
yi la de nuestros hijos. 

Trabajar! SI; pero ¿és tan fácil eso como parecef 
muy sencillo es hallar ocupación; ocupación lucrativa, ese 
eiotro punto (1); En aquellos momentos do aflicción 
y desconsuelo fué cuando, como añ^ rayo de luz ccIcstiaT; 
tomo una'ífrBpiracion divina, se ofreció este pensamienU 
to al'áninio contristado del padre de familias, del emplea^ 
úo destituido y sin auxilio : « ¿ Por qui no he de ¿alir yo 
'«? kattirTíi ¿INÍotte he sentido siempre animado.de esta 
irtesUtibto vocación , llama incstinguible que ardo siem- 
pre mas 'ó -menos oculta en el alma de todo el que nació 
aHista? ¿'No han sido actores mis padres, no lo fué mi 
abáeloT ¿Noha sido siempre el teatro mi principal á6cioiil 
toda nUl dtBiiciá? Guando' alternando coki las ocupación^ 
difi ni desGno el estudio somero y mal dirigido de algti- 



í»-» 



(4) Tenfmos nosotros la idea (y aquí la homet do encajar venga ó no 
tenga á pelo) que lat loye» do Vagos son ¡niuslas y hasta Uránicas cuando 
no se kMu diitruido antes todos los obstáculos qno se opunen al anheló del 
liombrc labonrao, y todos loa rstimulos do la holganza y la perexa. fij 
hombro. auQCji trabaja sin tu por qué y un pnra que; en Espafta no oiii» 
ten ni esa causa ni eso objeto , y por eso los españoles somos los mas insignes 
bolguanes de toda Europa, después de ios turcos. 



80 

noi papeles difíciles, me he resaelto á desempeffarlos en 
l4^U;o» prli4:ulares;, .¿i>o jb^ recib¡4o mil iincí;^^ ^ 
mostraciones, de .aiprolMu:^on ba^ta de 1^ personas d^.qfM 
\nielígencÍA j mejor gusto2 ¿Pues por qju& no Í\e 4p hür 
cer por jprofesioii y por esia^o, con tpoa la fuerzn 4^i9Ü 
yoluntad y de mi enU)ndimien¡to , lo que basta ajqi^ b^ 
jK^lo como, por p^saEti^mpo j distracción ? 

Estas reflexiones j otras muchas tuvieron por re^qjiffrr 
4p la resolución positiva y terminante de hacerse actolr; y 
l^p jnas tarde que el 15 de enero de. 1824 verificó Gairjíl 
Luna su primara salida ^n el teatro del Principe cpn ^ 
incomparable dnmi^, de García del Castamr. £n s|i r^ 

ÍfeseptAcioa prQ/cQ]:6 conservar to^as las tradiciones 4f 
(aiquezLy y.iá pf^fiyur 4^ esti^or^^staa iip^uy pre^e^s U>4^;^ 
^ ¿inemorÍA 4^ mud&os espectadores,^ el pidb(ícQ le Jjlj^ir 
mó á la escena y. :le saludó co|i xivisiouks aplausos» 

Ya entQnciss sfir creyó actor : aquella primera j TidtAr 
riosa prueba le llenó de celo y de ^^usis^mo, y i^caf^ó df 
arraigar en s\k alma ^pasio^ada aquel amor aj ¡tj^ qué 
nuoc^ después aci se ha dfísopqiUid^. - > , : 

P^repia natural q\\^ el buen éxito de esta renresejuUUT 
dopOL hubiese empegado j^I^naá cultivar ^Igéaerot^en 
óoe; ya tenia tales.' priendas de seguro aciertoi; p^ro. vm 
filé asi, pues que en seguida se presentó coaoj^to pi^pj^ 
enteramente distinto en la comedia de Goiroatiza, Ja^tilr 

«nieta ^ra todos. Hízolo, según al mi^mo inAoretady^ 
emps oido decir, por consejo de.qns^ persona 4<^gmi^ 
inteligencia , y que es voto 4^ ni^Vieho peso eu.)U matf^ 
lia, esto es, de don Juan Q riiiialdi , ms^icigí de i|oiü:d0 
n]^eatras mejores actrices modwnas 4oSa Goi\cepoion:Rft«- 
^iguez , cuya retirada del teatxo siempre laineqtinráii ^loi 
apas^oi^dos al artq. Mucha parLa de sus veqtaja3 49bj|^ 
la señora Rodríguez á las indicaciones de su esposo , j 
asi podría parecer que. García Luna hizo muy oien en 
seguir con docilidad el dictamen de Grimaldi , probando á 
brillar en la comedia de costumbres modernas , en yez 
de dedicarse esclusivamente al drama antiffuo.— -'Mas en 
nuestra opinión , aquel consejo no debió de ser enlera"*- 



9it 

peste. deñntereMo. GnoMiUI erti luiíaionemprfí^íir. 
director áA teatro del Principe, y Tiendo cuánto cficarti 
leaban los buenos actores, formaría iouizá el proyccU^.dé, 
ntilizar el talen^ , y sobre todo el celo de García Liiaá»' 
aplicándole i diferentes géneros. La prueba le salió per- 
fectamente, pues viendo el buen éxito de la Indulgeneiaf, 
desde luego calificó al nuevo actor como primero , y le 
ajustó en clase de tal para aq|uel teatro. En él siguió des- 
empeñando las principales piezas del Repertorio do Alai-, 
qaez, siempre con grande aceptación, pero mas espe^- 
cialmente en el Ótelo , la Numancia , Rey valiente y j^sti'^ 
ciero, y e\ Pastelero de Madrigal. — ^En esta última sobre 
todo remedaba tan al.yivo la manera de Maiquez que ea. 
lUM de los ensayos, cierta actriz contemporánea de aquel 
no podo menos de adivinar cual e|*a el original de la imi- 
ticion que procuraba Luna, y así se lo declaró , lastimáiH 
(bsede que persona de tan buenas disposiciones, y que. 
con tal atención habia estudiado á su modelo, no hu))ie--^ 
le tnJ)ájado á su lado y bajo su dirección. 

Esta es la anécdota , tal cual por buen conducto nos 
ha ñda referida ; mas por nuestra parte creemos deber, 
rectificar dos equivocaciones. La primera es la que, pue--' 
de haber padecido. el señor Luna, mientras haya querido 
imitar á Maiquez , porque esa imitación de las actitudes, 
los modales, las entonaciones, etc.^ degenera siempre, en, 
remedo indefectiblemente , y el remedo en las artes es. 
tan mal medio de adelantar , como bueno es la iipila-, 
don directa y acertada. Lo que hay que imitar s>n los 
grandes maestros es su modo de estudiar la naturaleza, 
y de seguir, por decirlo asi sus pasos. No siendo posiblO: 
que dos homores espresen de la misma manera el,iuismo, 
afecto , porque tal es la prodigiosa diversidad de nues^ 
tra organización , la acción ó cspresion calcada sobre el 
mas perfecto modelo, resultará ridicula en la copia. £s— , 
to adivinó el genio del gran Maiquez en su viaje i Fran-. 
eia : no vino de allá imitando á Talma^ como vulgák'mcu'-' 
te se cree^ no : lo que aprendió do Taima fue la direc- 
ción que daba á su estudio , imitando la naturaleza. Pero 

6 



MáKjttéil MbÜ ff MbtftiW Í0 Mti» ^(^púfflk fñdlilftldWV 
de M tálébto cónSM; áHKi Mtés de haber iáo a liarle; 
áqiid viaje no á\b pót principal fríilo un cambio de esti'* 
ItfiSh el actor, slnt> mudanias muj suitaitdalcá 6 impor^ 
taüteB én ,U dispoBiCion; del teatro, organización de laa 
ootitpaflíai , prolijidad y rigor de los eosajos, niodo de 
repartir -y eatodiar loa paflefes ,7 otro sin n&mero de re- 
formad Aiie á Maiqdei^Jogirieróii la observación y esitt*- 
dio dé los teatros frafaccscs , los cuales eran entonces, 
§tílk^ ahora, j serán probablemente siempre, los primeros 
del, mundo. 

Que el señor Garcia Luna hubi^ hecho ¿randisimdi 
iáelantos siendo dirigido por Maiáúez , és otra cosa á 
BliestrQ ehtendef básI^Me problemíática. Maiquet no én-^ 
tetidia una palabra 'dé teoria iíi db' arte , todo eit él era 
ius^raeion A instinto , y por oónitoéuencia tto sabia ense^ 



mtm»J9imM mMMVLj\fm m*vi\M\w vi«^ £r«^> »^w^«\^hi \jík v& WPiiiuit«w«^ y u^ji ^^ 

todas SUS esplicaciones estaban reducidas á decir ,'leiígua 
¿1 Sentido de su btien gusto se lo dictaba : <ccso está mab- 
6 aeao'está bien.» -^Semejante sistema no puede miirai's^ 
eonió ensefianza de gran provecho. Los actores que \&^ 
oíesen bien algunos papeles al lado del maestro, éeñan 
éotDfo aquellos cantantes poco Tersados en la teoria de la 
fliásica , á los Cuales llaman los italianos oreehianti ,■ por- 
que todo lo aprenden al oido , sin poder estudiar por st 
mismos tres compases. (1) 

Volviendo á nuestro Luna, advertiremos que de está 
doctrina que dejamos sentada acerca de los peligros dé 
una imitación demasiado servil , debió de penetrarse ü 

(l) Lo ^tle aqUI sucínta^níe apuntoiUos aéorca (!<; Ulaí^ucz lo 
dibemos en ¿rui parle á niformes v relación dé naestro utí¿b 
don Joséide la ReyJUa, que á mas de haber al«;aiieado ti^dovfa ¿r»«ai 
busuos JÁsiT^t^ ai eminüfite ^ctor , lia rocctgido con íublii^aUe diii- 
gencia.cuokiia» noticias le l)a Rido posible haber Robre ku vida y car* 
rera, Ibfmdndo con élLsrs una Interesante y cstcusa Lki^grafla que á 
iUmm da abo/A dsfie á<s hallarse eu prensa. • • . ii • 



i! 



83 

mismo mny luego, pues pronto se apartó, do aquella sen- 
djt, y se formó un estilo ptuuiliar y proiiio. 

Siguiendo el ya citado (■rimaldi en la buena opiutou 
que de este actor toiiia , (Miando tradujo y puso on esce- 
na el drama sentimental titulado ia lluérfaua dr Uruae^ 
loi, que hizo ra Madrid ^r^nde efertt) , ij sis |ia ropotido 
]i\fiDÍdad de veces, le deslinó «le|dc lue^o el |wipel de Wal-, 
fer; panel que pu<)de decirse croado |u>r Luna, y con 
resultano muy M\t. 

En 1826 pasó á f^^rraar parle de la couipafiia del tea- 
tro de la Cruz. Pertenecía al mismo tiempo áella (larre- 
tero, actor justamente estimado del púhüco ; mas á pesar 
detener que luchar con esta-comp4)teri:iaf continuó Ciar- 
eULxuia recibiendo aplausos, y adquiriendo major re- 
potarioa cada dia. . 

L/egó asi al afio de 18'i9, y viéndose con algunos ahor- 
ros, fruto de sus economías, si^ lo. avivó el deseo de rea- 
lizar un proyecto, que de mucho tiempo atrás tenia for- 
mado : hacer el mismo viaje que Mai(|uez , y con igual 
objeto ver y observaí; los teñiros do París , estuilíar á 
los actores de mas uonibradia, pra hacer á su vuelta 
aplicacioQ racional do lo bueno (|uo allí aprendiesi\ 

I Y hay tanto que aprender I Ku materia de teatros, 
sobre todo ; no bablo de actores, ni de repvesenUriones* 
dramáticaB, quien no haya -esludo on París. Allí la co- 
media antigua, allí la comedía, moderna de. costumbres, 
alU el drama histórico, el sentimental ^l^^s piiKecitas li- 
geras de bajo cómico, y hasln la pantomima y la farsa, 
se llevan & un grado de perfección admir^ikble y descimo- 
cido en todos los demás teatros. Si en la tragedia na son 
tan cseelentcs , ó no nos lo parecen i \<>^ eslranjcros 
que heoMM llevado allá un gusto ya formadp eu et»e.. gé- 
nero puramente convencional, no se orea por eso (¡ue 
carecen absolutamente de actores trágicos « y á falta d&. 
otros, bastaría sola para sostonor ol cródito nacional la 
célebre israelita quo nace pocos años apareció como un 
meteoro grillante , 3Iadcmoisel,lc Hachcl , á (piieu Uen^ios , 
tenido el guita d^ s4mirar oa (44}^ i^s. priucipalo» pieii^^ 



84 

del teatro de Yoltaíre^ de Gofaeille y de Racine, juzgán- 
dola » 8i no perfecta , como lo han proclamado panegiris- 
tas entusiastas , muy cerca á lo menos de merecer ese 
dictado. 

Fue , pues , á París García Luna , 7 quedó asombra- 
do de la diferencia de aquellos teatros con los nuestros. 
Vio que allí son una yerdadera necesidad para el pueblo^ 
un alimento del espíritu que se busca con tanto afán có« 
mo el pan cotidiano que es alimento del cuerpo. Vio á 
un gobierno ilustrado auxiliando con mano franca á los 
teatros principales , y poniendo al frente de ellos comi-^ 
sariofl inspectores que ios dirijan eq mayor pro del arte. - 
Yió á unas cámaras , que aunque compuestas en su ma- 
yor parte de nobles nueros y de nuevos propietarios , in«* ' 
diñados por naturaleza, por instinto y por costumbre á . 
las eoonomias, al paso que castigan con minuciosa escru- 
pulosidad el presupuesto del Estado, rotan propicios las 
enormes sumas destinadas á la »uhvencion (que asi la lia-' 
man) de los teatros. El gobierno conoce que el teatro es 
un lugar de honesto pasatiempo ; que entretiene proyé^ 
chosamente al pueblo y le distrae de otras perniciosns di- - 
yersiones , tales como el juego y la embriaguez ; qua 
recrea apaciblemente el ánimo, aguza el ingenio, con- 
mneye el corazón, ejercita la sensibilidad, adorna el en- 
tendimiento , y pule las costumbres , dando lecciones 
también de buen lenguaje, de moral, de historia y de- 
conocimiento del mundo y de los hombres. — Las cama— 
ras por su parte están muy bien penetradas de que el di- 
nero empleado en sostener el teatro y fomentarle, se de- 
be considerar como un gasto seguramente reproductiyo. 

La afluencia de estranjeros que siempre hay en Pa- 
rís , so debe en gran parte á la belleza de sus espectácu- 
los , y todo buen estadista sabe lo mucho que gana un 
pais en ser frecuentado por los estranjeros. (1) Ademas 

(1) Solo nosotros los independientes españoles seguimos en es* 

túpsrit elilustrado sistema chino. Patriota hay por acá quefquisie-' 

r^hfimitir hatta el ehlo una marolla it bronce mbtt lasi crestas- de 



85 

¿quién puede calcular las artes accesorias que viven dal 
teatro , y la muchedumbre do familias que con sus pro- 
ductos se sosiicnen mas ó menos directamente? Si en Es- 
pafia se publicase la estadística de este ramo en solo la 
ciadad de París , se tendria por fabulosa : tal es el pro*- 
digioso número de autores, editores, impresores, libre- 
ros , actores , figurantes , comparsas , empicados , mah- 
quim'stas, sastres, peluqueros, modistas, guanteros, la- 
pateros, armeros, mercaderes de muebles j de telas, 
pintores, pintadores^ compositores, músicos, cantantes, 
instrumentistas, copistas, faroleros, cobradores, acomo- 
dadores y toda clase de sirvientes, y por último hasta los 
oflaudidores fchaqueurfj que también reciben su salario, 
iodo esto produce q\ lujo , la grande escala con que alli 
están establecidos los espectáculos , dando margen á un 
«o flamero de oficios y profesiones que entre nosotros 
se arrastran indigentes , ó son de todo punto descono* 
cidos. 

Todo lo vio y notó García Luna , fijando principal- 
mente BU atención en la elevación de ideas , propia de 
verdaderos artistas, de los cómicos francesi'S. En el amor 
á 80 arte, en el estudio^ en la manera de profesarle, son 
allí casi todos lo que aquí son algunos, harto pocos. Una 
instrucción muy variada , modales cultos , trato de gen- 
tes, conocimiento del mundo, observación atenta, pro- 
funda, sagaz, filosófica, de todas las clases que componen 
aquella complexa y multiforme sociedaa. Así lograb 
aquella naturalidad tan desembarazada , aquella propie- 
dad tan estremada en su acción y ademanes ; siendo allí 
mucho mas difícil figurarse que el actor que se está vien- 
do no es soldado, lacayo, duque, rey, mercader viejo 



los Pirineos , y que nuestras costas fuesen totalmente inaccesibles; 
que mira con sobre-cejo ul que habla inglés ó franc($s . y que si fUc- 
ra gobierno mandaría poner trampas y lazos para los esti'anjeros co- 
mo se ponen para los lobos, zorras y garduñas. Grande y scmi-bur- 
bara es la aversión de los ingleses á todo lo estranjero , pero no lle- 
ga á la nuestra ni eu mucbof 



84 

del teatro de Yoltaíre^ de Goi'Eieille y de Raciae, joxc 
dola, si no perfecta, como lo han proclamado paneír 
tas entusiastas , muy cerca á lo menos de merecei 
dictado. 

Fue , pues , á París García Luna , y quedó asoi- 
do de la diferencia de aquellos teatros con los nue». 
Yió que allí son una verdadera necesidad para el pu 
un alimento del espíritu que se busca con tanto af^^.. 
mo el pan cotidiano que es alimento del cuerpo. .^^ 
un gobierno ilustrado auxiliando con mano francr 
teatros principales, y poniendo al frente de ello& 
sarios inspectores que ios dirijan en mayor pro d . .^ 
Yió á unas cámaras , que aunque compuestas en "*' 
yor parte de nobles Hueros y de nuevos propietai ^ 
diñados por naturaleza, por instinto y por cost. . *^ 
las eoonomias, al paso que castigan con mínucioi*.|;'^> 
pulosidad el presupuesto del Estado , votan prOi '^ o» 
enormes sumas destinadas á la subvención (que ; '^ < 
man) de los teatros. El gobierno conoce que el _ 
un lugar de honesto pasatiempo ; que entretiei 'Wq^ 
chosamente al pueblo y le distrae de otras pern: '-%;. ^ 
versiones, tales como el juego y la embriag ^^^m,^ 
recrea apaciblemente el ánimo, aguza el ingc^^'n^^ 
mueve el corazón, ejercita la sensibilidad, adtí^'';j|,/ 
tendimiento , y pule las costumbres, dando H^ . 
también de bueú lenguaje , de moral , de hú^ «c,^ 
conocimiento del mundo y de los hombres.—^ ^ 
ras por su parte están muy bien penetradas d^^ " 
ñero empleado en sostener el teatro y fomenfV:^ 
be considerar como un gasto seguramente re'*"* 

La afluencia de estranjeros que siempre » 
rís , se debe en gran parte á la belleza de sn \ 
los , y todo buen estadista sabe lo mucho • 
pais en ser frecuentado por los estranjeros. 

(1) Solo nosotros los independientes españoles : 

ta parte el ilustrado sistema chino. Patriota hay poi 

r¿f UrfiiU^r bastíi el cielo una muralla de bronce sob 



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tii m-m n»- 9 que 




h airmfc». ; |W aMw tMi Im 
■y qm lankin RcaUa M Mhrlo, 
laja . I* n i ■ l ii nnb <w ^«a aJIl 
«^eetácnfa» . diada alllaii i |M 
j fnUaáiaa aM «aira aaMiInt 
«y ¿loa de u4d punte dit ra aa^ 

tfiareia Laoa , Bjinda priaKkd- 
li alcTacion de ideu, araw d« 
Jh cdoiioM fniieaMw. Ea mmm 
B^ ao la mapcf » da p rrfM wd n . awa 
idaonalgoDoi, berta fa««.iW 
a y modaleí ailia«« (aela de «ea- 
íHida, obKrTjcMiBaleMe..ffi«- 
'm ri ei H aa r en a y a am 
mría dad. jiaí íw((m* 



gp ave <) aclori|aK k*:4au i 







«6 

l^^iefttadiante calmra', ((fue lo'^ft áqní elhacehrse'lailúgiim 
"4el personaje fin^jldo que se representa tan impropia, 
-t<>rpe y desatinadamenlc. 

^ • Los actores franceses acogieron al aeñoít 6arcia Luqa 
con cordialidad , ^bei^evolenda y finura de aTiisias » y 
-dé li^aoceses, que do hay sobre la tierra pnebb* Hias ur- 
Ho^aAoy'á^^asajador para con los cstranjerosi Queriendo 
d^ple üri^lestimohio público de .su aprecio, los soeioi i|fí 
'i^ito francés que asi se llaman, honráadose por pririlo- 
'gíb toii e! iiimú' dKi'CÓmicúiordinaries iilwey , le diri- 
-gíéTOtf ut)a atenta 'carta-(l)iáqi]e eliseñpr Luna contettó 
'*eoíf'ólifepor el mismo cstóta/ í - • « - 
-<*' ■ t^avcítiecido ^si ya con la entrada fraftcaá aquel te»«- 
Hifo reduplicó su ahínco encl estudio de-tan buenos mó- 
ldelos, fijándose mas principalmente- en obiservar á Perlet 
'y 8amson. Este último es sin disputa uno de los actores 
mtfs' distinguidos de París pana el género cómico , y que 
reúne á su talento natural el mas profundo cstu£o de 
i^ii arte." Es: dilioil concebir no habiendo visto otra cosa 
>jué la ác^ciou grotdsca y'caríealci ooino ídicen los italia<" 
^6ím\ de 4iuesfiroS'graciosovv^ bifaciUdadiCon-que .9am- 
iOñ édttjta fo i|ilá de^su auditorio solamente con los im«r 
peiic^tibles'tnoíiimientQSideda fispnoaiiai Su voz es agria, 
ganjgask y desapacible, pbroidci tal -siu^ivto la. maneja, y 
4ati partido 'sabe sacar de'SUB'variadbsáoflcxioñeBv qua lá 
haodiPervir^ppdeFOéamente'áJod efcolóaiitUc vp^m'e pnH> 
livc^r:, y/á .^es.ila: palabra! ibns insinificante arranpa 
p€)ir:-<s«i iMto^aciotí estieflilnsad? oai^cápttás^i.Samsba es 
Cambien literato y poeta láramátLco^ y sd^dioeque ba' aidt> 
maestro ir direqtor «do lá tvágieaijBaeá^L' ■'■■.'•'' 

. G¿^<ua Luna. que prof esb,. como queda diohe» oaes** 
tros mismos principios en punto á la diferencia que hay 

(1) Aunque los periódicos publicaron osas cartas', al Irgrcsó del 
Interesado, iponiamos aqni la de los* cómicos fránteséíl, cotno ixtt tes- 
timonio de la Iiíidr£\ y co: Icsia dé aquellos arlistás y al mrsrho-tfém* 
po como un documniiio lionorifu'ó pai:a«l señor García Luiia. Dice 
asi tal ctial la linU.imos traducida en tín períddico de Madrid : 
Comedia francesa. — Junta administrativa ele. " * ' • 



87 

entre b imiUcÍQi y el remeció» tomó dq tuf modelof 
aquello que crejó ad.-intable ¿ lfk.o#fi:aii« 0{lpaO(>|«« y i 
' Ms üuaUtUdua pernonalv^» : y hÍ|^Íi)iu|(» ei^Uk noruM > or- 
ludió ios .|Hi^lc>Ci^racU|rÍ)iiÍoaH 4^^ Mi, U^, 4l iV^Wo» 
ltfl<4Wife'A /iiirAfro y ()Of9l0(irpHi Mii^^nph^ y mí miifir, y 
otros varios.;..; . , •.. t . . 

Ui^rtii6^»r últíiM i Madrid mw]u> antes de |o quo 
m d(*sei> y aliríuu al un^^düoili) Ifuliioran rQusouUdQ , ai 
plr^s raaoi)ti4 da Qiuypr poiio mo Im liuJiíiMeii bevlM>yiiiro«« 
uirar U vuolM i» »u |>alr¡a« 

Modo VU i|U0.ae./tt|^^us«4UwH) on PtiUeiool //i^n U»njM% 
dcauía 4a'cltiii VA^uUipa d^i.UuVoK*^! y Uaiii6 « (afirola l«a^ 
i^i^i^va que. W'.fji^ni^Aitf^'iii* Muioa ceo la iviufMiAia d« 
Wir«aW^iUuÍ!#.lpMtaM4W>i)liiPiiN-dí^ ^rotaKoniaU. £1 
n> futtd<> .^lA aoMiplaMÍ4f»-y<f<ii«t^Je M()ibr4^ ipdtíi»Ur^ lio^ 
Horario ,d^ il^.^AP¥i»¡Mto /oii el «sojM^ri^HlQri» de Afar>a£ríftt 
tina. Jml^ ce^Mmpenia Ím^ eaM i>o tAp moJo de M «iiArilo» 
fiilio UMil>Í4i(iifde. iiMicfii:aa iioeprMsiw. ]f: porU^nVM tuvo 

pnq^e a» grpaaA¡««iM|uel üoauíuK e«» eM^etauxA» 

.. J)on J[aA<t^mGapaaf!i^jf P^ UinUí» i^t<»rr4sera|i Ipaniaea^ 
Úmeiiiir/»j[)M^adi,M)v vwi<iiV(ÍAilMlWrae aml)^.w{ir«t 
flHw» UH¡^^(i#n)ÍA tuuA.iliriii^ip. yi#0u»r«^ í^^hqm la c^h 
inania 4e J^atüH 4(fí\ptlU^^^MH'mitfirpir0e^ disoordta. 
cuyo ¿xllo fu6 uiu compitió y laii á salísfacri^ ^ la aMn 
gtt^)4 pi?p(e^W:Mei»tAl|l|MfMMelMk»ilka fipfMtrJ)ad<»ae del 
wiWi,flV#'<?re4MM HBtíi»A)|fliw^*ftra ftüMf^rMr^ ei» prort 
pía(|pjÍAl7MAeati;(^{aMpvr»)H9ierarJM, ..i i^ / 

Desde esta ¿poc4i eu adelante fu6 creciend > )a rppUtaT 

ciflH d^Li.^f^^f iÁ^'^dl '^'^I^^M^HIIíaM^ fW '^ creación de 
m.imf^\wiiin.rif>'ÁÍvqíii cj^/rf drwa.de leateümla, ca- 

WÍq IM)r el4vwf*íí.di^ ftÍFíw; el Je ttui Guqiez de Silya en 
el llernanit de Víctor lingo, tradnccioii da D. Eugenio 
d4:.Ucboa¿,o)^Á^,li* l^oilaii üíua i\\\ (Júi los II, de I>* An- 
touia üil y ,?¿r>Us,.y el.ckvl):. «nríípifl en Ziofla Ke/ía rfa 

. Vpr úilMil^Qt .«liivwfiflvlQre .U*wrfe,;4e- tiarcial^uaj, a« 



88 

§tindéVRátún^ do Scribe, qae tradujo Larra con ti titolo 
de El'úrledec&nijnrar. 

Uno de nuestros mejores autores dramiticiM , c|ueetf 
al misimo t¡em][^o por rara coincidencia , critiqo juicioso 
j discreto, dice las siguientes palalnras en el periMico ti-^ 
tulado El Entreacto de 28 de abril de 1839: 
' ..i.'. «El afamado artista francés M.Samson ea quien 
dcscmpéfía en Paris el papel del conde de Rantzau, y allí 
se Iq vi6 representar nuestro actor D. José García Luna.' 
Los que hayan tenido ocasión de ver la mejor comedia dé 
Scribe en la capital de la Francia y en el teatro de Ma« 
drid, habrán obserrado cuánto se aproximan, cómo coin^ 
ciden ambos actores en el modo de espresar los rasgos 
generales y carácter isticos del personaje que'iroitan, y dé 

3ué ftianera se separan también en aquellos pormenoreí 
eaecion y entonación que pertetlccea al gusto pat^'^-^ 
lar dé eada pais, á las inflexiones de st» lenguaje, y 'á loé 
medios fisicos con que cuenta el artista, 'A'slsépiíede y éé 
debe ittjtar á un actor: lo demás es reimodar,'t quien re ¿ 
meda afea-, ridiculiza, 6 se bace ridículo: El papel' dH 
conde de «Rantzatt es uñó* de aquellos en - qM. mas Ivtte la 
habilidad idel sefior Gkl^iaLÚM,' y'poi^ Mta rácoii M M 
figura en el retrato tqpae. répiirtínfios á 'ñueetros sOscriltfU 
res con este número, vestido eoin el -tiraje qubusa'para'iffM 
presentarle.» ' ' '» ; • ' ' 

Nos*' oomplacettios infltiito en ver eoñfirAiíada nncf8« 
tra eritíeaí 'p6r lafde tUHi pértioVia de tanto conocifeiii^ntd 
del teatro, y degusto taúejésr^iladoicóilió' el señor Hai^tU 
leebbusch^ ■■'• •' ■" ' ■ ''" ■ • -^ . . ' .-.'*: 

" ' Diremos entre par^tesia que^l retrato á qtio''S(é iW 
de y qdé tefaTi\&-EVBinretíctf>, eSlá bastante bien éjectl^ 
tado. y' representa rniíy al viro á Gárcia'Lnfifa eiisüfiao^ 
nomla y ademan. 

El arte de con$ptrar se i»sin'n6 en (íI (rOlUeo déla (3ruí 
el 17d«^chero delft^JS. Todoít fos p^rfAdiros hirleróH 

Í grandes elogios de Éfu ejvcuciot) cMi'genér.íl, y en partiKif^ 
hr de^^e^tro Ga)rciá Liína'. TAílefniía Eipaflóla, upo de 
los aiiifibli'qüe m<;J<M^c^eroián kt'lBirKica por aqtiél tiempdi 



M espreíalMi de eite modo en su número del 25 del 
mismo mee hablando de la primera representación de esUi 
comedia. 

.... «Por iortana se ha reunido también en ella la perfec« 

don de la ejecución, perfección á nuestro entender deseo* 

nocida en nuestra escena (IW que rccomicndaaltamentela 

diliracia é ilustración del dvcctor de ella» . . • • (Sigue tra- 

tsndoea particular de cada sctor, y luego afiade :).... «Pero 

(|aien se na formado uns reputación verdadera* una cele* 

kridad dramática» es el actor (¿arcia Luna, enol dificilpa^ 

peldeBertraUdde Rantiau. Es imposible conc|}bir con mas 

verdad U ingeniosa sutileaa, la atinada malicia, la sangre 

liria, la apatente j desesperante serenidad del (Arofunda 

tif\«aátioo ; ea imposible dar mas espresion á sus pala«- 

ms, BMa penetración á sus miradas, más estudio asna 

fastos 7 moYimiiNitos, No, el mismo SamsoPv la primer 

repMacion'del teatro francés, á quien hemos tenido ni 

Gato del iver estrenar este papel el año' pasado , no lo 
Ta á tikia verdad superior :..cpn esto- hemos hecho toda 
el-elof ¡o que pmede hacerse del sefior García Luna » ■ 
.. Coa perdón del crítico^ nosotros, que también hemos 
teftido ¡d^nstat de ver carias Y4^ces Itertrétid éí Raion len 
el teatro iraMte» creemos mas acertado el juicio arriba 
ciludo.dtí aeflWi. Harttenbu'scii.^-^No hay comparación 
posiUn .entre Samson y Gsr^cia Luna, sinp en ciertos raa«i 
gof .g^iierales:>jo demás el.uno lo ejecuta á la ospafiéla, 
detro.sifoe.el.gnstof ranees,, cada ^%$l saetí partido de 
sus propiaa facultades, y mi^guiia supera al .otro. ]^ste 
tenemos nosotros por mayoc y nia^ justo elogio del lugélé 
de nueatrai historia. ':..•» 

Sír jen apoQfO de nuestms'elogips quisiéramos preaéMar 
iníay<Hr, .numero de testiiuo«áos de personas autoriradas^ 
(ácil nod seria documiDUtar, por decirlo asi , estataotiScia 
hiográficfi cíon varias cartas dirigidas al softor trardaiLunii 
felicitándole por el buen > desempeílo de YialridSipapeles;' 



90 

dion át lafá >d(r4ó1í'dOs btiidré^ ;fa citAdiM , Ibb éeHores élM 
que de Riyas, y D. Mariano Roca de Togores, ett qtté M 
muéstruvi ' i^'ttttáiiléiito* %afísÍB6(jhdd de te i|[fa^te 'froe ^ste 
aoU)r^itttÍ9 dr^lmeti é:rita'd«t i/i Alvaro fá^mñhMé^ 

' Mutilada seft^lá ctiáttto {>adieftá- 4eelf«i éti klffbmM 
del ibérito AHiiilióó deOarciáLntitt, ^'é9itfakifi4^nU 6d^ 
MRJha duiattinet^s hubíerfo p^odtlci46 tM Mld «d él RtttMjjl 
¥«qd^ot^tt()s-^qttel áed^ éil^eimibnlo <pié>iimtd> farafoMl 
gfor iIm; «(Í]^^ -dift^»íti<^é» cfd hdmhfiA ^dcí^ttltiié^ ^Ih 
TactiDir dfe éd(iÍHítt. Et^^éVitteÁdd M< iéfürrfcii iilélts 
av(M ií<lit» ^tebáaf'fetí ná^át^áfúio de áu pr^ésknf) -^ nM 
ha¿o<!pOf lo qtié t»üdiérfi(ttiod llatnair él daho' 4eí«M««-^cA 
qa^itiod^'iifieüdd á sus ádelatífos' y fm^]é9upermmA94 
únmi^ fibriel^tnáyof hi9«re de M proféK$iott sefli icapáif df 
IiAcei-'oi tiíton0t»'ka(5Hficio> nlmtété él^dIcMk)d««rtkMt) 
d1 qne-^ti ttetnbre sto' GfliQ éotif elogia, til qtra>á hib ditaMl 
fea pfsÉBeuiado ptir^lifiíbdéló.ti >ida dd Gareíi Ltthá# 
por el eotlii'álpio , ófr^é i^M^o^^ ptMltii 'ike^'^ek^ 
efioni^lb-mf^ óUrte élteénúlta bá iiido éfn'éi^ iMfpi^iér á 
tcrdr (Aase de «Atfas egéíátáft é dé iftíét*A!Í> ii^(Mmitli<W>íOt^ 
takiemo§ etttfjsiotí^ un' ^jefftttto-á«i tos fta«rV*}MI»teBl' '>) I » 
n- En 183» s^ bálkbr la^ «¿clifáMá' llr afiéim klkdNMY 
enn t«ti McAs l5b etetticAiléá'fiífo (pl« ift^SdlBlatsU^ 
deiár^e Idcórf» podld <!¿fitMP,t y lo» ÉÚ(5^di'd«4iq;(l0it| 

eiit()h-eSAt4é ié á(t*et4é á*^^ímc6rse pcit^á bAc(»ñr>o«f|f9 

escándalo de que el primer teatro d^ V^tM'Íd(Pl«>«Aftb 

gnkúfkíá9to ^:fté«(M^«^ty t«M<de|K)^taft -drattrtt)ckA''p#ifn 
tádb94e»:lo« mtsdié^ Atfmphat^ ^ tttltífito. (ÍFtmfo'LHtt#'l 
qaiíiiié^aqiA3l^tr dóiidttfdoi p2Mtl<$^'teatit)É^ 4é wiMwiá 
ceu' prM(WibiMé^ veilCajosas; ño -ptido' ^ifr ^ifibHm> p6s^ 
poner al interés privado, el deseo que eficaznifiJQtC.l9.piilXr 
zaba de evitar tamaSo desdoro i la capital de la mpnw— 
rfaíá; y ábMáóúáúAoló Yodo / se dedicó e8¿f^ÍLt§Ji^l!4ff,4t 



alfatifif 1m bbiticn16»qaé se presentablin para tan arries- 

Ella «inprMfi. Heuilió ra segaida á los actores qne se ha- 
ban en Madrid sin ajuste, y les d¡A parle dr sn proycrlo 
de formar una coinpAAia para el Fríncipt'. Olonráronle 
todos, pero no dejaron nuirhos do hacerle presente qno 
semejante conipafíia dificilmonle podría atrn(*r las mira- 
das del páblico fallando en ella parles lan prineipnlcs 
como los soAnres U. Julián Jtomea , 1) ('.arlos Latorre, 
D. Antonio de (iamian, y la siempro aplaudida dona Ma- 
tilde Diei. «S¿ muy bion, contestó nuestro Luna, síeni- 
preel primero á reconocer ol mérilo de loa demás, y 
rieroprc inaccesible A las bajas anfresliones de In entidia, 
míe esos actores que ustedes me nombran son imponibles 
Ae Templaxar ; pero sé lambien que habiendo entre nofl- 
otroB decisión y celo, eligiendo funciones de cayo des- 
empeño podamos responder, y aplicándonos á llevarlas al 
{rraoo do perfección posible^ |Midemois contar coii .rer e4>- 
roñados nuestros esfuerzos.» — Estas y otras reflexiones 
semejantes arribaron de decidir á sus compaAeros, y de- 
positando todos en ét su coníianza^ pudo llevar á cabo 
García Ltina su proyecto, poniendo para ello en juepub 
cuantos resortes ie proporcionaron sus buenos fimigos' y 
numerosas rcbciones, y arrostrando disgustosiy sinsabo- 
res do todo fi^nero. El éxito correspondió al iin á tamos 
afanes: abrióse el teatro el 39 de Abril, y desde aquel día 
hasta la terminacíion del año cómico, ni. un solo i desaire 
Sufrió del póblico la iníprovisada compañía. Lejos de eso 
hubo funciones quelinvioron un éiitb- brillantlBÍuio,iy la 
ináyor nroélM os U qoe arrojan», ios guarismos, siempre 
imparcfalleSv'tfoir'lM cuentas -dbiln; empresa hemos visto 
acreditado que las entradas^ ascendieroiiá mas do milloii 
y medio de realeSfi ■ • : .«• - 1 i. ; ' . 

Respecto á'nuestro Luna« das psteKas que inas aplausos 
le yalieron fueron* las :4e Hl médico y la kuérfana.^^Ei 
eofsdé D. Julian.'^Sl ^apatfroy^ ^tí^rey, primera parte^-^. 
y otras yarias.- • ■■ " ••■•»;:.■ ■ • . '•■ 

' Mas no pOdiásn tialod dejar de resentirse de la coñii» 
ntaá faena á -que^Je oUigab¿tfa difeodoiik de la coiB^ft\SL^ 



92 

de la empresa; enfermó en efecto, y los médicos le orde- 
naron que renunciase á un género de yida qae le propOF 
cionaba no solo trabajo con exceso, sino amargos disgaft 
tos. Entonces fué cuando se decidió á admitir las propo- 
siciones que se le hicieron para Barcelona, y por despedid 
ejecutó El campanero de san Pablo: en esta represen- 
tación le dio el público madrileño las mas inequívoca 
pruebas del aprecio en que siempre le ha tenido, yie 
toreándole repetidas veces, y arrojándole varias corona 
que le llenaron de intima satisfacción y regocijo. 

No seguiremos paso á paso al señor García Luna ei 
el resto de su carrera escénica, porque nuestra relacÍM 

fjecaria de monótona: en la capital de Cataluña recibid 
as mismas pruebas de aprecio .que tan repetidamente i 
habla dado el público de Madrid, las mismas de que hai 
;.sidó también testigos los teatros de Sevilla, Cádiz y Yar* 
lencia. Esta reputación constante y sólidamente establer 
cida por la continuada serie de tantos años, demuestra ei 
nuestro -sentir, incontestablemente , que el mérito atrir 
buido á un actor dramático es real y positivo. Se vé cor 
.frecuencia que el público llevado del atractivo de la no- 
.vedad,' aplaude con entusiasmo á tal ó cual actor que.a^ 
presenta por primera yez con ciertas apariencias de feli-r 
:ces diaposiciones; pero desmentidas estas en las represeor 
;tiacione8 sucesivas, á destruido el casual efecto de la prir 
mera im{üresion , ó llamada la atención báciia otro objetd 
^por él instable capricho de la moda , el aplauso se torM 
An friaUad, y la frialdad quizá en desvío y disfavor é^, 
dairado^ Con García Luna- no ha sucedido, aada de eMo; 
jamás ha-récibido del públíeo, ni duraatecciones ni e^pdaxtr 
gos. desengaños; Coandoren la reproducción de las bellas 
obras de nuestro teatro antiguo ha tenido que luchar con 
las dificultades que ofrecen paractéres y acciones que no 
son de nuestra época ai de nuestras costumbres, 9Íen»r 
pre ha salido victorío^y'aun en* el tiempo en que omqmi 
arriba dijimos estaban todavía recientes los recuerdps y 
la' tradiccion del célebre Maiquez. Invadió después ln es-^ 
ffioa.ijqpadola el deaeo&)énado»,roaiáatic»si)(|04 j. fWP9lgf^ 



9HÍ 
Lvtt lejo» de Tolferle h aipaMat m apoderó) de nit mas 
descabellados dramas sin que por eso naufragara su re«»!i 
putacion. 

Las disputas lilcrarias á que dio lugar la irrupción de 
esta nueira doctrina, sobreestar ya decididas por la recta 
razón en pro de la bondad 'relativa de cada escuela, 
sin que á favor de su bandera pasen las exageraciones 
ridiculas de unos, ni las insípidas frialdades de otros, no 
son propias de esta biografía. Sin embargo, no podemos . 
menos de indicar aquí, porque asi cumple á nuestro pro- 
pósito, que no hay tal identidad, como algunos quieren . 
suponer, entre el drama de Calderón ó de los demás au^ ■. 
lores que á su lado pueden clnsiiicarse , y el moderno 
iM\o-^ma francés á la Víctor Hugo. Si entro unos y 
otros bay el punto de comparación de que no se sujetaron > 
i /as uDidades clásicas, ni se acordaron de los preceptos « 
aristotélicos para maldita de Dios la cosa , hay también la 
enorme diferencia de que el amor y el honor caballerea- . 
eos fueron casi los únicos resortes de los unos , al paso 
que los otros se dedicaron á conmover al espectador con 
la representación de los mas horrendos crímenes, y á pre- . 
sentar en la escena todos los linajes de muertes, cono^; 
cidos desde la sutil ponzoña del vino de Siracusa, hasta el 
hacha con que segó la garganta de Catalina lioward su 
amante verdugo. 

Estas diferencias son á nuestro parecer sobradamente 
esenciales para juzgar del mérito y estudio de un actor, 
que como García Luna sabe granjearse aplausos en loa» 
papeles de García del Castañar y del Padre Frailan DiaXf 
eüRey valiente y justiciero: no menos que en el Walter 
de JLa Huérfana de Bruselas. 

Al lado do tan opuestos caracteres , y del de Bertrand 
de RaníxaUf que no tiene con los antedichos el menor punto 
de contacto, le vemos ejecutar piececitas cómicas por el 
estilo de Retascon^ Mi iio el jar abado ^ El dia mas felist' 
de la vida f y Trapisondas vor bondad — y siempre con ge- 
neral aplauso, siempre aojando al público enteramente 
eomj^cido. 



■ Ki¿Se dirJ» tal res que eio b^s Ueü es debido á 1a brir 
Uanteai'^ke los papeles mismos qoe ha desempeñado? 

— No, porque en primer lugar, no hay papel baeO 
que nOi pueda echar á pearder untador maloy y ademas 
nadie ignora la docilidad con "que García Luna se ha. pres- 
tado siempre á desempeñar papeles secundarios que otros 
actores desdeñan con altaneriaif y que asi h» oontriboido 
machas vecesal buen^xito de dramas, que ó no le hubieran 
tenido repartidos de otra manera, ó acaso no se hubieras 

{podido representar absolutamente. Mas de cuatro actones 
Oiban quedado obligados por esta condescendencia » en 
estremo meritoria, para quien conoce un poco las quisv 
qoiliai ^7 nvaiidades de entre bastidores. 

' No concluiremos esta noticia biográfica sin hacer meat 
cioni^e otras honras coa qu&Jia sido {distinguido el se- 
ñor-García Luha. Mas de una vez el gobierno se ha i^r- 
lido de sus conocimientos paca mfovfaies y comisiones re*: 
latidos al arreglo ó mejor dirección de nuestros teatros: 
comisiones cay a existencia nababrian sospechado la ma- 
yor parte de nuestros lectores, yiendo lo abandonado .que 
este ramo continúa-^ y continuará sin duda por mucha 
tiempa. Pero es' sabido que eu España nombramiento de 
domisiofi de arreglo , y perpetuación del desarreglo, soa 
sinónimos, i 

La Sociedad Arqueológica matritense y general de £s« 
paña y sUs colonias, también > ha honrado ai. señor Garcia 
Lona, nombrándole individuo- de su seno en representa" 
oicm de los artistas actores, cuando falleció D. Pedro Gon- 
zález Mate. 

• . Por último, D. José García Luna, que como artista S0 
ha formado una reputación en España, como hombre prir 
iada ha merecido también el aprecio general, y adquiri- 
do gran número de amigos entre los cuales se cuentan 
personas muy distinguidas. Autores y actores^ literatos y 
criticos, personajes de la coree, individuos de. la grandeza 
y de la clase medía; de todos hay en el largo catálogo de 
sus apasionados y favprecedores: qae tal es el buen cofrrr 
cejf>to que le han granjeado su mérito artistici», aua jk^ 



95 

tildes priradas, sa honradez 7 buena conducta, y aquel 
trato afable , ingenuo y franco que descubre un cora- 
zón sencillo, ajeno ala influencia de la vanidad y del 
orgullo. 

Guando escribimos estas lineas, está preparando su 
YÍa]e para Seyilla, en cuyo teatro se propone concluir con 
sola esta temporada una larga carrera en que ya ha pisa- 
do bastantes abrojos para fatigarle de ella , y cogido tam- 
bién bastantes flores y laureles conque tejerse la inmarce- 
iíble corona del aplauso público, noble objeto de la am- 
bición de todo artista. 



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., ■.■r.}bh.'.: :''. >. Mbw-'^l* fi;Mlf' - ¡oi v; ^. ■,- 



La biogtaiía de esto [tcrsouajc , ^or su amor al retiro 
Mía oscuridad, no Lanpoapcido comp, debiera serlo, 
>í?ece el major ¡iilefés y, un (ibjüto d^ estudio , ya por 
* severidad desús costunajir):^ , ya por la'diversidád de 
»Docimteulos. qu« cültjy^ ,.y y^, en fin, por la impor- 
Ancia de los principios y doctniías que sustenlS, tanto 
m púatos litecaríos , coinorf^ii.iQa^lcrias políticas y adoií- 
lislrutiv^s. Se liace májy^.^aquella import^tiicia cuando 
lespue&deka^erpasadflsú primera juv%p^üd'en el culto 
ifl l&s mus^^ (;plre las pías gratas ilusiones , j i?.n el 
trato ial^OiyaipGUO (le los'ámrcos do toJa su vida; des- 
|ines de^iuireccr su ^ói^bi^e en{a hermosa Sevilla , aso- 
lado al oeJps r,e^tfti|radi;íi'es de la boena píje'sía , y de 
ffiio gétiero de. literatura en aquella ciudad, S'e té \ó sc- 
Ifñr, finia invasioa de la.p^uipsillapor las Iropas fran- 
«HM».;,Í4 íoho[tiLCl?; qUe cpejó ,l^«JÍ£i,dá póí: tina necesidad 
•Bffiíisütíe^o j,por;el ij(í^¿jyjiiísai(í 4¿íjpítis¿: siendo ,4es- 



98 

Eaes en los dias de la desgracia y de la proscripción sa- 
io y elocuente defensor de sus compañeros de infortu- 
nio , y habiendo conseguido la dificil gloria de que sus 
poderosas palabras fijasen las ideas de algunos, ó pro- 
dujesen un cambio en la opinión de otros, con tal de que 
todos se hallasen dotados de honradez é ilustración. 

Si aquellas circunstancias no despiertan ya sentimien- 
tos de odio y de rencor sino en el corazón de algunos 
hombres , aunque bien pocos 9 en quienes son inestingui- 
bles las pasiones que engendra el ciego espíritu de par- 
tido , y que fomentan la envidia literaria , y la superio- 
ridad del mérito y de la yirtud; si aquella primera ludii 
de partidos , si aquella primera persecución carece yt 
para muchos de interés , porque desgraciadamente se han 
sustituido con otras y otras muchas, que agitan cada yez 
mas la sociedad española ; no puede menos de ser en es* 
tremo importante cuanto se refiera al influjo que tuyo, 
y cooperación que prestó al sistema de gobierno adop^ 
tado á la muerte del augusto padre de nuestra Reina; 
cooperación é influjo debidos á la amistad y confianza 
con que le honraba el eminente hombre de estado , ^e 
en sitüIsicion.W céltica y dificil tenia cni' sild itiÁ^os há- 
biles y róbü^taá* lás riendks^dél gobieriÍ6^;'oeo]^erá¿iqáé 
influjo qué '¿rjéstadol^ p6t" htf intimo conVcíficimieúlx^^'j 
por un acénuradó l^átlriotisiUíd', ir (jüe' siendo* una' fscuii- 
eüencia de lás'opinióiíé^^^áe háBian ftisfpií^ká^ al-Sr; (Rui- 
noso costosas esperriéíicias , áníai^gog desen^fios y^j^ró- 
(undas meditaciones, se ed^ifcaii' por doctritos y razona 
que los hechos posteriores hátk acreditado cada yez mas* 
|iero que hasta ahora no han^i^db debidan&é^te' esptaestMi 

I Jorqué el furor de los partidos" jr la confusa 'gritería^ 
ás.pasiones cerraban los oídos á la yoz süáyé'^ la raxon. 
' Ta desde luego se descubre .'^é en estos ligaros apun- 
tes, dictados por la amistad y él reconocimiento, y'á cu^a 
rei^áccipn jpre^idén la mas iínpalrcial justicia^y ^ juioio 
mas séyiérb y deberá encontrarse algo mas que la histfiria 
de los pensamientos aislados - de un profundo publid^, 
¿fe un 4sciHór éorrecto'y éliéü^fé , de un. emiiteirte pcie- 



99 

la. Las opiniones del Sr. Reinóse » en las dos épocas que 
dejamos indicadas , han sido unas , fundadas en Jos prin- 
cipios mas inconcusos de la filosofía , robustecidos por 
las lecciones de la historia y por la autoridad de los mas 
ÜQstrcs escritores ; otras « confirmadas por hechos suco- 
sitos j por nna espcriencia dolorosa , mostrando ser el 
tirmino do la reacción , tanto mas segura cuanto mas len- 
ta, que se realiza en el seno de una sociedad tan con- 
turbada. En unas y otras, grandes intereses, clases nu- 
aerosas , instintos profundos t hábitos arraigados y en- 
vejecidos han dado boga y celebridad á unas doctrinas, 
Chan adoptado y profesado los hombres mas distinguí- 
de la Europa culta. 

Hace ya algunos ailos que la narración de los estu- 
iasñ del Sr. Reinoso , el atan continuo con que bebía en 
lu/oeates de la literatura griega y latina, y el esmero 
de fQ locución , tanto prosaica como poética , habría 
ofrecido una verdadera singularidad , si se comparaban 
eitas circanstancias con las- que nos presentan los hom-* 
brts que han hecho su educación literaria en los prime- 
fas iftos del presento siglo. En nuestra edad hemos asis- 
tido al funeral de una lilwátura y al nacimiento do otra, 
foe ni en el fondo- ni en lA esprésion guardan entre ú 
■oflha analogia. Este etipeotáculó es por cierto curioso é 
iftieresante, ' porque no solo nos presenta nna dirérsidád 
marcada eafNla-filosofiá, «&' el lenguaje, y en dplan J 
enractarade latobrus, sfaio que hasta de orrersá litakíe- 
la so hacen |io;t-hM eAridtosde literatura de como se ha« 
nm en el vltiMo tercio del slgto'-atiterior ; de diters£ 
manara le estudian tambieki"h6y los' prihctMOf y reglas 
M arle , y loa modelos que" M ^it>éiieido' él jy^éttinr ^ dua 
isBorlalea' autores. Esta diferAttiaUVi cWñioléHliii no pue«< 
de menos de .dar jfttertil Ms pórméínorés- qué* eotopren-^ 
den^eatoa apuniél ,• aeerén de fes esttkdios tiUicos del se^ 
ier BeiMso> de las doctrináis de «h escuela litérarid» 
iae practica como éseritor>y <noetd^ y qtte ' éMefió desde 
u citedra como profesor de numanidam't J tlblá Aca- 
dmiay en q^tmdMéií Ms «(Aíijiádierw'de étf jut^luA, 



m 

ÍVi,y4^ oqn Qitoft tAUJla i^rlei^onL: )sL r Qiltabl^cuoieMd del ¡güsit ; 
tOiftifc l*,UürtrAc|fi^ ¿Qfi^pítal do; A,pdalu4j(a , y ctt .lá form^-H: 
ci^QP 4<^li:|^aiJ[)6tCi^lan,(|UjK.()ii ndo. de.lq^iiutaircj», que«^< 
i\^^i]ra ed^id l^n ^riYi^ dQ>mode;lo!&,.l)«,obtcmdoTa^lQrl 
riát^^qup 1a,)ba][9i^ fij^guiíd^» ,tQs inge9Í08 mas, ^bresaUien^; 
tp?'ijj^^'4fl.q^<^b^l[^.sídí(>,ii;Ql(;brf^dade.iodoiJiw sal^ios por 
s]](,miiceí pQéybi;^,. j,jK)r,lA.d^UcAdc;Ea,y.eaco0ÍmíeQto déi 

Al mas intimo de suB awgo^ti á .quian amaba. don) 
cariño mas (juc de hcnpQuiH^ ^^ 30 bnbia encomendado por* 
los depositarios de su última . voluntad , la narración fiel 
y ^cab^s^ de una vida tan útil y laboriosa. <Nadio mas á 
propósito que aquel ilustre escritor qiie narticipaba de- 
tpdQs, si;^f ipens^poiifmtpsri yicqnquieo consijkaba todos sus 
pr^yecuís .literarios para darnos á conocer/Ja. historia de 
¿Vquellof» y para c^iracteri^nr^el mérito, de áusiobras. Este 
tpa^f^Q nada babria. dejad<^ quei desear; y. hubiera sido 
^iilfitraió de Alejandro; .Ufazado por. la mano del .grande 
Apelésv!Pero después de ;haber. trascurrida jnas de 4oe> 
añp^i^e la u^uorrtQ det!Si?»i]^einoso , aUn^ao- ló permite! 
el|Í9lo^ji.quQ,el,tiempp.yi \a edad agravan eada dia.yoo»»: 
tr^r.svi.es|MriMi parq. cpordinar becbos^iy (recordar ciiH 
q)^n^|fgDü9Í9i^.quQ lle^affWltm Q0rpzoü.do!amatgura y.die»r» 
S9li9^9Q«.. Up jóvé^, ;tani!^ilp,iü^lkídta.i^i()iii2oi elegante. 




^>?¥^í4Í^^JlH PVW4i6^Wlílfirt^o<j /espemri»;.|íieto qaoi.aó> 
¥tif9flk 9odi&4ogf7p^.(basift(|al^M,^ .giHtvkOS'ycoidadoa.ip 
P9C W^m^fW^AÜ^^ ««t)QA<^ JR^mMaseifen esieicaiidi 

^r»iVííW*í»nH?W^^fíl98iíi«rt í^flwr«ftiíl0ÍH')te*4r«raA 
tg«#PtfvflB¿Mtft»íflMliñ^^ ,, ftwnUf i su memo^ 

WiXf!pH^^lV'íW^'i»P SRiíttftirtfvJíí w*rta .do^tó-ijarti* 




I 'ntijfl/'.'V HualíaÜ'jdftnu-atirt's' ¡i li'ná íWiTí^sIrn'cÍY 
I"en.il(jtt4:ln ViiifáH^nn cl'w^.mliri; Ai^V'hoLV ntlr dó 
b'ttilfc. 'píffrón' S ^íis'hljos' nhji iti'p^'iifRV'iíádiiríítii ; '> el 
D::FMix'si'¿áT6'<lós'dtf hlñtj fá rárrcrn Av li)'s t'sfildiits, "¡iof 
wsfcBws'aísrJítsítitíhos'tftíiJ iípS'di- >ílii'v liíi-'gp aniilii'lh- 
W':is)'tDUó'cr'kl,'ldrl'|irlvMlstl<<tl'|>«r'tli'<!llAI>ciniip!iWl- 
rtl»VOlvdro.ciak a» L*'cil'c-y«S)iitu!lS'.fli''WrW's|l(,MM 
«n «Mi^nilíiUais 'aiftU: ■ílúi'fnii ^iW v'oMMh.l W'KK' 

Mcwaia/irií'síioii Hív n..r«riwii'':w'ftAicliiii''Jí 

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SM ; y iiar sU Míid + rímniíM''*' 

Hblado Ijdll ciiilsliUn'dél gnstri V'^tmWii ;illMtiK,cíí3 
«írimaH» 'S 'Itó dtfii Wlgtifií'MH',itI^ Idf »ViiV)l*»,l 

Ik^M'nMBÍltl'ch' áltlicillli AdoW Un 'iliá|;fflliiis MmV,' 
nUtbi'i'tlo'tiblllil'II^Jkrilc'Wilial' diln jlárr^" (f lilo l«í 
■atores de pura l^itinidad, que i'n.stis iininl'i'Aa atliV.I^^- 
Ma jmhísW>h tWi MAiibft/raaMo Am^MWtucnus Vsf eU 
KM dcVaillU XVI..EIIMi'tilfAi^a!l'lril(lfás, óUo Á'lw-' 
düilniíeliilS'yücM l?n'lá^;hdvaá de'di'^rii'^M <ia<:U péfnii-' 
titMitt^ tltH-Hfi'QKiYtVSlWiHíiri^ifé^Klüdlh, <^ie linciljí'sm' 
MiloíTila'i JUiJcandH '«Ifl* rfbrío J sóljí; oSíe és(ud¡<j' 
á'^le bfa^aof^ii tin 'f^tlb n^tíciitfl , iíjiib seVvl.i,,'s1n' 
eiíWfíii'.'a* pttJjiW tirtiipo twrí drt^hlWuW'i: pílte'iiltá|-'' 
no t^alo, pora formarlo Srtci*!iíViirti{'htp'.' nBráreytStíirfí-" 
hy nníjoriirld : l« (liifla hiAUIadn de ,M¿uHW dr iís 'Muí-, 

GicTOí deiHiíVfHlilad.'^bnUil); 'A1lki't*t.iífi"0íjM' 
■rii RoMíli y I>¡ Jínf'MaflnBlkiiHÍ. í'ai^irflcC ílfr 
oltoilmes adí^ahthdóS'í'n' lA chrVira'dc tas l^fras Utíiirá^'' 
MsVfbiiio I).' Matoél MaKii lih'ArJoiiá. Víia atóslalríiÜ'- 
Üma y »irtP(*F« '; uftis' fnlsniHa ñii'liuaj'íoiii'a , j lii 'a^ut-nl-' 
dadilelrntn ípteA'rtisi tfidoS dhtinfebiii', dattá riia^ í/iHi"" 
i*« t «IBWIi»»'; y liíkiá- líiisi ««MlyípHfíMisáS lis 
plitKM dü «l«i('j»Wn*, *>K(«»i)i HWÍl'ÍlWAl''t4i4"tifS' 



102 

diente de la sabiduría y de la gloria literaria. Áqnl se iMh ■ 
liaban concentrados todos los goces del joven neinosot ■ 
despnes de cumplir con nn religioso respeto las obliga* i 
clones de su estado, y de atender con particular prae- i 
rencia á los estudios que debian servirle como de prepa^ ^ 
ración para el santo ministerio á que aspiraba. Gomo al ^ 
cidtivo de las letras humanas , que tanto recrean y do-* i, 
minan la imaginación lozana de los jóvenes, y la coma- | 
nicaciop y comercio literario que lo ejstrecfaiaban con sos ^ 
amigos y compañeros de estudios » formaban todos su | 

Iilacores y sus únicas delicias , corrían sus dias tranqQH |. 
os y serenos , desarrollándose su imaginación al mis- | 
mo tiempo que su gusto literario » formándose su ra* | 
zon exenta de la tiranía de las pasiones perniciosas^ ^ 
contrayendo los hábitos de las costumbres inocentii y . 
puras , que son propias del estado eclesiástico ; y fomeo- ] 
tando dentro de su corazón un amor instintivo á la be- , 
lleza moral y á los placeres intelectuales , que constituían : 
el principio de su delicado ffusto , de la fuerza superior o 
de su razón , y^ de la severioad de costumbres que man < 
ttivo toda su vida. .' 

Para dar una idea detallada de la educación literaria . 
del Sr. Reinoso, y de la dirección y sistema que -siguió 
en sus estudios, asi como de la parto tan principal que 
tuvo en el restablecimiento del buen gusto en Sevilla, ,, 
nos detendremos algún tanto á trazar, aunque ligeramen* 
te, el cuadro auo presentaba aquella opulenta ciudad, , 
cuando á fines del siglo XVIII so realizaba en ella la re- , 
novación de los buenos estudios. ; 

. La Academia de buenat letras establecida en esta ciU"* ! 
dad, y consagrada principalmente á investigaciones re- , 
lativas á las antigüedades de nuestro pais, tuvo escaso 6 
ningún influjo en la restauración literaria do esta época. 
Mayor lo tuvieron las tertulias del Asistente D.Pablo Ola- 
vide , y del célebre P. tiil de los clérigos menores; pero 
no pasaron estas de dar un impulso aislado á la propaga- 
ción de las letras, que no obtuvo resultados positivos, y 
g^W^nppoiih tampoco obtenerlos en la mejora áb U Uí¡^ 



103 

«toa hispalense : porqoo en la del segundo, solo se dis- 
nisba sobre puntos históricos y materias científicas y de 
fudicion , mas por complacer la vanidad de los concur- 
eües t 7 tener ocasión de admirar algunos la singular 
NBoria del espresado padre, que por proponerse un fin 
Isvadoy trascendental. Este era el que animaba á los con- 
vrentes á la tertulia de Olayide , á la que asistían los 
onhres mas doctos de Soyilla , contándose entre ellos el 
mire loyellanos, á la sazón ministro de aquella Audien- 
ia¡ pero los esfuerzos de estos para corregir el teatro, 
■a era su primor objeto, no produjeron grandes resul- 
lios ; pues aquel carecía de genio , y su gusto no era 
mj seguro , como puede conocerse por su traducción 
lakFeJra de Racine; y el Delincuente honrado ^ ^ue es- 
aihi6 en aquella ciudad Joye^lanos no tuyo un éxito ca- 

Pr de desarmar á los críticos c^ue ridiculizaban las obras 
toen gusto. La caida estrepitosa de Olayide aterró á 
míos participaban de sus iueas en todos los géneros, y 
I cansa ae la reforma literaria pareció perdida para siem- 
re; pero quedaron sin embargo algunas reliquias , mas 
ien en la {Murte de erudición y filosofía que en la de ora- 
Sfia y poética, y mucho menos en la filosofía do estas 
ríes , desconocida absolutamente por entonces en Se- 
üla. 

Poco tiempo después fundaron en la misma ciudad 
ma academia D. Manuel María de Arjona y D. Justino 
latuto y Gayiria. De estos dos jóvenes, dice un sabio es- 
¡ritor qiue los conocía muy á fondo , y que se hallaba en 
1 caso de poder apreciar exactamente su respectivo mé- 
ilo, cqnecl primero era hombre de cstraordinario talento 
I quien eran familiares todas las formas de buena poesía, 
r que se hallaba dotado de inteligencia y facilidad para 
os estudios de humanidades y de erudición ; » y del se- 
sudo que «sobresalía mas cu los conociniieiifos de his^ 
oría literaria , y de los escritores del ^iglo XYI.» Estos 
nerón los fundadores de la Academia , á que so dio el 
ipmbre de Horacioíia , porque su objeto se dirigía á in- 
arpretar 2 esplicar el arle poética de iforacio i ^ a\ anSir 



103 

diente de la sabidnria y de la gloria literiuria. A^ se har- 
Uaban concentrados todos los goces del joven Reinoso» 
después de cumplir con un religioso respeto las obliga- 
ciones de su estado , y de atender con particular preie* 
rencia á los estudios que debian servirle como de prepa- 
ración para el santo ministerio á que aspiraba. Gomo al 
cultiyo de las letras humanas , que tanto recrean y do- 
minan la imaginación lozana de los jóvenes, y la comur- 
nicaciop y comercio literario aue lo estrechaban con sni 
amigos y copipafieros de estudios , formaban todos soa 

{ilaceres y sus únicas delicias , corrían sus dias tranqot^ 
os y seriónos , desarrollándose su imaginación al mis-^ 
mo tiempo que su gusto literario , formándose su ra-t 
zon exenta de la tiranía de las pasiones perniciosaii 
contrayendo los hábitos de las costumbres inocente j 
puras 9 que son propias del estado eclesiástico ; y fomen- 
tando dentro de su corazón un amor instintivo á la be- 
lleza moral y á los placeres intelectuales, que constitiñaa 
el principio de su delicado ffusto , de la fuerza superior 
de su razón j y de la severidad de costumbres que man • 
tuvo toda su vida. 

Para dar una idea detallada de la educación literaria 
del Sr. Reinóse, y de la dirección y sistema que -siguió 
en sus estudios, asi como de la parte tan principal que 
tuvo en el restablecimiento del buen gusto en SeviUay 
nos detendremos algún tanto á trazar, aunque ligeramen^ 
te, el cuadro aue presentaba aquella opulenta ciudad» 
cuando á fines del siglp XYIII se realizaba en ella la r^« 
novación de los buenos estudios. 

. La Academia de buenas letras establecida en esta ciu- 
dad, y consagrada principalmente á investigaciones re- 
lativas á las antigüedades de nuestro pais , tuvo escaso ó 
ningún influjo en la restauración literaria de esta época. 
Mayor lo tuvieron las tertulias del Asistente D.Pablo 01a- 
vide , y del célebre P. Gil de los clérigos menores; pcw> 
no pasaron estas de dar un impulso aislado á la propaga- 
ción de las letras, que no obtuvo resultados positivos, y 
gj^ijg j^dia. tamypoco obtenerlos en la n^^^ db la ÜIIb^ 



loa 

ratora hispalense: porjpie en la del segundo, solo se 
(MiUlMk sobre pontos históricos y msterias científicas y de 
aradidon » mas por complacer la vanidad de los concur- 
reotes » y tener ocasión de admirar algunos la singular 
mesBoria del espresado padre, que por proponerse un fin 
defsdoy trascendental. Este era el que animaba á los con-* 
correntes á la tertulia de Olavide , á la que asistían los 
hombres mas doctos de Sevilla , contándose entre ellos el 
¡lustre loyellanos, á la sazón ministro de aquella Audien- 
cia; paro los esfuerzos de estos nara corregir el teatro, 
que ora sa primer objeto, no proaujeron grandes resul- 
tados ; paes aquel carecía do genio, y su gusto no era 
mnt se^^ro « como puede conocerse por su traducción 
AslaFtcfra de Bacine; y el Delincuente honrado ^ que es* 
caribióen aquella ciudad Jove^bnos no tuvo un éxito ca- 

fr da desarmar á los críticos c^ue ridiculizaban las obras 
buen gusto. La caida estrepitosa de Olavide atorró á 
cuantos participaban do sus iaoas en todos los géneros, y 
h cansa ae la reforma literaria pareció perdida para siem- 
pre; pero quedaron sin embargo algunas reliquias, mas 
Lien en la parte de erudición y filosofía aue en la do ora- 
toria y poética , y mucho menos eo la filosofía de estas 
artes , aesconocida absolutamento por entonces en Se- 
▼iUa. 

Poco tiempo después fundaron en la nüsma ciudad 
una academia D. Manuel Maria de Arjona y D. Justino 
Matuto y Gaviria. De estos dos jóvenes, dice un sabio es- 
critor que los conocía muy á tondo , y que se hallaba en 
el caso do poder apreciar exactameuto su respectivo mé- 
rito, tqueei primero era hombro de estraordinarió talento 
á quien eran familiares todqs las formas de buena poesfa, 

Ír que se hallaba dotado de inteligeocia y facilidad para 
os estudios do humanidades y de erudición p) y del se- 
gando que «sobresalía mas en los conociinierífos de his^ 
toria literaria , y do los escritores del piglo XVf .» Estos 
fueron los fundadores do la Academia , á que so dió el 
nombre de Soracia»ia , porque su objeto se dirigía ií iií* 
terpretar ^esplicar ei arte ppética de Ijoracio i \ .^V anSir 



li^ís ^e lof 'j^od'eVóis jiw ños 'ha .dejado aotiéfitAtetib *p&á^ < 
tai I^cro iiñ» ci^^ aislada y^ p^miA, éíVqinJl**'! 

3ue la ¿aci^n n(^ sié eleyál»ah a los.p^ ñlóMñtú^' 

e ia literatura V tib pódia tener lUflüjó eil Tá 'éstirpácíMi 

¿¿í mal '"--^'■'- '^- '*^^ -^^•^--"•^■-^-^- '-^ ^^-J^ 
Por 

contrá^lps AóraótWo^ empléáíjan la iiirba'd^ sü^ \(iú(féití^^ 

teíady^-^V^^^^ .' '" "; ';■ ''^' ' '^ "'^ ■••>-'! 

'l,'Doii.íeuk %^ tiéihoso'/amáütc áiétítetc'*&e'lA^ lé*^' 
tras y^de la Wform estadios» tfábik'tbtñadó'ütllt' 

¿arte. n^úy activa ^e^ los irabajós 'de la* Aeádémia'de Biiél^^ 
neis í^fras y Ae ía'ÉofaciQm.. Ya hemb^ iio:tádo lífe 'ét^^ 
caspsi^esuitfdps dé éstos, qiié tampoco Íiabt'at\']iródt^itl' 
do celebridad y "^Wía para síus fundadores '6 ][)rt)trftlVé^ 
dor^s.. Pero como alguno^ jóvenes de inn^ldn* taíéntó;, del 
profunda inistruccion , y do celo ardiente jiót la feitM^ 
ración del gü^to, entre los cuales era contado/ littiésUlQf 
D. Feíix , hubiesen observado y estudiado los deféictdrf 
de que adjblecierón aquellas sociedades Iiterái*¡ás^, prbyéiM 
táron corregirlos, aprovechándose dé la é$^clr¡en(:Sá ijüe 
habia^ adquirido en los pnsayós anteriores', y ct^eatoñ'M 
Acádtmia particular de letras humanas , qxiií 'i pidióos áflól 
{logó; á tener nombradia y fama , y que njó los caracfélfM 
y el gus(<^.¿c' la verdadera escuela Sevillana. Establecida 
aqucTia ép 1793, fue el Sr. Rcirioso su primei* pr^^ 
sident'é, ^ como la persona que primero hapia concebí* 
do el ,pénsámiento de su erección, y uno de los mié 
coa mas celo y a/an hábian trabajadfo para realiüarW. 
^Tómbradó desnucs secretario perpetuo^ fue sicmp^ 
mientras, duró la academia el resorte principal y el aí*- 
má de ellai t^ara dar una idea acabada de su historia, 
de las tareas en que se ocupaban sus acad^miéos, do 
los progresos de la misma y de sus adelantos, asi cen 
mo del plan de sus trabajos , y de los principios y me- 
dios coa que el Sr. Bcinoso completó y perfeccionó 
su gusto esquisito y su educación literaria, trastírf- 
Iflremoa a cóntinúacibu '16 que dice acerca ^é ésta 



1061 

• ' ü^n «i|s-|^'ÍDqiploi se compuso oasl eftclusiva/Dfien tq ik ■ . 
CQDiaptoO'9ii">tool¿KÍds asi no.os td«. eslrafiar que.culi:^;^ 
iMipriaierdb diáerladonoft ^ue Be Uy«roii. ant ella , hmUori. 1 
M dfTiuMi ffeláiivMi¿ • Ul JiisUNria:.6Ql0&iá^iqa . Xiuóbicn. pfi ,, 
incluyó bajo el titulo do Letras Humanas , A lo raenog.poii7 , 

ligoái tiempov'la**ffeo^|'itfía. Y .la •hUtoriar.iiy.awi Quire las 
esplicaoioneB fcáiíéiiiioagy.ác ^ue.JiablAfomoi después» , 
w 001116' 4al- jiros la geografía antigua. Pero estas aborrarr^i 
cienes ddl 'espititu' y car4cier de una academia de UUA14-, , 
nkMea , feídoittas <oe (que durarou poce, .contribuMiA 4 i 
•UMoiar 'el •caudelide» erudición » .que iau noceaario C9, 
|»a «1 ' poeta y ti orador : "y siempvo. la oratoria y. . 1() , 
jnksia fleinirároii'oomo el -objeto priacipaL de 3U.ius-,. 



INBIo j ■ I ' • 1 : 1 1 f I ' I *' I 1 ' ■ I ■ 



• I » 



» La riqueza de conocimicntoa que ppseiaa loa primfiT| 
laS' aoadéiaaiooa eonsiqtia: í.^ en una flOBajideta ioteligen-- 
eüde la lenffttHf latina'^ de sus esoritores clásicos; y.aua, 
hubo individuos que^iguieron corrosnondcncia. cpistoligr. 
sn este > idioma, digna de ponerse aliado. 4e las de Yivea 
yMur^tid: 2.^ los principios de £dl<(rica>4eQuinliUauQ» 
eifilicadoS'.porel V. Colonia: &.v los principios doPo6Lica 
dcLuzan, que, como es notorioi eoiuautóá Aristóteles, y A 
Uoraclo¿'4.^la lectura doGranada^ León* Herrera y de- 
teas cUsieosdol siglo XYI, ya bastante conocidos por Iau 
ediciones nuevas que do elfos se hicicroa en el rcinadp 
de Garlos IH por el Parnaso ospaiiol do Sedaño, y por U 
odkion, mejor entendida que la de esto úUiuio literato, 

:uc cstoba publicando á la ssKon D^ Uamon Fcrnauílczi 
1.^ la . lectura di^l primor tomo de las Poeíias de Melcn*: 
■4er, en las cuales descubrieron los j^Wenes académicos 
los centell&s del genio aue niiimárn ú los Horacios, Tíbu^ 
bsy Herreras: 0.^ y último, un estudio profundo y uo 
interrumpido del idioma patrio. Este se debió al celo del 



<■'«.. 



I » ■ ■ » I —^- 



• 1: . . 'i •■ ■ . . • y' • 



'^(4) -blíAWiFíb'^M. ¿ '"• '' '•' 'í' 'íHíi'nn.iM ..i,-,. 



106' 

iecr6tario perpetua de la Academia, que no oea6 de*' iiitpi« 
rar á los demás la necesidad de conocer bien el ibisinh- 
mento de que se valen la elocuencia y la poéifa para pro- 
ducir sus efectos. Eran bien conocidos loa mejores poe- 
tas italianos. Con este caudal comenzó la Academia: sus 
adquisiciones posteriores son debidas áeitoi prin- 
cipios. 

»La compoúcion de este cuerpo fué muy sencilla y 
exenta de toda presunción. Un secretario perpetuo, que 
filé siempi^e el alma dé la Academia, y un presidente y 
un censor anuales, nombrados por todos los individuos, 
fueMú sus únicas líiagistraturas. El destino de censor 
se suprimió, cuando creciendo escesiyamente el número 
de obras presentadas, no se creyó oportuno gravar á un 
solo individuo con el trabajo de ' censurarlas todas.' La 
censura de cada obra se Jüo por comisión al académica 
que nombraba el presidente. 

» La lectura de las obras que se presentaban á la Aca- 
demia, la desús censuras, y las discusiones permitidas 
entre el autor y el censor, llenaban parte de las sesiones, 
que eran dos por semana, de á hora cada una. Otra parte 
se ocupaba en la esplicacion de la retórica y de la poética 

Íen la lectura, con observaciones, de obras clásicas. Hn- 
o también certámenes y premios. 

» Detengámonos un poco en esta primera edad de la 
academia, y reconoceremos el buen instinto que desde el 
principio la guió. Nunca se miró en ello como una obli- 
gación de sus individuos hacer composiciones poéticas; 
presentábanlas los que querían, y si no nos engaña nues- 
tra memoria, en los primeros años sato fueron dos: uno 
de ellos don José Roldan, cura después de san Marcos de 
Jerez , y últimamente de san Andrés de Serilla , robado 
antes de tiempo por la muerte á las letras, á los estudios 
eclesiásticos en que sobresalió, á la amistad y á la virtud. 
Solo eran obligatorios los discursos y disertaciones en 
prosa sobre asuntos de humanidades, que se fijaron en el 
número de dos al año para cada individuo. 

jfEsla economía era escelente y amuicjlaba ya fi reco- 



107 

aociimeiito ée nn gran prineipio; á saber , ^e pora^ $er 
foeta no u iufi€i$nt9 W Imen guito iin el gemo; principio 
qne arrojaba del Parnaso la turba petulante de loa cople- 
ros, que careciendo por lo común de ambas cualidades, 
M metían i yersificar. Reconocióse, pues , que no debía 
exigirse el genio i quien no lo hubiese recibido de la na* 
taraleía: reconocióse también que el estudio no podía 
darlo , y se miró como objeto primario de la Acaaemia 
propagar las nociones del buen gusto; porque estas no- 
ciones inipiden los estrayios del genio poético en los que 
k> tienen« y al que no enseñan á juzgar sanamente de las 
producciones ajenas : cosa necesaria á todo hombre que 
pertenezca á la sociedad culta , principalmente en las car- 
Wis literarias. Por otra parte, nadie está obligado á ha- 
cer Tersos; pero todos los que poseen cierto grado de cul* 
tan , deben escribir con puresa , corrección y lógica ; y 
para acostumbrar á esto á Itís académicos , eran muy a 
vopósito los discursos y disertaciones sobre materias de 
literatura* 

»Los que conocen el íntimo enlace que tiene el arte de 
pensar con el de espresar convenientemente los pensa- 
mientos, se conyencerán de la utilidad de aquellos traba* 
jos, en los cuales se aprendía prácticamente á coordinar 
las ideas, y á describirlas en un lenguaje correcto, do 
modo que produjesen el mejor efecto posible. Perfeccio- 
nábase en gran manera esta instrucción por medio de la 
censura, que siempre fué severa, pero acre, ni una sola 
Tez: sea dicho en elogio de aquel cuerpo, donde nunca se 
conoció ni la mosquina rivalidad, ni la presunción ambi- 
ciosa, ni el deseo de la celebridad propia á costado la hu- 
millación ajena. La única pasión dominante en todos sus 
individuos era la de propagar el buen gusto y los verda- 
deros principios literarios. 

V A esto contribuían principalmente las esplicacione* 
hechas por individuos de nombramiento acaaémico. Un 
curso era de los principios de la oratoria, para cuyo tes- 
to se tomó Quintiliano, y otro de poética. GomplQ\&b%A% 
esta iaetTMCiM coa eiesHiáio j 4náU8Íe it loi fikO^M^ 



Bi¿n' B& "diábtttathbitétí pbf tá*Ac«í!didtñi{il SeWiar deiHpii^^im» 
la-áttAíiáifála 'eittdentfe^rtrtradé'ftoííili: ' '' '^ » *" '»'»l' ^^-^''^ 

la"<cf¿n'¿iá'^dii' W btfdát^dttAé», '(5dtreftáo§'cAiwha'»disd«ii 
dbtidjp tel'gptfitó^sé ftállálMitíM'j^emi^tdói'vetiidtos^ima 
»afr Áe t&nt^s^táMílbiH áifét0ilntfrt^,*habi€8eft,^in<>m^ 

Kia ^üef MribttébJ'áK^^'düb b¿eco^'de8«bsMitiado<feoq 

cdldal'éfúarj^Má: Eéi i^ 

iiHaf€fÉ' ítté^k^iáon ptdgfefáOb ()üe hizo' eniMadrid MÍW4 

na Ktei>átttr&('étilk últUnhide^&a ld«l^trIo!KVBI.'»io)TMj 

' 'x'LWadihíiJdidbii d^'tmetbn IddiriduM, qnK^kabiaiiüiM 
lldó yh dkiftielkiíéf déf etif SÉirtéü úé la^ universidad;' 7' qM 
pertetf«eian ' á diféf étttes pirofMf oneg HttirafriBiv ' ^MmenUi^ 
el ettttdal de* idéaft 'y ^¿Mtíiuiiáitoá' de la Acddenkia 7 |Hif^ 
fkcfénó iDB <tttié' ^a jp^eia. 'Ew^etaro» á éstbcHalrffé íeti' isHfi 
los caracteres de la poesia indesa, cuyo idioma 'líabiáü 
atgiáaoa acadéiriibosV ^'lósf'd&iáUtaliaiM'r^tttvq' térfarino 
de oompat* ácibülHéiliriáV t' "Bé t)tioftltidÍ2óIináB en la > cien^ 
ciuldd las'htíttiiiniid^d^s.' Al 'fin fueren eonocidM ylisidáf 
kis>'¿fbrdi8r de Btíiitéfalt^De'1ai'Mta$ árteiíi^téacidü$''úufi 
dismó tíríneipiti; ladel' Pi' André 'BÓbMusf helloij cítrbs esJ 
critos nloisiófícób áeef daf de la Eteictiencia yla Poest^. >E^ 
toneles eiiipez6,"ip^d«c}rto aM;* lésisgundái edad>di0Í4fl 
Acadetniáv potíifac'ttt' ''no y^ian' ¿üs individuos qnei^^er» 
snfii^ettte '¿^ttyceríibs'prleeeto^ ái^o 'se Heg»^ 

ba á loB principiK)^ btt 'qiie eistaban' f andadas ; ' V' cenno > to 
hififforia' prestaba én gifatipárCelós ntatieríalesdeesteniM^ 
▼O' eítttdio',' «e dedicara' á' ella con afdbr'."' i." •»• • ''Hííh 

' ' if>De eM ptó^tcüúíÁviy noraide qtile hbbd'enMglmddeí 
de contemplar las bellas letra», rem)lt¿'c|n^-sé«ig^effaao'>á> 
íog'dós enwor de bmóWa' y 'poética' ((üé^e basten sncc- 
diüa con^lÍBintenié^té desde Ta ehetím Akí Ik Acadetiívra^' 
otro de pfineipi^s^igknérdles'iet 'lrt4én'^u$to, cW-el cxtíA'W 
espfieieil)an (bí ^atáetdres* dió' la bel4ét;a/d(^l gtnidrde^lrt 



ina 

Jm difeféntaia» tod rospécid di (^usto do lai'divorsas nfi<ui 
áanhSf ftoéaiÁázá por la dlrorsitlad de sus ideas habi- 
tuales y 4e sos sentimientos caracicríslicos; del estilo, do 
sos diversas elosos, y del leugaaje, cuya disliiioioiidolcs* 
lik> so llegó á apurar on la academia mas lilosóíicaineiv*-* 
te que h|ij«moe. visto eb uinguu- oicritor do humaui-^ 
dades*- -I 11. 

' »'Bsla ooleocioo (la de las mejores conipqsidioncsquo 
eiialÍMi ' ' oa el archivo.) prpdujo escelonto efecto ei^lai 
clase ilustrada do la sociedad; porque fué la> primera«l 
desde el siglo -dé .Rioja, eQ.quese haoia observada el to- 
no de la buena poesia. 

» Esceptuadas algunas anacreónticas , una elegía á la 
saerle de Fomer, que acaeció por entonces, y una epís- 
tola, las composiciones pertenecían al género lírico grave 
iSFsro. Muchos do los asuntos eran religiosos, corrospon- 
dnnles &la nrofesion de sus autores, y al carácter (¡ue 
tuvo la Acaaemia desde su creación ; algunos literarios; 
oíros filosóficos. 

ttPoro concediendo ano fal^o en las' composiciones de 
aquella ooleccion la maaurez de una razón perfeccionada, 
no se puede negar que se encuentran en ellas las formas 
propiae del artet armonia sostenida, escogimiento de pan 
labras, pensamientos bien elegidos, aunque no fuesen muy 
originales, y preisentados bajó la forma de imágenes; era 
todojo que so^odia exigiry y mu de lo que se podia esr 
perap, de udos jóvenes que ,se hablan, formado á si misn^o^ 
y que comeniaban entoncesba>canrera« Estaban en el buen 
eani»noM^tt>'era loesenqiali:!^ perfección debifl> sei^obni 
dei tiempo. '■'<!"'''' ■ ■ .¡..iii'i' . . •: 

' vHiiOBe ma t erdadera.i!flEyolu'(lion en al gusto y cñ; las 
ideas de la sociedad culta de Sevilla acerca de .ks ibeUkis 
kttaSi'Loáique' las cültitabán . aceptasoñ el sisteióhi«quo 
lesipri^settiéfdá^Aoademia. Los-quesentian.en su pacto la 
HáoMf^áepivafaanrat lauro deU pdosia, imitaroniei^lonOfLja 
armonía y* «l-.f^iro de lasdelacoleocion^ Ai<lóstfidieAk>s 
TÍUaddoos(T)iá¡ las detestables' décimas .subeilienDniccuaftfr 
^fmitiiinMiúíif^ se oaatiíbK^,^.6^^\^^ 



qne'si3t''i'sicnit)rc el recuerdo mas agradable 'de' los qoe 

' gozar¿Ti de ella Él tiempo 'que atraparte de la j^yenUid 

- einpléa gó'néralmente en satisfacer pasiones nocifais 6> v%- 

*'imrá\&É\ 6 éfnando mejoi*v en etitrctenimientospelighi- 

'^ sos , sfQ'distyibaia por los académicos en el cnmpuinieiilo 

*'élacto'dé^ ^s deberes; en el estudio'^ en la pcrfeceion 

' de ispa^ñieligéncfá , en la propagación de las buenas idttlis 

*' literarias J w losconocimientos que^poseian^-y en «cbI- 

üyaf el sentimiento isagrádo de* la amistad, >nunbá'i»fts 

' fií^nofé' que cuando se ^poya eu la oorreispoiidenéia oSmlj^- 

*/fica^;Re5pil'abán , pofrdeoirlcí asi ; en laatm^feral^deila 

*' hélleitl iaéüly que conocían po^ los- módelps- que ptiecil- 

l^b¿ri'yépl*óducir'en sus cantos: y asi sqs $eiisa€¡<Míes 

teórálésTeran dulces y severas al mismo tiempo :^ y. sas 

ideas religioiÉis participaban de aquella poegia sublime, 

que há descrito aespues Gfaáteatibnand, y que ellos mis^ 

mos sentían , como lo prueba el gi^an vmñero de compo- 

sicioiies sagradas que escribieron. Séanos lícito hacer 

pendón de nuestro amigo D. Francisco Nuñex , yaidi- 

' fu^to,, en quien España 'üubíefA'^ tenido el Pindaro del 

" (jristrani'stno , si su genio sublimé' y v^etai^nte hubieíe 

!»odidó sujeitarse al fastidioso'^' pero iiect^saHoy trabajo de 
á' corteccipn. ■^'- •»• ■•;• ■" '>• • •". '■•' ■ •^:-; 

' i> No habia $e.creto ¿(Igunó entre loto 'aoadémibos 9- j 
' ésto: ¿ta tan asi, quélos^aspirantes á tttf^nfiísmo ^emio 
' en los déVtáihpnes soliálifif'ttWunicarsé^^AosiCoq^ 

Íauti ih^icai* algühaá coH'écdQn^^'f^pcMaáléSicfaíieUm- 
ajo'do^^ adveiisáíío? No^'stíébridcfaíl pDÍMidos ; laí»divoír- 
Sbnc^á'en alfftinas ojfiniibn^ j^tiéiriar^ riO'd^strdialfpor 
écirlo asi', la tnridáHífle éreSádá litéi^áí^; Consultábanse 
^'tiilbis k'om»4h'^xíí'^Uf^^\^^^ ti^abájtiNiJen 

; 'iéll^s cóniío si fttfeb'éVsdíyá^ ^f^riás' N«K%ftbia sentimiento 
de alaria individual \ ésfáise j^l^OtSur^-s^emípre refundir 
etíTa de l!si Afeádémiá /^ todoá' lynlitnfVá^io^ánterés coiao 
' el mismo áutoi^ én que §a <:^étofkosicí(i^ ^firese Iftimas per- 
fecta t)osible. ' ■»' 'f'- • ^ "•■ 'y ^b iir :. ' ».,' . 
^fLos />riucipios mordéjf^y 4^igioso!$(^^lqs aoailéiHi- 



1<8 
c(M , los preserviban de toda calnmoia : la superioridad 
de tu inteligencia llegó á ser generalmente reconocida'» 
y dominaron la sociedad lilcraria. £1 coW^rúmo ácai^i 
porque si tal vez aparecía alguna composición de su cor 
secha, ó era recibida con silbidos , ó condenada al des- 

f precio y al olvido. Los individuos mas sobresalientes de 
a Academia 9 eran mirados con grande aprecio; y Gap-p 
manjr, que ya tenia un nombre célebre en la literatural 
DO se desdeñó en un viaje que hizo á Sevilla por estos 
tiempos, de asistir á sus sesiones. 

»Llcgó en fin la época mas brillante de la Academia. 
Trasladada al colegio mayor de Santa Maria de Jesús de 
Sevilla» participaba en cierta manera del carácter pu- 
blico de este cuerpo , y pudo celebrar sesiones á que se 
coüvidaban los sugetos de la ciudad que mas se distín- 
gQiaaeu la literatura, para la adjudicación de los pre-^ 
míos en sus certámenes. Ya las empresas eran mas ar- 
duas, j se desempcAaban con mas acierto. Pero enton- 
ces empezó á conocerse el mal de que estaba amenazada 
vqae acabó conella. Acaso su mismo mérito fue la causa 
de su ruina. 

»La mayor parte de los académicos que fundaron 
jsste cuerpo y lo llevaron al grado de esplendor que tuvo 
últimamente , eran jóvenes que con el tiempo habrían de 
teaer obligaciones domésticas ó públicas que desempc- 
fiar. Este tiempo llegó sin haberse previsto ; porque en 
la época del fervor nada se veía sino el obuUo principal 
del establecimiento. Algunos académicos salieron acomo- 
dados para fuera de Sevilla : otros lo fueron en esta ciu- 
dad » j casi todos los que formaban , por decirlo asi, el 
núcleo principal, contrajeron obligaciones harto severas 
é importantes para que tuescn compatibles con la conti- 
nuación de las tarcas anteriores , y mucho nienos con la 
solicitud continua y casi esclusiva por la prosperidad 
del cuerpo. 

» Murió: pero murió como cae la flor, dejando el fru- 
to que le sobrevive. Cesaron las sesiones académicas; 
pero el miamo espíritu que habla animado a sus indivi- 



ití&áipiiñó k todas pactes , á donde la suerte t 1m reyo» 
lUdonés del siffio los arrojaron. En ninguna fortúM, eú 
níngil^ná situación social abjuraron el culto de las musasi 
que bál>{a sido la deliciosa ocupación de su juventud....» 

......Cuando por el plan de estudios de 1807 se iú-* 

Irodujo en las universidades el estudio de lar retórica y 
bMlas letras » sirvieron sucesivamente esta cátedra én H 
de Sevilla dos miembros de la Academia de letta's-fatrfafa^ 
ñas. Parece que el hado de esta corporación Ha sido aun 
después de muerta propagar los principiors del húétí gus- 
tó durafite la \ida de sus individuos , (}tl(iháT)r d^aáé 
eSpBi'cidá's sus doctrinas por medio de la criseftanza ; 'if^ 
pbbll¿a,'yá privada, en Andalucía , en la corte, ^fhi 
pf^óViú'cias del Norte, en Francia, y hasta cñ 'lartlstttt 
In^iétéi'ra.' Tan portentosos son los efectos del éiKihdaftM 
mb juvenil cuando está dirigido por un senfimientc^tiífi 
yittaoso como el amor de las ciencias' y déla' clvitiieá-^ 
don. ^ . 

»líi queremos atribuir solamente á ellbs los ddelan;^ 
tamienlos que se han hecho en la ciencia <le las' híuMánf-^ 
dadés. No: ías obras de btros literatos insignes, t délas 
corporaciones sabias de la capital, han conlríbnido p(^ 
derosamente á perfeccionar estos' estudios. iVñrd' nadie 
apilará á la Academia de letras humanas de Sevilla la 
ffloriá de haber cultivado un terreno donde era tbajorlit 
malezáí, con menos recursos y cóñ igual trúibM 

¿a historia de los trabajos , estudios y progt-esos de 
esta Academia, comprende la del sefior Beiboso' en ttf 
juvontúd ; por eso nos heinos detenido en eUaV y Aos ha' 
páfecidoconveniente , v que no desagrüidará' á nue^ti'o^ 
lectores tomarla de un ilustre escritor, que era tino dé 
los fundadores de aquella sociedad literaria , y qtfe tahtá 
parte tuvo en sus tareas y adelantamientos. Pero lasum^ 
modestia .d^ aqael sabio al trazar el cuadro dé las vicisi- 
tpdcs'de la Academia sevillana, y. de la importante coope* 
lición que prestaron sus individuos, apenas le permite 
hablar dé su pérsoiiá \ ni apenas hace íúebcioñddíd jparte» 



m 

tan pfituAfÚ que. taVd ^m aquella (gloriosa emjpf esa nae^ 
tro Reinoso. l>eciinM florioBa ) porque obturo un éxito 
feliz el noble pi^|)6sito < ¿e la roforma litereiri¿(, porque 
realizó on Sevilla la Mstauraci^m 4el buen gnMo, y por 
que destrajó los restos que aun se abitaban del ignorante 
é insulso rop/crttmo. Cábalntente aquellos dos hombrea 
{oeroa loa que trabajaron' en esta obra con ni:is constante 
eelo, y con mas ptx)yeclios()S rosuüados , tanto pnr sus 
obres/ ya en verso Ja fn ¡wosa , como por las buenas so- 
millas que esparcieron, y riuiioespnree todavía por nne- 
dio de la enscfianatá. Pero"\Uieuao el señor neinoso, 
cuando se estendió el escrito , dri que hemos trasladado 
los mas importantes- párrafos, creerla sin duda su autor 
forun sentimiento de delicadeza, de que ya escasean los 
(jcnplos en larepúblira di* la$< letras; que los elop^ios, 
ninqoe justos y merecidos Iributndos á un compañero de 
ntadios, y aí amigo quemni tiernahiente amaba; podinn 
coBsidefarse -como propios; y lastimar en cierto modo la 
Bodestia. verdadera 'dé' ambosV' Por lo mismo debemos 
tAadir á la quete^tta de lo^ lafitoriores fraji^mentos, que 
tdcmas de liílfcWr' Hdo el seilor Reinoso el primero que 
tencibió el petl^amientb de la ereCvíOn doia Academia, 
y el que mas se t^mpeñó en ren)i/at1o, tn'ibajó constante^ 
meite y ct>n singular celo'y .bbin*iosidad incansable eo 
hs tareas propias de aqacrcú(''jr{jfó. En él Iej6 prah nú- 
mero de discursos, y no poK'í^' chtií posiciones poéticas; 
alg:nnas de las' cuales tuVieron Tugar en la CofécaOfi[ dé 
foerías eféogidas , de que' pHblicó la Acadiifuii^i el to^no 
primero pat*ic ébntestíir digtíhífíenle á las dletracciohesi dcí 
»M a-dvcrsarios: también hemos loido varias en el Cóireo 
titerario de Sevilfn , que daba.á In2'j)'or aquel tiempo «1 
académico 1). Justino Matutea tlavrria. ' ' ' 

Éntrelos tlrabajos que. en la Acatti^ihta descmpeflió el 
seftor Relnoso ,' fñifareinós siempre coAio los mas útiles, 
y trascendentales: 1." la cíJpIíciiHort' qué hizo Varias te** 
cé^ de todas \ái partes'de uu Vnrso completo de huma- 
nidades. Para éslcl se. creyó obligado á tuicdjtár profun*^ 



116 

acompafi^ndo á este estudio el enánaen y an&li^s de loa 
modelos : asi iba acopiando matefialesf preciosos , y pre-? 
parándose con un trabdjo impipbo y asiduo para ias o^ 
plicacionessubsiguíenU's/y para up curso de litoralura 
de que ya entonces trazaba los primeros rasgos. 2.^ m^ 
ber inculcado en varios discursos y en conferencias verr 
bales la necesidad de conocer y estudiar á fondo y consr 
taptemcnte el idioma patrio , como instrumento que se 
emplea en las obras literarias , y que deben manejar. con 
superior inteligencia y coii; desembarazo los pradpres y 
poetas. Este estudio, era el primer paso para llegar pqr 
medio de la atenta lectura de nuestros buenos poetas,. y 
prosistas á la mejora y perfección del estilo poético. Pe 
este gusto por la buena elocución poética, participaban 
todos, los literatos sevillaiios; y asi es , que el objeto de 
la Academia fue resucitar la antigua escuela de los Her-r 
reras, Iliojas y Jáurcguis , de la que tomó su carácter, 
especial y su tipo pripcipal. Aunque estudiasen otros 
poetas como Garcilaso, los Arg^eUsolas, Lcon, y defnasir 
preferían aquellos porque juzgaban qu^ su elocución fink 
mas correcta , mas severa, y. sobre, todo mas.lírica. Pufii^ 
esta afición especial, á la buena elocución poética, dij^ 
ocasión á muchas conversaciones y conferencias., en tr^ 
los literatos sevillanos. El, señor Keinoso, en quien pi^-f 
diau compararse el sentimiento del gusto con su'f^mor.á 
.las investigaciones filosóficas, fue el que mas estudió y 
nseditó este punto, y consiguió llegar ú esplicar y caraC'^ 
ierizar/dc uu modo completo lanto el estilo en general, y 
en sus. diferentes clases, como el ciue se denomina estilo 
poético. Hemos visto, aunque no leido , el discurso que 
fobre esta materb escribió el señor Iteínoso: está trata- 
do con toda estension y detenimiento , y podria llenar 
este trifbajo un tomó eri cuarto bien abultado. Pero si hc-^ 
moa tenido la liatisfaccion de oir de boca del señor Reí-- 
noso las ideas capitales de su discurso. . \ 

Si los trabajos que hemos apuntado fueron de impor-' 
t^pcía lilerarija , otros contribuyeron mas directar¿íente 



117 

debemos hacer sinf^itar mención de los cuatro c ertüme- 
nes en que obtuvo el primer premio: en uno fue rsle 
adjudicado á un discurso $ohrr las musas del atraso de la 
elocuenna en España \ en oiro se adjudicó i una oda. .4/ 
Ser Supremo contra los ifnphs que niegan su r.ristencia; 
fn otro á un Elogio de Pelayo ; y en olro por iillimo á un 
poema ípico en dos cantos, intitulado: La inoren ia per^ 
rfíf/n, que en el año de ISOI pnhlicó el aulor en una edi- 
ción del mayor lujo , y que sali<S do Ins prensan de la an- 
ticua imprenta Real , adornada con una delicadisima es- 
tampa « obra de uno de nuestros primeros fj^mlmdores. 
Aunque este poema fne la única composición en el g^n<*- 
To fpíco que se presentó en la Academia , aunque la 
itofnda y aceptación en aquella salda corpi>racion fne tal 
qno ol autor en una advertencia que precede a su |)Of ma, 
iice con su natural franqueza , que cuando lo leyó «cre- 
Tósin duda que las musas hahian ya dado á su dVbil in- 
genio todo el premio de ploria que era capax de recibir.» 
jamás habría pensado en imprimirle , y hubiera quedado 
sepaltado entre ios papeles de la Academia, & no haber 
aparecido impreso furlivamenle , y cu una edición pla- 
irada de errores, estropeada y desliji^urada hasta el estre- 
mo. Otro poema sobre el nusino asunto , que es la caída 
del primer hombre, presentó y leyó en competencia uno 
de nuestros mas grandes y cóíebres ¡metas qnc mereció 
el accésit , y del que poseemos una copia. El premio de 
la Academia adjudicado en 8 do diciemnre de 1799, c<)n- 
sistia no en coronas de flores , no en una rosa do oro, 
sino en un ejemplar (|ue hoy se halla en nuestro poder» 
de la edición del Quijote con láminas, en Iti.'', h<*cha 
en 1797 en la imprenta Real. 

Acerca de esta composición poética, uno de losasuh- 
tos mas arduos que se desonipeñaron en la Academia, 
una de las obras núis acabadas, y que obtuvieron mayor 
triunfo aceren de este poema , en «pie campea la bri- 
llante imaginación de que estaba dotado ol sohor Keino«^ 
80, y el escogimiento de »u dicción poélicA « no cteMCiatfMk 
podor háilMT úa áüJo mMf'MMoriMad&f oi un .]|i^ ^^^^ 



i9Ó 

»Hora se pierde entre Ja pompa umbría, 
» Ya mengua el disco trémulo, ya crece, 
)) Ya en destellos se parte y desparece: 
»Así de Eva la mente yaga incierta, 
» Ya se alienta , ya teme , etc, 

)>Puede también citarse como un modelo de estilo gra* 
»cioso y fácil esta octava del canto 1.^ 

^ »En tanto la orejuela en la llanura 
» Al verse que de presto goza vida 
» Celebra á par del lobo su ventura 
)> Y á triscar con halagos le convida: 
»Tal vez mirando acaso hacia la altnra, 
»Yé las aves vagar embebecida, 
»Y á sus cantares de ella no sabidos 
» Respondo simplecilla con balidos. 

)>Y como muestra de la misma facilidad , pero de un 
»e8tilo mas grandioso y mas lleno estas dos del canto 2.^ 

»En medio el Paraíso su guirnalda 
» Sobre palma y ciprés coposo estiende 
» Árbol nello que en ramos dé esmeralda 
x> Lucientes pomas de carmin suspende. 
» Árbol funesto, á cuya umbrosa espalda 
)> Blandida al aire su guadaña tiende 
» La. hambrienta parca ,. por fatal tributo 
»De quien gustara el delicioso fruto. 

» Llega debajo el árbol, cuando presta 
» Horrenda sierpe de la hojosa cima 
^Súbito, se desrolla, y vibra enhiesta 
D La aguda lengua que Satán anima: 
»Plega en arcos la espalda, la alta cresta 
» Sobre la inmensa mole se sublima; 
»Eva á su vista pavorida huyera 

»Si Um» la inoeeacia oonodieta. 



»K.stc rasgo último es sobremanera ingenioso y deif- 
icado. Nos sería fácil aumentar las rilai; pero el poema 
sos tan corto , y hay en él tantas señales de talento , que 
»soria preciso copiarlo casi entero si hubiésemos de in- 
»8ortar en este articulo todas las cosas aprcciables quo 
» contiene. 

«Mas este mismo reconocimiento que hacemos del sin- 
*(rular talento del autor, y del mérito de su obra ; no» 
))autoríza á manifestar con sinceridad y franqueza lo quo 
»no nos ha parecido que corresponde ni á uno ni á otro, 
»Ya á primera vista el asunto no se presta mucho, en 
>nuestro sentir, á la imaginación del poeta. Ilu maestro 
>del arte ha dicho que los misterios de la religi<m cris* 
ítiana eran poco susceptibles de los ornatos poéticos; y 
»enefecto, si se considera que para tratar bien en un asun- 
Wo es preciso dominarle mucho, y que l.i fantasia le alte- 
>roy modiíiqucá su arbitrio, díuidole un ser nuevoynuc- 
»vos aspectos, se verá que no cabiendo esta licencia en 
•objetos que es fuerxa adorar con terror y respetar en 
•silencio, el talento poético debe por precisión manifes* 
»tars4»en ellos desnudo de invención, tímido en los planes, 
•y triste y pobre en el ornato. Millón, se nos dirá , ha 
•hecho un poema épico del per.ulo original : pero si la 
•imaginc'irion vordaneramento sublime de aquel grah poe- 
»ta, pudo esparcir en algunos trozos de 8U(»bra bellezas 
))que serán eternas; por otra parle su asunto ¡\\o le ha 
'obligado en el resto a presentarse menos como un poeta, 
»émalo do Homero, que como un catedrático esplícando 
alecciones de teología? 

))Otra cosa quo se hace notar en el noemila español, 
»ps quo la seducción no está preparada con el Artificio 
«correspondiente. La serpienteen Millim llama la atención 
»de Eva , no por su terribilidad, sino ñor lo bello y vis- 
•loso de sus formas y do sus colores: la atención s(i con- 
»vicrtc luego en maravilla al oiría articular palabras; |y 
•qué palabrasi Eva on ellas es la soberana del universo, 
>la imagen mas noble del Criador, diana de mandar á los 
»iDgelea/j de que lo§ d¡o§e§ la Jigu diipaUndoieeVhotLOt 



»d6«brYÍrla¿eóiiio es que habla? se pregimU Eva; y el ten- 
x>iador responde que el fruto delicioso de un ¿rlK>l le b^ 
)» dado la palabra, y una ioteligencia divina. Admirada y 
«llena de curiosidad quiere ver aquella milagrofta planMi, 
»y se deja guiar por la serpiente alsitioen donde está. A 
»su vista reconocen que aquel es el árbol prohibiBo y 
»resÍ8te á la tentación: pero las sugestiones pérfidas del se- 
» ductor, el aspecto detestable que da á la prohibicioii 9 la 
>> vista hermosa del árbol, el aroma que despide el fraw 
»to, todo parece que naturalmente la conduce á vaci-" 
»lar y á caer. 

• • «>Este pasaje 9 uno de los que hacen mas honor al ivtr 
» genio y árie de Mílton, era un buen modelo para íml-r 
»4ar8e, noen toda su ostensión, sino acomodado á la^ di^ 
»measiones que el poeta espadol ha dado á su obra. En 
»esta última la serpiente es horrible , no vistosa: sus pa« 
» labras en vez de ser de insinuación y artificio , son de 
» blasfemia y de indignación , y es claro que este lenguaje 
«en vez de persuadir áEva, debia al contrario repui^^aar* 
)»la y horrorizarla. 

pEn cuanto á la ejecución, aun cuando s^un va he^^ 
«mosmíinifestado es acreedor el autor á grandes eLogios* 
»nos parece en primer lugar que el sistema de lenguaje 
» adoptado por él es demasiado atrevido. Las voces -enafl^ 
wtes^ podrecida 9 nudo, (por desnudo] frutecida, lasa, pa^ 
9vorida y alguna otra tan nuera ús^olvidada como ellas» no 
V ofrecen en su uso aquella razón de necetsidad óde.^oer*- 
Dgía con que se disculpen ó se autarioeil. IgualliieoUl 
aparecen viciosos por la frase estos versos. 

. . \e . «Y eWa enpaga 

»Los lleva á su regazo y los halaga, 
• •••.•.••.•••••#•#•• 
í> Salen ¡ayl la mansión de la alegría 
» Donde jiiifeUce yo I nacer debia. 

)> )fo8 parece que el uso cmnon de los antorea y de kt 



195 

ipresion de U prrposkiofn dr cu el penúltimo y^rso «s 

«opuesta á nuestra sintaxis. Kslo último os tan ropara- 

»l)Ie, que mas bion nos inolinnnios á rrocrlo jorro do 

»iuipront«i. que di.^trarrion (S rrnr ilol escritor. 

I »E» liUitiiua iainbie.u que sionilo el autor generahnen- 

I »le tan sonoro > numeroso on sus versos, lia\a dejado 

*por corregir algunos ¡i quienes hace desagradables la 

)»írecuenc¡a de sinalefas dnras j difíciles: tales por ejem- 

»plo fion o»tos Meados de las primeras octava»: 

» Cantaste de Jeov¿ (i su pueblo nuiado... 

«Turbado psrnchnrrf ('/mentido Apolo 

Airado sacudid el rajo primero 

»Y oíros de la niimiaí clase esparcidos acá y nlli en el 
•poema que dismiíuuyen «Igun tanto el placer de su I<h> 
•tura, j uo pueden euconirarse sin ceño on medio de los 
ft demás. 

«CiOmo no dudamos que el señor Reinóse tendrá 
loeasion de volver á iniprimir su obra, esperamos que 
»entottcc8 baga desaparecer ertOH lunares, siempre reiui- 
> rabies en uu poema de tan corta extensión, j no correa - 
» pendientes al gustoy talento distinguido que en ¿Isema* 
iuifiesUn.)» 

Este juicio» aunque en estremo lisonjero, pues en H 
%t reconocen el mijito singular del poema , y las emi- 
nentes cualidades del poeta, uo deja con todo de ser so- 
Tero: bien es verdad que los prínc¡|Hile8 defectos que se 
notan proceden ó de la naturaleza del argumento , ó de la 
doctrina y sistema del autor acerca del lenguaje poéti- 
co. Reinoso escribió una breve carta A los editores del 
periódico , auo ya antes hemos mencionado , dándoles 
Iftaeias poi^ los estrnordinarios elogios que habían prodi- 
(tdo á su obra, y protestando que no intentaría «nunqa 
entrar en contienda sobre las virtudes 6 vicios do sus 
venof.» Observa sin embarco* un yerro, que so deslifó 

mh ct^ ^wiirrió d^oripñú^y que mttM «B^ 



i34 

á página 11 donde debe leerse 7o« 'njf^^, éít Mto 
verso. 

No el valor aproveha que les rige. 

Acerca de la omisión de la preposición de en este otro 
verso. ■ 

Salen ¡ay! la mansión de la alegría. 

Manifestó el señor Reinoso, que no era equivocacioA 
de imprenta, ''qne de semejantes supresiones están lle- 
nos los padres de la lengua,» y que confesaría francA* 
mente su error, si se le mostrase la especial aversión de 
nuestra sintaxis figurada á la licencia de que htüm 
usado. ... 

Una contestación mas amplia y completa, y encami- 
nada principalmente á aclarar ciertos puntos interesante! 
á la poesía , dio á la censura el señor don José Mariá 
Blanco. Bien quisiéramos insertar á la letra tan esceleotl 
escrito; pero por no alargar demasiado esta biograafí,n(M 
limitamos á éstractar lo que con mas inmediatamente M 
refiere al poema del señor Reinoso. De esta manera ve^ 
rán nuestros lectores acerca de esta obra la opinión de 
dos eminentes literatos ; debiendo observar que aiubof 
convienen en el singular mérito de aquella, y en los justoí 
elogios que su autor merece. El señor Blanco no pude 
menos de mostrarse reconocido á la lisonjera censura de 
señor Quintana. *'La tierna amistad, dice, que me um 
desde mis primeros aíios al autor del poema , me haoi 
tomar tanta parte feñ sus elogios, quenada me pnedi 
halagar tanto como verlos prodigar en favor suyo por nnc 
de los literatos de la nación , que sabe hablar en la mate- 
ria con mas acierto.» .El primer objeto de la contestadoi 
•es impugnar con la mejor buena fe y con suma urbanidac 
Id que dijo el señor Quintana acerca de que el asunto de 
poema no se prestaba mucho á la imaginación del poeta 
y de que, según una máxima de Boileau, los misterios d( 
ia religión cristiana eran poco susceptibles de los oraaloi 
poéúcoss Aunque el señor Blanco creía eme el|MqeÍB" 



m 

éiciio del poeta franoAi 8^ refiera mas bipa el jonal uso 

de las verdades religiosas en la poesía ópioa y á la mezcla 
indocento de los misterios (*oii la fábula , <|ue no á la 
aplicacioii do los ornatos poiMicos á los asuntos sagrados, 
hace ver con todo que estos son un n.ananlial lecundísi- 
mo (le bolle/as poéticas: y por medio de una serie de re- 
flexiüDOS sugeridas p4)r los príncipes del arte , v por la 
economía du nuestras sensuciones* llega á establecer su 
opinión, que se reasume en los términos siguientes: « Si, 
como no puede negarse, la religión presenta objeti»s que 
tieuou intiuitos enlaces, }'a con el interés mas general y 
eulendido de los pueblos, cuul es su creencia: ya con las 
máximas sublimes de la moral universal; si en ella so 
biUan objetos consoladores, cuadros sublimes y terribles: 
al &n si muchos asuntos religiosos pueden dar lugar i 
las mas bellas pinturas de la naturaleía, ¿iK)r qué' liemos 
Af privar á la poesiade este cam|)o aun no muy cultivado, 
y que en todas las creencias y naciones le ba , pertene- 
ridü?» 

No puede mepos de principiar el seffor Blanco por 
una observación luu^ ju:»la, y que consiste en que si el 
poema está, según la censura, lleno de bellezas, admi- 
tiendo la opinión de la esterilidad del asunto , deberá in- 
ferirse (|ue todas estas son debidas á la brillante imagina- 
ción del poeta. 

Para nacer ver que por estériles que aparezcan algu- 
nos asuntos religiosos, aun los teológicos y abstractos, 
son siempre susceptibles de las galas poéticas, ya p(»r los 
pensamientos que se les asocien, ya por tos aspectos bajo 
ios cuales se presente, se vale do un eiemplo t(»ma<lo del 
nusnio poema de la Inocencia. Los h(»mnres, dice, después 
del primer pecado fueron auxiliados con la gracia divina 
que habían desmerecido, en presencia de los méritos fu- 
turos de Cristo, lié aqui el tono que dá el autor del poe^ 
nía á este pensamiento del todo teológico. 

» Ven, ó Jesús 1 Ya el triste del tesoro 

31 Do tu paiiioo recibo 8U cousuolOi 



^Cnal atiles de Mter ita rayos do «ro 
)>Et Bol despunta en el tosado cielo.» 

r t 

<r¡Qn6 giro tan apartado de la escnela! ¡Qaé cotbparaf 
cion lan brillante y exacta! ¡Qué diccíotí tan bella y ai*^ 
cogidal Véase como pueden espresarse en poesía atltf 
las verdades mas abstractas por nna pluma diestra.» 

Entrando á analizar aunque ligeramente , el poeinft,' 
¿ice acerca del interés que el poeta faa sabido dar al asniH 
X6\ (rrrimérámetite » la atciotí gira siempre el origen del 
tos males de '1^ hum^midad, t)bjcto síicmprd int^resantej 
átiti'pat-á'tois ]nícblos que líO ttcan bailarle en el vMMtí 
dclpoéMa. Los persona jtis^ isóYi un Dios que acaba deeiM 
Á ihtríidó, una maltitud de c^rittis' llenos de poder '^ 
(!néYí(ig6s del Ser Suprcñio-, y últimamente, los dos pri- 
ftieros padres del género humanó. El lugar de la esceiul 
és él oi%é ybcien formado. ¡Qué de objetos subíiulélt 
lOúédé büttez^ás de tin generó "¿lun no conocido! Entré 
atreyidamente.cn este campo el .poeta que haya recibMtf 
d^'la Wál\iVat6%a'el doh dó óantar cosas grandes: apenas 
liayá añttnéiádó el objeto de su canto ^ cuándo t^ itfspirii^ 
rá ún silenció religioso y Uña melancolía' sublime en loi 
qtielé'esóuchéñ decir: 

j - • 

* . ■ ■ f 

«Y en las regiones, do el primer vivicnt)^ 
»Moró apenas en cándidaínocencía 
.'' ' »Mi voz repito á la futura gente ^' 

))E1 precio de su altiva inobediencia.» 




. y Virgilio, y na 

tpraleza de los asuntos', que sádléñ' ofrecer ncllczd's Inde^ 

S endientes del genio de los qU^'irabajah On éllósi ÍQÓ du- 
a asegurar que la sola ésporfcífcíh del asunto de lá Ino- 
cencia interesia mas vivamente > pues al oir hablar del 
Srimer vírieútc , de las regiones dó moró ápjbnág 'en cán- 
ida ÍAOceaciai^Véirqúe (il poeta b6*fcaita'sól61para los 



m 

miáspéi/^li^ M la tmgliMiiitoiií le Im éM aifM 
Irt dogiM fl(iiid«nieiilal de rti tMtorfAfo * 
rM IMdOf«iMIO «fttá'iréiMMdS lt>Md«MMi 
Ult^&meta^ éíiSé: mútiM bMMikitpáñé Ul 
que MpoAiá segtRf , |Níf« ^« «HM tefMl^ 
iñá A^Ift'IMtáciM de livMlrM ftimeim fi^ 
áttiáímeéf el sellbi^ SeínoM? Yá üo fMlA 
Ijftévlté^ de hk fié^edad, ffíté és M ítíhf^ dé niM 
*Íkmp^«ildo toUerflt íftmé& leg«ir éS j^ióMIl llM 
oHdettAioáíe^ A^I'^oÁiitáf M ^ l(^ l^áftíflM: 
H8á«-dtf iHAtef'ffe^Méb éMI mtéhk «fáíÜ Il4 

ipcion, que por niMMé'IMidllf JSM 
reducida con igual efecto; atendido todo esto, 



noetft ww i^átéce Más d]|tfb'^8(r éfcjrío que de 

m U ^MÉrá ^ liaé«f d^i'iltf^ WiÜMémi. Se rió 

ȇ.ceder ilfiKMl'ArMM^ el 

. 3^HñS Itttoariy ^fft ' wMf MMAM^y ' lGMMe¿ La sef* 

ÍJwespantM^'j lüMá'' 9»féh tmMétfmÉ atraer: 

'.>Si tetttA^lá Méténih ' totkfoiMÍ •' ^ ' ' - ^ r * 



.« 



I liastaf á" sáffM* 'f^I 'fiítfcMi' if^fM A) dW^uiSM 6p#MMfi 
MlHalé del pbéthá.U iáWe^J«««éM« álá^M^ye- 
, értBAcidtf'pty la ctfftüjaad mte^lléfiréi^Ml'é^ 

o» /r ) V . - I i: . J^^ií Oí < JJIU 'í»;!i .':*»:. I í »J. .() 



iiB*Hf lo ehnreVé "Y tfchaín}hi jrlñ wlálréjtp'' 






' D^pnes de esta copia del córazoo^de EWf ¿tédná 
qué DO está preparada la seducción? ¿Qoé necesita eili ^ 
mujer indecisa y titubeante, si no un impulso fuerte que ^ 
la (letermiue? En esto — lo diré sin reparo— me pareceía* ^ 
peTior Bucstro autor. Milton presenta una es^eena terrible 
con un colorido risueño y aun algo impropio. Las Usdih ^ 
jeras palabras del tentador en el poema inglés mueve0.1k ' 
Yanidad de Eva ; en el español irritan su orgullo, intcjíj»* ^ 
•an su razón. ¿No son estos móviles mas dignos qu^ la m 
pasión pueril de la vanidad? Y si hay algo que pae^a diir )^ 
culpar caida tan grosera en un racional, no será tiflMh ^ 
ceso el querer usar de su razón. La seducción ^19!^ ^ 
por Milton convendría mas á una mujer despuqs-df^lfllí m 

Íañq de la primer madre; pero á ésta le está, mejor C04 itf 
éralas palabras capciosas. \\ . ■ i, m 

¿Do está esa libertad? ¿el albedrio 
j»Dó.está do que os gloriáis? esclavos YÍle#« 
» Esclavos os llamad , ó el señorío . 
»Ck>brad que en vanóos dieron : ó serviles , 
» Subditos sed , ó dioses: os lo fio. 
))Lo seréis: elegid. A las gentiles 
D Ofertas Eva por el fruto arde, 
» Y quiere de ser libre hacer alarde. 

(( Estos últimos versos encierran toda la defensa del 
pasaje , y manifiestan la maestría de su autor. » 

Acerca del lenguaje del poema dice : ** Seis voces qae, 
so citan, y alguna otra, ó aunque sean otras tantas nue« 
vaso desusadas, esparcidas en ochocientos versos, no. 
bastan para dar un tono general y un carácter tan notable, 
á su lenguaje , que merezca el nombre de sistema dema-- 
¿iado atrevido, Por cualquier parte que se abra el poema, 
se hallarán seguidas diez ó doce octavas, en que acaso 
no se tropiece con una sola voz, ni un solo giro, que no 
pueda usarse aun en la prosa. Sirvan de prueba los dos 
razonamientos primeros y los últimos del poema, que uni- 
dos componen mas de veinticuatro octavas 1 en tas que do 



,r.J 


m 




s 


.In 


^ 


*)!» 


e 


••'•'I 


e 



199 

HMlan otras voces dignas de nota, que do y natura^ de 
Ib cuales no hay versista infeliz que no use. Quítenselas 
leí, y quítense igualmente esas pocas sembradas por el 
Mema» y se hallará que la locución no ha mudado de tono, 
ípira usar de la voz con que se ha censurado, no lia va-- 
riidodc sísteoia. Sin duda pues, la nobleza que se halla 
en Ja dicción de la Inocencia^ nace de fuente mas fecun- 
da. El samo escogimiento délas voces, la maestria y frau- 
IMiacon que maneja el idioma , y sobre todo cierta pom- 
jk característica del lenguaje del autor aun en la prosa, 
rae no decae jamás , dan á sus versos esta magostad de so* 
niOf que parece pende do.alguuas palabras, y pude de 
lajuion de . iodas. » 

-.Respccio.de las voces censuradas, enantei,\6 no es an* 
tiaiida 6 uo debe serlo porque no hay otra que signifique 
clliempo poto Aapasado, siendo ademas de oso Brecuentí- 
mm en el habla comná; lato se nsaescribiendoi como hace 
KsleBdez, y hablando^ oemose acostumbra entre persona» 
edtas: pódreeida ep de muy agraciada formación, aun no 
ba caído enijesuaov .y es necesaria paraevitar voces baj^ 
üomQpodridm y corronptfia: frutecida ^ aunque paren» 
noeTa» es de muyerótioaformaeion, y también necesaria, 
porque fructífero jfruohuno significan lo qoe tiene la 
wlud de producir nruio, j frutecido supone la. produe- • 
cien 9 y pinta al árbol lleno de sus frutos: mida j'fmúmi** 
ia no pueden decirse olvidadas» cuando Jaa kan «sado 
MUendez y otros vario» poetas; aquel diee: • . 

' ■ ' ■ 
«lo divina. 
líNuda verdad en su pureza ostenta 
.9 Al pavorido suelo » 

. La construcción en paga está usada en toda su propia- 
itíi , pue» asi lo están las palabras que la componen ; es 
Utnral y ordinaria , lo mismo que en retribución , en 
füardeUf en recompensa. La omisión de la preposición de 
ea el penálümo verso no se opone á nuestra sintaxis figo- 
ndaí porque no Ja repugaa ¿i genio de k lenguai ^t«> 

9 



150 

t¡nn no ^ oedn dar logar á dada ni oscuridad, j porqae 
I;» auU/n/^n f;»mU>ní» (X>rno Herrera y Villariaosa. Con- 
f.lfjjr<! AricM-znio el fteüor Blanco haciendo ver qae los ver- 
fH)n que en la centrara wi uotau couio de sonido desagra— 
dable, loa rápidos v lánguidos, el que.se cita coa razón 
r.rmio duro, eootrílmyen, juslaineute con los auavísímoi 
y fionoros, á formar la armonía general de la ^ersificackiOf 
y & espresor el iDOvimicnto que conviene JR'la idea oue 
fte fiigniiica : loa supaestos defectos de armonía son arüfr- 
r.ioM del lenguaje para hacer mas viva la impresión que la. 
pretende escilar. 

Después de haber referido ios estudias del ifeior Bei«| 
nciK», su educación científica y literaria-, y ilos eavMtiveS'' 
de Hu guaio poético que sobresalen en 'noa poesías, dés^ 
pues de haber informado á nueaUoos lectorta de la únicas* 
y «aolusiri ucupadon de su juventud , ooe llenaba, tediki 
su Qoraxon y absorbía toda su* imaginaaiony. ya es tícv^- 
podi) hablAr de las obligaciones que su esUdo teimboHÍa^''. 
do sua deberes sacerdotales , y m los que de él exigía Á 
car|^- sagriido oue obtuvo. Hemos- indicado 4ue yaialgiiut 
iMon individuos de la Acadenua de Lelias ■ Hiujistmí TsaaT' 
acntsarso' el término de esta 9> porque se acercaba la épt^' 
ca on quo loa jóvenes, que tomaban mas parte en sus tft<«; 
rmisi y mío hasta entonces habían correspondió álaidasé 
d<%i«etís^a(nMsv tuviesen que dedicarsev ya conefaddosleé' 
oaHHÜBiidil su camn. a las obligadones do su estado 4 
pn^fosion • 6 q«^ olluviesen colocación fuera do afvdk 
ciudad. \M sucedió gonoralmente. y para el señor Reino- 
so llo^^ oMe plato : cuando en 2o Se junio de ISÚl ganó 
por o|H^siciou ol cnrato do ka panroquia de Sama Cruz. £n« 
loncos . s<>g\m oscrihia tU'^puos en el prologo de ia /iio- 
.v«ic«ii ^^md J«K abandono gusti^samento aquellos estudios, 
lí «1 culuvo de la |^oe»ui que habían formado las ^^Mriri 
^ su ju«i»ulud . para cargar exclusivamente aokn sí «1 
nesi« adorable do ki« debores santos de su ministerio. Ss 
\^Mk sus |irimon>« a<k>s eran sus costumbres imey w 
siUm. «i adolaniaudo en edads<»hahuadiMarToibdocB s« 
41MWU» ks WKimiiiunw idi|;wiMt y su amor o ia 






181 

iádj á la devoción, estos sentimientos adquirieron mayor 
meremento, y aun exallarion, cuando fu6 ordenado" de 
sacerdote, y cuando oI)Uiy(» A curato di^ Santa Cruz. Por 
este tiempo según hemos oído al mismo, estaba sometido 
áladirecion espiritual del presbítero don Teodomiro !p- 
nado Diaz de la Vega , prepósito del oratorio de san Fe- 
upe Neri, en quien competían el talento y la iustmccion 
con su fervor ardiente y con su unción en el pulpito , y 
cuya memoria será eterna en la ciudad de Sevilla. Con- 
sagrado al mipísterio parroquial era un sacerdote , según 
focumentos que tenemos á la vista, y la voz pública en 
aquella ciudad , que edilicaba con su ejemplo, asistiendo 
todos los dias at Confesonario , visitando los enfermos de 
«:parroquia, dirigiendo en la iglesia ejercicios espiritua- 
ks, predicando todas las semanas del año, y con mas fre* 
CMncia eii la cuaresma. El ceto estraordinarfo con que 
áesempefiaba los deberes de su ministerio, lo hizo distm- 
guirse en el soeerror de los menesterosos , cityt> número 
ertt bastante consideralile'en suparroquüa. Recaudando li- 
moBuas y baciiBBdo'pMtufe» poi' si misrmo i las puertas d« 
sviglesa', padD dar uisistefncia á muchoffeiifennoi, socor- 
rer el hamm/y vestir b deshüdeit de algunos de íus f^ 
K^réses': battaridó' fféddrsoS' sUf ardiente caridad para* dar 
afauMtfto cotf tácioiies de arroz , en la carestia de 1804, 
á 374 neCésfitftdoni' Para dar mas estabilidad y perma- 
nemia er ^sKMídfi'O' de* kjs' menesterosos , realizó en aquel 
alio, edil «probado» del M. R. Arzobispo , coadioinistn*- 
dor de aqtfeHa dSóee^», el proyecto de erigir una Junt» 
de caridad , que se ocupare en la recaudación de limos- 
nas y en la* ma* acéirttidlif "distribución de ellas: para esta 
hmta formó unos estatutos , que merecieron' igualmente 
la aprobación de aquel prelado , y que Rieron presentados 

Íredomeúdados como modeló á los demás curas por don 
oaquiA MariaSotelo, oidor de «l«ella Audiencia , y 
encargado por el* Real Acuerdo de propagiír en aiquellá 
ciudad semejantes establecimientos que por sus felices ré^ 
snltadM haKau llegado A obtftter'ttiucho crédito en la car 
pital ért reifltti F&rmedh de íaií ulílfeitaa ftmdacw» , « 



152 

estableció en su parroqaia la hospitalidad domiciliaria, 
se proporcionaba lactancia y escuela á los niños desvali- 
dos» y se socorría todo género de necesidades. En su mis- 
ma casa estableció una sala de vacunación pública y gra- 
tuita 9 donde se administraba con las formalidades pre- 
venidas en la real cédula de 1805, logrando generalizarla 
en aquel gran pueblo ; en el que antes se habia malogra* 
do semejante empresa, y que igualmente se propagase á 
otros de la provincia. 

Estas eran las ocupaciones á que esclusivamente es- 
taba dedicado este párroco ejemplar , sin curarse apenas 
de negocios políticos, ni tomar parte en las murniuracior 
nes contra el gobierno y la corte , que á^ la sazón forma- 
ban el fondo de todas las conversaciones. En el retiro de 
su habitación , y entre los pocos amigos que trataba , la- 
mentaba los males de su patria ; pero sin haber meditadp. 
bastante el orígen de ellos , ni menps el remedio que Us- 
circunstancias aconsejaban para su curación ; sin predi-i 
lección por ningún género ae ideas y por ningún sistemaj 
político. Conocía 9 lo mismo que/sus ainigps, la necesi?r 
dad de una reforma radical en nuestras le^fes , y en los 
diferentes y multiplicados ramos de U a^mmisiracion púr 
blica : conocía los abusos.de aquella époq^, ¿jorque salt*- 
ban á los ojos de todos ; pero ni su im^igi^acion, distr^ 
da en objetos bien diversos, los abaripabii, jtQdos en su to*„ 
talidad, m tampoco sehabí^ detenido á examinarla apli- 
cación que pom*ia hacerse ; en el senüdo d9 la ^reforn^ic, 
de las teorías sociales que se proclamaba desde la veci- 
na Francia en el delirio furíosp de su revolución. Alga- 
nos libros y folletos , que por una rara casualidad llega- 
ban á sus manos , y que versaban sobre materias poUti- 
cas ; algunos periódicos franceses , que salvando la vigi- 
lancia del gobierno penetraban en el reino , y leyó en 
Sevilla . el sefior Reíjuoso ; y últimamente los escasos y* 
amafiados detalles que comprendía la Gacela de Madrid. 
acerca de los aconteicímientos de la revol^ion franccisa j. 
de las complicaciones y pejl^os que amasaban á «¡oestro 
gobifruQ jA imestro p$á». t no {^w^^ ^j^r de .4e^l!e^ 



133 

(ar y ocnpar íq atención asi como la do algunos hombres, 
crae si por su estado, por estar dedicados á estudios bien 
(fiversos , y por hallarse exentos de toda ambición , eran 
estraDJcros á las cuestiones políticas , no podian ser indi- 
ferentes á los males que amenazaban su pais y la inde- 
pendencia do su patria. Do esto número fu6 el señor Rci- 
noso. De muy pocos años cuando estalló la revolución 
francesa , subyugadas después sus pasiones y su imagi» 
nación por su amor á las letras humanas , las que lo hi- 
cieron pasar distraído y como embebecido los primeros 
años de su juventud , ni los libros do los filósoíos fran- 
ceses, ni las pomposas arengas de sus célebres oradores 
pidieron exaltar un alma, dominada entonces por la sua- 
ndad del canto y por los placeres de la armonia. Lláma- 
la i otros objetos bien diversos su atención esclnsiva , y 
ái interesarse vitamontc en los negocios públicos , d6* 
Ules y muy pasajeras hubieran de ser las ilusiones que 
escitára en su ánimo aquella revolución , y muy en bre- 
te disipadas completamente por la caída ael trono y por 
el reinado de la guillotina. h\ espectáculo de los críme- 
nes revolucionarios y el imperio ael terror hirieron fuer^ 
temente su corazón , dotado do ternura y de amor á la 
JQstida , y lo hicieron estremecerse de horror. En una 
edad mas adelantada, y ya bastante formada su razón, las 
escenas sangrientas quo se representaban en la nación 
Tecina chocaban con todos los h¿U)itos de su educación, 
con la rectitud do su juicio , y con la indolo de los estu- 
dios que cultivaba ; y exaltaron su imaginación ardien- 
te , y le inspiraron un odio vehemente á los desórdenes 
reyolucionarios y al despotismo bárbaro del populacho. 
Estos sentimientos participaban en ¿1 de la fuerza y ener- 
l^a de su temperamento , y contribuyeron mucho á de- 
tcnninar y fijar sus ideas en adelante : estos milsmos sen- 
timientos , y su amor al orden y á la humanidad , lo hi- 
cieron mirar con desaprobación y disgusto los escesos y 
crímenes, los asesinatos y arrastramientos , que á la in- 
Tasion do las tropas francesas cometieron en varias cá- 
ptales áeEspaifá, sopreteato de defender dereclbo^ V&- 



dtímps y ftantoB^ ja hombres perrersos qiie formabaa 
la h^z del pueblo, ya los intrigantes que dominaban y eik 
trayiabaa las buenas intenciones de aquellas juntas yer^ 
daderamente tumultuarias. 

Esta es en compendio la historia de los pensamientos 
del señor Reinoso respecto de las ideas que prepararon 
la rerc^ttcion francesa , y que después ésta proclamó eu 
pteMucia de la Europa asombrada ; respecto de la sitúa* 
cion material de Espafia , cuando la iAvadieroa las buei»- 
tes de Napoleoa. Por lo demás , la perfidia de éste , y el 
orgullo y arrogancia de los generales que conducían sos 
tropas 9 no podían •dejar de exaltar á un hombre, que do*- 
tado de sentímieaios de justticia y de nacionalidad » sen- 
tía latir en du pecho un corazón español y era rehemetir 
te y eMltado en el amor á sq patria, Pero miraba eoft 
enojo, que tan hermosa causa, como la que había proda^- 
cido el luuamiento oacionAl , fuese mandbada con críane^ 
nes y con sangre ; crímenes que detestaba » como antes 
había detesitado los que en el reino yecíno se com^eroft 
en nombre de una libertad insenaatti y de la soberanía 
del populacho. 

Al acercarse las tropas francesas á la hermosa capital 
de Andalucía, la línea de conducta que debía seguir d 
benemérito y celoso párroco de santa Cruz, se hallaba 
trazada con arreglo á lo que exigían los deberes de sa 
ministerio y el bien de sus feligreses. Aunque sus ideas 
y sus intereses le hubiesen aconsejado otra dirección y 
otro rumbo , él nunca habría seguido sino el que le dic- 
taba su conciencia y le aconsejaban sus obligaci<mes sa« 
gradas. Varios de sus mas íntimos amigos habían toman- 
do parte en algunos periódicos politices, qué á la sazón 
y muy oportunamente se publicaban con designio de in- 
flamar el ánimo de los españoles , de cooperar al alza- 
miento general do las provincias , de formar y dirigir la 
opinión , de ilustrar y dar fuerza al gobierno nacional, 
y de contribuir con sus luces á las reformas que se pre- 
paraban y á la defensa de la independencia española. Rei- 
núgop nmqoe aplaudía taa aobles y generosos pensaamir 



(os I no se asoció «í estas patrióticas tarcas, en que tanta 
reputación adquirían sus ani¡|;os los sonoros Lista y lUan<- 
co, que trabajaron en el Espectador irvillano y en el ¿>f- 
manario patriótico^ en cuyo iiltiino pcriódiro taniMon es- 
cribía el señor Quintana. Cada ve/, inas abstraído Reíno- 
tt, y mas distanto del torI>cüino de la ópoca , se conso- 
laba de las calamidades públicas, que tanto le afli^nan, 
eon el estadio y el retiro, y con el celo , cada vei mas 
tfUao, en el cumplimiento de sus deberes parroquiales. 

La entrada de las tropas francesas en Sevilla no inter- 
nmipió sos tareas pastorales , de que por largo tiempo 
16 ban coiiservado gratos recuerdos en su feligresía. El 
crédito do sus virtudes y de su saber no lo permitieron 
livir oscurecido 9 cuando los invasores, justo es confe- 
larlo , se mostraban justos apreciadores del mérito. En 
Seínoso « i pesar de sos reiteradas repulsas» quiso el go- 
láemo intruso premiar el celo y la caridad evangélica de 
tan benemérito v virtuoso párroco, y en 1811 fué nom- 
brado canónigo ae la santa iglesia Catedral , de cuya pie- 
xa eclesiástica no quiso tomar posesión, habiendo renun- 
tí&do en aquel mismo año el curato do santa Cruz. 

Al año siguiente de 1812 sufrió Sevilla una de las 
calamidades mas horrorosas que pueden afligir á una po- 
Uidon; una hambre espantosa, que duró la primavera 
y verano de aquel año, y qne era consecuencia de la es- 
casex ycarestia de cereales. Era lamentable el espectácu- 
lo que ofrocia aquella ciudad , en la que llegó á pagarse 
á 36 rs. la hogaza do pan de tres libras , y á 600 rs. la 
faaega de trigo. Los jornaleros y artesanos >se alimenta- 
ban escasamente y de alimentos mal sanos* ; vimos por 
nuestros mismos ojos que los pobres sé disputaban los 
tronchos y los desperdicios que se hallaban por las. callos 
y plazas entre la basura : ¡ cuántas infelices mujeres se 
encontraban desfallecidas , tendidas por el suelo y en los 
portales , y entro sus brazos una tierna criatura , que se- 
cas las fuentes do su alimento, desgarraba el corazoü con 
su tierno llanto ! Las enfermedades y la mortandad eran 
consiguientes, y todo concorría a que aqueliii dVi4dA 



156 

ofreciese nn aspecto general de lato y desolación. Esta 
triste y dolorosa situación ofreció á muchas personas la 
ocasión de acreditar su caridad. Distinguiéronse mi inti- 
mo amigo D. Vicente José Yasquez, después conde de 
Guadalate , que daba en su casa una ración abundante de 
arroz y pan á cuantas mujeres se hallaban criando y las 
solicitaban ; y D. Félix José Reinoso , que con estraor- 
dinario celo promovió el establecimiento de hospitales de 
desfallecidos , en los que se daba asistencia y manteni- 
miento í mas de 700 moribundos recogidos por las casas 
y por las calles , en las que habian muerto anteriormente 
muchos sobre la basura y el estiércol. Esta obra de insig- 
ne piedad mereció al señor Reinoso singulares elostos 
del R. Obi^o Gobernador del Arzobispado , y una leli- 
citacion del cabildo eclesiástico de aouclla ciudad. 

Aunque estas obras tan meritorias y plausibles ocupa- 
ban toda la atención del Sr. Reinoso y aunque jamás se 
presentó á las autoridades francesas , debiendo únicameiH 
te al crédito de sus virtudes y áef su saber las piezas ecle^ 
siásticas que obtuvo, con todo-bastó esta última circuns- 
tancia para que la ignorancia y la malignidad lo conside- 
rase como afrancesado ^ es decir , comoamigo de la usur^ 
pacion francesa , y merecedor de la odiosidad y de las 
persecuciones con que el vulgo , ;euandó las tropas de 
Napoleón evacuaron nuestro- territorio , afligia á hom- 
bres inocentes , que en lo general-acababan de prestar se- 
ñalados servicios al pais y á sus compatriotas. Parece que 
el Srr Reinoso fue atropellado en la calle pocos dias des- 
pués de la. entrada en Sevilla de. las ttopas españolas , y 
aun conducido á una prisión « de la que salió á poco tiemi- 
po>k.por' no haber méritos suficientes para hacerle ningún 
cargo fundado , en vista de las diligencias que se practi- 
caron* ' 

¿l^ero cuál foe y en qué consistió el afrancesamiento 
de Reinoso? En haber admitido , siendo cura antiguo» y 
distinguido por sus virtudes y literatura , una canongia 
en el cabildo de la santa iglesia catedral de Sevilla , y en 
JhaJberse conducido , en la época de la invasión , como nn 



«57 

fleerdote ejemplar , como xm párroco celoso y de ardien- 
te caridad. Templadas las pasiones muy poco después de 
h entrada de las tropas españolas , continuó viviendo 
tranquilamente en la misma ciudad el Sr. Reinoso , sin 
qoe nadie le incomodase ni molestase, respetado por su 

ribidad y talentos, amado de sus numerosos amigos y 
las personas mas distinguidas ¿ ilustradas de aquella 
capital. 

I Cuántos errores, cuántas preocupaciones, y cuántos 
mies produce en tiempos revueltos la invención infausta 
difDna palabra , laniada por la maledicencia en medio do 
h locha de las pasiones desenfrenadas ! La palabra afran- 
$mdo 9 que espresaria una calificación inocente y aun li- 
Mqnra en tiempos tranquilos , que por si tienf^ siempre 
VI wntido vago é indeterminado , en la época en que se 
ftn en uso llevaba consiffo la odiosidad y el encono que 
Mtiiralmente debian insjiírar los invasores. Estas dispo- 
■dones ; ó mejor dicho, este fanatismo del vulgo igno- 
rule 9 supieron esplotarle los hombres ambiciosos , que 
úñ mas méritos ni servicios que su decantado é ilusorio 
patriotismo , anhelan arrebatar los puestos públicos, lan- 
lando de ellos antes por medio de las persecuciones y de 
las proscripciones políticas , á los que los obtenian , ó 
merecían por su capacidad. Si algunas personas han ca- 
lificado varias revueltas posteriores de luchas de empleos, 
nunca ha sido mas merecida esta calificación que cuan- 
do se prctendia inhabilitar para los destinos públicos á 
cuantos en la época de la invasión ¡francesa los habian 
desempeñado en los diferentes ramos de la administra- 
don , y en casi todo el reino. 

Estos son únicamente los conocidos con el nombre de 
afrancesados; y ya desde luego se conocerá que ninguno 
de estos pudo cooperar en lo mas mínimo al funesto tra- 
tado de Fontainebleau , por el cual , bajo protesto de ocu- 
Er el reino de Portugal, fueron abiertas á los ejércitos 
mceses las puertas de la península ; que ninguno au- 
lilió ni facilitó á estos la ocupación de nuestras plazas 
fiíertes y de la cMpiuJ; j que ninguno tuyo relacionen 



clandestinas con Napoleón para serrirle en los medim ^ 
engañosos y pérfidos que empleó para conducir á Bayo- i¿ 
na la familia real de España , obligando á los indiridote^ 
de ella á que le cediesen la corona, y reteniéndolos ei- 
Francia en una ye^dadera cautividad. No tenemos notirj 
cia de que áiúngun español se haya acusado por nii 
no de estos hechos , ni creemos que por ellos nii 
haya sido sospechoso siquiera de traición , porque 
guno tampoco llamó á los franceses , ni les entregó 
plazas 9 ni les abrió las puertas del reino , ni aconsejó 
renuncias y ni ayudó á Napoleón en sus proyecto* i 
ciosos. Si ^9íSo algunos se hubiesen hallado en este 
merecerían con razón, el nombre, no de afrancesadiMf 
no de enemigos de su patria y de verdaderos traidores* 

Los afrancesados , en el sentido que se dá á esta 
labra» son los empleados de todas clases y categorías^ 
continuaron desempeñando sus destinos en las pi 
cias y ciudades ocupadas por las tropas invasoras;^ 6 
fueron nombrados por el gobierno intruso. De aquí 
sultán dos .cuestiones que son capitales en esta mati 
primera , en los pueblos ocupados por el ejérdto ii 
sor , ¿ debió cesar toda administración de justicia , 
gobierno civil, toda cuenta y razón en el repartimii 
1^ recaudación de las Contribuciones y en la exaooMli 
e los suministros de toda especie aue continuamente pe- 1 
dian los vencedores? Segunda, ¿debieron ser frAoceieii 
ó españoles? No son estas de dificil resolución , siendo 
muy naturales y obvias las reflexiones que sugieren, bi j 
razones en que ;Se funda el juicio de toda persona sentt- 
ta , y los principios de derecho público y de administit- 
cion en que este juicio se apoya. En esta materia esttf 
de acuerdo la justicia , y el interés y conveniencia de ki 
pueblos. 

No debemos desconocer el mérito contraído por los 
empleados , que por medio de riesgos y peligros , aban- 
donando su casa, familia é interés, y haciendo señalados 
sacrificios , siguieron al gobierno á Cádiz , ó se presen' 
taroa en aquella plaza. Pero no podrá menos de conft^ 



i 



159 

Mr toda persona imparcial y desapasionada , qne entre 
Uer hecho costosos sacrílicios y haber sido , romo aU 
gUDS han sapucsto , traidor y (Icslcal á su patria , hay 
DU distancia inmensa. En buen hora que no se hubiese 
iido nn premio estraordinario al empleado que se quedó 
Mtre los enemigos ; pero nunca debió tratársele ni cas- 
Bginele como criminal , por solo el hecho de haber con- 
nnido en su empleo : y ya que esto no le diese ningún 
faccho á recompensas particulares , ouc á lo menos no 
lacirTiese de obstáculo para ser atenuido según su ca- 
(MÍdad y sa mérito. Nadie habría juzgado estraño ni re- 
pinante que no se conservase en sus destinos á los nuc- 
VMente nombrados por el gobierno intruso ; pero debió 
OMinarse la conducta de ' estos y de los antiguos , y á 
las fns se hubiesen portado con honradez , que no hu- 
ÜMi salido de la esfera de sus atribuciones , que no hu- 
lÉien abasado de las facultades que les daba su destino, 
Uiió siquiera tenérseles en cuenta el haber sido hombres 
la fcien cuando pudieron impunemente no serlo ; y á los 
pe hidiiesen vejado arbitrariamente á sus couciudada- 
Mt, 6 hubiesen robado, ó producido males inneccsa* 
rioiv— porque hay algunos que son inseparables del esta- 
la de conquista* y que es preciso sufrir para evitar uia- 
pres males — á estos , si buho algunos , debió separar- 
sales de sus destinos, y formárseles causa para imponer- 
las la pena que correspondiese con arreglo á las leyes. 
Pero confundir en una proscripción general á los que se 
iullasen en este último caso , con un eclesiástico , por 
ejemplo , como Reinoso , que continuó en su cargo pas- 
toral , que nunca debió abandonar , y que por sus vir- 
tades y mérito literario obtuvo del intruso el premio )' 
Moenso rcGfular de una prebenda ; es el cstremo de la in- 
justicia y el último térmmo á que puede conducir la de- 
pravación de las pasiones. 

Si los empleados en la administración general no tu- 
pieron, ni pudieron tenor parle alguna en la con(|uisla; 
IOS atribuciones 9 según su naturaleza, y sin traspasar 
d circulo de e\ia$, se encaminaban á establecer órd^u ^ 



i 



Í40 

concierto en todos los ramos del senricio público» á dü^. ;' 
minuir los males inseparables de una invasión estran* ' 
á proporcionar al pais y á sus moradores los bene 
e nna administración necesariamente protectora. En 
circunstancias en qne se hallaban estos empleados, 
do de ellos decirse, mejor que de ningunos otros, 
seryian antes al pais y al pueblo , que al gobierno in 
so , que los había nombrado , ó que los mantenia en 
destinos. Porque, dígase lo que se quiera, sus funcioi 
se dirigían al nien del pais , y en muchos casos , y ( 
pecialmente en la esfera de la administración super^ 
á asegurarle beneficios trascendentales y permaná 
¿Qué otra era la ocupación de los consejeros de E6ta< 

Sie la de trabajar én los códigos , el sistema de reí 
plan de instrucción pública , el arreglo del clero 
cular , el fomento de la agricultura y artes , la conit 
cion de caminos, canales , y puentes, etc., etc. ? ¿ 
otra latarea de los jueces y magistrados, que la de a' 
nistr^o* justicia , reprimiendo los delitos comunes, y p 
tegiendo los intereses y las personas de sus conciada 
nos ? ¿En qué otra cosa se empleaba el celo , y el pati 
tismo bien entendido de los llamados prefectos , que 
ser los padres y protectores de las proyincias que ad 
nistraban , oponiéndose con yalor heroico á las injuj 
exacciones y á la rapacidad de los mariscales , genera^ 
les, intendentes y ordenadores franceses, queriendo 
bien ser depuestos , que consentir en una injusticia , 9^^ 
entrar á la parte de un robo , y de cuyas virtudes te^'^l 
nemos un insigne modelo en un dignísimo representatttos- 
de Granada , qucí' en estos momentos ocupa un asiento'; 
en el palacio de Oriente? Y por último , ¿qué otrofo» ' 
el afán continuo del Sr. Rcinoso y de otros venerables 
sacerdotes, que el contribuir al alivio y consuelo de loa 
desgraciados , disminuyendo , en cuanto sus fuerzas al- 
canzaban, las calamidades públicas, y ejerciendo con ce- 
lo y caridad ardiente los deberes de su santo ministerio? 
Escusado parece que nos ocupemos en justificar It 
conducta que en esta parte observó el varón ominen-» 



141 

B I caya biografia nos ocupa , dospues que (A mismo la 
leCeodió , dclcudicudo á sus compañeros do desgracia en 
M obra inmorlal, y después que el ¿xito de esta ha sido 
ftli y tan poderoso su influjo cu la oi>iniou, que puede 
hdrse que ilustró ó formó la de todos los hombres dís- 
litos y desapasionados. Pero como quizá muchos de los 
|Mlean estas lineas, no ha^an leido la citada obra, ni 
pytello se despierte su curiosidad, por juzgarla con 
||BTOcaGÍou obra de circunstancias , he creido que era 
Ma lagar oportuno de apuntar, en defensa del Sr. Hci- 
Wd, algunas de las consideraciones que después do mu- 
Bh| aftos aun recordamos haber leido en su Examen. 
, sin embargo , de dejar esta materia no podemos 
kde observar: 1.^ Que los llamados afranceiodoi 
Mtmon nunca amigos del gobierno intruso. Creyendo 
JNfíiUe la dominación francesa , miraban con disgusto 
• resistencia que arruinara las poblaciones, y preton-* 
Sm que bajo la diestra onmipotento del emperador do 
li| Jrancesos , se realizasen las reformas políticas y ad- 
liustrativas que anhelaban los hombres ilustrados; por- 
(Ubiyo-eate concepto los afrancesados fueron, según 
m flKTÍioa y las opiniones que manifestaron en los puos- 
II ¡mblicos que desempefiaron , los primeros amigos do 
i/ivfbrma y los. primeros, liberales de España. 2.*» Ni 
jMo partido, ni como opinión existen ya tales afrance- 
líos , sino en la cabeza de un ente ridiculo , de un es- 
Uno maligno , enemigo de la virtud y del mérito , y 
M sn nulidad devorada de^ envidia contra toda suprcma- 
ik Uteraria , que respecto do él es toda la república de 
m letras. Cuando las tropas francesas evacuaron la Pe- 
üüula , los que se refugiaron á Francia no conscr va-> 
Ma ni podian conservar otro vinculo que el sagrado do 
ll desgracia: los anteriores vínculos no eran do opinión, 
pnes no profesaban ninguna propia y esclusiva , sino de 
arcanstancias imprescindibles para todos , y respecto do 
lis mas absolutamente independientes de su voluntad. 

Acerca de las acusaciones que se hacian á los espa- 
Ues qua se habían sometido m yugo de la dominación 



144 

forme sobre la ley aararia ; y es la de haber sometida A 
idioma castellano á íormas que le eran nuevas y descoiUK 
cidas* 

» Mas, e^ta gloria literaria que reunida á la eseelencia 
de los principios y á la energía de la lógica » colocará el 
Examen entre los libros clásicos , debe ceder á otra maa 
dulce y mas digna de los sentimientos generosos delaori^ 
tor , cual es la de haber abierto un asilo á las yictimiiis 
futuras de las revoluciones de los imperios. Su libro SM; 
rá mirado jpor la posteridad como el código , sancionid0¿¡ 
por la justicia y la humanidad , para proteger ai desvM 
lido disidente contra el furor de los perseguidores dogiiit 
matices. Deseamos ^e el público contemple el Exámitllí 
bajo este aspecto útilísimo , que aniquilará para aiempNK 
la intolerancia de los partidos.» * t^p 

' Al año siguiente al en que volvió á Espafia Avdfji 
Fernando, apareció '&,la luz pública» ó ioipreiilk on Fffawp 
cia (1) lái obra de que tratamos, llevando ppr titulo ;• Exééi 

■ . r ■.■■ .-J'Jaí 

..■ :;■■■ . r VIOI^ 

(1) Giuiotlo en lUi4^rcgC4MÍ de «u cau^ivqúo á iütpaSael ref D. teh 
nando VlLftq oital)«i iiiiprímiepdo cu SavíUu, cq Jíí) imprcDU de lüdalgridB 
übrá dftl teAfvr neiiíóib : ilia ^tíi' sazón imyroM ya la mítaif do olla, coa^r 
ta diferoncio. La perMwueioR iini^io sniicitu ruiitnr lihcralcs j'nttarí( 




l)ajo cuyaMltiiuo coiice|»io iwUwa coaudemdo el ref Árido lefltfr RéÍBMÍ^«y! 
la sopro'sion de la iiiicrUiddi; iioi^reiit^i , que.íuú conRucaeiióa del práMN 
dccrfíto (Ift Fernando Vil , óbliguruii al autur y al imprcsur k ifiulilíur MM 



lorndamento toda la-pnrtn irirpmA, rüscrv&iidoxn íinicamhntó el' auloruR 
piieguR de capiiloa y. el manuicrilo. — Parado» loe primeros furqne de la fS^ 
scxuúpB, y traoqiulizado d sejkoi- Jlcino^, no penliendO la etparailrte -eeiip 
otro| muciiüK di; que el rey Fcruando adoptase una marciía uenoe éétroM^ 
y miis chaciliadora y tolrranU; , conrormc iiarncia requerir su propio imy 
r(!S, i)oiriHni<!Ó »u pensamiento y ni estado (le su ohra , qiie de ningufia in^ 
ñera |»odia ya imprimirse en Sevilla , n un aini^o y condiscipulo soyo , M; 
emigrado de EspaAa al tiempo lie la ovucuarion déla Península Mf lailií'' 
p.'is de Napoleón, habia rcgreü^idu á Madrid entro la comitiva ¿1 rev fth^ 
uando. Este sugeto (1). J. V.) amigo del impresor v.n esta corto D. N. de&f. 
escribi/» ol autor , dieiéndole nn^ remitiese el original jiara tentar sí habi| 
algún medio de oliUtoor en Madrid la linmeía para la impresión, y m^ 
zarla. Vino elW;iivamenle el original, y fué |iuesto en roanos del nfariál 
impresor para que discurriera lo que pudiera hacerse para llevar á cabo li 
jiuLlicacion. La parte impresa en Nivilla, que eran 15 pliegos oa 4.% eiia" 



145 

Im dtliío» de tnJideUdad á la patria , %mputado$ A 
Mm iomeíidoi bajo la dominación france$a^ tu\o 
I ipe debía esperarse, pues mereció unánimes 



andada j Tariada, imprimidos ncriodoi y pnrraroi.j suslitiiido 
I atroi. 1^1 aulor , qao diirunl^ la aui^nria del rty Fernando , ? 
prnamiendo un raiuhio tau nolalile de conus , que le volviera a 
M dejaba de bnoer inciilpurionei severas á la familia real por el 
Cilpable abandono de sus dtTcrbos v de las obligarioncg que le 
li Dación , para deducir la ne residan , el derecho y la libertad en 
■dÍTÍduon quedaron , cuando aquella dinaslin falló, de elegir y 
i al gobierno y á los orincipios que li^ nluguiesen. Traló de disi- 
triar loda csla' parle do inculpaciones i la misma dinastía ya res- 
M el trono, conservando por lo demás las doctrinas emitidas en 
n« en la cual , á pesar de aquellas variaciones y correcciones, no 
nlnmbrarse , á quienes la lean atentamente , pasajes é ideas con- 
■^ael capiíal prmcipio , sobre el cual esencialmente estriba toda 
inpresor conoció, vista la marcha adoptada por el gobierno del rey 
^ flue seria temerosa , y aun arriesgada , la tentativa de obtener el 
ir la via regular para la impresión. Mas considerando el mérito 
, DO quiso privar del gusto de que la viese á su amigo el seftor 
I Cabrera , conocedor y aficionado á esta clase de producciones. 
M acuerdo del amigo y encarj^ado del sefior Reinuso , verificó, 
m grata sorpresa v emoción al inteligente , virtuoso y benf'mériio 
rara, que se deridio á procurar que la viesi* el dutjiie'de S;in (^ír- 
•aton ministro de Estado, con quien tenia antiguas relación.** 
, para ver si á favor de las doctrinas de este libro, y obteniendo 
ooiducto la licencia nara (^ue se imprimiese y circulase , le oro- 
iplar la acritud é intolerancia que aquel gobierno ¡ partido aes- 
Eo esta sazón , el duque de San («arlos , por sns ideas y temple 
, fué repenlinumente separado de los negocios , y tiHlo tomó un 
H riguroso y perseguidor , tocando también á pocos días una no 
arle en las persecuciones al modesto y virtuosísimo seAor Cabrera. 
1 esperanza de poder imprimir y publicar la obra en EspaAa , ñero 
le eficazmente que uo se peruiese para la socie<lad , se pensó en 
M persona de toda confianza á Francia , á donde la llevó el ca- 
Sai Isidro 1). N. Imprimióse por primera vez ya entrado el aflo 
61 Auch , tal como fué el original desde Madrid. Pero á la se- 
noB, hecha en Burdeos , ya con conocimiento del autor , hizo al- 
lisndas y aftadió algunas notas , entre ellas la importante en im- 
de la Tetyria dv las Cortes del canónigo Marina. La única 
quien el seftor Ueinoso leyó el manuscrito de sn obra , antes de 
I tj con quien tuvo acerca de ella varias conferencias, fué ni inti- 
I al ^. D. Pablo Pérez Seoane , ilustre jurisconsulto de Sevilla» 
'fíve todavía. 

10 



146 

elogios de todos los sabios , y hasta de los mismos, tajas. 
opiniones ó preocupaciones se censuraban \igorosameiH 
le. Con ansia se buscaban en España los ejemplares de * 
esta obra; y tanto por lo que se buscaban, como por la 
dificultad de introducirlos en el reino, se vendían á muy 
subido precio , habiéndose pagado algunos ejemplares á 
mas de mil reales cada uno. Escascando ya los de la se- 
gunda edición , habia corregido escrupulosamente uno 
de ellos , ú fin de que sirviese de original para la edición 
de todas sus obras , que proyectaba publicar, y en cuyo 
trabajo se ocupaba <;uaudo le sorprendió la muerte. 

Ya se ha indicado y puede afirmarse perentoriamente, 
que esta obra no ha sido impugnada por nadie. Hemos 
qido hablar de un escrito que estendíó con este objeto el 
antiguo consejero de Estado D. Juan Bautista Erro; perO' 
no podemos hablar de un escrito que no se ha publicado, 
que tampoco hemos leido, y acerca del cual no tenemos , 
una seguridad completa de que haya existido ; pues no 
recordamos haber oido afirmar á nadie que lo haya visto 
ó leido. No merece el nombre de impugnación, ni ann 
siquiera el honor de ser citado , un folletito miserable y 
vergonzante , que inoportuna y tardíamente apareció en 
1837 , y que «in duda la envidia literaria dictó á un ver-' 
ista cesáreo (1) que ni aun se atrevió á publicarle bajo su 
snombre. 

No debemos dejar de hacer mención , antes de con- 



(i) Consta que este folíelo fue obra de D. Juan Bautista Arriaza, qu 
pretendió zaherir la obra, después de babersc publicado dos ediciencs, j 
cuando p nadie se acordaba de afrancesados, ni participaba de los intere- 
ses y pasiones de sus perseguidores. Kslas circuuslancias, unidas á la de ka« 
liarse por aquel tiempo en esta curte el señor lUinoso , morcciendo la con- 
lianza del gobierno, y el respeto y cstiinacion de las personas mas distingaidis 
de la misma , dan un derecno para atribuir eslu publicación á motivos poco 
nobles. — El noibbre de poeta Cesáreo se lo data un amigo nuestro al se- 
ftor Arriaza , por su aücipn á cantaír para los oidos reales. — Respecto del ' 
folleto, que aun se baila venal á 2 rs. en la librería de Burgos , gakría de ; 
Sai Felipe, nos bastaría por toda respuesta, que las personas curioiai la 
lyeseii: el juicio de estas romprohoria nuestras calíricaeiüncs. 



*'i 



147 

^lair esta maloria , de las ¡iijustAs cláusula» qtir acarra 
M ixámen estampa en su Historia de la giic'Ya y revolu^ 
lían de Eipaña el sofíor conde de Toreno (1). Las rláu- 
«das á que nos referimos, y en las que por cierto no se 
vaeba el juicio que en ellas se emite , ni espresa 6ste el 
nlor como suyo propio, sino.mas bien del vulpo, debie- 
ran suponerse bastante compensadas con rec<»norerse si 
■ismo tiempo el distinpruido mérito del autor , y de una 
dva «en realidad notable por su esco^^ida erudición y mu* 
¡ka doctrina,» y en que se abof^a en favor do los desgra- 
nados de todos los partidos. Sí el nombre del historiador 
base menos cólebre , y si las cláusulas que hemos copía- 
la no apareciesen en una obra tan imnortante y estima - 
hy que su mismo autor no dudó calilicar en pleno par- 
Wnento , de monumento li*vautado á la gloria nacional. 
Naos detendríamos en contestar siquiera cuatro pala-* 
Ina á unos carf2[os tan vulgares y superficiales. 

Si bien el autor del Examen censura algunas deter « 
■iaacioncs de las Cortes , y combate las opiniones de 



(1) «Vn literato dittinguido y Tnron aprrrinMo piiMiró nn Fronrin aDut 
iWb en defensa de los ronipromotidos rou el intruso , & riiyo linndo pertcne- 
M, una obra muy estimada dv ios shvos , y en reolidod notable ñor su eseo- 
|Ua erudición y mnclia doctrina. Láslíma ha sido so muestro en ella sa nntor 
lu apasionado y parcial; pero ul paso qucT uiallruta ¿ las («órti>s, y censura 

trámente á muchos desús diputados, encomia á Fernando altamente, ca- 
índole hasta de celestint. Y no se crea perdió el desliz dd tiempo en 
|ie M «scríbió la obra ; porque si bien suena liaberse concluido esta al toI- 
W aqnel monarca á pisar nuestro snelo , su pnblicariun no so voriflcó hasta 
lu anoi después , cuando serenado el ánimo podría el autor, encerrando en 
ai pecho anteriores quejas, haber dejado en paz ó los caídos, ya que qui- 
tim prodigar lisonjas é incienso á un rey que , restablecido en el solio, no 
Ua mdício de sor agradecido con los leales , ni generoso con los eslrnvia- 
iNé infieles. El libro que nos ocupa, hultieru quizá entonces gozado de mas 
i^aito entre todos los partidos, como que abogaba m favor de la desgracia, 
|aa 16 hubiera tuchailo do ser un nuevo tejido de consecuencias erróneas, 
arikM y sofislicamenle sacadas de principios del derecho de gentes , sól'Nloa- 
<iaí, paro no aplioables á la guerra y acontecimientos de Espafta.» Hieto-- 
fia del tevantoinienlo t guerra 'y revolución dfi Ktpaña , por eL 
«Wirfe de Toreno, ttmio, 5. •*, pá^, f//.T. 



i48 

algunos diputados, no lo hace con la aspereza que aupo* , 
ne el citado conde : lo hace con energía y con calor^ coa , 
el que se espresa un hombre que defiende la causa de la | 
humanidad y de la justicia , y que aboga por millares da ^ 
desgraciados^ perseguidos por el fanatismo político «por , 
preocupaciones y por pasiones. Su lenguaje dista mucho . 
de ser apasionado, ni puede calificarse de parcial, por* ' \ 

3ue pretenda mover (1) al mismo tiempo, en favor de h 
esgracia , y de los proscritos de todos los partidos , A 
animo de un rey , que cualesquiera que fuesen sus seo* 
timientos , interesaba al bien y felicidad del pais, que al 
volver á pisar el "territorio español y después de una lin- 
cha desastrosa , desoyese los consejos interesados de la 
adulación , y abriese solo su corazón á las inspiraciones 
de la demencia, de la justicia , del olvido generoso délo 
pasado , . v del consuelo de innumerables infelices. Si d 
señor Remoso suponía en el pecho del monarca español 
sentimientos nobles , magnánimos y generosos que sus 
enemigos le niegan , pudieron estos haber observado qoa 
quizá el autor del Examen , como profundo maestro en 
el arte de escribir, empleó un hábil recurso oratorio que 
podría consistir en pintar el ánimo y los pensamientos 
€pmo no eran para enseñarle como dcbian ser. Con este 
i^oble fin emplea el escritor cuantos medios pudo suge- 
rirle su talento , hablando al rey en nombre de la huma- 
nidad, de la gloria , y hasta de la misma patria, á quien* 
anima V person¡fit^a, y en cuya boca pone las últimas y 
magnincas palabras con que termina el Examen. Ea tan- 
to mas injusta y vituperaole la acusación del señor conde 
de Toreno , cuanto que los elevados pensamientos que se 

(i^ Ofeodertanos el boea jaiciodo las personas ¡lostradas qoe leaa etto 
Mérito, «i «os «copásemos en demostrar la verdadera acepción del adjelift 
celestial aplicado al rey Fernando.— Es un error decir qio la obra te in- 
primió dos aftos después de la yncUa del rey, pnes lo fue en 1815, y ea «1 
aileríor y á la entrada de las tropas cspaflolas ya se estaba imprimiendo ea 
Sefilla , como hemoo dicho. — No hay ea la obra el menor pretesto para de* 
eir que en illa se turba la pax de los caídos, cuando realmente se defieadl 
la caiM de lodos. 



149 

tBÜCen en la peroracioa final de dicha obra , y los e afuer-» 
m qoe se hacen para inspirar en el coraion del monarca 
mtimienloa de gralilad a todos los cspaAolos y de gene - 
lesidad con todos los desgraciados , no podían menos de 
ser favorables á todos los partidos proscritos , y por con- 
signiente al bando á que el miimo itüor conde perieneeim. 
fin no molestar á mis lectores con las muchas conside- 
liciones á que dan losar los muchos y notables errores, 
qae contiene el párrafo á que nos roterimos« j que an* 
tes hemos copiado, nos bastará trasladar también los úl- 
tinos párrafos de la conclusión del Examen. Estoy seguro 
de que no habrá lector discreto y sensato que no advierta 
ficiimente el verdadero valor y la verdadera inteligencia 
iftUs lisonjoi y de los ineientoi, que un hombre de tanto 
taleaío conio el sefíor conde no ha querido sin duda apro«^ 
d» V reconocer. Dicen asi : 

Aíns ;ahl en pos de esa borarsca deshecha de las pa^ 
Miet« aparece ya el iris de la serenidad. Albricias., es- 
pañoles perseguidos. £1 celestial Femando, delicias y 
votos de la nación , pisa las lindes do la Peninsnlaen eale 
UenaTenturado momento. Al asomar por nuestro horí-* 
loate ha difundido consuelos y esperanzas sobro los infe* 
liees que buscaron un asila en la tempestad. Su presencia 
•(Mciblo desterrará los enconos, y derramará en nuestro, 
fatigado suelo el espíritu de unión y do amor , asi como, 
el sol plácido de abril disipa las nieblas ásperas del in*-- 
▼ierno, y regala con el soplo dulcísimo y vivificante del 
céfiro la tierra desolada por Los fieros embates del aquilón. 
» lOb Feraandol t& siempre hubieras puesto el tér«- 
mine i mi enfadosa tarea, en aquel ser que k ballaso 
b Tenturosa noticia de tu advenimiento ; poraue no 
á mi débil pluma , sino á tu voz benéfica y poderosa, 
es dado hacer el contento v la dicha de los miserables , 
He tenido que luchar coa nombres enfurecidos y obsti- 
nados; pero tuya ha de ser únicamente la victoria, t Afor- 
tunado yol que dejo á loa tristes , cuando ceso de nablar . 
en su causa , tan augusta patrono , tan nuevos y glorio^ 
sos auspicios de felicidad. 



i»¿Qué'pnc(lo yo decirte t oh Fernando? A ti debe 
solo hablarte tu corazón. ¿Pudieran adulterar tus boadi- 
dosos sentimientos aduladores y folletistas, que/olfi- 
dandolos principios de religión y humanidad, ctamma 
frenéticos por patíbulos, para ostentar celo por tu per- 
sona? |DeslcalosI que asi conspiráis á manchar el timbré 
mas esclarecido del rey. Fernando sabe que al templo dé 
la ^lor¡a no se subo por persecuciones. ¿Qué son para w 
fama vuestros votos ruines, desaprobados del mnnde^ 
Un grau monarca , no ha de ceñir su opinión á ciroula! 
tan mezquino : debe mirar al universo ; debo estender IK 
vista á la posteridad. 

»¿Guáies subditos se hallaron jamás en posiciontai 
deleznable, en situación tan ocasionada para vacibrr 
como los españoles, sin gobierno , sin libertad » sin ümN 
zas , sin esperanza? ¿Qué monarca en el mundo eataili 
en ocasión igual' do hacer gracias, si na^a tuviese dejm^ 
ticia la reparación de tantas miserias? En sus propios i»^ 
fortunios ha aprendido á lastimarse de los infelices: haji; 
la diestra del conquistador ha sentido el peso de esa nii^' 
ma fuerza , y esperimentado la necesidad de sucumbir.' 
Sentado en un trono rescatado con la sangre de sus vasa^ 
líos., ¿podría no compadecer la desgracia *de innumerai* 
bles de ellos , nacida de su desgracia propia? Después di- 
tan prolijo y amargo llanto, ¿aún babria que derramar 
nuevas lágrimas? ¿Habría esposas ^desoladas , nifios des-* 
amparados, familias desvalidas, que clamasen por sol 
maridos desterrados , por sus padres encarcelados , por 
el sustento perdido? ¿Que turbasen con aves de dolor el 
gozo general por la restitución de Fernando, salud y ale* 

![ria de los españoles? ¿Pudiera llamarse feliz esta grai 
ámilia , sembrada por todas partes de millares de acfr* 
venturados? 

»La madre patria , sentada sobro un montón de rainal 

y cadáveres, fresca todavía la sangre que tiñe su vestid 

. aura , pide el remedio y la conservación de todos sus hL«» 

jos. Y «¡oh , Fernando! (esclama con voz enferma y dfií- 

»bilitada por las desgracias) tú solo puedes cerrar mis 



151 

lUigas, dilaceradas por la discordia. ¿Quióii , sino tú, 
•pudiera imponer silencio eterno á las pasiones irritadas, 
17 recordar á los hombres que si forman un solo pueblo, 
laolo es para amarse y auxiliarse rccípnicamcnte? ¡Que 
ítD voz soberana , de que están pendientes los destinos 
íde dos mundos, señale el principio de la reconciliación, 
»4b la bienaventuranza, del júbilo universal y sempiterno! 
iLa fortuna nada te ha dado mas ilustre , que el trono de 
ana nación grande v poderosa : tus vir ludes nada te han 
'adquirido mas lisonjeroquc el .imor de todos los pueblos: 
IBS desgracias nada te ofrecen mas glorioso que el honor 
divino do dispens<ir á todos el consuelo y la salvación. 
•Los cspaúoles han dado un ejemplo de constancia alas ge- 
linraciones futuras : á ti toca dejarles un modelo do l)c- 
üaicencia. ¡Oh Fernando , el mejor de los reyes! nin- 
Mb principe te ha igualado en la dedicación y en lossá- 
tafi6cios de sus subditos: ¡que ningún príncipe se glorie 
it escederte en generosidad!» 

/ No se necesita ser muy lince para conocer el sentido 
lü'. estas palabras, de esta brillante peroración con que 
Mrmina la obra del Examen. Si Fernando hubiese pres- 
íSú oidos á la voz de la clemencia y á los consejos de 
íná sabia política , si hubiese dirigido su conducta según 
disentimientos nobles y elevados que el autor de aque- 
ta obra se empeña en inspirarlo , suponiendo que son los 
[oe dominan su corazón, habría justificado los lisonieros 

Íttetos con que se le califica , y se habria hecho digno 
1 ellos : en otro caso , las palabras que acabamos de co- 
E\ se convertían en una anfiarga invectiva , por cuanto 
ian sido desatendidas la justicia y la política, espucs- 
üfi tan felizmente , y engañadas las esperanzas de to- 
fos los hombres honrados y do innumerables desgra 
Ciados. 

Voi hemos detenido algún tanto para dar una idea, 
Mfnqúc no muy estensa y ¿ktallada , de las dos mas nota- 
b|^ é importantes obras que publicó el señor Reindso, y 
l{iie bastan para conocer su estilo, tanto en verso como 
en prosa , y las singulares dotes que le adornaban, ya co- 



132 

mo poeta, ya como orador. Los pormenores relativos á 
sus obras, y la noticia circunstanciada de ellas es todo b 
que puede ofrecer interés en una vida consagrada entera- 
mente al estudio y á la beneGcencia. Ni vicisitudes es- 
traordinarias , ni acontecimientos singulares, ni proyec- 
tos ambiciosos fatigaban su ánimo , ni le privaban de la 
tranquilidad y de la paz que requiere el cultivo de las le* 
tras. Su correspondencia con los amigos ausentes, versaba 
ordinariamente sobre materias literarias; y su trato y re- 
laciones, mientras permaneció en Sevilla, estaban limita- 
dos á un corto número de hombres doctos, dejóvenes< 
instruidos que le rodeaban, y de los mas distinguidos ar- 
tistas, que abundaban en aquella capital. 

' En esta contrajo intimas relaciones con D. Manuel 
López Gepero , cura que fué del sagrario de aquella santa 
iglesia, y actualmente Dean de la misma, y con D. Juau 
Agustín Gean Bermudez. £1 primero es persona de suoul 
afición é inteligencia en las obras artísticas, especialmente, 
de pintura, de las que poseia en aquella época una esco- 
gida colección: el segundo es muv conocido entre los sá-» 
bios y entre los artistas , como el hombre mas instruido- 
de España en la historia de las artes, uno de los que me^ 
jor conocían las teorias filosóficas de estas, y de losju£cea. 
mas competentes de sus obras. El trato de estas dos per-» 
sonas, el ^nsto instilivo del señor Reinoso, y los esce^ 
lentes modelos que ofreció Sevilla por aquel tiempo, dea-<^ 
arrollaron su gusto, lo estimularon á deaicarse con ardoc 
al estudio de las artes y de SiU historia, y á conservar toda 
su vMa esta constante afición. Por eso bcnia todo, su re- 
creo en el trato y conversación de los. artistas,, maute-. 
niendo relaciones en esta corte con varios de los ma&difr^ 
tinguidos de ella, señaladamente con D. José de Madrazo^ 
pintor de cámara, y con su paisano Gutiérrez. A sures- 
potable amigo Gean lo visitaba casi diariamente; y cuando 
espiró , Reinoso se hallaba sentado á la cabecera de ^ 
cama, Algunos dias después espresó su dolor en hermo-^ 
sos versos, que se publicaron en el periódico intitqlado 
Estafeta de ^añ Sebastian. 



153 

Adomu ém qne en %n conTemeion m manifestaban 
tos profandoi conocimiontos en estas materias, los dio á 
conocer sobradamente cuando espHcaba en su cátedra do 
humanidades, y antes en la Academia de letras humanas, 
las teorías del gusto, do la belleza, de la sublimidad j del 
estilo, de las que hacia aplicaciones á todas las artes, 
comprendiendo también á todas en sus profundas consi- 
deraciones, y notando entre ellas los puntos mas delicados 
de semejanzas y de diferencias, según su objeto , su ín- 
dole, 6 el instrumento y los medios que cada una emplea- 
ba. Ha acreditado asimismo sus conocimientos artísticos 
en Tarios escritos publicados, siendo entre estos notables, 
el articulo que escribió, á instancias de varios de sus ami« 
|oi, para la Reri$ta de Madrid^ y en el que se dan á co- 
aocer los caracteres de la escuela española de pintura, y 
efestilo y gusto particular de lasde Sevilla, Madrid y Va 
leocia; ^1] y otro que insertó en 1827, en la Gaceta de 
Madrid^ siendo redactor principal de ella, y en el cual 
le haee una descripción artística y análisis del cscelente 
gmpo, scmicolosal, ejecutado por el primer escultor de 
cámara D. José Alvarez, y que representa un acta heroico 
de amor filial, yeriiicado en el sitio de Zaragoza. (2) Bas- 

(1) D.José Madcazo, y otro dUtinguido artii^ta, amigo tuyo, se re- 
nieron ena noche para tener el gusto de loor juntos el articulo que hemos ci- 
tado, ene sabían era del 8r. Reiuoso, aunque al pie de ¿1 se veian ios ini- 
rkles U. N. S. A. pesacdo esto, fue dest'uhieito el autor, como el único qué 

Sodia tratar aquella materia coa k ijiteligcuciu , profundidad,, precisión jf 
emas dotes de estilo con que aqiiollt) hacia. Estas circunstancias ri'conoc - 
ron y admiraron aqtiellos aos artistas , confesando que en la lectura del mei* 
Clonado artkulo hauian pasado un rato delicioso. 

(2) Lleno áü entusiasmo el Sr. Alvarez al leer el articulo de la Gaceta 
en que con tanto talento y con tanta intiTi^eucia del arte se iuzgaba su obra, 
penetrando el pensamiento que hnbin presidido y oooinpaftado á su ejecución, 
i*0Bcibiéel proyecto de formar el busto del 8r. Reinoso. Por mas instancias 
f- le le híxo , le nevó este constantemente ; y como entre otras razones mani* 
leitue qne no podía permitir que en su obsequio emplease el Sr. Alvares 
lanío tiempo y trabajo como requería un busto en mármol, tuvo al ñn que 
ceder á una transacción , permitiendo que el Sr. Gutiérrez sacase al óleo un 
retrato suyo, que por muerte del Sr. Reinoso se halla hoy en poder de su al- 
barea é intimo amigo el Excino. Sr. D. Juua GuaU)erto González. 



154 

tarian estos dos escritos para justificar cuanto en esta 
parte pudiéramos decir en elogio del sugeto , cuya bio- 
grafía trazamos. 

A su llegada á la corte, no se contentó con rer j exa- 
minar las obras artísticas y los magnificos monumentos 
de ella , sino que los esludió detenidamente y con avidez. 
Guando sus ocupaciones se lo permitieron, pasó á Toledo, 
• y al Escorial , y durante su permanencia en estos dos 
puntos se ocupó algunos ratos en estender las obserra- 
ciones propias que se le ocurrían en presencia de los mo* 
numentos que contemplaba. No hemos visto este manus- 
crito, de que nos dio noticia el señor Reinosa á la vuelta 
de su segundo viaje, añadiendo, según recordamos, que 
de su letra, que era bien menuda , y en estremo metida, 
habia Ueqado como unos cinco pliegos de papel. 

Después que lastropasfrancesasevacuaron la península», 
continuó viviendo en Sevilla en el mayor retiro y oscuri- 
dad. No teniendo ningún cargo público , las letras eran 
atf única ocupación y recreo. Esta época de los aeífr 
aílos fué una de las mas desgraciadas para nuestro amigo 
j para nosotros de las mas felices, pues tuvimos en ella 
el placer de visitarle y tratarle , y de oír sos lecciones em 
la cátedra de Humanidades, que restableció la Sociedad 
Económica para que la desempeñase el señor Reinoso, á 
quien por aclamación nombró, á fines de 1815. En la 
apertura del primer curso, y habiendo concurrido á este 
acto una diputación de la Sociedad, y varias personas 
distinguidas de aquella ciudad, leyó un discurso ae intro- 
ducción á la enseñanza, sobre h influenza de l(U belloi' 
letras en la mejora del entendimiento y rectificación de lat^ 
pasiones, A pesar de lo mucho que los oyentes esperabaa 
del profesor^ este discurso cscedió sus esperanzas. Nada 
diremos de él, pues se baila impreso en Sevilla, y ya he- 
mos dado á conocer bastante los caracteres generales da 
sus escritos. Aunque su l^.ctura duró mas de una hora^ 
el interés que escitaron las primeras cláusulas se elevaba 
sucesivamente á mayor altura, manifestándose enalgunos 
inomentos un verdadero entusiasmo, señaladamentecuaoda 



153 

i la condoskm del diicuno dirigió una brillante pcrora-> 
cion i sus nuevos alumnos. La Sociedad Económica lo 
mandó imprimir á sus espeusas. En estos escritos acadé- 
micos, en qne por una parte se exige la profundidad de 
los argumentos, y por otra la nobleza y majestad de las 
sentencias, y la lozanía y galas do la imaginación, es en 
los que mas cspecialmcMito se distinguen el gusto del so- 
ñor Reinóse, los caracteres propios de su locución , y las 
disposiciones y dotes que constituían su talento como 
escritor. 

¿Qué diremos de los dos cursos on que esplicó litera- 
tura, hasta la primera de 1820'? Parcos deberíamos ser, 
€uando sus lecciones de humanidades no se hallan impre- 
sas, á pesar de que se conservan entre sus paneles habien- 
do recibido quizá la última mano, y estando preparado 
el manuscrito para la prensa; y cuando fuimos muy pocos 
h» qne en aquella é[>0€a tuvimos el placer de oir sus es- 
plicaciones verbales, ya (lorque entonces todo el movi- 
miento literario estaba casi limitado á las carreras esco- 
lásticas, ya porque todavía en aqncl tiempo no se conocía 
bastante la utilidad é importancia de aquel estudio, re- 

Stado por algunos ociosos, para quien no descubría vena 
poeta, 6 que podría suplirse con un libreto de retórica 
para loa que siguiesen otras carreras, y que por lo mis- 
mo le considerarían como el último de los accesorios. 

Pero ya que no podemos justificar nuestros asertos 
oon la misma obra por no hallarse improsa , y que por lo 
mismo nuestro juicio podria reputarse como exagerado, 
é hijo de la pasión ó del entusiasmo, faltaríamos sin em- 
bargo á la justicia, sí dejásemos do manifestar que desde 
Aristóteles acá no se ha publicado un curso de literatura 
mas completo, en que se dé mas amplitud d todas las ma- 
terias que debe comprender, y en que se desenvuelvan y 
esplíqucn los principios de aquella con igual talento y 
profundidad, con igual erudición, con igual orden di- 
dáctico, con igual precisión de ideas y exactitud do 
juicio. 

Ni de esta obra , ni de las csplicaciones verbales en 



■s 



156 

que se comentaba y ampliaba, puede decirse qao care- 
cían de novedad: antes por el contrario la hay, no solo en 
la combinación de las iaeas, y en la forma de la espresion, 
sino también , y muy parlicularmeBíe en la esposicion de 
los principios generales de las bellas artes y letras. Las 
leorias de estas llenaban el primor año del curso, y com- 

tirendian un tratado amplio y completo de la filosofia de 
as bellas artes en general y de la literatura en partícolar. 
Pero habiendo formado el señor Retnoso el proyecto de 
aplicar las doctrinas ideológicas y las formas analiticM 

2ue le había sugerido el estudio profundo de las obrasi de 
¡ondillac, Desttut-Tracy* Gabanis y Laromiffuicrc; y ha- 
biendo meditado detenidamente este pensamiento, y con- 
sultádolo con su amigó D. Alberto Lista , quien le biza 
muy juiciosas observaciones acerca de la insuficiencia d» 
las teorías de los tres primeros, para comprenderla índole 
y generación de todas nuestras ideas y sensaciones, y cs- 

Elicar todos los fenómenos de nuestra inteligencia, y so« 
re todo las simpatías y afecciones morales, así como loft 
sentimientos religiosos , tan naturales , tan espontáneos é 
íntimos en el corazón humano; fundó sobre ba«es tan s6« 
lidas el análisis de las facultades de nuestro espíritu, en 
cuanto producen y crean las obras artísticas, coma 
el genio, el ingenio, y la imaginación; el del instinto na- 
tural, perfeccionado por la educación y el estudio, qoe 
se denomina gusto, y que sin impedirlos vuelos de la ima- 
ginación, ni poner tranas á los arrebatos del genio, pre «> 
serva á ambos de sus e&travios y monstruosidades; y el 
de la belleza y la sublimidad, cuyas ideas abslractas^rc»-. 
sumen todos los medios do escitar la emoción viva del pl»- 
c^r, empleando para ella los instrumentos de que so valea 
)as, bellas artes y letras^ 

Nuevas por consiguienle debSan ser unas.teorías, que» 
i juicio de Us persouas que las oyero» espUcar en 1q$; 
dos cursos que mediaron desde el año de 15 al do 20, y. 
de las que las han leido en los manuscritos del autor, (1). 
^1 " ■ ■ ■ ■ 

(I) Gl Sr. Riinoso facilitaba á lut discijHilos sns Uccione» escriUspac^ 



k 



157 

Mdiái han ñdo etpiíesUi eon tanta profandidad y filoso- 
na, jamas se han apoyado en principios tan seffuros ¿ ¡n- 
ooncusoSf jamas se han presentado con tanto rigor annlí- 
ticOv T jamas se ha hecho una aplicación roas feliz de las 
doctrinas ideológicas n las materias nrlislicas y de litera- 
tura, y 7a so deja conocer la luz que derramarían estas 
tsplicaciones , no ya sobre el análisis gramatical de las 
obras de elocuencia y poesia, y el de las bellezas y defec- 
tos de aquellas, sino para resolver todas las cuestiones 
que en general se agiten sobre asuntos.de gusto y de 
belleza, y para el análisis de bs obras artísticas do todo 
género. 

Tan familiarizado el señor Reinoso con las materias 
irttsticafi y literarias, que habían formado el estudio de 
toia sn vida, y conociendo de todas las bellas artes sus 
Rflu y ieorias, y hasta su tecnología, hacia aplicaciones 
Jii una, ya á otra indistintamente, tomando ejemplos de 
(odas, y haciendo notar de paso los puntos en que con- 
veaian ó so diferenciaban , según su objeto ó la diversi- 
dad de sus medios. La utilidad y el interés de las esplica- 
ciones del primer afio de este •curso de humanidades, eran 
comunes á todos los artistas, y tenían consigo la circuns- 
taaeia singular de que ni hasta entonces , ni después, 
UQDca en nuestro país han formado parte de las asigna- 
turas de ninguna academia de artes, ni de ninguna uni- 
versidad ó colegio. Asi es, que como no se han estudiado 
los principios en que se fundan las reglas del buen gusto, 
no se ha «conocido la importancia de estas, so han despre-» 
ciado, y se ha tomado por única guia una imitación ciega 
y servil, que no deja libertad al genio para remontarse 
mas allá del modelo, de quien indistintamente se han co« 



|oe lat copiacen. De esta manera so propagaron por aquel tiempo los copias, 
y poco después aparecieron algunas imprecas en ana do las repúblicas de 
Améñca. Las principales lecciones del primer a&o las refundió después y las 
rHaii^tde anevo, haoicndose ocupado aesde entonces en mejorar y corregir 
loéo el carso, qoe estaba dclerminadua imprimir con todas sus demás obtai. 



i:ík 

piadn, digúmcslo Ast, bcUczat mal reproducidas y defec- 
to! (leKOiiocidoM. 

íamwo oI único objeto de sus lecciones era la instmc- 
rion de sus alumnos, y como en la enseñanza de la litera- 
tura no b«-iKta comprender bien las esplicaciones del pro- 
fesar, sino que ademas os necesario , tratándose de artes 
3UC onscAan á hacer algo, ó mejor dicho, á evitar los 
efectos en c^ue pudiera incurriese , un ejercicio conti- 
nuo, que facilite la ejecución, y asegure el acierto, daba 
i la práctica mas preferencia de la que se acostumbra en 
en ol dia en las cátedras de retórica y poética. No se pro- 
ponía que todos sus alumnos hahiande formarse forzosa- 
mente poetas ú oradores : |)ero sí que todos esplicasen 
con claridad, orden, precisión y propiedad los pensa- 
mientos que su inteligencia les ofreciese, y con nobleza ' 
6 interés los afectos que agitasen su alma , evitando el 
desaliAo é incorrección de las frascas. Las disposiciones 
naturales que eiigen la elocuencia ó la poesía, ¿cómo se 
revelan mejor que por la practica? Esta es otra ventaja 
de los trabajos en que eiercitaba á sus discípulos el se- 
Aor lleínoso. No eran de obligación las composiciones 
poéticas: poro á los que tenían afición y talento pra ellas 
los invitaba y aun les daba asunto para formarlas, corrí* 
giéudolas él despnes . y haciendo sobre ellas obserTacio- 
ues muv útiles para sus autores: otras veces eneomen— 
daba á íi>s mismos la traducción en verso de algún fra^ 
mentó de Virgilio. Horacio, u otro pt^eta de la antigüe- 
dad, ó de alguno de los e\iranjeros de la edad moderna. 
Los trabajiv» que generalmente encargaba, a>nsist¡an en 
diseí taciones sobre los objcliv» de la ensefljinxa» ea ser— 
luones, en acusaciones fiscales y defensas : de esta ma— 
ñera se Aseguraban en la inieligeucia de las materias que 
se hAbiJín esplicado. y se ejercitaban en estender sus ideas 
pi>r escrito, y en las formas propias de los diverso» gé- 
nt*ros de elocuencia. También se inrupaban los mismos 
dtoK'ipnlosett aualírar iH>r es^-rito. va uuaoda de IIoracio« 
va un libro de U FneiJa de Virgilio, o va uoa comedia 
tt rnwslro leatn» antiguo. I n dia de la semana se emplea* 



1;>9 

bA ea pregUDtar acerca do cuauto se habia csplicado oii 
los anteriores; y las preguntas no oran aisladas jcontrai* 
dasá una sola idea, sino que se esteuiiiaiiá una doctrina 
complela* á una teoría integra, que suministrando asunto 
para un raionamiento detenido, acostumbrase á k)s alum- 
nos a espresar ordenadamente sus pensamiiMitos por me- 
dio de la palabra , y á hablar en público sin inrorreccíon 
; desaliño. 

Unidas tan luminosas esplicaciones á ejercicios lan 
biea entendidos, y amluis cosas al justo prestigio del pro- 
tesor , al interés que cscitaban sus lecciones, y al mode- 
lo viro que en ellas ofrecian , no |M>dia menos esta felii 
rtiuiion do circunstancias de contribuir poderosamonto á 
U mejor instrucción y adelantamientos de los alumnos, á 
tiketir cada vez mas la reputación y nombradla del señor 
ReÍMso , y á que su clase fuese concurrida de las nerso- 
Msmas diKtas en todas carreras, y do los mas distingui- 
dos estranjeros quo llegaban á Sevilla. 

A pesar do que el ejercicio de la enseñanza era tan 
igradaulc al señor Reinoso , y decente la dotación que 
por su cátedra disfrutaba , no pudo continuar aqnc* 
lia, cuando terminó el año escolástico de 1820. Aunquo 
la asignación que gozaba, se abonaba de una suscricion 
voluntaria que la Sociedad Económica habia abierto entro 
sos individuos y algunas personas distinguidas de aque- 
lla capital , no dejaron de ocurrir algunos desfalcos por 
abuso de las manos sul>alternas encargadas de su recau- 
dación. Por esto vivió con bastante estrechez el señor 
Rainoso todo el tiempo que sirvió esta cátedra , que de- 

Sndiendo únicamente do la voluntad do la Si>cicdad , y 
una suscricion , ya muy disminuida con b ausencia 
de muchas personas , por consecuencia do los aconteci- 
mientos quo acababan de ocurrir , era por lo mismo un 
destino, si grato y glorioso para el quo lo desempeñaba, 
inseguro y precario al mismo tiempo, y de muy noca os- 
tahiUdAd. £n vista do esto , y teniendo el señor lleinoso 
por aquel tiempo varios amigos y apasionados en la dipu-- 
tAcion |irovincial de Cádiz % accedió á sus instancias y 



1()() 

admitió el encargo que lo propusieron de deaempefiar loa 
trabajos que le encomenaase aquella, asignándole por 
ello una muy decente dotación, que le proporcionaba so- 
bradamente con que atender á sus limitadas necesidades. 
Muy sensible fué esta determinación del señor Reinoso 
á los numerosos amigos y discípulos que dejaba en Sen- 
Ha, y en especial á la Sociedad Económica. Con este mo- 
tivo , representó esta á S. M. , por medio de la de la 
corte , que entonces estaba considerada como central 
respecto de las de todo el reino , rogándole que se dig- 
nase aprobar los medios que proponia , con el fin de que 
continuase aquel desempeñando la cátedra de humanida- 
des. Aunque muy apoyada esta solicitud por la Sociedad 
Matritense, que manitestaba hallarse «muy enterada de 
las prendas singulares que adornaban á D. Félix Reino— 
ao, y de los servicios eminentes que habia hecho en lo-» 
dos tiempos al Estado , » no tuvo aquella efecto , ni aun 
parece recayó sobro ella ninguna resolución, ya por fal- 
ta de persona que la agitase , ya por las circunstancias 
estraordinarias de la épora. 

Cuando á principios de aquel año, y después de pro- 
clamada la Constitución en todas las provincias del rei- 
no, entró en Sevilla , como en triunfo , D. Rafael del 
Riego , que venia de la frontera de Portugal , á donde 
corría precipitadamente á refugiarse, visitó á muy poooa 
días de su llegada al señor Reinoso , por la reputacioa 
de su saber , y por la especie de homenaje que en aque- 
llos momentos se prestaba á la instrucción y al tálenlo: 
Sarecia que , terminada una ópoca triste de arbitraríe— 
ad é ignorancia • debía inaugurarse otra nueva y faiía- 
ta • en que apareciesen hermanadas la libertad y la sabi- 
duría. Riego trató á Reinoso, y quedó sinceramenle 
prendado de su rectitud y buena té , y de la templanxa y 
sensatei de sus ideas. Le llevó , para que la examinase j 
corrigiese , una narración de los sucesos que le habiaa 
ocurrido eu el alzamiento de la Isla y espedicion , que 
parece babia redactado su ayudante D. Evarislo San Mi- 
guel, escritor entonces muy visoflo. En las primeras elec- 



161 

cknies para Dipatados í Corles , quo se yerificaron aquel 
iflo , formó Riego el mavor empeño on quo hc nombra- 
se á Reinoso por la provmcia de Sevilla. IIuIh) de coiuu- 
niear este pensamiento, para realizarle, con algunas per- 
sonas que se esforzaron eu hacerle variar de propósito, 
Iintanao á Reiuoso en folletos, hojas volantes y artículos 
e periódioos, como un hombre peligroso, tanto porque 
IOS ideas eran contrarias al sistema de gobierno que se 
establecía en aquella ley fundamental , juzgando que es- 
ta eiigia una inmediata y esencial reforma , cuanto «por 
(pe su elocuencia seria capaz de inclinar en este sentido 
b balanza del congreso,» (1) contra loque opinaban los 
imuites fanáticos do la Constitución neta. Estos medios, 
nu\ue sugeridos por la mala f¿ y por un ciego espirito 
ie pvtido, que muy luego principió á manifestarse, na- 
ii leoian de calumniosos i>or cierto , y fueron muy sufi- 
mates para que variase ae pensamiento Riego , hombre 
^U Gou esceso , sin conocuuiento del mundo ni de los 
hombres , y sin las luces necesarias para conocer los ar- 
tificios de la intriga. 

Reinoso, que en nuiteria de opiniones no conocíala re- 
serva ni el disimulo, so habia espucado siiempre en ua sen- 
tido desiavorablo al Código de Cádiz , y mucho mas en 
aqueUos dias, quo con motivo de su reciente promulga- 
ción, era asunto general de todas las conversaciones. Juz- 
gaba monstruosos el método de elecciones y el sistema de 
administración que en aquel so establecen, asi como que 
era imposible de sostenerse por mucho tiempo en ningún 
país del mundo un sistema político , en que se crea un 
trono sin defensa ni escudo , y delante de él una cámara 
popular , sin ningún freno que sea capaz de contenerla 
en fus estravios. Fundado en argumentos muy sólidos, y 
en autoridades muy respetables , estaba persuadido Rei- 
noso , según publicó en un escrito , quo este sistema lle- 



(1) Ueconlamoi haber laido ostas mi«naK )>alalirM en uno d6 Ion dia- 
rioi o impreaos, qse par aquel üempo se publicaron en ^viUa. . 

11 



Turin nii iMifllipiior país naturalmente al defipotiamo ó á 
U Aiiarniiln. Koliro vario» do Hus artfculos se le oenrrian 
|tnniianiirntofi dniíttKM)» , Hingularmente acerca del dogma j 
lio la MilH^rnniíi <lnl pueblo ; y mas de una vez nos £iio ' 
rnir ron motivo do la ndorarion que entonces se prestaba 
rn OAni todaa Iah riudado» , hasta por las mismas aatori- ^ 
dndnn . ñ Un láitiiUii mandada» lijar en la principal plaia 
dr ondrt noblnnon : > do las ospresioues hiperbólicas que 
umIuiu al|cunoii OMTitoros } diaristas , como entre otras, f 
lUuiAr A U («onatituoion ol tagrado y Mcrosanto Código, ^ 
M torminar la prima vora de tH20 pasó á Cádiz, do»-^ 
dn» lo o»poralmn »uk amigo». } los trabajos que debia e»- ' 
o^Miiondarlo la dinutari^in nnn inoial. Vcogido en aquella ^ 
ouUa oiudad i^m la bonovolonoia jt Aprecio que eran coft- V 
«iguíonlo» A yu oolobridad tan nH'rccida. se dedicó deaáa^^ 
luoiix^ A la!& I\h»im.« pr^t|úas do mi oncarfo. ¿^So creerá qMd^ 
Hi(^iiH¥K% «p c^Mi9«^nlaria ctm do^^mp^'Aar é&le según 9mr 
lmií»« . ciiUri^udo ul «oj eon U$ foruus de una heraMa? 
iKkemñ^m orv^r^ pertiivHi««s en et\)iKinuii \ admiaislii-l' 
ouvn *" No |vrtuUMii cMo uí b cstreuiada deíícadeja defls.^ 
\NirAs'9^r « III «« aiiH«r a U pedíev^ii^ ea u^ genero di ;^ 
fMmílHM^, «I 9« «WJKW4II «eneral a u^ia cia^ de c 
üM^NMwt l\yr k;^ mvmiio Cue crta ui ^fO<a ea que 

iMKii et A^9iMi^N4ls« ie ia v^kh!rK».Mi quie hub^ii ci ^ . 

<^a ei ecrtuníbv» iiK^N«Mftie . etMOMWi^. prvHCu«4^. <«Mke tí^ ^ 
«Am k^ qt/ii^ ^íwyrewifcA . Jk »» ia árn fa B i w . « naaluiJm- ii¡ 
«AfA r a lla» » i^i»^ lie«e» {K*r cJSk^ e¿ 9^0» aM¿ 5 fcia 
lA^i tf^H^M^tft « iSft MKl«M^;¡nlCu^tt ^.eourcaí. irc nHiMk 

^imNfet w«ui^ái^>rct<%ii « «tt ^oJmm^ «¡lEscm/ . :hi dimana a-* 

%VM9lC(MMr >ta t&Wlf«m/ UKU.^^ ^ su. vX'tM -JIM ^l ímé M 

««HiW^ 11^ iif* tnaooicj* «f 9rvif«frvi«/iiarY#a jíí lAOfíiíaaif 
IMIM «•% «1*»^ muifr^ip^ ^ t jitf icuMvvv 3U. amana ctftt 

fc w 4a r fisir «ir ^ümsi: 4it«i(«iiiiNM^ ^^ ^vu 4Imi« «aMitts^ 




i 



165 

ates. 'A la aparidon da cada obra de Reinoso, 
bitfi ras amigos, Henos de novedad y sorpresa, 
reyelaban j descubrían eu él nociones y conoci- 
^ de que ni siquiera la menor idea tenían que po- 

£ 'filien pudiera comprender que el eminente poc- 
bia cantado el pecado del primer hooibre , ha- 
i^s de elevarse á tanta altura en las discusiones 
jd brecho público y do la ciencia administrativa? 
•eria fácil ni aun posible dar una notipia eomple* 
i trabajos que en esta época desempeñó el señor 
: con sobradas razones debemos atribuirle los 

Citantes y trascendentales que publicó aquella 
i provincial , los que vcrsabau sobre espedien- 
nrales, y cuantos eran relativas á e^taoistica, fo- 
insiruccion pública : dcbennos también atribuirle 
pon de los esceleiites manifieistos « csposicidnes, 
¡t é informes que en aquel tiempo se publicaron 
re dp la espresada diputación provincjat » y que 
^ luego descubrían la pluma quQ so había ¿oeu- 
t .eatenderlos. Pero sin embargo debemos bacer 
.Biencion , por su importancia y mérito, y por la 
*; :aceptácion que merecieron de los escritos si- 

i: ,. ■ .: 

Iffo de ordenoñxof muniiíUHÜeé , €Ír^%álaéo for la 
^ de la prin>incia de Cádití , á (^ íi^yiumialnientos 
l¿>(o.---C(Mu4821.— Gomo el QM^go coiBstitu- 
A a^o 12 encargaba á los ayuntanuejilJbojs U /9r- 
^ las 0f4enanta8 municipales. del, pf^blo^ 4;rejó 
moa de, Gááiz que» para que itui^es^ complimif^- 
^l^posicion, era útil y acertados J V^m propio de 
(oéiou, circular no. un proyecto, «co^ümo!, ^sino, mía 
^. pidigo mumcipaL Eu él Qstán designados J.de- 
\p^ los principios en todos los ramos de poui^ía ; 
(Mpie cada pueblo» ,al formar sUa <tfdeDfinzaii,. ba- 
lero ^M todo el trabajo , y Bolp k.MUAbf^ estáblé- 
ifvaria<í;ioues que exigiaii las cijren^ta^cias d^.qa- 
p^,, s^prib^r los artlqulos i||útili9s,p4ra,,alguap6> 
r ki ^aeUifi necesidades lúc$let 4 los alimQi V¿- 



i64 

■ 

troducidos exigiesen.» -Pero sin embargo , está foniil^ 
con tanto conocimiento de las cireanstancias locales 
todos los pneblosde aquella provincia , que, aunque 
bria artículos que suprimir , dificilmente ocurriria el 
so'de tener que afiadir ninguno : puede decirse que eB^^ 
inodelo todo estaba previsto y prevenido. 

Las atribuciones de la policía municipal se refii 
según este modelo , á cinco objetos principales , que 
el orden » la seguridad , la comodidad , el ornato j 
recreo y la educación primaria. £1 principio general' 
domina en todos sus artículos » es el siguiente : di¡i 
cada ciudadano en enUra libertad de hacer lo que ai 
excepto aquellae acciones que ceden en daño de otro ó i 
tociedad entera. 

El título que trata de la policía de orden , está 
dido en dos secciones. La primera trata del domicilio' 
los ciudadanos , y la segunda de su conducta. En 
al domicilio , establece las reglas que han de gu 
para que la autoridad municipal conozca con exactiL 
estado de la población : en cuanto á la conducta , i¿' 
signan los casos en que los oficiales del ayuntamiento íf 
ben intervenir en las acciones de los ciudadanos » y'l 
modo con que deben hacerlo. ' "*% 

La policía de seguridad se divide naturalmente M 
licía de seguridad personal , y de seguridad de los 
La primera sé subdivide en alimenticia, de salubridad'^ 
- protección. En la segunda se prescriben los abastos j 
'posturas, y en la tercera se establece pena pecuniaria 
tra lol^ que se niegan á socorrer á los qfue imploran 
xilib , cuando han podido hacerlo sin manifiestb péüMb' 
de su vida. En cuanto á la seguridad de los bienMVis 
examinan con mucho tino y análisis los diversos 'casos 
en que se suele ofehder la propiedad , y so sefialan iMs 
penas correspondientes á cada uno. Esta secdon ; dirt^ 

Sida á infundir en los ciudadanos un gran respeté ÍA 
erecho sagrado de la propiedad , es quizá la parte mé^ 
jor trabajada del modelo. Uno de sus artículos impoiito 
mtüUi al que hiriere 6 matare fñn uecsesldad á vn' amad 



165 

iomí^stiro , en liíj^rar Je pro}^i/|?<^d ó arriendo de su duc- 
ÍDi Nosotros qiQ8Í¿ran\ws t|a* lainhieii se impusiese pe- 
'M.al que hiriere ó ma'.arc ai vinÍMal Joniéslico » aunque 
Mi propio, sin mas objftjio que el do satisfacer su bárba* 
la crueldad. El gran filósqfo y publicihla lUínili&in diro, 
me Ja iaipiedad con los. animales, y i^uu la cobtumbre de 
iBSimir , solo por ejercitarj las fuerzas los seres inani- 
Viflos , habitúa al hombre á derramar la sangre de sus 
«iBBejantes. 

:* M fia del. modelo se añade un sumario de las razones 

lnotivos de las leyes que ^ proponen s al frente de es*- 

tbipiyario se halla el análisis de la distribución que se 

f'k.láeho de la poUcift monicipal. Antecede á todo el re- 

^to un titulo, llamado Aegr/íK genoralñi» En ellas se 
.^,Jos los ciudadano^ el derecho de oponerse á la ten- 
14íli'4'eiecimioi| de un delito v de asegurar al que se le 
, MVeche de algún crin^en t conducirle ante la autoridad, 
7 ^.exigir la concurrencia y. ayuda de los demás para 
'lM9uacGÍpoes. Se seOalá el magistrado , ante qmen de- 
imbiácene las dequncias i las ^rsonas que pueden ha - 
ttriMy y lak facultad qae. se. concede- ala autoridad para 
i^ojÁuir 6 aumentar la muHa dentro de ciertos limites. 
raq Ifia artículos .loa^ iqti^resMies y almismo tiempo mas 

a^oa de este títulpí iSOA JooiXidativQsá la.respousabili- 
ffí^fidiaria ; lUmas^iasi^a^quegravita sobre las per- 
nal, á.cuyo. cargo .eAtó/et-queiba bocho el daño, por el 
ciá\.f«^ j^Done la pensil. iHatnos ^cho- que estos artículos 
na inícTOS » ^q pctrqufi.la o^tfria en que se versan no 



í 



¡ kja,4Í4K^tj9nída en e^nifiid^^^ipñ por los legbladoresi aun 
[ Iside eí tien^po.deiios. ai^tigHop egipcios, sino porque no 
^ukegios %i]^ fie, baya nmtoa trazado con igual tino y li- 

1 ]^Usa4o. es. de^irinajiadie la .pureza y demás dotes 
^Ijíppguaje^ i^wquif le que mas recomienda esta obra^ 
son los escelei^tfi^ nrincipiQs :de administración munici-^ 
pal en ;qp|9. ^-ifuQd^ti .y el scYoro análisis y la maestría 
coQ .que(ei|lin trilladas .¡fit^meltaci (odAs las cuestiones 



166 

Ánahi de la diputación pvovineial de Cádi%. No se 
limita, esta obra á dar noticia circunstanciada de los 2162 
espedientes que despachó aquella Corporación en el afio 
primero de su instalación, y en las noventa sesiones^ que 
con arreglo á la Constitución, correspondían á, aquel pla- 
zo. La parte mas principal 6 incesante de ella se póa- 
pa en examinar los obstáculo^ que embarazaban y^ reCár,^ 
daban la formación de la estadística » y en Kácér nalpablé 
la inhabilitación en que se hallaban , y aun se halMii^ td^''' 
davia , las diputaciones provinciales para ¿brar el Mlent ile 
los pueblos. Aunque estaa Alemas reflexiones se refi^^tf ' 
al esUdq de ntilltfftd á que las dcj'6 reduéitfás el déeréU'^' 
de las Cortes de &3 do junib de 181», Md^ylá subíl}sWi/|^ 
aun después de In ley áo H'de febfe^ de 1821) , itítIcAíétf'j 
de los inconvenientes y maiet) de que sel 'quejaba ladipii^''^ 
tacion de Cádiz , y acerca díS los ctialeS' i^iiministratl Mff^ 
Anales observaciones mity interesantes. '■;?<* 

Plan del eemo de la provincia déCAdiXi dispuéeioptil^^ 
D. Fílix Jo^ Reinoéó, y puMicado pih'' la dipuilicdm'pi^^ 
vinciál para la formación' de eitadéé'd^ los püehtoe dé'ep^ 
distrito. Esta obra , impresa en un t<)nio eii foliiD niay^r/',*; 
comprende la csposiciofi del flfán , lína ínsthliccioñ pAIrí'^ 
formar los estados ,' un iptei*f¿igatoÍHo pata Ilustración dé'* 
estos y '16imodelos do los ifristtic^. Et })rimen). es para tíñ"| 
padrón nominal : elsegand<^, lidá plenritiUá de la^ rélátíb^ 
nes vecinales para el-padroíi i '.<^l tc«rGeiiD> estadb'genef j|iF ' 
de la poblacioi^; que (5ónticné do& tablas» priitieAaV'cátá^^' 
log» de personas , di vididb p<)f naturalezas , edades, clá^^" 
2>cs , sexos y estados ; y segunda, ^üm^Tió por faMiBa|í;/ 
comnnidadesi k individuoi^': eleusaitó , estado ^ádüal deí' 
vectnda^rio por las épocas de la vldlf ': quiiitb; c^adó pr^- ' 
líiico : sesto, id. morboso, que contiene tres tablas, ^li- 
mera., de los enfermos do todas clases Y dotencíals tfil'tal 
época- -datennifiada ; segunda, dé la» pli^rsoiiias qtíc 'k(tn: 
padecido la viruela , vacilnadj^s y qnc^ ffO bah')>ftdt«cido'li(' 
vimela , ni est^n vacunadas ; y tercera , de las peráonas' 
que no ban pasada la fieb^ amatillei : sétimo, estado éco^ 
Aómíco ; octavo» id. doctrinal^ que comprende cóatíro ta^'- ! 



167 
h¡M$ f prímora , inatítiitOB de ensoflanza ; segunda , mnte- 
riis do onseñania ; torcera , ostablecimíontog .iii!iil¡Ares 
de la coücfianza; v cuan», onsoi\an/,i de las inujeros : no- 
veno « estado ecfesíáslico , uuo so rodurc á cuntro ta- 
blas; priuiera* eclesiásticos distrihuidos por Ardonos ; se- 
gunda , odosiásticos sücularrs distribuidos por iglesias v 
Biinislerioa ; tercera « n^gulares distribuidos por prolV^ 
sienes ; y cuarta , religiosas : d6cimo , estado iM>Htico, 
ipc oomprende tres tablas , priniora , clasificación de los 
yarones aptos para diputados á («Artes , de provincia 6 
ÍB4jÍTÍduos de ayuntatuiento ; si^gunda , clasiUcacion para 
daervicio del oiArcito periuanentc > de la milicia activa^ 
jlarcera, clasificación para la niíficia nacional : und¿- 
I» estado alímeuticio» distribuido en dos tablas, pri- 
1, abastos; seguuda, consumo en 1822 : duodóruno, 
filio douiiciliar : decimotercio , estado alternativo de 
k foblacion en los cinco afios últimos , que contic- 
le do8 tablas; uriroera , año de 1818; segunda, ra- 
na de los ejipósitos desde principio de 1818 hasta fin 
di 1882 : decimocuarto , estado mortuorio de los cinco 
•ños últimos eu que no se ha padecido la fiebre amarilla, 
ni otra epidemia mortal , y <|ue comprende dos tablas; 
primera, distribución de los fallecidos por sus edades; 
le^nda . distribución |)or los meses del afío : décimo, 
quinto , estado epidemial : y décimosesto , estado his- 
¿rico. 

Esto breve resiunen puede dar una ligera idea de la 
obra y del plan de ella, rara conocerla bien , para com- 
preeuder los multiplicados detalles y pormenores á que se 
cstieude, y la admirable coordinación y clasificación de 
todos los hechos y circunstancias , de que se hace carso, 
e» necesario estudiarla atentamente : solo asi so podrá 
apreciar un trabajo de uu género nuevo entre nosotros, y 
para el cual, como dice el autor en la esnosicion, no tu* 
vo ninguna guia : solo asi se reconocerá todo el mérito 
da una obra , <|ue supone una meditación profundísima, 
} un afán improbo para trazar un plan tan rasto y bien 
ordenado i acerca ctcl cual puode caffi decirse con sejgpi- 



m 

ridad , quo nada se ha omitido , y que cada cosa , á pe- 
sar (la ser tantas las que comprende , se halla colocada 
en su verdadero lugar. Esta obra sola bastaría para fan- 
cl'jr l.'i ri'[)Utacion mas distinguida de cualquier sabio ad- 
ministrador o.n todo pais en que se reconociese la im- 
porianciy y dificultad de estos trabajos , y se hiciese ju^ 
ticia al mérito de tos ([ue se dedican á ellos , á pesar de 



su aridez. 



líanifieiío de la Diputación provincial de Cádiz á loi 
pueblos de bu distrito y á toda España. Una proclama» náa 
alocución no tienen en nuestro tiempo^ ni suelen tenéis' 
en ninguno mas que un interés de circunstancias , V bajo- 
otro aspecto un interés de partido. Pero lo que acabáiUlM. 
de citarle leerá siempre con placer, porque loS %scel6ll^' 
tes principios en que se funda las doctrinas que en ella sé' 
proclaman, y la pureza y hermosura de su lenguaje» b; 
colocan en la esfera de aquellos monumentos, que sobren 
tí ven con gloria á las circunstancias y á los partidos.' 
Casi todos los periódicos de aquel tiempo io insertaron, 
y uno lo calificó de «documento acaso el mas importante, 
el mas. veraz , el mas útil y el mas bien escrito de cuail-^ 
tos se han dado á luz desde nuestra regeneración polf-^ 
tica.» Se dio á este escrito toda la importancia que me^ 
recia, y como era consíguienjle fue impugnado con ardor 

Ír violencia por algunos de los periódicos que apojában 
os desórdenes, como los que ocurrían en aquel tiem¡^ 
en la ciudad do Cádiz y en otras varias del reino. El ca- 
rácter principal que distingue á este manifiesto consiste 
en la firmeza y valor con que se combaten los proyectos 
anárquicos, las predicaciones revolucionarias , y el estra- 
vio de ideas que en aquella época llevaron la libertad al 
bordo del precipicio en que se arruinó. Los enemigos que 
Reihoso tenia en Cádiz, que eran los promovedores de 
desórdenes; y. los que miraban con encono el prestigio de 
que gozaba en aquella ciudad, y la ilimitada confianza que 
merecía de la Diputación provmcial y de todas las auto- 
ridades, redoblaron sus tiros con mayor fiereza , y íe per- 
siguieron hasta el estremo de verse en la necesidad de 



169 

refagíarse á Jaree, fiara eyitAr lo6 poligros que mnonaza- 
ban su existencia. Kl Biaiiirioslo auquirió por esto mayor 
celebridad, y ademas por la circunstancia ile qur \iiríaa 
Diputaciones provincialrs publicaron otroii, adhirióudoso 
á los principios que vn aquel si* proclamaban ; y porque- 
56 aseguró entonces y despuc¿^ hemos sabido con certeza^ 
({ue mereció del rey los mas enCfU*ecidos elogios. 

En aquella ¿poca ^ y deseando á pesar de sus muchas* 
ocapadones trabajar constantemente en bien de su pais, 
principió á eslander con oportunidad las observaci<mei 
m le flügeria la lectura del Proyecto de Código penal. 
Per» e(!^Ddó de f er á poco que le ofrecía este materia 
|«a:iui'VÓliUMn muy abultado, y deseando que sus npa^ 
m fodiAan ténerbe presente cuando se discutiera el esp- 
irado proyecto , se limitó á publicar lo que con aquel 
ítalo llevaba escrito acerca de los primeros capítulos del 
mfseta y del estilo general de él. De este abultado fo* 
líelo bastará decir, que contiene las ideas mas luminosas 
7 lis doetrinas mas sólidas acerca de nuestra legislación 
peaal, espresadis con la lógica admirable y la precisión de 
estilo que distinguen, como en otra parte hemos observa-- 
A>, todos los escritos del autor. 

Gomo la exaltación de las pasiones , el furor revolu- 
donarlo y las crueles persecuciones de que era objeto 
el sefior Reinóse , obligaron á óstc & irasladarse á Jerez, 
donde en el seno de la amistad descansó do. sus intensos 
tribajofl y de las amarguras de su espilriiLu, allí permaue» 
CIÓ aun después de. haber ocupado las tropas francesas la 
plaza de Cádiz.. No teniendo .ya «m esta ningún objeto, 
continuó en Jereii» viviendo eu^4)inípajUa Uelos horma** 
nos de su amigo Cepero,. hasta que ya i^ mediados del afio 
de 1824, y calmadosialffun tanto los SHUomas de la reac* 
cion,tpasó á Sevilla , donde se aloió en ca^a de su amigo. 
düu Rodrigo Sanjurjo , que ocupaba una casa en el real 
alcázar. Allí misino habitaba el Asistente, que era á lasa- 
zou de aquella ciudad, don José Manuel de Ariona , con 
quien hacia muchos años le unia la mas estrecha y afec- 
tuosa amistad. Muy ocupado Arjona cp las vsaUs oXs^tVr 



170 
dones de los varios destinos y comisiones qne con tanto 
celo y capacidad desempeñaba , qniso tener el placer de 
que todos los dias le acompañase en sn mesa Reinoso. Se 
ocapó éste en aquella éponca en desempeñar düerentes 
tral^aíos que sobre fomento público y mejoras le enco- 
mendó su ami^o el Asistente , y en dar á los bijos de éste 
lecciones de literatura. A fines del año de 25 vino á esta 
oárte, á instancia de sus amigos Miñano y Lisia, cada 
uno de los cuates pretendía llerárselo; á sa Gasa« Prefirió 
la del último, yendo á comer froenentemente á casa de 
Mifiano y á la desu antiguo amigo et fiscal dá Indias don 
luán Gualberto Gonzales. Desembarazado délas prime^ 
ras visitas y do los primeros o^quios aoe le hioieron. 
muchos amigos, se dedicó á ver y estudiarlos monoineB- 
tos artísticos de Madrid, los establecimientos , palacios y 
preciosidades que contiene , haciendo en virtud- de ' un: 
examen tan inteligente , las mas interesantes obserra-^ 
dones» 

En 15 de enero de 1827 fue nombrado redactor pri- 
mero de la Gaceta. (1) Vacilando el ministerio de entoa-, 
ees entre la opinión templada de los hombres moderados 

Ílas pretensiones esclusi vas del partido apostólico, no 
abíendo todavía estrechado Salmón sus relaciones polí- 
ticas con Galomardc , solía por aquel ministerio atenoerse 
el mérito y la capaícidad. La reputación del señor Reino- 
so lo dio á conocer de los personas mas distinguidas de la 
corte, que se oomplacian en su trato, distinguiéndose eur 
tre los quemasile apreciaron los señores Gríjalva y Caá- 
taffo$. Estas* Apotras personas, y en especial Miñano, hu-r 
bienon do informar at ministro de Estado. Salmón délas 
parCicnlai^s ciroakistancia^ y eminente saber de nuestro 
Reiiloso ; y d^sK^aAdo aquél aprovechar una ocasión de 
recompensar tos servicios y premiar la vasta instrucción 

(i) A lioiQibircK 4le sénv^jaiite inérita se ooiileiia en tiempo dol al»olu- 
tisiu/o.el carj^u (lo. redactor primero de la Gacela , ú lu que so califica de 
insulsa á t^ighificatUe por los c[u& uo copocca su importancia, ni los 
pmmos étéfms fío contiene/ 



171 

de éste, le ofreció un destino, muj honroso entonces , y 
que no ascntabii mal & un literato de celebridad. Por es- 
tas circunstancias 1q aceptó contento y satisfecho, dcseni 
peffándole como era de esperar de su talento y de surelo, 
ganándose el afecto y la amistad de sus compnfloros , y el 
concepto mas elevado de 1o$ ministros y del rey. 

Lob que juzgan que todo el mérito de la redacción de 
nn, periódico insiste en ésos artículos q[uo llaman de; 
ftmaó^ reducidos á una fraseología vulgar, á una depL)^' 
maciondo mal gusto.; que carecen, do principios, de unij- 
dad en sus doctrinas, taltos de ideas v de estilo, y hasta ., 
le ha forrvfa^ propias de esitn especio de controversias po^' ' 
liticás ; np póilrán siquiera sospechar qiie en la Gaceta de 
Madrid^ i^n h rehmth Gaceta i que miran con afectado 
ieil(;n^ que en^la Gnceta que se publicaba bajo el gq^- 
kerno do Calomardc, y cuando tifo exi^tia linertad ie 
úopircnta, se encuentren artícenlos sobre fomento y pros- 
peridad pública, solité estadística, ciencias, literalura, 
Grilica y bellas artes, cpieselé'e^ráncoii placer y admifa'cion^ 
CQ^ndo cajiriadás la¿ pasíonéV^de la época, y desvajieci^a^ ; 
lasprreocupaciones políticas y Htorariiis que fa dominan, se 
haga justa apreciación del tnférilo de los.oscritus, sin de- 
jarse arrastrar por las pn^vencionrs ¡nsensaüís de la épo- 
ca en que aparecieron, ni del periódico que los con- 
tieno.. I ' 

Los articnlos de Rein^so qne acerca de las iiiatcrias. 
mcncionaaas ioas IlamartYp la atención, fueron los relativos 
ábéllas artes y á estadística. Estos tenian, entreoirás cir- 
cunstancias que Ips recomendaban, el mérito ;de la nove- , 
dad; pues ni eran entonces, ni áon ahora muy coniunes 
los'jtiicios apalitici^s de Ins ó^i^as arlislicas, desempcflajos 
coñfilosoRaV 7 con conocimiento délas reglas del irusto y 
delabcUezi^^ ^ ál mismo tíenipo no se hanian publicad(> [ 
nunca en nuestro idioma escritos razonados, profundos 
)de utilidad práctica solare datos estadisliros, siendo con- 
tadas las personas que entre nosotros tenían en 'aquel 
tiempo idea 4o ins aplicaciqñe? que de estos pc^dian na^ ,, 



179 

S odian dar lagar. La importancia de los hechos clasirica* . 
osqne nos ofrece la estadistica no se limita á satisfacer 
una estéril curiosidad, no se limita á la utilidad inmedia- 
ta que aauellos pueden prestar á la administración pú- 
blica , á la industria general y al comercio: detrás de los 
Í guarismos se encuentran consideraciones profundas ^ue . 
orman la mas segura comprobación de los principips 
económicos, yeq |(eneral de los que sirren de funda- . 
mentó' á las ciencias morales y ppUticfis. Admira todo el 
partido que sacaba el sefior Reinosó de unasnotas que por , 
orden del gobierno pasaban l^s administradores de cor- 
reos ala redacción déla Gaeetaf y que se reducian á es- 
presar los precios de los principales artículos del consn-; 
mo general , como trigo , aceite, cebada , vino, algarrcH- . 
ba, etc. Creemos hacer un obsequio á nuestros lectores. ; 
invitándolos á leer los artículos que desde elafio de 27 al, ,; 
de 30 escribió en la Gaceta el. señor. RoiuQSO,. y que no,,.: 
son tan conocidos como deberían scrlp. 

Guando fue nombrado príj^er redactor, nq era por , i 
esó'jjDfé de la redaqcjüQ]^ de lafi^o^eia: par^ este x^rgo', coa.,., 
el titiúo dé. director; fueuon^radopor clmismo tiempo el., 
sabio don Tomás González,, archivero que fuedeSim^nca^. . « 
Creemos deber atribuir esto, ya 4^ no inspirar, confianza el r. 
señor Beinosoá Galomarde, alma de.i^qfiel ministerio, y .' 
al partido apostólico, ya para que no fuese repárame, y., 
objeto de. censura^ que se pusiese al frente del periódico 
oficial á'uiq hombre, cuyas opiniones no disimuladas, erf^,^. 
contrarias. í los principales actos 4b aquel gohier;ip , . qp^ ; ; 
se debian al, influjo, preponderante las mas veces, de Ca- 
lomardé. Así fue que* ai^nqua- salió. 4ef la dirección el ^s^, , [ 
presado ,séi1ip|r ^onzalez» no Wi^pmbradp director .qla^Hw^ . 
ñorReinósóf sino el padre .Jimjsnez, d9l,.,órd(e9,.4e'lo&f.. 
agonizantejs, muy conocidp.en lax^órtey persotia uwifier'.-i 
rec^^ala confianza ¡le aquel ministro, por cuya inaicaciop,j 
fue noD^brado. 

^ Habiéndose negado el señor Reiuq^ á las insinuacio^l • 
ncs jc(ue^e le..faiJÍ9fCf0|;i por, e} .dirj^ctor de la fíaUkt 4ai^... 



175 

cias, ya para quo apoyase y elogiase un decreto del go- 
bierno, que era relativo á los españoles que se hallaban 
emigrados en países estranjeros , no pudo menos oslo de 
producirUcl enojo de Calomarde, ^ de aumentar elodio 
qno le profesaba la facción aposíólicn. Ya desde entonces 
los comiiancros del señor Keinoso en la redacción de la 
tiaetta prcveveron que no seria larga su permanencia 
en aquel dcstmo: desdo entonces se principió á intrigar 
para su separación. No ofrecif^ulose nmgun otro pretes- 
to, se creyó hallar uno á propósito en la circunstanciado 

Íie algún tiempo antes había sido nombrado el señor 
cinoso por el ministerio de Hacienda individuo do una 
comisión de estadística , que se acribaba de crear: en esto 
M fundó la real orden do su separación , espedida en 31 
k marzo de 1830, por la cual fuc^ «eximido de la comi- 
sión de la redacción de la /rrirr/a, en atención á hallarse 
destinado por el ministerio de Hacienda en una comisión 
(¡ue ademas de procurarle una muy regular subsistencia, 
le ocupal)a demasiado para que pudiese dedicarse esclu- 
ávanaentet eonu) debiera^ á proporcionar trabajos para el 
referido periódico.» 

Separado Reinoso de la redacción de la (¡aceta , y ha- 
biendo recaído en 61 poco después el cargo de presidente 
do la ospresada Junta ó comisión de estadística, dbpuso 
el local para la oficina quo era indispensable plantear, y 

tropuso al gobierno la plantilla y organización de aquo- 
a. Aunque hizo esta y otras nn)puestas, sogun le oimoa 
repotídas veces, con 4U designio de preparar los trabajos 
preliminares para realizar el obieto de su encargo , no 

fmdo conseguir que se le facilitasen los medios abso- 
utamente necesarios. No bastaban á superar estas di- 
ficultades la firmeza k ilustrado jiatriotismo del digno mi- 
nistro de Hacienda don Luis López Ballesteros , que ha- 
bla creado la mencionada comisión , y que mostraba el 
mas vivo inter6s porque se emprendiese y llevase á cabo 
la importante obra que le habia encomendado. Los prin- 
cipales y mas graves obstáculos dependieron de la iudisr* 
p¿i8able cooperación que ¡)ará la misma se TeqoL^m ^t 



174 

parte de los demás ministerios, v en especial del de Gra- 
cia y Justicia, del qoé depenffian en aquel tiempo los 
ayuntamientos y la policia. Con todo, ef celó y la' deli- 
cadeza de Reinoso no le permitían estar , digámoslo asi, 
con los brazos cruzados, y desempeñó Jíos trabajos qiie 
podiá ejecutar por -si solo, ó con el auxilio de los demás 
individuos de la comisión , y que debían servir conio de 
cimiento para, la formación de la estadisticaa Se distingue 
eütrc todos ellos por su mérito é importancia la Ihstruc" 
don para formar el censo general de la población. Mo 
hemos visto este escrito; pero nos lo han elogiado estráor- 
dinariamente dos amigos nuestros, que lo leyeron en las 
oficinas del mlnislerio de la Gobernación, asegurándonos 
los mismos que les sirvió de guia y de modelo para los 
proyectos 6 instrucciones que esleudieroñ después, coimo 
oficiales de aquel ministerio, ó como individuos de la 
comisión de estadística, que se agregó á dicha secretaria , 
bajo el ministerio de don Pió Vita, ó de don Diego Gron- 
zalez Alonso. 

Se ocupó además ftei'tíóso lodo él tiempo que cstUTO 
& l^u cargo la ya citada comisionen evacuar los informes 
y dictámenes que el gobierno le pidió sobre puntos cbn- 
iCernieñtes á aquel ramo, y en cstender varias memorias 
áüe le éácargó el ministró de Hacienda acerca de objetos 
fififiortantes , tanto relativos á política, como á fomento, 
admihi^rátioii y Hacienda. No podemos dar una noticia 
ittditidüat ác todos estos escritos: algunos ile ellos de que 
circulaban copias misteriosamente por aquélla ópócá , ios 
oímos leer entonces, y nos [Carecieron dignos de la pliiiña 
que los habia estcndido, y del reconociniieñto dé todos 
los españoles, á quienes no haya hecho ingratos y ciegos 
el esmritü me¿(Jüino y ésclüsivó dé partido. 

Propenso sieinpre Reinoso ¿ complacer á sus amigos 
no nos seria fácil en esté momento citar siquiera iodos loa 
escritos que trabajó, ya por satisfacer á tas instancias 
de aquellos , ó yá para muchas átktoridades , y para- íás 
corporacioties a qué cotrespondia. Solo recóraamos oiia 
felicitación que escribió para la Sóciedadi Económica dé 



Í76 

Sevilla 9 7 que esta dirigió al rey con motivo del Decreto 
qoe espioió elaSo de 20 para la convocación de Cortes; 
ana defensa de un regidor del ayuntamiento constitución 
iil de Jerezde la Frontera, llamado Jimcruncz, á quien se 
le fiurmó causa después do la reacción de 1823 , por el 
tolo hecho de haber desemoeftado aquel cargo: una 
refNresentacion ¿ nombre de los compradores de bienes 
ueionales > desatendidos injustamente , y muchos do ellos 
irroinados por consecuencia de los decretos reacciona- 
dos espedidos después que el rey volvió de Cádiz en octu- 
bre de aquel afio : una oda magnifica en loor de las bellas 
artes , hecha para la distribución do pre mios de la real 
icademia de san Fernando; y nmchosyoscelentes artículos 
fft escribió para los periódicos tí aceta de Bayona y Ei- 
^sía de «an Seba»iian. En el primero de estos mantuvo 
M polémica muy empeñada sobre diversas cuestiones 
Alógicas, y en particular sobre la frase: uno qíie otro; 
] lobre el uso respectivo de los artículos lo y le: en los 
Irticulos que escrinió sobre este último punto*^ impugnaba 
Iiopinion que habia manifestado su amigo don José Gómez 
brmosilla en su Arte de hablar en prosa y verso , acerca 
dalos espresados artículos. En el segundo de aquellos 
periódicos publicó un largo articulo con ocasión de anun- 
ciar la uueva edición que en 1830 hizo el señor Quin- 
tua de su colección de poesías selectas castellanas , que 
nachos años antes habia publicado por la primera vez, 
i pesar de que liaco trece años que leímos eate articulo, 
fie ocupará mas de dos pliegos do impresión , no hemos 
podido olvidar el singular tino y esquisito gusto con que 
le juzga á nuestros poetas clásicos, la oportunidad con 
<||ie todo está en ¿1 traído y enlazado ; y el talento con 
fue se espone una nueva doctrina , que hace distinguir 
p^ectamentc el adjetivo del epíteto» También se nos ha 
negnrado, y su lectura no nos lo permite dudar , que 
fiKribió á instancias de su amigo don Sebastian de SU- 
fiMio el articulo Sevilla para el Diccionario geográfico 
Mtadiid'co que publicó aquel. 

A petar do que Beinoso estaba dotado de unoi Círai-- 



176 

jplexion sana y robusta , con todo un estudio urolonffado 
é intenso durante toda su vida, el esceso del trabajo 
mental , la vida sedentaria , y las largas vigilias oue te- 
nia de costumbre , no pudieron menos de . afectar su 
salud ; produciéndole en 1832 una grave congestión ce- 
rebral. No bien hubo aliviádose , y aun antes de salir -de 
su alcoba cuando ya se ocupaba en el ceremonial y prác- 
ticas relativas á la proclamación v jura de la princesa de 
Asturias^ cuyo trabajo se le había encargado algún tiem- 
po antes por el gobierno para que lo desempefiase en 
unión con don Tomas González. Sobre este punto se ce- 
lebró un consejo cstraordinario de ministros al que 
fueron convocados varios individuos de los tribunales 
' supremos y consejos , é igualmente el señor Reinóse, 
cuya opinión fué oída con respeto y deferencia. 

Desde la enfermedad del rey y durante los dias que 
su augusta esposa desempeñó el gobierno de estos rei- 
nos , despachando en nombre de aquel todos los negocios 
del Estado , manifestó Reinóse entre sus amigos el inte- 
rés mas vivo y la adhesión mas intima por la persona y 
derechos ala corona de la augusta Niña, primogénita 
de Fernando , y por los que las leyes del reino , y poco 
después la última voluntad del rey conferian á la esp- 
celsa señora , que tan alta capacidad y tan elevados pen- 
samientos dio á conocer desde que tomó en sus manos 
las riendas del Estado. Con todo debemos confesar que 
no todas las resoluciones del ministerio , llamado de la 
Granja, merecieron la aprobación de Reinoso » y que 
muchas de ellas las conceptuó inoportunas , imprudenr- 
tes é impremeditadas. Ajeno de nuestro propósito el exa- 
minar y calificar los actos y las tendencias de aquel mi- 
nisterio , no nos ocuparemos en consideraciones que nos 
estraviarian demasiado , bastándonos decir que de él, por 
ligereza y precipitación , y por falta de sistema y de un 
profundo pensamiento de gobierno, partió el primer im- 
pulso que alarmó la nación , y que preparó la resistencia 
que esperimentó después el primer ministerio de la reina 
goberaadoreif que presidia D. Francisco de Cea Bermudec. 



, ' ■■■ ■■ 177 

üiJJgkmos.aBos antes haluá Reinoso conocido y tratado 
Me eaBladrid, de qnien, como justo apreciador de 
i irirtad y del talento , había merecido el major apro- 
ÍAviT.las prndiMis mas señaladas de amistad y confiania. 
■Ñboo llegó á esta corte el señor Cea , procedente de 
¡Mies» dbodo se hallaba, como ministro plenipotenciar- 
io de España , y viniendo, a encargarse del ministerio 
kSüHloi para el ci|ld -habia: sido nombrado, Beinoso 
teo.á TÍsitarle ; y mi Aquella «ñoca bs virtudes priva-' 
W3f.p4bUeas de estos dos hombres, su acendraao pa-- 
IMamOi Éd amor Jd trono y su adhesión ¿ los dere- 
tliique . tenia para suceder cu la corana la augusta 
¡njiíiifi d'r AMurías» estrecharon mas sus relaciones , y 
Í¡|M)M;á Reinoso á ver al ministro: casi diariamente, 
N^e' así se lo rogaba.cón instancias , y <i estender y 
Éttar ,:Yarios es^ri^squo le .eucomendói Mo creemos 
•seeto rebajar el m^VitOi de tbn eminente: hombro de 
ll^; la .reputación! y. la ftlorja de estos no so .vincula 
ikelegábcML y «gsttaiKfiafdftsniplúma^iSÍ no en lasahi^ 
itaif pro&mdidad:db. sus! pensAmibnlos / y -en Is habíli*. 
laMHid)(f. rpersevoránma:C«ii que proniue^ten y facilitan , 
ífApiÁÍoD.JBl (aJ^UHn4«Q:MWs4rtinittiÍ9lm> eVhom .' 
I qne conoce lo que es mandar en grande i^tjsabs mny: 
injiue QQ 4>nfide descenderá muchos, dp.talli^s ,-y quo 
Mhi6M$r|03 faT/absjos »:para:4ar. á ciatos esotitos el real- 
yfli brillo que muchas vooesihan monestcT en deter- 
Mjlili cirtailstáiicias, netesitsi valerse de hombres espo- 
léjS ó de éscntoré¿ distinguidos. Ni creeinos ofender 
láJBÓr >Cea ' diciei^lo ,:: según llenemos entendido : que 
eomplacia', y ,que manifestaba d mayor itítcrés en 
bkur coa el señor Reibosó sdbro los casas iii^Sffraves 
libertantes que ocurrían en el gobierno , oyendo con 
SJtR y' deferencia sus consejos y observaciones. El se- 
r^lea* sabe muy bien quo un ministro , amante de su 
iiy de la ff loria , debe, hasta en el círculo de sus reía- 
qabs privadas , rodearse de las mayores luces , y oír los 
Moejos de íaa. personas mas ilustradas , para formar una 
pnion cabal en materias tan grayes j complicadas c^mo 

1Í2 



178 

son todaslas que scre6crcn al gobierno dclEstado. Al se- 
ñor Cea no podría ocaltarjsé el saber profundo, la drcáns- 
pcccion , la exactitud de juicio, t los dotes propios pm 
dar un buen consejo, que adomanan al señor Reinoso ; ] 
como írerdadéro patriota, y 'hombre consagrado al servU 
cío do su país, no podía ni debía desdeñar ; por una pre^ 
sunoion ntnperable, cuantos medios fuesen capáoevic 
asegurar el acierto en sus reducciones. ^ 

Hallándose á la sazou desempeñando el ministerio di 
Gracia y Justicia su amigo don Juan Gualberto Goma*^ 
lez (1] , propuso este al rey para una plaza de IfinislN 
del tribunal do la Rota al señor Reinase. Nadie pbM 
calificar esta elección de injusta ó inmerecida , ni uádUi 
tampoco podría juzgar que fuese un don del favor '6;il 
la ambtaa. Poco tiempo después obtuvo la digmdad-tt 
Dean de la santa iglesia metropolitana de yalencia. ^n 
todavía costumbre en aquel tiepipo^ que la escasa dóÉ^ 
cíon de los ministros de la Rota se sáplíese con la reül 
de alguna canongia ó pieiá ecle8Íá$tica; que sirfiese-MMÍ 
ignáhr la dotación de^ es^tofr con el «adido que disfriitoki 
los individuos de lols demás tribunales sdpreibos. EttMJ 
por impulso apropio le dió la cráz de comendador dev 
orden' americana' de Isabel la' Qatóliea (S) libre' de' piÍM^ 
bas y de lodo gasto. : '»t 

''f y ^ >■ • ■ -. ' ' .i' 

(4) Esto tnihiur» tfiguimmo, roo(Íéld (l<^ la mab' r¡g<jro8»'J[iiiCíf ba<Mfi 
srspropuio pura lit-iiruvíiiM (iodestluff y cüi^s de. tocki^Hchuii éiendil 
roas rccoincD4iicioni||ue Li dd uicrilo..QÍn üonoper.fil i>f<|reiaaai^a^(¡ff 
nal, faroa cftcláróctuo por su virtud y sahidiiriá, ai al 8«fiúr TurEAi) ¡ Aúit 

pura dos mitras: vacantes. 'Aa]ffiinv)urUhi|0'j)ol»ni-'({ue sel*; piwnfÍ'^€IU 
rorte , lo dotó de sp bolsillo , liadcadule ,mver á su pais. I*io'qiorii qislt 
destinos públicos sirviesen para fuadaí; patrimonios para su familia, yjtt 
amigos. Pocos iiniladurcs ha tenido! . .. .> 

(2) El rey tenia la mas alta idea del señor Iléínoso. Cuando imprimió \ 
sus espeusas , en la oficina de don Eusebío A^udo, las obras uft Man 
tin , ieonvió un ojemplar , lo mismo que á los Uterutos mas distingaidoaé 
la corte y de las provincias. Esta condecoración , que tndavia en aqiclla ¿pfl 
ca servia de premio á un hombre eminente por sus senicit»! y sus letras, i 
llegar al termino de una larpfa carrera, se ha dado despncs.... átodlve 
mundo!.... basta por un voto en las oleocioaei de Diputadoii •'.-■' 



179 

Roíqoso no era do aquellos hombros que hacen uu 
mÍ8b||*¡o do la amistad de un poderoso, y que por un prin- 
cipio do ogoismo se niegan á emplear su Tavor en obse- 
quio de sus amigos y át las personas |)or quien se inte*- 
resan. Amíjgo do Cea, de Gualberlo González, j de Bar* 
ffos, obtuvo de ellos honrosas colocacioues pjira personas 
de reconocido mérito y para jóvenes que por su instruc- 
ción y talento hacen hoy honor á su patria. Para el Nos* 
tor de nuestros literatos» y quizá' el mas eminento de to- 
dos, consiguió del señor T^ea, y bastando una ligera indi- 
cación» la secretaria déla internretacion de lenguas, cuyo 
destino sabia que era agradable á aquel, aunque ni si- 
lera babiá manifestado desearlo. Tio era necesario en 
vúchAs ocasieiies molestarle , le bastaba saber lo que sua 
ibigps anhelaban , lo que pudiera convenirles 6 lo quo 

Í'iUBticia morecian, para intciresarse oflcazmento en 
logro de sus pretcnsiones. Parecía un verdadero agen- 
té dé sus amigos « púe¿ en el afecto que les profesaba no 
reconocia limites, fisto era una consecuencia natural de 
1^ Índole y sentimientos; dotado dé' una sensibilidad es- 
misita coftivadá toda su vida con el estudio de las artes 
jdíe la literatura, y nunca en ningún period(^ estraviada 
q embotada coto el vicio , er^ necesario que buscaste ná- 
Bi^Q tiallándoso aií;Íadó y siii familia en la boneficencu v 
en laí amistad. En' ((!iáta llegaba hasta ser débil y purria I, 
pijos hallaba siempre disculpa para las faltas y errores da 
nis ámtgos ; y desmentía su juicio severo cuando se tra- 
taba ie 8US obras y escritos. Tomaba tanto interés y tan- 



mos citar algunas obras , tanto en verso, como en prosa, 
qne deben casi todo su mérito á esta iiltimn lima. 

Sus estrechas relaciones con el seflor Cea , las opinio* 
nes quo reconocían en él todos sus amigos respecto de la 
situación en quo se hallaba el reino á m muerte del rey 
Fcrnaudoy y mas que todo la redacción misma del niemo^ 
rabie ¿(écreto de 4 de octubre do 1833 , lo sunoniau v 



180 

con sobrada razón, intimamente adherido á los principios 
de un sistema de gobierno que consideraba dirigioo á 
evitar los males y desastres de una revolución espantosa, 
y á promover la prosperidad del pais. Deseando por 16 
mismo dar á conocer franca y esplicitamente las opiniones 
de nuestro don Félix , s¿anos permitido aventurar algu- 
nas reflexiones sobre el mencionado decreto, en el que á 
la verdad se hallan consignadas las doctrinas políticas de 
aquel, respecto de la situación y de la época que ya deja- 
mos indicadas. 

Dándole la denominación de despotismo ilustrado al sis- 
tema que después de la muc^rte del rey estableció 6 fijó 
el señor Cea , se ha creído hacer una gran cosa , empe* 
fiándose en cubrirle de ridiculo y en concitar contra él 
las pasiones populares. Estas son casi las únicas armas con 
que por aquel tíemiio fué combatido, pues ni se discutió 
entonces su legitimidad, ni su intrínseca escelencia, ni 
su oportunidad. 

El principal mérito de este sistema consiste en que 
no es una innovación , una creación de la cabeza de un 
hombre de estado : no se ensaya en él una nueva teoriaj 
cuyos resultados sean desconocidos ó aventurados, antes 
por el contrario reunía desde luego la doble ventaja dé 
evitar innovaciones peligrosas, ya probadas con frutos 
amargos y muy costosas esperiencias de que se conser* 
vahan funestos recuerdos , y de ofrecer en diversos y di* 
latados períodos de nuestra historia épocas de glona^ y 
de prosperidad, de poder militar y político, de influen- 
cia diplomática, y de adelanto y ae verdadero progreso 
en el camino de la riqueza pública, de las mejoras, y do 
la civilización general. £1 sistema estaba abonadct por 
nuestra historia ; por consiguiente no era una teoría que 
pudiera decirse inaplicable: no podia decirse perfecta, 
porque ninguna institución humana lo es, ni tampoco 
exenta de abusos: pero era incuestionable que el pais y 
la civilización le debían inmensos beneíicios, y en los úl- 
timos reinados considerables adelantos. Los elementos de 
agüe) 5Í8iomsí eran todavía , y aun lo serán por mucho 



181 

tiempo, conformes á nuestros hábitos y rostambres. y 
por 10 mismo pueden considenirse como osoncialos do 
nuestra constitución, y constitutivos do. la sociedad es- 
pafiola. 

La primera dificultad que ruab^uíer otro sistema pre- 
sentaba consistía en su legalidad. Desdo los tiempos de 
Pelayo ia monarquía española ha sido pura , os docir , que 
el trono ha sido el origen y la fuente de toda legislación. 
En vano el erudito Marina en su Teoría de la» Córicit des- 
mintió los principios que ól misino habla sentado oii su 
eneayo histórieo sobre la antltjua legislación de León y Cas- 
tilla. El titulo de Señor natural dado á nuestros reyes; 
los privilegios y fueros concedidos por ellos á los nobles 

Íi las ciudades y villas ; el nombramiento radicad«) en 
corona de los condes , merinos y adelantados , oficiales 
toperiores para el gobierno civil y militar: el titulo mis- 
mo de peticiones , que tenían las propuestas de las Cortos, 
praeban hasta la evidencia que sogun el espíritu y el te- 
nor de nuestras leyes y costumbres fuiulamentales , el 
supremo poder lesislativo residia en el monarca. Pero 
no puede sin emnarso decirse <|ue nuestra monarquía 
facse despótica: de ninguna manera. r4ontra los abusos 
T arbitrariedades del poder se reconocían en España ga- 
rantías de tres clases: religiosas, morales y civiles. Las 
garantías religiosas , reconocidas y apreciadas por iMon- 
tesquieu , son tan fuertes y eficaces , como que esliendon 
sus raices hasta el coraion del hombre : este efecto pro- 
digioso se debe á los puros y sublimes sentimientos que 
U religión inspira , y a la santidad de sus máximas y pre- 
ceptos. En una nación como España , eminentemente ca- 
tólica, debía ser muy poderoso el influjo de la religión y 
del clero; y éste, depositario de la doctrina de aquella, 
y representante de sus intereses , no podía aprobar en el 
gobierno y en la sociedad civil aquellos actos y aquellos 
principios , que fuesen contrarios & la puro/a de las doc- 
trinas que dentro de su seno proclamaba. Kl clero no po- 
día dejar de condenar todo abuso de autoridad y todo 
<^eso de gobierno , cuando la religión enseña á los %tMi« 



182 

des déla tierra qae sus actos seráá juzgados, qáe AAen 
gobernar no para su satisfacción propia , sino para la ^- 
licidadde los pueblos, y que ée les pedirá estrecha cííen- 
ta del bien que hayan omitido y ael mal que no hayan 
evitado. Por eso en tiempo de Felipe lí , uno de los mo- 
narcas que se reputan por más ansolutos , como en iin 
serinon predicado en su presencia, dijese el orador que 
«los reyes tenian poder absoluto sobre las personas de 
sus vasallos y sobre sus bienes» fueron estas palabras de- 
latadas á la Inquisición, la que , ademas de Otras peniten- 
cias , condenó al predicador á que en el mismo lugar j 
públicamente se retractase con todas las ceremonias de 
auto iuridico , y leyes en papel , conforme se le habia oiv 
denado por el tribunal , en que se encontraba la cláusnk 
siguiente : ((Por que , señores , los reyes no tienen vau 

Soder sobre sus vasallos, del aue les permite el derecko 
ivino y humano ; y no por su libre y absoluta voluntad,» 
Las garantías morales son comunes á todos los pueblos 
civilizados, y su poder y su fuerza son taüto mayores, cuan- 
tas mayores sean las virtudes públicas, como el amor á ia 
iñdepéndeiácia nacional, el patríotiskñoy el respeto á laí 
leyes y á las instituciones dé su páis. §e esponen á áná 
prueba muy peligrosa , y hasta compromete su existencia 
misma , los gobiernos que por medió de sus actos chocan y 
ofenden los hábitos y costumbres de un pueblo y los sen- 
timientos nacionales. Si en estos y en las ideas tiene nñ 
influjo directo la civilización, ¿no habrá de alcanzar y¡ 
aun dominar esta en su tendencia general lo mismo á los 

S[obiernos que á todas las clases de la sociedad? ¿Puede 
ácilmente desconocer el gobierno de un pais ilustrado el 
homenaje que merece la verdadera opinión pública? La 
hidalguía del carácter español , la nobleza de sus senti- 
mientos , y la honradez y buena di castellana^ que ha lle- 
gado á ser proverbial en Europa, son una garantía dé qué 
en su gobierno habrían dé prevalecer siempre estos mis- 
mos sentimientos, que forman el distintivo dé su naciona- 
lidad. Las garantías civiles consistían, ó mas bien, esta- 
¿aa represcatadás por dos mslVlúdóTies ^ <\ue nó eran po • 



183 

VGctiS, porqae no tenían parte, erecta en el poder su- 
yremo, pero que servian para poner á óste justos limites 
j restricciones racionales, que evitaban sus estravíos, sin 
IMnoscabar en un ápice las atribuciones propias de su 
dignidad. 1/ El Consejo del principe so componía de los 
mndes de la Corte , de los condes y de los prolados en 
ioi primeros tiempos de la monarquía, á los cuales se agre- 
gpoa después los procuradores de las ciudades. Estos 
omsejeros, solo por serlo, dcbian tener grande influen - 
di en la deliberación de la ley: ademas, eran muy po- 
too80s« y no era seguro para los reyes contrariar su 
Unlantad; en fin , las leyes se promulgaban en dicho Con* 
•ejOy único medio conocido entonces de que llegasen con 
9M brevedad á noticia de todos ; y de aqui ha procedido 
lldlenominacion do leye$ jmblicadat en Cortes. Todas estas 
4nwistancias coartaban en el hecho la autoridad sobera- 
4^ reconocida en el rey por el derecho. 2.* Los subsidios 
Ikín votados por las Clórtes. En aquellos siglos jamas se 
Heonoció al rey como arbitro de los bienes de sus vasa- 
ll(i, ni se tuvo por ley, como se tiene en el. día en Fran» 
di, Inglaterra y otros países, la concesión de impuestos. 
Ho se daba al dinero tanta importancia. ¿Qué sucedía 
fml Que las Cortes, dando con una mano Jos fondos 
«Mésanos para las urgencias del Estado , pedían con la 
sin leyes, iíieroa» reforma de abusos, satisfacción de 
liravios, etc. Y clarees que pocas veces estaría en el ar- 
bitrio de los reyes dejar oe conceder lo que se les supli- 
cabs.por medio de dones que les eran necesarios.. De 
upa procedió que á pesar de la suprema autoridad legisla* 
tira ael monarca , tenia la nación suficientes garantías de 
libertad política, si es cierto, como dice Frankiin, que 
ei líbrs todo pueblo que tiene en tu mano los cordones de su 
Mis. Reliquia de este antiguo fuero era la diputación de 
los reinos, á la que hasta en nuestros días se han con«H 
altado y comunicado los reglamentos de contribu- 
ciones. 

,n Según lo que hemos dicho acerca de la índole y natu^ 
raleza de nuestri? monarquía , ea innegable que Vas conct- 



184 

t ■ , " 

iioneB , porque so clamaba hipócrítamcnto poco después 
de la mnertc del rey, que la proclamación ae leyes nue^ 
Tas , que creascm nueyos poderes políticos , desconocidos, 
tanto en su esencia como en su forma , en nuestra le^ps- 
lacion no podían monos de hacer tina alteración risible 
en nuestras leyes fundamentales, no ya poniendo nuevos 
límites, sino menoscabando y poniendo trabas á la dig- 
nidad real , y enajenando sus mas esenciales y naturam 
atribuciones. Esto solo puede hacerse de tres maneras: 
1 •* ¡)or el rey , otnrganao una nueva lev A carta como 
hizo en Francia Luis VIII : 2.* por la nación; representa- 
da por medio de los diputados 6 procuradores del reino: 
ó 3.* por un acuerdo entre el monarca y la nación. Pues 
ahora bien , tanto pam otorgar , como para aceptar , y 
convenir en cosa que menguase ó alterase las condiciones 
de la suprema dignidad, seria muy dudoso y cuestionable 
si alcanzaba las facultades de una depositaría temporal de 
la autoridad real. Si se niega al monarca alterar las leyes 
fundamentales de un pais ; ¿se consideraría aatorizada 
para hafcerlo á quien temporalmente ejercia esta dignidad 
durante la menor edad de una niña? Si el tutor debe cui- 
dar de los bienes del menor , y entregarlos á ¿ste , cumpli- 
da que sea la tutela, sin mengua ni menoscabo, ¿podrá 
quien administra la regia autoridad, durante una mino- 
ria , y en virtud de un testamenta ó de la ley , enajenar 

Er su sola voluntad parte del depósito sagrado que se le 
confiado, devolviendo en su día un cetro quebrantado 
y'iina corona falta de sus joyas? 

Esta fué la primera dificultad que se quiso salvar al es- 
tablecerel sistema que aparece en el decrete de 4 de octu- 
bre; la cuestión de legalidad. Vero ademas se fundaba el 
espresado decreto en razones poderosas, incontestables, de 
provechosa esperíencía, d» profunda política, de conve- 
niencia general. Desde luego ya se hallaban calmadas 
eompletntneute las pasiones polUicas; y (^1 gobierno del ' 
rey, tal cual habia sido, babia dispensado al pais sobra- 
dos beneficios para justificar ó suiniíiislrar siquiera pre- 
testo ¡Kira desear un cambio político. La esporiencía de 



:ii 



185 

los áo$ ensayos nntcrioros no habi.i sido ponlida , ni pasó 
qnc aquellos habían dejado (ras s( funestos recuerdos , j 
producido saludables desengaños. Tendrían cíertns doc- 
trinas en abstracto todo el mérito que se quiera v quo 
no negamos en esle momento : pero er» innegable que 
los dos ensayos que se habían practicado habían sido mu- 
lo(|[rados y muy costosos : de a(|uí se inliere <|ue el buen 
sentido de los espafloles , ]f loque se dice masa nacionaU 
no podía ser favorable á innovaciones , que si tenían al- 
gún apoyo en las opiniones , tenían en contra los mas 
grandes y legítimos mtercses. 

Es preciso recordar la situación singular, critica, an- 
gustiosa en que se hallaba el reino á la muerte de Fer- 
nando. Kl bando carlista, que desde 18'24 se había mos- 
trado disgustado del rey , n (¡uien no podía dirigir es- 
clnsiramente y dgminar, que pretendía ser mas realista 
qnc aquel: que en secreto, y con incansable perseverau- 
€ia trabajaba para realizar siis planes en ocasión propicia 
quo había levantado el estandarte de la insurrección 
contra el monarca legitimo en (luadalajara prinu*ro, y 
después en 1827 en CataluAa; el bando carlista en fin, 
cuyas maquinaciones y tentativas , según rumores auto- 
rizados por sus amigos, desaprobada hipAcritamente el 
mismo don Carlos , negándose á prestarles su apoyo y 
sanción , durante la vida de m hermano . daba nuu»stras 
demasiado claras de que solo esperaba que Fernando cer- 
rase los ojos para entrar en cruna lucha contra los dere- 
chos legítimos de la hija del Monarca difunto , procla- 
mando á don Carlos , no por amor á la legitimidad , que 
no se hallaba del lado de éste, no por amor á la digninad 
real, que con hechos notables liabian muchas veces 
desmentido , sino por considerar k aquel infeliz prin- 
cipe, por su ignorancia y fanatismo, como un instru- 
mento dócil para In reali/acíon de sus planes teocráticos: 
vque resistiese y cerrase la puerta para siempre á toda 
idea de fomento , á toda reforma , á toda mejora , á todo 
progreso en la senda do la cívili/acion. Y en este caso, 
i aconsejaba la prudencia (¡uc se menosenbaso o I (lodcr, 



1S8 

paciones de partido, solo se habian fijado en el bien j. 
felicidad de su patria , y en lo que reclamaba una situa- 
ción singular y gravísima. La senda de la libertad políti- 
ca , en que ya dos veces habíamos penetrado , solo nos 
ofrecía ensayos malogrados. Algunos han atribuido esta 
circunstancia desgraciada á diterentes causas ; pero es 
incuestionable que la verdadera y única se encuentra en 
las instituciones mismas , y en las condiciones que deter- 
minan la situación especial del pueblo español. En escri- 
tos publicados en todas épocas por los liberales da doc* 
trinas más exageradas, y particularmente durante la 
emigración de los diez años , hallamos espontáneasjv fran-. 
cas manifestaciones , en que se reconoce que la EspafiSt' 
como dicen los mismos , no se encuentra preparada paraj 
la libertad. En este punto convienen todos ios matice^' 
de la opionion liberal. La verdad arranca esta confesión' 
hasta de los hombres mas preocupados. La distribución' 
de la propiedad y de la riqueza, la moralidad y la civili-! 
zacion son condiciones esenciales de la libertad, que eiot' 
nuestro pais desgraciadamente no ofrecen todavía resnl-' 
tados tan ventajosos , que permitan sin peligro la inter-' 
vención 6 influencia del pueblo en las cosas públicas y 
en el gobierno , y que asegure los beneficios de la liber-' 
tad y del orden , estrechamente ligados entre sí , sobre 
los mtereses generales del pais. Por esto han sido para 
España siempre los frutos de la libertad amargos y cos- 
tosos, sin poder hasta ahora asimilarlos en su propia 
naturaleza. 

A preparar este camino , para poder después andarlo 
con seguridad y confianza, se dirigía el decreto de 4 de 
octubre por medio de las reformas administrativas y eco- 
nómicas que explícitamente anunciaba. De esta manersi 
y tranquilamente se habría realizado la revolución de las 
ideas y la de los intereses que alterando las condiciones 
de la sociedad española , hubiera exigido naturalmente, 
como un progreso verdadero y bien entendido , un cambio 
político, verificado sin trastornos y sin ruina de ningún 
7>oder , y que apoyándose sobre un cimiento sólido , hO'- 



L 

ll 
I 
I 



1 



189 

tiera sido tan estable y pcrinanento como deben ser las 
leyes fundamentales de ana nación . 

Era el sistema que examinamos de verdadera mode- 
ración , y el único que podia cou propiedad merecer csle 
nombre ; porque al mismo tiempo que era de conserva- 
ción y de progreso, distaba igualmente del apostolicis- 
IDO furibundo v de los excesos revolucionarios : asi es que 
coa razón debía considerarse como un sistema de justo 
medio ^ entre dosestremos viciosos^ fatales: sistema que 
no menoscabando el [K>dcr del gobierno , le dejaba loda la 
Iberia que necesitaba para liaccr el bien de los pueblos, 
} para realizar las. grandes reformas y mejoras que aquel 
preparaba V que el nais habia menester; y que no ad- 
miüendo el yugo de las facciones y colocando al gobierno 
ll frente , no de ninguna de ellas , sino de la nación en- 
tera, designaba á éste su verdadero lugar, desde donde, 
no hallándose sometido á las exigencias do los partidos^ 
ni teniendo que apreciar sus intereses mezquinos y egoís- 
tas, solo debería atended á los generales y bien entendí-* 
los del país, y al bien y felicidad de la patria. 

No podemos terminar esta digresión , que daria ma- 
teria para algunos volúmenes , sin dolemos amargamente 
de que en las ¿pocas sucesivas y bajo otro régimen polir 
tico, cuando tanto se ha gritado aindepeíidencia nocto- 
naU es cuando por preocupaciones políticas ó por una 
deplorable fatalidad hemos adoptado un sistema , que se- 
parándonos naturalmente de nuestras aUaii/as naturales, 
estrecha por necesidad nuestras relaciones con Francia 6 
hglaterra, comprometiendo hasta el último estremo 
itucBtros intereses industriales y mercantiles , y conslitu- 
}Woiios aquellas potencias bajo su tutela vergonzosa. 
£» menester ser francos , el régimen liberal ha sido y será 
Mempre fatalísimo bajo el aspecto de nuestras relaciones 
diplomáticas ; él nos aleja de las que pudiéramos polili-. 
<^oiCDle mantener cou potencias, que no son nuestras ri- 
vales en industria y comercio , y con quienes no medía 
i^inguiia oposición do intereses; él no nos pernute adoptar 
uu sistema de neutralidad, que según opinión de i^<^tbOUQk% 



ilastrsdas e; el aac meior consalta nuestros intereses j 
ñtiestra independencia , él nos produjo una invasíoD es- 
tranjera en 1823 ; y él en fín , durante nuestra prolonga- 
da guerra civil, ha constituido á la infeliz EspaSa en pa- 
lén(}iié abierto ,' en que dos naciones males, utilizando 
la ceguedad y pasiones de nuestros partidos , y fsmpIeáiD^ 
dolos villanamente como instrumentos de sus miras , hao 
lachado en favor de sus intereses, y por doaÜDarnos cad^ 
una esclusivamente. Quien todavía dade de esto ,' refle- 
xioné que no hemos podido mantener la guerra civiti 
vencer á don Gárlo^, y plantear las nuevas instituclonet 
sin él apoyo y los recursos de Inglaterra y Francia. 

Estas doctrinas que íntimamente profesaba nuestro* 
don Félix lo hicieron estrafio á la lucha de partidos , quA 
principió desdé que se alzó la tribuna en las nrimeru 
Cortes del Ettalutoy turo lugar lá publicacioii de díáriói 
políticos, pqsde que apareció está ley política le anUDCÍ|^ 
Riuy corta vida: asi nos lo manifestó al actual biblíolep' 
cáho dé S. lA. don Miguel Salva y al que escribe es^s 
llrieas. Entre las muchas o^spvaciones que le oí acerca 
de aquella ley, recuerdo do$ que indicaban los priucipatés 
portillos, digániuslu asi, por dándola revolución nabia 
de penetrar: 1." Dejar al Estamento do proparadóres U 
aprol)<tcion de los dodercs de los individuos' noi^Lbrv 
dos, contra ló tme. parece ^ctar hasta lá razón y' u 

5 radica de nuestras Górte^. Si son diputados de las do- 
ades que van á tratar con el rey do cuanto interesa al 
hicn y felicidad de la inonárqúiB, y á solicitar y prócorar 
cuanto coitveiiga al alivio y buen régimen de los pueblos, 
parece natural que sus poderes sean examinados por la 
persona augusta con qúuinhan de tratar, y á quien debe 
competir por consiguiente ta aprobación de aquellos , que 
se reduce álá ejccucioude una ley política: esto di¿ oca- 
sión á las trampa» leíale», que abrieron las puertas del Eft- 
tamento , y organizaron y acaudillaron la oposición , w>- 
metiéndo una ley , que alguno calificó de ftexible , á las 
pridicás parlamentarias de otros paises, sin reparar qué 
no enut acomodabas í naesU-o gobierno , j que desyirtua'- 



iMín 811 natanleía : 2.^ El derecho de petición que se de- 
daraba á las G6rtes, no se fijaba con precisión. Según 
el aentido literal del articulo del Estatuios parece c(ue 
ambos Estamentos, los dos brazos que coustituian lo qne 
se llama Cortes', ejerciesen este derecho simultáneamente 
en tada caso , pasándose al efecto las peticiones do un 
cuerpo al examen y aprobación del otro : pero no sé en- 
tendió asi, sin que por el ministerio se hiciere la menor 
reclamación y protesta , y cada estamento hizo por su 
parte las peticiones que tuvo por conteniente ; muy pocas 
en verdad el de Proceres , pero cerca át noventa el de 
procuradoi'es ,' dirigidas Casi todas á trastornar el sistema 
político etttonceá existente y el de nuestras rentas' públi- 
cas ; impdiendó- de esta manera el páis , y coii discursos 
acUorádos y con la proclamación de doétriñás anárqui- 
cas hacia el precipiaó de una revolución. 

Disgusitaao Heiupso del giro que sucesivamente iban 
tomaüdé laü cósate pÁblitas después de la insurrccciotí do 
Usinrbtiflídlas bajo el ministeno del conde de Toreno, 
se áülába taoias'éti su trato, viviendo Icios del centro dé 
U cUfñtal en laf plazuela de Puerta ¿errada, y 'salien- 
do poiBO^^de éucasa, y mucho menos de lo que con venia 
i'iültaladVDédittádo cóáel mayor celo ai cumplimiento de 
sos déteres en el tribimal de la Rota , desdé qn'é fa6 agra- 
ciado' eón plaza^n''¿l; los negocios de este le oeupaDan 
con preferencia estudiándolos detx^nidamcnte. Lo aékpaü 
ddtifeímpd'Io dedicaba al estudio y á la lectura ala cbr- 
recdott de sus obras, singularmente de su curso de Hili- 
manidadeü , que dejó comente para la prensa en una edi- 
cimí' completa de sus obras, que tenia proyectada, para 
Irettal délo nuevamente corregidos el Examen de los oe/t- 
Coi it infidelidai\t y su poema de la inocefwia perdida. 
Timbien se ocupo por este tiempo en óstendcr un larso 
y bien úieditádo informe que le pidió el ministerio dé la 
Gobemacióü, ^n tiempo que presidia el gabinete el señor 
Pérez de Castro , sobre los medios de fomentar la Impren- 
ta Héal qué ya' desde entonces se hajilaba casi en rui- 
na. Ño hemos leido este informe ; pero habiéndonos hecho 



192 

el seffoT Reiooso una completa relación de ¿1 , y siendo- * 
una materia que hemos tenido motivo de meditar , en-, 
contramos aquel escrito con la solidez y mérito que de- 
bia esperarse. Lástima ha sido que este trabajo haya quor- 
dado enterrado en un expediente, y que de ¿1 no so naya, 
sacado ningún fruto. Algún tiempo antes, y siendo nu-: 
nistro de Hacienda su antiguo amigo el señor MpUt. 
escribió é hizo publicar cn^la Gaceta, que entonces se rer. 
dactaba por un^ empresa particular , una serio de artiga- 
los sobre la prestación decimal , que se distinguen siur > 
gfdarmpnte por la copia de buenos datos, estadísticos ». y, 
por la lógica irresistinlc con que se combatía el pro^e^to, 

?ie sobre esta materia presentó á la sazón el ministerip ,' 
la aprobación de las Cortes. Posteriormente, y tenieq^Q:; 
presente cuanto se habla dicho en las mismas acerca- dfr. 
tan vasta cuestión , estendió un escrito, un qué la trata y 
examina íundamcntalmQnte, considerándola b^jo jLodopi.siia; 
aspectos y relaciones, y analizando los dlscui^sos que^ent 
esta discusión pronunciaron los mas distiqguidos orado- . . 
res de los dos cuerpos de. nuestro pacíamento. Qpmo era; 
preciso, se ocupa no poco en el discurdo qfie spbj^e estei. 

Íbnto pronuncio oo el Congreso su discípulo don; Jáaoiiél . 
prtina. «Este escrito formina un volumen en i.^.basl^HT:. 
te abultado ; y lo dejó sú autor corriente, ps^ra la preiiai^jc j 
aunjpúeslQ en limpio en su Píiayor parte* ^^,,-, - 

f fia útiles para la religión y para cl estado eran ..las*, 
oc^upaciones de nuestro don Fdix en los últimos añps d^ . 
su vida. Durante ella nadie pudo escederle en entusiasmo., 
por ! las letras y por las arles. Si su alma delicada y gene-* 
rosa era sensible á la gloria literaria, pura y pacihca; fi]^.' 
mo eiran sus sentimientos, nunca aspiró á vanas y piíer 
ríles distinciones. Taulo por esto , cuanto por su escasa 
fortuna, no aspiró ul doctorado en su Juveutud. Si como.- 
eclesiástico obtuvo licencias rcmoias de celebrar, profUr. 
car y confesar, tanto á personas seglares, cuanto á reli- 
giosas .de todos fueros cu las diócesis de Scvífla, Cádiz y 
ÁJcála la Real , dqta uuc fué examinador sinojdal; ai ob- 
iuróticehcia dé leer libros prohibidos, y tuyo ingreso en 



193 

Tanas Academias y sociedades literarias como en la de 
Buenas letras de Sevilla cu las Económicas de la misma 
ciudad , Cádiz y Córdoba , y en la general de ciencias y 
artes de esta última , lodo lo debió á su rcpulacion , y á 
su fama. El duque de san Garlos, padre del actual , con 
quien comió un dia en casa de un amigo de los dos « le 
manifestó deseos de que entrase , como era tan justo y te- 
nia tan merecidd , en la Academia Española que á la 
sazón presidia el Duque , y aun le exigió el memorial do 
estilo, que á pocos dias le devolvió por que no bastaba sin 
duda todo su influjo á vencer la oposición que habia pro- 
movido un poeta y un enemigo de los afrancesados. Por 
esto no ocupó Re^noso una silla en la Academia, cosa 
fue ciertamente le hubiera sido agradable, y á cuyo cuer- 
po habría dado honor; y auxiliado útilmente en sus 
trabajos. 

No era de aquellos hombres don Félix que se mantie- 
nen de ilusiones, ni que se aduermen en sueños dorados. 
En vista del giro que desde 1834 iban tomando nuestros 
negocios públicos , desconfiaba mucho de que los males 
de nuestra patria no fuesen prolongados, y difícil y tar- 
día la terminación de ellos, y lo mismo la vuelta á un or- 
den estable y legal. Llegó á perder toda esperanza des- 
1»Qes de los acontecimientos de la Granja. Por eso aunque 
os de Setiembre le afectaron vivamente , y le causaron 
singular desconsuelo y aun abatimiento « no le produjeron 
la menor estrañeza; porque en su concepto al punto que 
iiabía llegado la revolución nada habia que eslrañar. 
Separado i>or la Junta revolucionaria de Madrid de su 
plaza de la Rota , y cerrado este tribunal después estre- 
pilosamente i>or disposición del (lobierno, la perspectiva 
que al pais se ofrecia, y á la que m su juicio á t\ propio 
amenazaba, bailándose en una edad avanzada, y aun algo 
achacoso, no pudieron menos de llenar su espíritu de 
amargura. Los consuclus de sus amigos, Y.los sinceros 
ofrcGUi^ientos de los señorías don Juan (lualtterto (jon/a* 
lez y don Manuel IVrez Seoaue , lo enterueciau\ y le! 
hacían asomársele hs hgrhmíi i los oíos ; peto í\o Ví^A^-^ 

13 



194 

' ban á desimpresionar su espirita con esceso 'abatido , y 
ítias .¿e l'o que podía cr'etérsé de la entereza y energía 4p 
•su carácter. Deió de coiit^orrir , como antes tenia de cos- 
tumbre , todos los domingos á casa de su amigo don Juan 
Gualberto, donde comia en la agradable y amena com- 

Í)añia de este hombre tan instruido , á quien amaba 
raternalmcnte , y de varios jóvenes de talento y capaci- 
dad. La conversación en estas reuniones era , como la 
época parecía ci^ígir, muchas veces de materias politicas, 
pero las mas de literatura , y servian para distraer su 
espíritu y darle fuerzas. * Por eso cuando le falló este 
inocente esparcimiento , porque los sucesos poli tipos de 
aquel tiempo dispersaron á casi todos los concurrentes , 
sus disgustos y desabrimiento se aumentaron , y los acha- 
ques propios de la edad alteraron visiblemente su salad 
Y sé agravaron, ^o debemos emitir aquí, que apenas se 
instaló el Gobierno provisional, su amigo don José Ma- 
nuel Quintana hizo las mas interesadas y eficaces gestio- 
nes para conseguir la reposición del señor Reinoso ; y la 
habría en efecto conseguido ,á no mediar entonces graves 
diferencias . con el encargado de la Nunciatura^ que im- 

Sedian en concepto de aquel Gobierno el rcslablecímiento 
el tribunal de la Rota. También el caballero Asthon, 
ministro plenipotenciario de Inglaterra , interesado por 
varios amigos, habló al señor Ferrer, ministro de Estado, 
en favor de nuestro don Félix. Todas estas instancias 
eran promovidas dor sus amigos, que se prometían dis- 
traer su imaginación y evitar isu aburrimiento , volvién- 
dole a sus ocupaciones ordinarias, que al mismo tiempo 
tranquilizasen su espíritu respecto del porvenir. 

una imaginación ardiente, y una cabeza tan trabaja-' 
da con estudios inteniso'¿ durante toda su vida, no podían 
dejar ^de abrumar sus fuerzas, y de producirle los males 
consigliientes , que hacían mas graves la incertidumbre 
de su fortuna y las calamidades del país, de cuya salva- 
ción desesperó siempre. En diferentes épocas había pade- 
cido congestiones cerebrales, que cedieron por dicha 
fácilmente 4 beneficio de las sáhgrías. En el invierpo de 



J.- 



195 

1841 sentía una pesadez ffeneral $ que le agoyyiba eape** 
cialménte la cabeza. ÁtrM^ujéndolo a la vida sedentaria 
ffoe hacia , traló , por coñisejo de sus amigos y de su mé,- 
oico, de hacer algún ejercicio; en uno ao los pocos ¿ias 

?ae salló á pasear , acompaftado del scñor,^ M cpendez 
Iñesta, abogado de este Colegio, tuvo éste que sostener- 
le ti subir la escalera de su casa para que no cayese. Saa- 
jprado inmediatamente por disposición de su fipicultatívo y 
amigo el señor Hurtado de Mendoza , se recobró algpn 
tanto, y aun pudo levantarse. Con todo, el mal fio faiimia 
desaparecido, y los síntomas alarmantes se renovaban. 
Se repitieron las sangrías y las sanguijuelas por consejo 
del doctor don Mateó Seoane , que se asoció al sefior 
Hurtado ; pero aunque le aliviaban , el mal no cedia. Sos 
amigos y discípulos los señores Bravo Murillo , Huet» 
Galuirdo, Scoane (don- Manuel), don Juan Gualberto, 
vsu sobrino don Ambrosio, el marqués dp la Roca, 
Montes de Oca , y Montero con o^ros muchos que no 
recordamos en esto momento, lo asistían en su .enferme- 
dad , habiendo dos siempre á la cabecera de la cama, 
tanto de dia como de noche , renovándose de día cada 
cuatro horas. Varias señoras asistían por. mañana v tarde 
á casa del enfermo , como tan vivamente interesadas por 
su salud. La casa á ninguna liora se desocupaba de gentes; 
] entre los que mas repqtian sus vislMis recordamos los 
nombres de los señores don Juan Nicasio Gallego y don 
lavier Isturiz. Agravándose la enfermedad, fuó necesa- 
rio suministrarle los sacramentos , que recibió con fervor 
sacerdotal. Hizo testamento, dejando por herederos de 
cuanto tenia á sus criados , menos de las pinturas y de su 
escclente biblioteca, , que dispuso fuesen distribuidas en- 
tre sos amigos por sus albaccas Scoane , González y Bra- 
To Murillo. Durante su enfermedad, no perdió un mo- 
mento la rectitud de su juicio, ni so le echaron de menos 
las ocurrencias singulares y chistosas, propias de su ca- 
rácter festivo. No se le advirtió ninguna muestra de 
verdadero delirio , aunque en un momento de letargo ó 
ensueño pronunciare los nombres de ((KspaTleTO«...\o^ 



196 

progresistas.» ^Hubo varías juntas de facultativosv y én la 
i&liima convinieron todos en que el enfermo se hallaba 
amenazado de una muerte próxima. Aunque con la ca- 
beza abrumada por la ¿táyeaad del mal , que coifsistia 
\éti un ataque ccrebralV^ los ojos cerrados constante- 
mente , habló con acuerdo y concierto hasta el momento 
dé espirar^ el 27 de abril por la noche á los 69 años de 
edad ; hallándose á los dos lados de su lecho sus amigos 
Mónles de Oca, Calleja, que lo' habia confesado. Al dia 
'siguiente su cadáver fué embalsamado, á espensas del 
■éeñóv Seoane, por los facultativos Sánchez, iToca y Llet- 
get, y revestido con las vestiduras'^ sacerdotales. Aquelía 
noche fué depositado en la parroquia de sari Andrés, 
■donde al otro dia, con asistencia de sus numerosos ami- 
'gos y de las personas mas distinguidas de la Corte, se ce- 
lebro con toda poinpa y solemnidad el oficio de difunto: 
concluido éste fué conducido el cadáver^ con acoínpáña- 
-miento de todos siis ainigos y apasionados, al campo san- 
to de s^aft Isidro, y encerrado en ün nicho, que se encuen- 
'Ira en élsegundo patio á la izquierda. Mas de dos años 
■han pasado desde que acaeció la muerte de Reinoso; y 
'MIS' amigos y discípulos, y los jóvenes á quienes dirigía 
en su»estudió9, yla^ muchas personas quede él recibieron 
favores y benéfacios., no ie olvidan un instante y lo re- 
fíuerdan 'con un dolor entrañable y sincero. Desde aquella 
fecha,' la tarde vispera del dia de difuntos se encuentran 
-en el camino de san Isidro algunos de sus amigos , que 
"residen en la capital , y que van á ofrecer sus sufragios 
delante de la tumba de su amigo , y á gozar de los con- 
suelos, que la religión ofrece á las almas sensibles en la 
melaACoiica contemplación de las verdades eternas. 



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f^ps editores .ddJ^jGalcqrÍAfA^ espafiaWfl^lebretf ^ 
Qppráoeqsrno e^diaii óli^i¡^./|ja^ haviiBaicieaeiff 
ne h UQi^ hitarla MÍ^^niro flff.lá,Qual'haíUii cod jUBÍaj 
ic^OD avenUjadeiis ifigenips,^' quienes Vp^^rift debe 
tos y mejoras que opupflfíffl^^epipiie qp Jqg^ dfen 
f^entre las' buenas .i;elQrQ^s. $«ta ^iwH» es laj^ 
ina , que si no tiene, en 1a,g^rai^quh| sociftlel rav^^ 

b le'perlenecc , debera03i/?tí|p(ír4.i; que.laipte¡>t«#*lln 
or. .taqto, .tiempo; anMa(Jl4>, y qej^i^ii la iK$paAa fué- 
N^jbfÜlQs. tiempos^ del. concfp ^ J^lalípot. .Gratide es: 
inrti que nos iq(i^\ cuan^ cin la bipgl>a@¿:que.déar: 
tfDfifi^,(ia: a^unJari/iO' .cordf ^'«.,p(\demaSi(ribi|ti|r: 4I 
áyaronV. objeto de ^slé tiU]9aiJAfir^r,ab^^ 
le. merlán su constancia,, y noxKja.d^syíif^tA 
feintai T^uos de Yaiyene&,{)o\it^s,^ d^>g|]K(tr^ ísaftr 
^^^deindecisioú j, YJÍQli^tasahevacj^QC)9 §ti'iel.sÍH 
*^«Wer«o , bfhifta ;jBa&lfldf>.JÍa imf^^i W^ii-ífeA»^ 



198 ' 

legislación médica bastante atrasada ya en el siglo XVIU, 
y poco conforme con lo que las necesidades de la época 
y el quebranto fatal de algunas universidades exigían. Por 
tradición conservaban las escuelas médicas españolas el 
puritanismo médico en que babian vivido; aislándose 

Eoco á poco de la ciruiia , dejándola huérfana en 1748, 
asta el estremo de obligar á Virsili á solicitar del rey 
Fernando ,y{ la creación del colegió de drujia médica cíe 
Cádiz , al que siguieron el de Barcelona y Madrict , para 
volver á la ciencia los destellos que mas tarde con nuevas 
transformaciones en su organización tan brillantes resul- 
tados ha producido. Desde el sido XYIII fechan las graiH 
des disputas sobre la unión de la ciencia médica, que por 
fortuna nadie pone en duda ; y solo intereses encontrados 

5 privilegios particulares , pudieron retardar lo que boy 
ia vemos con todo su poder v uniformidad en todas las 
naciones. Vivíamos bajo el influjo literario de reinos mas 
poderosos que se elevaron sobre las ruinas de nuestras 
rencillas. Débil el gobierno español, eclipsado por & 
brillo de nuestros vecinos, no podíamos sostener lacom- 

Setencia ; pero hacíamos esfuerzos de imitación hasta 
onde akBfifzaba el ingenio y 'posibilidad dé af^ücaéion. 
Apenas rayuba'nna'ÉiGJctVa, ahsióftbs acudfüh 'áHéüiWjjl 
^dres aoonieiandd al poder, quien si archivaba eVt&ik 
^'era ftft íalta d^ ocasión para á'pllcaflis/' Asi ségií^'^ 
nuMJ páwli'pa^' alas naciones e'stránjerátf más aVeíltlIr 
jadai' etl^ irn^ ciencias , cuy o jirogt'eso intelectual 'bHllsf jktí 
por el íküíúisto de rayMque salen de su focA/»' quó' jdüót'II 
nrtemrdtfd jdé cMdá ttfib aifdadc^: . <: > ^p "i 

' Todaé'láis iiatión'és resolvíah el gran pfbblc^a ^ 
«n ¿pknÓB írtMñissi dado , y la nul^stra déBc^'aresceleii^ 
tÜiUdO ««ñ0r D. Fédro Gástélló el haberit^ lltfvadó á í^ 
di nfta éafae^a taW segúhi , que slti diíicuUad 1éf' ITatiiií^ 
rMidtM{MAadÍoii dónde d6Mcaii«ará por tiiUdiUI^ altos tMá 
Téktim. HfúéÉtfú'téiAÜaádt atiñquc más rrióOc^o , ieñ 
igual á BúUtnés y Fmreroy, Frank *f <^á\Ieliíit\'bbmo 
Virgili lo fue á la Peyrokie en Eraticia; y -£r|iimift7h» eU 
AÚ0tríM. No brillará tauestro tonietnf^rántsh'tíáfé&TéiÑi^ 



los 



I 



ttUo^ StKaal ó Brounmis; porque recogido su cntendi- 
miento para alcanzar la reforma que liabiu de señalar 
nueva ¿poca en España, no tenia el tiempo necesaria 
ra dcaícarse al estudio esclusí\ ámenle : cuando ademas 
los servicios de Cámara, las contiimas guerras y el des-^ 
empeño do la cátedra de obstectrícia , en la que ha kri-«- 
Ilaao como diremos, le aleaban complotamente de la» 
teorías médicas que solas pueden constituir el genio. 

Siendo muy escasos los trabajos literarios , raras las 
ubiicaciones módicas que formen ¿poc^i eii este siglo, no 
ay los suficientes elementos para entretener á los lecto«* 
res 9 acostumbrados á contemplar IjA.vjda do ios hombros 
políticos que tantos y tan abundantes lod prestan, atendí-. 
«AS las iumeusas vicisitudes que nos hanagobiado. lluér-< 
Cmas las ciencias, muda la imprenta original, escaso su 
movimiento literario, apenas cautiva la atención alguna 

Sie otra idea original ; quo^nas bien asi se llama, por ser 
tono diverso y nueva la forma ci)n que so anuncian, 
(pe por añadir una solución satisfactoria á las graves 
cuestiones que forman el fond^ c^mun del saber de ui épo- 
ca , donde s(^ iigit{in sin cesar las que nacioron con Hipó-- 
orates , Aristóteles ó Plinio. 

Objeto de censura , do diatrivas y enemistades han 
sido algunas medidas adoptadas por el señor Gastelló; 
pero el tiempo i)o podrá m^os de colocarle en ol lugar 
(|pe. perece su, bju^Uf entendida reforma. Cuando c(^|le. el 
rencor , cuando ús malas pasiones ahoguen su voz, cu^^v- 
do los partidos,. círculos y. {pandillas mueran en su origea 
para rejuvenecerse. con nuevos afiliados , y los intereses 
bcales llegiien á ser dominados por el gobierno centr^U 
entonces , y solo entoneles no negarán los antagonisUukol 
luenipñatcnso que.su providencia y suscoqsejosiian trair- 
ioiílsi literatura ^ipdíqi, Nq si) perderá ya.la uuidad^ no. 
Tsdlarácl conjunto v en es^ foco de luz donde brillan 
lilgunos ingenios , hallará m^s- tarde la goneracÁo^ (tit|ur4 
coa poc9s esfuerzos v ligero trabajo el origen dtí 1a nuer^ 

va era para;}^ Tnodiqna.espaAolAM«-; < - .> i-i i> • «iiii-il 
No hallamos reunidos ahora los hombres quo pudie-* 



200 

ran formar cuerpo de doctrina > y aunque poseemos un 
gran número , viven los unos apartados , nial compren- 
didos los otros , algunos calumniados , varios ignorados; ^ 
y solo brillan á los ojos del hombre generoso é iroparcial 
que busca con anhelado afán el saber y la virtud do quie-. 
ra que se hallan ; y contempla con amargura que nunca 
llega el momento para las ciencias , que no pueden vivir 
sin apartar de su campo la funesta política que todo lo 
trastorna , sin encontrar posible contra-veneno para tan 
malhadada- furia. 

Afortuiiadamente él hombre de quien nos ocupamos 
no tiene cainpp político. Su ciencia es y será siempre ne- 
cesaria : y si bien los modernos acontecimientos rebaja- 
ron mucho su influencia para el arreglo de la enseñanza» 
f»oco hubiera podido mejorar en la época presente; porque 
as oscilaciones en el gobierno debilitan las providencias 
mejor dictadas, el pobre estado déla nación no podia 
acreditar las reformas que necesitaban grandes dispen- 
dios , y como época de disensiones salieron á la palestra 
antiguas y modernas ideas, sostenidas con -mas ó menos' ' 
crédito por distintas pandillas que acaríciabanápüestos in- 
tereses de localidad. Ademas , que con algunas modifica-' 
clones en los detalles déla enseñanza del' reglamento 
de 27 , podian hacerse las reformas ' necesaríai^ pai^a la 
época prcáente. 

Don Pedro Gastelló y Ginesta , nació en lá villa de' 
Guisóña, provincia de Lérida, en 4 de marzo de 1770: V' 
atmque los conocimientos de primera é^tí(i&ición que ala 
^dria adquirir, no serian estremadamerite selectos; sus 
padres , que atendían con esmero la educación , no des- 
cuidaron se instruyese en las humanidades , que forman 
el elemento primero de una enseñanza que desea perfecr^. 
cionarse con nuevoü y mas estensos adelantos. Tomó Ib' 
necesario para comprender la lengua francesa , y podet 
satisfacer una de las condiciones que mas tarde le seríkn 
indispensables. En estos estudios aprovechó bien el tiem* 
DO Gastelló y salió discípulo aventajado para penetrarcoá' 
fruto en el difícil campo de la filosofía ; tanto mas» cuanto 



II 



201 

el método de enseñanza en aquellos tiempos difícuIlalKi 
demasiado lo que ya de su\o necesitaba (grandes esfuer— 
zos de ingenio, v constante aplicación. Partió al poco 
tiempo á la universidad de Cervera que jvo/alia de justa 
reputación , y cursó la filosofía tan necesaria para empren- 
der cualquiera ciencia que pide a cada instante avuda á 
la nzon. No vaciló en la elección de carrera su familia: 
y romo el joven se sentia inclinado al pensamiento quo 
ieÍDd¡caron, partió pcira Barcelona con el objeto do cur^ 
sar lo que entonces se llamaba cirujia niédica, Admitido 
alumno interno en el colegio , estudió con notable apro- 
rechamiento y contento de sus maestros , ocupando uu 
lugar aventajado cu la opinión cienUíica de sus condis- 
cipnlos. 

Su instrucción se distinc^uia mas por la práctica es- 
merada que había podido adquirir como interno en el co- 
legio ; y esta cualidad de su primera educación médica 
ha seguido siempre en la parte cientdica, superando á 
los demás. Obtenido el titulo , pasó al pueblo de su na— , 
turaleza , donde probablemente hubiera vi\ido siempre, 
si el destino que lleva al punto desig:nado por la Provi— , 
déncia á los mortales, no le hubiera arrancado de su país 
natal paní conducirle al t6rmin9 de tan afanosa carrera. 
Conocían su benemórilo catedrálico ü. Domingo Vidal, y 
su tio materno el sabio D. Agustin Ginesta, que las dis- 
posiciones del joven alumno le haciair apto para brillar 
como profesor en mas halagüeño campo ; y resueltos síi 
vencerla voluritad del joven, formiaron empeño en ar— . 
ranearle déla r(»tirAda villa de Guisona. Ko sii^ trabajo 
consiguicroD.su deseo;' porquefluctuaba eñ el ¿nijmo 
del joven cifrtjaiib módico fá dudosa suerte , el. inciertio 

IKjrvenir de su nueva carrera V:¿on'lá" oouGanza ciega eii. 
a prosperidad entonces presente" ¡Cuan cierto es que 
nadfie puede confiar hacer mañana lo que hoy tiene peu— 
sado! Preguntad á cada uno , qu6 pide en los primeros 

[msos de su aislado porvenir. Los que abran el corazón á. 
a verdad , tal vez estarán admirados de hallarse eu si- 
tuación contraria y superior á'la ^ue pudieron imi^in^c . 



202 

en momentos de fantástica ilusión. Otros á su vez yoWe- 
rán la memoria á tiempos que pasaron , para dulcificar 
los pesares que los aquejan con el dulce recuerdo de fe- 
licidad que cesó. 

Partió al fin , á los veinte y seis años de edad el joven 
profesor, obediente á tan'yiyas instancias; j dejando su 
villa natal , tomó destino en el regimiento de caballería 
de Alcántara , á la sazón de guarnición en el Puerto de 
Santa Maria , año de 1796. IHuéva ciudad, clima distin- 
tó , costumbres diversas y lenguaje tan bello , llamaron 
la atención de nuestro Cfastelló y procuró servir su desr 
tino con la exactitud y vivo deseo que llevan consigo los 
primeros albores de la carrera. En el regimiento era es- 
timado de todos por sü honradez y firmeza , por su ins- 
trucción y juicio práctico , sirviendo cerca de cuatro años 
con los mejores auspicios, En la ciudad gozaba de gran 
crédito , y la población solicitaba con frecuencia sus ser- 
vicios, que prestaba Gastelló con exactitud. Asi pasó el 
principio de sus penosas tareas > que se dulcificaron con 
el influjo de su tio , quien á vista de tan ventajosos an^. 
técedentes , pudo conseguir en 1799 fuese nombrado ca-; 
tedrático sustituto del nuevo colegio de cirujia de Santí»- 
go. Gomó no se babia dado principio á la enseñanza en 
aquel colegio , y el deseó de Gastelíó se inclinaba Üácia 
su pais, consiguió que su ¡nombramiento se trasladase con 
destino al colegio de Barcelona. No pudo dar pruebas bri- 
llantes en aquella ciudad, porqué en 1801 se le nono}^ 
cirujanQ de la real familia y catedlrático sustituto del q(H 
legio de San Garlos de esta corte. \ 

Ya estaba Gastelló en la corte: la movilidad i^oütínua 
dé su suerte, siempre venturosa, debia dcsarrolíac facul- 
tades adormecidas , designios ño meditados; y la nueva 
posición pedia un nuevo ser, una nueva vida que alejase 
la duda en sus designios, la indecisión en sus filies. ¿P;^'- 
saria Gastelló en su porvenir? Llegado á. la Qjórte^jdQoje 
tanto fluctúa la suerte humana ¿seria iQ^ias yepturpso?.^]SÍQ 
es dado a todos Iqs individuos cópocer su vojcacionVM^l> 
panto üe vista a que d^ben dirigir sus conatos; pero la 



203 

protección de un lio querido allanaba fácilmente las di- 
ncaltades apartando la posibilidad do un porvenir descon- 
solador. Luchaba en aqael tiempo la unidad cientifica que 
habiau deslrmdo el concilio Lateranente según unos, el de 
Tmrs según otros. La Francia imitaba á la Italia, y nos- 
otros recibianxos inspiraciones de allende los Pirineos, 
Venci6 en 1799 la reunión del ejercicio médico y quirúr- 
gico, para ser revocada en 1801 y dictar algunas orde- 
oanzas qiié se perfeccionaban como ordenanzas quírúrgi* 
cas en 1804, reformando las que con igual objeto se pu-^ 
blicaron en 1795. Pero aprovechando tan oportuna oca- 
sión Castelló, obtuvo el título de médico, ciue le colocó en ' 
h ventajosa posición que tinto deseaba. Hasta 1808 pasa 
nñ periodo que fundó la reputación práctica que tantos 
bienes ha producido. No faltaban entonces ilustres médi- 
cos á la corté española. Florecian con brilló reputaciones 
con estudios ad/Jüíridos en nuestras escuelas, y algunos 
otros que hablan recibido nuevo bautismo en las dé 
iTó^fpe/hVr Páris j Londren. £a Academia médica Matri-* 
tense réunia en su seno los médicos y naturalistas mas 
eminentes. Con ellos conversaba á todas horas , y quien 
recibía á cada instante lecciones que portenccian á tantas 
y tan yariadás escuelas , no podía menos de formar un 
caudal utilfsijino ^ de brillantes resultados para la prác- 
tica; aprovechando con eclecticismo racional las leccio- 
nes de sus a^iigos. Hubo sin embargo en la medicina una 
especialidad en que su reputación eclipsaba á los demás. 
-Al lado de su tio el célebre Ginest¿t^, catedrático entonces 
de obstetricia, el sustituto debia llegar en poco tiempo á 
cíer la primera autoridad en tan impok*tante ramo. Por 
desgracia no contaba entonces la España grandes especiad 
liiAás én la tocología. Abandonada la práctica á comadresí 
y barberos, mal podian llustk'arse las grandes cuestiones 
dé tan (fifícil arte:' y uña persona que como Gastélló re- 
cibía tan útiles lecciones , debia necesariamente ocupar 
Iironto un' lugar distinguido entre los primeros tocok- 
ogistas. Tal . tez si el caminó no se hubiera pres^tado 
tan fácil; 'si el téf réiio húbiéi'a' ofrecido adalides C|ñ^ conv- 



^U4 

batir, la victoria mas difícil entonces, disputado el campo 
palmo á palmo, tendríamos algunos trabajos inpportantes 
que ahora nos sirvieran de modelo. Esta Falta de comba- 
tientes lia sido una de las mas funestas causas para la li- 
teratura médica española, que ha carecido por machos 
años de médicos escritores , por absorber el tiempo la. 
práctica civil, único campo donde combatían. Asi puede 
decirse con razón que nuestros padres médicos han ca- 
llado cosas admirables, ó cuando mas, las sabemos poji". 
tradición que no legitimaria tal vez el autor. 

Estalló en el año de 1808 la funesta guerra que da^ 
bia trastornar los pensamientos y deseos de todos; cai;-- 
sando incertidumbre en el ánimo del mas esforzado Taren 

{:, tristes presentimientos en el menos reflexivo. Se trata* 
ia de combatir al guerrero del siglo. $us águilas vence-: 
doras cien veces venían á despertar el sañudo león espa- 
ñol quodormia desde la época de San Quintin v Pfivia. Itlal 
podían banderas, apenas sangrientas, y soldados biso(loa« 
pelear con tan aguerridos granaderos. El corazón é'spaftoj 
podía hacer esfuerzos;.^! raciocinio vencía laintencÍQU. To^ 
dos olvidaron sus oci^acioncs;, nadie pensó mas^que CQ,lfi^ 
defensa; jf los rñc;dicos y cirujanos españoles, cada cúaise-i! 
gun jsuposlcdon v obligaciones, buscaron asüo entr^ las 
armas ó eo pueblos, rctirádQs del yugo {raneen. Nucatino. 
GásteHó h^bi^i logrado muestras de aprecio delinfprtuna¡d(f¡ 
rey D- : I^í'^Iqs vt;' el ; PWclirQ . 3'e Madrid apreciaba ama 
conocimientp&i/iV el!gpi)|en)o d^ no descuidó ks 

ocasione^. qiV^ vinieron ^á^.;par\p para distinguirle j Ha7. 
marleXjf^ji^ervició. t^^V'.a/^V,"y varias VCce^i'CQi)^ 

los pfofcsofcs jestríiñfí;;o^, que acompañabán.el: cj^i^ciu^ 
invasor; ^ ¡í^i^^ 1/|'s acaloradas disputas [q\ie tódávia so^^ 
frecpcptes) acerca de la medicina, el díscípulq jíé'i|^ 
aveii.táj'pilos maestros defendió con ca|Qr y brillante r¿-,. 
suUa^o, cuanto pertenecía á la me.dicina efS^>aft(^l^i pocp' 
apreciada y menos ppnocida por n\i(iStrGis . vep/pos. No, 
vaciló su .españolismo ^¿ pesar de tan freci^eút'es iaviti^f 
cíohes: y fiel como tactos otros á su cjucrida Pi^tria, sali^ 
^?'>M;í9..t^;^rt« «*!>andQ¿anap>,ciu44^ s^^ 



305 

glorían y rico porvenir, para buscar asilo seguro y silen- 
cioso, que mitigase el dolor de perder la, posición adqui- 
rida con tan lisonjera fortnna. ' '. ' 

ParUó disfrazado y como criJido de un amigo su^o: y 
reunido á su querida familia en la dudad de \Tcali, pasTl 
i Cuenca y Cataluña, para recordar tal vez que sus [irime- 
ros estudios cii Karcelona le dieron porúnicn ambición la 
Tilla de Guiziona que dejó con l«i esperanza de menos in- 
grato porvenir; y apenas complacido y deslumbrada su 
mente con la esperanza déla n'gia confianza, perdía en 
un momento tan grata ilusión. ¡Qui6n sabe si entonces 
le pareció mas feliz el que heredó su villa natal! No tardó 
mucho cii embarcarse para Mallorca, donde permaneció 
kasta la conclusión de la guerra , proporcionándole re- 
cursos en aquel pais la reputación que había conseguido 
en Madrid. 

Vuelto á Madrid en 1814 ocupó felizmente su antigua 

tasicion, v teniendo la desgracia de pei^der á su venéra- 
le (io el noctor Ginesta, asrundió, conVo asi parecía na- 
tural, á catedrático de número, para desempeñar la ense- 
usanza vacante que pertenecia a ohstftricia , enfermedades 
de mujeres y niños, y afectos sifilíticos. 

La nueva posición de catedrático lijó su imaginación 
por algún tiempo, dedicándose al mairisterio con el es- 
mero y constancia que pedia tan díncn cargo. Para una 
Íersona mcUos ilustrada, hubiera pesado el nue\ocargo 
asta cl eslremo de concentrar toda la atención posible si 
babia de salir airoso en el sagrado ministerio de la en- 
señanza; Gastelló, conocedor práctico de todo lo concer- 
niente á sus obligaciones, t'enció pronto y sin distracción 
de otros asuntos la pesada carga qtló la ciencia había de- 
jado caer sobre sus hombros. Uesempeñó su cátedra con 
'aplauso, dando á sus lecciones el tino práctico y la con- 
cisión que tan estensds materias exigían. Kocopilaba con 
acierto lo mas esenciíA páralos discip'ulos, y procuraba 
rivalizar cti tan espinosa carrera con los mas distinguidos. 
Fallaban entonces^ é'n cl antiguo colegio de San Carlos, que 
lenia por cátedras los lóbregos sótanos de\ Uosm\.;x\ , ^^'^ 



906 

de clínica doqde ptoder. .ensanchar la esfera de los coaod* 
. míenlos médicos tájri indispensables para la completa es- 
aeñanza; y en tal abandono no podia orillar el catedrático 
encargado de tan árida enseñanza como la obstetricia téO" 
rica. En esta posición venció con aplausp de siís discí- 
pulos las dificultades que se presentaban á cada pato, 
siendo en España el representante legítimo de su espe- 
cialidad y adonde acudían en consulta para todos los ca- 
sos graves de la corte. En 1824, ¿poca funesta en que loi 
odios y enemistades engendrados por la guerra civilsaliaa 
á plaza á cada instante, nadie podia estar tranquilo ; on 
ligero tinte de liberalismo que encontrase la democracia 
autómata de aquellos tiempos én cualquier español, bai- 
laba para motivar una destitución. La intolerancia y fa* 
natismo de tan dolorosos meses igualaban á todos los der 

J rendientes del gobierno; y mal podían Víctor Saez y sos 
anáticos colegas entender de achaques de enseñanza. La 
desquiciada administración pública no podia menos de al- 
canzar en su desorden á la (lesventuraaa medicina; j coa 
auxilio de pérfidas sugestiones de algunos enemigos, se 
destituyó en masa á todos los catedráticos del colegio T 
del real estudio de medicina clínica. La calumnia atacóla 
persona de D. Pedro Castelló, y baio el falaz preteslode 
su reprensible conducta moral y política, y de las perni- 
ciosas doctrinas que enseñaba á los discípulos, sufrió como 
todos tan tiránica disposición el 18 de marzo de 1824. 
Gran sensación produjo en el pueblo de Madrid la me- 
dida atroz que dejaba huérfana la enseñanza en el tem- 
plo de Esculapio. oJuraruní ínter se bárbaros n$can 
mediciriam.)) Los alumnos lloraban por sus maestros, y 
el pueblo de Madrid apreciaba y distinguía cual nunca á 
los catedráticos destituidos. Lección terrible que no po- 
dían evitar los gobernantes con lodo su tiránico poder. 
La opinión pública los compudecia como víctimas inocen- 
Ics del delirio furioso de la reacción. 

La Providencia en sus altos destinos, velando siempre 
por el estudio de la naturaleza enferma, preparaba el dea- 
/flgravio de la cruel ofei|sa, haciendo al señor Gi^s-' 



9 



%0l 

t^ó el instmmentp de tan saludable y justa rcpa- 
rtWóií. • 

. La corona española, que al pasar por cien genoracio- 
hm no babia sufrido nunca la mirada altiva de nadie , se 
bailaba á principios del siglo en las sienes del bondadoso 
wj D. Carlos iV. 

La Toluntad soberana de Bonaparte y sus impacientes 
designios, meditaban la usurpación; y solo lo atrevido de 
k empresa bacia vacilar al invencible guerrero. 

La profunda aversión del rey á los negocios públicos, 
y la sagacidad de su esposa, babian colocado el cetro, 
emblema del poder, bajóla voluntad y privanza de D. Ma- 
inl GodoY, quien regia la nave del Estado con omnímodo 
ililer. El lujo oriental, su fabulosa magnificencia, el va- 
.whje que todos le rendian y el voluptuoso deseo que 
■ iUolo motivaba, introdujeron la discordia en el alcázar 
m1, colocando frente i frente al príncipe beredero y al 
¿Torito. En aquellos disturbios las afecciones del padre 
lecoDsaj^raban al privado contra el corazón del hijo; ven* 
dendo el ánimo del monarca, mas la fuer/a de la costum- 
kc que el instinto de la naturaleza. Con tan terribles 
^emplos y tan crueles disturbios, crecia irascible el ca- 
ncter del principe aherrojado por las circunstancias; 
hsta que las vicisitudes de la vida colocaron en su frente 
h corona y poder tan rudamente combatidas. 

El joven rey, que anhelaba con ansia absoluta volun- 
tai> destruyó las influencias que querían intervenir en su 
gobierno quedando la nación despojada de las formas que 
u refolucioii dinástica babia creado. Fué preciso domi- 
nar desde 1814 con algunos disturbios que exasperaron 
sa genio , y crueles providencias que le bacian zozobrar; 
iui^ta que nuevos sucesos en 1820 sujetaron su voluntad 
soberana. Tres aclos de continuos embates y revolución 
entre las necesidades del pueblo y la voluntad del rey, ba<^ 
einaron en su organización elementos que debian alterar 
su salud. Venció por último con ayuda del pacto de fa- 
milia; para volver otra vez á dominar bajo la fanática y 
terrible influencia de la restauración que sellaba $us qlc- 



sos . 

tos con Secretos del rey, cpíéñno podía firmar sin faneil 

5 cruel indecisión. ¿Convida tan azarosa en la moral pe 
ia yiyir tranquila su parte material? Hay una época en 1 
vida á propósito para manifestar padecimientos que Tire 
recónditos y en germen en el interior de la organixa 
cion. Las terribles agitaciones de la mente alimentan < 
temperamento 6 idiosincrasia, creando elementos que tí 
yen cu continua oscilación ; hasta que llegada la caliiíil 
el movimiento continuo de la vida los fija sacándolos 
llor. No de otro modo el infeliz náufrago combate la leo 
pestad venciendo el terrible furor de las olas para sentir 
se enfermo cuando ya en salvo no puede sostener él coé^ 
po sin la enervación que perdia. El temperamento, ci 
rácter , educación, vida reparadora y vida moral del He 
y las nrob-abilidades de alguna calma política, alterara 
su salud ; señalándose la gota con alguna seriedad doíl 
principios de 1824 para estallar de una manera grafi 
sima á fines del mismo año. 

Gastelló, que gozaba de gran concepto entre las deoMj 
personas realas, y habian utilizado sus conocimientos prip 
ci pálmente para asistir á los partos de las Infantas, er 
deseado con ansia para ver al Rey. Inútiles fueron cuw 
tos esfuerzos se imaginaron para vencer la repugnanot 
del enfermo. La misma Reina no pudo alcanzar accedió 
se á tan cariñosos desvelos. El monarca tenia una ide 
poco lisonjera del señor Castclló, y no era fácil aparta 
de su mente lo que, le habian hecho concebir. 

Atacado desgraciadamente la noche del 1." de febre 
ro con mayor violencia de gota anómala en el vientre ; 
pecho , con ansiedad y sofocación inminente ; é instand 
vivamente la Reina, accedió por fin á que se le llamase 
cómo se verificó apresuradamente á ia una de la madni 

ÍVada. Sorprendió á Gastelló la llamada porque no iéú 
a menor noticia de los pasos que se daban. Acudió á pi 
lacio y conferenciando oon'los (lemas médicos de cámar 
c[uedó encargado deja asistencia del Rey. - 

■ ' Gran compromiso* arrostraba el talento práctico d 
fióiSor Co^telló. La enfermedad terrible que Icuia á la vi 



-^ 



» f; ií; 3llW 



4á, jflárjala i mH yariada» formas , á combinarse con an 
gran* numero de afccTÍoneSf compuesta de tan diversos 
elementos, con aradó's'do importancia y urgencia respec^ 
li^as:,. iu»<se prestaba ficílmente ú satisfacer la razón pa- 
la oa&aoar oldesoo y onc^nUrar fácil solución terapéutica. 
Px» «li contrurio •; todo)) los métodos de raciocinar, su9 
friikipaiefi regla» y* los iiivarialiles dogmas de la ciencia 
Moeshaniftvudar |>ara resolver tan difícil problema. Con- 
tra un ataque regular y fuerzas del enfermo en buen el- 
tido ^ sin qub tomen parte intensa las afecciones -elemeu- 
tiles; que* le.' dompoiien, basta un- método natural poco ac- 
|¡lBty»ijegmriol; sabio cons'ejó de Baglivio : iffinúfrr vie^ 
lircr meJicus, Pero cuando los ataques son irregulares, 
ttftiidó-»DÍsc puede calcular la dnracion, y en los cuales 
lo -se puede reconocer relativamente á la totolidad del- 
ÉUpe, isiadiot se^Kirados do crudeza y cocción, Ibs mo- 
limientos naturales son ¡Nupioteutes para alcanzar una ter- 
ttoaciorí , \ por cons¡g«íienle los métodos naturales inad^ 
ÉbibkHS*: eii f)rüciso Uegat'MjIos empíricos perturbadores 6' 
MpeolficoS' que combataa directamente } sin conmoción' 
tliqládo gotoso y sus complicaciones. Kl Key haibia pa-^ 
s^oi|poi estos' dos caminosv para llegar al tercero, en el'' 
«lenIgQta sp transporta bácia las visceras, y constituje 
lilgsfei :fl^¿(ima/ri do Musgravc. Uu accidente tan urgente'* 
6fi noy fw^igroso y c^>ge socorros prontos V sagaces:' 
Quien vence con resultado tan numerosos elementos; ; 
<Idie adquirir renombre; práctico : y como no puede dnr- 
^ Qd'tratanilonto (]r(«n(>ra( aplicable á todos los casos, hay 
<>steUpcido el nrincipío>«do qne- cada caso presenta un pro>- 
l^^ma parlicuW cuya solución exige toda la stigacidady 
^oÍDnide que^el médvco es capaz.» i^astellótuvo el ta- 
<4éft>de «Tonccr ul< enemigo saliendo coniplelamentc vic- ' 
lorieso «después de una asistencia de veinte y cuatro dias 
ypmnnnpcicndo al lado del f^ey de dia y de noche hasta 
, queiSt^A^ljestuvo fnerade peligro. El' agradecido monar- 
ca I)(iiii^:diéi su memoria las malas impresiones, y dijo ni 
vjto^rahioJábcXor erque 44»f>puo^ d(' ))ies á él le debía la 
Yida.i) 

14 



210 

Este es el origen del justo favor que ha' gozado Cas- 

tpUó ,. empleado después fiiku la cordura y moderapMn de 

que hay pocos ejemplos ; utilizándole en su mayor parta 

para gran beneficio de U noble medicina. . i!' 

.n salidamente posesionado del favor del monarca, su 

Erij^a^r cuidado fué aprovechar tan venturosa ocaiiton en 
eneíicio de sus compaü^os depuestos. Hubo algos mi* 
nistro consejero que indiciiba al señor Gastelló ptdiéia 
solo .para ¿1 y su hijo ; pero contestó prontamente ífm 
su.hijp seguiría la suerte de los demás. < 

., Tan noble proceder fué recibido con universal aplaiH 
so : y la poesía proscrita y enmudecida entonces halló 
ocasión propicia para mostrar sus ricas galas y floridoa 
pensamientos. ■'■'■■:. 

^. Celebraba el poeta entre otras cosas la virtud de Ja 
medicina* y nombraba á los catedráticos de Madrid ^-ea^ 
cepto al benemérito v malogrado Mosácula, que no hflÉi 
sido repuesto por hallarse. impjMffificado basta en torcena 
in^ta^cia.. Presentada al Rey la- oiMociposicioá y leída por 
S. Ál. / 4ió motivo á Gastellóipara llanur la atendon éA 
spber^no acerca de la persona que faltaba en lista y n^ 
cordariQue no era completo el beneficio. Al momeotOpreM* 
g^nló el Rey quién era y por qué causa faltaba, respoiip- 
di^dq.CastellÓ!, citando al señor Mosácula, que se-hallari' 
b^lVopurificado, y cuyo talento era .una de las joyas da 
^.^pseúanza. «Pues entonces yo le purifico y que sea re^ 
pjiesto , » dijo el Rey. • ^ 

- Con esta última providencia quedó la escuela de Ha*- 
drid con el cuerpo de catedráticos que tenia, y recobra-* 
do el brillo y. esplendor tan necesarios en una corpora* 
cion cienti&ca encargada de tan. alto ministerio. 

Gantiouiíba Gastelló aprovechando el favor que gosfr- 
ba en beneficio de otras muchas personas , procaraado' 
sobre todo neutralizar los efectos de la persecucien poU^' 
tica que sufrían algunos médicos , acusados de pertene- 
cer á sociedades secretas , ó de tener parte en conspira- 
ciones descubiertas y severamente castigadas, libranaolisi 
la profesión del terrible yugo de la reacción. Obtuvo por 



.911 

■ » 

ultimo una real orden para que se alzase á los alumnos 
y profesores que habían pertenecido á la Milicia nacional, 
la prohibición de continuar la carrera y hacer oposici^ 
nes á las plazas Tacantes de la facultad ; cujo ejemplo ra- 
cional y decoroso abrió la puerta á otras carreras para 
conseguir iguales bencGcios. 

El hombre que abrigaba en su cabeza ideas l^n eleva- 
das acerca del respeto que merece el profesorado ; que 
consideraba i la enseñanza fuera de los reveses de la po- 
lítica j de su maléfica influencia, no podia menos do con- 
cebir algún pensamiento para el porvenir ¿c6mo no ha 
dé merecer las mas altas consideraciones el hombre que 
ilanado en sus estudios , no descansa noche y día para 
llegar á conseguir un lugar distinguido entre los miem- 
bros de la universidad , que vela con esmero y cuidado 
Sara difundir los conocimientos entre los ióvenesqueJban 
e formar la sabiduría del Estado? Esas altas capacidades 
que desean el honor de servir al público, superior á cual- 
niier otro por tener bajo su vigilancia y cuidado el go- 
merno de la ciencia, deben respetara hasta en la liber- 
tad de sus actos , sin poner cortapisas á su ingenio , cen- 
sura á su ilustración. Solo así podrán vivir en la atmós- 
fera de las inspiraciones, donde la libre respiración osla 
Eimera condición de las grandes ideas. Para que los ta- 
ctos se presten á difundir lo que han aprendido, es ne- 
cesario, ja que abandonan la especulación de las empre- 
sas particulares , rodearles de la seguridad en la retribu- 
ción j y de la seducción que lleva consigo la estabilidad y 
consideración de la universidad. Solo asi podrán satisfacer 
la noble ambición de sus esclarecidos talentos. 

Andaba el tiempo y con él crccia el aprecio que había 
conquistado nuestro Gastelló. Libre ya la nación de la fe- 
rocidad de los primeros tiempos de la reacción , crejó 
prudente ensayar las ideas de reforma que por tanto t¡em-> 
po habian agitado las escuelas médicas. Renacía tan l>e- 
lUidea á cada instante en su mente, v estaba resuelto ¿ 
poner en juego todo su poder. Tres puntos llamaban su 
atención : la enseñanza médica , el ejercicio de la prof«- 



»aí2 

^ióh' y el bienestar de lo¿' profesores. 'La empresa era 
atrevida, las rivalidades $rfandos, los ¡intereses de. lócalír 
dad poderosos ; pero no vaciló su convn'cion ante tama- 
flos obstáculos. Ki fü^obierno era la espresion de una vo- 
luntad, y esta se inclinaba propiciamente á complacer los 
deseos del reformador. Kra por consiguiente cuestión de 
tiempo teniendo de su parte la oportunidad. 

Siendo la educación pública el mayor interés de una 
nación civilizada y el mas apetecido ohjclo de la arnbicioo 
de un partido 6 de un (i^()))¡(.|*iio, no podía desaprobar 
Galomarde lo que podia darle glofta. Agitada tan íj^raiiáé 
cuestión en Europa, casi todas las nacione'í^ con ligeras 
diferencias babian conseguido la unión de dos miembros 
de an mismo cuerpo (pie no pueden vivir separados. aOm-r 
nes tnedicinaí parles ilu connrxm surtí ul tx tolo separari 
non possint , sed ah eo nomcn Iraluint h.qúo plurimumpe^ 
tunt,y> Cels. , de Medicina lib. 8. 

Las facultades de Pavía , Vadua , Prapja y el colcfpo 
de Perfección de Tlorencia : las universidades de Heidel- 
berg, Gotinga, Berlin, Viena, Haden, Municb y Bonna; 
lásde Londres , Edimburgo y Dulilin , todas gozaban de 
una enseñanza mas 6 menos eslensa de medicina y ciru- 
jía. La Francia sobre lodo poseía sus tres facultades, Pa- 
rís , Strasburgo y Monlpeller (pie comunicaban á nues- 
tra España el gran moviniicmto científico (pie se señalaba 
en todas las escuelas de Europa. Flotaba entre tanto la 
medicina española entre los colegios \ univeríiidadesi 
apartada de la unidad científica tan necesaria para su pro- 
greso intelectual. 

En vano los ensayos d(;l último siglo, lo.s traba j oí? in- 
cefWint(»s de varias comisiones, entre iA\:\< la de 1822, ha- 
bían hecho patente^s las ventajas. El inlei^s particübiry el 
dcalflfunas bn^alidades l.ichaban (O.i ronslnncia hasta ven- 
cer 4 los reformadores. La líU'.íi'rina universitaria había; 
abandonado ia (•iriíjía ohiilando los ¡lombres dc'ChírriT' 
1K>', Montaña, l)a/u-(!hacon , Di,:/., FríigOí.o, Arccís, At- 
caráz ymil otros í|uc dieion iustrí! y grandeza á Sus'i^ 
ninIflM, Piir otra |»arlf' los "o! -^iios^le Wndrid Cadtis V 



3Ni 

Karcoloii:! no so rontontabnii ron ol ostrcrlio rainpo (|uc 
los señalaban sus orclnian/.is , \ st* t'viraliniilalian vi\ la 
práiiii'a los (lisoÍMnlos ruii il¡s|>;il.i.s v r¡\.iii(latl('s (|iio nton- 
guaban ol clororo \ <l¡«rnnl.ul «K» la .-¡oiu'ia. Kl mñlivü pu- 
ro con ^«1 onli4o«;i:i inro:n:'!-M)>iltK' , rnninalia por iiiia 
sciula tino aponas no. lia i<>íuu\m*, \ a fiUT/a ilo apartar 
las iiulo/as ({.lo á ri<la ¡:>l:uilo (UMihaNan á u ra/on la 
vonliul <[uo solo pi*,'ia al;';'.:i/ u* ov analvíjíia. i 11 vi ru juno 
latino líriínlloso i-on si; or^i.oiicisnio, n'Millailo ilo su ma- 
terial onsofiao/a , ¡n\a(l¡a ol lor;\Mio prol'.uio tío la palo- 
logia inlorna «¡liO pi>!o oonoriiiiicníos \ nióloilos tilosólicos 
Jo quo rarocia para poilor do^cuhrir la \onla(l on nio- 
dicina. l-lran dos olonu utos separados (pío podian unión, 
si la oionoia laódioa IiaUia do roiMoor oon al^nn brillo 
pira podor rooobrar la gloria do sus si[;ios ¡>asados. Kran 
dos hornianos nxii^ >o podian auxilio á oada inslanto ; (|ao 
no podian oaríuuar un sti'.o paso soparados ; v á (|uiencs 
nuuitenia on pkM*[>ólua jíui^rra ol inlorós nio/quino, nuilí- 
lando on parlo oxtorna ó inlorna oonio si fuoson dos sív 
res dislinlos, la !)olla ur.idad do la organización humana. . 
Vi\ nuinionlodo oonsidoraoioií sobro lan lorribloanar- 
qaia debia sol¡rii,-:r pronlo nMuodio : n oualtpiiora on mo- 
mentos lan oportunos Imbiora acomotido i^ual omprosa.., 

Era prooiso dar á la nu'dioina ¡a unidad «pío conslitu- 
jc su j;ranilo/.a v su hiiníanitario ptulor; dojando al oa- 
ricUT, inolinaoion j. voluntad do oada uno la parcialidad 
quo (piisioro abrazar on su ojercicio. 

Abraza por último la roli)n .:i nuostro('aslolló,,.rtív¡- 
^iikIocou una comisión U)\< Iraltajos do 1S:22, modifican- . 
Jólos sogun orovoron oon\on¡onlo ; j dando pin* rosuUa- , 
íí>ol famoso lioglanunto do I8:ü7 ipu* comprendo las par- 
les siguionlós: ' 
1.* Dos olasos do profosorvs, l;m distantes la una do.: 
otra, que nunca pmlior.in confundirso, j oon atribu -. . 
í'iones ó inslrncclon distintas. La |)nmora (¡amada médicva- 
cirujano,* representábalas necesidades do la ciencia V\> 
llenaba los grandes deslinos; la secunda ciinj^tiotísaa—, 
¡/'■arforcí. oran los ayadantos de ^a Í iridia eu ^vv fiWVii \('j{3{^^\ 



8 



\ 



214 

Sueña y partos , librando á la medicina de la parte que 
cprime su orgullo. 
2.^ Repartió la enseñanza en los tres colegiosde Bar- 
celona , Cádiz y Madrid , dejando las universidades en 
ie en la parte médica , por la terrible oposición que ha- 
ló basta en el gobierno que se opuso á tal medida. 

3.^ Un número de catedráticos posible, atendido el 
escesivo de escuelas ; y oposiciones rigurosas para llegar 
á tan alta consideración. 

La primera parte es todayiala necesjdad actual, aun- 
que no sea la perfección : y si el escesiyo número de 
sangradores abruma la profesión, cúlpese á los que 
han abusado , no poniendo coto al intolerable esceso de 
alumnos cirujanos que han ingresado sin necesidad en 
los colegios , y no al legislador. Si el decreto de 1842 se 
hubiera dado en 1835 , nuestra situación seria mas bo- 
nancible. Si la enseñanza médica se hubiera (en la mis- 
ma época ) abolido en las universidades , pues no había 
otro remedio , también seríamos mas considerados todos. 
Y no se di^a por esto que atacamos la cuna de las glorias 
médicas del siglo XYI y XYII , no : porqué asi como es 
racional que las Cortes se reúnan en Monzón porque alIl 
tuvieron su época gloriosa , tampoco lo es que la noiedi- 
cina vaya á vivir á Cervera ó Toledo, teniendo Madrid 
y Barcelona que llena mejor su misión. Y prueba de lo 
racional de aquella división de dos clases de profesores 
cs> que las comisiones que han entendido mas tarde en 
reformas , han seguido el mismo camino , sin mas dife- 
rencia , que la de estender la enseñanza para los prime- 
ros con un titulo mas pomposo, y hacer lo misnoo con 
los segundos , que tal vez no produzca tan útiles resul- 
tados como deseamos. La segunda parte que comprende 
la distribución de la enseñanza no nos parece tan acerta- 
da. En aquellos tiempos tal vez con un colegio en Zara- 
goza , otro en Valladolid ó Burgos , el tercero en Sevilla 
y el cuarto en Madrid , hubiera podido alcanzarse la su- 
presión de las demás enseñanzas médicas en las univer- 
sidMdeSf ¿acíendo sobre lodo á estos coleaos facultades, 



215 

6i tdadott rott la nniTenidad de la capital donde tenían 
sa asiento, aunque gobernados con reglamentos sop^ira- 
dos. Ealo dejaba en pió el sistema univorsitnrio y distri- 
baia las localidades mas cómodamtMite para la península 
y total de aspirantes á la carrera módiea ; porque no ha- 
llamos racional ni posible con vida tranquila , una facnl- 
tad en el centro de la monarquía , y dos mas en dos ca- 
pitales colocadas en cslrcmos opuestos de la Península. 

El tercer estremo no admitía mejora entonces en el 
número; menos por tanto en el si^ema de oposición de 
que somoa idólatras hasta el fanatismo : máxime en un- 
paia donde ilustres profesores retirados en su hogar do-* 
méstico , no pueden brillar sin esta condición desarro* 
Hada con justicia , decoro , dignidad y noble emulación 
Tiene inconvenientes qnc engendra el padrinazgo ; pero 
es superior á todos los métodos , y solo combatido por 
los que esperan medrar con intrigas y pnitecciou. Tan 
mageatuoao campo da la victoria siempre al mejor adalid, 
coronando la frente del vencedor que brilla á mayor al- 
tara en laa distintas formas y cualidades indispensables 
aara el profesorado. Si el jurado no hace justicia, el pú* 
dUgo imparcial recompensa su mérito con las sentidas 
manifestaciones que no olvida nunca en los momentos 
da terrible prueba para el opositor. 

Aaf dio cima á su primera obra Gastelló , luchando 
Dodie gr día con lo envejecido del mal que pedia tiempo** 
pvt alcanzar una reforma completa y radical ; con la 
locreiUe contrariedad do propios y estraños, «si en el 
gobienio como en corporaciones A individuos hasta he- . 
nafidadoa ; con los apuros del erario, que se aumentaban 
d tañer que borrar del reglamento el artículo $upretion 
i^la enseñanza médica en iat uuiveriidadet , artículo quo 
nutrió guiado del espíritu de moderación y condescenden- 
cia propias de su carácter, mal tenido y de func4o resul-^ 
lAdo por cierto. Mas el gobierno asi lo quería; y eon^^' 
dboió el fatal golpe que vemos sufrir ahora á la profli^. 
útm uiTadida por un número' crecidísimo de nrofesores^^ 
qaa por fortuna he principiado en parte á remca\at«e. ILw 



ál6 

vano se lia criticado la reforma cu aqiK^I tiempo y des- 
pués , llaináDdola moxquina ^f |K)bre, eéiflpBradkucon lo 
existente en otros países , iulriisa , usimp^idora y mil 
otros denuestos sin sentido común ; a\uu reflejan y refle- 
faban mas pasiones, intereses y i^nibicion^s personales, 
que juicio, razón y amor ú la pviofosion y sus; profesores. 
Él tiempo por fortuna ha recompensado con su impar- 
cial aprobación la bondad y justicia de la medida en ge- 
neral. 

No bastaba á Castelló el decreto-ley por entóneos, 
cuando la capital de la monarquía recibifi 4su un local po^ 
brc y miseraule á ios catedráticas y sus^iftcipulos. La 
noble medicina carecía del humilile albergue qutí se coiw' 
cedo al mas desdichado concejo. OcupiJ)a por- desgracia' 
los modestos y oscuros sótanos del hos[úlal!, donde ml< 
podía brillar U ciencia cuando no íes iluminaba el sol.' 
Preciso fue olevar un templo á la enseñanza^ T este cr> 
el principal y mas grande beneficio de su proieo(!Íon. - ' 

Justo será consagrar algunas iinebs .para '[wobar cpiei' 
nadie mas digno de ocupar un temfdo quei^ la ciencia ' 
que cura alguna vez , alivia muchas , y oonsuela siompra»: 
al pobre desvalido. . '*)-• 'I 

Investiga el médico con anhelado afán las ooDdicion0g>> 
del hombre vivo para alcanzar algún día lo reaiiy posÍM' 
tivo de su existencia. UeSde la molécula impei^ccptibl6'' 
que sorprendo en su retirada función material hnsU el 
aura sunlime qu^ anima sn iuleligencia , .iudo«8V|)atrí^" 
monío de su solicito y cMinstanle esludiovJSo le basia.UeK 
gar al infinito, y levanta su mirada |mra penetT^k* dal ' 
principio ví^aí su recóndita morada , su .li'y , su r^etró'yü 
voluntad : llegando así á conocer las fuer/as nidícftles de'' 
la vida 9 y aprovechar oou fruto los medios poderosos dcl- 
arte. Con la observación y. blosófico dogma d&ABacon^ 
nunciado por UipócrateSr* conoce la i: ipotencia de la^' 
naturaleza al fin. Contempla cuún cerca está>la nadaidé' 
nU sublimo ci^cion ,< y cuan tri^tcr^s la humarrídoijqito' 
.orguUosa con su perfección orgáivka, se ciH»'mas ftieri|'' 
e y poderosa que el res4o jdo loa «loros , y no p¡cnsa>qtr0 



ál7 

l.t porri^rtilúlúlnd rs una rondicion provisa do su cu;i^^ 
lAnl<* enrermiiHiirl. Anido con ansia á iHMÜr socorro ijii 
rien^ifl qiio roti!<t»tva,^a dí'spcclio de la Icrrihio \v\ í\í\]ií: 
wMwthWth qiu' liendra la dostniccion. ' ' ;, 

DoKirosn roiidirion humana: :::;: tú qnc pides ru ía 
umarirura m* la vida remedio á la medicina , idhcr^a eu, 
un |)alaei(» al (d)jeto Ai^wo \ santi» de ian alta m¡>¡oii. 

Se overon ios elamorcs ; \ el rej qne ^eia ¿H^r es-, 
periencia propia el humanitario poder del arte s bii mez- 
quina vivienda deetetA la lieeneia para la eo.fv^itrucciuiUt 
del Puntuoso rdílirio qne hará hou'ór á la memoria .del 
augusto rtUMiarra prolcclor de las eieiieias médicas. KI 
pensainieiilt) 'í^Ta nnligno^ las'reales concesiones exi^ilian^^ 
|K»ro las oont^jitacioile»,átferc;\dos '/oposición , etc., ijUi^, 
M\ cosliiif*fe' ^n nuestro p:us, y la fidta de medios ¡íi»-, 
pidieron su realización ; hasta mié la noluntad firme y 
dmdida de Fernando Vil, venció poV iñspirac¡<fn de (las- 
iHM todos los ohstáetllhs , no siii poner ii pruel)a la la^ • 
boriosidad , constancia ^¡ Robles deseos del protegido i|ue. 
ühtuvo Ires reales órdenes para el mismo onjelt» , recha- 
zando en \(i última toda rerlamacion en contra. , 
Fue concedida 1:^ craí'ia en lá de majo de I83l, deti- ' 
linnndo'hl objeto el terreno del hospital de la Pasión. 

Solo un' hombt*e:que poraha dé tan' elevado favor y 
MI áttímo eAfor/ado podían \encer tantos obstáculos, su- . 
|)OMr lanías' difrenUades coiVio brotaban á su alrededoj|j.,| 
l'oplin , í^e ha llevado A cabo , y falla poco para su^coij- . 
ilnsion i^ie pide alimonas reformaren la distribuciim. 

Ahora cuando el discípulo penótni por primi^ra Ve¿j, 
pn el nuevo templo de lísculapio , admira la ma^e.b¡iu4 . 
M edilieio , su i¡:randeza v duración. Hecibe en su scuu.. 
la ilnslrarión y decot'Q (pu» necesita'; 'respeta la dipcipU-.. 
na tascóla stíea ,' porque la moráda'iniunde.. veu\Tacioijj. ^ 
cov^trmpla ron orpnllo los veirtie y dos si»jfos ílid teinm^., 
de Cor, sus dri^irnias shntoí», la VeríoniVle uistoria que lu^ : ^ 
t^mtiene , su nerpétna dnrarit»ri: v animado de taiviKi- 
humes ideas; ne tan oli;vad6^'|)ensanriQntus como b('utau.^ 
do ká palabras qpc cscíñcha , del tÑtJKl^^.? i^'^^^^^^ ^^^ 



3i8 

h$ circunda , y de los gloriosos ejemplos que recuerda 
á cada paso , se prepara lentamente para pedir á la his- 
toria un lugar honroso al lado de los Lagunas , Merca- 
dos, Valles, Piqueres y Morejones , brillantes antorchas 
de la ciencia , y muertos ilustres de la escala descenden- 
te de nuestro saber. 

Solo en tan regia estancia podrá el diácipulo escuchar 
atento las bellezas de la medicina , su alta estirpe , su 
noble ministerio y sagradas obligaciones. Bebiendo en 
tan cristalinas aguas, nunca se enturbiará su mente pros- 
tituyendo en el ejercicio tan humanitaria misión. 

La educación que conduce al hombre al término de 
su desarrollo , es la higiene aplicada á la dirección do 
nuestras facultades y funciones durante el curso de U 
edad ascendente de la yida. 

(Loor eterno al yenerable Gastell6 cuya memoria 
será perpetuada en el gran anfiteatro , con la inscripcioB 
latina que el tiempo no borrará! 

Tuyo el placer Gastelló de lleyar á cabo su empresa 
sin tener la pretensión de creerla completa, y con la es- 
peranza de perfeccionarla sucesiyamente yenciendo poco 
a poco los ODstácnlos que la embarazaban. Tenia proyec- 
tadas yarias mejoras, entre otras la de nombrar comisio- 
nes de profesores escoñdos y conyenientemente dotados 
para recorrer los establecimientos de aguas minerales, y, 
nacer en ellos exactas aniJisis químicas que formasen un- 
curso completo , útil para la enseñanza y gobierno de 
los profesores ; destinar algunos á la traducción esmera- 
da oe obras clásicas estranjeras, que diesen á conocer el 
carácter y espíritu filosófico de la medicina de aquellos 
paitfeís. Para esta empresa tenia ya prometidos los tondos 
necesarios , (adelantándose por muchos años en idea, tan 
útil á lo oue ahora intenta la Academia de Pari^ con el 
titulo de medeeint voyageurs)^ pensando también en me* 
jurar el local del colegio de Barcelona. 

No podia y orificar se la refcMrma sin alterar intereaei.: 
y dereoio^ admuridos ; jfiofo Gastelló en este punto fine 
Uinmirkéo f qué nldie pudra «faueíjarse de falta de consi- 



919 

• 

dertcion y miramiento : habiendo respetado á todo el 

mundo bajo un régimen absoluto , con la mesura y dig- 
nidad que no superara ningún gobierno liberal, üfl res- 
peto llegó hasta el estremo de dejar con todo el sueldo i 
ios auc quedaban cesantes, pagando religiosamente sus 
consignaciones mientras de ¿I ha dependido. 

El ejercicio de la profesión no podia menos de ganar 
en consideración con tales medidas ; y observando que 
la medicina castrense necesitaba salir de tan angustioso 
estado, intentó mejorar su posición. Nadie ignora la re- 

Sugnancia de los militares cuando se trata de dar consi- 
eracion y sueldos regulares á los facultativos del ejér- 
cito : obrando así en contra de sus verdaderos intere- 
ses. Porque solo siguiendo el ejemplo de Felipe II v Na- 
poleón podrán renacer en el ejército verdaderos aiscí- 
Eilos de Daza-Ghacon , y nobles imitadores de Larrey, 
ibes y Desegnettes. Guando la profesión vea en el ejér- 
cito español recompensas, títulos de Barón y estatuas 
que perpetúen la memoria de las grandes cualidades y 
arriesgadas empresas de los que han honrado la medicina 
y cirujía castrense , entonces la noble emulación llamará 
a sos puertas y no serán necesarias reales órdenes para 
llenar las plazas. A pesar de tantos obstáculos pudo pa- 
sar el reglamento del (Mército , publicado en lo29 , que 
por desgracia cayó en 1836 para trastornar los bienes que 
a<(ael había producido , sin esperanza de fácil remedio. 
Los directores de baños gozaron de gran beneficio 
l)ajo la dirección de Gaslelló : porque las oposiciones que 
wi seguridad al destino y el sueldo a^ignados constitu- 
yen una con las garantías y consideraciones que merece 
tan interesante ramo; poco protegido en la actualidad con 
la interinidad de muchos de sus directores. Kl reglamen- 
to de entonres está vigente , y no sabemos por qué no se 
Ueva á efecto lo que en él se dispone. 

El reglamento de academias disponía en su capitu- 
lo 18 algunas medidas respecto á la provisión de partidos 
cacantes para arreglarlos mas tarde todos » y mejorar la 
^erte de sus profesores. Pero rudamente comWudaA ^^\ 



"120 

los ayunlamienlos y algunos míídicos han caducado com- 
ptefamciitü. Aforlunaílamcnle vemos (»n la última ley so- 
bre nyuTilamieiilos ocasión de mejor.ir la lrist<» posición 
Aví los médicos de partido , y el ínatituto médico d" emú- 
lw:ion se ocupa en la actualidad de presentar al gobierno 
las bases. 

Solo el favor, honradez , perseverancia y firmeza de. 
<:arácler de tan ilustre varón pudieron mantener la de- 
cisión que necesitaba para tan vastas empresas. 

Andaban los años y con ellos crecian alj^íinas indis- 
posiciones d(* su salud. Cayó gravemente enfermo en 
Barcelona el juo de 18'J8; y como las p(írsonas reales le 
daban publica y privadamente las mayores pruebas de 
aprecio y estimación, fue honrado varias veces con visi- 
tas de SS. MM. , mientras |)ermaneri6 en la ciudad, y 
mas tarde cuando se trasladó á una de las torres de su 
florida campiña.' En el Pardo imitaron tan bondadosa 
atención en circunstancias análogas: y era tal la c/>nfian- 
za qoc inspiraba, sobre todo á la virtuosa reina Amalia, 
que gráTemcnte enferma en Aran juez oyó decir al Rey 
h^ber apedreado el pueblo de Madrid los balcones de la 
ca.4íi'de (^astelló ; y queriendo borrar de su memoria tan 
bfirbara impresión, le manifestó delante de muchas pdN 
sonaf» de distinción lo satisfecha que se hallaba de su 
celo 6 inteligencia , diciéndole por último con sn bondad 
y casi llorando: «Cáistclló, cuídate , que de tu salud de- 
pende la mra.» 

La íiviníi Providencia conservaba sus dias para dar . 
el primer "paso en favor déla corona de nuestra adorada 
reiriÁ Doña Isabel II. Un tomo en folio no seria bastante 
parh discutir y razonar el gran servicio que prestó Cas- 
teffó'én la Granja el año de 18:}2. 

Atdcado el rey d'c la gota en el pecho repentinamen- 
le'ponicnrtola' vida de S. M. al borde dW sepulcro, poi»-* 
maneció cuarenta y siete dias (Jon sus noches sin sepa- 
rarse del lado del angusto enfermo: ayudado noblemente ; 
«m tan arriesgado trance por los demás médicos de Cá-' ' 
luara''^ y «por, otros 'que flicron llalnadós/ 



Al cabo (le olios tuvo la dicha do confírinar ku tino 
práctiro ^ ronsl.'inlr dr.s>olo; riiipleaiido t(M!¿i clasK*. du 
rciiiodios , al^lllu)s de ellos á dcspoclio «le la adulnrioii 
¿ iiimuTrsia i|uc drscaha mi fuiírsta iiiucitc. 

(Ion tan f^raudioso vv\o y srvrra icniplau/a de áninu» 
salvó una vida , dt* la cnal rslalia juMidionUí la .suerte do 
la corona \ el lueiieslar de un f,'ran pneldo. Xai lo roeo* 
iim'ió la nación celelirando todos el mérito, ini|)ortaacia 
Y porvenir de tan {;lorios;i jornada. 

Nunca se horrará de la iniaf^inacíou de las |KTsonaH 
entendidas en asuntos de Kstatli» , cuánto inl1u>ó vii luí» 
de«stinos de la suerte futura aquel prodigio de la uumIí- 
ciña, aquidla \ida artilicial c.tuiservaila en tan a|iuraiia 
trance, continuada <Íes|)ues con el csukto }' cui<ladii ilol 
representante de Msculapio, (|ue m' acercaba en a<^uelloH 
momentos á la divinidad |»ara vislumbrar Kiis.iutei^jlos, y 
separar la rnierte cercana ptu* momentos, un&ena/^indo. 
envolvernos en terribles escenas t|ue uecehilabaa tiejnp<>. 
para ser eoujuradas. 

(ion ra/.on puede decirse que la mano del veuerubUv 
Castelló (*s el priuu*r eslabón de la cadena que mas tar- 
de rt>n heroicos sucesos habian de consolitlar la corona 
ni la se<;u!:da Isahel. Por Um seualadtis servicios si) cmK 
cedieroii á los médicos algunas gracias, siendo las de. 
Castrlló las siguientes. Una pensión de ü,t)(H) reales para 
d()s (le sus hijos menores. La gran cruz de Isabid la (ia- 
tólira por parecer á ciertas personas demasiado li'i.gran 
crux (le darlos III (pie hahia» mandado SS, «MU. Sin en- 
foiUrar en el Sr. Ciaslelh) uh c.uhallero exigiuile que hi-» 
^'>('se valer su inlliijo para 0!spcUc la volunl.id del mo-rr 
u^rca, Por scrviciits anteriores se le concedió ea I8*i0 
'3 (TU/. |)ensioiiada de Carlos III. 

has pensiones raducaron con la lev d«' prestí pU(.\s las 
u(- IS.')') que abolla las <|ue no luesen por servicios Iuh, 
^noK ai listado ; v no parece t.d la salvac.ioa il* la vida, 
^1*1 re V hajo ei iniíiijo de !a medicina. Iiéa(pií iiha prue- 
"!> (le la nec(\sidad (le hallar siempre en Jas C,()rLi> rcpfe.-. 
^'lilailas todas las elases de la sociedad: no «dvidaria líi 



939 

medicina pedir para alguno de sns ilnstres miembros nno 
de los muchos tUolos ()ue se prodigan á los que acuchi- 
llan toda su vida á la pobre humanidad. 

Cuando los augustos padres de la reina doña Maris 
Cristina estuvieron en Madrid, concedieron á Gastelló la 
oruc do Constantino de Ñapóles. Mas tarde murió el rey, 

JIos nuevos sucesos alejaron á Castelló de la escena m¿- 
Icaadministrativa, conservando sin embargo su influencü 
eomo médico de Cámara , v ayudando con sus utilisimoi 
consejos para ( oder alcanzar satisfactoriamente el desar- 
rollo de la augusta descendiente , llevado á cabo feliz- 
mente. 

Al dejar completamente en 1836 la parte que el go- 
bierno lo habia conferido en la Dirección de Estumoi 
el 11 de junio do 1835 , no habia olvidado su idea favo- 
rita ; y remitió i la misma Dirección una memoria qoe 
no ba6ia podido leer por impedirlo su salud y el servi- 
cio que prestó entonces en los sitios reales. Allí se coo- 
síf^nau las reformas que exigian nuevamente los regla- 
mentos de la ciencia de cumr; bien persuadido que la 
importancia de un código médico para la ensedaoza , j 
otro para el ejercicio de la medicina bien dirigidos, ha- 
rían mas bien á la ciencia qoe cien afios de imprenta. E^ 
eHa acompaAa un trabajo sobre el servicio do sanidad 
militar contra lo dispuesto por Mendizabal . que despojé 
á lo» ttiédicos^'írujanos de las plazas ganadas por opo- 
siciou . y ttu presitpueslo comprobando las veutajas <bl 
reglamento de 18á9. 

Asi concluye la vida científica del E.\cn:o. Sr. Don 
Plídro Castellón primer BiédicO"CÍrujaai> de SS. >Df . Re- 
lirado en su estancia hace algunos Jilos . ha visto pasar 
loo graves sucesos que nos han agitado con lenribie cruel- 
dad. El amor de su tuiuíKa y la brillante pusiciou que 
sus hijoa habían adquirido satist^acia su vejez. H¿is el ler- 
ribie destino ha querido acibarar (os altiiuos iias del 
aactauo venerable . no alcanzando su eioucia a poner coto 
i golpts tan crueles. El primor hijo , hoiiri v pr:.v. do la 
awüciua espailoia . médk^o de Cáman . boiiemorilo ca- 



iadrático y célebre por la eradicion , diitingoido mérito 
j íiDoe modales « sacnmbió el «fio 42 en Barcelona. Sa 
legando hijo, catedrático de jnrispmdencia y tan claro 
eatendimiento como severa y modesta virtad marió el 
lio 43. Solo una cristiana razoo , y el hábito de conti- 
anas resignaciones , han podido en su ancianidad sobre- 
Datar golpes tan rodos , repetidos en tan corto espacio, 
robándole la dulce esperanza de hallar en sus sucesores 
foien defienda la nobleza de sus acciones , los grandes 
beneficios j glorioso ponrenir que ha sefialado á la medi- 
cina. Pero no , yencral^e anciano: no faltan hijos de tu 
escuela que derraman alguna lágrima por ti, y recordarán 
eon yalentia los seryicios que tan carifiosamente has pres- 
tado á la medicina patria. En su noble corazón hallará 
aempre eco tu glorioso nombre , que nos guiará en la 
lenda dificil que emprendimos. 

Entre tanto , olvida á los que recuerdan con malicia 
los errores quo hayas podido cometer , y de que ningún 
nortal está exento. Prudente en la prosperidad como en 
la adversa fortuna , has sabido conservar tu puesto , ais- 
lado Y modesto en medio del bullicio y pompa de la corte 
lin abatirte la ingratitud de muchos y la mflexibilidad 
leí destino. Quiera el cielo prolongar tus dias hasta que 
leas afianzados los sucesos que ha creado tu entendimien- 
to y conservado tu acierto , cariño y noble intención. Y 
i la sombra de tus venerables canas halle el amor de los 
Ujoi que te restan consuelo á las grandes afliccionest 
fíe por desgracia la triste memoria solo olvidará en la 
tom&i. 

Da. Calvo y Martoi. 



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DON AGUSTÍN DURAN. 



A or el estudio tan profundo que ha hecho desde 
sus primeros años de las Humanidades , por la filosofía 
<^Q que ha tratado las mns difíciles cuestiones de litera- 
tura y de crilica , y por el ioflujo que ha ejercido en el 
nueyo rumbo que ha seguido el drama español , no puc- 
hen jcjar de ser importantes y al mismo tiempo instruc- 
^¡vaslas noticias que demos de los estudios y escritos del 
sefior Duran , así como interesar á nuestros lectores las 
í^e conciernan al carácter y demás circunstancias de 
^n escritor tan conocido y tan justamente apreciado. 

Nació en Madrid en la última década del siglo ante- 
rior. Fueron sus padres don Francisco Duran , médico de 
'a real familia, natural déla Puebla del Maestre, obis- 
pado de Badajoz, y doña Antonia de Vicente Yañez. Su 
Nre ei^ no solo un hombro profundo en su profesión, 
^ino que además estaba versado en otras yarias ciencias: 
^ hallaba dotado 4e ctáro entendioiioiito > de exa^^V^ 

15 



226 

juicio , y de una cabeza perfectamente organiíáda. Ape- 
nas (eniA don Aguslin 4 años , cuando falleció su madre 
en la llor do su juventud. Hallándose enfermo casi desde 
su naciinienlo de la plaga cruel tan común en el clima 
de Madrid y que acelera tanto el desarrollo de la inteli- 
gencia como debilita las fuerzas físicas, fué confiado el 
cuidado de su persona y asistencia á un lio suyo, y á una 
buena señqi^ que le sirvió de madre tierna y cariñosa. 
Esta fué la que plantó en su corazón las primeras semillas 
de los sentimientos morales y religiosos, que tan arrai- 
gados se han mostrado después en el señor Duran. Ha 
confesado siempre francamente, que estas primeras ideas 
concebidas en ia infancia contribuyeron á templar las 
impresiones que produjo en su alma la fdosofia del siglo 
XVHI , asi co!no esta lilosofia le impidió que aquellas 
primitivas ideas llegasen á fanatizarle. 

A la inteligencia y cuidados de su sabio padre puede 
decirse que debió la vida. Guando volvió al seno de sa 
familia , conoció aquel los graves progresos que habia 
becho en su hijo la fatal enfermedad, y lo necesario que 
era darle una educación física que fuese capaz de ir su- 
cesivamente desarrollando sus fuerzas. Para eso se pro- 
puso acostumbrarle al ejercicio y á la fatiga. Acompañá- 
bale en sus juegos, procuraba templar sus dolores, y al 
mismo tiempo alimentaba su espíritu con el estudio y coa 
la lectura. 

En mayo de 1801 pasó á estudiar al Seminario de 
Yergara , mas con el objeto de mudar de clima que coa 
el de adclanlir eu sus estudios Con todo, en este semi- 
nario estudió latinidad y humanidades , y adelantó no poco 
en la biología y en los elementos del cálculo y de la geo- 
metría. Aunque la mayor parte del tiempo que estuvo en 
este seminario lo pasó en la enfermería , no por eso de- 
jaba los libros, y era la lectura su único consuelo. En- 
tonces, y alternando con libros de devoción, principiaron 
por la primera vez á recrear su imaginación las novelas 
antiguas, las comedias de Calderony Moroto, los roman- 
ces de io» doce Pares , los Atoriscos, los 4^1 Cid j otros 



927 

onchcMU Su ioitginacioii se cxtlUba €K>u frecuencia, y 
«obelaba por ser ó predicador ó caballero andante Al 
cabo de 3 años toIvió á los brazos de su padro , dospues 
de haber olvidado ellalio y las inalemáticas; pero llena su 
cabeza de ideas heterogéneas, de prevenciones inlinilas; 
su corazón de buenos y nobles senúinientos, v su ima- 
gbacioD en estremo exaltada. Su padre so dcJicó ¿. cor- 
regir los yicios de su educación moral 6 intelectual . Co- 
nociendo que su alma se hallaba apocada por el miodo 
de los difuntos y do las apariciones , le hizo asistir á va- 
rias disecciones anatómicas, consi)(uiendo al, tin queso 
{amiliarizaso con los cadáveres. Fu6 su padre el que 
acompañándole en sus primeras leclums, y por medio 
declaras, exactas y breves esplicaciones, lo suministró 
desde luego las ideas de lo bello y de lo bueno, ense- 
fiáodole á discernir el grano de la cizaña. A ello contri- 
boyó no poco su asistencia á la casa y tertulia de don 
Manuel José Quintana , cuya amistad empezó á gozar el 
señor Duran desde sus mas tiernos años, y de cuyas 
observaciones y consejos sacó mucho fruto. Oia con la 
mayor atención las conversaciones científicas y literarias 
^oe se agitaban entre los concurrentes á esta tertulia. 
En la universidad de Sevilla siguió los cursos de fi- 
losofia y de leyes, que concluyó en 1817, habiendo re- 
cibido los correspondientes grados académicos, y desem- 
l^do con lucimiento tanto estos como los demás actos 
literarios. En aquel año fué nombrado por S. M. para 
imtbeca de colegial mayor en el de Cuenca en Salaman- 
eiqoe renunció después. En el mismo año se recibió de 
^bagado en la Ghancilleria dc.Valladolid 

Habiendo vuelto al lado de su padre lo creyó ésto en 
diiposícioa de emprender estudios mas sériosi;. y en po-r 
COI meses se halló en estado .Ae entender, á Virgilio y á 
Horado « y de leer y comprender mueha parte- de los 
libros de Glairant y Lacroix: estos estudios los amplia 
<ifipiie3 bajo la dii'eocioQ ; de su escelente y sabio. amigo 
^u Alberto Usti^, euyos .numerosos discípulos ianto se^ 



2^ 

muchos afios á esta parte ha habido úñt época en qnip no 
se cuente en el ministerio algún discípulo suyo ; en el 
actual podemos citar al señor ministro de Hacienda. En 
los pocos mese» que recibió el señor Duran las lecciones 
del señor Lista se perfeccionó en las humanidades, con- 
trayendo una yehemente afición á las buenas letras , y 
hallándose en disposición de hacer mayores progresos 
en las matemáticas. « No puedo sin gratitud recordar, 
nos ha dicho el señor Duran muchas yeces, aquellas horas 
que pasaba á mi lado con inmensa paciencia, esperando 
^ue el dolor diese treguas para la enseñanza : á veces sa 
conversación era el único consuelo que tenia , cuando 
el cirujano salia harto de sajarme y martirizarme. x> Sí- 
guió el señor Duran la carrera de leyes sin especial afi- 
ción , y- solo por obedecer á sn padre. No sucedió así con 
los estudios que emprendió privadamente. Leyó y es- 
tudió en compañía de éste las obras filosóficas de Aris- 
tóteles, despojadas por la csplicacion del mismo de las 
sutilezas escolásticas: juntos estudiaron también á Loc-^ 
que, Condillac y Destlut-Tracy , á Descartes, Leibñitz y 
Platón; y juntos leyeron varias obras teológicas. Dé esta 
manera adquirió su inteligencia bastante desarrollo para 
poder después comprender fácilmente las obras metafísi- 
cas de Kant y sus discípulos , de Bader y los escoceses.- 
Su padre lo enseñó después los elementos de Química , FV 
sica, Historia Natural, etc. , esplicándole los diversos 
sistemas^ principios y fundamentos de dichas ciencias. 
Hasta aquí llegó la educación de su padre y do sus maes- 
tros; en adelante ya trabajó por su cuenta. Entonces 
principió á manifestarse en 61 su afición á las ' disca-^ 
siones : la facilidad que llegó i adquirir en la indaecion 

Ír deducción de las ideas, establecidos los principioa-, foé 
a causadé sus adelantos , y del susto que ha tenido siem- 
re por las investigaciones profundas. La economía pso- 
itica y la historia las estudió el señor Duran con espe- 
cial predilección , y siguiendo en ambas un boen cami- 
no. Hizo un estudio serio :de la literatura franceM, j 
por ua momeuto se dbtra}o 4e • su emor á^ la eupaft^ j 



g 



999 

filé todo un clásico , y renegó de Lope do Vega , do Cal- 
derón y doMbrcto. liemos oído al señor Duran confesar 
francamente que estelo hizo mas por vergücn/.a que por 
sentimiento ó convicción. 

Puesto al frente de su casa y bastante restablecido 
de su enfermedad , se ocupaba constantemente en cul- 
tivar varios ramos del saber , siguiendo la marcha y 
£ regresos de ellos, y particularmente en la política y 
[literatura. Desde entonces sucesivamente ha ido for- 
mándose una escclente biblioteca de libros raros , pre- 
ciosos y escogidos : en estos y en su rica colección de 
comedias ha gastado una suma muy considerable. 

En el año de 1821 fue nombrailo oficial de la Direc- 
ción general de Estudios , liabienilo ascendido con pos- 
terioridad á la clase de primero : en este ramo hizo es- 
peciales é importantes trabajos, y continuó en este des- 
tino hasta la entrada de las tropas francesas en 1823, 
desde cuya 6poca no obtuvo empleo alguno hasta el do 
1834 , en que fue nombrado secretario de la inspeecicm 
de improntas y librerías del reino, y poco después híblio- 
tecario primero y decano de la biblioteca nacional. 

Según las ideas y sentimientos que en su educación 
se había formado, el señor Duran ha proiesado y profe- 
sa ideas liberales y populares. Sus opiniones son verda- 
deramente templadas , amando siempre las reformas pa- 
cíficas , hijas del tiempo y la ilustración , y reprobando 
los medios revolucionarios que retardan los progresos de 
la humanidad^ lia solido decir á sus amigos , que el inar- 
ürio.de los que defienden una idea es el triunfo do ella; 
¡tanto detesta los medios violentos qne ensalzan á los 
perseguidos y arruinan á los perseguidores! 

Aunque el señor Duran ha trabajado mucho en la li- 
teratura , ha escrito relativamente poco. Si en todos sus 
escritos y en las demás obras que ha publicado, ha pres- 
tado importantes servicios á las letras, mayores han sido 
los que le debe la juventud estudiosa , á la que siempre 
ha auxiliado con sus consejos: algunos de los poetas dra- 
máticoi quo hoy so distinguen , deben no poco á sus es*^ 

• » .:■ • . ; I . " ■ i * 



critos y oltservaciones. Tanto estas como' áqneMóB, JKtr 
W lógica , por su lucidez y claridad , por so estilo sen- 
cillo á veces, Giras enérgico, y siempre conrenieDle, 
han contribuid') cGcazmenlc á quilar al iusenio preocD- 
paciones } triljs inúliles, sin emanciparlo empero de 
aquellas reglas cáhias j libiiralcs que moderan los estra- 
vlós de la imaginación , sin cortarle á esta las alas con 
que se eleva. En lodos sus discursos , folletos j artículos 
se descubre claramente tanto la naturaleza de sa estadio 
favorito , como el objeto literario que en todos ellos se 
ba propuesto. 

Para calificar la importancia literaria del sefior Du- 
ran , hay que considerarle bajo tres diferentes puntos de 
vista: comí) humanista, como critico, y como poeta. Aaa- 
que bajo este último concepto sea tan distinguido, como 
en adelante espUcaremos, no puede negarse que bajólos 
dos primeros es en estremo notable , ya pOr el corto ná- 
ímero de los que hoy cultivan aquellos ramos, ya pgr los 
frutos tan preciosos que han producido sus escritos j lis 
cbnrci'cncias literarias que ha tenido constantemente cpp 
todos los j6venes literatos. El señor Duran ha sido y es 
entusiasta de la juventud briósay llena de ingenio, que 
IiiM cnn^liiuve la gloria dé nuestra literatiira. Amigo dé 
cllii , IimU.iji'i on afán en' allanarle los obstáculos que la 
"cfiílua <iji'Piii¡i ;i sus generosos esfuerzos, en mostrarle 
'lus rícii^ iiiiiKTOs de nuestra poesia nacional, ron ofré^ 
ci'rlo- [lias ipie n-glas y preceptos , módulos wie aproré^ 
.cb-i'-. , ■ ■ í ■ . ■■■■ 

£,[ discurso que publico en 1828, jó^ré, el inttujo jue 
ha ie'nidb Ja 'tíííuo moderna eñ Iq _.dacadencia del teoftro 
Qfiliguo espmol, y lobreplmoaQ conque debe ttr eorutde'' 
rado fárajusgar convenifníetnenle de (u tnirito peiuliar, 
llamó cspcGÍál mente la atencióo de los literatos y de los 
poetas hacia nuestro Icatrq antiguo , y hacia las impor- 
tantes y profunílas cóniitjeracioncs que abraza dicho dis^ 
ciirso. Este trabajo , por la inlpligcncia con que está des- 
eiiipeiiado,;.,porDi.épa:p^'táóoportuaa en que se publicó, 
^por la auio^ioa^ que le' prestaba el DamJbre del autOTt 



9?;f 

tanteriá'dóM UnoMro teatro niitiffiío , no podia monos 
df ejercer un influjo podoroso en Ia liternSiir.i «Iram.íii- 
f«. Asi STioediAen rfeoto, y puede decirse que promovió, 
faciliuS y preparé la revolución literaria ^erÜieadn en los 
años poslerioyes. 

En el discurso que hemos inoncíonndo, vindici el se- 
fior Duran á nuestro teatro de las injustas reusur.is v de 
lo5 sarcasmos de que ha sido hlanco ; da á ( onnror las 
bellezas inimitnhlesque encierran las rreaeionrs dniin;a¡. 
cas del siglo Wll, y eonihate la demasiada ialiiud que sp 
hadado A varias resalas del teatro llaui.ido rlásiro, apli 
candólas para juzpr del mérito peculiar al a^Miero ro- 
mántico , que por lo común no puede admitirlas, tanto 
por ser distinto el orí^^en desús creaciones, como por 
ser diferente el mundo ideal en que las forma, ]^ el modo 
cóñ quo considera los objetos, 'fres cosas deinuestra el 
sefior Duran en este discurso: Primera, que el drauía 
antiguo espnílol es por su oripren y por el modo de con- 
siderar al nomhre , distinto del que imita al griego: se- 
(Tonda , que esta diferencia los constituye dos géneros 
div4>rsos entn* st, los cuales no admiten del todo iguales 
rffflas ni formas en su esnresion: y tercera, que siendo 
fl drama español mas euunentemeute poético que el cla- 
sico, debe regularse por reglas y licencias nías distintas 
de la verosimilitud prosaica , que aquellas que ¡rara el 
Ciro se hallan establecidas. 

Según la máxima capital que se establece en este dis- 
curso, el teatro en cada pais debe ser la e^jir^ainn idval 
fiel modo de rer^ *<*w/ír, jfiztjar y rxiftir de *us Imhitaii^ 
le». Por consiguiente , si entre nosotros se l*orm6 el ca- 
ricter nacional de la me/cla exacta del tie los pueblos del 
Norte y de los del Driente , nuestra poesta, y en espe- 
cial la dramática, es un amalgama, basta cierto punto 
lAodiRcado , de la de a(|uellos pueblos, y singularmente 
de la de los Acabes (|ue «lominaroii nuestro suelo , y que 
introdujeron en /*l el saber, los hiibitos, las rosliimbres, 
Y el lujo que habian aportado del t árlente; Sin suriiues- 
trá pb^sta táit eut:ta y flioM!)(iea como la ¿éloaVr^ncoaos, 



352 

es macho mas rica , brillante y fluida ; y sim^r laa aQ«> 
daz y exa^rcrada como la de los árabes, es mas Terosímil 
y razonable. Por eso dic^ con mucha razón el señor Du- 
ran : <(Si acaso alguna yez sucediese que nuestro modo 
de existir social, nuestros hábitos y costumbres y nues- 
tro modo peculiar de sentir , se ideiitificase con el ca- 
i*ácter de los franceses , entonces seriamos también en el 
teatro tan clásicos como ellos, y el gustó público, mas 
bien que los preceptos , obligaría á los autores dramáti- 
cos á seguir este impulso.)) 

Veamos la pintura tan exacta y tan animada que hace 
el señor Duran del estado de nuestra literatura dramática 
en el siglo XYI. «El espíritu de novedad, dice, y la ad- 
miración servil de cuanto nos venia de Francia, forma- 
ron una muchedumbre de pedantes , que sin entender á 
los Mentíanos y Luzanes , y sin la instrucción ni sensibi- 
lidad necesarias para discernir el mérito de los Cornei- 
llcs y Hacines , se creiao dignos de obtener la magistra- 
tura del Parnaso, por la única y sola razón de que en 
nombre de Aristóteles y Boileau , cuyas obras acaso ja- 
más leyeron , se atrevían á detestar de los dramas de Lope 
y Calderón. Esta plaga de críticos , justamente llamados 

{plicistas , menospreciando la originalidad caraoleristica, 
a rica y armoniosa lengua, y la sublime poesía de nues^ 
tros antiguos poetas , infestó el Parnaso dramático espa- 
ñol , y llenó el teatro de toda cuanta escoria , acomodada 
á las tres unidades, se ha visto dominar en él durante 
casi un siglo. Los necios é insensibles partidarios de la 
nueva critica , prevenidos siempre de la regla y compás 
estranjero , y parapetados con una fria ¿ indigesta eru- 
dición , acudían á los coliseos , no á prestarse á los dul- 
ces ó terribles movimientos que. debían producir, ^n el 
alma las creaciones de nuestros grandes ingenios , sino 
solo á examinar si cabían ó no en las mezqumas reglas á 
que pretendían deber reducirse. Asi fueron al fin pros- 
critos de la llamada buena sociedad, los nombres famosos 
de Lope t Tirso » Moreto, eic, antes tan admirados j con 
razón «plaodidos. Con tales medios lograron el yergoa- 



233 

zoso tríanfo de sofocar la genial belleza de nuestra dra- 
mática ; y de tal suerte , ijue desde entonces no ha yuclto 
la España á producir ninprnna de aquellas suMimrs crea* 
cioues , tantas tcccs envidiadas y admiradas por los pue- 
blos cultos. En vano se buscará en nuestro teatro inoder- 
Ao aquel lujo de imaginación , aquella rica y hermosa 
poesía* que en el antip;uo encanta deliciosaroonte el alma; 
en vano aquel movimiento 6 interés nacional que se co- 
municaba á los espectadores como un fuego eléctrico , y 
en vano aquellas ilusiones del entusiasmo que producían 
los mas indecibles placeres en cuantos hombres amaban á 
su Dios , á su rey, ú su patria y á sus damas: pero en 
cambio tenemos en las obras de los críticos novadores 
mucha razón puesta en rimas , muchos dicilogos sin ac- 
ción y sin vivacidad , mucha ^loral pedantesca; y en fin, 
mucha ¿ insufrible prosa , á veces mas inverosímil que 
las exageradas invenciones de la fantasia.» 

«Aunque los sabios y literatos amantes de nuestro an- 
tiguo drama no opusieran un dique suficiente a contener 
la inundación de los novadores, la generalidad del pú- 
blico, dirigida por sus propias impresiones y por el inti- 
mo sentimiento de sus goces, llenaba los coliseos cuando 
vria en la escena á Lope, Tirso, Calderón y Morqto; y tal 
vez sus detractores salían del teatro tan conmovidos como 
avergonzados de haber participado del entusiasmo gene- 
nl, contra las ordenanzas de Aristóteles y del espíritu de 
partido. ¿Y cómo esplicaban estos hombres la contradic- 
cioQ entre su modo de juzgar y las emociones profundas, 
y los indecibles placeres que causaba en su alma la re- 
presentación de nuestros antiguos dramas? Muy fácilmen- 
te: lo atribuían á varios rasgos y bellezas casuales, que so 
bailaban en ellos. ¡Qué ceguedad! apenas se encontrará 
QQO entre tantos, que no escitc y sostenga el interés y 
cariosidad del espectador desde la primera escena hasta 
el último verso. No contento el partido literario anti-na- 
cional, con haber fallado á su propia conciencia en el 
modo do juzgar nuestro antiguo drama, llevó su obstina- 
eion hasta el punto de olvidar en sus raciocinios los más 



• f 



234, 

sencillos elementos de la buena lógica, atreyiénaose i 
promulgar que el teatro antiguo español era esencialmen- 
te malo ; y dejando traslucir entre sus sofismas y rodeos, 
.que la única razón donde apoyaban tan aventurado aserto 
no era otra cosa que la de no avenirse con las formas del 
clásico ó francés, por mas que se empeñaban en atormen- 
.tarlo sobre el lecho de Procustcr. El .drama español (di- 
cen) es malo porque no es lo mismo ni sigue la marcha 
del clásico, que está demostrado ser buci?o: tal es el in- 
sxacto y falso raciocinio en que se fundaron los críticos deJ 
«iglo XVIII y los del XIX., para inlenlar sustituir entre 
nosotros la imitaciou de la escena francesa y proscribir 
la originalidad de la nuestra, aun antes de haber exami- 
nado las causas del gusto nacional, ni las de los efectos 
admirables producidos en el corazón humano por los me- 
dios dramáticos que usaban los antiguos poetas españo- 
les. Si imparcialmente y de buena fé hubieran meditado 
la cuestión, ¡con cuánta facilidad debieron advertir que 
el teatro espa.ñol tanto por la esencia de las cosas en que 
funda sus creaciones , como por el modo que tiene de 
considerar los objetos dramáticos, es muy diverso del 
francés ó clásico! De verdad tan clara y. luminosa pudie- 
ron de(Li;icir: 1.® que cada uno de estos teatros conslílu- 
ye de por sí un genero diferente, no solo en su origen y 
objeto, si no tamuien por haber sido creador para nacio- 
nes de distinto genio y carácter; y 2.^ que por lo m:smo 
no era posible tuviesen iguales formas, ni reglas idénti- 
cas en su coniposiciou y espresion.. Por no haber mirado 
.las. cosas ¿ajo esl^ aspcclp;, incurrieron en un error no 
solo los x^óiulrarios de. nuestros .dramas, sino también sqs 
defensores. No atreviéndose estos ó no sabiendo contra,- 
.restar la ine^^aqta aplicación que aquellos hacian delprín- 
, cipio de ias uuíÍÍ'hIcs, y no querieudo cor.fesar palaaina- 
.. mentó ser inaplic^^ihíe. al .género adoptado en España , se 
contentaron con presentar en su defensa tal cual comeaia 
de las que con m^s ó meuo^ e\actitud.se aproximan á las 
.clásicas, a^Cfgurando que. ppdri.ap competir en regutaridad 
coD las del mismo Sófocles , á poco que se tratase de cor- 



I 



235 

re^Vla^. Una' ¿efensa tan fatsw como contraria al vcrda- 
daro aspeólo <le la cuoslioii, (mi vo/. Ji» doslriiir ol sistema 
del parlído opiioslo, ronfirmaba m.is v mas sus opiíuones 
arhílrarias ; \n\vs alrinrliera«Io ou la ioiirosioii í|iu» stí lo 
bariii Ac la noiosidul lio las iros uiiitlaJos para ronsti- 
tuir la pcrltícrioii lU las coinposít ioiirs «Iraináliras, se 
burl.iha do los inúlilos (^sfíior/os niipliMclos por los ro- 
fuixiiMoros ni ro<lu(ir imoslras aiiti;;iias piezas al priiuú- 
ío olásioo (lo Arislótolos v Hoiloau. Nada do oslo hii- 
iora siioodi(¡o« si ad^pláiuloso por ludos la distiiu'ion do 
dos géneros draináliros diversos ontro si, raparos caila 
uno de su respoolivo inórilo j hollozas, so luihioso vislo 
que eran propios para insjMraron oloora/on liuinaiio iodo 
finieres v eiiLiisiasiiioposiMo, aiintpio \al¡óiid(»se do for- 
mas y medios airerontes. ¡Parooe iiiosplioaldo el que no se 
haya adoplado esta idea foli/ y eonoili.ulora por amhos 
partidos, ouando el universo onlero conspira á sugerirla! 
¡Por ventura los jardines ouidadosainenle udornadüs pro- 
ducen el mismo interés, y agradan ron medios y formas 
idéntieas, á las que presenta la inoulla naturaleza obser- 
vada desde las altas cumbres del Aponino? ¿I.t)s trabajos 
mas csiuerados del arte so prosnntarian niojor á las crea- 
ciones de la iinag¡n¿icion, A ser¿in mas grandiosas nuc 
ks obras de la Oninipulencia? Si los jardines cullivaaos 
con esmero balajj[an los sentidos, inspirando ideas de or- 
den, sinietria y gusto, el espectáculo agreste de la ruda 
y magnifica naturaleza arroua el alma y la eleva á los es- 
pacios de liji creación. Los primeros como producto del 
arle pueblen bailarse bajo el imperio déla ra/on, del aná- 
lisis \ de la verosimilitud prosaica; mas el último nuo 
6sla Dccbura de un poder supremo é incomprensiblo, 
¿quién se atreverá a buscarle Inora del seno de la ines- 
crutable Providencia, que la copserva entre sus mas es- 
cogidas dotes? ¿y habrá quién pretenda todavía que jdc- 
In^mos renunciar á los senlinüei^io^ inspirados por esos 
sublimes y magníficos cuadros , por do ser posiulo com- 
prender su estructura, y por no poder. rcduo[r)os lúca- 
cerrarlos en los limites del arte de la jardinería? Nd> %^^ 



956 

cornos de los placeres me procora el arte: pero nunca 

abandonemos los incraoles goces que proporcionan las 
obras directas de la creación : abramos nuestra alma alas 
emociones que inspiran, aun cuando no podamos anali- 
zarlas: sintamos aunque las reglas lo contradigan: pues 
al fin las sensaciones son hechas, y las reglas son abstrac- 
ciones ó teorías que pueden ser mal aplicadas ó in- 
exactas.» 

Además del agrado que causará á nuestros lectores, 
juzgamos conveniente, para dar una idea cabal de este 
importante discurso, que tal influjo ha ejercido en nues- 
tra revolución literaria, copiar un fragmento, en que 
esplica el autor , no solo el sentido de las palabras 
cléutico y romántico , y su diferencia verdadera y esen- 
cial, sino también , como es consiguiente., la que media 
entre la literatura griega y romana , y la de la Europa 
en los siglos medios. De esta manera eleva el autor la 
cuestiona su mayor altura, y merece fijar la atención 
del historiador y del filósofo. Conviene observar que el 
señor Duran ha sido entre nosotros el primero que por 
medio de la prensa trató esta importante cuestión litera- 
ria. Veamos de qué manera lo hace : 

«La organi%a<;ion social, dice, adoptada por la Euro- 
pa en los siglos medios ó caballerosos , los nuevos hábitos 
y costumbres adquiridos con ella por los pueblos, y 
sobre todo la universalidad de la religión cristiana descu- 
brieron al hombre un inmenso tesoro de' ideas hasl^ 
entonces desconocido, dieroq nueva dirección al pensa- 
miento , y abrieron á la imaginación un dilatado campo 
para las" creaciones poclicas , fundadas en el espiritaali^^ 
rao. Al desplomarse enteramente los antiguos gobiernos, 
arrastraron Iras sí y sepultaron bajo sus ruinas hasta la 

' memoria de lo que lueron. La adoración de lanaluralcza 
personificada, fué justamente proscrita como idolairla, 
y los dioses del paganismo fueron mirados por los cris- 
tianos como formas de que se vestía el espíritu rebelde 
para la {lerdicion del género humano : asi pues la Tcogo- 

' nia j BÍitologia de aquellos pueblos so tío deBpojaoa y 



257^ 

iéÉiníá éé ÍBM ifuiionefl conque cAnÜTaba el coraion del 
hombre , el caal empezó á mirarlas bajo el horroroso 
aipecto de la mentira y falsedad. Igual suerte tuvo la 
historia que la antigua religión (1), pereciendo con ella 
hasta los recuerdos y reliquias de los |]:oI)iernos republi- 
canos ; siendo consecuencia de esta catástrofe, el que las 
existencias sociales tomasen otro giro, y se separasen en 
gran manera del todo homogónoo, que constituía la esencia 
de las sociedades fundadas sohre tcorins republicanas 
6 sobre instituciones procedentes de ellas. De aqui re- 
soltó que á los goces y ocupación de tomar mas ó me-* 
nos parte en la dirección del Kstado, substituyeron los 
homorcs placeres mas tranquilos 6 individuales, que 
nroporciona el régimen monárquico en el nuevo ór~ 
flen social , y acostumbrados á tan dulce y pacifico g6- 
nero de vida, empezaron á dar mas importancia á sa 
existencia como inuividnos , dedicando en pro de la yida 
doméstica todos los cuidados y el tiempo que antes es- 
ctosiyamcntc empleaban en asistir á la tribuna , y en fa- 
Tor de la causa pública. 

»A este modo de regeneración social contribuyó 
sobretodo el espíritu del cristianismo; es decir, el de la 
religión divina, que desprendiendo al hombre de los 
intereses terrenales, le eleva á su Criador, y le enno- 
blece sobre todos los seres creados. El hijo del Omnipo ; 
tente humanado, padeciendo y muriendo por su criatura 
es el espectáculo mas grandioso, tierno 6 interesante de 
amor que se presentó jamás al universo ; y el hombre re- 
dimido del pecado no pudo ya menos de engrandecer 
sus pensamientos con la esperanza de una vida inmortal; 
pues la sangre del Hijo del Eterno no hubiera regado la 



(l) El no haberse aun doscubicrlo el arlo de imprimir , la dificultad 
ife proporcionarso los manuscritos , y sobre todo el poco número do 
P^raonu que supiosiMi leer, fueron las causas del olvido en que pacieron 
largo* siglos las obras do los anlií^uos.á lo cual también contribuyó 
&o poco el horror que so teuia por los líelos á cuanto tenia conoxiou 
Wü la idolatría. 



938 

tierra por menos precio que por el rescate de 9a propia 
semejanza. 

» ¡Qué imaginación, aun la mas perspicaz 9 podrá 
abarcar la inmensa distancia que media enlre las creacio- 
nes po¿licas inspiradas por lan sublime creencia , y aque- 
llas á que se presta la mitología gentílica ? En esta lodo 
se personifica y maleraliza, en qucUa todo es espi* 
ritual ¿ indefinible : en la una todo se ve y es pal- 
pable , y en la otra todo es fé é idealidad : allí la ¿er-r 
mosura, la guerra y la ciencia eran entes personificados, 
y aqui cuantos bienes y males reinan en el universo , son 
distribuidos por una sabia providencia para provecho de 
los hombres. Bajo el imperio de un dogma tan elevado 

Í magnifico , las relaciones de individuo á individuo* y 
asta las mismas pasiones , participan en su espresion del 
carácter profundo y religioso que inspira la caridad cris- 
tiana ; por eso aun el amor humano es tan delicado en- 
tre nosotros , que se asemeja á una especie de culto» 
donde se exige el sacrificicio de los placeres físicos del 
amante en obsequio del decoro y pureza del objeta 
amado. 

»La espiritualidad religiosa, y el carácter caballero- 
so de los conquistadores del imperio de Occidente , sua- 
vizando las costumbres y leyes antiguas, constituyeron 
las sociedades de tal modo, que desde entonces fue im- 
posible no reconocer en el bello sexo un influjo que 
jamás habia obtenido entre los pueblos antiguos. Pre- 
valecida la mujer de todas cuantas gracias y dulzura la 
dotó naturaleza , llegó á ser la piedra fnndaniental déla 
felicidad doméstica, único fina que aspiraba el ciudada- 
no desde que la monarquía tomó á su cargo el régiinea 
Í gobierno de la sociedad. Compañera, y lío esclava del 
ombre, participaba igualmente que él de los bienes y 
males, de los placeres y de las penas. 

» Constituida la civilización en bases tan diversas de 
las antiguas, era preciso que apareciese un vasto campo 
de ideas, sensaciones y sentimientos tan nuevos como 
ella misma. El dogma del libre albedrio dio á la molfjtt 



359 

nnt fltndoa tan positiva y enórgica , como débil y vaga 
era la que prcsontnba la idolntrin ; y as( d hombre se 
líió obligado á luchar á brazo partido contra bs pasiones, 
los vicios y aun contra los malos pensamientos; pues 

Scrsuadído de su libertad , no podia hallar ja la disculpa 
icsus evSlravíos en el inexorable fatalismo. 

» Considerándose el cristiano como peregrino en la 
tierra * desaparecen ante sus ojos los intereses munda- 
nos , y solo lija sus miradas en el término de su viaje, 
Que debe ser el de su eterna salvación ó condenación. 
Ln cualquiera de estas circunstancias, su creencia divi- 
na io persuade á tener siempre en menos los bienes y 
males de sentido, comparados con los esperilunles que 
haodc servirle en la otra vida de premio 6 de castigo de 
sos acciones en esta. La privación de Dios, la roedora 
envidia, (1) el inútil rcmordimíenlo, la imposibilidad de 
amar, y la precisión de aborrecer, atormentarán ei 
alma del reprobo iuriniiamente mas que todos los males 
corporales : la caridad ardiente y deliciosa , i^\ divino 
amor y la contemplación del Todopoderoso en su gloria 
} magesiad , serán el mas apetecible premio del justo, 
j le anegarán en un mar inelable de placeres y delicias 
espirituales. 

• Tan divina, tan noble y tan hermosa creencia , arran- 
cando al mortal del nmndo perecedero, le sublimó á las 
regiones de la inmaterialidad y del intinito, y abriéndole 
su amoroso seno le hi/o hallar en la inspiración religiosa 
el tipo de lo bello ideal , que antes de conocerla solo po- 
día buscar en la alegoría de la naturaleza. Ya el aliento 
íatidico se remonta y sostiene en un universo tan distan- 
ta de los sentidos, que en vano preleuderia el hombre 



(i ) Santa Torosa de Jesús dijo liol espíritu rebelde , intentando 
Joiidorar su dosfiínoia: « ¡Dosvontur.idacrintura quono puodeaninr»>! 
tuanta vordati rospiía este diclio sublimo y místico , [inspirado por una 
•rdicMle y fcíj^osa caridad ¡ Qnó disfíiacia podrá compararse con la de 
ansiar ¡aicligüiilo que no puede amar y siempre c«ta devorado por hi 
«aiidia? 



240 

concebir su existencia, sino por el sentimiento instintiTO 
de ella , por la fé diyina y por la revelación. 

»E1 trastorno cansado en las ideas por el sistema po- 
lítico y religioso , fue y debió ser trascendental á todos 
los ramos de poesía , pues esta no es otra cosa que d 
modo ideal de espresar los sentimientos bumanos. (1) 

■"-1- r-M n I I I - - I ■ I I g 

(1] Y la Francia, se dirá , no ha esperimentado iguales vicisitudes 
políticas y religiosas en los siglos medios que el resto de la Europa, y 
no por eso se ha resistido ála aclimatación del género clásico, ni ha 
tolerado el romántico? La historia deberá resolver esta cuestión, y 
dirá que habiéndose formado la escena francesa desde casi la mitad 
del siglo XVII ála del XVIII, cuando aquel pais babia modificado eu gran 
manera la existencia social proveniente de los «iglos medios , ne es es- 
trafio que la literatwa participase de las alteraciones del carácter nacio- 
nal. En efecto, en la citada época fué la Francia teatro de unamultibid 
de guerras civiles y revoluciones que separando al pueblo de la obe- 
diencia pasiva (elemento esencial en las monar^ías absolutas), le 
acostumbraron á la discusión de los asuntos políticos y religiosos de- 
jándole una parte mas ó menos activa en el gobierno y eu el manejo 
del Estado. Asi fue la nación acostumbrándose, en medio de la monar- 
C[uía, á cierta libertad semi republicana, que permitía ó toleraJja álos 
individuos de ella la censura y discusión de todas las opiniones. In- 
troducido ya y generalizado el espíritu de análisis , que es tan favón- 
ble á las ciencias de hecho como perjudicial á las de imaginación y sen- 
timiento íntimo, el pueblo francos se separó cada dia mas cfel espirita 
monárquico y del entusiasmo religioso y caballeresco de los siglos he- 
roicos de la edad media. El estudio de la historia y literatura griega y 
romana, influyó mucho en estas modificaciones soicales, pues habién- 
dose generalizado , se difundieron tanto las ideas y notici:ís acerca de 
los usos y costumbres de sus antiguas repúblicas , que apenas habia 
un francés regularmente educado, que no se preciase de conocer me- 
jor la vida de un Bruto ó de un Casio , que la de Duglesclin y la del 
caballero Bayardo. De todas estas causas reunidas resultó que el pue- 
blo francés se dirigió á una existencia social diversa de las demás na- 
ciones europeas , donde las vicisitudes políticas habian seguido otro 
rumbo. En tal situación se hallaba la Francia cuando Corneilie y Haci- 
ne formaron su teatro acomodándose al nuevo carácter adquirido por 
su nación ; y estos dos grandes hombres auníjue cortesanos de Luis XIV 
Y sinceramente religiosos, como poetas y literatos pertenecían á los 
siglos de Atenas y de Roma. El mal ya estaba hecho á la monarquía, 
y en los rienados posteriores creció con tanta rapidez , que las ideas 
republicanas y antireligiosas cundieron desde las mas altas hasta las 
mas ínfimas clases, y los escritores, siguiendo el primer impulso, llega- 
ron á convertir el teatro en una tribuna de arengas y máximas políti- 
cas , preparando asi la catástrofe espantosa y sangrienta, que estallo poco 
después y Uenó de luto y amargura á los pueblos y á los reyes. Suoe- 



941 

Trinsformado ya el hombre de republicano en monár- 
qaico, y do gentil en cristiano, era consiguiente que la 
esprosion de la espiritualidad sucediese á la de la sime- 
tría y armonía personificadas: aquella debiapor precisión 
ser mas vaga é indefinible ; pero mas profunda que esta* 
pues so funda en existencias que no obran inmediata ni 



dk» á dicha ópoca la de Bonapnrto y á esta la roslaunc¡(»Ti dol trono; 
pero una y otia so han visto forzadas úconHorvar mas ú menos las for- 
niAs representativas, y á tolerar muchos de los intereses ereados |)orIa8 
evolución. Ks pues faeil inferir délo dielio que si el teatro francés no 
ha sido nunca romántico , es iMmpic nació en é|K)CHs v circunstancia» 
raque ya la nación no lo era tanq)oeo, ) hahia penlido el carácter re- 
ligioso y calmlleresco que tuvo cuando entusiasmada oialos c^mtos do 
sus tnwatlores , y leia ansiosamente las crcMiicHsde los Aniadises, Es- 
plnndianes y cali^dleros de Feho. 

Nada de lo smMHlido en Francia pasó en ICsiKiña. Ueductda por Fer- 
nando el (Católico á una utonarquia sólida y compacta , este gran rey 
supo C4>n mcíiios políticos y religiosas, sofocar el germen de la refomm 
protestante, y lihrará sus siiNlitos y Tasadlos de las atroces discordias 
civik»s, que ásoianuí é inundaron de sangre á todo el resto de la Ku- 
ro|)a. Después de él, Carlos V y Felipe II completaron la obra. \ su- 
jrtmdo el vnu> á l\ulilla y el otro ál4anu7.a» ahogaron casi enteramen- 
te las formas reprtvscnlatívas , y eonsolidamn la monanpiía absoluta, 
l^le tal momento , el espafiol privado de toda (Iíscuaíou política y 
religiosa, seviii libre ilel germen de las discordias, y conser\a aun la 
opinión monánpiica y cristiana que le di>t¡n|;^uiaen los siglos XVI y XVI. 
Kilo es tan cierto . tpie á |HMar de las liUunas vicisitudes a|>enas se 
hallará un individuo entre el pueblo. español á tpiien no se le presento 
U ívIm de la república como la de un niónstruo cuya existencia no 
puedo concebir, pues tampoco cree (pie haya un gobierno sin rey 
donde s# viva en pax y quietud. Kstamos los es|Ku*ioles con la imagí* 
nación Duiy cercanos á la contpiista de (iranada. para haber olvidado 
)o(i nobles Vecuenh'S de los caballeros árabes, y los cristianos que pe- 
leando en el campo del honor , se disputaban el prt^mio en generosidad, 
cortosia y amores. ¿ V pt)rqnü no ha de ser asi? ¿\\k ventura la ima- 
gen del asesino de ("és^ir, será mas grata, mas noble y mas hcnuosa 
que la del Maestre de Santiago batallando en defensa do la inocente y 
ealumniada esposa de Hoahdil, rey de (iranada? Por mi Dion: ;M)r 
"** ^^ífy y P^^ "** r/fimn, es aun la diUsa del noble castellano, y 
f^>brc ella han pirado todas las creaciones poéticas donde brilla el ge- 
nio nacional , ikvsde principios a Unes del siglo XVII. Si los estranjeros 
nos llevan algxiuas ventajas en iivlustria, podemos nosotros gloriarnos 
alo menos dé conservar todo el entusiasmo patriótico y religioso, quo 
no pudo hollar impuiUMuento el que ilomino á la Kuropa entera , y en- 
vweceriMW de ctínsorvnr ileso y lleno de honor el lema quo wwdU- 
Un^: Por mi Dios^ fiormi rey, y por mi dama. 



24S 

directamente en los mentido» , ni puede ler cénoebiida por 
la razón humana sin los auxilios de la fe , por lo cual e« 
imposible espresarla fija y constantemente en ningún idio* 
ma. De esta imposibilidad emanan , y ella es la razón de 
las metáforas atrevidas , de las comparaciones remotas y 
de las analogías impercc[itibles con que se reviste y ador- 
na la pocsia de los siglos medios , y á las que los insen- 
sibles críticos llaman á veces sin razón , falta de gusto y 
de verosimilitud. No pensarían asi, si hubieran adverti- 
do que en todas las lenguas del mundo cuando se carece 
de medios para espresar cierta clase de ideas poco cono- 
cidas, ó por su esencia inanalizables, hay que recurrirá 
las metáforas y á las comparaciones para esniicarlas. Pnei 
si esto acaece , aun cuando sean materiales los objetos 
que se quieren espresar, ¿qu¿ será cuando se hayan de 
reducir á la palabra y á la frase las ideas de cosas que 
no existen en el mundo visible y que están fuera de lof 
límites á donde los sentidos pueden alcanzarse? La mi- 



.1 

i 




prosaica , pues 
en el conjunto de las perfecciones materiales de la nata- 
raleza : pero como entre los cristianos todo es sentimieo- 
to íntimo, todo concii*ncia y todo fé, la espresion de la 
belleza los arrebata al universo de las idealidades, el coil 
no puede ser definido ni analizado con los cortos medios 
que presta la humana razón ¿Y cómo á tal modo de exi^ s 
tir, siempre intimo, sublime y poético, se le aplicaráo J 
las mismas y reducidas formas que usaron los poetas de ^ -| 
Atenas , para manifestar sus ideas? 

En esta manera de ver las cosas y de considerar el 
universo , eleva la literatura romántica el magnifico mo* 
numento de sus creaciones. El objeto que el poeta se 
propone describir en ellas no es ciertamente al hombre 
abstracto y esterior , es si al individual 6 interior: (1) ea 



i 



una 



(l) Taiiibitín el poeta romántico suelo projMjncrKc piutar un »ígk>^ 
mn/ichn CíUera, prcüentaiido un protagonmta ideal ó histórico, al 

» 



945 

« repliogaes y en el mas oculto secreto de la cohcien- 
1, es donde busca el mérito y motifo 4c iay acciones; 
aes aunque oslas apnrozcau buenas , podrán no obslanto 
ir oficiosas , y aun criminalos , si la voluntad del bien y 
\ gracia divina no linn presidido á ellas. 

« Al contrario en In literatura clásica; se mira al 
anbre por sus arlos csteriorcs solamente, y sus vlrtu- 
eiy vicios se consideran en abstracto, prescindiendo 
ienprc del sugeto á quien se aplican ; por lo cual el pro- 
igonÍHia de ellas carece de toda individualidad que le 
iracterice y dislinga esencialmente de los demás hombres 
ominados de cierta y determinada prisión : asi es que 
I avaro, el mimtitropo y el hipócrita del teatro clásico, 
inaden muy bien reputarse como si fuesen la avaricia, 
I misanlroi>ia y la hipocresía personificadas. Resulta 
mea do esta tóoría , que como el poeta clásico trata solo 
»8us fábulas de describir caracteres generales, se pro- 
XHíe y tiende siempre á un lin moral, lijo y determinado; 
M tanto que el romántico mira este Altimo punto romo 
ncesorio ; pues pretendiendo únicamente la formación 
f retrato de earactóres individuales, la moralidad mas ó 
BMiQS vaga <pie se deduxca do sus invenciones, debe 
multar de los actos singulares ejecutados pol* los pcrso- 
Bijes que intervienen en ellas. 

«Habiéndose descrito las bases diversas sobre que so 
hadan la literatura clásica y romántica , y estando cxa- 
nioadas las diferencias esenciales de la poesía dramátic4i, 
i que cada una da origen, parece que ya deberemos con 



■•• 



Cttalalríluiyo y ro.isto, uoilt' un \ icio úuua virtud aiilaUa, kíiio doto* 
ib aquellas pasionos . hábitos y nutíinubros (|ur luiodoii (Mr.'irt(TÍ/.ar 
llvfMHM ó nación quf trata (lo rolratar. Ksto lu lian \\ov\w i\»i tinloM 
IDMlms autores (lr.un.it íO'OAroaiprL'tn a los siglos y ooittiMnbroM do Va- 
paria,|)artí(MilarMUMilr imi las oonuMÜas do capa y espada. Dospurs do 



RÓnom y liati admirado la Kuropa _ ^ 

ri» de<cnvolvórM(* rn olio discurso , dondo 8o deuiucalrca lus pro^r^íM* 
^Im hecho el romauticlsmo en eJ sig¡ío XX, 



244> , 

yenir en qae una y otra de por si constituyen un género ' 
particular , tanto considerándolas en sus formas como 
en su esencia. No resta pues ya mas que reasumir cuan- 
to va dicho 9 repitiendo : que el teatro clásico procede 
del sistema social y religioso de los antiguos griegos y 
romanos , y qu^ su objeto está reducido á la descrip- 
ción del hombre esterior, y á la pintura en abstracto de' 
las virtudes y de los vicios. Este género toma su idea- 
lidad en el conjunto de lo bello visible , y en la personi- 
ficación de los atributos de la naturaleza , presentándolo 
todo en cuadros, que con facilidad pueden limitarse á una . 
verosimilitud muy próxima á la verdad prosaica. 

También recordaremos haber dicho que el teatro 
romántico procede de las costumbres caballerosas adop^ 
tadas en la nueva civilización de los siglos medios , de 
sus tradiciones históricas ó fabulosas, y de la espiritua- 
lidad del cristianismo ; así es que aunque los protago- 
nistas en esta clase de composiciones se hayan tomado 
de la historia y mitología antigua , aparecen siempre en 
la escena moderna revestidos del tipo original y caracte-. 
ristico de los tiempos heroicos de la caballería , ó del he- 
roísmo religioso que inspira el Evangelio. El objeto y fin. 
que se | reponen los poetas románticos , no es la descrip- 
ción del hombre esterior y abstracto, ni de los vicios y 
virtudes aisladas en cuya pintura se prescinde de los ac- 
cidentes y asociaciones que modifican los caracteres ; es 
sí, el ¿e retratar al hombre individual, dominado con 
mas ó menos vehemencia de las pasiones, vicios ó virtu-. 
des de que es capaz el corazón humano ; es en fin, el 
de formar la historia del hombre interior considerado 
como individuo , en cuya conciencia intima ha de pene- 
trarse para juzgar del motivo y mérito de sus accio- 
nes , (1) y cuya verdad histórica ó ideal se desenvuelve 



(l) La metafísica de las pasiones y los monólogos largos son por 
está cansa indispensables al género romáotíco , pues sin ellos no podriaa 
ni retratarse los sentimientos íntimos del alma y de la conciencia , dí 
¿Tadnarse la marcha imperceptible de los movimientos que á cada paso 



245 

haciéndole obrar ou muchas ó en todas las circunsCAncias 
de su vida. 

» Bíepotiremos (inalinonte que l.i suhlinoé idoal belle- 
za de este último género se alimenta y sostiene en los 



modifican ni hombre imiívidiinl. Kii v\ pñHM'or!,isíro(l(>iHlcnoKrnrrrsil.i 
marcar las iliforcncias osrtiri.'iios qur (iistiii.üurn l.i in(l¡vítlti;ili(l;i(l de 
una núsiua pasión aplicada á personas distitit.-is . el espectador pn'vee al 
catástrofe, y no exige ni espera fcrandes emociones , ni combate al^^unn 
profundamente interior basta el desenlace déla pü-^za. el cual severiH- 
ca regularmente i>or un arrebato de pasión. Orosman, por ejemplo, es en 
la Jaira el hombre zeloso;ócasi una personilicacion de lo» celos , redu- 
cidos en su esnresion á los actos estemos con tpi(« se maniliestan en la 
(generalidad de los hombres cuando se bailan (toseidos de este afecto en el 
seiUido trágico; asi es el (|ue no tiene tpn' hacer ninguna de ntpie- 
Ilas contidencí.'us de íntima conciencia, que solo se comunican al nú- 
Uico sunoniendo que el protagiHiísta habla consigo mismo. Un cuauro 
Concebido y ejecutado bajo estos principios es muy fi'ud reducirlo A. 
las reglas de las unidades; ¿ pero suctHlería lo nusmo' si tomásemos por 
«jemplo el Tetrarca de Jerusalen,de Calderón, v quisiésemos encerrar 
Cita hermosa creación romáutica en los límites cíe una tragedia clásica? 
El resultado seria entonces presentar una fria ó insulta Mariene como la 
, que tienen los franceses en su leiilro. 

Si consideramos bien las cosas ; ((uó diferencia tan grande no del>c 
existir para la espresion do sus respectivos sentimientos entre Orosman 
y d Telrarca ! El uno todo clásico , representa los afectos celosos , como 
pasioQ inherente ai Qoraz(m humano , esnresándolos con acciones que en 
ifnial caso y situación harían todos los nombres. Kl otro los reconcentra 
dentro de su alma, y retrata los tonnentos y C4)mbates que la despc- 
'^n interiormente/ no solo como perteneciente á la especie humana, 
únocomo cierto y determinado individuo de ella. T(m1os los homl)res 
celosos se reconocerán en Orosman ; solo el Tetrarca puede sentir, 
«>lHar y pensar como el Tetrarca. 

Para sospechar Orosman do la (Idelidnd de su querida, es preciso quo 
^ia le inspire desconfianza con sus acciones inocentes, es verdad, |)ero 
avocas que pudo liaber evitado. Jaira , sin dejar de ser Jaira , pltidia 
^oquílizar á su amante , mientras Mariene sin dejar de ser hermosa 
oiujcr, amante . virtuosa y amada, no ))odia librarse de los C(*los de su 
«poso. Jaira motiva Uis sospechas del suyo formando una intriga clan- 
<ie8tina semeiante á las de amor ; y con decir una sola palabra puedo 
acabar con ellas ; al contrarío , Mariene es inocente no solo d los ojos 
<lel espectador, sino á los del mismo Hnrodes; y la ocasión do los zelos d^ 
^^ diesffraciado, uo debe buscarse fuera de él mismo ; porqaoresidc en el 
centro de su alma, circula por sus venas , y en (In, estriba en cuanto 
constituye su esencia moral. Así para decidirla catástrofe en esta sublimo 
^odia , no es necesario que Mariene aparezca criminal á los oJo« de v»>i 
'tpóioi bástale á éste saber que os luiyar , que es hermosnv 4^c nd^^ 



246 

inmeiMos espacios de la eternidad , en la siumsion del 
entendimiento humano á la f6 divina , y en la noble y 
generosa galantería de los siglos medios ; de suerte que 
el mayor ó menor entusiasmo religioso ó caballeresco 



puede verla aín amarla > y sosncchar aun rfímolamciilc que puede ser 
uconstanle. El Tctrarca de Caldoroii no Kcrá enhorabuena el mismo Ifc- 
rodes de la Palestina ; Hcrá hí se quiere, un español puesto en igual oi 
circunstancias ¿aquellas en que la historia nos le pinta. Calderón not 
presenta en él un personaje histórico, pero revestido de un carácter 

fTiofundamonte ideal y n<icion2iI en la espresion de sus sentimientos 
ntimos ó individuales. ¿ Quién desconocerá en el héroe, ú el tirano de 
Jerusaleu, los vestigios do la sangro áralKí, y las reconcentradas y 
furiosas pasiones que se albergan en el conizon de los habitantes del Afrí" 
ca^ que tantos siglos dominaron en Rspcifia? 

Aparece llerodes en la escena ciegamente enamorado de su esposa! 
para él no hay en la naturaleza otro placer que esceda al de amar* 
sino el de ser corres|K)ndido: naiia h turba ni u) distrae do su ])asiún, 
los anuncios siniestros que le cercan solo sirven para prop^jrcionarie 
medio de manifestar su ternura á Mariene. ¡Feliz mientras aun ignore 
que alberga escondido en su corazón el monstruo impío que ha dó de* 
Torar sus dichas, y clavar el agudo acero en el seno inocente do su 
amada! Cuando los furiosos vient/)s aprisionados en hórridas cavernas, 
dejan la mar en dulce y apacible calma, el novicio navegante duerme 
tramiuílo y sin recelo de las crueles tempestades; mas si desencalle' 
hado el rudo Aquilón se precipita sobre los procelosos mares, si rotos 
los mástiles y perdido el timón, sirve la nave de juguete á las furíosM 
olas, entonces el descuidado pasajero despierta uespavorído de su le- 
^8^1 para conocer su horrible situación , y para saborear penosa- 
mente la muerte que le amaga. Tal parece llerodes á la vista del ee» 
pectador , reposando en (4 regazo halagüeño do su querida y en la 
confianxa de su amor, sin sospechar apenas (|ue pueda albergarse ett 
su alma apasionada el crudo afecto de los celos: pero al ver realizados 
en parte los presagios funestos uue antea despreciaba, al mirarM pri- 
sionero do Augusto, y condenado á morir, cuando llega á temer qae 
un poderoso rival disputándole el corazón de su amada , consiga aosso 
ser correspondido; entonces se aliandona to<Ío á las roedoras sospechas, 
entonces fas psiones se desencadenan en su pecho , entonces se en- 
ciendo una obstinada lucha entre el amor propio , el honor y el carillo, 
y entonces, en An, conoce losesoesos á que pueden ios rabiosos celes 
conducirle. ¿ Y el hombre que pocos momentos antes hubiera sacrifi- 
cado su existencia por libertar de una leve molestia al objeto de m 
amor, es el mismo que ahora inexorable le destina una muerte horro- 
resa y saiwnenta? Luchan en su pecho el amor y los celos, la lucha 
es obstinada y profundamente interior, el alma es el campo de batalla^ 
y allí, allí y no en otra parto es donde el espectador busca y encueh- 
M 4/ dmdiibBÚo Herodesa Amniitie del oliioto de su carífio y de coi 



947 

que pretende inspir«ir, 6 de que se halla inspirado el poe- 
ta, es el iiuico limite qne éste impone á sus Audaces me- 
táforas, y á sus grandes y suldimos pensamientos. 

» Délo dicho se infiere IVirilmente ser imposible en- 
cerrar la comedia 6 drama román! ico en cuadros eir- 
cnnscritos en las tres unidades: lo primero porque los 
caracteres individuales no son abstracciones, ni resultado 
de una sola pasión , vicio 6 virtud, sino el conjunto de 
machasque mutuamente se modifican. Lo sef^undo por- 
que el desenvolvimiento graduado de los afectos du un 
individuo, no puede con verosimilitud verificarse en el 
corto término de 21 horas ; y lo tercero, porque el re- 
trato del hombre nunca se deducirá de un solo acto 6 
eircanstancia de su vida. También seria invcrosimil en 
este género el que variando, como varían á cada paso lasi 
ntaaciones y modo de existir del hombre individual, y 
poniéndole en contacto con personajes de diversos princi- 
pios, educación y carácter, secsplicasen todos déla misma 

Mas, destronado « próximo á subir á un cndiilso. H Tclrarca es un 
MTOc sobrehumano; y tal aparecería simpre, m las pasiunrs (|uo do- 
▼oran y despedazan sus eritrañaH, no diesen A conocer (pie es hombro 
¡pero que hombre! ¡Cuan sublime é idenl os la Vi^presion de sus pen** 
lanientos! ¡Cuan noble y espiritual la do dus arectos! No es su i)on('i 
oayor el contemplar ú Marieno on otros brazos ; ¡uto no puede so- 
portar la idea do ser olvidado y al)orrecido. A tal estremo le reduce 
tite pensamiento, (pie ya nada le miporta su existoncia ni la de mi cs« 
poia; y en tan dura situación solo atiende á (pie ésUi i^vore In inano 
de diwdo parte el golpe quo b destina, para no ser odiado de ella ni 
ttnaolo momento de su vida. YA amor es para el Telrarea una |)as¡(m 
Mafma, y por lo tanto cree que es tan eterno como ella. 
«En el teatro clásico se hubieran puesto en relacicjn la nmyor 

Se áe los hermosas escei tas Imolivmlas por las situaciones de esta 
edia; pero como en el riomántico todo debe ser acción y desen- 
rhniento, el espectador solo se iiileresa por Heredes, a él ve en 
Mas partos, á él escucha sus mas Íntimos s(mtimientos, el mismo 
^ quien retrata los com l)ates de su alma , y él en íin , el (lue lo 
Cpnfla y manifiesta los á\ ¿ores y amarguras que abriga su inflama- 
do corazón. Con tal interés , ¿hahni un sdIo hombre, (^ue' se hallo en 
estado do re(>arar si 'Ja o «cena es siempre la misma, o si la acción 
Mbe «n uno ó muohosdiat i? El que sea c<ipaz do repararlo, seria muy 
á propósito para calcular 1 a cuadratura del círculo; pero no para sen* 
ttr y juzgar ol mérito do la vordadcTa poesía,» 



248 

manera qae el protagonista , ó que éste sostuyicse siem- 
pre igual tono de espresion cuando hablase con un rey ó 
con un doméstico, con un sabio ó con un ignorante. Por 
esta causa , y para conservar la yerosimilitud propia del 
género, el poeta presta á los interlocutores el lenguaje 
adecuado á las circunstancias « carácter y situación de 
cada uno, yaliéndose á yeces de esta diversidad de tonos 
para formar el contraste entre la idealidad poética y U 
verdad prosaica. De aqui procede que los modos de es- 
presion trágico , lírico, bucólico, satírico y cómico, se 
[hallan admitidos y amalgamados en el drama romántico». 
Indispensable hemos juzgado detenernos en este dis- 
curso , no solo para dar á conocer la importancia y pro- 
fundidad de las ideas que encierra , sino porque no siendo 
aquellas bastante conocidas , ni hallándose , por decirlo 
asi, divulgadas, en la época en que publicó su discurso 
el señor Duran , tanto la forma y manera con que espone 
sus doctrinas literarias , como el efecto que produjo su 
escrito» apoyado con sus vehementes escitaciones , y 
con las luminosas conversaciones que sobre la misma ma- 
teria mantuvo con sus amigos , que eran á la sazón y son 
todavía todos los literatos y personas instruidas de esta 
capital , constituyen un título de gloria para el humanista 
cuya biografía trazamos , y presentan el aspecto que le 
da mas importancia en nuestra revolución literaria , y 
en las mejoras del teatro nacional. Las doctrinas que 
propalaba el señor Duran , no eran nuevas absolutamen- 
te entre nosotros : el hombre á quien , según dice en SQ 
mismo discurso , cree tan capaz de tratar dignamente 
esta materia y á cuya amistad conñesa deber toda su edu^ 
cacion literaria , se las babia esplicado y enseñado ; pero 
el señor Duran movido de su celo por nuestra gloria lite- 
raria , quiso darles publicidad , y contribuir á que se 
difundiesen , y á su triunfo con la eficacia y el calor de 
su carácter : mostró la senda que debian seguir nuestros 
ingenios ; la señaló como con el dedo , y la rodeó de toda 
la luz que podian aquellos necesitar. Su sabio maestro 
esplicando en el Ateneo de Madrid la índole y naturaleza 



249 

de la litcralara clásica j de la romántica , no hizo mas 
gue rf producir las ideas capitales que sobre esta materia 
conlenia el discurso del señor Duran , cuya leclura reco- 
mendó con encarecimiento á su auditorio. El mismo sa- 
bio profesor , en un periódico nue se puldicaha en el 
año ne 28, caüGcaeste discurso ae «opúsculo lleno do 
ideas nuevas y luminosas.» La gloria pues, de haber pro-, 
pagado esta buena semilla, no podrá disputarse al señor 
Daran« ni tampoco la de que su feliz estrella la haya he- 
cho fructificar en este suelo privilegiado. Kl fué el prime- 
roque la esparció, y los frutos que ha producido aumen- 
tan cada dia la gloria de nuestra literatura y de la escena 
patria . 

No contento con esto y trabajando con infatigable ar- 
dur en la empresa de poner al alcance de todos los te- 
soros de nuestra literatura , dio á luz á fines del año 28 
el Romancero de romances moriscos , compuesto de todos 
los de esta clase , que contiene el Romancero general, 
impreso en 1614. Eran ya rarísimos en aquel tiempo los 
ejemplares de los romanceros españoles , por la grande 
esportacion que tanto de ellos cuanto de todos nuestros 
buenos poetas habían hecho en 1808 los ingleses , fran- 
ceses y alemanes. Era preciso pues hacer nuevas edicio- 
nes de aquellos romanceros , pues si no , como decia 
el mismo señor Duran, tendríamos «que acudir á las bi- 
bliotecas cstranjeras para estudiar las obras que nos per- 
tenecen.» £1 proyecto del Sr. Duran se cstendia á publi- 
car la colección de nuestros romances, no como se hÍ2o 
en los siglos ^^I y XYII, sin orden ni clasificación, sino 
dividida en los diu^rentes géneros á que pertenecen. El 
fiomoncero de romances moriscos era el primer tomo de 
la mencionada colección , en el cual solo se publicaron 
los romances moriscos» (y aun no todos) y algunos satí- 
ricos y festivos, escritos por Góngora contra este género 
ie literatura. 

El romance es una clase de poesia , que no es fácil 
comparar á ninguna de las que se cultivan en las dife- 
Tenteslenipuas de Europa. Es tan esclusivamente español , 



250 

3iie hasta su consonancia m/^irica se desconoce en los 
emás idiomas ; y para sentirla es necesario 6 haber na- 
cido en España, ?) haber permanecido mucho tiempo en 
ella , familiarizándose con nuestras canciones populares 
y la versificación teatral. El asonante es indigeno de 
nuestra península, y aun no se ha aclimatado en ningu- 
na otra lengua. Tuvo su origen , según parece , en el 
siglo XVI. En nuestros romances y comenias se usa el 
verso de ocho silabas que es mas antiguo que el asonan- 
te ; ya sea ei hemistiquio de los versos árabes de diez 
y seis silabas, ya de los exámetros , semi-bárbaro» de los 
poemas del Cid y Alejandro, pertenecientes á los si- 
glos XII y XIII, este metro se encuentra en otros idio^ 
mas , mas no con tanta frecuencia , ni destinado á los 
mismos usos. 

El romance es , propiamente hablando , la poesía po- 
pular de los españoles , porque su metro y consonancia 
son los mas fáciles , y los que con mas frecuencia ocur- 
ren en nuestra prosa. Por consiguiente , en este género 
se renuncia á los adornos pomposos y sublimes de la peo • 
sla ; y su mérito consiste en espresar de una manera sen- 
cilla y fácil , ya los objetos, ya los sentimientos. No es 
esto decir que no puede elevar algo mas su tono , v lie- 



uv; la YurBiiiuai^iUU y iiiu!» f vil iiuvsiru suuiíi , laiiias |yv— 

drá espresar bien los movimientos mas enérgicos y su- 
blimes de la poesía , porque carece de censuras ; y seria 
muy poco cuerdo el poeta español, que teniendo ásn 
disjposicion el variado y flexible endecasílabo , quisiese 
sujetar el desorden é impetuosidad de la poesía Ifríca al 
movimiento fácil y agradable , pero monótono del ter- 
so de ocho sílabas. El romance cantó las batallas » las 
victorias , los amores , los celos ; pero en un tono mas 
suave y menos arrebatado que el de la lira. Siempre con- 
servó el sello de su origen popular ; tuvo mas gallardía 
qué corrección ; mas facilidad y gracia que movimiento 
y fuévza; mas ingenio y donaire que grande clocaencia. 



Afganos poetas han hecho onsiiyos para vfr toda la Tucr- 
u y elevación do í\\\ü ora rapaz esto );6iioro : los rosul* 
ttdos han sido foliros : pudiéramos citar nlf^iinoH roman- 
ces magnilicofl , que so acercan , en cuanto os posihio, al 
tono Úrico , poro que no llegan nunca á alcanxar su des- 
orden y su arrehato. 

Entre los romances españoles ocupan un lugar d¡«- 
linguido los moriscos , llamados asi , no porque sean tra- 
ducciones de las canciones úralH's, como algunos han 
creído , ni porque en ellos se describan las batallas y h)s 
imores de los sarracenos , sino porcpie se disfraxan bajo 
iombros , trajes y costumbres de los moros , ]M*rsona jes, 
desafios y amores castellanos. Nuestros poetas dol si* 
gloXVI, imitando á Virailío , encubrían con nombres 
putoriles, historias yerdaaenis de sn tiem|)0, y las Kglo- 

K) de Garcilaso , el Pastor de tWdn , las Dianas de (iil 
lo y de Montomayor , y otras composiciones bucóli- 
cas de aquella era, prueban la propensión de nuestros 
Ctai á celebrar con nond)n«8 fingidos 6 sus amores , 6 
de sas amigos y Mecenas. Ksta propensión di6 origen 
ti Tomauce morisco que fue una máscara tomada de una 
Bidón ingeniosa, valiente, enamorada, y de costumbres 

Ctticas^ como que era idólatra del valor y del amor. 
s no 80 observa tan fielmente el disfrac , que alguna 
vet M so conoxea el origen español y cristiano de los 
pmoilajcs, como podrá notar cuolquiera que lea con 
atahcion tales romances. 

Aunque los mas sobresalientes do estos eran ya bas- 
tíate conocidos por hallarse insertos en la colección de 
Femandei , y en la del Sr. Quintana , ni todos los ro* 
«Maoet iuenos se insertaron en estas colecciones , por* 
^ el objeto do ellas era mas general , ni deja de haber 
•tm en los mas inferiores pasajes dignos de conservarse. 
«Hemos creido, dice el Sr. Duran en el prólogo , qi^e 
til estos (los moriscos) como los históricos, deben inser* 
tirse todos, pues forman respectivamente una historia 
ds iu tradiciones y fábulas populares , v si carecen del 
«Mto literario , suficiente para servir ae modelo^ etu vH 



253 

género , tienen á lo tnenoi el dé recordar nuestras glo- 
rias , pintar nuestras costumbres antiguas , y el de pres- 
tar materiales y asuntos para que los modernos se ejer- 
citen en esta clase de literatura.» El romance de las Qtie- 
rellas del rey de Granada por la pérdida de i4 í^ma, tiene 
ya una celebridad europea por haber merecido que le tra- 
dujese lord Byron. Este es quizá el único romance mo-> 
risco, del cual se puede creer con algún fundamento que 
su original es árabe. Parece , respecto de los romances 
satíricos ^ que Góngora logró con ellos lo que se.propo- 
nia , pues desde que los publicó dejó de cultivarse este 
género de poesía ; á lo menos son muy pocos los que se 
escribieron después , y la moda de los romances pastori • 
les sucedió á la de los moriscos. 

A mediados del año 30 publicó el Sr. Duran el Ro^ 
mancero de romances doctrinales , amatorios, festivos^ jo^ 
cosos , satíricos y burlescos, sacados de varias coleccion^i 
generales , y de las obras de diversos poetas de los sü 
glps XY , xVI y XYII. Esta colección está sacada nq 
solo del Romancero general sino de otras varias coleccio-^ 
Des y de las obras de nuestros buenos poetas. Tiene máf 
mentó que \i anterior de romanceé moriscos , por ol {mí* 
probo trabajo que tuvo el Sr. Duran en escoger » entff 
muchas compilaciones y otras particulares , la multitdl 
áe piezas que la componen , y por el mayor placer qM 
escita su lectura , con la variedad , y aun puede decinf 
con la escelcncia de un sinnúmero de sus versos. Si be^ 
llisimos son los moriscos por sus galanas descripciones» 

Cr la cortesanía y valor caballerescos que retratan , pot 
\, acciones, trajes y divisas que pintan , por el vigor dé 
su estilo 9 y digámoslo así , por la frondosidad de su dio* 
cion , los que comprende esta segunda colección , intef 
resan mas todavía por la variedad que presentan , puet.'i 
la severidad de las composiciones morales , sucede praÑ^ 
to la ternura y delicadeza de las amorosas , la amooidAá 

Ír gracia nativa de las pastoriles, el chiste v desenfado áí^ 
as villanescas, el donaire y sal urbana de lasfestitaá^' 
)a malicia y agudeza de las satíricas, y tautiui otras^pre»* 



255 

das de ana poesía tan libre y yaríada en los ornatos dé 
sos diferentes especies. 

Esta variedad interesa y asrada tanto mas cuanto 
que los romances moriscos, limitados por su argumento 
¿batallas y desaños, á torneos y cabalgatas, á empre* 
sas y plumajes, y al amor pendenciero de la caballería, 
deben cansar al nn, como cansaron á los poetas de aquel 
tiempo: 

Tanta Zayda y Adalifa, 

Tanta Draguta y Daraja, 

Tanto alquicel y marlota, 

Tanto almaizar y almalafa.» 

En este apreciable romancero se hallan entre otros 
muchos , muy bien escogidos , y que acreditan la inteli- 
gencia y gusto del colector , los célebres y sabidos ro- 
mances : Presta la venda que tienes ; La niña , imagen de 
mor; Mariana , Francisca y Paula; Si tú vieras, aldea-- 
na; El tronco de ovas vestido; S rvia en Oran al rey; En-' 
tre los sueltos caballos; Guarda corderos, zagala; En un 
jQsioral albergue ; Parióme adrede mi madre , y Una in- 
crédula de años: abundan en lú los tiernos y candidos 
versos de Lope, los ricos y galanos en este género del 
iacomparahle Góngora, y los chistosos y picantes do 
Qaetedo. 

Ko contento el Sr. Duran con el cúmulo y variedad 
de riquezas que presentó al publico en esta colección, 
afiadiópara darle mayor interés y variedad, algunas com- 
posiciones de distinto género , como las odas á la ¿arqui- 
lla, las redondillas de Baltasar del Alcázar, y aun las 
cintilenas propias y traducidas de Villegas, que son en- 
teramente del Anacreóntico. 

Tanto este romancero como el anterior de los romances 
moriscos, acopian un tesoro de bellezas poéticas. Esta 
ttnpresa era no solo literaria, sino ademas patriótica , por* 
fttedaba á luz los ricos mineros de nuestra antigua poe- 
^> cine ya principiaban ¿.desaparecer por la estraccion 
^nabian: sufrido. En los cancioneros y romances aiv-* 



954 

ligaos f no solo se enoiientran abundantes bdleías , sino 
los primeros acentos conocidos , los sacesiyos proffussos'y 
y la perfección de nna poesia enteramente original y es- 
pañola. Estos archivos de nuestra literatura, táuricos 
de noticias como de preciosidades poéticas, quisa habrian- 
yenido á perderse sin el estudio y laboriosidad del señor 
Duran, sin su constancia, y. sin el afán que ha empleado 
toda su yida en reunir los manuscritos mas raros y las 
obras mas estimables de nuestra literatura. £1 gran mé- 
rito de los romances que ha publicado este humanista, 
consiste en la rareza y buen escogimiento de ellos , y en 
la importancia ya literaria , ya histórica de los que ha pu- 
blicado: si hay entre ellos algunos medianos, ó si se 
quiere , débiles é incorrectos , no por eso dejan de ser 
monumentos de nuestra ilustración , ni útiles todos, pues 
muestran los adelantos sucesivos de la poesia , los pro- 
gresos de la versificación y lenguaje , las frases propias 
nativas del habla española , las libertades que se toma- 
an aquellos poetas , en la formación y figura de las pa- 
labras , en la sintaxis y hasta en la colocación del acento, 
la tradición , las costumbres , las aficiones y el gusto po- 
pular. Esta colección , ademas de agradar á los meros 
aficionados , fue sobremanera estimada de los humanis- 
tas , de los filósofos y de los eruditos que aspiran á co- 
nocer la historia de las artes y á estudiarlas fundamen- 
talmente para su instrucción. De esta empresa nadie en - 
capaz sino el Sr. Duran , no solo por su inteligencia f 
afición á nuestra antigua literatura , sino por las precio- 
sas colecciones que posee. 

También publicó en seguida el Cancionero y Romtm^ 
cero de coplas y canciones de arte menor, letras, roñan- 
ees cortos y glosas anteriores al siglo XVIII pertene 
cientes á los géneros doctrinal , amatorio , jocoso , sati^ 
rico, etc. Esta colección es interesante y preciosa , por* 
uc desde la cántica de Serrana , del maligno arcipreste 
eHita , hasta la flor del Zurguen del tierno Melendec, «I 
género de los yersos de arte menor, ha sido el deleite J 
recreo de las musas castellanas. Estas composiciones í¡a0 



i 



1 



9111 

tí|i|i tenido la loharbia ^e lu^ifir i la d¡ffiii4a4 
I'» poeden considerarse» geoeralBÍeiite habijiDdo, 
-,Vl poesia popular de nuestra nacioi^. Hay en elU 
Í,4naTÍdad do afectos y una errando rianeza de fiu|- 
•j si tal Tez las yicia el mal gusto del poeta, naa- 
m 4(00 á lo menos en el pensamiento principal no 
lipibra la nativa sencillez de su oríj^en. Una espre- 
■ifial , un proverbio común , una unágen cámpes- 
.risnefia suelen ser el fundamento, de estas poesías 
ras : las ideas asociadas se loman casi siempre de 
li' fuentes, rios, y demás objetos agradables, con 
I Mturaleza embellece las ilusiones del anu^r. Los 
i4e composición son fáciles , la yersificacion ¿6ida, 
Iflos sencillos. Si hay algo que censurar en algunas 
n^ composiciones , es la afectación de ingenio , qi&a 
01$ fines del si^lo XYIII el pecado original de uues- 
iMratura. Las piezas satíricas , entre las cuales so» 
í|B las de GÓDgora y Quevedo, participan de los yi- 
p, estos dos célebres poetas ; pero poseen en sumo 
jfL malignidad , que parece ser el principal mérito 
[fiero. Tal vez degenera en grosería, aunque nunca 
ifplente como la de Horacio y Juvenal ; bien que 
!^ se elevan las letrillas ni á la delicadeza del pri«- 
^'BÍ á la vehemencia del segundo. 
pque hemos dicho que esta clase de composiciones 
1^ no afectan la dignidad clásica, debemos hacer 
leepcion respecto de algunas ^ue la merecen , como 
«mplo, las del bachiller Francisco de la Torre , mu« 
nioimas , y sobre todas la célebre canción á ¿raid- 
.Gil Polo , que en concepto de doctos humanistas, 
ledo el saber de la poesia griega. Hay en esta colee- 
flITis bellas composicioues de don Garlos de Gueva- 
Cttrónimp de Lomas y Gautoral, do Cristóbal Suarec 

Kroa , de Montalvo , de Barahona de Soto , de Fer- 
Roias> de Quevedo y Góngora, de Juan de Ti- 
lii; de Gregorio Silvestre , de don Diego Hurtado 
Moza y muchas anónimas. Entre las coomosiciones 
Élprntoy yarias , que tmwidQ al pcinMílQ W||ixo 



256 

sentimental , acaban en pensamientos satíricos y no espe- 
rados. La letrilla: vuela pensamiento y diles, manifiesta 
las inquietudes celosas de un ausente en las primeras co- 

Sílas , y lo demás de ella es una sátira contra los soldados 
ianfarroncs, los poetas, los músicos, los lindos, y otras 
gentes peores. De esto se hallan otros varios ejemplos en 
Góngora. Hay también en esta colección algunas décimas 
y quintilla, disparatadas de Juan de la Encina, su primer 
padre conocido , cu cuyo género estrafalario se distin- 
guió después el buen Iriarte. 

No solo en las advertencias ó prólogos de estas diferen- 
tes colecciones, sino en varios análisis aue preceden i 
diferentes comedias antiguas que ha publicado el selior 
Duran, en distintas colecciones que ha emprendido , ha 
manifestado y acreditado su imparcialidad, exactitnd de 
juicio y delicado gusto , por manera que no solo ha desen- 
terrado nuestras riquezas poéticas, sino que ha sabida 
apreciar su mérito y darnos á conocer sus bellezas con 
mucha filosofía. Según el juicio de este humanista, las 
coplas del siglo \Y adolecen de afectación y metafísica, y 
en las de los siglos posteriores se nota ya el espíritu de 
la buena poesía que se introdujo en Kspaña con la imita- 
ción y lectura de los poetas griegos, latinos é italianos. 
Atribuye en parte aquellos defectos á la ferocidad del 
siglode Juan 11, en el cual los sentimientos dulces eran 
violentos en corazones altivos , siempre inclinados á la lid . 
y á las discordias civiles. Ks notable el juicio que forma 
el señor Duran de la influencia que tuvo Garcilaso en It 
mejora de la poesía castellana , y de los progresos que i6 
advirtieron después, aun en los géneros populares de ro- 
mances, coplas y letrillas. Todas las ideas, todas las ob- 
servaciones de este humanista ülósofo, suministran ma- 
cha luz para la historia de nuestra literatura. Bajo este 
aspecto , son de sumo interés los muchos artículos qne 
ha inserto en diarios y revist^as, y los discursos prelimi- 
nares y prólogos que anteceden á todas las colecciones 
que ha pubiieado. 

Para completar la de romances , dio á luz el señor Dih 



'■ '.-^ 



357 

flB 60 1832 el Somkneéfii ie romiiiiriif ettftan¿re««o« ^ Ai j- 
tíneoi\ anleriorcs al lí;^lo XVUTv <|ug contiene fos de 
Amor* los de la Tabla Redonda, los de Carloma^rno y los 
doce Pares, los de Bernardo* del Carpió, dol Cid Cam- 
peador, de los infantes dé'Larn, ctc.'Kste Romancero, que 
coDSta de dos volúmenes» está sacado de los lihrns si- 
nienles: 1.° Cancionero general recopilado , por F(M*nan- 
do deL Castillo. Edición gAtlrn en folio. Vnlenoia del 
Gd, 1511, 2.** Cancionero de romances en que están re- 
copilados la mayor parte de Ion rntnances castellano < que 
mta agora se han compuesto. li\,^ Amhefos 1555. — Los 
iomaaces contenidos en'osle roinnnccro rnrn y npre- 
dable, nunca bstavieron impresos ni manuscritos, hasta 
que el editor los recogi6 do boca dt* las gentes que los 
conservaban por tradición. Ks lamM.Mi la primera colcc- 
tioo do romances populares, \mos \o^ pocos que hav en 
hs canciones generales , son do potólas del siglo Xv^ 
coando los de aquel conservan vestigios de ser muclio 
mas antiguos. 3.^ Floresta de varios ronianrrs sacados de 
lai kisíorias antiguas de los hechos famosos dé los doce Pa- 
res de Francia, agora nuevamente corregidos por Damián 
López de Torlajada. 16." Valencia , sin año ; pero pare- 
ce edición de unes del sigloWll, xS prinripiosdel XVIII. 
«Este libro contiene muchos romances de los qnn hay 
enelGani^ionero de romaneos | pero con Icocion rnas mo- 
derna» y rcforhiados en el* lenguaje y terminación de las 
palabras,' de tal manera, que desapareceria casi todo ves- 
tigio de antigüedad , si no conservasen siempre el giro 
de la frase y de la narración antigua. 1.* Silva de r .ríos 
romances : agora de nuevo recopilados los mejores roman- 
ces de las tres libros de Silva j y añndidos los de In Liga. 
Bn esta úUima impresión van añadidos el de^la muerte del 
re¡i Felipe II , etc. 16.* Barcelona , 11)í>6. 5.« Romances 
nuevamente sacad6s^de historias antiguas de la Crónica de 
España, por Lorenzo de Sepfilveda, vecino de S villa. 
Van añadidos de muchos nunca vistos , compuestos por un 
caballero cesáreo , úuyo nombre se guarda para mayores 
eo$a$. 16/" Ambares, 1M6.— De este libró solo «e Vau 

17 



tomado lo« rwüne^i imu preciiof pf ra . Uenir Amnoik 
huecos Qil las respectiyái historia» / puei ademas m ler 
muy roaíós cooaíaerado» poéücameqie i carecen de inte-r 
res para la historia del arte. 6.^ f'lor ^ varios y nueva 
románcete primerQ y segunda parte , ahora nuevamente re- 
copiladot y me$ios en irden por Andrés de yillalta« ne^ 
tural de Valencia. Áñadióie ahora nuevaff^ente la tercft9 
parte por Felipe Mcy, mercader de lihrot. 16.^ Yaleii^ 
cia , 1593. — La primera parte de estQ lihro con la se^fr* 
da que rccopiii^ Pedro Moncayo (vid' num. 6.^) , se ha-^ 
lian reimpresas casi á la letra en U primara y segonda 
parte del Romancero general. A|gunQ4 de t^ tercera par^ 
recopilada por Mey » se hallan íncliudoii en la córrespon^ 
diente del mismo. 7.^ RomanoerQ fj^eneral in que ee'emi^ 
tienen todos los romances qu4 andan irppi^fisos, efií. iMU* 
dridy 1604. 8.^ Jdem , idem^ ahorq nuevatf^nte añadid^ 
y enmendado por Pedro Flores. 4.^ Bl^dri^» 1&M.«*"Í^ 
una reimpresión del anterior de \()0\. Q.^ Segunda irar^ 
del Romancero general y Fhr ^e iiV^rs'a poesia recopiláis 
por Miguel de MíidrigaK 4.» Valladolid ; 1605. 10. JÍ^ 
mancero i historia del muu valeroso caballero el Cid Jtítt 
Diax de Vivar , en lenguaje antiguo, recopilado por Jaaa 
de Escobar, 16.^ Cádiz, 1702. — La primera euicion da 
esto Roiviancero se hizo en 12.^ Lisboa, 1615 ; despveí 
se han hecho varias reimpresiones tanto en EspaSa, cpino 
en Francia, Inglaterra y Alemania. En esta última se pn^ 
blicó una muy añadida por don Juan Muller, 12.^ Frank- 
fort, 1829. 11. Una colección de romances españoles ff 
copilados y arreglados por Ch. B. Depping, 12.** AltdW* 
burg , 1817 , 12.'' Floresta de rimas antiguas ^asteltan^ 
ordenada por don Juan Nicolás Bohl de Faber, j^, Jaraál 
Academia española , tomo primero , 8.^ marca mayori 
Ilamburgo, 1821. — Consta esta preciosa colección it 
tres volúmenes bien impresos y con mucho esmero. Gen- 
tiene lo mas raro y selecto de nuestra poesia , y lo mal 
á propósito para la historia del arte. Los eruditos y sábiai 
españoles no podrán menos de admirar y apreciar 4 
dístingui4fl oíánio de un estraig[ero i^e ha reui|Up ijuif 



S59 

nmltitad de obru raras 7 hecho de ellas an uso tan noble* 
como es Iiaber dado á conocer nuestra literatura antigua 
i los estraños 7 aun á los propios, que acaso ignoraban la 
existencia do tanta riqueza conio ha descubierto. 

Precede á esta última colección un esceloute discurso 
en que su autor se propone examinar el origen y anti- 
. güedad de nuestros romances , manifestando al mismo 
tiempo su opinión acerca de los libros de Caballería , de 
donde algunos de aquellos han tomado su peculiar carác- 
ter. Juzga como muy probable que el romance antiguo, 
castellano haya sido la primitiva combinación mótrica 
adoptada por nuestros antepasados, para conservar la 
memoria ae sus sentimientos; sus fastos, sus fábulas, y de 
IQ modo social de existir. Este discurso es esccieute y 
digno de ser estudiado « porque está lleno de observacio- 
}nes preciosas, de datos importantes, y de conjeturas es* 
Risitas: merece ser calificado como una página importan- 
te de nuestra historia literaria. Después de tratar el señor 
Doran ampliamente los dos puntos que hemos indicado» 
se contrae á la última colección de romances , y da una 
idea de ella en los términos siguientes: 

«La colección de romances caballerescos é históricos 
ipe ahora publico está dividida en las siguientes clases: 

1.* En C4aballercscos varios y de amor. 

2.* En Romances de la Tabla Redonda y de Amadis. 

3.* En los de los Doce Pares y Bernardo del Carpió. 

i.* En los propiamente históricos. 
«Los de la 1.* división participan mas ó menos del 
caiictcr de todas las otras : en la 2.* se perciben harto 
Úen,las cualidades de los originales de donde se han for* 
lÁdOy y ei) la 3/ qiae viene y procede de la crónica latí 
na del modge Turpin (1] se descubre el espíritu religios. 
y grave que de ella tomaron estas iieciones, con la exa- 

£ ración gigantesca de un Roldan , solo comparable á la 
Bernardo del Carpió. Pero donde descuella y se osten^ 



U) l^pco .yént^osp ea d cambio que bago del Amadií por la crónica 




28» 

tá más nuestro carácter nácioMl, es eii Ío^ dé la coarta 
división tomados del cancionero de Romances, (1] donde 
él rey Rodrigo, el Cid, Gonzalo Gustiós de Lara, sos siete 
hijo», Ruy Yelazquez, etc. son propiamente caballeros es- 
pañoles qne lucnan á brazo partido contra el dominio 
masulman en un p^is determinado, y tienen las ideas, los 
trajes y las costumbres de su misma nación, tales como 
entonces eran. 

«Gomo dichos romances fueron conservados oralmen- 
te hasta mediados del siglo XYI, y provienen de épocas n^oj 
anteriores , domina en ellos cierta difusión y rigidez & 
estilo, y cierto amaneramiento é inconexión de frases, 
con la costumbre de repetirse en unos versos y aon tro- 
zos enteros de otros que les quita todo mérito como bue- 
na y perfecta poesía ; pero les presta un indecible interés 
como monumentos históricos de nuestras tradiciones, de 
nuestra lengua y cultura , y al mismo tiempo nos conser- 
van vestigios de los usos, costumbres y formas ideales que 
prestaba el vulgo á sus héroes. 

«Una observación notable ocurre acerca de esta últi- 
ma clase de romances, y es que aunque predominan en 
ellos las ideas caballerescas, carecen del color niaravillo- 
so que caracteriza los poemas franceses é italianos de igual 
género. Ni Fadas, ni Genios, ni Encantadores, ni ficción 
alguna árabe sc^ encuentra en aquellos, y sin embargo 
del trato intimo que teniamos con los moros la parte que 
constituye lo maravilloso es allí puramente cristiana. Tal 
era el cdio con que los españoles mirábamos la fé deiaues*: 
tros enemigos, que ni aun en pocsia podíamos soporltf> 
sus ficciones, que detestábamos como obras del diablo. • 
Nuestros héroes son por ésta causa en los.roníanceiB ao- 



(2) Todo d contenido del párrafo á que esta nota pertépeeer|! se re* 
iierc á las composiciones entresacadas del caucionero de lai Floresta, Vj 
de la Silva do romances. Las que he tomndo del Cancionero ' généfil 
pertenecen al siglo XIV y XV, y las que del romancero al X\l y al XVD 
Algunas he insertado del Cancionero de Scpulvcda, serviles imitacio- 
nes del mal e<llió dé 1Ó6^ romances antiguos; pero son pdcas y uuioa'^ 
mente para llenar algún vacio que otras dejaban. '"^ 



S6t 

tígfM hombrts-estraprdinarios y faertes su0 armas de fino 
j acerado tepiple, y sus caballos de noble raía, pero na 
como en los;libros y poemas caballerescos, cncanlados 
niíadados. Apenas se encuentran en aquellos alguna otra 
reminiscencia de semejantes fábulas, y por esto son 
mas bien narraciones sencillas y áridas de hechos, que 
carecen del brillo de una imaginación verdaderamente 
poética. 

«Hasta fines del siglo XYI no adquirióla poesía caste- 
llana aquella rica inventiva , aquella gala y soltura, aque- 
ILiS formas libresy fáciles, aqu^l lujo de colorido y do es- 
tilo» y aquellos dotes que tanto la ensalzaron en Europa, 
7 que ahora empiezan de nuevo á apreciarse y á admi--! 
rarse. , i 

,. «Los estranjeros que estudiando nuestra literatura 
confunden ¿pocas y circun^anci;)Svban anticipado qI tiem- 
po de Tiueslro verdadero ro^nticisino , atribuyendo á pjr 
tlps anteriores lo que spIo.sQ.y/Qriricó desde fHics del XVI 
a mediados del XYII. En esta intermedio, y no ^ntes, se 
€(impl6tó el amalgama v fusión de las partes .beterogéi^eas 
i|ae constituyen todo eí brillp., ¡riqueza » armonía y origi^ 
aalidad de nuestra bella liter]^t^r/l. Entonces se compuso 
la mayor y meior parte de losfpmapces del Cid y^los :Mo- 
riscos (1) donde nuestros- bpefyo^ PAetas vertieron. írau-r 
diiea de imaginficion y.iant^pía,. probando. ^1 mismo. tji^pi-r 
po.np ignorar el aKp de; desjcrfl^ir fuerte y vjg^^sameii^. 
ja.ios caracteres^, ya ús co^ufpbres. Ép fas poesías .antar 
rióres á esta época se hftlIa.tDÍ vez .algun v^^ügio de Ifl 
poj^ árabe, mas bien por su te^iadencia me|finc6l¡ca ^, 
amorosa^ que por el lujo de ijoaág^iies y del^ PQlorido (2) . 



.^s' 



I Í..)fíil/ ' 



(O Hay con lodo, algunos aiiv a&oímidcu al siglo XV. y otros 
tf IVT.. Tales son los Fronterizos, h'si'irütfiaAoR por serla» c'.iiK:iones 
donde los caatellauos-celcbraban Isa Ci^rrorías quo naciait «ti las fi'ontei'aB 
de k)B moros. 

(2) «Mas resulta cata, opiniou comparando cst^^s romances con los 
de Lope. Gókigora. ú dtroá podas iJfi jQij^iglosXVl y XVII. Véanselos 
da fontefridLu FonU[i:tda,=iYo fiíijrá ]W;'fra 3toraina.-Que por ^ía- 



^Voectosidero áLope, GfmgónL'i IhifcMlétiipórliíém 

como los primeros qae comprendieron él ^efftmo dé lá 

poesia castellana, t que abandonando la Smitaéióh dé |M. 

inódelos latinos é italianos , estaMecieron . él Terda.den) 

roitiantkismo español , tanto en h llrictt' co>iiio eñ bi Arif*^ 

inátícá. Asi reuniéronlos elementos de lapoesfo popidar; 

y crearon un sistema nuevo, compuesto c^n he 0rnl'átfi¡& 

imaginación árabe, con la seutimcntal j vehemente '"^í 

sion de los escandinavos . ^on la aventárosla' j ^lant^ 

cabalterosidad de los normandos , con los profundos pen-? 

samientos del dogma .j mdval cristiana, y en fitt, con et 

esfNfritu noble, guerrero , generoso y grave de sa nacibH: 

Bajo el poderoso influjo de tan grandes ingenios; loí 

versos cortos adquirieron toda la flexibilidad y dplíiBH 

que los distingue , y él romance octosHábo la perfecf^OB 

que le hace apto para éspreákír digna y conyenienténuWÚ 

toda clase de pensamienlpsy y para adaptarse a todo^éfíc^ 

de tonos , desde el mas trivial al mas sublime.; Hast^LCM 

y üónf&ríí , los poetas doéto's y eruditos , mas que ^¡üp^ 

nates , apetMk descendían 'cfóm d^ssdeii á la poesía déf iii# 

bk), V la abandóna^tl á'los'que por dicterio JtattíaUi 

ing;enios legos. Los poeM' de' la escuela docta, antíerim^ 

al siglo XYIy se propüsiéhin^r' modelos ^sclusíroi iM 

Prótenzales, «1 Datite yulPétfarca; y coíttó tóddfttbi 

hnftadoi'to ^strecháfoé f. aiMÁiadái-oh stt s Ihíentos «n^M 

grandes i^rfgfírfalcfs mtóiéÚián álá 'Visfh. Por éson^tA 

p«é)9ía déti9Íglo'XTíi6<tIMre Ib ^áádiosMád' dt^' ft' dÜ 

Dente , fiíia délioltdeza de la defl Petrarca; pétbM0^ 

({ufte abtfiida en sulHézas meüafiáicas; envlüiií^Üi 

gcAaúteriB-ttüe se opone é fA' enérgica, nalufal' y'^ífliflltt 

espresion ae las pasiones. Posteriormente, desde el siglo 

XVI alXYlI, Boscan, Garcilaso, Herrera^ Rioja «.L^oOf 

Villegas y los Argénéolais!, dieron un grande unpídsoi kl 

- — < -^ — ■ ■ ' ■ ■ ^ 

triihiles amalüríos ele. Estas cancioncillas en romances p'aiiicalaniMlb. 
te ilai dos primeras, se hallan Ifénas de una tendencia dulce, melfneiif, 
lica y grave, que descubro biáí á hs claras su analogía dja isént^^'^ — 
tos con los pocos moriscos aue en la lÜUtoria d$ los ArabcM ^ 
4¿ ba tradüMo el sabio, tiodesió "i aüilalile don Jes6 Antonio O 



eáeoela docta » t ta perfeccionaron aclimatando en Espa-* 
la, adem|8 de 109 italianos, otros niodc1o«< mas suMimos« 
Horacio y Virgilio vinieron á habitar nuestro Parnaso 
con Anacreonte, y casi lo limpiaron de las sutilezas coq 
que le mancillaron los poetas de la corto de Juan II. Asi, 
modiCcada y ensalzada la escuela imitadora , supera á la 
orignal en artificio, buen gusto, estilo, cultura v iiloso- 
lia; pero la cede en estro, nacionalidad, riqueza de imá- 

5 enes • abundancia de Fantasía , y sobre todo en las galas 
e una invención inagotable. 

» Cuantos hechos y raciocinios contiene este articulo* 
me obligan á presumir: 1.^ que los primitivos ensayos 
de la poesía castellana vulgar , debieron ser los roman- 
ces: 2.° que á ellos debemos principalmente la conser- 
vación de las tradiciones populares, revestidas con el tipo 
7 carácter nacional; 3.^ que nos marcan los diversos 
|[rado8 de cultura y modificaciones, que según los tiempo! 
ésperimenlaba la sociedad ; y 4.® que hasta fines del si* 
glo XIV la poesia del pueblo , y por consiguiente el ro- 
ibancf , iio formaron un sistema completo y uniforme, 
capai de llamar la atención de los subios para adoptarlo 6 
combatirle. 

» Fácil es aue yó me equivoque en cuanto llevo espre- 
me ; pero á lo menos me lisongeo de haber tratado ta 
mfeleria con alguna novedad , y de haber promovido cues- 
tildes importanles , aue otros pías sabios resolverán me- 
jor si Quieren 6 nucaon. Si esto consif^o, me doy por 
^tisfeono dei trapajo empleado en coleccionar los Ro- 
^áüiceroa que tie publicado , y que presento en parte co- 
no miodelo&^e buena poesía, y en parte como un medio 
flosoGco de adquirir con su estudio muchos conocimien- 
tos acerca del carácter físico y moral que constituyó en 
«isotros la civilización de la edad media.» 

El nhisfno.i^eqsámicnto litf^ario que se nroponiji el 
leior Dürim en la pttblica<)ióñ de estas preciosas 6 im* 
portantes co\eccionei| , el pensamiento de dar á conocer 
m i^menea. de.,/ip|i¡i^Ua popula pativa, ló eslcndió al 
teatro nadonál. Ya desde sus pinmeros afios se habi^ooi- 



S64 

pado cu ir 8aces¡?.aincnte reuniendo ana cpleccion de 
nuestras comedias aiitigUcis , que- ha llegado á ser quizá 
la mas rica que se conoce en España. Auxiliado en esta 
empresa de su ¡nlcligcncia y de su respetable Fortuna, ha 
conseguido llegar á poseer las principales ediciones de 
muchas comedias, y no pocos originales autógrafos. El 
señor Duran sabe la hisloria de cada comedía, y tiene 
noticia de las ediciones que dn ellas se han hecho. Esta 
rica colección la franquea generosamente á sus amigos, 
y á las personas que han deseado consultarla: la ha fran- 
queado lambien á las em[u*csas que se han propuesto pu- 
blicar algunas secciones de nuestro teatro antiguo. El se- 
ñor Duran ha auxiliado constantemente todas las empresas 
de este (genero , y para algunas ha suministrado sus co- 
piosas noticias , como asimismo juicios críticos de algunas 
comedias « y apuntes biográficos de nuestros dramáticos. 
Deseando en 1834 emprender la publicación de .dramas 
del antiguo teatro español « principió por el maestro Tirso 
de Molina, del que publicó en tres entregas, la Pruden^ 
cia en la mujer ^ Palabras y plumas ^ y el Pretendiente al 
revés. La edición se suspendió, sin duda por falta de sus-^ 
critores; pero las tres comedias publicadas en laoficiiiií 
de Aguado, tanto por su esmerada corrección,' cuanto' 
por su lujo tipográfico , son de lo mas bello ^ue jamás 
se ha pumicado en España. ¡Dolor es que nq haVa podido 
proseguirse este insigne ihoniin^ento que 1e¥ánta1)a el Ae^ 
ñor Duran á la gloria de nuestros poetas dramáticos ! Si-^' 
guen á cada una de' estas cooncdias úiuis obiíervaci6n|ñr 
críticas, en que manifiesta el señor Duran la ¿elicadm 
de su ingenio, y que dan á eonocer lasbelle¡^as y deféctoi' 
de cada comedia. Precederá esta colección unóS apuiiles 
biográficos sobre el maestro Tirio, en que sé caracteriza 
el niArito de este, y se da not,ícia de sus obrá^ tanto im^ 
presas como inéditas. Nuestros, lectores se c^mplaceráv 
en ver de qu6 manera califica eí señoír Duran él mérito 
de este insigne dramático: '« Ya á Uñes del siglo XV , di- 
ce , y á losprinciñiosdé niiestlri^ ' featro , el 'presbitcrb 
Torres Navarro haniá tiatláÜó 1a'liÍ|odil 'oijiginal aiie'áif dtf 



a( drama, e^ñol en el XYIl. Los pobres y tristes ensayos 
foe aíranos eruditos intentaron para aclimatar las for- 
m$ ffriegns y Iat¡n«i8 en nu'^stra escena , asi como tam- 
k'en las rudas producciones de Lope do Rueda , Timone- 
lá y otros, desaparecieron como el humo ante el talento 
leí fecundo Lope de Vega, apoyado en nuestro gusto pe- 
a|fíar, imitado después por toda la Europa. Tirso siguió 
este mismo camino; y asi como sus antecesores y mnes- 
Iros, jamás so propuso do antemano un fín moral directo 
jánico en ninguna de sus comedias. Cada una do ellas es 
ana novela decostumbres, de donde puede diulucirse una 6 
mas máximas morales, al modo que de cunlquirra poema 
Nedo formarseuna alegoría, aunque el autor no se la haya 
propuesto. Por consecuencia del genero (|ue adoptó , no 

Srofundiza una cierta y determinada pnsion, ó un virio 
dios que suelen dominar el corazón humano; (1) pero 
Considerando al hombre en concreto, le maneja, le con- 
duce y le penetra ha^'^t^ lo Intimo del alma para encontrar 
éa ella las r.'iircs dr s'.^ virios y las causas de sus acrio- 
aeSf mirñd.Ts l)njo •*! })anto de vista que presentaba, y en 

Iáeiniljiaii ^>'.(l' r> ..<•::( •^U• InA preocupaciones y el modo 
á existencia social do su siglo y de supais. dada persona* 
fode sus dramas participa del carácter general de la na- 
mi, j Kone la identidad propia que resulta de la com* 

ShíMcioQ y fuerza do las pasiones que le presta y do laá 
paciones en quo le pone. No es fácil adivinar bajo 
iU aspecto ó prevención contemplaba Tirso los hombres 
y |üs mojéres:, quizá el punto desde donde los observaba 
éiní'kqa^l donde se descubre demasiado el corazón huma* 
Éiii y én que el barniz necesario para e| trato social sé 
dis^inéc.0 ; ó quizá las personas que habitnalmente trata- 
MlVAo Mrieñicbiáh á las clases mas moralizadas de. la átr- 
éSsdád.Lb cierto es que los liombres do T'irto son siem- 
AniAlinMós^y débiles, y juguete del bello sexo, eti tatito 

-Sli:-.s- .: •.. J;-.-. ' . ' ' ' ' '. 

■^..^^——1 I if .11. . ■ ■ ■ . ■ I ■ . I. I .1. I ■ ■ ■■ 

hTJT . !.;•. ■ liíT ^^ ■■■';■ -^ ~i 

lili Eüla "llBiíctiittiCpwiau k nucstrfi9:dra<imtiCoii anteriiipc» al) itglo 
Xyu iieuealsuuaD cttceiicioncs, do quo hc jiahJ/irá 8Í coDVj^i^ip cua^P 
«Ma át UuiB de Alarooo , Morolo , Hojai( , Castro y Loñé. 



5!B6 

me caracteriza lasmujefés como resueltas, intrigantes y 
fogosas en lodas las pasiones que se fundan en el orgullo 
y la vanidad. Parece á primera \isla que su intento ha 
sido contrastar la frialdad é irresolución de los uno? coii 
la yehemencía, cón^Uncia y aun obstinación que atribuya 
á las otras en el arle de seguir de una intriga , 9\jx perder- 
nar medio alguno, por impropio que sea. En esto estriba 
mas que en nada. el carácter de las invenciones de Tirsojí 
y tanto , que no solo se halla este tipo en sus comedias 
de costmbres , sino también en las heroicas. Un protago- 
nista tímido « irresoluto, tibiamente enamorado ó ciega- 
mente sumiso á los caprichos de una dama, de quien por 
vanidad y á pesar suyo es amado, es casi siempre el héroe 
de los dramas de Tirso. La intriga en ellos se reduce ge- 
neralmente á los obstáculos que varias damas oponen á 
las deseos; jde la principal, la cual vence ó triunfa por 
Odas astuta, mas ardiente ó mas picada que sus rivales. 
«Gustaba mucho Tirso de colocar en las mas altas ca- 
jegoria*) de la sociedad las figuras ó personajes principa- 
les que ponia en escena. Principes y duques cstranjeros 
gue compiten con aventureros españoles para quedar ven* 
pi4.os; princesas , duquesas y damas; pero en quienes 
¡^domina mas bien el influjo del sexpjy la vanidad , qiuf 
I consideraciones del rango, consütuycn.geqeralqieiH 
.Jps principales interlocutores de Tirsa, Nopocaa.el 
¿áffichósq poeta se complace en disfrazarlos con trqfoa 
cifuupestrcs y en prestarles el maligno lenguaje que^poit 
j(pi|reiite sencillez caracteriza entre los aldeanos aqaeilb. 
I^pi^cie de recelo y desconfianza que les inspira la genie^ 
cprtesana. 4 y del cual se valen para engañar más á atf ftU 
.yo i jos que se fian de apariencias. Esta clase 4f^ i^^S^i 
.escénico la madeja Tirsp tan mara?illosamettte,c|de h^ft^ 
^abora, ninguno le. ha^iguaUdo. Causa sorpresa yei; ^npp 
produce tales contraste», y el efecto que causa la malig- 
nidad y la ironía mas esquisita , espresada ~b~ajó las apa- 
riencias de sencillez bucóliea que el autor sabe remedar 
con inimitable talento. 

»Lom' graciosos ó personajes jocosos, ¿Ustuuuíoi éa 



■aestro'ttafro para escitar la risa, t evitar qac el li- 
díenlo bajo cni^it di rectamente solirc los piTSonajes no- 
bles, los toma Tiri>n rasi siempre ilo las clases ríislicas, 
j trasportando Ins ¡mliviituos di; ollas dcs<Ie el cviiipo i U 
drte, pone cd conlnsle sus hñ1>itus y costumbres anlo- 
liores, con las nuevas qu« ulist-rvan y quieren adquirir. 
De aquf resuihn rsrrnas Kumaiiienle ^raciosaj que regó- 
lijan al público , y liaceu reir aun á los mas severos pre- 
ceptistas que llcvnn al tciitro úniíuu resuelto de silbar toda 
falta de lo que ellos entienden csclusivamcnic por con-- 
Teniencías y rerosimilítud. Los graciosos de Tirso casi 
nunca son groseros, y la risa á que provocan proviene 
h los contrastes ó de las aplicaciones malignas qiic el pú- 
Uicohacc de las sales y equívocos que el autor pone ca 
n boca. 

»Este poeta sobresale cslraordinariamchtc^fin la nar^ 
tacion mujr dramállca de algunos cuentos agudos, festi- 
vos ó satíricos y epigramáticos qúoinlroJuco con opor^ 
tnaidaden sus comedias. ¡Qu¿ graciosidad de estilo! iqui 
íeDCilleí tan maligna y delicada so halla en ellos! ¡Qué 
nodo tan oportuno de atacar los vicios de la sociedad, y 
de cad.i estado jiartieular que la compone , so encuentra 
tn estas cortas narraciones! til Bócacio, ni La-Fontaioa, 
íiÁrlosto, ni' el mismo Moliere han pido superiores « 
tTrSo cu esta clase do mérito. Sobre ello llamíircmos If 
ilen'cinii de los Itulores cuaiiilo lo rip/imusoportano. ,. 
))Dcl CíirácliT iiKtri'iuIo iinr cj-Il' iliislre pofi^ en SUS 
totaodias (kr'iúlii^M , ]i,ifiii:¡n|UL las lior<>ipas j, devotas, 
fcl niisini» f,'('iip.r() ili> niaiias \'ilo siiles, lá tnísma facíli- 
4iJ de diálogo',' v sutirc luilii ^•l 'misino lipo de caracté- 
tes se encu^intra éii unas y ólM^, E» luí heroicas, como 
fci las dfe intriga (S costurñ¿r,iís i^Íí>'4 uda '^a energía de 
pá'rté de las miúen's , y la drlílfíilXil . I» sumisión y la ti- 
miilez , son 'é\ (ííílihlivo ilc' ló's lioniiiri'^. Así es, que los 
asuntos tiistóricos (|iie ¡min.' oii osci'iia, siempre los escoge 
áonde bálfa' caractÍTes de rsla clase , como se Ycrifica ea 
tat dráóias de La mujer, jue mtxnd(i en casa , de La prudfln-: 
^■w la nti^et', de Xa rep&bhca a} revét, y en ollo% -smw» . 



168 

aPern lo que admira mu, atendiendo i la.ejiw ds 

talento decidor, gaÜrico y epigramático que diitiogue i 
Tirso , y á que la costumbre y sus triunfos dcbieroo en- 
cadenarle , ea el que cuando co sua composiciones aérías 
toma la trompa ¿pica ó Ib lirica , se levanta sobre las nu- 
bes , desde donde la hace resonar coa dignidad, robnsr 
tez , nervio y entusiasmo. Su icnguaje y estilo signea 
como |K)r encanto la elevación de sus pensamÍAntos, j eo^ 
tonccs desaparece de la escena el maligno Tirso para conr 
vertirse en un poeta bcróico y sublime. 

■ Entro los dramas de aaunloti.rcliijíaBos merece una 
atención muv grande, por ser eminentemente romántico 
él que escribió con el título de El condenado por detcoiv- 
fiado : de k\ que se hará á su tiempo un dcli;nido anúlisis. 

sLbb buenas dotes que disliiiguen á Tirso, ya como 
poeta, ya comodramútico, c^iigiitlon en su estilo natural, 
«n su audíTcia y oportunidail para el manejo del idiomsi 
en BU versiScBcion armoniosa y abundante, en su rique;Ea 
de rimas, en su caudaloso y rápido diálogOi en su mudu 
travieso (: ingenioso de contrastar las idea» , en sus sales 

Sicantcs y epigramáticas ; y en On, üu svi.espresioD llcm 
D gracia, soltura y amcpidad.' 
«Losvirios de que áddieco principal mente, • conj^í^lfln 
enlaíaverosimíütiid y pobreza de sus inveiicioúeni ofi )jf 
mala economía que usa para desenvolver sus fábulaf , en 
la monotonía de los caract^rits qiii; pinta, en lademajlja- • 
da confianza que tiene en lá ít de los cspcctadore&,. y en 
los propios miiidtíis y rcc'ufküs que le aYe,núiJán, j ''P'th 
mente ; en'qáe sa^-riHca fel' llncoro de la il|'c«na al ^IMN 
de lucirse en el diálogo , .'y a\ de propi^-ctpharsfi ocáa^ 
nes de (gracejar , acaso cón'deinasiaila mfcrt^Ü.* "^ I' 
Después detljilit-r cafkclcHicadn af seilor puráo ámn 
humanista y como critico,' V/doSpuc^ dehfbcr «apufll^ 
los servicios que ba prestada á 'nu<;ntra lileralura, stfw-; 
nistrando al mismo tiempo dalos importantes y observa- 
ciones esquisílas para la historia de ella ,,.na'p«4!BÍ!nof) 
dejar de mencionar on etté lugar alguno^ d^'siip VK^ 
Uw.; eblraios mochoa j^isl^ít ^baii49^t iWf' H'-fflft 










en varias ¿pocas y en diferentes periódicas y 
reviiUas. En la de Madrid se encuentra en el tomo 2.^ de 
la segunda serie, un articulo suyo con este epígrafe: Poé^ 
iw popular. Drama noveleteo : Lope de Vega. En la co- 
lección de las comedias de Tirso, que recientemente se ha 
tnblicado bajo la dirección del señor Hartzcnbusch , se 
alia nn discurso preliminar que precede á la comedia 
intitulada: El condenado por desconfiado^ y cuyo di$-> 
curso es uno do los mas notables que se deben i la pluma 
del sefior Duran. También es obra suva la introducción 
qac se halla al frente de la colección de saínetes de don 
Ramón de la Cruz, y que es un cuadro bieve, conciso y 
bien pensado del estado y progresos de la literatura es- 
pañola en el siglo XVIII. Estos tres escritos son escelen-* 
te^, profundos é instructivos, y están llenos de la mases- 
^QÍsita erudición literaria. De ellos debemos hacer espe« 
cial mención por su imnortancia y porque en los mismos 
estiende y omplía mas el señor Duran muchas de las ideas 
quo on otros anteriores no podia hacer mas que indicar 

En la espresada Hev'sia de Madrid publicó tam bien 
un interesante articulo sobre un mosaico en relieve, que 
sehallóen Madrid y que representa á Hércules y las Hes- 
péridos. Entre los muchos artículos que ha punlicado en 
diferentes periódicos, se dislinguo el que escribió sobre 
dos comedias de don Eugenio de tapia, el de La corte del 
Buen Retiro f por don Patricio de la Escosura, y el de Fer^ 
undoel Emplazado, por el señor Bretón de los Herreros. 
Para la colección de comedias que por los años de 27 y 28 
se publicó en Aladrid por los señores Garcia Suelto , Go- 
rostiza y otros, escribió varios análisis , entre otros el 
déla comediado Lope de Vega intitulada: Los tnilagroi del 
itipreeiOf y el de la de Zamora, que se llama el Convidado 
Í9 piedra. 

Ahora nos falta considerarle como poeta. El señor 
Wan ha hecho versos y muy buenos^ pero no tantos co« 
^ debia esperarse de su ingenio.— > Los ha hecbp casi 
*ifiinpreff ó impulsado por sus amigost 6 oscilado ^tB\%\iti 



KCimtediidi 



itediidento qae venciese la natnral pereza mp ha te- 
nido siempre park esta grata ocupación. El IkomKre m^ ht 
sido lan Ubonoso para el estudio, j qae se ha complacidc 
en profundizar las cuestiones mas delicadas de lileratnn 
y de critica^ ha sido siempre perezoso para el canto. Qul 
tk sus padecimientos han disipado demasiado pronto iai 
ilusiones de su juyenlud, y lo han hecho buscar en el cal 
tivo de las letras el camino de las investigaciones filosófi- 
cas en las que su ingenio profundo y su ca*ráetcr pensado] 
hallarían una ocupación mas grata y mas capaz de absor 
ber sus facultades. Por esto aunque el señor Duirán hav 
escrito no pocas composiciones poéticas, corto es el no- 
viero de las que ha dado i luz. Al casamiento del re] 
Fernando^ con motii)o de la iucenion que ofrecía á ette fs 
regia consorte. A la reina N. S, por la salud recuperada á 
nnesüró' amado monarca, y en celebridad de sus héne fieos Í9 
crétosj'j unastrobas al feliz retorno á España deS. M.t 
tcina madreen tt año anterior, ha publicado el señor Dtf 
ran diferentes composiciones, todas en antiga parla coste 
Haná^ que fueron y son muy estimados y aplaudidos, qa< 
se insertaron en casi todos los periódicos, y de los qucs( 
hicieron lujosas ediciones, una deellas en bellos caractéreí 
góticos. Todos estos cantos colocan al poeta á una misau 
altura, y acreditan su feliz ingenio y hermosas facultades 
Presentaremos de ellos algunas muestras á nuestros lee- 
tores: del segundo canto copiaremos aquellas estro^ 
que mas nos han agradado. 

Comienza el trovador sufebla con amos nuessos son" 
ñores los reyes. 

Mánnificos reyes, muy grandes sennorbs, 
. • A q^Oiénes somisso el orbe 6 inclina, 
Fernando potente , fermóssa Grislina, 
Que Me las Espannas sois dominadores; 
Aun otra vegada en trovas mayores 
Et antiga parla sonando mi lira , 
Eá toSí adelino, et Codqo n' inspira 
" ' Oít d^ mi labro losdinnos loores. 



m 



Fidacia mé tennoAeT^f at^olrida 
Sin caita, sin menfftta la íqi aíevinanxt ; 
Respira la tierra plasccncia et bonanza 
Et ya reverdesce la planta adormida: 
Apuesta 1* aurora , con risos convida 
Al abril que allega otonno abondosso, 
Et de los JBorbones el árbol frondosso 
Ostenta en los aires sa c'opa florida. 



Aquí fabla el trovador con nuessa sennora la reina. 

Feroz et Sannosso privónos el Fado 
De yer aCrescidas una' et dos vegadas 
Del tálamo réffio las prendas amadas 
Qa^ omilde quisiera el pueblo acuitado: 
Empero, Cristina, á tos reservado 
Está de la patria ser iris de paz, 
Prestante folganza , plascencia etsolat 
Tan largo 6 sabrosso como es desseado. * 

Noble intercessora sed al ruesso esposso, 
Plannir non aquexe d' hoy mas nucsso suelo, 
Fuyan de la Patria contristura et duelo. 
¿Qué negarvos puede un' rey tan piadosso? 
Min acaso espera, qqal padre amorosso, 
Sinon suplicanza qué tos le faredes, 
Sinon el tessoro que le presentedcs 
Del muy casto lecho reimevó dicbosso. 



Torna et autor su fabla al iM>béraiio reye. 

Ilustre don reye, d' amorposseida 
Mi citara ,d^ oro et non d' interessc, 
Recabdó al destino que clara ficiesse 
De tu dta Progenie la Miétte^ abieodBd«i 



Mostróme nna iftUni Jbsuu 
Qu* á las alias nabés sú cima li¿Yándo • 
Iba el cielo 6 tierra de. frutos colmando, . 
Et daba á los ornes abrigo é guiauda. 

Gracia tennan todos, sennór; el sagrado 
Fruto d' ímenco cuando abra los o¡o6 
Et veDoa á la vida, non falle ya enojos ^ 
Nin mire con plantos el regno turbado; 
Al muy blando ruego et mu Y regalado' 
Que faceros quiera amante r espossa . . 
Prestó grato oido con alma piadossa, 
Et de beniciones vereisvos colmado. . . 



Moratin fue quizá el primero que se ensayó en esta 
imitaciones , qiíe ofrecen al mismo tiempo la aoble difi* 
cuitad de los conceptos y de las palabras. En ambos es- 
iremos se ha mostrado siempre igualmente aventajado e 
señor Duran. La singular facilidad con que imita a núes 
iros antiguos poetas en todos sus géneros es muy propi 
de una persona que tanto los ba estudiado, qiie' tan biei 
los conoce, y que ha hecho suyos sus palabras , sus giro 
de cspresion , el enlace de sus ideas, y la manera de des- 
leír los pensamientos. Las imitaciones del señor Duran 
no solo Igualan sino qne esceden á sus modelos. Pan 
muestra también de la felicidad con que maneja el leo- 
guaje de otra época, siéndote familiares todas fas f^rma 
y todos los tonos de la buena poesía, ¡oscrtaremoslnteffn 
una linda composición' que insertó en la it^tsto cíe «a- 
drid. 

Imitación de la poesiaj coplas del siglo 



No paedo YÍvir ús ti, 
Ni puedo vivir contigo: 
; Soy d^ mi mismo enemigo, 
'.Dénéndame Kóf de ni. 

La.iRMAcui.tiiya;m#.ii|f4ay . , i ,.., 

y mátame tu presencia^ 



9nB 



« 

No hay remedio á Ul dolencia 

Qoe á mi me hiere j nultraU. 

y pues no flfo ña ti« 
Ymaáro estando, contigo; 
Yo ^o soy mi enemigo, 
De6éndame Diogide mi. 

Qaejándoipe bailar éapera 
Bémedio i tanto dolor; 
Pero cuando hablarte qviéro 
Dnéleme con mas rigor , 
' Dicha ya ño hay para mi*; 
Pues siendo yo el enemigo , 
Qne á mt mismo me castigo» 
Defiéndame Dios tie mh . 

Llorar qniero y no concede 
El dolor salida hl llanto, > 

Que on dolor que duele tanto 
Ningún alifio hallar puede. 

Yo el mi corazón te di. 
Sin ti padece y contigo , 

Y como en nacía te obligo, .... 
Defiéndame Dios de tt. 

Si soy confiado. muero , 
Mátame deseoofiañEa» 

Y huye de mí la esperanza , . 
Gomo ignorpi lo que quiero. 

Desde el punto .qñoie vi 
Me haUé,.y elcaMiloes te8t¡gó«. 
Sin saber si estoy conmigo . 
Sin Diosj sin^tigo^y sin mi.* 

Tengo, helado : el corazón 
Que á la par se abrasa en fuego; i 
La pasión me tiene dego : 
, hmo y buyoilh razón. 
¥ tan wadichado fui, 
Tan de mi propio. enemigo; 
Qoe de inl míamo maldigü; 
Defié^idime IUos.de mi» ,r^ i / 



i-i ■ . ■■ ' ■ '■ 



jt* 



kvá sedieato te Mira 
El ean« que rabioio amere v 

Y coanlo al agua nuMi qpiere 
Mas del agua se retim. 

También me sace4e á nf 
Cuando estoy sin tf é voniige; 

Y mies yo soy mi eneé%o, 
Defiéndame Dios de Éii. 

Las trovas á k reina dofia IbrU Cristina dé Boi 
por haber recobrado la salnd «n angosto esposo» j ei 
lebridad de sus benéficos decrttest no pueden ser 
hermosas, ni estar escritas i con nuyor cakHr. Yéai 

Ia6 manera* daranta^la enfermidad éA rey« entrega 
su augusta esposa el cetro rehl ura que gdhien 
reino, y en ^ué términos • maainesla aqnelly se 
sus generosas intonciones- 4 los prudentos Tarones 
tienen el honor de rodeada* 



E asióse del cetro sefial de poder, 
E dióle i k regna deán eerasotti 
E dixok entonce? — «T6 ddMBsde ser 
»Sokz é pkscencia de nwssa nascioo. 

)»En tanto qn* ^ tie|o mm toma salad 
»E1 bien de la I»ti4a to fio, t* entreso^ 
» Manda , rige, «impera , et sea f irtui 
» Iris de concordia ,. de paz , ét sosieío. 

» Yeri que su estrella Inzeientá 1* hmAídí 
» Ansi el castollano leal> siempre fiel, . < * 
» A ser Tenturoio Mr vos , mi CRIS'flNikt 
» Mientras brille A astro deanessa iSABELj 

» Por lembras Csstiella también file re^lai 
)»E un mundo adquirimos allá "en Oecideiito; 
•Granada por femhm se TM.eonqneriday-. • 
»Por fombras troinimos del iMro=>raUeÁ(éi 

aArsgon • Nararraanit' s' alkiiittnNii 
aS á CailMU dtotmU tMt\A t^ toal 



»Dc r aürojí corona que rtóií (innc Inal. 

»D' alcuAa áe RKyIÍS la muy liéblii raml'/ 
» Venida ÜM tronco dé un fmMt lORBON; 
•Per fcmbraa al cetro CaátiMia la lUifin; 
*E a fembras se dolió la re^l siicceiliidn. 

«Ansí todo ol tiempo c[ne viifga doliente 
•Falle eii vos, CRISTINA » bienaventuranza 
^Kl tlegno , et m* aclaíno piadoso, liemente, 
i»Mc dando en I* esnossa sincera loanza. 

•Si eiiipert) á ini vida destino fatal 
»La (lama aimgatu^ con que brilla agora, 
*St*redes del pueblo sohiissi) leal, 
»Plasc¡eiite conhorte , el fiel guardadora. 

»Por vos coronada de nuessos inavorcs 
»En el r6g¡¿ trono . verase ISABP3L, 
«La prenda inocente de nuessos amores, 
uSin iiiengná, ^ ceAiila del sacro laurel. a 

A tal fallid el llEYÍ!, et luz de con!;uelo, 
U paz , r alegranza su pecho baflaron. 
Contento divino dec¡end<^ del cielo, 
E todas dolonciaa d' aüi ■' a|Mirtaron. 

Respira la patria ; ja 1* aura d* aiaor, 
latiendo sUs alas, circunda la tierra. 
Ya pálidos fuyen crueza k rigor; 
Kt trúecanse paces anuncios de guerra. 

La madre del puyblo lirestáiido obediencia 
Al r6gio querer^, tremola la palma 
D' aquel don «nvino do santa clemencia, 
Que penas guaresce remedió del afnlia. 

Ki non', non cceades fatiga perdona, 
C* al punto 8* allega prudtMites varonas, 
K* ansí les dirige la noble mátr^Via 
Con voz fa1a|ueña niales raifo'nes. 

«Dot 1(HiHnu «iueitó.» del siempre ptádoso, 
^Oid, ricos bóiiies'; oid inis leales, 



''Uid de m|1(itMy e),miiY generoso' 
^Oeoreloqüo Hua )o» omi b wüTói. 






976 

Ji^brase á Minenra el templo 'cerrado, 
» Perezca ignorancia, que thanFe el saber» 
» Resuenen los ecos d* Apolo sagrado, 
»E tomen sublimes de nuevo a nascer . 

» Vuelva el infelice al pie de los lares, 
x>L* espossa é los fijos contemple anheloso, . 
dE i quien de la patria separan los mares 
ji Fallar pueda en ella V ansiado reposo. 

dE si á pesar mió , d^ esta bien andanza 
y> Alguno mezquino disfrutar non puede, 
«De verse en mejora la dulce esperanza 
dEu su desventura al menos le quede. 

» Maguer que lexano , su triste gemir 
»Será respondido de mi corazón, 
dE acaso en un tiempo podrá conseguir 
»Del REYE á mi ruego feliz compasión. 

»En tanto , qu' espere fallar el solaz, 
» Ga ya me preparo á enjugar su lloro, 
»Et ya le conduce al templo de paz 
»La mano piadosa del dueño qu adoro.» 

De las trovas al enlace del rey Fernando con la 
doña María Cristina ^e Borbon , nos han parecido 
nificas las tres estrofas siguientes, en que despi 
anunciar el rey á sus pueblos su proyectaao enlace 
de el poeta lo que sigue: 

Dijo, 6 por los aires un astro radiante 
Paresció encendido , é su luz divina 
La imagen claresce de nuessa CRISTINA, 
Celestial espossa del Rey mas amante. 

Cadenas de rosas cercan al instante 
El preciado cuello d' aquesta Deidad^ 
E llena de gloría é de Magestad, 
Su talle donoso nos muestra triunfante. 

Sus labios rientcs cual corales rojos, 
Nacaradas perlas á veces ostentan: 
Sus tersas mejillas las rosas afrentan, 
Y del Sol paresce la luz de sus ojos. 



,277 

¡Qaé de comzones no f aeran despojos 
De tanta lindeza , de tanto esplendor, 
t Si non el respeto tnyiera el arnor^ 
/ Que tímido anuyenta de si los antojos! 
Alli en sa regazo , presciado tessoro, 
¿«os opimos frutos derrama Amaltea; 
Lsí dñe corona , su sien fermosea 
Allí de las Musas el celeste coro. 

Allí el desvalido enjuga su lloro, 
BIl, no ayentprado falla la piedad, 
B allí se adunan gloria 6 Magestad, 
Bpio ,' gentileza , donaire é decoro. 

I'^s trobas al retorno de la reina madre son singálaf 
^> P^Tque revisten de formas y lenguaje antiguo los 
eosaKx^ientos mas felices y oportunos. Sirvan de muestra 
is dos estrofas siguientes: 

• 

Si algunos menguados de seso podieron 
^' tantos favores non ser gradescidos, 
I^o vaessas virtudes están ya vencidos, * 

B affora se penan del mal que ficiéron. 
Si de tierra estraña á la fin vinieron, 
" Fué porque placástes las iras ^el Rey, 
Bl porque de libres fecistes la^ Ley 
Que allá en 3us pasiones presciar non sopieron. 
• , •••»•• ■■■■• 

Oid^ pues, señora, del pueblo el clamor^ 
Oid cual deplora el prístino agravio, 
'.^ como aterndiendo está desse labio / ^ 

La voz de clemencia que acalla el rigor. 

E vos, noble dueña, de España dulzor, 
Afable é piadosa quitades cuidados, 
^ ya los agravios están olvidados 
laguer que causaran espanto y horror. 

^^ diferentes dialios de la opinión conservadiora > ha 



escrito el seflipr Pai^n ar](icii]os pqltticos siii aer.Tedaetoi 
de ninguno. Éilpecialinepte.ea U Abeja ^\qaB.ÍKké ¿Irpri' 
mor periódico que proo^ul^ó las .ideas 4e un progrcapo 1» 

Jal y pacifico, combado la impaciencia d^ Ips qpe imprii- 
eniemente nos larrasMrab&n á (os escesos de ^lla reyolii* 
cion innecesaria , . cpmpromeiiéndo á un .misfño Uf mp 
los Verdaderos progresos de la libertad y Us rfe|ofniai 
útiles. El señor Duran no ba estado liupca reñido coi 
aquel progreso , queJnlro4uciflo en los bi^ñtps j costum- 
bres del pueblo, hace íno^iQ^iblje llanto Jj^s j^c^pqoni^^^ 
el despotismo. Todp^ ai^. artículos .poljt^os.refl|d e 
mas ferviente amor á,lal(iber^4 1 y nA^ó^ip inyeqirfFl® 
los escesos revolucionarios. Si condena com'b moralist 



de t<Kbs los partidos políticos', y con ifmjgojB.pei^f ona}c¡f fj 
todos , está reputado por hombre íe opiniones conserva 

doras y temp^dM. .1^ juzgado wpíPÍP 9»e4?.Fj!?í»n ** 
partido moderado jejÉjl/i q& nrpjjeMx por ef- 9Jb^ipo }efS* 
purgando las garantías ppU^cas pe fas ^eyisa ap^rqnicai 
afirmando con aquejas la libertaa. civil , cpnserv^ñfo U 
yentajas adquirijaaa aunque procedan de .la re^pliicron , 
legitimando en fin losintereaes creados, no por i¡atfiw 
reacciones, ni por restitucipnes » sino pórjuisfas coVqpeo 
sacion^. A ifidemnizacipnes. 

Después de los acontecimientos de setiembre fué sal 

Scnso porla,Jíuntade.Glpbierno de Jdadrid, de i^- destín 
e primer bibíiotocuirio dé.la.oacipna).; y pósteripirnieiii 
la Regencia pro^iaiopal lo ^Qclaró cesante. Á principia 
del año anteripr .fué repuesto en el espresado destina 
que continúa airF.iQO^o* pon asiduidad y con provecho ¿ 
las letras, fis indiyi4w¿''ÍtM>norario de la Academi|i greco 
latina Matritense, y.coarla:fnisoia cajjdaddela |le^ Aci 
demia Española , e» la.qii^ ba t^s^inpeiUdo yjuripa.lrab0 
jes, que la misma Academia le ba confiiido. Én el aC 
de 38 se dignó S. M!. agraciarle espontáneamente coa 
CCPiz aopffriHMMr^i?! A 4ei Ja / &«a^ i^jáen ei|pa(^ * 



579 

Ih ID, de lá que mn no ha tomado potatioi 
Mteiaido aa IralMijo histérico acerca del arto d 
M Bipaia desde sos orígenes hasU mediados del siglo 
XVni, y nna biMiografia mny completo de los dramas 
CModílos. También Uene ya preparada para la prensa 
k legenda edición * muy aumentooa » de los Romance*- 
iHf j nn Cancionero con observaciones criticas é kiste- 
iku sobra estarLiae de Utorainra popular. 



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DON JOSÉ MUSSO Y VALIÉNtE. 



U na yida entera consagrada á las letras y al servicia 
I pais, un celo tan ardiente como ilnsti'ado por su fo- 
(Bto y prosperidad, él acertado desempefio de cargos 
portantes en la administración páblica , y los trabajos! 
itttificos dirigidos áilustrar las épocas ttiais interesan- 
1 de nuestra nistoriá, y á promover y propagar todo 
■ero de estudios útiles ; bien merecen un lugar en la 
ititud y en la memoria de sus conciudadanos • 
La amistad y el ainor filial ban pagado ya á este hom-^ 
a distinguido el tributo que le era debido , publicando 
ft uoticia circunstanciada d^ su proveobosa vida y de 
B tareas literarias. La amistad también y la justicia de- 
án colocar su nombre en esta Galería^ aunqae uiia plu- 
i mas elegante y un juicio mas profundo debiesen tra- 
r,aik cuadro en oue dificilmente podrían -reemplazarse 
iñsgos que há dictado una imagimicion^fecunoa^esaV- 
la por el sentimiento j el dolor. 



282 

Jamás concederemos qae tengan el prívilegip escla- 
siYO de interesar la 'atención pública aqaeílos hombres 
que han presidido á grandes y estraordinarios aconteci- 
mientos ; que ban influido en la paz y en la guerra ; que 
han dirigido la gobernación de su pais , y marcado con 
el sello de sus opiniones propias la dirección de los ne- 
gocios públicos, que han gozado la privanza de los sobe- 
ranos , y hecho triunfar su política en los parlamentos 
por el poder irceiistíble de su elocíuencia y de son talen- 
tos 9 6 que han mandado, en fin, grandes ejércitos, 6 eje- 
cutado dificiles y arriesgadas operaciones , ó dado bata- 
llas sangrientas. Antes por el contrario, estos hechos im« 
portantes y ruidosos , inspiran desde luego preyenciones, 
que las pasiones arraigan , y que el escritor dificilmente 
consigue desvanecer ; porque se examinan y consideran 
por los diversos aspectos que presentan , resaltando de 
estos mismos aun con la mejor buena fé , y sin ninguna 
mezcla de intereses, esa diferencia de juicios, esa contra- 
dicción de opiniones, que hasta cierto punto llega á ha- 
cer dudosas las mas elevadas reputaciones , y que por lo 
menos rebaja el entusiasmo páblico y prepara la indife- 
rencia y el olvido. No suceoe esto con aquellas exíaltn- 
Qj^s pdiií^afi i^ jtfiBiaoilUdaa, 4edicadat i las gtoíoaas oon- 
Quietas de JU'(JatAÍig«»n(M, que sin estruendo .y lal vtt 
4esde una condJAion modesta, estiendeftilos; beneficiases 
la ciiiliíacíon, hoairiAia su patria, y aseguran áBOsnooH 
brea la ÍAi|iointalida4. Es preciso desengaOarse ; no idai' 
^Sjla los caraos públicos I ni se confiere por elfiiv<Mr'« wi 
se asegura n^reál orden. LhGuindeForáBtiroi enaaluÉií 
á alffunos; {^ero.eUiempoharái todos jostscia, y mñdft*. 
naniduiá unos alQlvi4p9 llevhrá hasta lasiúllidoas genem- 
cÍQnea:]í:bará .repetir con teneracioo los nombcea Aé ksi 
que ha4l'i4«slradD á sus semejantes^ y deloe-bnohecho-vi 
ftade^la humanidad. 
^ iU|ián¡mela opioito>en juzgar á estos hombre»^ sm wai^ 
ritOinp es disputado, j sa memoria se perpelAa en los 
mMonaientos qae levantaron; en las obras 'p4blic«a:qos 
piMM^vierQn, én- los (beneficios i[ue sedelmroii 4«iilnH 



..(*. -'I ' I . . ! ■ . . -«.11 



bvctoD T celo, T en las oliras de ingenio epa que sn pa^ 

Iríkllí'glóMa.' £ii'éhte' Utiñt^ se'éijfAfa Íh'-9Mé Mtfsstt' 
^VaB^ole , cn;a lÜogi'iff^ Vamos ét estender; pi^ra' Aij^lt) 
ellflgaf áae de jnstimle corresponde én <está 1?ttIÍTial '' 
nació en LorcA a 25 Sé dlnemlfe de 1785. Tútron 
íV pdres , Son José JUaHa IHásüo y 'Aleara acrrqtl^i'if' 
JoOt Joaquina' PereV Valicnie yB^it; Irija itíiw eétiíÁ 
I lie Casa Valiente. LosIlAbitos y' el ejembfo dé mis pa'fl^b 
le prepararon para recitir uoá cdúciácíon ésniéradil', f' 

[ira que con el tiempo frücliGcasen éti il todo género W) 
uenís scni'illas. Después de haber fécibi^o en"I* ütíH 
paterna ráinsIruccToli primaria , en U 'qnelyá ^éMe UÜ^ 
ío'mostrA sus buenas disposiciones , 'j la 'leiilip!a)iia''y' 
íalinra de su carácíef. pftsó á cmprttidei' sm éttjiífOí;' 
como alumno iiilefno , al seminario dc^^R^afelirtrfitr S^. 
lan Fernando de AVápieS, fin dos aÍti)s'(rpreiíffií('íá'leM' 
gda jalina j ías bu'máhi'l.ides , Ilasla éf^puW^é 'l^eteMü 
tiirse en exámenes pú'b'licos,' celebrados eÜ^wb ^miiftí- 
río; y'de dis'tiiigüí'rse cti ellos (ittr ki '/mtrttchitíñéiitíá'f: 
Éoble despefo .ll iálit ác esíé é'ütítítééitíátsbtó- eh ÍWÍto 
ie 17*J8 , sus padres i,que no queiiaja abandonarle' Ji'ldll 
[•eligros de la. cú'rteí y qoc cüioííbah irhas 'déra éfluc^ion 
■uúral que de ta cicnlidc), 1c éncoméridtirón sn díréecíba 
At. Chevali^r , Uno de aquellos clérigo^' tjne' se acogié^' 
no á E^áíía'én la revolución francesa, y'qtfe oainositiñr^ 

E y mentor le eoscfló dírercnles ramos, j le acotnpitbí— 
n á todas partes/y eíi especial á lá's clases p&fcNñls'dé 
ilDsoriá do saii Isidro , y dé matemáticas enlsücádeinlaí 
dé'ún Fernando. Eá' todos loá estudios Se distingiitll',' Vi 
por sus privilegiadas disposiciones , já por so amícseioa 
constante, y ya por la bueha dirección qneballia tenido 
psde sns primeros aúos. Tambíí^n descqbríó desd4 'stt 
Primera juvt:ntud una iiobfc emulación', y un deseo'tÜ^ 
Mmente dé sobresalir cníi'e sus compañeros ,■ J dü obté'-' 
"ir los honores y premios de los certámenes. Se bíio tao- 
ItMe en los juegos de la infancia, hasta eTcstr^tnó dtl 9is^ 

^Oguirse por su carácter bullicioso T por sos traTétant. 

Iñ ¿g'las, qaeiéráü eTékto ñk áitü tiltigtiui'iÍTBÚ, réü^H* 



984 

no se disünguia la menor sefial de estúpido atolondra 
miento , tampoco se descubría el menor deseo de hace 
mal , ni sombra siquiera de mala índole. En meiüQ de s 
afición i los juegos propios de su edad, eran estraordi 
nanos sus progresos en todo . aquello á que se aplicaba, 
en particular en las matemáticas. El estudio de estas, qa 
emprendió con ardor , y a que tuvo siempre una predi 
lección especial , contrínuyó poderosamente á que su ra 
zon se desarrollase desde muy temprano , y á qu^ con < 
tiempo adquiriese aquella fuerza de raciocinio , a^uell 
seguridad de juicio, aquella exactitud de raciocinio e 
qne siempre se distinguió , que le acompañó en todas so 
inyestiffaciones, y que formó el principal y caracteristi 
co atrinuto de sus escritos. No se contentó en adquirí 
las nociones elementales de las matemáticas puras, sin 

Jue Ueffó á familiarizarse con los cálculos mas complica 
os de la álgebra superior y de la mecánica 6 hidrauíii^ 
acerca de este último ramo disertó en unos exámenes p£ 
bucos, y en ellos dio muestras señaladas de sus adelanto 
poco comunes. 

Después de concluir estos estudios , y de restituirse 
la casa de sus padres , que á la sazón se nallaban en Lor 
ca , no abandonó el cultiyo de las letras, y, antes bie 
continuó , estendió y perfeccionó sus estudios privada 
mente con el mismo a£an y perseverancia. Su instruccioii 
su carácter y las demás prendas personales que le adorní 
ban , le adquirieron muv en breve la estimación genera 
en aquella ciudad. Parecía (|ue la ProYidciicia lo reserví 
ba para mas útiles y slonosas empresas. Guando pe 
abril de 1802 reventó el pantano de Puentes , que arrai 
tro consiffo sillares , escombros , barrenes y hasta pefiai 
eos, arruinando calles enteras del pueblo, distante de > 
tres leguas , estuvo con su padre tres horas antes , y pe 
el mismo punto por donde rompiícron las aguas , recoi 
riendo y examinando aquel inmenso depósito de aguaf . 
En aquel tiempo se preparaba para España una noí 
va ¿poca . fecunda en acontocimientos eslraordinarios i 
á^ rece$ desastrosos. «Con indignación , dice 61 en n 



98S 

upantes, supimos en Lorca la causa del Escorial, con 
linqnietnid la entrada de las tropas francesas , con entn^ 
inasmo los moTimientos de Aranjnez • con sorpresa el 
i cautiverio de la familia Real , con dolor el 2 de Mayo, 
icoh recelo el lerantamiento de Gariajena. Siguióle Lor- 
>ca, 7 en los primeros momentos de efervescencia popo- 
»lár estuvieron en riesgo las vidas de varios comerciantes 
«franceses que alli estaban avecindados. Interpúsose mi 
ipadre , j con su influencia , ayudada de la de otras per- 
isonas respetables , les salvó la vida.i» No necesitamos 
atendernos en traiar el cuadro de una época bastante co- 
nocida de muchos todavia como testigos presenciales de 
aquellos grandes sucesos, de otros por narraciones y tra-« 
diciones mas Ó menos fieles y apasionadas. Hay una cosa 
foe sobresale entro todos los caracteres de aquella época, 

Les el entusiasmo patriótico, el espíritu de unión de ta- 
is los españoles , el amor do la libertad y de la indepen- 
dencia nacional. Musso, ni por la hidalguía de sus senti- 
mientos , ni por su educación , ni por la distinguida clase 
i que pertenecía , ni por su ilustración superior , podia 
permanecer estrafio al curso de los acontecimientos ni 
al movimiento verdaderamente nacional. Se alistó en las 
filas de los que se armaban para vengar el insulto que 
habia recibido Espafta , y desde luego fué nombrado ca- 
pitán. 

Guando en el afio de 1810 invadieron los enemigos las 
Andalucías, mandaba el general Freiré los restos del 
ajérdto del centro , y amenazado el general español por 
h división de Sebastiani » tuvo que retirarse á Orihuela. 
Un cuerpo de tropas francesas avanzó desde Granada , y 
otro se airigió soore Lorca por Yelez v Lumbreras. En- 
tonces emigraron las principales familias de aquella ciu- 
dad , y Musso se dirigió á Murcia con la saya , de donde 
tuvieron que salir al aproximarse el enemigo. 

Por este tiempo contrajo matrimonio con una seftorita 
de aquella ciudad, y que se distinguía por su ilustre cuna, 
J por las prendas que la adornaban. Aunque se nos acuse 
üe proUgidad, y aunque sea una circunstancia. que se 



2¿a 

¡poce den^sia^Q coo¡ la .Ti4a .pr^fadn^ i^C) .V9$PQMif a<^ 
jar de es^mpai* á es^e propósito sus propias ai^Vi;a¿»^pQr 

.(iuanto dan eaU^iipa ¿^ea com{ilqÍ9..(tp,auJpaole X^?. la 
tferpiüraide.fu ^íma. |if Tepíiapatt . yó « ^Üpé ^ p^c tl(4^ '^ÍmiÍ la 

.^posei^B de la que aogiaib^, .jki^%^4p.Íifi<^ de- 

^ajlnmeneme. Su fierinosura na^ia batagado mis. i]j{p¿t n 
«diUzura y amabilidad cautivaironim forazqu. Miijer éa- 

.!> seraje trabajadora, recogida j caljf4/l» ejcpp^i^ic^.ei^lgi 
i>gastos, pariutiva coi^ loa pcjbreft, aonesta eo ^u^ cpirtuói- 
jibres, religiosa en, los scntimieutoá ^ firu/denie coa, Iq9 
«deinaB, disc;reta .para^ llevarme el £faio sío adularme .ai 
>>con(radec¡i*i»e , me ^ó mas de uoa yez» Sjefior , oc^ion 

^ para. cono^r Jj^ yerdad de ius paUbi;a9, esto ep, Óuéli 
»ui casa y las riquezas las dan ^os padrea, lú sqio das £i 
omujer prudente.==Su compañía ha hecho las delicias Í» 
i>nii vida»» . ... 

Las cirpunstancdas ; la distinguida reputación .que ja 
se habia grang^do-,. no pudieroii m^nqs de llamarje ájk 
yida pública. Cln Jlfurcia ^ habia ^tablecido^ epoda, en 
la& demás proy^^das, una Jiinta.provincial para atender |1 
armamento gener^U Y al gobierno j detensa del.p^p. 
Juzgando esta que debía seguir al ejércitqt pasó con el 

. cuartel igeneral ¿.Aliciente» cqando las tropas francjBSU 
invadieron la provincia. Gomo era natural, y aun si se 
quiere forzoso , S0 hn|)o de formar una nueva Junta paite 
atender al gobierno de una provincia que» cualquierf^jqi^ 

• fuese el motivo, ó pretexto,. habia sido abandonada. por §a 
Junta Y autoridades. Resultando diferencias, v. pugna tih 
tre ambas juntas, con peligro ^d ór4eD público yf^rg^ 

. ció de. ia causa qacional, .encargó la Regencii^ al, gei)f|- 
ral Blake que adoptase 1^ prpvid^ncias omrUinas pm 
el objeto de.c;almar }{i, ^ffurvesqcnda d^ iq|^. ánimp^; T 
de cortar, aquellas dísensipnes. La prcividepc^a, de WW* 
genaral.se redujo, como parecia lo. mai$ acertado,. á^disol- 

vYor, ambas junta^, j á disponer que loa el^tqFO^^e Ip* 
dÍMitados.á G^r^f^ so risuniese/^ otri^ yejí^ >:^Mgio^:ViH 
cmm para* aun' iHDPy^ ilunja,^ Go^vei^dos tas;,)^ 
oouwnf uo Yocal por cada partido « nombran í Husm 



.1. ' í . .,.■■■' ',U- ... I" 



987 

Cv el át'Lorci» ouiiukapeMuí cMtaha 95'tiM. Eita fbé 
prineri f huís lisonjera, priiebe que reoibió de sai edn- 
MÉeátnoi t que sin aiiia« eomo generalmente sq decía, 
bilMiUenB nombrado dipnladb á Cortea, si hubiese te-* 
BÍáD edad eompeiente , asi como tenia una capoidad re- 
sstincidst j la coufianta desns paisanos. Exento Ifusao de 
lada ambición « y modeslo por carácter, se negaba á admi- 
tir nn cargo* qne consideraba como superior á sos fuerias 
jt..como un honor inmerecido. Pero consideraciones de 
talo genero debieron ceder ante la ocasión de sacrificarse 

Csu patria* ó de aalvarla del peligro que la amenaiaba. 
miaoUa gravedad de bs circunstancias , y hi situación 
ringnlar y critica en que á la aazon se encontraba el rei- 
■Oi debieron exaltar la imaginación de un jóvin, que auw- 
fw modesto * no era insensible á la gloria. En esta Jun- 
to .tnvo su primera escuela en la práctica do los negocios 
fÜilicos T y en ella manifestó muy desde luego las oalida- 
issde mando, oue naturalmente le distinguian. Acccsi* 
Uét sendilo y llano con toda clase de personas» asiduo 
ytonstante en el trabajo « concillando la firmeza con k 
pradencia, apreciando con exactitud de juicio las circuna- 
üncias y los nombres que en ellas influían, franco y con*- 
fOiador con sus compañeros, y conduciéndose siempre por 

Cincipios y sentimientos da amor al pais y de respeto á 
justicias ganó mucho en reputación y en crédito , des- 
SHjpeftando un cargo , qne las circunstancias hacia n en 
«tremo difloil y comprometido , y en el (|ue para hacer 
áfam bien y para prestar algunos serviaos , había qub 
tniper inonmerdiles dificultades. Veasnos loque 61 nm^ 
W escrihia en su diario acerca de su conducta en la ion* 
úw «Bn ellft, dice, por lo qne á mi tocaba , me había prd « 
impuesto fawoeroiempre lo mejor* obran «en jfusticia, preferir 
lil'bien general at narticular. Pero sería delirio y orgullp 
«qae mo preoílise de haberlo ejecutado asi siempre >, por 
Mismo no recuerdo algo de que me remuerda la coo^ 
iMsÍNieíaífi* tBn corta esteosion de terreqo babian dotiiO" 
iMf pitaiyf M4e('U)do arrégladasi eaaidilsfiknbn^f^^ 
tmintenidaa itopu, }o» Ataquei de ejérdios uum^TO^M ^ 



S88 

^agnierrídosi mandados por los mejores capitanei que en 
» Europa se conocian. Era menester para ello que el pab 
«diese gente* armas, bagajes, yi Veres, todo sin ocmtar 
x>mas.que con sus escasos recursos : era menester qóe oía 
»7 otíra Vez se comenzase de nuevo, y que ai desaliento de 
»nna y otra derrota se acudiese^con proyidendas no me» 
»nos enérgicas que prontas; y que sofocando á veces las 
9 anejas, se encendiesen los pechos, el ardor bélico, coa»* 
Dflo por repetidos descalabros estaba á punto de estinguir* 

»se. No bastaban para tanto fuerzas liumanas Hizese 

B cuanto pudo sugerir el patriotismo y aun la necesidad.i 
.-—La Junta de Murd» acordó renovarse en su tercera 
parte : sorteada esta, fué Musso uno de los que debieran 
salir ; pero no habiendo perdido la confianza de loa elec- 
tores ; yoIyíó á ser elegido. Su repugnancia en admitir 
por segunda vez este encargo fué tanto mayor cuanto que 
ya conocia las dificultades, hasta cierto punto insnpa^ 
rabies , con que era preciso luchar , y que lleyaban con- ' ; 
sigo la falta de concierto y armonía entre los diversos po* - 
deres que las circunstancias y un gobierno nuevo haoiaB 
creado , y que aumentaban todavía la situación mateaal 
del reino. Pero también esta vez lo imperioso.de las cir- 
cunstancias , y la idea misma del peligro que amagaba, la 
hicieron bajar la cabeza, y ceder á la obligación que la 
imponian su patriotismo y su honor. Ocupado en las co- 
misiones mas difíciles y arriesgadas, ilustrando laa mátir . 
rías mas delicadas , y estendiendo los escritos de oiajer 
importancia, tuvo que trasladarse la Junta á Jumilla« par 
haberse declarado «n Murcia la fiebre amarilla. Introii 
cido el contagio en Jumilla , y en la casa misma del pr»- 
sidente de la Junta , tuvo este que trasladarse á una 



de campo , y para -sustituirle fué nombrado Muaso. Ka 
momentos de tanto peligro y de tanta constemacioD. la 
provincia entera , como por un sentimiento nativo da 
propia conservación, puso al frente de ella, y eacargásn 
salvación á un joven , qne á pesar de sus pocos afioa* €PK 
dkjeto.dé un aprecio general, y que hahia dado mneatias 
4e poseer la firmeza, la actividad y el acierto que. rjsqasr 



p -1. 



289 

rian anal circanatancias tan criticas como estraordina- 
lilÉ. Hasta cáreeia la janta de lugar en qne fijar su reai- 
dbncia : trató de dirigirse á Yillena , pero los vecinos de 
éste paeblo se negaron á recibirla. Faltaban ylyores, y no 
Kabia de dónde sacarlos. A cuanto reclamaba la situación 
dé los pileblós , j los males que por tod«is partes , y de 
todo género los afligían, á todo acudió la actividad y pre-^ 
Tision del ióyen presidente : los males, que eran inevita- 
bles , se disnúnnian al menos con las acertadas disposi- 
dories de Musso , que en aquella ocasión proporcionó á 
los infelices pueblos do aquella provincia , afligidos á un 
mismo tiempo por el doble azote de la guerra y de la pes- 
te , todos los auxilios , todos los recursos , todos los be- 
neficios' que las circunstancias permitían. 

El vecino reino de Valencia era teatro de la guerra: 
j^ida la batalla deí Sagunto, se encerró filake en la ca- 
ntal , á que puso sitio Sucbct , destacando columnas en 
oferentes direcciones que hostilizasen el pais. Freiré, que 
, Baadaba una división del tercer ejército , caminaba á 
ttffchas forzadas hacia Valencia, acosado por las fuerzas 
fM mandaba Marmont. Después de facilitar la Junta , en 
mipais agotado, viveres, bagajes y dinero para socorrer 
i nuestras tropas, sale Musso con su familia, desdo Ye- 
da, donde se bailaba la Junta, á la sierra de Carche. A 
pocos minutos de su salida , entran los franceses en Ye- 
da , y destacan una partida en persecución de las famí- 
Has emigradas , y en particular de Musso , do quicu sin 
duda tenian noticia, ya como presidente de la Junta, ó ya 
como persona de influio y ascendiente en aquelU provin- 
cia, y capaz de contribuir poderosamente á la resistencia 
fw se lesoponia. Quizá debió su salvación, asi como enan- 
te personas le acompañaban, á un aldeano que por guia 
Uefába la partida destacada en persecución de los eiuigra- 
Am, y que la condujo á otro pueblo, dando l.ugar á estos 
para' que se pusiesen en segundad. La Junta, que cuntí- 
naba preaiaiendo Musso , vagaba errante por los para- 
jes aaas apartados y fragosos : «mas no por eso, dice este 
lea sos naemorias »' imaginó entregarse á los ejército» dfi 

-"■•-■ . 19 .• . . . 



• í 1 ■ I 



290 

» Napoleón, áttn en el áltiinb estremo : antes Ineny fakán- 
»dole ya tierra á donde refugiarse, consaltó al supremo 
)iGrobierno, manifestando su resolución de no desamparar 
•jamás la causa de la patria; y la Regencia, alabando sa 
^patriotismo, le dijo : que ngui9$e en tal eetremo la emr» 
ule del ejireito eepañol mae cercano.» 

Después que los enemigos eyacuaron a Murcia » y de 
haber sufrido Musso una grare enfermedad, solicitó fm, 
se le exonerase del cargo que desempeñaba , porque^ si. 
salud necesitaba de la tranquilidad doméstica. Pero ni la 
Junta, ni las Cortes, á quienes dirigió sus instancias, per- 
mitieron que abandonase los negocios de su prorineia na 
eminente patriota, que á su amor al pais, y a su celo por 
las cosas pdblicas, reunia Lis raras dotes de consejo, y da 
actiyidad y acierto en la ejecución de lo acordaoOb Sob 
pudo conseguir aue se le diese una licencia temporal psfa 
pasar á su casa a restablecer su salud. 

Gomo el estudio era su único recreo, recurrió á él su 
el ocio aue le proporcionaba su casa. Una razón ejerdtfr* 
da en el cálculo y en el análisis, una disposición espeeiM 
para los estudios profundos y para la meditación, y unos 
sentimientos morales, naturalmente yivos , y desarrolla-^ 
dos por la educación y por buenos ejemplos , debiav 
conducirle al estudio de la moral cristiana y de la relh» 
gion. En su juventud, cuando apenas había cumplido SS 
afios, edad que muchos jóvenes ocupan en la disipación y 
en los vicios , estudiaba profundamente las Escritans 
Santas, penetrando su sentido segunlos mejores intérprof 
tes y santos Padres. Este estudio en que se ejercitó toda 
su vida, ilustró su entendimiento, engrandeció su almai 
purificó sus afectos, y le hizo adquirir aquel tacto interisT 
con que distinguió siempre la verdad de los errores f h 
belleza de la deformidad y del desorden. Este estudio for- 
maba sus delicias , salisíacia toda la cstension de sus Ch 
cultades, y perfeccionaba sus mas ocultos senümienloi 
Sin mas auxilios que su estudio privado , y una leeMí 
rasta j constante t llegó á familiariaarse en laspeineipa» 
J0$ cuectioi^eñ tnolóf^icas ^ «i^ Vo% sicQUtecimientoa mas no* 



taUn dalü hjatoni^Qcleaiás^ica. Por aquel tiempo^ y como 
frpto. de sm médiUciones, escribió, aii tratadílo que iiití- 
tpló: RBflexione$ sobre la naturaleza y úliímo fin del honi^ 
Irt. Estas graves ocupaciones eran alternadas con el os- 
todio de nuestra lengua, que hacia sobre los hablistas riár 
seos. No se ocultaba á su pcuctraciou el intimo enlacé 

Se tiene el arte de pensar con el de hablar. Según decia, 
sirvió maravillosamente el teatro de la elocuencia os- 
ela de Capmany. No se contentaba con una continua 
ira de Mariana, de los dos Luises* de Corvantes, de 
Ssivedra, Mendoza, Goloma y otros, sino auc los analji- 
ld»ay caracterizaba, copiando, y procuranuo retener en 
k memoria las frases mas oportunas, los periodps ma5 es- 
cogidos, los trozos mas selectos de dichos nulores. Ilabién- 
me hecho propios, y digámoslo así, asimilado sus pala- 
ígUt sus ffiros, sus maneras de decir, y el ónleu y coor- 
inacion de sus pensamientos, se entretenía en imitarlos, 
flDsiguiendo que llegasen á serle familiares la flexibili- 
M de uno, el nervio ó robustez de otro, la propiedad ide 
k frase de este , y el estilo conciso 6 ingenioso de este. 
Asesta manera, y quizá sin advertirlo, se llegó á formar 
impropio, que participaba hasta cierto punto, y según 
Imaturaleza del asunto lo Taquería , de las calidades y 
Hnctérea de todos. Sin embargo, c^n un sello propio se 
tiitinguirán siempre todos los escritos de Musso; consiste 
MpieleD la naturalidad, en laiacilidad, en la os|M)ntanei- 
' M; iodo lo demás son atributos con que el escritor en- 
líqnece , según su imaginaciop , la obra que ha concebido 
yiOSliresado con sus caracteres nativos. También al nijs- 
ü» tiempo se formaba y se desarrollaba su gusto, que 
nhivaba con el estudio de nuci^tros bueuus poetas. 
■ . Eatas gratas ocupaciones fueron algún tanto interruiu- 
Masi bibiendo vuelto á deseihpcñar las larcas de la 
iinla. Habiendo mediado serias y acsngradables cpiücstar 
tipiles entre esta corporación y el general .Klio , que a lá 
MifOB mandaba el ejercito, tuvo Musso ocasión de acref» 
4hai; b ealegreza de su carácter, 8()stenicn(lo |a autoridad 
i»<litluiit?t.QQmrAlas lioleijfK^ias. do.aqqp) ^ej^^ríU, %- 



S92 

cargado con otro vocal de jocnpar los bienes, efeetos y pa- 
peles del tribunal de la inquisición » que acababa de es- 
tinguirse por resolución de las Cortes, lo hizo de modo 
que concilló la justa ejecución de su encargo con las aten- 
ciones debidas á los desposeidos : de este modo, j con d 
acierto y tino con que desempefió esta delicada comisión, 
aseguró el aprecio de los hombres de todas opiniooei. 
Tratándose apoco de elegir diputados á Córtese indiyiduoi 
de la diputación provincial, instáronlo con el mayor ea- 
pefio sus amigos para que admitiese el cargo de represeiH 
tar á su provincia en las Cortes del reino: lo rehusé, dice 
él, porque creía que necesitaba de estudio preparatorio 
para desempeñarla bien. A pesar de su resistencia obtafO 
un considerable número de votos. 

Separado de todo car^o público ni permaneció ocioio, 
ni pudo ser indiferente al bien de su país. El desempefió 
de diferentes encargos que le confiaron las autorioadef 

{)rincipales y municipales, y el cultivo continuo de hf 
etras, formaban toda su ocupación, y absorbían todii 
sus facultades. Siempre sediento de saber, emprendió 
entonces el estudio del griego, en que llegó á merecer ol . h 
concepto de un hábil helenista. No contento con conocí- P 
mientos vulgares y superficiales en legislación , política, 
administración y gobierno , extendió y perfeccionó mi 
ideas en estos diferentes ramos, procurando que en d 
camino de sus progresos le precediese la antorcha de b 
historia. Por eso los conocimientos que adquirió en eitai 
ciencias eran sólidos y practicables, y no consistían ei 
vanas é irrealizables teorías , que han podido deslnndinr 
á algunos filósofos , y á no poca parte del vulgo. La Us* ** 
toria era la fuente de donde sacó sus conocimientoi el ] 
las ciencias morales y políticas. No negaremos sin em- j 
bargo (fue el estudio del hombre en sus relaciones fisicil 1 
y. morales le sirvió de un auxiliar poderoso. 
' En la terrible reacción política qac sucedió á la vuelta 
del rey de su cautiverio en Francia, cuando ios odios, el 
espíritu do venganza y todas las pasiones se desencadeu^ 
ron, MussOf respetado por su mérito y por su 'rirtad hasta 



393 

de los mismos perseguidores, nada tuvo que (emor, y 
00Bserv6 todo A ascendiente que le daban su natriolísmo 
y sus servicios. Los i)erstíguidos poUlicos hallaron on t\ 
in escudo do defensa. Su carácter no lo pcriuilia periua- 
Bscer indiferente cuando sus paisanos , las personas mas 
mpetables de Lorca, y sus mas íntimos amigos sufrian 
■olestias y vejaciones. No se contentó con recurrir á las 
Ntoridades de aauella provincia , sino que clam6 al go- 
liemo para que la justicia fuese respetada y la inocencia 
lidíese respirar tranquila y segura. 

Alejado de los negocios públicos en aquella ópoca ca- 
hulosa, y retirado á su casa, continuó sus estudios, 
i|licándosc muv especialmente á la historia universal, 
fit ya antes le Labia suministrado tanta lur. para las cíon- 
Oii morales v poUticas. Esto mismo le hizo comprender 
ft importancia, y lo empeñó á proseguir con afán el es- 
tadio de la historia. En este procedía no ya como una 
liraona curiosa que trata de conocer una serie de hechos 
(Btro si desligados, y que solo interesan por la singula- 
ridad do ellos Y por la época remola o.n que ocurrieron, 
iao como un filósofo profundo jiue observa atentamente 
d enlace intimo do todos ellos , y que en la marcha pro- 

Cesiva de los acoutecimíeutos v¿ trazada la historia de 
humanidad j do la civili/acion, en cuyas páginas ad- 
OUiere útiles ¿ ¡luportantos lecciones. Desgracias dom^s- 
hcat vinieron á mtorrumpirle en estas pacilicns ociipa- 
doaei. Su cscolenle padre acababa de fallecer. Escribió 
Ua relación de esta desgracia , que hemos oido celebrar 
•QÍiá como el mejor escrito que salió de sú pluma. Con- 
daye con las siguientes palauras , sacadas de su diario, 
duriesi 4 de lulio de 1815, á las once y cuarto de la 
IMfiana espiró el autor de mi vida, D. Jos6. María Musso y 
Alborque^que, á los 54 años cumplidos de su edad: buen 
ttposo, buen padre, buen ciudadano, buen caballero; es- 
timado de todos, idolatrado de los suyos; de alma piadosa, 
da corazón benéfico, temeroso do su Dios, observador de 
la lev divina, celoso do la religión católica, que con sin- 
. Mrioad profesaba. 



994 

Guando el tiempo mitiró su dolor, sus estudios , e 
gobierno de su casa y la educación de sus hijos, formaroi 
toda su ocupación. Ésta última fué obra su ja esclnsÍTa- 
mente, pues por sí mismo les enseñó los rudimentos <k 
nuestra religión, las primeras letras y aquellas nocionei 
acomodadas á su edad, que los preparaba^ para otro gé- 
nero de estudios. Según esprcsion feliz de un escnlor 
dikÍDguido, siendo maestro de .sus hijos, daba la TÍda w- 
telectual á los que habia engendrado para la material.^ 
recreaba algunos ratos haciendo Versos, que cny.íid>a i b 
JIfinefW, periódico que á la sázon.públicBbá stt amigo Oli* 
TC. 'j^us composiciones poéticas! .unas originales., f etrtf 
traducidas de Tos antiguosVtaO cát(;dan dé gusto ni dé hi 
dotes dci lenguaje ; peróies^fáltába aquel cstrcf poétlljOt 
aquella secreta inspiración,' aquel fiicgo divino qué reti^ 
te todos los objetos con los colores mügicQsde lapqkáit. 
'El juicio dé SÍusso no se engañaba ni aun p^ra juzgarffli 
producciones ]>ropiás. De sus ensayos sacó'dproyechó ik 
conocer. que carecía de genio poético'.' Asf iD'dieé éltMi 
su noble ;sinceri(lad: ((ticii)pó.péfdidorppi^ueIafnatiiFl- 
Icza le ¿ábia. licgádo e\ numéiÍ\póklco.)).N(>'e6 'bMH 

3' üer hombres dotados de rmáginacibn , de ¿iebi^ibilidad] 
e invención carezcan del don especial dela.poeshí.'Gar 
yantcfs era escelente pdeta cuando escribía eii'ipf osa» mien- 
tras que sus versos carecían generalmente de p^féltif ] 
^ eran puramente^ una nrqsá rím^ida. Lá dificultad qué^ 
. "algunos tiene la y ersificacLon, teniétídola y tñuy g¥iiDÍli 

f^ara aconíodar Sius pensamientos, propios ^ vehéüiéDiter j 
Q^^es muchas yeces á una medida determinada ,' jf'jÍ!' 
gámoslo asi, á un padrón especial, no les permite eM- 
servar en ^is espresiones aquel calor de. sentimiento 
' aqnef brillo de imaginación, que se disipan en ihédio^< 
un trabajo minucioso y prolijo.' HtissO póaeis^' las ciftfr 
dades de poeta, pero le Tallaba él^on de la fcrsificaddA 
íal ycz co^ máv^^r ejercicio y cóñ un trabajó inal ta* 



995 

oomonicado á sus versos los afectos de que rebosAa su 
iha. Ht^ ese caso no podiaa menos de ser lánguidos y 
ÍHos, como una obra de estudio y de paciencia. Asi lo son 
en efecto; pero no debió desanimarse tan pronto , y un 
kombre tan entendido en las teorías artísticas i pudo ad- 
vertir que en la pintura so requiero maneiar diestra y ia- 
dhdente el dibujo y los colores antes ae comunicar á 
ÉB cuadros la espresion, la animación, la vida y. la póc- 
ela que bace la admiración de las obras maestras del arte, 
iim todo, no fueron infructuosos para Musso sus ensayos 
ilbéticos, porque lo adiestraron en el manejo del idioma, 
ftiidole á conocer todos sus recursos. Y si no bizo ea la 
ioesla grandes progresos, los bizo y muy señalados en la 
trilica literaria. Gomo prueba de sus adelantos en esta 
|Me, podemos citar el análisis de la Merope del marqués 
Ibffei, un articulo acerca de Anacreontc, en el que exa- 
''Éhó prolijamente sus composiciones , y otro sobre ■ los 
^ftigmentos que se conseryan de la poetisa Safo. 

Después de los sucesos ocurridos á princi|)ios de 1820, 
y jurada por el rey Fernando la Constitución de 1812» la 
rad Acaaemía española que anualmente publica un pro- 
|rama dé premios de elocuencia y pocsia , que tanto se afa- 
Wi én los progresos de nuestra lengua y literatura , y que 
tñta parte ba tomado siempre en los acontecimientos fáus- 
,lQBpara nuestra monarquía, publicó aquel año asuntos 
Ifwoffos á las circunstancias. Él de prosa era un discurso 
ntnlatorio á Fernando VU por baber jurado la Goostitu- 
CIMI, en el cual se comparasen los nrincipios del gobierno 
ilterior por los del nuevamente aaoptaoo. Al leer este 
Wmcio se sintió Musso animado ; estendió su escrito ; lo 
Kwintó sin ser conocido do ningún individuo de la Aca- 
demia, y tuvo la satisfacción de obtener el premio, v con 
il las palmas del triunfo académico. Este discurso fué el 
|iimer escrito que se publicó bajo su nombre; y por 
«fcrto era digno de él , por la pureza y coreccion de su 
fttte, por la dignidad oratoria de su estilo, y por la rique- 
M ytiGTedad de sus pensamientos. 
' jtoconociendo en su ilustración las yentajas y la escc- 



296 

lencia.del régimen representativo) y profesando idei 
rerdaderamente liberales, fué uno délos primeros que c 
aquella época corrieron á albtarse en las filas de la Mili 
cia Nacional. Nombrado á poco primer alcalde constilv 
cional le proporcionó este cargo amarguras y persecncifl 
nes: tuyo que abandonar su paisy refugiarse á la jplu 
de Gibraltar. Su causa fuédefendida en las Cortes del reí 
no por boca de don Agustín Arguelles. 

A pesar de los disgustos y del desasosiego que ntti- 
ralmente debieron acompañarle en su emigración, sedv- 
traia en sus ocios estudiando la lengua y literatura lügb* 
sa, y fueron tales sus progresos que llegó á hablar confr 
cíliaad aquel idioma y á escribirle con propiedad y am 
elqgatlcia: en inglés esten.dió unas observaciones sobre e 
teatro de aquella nación comparado con el nuestrq. Itaan* 
sencia de su patria , de su esposa é hijos, y las atenduQW 
que recibía en aquella plaza de toda clase de per^fvpi 
exaltaron su fantasía y la inspiraron sentidos versos ei 

3ue lamentaba los males de su patria y consolaba desde'Si 
estierro á su amante esposa. - ^ 

Los acontecimientos de 1823 le permitieron restituir 
se al seno de su familia. Su conducta en aquella 0Ga9Mi| 
fué la que correspondía á su probidad y ásu honor. Ya 
mos lo que acerca de ella dice él mismo: «En tal sibil 
cion ¿qué deberla yo hacer? La persecución que acabib 
de sufrir, me daba gran realce á los ojos de los quelfe 
vaban la voz , y sin dificultad podía aprovechar la ocáfb 
de ocupar en mi pais un lugar distinguido. Mas para di 
era necesario que participase de la efervescencia genen 
que hiciese del absolutista, y aun del mojigato: que di* 
mase noche y dia contra los novadores, y que lejp*.^ 
perdonar á mis enemigos, ,me encarnizase hasta coutl^'k 
sospechosos. Tal modo de proceder repugnaba ciertaiM 
te no menos á mis principios , que á mi carácter ; p4f 
que ¿cómo obrar contra lo mismo que yo babia hecDp 
alabado , y contra lo que en mi juicio , reducido í sos ju 
tos limites no solo no tenia nada de reprensiblcif sU 
que también era lo mas conveniente á la nación? T0| 



997 

ft mia no qneria aparecer campeón de un orden de co- 
ns qae siempre me había repugnado y rcpi\gnaba toda- 
TÍa mas á mi conciencia ensañarme con persona alguna)) 
^La situación de los ánimos en la ciudad do Lorca y en 
toda aquella prorincia, la ediícacion do sus hijos y su in- 
cÜDacion á las letras, lo decidieron á trasladarse con su 
&miiia á la corte. 

En esta se ocupaba casi esclusivamente en tareas lite- 
rarias ; tradujo en verso una comedia de Torencio ; escri- 
bió interesantes observaciones sobre algunas piezas de los 
teatros de Calderón , Lope de Vega y Cervantes , y sobre 
la famosa Celestina, estractó el itinerario de Laborde, y 
niTiaje pintoresco; hizo también estractos y apuntes de 
la Historia do Espafia, por Mariana, de la de los árabes, 

Sr Conde, y de casi todos los cronistas 6 historiador ^^s. 
propuso escribir la historia de la guerra de la Inde- 
pendencia ; pero habiendo solicitado del gobierno que se 
16 facilitasen los documentos que existen en los archivos 
J secretarías , su solicitud fué denegada desdeñosamente 

Sr Calomarde. Sus estudiosprofanos no le hacían aban- 
nar el profundo y sublime de la religión. Consta por 
Ms apuntes que soíamento de seffuido levó once veces el 
Tiejo Testamento, y el Nuevo diez y ocho. Esta lectura 
fue hacia con detenimiento y meditación , lo conducía á 
confrontar testos y versiones, á formar tablas cronoló- 
pcas, y a añadir cuantas ilustraciones pudiesen darle 
vna acertada y piadosa inteligencia de los sagrados libros. 
hn muestra del espíritu que lo animaba en estas lectu- 
na, y de su sólida piedad , veamos lo que dice á este 

C paito: «¡Y cuan poco, oh Dios mío, cuan poco me 
aprovechado de tu divina palabra! Dame, Señor, que 
(&nuende lo pasado» dame que me recree y fortalezca 
€on tus santas Escrituras, sean mi pasto común ; y dán- 
dome tú, oh Dios mío ,. tu divina luz para entenderlas 
^ la manera que las entiende tu iglesia , haz que la me- 
diUcion de las eternas verdades produzca eu mi corazón 
^pioBOs frutos de justicia que aparezcan ep todas mis 
obru, en toda mi coAductia.)» 



398 

Aprovechando en aqoella época la feliz proporcio 
que ofrece la capital, emprendió con ardor, y.nrorigai 
constantemente el estudio de las ciencias naturales , asifl 
tiendo diariamente y por varios años consécutiyos i le 
clases de mineralogía , anatomía comparada , zoologi; 
botánica , agricultura y química. En la primera de aqa< 
lias ciencias oyó por tres años las esplicaciones delilnsti 

Srofesor don Donato Garcia , cuyas esplicaciones escribí 
íariamcnte. En la clase de química, que entonces des- 
empeñaba el dignísimo pron^sor don Antonio Moreno, 
resolvió los problemas que este le señaló, y escribió imi 
disertación sobre las presiones y temperaturas de los ^ 
ses. Goiicnrria á todas estas clases, no como oyente, smo 
como alumno matriculado, y con un deseo de adelantar, 
y un afán, cual si de cada uno de estos ramos hiciese A 
única y esclusiva carrera , y cual en cada uñó de elkM 
pretendiese conquistar un título de gloria. Asi es, que al 

"concluir cualquiera de estos cursos pudiera considerár- 
sele como un profesor aventajado. A pesar de su edad, de 
iú categoría literaria , y de sus honores académicos, no 
tuvo iüconveniente, como alumno de la escuela de hoíir 
nica , en presentarse á optar al premio ofrecido por opo- 
sición > al finalizar el clirso, á quien mejor desempefiue 

' el programa ipropuesto, y que consistía en la cuestionsi* 
guíente: «¿El conocimiento de la fecundidad de las plv 
tas es necesario en botánica , y hasta qué punto interetf 
al que estudia la ciencia?» Ganó el premio ofrecido, qn^ 
era un ejemplar maffnificameíite encuadernado de los 
Icones plantarum de Gabanilles. 

Muchas academias y sociedades literarias del reiib lo 
abrieron sus puertas. Entró primero en la de la Historiii 
á instancias ael sabio obispo don José Sabáu , y á ell* 
concurrió constantemente , tomando parte en sus tareaSf 
evacuando las comisiones, informes, y demás trabajos ^0 
sé le encomendaron, y cooperando con suslüóes, constf 
especial solicitud , y con su vasta erudición á losobjJBtotf 
dé ésta sabia corporación. Entró , con arregló á los éltft' 

' tutos f en Ui clase' de honorario ; pero desnuc», en yirtni 



i . - . 






399 

jb UUL erudita dMertacion que presentó sobre ciertas 
msmpciones romanas de Lorca y Murcia , pasó i la clase 
de sapemumerario. En su toma de posesión leyó un es- 
celente discurso, en que con la profundidad de conoci- 
mientos.y elegancia de estilo que acostumbraba « demos- 
tró que tífiuestra nación solo Aafcía sido (eli% cwindo $1 
pkiemo kabia reunido el viqory la prudencia , necesarios 
nd que manda.r^ Trabajó aespues en el arreglo del mo- 
letario , y presentó diversas inscripciones y antigüeda- 
des. Pero el trabajo mas importante y que inmortalizará 
IB nombre en los anales de la Academia , es «la ilustra- 
don de la crónica del reinado de D. Fernando IV , que 
M le encomendó ; y sobre el cual, y especialmenlo sobre 
>li Regencia de su ilustre madre doña Maria la Grande, 
princesa acaso la mas eselarecida que ha ocupado el.^ólio 
iiütellano, ..escribió difefrentcs disertaciones, que .squ 
*aa tesoro inapreciable. Trabajo acaso el mas importante 

£e salió de su pluma , porque mas que ningún otro 
muestra al razonador profundo, al parrador fácil y ele- 
'gañte, y da á coaócer cuánto ba; perdido la literatura 
Bicional conunhombre que tanto bubiera podido real- 
mlá. Materiales lerau estos preparatorios para la bisto- 
>'JÍa:.de layidadeiabuella insigne beroiua, á quien parecía 
ilanuido á vengar uel agravio de los siglos, y de la ingra- 
'titttd de sü nation.» (1) — Algunas de estas disertaciones 
'i^leyó á la Academia, le valieron que ésta le nombrase 
i&fividao de número. — Lugar es este de citar un pasaje 
M discurso leido en 28 de noviembre de 1834 á \^ real 
icademia de la. Historia por su director el escelentisimo 
leftoir don Martin Fernandez de Mavarrete. Véase la idea 
"tpieidaba una persona tan competente en la materia, délos 
üabajos que desempeñaba Musso ,y que antesbemos men- 
^^tioBado. «La Crónica^ dice, del rey Ü. Fernando IVno iia 
"ilAdido tener eneste periodo tan conocidos adclantamieñ- 
^■toi, porque la situación en que «e.ba encontrado el Sr •: don 



■1 ■ 



. (il b.'^^niítfn de la'Puéntc -y Apésechea : mem^» biogi^fiba-del 
'8t:Q.dlfilFaih¡fio-»VaUeiibB;í i'. ■ • f 



500 

JoséMossOy á quien la Academia encargó la coordioacioE 
de los muchos materiales, docameDÍos y noiasquese habían 
reunido para ilustrarla , y sus asiduas ocupaciones come 
gobcrnaoor civil de la provincia de Murcia , no le hai 

Eermitido avanzar en este trabajo como deseaba. Sin em" 
argo, después de coordinar y repasar de nuevo la colec- 
ción diplomática y las demás noticias y apuntamien- 
tos que. se le enviaron , ha anotando la. Crániea 
aclarando algunos pasajes de ella, ó deshaciendo se 
equivocaciones por los mismos documentos que la h% 
de acompañar : ha ordenado estos cronológicameai 
con los epígrafes que se echaban de menos : ha fov 
mado el Índice de todos con la especificación debida , 
una tabla cronológica de los acontecimientos de aquell 
época. Preparado asi se promete el sefior Mosso concloír 

{pronto su trabajo, como lo debemos esperar de su vasli 
nstrüccion, de su activo celo por corresponder á la con- 
fianza de la Academia. Esta entretanto ha procurado re- 
coger los sellos que se usaron en aquel reinado para qos 
se ffraben asi como los fac-similes de las firmas del rej 
y de otros personajes , y de algún documento notablsi 
para qnc , como se ha hecho en la erónica de don Enñr 
que IV ^ sirvan estos adornos para satisfacer la curiosidil 
y para manifestar el estado de la paleografía cspafiola sa 
estos' diferentes periodos de nuestra historia.» En la 
junta de 27 de noviembre de 1840 dijo el mismo seto' 
don Martin Fernandez Navarrete: « Los trabajos , el sf' 
reglo y las confrontaciones de las crónicas de los reytf 
don Fernando lY y don Euríaue IV , cuya continaacidB, 
según mi propuesta , ocupó ios primeros meses de esto 
trienio, tuvieron que suspenderse por la falta de 4m 
eompafferos nuestros ; pues el fallecimiento del seflor din 
José Musso á mediados del año de 1838 , y la auseMÍA 
del seflor Lista , que foé elegido para la plaza dé direelpr 
del colegio de Ilumanidades do Cádiz, privaron i Ih 
respectivas comisiones de la Academia de tan laboriosos 
j útiles cooperadores , sin ser j^osible reemplazarlos poi 
Mbon. El sefior Musso babia leído en las álliiiuis jniiUi 



301 ' 

afneuiitiót Tarusobtervaciones critioM lobre lot acon- 
tecimientos qae refiere la crónica antiraa de Fernando IV 
en los. primeros aftos de su reinado , bajo U regencia de 
VOL esdarecida madre dofia Maria la Grande ; aquella he- 
roína de qnien decía el padre Flores que so neeitahan 
wmckoi planoi «o/o para apuntar loi proezoi de $$ta gran 
mujer, única en eui triunfoe ; por lo que no es estraAo que 
el sefior Musso , siendo su aamirador se propusiese oar 

noticia ibas {amplia do sus hechos. » De propósito 

bemos copiado los pasajes siguientes para que se vea la 
importaiíicia que dábala Academia déla Historia á los tra- 



mas aventajado desempeño de ellos ; y que por último, ya 
se hallaban terminados, cuando la Academia se ocupaba 
en su lectura y eximen. Esto basta para la satisfacción de 
noestros lectores , y de todos los amantes de nuestra his- 
toria. Ahora podemos aftadir , para que aquella sea mas 
enmplida, que siguen el testimonio de una persona fide- 
digna , la Academia se propone publicar aquellos y otros 
trabajos del señor Musso , en el primer tomo que vea la 
hii publica de sus importantes y eruditas memorias. 

A mediados de 1827 , y á propuesta do los scftores Fer- 
undez de Na V arrete v González Garbajal, tuvo entrada en 
U Academia espafiola en la clase do honorario. Cuando 
tomó posesión, le^ó un discurso $ohre la influencia del 
eeráeíer de la$ nacionee en la formación de la$ lenguas , y 
di «iiof 011 los que las hablan. A pocos meses ascendió á la 
dase de supernumerario , y á mediados del año de 30 

CIÓ á la de individuo de número. En esta Academia tra- 
jo con su acostumbrado celo , coadyuvando á la recti- 
ficación del diccionario, en que se ocupa incesantemente 
aquella sabia corporación , y en cuya obra tuyo á^su car- 
go la corrección de todos los artículos pertenecientes á 
denda» naturales: pertenecía ademas á varias comisiones, 
y en purticolar á la que trabajaba en la formación de una 
gramática de nvnstra lengua. 



30« 

Eft el afio de 39^ ó: 30 ja ealiudií las fmonéi'polftír 
cáfl , y habiendo Uendo á nbticla del rey y de aa ihiatra-' 
do, celoso y honradtsimo ministro de Hacienda el mérito 
eminente y la superior capacidad del sefior Mosao, qui* 
Aetütií utilizar' \éB talentos é instrucción de este en ya^- 
rios puestos superiores de la administración, y aun iMffa 
anal se le llegó a estender el nombramiento, todo siñ la 
mas pequeña gestión ni aun noticia del agraciado, qoe ni 
de aquel ni de ningún gobierno solicitó nunca para ú 
empleo alguno. Maa no falta quien en este último caso 
túnese medios y poder para que returiese un nombra- 
miento, que estalm ya autorizado con la firma del rey. 
Este, que cbnócta y apreciaba el mérito de Mnsso, lo re- 
cibía siempre con señaladas muestras de distinción y be- 
nevolencia , cuando se le presentaba con alguna comisión 
de las corporaciones literarias y cientificas á que perte-; 
necia. Repetidas veces lo invitó el inonarca á que pidie- 
se algún destino ó condecoración; mas solo admitió al^ 
gunas gracias en favor de sus hijos. |Al nacimiento de 
nuestra actual reina , le concedió su augusto padre la 
llave de gentil-hombre de su cámara con entrada. 

Habiendo comprado el rey Fernando los manuscritos 
originales de las obras del célebre poeta don Leaqdro 
Fernandez de Moratin , encargó á la Academia de la 
Historia que dirigiese la lujosa edición que de ella se 
hizo, á espensas de S. M. en la oficina de don Eusébio 
de Aguado. La Academia encomendó este trabajo á los 
señores Musso y Miñano, y al primero especialmente Ja 
formación de una noticia biográfica del autor, que se iasH 
primió al frente de sus obras. Guando tuvo concluida la 
noticia biográfica , la presentó al rey « á nombre de If 
Academia, para su aprobación. También solicitó y obtii«* 
vo audiencia de S. M. con motivo de haber concebido el 
proyecto de que se estableciese un Museo donde se reoo* 
giesen y custodiasen los monumentos de la antigüedad^ 

3ue ya entonces principiaban á desaparecer ' entro nos- 
tros. Este pensamiento fué bien acogidopor iBli)ey , y 
flffirec^ó nmníovmí^ favorable de ta AciKdeiiMa'dii3a..Biaf* 



: » «•_'• • / 



IBM no taro la suerte de llef^. á realiiár«e, 
eeloi.6 rirátidad de hombres aae se «proyechaban de* so 
Doder para frustrur los mas útiles pensamientos aue no 
nesea de sus amiaros y parciales: se elosió el celo del 
Mfior Musso, j se dejó para mas adelante la ejecución de 
m proyecto, 

Por aquel tiempo se orffanizó de nuevo la Academia 
lilina Matritense, y tomó el nombre de grccolatina, por^ 
ne i instancias de Musso, individuo de ella» se esten- 
«6 el objeto de aquel cuerpo al cultivo de la lengua grie- 
gi. Guando se instaló esta Academia , con arreglo á sus 
suevas bases, leyó Husso un discursito en gnego que 
ifiiella corporación mandó traducir en latin y castella- 
10. Amante de todo género de estudios , celoso coopera- 
farde todas las empresas literarias, y protector solicito 
de todos los proyectos útiles, y que se encaminaban 
il bien y prosperidad del pais, mucbas Academias y 
Mdedades económicas , cienlificas y literarias, lo nom* 
braron individuo de ellas; las económicas de Murcia, 
Taiencia y Jerez de la Frontera le enviaron sus diplo- 
BU de socio : la primera le nombró ademas por su di- 
vector. 

Su gusto nativo, la afición con que habia cultivado la 
loetia Y la música habiendo en esta última dado prue- 
Mi de haber adelantado no poco en la composición, el 
tnlo con amigos inteligentes y con artistas distinguidos, y 
por 61timo los grandes monumentos que presenta la capi- 
bldeEspafia en todo género de obras, acabaron do desar- 
nllar el gusto de Musso , estendiéndolo á la pintura, á la 
ttcaltura, á la arquitectura y á todas las artes en general. 
Bl gran monumento del Escorial, cuando lo examinó por 
primera vez, absorbió su imaginación por no pocos días, 
J le inspiró importantes y profundas observaciones, que 
flltendió por su mano y que se conservan entre sus ma- 
.niscritos. Dirigido en el estudio de las artes y en la his- 
toria de sus progresos por sus sabios amigos los señorea 
donjuán Agustin Gean jSermudez y d9n Jopédel^ia.^razp, 
pintor de pandara, no podi^ menqs de adelauUt coix«\^<^- 



304 

r;gJ^leinente, j á un mismo tiempo tanto en la adquisición 
4é noticias importantes y cariosas , cnanto' en óhsérrar 
ciones delicadas y filosóficas , y en la mejora y perfección 
del gusto. Algunos años antes de su fallecimiento estaba 
ya reputado como uno de los mas sabios é inteligentes en 
materias artísticas , no solo como conocedor del m&ríto 
de las obras , sino como persona instruida en las teorías 
'artísticas y en los acontecimientos mas interesantes de 
su historia. Jntroducida la litografia en Espafia por el cek 
del señor Madrazo, y después de felices ensayos, acpme* 
tió la grandiosa empresa de publicar litografiada la mag- 
nifica colección de cuadros del Museo, que debia apare- 
cer acompañada con testos relativos á los autores y al 
Í'uicio de las obras. Encomendado este trabajo al sefior 
]lean como á hombro doctísimo en la materia, no podo t 
continuarlo por haber enfermado al llegar al cuader** 
no 12; pero designó á su amigo Musso. como el masca- i 
paz de sustituirle en su encargo. Desde entonces qaed6 | 
a su cuidado esta obra respecto de la cual basta decir | 
que no se ha echado de menos respecto de ella al hoin- a 
bre sabio que fue su antecesor. Los artículos que escri- j 
bió para la colección indicada, y que aparecen con safir- ! 
ma, son un modelo en su género, no solo por las formas | 
propias del lenguaje , por la variedad, gracia y elegancia 
del estilo, cuanto por la delicadeza de gusto y. severidal 
de juicio con que se caracterizan las obras. Estos ártica- I 
los elevaron mas todavía la reputación de Musso, y k \ 
abrieron las puertas déla Academia de san Fernando» en "* 
la que fué admitido en 1830 en clase de honorario. En 
vista del concepto que generalmente merecía, se le enco- 
mendó también por el Excmo. señor duque de Hijar, di- 
rector del Museo del Prado , la formación délos catálogos 
de los cuadros que hay en aquel establecimiento pertene^ . 
cientes á las escuelas flamenca y holandesa, los de la sala 
reservada, y el de la escultura. Los formó en efecto, do 
acuerdo con su amigo Madrazo, y comprendía en brevéi 
palabras una noticia de los autores ^ y un jiücio acabado 
jjpreciso délas obras. 



Kot de48aO saVaxtadó á Loma con sn f«- 

EiB asf lo exigiaH tos intereses de esta y el go- 
BKt c&sa, de que siempre fué muy cuidadoso. 
roeva situación lo mismoque en todas, lo acoro- 
el oaUivo de lus tetras y sus empresas cicutili- 

cou mas 6do y traDquílídad prosiguió trába- 
los encargos y comisioDes que le liabian coafia- 
>rporacioacs literarias áque pcrteocüa. I'ara la 
a de sus hijos escribió varios tratados elemea- 
re diferentes ciencias, de que hay muy poco ori- 
nacstro país, y que tan útiles podríau sor á la 
on pública dando uniformidad a los estudios , y 

estos hasta los últimos adelantos de la ciencia. 
CD variedad de metros el Ayax do Sófocles, ilas- 
y comentándole con varios g^<neros de notas. Coa 
lemias y con sus muchos amigos mantuvo una 
ndencia literaria, auc prueba la variedad yesten- 
08 conocimientos. Infatigable en el tmbajo exa— 
f estudiaba detenidamente cuantas obras caian 
lanQS: pai'.^ hacer mas provechosa su continua 
Bstractaba y hacia apuntes de cuanto leia , faa- 
ihre todo un juicio propio. Lo mismo que Jove- 
vaba un diario prolijo en que se daba a si mismo 
c cuanto hacía, de cuanto veía, de cuanto oia y 
mismo csplica las utilidades que sacaba de este 
y añade por último: «Otra utilidad , y no pcque- 
icarrca osla costumbre, la de poner un mas 
ep lo que ve, oye olee, por el que tiene de 
3 , y acostumbrarse asi k lijar la atención y 
mirado en sus propias acciones, supuesto que 
. ha de poner por escrito. u Empezóeslo diario el 
7, y le prosiguió sin interrupción hasta su úl- 
itxaaAaá. 

ido en 1831 subió al poder D. Javier de Burgos, 
ego con una actividad estraordinaria y con una 
OD administrativa de que no so habia dado ejem- 
[gobierno de España , princípid á plantear y or- 
Bi^lléiíe JélFomento general del t^íuq w^ 



sé le babia confiado , y á qpie no Jft luMn ékéb kuÉla 
tonces el impulso qne reqneria el pensamieiitú dé m 
creación. Su primer paso, despaes de preparar gran ná- 
mero de leyes , encaminadas á impeoir abasos de todo 
género, y á promover la pública prosperidad, faé la ins- 
titución de subdelegaciones provinciales , que encomendó 
á personas escogidas por sn celo y capacidad , que ftt<H 
sen como los cooperadores y agentes de la mu reforma 
administrativa que meditaba. En un solo dia , y en un 
solo decreto aparecieron en la Gaceta los nombres de to- 
dos los subdelegados ; y la opinión pública acogió con 
entusiasmo estos nombramientos como dictados por iu 
espíritu de ilustrado patriotismo y de amor al pais. CniOr- 
to la fortuna, el arraigo, los conocimientos espedakiy 
locales , la reputación , el saber , la esperiencia , la po» ^ 
sicion social y los servicios podian contribuir al mas el- :m 
bal desempetio de las magistraturas aue acababan de ^ 
crearse, otro tanto comprendía la lista ae los subdeleM^ ^ 
dos de fomento que el Sr. Burgos presentó á la aprODfr- a 
cion de S. M • la Beina Gobernadora del reino. No K , ^ 
contentó el sabio y natriota ministro con reuniílos i tlH {^ 
dos cik su se<»rétana para que en su presencia pfesU- ^ 
sen el correspondiente juramento , y para darles Ijer- '^ 
balmente, en hombre de S. M., las instrucciones"^ y 
requería un encargo tan nuevo entonces y delicado í fi^ ^ 
no que estendió una instrucción que les sirviese It ^ 

Íuia , y cuya instrucción es un monumento de Mr \ 
uria y elocuencia que asegurará para siempre la ¡gliH |^ 
na de su autor. No necesitamos dar una idea de dlái i^ 
hiendo tan conocida del público en las numerosas edicio^ ^ 
ñés , y una de ellas estereotípica , que de dicba indroo^ 4 
cibn se han hecho. Con todo , nos conviene observar qii0 i 
siendo tantas y tan varias las atribuciones de los snbdeie' % 
^ádos como que se estendian á la protección de todos loi i 
intereses legítimos , á promover toda clase de beneficiost % 
y á destruir todo género de abusos , ni^ estaban ni podiaff | 
estar determinadas y precisas las que abrá^íaban .tedoi) | 
lo» objetos relativos al fomento y prosperidad del reinos g 



507 

VigW JbMU>«iwtP':fimto «medflMl k h iliistracion de los 
jul^alawdoi MDwrwder y fecundar Ub idea9 del minia- 
Ir» ^«elufauL espudido ea la instr acción citada : maa era 
mU an resáimn de laa doclrinaa «dminisiraUvas del aa- 
Uo minialro , que un regUmenio circunsUnciado y pro- 
Mje de laa aUibucionea oficialet de laa autoridades nuc-* 
laoieiite creadUf tanto con relación al gobierno supre- 
«0 cono con relación á las demaa autoridades con quie- 
nes kabiin de estaren un inmediato roce : no comprendía 
4klia instrucción » como hasta su mismo titulo indicaba» 
la nuavo plan de administración » aino que se proponía 
ítteaBiente diririr á estos primeros agentes del gonier^ 
le en la misión de fomento y de beneficencia que so con* 
liba i su celo y á su patriotiamo. Apenas podrá citarse 
la ramo ni un objeto importante y c»paz de influir en la 
Bioaperidad piU)Ucii i qüt no se tuviese presente al re- 
miar aipella inatcuccion ; los p6sitos , la ganadería , Ja 
fialriboeion de las aguas pitra el riego , el aprovecha- 
miento de terrenos incultos 6 baldíos , los acotaqiien- 
loa ó cerramientos» la conaernü^cion de lo]s arbola- 
dea I d disfrute do los pastos, el cultivo de la seda , U- 
aea y cáftsmos; la protección de la industria y de la mi- 
nería I la organizaaon de los ayuntaoucntos , la sanidad 
iWica, la policía urbana, la instrucción pública, las 
saciedades económicas , los hospicios , hoapitalcs y de-> 
^ a -establecimientos de beneficencia ; las cárceles , pre- 
'y demás establecimientos de corrección , los ca- 
y canales » las bibliotecas públicas , museos , tea- 
kM., «apectácttlos , caza y pesca de rios y ls\gos, divbdon 
tcmloríal y estadística ; en fin , cuanto puede sugerir un 
MiidiQ profundo de las necesidades públicas y de la si- 
Iwoion especial de nuestro pais , todo se tuvo presepte 
«taste escrito inmortal. Sin embargo , en todo ¿1 se de^ 
jin loa medios de ejecución i la capacidad y á los V^len^ 
lia.de los subdelegados, que dcbian obrar según las cir«> 
Cfnatanciaa, aegun cugiesen el estado. do Ips pueblos y 
inp oeoeaidi^Aa » y aj^gua .i^consejasen la priidoncia ]|:' J|^ 

«mf WMWM kgewrfji 4d.jm9. ; ^p .jp/í^fiAxtA^ j\ W^W 



30S 

bienio sino, lo qae ihanOabáh 6 ^luBiáli 'Uñí&j^iké 
reales ordénes y las' instr acciones '"especules^ 
diendo dictar réglaá para la' ejectícion de todas éMfts ata^ 
posiciones. Fnerá dé estas átríbacióhés-, -todas las'deilito 

3ae se reférian á proinóyer esté '6 él ótrpi'ariio de'i»^ 
ustria , á proporcionar recursos pata einprehderóbríi 
públicas, para establecer fabricas, para abrir MiefM 
caminos, para establecer escáelas, y para atainmr'plir 
tO|das partes el eispiríta vivificador dé la industria; Mi fé^ 
qüerian todo el saber, todo él celo, y todo el amor '4^ 
gloria que el Sr. Burgos buscó en los dignos subdélegKi* 
dos míe presentó a la a'probácion de S. DI. Musso ertfHM 
de ellos: él conocimiento que tenia de 'su protincia,^ 
crédito. y prestigio de que en ella gozaba; el astíéndimíMi 
qué en la misina leudaban su fortuna y refoCionefir'ii#ii 
cíales , y sil vasta instrucción' administrativa , asi'etW 
mo sus prendas personales, lo llamabati á déseiiq^i^ 
un puesto que nadie bábriá ocupado' mas digniameiitti 
que él. ■ .• .,ií.. 

iPará comprender el espiritu que lo animaba ál Untíár 
posesión del gobierno' de\ aquella provincia, y los prta^ 
ceñios que dirigieron su conducta como jefe de lá^áé^ 
íninistradon ; veamos de qué manera se esplica en lai<0lK^ 
cülar que espidió en 25' de eneró d^ 1834 á' todos lóBfillíf 
blqs dé aquella provincia : este docum'éiMO bonW'lNif 
tatito más su memoria ,' cdanto mas distantes nos 'haHl^ 
mos de' la época en qué se publicó: es al msmo'.t ictt fis 
un tesúúicn de sus opiniones y de sus sentiroietii0tt>M 
k énocá a que se refiere , y de que ciertamente no iWi 
mbttvo para variar. Dice asi : '". •■■ '^'n • t 

' '- «Habiendo tomado poscsioil del destino qué S- M. la 
H^ina Gobernadora se na dignado conferiroAéí de btíbA^ 
fóffajdo 'pi;iúciipal de Fomento de esta provincia , 1o"]^Hl^ 
ci|o ^.Y. S. ^árá áu ifñtéligerícia V electa ^e^nv^taMmi 
wi^e'es'á la^ Verdad el car^o fiado á mis flá'cas> fuehiH) 
Y tal, que desconfiando de mis tortas luces',' no íüólo eHittW 
ftuy lejos d¡e'k9ltcitark', sino qué vacilé éá>«^lÉÜIilPle W¿ 
itftfMiáb de que tío 'ludria' «éMiÁ|féiUri«(Aiili^^ 



HirO:OT4^Máto. que S. WLéMÍl^ kadécrétedo , pdñuadida 
06 qae a lo menos por mi lealtad á su esceisa 'Hija la 
B«na DMitiaiÉeñdra áoAa Isabel 11, á cayo.irooo mo 
laian la! comcienda, el honor y la gratUod « en lugar dé 
Qfooér. el menor estorbo i sus benéficas mitas .en. fiaTor 
m la nación* aplicaría todos mu esfuerzos para Uofarla 
aáelanlev proonriuré. siiplíenflo cqú mi celo la falta de ca- 
|acidad:,traba}ar. incesantemente para. que en esta parte 
■i queden fcoairadaB su espéranias. ... 
• iBSegacidad.de personas. y bienes: prosperidad del 
HieUo8spafiol::lié.iaaoi.lós unes aue se ha propiíeate» 
Oé M. en.la ^rea^km oe estaa «obdelegiu^iones. 
'. - j-A/qoellaes objeto, de la policía temible para los ma* 
loa, protectora da I los buenos. Mas como os impósible> 
peoleger aín qne sé «onsolide el poder de quiea protejet . 
áfanüré como jni,principál obligación nrocurar qoe.jamáai 
sa'fiülG por nadie ¿L^faLfidelidad que toaoa debemos á nne»%. 
lmSimiiana.:jpslO¡|r pjursuadidode á. 1^¡ hajbi tantea 
afeunaní iguale! séníwientes, y: espero ^lie. f adadia átte-^. 
éáará mas y mis ^ .Aue siil re^r?a Jil resUnclcioiii áknna- 
Sitan. siempre .rea«MÍttos i sostenerla , y á morir» 8Í.£iiirei 
Meiprio oara'ijne. nadie arrebate dcisus sienos la eore»^'. 
■i-qoe le oan laa leyes « la .costumbre, y Ja YOluñtad del 
asffor Bey padre D. FernaAdo YUi^.Si por casualidad bu^' 
lilre:touTÍa algún iluso que ponga én otra parte ana* 
4aoB^ aepa que; n/D se le pierdede. vista, *y. que. unido, esr^í 
taduLinente cdli cuantos .ejercen cargo 6 autor idad aupe-' 
ifaír en.estiiiterri torio, le daré á entender que en Eipafia taai 
ki]rotro.inon4i'ca4}ue Isabel li. Masía adhesión, ala mis»* 
asno se prueba amo obedeclQndo á su augusta .ma!dre. : 
har. tanto., nopwdo menos de decir qué jiamás tetidné el 
iünér.di¿inDlo COA quipn de alg^nfi. macera tjcale de en-** 
iMecer la «yecMPHin do. sus providencias, 6 dp olMuerse^ 
ifUas;, A de. eludirlas. Él gobierno de la Regenta .del j 
rttno es fu^ie y ¡xigorosp , y sa))rá visucer todo género • 
de estorbos , porque sienta sus derechos sobre las basea 
ilultqraU^s,- del ^4^n y déla juaticia; y coquip eldosór- 
,iw ^MTfirda^o úeMto, y/1a acepji^íoi» d^ |k^^t^%% 



510 

ana naldad, tiiiboi dáboí qñéán^^ti.ieÉlititm^é^Mmm 
tito-édtlo; '■-(» •-'» 

. )i De esta manera jpiodremos lograr lót biaaM'^pie-tnili 
éé dispensamoa la aábia t liberal mano de lá aafioni Bmm 
Gobernadora» Levantar la agricaltnra de^aa abátiwiWÉfj 
já aumentando el riego de loa campótt'ifi|>imejovaiidd ttk 
eulÜTO^ 3^a suprimiendo trabas t Tejiciones) ímatUm 
la industria con la ereaeion de jEMbricas w^ii^ ^'^U^ 
ren nuestras primeras materiaa f facilitar d oénieMM|*p« 
medios de buenos caminos, y con el'lbDMbto«dj»Ui e 
tracción marítima^ ayudados por la nattiralen^e fsli 
mente ha puesto eo nueitra costaél ■m¡I#v paértof. ^Éro^ 
mover la instrucción pública por mpoio ido-'M^«íeMuiy 
coImíob, y por cuantos medios mu pbsililei«^afií-dfste»i 
rar la ignorancia , madre de la barbarie y 'ongiBntdo'aui^ 
generó ip males': socorrer al iniaerdila/ayiidar^al inda» 
gente 9 aliviar al enfermo en estábleaftnáealoa oportoilaw 
en euma, adoptar todas las disposiejo^ea^que contriboyM 
á la felicidad púMicB, desdé el remedié de la maa vgnte 



neoeaidad/ basta el cuidado de proporcionar al 
fatigado de las personas dedicadas if ocupacioMO "átilüi 
boaesto desahogo en los espectáculos y diversiones páb ü * 
caa^ haciendo que sean dignos de genfeatívilizadatiyieen 
los puntos en que debemos poner nuestra atencio»áií 
ofrecen grandes dificultades V todas laaTéUce la TdlMÜá 
firme de hacer el bien cuando los interesados en gonv^de 
lasTentajas cooperan á su fogro. Yo me lisonjeo >d»>ifiü 
haUaré ^sta cooperación pronta en los ayuntamiénAoed»la 
provindia, que conociendo mas- de cerca el estado- de W 
pudrfos , pueden por lo mismo p roponer ée UH 'moda- 
seguro lo que cada uno necesrie para su' /mejora y i 
lantomiento. A mí me hallatáu dispuesto á todas horas 
pwa oirlos , y deben estar se-güros de que no me 'hifsii 
piropuesta alguna que no tome en consideración v 7^^ 
DO* trate de dar salida sin ¿dicciones ni denVoMs v«hBS«- 
tanas. 

» Todavía quedarían inútiles el celó y la eAeadn 
dé lo§ ajnntattámttn y 7 el nüb sin utfa «ondidfcw fáf» 



5Ji 

«HdftflpQ lot gcnenuoa Matunienjúa. de S, M. la Reina 
6oberu4ort. w^jo de todos: el olvido do lo pa3a&. 
^■M d lnff|W de los partidos j: de las deaomínacíones 
«ioMU, de lof reaentimioDtos y de las vengamos, Ten 
•Uuto 00 deba baber mas que cs^Aoles vasallos fieles 
4i Iwbel II, súbdiUx obedientes do MarLa Cristina.* 

Ipinediataaiente prioúpió i ociuarsp en objetos de 
^flidad pública ^ de fomento. El importante canal de 
M«iMr,qae bacía aislos estaba proyectado para aumen- 
te' el riego da mucna parto do aquella provincia, tafi 
Wjeto de su especial solicitud ; y desde mego su prinjier 
wad» fae pedir informa acerca del eslack en qu^ »e 
hlUaba este provecto. Una jonta creada de real ¿r|éii 

EialU provincia , y quo tenia el encargo de tomar 
proTideacias en üsvor de la bucrla , se balúa con- 
lo diai}elt|i desde que se GStabJccifron las subdcle 
iWioBes d» jEnneoto; pero no habiendo term¡nai|b >u 
BÚuQOt f Mnaidercodo el nuevo subdelegado oue se- 
Wij útil que U terminase , la rc&tablcciÓ v la puso 
~ la presidaiui* del corregidor. I.a villa de Cieía .so- 
ba mercado franco , y en ol subdelegado >f usso cn- 
MtM todo el i^yo que necesilaba. liuscaudo tas luces 
f.i^ cspariencia dónde quiera quo se encontraban, y con 
#fil^^eto de fomentar J comercio do aquella noblsi^on, 
KuiA na su despacho á varios comerciantes ao los |nas 
Meditados de la misma, y con su acuerdo tom& díspo- 
ifcJÜo n B para establecer eu la capital de aquella provip- • 
.ti wu juntado «omcrcio. Birigiendo tambicB (¡^ at^<- 
4ni i U mejora de loscamiaos, oficia al admiuistrsdor de 
Mi tus , como ecoplcsdo que debía tener conocimientos 
HB^fltOB ; BecuroB de «líos , á fin do que le informase 
Harta del estado «o que se bailaban , tanto «quellos ú>- 
<• los paanles , y le diese su opinión sobre los medios 
tU mejorarlos. Para la estadística do la provincia se pro- 
IjM principiar por la capital, de forma que las opera- 
■laiM que al efecto se ejecutasen en ella, sirviesen de 
■odelo para los demás piaeblos de dicba provincia. En 
•HU it aspóutos do Lort^i^e.exJ^ mucbas imiiot- 



513 

tantes reformas , no qoiso poner ;niíí|púui en- qeciulión 
hasta informarse de todas las que necesitaba , para pro- 
ceder con acierto ; pero desde luego acudió á remediar 
la necesidad mas perentoria, haciendo trasladar aquel es- 
tablecimiento á un local mas estenso y diáfano , sHuadó, 
como convenía, en un paraje mas escüsado. La -misma 
conducta siguió respecto de las cárceles: hizo desde lúe» 
([O en ellas aquellas mejoras mas imperiosamente reela- 
mjadas 7 que estaban en el circulo de sus atribuciones; y 
eiicargo al ayuntamiento le propusiese arbitrios con que 
poder atender con seguridad á la - manutención de los 
]^esos confiada hasta entonces á la caridad pública. IMs- 
puso las reparaciones necesarias para mantener en el me- 
jor estado el riego de la huerta , y para dar salida á Itti 
aguas estancadas; y dio las órdenes conyenientes pai^ 
la presentación de títulos y mercedes con respecto á hM 
molinos y artefactos que hay en dicha huerta , con el fih 
de corregir grandes abusos que escitaban el clamor in- 
cesante de los labradores : inyita ademas al ayuntamieóMo 
de la capital para que le dé su dictamen acerca de las 
obras necesarias en la huerta , y le proponga arbitrios 
para su ejecución. Dos fábricas de seda que hubo en 
aquella ciudad^ y que se encontraban cerradas , se prcK 
puso restablecerlas , y para ello empleó todos los medios 

r\ pudo sujerirle su celo ; los pósitos, la cria del gana- 
caballar, las minas de carbón de piedra, los propios y 
las escuelas de instrucción plrimaria ocupan la atencüm 
del subdelegado de Murcia desde el momento de su lle- 
gada ; pero procediendo con circunspección y prudéñcü» 
se propuso no corregir males ni introducir mejoras 9"^ 
adquirir antes un conocimiento profundo de la naturale- 
za del mal y de la eficacia del remedio que se propoma 
aplicarle. Atendiendo al mantenimiento y eonseryadon 
del orden público, procedió con la mayor actiyidad en- la 
formación y organización de la que entonces se llamaba 
miicia Nacional. Antes de esto , y con la conyenienle 
oportunidad , recogió las armas de manos de laS' perso- 
nas sospechosas ; y con fim^eza supo corregir alguMs 



BMflds oírijgpÁiádofi de nñ celó maT entendió) j 'esee8ÍT(i¡i 
f.del etpfntn de'exaltáéión. 

JÜganOs facciosos intentaron sublevar la huerta déla 
Madde Lorca, y toda aquella provincia. Un tal Brón-^ 
Uv teniente de infantería, desertado de Ceuta ,' h^ia 
ÉÚo recorriendo las cercanías de aquella ciudad para 
iiéer prosélitos. Alarmados lo6 vecinos de Ceuta, saiie- 
tt contra los facciosos varios paisanos, y consiguieron 
Mbenderá tresde ellos, habiéndose después presentando 
no , que se acogieron al indulto, y huyendo los démas 

Í'-'Ia- activa persecución qué cspenmentaban por parte 
Isa mUícianos urbanos, paisanos armados y carabine* 
iK'de costas y fronteras. Los cuatro milicianos urbano^ 
ÉÉr se distinguieron en la aprehensión de los facciosos» 
npn recomendados por Musso á la munificencia d[^ 
V*n. , habietido ffratincado de su bolsillo al que habiá 
^Aburado al cabecilla principal , y que se había distin- 
(uo por su decisión y valentía. ['[ 

' ' A su instancia y con su protección se plantaron 6Í8 
UNdes, de los cuales habla 500 pies de moreras. Para 
Amo de un paseo se plantaron 1200 árboles , sin con- 
Kr otros arbustos y flores. La amcultura por todas par-^ 
kl principió & animarse , y desde luego se notaron pro-^ 

Eos conocidos. Se multiplicaron las palmas, y éstraor^ 
riaménte tas patatas :'para mejorar la calidiad de es- 
te iltimas, repartió Musso al|[unas que desde la corte 
hlabia enviado su amig^ y maestro don Antonio San- 
Uo Arias. Introdujo el arroz de secano , y ensató el 
eihivo del Uno de Flande^ y Se otbd ^eiüillas .y plantas 
ofiticas , que' le proporcionaron ¿I imsibb. Ariaá y . don 
há Mariano Yallejo , tainbicfD JnÜmb ámSgó suyo : hizo 
dopta^ trillos mas perfectos que lo^ comunes; huó trae^ 
dmdo de Herrarte, y bajo su'diireccioá sé practicarojí 
Mtyos para la aclimatación del tabaco: Para atender ál 
■tt pronto despacho de los negocios municipales ^ dis*- 
|Mo aumentar el número de regidolres ; y en nb , i todo 
Hen&ei subdelegado Mnitíri óóii'tlna áfcUridád j uú 
«do, -que loé -pfivéblos de 8ti* j^íféfÜííSkxt^ 1 «^- 



«alzaban, j qae lejnefeeieroB lottestimQiu^:0|uUMmr 
jetói del aprecio j confianza del gobierno. . ' 
. Parece qoe aquella provincia estaba deiUli«d& i Hr 
afligida con todo género de males. El cólera fV!9ftii «9 
elU ^ > en algunos de sas pueblos cansó eitra^* nu 
tfáepPTia» TÍctimaspor el temor j sobcesalto con qne 
ae.iilarmába el vecindario. Con este motivo las provideoi- 
dks del sabdeleeado contribajeron hast^ donde era po- 
aSile i disminuir las comecnencias de aqnel axote , pn^ 
Cilrabdo por medio de disposiciones eBéreicas , que a los 
épfermos no faltase los auxilios de la raecuclna. v qne do 
escaseasen los mantenimientos públicos , con perjuicio Je 
los pueblos , de los labradores y traginantos. No ueodo 
aquella enfermedad de las que se propagan por m^ 
íeti contado , como parece se ha observado ja, lo i^H 
cónvenieate j lo qae la esperíencia abona , es do afiígír 
todavía mas a los pueblos con las molestias y vejacioncf 
oñe causan la policía tarntaria y la paraÜEacion de la ú|- 
4patria y del comercio. Esta idea fué U que diri(pó h 
conducta del subdelegado Musso. 

"En ninguna ocasión se distinguíeroa mas ni bríUaroí 
enniayor grado sus coalidades personales, que en el go- 
bierno de ana provincia. Garlaffena. era victima de las pi' 
siones políticas y del espirita de turbuleoioia : en Lorc 
la administración de justicia no gozaba del crédito y joi- 
ticia que necesitaba; la capital de la provincia esperí' 
ineotó sacesivamente trastornos, desórdenes y torbuleU' 
■fiias. BIu en todas partes se hacia sentir U autoridad del 
subdelegado Uusaq: en la primera de aquellas ciudades 
concilio los ániíDos divididos ;, en la segunda reslahleci6 
en todo sti .vigor la ^aunistracíon de |B8ticia , y en 1> 
capital acreditó su serenidad y valor cívico en laborn>- 
rbsa innndacbq que sn£ri6 , y que estuvo i punto de ir- 
rancar, s)i puente ; !• acreditó tanünen enfrenando lu 
IWiiones popolareB., j conteniendo á Los enemigos del so- 
segó páblico en la noche memorable del 3 de majo 
de ISSSi El intoid^iitf primoro , y deqp&es el «bii^ 



r 5IB 

BWMntd 6»fa> mIo y rf^snnnado ; tuiMó ni pneblo, 
nioéniÍMaln de Ri»pii)iihrff«, y enn el ascendiente 
fb* ni rejiiitiKiinti , V <^un U coDÜanza «inn iiun(- 
Mosta» a^aiiiiistrndns, íünipó el lumullo , mIi^ 
Me los acoint'tldns, l<is hixn conducir faertí 4« 
aTon la niiyor s^^uridnd , y convirtió lai nm»^ 
H* tiro* en «pUiisoR v («n (tmnostracionos do tan*- 

|SA5 tr%t> Uamsdo á gabnritar la prAvlncia éri Ae* 
fBJproMHdDreH de «st« htbian solicitado d«l go- 
I^B enviMe á f^btfrnaría un j«fa de m6rít» , y 
V<AaMaTi}lver bus inmensoit recursos. Desde Iua* 
Alomo fijó la TÍsta en Musso, dieienda el minís- 
gprocHradoros : tYo prometo á Vds. «I mejof 
■pr civil que hay en España. ■ Musito no neerii- 
■tr la suerte precaria de un emplejido ea fispaflAi 
bkacc m aflos i una existencia inMablf y vaga- 
fhim el desfo de corresponder á U ilimitada mbi- 
■ gobierno , y de servir enn ^oria k su pnis, ti» 
timi ac)>ptap et nuevo cergtt, y a trasladarse por 
|Brllta> En el mismo día que llegó lotaé posesión 
llffnftcivil. Trntó de informitrstf de los nocextdn- 
■f revincia , de su sitnacton especial . y del esta- 
(lopjnion. Sus pensemienlos eran srandes: na «elo, 
Élad j na tino los tenia ya acreditados lo isismo 
Msla capacidad y su intelieencia ndmintstrallvB. 
■t A muy poco le permitieron realiiar las CÍT-' 
fití. Un alzamiento, que eslaltó primero en Zb- 
JlBarcelona , y que después fuA seennda^o Hace 
jflB cBii por todas las lernas provinciüs, amenazaba 
iMBrio que presidia el conde de Torcno. KcviHa y 

C provincias del Mediodía , no tardaron en s«'^ 
pulso ^neral. Kl principe do An(;lona, que í 
MiMSompeílaba la capitanía ^ueral, hizo dimisión 
■«. Mbsso trataba de hacer lo'mistno, pomo »o- 
M tB'O^iencia de las juntas revoiocioitarias', 
■■«■tfgtW f (as iferson» mas iufiu^li» &« 'Mfi»^ 



516 

cipitál lo dércaMn -x rcogiéeon jfaAjtmtivmmti -jatm 
pdéato r réj^reséntándole M» m»hsj^: ■in¿hftrJban.!Ü 
aquélla capital, si^tabá.U]^rimeta.antMñd«d;difliiqpi^^ 
eii Aquellos críticos momento^i; saüvase - de:Joa<ilé0ai¿ii 
deja aniürquia aquella 'herniosa ciiidad. MnaabiC^Uáí» 
JUá instancias ido nonrados seyillaqos ^ y. á lo ijnfifládú 
taba su patHotismo y la entereza de suieitfácter^AnBftii 
neaió én el sobiemo dé Seyilla » háiia- que instalada/Ua 
junta de gobierno , y afianzada la tranquilidad p6Mifla| 
rerildó Ids. últimas instrucéipnes dd.nM^ribnndo gaMn»- 
ie. Con ellas etí*la mano; pues s6 insertaron en;la;G0iadli| 
ae jure isetitó á la Junta , ante la cu#l manifestó ipfdéi^ii 
el. cargo que habia desempeñado. En rano algjuii^ j&jb 
TÍdnos, mas acidorfidos que prudentjBSt se.^opUiierMiuf 
fllj^ 49térmittacion 9 inyitándoie á. que continuase efe ai 
destino, no como gobernador ciyil en uondir^ de.lajririji 
lUi'f sino por la aclamación del pueblo. A estp: s0 oeg^M ^ 
enteióeza , añadiendo que habia entrado.en Iji JuntauM , 
A^^l par'áctcír, t que lo.qveen cualquier. ciodadananlá 
dhéj[«fer, cuando mas un estra^ío de cqIo; 'en étmStii 
jaria dé ]ser una traición ; y <cmi ^uidre , añadjió » Miül 
PiaÉió'para traidor^)» Y c<wo insistiesen euqqeseíMwni. 
Ta96 aquel doti^e caráctéx; «nadie pu^éde aeryir '.átjM 
amo^;» contesitó. De esta espresion se abusó maliciojifc!^ 
mente dándole publicidad en un manifestó de . la JiMpM , 
JLos;amigos de Musso tuvieron motivo para; ieiiiéP pM 
su seguridad:, y acudieron á su defensa ; pero eji WMIil 
pueblo de Sevilla reppetó siempre al virtuoso jefe \fm 
en otras circunstancias habría podido labrar hf^ÜMli 
de aqu^.provincia. ..ffi 

. ' Itestituido: Musso á la^^rte, y habiéndose pr)Q>ei>iilt 
al moevB ministerio', recibió de este esprjesippea jpMipii 
Tocasdf^. su aprobación por su conducta, y aeQaJMll. 
jpruebas deiaprecip y de confianza. Prueba de esto .feíidj| 
nombran^ento que ^n él hicieron para el gobierj^g^fíiil 
de YaleiMua, aunque en comisión , y retejiendo ¿1 lAfBfr 
^r^;fi^'ieat44e las rabones que alegó, elmuuftemi^; 
aístió, de su empeOp;: y: Mussft» cpiitinigió Tiyie^o fin IMt 



517 

Mt iresl^jtrid6;á:k eondleioii . de ^artiisttlir. Sa Mmo 
teénlflia déscmso despdcft dé la agitación y de lastem- 
M^es qoe había padecido ; y en la córte\ alejado de 
lof iri^gocios DÚblicos , rodeado de antisnos amigos, y en 
d comercio ae las letras , hubo de hallar el reposo que 
necesitaba. Aunque alejado do las cosas públicas, y sin 
hákbr Vuelto á desempeñarningun empleo del gobierno, 
ée tddos los ministerios obtuvo encargos y comisiones 
qne-descmpefió desinteresadamente, y sin mas objeto que 
ef de servir á su patria. Demasiado ilustrado, y demasía- 
de noble én sus sentimientos para no mostrarse superior 
i las miserables pasiones politices que nos dividen, jamás 
firticipó del espíritu egoísta y esclusivo de los partidos, 
ni dejó de mirar los negocios públicos con el justo interés 
que corresponde .á unnuen ciudadano , ni de seguir en 
Mdás épocas la linea que le trazaban sus deberes : estos 
se los dictaba el bien de su país y no el interés y el bíeu^ 
le I ningún partido: tal cosa es buena y provechosa para 
tf ^^éAi; pues la celebro y aplaudo, aunque no sea obra 
dermis ainigos; á esto poaia reducirse la moral política 
le Mnsflo. 

En esta época se ocupaba como siempre en sus acos* 
honibradas tareas literarias, asistiendo constantemente á 
aS'MIídeadas lo mismo que al Ateneo y al Liceo , de los 
jBttdlls féé uno de sus fundadores, mereciendo ser nom- 
bMle-bibliotedario del primero. No nos es fácil dar una 
wHioia exacta de todos sus escritos , pues sin dar su 
noBlire y por complacer á sus amigos los enviaba gcne- 
lesnnente á las revistas y domas periódicos , y aun para 
obras de mayor importancia. La Academia de ciencias 
Murales, que por aquel tíouqio se fundó en esta corte, 
le apresuró á incorporarlo en su seno, primero comoin- 
fividno, honorario y después como do número. En esta 
Aeadeona y para la sección de las ciencias ilsico-mate— 
laiticsis, presetató dos memorias , la una sobre el movi- 
ttíeiito de las aguas con aplicación á los riegos, y la otra 
eoB' motivo de una observación hecha en el periódico es- 
littiijen), (iotitttlado 9\¡míitutOf que dando cuenUi^b W 



m 

de leüeiobreide 1837, fe^ic^.fpeSir W» Hain|ltM>j¿i¡i 
la demostración general de fui taoremade JfrriinM 
relativo i una propiedad curiosa de los nánieros ijn|if^ 
reí» que consiste en que si la serie de dichos páiaarosj 
divide en grupos de 1» 2» 3, 4 cifras, la suma de kM.4 
cada tino sucesivamente va representando la de los a^ 
meros naturales: esta memoria presentaba la demostriKW 
de esla curiosa propiedad , aeduciendo de elía c•BS^ 
cuencas tan importantes; trascendentales, que diCnm 
tes profesores de matemáticas le invitaron á qoe ooiliki 
nuase esplotando una mina que tal vez daría por 'tfl^ 
tado una teoría nueva é importaatisima eA la ^aenc}a. Kl 
la sección de ciencia antropológicas leyó im 4ÍbcPW> |D- 
iMre la certidumbre histórica. Este tcalHljo fué imo.deJIll 
últimos en que se ocupó: tantp por e#tiO, corno por U ^ 
Yodad del asunto, y por la lógica y lu^idsK qou qiwi lo 4i| 
empefia^ creemos que agradará á mpiesIrQs JeptoTM^I 
le áemos una idea de 61, y al mi^W tiempo mía nwisiitp 
del estilo de Musso. Este escrito, aunque interesa^ 
instructivo en estremo, tiene en cuanto á las fooMP h 
la elocución y á la coordinación de sus penssmiei|tjí| b 
caracteres que corresponden á una ¡f^nwria amjfjfi 
por consiguiente, no se busque en 61 U pompa daM^W 
el aparato de dicción, que corresponde kloa iÍBpmt 
acadómioos, pero sin embargo, y á pesar de qúñ estaní 
niorta se escribió para ser leida en una reunión pciqp 
de dicha sección, se distingue por la facilidad y lajpi 
macioneon que el escritor llevaba basta el conciciipMlrt 
el ánimo de sus lectores. Principia desde luego asenlMf^ 
y esplicando su proposición. 

Veamos de qué manera lo hace: 

«¿Qué requisitos , qué condiciones exi^iremo9 fPR 
tener por cierto indubitable un hecho sucedido siglaiM 
les que naciésemos? Hé aqui la cuestión fue á cada MI 
teísmos que resolver cuando leemos la historia. MwW 
nos la eoriosidady el interés » nnestro propio nproveiÁl 
aá9»lo á descorrer el velo ^ew que el tieoipp pressul 



actiUi á Aoéittoi ojos el puUOf j no podieiido anéigtur 
ho por tettimomo ajeno lo qae acaeció mientras nos- 
stros estábamos en el abismo de la nada, al advertir 
cointos errores han desfigurado la verdad, cuántas fibu- 
hi se han querido vender como acaecimientos positivos, 
ndUmos, y ansiosos de conocer todo lo que en la tierra 
fne habitamos presenciaron las antiguas generaciones, 
IOS preguntamos á nosotros mismos: ¿Es cierto , puedo 
creerlo? De este embarazo ciertamente no saldremos, si 
pcNr falta de eximen y reflexión, ó adoptamos índistinta- 
Hiente cuanto vemos escrito , ó indiscretamente desecha- 
ms cuanto llega á nuestra noticia: uno y otro prueba 
ligereía, flojedad y poco dbcernimiento. 

«Hay j pues, un medio de proceder con acierto , y Ae 
tfvitar el riesffo de errar para poder con seguridad , ó bor- 
ñr de entre Tos sucesos humanos lo que el vulgo se figu- 
it exento de la mas mínima duda , o afirmar sin reparo 
Itchos que en vano querría negar el espíritu de partido, 
i fl ciego pirronismo. Llegaremos en verdad á descubrir- 
fe y á estanlecer reglas fijas sobre la materia , si atenta- 
isente reflexionamos sobre la cuestión , y analizándola es- 
Jnqpulosamente indagamos lo que se requiere para satis- 
vuer i todas sus condiciones , ó como {K)drán estas cum- 
iSrse. 

«Entre todos los caminos que acaso se ofrezcan , el 
mu ftcil y espedito es simplificarla : y mirándola como 
reraltado ae otras que deben precederla, aplicarnos a des- 
entrafiar ante todo las que presenten el caso con la ma~ 

S sencillez. Asi qué, acjando por ahora separada la que 
principio á nuestro discurso , trataremos en este mo^ 
mentó de investigar que condiciones debe de haber para 
que no dudemos de un Jbiecho que nosotros mismos baya- 
nos presenciado. Ridicula parecerá la pregunta á primera 
Tiita, porque ¿cómo dudar délo que yo mismo he visto 
i4ido? Con todo eso, si nos detenemos un poco, adver- 
tiremos que tal vez ocurran circunstancias que aun de lo 
vusmo que pasa en nuestra presencia no nos permitan afir** 
íuur 6 negar cosa alguna. Gomo un hecfao'áe los cpft^hsy^ 



3^ 

mal^nalei. y.cpmUe.por. ^Cjqfim 
cu^po^ rajetQsál euq:^n de-losjieDUdos/habnnm 
iiífénr que do parte nuestra es foríoso que estos selis- 
lien despejados porque de lo contrario no recibirian la 
impresión. clara 7 manifiesta « que debe certificarlos de lá 
existeQpa del hecho, Es neceeiario ademas que estemos á 
competente distancia , 6 no tan. lejos que por débilitvse 
la impresión no la percibamos bien , y la idea que de fl 
íoiixaeipos sea obscura ó confusa. Es preciso en fin qne 
pongamos. la atención en el acto, porque cuando álslñui 
preocupa otra especia, la que entonces le transmiten lof 
sentidos no tiene valor s^lguno , 6 es como si no fuese. Mal 
^91 xu^nto al hecho mismo es patente que debe tener 
cierta' duración , y pasar de modo que nadaembaraze sa 
ac^cion sobre los sentidos, ó que si fuere instantáneo 1 ^ 
alguñ estorbo le impidiese obrar sóbrelos mismos, pAH 
áúzca en el objeto á que se refiere un estado diverso ¿t 
anterior para que de esta suerte la comparación de amM 
estados nos conduces á la evidencia de que en el hedtf • 
no hubo por mi parte ilusión 6 engaño. Por tal razón lo | 
que acaeciere delante de mi en medio de la obscnrídalf 
si deja rastro que se conozca á la luz del dia , será para lA 
no menos cierto que lo que notare cuando el sol eSlása 
medio de su carrera. Cumpliéndose, pues, todas estas coi- 
didoñcs , estaré cierto , no me quedará duda ninguna de 
qué el hecho presenciado es enteramente verdadero.' '" 
«Pasemos adelante, y consideremos ahora de qué mé^ 
ñera ííegaré yo á saber con certeza lo que no preséncSá^^ 
y solo me consta por testimonio do otra persona. Paradlo 
reflexionaré primero sobre las calidades indispensabléi^tKi 
han de acompañar , á mí deposición para informar i ottO 
de lo que ocurrió en mi presencia . La primera es la ds 
c[ue yo proceda en ella por acción deliberada , 6 estandOi 
' como se suele decir , eniní sano juicio/ como qnieraflTBé 
si á vc(^.es espresiones inadvertidas, palabras pronnfknr 
daf en sáefios, ó en un delirio, descubren la Terdad'ib 
^""^'ia ^saf.90 JO sino la naturaleza habla eiitonoes;'t 




pil^klaiiltfMM piür el teiliMMto M kidhhi cono 
nMO de sa i'Tohintad. Dichoi que tmiltl Koa puion, 

E produce el mecanisino ú organiíacioft léica» efec- 
caiúaniaierial j eslerna; quíia deben repatme como 
eei sin sentido, ruido quo hiere nuestros oídos, sin que 
pdfiqoe idea ninguna, ú operación del alou ooe descubre 
foe en ella está grabado. Menester es también que ni 
.violencia ni otra causa alguna obligue al quo babU á 
■llar la yerdad ; y si yo quiero positivamente que el 
KO.sepa lo que yo yí ú oí, acbcré decirselo con claridad 
de modo quo en cuanto esté de mi parte llegue a formar 
I suceso la misma idea que de 61 tengo. Entonces lo re- 
liré» y suponiendo que lo digo á persona atenta , y que 
■Dce el significado de mis palabras, quedará esta plena- 
ente enterada del hecho tal como jo lo estoy , salvo la 
¡fresion física que cuando sucedió hubo de causar en 
is sentidos. Esto supuesto, de aqui deduciremos el jui- 
e que deberé formar de lo que otro me diga como testi- 

I de Tista. 

' El estado en que se encuentre me dará á entender si 

II de su razón al hablar , 6 si la tiene perturbada por 
Éfarmedad , pasión 6 cualquiera otra causa que influya 
a la organización física. Y su narración me indicará si 
lindo ocurrió el hecho se verificaron las circunstan- 
iMque arriba espuse. Ciertamente, como lo que no se 
HKUiió bien es imposible que se esplique bien , si adk 
rierto que se me cuenta un suceso de un modo vago, 
advto , oscuro, confuso, juzgaré que el testigo no sa- 
na ponto fiio lo que pasó , y comprenderé únicamente 

Cn sucedido algo de que él me quiere dar razón, 
si observo que con serenidad , con detención , con 
i^ificacion me refiero alguna cosa, conoceré al instan- 
i fae no se ha engaftado en lo que está contando. Pero 
.hitará de engafiarme á mi? Esto debe no menos aye-* 
ilnarse. 

a Observaremos acerca de este punto, que baslan- 
e h yerdad del snceso y el deseo natural de comani- 
V i otro mieitvos jpeDsami^QtOi para mmwBM k ^í^tkt 



im hacho » ea neeéiMirio ún mótiyo partiealar pata ^Mff^ 
lo* La accioD , pues, del tesligo falso no solo es delibe- 
rada porque habla á sabiendas, sino también porqae trae 
el iiriffon de si mismo ó de quien le indujo á meniirv no 
de objelo eslorno, y como todo acto humano se hace con 
algiin fin determinado. Es menester por tanto que haja 
cierto plan , cierto designio de conseguir alguna venta- 
ja • ó de evitar algún daño ; y asi cuando esto no apare« 
ce , daré un prudente asenso á lo que oiga de persona 
desconocida; prudente digo, porque pudiera haber causa 
que yo ignorase para que se me ocultase la yerdad. Por 
la misma razón , esto es , por obrar siempre con igoii 
circunspección , no lo negara, del todo, aunque vea que 
el hecho favorece á quien le dice , porque esta sola cir- 
cunstancia no arguye falsedad. En uno y otro caso ei 
i^speclo del que hable y su modo de narrar , servirán 
de indicios á cualquiera que tenga mediana perspicacii 
para inferir á qu¿ lado deberá inclinar la balanza. Cuas- 
do al testigo que nos reliere un hecho se opone otro que 
Ip desmiente, forzoso es que uíio de ellos hable en fabo. 
Quieren algunos que entonces quedo el ánimo del oyenla 
en perfecta duda, y asi seria en el supuesto de no mer»" 
ccr mas fé (sea la causa que quiera) el uno que el otro. 
Pero como esto es moialmenle imposible, la compara- 
ción de ambos testimonios circuns|>ecla y detenida, guia- 
rá para conocer quién es en aquel caso precisamente el 
digno de crédito. 

)>Mas si dcticubriéndose un motivo para fingir, cour 
laac otro que destruya sus cfertos , habrenios de repulsr 
el primero <:onio nulo , y entonces no le habrá para ds-* 
dar del hecho. En (in , si le hubiese tal que debiera hmk 
ver al testigo á decir lo contrario do lo que espone, taO' 
dremos por cierta su narración , porque nadie obra por 
caprieho contra su propio interés, á no haber perdidbb 
cabeza; y de aquí la máxima del Derecho: confesión é$ 
pQírt0 retda de prueba. 

^ y^Uablaiulo en general, no es tan difícil oomo á príh» 
mfn irJ4U.l0>Areem>.«veTÍeiiar la certom é UÍmAfA d» 



■ ím^f orí M woAr% al faceto mboM , «ra á la p 

aa que lo coenU^ Porque en aquel caso es necesario que 
todas laa circunstaiicias cooperon á que so verifique , y 
asi «I que finja debo tenor habilidad para coordinar con 
Sttmo cuidado todas sus |Kirtes. Luego si aquellas fueren 
coolradíclorias , si lo que establece Li una se destruyo 

5or la otra , el hecho diremos que es falso, y al que lo 
iga no daremos crédito alguno. 

Demás de eso es conveniente, ó por mejor decir» 
fcbe mirarse como muy conducente para saber lo acao- 
cido , que se haga memoria del lugar y tiempo en que 
tucedió ; porque como una mentira esencialmente con- 
tradice á la realidad de las cosas, si en aquel lugar y en 
aquel tiemi)0 ocurrió algo que directamente se oponga á 
loque se supone haberse verificado, claro está que esto 
último será pura ficción. 

» Considérese también que no hay hecho, por aislado 
que sea , que no reconozca una causa , y apenas lo haj 
que no produzca algún efecto ; y que cuanto mas impor- 
tante fuere, tanto mas ha de enlazarse con otros diferen- 
tes. Véase, pues, olro medio de indagar U verdad, par-^ 
tiendo de uno ya cono<*¡do , y que tenga conexión con el 
que nuevamente llegue á nuestros oidos , 6 dependa de 
Uen alguna manera. Ksto asimismo dá lugar á una re- 
hxion que no debe omilirse , á saber : que atendido el 
hUcc mutuo de los sucesos, valdrá tanto que noa ccr<* 
(¡oremos de uno de ellos como de olro producido por 
aqoel, ó que suponga su existencia, cuidando empero de 
ao proceder ligeramente para no atribuir á cada uno mas 
<ia lo quc^. esencialmenle lleve en si incluido. Uno ó dos 
ejemplos aclararán la idea. Si yo paso por un lugar mon- 
lioso, y advierto en él capas de conchas y oíros des|K>« 
jos de mariscos, ¿no sacaré, que aquel suelo ha estado 
cubierto por las aguas anles de ahora ? Si el lugar está 
toertOt pero ofrece á mi visla ruinas de casas, no com- 
prendero auo en algún tiempo estuvo poblado? Si me 
consta evidonleinento auo cuando yo nací regia á la na- 
éon- naigobiorne monarguíoo.iiereditariO| ao i^ti ^«i 



914 

mi evidente ^ae Ul género de gobierno fe introdaj6 en 
Eiptfia antes qne yo viniese u mundo? Inútil ee acu- 
mular ejemplos cuando todo el mundo los hallará á ca- 
da paso ; pero no lo es llamar la atención sobre que la 
mayor parte de nuestros conocimientos son de esta na* 
turaleza, ó de hechos deducidos de otros hechos. Cien- 
cias enteras hay que se fundan sobre esta basa : tal es 
la geología.» 

Véase con qué admirable profundidad « y al mismo 
tiempo con qué sencillez y claridad , esplica los funda- 
mentos de la tradición. 

•La facultad , pues , de comunicar á los demás nues- 
tros pensamientos es el medio que nos dá el Autor de la 
naturaleza para que recibamos nolicia aun de lo que pasa 
á gran distancia , cslrccháiidosc asi los vínculos de la so- 
ciedad para la que, según su mente, hemos venido al mun- 
do. Mas procediendo con el órdeii que hasta aquí , de Iss 
segundas narraciones, ó de las que, hacen sobre cualquier 
acontecimiento los que las oyeron á los verdaderos tesli- 

Sos , pasaremos á observar lo concerniente á la publiei-> 
ad y notoriedad de los hechos. Desde luego , para eviur 
equivocaciones advertiremos que hecho publico y notorio 
en la acepción que le damos, es. hecho que de una ü otra 
manera ha llegado á oidos de gran número de gentes» J 

Eor aquí se entenderá aue no es incompatible el que se 
aya uivulgado con la circunstancia de que haya sucedi- 
do en secreto , ó á presencia de poquísimas personas. La 
cualidad de que la hayáo presenciado muchas mas,.faci« 
litará su examen ; mas en cuanto á la verdad, de todoi 
modos queda intacta 6 es la misma , porque no la corn-* 
tituye nuestro asenso , sino la precisa condición de que 
baya sucedido; esto es, una condición que no está de nuH 
ñera ninguna en nuestra mano. Sentado esto » becho di- 
vulgado donde se dice que poco antes aconteció , y qM 
6 no se contradice ó esperimenta aquellas contradiccionei 
que ya indicamos, de unas no probar en contra, y d» 
otras probar en favor , seguramente es cierto. Porqo» 

WMndo lá eipMÍ« le bu propalado» y ai^ de bocit et 



kci t no ha d« faltar á lo menos uno qno la desmienta 
IB tirminos positivos si fuere falsa. Y en yerdad» si lo 
qoese cuenta fuese de alguna trascendencia, y particu- 
larmente si ofende al interés de alguno , foriosamente so 
krantará uno 6 mas para oponerse A su propagación , j 
d modo con que lo hagan acreditará lo que en realidad 
knbiere. 

lOtra reflexión debemos hacer no monos útil. Espar- 
cida la noticia , generalmente han de hallarse entre los 
ríe las supieren personas de las que se reputan gravu 
de autoridad » porque gocen el concepto de no creer 
lu[eramentc cuanto oven. Si , pues , estas la tienen por 
cierta y la admiten , nien p^cde descansarse en su jui- 
cio y afirmar el hecho , considerando que el examen de 
nestra parte no nos ha de conducir mas allá del punto 
iq[ae varones cuerdos y circunspectos hayan llevado el 
nyo. Asi so ahorra trabajo en la investigación , y se lo- 
gra mas pronto lo que se pretende ; pero es preciso evi- 
tir dos escollos ; uno de tener por público y notorio lo 
fkt casualmente supieron los primeros que hablaron con 
aoaotros del particular , ó lo que solo anda por figones y 
libernas ; otro de distinguir con el aventajado concepto 
hiuecei morahi^ si se permite esta denominación , á 
foienes por cierto no lo merezcan ; antes bien en otras 
ocasiones se hayan acreditado de ligeros 6 crédulos , 6 
d contrario , de necios v obstinados contra la verdad. 
Okrando con esta cautela estamos seguros de acertar» 
] nos convenceremos de que nos es concedido en hechos 
ne ocurrieron lejos de nosotros aspirar á la misma cer- 
tidumbre que si hubieran pasado á nuestra vista. 

»H¿ aqui también el medio por donde la noticia de los 
kcbos so trasmite de unas á otras generaciones , 6 el ci- 
ttiento en que estriba la tradición. Ciertamente la gene- 
Yicion contemporánea , sabedora del acontecimiento » le 
lomunica á la inmediata, esta á la que sigue, y asi suce- 
rivimente. Sobre ello es bueno notar que la sucesión de 
Im generaciones no se parece á una sarta de perlas, don- 
M cida una solo toca en un punto i la ooQtigiia« sino 



390 

bien á nna cadena» donde los eslabones estin metidod 
unos en otros, 6 enlazados con los inmediatos. Asi oue, 
la generación que nació, ú obtuvo el uso de la razón des- 
pués del hecho, incorporada con la que le presenció, es- 
tá durante mucho tiempo oyendo repetir la narración de 
él, y cuando viene la siguiente, todavía la alcanzan mu- 
chos de la primera , sin que deje de haber algunos qué 
toquen á la cuarta. Por csla razón se forma una cadena 
de testimonios, que dejan el hecho fuera de toda duda, J 
como el interés en oponerse á lo cierto vá disminuyendo 
con el tiempo, la verdad, lejos de debilitarse, seapdra 
mas y mas, adquiere mas fuerza , y escepto aquellos qué 
no nacieron para pensar, á todos subyuga. 

» Lo que acabamos de decir suministra el medio de có* 
nocer si lo que se cuenla de nmchos aüos ó siglos mere* 
ce crédito ; ó aclarando la cuestión, los caracteres que bá 
de mostrar la tradición para ser creida. Lo primero es dt 
advertir, que pues el hecho pasa ante todo de los testigoi 
presenciales á los de oidas, y de unos y otros al páblieoi 
y luego por la generación presente á la venidera, á las Te i 
nideras en orden sucesivo , si la tradición .aparece inier-r 
rumpida, ó se le puede racionalmente señalar prindpio 
posterior ¿ la fecha del acontecimiento , no llevará cotisip» 
go este sello que certifica de la verdad del mismo. Debe# 
pues, ser constante, y subir hasta el suceso que cuenta^ 

»Por otra parte, si el hecho es importante, cunde áñ 
upos en otros , y se esparce hasta muy lejos. Asi se í^mb* 
gura mas y mas su certeza, pues la gran distancia enir# 
las gentes que le refieren , imposibilita que se pongas 
de acuerdo ; de donde se infiere que lo <|[ue tradiciopftlt 
mente se oiga en puntos remotos unos de otros , tiene 
fundamento cierto. ; 

» Por último, asi como la ficción se reviste dejaotaj 
^versas formas, asi tataibien la verdad nunca ostenta HkH 
^ue una cara ; porque el bocho sucedido en lugar i «9 
úemno, con circunstancias determinadas, es tmposibto 
qué haya sucedido en lugar, en tiempo, con circunalaBl- 
^ciü •diíereatei. Lutigo «i todos le cuenUa de la 'propia 



miierat «eri cierto ; t aqni es conyeniente llamar la aten- 
cíoD sobre lo que en la materia dojainos dicho « á 8«iber: 
que esla conroriindad do narraciones os indisponsable en 
lo sustancial , mas do cd particularidades ó cosas acciden- 
tales. 

» Apurada la verdad, vá pasando con la narración el 
asenso general sin diliculLid alguna de padrea á hijos. Al 
llegar á esto punto , luuorlos \a los que presenciaron el 
kcho « y aun los que de su boon le oyeron , es oscusado 
olro exáineu. No aíiv por esto que no quedo lugar para 
ÍQvesligar ó discurrir, sino solo que únicamente podrá 
liicerse respecto de lo que nos haya trdsmilido la anligüe»- 
lUd , careciendo de fueria los argumentos que se opon«- 

{in, fundados ou lueras conjeturas ó en suposiciones ar- 
ilrarias. Cieriamenle por mas que uno se divierta cu 
fingir uuevas circunstancias , nuevo modo con que baya 
poaido suceder uniíeobo, no pasará todo de una novela; 
DO constando nada do ello do parte de los que supieron á 
íoodo lo ocurrido, y únicos á quienes es lícito preguntar 
para hacer la averiguación. A este eatado de cosas llaman 
algunos freecnpciott^ tomando el liooibro del derecho ^ne 
la aplica á ^diverso objeto, puesto que no deja de tener con 
este analogía. La preat'.Hpcion, pues« esla sanción quo dá 
el tiempo á la verdad do un acaecimiento. 

» Aunque el testimonio verbal os requisito indispensar 
Ue en la tradición, hay cosas sin emlwrgo que la asega-^ 
ua mas, y le dan nueva fuerza. Aule ellas hablaremos, 
aole todo, do los monuiuentos, verdaderas memorias que 
de continuo recuerdan el suceso á cuantos los miran, re 
aovando á su vista algunas circunstancias de aquello mia- 
AM> que se reGere. iiO primero que para esto sirvo os el 
Jugar ó paraje dónde aconteció lo que dio materia á la 
tradición ; porque la vi.Ua de aquel monte , de aquel va- 
|le, de aquel lioaque, de aquel rio, trae consigo el recuer- 
do do tal 4 tiül JiazaAa ú ocurrencia ; y' claro es quo uno 
^ los caracteres del hecho cierto, es quo convenga e'xkc- 
bmente con las circunstancias del lugar» A la misma ck- 
•«i^roCwiremos.d; sepulcro d«l ffifm^í^^jf^ ido quien: le ^n- 



tE98 

le, Ms'fflhajas, sus anoas (ai fué gMrraro), loa iBatfiíiMíh 
toa con que ae ejecutó alguna acción y otraa coaaa aeme- 
jantes. 

•Pero todavía son mas e6caces los que de propósito 
ae erigen con este fin , porque ademas de que por ellos 
oonsta la intención de comunicar el bechó a la posteri- 
dad, y de que siendo público el monumento , no cabe en 
él error 6 engaño ; como también ha de ser conforme á 
los usos , progreso, etc. , del pueblo y tiempo en que se 
levanta , su aspecto solo confirmará el testimonio de las 
generaciones sucesivas. Ei^ la infancia de las sociedades 
el nombre impuesto á una persona 6 cosa, un montón de 
piedras ó una sola, la escavacion de un poso hacian el ofi- 
cio que después hicieron las pirámides , los muros , las 
columnas « los arcos , los edificios, con tan varias formal 
y caracteres , que apenas echamos sobre ellos los ojcSf 
sin vacilar aseguramos ser de tiempos remotos, orienta- 
les, egipcios, griegosj romanos, árabes, góticos, moder- j 
nos. Es inútil enumerar prolijamente las diversas em- : 
des de monumentos que en diferentes tiempos se han 
construido; basta mencionarlos In general, para compren- 
der el auxilio que dan cuando se quiere perpetuar la 
memoria de acontecimientos notables. 

• El mismo efecto producen las costumbres introdiH 
cidas por ellos. Un cantar inventado con aquel motivo, 
una fiesta , una ceremonia , una reunión , un traje, indi- 
can precisamente un origen 6 una cosa ^ue interesa á to« 
dos en alguna manera. Por tanto, si coinciden el princi- 
pio de la costumbre y de la época del hecho , este segura- 
mente es cierto; porque una mentira no muévelos ánimos 
de muchos hasta el punto de convenir en hacer unaú otra 
gestión en su obsequio , ó para no olvidarlo. Es necesa- 
rio que la causa que los determina obre en ellos natural- 
mente , y por lo mismo no puede ser otra que una cosa 
real y positiva. Mas conviene observar cuidadosamente 
si la costumbre es contemporánea ; porque si fuere pos- 
"lerior , solo prueba que cuando s^ introdujo se tenis 
aquello por oierto» pero no lo que f^se. En suma, ht- 



SÉ9 

ek cierto <(m hiere la imi|[ÍAtGÍdii de los eontempará- 
MI, ficilmeole produce ana costumbre ; hecho que solo 
S|«i contar , j cuya yerdad no resulta probada » deja al 
Éuno indiferente y no te induce á nada. 

nAun mas poderosas que monumentos y costumbres 
m las instituciones. Para estas es absolutamente preciso 
fM la sociedad entera sufra alguna alteración; y para que 
n altere se necesitan no uno , sino varios hechos , fre- 
sientes « trascendentales » de tal yerdad que no dejen 
hpar á la duda. Solo asi serán creídos con tal convencí* 
■wnto T persuasión» que cambien resoluciones, formas» 
asiot públicos , usos , costumbres , método de vida. In-* 
dhase el hombre á hacer lo que una yez aprendió , y á 
fie desde la niftez está acostumbrado como es fácil de* 
Mstrar. ¿Qué diremos, pues, si lo vemos mudar de 
imbo , omitir lo que hasta allí ha hecho, separarse de 
lo que lo aficionaba , adoptar lo contrario , seguirlo , em- 
prender carrera diversa ae la comenzada? Qué causa gra- 
Ts , poderosa , irresistible le impele á mudanza tan estra- 
ordinaria : no lo hará en verdad por capricho , ni porque 
de repente haya variado de inclinación : de fuera , no de 
ú propio le habrá venido el impulso , pero impulso que 
ascesariamento ha sufrido su naturaleza. Y como aqui se 
Irala de «jue no uno sino muchos ofrecen este fenómeno, 
h nueva institución demuestra con evidencia la verdad 
M hecho que la motivó. Y si aquella en su origen cxí- 

te discusión y ezámen , este quedará mas claro que la 
del dia. ¿Qué será si. mueve a la sociedad á hacer al* 
Coa sacrificios , y con todo eso la adopta , y aun la de- 
de con tesón? 
»Mas para que se vea cuan importante es el punto 

K ahora tocamos, pongamos en 61 do nuevo la atención, 
i institución es un hecho que supone otro , á sabor; 
ai origen ; y su origen un hecho uuo asimismo supone 
otro, á saber : su causa. Asi de un hecho que presencia* 
Bos, pasamos al que lo dio principio, y de este al que le 

Kino. Por otra parte , la institución lleva un fin , ó se 
mee para conMigair un efecto t y como el efecto ha 



S30 

de ser proporcional á la causa, de laqui podemos igual- 
mente subir á esta. Seguros estaraos entonces de no ha* 
llar por fruto de nuestras investigaciones , si no cambia* 
mos ó confundimos el raciocinio, una quimera; porque 
ilusiones y fantasmas no dan á luz realidades. ¿Uu¿ jm- 
cío , pues , formaremos de la acción que aquí ejerce la 
verdad sobre los individuos? Por cierto que para conven- 
cerlos es necesario que muestre los caracteres de la cer- 
teza ó de la evidencia que desvanecen todo géuero de 
iluda ; mas para inducirlos á ejecutar una ú otra gestión, 
es preciso ademas, que les descubra una relación inme- 
diata con sus personas, la cual será tanto mayor, cuanto 
mas repetidos ó continuos actos exija de fiarle de elleK 
en suma , es menester que obre no solo sobre el enteS' 
dimiento, si^o también sobre la voluntad. Podría suoer 
der que el hombre, ó iluso ó engañado, obrase creyeodl 
que ha de obtener una ventaja ; ñero el desengaño le abri^ 
jálos ojos. Podría suceder también, qm^ para lograr u 
objeto se tome un pretesto; pero siempre quedará en pie 
la verdadera causa, y á ella deben atribuirse las resulUit 
En fin, repilo, debe indicar el principio; el blanco de 
las acciones ha de corresponder á lo que desde luego di6 
al ánimo la dirección conveniente. Dedúcese de lodichoi 
uc constando una institución, la misma indicará dedóa* 
e ha venido : el talento estará en examinarla, 

» Kste examen bien hecho suministrará muchas refle- 
jLÍones muy útiles para la averiguación de los suceíoi; 
pero como esto nos apartaría mucho de nuestro propóeí- 
to , basta lo que hemos apuntado para conocimiento áe 
quien lo leyere.») 

lün la última época que residió Musso en Madrid» tu- 
vimos ocasión de tratarle mas , con motivo de haberle 
regalado un ejemplar de la segunda edición de las poe- 
sías de nuestro amigo don Alberto Lista. Todavía recuer- 
do, que hablándome de estas poesías, de las que era miif 
apasionado, no solo porque se adaptaban á suguslo.poér 
tico» sino también por la tierna amistad que profesalba á 
80 autor » las llam^ el último neo de h Musa dikeúw* i 



j 



3St 

MlrpopÓBitOt le o( con rooch<i ((n»tó ImbUr ¿e litera-* 
Oft» j IQVC ocAsion d<^ admirar la MmsatoK do sus opi- 
KMies» j el delicado guslo ron que sabia jiizj^nr las obras 
•éticas. Entonces se hablaba tiNlavia de romanticismo y 
tinct«mo, de que alp^iinos anos anles habían disputado 
M calor los lileratos do esla corle , v acerca de lo cual 
ibabía discutido iarpinonte, se^un creemos rec4)rdar en 
Disección del Ateneo. Ku esta inaleria, como en todas, 
lOptniou de lilusso era templada } distaba igualmente 
tíos dos estreñios viciosos, y de todo espíritu csclusivo 
de exageración. Kn su coiu*epto era chUico todo lo 
neoo, es decir, todo lo (|ue satisiaciendo su objeto cum* 
Bdamento {mdia scr\ir de modelo á las demás obras de 
llenero. En la poesía distinguía aquellas reglas inva- 
¡liles t tomadas de la misma naturaleza, do aquellas 
IrM accidentales y variables, según la dilercncia de los 
empos, de las lenguas, de las ideas dominantes, etc; 
m primeras, dictadas por la sana razón, y aceptadas por 
I consentimiento unánime de todos los grandes |ioetas, 
D podían desecharse ni producir monstruos que acre- 
illiileu la perversión del gusto. No existe ningún arte 
¡árcelas, y el abandono absoluto de ellas solo puede 
agéndrar delirios. La misma fantasía, guiada por el ins- 
¡Alo de lo bello y acostumbrada al yugo suave do la ra- 
M« observa naturalmente las reglas sin níngim esfuerzo, 
' sin que la contengan ni compriman en su libro curso, 
bmero escribió un esrelente poema épico antes de quo 
eeuseñasen los preceptos de esto g^^nero. La naturaleza 
fia inspiración han guiado siempre á los primeros artis- 
ii; las reglas han venido después, es decir, que las mis* 
■as obras las han dictado : por consi{;ui( nte , no es posi* 
Ue sustraerse á su imperio sin renunciar á la naturaleza 
J i la razón , que han sorvído de guia en las obras inmor- 
liles que so consideran como modelos. Mas las otras ro-» 
ghi accidentales, dictadas por el gusto particular 6 por 
cireaBstancias locales, están espuestas á las >icisitudGS 
le las mismas circunstancias que las han producido. Vm^ 
ém TÍellurae ain iooonyeiiieute euando ceu k nMn i^oft 



S59 

lus introdujo I y cuando kiiieTai cifeimitanriafi vfMo 
gusto par iicnlar, nuevo giro de ideas permiten haoeno, y 
aun obligan á ello. Bajo este punto de yista , MuMO eia 
romántico, y consideraba el romanticismo como la verda- 
dera literatura moderna, y como llamado á satisfacer lis 
necesidades literarias de la actual civilización; Pero á sa 
razón y á su gusto repugnaban las exageraciones á qos 
esto daba lugar. Los espectáculos dramáticos reducidos i 
cuadros inconexos , la decencia y la moral holladas ei 
las descripciones de amores adúlteros , y en la represea- 
tacion de malvados que se esfuerza el autor en hacer in- 
teresantes ; el propósito de disculpar los mas horrendo! 
crímenes , ya con la energía de los sentimientos que imr 
pelen á cometerlos , ya con el fatalismo de las circuoi* 
tancias; el lenguaje osado y furibundo « y la naturalesif 
en fin , sacada de su quicio. Por fortuna esta moda no H 
arraiffó en nuestro país , ni se arraigará en ninguna par* 
ie á donde no le haya precedido la corrupción del guilf 
y de la moral , porque ambas cosas y hasta la raion is 
menester que se corrompa para complacerse en eseemí 
patibularias , y en las que no pueden menos de ofender i 
la virtud y al pudor. En las materias literarias acredita^ 
ba también Musso su profunda erudición y su vasta ks^ 
tura , no pudiendo menos de admirar el fino tacto y A 
delicado gusto con que juzgaba todo género de ooM 
artísticas. 

Habia emprendido 6 proyectaba tres obras de iomt 
importancia , siendo necesario que para ello venciesA 
sus amigos su natural modestia y la desconfianza quo 
tenia de sus fuerzas. Era la primera un curso completo 
do religión , escrito bajo un plan vasto y nuevo , y en sT 1 
que se demostrase la verdad y divinidad, de nuestra reli- j 

Íion. Era la segunda una historia de España , que los PP« 
escolapios le instaban á que escribiese , y en la que no 
solo se describiesen , sj no que se juzgasen los acoated* 
mientes , y con filosofía se descubriese el intimo enlace 
de todos ellos y las causas que los hubiesen prodocidd: 
do esta obra carecemoi por desgracia , y aki ella paeli 



3SS 

Mne úüt nos falta la mejor j mas profechosa parte de 
Mtestra histeria : i esta obra deberla haberse unido, aun- 
fM en compendio , la historia do nuestras artes y litera- 
ttn. Se reaucía la tercera i la historia de doña María la 
Grande , de que eran trabajos preparatorios las apunta- 
danés y disertaciones que trabajó para la crónica de don 
Femando IV. So prononia trabajar con tesón en estos 
proyectos en el retiro ao su casa de Lorca, á donde pon- 
aba trasladarse, y cuyo viaic tenia suspendido hasta eTa<-* 
coar una comisión que el gobierno lo había encomendadot 
J que era relativa a un informe que dcbia dar, en unión 
con otras personas , acerca del instituto do las Escuelas 
Fias. Pero su última enfermedad vino á sosnrcnderic en 
■ediodo sus útiles tareas literarias. Hemos dicho mal sor^ 
mnderle^ porque siempre había meditado en ella, porque 
a proporción que adelantaba en edad y maduraba su jui- 
do , so hacian mas vivos sus sentimientos religiosos , j 

rque una vida arreglada y empleada en la práctica de 
virtud es la mejor preparación para la muerte. Un 
ataque repentino á la orina , que al principio so cfoyó 
dn consecuencia , y que después agravándose lo produjo 
iatensos dolores y puso término á una existencia tan hon- 
rosa. Yió acercarse su fin con serenidad y con trun- 
foilidad de ánimo, y antes bien en sus últimos momentos 
hblaba familiarmente de la muerte , sosteniéndolo y ani- 
«indolola esperanza do una felicidad eterna. £1 mismo 
J eon empeño solicitó que so le administrasen los San- 
toa Sacramentos , que no pareció ni prudente ni justo 
üUtarle. Los recibió con tan viva fé , con tal conjunción 
7 fervor , que edificaba á todos los circunstantes. Des- 

Cis do haber tenido un alivio momentáneo > el 31 de ju- 
do 838 , espiró rodeado de su confesor , que lo asistía , 
ovarios PP. Escolapios, cío muchos v escelcntes amigos. 
Hoce minutos antes encargó á su confesor que recomen- 
dase á sus hijos la observancia do nuestra santa religión y 
d culto á Maria Santísima , que bajo la advocación do la 
Encarnación se venera en su santuario de Muía. Su muerte 

hi tü YwM U de OH jnatOi cuyo espíritu fM^^^i^ ^^u 



5W 

Ut miseriaü^ de eit«,yidiu se eiicamliui plá^AavAPte é •% 
patrU celestial. Ea su testameato dülspuso qae se. d¡e-« 

sen gracias en su nombro á los amigos que en m^ 411um 
enfermedad lo habían acompañado y asistido. Su4 r^stof 
mortales fueron conducidos al cementerio de la puertí 
de Toledo, donde se hallan depositados. El padre Ramoa ' 
Yaile del Corazón de Jesús , profesor de retórica eo d| 
seminario de Escuelas Pias de san Antonio Abad, dicii 
ln inscripción latina que se grabó sobre la losa de su «9* 
pulcro ; dice asi : 

HlG JAGET 

Josephus Musso et Valiente, 

eliocrocencis, 
dulce patriffi decus et amor, ; 

sapientise yirtutis alumnus, 
cui mores aurci, memoria tenax, 

mens diyinior et Índoles 
faustis natrita sub auspiciis 

calasanctiorum. 
Datas terris coelesti muñere 
honestam duxit per omnia vitam, 
pro aris et focis tulit multa 

tentavit plura. 
Linguarum philologi, mathematici, 

philosoü theologi etiam, 
quin omnium pene disciplinarum academici 
dignum coluere sodalem, 
suspexcre magistrum, 
magnus magna scripsit 

majora parabat. 
Parentem abslulil atra dies, 
et funere mcrsit acerbo Matriti 
pridie kal. aug. an. MDCCCX\XVm, aetat. LU, 
doleut tanta jactura liller^, 

luget patria, 
acerbus paren tat orbata pietas. 



J L 



Aanf^wp d9B Jos^ MusW;X Valiente,; P«ftw4 ¿♦.i^ 



y ée li i^iMud » Aotado de bella» edtlvmbres , te-t 
Mmoria , índole felii y saperíer tálenlo i sábiimeDle 
' ido ee lea eacaeUs Gialaaaedas. Dado á la tierra por- 
kseeion oeleUial, aa yida no amancilló nvtieá la pin 
le la TÍrtud. Sapo sacriiicartié ñor la religión y la 
, y nada bastó á a« celo. Los filólo|to8, mateñáticoa, 
>tog09 también, y Ita Academias casi todas se bon- 
Veii con SQ nombre » y respetaron la anperioridad de 
Éíluees. Dejó bellos escritos su bello infsnio , y medi- 
Atf obras de mas alta importancia ; pero desgraciada- 
tile nos lo arrebató «na mneite prematora , y deseen* 
Ü al senulcro en Madrid el 31 de jorio de 1838, á los 
lyioa oe su edad. Con tan sensible pérdida lloran las 
Iraa, se enluta la patria , gimen en amargo daelo la 
■hlad y amor filial. 

^' Veamos el jiñcie ene acercado Mnsso reasmne nn es- 
lllir , (1) que tan intiaaamente lo trató, y que tantas cir- 
•Ütancias reonia, pava poder apreciar exactamente sit 
Ürilb. «Tal e8> en sama, dice la historia del seior don 
Ni Masso y YaKente, hombre estraordinario por sa ta- 
Alo, por su prodigiosa memoria, por su vasta erudición, 
k* so esouisito gastó, 'oa quien asi Cábian las Terdades 
Himes ae la religión, las abstracciones de tas ciencias' 
saetas, la severidad de los estudios históricos, como los 
acantos de las artes, la chispa do la imaginación mas 
rulante, de trato afable , que lo mismo atraía la grave- 
U del anciano , ^uela inconsiderada netulancia del jó- 
n; que bajo el esteriov 4b una raion iria, de una con- 
ersacion que sasonabau. los chistes y las broqias, ocul- 
iba un alma de fucgo^ uii corazón proFundam ate sonsi- 
le, que muY pocos supieron comprender; llamado por 
isstension ae sus conocimientos «.por la fuerta de sus 
dantos, á ocupar los mas altos destinos de la nación, 
bogaba por modestia ó por humildad este impulso den- 

d) ifeiaehsa, Memoria duda. 



3». 

bode li; T«foii'ñiigiilir ^ no lapiepiNi eoM^imdkr ki 
que ei^e.iiofolros am; ejercido el pi^er, camdo lepra- 
gunUban, ¿ijué destino quería? iiiNtn§uno: contestaba fl; 
porgue nada valgOf ni ie nad^ «oyjcopai.» Cwüquieraf ha* 
biera contestado el que .le conociese, porque no hábil 
sacrificio para él, cuando se le exigia en nombre de la 
patria» Y porque á sus talentos sobraba flexibilidad pira 
sobresalir en el que se le bubiese confiado. Sea ejemplo 
de lo primero que babiéndosele significado poco tiemps 
antes de su bllecimiento, que pensaban ponerle al firenle 
de la instrucción pública en el Consejo oue con este titi* 
lo se pensaba crear, se escusó pretestando que nada soUi, 
quemngun tUulo tenia para tanto honor; becho que pare- 
cerá increíble. á quien no le conociese muy á iondo. Hé 
aqui el secreto de que bombre tan eminente nunca subie- 
se al poder, ni ocupase puestos capaces de. haber desea- 
bierto todos sus recursos. En época y en pais en que tab 
cada cual por lo que suena, y suena á medida de lo oü 
habla, y hace hablar de si á los demás, ¿cómo habia de ha- 
cerse lugar quién solo trataba de encubrir su mérito,' 
desvanecer la idea que de él hubiesen formado sus eoBr 
ciudadanos?» 

El señor Bermudez de Castro lloró la pérdida de ü 
amigo en magníficos y sentidos Tersos. Insertaremos iM 
mas notables estrofas. 



Padezca el cuerpo en dolorosa calma 
Si un cuerpo amigo espira ; 
Pero alégrese el akna si otra alma 
Ya en libertad espira. 



Ti 






o. 



¡Oh lá, que agora soUlaná y triste 
, Te inclinas al etnbate de la snerte* 
\^ Como la yedra •si en la tierra inerte 
Cayó el tronco del olmo protector! 
Tá 9 cayo acento en ffinebres solloios, 
Al firmamento , timido , se exhala 
Mientras la ardiente lágrima reabala 
For tn semblante que enlutó el dolor. 

. ■ ...'■... 

Gime '{ infditrui súplica egoista ' 
Do quier en Taño con dolor rettimha; 
Duerme tu padre, el saeBo de la tumba; 
Yiie otra rida de Tentara ya.' 
TuTOz, qae arrastra el Tiento en sa carrera» 
No conmucTe la bÓTeda. ondeante» 
Donde puso en oolninMS de ñamante. 
Su trono , entre relámpagos, JehoTá. 



. ■ I 



Mira del áibol, arrancar las hojas / 
El Tiento del otoilQ seo9>} firla* 

Y arrebatarlas pm rabiosOrlirioF . • . . i n 

Y rcTolcarlas , rechinando a^uti. ; i- .!< ' 
Vendrá la primi^yera^soguirMlda'':'* ( " 
La rama ciü>rirá desnuda alK^rAfi •( . >• 

Con hojas y con floresiiviasf tá llovA »^^!H¡ i 
Porque no hay primaTeOL paira ti. 



!•; {I . !.!,.. 1. r.'í 



59a 



«Subo! » gritóle Dios: a triste es et mundo; 
vPurisinia mi bóveda y serena; 
vSube , que entre tos labios, solo arena 
»Los frutos de la tierra dejarán.» 
Obedeció ; ¡ no llores .1 en el cielo, 
Gomo nubes de mística pureza 
Las palmas que. coronan su cabeza 
Ante tus bellos ojos brillará^. . 



Ahora empieza otra vida; ya su planta 
No estampa en polvo sus mezquinas huellas ; 
En sus ojos la luz de mil estrellas 
Refleja su suavísimo esplendor. 
¡ Y cuando el ángel de la ié su alma ' 
Lleva en sus* almas de esmeralda y oro^ 
Interrumpen su cántico sonoro 
Tus gemidos , tu llanto, ta dolor. 



'i i > . < 



El te aguarda en el coro de querube» 
Que entre abrojos la vida atraresaron; 
Que en los lazos del mondd te 'agitaron; 
Gomo el delfin etf la flotante red. * ' 
Y cuando cabva'eou'áimargaespftttná 
Lahiel,elborded«#c)tli¿^fMéf, " ' ^ 

Te lanzará ánáMtimofMíb; '"^ "<»• ' '' * '' * 
Para apagar tu dévonuilé'téd'. ' ' 



I I,' *..'.• I 






3^ 



¡Llora ! que pronto dota ardiente pecho 
Se calmarán los rápidos váiyenes, 

Y la negra corona de tus sienes 
Sus punzantes espinas perderá. 
No borrará su imagen tu memoria; 
Mas su recuerdo plácido » postrero, 
Como el rayo del tímido lucero 

En tu vida infelii reflejará. 

¡ Libre está ya! su espíritu al dejarla, 
Secó de su existencia la corriente, 
Que como el manto del centauro ardiente, 
Sus desmayadas fuerias agobiól 
I Llora, llora, mujer 1 para ti fueron 
Sus pensamientos últimos del mundo» 

Y en el ruego postrer del moribundo, 
Tu nombro , melancólico sonó. 

Oirás siempre sus ecos : en las auras. 
Del anchó bosque en los suspiros fagos. 
En el murmullo de los tristes lagos 
Escucharás su acento paternal. 

Y cuando el suefiode tus ojos huya, 
Una mirada hasta tu frente bella 

« 

Bajará sobre el rayo de una estrella 
Para ser en el mundo tu fanal. 

FIN DBI. TOMO VU. 



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galería 

bE ESPAÑOLES CELEBRES 

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BIOORAFIAS Y BBTBATOS 

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MAURID. 

uUi li CamUi. Dúii. 8 j 35. 



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DOM CABliOÜ IiATOBBG< 



an adelantada ya la publicación de esta GaUria^ y 
lo ella verdaderamente un bosquejo igualmente de- 
ido que filosófico de la historia moderna, no podría* 
dejar de presentar á nuestros lectores, para cern- 
ir aquel, enlaparte relativa á la escena nacional, 
liografía de un actor tan entendido en el arte que 
Tesa, como aplaudido en los teatros de la corte y en 
ide las principales capitales del reino; de un hombre 
á la circunstancia de haberse formado por sí solo y 
estudio privado^ reúne el doble mérito de haber en- 
lo á muchos , y de estar enseñando todavía * como 
isor de declamación en el Conservatorio, lo mismo 
ejercita con tan singular aceptación y con tan repe* 
r^plausos en los teatros de la capital. El mismo que 
Klas reglas da también el ejemplo. Por consiguientef 
iireglas, que mejor llamaríamos consejos, llevan en sí 
Biayor prueba y toda la autoridad que merecen, por- 
B no se la da.e$ta,, ]a opinión aislada de ningui^ artista 
4e ningún e$critor, sino d gusto de aquella potcvou 



4 

escogida é ilustrada del p6blico, qae habitualmenle asiste 
en nuestro pais alas representaciones teatr.iles. No quie- 
re decir esto , que el actor de quien habLirnos haya se- 
guido ciegamente el rumbo que pudiera trazarle el gusto 
menos depurado de otras épocas anteriores , ni tampoco 
que pretendiese imponer al público el yugo de un goito 
que no se conformase con el carácter, con los sentimien- 
tos ¿ instintos nacionales. Antes al contrario, siguiendo, 
este actor sus inspiraciones propias y el camino que le 
trazaba la naturaleza, á la que continuamente consultaba 

Eor medio de una obseryacion constante é ilustrada, N 
aliaba siempre dispuesto á someter sus ensayos al juicio 
del público , con quien en cierto modo debia trausigirt 
tratándose de un arte como la representación teatral, que 
es de agrado y de placer. Por lo dicho, y por la época en. 
<|uc por primera yez se presentó en lá escena de Madril- 
el señor Latorrc, se conocerá desde luego el interés y b 
importancia que deben tener en su biografía los pof* 
menores de su yida artistica, en que se espongan los mi^ 
dios que empleó y la dirección que siguió para formarw 
en el arte de la declamación, las diBcuitades que yendíf 
los estudios que hizo, el sistema aue adoptó , el métolíj 
con que estudia y ensaya los papeles de importancia 
desempeña, y los esfuerzos que ha empleado para redi 
el arte de la representación teatral á un sistema com| 
to, y á principios fijos y seguros. Este estudio non 
á conocer naturalmente los progresos del gusto gei 
en el arte de la declamación , asi como las mejoras 00, 
tanto en la corte cuanto en las capitales de las proyiddM^ 
se han introducido en las representaciones teatraleOv^ 
que en una parte muy principal son debidas á lainÚíi 
gencia y esfuerzos de nuestro actor. ■'.'^ 

La -civilización y las costumbres de nuestro siglo íi^ 
podrían permitir que un escritor, con el designio de ré^ 
tratar al hombre najo todos sus aspectos , preteüdielfl 
alzar una par:te del velo que oculta los accidentee de tÉ 
yida privada, ñi que pretendiese trasladar á sus leet(ffi# 
mJ sagrado del hogar doix^stico. Hoy solo es lícito ~ 




5 

cribir, y mucho mts rcspoclo do las personas que viven, 
su vida públicav dando á conocer el influjo que han ejer- 
cido, ya en los acontecimientos politicos, ya en la litera- 
tura , ya en las artes. Pero como el honu)re no es mas 
que uno, sus ideas» sus sentimientos y sus mas ocultas 
ibcciones se revelan en los hechos públicos, en sus opi- 
niones políticas y en las obras que producen. Si esto se 
observa en general , tiene una esplicacion mas especial 
con respecto á los artistas dramáticos , que dtoben todas 
lus ventajas, y el elevado puesto que han llegado á al- 
canzar en la escena , a su esquisita sensibilidad , á la bri- 
llantez de su imaginación, al fuego de su entusiasmo, y 
í la inspiración de su genio. Del actor de teatro nuede 
decirse con propiedad que no tiene secretos para el pú- 
blico, pues lo ofrece y representa en una serio de obras dif 
versas todos los arcanos ao su corazón: no tiene el escri- 
tor que empeñarse en reunir episodios do su vida priva- 
da, ni incidentes que satisfagan la curiosidad quo inspira 
la celebridad de un hombre tan conocido del público, pues 
il propio, y casi diariamente, sabe retratarse á si mismo, 
cuando espresa tanto los sentimientos cuanto las escenas 
Bas ocultas del hombre interior. Do esta manera, carac- 
Wriíandoal actor, se caracteriza al hombre. 

No por eso sin embargo dejaremos de apuntar algu- 
Us circunstancias, que ademas de ser propias de este gé- 
nero de escritos, no podrán menos de interesar á nues- 
tros lectores, ademas de convenir igualmente á nuestro 
fropósito. Nació don Garlos Latorre en la ciudad de To- 
fo a 2 de noviembre de 1799. Fueron sus padres don 
Antonio Gómez de Latorre y doña Catalina Gucrroro y 
Uarc.igo. Su padre siguió la carrera de la Hacienda uú- 
blica, y desempeñaba á la sazón en aquella ciudad el- 
destino' do contador de rentas, habiendo despules pasado 
á desempeñar en propiedad sucesivamente las intenden- 
cias do A^sturias y de Zamora. En rasa de sus padres re- 
cibió don. Carlos la primera educación, en la que pusie- 
Ton aquellos todo el esmero que evigia su posición so- 
cial. Antes de salir de la infancia» fue aduüüdoewU c.;y^ 



de pajes del rey en tiempo de José Napoleón. Esta can 
de educación , que siempre habia estado en un pie bri- 
llante , lo estaba entonces mucho mas , porque merecía 
una protección especial de José I y de su gobierno. 
Ademas de enseñarse en ella las matemáticas, la ffeogra- 
fia, la historia, las humanidadcsy las principales leDgtui 
antiguas y modernas, so instruia á los alumnos en til 
artes y habilidades propias de un caballero, como el di- 
bujo, la música, la equitación, la esgrima, etc. En eiti 
casa fue educado un hijo del general Hugo , llamado Vis- 
tor, que hoy ha adquirido un nombre célebre en su pa- 
tria y en toda Europa . Latorre siguió los estudios de 
aquella casa con todo el ardor de su carácter, descubrieo- 
do en todos ellos unas felices disposiciones, y manifei- 
tando una inclinación especial á las artes y á la poeáfa. 
Sin embargo , aunque se complacía mucho en la Jectan 
de los poetas^ recitando y conservando de memoria ni 
mas bellos trozos , jamás se ensayó en la composicioii 
ya fuese por falta de osadía, ó ya porque en las escndlf 
de poética no se acostumbraba entonces, ni aun creamtf 
que se acostumbre al presente, empeñar á los discípnbl 
en ejercicios prácticos. Dejó esta casa á la retirada ae lü 
tropas francesas, y pasó á Francia en compañía de supih 
drc, obligado á emigrar por consecuencia de las circnni* 
tancias politicas. Después que su padre fijó su residencilf 
se dedicó don Garlos á proseguir y perfeccionar sus th 
tudios , Y muy particularmente á mejorar la escritura J 
pronunciación francesa , que llegó á adquirir con la ei- 
traordinaria perfección, de que en adelante daremos ua 
prueba irrecusable. Uno de los estudios que practicó, coi- 
sistia en concurrir frecuentemente á oir los discorsQl 
que so pronunciaban en público, tanto en los tempblf 
cuanto en ios tribunales y en las cámaras: de esta mane* 
ra acostumbraba su oido á la mas perfecta pronunciacio9f 
y al mismo tiempo , como era consiguiente, adqnina d 
gusto en la declamación. Según requería su edad y M 
afición á la poesía, le merecían los teatros del país» y ao- 
bre iodo elllamado loalro íroLUcés^ ana especial predi*» 



7 

Moii. No 86 contentaba con frecaontarlos , sino oue 
aiemas tomaba de memoria y recitaba en su cuarto ios 
tmoi mas selectos de aquellas mismas tragedias que ha- 
lii Yisto representar. Siguiendo cie|(amente el instinto 
Ugusto, sin mas imnulso que su aGcion á la poesía » sin 
llio designio que el ae perleccionar su pronunciación en 
ll idioma de aquel pais, iba formando y mejorando, sin ad- 
latirlo, su gusto en la declamación teatral, y las prime* 
Hl nociones do este arte encantador. (Cuan lejos estaba 
^lonces de imaginar que algún dia lo habia do ejercitar 
ll su patria, y que en 61 habia de fundar un titulo á la 
lakbridad y á la gloria! 

Ni su amor ala lengua y literatura de su patria, ni los 
iQliseios de su buen padre, le permitieron olvidar la Icc- 
In de nuestros buenos poetas , alternándola con la de los 
Horitores y poetas fanccses. Destinado á la carrera mili- 
br desde que entró en la casa de pajes , quiso su padre 

Eeen Francia sirviese al imperio en la Guardia, como 
mejor escuela en que pudiera aprender la ciencia mi- 
Itar. £1 joven Latorre amaba con ardor esta carrera , y 
lm> do entusiasmo quiso ponerse al lado de aquellos va- 
Ivites , que habian llenado el mundo con la gloria de sus 
Mfuresas. Aun todavía, y después de muchos aQos , no 
piMÍe recordar sin conmoverse unos batallones á los que 
II gloria de haber pertenecido. El mismo señor Latorre, 
i^en hemos tcniao el gusto de conocer y tratar hace 
■Mho tiempo, se extasiaba, hablándonos el año de ¿3 por 
háiridas llanuras de la Mancha, do los movimientos y 

Codes operaciones do la Guardia imperial , asi como 
valor Y entusiasmo de los bizarros soletados que la com- 
Mian. liisuelto aquel ejército después de la restauración 
liiloa Borbones, toIvíó don Carlos al lado de su padre, 
iMinuando en sus pacíficos entretenimientos , hasta que 
ialSiü volvieron aitü)os á Espíala , lijando su residencia 
íaMadrid* Tanto en aquella ¿poca , como eu las posterio- 
itii vivió don Carlos alejado en cierto modo de las cosas 
IMÜtieas, porque ni su carácter « ni su educación, ni su 
'^^~ á la independencia personal, ni su ánivoo qiauV«> ^^ 



8 

toda ambición y de toda mira de eiiffrandecinúento propin 
lo impulsaban á tomar una parte mmedíata j actiya m 
las luchas enconadas de los partidos. Amando sin embir» 
go con ^nceridad 6 ilustración la libertad de su patriif 
corrió á tomar un fusil en la Milicia Nacional de Madrid; 
j siguió sus banderas, sin abandonarlas jamás , hasta li 
isla gaditana » donde , por consecuencia de los aconteci- 
mientos entonces ocurridos , fueron enteramente disnel- 
to aquellos cuerpos. Trató entonces de Yolyer á Madrid,} 
quiso ser de los primeros , conociendo muy bien la irrif^ 
tacion de las pasiones, de las que habia de ser mayor y 
mas grande el desenfreno, después que el rey Feraand» 
y su comitiva hubiesen atravesado los pueblos del tránsi- 
tos hasta la capital. No hemos sabido nunca de qué medi0 
se valió para proporcionarse un pasaporte , en que no M 
hacia mención de haber sido Miliciano Nacional de Ma- 
drid, y en el que se anadia la circunstancia de ser ri iiH 
teresado , fabricante de medias , que pasaba á Burgos. Ifo 
se contentó con esto , sino que al mismo tiempo se viili^ 
del traje correspondiente, con un mal pantalón azul, un» 
chaqueta del mismo color , sin pañuelo al cuello , en pieM] 
ñas, y con alpargates, llevando al hombro un palo, en qM 
iba atravesado un lio de ropa ; de esta manera le conocí-* 
mos y hablamos por primera vez á la salida de Córdobl» 
y podemos asegurar , según después hemos reflexionadOr 
que jamas el señor Latorre , á pesar del mucho estadio 
que ha hecho posteriormente, ha desempeñado ningún pa- 
pel con la naturalidad, con la verdad, con la propiedad 
que representó entonces el de fabricante de medias. Via- 
jando á pie , confundido entre la multitud de desgracia* 
dos que volvian á sus hogares , comiendo en una esqoiía 
de una mesa , y echándose á descansar en un rincón de 
las posadas, no era fácil reconocer bajo el traje y los mo- 
dales con que se disfrazaba , á una persona de tan esquí* 
sita educación. El que escribe estas lineas fué por algu- 
nos dias uno de los engañados, hasta que al cabo advirtió 
en su conversación la cultura propia de un caballero. 
Aunque con algunas personas, durante el viaje , se íraiK 



o 

■MM I j«mái en las ocasiones criticas y en los machos 
urterrogaiorios qae safrió en casi todos los pueblos del 
bnlaaito faltó á las condiciones qae exigía el personaje qae 
Mpresentaba. Precavido y sagai, le bastó una mirada 
pira conocer el estado de exaltación en que se hallaba 
Ma gran parte del vecindario de Córdoba. Era dia do 
im Rafael, patrón de aquella ciudad; y con motivo de la 
hrtividad de aquel dia , las calles y las plazas estaban lie- 
ias de gente : turbas de paisanos armados capitaneadas 
pN* frailes dctenian 6 interrogaban y examinaban los pa- 
Hiportes de los viajeros en cualesquiera calle ó plaza que 
ki encontrasen: jamás podremos olvidar las cintas blan- 
Dis con el lema de: Morir 0$ ley ^ por la Inqui$icion y el 
Ki¥, que era el distintivo de las turbas y sus caudillos, 
lilas amenazas ¿ insultos que dirigían á los que recono- 
Bian en traje de viajeros. Latorre salió bien do mañana de 
l|Bella ciudad 9 en la que no quiso descansar. De esta ma« 
Mn selibró de muchos entorpecimientos y aun peligros, 
li Tembleque fué mas prolijo el reconocimiento do los 
l|iDpajcs; y un oficial, en calidad de comandante de las 
tasas, fué examinando los pasaportes de todos los via- 
|ÍÉüs, é interrogando á cada uno en particular sobro su 
rittej circunstancias y motivo (le su viaje. Nuestro fabri- 
knte de medias se mantuvo en sus trece, y tan sereno, 
te tranquilo y con tal al^andono , que el bueno del co- 
iandante, que á los poces días lo encontró en la Puerta 
USol, no pudo menos de decirle: «caballero.... me pa- 
üeia Yd. dispense.... es Yd. un vivo retrato de un 

fc\eaníe de medias , á quien hace pocos días he visto y 
ado en la Mancha. » En Yal<lepeñas se forinó un de- 
)hi(o general de todos los procedentes de Andalucía. Por 
ti comisario general de policía, llamado Giménez, hom~ 
bsde estatura semicolosal, con pies, manos y facciones 
^respondientes, se examinaban escrupulosamente los 

Ciportes de todos los viajeros , y solo se daba el pase á 
que, después de un prolijo interrogatorio, no se les 
liKiibria patente sucia. Las contestaciones que dio en es- 
^' bterrogatorio nuestro fabricanie de medios lu^t^\i 



10 

obra maestra > por su naturalidad y por sa oportimidaii' 
por la yiyeza con que se daban, y basta por el acento | 
tono de yoz de la persona que hablaba, y por el aipciM^j 
y continente , y por la actitud y moyimientos de la oi^ 
ma : el efecto fué estraordinario y la ilusión completa, l| 
tal maneta , que sin dificultad yisó el comisario JíhmÍmI 
el pasaporte del señor Latorre. De todos los comproní^ 
sos , que en aquel yiaje eran frecuentísimos, salia el nuM 
mo con igual felicidad , sin que nadie pudiese ni remolM 
mente sospechar la clase á que pertenecía, y sin que k| 
preguntas mas estudiadas y capciosas fuesen capaces h 
sorprenderle. Pocas leguas antes de llegar á J^adrii^ 
desapareció, y á pocos dias tuyimos el gusto de eneoft^ 
trar y reconocer en la calle , no sin dificultad, al an ' 
fabricante de medias > conyertido en uno de los pri 
elegantes de Madrid. 

Ya hemos dicho que el señor Latorre no mo 
yocacioná los destinos públicos: tampoco en aquella é| 
le hubiera sido posible obtener ninguno.Tanto esto, c 
tola delicada consideración de no ser srayoso á su pa< 
que á pesar de su mérito y servicios, y de sus muchos 
gos, se encontraba á ía sazón sin destino, le hicieron 
sar en fijar su suerte de una manera estable é ind 
diente. Después de haberlo pensado por algún tiempOf 
impulsado por su afición al teatro, se decidió á seguir 
carrera. Es de advertir aquí, que aunque conocía muy 
fondo las mejores tragedias francesas y nuestras mejom 
comedias; aunque recitaba con inteligencia y gusto IVi 
mas escelentes trozos de unas y de otras , jamás, ni i^, 
entre aficiofiados , habia ejecutado ninguna pieza detá*^ 
tro, hasta que por primera vez se presentó en el t^^* 
del Príncipe en 21 de febrero de 824, á representar Pj 
papel de Ótelo en la tragedia de este nombre , tra| 
que desde la muerte de Maique:^ no se habia puesto 
escena, que era una de las que mas repitió y en que n 
entusiastas aplausos obtuvo aquel gran actor; y quiíí Ji^ 
que por su originalidad y carácter, y hasta por el apárala 
y lujo de la escena habia dejado mas profundos recuef*^ 



11 

I en los espectadores madrileflos : los baenos aficiona- 
I de la corte se esforzaban por imitar á Maiqoez en las 
í interesantes escenas de esta tragedia : era pues muy 
¡groso ponerse en lucha con tales recuerdos ; y era 
mas muy difícil elevarse á igual altura, siguiendo un 
ibo trazado por inspiraciones propias , y después de 
>nocido en aquella tragedia el gusto del público. La* 
'e no alcanzó á Maiqucz, ó á lo menos no pudo ycrlo 
»ajar en edad en que fuese capaz de aprovecharse de 
lecciones. Ademas, el sistema de Latorre, fundado en 
tenta observación de la naturaleza, para corregirla, 
orarla y ennoblecerla, no consentía imitar ciegamen- 
ningun otro actor: de algunos que vio en su prime- 
ayentud^ tanto en España cuanto en Francia particu- 
oente, se aprovechó, pero no para remedarlos ser- 
iente> cosa que no es propia de un artista entendido, 
I para imitar á la naturaleza de la misma manera que 
s, siguiendo la misma dirección, y fundando sus es- 
anzas en sus facultades y en su inspiración. Este mis- 
sistema, que casi por instinto se habia formado el se- 
Latorre , antes que pudiese darse una razón comple- 
te él 9 le hizo también no imitar servilmente á los 
ndes actores franceses que habia visto trabajar: ad- 
"aba en la representación de las tragedias francesas 
esfuerzos y el talento de aquellos, y sus raras dotes; 
o haciendo abstracción de las diferencias del gusto 
ional, y de lo que exigía la naturaleza de la lengua y 
la prosodia, no podia menos de observar que detrás de 
actor, por eminente que fuese, habia una cosa mas 
Da todavía de observación y de estudio : esta cosa era 
^rsonaje histórico que el actor se encargaba de re- 
sentar, si el pintor lo representaba por medio de los 
)res, si el escultor por medio de las formas; si el 
ta por medio de^ las palabras que ponia en su bo- 
de las situaciones en que lo colocaba, y de los he- 
8 en que le hacia tomar parte , al actor le estaba en- 
lendado prestarle vez, movimiento, vida, afectos, pa- 
les 9 para producir una ilusión completa en eV ámmo 



12 

de los espectadores: este era el único medio que pedia 
emplear para estudiar á la naturaleza, y este es el único 
que es propio de artistas. Aunque el señor LatorrereoH 
noció este como el principio capital de sus sistema; aun- 
que el éxito de su primera representación no pudo ser 
mas lisonjero bajo todos aspectos, y en tal manera qoa 
no tuvo motivo para abandonar la senda quehabia segui- 
do, ni para desanimarse en su primer ensayo; con io- 
do, sus primeras representaciones dieron ocasión i 
que se discurriese y disputase en el público, y especial* 
mente entre los aficionados al teatro, sobre la novedad de 
gusto que parecía pretender introducir el señor Latorre. 
Quién suponía un crimen separarse en un acento, en el 
menor gesto de las formas y maneras de Maiquez; qaién 
censuraba la exageración de una nueva escuela que califi' 
caba de absolutamente francesa: nuestro nuevo actor oia 
todas estas opiniones, las comparaba entre sí, examinaba 
lo que pudiese haber de fundado en cada una de ellas, J 
consultaba mas todavía que el juicio de los inteligentes el 
efecto teatral , es decir, el sentimiento del público , que 
en último resultado decide en materias de gusto, de lo* 
das las opiniones y de todos los sistemas. Desde entonces 
principió á contraer el hábito de fijar su atención, tanto 
en las tablas cuanto entre bastidores, mas á la escena ano 
acababa de representar, queá la que ejecutaba ó debía 
ejecutar. Esto lo ha hecho en toda su carrera, y es. una 
de las circunstancias á que debe en gran prte sus pro- 
gresos, y muchos de los lisonjerostestimonios que hame* 
recido del entusiasmo público. 

Pero después de estudiar y comprender el carácter 
de un personaje histórico, según y de la manera que se 
hallaba modificado por el argumento del drama , por U 
situación en que le colocaba el poeta, y por las pasiones J 
sentimientos que le atribula; ¿de qué medios se valia el 
señor Latorre para elevarse á la altura del personaje his- 
tórico que pretendía representar? De uno bastante inge- 
nioso, y que en efecto no podia dejar de darle ün feliz re^ 
multado. Es observación que le hemos oido, y que Dohfi* 



<5 

AMM podido oWidar. So decía asi mismo: «en tal situa- 
ción, ¿deque manera pensaría, sentiría y me espresaria 
70? Pues bien, voy á representar tal panel como si real 
j Yerdaderamentc me encontrase yo en la misma situa- 
ción que el personaje á quien voy á representar, es decir « 
loque vulgarmente so llama poseerse del napel. ¿Basta 
«ito? ¿IIabr6 conseguido de esta manera el ODJeto que mo 
propongo? No, porque entre las ideas; los sentimientos 
jlas calidades, no tanto hist6ricas, cuanto las que le 
ilribuve el genio del poeta , que no podrá menos de 
ennobíecer y engrandecer hasta el ultimo punto al hérocde 
mcomposirion, hay una distancia inmensa. Y ¿qu6 mo- 
to emplearé para salvar esta distancia? El do modificar, 
kista donde alcancen mis facultades y mis fuerzas, mis 
ifeclos, mis emociones, y todos los fenómenos de la ima- 
ginación y de la sensibilidad, de tal manera, que me acer- 
Ioe yo en lo posible á representar á OresteSy á Edipo, á 
Jejandro, de la manera que el poefa'io representa en sa 
irama : si el personaje que éste crea es en cierto modo 
ideal, también serán ideales los sentimientos y las pasio- 
les que yo le atribuyo: pues este es el idealismo del arto 
le la declamación, como lo hay en la poesía, en la pin- 
tora y en todas las artes de imitación. ¿Qué camino se- 
jpiiré para elevar mis diversas facultades de tal manera, 
^e correspondan á la creación del poeta? ¿De qiió mane- 
Ttmi acción, mi gesto, mi acento, mis actitudes y mis 
iiferentes emociones se elevarán hasta el grado que ha 
llegado el poeta en su tragedia? La historia, el estudio 
lelas pasiones, el del pensamiento del poeta, mi imagi- 
Ucíon propia, y los movimientos de mi sensibilidad, son 
los que únicamente pueden dirigirme.» Esto pensamien- 
to del señor Latorre es tan exacto como fecundo; y 61 
ioto basta para dirigir en sus estudios á un actor, que so 

nionga adelantar en su carrera. Desde luego se nota 
^ ifcrencia capital que hay en las artes, entre copiar 6 
imitar, y so da a conocer el idealismo en la declamación, 
t U manera del quo se observa en las obras de otras ar- 
tes. En esta parte el actor sigue las hueWa^ df!\ i^^Vb.^ 



14 

para dar á su composición vida y colorido , y para com 
pletar su pensamiento: el uno llega hasta donde alcanzai 
su pensamiento y los recursos de sL arte: el otro, es de- 
cir^ el actor, emplea estos mismos medios, y ademas $m 
facultades físicas para que el efecto y la ilusión sean conH 
pletos. ¡Cuántas dificultades tiene que vencer el actor! 
¡Con cuántos obstáculos ha de luchar! El actor de m 
cuadro combina detenidamente el asunto de aquel; lo di- 
seña 9 le da colorido , examina comparativamente todas 
sus partes, observa la armonía de ellas y el efecto gene* 
ral de su composición ; que puede corregir á su sabor. 
Un poeta toma el argumento ae su tragedia ó de m dra- 
ma, de la historia, de las antiguas crónicas, ó déla socie- 
dad; lo escoge según su afición y su gusto, elige el punió 
de vista que mas le agrada, y las situaciones que mas n 
conforman con sus propias iaeas, pudiendo corregir tranr 
quilamente su obra, y oir acerca de ella el consejo dei^ 
apasionado de los inteligentes. Pero el actor de teatro 
tiene que comprender un pensamiento ajeno , á veéei 

Srofundo: tiene que aceptar un asunto, que no ha elegi- 
0, tiene que representar caracteres , sentimientos, pt-* 
siones que no son suyas, y que tal vez están en contri* 
dicción con ellos; y tiene en fin que caracterizar por me* 
dio de sus facultades físicas, personajes que existen en ll 
naturaleza de la manera que el poeta los representa. Vi 
es estraño, pues , que sean en todos los países muy po- 
cos y aun raros los grandes actores trágicos; porque ade* 
mas ae las dotes que requiere este género, y de las siogor 
lares facultades que exige, se necesita para su cabal &lr 
empeño un estudio y una penetración que no es fácil ro* 
umr. No es esto decir que en los demás caracteres, coÍMi 
en los que se ofrecen en las comedias de costumbres «n* 
haya también idealismo; pero en su representación si' 
se hallan estos sujetos á las condiciones precisas de loi 
caracteres históricos, ni requieren, tan grande estenaioB 
de facultades físicas y morales , ademas de que la natnri' 
leza y la observación suministran por si solas maclioi 
auxilios al actor. En los caracteres históricos hay qo* 



15 

•iá| la áltiirt de la historia y dé lainfmdoii del 
imetando las oonTeaciones teatailes » j al mismo 
ÜMideas y senlimieiitos generales. Aonque estra- 
HBle de la declamación^ no podemos dejar de con- 
ümmente, qae con mayor facilidad comprende* 
ím representamos el tipo de un Áva/to y de una 
Éif ^pe él de un Cid ónn Edipo. 
¡Meion de estas doctrinas, ^ne eran coma las prí- 
Mis de su sistema» fae la ejecución de las trage«- 
m desempeñó á su aparición en el teatro del Princi- 
Iria haber» si se quiere» indicios de una nueva es- 
' de un nueyo sistema en la ejecución del OMo^ 
»y otras 9 pero es indudable míe el aetm halló el 
le herir la fibra de sus espectadores . y de produ- 
grande efecto teatral. Eñ la escena quinta de la 
a, oye Ótelo en silencio loe baldones que le prodiga 
lioso senador Odalberto» que le acusa de haber se- 
«rtificiosamente el corazón de su hija Edelmira» 
^ último se manifiesta admirado de que su hiiá 
i prendado de un monstruo como Ótelo. Mas sm 
Ipuel silencio de éste» su continente, sus miradas 
ai color de su rostro » y harta su actitud^ espresan 
mas pasiones que rápidamente se suceden » y que 
dentro de su pecho. A la nobleza de un Táñente 
a que se le acuse de haber ganado por ardides y 
fios odiosos el corazón de la mujer á qiüen adora: 
)e hubiera rechazado el menor insulto con indig- 
» oye ahora sumiso y confundido los improperios 
ftrige el padre de Edelmira. El corazón de Ótelo 
ido por un anxNr feliz» y embriagado en su propia 



16 

pelida, sacó el seffor Latorre todo el partido que po 
esperarse. Sa tono de yoz, aanque siempre apasiona 
se muestra templado y pausado cuando pnncipiaá haU 
cuando dirige sus ruegos al padre de su amada, se i 
oir afectuoso y tierno , después amoroso, después lei 
ble á la gloria, y por último con el orgullo de unco 
rero que desprecia la muerte en el estrépito y conrai 
de los combates. No hemos podido olvidar el efecto \ 
hicieron, en boca del señor Latorre, estas palabras: 

No... señor... no me atrevo á responderos; 
conozco la razón, la siento y callo; 
tenéis derecho para confunairme... 
Pero ya que me habíais perdonado 
mi nacimiento y patria, al concederme 
vuestra dulce amistad... señor... dignaos 
de mirar mi pesar, y no la pena 
que en este aia sin querer os causo. 
Él cielo puso dentro de mi pecho 
un corazón sensible al dulce halago 
del amor., este solo es mi delito... 
Si á mi elección, señor, hubiera estado, 
en Venecia naciera... no en )a Libia; 
y no penséis que el hado tan contrario, 
puso mi cuna entre sangrientas fieras: 
¿es un baldón el nombre de africano?. •• 
El color de mi rostro me ha impedido 
el probar el esfuerzo de mi brazo?*. • 
Llámanme el moro; y para mi este nombre 
lejos de .vituperio es un aplauso: 
puede que pase á los remotos siglos, 
y la posteridad sabrá apreciarlo: 
solo cifré mi nombre en los trofeos; 

rero el amor cruel ya me ha enseñado 
desdeñar la gloria de las armas; 
y mi triunfo mayor, mi mayor lauro 
será, si, conocida mi inocencia, 
esa terrible cólera desarmo: '*^ 



.\ 



17 

á costa de mi sangre ver quisiera 
>ticstro furor (raiiquilo y aplac.ido. 
Si carezco de nobles ascendientes... 
si olyid6 los deberes sacrosantos 
(te un amigo... contad las cicatrices, 
que hicieron en nú cuerpo horrible estrago. 
Considerad , que salgo do un combate, 
considerad, que vos me habéis amado... 
y en Cn... tened presento que este moro 
su sangre prodigó por libertaros. 

Cualquiera conocerá que el efecto do estas palabras 
Bopodia atribuirse nunca ni en ninguna ocasión al des- 
udado poeta. Si se leyese sin los recuerdos que ha de- 
jado su ejecución , tal vex escitaria la risa. Hemos visto 
^ebas de lo fácilmente (lue se prestan al ridiculo. 

En la escena primera ael acto cuarto, en la quinta del 
lusmo y en la escena última do la tragedia, di6 muestras 
d señor Latorre desde su primera representación, de sus 
{rindes facultades y del especial estudio que habia he- 
dió, tanto en la manera de modular la voz y entonarla, 
Mianto en comprender y espresar todas las pasiones que 
mcesivamente aominaban al personaje que represenlaLa, 
f el combate y la lucha de aquellas. £n la primera de las 
ttcenas citadas retrató con singular verdad los celos de 
()telo y su furor, que admirablemente caracterizó pro- 
>^tmcíando estas palabras tan conocidas: 

Si Edolmira me hiciese el menosprecio 
de entregar la diadema á mi contrario... 
Infeliz!... Infeliz!. «.mas le valiera 
perecer en los climas africanos 
al furor de los tigres y leones, 
y que su cuerpo vil , hecho pedazos, 
y destrozados sus sangrientos miembros 
de carniyoros monstruos fuese pasto. . . 
que , si son verdaderas tus palanras, 
caer por su desgracia entro mis manos. 

loUO VJII. 1 



18 

Las actitudes y todo el fuego escéuieo con que kohh 
pañ6 estas palabras , que nada tenían de afectado , ni de 
exagerado^ ni de amanerado, coniribaian á hacer mas pro- 
funda impresión en el ánimo de los espectadores. Los le- 
los , y la desesperación y el furor , los elevó á mayor gra- 
do el actor 9 al decir á Pésaro que le acababa de entregar 
la diadema y el billete , que supone haber hallado en el 
cadáver del rival de Otélo : 

Mira: ves el papel? ves la diadema? 
pues yo quiero empaparlos, sumergirlos 
en la sangre infeliz y detestable, 
en esa sangre impura que abomino. 
Pésaro , ven : en dónde está ese monstruo ? 
llévame , llévame al horrible sitio 
en que su infame cuerpo ensangrentado 
pueda yo contemplar con regocijo. 
Concibes mi placer, cuando yo vea 
sobre el cadáver pálido marchito, 
de ese rival traidor , de ese tirano , 
el cuerpo de su amante reunido? 
cuando sobre sus miembros palpitantes 
el pecho la traspase este cuchillo?... 
Otélo qué haces?... barbar o, detente. 
Qué ceguedad perturba tu juicio?. .. 
De una débil mujer nunca la muerte 
el valor de tu brazo ha deslucido. 
Siento que mi furor se ha refrenado 
por el esceso del ultraje mismo... 
recuerdo las palabras que su padre 
al despedirse , con furor , me dijo: 
«Ha engañado á su padre, no es estrafio 
que con el tiempo engañe á su marido. » 

Las pocas palabras que pronuncia Ótelo en la ¿Itii» 
escena hacen comprender muv bien su situación borriUt» 
Guarda silencio en casi toda ella > j este silencio estApi'* 
espresa mas que las palabras el infierno que lleva dtfitro 



19 

k n pecho. Calla • porquo no hay palabras que baslen 
ivamarcioitaa ailuacionea estremaoas y horrorosas. Es- 
ti weiicio es el que se naai.n elocueote , porque él solo 
Mesa mas que las palabras. En este caso al actor , si- 
¡■bndo á la naturaleía , no le queda otro recurso que la 
pMiealacion , la conlraccion de todos sus miembros, Ioa 
kofimientos convulsivos. En estos casos también , no hay 

Si diferencias accidentales dcpaises ni de escuelas: no 
y mas que una sola esprosion y un solo lenguaje ; el de 
tsaturalozA, que hace sentir igualmente su voz en el 
Muruon de todos los hombres. 

Nuestras observaciones acerca de la ejecución de la 
ngedia , y especialmente de la que acabamos de men* 
iisDar, que fue la primera que desempefió el sefior La- 
wre , se comprueban por lo que dice este mismo en up 
Mérito bastante notable » que di6 á luí en 1839 , v que 
mninarcmos en adelanto. «El conocimiento de la bisto- 
(is, dice, es indispensable al actor trágico ; por ¿I se fa- 
niliarizará con los héroes que tiene que retratar en la 
ísoena» conocerá los trajes que usaban, sus ademanes, 
^gestos* y todo lo que pueae contribuir al complemen- 
lode la ilusión. El actor destinado solo á la ejecución do 
apeles de una esfera inferior, (cómicos) no necesita 
ioaocimícntos tan exactos, porque sus modelos los en- 
sasoüra en la sociedad que frecuenta todos los dias» y en 
iija linea so halla; es decir, que este tiene ejemplos vi- 
les, cuando el otro los tiene que buscar en crónicas y li- 
^, de cuya exactitud se puede muchas veces descon- 
hr. Y en efecto , ¿quién puede asegurar que un joven 
lia los conocimientos previos que este arte reclama, no 
QSisidere á Aquilea, César, Velayo, Pixarro, abrumado do 
elidas , condecoraciones y bordados? Aquiles y PeUyo 
bsron valientes guerreros , valientes guerreros existen 
^inoostros dias ; retratándolos copiaré á los anteriores: 
Mis podria muy bien ser la reflexión de los- jóvenes de 

SI se trata, como ha sido huta hace muy poco tiempo 
is nmohos actores que han merecido celebridad hasta 
^ nestrof diaa. Evitemos pues, en cuanto posible %«%> 



20 

Mmejanles absurdo». Trabajo ha coatado en nnastrotei' 
tro de Madrid desterrar abusos y rancias costumbres tía 
arraigadas como los cimientos del edificio; perocíertoM 
que desde el año 1826 se verificaron ciertas rcfonnu 
con mucho gusto del público, y doloroso es confcsarkf 
con mucha oposición por parte de los actores. 

i>La naturalidad en la aicciont ademanes y gesto eilí 
muy recomendada por todos los maestros; pero no la na*- 
turalidad del actor N., sino la del personaje que repra* 
senta. El actor debe ceñirse siempre al papel, v nunca el 
papel al actor. La naturalci^ debe ser el moaelo que M 
proponga imitar siempre el actor, y por consiguiente, el 
objeto constante de sus esludios. Los brillantes coloreí 
de la poesía, sirven tan solo para dar mas grandeza y ma* 
gestad á la hermosura do la naturaleza. Sabido es que ea 
la sociedad los s/sres poseídos de grandes pasiones , mh 
brecargados de dolores, ó violentamente agitados por 
grandes intereses políticos, usan, es cierto, un lengiujl 
mas elevado , mas ideal ; pero este lenguaje es asimifflH 
el de la naturaleza. Es, pues, esta naturaleza noble» ani- 
mada, engrandecida, pero sencilla al mismo tiempo, el o^ 
jeto único y constante del estudio del actor, porque 9 
evidente que las espresiones mas sublimes son tamUai 
las mas sencillas. 

» Muchos creen nue la tragedia no es natural» que M 
un género exagera<io ; esta idea se ha repetido sin re- 
flexión, se h(i propagado, y ha concluido por establecerle 
como una verdad. Los que ocupados de otros cuidadoi 
no han hecho un estudio profundo de las pasiones, jwtr 
gan tan ligeramente; y ademas, los autores y actores me- 
dianos, que no han concedido á su arte todo el estoA^ 
necesario, no han contribuido poco á mantener este error; 
y ciertnmenle, ni el modo de escribir de los unos, ni el 
modo de ejecutar las obras dramáticas de los otros, h* 
sido muy á propósito para desvanecer tan falsa idea« Exf 
mínese, pues, la mayor parte de los personajes poUtictf 
ó apasionados de nuestros grandes poetas: examínele ^ 
JP/itpo dfí don Franctsc/O Martínez de la Rosa, y se veri 



91 

foe en sus mejores escenas el lenguaje mas sencillo y 
aatoral es la espresion engrandecida, pero exacta de la 
Mturaleza misma, y que, sin ol adorno de la poesía , el 
üismo Edipo no hubiera hublado de otra manera. 

dLo mismo sucede con los actores, que conservan aun 
en nuestra memoria an buen recuerdo. Tan solo por la 
iel imitación de la verdad, han conseguido oscilar en el 
ÍBimo de esta nación ilustrada una veneración merecida. 
De suerte que las obras buenas de nuestros autores, v el 
talento de nuestros buenos adores, aunque pocos, bastan 
para probar de una manera incontestable que In tragedia 
10 está tan lejos de la naturaleaa como se piensa, y que 
tan solo las medianias han podido dar algún peso á la 
opinión contraria. La verdad en todos los artes > y prin- 
cipalmente en este, es lo mas difícil de conseguir. Un bá- 
hil escultor encuentra en un troio de mármol una her- 
inosa estatua, pero esta facultad no esta concedida ú lodos 
lea escultores: lo mismo sucede i los artistas dramáticos; 
poeos son los aue han pintado cxaclamente la verdad, 
liochos los que han quedado en el rango do medianias^ j 
Mr lo tanto estos últimos en mayor numero , han hecho 
lej y establecido con el tiempo, como solo modelo, las 
mu imitaciones de su debilidad. Nunca me cansaré de 
Vtpetirlo , la verdad no es mas que una , y para probarlo 
IM atreveré i hacer una reflexión. Un duque y un zapa- 
tero, tan opuestos en su lenguaje , se servirán muy & me- 
mdo en las grandes agitaciones del alma , de las mismas 
palabras; el uno olvida sus maneras sociales, el otro deja 
aiis formas vulgares; el uno desciende á la naturalc/a, ol 
Otro sube á ella; los dos se despojan del artificio que los 
tobre, viniendo á ser tan solo y verdaderamente hom- 
Wes. Los acentos del uno y del otro serán los mismos, 
M el osceso de las mismas pasiones ó dolores, 

^Supongamos á una madre clavando sus miradas en 
la cuna vacia de un hijo querido que acaba de perder sus 
"Miones tendrán el sello de la estupido/ , algunas lágri- 
asurcarán sus meiillas; do cuando en cuando algún 
Vrito desgarrador, algún suspiro convulsivo %^\t\viv ^^ 



32 

su boca ; on eslas sefiales m conocerá a la Aoupátk 
madre, ya sea uaa duquesa ó va una mujer -oel pae 
blo, francesa ó española; porque la yerdad j la naturuen 
es una. 

» Supongamos igualmente á un hombre del pneUoy 
á un hombre de alto rango, los dos poseídos de un via* 
lento acceso de celos ó de venganza, estos dos hombm 
tan distintos por sus costumbres, serán iguales por ü 
frenesí. En su furor ofrecerán la misnuespresion, ssi 
miradas, sus facciones, sus gestos, tus actitudes, sos mo- j 
yimientos tomarán igualmente un carácter terrible, graa- 
de , solemne, digno del pincel de un pintor y del estndií 
de un actor; y tal vez el delirio de la pasión, inspirará á 
uno y á otro una de aquellas palabras sublimes, digon 
de ser recogidas por un poeta. 

»Los grandes movimientos del alma elevan al hombre 
á una naturaleza ideal, cualquiera que sea la clase en fM 
la mente le haya colocado , y el país en que el délo b 
haya hecho nacer. 

»No por eso deben buscarse los modelos de esta Vk» 
turaleza en las clases humildes de la sociedad; porqaett 
seguro que ni el pintor, el poeta y el actor elegirán put 

Íintar la cólera de Aquilea, al manólo pellizcando sos b* 
ios agitados por una sonrisa sardónica y convulsivi» 
murmurando entre dientes, afectando una tranqoilidil 
engañadora, el por vida de,., preferirán modelos masn^ 
bles y elevados , tratando de prestar á las ficciones é 
la escena la perfección en cierto modo de la res* 
lidad, 

«Para conseguir este objeto es necesario ({ue el adflr 
haya recibido de la naturaleza una estraordinaria $efnir 
bilidad^ y una profunda inteligencia. Porque, en efeclai 
la impresión que los/actorea producen en la escena no fli 
sino el resultado de la unión de estas dos facultades eseí' 
ciaics. Scffun mi opinión, la sensibilidad no es tan iol^ 
esta facultad que tiene el actor de conmoverse fádlmo^lii ^ 
de agitarse hasta el punto de dar á sus facciones y sobi 
^odo á su voz, la espresion y el acento del dolor que dflt* 



23 

C' rU la ninipatia del corazón , y provoca las lagriman de 
quo le escuchan: entiendo ademas el efecto que pro- 
ducen, y tiene su oriffen en la imaginación , pero no una 
inagínacion que consista en recordar objetos que se pa- 
reican á los presentes, no; esto es tan solo memoria: 
qaiero una imaginación creadora, activa, poderosa, que 
mina en un solo objeto ficticio, las cualidades de mu- 
chos objetos reales; una imaginación que asocie el actor 
alas inspiraciones del poeta; que le trasporte á tiempos 
qae ya pasaron, que lo haga asistir á la yida de persona- 
je! históricos, A a la de seres apasionados creados por el 
fenio, que le muestro como por magia su físonomia, su 
«itatura heroica, su lenguaje, sus costumbres, todos los 
matices do su carácter , todos los movimientos de su alma, 
J hasta sus singularidades. Llamo también ten¿ibil%dad 
«ita factiltad de exaltación que agita al actor, que se apo- 
dan de sus sentidos , conmueve hasta su alma y le colo- 
ca en las situaciones mas trágicas , en las pasiones mas 
terribles como si fueran las suvas pronias. 

» La inUligencia sigue á la sensmlidad y obra des- 

CBB ; juzga 4as impresiones que la sensibilidad nos causa ; 
escoffo, las ordena y las somete á su cálculo. Si I» 
UmibUiaad suministra los objetos, la inteligencia los 
BOne en obra. Nos ayuda á dirigir el empleo de nuestras 
knrzas físicas 6 intelectuales, á juzgar la semejanza > 
Uion que existe entre las palabras del poeta, v la sitiia- 
vion ó el carácter de los personajes, á añadir a veces los 
■Balices que les faltan, ó que los versos no han podido 
esplicar ; ó á completar i)or íin, su espresion con el geslc» 
J la iisonomia . 

»EI actor capaz de lo que acabamos de decir, ha debi- 
do recibir de la naturaleza una organización particular, 
PN la iemihilidad , esta propiedad de nuestro ser, todos 
poseemos en mayor 6 menor grado de inte.nsidad. Pero 
mel hombre destinado á pintar las pasiones en sus ma- 
yores escesos, á reproducir todas sus violencias, y pateii- 
tertodoBU delirio, esta«rn.s(7u7tV/Mrf debe tenor una furr- 
^ macho mas enérgica ; y como todas nuoslrsH Mx'unwi^ 



1 



tienen iiiia rclacioD tan intiiua cüd nuc»troa nerviosi tí 
necesario (lue el sistema nervioso del actor sea tan movi- 
Me y i'úcii de inipresionarsc , que se conmueva á las ídi- 
piraciones del |>oeta tan (acilmentc como el arpa cuanJo 
el viento la acaricia. lie otro modo, sucederá loqueea 
varías 0(*.as¡ones se ha visto. 3Iuchos jóvenes en sus pri- 
meras roprcsciitaciones han tenido un ¿xito brillanle e» 
cierto modo merecido, y sin embargo no han respondido, 
ilespucs á las esperan/ns que hicieron concebir en el 
principio de su carrera. Esto puede consistir en que b 
emoción inseparable de su primera presentación al pú- 
blico, puso sus nervios en un estado de susceptibilidad y 
ngitacion, muy á propósito para colocarle fácilmente en 
la situación mas apasionada; pero después familiarizado! 
con el público, y libres ya do aquella emoción penosa» 
pero saludable, quedaron en el rango do las media- 
nías. 

» Vemos á menudo personas que tienen quo recurrir 
i\ bebidas espirituosas para adquirir el grado de valor ^ 
necesitan para concluir tal ó cual acción. Esto consiile 
en que su naturaleza tímida ó perezo.sa estimulada por 
este medio, adquiere una exaltación falsa, que puede sor 
plir por algunos momentos á la verdadera exaltación dd 
alma. ¿»o vemos todos los dias, aun entre los convida* 
dos mas hóbrios y frugales, mus locuacidad y viveza des* 
pues del festín á que han asistido, que antea de darle - 
principio? Convengamos, pues, entonces, que esto con* 
siste en la conmoción nerviosa producida por los placereí 
de la mesa. Por lo tanto, si el actor no está dotado de i 
una sensibilidad , á lo menos igual á la de sus mas sea- . 
sibles oyentes, nunca podrá conmoverlos sino dóbilmenle ; 
por el esceso de esta cualidad conseguirá producir pro- 
fundas impresiones y agitar el alma mas fría. ¿La fuerza 
que suspende, no debe ser mayor que la que so pretende 
rlevar? Entonces, esta facultad en el actor debe ser, no 
diré mayor, ni mas fuerte que en el poeta que ha conce- 
bido los movimientos del alma , y reproducídolos en et 
teatro, pero si mas viva, mas rápida y mas poderosa eo 



9S 

i^fjpiMi. £1 poeU j el pintor pueden esperar para 
lAirómnUr el momianlo de la inapiracion; pero el ac- 
';Ja debo tener á su mando y voluntad, para que sea 
Npú y viva » 7 entonces la iemibilidad tiene que ser 
ifrabundantc. Ademas, es preciso que su infeligf neta 
k siempre en vela ; obrando de concierto con la «fiiti- 
#¿« para coordinar los movimientos y los efectos, 
4 00 puedo borrar como el pintor 6 el poeta, lo que 
I vez haya hecho. 

i^Sin la iemibilidad y la inteligencia no hay actor; de 
Mluraleza ha de rccilúr sus principales dotes, como 
Igura , la voz , la eemibilidad « el juicio y la pureza ; y 
¿udio de los maestros, la práctica del teatro» el ira- 
1^. y la reflexión pueden perfeccionar los dichos 

Bt. 

ijüe dos personas destinadas al teatro , una dotada do 
mMilidadqne queda definida arriba, v la otra de una 
fiyida ivteligeneiat preferiré sin duda la primera. Co- 
eiri errores ; pero su iemibilidad le inspirará aquellos 
rfanientos sublimes que conmueven al espectador , y 
IP su corazón de éxtasis y arrobamiento; mientras que 
ipi|a/t jencta , hará á la otra fríamente prudente y 
^ca. La primera sobrepujará nuestra idea ; la se- 
f^ no hará mas que completarla ; el actor inspirado 
paoverá nuestra alma ; el actor intcliffente no satisfa- 
lis que nuestro talento » dejándole bastante imperio 
ijiug^'*'® » mientras que el otro asociándonos á las 
IWMies que ha sentido « no nos deja siquiera esa facul-» 
ras inspiraciones suplirán á la inteliaeneia^ pero las 
Jbinaciones no suplirán nunca sino débilmente á los 
IM de la inspiración. 

«fBl actor que posea estas dos cualidades , será per- 
kh. En sus estudios , ensayará su alma en el sentí- 

Rde las emociones » su voz en los acentos propios 
toacion que tiene que pintar. Ya al teatro no so- 
|i iigeeatar estos ensayos » sino i entrejrarse i todos 
«Jvipaliis espontáneos que su iemibuiiai le su- 



I 

1 



26 

«Entonces, para que sas inspiracionca no ae pieriiBr 
recurre á su memoria, recuerda aus enionaGÍcoet , ka 
acentos de su voz, la cspresion de su fisonomía , el grado j 
de abandono á que se ha entregado, en fin, todo lo qoe 
en un momento de exaltación ha podido contribair í ; 
producir el efecto. Su inteligencia luego somete á su re- 
visión todos estos medios , los analiza , los fija en so me» 
moria y los conserva, para reproducirlos en ¡as sígoieniei 
representaciones. Tan fugitivas son estas impresioDetf 
que convendría ú menudo repetir al volver al bastidor k 
escena que se acaba de ejecutar, mas bien que la qae le 
sigue. Con este método de trabajo , la inteligencia reane 
y puede conservar todo lo que la senñhilidad ha inspirado 
al actor, y solo nsí podrá éste, al cabo de mucho tiempOi 
(porque se necesita mucho), ofrecer al público obras, coo 
corta diferencia , perfectamente ejecutadas en todas sus 
partes. Este ha sido el camino seguido por los grandes 
actores, y este deberá ser el que sigan los jóvenes que te 
dediquen al teatro. 

»La $en$ibilidad y la inteliaencia son, pues, las dos 
principales facultades necesarias al actor. Necesita ade- 
mas de la memoria, que es su indispensable inatmmento, 
una figura y unas facciones adecuadas á los papeles qne 
esté destinado á representar; necesita una voz fuerte f 
poderosa, pero de fácil modulación. Escuso deeir, qoe 
una buena educación, el conocimiento de las costumbres 
de los pueblos, el carácter particular de los personajes 
históricos, y el dibujo pueden ayudar y fortificar los do- 
tes de la naturaleza.» 

Gomo que el Ótelo fue el primer ensayo del. sefior Lt- 
torre, cada noche, de las muchas que se repitió, hizo el 
nuevo actor diferentes alteraciones , según que el efecto 
teatral y sus inspiraciones propias le sugerían medios de 
asegurarse mas del agrado del público. En junio de' aquel 
afio, representó en el mismo teatro del Pnncipey el Of 
ear^^ tragedia traducida y acomodada á nuestro teatro fOf 
un insigne literatOi y que por la disposición dé sus esce^ 
naa, por la combinación ae sus incidentes , por el ooi^ 



Imlede pasionei que reina en toda elU« j por U hermosura 
'krillantei de sa versificaeion, facilita en gran manera la 
bradel actor promoviendo suentOBÍasmo y BuminÍBtrando 
n imaginación medios de interpretar dignamente el pa- 
b1 que te le encomienda. Aun recordamos el efecto que 
10 en nosotros la representación do esta tragedia, y 
I el numeroso público que concurrió al teatro en las 
Isrentes noches que* se repitió. ¡Con qué noble arro- 
ada ofrece Osear á Malyina en la escena segunda del 
gando acto , libertar al hijo de su amada! La voz , el 
eato, el brillo do sus ojos» sus movimientos y acción, 
lo espresaba en el seüor Latorre la felicidad de un 
lor correspondido , y la exaltación de los mas generosos 
Btimientos. 

Si le verás. (Dice) Los grillos que le oprimen 

Sabré despeaasar. Aunque el espacio 

Inmenso de los mares lo impidiera; 

Auni^ue el vil Esvaran por estorbarlo 
. Opusiese el poder del mundo todo. 
. Yo solo» no lo dudes, contra cuantos 

Ejércitos armase» ni un momento 
, Pudiera vacilar. Mas no» tu mano 

Incita mi valor» ni asi pretendo 
. , Tu amor comprometer. El grito santo 

De la piedad me mueve: y si mi vida 
*, A la defensa de FilUn consasro» 
• Por cualquier infeliz la prodigara 

Que se acogiese á mi favor y amparo. 

En la misma escena espresaba la embriaguez y los 
«portes del amor al decir: 

Óyeme: vo te adoro; mas un fuego 
Gomparaiole al volcan en que me abraso 
. Beldad ninguna le encendió» ninguna. 
Eternamente disfrutar tu lado; 
Vivir contigo; respirar tu aliento; 



28 

« 

Ser de la envidia anirersal el blatica* 

A ti enlazarme en delicioso yugo, 

Ks mi solo anhelar . Que tus encantos 

Yea> que ausente de tus ojos llore, p 

No te apartes de mí: y este tirano '* 

Deseo ocupa el pensamiento mió 

Donde quiera auc estoy. Los dulces lauros 

De la Tictoria, las mayores dichas 

Que á los mortales alcanzar es dado, 

Como la niebla al sol desaparecen 

Si con esta ventura las compara. 

Los nobles ejercicios que algún dia 

Delicias fueron de mis verdes años , 

No alivian mi dolor, ni de las armas 

Al belicoso estruendo me arrebato. 

No solo pronunciaba estas palabras el señor Latorre 
con la voz v con el acento propios de un hombre satisfe* , 
cho de su felicidad , sino también con la dulzura y snavi- 
dad del amor, y con aquel íntimo abandono v con aqoellt 
espansion que corresponde á un hombre , dominado por 
una sola pasión. Hay en esta tragedia una escena, qa0 
vulgarmente se conoce por la del desafio de Osear y é» 
Dermidio. Al encontrarse los dos amigos, se abrazan, 10 
esplican, y Osear solo re en Dermidio al afortunado f»' 
poso de su amada, al que le arrebata su felicidad. Dermi' 
dio en su angustiosa situación, entre la amistad y los ce^ \ 
los, su corazón se desahoga en lágrimas, y Osear qae b 
mira le dice: 

^Lloras? En esta 
Terrible situación no llanto , sangre i 

Debe solo correr. : 

Guando empuñan las espadas , Dermidio quiere > «Dtei 
de acometer á su rival , abrazar por la última vez i ^ 
amigo. Se abrazan , y entonces Osear en quien lá amisU' 
ba taianfado de lodos sus afectos, dice: 



99 

¿Y quién ahora 
El bárbaro será que al otro hiera? 

El diferente concepto de estas dos espresiones ; el fu* 
ror reconcentrado de la primera, y el triunfo completo de 
li imistad de la segunda , los espresaba el señor Latorre 
soDel carácter propio que á cada una de ellas corrcspon- 
lia. En la primera su actitud, el movimiento do sus ma- 
los y sus miradas fijas, mareaban admirablemente el fu- 
"or y la sed de sangre que animaba á Osear: la palabra 
üngre la pronunció con tal tono de voz ; y hiriendo tan 
lotabicmente la primera silaba , que parecía que la yen- 
[iDza le apagaba la voz, y le secaba las fauces. En la se- 
[Qpda, espresaba el triunfo de la amistad con una voz 
morosa y aun dulce, con una enajenación , con un no- 
le movimiento de cabeza , que marcaba admirablemente 
1 triunfo de la amistad sobre el rencor y los celos. Baste 
Mr, que en esta tragedia, el señor Latorre, no solo 
omprendió todo el pensamiento del poeta , sino que so 
lavo á la altura de éste. 

La alta estatura del señor Latorre , su noble continen- 
Ijel natural desembarazo de todos sus movimientos, la 
Aostez y rotundidad de su voz, la yibracion y flexibili- 
•dde esta, la espresion de sus ojos, la animada gesti- 
dación de su semblante, y la facilidad con que parece 
06 toda su organización obedece dócilmente á sus na- 
inles emociones y á las inspiraciones de su genio , son 
ircunstancias que no podian menos de producir un gran 
ctor, especialmente en el género trágico. Ha conocido y 
itadiado sus facultades, y ha procurado mejorarlas y 
alzarlas hasta el punto de que eran capaces. Los dones 
pte recibió de la naturaleza , los ha acrecentado con el 
tlndio. El señor Latorre es una prueba de lo aue puede 
lieer el arte; esto es, corregir, mejorar, perteccionar; 
>Mno puede dar facultades ni dotes naturales, al que 
^>nce de ellas. 

Con desden ó tibieza fué recibido en general por los 
^^tores de los dos teatros. Sia embargo» don Ra{ae\ Y«c%x^ 



30 

hombre honrado y actor eulendido; Caprara, actor de 
mucho mérito ; don Antonio Guzman ; en qaien se repaeo 
las mas raras cualidades que constituyen á un gran actor, 

Í otros varios sugetos apreciables, distinguieron al sefior 
atorre con su amistad , y reconocieron su inteligencia j 
sus talentos. Todo lo demás que hoy se conoce con el nom- 
bre de medianías, y singularmente los que á su escaso i 
ningún mérito, anadian la circunstancia de carecer de 
docilidad para aprender, no podian, sin disgusto y enojo, 
mirar la entrada en el teatro, de un actor, que, por su 
instrucción y su conocimiento en el arte , debía contribuir 
tan poderosamente á la reforma de las representaciones 
teatrales. 

• El estado en que se hallaban entonces los coliseos de 
la capital que servían de norma á los de las provincias» 
maniTestaba bastante atraso y aun incuria. Siendo taa 
reducido el local de ambos , siendo casi la única diversioa 
de la capital , humillados los actores y las compañías, W 
la tutela en que se hallaban de la autoridad , por la arbi- 
trariedad con que eran tratados , y por la falta de consi- 
deración con que se les miraba por aquella , no era de 
estrañar que esta profesión careciese de todo estimulo, J 
que en los teatros, se atendiese mas bien al interés de iú 
compañías y de los actores, que especialmente en la cor-, 
te tenían la empresa de ellos. ¿Quién obligaba á estos k ; 
hacer sacrificios sin duda superiores al producto que j¡nr. • 
diera suministrarles un local reducido? ¿Cómo podia un- 

Sonérseles las obligaciones que requería el buen servicio 
e la escena , cuando la empresa se hallaba casi 8Íem[pe 
agoviada bajo el peso de las cargas que sobre si teniit 
¿Qué motivo de interés estimularía a esta á introducir 
mejoras costosas, que aunque estuviesen á su alcance, no 
podían proporcionarle ma vores ventajas de las que le ase- 
guraban los privilegios de que gozaban? Es indodddft 
que no el atraso , como pudiera suponerse , sino la vicio- 
sa organización de las empresas , era la causa prindpil 
del estado en que se encontraban los teatros de la ciffiiul* 
En ellos, prescindiendo de la mezquindad del local» i^ 



51 

m completa falU de adorno en lo interior del edificio, 
bstadc comodidíid en las localidades, no se hallaba ni 
ropiedad en la decoración y aparato de la escena , ni en 
Mtrajes, ni en todo lo demás que reclamaba la ilustración 
A publico de Madrid. A esto se añade, que los cómicos* 
mte por lo regular de mucho amor propio , no se pres- 
iban iácilmente á corregirse de los resabios que auren- 
iiD de sus maestros , ó que la falta de gusto les había he- 
ko contraer : unos atronaban al público con sus gritos. 
Iros movian sus brazos como un maniquí ; aauellos se 
ician notables por sus movimientos acompásanos , y por 
u pasos á la prusiana , estos por su esprcsion afectada 
amanerada :• todo esto^ en que deben hacerse muy hon- 
Has distinciones , especialmente respecto de los teatros 
) Madrid, daba á conocer que el arle de la representa- 
aa, asi como el buen gusto en esta parte, no habian 
idbido todavfa las mejoras que reclamaban la cultura y 
vilizacion del siglo. Si esto necesitase de pruebas sien- 
í nn hecho tan reciente, la hallaríamos documentada en 
la Ifemona publicada por el ayuntamiento de Madrid; 
I la que se dice que «las sucesivas modificaciones y no- 
rias mejoras introducidas en la escena , en el orden re- 
llar que los progresos han hecho necesarias, fueron 
roa tantos motivos de mayores gastos que antes no exis- 
n; tales como el mayor número de partes en las com- 
lias de verso, el aumento de trajes v decoraciones pre- 
•• 7 consiguientes al estado actual del teatro. » Pues 
estas modificaciones y mejoras tuvo que introducir el 
Ütamiento de Madrid , si tuvo que hacer considerables 
Moa para el aumento de trajes y decoraciones, ¿cuánto 
hria que hacer diez años antes, cuando se presentó en 
tetro por primera vez el señor Latorre? 
ícw aquel tiempo tomó la empresa de los teatros don 
M Cirimaldi, hombre de claro entendimiento , de ins- 
INÍoo no vulgar, é inteligentisimo en el arte y práctica 
k Ja representación teatral. Gomo empresario , era due- 
^ le los recursos que pudieran aplicarse á la reforma 
I los teatros , y tenia entera libertad pata hactttVo* C«^ 



52 

mo persona de tanto gusto é ¡nteligeocia en el arle, efi 
al mismo tiempo el verdadero director de los teatroi j 
de la escena. Los cómicos, de escaso mérito aunque lasli- 
roados en su amor propio por la superioridad de Gríuial- 
di; que tampoco reunia á su talento la modestia y el arU 
necesario para no irritar la delicadeza de los demás, se 
prestaban aunque con dificultad, á lo que les cnscfiaba jf 
correjzia en los ensayos^ que tuvimos el gusto de presei- 
ciar algunas veces^ y en ellos ocasiones repetidas de id* 
mirar la capacidad y conocimientos del seilor Grimaldi. 
Este en Madrid, Sevilla , y aun creemos que en algunis 
otras capitales, esparció las semillas del buen gusto^ ea* 
sayando á cada cómico su papel , y haciendo al mismo 
tiempo^ que los ensayos generales que él mismo dirigía, 
se hiciesen con todo rigor y escrupulosidad, y de la mis- 
ma manera que se habian de ejecutar las representacio- 
nes publicas. Su esposa, Doña Concepción Rodriqnez, ot 
la que aprovechó sus singulares disposiciones para for- 
mar en poco tiempo una actriz de estraordinario mérito, 
era una muestra del que distingnia al hombre qoe coi 
tanto acierto é inteligencia dirigió varias compañías. Al- 
gunos actores, con todo, no podían tolerar que se bi 
obligase á un estudio asiduo, á asistir puntualmeato 
á los ensayos, á repetir estos muchas veces, i ojo-* 
cutarlos con toda propiedad, y á vestirse con la qiie ro^ 
clamaba el decoro del público. En alguna capital de pr<H 
vincia, no bastaron para esto los medios regulares, y 
fue preciso ejecutar los ensayos entre alguaciles. 

En esta obra difícil y trabajosa, tuvo el señor Gri* 
maldi un celoso y ardiente cooperador en nuestro Buef* 
actor, que con la suavidad de su carácter, con la urbaai* 
dad de sus modales, y con la singular aceptación qoe ei 
el público habia merecido, obligaba á los actores deesca^ 
so mérito y de poco celo, á imitar su ejemplo de regolarf* 
dad y de decoro, prestándose dócilmente á cuanto axigi* 
el arte, y el mejor servicio de la escena. 

Los actores del teatro del Principe , i cuyo cargo i^ 
¿aliaba entonces la empresa, quisieron contratarla, ei 



illa de las renlajas que les hablan proporcionado laa pri- 
leni representaciones del scAor Latorre y del singular 
rédito aue á esta habían mcrocido. Pero aquella em- 
resa solo pudo ofrecerle una recompensa muy módica, 
16 de ningún modo bastaba á sufragar los crecidos gas- 
fl que hacia; para vestirse con la propiedad y aun lujo, 
16 acostumbraba hacerlo. Tuvo, pues, que acontar un 
irtido ventajosoque lo hicieron para el teatro de Grana- 
1, á donde pasó el afio de 25, y donde ejecutó el Pela- 
*tl0$ hijos de EdipOy el Cid, la Jayra y todas las trage-* 
IB que se hallaban entonces en el repertorio de nuestros 
itros. La primera , con que se díó a conocer en aquella 
lita capital produjo un eiecto imposible de describir. Al 
irecer en la escena fue saludado con los mas entusias- 

I aplausos. IVlayo se presenta en medio de los auyos, 
16 se hallaban desanimados con su ausencia, y mucho 
aSy creyendo haberlo perdido para siempre. Las primc- 

II palabras que pronunció son las siguientes: - 

Ahí si bastantes á salvarla fuesen 

La constancia, el ardor, el noble celo, 

Firme aun se viera Veremundo, y dando 

Envidia con su gloria al universo 

Nuestras fatigas, el valor ¡lustre 

Do los que el nombre godo sostuvieron» 

Hacer pedaxos el infausto yugo 

Pudieran va que la sujeta el cuello. 

Mas vano ha sido nuestro afán, y en vano 

Por el nombre de Dios lidiado habemos; 

El retiró su omnipotente escudo 
• Y coronar no quiso nuestro aliento. 

Vednos pues en los términos de España» 
' Prófugos, solos, deplorable resto 
-' 'i De los pocos valientes que mostraron 
<• A toda prueba el generoso pecho. 
■ La guerra en su furor devoró á todos, 
'"' -Yo los vi perecer. (Oh cotnpaflérosl 

Que en ol eenp de Dios^ yá dqioensaiAlo ' 
Tomo yui. 3 



'II II 



34 

De vuestro alio valor gozáis el premio. 
Mis "votos recibid y mi esperanza, 
Yongue yo vuestra muerte » y muera luego. 

Manifestándose elancíano Veremando iuclinadoi< 

der á la fuerza, y creyendo inútiles la resistencia y el ' 

lor concluye diciendo: 

No hay ya España, no boy ya patria. 
A estas palabras, arrebatado Polayo « v lleno sii.i 

razón de los mas grandes sentimientos de patrioüi 

dice: 

. ¡No hay ya patria! 
¿Y vos me lo decis?... Sin duda el hielo 
De vuestra anciana edad que ya os abate 
Inspira esos humildes seiiiímienlos, 
Y os hace hablar cual los cobardes hablan. 
. ¡No hay patria!... Para aquellos que él sosiego 
Compran con servidumbre y con oprobios, 
Para los que en su infame abatimiento 
Mas vilmente á los árabe$ la venden 
Que los que en Guadalete se rindieron. 
¡No hay patria, Yeremundo! ¿Ñola lleva 
Todo buen español dentro en su pecho? 
Ella en el mió sin cesar respira; 
La augusta religión de mis abuelos, 
Sus costumbres , su hablar, sus santas leyes 
Tienen aqui un altar > que enoiagun tiempo ' 
Profanado será. 

El señor Latorre supo eapresar en loa ^dds irot0»^ 
acabamos de copiar, lUjsaergia de ha afeicigis q«e>é0ci 
ran, el fuego del pafiriotísfcno, la evitación dje! to i 
nobles y generosos acütimientos. Suvofii pctrecia üdfr 
corazón , su arrebato .y au noble «nttisiasBiQ esteiMtf p 
feclamente marcados ;en la viveaa.de M adifn9luw,:a 
brillo inefable de sp9 egps; tod» esto era. noUeijr.eldM 
sin ipe tuviese 'nadffrde^vulgsr.; El PWayo.y taVQ W < 
ocasión un di|;nQÍn|j6rptete, qiae Bapo4Íl6varse:ála 



bradc un gran poo(n« y dol personaje liislóricn, res- 

tiQrador de nuestra monarqiiin. 

No neeesitamos examinar una por una todas Ins gran- 
des situaeioncs, todas las pasiones, todos los caracKTes 
«pe el señor Latorre ha sabitlo espresar en Ins principa- 
les piezas dramáticas nue ha desiMopeñado. ICsta tarea se-> 
rii larga v prolija, y a nuestros leclores puede escusarse 
cnando, de la manera que ha estado á nuestro alcance, 
ks hemos ya dado una idea, aunque sumaría de las fa- 
cultades naturales de este u;ran actor, de los principios 
Rrtislicos que lo han dírigiao, y de algunos nieaios qu ha 
empleado para estudiar con provecho: de esto último ha- 
blaremos todavSa mas particularmente. 

Cuando tiene que trabajar en alguna tragedia, drama 
5 comedia de importancia, estudia el carácter del perso- 
naje que debe representar , no solo en si propio , sino 
también con relación al drama: si se tratado una tragedia 
5 drama histórico, estudia en la historia 6 en crónicas , el 
carácter especial del pueblo á que se refiere la obra del 

Kta, y muy particularmente todas las^ircunstancias de 
^ jpoca: de esta manera, consigue formar idea de la fiso- 
nomía propia del pueblo que pretende conocer, y encuen- 
tra recursos en su imaginación para dar su verdadero co- 
lorido al personaje que se encarga de representar. Estu- 
dia su papel bien, de memoria, y lo medita escena por 
tecna, cláusula por cláusula, y aun palabra por palabra. 
En esto coincide con una máxima de Taima , que consi- 
deraba que »cada escena tiene un fin, y cada periodo una 
intención principal.» Aunque en esta parte conviene 
^tar una prolijidad y una niqíiedad.ridículas, con todo, 
conviene no perder do vista que en las grandes pasiones 
ajinando el corazón so siente inflamado, la ipísma yiveza 
tahi afectos, hace pasar rápidamcdté: y con una movi- 
tiiad estraordinaria de unos á otros. No es difícil obser- 
^esto. ¿En qu6 consiste que las personas apasionadas y 
^ se producen con calor, liablin y accionan con todk 
^nipidez y toda la yiycza quó sicnlcñ? En estos casos la 
^«lon y la palabra corresponded' lá* la Viveza y e.ti(^tft\^ Ac 



40 

g6 todaí Mii- f uersai y lodos los recursos dq sa\geiiio; 
7 que carncterízó los furores de Edipo de-miiMiifl 
eslraordÍDanOy y según exige estt adiqirabU .trigei^fi 
también la representó en Madrid. Hallándose, eo, esta Or 
pital en el afio 32, fué nombrado por el Rej Fernando, 
maestro de declamación del Conservatorio, tuyo caigf 
obtuvo sin pretenderlo, ni hacerse por su parte la aseiiqi 
gestión. Contkinando después en la corte t según rt^qner 
ría el desempefio de su nuevo encargo , pasó m v^flMf 
á Zaragosa^ Valencia y otras cápüaies de pTovincia> ap 
las que fué admirado y aplaudido , obteniendo al misaf 
tiempo f crecidas sumas en recompensa > de su. Ira- 
baja. ., ' ,. • " 
En el afio de 38 pasó i Paria , contratado para traílwjlV 
en uno de aquellos teatros ^ á cnyo efecto le nabia eicc^ 
M.Paul Fouchet, empresario j director del mismo. DeMf 
ejecutar en francés la tragedia en cinco actos intilniail 
don Sebatixan de Portugal y el Bamleí de ShaketpmKik 
Iraducido por M, Duwally. Por circunstancias indepen- 
dientes de su voluntad , y que consistieron en haber qos^ 
brado la empresa del teatro de la puerta Sainl-lf artio j } 
babexsc quemado otro de aquella papital, no tuvo ofeirlf 
su contrata. Los mas distinguidos actores de París lo rísi* 
taron, dispensándole todo género de obse(]uios y distin- 
ciones ; lo mismo hicieron otros varios artistas , literalif 
y personas notables de aquella capital. Fué presentsdodi 
ministro de lo Interior , que era á la sazón el conde d| 
Montalivet , y al jefe de sección M. León Gavet , de quis* 
nes mereció las mayores muestras de consideración y ds 
aprecio. Estando para concluir el plazo de su licencist 
tuvo que volverse á Madrid, donde le esperaban amargpi 
disgustos. Su padre, á quien tiernamente amaba, munói 
poro tiempo; su esposa,, á quien habia elegido por vm 
verdadera inclinación , á quien amaba entrafiablemealfi 
y que hacia toda la felicidad de su vida , falleció tanlte 
en seguida: estas' penas, que desgarraron cruelmenIeM 
corazón , y que alteraron gravemente su salud , llenarse 
su ánimo de disgusto, y no le pcrniiliorou en mas de i^ 



iloi Disar \u labial. Algún Unto recobrado de una enfei^ 
mIm, pero lin hallar todayia su eapiritn toda la tranquil 
Uid que neceñiaba, para volver á sus tareas ordinarias» 
fNieñia^ sin embargo, en la ensefianza de la declamación 
del Conservatorio. Por esto tiempo, es decir, en el aflo 
k 39 estondió y publicó unas breves nociones acerca del 
tfte de la declamación , de las que hemos presentado ya 
Ha mneatra i nuestros lectores en la parto relativa á las 
cfatunslancias y cualidades que eiige la tragedia en el 
Miar. El objeto de esto escelente escrito , que está lleno 
le filosofía, y muestra un profundo conocimiento del arle, 
ti proporcional á los jóvenes que siguen la carrera de la 
telsmacion, una guia segura, un auxilio en sus prime- 
isi pasos, suministrándoles las ideas fundamentales del 
ote. Consisten estas, en la manera de modificar y variar 
Hlono de voz, en la espresion mas propia y noble de las 
Wiones , en hacer ver nasta dónde llega el poder é in- 
li!Jo dolarte, en dar á conocer las cualidades naturales 
^ este requiere , y el diferente grado que de las mismaa 
nige, ya el género trágico, ya el cómico. La cuestión re- 
llÜva a las dotes y estudios que requiere cada uno de es- 
tes dos géneros, la trata y resuelve el señor Latorre con 
h auyor profundidady do una manera perspicua y lu- 
^Bosa. Lo que también dice acerca de la manera de to- 
nar aliento , de economizarlo, y de producir la voz en sus 
'ibrentes entonaciones y acentos, reasume cuantas re- 
lias y consejos puede dar el arto en esta materia. Ambos 
vigmentos son magníficos , y dan una idea , tanto de los 
Cocimientos del señor Latorro, cuanto de la manera 
dígante con que espresa sus pensamientos. 

•Sin tratar de probar, dice, cuál os mas difícil do 
ventar, si la tragedia ó la comedia, diré que para llegar 
■ h perfección en el uno ó en el otro género, se necesita 
POiser las mismas facultades morales y físicas; solo auo 
^ el actor trágico deben ser mas poderosas. La «enjtot- 
"^ y la exaltación en el actor cárnico no necesitan la 
^inaa energía, porque la imaginación tiene menos quo 
^ju*, porque los objetos que representa los ve todvi^ 



42 

-Tos dia§, porqne participa de algiih módoi de la- Vidlf '^ 
lofl originales que retrata^ j porque, «on eórta dKeMida. 
aus fancionea estaii' reducidas á' fintñv caprieho8>6 írtf' 
euleces, pasiones tomadas en una eafisrliv qwe§'tú*;'W 
la misma del actor , y. por consíraicnte mas modéMdill 

3nc las que pertenecen al dominio de la tfa>gedia«*filj 
igámosloasi, la propia naturaleza- idel actor ^ qaehaMi 
j obra en sus imitaciones; mientras que el actor trigM 
necesita salir del circulo fin qué vire, para elevaiM'a ^b 
altura on que el f;enio del poeta ha colocado V meilMl 
con formas ideales, los seres codcebidos en su •idea'i'6 qÁ 
la historia le -suministra 'engrandecidos tft'por éHii,'«7 

Iior la larga distancia del tiempo; Necesita, pues« taor 
ervar á'éstosWM 6 personajes en sus grandea pfop^ 
eiones, pero al mismo tiempo, someter su lenguaje élt[« 
Tado á uñ acento natural, á una espresion sencilla y |é^ 
dadcra, y esta unión de nobleaía sin- hincha sion, de-?flf4 
dad sin trivialidad » es el mas peligroso escollo del acJHif 
trágico. • 

}»Se me dirá que un actor trágico tiene maa Hbertsl^ 
latitud en la elección de medios para ofrecer al jaios 
diel ji6blico caracteres cuyo tipo no existo eu la sociH^ 
dad , mientras que el público puede juzgar fácilmi^lM^f.íi 
la copia que el actor cómico le presenta es ^^onfetiné'il 
original que á> menudo tiene á su vista : respoiidert' Mi 
en todo tiempo ha habido pasioínes ; la sociedad padM 
debilitar su énefgia, mas no por eso dejar dcexistirÁI 
el alma, y cada espectador puede juzgar muy bien pol^iil 
misino. La parte ilustrada aél- publico es laqueíormalli 
opinión y hace la reputación* del actor; y como'á'eNi 
parte ilustrada le* es familiar la historia , puedb J^^ 
coa acierto si es liel la imitación do los caracteres bisUk 
ricos que el actor representa. La movilidad'cn' las w 
ciónes, la espresion de la fisonoiñia debe ser-mas- flsiM 
7 pronunciácfa > lavoz mas llena, mas sonora; Aiás oi^ 
4uada en el actor trágico, que necesita emplear'. ()dv 
biiiaciones, y una fuerza mas que común para 'ejécttfif 
los papeles éa que el autor ha reunido en un cirei^ld ^ 



45 

inchd» en el' espacio dé dos horas, tcidos los moviinícntos', 
lodas las sensaciones que pueden agilar á un fér opasío- 
sido en el largo ürecho de su vida. No por esto diré que 
a»8Db necesarias las niismns cunlidadcs, aunque de un 
Mea inforior, al actor trágiM), como al actor cómico, j 
fn^ el uno j el otro deben iniciarse en los nistepibs de la 
pks¡on,en sus inclinaciones, deliilidudes y caprichos. Pero 
CÍerU> es que cuantos aciones conucos liau intentado cal-- 
ano el coturno, y subir á la altura de la tragedia , han 
iofrido un triste desengaño; mientras que el actor irágicb 

!tte ha querido descender y ensayarse en la comedia, 
isftadidó siempre una hoja do laurel i su corona. 
i^Cousiderando cuantas enalidades neccMla tener el 
sdor ttiVgico, cuántos dones debe recibir do la nalurale-- 
«bno podemos estrañar la escasea de buenos adores. i>e 
Isiquo se dedican ácsla larga y espinosa carrem; und 
liue talento y su alma es de hielo; el que tiene sensibili^ 
didno tiene inteligencia, el que posee estas dos cualida- 
<bs osen grado tan d^diil, que es como si no las poseyera, 
6lu vicia y adultera por la perniciosa manía de imitar A 
llffun actor contomporánoo, que nmchas veces sin razón 
ojeabliiudir eii el teatro. Uigo pcmiciafita manfa^ porque 
Mleoefeclo de imitación es muy difícil de corregir des- 
pues, porque tal movimiento, tal gesto 6 tal mirada na-^ 
tttral en un actor , es falso y malo en otro; por eso Shaks- 
paire en el torcer acto do su Hamiet, hace decir en« 
tn los conseios que dá á los adores que han venido á su 
pikcio para distriierle: «No lo olvidéis nunca ; observar y 
copiar á la naturaleza es vuestro único deber, el arte no 
Minas que. su espejo. Llenareis do alegría á un patio ne- 
cio ultrajando la verdad; este triunfo es muy fácil; pero 
Atareis al hombre juicioso, cuya aprobación es preleri* 
Uoá un patio entero. Me acuerdo do haber visto algunos 
ictorcs aplaudidos con entusiasmo, y ni en su porte, ni 
osiu vojs, ni en su gesto, tenian nada de un cristiano, 
'can pagano, ni de un hombre. Al verlos en el teatro 
i|ltanie y rugir descabelladamente no podia , no los po- 
^ creer formados por la naturaleza; me pareciau \\vxi& 



44 

bien la obra da vb torpe aprendií: tan mal imitaban al 
bombre.» En este defecto incurrirá el jéren actor íftm 
tenga, vuelvo á repetirlo, tan perniciosa man<a. Se aaoeia 
á la» inspiraciones de otro, su espresioa será d^l , i»^ 
cierta , sm color ; hablará alto , bajo, con YÍTeía y con 
lentitud , tan pronto de un modo como de otro; y siempre 
á la ventura; su voz aunque sonora, quedará seca y ári- 
da, sin espresion para pintar las pasiones, poroue el oa- 
razón no las ha sentido y solo obra por imitación; lien* 
rá, j no hará llorar; se conmoverá , y no conmoverá i 
nadie. 

» El actor tiene que consagrar un eran cuidado al fHh 
nocimienlo de su voz , debe estudiarla como un instru- 
mento > domar su dureza ó enriquecerla con*los aceatoi 
de la pasión, y hacerla obediente y pronta á las mas deli- 
cadas inflexiones del sentimiento. Conocer sus cualidián 
y defectos, pasar lijeramente sobre sus cuerda» ingrilüi 
y hacer solo vibrar las armoniosas; porque tal es el pote 
de una voz sensible concedida por la naturaleza ó adqjiiirir 
da por el arte» que puede conmover hasta á los esbraDjefoi 
que no comprendan el idioma. 

»La juventud cree á menudo saVvar las dificúltate 
del arte entregándose á movimientos violentos y esfiísr- 
zos en la voz.; pero tengan presente que la monotonía si 
el uso de la fuerza de la voz es insoportable, que es ae 
cesarío hablar la tragedia y no gritarla, que una espb- 
sion continua causa sin conmover; que el empleo de sfH 
esplosioii debe ser raro é inesperado, y que ae otro mar 
do lo que se consiga será fastidiar al espectador con Wi 
continuos gritoa del actor; que se olvidará al persam^Jf 
á sus desgracias, para acordarse tan solo del canaaoc» 
del artista; por lo tanto es preciso ocultar siempre alpk* 
blico el 4ltimo término de los esfuerzos del actor» ap^ 
rentando hasta en las escenas mas viólenlas todo ei f^ 
der de sus facultades* Cuidará de que la respiración ^ 
sea muy fuerte ni prolongada, porque el tomar alíenla f 
una especie de descanso, una susi)cns¡on, que aunqne ■" 
gera, enfría el movimiento y destruye •iiqccbariaineiU 



45 

80 efecto, porqiTc psroce i|iic íA almd participa de osta 
«iMpenaion 6 descanso. Para evitar esto, para evitar so- 
bre todo cierto quejido , cierto esterior insufrible que 
líganos actores tienen en el teatro, la esporioncia ha su- 
nuQÍstrado un medio que debe practicarse ; el actor debe 
tomar respiración ante» que su pulmón esté enteramente 
TaciOy y que la necesidad ó el cansancio le obliguen ¿as- 
pirar una grande cantidad de aire á la vez. Es preciso 
(pie aspire poco y á menudo , ^ sobre todo antes de que 
se agote^ Una ligera respiración basta si es frecuente; 
pero en este caso cuide mucho el que no sea notada , por- 

2U0 si no los versos parecerían cortados, la dicción seria 
risa, penosa é incoherente: delante de las vocales, j prin- 
cipalmente de la a, de la o y de la ees cuando se puede ocuU 
lar al espectador el artificio. Confieso que se necesita mu- 
cha costumbre y ejercicio para familiarizarse con esta ope- 
ración mecánica. Ademas la frecuencia de estas respiracio- 
nes depende de lama jor ó menor fuerza de cada inoividuo. 
» Los actores que no han sabido emplear este medio 

Cra conservar su voz en un grado de tuerza suficiente, 
n recurrido á otro que les ba hecho caer en un lazo 
muy peligroso: han querido suplir con el acento del llan- 
to y con una aparente opresión del corazón, que parece 
justificar hasta cierto punto las frecuentes y fuertes res- 
piraciones, la falta que de otro modo no podian corregir, 
iíd reparar que por este procedimiento prestaban á su 
dicción un tono piafiidor, un acento llorón queá menudo 
destruye la intención del poeta y que acaba por ser insu- 
irible« Las lágrimas no denen prodigarse, pereque su efec- 
ta se destruye ; empleándolas con economía y juicio con- 
aioyorán , teniendo cuidado de servirse en este caso de 
hi cuerdas mediiu de la voz y nunca de las altai^ porque 
el llanto elevando la yoz deja de enternecer, y sus tonos 
•on agudos, comunes y poco comunicativos. En un tooo 
Me¿ío es en el que las lágrimas son nobles, tiernas y pro- 
tundas, y cuando la voz encuentra con facilidad acentos 
. patiticos y dolorosos , que van derechos al corazón , y 
V^u llorar al espectador.» 



4« 

Es singular el enlace que se observa entre todas Iss 
partes de csle escrito, entre todos los punios que godh 
prende, ontre todas las máximas aue establece. Todo-M 
deduce natural y liSgicamente de un principio fecnndisi- 
mo que consiste en la observación é imitación de la n- 
turaleza: este principio es común á todas las bellas artesi 
y no podia dejar de tener aplicación al arte encantador 
de la declamación, como que este se propone por prÍDci- 
pal objeto, como aquellas , el placer, y como que partid 
cipa hasta cierto punto de la naturaleza, de las yentajis 
y de los medios que emplean las bellas artes, que se asfh 
cian á la declamación para proporcionar á los espectado- 
res la mayor copia de goces. Mucho tiene adelantado et 
señor Latorre eu la gran obra que medita hace tiempo, 
de reducir á un tratado completó y metódico , con prin- 
cipios fijos, y bajo un sistema bien combinado, el arte dé 
la declamación. Las observaciones periódicas, de quetaft^ 
to partido puede sacar un actor, y que lo es indispenn^ 
ble conocer á fondo, merecen un capitulo estenso en A 
tratado que medita. La fisiología de las pasiones mereei 
ser tratada con detenimiento y atención. Una obra de H* . 
ta clase , dtebia ir enriquecida con láminas que represen- 
tasen el traje, las armas, muebles y demás, relatiTóiá 
las ¿pocas mas importantes de la historia. ¿No bayobnl 
de esta clase, destinadas á los pintores de teatro, y cnlii 
que se halla cuanto puede desearse , acerca de los mono-* 
mentos de la antigüedad, vistas de plazas publicad y otiraif 
escenas relativas á los usos y costumbres de los {kuebkM^ 
de la antigüedad? Pues ¿por qué no se habla de trabaw^ 
una obra , en que hallasefi los que siguen la carrera M 
teatro los conocimiientos y los auxilios que hoy*, eá 
nuestro pBÍ«, solo pueden Adquirirse á c6sta de un ImpriH : 
bo trabajo y deunalatga e^erieneia? Todas las uouiiíl'. 
que pudieran serles útiles y aún necesarias respectó 4i;^ 
los usos y costumbres, tanto de los pueblos de la atttif|fl^^: 
dad, cuanto de otras épocas y paises, con el caráclelr j 
fisonomía especial de cada uno, podría ser objeto de i^ 
j^unos capítulos en la obra a que aludimos. Kadie tncjv 



47 

fue el ^ñor Latorre conoce cuánto necesitan los actores 
aaeomolas diferentes partes, aue debe abrazar un trnla- 
liio completo de su arle. Sus talentos, sus felices disposi- 
dones y su ilustrada esperiencia le han enseñado ya mu- 
cho. Lo que falta para su obra 'Cs trabajo de combinación • 
f de redacción. 

Los males de todo género que afligían al señor Lator- 
re, los mitigó el tiempo algún tanto; y ya por esto, ya 
Mr la necesidad que tenia su espíritu de una ocupación 
|ae diese nuevo giro á sus facultades, volvió á tomar 
tfte en las tareas dramáticas del teatro de la Cruz , don- 
le, como director de la escena, estrenó durante los años 
ll.y 42 un considerable número de nuevos dramas. En 
illos trabajó frecuentemente el señor Latorro, distin-^ 
piiéndose en todos, y haciéndose admirar en aquellos que 
m el mérito de la composición le permitían desplegar 
m fuerzas y los recursos de su imaginación. Mucho 
^'éramos estendernos « si hubiésemos de hacer esprosa 
Mttcion de las calificaciones honrosas, de los justos clo- 
ibs que en esta época le han prodigado los diarios de 
tolos matices, y las Revistas mas acreditadas. No pode- 
■os, sin embargo, dejar de hacer mención del efecto que 
pisdajo en el teatro la representación dio la Segunda 
mu del Zapatero y el Rey , El puñal del Godo y Sancho 
Smia, obras magnificas úél señor Zorrilla : en otros dra- 
Bis dé importancia y en comedias de diversos géneros 
aáveció siempre una aceptación singular: de los papeles 
|ae siempre ha representado', ha sacado todo el partido 

S permitían , caracterijíando. con verdad y con propio-, 
al personaje de que se habia encargado, porque aun- 
qoe el estadio , los talentos y las facultades naturales del 
Mor Latorre le den «na grande ventaja para el género 
Ugico , j aunque este le permita desarrollar todas sus 
ms dé actor , y todo su conociniiento en el arte , sin em- . 
kgo , con la misma ventaja y con el mismo lucimícafoL 
^Mnipeia'y caracteriza los papeles de :otro' género : esto 
hilna muestra de la. flexibilidad de su talento y de su. 
"^UroceioD artística. A veccs^ de un carácter vago y po^ 



4g 

co marcado, de ua papol deslucido saca un partido q 
no podo presumir el poeta , ó que nadie hubiera afirii 
do al leer la pieza. Recordamos en este momeóte. ^ 
cuando en 1812 hizo el Angelo, tirano de Padua» dijo 
amigo nuestro , persona muy entendida en la materUi 
un periódico bastante importante y acreditado « que 
seftor Latorre hizo todo lo que puede hacer un bueni 
tor , dar á su papel la importancia y el realce que no 
sabido darle Víctor Hugo . » Este juicio, á nuestro pn 
cer es exactísimo, y de él resulta el mas cumplido do 
que puede hacerse de un actor. La opinión que hoi 
mencionado tiene tanto mayor mérito , cuanto que A 
critor á quien aludimos . recordaba y citaba el signo 
yerso de un célebre poeta: 

En mala situación no hay actor bueno. 

Asi es que dejando á un lado las respectivas difisn 
cias literarias, con igual lucimiento desempeña el U 
y el Otear ^ que desempeftaria en un saínete de doil 
loon de la Cruz el papel de alcalde de monterilia 6 
fiel de fechos. Para los dramas de costumbres, para 
comedias cuyo argumento está tomado de situacionoi 
la sociedad actual, reúne todas las vetitajas que ledu 
esquisitos modales, la gracia de sus manerao y loa 
cho que ha obserrado la escogida sociedad que siM| 
ha cultivado. Con frac, pantalón y. sombrero redoo 
pocos actores se presentan en las tablas con mayor o 
gancia ni con mas noble desembarazo : los raantas-j 
bastón y el lente , suministran en algunos papeles aloii 
Latorre el mas gracioso juego escénico. NopodeaMS< 
jar de hacer particular mención del singular mérilo ( 

Juo desempeüó, entre otras piezas que no recordamoSi 
litantropo , el casamieaio iin amor , la doña MenekL^ 
seftor Hartzenbusch, el don Álfon$o el Cáelo del misfll 
Jforiiio Fallero. 

Las contínoaa tafeas del seftor Latorre , y loo dí^ 
tos qiie han amargado su existencia, le produjeron i^ 
afio de 43 una ateccion , que los médicos gradoaroi 



49 

Íralnaonar, aconsojándolo quo liicicsn un vi.ijií con el ob- 
elo He reslalilocrr su salud. Kli^¡6 á Kdicrlonn, donde so 
iaIIó cunndo ocurrieron \oi\ aconlecimitMilos de aquella 
épocn«'que no son de osle lu«¡:ar. Kl señor Lalorre porma- 
Beci6 en In misma ciudad hasla no\ieinhrede aquel año 
aleji'idoi e.<MMO NÍeiiipre, de los ino\¡inieiilos|iolUii'os, y en 
Un lodo estrn.lo á <'iiiiiilo i\\\\ pasaba : se eiieonlralM en In 
plnxa ruando se. verilicó el lan célebre bombardeo, y no 
jb*c;y6 neecNaiio salir de ella, ni rcru(ii[iarse al cuartel ge-* 
Heral de Sarria , ni acogerse á niugiin buque eslran- 
jwo. 

' ' Cuando volvió i M.idrlii , el señor Lonibia, empresario 
^ la Orux, le ofreció esh» lealro en los lérminos txua de- 
licados V Raíanles, é in>ió!e para que lomase parte en los 
Uinhajt»!^ do ai|uell'i ctunpañía. 1^1 señor LaUu're acepló las 
•liitns (derlas (íi; ai|uel , j/ desde entonces trabaja en el ei-» 
iíiií lealro. 

;ifi .Daremos una ¡lea del método que si^ueen las leccio- 
iie» que da en el Conservatorio. l)i*sdc lut^go quisiera en 
4QS alumnos el señor La torre que lle^asi:n á l.t edad en 
,flqe pudioHcn haber adquirido los conocimientos propios 
ifll) luia (buena educación , j en especial ) con esteubion 
:loi.de iMsloria y poesía, y en cuja edad no necesitase do 
•üantoH (lip^rboles y UnU»H euibo/os para esplicarlrs la na- 
»lurale/a y UhonQuiia de Lis pasiones. La edad de sus alum- 
nos de and)os sexos , pone muchas veces al señor Lator— 
tfo AUi un verUjid(4'!p .j^ujiillicto , en <|ue los respetos quo 
';p)i}rcco la tierna, juventud v la inocencia se hallan en pug- 
JMt.con. la necesidad. de hacerse entender. Mu estos casos 
rrourre.al medio de olVeérr él mismo el ejemplo, sin es- 
i'plici'ir la doctrina que , le sirve de ^uia. La lisura no es 
lÜtulifurenle c:\ un actor de teatro: no es esto decir que 
iforxos.'in)ente \\i\yn de ser un Narciso, sino que en su li- 
{urn, adeíoás de ser proporcionada y venlajosn, hasta la 
iiUobleiía , e buen parecer, v las calidades es|)eciale5 que 
'^'quilTeel Usilro. Nosotros nunca Iumuos eslado de acuer- 
^ocon la opinión de nu hombre iiileli|;ente. á quien va 
kcnios, citado , v quo creo que lu estatura y la vo7. soiv 
loiio vjii. A 



5S5 

porque e« su concepto., {ñcndo ¿cc/ai^ar hohlai 
fasis, la dtclaitnacion ^créi It niciuern de hablar 
80 habla. Pero, á nuestro modo de ver, la declái 
aloja tünto de la manera ordinaria y común di 
cuanto se acerca á la música, sin p.mb.irgo de < 
el qué h/ibla cuanto el (\uíí declama, ambos estí- 
menos sujetos ü las leyes de la armonía; ¿no n< 
desentonado un sonlo hasta en la ronversaoioii 
miliar? Ademas, el orador que habla en público 
lor que. representa.cn el teéUro, y que ambos ti 
cesidad de levantar ja voz pava- .hacerse entcn 
hablar .en mucbíts oca^ipnes con calor, para esp 
pasiones y marear en muchos casos, luda lá fui'i 
coticeptus.y las;palabras, i.u) pueden menos de e 
con ^/)/ci;{iV;^Un(iiue seapliquq aj^unas veces est; 
tanto eo 1^ literalv^rACi/^intoen la idocuc.ion pul 
4aráiCn.lendeJC.el: tQj)0 aréQis»idi^.'C;i^{\ger«ida, I 
perQ esio ho ^s,]'^ ^^'pcioa.nafuraí de;lá.pali 

, Enseíja elscrior^L^tQrrq^ si^s discípulos 9 

j^on economía, *y JMÍq^o,,^l ?í)plÍ9 ^^^ las 'vs^iii 

..pbserva, y coa .;|)iM(jiiii.jr>>7(^n«,..quc;pueda,h9J)e.|; . 

, dikiórpsacn.cmeil^s l^r¡mas:H'fin..no(|va^.. ul^^i . 

,defl;d«.iigraciyis,^(d¡cf) qt^v' Í^I^tTÍJo V^^VOi^rb^'/f" 
en las, situaciones m^^s solejfq^^(;\npii(e Aijjf^posas 

:iiue¿ftros!iuj!)S>se sccau,, Y»¡iig|j^a.l^g>l¡fi)jjj. los l\y 
pftr«(;eique. lí)da^ e4e«.))ajq nu^Mr/) Kpffzwp^ ix}/^ 

. aljvr^Mí:QUJ>¡L»ílja.^ojp.un. velo., solo pron^juji-i, 
»hoítpd#,,|>^3iS>^aj^;. siiijvíilra^ jiwJ i^rl¡í:i¡iL/t}!¿)i,*i 

: í»í^lü:^aVy/fl■,ítl:^lí^^l*^íl?fAP<!íi.i^ j>«r:^..f^ qf 

•Á9 ¿luna pp¡>««ía>Í9^oiilcíUi^Mí^ 

r, nt«iiluMni\jr;íf1rfíí;ira^/>.:i?lr.;f í*!^; lir«»4iUj'!^ Sfí]^i 
-•ifuca *)ttr#iMs(iiicr4í¡qu(ií il:í )!.Tnio/lje..i}Íh(^a y,pni 

trico y pniuudo Ae ^w Ci^s^i\^JOtí^^\v^\\ v.o te 



55 

■ ■ 

ra csplicar.sus padecimicutos, ni lágrimas para ali- 
arlos.» 

Acerca de la acción en general , uc las pausas y de 16 
le se llama acción muda« puede reasumirse la doclrina 
leda á sus alumnos en los sigulenies párrafos del -ya ' 
CDcionado escrito. «La misma justa cconomia, dice, se 
comiénda en los ademanes y gestos, ó iñas bien dicho 
la acción ; esta parte del arle se considera como esen- 
il, porque la acción es en cierto modo un lenguaje ; la 
oiuiion de esla destruyela nobleza del personaje, tía 
eciso que sea natural; no el producto de un esfuerzo 
ludiado, sino el sencillo resuKado'de la costumbre. No 
necesita crecer ni hinchar la voz para 'dar una órJcb: 
»do es que el poderoso no emplea esfuerzos pflra ha- 
rse obedecer; en su clas<r todas sus palabras tienen ^ 
so. todos sus movimientos autoridad. La iñleli<jcnóia ' 
be rc^glar el movimiento rá|>ido ó lento de la dicción, '- 
|;tin la situación , 6 cortarlo con pausai estudisrda&VHa^;* 
jcanstancias en que el hoYnbre necesitBírecogci^]S<f,'dÍgfM: ' 
¿lo asi , antes de cOnfiür á la palabra lo que siente f$Ü ' 
na 6 lo que su pensamiento ie ^aj:;ilrre: Bs tíecesarlo*, 
e el actor, en este caso, aparente meditar antes de har^ . 
b", que por medio de pauséis, parezca tomarse ticm'pb 
n arreglar en su Imaginación lo que va á decir; pero 
preciso que mientr^fs tanto su fisonomía^ supla en estas ' 
tensiones de la palabra^; que en se actitud , sus fac^ 
itoes indii]uen que en aqueillos knomcntos'de silencio an' 
iifr está fuertemente oetipada; de lo contrario estó&^in- • 
Kalos en la dicción serian rasgos frios y sin calor; 
ribuidos mas bien á una distracción de la -memoria, qué 
Otha operación del pensamiento. Hay ademas situacio'hes 
i violentas que se descubren por una acción ó liioyi- 
fenlo, sin espresarla lícita combiüetcion de las palabras 

íVen. precedidas por él geéto', la mirada 6 la. ifedon. 




54 

Jae llamamos aecton muda « parte esencial del arto j imi] 
íficil de conseguir y de adecuar; por ella el actor ia¿ 
prime á su dicción verdad j naturalidad alejando toA 
recuerdo de que sea una cosa estudiada j repetida. Otra 
situaciones hay sin embargo en las que el personaje ar 
rastrado por la violencia del sentimiento halla inmediata 
mente todas laa palabras que necesita. Entonces su dio 
cion tiene que ser rápida , porque las palabras llegan í 
sus labios con la misma prontitud que las ideas i sa p09- 
Sarniento y la emoción á su alma. 

)>FálUime hacer una observación que puede ^er 4! 
algún provecho. El actor no está solo oeslinado ¿ ejectt 
tar papeles análogos á su carácter. En su carrera» se hi 
liara á menudo precisado á retratar pasiones* cuyo tip 
no esté en su naturaleza. Pero como entre las pasioms 
desordenadas que degradan al hombre, existe sienmre iÁ 
gun pimüQ de semejanza con las vivas y puras que fe ñ\^ 
vaa y engrandecen, puede entonces juzgar por analogtt 
Un» noble emulación le dará á conocer la envidií^, | 
justo resentimiento de una ofensa, le mostrará desde It 
JOS el aborrecimiento y la venganza ; la prudencia j | 
caoiel^j 9I disimulo v la astucia. Los deseos , los UNrmeR 
tos y los inquietos celos en el amor , hacen concebir to4 
su irenesi y todos sus crímenes. Por medio de estas coí^ 
binacioo^ y semejanzas, que son el resultado de nn tni! 
bajp rápido, de la iemibiUdmi unida á la inUiigenett 
trabajo necesario al poeta y al actor , se losran pintM 
aun sin conocerlas, las negras inclinaciones, lascnlpaUi 
pasiones de almas corrompidas y viciosas.» 

En el estudióle la v¿>z, esplica á sus alumnos el seia 
Latorre , la manera de emitirla y todo el mecanismo 4 
ella , haciéndoles conocer las cuerdas medias de la to| 
que es el punto conocido de donde debe partir el que ha 
bla , ya para subirla , ya para bajarla ; esto se entie^Jl 
sin perjuicio de que cuando un actor dirija su voz en ai' 
guqimonólogo al público, deba espresarse en todo eí Ik 
00 ¿0 ju VOI9 fijando lu atenciwi CA que esta Sfia d^!^ ; 
Mteadidií em las estrem\d»&M ^\a wwocmsmík*. W fo 






55 

nedia tiene la ventaja de qne facilita la aspiración , j 
bce mas cómoda y espcdita la pronunciación. Llevando 
siempre á la naturaleza por guia, nos enseña esta á cs- 

tresar la agilacíon amorosa por medio do una voz Irému- 
u Todas las demás pasiones modifican la voz de diversa 
ntanera; esto debe observar el actor, y, de ello puede sa- 
car mucbo partido para caracterizar aquellas, y conmo- 
verá los espectadores. Escusado es decir, después do lo 
qaeal principio hemos manifestado, que en esto, como 
en todo, se na de imitar á la naturaleza, mejorándola, 
corrigiéndola , perfeccionándola , ennobleciéndola : en 
eito consiste él idealismo; y en esto se distingue el ver- 
ladero artista del que copia ó remeda servilmente á la 
aaturaleza. 

Tiene la buena idea el señor Latorre de no reducir 
te enseñanza á esplicaciones abstractas^ que en toda la 
estension que pudieran darse, quizá no se acomodarian á 
la inteligencia ae todos sus oyentes. Al contrario proce^ 
^ pues, csplicándoles el modo de espresar ó caracterizar 
VQi situación determinada, ó una espresion, vierte en- 
tonces con mucha oportunidad y para mayor claridad 
■adoctrina en qoe sé tunda la esplicacion que les dá. De 
este modo , mezclando á un mismo tiempo el ejemplo^ 
con la doctrina, enseña i buscar la razón de esta en sus 
verdaderas fuentes , que son la imitación artística y la 
^rvacion. 

No terminaremos estos apuntes , sin hacernos cargo 
de la opinión de algunos aficionados al teatro , que supo- 
^ fue en el dia no hay cómicos que ejecuten , con el lu- 
amento que se hacia en otro tiempo , nuestras antiguas 
Remedias , y particularmente las que se llaman de capa y 
^if^. Pero á nuestro juicio» este es un error. Nuestras 
jBtigoas comedias tienen entre otras circunstancias , la 
jiaer la pintura mas fiel de nuestras antiguas costumbres; 
de (al manera, que aun sin contar con el ausilioque pue- 
den prestar á un actor celoso y aplicado nuestras histo- 
^a y nuestras crónicas , se encuentran eu las mVstEv;)^^ \^ 
V Mb retrstsdos Io§ caractére$ j tan Wu ^^j^v^)^^-*. 



56 

tos estos, que sintnnchocstudiosfí comprenden, y sínfíirán' 
des esfuerzos de infi^cMiio pued(Mi reprcs(Mitarse sus mal 
imporlanlcs pcrsonajos. Tan cicrlo es cslo que hemos 
alcanzado adores, de fanía en esle género, que ennucs- 
tro juicio, dehieron loda elb al buen timbre de su voz y 
á la entonación con que rocilaban sus herniosos' versos. 
Fuera de esto, que hoy forma los primeros rudimenloí 
del arte de la declamación, cuando se ha tratado dcalgu* 
Da situación verdaderamente teatral , han podido notarlas 
personas de un gusto delicado, que no es lo mismo reci- 
tar versos, que representar un importante papel de tea- 
tro. Sirva de ejemplo la comedia del maestro Tirso á« 
Molina , intitulada El convidado do Piedra. Habiendo don 
Juan Tenorio muerto á don Gonzalo deUlloa, comenda- 
dor de Calatrava, huyó á Lebrija; pero, creyendo des- 
pués hallarse mas segviro en Sevilla , vuelve á esta ciudadi 
Ítoma iglesia por la noche, en la del convento de san 
rancisco : vio allí el magnifico sepulcro erigido á don ^ 
Gonzalo, con su estatua de piedra encima, y la inscrip' 
cion siguiente : 

i 

«Aquí aguarda del señor 

El mas leal caballero 

La venganza de un traidor.» 

El desalmado don Juan lee esto mote, llama ié^ 
CrODzalo buen viejo y barbas de piedra^ se ríe de la vt?^ 
ganza que podrá tomar, y al despedirse le convida á ^^^ 
nar aauella noche en su casa^ pues ya entrada aquella* ^ 
retiraba á una casa que tenia tomada en una calle asco^^ 
da. No faltó en efecto el convidado de piedra. Apenas ^ 
había don Juan sentado á la mesa , llaman á la puerta. G^ 
talinon , su criado vá ú abrir, y vuelve aterrado sin ip 
der dar razón de lo que habia visto. Don Juan , hombí 
de corazón sereno y osado , se dirige á la puerta y dic 

¿Quién vá? 
£áMTÁTÜÁ\ Soyyb. - « «^ -.-í-mu •- 



k.. 



67 

D» Juan* ¿Qii¡6n sois vos? 

La Estatua. Soy oI rahallrn» honrndo 

{)\w. á ctMinr iiíis roiividiulo. 
I^« JvAX. Cena lial)r¿'i (tara loi» dos. 

Don Juan manda qiir aron|iiou tina silla al convidado» 
ic han* |d.-i((), roña v\ mismo, hoho, lo convida á Urher, 
lo proponía si (|UÍ(M'«> qnc canten durante la cena; )' nía-- 
nifesl/indidc el convidad(» deseos dctinodar sido con (d, haco 

Juilar la mesa, cierra lapnerla, v Iratándole conu) á alnia 
H olro mundo, le |»rep;nnla si liene necesidad de sufra- 
gi^Ks. Don (¡4)n/alo le pile i|ue vava á cenar con (A á su 
s<^|>ulcro la noche sijjuiente, v dou Juan se lo promele. Lt 
<^s({Uua se relira; y s(do después (|ue Im desaparecido su 
' «^"iilrario, sienle a(|uel estremecimien'o, y algunos lali- 
yos de la conciencia. IVtíí proulo vuelvo en si resuello 
^ciMuplir su promesa, ^(loriándose anlicipadamenle en \^ 
fopiUacion <|U0 va á ad(|U¡r¡r de valeroso, cuiindo sfi di- 
vulgue tan eslraordinario suceso. Acude en efeclo á \f 
<^Ua i la hora señalada, «pío era la do las diez de la noche; 
Jj^ don (lonxalo le. esperaba. La mesa es un nlaud, tó^ 
*>rvi(MUes es(]uelelos enlutados, las viandas vihorasy ala- 
ci'auos, el vino hiél y vinagre, la música recuerdos Iro- 
í^^iMulos de la inexorable justicia de Dios. Al fin don 
(^^^u/alo pido la mano ú dou Juau, <|ue siento ahrasarso 
P^'^rella todo el interior de su cuerno. Sin embarco, su 
^"Iropidez no se desmiente, tira de la doga, ) st)lodnffol- 
P^'-'^al aire, hasta «pie fallándole el aliento cao sin vlJa'á 
*os pios (lo su enemigo: y ahora proguntnmos, para cá- 
raoiorizar biená este personaje, para expresar su serenidad 
"^áiiinu), su valor, el profundo desprecio con que ve la 
^^*i)K;in/a que lo amenaza, los primeros lalidps de una 
*^"'>cioucia eiiipodernida, y la lucha interior, y los esfuer- 
f^** 3* lí^ a{X¡tacion, que l\\ lin.le hacen perder nd aliento, 
¿*>'ista la jocilai ion material de tiüos v,ersos soupros y ar- 
?^'*¡«sos? La rcprosenUicion do esilns escenas .¿no se ha- 
^ ^ujota á las mismas coudicioi){)'s d.e esludro, (^uo la do 
^^ P<irsüuajes íri^rif-^f/í ^c ^5 iip|>^^ (^Uk\.^tbál'\^' 



I 



58 

dos los progresos que entre nosotros han becbo elifte c 
la declamación j el gasto, ¿no tendrán aplicación cuand 
se trata de representar una creación fantástica tan magni 
fica? ¿No se necesitará un conocimiento profundo defci 
razón bumano, j de sus mas ocultos resortes « para ea 
presar la lucha de un corazón dominado por las pasiom 
mas desenfrenadas contra el poder invisible del cidc 
Ademas, la esperiencia diaria habla á favor de nnestr 
opinión 9 pues representándose en los teatros algunas f» 
ten nuestras antiguas comedias , nadie podrá dejar A 
confesar que se ejecutan con el major lucimiento f] 
ine los papeles mas importantes, en los diversos génertt 
e todas ellas, se desempeñan con igual mérito por lo ma- 
llos en la recitación de los trozos líricos en que abundaí 
las comedias de nuestro antiguo teatro , y con una e» 
Iraordinaria superioridad cuando se representan sito* 
dones teatrales y se espresan pasiones. 

Teniendo á mano otra comedia de Tirso intitoladi 
Pruehoi de amor y amiitad^ y abriéndola á la aventad 
noi encontramos un razonamiento de don Grao en f* 
Contesta al ¿onde de Barcelona, que para probarle 

Éroniete sü priTanta si abandona á su amigo. Don Gri 
I dice: 

Sf otro que vuestra alteza me dijera 
Semejantes razones. . . 

CófDB. Estáis loco? 

GiAO. La espada , no la lengua respondiera 
Ofendido de yer tenerme en poco. 
La envidia en los palacios lisonjerat 
Que lealtades destierra poco á poco. 
Os dirá por mentir con lengua sabia 
Quo don Guillen me ofende y que os agratia* 
A Estela quise cuando no sabía 
Ct^e don Guillen la amaba ; pero luego 
Aquel dia mismo (¿qué digo aquel diaT 
Aquel instante] mi amoroso fuego 



. Affoi m la amitU^t si en gaitos ciego, 
l>eiemÍMirai6 el peclio; y si Urdára 
El alma por sacarle me sacara. 

Oe estas chas se in(lere« que los mismos actores en 
iiiienes se reconoce tanto mérito en los dramas moder- 
108 7 en 1m tragedias para espresar toda la vehemencia 
le las pasiones j los afectos mas delicados^ no podrán de- 
ir de tener una gran ventaja para representar, como en 
I fragmento que acabamos de copiar, el noble orgullo de 
naballero j todo el heroísmo de la amistad. Ahora, 
I se tratara de recitar un fragmento Úrico, unas octavas 
íWBL soneto descriptivo como este del divino Sanchei en 
acomedía, la Guarda euidado$a. 

Ficiles aguas de este manso rio ^ 

Que por su margen desigual torcida 
Lleváis vuestra corriente recogida 
Al valle melancólico y sombrío: 
Olas cobardes* que os detiene el brio 
Arena á vuestra costa humedecida; 
Y de la opuesta pefia endurecida 
Blandas mojáis el pie de algas vestido 
Por qué estáis murmurindome, si digo 
Que ne de elegir sin orden ni discurso 
Al duefio ingrato de mi vida triste? 
Torcida ó no, su condición la sigo. 
Como seguís vosotras vuestro curso: 
Que fuerza natural mal se resiste. 

ntoncestodo se reduce á recitar con buena entonación 

ido, unos hermosos versos como pudiera hacerlo 

ursona míe leyese bien , y que solo se propusiese 

* el mérito de la composición poética, y la armonía 

versos: pero esto no es declamar: el teatro pide 



esta primavera ha esperímentado el sefiot\A\otm 
^rmeisd sgudíumé, de la aiie ifartOMAmMbt 



se ha salvado.. En breve so ha restablecido, y lyi podid* 
volver á sils t'arca$ ordinnrins. Sus numerosos ainigos, ^ 
todo el público de Madrid,' han manifestado en esta oca 
sion, de un modo general 6 iñ^qufvocb, el vivo inleré 
que les inspiraba un actor de tanto mérito, v un caballo 
ró de tan recomendables jpreudas. ' 

Anata. 






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I -,".■ ; . olí.) 1 i/» .i^.-"> .. ;.• .* ... I ÍkI * 



EL SXC3X0. Sa. D. JUAN N2Ca310 QAUsaQ. .', 



íJ;iío flrts con<'<'pt">9 dclw'lcohsiilcr.ircl'esri'ítrtr iHÍjfrí- 
ft> ñ liis nulón-s «If ñola , AanViiuf sii trnliiijñ tilv^i'^irlf ^'c'a 

ctimplolo; Vtt''rr()lr.-- ■'■■—■■■" ■■■■-■ ■-■■ -->■■.■■.'. ■'l(i''A"J*íu.' 

írf'sriiKliliics COIIlli 




. me jii¿iiu'í'«iíTiV"iift(!ii«, 

i;t:'ifiIsmA', Ch'Kií uiffil'prf- 

■'...:' & V.lfJí rfní 'nWÍ Siií), 

-: Mrili lii!i'iiSlllKHÍl!lV;4n 

i/oni'^'illi'foiAu'iiiVií'ftjs.tüh- 

, , _ , iiAliStaiVíi. /tuf i-H'rUh'it 

-.li¡'>,lir,„,^ ,; ' ,,lhl,,í;Í!i'ii,.ilc.WpiWUIM«Mr 

|íU>l, I .: : ,,'V¡iV(l"6lil|.W>«io««>Wi6ltólBtli- 

^#« '9 yiK- !ó> i.óV:l;is sftH'i'iilíó'IM Vsrflilíri'i' (ífctjlií^óV'lbs 



•ejan ef d que mai atracÜTO ofirece á IoIm.«| AfU^ 
tamatal alcance de todos y elqoo ñor cooáiriolin 
eoD mas irresislible fuena'las pnorias do lottstetM* 
f encías j de todos los corazones. 

Pero la poética oo puede ejercer esa inl 
de derecho le corres|»onde , ni ser mas qoe nn f^kAít 
nato, i meno» de accnlar francamente las coodkisMlik 
cas qoe pueden dársela , j que en noestro l o n c s pt i ttH* Cóe 
docen á una s«iU , á salMrr, harer§€ inteliffiUé é Uém^hí C|. 
que los acentos del (Kieía despierten un eco en fagatanll C^ 
sus lerinres, es preciso que sean fieles i lérpreleí 4s Hfr I ||i 
timientos que tollos puedan apreciar; de otra a*aHs|M^Ltt 
rán desapercibidos como aquella roa del ¿üMrlslsfi 
habla la Escritura , 6 como esos va^s mmores dd vMl 
j de las ainuas que tal vez nos^ recrean el oído, pciafK 
como nada nos dicen i la ¡nteligencu, pronto acaltafll 
molestarnos ó por adormeccruos. Lo mismo pueda éA^ 
se cuando no ja los penumientos mismos, aino an — 
sion es la oue no csti al alcance do todos. ¿Qné 
entonces? Un cansado y monótono mido que neo 
mente acaba por producir uno de los efectos arribí|^ 
chos* No queremos por eao que la pofsla haya de 

firse únicamente al vulgo como pudieran deducir de i 

tras palabras una crítica muy material 6 mqy de mah |i 
solp si que« (tal es al menos nuestra intima conTiccion Api- 
dada en innumerables ejemplos que pudiéramoa citar) sob 
sí que siempre que la |ioesia se encierre en esa espede ^ 
Sancia iunclorum vedada á los profanos que lo aepnaii{^ 
alf unoa eiagerados id6latra|i do su culto ; sicaspre que si 
dcsdehe de emplear la lengua común formáodóáe y cilli- 
yando exclusivamente una suya propia ; siempre qne alan- 
te el tono y la forma de vna alta eiudícion milolé¿cii 
histórica, ó de cualquiera otra especio, perder^ toda o'li 
ñayor parte de su legitima influencia fqbre la soeiadif 
En nuestra bumildu opinión, ésto sucedió k la poésta CH 

Í afluía, dc^9 priilcipiosdel si^lo XVII basta finos del ILVIV* 
[asta aquella primci a ^pocat influyó altamente áohMIli 
cosiiMi^bres pQf medio 4^1 leálro , el (^ncito Wfj^^ fjt' 



5 

Mientras agradó, mientras inter«s<l en U 
al vivo los caracteres y los seDiímienlos m^ 
lajó de alguD modo sobre la sociedad ; fué, 
:e ahora, un verdadero poder del Estado: 
itó formas extrañas, pintó caracléros exlraAos, 
\ extraños 4 y basta empleó casi un lenguaje 
lo algunos la comprendieron y pasó por con- 
m:o menos que desapercibida. Lo mismo es 
punto aplicable á todos los demás géneros de 
lor qué no hornos de decirlo todo f ¿Por qué 
3 decir á todos los demás géneros de Hienaturefi 
ir Gn en el horizonte literario una época mas 

poesia castellana. Moratin el padre y el hijo» 
jienfuegos abrieron la marcha por ia nueva 
idio de los aplausos generdtes; por ella los si- 
I singular fortuna algunos de nuestros céle- 

contempctráneos , v entre ellos , en primera 
es objeto de estos breves apuntes biográficos, 
á seguirle rápidamente en todas las diferentes 
:arrera literaria, asi como en el sucesivo des- 
, privilegiada inteligencia; refiriendo también 
principales sucesos de su vida. 
a Nicasio Gallego ^ uno de nuestros mas célo- 
el dia, y el aue pasa generalmente por ser el 
nodclo para los jóvenes que se dedican al cut- 
sas, nació en Zamora 14 do diciembre del aflo 
ado sus padres don Felipe Gallego» y dofia 
ernandcz del Crespo. Su fami ia aunque antl- 
Jla ciudad tuvo su origen en la villii de Si- 
le ya en el siglo XV gozaba lodos los privile- 
lalguia.'^l] 

su imtria sus primeros estudios fon la buena 
liarse por entonces regentando la cátedra je 

:Mion del rey don Enrique IV en favor de Juan v Lope Ca- 
le la Imitad y arrojo con que soslufiíTOO la voz ael monar- 
eudieudo lu villude Simancas contra la Tuerza de los srandrí 
cercaron y conibaiieron por espacio de dof mewi: diéks tde* 
tiiBÍiffltt$de Jtf vjÜA, 



9 

aojan ei el que mas atracÚTO ofrece á todos t el •! «p 
ta mas al alcance de todos y el que por consiguiente 
con mas irresistible fuerza las puerUs de todas las in 
geocias j de todos los corazones. 

Pero la poética no puede ejercer esa influeneii 
de derecho le corresponde, ni sor masque un estéri 
nato, á menos de aceplar francamente las condicionei 
cas que pueden dársela , y aue en nuestro concepto i 
ducen á una soU « á saber • kacern inteligible á iodae^ 
que los acentos del poeta despierten un eco en las alo 
sus lectores* es preciso aue sean fieles i térpretes de 
timientos que todos pueaan apreciar; de otra suerte 
ran desapercibidos como aquella ros del deeierio di 
habla la Escritura , 6 como esos vagos rumores del v 
y de Ia4 aguas que tal vez nos recrean el oído, pero 
como n^dá nos dicen á la inteligencia, pronto acahfi 
molestarnos ó por adormecernos. Lo mismo puede d 
se cuando, no ja los penMiniehtos mismos, sino su f^ 
sion es la que no esti al alcance de todos. ¿Qué n 
entonces? (Jn cinsado j monótono mido que neceÉ 
mente acaba por producir uno de los efectos arril 
ehos. Nq qucrf^mos por ^ que la j>o^sia baya de 

g* *we únicameple al vulgo cooio pudieran deducir de i 
s palabra! una crítica muy material ó muy de ma! 
solo si que» (tal es al menos nuestra intima convicckMfi 
dada en innuiperabíes ejemplos que pudiéramos citar 
si que siempre que la fioesia se encierre en esa espedí 
Swcta iancloru/n vedada á los profanos que le acoñ 
algunos exagerados idólatra^ de su culto ¡siempre ó* 
desdefte de eniplear la lengua, oomqn (prmándose j < 



excdenciii. Mientras agració» mientras inter«s<l en U 
«I pintando al vivo los caracteres y los seDiimíenlos nt^ 
dooales , influyó de algún modo sobre la sociedad; fué, 
como se dice ahora , un verdadero poder del Estado: 
coando adoptó formas extrañas, pintó caracléros extraAos, 
leDlimicntos extraños « y basta empleó casi un lenguaje 
extraño , solo algunos la comprendieron y pasó por con- 
liguiente poco menos que desapercibida. Lo mismo es 
iuista cierto punto aplicable á todos los demás géneros de 
poesía. ¿Y por qué no bemos de decirlo todo f ¿Por qué 
DO hemos de decir i todos lo$ dema$ gineroi de litmatura^ 
Rayó por Gn en el borizonte literario una época mas 
feliz para la poesía castellana. Moratin el padre y el hijo» 
Meicndez , Cienfuegos abrieron la marcha por ka nueva 
lenda en medio de los aplausos generdtcs ; por ella los si- 

Sieron con singular fortuna algunos de nuestros céle- 
J8 poetas contempciráneos , y entre ellos, en primera 
linea, el que es objeto de estos breves apuntes biográficos. 
Vamos puesá seguirle rápidamente en todas las diferentes 
fises de su carrera literaria, asi como en el sucesivo des- 
arrollo de su privilegiada inteligencia; refiriendo también 
it paso los principales sucesos de su vida. 

Don Juan Nicasio Gallego , uno de nuestros mas céle- 
bre poetas del dia, y el aue pasa generalmente por ser el 
Dtas seguro modelo para los jóvenes que se dedican al cul- 
to de las musas, nació en Zamora 14 do diciembre del aflo 
'el777, siendo sus |»adres don Felipe Gallego» y dofia 
Francisca Hernández del Crespo. Su fami ia aunque anti- 
gua en aquella ciudad tuvo su origen en la vilU de Si- 
i niAncas donde ya en el siglo XV gozaba todos los privile- 
I ' giosde la hidalguía .'^1] 

Hizo en su |mtr¡a sus primeros estudios fon la buena 
, suerte de hallarse por entonces regentando la cátedra d(e 



. (1) Foe concesión del rey don Enrique IV eq fayor de Juan v Lope Ca- 
"^go en jireniio de la loaltad y arrojo con que sosluficron la voz ael monar- 
^^B 4465,. dcfcudiviido la villa de Siinanias contra la Tuerza de lot srandrí 
'tMidot qué la cercaron y comhalieron por espacio de doi meict: diént ade* 
i^M por armas las mismas de la villst 



4 • 

latinidad , en la clnsñ dé marores, un tal Pólacz, Itucn piro* 
(esor y humanista. A' La edad do 13 uMs Fué á Salamanca 
á emprender su cnrrora de filosofía v dorochos civil y ca- 
nónico, que concluyó. on 180Í). Cuando lle^ró h la uuivor— 
sidad souiíha con Horacio v Vir'^ili), rpcilnb:i de memoria 
ar^os trozos de sus ohr.is v soÑ|MM*halKt ;i¡)eiMS (|uehulHe!(e 
¿'Ira poesía en el mumlo <|ue l.i ilc, los :ititi<;nos romanos. 
A' a<|uolla educación alta ¡nonio clásica doko el soOor 
Gailogo.osa delicadeza ysej^uridad de j^uslo <|ue forma el 
principal encanlo de sus obras: amamantado, d¡<]^ámosfo 
asi', a los sanos y r'obuiios pochos de la nnli|^ií(Mlad, nin- 
gún dañado hun^or,iiinp;'un virus malérKro, pudo liltráre" 
sos" venas, l^a holloza íilolo de los críiníles maestros, re 
cinio. de 61 desde sus primeros onsa^os un culto fxiclu 



siyo. Kñ csle punto, fuerza es reconocerlo, los porlns n-r- 
cidos á linos del pasado' si [i^lo lievau una inmi»ns¿r vent^^ 
a los (lúe forman O'irle de la juventud der'dia, venida «I 




'lyg(j|Síríf;de oído díilicado y 'seiisilrle 'á b- «ahnuniii d<í '^ 

"bijeiVaS'fcVsificaci(Vfí''fíi^'íigriió'1a fie los poelas-modernosíc 

TíTe^cür'Kl ''áalamadfiTííaa , /i(lesins y -Mv^ií.n Jez , al segi|«' 

do dp los cuales traló v almiró dvísjyfies'en- Za»i«ra-<k»MO^ 

Í' "sluví)' tó'iilín?tdiy'tídH í.íF{j;t'tém¡)orada. No es pues de cX' 
raiVat'/|U'e en' cúííWtoiíénsíi^os hacia |iroi'iirase imitar á**^ 
modelo, á quien con razón mir.ihau sus coiil<Mnj>oriiii<^^^^ j 
cómo al pronaga^ior (Kil buen gusto y regenerador ác 1^ 
poesía castellana. 

pe, sus. numerosas composiciones do aqu^ll.i íj'^í* 
son muy pocas las que se haa conserva Jo; ja bc.i efecto u*^ 



s 



lOKkiJkstíat ya de liatoral indolncia de oaráct«rt el 
9^allego es nao de los poetas qae menos imporunoia dan 
i BUS propias producciones* al paso que no hay uno que 
ñas se interese por las de los demás. Hecho es estaque no 
podríamos callar sin injustícis, porque honra sobremane^ 
ra al personaje do quien escribimos. El señor Uallego es 
el protector nato, el amigo do conCania de todos los jóye^ 
nes que aspiran al glorioso Cimbre de poetas: él los acon^ 
seja, los ánima» les corrige sus obras, y á todas horas esl- 
ían abiertas su puerta y su benevolencia para cuantos de 
buena fe van á reclamar el auxilio de sus luces « y larga 
práctica del arte. Si nos fuera licito penetrar en el san^ 
tuario do la vida privada, referiríamos sobre este punto 
anécdotas muy curiosas y sumamente lisonjeras para el 
sed&or Gallego. (lOmo quiera quo sea, y tómese esto por 
un elogio 6 por censura (por elogio lo tomamos nosotroa) 
esto poeta es uno do los pocos , 'poquísimos, en EspaOa y 
fuera de ella, quo nunca han hecho mercancía de las lo- 
isnas flores de su imaginación; la única colección de ver- 
sos suyos» harto diminuta por cierto, quo anda impresa 
7 venal no la ha publicado 61, un apasionado suyo: el 
iQilogrado poeta cubano Uoredia, (1) sino nos engañamos» 

Juoni siquiera lo conoció personalmente, fue quien la 
« i6á luK cu Filadellia, y por esa colección sin embargo» 
i^unque tan incorrecta y desigual como es consiguiente 
atendido el modo como so publicó» sin anuencia ni aun 
noticia del autor, es conocidlsiiuo y aun celebro en toda 
América el señor Gallego, á punto de haber formado es- 
cuela. 

En esta colección , que por desgracia no tenemos á la 
^'sta, recordamos haber leido unas felicísimas imitaciones 
^6 Osian, de que no creemos quo el mismo señor Gallego 
conserve copia : tal os su descuido en esto punto. Gomo 
)'^ hemos dicho, este poeta pasa generalmente» lo mismo 
^u América que eu España » por ser entre los maestros 



(1) No M ma otro ksbnsoro lUmndo M UoilOi 

Tojip 17//; 



jMdeñMM ti «MeUtaiAk mioko en foeila ^ y li hénot A» 
OMAnifestar francanente nuestra opinioii es esta materia, 
eTÍtando coiQ(Mira6ÍoneB odiosas , aireiáos que en general 
.QjDgiíui poeta antiguo ni moderno ha logrado combinar 
.mas. sabia j felizmente nae el que nos ocupa la valentia en 
«los pensamientos y en la expresión con la regularidad y 
pureza délas formas. Este es en nuestro concepto el ca« 
rácter distintifo de sus producciones. Nada es mas (liciL 
que obtener una gran regularidad en la expresión cuando» 
los pensamientos son vulgares y rastreros ; tampoco ea 
gran mérito ó por lo menos tampoco es licito en manera 
alguna soltar las alas á la imaginación rompiendo todaa 
Jas saludables trabas de la gramática y del Código uniyer— 
sal del buen gusto; pero decir bien coscu buenas es mérito 
tanto mas grande cuanto es mas raro y en que no creemof 
que ningún poeta aventaje al scftor Gallego. Grandílo^ 
cuente j pomposo sin degenerar nunca en hinchado, si 
lenguaje tiene para nosotros una seducción irresistibls^ 
porque los españoles somos tal vez el pueblo que mas se 

Saga de los sonidos llenos y armoniosos, 'á punto de sasrí- 
car con ft*ecuencia demasiado al eucaníto: de los oidoi. 
jSus pensamientos ostentan una valentía y una robostsf 
dantescas^ y si este poeta se hubiera consagrado á caoUr 
asuntos verdaderamente nacionales, puede aseguram 

Íue su celebridad seria inmensa. Véase por ejemplo m 
llegía al Dos de Mayo> y sobretodo a(^ucl admirable fiod 
capaz de electrizar á los oyentes mas fríos. Otra compoiH 
cion de este autor en el mismo género hemos logrado a^ 
quirir, y á f c que no por ser desconocida cede á aqoeUl 
en nervio y fuego ; tal es la canción patriótica que com- 

Suso con ocasión de las honras celebradas en Cádiz el 9¡o 
e 1812 por las victimes de Mayo. Juzgue de ella el k^ 
tor por estas dos primeras estrofas. 

En esto infausto día , 
Recuerdo á tanto agravio , 
Suspiros brote el labio 

Venganza «I corazón» 



Y soImuí nueslros ayei 
Dol céfiro en las alas, 
Al silbo de las balas 

Y al trueno del cafion. 

Miradnos, sacros manes. 
Gemir en triste coro 
La faz bañada en lloro 

Y el alma en odio y hiél. 
Mas sangre en vez de llanto 
Se os debo por tributo . 

Y en vez do adelfa y luto 
Trofeos y laurel. 

el mismo tono continúa toda la compoñcimk 
MIS años después de concluir sus eatudiosi de lomar 
idos do licenciado y doctor v do recibirlas sagra- 
lenes, vino el señor Gallegoa j^Iadrid, donde cono- 
ios señores Quintana v Gionfuegos, hijos ambos de 
i universidad, especialmente, al primero, toú ouien 
e .le han unido vincules de la mas cordial estima- 
!n mayo de 1805 hizo oposición á una capettaaía de 
do S. M. , que en aquel tiempo se conferían del 

modo que las prebendas de oficio de las iglesias 
des, y en octubre le nombró el rey directop ecle-« 
í de sus caballeros pajes, empleo que sirvió iiasta 
ada de los franceses en Madrid. Con esta ocasión 
emos pasar por alto una circunstancia muy hoaroaa 

Sersonaje ue quien vamos escribiendo, y es que 
leros que fueron sus discípulos en aquella real 
Igunos de los cuales tendrían ciertamente uua satis- 
i en corroborar nuestro testimonio, si fuera, nece^ 
como los señores duque de la Roca, niarqués de 
»res, general Azpiroz , don Joaquín Esquerra» Ins* 
general de minas, etc., etc., le conservan el mas 
loso cariño y lo han dado siempre muestras de filial 
sion y aprecio. Tampoco debemos omitir, ya que 

tocado este punto, bacer mencioa d» dtací^ w^m»** 



8 

tancia igualmcnle honrosa para nae^ro personaje, 
]as largas amistades honran mucho cñ cuanto pr 
que so tiene un carúcler digno de merecerlas y caí 
conservarlas. En este caso c^tát como la que masj 
de pública notoriedad uno al sefior Gallego con el 
lentísimo señor duque de Frías, tan reputado por si 
nocimientos políticos y literarios, y sobre lodo por s 
rias obras poéticas muy estimadas de los inlo.ligentc 
ció esta amistad con ocasión de sor rl padre del 
Uallego administrador del condado de A Iva de i^istc 
pió de los duques de Frias, cuando llevaba su actuí 
seedor el titulo de condo de llaro, que es el de los i 
génitos de aquella ilustre casa. La conformidad a 
tos, de ideas y de estudios elevó al punto de una i 
dera fratetmid^d las relaciones de entrambos , edil 
deapocS' si» intermisión por espacio do. 40 añof}, ton 
stempro Itfaf-sido su pensamiento publicor en un yé 
las poedias do los dos, pensamiento que no se ha lié 
rbaHBár>,"á^Consecaencia de la repugnancfa que l¡ 
aollof (MIego á dar ú Inz sus versos' en la odadmad 
liabi6ndolo hecho en la juventud. Pero volvamos án 
Mrraciéiii 

' £q el intervalo trascurrido desde el- a Ao 1805 1 
cmpexó el señor Ciallego á darse á conocer como 
con varias composiciones ligeras quo se insorlaron 
]M8ri¿dic08 de aquel tiempo y otras que corrieron d< 
mn mamo «ntre los aficionados y de que no srn mucí 
iigofveía l^moa logrado proporcionarnos copia. Ya' 
'inos =dic(i9, el Beilor(fallego haccá sus composición^ 
tieas^fa vt](¡Qsticia de tenerlas en poca estima , scf 
Tnonte áibs que giran sobre asuntos que ól califica ( 
-votos, í^mo sí los talentos del templo del suyo no 
«en '«tcar partido de todos y darles bastante ni 
pam hai0orlos interesantes. De esa particular disp 
híc sü ánimo ha resultado para el autor de estos a 
^una diliesltad suma en adíiuirir los datos necesario 
ie«9n]pleUi*i'esta biografía con noticias do compoi 
fm* M soAor Oftllego*) ^l cabo, i fuerza do k 



'9 

Atenido. algunas I y francamente cree haber hecho en 
un sonricio á las letras, poniéndose así en ooasion iti 
i conocer joyas escondidas qae tal vez , atendida hi 
fieencia con que las mira sa autor, hubieran podido 
irá perderse. 

ünlas composiciones del scxlor Galleg[o, anteriores al 
de 180S, se ccliiin de vor, es cierto, la iinitaciun, las 
las, el sello, en uan palabra, de nuestros poetas d-; los 
is XVI y XVII, pero todo esto rae/ciado con una va - 
a do entonación , una f]i;ala y novodad de exnrosiou 
aderamentc originales. Varias son las composiciones 
s de aquella ópoca que tenemos á la vista, y el simIop 
CffO nos perdonará si no podemos resistir á la tenla- 
00 insertar aquí en comprobación de lo que vamos 
indo, algunos fragmentos deaqaoUos amables desv.i- 
do su juventud. Si quiere apartar la consideración 
an momento de que son sayos, oiertamente los acó- 
, ton benigna sonrisa. Veamos estas estrofas de su 
posición titulada: El vaíioinio^ dirigida en 18U0 á 
lia. 

Pronta á dejar la hética ribera 

que ya en ardor baüaba el blondo cstio, 

un ;ay! lanzó la madre primavera» 

un ¡av! envuelto en Aoros y rocío. 
Del llanto del abril nació la rosa; 

de la espuma del mar Venus divina ; 

de aquel dulce suspiro Lesbia hermosa, 

mas bella que la rosa y que Ciprina. ^ 
Nació y del alba anticipó el saludo 

la turba alada, al rayo do la.ltina» 

al par que asidas en airosOiUudo •.. 

las gracias vuelan á mecer su cuna. 
Amor las palmas de placer liatia- ' 

cuando los tiernos párpados alzaba, 

y al ver la nueva luz nao afrenta al dia, 

ciego á sus pies depositó la aljaba^ •■ t 
Esta abundancia de iináffenes, on^tUe^paf^de frescura i( 



I 



40 

eas 7 gntiidiéMs como en la oda k la defensa ñé 
Aires, de que luego hablaremos, son otro de los 
res distiniíYOs de nuestro poeta. Veamos ahora ol 
posieíoD en un género distinto, tan bella y delicad 
nos atrevemos á extractarla. Pertenece a una épo 
poco postei;ior al año 1806: 



m «Vl^f %t. I 



AXAGREOÑTIGA. 

Guando la hermosa Venus 
Dejó los Giprios mares, 
Brilló la luz del dia 
Mas pura y rutilante. 

Entonces de las flores 
Nació el olorsüaye, 
La pompa de las selvas, 
El aura de los valles. 

' Entonces aprendieron 
A modular las aves, 
Y el plácido murmullo 
Las fuentes y raudales. 

¡ Guán bella resplandece 
La Diosa! ¡Guán fragantes 
Donde sus ojos fija 
Nardos y rosas nacen! 

Ufona se recrea 
Giprina al contemplarse, 
Baiando la sonrisa 
Sus labios celestiales. 

Al amorróse fuego 
Que en sus miradas arde 
£1 universo todo 
'ISte anima' y se complace. 



■ I 
1 . « 



Ut 

ÍQné hechicero conlraala 
^onoan lu rixoi de of^ ^ 

Que cl ccfiríllo balel 

Jugando rodeabaV 
Su carro de córalos 
Amona y placcrea, 
La riaa y el donaire. 

Abrió el cicclao Olimpo 
Sus naerlas de diamante, 

Y t>\ coro de loa Dioaw 
A recibirla tale. 

Estaba Citeréa 
Sin velo que ocaltaia 
Do la admirada turba 
Sus formal virgioaUa: 

Y al ver que aailaHÜraa 

Y la belleía aplaadeo 
Dol pecho alauf trino 
Del delicado Ulle. 

Bajó los lindos ojos 
En actitud cobarde. 

Y el fuego de sos libio* ..-. . 
Enrojeció cl aembltnle. 

De oste adeoian de Venas 

Nació el PDBOB amable. 

Dando i sQ tet de áHití 

Espléndido rokicé. " 

Pudor , pudor ¿ítído 

Dell fnocebcia esmalte, ' ' 

¡Qao sracias, qué embelesos ' 

Te donen las beldades! ' 
N tros signíentos botlisimoi aoíliptos, de diallntos 
M, que nortonocon casi á la Whiiid época, conñr- 
1 to que aojamos dicho acerca, de I» cstrcitiadn Cor- 
ia, guato delicado, eotonaci^on Niempro pa¿licn j 
uoia de tmágeneB qne cimiitriiau íi las compoii- 
idtMtt autor. ■' ■■"■ ■ , 



it 



(1806) 

Id, mis suspiros, id sobre el ligero 
Plácido ambiente que el abril derrama; 
Id á los campos fértiles do brama 
En ancho cauce el orgulloso Duero: 

Id de Gorina al pié sin que el severo 
Ceño temáis del cano Guadarrama, 
Pues el ardor yolcánico os inflama, 
Qae en mí encendió la hermosa por quien macro. 

Saludadla por mi; su alegre dia 
Gozad ufanos, y el cruel tormento 
Recordadle del triste que os enyia: 

Y en pago me traed del mal que siento 
Un ¡ay! que exhale á la memoria mia 
Empapado en el ámbar de su aliento, 

A MI VUELTA A ZAMORA EN 1807. 



Cargado de mortal melancolía. 
De angustia el pecho y de memorias lleno. 
Otra vez torno á vuestro dulce seno, 
Gainpos alegres de la patria mia. 

;Guán otros, ¡ayl os vio mi fantasía. 
Guando de pena y de temor ajeno 
En mí fijaba su mirar sereno 
Laínfiel nermosa que me amaba un dia! 

Tú que en tiempo mejor fuiste testigo 
De mi ventura al rayo de la aurora, 
Sélo de mi dolor, Gesped amigo; 

Pues sien mi corazón que sangre llora, 
Esperanzas y amor llevé conmigo, 
Desengaitos y amor te traigo ahora# 



ii 






¿Rio, d6 está de Lasóla divina 
Masa que un tiempo suspiraba amores t 
La que tu yerde sien ciftó de flores 

Y paró la corriente cristalina? 

A tu mareen la alondra matutina 
Modula al son del agua sus lodres, 

Y el dulce lamentar de do$pa$tore$ 
Bcsucna grato en la imperial colina. 

' Zagales de Aranjuez, que en lastimera 
Toz recordáis su muerte cada dia. 
Vosotros los de Tajo ensuriheraf 

Dejad , ¡ayl-que la humilde musa mia 
Dé mirtos á su citara ligera 

Y tierno llanto á su ceniza fria. 

iú tenemos noticia de que estas composiciones , ni 
I muchas suyas que hemos logrado recoger manuscri- 
Uegaran á imprimirse. El Memorial literario insertó 
endechas suyas á la ausencia de Gorina que empe- 
a: ' 

Pobre lira mia 

3ae entre verba y flores 
ulce son de amores 
modulaste un dia. 

Risueña corriente 
que en silencio yagas 
al jazmin halagas ■ 
ía candida frente, etc. 
loe parecen calcadas sobre lus de Figueroa i pues en 
Há época todavía no osaba el señor CSillego, sino muy 
tez apartarse de la pauta steñalada por los maestros 
lestro Parnaso; asi es que en medio ae las apreeiables 
\ que brillan en esta composición y en otras que pu- 
por entonces « no cotisitftliA'^flMtti^ fbéÍPtetftnte U 
Mi piíblica. A la teitet» ij Ié d i f^ptt l i íl Mr u Ml i» |U^ 



i 



14 

tola al Excmo. señor conde de Bar o, hoy ánqae de Fría s» 
animándole al ejercicio y buen uso de la poesUSf que ei 
pieza: 

Aquí do vuelto á los maternos brazos 

vivo felice, y del tropel de afane» 

en que la corte bulliciosa hierye 

descansa el corazón... 
Está en versos sueltos y es una de las buenas de 
autor. Pero la primera con que se acreditó el señor Gt 
llego de buen poeta y con que ganó una verdadera noi 
bradía , fue la que escribió para celebrar la defensa 
Buenos Aires contra los ingleses en 1807. Ya aquí nohi 
imitaciones ni reminiscencias frecuentes, pero el gusto i 
todavia el mismo. Por ser muy poco conocida esta coi 
posición, creemos que el lector nos agradecerá que laii 
sertemos aqoi integra: 

A LA DEFENSA DE BUENOS AIRES. 



Oda. 



T6 de virtudes mil , de ilustres hechos 
Fecundo manantial á quien consagran 
Su vida alegres los heroicos pechos; 
Patria, deidad augusta. 
Mi numen es tu amor. Su hermoso fuego, 
Que aun hoy las piedras de Sagunto inflama; 
El que arrojó la chispa abrasadora, 
Balaon y estrago de la gente mora, 
Que aun brilla desde el cántabro hasta Alhama , 
Da que pase á mi voz: sublime el eco 
Del elér yago los espacios llene 
Sos glorias celebrando, 
Y atrás el mar Atlántico dejando 
Hasta al remoto Patagón resuene. 

OeaUi M lijos las britanas proras 

YImi «1 iatti fidfiM tsooilNcadi 



«I 

Sq8 coftM invadir, y ftirttmide 

AI hijo de Albion , quo fatigado 

Ha con so audacia, y su soberbia al mundo» 

Cual lobo hambriento en indefenso aprisco» 

Entrar, correr, talar. Monteyideo, 

Que ya amarrado á su cadena gime 

Con espanto en sus muros orgulloso 

Ye tremolar su pabellón, ansiando 

Lanzar del cuello el yugo que le oprimei 

Mientras la rienda á su ambición soltando 

£1 anglo codicioso 

La rica población (1) domar anhela» 

Que de Solis el rio 

En su ribera occidental retrata, 

Cuando á la mar con noble sefiorío 

Rinde anchuroso su raudal de plata. 

¡Cuan presta tOh Dios! la ejecucum corona 
Las empresas ieí úiall El anglo altivo 
Tiempo ni afán perdona. 
Yése en la playa las inmensas naves, 
Presurosa ocupar la Uleffia gente 
De muertes mil cargada» 

Y en pos hender la rápida corriente. 
Ya la soberbia armada , 

Batiendo el viento la ondeante lona» 
Yuela, se acerca y & la corva orilla 
Saltan las tropas. Ostentoso brilla 
El padre de la luz , y á loa reflejos 
Con que los altos capiteles dora» 
La sed de su ambición la faz colora 
Del ávido insular. Asi de lejos 
Mira el tigre feroz la ansiada presa» 

Y con sangrientos ojosla devora. 

Alzase en tanto cual matrona augusta , 






16 

De una alta sierra en la fragosa cumbro» 
La América del Sur: vésc cercada 
De súbito esplendor de viva lumbre, 

Y en noble ceño y magcstad bañada. 
No ya frivolas plumas, 

Sino bruílído yelmo rutilante , 

Ornan su rostro fi^ro: 

Al lado luce ponderoso escudo, 

Y en vez del nacha tosca, ó dardo rudo» 
Arde en su diestra refulgente acero. 

La vista fija en la ciudad ; y entonces 
Golpe terrible en el broquel sonante 
Da con el pomo, y al fragor de guerra 
Con que herido el metal gime y restalla, 
Retiembla la alta sierra 

Y el ronco hervir de los volcanes calla. 

cEspafioles! clamó: Cuando atrevido 
» Arrasar vuestros lares amenaza 
»E1 opresor del mar, á quien estrecho 
» Viene el orbe, ¿será que en blando lodio 
• Descuidados yazgáis, ó en torpe olvido? 
>0 acaso echándola la ignominia el sello, 
» Daréis al yngo el indomado ruello? 
»¿D6 mb Incas están? ¿A d6nde es ido 
>E1 imperio del Cuzco? ¿Quién brioso 
» Domeñó su poder? ¿No fue trofeo 
>Del castellano esfuerzo poderoso? 
»¿Y hora vosotros, sucesión valiente 
»De Pizarro y Almagro, envilecidos 
» Ante el tirano doblareis la frente? 
» ¿Cederá el español? Ob! ¡Nunca sea 
»Qiie América infeliz con viles yerros 
» Al carro de su triunfo atar se Vea! 



^Xo» jamás se verá; que en noble sata 
^^Miolnlamarse va los fuertes peebotf 



»D6 la patria á t¿toi>*C«fpm'éciÍiictqi i^í ¡^ 

>Y á eeiiiifWy pMfo'redacidos' « r.o . 

» Templos y torr^ > robusto! ischofi 

» Primero que réüdidot^ 

» El, mundo os rea al ambicioso istéfio* . 

»Ni la dudad al enemigo, abierta 

»Sin reforzado adarve y bastiones, 

»El brío arredre del heroico empeño. 

» Guando la fama aligera os aclame 

» Por remotas rejones, 

)» Ñwera.INomancia occideiital la llamo, 

»Mostrando á las atónitas nacioneSt 

))Qae uo hay mas firmes moros 

» Que un ánimo constante y pechos durós.a 

Dijo, y cual seo;fe.enla cstaciondéTauro ' 
De volador enjambre numeroso • - ; 

£1 sordo susurrar , asi iüccsante 
Bélico afan en la ciudad se escucha » . 
Que sin que el fuego del BretOtí la é^áÜt^ ' ' , 
Se apresta osada k lá tremenda lucha. 
Ya doce mil guerreros ... 
De mortíferos bronces precedidos 
A las débiles puertas se abalanzan, 

Y los limpios aceros ' ,, / 

Del rayo brillan de iTitan heridos: " 
Ya sus columnas en las anchas calles ' 
Intrépidas se lanzan: 

Por montes y por yalles \ ' ' , 

Del militar clamor retumba el eco, , ' 

Y el trémulo bátfr del parche hueco. 

Trábase ya la dei^igual pelea, 

Y del fiero enemigo el paso ataja 
Furioso el español; cruza silbando . 
£1 plomo; inexorable se recrea 

Sus YÍclimas la. Parca contemplando:/ 

GrecQ la coqfusion^ al cielo subo v. 



IB 

^ Él hamndetáo^éii pamrosa nufae; 

'^ Y al bronco estruendo del cañen bvitano 

Que maerUft mU. y destrucción yemiU, 

Impávido el esfuerzo castellano 

Lluvias arroja de letal metralla. 

No hay ceder:, no hay ciar. De nuevo estalla 

Retumbante el metal del anglo fiero 

Que el horizonte atruena ; 

Mas el valiente ibero 

Ni el ruido escucha, ni al estrago atiende, 

Que en ^Imas grandes^ que el honor enciende, 

Mas alto el grito de la patria suena. 

Suena, y. el pecho del esclayo inflama^ 

Y es un guerrero ya: los moradores 
Invictos héroes soo. ¡Cuál multiplican 
La ciega rabia y Bélicos clamores 

Las artes de dañarl Inmensas trabes, 

Y lumbre y peñas por los aires bajan 
Sobre el mísero inglésj profundo foso 

Y alta trinchera su furor atajan, 
El en tanto animoso 

Redobla el fuego y el tesón, y truenan 
En contra suya horrísonos cañones 
Ríos de sangre de Albion yér tiendo. 
Desplómanse los fuertes torreones 
Con roncos estallidos: 

Y al espantoso estruendo 

Con que los altos techos se derrumban 
Se oyen gemir los yientos comprimidos, 

Y hasta en láis cuevas de los Andes zumban. 

Tiende la noche el pavoroso velo 
Cubriendo tanto horror. Dó quier se escacha 
Del triste isleño el lúgubre gemido, 
Que con la muerte irrevocable lucha. 
Su caudillo infeliz (1) que estremecido 

(i) Wilhelokc. 



^ 



El fiera etflrago Mire tilúoUftA nira. 

De su doHuda blieste 

Los restos junta, y pálido suapira. 

Al fin yertiendo su esplendor celestA 

La nacarada aurora 

Su vista aparta de' la korrible escena. 

¡Cuál de pavor se llena 

£1 britano adalid! Allí en confuso 

Tropel de sus soldados. 

Rotas armas y cuerpos hacinados 

Contempla, y se horroriza: 

Y el abatido ardor buscando en vano 
De su altiveza brava, 

£1 pelo se le eriza, 

Desampara el bastón la yerta mano 

Y un espanto glacial sus miembros traba» 

América triunfó. ¿No veis óuál brilla 
Tremolado en su diestra el estandarte 
De las excelsas torres de Castilla? 
Ve él pueblo valeroso 
Sitiado al sitiador; del fiero Marte 
Depone el rayo, y al Olimpo eleva 
Clamor de triunfo<en himno placentero. 
Muéstrase entonces el caudillo ibero (1) 
Al britano, que atóiiite enmudece, 

Y de la salva América las playas 
Dejar le ordena : el anglo le obedece : 
A las naves temblando 

Los restos suben del vencido bando; 

Y cual suele medrosa 

La garza huir del sacre furibundo , 
Asi la escuadra huyendo presurosa 
Surca asombrada el piélago profundo. 



II) .'ímmf 



1. 



90 

Lauros > palmas traed, y ornad» ibérosy 
La frente al vencedor. De la yictoria 
En alas yuele tan brillante hazaña 
AI templo de la Gloria: 
Feliz anuncio sea 
De nuevos timbres al blasón de España» 

Y en letras do oro en su padrón se lea. 

Y vosotros del Tajo 

Canoros cisnes, cuya voz divina, 
Guando en ardor patriótico se enciende, 
El blandió son del agua cristalina 

Y el coro de sus Náyades suspende; 
Vuestra lira sonora, 

De la rama inmortal dispensadora, 
Al ciclo alzando tan heroico brio 
Las altas glorias de la Iberia cante, 

Y en sus alas levante 

Vuestro armónico acento el rudo mió. 

¡ Qué de hermosas imágenes! qué entonación tan varo- 
nil y bien sostenida ! parece que está uno leyendo á Herre- 
ra en sus buenas estrofas, porque obsérvese que todavía do 
se aparta el autor enteramente aquí del rumbo clasico: es- 
ta , transformación en su gusto no debia ser producto ea 
nuestro poeta do la imitación ni del estudio, sino de la 
necesidad en cierto modo , es^ decir , debia ser espooli' 
nea, involuntaria, irresistible. Un gran desastre nacional, 
uno de aquellos terribles acontecimientos que agitana to- 
do un pueblo, que hieren profundamente todas las fibras del 
dolor , de la ira , de la indignación , fue lo que imprimió 
en el alma del señor Gallego el gran sacudimiento á que 
debe nuestra literatura una de las mas bellas y originales 
composiciones modernas : su admirable cleffia al Doi i^ 
Mayo. Excusado es detenernos á hablar de ella, pues no 
hay quien no la conozca. Bástenos decir quo esta elegía 
sigue un rumbo enteramente nuevo y que no es fácil de 
encontrar su tipo en la poesía clásica latina ni espaSola* 

FálUile la templanza eu Vok ^aVouacion, rccomeodadap^d 



21 

flieo Fniieéf jpropii » tegon los preceptitUSt del abatf- 
leoto qno ocasionan el dolor y el infortunio : el dolor 
citado por la ira debió dar » y dio en efecto á esta com- 
«icion layeliemencia de una oda, j hay trozos dramáticos 
I que tal Tez no se hallará ejemplo en la antigua litera* 
ra. ¿En qué se parece esta elesia á las de Ovidio y Tíbulo, 
I qué á las de Herrera t Melendez? 

Poco después que la elegia al Da$ de Mayo compuso y 
icitó nuestro poeta en la Academia de San Fernando (en 
stiembre de I0O8) la Oda á la influencia del entueiaemo 
úUieo en las arta, la cual se imprimió llena de erratas 
ocos años ha en las ifemortof de dicho cuerpo. Acerca 
e esta composición hace las siguientes curiosas reflexio- 
«s el autor de una noticia biográfica del señor Gallego, 
p» se insertó en el tomo 1.^ del Artista^ y de la que he- 
aoi tomado algunos datos interesantes para la que ahora 
Mcribimos. 

«También puede decirse que esta oda no sale del cír- 
cdo clásico tanto en el fondo como en las formas , ni 
^hubiera sido fácil tratándose de elogiar las artes del 
iiiefio, en que hasta ahora (dejando aparte la arquitectu- 
ti), si ha tenido algún lugar el romanticismo, ha sido 
como moda , no como género. La arquitectura llamada 
giMica, tiene en si misma verdadera belleza, graveSad, 
Mdia, y otras dotes , que elevan la imaginación y satis- 
besnal entendimiento: asi es 'que forma una parte prin- 
ti|¡alÍ8Íma del género romántico , como propia de los si- 
nos medios que son el campo de sus glorias. Pero en la- 
paUíray en la estatuaria históricas no cabe romanticismo: 
los cuadros y las estatuas de aquella era son rudas, grose- 
hísy tales que apenas dan idea de la figura humana, testi- 
Bbndo únicamente la impericia y barbarie de \ps que las 
Secutaron. Asi para encontrar los prodigios de estas dos 
Mies, hay que acudir á la Grecia antigua y dar después 
Ha salto hasta los tiempos de Yinciydc Miguel Ángel. 
^moso pues era que aquella oda no traspasase los limites 
(iisicos.» 

Al ToWer los franceses á Madrid , cap\Uiie%dL<^% \ot 

ToMD rm, 6 



93 

NamleoD, tomó el señor Gallego el camino de Sevilla j 
friendo al fobiérno legitimo y pasando de afH á Caí 
doodeic oíanluvo hasta la yuelta de este á la caidUl 
E«paíU. Antes había obtenido una prebenda de Huvi 
j itt primera regencia lo nombró para la dignidad de d 
Ira do la isla de Santo Domingo, de que no llegó i toi 
poaasioR. En tan considerable periodo de tiompo w 
oyeron los acentos de su musa , sino en alguna caoc 
patriótica., como la ya cilada , ú otras composicionei li 
ffas» «aire las cuales es notable el siguiente soneto át 
WeUiof ion con motivo de la toma de Badajoz en 1812 

A par del grito unirersal que llena 
De gozo y gratitud la esfera hispana, 
Y del manso, y ya libre, Guadiana 
Al caudaloso Támesís resuena; 

Tu gloria, oh Conde, á la región serena 
De la inmortalidad sube, y ufana 
So goza en ella la nación britana; 
Tiembla y se humilla el vándalo del Sena. 

Sigue; y despierte el adormido polo (1) 
Al golpe do tu espada : en la pelea 
Te envidie Marte y te corone Apolo : 

Y si al triple pendón que al aire ondat 
Osa Alecto amagar, tu nombre solo 
Prenda de unión , como de triunfo, sea. 

No es de extrañar que por entonces escribiese poH 
pílor Gallego: sin duda las graves discusiones de lai 
tes» deque fué diputado por espacio de tres afioa, abi 
vieron su atenrion, como era justo. Aquella primera V 
tinM parada de nuestro poeta en el campo de la poliM 
finé fatal bajo dos conceptos; impidiéndole dedicarse I 
letrasen la edad mas á propósito para cultivarlas con api 
90j y suscitándole una persecución que ha durado m 

(i) Alude al emperador Alejandro , que no IiostilizalM 4 
peleen. 



9S 

kace 10 muchos años. Esto nos recuerda una circuuaUDcia 
cariosa. En su citada Oda á la infíuencia del eníuiiatm^ 
vihlieo en las artes, el poct.! figurándose ver en el museo 
h imagen del Rey, libre de su caulivcrio y triunfante de 
iaenem^<;o^ decia en la última estrofa, que es por cierto 
Tuia de l?s mas bellas de toda la composición : 

Hechicera ilusión ! tan bello dia 
Será que luzca al horizonte ibero? 
Si : no dudéis : lo decretó el destino. 
El español guerrero 
Romperá, Rey amado, tus prisiones, 

Y enemigos pendones 
Tenderá por alfombras al camino. 
Nuevo Tito serás: benigno ol cielo 
En júbilo tornando los clamores 
Con que la patria fiel por ti suspira , 
Mis ojos te verán ; faustos loores 
Dar¿ á tu nombre.... y romperé mi lira. 

Cumplióse felizmente este vaticinio, volvió triunfan- 
te S. M.; pero el cantor profético se bailó sepultado en 
itnacárcel, en virtud de una de sus primeras resolucio- 
i^es. Incluso en la persecución promovida contra varios 
<liputados de las Cortos de Cádiz, fue continado por cua- 
tro años, después de 18 meses de prisión, á Id cartuja do 
lerez, doade quedó consignada la residencia en ella dol 
ilustre poeta, en esta hermosa octava que dejó escrita en 
d mirador de la misma en 181tí: 

«Condujo aqui por tórminos extraños 
A un misero mortal suerte voltaria, 
Después que consumió sus verdes afios 
En triste vida turbulenta y vaiia: 
Enseñáronle insignes desengaños 
A no esquivar la celda solitaria, 

Y á desdeñar el tráfago importuno 

El santo ejemplo de la grey de Bruno»» 



94 

**' En la cartuja de Jerez cayó el seffor GaHego enfenao 
fie tercianas, á qae es muy expuesta la permanencueo 
aquel moaasterio, por lo cual á petición suya se le tras- 
ladó en setiembre de 1816 al llamado de la Lux, jonto i 
Moguer, y pocos meses después al convento deLoretoead 
ajarafe de Sevilla , á dos leguas de esta ciudad. 

Cuatro años duró la reclusión de nuestro poeta en es- 
tos monasterios , y cierto es de lamentar que no em- 
please tan targos solaces en llevar á cabo alguna grande 
obra literaria. Tal vez un poema nacional, de que care- 
cemos con niengua de nuestra literatura y que nadie coa 
mas probabilidades de buen éxito que él podria acometer; 
pero no nos dejemos llevar de la peligrosa manía de ju- 
gar á los hombres por lo que dejan de hacer, sino por lo 
que hacen. Veamos pues lo que hizo entonces el señor 
Gallego. Solo dos composiciones de alguna extensión fa^ 
ron el fruto de un ocio tan prolongado, la elegía ala mn^r- 
ie de la reina Lahel y la que antes escribió á la del diufif 
de Fernandina. La primera anda impresa , la scgnoib 
no; por eso nos ocuparemos menos en aquella. 

£1 carácter enteramente diverso de estas dos compo- 
siciones prueba el influjo que ejercen en el ánimo y <A 
la fantasía de un escritor las circunstancias exteriores 
que le rodean. La elegía á la reina Isabel, concebida ea 
las amenas llanuras del ajarafe de Sevilla, á las márgeaes 
délos arroyos que serpentean entre sus viñas, olivares J 
huertos, es puramente clásica; está escrita en tercetos, 000* 
binacion métrica la mas sujeta y compasada de nuestra 
poesía: la versificación es fluida, sonora, fácil, sin lame" 
ñor irregularidad en sus cortes ni en sus giros: el tonoei 
melancólico, tierno, templado^ nunca vehemente nifagt* 
so. Es , en suma, una elegía por el estilo de las denatt* 
tros buenos poetas del siglo XYI. Publicóse en A^ 
de 1819, en el cual, aunque un poco moderado el espin* 
la de persecución del de 14, no perniitió aun aquel g^ 
Memo á sus víctimas el triste alivio del ruego. La imp*" 
cable censura suprimió los tercetos siguientes i ea f^ 
liaUando con la malograda Reina, se decia: 



«5 

. De ti esperalm al fin delofp^joi 
T acerbos males que discordia hnmira 
Sembró con larga mano entre tosliijos. 
. No pocos, ¡ají no pocos en oscura 
Ptision al deudo t la amistad cerrada, 
Redoblan hoj su llanto de amargura. 

Otros gimiendo por su patria amada* 
El agua I^ben de extranjeros rios 
Mil reces con sus lágrimas mezclada. 
Mas si oye el cielo los sollozos mios» etc. 

«{jando que el lector haga las amargas reflexiones á 
la margen un hecho tan neciamente cruel , pasare- 
I hablar de la elegía á la muerte del duque oe Fer- 
ina, hijo de losSres. marqueses deYillaf ranea. Com- 
a en los silenciosos claustros do la cartuja de Jerez, 
riberas del solitario Guadalete, de infaustos recuer- 
BUtre los melancólicos cantos de los hijos de san Bm- 
) sigue un rumbo muy direrso. Hay en ella de« 
ia, bóvedas góticas, ecos de campanas , Ini de luna, 
profundo y seyero, trozos dramáticos, irregulari- 
le estrofas/ de cortes y de rimas, algo de aquel des- 
I aemi-frenético en los sentimientos, en la frase y en 
aigenes, tan peculiar de la escuela moderna, muchas 
I de las dotes y adornos Migaio$ de la poesía que 
ffiormente se conoció con el nombre de romántica. 
I e|ta composición es tan poco conocida, y amos á in- 
rb aquí, igualmente que la otra composición al mis- 
BUttto que escribió Moratin el hijo , a fin de que co- 
dolas el lector , juzgue á primera yista del diferente 
lo que pueden sacar de un mismo asunto , conside- 
ola bajo distintos aspectos , dos ingenios de primer 
■• Ambas comjiosiciones estaban destinadas á formar 
I de una especie de Corona /tfnf iré á la memoria del 
frado duque, pensamiento qUe no se lleyó á efecto, y 



i^1b|fÍt»ll90MifVM0«lllf. ^ 



'» *•?. •i"\»*m>^> 



S8 

*' * 

Con pasadas memorias deraiioOf 
Cual con suefío fugaz^ si en solo un ponto 
Tanta esperanza en flor marchita veo 
Al rado soplo de áspera fortuna! 
Tá que mi llanto yes, pálida luna, 
T6 que el usado giro terminando 
^ Una vez y otras dos , al ió?en viste 
Entre las garras del dolor luchando, 
Que al fin con rabia inusitada y fiera 
Fundió sus huesos, como el sol la cera, 
Al contemplar que ni un momento aplaca 
Su cólera inclemente. 
Entre el negro crespón de nube opaca 
De horror velaste la argentada frente» 

¿Y quién en tanto al afligido padre 
Dar consuelo sabrá? ¿Quién la agonía 
Pintar al vivo de la tierna madre 
Qíie junto al hijo exánime gemial 
«;Ay tristel prorumpia: 
»D6nde mis dulces ilusiones fueron 
»Para nunca tornar? ¿El rico estado, 
»Los tesoros, ni el arte qué valieron? 
» ¡Quién me dijera» oh nifio desgraeiado, 
»Que para verte en tan atroces penas 
nEl ser te di, te alimenté á mi pecho! 
ji¿A quién ¡ay! al morir le falta un lecho? 
jiEl mendigo infelice 
«Hállalo un pobre paja 6 suelo frió, 
»¡ Y el cielo se lo niega al hijo miot (1)» 

Dice : y alzando al lastimado acento 
Su voz el dnane y lánguida cabeza 
En que el sello ae muerte 

(1) El duque pasó la enfermedad y murió sentado en una üt¡^ 
raque la angustia j la fiítiga no le permitieron estar «eoitaOo un s<^ 
pbaío» 



QnbadpattálMiylAiBilteBin»' * 
«No 9Ú «1 dolw rendida 
iQaeriis, dijo, tefiora^ de etta nierto 
» Perder conmigo tan preciosa Tida. 
bEsos nifios mind qoé en tomo Uoran 
»Y tiernamente os ataian: 
^También los inocentes madre os llaman 
%Y Vuestro afecto y protección imnloran.» 
No dijo mas: laniandoun tajt proíondo 
Qne recorrió los altos artesones, 
Selló la Parca el labio moribundo 
T al alma abrió lu fúlgidas regiones. 

' Yióse al letal gemido. 
Cual bella palma qne derriba el rayo. 
Bajar enTUelta en súbito desmayo 
La triste madre al alfombrado snelo. 
No tornes á Tirir, que angustia y duelo 
Te aguarda solo jf etemal quebranto, 
Desmelada ipujerl Mas ¡ay! que en tanto 
YuelTe á la vida: inmóriles los o|[os. 
Con voz quebrada, sin acción, sin llanto. 
Llama al bijo infeliz que no responde : , 
Alzase y azorada. 

La trenza al aire por los bombros suelta. 
Yaga en su busca sin nárar por donde : 
De su prole ans ostiada 
Qne sus pasos detiene y la rodea t 
No oye la toz ouerida. 
Ni Te la luz febea. 

Que en un mar de tinieblu sumergida 
Sin élse juzga, y desamada y sola, 

{Musa, no mas! Las nubes arrebola 
Ya el alba sofiolienta, á mis mejillas 
Las ligrimas se agolpan » y embargada 
Mi lengua de dolor repugna él caii|f : 
Cesai j en raudo rutb^ 



Del HtDianarei loñt, ^ - - - 

Y ea la timba sai^rada " ' 

DepoD la adelfa qoe tu alen adona. 

Sí allí por dicha á la matrona fatllÉM 

El bíio caro deiuaadando al délo; 

Díte* y á ioi pesares 

Dar logrará ta toz dulce conanelo. 

Que va eefiido de inmortal corooá 

En el empíreo coro 

Himnos de gloria Tentaroso entona 

Al Dios ommpotente en arpa de oto. 

« • • • 
La de Moratin « tal cual se halla entre anl poeaíia lie 
aSf es la siguiente: 

ODA. 



No siempre de las nubes abundante 

' Liaría bafia los prados, . 
Ni siempre altera el piélago sonádte 
Bói^s', ni mueve los robustos piócM 
Sobré tos montes de Hrene beUdos. 

A los acerbos días 
Otros siguen de paz ; la luz de Apolo 

' Cede á las sombras frias, 
Al mal sucede el bien: y en ésto solo 

Los aciertos di TÍ nos 
El hombre ye de aquélla mano etern|i| 

Que en orden, admirtíbfe, 
Todolo mÁda j iodo to gobierna. 






Y tú , rendida á la aflicción j el llanto^ 
¿Duraf píiUrisen luto míscrableí 
Sensible *madré,' enamorada esposa.? /. 

inib^éo tu peclio tanto 
La perMü cruel , qttf á lÜ precioiA ; 
VíctiniA poY \a mueTÍt ttt^V^ivúk »" 



I -« 






Otra Afiadir intéMest 
¿Y'noaorá qiio do lü ruofro Instada * 
La prenda que Ilev6 lereslídiTa? 
No , que la escondo en el sepulcro Crio. 

Esta TÍda fugax no toda es taya: 

Es de uu esposo » que ol afán qae sientes 

Sufre y el caso implo 
Que de su luen lo priva y ni esperaata : 

Es de tu prole hernioM » 

Quo mitigar intenta 
Con oficioso amor tu amargo lloro, 
Si tanto premio aa fatiga alcanta. 

Sube doliente á las techumbres de oro 
El gemido materno 

Y en la acallada noche se acrecienta. 
La indócil fantasía 
Te muestra al hijo tierno , 

Como á tu lado le admiraste «n dia» 
Sensible i la amistad y al heredado 
Honor ; modesto en su moral aostara; 
Al ruego de los miseros piadoso; 
Dü obediencia filial, do amor fraterno» 

De viKud verdadera • 
Ejemplo no común. Negó al reposo 

Las fugitivas horas, 

Y al estudio las dio: sofrió oonstante 
Lastras de la 'suerte, 

Cuando no usada á tolerarcadena, . 
La patria aleó sus cruces vencederas. 

Oh! si en edad mas fuerte 
So hubiose visto; y del arnés armaéo 

En la sangrientaarena-; 

Oh ! cómo hubiera dado 
Castigo é la solierliia eMfiaftti"' '-* f['. '^^ 'y\^s^t. 



A so nación Itorelest ' 
Gloría á su estirpe, y á su rey Tenganxa. 

Tanto anunciaba el ánimo robusto* 
Con que en el lecho de dolor postrado 
Le Tiste padecer ansias crueles ; 

Guando inútil el arte 
Cedió y confuso, y le cubrió funesta 
Sombra de muerte en torno. El arco duro 
Armó la inexorable, al tiro presta, 
Y por el yiento resonando parte 
La nunca incierta yira. 
Él , de yalor , de alta esperanza lleno , 
Preciando en nada el mando que abandona. 

Reclinado en el seno 
De la inefable religión, espira. 
Ya no es mortal ; entre los suyos yiye; 

Espléndida corona 

Le circunda la frente. 
El premio de sus méritos recibe 
Ante el solio del Padre omnipotente, 
*De espíritus angélicos cercado. 
Que difunden fragancias y armonia 
Por el inmenso Olimpo, luminoso. 
Debajo de sus pies parece oscuro 
El gran planeta que preside al dia. 

Vé el giro dilatado 
Que dan los orbes por el éter puro , 
En rápidos ó tardos movimientos; 
Verá los siglos sucederse lentos; 

Y él , en quietud segura, 

Gozará yenturoso 
Del sumo bien que para siempre dora. 

Si nos es licito exponer nuestra humilde opiaion sohf^ 
«mbas composiciones, diremos qtie, fiendo aany bdlis 
)U0 j otra» U segunda ftVB^ wibit^ 



m pan de aer ona boeiui ioátidM ét Blririo^ al 
fM li primera, maa sentida, aai f intmrmM , yenai- 
m la espresion, y no menos correcta qne aooelia, lié* 
idas las condiciones que constitnjen una buena ele^ 
Bodema. 

in el conrento de Loreto subsistió el sefior Gallego 
I que en m«rso de 1820 adoptó J joro el rej la Gons* 
ion de Cádis , en ipe se dio línertad i los confi- 
• por haber intenrenido en la formación aqael celebro 
omento. En abril de dicho afio riño i Madrid; y después 
aber sido repuesto en sa plata de la casa de caballeros 
ilenombróá. M. arcediano mayor de Valencia, digni- 
rae disfrutó y poseyó hasta losprimeros meses del afio 
t, en que yuclto el rey de Csdis, se le despojó db ella 
ana real órdon, fundada en el decreto aue declaró 
' cuanto habla hecho S. M. desde el 7 ue marzo de 
) en adelanto. Reclamó una y muchas Teces de este 
ojo, de que no había idea ni ejemplo en la iglesia es- 
lía, por ser contrario á la disciplina y leyes eclesiis- 
i; pero lejos de ser oido , , sufrió una nue?a persecu- 
por el M. R. arxobispo do Valencia don Simón Lo-- 
qne le echó de la ciudad y quiso obligarle á Tolrer á 
ntigua prebenda de Murcia. Resuelto el seffor Galle- 
i sostener su derecho , prefirió trasladarse á Barcelo* 
Mjo la salvaguardia de la guarnición francesa que oco- 
i aquella plaza» hasta que tres afios después (18S7) le 
garon k dejar aquel asilo y emigrar á Francia la Tuel- 
B los franceses i su pais y el nombramiento del conde 
Ispafia para capitán general de Gatalnfla. La siguiente 
cdota dará idea del mezquino espíritu de persecución 
uniella época contra los hombres de mérito , por la 
. circunstancia de tenerle , pues luego yeremos cuan 
inte estaba el señor Gallego de halarse granjeado la 
padeció yarios años, por la exaltación de sus opi* 



Eecorriendo un dia la Gaceta de Madrid , yióse en ella 
Wrido i una roción de Cmadix , burla necia que quiso 
Mis Galomarde, pero sin tener 'bastante impudmoisL 



9i 

||Ar{L MBiunícar el Doutbraraiento al agraciado: éste liji 
el aiiuDcio coD el desprecio que merecía , y la cosa te qve^ 
dó asi. Hemos dicho que el si*uor Gallego no se ntrajo por 
su culpa ni por su iiiipnideiicia a<|U('.lla auímosidad» deque 
debia recibir pruebas menos ¡norciles aunque igualmeaU 
sidicuittfr y cu efrxto US de nolar que su conducir «« los •: 
cíqco ofios de residencia en su arcedianalo fué tan circuoi- 
pacta Y contraria á las demasías del partido dominante, que 
padeció por el nuevas persecuciones y hasta una scycri 
amonestación de parte del ministro de Gracia y Justicia 
doo.Fclipc bonifacio Navarro, quien de real orden le tratA 
de iervil y lo amenazó con toda su indignación si coati"* 
nnaba desacredilando las inslilwioncM que felizmente na* 
rigen f decia la real orden; suerte inevilable de cnaoioc 
obran y piensan con moderación y cordura en tiempos r^ 
vueltos en que predominan ideas y pasiones exaltadaf • ^ 

Cuatro meses solos pasó en el mediodía de la Fran^^* 
al lado de sus Íntimos amigos los duques de Trias, que C^ 
lizmente se hallaban en Monlpcller, adonde hablan id^* 
tratar de la curación de su hija la actual duquesa de U^^ 
da, y en verdad que hubiera prolongado allí su resider^^l* 
á no haberle obligado á volver á España el deseo de a^^^ 
Tar lajusta prclension de su arccdianato y el de no scr^ ^^' 
voso á sus buenos amigos. Üurante su residencia en "¡Ac^ ^ 
peller se acordó de (|ue el celebre restaurador del b^^° 

fisto en la poesía castellana, don Juan Melendez Yalc^^> 
quien en su primera juventud habla merecido parti^U" 
lar-es distinciones y afecto, había fallecido en aquella & ¡^ 
dad, emigrado también como otros ilustres españoles ^^^ 
han dejado sus huesos en la tierra extranjera por efecto ^^ 
las vanas vicisitudes de nu(;slros infelices tiempos. DespUCí 
de muchas diligencias pudo averiguar la casa y el dia de sa 
fallecimiento, pero no el sitio en que se hallaban sus ce- 
DÍzaSy porque su viuda las hi/o enterrar da ndestinameot^ 
y por via de depósito en una quinta con la mira de tracriai 
aKspaAa en tiempo oportuno, i'^sta noticia, debida á una 
jindana en cuya casa falleció Melendez, aguijoneó mas aa 
jgrifllidftdy y al cabo pudo saber que de la quinta b»tí^ 



lo trasladado ^l cadivor á la parroquia 4ñ la aldea de 
mtferrier» que rogebuba ua rcUgiqao cspafiolt amigo 
I poeta. Hizo en compañia dcloK duques un viajo & dicha 
Íea« yaill supieron qne el pobre religioso, anciappja y 
li alelado, habia puesto furlivamenle de nochi^y ayuda- 
aoló de un sacristán du loda 8U confianza, en un rincón 
M miserable iglesia* delta jo de uii uiontóa dtv piedras 
arca que contenía los huesos de Mejendez. temeroso de 
S ao acscubriera que estaban alli. en vez de estar en #1 
naoterio como previenen las le]fes. 
Bteaolvierou entonces trasladarlo» a Montpeller t previo 
rpiao del gobierno, v obtenido este, fueron llevados'tn 
IMmioD hasta el arranal donde se hallaba |Mira reeibirloa 
cabildo eclesiástico , que los condujo á la iglesia de 4oa 
initeñtes Azules^ donde se celebró el funeral, y de alli al 
menterio. llizose todo á espensas del duque, como tam- 
ap tin sepulcro digno, cubierto r^n una gran losa de hiárr 
il- blanco, después de comprar el terreno á p^rpttuidad, 
fffgm alli se dice. En la losa se esculpieron el epitafio j 
Bikoa latinos que compuso el sefior Gallego , y son los 
griíeotes: 

D. o. M. 

lOAlflUia. MKLKNUKZ. VALDIS. 
UlürAZÜI. POKTAK. CLASlJiSlMI. 
AN. MlUTXWIl. niB. XXIV. MAU* 

iio>srBi.ii. s: BiTo. bxtikcti. 

MOBTALK^. KXVVIAS. 

ría. UKDBcm. an. spat. inubcorb. sbpultas. 

AC. OBI.IVIONI. VKRB. TAAUITAS. 

IN. HUNC. DltiMORKM. MUUIM, 

BBlüARDlNrS. FKHNANDK/. DK. VKtASGO. 

Di;X. IlK. FllIAS. 

BT. JOAMNKS. NICA8IUH. <¡ALLF.GO. 

AllCUIUlAGONUS. VALKNTINUH. 

NON. 8IC(.I», OCULIS. 

TRAIS^FKUK^nAS CURaUHIIY. 

R. I. P. A. 

Los yersos son estos: 

iederant duloi GhAritea arguta 9AtiUo 



«6 

FiíUila , Toleanun litora frtcti ifc^« 
Digna Syracosb calaoio , citharáqiié Propéitf ,' 

Dam repetit mcBStus carmina blanda Tagas« 
Te f Lede t qui nireis lambis felicior andia 

Hunc tumulnm , serrea pignora cara rogat. 

En la Gaeeta del 11 de setiembre de 1835 el iábi^ 
don AU>erto Lista , refiriendo incidentalmente ettoi Mi'^ 
cesos en un excelente articulo sobre Lope de Vega « ieK 
pues de pagar un justo tributo de elogios al celo de io# 
aeftores duque de Frias y don Juan Micasio Gallego» f 
de copiar la inscripción y los dísticos citados, pone al fw 
Ja traauccion de aquella y de estos, que nos limitaremos 
á trascribir aquí, por no creer posible mejorarla. 
. Dice asi la inscripción : 

«A Dios óptimo máximo. Bernardino Fernandex ét 
Yelasco , dnque de Frías, y Juan Nicasio Crallego , área* 
diano de Valencia , cuidaron , no sin lásrimas, de que loi 
restos mortales de Juan Melendez Yaldés, eseUurecidiii* 
mo poeta espafiol, que murió repentinaiofiente en Moat- 
peller el 24 de mayo de 1817, sepultados indecoroii^ 
mente por espacio de 11 afios, y casi entregados al olfi*- 
do, fuesen trasladados á este mas digno monaaeoto* 
Descanse en paz. Amen.» 

El sentido de los versos es el siguiente : 

«Aquel, que á su Batilo concedieran 
Las gracias, caramillo sonoroso, 
Roto en la playa de los Volcas (1) yace. 

Mientras repite el Tajo entristecido 
Sus blandos versos, dignos de la avena 
Sicula y de la lira de Propercio ; 

Te ruega, oh Ledo (2), á i\, pues mas (elice 



(i) Nombre que tenían antiguamente los habitantes de la pif^ 
litoral del Languedoc. 

(8) Ledusy nombre antiguo del pequeño rio que pasa Jl0l0' 
MooáipeUen Hoy se llama Le9. 



57 

Bailas con frbMai ondfis esta tumlia t 
Que tan qui>ridas prendas le oonlerves.^ 



/' 



Entre estos y aquella ostah rr«prosontadas tn el mo- 
mento una lira con otros emblemas de la poesía, j un 
*amillo roto. 

'YtesUluíilo el seAor Gatlogo i Barcelona en abril 
léiS por las causas nnc'llejamos referidas, y porque 
ijb^a que se iba teoipi.ihdo el espíritu perseguidor , el 
gonle de la Audiencia don Yiclor José de OAate, sin 
:>Hyo arlffnño v por pura malevolencia le obligó i salir 
(lá'clútrid. Alindóle pasaporte para la de Valencia, 
lijdc* antes restdia, creyendo, qiie allí seria masoncarni- 
ttamonlc* ycjádo y perseguido; pero no fue asi, pues 
dérlo ya íM aráobísno don Simón López , nada turo que 
inbt del cab¡ld6* ni del pudilo valenciano, de quienes 
1 tbdo liempd recibió' dislinguidas pruebas de estima--' 
oqV aprecio. \c.icció poco después el fallecimiento de 
.Véiiiá [Amalia , nara cuyas exequias , que cort gran 
^ji^ yMcbrdhm los caballeros maestrantes, hizo por 
>|^i^¿b de 'estos dos esceleutos octavas que se pusieron 
^i sobro 1,^ piíorta do la iglesia, y otra en el catafalco, 
' pffnieraL Hecis\ asi : 

' «Tu pit^blo, Amalia , qué al Eterno implora 

-BaflAndoHsl mármol de omi túmbí fria , 

Mea que tu sueiMo el infortunio llora 

Dé!V|uren^^nti^ el cetro dividia: 

Módifrra 'emperó*su itüiccion « SoAora . 
" Dulce érsfférai^za dé ofroeerto un día ¿ 
'"''j^ tu iH^Míca piedad digno tributo» <•' 

Por piír¿ altar, adoración por luto.» 

La segunda era esta : 

«Yadc, ¡oh dolor I en la mansión oscura 
La que vimos ayer reina de EspaAa, 
Que no 03. contra la muerto mas segura 
Morada excelsa que infolif cobilli. •" 
Tomo vm 1 



> 
I 







^ -S^X^^' 



i9 

Naocio veraz do siglos de f entura. 
La flor de gentileza y hermosura, 
Que la bella Parténope os en? ¡a. 

Nunca el vivo placer , Fernando augusto « 
Que en vuestra frente generosa brilla , 
Altere de Fortuna el cctlo adusto: 

Y á tan plácida unión deba GastHla 
Un príncipe feliz , clemente , justo, 
A quien doblen dos mundos la rodilla.* 

Al leer al pie de esto soneto el nombro del autor, pre- 
|[ttntó el rey qué suerte lo habia cabido, y enterado d« 
sus contratiempos y de la ojeriza que , sm saberse por 
qué, ie tenia el ministro, mandó á éste que le hiciese dar 
pasaporte para Madrid, y tratase do reparar las vejacio- 
nes ao que tan justamente se lamentaba. Ya desdo enton- 
ces todo mudó de aspecto. Vino el señor Galleso i Ma- 
drid en tnayo de 1830, se presentó á S. M. y á Galomar- 
de , y éste le hizo mil promesas en tono tan cordial y 
amistoso, que no pudo quedarle duda de que trataba do 
adormecerle hasta hallar ocasión de armarle una zanca-- 
dilla y hacerle añicos. Por un feliz acaso supo á los po- 
cos dia^ que no eran vanos sus temores. Llamó Galomar* 
de al subaelcgado principal de policía» y convino con ¿1 
en fraguar uu expediente , en que apareciendo nuestro 
poeta como un hombre revolucionario y peligroso , lo 
presentase al rey , y diese al traste con sus prevencio-^ 
nes favorables á su persona : para ello previno aquel jo- 
fe á uno de sus satélites asalariados que forjase y le 
remitiese un parte de su entrada en Madrid , pintándole 
-con los mas negros colores , sin detenerse en recargar el 
tiuadro con cuantas calumnias le sugiriese su imagina- 
ción. Gomo no es posible dar idea de este originallsimo 
documento , cuya comunicación hemos debido á la bue- 
na amistad del señor Gallego , sino estampándolo literal- 
mente, séanos permitido copiarlo aqui, a 6n de que se- 
pan los apasionados a aquella época de qué modo so 
jugaba con la suerte y la lionra de los hombres de bien , 



í 40 

¡ T qa¿ especie de ñ\\f¡eX(i% se empleaban en tales iramojfti. 
Dice asi: 

9íuy importante. 

«Tengo cnteixHdo que se halla en esta corle el famoso denu^ 
cracio don IN icario Gallego , diputado á Cortes por Zamora en el 
afio 13 y poslcrío#tnenle en los arios 21, etc. (1), á este señor sa- 
cerdote le llamnlian el padre ríe la Coiistitiirlon porque fue uno da 
los indivifluo» que la rompiisíeron, posterior al ano ií icdcster-' 
rd S. M. & la Cartuja del Paular ; y habiendo sido uno de los 
emigrados á Inslatnrra , tengo enteiirlido es tamliíen uno de los 
diputados nroscriplos por el rey N. S.: es intimo relacionado ron 

. Beltran de Lis ; y su hijo don Luis parece venia á reunirse á éste por 
bailarse de acuerdo pai-a llevar á erecto la revolución y sulilrvor sus 
• partidarios: tanihirn parece sor que están en comunicación con el 
fizconde de las llucrpas p;ira el dicho efecto; por lo que tengo me- 
dio averiguado que los dichos ptTlcnecen al movimiento revolucio» 

. nnrio que tenian tr.'tm'-ido cu la llahana (y que oportunamente se ha 

L descubierto), el ru;d parece ser 9ci esteudia hasta nuestra corle. 

f Todo esto lo hace nvihle la multitud de acaecunieutos políticos que 
seloc^n, y prc('i-<amciiic en el mismo tiempo en (pie don Luis Bel- 
tran de Lis vino de Francia, don Mrasio Oarcf^o de Inglaterra y el 
Tizcondc de las Huertas díf la Coruna. TamMeii se halla' en esta fcor- 
te el famoso Hcy de Valladolii) , y el terrible Álcenla, comerciaole de 
Salamanca: estos dos úllii.iris se reúnen mucho con otros, y sus 
confercnf*ias las tienen en el (M).ser\alurio del Rúen Retiro. Lo que 
pongo en coHoi'ímicnlo de V. S. para 'os efectos con\enientes.s=s 
Madrid 1.^ de junio de IHJü.^Sr. subdelegado principal de po- 
lleíá.w*** 

Sobre cstn asquerosa dolar'ion, coya peregrina orlo- 
grafía hornos consorvatln religiosamente, recayeron va- 
rias providencias. En primor iofinr se destinó un cor- 
chete de policía á que vigilai^e lodos los pasos del seftor 
Gallego desde la madrugada hasta las doce de la noche, 
y diese parle de todos ellos, de sus acciones, visitas, su- 
gelos que trataba , etc. , etc. Fin so{pindo lugar se pidie- 
ron informes de sus ideas y comlucta á ciertas personas 
destinadas ¿darlos malos de lodo el mundo, y acemas de 



(I) INi ei scñoi' Gallego fue diputado en las Corles de 13, Si» etc., 
,nl estuvo en el Paubr, ni emigro ú Ir^^lat crin, ni conocía á don 
Luis Bcllr'in de Lis, ni ¿'1 vizconde de las üuertas, etc., etc., etc 
Ts'Jo esto lo rabian muy bien lof r»nado;e« del enredo. 



♦í 

• 

%aUt á Us auloridades eciesiáslicas do Valencia . Murcia 

tGuadix, al comandante general do Zamora y al jefe de 
I voluntarios realistas de la misma ciudad. Los prime- 
ros vinieron, como se sabia que habian de venir , llenos 
de calumnias } acusaciones voluntarias, en especial el 
del famoso agonizante Fr. José María Diaz v Jiménez, 
quien dijo entre otras lindezas que creia haon visto $1 
nombre ael señor Gallt'go en la segunda lista de los maso-* 
nes] qui* pretendió sostener la legitimidad del arcedianalo 
mayor de Valencia contra la voluntad del prelado, que 
justamente le negó la colación canónica, y que habia t>rr- 
§0$ compuestos por él en sentido impio\ intputacioncs fal- 
tiaimas todas ellas , y de las cuales no daba mas prueba 
que su dicho. Do los informes pedidos ¿ personas impar- 
dales, vinieron algunos favoiaules, y principalmente el 
del provisor de Valencia, que era el mas iniporlaiito, 
por ser aquella ciudad el punto donde* residió sirviendo 
SU prebenda desde el año 2Ü al 21. lün él se hacia un 
elogio de su conducta política v cristiana , \ de la ojeriza 
do la gente exaltada que eu los periiSdieos íe ti ató }* per- 
siguió como servil, Olnvs informes ó no llegaron , ó eruu 
insignificantes, üe tod.)s estos papeles se bi/o el expurgo 
acostumbrado, se arrinconaron los ra\orables, y solóse 
agregaron al expediente los demás, con el ün de |kresen-* 
tarlosal lie) y dar con ellos al señor («allego el golpe da 
gracia, como infaliblemente hubiera sucedido ^i la Pro- 
videncia no hubiera tomado á su cargo frustrar los pla-> 
ncs inicuos de sus calumniadores, ú pesar de estar fra- 
uados en las tinieblas. Sucedió que entre los empleados 
e la subdelegacion de poliria habia uno que condolido 
del infeliz tan lorpemenle calumniado , dio cuenta de la 
trama al amigo de e4e, el general Martínez de San Mar« 
tin» á quien, por haber sido su jefe en ¿poca anterior, 
conservaba afectuoso respeto. Kl general no solo advirtió 
u au ilustre amigo que un agente de policía vigilaba nu 

Ksos sin perderle de vista, sino que en prueba de ello 
, I efirió algunos de los partes que aquel dabBi \u^^^ V%^ 
Bocliea, contaodo menudamenie sui o(HíTiiaotie> ^\xt^.^V'« 



8 



43 

^I dia ; pero es el caso que en los tales partes no hab&i 
iraa palabra de verdad ni podía haberla , segon laego te- 
remos. Como por otra parte no era posible dudar de la 
e3cactiiad de la noticia , discurrió- el sefior Gallego qoe 
el satélite , en yez de seguirle á él, sin duda segoia i 
otro sugelo , sin que pudieran atribuirse sus partes á la 
intención de inculparle con noticias falsas» por ser todas 
ellas de cosas indiferentes y muchas favorables al vigilado» 
En efecto pronto averiguó que el perseguido no era el bi- 
bliotecario del señor duque de Frias (bajo cuyo titulo ha- 
bitaba en su casa el señor Gallego) , sino el archivero» 
hombre de bien, realista y de buenas costumbres; equi- 
vocación de comedia en que incurrió el subdelegado al 
hacer el encargo al pobre corchete. Con esta seguridad 
dejaron el señor Gallego y su amigo correr algunos 
días» discurriendo entretanto sobre los medios de frus- 
trar aquella trama clandestina; pero habiendo entendido 
el general por el conducto consabido que en el último 
parte se daba cuenta de que el vigilado llevó de la mano 
a la escuela á un niño que le llamaba pa^lr^ » parecióles 
que la broma iba ya haciéndose demasiado seria , y que 
ya era urgente echar mano de una contramina que dcsni- 
ciese aquella tramoya. Consideró el señor Gallego que lo 
mejor seria hacer que llegase á noticia del Bey lo que pa- 
saba » y al efecto se lo refirió todo circunstanciadamente 
al señor don Juan Miguel de Grijalva, su amigo, y gran 
favorecedor de cuantos en las diversas épocas hablan sido 
objeto de persecuciones injustas. Enterado S. M. dijo i 
Calomarde en el primer despacho: «¿Con que después de 
» haber quitado á Gallego sus prebendas tratáis ahora de 
«privarle de la plaza de bibliotecario que le ha dado 
»Frias , y queréis echarle de Madrid , siendo yo quien 
»le mandó dar el pasaporte para que viniese? Y es el ca* 
)»80 que es tal vuestra majadería , que en vez de vigilarte 
x>á él, vigiláis al archivero del duque! Tan malos soisco^ 
j»mo tontos. Hacedme el favor de cesar en semejantes 
«manejos.» Con este tapaboca enmudeció el ministroi^* 
^QObgrdó el subdelegado , ^ ^^^^xAv^ ^tí ^l archivo lospa^ 



dM¿ dtt tbs tlem[Mit Kivízo ^ o)^^ pasasen á 

ik^áéX interesado, ^ áeii los -Ótfbtefya como an co- 
\iiéaaíñon\o déidque soVíhs kómArBi. Algunas reces 
& visto cara á cara co a varios de sos calumniadores,, 
le han vendido ámisli id y basta cariño^ j sin embar- 
lá tenido la gcnerosi daa icjé tío darse por entendido 
ellos, resistiéndola t eotacion de darles en rostro con 
informes de 'su letra; y pullo. 

^Qué mucho que en i titdió de estos continuos cuida- 
y sinsabores , dé esta Imeljqitina persecución de todos 
nstantes , no tuviese el séfior Gallego tiempo ni hu~ 
para cultivar stis o& dptidpMis favoritas? Asf fue que 
oda csla 6poca cóftipí olso íüiify pocos versos; su suerte 
basta poco lisonjera {MÍ ]^rtiiitirle entregarse á duU 
pasatiempos. ' - 

Insistía entretanto el ieflor Gallego en sus solicitudes, 
ya respecto al arce» jianato, porque cóniignadas sus 
las por via de congrua^ sustentación al H. R. arzobis-- 
le Méjico el señor P'^onle, era muy diíicil conseguirlo, 
I de otra prebenda qno, aunque (le menos categoría y 
lucios, le pusics^^ en estado de no depender de sus 
gos. A pesar de la buena voluntad del Bey, necesitaba 
a cooperación cfica z- de quien pudiese neutralizar con 
nflujo la malquerencia de Galomarde , y le halló en el 
^r Gríjalva, á quien visitaba con frecuencia. Con esta 
sion vamos á referir un incidente en que se verá c6- 
por secunda vez'vino te'poesiaen auxilio de su hijo 
nilcclo. Los sonetos so» de -buen agüero para nuestro 
tá. Llegado el 10 de ocklvbrede 1830 se hizo páblico 
Madrid que lá reina estaba de parto, y déselo qI se- 
Gallego , conio todos, de saber el result'ádó' en que 
interesada estaba h «ación entera, entró' en >el cuarto 
señor &rijalva , que le refirió la situación átiígustiosft 
Bey viendo cuánto se dilataba el ansiado alumbra- 
^Qlo de su augusta espossf ; añadiendo que iba á acom- 
ia y á «nimar á S. M., pero que le esperase álti, pues. 
^ pronto la vuelta. Viéndose el señor Gallego «i^o^ ^«^ 



i4 

entretovu en escribir en «in «^neto baaloncioM AMoattm 
Señora t^ implorando tu auxilio m aquel iraiico*: dt que 
ialió felizmente la reina pocaí horas oeapucs. El ioneto 
qne el scfior Grijalva llevó ]f lejfó al Rey, era el tiguientek 

«Dulce consuelo del linaje humano. 
Madre excelsa do Dios, sacra Lucina,. 
Humillado a tus pies la frente inclina 
Con ardiente fervor el pueblo hispano» 

Si nunca vierte lágrimas en vano 
El que so acoge á tu bondad divina; 
Vuelve» SeAora, al lecho de Cristina 
Los bellos ojos , la piadosa mano. 

Muévate de Fernando la agonfa^ 
Que en zozobra cruel pregunta, espera, 
Vacila, temo, alienta, dosconiia. 

De su penar los plazos acelera 
Y antes que su fultfor esconda el dia 
Agite el viento la feliz bandera (1).a 

Dos meses después , S. M. conGrió al poeta tina ca- 
nongía de Sevilla, á donde se dispuso á partir inmedijila- 
mente. Tal vez este soneto tenaria algún influjo en el 
ánimo del Rey, v en realidad merecía tenerle, pues cier- 
tamente no pue(fc darse composición mas lin<la , mas cor- 
recta, ni mas sentida: es uno de aquellos sonetos tan aca- 
bados que valen por muchas composiciones- largas. Tan 
aficionado debió quedarle el RoT, que cuando fue el sefior 
Gallego á despedirse de ¿I, lo insinuó que hiciese alguna 
composición al nacimiento de la princesa doüa María Isa* 
bel que desemp<!tló en hreve tiempo con raro acierto, j 
se imprimió cuando ya estaba el autor en su iglesia di 
Sevilla, en .diciembre de 1830. Esta oda es sin duda ona 
de las mas brillantes composiciones del seftor Gallego: do 



^•mmma^-^^' 



(1) Estaba anunciafTo qtíc nnor bandera pólonadii sobré t\ frMlon 
de palacio» anandartn al público el nacimiento de on principe é 
firíiiceJMí. > '..-'■. W| . ' 




45 

fi^ego ni lai :K«l«ntia 4^ las cwij^ricionet de |V 
1,'pero hay en dU nn plan tan'bíon distribuido» 
macion tan grave « una ?ersi6cacioQ tan fluida y 
, unas imágenes tan nuevas y sencillas \ y en 
encanto tal « qiie no puedo leerse una vei sin 
¡r leerla otra y otras « y sin que involuntarianicnte 
m i después de leida , á la memoria , algunos de 
^s. Empieza con un monólogo del rey en que pin- 
inidad do las regias pompas en sentidas razones» y 
Mite tono de GlosóGca melancolía: 

^ Tal es de los monarcas el destino 

r" e fascinada envidia 
ambición de los. hombres insensatos. 
Jtík\ qué vale, oh dosel, que al vulgo hechices» 
hasta el don celestial de hacer felices 
acibara el temor de hacer ingratos? 

Iftgo lamenta la amargura do su soledad , tanto mas 

sa para él cuanto mas triste contrasto forma con el 

Í9 inquieta y plácida alegría que bulle en la eetanr- 

de iu$ earoi hermanos á quienes da la suerte be- 

In prole hermosa descendencia larga.» 

inque por estar impresa y ser muy conocida esta 
•icion, no nos detendremos mucho en ella, diñcil- 
rpedriamos resistir á la tentación de copiar esta de- 
estrofa, aunque no sea mas que á causa del lindl- 
idro que presentan los tres últimos Tersos. Esta 
ladera poesía , la que ofrece imágenes i los sen- 
conmueve el corazón: lo derois no es masqua 

^lo es dichoso un Rey » cuando depuesta 

purpura enojosa . 

' II le ofrece la filial ternura » 

.eon su cara esposa 

•as amables hijos circQjjidfdpi ^ ^^, ... |. 



46 

de inocente placer el taso apara. 
Mas ¡ ajr ! que no fae dado 
gozar tan alto bien al alma mia. 
] Oh caántas , cuántas veces 
soñó rni fantasía 

Ycrlos correr con planta yacilante 
por los jardines de Aranjuez floridos ; 
en puro estanque á los dorados peces 
con el sabroso cebo seducidos 
á su mano atraer; sobre una rosa 
sorprender la yersátil mariposa ; 
6 ya afectando varonil talante, 
de caña armados ó sarmiento rudo 
honrarme graves con marcial saludo.» 

Todavia es acaso de mas mérito , por la diGcnltad ven* 
cida de csprcsar poéticamente cosas difíciles de decir» al j 
siguiente pasaje. Besa Fernando por primera vez el tier- 
no fruto de su amor y luego 

«Al dulce beso 

con otros mil le acarició Cbistiica^ 

Íue lánguida mirada 
e vanagloria y regocijo llena 
echó á su esposo, y luego 
su prenda idolatrada 
se paró á contemplar con faz serena. 
I Con qué blanda emoción, con qué embelesa 
los rasgos examina 

de aquel gracioso, angélico semblante! 
Sus facciones no vé, las adivina 
con maternal penetración , en ellas 
la copia hallando de sus formas bellas: 
y en medio al gozo que su pecho siente, 
el muerto brillo de sus labios rojos 
y una cuajada lágrima en sus ojos 
reliquias son de su penar reciente. 

»Tal suele en (jtiAdftrrama 



i 



47 

fUligiiiOBa teiiftpettad fermané 
eñ leca itirde ael ardiente estío. 
Yése la parda nabe desplegarse 
tendiendo el manto lóbrego y sombrío» 
y en ráfagas sin fln de Ti?a lumbre 
el rayo serpear , crugir el trueno » 
hasta que abierto el seno 
rompe sañuda en túrbidos raudales » 
que piedras, troncos , miosos arrebatan 
con Ímpetu feroz... En breve empero 
la nube pasa, j por el bosque verde 
el sol esparce su esplendor primero, 
8Ín que otro indicio apenas la recuerde 
que en las tranquilas hojas suspendida 
gota brillante en perla convertida.» 

En este mismo afío de 18?0 tuvo entrada el señor Ga- 
^ en la real Academia Española » cuyo digno secreta- 
I pcrp6tuo es en la actualidad. Ya en el año de 1814 
Ka sido nombrado académico do honor de la de Nobles 
Íes de S. Fernando, cargo gratuito que ha servido con 
eelo propio de un inteligente consumado , siendo en el 
I consiliario do la misma. 

Presidió en Sevilla su prebenda el señor Gallego hasta 
lyo de 1833, en que volvió á Midrid á disfrutar las 
aciones, y cuando en setiembre so disponía á resti* 
rae á su iglesia le retrajo do hacerlo la aparición del 
lera morbo en aquella ciu lad. Precisado á mantenerse 
Madrid, obtuvo de S. M. el nombramiento de con- 
}t del tribunal del ExLCUsado, vacante por muerte de 
n Bernardo del Rio; y algún tiempo después, por as- 
mo de don Francisco Ranero á la colectoria general de 
tpolios, una nlaza supernumeraria de la Rota de laNun- 
ttura apostólica, de cuyo tribunal era auditor honora- 
(^ desde el aílo de 1820. Al ejercicio de la judicatura 
slesiástica en ambos tribunales se ha agregado desde en-; 
lices acá « el desempeño incesante de varias comisione» 
anímente literarias > pues es de advertir , if \o ««h^oA 



48 

por el mismo interesado, quien á nadie lo ocnhtj 
mal resultado que patenli/ó la eipcricncia de las 
que miró en otro tiempo como aiiomas inconei 
sus diez y ocho meses de pribion y cuatro años do i 
ro engendraron en ¿I tal aveision á las cucslioncf 
terias políticas , que hizo firme propósito de no i 
tomar parle en ellas en tiempo alguno, y lo ha cu 
Asi no lia aceptado otros encargos que los liten 
excepción de los ñocos meses que desempeñó la 
de algunos periódicos en 1834, comisión que le< 
lisimos ratos, y le confirmó en su resolución p 
Los pocos artículos que ha escrito en la Revista 
drid , y son las únicas producciones su^as en pr 
llevan su nombre, han sido siempre literarios 
menor tendencia ni alusión á otras materias. Por 
casas muestras no podemos juzgar al señor Galle( 
prosador, bastándonos decir que hay en aquellos i 
suma corrección y un estilo notable por su sen 
falta absoluta de pretensiones. 

Entre las comisiones literarias de que arrilu 
hecho mención, fueron las principales la do foi 
plan general de estudios, junto con los señores < 
na. La Canal y Liñan, que presentaron concluido c 
meses; la plaza de número de director de estudios, 
se restableció la dirección en 1835, de que fue ei< 
durante el ministerio de don Joaquín Mart«i Lope 
dando por real orden posterior en clase de jubilado ti 
las prerogalivas y honores de la misma; la presideoí 
comisión de examen de libros de enseñ;inza, y últin 
una plaza en el Consejo de instrucción pública, que 
mente desempeña juntamente con la presidcuci 
Junta de estudios (le la Trinidad. Por haber sido| 
tos todos los cargos y comisiones indicadas í e% 
del de conjuez del Kxcusado, que tuvo en otro 
una corta asignación y \a no la tiene , S. 'Sí. M 
remunerar sus servicios* en 1844 con la gran c 
Isabel la Católica , de cuya orden era conieodadoi 

•ido3i. 



49 

'al ha sido la vida niiblica y literaria del sefior don 
Nicasii» Gallü|^r), vida honrosa bajo ambos concop- 
ie lo ha acus^ido de indolente, se le hu tichatlo de 
1bcundo,4|)i^ra sin que sen nuestro ániín ) descar<^.ir*- 
teramente de loda culpa rtn estos puntos, creemos 
^tc es el caso de rocord.ir la tan snbida máxima do 
18 obras dj la intcli^^cncia no so miden por la enn^ 
sino por la calidwl. Las del sjülor G:ill(*|^o son poco 
irosas en efecto , liunque no tanto como genoraU 
B se creo; miA tnmhiiMi eu cambio sn acercan ma- 
no á la pcrrcccion. Ya hemos insertado en esta bio- 
i alp^unos sonetos stiyos que jiistÜican este efor^io; 
ieii le juslilica el si^^uientc que escribid con motivo 
Mislacion de los rentos de don l'edro Calderón da 
rea al cementerio de Sun Nicjiús: 

«Gloria y delicia de los patrios lares t 
Buen CaldiTonl de tu fecunda vena 
El copioso raudal el orbe llena 
Venciendo espacios y cruzando mares. 

Difunden hoy tus dramas á millares 
Las prensas de Lcipsiclc; los oye Vícna, 
Y hasta en las playas bálticas resueoa 
El cisne del modesto Manzanares. 

¡Olí hispana juventud 1 Si al arduo cmpeff» 
De hollar del Pindó la sublime altura 
No te alentare porvenir risueño , 

Esa pompa , ese mármol te asegura 
Con muda voz que si la vida ti iueHo 
Siglos de siglos ol rcnoiAbre dura.» . 

lie ningún poeta antiguo ni moderno conocemos com- 
Clones mas correctai , prescindiendo de otros méritos 
nios cuales no es tau fácil ni tan licita la compara- 
k* Hemos dicho que no son tan escasas como común- 
^teso creo las composiciones del señor Gallego, y en 
^á muchos sorprenderá oirnos decir quo nosotros 
">BM>i reunido suyas eu soGicieDtq número ^art (ot- 



5a 

mar un yolámeii no, pioqaefio. Tandiiea' aorpr^iiden 
me este po^ta hd^ cnltivado coa inuy baea éxito gene 
de poesía disíintos de la oda , la elegia y el drama , úi 
eos eo que es conocido , en el primero , por; sus odoi 
Voi de Mayo^ al nacimiento de la Reina j. alguna otra; 
el segundo, por sus elegías á la. muerto do Ya reina d( 
Isabel , á la de la duquesa de Frias, iñsisrta eu la Con 
fúnebre ( y de la que , por ser tan conocida y univeí 
mente celebrada, conceptuamos escusado decir cosa al 
na) y en el tercero, por su tan. célebre Osear. ¿Qué 
n^KS de decir también de este, cuando no. hay jó?ep 
dían^mcnte lilcrato aue no Unga en la niemoria algí 
4í^ sjus magníficos versos? Muy pocos saben por ejem| 
que.l^a compuesto fábulas tau lindas como U fiiguieate:* 

EL PADRE Y SUS DOS HIJOS. 



APÓLOGO. 



% * 



«Del opaco diciembre en noeíie 
un padre con sus hijos en voi aldta 
al calor de la humilde chimenea 
* '' lá% perezosas toras difertia. 
A su itfd<i el menor se entretenía 
de naipes fabricando un edificio 
con meS'Cuidado y atención severa ^ 
que el famoso Ribera 
trazando el phñ'del madrileflb hospicio^ 
£1 mayor repasaba 
." » ('{toes ya cfl'^la edad de la razón rayaba) 
' ' ' ' útá mugrienta Ustoria , 
' ' ' depositó de cuentos y dislates , 
'■ 'Sti lengua atormenlando y su memoria 
'. ■ '^n nombres mil de reyes y magnalei. 

'Mas juicioso notando 
^ '' que tmos llamaba et libro fimdadorai 



» 

j otroi eonquiítadífrtil 

jCuát 01 , dijo il papá , la difonodiT 

Aqui llegiihan, cuando . 
con fi;I¡i inocencia 
<u travieso hcrmanito 

3ufi acababa gozoso 
e coronar su alcázar ostentoso, 
saltftba de nlcgria j dalia un grite. 
i í GolóríoQ ct miij'or M aliit víoUalo. 
t ■ 'il ycrsu ínUcrruinpido < , f 

j^dó un 8(>lo revea «rrojia.4Wiento 
n. et faltoia pulido, 
n-' 'dcjaedo ni [wttro nina tH dPKonnuqlo. 
n>'< de vicr su amadit fábrica Bft ol sucio. 

£1 padcc cnloncrs con amorío dijo: ,., - , ,; 

«La rcsputtsla mrjar esU. e» la inaqo : , . ., 

»et faniíador Av iiiipiirius os liA hi<raiju;iQ, , 

»y lú el congi4|i(it((4r ¿ Lt» cnliendvs t ^^^t\ 

Acaso sorprendiera Inmbicn á los quo solo conocen á 

siro pocln por las pocas obras suyas que andan im- 

las. qUQ Inya condenado á la oscuridad una composi- 

I tan graciosa como la siguiente, y do un género tan 

into del quo le ba dado U ■ulubnilád do quo distraía: 

di H,oíji DE;.ttóNTisco. ■..;'.. 



qoe,nUí( WíHUfü'aj^t'.,: I,. .■.,•,■'■ ■ 
.idóíi^(|n,de iJ^lvo m%viA I.,.,.., „;.,^ 

Lcj^osdcl iinUím;afli<> . ., 

we,flT";a|tí?,cl p¡()f-io cruel,, ;- 

desdo el vallo á ^i calina ,, 

del «Tenal al vargeJ,, ., , ■ ■,'.,.j 



53 

reugnada por laber 
que ni suspiíM ni niegot 
han de templar sa altirez. 

Hija de un pobre lenlisco « 
Toy á donde van también 
la presunción de la rosa, 
la soberbia del laurel.» 



Si el señor Gallego hubiera qneritlo deJicaneal 
ñero festivo, es seguro que en él hubiera dejado e^ 
lentes modelos, como lo e» su epístola en tercetos, 
tenemos á la vista, dirigida á algunos jóvenes ptietass 
gos suyos qufe habiéndole convidado á una comida e 
dia de su santo, á que no le fue posible asistir, le e» 
bicron entre todos una epístola dándole los dias. 
.unque esta composición no pasa de ser un jugot 
desconozco que ya va siendo pesado este eicrito 
o resistir el deseo de trasladarla. 







• ll : ■ , 

a m - ■ 

(ISlW-UCISlttlIE DE 1940.)! C;^ 1^' ' 

Roca, Vega «Bretón, Díaz, Bornea, 
Recibí vuestro mélril^o billete 
De prisa escrito on reunión pimplea. 

Donde á favor del dulce pajarete 
Y al rclintin de la espumante copa 
. Ensartabais tercetos siete á siete. 

¡Triste de a'^fif'que ¿oiideniadó á sopa 
Seráfica y al ué<tjñ-'de lasfiidtit<á,^-l 
Solo puede sii^fr Fóc^odo e^téfl^'^^ó 

Tuve en xéHUA estittuRi^ Vfe.HrojüS^ntes 
De acrecentáis Tifiíoble cómpdñT^"*^ 
Mas la lluvia, 'sij^EW;.cav6á torrente^» 

Y fuerza fué del nutaiicio día" '" ' 
Entre memorias trilles y coúíüikü ." ' 
Pasar 'mIo hiafdtfvsctura y fria" ' 



c • 



1. 



55 

Hát inflf aun las nesaa oue lu Masai. 

Por in2|^*c[tle á\ escribir' Ircmnla manó' ' 
Tracé' en lüj^ar de 1<^trás semifasa^: 

X i\o k6 que invicto el juicio sano ' 
El cjü'é inTcntó disuelta en agua pura 
La inspiración do Apolo soberano. 

Sube un pobrete cebando la asadura 
El l^ndo arriba , ansioso de entusiasmo. 
Sudando cl quilo por ganar la altura. 

¿Y no será rechifla y aun sarcasmo 
QuQ el Dios le ofrezca uu vaso de Hipocrene 
'^IQüéle corte el sudor y le dé un pasmo: 

Mejor quizá con la razón se aviolitf"'. '-- ' 
'De aquella chusma el delirar eterno '^ 
Que con brujas y espectros se entretiene,' 

Y atormentada de furor interno* ' 
Desdeñando el favor del sacro monte (1) 
Su aciaga inspiración pide a| infierno. 

Mas yo me atengo al padre Aiiacrconté, 
Viejo t,tíno y maulon que lo entendía 
Mas qiiU el t^^lntor de Gama, ó Rodonionte. 

Y con brindis de Chipre y Malvasia ' 
De las muchachas jónicas cercado 

, Cajentaba >u dulce poesía. 

' Théndido sobró el césped de un coTIádó 
' ' '' l'Hxánja sicii de pámpanos corona 
'*« m 'la 'botella ó el porrón al lado: 
■n •» 'jvHi >5tis cdnlós báquicos entona, 
^ '^Á'cfiío, cxiáVnioscas á la miel, acude ' ' 
^ "'plííiáí ñlnfes la turba juguetona. 
' '' ' "^\ia que el beso 6 el pellizco elude * 
'*"" V'sóVda á los halagos de áu Musa 
'* '**Dc ^atraviesos brazos se sacude/ ' " 
I ''• " D)í^pbmendo el rabel 6 cornamusa, .' ■ 

"•'"*^*róma ol porrón el viejo marrullero 
Y con un par de sorbos la engatusa. 



< • : 



í'^Ptfí'tapücrtd jut óHQsatro monte qo m ^jle GW^<^¿,v^ 

VOMO VIH. '" * ' ^ 



^^Un 9¿bk ODiiura OS fópsii^ 
Seguid del tejo Anficreon láVtiilefíff 
En prez y gloria di^l Parnaso. ibarp^ 

Y aunque no os acaloren nin£aa bellas y 
Mas castos , si bien jóvenes , que e| yiejo » 
Yibrad el plectro y destripad botellas ; 

Que al aulce influjo del licor añejo 
Correrán vuestros versos, como riqs, 
Sembrados de agudezas y nraccjo. 

Entanto yo sinjuventud, sin bríos ^. 
¡Qué gracias ¡ Pesia tal! queréis quepi^Ripre 
En estps metros lánguidos y firios , '. 

Si a mas del cierzo que corrió en setiembre (1) 
Contra mi buen humor veis conjurados 
Él hielo de mi edad ^ el de diciembre? 

Solo á vosotros , jóvenes amado;»,, , ^. . . 
Es)[)eranza y honor ue las Españas, , , ., 
De.Ciptip y de Liéo acariciados, , 

Os toca difundir por las exi^apaí^ 
El nombre de la patria que os'adoiiya; 
Mientras envuelta en polvo y télarajta^ 
Descansa en un rincón mi ppbre lira.; 



lO^ 



Un alemán, M. Hubber, que ha dado poticia de los 
autores que actualmenie escnben versos ea JEspafia, bi 
dicho que el seífor Gallego es iin mero ipaít^d^r^® ^^^' 
tros poetas del siglo Xyi;.no lo creemo^^; .pero no es 
este tampoco . el majjror desatino que . ha r^^r^lo dicho 
M. Hubber , cuyas biografías de nuestros e^/c^ij^res con- 
temporáneos están atestadas de especiotas f^p§ardas y ca- 
lumniosas ; ño parece sino que para redactar jalgonas do 
ellas, no por boca, si, no con pluma de ^ánap, .(Kilo ha te- 
nido á la vista libelos infamatorios. Limitaadi^nos al per^ 
sonaje que ek objeto de estos apuntes, pfegjoi^tareffioi: 



(h £1 del glorioso pTonumamLento^ ej^fú fív^ el auM(AÑ<9i'' 
MDiMd dé iras loflobtífeoi. i 



£ 



¡i qaé ae parecen foi ^des á lof 4rti$ ; «1 W^mmif^ 
la Reina k Us conctonei it Hitrera j de Fr. luif Üf 
Lfionl ¿En qué sus elegías al Doi de Mayoj k la Muerü 
de la duque$a de Frta#« á las delmiimo líertetei y suf 
contemporáueos? Ni en el plan, ni en el estilo, ni el en 
orden de las ideas se parccep; solo tal yez en la pureza del 
lenguaje y en la pomposa inagcstad de la entonación. Not 
el señor Gallego no es un poeta del siglo XVI, aunauf 
con frecuencia los recuerdan sus yersos ; el sefior Oallc* 
go , como todos los hombres de al^uu vabr literario , ti^ 
ne un carácter suyo propio y participa de la Índole gene- 
ral de su siglo. Oigamos las juiciosas reflexiones que ba-^ 
ce sobre esto el autor ya citado de la sucinta biografiá 
de nuestro personaje , que se insertó en el Arti^ía. Oesr 

Saes do citar una estrofa de su qlegia á la piucrte dcil 
uque de Fernandioa , discurre sobre ella y sobre el CA7 
rácter peculiar del ingenio de este poeta : la estrofa qué 
da ocasión á sua reflexiones ca la que eippieza : , 

1 

«Yiérase á aquel gemido 

jicual bolla palma que derriba el rayo-u.» 



.1 



y concluye con estos versos: .. . j 

«que en un mar de tinieblas sumergida ' ' 
»sm 61 se juzga y desamada y sola.» 

Luego prosigue: «Este desorden, este desfüyLll(b«.lt 
desinencia nnal del último verso de la estrofa^ ei^.^óé ii» 
advierte la estudiada intoncion d^ ex^Tesar mejor el a}^ 

tmüento y soledad do aquella madre , pudieran bac^ 
nen papel en una composición del quevo géneroL, ,paef9 
aunque pese oirlo al autor de esta elegía, huele i ronj^^r 
tica desde el primer verso hasta el último.. 

oMucho pudiera añadir examim^odo .tas pocaa obras 



ftf» 




lÚí^WBiiá^U pkrá^^^^^^ íreanéidó; no ¿ ehr^ 

íj^at ñi á críticafe' las ]^6ésíasí del señoir Gallego, siiio i 
iniítiifcsfoT qae sitr quererlo , y acaso sin advertirlo, signe 
tío muy de lejos la corriente del romanticismo, qne re- 
prue1)ay mira fcoAi.o una.* lastimosa corrupción del bnen 
gil^io. Nó és él sold ciertamente: el ilustre autor del Pe-- 
layo , tragedia en alto grado clásica , lo es también del 
Panteón del Esbórialy Wlla composición , pero de un gé- 
ñerbuuevo 7 sin nombre conocido en la escuela anti-' 
gtij ; obra romántica , si las hay, y lo que es más , com— 

tltleílta en uii tiempo en que todavía estaba por invcntaf 
á iiéñbminacíon del gtisto á que sin dnda pertenece. ¿Y 
¿otilóse explican tales fenómenos? Del mismo modo que 
él' éultéi^Aismo de qtre están contaminadas muchas obras 
¿éi'Qáevedo y Lope dk'Ycga, quienéá'cn otras variaü 
hafAát^ hecho Inás dé' xii^á vez irrisiodde aquel eslrafalarítf 
^Móy dé sus séciíáttes. fisto cob3Ísftc eti que todos los 
hombres, ínas d'tnldnó^, reciben por necesidad la ib- 
fluencia de las ideas de su tiempo. Cada uno pertenece á 
.su siglo, participa del gusto' ¿«oiinai^tev q&e cunde hasta 
rpor el aire* qne -80' respira^ y adopta sin geñtir parte de 
sus mantas y extravagancias por ridiculas que sean á los 
ojos de la raion imparcial, conío süéédb'Cóiá' las nlódásr 
que repugnand.Q al principÍQ,, acabáis por agradar á sus 
mismos censo^s.Ét mayor 9^ delá literatara 

.ánglesa, que dé ciiarehlá aífós acá ^ há difundido en Es- 
paña , y, sobre todo el ^ust9 alepian que , aunque por d 

» éWtíttó^o puro 8é trád^ haif pror 

páffM^ViCelbccidéhté'Vlle EtirOpaf íá's obras de Schilld*, 
Kdtz^büé; íiodtfac y t)trós , ha abi^to ^n duda este' nue- 
Hn&'^l^iiuibó'á las ideasf y máximas literarias (^ue dirigéhi 

Má'Üéhei^árrdaá de' m escritbreis del dta , y de cuyas olM^ 

: StHb'M'^poslIeiídad será en último resultado juez im{^a^ 
y cpmpelente.» **■ * ''*■ 

aiirpi^j^tctTiifdáréfftfe'siesta noticia biográBca sin insistir 
^V'ü)i''Vjabihentí[V«ík la especie' que apuntamos al pripdP 

Wd^;'y ^uk tiritó hofa^aalpérsonaje de quien escribiAóM. 

m'mltt OMléf^^á^s \\^ to\iQoA.t^V^v\dia ; jáiniíf W 



HPftleada na ingenio on ialiriiar da palabra ui por. eacri* 
^twa9 compafieros de profesión; al conirario, para lodoi 
laaido na amigo , mas queun amigo; para unos ua herma- 
10 f para otros un padre. La dulzura y sinceridad de su 
i^ácter , &u reputación de excelcnlo critico , le han gran- 
eado haco mucno tiempo una especie, de judicatura litera-, 
ía que todos respetan y quo solicitan haala los mas díscolos, 
ius fallos , dictados siempre por la mas recia intención 
mida á un gusto esquisilo, forman autoridad entre los 
lombres mas eminentes. Muchas veces los señores Quin- 
ana, Martinezdc la Kosa, el duque de Rivas, el rondo 
le Toreno le han sometido sus obras , honrosa confianza 

Iue él hj pagado» exponiéndoles concienzudamente su 
ictámen, prononiéndoles enmiendas, y castando en ellas 
\l tiempo y la intensa aplicación que pudii'ra emplear en 
rebajos propios. El mismo Arriaza ^ que jamás oía con- 
iejos donadío, adoptó mas de una voz las correcciones 
le nuestro critico, l^os que tienen como nosotros la hon- 
a de visitar familiarmente al seflor Gallego , habrán vis- 
o siempre cubierta su mesa de o6ra« que juzgar , de ver- 
laderos memoriales en quo se le piden correcciones, de 
oas mamotretos en fin , muchos de personas desconoci- 
laa» que la mesa do un ministro. Esta voluntaria magis- 
ratura le ocupa muchas horas al dia , poro le produce el 
>lacer do contribuir á que desaparezcan los lunares aue 
leilucen las obras de mérito que se le confian. Muchos 
Mrimores que celebramos en otros poetas , son obra suya^ 
>o esta verdad ofrece un ejemplo insigne la inffoniosa 
átira titulada Proclama de un toUeron, Su autor , vargas 
^nce, era también como Arriaza poco dócil á la crí- 
ica « y harto se resiento de ello la primera edición do su 
iUda obrita ; sin embargo , el señor Gallego logró con- 
vencerle de los varios y notables defectos que la afecta- 
Htn; y como lo faltaso tiempo al autor para corregirla, 
ligó a su amigo quo hiciera lasenmienaas, y reimpri- 
niese enmendada su sátira. Cumplió éste puntualmente su 
encargo , y on el prólogo de la segunda edición , hecha 
NI y«lcnci{i en ISSO» deapu^» d« U iii«wV« ^\ i^Nm\ 



9ff 

atrlbnjó á éile \in correcciones que exdiMiyameiite ertn 
obra rayat Mas pudiéramos añadir, pero baste lodiclio 
parra probar que en el señor don Juan Nicasio Gallego 
yt$\e tanto por lo menos , y merece en verdad tanto apre- 
cio j consideración el hombre privado como el célebre 
poeta. 



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■ . 1 ■ J •■ t - • • • 



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m illarquM Vtu&o nt Íponte)o0« 



AA apreciar debidamente los esfuercosy el eelo deeier*- 
liombres , que han estado al frente del gobierno econó- 

> délos pueblos , es preciso considerar por un moraeii^ 
10 solo tos abusos y los vicios perjudiciales introdact- 
en aquel , sino hasta el aspecto material de las ciada- 
mas populosas. No es necesario que nos remontemos 
t>ca muy distante; pues en tiempos que los presentes 
os alcanzado, y aun bastante recientes, la instmecion 
l)eneficcncia publicas se hallaba*) en un completo aban- 
íf i pesar de que la caridad ¿ ilustración de nuestros 
ores habian dotado estos objetos con pingües rentas, 
istado de la mendiguez era tal, que hizo lerantar el 

> á ilustres patriotas, formando la descripción de las 
nmbres y hábitos de los mendigos, el fondo y el argn- 
to de algunos romances célebres. Aquellas reírlas de 
Ja mas necesarias para la comodidad y salubridad deil 
idario , no eran conocidas ni aun en muchas de naes- 
iprandes capitales. El empedrado en todas ella? le en-^ 
raban en un oslado de incuria , entregado eonlpleta-^ 
;é á la voluntad y discreción del diputado á qalefi, se^ 
^áctjca de los ayuntamientos perpétaps, sétóAláW 
|ilCiír|r6 qae daba origina liknltitiid(ib<ftttbf¿4ii^ 



to mas fscAüdAkisos. r naalo mayoreí oan h negBgeiicia 
T abandono ron qne §e hacia este serricio. Las aceras em- 
I>aldo$ada$ era cosa absolatamenle desconocida « y ana 
rairadji con al¿rjna prevención, con molivo de haber ociit« 
rido desAtios entre caballeros que las dispalaban,} de 
haber dado labrar i la formación de una pragmática. Del 
alumbrado solo diremos, usando de la espresion feliide 
un escritor . que estaba reducido á lo meramente necesa- 
rio para distingnir la oscuridad. £1 establecimiento de los 
serenos solo era conocido en alguna ciudad mercantil, ha- 
llándose limitado en la corte t otras capitales de proTin- 
cia, á un solo guarda que recorría de noche las caliesen 
que los comerciantes tenian establecidos sus almacenes. 
Las fuentes públicns erin muchas de ellas muestras del 
frusto depravado de los artiBces que las construyeron, J 
de las personas que dispusieron y dirigieron tales obru; 
y en ellas al mismo tiempo que se habia descuidado com- 
pletamente la belleza de las formas y la elegancia de lai 
proporciones , se habia descuidado también el abundante 
sorlido de las acuAS« la comodidad del Tccindario t délos 
transeúntes, y el orden que debia establecerse éntrelos 
aguadores públicos. Los mercados se hallaban cntcramealf 
abandonados á la soberana roluntad de los Tendedores» 
quo se colocaban en los parajes que mejor les parecía, ha* 
hiendo en muchas ciudades tantos mercados ciuntaseraa 
las plazuelas y prajes mas frecuentados: asi sucedía ei^ 
pecialmente en Madrid, donde todo el rigor de los anlK- 
|{oos corregidores no habia podido chitar el desorden» h 
incomodidad » la falta de decencia , la mala distribución de 
los puestos y el aspecto miserable y desaseado de estos. 
Parecerá increíble ia resistencia que oponían este desorden 
y este abuso; pero bastará decir de que recientemente) 
siendo corregidor de Madrid el difunto don ladeo Ignacio 
Gil, necesitó ésie toda la firmeza de su carácter , y contar 
antescAiQ la voluntad espresa del monarca» para hacer iras- 
Jadar^ en presencia suya y por medio de operarios que tí 
lUWQ.miBdaba, los cajones que se hallaban cdpcaáoscí 
II RW w ^Vi U^, \i%^o ^r«ba U di6c^ltad de tod* rt- 



i 

fonna od esU parle, «nsi como hemos indicado, aunque li- 
giamente, la necesidad perentoria de ella. 

Los ayantamicntos perp6(uos , á quienes estaban con- 
fiadas muchas de las atribuciones relativas á la policia ur-> 
baña,, comprendiendo esta la de las plazas y mercados, la 
uQipicza de las callos , el alumbrado ae las mismas y la bue- 
M calidad de los articules del consumo público ; los ayun- 
temíontos perpetuos que recaudaban los cuantiosos arbi- 
trios destinados ú estos objetos, dirigian los diversos ra- 
bos confiados á su cuidado con arreglo a reglAnienlos yor- 
denanzas antiquísimas , en su mayor parte raidos en desu- 
do, y en la restante, inconvenientes y desacomodados a 
la situación de los pueblos. Kl mal no consistía solo en los 
tbiisos que el tiempo , los hombres y la falta de celo ha- 
l)ian introducido, sino también en las reglas incongruen- 
iis y absurdas que dirigían todas las partes de la antigua 
administración nmnicipal. Por eso se clamaba hace mucho 
tiempo por la revisión y reforma de las ordenanzas mu- 
nicipales , y por la corrección ó nueva formación de todos 
iquellos reglamentos, que exigiesen los diversos ramos 
del servicio público, dentro del circulo de las atribuciones 
municipales. En la (poca del año de 20 al 23 trabajaron 
so poco muchas diputaciones provinciales en estos obje- 
tos, y en proponer al gobierno lo que pudiera necesitar 
de la apronacion de éste. 

Madrid ha servido siempre i todas las ciudades y pue- 
lilos del reino de modelo en cuanto ¿ policía y gobierno ; 

J^ por el estado en que ambos objetos se han encontrado en 
á tapital , puede inferirse el que tendrían generalmente 
en las demás grandes poblaciones del reino ; debiendo úni- 
eamente hacerse escepcion de algunas, aunque muy ¡Kicas, 
en que el gusto de sus naturales, y la ilustración y volun- 
tad ümnimoda de sus gobernadores políticos y militares, 
Sttpiian los defectos de los reglamentos, 6 impedían con Re- 
moza todo género de abusos , sabiendo rechazar cuanta re* 
siétencia opusiesen el egoísmo , el espíritu de rutina y la 
bslolidei!. En este caso se halliibau B^trcelona , Cfidiz i ílh 
liga Jf alguna otrt plm, 



Por lo dicho pnede formarse una idea, aunqaeligerif del 
aipecto general aue ofrecería Madrid cuando tan acerta- 
damente fué noiBorado corregidor de ella el Marqués Viu- 
do de Pontejos, en cuja biografía vamos á ocuparnos, dan- 
do de este caballero las noticias mas importantes , j de su 
administración y de los proyectos que planteó y llevó á 
cabo, todas las que pueden dar una idea de su mérito j 
hacer conocer su importancia. 

Don Joaquín Vizcaíno nació en la Coruña el 21 de 
agosto de 1790. Fueron sus padres don Vicente Vizcaíno 
Pérez , del Consejo de S. M. y su fiscal en la Real Audien- 
cia de la Gorufia ; y doña María Antonia Martínez Moles 
Valdemoros. Después de haber recibido en la casa de sos 
padres la educación propia de una persona culta y de un 
caballero, fué dedicado á la carrera militar, que siguió 
por sus grados sucesivos hasta Uegar al de capitán de ca- 
Balleria. Su origen ¡lustre le facilitó recibirse de caballero 
en la Orden de Santiago , con que fué agraciado por S. M. 
Dotado de un ingenio claro, de una gallarda uffura, de 
singular espresion en su semblante y de los modales mai 
distinguidos y elegantes , se hacia estimar por un don es- 
pecial , de cuantas personas le trataban , y era uno de los 
jóvenes que ocupaban un lugar mas distinguido en las prior 
cipales sociedades de la corte, á donde una casualidad ó las 
obligaciones del servicio lo condujeron en 1817. Por aquel 
tiempo contra! jo matrimonio con la Excma. señora doña 
Blariana de Pontejos y Sandoval , marquesa de Casa Pon» 
tejos y condesa de h Ventosa ; y con este motivo abando- 
nó la carrera militar, retirándose en la clase de capitanda 
caballería. 

A los 27 años de su edad , poseedor de muy pingües 
rentas, con todas las prendas personales que á tantos sir- 
ven de estimulo para la disipación y los placeres « y ea 
una situación opulenta y feliz que embriaga y corrompe 
á no pocos, se dedicó el joven don Joaquín Vizcaíno i 
perfeccionar su educación, á cultivar su espirita coala lee- 
tura ;¡r ol estadio, y á dilatar U esfera de sas ideas y d0 m 
BBpenencití cop los viajes. El objeto de esto« fué m iü* 



I 



tracción, 7 el proTccho cpie de dios sacA, correnpondift 
en fcrto & 8us «losóos. Miontras qiio en Pnrls , on Londres 
en otras cnpitnlos buscan algunos jóvonos los goco^ de 
a vida, y una ¡nstruorion escasa y siiporlicial, adquiriendo 
al misino tiempo hábitos y costumbres estrañas, que les 
hace después mirar con desden las cosas do su patria; Viz- 
caíno estudiaba en ellas los progresos de la civilización y 
el rcfínamiento de la industria y do las artes, fijando, como 
buen patricio , mas particularmente su atención en todos 
aquellos objetos que pudieran tener aplicación en su pais, 

Jque fuesen acomodados á su situación y á sus necesida- 
es. Este tino particular del joven Vizcaíno , no la permi- 
tió que su espiritn divagase, y contrayéndolo á lo rerda- 
deramente útil , y á lo que era positivo y aplicable, lehiio 
adquirir conocimientos de la misma Índole, que sa catego*- 
rfa social y los importantes puestos que después desempe- 
116, le permitieron poder aplicar en beneficio de su pais 7 de 
sus conciudadanos. Ya puede suponerse que no se conten- 
taría con tomar una idea superficial délos adelantos de todo 
fféncro , que se presentaban á su vista en los países estran- 

¡eres , sino que los estudiaba detenidamente , informán- 
lose de su procedimiento y mecanismo , de sus ventajas» 
de su utilidad práctica v do los ensayos sucesivamente ve- 
rificados hasta llegar al grado de perfección en que se en- 
contraban. Oía y comparaba los informes que le sumiuis- 
traban los artistas y personas inteligentes en diferentes ra- 
mos, á quienes frecuentemente trataba. En sus viajes, se 
¡reponía á un mismo tiempo su instrucción y el servicio 
e su pais. 

Se bailaba en esta corte nuestro marqués , cuando los 
acontecimientos políticos del año de 20 vinieron á sor- 
prenderle. Si era grande el interés que le inspiraban el 
romento y prosperidad de su patria , grande era también 
el qnc debieron inspirarlo unos sucesos que preparaban 
y anunciaban á Espaila una época de felicidad y de ven- 
tara. El sefior de Pontcjos profesaba ideas liberales , no 
íb el sentido vulaar de esta espresion, sino en el qñe de-» 
Ikn darle los nobles sentimieQtoi y ú UtMltntlMteAaiBik 



dÍ8tin|^do patricio. Por carácter y por educación, era 
enemigo de todo esceso» de todo desorden , [de toda licen- 
cia popular , pero aborrecía de la misma manera los es- 
cesos del poder , la arbitrariedad de los gobernantes, y 
el desprecio de las leyes. Hombre de orden , como bacn 
militar, amaba con ardor, por^ii exaltado patriotismo^ 
la libcrlad de so patria, inseparable del orden público y 
de la obediencia á las leyes, y precursora de su felicidad. 
Aunque no obtuvo en aquella época ningún cargo pi^Jyli- 
co, porque su amor á la independencia personal los había 
mirado todos con cierta repugnancia, fue de los primeros 

Jue corrieron á alistarse en la Milicia Niicional de Ha- 
rid en el arma de caballería: su inteligencia y práctica 
en esta y el sinffular aprecio de sus conciudadanos y de 
sus compañeros le elevaron á la clase de comandante de 
uno de los escuadrones de esta capital, y en cuyo mando 
se distinguió por conciliarse á un mismo tiempo el res- 

Íeto y el aprecio de sus subordinados. Pocos militares 
an manifestado en los mandos de la Milicia Nacional, 
la habilidad y el tino que manifestó Pontejos. Sabia man- 
dar y sabía hacerse obedecer ; pero sabia también ha- 
cer agradable la obediencia, y acompañar la forma del 
mando con las condiciones propias de éste , en un insti- 
tuto en que se manda á personas de todas clases j^ catego- 
rías, que solo están obligadas á la obediencia mientras M 
hallan en las filas, y que ni en estas dejan de ser todoi 
compañeros y conciudadanos. El reglamento de aquel 
tiempo reasumía los términos y formas del mando en lis 
siguientes palabras: como ciudadano que manda á ciudn-^ 
danos. En cuantas ocasiones lo exigió el orden público j 
la defensa de las instituciones nacionales, se halló áPoa-< 
tejosal frente de su escuadrón. 

Aunque no había servido ningún destino público, m¡ 
contraído por consiguiente ningún compromiso persoaal., 
con todo, la circunstancia de babcr sido jefe en la Mili-* 
fia Nacional t no podía menos de inspirar recelos y d|nr¡ 
COAÍianxa á un gonierno reaccionario y por consigimvle, 

mpiüVh JM9 pw wto CMantP por^^u^ jao pffdr«w.ifKfit 



nos de deuígradarle y llenarle de disgusto los desárde^ 
nes j atentados qne acompafiaron ú la reacción , determi- 
nó ausentarse do España y por algnn tiempo viajó por 
Francia é Inglaterra , continuando siempre sus mismos 
estudios, y animado del mismo espíritu de indagación 
quo habia manifestado en sus primeros viajes. Cuando el 
gobierno de España, por una necesidad imprescindible, 
se hizo mas templado y pudo adquirir la fuerza nece* 
saria para contener los cscosos de su parcialidad, el se«t 
ñor de Pontejos , que amaba con ardor a su pais, pudo 
volver á esta corte, donde continuó ocupándose en em-> 
pVesas útiles y en el fomento do las artes é industria. 
Admitido poco después ú instancia do varios amigos su-* 
vos en la Sociedad Económica Matrilense, desplegó en el 
pmo do esta útilísima y patriótica corporación los senti- 
ttiantos que lo animaban por la lehcidad del país. En 
todos los proyectos, en todos los planes de esta Sociedad 
Idttaaba una parte activa y el mas vivo interés: en todos 
Tos establecimientos que de ella dependen , se proponía 
introducir las mejorns qne sns viajes le hablan dado á 
cinaocerj y que algunos de aquellos necesitaban. Tenia 
utúl idea particular acerca do las necesidades de la indus-*- 
Tria en nuestro pais: estaba persuadido de que aunque 
Iodos los ramos de ella debiesen estar exentos do emba*^ 
iftikos y de trabas que impidiesen su fomento y progreso^ 
iün emnargo algunos de ellos , es decir, los quo eslnvJe-*- 
^n destinados á satisfacer las primeras necesidades , loa 

Silo se hallasen naturalmente favorecidos pr circunstan*- 
as especiales , los que fuesen susccntlbles do mejoras y 
de perfección sin necesitar para ello ae ningún privilegio 
^i ao ninguna protección del gobierno, esos mismos do- 
blan encontrar en este, y en las corporaciones patriótica! 
y en los particulares benéficos , los medios y recursos do 
qne hubiesen menester : en suma , miraba con mas sin- 

Sular predilección la industria que se ocupaba en la pro* 
acción do objetos comunes, y si se quiero groseros, 
|ue la que por medio de una rara habilidad y do esfuevu 
di individuales, prodnce objetos que til (u^&eu Qom>:v^ 



t 



9 

tDir UDtfoeiitesv^anederiaaezaealai circamtAiieUi 
da nnestro pais t ni pueden tuUar la puerta abierta en 
los mercadog estranjerpi. Una fábrica ae lienzo caaero, 
de esteras, de calzado , de knantas de todo género» y da 
becerrillos , eran en su coccepto mas dignas de proteo- 
^on» que las de ricos tapices y de porcelanas, objetos 
estos últimos, que no son de un uso general, que supo- 
nen un gran adelanto en la química aplicada á las artes, 
y respecto de los cuales hallaríamos eu los mercados es- 
tranjcros, rivales con quienes no sería posible competir. 
Esta era la doctrina que eu esta parte profesaba el señor 
de Pontejos, y la que dirigía su conducta tanto en la So- 
ciedad de Amigos del Pais, cuanto en otras corporacioaei 
á que perteneció. 

En la escuela de i^ordo-mudos, que se halla á cargo 
y dirección de dicha sociedad, no pudo nunca aprobar el 
señor de Pontejos qne.á los alumnos de aquella, se les 
diese una educación no conforme con su clase ni acomo- 
dada á su suerte fulii^ra. Para ello quería que el estable- 
^pimiento no se bailase montado icon lujo respectivamente, 
ni que hubiese en (A tantos credos, ni que fuese iaÜe- 
£fiidp el tiempo do Ja instruc(;ion , ni que se acostombra- 
49. á aquellos al regalo, ni que se les ocupase esclusíva- 
mémieen un solo, género de industria, esto es en la ti- 
pográfica, mant^nieido para filio una imprenta á la cual 
^•gobierno ha íjui^ipislcado todos los enseres y útiles nt- 
icarios, y en cuya imprenta no es posible cóncíliaf lo 
que requierei la ooseAanssa do los sordo-mudos apreodi- 
ceSy Oon la utilidad inmediata y material del cstableci- 
(ildeDto;.por manera, que si se pretende aumentar los pro- 
ihictos'de la imprenta^ no [mede esto conseguirle sino 
descuidando, la iCaseAíanza de los alumnos^ y haciendp os 
mal uso de los enseres que el gobierno generosamente ha 
facilitado: bajo el protesto de que se favorece á un esta' 
.blecimiento de beneíicencía , se adquieren obras que de 
.ninguu modo contrUiu ven á mejorar ni á perfeccionar b 
instrucción artística de los infelices sordo-mudos, cuja 
^Aseibiftfa seria mas completa y se veriüc&ria natas ,pipA- 



9 

■ 

tó, ti M énrluett á alganas de las baenas imprentas de 
esta capital» donde podrían aprender el arte con toda 
perfección. Pero ¿por qa£ han de ser todos impresores? 
¿No habría algunos que pudiesen instruirse en otros ra- 
mos de industria 6 en algunas artes? Ks preciso confesar 
de que ni se tiene presente el interés gonóral de la in- 
dustria, ni el que reclama la suerte de estos desgraciados. 
El marqués de Pontojos estudió á fondo este estableci- 
miento, quería corregir los defectos de que adolecen su 
orffanizacion y administración; pero su celo halló obsta* 
culos insuperables en el csptritu de rutina ó en los inte- 
reses personales: contra estos se estrellan en nuestro 
pais los mejores proyectos y los pensamientos masútiles, 
sus esfuerzos solo le ynlieron disgustos y sinsabores. Sin 
embargo , á su actividad, á sus humos deseos y á su ilus- 
tración reconocida , todos hacían justicia , y la Sociedad 
económica le hizo también la que mcrccia nombrándole 

Sor su director , cuyo cargo desempeñó con satisfacción 
e todos sus individuos. 
No habia un proyecto útil ó de beneficencia que no 

fudiese contar con la cooperación de nuestro marqués, 
'ormada en esta corte una sociedad para mejorarla eduj- 
'cacion del pueblo, fue uno de sus fundadores y de los. que 
'con mas afán trabajaron en su establcdmiento ; fue uho 
délos que con mas calor promovieron esta feliz idea; Táh 
uno délos que mas contribuyeron á que las personas mas 
distinguidas de la capital y las de todas clases, favoreqié-- 
sen los objetos de esta sociedad, con suscriciones. En 
prueba de esto bastará decir qii.í según acui^do de dichfi 
sociedad se dio á una de las primeras escuelas quQ sp 
fundaron el hombre de PonUjoí, para perpetuar la' li^e^ 
moría de este insigne patricio, y con ella la gratitud de 
'sui conciudadanos. Lu época Wias notable ertla vida del 
señor de Ponlejos fue aquella, en que sin pretenderlo ni 
solicitarlo, fue llamado á ejercer el cargo Ue corregidor 
de Madrid. Las circunstancias eran entonces difíciles, y 
leguramente en su elección no se tuvo ^rcseul^ ^Vtik 
' i&ea J|ae háe hallar una pert óna que goxa&e Aft Vbl ' «ín¿- 



• 

paacioa piíhUca* ; delprntigio neuutío úmm^ « 
pktiuáKCp j macho mas cuando los ánimoii te díiIiÍo ^- 
.itados, j d deaconteiito y el disgusto domina. Clnyfvda^ 
que no pudo hacerse una elección mas aceriad^i., V^Vl^^ 
esürafio cotonees el marqués á las parcialidades qqe ^iii- 
cipiaban á dividir al gran partido liberal» qÍD¿unoera 
mas digno que el de reunir en si la confianza delgolii^r- 
no y de sos administrados: ninguno tampoco podía pooio 
corregidor de Madrid ,. confiar mas en su popo1ai;¡dad[« 
que el hombre á quien siempre se habia yisto ocupado e^ 
objetos de utilidad pública, y en proteger y fonientar á 
Jas clases industriosas. 

La mendicidad fue uno de los objetos que llamaron 
jcon preferencia la atención del ilustrado corregidor. Des- 
de luego, para cstinguir esta plaga, y este germen fe- 
cando de holgazanería y de vicios f y con el designio de 
recoger á los mendigos para hacer de ellos ciqdailaiios 
.i^tiles y quitar de la vista del público el espectáculo |re^ 
pugnante de la miseria y los andrajos « sé pronuso tom/H' 
^P^r base de su obra alguno de los establecimientos de 
caridad, quq hay en esta corte, y que ampliado t csI^ID- 
diáo conforme á las necesidades presentes J i^v^ td^r 
]lfuitos introducidos en esta clase de establecipiioht(>s» no 
^(Uvieae tos inconvenientes y dispendios de .una nneñ 
/updacfon. No faltan por cierto en Madrid. <|s.fa^lecimi^ 
los Áe beneficencia, debidos al espíritu religioso dc).p^^ 
Vosn^ayores; pero es innegable que losmasiseba1Iai^)Bf|l^fHi 
justado de lamentable penuria, y que su adm¡nUtráGÍO|Piy 
reglamentos se encuentran muy lejos de correspon4ér i 
las necesidades del día. Ya se deja entender que b vo- 
luntad de los fundadores, el espíritu do rutena y los iola^ 
reses privados, opondrían una tenaz resistencia ili^obn 
rque proyectaba el señor de Pontcjos. Bien conoció esiOf 
j desde lucffo, aunque examinó el objeto, estado econó- 
.mico y localidad de cada uno de los establoeiimentosds 
caridad de Madrid, pensó en dar á la casa de bencGc^*" 
^cia, conocida con el nombre de Hospicio de Sanfern^B- 
jfp^ . íoda U estonsiou q¡üLe XQO^Uj&tía. su ob^etoi yl|i qi{ ' '^^ 



11 

'4ú ri htíú wbhhíitíúénlñ MpáclólA, yt introdociettdo en 
M •dminbtracioQ el orden y método conTenientei , y 
^acomodando el iilan del establecimiento y sus roglai á lo 

aie requería el nuevo proyecto. Parece que siendo el 
os|i¡cio fandacion real , y hallándoso por conriguiente 
bajo la dependencia inmoaitita del gobierno, seria á este 
fácil» acceaiendo á las instancias de la primera autoridad 
local do Madrid , introducir en este cstahlccimiento las 
mejoras de que era susceptible, y quo lo h¡cit*sen acomo- 
dado al bcnálico objeto que se hubia propuesto el señor 
de Pontejos. Pero las dilicullailcs que li.illA, Iv hicieron 
abandonar esta idea, aunque por cierto ningún otro esta- 
blecimiento tenia tanta analogía con el que proyectaba 
el corregidor. Kl Hospicio recibo pobres de amí)os se- 
X0S9 destinándolos á diferentes ocupaciones, enseñándo- 
les oficio en las diferentes fábricas que en el mismo lo- 
cal hay do tejidos de lana, lienzos, puntos, bordados» 
hilados y otras: ¿ los muchachos se les da educación y en- 
acña un oficio, y á los ancianos ó imposibilitados se les 
cuida con esmero y caridad. Siendo el objeto de la funda- 
ción, el socorro de la humanidad en las dos taporas de la 
vida en quo es mayor el número de las necesidades, esto 
é%, en la infancia y en la ancianidad, fácil es comprender 
que ni los ancianos ni los muchachos pueden ocuparse en 
trabajos muy prolijos, que necesiten un largo aprendí- 
fajo y quo ^fuesen productivos al establecimiento. Por 
consiguiente, algunas industrias ha sido preciso abando- 
narlas á poco tiempo, después de haber hecho considera- 
bles gastos en montar máquinas , comprar útiles y her- 
ramientas, disponer los talleres y acopiar primeras ma- 
terias: esta suerte han tenido los fábricas de paños, man- 
' tones de señoras llamados de Vicuña, los almlvares y 
otras ; debiendo advertirse quo los mantones eran esce^ 
lentes y muy buscados, y que como género de comodidad 
y do abrigo , la moda de ellos se hubiera perpetuado. 
' Respecto do los almi vares, nunca tuvieron aceptación, 
porqao la limpieza do manos de loa hospicianos no lo% 
' fceottiendaba. Las labofM pues d« este' <^«ln\AiM\n£L«v^^ 
Tova MU. S\ 



4íu sido ««mp^e to8$M 7 ff^miíifVSP^WgkítA 
mismo tiempo para iacilitv el aespfxnq d^ ^fa^ i MpÑ^ 
derlas á bajos precios, con lo que se. ha coDSegviMo j^ n^ 
mismo tiempo perjudicar quiza á otros estab^dj^ei^tf^ 
de particulares, y no obtener de ellas la casa la ntilioiid 

Sue debia. Todo esto , que era una consecuencia forióa* 
e la fundación y del reglamento de ella , servia á sa jun- 
ta directiva y protectora , y á los empleados de la niiiin^ 
como un medio de resistencia para oponerse al proyecto 
del señor de Pontejos , á quien pretendian demostrar IO0 
inconvenientes y diücullades que impedian la realittdon 
de cada una de Ids mejoras que se proponía introducir ea 
el Hospicio. Ai interés personal ,. bastante favorecido con 
exenciones y privilegios, se anadian las circonstanciii 
de no hallarse el Hospicio bajo la inmediata dependen- 
cia del ayuntamiento de Madrid ó su corregidor y de'qne 
las facultades de este destino no eran entonces tan am- 
plias y espedilas como necesitaba la empresa que proyec- 
taba Pon tejos. 

Constante éste en su propósito , y no desalentado por 
loa obstáculos que le ofrecían en sus primeros pasos A 
egoísmo, se propuso fundar un establecimiento con airs' 
glo al plan que había concebido. Ya esto le fué aias ficü 
contando eon la cooperación del avuntamíento de Mi- 
drid, y de las personas mas ilustradasiy respetables dc^lt 
capital. El gobierno no podia dejar de deferir á una p/o* 
puesta tan útil , y que aunque contaba con algunos loesr* 
ros de su parte, fundaba principalmente sus esperum* 
en el producto de las suscriciones voluntarias, en el ^ 
los trabajos c industria de los acogidos, y en las donacio- 
nes que so hiciesen al establecimiento. 

En el aiio 4e 1834 llevó. á. electo el marqués vil^ i 
de Pontejos su proyecto de fundar un Hospicio bien 
lado, quie desde luego tomó el nombre de Á$ilo de 
iieidaí de ian Bernardino, por hallarse establecí^ e» 
•ol convento de este nombre. Desde luego se adnáii9; os 
ésto ostablectoaiento á cuantas personas se pres^iÍM^ 
FoittotariiiMiiidV ]p«c^ «^)a d^OB pennanefiy. Mpif'^ 






giendp pobres, lleyasen siete años de residencia en Ma- 
Aft3 , y los úifios qae tnyiesen seis afios eumplidos de 
edad. Desde luc^ se mandó recoger en esto estableci>- 
Auento á todos los mendigos de cualquiera edad y sexo» 
asi forasteros como naturales 6 vccmos de Madrid, i 
goienes se encontrase pidiendo limosna por las callos 6 
casas. Esto se llevó á efcctu en nmy pocos dias, cosa que 
nunca habia hecho el Hospicio, á pesar de las continuas 
T cuantiosas limosnas que recibía, de la protección qno 
merecia de los reyes y del gobierno , y de las exenciones 
y pi¿\ilegios de que gozaba. 

A la entrada de un mendigo en el establecimiento, 
debe depositar el dinero, alhajas, navajas ú otros ins- 
tmmentos , conservándose el dinero en la caja de ahor- 
ros, como primera partida de la cuenta del fondo de re« 
serva , que á cada uno deberá entregarse á su salida del 
establecimiento. Hay unas brigadas do depósito, donde 
permanecen los forasteros hasta percibir sus pasaportes, 
y los que deben permanecer en el establecimiento hasta 
sa clasificación. Los mendigos forasteros son socorridos 
Un el establecimiento hasta que se les entrega el pasa- 
porte para que pasen á los pueblos de su naturaleza: tan- 
to en este caso , como cuanao se presentan con pasapor-» 
teSt son socorridos con la ración de pan dd día en que 
salen. No podrán salir del eslableciinienlo si no mando 

Erneben tener oGcio ó modo de vivir que les proporcione 
i snbsistcncia sin mendigar, ó cuando sean menores de 
edad, cuyos padres, familias ó tutores tengan con que 
mantenerlos, obligándose bajo su responsabilidad á cui- 
dar de que no vuelvan á mendigar. 

Los individuos acogidos á esle eslableeimiento se ha- 
llan divididos en cuatro sórios, que son: de hombres, mu- 
jeres, niños y niñas. Kslas s6ries s^* siibdividen en bri- 
Sadas, y estas en es(Miadras, compuesta cada una de diei 
quince personas. Cada brigada tiíMio un jefe y los ca- 
bos necesarios: para las escuadras de mujeres hay cola- 
doras. Los jefes de brigadas y cabos son escogidos entre 
"fes de mejor conducta y aplicación, y los primeevo%tsAjnk 



¿M curtoi &rios. Después de ser clasificados, ee decir, 
deatioados k la brigada i{ue les corresponda , se lea eorU 
el peio^ 7 se les ooíiga á lavarse todo el cuerpo , para lo 
cual hav bafios á propósito : son reconocidos por el mé* 
dieo del establecimiento, por si padeciesen alguna enfer*- 
medad contagiosa» en cajo caso serán trasladados al hos- 
pital. El estanlecimiento les da un traje uniforme y una 
libreU en que se anotan las prendas de vestuario que re* 
ciben j la cuenta de cada individuo: todos llevan ostensi- 
blemente el numero de la serie á que pertenecen. 

Hacen tres comidas al dia ; las horas del almuerzo 
j la cena según las estaciones, y la comida á las doce y 
media. Después de comer y cenar dicen una oración degriH 
eijf • Se levantan al amanecer: se les da media hora para 
recoger las camas , lavarse , peinarse , vestirse » y pasar 
lista iior brigadas en sus respectivos aposentos: en segoi' 
da almuerzan , 6 inmediatamente entran en el trabajo, que 
dejan á las doce. A esta hora les pasa lista el inspector, 
y después de comer descansan hasta las tres, que vuelrea 
al traoajo. Desde que cesa este hasta la hora de cenarse 
les ocupa en lecturas , ejercicios piadosos ó lecciones par* 
ticulares. Alas nueve se pasa lista por brigadas en los rei- 

Sectivos aposentos, se hacen las camas y se acuestan. Lof 
ias festivos se reúnen por brigadas para oir misa. Cott' 
cluida esta hay una plática ó sermón doctrinal , ocupándo- 
se. hasta las diez en la enseñanza de la religión cristiaaa. 
En seguida se pasa por el inspector lista general i y se patt 
revista de camas, ropas y demás prendas y efectos: concloh 
da la revista descansan hasta la hora de comer. — ^Por la 
tarde queda abierta la iglesia para los individuos qae de^ 
aeen orar.— -Cuando ci tiempo y las atenciones de la caía 
lo permiten, salen los pobres á dar un paseo reunidos por 
clases , y acompaftados de sus respectivos jefes. Despoai 
del paseo se ocupan en lecturas ó ejercicios piadosos* 

Los nifios se levantan algo mas tarde. Al primer redo- 
lile de tambor, deben levantarse y vestirse con silencio: 
si iepináú y doblar catla uuo %\k ^ua.v. al tercero , fonaar^ 



■e«l|wdte«itM fiará UsreYutasaae debea paiar los je- 
fes de las Mgadaí , iiupeccioiíaDao laa camu ijaa enea 
mal dobladas , las prendu de estas y vestidos rolos j fid«- 
tas de aseo, ele: al coarto, so dice la oración de la maBa* 
na , que recita en alta voz su director ó personas que le 
sustituye , y que los demás deben oir en silencio forma- 
dos en pie , al frente de sus respectivas camas , y con U 
cabeza descubierta; y al quinto, bajan al patio para la- 
varse la cara y las manos y peinarse. Después de almor- 
zar van á la escuela para asistir hasta las nueve á las lec- 
ciones de leer y escribir: á esta hora se toca el tamborpara 
que los jóvenes destinados á los talleres salgan para sua 
respectivos locales. A las doce el tambor los llama á la es- 
cuela, á reunirse con los demás y pasar la lista , que debe 
Iirccedcr á la comida. Después vuelven á la escuela, y á 
os talleres los destinados á ellos, según la estación. Des- 
pués de salir de la escuela descansan hasta la hora de ce- 
naren verano, y en invierno continúan sus lecciones. Des- 
pués de cenar indica un redoble que cada uno ocupe su- 
puesto, formado al pie de la cama: otro que hagan osla: 
el tercero, la oración , que deberá decirse como por la ma- 
ñana: el cuarto, acostarse, y el quinto t silencio, que no 
debe ser interrumpido en toda la noche. 

En el comedor , en la escuela , y generalmente siem-« 

ire que pasan de un local á otro , deben entrar formados 

e dos en dos por brigadas, y en silencio , con sns respee- 

vos jefes i la cabeza. Los dormitorios están alumbrados 

irante toda la noche, y uno de losbrigadas, encargado 

\ la observancia del orden y del silencio , debe mantener- 

en pie hasta una hora después de acostados los deroas. 

Las niñas se levantan á las mismas horas que los nifios, 

)lan inmediatamente después sus camas ; y en seguida 

Wvao, peinany asean bajo la vigilancia de su directora, 

>n asistencia do sus celadoras. Pasan revista lo mismo 

los niños , y oyen de la misma manera la oración que 

la la directora. Concluido el almuerzo, van á dar un 

o por la huerta para evitar las consecuencias de nna 

demasiado sedentaria, esceptoa<|aettuq^«|!^!^it:^ 



... *^ .• 

^^oas por tárno ¿ la limpieza y asco de los dohdtorto 

Í7 otrias lacnaA c<)iis¡^ru¡<*i:i'.\s. De ocho á diez se ocupan c 
as lecciones (le Icrr " : sv::li»¡r, y de diez á docCj en 1 
labores propi^is dr .sh^iL'm». Antís j dr!)pu<*s do comer líe— 
ncQ recreo; y ¡tor In («irdi' se (!ru|»nii en In misma fomna 

Íue por la KiailMiia. D^'^lr (jüi' al/¿ui laslnhorcs, hasla la 
ora de C(*niir, se ihiricnn por la huidla, ó se cntretiencii 
en juc{;os aní'ílo(r(js á sri (mI.mI , ni su dcpartamcnlo. En Lo- 
dos los arlos se las oI)li^a a guardar silencio, y á hablar 
cutre ellas en lodas otrasiones , v\\ voz l)aja. 

Nln(;uii<) esUi dispensado de trabajar, á no ser por en* 
fermedad, óiinjiediment) reconocido por el médico del es- 
tablee! Uiíen lo; e.n eii)oraso pasará á la brigada de in6t¡' 
les, <|ue s(m de.slinados á alguna ocupación análoga ám 
éslado físico. 

Cada cual será d(;slinado al oficio, á que selc conii* 
dere mas á propósito, habiendo al efecto, y con la Un 
de generalizar varios ramos de industria, el mayor núme- 
ro posible, de talleres, debiendo ser preferidos los deifr 

efU- 

. propordoBi' 

do á su aptitud y uplicacion, de cuyo importe no se leí 
éñtrcgcá semanalmcnte masque una suma que no esco- 
da dé dos reales, abonándoles el resto en la libreta ip^ 
caria acogido tendrá , con el objeto do formar á cada W 
uoi foñdó do reserva para cuando salga del estábl^mi^ 
to: los empleados en la candela y las mujeres destiiu^ 
i las costuras y otras labores productivas, devcDganá^ 
su libreta la cuarta parte del producto que •obtengáis. Loi 
destinados á acompañar los funerales, cuando se solicitot 
que serán los mas aseados y de mejor conducta, devengí' 
rán el 10 por 100 de la limosna que por este acto recibí el 
establecimiento^ abonándoseles esta suma en su libreU* 
Cuando un acogido sale á trabajar como pcon por cuento 
dealgunjtarticalar, debe dar este á beneficio ie\éÉM¿A' 
niiéatd'lá cáátidad diaria c((xei !a ^%^!\^^<^X^üii^nfl^ 




17 

^%iiti áeogiiMi 8é «MreéaiVi ti fondo da reierta que á m 
hytsr resulte « i ras ]>trféAle8 hAsta el seftando grado in-r 
closive , siendo tiohres, y en caso contrario quedará- á be- 
neficio del Qstabíecimionio. La»grAlificacionosqiie8ocon-4 
<!ediA á los hortelanos, inoxo de parte, ordenanzas, lavan- 
lleras Y otros , no deben osreder de dos rs. por semana»' 
para mrelar la suiiía f(ue cada pobre tenp:a á su disposi* 
cioh, y evitar el mal nso de mayores cantidades. Los uíAos 
80n destinados á oficios, conformes en lo po*$ililo ú su in- 
Clina(;ion y profesión de sus padres, procurando difun* 
¿irehtre ellos losconocimientos industriales, vclamorá las 
lurtes. Para estimular k los nifios destinados á aprender oii- 
tío, ^le por su aplicación se hagan acreedores á una re* 
compensa , se los abonará la cantidad scu)nnal que se crea 
justa, próvios los informes dehnaestro del taller y del ad- 
ministrador. Cuando los niAos hayan llegado á aprender 
al oficio i que se han dedicado, serán examinados |H>r tres 
niaestros^y hallándolos aptos ]uira ejercerlo como oficia- 
les» se les expedirá un certiñcado que lo acredite, dnhien* 
<l6ébnfinuar Iraluijando en el establecimiento on añd des- 
paeÉ dé haberío obtenido. Conchudo oslo tiempo , sé en- 
ttt^ el establecftniento do buscarles cohM*.aüion en losta- 
HiM de la capital, 6 fuera de ella. Kl importe del fondo 
da reserva qué hubiesen adquirido hasta aquel tiempo, se 
Ahpléaí en utilei de su oficio, ú otros efectos que se 1-es 
^iJIrégan al salir dM establecimiento. Para gi'neralixar mas 
^aprendizaje dé diferentes oficios, se permite á los arte^ 
lános do Madrid que elijan aprendices entre los nifios del es- 
fibleeimiento, con arreglo á condiciones bien entendidas y 
j^romaa detalescasos. También se permite que salgan para 
letvir dentro do Madrid como criadas 6 niñeras á los in- 
dividuos de ambos st^xos, á elección de las pers(mas que 
lo'^liciten, siendo personas de arraigo , y que responuan 
del individuo que se llcveií i su casa , del traje y de la ter- 
cera ¡parte del salario, qne será para el establecimiento, 
cuidando de que las dos terceras partes restantes seenmieen 
en la reposición de los trajes, y en objetos do utilidad 
dd acogido: por reg'Ta general no so pernúVQ ^^^Vift^jbr 



18 

Bcs ie empleea tnú fervick» de koaihreft wIm, i m mt 
i|oo por su boen comporUmicBlo y coadncU arcMhda» 
sean dignas de esta concesión. El admfaiistnidor y iino* 
íoT de nifios deben visitar mensulmenle á los jÓTenoi ont 
batan salido del esUblecimientooomo oficiaks. pan celar 
soDresu condacta y aplicación» y, sí necesario loeae» do» 
terminar su vnelU al eslablecimiento. Los mismos caUU- 
rán igualmente de los jóvenes que estón aprendiendo ofi- 
cio fuera del establecimiento , y de los bombres , mojevas» 
niños V niñas empleados en la capital, para consenrar so- 
bre ellos una inspección continua y juagar de sa condacta. 

El capitulo 5.* del reglamento trata dd servicio intor: 
rior y esterior, que se arreglará por el inspector con fUS 
ayudantes. 

Para el aseo y salubridad, tanto de todas las estancwf 
y oficinas del edificio, cuanto de las personas, ae eatablisr 
ren en el capitulo %.° reglas muy oien entendidas, cvjl 
observancia se vigila escrupulosamente por los jeíés 4s 
brigada, cabos 6 inspector. 

La instrucción de los niños tiene por prineipiil oÚftr 
to el desarrollo de sos CM^ultades (¡sicas é intoiaQ|«a|(N^ 
inculcándoles al mismo tiempo , por medio de lecten 
escogidas, reglas de buena conducta y amor al tn^Sj/h 
En las horas de recreo se les proporcionan juegos (ñfl^ 
násttcos para ejercitar sus fuerzas. Los pifies ealanpflr 
didos en dos clases, á saber : superior 6 inferior. lA.ffir 
mera se compone de todos aquellos ^ue.á su entrad^/* 
el establecimiento saben leer y escribir: la segupdil.rljb 
todos los que no se hallan en este caso. La enaoAáni(a ^ 
se dá á esta última clase comprende la lectura, escnlpni 
primeras reglas de aritmética y doctrina cristiana .JJili 
clase superior se perfecciona lo que los alumnos If^ 
aprendido en la inferior, y se les enseñan unos íigVW 
rudimentos de la aramática castellana , los elementos di 
geometría , y el dibujo lineal aplicado á las arles y éír 
cios. Las lecciones de b clase inferior son dtaríaSi y Jf* 
do la superior tres veces á lo menos en la senoQS. tf 
caéit d^Bf H escolien \iara anudantes |M|uellos ,^ lÍP 



i9 

dittia|iieDpor m apUeacion y progresos. El paso de la 
claae inferior i la superior, y la elección de ayudantes^ 
80n el premio de la aplicación y buena conducta. I^ obe- 
diencia es la primera obligación que se impone á los ni- 
fios. De los progresos que hagan dará el director cuenta 
todos los mcseSi haciendo especial mención de aquellos á 
quienes deba ampliárseles la instrucción por observarse 
en olios disposiciones particulares. Vara Tomentarla emu- 
lación entre los alumnos, hay exámenes cada seis meses, 
y i los mas sobresalientes se distribuyen premios, que 
consisten en medallas ú otros objetos. A estos exámenes 
asisten todos los acogidos al establecimiento. Las mismas 
reglas se aplican á la educación é instrucción de las ni- 
ñas, con las modificaciones que exige su sexo. Cuantos 
adultos do ambos sc\os soliciten asistir á cualquiera de 
bs clases que haya en el establecimiento, serán admi- 
tidos. 

Las penas y recompensas que establece el capitulo 8.° 
previenen cuantas faltas y delitos pueden cometerse por 
loi acogidos en contravención á lo que previene el re- 
glamento. Las primeras se varían en muchos grados, en 
^proporción á tas faltas que pueden cometerse: todas en 
l^ncral son suaves y templadas, y están marcadas con un 
adió de humanidad: no se quiere afligir sino corregir; 
mnguna es aflictiva, y en su mayor parto consisten en 
privación de recreo y salida, en encierro de varias . cla- 

S¡ «n recargo de servicio, en privación de sueldo t ó qn 
"dida de destino retribuido : como la escala do las fsi- 
li. tiene que ser muy prolongada forzosamente en. un 
ilablecimicnto de esta clase, por lo mismo las penas dp- 
U^ Tañarse en igual proporción. Las recompensas ooñsis- 
9 principalmente en mención honorífica delante de to- 
^^Jas brisadas, en permiso para salir del establecimicfi- 
I en destinos menos penosos, cu ascensos y en gratifi- 
uóncs pecunia rias. 

^ara la buena administración del establecimiento, 
a 8U cuenta y razón, para el cuidado de los ñiflas y 
^ tiiAas, y iv Is» rona> y enseres ^t \a ^Bi^,^ Vw..^^ 



lláii, nn medico y un {iractlcahtc > Étíñ loa prétíÜM imi'- 
rieados sabaltcrnos , cujas rcipcctÍTas atribaeloaéá ke 
aetallan en el rcglamcntu. estando toda^ en la tfaáa pnú. 
fecta consonancia. 

Los domingos se p(^r^]ife á las faáillías de los aéogi- 
lios que loK vCBíi en el paraje destinado á este objetó', j 
á presencia del portero (i de otra persona, con ODJftfo'Je 
impedir desórdenes, 7 de <|iie reciban efectos 6 Tfreret 
perjudícialcí á su Satud, A que contravengan á lo qaedi»- 
pono el reglamento. El admihlsiradof puede bajo sa ret' 
pontabilldad, modificar estas medidas en favor de los que 
por BU condacta mcrcüran una esecncion. Una rét ti 
inéi pueden salir )os acogidos á ver a sos familias, de- 
Ménao estar en el establecimiento antes de anpchecer;T 
sentando el portero la hora ¿que cada uno' sé preSeñU- 
Mo puede ninguno ¡lernoctar fuera del eslablecimieilll) 
sin permiso déla autoridad protectora. 
' ' El nniformb de lós hombres ctftisístc en cháqnétt j 
riánUfon de baño nardd cóú botóbit/s btancoi.tida elbóp- 
'fee dtjléstábledtíiiéntd, 6 narifalondé fleiiitf en V¿mé, 
'ibñwlr¿ro ion étiiobibre del ¿stablccimieutb V ii6tUVo 
Jb'la íirie; hliikf j cintiirnn. Las mtiiétes USari tÑl,ji|- 
ftób j sajra de tnt&itnetia, ton escudo al brazci Utráftnó, 
qoí ét)nljene'eI'¿áómbredoleilábI¿cimi6ótóy (t'atttt- 
tÓ'dé U sirié, tnijia'flaefo al cnello, otro en la cabezi ; 
üá délaiit^I, ta irOpa tntiírlor dé todos es decente ; \i M- 
ttAlit. Lod níllbí llenen la tíiismá ropa que lo^ tioi^brts 
' IfiébbB él iatñhíéttí ; j las nifíai ígúules [irendaS ^Ue Ui 
fdiljerés. Lá^cáíAís son cúmodas.^csla'u decentesjtKl- 
dál, babféhdo en ¿AdÜ btígáda UD espfjo; para cada coi- 1 
ti'Ó'ipérdobai'ún' j)lÜÍb de manos, j ¡jara cada índÍTldDu 

S peine j on cepillo. El almuerzo consiste en un coir- 
ón dé pan éK una s<Sna bíervondimcnlada; en la comi- 
da se loa ai un potaje de nienettraü y pétalas, condiin^Á' ¡ 
' ^dó ton cabciíaB de carnero ó grasa de animales; i uoi 
lito d^^a: en la cena Sé les dá también líri pot«> '« I 
IpmMntf J pátaU, conJ&OAttaAá ^qu aceite; y aimK- I 



91 

(eron de pan. Se yarta do potajes; y en ciertas fcsÜTidá- 
dos notables so dan comidas ostraordinarias. 

A muy poco de hal)erso fundado este establecimiento 
8C conocieron los relices resultados que producía: desde 
luejjo desapareció líi mendigue/. Así lo reconoció el ve- 
cinoario de !\Indr¡d, que cooperó á esta gran obra \\ot 
medio de una susc.ricion , que escedia á las esperanzas 
del ilustre fundador. 

El fisUo de mendicidad de san Urrnardino^ ha sido y 
es uno de U.s establecimientos notables de la capital , que 
los forasteros y estranjeros han visitado con curiosidad, 
y han celebrado con entusiasmo. VA señor Mesonero Ro- 
mano, persona tan entendida en esta y otras muchas ma- 
terias, se esplicaba acerca de este establecimiento, á los 
pocos meses de su fundación, en los términos siguientéí: 
«Por fortuna llegó el momento en que no satisfecha la 
autoridad con reconocer estas verdades , y á pesar de ios 
graves obstáculos que se oponiau á su remedio , dio t\ 
primer paso haciendo recoger en el convento de sañBer- 
nardino á todos los pordioseros, proporcionándoles én 
dicho asilo ocupación y subsistencia , y prohibiendo é&- 

Í tesamente la vagancia por las calles. Mfíiy pocos meses 
leva de existencia este benélico instituto, y ya el pueblo 
de Madrid reconoce unánimemente sus escelentes restrl- 
tados. El paso mas importante está dado va ; ios inconve- 
nientes que la ignorancia 6 la mala fe quieren oponer se- 
rán vencidos ; los sacrificios de la candad bien dirigida 
bastarán muy luego á la completa perfección dé aquella 
obra, y el celo del seilor corregidor actual tan demostra- 
do en esta ocasión , sabrá dar al benéfico entusiasmo del 
pueblo la dirección conveniente.» 

A pesar de las calamidades y penuria de ios tiempos, 
-j de la movilidad del vecindario en una corte, la suscrip- 
ción se ha mantenido por' Wcho tiempo, y sesan noticias 
aun continúa en un estado regular. En díciemnrede 1841 
lo visitó el seftor ministro de la Grobernacion, acompa- 
ftádOi entre otras personas, del sefior don P&lilo Msy&V^v- 
tKi» Un iniéMgMte ea ' toaos los tamos d« luiltxjmjQfa ^ 



i 



beneficencia p^Iica. Este seffor cfktadió j publicó á niiij 
pocos días el resuUado de aquella tísíU, j del asilo w 
san Bernardino dice: «Creación de nnestros dias , debida 
origiDalmentc al celo de la Suprema junla de Caridadane 
entonces cxislia, y á la actividad y los esfuerzos dcnn Le- 
néfico patriota, cuya pérdida lamentamos, está ahora tamr 
bícn csclusivamcnte al cuidado del ayuntamiento por me- 
dio de su comisión de BencGccncia, y sostenida por los fon- 
dos destinados á esta , co;i el auxilio de las suscriciones 
voluntarias, que ascienden aproximadamente á 13,000 
reales mensuales; nadie ignora el objeto de esta instila- 
ción , y que es uno de los mas importantes progresos so- 
ciales de nuestra época. Sobre una base cstrecba y mez- 
quina , aunque en terreno espacioso , se lia tratado de 
proporcionar habitación, oGcinas, etc., necesarias para 
un establecimiento de esta clase. Ha sido preciso edificar 
aumentar considerablemente el edificio; y sin embargo . 
a estrechez de las habitaciones, talleres y otras oficinas, 
está á la vista con todos sus inconvenientes. Por otra 
parte, lo que se ha construido, nuevamente tiene por lo 
menos la apariencia de provisional. Para recorrer y cxa- 
minar detenidamente todo lo que se contiene en aqoel 
vasto establecimiento, fue preciso al sefior ministro em- 
plear no poco tiempo. 

;»Lp examinó en efecto, comenzando por lo relativo 
á administración, cuenta y razón, y servicio personal; 
no tuvo que desaprobar cosa alguna inpiportante. Hay 
solo cinco empleados con sueldo fijo , y entre estos 10 
cuentan q1 maestro de los niños y el director de talleres. 
También' esta circunstancia es un adelantamiento mo- 
derno, fecundo en resultados útiles. Yió S. E. comer 
primero á los nifios, y después á los jóvenes adaltosy 
ancianos de unoV otro sexo, con la separación conve^ 
niente.la calidaa y cantidad dealimentos, reducidos esto^ 
ásopa y menestra de garbanzos y patatas, otra menestra 3^ 
pan porla noche, y sopa por la mañana, pareció suficiente? 
y ¿juzgar por los rostros, señal inequívoca de la naturales' 
/¿r ^ al)iui(l9i)C|ia de aL(\ue\\Q^.^t;g>x<cA^ ^^urar9o qué no 1^ 



ú 

l^ákimipl; t fáé igiitl ¿Attétfo At ntfiM dé ló k|t«rilw |^ 
nái «éombdido de la t^oblációfl no préMtitariA uii aspeen 
tó dé sanidad tan general como presentan los qne etis«i 
icñ en san Bernardino. No dejan de notarse defectos é 
incoDYcnientcs qac toda la energía y esfuerzos de los in**- 
divídaos de ajrunlamiento , y el celo de los empleados no 
pueden remediar enteramente, aunque cu gran parte ios 
hayan disminuido. 

n Faltan ropas, y especialmente faltan ropas y camas 
para los individuos recien entrados, ó que existen provi- 
sionalmente en los depósitos. Sobro todo debe resultar 
perjuicio para la moral particular do los individuos re* 
cogidos allí, y para la pública» por la difícil, sino imposi- 
ble» separación completa de sexos , atendida entre otras 
cosas la necesidad de salir unos y otros para diferentes 
servicios, la sUuacion local del establecimiento y la espe* 
cié de gentes reunida alli. Sabemos que se ha corregido 
este vicio considerablemente ; pero dudamos que se haya 
estirpado, y que pueda evitarse del todo. Sin embargo^ 
en el estado en que se halla aquel establecimiento, pue- 
de decirse que llena sustancialmcnte el objeto á que esti 
destinado, merced á la asidua vigilancia y á los servi- 
cios de la corporación 6 individuos que lo tienen á su cui- 
dado. 

)>EI régimen administrativo y gubernativo, al cargo 
del teniente coronel don Ángel de Montoya, se acerca ea 
cnanto puede ser al arreglo militar, distribución en bri- 
gadas, estados do fuerza, ctc.^ctc. ; todo conforme al 
arreglo dicho, sin que en ello veamos perjuicio alga- 
<^o. La fuerza total, ó sea el número de pobres exis- 
tentes actualmente en aquel Hospicio, asciende á 1123.» 
£1 crédito y fama que á poco de establecido llegó á 
^ener el asilo de san Bernardino^ se estendió muv enbr^- 
á todas las provincias del reino, donde los gobernad<K- 
civiles y las corporaciones populares quisieron tener 
Copias de sus estatutos ó reglamento para que les sirviese 
^« modelo. A este fin lo imprimió el señor de Pontejos, 
^iinque siempre con el carácter de proNimoiiaV^Y^i»^'^ 



u 

yfoyaelob perbedon de ^m era c«p«x. 1h$ffuuiusfm^ 

te, euB qoe impreso el expresado regUmento , es muidbn 
reriiiaie y aue no se halla , paes parece qoe se ignora el 
paraje donde se halla depositada la edición. 

Kn diferentes ocasiones se ha proyectado , entreoirás 
BMJoras que pudiera recibir el a$ilo de tan Bernariimo^ 
agregarle una enfermería ó asilo para ándanos valeUidi* 
narios 6impedidí)s, yprincípalmente sn trasladen en par- 
te 6 en el todo al hospicto general , donde también se agre- 
gasen otros establecimientos análogos. Este pensamienlo 
nos parece escelcnte y feliz, porque ademas de las raso- 
oes de conveniencia y de economía que asi lo aconsqaní 
se CiciUtaria en este vasto establecimiento la introdnceiei 
de aquellas mejoras que boy son conocidas en los estaÚa- 
cimientos estranjeros de igual género. Pero como antei 
hemos indicado el interés personal y d egoísmo^ tan ha^ 
hiles en los medios do asegurar su provecho , no dejarís 
de oponer obstácoios capaces de entibiar la solidtod del 
goluerno, y el celo do la corporación municipal. De todof 
modos la gloria de haber sido el primero que planteó y fiuH 
dó en Madrid un establecimiento de beneficencia, en qnsif 
recogieron todos los mendigos^ con provecho de estos yda 
la moral núblíra , nadie podrá disputársela al ilustre nstf^ 

3ues Viudo do Poiitojos, cuyo nombre se conservará nni- 
o á las niojoras mas importantes quo en diferentes n* 
moa del servicio público llevó á efecto en el corto espa- 
cio de su correKÍnruinto: oíros muchos proyectos prepa- 
raba; [>oro le faltó el tieiii|io, corno por desgracia sucede 
frecuentemente entre nosotros á los hombres de masiloi* 
tracion y mas celo. 

Una do las circunstancias que mas acreditan la acU** 
vidad y ürnie decisión que dislinguicín ni señor de Pon*- 
tajos, es la sin^^ular y rara en Kspana do que teniéndole 
fecha do 3 de agosto de IH'M la Iteul orden de la croacioa 
del asilo de san Ueriiardino, ú poco mas de un mes eaír 
pesó á recibirsu cuuipliniienlo ; y el M de setiembrecs- 
Iraroa lo$ mendigos cu el nuevo establecimiento. 



en naestro país , despaes que m^ nan ITeTado á cfbo gravh 
461 empresas, quo el pcnsamiooto de fi^edar ua nueTO 
iiospicio para recoger a lodos loa mondisos era anti|^o, 
que lo ideó ú proyectó tal ó cual corregidor , que coope-; 
t6 esta junta ó aquella corporación; pero es indudable 
que sin la energia del señor marques , no se hubieran alla- 
nado los muchos obstáculos que se oponían á esta fun* 
dación, y que sin su celo, solicitud y esfuerzos, no «4 
habría llevado á cabo. La justicia y la gratitud han colcH 
cado su busto bajo un templete que se halla en la huerta 
de donde le arrancaron nuestras miserias políticas. — ^En 
las oficinas del establecimiento se conserva un Álbum, quf 
se presenta á los visitantes para quo escriban alli algu^ 
pensamieu^p ú observación como memoria suya. 

Otro de los proyectos que promovió y realizó fue el 
de la Caja de Ahorros. Ya tiacia tiempo que las personas 
ilustradas y benóficas echaban de menos en nuestro paif 
esta clase de establecimientos quo tanto influjo tienen en 
el espíritu de economía y de moralidad, y c|ue tan grandes 
yentajas producen, la miseria general hacia cada vez mas 
necesarios estos establecimientos. Varios escritores ha- 
bían Uesado á formar sobre este punto una opinión gene- 
ral, esplicandola organizazion y resultados. El gobier- 
no habia mandado su establecimiento. LasSocieda^s Eco- 
nómicas de Madrid y de Cádiz habian anunciado prembs 
al autor de la mejor Memoria sobre este inioortante asun- 
to, que en ambas Sociedades obtuvo don Francisco Que-^ 
vedo y san Cristóbal. En Jerez de la Frontera, el instrui- 
do y laborioso marques de Vil lacréeos trató de realizar 
este pensamiento , y aun parece que lo llevó ¿efecto. Poro 
siempre y en todas partes se hania tropezado con el in^ 
conveniente de no hallar empleo bastante productivo para 
los capitales recibidos en la Caja, por consiguiente con 
la imposibilidad de poder asegurar ú los deponentes el 
pago de sus réditos. Para allanar esta dificultad capital, 
se concibió la idea, única posible en nuestro actual estado, 
de combinar las operaciones de la Caja con Us dftV iíwM 



t • ■ • ■ 1 . 

lia Piiáái. MMéetúÁéhíú MAAtr6b|e6 qoc «Unlt dito ¿é 
un Bijglo de existencia , y de nn crédito nadca deiineiityo. 
Al efecto, se dispuso que tas peqüeflas samas recibidas 
en la Caja pasasen al Monte , ganando nn interés de 5 

tor 100 , para qao las colocase en préstamos particulares 
ajo la garantía de las alhajas de major valor que conserra 
en depósito. De esta manera, se asegura la Caja de Akof' 
roi el empleo hasta la mas minima suma, se asegura tam- 
bién su posesión sin existir en Caja, y se asegura bajo la 
Sarantia del crédito del Monte de Piedad, y do las alhajas 
epositadasen él. Como era preciso, al mismo tiempo ó 
antes, fue autorizada de real orden la junta administra- 
tiva del Monte , y á solicitud suya para p«>der exigir, en 
los préstamos q 'JO verificase, el interésanual de 5 por 100, 
como igualmente para recibir con este objeto dinero i 
préstamos bajo su propia responsabilidad, y sin que el in- 
terés que abonase fuese mayor del que exigiese por lof 
empeAos. 

El seíTor marqués Viudo de Pontejos, en los pocoi 
dias que dosempefíñ el cargo do jefe político de esta pro- 
vincia, reali/6 este benéfico pensamiento, debiéndoseáni 
celo, á su ilustración y á su amor al bien público, que el 
gobierno fijase la atención en un asunto tan digno. Li 
reina (jrobernadora tuvo á bien nombrarle para primer 
director de In Caja de Ahorros , pero habiendo cesado es 
el desempeño de la jefatura política , ces6 también en ef* 
te encargo: muchas de las personas que rcconncisn lu 
recomendables Circunstancias del marqués, juzgaban íd- 
dispcnsable su presencia en la Junta de la Caja^ y mani- 
festaron deseos de (|uc se remediase este inconveniente: 
el gobierno lo reconocía así , y en adelante fue nombrado 
con satisfacción del público. La Cuja de Ahorroeeñ uno i^ 
los mayores servicios que le debe el vecindario de Ms" 
dr id . 

No podemos dejar sin embargo de hacer mención le 
otros varios que prestó, durante su corregimiento, ji^ 
las principales mejoras que introdujo. Una de eljas loe 
1m naem numeración de U« ^%t^s >[ la variación en lo* 



Áombres ae álgwas calles. Bespiecto délo primero se ob-. 
sérTába que estando aquella hecha por manzanas , resaU 
Jtabji que no pocas \eces habia en una misma calle tres j 
cuatro números ¡guales, produciendo esto » especiaim^n* 
te á Iqs forasteros , la confusión que es consiffuient^.; y 
ademas siendo tan pec|ueños y tan poco claros Tos náioi^ 
ros» que se hallaban pintados en azúlelos, en muchas ca- 
sas borrados por la pintura de las fachadas, ó con gran 
deterioro por el transcurso del tiempo: se aumfi^tabí^ 
también la repetición de un mismo numero, cuando de 
una casA se hacían dos ó tres, asi como en el caso conirii- 
rio, resultaban vacíos en la numeración. Era esta eq fittr. 
tremo viciosísima, y realmente no se observaba en elU el 
menor sistema , ni llenaba en manera algupa su objeto^ 
Para remediar esto se pronuso nuestro marqués establece^ 
una nueva numeración, onteniendo para ello la auU)í;if%ii 
ciób del gobierno. Las bases en que ^ste proyectó se¡ 
fundaba consistían principalmente en hacer la numjBrA- 
cion por calles, suponiendo . la entrada en' estas como 4 
se partiese desde la puerta del Sol, y cqlocandó los part^ 
k la derecha y los impares á la izquierda ; en comor^nder 
los templos y toda clase de ediGcios públicos, dando á^^ 
tos,' Id misqo que ¿las casas particulares, cuando dahaqi 
i -diferentes calles ó estaban en esquinas , las diferenti^ 
numeraciones correspondientes á las calles á que caian 
sus puertas ó algunos de sus costados; y en colocar unas 
lápidas proporcionadas, que contuviesen los números 
bastante ostensibles , tanto por su lamafio, cuanto por su 
formación y color : para esto se hicieron los números de 
plomo, incrustado en la piedra de las lápidas; cuyo mé- 
todo reunía todas las ventajas posibles, y en particular la 
de resistir á la intemperie. Tanto el señor de PonteioSi 
como una comisión de personas inteligentes que nonmró 
para dirigir inmediatamente esta operación delicada y 
Oírblija tuvieron presente todos los casos que en su ejecu- 
ción pudieran ocurrir ; y sobre todo pusieron el mayor 
cuidado en conservar la numeración &nti%u«i Wv»l ^^ 
esVutíésé coJocaáa tódñ la nueva , j basU «vae %^ V\\A^ia 
Tomo vm^ \0 



formado en el a;|[aptamiento 
que jñidléí'éW oturfir "--^^^ 

anotase la Corresponde ^^^,^.^ ^^^^.^^.^^ ^^..^^j 

la ntieva. No' necesitamos encarecerla importamiilKfe 
este última trabajo , que hoy existe ctí poder dé:jdbd An- 
tonio' Natarrete, que lo formó con toda la intengenciá ; 
eSrtícfrÜ de una' persona de tantos conocimientos» eií tna- 
telrlas' i^elatrvasr al gobierno económico de lospueblof. 
" -En'CuaY^to á los nombres de las calles^ era repi- 
nante tos de muchas, entre los cuáles los habla esttáTi- 
(jantes y ridiculos. En esta parte procedió nuestro ¿ur- 
ques con notable prudencia , respetándolos hábitos iate- 
terados/y alterando únicamente los nombres masédlrii- 
éóSy groseros para reemplazarlos cqn otros que recor- 
dh'bán, ya acontecimientos importantesy faüstds de nÁes- 
tira é)[)oca , yá los nombres dé nuestros grandes gúefié^ 
r¿!^ y escritores. Las lápidas dé Us calles se consiroyetbii 
grandes, 'y los nombres de ellas cotí caracteres claros J 
perceptibles: para mayor compdidsíd se repitieron ademas 
^el principio y'Bn de la callé', y en cada esquina de em- 
bocadura. Cuando se llevó á efecto esta reforma, setííW- 
pl)sz6 el nombre agreste de Correto^,' con que se di^tta- 
guia una de las calles mas frecuentadas dé la capitiili 
toh el de Pontc/oí, para perpetuar dé esta manctf.d 
Éoükb^é y la memoria del ccloso'éór'rcgidor qtié la hibii 
pfoifriovido y llevado á cabo. ' 

El alumbrado antiguo de Madrid era tan malo» ¿pé-* 
sar del número de 4770 farofés, que casi nodia décinen 
^uc la capital estaba sin alumbrar. Consistía esto príúH- 
palincnte en la mala construcción de los faroles, eü la 
mala distribución de estos, y en la escasa luz que pres* 
taban, habiendo adornas en este servicio mucha fanáde 
celo y no pocos abusos. Para remediar esto, se quiso en- 
sayar con un motivó solemne, el alumbrado Je gas, que 
cualquiera que fuese el resultado dé la prueba reSpecM 
del coste y demás, en cuanto al alumbrado nada dejó qfl6 
desear: la direrencia que presentaba respecto délantigóó 
era Jnmensa : en cualauiera de las calles alumbradái — 



fi9 

jjUtii vMftdo M podía MI cuidfvifr pariye l^r d» noche 
pak ctrU. Animado con esta prueba al aynntanúanto dp 
Ibdrid, pensó en estender este método á toda la poblaciofi 
j aun parece que para ello se decidió á proponer una 
«inpresa, y á celebrar al efecto una contrata. Ks induda- 
ble que esta no ha tenido efecto» y segün hemos oido i 
pesonas instruidas en estoa negocios , consiste principal- 
Ifiante en que el coste del gas eaccde considcrablemeiile 
4^1 que produce el alumbrado de aceite. Estando distapi- 
Um nuestras miuas de carbón de tierra f y siendo muycoa*- 
to#a su conducción^ no habia otro medio de obtener ^1 

£s que esiraerlo del aceite : pero con la misma oanti- 
d de este se podía pronorcionar mejor alumbradp, 
4)iorrándose los considerables gastos de gasómetros, con- 
¿p^tos , faroles , empleados y elaboración. Aunque en 
Itondrés y en muchas poblaciones da Inglaterra se balU 
(latablecido, esto so debe i la abundancia de carbón die 
tierra^ que tanto impulso ha dado en aquel paia i ioim 
Ipa ramos de industria. Mas en Paría ha sido escesiyo $u 
Mlio» y por eso se ha limitado á algunos tránsitos y pa- 
^ea concurridos. Por esta misma razón se abandonó «in 
Ifadrid como irrt alizablc el alumlM*ad([^ de gas , siendo 
n^eeaario mejorar el que habia, por otros medios. Segpn 
UM^ memoria que publicó el ayuntaraiisoto d^ Madrid» 
cedió el alumbrado de gas á una uniprosa , que no pudo 
foalizar este proyecto por los inconvenientes y gastos 
H^B ofrecMi , aiepdo necesario por consiguiente que la 
tnrporacion municipal peaBase en otro <cmepos onstoao, 
sí lio mas lucido.» Fue este pensamiento reali^cable y no^ 
ailiyOft otra de Us mejoras que debió Madrid á la ilna- 
tracioQ y actividad del seilorde Ponl^jos» oue lo ejecutó 
dúraato su corrcgimieulo, y que supo oonciliar la emcou^ 
9Ía oon todas las ventajas que permite el alumbr|idi9i de 
Meiba. Se mejoró la construcción de los farolost haciéat- 
iolos de reverbero; se dio i aquellos una mejor diatrib^H 
aJon,y ^ procuró que la lúa fuese uuisclara,yque4&l sec- 
TieioaelÚGiese cm mas puntualidad* Desde entoacnaiaun- 
i|jt0 ol Alumbrado de Madrid AO se kaUe eu %i^MX.q;|NAf^ 



50 

de perfección deotras.capitales tampoco podrit nadie (¡ae- 
jarse con fundamento, porqne al menos satisface á lo qae 
requiere la comodidad del vecindario. 

No trabajó poco el señor de Pontejos en la mejora 
del empedrado que se hallaba en un estado deplorable de 
abandono, y en proporción con el que presentaba el 
alumbrado público. No tenia la solidez necesaria para re- 
sistir el tránsito de carruajes, y al mismo tiempo tenia 
el inconveniente de cortar el calzado con los filos do las 
piedras, que se arrancan ó cortan de las canteras. Ade- 
mas de esto , era necesario estarlo reponiendo continaa'- 
mente, porque no se preparaba debidamente el terreno 
al asentar las piedras, ni se unían estas entre si lo bastan- 
te; y este trabajo continuo no podia menos de ser costo- 
so, ofreciendo por otra parte el declive que se daba á las 
aguas háci.i el medio de la calle, que en las corrientes se 
formasen lodazales, sobre todo en aquellos parajes, como 
sucedía en la puerta del Sol y en otros, en que por ha- 
llarse el piso mas lyajo desaguaban las calles adyacentes 
en tiempo de lluvias. Varios proyectos meditaba sobre 
este ramo el señor de Pontejos, según lo que habia'ob- 
servado en las mas opulentas capitales de Europa; y pría- 
cipió por ens.iyar en la calle de Carretas un nuevo méto- 
do de empedrado, que anadia la circunstancia de pre- 
sentar una forma convexa con vertientes á los dos lados. 
La mejora del empedrado se estendió sucesivamente á 
toda la capital, conciliando en lo posible la solidez con la 
suavidad. A esta obra se añadió la de las aceras anchiif 
un poco elevadas sobre el empedrado, con algún declive 
para que las aguas no se estanquen en elLis y corran i las 
Yertientes do la calle, y con la solidez suficieatc para qoe 
no exijan frecuentes reparaciones: estas dos reformas se 
realizaron en breve, y la de las aceras nada por cierto de- 
ja que desear. También durante el corregimiento del es- 
Iiresado marqués se ensayó el medio de que las aguas de 
os tejados no se yertíesen por medio de canalones que 
arrojaban las aguas sobre las aceras, sino por conductos 
cahteñoi éo la nusma (ábnedi'. te coU)c6 tma loe delaale 



51 

del reloj de la puerta del SoU para qae los transeúntes 
viesen de noche la hora ; v en un punto de los mas cén- 
tricos de la capilaU entre la calle Mayor y la del Arenal, 
hizo construir una pequeña y elegante habitación, con 
dos pasadizos á los lados para comodidatl de! publico, de- 
cencia y asco do los portales. La mayor pruena que pue- 
de darse de la utilidad y ventajas de cuantas obras eje- 
cutó consiste en que todas ellas se conservan, á pesar de 
las di6cultades y vicisitudes de la época. 

Hace mucho tiempo que se ha pensado en remediav 
la escasez aguas de de Madrid , como cosa «que reclamaa 
nuestros contornos áridos y descarnados, nuestro clima 
destemplado por la rigidez de los vientos, y por el ardor * 
no mitigado del sol, nuestra industria alejada de la capi- 
tal, principalmente por esta causa, nuestras costumbres 
no modiiicadas con los placeres del campo, nuestra salud 
amenazada por la falta de limpieza, nuestro alimento en 
fin, dificultado cada dia mas por aquella escasez (1).» Som- 
bre esta materia se ha meditado mucho, se ha proyectado 
mas, se han pedido informes á sociedades y corporacio- 
nes científicas, y a personas inteligentes en la materia» 
De vez en cuando, y especialmente en los veranos, que 
suelen ser mas escasos de aguas, se renueva, á lo menos 
en la imaginación de algunas personas, este proyecto^ 
que necesita como todos para su ejecución, de recur« 
sos y de una voluntad firme y decidida. El señor don Fer- 
nando VII, por su decrete de 8 de marzo de 1829, auto- 
rizó al ayuntamiento para realizar el que fuese mas ven- 
tajoso para la conducción de aguas á Afadrid. Posterior-* 
mente la reina Gobernadora espidió un decreto con el 
mismo fin. Por aquel tiempo se hallaba al frente del 
ayuntamiento de Madrid, como corregidor de esta villa» 
el señor de Pontejos que, según decia di^ha corporación 
en una Memoria posteriormente publicada y que ya he» 
mos citado^ ocupaba especialmente su atención en el ao- 



^W^— ll.l !■ lili I II I I — — 1*1^ 



(I). Metoneiü RoiiuuKM!, Ksoaal de Madrid. 



meóte dé aguas; «meditamde la anbid^ de 1^ ^lie Éttél 
en la foenté de san Antonio de la Florida, cbñoáU Wk 
el nombre de los Once caftos.» Se adelantó úb po€6 flifli 
Ia realización de este proyecto, pues penetrados^ taüté iJ| 
aytintamiento, cuanto su celoso corregidor, de la toMefr* 
te necesidad de aumentar las aguas de Madrid, püim^ 
ron el programa de condiciones para los contratistas Otf 
aspirasen a tomar de su cuenta dicha obra, Bjando ^1 w- 
mino de seis meses para la admisión de pft>posielQ|^* 
El objeto del programa se redncia por entonces i pnn 
pdfciónar aguas potables en cantidad po^ lo meñoi k 
MO rs., que el ayuntamiento «e obligaba i conmratl 
empresario, dejando á éste la libre facultad de rradéf I 
los particulares el esceso de aguas que pudiese prMlo^ 
donarse. Aunque el coste de esta obra sea grande, mi 
deben considerarse los beneficios inmensos que prodod* 
rfa, teniendo al mismo tiempo presente que para taioMllí' 
tar escasamente 6 consenrar al menos ef miserable ni* 
dál de sus aguas , se re precisado Madrid á empleaf coü- 
taniemente grandes sumas, que multiplicadas étiáé ^ 
se empezó i pensar en proyectos, hubieransido nvátm^ 
(es para realizar los mas gigantescos.» 

CoiAó la actiridad de nuestro corregidor nada dM^ 
duba, Como suimaginacion se hallaba esclusiTamentesclH 
pada por todo género de proyectos útiles y benéCM} 
como era esta tan fértil en recursos y medios de ejaflf^ 
cion, meditaba y preparaba otros muchos proyectos: itr 
tre Tarios podemos citar el de trasladare! mercado daB 
plalfuela de san Miguel á la plaza Mayor , donde se M* 
pbnia establecer un mercado general: al efecto ae fltK 
titt concurso para que los arquitectos presentasen la 10 
^ planta de este mercado, que desdcYue^ hnbieri jM^ 
IWitfeiiado la comodidad á los compradores de baMr' 
fMttrtí» pteto todos los articules abundantes. ^ Mk^ 
cMlt^nOr Pbntefos ver el estado en que se hmabu ^ 
nmrei áo § de Madrid, que un escritor díslingoido, áeaif 

etenoi citado t^vi^ de U manera siguiente: «oj^ 
wlítn (pie €vRn Vñ^t^t^iB^ c Amd|jMí^ 4. Mv^ 



_ , „^,, ;*!„. 

uKíertos y cerra Jos , con ta dbtactóii de agua corrcsjpo^ 
.leQic para su e\acia limpioxa y policia. Np. hay peraona 
ácional que no se duela del inmundo espvlctáculQ que 
frecen nuestras plazuelas, cuhíerlas do mafo^ lingíaaos 
{onde se confunden los couieslibles de todas las clase;/! J 
lé todas las fechas. Si á la hediondez del suelo doRídiQ &0 
irrojan indislinlamente los desperdicios, produciencfo.SU 
lescomposicion miasmas infectos y pestiíenteSi i^e¡ agrega 
la vocería insoportable, la grosería jí escándalo cbn.qut; 
aé proilucen ñor lo regular, vendedoras y vendedorca j la 
obstrucción oel paso público, las rijias, la incomodidad^, j 
hasta el bochorno que aconinaftan al comprador, sp ccn)gi,i' 
redo ver la necesitad de supstituir mercados cubiertos jf 
teiitilados, donde por medio do una rigorosa policía, so 
ODide al tiempo que de la salubridad de la población v 
9>iiservac¡on de los comestible^ « de la comodidad , del 
vden y de la moral pública.» El corregidor Pontojos hi? 
^ cuantos esfuerzos estaban á su ulcance , cuautps If 
^jrnitia el circulo de sus atribuciones para mejorar ú 
Pecto de los mercados, su distrií)uc|oo y policía. £n eatJ0 
-Oto hizo cuanto le permitió el tiempo, y ¿(ó.cl pfimer 
^ulso á una obra en que después se ha adelantaao bas- 
|t.e, aunque todavía diste no pocp del grado de porfcc- 
^«H á que debe llegarse. Para dar en e>te luga.i;i,aoá 
^^stra de las escelentes ideas del seQor de PontcÍK^ so- 
> establecimientos de beneficencia y organización de 
industria, no podemos dejar de insertar un breve es- 
^5^ que publicó en julio de 1839', en uno de los maa 
*!l^ciables periódicos de esta capital, sobre asociaciones 
^^ casos de enfermedad: este escrito da á conocer i^ 
I^JKHo tiempo, uno de los muchos provectos quo des^b^ 
^i^over, v que tenia meditados, aunque las c|^(^^9¿- 
^iai no le permitiesen realizarlos desde luego por'ai 
SÁip, asi como la solidez de su juicio, el cncaaeDft:.T^ 
^vito lógico de sus ideas, el celo y el intimo conve.nci^ 
^vito que lo animaba , y que se espresan cqi' un f 8|ti!o 

M biMí püDueo r pot uaor de la mimuaAKlL* '^ t» 



34 

ÍK>r bacer uoa vana ostentación de ta capacidad y boen 
ecir. 

»E1 atender ala humanidad doliente, dice, no dejándola 
en abandono , y procarar por todos los medios su cuidado 
y asistencia , reclama el conato y el celo del gobierno; 
pero por desgracia los adoptados basta el dia no ban cor- 
respondido eGcazmente á procurar este bien , y á con- 
seguir todo lo que debia esperarse. 

» El establecimiento de grandes bospitales ^ la funda- 
ción de bermandades de muchas clases para socorrer al 
ébferíno necesitado, asociaciones diversas para asistirloSf 
donatifos cuantiosos afectos á este piadoso objeto , nada 
bu sido suGciente para atajar los males consiguientes bajo 
•1 sistema y modo con que fueron creados. El celo de los 
unos y la generosidad de los otros , no han reportado las 
utilidades y ventajas que se propusieran. 

» Estas corporaciones filantrópicas, cuando no tienen 
masestimulo los que las dirigen y constituyen queel hiende 
ta humanidad, caminan en decadencia á medida que se ale- 
ja la época del celoso fundador , pues para su conservación 
se necesita un genio particular y constante. 

9 Recórranse estos establecimientos, y se verá quela 
mayor parte fie ellos vienen á ser, después de algún tiem- 
po, el monopolio de un dependiente hábil, y los miembros 
subalternos y instrumentos ciegos para dar la autorización 
á lás'éuentas exageradas de aquel. 

»EI número grande de enfermos que suelen reunirse 
complica también: por una parte impide su mejor asisten- 
cia y aseo, y por otra dá lugar á mayores dilapidaciones. 

»Esto hace mirar con cierta prevención á estos esta* 
blecimientos , y que las personas que tienen necesidad de 
SU' auxilio rehuyan el amjpararse ae ¿1 , y solo en un caso 
ettremo acuden k este reiugio . 

>jSí los diversos gremios y oficios consultasen su ver- 
dadero interés, encontrarían remedio para evitar esU 
trance y losrrarian ser mejor asistidos en sus dolencias. 

»Ia>s fabricantes^ maestros y demás personas que enn 
tOéMB Migan nAmero de ohtéróé^ no ban reflmioBMohaik 



55 

I giié punto están interesados en la consenracion de la sa- 
ld de sus dependientes. 

»Estos inielices , descosos de no perder su jornal , se 
insten cuanto pueden por no retirarse del trabajo, y solo 
» hacen cuando la gravedad del mal les pbliga. Indispo- 
cienes que atendidas á tiempo serian de poca considera- 
íoo y de poco momento, vienen á hacerse graves cuando 
)descindan. 

9 El fabricante pierde mas tiempo con los beneficios 
ae le deja el obrero y este vé consumir sus cortos ahor- 
38 en la enfermedad , y lo que es mas común , tener que 
mpeñarse para atender á su cura. 

9 La falta de medios trae consigo un facultativo poco 
iteligente y cuidadoso, el refraso en la convalecencia por 
ifr malos alimentos y peores medicinas, si no precipita 
opella para ganar el sustento de su familia , poniénaose 
1 trabajo sin eslar reslablecido, y esto suele causar una 
ecaida de peores consecuencias que la enfermedad. 

»En igual caso, los mismos Jaños sufren las dem^scla* 
68 de artesanos, jornaleros y gentes poco acomodadas. 
' vEsto ocasiona al fin mayor número en los hospitales, 
das gasto en estos , mayor pérdida de trabajo en perjuicio 
le la riqueza pública , mas familias arruinadas, aumen- 
ándose la mendicidad , y por último mas mortandad á 
auaa del poco cuidado y medios para restablecerse. 

)»Lo que conviene, lo que importa á los intereses Co- 
ranes es constituirse de un modo, que el móvil hacia el 
lien de los enfermos, se halle siempre en la misma activi- 
lád que le impela el propio, y no solo úncelo filantrópi- 
j^que se enfria y rebaja con el tiempo, como queda dicno 

»Las asociaciones entre los obreros, artesanos, etc 
Mita socorrerse mutuamente, y en estas desgracias , pue- 
leo tener un efecto mucho mas eficaz y duradero. 

" flReúnansc pues los obreros de una fábrica, fijen en- 
1^ 8i la cantidad semanal que deben de separar para mé- 
lico , botica , asistencia y demás atenciones que necesite 
d enfermó. 
^ «fóruMé utk juate alndo con él ttAdv^ó ;.i 1m^i^¿)id^ 



preed-en tener una 8 mas perdonas qoé le entapen Aé 
los socorros que deban darse y se verá que con método y 
b«en Arden los enfermos tendrán buenos facultativos que 
los cuiden, medicinas como conviene, y una asistencia 
mas esmerada estando en el seno de so familia ; y si ñola 
tiéúen, por personas que lo hagan por oGcio. 

»Sos familias, compañeros, amigos, todos los socios 
en fin , estaa interesados en su pronto restablecimiento, to- 
dos son ffsk!alcá para observar si los asisten como es debi* 
do. Bste celo y esta vigilancia es siempre la misma^ coma 
deilc el dia en que se formó la asociación. 

o El propietario de la fábrica está igualmente intere- 
sado y por lo tanto debe contribuir por su parte con una 
cantidad determinada. La fábrica es la madre de los obre- 
ros; estos cuidan de su conservación y mejora: ella debe 
procurar por su vida: ambos están interesados igualmen- 
te en cooperar á su existencia. 

» Ya queda indicado el método aplicable para los ope- 
rarios de fábricas. Él mismo pueden adoptar los tallereí 
partícuhrcs , ya reuniéndose en masa , ya por clases de 
oficios. 

» Siguiendo el mismo orden los jornaleros y demás cla- 
ses pobres bien pronto se convencerían de esta ventajii 
y la procurarían ya entre si, ya asociándose á los otros para 
disfrutarla. 

• Estas asociaciones darían á los médicos v boticarios 
una asignación segura y conocida , y los enfermos de la 
sociedad al conseguir su restablecimiento, no tendrían la, 
pena de ver tanta miseria en la familia, ni menoscabados 
sus muebles y herramientas. 

«Generalizado este espíritu de asociación para socor* 
rer en los domicilios a losque tuviesen familia, y éñ ^'- 

fútales particulares á los que no la tuviesen, los hospital 
es pAblieos se verían muy descargados , y los énfermoi 
qué' acudiesen á ellos podian estar mejor cuidados. 

»üh sin número de reflexiones podian añadir9e para 
probar e9ta.imDomntc. medida «a^.^produciriAfé^ 



«MkMrlOft i t»(h>8 I09 qneeftUn tú pfomrcion dé promó- 
Vh> ci A6 ciperar M ocuparan en realizarla. 

s»Mo eaperén los fabricante^ ^ demás interesados, que 
% autoridades lo promuevan , ni estas esperen tampoco 
Htae aquellos empiecen: unos y otros están obligados á 
'ronrarto: los unos por sus intereses, los otros por deber 
I átt destino. 

n Los ricos propietarios , el comercio . la sociedad en- 
ifa, debe ayudar por unanimidad, por interés común; 
íjtti á medida que se cierren las puertas á la miseria par- 
calar, so abren las de la riqueza pública.» 

Olro escrito que publicó por aquel mismo tiempo el 
sftor marquós, con el titulo 00 Mejorai en la polieta ie 
tf ciudades , prueba ¿i un mismo tiempo su inteligencia 
U faiaterlas económicas j de gobierno, su vehemente do« 
K> de mejorar el aspecto de nuestras ciudades, y el plan 
kjó íA cual ao proponia ejecutar sus pensamientos. El 
icrito que hemos citado dice asi: 

«Las capitales de provincia son los pueblos que do- 
sá empezar todas las mejoras posibles, sirviendo demo- 
9k> & los demás, para que á su ejemplo adopten y em* 
mdan las que sean aplicables á cada uno. En ellas de- * 
tti tener principio las reformas do policía urbana , las 
mis de utilidad y salubridad publica, y cuantas so con- 

Slüen necesarias por una autoridad celosa (^ intcll- 
lo. 

» Para emprender con acierto las mas do élIaSf es in- 
iipensable la formación de planos topográücos quo ar- 
Meonn conocimiento exacto del terreno en general « del 
m ocupan las calles, ediGcios particulares y públicoá: 
tié dan üná noticia exacta do las desigualdades que pre- 
enta el terreno que encierra el perímetro de la ciudad, 
flp dMaéAnóúcs é inclinaciones de todaí^ lái calles » con- 
IlifanMRon Ak eita^, con detalles claros y mimiclosos: áttíi 
Mrquen Gnalmente la situación díalas mentes, dirección 
itlM ^ul^ductos* alcantarillas, etc., con el diámetro de 
BWri títbaddad émln otpik. 



58 

pam proyectar con acierto y ejecutar con, plan, orden y 
economía las mejoras que se emprendan. En todas las oh 
pítales se paga ud arquitecto de tiempo inmemorial i (pe 
podía y debía ejecutar estos trabajos. 

»SorpreDde ciertamente ver la mayor parte dalas 
grandes poblaciones de España, siu este indispensable do* 
cumento. De aquí es fácil inferir que practicadas lasoLns 
sin este preliminar, salgan con mil defectos. 

)>Toaas las clases del Estado en particular, procnran 
tener un exacto conocimiento de la profesión ó método 
de TÍda á que se dedican. 

» Un comerciante cuida de tener su índice con factu- 
ras de los géneros que encierra su almacén. 

»EI propietario tiene las escrituras que le señalan los 
pies de terreno que ocupan, y los inventarios que i jaa 
otros pormenores^ y el estado de sus Gncas. 
^ »E1 labrador sabe el número de yuntas de qaees 
dueño, la edad, valor y calidad de su ganado, los aperos 
que tiene para su labranza, las tierras que cultiva, y sos 
producciones, el grano que encierran sus paneras, y ea 
fin, todo lo preciso para conocer su verdadera riqueza. 

» El banquero bace sus arqueos, para saber los fordos 
que posee en su caja, ya en metálico, ya en papel ne^ro* 
ciable. Lleva una noticia exacta del que corre en circula- 
ción, y los puntos y manos en que se halla. 

»Los grandes propietarios tienen sus catastros, oue 
les indican la procedencia y valor de sus rentas, y las lin- 
cas que á ellas están afectadas. 

»E1 dueño de un buque calcula y sabe exactamenti^ las 
toneladas que puede cargar, la tripulación que necesita, 
las brazas que cala, las propiedades, estado de su jarcia, 
velamen, etc. 

. »En fin, todas las clases de la sociedad 'cuidan de co- 
nocer lo que poseen , lo que perciben, con 1q que cneolas» 
y de lo que pueden disponer. 

]i>Pero los administradores de los pueblos de EspaSa, 
los avuntamientos, que son los responsables de la ícUcídid 
j.órúen ie ras cametido^ teoibeii este eargo sjuí odaoo- 



89 

intento de lo que administran, ^ con la misma informa- 
Udadpasai sus sucesores. De ningún archivo puede sa- 
^T^e un documento que determine con exactitud ePpe- 
rfnietro del pueblo, la clase de edificios que posee, las 
dilles que le cruzan , el valor de los terrenos, la direo- 
Clon de las alcantarillas y acueductos. Todo pasa por tra- 
diciones, á las veces corrompidas, nada tiene regla (¡ja; 
los fontaneros y poceros son los únicos que por rutma 
conocen donde están las arcas de agua% por dónde van 
hi cañerías, y la profundidad en que se hallan colocadas, 
pero sin distinguir, ni poder dar una idea positiva y exac- 
ta Del mismo modo , los últimos son los dueños del se- 
creto para saber por dónde pasan las alcantarillas de aguas 
tocias, el paraje en que se encuentran los pozos, y su 
invfundidad, pero por el mismo orden que los primeros 
iía formar ni guardar medidas de los unos, y la capacidad 
de los otros. 

»Tal desorden da pábulo á millares de abusos. Estos 
rtnios de la administración local están á discreción de es- 
ios hombres; ellos proyectan y ellos deciden las obras qu^ 
lel en hacerse; fundadas 6 infundadas; no es fácil censu- 
"arlas, pues nadie tiene los conociisiientos- á propósito. 
jO DO son indispensables, no pueden detenerse; ellos pré- 
entan la gravedad del daüo , y á su dicho hay que ate- 
leise. 

«Conviene abrir una comutiicacion, nadie sé atreve á 
Dt^nlarlo, porque no sabe qué edificios so tienen que 
travesar , y qué perjuicios habría que satisfacer.* 

»Se \e una callo pendiente^ qué reclama disminuir su 
;of sta, papara ha^'.crla mas transitaíble para los carruajes, 
^a también para que sea menos penosa y molesta'^ los de 
ipie. 

«Nada puede hacerse sinincoñhreniiéil'tosj jpbr desco- 
MMer los niveles déla población,- y isi laÉl alca'ntarillas y 
icneductos lo impiden. 

» Todos estos obstáculos y muchos mas dependen die ta 
illa de planos bien detallados. 

vLa aatoridad debe botirenícerae d^ Vo '\kfií^t\MLVt 



40 

Sie et fonpftrlos^ 7 que sin ello« 99 pued^ jmprfudmc 
racomípieUy m oeterminarse el plan mOdeniQqiif di«- 
ba adoptarse en mejora de ios pueblos. Coolia&ail ediA- 
candóse casas, y seles da una línea defecluosa, que em- 
peora la nivelación Y alineación de la calle. 

» Téngase enlencíido que muchos arauilectos ller an vo 
interés material en conservar este desorden. Uo plano hito 
trazado y en el que se fijase la noeva linea de la callfi 
marcarla el parji^c donde debiera levantarse mna qiSHii 
entonces el arquitecto no tenia el derecho ó la vefíiaja & 
decidir á su arbitrio en obsequio del proníetfiriOi coyas 
intereses no están siempre ligados con los aeí comqp. 

»Dejo á un lado los pleitos que ocasionan cstM arbi- 
trariedades, la autoridad que ejercen los arquitectóisolire 
los propietarios que no se sujetan á susexigeupas» lapni- 
lizacionque por uno y otro concepto le nota en lai ooint* 
que mucnas veces se quedan á medio hacer ^ por eiUs 
competencias, arruinando una familia, desügarando 7 
embarazando una calle; con los materiales, por ata* #9* 
teros. 

» Por todo lo dicho, y mas que e^ obaeqqip de la bn- 
redad se omite, se ve la necesidad é importancia de leriHi- 
t|ff planos en todas las poblaciones, y con parUcpb|iJW 
en las principales. 

»Lós ayuntamientos están interesados mas inmediltlr 
mente, y los pueblo» por comodidad propia dabenfoope- 
nir si fuese necesario, á remover los obstáculos qn |it- 
dieran oponerse. 

xEJfjtos trabajos son mas penosos que dUfif ¡les, y por 
tanto, no faltan personas que puedan practicarlos. 

»l„aqperacion debe einpefar por levantar di^nel^ 
tal como se halla, en la 'mayor escala posible, estenj^ 
do)ie haf la Iqs arrabales. 

Ei| seguíga deben marcf r^e las dinaen9Íones da |a^ 
das las calles, en largo, ancho y ónauío^ídades; el MrfwW 
|ro dplas plazas y manzanas: la dirQCciQO de todof j^acne- 
ductos, alcantarillas públicas y particuíiires: Uf |KMiJ 
9(ia 4im0P0Íones; los ¡^Uos y cojrraies: j ^ S¡p^9 \tQo lo 



^ 



41 

e e^ pecesario para preaeptar pn ^^AHQfffffijjffT^f e«Mo 




• i. 



»Para abraxat* estos detalles «.ae harán ac^ci^Mies^attc 
tracen las inclinaciones de las calles^ ia de las cañerUa j 
demás desagües, la profundidad á que van unas y o|faii> 
liando al mismo tiempo noticia del estado de las póvadaa^ 
para juzgar de su resistencia; si las cañerías son d^ lmyo> 

Ííqjno 6 jferro colado; por último, debe ser este trablrio 
inj detenido y minucioso para poder ompreodcyr ina 
obras con tino. 

^ Ȇna vez lotantados los planos del pueblo de| modo 
^e queda dicho, so procederá a formar los traaos de las 
ttejoras, marcando con lineas de un color distinlOt todofe 
' ' proyectos de plazas , plazuelas» direccio|i tie l^a f^ 
,. etc. 

' »En el plano se señalará con letraa iniciales é con' la 
■ota aue se convenga» la naturalejcá de U coustruodíMa dU 
^j3(¡licio, sí es de piedra, ladrillo 4 otra m<iterii;el quomh- 
TQ de pisos; si está cubierto con tpja, pizarra^ etc», el ea^ 
t^do en aue se encuentre, y todo lo que.CQQC|eriia i 4mw 
Ift an valor aproximacjo. 

»Practicadoesta liempre que bajfa de eqtpreDderatjidi- 

1^1 onra nueva, se dará conocimiento al propij^rio dt 

linea que dcbp guardar, qjuodando bajo la rea|MHkaabi<^ 

^dafl del arquitecto de la ^iud|id su cixactQ.cumpUniienlbi 

lo aajse couspguirá mejorar iM |K>bliK)ioafM*, y aigiiMé»» 

constantemente oí plan trazado. $in mudadaris oa{rfi4» 

^s, se realizarán (as.mejoraajQiAesAdeseaQ.j^: • , 

¿4^ diferqncia de oiunionea polUicKae do tenia para el 

Eq^^ do Ponlejos la signi&eaoioo.qao pr^ra otros boin*«> 
i: no suponía una completa separación;' «t Ua quefmh- 
ba so l^aUttbaa acompañadas de iin.e#piritu escliisiVo jr 
qáozquino. Como bijas oel convenrimiebto * pvt>duie(é df 
su razón , eran tan ilustradas túmú tolerante». Lab <uM«- 
típoea de int^ress pe«itivo y mathr^l « las de fomealé pü- 
' WPP y beneGeeneui • y las de todo género de meibraa y áp 
▼eJCfiadero jircfraip aociál, iMreoiaii au oredueoeataLs s^ 
fiqjunia^amv no pibula iaeeaeait» k tí^uta ^ Wiiil^(A9ui>»- 






44 

fpi, 7 dejando en Madrid y en toda Espafia n 
memoria por su ilástrado celo, por su ardiente 
bien público , y por haber consagrado desinterés 
la mayor parte de su yida al bien de siu «onci 
jf á la felicidad de su patria. 



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oMPRKNDEiftA está biogvaífiá ünk iboiíeiái 'Séf'tddas M 
bbras j escritos de este eminente Uterato;.-anafnarra^ÍQn 
dé 149 tareas literarias , en queha émpleádo^na Vtda:dila* 
fafda y de incesante trabajo ; j los pormebaréc óif s inte^ 
taútesde ella, que tengan relación coorlciitíáválinra óoop 
las ciencias.' "■■ •"■••;■:;'»:/)" *.'■■': 

Nació en Tríana, arrabal de Seidihr,: €0*1115 ét octch- 
bre de 1775. Sns padres correspondían á la ndsstria oor- 
nocida en aquella ciudad con el nombre ^cl avté de Ja 
jleda: tenían una* pequefia fábrica de dntorfa, én la que 
don Alberto se nó precisada á trabajar cfn sus primeros 
iiftós, para poder continuár-isug estudio». Sus padres eráu 
honradísimos, t aliado de'élioi adquirió su lujó los há- 
bitos de frugalidad y de moderación, qué siempre hacoD- 
aerr^do.'' 
J En la universidad de aqueRá' ciudad siguió fes curaos 
^efilosofia, teoiogia^y 'cánones, habiéndose^ sradiiÉiQ d^ 
baehilter evlav. dof jMÚqpn» Amltadet SIpimUsMacDM^ 



te estúdiiTinateináficas etilos estudibft'détrSoci^ad Eco- 
'iiómica de Amigos del Pais , habiendo sido discipolo de 
don Pedro Hcnry, profesor de singular mérito. De su 
aprovechamiento en todos los ramos , cuyo estadio eoH 
prendió, debe decirse, que fué estraordinario j muj sa- 

Serior á lo que podía esperarse de su edad. Ejemplo rar» 
e precocidad , á los trece anos ganaba su subsistencia 
dando lecciones de matemáticas^ y era ya el apoyo de so 
familia. A los 15 años fue nombrado profesor de mate- 
máticas en los esludios de dicha Sociedad, y á los 20 lo 
fue por el .rey para una cátedjTfi de la misma facultad en 
el cole]^ió^'d«' náutica de san Termo, en la misma ciodad 
de Sevilla. En 1803 obtuvo por oposición una cátedra de 
filosofía en el colegio de ,san Isidoro de dicha ciudad: 
en 806 sirvió la cátedra de humanidades, fundada por li 
Sociedad Sevillana de Amigos del Pais: y en 1807 foe 
nombrado para la cátedra de retórica y poética de la uoi- 
Tersidad. Tres ó cuatro de estas cátedras dcsempeiSó por 
mucho tiempo simultáneamente, no faltándole tiempo pa- 
ra dar lecciones de todos estos ramos en su casa y fuera ¿0 

tila ; también enseñaba á los compañeros de iu juveotini 

lalg^naa de.cstai facultades que ignoraban. 

Los jnegofl de su infancia eran literario». VivOtile' 

-gre y jovial-^ dotado dfi una singular memoria , y d^ W' I 
perior inteligenciA, se -divertía <ron los amigos de m L 
edad en representar las comedias de Calderón, de Lope 
y do nuestro» mejorea ingcnior. -todavía conserva en so 

-memoria loa pásajoa mas notables de muchisiipas de ellas: 
y repite á propósito los cuentos, comparaciones y cbiittf 

3ue contienen. Sin embargo, el primer objeto de su aT" 
iente aplicación fueron las matemáticas , este estudiólo 
-hizo verdaderamente en la infancia: parece que la initír 

Í^encia fue la primera doie de espíritu que descubrió. £> 
os primeros años de su juventud , asociado con amigo* 
une cultivaban la bella literatura, y en especial la poeM» 
•^lesplegó uña singular afición á estos estodioSj desoiArieB' 
do al misma tiempo una iacilidad de eapr8sion« ana ti'' 
vTaxA deiimagínatu)!! > win ««ogúnU seosUMiidiMli y >* 



firego qm desdo luego reíaltan en sas primeria composb- 
e iones. 

En otra de lis biogriifias quo oonlponen esta galería, 
lemos dado una ligera idea del origen y procreaos do Is 
Academia de letras humanas fundada en Sevilla por fa- 
rios jóvenes estudiosos, quo después han llegado á ser cé- 
Icbros en las letras. El señor Lista fue uno do los prime- 
ros asociados , de los mas laboriosos-, do los que mas so 
iisiinguicron, de los que mas reputación llegaron á ad- 
quirir en adelanto. Las primeras nociones de bella litera- 
tura j de gusto las recibió de su amigo don Alanuel Maria 
do Arjnna , que antes habia fundado una Academia, 
eoQ cl titulo de Horadaría ; porque la obra do testo que 
I:) csplicabn, ora el arto poética do Horacio. En la do le- 
tras humanas desempeñó varios- cargos, sostenía frecuen- 
temente conferencias verbales sobre puntos literarios y 
de crítica, csplicó uno ó dos cursos completos do huma- 
Dídades, y leyó gran número do discursos, Memorias y 
composiciones poiíuioas, machas do las cuales se impri- 
mieron por aquel tiempo en un periódico intitulado Cor- 
reo Literario, que daba á luz en aquella ciudad ol literato 
don Faustino Matute y Gaviria. Entre varios certámenes 
uno do ellos, y el mas notable por la importancia de las 
obras que se exigían, fue el que anunció aquella Acade- 
mia, y que se celebró en 1.° do diciembre de 1799. So 
ofrecía un ojempliir lindamente encuadernado del Quijo- 
te cu seis tomos, al autor que mejor dcsemncnase un 
Eocma 6pico en cien octavas, sobre la raida del primer 
onibre, con el titulo do La inocencia jindvhi, Al que me- 
reciese el acésit, so le ofrecía en premio la Eneida de 
Virgilio, traducida por Hcrnancbiy. de Velasco, en dos tó- 
alos en 8.^ El señor Lista presentó con este objeto un poe- 
ma cu üu solo canto, que mereció el accésit: no so ha im- 
preso nunca , porque el autor lo habrá considerado como 
un ensayo, y porque juzgándolo con su escesiva modes* 
lia, lo habrá reputado como. poco digno de la luz. pública. 
€on todo, para dar una maestra de los primeros ensayos 
del señor Ustarqoe dos Ñrira como térviiiw) d« wtii^^^^- 



cioq m el jindo: que deraaen hagmü ÁmMnpn 

£' oblicadas , no podemoi dejar de copiar i continiUK 
18 tres prioieraf octayas qiie airven de inirodaecioi 
uno de lof mas bellos firagmentoa ^ poema. Priac 
eaUaai: 

Yo canto la funesta inobediencia 
del padre de los hombres , qae entregada 
4ejó el mondo j su triste descendencia 
i (a. implacable muerte, j al pecado: 
Desterrada lá candida inocencia 
diré también, del sucio desdichado» 
. la cólera irritada del Eterno. 
-■ 7- el TengatÍTO triunfo del Ayemo. 

Espíritu diyino, que al doliente 
Profeta, contra el pueblo endureddc^ 
desatestes el labio balbuciente 
en f ue^o celestial enardecido , 
iu me inspira: no ja la impura iuent^ 
lusco, ni eL Helicón enyileddo: 
^ue en mas sagrado ardor el pecho siente^ 

inflamarse á la llama de txi aliento. 

.» > • .■...■•', 

Y de él arrebatado a la alta cima 
^e la Santa Sion mi voz sonora 
"■■ , rerelará desde el helado clima • 

. . basta el ardiente reino de. la Aurorai - 
Ya el soberano espirito me anima 
mientras del ciclo la piedad implora 
el mísero mortal , bañado en llanta 
á turbar las moradas del espanto. 

De la mansión deliciosa, del Edén hace la belU¿ 
pintura que sigue: 

A;! quién dará suspiros á mi pecho, 
' quién á mis ojos lladtei'én abundancia 
para cantar en lágriiMs deshecho, 
^ oh laiiíU EAen vV^ &e\\t\t^«^ ^\V»»(9itli ^^^ 



Mi xott k onyo.son ámbito estrecho 
faé el orbe, no ya en dulce consonancia» 
masen {gemido ronco, la memoria 
renovará do tu perdida gloria. 

En todo el universo la natura 
con no altorniU) brillo rolucia» 

Jde graciosof^ dones la faz pura, 
e la felice (ierra euríquccia: 
el regalado fruto, y mies m.idura 
en sazón: grntn, pródiga, ofrecía: 
y el hombro hallaba en su fecundo gremio 
á un plácido trabajo dulce premio. 

El Sol, monarca del brillante cielo 
de la luz clara padre rcfulgcníe» 
aun no giraba con torcido vuelo 
del Capricornio helado al Cancro ardiente: 
ni el Can entonces con fogoso anhelo 
lanzaba estivos rayos inclemente, 
que los céfiros Maudps ahuyoiiUsen, 
y las nacientes Cores abrasasen. 

Nunca & ilustrar el Escorpión lejano 
al contrapuesto polo se acercaba, 

Ír á ocultar su esplendor en el mar Gana 
a encendida cuadriga apresuraba: 
el árbol, del sabroso fruto, ufano/ 
no el inclemente biolo rocptnba: 
ni de los Prados el verdor natío 
con torpes pies holló el invierno frió. 

Mas por el medio cielo la carrera, 
del astro luminoso señalada, 
brilló su luz en la estendida esfera 
hasta los firmes polos derramada: 
de rosM siempre el albA placentera 
sembró del ^ies ru^9 j(a morfid^^ ', 



l -.o 



j siempre al Sol, dejandd el inür MMtty,^ 
Dacér el orbe yió de an mñáio leno. 

Y asi con igual let al fuego interno 
que en raudo movimiento anima al mondo, 
fá baja tierra desde el giro elerno 

Íenetró, y el Oeéano profundo. 
11 templado alimento en jugo tierno 
al fértil suelo dio su ardor profundo: 
j el alma primavera por el viento 
Siempre esparció su aelicioso «liento. 

Guando la negra noche el manto oscuro^ 
lendia por los orbes silenciosa^ 
no aprisionada en su letargo duro* 
el triste mundo misero reposa: 
antes en sueño fácil y seguro, 
gozó el viviente la quietud dichosa, 
mientras brillaba en plácidas centellar 
el trémolo esplendor, de las estrellas: 

Nace después la rutilante auk^ra* 
trayendo el nuevo dia en sus albores»^ 
y los. puros aljófares que llora 
vierte en el seno á las dormidas flores:- 
despierta el ave, y con su voz canora 
saluda los primeros esplendores; 
y todo el universo en mudo canto 
entona á su Criador el himno santo., 

Asi grato placer no interrumpido 

Í^ozó la tierra: el Hacedor donoso 
as obras de su mano complacido 
mira y las dásu auxilio poderoso: 
mas de cuantos vergeles ha esparcido'. ' 

4el orbe ea eVredulo ^^^d»io>v " 



Mn fljfpíira de la grorifl cra^ 
formar de Edén el bello'Piuruid* 

Resorte en él la eaudalosa fuente* 

2ae sumida otra Tex en honda cnefr' 
todas las regiones su corriente 
el dulce riego y la abundancia lloTar 
en él también sus ramos, eminente 
el árbol santo de la TÍda eleya: 
j al cuerpo que cansado desfallece»- 
recobrado yigor su firuto- ofrece. 

El hombre, mientras lleca el esperado^ 
trono á ocupar en el Emnireo* cielo» 
fué por la mano inmensa destinado 
para labrar su floreciente suelo:- 
en él mira obediente á su mandado 
cuanto circunda el estrellado Telo: 
dol mundo el homenaje en él recibe> 
7 á la natura leyes le prescribe. 

El soberbio león que la montaffa* 
estremeció con su rugido fiero, 
"viene á sus pies, depuesta ya la safia, 
humilde en pos del candido cordero:^ 
deja á su yoz el tigre la campafia, . 
y enfrena el ave su yolar ligero; 
f el monarca del piélatfO i su mando»! 
os Tados espumososvYá cortando. 



i 



Bajo sus pies- de tierna y firesca rosa> 

súbito matizado el suelo mira» 
' y del aura que liba ragarosa 

sus hojas el olor grato respira : \, 

inclina el árbol la cerTix firondosa 

y sacudida al aire en tomo girat 
." para que tronque de su finito opimoi ^ 

tv ti Olas pintado 6 jnai^iérttt fMÍpft» \ .«;, . .n*< ;^ . n 



Uai sobre los demás mi copa imdMrfa 

rey de todo el vergel, ele?a ufiuio , 

el tronco, cuya fruta defendía 

ioprema ley jquitar al labio humaiior 

bumilde ei boüoíibre asi reconoció 

de sa Dios el imperio soberano; 

á este precjo> Seüor, de cnanto encierra , 

el alto cieú>.9 y la profanda tierra. 

De lirio yirginal la sien ceñida 
y alba azucena , la inocencia pura 
de la región dichosa desprendida 
muestra al hombre su angélica hermosora:; 
en celeMiales lazos á él unida 
la feliz tierra domi.n6 segura; 
su amable mando con sagrado acento 
canta el coro del alto Firmamento. 

Con día descendió su dulce hermana 
la dulce paz , y al orbe amaneciendo 
brilló entre hermosas nubes de oro y grana,^ 
blanda quietud su oliva proipetif pdo: 
¡ah! no temido de la trompa insana 
entonces era el pavoroso estruendo 
ni que fueran los Campos florecidos 
de humana sangre alguna ve^ teíiidosl 

Dedicado al estado eclesiástico desde sus primieros afios» 
los deberes que este le imponia* y sus incesantesi tareai 
literarias ocupabau csclusivameote toda su atención. Ha- 
biéndose ordenado á titulo de una capellanía de muy cor- 
ta renta, libraba su subsistencia y la de safamilia sobre 
la renta de algunas de las cátedras que desempeñaba > 7 
sobre los productos de la enseñanza. Vivía con comodi- 
dad y desahogo^ y tuvo medios de adquirir una copiosa J 
selecta biblioteca. La afición á los libros ha sido siempf^ 
en el señor Lista una verdadera pasión-. Ami|ba el trato J 
/a conversación de tut^ atai^o^'t i <^\»qa% acompañaba ea 



9 

^l estudio , dirigiendo mútaimente unos las composición 
nos de dtros , con quienes hablaba de Uteraiora , j con 
quienes goiaba de los mas puros 6 inocentes placeres. La 
amistad que entonces contrajo con algunos jótenesiqua' 
eran sus compañeros de estudio, la ha conservado toda sm 
vida , y respecto do varios , los ha amado hasta mas all¿ 
4el sepulcro. La inocencia do sus costumbres, la viveía 
de su fé , y la exaltación de sus sentimientos religiosos , le 
inspiraron en su primera juventud la mayor parto do las 
poesías que escribió sobre asuntos sagrados. 

En estas dulces y útiles ocupaciones le sorprendió el 
alzamiento de las provincias del reino en 1808. Entonces 
su actividad encontró nuevo pábulo en las circunstancias 
políticas, á que ni su patriotismo, ni su reputación le 

Eermitian mostrarse indiferente. Por aquel tiempo pub- 
licó cl Espectador Sevillano, escelento periódico de poli-» 
tica y de literatura , en que por primera vez principiaron 
á propagarse las nociones do una justa y prudente liber- 
tad en el, que, también por primera vez, so habló de 
Cortes, como una áncora de salvación en las grandes crisis, 
de nuestra nación: se recordó la prácticay formulado ollas, 
sus prcrogativas 6 historia ; y so apeló á su convocación^^ 
como al único medio de salvación en la deshecha borrasca ' 
que amenazaba k la nación. Guando el Semanario Palrtii^ 
lico, que principió á publicarse en Madrid por el señor 
don Manuel Josó Quintana y otros, continuó dándose á 
luz en Sevilla, se asociaron á su redacción los señores 
Blanco y lista, que escribieron algunos articules hasta 
que pasó la redacción de aquel periódico, iDn su tercera épo-* 
ca , á Cádiz. Guando so trasladó á Sevilla la Junta Gon« 
tral , ocurrió la muerto de su presidente el conde do FIo- 
ridablanca. Gon este motivo le encomendó la Junta el olo-' 
gio de su presidiante, por conducto del señor Jovellanos. 
Este trabajo lo desempeñó el señor Lista á satisfacción de' 
la Junta y de aquel ilustre individuo de elb, quien asi so 
lo manifestó: todavía se busca con interés un escrito , que 
^ de los mejores que ha producido la pluma del autor. : 
> Oeapadas Isa Andalucías por las Itopis it^ii^^v% ^ V^ 



mismo tfue todo el reino vjtugó el sellor Lista que la sai^- 
Tacion de nuestra patria no pedia depender aisladamente' 
de una resistencia, que solo sirviese para agravar toda-- 
yia mas los males y desastres inherentes á una inyasion 
estranjera. No es esto decir que desaprobase la resisten-^ 
cía, sino que la queria prudente y no desesperada; que* 
m> la quena tal, que convirtiese al pais en un montón de 
escombros, y que por salvar á España, arruinase todos sus- 
pueblos y sacrificase á todos sus moradores: la queria or- 
denada y. con sistema, y fundada en la conveniencia de 
los pueblos; la queria de tal manera,- que hermanase lo 
que exigía el decoro nacional y un patriotismo ilustrado, 
con lo que reclamaba al mismo tiempo el bien material é- 
inmediato de los mismos pueblos. Permaneció en Sevilla á 
la entrada de las tropas invasoras, pues ni su estado le per- 
mitía correrá los combates, ni su estado tampoco le obliga- 
ba á seguir al gobierno á la isla Gaditana, cosa que le bu-- 
hieran impedido su módica fortuna y la profesión á que 
debia su subsistencia. No creemos que la «aligación de 
seguir al gobierno supremo puede estenderse mas que á 
los empicados de la administración superior, á quienes se 
les mandase espresamente. El señor Lista, comounecle^- 
siástico particular, como un profesor público, se mantu- 
vo en el pueblo donde ejercía su ministerio. Su misma 
celebridad no le permitió vivir en la oscuridad. Los ge- 
nerales franceses quisieron conocerle, y si no era posme 
co tan críticas circunstancias negarse á las*insinuaciones 
de los que pudieran imponer su voluntad C(Hno una ley 
imperiosa, tampoco dejaron de tener efecto en el ánimo 
del señor Lista las persuasiones de sus amigos, que le 
hacian ver la necesidad de someterse á la fuerza. Admi- 
tió, pucsr sin serle posible escusarlo, nn cargo* nominal 
y honorífico,. que casi estaba reducido á traducir los par- 
tes oficiales de los generales franceses, y otros doeomeo-* 
tos que se insertaban en un periódico oficial. Mucho me* 
nos podia negarse á las muestras do estimación y aprecio 
que recibia de los mariscales y generales franceses, qii9 
facían justicia á su mferko^ >} ^ua le manifestahao/nn*^ 



:nngiílarooiisideracioii. ElfaTor que le dispensaban no lo 
tuvo ocioso f pues incesantemente lo empleaba en obacy- 

*:quio de sus discípulos j. amigos, y de cuantas personas se 
acogían á su protección. Kn esta época do su vida tuvo 

•ocasiones de hacer mucho bien, y lo hizo en efecto. Ma- 
chos años después les recordaba en París <il señor Lista j 
aun amigo suyo, el mariscal Soult, las muchas gracias 

• que por su mediación habia concedido, sin que en su in- 
'terior diese gran crédito á las razones y motivos en que 

se fundaban para solicitarlas. . 

Bastó lo dicho para que en 1813 tuviese que abando- 
.nar á su patria y emigrar á Francia, siguiendo los ejép- 
•citos de Napoleón. Tuvo también que dejar abandonada 
. au familia , de la que era un verdadero padrcí desapare- 
ciendo en aquel torbellino la pequeña fortuna que con su 
.industria y moderación habia sabido formarse. Mientras 
viajaba desde Sevilla á Francia,! atravesando toda España 
j rodeado de continuas molestias y de peligros , estUaiaba 

• como si esa fuera su profesión ; el movimiento de los di- 
ferentes cuerpos del ejército francés y el plan de la reti- 
rada, levendo por los caminos y en las posadas por terce- 
ra vez fa historia do España por el P. Mariana. 

Cuando Ios-emigrados españoles entraron en Francia, 
: se distribuyeron en grupos 6 fracciones, cada una do las 
cuales nombró un jefe que hiciese cabeza. Gambronero 
.fue jefe de una de estas fracciones: también lo fue Gq- 
rostiza (don Pedro Ángel), y también el señor Lista. Es- 
.tos diferentes grupos seguian rumbos diferentes para es- 
tablecer su residencia. Pero como entonces entodos los 
.departamentos de la Francia se acababan de nombrar au- 
- toridades adictas á los Borbones, y conocidas generalmen- 

• le por la exaltación de sus opiniones, y como los emigra- 
dos españoles estaban reputados por partidarios de Napo- 
león, eran por consiguiente mal acogidos, sino de los pue- 

:blos de aquella nación hosditalaria, al menos de las auto- 
ridades que se hallaban al frente de los departamentos. 
•£l señor Lista, á pie y seguido de los suyos, atravesó mu- 
^clioa departamentos de Francia i án qú^xeu xi^vnf^x^V^ ^- 



112 ' • 

«itediosen los prefectos á peñnitirles fijtr sQ' teti4eneia. 
Él cansancio y las fatif^as de los viajes, j las.pcnalidadet 
ijr privaciones consiguientes, redujeron a los que segirian 
al señor Lista á la mayor desesperación. Un ouispo fran- 
cés á quien aquel se presentó, lo invitó á qne so separase 
do los suyos y so quedase en su diócesis: á esto se -negó 

'icón resolución, no queriendo separarse de sus compañe- 
ros de desgracia, y do los qui» en él haliían depositado su 

'eoníianza, mientras durasen aquellos días de infortunio y 
de adversidad. No permitiéndoseles fijar su residencia en 
ninguna parte, so dirigió el señor Lista al prefecto en 
una capital de departamento, y con energía y con calor 
le rogó que antes de hacerlos salir de su departamento, 
loshicieso fusilar á todos en el glásisdo la plaza, pues se 
bailaban rendidos de fatiga, y sin medios ni recursos de 
ningún género para proseguir la peregrinación á que se 

> les condenaba. A poco- hubo de variar la conducta de hs 

' autoridades, en vista dplas instrucciones querocibieron de 
la corte. Se les permitió, pucs,^ fijar su residencia , pero 
por algún tiempo no fueron socorridos. El señor Lista, 
nombre de singular actividad y de resoluciones prontas, 
organizó una Academia de varias facultades, y conooido 

- én breve de las personas mas distinguidas déla población 
en que primero se estableció, tuvo muchas lecciones de 

-idioma español, de humanidades, de matemáticas é histo- 
ria: también enseñaba á muchos de sus compañeros de 

- emigración que querían emplear útilmento el tiempo, es- 
tableciendo especialmente para muchos do estos una 
Academia do idioma francés. A. muy poco trempo, las lec- 

- ciones que adquirió el señor Lista , le suministraban so- 
bradamente para su decente subsistencia, y para socorrer 
generosamente á sus compañeros de desgracia, á quienes 
^iró siempre conao á hermanos, tratándolos con el afecto 
'y la franqueza de tal. 

Uno de sus primeros cuidados al entrar en* Francia 
fue saber el punto donde se hallaba don Juan Melendez 
Yaldés; á quien pasó á visitar á Tolosa ó Burdeos. El se- 

" ñot Lista úú ha podido oW\&ax iqmli\cí U« honv de con- 



is 

^rsadoa qüd pasó con amiél indigno poeta, de quien ad^ 
mira siempre los profonoos conocimientos qno poseia en 
la literatura I j las delicadas observaciones que le habia 
sugerido su larga cspericncia en todo género de compo- 
siciones poéticas. A poco tiempo le dirigió el señor Lista 
una magnifica composición, que se halla entre sus poesías, 
con otra , llena de ternura y do dolor , en que lloró su 
muerte. 

Un prelado eclesiástico le nombró para el curato dé 
nna pequeña aldea , v lo desempeñó por algún tiempo, 
llenando muy cumplidamente todas las funciones del mi- 
nisterio parroquial; predicó también repetidas reces, 
aunque no pronuncia el francés de una manera ayentaja- 
da. Pero dejó este cargo para que recayese, como en 
efecto recayo, en un compatriota suyo, y aun creemos que 
de la misma ciudad de Sevilla» 

En 1817 se restituyó á su patria, fijando su residen- 
cia ya en la ciudad de Pamplona , donde dio lecciones á 
los jóvenes mas distinguidos de aquella ciudad, distin-» 

S alendóse entre estos él actual hnron ¿e Bígüczall , ya en 
ilbao> donde obtuvo por oposición la cátedra de mate- 
máticas, establecida por el Conrado do aquella plaza^ 
Para esta escuela escribió unos breves tratado!! de algu- 
nos ramos de las matemáticas. Ademas de las lecciones 
que daba en su clase pública, las daba privadamente en 
su casa, y ya de algunos ramos do las matemáticas quo 
no entraban en el plan de estadit)s de aquella escuela, ya 
de literatura , historia y otras ciencias. De esta manera 

Í tareco que su destino lo conduela á ir esparciendo por 
iferentes capitales, semillas dé buen gusto literario y do 
la mas sólida instrucción. En todas partes era considerado 

Í obsequiado por las familias niiis cfíslinguidas, y rodca- 
do la juventud estudiosa, 'ü^'b ({Uf; lia inspirado siem- 
pre tanta veneración por sil va'il'o^ 'saber ,■ cuanto carifio 
' por la amabilidad y dulzura dd sujiraráctcr. 

Las instancias de sus amigóST,*- el deseo do abrazar á 
muchos do ellos, después de una' larga anuencia, y las 
Ventajas que proporciona la cArfo i|láKa m \iie&iV^>o\j^x%8^ 



u 

:tios, lo impulsaron á ttiasladarse ¿ ella en 1820 « deiipnet 
-de haberse promulgado la Constitución de 1820. Conti- 
nuó^ como en todas partes, ocupándose en la enseñanza, 
tomando ademas parte en la redacción de El Imparcial j 
de El Censor. En este último escribió mientras duró aquel 
periódico, que dejó de publicarse cuando ocurrieron los 
.memorables acontecimientos del 7 de julio; y en el que 
se propuso, de acuerdo con los otros dos colaboradores, 
que lo eran sus amigos don Jo.sé Heriñosilla y don Sebas- 
tian de Miñano , propagar las buenas doctrinas políticas, 
formar una opinión ilustrada y fuerte, apoyar las refor- 
mas útiles y convenientes, que la situación del pais re- 
clamaba, y contener con firmeza el espíritu de exagera- 
ción, haciendo cruda guerra á los proyectos y tentativas 
desorganizadoras y anárquicas. Este periódico fue el ver- 
dadero fundador en España de la .escuela moderada; en- 
tendida esta palabra en •su natural y legitima acepción, es 
. decir, escuela que profesa principios , máximas y doctrí- 
. ñas , que ademas de estar fundadas en la prudencia y en 
.la conveniencia^ se hallan igualmente distantes de dos en- 
tremos opuestos y; viciosos* Este periódico , .que todavía 
se lee con interés, y ^Ut^.^e busca y se desea adquirir, for* 
. ma en 17 tomos en. 8.^, la mas preciosa colección de 
opúsculos políticos, económicos y literarios: en ella se 
examinaron profundamente con erudición, con lógica v 
elocuencia, las mas interesantes cuestiones. que en aquella 
época se agitaron, como la estincion de monacales, la su- 
presión, del instituto de la Compañía de Jesús, la ley ^e 
vinculaciones y mayorazgos y otras. Todos los. artícnlps 
de.Jiteralura dramática son del señor Lista y lo mismo los 
mas de critica literai:i,¿/yj muchos relaiiivos á cuestiones 
políticas. Aunque en mogun articulo .de ^sta colección 

Eeriódica está firmadQ ^qr su. autor, contraía ptictica 
üY.vígente;» según la cual se firma el articulo toas f^^ig- 
nihcante con el nombr^ y todos los apellidos de su autor, 
sin embargo los del f^ño^. Lista se distinguen desde Iuíe!^ 
por las. cualidades de su estilo, en lo gcnecal mas corta- 
Jio ^.el.de I^iñano^t ^j de mas tarieaad y |trm9^^^ 



15 

didft HéraionUá, laniMáo ftl miimo tienq^ nits inima^ 
doQ 7 colorido qae elée ambos. Entre int artíeoloi po«-. 
Utieof f son los mas notables en nuestro concepto , d que 
tiene por epígrafe: «Origen» projpresos y estado actnal del 
sistema representatiro en las naciónos europeas» » el que 
trata de la revolución de Ñapóles , el que esplica lo que 
era el Consejo de Estado en la Constitución de 1812, el 
que trata de Us antiguas repúblicas , el del espiritu de 
partido, el de la armonía de los poderes constitucionales, 
el de la autoridad del pueblo en el sistema constitucio- 
nal , j el de la omnipotencia parlamentaria. El primero 
es un magnifico discurso , en que , después de (razar con 
mncba filosoña y con una bermosa elocución , los bechos 
mas notables que forman la historia del régimen repre- 
sentativo, llegando á formar el cuadro que presentaba en 
aquella sazón, concluye diciendo: «Tal pa sido el origen 
y progresos del sistema representativo. Conocido en sus 
principios con los nombres modestos, por no decir bu- 
mildes , de tercer eetaído , cámara baja^ procuradores de ¡as 
ciudades de voío en Cortes^ sin verdadera autoridad legis-- 
lativa, con muy poca inOuencia en la administración, me- 
ro instrumento puesto en mano de los reyes para abatir el 
feudalismo, y cuando ya la autoridad ministerial se creyó 
suficientemente arraigada, suprimido en unas naciones y 
olvidado en otras, ha llegado a ser en nuestros tiempos, 
gracias á los progresos de la civilización y de las luces, la 
primer rueda de la máquina política, el órgano de la so- 
beranía nacional, y el arbitro de los destinos futuros del 
universo. 

»¿Qué es lo que falta pues para la renovación política 
de la Europa? Solo la buena féen los depositarios del po- 
der ejecutivo y conservador (1). Constantemente clamare- 



(1) Los publicistas de nuestros dias colocan el poder conservador 
en aquellas ciases ó magistraturas^ cuya obligación es contener por 
una parte la autoridad popular, que siempre tiende á la democracia, 
y por otra el poder ministerial, propenso'aldespotismo. £Vy^^<tt ^^t^ 
senrador existe de hecho en /as ciases superiores de \a %otVft<k«!\ ^ i\«^ 

Tomo vm. \^ 



li 

naiá.loi]eÍMile los paeÜoütc •hi>initB<i ;Írrt«MÍiÉn¿yt 
eB^ejecidaa: no queráis gobernar |foi ptefogativat/cuyo» 
titoio» ha anticuado el indomable espiritn del siglo. Seci- 
biA de Tuostrsft naciones un; Ululo nftas* sólido y maf glo* 
rioso: sed el centro del poder, los moderadores de toda 
kadmini&traeion: sed los dadores déla pai^ de la eoneorw 
día y de la feticidad. La adulación mata, 5 el amorre 
los pueblos hace vivir en los siglos mas remotos.» 

)» Diremos á los ministros de la religión: «sed ángeles 
de paz, anunciad las verdades eternas, fundad en las aU 
mas el reino puramente espiritual de Jesucristo y abando- 
nad el cuidado de los negocios temporales á quienes la 
Providencia divina y la razón humana los confian de de* 
recbo... No atraigáis sobre vosotros la terrible aeriaiimH 
cion de turbar en nombre del ciclo la tranquilidad de la 
tierra, por mezquinos y sórdidos intereses.» 

» Diremos tatnbicn á las clases superiores de la sacíe^ 
dad: «no existen ya cartas privilegiadas: las virtudes y 
los talentos son los únicos títulos de superioridad quesa- 
fre la actual generación. Sed hermanos de vuestros coa- 
ciudadanos: sed dignos de su confianza: servid á la pa« 
tria 9 y obtendréis la gloria de conservarla, muy sape** 
ríor á las distinciones de la yanidad y al orgullo de las 
genealogías.» 

9 En fin, nos parece una verdad indudable que va 
novarse la iaz de la Europa: el deseo universal, los 
nocimientos políticos diseminados por todas las nacioBCS 
lo aseguran. ¿Qué valdrán contra esta masa defmria do* 
ral, los débiles esfuerzos del corto número que goia i 

cuales son igualmente funestos el poder arbitrario y la anarquía , por- 
que el lu;^ar que ocupaa las somete mas inmediatainente ¿la ia^ 
iluen:-ia y animadversión del ministerio ó de la demagogia. La mayor 
parle de las constituciones colocan de derecho el poder coDserwor 
en una segunda cámara ó en un Senado. La astuta combinación de 
las constituciones consular é imperial, que sometían el Beoadoal jefe 
de la nación, y la nación al Senado^ hizo que este fuese conocido coa 
el nombre de Senado Conservador de Bonaparte. 

C^ota del articulo^ 



ir 

cotia dala conranidad? La iuiica carrera glorióla y sagí^- 
ra qae lea queda , es ponerse al frente de la revoicicion, 
dirigirla pacificamente evitando las convulsiones, y.sobre 
todo la sangro. Guando á los pueblos no se les concede 
Toluntariamente la justicia que piden, la arrancan coa 
TÍolencia. La táclica de las revoluciones está ya niuv per» 
feccionada, y no hay mas medios do evitarlas que la justw 
cia y la moderación. Diremos que esperamos que el lorrir 
ble ejemplo de la Francia sea útil á la presente geno-» 
ración. 

)>LaEspafia, sometida, después de la desagraciada lucha 
de los comuneros, al despotismo ministerial é inquisito- 
rial; la España, cuyos progresos en las artes y ciencias, se- 
Saladamente en la del gobierno, han sido tan lentos aun 
en nuestros dias, conservó sin embargo á pesar de tan-^ 
los obstáculos, el germen do la libertad primitiva en la 
probidad y constancia que han caracterizado en todos tiem- 
pos á sus habitantes. Un sentimiento profundo de indig- 
nación le arrancó el ffrito de guerra en 18Ü8: la rcilexíoa 
de los males que sufría durante aquella lid devastadora « 
y de los quetemia en lo sucesivo, le hizo conocer cuál 
era la fuente de sus infortunios; y determinó cegarla 

Cira siempre, elevando un nuevo edificio social sobre 
abases de lalibertad y de la representación, lutereseí 
privados reunidos á preocupaciones envejecidas, sus- 
pendieron durante seis años la marcha de los princi[»ioa 
tutelares: mas no retroceden los españoles, cuando una 
vez han recorrido la senda del bien. Ua salido de entre sus 
ruinas , mas hermoso y brillante que nunca , el gobier- 
no nacional: las grandes ideas están bajo la salvaguardia 
de una gran nación, que reúne en supremo grado la intre- 
pidez y la prudencia , la moderación y la constancia, y su 
triunfo es indefectible. £1 poder legislativo ha sido de- 
vuelto á la representación : el poder conservador estriba 
en la sanción de las leyes^ atribuida al monarca, en. el 
voto consultivo del Consejo de Estado > elegido por el 
rey á propuesta de las Cortes, entre los hombrea tí^\ 

ImieiDéñVoa da la jiacioo, j princi|^akDL«ak)t «a <^ ^^r^*» 



18 

rácter religioso y cnerdo de los eiadedtiios éipiBoles-' 

«Para ileDar las esperanzas de la actual época, cojob 
eamplimiento inmortalizará á la Espafia y á sos repre — 
sentantes, ademas de las luces y conocimientos pecnliare^ 
á nuestro suelo, es necesario la espcriencia de los ejem — 
píos tomados de las naciones estranjeras. Sus aciertos, sus 
errores mismos nos serán útiles; y tanto mas, cuanto lan 
análisis política que hagamos de unos y de otros será impar— 
eial, porque se versará sobre países distantes, y sobre in — 
t^resesaj^nos. Un estudio de esta especie que podría lia — 
marse estudio filosófico de la historia de la edad présenle,^ 
es de la mayor importancia para un pueblo que quieren 
consolidar su libertad. Ademas, los deseos de los gober- 
nados, ya mas ya menos comprimidos por el poder y la as — 
lucia de los gobernantes, forman un cuadro moral y po — 
Htico sumamente interesante p?ra el filósofo. 

»Esta razón nos ha movido á insertar en nuestro pe- 
riódico, como lo haremos en los números sucesivos, no 
solo las combinaciones legislativas que en los demás paí- 
ses aceleran ó atrasan la marcha de los gobiernos repre- 
sentativos , sino también la análisis de las obras que se 
publiquen sobre política, impugnando los principios con- 
trarios ya al orden, ya á la libertad, y elogiando y reco- 
mendando las ideas favorables á la prosperidad de lis 
naciones. Seriamos muy dichosos si en los juicios y cen- 
suras que hagamos, estuviéramos tan seguros de lai 
fuerzas de nuestro ingenio, como lo estamos de la rectitud 
de nuestras intenciones.» 

En el cscclentc articulo que ya hemos citado, acerr 
de la revolución de Ñapóles, son notables los dos pasaj 
siguientes: 

aEl impulso comunicado ú (oda Europa por la revo^ 
cion francesa en su larga y dosgracinda c;irrora, ha acf 
rado la marcha vencedora de la opinión pública; y Ib 
prueba ineluctablemente la nnalogia de este impulso 
el espíritu del siglo, es que ni la tiranta que soced 
Francia A las convulsiones an¿írqu¡cas, ni el odio un 

— «/luella t\raiii;\ m\yvtU «ítvVc;^ V^ w^cion 'fin» 



19 

iiutniíDento de sns conquistas, han podido retardar el 

Wanfo de los principios libornlos.» 

Hablando dcspuos del sinp^iiliir fonóniono de que en las 
^'evoluciones do Kspañc^ y Ñapólos, en el afto de 20, haya 
^Cimacio l?t inicialiva la fuerza armada, dice: 

alül militar, somelido necesariamente, aun en las re- 
r^TÍiblicas nips libros, á una disciplina despólicn, hi sido 
'airado como polijrroso pnra la linortad de las naciones. 
Oe aquí, la impaciencia con que las leves le quitaban Us 
^Tmas, y le restituían á Ia clase de ciudadano, apenas 
besaba el pelij^ro ó la empresa que había dado motivo al 
armamento; de aquí también la repuprnancia de los pue- 
blos amantes de su libertad á alistarse bajo las banderas, 
y í someterse al mando de los que no pudiendo saciar su 
ambicien como mafi[istrados, querían saciarla como gené- 
ralos. Cuando Roma se vio precisada por la estonsion del 
Imperio y do la dilatación de sus fronteras, á tener gran- 
les ejércitos permanentes, los procónsules pensaron en 
si supremo mando por la renalidad de los soldadcs, que 
fa no se miraban como ciudadanos do Roma, sino como 
túbdilos de Mario ó Sila, de Pompejo 6 do César; y con 
as mismas armas que la república les habia confiado 
k*8trozaron su seno Las nac¡(uif s modernas, que han go- 
sado ot réfi^imen representativo, hdn clamado siempre por 
a disminución do la fuerza armada; ella destruyó en Sue* 
na el régimen constitticional en el último tercio del siglo 
Misado: ella afirmóel despotismo en K^pafta, \ustria yPru* 
lia; ella sost^icne en la p^ran Bretaña la oligarquía minis- 
terial que amenaza las libertados de la nación. ¿Qué mas? 
Las mismas tropas, criadas por decirlo asi, á los pechos 
lo la libertad en las revoluciones de Inglalcrra y de Fran- 
cia t osas mismas protegieron las tiránicas dictaduras de 
Cromwel y Napoleón. 

» ¿Quien ha alterado el espiritu do la profesión mili* 
lar? ¿Ks menos severo su régimen? ¿Se ha relajado su 
disciplina? ¿La sumisión á sus jefes es menos obligatoria? 
No. Se han instruido : j cuando las luces han penetradt 
meeta dase, suroergioa baMa nueMroft V\«iii^^^Vi^N% 



30 

AortDeiak tan fayorable áloatiranotí m ha atacado y tmi* 

cido al poder arbitrario en sus últimos atrincheramieDiM. 
Los mismos que á la voz de sus jefes volara o á defenderla 
pairía coiilra la invasión cstranjera, y derramaran toda 
su sangre en las fronteras de su pais, han desoldó el ffrito 
del despotismo, y han cedido al irresistible clamor de la 
opinión pública. Se avergüenzan ya los militares de ser 
iuslrumcuLos de la opresión de su patria: no quieren ser 
verdugos de sus hermanos, no quieren ser los muda» 
asalariados de un gran visir. Ya se admiran eo esta pre- 
ciosa clase de ciudadanos, ademas de la intrepidez y el 
pundonor que siempre la ha caracterizado, la verdamn 
virtud patriótica, dirigida por las ideas políticas del si- 
glo. En fin, la fuerza armada es ya el ejército de la M* 
cion.yy 

Ya que hornos hablado de sus estudios poéticos y de 
haberse dedicado desde sus primeros auos , entre otroi 
ramos, á la enseñanza de la literatura, y después de haber 
presentado á nuestros lectores algunas muestrasde losar- 
itículos que escribió en El Centor^ debemos decir algo ds 
sus poesías , aunque ligeramente por ser tan conocidas y 
taa:unánime la opinión de los inteligentes acerca del sin- 
gular mérito de cílas. En 1822 las publicó por primen 
<V6Z, y en 1837 hizo una segunda edición, en la que afa- 
dio muchas composiciones hechas ó corregidas desde qui 
• dio á luz á la primera. E^ta fue recibida del público coa 
estraorüiuaria aceptación y con entusiasmo: de todos bi 
periútiicos de aquel tiempo merecieron las poesías delse^ 
ñor LiMa los mayores encomios: los jóvenes literatos J 
las |»erbOiias de gustólas leian con ansia y repetían átrnt- 
mo ia mnckos trozos de ellas. A poco tiempo de publica- 
-idas, se hicieron en cierto modo populares entre las per*- 
sonab cultas y de guslo poético: la música prestó susar- 
iiuniiosos tonos á ulffunas de sus letrillas é idilios; redes- 
..lemiMite «I alcnun don Fernando José Wolfíha ptiblíealo 
' éft do$< tomos una fioresia de rimat ca$Ullama$ üie La- 
; san basta juueslros días, incluyendo en ella la» de k» al' 
. ;(0fes vmeilM I s 4«ii&j»akfaA.ieaiu obraa ua míÍím 



SI 

jMfgráSca da alloteon m jaioio critico lobre et mtrito 
década autor; y del señor Lista dice lo siguiente: «Sus 
poesías BOU cmsi loilas del gé^erp Úrico, que es el único á 
i|ue se ha dedicado; y masón ellas se Im señalado tanto, 
que se le debe colocar entre los primeros poetas moder- 
nos de aquel género, no solo de España , sino de £uropa. 
fiase # pues, formado con el estudio de los poetas clásicos 
jdia la antigüeclad y los castellíino9 del siglo de oro, y es 
quizá entre los poertas españolea el que há sabido reunir 
ifion el mejor ¿xito la precisión, claridad y elegancia de 

& clásicos antiguos, con el encanto, halago y riqueza de 
castellanos y la profundidad metafísica do los modera 
JMS. Sirvan de prueba sus írdducciifnei , mejor diremos, 
MU^ imitacioneé de Horacio^ escritas con tanta maostriai 
qae el misiuo .poeta romano no hubiera podido decirlo 
^Qa^or, á haberse valido de la habla castellana: sus poeria$ 
^gradq$9 compuestas en el espíritu de aq\iel cristianismo 
— ^^áptko, an quq los castellanos .bao aventajado ú todas 
\dfinjis naciones de Europa; ^u^ lirictuprofanas, llenas 
,. jpaUiolismo.y vuelo, por las que ha veriGcado lo que 
je 61 babia dicho so célebre uiaesJlro Molendp^.eM- oslas 

Slfíobras: en <ion»Alber(o de Lisift;VeQj.enncida la mtuad'el 
\nÍHO ¡terrera: &hs poerifts fÜQ$6fiiíat^ en que no se sabe 
if|((6 admirar; m^as» si la apacibilid^d. Je los sentimientos ó 
lía humanidad^ nobleza y elevación ^u las miras ó la pe^- 
iiyii;GÍoa del estilo, y la versíücacioi^ ; en fín , sus poesías 
üff^roeae yy ajia^reóniicai^iní ^ue sÁno se iguala 9\ áiUck- 
tirfíO Ba^tilot á. Ip meuos no (;edei>: uiiiguix^ de 4$iianto9, 

2tre susdetuas con^patrxotas, hau. pulido el blando, laúd 
AnacreoMle.o . ....... . . , 

. Xa primera edición de. susi.i)0(Viías la djedicó el señor 
í^iata á su amigo. 4on Jpsé^María Ulanco, , .qvie se hallaba 
Miai^nt^ dOiS» pal|rÍA,,y.U .de4i<'*fi(t<)ria¡ está reducida á un 
||^||lÍ6^i;)()0 soneto : ií;of>sarv.9 esl^eii.la segunda . edición, 
^f(^,^d(4M¥iip4^lQg<>,i^A;ftue^dMApi]C8.de dar gracias ^1 
l^bliooppr. la Uvoral|le.acog¡ilajqu^^l^a. dispensado á. sus 
^fc.^SRÍW l^AfiriQCigipíi WQU4B*^ qi?Cíí^ M *l¡rigidp, 





22 

ja. En Imeii hora dne el fteSor Lista haya eitadiaday he^ 
cho suyo el estilo de Rioja, que el seftor Quintana carac- 
teriza con mucha propiedad , do culto siempre sin afee* 
tacíon, de elegante sin nimiedad, de grandioso sin hin- 
chazón , y de adornado y rico sin ostentación ni aparato. 
Pero en el gran námero do sus composiciones ha mos- 
trado una grande flexibilidad de ingenio, recorriendo con 
igual facilidad y maestría todas las cuerdas de la lira. Sin 
embarazarle en nada las dificultades de la versificación y 
de la rima, ha sabido^ comunicar k sus versos la nobleza 
y elevación de Herrera en el estilo, y la suavididy finan 
de Melcndez en las descripciones y en los sentimientiM. 
Ha ejercitado con estraordinarío éxito todos los genera 
de la lírica, y con facilidad admirable, con calor, con 
pasión ha espresado toda clase de sentimientos sin que le 
embarazasen los grillos de la rima. Su genio recibe todas 
las formas: con razón lo llamaba un joven poeta un Pro- 
feo de la lira: ora es un pastorcillo lleno de temara, qoe 
presenta á su Elisa un ramo de tulipanes* y ora el qué 
anima al combate á los guerreros sus conciudadanos, A 
que reprende á los hombres y corrige sus flaquezas, el 
que canta los purísimos placeres de la amistad y las deli- 
cias del amor divino, el qui) sube al trono del Eterno y 
canta los himnos gloriosos que llenan las ánimas aublinwi 
de melancólica grandeza. 

Un amigo nuestro, que hoy ocupa un puesto impor- 
tantísimo en el Estado, y que siempre lo ha ocupado may 
distinguido en la literatura, se espresaba de la manera 
' siguiente, al anunciar en 1837, en un periódico de loi 
mas acreditados, la segunda edición de las poesías del se- 
ftor Lista: «Al público que tanto conoce ya, y tan justa- 
mente aprecia las obras de este insigne literato, y enñ- 
nente poeta espafiol, ¿qué pudiéramos decirle por nuesln 
parte para recomendarle la lectura de una colección de 
poesías tan preciosas? Ocioso fuera detenemos macho ei 
elogiar las producciones, sabidas de memoria por tantóli 
de una persona á quien el mundo literario ha calificado 
jf eoino uno de tos padrea d« U Ifriea'nibdÉniá oip^ 



or ks Mías y gtraades creatíoiiet da su gmio, y por la 
brt lu de la ontefiania que ha difandido, cual no otro, 
B la juventud de toda la Península. S(: cato honroso t(-* 
ilOf tan dulce á su corazón » y que acaso él estima como 
I de BU mayor gloria , le os debido en rigorosa justicia: 
penas hay iótou do los aoe hacen buenos versos en Kspa« 
a« que no fe aclame su aircctor y su maestro. Kl señor 
Í8la»como poeta y como preceptor, es uno de los mejores 
mamentosde nuestra patria...» «La comprensión y flc\i- 
ilidad de su genio ha abarcado desdo los sublimes miste- 
ios de la religión hasta losjuegos mas sencillos del amor; 
•ro aun en estos juegos no es un poeta que muestra solo 
Bikabilidad» sino un hombro que siente y que sufre.» ' 
... T<Hloa los humanistas han reconocido la dificultad da 
.eaempeflar bien los asuntos religiosos en poesía, por ra* 
onea que no son de nuestro propósito. En la colección do 
la poesías del señor Lista, son las sagradas las mas nota- 
(leSt no solo por la belleía de su dicción y por las gra- 
tas de su estilo , sino también y inuy especialmente por 
a particular entonac¡on,*por8U colorido propio, y por la 
ucion con que canta el poela>< y que comnnica á enan- 
os le escuchan ..Entre todas ellas se distingue la primera 
le la colección , que en concepto de los inteligentes es 
ipabienuna do las. primeras del Parnaso español en este 
jénnro. Compuesta á la mueríe efe Júiut^ penetra á los 
MtosdUds. los mismos sentimientos que inspirara al poe- 
s-la profunda contemplación' de aquel santo misteno y 
ie aquel doloroao sacriGciOr Nos atrevemos á asegurar 
[ae esta composición durará lo que dur$ el habla eaiUlla' 
MI. Si nuestros elogies pareciesen exafforados 6 parcia- 
est diganosi lodo hombre sénsiLle y religioso que la haya 
^isto, si se ha ooátentadd con leerla una yes. 
¿Y eres tú el qus' velando 
la cscelsa magostad en nube ardiente* ■ 
fulminaste en SináT y él impio bsndo,- 
que eleva contra ti la osada Irentei 
'11 **H ' Mt ^ que ovó medikü» • 
Mip, n>d««taMyad'sslMsiteihH|ob^ 



L« natural y fnerto osMraposiebNida 1m Mob ai eiti 
entrada , y la proftindidad del seniiniiento que lolMCigt 
al poeta, anuncian la grandeza del espectácolo que M 
ofrece á sua ojost y que conmueve so corazón. Peroel dp« 
lor que aquel eapcrimenta necesita de una leye tregua, j 
la halla en la conformidad religioaai tan felízmeDté espre* 
-aada en cstoa veraos; 



I • 






Asi el amor lo ordena. 

Amor, mas poderoso que la muerte» - 

Y amplificada después en los bellisímoi de la H^ 
trofa siguiente , en loa cuales el poeta manifieata tidH 
Uen su admiración respetuosa por los deéretoe íNdrnoi 
del Altísimo: 

lOh victima preciosa, . 
ante siglos de siglos degolladal 

Aun no «huyentó larnoone pavorosa 

; por vez prinaeraelalba naeáradaf i' 
. y iióeli» del «mor tiemor 
I moríale en ios decretos del Eterno. 

^1 ■ • l'r| . .'li .' »*•'.. ,1 : .11 « 

<;.'' iQuó valentio de esphrésioD0n?loS''db9'priiMimtsr^ 
aoel iqnériqbeza.dépoesiaenlosqnosigueotí '> •«'• ^' 

• Mas es forzoso volver al dolor que no hk^piM»'!!^ 
tiparse^cn elelmadoL contemplador > poeta v^y'^^felrlK' 
él. derecha porfá»avgustÍMÍa peiiif!iiiiela=i9prini4i i'' '!'''' ' 

<lUa-.orai abandonado'-; ? i:.- ! > ^•.-'r<',:'!: i'' 

, -I. i Mjf pendes-sobre él Gróigirtáry^ül'cielb^''n' 

alzas KÍipiendo eKrAalro lihtlaiaíAec- "' "^ ^ 
cubre tus belloÉoiósinoi;tiil<vela, ' ' *' . 
y su |«feieiAÍBg«Íra r.--; -.'-: i.í 

en arpefcgoi bosyiió ¡das lavída. 

.'.ifi'i'ii . !i ■■) :.l i? -f':t • . ; , I «.rn» 



U 



Es admirable esta suavidM deieoleoido eéi-OTepsiS' 

el Salrador MtfkAjMMLteiM» de ^mtñmú \V^ 



■feaitria! iq^édellcaden de tiineelt Et In^CMllMé ter íih 
KÜMrente á los tiernos sentimientos que insi&in. Véase 
n legoida al poeta corriendo al llanto y i la oMtempIéH 
Son mas tierna, cómo se exhala al ver el espectáculo de 
[eras en la Grux. 

¿Quién abrió los raudales 
de esas sangrientas Ilaiffas, amor míe? 
;quién cubrió tus mejillas celestiales ** 

de horror y palidez? ¿Cuál brazo impfo 
á tu frente divina 
cifió corona de punzante espina? 

No hallamos palabras sufioientes para elogiar debida- 
mente osla eatroU: para darlas á conocer « no bastaría 
compararla con la esprcsion del sentimiento de una ma- 
dre que contempla muerto al hijo de sus entraffat; Toda- 
vft son mayores ta suavidad y delicadeza de eüos . dee 



reraoi: 



Ya de la muerte la tiniebla vaga 
por el semblante de Jesfra doliente. 

El poeta vuelvo á considerar humilde y religiosameB'i 
la el anblimo misterio de la redención del linaje hamanoJ 
Toda la pieza se compone de mutuos embales entre ^el 
iolor y la consideración cristiana, y cada voz «fno M^e«« 
senta uno de estos cstimnlos, aparece con mat fueraa -f 
DOvedad. ¡Qué erando os la idoa encerrada en los ouairo 
últimos versos de la estrofa 8.* donde se dice que solo la 
sangí e del Cordero podría aplacar la cólera divinal El 
último de ellos ha parecido débil y forzado a loa que no 
han comprendido su artiiicio. Cii versificador tan diestro 
como el señor Lista, fácilmente habría podido recpnstruir- 
lo y mejorarlo: cuando no lo lia hecho » creemos que ha 

Íuerido que la estructura material de esto v.^rso y su 
ilU de armenia esprese toda la /íiersa del' sentimiento \ 
«Mtai'l» aéUliáid dal'ditftíniMvi; ' o^ :'.V v'^ «a;\ 



96 

Este mmro giro qae taa natoralmente toma el fMta, 
le sirTe para llevar á su debido término la composición. 
Ya contemplando la agonía de Jesús, y la estiocion si- 
multánea de la cólera divina: y cuando el ángel de la 
muerte está para recoger el úllimo suspiro del bom- 
bre-Dios, el poeta concluye su canto con la estrofa qae 
sigue, en la cual se hallan comprendidos todos los sen- 
timientos que bao conmovido su corazón en el discurso 
de él. 

Basga tu seno, ¡ob tierral 
rompe, ¡ob templo! tu velo. Moribundo 
yace el Criador... mas la maldad aterra, 
y un grito de furor lanza el profundo: 
' maere!.. Gemid, humanos, 
'todos en él pusisteis vuestras manos. 

£1 Senumario Pintoreteo decía que en estos magestno^ 
sos y sublimes versos , es otro Fr. Luis de León el qoe 
canta la muerte de Jesús. No podemos hablar por falta de 
espacio de todas las poesías sagradas que comprende la 
colección, aunque todas tienen muchas bellezas que ad^ 
mirar. La oda a la Concepción de nuestra Señora consta de 
400 versos, que forman un verdadero poema, lleno de las 
mayores bellezas » de imágenes grandiosas , y de inagota- 
bl6 riqueza de dicción y de estilo. £1 plan está tomada 
según encargó al autor la Academia Sevillana, en el aflD 
de ISOOt del capítulo 12 del Apocalipsis. £1 argumento el 
bastante delicado y espinoso; pero no ha habido dificultar 
des que no haya sabido yencer el talento del poeta. 

Al rey que en medio el lago tenebroso 
ya en cadenas de fuego ^me atado 
al trono adusto que erigió el delito: 
deshecha la corona, el cetro odioso 

Í'ace aparte arrojado; 
os ásperos clamores 
íef'oz repitCi etc. 

JEito es digno deNVs^p^)^\alN«L4aG«dbi<li.píii»' 



57 

6 lá' gaerra en la Eneida. La deacripción deia salida 
atañas es de un tono sublime: no podemos dejar de 
arla. 

Ya la funesta puerta se estremece 

J estalla fragorosa: entro humo y trueno 
ragon sañudo por la dura escama 
vertiendo sangro y roja luz, parece: 
prcfiados de yeneno 
siete cuellos enhiesta; 
arde ceñida do insaciable llama 
cada ominosa cresta; 
y de diez negras astas coronado 
aterra al hombre atónito y postrado. 

Rompe del negro lago: contra el cielo 
vibra el niónnlruo feroz la cola ardiente, 
y en pos teñidas de horrorosa lumbre 
estrellas mil y mil arroja al suelo. 
Asi rugiendo herviento 
incendio proceloso 
rompe del Etna la abrasada cumbre; 
y entre el humo nubloso 
globos de fuogo pulido desgaja 
y de ardido alquitrán los mares cuaja. 

So podemos tampoco dejar de mencionar el religio- 
Qtusiasmo do la magnifica obra á la profesión do aoña 
ia Fernanda Blanco, y la ineomparanle ternura de la 
¡ente « dedicada á la profesión do otra religiosa , en la 
ha imitado tan perfectamente el poeta el estilo de san 
I de la Cruz, ó el Cántico de los Cánticos, que es el 
Udero modelo de ambos: tampoco nos detendremos 
i profunda oda á la Providencia, ni en la dirigida á 
io en la muerte de su hija, llena de acción, y de todos 
movimientos que pueden imprimir á un corazón señ- 
) ol dolor pntornnl por una parle , y por otra la reli- 
y la filosofía. Todas las composiciones rcU^o%bL% &s\ 
>r Lista^ y en particular lá prrméta k \i muet\A ^^ it^ 



9» 

•4%l»i«Uqrtmptf* dar i.«Diioc«rMeitrmrdiiiim 
, tfoiDaes M eitas, tai que (tnat atención noi motee 

aon Im nIosAficas , j entre ellas damos la preferencia i 
oda .1 la Benefieencia, en la cual hace sentir el poeta de I 
manera mas viva v desusada la dulzura y los encantos 4 ^ 
la virtud , madre de todas las virtudes, uay pensamientoa 
tan originales en esta oda, sentimientos tan tiernos, y un 
entusiasmo tan puro, que no puede quien la lea dejar de 
gozarse en ser nombre. El principio de la composición es 
hasta cierto punto suave y templado ; mas ya desde la se- 
gunda estro^ el poeta descoge sus alas y se lanza al es- 
pacio para derramar con profusión el tesoro que guardi 
en su alma. Dirigiéndose al amor cieffo, á qaien no qaiV 
re ya cantar, poscido como se halla del amor de la hama- 
nidad, esclama asi: 

Dulce ilnsion, aunque gozosa, yanai 
que Tó mejor robaste de mi vida, 
buve veloz, como la luna herida 
del triunfante esplendor de la mafiana. 

Estos magníficos versos sirven de preámbulo i la Id* 
vocación que el poeta hace á la misma Beneficencia, á U 
cual saluda de esta esquisita manera: 

Salve, luz celestial; fuego escondido 
que en este yerto corazón dormías, 
í^aTve; disipa con tus llamas pías 
la ciega oscuridad de mi sentido. 

El pensamiento que en este lugar solo índica el poeU* 
bonsiderando á la Beneficencia como dormida en su tf^ 
Hzon,. se convertirá después en un sentimiento vivo,eB 
cuya eq)resion nos mostrará hasta los últimos senos de ^ 
alma. Ya at fin de la oda, en la estrofa 24, vuelve i ub* 
dar áfa Beneficencia en estos términos: 

Salve, keriüoia ^íiVnA» LCómo, ai dabii 



» 



'> I . • 



¿cómo en mi ma^ iíq iFifOf Jiy^U 
la fuerza celcstUl qu9 1« impirabaa? 

a sé cuál ea la fq^u.U 

e ac|uel yago llorar que la teronra 
veriió ¿ mi rostro aruienie: 
ya conozco del bien la emocioE piirai 
que el misero gemido 
tal vez me sorprendió dal dea^alido. 



i 



To caben mas afectos en un alma tierna, ni mas idea- 
. ta la etpreaioa do un sentimiento. 

hn g[a8to notaríamos otras muchas bellezas de esta 
I oda, que contiene 28 estancias de á 10 versos; pero 
bndo posible» nos limitaremos á sefialar dos estrofas» 
» j la ultima, ambas notabilísimas por la novedad del 
wüento, j la estraordinaria felicidad de la espresion. 
m 15 solicita el poeta que el amor se convierta en 
ladt y dirigiéndose á aquel, le dice: 

Las dulces flechas orie te di6 natura 
para esparcir del ser la llama ardiente, 
templa, ¡ok amor! en la sagrada fuente 
de la amistad ínestinguible y pura: 
y el amante enlazado 
á la gentil beldad que lo enamora» 
en lágrimas bañado 
esclame al despuntar de cada aurora: 
«¡destino venturoso 
el de hacerte feliz siendo dichoso!» 

fia fin la última estrofa, es inapreciable por el partído 
Ka sabido sacar el poeta para una de bs comparación 
nas nueras y felices, do la seociUisiuia oaanto vulgar 
aoion de sacar lumbre del pedernaL Esta estrofa aeria 
teolíe para calificar el g;enio 4fi. ua comyoaitoc^ SMt 



• 



• » ■ ■ I ■ ■ . • ■ \ . 



3ft 

Aii del eUM idl deMfiUtf Miib^ ' ' 
en tímida centella trtsfomiaad, 
entre sas densas láminas trabado' 
encierra el pedernal inerte j dnro. 
. Mas si actiyo el acero 
fuerza