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Full text of "Gente menuda : sainete lírico en dos actos, divididos en siete cuadros y en prosa, original"

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GENTE HEHÜDA 

saínete Lírico 

eD dos actos, di?idídos en siete cuadros y en prosa, orígioal 



LIBRO Y MÚSICA DB LOS SBftORBS 



ARNIGHES, GARGlA ALVAREZ y VALVERDE 



eopvrígíit, bv flrniclies, García liluarez i? Valuerde, I9ii 

SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Nútes d« Balboa, 12 

xeii 



OKIVTJ© IVIKIVUOA. 



Esta obra es propiedad de sus autores, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en 
España ni en los países con los cuales se hayan cele- 
brado, ó se celebren en adelante, tratados intercacio- 
nales de propiedad literaria. 

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Los comisionados y representantes de la Sociedad de 
Autores Españoles son los encargados exclusivamente 
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Droits de représentation, de traduction et de repro- 
duction reserves pour tous les pays, y compris la Sué- 
de. la Norvége et la HoUande. 



Queda hecho el depósito que marca la ley 



GENTE MENUDA 

saínete Lírico 

eo dos actos, divididos en siete cuadros y en prosa, original 



LIBRO Y MÚSICA DE LOS SHRORES 



ARNICHES, GARCÍA ALVAREZ y VALVERDE 



Estrenado en el TEATRO CÓMICO la noche del 7 de 
Mayo de 1 011 




MADRID 

E. VELaSCO, IMP., marqués de santa AKA, 11 DDP 
Teléfono número 661 
1911 



«^ 



REPARTO 



PERSONAJES 



ACTORES 



CATALINA Srta. Prado. 

CONCHA LA LUNARES Saavedra. 

UNA CIEGA I ^ 

LA BELLA MANOJO \ ^«^- ^^^^^^^• 

■GENOVEVA Castellanos. 

SARA LA CRIOLLA Srta. Águila ^M.) 

PACA LA CROMO Vela. 

LEONOR ; 

LAZARILLO í ^"^^"^ 

VENDEDORA DE PAPEL / „ 

VERDULERA 2.=* í ^^^- BARANDIARAN. 

CAMARERA 1.* Sr»a. Águila (J.) 

VERDULERA 1.^ Román. 

ídem 3.* ¡ „ 

UNA VECINA \ ^«^- lÍEOO^^O- 

UNA POBRE Srta. Garcelán. 

PERICO Sr. Chicote. 

EL SEÑOR FELIPE Ripoll. 

CASIMIRO Castro. 

EL SEÑOR FERMÍN > 

SUÁREZ ' Soler. 

UN BORRACHO I 

MANOLITO Girón (A) 

EL ALFREDITO Morales. 

EL CHULO GOMA PoNZANO. 

EL SEÑOR LAURO Delgado. 

ISABELO . . í 

UN SERENO ....I González. 

ZACARÍAS . 

UN CAFETERO ^ Peinador. 

EL SEÑOR VALERIANO ^ 

CIEGO 1.° ¡ . 

NEGRO 1.* i Oriiz. 

TIJERITAS 

CIEGO 2." ( Fernández. 

OUBEIA ) 

6073Ü2 



EL ENCARGADO DEL CAFE j g^ Melgarejo. 

UN HOMBRE • • • 5 

EL CARTERO i 

NEGRO 2.° ? Bermüdbz. 

UN GUARDIA 1 

EL TALEGAS • Martín. 

KEGRO 3.° Miranda. 

UNO DE LA MESA j gálvez. 

OTRO HOMBRE S 

NEGRO 4.° I 

VENDEDOR DE PAPEL > DÍEZ. 

OTRO VENDEDOR 1 

UN CONCURRENTE Berges. 

UN PARROQUIANO Testard^ 

Verduleras, criadas, vecinas y hombres del pueblo 



La acción en Madrid. — Época actual 



Derecha é izquierda, las del actor 



Decorado de Martínez Garí. 






ACTO PRIMERO 



CUADRO PRIMERO 

Habitación de una casa modeslisima, amueblada con pobreza y des- 
orden. En el foro, á la derecha, puerta de entrada á la casa con 
mirilla y cerradura. Esta puerta da al corredor de un patio de 
vecindad. A la izquierda habrá una ventana practicable de dos 
hojas con reja, por la que se ve pasar á los vecinos. En los late, 
rales izquierda dos puertas pequeñas, que dan á las alcobas, y en 
los de la derecha, un hueco sin puerta que da á la cocina. El 
mobiliario consiste en tres ó cuatro sillas rotas, una de ellas sin 
patas, la cual tienen que colocar, para poder utilizarla, encima de 
un cajoncito. En el foro derecha un antiguo sofá hecho una lásti- 
ma. En una pared un reloj muy viejo, ün mundo muy deteriorado 
en un rincón. Entre la puerta del foro y la ventana un trin- 
chero antiquísimo, y entre las dos puertas de la izquierda un la- 
vabo medio cojo, y de cuyo espejo sólo queda un pedazo de cris- 
tal. En una pared otro espejo de mano, también roto. En el cen- 
tro de la habitación una camilla, sobre ella una manta de plancha, 
un ladrillo y una jicara. En uua silla una chaqueta, un par de 
botas viejas y una caja de cartón. Todo denotando mucha pobre- 
za. En la ventana uua jaula con un jilguero. Es de día. 

ESCENA PRIMERA 

CASIMIRO, que al levantarse el telón aparece, lavándose á chapuzo- 
nes en uua palangana que ha colocado sobre una silla, cerca de la 
mesa. Mientras se asea, va de cuando en cuando á mirar en el libro 
de Historia de España que tiene abierto sobre la camilla. Está en 
camiseta y con los brazos desnudos 

(con un tonillo de estudio, peculiar en los chicos.) 

Cuando en esto España se vio invadida... 
(Mira al libro.) por los vándalos, los suevos y 



— 8 — 

los alanos, que se establecieron modesta- 
mente en la Lusitania. (Mira ai libro.) Dichos 
alanos, de un carácter belicoso, siempre es- 
taban molestando á los vándalos, y tenían 
á los suevos fritos, (chapuzándose.) ¡Caray, qué 
fría! (con el tonillo de antes.) Dividido por Teo- 
dosio... (Mira al libro.) Dividido por Teodosio el 
imperio de Oriente y Occidente, quedaron 
sus hijos Honorio y Arcadio dueños de los 

susodichos imperios, (chapuzándose y con voz que 
apenas se entiende por el temblor que le da la impresión 

del agua) Honorio, que no tenía más que la 
temprana edad de doce años cuando falleció 
su señor padre... ¡Caracoles, qué fría!... (secán- 
dose va á mirar al libro.) QuedÓ bajO el COnsejO 

del general vándalo Estili... (Miraei libro.) Es- 
tilicen. Y mientras Honorio mandó á Ráve- 
na á su hermano Arcadio, que era sabio y 
prudente, al general Estilicón, que era de 
ios más bárbaros, lo mandó á hacer... (Mira el 
litro.) lo mandó á hacer las paces con Alari-. 
co, rey de los visigodos. 

ESCENA II 

DICHO y SEÑi. GENOVEVA 

Gen. Hola, Casimiro, ¿qué haces, hijo? 

Cas. Aquí, estudiando la Historia de España mien- 

tras me lavo. Como hoy me examino... 

Gen. ¿Y tu hermana? 

Cas. Me está haciendo el chocolate; como me exa- 

mino hoy... 

Gen. Ya me lo has dicho, rico. ¿Y tu hermano? 

Cas. En la cama. Como está escribiendo una pie- 

za para el cine de la Ronda, pues se acuesta 
tarde. 

Gen. ¡Pobres criaturas! 

Cas. ¿Quié usté que le llame? 

Gen. No, déjalo; pero dile cuando se levante que 

yo traía el recibo. 

Cas. ¿Qué recibo? 

Gen. • El recibo del mes pasao, que sabes que no 

se pagó. 

Cas. Yo no sé nada. Como mi padre no ha ve- 

nido... 



— 9 — 

Gen. ¿Y cuántos días lleva sin parecer por aquí 

ese hombre de Dios? 

Cas. Pues con hoy quince. 

Gen. ¡Lástima de hijos! ¡Cuatro creaturas solas y 

decamparás! íSi viviera tu pobre madre y 
viera este abandono!... ¡Y too por nna tía 
golfa, que antes de conocerla, tu padre bien 
redecente y bien honrao era! En fin, cosas 
de la vida. (Medio mutis.) ¡Ah! Oye, me ha di- 
cho mi Lauro que le dijese á tu hermano 
que si baja que entre en la portería, que le tié 
que hablar de un asunto mu grave. 

Cas. ^Muy grave? 

Gen. Pero 7)111 grave, ¿me entiendes? 

Cas. íSí, señora; se lo diré. 

Gen. Ha«ta luego. (Mutis.) 

Cas. Adiós; un asunto 7nu grave... ¿que será? 

ESCENA III 

CASIMIRO y PERICO, dentro 
€aS. Seguiré estudiando. (Estudiando de nuevo cou 

voz muy fuerte.) ...que era sabio y prudente, y 
al general Estilicón, que era de los más bár- 
baros, lo mandó á hacer las paces con Ala- 
rico, rey de los visigodos. Cuando en esto 
España, que despertó del marasmo... 

Per. (Dentro y chillando.) Casimiro... Tú, Casimiro... 

Cas. ¡Va se ha despertao! ¿Qué quieres? 

Per. ;Que estudies pa ti! .. ¡que me estás dando 

una murga visigoda, caray! 

Cas. ¡Si te tuvieras tú que esaminar esta mañana 

como yo!... iMás valía que te levantases. 

Per. (Se oye un bostezo fuerte.) ¿Qué hora eS? 

Cas. (Mirando el reloj.) El reló marca las tres y siete, 

de manera que serán... dos y una tres y cin- 
co... Aguarda, (coge lápiz y papel y hace números 
sin dejar de mirar al relej.) De ciuCO á doce Van 

siete, de dos á seis cuatro y llevo una... (En 
voz alta.) Las ocho y media. 

Per. ¿Has restao bien? 

Cas. Esazto, me sale esazto. 

Per. Pues entonces vuelve á mirar el reló, suma 

la resta con el sustraendo, y si te da el mi- 
nuendo, que me entren el chocolate. 



- 10 — 

Cas. ¡Amos, hombre; levántate, hombre! 

Per. ¿Has estudiao muchos 

Cas. Desde la dominación visigoda hasta el pe- 

ríodo árabe-cristiano. 

Per. ¿V dónde estás? 

Cas. Estoy en el comedor. 

Per. -Digo, ¿en qué reinao? 

Cas. Estoy con Alarico. 

Per. Pues dile que se siente, que ahora saldré yo 

á acabarte de repasar. 

Cas. Bueno. Oye, Perico... 

Per. ¿Qué? 

Cas. ¿Quiés que le diga á Catalina que en vez de 

chocolate nos haga café con leche? 

Per. Hombre, sí que me alegraría porque es me- 

nos venenoso. 

Cas. Pues voy á decírselo de tu parte. 

Per. No; oye tú... que ya conoces su genio. ¡Na 

sea que vaya á enfadarse conmigol 

Cas. Aguarda. 

(Entra en la puerta de la derecha que corresponde á 
la cocina y á poco se oye un gran jaleo de voces y á 
Casimiro que grita y sale corriendo. Detrás de él por 
el aire una escoba y una sartén ) 



ESCENA IV 

CASIMIRO, luego CATALINA, después PERICO 

Cas. (Medio llorando.) ¡Pero si me lo ha dicho Peri- 

co! ¡Si yo no quería!... 

Cat. (Sale corriendo detrás de él. Es una chica de quince 

años que todavía no va de largo, vestida con un traje- 
cito de casa muy pobre. Lleva un delantal más largo 
que la falda y el cual se pisa á menudo lo que la hace 
dar tiopezones Envuelve su cabeza con un pañuelo 
blanco que la cubre hasta las cejas; saca unos zorros al 
hombro y una escoba larga de las de limpiar los techos 

con un paño al final) ¡Sinvergüenzas, granujas, 
perros!... ¡que me estáis friendo la sangrel 

(casimiro se esconde debajo de la camilla.) ¡Sea 

usté mujer de su casa pa esto!... ¿L'onque 
café con leche?... 
Cas. ¡Pero si ha sío Perico!... 



— 11 — 



Cat ¡Qué Perico ni qué narices! Conque me ha 

costao poner mi cara en vergüenza pa pedir 
üá una onza de chocolate pa que no vayas á 
esaminarte en ayunas y encmia me pedí& 
café con leche... ¿pero es que vosotros me 
habéis tomao i mí por la Mallorquma o que 
va á ser esto? ¡Maldita sea, que si una no 
mirara á veces que tiene que... (se pisa ei de- 
lantal y da un traspiés.) 

Cas ¡A ver si te matas! , , . 

Cat' Oialá se matase una y así acababa de una 

vez con esta vida de... ¡Café con leche! 

;Am0S no sé como no te...! (Dando un grito te- 
rrible á la puerta de la alcoba de Perico primera iz- 

quierda.) ¡Y tú, SO gamberro, arriba! ¡Vago, 
más que vago! ¡Que ya debías estar hvan- 
tao! Las nueve de la mañana y metió en esa 
pocilga! 

Bueno, poco á poco, ¿eh? (Lo dice asomando la 
cabeza por la puerta del cuarto.) y á mi 110 me 

inmizcucuyais en nada, ¿eh? 

Más valía que estuvieses fuera de la cama 

desde las seis, pa trabajar, eso es, ¡ganduir 

Per ;Pero á qué hora te has levantao tu? 

Cat! A las siete de la mañana ya tenía yo limpia 

esta habitación. , , t • 

¡Ah! ¿pero esta habitación la has limpiao 

¡Que* si la he limpiao, que si la he limpiao! 
¿Pues no ves ca cosa en su sitie?... ¡so ta- 
rugo! 

(Saliendo del cuarto en mangas de camisa. Repre- 
senta como de diez y siete á diez y ocho años. Mal 
vestido y despeinado. Con alpargatas en chancla.) fel, 

hombre, míralo, las colillas en el suelo, (Pasa. 

el dedo por el aparador.) el polvO en loS mue- 
bles, las telarañas en la pared... ¡cada cosa. 

en 6U sitio! . « -r, ^ 

(Indignada.) ¡Ah, sí!... ¿pitorrcos encima? Des- 
pués que me estoy descrismando, indirectas 
y groserías, ¿verdá? Pues andar y que os 
cuide Kita, ¡golfos, desagradecidos!... ¡malos- 
hermanosl ¡Eso es, malos hermanos! jUes- 
castaos, canallas... que encima que una 

pasa...! (se pisa el delantal y da un traspiés.) 

Per. ¡Quítale.el delantal que te matas, Catahna.. 



Per. 
Cat. 



Cas. 
Cat. 

Per. 



Cat. 



- 12 — 

€at. (Llorando furiosa.) El delantal y todo, sí, se- 

ñor. Y me marcho, }■ os dejo solos y entoD- 
ces veréis si os hago falta ó no os hago 
falta. 

Per. ¡Bueno, déjame en pazl 

Cat. ¡Grosero, grandullón, que no sirves pa na, 

más que pa que te llenen Ja andorga! 
¡Eso es! 

Per. (Indignado.) ¿Que no sirvo pa na? ¡Maldita 

sea! Que me estás refregando por las nari- 
ces los cuatro cochinos garbanzos que se 
come uno y ya me voy yo cargando, por- 
que á UQ hermano no se le echa en cara... 

(Gritan los dos á la vez.^ 

Cat. Pero quien te echa á ti en cara nada... si lo 

que yo decía era que. . porque le estáis que- 
mando á una más sangre que... (uora.) 

Cas. ¡Bueno, callarse ya, vaya! Y tú tráeme el 

chocolate y tú repásame la historia, anda, y 
dejaros de peleas, que siempre estáis igual. 

Cat. Voy .. ¡Voy por el chocolate!... Tomar á mal 

mis palabras, después que una se mata y se 
sacriñca porque todo esté en su pun... (se 

pisa el delantal y da un traspiés.) ¡Caray COn el 

demonio é delantalito este! (Mutis derecha.) 



ESCENA V 

PERICO y CASIMIRO 

Per. ¡Señores! ¿Estás viendo qué carácter ha 

echao esa doña miajas? 
Cas. Bueno, hombre, déjala, que es que la pobre 

mujer... 
Per. ¿Pero le llamas mujer á ese rábano? 

Cas. Ya ves... ella sola peleando con los tres, la 

pobre. 
Per. Oye, y apropósito de tres, ¿y Manolito que 

no le veo? 
Cas. Se ha ido á la compra. 

Per. (Asombrado.) ¡A la compral ¿con qué dinero? 

Cas. ¡Qué sé yo!... Esa que habrá hecho algo. 

(Pausa.) 

Per. ¡Pobre Catalina! La verdá es que la criatu- 

ra... -sin la sombra de una madre!... y luego 



13 — 



nos ha tocao un padrecito... (pausa.) En fin^ 
bueno. 
Cas. ¡Gracias á lo trabajador que has salido tú,, 

que si no!... 



ESCENA VI 

DICHOS y CATALINA que sale con un plato y en él una huevera y 
un pedazo de pan 

Cat. (Muy enfadada.) Aquí está el chocolate. 

Per. (Fijándose.) Oye, ¿pero le traes al chico el cho- 

colate en una huevera? 
Cat. ¿Y qué voy á hacer si la jicara la rompió 

ayer el gato? 
Cas. (Enfadado.) ¡Pues habérmelo traído en la pa- 

langfina, caray, que aquí no cabe nada! 
Cat. (Furiosa.) ¡Bueno, si lo quiés lo tomas y si no^ 

Jo dejas! ¡Eso es! Que entre éste y tú y el 

otro y el gato y el perro y todos me estáis 

poniendo que... 
Per. (Cun cariño.) Bueno, mujer, no te enfades; ven- 

aquí y dame un beso, anda. 
Cat. ¡No me da la gana! Muchos besos y luega 

me freís la sangre y me... 
Per. Pero si es que tienes un genio que debían 

llamarte Catalina la Cohete... Dame el beso,. 

rencorosa .. anda... 
Cat. (Besándole.) Toma. Y maldita ^ea; el día que 

yo me enfade de veras, ya veréis la... (Tro- 

pieza en el delantal y da un traspiés.) 

Per. Quítate el delantal que te matas, Catalina- 

Créeme á mí. Y no te apures... (Moja una sopa 
en ej chocolate.) que no va á ser tcdo malo; 
que esto se tié que acabar. 

Cas. (Quitándole el plato de delante.) BuenO, no filc- 

sofíes que me dejas en ayunas, tú. 

Cat. (por Casimiro.) Pos miá cste desastrao; miá si 

no estuviera una en too; era capaz de haber- 
se ido al estetuto con esa cabezota que paece 
la tripa de un sofá. 

Cas. Pero si es que... 

Cat. Ven, ven que te saque la raya, (se pone á pei- 

narle.) 

Per. Bueno, y yo te voy á ir haciendo preguntas 

de Historia, de aquí y de allá pa ver como- 



— 14 — 
estás en todas las lecciones, (coge el libro y lo 

hojea.) 

Cas. Pregunta lo que quieras; me lo sé todo. 

Cat. (Rmpezando á peinarle ) ¡Qué le pondría yo en 

el pelo á este chico! ¡Mirar qué pelote! 

Cas. (Chillando.) jAy, ay, ay!... \Vt, que tiras! 

Per. (a Casimiro.) ¿Quiénes fueron los fundadores 

de Roma? 

Cas. (con tonillo.) Rómulo y Remo. 

Cat. ¡No estás tú mal remo! 

Cas. Hermanos, ambos; criados según la tradi- 

ción por una loba. 

Cat. Pues vaya un ama que se buscaron! ¡La ves- 

tirían de pasiega! 

Per. (Que se ha ccloeado la huevera detrás del libro y que 

moja á hurtadillas una sopa.) Cállate y no Co- 
mente?, (a Catalina.) 
"Cat. (a Perico.) Acércame la bandolina, anda. 

(Ca!»imiro se levanta y va á buscarla al trinchero y 
mientras va y vuelve Perico hace la pregunta si- 
guiente:) 

Per. ¿Dónde tuvieron lugar las sanguinarias gue- 

rras acaecidas entre atenienses y esparta- 
nos? 

-Cas. ("Dando á Catalina el frasco de la ban(5olina y contes- 

tando con tonillo.) En el Pcloponeso. 

Cat. Pues claro, no te lo voy á poner en las nari- 

ces. |Miá este! 

Cas. Si no te digo á ti; es que contesto á Perico. 

En el Peloponeso, región meridional de la 
Grecia, año de 406 á 437 antes de jota ce. 

•Per. ¡De .Jesucristo, hombre! 

Cas. ¡Ah! ¿pero jota ce quié decir Jesucristo? 

Cat. Por lo visto. 

Per. Pues claro, ¿pero no lo sabías? 

Cas. Yo no. Antes de Jesucristo. 

Cat. Ya eptás hecho un sol. Mírate qué guapo. 

(Alcanza el espejo de mano roto y se lo pone de- 
lante.) 

Cas. (sonriendo.) No mtí veo más que media cara. 

Cat. Eso vas ganando. 

Per. ¿Quiénes fueron los Reyes Godos? (Moja una 

sopa.) 

Cas. Pues los Reyes Godos fueron... los Reyes 

Godos fueron Ala... Alarico, Singerico, Vi- 
terico, Amalarico.... Amala... (vacilando.) 



— 16 — 

Per. (j No sabes más? 

Cas. Si se... Sisebuto, Mau .. Mauregato... Mau... 

(vacila.) 

Per. (Volviendo á mojar.) Fíjate en los que van. 

Cas. Van... van... Wamba, Atanagildo, Recadero 

y ya no hay má?. 
Per. (Mojando por última vez.) Que te quedas uno 

olvidao. 
Cas. ¿Cuál? 

Per. Que te has quedao sin tila. 

Cat (Mirando la huevera.) ¡Sin tila y SÍU chocolate! 

¡Qué bruto! ¡Pues no se toma el desayuno de 

la criatura! 
Cas. ¡Caray! ¿pero es de vera^? ¿Estás viendo? 

(Llorando á gritos.) ¡Qué gracia del ganso este\ 

¡Maldita sea! 
Per. Si no quedaba más que el rebaneo. 

Cas'. (A grito pelado.) ¡Rebaneo, rebaneo! ¡Tragón, 

bárbaro, animal! 

Cat. (Tratando de apaciguarlo.) Bueno: HO UoreS, 

rico, te llevas mi panecillo y te lo comes por 
el camino; me sacrificaré yo. 

Cas. (siu dejar de llorar.) ¿Y dónde está tu paneciUo? 

Cat. ¡DigOj si te lo fían! 

Cas. ¡Sí, sí! ¡Ha sido una gracia! 

Cat. Bueno, y vete ya, hijo, toma el sombrerito; 

vete ya que son... (Mira el reloj.) De cinco á 
ocho\an tres, de tres á siete cuatro y ocho 
doce, menos tres... las nueve y cuarto. Y 
que no te azares en loque te pregunten, 
¿eh? Que tengas suerte. Ven que te santi- 
güe. . Por la señal de la santa cruz... Amén. 
Dame un beso. Y que traigas buenas no- 
tas, ¿eh? 

Cas. Bueno. Adiós. (Mutis.) 

Per. Que vengas en seguida con las notas, tú. 

Cas. (Desde la ventana.) BuenO. (Medio mutis.) ¡Ahí... 

que ya se me olvidaba; que antes ha estao 
aquí la seña Genoveva que traía el recibo. 

Per. ¡Lagarto, lagartol 

Cas. Y me ha dicho que si bajabas tú, que en- 

trases en la portería, que el señor Lauro te 
tié que hablar de no sé qué... Adiós, (vase.) 

Cat. Adiós, rico... ¡que traigas sobresaliente! 

(Desde lejos.) BuenO. 
Cat. ¡Pobre hijo! (Enciende delante de un cuadrito de la 



— 16 — 
Virgen, que hay en el foro izquierda, una lucecita de 

aceite.) ¡Que tenga suerte el ángel! ¡Virgen 
Santísima, ayúilale en lo que te sea posible; 
pa eso te enciendo esta lucecital 

ESCENA VII 

CATALINA y PERICO; después el CARTERO 

Per. ¿El señor Lauro? ¿Y de qué me querrá ha- 

blar á mí el señor Lauro, tú? (paseándose por 

el cuarto.) 

Cat. Que nos echan... Que nos dicen que nos 

mudemos. ¡Dos meses sin pagar, tú verás! 

Per. Pues era un programita. Quince días sin pa- 

recer. ¡Dios mío! ¿Pero qué hará ese padre? 

Cat. ¡Qué quiés que haga!... 

Per. Uno enázarrañao con el casero, y él... 

Cat. Pues con esa mujerota, no te coja duda!... 

Per. ¡Si hubiese vivido madre!... 

Cat. Tendrías un oficio, que era su idea, y algo 

ganarías. 

Per. Ahí está, que yo sin nadie que me dijese na, 

pues... 

Cat. Que Jas criaturas necesitamos quien nos 

guíe en la vida; porque ya ves hoy, madre 
en el cielo, padre... no se sabe dónde .. ame- 
názaos de que nos echen del cuarto, y este 
almediodía, pues como á Manolito no le to- 
men la noanta en la casa empeños, que lo he 
mandao, ¡no sé qué vamos á comer! 

Per. ¡Sí que es wim posición brillante, sí!... ¡Ah! 

Pero no tengo más que una esperanza; una 
sola; que se estrene en el cine mi revista, y 
que sea un éxito, que sí lo será. 

Cat. ¡Dios lo quiera, porque si no!... 

Per. A ver la pusimos el título. A ver si te gusta. 

El Hada del calor. 

Cat. ¿El Hada del cafor?... Será El Hada del frío, 

porque yo helada del calor no he visto á nadie. 

Per. 8i el Hada es una Diosa. 

Cat. Una Diosa helada. Entonces no digo nada. 

Per. ¡Calla! (se levanta súbitamente y se pone Á cantar) 

Mira qué cara .. 
mira qué cara... 
mira qué carabinero. 



— 17 - 

Cat. ¿Pero qué dices? 

Per. Nada, que se Qie ha ocurrido de pronto el 

cuplé para el segundo cuadro... 
Mira qué cara... 
mira qué cara... 
mira qué carabinero. 
Anda, dame un consonante en ero, como 
quiero, espero, salero... 

(Aparece eu la ventana el Cartero.) 

Cat. (Viéndole.) El Cartero. 

Per. íSí, el cartero es consonante, pero es muy feo 

y no me gusta porque... (e1 Cartero mira las car^ 
tas que trae ) 

Cat. No, si digo que está ahí el cartero. 

Per. (volviéndose.) ¡Ah! [Caray, creí que lo decías 

en rima poética! 

Car. Felipe Mínguez, tres cartas. 

Per. Ábrele. Pues nos coge buenos. 

Cat. (Abriendo.) Pase usté. 

Car. (entrando.) Tres cartas pa tu padre, (se las da á 

Catalina) 

Per. ¿De modo que son?... (1) 

Car. Pues las cinco que me debíais y tres de aho- 

ra cuarenta céntimos. 

Per. (a Catalina.) ¿Ha dicho cuarenta céntimos? 

Cat. (ai Cartero.) ¿Ha dícho usté cuarenta cén- 

timos? 

Car. Sí. 

Cat. (a Perico.) Sí. 

Per. (i^í?--- Bueno, pues... pues yo no tengo... nO' 

he cambiao, ¿sabe usté? 

Car. ¿No has cambiao? 

Per. No, señor, no he cambiao; estoy como la se- 

mana ^asá, sin un céntimo. 

Car. Bueno, pues á ver si se lo decís á vuestro pa- 

dre, porque no es cosa de que 3^0 me vaya 
de aquí tóos los días soplándome los dedos. 

(Mutis sin dejar de refunfuñar hasta que cruza la 
ventana.) 
Cat. (Con las cartas en la mano.) Se le dirá, esté USté 

tranquilo. Y que usté lo pase bien... con lo de 
los demás, porque lo que es con lo nuestrol... 

Per. (cogiendo las cartas y mirándolas.) ¡BueuO... pUeS- 

vas á ver cómo hoy viene padre! 



(1) Cartero— Catalina— Perico. 



— 18 — 

Cat. Como tóos los días que hay carta; parece que 

se lo dicen. 
Per. Oye, Catalina, ¿y no te hace á tí extraño 

que le escriban á padre tantas cartas? 
Cat. Pues sí; ahora que me lo dices te lo confieso, 

Perico; estas cartas tan abultadas, con sellos 

raros, me dan... me dan así como miedo, 

vaya... 



ESCENA Vid 

DICHOS y SEÑOR LAURO (Guardia de orden público) 
Lauro (Oesde la ventana.) ¡Perico! 

Cat. ¿Eh? I.,, , ., , N 

Per. ¿Quién?i(^°;"^^°''°^^-) 

Lauro Soy yo. Abrirme. 

Cat. Es el señor Lauro. 

Per. jAtiza! El recibito. 

Cat. (Abriendo.) Pase usté, pase usté, señor Lauro. 

Lauro (Entrando.) Puenos días, hijos. 

Per. Dale que se siente. 

Cat. (Dándole la silla sin patas.) Tome USté asientO, 

señor Lauro, tome usté asiento. 

Lauro (cogiendo la silla.) Asiento, sí; pero ¿y lo de- 

más? 

Cat. Pues esto lo ponamos encima de este cajon- 

cito, y es comodísimo y lo más seguro de la 

sillería pal peso de usté, (ai lado derecho de la 
camilla pone el cajón y sobre este la silla, en la que 
se sienta el señor Lauro.) 

Lauro ¡Qué demonio é chicos! ¡Está bien ideao! (1) 

Cat. A eso le llamamos el puf. 

Lauro ¿Por qué? 

Cat. Porque casi todos se caen. 

Lauro (Levantándose.) ¡Caray! 

Cat. Pero no tenga usté cuidao que yo estaré á 

la mira. 

Lauro (se slema. Habla despacio, con misterio y dando mu- 

cha importancia á lo que dice en toda la escena.) 

Bueno, pues hijos míos, sus chocará mi vesi- 
ta, pero yo sus tengo ley, y creo de mi obli- 
gación ei subir á advertiros, aunque esto sea 



(l) Catalina— Señor Lauro— Perico. 



- 19 ~ 

aumentar vuestras penas, que rae sospecho, 
me sospeclio que estáis á dos dedos de una 
perdición y de una afrenta. 

Per. (Aterrado.) ¿Qué dice USté? 

Cat. (con pavor.) ¡Señor Lauro! 

Lauro Os lo explicaré en dos palabras. El cartero 

me ha hablao. (pausa pequeña.) Vuestro padre, 
sin que se sepa por qué y sin que se le co- 
nozcan negocios, tié muchas cartas, algunas 
del extranjero y abultas y como con docu- 
mentos. Y hemos sospechao que esa mujer 
que anda con vuestro padre, y que está rela- 
ciona con tóos los timadores de Madrid, le 
ha metió en un mal paso, del que pué salir 
pa un presidio. 

Cat. (Angustiada.) [Ay, señor lauro, que sí, que 

nosotros también sospechamos algo! 

Per. ¡Presidio! ¿Qué diae usté? 

Lauro De manera que si queréis salvarlo sus voy 

á dar un consejo. Vosotros dos, que ya sois 
mayorcitos, iros al café ande canta esa mu- 
jerota, y hacer que regañe con vuestro pa- 
dre á las buenas ó á las malas. 

Per. ¡Sí, señor Lauro, si tié usté" razón! ¡Y yo le 

juro á usté que hoy acaba con él sea como 
sea! ¡Mi padre en presidio! ¡Antes me ma- 
tan! ¡Yo muerdo á esa tía! 

Cat. \Y yo! Cuenta con dos dentaduras. 

Lauro ¡Así! ¡Valor, energía! ¡Salvarle, hijos míos! 

¡Salvar á ese loco! Sensatez. Y pa tó lo que 
queráis contar conmigo. 

Per. Gracias señor Lauro. 

Cat. Muchas gracias. 

Lauro (Marchándose.) Couque hasta lufgo, hijos, y 

mucha energía... Adiós. (Hace mutis.) 



ESCENA IX 



CATALINA y PERICO. I'espués MAN'OLITO con el perro, 
darse solos los dos primeros rompen á llorar 



Al que- 



Cat. ¡Estás viendo qué ruina! 

Per. Bueno, déjalo. No llores. Hay que tener 

ánimo. (Ahoprándcse.) Mírame á mí que no... 

que no... que no se me cae una lágrima. Si 



— 20 — 

no podemos comer, soplamos, que no nu- 
triría pero dietrae; si nos echan de la casa 
viviremos en la calle... todo lo paso, todo... 
¡pero padre en presidio por esa tía!... ¡antes 
me ves en almóndigasl 

Cat. ¿Y qué hacemos? 

Per. Primero dejarlo que venga por las cartas y 

hablarle á padre, hablarle al alma, y si na 
nos hace caso irnos á buscar á esa tía. 

Cat. ¡Bien pensaol 

Man. (Apareciendo en la ventana.) Abrirme. 

Per. Ahí tiés á la cocinera. 

Cat. ¡Pobre criatura! ¡Traerá algo que comer,, 

Dios mío! (Le abre. Manolito entra con una gran 
cesta al brazo, una manta al hombro y un perro muy 
delgado en brazos.) ¿Qué tal, hijO? 

Per. ¿Traes algo? 

Man. Traigo narices, y por una casualidad. (1) 

Cat. ¿Te has caído? 

Man. No... El carnicero, que le llamé tío Carroña 

y me tiró el cuarto ue ki.o. 
Per. ¿El cuarto de kilo de qué? 

Man. ¡El cuarto de kilo de pesar!... ¡Ahora que 

verás tú la pedrá que le arreo! 
Cat. Bueno, pero ¿la cesta vacía? 

Man. ¡A ver! Y eso que he hecho too lo que mo 

has mandao, pero como si náa. 
Cat. ¿Llevaste la manta á la casa empeños? 

Man. Lo primero. Y pedí cinco reales Y el señor 

Laureano la miró y me dijo que no quería 

mapas-mundis. 

Per. (Desdobla la manta y saca la cabeza por un roto.) 

j^'ues no sé qué tié esta manta pa que no 
la tomen! 

Cat. ¡Qué tíos! Total por un rotito. 

Man. Y de allí me fui á la carnecería. 

Cat. ¿Y pediste el chorizo? 

Man. Y pedí el chorizo íiao, y va el carnicero y 

me dice — que si me era lo mismo que me 
diesen la morcilla. — Le dije que sí y dice — 
Bueno, pues anda que te la dé un munici- 
pal, rico, que yo no tengo tiempo. 

Cat. ¡Qué buey! 



(1) Catalina— Manolito— Perico. 



— 21 — 

Man. Por supuesto que eso me ha pasao á mí por 

no tener dos dedos más de estatura. 

Per. Quiá, eso te ha pasao á ti por no haber lle- 

vao los trdnta céntimos. 

Cat. ¿Y á la verdulería, no hí s ido? 

Man. He ido y tampoco me ha querido dar la 

seña Úrsula el kilo de patatas porque solo 
tenía los quince céntimos que me diste y 
me faltaba un perro. 

Per. ¿Y por qué no ñas 6 chao mano de ese? 

Man. Pues porque tenía que per gordo. 

Cat. ^:Y qué más has hecho? 

Man. Pues en vista de que no podía traer ningu- 

• na cosa me fui á casa del tío Fermín y le 
dije de tu paite si nos podía dar algo. 

Cat. ¿Y qué te ha dao? 

Man. Pues me dio un capón de que me vio sin 

peinar, nos puso á tóos como un trapo y 
me dijo que ahora vendría él en cuanto 
acabe de barnizar una cómoda. 

Cat. (Aterrada.) ¿Que va á vemr él? 

Per. Pues nos hemos aviao con el geniazo que 

tiene. 

Man. ¡Y que hoy está hecho una fiera! 

Per. ¡Nos la ganamos! 

Cat. Y oye, ISJanoliío, ¿no has podido traer tam- 

poco los cañamones pal pájaro? 

JVIan. ¡Tampoco! No me los han querío dar por 

más que he rogao. 

Per. (con ternura ) Pues el pobre lleva ya cuatro 

días comiendo de fiambre. 

Cat. (Cogiendo Ja jaula.) ¡Míalo, animalito! x\hí en- 

f urruñao en un rincón. Yo creo que no bos- 
teza por no afligirnos. 

Per. ¡Este animalito se muere! 

Cat. ¡Ay, no lo digab! 

Per. Y se muere de hambre y esto es una he- 

rejía. 

Man. ¡Pobrecito! ¿Y qué hacemos? 

Per. ¿Que qué hacemos? Pues antes de que se 

muera yo... jo le abro la jaula, (con reso- 

lució n,) 
IMañ I (vivamente y con pena.) ¡No! 

Per. Si; darle libertad, que vuele, que se vaya,, 

que busque donde comer. 



~ 22 — 

Cat. (Llorando.) ¿Pero soltarlo? La única alegría 

que teníamos, cuando cantaba él. 
Per. A mi también se me parte el alma, pero es 

una obra de caridad. ¡Hay que tener valor! 

El que puede, él que tiene alas que huya de 

esta miseria... (sollozando.) 
Man. (casi llorando.) ¿Se irá muy lejos? 

Cat. ¡Dios sabe! 

Man. Forque si no yo después de que comiera le 

volvería á coger. 

Música 

Cat. ¡Pobre jilguerito 

que era mi alegría, 

pues cantaba alegre 

cuando yo reía! 
Man. ¡Pobre jilguerito 

que va á ser de tí, 

solo por el mundo 

sin tenerme á mí! 
Cat. ¡Ay, mi jilguerillo 

que pena me das, 

cuantos sufrimientos 
pasarás! 

Ya verás, bonito, 

cuántas desazones. 
Per. Ya verás qué caros 

van los cañamones. 
Man. No bagas tonterías, 

que eres muy chiquito. 
Per. Ten mucho cuidado 

no te coman frito. 
Cat. Jilguerito rebonito, 

que á volar ya libre vas, 

no te olvides, jilguerito, 

de estos pobres amiguitos 

que te dieron libertad. 

Escuchad, escuchad. 
Man. ¿Qué nos dice? 

Cat. Calla ya. 

(EscCiChan muy ateutos el canto del jilguero.) 

¡Cómo me entristece 

su pipiripí, 
dice que no quiere 
marcharse de aquí! 



— 23 — 

Man. Dice que el espacio 

le causa temor. 
Per. Dice que en la jaula 

se encuentra mejor. 

Cat. (Hablado.) 

Ábrele la jaula, que se marche ya. 

(cantado.) 

¡Pobrecito mío, 
qué pena me da! 

(se acercan los tres á la ventana y Perico abre la jau- 
la y suelta el pájaro que desaparece volando.) 

Los tres Volando va, 

¡qué pena da! 

(Los tres se quedan en la ventana mirando al espacio.) 

Hablado 

Cat. Ya no se le ve. 

Man. Se ha perdido en el cielo. 

Cat. Pue que vaya á contarle á madre lo que nos 

pasa. 
Per. Más vale que no se lo cuente, porque si ella 

lo supiera bajaba. 

(Se oye toser en la escalera.) 

Man. (Asustado.) lUy, uy, uy, lo que oigo! ¡La tos 

del tío Fermín! 

Cat. (Asomándose á la ventana.) ¡Es veidadl ¡El esl 

Ya sube. 
Per. ¡El tío fiera ese!... ¡pues ya nos podemos 

preparar para una chillería! 
Cat. Ten paciencia, tú. 

Per. No sé si la tendré, que hoy me pilla mal. 

Cat. ¡Que venga de buenas, Dios mío! 



ESCENA X 

DICHOS y FERMÍN, tipo de ebanista. Habla á gritos, con muy malos 
modos denotando un genio imposible 

Per. (Entrando y encarándose con los chicos.) BuenO, 

¿qué pasa? ¿Qué tripa se os ha roto que ha 
venío ese granuja tan apurao? (1) 
Per. (Con mala cara.) ¿Qué granuja dice usté? 



(l) Fermín— Perico— Catalina— Manolito. 



— 24 -- 

Fer. (Por el chico ) jEste!... Este sinvergüenza, que 

está hecho un golfo, sienapre en la calle y 
siempre... Por supuesto que el día que yo lo 
coja conao lo cogí el otro día al pié de una 
fuente enredando con unos chicos á tirarse 
agua... os viene á casa señalao. ¡Por estas! 

Cat. Bueno, tío, no se incomode usté y siéntese. 

Fer. Gracias. No quiero sentarme. 

Cat. Muy bien hecho. ¡Si le molesta, pa qué se 

va á sentarl 

Fer. (Por Perico.) ¿Y este vago, qué hace? 

Cat. (con risa fiugiJa.) ¡Qué bromistal Te ha 11a- 

mao... 

Per. (cuadrándose.) ¿A quién se refiere usté? 

Fer. ¡A tí! ¿Qué híiy? (Echándose encima de él.) 

Per. (Asustado.) No... yo lo decía porque como so- 

mos tres... 

Fer. A tí, que en eso de vago dejas atrás á tu 

padre. Por supuesto, de tal palo tal astillla. 
¡Si no le valiese á uno Dios te daba un co- 
gotazo que te aturdía! ¡Con tres criaturas á 
su cargo y él hecho un zanguangón! ¡Está 
bonito! 

Per. ¡Hombre eso de zanguangónl 

Fer. (Encarándose con Catalina.) ¡ PoS mía estal 

Cat. (¡Adiós! ¡Ahora me ha tocao á mí!) 

Man. (ai perro.) (Vámonos, tú, no la tome luego 

contigo.) (Le coge en brazos y se va primera iz- 
quierda.) 
Fer. (Que no ha dejado de pasear por la habitación.) ¡Está 

buena pieza esta también! 

Cat. ¡Hombre, tío! 

Fer. Sus hermanos hechos una heregía que da 

compasión de suciedad y de remiendos: la 
casa la tiene que un día la basura no os va 
á dejar entrar por esa puerta; y ella la seño- 
rita del pan pringao, la otra noche ahí en la 
esquina, que me la pesqué yo de palique 
con un golfo de esos de oficio... ¡muy bo- 
nito! 

Cat. U^y» ^^^ í^6 vio con Pepe!) 

Per. (Sorprendido y aterrado.) iTíol... 

Fer. Sí, señor, con un granujilla de blusa azul, 

muy amartelaos .. que lo vi con estos... (se- 
ñala los ojos.) 

Cat. (Aterrada.) ¡Yol... ¿Yo COn UnO dc.V 



— 26 — 

Fer. ¡Mal empiezas!..^ que no sé de dónde te vino 

ese ejeniplo; que tu po!)re madre bien dife- 
rente era de esas indecencias de novios que 
no traen sino perdición y lo que yo me sé. 

Cat. (Aiigiistiaciisinia.) Oiga U'-té, tío, quc yo no 

hago nada pa tenerme que avergonzar de... 

Per. (indignado.) ¡I'ero eso no será verdá, Catalina! 

Fer. ¡Kso lo vi yo! 

Cat. Pero qué iba usté á ver, si lo que yo hacía 

no era... 

Fer. Eso lo vi yo con mis propios ojos, ¡tomate!. . 

Y no me desmientas, ¿estamos? Estal)a con 
uno talmente que no pasaba por entre los 
dos el filo de un cuchillo, ¡que era una ver- 
güenza! 

•Per. (indignadísimo.) ¡Catalina!... ¿Tú con uno y no 

pasaba el filo?. . ¿Qué has hecho? 

Cat. (Sollozando.) Pe... pero si era... si era Pe... era 

Pe... era Pepe el del entresuelo que me paró 
pa... pa... pa preguntarme que cuándo entre- 
nabas la fu., la fu... la función. Que yo nada 
malo hacía á las cinco é la larde en meta é la 
calle, que te lo pué decir la seña Fausta, que 
venía conmigo. 

Per. (Furioso.) Cállate... que encima de lo que nos 

pasa tener que aguantar yo que vengan á 

decirme... (Mordiéndose los dedos y llorando de ra- 
bia.) ¡pero es que me mordía! (saie Manoiito.) 

Cat. (Afligidísima abrazando á su hermano.) jPericO, pOr 

Dio-I... ¡Ay, Perico por Dios, no llores, que 
yo soy buena! .. Que yo no he hecho nada 
malo pa tenerme que avergonzar de nada. 

Per. (Rechazándola ) ¡Maldita sea! ¡Quítate de mi 

vista! ¡Tú con uno! 

Cat. (Abrazándole.) No, Perico, ¡quc yo soy buena! 

Man. No llorar, hombre, que me estáis haciendo 

á mí... (Llora también, y dice indignado á su tío.) ¿Y 

á usté quién le mete en lo que hace mi her- 
mana? 

Fer. ¡Quítate de ahí, so mocoso! (a todos.) Y me- 

nos lagrimitas, que aquí lo que os hacía falta 
mayormente es una estaca que os quitara 
de esta golfería de vida que lleváis. 

Cat. ¡Aquí lo que llevamos es mucha miseria y 

mucha necesidad, porque estamos abando- 
naos de too el mundo! ¡Eso es! 



— 26 — 

Per. (a voces, con indignación y llorando.) Y yo lo qUC 

puedo decir... lo que puedo decir no lo pue- 
do decir porque me ahogo de... 

Cat. No llores, Perico. 

Man. ¡Calla, Perico! (a su tío.) ¿Y á usté quién le 

mete? (Lloran los tres formando un grupo.) 



ESCENA XI 

DICHOS y CASIMIRO, por el foro 

Cas. (Entrando.) BllCnOS díaS. (Queda en la puerta, sin 

pasar adelante, sorprendido al oir el llanto de sus her- 
manos. (¡Carayl ¿qué pasará?) 

Fer. ¡Pues mira este otro! ¡De dónde saldrá este 

Gerineldo! ¿De dónde vienes, rico? (1) 

Cas. (Bajando la cabeza abrumado.) Pues yO VCngO de... 

de ahí de... de examinarme. ¿Pero qué pasa? 

Fer. Pues pasa que no se pué decir la verdá, eso 

es. Y que pa qué tendré yo este pijotero in- 
terés per hijos de otro... ¡que anda y que se 
escuernen! Que en lo que á uno no le va ni 
le viene, parece que le mete el demonio... 
¡desagradecidos! ¡Mal edúcaos! (pausa.) 

Cat. (a Casimiro.) ¿Y te has examinao ya? 

Cas. (Tardando en contestar y bajando la cabeza.) Sí. 

Cat. ¿Y qué notas? 

Cas. Pues... (Se estremece.) 

Per. (con impaciencia.) ¿Qué notas, hombre, qué 

notas? 
Cas. (Rompiendo á llorar.) Pues noto quB estoy muy 

nervioso... porque me han suspendido. 

Cat. (Horrorizada.) ¡Suspensol 

Fer. (Riendo á carcajadas.) ¡Arrea! ¡Ja, ja, jal Un 

año que lo vengo diciendo que no sirve para 
estudios, que es tirar el dinero con este bo- 
rrico, ¿lo veis? ¡A trabajar á la Villa!... ¡Si lo 
vengo diciendo! ¡A trabajar á la Villal 

Per. ¡Suspenso!... ¿pero de qué te has examinao? 

Cas. i)e Geometría, y me ha tocao la circunfe- 

rencia. (Habla llorando.) Me preguntaron que 
qué era diámetro, y mal que bien lo dije, 



(l) Fermín— Casimiro— Catalina— Perico— Manolito, 



~ 27 — 
pero luego me preguntaron que qué era 

cuerda y... (Llorando.) 

Per. ¿Y qué? 

Cas. Que me lian suspendido por la cuerda. 

Cat. Miá que no los hubiesen ahorcao á ellos.. 

¡Pobre criatura! ¡Suspenderlo por una 
cuerda! 

Cas. No me acordé de lo que era cuerda. 

Cat. Chico, eso de tender. ¡Miá que no acordarte! 

Per. ¿Y de Historia? 

Cas. (Sin dejar de llorar.) En Historia me dijo el ca- 

tedrático que sacara una bola, y saqué una 
bola y empecé á hablar y á los dos minutos 
me dijo el tribunal que me retirase. Yo dije 
que aún no había dicho la bola, y me dijo 
el tribunal que no me apurase, que había 
dicho más de veinte bolas. Y me han sus- 
pendido también. 

Per. íSi ya te decía yo que no adelantaríamos 

ná; sin libros y sin programas y teniéndote 
que enseñar yo, que tampoco lo sé. 

Cat. ¡Dejarlo! .. No llorar. 

Cas. (Llorando.) Ha sido una injusticia. 

Per. Bueno, no te apures; déjalo, que ya veré- 

mos. 

Fer. Sí, encima animarlo. Nada, rico, no estu- 

dies. ¡Pa burro echas las dos manos alante y 
ya tiés carrera! ¡Ja, ja, ja! Bueno; yo no pue- 
do ver estos desbarajustes ni esta canallería. 
Yo cumplo con mi conciencia haciendo lo 
que puedo, y nada más. Aquí os dejo una 

peseta... (La deja encima de la mesa.) que Sé que 

es tirarla, porque esto ni agradecido ni pa- 
gao; pero, en fin, Dios le dará á uno su pre- 
mio. 

Cat. (Devolviéndosela.) No, tío, gracias; llévesela us- 

ted. ¡No haga usted sacrificios por nosotros! 

Fer. ¿Es que os parece poco? ¡Porque puede qua 

encima me regañéis porque no os dejo cin- 
co duros! ¡Vaya con los humitos! ¡pues hom- 
bre!... jbeeeh! (con desprecio.) ¡la qué se mete- 
rá uno en casas ajenas! (Mutis sin dejar de re- 
funfuñar hasta que cruza la ventana.) 



ESCENA XII 

CATALINA, PERICO y MANOLITO 

tíat. ¡Y tener que aguantar too esto por una tris- 

te peseta! ¿"^'or qué no veián esto los padres 
antes de abandonnr á sus hijcs! 

■Per. Que te insulten, que te naaltiaten... 

Cat. ¡Y que te calunien en la honra! 

Per. ¡Too esio es que nos ven sin la sonabra de 

un padre! Pero déjalo... Hoy vendrá... hoy 
pué que venga, y si viene, ya lo sabes, me 
dejas que le diga too lo que quiera, aunque 
me pegue. 

Cat. (con indignación.) Sí, SÍ; poule de vuelta y me- 

dia. jSe lo merece! 

Man. (Que está asomado á la ventana.) ¡Padre!... jque 

sube padre! 

Per. ¿Padrv? 

Cat. ¿Qué dices? 

IVIan. íSe está de^-pidiendo del tío Fermín. 

Cat. (/asomándose.) ¡Sí, él es! ¡Ahí está!... ¡Ay qué 

alegiía!. . (a perico.) Bueno, á lo primero no 
le digas nada, ¿eh? porque si pa un rato que 
viene le vamos á regañar en seguida... 

Per. Tú déjame. ¡Callarse y al sofá! (se sientan ios 

tres, Perico pasea.) 



ESCENA XIII 

DICHOS y FELIPE 

Fel. (Entrando.) Hola. (pausa corta.) ¿He tenido Car- 

tas? 

Cat. (Muy alegre, j Hola, padre, ¿qué tal? 

Fel. (De mal talante.) ¿He tenido cartas pregun- 

to? (1) 

Per. Sí señor, tres. 

.Fel. (Airado.) ¿Y qué csperas? 

Per. Nada, que creí que iba usté á preguntarnos 

que qué había sido de nosotros después de 

estos días. 



(l) Casimiro— Manolito— Catalina— Perico y Felipe. 



— 29 — 

Fel. Pocas músicas y vengan las cartas, ¿oyes?' 

¡Mal educao! Preojunto lo que me acomoda. 
Pa eso soy tu padre. 

Per. ¿Pa eso na más? 

Cal (a Perico en voz baja.) (PericO, dulzura.) 

Per. (Dándole las cartas.) TreS CartaS. 

Fel. (ai cogerlas.) (1.a del Sordito. ¡Maldita sea!) 

(a sus hijos.) ¿Y vosotro:^ qué hacéis ahí? 

Cat. Pues... pues aquí con usté; ¡le vemos tan de 

tai de eu tarde! 

Fel. Podías estar junto al fogón. 

Cat. Es que no tengo náa que hacer allí. 

Per. ¡Chúpate esa! (Felipe, que se ha sentado en el lado 

derecho de la camilla, rompe el sobre de una carta, la. 

lee y habifl para sí ) ¡Justo, la del Sordito! ¡Te- 
nía qu9 llegar aunque yo no quisiese! ¡Aquí 
está .. pa mi perdición! Pero no, yo no la 
llevo, ;no quiero verme en presidio!. . Y el 
caso es que ei me arrepiento ella me despre- 
cia, y eso tampoco... ¡Dios mío, tampoco!... 
¡Y'' eptos hijos'. . ¡Si me cogiesen... ¡qué lu- 
cha, qué lucha! Todo el día de ayer en un 
anhelo... Toa la noche sin dormir. (Hunde la 

cabeza entre las manos. Pausa.) ¡Qué lucha! 

Per. (a Catalina.) ¿TjC digo ahora todo lo que hace 

falta? 

Cat. Yo creo que sí. 

Per. ¿No me tirará nada? 

Cat. ¡Yo creo que no! 

Per. Pues... pues allá voy. Si empieza á golpes 

os ponéis en medio, ¿eh? 

Cat. No tengas cuidao. 

Per. Ahora verás, (auo ) Querido padre... Dispén- 

seme usted lo que le diga, pero yo soy un 
buen hijo y tengo obligación de decirla á 
usted todo lo que tengo aquí. Quince días 
sin parecer por esta su casa no se lo mere- 
cen estos cuatro hijos, que seremos como 
seramos, pero que somo.s buenos, porque to- 
do hay que decirlo, padre, ésta ha salido 
buena, yo he salido bueno y éste ha sa- 
lido... 

Cas, (No le digas como he saUdo yo, porque me 

atiza.) 

Per. Por lo tanto, ¿qué es lo que queremos de us- 

ted? Pues cariño; que no nos deje usté solos 



— 30 — 

y abandonaos... que se quite usté de esa mu- 
jerota que le aparta de et-ta casa... y que 
piense u&ted en nuestra madre, que aqué- 
lla si que le quería á usted y nos quería á 
noí^otros, que si ella hubiese vivido no hu- 
biésemos pasao días y días con un mal men- 
diugo de pan, los cuatro solos sin usted, 
llorando... ¡y no sabiendo á dónde volver la 

cara! (Llora.) 

Cat. (Llorando ) ¡Que pa esto más vale morirse! 

Per. Por lo tanto, por ese camino va usted muy 

mal... ¡muy mal! 

Cas. ¡Muy bien! 

Per. Muy mal, y tú al sofá. Por lo tanto, padre, 

nosotros sufriremos todo, todo asolutamente y 
menrs que esa... señora nos robe el cariño 
de usted, porque eso es un crimen y una in- 
famia; porque eso... 

Cat. ¡Calla, P'árico, calla, no le regañes más! Óye- 

lo al pobre. Llora también. ¡Está arrepen- 
tido! (Los chicos se acercan y rodean á su padre.) 

Wan. ¡Pobre padre! 

Cas. ¡Está llorando!... ¿Y tú pa que le regañas 

tanto? 

Per. Pero si lo que yo le he dicho... 

Cat. Es que tú cuando te pones exageras las co- 

sas. 

Per. i^aray, pues sí que lo siento, porque!. . (auo.) 

Padre, padre, por Dios... ¡perdóneme usté, 
que yo no quería molestarle!... ¡que no me 
perdonaré que {.or mi culpa esté usté llo- 
rando! 

Cat. No llore usté más, que todo ha sido de ca- 

riño. (Felipe da un ronquido.) 

Per. ¡Rediez!.,. (Retroceden asustados.) ¡Que ron- 

quido! 

Cat. ¿Pero no es que llora? 

Per. ¡No, es que está como un tronco!... ¡pero!... 

¡¡¡Ahü! ¡(Jalla, déjalo! Mejor. ¡Quizás que esto 
lo haya hecho Dios! ¡Sil... ¡Lo ha hecho 
Dios! 

Cat. ¿Por qué lo dice?? 

Per. ¿Que por qué lo digo? Pues porque ahora es 

cuando vamos á saber lo que significan esas 
cartas. 

€at. ¿Pero cómo? 



— 31 — 

Per. Sacándole una del bolsillo. 

Cat. No, Perico, que si se despierta te mata. 

Per. Aunque me mate. Iré despacito... así... ¡con 

CUidaO, veréis! (De puntillas se acerca á su padre.) 

Cas. ¡Por Dios! 

Man. ¡Que no te sienta! 

Per. (sacándole del bolsillo la carta que abrió Felipe.) 

Aquí está. Venir. (Leyéndola para él.) [¡Ahí! 
(Aterrado da un grito.) ¡No, no!... ¡Esto SÍ que 

no! ¡Mira, miía, Catalina, tenía razón el se- 
ñor J.auro! Lee, lee. ¡Una perdición! Fíjate... 
¡Lee!... 

Cat. (i)eypués de leer.) ¡Jesús! ¡Ay, Perico, no, nol 

¡Nuestro padre, no! ¡La cárcel! ¡El presidio! 

Per. ¡Calla, calla! 

Man'. ját-^^oq^ées? 

Per. ¡Nada, que hay qne salvar á padre; pero 

cómo, ahora, en seguida, inmediatamente! 

Poneros las gorras, los sombreros. ¡A la calle! 
Cat. ¡Qué perdición. Dios mío! ¿Y qué hacemos? 

Per. Los sombreros... las gorras... Vamos al café 

á buscar á esa tía... ¡y, ó salvamos á padre, 

ó se hunde el mundo! Seguirme. 
Cas. Vamos. 

Man. ¡Yo me llevo el tirador por si acaso! 

Cat. ¡Chits!... ¡Sin ruido! ¡que no se despierte! 

Per. De puntillas... Seguirme... (Hacen mutis Perico, 

Casimiro y Manolito y mientras llegan á la ventana, 
Catalina mete la carta en el bolsillo de su padre. Des- 
de la ventana.) ¿Qué hace? 

Cat. ¡Duerme, duerme! (Desaparecen de puntillas y 



MUTACIÓN 



CUADRO SEGUNDO 

loterior de un café cantante, de noche, y á la hora de mayor concu- 
rrencia. Al foro dos ventanas grandes, practicables, con persianas 
y entre ellas un tablado donde cantan y bailan los artistas. En 
las laterales derecha, primer término, puerta que so supone da al 
interior del café. De esta puerta hacia el foro un mostrador y 
detrás de él una estantería con botellas, cafeteras, servicios, etcé- 
tera, etc. El mostrador está ocupado con tazas, vasos, platillos, 
botellas, en fin, todo lo necesario en un café. Por la puerta de 
primer término entran y salen las camareras con los servicios y 
los artistas que toman parte en los números del tablado. Por todo 
el local veladores de marmol rodeados de sillas y taburetes. En 
sitios adecuados apaiatos de luz. En primer término izquierda, 
puerta de entrada al café. 



ESCENA PRIMERA 

El cafó lleno de uua abigarrada concurrencia que charla y ríe con 
animación. Las camareras van y vienen sirviendo, fin uua mesa de 
la derecha y de pie aparece CONCHA LA LUNARES, tomando una 
copa y hablando con UNO DE LA MESA. En la última mesa de la 
izquierda, pero en primer término, ISABELO, ZACARÍAS y el TA- 
LEGAS, paletos. En otra mesa del centro UN CONCURRENTE y en 
otra cerca del mostrador UN PARROQUIANO. En el tablao SUAREZ, 
tocador, el TIJERITAS, cantador, y SARA LA CRIOLLA, cantadora. 
Mucha animación 

Conc. A ver esa cerveza. 

Cam. 1.^ Va en seguida. 

Uno ¡Camarera! (Dando palmadas.) 

Leo. ¡Va... (^iie no me puedo partir! 

Concha (Bebiendo ) A la salud de ustedes. 
Uno ]A la de las buenas mozas! 

Concha ¡Gracias! (Sigcen hablando.) 

Suárez (Desde el tablao.) ¡Señores, va el segundo ná- 

inero! 
Isab. Venga ya. 

Tal. \A ver esa niña! 

Zac. ¡Ele los buenos tocaores! 

Uno (A Concha.) ¿Qué van á cantar ahora? 



33 — 



Concha Las Silverias. Una canción nueva. Os gus- 
tará. La canta muy bien la Criolla. 

Uno Siéntate. (Ella se sienta.) 

Concha (a sarita.) Amos á ver esas Silverias, Sarita. 
¡Duro!... 

Música 

Sara Silveria, Silveria mía, 

no pongas la cara seria, 
porque pierdo la alegría. 

¡Ay mi Silveria! 

Maldita sea la vía 
de aquel que se te ha llevao, 
quiera Dios que á ese desgalichao 
le afeiten el mejor día 
con un serrucho mellao. 
¡Silveria, te la has ganaol 
Carreterito de Ronda 
que cantando tus amores 
vas camino de la feria 

carrero, ¡ay! 
déjame subir al carro 
que quiero Ue^íar prontito 
para ver á mi Silveria. 

La quiero. ¡Ay! 
Si me quitan tu cariño, 
que es lo que me ha consolao, 
mira que te lo tengo jurao, 
te voy á dejar más chata 
que un chato de amontillao. 
Todos ¡Silveria, te la has ganao! 

(sarita baila acompañada de ruido de palmas y oles, 
golpes con las cucharillas en los vasos, etc. Mucha 
animación.) 

Hablado 



Unos ¡Muy bien! 

Otros ¡Ole! (Todos aplauden.) 

Isab. La gracia en el mundo. 

Uno ¡Ahí mi niña! 

Suárez ¡Esto es Chantillyl 

Isab. (Llamando a Concha.) ¡Coucha, Concha! 

Cencha Voy. 

Isab. Oye un recado. 



— 34 — 

Concha (Acercándose á ios paletos.) ¡Hola, Esabelol ¡An- 

da... y el Talegas y el Zacarías! ;Tóo Naval- 
carnero! ¿pero qué es esto? 

Tal. Siéntate. 

Jsab. Tómate algo, 

Zac. Qué reciota se ha puesto esta moza. 

Concha Estoy mejor este año. ¿Os corréis? 

Zac. De aquí á la puerta si quieres, (sc sienta 

Concha.) 

Isab. Tú, camarera. (Llamando.) 

Cam. 1.^ (Acercándose.) ¿Qué tomais, galanes? 

Concha Yo cazalla. 

Isab. A ver ese. ¿Tú qué bebes? 

Zac. Sne pe n. 

Isab. ¿Y tú? 

Tal. Yo café. 

Isab. Pues ya lo oyes, y pa mí chica dorada, (si- 
guen hablando animadameute.) 

Suárez (Desde el tabiao.) Y vamos con el tercer número. 

Par. ¿Qué va á ser ahora, maestro? 

Suárez Er hoyuyo. Dansón peruano. La novedad del 
día. Ejecutao por los cu-^tro negros danseu- 
ses Pancho, Poncho, Pincho y Puncho, ne- 
gros de negrura auténtica. ¡Oído, señores! 

Par. ¡Venga er boyuyo! 

Suárez Prevenida la comparsa. ¡A compás y gracia 
en el desmadejo!. . ;A una! 



ESCENA II 

DICHOS y CUATRO NEGROS que han salido un momento antes, 
todos vestidos iguales, con hongo y taparrabos de raso blanco y un 
bastoncito. Al poner este número debe tenerse en cuenta que todos 
los movimientos que hagan han de ser iguales y á la vez, como si 
fueran autómatas 

Música 



Los cuatro Er boyuyo. 

El boyuyo 
es un l)aile que tiene lo suyo, 
y lo bailan los negros más bravos 

sin baruyo, 
mientras mascan y mascan el buyo 
con un hongo y con sus taparrabos. 



— 86 — 

Pómpale, 
como dicen en Quito y en Fe. 

Pómpale, 
á la una, á las dó y á las iré. 

(Bailan.) 

Dame niña sie7i sentavo, 

¿sabe? Sabo. 
Que aquí no hay mío ni- tuyo; 

venga buyo 
y me mercaré un honguito, 

mú blanquito, 
para bailar er boyuyo, 

er boyuyo. 

Yo no sé 
como el hongo blanquito me está 

por tené 
la carita tan acharola; 

mírame 
para ver como el hongo me va. 
(Riendo.) ¡ Jajalá, jajalé! 

Ay, Jesús, Mariquita y José. 

(Bailan.) 

Vente, nega simarrona, 

simarrona, 
con tu negó al bosquecito, 

bosquecito, 
que está sjla la alameda, 

la alameda, 
y es espe-o ei foUajito, 

follajito. 

Yo no sé, etc. 

(Todo el mundo aplaude cou giau entusiasmo. Los Ne- 
gros bajan del tablao y se sientan en diversas mesas, 
invitados por los concurrentes.) 



Hablado 



Todos i ¡Bravo! ¡Bravo! 

Isab. ¡ Bien por el l)oyuyo! 

Uno ( ¡Viva er betún! 

Isab. (a Concha.) ¡Es un tango mu gracioso! 

Concha Y lo cantan muy bien ios chicos. 

Concur. Suárez, toma una copa. 

Suárez ¡Agradeciendo! ¡Allá voy! (Baja del tabiao y se 

sienta donde le han invitado.) 



— 36 



ESCENA III 

DICHOS, EL ALFREDITO, PACA LA CROMO y el CHULO GOMA. 

Entran mirando á todas partes y se sientan en la mesa de primer 

término derecha, que ha quedado desocupada un momento antes 



Paca (viendo á Concha.) ¡Mirar aquélla!... (Llamándola.) 

¡Concha! 
Concha (volviéndose.) (¡Uy, eSOSl) Voy. (a ios paletos.) 

Dispensarme un momento, que me llaman 
ahí. 
Isab. Vuelve en seguida. 

Concha No tengas CUidaO. (Se va á la mesa del Alfredito.) 

¡Creí que no veníais! 
Alf. Estaba en la puerta ese inspector nuevo.. 

(Toda la escena la hacen con mucho misterio.) 

Paca Y hemos querido esperar. 

Concha Bien hecho. 

Chulo ¡A ver qué vida! 

Concha Y de eso, ¿qué hay? 

Alf. Que te diga el Chulo. Too preparao. 

Chulo La letra está al corriente. Un primor cali- 

gráfico. 

Paca Ha hecho una firma que ni el interesao la 

niega. En eso es el non. 

Alf. Puleo y vista.Náa. 

Concha Y ahora ¿qué falta pal negocio? 

Alf. Pues que llegue el aviso del Sordito y que el 

señor Felipe tenga redaños pa presentarla 
mañana al cobro en Ja casa de banca. Y si 
la cosa eale bien... casi náa... ¡cincuenta mil 
pesetas pa los cuatro! 

Chulo ¡Por Dios, Concha, que no nos falle ese tío! 

Faca En ti coisiste. 

Concha Mujer, yo creo que iiá. Ya sabéis que lo ha 
prometido. ¡Tendría gracia! Medio año dan- 
do coba á un tío pa? mao pa que la pringara 
de sobremesa... 

Paca ¡Per Dios, aprieta, Concha! 

Concha ¡Déjamelo á mí! 

Chulo (Mirando á la puerta del café.) ¡Callarse! ¡El! El 

señor Felipe. (Aparece Felipe en la puerta.) 

Los tres lEl! 



— 37 — 

Alf. Y trae el bastón en la mano izquierda. Carta 

tenemos. Es la señal. 
Chulo Duro, tú. 

Concha Callarse. 



ESCENA IV 



Fe!. 

Concha 

Fel. 

Chulo 

Alf. 

Fel. 

Alf. 

Fel. 



Concha 

Chulo 

Alf. 

Chulo 

AJf. 



Fel. 



Alf. 

Chulo 

Paca 

Concha 



Fel. 
Concha 



DICHOS y el SEÑOR FELIPE 
(Acercándose á ellos ) Bueoas nOCheS. 

¡Gracias á Dios! Pensé que no venías. 

Son las diez menos cuarto na más. (a loa 

otros ) Señores. (Saludaudo.) 

Hola, señor Felipe. 

Siéntese y tome algo el hombre. 

Gracias, no me cumple. 

¿Trae usté carta? 

(se sienta.) Tres. El aviso del Sordito y dos de 

Marsella. Aquí las tengo, (va á sacarlas y todos 

le detienen.) 

¡Quieto! 

¡No sea usté imprudente! 
Que no tié costumbre de estas cosas. Luego 
cuando salgamos me las da usté. 
Bueno, señor Felipe, y ahora es cuando se 
van á ver los hombres. 
Ei nego'ño ha llegao á un punto en que tié 
usté que trabajar solo, y nosotros confiamos 
en que se portará usté como un sujeto de 
agallas 

Mire usté, Alfredito, yo ya he dicho esta tar- 
de que pa too lo que quieran ustés bueno, 
pero ciertas cosas... la verdad, vamos, que 
yo no tengo costumbre de esto, y sentiría 
echarlo á perder. 

¡Pero vamos á salir ahora con suterfugios! 
¡Caray 1 ¿pero qué es eso de volverse atrás? 
Cuando se habla entre personas serias... 
¡Chits!... Hagan ustés el favor de no ofen- 
derle. Este ha dao una palabra y esa la cum- 
ple, porque este es un hombre. Con permi- 
so. Oye un momento, Felipe, (se le lleva apar- 
te. Hablan bajo.) 
¿Qué pasa? 
¿Tú me quieres? 



38 — 



Fel. 



Concha 

Fel. 

Concha 
Fel. 

Concha 
Fel. 

Concha 

Fel. 

Concha 

Fel. 

Concha 

Fel. 

Concha 



Los tres 

Concha 

Alf. 

Chulo 



¡Pero qué preguntas me haces, CoDcha! Na 
es cariño, es ceguera lo que tengo por ti^ 
bien lo sabes; si no, ¿te crees tú que estaría 
yo entre esta gente? 

Entonces, ñ me quieres, lú vas á cobrar ma- 
ñana esa letra á la casa de banca. 
Concha, no me obligues. Esto es una estafa.... 
Yo tengo hijos... 

(Dando media vuelta.) FueS VCte COn ellos. 
(Deteniéndola.) ¡Concha!... 

O ellos ó yo, escoge. 

Concha, repara que esto pué ser la deshon- 
ra, la cárcel... y esas criaturas... 
O ellos ó yo; escoge y pronto. 
Tú, Concha, tú, ya lo sabes, pero... 
Entonces ¿vas á cobrar la letra? 
¡Concha! 
¿Vas ó no? 

(Después de pensarlo.) ¡Iré! 

(Estrechándole la mano.) Así te qui'ero, quedan- 
do como un hombre. Y piensa que te lo 
exijo, Felipe, porque es nuestra felicidad 
pa siempre. Gracias. Te lo pagaré con cari- 
ño. (Se acerca á los otros.) 
(Con ansiedad.) ¿ Va? 

Va. 

(Levantándose y dándole la mano.) Es USté UU 

hombre. Ahora vamos á leer eso. 

Vamos, (a ellas.) Aguardar. (Se van los tres á la. 

calle.) 



ESCENA V 



CONCHA y PACA 



Concha Va de cabeza, ¿lo ves? 

Paca ¡Yo lo dudaba! 

Concha Le tengo túrdiga. ¡Pobre hombre! Como co- 
bre la letra, cogemos tú y el Chulo Goma y 
el Alfredito y yo las cincuenta mil del ala y 
á Buenos Aires á volar los cuatro. 

Paca ¡Menudo chasco! ¿Qué dirá el tío? 

Concha ¡Que diga lo que quiera! ¡Los trastos viejo» 
pal Rastro! 

Paca ¡Di que gí, chica! 



— 39 — 

Concha ¡A ver! Anda, ahora que estamos solas va- 
mos á arrimarnos á esos pardillos. Es genle 

de pasta. (Se acercan á la mesa de Isabelo y Concha 

presenta á Paca.) ¡Talegas, Una amigiiita! 
Tal. ¡Ole las mujeres con ojitos serranos! 

Isab. Simpática de veras. 

Tal. Siéntese la joven. 

Paca Si no molesto... 

Tal. ¡Quite usté d'ahíl (Se sientan y Concha con ellos.) 



ESCENA VI 

DICHOS, PERICO, CATALINA, CASIMIRO, MANOLITO y el perro. 

Catalina cou sombrero y en él un gran pájaro. En el tablao tocan 

SUÁREZ y otros dos tocadores y canta el TIJERITAS. Empiezan á 

sonar las guitarras 

Concur. ¡Ahí los buenos tocaores! 

Zac. ¡Bien por los maestros! 

Suárez ¡Esto es Chantillyl 

Tij. (jaleándose.) ¡Mi gracia! ¡Venga d'ahi! (canta.) 

Son muy buenas tus acciones 
y tus palabras muy buenas. 

Per. (Entrando. Mira al cantador, se quita el sombrero y 

dice:) ¡Muy buenas! (Los concurrentes se yuelvefi 

y miran.) Saludar, que nos han dicho muy 
buenas. 
Los tres ¿Quién? 

(Entran cou miedo; el cantador repite la frase de la 
copla.) 

Tij. (cantado.) ¡Muy bucnas! 

Los cuatro Muy buenas, 

Cat. ¡Caramba, qué personas tan finas! 

Per. ¡Amos, pasar, que no nos van á comer! 

(Entrau uno tras de otro y miran asustados á todas 
partes, sin saber donde colocarse.) 
Tij. (^Cantado.) 

Siéntate en esa sillita. 
Per. ¿En cuál? 

Tij. (ídem.) Para que estés á mi vera. 

Cat. ¡No era á nosotros! 

Per. V^'enir por aquí á ver si hay mesa. 

Cat. ¡Anda! ¡Mira quien está allí! Ese señor es el 

zapatero de frente á casa. (En voz alta.) Adiós, 

señor Ulpiano. 



— 40 -. 



Cas. ¿^^OS sentamos aquí? (Por la mesa de primer tér- 

mino derecha.) 

Cat. ¡No creí yo que me iba á encontrar gente 

conocida!... ¡Míale! (a voces.) ¡Adiós, señor 
Ulpiano! ¿Y la Melitona? 

(Toda la gente del café protesta de las voces de la 
chica.) 

Todos ¡Chits! 
Isab. ¡A la Inclusa! 

Per. ¡Cállate, mujerl 

Cat. ¿Pero es que no puede una saludar á sus re- 

laciones? 

Concha (Mirando hacia los chicos.) (¡Calla! ¡LoS chíCOS 

de Felipe! ¿A qué vendrán estos pájaros?) 

Tij. (cantando.) 

¡Ay, ay, ay, ay, ay! 
Cas. (a voces.) ¿Llevo esta silla? 

Todos ¡Chits! 

Cat. ¿Pero qué pasa que no se pué hablar? 

Per. No sé; ese señor que debe estar malo. ¿No le 

oyes cómo se queja? 
Cas. Le dolerán las muelas, porque mira la boca 

que pone. 
Man. ¿Nos sentamos aquí? 

Per. (En voz baja.) BuCUO, pei'O en silencio, (cesan 

las guitarras.) 
Cat. (Bajito, llamando á la Camarera 1.*) ¡Chits! Haga 

el favor joven. 

Cam. 1.^ ¿Qué se la ofrece? 

Cat. Diga usté, ¿las señoras podemos estar aquí 

con sombrero? 

Cam. 1.^ Siendo de paja sí señora. 

Cat. Muchas gracias; pues ya que lo tengo lo luz- 

co. No me lo quito. (La camarera la habla al 
oído y Catalina contesta.) CreO que no. (vase la 
Camarera.) 

Per. ¿Qué te ha dicho en secreto? 

Cat. Que si el pájaro estaba amaestrao. 

Per. Debe ser chufla. (Habla airado y en voz alta.) 

Pues mira, no me gusta á mí que se burlen 

porque... 
Todos ¡Chits! 
Cas. ¡Cállate, hombre! 

Cat. (Fijándose en Concha.) Oye... escucha... repara... 

allí... 
Per. ¿Quién dices? 



Cat. 

Per. 
Cas. 
Cat. 
Per. 



Cat. 



— 41 — 

Esa miijerota; esa tía gamberra. ¡La de pa- 
dre! ¡Anda que ya verás! Mírala allí. 
Sí, ya la veo ¡Aquella de las flores! 
¿Y padre no está! 

No se le ve. Tía bribona. ¡Maldita sea! 
Bueno, callemos y á lo nuestro. Esta noche 
ú salvarnos á padre ú hay aquí una degüe- 
llación. ¡Ah! y no pedir nada, que no tene- 
mos más que se-enta céntimos pa que tome 
yo que soy el mayor. 
No tengas cuidao. 



ESCENA VII 



DICHOS y la BELLA MANOJO que sale de primera derecha y sube 
al tablao con traje de cupletista 



Per. 
Cat. 
Suárez 

Per. 

Cat. 



Callarse, callarse ahora que van á cantar. 
¡A ver, á ver, que cantan! 
(Anunciando.) ¡La canción de la 'Serafina! Va 
mos con ella, niña. 
La canción de la Serafina! ¿A ver que es 



eso? 

¡Será gracioso! ¡Callarse! 



Música 



B. Man. Serafina la Rubiales, 

que es una chica divina. 



Todos 


Serafina, Serafina. 


B. Man. 


Está hablando á todas horas 




con su novio en una esquina. 


Todos 


Serafina. 


B. Man. 


Mira que eres parlanchina. 


Todos 


Anda, anda. 


B. Man. 


Mueve los pinreles 




que es tu cara 




puñao de claveles. 


Todos 


Serafina. 


B. Man. 


Deja la expansión 




y anda, baila, Serafina, 




Serafina de mi corazón. 



Serafina tiene un novio 
del Juzgao de la Latina. 



— 42 — 



Todos 


Serafina, Serafina. 


B. Man. 


Y cuando ella arma una bronca 




él la pega una tollina. 


Todos 


Serafina. 


B. Man. 


Déjalo y vete á la China. 


Todos 


Anda, anda. 


B. Man. 


Mueve los pinreles 




que es tu cara 




puñao de claveles. 


Todos 


Serafina. 


B. Man. 


Deja á ese bribón 




y anda, baila, Serafina, 




Serafina de mi corazón. 


Todos 


La, la, la, la, la, la, 




la, la, la, la, la, la. 



Hablado 



Todos ¡Ole! [Muy bien! (Todos aplauden.) 

Fer. (cuando acaba el barullo da tres ó cuatro palmadas.) 

¡Bravo! ¡Muy bien! 
Leo. (Acercándose.) ¿Qué quiere usté? 

Per. Nada; que me ha gustao la Serafina. 

Cat. Es que aquí la joven se conoce que se ha 

creído que llamabas, ¿verdá usté? 
Leo. (Limpiando la mesa.) Jiueno, ¿y qué va á Ser? 

Cat. Joven, por aquí que escurre; que como una 

tié cuatro trapitos na más, pues si me lo» 

mancho... 
Cas. Por mi lao pringa como de dulce. 

Leo. Voy, rico. (Limpiando lo que la dicen.) 

Per. A mí fróteme usté el borde, haga usté el 

obsequio. 

Leo (Cou sorna á Manolito.) ¿Y tÚ CStás bien? 

Man. ¿Bien y usté? 

Leo. A ver si te muerde el perrito por malo. 

Man. No le gustan más que los huesos; ¡misté 

como la mira! 

Leo. Bueno, ¿y qué van ustés á tomar? 

Per. Yo café. 

Leo. ¿Y la joven? 

Per. La joven nada. 

Leo. ¿Y el pollito? 

Per. Ei pollito nada. 

Leo. ¿Y el niño? 

Per. El niño nada. 



— 43 — 



Leo. ¡Pue3 los podía r.sté meter en una pecera! 

''er. jCaray, es usté una chisterita*. (vase Leonor á 

servirlos.) 

Cat. Pero apabullada. ¡Qué gracia! 

Per. Bueno, hacerle caso oqjíso y nosotros á lo 

que nos importa. xMira, Casimiro... ¿tú ves 

aquella mesa? (señalando la eii que está Concha.) 

Cas. ¿Cuála? 

Per. Allí donde hay dos con tres. 

Cas. ¡Ah, si! 

Per. Pues llega?, te quitas la sjorra y le dices á la 

de más allá: Seña Concha, de parte de mi 
hermano Perico y de mi hermara Catalina,, 
que si quié usté hacer el favor de acercarse 
un momento que tién que hablarla. (^Leonor 

sirve el café.) 
Cas. Bueno, (se acerca á la mesa de Coucha y gorra en 

mano, habla en voz baja cou ella.) 

Per. ¡Qné nervioso e.-to) ! 

Cat. (Quitándole el cafó.) PuCS eutouces DO te tomCS 

el café que esto encita mucho. 
Per. No, deja, me lo tomaré yo. (se lo quita.) Que 

conviene que tú estés tranquila. 

(Coucha se levanta.) 

Per. ¡Serenidad, Dios mío! 

Cat. Que no te atarugues, ¿eh? 

Concha (a casimiro.) ¿l'ero hablarme á, mí? ¿pa qué? 

Cas. Eso me han dicho. 

Concha Bueno; vamos á ver qué tripa se les ha rota 
í\ tus hermanitos. (¿Qué será esto? Tendré 
calma ) (se acerca.) Buenas noches. 

Per. (Todos muy tinos.) Muy buenas las tenga usté. 

Cat. Servidora de usté. Tanto gusto. Niño, la 

gorra. (Mauolito se la quita.) 

Cas"* ! (^ ^* ''^^•) ^^^^^ ^^^^ ^^^^^ 

Concha Yo sí, hijo^, sentaros; muchas gracias. (Ma- 

nolito y Casimiro se sientan al lado del velador.) (1) 

Per. Tome utté asiento. 

Cat. (a Perico.) (Dila que tome algo.) 

Per. (Ya la be dicho que tome as-iento.) 

Concha Me ha dicho aquí el pollito que querían us- 

tés hablarme. 
Cat. Sí, señora. 



(l) Catalina— Perico— Concha. 



44 — 



loncha 

Cat. 

Per. 



Concha 
Per. 



Concha 

Per. 

Cat. 

Per. 

Cat. 



Concha 
Cat. 



Pues ustés dirán lo que sea, que tengo 
prisa. 

!Sí, señora; anda, Perico, dila á la señora lo 
que hemos pensao, ya sabes. 
¡Ah, sí! Ya sé lo que es. Bueno; pues mire 
usté, señora, el principal ojeto que nos ha 
traído es el decirla á usté, que usté es una 
persona muy simpática, pero... 
¿Pero qué? 

Pero muy simpática. Es que remachaba. 
(Tengo la boca como una esponja.) Y que- 
ríamos decirla á usté que... vamos que... 
que como mi padre es padre nuestro y de 
usté es... una cosa distinta de lo de nos- 
tros, pues claro está que mi padre deja de 
ser, al ser usté diferente de nosotros, lo que 
le corresponde ser á un padre en el terreno 
de lo usual con sus hijos y allegaos. ¿Usté 
me ha comprendido? 
Yo no. 
¡Qué raro! 

¡Pero qué te va á comprender! ¿Tú crees 
que la señora entiende el marrueco? 
Me habrá faliao la sintasis, pero lo que es 
claridad... 

(poniéndose del:inte de Perico.) Bueno, ya habrá 

usté visto que este no es ningún cincerón. 
De manera que yo se lo diré á usté como 
Dios me dé á entender, pero clarito. 
Si que me alegraría, porque aquí el pollo en 
cuestión, de elocuencia es un estropajo. 
Tiene usté razón. Pues nada, señora, lo que 
queríamos decirla, es lo siguiente: Que 
como usté ve somos cuatro hermanos que 
no tenemos más amparo ni más cariño que 
el de mi padre, que nos quería á cegar y 
que se va apartando poco á poco de nos- 
otros. Y sin madre nos quedamos porque se 
se la llevó Dios y contra eso no hay quien 
pueda; pero sin padre no queremos quedar- 
nos porque es usté la que ee lo ha llevao; 
por eso únicamente hemos venido aquí, á 
suplicarla á usté, á pedirla de rodillas, si 
hace falta, que deje uf-té en paz á nuestro 
padre y que no nos prive de su sombra y de 
su cariño. Estamos solos en el mundo. Ten- 



— 46 — 



de nosotros. ¡Esto es 



ga liste compasión 

todo lo que queríamos decirla! 

Per. Que es poco más ó menos lo que la he di- 

cho yo antes, sino que más en concreto. 

Suárez (Desde el tabiao.) Lunares, que te toca. 

Concha (\ito) ^^y. (a ios chicos ) Pues nada, po- 
llos, tanto gusto en haberos conocido, y 
por lo que hace á vuestro papá, podéis 
enjaularlo si os parece, porque á mí ¡ta- 
blas!... Y respective á que os suministre 
el piri, pues si no veo mal, yo calculo que 
este monoplano ya podía ganarse la vida 
con mucho desahogo. Y no canso más. que^ 
me están llamando, (sube ai tabiao.) 

Cat. (Asombrada.) ¡Ah, SÍ! 

Per. (indignado.) ¿MonoplaUO J^O? 

Cat. ¿Pero has visto? (va hacia Concha y Perico la su- 

jeta.) ¡Tía golfa! ¡Dejarme que la arañe! 

Per. ¡Quieta, calma! 

Cas. ¿Queréis que la tire la botella? 

Man. ¿La suelto á Garibaldi? 

Cat. (a voces ) ¡Después que la hablamos con la 

mar de educación! ¡Tía indecente! 

Todos ¡Chits! 

Per. No vociferes, Catalina, que estamos en evi- 

dencia. Ahora que yo te juro que nos las 
paga. Dejarme á mí que ya se me ha subi- 
da la mosca á la remolacha. 

Cat. ¡Sí señor, quiere por malas, pues por mala^! 

Per. (a Casimiro.) ¿Ticues preparao lo que te dije 

antes? 

Cas. Aí^uí los tengo. 

Per. ¡Bueno, pues vamos á armar un zafarrancho! 

(Suenan las guitarras.) 

Cat. ¡Callaros, que va á cantar! 

Per. ¡Ahora va á ser ella! 

Concha (En el tablao cantando.) 

Argún día, fuentesita. 

se ha (le secar tu corriente. 

Per. (l)ando una carcajada con guasa.) ¡Ja, ]ayl 

Todos ¡Chitsl 

Isab. (Mirando á Perico.) ¿Pero qué es eso? 

Per. (señalando á Concha.) ¡EsO eS Un griUol 

Cat. ,Que ie den aceite á ese cerrojo! 

Todos ¡C hits! 

Jsab. ¡Silencio! ¡Fuera! 



— 46 — 



Zac. 
Concha 



Per. 

Cas. 

Cat. 

Man. 

Todos 

Tal. 

Isab. 

Ene. 

Per. 

Cat. 
Ene. 

Per. 

isab. 

Per. 

Ene. 

Per. 

Ene. 

Per. 



jEcharlos á la calle! 

(cantando.) 

Y luego irás á pedir 
agua por Dios á otras fuentes. 
¡Ay, ay, ay, ay, ay, ay! 

(con voz de mozo de estación.) |La Cacharra, d03 

minutos! 

(imitando el tren.) ¡Pi i Ü Ü 

¡Que estañen ese glifo, que se sale! 

()mitando el perro.) ¡GrUaU, gUau! 

(Indignados.) ¡Fuera! ¡A la calle esos! 
¡A la calle esos golfos! 
¡Echarlos á patf^s! 

(Acercándose airado.) ¡Niños, á la Calle inme- 
diatamente! ¿Pero qué va á ser esto? 
Estamo^í en nuestro derecho. Los grillos se 
ponen en un balcón pero no en un tablao. 
¡Pero si eso es una rana con jaqueca! 

(Empujando á Perico.) BuenO, á la Calle 611 

seguida. 

¡A mí no me empuje usté! 

Dale una bofetá. 

No me gustan. 

¡A la calle ó te echo á patadas! 

(Encalándose.) ¡A mí! 
(Dándole un pescozón.) ¡Toma! 

(Echo una furia.) ¡Mi madre! (Saca un revólver y 
dispara un tiro al aire. Se arma una barabúnda horri- 
ble. Casimiro no cesa de tirar contra el suelo garban- 
zos de pega, y entre las continuas detonaciones de és" 
tos, los gritos de Catalina y las amenazas de Perico, la 
gente sale aterrada en revuelta confusión por las 
puertas; algunos se tiran de cabeza por las ventanas; 
todos al salir huyendo derriban veladores, sillas, etc., 
con gran estrépito: quedan en el suelo prendas de ves- 
tir, pañuelos, bastones, toquillas, botijos rotos, bande- 
jas, servicios, etc , etc., quedando al fin los cuatro 
chicos dueños del campo. Aparecen dos guardias, uro 
por cada ventana. Catalina baila en el tablado. Perico 
sigue dando voces y Casimiro y Manolito, se sientan 
en dos mesas que han quedado en pie y se beben y se 
comen lo que encuentran en ellas.— TELÓN.) 



FIN DEL ACTO PRIMERO 



IJJ^J^J^JJ^J^Jñ^JJ.AJ'JJU'JR^J^.^.^^EJ^jrjJJUUU^MJÜ 



ACTO SEGUNDO 



CUADRO TERCERO 

Trozo del Paseo de Ronda, árido y triste, en las primeras horas de 
la madrugada, todavía de noche. Los faroles encendidos aún; pró- 
ximo á un farol, en primer término derecha, un banco. Pequeñas 
acacias en fila en las avenidas que forman el paseo. Vallas de so- 
lares y casas aisladas, altas de construcción, á lo lejos. Al fondo 
una iglesia de estilo moderno con puerta practicable. En último 
término derecha una caseta tras la valla de un solar. 



ESCENA PRIMERA 

VIEJAS DEVOTAS, un MONAGUILLO, un CURA, un FAROLERO 

(no hablan); un SERENO, un TRAPERO^ una POBRE (niña)., que 

sale con él; PERICO, CATALINA, CASIMIRO, MANOLTTO (con el 

perro) y un BORRACHO, que pasa cantando 

Música 

(ai levantarse el telón aparecen los cuatro hermanos 
sentados y tumbados en el banco, en diversas postu- 
ras, durmiendo. Sale por último término derecha el 
Sereno y golpea con el chuzo en la caseta. Todo sobre 
música.) 

Ser. ¡Señor Leoncio, arriba, que son las cuatro! 

(Se aleja por el lado opuesto. Ladra un perro á lo le- 
jos. Pasan silenciosamente un Trapero y una Pobre 
(niña), miserablemente vestida, envuelta en una toqui- 
lla vieja. £1 hombre lleva al hombro un saco y en la 
mano un gancho. La niña una cesta vieja. Atraviesan 
de izquierda á derecha sin detenerse.) 



_ 4S — 

Pobre • (ai pasar junto al banco reparando ea los que duer- 
men.) ¡Miá éstos! 
Hombre Que no los han visto los guardias, (oesapa- 

receu.) 

(suena la campana de la Iglesia tocando al alba. Pasa 
un borracho.) 
Bor. (cantando.) 

No me pegues, Saturnina, 
que no vengo con la papalina. 

(Cruza de derecha á izquierda. Un Monaguillo abre la 
Iglesia. Por distintos sitios salen tres ó cuatro viejas 
beatas que entran en la Iglesia. Luego un Cura, üa 
farolero apaga el farol y vase. Cesa la música.) 



Hablado 

Ser. (saliendo y acercándose al banco.) ¡AmOS, tropa^ 

arriba! (Despertando á los cuatro.) PerO ¿CUándo 

se han echao éstos que no los he visto? 
¡Amos, arriba! 

Cat. (incorporándose inquieta.) ¡Qué claridad!... La 

ventana... ¿Dónde?... No, es la calle... ¡es la 

calle!... (Como recordando.) ¡Ah, SÍ! (Despertando 

á su hermano.j Perico, tú... üsté dispense, Se- 
reno; ¡no hemos oído el despertador! jAnda» 
Perico! 

Per. (Entre sueños) Apaga la luz. 

Ser. Vaya, arriba, arriba. 

Cat. Di.-pénsele usté, Sereno, que es que se amo- 

dorra. ¡Casimiro! ¡Manolito!... ¡Que está aquí 
este señor! 

(Vase el Sereno foro derecha.) 
Man. (Despertando y tocándose la cabeza que tenía apoyada 

en la cadera de Perico.) ¡Ay, ay, ay! 

Cat- ¿Qué te pasa, hijo? 

Man. ¡Ay, que me duele!... ¡que me duele mucho! 

Cat. Habrás apoyao mal la cabeza. 

Per. Pues si que me choca, porque yo le he pues- 

to pa que la recostase lo más mullido que 

tenía. (Se levanta.) 

Cas. (Bostezando.) ¡Aaah! ¿Quién ha abierto el bal- 

cón? 

Cat. Que no tié falleba. ¡Miá tú éste! 

Cas. Si es que no me acordaba que estábamos 

de paseo. 



— 49 





Música 


Per. 


jAchite! 


Los otros 


¡Jesús! 


Per. 


Ya me constipé, 




y es que hace un relente 




que deja frapé. 


Cat. 


Es un aire fino 




que entra en el pulmón 




y que te produce 




"la congelación. 


Cas. 


Y entra por delante 




y entra por detrás, 




yo estoy tiritando, 




yo no puedo más. 


Cat. 


¡Pues hay un gran medio 




parrt calentarse 




y para quitarse 




todo constipao. 


Los tres 


¿Dices que hay un medio? 


Cat. 


De lo más seguro, 




y además os juro 




que es de resultao. 


Los tres 


Dinos ese medio 




sin vacilación. 


Cat. 


Pues bailar la jota 




contra el tiritón, 




tiri, tiri, tiri. 




tiri, tiritón. 


Los tres 


Tiri, tiri, tiri, 




tiri, tiritón. 


Todos 


Tiritón. 



Cat. Una morena de buten 

¡ay, ay, ay! 
con rin talle superior. 
Los tres Sí señor. 

Cat. Y una carita serrana, 

na, na, na, na, 
no hay chimenea mejor. 
Los tres Ni más superior. 

Cat. Da tres goípecitos 

con los taconcitos 



— 60 — 

en el pavimento, 
¡rim, pam, pom! 
Los tres Dale más. 

¡Pim, pam, pom! 
Ya verás. 
Cat. Frótate las manos 

como si estuvieras 
la mar de contento. 
¡Fú, fú, ful 
Los tres ¡A}^ rediez! 

iFú, fú, fú! 
¡Otra vez! 
Cat. Sóplate con fuerza, 

sóplate con fuerza 
todos los deditos. 
¡Fú, fú, fú! 
Los tres De chipén. 

¡Fú, fú, fú! 
Va mu\- bien. 
Cat. Y á los dos minutos 

eres la caldera 
de cualquier barquito. 
Los tres Eso es, 

de un barquito francés, 
eso es. 
Cat. Cuando falta el piri 

y acomete el tiri, 
tiri, tiritón, 
bailando esta jotita sin parar 
entras en seguidita en reación. 
Todos Cuando falta, etc. 

Hablado 

Cat. Vaya una noche de miedo. 

Per. Pues mira, peor hubiera sido que la hubié- 

semos pasao en la Comisaría, donde nos lle- 
varon los guardias después de la bronca del 
café. 

Cat. ¡Gracias al señor Lauro, que nos salió de 

fiador, que si no aún nos tienen allí ence- 
rraos! 

Cas. ¡Qué nochecita! 

Man. ¡Qué banco más duro! 

Cas. Mejor hubiésemos estao en casa. 

Per. Sí, pero en casa, cuando volvimos á las dos 



~- 61 — 

de la mañana, acuérdate de la receción. Pa- 
dre, que se conoce que lo había enterao de 
too esa mujerota, pues nos estaba esperando 
á la puerta de la calle cun una estaca, que 
á mí me pareció un palo del telégrafo con 
puño de asta. 

Cat. Gracias al señor Manolo el sereno que lo 

contuvo. 

Cas. Gracias á que salimos huyendo, que si no, 

nos mole. 

Man. \Y bien que corrimos! 

Per. Vcs(»tros claro que corristeis, pero yo que 

soy más rebolondo, si me descuido un melí- 
metro, perezco víctima de mi gordez. 

Cas. Oye, ¿y por qué hemos pasao la noche en 

este banco, Perico? 

Per. Pues porque ahí está el cuartelillo de vigi- 

lancia, de la zona tercera, y como al señor 
Lauro le ha tocao esta noche de servicio en 
e?te distrito, pues nos dijo que le esperáse- 
mos aquí á primera hora pa decirnos lo que 
había averiguao de la custión de padre. 

Cat. ¡Pobre heñor Lauro, qué bueno es pa nos- 

otros! 

Per. Yo estoy deseando que venga. ¡Ojalá nos 

traiga las noticias que deseamos! 

Man. ¡Qué frío tengo! 

Caí. (Dentro, pregonando.) ¡Café, Caliente, cafeceeé'... 

Cat. (a Manolo.) ¿Tienes frío, hijo? 

Man. E-toy helao. 

Per. La mala noche. 

Caf. ¡Café, caliente, cafeeeé! 

Cat. Si tuviésemos pa tomar una tacita é café, 

eso nos entonaría; está una destemplada. 

Per. Sí; pero la peseta del tío Fermín, como con- 

vidé anoche á los guardias, pues se me ha 
disuelto 

Cas. ¿Y no te queda naa? Porque yo también 

tengo im desmayo que todo me gira. 

Caf. (Pregonando más cerca.) ¡Café Caliente! 

Per. Miá los fondos conque contatuos. (sacando ios 

bolsillos vacíos.) Esto en metálico y esto en pa- 
pel moneda. 

Man. (De repente.) ¿Queréis que tomemos c^fé? 

Per. ¡Miá éste!... ¡ya lo creo! ¿Pero cómo? 

Man. ¿Tenéis valor? 



— 52 - 

Cas. ¡Pa tomar café, pues contar conque soy una 

especie de Guzmán el inmejorable! 

Per. Pero, ¿qué vas á hacer? 

Man. Que si tenéis valor, tomamos café. 

Cat. ¿Cómo? 

Man. Haciendo una cosa que le vi yo hacer á un 

chico de mi colegio, que nos convidó á cua- 
tro sin dineío. 

Per. ¡Caray!... ¿y en qué consiste eso? 

Man, Lo vais á ver. Segundarme. 

Cat. Pero oye... 

Man. Tú calla y sorbe cuando te llegue. Veréis. 

(Asomándose foro izquierda.) Al SUelo... echarse 

al suelo... que ya está ahí el cafetero, (los 

cuatro se echan al suelo alrededor del banco.) 

ESCENA n 

DICHOS y el CAFETERO, con cafetera y vasera llena de tazas 

Caf. (saliendo.) ¡Café, Caliente, cafeeeél 

Man. Aquí, aquí es donde se ha metido, que yole 

he visto rodar. (Hace esfuerzos por meter la mano 

en un supuesto agujero.) (Decirme que no.) Ten- 
go la seguridad que estcá aquí. (Decirme 
que no.) 

Per. (Alto.) ¡Pero qué va á estar aquí! 

Cas. No, señor; no está aquí. 

Man. Sí, señor; que cuando la mujer lo tiró le he 

visto yo rodar. ¡Y caí^i le toco! (Decirme 
que no.) 

Per. Ng, señor, que no lo pues tocar. 

Cas. Si no rodó... si la mujer ha pasaoy no se ha 

visto nada. 

Man. ¿Verdá que tú lo tocas, Catalina? (De 

que sí.) 

Cat. (Cye, tú, pero qué es lo que yo toco, por- 

que..) 

Man. (Di que sí ) 

Cat. Pues si, señor... es verdad, yo lo toco aquí, 

aquí lo toco... miálo cómo lo toco... (¿Qué 
tocaré yo, Dios mío?) 

Man. Pu( s yo lo saco, porque un duro no creas tú 

que es para despreciarlo. (Di que no.) 

Cat. Claro que no. 

Caf. (Que al ver la postura y la discusión se ha ido acer- 



- 53 - 

cando con curiosidad ) Oye, chicCS, ¿perO qué 

buscáis ahí? 
íWan. Nada; un hombre que ha pasao peleándose 

con una mujer y ha cogió tres duros y se los 
ha tirao á la cara y ha empezco á darla bo- 
fetás y se han ido peleándose, y los otros 
dos no sé, pero un duro le he visto yo me- 
terse aquí, deb.ijo de la piedra... que casi le 
toco. Venga usté y verá usté. Aquí e?tá. 

Caf. (Dejando la cafetera y la vasera á la izquierda^ del 

banco.) ¡Un duro!... ¡Quitarse en seguida, 
hala!... ¡Dejadme!... ¡Apartar! (se echa ai suelo.) 
¡Dices que un duro! 

Man. íáí, señor; en esta raja He ha metió. 

Caf. A ver... á ver... ¡que yo tiente! (Mientras el ca- 

fetero hace esfuerzos por meter los dedos, Manolito y 
Casimiro van á la vasera, cogen cada uno una taza, y 
abriendo la espita de la cafetera, se echan café, que 
beben deprisa y soplando. I>an á entender f^or los ges 
tos que quema mucho) 

Per. (Mirando á los chicos y comprendiendo.) ¿Lo tcca 

usté? 
Caf. Cállate, que está muy hondo, y como tengo 

la mano gorda. . Pero parece que aquí... 
Cat. Yo lo he tanteao un poco ahí, á la derecha. 

(perico y Catalina con pretexto del duro, se echan en- 
cima del cafetero.) 

Caf. Sí... aquí parece... pero no os echéis tanto. 

Per, (a Casimiro y Manolo, que estáu sirviéndose ) ¡Que 

no os echéis tanto!... digo, que no nos eche- 
mos tanto, tú, (a Catalina.) que agobiamos al 
hombre. 
Caf. Si tuviéramos un palito... porque con los 

dedos, me parece que no... 

.Wan. (Acercándose con Casimro.) Misté, ha dao aqUÍ el 

duro, y ha venío rodando así, de manera 
que debe estar... quiere usted que yo... (cata- 
lina y Perico se acercan á la vasera y toman café, 
como antes los chicos.) 

Caf. No, no, deja... me pelo los dedos, pero lo saco. 

(No vayan á cogerlo estos chicos.) (Manouto 

sopla de haberse quemado.) ¿Por qué SOplas? 

Cas. (Rápido.) Náa, que se conoce que se ha que- 

mao... que se ha quemao el hombre con la 
mujer y lo ha tirao con tanta fuerza, que 
Dios sabe dónde estará el duro. 



— 6t — 
Caí". (Acercándose.) ¿Está? 

Per. ¡Está colosal! 

Cat. (¡Cállate, hombre!) 

Car. ¡Pa chasco que sea un duro falso! 

Cat. Quiá, no, señor; es bueno. ¿Verdá, Perico^ 

que fS bueno? 
Per. ¡Riquísimo!... ¡«ligo, buenísimo, sí, señor! 

Caf. (Levantándose ) Náa, que me he pelao los déos. 

No llego. U pa mí que no está. Yo no busco 

más. 
Cas. No sea usté tonto, que está. 

Caf. ¡Qué va á estar! 

Per. ¿Y 8Í lo encontramos nosotros? 

Caf. (Cogiendo cafetera y vasera.) Que OS aprOVeche» 

Todos Muchas gracias. 

Caf. ¡Café, caliente, cafeeeé! (vase foro derecha.) 

Cat. ¡Y encima se va agradecido! 

Per. ¡Caray, pues con este sistema ya no vuelvo 

yo al Ideal Boom, porque qué más ideal que 
tomar café y no pagar! 

Cat. Bueno; pero á mí me da no sé qué hacer es- 

tas picardías. 

Per. Y á mí; pero las cosas ee toman como se 

pueden. 

Cas. (Mirando al foro izquierda.) Mirar, loS gUardíaS 

vienen. 
Caí. Sí; ¿vendrá el señor Lauro? 

Per. Callarse. 

(De izquierda a derecha cruzan la escena ocho guar- 
días al mando de uu sargento. Desaparecen.) 

Caí. A ver con los datos que le dimos si ha ave- 

riguao algo. 
Per. De lo que nos diga depende la salvación de 

padre. 
Man. (Mirando foro derecha.) Ya está ahí, ya está ahí» 

Caí. ¡Dios le haya ayudao! 

Per. (Llamándole.) Señor Lauro... aquí. 



ESCENA III 

DICHOS y el SEÑOR LAURO 

Lauro (saliendo.) Buenos días, vecinos. 

Caí. Hola, señor Lauro. 

Cas. Adiós, señor Lauro. 



— 56 — 



Man. 

Per. 
Lauro 
Man. 
Cat. 

Per. 

Lauro 

Cat. 

Lauro 
Cas. 



Per. 
Lauro 

Per. 



Cat. 

Per. 
Lauro 
Per. 
Lauro 

Cat. 
Lauro 



Per. 

Lauro 



8i viene usté un meiuito antes, le convida- 
mos á café. 

Un caracolillo que era talmente un bucle. 
¿Y qué tal Garil^alili? (1) 
Pos místelo, tentando. 

Que le atosigan las noches de juerga; ¡como 
es viejo!... 

Sabrá usté que hemos peinoztao aquí, (seña- 
lando el banco.) 

¿Cómo?... pero ¿es que habéis dormido en 
ese banco? 

No, dormir, no; hemos e»tirao las estremi- 
dades que dice mi hermano. 
(a Casimiro.) ¿Y tú qué tiés CU la cara? 
Pues ná; que así que nos dormimos se cono- 
ce que este soñando me dio con una estre- 
midad en las narices. 
¡Que no í^e puén tener las camas juntas! 
¿Y por qué no fuisteis á vuestra casa como 
os dije? 

¡Toma!... Pues porque nos encontramos en 
la puerta á mi padre, dispuesto á cantarnos 
la nana. 

Con un junquito de este porte. (Exagerando el 
tamaño.) 

Y salimos huyendo de la calefación. 
¡Pobres criatura^! 

Y qué, ¿ha averiguao usté algo? 

¡Too lo que hacía falta! Me he pasao la no- 
che de indagatoria. 
Diga usté, diga usté. (l.e rodean con curiosidad.) 

Veréis. Con los datos que me dio éste de la 
carta que le sacasteis á vuestro padre del 
bolsillo me fui á ver al Tiralinias^ que es un 
randa compinche del Alfredito, pero que 
ahora están á mal. 
¿Y qué? 

Y el Tiralinias me dijo, que tié noticias de 
que preparan un chantagey que el sitio don- 
de se reúnen con tu padre tóos los días esa 
gentuza, es en el ventorro del Cubano^ que 
está á dos kilómetros del Partidor. De ma- 
nera que por ahí ya sabemos dónde tienen 
el nido. * 



(^l) ilanolito— Casimiro -Catalina— Lauro— Perico. 



— 66 — 

Cat. ¿Y dónd3 está el Partidor? 

Lauro Orilla de los Cuatro Caminos, detrás del de- 

pósito de aguas. 

Cat. Muy bien. 

Lauro Sabemos además— porque según este (poi- 

Perico.) lo decía la carta — que hoy es el día 
destinao pnra cobrar la letra. 

Per. (Afirmando.) ¡Hoy!... ¿Y SÍ cogeti á mi padre? 

Lauro De manera que sólo nos queda un poblema. 

Cat. ¿Cuálo? 

Lauro Averiguar contra qué casa de Banca prepa- 

ran el golpe. 

Per. Sí, porque eso es lo único que la carta decía 

en cifra. 

Cat. ¿Y cómo lo averiguaríamos? 

Lauro No lo sé, hija; me he pasao tres horas desva- 

nándome el celebro pa discurrirlo y como 
si no. 

Cat. ¿Y eso es grave? 

Lauro Lo más grave de todo, Catalina; porque si 

dan las diez y va tu padre con la letra y la 
presenta, se consuma el delito y no hay re- 
medio: ó á huir, ó á la cárcel, (perico se separa 
pensativo.) 

€at. (Asustada.) ¡Ay, Calle usté, calle usté por Dios, 

señor Lauro! (volviéndose á Perico ) ¡Ay, Perico, 
Perico, discurre algo; discurre algo por la 
Virgen Santísima!... ¡miá que si no padre! .. 

Per. (Exaltado. Como hablando consigo mismo y con agita- 

ción creciente. Acompaña sus frasesde gestos extraños.) 

¡Callarse!... |Siiencio!... ¡Ay!... 
Cat. ¿Qué te pasa? 

Per. ¡Que he diio en el qui! 

Cat. ¿Qué? 

Per. ¡En el qui! 

Lauro Pero, ;qué es el qui? 

Per. ¡Que no se me vaya!... ¡Callarse! ¡Tengo un 

plan magnífico! ¡He salvao á mi padre! 

Lauro Pero, ¿qué dices? (Asombrado.) 

Cat. (Asustada.) ¡Ay, Perico, que creo que no estás 

en tu juicio! 
Per. ¿Que no estoy en mi juicio? (Golpeándose la 

frente.) ¡Aquí!... ¡Aqul está todo!... Averigua- 
mos á'qué casa de Banca van á ir... 

Lauro ¿Qué dices? 

Per. Nos apoderamos de la letra falsa. Todo, ab- 



— 67 -- 

Bolutamente todo. ¡Salvamos á mi padre! ¡Sí 
señor, le salvamos! 

Cat. Pero, ¿ss posible? 

Per. Ya lo verás. Y respective á esos ladrones. 

¡Ay!... ¡Ay, señor Lauro! ¡Ay qué venganza 
se me ha ocurrido! ¡Kelina!... ¡una venganza 
felina! ¡Los mato del susto! Va á ser una 
cosa digna de ¡Serlok Holmes. 

Lauro Bueno, pero dinos... 

Per. Ni una palabra. Usté no pué meterse en 

estas codas sin comprometer su destino, con 
que déjenos usté solos y gracias por todo. 
(a los chicos.) Vosotros venid aquí. 

Los tres ¿Qué? 

Per. Alinearse. En fila. Firmes. Batallón, oído. 

¿Estáis dispuestos pa evitar que nuestro pa 
dre vaya á presidio á hacer todo lo que yo 
sus diga, cueste lo que cueste? 

Los tres Sí. 

Per. Muy bien, (a catalina.) Pues tú irás por tu lao 

á hacer lo que yo te mand^^; (^ casimiro ) tú 
la acompañarás; (a Manoiito.) tú á Ihvar re- 
caos de un sitio á otro, (ai perro.) y tú á no 
ladrar, que la estropeabas. Y pa que todo 
mi plan— que os diré luego — salga bien, an- 
tes de romper el fueso, vamos á oir una 
misa de campaña. Ahí hay una iglesia y en 
la iglesia está la Madre da Dios; no tenemos 
otra madre; vamos á pedirle que no nos 
• abandone, que nos acompañe á salvar á 
nuestro padre. ¡Venga, batallón, á formar! 
(Empiézala música.) Alinear. Firmes. Quitarse 
las gorras. Marchen. De frente. Ar. (saie an- 
dando Perico y detrás, en fila, los chicos y marcando 
el paso militar entran en la iglesia. Suena la campana 
lentamente. El señor Lauro se les queda mirando.) 

Lauro (Limpiándose los ojos.) ¡Pobres crcaturas!... ¡Que 

Dios les ayude! 



MUTACIÓN 



68 



CUADRO CUARTO 

Calle corta. Eu el íoro portal elegante de una casa en cuyo piso 
bajo se hayan establecidas las oficinas de un Banco. En los balco- 
nes del entresuelo, un cartelón que diga «Crédito Financiero, Ope- 
raciones bursátiles, Giros, Descuentos.» La acción de este cuadra 
de día. 



ESCENA PRIMERA 

VENDEDORA y VENDEDOR de papel. Otro VENDEDOR y una 
MUJER 

Vend. (con voz ronca.) Papel y sobres para cartas. 

Cídco pliegos una perra chica. ¡Todo proce- 
dente de un saldo por incendio! ¡Ande el 
barato! ¡Cinco pliegos una perra ciiica! Pa- 
}jel satinado. Cuaderno de notas y demás» 
rodo procedente de un saldo por incendio. 
¡Ande el barato! 

Vend.^ (Con voz atiplada.) Papel y sobres para cartas. 
¡Cinco pliegos una perra chica! Papel sati- 
nado, porcelana, canto dorado y sin dorar, 
para escribir á la novia, familia ó amigos. 
[Ande el barato! ¡Cinco pliegos una perra 

chica! (Vanse.) 

Vend. (saliendo.) ¡Y al buen requesón de Miraflores 

y á prueba! 
Voz Requesón ero. 

Vend. ¿Quién llauja? 

Voz Aqui, en el quince. 

Vend. Váaa. (vase.) 

(l)urante los pregones han cruzado la escena diferen- 
tes personas; un panadero, un soldado con su novia, 
uno que sale del Banco, etc.) 



ESCENA II 

1 AZARILLO, TIPLE CALLEJERA, TENOR CALLEJERO, CIEGO 1.*" 

(con guitarra) y CIEGO 2." (con violin. No habla.) El Lazarillo saca 

en la mano unos papeles de colores 

Laz. ¿Sus parece aquí? 

Ciego 2.° No hay mucha afluencia, pero bueno. 



— 60 



Tiple 

Ciego 2° 
Tiple 

Ciego 2.° 
Laz. 



Tenor 



El viernes pasao hicimos en este naismo si- 
tio upa posta de treinta céntimos. 
Al Príncipe Osear éste lo podían ir pelando. 
En ñn, hay que ganarse el pan y por ahora 
es de Viena. 

Pues duro. (Xetaplan.) 

(a voces.) ¿Quién de^ea el bonito vals de Ja 
opereta vienesa el Principe Osear, vertida 
del austríaco por un distinguido socio? ¡A 
diez céntimcs el bonito cantable con el re- 
trato del vertedor! 

Bonito vals de la opereta el Príncipe Osear 
cantao, bailao y accionao. ¿Estamos? ¿Sí» 
Maestoso. 



lusica 



Tiple 



Tenor 
Tiple 



Tenor 



Tiple 



Tenor 



Por tu amor, bella hurí 

muero, 
y ese amor para mí 

quiero. 
Déjame contemplar 
tu boquita sin par, 
y un suspiro de amor 

exhalar. 
¡Oh, r'ríncipe Osear, 
callad por favor, 
que estoy hace tiempo 
muriendo de amor! 
¿Suspira.-? ¿Por (^uién? 

Tan solo por tí 
suspiro que sale de aquí. 

Te miro y suspiro 

yo así. ¡Ayl 
No hay, no hay, no hay 
como hacer juntos ¡ay!, 
suspiro amoroso 
que el alma exhaló. 

;0h, Príncipe Osear, 

pensáis como yo! 
No hay, tjO hay, no hay 
como hacer juntos ¡ayl 

Tu aliento es perfume 

de rosas de té, 

igual que lo soñé. 

¡Ayl (suspira muy exageradamente.) 



— 60 — 



Tiple 



Tenor 

Tiple 

Tenor 



Laz. 

Ciego 2.° 

Tiple 

Tenor 



[Ay! (ídem.) 

Yo lio sé como vos suspiráis, 
gran señor, que me atontolinais. 

i Ay! (Como antes.) 
¡Ay! (ídem.) 

Basta ya, que tu aliento me atrai, 
cosa igual en el mundo no hay, 

¡no hay! 
(Recitado.) ¿Hay quen compre otro papelito 
con el bonito vals del Príncipe Osear? 
¿Hay ó no hay? 

(Cantado.) 

No hay, no hay, no hay 
como hacer juntos ¡ay! 

(Mutis todos bailando.) 



ESCENA III 

CONCHA y FELIPE, que salen por la derecha 

Hablado 

Concha Mírala; esa casa; en ese entresuelo, 

Fel. (Leyendo.) «Crédito Financiero.» 

Concha Ahí es. Por ese portal. 

Fel. Ya lo veo. 

Concha ¿Dónde tienes la letra? 

Fel. Kn el bolsillo de la americana. 

Concha No nos paremos aquí. No mires, sigue; aun 

es temprano. 
Fel. Si hubief-e donde beber; tengo la boca seca. 

Concha Vamos á aquella taberna; tomaremos una 

gaseosa. Anda, no mires. 
Fel. ¿Dónde he metido el pañuelo? (Buscando en 

sus bolsillos.) 

Concha Anda ahora; toma el mío y no te pongas 

nervioso. Ya lo buscaremos. (Vanse izquierda.) 

ESCENA IV 



PERICO y MANOLITO por la derecha. Este último saca un lío muy 

grande envuelto en un pañuelo de yerbas,, anudado por las cnatro 

puntas 

Per. (saliendo cautelosamente.) ¡Chitsl... quietO... ¡mía- 

los! ¿Dónde se han metido? 



— 61 — 

M&n. (Acercándose á la jnja izquierda ) En Una ta- 

berna. 
Per. (como hablando consigo mismo,) QuizáS que nO 

sea hora todavía y van á esperar. (Fijándose en 
el letrero.) ¡Ali, míalol (Leyendo) «Crédito Fi- 
nanciero.» Aquí es donde quieren iiacer el 
chantage, pero por fin he tropezao con la 
casa y no, no será aunque me cueste la vida. 

Man. Pero ¿qué dices? 

Per. Me ha co«tao dar con ellos y seguirlos, pero 

paro el golpe que es de lo que se trataba. 
Me van á hacer polvo, pero en fin... ¿Salen? 

Man. (Mirando cou cautela.) Toavía no. Bueno ¿y ya 

que hago, lú? 

Per. Pues no te voy á decir más que una cosa, 

Manolito. En este lio, aquí dentro de este 
lio, llevas la salvación de todos. ¡Excuso 
agregarte que ese Hito me lo tiés que cuidar 
más íjue á tus propias narices! 

Man. jNo tendías miedo! ¡Primero me se pierde 

una oreja! 

Per. Bueno, pues con esto y antes que venga 

padre, te vas ande estará Catalina y me es- 
peras con el lío en la valla del solar que te 
he indicao. 

Man. No tengas miedo; ya sé dónde. 

Per. Y á Catalina y á Casimiro que me cumplan 

ce por be mis istruciones. Que vayan al me- 
ren(¡ero del «Cubano» y que les den á esos 
sinvergüenzas el susto que hemos prc- 
yectao. 

Man. Bueno. 

Per. Conque ojo con el lío y... 

Man. (Asomnudose izquierda.) ¡Va Salen, ya salen! 

Per. ¡Sí, es verdá! ¡Pues arrea!... ¡Arza'... ¡Que na 

se te olvide náa... y que Dios nos ayude! 

Man. Hasta luego. 

Per. Corre. (Vase Manolito derecha.) Y yO, al portal 

á esconderme. ¡Viene con esa tía perraL 
Aquí los espero. ¡El choque va á ser terri- 
ble!... ¡Valor, Virgen Santal (se mete en el por- 
tal.) 



— 62 — 



ESCENA V 



CONCHA y FELIPE 



Concha tís un cuarto de hora malo, pero si tenemos 
.suerte, Felipe, luego son muchos días de 
bienestar ,y de quererse. Ten ánimo... ¡ten 
valor! Hazlo por tu gatita, como me lla- 
mas. 

Fel. Bueno; tú te has empeñao y ya no hay más 

remedio, pero no valen retóricas. Concha, 
esto me cuesta á mí... me cuesta á mí... 

Concha Amos, hombre, cálmate. 

Fel. No, si yo... á mí después de todo; lo rnalo 

era meterse, pero una vez aquí ya... ¿Dónde 
tengo el pañuelo?... Me se ha olvidao. 

Concha Si te he dao el mío antes, hombre. 

Fel. ¡Ah, 8Íl Pues voy pa arriba. Quiero subir 

pronto, ¿sabes? Estoy deseando... 

Concha Bueno, Felipe, cálmale; porque estás en un 
estac de nervios... 

Fel. Me está tardando el salir de esto. Cuanto 

más pronto mejor; conque vete ya. 

Concha Quiá; yo le espero aquí. ¡Yo corro tu 
suerte! 

Fel. No, Concha, eso no. Vete. 

Concha ¡Pues no faltaba más! Lo que sea de ti será 
de los dos. Yo aquí me quedo. 

Fel. Gracias, Concha. Oye, y si esto fallara, de 

eso de... bueno, digo yo que á mis hijos 
nada, ¿eh? ¡Que me he ido á hacer un viaje 
ú lo que te parezca! 

Concha ¡Oye tú, pero tienes un temblor!... 

Fel. ¿Yo? ¡No seas tonta! Lo quiés tú y lo hago; 

náa más. No te muevas de aquí. 

Concha Aquí te espero, P'elipe. Serénate, que no te 
conozcan náa. ¿Llevas la cédula á mano? 

Fel. Todo. Espérame. ¡No te vayas, por Diosl 

Concha Pues anda; buena suerte. 

Fel. A... a... adiós. Espérame... espérame... No te 

vayas. (Eutra en el portal.) ¡No te vayas!... 

(Mutis.) 

Concha ¡Qué gallina!... ¡cómo va!... ¡Si sale bien es 
un milagro!... ¡Qué cobarde!... ¡Que no me 



— 63 — 



vaya!... No, que me voy á quedar aquí. 
(Mirando á la izquierda.) lUna pareja!... ¡Mala 
pata!... ¡Concha, tierra por medio! ¡Si acaso 

que lo cojan solo! (Vase derecha. Pausa. De iz- 
quierda á derecha cruza uua pareja de guardias.) 



ESCENA VI 

FERICLO y FELIPE regañando dentro; al final un GUARDIA 

Per. No, padre, no; no sube usted. 

Fel. ¡Déjame, vete!... ¡quita de en medio! 

Per. No quiero, no; vamos á la calle. 

Fel. ¡Déjame!... ¡Fuera!... ¡Aparta!... 

Per. Vamos á la calle, vamos á la calle... ¡No 

sube usté! 

Fel. (Sale agarrado á su hijo que le sujeta por las solapas ) 

¡¡Suelta! ¡Suelta, he dicho! (Oesprsndiéadose de 
él de un empujón violento.) PeiO, ¿qué Va á Ser 

esto? 

Per. Bupiio; soltaré; pero aquí en la calle, porque 

arriba no va usté. 

Fel. Pero, ^-qué haces tú aquí?... ¿á qué has ve- 

nido? ^ 

Per, Pues he venido pa que usté no vaya. 

Fel. ¿Qiie yo no vaya?... ¿adonde? 

Pe.r ¡A la cárcel! A eso he venido. 

Fel. Pero, ¿qué estás diciendo tú? Si repites eso, 

te cruzo la cara. 

Per. La cara me la cruzará usted, pero la calle 

no; porque no quiero que suba usted á esa 
ca?a y encuentre usted en ella la deshonra 
y la perdición. 

Fel. (Amenazándole.) BueuO, CáUatC Ó... 

Per. Me callaré, pero vamonos. 

Fel. No quiero. ¿Yo por qué me voy á ir? Yo 

vengo á hacer aquí una cí^sa legal. 
Per. Usté viene aquí á cobrar una letra falsa, 

padre. 
Fe!. ¡Calla!... ¡Eso es mentiral... ¡Mentira!... 

Per. ¡Eso es verdad! 

Fe!. ¡ Mentira! ¿Habéis creído que yo era capaz de 

una infamia semejante? 
Per. ¡Ah! ¿de modo que dice usted que la letra 

es buena? 



— S4 — 

Fel. Si no lo fuera no vendría yo á cobrarla. 

Per. Entonce?, ¿no hay peligro de tubir por el 

dinero? 

Fel. Ninguno. 

Per. Pues démela usté á mí que yo subiré por él. 

Fel. ¡Eso no! ¡Eso nunca! ¡Conque ya. te estás 

níarchando, ea!... ¡Largo de aquí! 

Per. ¿Lo ve usté?... ¿Ve usté como no tiene usté 

valor pa dejarme subir? Vamos, padre; va- 
monos. Aun e.^tamos á tiempo de salvarnos. 
¡Rompa usté esa letra!... ¡Se lo pido por la 
memoiia de mi madre! 

Fe!. Que he dicho que no quiero. 

Per. ¡Pues tráigala usted! 

Fel. Pero, ¿qué vas á hacer, canalla? 

Per. ¡Llevármela, sea como sea! (Mete la mano en ei 

bolsillo de la americana de su padre, éste le rechaza 
violentamente y luchan.) 

Fel. ¡Quita, granuja! ¡Sinvergüenza! 

Per. ¡Venga esa letra! 

Fel. ¡Quita! 

Per. ¡Aquí está! (sacándola.) 

Fel. ¡Trae, canalla! (ai arrebatársela la letra se rompe, 

quedando la mitad en manos de Felipe y la otra mi- 
tad en la de Perico. Desesperado.) ¡¡RotaÜ 

Per. f Muy alegre.) ¡Rota!! 

Fel. ¡Granuja! .. ¡Me has perdido! (Le da una bofe- 

tada y se marcha como loco por la izquierda.) 
Par. (Llevándose la mano á la cara.) No le he pcrdido; 

¡le he salvao'... ¡¡Le he salvaoü ;Qué bofetá!... 
Bueno, no le hace; se la perdono. 

Guar. (saliendo derecha.) ¿Qué pa?;a, joven? ¿ha sido 

una bofeta? 

Per. No, señor, señor Guardia; no ha sido una 

bofetá; ha sido un aplauso que me ha dao 
iu Divina Providencia por mi conducta 
como hijo. ¡Ahora que puede que se me 
hinche! Nada más; usté siga bueno. 



MUTACIÓN 



- 65 — 



CUADRO QUINTO 



Pequeño comedor de un ventorro en las afueras de Madrid. Mesa 
de pino enmedio y sillas de anea alrededor. Al foro, una puerta 
de dos hojas abierta, por la que se ve el paisaje alegre y claro 
de una pequeña pradera, en la que suena un organillo, á cuya re- 
tozona música, bailan clásicamente amarteladas, parejas de gente 
chula. En las paredes derecha é izquierda del comedor, ventanas 
con las maderas completamente cerradas. A la izquierda de la ha- 
bitación, la trampa para bajar á la cueva. 

ESCENA PRIMERA 



PACA LA CROMO, CONCH \ LA LUNARES, el ALFREDITO senta- 
dos á la mesa y el CHULO GOMA de pie á la puerta del foro, dando 
palmadas. Sobre la mesa, una botella de vino, cuatro vasos y un pla- 
to con aceitunas. Luego, el GURRIA 



Chulo 

Gurria 

Chulo 

Gurria 

Chulo 

Gurria 



Alf. 



Concha 

Gurria 

Paca 

Concha 



Alf. 
Chulo 

Paca 
Alf. 



(Llamando.) ¡Vamos, niño! ¿Pei'o no hay uno? 

Tú... Gurria, á ver si vienes. 

(saliendo.) ¿Ijlamaban ustés? 

Hace un verano. 

No había oído. 

¿Por qué no ponéis timbre? 

Porque la chica del amo es muy mala y se 

entretiene en arrancarnos los botones. ¿Qué 

hacía falta? 

Tráete otra de vino. ¡Y pregunta de paso á 

quién hay que dirigirle la solicitud pa que 

se calle el manubrio esel 

;Ya, yai Tengo la polkita metía en los sesos. 

¿No sabéis otra? 

ISÍ, señora; pero e.s más fea. 

¡Cámara, ya podían disecar el pianito! 

Pa músicas estamos. 

(Vase el chico y á poco de irse calla el organillo. Los 
cuatro dan muestras de gran impaciencia.) 

(Mirando el reloj.) ¡Las doce y cuarto! 

¿Mo se te hace que tarda mucho el señor 

Felipe? 

Ya, ya. (1) 

¡Cállate, hombre, que estoy que no vivo! 



(l) Concha— Alfredito— Chulo— Paca. 



— 66 — 

Paca ¡Yo tengo una desazón! 

Alf. ¡Debía estar aquí hace noedia hora! 

Concha Le habían hecho esperar. Alguna dificultad 
pal cobro .. qué sé yo. ¡Algo le ha pasao! 

Chulo Ese, ese se ha arrepentido y se ha bajao 

de la meta e la escalera y ha roto la letra, y 
luego nos sale con alguna gaita. 

Paca ¡Por ahí le va! ¡Ya veréis! Hace un mes que 

08 vengo diciendo que el tal Felipe es un 
mandriazo como una casa. Yo no me hu- 
biera fiao de ese tío gallina. 

Concha Eso no; no vale exagerar. Tampoco hay que 
ponerse por las nubeír! Fehpe ha llevao la 
letra. Respondo de eso. Lo que le haiga pa- 
sao no lo sé. Pero el que nosotros estemos 
impacientes no es pa darle de patas á nadie. 

Paca Chica, ¿si te molesta?... 

Concha Me molesta. 

Paca ¡Ay, pues dispensa, hija; pero no creo que 

lo que he dicho es pa ir por justicia! 

Concha Es que tú al que le coges hincha ya se pué 
pelar. ¡Cámara! 

Paca ¿Yo? ¡Anda y que te doblen! ¡Miá tu éstaJ 

¡Nj voy á pagar yo tu mal humor ahora! 

Alf. Bueno, basta; no pelearse. 

Chulo Que están nerviosas como nosotros y eso es 

lo que las pasa. 

Alf. La verdá es que cuando está uno impacien- 

te pegaría con su sombra. 

Chulo Después de too, aún no es tarde. Si le han 

hecho esperar y no ha cogido el tranvía á 
tiempo, no tié ná de extraño. 

Alf. (vuelve á mirar el reloj.) ¡Tienes lazón! ¿Por qué 

no sales á la carretera á dar un vistazo por 
si le ves? 

Concha Sí, hombre, haz el obsequio. 

Chulo Voy á mirar: no moverse, (vase.) 

Alf. (Después de una pausa) ¡Si yo me viese entrar 

á ese hombre con las cincuenta mil pe- 
setas! 

Concha ¡Ay, no me lo digas! Estoy que me ahogan 
con un pelo. Tengo las n anos como la nie- 
ve; (a Aifredito.) tienta. 

Alf. Peor estoy yo, que paece que me han vaciao 

el estómago, (pausa.) ¡Pero no vienel (pausa y 
mira el reloj.) ¡Doce y veinte! 



— 67 - 

Concha ¡Qué lánima e negocio si sale mal! ¡La for- 
tuna pa tóos!... ¿Por qué tardará ese tío la- 
drón? 

Gurria (Saüeudo con una botella de vino.) AqUÍ está el 

vino. Y los del organillo que estén ustés 
tranquilos hasta la hora de comer. 

Alf. Bueno, airea, (vase ei chico.) 

Paca Yo, si Felipe fuera un hombre templao, es- 

taría tranquila, pero ese tío... 

Chulo (Entrando precipitadamente y cerrando la puerta. La 

habitación queda á obscuras.) ¡Chlts!... ¡Sileocio! 
Los tres (Se levantan asustados.) ¿Qué? 

Chulo ¡Chitsl No chistar. ¡Mutisl 

Alf. ¿Qué es? 

Chulo ¡El sargentol... Cierro porque está ahí... 

¡Chits! 
Concha ¿Pero quién? 
Paca ¿Pero qué? 

Chulo Kl de la Guardia civil. El sargento que se 

ha parao ahí enfrente con Paco el Cubano. 

¡Chits! Y cierro pa evitar... 
Alf. Bien hecho. ¿Te ha visto? 

Chulo Creo que no. Sin embargo... 

Paca ¡Ay, me había quedao sin hablal (Bebe un 

poco de vino.) ¡Qué vida, Santo Dios! 
Concha Pero á oscuras no podemos estar. 
Alf. Abre una ventana con cuidao. 

Concha Abriré un poco aquí. (Abre la ventana de la de 

recha y entra la luz.) 

Cliulo ¡Chits! 

Alf. Y qué, ¿no viene? 

Chulo No se le ve en too lo largo de la carretera. 

¡E^ta tardanza me escama! ¡A ese tío... á 
ese tío le han cogido! Alfredito, créemelo. 

Alf. ¡Galla, hombre, no seas bruto! 

Chulo Yo lo que sus digo es que debíamos ir pen- 

sando en najarnos de aquí por un por si 
acaso. 

Paca ¡No has dicho una tontería! 

Alf. Bueno, pero ú está ahí el de la Guardia ci- 

vil, sería conveniente no precipitarse. 

Concha ¡Miá que si fuéramos á la cárcel! 

Paca ¡níos mío! que no hayan cogido á ese hom- 

bre, porque. . 



— 68 — 



ESCENA II 



DICHOS y CATALINA, toda desgreñada, con el sombrero caído, la 

falda rota, sncia de barro, lívida, descompuesta. Abre la puerta del 

comedor y entra cerno cediendo al empujón de una mano formidable, 

cerrando la puerta tras de sí 

Cat. (Cayendo de improviso en la habitación.) ¡¡Yoü 

Los cuatro (Aterrados y retrocediendo.) ¡¡Aaah!! 

Cat. (Echándose de bruces sobre la mesa.) ¡Yo!... ¡üste'^ 

des!... ¡Sí'... ipor fin!... ,mi padre!... ¡Aah!..^ 
¡Quiero hablar! ¡No puedo! ¡ün nudo!... (1) 

Chulo (Temblando.) Pe... pe... pero ¿quién es?... ¿Qué- 

es esto? 

Alf. Ptro esa chica... Pero, ¿quién?... 

Concha (Asustadísima.) ¡Ay, yo no!... ¡yo no! 

Paca Yo no puedo. 

Chulo ¿Pero, ¿quién? 

(Todo lo que hablan los cuatro ha de ser casi á la. 
vez.) 
Cat. (Levantando la cara.) ¡Ah, SÍ!... ¡Yo!... ¡IJste^ 

desl... ¡mi padre!... ¡¡Aaahü 

Concha (conociéndola.) ¡Pero, callc!... ¡Pero, si esta es 
la hija de Felipe! 

Los tres ¡La hija! 

Cat. Yo, sí... la hija... ¡Mi padre!... ¡no puedo!. ... 

¡un nudo!... 

Chulo Pero, ¿qué te pasa? 

Cat. ¡Perdido él!... ¡perdida yo!. . ¡perdidos usté- 

desl.. ¡Cuánto perdido! ¡Ah! (Llora.) 

Alf. ¿Perdido? 

Concha Pero perdidos, ¿por qué? 

Chulo ¡Pero al menos di porqué has venido á ha- 

cernos la... visitita esta! 

Alf. ¡Eso, dilo! 

Concha Explícate. 

Cat. No... no puedo hablar... me ahogo... necesito- 

agua... ¡Darme agua! 

Alf. (Dándosela) Toma agua. 

Cat. (Bebiendo.) ¡Gracias!... ¡Ay!... ¡muchas gra- 

cias!... ¡ay!... ¡ay!... ¿hay vino?" 

Paca Darla vino. 



(l) Concha— Alfredito -Catalina— Paca— C hulo. 



— 69 — 

Chulo (Dándoselo.) Toma. Bueno, ¿y tú qué querías? 

Cat. Quiero sal... quiero salvarles á ustedes; sí, 

sépanlo ustedes, sí; porque me lo ha pedido 
de rodillas mi pobrecito padre. ¡Ay, padre 

mío! (Llora.) 

Chulo Bueno, dile á esta chica que hable pronto, 

porque si no me va á dar un colapso. 
Alf. l'ero salvarnos ¿de qué? ¡Habla! 

Concha Pero tu padre, ¿dónde está? 
Cat. ¿Qué dóode está? ¡Pues encerrao! 

Todos ¡Ah! (Con asombro.) 

Cat. ¡En un calabozo del Juzgao de guardia! 

Todos ¡¡¡Aaahü! (Orlto de terror.) 

Chulo ¡Le han cogido! (Temblando y con la voz ronca.) 

Cat. ¡Le han cogido, sí! ¡Y allí está encerrao, ma- 

niatao, ensangrentao y atormentao! ¡Padre 
de mi alma! 

Concha ¡Qué horror! 

Paca ¡Estamos perdidos! 

Chulo ¡Ese hombre! ¡Si ya te lo decía yo; era un 

cobarde! 

Alf. ¿Y cómo ha sido? 

Cat. ¡Horrible!... ¡ha sido horrible! (cou misterio, en 

voz muy baja ) Vengan ustedes, que no quiero 
hablar alto porque hay ahí fuera uno de la 
Guardia civil. 

Los cuatro (Rodeándola.) ¡Contra! 



Alf. 

Concha 

Cat. 



Los cuatro 

Concha 

Cat. 



Chulo 
Cat. 



Cuenta, cuenta. 

Pero bajito. 

(sollozando, entrecorta las palabras.) PueS nada, 

que fué mi pobrecito padre, subió al Banco, 
y cuando presentó la letra pal cobro, siente 
que le cogen por los brazos y le gritan: «Esa 
letra es falsa, so granuja. Date preso.» 
¡Chits! 

¡Qué perdición! 

En esto sacan una cuerda para atarle, y mi 
padre, loco de rabia al verse perdido, tira 
de revólver, dispara, y tuvo tan mala suerte, 
que le dio al tenedor de libros en un asien... 
¡Que bruto! 

En un asiento de los que estaba escribien- 
do. A todo esto, los empleados salieron al 
balcón pidiendo socorro, se arremolinó la 
gente, y mi padre, aprovechándose de la con- 
fusión 88 fué á la calle huyendo; un Boma- 



— 70 — 

nones le echó mano, pero mi padre le dio uit 
estacazo en un tobillo, y allí se quedó cojo 
el pobre Romanoms; pero los del orden Je- 
detuvieron. ¡Toda la gente gritaba con los 
puños así! «¡Miserable! ¡Vagabundo! ¡Esta- 

. fador! ¡Debe tener cómplices!» En esto se 

fijaban mucho, (con inteución.) Y uno decía: 
«¡Que confiese; que cante el estafador»!, y 
otros: «iQue cante el vagabundo!» ¡A}^ que 
lástima de padre! ¡Con un padre tan guapo 
como yo tenía. 

Alf. Pues ya te 2??<es despedir. Se pasa el resto 

de su vida en chirona. 

Chulo ¡A ver! Diez años por estafa, ocho por aten- 

tao, catorce por el crimen .. Bueno, tu padre 
tiene cincuenta arios. 

Cat. !Si, señor, pero no los representa. Está muy 

bien conservao. 

Chulo ¡Digo de presidio! 

Cat. ¡Y que paliza le han dao! ¡Tartía el alma! 

I Le han tenío que llevar á la Caea de soco- 
rro á curarle Ion golpes! ¡Diez y seis curas le 
han hecho! Y aun decía una beata que vive 
en mi casa, que too le estaba muy bien em- 
pleao por librepensador. ¡Mire usté que lla- 
marle librepensador á un hombre que va 
con diez y seis curas! 

Concha ¿Pero él no ha declarao? 

Alf. ¿Sabes ^i nos ha mentao á nosotros? 

Cat. Yo no sé... Yo lo único que le oí fué que 

me dijo: «Merendero del Cubano. Vete. Que 
huyan, que se salven » Y por eso he venido. 

Concha ¡Ay, como nos haya nombrao! 

Alf. jEi presidio! 

Paca ¡Calla, por Dios! 



ESCENA III 



DICHOS y CASIMIRO, que entra por la puerta del foro, descom- 
puesto, jadeante, con la ropa sucia y en desorden 

Cas. (Dando un grito al entrar.) ¡Catalina! 

Todos ¡Ay! (ee llevan un susto horrible.) 

Cas. (Poniéndose entre Catalina y Paca.) ¡Catalina!... 

¡Yo!... ¡Padre!... ¡Ay!... ¡Sangre!... ¡Más!... 
¡Otro muerto! 



— 71 — 

Cat. ¿Qué dices? 

Cas. ¡Ha matao al Juez!... ¡Sangre!... ¡Ay! 

(Los cuatro timadores no aciertan ni á moverse del te- 
rror que tienen.) 

Concha (a la vez.) ¡Santo Dios! 

Chulo (ídem.) ¡Pero ese tío se ha vuelto loco! 

Alf. (ídem.) ¡Nos la está buscando! 

Cas. Yo., allí... me han seguido. 

Alf. ¿Quién? 

Cas. Allí fuera... Guardia civil... policía... ¡too ro- 

deao! 

Concha ¡Jesús! 

Paca ¡Periidos! 

Cat. ¿Pero padre ha cantao? 

Cas. (a gritos hasta el final.) ¡Todo!... Ha cantao too 

lo que sabía. Y el Escribano ha dicho que 
Alfredito es un timador y un falsificador! 

Alf. ¡Calla... no chilles! 

Cas. (ai ^huio.) Y usté UQ estafador y las señoras 

dos timadoras. 

Chulo ¡Arrancarle la lengua! 

Concha ¡Pero no chilles, condenao! 

Paca ¡Taparle la boca! 

Cas. Y que no pagan ustés ni en presidio, que es 

donde irán pa veinte años, si no he oído 
mal. 

Alf. (a la ve?.) Pero ¿quieres callar? 

Chulo (ídem.) ¡Nos pierden! 

Concha (ídem.) ¡Huyamos; vamonos! 

Cas. ¡Gandules!... ¡Rateros! 

Cat. ¡Timadores!... ¡Golfos!... ¡Randas! (a grito pe- 

lado.) 

Paca ¡Estamos perdido*! 

(Se ponen á recoger mantones, sombreros y bastones.) 

Alf. ¡Los ahogo!... ¡Maldita sea! 



ESCENA IV 

DICHO > y PERICO, apareciendo en la puerta del. foro vestido de 

guardia du Orden público y con el sable desenvainado en la mano 

derecha 



Per. ¡Alto á la autoridad! 

Tremenda confusión acompañada de gritos. Concha, 
Paca y el Alfredito saltan por la ventana de la dere- 



— 72 ~ 

cha, que está abierta. El Chulo abre la trampilla y se 
mete en la cueva.) 

Cat. ) (a un tiempo.) jSocorro!... ¡Guardias! ¡A esos!... 

Cas. S ¡Matarlos! (Durante el juego anterior.) 

Per. (Dando mandobles.) ¡ Villanosl... ¡Criminales!... 

¡Golfos! 

Cas. (Tirando taburetes á la cueva.) ¡Tomar, ladrones, 

tomar! (Abajo se oyen gritos y ayes.) 

Per. (con aire heroico.) ¡Hemos vcncido! ¡Después 

de este susto cualquier día vuelve esta seño- 
ra á mirar á nuestro padre! ¡La espada de 
la justicia y el capote del señor Lauro han 
triunfado! 

(Se queda en la actitud que tenía, Catalina baila y Ca- 
simiro cierra la trampilla y se pone encima.) 



MUTACIÓN 



_ 7S - 

CUADRO SEXTO 

Calle corta de los barrios bajos de Madrid. Es de noche 

ESCENA PRIMERA 

El SEÑOR FELirE aparece en escena mirando á unos balcones 

¡No hay luzí Todavía no debe estar Concha. 
¿Dónde habrá ido? Hora del café no e?. ¡Yo 
no sé el tiempo que llevo delante de su 
casa! ¡Mi hijo me ha perdido rompiéndome 
la letra! Yo le he escrito á Concha contán- 
doselo todo, pero ¡qué sé yo!... ¿Me creerá? 
Ella, tal vez; los otros, no; los otros se figu- 
rarán que ha sido una añagaza pa quitarme 
de en medio este lío. Ella cree la verdad, 
de seguro. ¡Ella es buena!... ¡ella me quiere! 
Me lo ha probao cien veces. ¡Ella también se 
arriesgaba por mi cariño! (pausa.) ¿Qué habrá 
pasao entre ello.« desde esta mañana? Estoy 
deseando hablarla, pero á ella sola. ¡Si yo 
me atreviese á preguntar á la portera!... (Mi- 
rando á la derecha.) ¡Pero, SÍ .. calle!... ¡parecB 
que son ellos!... ¡Sí!... ¡los cuatro! Vendrán á 
acompañarla. Aguardaré que se vayan pa 
subir luego. ¡Me arrimaré á un quicio, en 

esta sombra! (se oculta en la izquierda.) 

FSCENA II 

DICHO (oculto), CONCHA, PACA, ALFREDITO y CHULO GOMA, 

con un tafetán entre las dos cejas. Salen por la derecha. Al final, 

MAKOLITO por la izquierda 

Paca Si es lo que os he dicho: este ha sido uno 

de esos asuntos que salen malos de arriba á 
abajo. A otra cosa, y no volver á pensar en 
ello, creerme. 



~ 74 — 

Chulo No, si yo te creo; ahora, que el Dumerito que 

nos han hecho los niños en el merendero ha 
sido un iiunierito de varietés, y eso me la 
pagan. ¡Te lo juro por el líquido conque me 
han amamantao! Además, fíjate en la ero- 
sión que tengo entre ceja y ceja de resultas 
de la pata de la banqueta que me arrojó el 
niño bilongo á la cueva, y dime si esto no- 
pide aparte del tafetán una venganza irri- 
tante. ¡En cuanto yo les eche la vista enci- 
ma á esas criaturas, la infancia en escabe- 
chel... Vas á verlo. 

Alf. ¡Lástima é negocio! ¡Medio año trabajando- 

pa este resultao) En fin... 

Paca ¡Y too tan bien dispuesto y lan á punto! Ya 

os lo dije: «¡Ese maula nos lo estropea!» Y 
miá si ha salido. ¡Era una gallina! 

Chulo I Y éste, que decía que su amistad nos iba á 

proporcionar el cocido! ¡Sí, sí! ¡Con esta cla- 
se de gallinas, ni el cocido sale bueno, creér- 
melo! 

Concha ¿Queréis subir? 

Alf. Pero, ¿tú qué tienes que no hablas? 

Concha ¡Si te parece que la cosa es pa morirse de 
risa, tú verás!... ¡Y escribirme esta carta! 

(Mirándola.) 

Paca Pues esta tiene lo que yo: el chasco. 

Concha Peor que tú, peor que ese, peor que todos; 
porque vosotros, al fin y al cabo, lo de mu- 
chas veces: un negocio que falla. Pero, ¿y yo? 
que he estao aguantando medio año á ese 
tío asqueroso. 

Fel. (Aterrado.) (¿Qué dice?) (Se acerca sin ser visto.) 

Concha Seis meses mortales dándole coba á un pel- 
mazo pegHJotíO, que te fastidia y te repugna^ 
pa que luego te venga con esa mentira co- 
barde de que si su niño... — ¡Angelito! — le ha 
roto la letra!... ¡Maldita sea!... ¡Y no los ahor- 
carán á él y á los niños! 

Fcl. (Loco de asombro y de furor.) ¡CoDCha!... Pero, 

¿qué dices?... ¿Pero qué oigo? 

Concha (a la vez.) ¿Tú? (Con desprecio ) 

Ghulo (ídem.) ¡El consabido! 

Paca (ídem.) ¡Es un hallazgo! 

Alf.. (ídem.) ¡Me alegro! (Disponiéndose á darle un esta- 

cazo.) 



— 76 - 

Fel. (Furioso.) Pero oye... pero oye, Concha, ¿he 

oído bien? (1) 

Concha No, Felipe, perdóname; no has oído bien^ 
porque no creí que noe oías, y me he callao 
la ynitá. Pero ahora que estamos cara á cara, 
quiero decírtelo todo y decírtelo claro. ¡Eres 
un gallina as()ueroso que me has dao asco 
desde que te conocí, y no te escupo á la cara 
porque no vales ni la saliva que habría de 
gastar! ¡¡PuafÜ 

Fel. ¡Concha! (Yéndose á ella.) 

Alf. (luterponiéndose, con el baslón enarbolado ) Si le 

levanta usté la voz á esta mujer le parto la 

cabeza de un estacazo. 
Paca No te metas tú, que pa pelar gallinas las 

mujeres nos bastamos. 
Fel. ¿Yo? Yo le levanto la voz á ella y le parto á 

usté el corazón ahora mismo. 

Chulo (Que está detrás, dándole en uu hombro.) ¡Exage- 

rao! 
Alf. ¿Dónde va á ser eso? 

Fel. Aquí mismo, ladrón, te mato. 

Chulo (e1 mismo juego.) ¡Abultivol 

Concha ¡Dale en los morros! 

(Sale Manolito.) 
Alf. ¡Toma, cochino, boceras! (Entre ios cuatro le pe- 

gan hasta tirarlo al suelo, en cuyo momento huyen por 
la derecha.) 

Man. ¡Guardias!... ¡Socorro!... ¡Mi padre!... ¡que lo 

matan! ¡Asesinos! (se acerca á su padre.) ¡Padre,, 
padre, soy yo! 

Fel. I-Wijo, hijo mío, tú! (Se levanta.) 

Man. (Tirando piedras.) ¡Canallas! ¡A sesinos!. . ¡Padre! 

¿le han hecho á usté daño? 
Fel. (Casi llorando.) ¡Menos del que merezco, hijo 

mío! 

Man. ¡Ladrones!... ¡cobardes!... (Tirando piedras.) 

¡Volver ahora, que somos dos pa dos! ¡Vol- 
ver! 



IIRUTACION 



(l) Concha— Paca— Alfredito— Felipe— Chulo 



— Y6 — 



CUADRO SÉPTIMO 

Plaza á todo foro en los barrios bajos de Madrid. En los portales de 
las casas que forman la plaza, tiendas y puestos de diversas in- 
dustrias. En primer término izquierda, una cerería con puerta 
practicable, y colgados del marco de la misma, cirios, piernas, 
cabezas, brazos y pies de cera. En primer término derecha, una 
tienda de ultramarinos, también con puerta practicable. En el 
loro derecha, una casa de vecindad, con puerta también practi- 
•cable y delante de ella, amontonados los muebles do casa de 
Felipe. Compone este mobiliario todo lo detallado en el primer 
«uadro y dos camitas plegadas, con dos colchones liados, varios 
platos y algunos enseres de cocina. 



ESCENA PRIMERA 

Al levantarse el telón aparecen CATALINA y CASIMIRO sentados 
•en las sillas que hay entre los muebles, y á su izquierda las VEN- 
DEDORAS 1.*, 2.* y 3." con las cestas ó banastas llenas de género. 
Detrás de ellas ÜN HOMBRE, varias criadas, vecinas y hombres del 
pueblo. Después UN VENDEDOK de zorros, plumeros y esponjas, 
que sale cuando marca el diálogo 

Verd. 1.^ ¡Pobres chicos! 

Verd. 2.^ ¡Serán infames esos tíos caserosl ¡Miá que 

desahuciarlos á las criaturas! 
Verd. 3.* ¡Y miá ella, la pobrecita! ¡Está como un 

pavo de la afrenta! 
Verd. 1 .^ ¡Pues así que no es una vergüenza verse con 

los traaos en la calle! 
Verd. 2.^ ¿Por qué no vais á buscar á vuestro padre? 

(a los chicos ) 

Cat. (Llorando.) Ya hcmos ido; y figúrese usté, 

cuando no está aquí no será porque le ha- 
yamos cerrao la puerta. 

Verd. 1.^ ¡Pero por eso no llores, chica! 

€ai No, si por lo que lloro es por mi hermanito 

el pequeño, que se marchó anoche y no sa- 
bemos dónde está. 

Cas. (a Catalina.) ManoHto está con padre, no te 

apures, que ya verás cómo está con él. 

Verd. 2.® (a las otras.) ¡Mira el hermanito como la con- 



— 77 - 

sola; ¡qué rico! (Pocoá poco va aumentando el gra- 
po de gente ) 

Cat. (a Casimiro.) Múdate ese pantalón, que no te 

vean el roto. 
Cas. ¿Pero dónde me mudo? 

Cat. Donde puedas. Toma, ponte esos. (Le da otro» 

muy viejos ) 

Hom. (a catalina.) Oye, ¿y sois vosotros drs ná 

más? 

Cat. No, señor; tenemos un herma nito más pe- 

queño, que debe estar con mi padre. 

Cas. (con los pantalones en la mano.) (¿Dónde me mu- 

daría?) 

Cat- Y otro hermano mayor, que se llama Peri- 

co, que está ahí en esa cerería, acomp^ñao 
del señor Valeriano, el ultramarino, que 
han ido á hablarle al cerero, que es el due- 
ño de esta casa, pa ver si se ablanda y no& 
deja vivir lo que falta de mes. 

Verd. 1.^ ¡Pué que se compadezca!... 

Verd. 2.^ ¿Y si no se compadece, dónde os vais á* 
mudar? 

Cas. Yo e^toy por mud-arme debajo de la cami- 

Ha, porque no vto otro sitio. 

Cat. Ahora, que usté les comprenderán la des- 

gracia de unos pobres chicos que tienen 

que verse... ^Caen mendrugos y papeles encima de 

los muebles.) ¡Recoutra! .. ¿pero qué es esto? 

(Mira hacia arriba ) ¡PerO SO SUCial ¿UO eStá USté 

viendo que tenemos aquí la sillería? (saie el 

Vendedor de zorros y se pone en primer término ) 

Verd. 1.* La sillería y las narices, que me está en- 
trando una de polvo que... ¡pues hija! 

Cat. ¡Amos! .. ¿ven ustedes? tíin consideración á 

que una tiene visitas ni nada, van y le sa- 
cuden la... ¡gorrina! 

Cas. ¡Mira cómo ha puesto los mueblee! 

Cat. ¡Toda la basura!... ¡Maldita sea!... Con per- 

miso. (Le coge ni Vendedor del hombro unos zorros 
y sacude los muebles con ellos.) ¡Si no llega á es- 
tar este pobre señor aquí, pues no eé!.. (l& 
devuelve los zorros.) No puedo ver nada sucio. 
Tantas gracias, amigo. 

Vend. ¡Usté es muy dueña... de su frecura! ¡Caray 

con la niña esta! (Vase foro izquierda. Todos se 
ríen.) 



- 78 - 



Cai. 
Cas. 



Pues con esto y con que rai pobre hermano 
no convenza al casero, nos henios aviao. 
Y últinaamente, si no le convence, ;qué?... 
¡Hacerte á ti llorar un ca- 



;No te apures!.. 

... ¡1 
¡Guerra! 



sero!... ¡En jamás! ¡Guerra á los caseros! 



Todos 

Yerd.^ 1.* ¡Tié razón el chico! 

Cas. 



Todos 
Cas. 



Cat. I 
Cas. ) 



Y ahora pa que vea que no nos acoquma- 
mos, vamos á cantarle el tango que tiene es- 
crito Perico para su revista. 
Sí, sí. 
Anda, alégrate, ly duro contra el casero! 

Música ^ 

Si no quiere dormir en la calle 
ó tendido en un banco del Prao, 
tiene usté que tomar un pisito 
que sea arreglao. 

¿Y usté cree que se encuentra esa ganga? 

Marra, miau, miau, mau. 



Cas. 



Cat 



Cas. 



Por un sotabanco 

sin luz y sin agua 

que es en el verano 

talmente una fragua 

y en cambio en Diciembre 

parece un helao 

que ha subido el mozo 

del café de al lao. 

Le pide el casero 

catorce mil reales 

y que no haya niños, 

ni que haya animales, 

que no esté usté cojo, 

ni tuerto, ni manco, 

y tenga usté cuenta 

corriente en el Banco. 

Y en cambio el cuartilo 

que alquilan ustedes 

tiene sin estuco 

todas las paredes, 

y tiene goteras, 

y mil telarañas, 



- 79 - 

hormigas, mosquitos, 
y chinches y arañas. 
Cal Y cucarachitas, 

ratas y ratones, 
y dos mil quinientos 
cincuenta escalones. 
Cat. I ¡Ay, casero, que te quiero 

Cas. i de verdá, de verdá que te quiero, 

que te quiero, rico mío, 
ver colgado de un maderol 
¡Ay, caí^ero, que te quiero 
de verdá, de verdá que te quiero' 
¡Ay, casero de nú corazón, 
permita Dios- te dé una congestión! 

(Mientras el Coro repite, Catalina y Casimiro bailan.) 

Habiado 

Unos ¡Bravo! 

Otros ¡Bien! 

Verd.^ 1.^ ¡Abajo los caseros! 

Cat. Calla, que parece la voz de Perico. 

(Atienden y en efecto se oyen voces de pelea y disputa 
dentro de la cerería.) 

Cas. Sí, es verdad. 

Cat. (Va hacia el establecimiento seguida de su hermano y 

otros cuatro ó cinco.) ¡Ay, mi hermar.o! ¡Ay, 
qué le pasará á mi hermano! 



ESCENA II 

DICHOS, PERICO y el SEÑOR VALERIANO que saleu de la cerería. 
El primero con unos pies de cera en la mano 

Per. ¡Tío asqueroso, gallina! ¡Salga usté aquí! 

Cas. ¡Por Dios, Pericol 

Cat. Pero, ¿qué te ha pasao? 

Val. ¡Usurero! |Tío rapavelas! 

Per. (Hecho una fiera.) Y coste que si me ha dao 

usté el puntapié aquí, es porque me lo ha 
dao usté en su casa, que si me lo da usté 
aquí, no me lo da usté aquí. 

Cat. Pero, ¿qué ha sido? 

Val. Pues nada, que no hemos podido conven- 

cerle á ese tío mala sangre. 



— 80 — 

Per. ¡Maldita sea! ¡Pegarme á mí! ¡Pero anda que 

yo también le he atizao! 
Cat. Debe haber sido horr'ble. 

Per. ¡Una carnicería de cera! (Pone los pies de cem 

sobre la camilla.) 

Val. ¡Anda, que si con lo que le hemos calentaa 

no se le derrite el establecimiento, no sé 
cuándo! 

Cat. (Qnitándoios.) ¡Oye tú, no pongas los pies en- 

cima de la mesa que está feo! 

Cas. ¿De modo que no nos deja vivir ni un día 

mAF? 

Per. ¡Ni un día más! 

Val. Ni un día más, pero no apurarse que tengo 

una idea, (a ios vecinos.) Señores, un momen- 
to. Se organiza una suscrición entre los veci- 
nos pa pagarles el cuarto á estos chicos^ 
¿queréis? 

Todos Sí, d. 

Cat. ¡Ay, gracias, muchas gracias! 

Val. Pues está dicho. 

Per. Señores, esta ación generosa hace que se me^ 

salten las lágrimas y que no pueda .. (mo 

rando.) 

Cat. (ídem.) ¡Gracias, señor Valeriano, muchas 

gracias! 

Val. ¡Que gracias ni que berengenas! ¿Vais á vi- 

vir en meta é la calle? (a todos.) Yo encabezo 
la suscrición con un duro, ¡los que quieran 
contribuir que pasen á mi tienda! 

Todos ¡Todos! 

Val. ¡Pues adentro! 

(Entra en la tienda de ultramarinos y tras él la ma- 
yoría del coro; algunos, muy pocos, se van por distin- 
tos sidos ) 

Hombre (Mientras entran.) ¡Vivan los buenos corazonesí 
Todos ¡Vivan! 

(catalina, Perico y Casimiro quedan abrazados y llo- 
rando.) 

Per. ¿Lo ves? Dios no podía abandonarnos. 

Cat. Eso es nuestra madre que pide por nos- 

otros. 

Cas. Y el señor Valeriano que nos lo recoge. 

¡Vaya un ultramarinito! 



— 81 — 



ESCENA III 

DICHOS, el SEÑOR FELIPE, el SEÑOR LAURO y MANOLITO, por 
foro izquierda 

Lauro (Dentro.) ¡Quieio que venga usté! ¡quiero que 

lo vea usté! 

Cat. (Miraudo.) ¡Pero qué es esto, Dios santo! 

Per. (Asombrado.) ¡Calle!... jpero si es padre! 

Cas. ¡Padre, que viene con Manolito y con el se- 

ñor Lauro! 

Cat. ¡Gracias, Virgen de la Paloma! 

Lauro (Empujándole.) ¡Ande usté, ande usté y mire 

usté ese cuadro, señor Felipe! (Rápido.) 

Man. (Tirando de su padre.) Vamos, padre, vamos. 

(salen.) 

FeL (Abrumado.) ¡Por Dios, señor Lauro! 

Lauro Levante usté los ojos pa ese cuadro. ¡Esa, 

esa es su obra, señor Felipe! 
Man. (a sus hermanos.) ¡Ya está aquí, ya está aquí! 

Los tres (corriendo y abrazando á su padre.) ¡Padre!... ¡Pa- 
dre! 

FeL (Abrazándolos.) ¡Hijos! ¡Hijos míos! 

Cat. ¿Usté aquí? ¡qué alegría! 

Lauro ¡Y aquí pa siempre! 

FeL (Mirando los muebles.) ¡PeroI ¿qué es csto, hi- 

jos míos, qué es esto? (1) 

Cat. Pues esto... esto no es náa, no se preocupe 

usté... que nos hemos mudao. 

Per. Que nos hemos mudao... pero á la misma 

calle. 

Cat. A la misma calle, sino que un poco más 

abajo. ¡Nada! 

FeL ¡Pero cómo he estao yo. Dios mío, que no 

he visto el crimen que hacía, ni este aban- 
dono, ni este dolor! ¡Perdonarme, hijos míos, 
perdonarme! ¡He estao ciego y loco! (vuelve 

á abrazarlos.) 

Per. ¡Perdonarle á usté!... ¿de qué? 

Cat. Los padres están siempre perdonaos. 



(l) Perico— Casimiro 
Lauro. 



■Catalina — Felipe — Manolito y el señor 



-. 82 - 

Fel. ¡Hija de mi alma! No hay pa mi castigo 

más grande que el de vuestros besos, por- 
que al ver el cariño con que me los dais, 
veo lo malo que he sido pa vosotros. 

Lauro ¡Ele! Que oigan esto los padres que abando- 

nan sus casas. Y créame usté, señor Felipe, 
los hijos pa los padres y los padres pa los 
hijos, y too lo demás de la vida, tonterías y 
armas al hombro, y yo digo que en la casa 
donde no haiga amor de padies y de hijos, 
habrá maldición de Dios y ruinas y triste- 
zas... Como está á la vista. 



ESCENA ULTIMA 

DICHOS, el SEÑOR VALERIANO, VERDULERAS l.^ 2.^ y 3.* y 
toda la gente, que salen de la tienda 

Val. Ya está cerra la suscrición. Se han sacao... 

(Reparando en el grupo.) ¿perO qué eS estO? 

Lauro Pues esto es que ha vuelto al redil el hijo 

pódrigo... y no sé si lo drigo bien. 

Cat. ¡Es mi padre que ha vuelto y que no se irá 

ya de nosotros! 

Fel. ¡En jamás de la vida! 

Cat. (Abrazándole.) [Ay, mi padrecito rico! 

Per. ¡Viva mi señor padre! 

Val. ¿Es de veras eso, señor Felipe? 

Fel. Palabra de hombre, señor Valeriano. Lo 

único que siento es el daño que he hecho á 
estas criaturas, porque mi situación... 

Val. Su situación de usté es inmejorable. Miran- 

do pa arriba es como se encuentra la mano 
de Dios, señor Felipe. La casa se pagará con 
cuarenta y dos pesetas que hemos recogido; 
á Perico me lo llevo yo de tenedor de libros 
pa mi tienda. 

Verd.* 2.^ ¡Viva el señor Valeriano! 

Per. ¡Yo de perito mercantil! ¡Cómo me voy á 

poner de gruyere! 

Fel. Gracias, señor Valeriano; muchas gracias. 

Val. (Por Manoiito.) Y á este pequeño lo utilizaré 

pal mostrador. 

Man. (¡Cómo me voy á poner de orejones!) 



- 83 -- 



Cat. 



Lauro 

Verd.M.^ 

Cat. 


Verd.M.^ 
Cat. 


Lauro 


Verd.^2.^ 


Todos 


Fel. 


Cat. 


Lauro 


Cat. 



Y yo pa cuidar á mi padre y gobernar la 
casa... ¡y tóos colocaos! Esto es la Virgen de 
la Paloma que no nos olvida. 

¿Y qué hacemos con este medianito? 

(Adelantándose.) A éstC le ColoCO yO. 

Y no quedará mal, porque entiende mucho 
de verduras. 

¿SI? 

¡Como que todos los años viene con cmco ó 

seis calabazas! 

Pues gracias á todos, y yo me encargo de 

pagar y convencer al casero. 

Pues á subirles arriba los muebles otra vez. 

¿Quién me ayuda? 

¡Todos! ¡Todos! (8e disponen á coger cada uno un 
trasto.) 

¡Pero, Dios mío, si esto parece un milagro! 
¡Un milagro! 

¡Y lo es, padre, y lo es! ¡Es el milagro del 
amor de unos hijos que no se conformaban 
con perder el cariño de su padre! 
¡Y á esto le llaman gente menuda! ¡¡Menu- 
da gente!! 

(ai público.) 

Y os diré, para rendiros 

la cortesía obligada, 

que aquí termina el saínete, 

perdonad sus muchas faltas, (telón.) 



FIN DEL SAINETE 



OBRAS DE CARLOS ARNICHES 



Casa editorial. 

La verdad desnuda. 

Las manías. 

Ortografía. 

El fuego de San Telmo. 

Panorama nacional. 

Sociedad secreta. 

Las guardillas. 

Candidato independiente 

La leyenda del monje. 

Calderón. 

Nuestra Señora. 

Victoria. 

Los aparecidos. 

Los secuestradores. 

Las campanadas 

Vía libre. 

Los descamisados. 

El brazo derecho. 

El reclamo. 

Los Mostenses. 

Los Puritanos. 

El pie izquierdo. 

Las amapolas. 

Tabardillo. 

El cabo primero. 

El otro mundo. 

El príncipe heredero. 

El coche correo. 

Las malas lenguas. 

La banda de trompetas. 

Los bandidos. 

Los conejos. 

Los camarones. 

La guardia amarilla. 

El santo de la Isidra. 

La fiesta de San Antón. 

Instantáneas. 

El último chulo, 

La Cara de Dios. 

El escalo. 

María de los Angeles. 



Sandías y melones. 

El tío de Alcalá. 

Doloretes. 

Los niños llorones. 

La muerte de Agripina. 

La divisa. 

Gazpacho andaluz. 

San Juan de Luz. 

El puñao de rosas. 

Los granujas. 

La canción del náufrago 

El terrible Pérez. 

Colorín colorao... 

Los chicos de la escuela 

Los picaros celos. 

El pobre Valbuena. 

Las estrellas. 

Los guapos. 

El perro chico. 

La reja de la Dolores. 

El iluso Cañizares. 

El maldito dinero. 

El pollo Tejada. 

La pena negra. 

El distinguido Sportsman. 

La noche de Reyes. 

La edad de hierro. 

La gente seria. 

La suerte loca. 

Alma de Dios. 

La carne flaca. 

El hurón. 

Felipe segundo. 

La alegría del Batallón. 

El método Gorritz. 

Mi papá. 

La primera conquista. 

El amo de la calle. 

Genio y figura. 

El trust de los Tenorios. 

Gente menuda. 



OBRAS DE E. GARCÍA AI.VAREZ 



Apuntes al lápiz. 

Al toque de ánimas. 

La trompa de caza. (2.' edic.) 

Salomón. 

La candelada. 

El señor Pérez. 

El niño de Jerez. 

Figuras del natural (revista). 

El gran Visir. 

La casa de las comadres. 

Los diablos rojos 



Los niños llorones (3.' edición.") 

La boda. 

La muerte de Agripina. 

La cuarta del primero. 

El terrible Pérez (3.a edición. 

El famoso Colirón. 

El picaro mundo. 

La primera verbena. 

¡Pobre España! 

Congreso feminista. 



El palco del Real. 
Todo está muy malol (2.* edic.) El pobre Valbuena (5.* edic. 
Las escopetas. El perro chico (4.* ediciÓD.) 

La zíngara. La reja de la Dolores. (2.a edic.) 

La marcha de Cádiz (11.a edic.) El iluso Cañizares. (3.' edición.) 



Sombras chinescas. 

Los cocineros (4.* edición.) 

El arco iris. 

Los rancheros (3.® edición.) 

Historia natural. 

El fin de Rocambole. 

Las figuras de cera. 

Churro Bragas {parodia). 

Alta mar (3.* edición.) 

Concurso universal. 



El ratón. (2.a edición.) 

El pollo Tejada. (3.a edición.) 

El noble amigo. (2.^ edición.) 

El distinguido Sportsman. 

La edad de hierro. 

La gente seria. 

La suerte loca. 

Alma de Dios. (4.a edición.) 

El hurón. 

Felipe segundo. 



Los Presupuestos de Ex-Villa- La comisaría, (deformada.) 

pierde (6.* edición.) El método Górritz. (3.^^ edición. 

La alegría de la Huerta (9."e(í.) Mi papá. 



El Missisipí (2." edición.) 
La luna de miel (2.* edición.) 
Las venecianas. 
Los gitanos. 
La torta de Reyes. 



La primera conquista. 
El amo de la calle. (Música.) 
Genio y figura. (2.* edición.) 
El trust de los Tenorios. 
Gente menuda. 



Precio: DOS pesetas