(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "Geografía y geología del Ecuador; publicada por órden del supremo gobierno de la república por Teodoro Wolf"

Google 



This is a digital copy ofa bixik thal was preservad li>r general ions un library sIil'Ivl-s before il was carcfully seanned by Google as par! of a projecl 

to makc thc world's luniks discovcrable onlinc. 

Il has survived long enough for ihe copyright lo expire and thc book to enter thc publie domain. A publie domain book is one ihat was never subjecl 

lo copyright or whose legal copyright lerní has expired. Whcthcr a book is in thc publie domain rnay vary country tocountry. Public domain books 

are our gatcways to thc past. rcprcsenling a wcalth ol'history. culture and knowlcdgc that's ol'tcn dillicult to discover. 

Marks. notations and other marginalia presen! in thc original volume will appcar in this lile - a reminder of this book's long journey ("rom thc 

publisher lo a library and linally lo you. 

Usage guid clines 

Google is proud lo partner wilh libraries lo digili/e publie domain malcriáis and make ihem widely accessible. Public domain books belong lo ihc 
publie and wc are mere I y their cuslodians. Neverlheless. this work is expensive. so in order lo keep providing lilis resource. we have taken sleps lo 
prevenl abuse by commercial parlics. inclnding placmg lechnieal reslriclions orí aulomaled uuerying. 
We alsoask that you: 

+ Make non -commercial use oflhe files We designed Google Book Scarch for use by individuáis, and we reuuesl thai you use these files for 
personal, non-commercial purposes. 

+ Refrain from mttoimited querying Dono! send aulomaled uueries ol'any sorl to Google's system: II' you are conducting researeh on machine 
translation. optical character recognition or other arcas where access to a large amount of texl is helpl'ul. picase conlact us. We cneourage thc 
use of publie domain malcriáis Cor these purposes and may be able to help. 

+ Maintain attribution The Google "walermark" you see on each lile is essenlial Cor inlorming people aboul this projeel and helping them lind 
additional malcriáis ihrough Google Book Scarch. Please do nol remove il. 

+ Keep il legal Whaiever your use, remember ihai you are responsible for ensuring ihal whal you are doing is legal. Do nol assume ihai jusí 
because we believe a book is in ihc publie domain for users in ihc Unilcd Siaics. ihai ihc work is also in ihc publie domain for users in oiher 

counlries. Whelher a book is slill in copyright varies from eounlry lo eounlry. and we ean'l olíer guidance on whelher any specilic use of 
any spccilic bixik is allowed. Please do nol assume ihal a bixik's appearanee in Google Book Seareh mcans il can be used in any manner 
anywhere in ihe world. Copyrighl infringemenl liabilily can be quite severe. 

About Google Book Seareh 

Google 's mission is lo organize thc world's information and to make il universal ly accessible and useful. Google Book Seareh helps readers 
discover llie world's books while liclpiíiü aulliors ai ni publishers reach new audiences. Yon can scarch ihrough I lie ful I lexl of this book un ihe web 
at jhttp : //books . qooqle . com/| 



Google 



Acerca de este libro 

Esta es una copia digital di; un libro que. durante generaciones, se ha conservado en las estanterías de una biblioteca, hasta que Google ha decidido 

escanearlo como parle de un proyectil que pretende que sea posible descubrir en línea libros de lodo el mundo. 

Ha sobrevivido tantos años corno para que los derechos de autor hayan expirado y el libro pase a ser de dominio público. El que un libro sea de 

dominio público significa que nunca ha estado protegido por derechos de autor, o bien que el período legal de estos derechos ya ha expirado. Es 

posible que una misma obra sea de dominio público en unos países y. sin embargo, no lo sea en otros. Los libros de dominio público son nuestras 

puertas hacia el pasado, suponen un patrimonio histórico, cultural y de conocimientos que. a menudo, resulta difícil de descubrir. 

Todas las anotaciones, marcas y otras señales en los márgenes que estén presentes en el volumen original aparecerán también en este archivo como 

testimonio del largo viaje que el libro ha recorrido desde el editor hasta la biblioteca y. linalmente, hasta usted. 

Normas de uso 

Google se enorgullece de poder colaborar con distintas bibliotecas para digitali/ar los materiales de dominio público a lin de hacerlos accesibles 
a todo el mundo. Los libros de dominio público son patrimonio de lodos, nosotros somos sus humildes guardianes. No obstante, se trata de un 
trabajo caro. Por este motivo, y para poder ofrecer este recurso, hemos lomado medidas para evitar que se produzca un abuso por parte de terceros 
con lines comerciales, y hemos incluido restricciones técnicas sobre las solicitudes automatizadas. 
Asimismo, le pedimos que: 

+ Haga un uso exclusivamente no comercial de estos archivos Hemos diseñado la Búsqueda de libros de Google para el uso de particulares; 
como tal, le pedimos que utilice estos archivos con lines personales, y no comerciales. 

+ No envíe solii ilude*, automatizadas Por favor, no envíe solicitudes automatizadas de ningún tipo al sistema de GiMigle. Si está llevando a 
cabo una investigación sobre traducción automática, reconocimiento óptico de caracteres u otros campos para los que resulte útil disfrutar 
de acceso a una gran cantidad de texto, por favor, envíenos un mensaje. Fomentamos el uso de materiales de dominio público con estos 
propósitos y seguro que podremos ayudarle. 

+ Consérvela atribución La filigrana de Google que verá en lodos los archivos es fundamental para informar a los usuarios sobre este proyecto 
y ayudarles a encontrar materiales adicionales en la Búsqueda de libros de Google. Por favor, no la elimine. 

+ Manténgase siempre dentro de la legalidad Sea cual sea el uso que haga de estos materiales, recuerde que es responsable de asegurarse de 
que todo lo que hace es legal. No dé por sentado que, por el hecho de que una obra se considere de dominio público para los usuarios de 
los Estados Unidos, lo será también para los usuarios de otros países. La legislación sobre derechos de autor varía de un país a otro, y no 
podemos facilitar información sobre si está permitido un uso especílico de algún libro. Por favor, no suponga que la aparición de un libro en 
nuestro programa signilica que se puede utilizar de igual manera en todo el mundo. La responsabilidad ante la infracción de los derechos de 
autor puede ser muy grave. 

Acerca de la Búsqueda de libros de Google 



El objetivo de Google consiste en organizar información procedente de lodo el mundo y hacerla accesible y úlil de forma universal. El programa de 
Búsqueda de libros de Google ayuda a los lectores a descubrir los libros de lodo el ni mulo a la ve/ que ayuda a aulmv. y cd llores a llegara nuevas 
audiencias. Podrá realizar búsquedas en el lexlo completo de este libro en la web. en la pá.¡iina |^. :. .- : / .■•.:;-:.-:.::;: . ::-:.oqle .com| 







9* i 



<tE<k- 




NOTA. ESTA OBRA BS EL COMPLEMENTO DE LA CARTA GEOGRÁFICA DEL ECUADOR, 

PUBLICADA POR EL MISMO AUTOR. 



El autor se reserva el derecho de traducción. 



GEOGRAFÍA/T GEOLOGÍA 

DEL 

ECUADOR 



PUBLICADA POR OBDEN DEL SÜPEEMO GOBIERNO 
DE LA REPÚBLICA 



TEODORO WOLF, 



CON 12 LAMINAS AUIOTIPICAS, 47 ILUSTRACIONES EN EL TEXTO 
Y 2 CASTAS. 




LEIPZIG. 

TIPOGRAFÍA DE F. A. BROCKBAUS. 
1892. 



pno« 



09585 



,•• • 

» • •• 

• • • • 






•• • • 






• • 



■ • 



» 



« % 



PEOLOGO. 



von la satisfacción de haber concluido el mapa del Ecuador y 
el libro destinado á acompañarlo y á explicarlo, se mezcla el senti- 
miento amargo, de que la obra ha quedado muy atrás del ideal, que 
se me había presentado al principiar los estudios geográficos de este 
pais interesante. Pero la imperfección es una propiedad inherente 
á todas las obras humanas, especialmente á las intelectuales, y con 
este triste consuelo lanzo la presente al público, sin mas recomenda- 
ción que la de mi buena voluntad de contribuir en algo al cono- 
cimiento del Ecuador, y de consiguiente á su progeso. Si no hubiera 
intervenido un contrato con el Gobierno, que me obligó á concluir la 
obra dentro de un término fijo, talvez habría seguido el concejo de 
Horacio: «nonum prematur in annum», y quizá ella no habría visto 
jamas la luz pública. 

Sin el apoyo moral y material del Gobierno ecuatoriano me ha- 
bría sido muy difícil hacer la publicación del mapa y del libro, y 
por esto me es grato manifestar públicamente mi reconocimiento pro- 
fundo para con dicho Gobierno, especialmente con los dos últimos 
Presidentes de la República, los EE. Señores Doctores J. M. Plácido 
Caamaño y Antonio Flores, que contribuyeron eficazmente á la con- 
clusión de la obra. — Y siendo esta talvez la última ocasión que se 



VI PBÓLOGO. 

me ofrezca de dirigirme al pueblo ecuatoriano, aprovecho de ella para 
despedirme con la protesta de mi eterna gratitud por la generosa hos- 
pitalidad, de que gocé mas de veinte años en su hermoso é inolvi- 
dable país. 



Dresde, el 15 de Julio de 1892. 



T. Wolf. 




TABLA DE MATERIAS. 

Introducción. 

L La carta geográfica del Ecuador 1 

II. Posición astronómica dkl Ecuador, límites y extensión del Ecuador. 

Posiciones dudosas. Innovación necesaria. — Cuestión de límites. — Fronteras de " 
Colombia, Brasil y Perú. — Límites por posiciones astronómicas. — Posición 
del Archipiélago de Galápagos. — Área de la República 5 

Parte I. Topografía. 

Generalidades 16 

Cap. I. El mar y las costas. 

El Océano Pacífico. Su temperatura. — La corriente peruana. — El Golfo de 
Guayaquil y sus islas. — Puna. — Canal do Jambelí. Canal del Morro. — 
Puntilla y ensenada de St\ Elena. — Cabo de S. Lorenzo y bahía de Manta. — 
Bahía de Caráques y Cabo Pasado. — Cojimíes. Cabo de S. Francisco. — Costa 
de Esmeraldas y esteros de Pailón 18 

Cap. II. La región central ó andina. 

Sección 1*. La región fronteriza al Sur del nudo de Sabanilla. 

Una sola Cordillera andina. Sus ramificaciones. — Sistema fluvial del rio Chin- 
chipe. — Rio de Huancabamba 2G 

Sección 2*. La región entre el nudo de Sabanilla y él rio Jubones. 

Nudo de Sabanilla. — Cordillera oriental. Su bifurcación. Nudos de Caja-numa 
y Acayana ó Guagra-uma. — La hoya de Loja. — El rio Zamora. — Cor- 
dillera de Chilla y Amboca. — Rio de Macará. — Sistema fluvial del Cata- 
mayo. — Sistema del rio Túmbez y la hoya de Zaruma 29 

Sección 3 a . La región entre el rio Jubones y el nudo del Azuay. 

Cordillera oriental. — Nudo de Pórtete y Tinajillas. — Sistema fluvial y hoya del 
Jubones. — Valle de Yunguilla. — Hoya de Cuenca. — Nudo imperfecto de 
Cañar. — Sistema del rio Paute. — Nudo del Azuay. — Hoya de Cañar y su 

sistema fluvial 37 

Sección 4*. La región entre el Azuay y el Chimborazo y Sanancajas. 

El Azuay y su conexión con la Cordillera real. — Nudo de Tiocajas. — Cordillera 
occidental. — Hoya de Alausí y sistema del rio Chanchan. — Hoya de Rio- 



Vm TABLA DE MATSBIA8. 

bamba. — Cordillera oriental. El Sangay, Altar, Tunguragua. — Cordillera 
occidental. El Chimborazo. Nudo de Sanancajas ó Igualata. — Cerros de 
Yaruquíes. — Sistema del rio Chambo. — Meseta de Riobamba. — El valle 
de Chimbo y la Cordillera lateral. — Sistema fluvial del Chimbo. — Valle 
lateral de la Chima 54 

Sección 5\ La región entre Sanancajas y TiupuUo. 

Cordillera oriental. Cerros de Llanganate y Cerro Hermoso. — Cordilleras de 
Píllaro y de Chalupas. — El Quilindaña y rio Juntas. — El Cotopaxi, Ru- 
miñahui y nudo de Tiupullo. — Cerros de Chaupi. — El Iliniza. — Cordillera 
occidental. — Chimborazo y Carihuairazo. Abraspungo. Puñalica. — Cor- 
dillera de Angamarca y Zumbagua. — Casaguala. — Cordillera de Guangaje, 
Chugchilan y Sigchos. — Valle del Toachi. — El Quilotoa. — Sistema del 
rio Cutuchi y Patate. Rio y valle del Pastaza 71 

Sección 6 a . La región entre el Tiupullo y el Mojanda. 

Cordillera occidental. — El Corazón y el Atacazo. — Rio y valle de Pilaton. — 
El Pichincha. — Cerros de Calacalí. Pululagua. — Cordillera oriental. Coto- 
paxi. Rumiñahui. Sincholagua. — Antisana. Guamaní. Puntas. Pamba- 
marca. — Sara-urcu. — Cayambc. — El Mojanda y el Cajas. — El Cusin. — 
Sistema fluvial del Guallabamba. — El Haló. — La meseta de Quito. — Rio 
Pisque y hoya lateral de Cayambe 84 

Sección 7 a . La región entre el Mojanda y la frontera de Colombia. 

.Cordillera oriental y sus rios. — La Cocha de San Pablo. — La Cordillera 
occidental. El Cotacachi. El Yana-urcu. Páramos de Piñan y sus rami- 
ficaciones. — Páramos del Chiltazon y d<*l Ángel. — El Chiles. Cerro negro 
de Mayasquer. Cúmbal. Azufral. — Nudo de los Altos de Boliche ó de 
Huaca. — El Imbabura. — Cordillera de Angochagua. — Sistema fluvial 
del rio Mira y la hoya de lbarra. — La hoya de Tulean y el rio Carchi . í>7 

Cap. 111. La reüion occidental. 

Sección I a . La región litoral desde Túmbez hasta Guayaquil. 

Los rios desde el de Túmbez hasta el de Naranjal. — Las diferentes zonas de 
esta región. El rio Guayas y su delta. — Los rios de Taura y Boliche. — 

Cerros de Taura. — Característica de los terrenos de la región 10G 

Sección 2 a . El sistema fluvial del rio Guayas. 

Sus límites y extensión. — Guayaquil. — Rio de Bodegas. — Rio Chimbo y de Yagua- 
chi. — Rio Bodegas superior. — Rio de Caracol y Zapotal. — Rio de Pueblo 
viejo. — Rio de Vinces y Quevedo. — Rio de Baba. — Sistema fluvial del Daule 124 
Sección 5 a . La región litoral desde Puna hasta Esmeraldas. 

Isla de Puna y península de St\ Elena. Esteros del Morro y del Salado. — 
Montañas. — Rio Colonche. — Región de Manglar alto. — La costa de Ma- 
nabí hasta Bahía de Caráques. — Los rios de Portoviejo y de Chone. — 

Rios y esteros desde el Cabo Pasado hasta Esmeraldas lí>l 

Sección 4 a . El sistema fluvial del rio Esmeraldas y de los demás rios hasta la fron- 
tera de Colombia. 
Sistema del Esmeraldas. Montañas de esta región. — Sistema del rio Santiago 
y sus montañas. — El rio Mira y su delta. — Rios litorales desde Esme- 
raldas hasta el Mira. — Conclusión 1G3 

CAP. IV. B08QUBJ0 HIDROGRÁFICO DE LA REGIÓN ORIENTAL. 

El Marañon ó Amazonas. — Los Pongos. — Los rios de Utcubamba, Chuchunga 
y Nieve. — Los rios Potro, Chahuapanas y Aipena. — El lluallaga y el 
Ucayali. — Rio de Santiago. — El Morona. — El Pastaza y rio Tigre. — 
El sistema del Ñapo. Los rios de Putumayo y Yapurá. — Conclusión ... 183 



TABLA DE MATERIAS. IX 

Apéndice á la topografía. Vías de comunicación. . 

Canales naturales. — Caminos terrestres del litoral, de la región oriental y del inte- 
rior. — Tipo de los caminos que van de la costa al interior. — Ferrocarriles. 

— Alturas 209 

Parte II. Geología. 

Generalidades 221 

Cap. I. Formación del gneis y de las esqüistas cristalinas. 

Su extensión. — Descripción petrográfica. — Minerales accesorios. — Lavaderos de 

oro, su origen 226 

Cap. II. Las bocas graníticas y sieníticas. 
Granito, sienita, diorita. Su extensión y descripción petrográfica 236 

Cap. III. La formación cretácea. 

Generalidades. — La formación cretácea del litoral (turónica). — La formación cretácea 
en la hoya de Cuenca. Arenisca de Azogues. Wealden. — La formación cre- 
tácea de la Cordillera occidental y su conexión con las rocas verdes 288 

Cap. IV. Las bocas pobfídicas y las bocas verdes. 

Pórfidos. Porfiritas. Dioritas. Su constitución petrográfica y los minerales acceso- 
rios. — Vetas y filones. — Minas de oro, plata, cobre y otros metalas. . . . 258 

Cap. V. La formación tebciabia. 

Formación terciaria marina del litoral. Su carácter petrográfico. Sus fósiles. — For- 
mación lacustre de Loja, Malacatos y Vilcabamba. Sus fósiles. — Lignita. 

— Cal 272 

Cap. VI. Las formaciones cuaternarias y modernas. 

La formación cuaternaria marina del litoral. — Salinas. — Petróleo. — Azufre nativo. 

— Volcan fangoso y fuentes termales. — Formación fluvio-marina. — Forma- 
ciones fluviales y terrestres. — Fuentes termales y minerales. Toba caliza. 
Limonita. Sal. — Los lavaderos de oro de la Cordillera oriental, de los ter- 
renos porfídicos y de la provincia de Esmeraldas. — Oro y platina 284 

Cap. VIL El terreno volcánico. 

Su extensión. - Composición petrográfica. — Estructura de los volcanes. Su acti- 
vidad. — Revista de los volcanes principales del Ecuador. — Edad de la for- 
mación volcánica. Fósiles 310 

Apéndice al Capítulo VIL Terremotos y temblores. 

Temblores del litoral. Su explicación. Temblores tectónicos. — Revista de los terre- 
motos principales desde el tiempo de la conquista 374 



Parte III. Meteorología. 

Generalidades. — Vientos alisios y la corriente antartica del mar. — Temperatura. — 
Presión atmosférica. — Humedad. Verano é invierno. Vientos. Estaciones. — 
Límite de la nieve perpetua. — Clima del litoral y de la sierra 383 



X TABLA DE MATERIAS. 

Parte IV. Geografía botánica y zoológica. 

Cap. I. La vegetación del ecuadob. á 

Begiones y zonas. Carta de vegetación. — La región seca de la costa. — Región 
húmeda del litoral. Agricultura. — Los bosques húmedos de los Andes. — 
Región interandina ó de los cereales. Agricultura. — Región andina ó de los 
páramos 416 

Cap. II. La fauna del ecuador. 

Mamíferos. — Aves. — Reptiles. — Peces. — Evertebrados. — Animales domesticados. 

Ganadería 452 



Parte Y. El Archipiélago de Galápagos. 

Introducción histórica. — Topografía y Geología. — Formación de las palagonitas. 
Formación de las lavas basálticas. — El clima. — La vegetación en las dife- 
rentes zonas. — La fauna indígena. — Los animales introducidos. — Considera- 
ciones sobre la colonización de las islas 469 

Apéndice á la geografía física del Ecuador. 

Resumen de la geografía histórica, política y civil. 

La República del Ecuador. — Resumen histórico. — Instituciones políticas y civiles. 
— El Gobierno. — Población y razas. — Religión. — Instrucción pública. — 
Industria y Comercio. — Comunicación. — Monedas, pesos, medidas. — Rentas 
y deudas públicas. — Ejército, armas, pabellón. — Revista territorial según 
provincias y cantones.. .•..-. 497 

Anotaciones y Suplementos. 563 

índice alfabético 658 




LISTA DE LAS ILUSTRACIONES. 

Láminas separadas. 

I. Quito con el Panecillo Enfrente del título. 

II. El Chimborazo, desde Tot orillas de la pág. 05 

III. El Gotopaxi, desde los cerros de Chaupi , 81 

IV. El Antisana, desde el Hato ., ., „ 89 

V. El Pichincha, desde Poingasí ., ...,., 97 

VI. Guayaquil, desde la falda del cerro de Santa Ana . . .. 129 

VIL Un Cacaotal, en el rio Daule , ...... 137 

VIII. Vegetación al pié de la Cordillera .,.,,. 417 

IX. Vegetación á inedia altura de la Cordillera , 441 

X. Vegetación del Páramo (Minas de Pilzhun) , 449 

XI. Paisaje de las islas de Galápagos (I. Indefatigable) . ., .. ., .. 481 

XII. Indios de la provincia del Pichincha 529 



Ilustraciones del texto. 

Fig. 1. El Cajas y el valle superior del rio Matadero pág. 45 

2. La llanura de Cuenca. El Hospital 41) 

3. El valle de Gualaceo 50 

4. Trabajos del ferrocarril en el rio Chanchan , 57 

5. El Altar, visto del lado de Riobamba , 59 

0. El Tunguragua, visto del lado sur 00 

7. Riobamba con el Chimborazo v el Carihuairazo 02 

8. El Chimborazo, visto desde el camino de San Andrés á Mocha 05 

9. El Cotopaxi, desde los páramos del Antisana , 70 

10. El lliniza, visto del lado sureste , 78 

11. El Casaguala 79 

12. Latacunga 81 

13. Ambato „ 83 

14. El Rucu-Pichincha, visto del arenal del Guagua-Pichincha ., 8G 

15. El Sincholagua, visto desde los páramos del Antisana ., 88 

10. El Cayambe 89 

17. El Mojanda, del lado norto ., 90 



xn 



LI8TA DE LAS ILUSTRACIONES. 



Fig. 18. La plaza mayor de Quito pág. 98 

19. El observatorio astronómico de Quito ,, 94 

20. El Cotacachi, visto del lado de Ibarra 98 

21. El Cümbal „ 100 

22. El Imbabura, visto del lado occidental „ 101 

23. Un estero cerca de Guayaquil, en tiempo de marea baja 117 

24. Explicación de las vegas y barrancos 122 

25. Las Peñas de Guayaquil y el cerro de Santa Ana 124 

26. Los baños del Estero Salado „ 127 

27. Agua-clara, cerca del Puente de Chimbo „ 132 

28. Puente de Yaguachi „ 133 

29. Parte inferior del pueblo de Vincos ,. 140 

30. El rio Daule inferior 149 

31. La sabana cerca de Pascuales ,, 150 

32. El pueblo de Puna ,. 152 

33. Bahía de Caráques „ 157 

34. Bahía y pueblo de San Francisco 162 

35. El volcancito y las fuentes termales de San Vicente „ 291 

36. Lavadero de oro en Collay 314 

37. Explicación de la estructura de los volcanes „ 337 

38. Corte ideal de las regiones de vegetación 441 

39. Un cráter de palagonita en la isla de Chathum , 473 

40. La Punta de Cormorant en la isla Floreana ., 474 

41. Una corriente de lava basáltica en Chathnm 475 

42. Indios de la provincia de Cañar ,. 530 

43. Indios de Ñapo ,, 533 

44. Cholos de la sierra 536 

45. Plano de la ciudad de Quito „ 550 

46. Plano de la ciudad de Guayaquil ,. 558 

47. La articulación de los Andes „ 582 



Mapas. 

I. Carta geológica del Ecuador Al fin de la o^ra. 

II. Carta de vegetación del Ecuador ,, „ „ ,, „ 






•• • • 

• •% • 

• -• • 

• • • • • 






• 



• •• 



• 



• 



• • 



INTRODUCCIÓN. 

i. 

La carta geográfica del Ecuador. 

Como el objeto principal y especial de la presente obra consiste en 
acompañar, explicar y completar la carta geográfica del pais, será bueno 
adelantar algunas palabras sobre el nacimiento de ella, sobre su valor rela- 
tivo y sus pretensiones. 

A nadie se ocultará, que las cartas antiguas que poseemos del territorio 
ecuatoriano, por buenas y útiles que hayan sido en su tiempo, ya no satis- 
facen á las exigencias modernas, (1) y que es necesario hacer un paso ade- 
lante, para no quedar demasiado atrás de las Repúblicas vecinas al Sur y 
al Norte, que desde algún tiempo han comprendido la misma necesidad de 
reformas cartográficas en sus territorios respectivos. (2) 

Si la falta de un buen mapa se hace sentir en todas las clases de una 
sociedad culta, es doblemente dolorosa para el viagero científico y sobre 
todo para el geólogo, que necesita como base indispensable para sus estu- 
dios el conocimiento topográfico tel terreno. Ocupado como estaba desde 
veinte años en la exploración geológica del territorio ecuatoriano, fcomencé 
á subsanar esa falta con planos parciales de las localidades mas importantes 
bajo la vista geológica. Poco á poco extendí los estudios geográficos sobre 
cantones enteros y aun sobre provincias, y así me nació la idea de formar 
sucesivamente el mapa de toda la República, á lo menos de sus partes acce- 
sibles, refundiendo mis propios estudios y nuevas observaciones con lo bueno 
que encontré en los trabajos antiguos; idea, que perseguí con constancia 
durante los últimos quince años. No es este el lugar de contar las mil difi- 
cultades intrínsecas y extrinecas que se opusieron á tamaña empresa y por 
tiempos la paralizaron. Al fin alcancé un éxito en parte satisfactorio, aunque 
no se verificaron mis proyectos en toda su extensión. Me consuelo con que 
«ín magnis vóluisse sai estn! — Algunos de los estudios concernientes se 
publicaron en mis «Viajes científicos por la República del Ecuador» (1879), 

Wolf, Ecuador. \ 






• • • 



•*. • 
•• • • • 

* •*•. * INTRODUCCIÓN. 












.cthiá'he depositado en el Mapa de las provincias del Guayas y de los Rios 
'•/í$82). Estos materiales ya publicados y todos los inéditos (la mayor parte) 
, encontraron su aplicación en el actual mapa grande de la República, junto 
con un gran acopio de datos ágenos y antiguos. 

De la historia del mapa se deduce claramente, que no todas sus partes 
pueden tener el mismo valor intrínseco, porque los diferentes materiales, de 
que debia valerme forzosamente en su composición, no pueden pretender el 
mismo grado de exactidud y perfección. Hay muchas partes en el interior 
y en la costa, basadas en triangulaciones exactas, propias y agenas; otras 
que se fundan en mis apuntes y delincaciones hechas mediante la brújula 
en los viajes, otras, en fin, que he tenido que trazar según los mapas anti- 
guos y por cuya precisión naturalmente no puedo asumir la misma garantía 
y responsabilidad, por mas cauteloso que procedía en la elección de esos 
materiales ágenos y antiguos. 

Cartas tan exactas y minuciosas hasta en sus últimos detalles, como 
las poseen la mayor parte de los Estados de Europa, son el resultado de la 
colaboración de centenares de geógrafos, astrónomos, ingenieros, sociedades 
científicas, Gobiernos ilustrados, y seria injusto medir con la medida com- 
parativa de ellas las cartas de una República sudamericana, que apenas sale 
de los pañales de su infancia política y tienta los primeros pasos en el vasto 
campo de las ciencias modernas. Tales cartas quedarán todavia por algún 
tiempo un pium desiderium para los países sudamericanos. 

Un solo hombre no alcanzaría en toda su vida construir un mapa del 
Ecuador (mas dilatado que Francia ó el Imperio alemán), si quisiera basarlo 
en sus propias mediciones geodésicas exactas y estudios topográficos deta- 
llados. Es indispensable que se valga de auxilios ágenos. Operaciones geo- 
désicas en varias partes de la República, observaciones astronómicas de 
diferentes sabios y hechas en diversas épocas, planos de innumerables loca- 
lidades separadas, cartas marítimas, itinerarios y descripciones geográficas, 
bosquejos y croquis mas ó menos completos, mapas antiguos de misioneros 
y viajeros, dibujos de paisages y hasta fotografías, ángulos tomados con la 
brújula en los viajes, observaciones barométricas en todas las alturas etc. etc. 
— todos estos materiales tan heterogéneos y á veces de tan ambiguo valor, 
tiene que amalgamar con prudente crítica y combinar con sus propios tra- 
bajos en un solo conjunto, que en forma de una carta geográfica represente 
el estado actual de los conocimientos geográficos del pais. (8) 

Considero como un mérito principal de mi carta el haber aclarado la 
región haja del Ecuador occidental entre el Océano Pacífico y la Cordillera 
de los Andes, desde el rio Túmbez hasta el rio Mira, región demasiado 
descuidada anteriormente. Desaparecieron los blancos extensos de la carta 



LA CAETA GEOGRÁFICA DEL ECUADOR. Ó 

de Maldonado y las montañas imaginarías, con que Villavicencio quería llenar 
estos vacíos. Todas esas regiones extensas de las provincias del Oro, del 
Guayas, de Los Rios, de Bolivar, de Esmeraldas, con excepción de las partes 
centrales deManabí*), he visitado y estudiado personalmente, y el levanta- 
miento de esta mitad del mapa sobre bases nuevas es casi exclusivamente 
obra mia, como se verá comparándola con las cartas antiguas. 

Las provincias interiores quedaron mejor trazadas en sus rasgos prin- 
cipales desde los célebres trabajos de los Académicos franceses en el siglo 
pasado. Sinembargo también en esta parte hubo que hacer correcciones 
considerables, sobre todo en las regiones que caen fuera de la red de 
triangulaciones de los Académicos, que ocupa solamente una zona angosta 
entre las Cordilleras grandes desde Mira al N de Ibarra hasta Tarqui al S 
de Cuenca. 

La tercera porción del territorio ecuatoriano, allende la Cordillera orien- 
tal, que podemos llamar la región amazónica, porque todos sus rios se dirigen 
al Amazonas, es la menos conocida. Nuestros conocimientos geográficos de 
la región oriental se reducen á algunas cartas antiguas, que los misioneros 
levantaron en los dos siglos pasados, y á los itinerarios de algunos viajeros 
modernos, que se limitan al curso de unos pocos rios principales. Todo el 
interior de esta región vastísima es tierra incógnita, y pasarán muchas gene- 
raciones hasta poder trazar un mapa medianamente exacto de ella. Lo que 
un solo geógrafo actualmente puede contribuir á esta obra, es bien poco. 
Por la colaboración de muchos y por expediciones científicas se aumentarán 
poco á poco los materiales geográficos, conforme que se abran sucesivamente 
esos países á la civilización. Nunca ha entrado en el plan de mis estudios 
propios la región oriental, y solo he recojido cuantos materiales geográficos 
existen sobre ella, para poder bosquejarla con la exactitud posible. Me pa- 
reció impropio presentar este bosquejo en la misma escala grande, en que 
figura la parte estudiada de la República, siendo la pequeña en que lo pongo, 
mas que suficiente para exhibir todo lo que sabemos de la región oriental. 

En una situación mucho mejor nos hallamos respecto á las islas de 
Galápagos. En primer lugar tenemos como fundamento muy bueno de su 
mapa las cartas marítimas del almirantazgo ingles, y en segundo lugar un 
estudio de cinco meses durante dos viajes me permitió completar su geo- 
grafía terrestre. Si en el mapa presento el Archipiélago en escala reducida, 
es porque la falta de rios y poblaciones hace la lectura muy sencilla, y la 



*) Deseaba dedicar los últimos meses de mi permanencia en el Ecuador al perfec- 
cionamiento del mapa de Manabí, pero las bandas de montoneros, que entonces con sus 
asesinatos tenían sobresaltada toda la provincia, frustraron mis buenos deseos. 



4 INTRODUCCIÓN. 

escala elegida (la mitad de la del mapa grande) permite representar per- 
fectamente la configuración orográfiea de las islas. 

Por punto de salida para contar las Longitudes, he adoptado el meridiano 
de Paris, indicando también en segunda linea el de Greenwich. Quería en 
esto conformarme á las últimas cartas de Colombia y del Perú, aunque en 
nuestros tiempos el meridiano de Greenwich tenga una aceptación mas gene- 
ral y casi universal entre los navegantes, por referirse á él la mayor parte 
y las mejores cartas marítimas del mundo*). Hoy dia felizmente se ha aban- 
donado la costumbre (particularismo ridículo) de que cada pais, por pequeño 
é insignificante que sea, cuente con su propio meridiano, dificultando asi el 
estudio de los mapas á todos los geógrafos que no sean nacionales. Cual- 
quier geógrafo del mundo civilizado sabrá sin dificultad, sobre qué punto 
del globo terrestre debe buscar una ciudad, una provincia, indicándola por 
las Longitudes de Paris ó de Greenwich, mientras que designándola con el 
meridiano de Quito no sucederá así; primero tiene que buscar la diferencia 
entre Quito y Paris ó Greenwich, y después reducirá la longitud de aquella 
ciudad á la umversalmente conocida. Por lo demás no se concluirá este 
siglo, sin que desaparezcan todos los meridianos particulares y sin que ten- 
gamos un meridiano común y adoptado por todas las naciones civilizadas, 
llámese de Paris, ó de Greenwich ó de cualquier otro lugar (probablemente 
no será el de Quito). El Congreso internacional de geógrafos trabaja desde 
algún tiempo en pro de la aceptación de un meridiano universal, y en su 
última reunión, que tuvo lugar el año pasado en Berna (Suiza), constituyó 
una comisión permanente, para que se ocupe seriamente de esta cuestión. 

Por conclusión no será por demás repetir, que mi carta no pretende ser 
una obra perfecta y completa en todas sus partes, y que no será el último 
de sus méritos el que sus imperfecciones estimularen á los geógrafos veni- 
deros, nacionales y estrangeros, á corregirla y á perfeccionarla mas y mas. 
Me conformaré con que tenga alguna utilidad práctica para el Gobierno, con 
cuya alta protección sale á la luz, y para los particulares, ingenieros, mi- 
neros, agricultores, comerciantes, industriales y viajeros. Para el geógrafo 
de profesión ó puramente teórico señalará un cierto estado de transición, ó 
marcará el estado de la geografía del pais á fines del siglo XIX, como el 
mapa de Maldonado lo marcó á mediados del siglo pasado. Espero que este 
estado actual no quedará por tanto tiempo estacionario, como sucedió con 
el de Maldonado, que en el siglo XX los adelantos en el conocimiento geo- 



*) De consiguiente, todas las Longitudes indicadas en este libro (omitiendo el «O. de 
Par.»), se refieren al meridiano de Paris, salvo los casos en que se cita expresamente el 
de Greenwich ú otro. 



POSICIÓN ASTBONÓMICA, LÍMITES Y EXTENSIÓN DEL ECUADOB. 5 

gráfico del pais serán mas rápidos, y que por esto mi mapa será mas pronto 
anticuado, porque esto significará progreso, lo único que anhelo con mis 
trabajos y al que deseo contribuir en todo tiempo. 

Creo que estas aclaraciones previas indicarán suficientemente el punto 
de vista, bajo el cual se debe juzgar mi carta geográfica y la obra que la 
acompaña. Deseo que la critica sea severa, pero á la vez justa. 



II. 

Posición astronómica, límites y extensión del Ecuador. 

La descripción geográfica de un pais comienza naturalmente con la in- 
dicación de la posición astronómica, que ocupa sobre el globo terrestre, y 
de su extensión territorial. Respecto á ambos puntos el Ecuador corre la 
suerte de todas las demás Repúblicas sudamericanas, es decir, de que no 
son conocidas con exactitud ni en su posición astronómica ni en su exten- 
sión. Esta dificultad, con que el geógrafo tropieza desde el principio de 
sus estudios, proviene no solamente de la incertidumbre y vaguedad de los 
limites con los países circunvecinos en todos sus detalles, sino también de 
la falta de un número suficiente de posiciones astronómicas y de la poca 
seguridad de las que existen actualmente. En cuanto al último punto, de 
todos los países sudamericanos el Ecuador tal vez se halla en la condición 
peor, por que ni un solo punto de su territorio, incluso su Observatorio 
astronómico en Quito, está determinado astronómicamente con la exactitud 
suficiente. Esta aserción puede parecer muy atrevida, y sinembargo es 
exacta. El mejor fundamento que hasta ahora tenemos en las costas Paci- 
ficas de Sudamérica para las cartas geográficas son, sin duda alguna, las 
posiciones astronómicas de las cartas marítimas del Almirantazgo ingles; y 
sinembargo estas posiciones han sufrido en los últimos decenios correcciones 
en parte considerables. Tales correcciones, ejecutadas al Sur y al Norte de 
nuestra República, hasta ahora no se extendieron al territorio ecuatoriano. 
En lo que toca al interior del pais ó á la región interandina, prevalecieron en 
las geografías modernas los datos astronómicos de Humboldt. Pero estos 
datos son en gran parte muy erróneos, como se puede probar hasta la evi- 
dencia, aun sin nuevas observaciones astronómicas y solo con mediciones 
geodésicas. Los errores que encontramos en las Longitudes de Humboldt, 
son de seis á doce y aun mas minutos de arco (2 á 4 leguas y mas), y son 
demasiado considerables para poderlos conservar en adelante. Por esto me 
he visto precisado á colocar todo el interior de la República mucho mas al 



6 INTRODUCCIÓN. 

Este de lo que se encontraba hasta ahora en los mapas, sin lisonjearme con 
la esperanza de haber acertado en todos los puntos. Quito, la capital de 
la República se halla según las observaciones de Reiss y Stübel lo menos 
12 minutos mas al Este de lo que supusimos hasta ahora, apoyados en la 
autoridad de Humboldt. Alausi cae, según mis propias observaciones y 
mediciones, mas de 20 minutos hacia el oriente. Una transladacion hacia 
el Este es necesaria, el grado á que llega en cada caso particular, es todavía 
dudoso. Tiempo seria, que el Observatorio astronómico de Quito, después 
de 20 años de su existencia, contribuyera finalmente algo á la aclaración y 
solución de esta cuestión importante. No me he resuelto á una alteración 
tan esencial en el mapa del pais sin motivos poderosos, y solo después de 
consultar los resultados de las observaciones astronómicas de los Señores 
Reiss y Stübel me he tranquilizado del todo sobre la reforma, a que me 
sentia impujado forzosamente por mis estudios de los últimos años. (4 > Hablo 
aqui especialmente de la Longitud de los lugares, pues en las Latitudes no 
reina tanta confusión é incertidumbre. Su determinación es mas fácil y mas 
sencilla, por esto las diferencias que hay entre los diversos observadores, 
no son tan grandes y comunmente se reducen á segundos. 

De lo que antecede, podemos deducir, qué valor tienen las posiciones 
que encontramos en las geografías del pais (desde Velasco hasta Mera) ex- 
presadas en grados, minutos y hasta en segundos, y se explicará porqué en 
este libro soy muy parco con indicaciones astronómicas y casi siempre omito 
los segundos (¡ojalá que siempre pudiéramos indicar los minutos siquiera 
con aproximación!). 

Por punto do salida mas seguro debemos tomar por ahora la costa 
ecuatoriana desde Túmbez hasta la Punta Mangles en la desembocadura del 
rio Mira, primero para conformarnos con los mapas modernos de nuestros 
vecinos de Colombia y del Perú, y segundo porque en este lado las correc- 
ciones de las posiciones astronómicas, que se hagan con el tiempo en las 
cartas marítimas, serán insignificantes en comparación de las que se veri- 
ficarán en el interior, y probablemente vendrán á ser uniformes por toda 
la extensión de la costa, es decir, que ella toda se trasladará unos tantos 
segundos mas al Este ó al Oeste, sin que cambie la configuración que tiene 
ahora. Pero antes de proceder á la demarcación astronómica de la República 
y al cálculo de su área, es necesario adelantar algunas palabras sobre 

La cuestión de límites. Esta materia sola llenaría un grueso volumen, 
si quisiéramos agotarla. (6 > Aqui me limito á explicar los motivos de haber tra- 
zado los linderos de tal modo como se hallan en mi mapa. 

El Ecuador linda al Norte con Colombia, al Este con Brasil y al Sur 
con el Perú, hallándose al Oeste limitado por el Océano Pacífico. 



POSICIÓN ASTRONÓMICA, LIMITES Y EXTENSIÓN DEL ECUADOR. 7 

Está vigente un tratado, que se celebró en 1856 entre las Repúblicas del 
Ecuador y de Colombia, y cuyo articulo 26 dice: «Mientras que por una con- 
vención especial se arregla de manera que mejor parezca, la demarcación 
de límites territoriales entre las dos repúblicas, ellas continúan reconocién- 
dose mutuamente los mismos, que conforme a la ley colombiana de 25 de 
junio de 1824 separaban los antiguos departamentos del Cauca y del 
Ecuador.» 

Esta convención especial, de que habla el articulo, no so ha celebrado 
hasta la fecha, y asi es claro que en la fijación del lindero con Colombia 
solo puede y debe guiarnos la citada ley de 1824, ó el mapa de Restrepo, 
que traza los linderos de los departamentos, que ahora forman el Ecuador, 
conforme á la misma ley. 

Principia el lindero al Oeste en la «boca de Ancón», que según Restrepo 
es á la vez la boca meridional del Rio Mira, y delante de la cual está situada 
una isla formando el «Cabo Manglares» (aPunta Mangles» de las cartas mo- 
dernas). Prolongando la puntacion de la frontera de Restrepo en linea recta, 
saldría precisamente en dicho «Cabo» á la mar. El dibujo de la ensenada 
de Ancón y sus partes colindantes hacia el Norte, es muy defectuoso en el 
Atlas de Restrepo, y hasta que será mejor estudiado el complicado delta del 
rio Mira y designado definitivamente el brazo que debe servir de límite, me 
pareció conveniente salir en mi mapa de la Punta Mangles y seguir el brazo 
del Mira, que se dirige al Este y que sin duda corresponde mejor al que 
encontramos en Restrepo. — En seguida el rio Mira mismo forma la fron- 
tera hasta la boca del rio de San Juan, que falta en el mapa de Restrepo, 
y por esto hace subir la linea divisoria demasiado arriba hacia el Este, casi 
hasta el pueblo de Mira. Pero en el mapa de Codazzi, que está muy lejos 
de perjudicar los derechos de Colombia, y quita al Ecuador cuanto puede, 
encontramos la linea trazada al lado del rio de San Juan y subiendo á los 
páramos del Chiles. En efecto os el rio de San Juan el lindero que parece 
conformarse á la ley de 1824 y que corresponde también á la posesión actual. 
De las cabeceras de este rio pasa la frontera por las faldas setentrionales 
del volcan de Chiles ó entre este y el Cumbal, y baja al Este á encontrarse 
con el rio de Carchi, al que sigue hasta mas allá de Tulcan. En con- 
tinuación sube por un ramal á la Cordillera oriental de los Andes, y vira 
por su cresta hacia el Norte, para dirigirse, casi enfrente de Pasto y 
un poco al Norte de la gran laguna de San Pablo (la Cocha), con un 
ángulo fuerte al Sureste, bajando por el ramal de la Cordillera que separa 
el sistema fluvial del Putumayo del del rio Guarnes, hasta tocar con el 
Putumayo mismo. Este último rio constituye el lindero hasta la boca del 



8 INTRODUCCIÓN. 

rio de S. Miguel ó de Sucumbios*); de ahí sube la linea al Norte hasta en- 
contrarse con el Caquetá ó Yapurá en un punto que debe hallarse cerca de 
la confluencia del rio Orteguasa (ó de la Fragua?), en cuanto so puede 
deducir del pequeño mapa de Restrepo, y finalmente sigue al gran Caquetá 
hasta la desembocadura del rio Apoporis, en la frontera del Brasil. 

El lindero con él Brasil es sencillo y consiste en una linea recta, tirada desde 
la boca del Apoporis en el Yapurá hasta la boca del rio Yavari en el Amazo- 
nas cerca de Tabatinga. Al lado sur del Amazonas ol rio Yavari forma el 
lindero con el Brasil desde su boca hasta cerca de la desembocadura del 
rio Gálvez. Este lindero no es conforme al tratado de San Ildefonso en 1777, 
que celebraron las cortes de España y Portugal, como supone Cevállos (Res. 
de la Hist. del Ecuador, I, pg. 8) y como se anota en el último mapa del 
Ecuador de Flemming. También el doctor Men ten está equivocado diciendo: 
«Continúa desde ese punto (el Salto grande del Coqueta) el lindero según 
Restrepo, siguiendo la orilla meridional del gran Caquetá hasta dar con un 
punto desde el cual el meridiano hacia el Sur sigue directamente la unión 
del Yavari con el Marañon» (Bol. del Obs. astr. 1879, N. 5, pg. 106). Precisa- 
monte Restrepo dá en su carta de Colombia (tengo presento la edición de 
1827) el verdadero lindero conforme al tratado de San Ildefonso, haciendo 
bajarlo de la boca del Apoporis por el rio Yapurá hasta el primer canal, 
que de este rio se dirige al Amazonas, y haciéndolo subir por el Amazonas 
hasta la boca de Yavari. Hé aqui el art. 11 del célebre tratado do San Ilde- 
fonso: «Bajará la linea (divisoria entre las posesiones españolas y portuguesas) 
por las aguas de estos dos rios Guaporé y Mamoré ya unidos con el nombre 
de Madera, hasta el paraje situado en igual distancia del rio Marañon ó 
Amazonas y de la boca del rio Mamoré; y desde aquel paraje continuará 
por una linea leste-oeste hasta encontrar con la ribera oriental del rio Yabarí, 
que entra en el Marañon por su ribera austral; y bajando por las aguas del 
mismo Yabarí hasta donde desemboca en el Marañon ó Amazonas, seguirá 
aguas abajo de este rio, que los Españoles suelen llamar Orcllana y los Indios 
Guicna hasta la boca mas occidental del Yapurá que desagua en él por la 
margen septentrional.» — «Art. 12. — Continuará la frontera subiendo aguas 
arriba de dicha boca mas occidental del Yapurá y por en medio de este rio 
hasta aquel punto en que puedan quedar abiertos los establecimientos portu- 
gueses de las orillas de dicho rio Yapurá y del Negro, como también la comu- 
nicación ó canal de que se servían los mismos Portugueses entre estos dos rios 



*) El rio del San Miguel desemboca sin duda alguna, y también según la explora- 
ción mas reciente de Mr. Crevaux, en el rio Putumayo, y no en el Aguarico (Ñapo), 
como creen algunos. 



POSICIÓN ASTRONÓMICA, LÍMITES Y EXTENSIÓN DEL ECÜADOB. 9 

al tiempo de celebrarse el tratado del límites de 13 de enero de 1750» etc. etc. 
El resto del tratado no nos toca directamente. Este tratado fué modificado 
por el nuevo que se celebró en 1851 entre el Brasil y el Perú, creyéndose el 
último con derecho a la mayor parte de la Región oriental que reclama el 
Ecuador. Solamente en esta ocasión se fijó definitivamente como lindero 
una linea recta que pasa de la Boca del Yavari á la del Apoporis, y una 
comisión mixta de peruanos y brasileros fijó en los años de 1871 a 1874 los 
mojones en el Amazonas, Putumayo y Yapurá, conforme al contrato citado 
(Raimondi, Perú, III, pg. 481). Las posiciones astronómicas encontradas para 
los tres puntos principales de la linea son las siguientes: 

Long. O. do Greenw. Lal. Sur 
Mojón enfrente de la boca del Apoporis 6ÍT 24' 55" I o 31' 29" 

Mojón á las orillas del Putumayo 69° 40' 29" 2 o 53' 12" 

Quebrada do S. Antonio, frontera en el 

rio Amazonas 69° 54' 00" 4 o 13' 21" 

Raimondi lamenta los resultados de la convención brasilero -peruana, 
diciendo: «Resulta pues, que los limites entre el Perú y el Brasil, fijados en 
1851, son muy desfavorables para el Perú, pues con la nueva linea divisoria 
ha perdido la República una extensión de territorio de 1800 leguas cuadra- 
das, con dos grandes ríos navegables, el Yapurá y el Putumayo; y lo que 
es peor, ha perdido el Perú, con este Tratado, la puerta de entrada al Putu- 
mayo, esto es, su boca para poder entrar y navegar toda la gran parte de 
este rio, que todavía le pertenece desde la nueva linea divisoria con el Bra- 
sil hasta el punto en que dicho rio por sus saltos y cataratas no es nave- 
gable.» (Perú, III, pg. 216). La pérdida que lamenta el señor Raimondi, pro- 
piamente sufrió el Ecuador, y á él tocó el arreglo de límites con el Brasil 
en esa parte. Sinembargo creo que tenemos que respetar la linea trazada 
por los Peruanos (de buena fé, como suponemos), no por la fuerza de este 
tratado, sino por otros motivos. Parece que después del tratado de San 
Ildefonso los portugueses extendieron su dominio mas hacia el Oeste y que 
esta extensión de limites fué reconocida, siquiera tácitamente por el Gobierno 
español; pues la linea divisoria entre Tabatinga y la boca del Apoporis ya 
se halla en el mapa autógrafo de Velasco con la lectura: « Parte de los nue- 
vos dominios de Portugal»; ademas se encuentra en la carta de Humboldt, 
que en la cuestión de limites es una autoridad notable, habiéndola estu- 
diado prolijamente según las mejores fuentes. El Mapa peruano de 1826 y 
las cartas modernas todas indican el lindero del mismo modo. De consi- 
guiente, si en mi pequeño mapa de la Región oriental acompaño la linea 
divisoria con la lectura: «Tratado entre el Perú y el Brasil, el 23 de Oct. 
de 1851», de ningua modo quiero aprobar el hecho de haberlo celebrado el 
Perú, sino indicar solamente que dicha linea, reconocida tácitamente mucho 



I» • INTRODUCCIÓN*. 

aníi^ por el Brasil y Colombia, fu** trazada definitamente en 1*31 y deter- 
rmnada posteriormente su posición astronómica. 

E¡ lindero del Ecuador hacia • / Sur. con la Be^áhtica dtl Perú es el mas 
o ■replicad" y ma-s difícil de trazar. Xo dudo que las dos Repúblicas llega- 
os r. li celebrar un tratad" de limites conveniente á los intereses mutuos v 
«¿ae ia linea itivisoria definitiva sera notablemente distinta de la que figura 
•=T: mí mapa. Pero entre tantu que se verifique ese arreglo, no puedo hacer 
r.tra ó>sa -ino poner los limitas según las pretensiones del Ecuador, fundadas 
en el «l"ii possidetis ■ de l-SK». y prescimliendo de la Cédula real de 1802, 
cuv».. valor v observancia niega el Ecuador.*! Para el trazo de este lindero 
-irve el Atlas de Kestrepo 1 1*27), la Carta general de Colombia por Hum- 
bold? i l^iói. y un Mapa físico y político del alto y Ivijo Peni publicado 
en IsM por •.•rden del Gobierno peruano. El primero y el ultimo son docu- 
mentos oficiales, y Humboldt es en este punto una autoridad notable, porque 
e>tudio la cuestión de limites al principio de nuestro siglo y en las mismas 
regiones amazónicas que visito, según los mejores documentos y con el fin 
¡•anicular de corregir los linderos de los mapas antiguos. 

íegun Restrepo y Humboldt J rio T»\ml»,z mismo es el lindero entre 
Colombia i Ecuador» y Peni, desde su K*ca hasta la quebrada del Casadero, 
que «lista de aquella unas nueve leguas, y este parece ser el lindtro de 
dtr-.ck.'. Pero del mapa peruano citado se ve que ya en l x 2»> existió otro 
•l* h**:h r. que coincide casi con el que las dos naciones actualmente respetan. 
aunque s«*a como interino, y que comienza en la h«va de Tapones, entra en 
*i estero d* la Huaquilla hasta la boca del rio de Zarumilla. y sigue el curso 
de rste mismo rio hasta cerca de sus cabeceras. De ahi cae con una linea 
recra *n dirección X-S al rio Tumbez, v sigue su curso al iWte hasta la 
■Ju^brada del «"asadero. El terreno comprendido entre el lindero primitivo 
iM rio Tumbez» y el infierno idel rio Zarumilla i mide unos IXtí Kilom.^1 
• — 431eg.3Z». De la Qu*?»rada d< ( aviií» »■•», que en verano ^iieda seca, vá 
el lindero casi en linea recta al Sur. atravesando unas montañas bajas hasta 
encontrarse con A origen de la (¿inorada ii» l»$ Pilar*. > •."■ tí» l?~< Parag. que 
es un pequeño tributario del rio de Alamar. Por el curso de la quebrada 
v mas abajo del rio de Alamor llega al rio Catawaii" cerca de la hacienda 
de .>--í»iw-.i. v vira rio arriba en dirección XE hasta la Uva del rio Macará. 
E! ::tim-' rio ■ onstituve el lindero por todo su curso \ hasta su origen en 
la <JH'.r-'.ida E+i"'nd"la v sobre el M«fcí>- d* Sah.iKiUa. Por algún trecho la 



■"■"i. 1 . -" -rz>: .vil -ju». 1 >o LT-.s»;:;ía:; i^ I:::vi:os o:*. * fc os uia^is xvrv..v;.-s :*j-.>d-Tuos 



POSICIÓN ASTRONÓMICA, LÍMITES Y EXTENSIÓN DEL ECUADOR. 11 

cresta de la Cordillera, que separa el sistema fluvial del rio Chinchipe del del 
rio Quiroz, es también el lindero político; pero muy pronto, desde las cabe- 
ceras del rio de Huancabamba, encontramos diferencias notables en los ma- 
pas antiguos. Según Restrepo sigue el lindero siempre sobre la misma Cor- 
dillera principal, que separa la región amazónica de la pacífica, hasta el 
grado 6 de latitud Sur, desde donde vira al Este y baja al Amazonas. 
Humboldt indica el mismo lindero hasta 5 o 30 7 Lat. S., pero de ahi baja de 
la Cordillera al rio de Huancabamba y sigue el curso de este hasta el grado 
6 o , de manera que incluye toda la hoya superior de Huancabamba en el 
territorio colombiano (resp. ecuatoriano). Finalmente, la Carta peruana de 
1826 rodea con su lindero la hoya superior del Huancabamba por el lado 
oriental, incluyéndola en el territorio peruano, pero después desciende tam- 
bién al rio de Huancabamba, tocándolo casi en el mismo lugar que Humboldt 
y siguiéndolo hasta el punto en que vira al Este (punto que en la carta 
peruana está mas al Norte que en la de Humboldt). La carta de Restrepo 
es en sus parles australes demasiado defectuosa para poderla comparar con 
las otras dos, y por esto indicaré el lindero desde el Huancabamba hasta el 
Yavari según estas, que en todo lo principal están acordes, aunque difieren 
á veces en los detalles topográficos. En el punto indicado, en que vira el 
rio de II. al Este, el lindero abandona su orilla y sigue todavia algunos 
minutos al Sur hasta encontrarse con el rio Chota, quo es un pequeño tri- 
butario del Huancabamba. Cruzando este rio se dirige al oriente y toca 
con el Marañon unas 5 leguas al Sur de la boca do Chamaya (que es la 
misma que la del Huancabamba). Desde el Amazonas tira el lindero siempre 
con la dirección general O-E, pero en un arco abierto, al rio de Huallaga 
de tal modo que cruza los rios de Utcubamba y Chuchunga, deja al Sur 
lodo el sistema fluvial del rio Mayo ó de Moyobamba, y coje cerca de Bal- 
sapuerto el rio Paranapura, cuyo curso sigue hasta el Huallaga cerca de 
Yurimaguas. Desde este punto cruza de O-E una región montañosa hasta 
encontrarse con el rio Ucayali en un punto que en el mapa peruano se llama 
« Playa de los ahorcados». Después de seguir el curso del Ucayali por el 
trecho de unas 15 leguas, lo abandona y vá en dirección NEE al rio Yavari 
con que se encuentra cerca de la boca del rio Gálvez. Y el Yavari forma 
el lindero con el Brasil hasta su boca en el Amazonas, como hemos visto 
mas arriba. 

Determinados de tal modo los límites de la tierra firme del Ecuador, 
solo debemos agregar que el Archipiélago de las islas Galápagos forma parte 
integrante de la República, desde 1832. 

Si queremos determinar mediante posiciones astronómicas los puntos 
extremos y mas salientes del pais, notaremos las siguientes: De N al S se 



12 INTRODUCCIÓN. 

extiende la República en la costa desde la Punta Mangles, al N de la boca 
de Ancón, en 81° 23' Long. O de Par. y 1" 37' Lat. N hasta la boca del estero 
de Capones en 82° 36' Long. O y 3 o 25' Lat. S. El punto mas saliente hacia 
el Oeste es la Puntilla de Santa Elena en 83° 20 7 Long. y 2 o 11' Lat. S. La 
diferencia ó la distancia entre los dos extremos es de 5 o 2' Lat. — En el lin- 
dero setentrional notaremos como el punto mas saliente en la Cordillera, el 
ángulo que hace al Este de Pasto, y que se halla aproximadamente en 79° 25' 
Long. y I o 10' Lat. N. — Los dos puntos extremos del lindero oriental con- 
tra el Brasil ya quedan indicados mas arriba. Repetiré las posiciones con 
la reducción al meridiano de Paris: la boca del Apoporis se halla en 71° 45' 4" 
Long. y I o 31' 29" Lat. S. y él mojón en la Quebrada de S. Antonio cerca de 
Tabatinga en 72° 14' 9" Long. y 4 o 13' 21" Lat. S. — En la frontera meridional 
con el Perú se halla el punto mas austral del lindero, antes de cruzar el rio 
Amazonas, aproximadamente en 81° 15' Long. y 6 o 6' Lat. S. (6b) — La posición 
del Archipiélago de Galápagos es la siguiente: Longitud: entre 91° 41' y 94° 50 / 
O de Paris (Extensión de E-0 = 3 a 9'), Latitud: entre o 39' N y 1° 37' S 
(Extensión de N-S = 2°6'). 

Área del terreno de la República. — Si el Ecuador reclamaría todo 
el terreno á que se creo con derecho, conforme á los límites indicados, el área 
de la República comprendería aproximadamente 714,860 kilóm. cuadrados ó 
23,080 leguas cuadradas. Hé aquí los cálculos parciales : 

I. Tierra firme del Ecuador, incluyendo las 

islas cercanas á la costa 707430 km. ü = 22840 leg. Q 

II. Islas de Galápagos 7430 » = 240 » 

714860 km. □ = 23080 leg. G 

De la tierra firme ocupa actualmente el Perú: 

I o en Túmbez, la región entre el rio Tdmbez 

y el rio de Zarumilla 1 330 km. Q = 43 leg. Q 

2 o en Jaén, la región entre la orilla derecha 
del rio Chinchipe y la izquierda del Ma- 
rañon ' . 8400 » = 271 » 

3° en Mainas, toda la región al lado derecho 

del rio Amazonas 107200 » = 3461 « 

Ademas pretende el Perú toda la región del 
Oriente al lado izquierdo del Amazonas, 
entre el rio Chinchipe y la frontera del 
Brasil, hasta donde los rios son nave- 
gables, es decir, hasta el pié de la Cor- 
dillera oriental, región que se calcula 
aproximadamente en 386500 » = 12478 » 

Área total ocupada ó pretendida por el Perú 503430 km. Q = 16253 leg. Q 

quiere decir mas de las dos terceras partes de la República, cuya tierra firme quedaria 
reducida a 204000 km.CJ =6587 leg. O ! 

No sé de punto fijo, cuales sean los limites pretendidos por la Rep. de 



POSICIÓN ASTRONÓMICA, LÍMITES Y EXTENSIÓN DEL ECUADOR. 13 

Colombia (¡es imposible que sean los del mapa de Codazzü), por esto no 
pude calcular el terreno que quieren quitar al Ecuador. 

¡Véase, pues, si el arreglo definitivo de los limites es una cuestión 
vital para el Ecuador! 

Advierto, que el cálculo de Villavicencio, que dá ú la República 1G000 
y al Archipiélago de Galápagos 800 leg. □, cálculo que ha pasado á todas 
las geografías modernas y á los libros de enseñanza del pais, carece de todo 
fundamento, y seria falso aun en el caso supuesto, de que sus linderos fue- 
sen aceptables. 



PARTE I 

TOPOG-KAFIA. 

(Hidro- y Orografía.) 

En la descripción geográfica de un pais la hidrografía y la orografía es 
la parte mas importante y á la par la mas difícil. Los catálogos monótonos 
de ríos y montañas, como los rezan las antiguas geografías, no pueden dar 
una idea de lo que es el pais. Si no queremos contentarnos con una enu- 
meración en orden jerárquico (Velaseo, Villavicencio), si queremos dar una 
descripción del terreno, es preciso entrar en muchos y complicados detalles, 
aunque sea con el riesgo de fastidiar al lector con repeticiones y con un 
lenguaje poco variado. Aconsejo que se estudie esta parte del libro con el 
mapa á la vista, método que se recomienda también para las otras partes. 
— Antes de entrar en esos detalles, echemos una ojeada general sobre el 
terreno que debemos analizar. 

Generalidades. 

El Ecuador está atrevesado en su tercio occidental por el espinazo del 
Continente Sudamericano, es decir por la gran (Cordillera de los Andes. De 
este fenómeno geológico dependen todas sus condiciones orográf icas , liidro- 
gráficas, climatológicas, biológicas y hasta las etnográficas en gran parte. 
Las montañas del Ecuador forman en su mayoría partes integrantes de la 
Cordillera principal ó están á lo menos en un conexo causal con el levanta- 
miento de los Andes. El desarrollo de los sistemas fluviales depende directa- 
mente de la configuración de las montañas en su dirección y extensión. El 
clima y las condiciones meteorológicas del pais se hallan en intima depen- 
dencia de las altas montañas y sin ellas serian inexplicables; lo mismo di- 
gamos de las zonas vegetales y de la distribución de la vida animal, que á 
su vez dependen del clima. Hasta la vida del hombre está en cierto grado 
bajo el influjo de la Cordillera de los Andes. Ella estableció la separación 



GENERALIDADES. 15 

tan notable entre las naciones salvajes indígenas, cuyo desarrollo era muy 
distinto al occidente de los Andes del del lado oriental, y que solo en las 
regiones altas y montañosas llegaron al grado de cultura y civilización, que 
admiramos en las naciones andinas de la época antigua. Asi observamos 
que la Cordillera de los Andes es en efecto el prototipo fundamental, que 
determina todo el carácter geográfico del Ecuador. Los Andes son para el 
Ecuador lo que los Alpes para la Suiza.*) 

Los Andes dividen el Ecuador en tres regiones bien marcadas que se 
distinguen perfectamente tanto en lo físico, cuánto en lo político y civil. 

I o . El Ecuador occidental, comprende los países bajos entre la costa 
y el pió de la Cordillera occidental. 

2 o . El Ecuador central ó alto, se compone de las provincias andinas, 
situadas sobre las Cordilleras y sus faldas exteriores á ambos lados. 

3 o . El Ecuador oriental, se extiende de las faldas inferiores de la Cor- 
dillera oriental sobre las bajas regiones de la hoya amazónica. 

Para determinar el rumbo general de los Andes, tomemos la Cordillera 
oriental como la principal y la mas regular. Una linea recta, tirada desde 
el nudo de Sabanilla cerca de las cabeceras del rio Macará y del rio Chinehipe 
hasta la cresta de la cordillera enfrente de Pasto, sigue la dirección S-N 
con 20° al E. 

Desde la frontera del Perú hasta las ceranias de Loja encontramos una 
sola Cordillera de los Andes, que viniendo del Departamento peruano de 
Cajamarca, es la continuación directa de la Cordillera occidental del Perú. 
Ella separa los sistemas fluviales occidentales del rio de Piura y del rio 
Achira de los orientales del rio de Huancabamba, del rio Chinehipe, y del 
rio Zamora. En el nudo de Cajanuma, pocas leguas al Sur de Loja, la Cor- 
dillera se bifurca, y distinguimos una cadena oriental (la principal) y otra 
occidental con la angosta altiplanicie de Loja en medio. Pero luego desa- 
parece de nuevo la bifurcación pronunciada, en las cercanías de Zaraguro y 
en el complicado nudo de Guagra-uma, del cual salen algunas Cordilleras 
irregulares al Oeste. Solo al otro lado del hondo valle del rio Jubones se 
declara la bifurcación ó mejor dicho el paralelismo de las dos Cordilleras 
de un modo bien claro, y podemos perseguir las dos cadenas hasta la fron- 
tera de Colombia, aunque en algunas partes sus crestas están cortadas pro- 



*) En las otras Repúblicas do la Sudamériea occidental observamos una dependencia 
análoga de la Cordillera de los Andes, pero en ninguna es tan pronunciada y sencilla, 
como en el Ecuador, sea que ademas de los Andes entren otras Cordilleras en su fábrica 
geológica, como en Colombia y una parte del Peni, sea que las condiciones climatológicas 
dependan de otros agentes mas poderosos (latitudes nu\s altas), como en Chile, que carece 
también de la región oriental. 



1G PARTE I. — TOPOGRAFÍA. 

fundamente por valles hondos y anchos, por los cuales desaguan los nos de 
la región interandina. 

El gran valle longitudinal entre la Cordillera oriental y occidental no 
es continuo sino dividido en unas extensas hoyas por los nudos transversales, 
que enlazan en varios puntos las dos Cordilleras y se alzan á alturas muy 
considerables sobre las altiplanicies. De tales hoyas, que Humboldt llamó 
impropiamente «altiplanicies» — pues po son planas sino muy quebradas y 
montañosas — , distinguimos lo menos seis mayores y varias secundarias 
mas pequeñas; las caracterizaremos mas tarde detenidamente. La altura 
media de los Andes podemos poner en 3500 metros, y la altura media del 
pais interandino habitado (de las «altiplanicies») en 2500 metros sobre el 
nivel del mar. Desde ahora diré que la distinción de dos Cordilleras princi- 
pales no se funda solamente en su presencia exterior y puramente geográfica, 
sino igualmente en su constitución geológica, que en las dos es esencial- 
mente diversa, como lo demostraré en su lugar. De ambas Cordilleras salen 
ramales mas ó menos largos hacia el Occidente y Oriente, declinándose poco 
á poco á las regiones Pacificas y Amazónicas. 

La región central del Ecuador presenta naturalmente un aspecto físico 
muy variado y los contrastes mas sorprendentes, como sucede en los países 
que llevan el carácter «alpino». Llanos deliciosos, regados de riachuelos 
mansos y sombreados de naranjos y mirtos, están cruzados de valles y que- 
bradas escarpadas, en cuyo fondo se precipitan los estrepitosos torrentes, y 
cuyas laderas áridas apenas sostienen algunos espinos y tunas. Por gradas 
se levantan los flancos de las Cordilleras desde las mesetas alegres con sus 
trigales y maizales, hasta los yermos inhospitales de los páramos, y final- 
mente hasta las elevadas cumbres de los volcanes, coronadas de nieve eterna. 

Muy distinto es el carácter de la región baja occidental. Esta zona, que 
al Sur, desde Santa Rosa hasta Naranjal, por la entrada del Golfo de Guaya- 
quil se estrecha á dos ó tres leguas, toma desde la latitud de Guayaquil 
un ensanche de 210 leguas y mas. No toda la región es llana, pues, aunque 
existen llanuras muy extensas, especialmente en el sistema fluvial del rio 
Guayas, y en el curso inferior de otros rios grandes, es sinembargo el pais 
generalmente montañoso. En primer lugar se prolongan muchos ramales de 
los Andes con sus últimas ramificaciones bajas hacia el occidente, y en 
segundo lugar existen en las provincias del Guayas, de Manabí y de Es- 
meraldas varias montañas aisladas y cordilleras irregulares y bajas, que no 
están en directa conexión con los Andes. Las mas altas de estas cordilleras 
y montañas no llegan á f>00 metros de altura y tienen formas suaves y re- 
dondeadas, las colinas componen paisajes undulados. Lo que mas caracteriza 
esta zona, es la multitud de rios navegables, que en muchas regiones 



GENERALIDADES. 17 

cubiertas de bosques, son las únicas vias de comunicación. Faltan las vistas 
grandiosas y salvajes de las Cordilleras altas, y predominan los paisajes 
amenos y los cuadros de vejetacion tropical. 

La Región oriental participa en mucho de la occidental. Es aun menos 
montañosa y solo en la cercanía del pié de los Andes. Mas abajo, desde 
donde los ríos grandes son navegables, forma una sola llanura inmensa, 
interrumpida por pequeños trechos de suaves undulaciones del terreno. Las 
cordilleras altas que se hallan en los mapas antiguos, sobre todo en el de 
Villavicencio, y aun en el novísimo de Raimondi, son imaginarias y en su 
mayor parte no existen. Los grandes ríos navegables y las selvas vírgenes 
que cubren cual un océano vegetal toda esa región, le imprimen su carácter 
singular, que es majestuoso pero á la vez sombrío y melancólico. Durante 
semanas y aun por meses enteros el viajero no goza de un horizonte que 
pase de pocas cuadras en contorno. £1 naturalista encontrará mucha variedad 
en los vejetales y animales, pero el viajero ordinario se cansará muy pronto 
de la eterna monotonía de aquellas selvas de una exuberancia deprimente, 
y dará al diablo su ponderada belleza. «Agua y verdura: nada mas», como 
dice Mr. de La Condamine. Faltan aquí los llanos abiertos con vejetacion 
gramínea, que son tan característicos en una parte de Colombia y Venezuela; 
toda la región oriental del Ecuador cae en la zona vejetal de la hoya ama- 
zónica, que Humboldt distinguió con el nombre de «Hylaca» (de OXt) selva 
ó de üX^eis cubierto de árboles). 



Wolf, Ecuador. 



Capítulo I. 
El mar y las costas. 

El Océano Pacifico, llamado por los antiguos las mas veces «mar del 
Sur»),' es en las costas ecuatorianas un mar muy tranquilo y justifica su 
nombre. Huracanes y tornados son desconocidos, y aunque la mar á veces 
está «picada» ó «muy brava», como dicen los costeños, esto no pasa de una 
agitación mediana, que tiene su origen en regiones lejanas, y nunca invuelve 
peligro para las embarcaciones mayores. También las nieblas, otro incon- 
veniente para la navegación segura, y tan frecuentes en latitudes mas altas, 
son muy raras y poco densas en las costas del Ecuador. Los vientos pre- 
dominantes son los que soplan del Sur al Norte; pero muchas veces, sobre 
todo en invierno, reina una calma completa por largo tiempo. 

La temperatura del mar varia de 23° C. á 28° C, según la región en que 
la medimos. La primera encontramos, por ejemplo, en el Golfo de Guayaquil, 
afuera de la isla de Puna, y en la Puntilla de St a . Elena, y la segunda en 
ja costa de Esmeraldas. Este fenómeno interesante se explica de la manera 
siguiente. 

Si nos lijamos en un mapa hidrográfico, en que se hallan indicadas las 
corrientes de los mares, veremos que la gran corriente llamada del Perú ó 
de Uumboldt, que viniendo del mar antartico baña las costas de Chile y del 
Peni, abandona desde el Cabo Blanco (4 o Lat. S) las costas y se dirige 
hacia el Noroeste, pasando por el Archipiélago de Galápagos. Las aguas 
de esta corriente son considerablemente mas frías que las del océano inter- 
tropical libre de corrientes. Este último, entre í>°4f>' Lat. N y 6 o 15' Lat. S 
tiene comunmente 2Sy 2 c C., de 2 a3 grados mas que la atmósfera ambiente. 
Ahora bien, en otra ocasión he demostrado, que no toda la gran «Corriente 
Peruana» declina desde el Cabo Blanco al NO, sino que allá se bifurca, 
siguiendo una rama de 100 millas de ancho la costa ecuatoriana hasta cerca 
del Cabo Pasado en Manabí en dirección S-N, y dirigiéndose la otra 
principal y mas ancha directamente hacia NO á las islas Galápagos. Esta 



EL MAR Y LAS COSTAS. 19 

rama tiene la temperatura baja de 23° C. é influye en consecuencia de ella 
poderosamente en el clima y en la vegetación de las costas del Guayas y 
de Munabi, como veremos en su lugar. (6 > 

El accidente mas notable que presenta la costa ecuatoriana, es el Golfo 
de Guayaquil, el golfo mas grande y mas hermoso desde Panamá hasta Val- 
paraíso. Su forma es casi triangular y sus puntos extremos son el Cabo 
Blanco al Sur, la Puntilla de St*. Elena al Norte, y la Isla de Punú al Este. 
El Ecuador principia al Norte de la bahia ó ensenada de Túmbez, que forma 
parte del golfo, con un grupo de islas bajas y cubiertas en gran parte de 
Manglares, cuya forma y extensión en los mapas antiguos están muy mal 
trazadas. Las cuatro islas principales, contadas de Sur al Norte, son Payana 
(propiamente son dos) Tembleque, Pongál y Jambeli. De la tierra firme están 
separadas por un estero hondo y ancho, que principia en la lioea de Capones, 
lleva en seguida el nombre de Estero grande y sale con el de Estero de 
Santa Bosa á la Boca de Jambeli El Estero grande está sembrado de 
islotes pequeños y se ramifica de un modo muy complicado, formando un 
verdadero laberinto, en cuyo estudio los pescadores de aquellos sitios son 
los únicos guias seguros. Una zona de dos millas náuticas de ancho y de 
muy poca profundidad ciñe las islas hacia Oeste, y forma los peligrosos 
«Bajos de Payanan, que en bajamar quedan descubiertos en gran extensión 
é impiden la entrada de embarcaciones mayores en los esteros que separan 
las islas. Pero estos mismos bajos son célebres por sus ricos bancos de 
ostiones, que proveen el mercado de Guayaquil y de algunos pueblos 
peruanos. 

Enfrente de los bajos de Payana, en dirección NO, se halla el islote 
árido y estéril de Santa Clara ó del Muerto (por presentar á la vista la 
figura de un gigante amortajado y echado sobre el mar). Dista de la Punta 
Payana 14 y de la Punta Salinas en la Isla de Puna 12 millas náuticas, y 
no es mas que la cresta angosta de una roca arenosa, de dos kilómetros 
de largo, y coronada de un faro. 

Desde la Punta de Jambeli la costa meridional del golfo vira rápida- 
mente al Norte y toma poco á poco la dirección del rio Guayas. La costa 
setentrional , viniendo de la Puntilla de St a . Elena en dirección SE, forma 
en la Punta Arena, cerca del Morro, un ángulo brusco y toma igualmente 
la dirección NNE, prolongándose por el Estero Salado hasta las cercanías 
de Guayaquil. Cerremos el Golfo al N por una linea tirada de la boca de 
Naranjal (lado Este) hasta la del estero de Sabana grande (lado Oeste). 
Desde esta linea sigue hacia arriba de un lado el delta del rio Guayas y 
del otro el Estero Salado. En medio de esta parte del Golfo, encerrada 
entre dicha linea y las Puntas de Jambeli y de Arena, se halla situada la 

2* 



20 TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO I. 

isla de Puna, la mas grande y mas importante que posee el Ecuador en 
sus costas. 

La isla de Ptoiá mide en su extensión longitudinal (de Punta Mandinga 
á Punta Salinas) 30 millas náuticas (= 55 V 2 kilómetros), y en su ancho 
mayor (entre Punta Trinchera y Boca de Cerezal) 14 millas náuticas 
(= 26 kilómetros). Su área, incluyendo los esteros de Puna vieja, se 
calcula en 919 kilómetros cuadr. ó 29% leguas cuadradas. 

La parte del Golfo que baña el lado sureste de la isla, se llama Canal 
de Jamhelí; mide entre la Punta Salinas y la de Jambeli 18 millas náuticas, 
entre la Boca de Puna vieja y la de Tenguel 12, y entre la Punta Mandinga 
y la Boca de Jagua 6 millas náuticas. El canal es algo peligroso para la 
navegación por los bancos de arena que se hallan á lo largo de ambas 
costas y cambian á veces de extensión y de sitio; el mayor y mas peligroso 
se llama el bajo de Mala. Los buques mayores reciben para su entrada y 
salida un práctico desde y hasta la Punta Arenas. 

La costa entre la Boca de Jambeli y la de Naranjal no presenta nada 
de particular, es baja y ceñida de Manglares. Solo diré, que en la entrada 
de Jambeli se escojió un paraje hondo y tranquilo para la abertura de un 
puerto mayor, que se llama de Hnaila ú (oficialmente) de Bolivar, á poca 
distancia de Máchala, capital de la provincia del Oro. — La costa opuesta, 
en la isla de Puna, es mas accidentada. En la parte Sur, que es baja, 
entran varios esteros de poca monta, pero mas al Norte, en la mitad de la 
isla, se halla una región enteramente análoga á la que conocimos al Norte 
de la bahía de Túmbez, y se compone de una red intricadisima de esteros, 
que se comunica con el Golfo abierto por 5 bocas grandes. Toda esta re- 
gión, que llamamos los esteros de Puna vieja, está cubierta de Manglares 
y separa las dos mitades montañosas de la isla casi completamente. Tam- 
bién este laberinto acuático figuró por primera vez en mi carta de la prov. 
del Guayas, pues los antiguos geógrafos ó no lo conocian, ó no creian ne- 
cesario ponerlo en sus cartas. — Las puntas principales de este lado son, 
fuera de la de Salinas al S, la Punta Arenas, la Punta Española y la Punta 
Mandinga, todas tres coronadas de faros. 

Al canal de Jambeli corresponde al NO de la isla el canal del Morro. 
Su parte mas estrecha se halla entre la Punta Trinchera y la Punta Arena 
ó del Morro, y mide solamente V/ 2 milla náut. de ancho. De la Punta 
Trinchera sale un arrecife en dirección S-N, cuyas puntas sobresalen en 
forma de islotes y se llaman Farallones. El paso por este estrecho es peli- 
groso y lo evitan los buques mayores. Aquí se nota con la mayor evidencia, 
que la isla de Puna estaba antiguamente unida con la tierra firme y que el 
canal del Morro se abrió en una época geológica moderna. Al Norte del 



EL MAR Y LAS COSTAS. 21 

paso citado el Golfo so ensancha de nuevo y circunda la isla de Puna con 
un ancho de 4 á 7 millas náuticas, pero está lleno de bajos de arena y lodo. 
La punta mas setentrional de la isla es la de Cascajal. La isla Verde, á la 
distancia de 2 millas de la costa setentrional do Puna, ya pertenece por su 
formación mas bien al delta del rio Guayas, de que hablaremos en otro 
lugar. Por ahora agregaremos que el Estero Salado es la continuación di- 
recta del Golfo y lleva las aguas puras del mar hasta las puertas do Guaya- 
quil. Otra voz se repite á ambos lados de su canal principal el fenómeno 
de laberintos do canales, cuya descripción es difícil y que mejor se estudian 
sobro el mapa mismo. El ancho del Estero Salado es al principio muy 
grande, midiendo entre la Punta Escalante y la Boca de Sabana grande 
3 millas, hacia arriba se estrecha sucesivamente; sinembargo unas 2 leguas 
abajo de Guayaquil tiene todavía mas de un kilómetro. Su canal principal 
es hondo y seguro y permite la entrada do buques grandes hasta cerca de 
los Baños del Salado enfrente de Guayaquil. 

Regresemos á la costa del Morro. Desde la Punta Arena, enfrente de 
la de Trinchera, se dirige la costa del Golfo al Noroeste y se presenta hasta 
la Puntilla de St a . Elena con un carácter uniforme, pues las Puntas de 
Mambra, Ancón y Carnero son muy poco notables para variar el aspecto 
general y la dirección. Todo este lado del Golfo no presenta ningún fon- 
deadero bueno y seguro, está azotado continuamente por los vientos y olas 
del Sur y se hace peligroso por los muchos arrecifes y bajos que se extienden 
á su largo en zona ancha, y son conocidos y temidos con el nombre de 
Bajos de Chanduy. Antiguamente se llamaba todo este trecho la «Costa mala». 

La Puntilla de St*. Elena que tiene la importancia y merece el nombro 
de Cabo, es el punto mas saliente de la costa ecuatoriana, como he dicho 
en otro lugar, en que también indiqué su Longitud y Latitud. Una lengua 
de tierra baja se extiende desde la villa de St a . Elena por 3 leguas hacia 
el Oeste, estrechándose cerca de las Salinas y de la estación telegráfica, 
hasta el ancho de solo 2000 metros. Después de la llanura de Salinas, que 
se halla casi al nivel del mar, se levanta la tierra suavemente y en la punta 
misma de la lengua se alza repentinamente un cerro escarpado á la altura 
de 129 metros. Se compone de capas horizontales de arenisca arcillosa, y 
su plataforma ancha sirve de base á un faro, que domina un horizonte vastí- 
simo. De la Puntilla la costa retrocede derepente al SEE con un arco suave, 
formando la Bahia de St\ Elena, en cuyo fondo se halla el Puerto de Baile- 
nitiu V2 legua distante de St\ Elena. El puerto, abierto á los nortes, presenta 
poca comodidad al embarque y desembarque, aunque no es peligroso para 
los buques mayores que fondean muy afuera. 

La Bahia de St*. Elena se cierra con la Punta Centinela, y de ahi la 



22 topografía. — capítulo i. 

cosía sigue un rumbo general de S-N hasta el Cabo de San Lorenzo. 
Sincmbargo la linea es bastante irregular y forma como dos senos grandes 
al Sur y al Norte de la Punta de Sálango. Ya antes de esta última encon- 
tramos tres Puntas menores : la de Ayangue con un islote, el Pelado, á 3 millas 
do distancia al NO, la Punta de Montañita, un poco al Norte del pueblo 
do Manglar alto, y la Punta de Ayampe con dos islitas inmediatas, que se 
llaman los Ahorcados. 

Im Punta de Salango se halla situada bajo 83° 14' Long. y I o 35' Lat. S. 
Un canal de 1000 metros de ancho separa la Punta de la pequeña isla Sa- 
lango, atrás de la cual se halla todavía otro islote aun mas pequeño. Omitiré 
algunas islitas mas, que siguen al Norte de Salango, inmediatas á la tierra 
firme y sin importancia ninguna. Lo que debo apuntar es la ensenada de 
Machalilla y Callo, porque es un fondeadero bastante frecuentado de los 
buques veleros, que reciben la tagua (marfil vegetal) de una parte de la 
Provincia de Manabí. 

Casi enfrente de dicha ensenada y á la distancia de 15 millas de la 
tierra hacia Oeste, se levanta del mar la isla de la Plata. Mide 5 l h kilóm. 
de largo, 2 kilóm. de ancho, y 14 kilóm. □ de área. En los alrededores de 
esta isla se encuentra la concha de perla, pero su pesca, iniciada en varias 
épocas, ha dado hasta ahora resultados poco satisfactorios, y las empresas 
se sostienen mas bien con el valor de las conchas (de la madreperla) y no 
de las perlas mismas. 

El Cabo de San Lorenzo, situado en 83° 15' Long. y I o 3' Lat. Sur, forma 
con la Punta de San Mateo, que se halla un poco mas al N, un promon- 
torio no muy alto pero ancho, dando margen á la formación de la Bahía da 
Manta, que en todo es muy análoga á la de St\ Elena. El seno de la costa 
se extiende también de Oeste á Este, y el Puerto de Manta participa de las 
condiciones poco favorables del de la Bailen ita. La Bahia se cierra con la 
Punta de Jaramijó, y en seguida la costa se dirige otra vez con algunas 
sinuosidades al N. hasta el Cabo Pasado. La desviación mas grande en este 
trecho es ocasionada por la Bahia de Caráques, que en forma de un rio 
ancho se introduce unas 8 millas náuticas tierra adentro. El pueblo del 
mismo nombre, que es cabecera de un cantón, se halla al principio de la 
bahia sobre la orilla austral. La entrada á la Bahia mide apenas 1 milla 
de ancho; hacia adentro se ensancha por partes algo mas, pero en general 
se parece mas bien á un estero grande que no á una bahia en el sentido 
común de la palabra. Si no fuera por un arrecife, que se extiende trans- 
vorsalmente delante de su boca, cerrándola para los buques grandes, la bahia 
de Caráques seria el puerto mas hermoso y mas seguro de toda la costa 
ecuatoriana, porque adentro tiene fondo y capacidad para los buques mas 



EL MAR Y LAS COSTAS. 23 

grandes del mundo. Poro ese impedimento obliga los vapores y otros bu- 
ques grandes á fondear afuera del arrecife mencionado, y este fondeadero 
no vá en zaga de los de Ballenita y de Manta en cuanto á su incomodidad. 
En el caso de que se realice algún dia el ferrocarril proyectado entre Quito 
y Bahia de Caráques, y que en consecuencia la importación y exportación 
del puerto tome un vuelo mayor, será indispensable abrir un canal ancho y 
hondo en aquel arrecife, operación que no será difícil ni demasiado costosa. 

Pocas leguas al Norte de la Bahia encontramos el Cabo Pasado en 
#2° 50' de Long. y o 22' de Lat. Sur. Los antiguos historiadores (por ej. 
P. Cieza de León) lo llamaron «Cabo de Passáos» y hablan de «indios Passáos» 
en sus alrededores, de donde algunos infieren, que el Cabo recibió su nombre 
de aquellos indios. Pero me parece que el nombre primitivo, dado por los 
Españoles, era el de «Cabo pasado», es decir, el Cabo primero que se en- 
cuentra pasada la linea equinoccial, viniendo de Panamá. Por abreviación 
se decia «Cabo pasado» y de la corrupción del último vocablo nació el «Cabo 
Pasao», como los pueblos de Engabao y Atravesao en el Cantón de St\ Elena 
se derivan de Engabado y Atravesado, y hasta hoy dia el pueblo costeño 
en su dialecto suele omitir la d en los participios en . . . ado (por ej. pasao- 
mañana en lugar de pasado- mañana). Con qué los indios Pasaos son los 
que vivían cerca del Cabo Pasado. Asi se habla también de indios Esme- 
raldas, indios Colorados, indios Tórtolas etc. que por cierto en su lengua 
no se llamaban asi. — Desde algunos años existe un faro sobre este Cabo. 

Desde el Cabo Pasado la costa toma el rumbo Noreste hasta la Punta 
Pedernales, por un trecho de 85 millas náuticas. Las pequeñas sinuosidades 
de esta linea son ocasionadas por las Puntas Cabuyal, Venado (o Borracho) 
Ballena (ó Jama), Brava y Palmar, la última muy cerca al paso de la linea 
equinoccial, y á poca distancia de la Punta Pedernales. — Después de la 
pequeña ensenada de Pedernales se dirige la costa con una curva suave al 
Norte hasta las cercanias del Cabo de San Francisco. Pero la regularidad 
de la curva se interrumpe en medio camino por el ancho Estero de Cojimies 
y por tres islas. Aquí encontramos por primera vez, después de la isla de 
Puna, una extensa región baja en la costa, que favorece la formación de 
esteros y manglares, como en varios lugares del Golfo de Guayaquil (Payana, 
Puna, Estero Salado). En esta depresión notable se introduce vi Estero de 
Cojimies con una boca muy ancha (cerca de 8 millas) dividida en dos brazos 
por la larga y angosta isla de Cojimies. Unas ü millas tierra adentro se 
ensancha en forma de una poza ó de un lago hermosísimo, con -4 islitas en 
el centro. Este pailón de forma redonda irregular, tendrá en su parte mas 
ancha de 4 á 5 millas de diámetro y se prolonga hacia el Sur en un estero 
mas angosto hasta las cercanias de Pedernales, dejando entre si y la costa 



24 topografía. — capítulo i. 

del mar una cadcnita de colinas arenosas, cuyo punto mas alto y mas 
saliente se llama Punta Suroncs. Delante de la Boca de Cojimies se ex- 
tienden los inmensos bancos y bajos de Cojimies, que cierran la entrada al 
manso y hondo estero interior para las embarcaciones mayores, y en todo 
son iguales á los bajos de Payana. 

Del brazo setentrional del Estero de Cojimies, que también se llama 
Boca de Daule, salen dos esteros mas pequeños formando la isla de Daule, 
en que se halla el sitio del mismo nombre. Finalmante, al Norte de la Boca 
de Daule entra otro estero, que se une con el de Pórtete y circunda la isla 
de Zapotal. Esta isla es mas importante que las dos anteriores y forma al 
occidente la Punta Zapotal.*) Inmediatamente al Norte de la boca del Estero 
(ó Rio) de Pórtete sale un Promontorio bastante alto, la Punta Pórtete, que 
separa la región baja de Cojimies de la otra igualmente baja de Muisne. 
Pero en esta última la formación de esteros es reducida á escala mas pe- 
queña y se manifiesta solo en La Manga y la boca ancha del rio Muisne. 

Al Norte de la Punta Pórtete comienza, con la ensenada de Mompiche, 
la gran Bahia de San Francisco que se cierra con el cabo del mismo nombre. 
La bahia, aunque no es un puerto muy bueno y seguro, sirve en ciertas 
estaciones del año á las balleneras de fondeadero. 

El Cabo de San Francisco, situado en 82° 28' de Long. y o 40 7 de Lat. 
Norte, forma con la Punta Galera, que se halla un poco mas al Norte, un 
Promontorio ancho, muy parecido al de San Lorenzo; y desde ahí la orilla 
es franjeada do barrancos altos hasta muy cerca de la boca del rio Santiago. 
Desde la Punta Galera la costa cambia considerablemente de rumbo, diri- 
giéndose al Este con una pequeña declinación al Norte. La primera Punta 
notable es la de Sua, tras de la cual se halla la pequeña ensenada de Sita 
y Atacantes con un fondeadero poco frecuentado. Después sigue la Punta 
Gorda, y 5 millas mas adelante se abre la boca ancha del Rio Esmeraldas. 

El Puerto de Esmeraldas tiene su analogia con el de Bahia de Caráques, 
por cuanto los vapores y buques grandes tienen que fondear muy afuera de 
la boca del rio, y por cuanto que está cerrada por un arrecife ó banco 
transversal. De la boca de Esmeraldas la orilla corre unas 4 millas al Este, 
entonces sube al NE para formar la Punta Verde, y en seguida vuelve al 
rumbo E, que conserva hasta el rio de Vainilla, donde acaban los barrancos 
altos y comienza una inmensa llanura, que se extiende sin interrupción hasta 
mas allá de la frontera de Colombia en el rio Mira. 



*) Esta punta figura en los mapas antiguos con el nombre «Punta Manglares»», que 
es desconocido entre los habitantes del pais, y ademas impropio, porque en en ella no 
hay manglares. 



EL MAR Y LAS COSTAS. 25 

Desde el rio Vainilla sigue la playa del mar, sin accidento notable, en 
dirección NE hasta la boca del rio Santiago cerca de la Tola; pero entre esta 
boca y la del rio Mira encontramos una red complicadísima de esteros é 
islas rodeadas de manglares, que nos recuerda de nuevo las regiones de 
Payana y del Estero Salado de Guayaquil. Las islas principales son la de 
la Tola, enfrente del pueblo de este nombre, la de Santa Rosa y la de San 
Pedro. Los esteros y canales que se ramifican atrás de las islas, comunican 
por 3 ó 4 bocas grandes con la mar; en algunos puntos se estrechan, en 
otros se ensanchan considerablemente. Los dos ensanches mas grandes se 
llaman la Poza y d Pailón, y serian fondeaderos magníficos y seguros, si 
la entrada á ellos fuese mas fácil. En el estero mas setentrional, cuya boca 
se llama de Pianguapi, entra el rio Mataje, y en el mas meridional desagua 
todo el gran sistema fluvial del rio Santiago. Desde la Boca de Pianguapi 
comienza el delta del Mira, y la costa vira al NO para formar la Punta 
Mangles en la frontera de la República. 

El gran seno entre Punta Mangles y la boca del Santiago se llama la 
Bahía de Ancón de Sardinas. Ella está llena de arrecifes y bajos, que riva- 
lizan con los de Cojimies y de Payana y dificultan el acceso de los buques. 

Como se vé en el mapa á primera vista, las islas de Payana, de Cojimies 
y las de que acabamos de hablar, propiamente no son marinas, sino mas 
bien fluviales, como las que se forman en los deltas de los rios con los 
materiales (arena y lodo) arrastrados por estos últimos. No importa, si estos 
deltas sean formados de muchos rios pequeños ó de los brazos de un solo 
rio grande. Y lo que confirma este modo de considerar esas regiones bajas, 
es la circunstancia, do que su terreno superficial consta de aluviones mo- 
dernas, y de que se hallan precisamente delante de ellas muchos arrecifes 
y bajos de arena y lodo. La costa todavía no está bien marcada y estable, 
ora se retira, ora avanza, y en las conquistas de la tierra los manglares, 
como vanguardias, desempeñan un gran papel. 

Del mar y de las islas de Galápagos trataremos en un capítulo separado. < 7j 



Capítulo II. 
La región central ó andina. 

Sección I* La región fronteriza al Sur del nndo de Sabanilla. 

Principiemos nuestro estudio al Sur de la República, en aquella parte en 
que el gran Marañon, bajando del alto Perú en dirección SSE-NNO, se 
acerca hasta 43 leguas en linea recta al Océano Pacífico (bahía de Sechura), 
para virar en seguida con un arco grande al Este. En esta región se ha- 
llaba el lindero de la antigua Presidencia de Quito, pocos minutos al Sur del 
grado 6° Lat. austr. y de la boca del río Huancabamba ó Chamaya. Entre 
el curso de este último río y los desiertos de Sechura se levanta ]a Cor- 
dillera de los Andes y sigue un rumbo casi recto al Norte hasta cerca de 
Loja, con una altura variable de 3000 á 3500 metros. En la Latitud Sur 
de 6 grados sus vertientes occidentales están completamente bajo el influjo 
del clima seco de la costa peruana; sus flancos escarpados son áridos y fal- 
tos de vegetación vigorosa, los riachuelos que bajan al occidente, se pierden 
pronto al pié de la Cordillera en los arenales de los departamentos de Lam- 
bayeque y Piura. Desde el grado 5° ya se hace notar mayor humedad, que 
crece á medida que avanzamos al Norte; los ríos son mas numerosos y mas 
caudalosos y se reúnen en el río do Piura, el cual siguiendo el pié de un 
largo ramal de la Cordillera principal, llega con bastante agua hasta la ciu- 
dad de aquel nombre, aunque de ahí se pierde también en la arena, y solo 
en inviernos fuertes alcanza á la bahía de Sechura.*) 

La rama occidental que acabo de mencionar, y que sale de la gran Cor- 
dillera r»>el «mírente de Huaneahamba (5° Lat. S aproximadamente) corre 
al principio al N y después al O hasta las cercanías do Sullana en las 

i estas fonsidevaeioii^s liflMu de una parte limítrofe del Peni, esto; - muy 

■ pretender ijuc el Ecuador tenga éilgun derecho sobre ella; lo hago ún ¡cara en I o 

¡i Ui'BL'i'ijiL'iuii tibien de lu.s Andes, que luego entran en terreno ecuatoriano. 




LA REGIÓN CENTRAL Ó ANDINA. 27 

orillas dol rio Achira, y sopara el sistema fluvial del rio de Piura de los del 
rio Quiroz y del rio Supirá, que ya son tributarios del Achira. 

£1 segundo ramal grande, que sale de la Cordillera principal hacia el 
Oeste, nace un medio grado mas al Norte, en el nudo de Sabanilla y se 
extiende entre el rio Quiroz y el rio Macará hasta muy cerca de las desem- 
bocaduras de estos dos ríos en el Achira, abajándose mucho en su último 
tercio, desde el pueblo de Suyo. Este ramal, que podemos llamar Cordillera 
de Ayavaca, aunque cae en toda su extensión todavía en terreno peruano, 
ya es de mayor importancia para nosotros, porque en el ángulo setentrional 
formado con la Cordillera real, nace el rio Macará y la Quebrada de Espín- 
dola, que es la frontera ecuatoriana. De este punto corre la linea divisoria 
sobre la cresta misma de la Cordillera real hacia el Sur. (8) 

Un poco mas al Sur del nudo de Sabanilla sale un ramal grande hacia 
SSE, separando las cabeceras del río Huancabamba del sistema fluvial del 
Chinchipe. Este ramal baja al Sur hasta la cercanía de Jaén de Bracamo- 
ros, y podríamos llamarlo Cordillera de Huancabamba, porque forma con la 
Cordillera real enfrente, el gran valle del rio de Huancabamba. — Esta Cor- 
dillera se bifurca en su primer tercio, emitiendo una rama secundaria al 
Este hasta las orillas del rio Chinchipe, y en esta bifurcación se halla la 
hoya del rio Tabaconas, que en la carta de Maldonado y en casi todas las 
antiguas, por un error notable se identifica con el rio de Huancabamba. — 
Varios estribos mas cortos, que salen tanto de los citados ramales grandes, 
cuanto de la Cordillera real misma, hacia el E ó SE, separan los valles de 
los tributarios del Chinchipe. 

El largo nado de Sabanilla se extiende y se prolonga en dirección SSÜ- 
NNE. De su vertiente occidental descienden, ademas de las cabeceras del 
Macará, también las del rio Catamayo, estando separadas entre si por la 
Cordillera de Santa Rosa, que arranca del Nudo al NNO y flanquea el valle 
de Piscobamba. Otras ramas salen en dirección opuesta, al SSE, entre los 
ríos Chinchipe (Valladolid), Numbala, Ayñayña y Loyola; y finalmente sigue 
la gran rama de la Cordillera de Cóndor, que separa todo el sistema fluvial 
del Chinchipe del otro no menos grande del rio de Zamora. 

Antes de proseguir por la Cordillera real, volvamos á describir los rios 
de esta porción mas meridional de la zona central. 

El rio Chinchipe nace en el ángulo que forma la Cordillera real con 
la Cordillera de Cóndor, sobro el nudo do Sabanilla. Al principio corre, con 
el nombre de rio de Valladolid, de NNO al SSE. Cerca del pueblo de este 
mismo nombre se reúne con el rio Molina, que desciende del mismo nudo, 
y unas dos leguas mas abajo recibe el primer tributario algo considerable, 
que se llama rio Palamla y desemboca entre los sitios de Santa Ana y 



28 topografía. — capítulo ii. 

Palanda. Este último rio viene del lado O y nace sobre la Cordillera real 
cerca de las cabeceras del rio Macará. Del mismo lado derecho entran los 
dos rios pequeños de Cotoyacu y Yambanuma, y en seguida el mas grande 
de Valanuma, que en su curso medio ha recibido el rio Sodacu del lado N. 
— Todos estos rios corren en valles separados por las ramas de la Cor- 
dillera, de que hemos hablado mas arriba, y que se abaten á medida que 
se acercan á la orilla del rio Chinchipe. 

Un poco abajo de la boca del Palanuma entra del lado izquierdo el rio 
Numbala, formado de varios rios pequeños, que nacen como el rio de Valla- 
dolid, en el nudo de Sabanilla y corren paralelos con él. Los principales 
son el rio de Quebrada honda, el Ayñayña y el rio de hoyóla, separados por 
sendas cordilleras longitudinales. — Otro tributario del rio Numbala es el 
Vergel, que viene de la Cordillera de Cóndor y de un subramal de ella, que 
se llama Cordillera de Vergel. 

Engrosado el Chinchipe con el Numbala ya forma un rio de mucho cau- 
dal y se declina mas y mas al Este. Muy inmediato á la boca del Num- 
bala entra el rio Púnchiz del mismo lado, y algo mas abajo del lado opuesto 
el Isimanchi, á poca distancia del pueblo de Zumba. Si proseguimos el ca- 
mino del lado derecho, llegamos después de cruzar algunas quebradas de 
poca monta, en dos ó tres leguas (si el camino fuera recto y bueno) al rio 
Cánchis, que es bastante considerable y ademas importante por ser la fron- 
tera pretendida de parte del Perú. El Cánchis baja de la Cordillera real y 
se llama en su parte superior también rio de los Gamalotales. Por él cruza 
un camino de Zumba á Huancabamba. Enfrente de su boca entra del lado 
E la quebrada de Cliito-yacu. en cuyas cabeceras no muy distantes del Chin- 
chipe, se halla el pueblo de Chito. Dos horas mas adelante encontramos un 
tributario mas grande, el rio de San Francisco, muy poco conocido, pero 
cuyas cabeceras deben nacer en las ramificaciones inferiores de la Cordillera 
de Cóndor. — En seguida entran en ambos lados del Chinchipe una multi- 
dud de pequeños rios que no enumeraremos detalladamente. En sus valles 
se encuentran varias haciendas y pequeños sitios, pero siempre á cierta dis- 
tancia y altura sobre las orillas del rio Chinchipe, que tienen la fama de 
ser malsanas. El lado derecho es el mas importante, porque sobre él sigue 
el camino real que conduce de Zumba (respectivamente de la provincia de 
Loja) á Jaén de Bracamoros, por los pueblos de San Ignacio (5 o Lat. S) y 
Chirinos (5 o 15' Lat. S). 

Entre tanto el Chinchipe ha tomado otra vez su rumbo primitivo al 
SSE y recibido su último tributario grande del lado izquierdo, que se llama 
rio de Chirinos, de que no sabemos mas que del rio de San Francisco. — 
Un poco mas al Sur de Chirinos, cerca de los sitios de Chinchipe y Juntas, 



LA EEGION CENTBAL Ó ANDINA. 29 

entra del lado derecho el rio Tabacunas, que en las cartas antiguas, como 
ya he dicho, fué confundido con el rio de Huancabamba. Nace en efecto 
muy cerca a la villa de este nombre, pero separado de ella por la Cordillera 
de Huancabamba. Es decir, el sistema del rio Tabaconas, que se compone 
de muchos riachuelos de poca monta, ocupa el espacio entre la Cordillera 
de Huancabamba, que baja á Jaén, y el subramal de esta misma Cordillera 
que baja á Chirinos. — Desde la boca del Tabaconas el Chinchipe ya no 
recibe ningún rio, se ensancha mucho y es navegable. Su boca se halla 
según Wertheman en 5 o 28' Lat. S. y 80° 52' 12" Long. O de París. 

El rio de Huancabamba, que abajo y cerca de su boca se llama 
también rio Chamaya, nace en la Latitud S de f> grados (aproximadamente) 
en aquel ángulo que forma la Cordillera principal con el ramal de Huanca- 
bamba, y corre en el valle formado por estas dos cadenas, con un rumbo 
general de N-S hasta la Latitud de í>° 40'. De ahi se dirige por un arco 
abierto al SE, luego al E y finalmente al NE hasta su boca en el Marañon 
cerca del pueblo de Chamaya, en 5 o 48' LaL S. — Sus tributarios de ambos 
lados son numerosos, pero casi todos pequeños y cortos. En su tercio su- 
perior se halla á su orilla izquierda la villa de Huancabamba en 5 o 14' Lat. S 
y 1953 metros de altura sobre el mar. 

Entre la boca de Chamaya y la del Chinchipe entran al Marañon al- 
gunos ríos pequeños, de los cuales el de Jaén es el mas considerable. Sobre 
su orilla izquierda se halla, á la distancia de pocas leguas del Marañon y 
en la altura de 740 metros sobre el mar, la villa de Jaén, que no es idéntica 
con el antiguo Jaén de Bracamoros, cuyas ruinas están cerca de la boca 
del Chinchipe y no muy lejos de las ruinas de Tomependa. 



Sección II a . La región entre el nudo de Sabanilla y el rio Jubones. 

La región en que entramos, comprende la parte mas importante de la 
provincia de Loja y el cantón de Zaruma. — La Cordillera real de los Andes 
corre desde el nudo de Sabanilla con bastante regularidad de S al N hasta 
los páramos de Zaraguro, y no presenta ninguna dificultad á la explicación; 
pero todo el pais al occidente de la gran Cordillera tiene una composición 
orográfica muy complicada é irregular, y será difícil considerar todas sus 
montañas como simples ramales de la Cordillera principal ; se presentan mas 
bien como eslabones disyuntos de una cadena occidental. 

Ya hemos dicho, que del nudo de Sabanilla sale al NO la Cordillera de 
Santa Rosa, y al SE la Cordillera de Cóndor. La primera es angosta, se 
abaja pronto y tiene ramas cortas é insignificantes; pero la segunda emite 



30 topografía. — capítulo n. 

varios ramales largos hacia NE entre los tributarios del rio de Zamora. Mas 
al N nacen estos ramales divisorios en la Cordillera real misma, que en esta 
parte (desde el Nudo de Sabanilla hasta la cortadura del rio de Zamora) 
podemos llamar Cordillera de Zamora. — Al otro lado del hondo valle trans- 
versal del rio de Zamora sigue la Cordillera otra vez con el mismo rumbo 
y sin interrupción, por el Acayana é Imbana hasta el Yana-urcu, ó el pequeño 
valle transversal del rio Shingata (3 o 34' Lat. S). En este trecho sale, fuera 
de algunas ramas menores que se dirigen al rio Zamora, una mas alta y 
mas larga, separando el sistema fluvial de este último rio del del rio 
Bomboisa. 

Desde 4 o 8' Lat. S, pocas leguas al S de la ciudad de Loja, encontra- 
mos una Cordillera occidental, que corre paralela a la oriental hasta 4 o 44' 
Lat. S un poco al N de San Lúeas. Esta Cordillera occidental, que tiene 
24 minutos ú ocho leguas de largo, comienza con el Cerro Achira sobre Mala- 
catos, sigue por Clionta-cruz, Villonaco, las alturas de Sacama, de Cachipiro 
y de Santiago hasta el Guagra-uma; ella es angosta y emite ramas cortas 
á ambos lados. Mientras que la Cordillera oriental se levanta á 3500 y á 
mas de 4000 metros de altura, la occidental en su parte meridional apenas 
alcanza la de 3000, y solo en su extremo norte, en el Guagra-uma, sube á 
4000 metros. 

La Cordillera occidental está unida con la oriental por dos nudos trans- 
versales, uno en el extremo sur, se llama Cajamma y es bajo; el otro al 
extremo norte podemos llamar el de Acayana ó de Guagra-uma, porque corre 
desde el Acayana en la Cordillera oriental por el Ramos- urcu sobre San 
Lúeas, hasta el Guagra-uma. Este nudo se compone de páramos extensos 
y es muy alto. — La región comprendida entre las dos Cordilleras y los 
dos nudos es el valle ó la hoya de Loja. 

Este valle longitudinal se divide en dos partes desiguales: La parte 
setentrional, desde San Lúeas hasta el sitio de Salapa, es muy angosta, 
porque las faldas interiores de las dos Cordilleras se acercan mucho; en 
partes no es mas que una quebrada encajonada, que dá paso al rio de Jun- 
tas y al rio de Zamora, antes que se reúna con aquel. La parte meridional, 
que es la hoya de Loja propiamente dicha, presenta una forma ovalada, se 
extiende longitudinalmente desde el sitio de Salapa hasta el Cajanuma por 
tres leguas, y transversalmente desde el Villonaco hasta el cerro de Yana- 
cocha sobre Loja, por dos leguas escasas. 

La hoya de Loja es la cuna del rio de Zamora, que abajo en la región 
amazónica se reúne con el rio Paute y forma el caudaloso rio de Santiago. 
— De las faldas de ambas Cordilleras y de los nudos bajan riachuelos; 
estos constituyen en la parte setentrional el rio de San Liicas ó de Juntas, 



LA REGIÓN CENTRAL Ó ANDINA. 31 

que corre de N á S. En la parte meridional mas ancha nace el rio de Mala- 
cates sobre el nudo de Cajanuma y el rio de Zamora sobre la Cordillera 
oriental; ambos se reúnen cerca de Loja y llevan de allí el nombre del úl- 
timo. En la hoya entra todavía del lado E el riachuelo de Jipira, y del lado 
O el de Salapa. — En seguida corre el Zamora, siempre con el rumbo S— 
N, en una quebrada honda y angosta, hasta encontrarse con el rio Juntas. 
Unido con él se dirige casi en ángulo recto al E y rompe el dique de la 
Cordillera oriental, para virar luego al Sureste. — Al otro lado de la Cor- 
dillera real el Zamora recibe varios tributarios de ambos lados; del derecho 
entran el Huacapanto, los ríos de San Antonio y de San Francisco, el de 
Sabanilla y el Batnbuscara, cerca de cuya desembocadura se halla el pueblo 
de Zamora*) Los ríos nombrados bajan de aquella parte de la Cordillera 
oriental, que mas arriba he llamado Cordillera de Zamora, mientras que los 
siguientes que entran del mismo lado derecho, traen su origen de la Cor- 
dillera de Cóndor, y son el Jamboé, Timbara, Cumbaraga, Nambija, y otros 
que ya pertenecen á la baja región oriental. — Entre los muchos rios que 
engruesan el Zamora del lado izquierdo, nombraremos el Imbana unido con 
el ffio negro y cuyas cabeceres se hallan en el nudo de Acayana y en la 
montaña de Imbana. — De un ramal largo de la Cordillera bajan el rio 
Zurambéla, el rio Janeiro (enfrente del pueblo de Zamora) y muy abajo el 
rio Yanazambi, que parece ser uno de los tributarios mas poderosos del rio 
Zamora. — Reservémonos el resto de este rio para la descripción de la Re- 
gión oriental, y regresemos al valle de Loja. 

La hoya interandina de Loja, la primera que encontramos en el Ecuador 
viniendo del Sur, es la mas pequeña y á la vez la mas baja, puesto que 
tiene solamente 2200 metros sobre el mar. (9) Casi en su centro se halla la 
pequeña capital de la provincia, Loja (2220 m.) sobre una reducida llanura 
en el triángulo que forman los rios de Malacatos y de Zamora en su reunión, 
precisamente bajo 4 o Lat. S. — Fuera de ella la población de la hoya se re- 
duce á los dos pueblos de Santiago y de San Lúeas (2G55 m.) al extremo 
norte, y á algunos sitios pequeños cuales son el Valle, Salapa, Juntas y 
otros. Con excepción del pequeño llano en que se halla Loja, el terreno de 
la hoya es bastante desigual y quebrado. La valla de la Cordillera oriental 
es muy alta y pasa en algunos puntos de 4000 metros; por ella conduce 
un camino áspero á Zaruma. La valla meridional y la occidental son bajas. 
El punto mas alto del camino que pasa de Loja á Malacatos por el Caja- 
numa, tiene solo 2525 metros, el camino que conduce al valle de Catamayo 

*) No es idéntico con la antigua villa de Zamora, cuyas ruinas no se han encon- 
trado todavía, pero que deben hallarse probablemente mas al N y á la banda opuesta 
del rio. 



32 topografía. — capítulo ii. 

se halla al lado del Villonaco en 2786 metros; el Villonaco mismo no pasará 
mucho de 3000.*) La altura de la Cordillera entre Sacama y la hacienda 
de Taquil es de 2800 m. y de allá crece hacia el Norte. El camino que 
cruza el nudo entre San Lúeas y Zaraguro, tiene en su punto mas alto sobre 
el Ramos-urcu 3259 m. de altura, y el Guagra-uma llega á 4000 metros. 

El nudo setentrial es muy ancho y comprende también los extensos 
páramos al Sureste de Zaraguro, entre los cerros de Acayana ó Imbana, el 
Ramos-urcu y el cerro de Pulla, un cono aislado y empinado sobre el pueblo 
de Zaraguro. La altura de esta meseta es de 3151 metros en el punto donde 
pasa el camino real al pié del Pulla y al lado de la pequeña laguna de 
Zaraguro, pero se levanta á alturas mucho mas considerables. El pueblo 
de Zaracfuro ya se halla en el declive setentrional de la meseta, en la al- 
tura de 2692 metros. Desde ahí principia la gran hoya del rio Jubones. 

Si ahora dirigimos la mirada sobre la parte occidental de la provincia 
de Loja, llama nuestra atención ante todo una Cordillera alta, que saliendo 
del nudo de Guagra-uma se dirige con el nombre de Cordillera de Chilla al 
NOO y se declina después con el de Duman al Sur, hasta las orillas del 
rio Túmbez, abrazando como un gancho abierto el cantón de Zaruma en la 
provincia del Oro. Otro ramal sale del mismo Guagra-uma en dirección 
SO con el nombre de Huaira-urcu, mas abajo Cordillera de Amboca, cuyas 
últimas ramificaciones llegan igualmente al río Túmbez, de suerte que las 
dos Cordilleras mencionadas forman la amplia hoya de Zaruma, que se abre 
solo por el valle de Túmbez entre Capiro y Congonamá hacia el Oeste. 

Del Guagra-uma y de la Cordillera de Chilla salen multitud de ramas 
cortas al N bajando á las orillas del rio Jubones. En sus faldas inferiores 
se hallan los pequeños pueblos de Mano, Ynlug, Guanasang y Chilla. Varios 
son los ramales que se dirigen al Sur y al centro de la hoya, separando 
los valles y rios de Amboca, Salati, Luis, Amarillo etc.; pero la mas impor- 
tante es la de Biscaya, que remata con el Sesmo sobre Zaruma y separa el 
rio Amarillo del rio Calera y del de Minas nuevas. Después siguen todavía 
las ramas de Sichacay y de Palto. 

La Cordillera de Chilla tiene de 3500 á 4000 metros de altura, pero 
desde el punto, en que vira al Sur (desde Chillacocha) empieza á abatirse 
considerablemente y se llama Cordillera de Dtwiarí. Sobre Ayabamba se 
ramifica; una rama baja con el nombre de Chilchiles entre el rio de Calera 
y el de Pifias, y concluye con un cerro alto llamado Piedra blanca, sobre 

*) El Villonaco debe su fama do ser una montaña muy alta tan solo á su posición 
aislada sobre una cordillera relativamente baja, es decir, á su altura relativa, no á la 
absoluta sobre el nivel del mar. Colocado en la Cordillera oriental no llegaría á la 
cresta de ella. 



LA REGIÓN CENTRAL Ó ANDINA. 33 

el rio Túmbez. Otra rama rodea el valle de Pinas hacia 80 y se prolonga 
al O en las montañas de Tag'úin, que separan el valle del rio Túmbez del 
sistema del rio de Arenillas. — Arriba de Ayabamba salen de la misma 
Cordillera varios ramales largos al O y NO, uno entre el rio de Arenillas 
y el de St*. Rosa, otro entre este último y el rio de Calaguru. De los cer- 
ros de Chillaeocha y de Angostura, que son partes de la Cordillera de Chilla, 
baja la rama de Calagnru hacia Santa Rosa y dos mas, formando el valle 
del rio de Buenavista. En fin, la Cordillera de Chilla es un núcleo, de que 
nacen muchas cordilleras secundarias y muchos rios. 

La Cordillera de Huaira-urcu y Amboca tiene al principio la altura de 
unos de 3500 metros, pero entre la Cuesta de Amboca y el pueblo de Cisne, 
donde la cruza el camino real de Zaruma á Loja, no tiene mas que 2540 y 
en seguida baja aun mas, al mismo tiempo que se bifurca. Su prolongación 
recta vá por Chihuango á las orillas del rio Túmbez enfrente del cerro de 
Piedra blanca. El otro ramal declina al SO, sobre Cisne, á los altos de 
San Bartolo. Allá se divide de nuevo, siguiendo la rama mas corta el curso 
del Catamayo, desde Catacocha hasta el lluato, y la rama mas larga y prin- 
cipal la dirección al Oeste por Conganamá, (iuachanainá y hasta mas allá 
de Alamor, cerrando del lado meridional el largo valle del rio Túmbez. Pero 
cerca de Guachanamá sale otro ramal, la Cordillera de Célica, tirando al 
SO, á la orilla derecho del Catamayo. Entre el ramal de Catacocha y el 
de Conganamá y de Célica se halla el valle de Casanga, y entre el de Célica 
y el de Alamor el valle superior del rio de Alamor. 

La Cordillera de Alamor, que en el pueblo de este nombre tiene todavía 
1512 metros, se abate desde ahí rápidamente y unas (i leguas al SO, donde 
la cruza el camino entre los sitios de Manguito y Casadero, cerca de la 
frontera peruana, no tiene mas que 500 metros de altura. Pero entrando 
en los desiertos de Túmbez se levanta otra vez á alturas muy considerables 
(1000 á 1200 ni.) y corre hacia la Punta Purina, al Sur del Cabo Blanco, 
con el nombre de Cordillera de Amotape o de Brea, 

Resta decir cuatro palabras de las montañas que se hallan en el trián- 
gulo formado por el rio de Macará, el rio Catamayo y la Cordillera de 
Santa Rosa, que baja del nudo de Sabanilla y remata en la cuesta de Má- 
tala. Estas montañas no están en conexión directa con las Cordilleras altas 
y se hallan separadas de los ramales principales de ellas por valles y rios. 
Solo entre Mátala, Gonzanamá y Numbucolu se halla un pequeño nudo, que 
las une con el ramal de St tt . Rosa. Este nudo tiene encima de la cuesta 
de Mátala, en donde lo cruza el camino real, la altura de 2GG9 metros y 
parece ser el punto culminante de toda esa región. Fuera de unos pocos 
cerros aislados, como el cono empinado de Avaca cerca de Cariamanga, las 

Woi.r, Ecuador. 3 



34 topografía. — capítulo ii. 

montabas no presentan formas características, son redondeadas y el terreno 
es undulado. 

Asi como la orografía, también la hidrografía de la provincia de 
Loja y del cantón de Zarnma (que bajo su aspecto físico debemos reunir 
con ella) es muy complicada. — Ya conocemos la pequeña hoya de Loja y 
el sistema fluvial del Zamora. También ya he dicho, que las principales 
cabeceras del rio Macará (Quebrada de Espindola) nacen en el nudo de 
Sabanilla y descienden hacia NO al valle de Cairas. Allá, al pié de la Cor- 
dillera viene del lado X el rio Capilla y se reúne con el Macará, que en 
este sitio también se llama rio Calvas. El rio Capilla trae su origen y sus 
pequeños tributarios de la Cordillera de St*. Rosa. Desde el sitio de Calvas 
el rio Macará corre de E á O con pocas sinuosidades hasta su desemboca- 
dura en el Catamavo enfrente del sitio de Potrerillo. De ambos lados recibe 
pocos y pequeños riachuelos, que no merecen ser enumerados; algunos le 
vienen de los páramos de la Cordillera de Ayavaca, la cual separa su sistema 
del del rio Quiroz; y el lado derecho (de Cariamanga, Zozoranga, Macará) 
es aun mas escaso de agua, contándose apenas tres ó cuatro riachuelos. — 
El curso del rio es rápido, pues del sitio de Calvas (1060 m.) hasta su boca 
en el Catamayo ('250 m.) tiene una caida de XÍO metros en solo 12 leguas 
de distancia en linea recta. Tres leguas distante de la boca v á la orilla 
derecha se halla el pueblo de Macará (430 m.), por donde pasa el camino 
real de Loja á Piura. Xo hay otro pueblo en la orilla misma del rio, pues 
Sabiango, Zozoranga, Colaisaca, Cariamanga y Gonzanamá, todos en el ca- 
mino real de Loja, se hallan encima del valle de Macara ó Calvas, sobre las 
alturas, que separan este sistema fluvial del del Catamayo. 

El rio Catamayo abruza una región muy vasta con sus cabeceras, 
desde el nudo de Sabanilla hasta el (íuagra-uma. Todas las aguas que en 
esta extensión bajan al Oeste, sea de la Cordillera real (hasta el Cajanuma) 
sea de la Cordillera occidental de Loja, concurren á formar un sistema flu- 
vial muy singular. En la parte superior debemos distinguir dos venas prin- 
cipales: una baja del Guagra-uma por un hondo valle longitudinal de N á 
S y se llama rio Guayabal-, la otra que arriba se llama rio de Piscobamba 
y mas abajo Catamayo, baja del nudo de Sabanilla de S á N con alguna 
declinación al 0. Ambos rios se encuentran en dirección opuesta en el 
centro del ancho valle de Catamayo, y unidos viran repentinamente en un 
ángulo recto al Oeste. 

Comencemos con la vena principal, que es la meridional. Ella nace en 
el ángulo agudo que forma la Cordillera real con la de Santa Rosa, no muy 
lejos de las cabeceras del rio Chinchipe y de las del rio Macará, y corre 
siempre al pié de esta última Cordillera hasta Mátala. Al principio el valle 



LA KEGION CENTRAL Ó ANDINA. 35 

es angosto y recibe de su derecha las quebradas de Cachi-yacu, de Yangana 
y de Masanamoxa, que entra enfrente de la hacienda Pálmira (1748 m.). 
Desde ahí vira el rio siguiendo siempre el pié de la Cordillera de St a . Rosa, 
al NO y separándose de la Cordillera real, para tomar mas abajo de Mala- 
catos otra vez el rumbo N. Entre este arco, la Cordillera y el nudo de 
Cajanuma se extiende la ancha hoya de Vilcabamba y Malacates, de forma 
casi triangular. En esta región que presenta mucha analogía con la hoya 
de Loja, especialmente en su composición geológica, como veremos, el ter- 
reno es suavemente undulado y relativamente bajo. Los rios que bajan de 
la Cordillera alta tienen un desarrollo mayor que los antecedentes. El rio 
Chumbo y el rio Uchina se reúnen cerca del pueblo de Vilcabamba (1753 m.) 
en el centro de la hoya. El rio Malacates ocupa la parte setentrional del 
valle y desciende del nudo de Cajanuma de N á S, para virar al pié de los 
cerros hacia Oeste, pasando al lado del pueblo de Malacates (1000 ni.).*) — 
El rio Uchina se reúne con el de Malacates media legua abajo del pueblo 
y al pié del cerro metalífero de ¡Santa Cruz; y otra media legua mas adelante 
entran unidos en el rio de Catamayo. Los otros riachuelos que contribuyen 
al último, son insignificantes. 

La vena setentrional del rio Catamayo nace, como queda dicho, en los 
páramos del Guagra-uma y en las quebradas del Huaira-urcu. El valle se 
forma por la prolongación del último (Amboca, altos de San Bartolo) de un 
lado, y del otro por las ramificaciones de la Cordillera occidental, que con- 
stituyen los cerros de Chuquiribamba. Al principio el rio toma su nombre 
del sitio de Gnalel (2658 m.) por nacer en sus cercanías, pero en su curso 
medio é inferior se llama rio de Guayabal. Del lado derecho recibe el rie- 
cito de Cisne, que baja de las alturas de Amboca y pasa al lado del pueblo 
de aquel nombre (2390 m.). De la izquierda su tributario principal es el 
rio de la Toma, que nace en las inmediaciones del pueblo de Chuquiribamba 
(2910 m.) y corre en un valle hondo y angosto hasta el sitio de La Toma 
(1457 m.), donde entra en la llanura del valle de Catamayo. 

La llanura de Catamayo es la mas extensa y podemos añadir la única 
que existe en toda la provincia de Loja, si exceptuamos el pequeño llano 
en que se halla la ciudad de Loja. Su altura sobre el mar es de 1400 metros 
y tiene un clima muy fuerte y malsano. 

El rio Catamayo toma en el centro de la llanura, después de haberse 
unido con el Guayabal, el rumbo al SOO, que conserva cual mas cual menos 



*) Se vé que hay dos rios que llevan el nombre de Malaeatos. Ambos nacen en 
el Cajanuma; el primero se dirige al Norte y se reúne cerca de Loja con el rio Zamora, 
y el segundo tira al Sur y luego al Oeste, para entrar en el Catamayo. 

3* 



36 topografía. — capítulo ii. 

hasta la frontera del Perú; pero desde la confluencia del rio Macará cambia 
su nombre en el de Achira y se dirige por Sullana á la bahía de Paita. 
Dentro del terreno ecuatoriano el Catamayo recibe de la banda izquierda 
los pequeños ríos de Jerinoma, que baja de Nambacola, y de Bella María, 
que nace cerca de Cariamanga. Algo mas considerable es su tributario 
derecho, el rio Casanga, que viene del valle del mismo nombre, formado 
entre las cordilleras de Catacocha y de Cangonamá y Guachanamá. Si 
seguimos la orilla derecha del Catamayo hacia abajo, encontramos el sitio 
de Potrerillo enfrente de la boca del Macará, y tres leguas mas abajo el 
pueblo de Zapotillo, casi enfrente de la desembocadura del rio Quiroz, solo 
180 metros sobre el nivel del mar. Dos leguas mas adelante nos encontra- 
mos con el rio de Alamor, que por algunas leguas hacia arriba forma el 
lindero con el Perú. Este rio nace en las cercanías de Alamor y de Célica. 

* 

En su curso superior el rio de Alamor corre al O y luego al SO, pero en 
la parte media é inferior toma el rumbo al Sur. A unas dos leguas arriba 
de su confluencia con el Catamayo le entra del N un rio pequeño que se 
conoce con el nombre de a Quebrada de Pilares ó de las Pavas o y tiene im- 
portancia, en cuanto se considera como limite entre el Ecuador y el Perú, 
que de ahi tira casi en linea nieta de S-N al rio Túmbez. 

Nos resta hacer la descripción del sistema fluvial de la hoya de 
Zaruma. — Ya quedan indicados sus contornos: la Cordillera de Chilla y 
sus prolongaciones de un lado, y la Cordillera de Amboca y sus prolonga- 
ciones del otro. 

El rio Calera es el origen del rio Túmbez y corre en dirección N-S 
hacia el centro de la hoya. Recibe al principio del lado derecho el río Pallo 
y el rio Bono, y en su curso medio del lado izquierdo el rio de Minas nue- 
vas o de Sichacay de un valle hondo, intercalado entre los cerros de Biscaya 
y los de Siehacay, que son ramas de la Cordillera de Chilla. De la misma 
banda entra dos leguas mas abajo el rio Amarillo, que es un tributario con- 
siderable y desciende del lado NE. Entre este rio y el de Minas nuevas 
se levanta la Cordillera de Biscaya, una de las mas metalíferas de toda la 
República, en cuyas faldas occidentales y meridionales se halla el célebre 
distrito aurífero de Zaruma, ocupando el triángulo entre el rio Calera y el 
rio Amarillo. — La villa de Zaruma está casi en el centro de este distrito, 
sobre una grada de la Cordillera á la altura de 1200 metros. 

Una legua mas al Sur de la desembocadura del rio Amarillo se halla 
la del río Pindó formado de los tres rios Luis, Salatí y Amboca, que des- 
cienden de la Cordillera en dirección SOO. Después de la confluencia del 
Pindó con el Calera, el rio» toma el nombre de Túmbez y declina con un 
arco fuerte al Oeste, conservando esta dirección hasta la frontera del Perú. 



LA REGIÓN CENTRAL Ó ANDINA. 37 

Dicho arco rodea el pié oriental y meridional del alto cerro de Piedra blanca, 
que se levanta casi aislado entre el valle de Túmbez y el de Pinas, el úl- 
timo al lado occidental. Solo hacia el N el cerro está comunicado por un 
yugo angosto y bajo con la Cordillera de Chilchiles. — El rio de Pinas 
corre paralelo al rio Calera, de N á S, pero es mas corto y nace en las 
alturas de Dumari. Entra por el lado derecho en el Túmbez al pié de la 
Piedra blanca. En su curso medio se encuentra el pueblo de Pinas, en la 
altura de 1000 metros. Los demás rios que engruesan el Túmbez de este 
mismo lado, son insignificantes; mencionaremos solo el de Moromoro, que 
desciende de las alturas de Capiro. 

En el lado izquierdo encontramos el pequeño sistema del rio Yaguachi, 
entre los altos de Chihuango y de Chahuarbamba. Sus cabeceras nacen en 
el ramal de montañas, que sale sobre Cisne de la Cordillera de Amboca y 
tira hacia Catacocha. El rio desemboca algo mas abajo de la boca del rio 
de Pinas. Los demás riachuelos que descienden de la Cordillera de Con- 
gonamá y Alamor al Túmbez son pequeños y sin importancia. 

De las faldas occidentales de la Cordillera de Dumari nacen los rios de 
Arenillas, de St*.Rosa, de Calaguru, rio Neyro y rio de Buenavista, de los 
que hablaremos en otro lugar. 

Sección III a . La región entre el rio Jubones y el nudo del Azuay. 

Esta región abraza especialmente las provincias del Azuay y de Cañar. 

La Cordillera real tí oriental, que en la provincia de Loja seguía el 
rumbo S-N, comienza á declinar sensiblemente al Este en la latitud de 
Zaraguro, desdo los corros de Acayana é Imbana. La hemos seguido en la 
sección anterior hasta el cerro de Yana-ureu, á cuyo pié setentrional se 
halla una escotadura profunda, que dá paso al pequeño rio de Shingata. Este 
valle transversal, que no se encuentra en ningún mapa antiguo, es intere- 
sante, porque es el único lugar desde el rio Zamora hasta el rio Paute, en 
que la cresta de la Cordillera presenta una incisión, que sirve de desagua- 
dero á aguas interandinas hacia la región amazónica. Al otro lado de la 
quebrada de Shingata sigue la Cordillera sin interrupción, describiendo un 
arco suave al NE, hasta la parte que se llama Matanga y después otra vez 
al N, hasta el Allcuquiru á las orillas del rio Paute. 

En toda la extensión desde el nudo de Sabanilla hasta el Allcuquiru la 
Cordillera oriental parece no pasar en ningún punto la altura de 4200 metros 
y comunmente queda entre 3500 y 4000. Pero al otro lado del rio Paute 
su continuación se eleva á alturas mayores, á medida que se acerca al nudo 
del Azuay. Este trecho entro el Paute y el Azuay he llamado en mi cartita 



38 topografía. — capítulo h. 

de la provincia del Azuay (publicada en 1879) a Cordillera nevada», porque 
en los meses de Junio, Julio y Agosto siempre su cresta estaba blanqueando 
de nievo hasta 300 y 400 metros hacia abajo, y es probable que algunos 
picos conservan la nieve todo el año. Los picos del Azuay, que llegan á 
4500 metros, á la sazón no tenian nieve, y por comparación hecha sobre 
estos picos, y en mayor cercanía sobro las montañas atrás de Pindilic, he 
juzgado que aquella «Cordillera nevada» debe pasar la altura de 4500 metros 
en varios puntos. — En 2° 20* Lat. S. la Cordillera real se confunde con el 
nudo del Azuay, y aquí nos paramos por ahora. 

Muchas son los ramales cortos y largos que salen de la Cordillera real 
al oriente, pero hasta el dia son muy poco conocidos y estudiados. Por esto 
me contentaré con indicar los principales. — Uno, que ya mas arriba he 
citado, nace en el nudo de Acayana y se extiende entre el sistema fluvial 
del Zamora y el rio Bomboisa. Otro sale de Shingata y separa el valle del 
Bomboisa del del rio San Isidro. Algunos mas cortos dividen las quebradas, 
en que nacen las cabeceras del rio de Gualaquiza (rio Blanco, rio Rosario, 
rio Dionisio), que es tributario del Zamora. Finalmente al N de Matanga 
sigue uno mas considerable y mas largo que separa el sistema del Zamora 
(resp. del Gualaquiza) del sistema del rio Paute. — De la «Cordillera nevada» 
arrancan también varias ramas cortas al Sur y Sureste, y una mas larga 
que principia en el nudo del Azuay y divide los sistemas fluviales del Paute 
y del rio Upano (Morona); pero nadie conoce sus nombres y ningún explo- 
rador científico ha penetrado en esas montañas y selvas, que ya caen en la 
región oriental y bajo el dominio de los Jibaros salvajes. 

Si volvemos la mirada al lado occidental de la Cordillera real, obser- 
vamos, que desde las cercanías de Zaraguro hasta el nudo de Allparupashca 
y Tinajillas se extiende delante de la cresta angosta una grada ancha, que 
después cae con laderas escarpadas á los valles que entre Zaraguro y Na- 
bon bajan á la hoya del rio Jubones (arriba rio León). Esta meseta ó ante- 
grada de la Cordillera tiene una á una legua y media de ancho y mas de 
diez leguas de largo. Podríamos llamarla también altiplanicie, porque en 
efecto su terreno es por grandes trechos muy llano, ó se compone de pára- 
mos suavemente undulados, á la altura de 3000 á 3200 metros. Solo algunos 
cerritos aislados se elevan algo mas, y la cresta de la Cordillera misma la 
sobresale de 800 á 1000 metros. Los Incas llevaron sobre esta meseta fría 
el camino real, que conducía de Cuzco á Quito, para evitar el paso de tantos 
valles y rios, que cruza el actual camino entre Cuenca y Loja. En varios 
puntos, por ejemplo encima de la hacienda del Paso, entre ella y Shingata, 
se vé los restos de esa obra grandiosa del imperio incásico, una carretera 
ancha, bien empedrada, en que hasta hoy dia la vegetación del páramo 



LA REGIÓN CENTRAL Ó ANDINA. 39 

poco puedfc arraigarse. En los altos páramos del Azuay se puede hacer la 
misma observación. 

Sobre la meseta, de que tratamos ahora, nacen pequeños arroyuelos que 
constituyen las cabeceras de los rios de Zaraguro, Oña, Udushapa, Tabla- 
yacu, Charcay y Nabon, dirigiéndose todas al Oeste. Solo el rio de Shin- 
gata, cuyas fuentes se precipitan de los auriferos peñascos de Sliingata, ha 
tenido el capricho de correr hacia el Sur al pié de la cresta de la Cordillera, 
hasta encontrar el abra al lado del Yana-urcu, por la cual busca la región 
oriental. Es muy probable que el Sliingata sea el origen del rio Bomboisa, 
aunque nadie ha seguido su curso allende la Cordillera. 

Las ramas que salen de la meseta al Oeste, son cortas, corren entre 
los rios nombrados arriba, y rematan todas en las orillas del rio León (Ju- 
bones superior). Pero cerca de las cabeceras del rio Nabon y aproximada- 
mente en 3 o 2C Lat. S nace de la Cordillera un ramal grande que atraviesa 
de E á toda la provincia de Cuenca, y constituye uno de los nudos in- 
terandinos principales. Lo llamaremos nudo de Pórtete y Tinajillas. porque 
el nombre, que Humboldt le ha dado, y nudo de Loja», no le corresponde de 
ningún modo y seria mas propio para el nudo de Cajanuma ó el de Acayana. 
En mucho se parece esta cordillera transversal á la de Chilla, pero mientras 
que esta hacia el occidente se ramiíica irregularmente, aquella se encuentra 
en su término con una Cordillera occidental muy bien pronunciada. — El 
nudo es muy ancho al principio, donde nace casi insensiblemente de la gran 
meseta que acabo de describir, presentándose como una prolongación occi- 
dental de ella, entre Jima y Nabon, donde se llama también Allparupashca. 
Mayor undulación é irregularidad en su terreno se encuentra cruzándolo 
entre Cumbe y Nabon por el camino real, que pasa por Mariviña, Tinajillas 
y Silvan. El punto mas alto de este camino alcanza en Tinajillas 3424 metros. 
Desde Tinajillas el nudo se estrecha y se rebaja hacia el Oeste considerable- 
mente, llegando en Pórtete, entre el valle de Jirón y el de Tarqui, á su 
mayor depresión en solo 2757 metros de altura. Pero luego se ensancha y 
se alza de nuevo sobre San Fernando á la altura de 3800 y 4000 metros y 
sigue así, hasta reunirse en Mullepungo con la Cordillera oriental, bajo 
3 o 10 7 Lat. S. 

Este gran nudo de Pórtete y Tinajillas al N, la alta Cordillera de Chilla 
al S, y la Cordillera real al fondo oriental limitan netamente el sistema 
fluvial y la hoya de Jubones. Una ojeada sobre el mapa convencerá 
al lector mejor que cualquier otra demostración, de que esta región puede 
ser considerada como una verdadera hoya interandina, que solo por el abra 
del rio Jubones entre Mullepungo y los cerros de Angostura comunica con 
la región litoral del Ecuador. 



40 topografía. — capítulo n. 

De los ramales meridionales que emite la cordillera transversal de Tina- 
jillas y Pórtete, es el mas importante el que sale de Tinajillas y baja con 
los nombres de Silvan y Allpachaca hasta las orillas del Jubones. En su 
parte media, donde la cruza el camino entre Gulac y la hacienda de Aya- 
bamba, tiene 3227 metros de altura. Ella separa los valles del rio León y 
de Yunguilla ó del Rircay. — Las otras, entre Pórtete y Mullepungo, son 
ramas mas cortas que se abaten pronto entre las quebradas de los ríos. 

La cabecera mas distante y por esto principal del rio Jubones es el 
rio de Nabon, que nace en los páramos de Allparupashca y recibe los ria- 
chuelos de Tinajillas y Silvan del lado derecho. Hasta este último rio corre 
de E á O, pero entonces se dirige al Sur y toma el nombre de rio León, 
precipitándose en una quebrada honda á lo largo del ramal de Silvan y 
Allpachaca. Sus tributarios en este trecho le vienen todos del lado orien- 
tal, de aquella antegrada de la Cordillera que ya conocemos, y son los 
nos de Charcay, Tabla-yacu, Udushapa y Oña, muy encañados y separados 
uno dol otro por mesetas anchas y bien cultivadas. Sobre la primera ha- 
llamos el pueblo de Nabon en 2765 metros de altura, sobre la segunda 
Cochapata en 21W6 metros, á la falda de la cuarta Uña en 2552 metros. 
Después sigue una quinta meseta entre el rio de Oña y el de Zaragtiro; pero 
este último rio ya recibe una parte de sus aguas del nudo de Guagra-uma 
(por el rio Hondo) y entra del lado Sur al Jubones, precisamente en el gran 
codo, que hace el rio León cambiando su rumbo hacia Oeste y perdiendo 
á la vez su nombre. 

Desdi» la boca del rio de Zaraguro conserva el rio Jubones la dirección 
E-0 con poca inclinaccion al X, hasta el pueblo de Pasaje, donde entra 
en los llanos del litoral. — En este su curso medio recibe del lado derecho 
el rio Rircay. que tiene alguna analogía con el rio León, con el cual por 
largo trecho corre paralelo de N á S, allende el ramal de Allpachaca. El 
Rircay nace de algunas lagunas sobre aquella parte alta del nudo de Pór- 
tete, que se halla encima del pueblo de San Fernando en 3800 metros de 
altura. De su origen hasta su reunión con el rio de Jirón no hay mas que 
tres leguas en linea recta, y en esta corta distancia tiene la caída de mas 
de 2000 metros. San Fernando no está en la orilla misma del Rircay, sino 
sobre una meseta encima del valle, á la altura de 2783 metros. En su 
cercanía y sobre la misma meseta se halla el pequeño layo de Busa. — El 
primer tributario del Rircay es el rio de Jirón que desciende de Pórtete y 
pasa al lado del pueblo de Jirón (2162 m.). Su curso hasta la confluencia 
con el Rircay os de N á S, el mismo que en adelante conserva el Rircay 
hasta su desembocadura. Los demás afluentes del lado izquierdo son insigni- 
ficantes; también los del lado derecho son pequeños y nacen en las últimas 



LA REGIÓN CENTRAL Ó ANDINA. 41 

ramificaciones do la Cordillera secundaria, que saliendo del nudo grande, 
baja al Sur, para rematar en el cerro de Shiric sobre el pueblo de Chahuar- 
urco. Del lado oriental del Shiric baja el riachuelo de Llanicuy, que reunido 
con el rio Naranjo entra en el Kircay: del lado occidental desciende el rio 
de Minas, que desemboca directamente en el Jubones, una legua y media 
al Oeste de la boca del Rircay. La región baja y casi triangular, limitada 
de un lado por el Rircay desde su unión con el rio de Jirón, del otro por 
el rio Jubones, desde la boca del Kircav hasta la del rio de San Francisco, 
y del tercero por las faldas del cerro Shiric, se llama: 

Valle de Yunguilla. Este valle participa bajo muchos respectos, por 
la aridez del suelo, por la escasa y singular vegetación, por el aspecto y 
la calidad geológica de su terreno, por el calor y hasta por su insalubridad, 
con la naturaleza del valle de Catamayo en la provincia de Loja. Solo que 
el valle de Yunguilla el mas extenso, presenta mayor facilidad para el riego, 
y por esto es mas cultivado que el de Catamayo. La población de Yun- 
guilla se concentró en el pueblo de Chahuar arco , que está en un lugar 
bastante alto y ventilado (159S ni.) y es algo menos expuesto al azote de 
este valle, á las fiebres intermitentes, que son endémicas en las haciendas 
circunvecinas y mas bajas. Chahuarurco se fundó recientemente en lugar 
del antiguo pueblo de Cañar ¿bamba, cuyos restos se hallan á la distancia 
de media legua al XO, 153U metros encima del pueblo nuevo, en una ex- 
planada al pié del cerro de Shiric. — Abajo, cerca de las orillas del Jubones 
y del rio Minas se encuentran ruinas muy extensas de la época incásica, y 
se cree que en este sitio se hallaba la grande y afamada ciudad de Tomc- 
hamba, en que nació el Inca Huayna-Capac, y que mas tarde Atahuallpa 
hizo arrasar en castigo de una rebelión de los Cañaris. 

Dos leguas abajo de la boca del rio Minas, entra al Jubones el rio de 
San Francisco, que rivaliza con el Rircay en lo extenso de su sistema y en 
cuanto á su importancia. El tronco principal baja en dirección N-S de 
los páramos altos del nudo de Pórtete, donde este se reúne con la Cordillera 
occidental. Casi paralelos corren en su curso superior los tributarios de 
ambos lados, es decir, el rio Masucay y el rio Cristal de lado izquierdo, y 
el rio Pelincay del lado derecho del tronco. Entre todos estos rios bajan 
cuchillas angostas y muy altas, dificultando mucho la comunicación entre 
estos valles. El rio Pelincay ya recibe algunos afluentes de la Cordillera 
occidental, que en este extremo austral se llama Mtdlcptiwjo. También de 
este lado noroeste bajan algunas cuchillas de montañas, y la mas interesante 
es la, que se extiende entre el rio Pelincay y su tributario mas meridional. 
Dos cerros cónicos coronan esta cuchilla en su parte inferior, el de Pucará 
al X, con antiguas fortificaciones de los Incas ó Cañaris, y el de Zhalu al 



42 TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO II. 

S (3268 met.), formando una silla perfecta, en que se halla el pequeño y 
miserable pueblo de Pucará. Está en la altura de 3147 metros, su clima 
es muy frió y rígido; cuando no está envuelto en nieblas y lluvias, las 
ráfagas de viento amenazan llevarse las caluchas de paja; sus producciones 
son las de los páramos, es decir casi nulas, su porvenir ninguno. Sin duda 
el pueblo era en la antigüedad un punto estratégico de importancia, porque 
hoy dia nadie pensaría fundarlo en aquel paraje, no faltando en las inmedia- 
ciones sitios mil veces mejores. De Pucará pasa un camino fragoso sobre 
el Mullepungo al valle de Tenguel y á Balao. — De los demás rios que 
entran al Jubones por el lado derecho, nombraré solo el de Mullepungo, que 
desciende directamente de la cordillera del mismo nombre. 

Los tributarios del lado izquierdo bajan todos de la Cordillera de Chilla, 
asi el rio Uchucay, que cerca del pueblecito de Mano desemboca enfrente 
del rio Minas; en seguida el rio Yulug, cuya boca se halla cerca de la del 
rio de San Francisco, abajo del pueblo de Yulug; después los rios unidos 
de Guanasany y Chilla, en cuyas orillas se hallan dos poblaciones de los 
mismos nombres. Finalmente siguen las quebradas menos largas de Poto- 
rulos, Cuni, Quero y Casacay. Entre las bocas de los últimos dos rios se 
encuentran en un pequeño promontorio sobre las orillas del rio Jubones las 
ruinas de una antigua fortaleza, Pitaviña (205 met.), que yo considero como 
la última avanzada de los Cañaris contra las naciones costeñas. Ella y la 
fortaleza de Pucará custodiaban la entrada al valle de Yunguilla. Una legua 
abajo de Pitaviña ya comienzan las llanuras de Pasaje y Máchala. 

Ahora llegamos á una de las hoyas más hermosas y extensas del Ecuador 
alto, á la hoya de Cuenca con el sistema fluvial del rio Paute, que 
se extiende entre 3 o 10' y 2° 35' Lat. Sur. — Queda descrita la Cordillera 
oriental y sus declives exteriores, hasta el nudo, del Azuay. Igualmente 
conocemos el nudo de Pórtete y Tinajillas, que limita la hoya hacia el Sur. 
La Cordillera occidental que la flanquea del lado oeste desde Mullepungo 
hasta cerca de Cañar, es algo mas complicada que la oriental, y aunque en 
general corre paralela con esta, presenta sinembargo mas sinuosidades y 
ramificaciones. Ambas cordilleras se ensanchan mucho, pero no es difícil 
reconocer siempre un crestón central, formado por los picos mas elevados. 
Si medimos el ancho de la hoya de cresta á cresta, encontramos 14 leguas 
en término medio, pero su parte habitada y cultivable entre los páramos no 
llega á mas de la mitad. 

De los ramales occidentales de la Cordillera oriental debemos mencionar 
en primer lugar aquel, que sale de Malanga y llena en forma de un macizo 
casi triangular toda la región entre el rio Jima, el rio Pamar y el rio de 
Sigsig. Es un conjunto irregular de páramos y cerros con una altura do 



LA REGIÓN CENTRAL Ó ANDINA. 43 

3300 á 3700 metros, pero la cadena principal sigue á lo largo del rio Sigsig 
hacia NO. £1 segundo ramal grande se separa de la Cordillera real un 
poco al Norte de Matanga y corre con la misma dirección como el anterior, 
al NO, hasta la cercania de Chordeleg, pero con sus bifurcaciones y ramas 
secundarias forma los valles de St\ Bárbara, de Ayon, de Alcacay y mas 
abajo el de Shiu y de Uuallmincay. También las alturas sobre Sigsig y 
las de IÁingasha están en comunicación con el mediante el pequeño nudo 
de Piedra blanca. Desde el último punto hasta el AUcuquiru al Norte, en- 
contramos una zona ancha de páramos delante de la cresta mas alta de la 
Cordillera, la cual podemos comparar con la meseta de Slúngata sobre Nabon. 
La meseta se extiende con la altura de 3500 metros hasta las inmediaciones 
del valle de Gualaceo y de Paute sobro Pan y Guachapala, de manera que 
saliendo de uno do estos valles, se gasta un dia entero en el viaje por los 
páramos, antes de llegar á la Cordillera real. En la meseta nacen los ríos 
de Guallmincay, de San Francisco y de San José, cuyas valles cortan pro- 
fundamente sus pendientes occidentales; pero la incisión mas considerable 
es ocasionada por el valle de Collay, que baja de S á N. Desde el lado 
derecho de este valle hasta el AUcuquiru, los páramos descienden suavemente 
á las abrigadas playas del Paute cerca de Jordán y Santa Rita. 

El nudo de Pórtete y Tinajillas, que hacia el Sur se abate en formas 
abruptas, desciende con mas suavidad á la hoya de Cuenca. Entre Jima, 
Marívifta y Cumbe se levantan todavía algunos cerros altos, como por 
ejemplo el Gulashi, pero luego se pierden sus ramas en las mesetas de Ludo 
y Quinjeo. Desde Cumbe hasta el paso del Pórtete las pendientes setentrio- 
nales del nudo se hacen mas y mas suaves y el tránsito del llano de Tarqui 
hasta la altura del camino en Pórtete es tan inperceptible, que uno viniendo 
de este lado, difícilmente se persuade que ha subido uno de los nudos inte- 
randinos principales, hasta que se le abre la vista al otro lado hacia el 
hondo valle de Yunguilla. 

La parte alta del nudo, entre Pórtete y Mullepungo presenta la misma 
particularidad de bajarse al N por ondulaciones moderadas, pero siendo el 
terreno de suyo muy alto, se mantiene en la región de los páramos por una 
gran extensión. 

La Cordillera occidental se prolonga desde el punto, en que se une con 
el nudo de Pórtete, hacia el Sur y Suroeste hasta las orillas del Jubones, 
como hemos visto mas arriba. Esta primera sección se llama Mtillepiingo. 
Al Norte ó mejor dicho Noreste sigue muy ancha, confundiendo sus páramos 
con los del Pórtete, y esta región, en que se encuentran las cabeceras del 
rio Yanuncay, se llama Chanchati. Un ramal, que sale de Chanchan y baja 
entre .el Yanuncay y los afluentes del Matadero, hasta las inmediaciones del 



44 topografía. — capítulo ii. 

pueblo de Baños, es conocido con el nombro de Soldados, por ella cruza el 
camino que conduce de Cuenca al valle del rio Balao. Después sigue aquella 
parte de la Cordillera, que lleva el nombre de Cajas y mas adelante de Patul, 
y que emite muchas ramas cortas al oriente entre las cabeceras del rio 
Matadero, y una mas larga que separa los sistemas lluviales del Matadero 
y del Machángara y remata sobre Sinincay. Desde Patul declina la Cor- 
dillera considerablemente al Este, recibiendo el nombre de Puruviny y final- 
mente el de Caucay en su extremo, donde está cortada por el valle del rio 
Cañar. En todo esto trecho entre Patul y Caucay bajan varias ramas á la 
hoya, separando los valles de los rios Machángara, Surampalte, Burgai y de 
sus tributarios pequeños. En la última de estos ramales, que se extiende 
entre el rio de Deleg y el de Azogues, llama la atención el cerro de Coji- 
tanibo por su aislada posición y las formas escarpadas do sus peñascos, 
sobre la meseta de Cojitambo, entre los pueblos de Deleg y de Chuquipata. 
Desde Cuenca se presenta como un pico agudo, desde Chuquipata como una 
muralla larga. Su altura es de 307(5 m., solo 14 m. inferior á la del Gua- 
gualshuma. 

El lado occidental de esta Cordillera so halla aun mas cortado que el 
oriental, por un sinnúmero de quebradas y valles, que descienden desde las 
cumbres de 4000 metros rápidamente hasta el nivel del mar, y como á los 
valles corresponden otras tantas lomas que los separan, también el número 
de estas lomas ó ramas de la Cordillera es muy grande, y podemos enumerar 
solamente las principales, comenzando de nuevo en Mullcpungo. El primer 
ramal naco en Mullepungo con el cerro cónico que se llama Pan de azúcar 
y baja entre los rios Pagua y Tenguel, acabándose en el cerrito casi aislado 
de Tenyuelülo. Un segundo ramal sale del mismo Mullepungo, un poco mas 
al Norte, y corre entre los valles del rio Tenguel y del rio Gala, rematando 
en los cerros de Coca en la hac. de Tenguel. Sobre esta loma baja el camino 
fragoso, que conduce de Pucará á Balao. La torcera rama principia en 
Chanchan con el nombre de Berscta y separa el sistema del rio Gala del 
mayor del rio Balao. Del Cajas se extiende un macizo muy alto y ancho 
de páramos hacia el Oeste, hasta cerca de Molleturo, y de este macizo, que 
en su diferentes partes lleva diversos nombres, salen al Sur y al Norte varias 
ramas cortas, entre las cuales nacen las cabeceras de los rios de Balao y 
de Mihuir. Es de notar, que todos los rios, que desde Mullepungo hasta el 
macizo del Cajas bajan al occidente, desembocan directamente en el Golfo 
de Guayaquil, mientras que los que siguen, comenzando con el Mihuir, van 
á engrosar el rio de Cañar, que mas abajo se llama de Suya y finalmente 
de Naranjal. — Al Norte del Cajas siguen los Cerros de Patul que forman un 
macizo parecido al que acabamos de describir, pero sus ramales principales 



RKC.ION CENTRAL O ANDINA. 




40 TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO II. 

se dirigen al N y NO entre los valles de los rios Mihuir, Norcay, Pulucay, 
Patul y Tisay. Finalmente siguen las ramas que bajan del Puruving hacia 
Gualleturo á las orillas del rio de Cañar. 

Ahora nos falta cerrar la hoya de Cuenca de la parte setentrional. El 
nudo que aquí une las dos Cordilleras, no es tan regular como al Sur en el 
Pórtete. Sigamos su línea, que es la divisoria entre el sistema fluvial del 
Paute y el del rio Cañar, comenzando en Caucay al O de Cañar. Aquí la 
Cordillera se une por una silla baja con el cerro de liucran (3806 m.) y 
por otra silla, siempre en dirección O-E, con los cerros de Molobog. Esta 
segunda ensillada, por la cual pasa el camino de Cañar á Biblian, tiene 
3483 metros de altura. Los cerros de Molobog se dirigen derepente al Sur 
hasta encima del pueblo de Biblian, donde cambian su rumbo en un ángulo 
agudo al NE , conservándolo mas ó menos hasta los cerros de Huayrapungo 
y hasta los páramos del Azuay. Cerca de aquel ángulo, donde la cruza el 
camino de Azogues á Cañar, esta cordillera tiene su mayor depresión (3373 m.). 
En seguida se alza mas y mas, llegando en Huayrapungo á la altura de 
mas de 4000 metros. 

Como se vé, este nudo es imperfecto, es decir, no se une directamente 
con la Cordillera oriental, sino con el nudo del Azuay, de manera que podría 
considerarse también como un ramal de éste, ramal que emite varios subra- 
males hacia el Sur. De los últimos el primero nace en Huairapungo con 
el nombre de Pilzhun, y llena con sus bifurcaciones (Chaning, Huaira- 
caja etc.) toda la región entre los rios de Paute, de Azogues y de Dudas. 
Otros dos ramales bajan al Sur hasta las orillas del Paute entre los rios 
Dudas, Masar y Jubal. — Atrás de este último rio la hoya está cerrada 
por la Cordillera nevada, es decir, por aquella parte de la Cordillera real, 
que se extiende desde el Paute hasta el nudo del Azuay. Algunas ramas 
cortas salen de ella en dirección SO, entre los rios de Jubal, del Pulpito y 
rio Negro. 

Todas las montañas de la hoya de Cuenca están en alguna comuni- 
cación con las dos Cordilleras y los dos nudos, que la limitan, con excepción 
de una región reducida entre los rios de Paute, Tarqui y Gualaceo ó Pamar. 
Las montañas de esta región central forman un grupo independiente y un 
macizo irregular. Su punto culminante es el cerro Guagualzhuma sobre el 
pueblo de Paccha, con la altura absoluta de 3090 metros. Fuera de este 
cerro no se presentan formas características; el terreno es suavemente undu- 
lado con 200 ó 300 metros de altura relativa sobre el plano de Cuenca; el 
rio de Quinjeo, que divide este macizo en dos mitades y corre de S á N, 
es el único rio considerable, que por la erosión excavó un valle hondo entre 
el Guagualzhuma y el pueblo de Jadan. 




LA REO ION CENTRAL 6 ANDINA. 47 

El sistema fluvial del rio Paute se presenta sobre el mapa cual 
un árbol de copa ancha, y á la primera vista parece difícil decir, cual de 
los ramos sea el principal y la continuación directa del tronco. Sinembargo 
debemos dar la preferencia al rio Matadero, por ser el mas largo, el medio 
y el que guarda mejor la dirección general del Paute. Nace, pues, este rio 
en la Cordillera occidental en las alturas del Cajas de algunas pequefias 
lagunas; comienza su curso al SE por el valle pintoresco de Quínuas, lo 
cambia desde Sayausi hasta Cuenca al E, y sigue después al NEE, para 
romper finalmente la Cordillera en dirección E al lado del Allcuquiru. Aquí 
haremos la observación, que ningún otro rio de la América meridional, de 
los que dirigen su curso al océano atlántico, nace en tanta proximidad del 
mar pacífico, como el rio Paute; sus cabeceras no distan mas que unas 
10 leguas, en linea recta, del Golfo de Guayaquil. 

El rio Matadero recibe algunos pequeños afluentes de la misma Cor- 
dillera occidental, de los cuales el rio de Surucuehu y el de Masan, ambos 
del lado derecho, son los principales. Muy cerca de Cuenca le entra del 
lado Sur el rio Yanuncay unido con el rio Tarqui. El primero baja de los 
páramos de Chanchan y de Soldados en dirección NE, hasta el pueblo de 
Baños, después describe un semicírculo (N-NE-E) al rededor del aislado 
cerro de Güishil y recobra su rumbo anterior hasta enfrente de Cuenca. 
El rio Tarqui nace en el nudo de Pórtete, baja al NE y se reúne muy 
pronto, en medio del plano de Tarqui, con el rio Cumbo, que viene de los 
cerros de Mariviña, de SE. En su curso medio el rio Tarqui serpentea 
mansamente por la llanura perfecta de Tarqui, que se extiende 2 leguas de 
S al N y mide l ¡ i de legua de ancho. No tiene mas que 82 metros de 
altura sobre la plaza de Cuenca. Al extremo setentrional de la llanura se 
levanta de la orilla izquierda del rio un cerro cónico no muy alto, pero 
memorable en la historia de las ciencias. Se llama el cerro de la pirámide, 
por llevar en su cúspide un monumento de esta forma, ó mas bien de la de 
un obelisco. Aquí es donde en el siglo pasado los Académicos franceses 
pusieron el término austral á su célebre triangulación y á sus observaciones 
astronómicas, que tenían por objeto resolver el problema de la verdadera 
figura de la tierra. — - Al pié de este cerro de la pirámide el rio Tarqui vira 
al NO y entra en la angostura de un valle tortuoso, cuyas laderas no son 
muy altas pero escarpadas, y en que desembocan del lado izquierdo tres 
quebradas con los ríos de San Agustín (al pié de la pirámide), de Tntupali 
y de Churcay, todos tres cortos y de poca monta. — Pasado este valle toma 
el rio su rumbo al Norte y entra en la llanura de Cuenca, recibiendo en 
este trecho el riachuelo de Baños, que tiene la particularidad de nacer de 
unas fuentes termales, de que hablaremos en otro lugar. En las inmedia- 



48 topografía. — capítulo ii. 

ciones de San Roque, suburbio de Cuenca, se reúne el Tarqui primero con 
el Yanuncay é inmediatamente después con el Matadero, formando los tres 
el rio Paute. — Al lado de esta triple confluencia, y sobre la ribera izquierda 
del rio Matadero está edificada la hermosa Capital de la provincia, en la 
altura abs. de 2580 metros. 

A muy corta distancia de Cuenca hallamos la boca del rio Machángara, 
tributario considerable del rio Paute, cuyas cabeceras se encuentran en las 
alturas de la Cordillera de Patul y del ramal de Namurelte. Entre sus 
afluentes se cuenta el rio de la Compañía, del lado derecho. 

El rio de Sidcay es insignificante en comparación con el Machángara, 
pero el rio Azogues unido con el rio de Deleg es uno de los tributarios mas 
grandes del Paute de este lado izquierdo. El rio Deleg se forma del rio de 
Surampaltv, que baja de las alturas de Namurelte y del rio de Ramos-huaico, 
que viene de un ramal del Puruving. Los dos se reúnen cerca del pueblo 
de Deleg y viran hacia SE á la boca del rio Azogues. El sistema de este 
último ocupa una región extensa entre la Cordillera de Caucay y la de 
Huairapungo, y debemos distinguir dos rios principales que lo constituyen: 
el rio de Biblian y el rio Tabacay, cuya confluencia se halla muy cerca de 
Azogues. El rio de Biblian á su vez recibe, un poco arriba del pueblo de 
este nombre, por tributario el rio de Burgai, que nace en la Cordillera occi- 
dental sobre las alturas de Puruving y Caucay. Todos los demás afluentes 
del Azogues bajan del nudo de Cañar y Huairapungo; asi el rio de Biblian 
mismo, que desciende de N á S entre un ramal del Bueran, llamado Hueste, 
y los cerros de Molobog. El rio Tabacay nace con el nombre de Carihuaray 
en los cerros de Huairapungo, y su afluente principal, el rio Nudpud viene 
de los páramos de Pilzhun. Desemboca en el rio de Biblian al lado seten- 
trional del alto cerro de Abuga, que se levanta inmediatamente sobre la villa 
de Azogues. 

Desde la boca del rio Azogues el Paute vá franjeado de su lado seten- 
trional por una cordillera bastante alta con pendientes escarpadas, desde 
San Cristóbal hasta encima de Huarainao, y no recibe en este trecho sino 
algunos riachuelos cortos en la cercanía de Paute; pero del Sur le entra 
primero el rio de Quinjeo ó de Jadan, y después el mucho mas grande de 
Gualaceo ó Pamar. Este rio nace con el nombre de Jima en la Cordillera 
oriental, corriendo en dirección de E-ü hasta la cercanía del pueblo de 
Jima, y recibe en este su curso superior algunos afluentes del Sur, es decir 
del nudo de Tinajillas (Allparupashea). En seguida vira en ángulo casi 
recto al Norte y conserva este rumbo general hasta su desembocadura en 
el rio Paute. Desde Jima hasta la boca del rio Sigsig se llama Pamar y 
toma del lado izquierdo el rio Maranga, único tributario occidental de alguna 




. KEUION CENTRAL ü AX1HX, 




Wolt, Eoaulor. 



50 TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO II. 

consideración. Casi en la mitad del camino entre Jima y Gualaceo le en- 
gruesa del lado derecho el rio de Sigsig. Este nace de varios riachuelos 
en las alturas de Matanga y en el ramal, que baja por Piedra blanca hasta 
las cercanías de Sigsig. Los ríos Molong, Minas, St\ Bárbara y Áyon son 
las cabeceras mas conocidas del rio Sigsig, por los lavaderos de oro que 
se hallan á sus orillas. El curso general de este rio es de NOO. — En las 
faldas setentrionales de Piedra blanca toma su origen el rio Alcacay, que 
después de correr por un pequeño trecho de E á O, vira al NO y baja con 
el nombre de rio Shiu al de Gualaceo. Pues, es de notar, que el rio Pamar 
desde la boca del de Sigsig generalmente se llama río de Gualaceo.*) En 




F1 B . S. El 



continuación tenemos el rio de Guallmhicay abajo de Chordeleg, y en fin 
los dos ríos de San Francisco y de San José, que desembocan casi en el 
mismo punto enfrente de Gualaceo y a muy corta distancia del rio Paute. 
Estos últimos tres rios nacen en los páramos que forman la antegrada de 
la Cordillera real. Gualaceo, la bonita cabecera del cantón, no se halla en 
la misma orilla del rio, sino á cierta distancia y unos 20 metros sobre ella 

*) Es una costumbre que se halla por toda la Sudamérien, do dar á un mismo rio 
distintos nombres en diversos trechos do su eurso, costumbre poco conveniente, que lia 
causado muchas equivocaciones y confusiones en las obras de geografía. 



LA REGIÓN CENTRAL Ó ANDINA. 51 

(2320 m. de altura absoluta) en una explanada hermosa y en medio de un 
vergel de árboles frutales. 

Si seguimos desde la boca del rio de Gualaceo hacia abajo, encontra- 
mos en el mismo lado el rio de Collay, que en dirección S-N baja de los 
páramos de Maila y de Collay al pió de la Cordillera real; se llama también 
rio de Pan, según el pueblo de este nombre, que se halla á bastante eleva- 
ción sobre su ribera izquierda (2010 m.). Finalmente descienden unos pe- 
queños rios de las faldas extensas del Allcuquiru, que desembocan en el rio 
Paute cerca de los sitios de Jordán y de St\ Rita. 

En el arco grande, que hace el rio Paute antes de romper el dique de 
la Cordillera, le engruesan algunos rios considerables del lado norte, que 
descienden en parte de Huairapungo y de los páramos del Azuay, en parte 
de la Cordillera oriental. El primero es el rio Dudas, que tiene su origen 
atrás del Pilzhun y Huairapungo, recibe en su curso superior algunos pe- 
queños afluentes en el valle de Pindilic, y en el curso medio el rio de Taday 
del lado occidental. En general guarda el runibo de NO á SE hasta su 
entrada en el Paute. Los otros rios que siguen mas abajo, son casi inacce- 
sibles y vienen de regiones inhabitadas. Para averiguar su curso, conviene 
subir al cerro de Yanguang (3360 m.) que corona el ramal entre los rios 
Dudas y Masar entre los pueblos de Pindilic y de Shoray. Este cerro do- 
mina un horizonte inmenso, sobre todo hacia la Cordillera oriental y me ha 
servido mucho para el trazo de esta sección del mapa. Al Oeste divisamos 
una gran parte de la hoya de Cuenca y casi á nuestros pies los valles de 
Pindilic y de Taday con el rio Dudas, cuyo curso se destaca como sobre 
un mapa. Al Este de nuestro mirador tenemos el curso del majestuoso Paute, 
en cuya ribera derecha distinguimos el antiguo hospital de los lázaros, lla- 
mado Jordán y la hacienda de St a . Rita, última avanzada de la civilización 
hacia el Oriente. Abajo de este último sitio el rio hace una grandísima 
vuelta, describiendo tres partes de un círculo al rededor de un promontorio 
del Allcuquiru, y derepente se lanza al Este por la breñosa abra de la Cor- 
dillera. Aquí se nota la extensión enorme del Allcuquiru y lo bizarro de 
sus formas : una selva de picos, cuernos, agujones y dientes sobre su cresta. 
A la verdad el nombre quichua que lleva, es el mas expresivo que se podia 
darle, pues significa diente ó dentadura de perro. Lo que vemos al N y al 
NE, es un mundo desconocido y desierto: cuatro ó cinco cordilleras ó ra- 
males, que salen en parte de las alturas del Azuay y en parte de la Cor- 
dillera principal, vienen á espirar al rededor del gran semicírculo que 
describe el rio Paute, y de los valles que separan estos cordones se pre- 
cipitan otros tantos rios: el Masar, el Jttbal, el del Pulpito y el rio Negro. 
Atrás de todo esto y como el fondo del anfiteatro se divisa la Cordillera 

4* 



52 topografía. — capítulo ti. 

real de los Andes con su cresta erizada y nevada, y asi mismo se distin- 
guen de lejos al N y NO algunos picachos principales del Azuay. 

Con esto concluimos la revista orográfica ó liidrográfica de la gran hoya 
de Cuenca. Dirigamos ahora nuestra mirada á la que sigue al Norte y que 
ocupa una extensión mucho menor, á la hoya de Cañar. Ella no llega 
hasta la Cordillera oriental; está limitada al Norte y Este por el nudo del 
Azuay y sus ramales, al Sur por el nudo de Bueran, y al Oeste por un 
eslabón de la Cordillera occidental. El límite al Sur y Este queda descrito; 
es la cadena do montañas que comienza en Caucay al O de Cañar, sigue 
por el Bueran y los cerros de Molobog, y concluye en los de Huairapungo. 
Solo de estos últimos se prolonga un ramal algo considerable hacia el Oeste 
á la hoya de Cañar, separando los rios de Huairapungo y de Silante. En 
su extremo, cerca de la confluencia de los dos rios citados, se halla sobre 
un promontorio la antigua fortaleza de los incas «Incapirca» (31(13 m.), cuyas 
ruinas son uno de los monumentos mas interesantes del pais, que quedaron 
del dominio incásico. 

El nudo del Azuay es un deforme macizo de montañas, colocado 
bajo 2 o 20 7 Lat. S en medio de la Cordillera oriental y de la occidental, como 
una inmensa araña que extiende sus patas ó brazos á todos lados. Algunos 
de estos brazos, que se dirigen al Sur, ya conocemos, la Cordillera de Huaira- 
pungo es el principal. Otro brazo ó ramal baja al SO, separando los valles 
del rio Silante y del rio de Culebrillas, y extendiéndose hasta el pueblo de 
Tambo. Del centro mismo del nudo, es decir de Quimsa- cruz (4307 m.) sale 
el ramal que bajando primero en la misma dirección de SO y virando des- 
pués al Oeste reúne el Azuay directamente con la Cordillera occidental sobre 
el pueblo de Suscal. De consiguiente este ramal es el mas esencial y la 
prolongación directa del nudo, porque separa la hoya de Cañar de la de 
Alausi. Lo que toca la Cordillera occidental entre las dos hoyas que acabo 
de nombrar, no manifiesta mucha regularidad. Es mas baja que en la pro- 
vincia de Cuenca y en la de Riobamba, y carece de una cresta central y 
bien marcada. Desde el punto en que se reúne con el nudo del Azuay, 
sobre el pueblo de Suscal, una rama baja al Oeste, franjeando el rio de 
Cañar, y otra se dirige al Norte para descender á las orillas del rio Chan- 
chan. De su lado occidental nacen los rios de Rircay y de Bulubulu (tri- 
butarios del rio de Boliche), entre cuyas cabeceras también se abaten al- 
gunas ramas cortas de la Cordillera. Por lo demás toda esa región es 
inhabitada y poco conocida. 

El sistema fluvial de la pequeña hoya de Cañar es sencillo y corto. 
Considerando como principio del rio de Cañar el de Silante, podemos decir 
que este rio en todo su curso hasta las llanuras de Naranjal guarda el 



LA REGIÓN CENTRAL Ó ANDINA. 53 

rumbo general de E-O. El S liante nace entre los ramales del Azuay que 
llamamos de Huairapungo y de Paredones. Paralelo á él corre el rio de 
Huairapungo, pero algo mas al Sur, que manifiesta su origen por el nombre 
mismo. Este último no entra directamente al Silante, sino en el rio de 
Molobog, que viene del Sur, de aquel triángulo que forma la cadena de los 
cerros de Molobog sobre el pueblo de Biblian. Si cruzamos estos cerros, 
viniendo de Azogues, entramos por una bajada suave y corta á un valle 
ancho de suelo pantanoso, en que toma su origen el rio do Molobog. Una 
legua, poco mas ó menos, sigue este valle anchuroso y casi horizontal, en- 
tonces se estrecha derepente y tiene una caída precipitada. Peñascos altos 
y tajados de pórfido se levantan á ambos lados y dejan con dificultad paso 
al rio y al camino, obligándolos á hacer muchas tortuosidades. Asi sigue 
el valle una legua, hasta la desembocadura del rio Huairapungo, que viene 
del Este de un valle semejante. Entonces se abre el paisaje hacia la 
meseta y el valle de Cañar. El Molobog se reúne una legua mas al Norte 
con el Silante y los dos unidos reciben el nombre de Cañar ó Hatun-Cañar, 
que conservan hasta mas abajo de Gualleturo. Pasamos en silencio los 
pequeños afluentes de la derecha é izquierda, y nombraremos solo el tri- 
butario considerable que entra al Cañar entre los pueblecitos de Pungal y 
Tambo, y que es el rio de Cidchrillas. Sus fuentes se hallan en el centro 
del Azuay, al Este de Quimsa-eruz, en el valle que forma el ramal principal 
del nudo con el de Paredones. También de Quimsa-cruz baja un pequeño 
brazo del rio en dirección SO. Entre este brazo y el rio principal se halla 
la mal afamada Pucaloma (4445 m.), una rama corta del Azuay, por cuya 
cresta pasó antiguamente el camino real y que fué muy temida de los via- 
jeros, por estar comunmente nevada y azotada por un viento furioso. Al 
pié de la cuesta de Pucaloma se reúne el riachuelo de Ouimsa-cruz con el 
rio de Culebrillas, y en seguida serpentea con mil tortuosidades por un valle 
angosto y pantanoso hasta entrar en una hermosa laguna, en cuya cercanía 
se hallan los Paredones, es decir, las ruinas de un tambo grande del tiempo 
de los Incas. (I0) Después de dejar la laguna, el rio sigue todavia por largo 
trecho la dirección al Oeste, para bajar finalmente entre Tambo y Pungal 
al Hatun-Cañar.*) 

Del lado setentrional del rio la hoya de Cañar se cierra por la Cordillera 
occidental cerca de Suscal, pero del lado Sur propiamente acaba con los 
cerros de Caucay, es decir mas hacia el Este, porque los sitios de Malal, 



*) En mi primora descripción de la provincia del Azuay (Guayaquil 1H79) he come- 
tido el error de dejar el rio de Culebrillas dirigirse al rio Angas, tributario del Chan- 
chan, seducido por informaciones inexactas de algunos cazadores. 



54 topografía. — capítulo ii. 

Ger y el pueblo de Gualleturo ya se hallan al Oeste de la Cordillera occi- 
dental. La dificultad de cerrar netamente la hoya hacia el lado oeste, pro- 
viene de la irregularidad de la Cordillera entre el rio de Cañar y el Chan- 
chan, de que he hablado mas arriba, y en cuya consecuencia las crestas no 
se corresponden directamente á ambos lados del rio de Cañar, como en otras 
abras de la Cordillera. La cabecera del Cantón, la villa de Cañar, no se 
halla á las orillas del rio grande, sino á la distancia de media legua y 
267 metros sobre él (3140 m. de altura absoluta), en una hondada de la 
meseta entre dos riachuelos. Fuera de esta meseta entre el Bueran y el 
rio, que es muy feraz y bien cultivada, la hoya tiene poco terreno plano. 
A la otra banda del rio, es decir, al N, la meseta es angosta y solo en las 
inmediaciones del pueblo del Tambo y de su anejo Pungal algo mas pro- 
nunciada. Se levantan demasiado cercanos los cerros que forman como el 
antemural ó la primera grada del gran Azuay. 

Sección IV a . La Región entre el Azuay y el Chimborazo y Sanancajas. 

En esta región caen las provincias del Chimborazo y de Bolívar, con 
las hoyas de Alausi, Riobamba y Chimbo. Comencemos, como de costumbre, 
con la descripción de la' Cordillera oriental ó reah Entre el valle transversal 
del rio Paute (2°40' Lat. S) y el de rio Pastaza (I o 25' Lat. S) sigue ella el 
rumbo general de NNE ; pero desde el nudo del Azuay (2 o 20* Lat. S) prin- 
cipia á mostrar ciertas irregularidades, que hacen su estudio mas complicado 
y difícil; sobre todo se ensancha mucho, y á veces quedamos en duda, cuales 
de los picos irrogularmento agrupados formen la cresta central y principal. 
Esta complicación sigue por todo el resto de la República hasta las fron- 
teras do Colombia, y os debida á un elemento trastornador que entra en la 
constitución geológica do la Cordillera oriental. Desde el nudo de Sabanilla 
hasta el Azuay la composición de esta Cordillera era sencilla y hasta monó- 
tona, ejerciendo las antiguas rocas cristalinas (granito, gneis, esquistas cri- 
stalinas) su dominio indisputado; en consecuencia también las formas exte- 
riores ó geográficas de las montañas se sujetaron á reglas bastante sencillas. 
Pero luego que entra ol elemento revolucionario del volcanismo, también 
las configuraciones extornas de las Cordilleras se modifican; los volcanes 
levantan sus soberbios pero peligrosos edificios sobre las bases mas sólidas 
de las rocas antiguas, y cambian la fisonomía de las Cordilleras. El Azuay 
es el primer nudo interandino volcánico, y todos los demás hacia el Norte 
son de la misma naturaleza. 

El Azuay comunica con la Cordillera oriental por un anchuroso macizo 
de montañas, que se confunde insensiblemente con la Cordillera misma y 



LA BEGI0N CENTRAL Ó ANDINA. 55 

lleva diferentes nombres como: páramos de Yuluc, Zula, Totora, Ayapungo, 
Mactalan, Yuntana, Ozogoche, Colai, Hatillo etc. En esta región alta y fria, 
sembrada de lagunas, nacen varios rios importantes, que se dirigen en sen- 
tidos opuestos al Sur y Norte, al Este y Oeste, y entre sus cabeceras co- 
mienzan á individualizarse los ramales de montañas, que igualmente irradian 
hacia todos los vientos. Hacia el oriente bajan las ramas que separan los 
valles de los primeros afluentes del rio Upano ó de Macas; hacia el NNO 
sale el ramal que forma los páramos sobre Alausi y Tixan hasta Atapo, y 
que virando al O se prolonga directamente por el nudo de Tiocajas hasta 
la Cordillera occidental. El ramal que principia entre las cabeceras del rio 
Ozogoche y las del rio Zuñac, y que se dirige al NNE por las alturas del 
Hatillo, es la linea divisoria entre las aguas del Pacífico y del Atlántico, 
y debe ser considerada como la continuación de la Cordillera real misma. 
— Esta Cordillera presenta en su curso ulterior hacia el Norte, hasta los 
páramos del Quilimas, la particularidad de ser partida en dos cadenas para- 
lelas por un valle longitudinal, en que nace el rio de Cebadas ó de Yasipang. 
Pero antes de entrar en una explicación ulterior de este fenómeno, volvamos 
la mirada atrás. 

El nudo transversal de Tiocajas entre (iuamote y Tixan separa el valle de 
Alausi de la gran hoya de Riobamba. Este valle debemos considerar como 
una hoya interandina aparte, limitada al N por el nudo expresado, al Sur 
y Este por el Azuay y sus ramales, y al Oeste por la Cordillera occidental. 
La última, que entre el rio de Cañar y el rio Chanchan era menos pronun- 
ciada, comienza á desarrollarse de nuevo con mucha regularidad al lado 
derecho del Chanchan, sobre el pueble-cito de Linjc, y sigue sin interrupción 
con una cresta angosta y bien visible hasta el Chimborazo. En su primer 
parte, desde Linje por las alturas de Sinchan y San Nicolás, hasta el cerro 
de Calugüin, es baja (3000 á 3300 m.) y su rumbo es al NE, pero después 
sigue directamente al N, siempre con el hondo valle de Chimbo al lado 
occidental, y se levanta á la altura media de 4300 metros. Solo la primera 
parte franjea la hoya de Alausi; donde se verifica la declinación al Norte, 
cerca del cerro Dañas, se halla la unión con el nudo de Tiocajas mediante 
una meseta alta de páramos. Todas las ramas de la Cordillera occidental, 
ora caigan al valle de Chimbo, ora á la hoya de Alausi, son relativamente 
cortas, lo mismo que las que vienen del nudo de Tiocajas y su prolongación 
al Este hasta el Azuay. Algo mas considerables son las que emite el nudo 
del Azuay al valle del Chanchan, así por ejemplo, la que saliendo de Quimsa- 
cruz vira sobre Pomallacta, y Gonzol al Oeste, y otra que parte del mismo 
punto en dirección á Chunchi. Las otras ramas, que podemos llamar de 
Guabalcon, de Sulchan y de Angas, nacen del ramal principal del Azuay, 



56 topografía. — capítulo il 

que baja por el lado derecho del rio Culebrillas hasta el pueblo de Suscal, 
y separan los valles de los rios que llevan los mismos nombres. 

El sistema fluvial de la hoya de Alausí no es muy extenso. El 
rio Chanclian, que al principio se llama rio de Alausí, nace sobre la ancha 
meseta de Tiocajas, en los páramos de A tapo, y desciende en la dirección 
N-S con poca declinación al O por el valle de Tixan hasta su confluencia 
con el rio Zula, enfrente del pueblo de Sibambe. En este trecho superior 
recibe pocos y pequeños afluentes del lado izquierdo y algunos mas grandes 
del lado derecho, es decir de la Cordillera occidental. — La villa de Alausí 
so halla á su lado izquierdo sobre una pequeña meseta, que tiene 180 metros 
sobre el rio y 2400 m. de altura absoluta. 

El primer tributario grande, que recibe el rio de Alausi, el rio Zula, le 
viene del lado este, de los páramos de Totoras y de Zula, y corre en un 
valle muy hondo y angosto, de manera que los pueblos de Achupattas, Po- 
mallacta, Gonzol y Guasuntos, se hallan todos en alturas considerables sobre 
sus riberas, en unas pequeñas mesetas. De la caída muy fuerte, que tiene 
tanto el rio de Alausí, cuanto el de Zula, podemos formarnos una idea, si 
digo que sus fuentes se hallan en la altura de 4000 metros, y su confluencia 
cerca de la hacienda de Bugnac en la de 1857 metros; bajan unos 2150 metros 
en la distancia de 5 leguas (en linea recta) el primero, y de 4 leguas el 
segundo. — A corta distancia de la boca del rio Zula entra del lado opuesto 
el pequeño rio de Sibambe, que nace sobre el pueblo del mismo nombre en 
los cerros de Calugüin, Milla y Allpachaca, que son partes de la Cordillera 
occidental. La plaza del pueblo se halla en la altura de 2478 metros. 

Desde enfrente de Sibambe el rio Chanchan vira mas y mas al Oeste 
y recibe del lado sureste los rios de Guataxi, de Guabalcon y de Angas, 
que descienden del Azuay y de su prolongación occidental, como queda dicho 
mas arriba. Sobre la orilla derecha del primer rio se halla la hermosa 
meseta de Chunchi, cuyo pueblo en la altura de 2316 metros (500 m. sobre 
el Chanchan) goza de un temperamento agradable. — Entre las desem- 
bocaduras de los rios Guataxi y Guabalcon llama la atención, por su posi- 
ción aislada, un alto cerro volcánico, que se llama Guabalcon y también 
Puñay. Su cúspide característica domina todo el valle del Chanchan, desde 
arriba de Sibambe y es visible hasta en Guayaquil. Es un punto magnífico 
para servir en operaciones geodésicas. — El rio Angas es el último tributario 
de consideración que recibe el Chanchan de la izquierda, y con el ramal 
que baja por su banda meridional de la Cordillera de Chilchil, se cierra la 
hoya de este lado. En el lado opuesto, y casi enfrente de la boca del rio 
Angas, se levanta la Cordillera de Linjc, que es la valla occidental de la 
hoya de Alausi. 



LA REGIOS CENTRAL Ó ANDINA. 



i 




Bu 


.-■-, "'■'■;: 




>j * 




,/"-••-( 




.-mí 


.;■■■'' ■" ; -' : ." ;''.'-.. 


■ ■■• * 


V' 




*.■ " v \ 


. j^áf'' T " i 


W i 






- V 


4 


- 



Flg. 1. Trabajo» del ferrocarril ín «1 valle it\ Chano: 



58 topografía. — capítulo ii. 

Si seguimos de Sibambe el valle del Chanchan por el lado derecho, 
encontramos muchos rios, pero todos pequeños, porque la cercania de la 
Cordillera no les permite un desarrollo grande. Los principales son el rio 
de Pagma, que viene de las alturas de San Nicolás, las quebradas de Tilanje, 
Licay, Huigra, Sigsigpamba y el rio Chiguacay, el último mas largo y oriundo 
de los cerros de Sinchan. Este lado del valle de Chanchan tiene un interés 
particular, porque por él ha de subir el primer ferrocarril andino del pais, 
que desde algún tiempo está en construcción. 

La hoya de Riobamba está comprendida entre las dos Cordilleras 
principales, el nudo de Tiocajas al S, y el de Sanancajas al N. — La Cor- 
dillera oriental corre desde su unión con el nudo del Azuay poco mas ó 
menos al Norte hasta el sitio de Hatillo ó los cerros de Cuscungo. Allá se 
encuentra con el valle transversal del rio Yasipang, y se bifurca, siguiendo 
un ramal al otro lado del valle en la misma dirección S-N, entre el rio 
Cebadas y el Yasipang hasta encima del pueblo de Pungalá, y dando el 
otro ramal una vuelta al E y NE al rededor del valle de Yasipang, para 
tomar en seguida el rumbo al N y para unirse de nuevo con el ramal 
primero en los páramos de Cubillin. De este modo nace un valle longitudinal, 
paralelo al del rio Cebadas, pero en mayor altura y corriendo las aguas en 
los dos valles en sentido opuesto. — De los dos cordones el segundo, es 
decir, el oriental es el «divortium aquarum» entre el océano pacifico y el 
atlántico, pues en sus vertientes exteriores se hallan las cabeceras de los 
rios de Macas y Palora. Sinembargo la rama occidental es la que limita 
hacia el E la hoya de Riobamba, porque el valle del rio Yasipang, lo mismo 
que el del rio Ozogoche, propiamente no pertenecen á la hoya, que comienza 
solo desde Ishubamba, ó desde el lugar en que el nudo de Tiocajas topa con 
la Cordillera oriental. 

La rama occidental, la única visible desde la hoya de Riobamba, co- 
mienza, como ya queda dicho, en la confluencia de los rios Ozogoche y 
Yasipang, y sigue con una altura de 3500 á 4000 metros hasta enfrente del 
pueblo de Licto. Á ella pertenecen los páramos de Ishubamba y Cebadas, 
y especialmente los extensos Páramos de Alao con el «Mirador del Sangay» 
en Calcit-pungo. Sobre los pueblos de Pungalá y Chambo la Cordillera se 
levanta á alturas aun mas considerables en el Cubillin (4455 m.) y en el 
Páramo de Quilmas (4711 m.). Pero aquí ya está unida con la rama oriental. 
Esta última cadena comienza en los páramos de Cuscungo y lleva en seguida 
diversos nombres poco conocidos (por ser toda la región inhabitada). Emite 
varias ramas cortas hacia el Yasipang y algunas mas largas al lado opuesto 
hacia el rio de Puente hondo, que es la cabecera principal del rio Upano 
ó de Macas. El punto mas interesante en esta cadena es el llamado Nug- 



LA BEGION CENTUAL Ó ANDINA. 59 

sagpungo, por donde se puede pasar del valle de Yasipang (arriba Yaguar- 
cocha) al valle del río del volcan, en que se levanta el Sangay. Desde 
Nagsagpungo sale al oriente una Cordillera que forma hacia SE y NE un 
semicírculo al rededor del volcan de Sangay {5323 m.), el cual por lo visto 
se levanta aislado atrás de la Cordillera oriental. En la ladera S de Nag- 
sagpungo naco el rio de Puente hondo, y en su ladera N un afluente del 
rio Palora. de suerte que la dicha cordillera semicircular y mas al oriente 
las faldas del Sangay mismo, forman la división entre los sistemas fluviales 
del rio de Macas (Morona) y del rio Pastaza (Palora).") — Si de Nagsag- 
pungo seguimos al N la cresta de la Cordillera, entre el valle superior del 
rio do Yaguar-cocha y el de un afluente del rio Palora, llegamos pronto al 




de Rinbamb» 



Hatun-urcu, quo forma la transición a los páramos de Cubillin, en donde 
desaparece la bifurcación de la Cordillera, siguiendo un solo tronco aunque 
muy ancho, hasta el vallo del rio Pastaza. 

Después de los picachos nevados del Quilinias (Cerro Lconang) siguen 
al N los páramos de Farturumi (cresta de la Cordillera) y á su término el 
Cerro Toldo (4462 m.), que se divisa perfectamente desde la llanura de 
Riobamba. — Separado del último por la ensillada del Fungo de Yuibug, 
se levanta el majestuoso Cerro de Colluncs ú Altar, «la obra maestra 
de la creación volcánica», cuyo pico mas elevado llega á la altura de 



*) El primero y hasta ahora el único, que ha estudiado detenidamente esla región 
interesante entre la hoya de Biohamba y el Sangay, es el infatigable explorador de los 
páramos ecuatorianos, Dr. A. Síüoeí, quien me proporcionó graciosamente los materiales 
para el trazo de esla parte del mapa. 



60 



TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO II. 



5404 metros.") — Del Altar salen muchos ramales de la Cordillera, algunos al 
O y NO, entre los rios de Tarau, de Penipe (rio Blanco) y de Puela, otros hacia 
el oriente, y entre estas la principal es la del Condorasto, cuya prolongación 
entre los sistemas de los rios Palora y Llusin se llama Cordillera de Huamboya. 
Al Norte siguen después del Altar los Cerros negros, formando la cresta 
de la Cordillera real, y después los extensos páramos de Minza. De ellos 
sale como un promontorio al NO el volcan de Tunguragita (5087 m.), y al 
E un ramal que desciende pronto á las orillas derechas del rio Pastaza. Al 




pie del Tunguragua principia la honda y larga abra, que atraviesa la Cor- 
dillera oriental de O á E, y por la cual desaguan las des hoyas interandinas 
de Riohamha y de Latacunga, 

El nudo de Tiocajas no presenta accidentes memorables. Todo es un 
conjunto de páramos monótonos con diferencias hipsométricas que poco 
resaltan al ojo, porque faltan cerros altos y pieos agudos. Mientras que el 
nudo cae rápidamente al valle de Alausi, sus pendientes del lado opuesto 



•( «Collaiies no es palabra quichua, poro en lii lengfi nymará (do Solivia) Ctillatia 
Hignificn ,magníiioo, sublime'. El nombre <le Cajiac-urcu, con que Huinboldt oyó designar 
el ,Alt«r', seria una Iradueeion de la primitiva significación ni quichua; pues ambas 
palabras, Capae y Collann, coinciden perfectamente en su scnlido, loque no será fortuito. 
También otros nombres geográficos del Ecuador, que derivan indudablemente de una 
antigüedad muy remota, se encuentran en la región lingüística ilel aymará. El nombre 
de Capac-ureu es actualmente desconocido en el Ecuador.» Dr. A. Stiibel, Skizzon aus 
lidiador, p. '1S. 



LA REGIÓN CENTRAL Ó ANDINA. (il 

hacia la hoya de Riobamba descienden suavemente al rio de Guamote y al 
de Cebadas. Su altura es de 3485 metros en el punto mas alto del camino 
entre Guamote y Tixan. El pueblo de Guamote se halla á la altura de 
2980 metros, de consiguiente el descenso llega solo á 505 metros, mientras 
que del mismo punto culminante hasta el rio de Alausi enfrente de la villa, 
cuya distancia no es mucho mas grande, la diferencia hipsométrica es de 
12(55 metros. — En este nudo tenemos un caso análogo como en el nudo 
de Pórtete, es decir una caida rápida al Sur hasta grandes profundidades, 
y un descenso suave al Norte, manteniéndose el terreno por grandes distancias 
en alturas considerables.*) 

También la Cordillera occidental desde el cerro Dañas, donde se une 
con el nudo de Tiocajas, hasta el arenal del Chimborazo, presenta la misma 
particularidad, de que la cresta central se abate repentinamente al valle de 
Chimbo, y muy despacio por páramos tendidos al oriente, hacia el valle superior 
del rio de Guamote, la laguna de Colta y el rio de San Juan, de suerte que 
á lo largo de toda la cresta central de la Cordillera se tiende una ancha 
zona de páramos, que en altura ceden poco á los de Tiocajas. Los pueblos 
de Guamote (2981 m.), Calumbe (3149 m.), Sicalpa con Cajabamba (3205 m.) 
y San Juan, se hallan á la orilla inferior de esta zona. La cresta misma 
de la Cordillera tiene de 3800 á 4400 metros, y de las ensilladas por donde 
pasan los tres caminos principales, se halla Navaz-cruz en 38(58, Puyal en 
4308 y el Arenal del Chimborazo en 4281 metros. 

En l , / 2 °L'at. S se alza sobre el ancho lomo de la Cordillera occidental 
d Cliimborazo á G310 metros de altura absoluta. — Desde aquí el volcanismo 
se apodera también de la Cordillera occidental, y la mole inmensa del Chim- 
borazo y la de su vecino al N, del Carihnairazo, ocultan completamente bajo 
sus mantos volcánicos la Cordillera antigua y primitiva. — El Chimborazo, 
aunque ya desde mucho tiempo no se considera como el cerro mas alto del 
continente sudamericano , siempre es la divisa y el blasón del Ecuador, y 
una de aquellas maravillas de la naturaleza, cuya contemplación imprime 
huellas indelebles en el espíritu del hombre.**) 

*) El nudo de Tiocajas es memorable en la historia del pais, porque sobre él se 
libraron muchas batallas decisivas. Aquí es donde á mediados del siglo XV el inca 
conquistador Tupac-Yupanqui derrotó á Ilualcopo Duchisela 14° Shiri de Quito, ocupando 
después todo el pais hasta Mocha. En el mismo punto venció el gran hijo de Tupac- 
Yupanqui, el inca Iluayna-Capac, al hijo de Ilualcopo, a Cacha-Duchisela unos 25 años 
mas tarde. En Tiocajas el conquistador Benalcazar obtuvo, después de combates san- 
grientos una victoria decisiva sobre Rumiñahui en 1534, a la que siguió la conquista 
del reino. Para pasar otros sucesos en silencio, recuerdo finalmente la batalla de Galte, 
en que la revolución de Veintemilla prevaleció contra el Gobierno constitucional en 1876. 

**) Los historiadores mas antiguos que tratan del Ecuador, no nombran el Chim- 
borazo. Cieza de León, el mas prolijo en materia de geografía, lo llama «Urcolazo» 



(tí 



TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO II. 



Entre el Chimborazo y el Tunguragua, que se halla casi bajo la misma 
latitud, se extiende un conjunto de cerros volcánicos formando un nudo 
transversal, que solo al pié del Tunguragua queda separado de la Cordillera 
oriental por el angosto valle del rio Chambo. Este os el nudo de Sanan- 
cajas y de Iguálala. El primer nombre llevan los páramos entre Mocha y 
Chuquipoquio , una especie de ensillada entre Chimborazo é Igualata con 
3607 metros de altura. Al Este de la ensillada se levanta inmediatamente 
el tendido cerro de Igualata (4452 m.}, cuyas faldas meridionales limitan la 




hoya de Riobamlm, mientras que las orientales se confunden con los páramos 
de Itapo, Savañac y Mulmul, cuyas escarpas caen precipitadamente al valle 
del Chambo, enfrente de Puela. El nudo se ensancha mucho en su parto 
oriental, pues le pertenecen también los cerros de Uimpi, al N de los páramos 
de Savañac, cuyas faldas llegan hasta el valle del rio Patato. 

De este modo tenemos cerrada la hoya de Riobamba por todos los lados, 
con excepción del angosto valle entre el promontorio del Tunguragua y el 

(=Ureu-razu, cerro-nievo). En la aCronica del Peni», cap. 43, hablando de lu provincia 
de Jos Purhuaes y después de citar el cTinguragua» en la cordillera del levante, pro- 
sigue: o A la parte del poniente está otra sierra nevada, y en ella no hay mucha población, 
que llaman Urcolazo. Cerca desfa sierra se loma un camino que vi'i salir á la ciudad 
de Santiago que llaman Guayaquil". — Puede sor que ot nombre «Chimborazo» fué usado 
primero por los indios de la antigua provincia de Chimbo (pues su traducción mas natural 
es la de «nieve do Chimbo»), y que los de Riobambn lo llamaron Ureorazo: mas tarde 
se habrá generalizado el primero. 



LA BEGION CENTEAL Ó ANDINA. 63 

nudo descrito, que sirve de desaguadero. Pero en el centro de la hoya é 
independiente de las Cordilleras, se levanta un grupo de montañas que lla- 
maremos con el doctor Stübel los cerros de Yaruquics, y cuyo punto culmi- 
nante, el Chuyuj se eleva a 3759 metros. Este grupo irregular y también 
de naturaleza volcánica, ocupa el terreno entre la laguna de Colta, el rio 
de Guamote, el de Chambo (Cebadas) y el de Chibunga; el camino que vá 
de Riobamba á Guamote por Naute lo cruza en Salarun-loma á la altura de 
3603 metros. — El cerro de Licto ó Tulabug (3324 m.) entre Punin y Licto 
pertenece igualmente al mismo grupo. 

La hidrografía de la hoya de Riobamba se reduce al sistema fluvial 
del rio Chambo. Su curso general es de S á N, pero tiene la particu- 
laridad de que sus dos venas principales, el rio de Guamote y el de Ceba- 
das, corren al principio por largo trecho en sentido opuesto, de N á S. Los 
geógrafos antiguos ignoraron el rio Yasipang, á lo menos su curso superior, 
y dejaron nacer el rio Chambo sobre los páramos de Zula con el nombre 
de rio Ozogoclie, de varias lagunas, que en aquella región se encuentran en 
gran número; sinembargo la primacía toca al Yasipang, por ser la vena 
fluvial mas larga. Nace en los páramos de Cubillin y del Hatun-urcu, casi 
en la latitud de Licto, y desciende al Sur por el valle que existe entre las 
dos cadenas de la Cordillera oriental, como queda descrito mas arriba. Al 
principio se llama rio de Yaguar-cocha por pasar por una laguna de este 
nombre; se engruesa con varios riachuelos, que con mayor copia de agua 
bajan del ramal occidental, de Nagsagpungo, Puca-urcu, Sacra-urcu etc., y 
depues de un curso de mas de seis leguas vira al Oeste y toma el nombre 
de Yasipang de un hato asi llamado, para unirse luego con el Ozogoclxe que 
afluye del Sur. En seguida el rio de Cebadas — que así se llama desde la 
confluencia expresada — sigue por tres leguas largas al N sin recibir tri- 
butarios de consideración, pasando por la hacienda de Ishabamba (3090 m.) 
y el pueblecito de Cebadas (2904 m.). Á poco trecho de este último se uue 
con el rio de Guamote, que viene del lado oeste, en la altura de 2836 metros, 
y solo de aquí entra en la hoya de Riobamba. 

El rio de Guamote se alimenta por un desaguadero subterráneo de la 
laguna de Colta y nace á poca distancia de la orilla sur de ella. La laguna 
es una de las mas considerables del pais interandino y mide dos kilómetros 
de largo y uno de ancho; pero lo alto de su posición (3288 m.), lo árido de 
las colinas adyacentes, la falta completa de vegetación arbórea, hacen de 
este paisaje uno de los cuadros mas tristes y melancólicos. — Desde la 
laguna de Colta el rio de Guamote corre tres leguas al Sur entre los pára- 
mos de la Cordillera occidental y los cerros de Yaruquíes. En este trecho 
recibe algunos pequeños afluentes de ambos lados, entre otros el rio de 



64 topografía. — capítulo ii. 

Columbe y el de Pulincate. Después se dirige al oriente y sigue este rumbo 
hasta su desembocadura, por un espacio de otras tres leguas. Cerca del 
pueblo de Guamote, que se halla á la mitad de la distancia expresada, entra 
del lado sur el rio Chiba, que recoje sus aguas de varias fuentes sobre el dila- 
tado nudo de Tiocajas, cerca de las haciendas de Palmira y Ucchaguatana. 

Desde la confluencia del rio Guamote con el de Cebadas damos al rio 
el nombre de Chambo, que conserva hasta su unión con el rio de Patate. 
Como siempre corre á lo largo del pié de la Cordillera oriental, todos sus 
tributarios de este lado son cortos y corren tosos, descendiendo, en distan- 
cias de pocas leguas, de alturas de 4000 y 4500 á las de 2600 y 2200 metros. 
Tales rios son el de Alao, oriundo de los páramos del mismo nombre, los de 
Pungal y de Qidmiac, nacidos en los páramos de Cubillin y de Quilimas, el 
rio Blanco con el rio Taran, que nace en las faldas del Altar y desemboca al 
lado de Penipe, el rio de Puela, que viene de los páramos de Utiñag y Minza. 

El tributario mas grande del rio Chambo por la banda occidental es el 
rio Chibunga, cuyas cabeceras se alimentan de la nieve del Chimborazo. 
Nace en el valle de Totorillas y en la quebrada de Trasquilas, y baja por 
el valle de San Juan en dirección SE hasta las cercanías de Calpi, en donde 
recibe el rio de Sicalpa que viene de los páramos encima de Cajabamba. 
Mas abajo toda la región que trascurre, es falta de agua y el único riachuelo 
que merece una mención, es el de Punin, que le viene del Sur y le entra 
muy cerca á su propia desembocadura en el Chambo. A sus orillas se hallan 
los pueblos de Calpi, Lican, Yaruquíes, San Luis; pero la ciudad de Rio- 
bamba, capital de la provincia, se encuentra á media legua de distancia en 
una meseta, 140 metros sobre su orilla izquierda, y en la altura absoluta de 
2798 metros. — Desde la boca del Chibunga el rio Chambo sigue por dos leguas 
muy eorrentoso hasta la boca del rio de Guano, pasando en este trecho al 
lado de los pueblos de Chambo y Químiac, que quedan sobre su banda derecha. 

El rio de Guano recoje sus aguas en los páramos del Chimborazo entre 
Chuquipoquio y el rio de San Juan. Por largo trecho sus dos venas prin- 
cipales quedan separadas por una loma, que representa una antigua cor- 
riente de lava del Chimborazo, y viniendo de los páramos de Chuquipoquio 
se extira hasta la cercanía de Guano. El camino de Riobamba á Mocha 
cruza esta corriente de lava al lado del pueblo de San Andrés (3076 m.). 
Abajo del pueblo de Guano los dos brazos se reúnen y van derecho al rio 
Chambo, que dista de ahí una legua y media. Del lado norte recibe el rio 
de Guano solo algunos riecitos de la Igualata, y el rio que baja del pueblo 
de Ilapo á Elen y desemboca casi enfrente de Cubijies, ya muy cerca de la 
confluencia del rio Guano con el Chambo. Desde aquí hasta su unión con 
el rio de Patate el de Chambo vá flanqueado por el lado occidental de las 




LA REGIÓN CENTRAL Ó ANDINA. 65 

escarpas altas que limitan el ancho nudo interandino, cuya descripción hemos 
dado mas arriba, y no recibe aguas de importancia. 

La meseta de Biobamba os la única región en esta gran hoya que 
merece el nombre de llanura ó altiplanicie; se halla entre el rio Chambo y 
los ríos Chibunga y de Guano, y podemos calcular su área en unas cuatro 
leguas cuadradas, si no somos demasiado rigurosos con el concepto de lla- 
nura. La situación de la ciudad es libre y despejada y «presenta quizá el 
diorama mas singular del globo» como dice Mr. Boussingault. Desde nin- 
guna otra ciudad del interior se divisan tantos y tan imponentes cerros y 
volcanes: al occidente se destacan el Chimborazo y el Carihuairazo, al oriente 
el Tunguragua, el Altar, el Cubilhn y otros. «El vasto anfiteatro de nieve 




que circunscribe por donde quiera el horizonte de Riobamba, ofrece de con- 
tinuo campo para las observaciones mas variadas.* Pero la meseta misma 
(la a llanura de Tapin) y los alrededores de la ciudad, pertenecen á las 
regiones mas áridas y estériles del país interandino, y sin el escaso riego 
artificial serian un desierto completo. La arena movediza, batida por el 
viento, invade los campos y oscurece á veces la atmósfera. La cabuya 
(Agave americana), el lechero (Euphorbia Lataei), el sigsig (Artindo nítida), 
la chilca (Eupatorium chilca), tunas y espinos (Opttntia y Cactus, varias 
especies) son las plantas características do esta región, que resisten á la 
sequedad y oponen algún obstáculo, no siempre eficaz, al movimiento de los 
médanos, pero no son capaces de quitar al paisaje su aspecto liiemal y 
melancólico. 

Volvamos la mirada sobre el mapa. AI occidente de las hoyas de Alausi 
y de Riobamba observamos un hondo valle longitudinal, que se extiende á 

WOLr. Eaoadoi. 5 



66 topografía. — capítulo n. 

lo largo do la Cordillera occidental, desde los cerros de Linje hasta mas allá 
del Chimborazo, y que de un lado está formado por esta misma Cordillera 
y del otro por una cadena paralela, que atrás del Chimborazo so reúne con 
la primera. Tenemos aqui una bifurcación de la Cordillera occidental y ella 
constituye el valle de Chimbo, que lleva en todo y por todo el carácter 
de una hoya interandina. Políticamente forma la mayor parte de la pro- 
vincia de Bolivar. 

La valla oriental de la hoya, es decir la Cordillera occidental de los 
Andes, ya la conocemos, y solo añadiré que las ramas que descienden de 
su cresta al valle, todas son cortas, porque la gran cercanía del rio Chimbo 
no les permite mayor desarrollo. Desde el Chimborazo esta cordillera cam- 
bia su carácter sencillo. Así como al E el cerro prolonga su base ancha 
en el nudo de Sanancajas, también hacia el O y NO se ensancha la Cor- 
dillera ó la base del Chimborazo á unas dos leguas, formando á su pié una 
meseta gigantesca en la altura de 3800 á 4200 metros. Y esta meseta sigue 
muy larga hacia el Norte, para rodear del mismo modo el pié del Carihuai- 
raeo, de manera que los dos nevados se levantan aislados sobre las grandes 
llanuras de los arenales y páramos. Las márgenes de la meseta, cortadas 
por muchas quebradas hondas, caen rápidamente hacia el Sur y Suroeste 
al valle de Guaranda y de Salinas, ó hacia el Noroeste al rio de Simiátug 
y otros tributarios del rio de Zapotal. Casi á media distancia entre los 
pueblos de Salinas y Simiátug el camino cruza la meseta en su prolongación 
mas occidental, al lado del cerro Chuquinac y en la altura de 4011 metros, 
y aquí es donde nace la Cordillera lateral que franjea todo el valle de Chimbo 
por el lado occidental en una extensión de 17 leguas, y que por brevedad 
llamaremos Cordillera de Chimbo. 

Esta Cordillera, geográfica y geológicamente considerada, no es un simple 
ramal de la que se halla al otro lado del valle, sino una formación tan in- 
dividualizada como aquella, aunque no llega á las mismas alturas. Es tam- 
bién mas angosta; su cresta, siempre bien marcada, no se aleja mucho del 
curso del rio Chimbo y no sufre ninguna interrupción ó depresión notable. 
Por la circunstancia expresada las ramas que caen al lado interior, es decir 
al rio Chimbo, son insignificantes, pero las que emite al lado opuesto hacia 
las llanuras de las provincias litorales, son tanto mas largas é importantes. 

La Cordillera de Chimbo principia al N, como hemos dicho, sobre la 
meseta occidental del Chimborazo, en Chuquinac, con la altura de 4000 metros, 
una legua al N del pueblo de Salinas. La primera cadena de cerros que 
sale al SO, para virar luego al S, se llama Mullidiang y sobresale al plano 
de Chuquinac apenas de 100 metros. De Mullidiang bajan hacia NO y O 
las ramas que separan los valles de los tributarios del rio Zapotal, es decir 



LA REGIÓN CENTRAL Ó ANDINA. 67 

del Supibí (arriba Chuquinac), Onccbí, Sibimbe, Limón, y que rematan en 
los cerros cónicos de Sibimbe y Oncebí. — Desde Mullidiang la cresta de, 
la Cordillera, aunque siga el rumbo general N-S, no obstante se acomoda 
á las sinuosidades del rio de Salinas y de Cliimbo; de vez en cuando la 
sobresalen algunos picos aislados y agudos, como los cerros Pumin (3564), 
lianza, Bayo. Hasta el último se mantiene en la región de los páramos. 
Pero mas al Sur, especialmente desde la parte que se llama Llullundungo 
(casi enfrente de Guanujo), se deprime tanto, que del lado occidental la 
vegetación arbórea, y del lado oriental el cultivo do los cereales sube hasta 
las cimas; así lo vemos en Corralpamba y Tutapala (3200 m.) y en las. 
ramas que se conocen con los nombres de LluUuche, Illapa, Tanisagua y 
Susanga (sobre San José de Chimbo). Desde Tutupala la Cordillera hace 
un seno al Oeste, para virar en seguida por Pucará, Guarguar y Cochapamba 
al Tambo del Gobierno. Cuatro caminos la cruzan en este trecho, comuni- 
cando el valle de Cliimbo con los valles occidentales. El primero que vá 
al valle de San Antonio y Pozuelos, tiene en Pucará 3060 metros; el segundo 
al valle de Telembela, tiene en la altura sobre Guarguar (Pucará de Telem- 
bela) 3022 metros; el tercero vá de Chapacoto por la ensillada de Cocha- 
pamba (3000 m. aproximadamente) al Tambo de Chunchi; y el cuarto es el 
camino real de San Miguel á Balsabamba, que en la portezuela del Tambo 
del Gobierno tiene 3100 metros. 

En el arco que la Cordillera describe desde Tutapala, salen muchos ra- 
males al occidente entre las cabeceras de los rios de San Antonio y de 
Telembela, pero dos son mas largos é importantes: el que saliendo de Pu- 
cará separa los sistemas fluviales de los dos rios nombrados, y se alarga 
hasta los cerros de Samanta en la llanura de Babahoyo; y el otro, que na- 
ciendo sobre Chapacoto, baja entre los valles de Telembela y del rio Limón, 
para expirar cerca de Pisagua en la misma llanura. 

En las alturas sobre San Miguel y en la cercanía del Tambo del Go- 
bierno la Cordillera de Cliimbo se bifurca: la rama principal se acerca de 
nuevo al rio Chimbo con un giro al E, entre Tambo del Gobierno, los cer- 
ros de Tangará y Pisco-urcu sobre Tumbuco ; de ahí acompaña el valle hasta 
el punto en que entra en las llanuras. La rama occidental, que con la an- 
terior forma el valle de la Chima, tira desde el Tambo del Gobierno directa- 
mente al Sur por los cerros de Alcázar y Aluzaría y por las alturas de 
Bilovan; después vira hacia el Oeste por Sandalan y emite varias ramifica- 
ciones (Copalillo, Chagüil grande, Chagüil chiquito) al valle del rio Limón, 
quedando á su lado oriental y meridional el valle y el rio de la Chima. 

En el cordón principal de la Cordillera de Chimbo, entre San Miguel 

y Chillanes, la cresta ya no llega á la altura de 3000 metros; sus secciones 

5* 



68 topografía. — capítulo n. 

llevan diferentes nombres, como Pisco-urcu, Capult-urcu, Achupallas, Quisa- 
coto, Punzucama. Desde el último punto describe un arco al rededor de la 
pequeña hoya de ChiUanes, pasando por los cerros Chicagua, Pivitiang, Ja- 
rungo, Yana-urcu con alturas do 2500 á 2700 metros. — De este arco bajan 
al Oeste muchas ramas á los ríos de la Chima y de Juntas, entre las cuales 
llaman la atención los cerros de Canazambi por lo escarpado y pintoresco 
de sus formas; ellos salen del Yana-urcu y franjean del lado sur el valle 
del rio Salunguiri. — Desde Chillanes hasta Puente de Chimbo la Cordillera 
ya no presenta ninguna particularidad notable. Se rebaja muy paulatina- 
mente a la altura de 1000 metros y de esta cae en laderas mas escarpadas 
á la de 300 metros, rematando sobre Agua-clara y Puente de Chimbo. 

El sistema fluvial del rio Chimbo solo en el tercio superior de la 
hoya tiene alguna expansión; mas abajo la gran cercania de las Cordilleras 
no permitió un desarrollo largo de los afluentes. Las fuentes del rio Chimbo 
se hallan al rededor de la gran mesa que rodea el Chimborazo al lado occi- 
dental. Una vena principal, él rio Llangama ó de Guaranda viene de las 
quebradas meridionales entre el Arenal y el cerro de Capadla. El camino 
nuevo que vá del Arenal del Chimborazo á Guaranda cruza las tres quebra- 
das principales; primero baja por la de Panza, una legua poco mas ó menos, 
después cruza tres ramales de montañas que se llaman Llangama, Quilitagua 
y Quinoa- corral, y los dos rios que se hallan en medio. El rio de Panza 
recibe algunos pequeños afluentes de aquel ramal de montañas, que desciende 
del Arenal (cerro Panza) en dirección SO hacia Guaranda y que es muy 
conocido por los viajantes, porque sobre él conduce el camino viejo y mas 
trajinado del Arenal, por la Ensillada entre los cerros de Yacoto y Yana- 
urcu, y por la afamada «cuesta de Pongo*. 

Desde la reunión de las tres quebradas principales el rio Llangama 
corre al SSO hasta la confluencia con el rio de Salinas, que se verifica una 
media legua al S de Guaranda. Las cabeceras del rio de Salinas, de la 
segunda vena principal del Chimbo, se hallan en las pendientes occidentales 
de la meseta del Chimborazo, entre el cerro Capadia y el de Chuquinac. 
Todas aquellas quebradas corren al principio al O y declinan después al SO. 
Las fuentes mas lejanas nacen en los extensos y altos páramos encima del 
pueblo de Salinas (3550 m.) y atrás de los cerros de Gabilan y Chuquinac. 
Un poco abajo del pueblo, donde el rio vira por un arco al Sur, recibe del 
lado norte el riachuelo Chinata y algunos mas que descienden de los cerros 
de Mullidiang entre las lomas de Quindemunchu , Zalulata y Zanahuana. — 
El primer tributario del rio Salinas es el rio Guayama, que nace en aquellos 
mismos páramos sobre Salinas y corre paralelo al rio principal, separado de 
él por las lomas de Canduanda; desemboca en el sitio de Apaga. Los tres 



LA REGIÓN CENTRAL Ó ANDINA. 69 

ríos que siguen al Sur, Tarqui, Moya y Tusua, se reúnen en un solo tronco 
antes de entrar en el rio Salinas enfrente del cerro Rayo. Desde este punto 
el rio de Salinas solo recoje afluentes pequeños de ambos lados; su sistema 
está separado del del rio Llangama por el notable cerro de Sinchic y su 
prolongación al Sur (por Pucará, Chorro, Guanujo y los cerritos de Gua- 
randa hasta el del Socabon). — Guaranda, la capital de la provincia de 
Bolívar, se halla situado entre los dos ríos de Llangama y de Salinas, mas 
cerca del primero que del último, en la altura de 2608 metros, que corre- 
sponde aproximadamente á la de Ambato. Sinembargo su clima es mas 
frío y mas riguroso que él de último lugar, y se acerca mas al de Riobamba, 
sin duda por la proximidad de los páramos del Chimborazo. 

De la unión de los ríos de Salinas y de Llangama nace el rio Chimbo, 
que recibe inmediatamente un tributario notable del lado este, que se llama 
rio Gradas. El recoje sus aguas en parte de la Cordillera de la Calera (al 
Sur del Arenal del Chimborazo) y en parte de los cerros de Yacoto, que 

r 

separan su valle del del rio Panza y Llangama. A su lado meridional se 
encuentra un grupo de cerros que se llama Gachisagua y que por todo su 
aspecto y su composición geológica se parecen á los cerros de Yacoto á la 
banda sotentrional. Los dos grupos se hallan separados solamente por la 
profunda abra del rio Gradas en su curso medio. De los cerros de Cachi- 
sagua bajan muchos riachuelos, que reunidos en el rio de Conventillo entran 
al Chimbo un poco abajo de los peñascos de Rumiguarcu, que se levantan 
de su orilla izquierda. — Una legua y media abajo de la boca del rio Gra- 
das, y casi enfrente de la villa cantonal de San José, encontramos la del 
rio de San Lorenzo. Este nace en las faldas occidentales del Puyal con 
algunas venas gruesas entre las ramas de la Cordillera, y recibe muy cerca 
de su desembocadura en el Chimbo el rio de Santiago, que nace mas al Sur 
y no es tan largo; entre los dos se tiende la rama de Guapungoto y Guan- 
tucloma, por la cual sube el camino real á los páramos del Puyal y á Rio- 
bamba. 

A ambos lados de la boca del rio de San Lorenzo se hallan dos pequeñas 
mesetas, en la meridional está el pueblo de Santiago (2548 m.) y en la seten- 
trional el de San Lorenzo casi en la misma altura. — Si seguimos el camino 
por la misma banda oriental del rio Chimbo, cruzamos los riachuelos de 
Patul, Londoma, Tutahuaso y los dos mas considerables de Cañi y de Vallo. 
Entre sus bocas se levantan sendos cerritos inmediatamente sobre el rio 
Chimbo, que dan al paisaje un carácter singular; el mas notable es el cerro 
de Cañi entre las bocas del rio Cañi y rio Pallo, con la altura absoluta de 
2906 metros y de 600 metros sobre el rio Chimbo. 

En las alturas en que nace el rio Pallo, arranca un largo ramal de la 



70 TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO n. 

Cordillera principal, que baja en dirección SO al valle de Chimbo y dá lugar 
á la formación del valle y del rio de Pangor, que naciendo en los páramos 
de Navaz-cruz, desciende en la misma dirección, y mas abajo, después de 
recibir el pequeño rio de Panza, se dirige por una abra muy honda entre 
Galpón y la rama de Panza con rumbo occidental al rio Chimbo. 

Algunas leguas mas el Sur de Navaz-cruz y al Este de Pallatanga sale 
otro cordón grande de la Cordillera occidental en dirección E-O, el cual, 
llegando con su prolongación que se llama Cordillera de Panza, á la orilla 
del Chimbo al lado meridional de la boca del rio de Pangor, vira derepente 
con un ángulo recto al Sur y sigue orillando el rio Chimbo por el espacio 
de mas de dos leguas. De este modo queda separado el valle de Pangor 
del de Pallatanga, y el último constituido en una pequeña hoya lateral, para- 
lela al valle de Chimbo y separada de él por aquella cordillera longitudinal 
entre Panza y la hacienda de San Jorge. — El rio que viene del valle de 
Pallatanga se llama rio de Sardinas; se forma de algunos riachuelos que 
bajando de las alturas de Panza se unen cerca del pueblo de Pallatanga 
(1517 m.) con el rio de Coco, que es mas largo y desciende de la Cordillera 
occidental. De este punto corre el rio de Sardinas casi recto de N á S por 
dos leguas hasta su confluencia con el rio Santiago, recibiendo en este trecho 
el pequeño rio de Galubi del lado izquierdo, y pasando por las haciendas 
de caña Ingenio, Llanos, Bambacagua y San Nicolás. — El rio Santiago 
nace en la Cordillera de Dañas y Allpachaca con dos ramas fuertes, bajando 
por valles despoblados y poco conocidos. Su curso general es de E-O, y 
en su confluencia con el rio de Sardinas obliga á este al mismo rumbo, con 
el cual también entra á corto trecho en el rio Chimbo, una media legua 
abajo de la hacienda de San Jorge y en la altura de 800 metros. 

El Chimbo cambia poco á poco su rumbo, que entre San Jorge y la 
boca del rio de Sardinas había sido de SE, otra vez al SSO, y lo conserva 
asi hasta el Puente de Chimbo. Fuera de varios afluentes pequeños recibe 
dos mas largos, que ambos nacen en los Cerros de Calugüin, Margarita y 
San Nicolás (partes de la Cordillera occidental). El primero es el rio de 
San Pablo, compuesto de los ríos de Sacramento y Piñanpungo, y el segundo 
el rio de Chállua-yacu, en cuyo valle superior se halla la pequeña población 
de Guallanag. Finalmente haré mención del rio de Yurac-yacu ó Bio Blanco, 
que bajando de las alturas de Linje entra en el rio Chimbo precisamente 
en el codo, que hace abajo del Puente para virar al Oeste. 

La banda occidental del rio Chimbo, desde Guaranda hasta el Puente, 
no es tan rica en afluentes como la opuesta que accabamos de estudiar. 
Pequeñas quebradas hay un sinnúmero, no las enumeraremos; el tributario 
mas largo es el rio que podemos llamar de San José % cuyas cabeceras se 



LA EEGION CENTRAL Ó ANDINA. 71 

hallan en las alturas sobre Chapacoto, especialmente en Cochapamba, y que 
en su curso medio lleva el nombre de rio de Huaico, por pasar al lado de 
una capilla célebre de este nombre. Poco antes de su confluencia con el 
Chimbo recibe del lado izquierdo el rio Yanayacu, que viene de un pequeño 
valle lateral en que esta el pueblo de Ásancoto. Entre los ríos del Huaico 
y de Yanayacu se encuentra sobre una loma angosta la villa cantonal de 
San José de Chimbo en la altura de 2500 metros. Media legua al Sur se 
halla en una meseta algo mas espaciosa otra villa cantonal, San Miguel de 
Chimbo en 24(59 metros de altura. Por San Miguel pasa un pequeño rio 
que desciende del cerro de Caparrosa y recibe el riachuelo de Tumbucu in- 
mediatamente antes de entrar en el rio Chimbo. — Sigue un intervalo de 
casi 5 leguas sin rio notable, hasta la boca del rio de Chillanes ó del Hato, 
y aun este rio es pequeño, que después de recojer sus aguas de muchas 
fuentes en la pequeña y alta hoya de Chillanes (2365 m.), se precipita con 
un curso breve al valle cercano del rio Chimbo. Mas abajo siguen las que- 
bradas de Guacálgoto, de San Antonio (enfrente de San Jorge) y muchas 
otras sin nombre y sin recomendaccion. — El valle lateral de la Chima es 
angosto y no presenta otro rio que el de mismo nombre, que en su curso 
bastante recto de N á S (paralelo al rio Chimbo) se engruesa con muchos 
afluentes pequeños de ambos lados. En el valle superior se encuentra a la 
banda izquierda el pueblo de San Pablo (de Atenas) en 2458 metros de al- 
tura, y mas adelante en distancia de media legua de la orilla derecha, el 
viejo y casi abandonado pueblecito de Bilovan. Llegado el rio á las playas 
de Sicoto (2033 m.) hace un arco al Oeste y baja rápidamente entre los 
cerros de Chillanes y de Sandalan al rio de Babahoyo. 

Sección V a . La región entre Sanancajas y Tiupullo. 

De la gran hoya interandina de Latacunga y Ambato participan las 
dos provincias del Tunguragua y de León. Las condiciones hidrográficas 
y orográficas son mas sencillas que en la región anterior, en que reina por 
largo trecho una verdadera trifurcación de los Andes, en lugar de la bifur- 
cación ordinaria. Sinembargo, la complicación de las dos Cordilleras prin- 
cipales no se disminuye, al contrario parece aumentarse en la oriental. La 
hoya se extiende desde I o 30' hasta 0°37'Lat. S, es decir unas 18 leguas, 
siendo muy variable su ancho, si queremos medirlo de cresta á cresta de 
las cordilleras ; en su parte inferior y media, es decir en la región habitada 
y habitable, tiene de 5 á 6 leguas de ancho, en término medio. 

La parte de la Cordillera oriental desde el rio Pastaza hasta los páramos 
de Chalupas al Este de Latacunga, pertenece á lo mas desconocido del 



72 topografía. — capítulo ii. 

pais y — preciso es confesarlo — también á los flacos de mi mapa. Esta 
región se comprende comunmente bajo el nombre de «Cerros 6 Cordillera 
de los Llanganates» ó de «Llanganate». La única expedición científica, que 
hasta ahora ha penetrado á este mundo desconocido, es la que verificó el 
señor doctor W. Reiss en enero de 1873, en tiempo malísimo y bajo condi- 
ciones poco favorables a las observaciones geográficas. No puedo hacer cosa 
mejor que citar la descripción que nos dio este viajero en su carta dirigida 
á S. E. el Presidente de la República y fechada en Riobamba el 8 de julio 
del mismo año. 

«Los cerros que se levantan al Este de Píllaro son la continuación de 
la cordillera que se extiende desde el Cotopaxi y Quilindaña hasta el rio 
Pastaza, formando una serranía larga sin picachos sobresalientes y con un 
declive corto hacia el occidente; mientras que en la dirección al oriente se 
prolongan los ramales á una distancia considerable, hasta morir en los llanos 
de la gran hoya del Amazonas. Un número pequeño de quebradas, y todas 
de poca consideración, desciende al Oeste para reunirse con el rio Cütuche, 
la única excepción hace el rio Guapante que recibe las aguas de muchos 
páramos, tanto de la parte del Norte, cerca de Latacunga, como de la parte 
del Sur, en la vecindad de Pillaro: mientras que muchísimos valles siguen 
la dirección al oriente, llevando copiosas cantidades de agua que, reunién- 
dose poco á poco, forman las cabeceras de los ríos Curaray y Bobonazo, 
confluentes del Ñapo y Pastaza. Tan antigua y ya tan destruida por la 
erosión es esta cordillera, que no se encuentran sino unas cuchillas estrechí- 
simas entre los diferentes hondones que, llenados con lagunas y ciénagas, 
forman las cabeceras de los ríos.*) 

«Subiendo desde Píllaro las faldas occidentales de la serranía se llega 
muy pronto al filo que separa las quebradas del Sur de las del Norte, y 
siguiendo esta cuchilla, que corre del Oeste al Esto entre los valles pro- 
fundos de Vagrahuaje, Cruzsacha, Ganacocha, y Pujin puede atravesarse á 
caballo todos estos cerros que son conocidos bajo el nombre de "Cordillera 
de Píllaro", hasta el valle de Jaramillo. . . . 

«Con tantos peones (ttO) siempre se camina despacio, y sinembargo que 
hice llevar mis cargas en bestias hasta Jaramillo, gastamos tres dias y 
medio para llegar á un filo alto enfrente del nevado (del Cerro Hermoso), 
caminando unas veces en las partes altas de los páramos, abriendo paso en 
medio de los fucales tupidos; bajando otras veces al fondo de quebradas 

*) Puede ser, que las cabeceras del rio Huapante en mi mapa se hallen colocadas 
demasiado al Este, y demasiado cercanas al Cerro Hermoso, y que los orígenes del rio 
Curaray y do algunos tributarios del Ñapo caigan mas al poniente. Toda aquella región 
necesita todavía un estudio topográfico mas exacto. — Wolf. 



LA REGIÓN CENTRAL Ó ANDINA. 73 

profundas, trochando en los bosques raposos que cubren las faldas de los 
cerros. Los caminos anchos de las dantas nos facilitaban mucho el trabajo, 
pero el tiempo no nos era propicio, porque llovía y nevaba todos los dias, 
y las nubes nos ocultaban la vista de los cerros desde las 9 de la mañana, 
de tal manera que me vi obligado á plantar mis toldas siempre muy tem- 
prano, de miedo de perderme en este laberinto de quebradas y cerros; y no 
obstante de todas mis precauciones no faltaba mucho que hubiéramos pasado 
al Norte del cerro sin verlo y buscándolo siempre mas al oriente. 

« Seis dias pasamos en la falda empinada de un filo de mica-esquista en 
medio de un fucal casi impenetrable, envueltos en nubes, con lluvias y neva- 
zones continuas, hasta lograr por unos pocos momentos la vista del cerro, 
para tomar su altura. Concluido este trabajo visité con algunos peones la 
parte occidental del Cerro Hermoso hasta el limite inferior de la nieve, para 
cerciorarme de la naturaleza de las rocas que forman las peñas de la 
cúspide. 

«La vista desde Toldofilo (así llamábamos las peñas de nuestro cam- 
pamento) abraza toda la cordillera oriental desde el Antisana y Cotopaxi 
hasta el Sangay, y puedo asegurar que no solamente no existen estos picos 
y volcanes que el señor Guzman ha pintado en su mapa; pero también que 
ni hay rocas volcánicas en esta parte de la Cordillera : todas las bocas men- 
cionadas en el mapa (Siete bocas etc.) son bocaminas y no bocas de vol- 
canes. El Antisana y el Sangay son los dos cerros volcánicos mas avanzados 
al oriente, y las erupciones que han tenido lugar en el espacio intermedio 
solamente cubrieron las esquistas en una zona estrecha que so extiende desde 
la cumbre hasta las altiplanicies encajonadas entre los dos ramales princi- 
pales de la gran Cordillera. . . . 

a Los cerros formados por las esquistas son muy empinados y principal- 
mente al Este del rio Topo cortados á pico, con sus faldas desnudas, 
mostrando las planchas de las esquistas en posición casi vertical y relum- 
brando bajo los rayos del sol como plateadas á causa de la mica. Pero 
estas lomas erizadas no alcanzan á mas de 4200 ó 4300 metros de altura 
y no sobresalen á la cumbre de la Cordillera; solamente el Cerro Hermoso 
se eleva á mayor altura, merced á su composición geológica diferente de 
los otros cerros. La parte inferior de este nevado no se diferencia de las 
lomas mencionadas; pero en lugar de acabar como estas, en un filo lleno 
de picachos como una sierra, se ven encima de las esquistas verticales unas 
peñas negras, formadas por capas horizontales, y si ya la parte inferior parece 
inaccesible, lo es deveras la cúspide, que, al menos al lado del Oeste, se 
presenta como una muralla, sobre la cual desciende una helera grande, 
reuniéndose con las masas de nieve, que rodean el pié de las peñas negras. 



74 T0P0GBAFIA. — CAPÍTULO H. 

Las capas horizontales son unas esquistas calcáreas y bituminosas, tan im- 
pregnadas con piritas que donde quiera que se rompa la roca, se vé relum- 
brar el oro, como decían mis compañeros. Se reducen talvez las grandes 
riquezas de los Llanganates á depósitos de este mineral, que ya tanta plata 
ha costado á los mineros inexpertos del Ecuador.» 

He copiado este pasaje integro, porque es la única descripción científica 
que poseemos de aquella región, y la carta impresa del doctor Reiss es tan 
rara, que pocas personas pueden leerla. Ademas dá una idea cabal de los 
grandes trabajos y penalidades que muchas veces debe pasar el geógrafo, 
para estudiar las regiones apartadas de los Andes, y se comprenderá, porqué 
el mapa en varias partes todavía ha de quedar mas ó menos defectuoso. 

Lo que sacamos en limpio para nuestro objeto actual, es que atrás de 
la Cordillera de Píllaro (la única visible desde la hoya interandina) existe 
una región extensísima y complicadísima de páramos, de que salen muchos 
ramales hacia E y NE y también hacia el Sur al valle del rio Pastaza. 
Parece que el ramal principal es el que saliendo de la Cordillera de Píllaro 
en dirección SE, sigue por largo trecho al Este, paralelo al valle del rio 
Pastaza, para abatirse con sus últimas ramificaciones cerca de Canelos. De 
las vertientes setentrionales de este ramal grande nacen las cabeceras del 
rio Curaray, uno de los tributarios mas poderosos del rio Ñapo. Los ramales 
mas cortos, que bajan de la Cordillera de Píllaro directamente al Sur, entre 
el valle del rio de Patate y el rio Verde primero, y que rematan enfrente 
del Tunguragua, cierran la hoya del lado sureste. 

La Cordillera de Píllaro comunica hacia el N y al otro lado del rio 
Huapante con los páramos de Chalupas, que sobre San Miguel y Latacunga 
son muy anchos y siguen hasta el pié del Quilindafia. Podemos llamar esta 
porción de la Cordillera real la Cordillera de Chalupas. Inmediatamente al 
otro lado de su crestón central nacen de un sinnúmero de riachuelos, al- 
gunos tributarios importantes del rio Ñapo, como el rio Chalupas y el rio 
Juntas, y entre sus sistemas ó valles se extienden los largos ramales de la 
Cordillera hasia las orillas mismas del Ñapo. En comparación con ellos, 
las ramas que caen hacia el occidente al valle de Latacunga, son cortas é 
insignificantes. 

Ahora llegamos á un punto de la Cordillera oriental , bajo o 45' Lat. S 
aproximativamente, desde el cual nos hallamos embrollados en la investi- 
gación de la cresta central. Comienza aquí uno de los grupos volcánicos 
mas grandes de la región andina, que ha cambiado y ocultado completamente 
la configuración primitiva de la Cordillera, y la linea que hoy es la divisoria 
de las aguas atlánticas y pacíficas, seguramente no lo ha sido antes que 
habían nacido el Cotopaxi, el Quilindaña, el Sincholagua y el Antisana. Asi, 



LA REGIÓN CENTRAL Ó ANDINA. 75 

por ejemplo, el Cotopaxi está sobre la linea divisoria y forma parte de ella, 
mientras que geológicamente hablando se halla al Oeste de la Cordillera 
central y es un promontorio occidental de ella. Al contrario, el Quilindaña 
se halla hoy dia muy al Este de la línea divisoria de las aguas, sinembargo 
su posición corresponde mucho mas al primitivo crestón central de la Cor- 
dillera. — La mayor parte de dicho grupo volcánico cae en la sección si- 
guiente del territorio andino, y por el momento extendemos nuestra descripción 
solo hasta el Cotopaxi, que forma la esquina noreste de la hoya de Latacunga. 

Antes de llegar al Cotopaxi encontramos, si caminamos sobre la Cor- 
dillera al N, á nuestra derecha el Quilindaña, en apariencia sobre un ramal 
oriental entre las cabeceras del rio Juntas y las del rio Ami que desciende 
del Cotopaxi. Por su posición algo oculta se lo vé rara vez y desde pocos 
lugares de las hoyas habitadas, y por esto se oye hablar poco de este nevado, 
que no obstante se presenta muy majestuoso y como un digno vecino del 
Cotopaxi, desde los páramos del Valle-vicioso. Su altura es de 4919 metros. 
Del Quilindaña sale al oriente un ramal muy alto ó mejor dicho una meseta 
ancha de páramos, que en la Carrera nueva se eleva á un crestón nevado, 
que atraviesa casi todo el espacio entre el rio del Valle-vicioso y el rio 
Juntas (que por otros se llama también rio Chalupas). — Hay solo una 
legua y media del pié del Quilindaña hasta el del Cotopaxi. En este camino 
(en dirección al NO) pasamos por el cerro del Morro, que entre los dos 
gigantes nevados se presenta como un enano, apesar de que su altura abs. 
es de 4304 metros. El Morro ya se halla sobre la línea divisoria de las 
aguas, y de su lado occidental nacen los afluentes del rio Aláques. La 
Tanta-loma conduce de este cerro directamente á las faldas meridionales del 
Cotopaxi, y representa en esta parte el crestón divisorio de la Cordillera. 

El Cotopaxi ocupa entre los grandes cerros de la República ecuatoriana 
el segundo lugar en altura, siendo solamente de 367 metros mas bajo que 
el Chimborazo, pero entre los volcanes activos de todo el globo terrestre el 
primero; pues ninguno de los demás se eleva á la considerable altura de 
5943 metros, la que corresponde al Cotopaxi. También en cuanto á su im- 
ponente presencia exterior y hermosura pintoresca, ninguno de los volcanes 
del Ecuador le aventaja y poquísimos en el resto del mundo le igualan.*) 
Por su avanzada y aislada posición occidental en la Cordillera real, parece 
levantarse directamente de la llanura de Latacunga, lo que dá realce también 
á su altura relativa, como sucede otro tanto con el Tunguragua, que de 
igual modo surge aislado del valle de Baños. 

*) En mi «Memoria sobre el Cotopaxi y su última erupción, acaecida el 26 de junio 
de 1877. Guayaquil 1878», se encuentra la topografía detallada del Cotopaxi y de sus 
alrededores. 



76 



T0P00BAFIA. — CAPÍTULO II. 



Mientras que el Cotopaxi con bus faldas occidentales desciende paula- 
tinamente á la llanura de Callo y de Muíalo, que se halla en 3000 metros, 
está rodeado al E y N de mesetas altas (3800 á 4000 m.) que se extienden 
entre su base y las del Quilindana, Sincholagua y Bumiñahui, y se pro- 
longan mucho hacia el oriente á lo largo del Valle-vicioso. En las faldas 
orientales del cerro {en sus «huaicos») y en los páramos que lo rodean, nacen 
los ríos de Ami y de Tamboyacu, representando las fuentes mas lejanas y 
por esto principales del rio Ñapo. Unidos los dos en el Valle-vicioso toman 
el nombre de este último, y mas abajo entra el rio que del Norte trae las 
aguas del Antisana. Entre el rio del Valle-vicioso y el del Au tisana corre 
de O á E la fría Cordillera de Cubijan ó Cubillan con 4200 á 4300 metros 
de altura. 




una (ludo N). 



Al pió noroeste del Cotopaxi se halla la interesante meseta de IAmpio- 
pungo (3888 in.), con una pequeña laguna, que vá desapareciendo poco á 
poco con las frecuentes erupciones del volcan, llenándose de arena, ceniza, 
piedra-pómez y otros materiales de eyección. De esta llanura las aguas 
descienden hacia el Sur al valle de Latacunga y hacía el Norte al valle de 
Chillo ó la hoya de Quito. Ella representa una ensillada entre el Cotopaxi 
y el Rumi&ahui, y es propiamente el principio del nudo de Tiupullo, porque 
desde el arenal de Limpiopungo vá una cordillera transversal directamente 
al pié del Iliniza en la Cordillera occidental. Este cordón se llama en su 
parte central Nudo de Tiupullo, y es en toda su extensión de naturaleza 
volcánica. — Se vé que el volcan de Bumiñahui no se halla sobre la Cor- 
dillera oriental, sino sobre el nudo de Tiupullo; tiene la altura de 4757 metros 
y no llega á la linea de la nieve perpetua. Este cerro es uno de los 



LA BEGI0N CENTRAL Ó ANDINA. 77 

volcanes mas hermosos y característicos del pais, y su aspecto os imponente, 
sobre todo del lado do Machachi, por donde ostenla su caldera ó cráter, 
que tiene 800 metros de profundidad. Pero como se halla entre los picos 
nevados del Cotopaxi y del Iliniza, el viajero ordinario no le presta la aten- 
ción, como cuando estuviese en otro lugar. — Las aguas del Rumiñahui van 
todas al Norte, al sistema de la hoya de Quito. 

Del pió suroeste de este volcan vá una meseta alta y ancha al occidente 
hasta el pié del Iliniza, y estos son los páramos de Tiupullo, los que cruza 
la carretera entre el puente de Jambelí (3190 m.) y el tambo de Santa Ana 
(3150 m.). El punto mas alto del camino en Huinsha alcanza 3604 metros, 
y en Chisinche ó iCruz de Tiupullo» 3552 metros. — Así como al extremo 
oriental del nudo hallamos el Rumiñahui, sobre su extremo occidental en- 
contramos, como avanzada del Iliniza, otro volcan, los «Cerritos de Chaupi*. 
Están al N sobre Santa Ana. tCasi de todos lados se distinguen tres cús- 
pides, que parecen formar una cordillera pequeña; pero en verdad son estos 
los puntos mas altos de las paredes de una caldera bastante grande, llamada 
Hondón de San Diego, que desagua por el lado del Norte reuniéndose al rio 
Curiquingue con las aguas que pasan por el puente de Jambelí. Las erup- 
ciones que ha hecho esto cerro, han causado casi una reunión entre el Ru- 
miñahui y el Iliniza, rompiendo de esta manera la continuación del valle 
profundo, que se extendía entre las dos Cordilleras antiguas» (Reiss), y así 
se ha formado el nudo de Tiupullo. El mas alto de los «Cerritos de Chaupi» 
se llama Pupuntío y tiene 3997 metros de altura abs., el fondo del cráter 
(Hondón de San Diego) 3548, y la ensillada entre el Iliniza y los cerros de 
Chaupi 3772 metros. 

* El Iliniza se compone de dos cerros distintos: el picacho del Norte 
parece el mas antiguo, do manera que las erupciones do la cúspide del Sur 
han tapado en gran parte la falda sur de dicho picacho. De estas circun- 
stancias resulta que entre los dos cerros so encuentra una ensillada que ahora 
está llenada con las heleras que bajan de la cúspide del Sur. Dicha en- 
sillada es bastante ancha y como tiene una inclinación del oriente al occi- 
dente, obliga á la helera á bajar á las cabeceras del Hondón de Cutucuchu» 
(Reiss). La cúspide meridional tiene 5305 y la setentrional 5162 metros 
de altura. 

El Iliniza ocupa una posición avanzada en la Cordillera occidental, aná- 
loga á la del Cotopaxi en la oriental, con el cual rivaliza también en cuanto 
á su aspecto majestuoso é imponente. Sus faldas orientales, surcadas de 
quebradas hondas é inaccesibles, caen rápidamente á las planicies de Callo 
y Machadle, mientras que con las occidentales y las meridionales está sen- 
tado sobre el ancho lomo de la Cordillera. 



78 T0F0GE4FIA. CAPÍTULO n. 

La Cordillera occidental que franjea la hoya de Ambato y Latacunga 
comienza al Sur con el Chimboraeo y el Carihuairazo. El primero queda 
descrito mas arriba y el segundo se halla en condiciones topográficas muy 
parecidas. Sentado pocas leguas al N del Chimborazo, está unido con este 
por una ancha y alta ensillada que se llama Abraspungo (4392 m.). £1 
Carihuairazo mide 5106 metros, 1204 menos que el Chimborazo; sinembargo, 
merced á las favorables condiciones en que se halla su falda occidental en 
una extensión muy grande y superior al limite inferior de la niove, carga 
una inmensa cantidad de nievo y hielo, que según el doctor Stübel es mayor 
que en ningún otro cerro de los Andes ecuatorianos. 




TlilD, V¡ltO d«l UdO I 



Por el lado oriental del Carihuairazo se extienden los páramos hasta 
Mocha (3284 m.) y á la cercanía de Tisaleo (3318 m.) y Pataló (3191 m.) 
en dirección á Ambato. En estos páramos es notable una rama, que saliendo 
del Carihuairazo baja al Este y remata en el cerro alto y aislado de Puñalica 
(3996 m.) sobre el pueblo de Mocha. 

El pié occidental del Carihuairazo está rodeado de arenales parecidos 
á los del Chimborazo y unidos con ellos. Pero las aguas de estos arenales 
se recojen poco á poco en un valle que se dirige primero al N y después 
al NE, formando el rio de Ambato, de suerte que el Carihuairazo queda 
separado de la antigua Cordillera occidental. Esta última se confunde atrás 
del Chimborazo con aquella meseta alta, de que sale la Cordillera lateral de 
Chimbo en Chuquinac; pero mas al N de este punto podemos distinguirla 
bien entre las cabeceras del rio de Ambato y las del rio de Simiátug; en 
el paso de Buenavate tiene 4225 metros de altura. Por largo trecho sale 
bien caracterizada hacia el Norte con el nombre de Cordillera de Angamarca 



LA REGIÓN CENTRAL Ó ANDINA. 79 

y Zumbagua. Mientras que al poniente emite sus ramas con bastante regu- 
laridad al rio de Angamarca, su lado oriental tiene una configuración mas 
complicada, debida á los cerros volcánicos que se levantan por allá entro 
Pasa, Quizapincha y Cusubamba, y de los cuales el Casaguala y el Quis- 
picaska son los principales. Las ramificaciones de estos cerros bajan hasta 
el Sagoatoa enfrente de Ambato. 

Bajo el 1° Lat. S, en los altos páramos de Tigua, Zumbagua y Hataló, 
la Cordillera es muy ancha y se bifurca: la rama principal sigue derecho 
al Norte por los cerros de Guangaje é Isinlivi, para unirse con la base occi- 
dental y meridional del Iliniza; la otra rama sale de la pampa de Hataló 





f )> 






y.- 








^^; 



Fig. 11. El CMaguaU. {Begun L. A. Martínez.) 

en dirección NO y forma la Cordillera de Chugchüan y Sigchos. Entre ambas 
cordilleras, la últimamente nombrada y la de Guangaje, se halla el valle del 
rio Toachi, que se extiende de S á N. — Esta bifurcación de la Cordillera 
occidental presenta un caso análogo al que conocimos en la Cordillera lateral 
de Chimbo, solo en escala mas pequeña y que la Cordillera de Sigchos lleva 
mucho mas el carácter de un ramal que no de una cordillera independiente, 
paralela á la principal. — De la Cordillera centra) ó de Guangaje bajan al- 
gunas ramas cortas al valle del Toachi, otras mas largas y mas anchas, 
pero sin particularidades notables, á la hoya de Laíacunga hacia Pujili, Sa- 
quisilí y Toacaso. 

Desde el lugar de la bifurcación de la Cordillera salen al poniente al- 
gunos cordones de montanas altas y largas, uno entre el sistema del rio de 
Angamarca y el del rio Pilaló, y otro entre el ultimo rio y su tributario 
mas grande, el Quindigua, de suerte que ese nudo de Zumbagua y Hataló 



NO TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO II. 

om un punto importante para la división de las aguas: sobre él nacen los 
rio* do Tonclii, dn Pílalo y Quindigua, do Angamarca y de Pujilí. 

Chhí al principio do la Cordillera de Chugchilan, á su lado oriental, y 
romo loviMittitidoMo dol vallo dol rio Toachi, se halla el interesante cerro y 
voloiiu do Qiiihha (ó Qnirotoa y quo es lo mismo*)), que en su cráter aloja 
una laguna. Por hu posición escondida no se lo vé desde la altiplanicie de 
IriitiiotuiKii, y do ningún lado haoo la impresión de un volcan, solo estudián- 
dolo do oorott y soldado sobro ol bordo de su cráter, se puede apreciarlo 
dignamente y admirar sus dimensiones colosales. Su altura es de 4010 metros, 
y la laguna so halla en la do Jtf>70 m. Volveremos á hablar de este volcan 
en la parto goológion, 

Bl aiattma fluvial de la hoya de Lataounga y Ambato es el del 
río ( Wn< A*\ que mas uUt\jo so llama do Patate. Nace en las faldas occiden- 
talos dol Cotopnxt y corro primero do K á O hasta el eerrito de Callo, cerca 
do Santa Ana de Tiupullo* desde cuyo punto se dirige al Sur por en medio 
de una extensa llanura* que llega hasta las cercanías de Lataounga. Algunos 
han eivido y swstionon todavía (t\ tionsálex Suáres. Hist. gen. de la Rep. 
del Kouarior* K iftK que el eerrito de Callo sea obra artificial de los indios 
antiguo^ un túmulo o un adoratorto» He examinado este eerrito por todos 
lo* la\U^t y no encontré ningún indicio* que justificara esta suposición: al 
\^\tiw su terreno* en donde esta abierto y accesible a la observación» hace 
la impresión de s^mt natural* y apoyo la opinión del doctor Ketss^ quien dice: 
♦ IWce que el eerrito de tWlo es la cúspide de una reventara* parecida 
a la del IVnecillo de víuite; pero ahora esta casi enterrado^ — H eerrito 
tiene S&V motiva de altura absoluta y S¿> $*>bf* el plano adyacente. — La 
llanura do i\dlo tiene unas 4 leguas de tar^e y l a í de aoc&x se inclina 
>ua\vtncntc hacia el Sur* teniendo en su extremo setentrienal 5t»X> y en el 
tncrtdtcttal i^V mettw vle attura. A vVttsc\H*ctfce«a ¿e las ftwttenws erup» 
cKuuvft del iVtv^wvt vtutante un s¿$ío y t»<?\íie. qu**ia muy esceriÜ2»ia y 
presenta ot a*(wtc *iv u« desierto |V\tte$ccs*\ A su atarwr ecwncaí <e 
hatUvt tw eucKocuos *íe Mu^v* v CfestggMtt^ a¿ Sícw ovv¿ie«aí to* *<* 

tf! w v\t;«dV r\v*V ic< \*¿c *eí íi*w» i^ j*q;i*ídvs :rfKaanu«*: *t 
^W<.4* ^;*c v en^.a v w\» Ae vW, > oí w í?u*o/ « ?*jvv anas Jk >ur 




LA EEGION CENTRAL < 



81 



cerca de la hacienda Ciénaga. También del Cotopaxi bajan todavía diversas 
quebradas, formando los ríos de Saquimalac, de San Diego y del Purgatorio, 
los que unidos en un solo tronco pasan por Rumipampa al Cutuchi. — El 
rio de Ataques tiene un origen parecido en las quebradas ó «huaicos» que 
bajan del Picacho del Cotopaxi, pero se engruesa también con algunos nos 
que nacen de la Cordillera mas al Sur, como el Vuma-ucu y el Tuluchi. 
Una legua al N de Latacunga desemboca el Aláques en el rio Cutuclii. — 







v. p .t£t31s3 




é ' 


' : . 



De Latacunga abajo hasta San Miguel siguen el Yana-yacu, Cunuc-yacu, el rio 
Illuchi y el Compadre-huaico, todos del lado izquierdo y tributarios cortos y de 
poco caudal. El único de alguna consideración de este lado es el rio Huapante, 
que desemboca una legua abajo de San Miguel, y que recoje sus aguas en 
los páramos altos de la Cordillera oriental sobro Latacunga, San Miguel y 
Pillaro, pero cuyo curso está todavía poco estudiado. — Después sigue el rio 
de Pillaro, no muy largo, y algunas quebradas mas cortas cerca de Patate. 



82 topografía. — capítulo n. 

Del lado derecho ó de la Cordillera occidental recibe el Cutuchi fuera 
de los rios ya nombrados (Cuilchi y Blanco) el rio Pumacunchi, cuyas cabe- 
ceras se hallan en parte (Razo-yacu) en las faldas meridionales del Hiniza, 
y en parte (Yana-yacu) en los páramos que acompañan la Cordillera de 
Guangaje. En su curso inferior el Pumacunchi corre por largo trecho paralelo 
y muy próximo al Cutuchi, quedando entre los dos el llano angosto de Rumi- 
pampa; pasa por el pueblo de San Felipe y desemboca media legua abajo 
de Latacunga. Esta ciudad está en la altura de 2800 metros. — Mas adelante 
entra del mismo lado el rio de Pujilí, que se forma en los páramos sobre el 
pueblo del mismo nombre y el de Isinchi, de varios riachuelos, y no tiene un 
curso muy largo. Lo mismo dígase del rio Naxichi, que de igual modo se recoje 
en los páramos de Cusubamba y desemboca casi enfrente de San Miguel. 

El tributario mas poderoso de todo el sistema fluvial del Cutuchi, y 
casi tan importante • como este mismo, es el rio de Ambato unido con el 
Panchalica; el primero nace en las faldas occidentales del Chimborazo y del 
Carihuairazo , y el segundo de las faldas orientales de estos dos cerros. — 
El rio superior de Ambato separa el Carihuairazo de la Cordillera occidental 
y recibe algunos afluentes considerables de esta misma, del lado de los 
cerros de Casaguala y de Quispicasha. Su curso, al principio de S á N, 
declina poco á poco al E, y sobre su orilla derecha se halla en una hoya 
abrigada Ambato, la capital de la provincia del Tunguragua, en la altura de 
2G00 metros. — El rio Panchalica viene de los páramos de Sanancajas y 
de Mocha. De sus afluentes nombraremos el rio Salazaca, que baja del 
Carihuairazo y desemboca al lado del cerro Puñalica, cerca de Mocha. El 
pueblo mismo de Mocha, célebre en la antigüedad incásica como punto 
estratégico, y en todos tiempos como tambo importante para los viajeros, 
queda á alguna distancia de la orilla izquierda del Panchalica, sobre una 
pequeña meseta y en la altura de 3284 metros, que indica suficientemente 
un clima rígido en el límite de la zona cultivada y cultivable. — Algunas 
otras quebradas bajan de las faldas orientales del Carihuairazo y de los 
páramos sobre Tisaleo, pero con muy pequeño caudal de agua, siendo en 
general la región entre Mocha y Ambato muy árida, arenosa y falta de 
agua. Lo mismo se puede decir de la banda derecha del Panchalica, en 
la cual solo el rio de Quero, que baja de la Igualata y de los páramos 
circunvecinos, merece alguna mención. Las otras quebradas son pequeñas 
y casi secas. Los dos rios de Ambato y de Panchalica se reúnen poco 
antes de su confluencia con el rio de Cutuchi, que aqui ya se llama rio de 
Patate. Este corre en un valle muy hondo y de temperatura medio caliente 
hacia el Sur, hasta el pié del Tunguragua, en donde se encuentra con el 
rio Cliamlo que viene del lado opuesto, de la hoya de Riobamba. 



LA REGIÓN" CENTRAL O ANDINA. 



El rio Pastaza, nacido de la unión de los dos últimamente nombrados, 
en la altura de 1800 metros, corta la Cordillera oriental do á E en un 
hondo valle, que se extiende por unas 8 leguas entre los ramales que al 
lado sur salea del Tunguragua y al lado norte de la Cordillera de los Llan- 
ganates. Al principio el Pastaza se llama también rio de Agoyan, hasta la 
catarata grande de este nombre, que forma unas dos leguas abajo de su 
nacimiento, es decir de la confluencia del Chambo. Aquí el rio, estrechado 













- * * 







entre peñascos negros, hace uu salto de 60 metros con un ruido atronador 
y presentando un espectáculo muy grandioso, especialmente cuando se con- 
templa del lado de abajo la inmensa cantidad de agua tranformada en espuma 
blanca. Este sitio pertenece á los mas pintorescos en los Andes, y su belleza 
se realza también por la vegetación hermosísima, que aquí en la altura de 
solo 1544 metros, ya lleva todo el carácter tropical. 

Todos los afluentes meridionales del rio Pastaza son insignificantes. Del 



84 topografía. — capítulo n. 

Tunguragua baja la quebrada de Vascun cerca del pueblo de Baños (1800 m.), 
igualmente la Chorrera , un poco al Este del pueblo, que cae de la altura 
de 150 metros, y á cuyo pió brotan varías fuentes termales con una tem- 
peratura de 22° á 54° C. Algo mas abajo y cerca de la chorrera de Agoyan 
entra el rio Ulva, que nace también sobre el Tunguragua; después siguen 
las pequeñas quebradas cortas, que bajan del ramal de la Cordillera que se 
compone de rocas antiguas. 

Mucho mas numerosos y mas considerables son los tributarios que el 
Pastaza recibe del lado setentrional. Los ríos de Uigua y de llluchi, en- 
frente de Baños, son cortos, pero el que sigue, el rio Verde I o es muy largo 
y viene desde los páramos de la Cordillera de los Llanganates en los al- 
rededores del Cerro Hermoso. Abajo de la chorrera de Agoyan se siguen 
los ríos Blanco, Verde 2 o , Machai, Mapoto, Margajitas, Topo (largo y grande), 
Zuñag, Chuloaya, Quilluc, Manga-yacu, Állpa-yacu y Corina. — En seguida 
(aproximadamente en la altura de 1000 metros) entra el Pastaza ya en las 
llanuras de la región oriental y recibe del lado derecho el rio Líusin ó Nieve, 
que desciende del Altar, y del lado izquierdo el rio Pintuc (ó Pindó), que 
se cruza en el camino á Canelos. 

El valle del rio Pastaza es el último, que corta la Cordillera oriental 
en el territorio ecuatoriano, pues las dos hoyas que siguen al Norte, la de 
Quito y la de Ibarra, ambas se desaguan por la Cordillera occidental al 
océano pacifico. 



Sección VI*. La región entre el nudo de Tiupullo y el del Mojanda 

y Cajas, 

La región en que vamos á entrar, comprende la hoya de Quito y la 
parte central y principal de la provincia del Pichincha. Se extiende entre 
o 37' Lat. S y o 8' Lat. N. — La hoya de Quito, que aquí tomamos en el 
sentido mas lato, se subdivide en varias partes, y le pertenecen los llanos 
de Machache, el valle de Chillo, el de Tumbaco, el de Guallabamba etc. 

La Cordillera occidental que limita la hoya entre el Iliniza y el Mojanda, 
es angosta y baja (no pasa de 3000 metros), y solo los altos volcanes que 
la coronan, le dan algún realce á la vista. — Dos leguas al N del Iliniza 
y unido con él por la angosta ensillada de Atatinqui ó Cruz-loma, se levanta 
el Corazón (cuyo nombre primitivo se ignora) á 4816 metros. Es un cerro 
hermoso con la cúspide cubierta de nieve perpetua, pero se necesita de 
mucha fantasía para encontrar en su configuración el órgano del cuerpo 
humano de que ha tomado su nombre. — Sigue el Atacazo, que con 4539 metros 
de altura no alcanza la región de la nieve perpetua. El viajero que pasa 



LA BEGION CENTRAL Ó ANDINA. 85 

por la carretera, no vé ni sospecha siquiera, que los cerros de Corazón y 
A tacazo tienen calderas ó cráteres muy grandes en sus cumbres, porque 
ellos se abren hacia el poniente. La caldera del Corazón es mas grande que 
la del Pichincha, y según el doctor Reiss la mas grande en todo el Ecuador, 
pues, tiene la profundidad de 1200 metros (la del Pichincha 770 m.). El 
lomo de la Cordillera tiene entre el Corazón y el Atacazo, sobre el pueblo 
de Aloag (en Guagrapamba) 3138 metros. Sobre este lomo y de las faldas 
occidentales del Corazón y del Atacazo nacen las cabeceras de los ríos de 
San Lorenzo, de Yamboya y de Sitante, que forman con otros tributarios el 
de Pilaton, que de su vez desemboca en el rio Toachi. — El valle del Pi- 
latón es de un interés especial, en cuanto por él deberá pasar el ferrocarril 
proyectado de Bahia de Caráques á Quito ; y en efecto el pasaje de la Cor- 
dillera entre el Corazón y el Atacazo se presta mejor que ningún otro á una 
fácil comunicación de la región interandina con la baja del occidente. — Los 
estribos occidentales de los dos cerros nombrados son bastante largos y 
rematan cerca de las orillas del rio Toachi, mientras que los orientales son 
muy cortos. Del Atacazo se prolonga uno algo mas al SE, concluyendo 
con el cerrito volcánico que se llama la Viudita sobre Tambillo; y otro al 
E, formando la a cuesta de Santa Rosa » (3086 m.) que separa los llanos de 
Machache de los de Turubamba. 

La depresión de la Cordillera entre el Atacazo y el Pichincha cerca de 
Lloa, baja á 3070 metros. Allende so levanta el Pichincha que no es un 
cerro aislado, sino compuesto de varios cerros alineados en dirección SO-NE. 
Distinguimos los principales con los nombres de Guagua -Pichincha y de 
Rucu-Pichincha.*) El primero se presenta de lejos como un cono truncado; 
el punto mas alto del filo del cráter tiene 4787 metros de altura y el picacho 
que limita el cráter al N, tiene 4755. La caldera es muy espaciosa y tiene 
la profundidad de 770 metros. — El Rucu-Pichincha presenta la forma de 
un picacho agudo y tiene la altura de 4737 metros. Ni él ni el Guagua- 
Pichincha éstan cubiertos de nieve perpetua. Alguna se conserva durante 
todo el afio en ciertas quebradas, de donde la sacan los indios para venderla 
en Quito. — Entre el Guagua- y el Rucu-Pichincha se levantan varios pi- 
cachos de 4500 á 4600 metros, como el cerro de Ladrillos, el Padre encan- 
tado, el Pico de Paguampa y otros. — Á alguna distancia del Rucu-Pichincha 
hacia el NE encontramos el último pico notable, que se llama Cuntur- 
guachana, con 4090 metros de altura, casi enfrente de Guápulo. Todos los 

*) Es de advertir, que Humboldt en todas sus obras constantemente llama el Rucu- 
Pichincha Guagua-P. y al revés. El Guagua-P. es el cerro con el cráter activo, y el 
Rucu-P. es el cono extinguido mas al Norte. Do las obras de Humboldt este error ha 
pasado á todas las geografías y geologias del mundo. 



TOPOGRAFÍA. 



- CAPÍTULO II. 



cerros nombrados, inclusivo los dos Pichinchas, tienen por base el tendido 
macizo común, que de suyo es muy alto, y por esto las alturas relativas de 
aquellos, es decir los que tienen sobre el macizo, no son muy considerables. 
£1 Pichincha en toda su totalidad se presenta como una cordillera de lomo 
ancho, surcada por muchas quebradas hondas que forman entre si estribos 
mas ó monos largos, y coronada de algunos picachos. Véase la lámina, que 
representa todo el Pichincha, con Quito á su pié, y que es copiada de un 
dibujo del señor doctor Stübel. 

Las quebradas, que bajan del Guagua-Pichincha, se dirigen al valle de 
Lloa, lo que disminuye considerablemente el riesgo que correría la Capital 
en el caso de una erupción fuerte del Guagua-Pichincha. Las «avenidas» 




Flg. 14. El Bnou-Plohlnol» 



dal Ougna-Plohlnc 



del volcan no podrían llegar á Quito, que está ediñcado al pié del Rucu- 
Pichincha. — El valle de Lloa está separado de la hoya de Quito (plano 
de Turubamba) por una Cordillera baja, también volcánica, que saliendo de 
un estribo del Eucu-Pichincha, enfrente del Panecillo, tira al Sur sobre los 
pueblos de la Magdalena y de Chillogallo, hasta las faldas del Atacazo. El 
punto mas alto de esta cordillera es el cerro Ungui con 3606 metros do 
altura, y en Huairapungo, donde la cruza el camino de Lloa, tiene 3284 met. 
— Las aguas del valle de Lloa se dirigen por el rio Cinto entre el Atacazo 
y el Guagua-Pichincha á las montanas del occidente, y forman con otros 
ríos que bajan en el mismo sentido del Piclúncha (Nina-yacu, Nambiüo, 
Yana-yacu, Piruast) el rio de Mindo, mas abajo llamado rio Blanco. 



LA BEGION CENTRAL Ó ANDINA. 87 

El Panecillo (antiguamente Yavirac) es un cerrito que se levanta al Sur 
de Quito 200 metros sobre la plaza mayor y forma parte integrante del 
Pichincha, pues no es mas que la cúspide de una antigua reventazón de 
este volcan, cubierta de materiales volcánicos (eyecciones) mas modernos. 

Al Norte del Pichincha sigue la Cordillera sin interrupción por los cerros 
de CalacaK hasta el Pululagua y hasta el profundo valle del rio de Gualla- 
bamba. Aquellos cerros, que también son volcánicos, y de los cuales nom- 
braré el cerro Mantingo (3527 m.) y el de Condorcocha (3681 m.), llevan este 
nombre porque separan el valle de Calacali, que se extiende á lo largo do 
su pié occidental, de la meseta de Quito. En esta parte, entre el Pichincha 
y el Pululagua, la Cordillera occidental se presenta muy baja, porque su 
altura relativa sobre la meseta de Quito, do Cotocollao y de Pomasqui es 
solo de 200 á 300 metros. — El Pululagua mismo, enfrente de San Antonio, 
no llama la atención de lejos, porque su cráter ancho y profundo no se halla 
sobre un cerro alto, como acontece en los demás volcanes, sino como em- 
butido en la cresta de la Cordillera. El filo del cráter no llega en ninguna 
parte á 3000 metros y el punto mas alto tiene solamente 2940. — Desde 
el Pululagua la Cordillera se abate rápidamente unos 1200 metros al hondo 
valle, que la corta de E á O, dando paso al rio de Guallabamba. Al otro 
lado nos encontramos con el nudo del Mojanda. — La Cordillera de Cala- 
cali es angosta y no emite ramales ni al Este ni al Oeste. Los que salen 
en el ultimo sentido, nacen del Rucu-Pichincha y del Pululagua, y bajan 
entre los ríos de Mindo, de Nanegal, de Alambi y del Guallabamba. 

La Cordillera oriental de Quito es mucho mas complicada que la occi- 
dental, y como es muy ancha y cubierta en todas partes de materiales vol- 
cánicos, es sumamente difícil y en partes hasta imposible, encontrar la 
primitiva cresta central, como ya he observado en otro lugar. 

El Cotopaxi es el pilar, que forma la esquina noreste de la hoya de 
Latacunga y á la vez la sudeste de la de Quito, bajo o 38' Lat. S. Á su 
lado noroeste forma el Rumiñahui el principio del nudo de Tiupullo. Los 
piramos altos al pié oriental de este volcan se confunden con los que rodean 
el pié setentrional del Cotopaxi, y estos á su vez continúan al Norte y Esto 
hasta el pié del Sinchólagua, que se levanta á la distancia de dos leguas en 
dirección NNE del Cotopaxi. La misma distancia mide entre el Rumiñahui 
y el Sinchólagua, de manera que los tres volcanes forman las puntas de un 
triángulo, rellenado de páramos extensos, en los cuales las aguas que descien- 
den de los tres cerros, especialmente de las faldas setentrionales del Cotopaxi 
v de las meridionales del Sinchólagua, forman los riachuelos de Pedregal v 
de Pita, que después reunidos y conservando el segundo nombre, descienden 
al valle de Chillo. — También desde el lado setentrional del Rumiñahui se 



88 topografía. — capítulo ii. 

prolongan los páramos (de Pedregal) muy al Norte hasta los del Pasockoa, 
que es un volcan en todo parecido al Rumiñahui. Su caldera se abre 
hacia el plano de Machache, como la de aquel, pero su altura llega solo á 
4255 metros. Al Norte se rebaja el pié del Pasochoa al valle de Chillo, y 
al Este los páramos que le rodean, no llegan directamente al pié del Sincho- 
lagua, quedando por en medio el valle de Pedregal (valle superior de Chillo), 
que aquí ya es bastante hondo. De tal modo el Pasochoa queda aislado de 
tres partes y mas separado do la Cordillera oriental que el Rumiñahui, mien- 
tras que el Sineholagua se presenta como en el borde occidental de la Cor- 
dillera. El pico agudo de este último cerro, siempre nevado, tiene la altura 
de 4988 metros. Saliendo de su pié bajan al NO y N muchas quebradas y 
entre ellas las lomas tendidas hacia el valle de Chillo y la quebrada de 




Guapa! y Antisanilla. Hacía el oriente siguen los mismos páramos, que le 
rodean al Sur, extendiéndose por muchas leguas cuadradas y confundiéndose 
con los del Cotopari y del Antisana, entre el rio del Valle-vicioso y el del 
Antisana. 

Al NEE y á la distancia de 4 leguas del Sineholagua se levanta sobre 
la margen oriental de la Cordillera el Antisana, uno de los volcanes mas her- 
mosos del pais, á la altura de 5756 metros. Su cúspide cao bajo 0° 29' Lat. S. 
En esta región la Cordillera alcanza entre el dicho cerro y el valle de Chillo 
mas de 3 leguas de ancho y se compone de un gran número de cerros en 
parte muy considerables y todos de naturaleza volcánica; es un campo clá- 
sico para el geólogo, y volveremos á él en otra ocasión. La linea divisoria 
de las aguas no pasa por el Antisana sino muy al Oeste de él, de manera 
que todas las quebradas y rios que nacen en sus alrededores, pertenecen al 
sistema del rio Ñapo. Podemos distinguir tres rios principales: todos los 



"■ 


ftf -■* ■ WV 


i 


[ 

J J 






iv ' 4H9 


f w« 


^9 


I - ^ i 


iÉS 


MP^ íil' aPí 


1 ! 


>JflK'- rf "¿Hftí "'S 


J 


1 ? 


VI 





LA BEQION CENTRAL O ANDINA. 89 

arroyos del lado occidental, inclusivo el desaguadero de la laguna Micacocha 
(3951 m.) se reúnen en el rio de Antisana, que corre primero al SO y des- 
pués al SE, para unirse con el rio del Valle-vicioso y no con el de Quyos 
ó Maspa, como en el mapa de Humboldt y otros. — En el curso superior de 
este rio y casi al pié del cerro se halla el Hato del Antisana on 4075 metros 
de altura, talvez la vivienda mas alta de pais. — Las quebradas del lado 
sur y sureste forman el rio Chuspickupa (mas abajo Yana-yacu) que desem- 
boca en el rio do Papallacta. Los dos sistemas fluviales están separados 
por los páramos y cerros de San Joaquín y de los Cimarrones. — Finalmente 
las muchas quebradas que bajan del lado norte y noreste del cerro, afluyen 
también al rio de Papallacta superior. 




Al Norte; del Antisana, pero algo mas hacia el poniente, y formando la 
linea divisoria de las aguas siguen los cerros de Guamaní, cuyo punto mas 
alto, el Filo de los corrales, tiene 4447 metros de altura. — Con un lomo 
siempre muy ancho vira la Cordillera en dirección NE hacia el Cayambe, 
presentando todavía dos cerros volcánicos á su lado occidental: el cerro de 
Puntas (4462 m.) sobre el pueblo de Pifo, y el cerro de Pambamarca ó 
Frances-urcu (4093 m.) sobre el pueblo de Quinche. El primero es notable 
por su hermoso cráter, y el segundo, porque los Académicos franceses habian 
erigido en su cúspide una de sus señales trigonométricas mas importantes. 
— El Cayambe está muy retirado al oriente y se halla al NE del Pamba- 
marca. Pero antes de llegar á él, debemos mencionar el Sara-itrcu al Este 
del Pambamarca y al Sur del Cayambe, muy al borde oriental de la Cor- 
dillera, ó sobre un ramal de ella. Tiene la altura de solo 4725 metros 



90 



T0P0GBAFIA. — CAPÍTULO II. 



(según E. Whympcr) y está fuera de la región volcánica, componiéndose de 
las rocas antiguas de gneis y pizarra micácea.*) 

El Cayambe se levanta bajo la linea equinoccial á 5840 metros y ocupa el 
tercer rango entre los cerros del país. El aspecto de su cúpula anchurosa, en- 
vuelta en un inmenso manto de blanquísima nieve, es imponente y rivaliza con 
la vista del Chimborazo. Su base oriental se pierde á la altura de 4000 metros 
on los páramos de la Cordillera, pero el pié occidental baja en formas suaves 
y lomas tendidas hasta los pueblos de Cayambe (2864 m.) y Cangagua (3186 m.). 
El Cayambe os el pilar de la esquina NE de la hoya de Quito y á la vez el 
último cerro volcánico de la Cordillera oriental dentro del territorio ecuatoriano. 

El nudo setentrional que cierra la hoya de Quito, está formado en primer 




lugar por el Mojanda, que se levanta inmediatamente del valle del rio de 
Guallabamba, que rompe la Cordillera occidental, como hemos visto mas 
arriba. El Mojanda es una montaña volcánica, que -por su altura no pasa 
de la región de los páramos, y tiene una forma abovedada, muy tendida 
de O á E, pareciéndose en algo al Pichincha. Encima lleva una caldera 
muy anchurosa, y al rededor de ella se agrupan varios picachos y cerros, 
que llevan sus nombres propios. Los mas altos y notables son el Yana- 
wrcu (4272 m.), el Fuyafuya (4294 m.), el Golongál (4145 m.). El camino 



*) Hace 20 años que queda comprobado por los geólogos competentes señores Reiss 
y Stíibcl, que el Sara-urcu no es volcan; yo lo repelí en varios escritos, y sin embargo 
figura todavía en las geografías mas modernas del pais (Cateeismo de Geografía por 
J. L. Mera 1884. — Geografía del Ecuador por los Hermanos Cristianos 18S8) entre los 
volcanes, porque así se halla en Villa vieencio. 



LA BEGION CBNTBAL Ó ANDIKA. 91 

de Otavalo á Malchingui pasa por medio de la caldera al lado de las lagunas 
de Guarmicocha (3727 m.) que desagua al Norte, y de Caricocha (3711 m.). 
El punto mas alto de este camino por los páramos tristes y en mal tiempo 
justamente temidos del Mojanda, llega en Cascacunga á la altura de 3874 metros. 
— El Mojanda está en sus faldas australes y setentríonales muy surcado 
de quebradas, sin alimentar rios de consideración. Impone por su altura 
relativa (2600 m.) sobre el valle del Guallabamba, y también al lado norte 
su elevación sobre el lago de San Pablo (2697 m.) es todavía muy con- 
siderable (1600 m.). 

Hacia el NE del Mojanda se encuentra á la distancia de tres leguas 
otro cerro volcánico, él Cusin (4012 m.), cuyo pié se confunde con las faldas 
inferiores de aquel, formando de tal modo una ancha ensillada entre los dos, 
que se conoce con el nombre de Cajas. Se vé, que la formación de este 
nudo es completamente análoga á la de los nudos de Tiupullo y de Sanan- 
cajas. Por esta ensillada conduce el camino ordinario y mas cómodo de la 
hoya de Quito á la de Ibarra, y en el punto mas alto, entre Tabacundo y 
San Pablo, tiene la altura de 3099 metros. — El pié oriental del Cusin pasa 
al Este, siempre en alturas considerables, á los páramos de Pesillo, y me- 
diante estos al pié setentrional del Cayambe sobre la Cordillera oriental. 

Sistema fluvial de la hoya de Quito. Ahora que conocemos la cir- 
cunvalación de nuestra hoya, descendamos á estudiar el interior, describiendo 
el sistema de rios que la riegan y las demás particularidades. El rio que 
domina todo, es el de Guallabamba. Sus fuentes mas lejanas se nutren de 
la nieve del Cotopaxi y del Iliniza. — Mas arriba he descrito, como entre 
el Cotopaxi, el Sincholagua y el Rumiñahui se forman los rios de Pedregal 
y de Pito, y como unidos descienden al valle de Chillo, dejando á la izquierda 
el Pasochoa y á la derecha las faldas del Sincholagua. Solo después de 
haber pasado los últimos dos cerros, se puede decir que el rio entra en la 
hoya de Quito, porque las regiones altas que deja atrás, mas bien forman 
parte de la Cordillera. — Luego que entra el rio Pita en el valle de Chillo, 
recibe del lado derecho el rio Guapal, que ha recojido todas las demás que- 
bradas del Sincholagua que no habían entrado en el Pita superior, es decir 
las del Noreste y del Norte. Unas pocas y pequeñas quebradas recibe el 
Guapal en su curso superior, donde se llama rio del Isco, también de los 
cerros que separan el sistema fluvial del rio de Antisana (cerros de Chacana 
y de Urcucuy). Este rio de Guapal tiene la propiedad de correr subterráneo 
en su curso medio, fenómeno que se explica así: á mediados del siglo pasado 
tuvo lugar una fuerte erupción de lava en una quebrada lateral del rio de 
Guapal ó del Isco, y la corriente de lava rellenó no solamente esta quebrada 
lateral, sino también un gran trecho del valle principal, reprimiendo por 



92 topografía. — capítulo n. 

algún tiempo las aguas del riachuelo de la quebrada y del rio de Isco. Pero 
pronto el agua se abrió paso por debaja de la lava enfriada y muy porosa, 
corriendo invisible hasta el fin de la corriente de lava, donde brota en 
fuentes hermosas al pié de los peñascos. Como señales de la represión, del 
agua quedaron la laguna de Muerte -pungo arriba del cráter de erupción, y 
algunas lagunas pequeñas cerca de Antisanilla, donde entra el rio de Isco 
en la corriente de lava. Esta última es conocida con el nombre de &Reven- 
tcuson de Pinantura ó de Antisanilla». El camino de la hacienda Pinantura 
á la de Yurac cruza la quebrada de Guapal en el punto, en que brota el 
rio del pié de la corriente de lava. 

El rio Pita sigue por algunas leguas con la dirección S-N en medio del 
ancho valle de Chillo, recibiendo algunos riachuelos pequeños, entre ellos el 
rio de San Rafael, que corre casi paralelo desde el pié del Pasochoa, y 
desemboca abajo de Sangolqui. — El primer rio de consideración, que le 
entra del lado izquierdo, cerca de Conocoto, es el rio de San Pedro, que 
baja del valle de Machache. Con el nombre de rio Curiquingue recoje las 
quebradas de las faldas orientales del Iliniza y algunas del nudo de Tiupullo, 
y entra cerca del puente de Jambeli en el plano de Machache (2900 m.). 
Algunos pequeños afluentes recibe del Rumiñahui y del Pasochoa, y otros 
no mucho mas grandes del lado occidental, de las faldas del Corazón y del 
Atacazo. 

La llanura de Machache, de una legua de ancho, se extiende desde el 
nudo de Tiupullo hasta el pueblo de Tambillo. Allá se estrecha el valle 
entre la cuesta de St m . Rosa y las faldas del Pasochoa, y se ensancha otra 
vez abajo de los pueblos de Uyumbicho y Amaguaña, llamándose entonces 
valle de Chillo. El rio de Machache cambia su nombre en él de San Pedro, 
corre paralelo al de Pita y se reúne con el cerca del pueblo de Conocoto. 
Aquí el valle y la altiplanicie de Chillo tiene casi tres leguas de ancho y 
la altura media de 2500 metros. De repente se levanta en la parte occiden- 
tal del plano un cerro, el Haló, mientras que en su parte oriental sigue con 
una inclinación suave al Norte, pasando al vaUe de Tumbaco y Pifo, que de 
nuevo se ensancha considerablemente como el de Chillo. 

El Haló es formado por erupciones de lava y tiene una copa ancha, 
de que salen lomas tendidas al Norte, Sur y Este; solo al Oeste cae rápida- 
mente al rio de San Pedro, que se precipita por una angostura entre su 
pié y las lomas que separan el valle de Chillo de la pequeña meseta de 
Quito. El punto culminante del Dalo tiene 3161 metros de altura absoluta 
y 600 sobre el valle de Chillo. Á su pié meridional se halla el pueblo de 
Alangasí (2587 m.) y al pié setentrional el de Tumbaco (2390 m.). En la 
quebrada del rio de San Pedro, en la empinada falda occidental del Haló 



LA BEQION f'ENTBAL Ó ANDINA. 93 

está el pueblo de Guangopolo do acceso difícil. En todos los alrededores 
del Dalo brotan fuentes termales poco mineralizadas, comunmente algo ferru- 
ginosas, lo que talvez sedujo á VUlavicencio á la creencia y aserción estraña, 
de que la montaña oes toda un mineral de fierro». (!) 

Antes mencioné la meseta de Quito en oposición á la altiplanicie de 
Chillo, y en efecto debemos distinguirla como una parte especial do la 
gran hoya de Quito. Desde la cuesta de St". Rosa, casi tres leguas al Sur 
de Quito, hasta el valle del río de Guallabamba, mas allá de San Antonio, 
ó 5 leguas al N de Quito, so extiende á lo largo de la Cordillera occidental 
una meseta bastante plana con una suave inclinación hacia el Norte. Su 
ancho es variable, pero no pasa en ninguna parto do una media legua, y 



rpflPfe? 



Tin* ' 



Vlg. IB. L» pUu mayor do Quito. 

su altura sobre los valles de Chillo y de Tumbaco es de 300 á 400 metros. 
Se presenta como una antegrada de la Cordillera, la margen oriental de la 
meseta se levanta poco y suavemente sobre el plano y cae rápidamente á 
los valles antedichos de Chillo y Tumbaco. La parte mas austral de la 
meseta es el plano de Turubamba con la altura de 2900 metros. Allá se 
reúnen algunos riachuelos que bajan de las faldas del Atacazo y del lado 
de Chillogallo á formar el rio Machángara, el cual, al pasar por los afueras 
de Quito, recibe también algunas quebradas del Pichincha. Después se abre 
paso al valle de Tumbaco por una quebrada honda sobre cuya ladera izquierda 
se halla el pintoresco pueblo de Guápulo (2690 m.). 

Precisamente en el lugar, en que se halla fundada la Capital de la Re- 
pública, la meseta no está bien desarrollada; las quebradas que bajan del 



94 



TOPOGEAFIA. — CAPÍTULO EL 



Pichincha, el cerro del Panecillo, el valle ya bastante hondo del Machan- 
gara y al otro lado las lomas de Poingasi y Lumbisi, todo contribuye á 
hacer el plano de Quito muy desigual y quebrado. Sin conocer el desar- 
rollo histórico de la ciudad sobre la antigua capital de los Shiris y de los 
Incas, seria difícil explicar los motivos de haberla fundado en un sitio nada 
ventajoso al parecer, teniendo muy cerca los planos de Turubamba y de 
luaquíto y no muy distantes los deliciosos y espaoiosos valles de Chillo y 
Tumbaco. — La posición astronómica de Quito cae bajo o 13' 34" Lat. S y 
en la Longitud de ... ? ¡Determínenla los astrónomos del observatorio 




de Quito! Debe caer varios minutos mas al Este de lo que indica Hum- 
boldt.*) — La plaza mayor de Quito se halla á la altura de 2850 metros y 
la temperatura media del año podemos fijar en 13'/¡° C."*) — De las ciudades 
que se hallan en las hoyas interandinas y dan á estas sus nombres, Quito 
es la mas alta y la mas fría. La vejetacion de sus alrededores es bastante 
pobre y triste y corresponde á un clima algo rígido; él será sano y hasta 
agradable para los que se han aclimatado, pero honrarlo con los epítetos 
de ^delicioso, inmejorable, de primavera eterna» etc. me parece exageración, 



*} Humboldt dá 81° 4' 38" O de Por. - 
**) Según el método de Boussingault. 



í la íinot. Nro. 4. 



LA BEGI0N CENTBAL Ó ANDINA. 95 

perdonable á los Quiteños, que en su Quito ven el Edén terrenal, pero no 
á un geógrafo imparcial, que debe ser parco con los superlativos de esta 
clase, no prodigándolos según la moda, sino según el mérito. Volveremos 
á hablar del clima de Quito mas tarde; por ahora sigamos la descripción 
hidrográfica. 

Al Norte de la Capital la meseta se llama Iüaquito, y ensanchándose 
algo mas, pasa á la llanura de Cotocóllao (2802 m.). Desde aqui su caida 
es mas fuerte y llega á 300 metros en la distancia de 2 leguas, es decir 
hasta Pomasqui (2507 m.), y a 100 mas, hasta la cercanía de San Antonio 
de Hullutnbamba (2423 m.), pueblo que se halla precisamente bajo la linea 
equinoccial. Mas allá de San Antonio se acaba esta meseta y el terreno cae 
precipidadamente de unos 700 metros á la orilla del rio Guallabamba. — 
El riego de la meseta es desde Quito muy escaso y el terreno, en oposición 
á los llanos húmedos de Turubamba, bien seco y árido. Algunos riachuelos 
se reúnen en la cercanía de Cotocóllao y de Pomasqui, á formar uno que, 
corriendo de S á N por medio de la meseta, vá á caer al Guallabamba casi 
enfrente de la hacienda do Alchipichí. Toma su nombre de Cotocóllao, Po- 
masqui ó San Antonio, según la localidad por donde pase casualmente. 

Entre tanto el rio de San Pedro, pasado una vez el cerro de Haló, entró 
en el valle de Tumbaco, siempre siguiendo el pié de la antegrada ó de la 
meseta que acabamos de describir, y dejando á su derecha las espaciosas 
llanuras de Tumbaco, Puembo, Yaruquí etc. De su lado izquierdo no recibe 
ningún afluente desde el Machángara hasta el rio de San Antonio, pero del 
lado derecho le engruesan algunos tributarios considerables, que conviene 
conocer. Es en primer lugar el rio de Tumbaco, que en las cercanías de 
Pintac recoje varias quebradas que bajan de las faldas de la Cordillera 
oriental y otras nacidas en el valle de Chillo, y después de rodear el pié 
oriental del Dalo, se dirige al NO para desembocar en el rio de San Pedro, 
dos leguas abajo de Tumbaco, que se halla á alguna distancia de su orilla 
izquierda. — El rio Guambi es otro tributario muy parecido al anterior y 
casi paralelo á él. Tiene sus fuentes principales en la Cordillera de Gua- 
mani y en los cerros que siguen al N hasta el de Puntas. Después de 
entrar en la llanura, pasa al lado de los pueblos de Pifo (2588 m.) y Puembo 
(2484 m.), y se reúne con el rio de San Pedro una legua y media abajo 
de la boca del rio de Tumbaco. — Inmediatamente antes recibe el rio de 
Quinche ó Cartagena, que viene también de aquella parte de la Cordillera 
oriental, que se halla entre el cerro de Puntas y el de Pambamarca. — A 
poca distancia de la orilla derecha del rio Guambi se hallan las pirámides 
de Caráburo y Oyambaro, que fijan los extremos de la base principal que 
sirvió en el siglo pasado á los Académicos franceses para sus operaciones 



96 TOPOGKAF1A. — CAPITULO H. 

geodésicas. La pirámide de Caraburo se halla á la altura de 2368 metros 
sobre el mar, v la de Ovambaro á la de 2G37 metros; la distancia entre 
los dos extremos de la base mide 12,228 metros.*) 

El rio de San Pedro, después de recibir los de Tumbaoo y Guambi, 
va lleva el nombre de rio de Guallabamba v lo conserva hasta unirse con 
el Blanco, con que forma el rio de Esmeraldas. Á veces se llama también 
rio de Perucho en el trecho en que pasa por el pueblo de este nombre. 
Después del Guambi le entra del mismo lado derecho un rio pequeño que 
nace en las faldas del cerro de Pambamarca y pasa por el pueblo de GuáOar 
bamba, que se halla á mas de media legua de distancia del rio grande de su 
nombre. Situada en la altura de 2100 metros y gozando de la temperatura 
media de 17 y* C. la llanura de Guallabamba es fértil y presenta una vegetación 
subtropical y un clima suave, pero la plaga de las fiebres intermitentes, que 
allá son endémicas, la hace temible é impide su cultivo en mayor escala. 

Un poco al N de Guallabamba y precisamente debajo de la linea equinoc- 
cial encontramos el último rio grande de la hoya de Quito, el rio Pisque. 
Sus cabeceras abrazan el cerro Cayambe de tres lados y recojen las aguas 
de la Cordillera oriental en gran extensión, desde el Pambamarca y Sara- 
urcu hasta muy al Norte del Cayambe. El rio de Cangagua es la rama mas 
meridional y mas larga, el rio Granobles es la mas setentrional, y entre las 
dos baja el rio Cayambe directamente del cerro. — Una legua abajo del 
pueblo de Cayambe (2852 m.) se reúnen los tres en el rio Pisque, que en 
seguida corre de E-0 en una quebrada muy honda y casi inaccesible, entre 
negros peñascos de lava, hasta su desembocadura en el rio de Guallabamba. 
— Al lado setentrional del rio Pisque ya se levantan gradualmente las fal- 
das del nudo transversal, compuesto del Mojanda, Cajas y Cusin. Sobre 
estas faldas se hallan los pueblos de Málchinguí (2878 m.), Cochasqui, Tocachi 
y Tábacundo (2889 m.). 

Desde la boca del rio Pisque el Guallabamba vira mas y mas hacia el 
occidente, hasta que mas allá de Perucho su rumbo es casi de E á O. Los 
Pueblos de Puéllaro y Perucho (1830 m.), situados sobre pequeñas mesetas, 
unos 300 metros encima de la orilla derecha del rio, ya no pertenecen á la 
hoya de Quito y se hallan en la abra de la Cordillera occidental. En esta 
abra, y por largo trecho de su curso ulterior, el rio de Guallabamba no 
recibe sino afluentes pequeños y cortos, porque de ambos lados su valle 
queda estrechado entre las ramas occidentales de la Cordillera: la de Intac 
luida el Norte y la de Cachillada hacia el Sur. 



*) Véaso J. U. Monten: «Sobre la expedición de los Académicos franceses», en el 
Programa de la Esc. Politécn. de Quito. 1875. 



LA BEOION CENTRAL Ó ANDINA. 97 

De la descripción orográfica deducimos, que la hoya de Quito se com- 
pone de las siguientes secciones: I o la llanura de Machache, 2 o el valle de 
Chillo, 3° el valle de Tumbaco y Guallabamba, 4 o la meseta de Quito y de 
Cotocollao, y 5 o la hoya lateral de Cayambe. 



Sección VII a . La región entre el nudo del Mojanda y Cajas 

y la frontera de Colombia. 

Las provincias del Imbabura y del Carchi son las que ocupan esta 
región, y la primera coincide en gran parte con nuestra ahoya de Ibarra». 
La extensión desde el nudo de Cajas, en o 51' Lat. N, mide 17 leguas en 
línea recta, siendo la dirección de SO á NE. 

Con el cerro de Cayambe se concluyó la larga serie de volcanes en la 
Cordillera oriental. Desde allá predominan otra vez, como al Sur del Azuay, 
las antiguas rocas cristalinas, y la Cordillera, aunque todavía muy alta y 
muy ancha, sigue con formas mas suaves y tranquilas hasta allende la fron- 
tera del Norte, observando en su rumbo una declinación fuerte hacia el 
levante. — Pocos son los cerros que se levantan aislados sobre los dilatados 
páramos y que llamen la atención, como el Mirador al E de la Huaca. Ver- 
dad es, que toda esta porción de la Cordillera oriental entre o y I o Lat. N, 
es decir entre el Cayambe y el lago de San Pablo ó la Cocha sobre Pasto, 
es muy poco estudiada, y parece que sus largos y altos ramales, que extiende 
entre los numerosos ríos de sus pendientes orientales, forman una región 
bien complicada. Allá nacen las cabeceras de los ríos Azuela, Cófanes 
(Aguarico), Chunguer y San Miguel y Guarnes; pero los mapas antiguos 
no están de acuerdo en cuanto al orden y la dirección de estos ríos, y 
como no me ha sido posible visitarlos y estudiarlos personalmente, me ab- 
stengo de la descripción detallada, basada únicamente en aquellos mapas 
antiguos. 

El fenómeno mas interesante, que se presenta en la Cordillera oriental, 
es el gran lago de San Pablo ó la Cocha, que también se ha llamado Mar 
dulce, pocas leguas al SE de Pasto. Aunque ocupado actualmente por los 
Colombianos, cae todavía dentro del terreno ecuatoriano, según el lindero 
de Restrepo y la ley de 1824. La cresta de la Cordillera, que pasa entre 
el valle de Pasto y la Cocha, y que forma el límite, es angosta y no parece 
exceder mucho á la altura de 3000 metros. La Cocha misma se halla en 
una bifurcación de la Cordillera, á la altura de 2788 metros, según Reiss y 
Stübel, de consiguiente muy inferior á la región de los páramos, y algo 
mas bajo que Quito. Es el lago mas grande de la región andina, de unas 
tres leguas de largo y un ancho variable de l ¡ 3 á 1 legua. El desaguadero 

WoiiF, Ecuador. 7 



98 TOPOGEAPIA. — CAPÍTULO II. 

se halla en la punta sur y afluye al rio Guarnes, que á su vez es un tri- 
butario grande del rio Putumayo. 

La Cordillera occidental se levanta al N del valle del rio Guallabamba 
á alturas mayores, que en la provincia de Quito, y conserva su naturaleza 
volcánica. Por los cerros de la Escalera y de Chanchagran está en alguna 
conexión con los páramos del Mojanda, y por esta ensillada entre la Cor- 
dillera y el nudo transversal pasa un camino muy malo, el camino de la 
Escalera, de la hoya de Ibarra y Otavalo á la de Quito. Hacia el N siguen 
sobre la Cordillera varios grupos de cerros que se distinguen con los nombres 
de sierra de Sigsicunga y sierra de Cambuyan, y cuyas alturas son de 3000 
á 3500 metros. De estos cerros sale al Oeste un ramal largo que podemos 




llamar Cordillera de Intac, porque separa el valle de Intac y del rio Lluri- 
magua del del rio Guallabamba. 

El cerro de Cotacachi es el único nevado que encontramos entre el valle 
del Guallabamba y el del rio Mira. Es un volcan muy pintoresco con una 
gran helera sobre la ladera oriental de su cúspide, y su pico mas alto llega 
á 4966 metros. Al pié sureste del cerro se halla la laguna de Cuicocha, que 
presenta un antiguo cráter de erupción, lleno de agua y con dos islotes 
(conos de erupción) en medio. El nivel de la laguna se encuentra en 
3081 metros de altura. 

Unas dos leguas al N del Cotacachi se levanta sobre la misma Cor- 
dillera otro cerro volcánico, el Yana-urcu, que lleva su nombre de «cerro 
negro» con mucha razón, pues al lado de la nevada cúspide de su vecino, 
sus peñascos negros se destacan con un contraste mas notable. La cúspide 



LA EEGION CENTRAL Ó ANDINA. 99 

del Yana-urcu tiene 455G metros de altura. — Propiamente este cerro ya 
pertenece al Páramo de Finan, con cuyo nombre se designa la Cordillera 
occidental al Norte del Cotacachi, hasta el punto en que principia á reba- 
jarse hacia el valle del rio Mira. Los páramos de Pifian emiten varios 
ramales no muy largos hacia el oriente, es decir á la hoya de Ibarra, entre 
los cuales bajan los rios que conoceremos después. Hacia el poniente se 
ensanchan bastante y de este lado salen algunas cordilleras considerables: 
la de Toisan, que principiando atrás del Yana-urcu, entre las cabeceras del 
rio Intac (Llurimagua) y del rio de Santiago, franjea en dirección al O el 
valle del primero, y mas abajo el del rio Cayapas con el nombre de Cor- 
dillera de Cayapas. La Cordillera de Lachas sale del Páramo de Pifian un 
poco al N del Yana-urcu, y se tira al Noroeste entre las cabeceras del rio 
Santiago y del rio Lita y sobre las del rio Cachabi. Finalmente, la Cor- 
dillera de Chiüuri es la rama que sigue, como continuación mas recta de 
la Cordillera, hacia NNO, entre el rio Mira y el rio Lita. — Con esto ya 
hemos nombrado también los rios principales que nacen sobre la Cordillera 
y sus faldas occidentales: el rio Llurimagua del Cotacachi y Yana-urcu, los 
rios de Santiago y Lita de los páramos de Pifian. 

La interrupción que sufre la Cordillera por el valle del rio Mira es mas 
considerable, que la ocasionada por el rio Guallabamba, es decir, que el valle 
es mas ancho y la continuación de la Cordillera al otro lado no es tan 
directa ni tan clara. Esto proviene especialmente de que el rio Mira no 
corta la Cordillera de E á O por una abra angosta, sino en dirección al N 
y NNO con una hoya ancha, que es como la continuación de la hoya de 
Ibarra. También la dirección de la Cordillera misma, que desde el rio de 
Guallabamba hasta el Páramo de Pifian ha sido de S á N, se cambia en 
seguida, como la de la Cordillera oriental, al NE. 

Al lado derecho del rio Mira se manifiesta la Cordillera occidental de 
nuevo en los páramos de Chiltazon y del Ángel, sin que pudiéramos designar 
precisamente las crestas centrales que correspondan á la continuación directa 
de los páramos de Pifian al otro lado. Sobreviene otra circunstancia, que 
ofusca en algo el paralelismo de las Cordilleras en este lugar, y es la de 
que de los páramos del Ángel sale un alto y ancho nudo interandino do O 
á E hasta la Cordillera oriental. Solo al Norte de este nudo, y cerca de 
la frontera de Colombia, se manifiesta de nuevo y con mas claridad el crestón 
central de la Cordillera occidental, entre las cabeceras de los grandes tri- 
butarios del rio Mira y la hoya de Tulcan. — Al mismo tiempo encontramos 
allá un interesante grupo de volcanes, el último en la Cordillera occidental. 
Los tres mas notables son el Chiles con 4780 metros, el Cúmbal con 

4790 metros y el Cerro Negro de Mayasqtier con 4470 metros de altura; los 

7* 



100 



TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO II. 



dos primeros con nieve perpiHua y grandes lieleras, y el tercero sin ella. — 
El Chiles, bajo 0°52'Lat. N, pertenece todavía al Ecuador, á lo menos por 
su mayor parte, porque la frontera pasa sobre sus faldas setentrionalcs ; lo 
mismo el Cerro Negro, que se halla muy próximo al lado oeste del Chiles. 
El Cúnibal que dista del último solo unas dos leguas hacia el N, ya cae 
allende la frontera do Colombia. Todos los tres volcanes se distinguen por 
sus profundas y espaciosas calderas ó cráteres. — Al N del Cúmbal la 
Cordillera sigue con el nombre de Páramo de Colimbo hasta la cercanía del 
Ázufral de Túqueres, que solo tiene 4070 metros do altura, pero do es menos 
interesante que los precedentes. 





" 










M 



El nudo que al Sur del Chiles atraviesa de la Cordillera occidental á 
la oriental, podemos llamar de los Altos de Boliche, porque estos le consti- 
tuyen en unión con los Páramos del Ángel al poniente. También se llama 
nudo de ¡a Muaca, por el pueblo de este nombre, que se halla en gran 
altura (2052 m.) sobre su vertiente meridional, casi en la esquina que forma 
el nudo con la Cordillera oriental, cerca del cerro Mirador. Todo el nudo 
es muy ancho y cae por su altura en la región de los páramos. Su valla 
es el limite setentrional de la hoya de J barra y á la vez la linea divisoria 
entre los sistemas fluviales del rio Mira y del rio Patía. Gradualmente se 
abate al profundo valle del rio Chota (Mira), mientras que al Norte, por la 
altura del valle del río Carchi, su descenso es corto y poco notable. 

En el centro de la hoya de Ibarra se hallan varios cerros volcánicos 
alineados de S á N, formando de tal modo como dos Cordilleras secundarias 



LA BEQION CENTRAL O ANDINA. -_■ 101 

y paralelas. La primera cadena comienza con el Cusin ó cerro de Sah>Pablo, 
que mas arriba conocimos como un miembro del nudo del Mojanda y Oajiítí, 
y sigue al N con los picos volcánicos de Cuvilche (3882 m.), CochálotaA .'• 
(3494 m.), del Oitnru (3338 m.) y otros, hasta concluir con el alto cerro de-''. 
Imbábura. Este se levanta aislado por tres parles en la llanura, á 4582 metros 
(2357 m. sobro Ibarra). Sus laderas muy empinadas de color gris y pardo, 
la corona de peñascos negros, que en la cúspide ciñen el cráter, la faifa 
de nieve perpetua, le comunican un aspecto sombrío y provocan á una 
comparación con el pico nevado del Cotacachi que se halla casi enfrente 
sobre la Cordillera occidental. 




La segunda cadena de cerros volcánicos, que llamaremos Cordillera de 
Angochagua, principia también sobre el nudo interandino del Cajas, pero al 
Este del Cusin, en los páramos de Pesillo, donde estos pasan á los de la 
Cordillera oriental. Do ahí tira con una altura media de 3000 metros al 
Norte, entre los rios Taguando y Chamachan, y remata sobre las orillas del 
rio Chota y el pueblo de Ambuqui con el cerro de Pinllar (2708 m.). Las 
Ventanillas sobre la laguna de Yaguarcocha tienen 3066, el Yurac-crua 
grande 3577 metros de altura 

£1 sistema fluvial del rio Mira superior se compone de los rios 
siguientes. El rio Blanco recoje primero todas las aguas que nacen sobre 
las faldas seten trio nales del Mojanda, sobre las orientales de las Cordilleras 
de Chanchagran y Sigsicunga, y de la laguna de San Pablo. Todos estos 
riecitos, el Ptingo-yacu (desaguadero del cráter del Mojanda), el Tejar, el 
Quichinche, el Peguche (desaguadero del lago de San Pablo) etc. se reúnen 
en la cercanía de la villa de Otavalo (2581 m.), y el rio Blanco corre de 



m » - 



102 •••./" TOPOGBAFIA. — CAPÍTULO H. 



• • • 
» •• • 






ahi # .0ti:.cKreccion S-N. El lago de San Pablo, que ocupa la llanura entre el 
• •', 

MojancLa, el Cusin y el Imbabura, y cuyo nivel se halla en la altura de 
. ". • 

:J9697 metros, es el lago mas grande y mas hermoso de las hoyas inter- 

•*• *• * i 

• '¿andinas del pais, con una media legua de diámetro. A poca distancia de 

su orilla oriental se halla el pueblo de San Pablo (2726 m.). 

Si seguimos de Otavalo el rio Blanco abajo, encontramos á la distancia 
de una legua sobre la banda izquierda el gran pueblo de Cotacachi, á la 
altura de 2453 metros y algo distante del rio. En las inmediaciones de 
Cotacachi brotan varias fuentes termales muy cargadas de ácido carbónico 
y bicarbonato de hierro y cal (ademas de otras sustancias). La fuente de 
Yana-yacu ó del Tinte*) que es la mas conocida, tiene la temperatura de 
27° C. — El rio de Cuicocha, el Alambi y el Cari-yacu son los afluentes 
principales, aunque pequeños, que recibe el rio Blanco de las faldas del 
Cotacachi. Desde la boca del último, cerca del pueblo de Urcuqui (2320 m.) 
declina su rumbo al NE , y á corto trecho se une con el rio Taguando que 
viene del Sureste. Los dos unidos toman el nombre de rio Ambi, y este 
cae unas dos leguéis mas al Norte en el rio Chota. 

El rio Taguando nace sobre los páramos de Pesillo y de Chuchicaranqui; 
sus cabeceras se reúnen cerca del pueblo de Angochagua (2861 m.), y el 
rio corre de S á N entre el Imbabura y la Cordillera de Angochagua, hasta 
Ibarra, que está sobre su orilla izquierda en 2225 metros de altura. Sus 
afluentes son insignificantes y solo nombraremos el desaguadero del Yaguar- 
cocha. Esta laguna de fama histórica,**) se halla una legua al N de Ibarra 
sobre una pequeña meseta y rodeada de colinas, á la banda derecha del 
Taguando, en la altura de 2253 metros. — Desde Ibarra el Taguando vira 
al NO, para unirse luego con el rio Blanco, como queda dicho. 

Las llanuras que se hallan entre el rio Blanco y el rio Taguando, y que 
forman la base anchurosa del Imbabura desde el lago de San Pablo hasta 
Ibarra, son la parte mas plana de la hoya, la mas apta para la agricultura, 
y por su temperamento la mas sana. Ademas de muchas haciendas encon- 
tramos aqui los pueblos de Hatuntaqxii (2407 m.), de San Antonio (2378 m.) 
y de Caránqui; los primeros dos al N del Imbabura, el último y la capital 
de la provincia al NE de él. Ibarra goza de la temperatura media de 16° C. 
y de un clima muy agradable. 

Entre la Cordillera de Angochagua y la Cordillera real ú oriental nace 



*) Se usa esta agua para teñir de negro los hilos y tejidos de algodón, preparados 
antes con el cocimiento del guarango (Prosopis sp.). 

**) A las orillas del Yaguarcocha (= lago de sangre) el inca Huaina-Capac obtuvo 
una victoria decisiva sobre los indios Caránquis sublevados, y los hizo arrojar por miles 
tí sus aguas, que se uñieron con la sangre de los sacrificados. 



LA EEGION CENTRAL Ó ANDINA. 103 

el rio Chota, llamado en su curso superior rio Chamachan. Corre paralelo 
al Taguando de S á N, y recibe del lado éste como primer tributario de 
consideración el rio Pisco. Desde la desembocadura del Pisco, en cuya cer- 
canía se halla el pueblo de Pimampiro al lado izquierdo, el rio comienza á 
virar al NO y finalmente al O, formando en su confluencia con el Ambi un 
ángulo recto. Solo esta parte inferior, desde Pimampiro se llama rio Chota, 
y en esta sección le entra su tributario mas importante, el rio Apaqui, el 
cual, bajando en dirección al SO desde los Altos de Boliche, rodea el pié 
meridional del nudo y recibe todas las aguas que de N á S bajan de él, 
respectivamente de las mesetas de Huaca (2952 m.), Tusa (2874 m.) y Puntal 
(2672 m.). 

Desde la confluencia del rio Apaqui, en donde se halla el caserío de 
Caldera (1600 m.) hasta la confluencia del rio Ambi en 1500 metros de 
altura, se extiende el hondo y caliente valle de Chota, célebre por su fera- 
cidad en los puntos que alcanza el riego artificial, por su vegetación sub- 
tropical, no menos que por su insalubridad, a consecuencia de las fiebres 
intermitentes endémicas. Aquí en el centro de la hoya, en el valle de Chota 
y en la llanura de Salinas, que se halla como su continuación al lado 
izquierdo de la boca del Ambi, se manifiesta mejor el carácter singular de 
una gran parte de esta provincia : un terreno sumamente quebrado, los rios 
encañonados entre largas y arrugadas cuestas, por todas partes peñascales 
desnudos y tierras volcánicas del todo calvas ó escasamente revestidas de 
espinares; en el fondo de los valles, en donde estos se ensanchan, los oasis 
de los cañaverales, cafetales, platanales y frutales. 

El rio Chota recibe entre la boca del Apaqui y su unión con el rio 
Ambi un afluente considerable, el rio de Ángel ó de Mira, que le entra del lado 
derecho (N) y le trae las aguas recojidas en los páramos del Ángel, que 
forman la parte occidental del nudo interandino y se extienden hasta las 
faldas del Chiles y del Chiltazon. Lleva su nombre de los dos pueblos que 
se hallan á sus orillas. El de Mira tiene celebridad en la historia geográfica 
del pais, porque hasta aquí los Académicos franceses extendieron sus tra- 
bajos geodésicos en el siglo pasado. 

Las aguas de todos los rios enumerados hasta ahora y reunidas por la 
confluencia del Ambi con el Chota, reciben el nombre de rio Mira y lo con- 
servan hasta su desembocadura en el océano. Su curso es por algunas 
leguas, hasta el pueblo de la Concepción, ó hasta donde podemos extender 
la hoya de Ibarra, de S á N; después, en su curso al través de la Cor- 
dillera, declina al NNO. Los afluentes que el rio Mira recibe del lado 
derecho, de los páramos del Ángel y del Chiltazon, todos son de poca cuantía; 
algo mas largos son los del lado izquierdo, que bajan de la Cordillera 



104 TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO II. 

occidental, como el rio de Salinas, que primero pasa al lado del pueblo de 
Tumbaviro (2118 m.) y después por él de Salinas (1639 m.) en la llanura 
del mismo nombre; el rio de Palacara, que nace en los páramos de Piñan 
sobre el pueblo de Cháhuasqui (2408 m.), el rio Amarillo, el Salado, el de 
Jerónimo, todos de aquellos mismos páramos. — Mas cortos son los que 
siguen al Norte y bajan de la rama de Chilluri, como los ríos de GuáUupi, 
de San Pedro, de Buena- Vista, Chinambi, Taramba y Cachi-yacu. — Al lado 
occidental del mismo ramal de Chilluri se halla el rio Lita, que es el mas 
largo y caudaloso de este lado, y naciendo en los páramos de Piñan corre 
casi paralelo al rio Mira en su curso superior, en que pertenece á la región 
andina. En su último tercio y casi al pié de la Cordillera occidental vira 
al N y NE, para unirse con el Mira en un punto, que ya no dista mucho 
de los planos de la costa. 

Al Norte del nudo de los Altos de Boliche encontramos la pequeña 
hoya interandina de Tulcan, regada por las cabeceras del rio Guáitara, 
que pertenece al gran sistema fluvial del rio Palia. — La hoya está limitada 
al Oeste por el volcan de Chiles, al Este por la Cordillera oriental sobre 
Tulcan, y al Norte por los cerros de Ipiales. Á causa de su alta posición, 
casi en la región de los páramos, podríamos comparar la pequeña hoya de 
Tulcan con la de Cañar; su importancia consiste mas bien en la cria de 
ganado que no en la agricultura. 

El rio Cúmbal que viene del cerro del mismo nombre y de los páramos 
de Colimba, pertenece todo á la República de Colombia; el rio Carchi, que 
desciende del cerro Chiles y corre por medio de la hoya de O á E, forma 
el lindero del Ecuador con Colombia hasta cerca de Ipiales, donde se reúne 
con el Cúmbal y con otros dos riachuelos, el Chana y el rio Bobo, que bajan 
de los Altos de Boliche. Encima de esta confluencia de los ríos y no muy 
lejos de la frontera, se halla Tulcan, la pequeña capital de la provincia del 
Carchi, á la altura de 2977 metros y con un clima bastante rígido. 



La región andina é interandina que acabamos de describir, es la mas 
variada en cuanto á sus condiciones orográficas é hidrográficas. Difícil seria 
caracterizarla en pocas palabras, porque para hacerlo, tendríamos que hablar 
fuera de la configuración externa, también de la variedad del clima, de la 
vegetación y otros momentos, que serán objeto de consideraciones posteriores. 
Sinembargo no quiero privarme del gusto de intercalar aquí un bello pasaje 
concerniente, que debemos á la pluma maestra del doctor P. F. Cevállos. 
Hé aquí lo que escribe en su obra muchas veces citada (Resumen de la 
Historia del Ecuador, VI, pág. 245) al pasar de la región litoral á la andina: 



LA REGIÓN CENTRAL Ó ANDINA. 105 

«Al describir esta segunda región del territorio ecuatoriano, es de ver 
que cambian las decoraciones y su aspecto de manera tan clara y distinta, 
que mas bien parece que pasamos, no de una nación á otra, sino do un 
continente á otro, ó hablando con mayor acierto, do una zona á otra. El 
suelo, producciones y belleza de las provincias serraniegas son de diverso 
tipo y coloridos, pues, si en las costeñas la elevación y cerramiento de los 
siempre y por siempre floridos bosques, la anchura, mansedumbre y majestad 
con que se deslizan los ríos, y la maravillosa fertilidad de los campos for- 
man un coiyunto que á la verdad asombra; en las de lo interior las tierras 
descubiertas y caprichosamente vestidas de distintos colores, los montes de 
nieve que van como á esconderse entre los cielos, y los contrastes que pre- 
sentan la altura de estos plateados conos con la oscura profundidad de sus 
abismos, la furia de los torrentes y cascadas con la apacibilidad de las la- 
gunas, los agrios y desnudos peñascales con el verdor de los valles y pra- 
deras, ó el dorado de las mieses por los contornos, la paja de los páramos 
hombreándose con los cañadulzales; constituyen panoramas embelezadores 
para quien, saliendo del enmarañado laberinto de las selvas, atraviesa los 
desfiladeros y viene á dar con el también laberinto montuoso de las altas 
mesetas de los Andes.» 



Capítulo III. 
La región occidental 

Sirva de introducción á este capítulo, lo que he dicho del carácter 
general de la región occidental (pág. 16). — En su descripción sistemática 
procederemos de nuevo del Sur al Norte, y como no podemos fijar siempre 
con toda exactidud sus limites con la región andina, á veces tendremos 
que subir las faldas de la Cordillera, para buscar el origen de los ríos Uto- 
rales, lo que importa poco, porque hicimos la distinción de las tres zonas 
solo con el objeto de facilitar su estudio, sin negar las transiciones sucesivas 
de una á otra. — En este capitulo podemos generalmente prescindir de la 
indicación de las alturas de los lugares, que con tanta profusión he inser- 
tado en el precedente; porque en el litoral las alturas absolutas, sobre el 
nivel del mar, casi siempre son insignificantes. Notaremos sinembargo las 
excepciones. 

Sección I a . La región litoral desde Túmbez hasta Guayaquil. 

Á consecuencia de la gran ensenada, que hace el Golfo de Guayaquil 
en la tierra firme del continente sudamericano, la Cordillera de los Andes 
se acerca mucho al Océano pacífico, de manera que entre el pié de ella ó 
de sus ramales y el mar no queda mas que una llanura angosta. Solo desde 
Túmbez al Sur, y desde Puna al Norte, donde la costa retrocede al occi- 
dente, las llanuras litorales toman mas ensanche y mayor desarrollo. 

El rio Túmbez pertence en su sistema superior á la hoya interandina 
de Zaruma. Después de salir de las montañas altas, ó desde el sitio de 
Puyango, en donde el valle comienza á ensancharse y las cordilleras á ambos 
lados se retiran, sigue muy correntoso por despoblados, siempre al Oeste, 
hasta el sitio peruano de Ricaplaya, donde hace un codo muy fuerte y vira 
al Norte. En su curso inferior, que mide hasta Túmbez unas 5 leguas, el 
rio es algo mas manso y navegable por canoas pequeñas. Atraviesa un 




LA EEGION OCCIDENTAL. 107 

terreno suavemente undulado, y sobre sus orillas hay una serie de pequeños 
sitios y haciendas de ganado. — Esta región (la recorrí en Marzo, en la 
estación lluviosa, cuando estaba cubierta de una bonita vegetación gramínea 
y herbácea) me recordó vivamente las «lomas» entre Santa Lucia y Balsar 
ó atrás de Colimes. Pero alejándose del rio Túmbez y penetrando mas al 
Sur, pronto desaparece la lozanía de la vegetación y se manifiesta mas y 
mas el carácter triste del ^desierto de Tumbee*, que es el principio del gran 
desierto peruano que acompaña la costa del Pacífico, con pocas interrup- 
ciones, hasta Chile. — La villa de Túmbez, capital de la provincia del mismo 
nombre*), se halla sobre la orilla derecha del rio, unas 3 leguas arriba de 
su desembocadura. Esta se verifica por tres brazos anchos entre espesos 
manglares y no permite la entrada de embarcaciones mayores (vapores y 
barcos), ya por el poco fondo de los canales, ya por los extensos bajos que 
se hallan delante de la boca. — La marea sube en el rio hasta muy cerca 
del pueblo. 

El rio de Zarumilla, que desemboca en el estero de la Huaquilla y por 
él en la Boca de Capones, al Sur de la isla Payana, es pequeño y nace entre 
las últimas ramificaciones bajas de la Cordillera de Tagüin, corre de S á N 
por un terreno parecido al que encontramos en el curso inferior del rio 
Túmbez, y tiene su importancia por ser actualmente la linea divisoria entre 
la jurisdicción ecuatoriana y la peruana. Á la última pertenece el pequeño 
pueblo de Zarumilla, que se halla no muy lejos de su desembocadura sobre 
la orilla izquierda. 

Si de Túmbez tomamos el camino mas recto á Santa Rosa, que pasa 
casi derecho de O á E y cruza el rio de Zarumilla en los sitios de Papayal 
(peruano) y Chacras (ecuatoriano), la distancia desde el rio Túmbez hasta 
el de Zarumilla es casi la misma, 4 leguas, que la que media entre este 
último y el pueblo y rio de Arenillas. Este último rio nace también entre 
los ramales occidentales de la Cordillera (los cerros de Tagüin y la Cord. 
de St a . Rosa), pero es mas largo y algo mas considerable, que el de Zaru- 
milla. Después de pasar en su curso superior por una región despoblada, 
de E á O, vira, al salir de las montañas, al N y recibe el nombre de rio 
del Potrero; finalmente entra en el estero de Jumon y por él en el gran 
estero de Pitah 

Precisamente en el punto, en que abandona el rio la región montañosa 
y entra en la llanura, se halla el pueblo de Arenillas, que es el primero de 



*) En el Perú correspondo la «Provincia» al «Cantón» ecuatoriano, y el «Departa- 
mento» á nuestra «Provincia». Así Túmbez es una provincia del departamento de Piura; 
en el Ecuador diríamos que es un cantón de la provincia de Piura. 



108 TOPOGBAFIA. — capítulo m. 

la jurisdicción ecuatoriana. Al N y NO de este pueblo, es decir, entre los 
ríos de Zarumilla y del Potrero, y entro las montañas y el estero grande 
de Pital, se extiende una región casi desierta de unas 12 leguas cuadradas, 
en que distinguimos tres zonas paralelas: la primera, bastante angosta, es 
la de los manglares á lo largo del estero; la segunda, mucho mas ancha, 
consiste en salitrales, faltos de toda vegetación (salitrales de Cayanca), que 
en tiempo de los aguajes en gran parte se inundan; la tercera zona entre 
la montaña (ó el camino real) y los salitrales lleva el carácter de las pampas 
áridas con una escasa vegetación gramínea y algarrobos y espinos aislados. 
— En general podemos decir que toda la región entre Túmbez y Arenillas 
participa todavía en mucho del clima árido de los desiertos peruanos, porque 
en esta parte el litoral se halla todavía bastante lejos de la Cordillera alta, 
que es la que influye esencialmente en la humedad del clima. Solo desde 
el rio de Arenillas, ó mejor dicho, desde St a . Rosa, en donde las montañas 
altas ya se acercan mucho á las orillas del Golfo, comienza á desarrollarse 
el clima húmedo, que es tan característico á esta zona litoral del Ecuador 
hasta Naranjal. 

El primer sistema fluvial algo desarrollado, que encontramos en la zona 
litoral, es el del rio de Santa Rosa. El comprende los ríos, que bajan 
de las faldas occidentales de la Cordillera de Dumarí y de una parte de la 
de Chilla. Las dos ramas principales son el rio de £¿*. Rosa propiamente 
dicho y el rio de Bueña-Vista. El primero es el mas conocido, porque á 
lo largo do él y en parte por su mismo cauce pasa el camino real de St*. 
Rosa á Zaruma y Loja. Mientras corre entre las montañas, su curso es de 
E á (), pero desde Pitapungo, donde entra en la llanura, vira al NO. Desde el 
puerto de St*. Rosa (llamado también puerto de Pital), dos leguas arriba de 
su boca en el estero de Jambelí, el rio toma la forma de estero, es decir, 
está sujeto á las alternativas de la marea y es navegable por chatas y pe- 
queños vapores. 

El rio de Buena- Vista nace sobre aquella parte de la Cordillera, que se 
llama Chillacocha y Cerros de la Angostura, y baja en dirección NO hasta 
el pueblo de Buena- Vista, en cuya cercanía entra en los llanos. Luego vira 
al O y SO, y dá muchísimas vueltas, sobre todo en la última parte de su 
curso, en que atraviesa un terreno muy bajo y pantanoso. Su confluencia 
con el rio de St a . Rosa se halla al lado del puerto de Pital. — El rio de 
Bueña-Vista recibe del lado derecho solo el pequeño afluente del rio Raspa 
en la cercanía del pueblo, pero del lado izquierdo le entran dos tributarios 
de mayor cuantía: el rio de Caluguru, que viene de la Cordillera de Dumari, 
como el de Santa Rosa, y corre paralelo con este, en el valle de Biron. 
Desemboca en el rio de Bueña-Vista muy cerca del puerto de Pital. El otro 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 109 

es el Rio Negro, que nace mas al Norte y corre entre el rio de Buena- Vista 
y él de Caluguru. Su desembocadura se efectúa por varios canales que lo 
entrelazan con las bocas de los dos ríos nombrados, en un terreno pantanoso 
que lleva el carácter de las «tembladeras». — Sobre el ramal de montañas, 
que separa el valle del rio Negro del del rio Caluguru, se levantan dos cerros 
cónicos muy característicos, que se llaman Caluguru grande y Caluguru chico. 
El pico del primero me sirvió de punto fijo en el levantamiento del plano 
del Cantón de St a . Rosa. La Cabecera de cantón se halla a la orilla izquierda 
del rio de St*. Rosa, un kilómetro al Sur del puerto de Pital ó de la con- 
fluencia del rio de Buena- Vista.. 

Donde el Estero de St a . Rosa entra en el estero grande de Jambelí y 
casi enfrente de la llamada Boca de Pital, entra del lado derecho el estero 
de Guarumal, que mas arriba se llama rio de Motuche. Este rio, que se 
cruza en el camino de Máchala á Bueña-Vista, es ahora insignificante (en 
verano casi seco) y sirve de desaguadero a unas tembladeras, que se hallan 
entre los pueblos y ríos de Buena- Vista y de Pasaje; pero en una época no 
muy remota parece haber sido el cauce del rio Jubones. — Mas al Norte y 
ya cerca de la Boca de Jambelí entra por el mismo lado derecho el pequeño 
y corto estero de Máchala, que apenas merecería una mención, si no fuese 
la principal via de comunicación con la capital de la provincia del Oro, con 
Máchala. Las chatas y los pequeños vapores penetran hasta el fin del estero, 
donde se halla el Puerto de Pilo en una llanura salitrosa. De ahí dista el 
pueblo apenas una milla. Algunos esteritos mas, que hay desde la boca 
de Jambelí hasta la del Jubones, se puede ver en el mapa. 

El rio Jubones nos interesa por ahora solo en su curso inferior (de 
4 á 5 leguas), desde el pueblo de Pasaje; porque todo el resto cae en la 
región andina y queda descrito mas arriba. En su curso medio llevaba el 
rumbo de E á O, pero desde su salida de las montañas cerca de Pasaje, 
vira al Noroeste y lleva el nombre característico de a El Rompido». Es 
bastante correntoso hasta su desembocadura en el golfo de Guayaquil al lado 
del pueblecito de Bajo alto, de manera que la navegación se dificulta aun 
para canoas de pieza, á lo menos desde el sitio del Guabo por arriba. En 
parte atraviesa terrenos muy bajos, dividiéndose en varios brazos y formando 
tembladeras, por las cuales cruza un brazo al Norte hasta el rio Chaguana, 
que es tributario del rio Pagua. 

En todos los mapas antiguos del siglo pasado y también en él de Villa- 
vicencio el Jubones desemboca al Sur de Máchala en el estero de Jambelí, 
mientras que hoy corre muy al Norte de este pueblo. Parece que el cambio 
se verificó á fines del siglo pasado ó al principio del nuestro, y consistió 
en que el Jubones se rompió un cauce nuevo inmediatamente abajo del pueblo 



110 TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO III. 

de Pasaje, embancando al mismo tiempo el antiguo, que se habrá dirigido 
al Suroeste. De aqui se explica su nombre nuevo de «El Rompido». Como 
las cartas antiguas son tan defectuosas, no puedo indicar con exactitud el 
curso antiguo del Jubones; pero basta observar con alguna atención aquella 
región sobre mi mapa nuevo, para aprobar la conjetura de que el antiguo 
Jubones haya pasado por las tembladeras al SO de Pasaje y por el rio 
Motuche, para desembocar en el actual estero del Guarumal. Probablemente 
esta no fué la única vez, que el Jubones cambió de curso; pues en las 
pampas que se extienden entre Máchala, Pasaje y Buena- Vista, se encuentran 
por todas partes antiguos cauces secos de ríos, y el terreno se compone en 
gran parte de arena muerta y de cascajo, como lo arrastran los ríos durante 
las crecientes. Y aun parece que el rio tenia en una época dos bocas al 
mismo tiempo, la actual del Rompido y la antigua por el Guarumal. Lo 
deduzco de un paso, que se lee en la obrita otra vez citada de A. Baleato 
del año 1820 y que dice: «En el limite austral de la provincia está el rio 
de la Sabanilla ó de los Jubones, que baja del distrito de Cuenca, y pasando 
por el pueblo de Yulug, á poca distancia se divide en dos brazos; el del N 
forma el rio Jumar ó de Máchala, que desagua por la costa de este nombre; 
y el del S es el rio de Zabanilla que desemboca por el salto Túmbez, en 
los esteros de la costa de Payana.» En consecuencia de frecuentes avenidas y 
cambios fluviales esta región se ha esterilizado por partes y hoy dia es escasa 
de agua. Máchala mismo no goza de una posición muy ventajosa al borde 
de los salitrales y manglares, y padece de carencia de agua. Su región cul- 
tivable se halla lejos, hacia las orillas del Rompido y del rio de Bueña-Vista. 
Desde aEl Rompido» hasta el rio de Naranjal sigue á lo largo del Golfo 
(ó del Canal de Jambeli) una zona de 11 leguas de largo, que en todas sus 
secciones es muy uniforme. Es aquella región en que la Cordillera occi- 
dental (entre Mullepungo y el Cajas) se acerca mas al mar que en ninguna 
otra parte de la República, y por esto su vista desde el golfo, ó desde la 
vecina isla de Puna, pertenece á las mas grandiosas, de que se puede gozar, 
presentándose ella con su altura absoluta de 4000 metros.*) La descripción 
de esta parte de la Cordillera encuentra el lector en la pág. 44, en donde 
también he indicado los ríos principales que bajan de ella al litoral, y cuyos 



*) En la región andina el observador, hallándose el mismo en alturas de 2000 metros 
y mas, siempre aprecia tan solo las alturas relativas. Así, por ejemplo, desde la hoya 
de Cuenca, la misma Cordillera que admiramos desde Puna por su gran elevación y con 
toda su altura absoluta, se presenta solo con 1500 metros y hace poca impresión. El 
Chimborazo que tiene mas de 6300 metros, nunca ostenta toda esta altura, sino á grandes 
distancias, desde las llanuras litorales, donde ya no hace impresión; en la cercanía solo 
lo vemos con 3500 ó á lo mas con 4000 metros. 



LA BEGION OCCIDENTAL. 111 

valles hacen las incisiones profundas en su mole gigantesca. — Los pies de 
los estribos de la Cordillera no se prolongan mucho en la llanura y todos 
acaban á la distancia de 3 ó 4 leguas del golfo, con lo cual queda indicado 
el ancho de esta zona perfectamente llana, cuyo largo es de once leguas, 
como he dicho mas arriba. 

Numerosos son los rios que riegan y fertilizan esta región. El primero 
al Norte del Jubones es el rio de Pagua, que en su curso medio recibe como 
tributario el rio Machalera, y cerca de su boca el de Chaguana. Todos los 
terrenos adyacentes á estos tres rios pertenecen á la gran hacienda de Pagua. 
— Sigue el pequeño rio Siete, que no nace en la altura de la Cordillera 
principal, sino entre sus últimas ramificaciones que separan los rios de Pagua 
y de Tenguel, arriba del cerrito cónico de Tenguclillo. Su curso regular se 
pierde por algún trecho en las tembladeras de la costa, y solo entre los 
manglares, cerca de su desembocadura, se declara de nuevo un cauce re- 
gular. — Sigue el rio de Tenguel, que viene desde la cresta misma de la 
Cordillera, naciendo del lago de Nariviña, y desciende en dirección al NO 
hasta su entrada á los llanos. De ahi sale por muchas tortuosidades hacia 
el Oeste al mar. — El rio de Gala se parece en mucho al de Tenguel, pero 
tiene un curso mas recto de E ú O. Al entrar en la llanura se acerca hasta 
pocas cuadras al rio de Tenguel (cerca del sitio de Gala de arriba), y aun 
parece que en épocas antiguas los cauces de los dos rios se habían con- 
fundido varias veces en ese lugar. Mas adelante vira por un arco grande 
al Oeste. Todos los terrenos comprendidos entre los rios Gala y Siete y 
atravesados por el Tenguel, hasta muy arriba en las faldas de la Cordillera, 
pertenecen á la hacienda de Tenguel, que es una de las mas grandes y mas 
valiosas de la República. 

A poca distancia del rio Gala sigue el de Balao, que en cuanto al caudal 
y extensión de su sistema, es el mas grande. Los valles superiores y medios 
de los rios de Pagua, Tenguel y Gala eran angostos y despoblados, pero el 
valle del rio de Balao es mas anchuroso y poblado por haciendas y caseríos 
hasta cerca de los páramos. Por él conduce un camino bastante frecuentado 
á Cuenca. Las dos venas principales, de que se forma el rio de Balao, son 
los rios de Angas y de Jerez. El primero nace sobre la parte de la Cor- 
dillera que se llama Hatuc-loma, algo al S del Cajas, y el segundo en la 
cercanía del cerro Jerez, sobre Tarugapamba que pertenece á la ramal que 
sale del Cajas hacia Molleturo. De este mismo lado bajan el rio de Canoa 
y mas adelante el rio de Chacay acu, también tributarios de rio de Balao. 
Los afluentes del lado izquierdo son numerosos pero pequeños, entre ellos 
los rios de Huaca, de Baños, de St°. Domingo, de Siri-yacu, de Tuquir. 
Desde la boca del último entra el rio Balao en la llanura y corre primero 



112 topografía. — capítulo m. 

por casi dos leguas (por aLas Playas*) dividido en muchos brazos pequeños 
entrelazados, que frecuentamente cambian de curso. Solo desde el Sitio 
Nuevo se recoje en un cauce mas estable y sigue muy tortuoso hasta afuera, 
al golfo. Cerca de su boca y casi á la margen de los manglares se halla 
el pueblo de Balao á la orilla izquierda del rio. Hasta aquí suben con la 
marea las chatas y los pequeños vapores. 

Dos leguas al N de la Boca de Balao encontramos la de Jagua. Este 
rio se parece en su curso inferior al de Balao, pero no es tan largo y viene 
por un valle despoblado del ramal de la Cordillera, que se halla encima de 
Molleturo. — Ahora siguen hasta Naranjal una porción de riachuelos cortos, 
los de Lainin, del Carmen, de San Jacinto, de las Piedras, de Minas y de 
Pucay, que todos nacen en las últimas ramificaciones del ramal de Molleturo, 
y atraviesan en su último tercio una región pantanosa, en que se bifurcan 
y entrelazan varias veces antes de reunirse de nuevo cerca de los manglares 
en los esteros de San Vicente, Balao chico y en el Estero viejo (Boca de 
Cafia-yacu). Con el rio de Naranjal ó de Suya se acaba la región angosta 
del litoral y en su boca también el golfo de Guayaquil, principiando ahí el 
delta del rio Guayas, y ensanchándose las llanuras hacia el oriente. 

El rio de Naranjal ó de Suya, que en su curso superior conocimos 
con el nombre de Cañar, entra en la llanura á la distancia de ocho leguas 
de su boca, algo mas arriba de la hacienda de Suya grande, ó de la boca 
del rio Patul. De este punto corre al SOO, dejando á su derecha (lado 
Norte) grandes llanuras pantanosas, y recibiendo de su izquierda (lado Sur) 
los afluentes descendientes de la Cordillera de Molleturo. Entre estos hay 
que mencionar ante todo el rio Norcay, que nace sobre el Cajas de Cuenca, 
baja por el valle de Contra-yerba y del Mihuir de E á 0, y vira cerca de 
Molleturo al N. Después siguen los pequeños ríos de Gramatal, Pechiche 
y de Chacayacu, que en su curso inferior participan de la propiedad de los 
ríos que conocimos al Sur de Naranjal, de ramificarse y entrelazarse varias 
veces arriba de sus desembocaduras. El Chacayacu es el mas largo y mas 
importante de ellos. El recoje las aguas del ramal de Yerba-buena, sobre 
la cual sube el camino real de Cuenca (r. Shiri-yacu, r. Pescado, r. Chaca- 
yacu) y sobre su brazo izquierdo se halla el pueblo de Naranjal, a la distancia 
de legua y media de su desembocadura en el rio grande de Suya ó de Na- 
ranjal. Hasta esta boca ó el puerto de la Revesa sube la marea, y el rio ó 
estero es navegable y accesible por los vapores fluviales. 

Como la región litoral entre Máchala y Naranjal constituye uno de los 
distritos de cacao mas importantes de la República, conviene completar la 
descripción con algunos datos mas. La región es tan uniforme, que basta 
estudiarla á lo largo de un rio, desde su boca hasta el pié de las montañas, 



LA BEGION OCCIDENTAL. 113 

para conocerla toda. Por tipo podría servir el rio de Tenguel ó el rio de 
Gala. Distinguimos 4 zonas muy características, que se siguen de O á E 
en el orden siguiente: I o La zona de los manglares á lo largo de la orilla 
del Golfo, mide comunmente una milla de ancho y está sujeta á las inun- 
daciones ocasionadas por las mareas todos los dias, ó á lo menos en tiempo 
de los aguajes. En esta zona el rio dá algunas vueltas largas y tiene la 
forma de un estero mas ó menos ancho, que se vacia y se llena dos veces 
en 24 horas. Con la creciente entran las embarcaciones, que no pasan del 
tamaño de las achatas». — 2 o Sigue la zona de las sabanas y tembladeras 
con un ancho variable de una a tres millas. Ella no se presta todavía á la 
agricultura, pero admirablemente á la cria de ganado, pues el pasto natural es 
abundante y exuberante. En tiempo de las lluvias (en invierno) se inunda 
casi todo el terreno, y en varias partes las aguas quedan estancadas durante 
todo el afio, formando las tembladeras. En esta zona el rio serpentea con 
mil tortuosidades, cambiando con frecuencia de cauce, bifurcándose y á veces 
perdiéndose por trechos en los pantanos y tembladeras. — 3 o La zona del 
cultivo, la mas importante de todas, se extiende entre la sabana y el pié de 
las montañas con un ancho de una á tres leguas. Forma un plano casi in- 
sensiblemente inclinado de E á O, y se compone de un terreno algo arenoso 
pero rico en tierra vejetal, que á la entrada en los valles y al pié de las 
montañas pasa al cascajoso, pero en general se presta especialmente á la 
agricultura. En el estado natural esta zona está cubierta de una vegetación 
arbórea muy variada y espesa, en la cual se encuentra mucho cacao sil- 
vestre, indicando de antemano el cultivo, á que el terreno parece como pre- 
destinado. En efecto se reúnen en esta zona todas las condiciones favorables 
al cultivo del cacao: un clima húmedo y caliente, un suelo lijeramente 
arenoso ó cascajoso pero sustancioso. Sinembargo, los otros productos tró- 
picos, especialmente el café, el plátano y la caña no quedan en zaga del 
cacao; en una palabra, es una de las regiones mas fértiles del pais y está 
todavía lejos de ser explotada en la extensión en que lo merece. Aquí el 
rio corre por un cauce mas estable, es mas correntoso y hace menos vueltas, 
ya no es navegable ni en canoas pequeñas. Las inundaciones, si en invierno 
á veces suceden, son parciales y transitorias, el terreno, aunque en conse- 
cuencia de la mucha humedad del clima regularmente fangoso, no es pan- 
tanoso. — 4 o La zona de las montañas comprende las faldas inferiores de 
la Cordillera ó de sus ramales. Podemos extenderla hasta la altura de 
unos mil metros, es decir, hasta donde se cultivan con ventaja los productos 
de la tierra caliente; mas arriba ya pasa á la región andina. Esta zona 
queda en el distrito de que hablamos, todavía sin cultivo, si exceptuamos 
el valle del rio Balao, en que se encuentran algunas haciendas en el límite 

Wolf, Ecuador. 8 



114 TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO III. 

de la región andina. Generalmente queda cubierta de las selvas virgenes 
con aquella vegetación trópica y majestuosa, que caracteriza el pié y la 
primera grada de los Andes. El ancho de esta zona es naturalmente muy 
variable, según las montañas se prolongan mas ó menos hacia la costa, y 
según se abaten rápidamente ó por lomas tendidas á la llanura. Los ríos 
llevan el carácter de torrentes estrepitosos y arrastran con preferencia cas- 
cajo grueso, esterilizando las playas á lo largo de sus orillas, mientras que 
en la zona anterior fertilizan el terreno, depositando á su largo los bancos 
y vegas de arena y tierra vejetal, tan favorables al cultivo del cacao, café, 
plátano, tabaco etc. 

La región que acabo de describir, es también sumamente instructiva 
para el geólogo, que quiere estudiar la formación aluvial de las provincias 
litorales, y volveremos á ella en otro capitulo. 

Desde el rio de Naranjal hacia el Norte se cambia notablemente el 
carácter de la región litoral, las llanuras se ensanchan, las montañas se 
retiran al Este. En lugar del Golfo de Guayaquil (Canal de Jambeli) tene- 
mos á la izquierda el rio Guayas y su delta. 

Echemos una ojeada sobre el mapa, y observaremos que el Bio Guayas 
se presenta como la continuación del Golfo hacia el Norte. Desde la punta 
Sur de la isla de Mondragon, donde propiamente acaba el Golfo, hasta la 
ciudad de Guayaquil se miden 10 leguas. Si tiramos una • linea recta de 
E á O, desde la Revesa, adentro de la boca de Naranjal, hasta la boca del 
estero de Sabana grande, y si reunimos estos dos puntos con un tercero 
que se halla enfrente de Guayaquil en medio rio, ó en el «Cerrito», sacare- 
mos un triángulo, cuya base indicada mide también 10 leguas, como su 
altura. Y este triángulo comprende aproximativamente el delta antiguo del 
rio Guayas, es decir, como existió en una época geológica no muy remota 
y quizá todavia en la moderna, cuando el Guayas comunicaba por la sabana 
de Guayaquil, y por varios puntos mas abajo con el Estero Salado y sus 
ramificaciones. La separación completa que actualmente existe entre el 
Salado y el Guayas, se ha efectuado por los aluviones del rio mismo, que 
formaban poco á poco la sabana, cegaban los canales de comunicación y 
embancaban toda la orilla derecha. Por este procedimiento muy natural, 
que no es imaginario sino un hecho geológicamente probado, el delta actual 
del rio Guayas se halla reducido á la mitad del triángulo descrito arriba, 
es decir, á la porción que cae al lado izquierdo del rio principal, y el Estero 
Salado forma un sistema aparte.*) 



como 



*) Lo que el rio ha formado por aluvión, puede también destruir por la erosión, 
sabemos por mil ejemplos en los cauces de nuestros rios. No seria imposible que 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 115 

Inmediatamente arriba de Guayaquil el rio pasa una angostura entre el 
cerro de Santa Ana y los cerros de Cabra, estrechándose en este lugar á 
1500 metros; pero luego y enfrente de la ciudad se ensancha mucho y se 
divide en dos brazos que rodean la isla de Santay, cuyo largo es de una 
legua. Unido de nuevo en un solo tronco, corre casi recto de N á S, pre- 
sentando en su orilla derecha como únicos accidentes notables un pequeño 
estero que rodea la isla de Masa, y mas abajo (5 leguas distante de Guaya- 
quil) la pequeña colina de Punta Piedra, que significa para los navegantes 
la mitad del camino entre Guayaquil y Puna, y recuerda á los Guayaquilefios 
un episodio triste de la historia moderna del pais (1865 Combate de Jam- 
belí). — Un poco arriba de Punta Piedra se separa el primer canal grande 
del delta á la izquierda, que se llama canal de Matorillos, y una legua mas 
abajo sale en el mismo sentido el canal del Callejón, que es el camino de 
las embarcaciones distinadas á la boca de Naranjal. Entre los dos canales 
expresados se extiende la angosta pero larga (2 l / 2 leguas) isla de Matorillos. 
Abajo de ella el brazo del rio, formado de los dos canales, es mas ancho 
que el rio principal, del cual esta separado por la gran isla de Mondragon, 
que tiene casi una legua de ancho y 4 de largo. Otra mas pequeña, que 
se llama Malabrigo, se halla en medio del brazo entre Mondragon y la boca 
de Naranjal. — Donde acaba la isla de Matorillos, sale al oriente la ancha 
boca de Taura, llamada asi, porque de ella se introduce hacia el N y paralelo 
al canal de Matorillos el estero de Taura. Pero otro estero no menos im- 
portante, entra de la misma boca de Taura mas al Este y vira después igual- 
mente al N y NE con varias ramificaciones. Este es el estero de Churute 
que está en comunicación con el de Churulillo ó un brazo ancho, que desde 
la boca de Naranjal sube tierra adentro hasta la de Taura, separando de 
tal modo de la tierra firme una isla grande. Siempre es muy difícil dar 
una descripción clara de los laberintos acuáticos tan complicados, y mucho 
mejor se los estudia sobre el mapa. 

La región comprendida entre el rio Guayas (desde la boca de Naranjal 
hasta Guayaquil) y la Cordillera occidental tiene el ancho de diez á doce 
leguas y es completamente llana, con excepción de los cerros de Taura, que 
luego conoceremos. Es muy poco habitada y poco cultivada, porque en su 
mayor parte se compone de sabanas pantanosas é inundadas (tembladeras), 
que á lo mas se prestan á la ganaderia, pero no á la agricultura. La última 
se halla reducida á ciertos lugares alislados; donde el terreno la favorecería, 
como hacia el pió de la Cordillera, falta la población, y todo está cubierto 



se restablezca en algún tiempo la comunicación entre los dos sistemas; pero el interés 
de la ciudad de Guayaquil exige, que se la impida en cuanto sea posible. 

8* 



116 TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO III. 

de monte, rico en maderas valiosas (montañas al Este de Taura y de Boliche, 
montañas de Bulubulu). 

El fondo oriental de esta región forma la Cordillera entre el rio de 
Cañar y el de Chanchan, de que hablé en otra parte. Dos ríos de impor- 
tancia nacen en sus faldas: el rio Bircay, mas abajo llamado rio de Taura 
y el rio de Bulubulu, que abajo se llama rio de Boliche. Los sistemas de 
estos dos rios, que en su curso medio ó inferior comunican entre si, ocupan 
casi toda la región de que tratamos. Solo en la parte mas meridional 
encontramos entre el rio de Naranjal y el de Taura el pequeño rio de Churute, 
que nace en las tembladeras al Sur de los cerros de Taura y entra pronto 
en el estero grande de Churute. 

El rio Bircay baja de la Cordillera casi recto de E á O por un angosto 
valle, que corre paralelo al de Cañar, y en cuya parte media se hallan 
algunas haciendas, que sinembargo ya pertenecen á la región andina. Al 
salir del valle y de las montañas, y al entrar en la llanura, vira al NO por 
un espacio de 3 leguas, hasta el sitio de Guamapungo ó el cerrito de la 
Huaquilla. En este trecho corre por varias venas entrelazadas, y una mas 
separada que se llama de Chontapamba vieja, parece indicar el cauce antiguo 
del rio. En Guamapungo conserva un brazo la dirección al NO y vá derecho 
al rio de Bulubulu, que se halla á poca distancia y baja como el Rircay de 
la Cordillera con el rumbo E-O, pero por un valle del todo despoblado. 
Este brazo que une los dos rios, queda en ciertas épocas casi seco; el caudal 
principal del Rircay, que desde aquí se llama rio de Taura, vira al pié del 
cerrito de la Huaquilla al Oeste y corre por largo trecho casi paralelo al 
rio de Boliche. Del lado izquierdo recibe el tributo del rio Corojo ó Gua- 
rumo, que recoje las aguas de las montañas al pié de la Cordillera entre 
el rio Suya y el rio Rircay. Desde el pueblo de Taura, que se halla sobre 
su orilla izquierda, cambia el rio poco á poco su rumbo al Sur y entra en 
el estero navegable, que sale á la Boca de Taura. En su curso inferior 
recibe el rio de Taura muchísimos afluentes pequeños de las sabanas y 
tembladeras. Casi enfrente del pueblo entra un canal que le comunica con 
el rio de Boliche, y q\ie es navegable en pequeñas canoas. Otro canal que 
sale mas abajo del pueblo en el codo que hace el rio para entrar al estero 
grande, es muy conocido bajo el nombre de la Zanja y comunica con el 
rio Guayas, desembocando abajo del sitio de Sonó. También se trafica por 
este canal en canoas, y es la via de comunicación mas corta entre Taura y 
Guayaquil. 

El rio de Boliche (asi llamamos el Bulubulu desde el punto en que 
recibe el mencionado brazo de Guamapungo) corre bastante recto de E á O 
hasta su desembocadura en el Guayas. Primero pasa entre las haciendas 



LA BEGION OCCIDENTAL. 117 

de Vainilla y de Guanábano, y después llega al pueblo de Boliche, que se 
halla sobre su borde derecho. Media legua abajo del pueblo se divide el 
rio en varios brazos; el mas meridional se dirige a Taura y es aquel canal 
de comunicación do que he hablado y que entra enfronte del pueblo. Los 
demás brazos se pierden pronto en las extensas tembladeras, que se hallan 
entre Boliche y el rio Guayas; sinembargo atravesando esos pantanos en 
canoa, se puede seguir el rio principal por todas sus mil tortuosidades que 
describe, ya ensanchándose como un lago, en que apenas se observa la 





m 


^fcaa 


'á¿$V 








j*?r 




W" ' *h*J*=¿ms£¿/., ¿J5,¿<¿x2 




**^NEvaB^RÍ 


Í-T^V?^7Y^ '-'' " '' 


-"'si. 




EsüsL 





corriente, ya estrechándose en un angostísimo hilo de agua, hasta salir 
finalmente con un cauce regular (desde el sitio del Sauce) al brazo del rio 
Guayas, que baña el lado oriental de la isla de Santay. 

Los demás riecitos que caen al rio Guayas en esta región, como los 
esteros de Zoraida, de Santay, de Cantagallo, de Sitio nuevo etc. son todos 
insignificantes y nada mas que desaguaderos de las tembladeras. 

Por primera vez encontramos entre Taura y el rio de Suya un grupo 
de cerros del todo independientes de la Cordillera de los Andes. Son los 
cerros de Taura ó de Churute, que desde Guayaquil se presentan como una 



118 TOPOGRAFÍA. — capítulo ni. 

pequeña cordillera. Distan del pié de la Cordillera grande unas tres leguas 
y se levantan directamente y sin transición de la sabana completamente 
llana de Taura, mas cerca al rio Churute que al de Taura. El grupo consta 
de 6 cerros cónicos, aislados, é irregularmente agrupados, y de una pequeña 
cadena que se extiende algo mas que una legua de E á O. Los dos puntos 
mas altos de esta cadena son el cerro Masvále y el de Baiang; y de los 
cerros aislados son los principales el Cimálon el Guábito y el Perequeté. Su 
altura es de 300 á 400 metros. En las inmediaciones del pueblo de Taura 
y al lado derecho del rio encontramos una cadenita baja (de 20 á 30 metros 
de altura) de colinas, los cerritos de Taura, que no merecerían mención, 
como tampoco la Huaquilla de Guamapungo citada mas arriba, si no llama- 
sen la atención en una llanura tan perfecta. Pero con estos dos puntos y 
los cerros altos de Taura hemos enumerado todas las elevaciones de terreno 
en la zona litoral desde Máchala hasta Guayaquil. 

El delta del rio Guayas con sus islas de aluvión está cubierto de man- 
glares. Pero mientras que en el Salado que contiene agua del mar casi 
pura, el mangle acompaña los esteros y esteritos hasta sus últimas rami- 
ficaciones, en el rio Guayas sube este árbol solo hasta cerca de la isla de 
Masa, es decir hasta donde el agua es muy salobre. Lo mismo se observa 
en los esteros de Naranjal y Taura, en los que el mangle sube hasta el 
punto, en que el agua salada de las mareas prevalece sobre el agua dulce 
del rio. 



He dicho mas arriba, que la región entro el rio de Naranjal y el de 
Boliche — y podemos extenderla hasta el rio Chimbo — , consta por su 
mayor parte de llanuras incultas y terrenos pantanosos. Como tales terrenos 
se repiten con frecuencia por toda la región litoral del pais, conviene cono- 
cer de una vez su naturaleza y clasificarlos juntamente con otros que á 
cada paso tendremos que nombrar en nuestra descripción. El costeño y 
sobre todo el «montuvio» distingue manglares, salitrales, pampas, sabanas, 
sartenejales, tembladeras, pozas, pajonales, esteros (secos), playas, vegas, bancos, 
lomas. Todas estas expresiones se refieren á terrenos de aluvión y significan 
ciertas modificaciones ó ciertos estados de desarrollo. 

Los manglares y salitrales se encuentran solo á lo largo de la costa 
del mar y de los esteros, que llevan agua marina. En cuanto á la vejeta- 
cion, representan dos extremos, pues en el manglar es espesísima, aunque 
consta casi exclusivamente de los árboles y arbustos del mangle, y en el 
salitral falta completamente. El manglar, que forma la orilla misma del 
mar ó del estero, se inunda cada dia por las alternativas de las mareas 
diarias; el salitral, que es una llanura atrás de los manglares, se aniega 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 119 

periódicamente en los tiempos de aguajes, y por la evaporación del agua las 
sales marinas quedan impregnando la tierra ó cubriéndola con una costra 
blanquecina. En muchos puntos, en que se hallan pozas naturales en el 
salitral, quedando el agua estancada y sujeta á una evaporación continua, 
se forman capas gruesas de sal gema, ó salinas naturales, en todo análogas 
á las artificiales de Santa Elena; así por ejemplo en la punta sur de Puna, 
en las islas de Payana, Tembleque, Ponga! etc. 

Pampa, nombre original de America, significa propiamente cualquier lla- 
nura, pero se aplica en la costa con preferencia á los llanos extensos con poca 
ó ninguna vegetación. Así los salitrales también son pampas, lo mismo que las 
sabanas abiertas. En fin, es un nombre mas bien genérico que no específico. 

lias sabanas son llanuras cubiertas mas ó menos espesamente de una 
vegetación gramínea, comunmente con árboles aislados ó pequeños grupos 
de árboles, á veces también interrumpidas por bosques mas extensos. La 
sabana puede inundarse en invierno, pero en verano queda siempre seca, y 
en esta última estación es cuando se forman los sartenejales, que son 
una modificación especial de la sabana. El suelo de la sabana ó es algo 
arenoso ó puramente arcilloso; en el primer caso no se raja (ó muy poco) 
en tiempo de sequedad, y el césped de la vegetación gramínea es espeso é 
igual; en el segundo caso forma en invierno un lodazal de los peores que 
se puede imaginar. El lodo es una arcilla negruzca muy pesada y pegajosa, 
que en verano se diseca completamente y se hace dura como piedra. Pero 
al mismo tiempo que se diseca, el terreno se raja en todos sentidos por mil 
hendiduras finas y anchas, y mas ó menos profundas, quedando finalmente 
una superficie de irregulares y ásperos terrones. Cualquiera de mis lectores 
habrá observado este fenómeno en pequeña escala al borde de un pantano 
que se diseca, ó siquiera en una olla de cola, que mucho tiempo estuvo sin 
uso. Las partes de la sabana que se hallan en este estado, reciben el 
nombre singular do sarteneja ó sartenejales. Aquí la vejetacion es rala, se 
encuentran las gramas solo por mechas aisladas, y el resto son yerbas inú- 
tiles y hasta perjudiciales al ganado. No hay cosa mas molesta para el 
vugero, y mas dañosa para el casco del caballo, que atravesar sartenejales 
largos, en que el camino todavía no está trillado. Por lo demás se forman 
sartenejales no solamente en la sabana, sino también en los salitrales, cuando 
el terreno de ellos es arcilloso en lugar de ser arenoso. t — En un paseo de 
Guayaquil al Estero Salado se puede atravesar en media hora las cuatro 
formaciones descritas hasta aquí: La sabana se presenta ya abierta, ya con 
los arbolitos característicos de los espinos; se atraviesa algunos sartenejales, 
después se llega á una zona angosta de salitrales y finalmente al manglar, 
que termina el paseo. 



120 topografía. — capítulo m. 

Las tembladeras son sabanas anegadas durante todo el año, que se 
extienden á veces sobre algunas leguas cuadradas. La vegetación de ellas 
es del todo distinta de la de la sabana. También predominan las gramíneas 
y ciperáceas, pero con formas gigantescas y mezcladas con un grandísimo 
número de otras plantas palustres y acuáticas. Los arboles son con pre- 
ferencia sauces y alisos, y se encuentran especialmente á los bordes de las 
tembladeras ; en las partes centrales ó faltan, ó se- hallan aislados. El agua 
cubre el terreno desigualmente, llegando su profundidad de pocos centí- 
metros á algunos metros. Donde no pasa de Va metro, es invisible desde 
alguna distancia, porque la vegetación cubre todo; pero en los lugares mas 
hondos hay solamente plantas nadadoras, ó se presentan lagunas extensas 
del todo despejadas, las pozas. El revés de las pozas son las islas, que de 
vez en cuando se hallan esparcidas por las tembladeras, y consisten en que 
el terreno se eleve de V2 metro sobre el nivel del agua. En estas islas en- 
contramos la vegetación y las demás condiciones de la sabana. — En las 
tembladeras de alguna extensión el agua rara vez queda del todo estancada, 
porque son alimentadas por ríos, que las atraviesan ó que se pierden en 
ellas, y tienen sus desaguaderos. En verano el movimiento del agua es 
poco notable, tanto mas en invierno, en que las corrientes son fuertes y las 
aguas á veces muy turbias. El lodo y la arena fina arrastrada por los ríos 
se deposita entre la vegetación de las tembladeras, y por este procidimiento, 
por lento que sea, el terreno bajo se alza continuamente, el pantano se 
reduce cada año, la tierra firme gana terreno, la tembladera se convierte 
poco á poco en sabana seca. Las tembladeras ofrecen al ganado un alimento 
abundante, sobre todo en verano, cuando las sabanas cirunvecinas quedan 
secas bajo los rayos abrasadores del sol. Son difícilmente accesibles al 
estudio; pero ahora se presenta una ocasión magnífica de conocerlas con 
toda comodidad, porque el ferrocarril entre Guayaquil y Yaguachi atraviesa 
una región típica de tembladeras. 

Las pozas y los pajonales no son mas que tembladeras en una 
escala reducida. Se hallan con preferencia en el sistema superior del rio 
Guayas, en los cantones de Vinces, de Baba, de Pueblo viejo, en la región 
del «Cacao de arriba», cruzada por tantos rios. Están situadas regularmente 
entre los «bancos» de los rios donde el terreno es mas bajo y son los resi- 
duos de las inundaciones anuales, que se verifican durante el invierno. 
Cuando la poza está cubierta de una planta que se llama pajón y que tiene 
hoyas anchas como el platanillo, pero mas pequeñas, recibe también el 
nombre de Pajón ó Pajonal, que de consiguiente es muy distinto del pa- 
jonal de la sierra. También las pozas se llenan poco á poco, como las 
tembladeras, por los depósitos de las aguas; «se embancan». Y se puede 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 121 

accelerar este embaucamiento artificialmente, conduciéndoles en invierno por 
un canal una gran cantidad de agua turbia y lodosa de un rio vecino. Las 
pozas están casi siempre en relación con 

Los Esteros, y muchas veces no son mas que unos ensanches muy 
bajos de estos. De la palabra a estero» el costeño hace un uso ó mejor 
dicho abuso muy extenso. Deriva del latin «acstuarium*, y según el dic- 
cionario español significa propiamente un brazo de la mar ó de un rio en 
que se verifica diariamente el juego del flujo y reflujo de la marea. Sin- 
embargo en todo el litoral se designa con ella también cualquier rio no 
demasiado grande, aunque se halle lejos del mar, fuera del alcance de la 
marea, y en las montañas interiores. Para el buen montuvio son ríos solo 
los del primer rango y sus tributarios grandes, todos los demás afluentes 
«no son rios, Señor, sino esteritos no mas» como dirá sonriéndoso de nuestra 
ignorancia. Pero en la acceptacion en que tomamos la palabra en este 
lugar, el «Estero» ni lleva agua siquiera, es el cauce seco y abandonado 
de un rio antiguo. Tales esteros abundan en la región baja y llana del 
Ecuador occidental, en que los rios corren en cauces poco estables y los 
cambian cada rato con facilidad. Algunos quedan secos todo el año, otros 
se llenan en invierno con las aguas de lluvia ó por una comunicación tem- 
poral con los rios, y estos son principalmente los proveedores de las Pozas 
y Pajonales. 

Playas, vegas y bancos son efectos del agua corrida y se hallan de 
consiguiente á lo largo de los rios. — Playas se llaman los planos casi al 
nivel del agua, cubiertos de arena muerta en el curso inferior, y de cascajo 
mas ó menos grueso en el curso superior y medio de los rios. Este material 
es estéril y sujeto á cambios continuos, porque el rio, cada vez que crece, 
inunda la playa, arrastra los materiales viejos y deposita nuevos. Hay rios 
de cauces superficiales, que poseen playas muy anchas, y en tales lugares 
se bifurcan y se ramifican con facilidad. Ya conocemos los ejemplos de los 
rios de Balao y de Rircay. Vegas se forman solo en los rios que poseen 
cauces algo hondos y corren con alguna fuerza. Son los depósitos de tierra 
vegetal mezclada con lodo y arena fina, que se forman en el talud del cauce, 
siempre al lado opuesto á la corriente mas fuerte del rio. 

Las vegas son terrenos movedizos, cambian con la corriente con fre- 
cuencia de lugar, y se renuevan casi todos los años durante el invierno, 
cuando los rios están llenos y arrastran mucho material en suspensión. A 
la vega corresponde el barranco al lado opuesto del rio, es decir al lado de 
la mayor corriente, que quita continuamente algo del talud del cauce y lo 
convierte en un barranco casi vertical. La alternativa de vegas y barrancos 
se puede observar especialmente en los rios que dan muchas vueltas, como 



122 topografía. — capítulo ni. 

p. ej. el rio Daulo. A cada vuelta corresponde su vega y su barranco. El 
terreno de las vegas es sumamente feraz y desempeña un gran papel en la 
agricultura del pais, aunque se presta solo al cultivo de las plantas anuales, 
como del tabaco, arroz, mais y de legumbres. 




Los bancos son en comparación con las vegas un fenómeno mucho 
mas grandioso y aun mas importante para la agricultura. Sin los bancos 
las provincias del Guayas y de Los Ríos no serían lo que son, el emporio 
del cacao y el centro de la agricultura ecuatoriana. 

El material que compone los bancos es parecido al de las vegas; es 
una tierra arenosa y muy sustanciosa, quo deja las raices penetrar y expan- 
derse con facilidad y retiene bien la humedad, á pesar de no ser muy com- 
pacta. Este terreno feraz que también se llama terreno «de pan sembrar; 
forma la zona próxima al cauce del rio con un ancho variable de pocas á 
muchas cuadras, y es el producto de aluvión del rio mismo. El banco es 
algo mas alto (á veces solo '/j ° 1 metro) que las sabanas que siguen á 
sus espaldas, y tiene la tendencia de extenderse hacia ellas por los nuevos 
aluviones, que le vienen sea del lado de la sabana, cuando se halla anegada, 
sea del lado del río, cuando este en ocasiones se trasborda ó inunda el banco 
mismo. Este seguirá creciendo en altura y ancho, hasta que las crecientes 
del rio ya no llegan ú inundarlo. Pero también el principio y la primera 
formación de un banco no es difícil de comprender. Supongamos que un 
rio se abra un nuevo cauce por una sabana baja. El río correrá casi al 
nivel de la sabana en un cauco superficial; con la menor creciente inundará 
todo el terreno adyacente, y los materiales mas pesados, la arena, se de- 
positará en las inmediaciones de la orilla, mientras que las partículas finas 
de arcilla, que el agua lleva en suspensión, formarán un depósito sumamente 
delgado en la sabana mas adentro. Este procedimiento se repite con fre- 
cuencia, y en pocos años tendremos á lo largo del rio un banco mas ó menos 
ancho, que disminuye en espesor conforme se aleja del rio. Tendrá tal vez 
dos metros de altura, cuando la sabana no se levantó todavia de un cuarto 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 123 

de metro, ademas se compondrá del material arenoso característico del banco, 
y la sabana recibió el lodo arcilloso propio do los sartenejales. — Es claro 
que tales bancos no pueden formarse en todas partes, sino solamente en la 
región en que los ríos llevan el material á propósito, y donde favorecen las 
condiciones topográficas, que es comunmente en su curso medio. Como 
los bancos rara vez pasan el ancho de 5 ó 6 cuadras, el terreno fértil que 
constituyen, seria muy reducido, si se encontrasen solo á lo largo de los 
rios actuales; pero se hallan también á lo largo de todos los «Esteros», es 
decir de los rios antiguos y abandonados, y como el número de estos es 
muy grande, los bancos cruzan todo el pais y se aumentan de año en año. 
Muchas veces sirven para determinar el curso antiguo de un rio, aun cuando 
el «Estero» haya desaparecido completamente desde mucho tiempo. 

Las lomas son un fenómeno de otra categoría y pertenecen á una for- 
mación geológica algo mas antigua, que los términos explicados hasta ahora, 
los cuales todos se referían á modificaciones de la misma formación aluvial. 
Aunque «loma» significa cualquier altura pequeña prolongada con pendientes 
cortos, en las provincias bajas se entiende con «las lomas» una región espe- 
cial, en oposición á las tembladeras y sabanas. Se podría decir que las 
lomas son sabanas unduladas. En efecto, aunque la vegetación es algo 
distinta, sinembargo en el aspecto exterior, en su vegetación gramínea, en 
los arboles y grupos de árboles aislados se parecen las dos zonas, y en 
orden económico se complementan, pues las lomas sirven al ganado de in- 
vernadero. Cuando en la estación lluviosa las tembladeras son inaccesibles, 
cuando las sabanas se hallan anegadas, el ganado se retira á las lomas y 
encuentra un pasto excelente y abundante. Las lomas se extienden á voces 
sobre espacios grandes, en que las crestas de las ondas tienen aproximada- 
mente la misma altura y los vallecitos intermedios la misma profundidad; 
también se observa un cierto paralelismo en ellos como en las ondas del mar, 
con que se puede comparar. El terreno es comunmente arenoso y hasta 
cascajoso, por esto seco, y solo en invierno se forman riachuelos en los pe- 
queños valles, á cuyo borde se hallan bosquecitos umbrosos. La altura de 
las lomas es variable; en algunos parajes tiene solo de 4 á 8 metros, en otros 
llega de 15 á 20 metros. 

Las lomas son la primera grada en la escala hipsométrica del pais y la 
penúltima en la geológica, pues su formación precedió inmediatamente á la 
aluvial, y se verificó en la época cuaternaria, probablemente como depósito 
de un mar poco profundo. 

Ya conocimos tales lomas en la cercanía de Túmbez; pero en su de- 
sarrollo típico se puede estudiarlas á ambos lados del rio Daule medio, por 
ejemplo entre Santa Lucia y Balzar, ó entre el rio Colimes y el de Puca. 



1Ü4 TOPOGRAFÍA. — CAPITULO ID. 

•Sección II*. El sistema fluvial del rio Guayas. 

El sistema fluvial del rio Guayas es el mas extenso, el mas hermoso y 
el mas importante de todo el Ecuador occidental, y — podemos agregarlo sin 
exageración — de toda la costa sudamericana, desde Panamá hasta Valparaíso. 
En la sección anterior hemos conocido el curso inferior del Guayas y su 
delta, ademas algunos tributarios que recibo on esta parte del lado de la 
Cordillera. Ahora trataremos de su curso medio y superior, y de todos sus 
afluentes que le engruesan desde la boca el rio Daule hacia arriba. Inmedia- 
tamente abajo do esta boca el rio se estrecha entre los cerros de Guayaquil 




y los de Caira (ó de Duran), como ya he dicho en otro lugar, y esta cadena 
de cerros es la linea divisoria entre el sistema fluvial inferior y el medio, 
entre las llanuras de abajo y las de arriba. Esos cerritos, que al lado do 
Duran y cerca de Guayaquil no llegan á la altura de 100 metros, son el 
principio de una Cordillera geológica y geográficamente muy importante; 
continúan al Oeste del Estero Salado en la Cordillera de Chongon y en la de 
Colonche hasta el mar, levantándose á alturas muy considerables de 600 y 
800 metros. La alineación de los cerros de E á O se observa muy bien 
cerca de Guayaquil. Al lado de Duran comienzan, una legua del rio adentro, 
ú levantarse cinco cerritos aislados de la sabana y tembladera; después se 
reúnen varios en una cadenita, que llega hasta la orilla del rio (cerca de la 
estación del ferrocarril). Sigue la gran interrupción del rio Guayas de 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 125 

1500 metros, en la cual se levanta solo la islita del tCem/o», como la 
cúspide de una colina subfluvial, que es un eslabón de la misma cadena.*) 
Á la orilla derecha se levantan escarpadas días Peñas» al cerro de Santa 
AnOj á cuya falda meridional se acuesta la hermosa reina del Guayas en la 
sombra de los palmares. Con el cerro de Santa Ana principia otra cadenita 
que sigue en la extensión de una milla, por las alturas del Carmen, y acaba 
en el cerro del Manicomio, que cae precipitado á la sabana. Una última 
interrupción de 1000 metros de ancho, separa los cerritos de Guayaquil de 
los del Estero Salado. Por esta angostura comunican las sabanas del Sur 
con las del Norte, y por ella se introduce el Salado para subir con sus úl- 
timas ramificaciones hasta las cercanías de Mapasingue, una legua al Norte 
de Guayaquil. Al Oeste del Estero Salado los cerros so levantan pronto á 
alturas mayores y la cadena se ensancha. A la distancia de 2 millas del 
Salado encontramos todavía una depresión fuerte, que sinembargo no llega 
al nivel de la sabana. Por ella pasa el camino de St a . Elena entre Puente 
grande y Agua-piedra. Pero de allí se alza el ancho macizo de la Cordillera 
de Chongon con el Cerro a£-ul 9 y no se encuentran en adelante interrupciones 
notables en la cresta central de la cadena, hasta la provincia de Manabi. 

Conviene que desde ahora sigamos el curso ulterior de esta Cordillera, 
que es la mas importante de todo el Ecuador occidental, y separa netamente 
el sistema fluvial del Guayas de la región que sera el tema de la sección 
siguiente. — Aunque el rumbo general de la Cordillera es de E á O, se 
observa, sinembargo, desde Guayaquil la tendencia de una declinación al 
Norte, y esta tendencia es todavía mas pronunciada desde el sitio de Juntas, 
que se halla á su pié meridional. Un poco mas allá de este punto toma su 
curso al NO, acercándose mas y mas al mar y alcanzando al mismo tiempo 
su mayor elevación. Aquí se llama Cordillera de Colonche, y al entrar en 
la Provincia de Manabi sigue el rumbo de la costa misma, que es de S á 
N, hasta I o 25' Lat. S, poco mas ó menos. El valle ancho del aRio seco», 
que viene de las llanuras de Jipijapa á salir al mar, interrumpe su curso y 
la separa de las montañas, que al otro lado del valle siguen hasta las cer- 
canías de Montecristi y Manta. Pero al Sur del valle del Rio seco se en- 
cuentra la Cordillera con la de los cerros de Pajan y de Puca, que tiran 
de SO á NE y separan la hoya de Jipijapa y del rio de Portoviejo de las 
cabeceras de los rios Pajan y Puca, que tributan al Daule. De tal modo se 
presenta sobre el mapa como una sola cordillera, que principiando cerca de 

*) El Cerrito es la única isla del rio Guayas, que no consta de aluviones modernos, 
sino de peña viva, y es el resío de una antigua formación geológica. Por esto subsistirá, 
por mas pequeña que sea, aun cuando las otras (como la de Santa Kosa) desaparezcan 
ó cambien de lugar. 



126 TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO iii. 

Guayaquil describe casi un semicírculo hacia el Oeste, cuya cuerda es el 
rio Daule, y cuyo extremo setentrional se acerca mucho á este rio (sin to- 
carlo), enfrente de Balzar. — Al Norte del rio Puca y de Balzar los cerros 
divisorios entre el sistema del Daule y los rios de Manabi se rebajan mucho 
y pierden mas y mas su carácter de cordillera; sin dinstinguirse una pro- 
nunciada cresta central, la linea divisoria sigue mas ó menos el rumbo 
al N y NNE, y pasadas una vez las cabeceras del rio de Chone, se 
tuerce con irregularidad hacia NE y E entre las del rio Daule y las de los 
tributarios del rio Esmeraldas. En esta región entre Chone y Santo Domingo 
de los Colorados, no se puede hablar de una «Cordillera» divisoria. Todo 
el pais se parece á una meseta extensísima, en que los rios hicieron sus in- 
cisiones, y que se inclina muy suavemente hacia el Oeste, hacia el Norte y 
hacia el Sur, de manera que forma una bóveda sumamente aplastada, sobre 
la cual nacen las cabeceras de aquellos. El eje longitudinal de la bóveda 
corre de NEE á SOO; sus pendientes setentrionales y orientales pertenecen 
al sistema del Esmeraldas, las meridionales al del rio Guayas, y hacia el 
occidente nacen algunos rios litorales de Manabi. Sobre dicha bóveda y 
siguiendo la linea divisoria de las aguas, se ha proyectado el ferrocarril de 
Bahía de Caráques a Quito, y se ha abierto una trocha provisoria. — Para 
circunscribir todo el sistema del rio Guayas, agregaremos que hacia el oriente 
está limitado por la Cordillera alta desde el Azuay hasta el Quilotoa y la 
Cordillera de Chugchilan y Sigchos. Á él pertenecen también las hoyas 
interandinas de Alausi y de Chimbo, que sinembargo están fuera del campo 
de nuestras consideraciones actuales. Solo al lado sur de la banda oriental 
del Guayas nuestro sistema no tiene un límite natural por todo su ancho, 
porque desde el último cerrito al E de Duran se confunde con la región que 
hemos tratado en la sección anterior. Podemos limitarlo con una linea 
imaginaria, que tiramos desde aquel cerrito entre el rio de Boliche y el de 
Chimbo, respectivamente del Chanchan, hasta la Cordillera. 

El sistema completo del Guayas (tomándolo desde la boca del rio Daule) 
se extiende sobre una área de 34500 km.Q (=1114 leg. □), de los cuales 
pertenecen 25900 km.Q (=836 leg. □) á la región litoral y 8600 km.Q 
(=278 leg. □) á la región andina. 

A la entrada de la región, que vamos á describir sistemáticamente, y 
en el limite entre el Guayas inferior y su sistema medio, se halla Guayaquil 
á su ribera derecha. Esta ciudad, que es la capital de la provincia del 
Guayas y la capital comercial de toda la República, ocupa una posición 
ventajosísima en su calidad de Puerto principal del pais, cerca de la con- 
fluencia de tantos rios navegables, y en un lugar que es accesible para los 
vapores y barcas marinas de mayor calado. Los fundadores de Guayaquil 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 



127 



acertaron admirablemente con la elección del sitio; mas arriba faltaba el 
agua al puerto, mas abajo (p. ej. en' Puna) estaba demasiado lejos de las 
regiones mas ricas en productos agrícolas y de exportación, se dificultaba 
la comunicación con ellas mediante pequeñas embarcaciones, que ahora es 
facilísima. Por su posición astronómica he aceptado la que dan las cartas 
marítimas modernas en 82" 11' 33" Long. O de París, y 2°12'0" Lat- Sur. 
— Reclinada con la parte setentríonal, que se llama Ciudad vieja, á la colina 
de Santa Ana, se extiende Guayaquil á lo largo del rio por B% kilómetros, 
y hacia la sabana su mayor ancho (por la calle del 9 de Octubre) mide un 
kilómetro y medio. Aquí os donde el Estero Salado se acerca mas al rio 




Guayas, pues la distancia entre las orillas de les dos no es mas que de 
2100 metros, y es probable que en tiempo no muy lejano la ciudad ocupará 
todo este estrecho. El plano de Guayaquil, con excepción de una pequeña 
parte de Ciudad vieja, se halla casi al nivel del mar y por esto el rio Guayas 
y el Estero Salado están sujetos á las mareas tan fuertes, como la costa 
misma del mar, y en tiempo de los aguajes la diferencia entre pleamar y 
bajamar llega á 4 metros. Esta es la razón, porque el río lleva agua sa- 
lobre, es decir muy mezclada con agua del mar, y no es potable sino en 
tiempo del invierno, cuando las inmensas cantidades de agua dulce que 
vienen del interior, vencen el impuje de las aguas saladas, y la mezcla se 
verifica mas abajo cerca de Puna, á la entrada en el golfo. También se 
explica, que los alrededores de Guayaquil, aunque no carezcan de ameni- 
dades, no se prestan mucho al cultivo sino de aquellas plantas, que echan 



128 topografía. — capítulo m. 

raices poco profundas ó prefieren un terreno salobre, como la palma de coco; 
porque en consecuencia de las infiltraciones del rio y del Estero Salado el 
terreno está impregnado de agua salobre, y esta brota en abundancia do- 
quiera que se haga un hueco de uno ó dos metros de profundidad. Ademas 
los terrenos de la sabana y de los cerros cascajosos de suyo no son feraces, 
y la primera produce á lo mas un escaso pasto en invierno. 

Aunque bien podemos hablar de un t sistema» superior del rio Guayas, 
el rio pierde su nombre arriba de Guayaquil desde la boca del Daule, y se 
llama rio de Bodegas, según la ciudad de este nombre que se halla en su 
curso superior. Para proceder con orden en el redaje de rios, en que vamos 
á entrar, conviene enumerar los tributarios principales, de que cada uno 
forma un sistema extenso aparte, y de consiguiente una subdivisión de esta 
sección. m El rio Daule es el tributario mas importante y mas largo de todos, 
y forma con el de Bodegas el rio Guayas. Sigue el rio de Yaguachi, que 
no es otro que el Chimbo y entra del lado oriental al Bodegas, 5 leguas (en 
linea recta) arriba de Guayaquil. En continuación tenemos del lado derecho 
el rio de Vinees y Quevedo con el laberinto de sus diferentes desemboca- 
duras; y finalmente el rio de Caracol y de Zapotal con todas sus dependen- 
cias en su curso inferior, que no son menos enredadas, que las del rio an- 
terior. Estos cuatro rios son los principales del sistema, y el Bodegas mismo 
pierde desde su confluencia con el de Caracol su importancia, porque hacia 
mas arriba lleva poco caudal y sus ramificaciones se pierden pronto en los 
valles occidentales de la Cordillera. También los demás rios orientales entre 
el Bodegas superior y el rio de Yaguachi son insignificantes. 

Principiemos con la descripción del tronco, que es el rio de Bodegas. 
Su dirección general entre Guayaquil y Babahoyo (que es lo mismo que 
Bodegas) es de SO á NE (corre naturalmente en dirección opuesta, porque 
ahora subimos en el rio), sinembargo hace vueltas tan grandes y caprichosas, 
que en un primer viaje será difícil orientarse. Asi, por ejemplo, navegamos 
de Guayaquil 2 leguas al Norte hasta la punta de la isla de Mocolí, en se- 
guida V¡ 4 legua al Este, después otra legua al Norte hasta la hacienda de 
Palo largo, y finalmente l l / 4 legua al Este á la boca de Yaguachi. Hasta 
aquí el rio tiene de 2000 a 1500 metros de ancho, pero desde la boca de 
Yaguachi se estrecha considerablemente, y nos dirigimos de nuevo recto al 
N. A poca distancia el rio se bifurca, abrazando con los dos canales casi 
de un mismo ancho la isla de Guare, que tiene casi media legua de largo. 
Arriba de Guare entra del lado derecho la boca de Cañas, una de las bocas 
del rio Vinees, y el rio hace una vuelta larga hacia Este al rededor de la 
isla de la Vega, que está enfrente de Zamborondón; pero nosotros pasamos 
de Guaní, después de una pequeña virada al NE, derecho al Norte por el 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 129 

estero de Chinguero, cortando así aquella vuelta larga. Hace 50 años, que 
Chinguero era un esterito pequeño, por el cual traficaban las canoas con la 
marea alta, ahora lo cruzan los vapores con facilidad, se ensancha diaria- 
mente y ya constituye el cauce principal del rio, embancándose y cerrán- 
dose mas y mas el antiguo cauce al rededor de la isla. Á la vuelta del 
estero de Chinguero estamos enfrente del pueblo de Zamborondón, á la 
distancia de 7 leguas (en linea recta) de Guayaquil. Los vapores hacen 
este viaje, á favor de la marea en 3 ó 4 horas. Hasta aquí sube con las 
mareas el agua salobre en verano; mas arriba el rio siempre lleva agua 
dulce, y aunque la marea suba mas allá de Bodegas, consiste solo en el re- 
flujo de las aguas dulces. Esta circunstancia en unión con la diferencia del 
terreno explica el cambio notable del paisaje, que observa el viajero al pasar 
de Zamborondón. Este pueblo marca el límite de dos regiones distintas: 
hacia abajo se extiende la de las sabanas con las haciendas de ganado, hacia 
arriba sigue la de las vegas y de los bancos con las haciendas de cacao y 
café; la primera excluye la agricultura, la segunda la reúne con la ganadería. 

Entre Guayaquil y Zamborondón las orillas del rio quedan abiertas; á 
ambos lados se extienden las sabanas libres, que mas adentro pasan á las 
tembladeras; bancos de «pan sembrar» no se forman, porque el rio aquí no 
lleva en suspensión los materiales necesarios, y cuando aniega las sabanas, 
sus aguas turbias despositan solamente aquella lama fina, que endurecida se 
parece á la arcilla y constituye el terreno de las sabanas y de los sartene- 
jales. Apesar de cierta monotonía, esta región no carece de perspectivas 
pintorescas, sobre todo en invierno cuando la sabana se presenta cubierta 
de una alfombra de verdor primoroso, y el ganado, que en verano prefiere 
la cercanía de las tembladeras, sale por millares á las orillas del rio. Los 
grupos de palmas de coco y los arboles sombríos del Mango, que no faltan 
en la cercanía de las haciendas, completan el cuadro idílico y nos hacen 
olvidar la pobreza relativa de la flora sabanera. La única elevación del 
terreno que encontramos en las inmediaciones del rio, es el cerrito de Calen- 
tura, que trae su nombre de una hacienda del mismo nombre, una legua 
arriba de Guayaquil, y que es de la misma naturaleza que los cerros de 
Cabra y de Guayaquil. Los afluentes que recibe el rio de Bodegas hasta 
Zamborondón de ambos lados, son, exceptuando los ríos de Yaguachi y de 
Vinces, tan insignificantes, que no merece la pena enumerarlos. Aquí cabe 
la expresión que son «esterítos no mas», porque todos son desaguaderos de 
las sabanas y tembladeras, y están sujetos á la alternativa de las mareas. 

Sigamos nuestro viaje de Zamborondón por arriba. El rio de Bodegas 
se reduce pronto á menos de la mitad de su ancho anterior, y la dirección 
de NE es mas constante. Dejamos muy pronto á nuestra izquierda, es decir 

Wolf, Ecuador. 9 



130 TOPOGBAPIA. — CAPÍTULO HL 

en la orilla derecha del rio, la boca de otro brazo del rio Vincos, y pasamos 
después la pequeña isla de Silva, que se halla en medio del rio. Á poco 
trecho y l 1 /* legua arriba de Zamborondón, nos encontramos con una bifur- 
cación notable del rio que forma algunas islas grandes. £1 brazo que se 
separa en dirección al Este, se Dama Estero de Chijo, y después de rodear 
dos islitas (la que se halla en la boca, se llama de Ángulo) se divide de 
nuevo, abrazando con sus dos canales la isla de Flores, que tiene dos leguas 
de largo. Estos dos brazos con la isla intermedia se tienden de SO á NE, 
y después de unirse de nuevo en la cercania de sitio de Jujan, vá el Estero 
al Norte para salir al rio de Bodegas en la Boca de las Peñas, media legua 
abajo de Babahoyo, cercando del tal modo la isla grande que no lleva nombre 
propio. Todo el brazo del Chijo con sus ramas lleva bien el nombre de 
«estero», porque en efecto se parece mas á tal que no á un rio, quedando 
casi seco en bajamar y llenándose solo durante la marea creciente. — Entre 
tanto navegamos por el rio principal, conservando todavía el mismo rumbo 
desde la boca de Chijo hasta la gran vuelta de Cabonda. De ahí nos diri- 
gimos con un codo muy fuerte al O y NO, hasta la Boca de Baba, en cuyo 
sitio, y pocas cuadras mas arriba (boca del Arenal) desaguan las últimas 
venas del sistema del rio Vinces. Vuelve el rio á su dirección antigua de 
NE, y seguimos sin novedad hasta la cercania de Pimocha. Algunas cuadras 
abajo de este pueblo se repite el mismo fenómeno que encontramos cerca 
de Zamborondón, de que el rio hace con su cauce antiguo medio embancado 
una vuelta al Este al rededor de una isla, mientras que un brazo, antes pe- 
queño, se ensanchó y constituye actualmente el cauce principal. 

El cauce antiguo se llama estero del Tejar, por salir al rio grande al 
lado de la hacienda de este nombre, arriba de Pimocha. Muy cerca de la 
punta inferior de la isla y al lado derecho del rio se halla el pequeño pueblo 
de Pimocha sobre la boca del rio de Pueblo viejo, que pertenece al sistema 
del rio de Zapo tal, y antiguamente ha sido su vena principal, antes de que 
el rio de Caracol se conquistase esta prerogativa. Pimocha dista de Zam- 
borondón 4 leguas, y dos de Bodegas. — Un poco arriba del pueblo el rio 
tira al Este hasta mas allá de la boca del Tejar, después al Noreste hasta 
la boca de las Peñas, donde se reúne con el estero de Chijo, y finalmente 
hacemos una vuelta larga al N y NE para llegar á Babahoyo ó Bodegas. 

La región entre Zamborondón y Bodegas se caracteriza por los «bancos» 
á lo largo del rio, que con su variada y exuberante vegetación constituyen 
un paisaje lindísimo, en que cambia continuamente la decoración, conforme 
que avanzamos entre los cacaotales, cafetales, cañaverales, vegas sembradas 
de tabaco y arroz, y los frutales de toda clase al rededor de las numerosas 
haciendas. Tampoco no faltan las sabanas abiertas, que de trecho en trecho 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 131 

interrumpen los bancos y llegan hasta las orillas del rio. Pues es de saber, 
que los bancos componen una zona angosta, y que en todas partes se en- 
cuentran á su espalda las sabanas, especialmente al lado oriental, que á 
poca distancia del rio participa todavía en mucho de la región que dejamos 
abajo de Zamborondón. La parte occidental, desde la boca de Baba por 
arriba, está cruzada también á mayores distancias del rio por los bancos, 
que acompañan el redaje de rios y esteros secos, que por allá se encuen- 
tran. — La región es absolutamente plana; solo al NO de Zamborondón y 
á la distancia de media legua del pueblo, se levanta entre los dos brazos 
principales del rio Vinces el cerro de Zamborondón, rodeado al O de tem- 
bladeras y al E de sabanas. Es una montaña cónica, cuyo cúspide encontré 
en 268 metros de altura; sobre una prolongación oriental de la base se 
levanta otro cerrito que apenas llega á la mitad de aquella altura. En un 
pais montañoso un cerro de 268 metros no merecería mucha atención, pero 
por su aislamiento completo él de Zamborondón la llama en alto grado y 
parece mucho mas elevado de lo que es. El pueblo le rodea con el nimbo 
de tradiciones fabulosas, y para el geógrafo su cúspide es una señal trigono- 
métrica magnífica visible en torno de 6 leguas, doblemente apreciada en 
esas llanuras, en que á veces es el único punto que le facilita la orientación.*) 

Babdhoyo ó Bodegas (propiamente Las Bodegas de Babahoyo) es la 
capital de la provincia de Los Rios y el puerto principal para el interior. 
Se halla situado á 12 leguas al NE de Guayaquil, sobre la orilla izquierda 
del rio de su nombre, enfrente de la boca del rio de Caracol. Una parte 
de la población, el pueblo viejo, se encuentra á la orilla opuesta del rio, 
entre el triángulo que forma este con el río mencionado de Caracol, pero está 
decayendo de dia en dia, especialmente por ser su terreno muy bajo y en 
invierno completamente anegado, de suerte, que en esta época presenta el 
aspecto de una población lacustre ó un pueblo flotando en balsas sobre el 
agua. Hasta aquí la marea se hace muy notable y los vapores fluviales de 
Guayaquil suben á favor de ella también en la estación de sequedad; pero 
mas allá y por el rio de Caracol solo en invierno, cuando los rios se hallan 
muy crecidos. En Bodegas principia el viaje por tierra de los que se diri- 
gen á las provincias interiores. Los vapores hacen el viaje de Guayaquil á 
Bodegas regularmente en ocho horas. 

Conozcamos la región entre el rio de Bodegas y la Cordillera occidental, 
empezando con el rio Chimbo inferior y el Chanchan. La Cordillera es 
desde aquí aquel ramal ó mejor dicho aquella cadena paralela á la principal, 

*) Así p. ej. el cerro de Zamborondón me sirvió para extender una red de trian- 
gulaciones desde Guayaquil hasta Bodegas, que de otro modo hubiese exigido operaciones 
muy complicadas y largas. 

9* 



132 topografía. — capítulo m. 

que mas arriba hemos Humado Cordillera de Chimbo, por formar el borde 
occidental de la hoya ó del valle del mismo nombre. El valle de Chimbo 
acaba en Puetite de Chimbo, donde el rio abandona las montañas y su rumbo 
N-S, entrando en los llanos con dirección al O. En este lugar, al lado del 
aislado cerríto de Ctttuguai, que está enfrente de Agua-clara, el río Chanchan, 
que desagua la hoya interandina de Alausí, se acerca mucho al Chimbo, y 
parece que antiguamente un brazo comunicaba en efecto con él, porque hasta 
oliera la región, que sigue hacia abajo entre los dos ríos hasta su confluencia, 
se llama La Isla. En general podemos decir, que el río Chimbo y el río 




Flg. Í7. Agim-nl 



Chanchan han cambiado con mucha frecuencia sus cauces en esta región 
entre el pié de la Cordillera y Yaguachi. Por todas partes encontramos los 
antiguos «esteros» secos, y el terreno es especialmente en la parte superior, 
es decir hasta donde los ríos arrastraron con facilidad los materiales gruesos, 
muy cascajoso y por eslo menos favorable á la agricultura, aunque existen 
también extensos bancos y llanos con buena tierra vejetal. Unas seis leguas 
al Oeste de Puente de Chimbo los rios Chimbo y Chanchan se reúnen, des- 
pués de haber formado aquella larga lengua de tierra que se llama la Isla, 
y que se compone de playas y llanuras de cascajo, cubiertas de una espesa 
vejetacion de monte. Al Sur linda esta rejion con las montañas y el rio 
de Bulubulu. — Dospues de su confluencia con el Chanchan sigue el rio 



LA BEGION OCCIDENTAL. 



133 



Chimbo todavía unas dos leguas al Oeste en un cauce variable, ó mas bien 
sin caude, por playas extensas, con varios brazos enredados. En este punto 
se acerca mucho al rio de Boliche enfrente de las haciendas de Vainilla y 
Guanábano, y durante las cercientes del invierno el primero transmite una 
parte de sus aguas al segundo. Poco á poco los brazos del Chimbo se 
recejen de nuevo en un cauce bien determinado, y el rio loma la dirección 
constante al NO hasta su desembocadura en el rio de Bodegas. — Al lado 
de la hacienda de Chobo recibe el rio de Milagro y toma el nombre del 
rio de Taguachi. Desde aquí, tres leguas arriba de su boca, está sujeto 
á las mareas y es navegable, aunque los vapores suben en verano solo hasta 




el pueblo de Yaguachi, que se halla á media distancia entre Chobo y la 
boca, sobre la orilla derecho del rio. Una legua abajo y una legua arrilwi 
do este pueblo encontramos á ambos lados del rio una zona angosta de 
bancos, por lo demás atraviesa la región de las sabanas. — Un poco arriba 
del pueblo de Yaguachi encontramos al lado sur la boca del rio antiguo de 
Chimbo y podemos seguir el estero, que solo en invierno lleva agua, y corro 
casi paralelo al rio actual, unas 4 leguas hacia arriba, hasta el punto en 
que este cambia de rumbo, k la orilla izquierda de este estero y una legua 
distante del pueblo nuevo, se hallan los pequeños restos de Yaguachi viejo. 
El rio de Milagro, aunque de poco caudal, tiene sus cabeceras muy 
arriba en las montañas y al pié de la Cordillera. En su curso superior se 
acerca mucho al rio Chimbo en la cercanía del sitio de Barraganetal , y 



134 topografía. — capítulo in. 

parece que desde ahí en alguna época remota ha servido de cauce al Chimbo 
mismo, ó á lo menos á un brazo de él. Asi lo atestiguan los esteros secos 
y cascajosos que cruzan entre los dos ríos. También en su curso inferior 
el rio de Milagro se bifurca, una legua arriba del pueblo: un brazo (el prin- 
cipal) vá derecho hacia S00 á la boca de Chobo, y otro, que se llama rio 
de Chirijo, corre al á poca distancia del primero y casi paralelo á él, y 
se pierde finalmente en las pozas y tembladeras, que hay al N de Milagro 
y de Yaguachi. Un poco abajo de la bifurcación indicada entra al rio de 
Milagro el de Venecia, que es de poca cuantía y recoje las aguas de varios 
riachuelos en la cercanía del pueblo de Naranjito entre el rio Milagro y el 
Chimbo. Media legua distante de la boca de Chobo está el floreciente pueblo 
de Milagro sobre la ribera derecha del rio, rodeado de cafetales y frutales. 

Todos los afluentes del rio de Bodegas y del Estero de Chijo desde la 
boca de Yaguachi hasta el sitio de Jujan, son insignificantes y desaguaderos 
de las sabanas, asi por ejemplo los esteros de Corrales, de Ñausa, del Con- 
vento etc. Solo cerca de la punta de la Isla de Flores entra al Estero de Chijo 
un rio mas grande, el Limonal, que sinembargo lleva este nombre por pocas 
cuadras adentro de su boca, porque ahí se forma de dos ramas grandes: 
la setentrional es el rio de Chillintomo, mas arriba Eio blanco, y la meridio- 
nal el de Carrizal, ó Chagüi chiquito. Ambos nacen en las faldas inferiores 
de la Cordillera, y en su curso medio existen buenos bancos y algunas ha- 
ciendas de cacao. 

El rio de Bodegas superior abraza con sus cabeceras toda la falda 
occidental de la Cordillera, desde mas al Sur do Chillanes hasta la latitud 
do Chapacoto. La rama principal nace cerca de los orígenes del rio Chillin- 
tomo y acompaña el pié de la Cordillera en dirección al NO hasta la con- 
fluencia del rio de Limón, que baja de las alturas sobre San Miguel de 
Chimbo y sobre Bilovan por el vallo de Balsabamba. Pero antes, y unas 
leguas mas arriba, recibe del lado de Chillanes el rio de Chima, cuyo curso 
queda descrito en otro lugar. El sitio en que los dos rios se reúnen, so 
llama Juntas, y por esto el rio superior de Bodegas ó Babahoyo lleva tam- 
bién el nombre de rio Juntas. — El último tributario del rio de Bodegas 
superior es el rio de Telembela, que nace en las alturas de Chapacoto y se 
llama en su curso inferior (en las llanuras) Embarcadero. Desemboca cerca 
del pueblecito de la Mona y enfrente de la hacienda de San Pablo. Está 
enlazado con el rio do Limón por el pequeño Eio de Sabaneta, que es de 
formación artificial, según se dice, y derivado de aquel por un canal abierto 
cerca de la hacienda de Playas. Toda esta región entre Bodegas y el pió 
de la Cordillera, en que se hallan los pequeños pueblos de Mona y Sabaneta, 
es muy baja y en invierno anegada. En los valles superiores de los rios 



LA EEGION OCCIDENTAL. 135 

se hallan plantaciones de café y caña de azúcar, y los trapiches, es decir 
molinos primitivos de la caña. 

Si ahora regresamos de Bodegas á Guayaquil, registrando los ríos que 
vienen del lado Norte, debemos nombrar en primer lugar el rio de Cara- 
col y Zapotal. Este rio trae su origen de muy lejos, de la Cordillera de 
Angamarca en la provincia de León. Su sistema superior, que se compone 
de los ríos de Angamarca, do Pangua y del Piñafiato, pertenece á la región 
andina y solo desde la confluencia de los últimos dos, es decir desde el 
sitio de Juntas, entra en la región baja y lleva el nombre de Rio de Juntas, 
hasta el pequeño pueblo de Zapotal, que ya se halla en la llanura. Con- 
siderando el rio de Angamarca como vena principal, podemos decir que el 
rio corre desde su origen hasta Zapotal de NE á SO; de ahi vira decidida- 
mente al Sur, pero describe muellísimas vueltas grandes y pequeñas hasta 
su entrada en el rio de Bodegas. En el codo que hace en Zapotal, recibe 
el único tributario considerable del lado derecho, el rio de Calabí grande 
unido con el Calabí chico , que vienen del Norte de una región montañosa 
entre Quevedo y la Cordillera. El rio de Lechugal, que entra 2 leguas abajo 
de Zapotal y del mismo lado del rio de Quevedo, es pequeño. — Desde su 
confluencia con el Calabí el rio Juntas cambia su nombre con él de Zapo- 
tal, que conserva hasta Ventanas poco mas ó menos. En este trecho no 
se aleja mucho del pió de las montañas, y los cerros de Oncebí y Sibimbe, 
ramales de la Cordillera alta, llegan hasta su orilla. Del lado oriental entran 
sucesivamente el rio de Azumbí, llamado mas arriba Supibí, que trae su 
origen de los cerros de Cuicoto y Chuquinac; el Oncebí, oriundo de los cer- 
ros de Mullidiang, que antes de desembocar en el Zapotal se bifurca y re- 
cibe el riachuelo de Macagua; el rio de Sibimbe unido con el rio Limón, 
que nace en los cerros al Oeste de Salinas. Los valles de los tres rios 
nombrados quedan todavía incultos en su mayor parte. Media legua abajo 
de la boca del Sibimbe se halla el pueblo de Ventanas. Desde aquí el rio 
se llama de Catar ama ó de Caracol según los dos pueblos, que en seguida 
pasa. Media legua abajo de Ventanas, al lado de la hacienda Ventanillas, 
donde el rio forma un codo largo y fuerte hacia el Oeste, se halla pocas 
cuadras atrás del banco derecho el origen del rio de Pueblo viejo que cono- 
ceremos después. Desde ahora conviene notar, que este último rio es el 
antiguo cauce del rio de Zapotal, y que en lugar del banco, entre las ha- 
ciendas de Ventanillas y de Elvira, antiguamente existia una boca ancha y 
bonda que daba paso á casi todas las aguas del rio, siendo entonces el rio 
de Catarama un estero insignificante. La dicha boca se cegó completamente 
y se embancó algunas cuadras por adentro, mientras que el rio de Caracol 
se llevó todo el caudal de agua y se ensanchó sucesivamente. La consecuencia 



136 topografía. — capítulo ni. 

de este cambio fué, que el Pueblo viejo, cabecera del cantón, iba decayendo 
de año en año, y que á las orillas del rio nuevo, una legua larga al Este 
de Pueblo viejo, se levantaba el hoy floreciente pueblo de Catar ama', porque 
con las aguas también el tráfico y la navegación se cambiaba de un rio al 
otro. — De Catarama á Bodegas el rio sigue un rumbo general de N á S, 
no obstante las muchas tortuosidades que describe. Del lado derecho ya 
no recibe ningún tributario, solo algunos «esteros» (de Corozal, de Manilla) 
le comunican con otros, dependientes del rio de Pueblo viejo. Pero del lado 
de la sierra le engruesan todavía dos ríos; el primero, no muy grande ni 
muy largo, es el de Pijullo, que desciende del lado de las cabeceras del rio 
Limón, de NE á SO, y entrando en los llanos se dirige al O, como si en- 
frente de Catarama quisiera unirse con el rio grande. Pero media legua 
antes, en el sitio de Roblecito, vira de repente con un ángulo recto al Sur 
y corre paralelo al rio de Catarama hasta el pueblo de Caracol, á cuyo lado 
desemboca. Este su curso inferior se llama rio Pita. — El segundo tribu- 
tario mas importante es el rio de Pozuelos, cuyo sistema superior abraza 
una región bastante extensa y varios valles de la Cordillera, que domina al 
Oeste la hoya de Guaranda. Los rios de las Tallas, de Salinas, de San 
Antonio, de Oumbilf, son los que forman el de Pozuelos; después de entrar 
en la región baja, un poco mas arriba del pueblecito que lleva su nombre, 
ya no recibe ningún afluente y corro en dirección SSO á unirse con el rio 
de Caracol por dos bocas, una al lado de la hacienda de Cacharí y otra 
muy inmediata á Babahoyo, enfrente del Salto. 

El rio de Zapotal y Caracol pertenece en su curso superior, desde Zapo- 
tal hasta Catarama, á la región de los bancos y del cacao, en el inferior, 
de Catarama á Bodegas, á la región de la sabana y de los pastos. En 
canoas es navegable todo el año hasta Zapotal, pero los vapores fluviales 
pueden subir solo en invierno, con facilidad hasta Ventanas, mas arriba con 
bastante dificultad por las fuertes correntadas. De Bodegas á Caracol hay 
tres leguas, de ahí á Catarama dos, de Catarama á Ventanas otras dos y de 
Ventana á Zapotal unas cuatro. La región entre Catarama y Bodegas, espe- 
cialmente desdo Caracol por abajo, entre el rio grande y el de Pozuelos, es 
muy anegadiza, y Caracol corre la suerte de Bodegas, do parecer en invierno 
á una población eregida en medio de un lago. En verano las aguas se 
retiran á las tembladeras y pozas, y la sabana se cubre de un pasto 
abundante. 

En estas llanuras tan bajas llama mucho la atención un cerrito enfrento 
de Cacharí al lado izquierdo del rio, que no tiene mas de unas 30 metros 
de altura y consta de un solo peñasco escarpado de sienita. Sale completa- 
mente aislado, del plano pantanoso como un islote del mar, y lo habrá sido 



LA EEGION OCCIDENTAL. 137 

en aquella época en que las aguas del golfo de Guayaquil azotaron el pié 
de la Cordillera y de los cerros do Samama. 

El rio de Pueblo viejo, cuyo origen singular cerca de la hacienda 
de Ventanillas ya queda indicado, desemboca en el de Bodegas al lado del 
pueblo de Pimocha, después de un curso de unas 10 leguas con el rumbo 
general de NNE á SSO. También él es muy tortuoso, como todos los rios 
de la llanura, especialmente en su curso inferior. Desde Ventanillas hasta 
Pueblo viejo (dos leguas) queda en verano completamente seco; mas abajo 
lleva poca agua hasta el punto á que sube la marea del rio grande (cerca 
de Mapan), porque no recibe ningún tributario de consideración. Del lado 
derecho le entra el rio de Chapulo y el de Guarumo, ambos desaguaderos 
de las sabanas, y del lado izquierdo se halla una multitud de bocas de 
esteros, los cuales forman luego una red complicadísima entre el rio de 
Pueblo viejo y el de Caracol. Las bocas y esteros principales de esta clase 
son los del Coroza!, de San Juan y St*. Rita, del Parindero, de Pita, entre- 
lazados todos entre sí y con otros de menor importancia. Muy difícil seria 
describir ese redaje de esteros, sin el adminículo del mapa, el estudio de 
este suplirá la descripción. Se vé, que los esteros de esta región no comuni- 
can solo con los rios de Caracol y de Pueblo viejo, sino también directa- 
mente con el rio grande de Bodegas en el trecho de Pimocha á Babahoyo, 
tales como el estero de la Virginia, y los de Limón y San Juan, que des- 
embocan en un mismo punto arriba de Pimocha. Uno so halla también mas 
abajo de Pimocha, enfronte de la pequeña isla del Caimito y con el mismo 
nombre. Sube á salir al rio de Pueblo viejo cerca del sitio de Mapan. 

La región que acabamos de recorrer, pertenece á las mas ricas del 
litoral y de todo el país, y es el centro del cultivo de cacao. Basta nom- 
brar las haciendas de Ventanillas, de San Juan, do Juana de oro, de St a . Rita, 
del Convento, de Pechiche dulce, que todas pertenecen á esta región, con 
muchísimas otras no menos feraces, aunque no tan grandes, para hacer 
comprender su importancia á los que están al corriente del comercio de 
cacao. Este distrito, con los cercanos de Baba, Vinces y Daule, produce el 
cacao de arriba, que aventaja en calidad y precio al de abajo ó de Máchala 
y Naranjal, y lleva su fama merecida á los mercados de Europa. Las huer- 
tas de cacao que siguen los bancos á lo largo de los rios y esteros, forman 
una red parecida á la de estos mismos, y las mallas de la red están ocupadas 
por sabanas y pozas, rara ver por lomas. 

El rio de Vinces , Palenque y Quevedo es uno de los mas largos 
de todo el sistema del Guayas. Sus fuentes mas lejanas en la cercanía do 
St°. Domingo de los Colorados distan de su boca al lado de Zamborondón 
unas 37 leguas. Solo una parte pequefía'de su sistema, el rio de Quevedo 



138 topografía. — capítulo ni. 

superior, ó el de Pilaló, cae en la región andina, el resto pertenece á la 
litoral ó baja; su curso general, incluso el del rio Palenque, es de N á S 
con una pequeña declinación al Oeste. Si examinamos su origen, podemos 
estar dudosos, á cual de sus dos venas principales ceder la primacía, al rio 
Palenque ó al de Pilaló; pero por su dirección y largura debemos darla al 
primero. 

El rio de Palenque nace aproximativamente en o 15' Lat. S, muy cerca 
de Santo Domingo de los Colorados, sobre aquella altiplanicie (de unos 
500 metros de altura) que separa los sistemas del rio Esmeraldas, y del rio 
Guayas y corre hasta el grado 1° de Lat. S, es decir hasta las cercanias 
del pueblo de Quevedo, por montañas incultas y poco conocidas; solo los 
caucheros trafican en ellas. Yo no he viajado personalmente por este rio, 
pero según las informaciones que he tomado sobre él, es en todo parecido 
al rio Peripa y al Daule superior (Rio grande) que conozco bien. Sus 
afluentes principales son el Lülu grande y el Lülu chico del lado oriental ó 
de la sierra, y el rio Perica del lado occidental ó del rio Peripa. El Palenque 
es navegable en canoas hasta el punto, que se llama puerto de lio, que no 
dista mucho del pueblo indio de San Miguel, y este se halla unas dos leguas 
al Sur del de St°. Domingo de los Colorados; esto quiere decir, que el rio 
es manso y navegable hasta muy cerca de su origen, propiedad que tiene 
común con las cabeceras del Daule y de los demás ríos, que nacen sobre 
la meseta de St°. Domingo. En todos ellos consiste la dificultad de penetrar 
hacia mas arriba solo en la escasez de agua, no en lo correntoso, como en 
los ríos que descienden de las montanos altas. 

El rio de Pilaló forma con el do Palenque casi un ángulo recto y 
desciende de E á O, por una espaciosa hoya, de la Cordillera alta do Zum- 
bagua, que se halla al Oeste de Latacunga. Sus cabeceras nacen muy cerca 
de las del rio Toachi, que vá por el valle de Sigchos al N. Los tributarios 
de este sistema abrazan las faldas occidentales de la Cordillera, desde los 
cerros de Angamarca hasta los de Chugchilan y de Sigchos. De los prime- 
ros (del lado SE) bajan los rios do Poembo y de Naranjal, y de los últimos 
(de NE) el tributario mas poderoso, que se llama rio Quindígua, cuya boca 
se halla solo dos leguas al Este de la del Palenque, enfrente de la hacienda 
de San Pablo. En la hoya superior, en que está el pueblo de Pilaló, y que 
pertenece á la región andina, le entran los rio do Taguáló y de Tilipulo del 
lado del volcan Quilotoa; y en su curso medio recibe el rio de Pilaló una 
porción de afluentes pequeños del cordón de montañas, que bajan entre su 
valle y el del Quindígua, tales como los rios Negrillo, Tilinche, Playa-Vélez, 
Alusí y otros. — El valle superior (parte andina) del rio Pilaló está bastante 
poblado por muchas haciendas, pero en la parte baja de productos de la 



LA BEGION OCCIDENTAL. 139 

tierra caliente escasea la población. En este curso inferior el rio también 
se llama comunmente de Quevedo. Es de notar, que el camino de herra- 
dura (bastante malo), que conduce de Quevedo á Latacunga, es el último 
que comunica el interior de la República con la región litoral habitada; pues 
todos los demás hacia el Norte, por las provincias del Pichincha y del Im- 
babura, llegan solo hasta ciertos puntos en las faldas occidentales de la 
Cordillera, y de ahi hasta la costa no existen sino caminos de á pié malísi- 
mos y muy poco traficados. 

Desde la confluencia del rio Pilaló con el de Palenque, que se verifica 
cerca del sitio del Barro, una legua al N de Quevedo, toma el rio otro 
carácter, que se manifiesta sobre todo por las muchísimas vueltas grandes 
y pequeñas y las extensas playas, que le acompañan y en los cuales suele 
bifurcarse y ramificarse. La región entre Quevedo y Vinces, á ambos lados 
del rio, es una combinación de lomas y sabanas, predominando las primeras, 
pero muchas veces cubiertas de monte, de manera que en algunos parajes 
recuerdan la región de la montaña en el rio Palenque, Peripa y Daule supe- 
rior. En las inmediaciones del rio se hallan también largos trechos de 
bancos sembrados de cacao y otros frutos. La serie no interrumpida de 
hermosas haciendas y sitios á ambas orillas atestiguan la feracidad del ter- 
reno, y en este respecto el rio se parece al Daule entre Balzar y St a . Lucia. 
— El pueblo de Palenque, que se halla unas 8 leguas al Sur de Quevedo, 
no está sobre la orilla del rio, sino á la distancia de una milla de su ribera 
occidental, en una pampa escasa de agua. Es un pueblo mucho mas viejo 
que Vinces y Quevedo, y por esto antiguamente todo el rio se llamó de 
Palenque, nombre que se usa hasta hoy dia como sinónimo del rio Vinces 
ó Quevedo. Todos los afluentes entre Quevedo y Vinces son pequeños, 
constituyendo solamente desaguaderos de la región baja de las sabanas y 
lomas. Nombraré como principales los ríos de Mocache, Perdido, Burgos y 
Pise. — Mas al Sur de Palenque no se encuentran tributarios propiamente 
dichos, sino una extensa red de ramificaciones del mismo rio, que presenta 
mucha analogía con la que hemos conocido entre el rio de Caracol y el de 
Pueblo viejo, desempeñando el papel del último los de Baba y del Arenal. 

El pueblo de Vinces, cabecerca del cantón del mismo nombre, está situado 
tres leguas al Sur de Palenque, á la orilla oriental del rio que lo baña, y 
presenta un aspecto muy pintoresco con el fondo de los oscuros cacaotales 
y de las esbeltas palmas de coco. La historia de su fundación está'conec- 
cionada con la hidrografía de esta región, y por esto merece ser referida, 
según P. F. Cavallos (Hist. VI, pg. 241). «Como una legua al Sur de Vinces 
había hasta mediados del siglo anterior un pueblo llamado San Lorenzo, 
perteneciente á la antigua Tenencia de Baba, y un villorrio, San Javier, 



140 



TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO IH. 



anexo al anterior. Residía en este villorrio un sacerdote de apellido Vinces, 
el cual, como dueño de la hacienda, dicha Balear de Vinces, abrió una buena 
zanja por donde corre hoy el rio de tal apellido, con el objeto al parecer 
de conservar un abrevadero para sus ganados. La zanja, lo flexible y llano 
del suelo, y las crecientes de las aguas hicieron dentro de poco variar el 
curso del rio, y formar el nuevo actual; de modo que á esa causa dejó en 
seco á Baba, que antes se bañaba con el de su nombre. Ora por lo dicho 
ó por el gravísimo incendio que padeció San Lorenzo en 1764, ello es que 
sus moradores se trasladaron al lugar que ahora ocupa Vinces, y el pueblo 




tomó por nombre el apellido de aquel sacerdote.!* — De esta historia se 
deduce claramente que la desembocadura principal del rio Vinces ha sido 
hasta mediados del siglo pasado en la Boca de Baba, y que los actuales 
ríos de la Bocana y de la boca de Canas, arriba y abajo de Zamborondón, 
han sido simples desaguaderos de las sabanas y tembladeras. Poro ademas 
del rio seco de Baba, también otros « esteros » parecen haber servido suce- 
sivamente de cauce principal al rio grande. Asi encontramos dos leguas 
arriba de Vinces la boca del Chujampe y una legua mas abajo do ella (cerca 
de Banepo) la del Rio Nuevo, que ambos á alguna distancia se reúnen for- 
mando el rio del Arenal, que es el mas oriental de toda esta red y corre 
paralelo al de Baba, desembocando en el rio Bodegas con el nombre de rio 
de Garrapata, pocas cuadras arriba de la Boca de Baba. Este rio recibe 



LA BEGION OCCIDENTAL. 141 

del lado de Pueblo viejo el estero de la Isla, que en invierno es navegable 
y en verano casi seco. En el rio de Garrapata la marea del rio de Bode- 
gas sube unas dos leguas, y por esto los pequeños vapores fluviales entran 
con facilidad hasta el puerto del Arenal, de que el pueblo de Baba dista sola- 
mente una milla al O. 

La boca superior ó de entrada del rio de liaba se halla al lado norte 
del pueblo de Vinces, y se dirige primero al SE; después el estero vira al 
Sur, corriendo paralelo al del Arenal y pasando por el sitio de Guare. El 
agua se manifiesta en verano solo desde el pueblo de Baba por abajo, una 
legua y media distante de su Boca. El pueblo, también cabecerca de un 
cantón, se halla á la orilla oriental, y una milla al Oeste del puerto del 
Arenal, como queda dicho. Este rio está orillado de bancos, y por esto 
cultivado de cacao, en toda su extensión; mientras que el del Arenal lo es 
solo en su parte superior. 

El tercer estero grande es el rio Macul que se separa del rio Vinces 
por la boca de Yunguilla una legua y media abajo del pueblo, en el sitio de 
California, en dirección al SE, y corre después paralelo al de Baba, con 
quien se reúne pocas cuadras arriba de la Boca de Baba, enfrente de la 
hacienda Tinoco. En su curso superior atraviesa sabanas pantanosas y en 
el inferior está acompañado de bancos bien cultivados. Algunos esteros 
secundarios derivan de él, como arriba el Rio correntoso, y mas abajo el 
rio Roncador que desemboca directamente en el rio de Bodegas entre las 
haciendas de Delicia y Cabonda, enfrente de la isla de Ángulo ó de la boca 
del estero de Chijo. 

También hacia el lado occidental salen desde la cercanía de Vinces al- 
gunos derrames á las sabanas, como por ejemplo el Esteron, que entra cerca 
de las Playas y en invierno comunica con el rio Bobo, el estero de Tintal, 
que entra al lado de la hacienda Bebo y la rodea, para salir otra vez mas 
abajo al rio grande. Poro la división en dos venas grandes se verifica un 
poco abajo del pueblecito de Las Ramas; la una constituye el rio de la 
Bocana y la otra el rio de las Avispas. El primero conserva el rumbo de 
N á S y el segundo vira al Oeste para volver luego otra vez á la dirección 
del Sur. Una legua mas abajo se acercan las dos ramas hasta pocas cua- 
dras y aun comunican entre sí por un estero. En esta angostura está situado 
el pueblo del Salitre, que de consiguiente tiene dos puertos. Desde el Salitre 
los dos rios se separan mas y mas, inclinándose el de la Bocana un poco 
al Este y el de Avispas con un gran arco al SO y luego al Sur. En su 
curso inferior, en que ya están bajo el influjo de las mareas, ambos viran 
al Este, especialmente el de las Avispas, dejando entre sí el Cerro de Zam- 
borondón. El rio de la Bocana se une con el de Bodegas una milla arriba 



142 topografía. — capítulo m. 

del pueblo de Zamborondón y el de las Avispas una media legua abajo por 
la Boca de las Cañas, como he dicho en otro lugar. También en el trecho 
de Salitre á Zamborondón se verifican todavía diferentes derrames por esteros 
secundarios, tanto á la región interfluvial, cuanto hacia fuera. Entre los 
primeros nombraré el rio de Sabanilla que corre casi paralelo al de las 
Avispas, y entre los segundos un esteron que cruza al río Pula, tributario 
del Daule. 

Los bancos llegan en el río Vinces solo hasta la California; mas abajo 
todo es un terreno muy bajo y anegadizo, y especialmente desde Salitre 
principian las tembladeras, que ocupan todo el espacio entre los ríos de la 
Bocana y de las Avispas y otros terrenos extensos al Este y Oeste, llegando 
hasta el río Pula y el pié de los cerros de la Estacada y de Yolan. Desde 
la cúspide del cerro de Zamborondón se goza de una vista sumamente in- 
teresante é instructiva sobre toda aquella región, que en invierno parece un 
mar mediterráneo, sembrado de islitas de sabana y de bosquecitos de sauces 
añejos. En esta estación se navega con facilidad por todas partes, aun fuera 
de los cauces ordinarios de los ríos, pero en verano, apesar de tanta abun- 
dancia de agua, la navegación se dificulta. Si todos los derrames y esteros 
que salen del rio desde Vinces hasta Zamborondón, quedarían reunidos en 
un solo lecho, formarían un rio tan poderoso como el de Bodegas, que seria 
navegable por vapores aun en la estación mas seca; pero la consecuencia 
de tanta ramificación es, que ningún rio queda navegable en verano. A lo 
mas trafican pequeñas canoas por los de la Bocana y de las Avispas, y mas 
arriba hasta Quevedo. En invierno los vapores suben comunmente hasta el 
puerto de Palenque y á veces hasta el sitio de Moquique. De ahí mas ade- 
lante el rio es muy correntoso. 

De lo dicho se comprende que la región descrita se presta solo á la 
ganadería y que el terreno cultivable es sumamente reducido. Sobreviene 
el frecuente cambio de los ríos en un terreno tan flojo, y de consiguiente 
la instabilidad de los terrenos altos y bajos, que no anima á la agricultura. 
Bien puede ser, que la red de ríos y esteros, como figura en mi mapa y cuyo 
plano fué levantado en los años de 1880 á 1884, dentro de 50 años presente 
un aspecto muy diferente; y esto vale también de otros parajes parecidos, 
que hemos conocido anteriormente. 

El rio Daule ya no es un tributario del rio Bodegas, sino que forma 
con este el rio Guayas, y su sistema excede en extensión todos los, que 
hemos estudiado hasta ahora. Este rio no recibe ni una gota de agua de 
la sierra, y pertenece todo á la región baja, que llamamos la litoral. Su 
largo podemos calcular en 43 leguas, sin tomar en cuenta las muellísimas 
vueltas grandes y pequeñas, que hace, y siguiendo solo su rumbo general, 



LA BEGION OCCIDENTAL. 143 

que es bastante recto de N á S. Hacia el Este el sistema del rio Daule 
linda con el del rio de Quevedo y Vinces, que acabamos de describir, y 
respecto á sus linderos occidentales me refiero á la página 126, en que he 
dado la reseña de las montañas, que de este lado circundan todo el sistema 
del Guayas, desde Guayaquil hasta las montañas de Manabi. Allá he hablado 
de una hinchazón del terreno ó una bóveda muy aplanada, que atraviesa el 
pais desde Chone hasta St°. Domingo de los Colorados y separa los sistemas 
del Guayas y del Esmeraldas. Pues bien, casi toda la vertiente austral de 
esa llanura suavemente inclinada está ocupada por las cabeceras del rio 
Daule , naciendo las mas orientales (del rio Peripa) cerca de St°. Domingo 
de los Colorados, muy inmediatas á las del rio de Palenque, y las mas occi- 
dentales (del rio Grande) cerca de Chone y cerca de las cabeceras del rio 
de este mismo nombre. Las primeras corren al principio de E á O y las 
segundas de O al E, para tomar después de reunirse el curso N-S. — No 
es por demás repetir en esta ocasión, que las antiguas geografías y cartas 
andan en esta región completamente erradas y que las a cordilleras de las 
Cruces, de Balzar, de Palenque, el Nudo de Sandomo» etc. etc. (véase el 
mapa de Villavicencio) no existen. Probablemente han comprendido mal á 
los que daban los informes, tomando «las montañas» en el sentido de cerros, 
cuando no significaban mas que monte ó selvas. Cerros altos ó cordilleras 
no existen en toda esta región, en que he penetrado desde el lado sur y el 
lado norte hasta cerca de la linea de vertientes, y la trocha que se abrió 
sobre ella desde Chone hasta St°. Domingo, tampoco se ha encontrado con 
alturas notables. Pero la mejor prueba de lo que digo, es el hecho que 
todos los riachuelos de la región son navegables en pequeñas canoas hasta 
cerca de su origen, lo que no sucede en las «Cordilleras». 

En el sistema superior distinguimos dos ríos principales: el rio Grande, 
que es la continuación directa del rio de Balzar ó de Daule, y el rio Peripa. 
Este último nace en el plano de St°. Domingo y corre de NE á SO, casi 
paralelo al rio Palenque, al que se parece en mucho. Dos leguas al Sur 
de aquel pueblo pasa al lado del de San Miguel, y después de recibir al- 
gunos pequeños tributarios, como los ríos de Grüeregüere, de Pucalapi y el 
Blanco, comienza á ser navegable, en el puerto de Cápele. Hasta este punto, 
cuya altura determiné en 65 metros sobre el mar, he navegado sin dificultad 
en la estación mas seca; hacia arriba escasea el agua, y mejor se hace el 
viaje á San Miguel á pié (en 1 dia) por la trocha que sale de Cápele. Del 
puerto por abajo el Peripa recibe de ambos lados un sinnúmero de pequeños 
afluentes («esteritos») que pasaré en silencio, para nombrar solo algunos rios 
mas importantes. El primero es el rio Cocoya del lado derecho, que nace 
en las inmediaciones del curso del rio Pupusa, tributario del rio Grande; 



144 topografía. — capítulo in. 

luego sigue á poca distancia, pero al lado opuesto, el rio Cóngoma, que es 
casi tan grande como el Peripa mismo, y trae su origen también de muy 
arriba, del lado del puerto de lio, que está en el rio Palenque. En su curso 
superior el Cóngoma se llama lio, y un afluente de él Sandeme. Después 
de un intervalo de dos leguas y media entra del occidente el rio Armadillo, 
que igualmente es muy considerable, y recoje sus aguas en un terreno espa- 
cioso que se extiende en el triángulo formado por el rio Grande y el Pupusa. 
Una legua abajo de la boca del Armadillo hallamos al lado del oriente la 
del rio Ghaune, que viene de las cercanías del rio Palenque y de las cabe- 
ceras del rio Perica, y también es navegable hasta muy adentro. Pasada 
la boca de Chaune, el rio hace algunas vueltas muy grandes, regresando de 
nuevo hacia el N; pero en seguida se dirige con muchas vueltas pequeñas 
al Sur. Los afluentes que siguen del lado derecho son el rio de Damas, el 
Gualipe, el Pajarito y el de Guayabo; después vienen del lado izquierdo el 
rio Pocachi, el Quita-palanca, el Sal api grande y el Sal api chico, ambos nave- 
gables; el rio Mono, el rio Achote y el Muricumba. Desde la boca del último 
el Peripa vira con dos codos muy grandes al Oeste y se reúne con el rio 
Grande en la Boca de Peripa, que dista de su origen 17 leguas en linea 
recta, y siguiendo todas las vueltas, lo menos 30. — El Peripa es manso y 
carece de saltos, pero es muy monótono, corriendo entre colinas poco ele- 
vadas y cubiertas de una vejetacion espesa. Conocidas dos ó tres vueltas, 
se conoce todo el rio. 

El rio Grande nace 5 ó G leguas al Este del pueblo de Chone y al 
Norte de las cabeceras del rio Chone. Corre al principio por G leguas al 
NE, á lo largo de la linea divisoria del sistema del Jama, y luego vira re- 
pentinamente al Sur, cuyo rumbo conserva hasta la Boca de Peripa. En 
el arco que forma en esta virada, recibe tres tributarios grandes: primero 
el rio de la Morena del lado NO, cuyas cabeceras se hallan entre las del 
Jama y del Quinindé; segundo el rio Vaina del lado NE, nacido entre las 
fuentes del (Juinindé y las del Mache; y tercero el rio Pupusa, el mas largo, 
que viene del Este y trae su origen del lado de San Miguel y de los primeros 
afluentes del rio Peripa. La boca del Pupusa encontré á GO metros sobre 
el nivel del mar. De este punto cruza un camino de á pié (una trocha) á 
St°. Domingo de los Colorados, siguiendo el lado setentrional del Pupusa. 
Se hace el viaje en V/ 2 ó 2 dias, caminando casi siempre por llanos, pues 
las colinas se hallan solo en la cercanía de los rios y son originadas por las 
incisiones de estos. 

Desde la boca del Pupusa hasta la Boca de Peripa, cuya distancia mide 
diez leguas en linea recta, se hace el viaje por canoa en 12 horas completas 
(sin demorarse en ninguna parte). El rio Grande tiene un lecho mas ancho 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 145 

que el Peripa; es mas correntoso (hay algunos saltos) y por esto mas recto 
y menos tortuoso que este. Corre en un cauce de cangagua, encajonado 
entre barrancos verticales de 5 á 8 metros de altura, y de trecho en trecho 
se encuentran playas anchas. Por lo demás el terreno á ambos lados se 
presenta del mismo modo suavemente undulado, solo que las colinas me 
parecieron generalmente mas bajas que en el rio Peripa. 

Los afluentes que entran al rio Grande del lado oriental, es decir del 
lado del Peripa, todos son cortos é insignificantes (Pasaje, Guayabo, Cocopí). 
Algo mas desarrollados se hallan los tributarios occidentales; hé aquí los 
principales: rio Dolores, Mono, Estero limpio, Doblones, San Pedro (largo), 
de Sancho alto, Pescadillo. El último es el mas grande y viene de las cer- 
canías del Pueblo viejo de Chone; por él se cruza á veces á la provincia de 
Manabi. Media legua abajo sigue el rio de Barraganete que es mediano. 
Los saltos principales se hallan: el primero entre los ríos Dolores y Mono; 
el segundo, llamado de Bodega, entre el último y el Estero limpio; el ter- 
cero, que se llama Besbalo, y que es el mas alto (1 x ¡ 2 metr.) y mas peligroso, 
un poco arriba de la boca del rio de San Pedro. 

Desde la confluencia del rio Grande con el Peripa hasta Colimes, el rio 
se llama generalmente de Balzar, aunque seria mas propio llamarlo desde 
aquí rio Daule. Por el espacio de 6 leguas, hasta la boca del Tigre, corre 
á SSO y vuelve después al rumbo S hasta Balzar. También en este trecho 
los tributarios principales le vienen del lado occidental ó de la provincia de 
Manabi. El primero es el Conguillo, bastante largo, de NO ó de las cabe- 
ceras del rio Chone; sigue el pequeño rio Taché, ó inmediatamente después 
el grande rio Comipaga, que trae su origen de las montañas de Junin. Me- 
dianos son los afluentes de Bijagual, Solano, Chupacáldo y Cuchilla. Entonces 
sigue el Tigre caudaloso y largo, cuyas fuentes han de buscarse en la cer- 
canía de las del rio de Portoviejo. Desde el codo, que hace el Daule para 
virar al S, ya no entra ningún rio de cuantía del lado occidental, hasta el 
Puca abajo de Balzar. Los tributarios del lado izquierdo ú oriental son los 
ríos de Zapatilla y Zapata entre las bocas del Comipaga y del Bijagual, el 
Jemu, abajo de cuya boca se pasa una correntada larga, llamada Jermu; el 
rio del Salto, entre los sitios de Pasaje y Chichanda, y el Congo, el mas 
largo y mas importante, que es navegable en canoas hasta muy arriba. 
Todos los demás son esteros pequeños. 

De la Boca de Peripa á Balzar hay 10 leguas en linea recta, pero las 
vueltas del rio describen á lo menos 15. Se hace el viaje en canoa por 
arriba en tres días, navegando de 8 á 9 horas por dia; en el regreso se 
gasta solo 12 ó 14 horas. Una ó dos leguas arriba de Balzar principia la 
montaña inhabitada y ella cubre toda la región á ambos lados del rio. Es 

WoLr, Ecuador. 10 



146 topografía. — capítulo ni. 

la misma montaña que se extiende sobre los sistemas fluviales superiores 
del Palenque, del Peripa y del rio Grande, el mismo terreno suavemente un- 
dulado, con colinas de 20 á 40 metros de altura, el cual, privado de su 
espesa vegetación arbórea, debería presentarse muy parecido á la región de 
las lomas, que encontramos mas abajo á lo largo del curso medio de los ríos. 
Se observa, que la formación del cauce del rio es la misma que en el rio 
Grande, alternando playas y vegas con barrancos altos. 

El pueblo de Balsar , situado á la boca de la montaña, bajo I o 21' Lat. S, 
se halla sobre el barranco de la orilla izquierda del rio, y marca el límite 
de una región nueva. Desde aquí el rio y paisaje cambia de carácter; el 
primero comienza su curso medio y con él una serie de vueltas tan capri- 
chosas, como no se encuentran en ningún otro rio de igual caudal, el segundo 
cambia cada rato del modo mas agradable y sorprendente, con la variación 
continua de playas, vegas, barrancos, lomas, bancos y sabanas. Una serie 
no interrumpida de haciendas y caseríos á ambas orillas convierten estas 
en un jardín continuo de flores y fintas. Si debería juzgar imparcialmente 
de la belleza de los ríos del Ecuador occidental, daría la primacía al rio 
Daule, desde Balzar abajo, y al viajero que en pocos dias quisiera formarse 
una idea de la provincia del Guayas, (que no puede adquirir en las cercanías 
de Guayaquil), aconsejaría hacer un viaje á vapor en invierno por el rio 
Daule hasta Balzar; podrá decir, que ha visto uno de los países mas pinto- 
rescos do la zona tropical. 

Esta región interesante de que hablo, se extiende desde Balzar hasta 
Daule, es decir 10 leguas en linea recta. La descripción del lado izquierdo 
ú oriental del rio es corta; los afluentes son tan insignificantes, que no 
merecen una mención especial. Desdo enfrente de Colimos, que está casi 
en medio entre Balzar y Daule, se encuentran atrás de la zona angosta do 
bancos á lo largo del rio, hacia arriba las lomas y hacia abajo las sabanas, 
componiendo una zona de dos leguas de ancho, en término medio, entre el 
rio de Daule y el Macul ó rio Bobo, que conoceremos mas luego. El pueblo 
de St\ Inicia se halla al mismo lado oriental del rio, como Balzar, tres le- 
guas arriba de Daule. 

Mas interesante y mas complicada es la banda occidental del rio, porque 
allá encontramos, ademas de varios afluentes pequeños, tres sistemas fluviales 
bastante largos y desarrollados, que tributan al Daule. Pero antes de entrar 
en su descripción, debo advertir, que la zona próxima al rio, y hasta tres 
leguas adentro, corresponde perfectamente á la zona de lomas y sabanas de 
la banda oriental. 

Dos leguas abajo de Balzar se halla la boca del rio Puca. Sus cabe- 
ceras nacen sobre la pequeña Cordillera, que corriendo de O á E separa el 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 147 

sistema fluvial del rio de Portoviejo del del Guayas, y que es conocida con el 
nombre de cerros de Fajan y de Puca. La altura de esta cadena es de 200 
á 300 metros. Al vertiente setentrional de la «Cuesta de Puca», por donde 
pasa el camino á la provincia de Manabi, se hallan las fuentes del rio de 
Lodana, muy cerca de las del Puca. El curso del rio es en la región mon- 
tañosa de NO á SE, y en este trecho recibe del lado izquierdo el rio Calvo 
y del lado derecho los ríos de Agua-fria y del Burro. Antes de dejar las 
montañas vira con un arco abierto al N, y después con un codo muy fuerte 
al NE y E. En el dicho codo está situado el pequeño pueblo de Olmedo á 
la orilla derecha y enfrente de la boca del rio Pescado, que desciende tam- 
bién de las montañas del lado NO. Desde Olmedo entra el Puca en la 
región de las lomas y la atraviesa hasta su boca, que dista del pueblo citado 
unas 6 leguas; en su curso inferior recibe todavía del lado norte el tributo 
de los ríos Chicompe y Pucon. 

El rio de Colimes, que en su curso superior se llama rio de Pojan, 
parece una imitación exacta del rio Puca, en cuanto á la dirección que 
describe en su curso superior, en cuanto al codo que hace antes de entrar 
á la región de las lomas, y en cuanto á su curso inferior por estas lomas, 
solo que su hoya superior es mas larga y mas extensa. Nace con sus tri- 
butarios principales, que son los ríos Misoaque, Pijio y Colimes, en los cerros 
de Pajan y en el ángulo que forman estos con la Cordillera de Colonche. 
En la confluencia del Colimes se halla el pueblo de Pajan, á la altura de 
103 metros sobre el mar. Los afluentes de SO, hacia mas abajo, son los 
ríos Panchal, Brocel, Agua-fria, de las Cruces y el Estero ciego; los del Norte 
los ríos Chico, Palma, Tigre y Sapan. Unas nueve leguas abajo de su naci- 
miento el rio, que hasta ahora corría de NO á SE, se vé obligado por los 
«Cerros de Iguanas» á virar al N por el espacio de una legua, para entrar 
después en la región abierta de las lomas en dirección al E. En esa virada 
al N se encuentra á la banda izquierda el pequeño pueblo de Iguanas, á la 
entrada de las montañas, como Olmedo. Desde Iguanas el río se llama 
comunmente de Colimes, su curso por las lomas es igual al del Puca; los 
ríos de Mura y de las Cañas son sus únicos afluentes del lado Norte. En su 
boca y á la orilla derecha se halla el pueblo de Colimes. La boca de Colimes 
dista de la de Puca tres leguas en linea recta; en el espacio intermedio hemos 
de notar el rio de la Jagua, que unido con el de las Piedras desemboca al 
Daule en el sitio de Perinao, no muy distante de Colimes; pero ambos son 
ríos cortos y en verano casi secos. Algo mas grande es el rio de Piñal, cuya 
boca se halla en la hacienda del mismo nombre, entre Santa Lucía y Daule; 
nace al pié de las montañas de Iguanas, cerca del Potrero de la Virgen, y 
atraviesa con algunos pequeños afluentes la región de las lomas y sabanas 

10 • 



148 topografía. — capítulo in. 

El tercer y último sistema tributario del Daule, análogo á los del Co- 
limes y del Puca, es el del Rio Magro, que desemboca una vuelta abajo del 
pueblo de Daule y enfrente de la hacienda de St\ Ana. Su hoya superior 
comprende la región montañosa entre la Cordillera de Colonche y los cerros 
de Iguanas, que son un cordón de montañas arrancado de aquella misma, 
y colocado como linea divisoria entre las aguas del rio de Pajan y las del 
rio Magro.*) Muchas son las quebradas que contribuyen á formar este 
sistema, pero la mayor parte quedan secas durante el verano, porque toda 
esta región ya no tiene la misma humedad, como las hoyas del Colimes y 
del Puca. 

El rio de la Bolsa podemos considerar como la vena mas larga y mas 
recta del Magro, que conserva el rumbo general de O á E. En su curso 
medio se llama rio Nuevo, de una quebrada del mismo nombre que le viene 
del lado Oeste; y dos leguas mas abajo recibe el rio Bachillero, que baja 
de SO, y á cuya orilla derecha se encuentra el pueblo de Soledad. Solo 
desde la boca del último el rio lleva el nombre de Magro, es decir, en el 
corto trecho en que atraviesa la sabana. 

Los tres ríos de Puca, Colimes y Magro son en. verano muy escasos de 
agua, pero en invierno son navegables en canoas y balsas hasta el principio 
de las montañas (Olmedo, Iguanas, Rio nuevo). Entre otras propiedades 
comunes á todos tres, merece ser mencionada la de que en verano llevan 
agua muy salobre, que no se puede beber sin hacerse daño, y cuya causa 
existe en el terreno de su proveniencia. En otro lugar daré las análisis de 
estas aguas. 

El curso inferior del rio Daule, entre el pueblo de este nombre y su 
boca cerca de Guayaquil, se distingue del curso medio por la mayor anchura 
del cauce, por ser las vueltas mas largas, y por la falta de bancos altos á 
lo largo de las orillas. También el aspecto del paisaje se cambia notable- 
mente, por los cerros que se levantan á ambos lados. El pueblo de Daule, 
cabecera del Cantón, está situado 7 leguas al N de Guayaquil, á la orilla 
izquierda del rio, en 82° 17' Long. O y I o 51' Lat. S.**) Algo mas de dos 
leguas, hasta Petrillo, el rio observa el rumbo N-S, y recibe en este trecho, 
en el sitio de Nobol, el pequeño rio Bijagual del lado occidental. En Pe- 
trillo hace un fuerte codo al Este, para bajar luego en dirección al SE hasta 
el pueblecito de Pascuales. En ese codo entra del lado oriental el rio Pula, 
que es un rio muy singular. Para encontrar su origen, debemos regresar á 



*) Los cerros de Iguanas tienen hacia su término, donde los cruza el camino de la 
Cuesta del Potrero de la Virgen, solo 163 nietr. de altura. 

**) Resultado sacado por triangulación, con referencia á Guayaquil. 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 



149 



las montañas entre los ríos Palenque y Peripa. Allá nace con el nombre de 
Macul y atraviesa primero la región de las montanas, después la de las 
lomas y finalmente la de las sabanas, teniéndose casi siempre á igual di- 
stancia del rio de Vinces y del Daule. Parece que no recibe ningún afluente 
de consideración, pero que está en alguna comunicación con el rio Vinces 
y con el de las Avispas por medio de las tembladeras. En su curso medio 
se le conoce también con el nombre de rio Bobo, y finalmente se llama rio 
Pula. Ignoro si este Macul estaba antiguamente en alguna relación con el 
otro Macul, que conocimos como un brazo del rio antiguo de Baba, lo que 




Flg. 90. El B¡o Dmnl« inferloi 



no seria sorprendente en una región tan sujeta á cambios continuos, como 
es la cercanía de Vinces. 

Desde la boca de Pula hasta Guayaquil el Daule carece de afluentes; 
en su lugar nos ocuparán las montañas que le franjean. Estos cerros no 
son una parte accesoria de la Cordillera de Chongon, como á primera vista 
del mapa se podria creer, sino forman un grupo propio geográfica y geoló- 
gicamente separado: aquella se compone de capas sedimentarias, este de 
antiguas rocas eruptivas, pareciéndose en esto al cerro de Zamborondón. 
Primero encontramos algunos cerritos bajos que se levantan aislados de la 
llanura, como los del Martillo entre Daule y el Pula y los cerritos de Pe- 
tríUo; después, abajo del Pula y del Nato, se forma á ambos lados una 
cadena continua con algunos picos mas elevados, que tienen de 150 á 300 me- 
tros de altura. El cordón de la orilla izquierda se compone de los cerros 



150 



TOPOGRAFÍA. — capítulo m. 



de la Estacada, del cerro de Yolan, y de los cerros de Lajas; á la orilla 
derecha se halla el cordón del cerro de la Candelaria y de los cerros de 
Pascuales. En el pueblecito de Pascuales el rio hace una virada muy larga 
al Este hasta la Estancia vieja, y después corre al Sur hasta su desem- 
bocadura, acompañado todavía de algunos cerritos ú ambos lados hasta 
Batan, y finalmente de los llanos de la sabana. Entre las haciendas de 
Batan de abajo y de San Antonio se acerca el rio Daule al de Bodegas, 
enfrente de la isla de Mocoli, tanto, que los separa una faja de tierra de 
pocas cuadras de ancho. El rio de Daule es navegable en canoas hasta sus 




cabeceras, como hemos visto; por vapores fluviales lo es en todo tiempo 
hasta Daule, y en invierno hasta la boca del Congo, dos leguas arriba de 
Balzar. La marea sube hasta cerca de Colimes, pero el agua salobre en 
verano solo hasta la boca dul rio Pula. 



Con la descripción del rio Daule hemos concluido la de todo el sistema 
fluvial del Guayas. Me he detenido mas largamente en esta sección, no solo 
ñor una cierta predilección que profeso ú esto pais, sino porque en efecto 
constituye la mas hermosa y mas rica heredad del Ecuador, que hasta ahora 
había sido demasiado descuidada por los geógrafos antiguos, y que necesi- 
taba una descripción detallada. 1 "' 



LA BEGION OCCIDENTAL. 151 



Sección III*. La región litoral desde Pnná hasta Esmeraldas. 

El Ecuador es un pais de contrastes; grandísimo es él que existe entre 
la región andina y la litoral, pero también en esta última encontramos di- 
ferencias tan notables y sorprendentes bajo una misma latitud, que parece 
que nos transladamos á paises separados por miles de leguas. ¡Que distinto 
es el paisaje, si de Guayaquil p. ej. nos dirigimos pocas leguas al Este ó 
al Norte, á la región que acabamos de describir, del otro que encontramos 
al Oeste, en un viaje por el casi-desierto del Morro y de St\ Elena! Sinem- 
bargo, como todavía no entramos en distinciones climatológicas, y para no 
aumentar el número de las subdivisiones, limitaré la región de nuestra con- 
sideración actual solo bajo la vista hidrográfica, dándole una gran extensión, 
longitudinal,, entre el océano pacifico y los dos grandes sistemas fluviales del 
rio Guayas y del rio Esmeraldas. Tiene 80 leguas de largo, llegando desde 
3 o Lat. S hasta I o Lat. N; su ancho es variable, entre 3 y 20 leguas, y los 
ríos, donde los hay, son generalmente cortos y de poco caudal. 

Comenzando, como de costumbre, al Sur, y tomando por límite oriental 
de nuestra región el rio Guayas y su prolongación por el canal de Jambelí, 
encontramos primero un pais muy singular, cuyo carácter principal consiste 
en la falta absoluta de agua dulce (fuera de los aguaceros del invierno)» Si 
tiramos una linea recta de Guayaquil á la boca del rio de Colonche, tenemos 
separada esta región del resto de la República, pues por todos los demás 
lados está rodeada de agua salada, formando la gran península del Morro 
y de St\ Elena, que con relación á aquel carácter se podría llamar un apén- 
dice anormal del Ecuador. Al Sur de la linea indicada no nace ningún 
riachuelo de agua dulce*), y debo advertir que los esteritos que figuran en 
el mapa, todos son de agua salada y se llenan con la marea del mar ó del 
Estero Salado. Lo mismo vale de la isla de Puna, que forma parte inte- 
grante de esta región. Para abastecer á los habitantes y los animales, sirve 
el agua de las cisternas, que también es bastante salobre, pero no perjudi- 
cial, al contrario, una vez acostumbrado á su uso, se lo prefiere al agua 
completamente dulce, que entonces parece insípida. 

La isla de Puna, cuya extensión y configuración he descrito en otro 
lugar (véase pág. 20), se compone en general de un terreno irregular- 
mente undulado de poca elevación; solo la costa sur y sureste se presenta 
baja y completamente llana con extensos salitrales y manglares. Los últimos 
cubren también el laberinto de esteros, que dividen la isla en dos mitades. 

*) Un trecho pequeño del rio de Chongon cae al Sur de la linea. 



152 



TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO III. 



En la mitad setentiioDal se observa que el suelo se ¡lincha á mayores alturas 
sobre una linea que tiramos de £ á O, entre las Puntas de Centinela y de 
Trinchera. Los puntos culminantes son el cerro de Mala en la cercanía de 
la costa, al Sur de la Punta Española, y el cerro Yansun hacia el centro de 
la isla. — La mitad austral so distingue por una pequeña cordillera longi- 
tudinal, cuyo punto mas alto, el cerro de Zambo-Palo, se halla hacia el 
extremo sur, y que termina al Norte con el bajo cordón de los cerrüos de 
Puna vieja, cerca del sitio y estero del mismo nombre. — Las condiciones 
hidrográficas y climatológicas de Puna son desfavorables á la agricultura, 
y reducen su importancia á la cria de ganado y á la extracción de las ma- 
deras excelentes, que se encuentran en sus montañas. — El único pueblo de 




¥¡g. JS. El partió de F 



la isla, el de Puna, está situado en el extremo noreste, al lado de la Punta 
Mandinga, en 82" 13' Long. y 2° 44' Lat. S. Dista de Guayaquil 11 leguas 
(= 33 millas náuticas). 

Allende el canal del Morro se repite en la tierra firme, en mayor escala, 
la constitución geográfica y geológica de Puna: esteros, salitrales y man- 
glares en la cercanía de la costa, hacia adentro un pais cruzado de lomas 
en todo sentido, y cadenas ó grupos de cerros mas altos irregularmente 
esparcidos sobre toda la península. — Esteros grandes se hallan solo á la 
costa oriental. Ademas del Estero Salado, cuyo canal principal he descrito 
en la página 21, encontramos el grupo de los esteros del Morro y Ai/alan 
al NO de la isla de Puna. El primero se introduce hacia NO por cerca de 
3 leguas, es decir mas allá del pueblo de San Miguel, donde recibe también 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 153 

el nombre de este. En un pequeño brazo occidental, que conserva el nombre 
del Estero del Morro, se halla el Puerto, y una milla al SO el pueblo de 
este nombre en una pampa árida. El estero de Agolan, que también se llama 
del Seibo, corre á poca distancia al N del estero del Morro, paralelo pero 
independiente de él; por lo demás es corto é insignificante. — El segundo 
grupo comienza dos leguas mas al Norte, donde acaba el golfo de Guaya- 
quil y principia el Estero Salado, y se extiende por 4 leguas al NO y N, 
hasta el sitio de Pongal. El estero principal es el de Sabana grande, que 
se ramifica varias veces y finalmente sale por dos bocas, la de Bajen y la 
de Pongal, al Estero Salado. Ademas de muchas islitas cubiertas de man- 
glares, forma dos islas grandes, la de Palo Santo y la de los Chalenes, en 
que se hallan bosques con buenas maderas. Así como el Morro, tampoco 
el pueblo de Sabana grande no se halla al lado del estero, sino 2 millas de 
su puerto, tierra adentro, en una pampa. — Enfrente de los esteros de Sa- 
bana grande y al lado oriental del Salado se halla aquel laberinto de esteros, 
que seria difícil describir, y cuyo estudio se hace mejor sobre el mapa, como 
he dicho en otra ocasión. Solo debo advertir, que en esas islas planas y 
de terreno aluvial se encuentran de repente unos cerritos cascajosos, com- 
pletamente aislados, de unos 10 ó 20 metros de altura. La isla de San Ignacio 
se compone toda de ellos, y esta cadenita es algo mas elevada; seria una 
hacienda bonita si no careciese de agua dulce. 

Si seguimos la orilla izquierda del Salado, de Pongal para arriba, en- 
contramos las bocas de varios esteros. El de Carrizal es corto, tanto mas 
largo el de Chongon, cuya boca se llama Nalay, y que sube hasta las cer- 
canías del pueblo y sirve de desaguadero al rio de Chongon. Este último 
nace en la Cordillera del mismo nombre y tiene un curso de unas 5 leguas 
de NO á SE, aunque en verano lleva muy poca agua y por largos trechos 
queda completamente seco. El pueblo de Chongon , en algún tiempo flore- 
ciente y hoy reducido á unas 10 casuchas, se halla algo distante del rio, al 
lado de una pequeña laguna y al pié de la Cordillera. — El estero de San 
Pedro es reducido y acaba en la pampa cerca del puerto de Chongon. El 
de Sabana grande (distinto del que conocimos con el mismo nombre mas 
arriba) es largo, y llega con sus ramificaciones al pié de la Cordillera de 
Chongon, donde recibe algunas fuentes de agua dulce, como la de Aguasaira 
y la de Palobamba. En iguales circunstancias se encuentra el estero de 
Aguapiedra, cuya boca se halla al lado de la del último. El camino de 
Guayaquil á Chongon pasa por las cabeceras de todos estos esteros. — 
Desde la boca del estero de Aguapiedra el Salado ya no se ramifica mas, 
hasta los Baños de Guayaquil. 

De los cerros de la península del Morro y de St a . Elena nombraré solo 



154 topografía. — capítulo m. 

los principales. Á la orilla misma del mar (costa SO) se hallan: el cerro 
de Chopoya cerca del sitio de Playas y 2 leguas al O del Morro; el cerro 
Verde á la distancia de 2 leguas de aquel; los cerrítos de las puntas Ancón 
y Carnero al S de St*. Elena, y finalmente la Puntilla de St?. Elena (130 m.), 
tres leguas al O del pueblo. — Entre el Morro y Chanduy se tiende, á la 
distancia de 2 leguas de la orilla del mar, una cadena de cerros de SE á 
NO; el largo de esta pequeña cordillera será de 6 leguas y su altura de 
200 á 250 metros. Las secciones llevan diferentes nombres, como cerros de 
Acumbe, de Animas, de la Estancia. Separados de este cordón de cerros se 
hallan los Altos de Chanduy, que al Este del pueblo del mismo nombre forman 
una cadenita de S á N; su punto mas alto es el cerro de San Pedro que 
mide 298 metros de altura, y de su cúspide se presenta una vista magnífica 
sobre casi toda la península. Algo mas al N, y en el centro de la región, 
principia al lado del sitio de Azúcar la cadena de los cerros de Saya, que 
tira al NO y concluye cerca de Colonche. — Mas aislados se hallan el cerro 
de la Cruz al E de Azúcar, el cónico Chucuyunuri cerca de Atravesao, el 
Asajmon al lado de los fuentes termales de San Vicente, y finalmente el 
grupo de los cerros de St*. Elena, todos de poca elevación. 

Santa Elena, la cabecera del Cantón, se halla á la distancia de 2 millas 
del puerto de Ballenita, en pampa rasa, á la altura de 33 metros. Fuera 
de los otros dos pueblos del Morro y de Chanduy, ya nombrados, la escasa 
población se reduce á pequeños si^os, establecidos casi todos á lo largo de 
los tres caminos principales, que cruzan la península. Uno conduce de Guaya- 
quil á St*. Elena por Chongon, Juntas, Sube-y-baja, Azúcar y San Vicente, 
y mide (con sus vueltas) 20 leguas; otro vá del Morro á St*. Elena por 
Chanduy y tiene 15 leguas, cruzando los sitios de Playas, Engabao (del Morro), 
Engunga, Tugaduaja, Chanduy, y Engabao (de St*. Elena) ; el tercero, tam- 
bién del Morro á St*. Elena, mide 18 leguas y hace la vuelta al N por San 
Miguel á Amen, dirigiéndose después recto al O por Aguada, Billingota, Za- 
potal, Atravesao y San Vicente. Por lo demás, como en esta región no 
existen los obstáculos de una vegetación espesa, ni de los rios, hay muchí- 
simos caminos en toda dirección, y aun sin ellos se puede cruzarla con 
facilidad. 

Unas 5 leguas al N de St a . Elena, donde acaba su bahía, y la costa 
toma el rumbo S-N, cambia poco á poco el carácter del pais, á consecuencia 
de que la Cordillera de Colonche se acerca á la costa y sirve de conden- 
sador de las exhalaciones acuosas del mar. El primero que anuncia este 
cambio, es el rio Jahita, llamado rio Nuevo en su parte superior, que trae 
su origen de muy lejos, entre los cerros de Barranca y las faldas meridio- 
nales de la Cordillera de Chongon. En verano corre el agua desde las 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 155 

cercanías del alto cerro Isera, que se levanta aislado á la orilla izquierda del 
río, unas 4 leguas arriba de su boca; las quebradas superiores quedan secas 
y traen su tributo solo durante el invierno. El curso general de este rio 
es de E á O ; una legua arriba de su boca en el Estero Balsa está el pueblo 
de Colonche, situado á su banda derecha, y un poco abajo del pueblo recibe 
del mismo lado su único afluente de consideración, el rio de la Pampa. — 
Las inmediaciones de Colonche y la costa hasta dos leguas mas al N, que- 
dan todavía bastante secas; pero entonces, y á medida que la Cordillera se 
acerca mas al mar, principia una zona húmeda, que se caracteriza por una 
serie de ríos y una vegetación vigorosa de las montañas. Desde el sitio y 
el rio de Valdivia los numerosos ramales tendidos de la Cordillera de Co- 
lonche llegan hasta la orilla del mar, y de todos los valles intermedios bajan 
ríos. La cercanía de la cresta de la Cordillera y la dirección de los ramales 
son las causas, de que todos estos ríos sean cortos y corran de E á O; los 
principales son los de Valdivia, de Travesao, de Manglar alto, de Olon, de 
Don Pancho, de Entrada y de Ayampe. En la desembocadura de cada rio 
se encuentra un pequeño sitio (de pocas casas) del mismo nombre, solo 
Manglar alto tiene el rango de pueblo y parroquia. La distancia que media 
entre el rio de Valdivia y la Punta de Ayampe es de 5 leguas. Pasando la 
última, ya entramos en la provincia de Manabi, y á medida que la Cor- 
dillera de Colonche vá rebajándose, desaparece la humedad de las montañas, 
la costa vuelve á tomar (desde Salango) paulatinamente su carácter y aspecto 
anterior, y lo conserva mas ó menos, aunque no tan pronunciado como en 
el cantón de St\ Elena, hasta la Bahía de Caráques. 

Por la razón indicada en la anotación de la página 3, acceleremos el 
paso por la provincia de Manabi. — En la ensenada de Callo y Machalilla 
desemboca el rio Seco de Jipijapa, cuyo nombre indica suficientemente su 
propiedad, de no llevar agua en la estación seca. Su valle pone término 
á la Cordillera de Colonche, y las montañas litorales que siguen hacia el 
Norte hasta la Bahía de Caráques, no presentan cadenas largas, sino mas 
bien grupos y macizos irregulares. El primer grupo observamos entre Jipi- 
japa y Manta, rodeado al O y N por el mar, al S por el valle de Jipijapa 
y al E por el del rio de Portoviejo. — Esta porción de tierra se presenta 
por la salida del Cabo de San Lorenzo y de la Punta de San Mateo como 
una pequeña península suavemente abovedada. En las cercanías de Jipijapa 
llaman la atención el cerro Bravo y el de San Vicente, y en el centro del 
grupo descuella por su posición aislada y su altura (443 m.) el cerro de 
Montecristi, á cuyo pié está el pueblo de este nombre, dos leguas al SE 
del puerto de Manta. La parte setentrional se compone del cordón de los 
Cerros de Hoja. — Al N de la Bahía de Manta encontramos el anchuroso 



156 TOPOGBAFIA. — CAPÍTULO III. 

valle del rio de Portoviejo, que separa el grupo de los cerros indicados de 
otro muy parecido, pero menos alto, entre el rio nombrado y el de Chone 
y de Tosagua. Este macizo se llama en los mapas antiguos Cerros de Bál- 
samo. Ambos grupos caen en la región seca, y por esto no encontramos, 
desde Salango hasta la Bahía de Caráques, ningún rio notable, que nazca 
en ella. El único rio de Portoviejo, que desemboca en la ensenada de Chara- 
potó, trae su origen y sus aguas de las montañas lejanas y húmedas, que 
al Sur y al Este separan su sistema de los del rio Puca y del rio Daule. 
Todos sus tributarios corren al principio de E á O y se reúnen en el tronco 
principal, que se dirige de S á N. El afluente mas austral es el rio de 
Lodana, que viene de los cerros de Puca y desemboca en el rio principal 
cerca del pueblo de St a . Ana, casi dos leguas al Sur de Portoviejo. La capi- 
tal de la provincia de Manabí, que dá al rio su nombre, se halla á su orilla 
derecha, y á la distancia de 5 leguas de su boca. Al lado de la ciudad el 
rio hace un codo fuerte al O para dirigirse luego de nuevo al N, y sobre 
este codo está el pueblo de Picoasá. Una legua mas adelante desemboca 
del lado derecho el Rio chico, bastante largo, pero de poco caudal, á cuya 
orilla se encuentra un pequeño pueblo del mismo nombre. En seguida pasa 
el rio todavía al lado de los dos pueblos considerables de Rocafuerte (antes 
Pichota) y Charapotó, ensanchando su cauce en playas extensas, y dividién- 
dose á veces en varios brazos. El rio de Portoviejo no es navegable, tanto 
por la escasez de agua, cuanto por ser demasiado correntoso. 

El rio de Chone, que desemboca en la bahía de Caráques, tiene sus 
cabeceras en aquellas montañas, en que nacen también las del rio Grande 
(Daule) y de sus tributarios principales (San Pedro, Pescadillo, Conguillo). 
Al principio corre unas 5 leguas de E á O, recibiendo de ambos lados 
muchos afluentes pequeños; luego, pasado el pueblo de Chone, que antigua- 
mente se hallaba en las montañas cerca de su origen, vira por 2 leguas al 
SO, y finalmente otra vez al Oeste, conservando este rumbo apesar de las 
muchas vueltas pequeñas, hasta su desembocadura. Los tributarios prin- 
cipales, que le entran del lado NE, son el rio Garrapata y el de San Lo- 
renzo, llamado en su curso superior rio Colorado, el primero un poco arriba 
y el segundo una legua abajo del pueblo de Chone. Entre los dos se abrió 
la trocha, que conduce de Chone á St°. Domingo de los Colorados, y que 
algunos consideran como el precursor de un ferrocarril futuro. Del lado 
sur recibe el rio Chone solo el tributo del rio Tosagua, 4 leguas arriba del 
pueblo de Bahía de Caráques. Nace en las montañas de Calceta y Junin y 
pasa por el pueblo de Tosagua. Un poco antes de entrar en el rio Chone, 
recibe el de Capotillo, sobre cuyo curso superior se halla el pueblo de 
Canuto. 



LA REGIOS OCCIDENTAL. 



Al Norte de la Bahía de Ca- 
ráques, y especialmente desde 
el Cabo Pasado, que dista solo 
4 leguas, el país cambia de 
nuevo su aspecto y carácter, 
que se manifiesta claramente 
sobre el mapa por la multi- 
dud de pequeños ríos, que 
uno tras otro desembocan en 
oí Océano. Es esta una señal 
de gran humedad, y en efecto, 
las montañas húmedas y espe- 
sas, que en las provincias del 
Guayas y de Los Ríos, y en 
la porción austral de Manabí 
encontrábamos solo á mucha 
distancia de la costa y al pié 
de las Cordilleras altas, desde 
ahora cubren todo el pais hasta 
las inmediaciones de la costa, 
aun cuando en su cercanía 
faltan montañas altas y en su 
lugar existen llanuras grandes. 
La causa de este fenómeno, 
que observamos desde el Cabo 
Pasado hasta el rio Mira y 
I»r toda la costa occidental 
de Colombia, no puede ser 
local, como lo es cerca de 
Manglar alto {la inmediación 
de la Cordillera de Colonche); 
la causa es mas profunda, y 
consiste en un cambio notable 
de la temperatura del Océano, 
como demostraré en otro ca- 
pítulo, que trata de las condi- 
ciones climatológicas del pais. 

Las montañas de la región, 
en que vamos h entrar, son 
generalmente monótonas, y tos 




158 topografía, — capítulo m. 

cerros rara vez se distinguen por formas características ; cordilleras de alguna 
elevación notable faltan completamente. Esto se explica de la gran mono- 
tonía de las formaciones geológicas. Originalmente el país se componía de 
planicies de 100, 200, lo mas 300 metros de altura sobre el nivel del mar 
y suavemente inclinadas en diverso sentido. Las aguas que corrían sobre 
ellas, hicieron sus incisiones y excavaron por la erosión continua los valles, 
de manera que las montañas actuales no son mas que las partes de las 
planicies primitivas, que hasta ahora han resistido á la erosión. Así se 
explica, que todas las montañas tienen casi la misma altura; las mas altas, 
que ahora forman la linea divisoria de los sistemas fluviales, indican la 
región mas elevada de las planicies originales. Donde los ríos se hallan 
muy cercanos uno á otro, las montañas intermedias presentan crestas agu- 
das; donde están mas separados, las montañas tienen la forma de lomas 
anchas ó se extienden entre los valles unas pequeñas altiplanicies, restos de 
la planicie primitiva general. Tal es, por ejemplo, la región, que con la 
anchura de muchas leguas se extiende desde el Cabo Pasado hasta las orillas 
del rio Toachi cerca de St°. Domingo, y que llamé mas arriba una planicie 
suavemente abovedada, sobre cuyas vertientes australes nacen los tributarios 
del Daule, mientras que de los setentrionales descienden los del rio Esme- 
raldas. Tal es también toda la región del sistema superior de los ríos 
Daule, Penpa y Palenque, y finalmente todo el litoral setentrional de la 
República, desde el Cabo Pasado, con los extensos sistemas del rio Esme- 
raldas y del rio Santiago. — Otra propiedad de esta región, que sinembargo 
no tiene nada que ver con la orografía ó hidrografía, es la de ser casi in- 
habitada (aunque seria muy habitable). La escasa población se ha concen- 
trado en algunos pueblos á lo largo de la costa, todo el interior es despo- 
blado, y de consiguiente falto de caminos; circunstancia que contribuye 
mucho á dificultar el estudio del pais. — Por ahora seguimos el estudio de 
los pequeños ríos litorales, reservándonos el del sistema de Esmeraldas para 
la sección siguiente. 

Dos leguas al N de la Bahía de Caráques desemboca el rio Briseño. 
Naciendo en las cercanías de Chone, se dirige con un curso de unas 7 leguas 
casi recto de E á O. Aunque de ordinario de poco caudal, crece este rio 
en tiempo de las lluvias mucho, hasta ponerse intransitable; y esto vale de 
todos los ríos siguientes. — En la pequeña ensenada que forma el Cabo 
Pasado á su lado sur, y en cuyo seno se halla el pueblo de Canoa, desem- 
bocan dos ríos en el mismo punto, al lado setentrional del dicho pueblo : el 
rio de Canoa y el rio Tabuchila, el primero viene del Este con un curso de 
4 leguas, y el segundo, casi del mismo largo y engrosado por el rio Muchacho, 
del NE. Una milla al S de Canoa entra al mar el pequeño rio de la Puntilla. 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 159 

Este y el rio Brisefio tienen la particularidad de llevar en tiempo de verano 
una agua salobre, que no es potable, como los ríos Puca, Colimes y Magro. 
— 6 leguas al N del Cabo Pasado y al lado de la Punta Ballena (ó Jama) 
encontramos la boca del rio Jama, que es tan extenso como el rio Chone. 
Sus cabeceras se hallan cerca de las del rio Daule y del rio de la Morena, 
á unas diez leguas al E de su boca; arriba se conoce con el nombre de rio 
Convento. De sus numerosos tributarios mencionaré los ríos Palalache, Ca- 
lache y Venado, todos tres del N, y del lado opuesto el rio Mariano, que es 
el mas grande de todos, y cae en el Jama una legua arriba de su boca. 
El rio Mariano trae su origen del lado de los afluentes del rio Chone y de 
las cabeceras del Briseño y cuenta también con un número considerable de 
pequeños afluentes, como Mocora, Piquigua, Canque, Biguá. 

Un sistema fluvial muy parecido al de Jama es el del rio Cuaque, cuya 
boca se encuentra 5 leguas mas al N, muy cerca de la Punta Pedernales. 
Entre las dos bocas se hallan los ríos de Don Juan, Camarón, Tábuga, Pal- 
mar y algunos otros, todos pequeños y sin importancia. El Cuaque nace 
en las montañas del mismo nombre, en las cercanías de algunos tributarios 
del rio Quinindé. Su curso superior se dirige de NE a SO, y el inferior, 
desde el pié del cerro Pata de Pájaro, que es el punto culminante de la 
región, al occidente. Una legua antes de entrar al mar, recibe del lado sur 
el rio de San José, que es casi tan grande como el Cuaque mismo, y pare- 
cido á este en su curso y demás condiciones. — Al N de la Punta Peder- 
nales entra en la pequeña ensenada, dominada por el pueblo de Pedernales, 
el riachuelo de Tachina, y después principian las montañas á retirarse de 
la costa, formando un gran semicírculo alrededor de los esteros de Cojimies 
y de Pórtete.*) 

Al Este de Pedernales se arrancan los cerros de Cojimies (que también 
se llaman deViti, de Beche, de Mache, según los rios que nacen en ellos) 
de los de Cuaque, y se dirigen primero al NE y después al N, separando 
siempre el sistema del Esmeraldas de los rios litorales. Sobre las cabeceras 
del rio Cojimies sale un ramal llamado montañas de Mompiche al Oeste hasta 
la Punta de Pórtete, cerrando de tal modo la hoya de Cojimies; pero la 
linea de vertientes principal sigue hacia el N y NO, rodeando también la 
hoya de Muisne, y se une con los cerros de Atacamos, para espirar final- 
mente sobre el pueblo de Esmeraldas. — En el centro de la primera hoya 
ó de la llanura comprendida entre la mar y el semicírculo de montañas, se 

*) Una descripción orográfíca é hidrográfica muy minuciosa de la región que sigue, 
y de toda la provincia do Esmeraldas, se encuentra en mi «Memoria sobre la Geografía 
y Geología de la Prov. de Esmeraldas)) (Guayaquil 1879); fruto de un viaje y estudio 
largo ejecutado en 1877. 



160 TOPOGRAFÍA. — capítulo m. 

halla el Estero de Cojimies de que he dado noticia en la descripción de la 
costa (pag. 23), y que es el receptáculo común para muchos rios en su con- 
torno. Tiene mas bien el aspecto de un gran lago que de un estero, y 
algunas islas contribuyen á hermosearlo. Si los bajos delante de las dos 
bocas no impidiesen la entrada de los navios, y no dificultasen aun la de 
las embarcaciones menores, ese lago seria el puerto mas lindo, mas seguro 
y mas tranquilo en toda la costa del Ecuador. La observación de que las 
llanuras que le rodean, ofrecen el terreno mas feraz é invitan al cultivo de 
los productos mas nobles de la tierra caliente (cacao, café, caña de azúcar, 
tabaco etc.) y que las selvas están llenas de maderas finas, de resinas, bál- 
samos, y otros productos vejetales, hace mas sensible aquella circunstancia 
de que se dificulte tanto la entrada. 

Del término sur del lago sale un brazo angosto en forma de un rio en 
la dirección meridional, serpeando primero por la llanura é introduciéndose 
finalmente entre las colinas que se hallan á poca distancia del pueblo de 
Pedernales. Allá se acerca á la costa hasta á pocas cuadras y está separado 
de ella solamente por una loma baja. Todo este brazo contiene agua salada 
y es un verdadero estero con mareas regulares, que ofrece una via de co- 
municación muy cómoda y segura á las canoas, que trafican entre los sitios 
en la boca de Cojimies y Pedernales. En este brazo desembocan por el 
lado derecho los rios de Viti (unido con el Morocumbo) , de Marcos y de 
Chevc. Rodeando el lago de este mismo lado encontramos luego las bocas 
del rio Beche, del Mache y del Cojimies, que es el mas grande de todo el 
sistema y recibe los tributarios de Tigua, Pambilar y Balsar. Después si- 
guen todavía los rios de Bilsa, de Sálima, de Daule y de Maldonado, que 
ya vienen de las montañas de Mompiche. El rio de Maldonado no desem- 
boca directamente en el estero grande, sino en un brazo que circunda la 
isla de Daule. — Todos los afluentes, que el estero de Cojimies recibe de 
su izquierda, nacen en la llanura, que se extiende entre él y la costa del 
mar; son cortos y pequeños y se llaman: Cadial, Jejenal, Palancanal, Garzal, 
Zorreál y Cedrál. 

Independiente del estero de Cojimies se halla otro brazo del mar al 
Norte de él, que circunda en forma de una herradura la isla de Zapotal. 
La mitad meridional de este arco que se reúne al lado del sitio de Zapotal 
con la gran Boca de Daule, no es tan ancha, como la mitacj setentrional, 
que se llama el estero de Pórtete y tiene su boca al lado de la Punta del 
mismo nombre. Sobre el arco de la herradura el estero forma una poza 
grande con varias islas, y en ella recibe los riachuelos de Casa vieja, 
de Pórtete y de Naranja, que descienden de las cercanas alturas de 
Mompiche. 



. LA REGIÓN OCCIDENTAL. 161 

Al Norte del cordón angosto de las montañas de Mompiche, cuya ele- 
vación no pasará de 100 metros, se extiende la llanura y hoya de Muisne, 
análoga á la de Cojimíes. Hacia E está limitada, como ya queda dicho, por 
la continuación de las montañas de Cojimies, y hacia N por las de Atacámes 
y de San Francisco. — En el límite meridional desemboca en una pequeña 
ensenada el insignificante rio de Mompiche, franjeado de las montañas de su 
nombre. A la orilla de su boca se hallan algunas casitas, representando el 
antiguo pueblo de Mompiche. 

El rio Muisne tiene un sistema bastante desarrollado. Nace en las 
montañas de Bambe, que franjean el rio de este nombre (tributario del Viche), 
y desciende muy pronto á las llanuras, que comienzan á extenderse desde 
su primer afluente izquierdo, que es el rio Cañuto, á la distancia de cinco 
leguas de la costa. A la derecha el terreno montañoso llega algo mas abajo, 
hasta el afluente que llaman Sangre de toro. El curso del Muisne describe 
mil tortuosidades y vueltas grandes desde el Cañuto hasta su boca, aunque 
se observa que su rumbo general es de E á O. A la distancia de tres le- 
guas arriba del pueblo, que está situado en la playa de la mar, el rio recibe 
del lado sur un tributario casi tan caudaloso como el mismo, y es él rio 
Sucio, que le viene de las montañas de Cojimíes. En el mismo lado en- 
contramos mas abajo el pequeño rio Gabina, y un poco arriba del sitio de 
Mocoral el rio Partidero, que es mas grande, y se parece al Sucio. Hasta 
Mocoral, que es un grupo de casas, sube la marea y de ahí hacia abajo el 
rio es un verdadero estero, muy ancho, con aguas casi estancadas, y bor- 
deado de inmensos manglares. Media legua arriba del pueblo de Muisne 
emite un brazo hacia el Sur, que se llama la Manga y llega casi al Mom- 
piche, comunicando por dos esteros con la mar. Los tributarios de la de- 
recha son en el curso superior los rios de Agua clara (del lado del Tiaone), 
Sangre de toro, Yarumal, y abajo el rio de Tortuga enfrente de la Manga, 
y el rio Bilsa enfrente del pueblo mismo. Este último es el mas largo y 
tiene varios afluentes. — He navegado el Muisne hasta mas arriba de la 
boca de Cañuto; en toda esta extensión es sumamente manso y de poca caída; 
su lecho es de arena y barro, y en ninguna parte lleva guijarros gruesos, 
que nunca faltan en el curso superior de rios algo correntosos. Del mismo 
modo todos sus tributarios son mansos y navegables, pero se dice que en 
el verano escasea el agua. — La región baja, que ocupa el sistema fluvial 
del Muisne, solamente en su parte inferior es completamente plana; desde 
Mocoral y el rio Partidero hacia arriba se hallan de trecho en trecho al- 
gunos cerritos y colinas bajas, ora á las orillas mismas, ora retiradas de 
ellas, pero su elevación es tan insignificante, que no pueden quitar al paisaje 
el carácter de llanura. 

Wour, Ecuador. \\ 



162 TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO m. 

La costa desde el Cabo de San Francisco hasta Atacámes es montañosa, 
presentándose como un macizo irregular cortado por muchas quebradas. En 
la ensenada que se halla al Sur del Cabo, desembocan los ríos de liunchc 
y de San Francisco, cuyo rumbo general es de NE á SO, y que por sus 
muchas vueltas parecen mas largos de lo que son; una legua para arriba son 
navegables en canoas. El pueblo de San Francisco ocupa una posición muy 
pintoresca sobre una loma al lado oriental de la desembocadura de su rio. 
— En el semicírculo que describe el Cabo con la Punta Galera, entran al 
mar una serie de riecitos insignificantes, como el de Tóngora, el Caimito, 



AJÉ 








w^ 





Quingue, Plátanos, Galera, Camarones. Algo mas considerable y del largo 
del de San Francisco es el rio Tonchigüe, mientras que el de Same es otra 
vez reducido. — Finalmente se abre la llanura y pequeña hoya de Atacámes, 
cuatro leguas al Sur de Esmeraldas, ocupada por los rios de Atacámes y 
de Sua. 

El rio de Atacámes es uno de los que parecen muy largos por sus nume- 
rosas vueltas y revueltas, aunque en realidad nacen á distancia de pocas 
leguas de la costa. En todo su curso las orillas izquierdas están franjeadas 
por una baja cordillera, que le separa del valle del rio Sua, mientras que 
las orillas derechas en los dos tercios inferiores se explayan mas y mas. 
Solamente de este lado derecho recibe algunos afluentes: el rio Cumba, el 
Sálima y el Taseche; la boca del último se ramifica en un terreno pantanoso 
como un delta, ó mejor dicho se pierde completamente en los manglares, 



LA BEGION OCCIDENTAL. 163 

que bordean todo el curso inferior del rio Atacámes hasta el pueblo. — El 
rio de Sua es algo mas corto que el Atacámes, corre paralelo á este y pa- 
rece que quiere imitarlo en todo, solo que su valle es angosto hasta su des- 
embocadura, que se halla al lado de la Punta de Sua, un cuarto de legua 
al Oeste de la boca del Atacámes. 

Media legua al N de Atacámes pasamos la desembocadura del rio Tom- 
supa, que serpentea como dormido por la llanura. — Luego se acercan las 
montañas de nuevo á la costa, formando una cresta angosta entre el mar 
y el rio Tiaone hasta Esmeraldas. En este trecho bajan solo tres riachuelos 
muy cortos, el Chévele, Cúliva y Balao, perdiéndose en la playa del mar 
sin desembocaduras marcadas. 



Sección IV a . El sistema fluvial del rio Esmeraldas y de los demás rios 

hasta la frontera de Colombia. 

El artículo presente comprende la mayor parte de la provincia de Es- 
meraldas, ó mas exacto, todo el Ecuador occidental entre la Cordillera de 
los Andes y el Océano, desde o 1W Lat. S hasta el rio Mira, con excepción 
de la pequeña zona litoral, cuya descripción hemos agregado al articulo pre- 
cedente. El sistema fluvial mas grande de esta región presenta algunas 
analogías exteriores con el del rio Guayas, solo que corre en sentido opuesto; 
sinembargo, el carácter general del país es muy distinto, á consecuencia de 
las condiciones climatológicas y de la falta de población. El viajero se cree 
trasladado á las regiones amazónicas. 

«La provincia de Esmeraldas es una verdadera joya de la República del 
Ecuador, es una hermosa esmeralda, pero no labrada, no tallada por la in- 
geniosa mano del hombre, sino tal como la formó la naturaleza misma; es 
una piedra preciosa en su estado natural, cuya belleza encanta al naturalista, 
pero el arte humano le ha de dar todavía su brillo y valor superior. 

«Las provincias litorales del Ecuador (Esmeraldas, Manabí y Guayas) 
gozan de una estación lluviosa, y á consecuencia de ella se distinguen ven- 
tajosamente por su vegetación vigorosa, de las áridas y desoladas costas 
del Perú. Sinembargo, en la provincia del Guayas y en una gran porción 
de la de Manabí, la vegetación pierde durante la estación sec£, que llama- 
mos verano, su lozanía y su verdor, los árboles botan sus hojas y las llanuras 
se desecan bajo los rayos abrasadores del sol. No sucede así en la pro- 
vincia de Esmeraldas: una atmósfera mas húmeda conserva durante todo el 
año la vegetación casi en el mismo estado, un verdor eterno embellece las 
llanuras y las montañas, las majestuosas selvas con sus corpulentos árboles, 
con sus esbeltas palmas, con sus miles de enredaderas y parásitas, extienden 

11* 



164 topografía. — capítulo m. 

su sombra desde las faldas de la Cordillera de los Andes, por las espaciosas 
planicies hasta las playas del Océano Pacifico. 

« La provincia de Esmeraldas rivaliza en cuanto al clima, maderas finas 
y demás productos vejetales, á la feracidad del suelo, y á los lavaderos de 
oro, con la provincia del Oriente en los afluentes del rio Amazonas; pero 
aventaja á ella inmensamente por la vecindad del océano, y porque sus pro- 
ductos destinados á la exportación no tienen que pasar por terrenos ajenos. 
— No es de admirar, que los países allende los Andes, en el interior del 
vasto continente sudamericano, en donde todo tráfico se dificulta muchisimo, 
quedasen hasta el dia despoblados é incultos; pero con sorpresa podríamos 
indagar las causas, porqué encontramos la hermosa provincia de Esmeraldas 
en un estado no mucho mas adelantado, por no decir igual. ¿Por qué una 
provincia tan hermosa no cuenta mas que unos pocos pueblecitos miserables 
en la costa del mar? ¿por qué en la inmensa área de mas de cuatrocientas 
leguas cuadradas, predestinada, por decirlo asi, para la agricultura, re- 
suena el bramido del tigre en lugar del mujido del ganado? ¿por qué el 
indio salvaje anda vagando todavia con flecha y bodoquera por la soledad 
de los bosques, como 300 años atrás, mientras que casi á su vista los va- 
pores surcan las olas del mar? ¿por qué ni la codicia siquiera podía atraer 
á los blancos para poblar las riberas auríferas de los ríos?»*) 

No nos dejemos llevar por ahora á un campo ajeno, y sigamos nuestro 
estudio hidrográfico unido siempre con el orográfico. — Hay dos grandes 
sistemas fluviales, cuyas ramificaciones llevan el elemento vivificador por 
casi toda la provincia, siendo solamente una angosta zona litoral, la que no 
participa de estos dos sistemas, y que recibe el riego de los pequeños y no 
muy largos ríos de la costa. — El sistema, que ocupa la mayor parte de 
la mitad meridional de la provincia, es el del rio Esmeraldas, y el otro, que 
se extiende sobre la mitad setentrional, llamaremos el del rio Santiago. 

El sistema fluvial del rio Esmeraldas**) es el mas largo de todo 
el Ecuador occidental, aunque no tan extenso como el del rio Guayas. — 
De la descripción de la región andina nos recordaremos, que sus cabeceras 



*) Véase mi «Memoria sobre Esmeraldas », Introducción, en donde he contestado á 
estas preguntas. 

**) El nombre castellano del rio Esmeraldas naturalmente no es el primitivo; los 
indios antiguos lo llamaron Chinto. Uno de los cerros mas elevados á la orilla izquierda 
del rio Esmeraldas, entre las bocas del Viche y Tavuche, casi enfrente del sitio de Ma- 
gua, se llama hasta hoy dia cerro Chinta. Recuerdo también, que una de las cabeceras 
del rio Blanco, que baja de Lloa y do las faldas del Pichincha, lleva el nombre de Cinto, 
— En el mapa que acompaña la obra de Humboldt «Viaje á las regiones equinocciales», 
el Esmeraldas se llama rio Tonda; pero ignoro las razones, que el ilustre viajero tenia 
para darle este nombre. 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 165 

se hallan en los nevados del Cayambe, Antisana, Sincholagua, Cotopaxi, 
Iliniza, Atacazo y Pichincha, que recoje las aguas de toda la provincia del 
Pichincha y de toda la Cordillera occidental comprendida entre el Quilotoa 
y el Cotacachi. Se entiende, que innumerables ríos y riachuelos han de 
contribuir para recojer las aguas de una área tan extensa en las ramas 
gruesas y caudalosas, que por su reunión constituyen el verdadero rio Es- 
meraldas. Pero por ahora no tomamos en consideración especial los cursos 
superiores de esos ríos, sino tan solo en cuanto tocan á la región baja. — 
Si hacemos un cómputo, como lo hicimos para el sistema del Guayas, en- 
contramos que el del Esmeraldas ocupa una área de 21060 kilómetros Q 
(=680 leg. □)• De ellos caen en la región andina 11860 kilómetros □ 
(=383 leg. G), y en la litoral solo 9200 kilómetros Q (=297 leg.Q), lo 
que demuestra aqui una razón inversa, siendo en el sistema del Guayas la 
porción litoral mucho mas grande que la andina. 

Limitándonos á la región baja tendremos que hablar del rio de Gualla- 
bamba, del Blanco y del rio de Esmeraldas propiamente dicho, que nace de 
la reunión de los dos primeros. 

El rio de Guallabamba es sin duda la rama principal de este sistema 
fluvial, por ser el mas largo de todos. Después de haberse engrosado con 
todas las aguas del gran callejón interandino de la provincia del Pichincha, 
rompe la Cordillera occidental de los Andes, unas 4 leguas al Norte de Quito, 
encajonado entre inmensas murallas en el valle hondísimo de Puéllaro, Pe- 
rucho y Nieblí. En todo el trecho que recorre desde la abra de la Cordillera 
hasta su entrada en la región baja de Esmeraldas, sus orillas son casi 
inaccesibles por lo escarpado de las laderas de las montañas, y su caída es 
tan rápida é irregular, que imposibilita del todo el tráfico por agua en canoas. 
En este su curso medio recibe del lado derecho el rio Llurimagna, que baja 
de las faldas occidentales del Cotacachi por el valle de Intac, y que es poco 
conocido. Del lado izquierdo le engruesan tres afluentes notables; primero 
el rio Alarribi, que nace en las montañas de Nono y se engruesa con los 
ríos de Calacalí, Nanegal y Cruálea; después el rio de Tambillo unido con 
el de Bolaniguas, que traen su origen de las cercanías del rio Mindo y riegan 
una región montañosa completamente desierta; finalmente el rio Tusara, que 
con sus afluentes se halla en condiciones idénticas, es decir, poco menos 
que ignoradas. 

El Guallabamba es muy dificultoso para la navegación, aun en su curso 
inferior. Lo he subido en canoas desde su desembocadura hasta donde es 
posible, es decir un poco mas allá del rio de Agua clara, que es un pequeño 
tributario de su lado derecho; y esto en las circunstancias mas favorables, 
cuando el cauce del rio se hallaba medianamente lleno, pues, según me han 



166 topografía. — capítulo in. 

asegurado los prácticos, que me acompañaron, la escasez de agua en verano 
es un obstáculo no menos grande que las crecientes fuertes del invierno. 
Gastamos dos dias en subir hasta dicho punto, que en linea recta no dista 
mas que 4 leguas de la boca. Solamente los bogas mas diestros y peritos 
se atreven á hacer este viaje, que no carece de peligros; en varios puntos 
es necesario tirar la canoa con sogas por entre peñascos grandes, que oca- 
sionan saltos espumantes y remolinos pavorosos; y la bajada es aun mas 
peligrosa, porque á cada rato hay que evitar, que la canoa, volando con la 
rapidez de una flecha, no se estrelle contra los escollos. — El rio corre en 
una hoya muy ancha, dando muchas y grandes vueltas y formando nume- 
rosos islotes de cascajo grueso. Á ambos lados la hoya está ceñida de bajas 
colinas, ó mejor dicho de una grada de 10 á 20 metros de altura, sobre la 
cual todo el país parece llano. Los tributarios de esta región son pequeños 
é insignificantes ; nombraré el rio Boncatigre y él Guachála del lado izquierdo 
y el rio Venadera y el de Agua clara del derecho. — No he navegado otro 
rio en la provincia de Esmeraldas, que tuviera una caida tan fuerte en una 
distancia tan pequeña, es decir de 65 metros. Ademas de ser un rio tan 
indomable, el Guallabamba inferior no tiene orillas halagüeñas, que pudiesen 
atraer pobladores. Me pareció, que notaba una gran monotonía y pobreza 
relativa en la vegetación y zoología, asi como en la configuración de esta 
hoya, sin duda por haber estado acostumbrado desde muchas semanas á 
mirar las escenas mas grandiosas y pintorescas de la naturaleza. No dudo, 
que las riberas del Guallabamba, en las montañas mas arriba, cambiarán 
agradablemente su aspecto. En la porción, de que he hablado, guarda el 
rumbo general de SEE á NOO, y cerca de su desembocadura de SE á NO. 

El rio Blanco toma su origen en las faldas occidentales del Guagua- 
Pichincha y en el valle de Lloa con los rios de Cinto, de Salahoyo (del lado 
del Atacazo) y del Nina-yacu ó rio del volcan. Estos se reúnen con el rio 
Mindo, que se forma del Pircuasi y del Tana-yacu en las faldas del Rucu- 
Pichincha, y de muchos otros afluentes. — El pueblecito de Mindo se halla 
en la altura de 1264 metros. — Dos leguas abajo de Mindo, donde el rio 
ya toma el nombre de Blanco, este corre por un gran trecho al Oeste, para 
virar en seguida otra vez á su rumbo general de SE á NO, hasta su con- 
fluencia con el Toaclii. En la mitad de este curso recibe del lado izquierdo 
un tributario considerable con el nombre de Yambe, de cuyo origen y for- 
mación no sabemos nada de seguro. Según las cartas antiguas sus cabe- 
ceras principales se hallan en las cercanías del antiguo (y desaparecido) 
pueblo de Cocaniguas. 

El rio Toachi es el tributario mas poderoso y el competidor del rio 
Blanco. Nace en los alrededores del Quilotoa y entre las Cordilleras de 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 167 

Guangaje y Chugchilan, y baja por el valle de Sigchos siempre con la di- 
rección S-N, hasta su reunión con el rio de Pilaton, recibiendo en este camino 
algunos afluentes notables del lado del Iliniza y del Corazón. — El rio de 
Pilaton viene del Este, de las alturas de Aloag y Canzacoto, y obliga al 
Toachi en el punto de su confluencia á cambiar también su curso al Oeste. 
En el arco grande, que hace el Toachi para recobrar su rumbo anterior al 
N, recibe del lado sur los afluentes de Atturiquen, Lelia, T aguasa, Tanti é 
Imbana, y después, desde la latitud de St°. Domingo, se dirige paulatinamente 
al NNO, sin recibir otros tributarios de cuantía, hasta su desembocadura en el 
río Blanco. El encuentro de los dos ríos grandes ya se verifica en la región 
baja, y de ahí corre el Blanco, no diré manso y apacible, pero siquiera menos 
feroz que el Guallabamba, de SE á NO; pero tres leguas arriba de su unión 
con el Guallabamba, cambia esta dirección en la de N-S, inclinándose un 
poco al NE. Precisamente en donde describe este ángulo obtuso, recibe un 
tributario muy respetable de su lado izquierdo, que es el rio Quinindé, rio 
tan caudaloso, largo é importante, que quisiera darle el mismo rango en el 
sistema y formación del Esmeraldas, que al Guallabamba y al Blanco, y por 
esto hablaré de él después separadamente. 

La hoya del rio Blanco, en cuanto toca á la región baja, se parece mucho 
á la del Guallabamba, solo que es aun mas anchurosa, las colinas ó gradas 
laterales son bajas y faltan por grandes espacios completamente, de modo 
que la hoya se pierde en inmensas llanuras, sobre todo desde la boca del 
Quinindé hasta la del río Caóni. En tales llanuras, que debemos imaginarnos 
como suavemente inclinadas hacia el Noroeste, se ensancha el lecho del rio 
muchísimo, se separa en brazos, dejando entre ellos los acostumbrados is- 
lotes de cascajo con escasa vejetacion. 

Numerosos son los tributarios, que recibe el rio Blanco abajo de su 
confluencia con el Toachi, pero pocos de importancia. Entre estos últimos 
tenemos que nombrar el rio Caoni, que desde su origen se tiene por todo 
su curso (unas 8 leguas) en las cercanías del rio Blanco y paralelo á él, 
Una legua arriba de su boca recibe el rio Silanchi, que es muy parecido al 
Caoni, aunque no tan largo. Ambos son navegables hasta dos leguas arriba 
de la desembocadura en el Blanco. — Á la orilla izquierda del Silanchi, en 
la confluencia del pequeño rio Chigüipe, se halla a él puerto de Quito ó de 
Silanchi» y á la orilla derecha del Caoni se encuentra otro «puerto», algo 
mas distante del rio Blanco que el primero. En estos «puertos» no hay 
casa, ni rancho, ni otra señal de existencia de hombres, y no quieren decir 
mas que dos puntos, en que se desembarcan los viajeros, que hacen su viaje 
de Esmeraldas á Quito por las montañas de Mindo, naturalmente á pié y 
sufriendo durante ocho días todas las incomodidades y plagas de la mon- 



168 topografía. — capítulo ni. 

taña. El camino que sale del puerto de Silanchi, es algo mas largo, pero 
se reúne pronto con el que viene del puerto de Caoni. Por lo demás hay 
todaVia un tercer «puerto» en la orilla derecha del rio Blanco mismo, media 
legua abajo de la boca del Caoni, en el lugar que se llama la Lagartera. 
El camino, que parte de ahi (hoy dia poco traficado) se reúne con el camino 
general en el puerto de Silanchi. 

Otro tributario considerable, el rio Inca (ó Inga), corre á engrosar el 
rio Blanco del mismo lado derecho, dos leguas abajo de la boca del Caoni. 
Trae su origen de muy lejos, de las cabeceras del Caoni, y recibe en su 
curso inferior, unas dos leguas arriba de su boca, los rios Sábalo y Nutria; 
el primero viene de N, de las cercanías del rio Pitsara, y el segundo recoje 
sus aguas al Oeste, en las inmediaciones del rio Guallabamba. Cerca de la 
boca de estos dos afluentes pasa un camino antiguo, que se separa en las 
cabeceras del Caoni del camino ordinario, para bajar á lo largo del Inca al 
puerto de Guachala en el rio Guallabamba. — Inmediatamente antes de 
entrar al rio Blanco, el Inca recibe todavía el pequeño rio Ipi de su lado 
izquierdo. Frente á la boca se halla la pequeña isla del Inca, sin otra par- 
ticularidad que la de haber campeado en ella por algunos dias el Señor 
Bouguer en el siglo pasado, para ejecutar varias mediciones y observaciones. 

El resto de los afluentes del rio Blanco del lado derecho son pequeños 
y basta enumerarlos : Chipo, Guana, San José, Guispe, Sarro viejo y Malim- 
pía. Del lado izquierdo vienen: él Chambo, enfrente del Inca, él Cócola y 
el Pasamachin. Excepto el Quinindé, de que hablaremos luego, ninguno de 
esta orilla izquierda es importante hasta el rio Cupa, que desemboca media 
legua arriba de la confluencia del Guallabamba, y en su curso inferior corre 
por un buen trecho casi paralelo al Blanco. 

El rio Quinindé puede considerarse como el tercer ramo principal del 
Esmeraldas. El y sus tributarios principales nacen sobre aquellas planicies 
entre St°. Domingo y Chone, de que hablé en varias ocasiones. De sus 
cabeceras se cruza fácilmente á las del rio Daule. Este rio conserva en 
toda su extensión, en que pude explorarlo, es decir, desde su boca hasta 
muy cerca de su origen, un carácter igual y uniforme, pero bastante distinto 
de aquel del Guallabamba y del Blanco. Su hoya es mas angosta y algo 
mas ahondada, siendo las alturas que le acompañan á ambos lados, general- 
mente de 30 á 40 metros. Sus aguas son apacibles y se prestan muy bien 
á la navegación. La vejetacion, que embellece sus orillas, es majestuosa y 
á la vez amena, las selvas son ricas en maderas finas y en caucho, y á 
esta última circunstancia se debe el que el Quinindé, antes apenas conocido 
por su nombre, hoy dia es uno de los rios mas explorados y explotados de 
la provincia. 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 169 

Las mismas ó semejantes ventajas que las que acabo de celebrar en el 
Quinindé, ofrecen sus tributarios mayores, que son navegables hasta las in- 
mediaciones de sus fuentes. — El Quinindé nace entre las cabeceras del rio 
de la Morena y del rio Vaina (tributarios del Daule), y su curso es bastante 
recto de S á N. Los afluentes principales son del lado izquierdo el rio de 
Plátano, que baja de las montañas de Jama, el Dógola, oriundo de las al- 
turas de Cuaque, y el Arenañga, que viene de los vertientes orientales de 
las montañas de Cojimies. Del lado derecho se engruesa el Quinindé, dos 
leguas arriba de su boca, con el rio Mache, que es casi tan poderoso como 
el mismo. Por él se navega hasta las inmediaciones de St°. Domingo, donde 
nace uno de sus afluentes con el nombre de rio Chita. Otros, que forman 
su sistema superior, son los ríos de Agua- sucia, de Suma y del Infiernito; 
mas abajo recibe de la izquierda el rio Conga, y de la derecha los ríos 
Sábalo y Cucaracha. Paso en silencio los muchísimos afluentes pequeños 
de ambos lados. — El Quinindé se sumerge en el Blanco tres leguas arriba 
de la confluencia del Guallabamba. 

El rio Esmeraldas. El Guallabamba y el Blanco pierden sus nombres 
en el punto de su reunión, y sus aguas reunidas reciben el del Esmeraldas 
y le conservan hasta el mar. En esta distancia que no mide mas que 
12 leguas por el aire, sigue el rio, apesar de las muchas y caprichosas 
vueltas, la dirección general de SSE á NNO. Es muy correntoso hasta su 
desembocadura y por esto no se presta á la navegación por vapor, aunque 
el caudal de agua seria mas que suficiente en un lecho de menor caída. 
Las canoas gastan en invierno en la subida desde el pueblo de Esmeraldas 
hasta la boca del Guallabamba muchas veces seis á siete días, y efectúan 
su bajada en otras tantas horas. En cuanto á la fuerte corriente del agua 
y respecto á los muchos islotes cascajosos, que frecuentemente cambian de 
posición y tamaño, el Esmeraldas se parece mucho al rio Blanco, pero el 
paisaje á sus lados lleva un carácter enteramente distinto. Desde su naci- 
miento entra en un pais muy montañoso; el valle ó la hoya del rio es rela- 
tivamente angosta, porque las altas montañas, que la acompañan hasta el 
mar, se levantan por lo regular de las mismas orillas, y en pocos puntos 
las dejan explayarse. Si á las montañas llamo «altas», no quiero decir que 
su altura absoluta sea muy considerable, pues creo que en ninguno de estos 
cerros excede de 300 metros, pero es cierto que son las mas altas de la 
provincia, y que en un pais. bajo, como lo es ella, siempre presentan una 
vista imponente, sobre todo cuando se levantan aislados. 

Por esta razón, de que el Esmeraldas en su curso inferior serpentea 
encajonado entre cerros altos, se distingue de todos los demás ríos grandes 
de la costa de la República. Y si por lo quebrado del terreno y por la 



170 TOPOOBATEA. — CAPÍTULO HE. 

escasez de llanuras extensas tal vez las orillas de este rio no serian tan 
sumamente favorables á la agricultura, como otras regiones de la provincia, 
se puede decir que en recompensa de esta falta ninguno rivaliza con él en 
cuanto á la grandeza y belleza del paisaje; las perspectivas, que se abren 
en las vueltas de este río, son variadísimas y á veces encantadoras, dignas 
de ocupar el pincel de un Glande Lorrain. 

Al pasar á la descripción de los tributarios del rio Esmeraldas hay que 
decir, que la mayor parte de ellos, aunque casi todos son navegables en su 
tercio inferior, son pequeños y cortos; una excepción hacen el Sade y el 
Canindé á la derecha, y el Viche y Tiaone á la izquierda. Consideremos 
primero el lado derecho, empezando arriba en la boca del GuaDabamba. 
Media legua abajo de ella encontramos la desembocadura del rio Colé, que 
es manso y viene todavía de la región bastante baja y llana que se extiende 
á lo largo del GuaDabamba. Á poca distancia se halla la confluencia del 
caudaloso Canindé, que tiene un curso largo y correntoso, naciendo en las 
montañas que separan este sistema fluvial de aquel del rio Cayapas. De 
sus cabeceras cruzan los caucheros con facilidad á las del rio Onzole y del 
rio Grande. A su orilla derecha se levanta la primera rama de cerros altos. 
Por atrás de estos cerros corre el rio Sade casi paralelo al Canindé, y des- 
emboca una media legua abajo de este último. Toma su origen no muy 
lejos del del rio Ónzole y en su curso inferior se halla encajonado en un 
valle profundo, formado por los cerros de Canindé al Sur y los de Sade al 
Norte. Atrás de las montañas de Sade se encuentra un terreno pantanoso 
con una laguna grande, que también lleva el nombre de Sade. Con seguri- 
dad pude averiguar, que el río Sade no nace de este lago, como suponen 
los mapas antiguos, y que antes está separado de él por unos cerros. Muy 
probable es la opinión de los que afirman que este lago tiene su desagüe 
natural hacia el Ónzole. Desde las montañas de Sade se tiende una cordillera 
longitudinal sin interrupción hasta la Punta de Esmeraldas en la orilla del 
mar. Sigue el mismo rumbo que el río principal, acompañándole á la dis- 
tancia de dos á tres leguas de su orilla, y formando la linea divisoria entre 
sus aguas y las del rio Verde. Todos los afluentes pequeños, que recibe el 
Esmeraldas desde el Sade hasta el mar por su lado derecho, nacen en dicha 
cordillera longitudinal, y se precipitan por los valles que forman las ramas 
laterales de ella. Se siguen en este orden: Taripa, Sasa, Chura, Chancaría, 
Uve, Male, Magua, Cáquiva, Chíchiva, Chinea, Chula, Tile, Mutile, Daule, 
Tachina. Los pobladores de las orillas del Esmeraldas se han concentrado 
con preferencia en las desembocaduras de estos ríos, porque en ellas la 
hoya general suele ensancharse; en algunas se encuentran grupos de 10 á 
lf) casas. 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 171 

En semejantes condiciones se hallan los afluentes del lado izquierdo del 
rio, solamente que el sistema montañoso es algo mas irregular y complicado, 
que la cordillera longitudinal no está tan pronunciada, sino interrumpida 
por las hoyas del Viche y del Tiaone. Las montañas están en conexión con 
las de Atacámes, de Muisne y de Cojimies, que forman la divisoria entre 
nuestro sistema fluvial y los ríos litorales. En este lado la primera cadena 
de montañas altas se encuentra algo mas arriba que en el lado opuesto, es 
decir enfrente de la boca del Guallabamba, á la orilla del río Cupa. De ahí 
hasta la boca del Viche siguen los afluentes de Chipero, Barquito, Calvario, 
Marube, Quiebre, Chiva y Vinsade. Y desde el rio Viche hasta el Tiaone 
desembocan el Tasona, Tavuche, Taigua, Chigüe, Timbre, Tatica, Saigüe y 
Vinche. 

El rio Viche desemboca en el Esmeraldas casi en la mitad de su curso, 
á la distancia de 7 leguas de la costa. Es bastante caudaloso y navegable 
por canoas dos días hacia arriba, hasta la confluencia del rio Bambe. Su 
hoya, en el tercio inferior bastante ancha, vá estrechándose mas arriba, é 
imita en cierto modo la hoya del Esmeraldas, por supuesto en proporciones 
mas modestas. Las montañas por ambos lados son altas y algunos cerros 
he calculado en 350 metros. El Viche nace en las montañas de Cojimies, 
no muy distante de la costa de Manabi, y lo mismo sucede con sus tribu- 
tarios superiores, que son el Pircusta y el Bambe. De las cabeceras de estos 
ríos los caucheros cruzan muchas veces á los ríos litorales de Cojimies y 
al rio Muisne. Ademas de los afluentes que acabo de nombrar, el Viche 
recibe también en su curso muy serpeado por su costado derecho los ríos 
de Ouve, Tachina y Caple, y por su izquierda él Chique enfrente del Cuve, 
y el LaTbe cerca de su desembocadura. — En algún tiempo se ha sacado 
mucho caucho de los bosques de Viche, y para este artículo es el tributario 
mas importante del Esmeraldas, después del Quinindé. 

Finalmente diremos cuatro palabras del rio Tiaone, que es el último de 
los tributarios izquierdos que recibe el Esmeraldas, legua y media arriba de 
su estuario. Mucho se parece este rio al Viche, en cuanto á la configura- 
ción de su hoya, abajo anchurosa y arriba muy angosta, en cuanto á su 
curso muy culebreado, y en cuanto á los valles laterales que le dan los 
afluentes; pero se distingue de él ventajosamente por estar sus orillas muy 
pobladas y bien cultivadas en los dos tercios inferiores. En efecto, el Tiaone 
es el rio mas cultivado de toda la provincia, y el que con preferencia provee 
la población de Esmeraldas con los primeros y mas necesarios artículos de 
la vida. Sus orillas inferiores parecen una huerta continua, en cada vuelta 
tiene el viajero á la vista una hacienda, un grupo de casas ó casas aisladas. 
El rio es navegable hasta muy cerca de su origen, que tiene en las montañas 



172 topografía. — capítulo hl 

que franjean el rio Muisne superior. Desde la reunión con el rio Huele, 
supremo afluente del lado derecho, corre el Tiaone casi paralelo al Esmeral- 
das, una cordillera longitudinal divide la hoya de este de la suya, y de esa 
cordillera le vienen los afluentes de Tashile, Mompilche, Susuncama y mul- 
titud de otros pequeños. Los tributarios del lado izquierdo se precipitan de 
las alturas de Atacámes, y los principales son el Taripe, Muracumbe y Ta- 
viasa. Una legua arriba de su desembocadura el Tiaone cambia su curso 
de S-N en el de O-E, formando casi un ángulo recto consigo mismo y tam- 
bién con el rio de Esmeraldas, en que se confunde. — Apesar de que antes 
he elogiado el Tiaone como el rio mas cultivado y poblado, no puedo negar 
que para el naturalista tiene muy poco interés. La vejetacion natural y 
primitiva, que tiene tantos atractivos para el botánico, se ha destruido en 
gran parte, y con ella empobreció la zoologia. En el curso superior, en 
donde la vejetacion primitiva se ha conservado, es sumamente monótona, y 
las pequeñas pero innumerables vueltas del rio muy encajonado, cansan la 
vista con una perspectiva limitada y siempre igual. 

Enfrente de la boca del Tiaone se ensancha considerablemente el cauce 
del rio de Esmeraldas, después de haber dado su última vuelta grande, en 
cuyo recodo se halla el * Pueblo viejo» ó la antigua villa de Esmeraldas en 
una posición muy pintoresca, pero según se dice, menos ventilada y por esto 
menos sana que la de la población nueva (hoy ha quedado reducido al 
estado de un sitio insignificante). Esta parte ancha del rio, en la extensión 
de dos leguas tierra adentro, podemos llamar su estuario, y está lleno de 
islas, de las que algunas son bastante grandes y en parte cultivadas. El 
rio de Esmeraldas no tiene un delta en su desembocadura y cae con una 
gran rapidez y fuerza á la mar, de suerte que las fluctuaciones regulares 
de esta, ó sea las mareas, se hacen casi imperceptibles en su boca, y no 
suben mas que á media legua. A la navegación por vapor se opondrían 
aquí dificultades invencibles, y con harta dificultad suben las embarcaciones 
mayores hasta la capital de la provincia, aunque dista menos de media legua 
de la boca del rio. 

Con esto parece que queda dilucidado suficientemente el sistema fluvial 
del Esmeraldas y también el sistema de montañas que está relacionado con 
él. Para concluir este párrafo con una consideración general, diré que es 
un fenómeno muy singular é interesante para el geógrafo y geólogo, el que 
los grandes ríos que forman este sistema, á saber el Guallabamba y el 
Blanco, al pié de la Cordillera grande entran en llanuras muy eoctensas, que 
llevan casi los mismos caracteres que las llanuras litorales, para recorrer 
en seguida otra región montañosa hasta la costa del mar. No conozco otro 
ejemplo en la República, de que se hallaran llanuras tan explayadas y tan 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 173 

bajas á tanta distancia de la costa y separadas de las llanuras marítimas 
por un sistema de montañas altas, cuales son las que acompañan el curso 
del Esmeraldas. Todos los demás rios grandes del pais, que bajan de la 
Cordillera occidental de los Andes al Pacífico, efectúan su descenso de tal 
modo, que después de haber salido de las montañas, que se abaten en sus 
orillas por gradación, entran directamente en las llanuras bajas, que los 
acompañan hasta su desembocadura, sin tener necesidad de romper otro 
sistema de montañas. Así lo observamos en el rio Mira, en el Santiago, en 
los rios que forman el sistema del Guayas (Daule, Bodegas y Yaguachi), en 
el de Naranjal, en el Jubones y el de Túmbez. Sorprendido se siente en 
efecto el viajero, que sube por el rio Esmeraldas, cuando derepente, después 
de haber pasado la boca del Quinindé, se abre á su vista un horizonte in- 
menso y una llanura casi ilimitada, porque antes hubiera esperado que los 
cerros, que le habían acompañado abajo, se alzarían mas y mas, y que esta- 
rían en comunicación directa con los de la Cordillera de los Andes. Mas 
grande debería ser la sorpresa para el que bajara la primera vez por el rio 
Blanco, y que después de haber cruzado la gran llanura, tomándola por una 
señal de la cercanía del mar, viera levantarse de repente las altas montañas 
de Canindé y las del lado opuesto, que parecen cerrar completamente la 
gran cuenca, de manera que al principio no se divisa la abra que dá paso 
al rio Esmeraldas. Para las partes medias de esa llanura, en donde se halla 
mejor pronunciada, es decir entre los rios Cócola y Chamba, resultó de las 
observaciones barométricas la altura de 70 metros sobre el mar. De ahí se 
divisan en dias despejados muy bien las cúspides del Pichincha y otros 
picos altos de la Cordillera. 

El sistema del rio Santiago. 

Una mirada sobre el mapa nos manifestará la gran diferencia que hay 
entre este sistema y el del rio Esmeraldas. Este último podemos comparar 
con un árbol corpulento, cuyo tronco se levanta á una gran altura antes de 
dividirse en los ramos, que forman su anchurosa copa, mientras que el rio 
Santiago se asemeja á un arbusto, que desde sus raices se parte en cuatro 
ó cinco ramos de igual grueso. Ademas, el segundo tiene un delta espa- 
cioso, que falta al primero. 

El sistema del Santiago se compone de cuatro rios caudalosos é impor- 
tantes, con numerosísimos tributarios menores, á saber de los rios Bogotá, 
Cachabfy Santiago y Cayapas. Los dos primeros se reúnen con el tercero 
cerca del pueblo de La Concepción, á la distancia de seis leguas (en linea 
recta) de la costa del mar, y el último, el mas grande de todos, unas 2 le- 
guas mas abajo, donde principia el delta del Santiago. 

El rio Santiago y el Cayapas forman en su confluencia un ángulo recto, 



174 topografía. — capítulo m. 

viniendo el primero del Este y el segundo del Sur; y esta última dirección 
de S á N y NO siguen los brazos del delta, desembocando el principal de 
ellos, que conserva el nombre de Santiago, cerca del pueblo de La Tola, 
y enlazándose los demás con los esteros de La Poza y del Pailón mas al 
Norte. Las islas é isletas que por los aluviones del rio se han formado 
entre los esteros, y que siguen formándose en ellos diariamente, son nume- 
rosas, pero la mas grande y mas poblada es la de La Tola con los sitios 
de Buena vista, La Poza y Limones. — Desde la desembocadura del Caya- 
pas hasta la mar el rio recibe todavía algunos afluentes del lado suroeste, 
entre ellos el rio Tigre, el Garrapata, y finalmente el de la Vaquería en el 
sitio de este nombre, casi en la playa de la mar. 

Los esteros de este delta son anchos, profundos y muy mansos, siendo 
casi el único movimiento de las aguas, que se percibe, el que ocasionan las 
alternativas de la marea. El brazo principal, sobre todo, presenta un aspecto 
majestuoso y se prestaría á la navegación con pequeños vapores, no menos 
que el río Guayas. La vejetacion que ciñe la ría y las islas, es lindísima: 
aquí no existe aquella monotonía de los manglares, que en otras partes, por 
ejemplo en una gran parte en lo inferior del Guayas, muy pronto cansa la 
vista; los sombríos árboles del Sapotillo con sus grandes y aromáticas flores, 
muchas trepadoras y enredaderas, los bambudales y ante todo los grupos 
de una pequeña y graciosísima palma (del género Euterpe) llamada Pal- 
micha, que parece ser propia á esas llanuras bajas, forman las partes mas 
vistosas de estos bosques casi impenetrables. 

Conozcamos en primer lugar el rio de Cayapas, subiendo desde la de- 
sembocadura hacia su origen. Es el rio mas caudaloso, mas manso y mas 
favorable á la navegación por vapor y naturalmente también por botes y 
canoas. Hasta mas arriba del pueblo de Cayapas conserva casi el mismo 
ancho, que tiene en su desembocadura, es decir entre 100 y 150 metros 
aproximadamente, y una profundidad considerable. La marea sube hasta el 
rio Herradura (un dia y medio de viaje en canoa, desde La Tola), y sola- 
mente mas arriba de la boca del rio de Sapayo grande se encuentran algunos 
puntos algo correntosos, los cuales, sinembargo, no ofrecen grandes dificul- 
tades á los diestros bogas indígenas, de manera que se sube en tres dias 
con comodidad hasta las últimas y mas retiradas habitaciones de los indios, 
que se hallan una legua arriba de la boca del rio Barbudo. Pero desde este 
punto la navegación se hace mas difícil y peligrosa y muy pronto imposible, 
porque el rio viene precipitándose por saltos y cascadas entre tajados peñas- 
cos, que forman angosturas pavorosas y quebradas oscuras. Es decir, que 
aquí hemos llegado á los pies de los ramales laterales de los Andes. 

Para enumerar los tributarios principales del rio Cayapas, volvamos á 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 175 

su desembocadura. Media legua arriba de ella recibe del lado Oeste el rio 
Pagota, cuyas cabeceras se hallan cerca de las de los ríos litorales de La- 
garto y Lagartillo. En sus orillas se ven las últimas chacras de los blancos 
y mestizos. Media legua (en linea recta) mas adelante ya encontramos las 
primeras casas de los indios Cayapas en la desembocadura del rio anzole, 
que es el mas importante de los que engruesan el de Cayapas de su lado 
izquierdo. En la confluencia de los dos ríos es difícil decir á la primera 
vista, cual de ellos lleve mas agua, porque son casi del mismo ancho y la 
corriente es tan imperceptible, que parecen aguas de un lago y no de un 
rio. Todo el Ónzole está muy poblado de indios, y se puede subirlo en 
canoas «palanqueando» unos 6 ú 8 dias. Sus tributarios principales del lado 
izquierdo son: Anchc^yacu, Tangaré, Iscuandé chico, Iscuandé grande. Zan- 
cudo, Gualpicito, Gruálpi grande; y del lado derecho los ríos de Agua clara 
y de Pambil, el primero un poco abajo, y el segundo algo arriba del Gualpi. 
Su nacimiento tiene el Ónzole en un terreno pantanoso en las cercanías de 
la Laguna de Sade, en las alturas que separan el sistema fluvial del rio Es- 
meraldas de este del Santiago. Varias personas conocedoras de esas selvas 
me han asegurado, que la laguna de Sade no desagua por el rio Sade al 
de Esmeraldas, como suponen los mapas antiguos, sino por el Ónzole al lado 
opuesto. < l2 > 

Saliendo de la boca del Ónzole se llega después de tres vueltas al pueblo 
de Espíritu Santo de Cayapas, es decir á un grupo de veinte casas aban- 
donadas*), en la orilla izquierda del rio; y un poco mas arriba viene del 
mismo lado el rio Chivatillo, que está en comunicación con el Ónzole y dá 
una prueba de la perfecta llanura del terreno. De ahí el rio Cayapas forma 
un gran arco hacia el Este, en cuyo ápice recibe el primer tributario de 
consideración de este lado derecho, á saber el rio Herradura. En el punto 
en que vuelve á tomar su primera y ordinaria dirección, se le incorpora por 
la izquierda el rio Camarones, navegable un día hacia arriba. 

Hasta este punto toda la región, desde la Tola, es una llanura perfecta, 
en que no se divisa la menor elevación; las orillas del rio tienen uno á tres 
metros de altura (según la marea es alta ó baja) y se componen de capas 
horizontales de una arcilla rojiza ó amarilla, que está cubierta de una capa 
negra de tierra vejetal, que manifiesta una feracidad prodijiosa. Pero desde 
el rio Camarones, ó un poco antes comienza el terreno á elevarse en formas 
muy suaves y moderadas; las riberas son mas altas, á veces tajadas 



*) Estas casas sirven de habitación solamente durante las fiestas de los indios, unos 
pocos dias cada año; durante todo el resto del año el pueblo queda abandonado, y las 
familias viven esparcidas por los bosques á las orillas de los rios. 



17'í TOPOGRAFÍA- — CAFÍTTLO Oí. 

vertícalmente, y se componen abajo de areniscas y congloméralos. El 
cubre de colínas de 30 á 70 metro* de altura; la vejetacion, en que las pal- 
ma* de diferente*? especies se distinguen en primer lugar, es la mas hermosa 
que puede imaginarle, los corpulentos y sombrosos tChiperos» forman con 
ana ramos pendiente* á lo largo de ambas orillas unas bóvedas frescas y 
tan altas, que las canoas trafican con facilidad debajo de ellas. De vez en 
cuando se encuentra una casa de indios, rodeada de platanales, y sus habi- 
tantes, casi desnudos, echados delante de ella, gozando del «dolce far niente». 
Todo el río presenta á cada rato las vistas y escenas mas pintorescas y 
riega un verdadero paraíso. 

Otra circunstancia hay que notar aqui, aunque sea de paso, porque mas 
tarde volveré á hablar de ella, á saber, que el rio de Cayapas y sus tribu- 
tarios comienzan á ser auríferos, en donde empieza la región montañosa. Asi 
lo es, por ejemplo, el primer río que encontramos arriba del Camarones al 
lado derecho y que se llama Sapayito. Es navegable hasta cerca de su 
nacímíimto de tres ríos pequeños, de donde conduce un camino por tierra 
al río Hantiago. Sigue el pequeño rio Telembí é inmediatamente el mas con- 
siderable de Hapayo grande con buenos lavaderos, ambos del lado derecho. 
Al izquierdo merece una mención el rio Mofa por ser rico en oro, y el Rio 
grande por ser uno de los mas caudalosos. Este último se parece mucho 
al Ónzole y es igualmente muy poblado de indios, se puede subirlo en ca- 
noas unos cinco (lias hacia sus cabeceras, que tiene en las alturas que se- 
paran el rio de Guallabamba del sistema que es objeto de nuestra actual 
consideración. Media legua arriba de la boca del Rio grande se halla sobre 
la orilla derecha del Cayapas el segundo pueblecito de indios (seis casas 
abandonadas) que se llama San Miguel de Cayapas; y finalmente, después 
de dos vueltas encontramos el rio Barbudo, último tributario del Cayapas 
que recibe dentro de los limites de la provincia de Esmeraldas. Por este 
rio Harhudo se llega en un dia al llamado Salteadero, de donde principia un 
camino malo de á pié (traficado solamente por los indios) el cual, cruzando 
al rio Santiago, conduce á los páramos de Pifian, y respectivamente á Ibarra. 

líl origen del rio Cayapas se halla en la Cordillera de su nombre y en 
la de Toisun, entre el rio de Intac y el de Santiago; pero su curso superior 
es cuhí desconocido, como también el de sus tributarios, del Barbudo y del 
rio (írande. 

('orno he dicho arriba, el rio de Cayapas sale estrepitoso y por saltos 
de una abra al pié de la Cordillera, pero ya antes de llegar al pueblo de San 
Migue], es manso, en consecuencia de la poquísima caida, que tiene su lecho 
do ahí hasta la desembocadura. En efecto, la diferencia del estado baro- 
métrico que he observado en La Tola y en San Miguel, es tan insignificante, 



LA EEGION OCCIDENTAL. 177 

que por el cálculo no resultan mas que 27 metros de elevación para este 
último pueblo. A causa de las innumerables y á veces muy largas vueltas 
y revueltas, que el rio describe por todo su curso, las distancias de un lugar 
al otro, calculándolas según el tiempo de la navegación, parecen mucho mas 
grandes de lo que son en realidad ó reducidas á lineas rectas. Así el pueblo 
inferior de Cayapas no dista mas de 5 leguas, y San Miguel unas 9 leguas 
de La Tola. 

Un carácter bastante distinto lleva él rio de Santiago. Es correntoso 
por casi todo su curso, y lleno de saltos, ora muy angosto y hondo, ora 
sumamente ancho y lleno de islotes cascajosos; sus orillas son comunmente 
escarpadas y en muchos lugares inaccesibles; arriba de La Concepción no 
es navegable sino por canoas pequeñas, y la navegación no carece de peli- 
gros, á lo menos en la estación lluviosa. 

Desde la boca del rio Cayapas se sube en dirección al Este hasta el 
pueblo de La Concepción. En este trecho (2 leguas en línea recta) el rio es 
todavía muy ancho, hondo y bastante manso; Ja marea sube hasta muy cerca 
del pueblo mencionado, es decir hasta la desembocadura del rio Bogotá, y 
hasta este mismo punto á mi parecer el rio Santiago seria navegable por 
pequeños vapores. La Concepción ocupa una posición muy singular, pero 
pintoresca en una colina tendida entre el Bogotá y el Santiago. Reserván- 
donos la descripción del primero para después, sigamos el curso del segundo. 

Las vueltas del rio Santiago son muy grandes y caprichosas, siendo su 
rumbo general desde La Concepción hasta el sitio de La Angostura al Sur, 
en seguida hasta Playa de oro al Este, y en adelante al Sureste. El curso 
superior del Santiago es todavía desconocido. Dos leguas arriba de Playa 
de oro, cerca del sitio de Angostura (superior*), sale espumando de una 
quebrada oscura, cuyas paredes perpendiculares tendrán cien metros de al- 
tura, y atrás de esta puerta inaccesible se levantan á poca distancia y á 
entrambos lados del valle unos cerros altos (los calculo en (300 á 800 metros), 
sin duda los ramales de la gran Cordillera occidental de los Andes. Ni por 
agua ni por tierra se puede seguir el cauce del rio hacia mas arriba, y los 
indios Cayapas, que viven en sus orillas superiores, trafican y comunican 
con las demás familias de su tribu por tierra y por los rios Sapayo grande 
y Barbudo; nunca bajan por el rio Santiago, que en sus partes medias ó 
inferiores es habitado exclusivamente de la raza negra. 

Los tributarios^ que el Santiago recibe en todo su curso conocido hasta 
La Concepción, son insignificantes, excepto el rio Uimbí, que desemboca un 



*) Hay dos rios y dos sitios de este nombre, uno mas abajo y otro mas arriba del 
pueblo de Playa de oro. 

WoiiF, Ecuador. 12 



178 topografía. — capítulo ni. 

cuarto de legua arriba del dicho pueblo en el lado derecho del río principal. 
Es navegable hasta el pueblo de Uimbí, y los bancos de cascajo, que com- 
ponen sus orillas, son auríferos, como todo el terreno á lo largo del rio San- 
tiago. De Uimbí hay un camino por tierra al pueblo de Playa de oro, que 
no dista mas de dos leguas. 

El rio de Cachaba, que una media legua al Norte de La Concepción se 
reúne con el de Bogotá, para incorporarse junto con él al rio de Santiago, 
participa bajo mucho respecto de la naturaleza de este último, porque es 
igualmente correntoso, lleno de escollos y peligroso á la navegación, que 
sohunento se practica en pequeñas canoas. Algunas veces es tan seco, que 
so debo arrastrar las canoas por grandes trechos por las playas de arena y 
castuyo, otras veces el cauce no cabe las aguas que vienen con una rapidez 
y fuerza extraordinaria, que impide todo tráfico. Tal vez no existe en la 
provincia de Esmeraldas otro rio de tan malas condiciones para la nave- 
gación. 

Las colinas que acompañan el Cachabí á ambos lados hasta el pueblo 
del mismo nombre, y probablemente hasta muy cerca de su origen, son 
bajas, y en ningún lugar parecen exceder la altura de GO metros. Nace en 
las montañas entre el rio Santiago y el rio Lita (tributario del Mira), al pié 
do la Cordillera alta de Lachas, y sigue en su curso sumamente tortuoso la 
dirección general de SE á NO. Los tributarios que recibe de la derecha é 
izquierda, son numerosos, pero de poca importancia; los principales se en- 
cuentran indicados en el mapa. Todo el rio es aurífero. — Del pueblo de 
Cachabí parte un camino de á pié á la provincia de Imbabura, que sigue 
desde la desembocadura del rio Lita en el Mira, las orillas de este último, 
y es en la actualidad el mas traficado entre la costa setentrional de la Re- 
pública y la sierra. El pueblo de Cachabí sobre la orilla derecha del rio, 
consta de una capilla y 4 casas abandonadas; toda la población (exclusiva- 
mente negra) vive esparcida en las orillas inferiores, y el sitio mas poblado 
es el de San José, una legua abajo del llamado pueblo. 

Si el rio de Cachabí he comparado con el de Santiago, con la misma 
razón puedo decir, que el rio de Bogotá se parece en mucho al de Cayapas. 
Pues, el Bogotá, serpeando por una región completamente baja y llana, es 
muy manso, de una profundidad suficiente é igual hasta muy arriba, casi 
hasta la confluencia del rio Tululbí: condiciones que favorecen á la nave- 
gación en canoas, botes y aun en lanchas mayores. 

Las cabeceras del rio Bogotá se hallan en la cercanía de las del rio 
Mataje, en las selvas que se extienden hacia el rio Mira en la frontera de 
la República. Corre del Este al Oeste hasta el sitio de Carondeltt, recibiendo 
en este trecho algunos tributarios de poca monta, como el Guanudal, el 



LA REGIÓN OCCIDENTAL. 179 

Papayal y el Carainito. A poca distancia de Carondelet se engruesa con 
el rio Tululbí, que le trae del Norte un caudal de agua tal vez mas con- 
siderable que el propio. Y de este punto de confluencia, que se llama Boca 
de Carón, cambia el Bogotá su curso al Suroeste y después al Sur, hasta 
La Concepción, en donde desemboca en el Santiago, después de haberse 
unido un poco antes con el Cachabí. — El Tululbí es navegable hasta mas 
arriba del cerro de la Campana, en donde recibe el rio Palabí. El dicho 
«cerro», que se levanta á la orilla derecha del rio, apenas merece el nombre 
de colina, pues no tendrá mas de 40 á 50 metros de altura, y en cualquiera 
región montañosa no llamaría la atención, pero en un pais tan completa- 
mente llano es un fenómeno curioso. Por lo demás se compone de la misma 
arenisca blanda, que suele formar los bancos inferiores eji las orillas de los 
ríos. — El Bogotá lleva oro solamente en su curso superior, desde la Boca 
de Carón. 

Las montañas del sistema fluvial del Santiago son, como en varias oca- 
siones he dicho, generalmente bajas, y solamente hacia el pié de la serranía 
se levantan á alturas mas considerables. Estos cerros son como las ante- 
gradas de la Cordillera occidental, ó mas bien de los grandes ramales late- 
rales de ella (Cordillera de Toisan, de Cayapas, de Lachas), que se dirigen 
de Sureste á Noroeste. Los rios que nacen en las faldas superiores de la 
Cordillera grande, como el Santiago y el Cayapas, tienen que seguir forzosa- 
mente aquel mismo rumbo general, encañados en los profundos valles entre 
los dichos ramales. Pero poco después de entrar en la provincia de Esme- 
raldas, donde las proyecciones de la Cordillera se rebajan rápidamente, se 
pierde aquel paralelismo y rumbo pronunciado de los rios y montañas, for- 
mando estas como aquellos una red bastante irregular. 

Así como en la región superior los ríos son condicionados por las mon- 
tañas, en la inferior, al revés, las montañas se acomodan en su rumbo, en 
sus ramificaciones y demás condiciones á los cursos de los rios, y aun su 
origen lo deben á ellos, es decir, á la eroision de las aguas que excavaron 
los valles en un terreno antiguamente casi llano. — Las colinas encadena- 
das (no merecen el nombre de cordilleras), que forman las lineas divisorias 
entre los valles del Cachabí, del Santiago, del Cayapas y entre los de los 
tributarios principales, se presentan en todas partes casi de la misma altura 
y muy iguales; no hay cadenas ó puntos aislados que sobresalgan ó pre- 
dominen á los demás. La elevación relativa de todas esas alturas, quiero 
decir, sobre los rios de su vecindad, se sostiene por lo regular entre los 
límites de 30 á 60 metros, siendo naturalmente la elevación absoluta, sobro 
el nivel del mar, mas grande hacia el pié de los Andes, que hacia las 

llanuras marítimas. — Las formas exteriores de las colinas son suaves y 

12* 



180 topografía.. — capítulo ni. 

redondeadas; solamente á lo largo de los ríos se encuentran laderas escar- 
padas y aun peñascos verticales, en donde el agua tuvo que cortar unas 
capas de terrenos mas duros. Mi modo de mirar esas montañas, solamente 
como resultado de la erosión de las aguas en un terreno antiguamente casi 
plano y suavemente inclinado, desde el pié de los Andes hacia las llanuras 
marítimas, se funda esencialmente en su constitución geológica. 

Pocas palabras debo agregar sobre el rio Mira inferior, que forma el 
lindero con la República de Colombia. Hemos estudiado en otra sección su 
sistema superior hasta la desembocadura del rio Lita y la del rio de San 
Juan. Desde la última se inclina mas y mas al Oeste, aunque sea por 
vueltas irregulares, hasta tomar finalmente, desde la boca del rio Guiza ó 
Cuaiquer (del lado colombiano) el rumbo bastante recto de E á O. Á la 
distancia de algunas leguas del mar comienza á formar un espacioso delta 
mediante varios brazos, cuyo mas recto sale á la Punta Mangles, mientras 
que otros se dirigen al N á la bahia de Tumbaco, y otros al S á la ense- 
nada de Pianguapi. Los tributarios, que el rio Mira recibe desde la boca 
del Lita del lado ecuatoriano, son pequeños y se derivan de las llanuras, 
en que nacen también los rios de Bogotá, Tululbí y Mataje. Tales son el 
CuchaU, el Cancha-yacu, el Canumbi y el Puespues. 

Ahora tenemos que regresar por la costa, desde la boca del Mira hasta 
la del Esmeraldas, para conocer los pequeños rios litorales de esta región, 
que desembocan directamente en la mar, y son independientes de los gran- 
des sistemas, que acabamos de describir. Por cortos que sean estos rios, 
no obstante son casi todos navegables por canoas en su tercio inferior, al- 
gunos á favor de la marea, que sube en las desembocaduras, otros porque 
llevan aguas casi estancadas y dormidas. Muy pocos se precipitan tan cor- 
rentosos a la mar, que imposibiliten del todo la navegación. 

Desde la boca del rio Santiago se extienden las llanuras marítimas muy 
anchas hasta la del rio Mira, y en esta región baja y cubierta en gran parte 
de manglares, se ha formado aquel laberinto de esteros, que debemos con- 
siderar como una especie de delta. Varios rios, que recojen sus aguas en 
aquellas mismas llanuras, desembocan en esos brazos del mar. El mas con- 
siderable y mas largo de ellos es el rio Mataje, que se desagua en la en- 
senada de Pianguapi. Después siguen hacia el Sur los rios Caraño, Molina, 
Panadero, San Antonio y San Lorenzo, perdiéndose este último en el gran 
estero del Pailón al lado del pueblo de San Lorenzo. 

Al Sur del pueblo de La Tola, que está situado al lado meridional de 
la boca del rio Santiago, se extiende la llanura todavia por unas tres leguas 



LA BEGION OCCIDENTAL. 181 

entre la playa del mar y el rio Pagota (tributario del Cayapas) hasta el 
rio Vainillita. El centro de esta gran llanura es muy pantanoso y se con- 
vierte en invierno en un verdadero lago, habitado por millares de aves acuá- 
ticas y palustres. Difícil es conjeturar, por qué á estos pantanos los habi- 
tantes hayan dado el nombre de «La Ciudad». De ellos nace él rio Maja- 
gual, y es muy probable que los dos pequeños que siguen media legua mas 
adelante, él rio Molina y el Rompido, traigan su origen do unas ramifica- 
ciones de aquel mismo pantano. 

Tres leguas al Sur de La Tola observamos un cambio pronunciado en 
la costa del mar. Su dirección, que hasta aquí era de NE á SO, se con- 
vierte derepente en la de E á O, y esta se conserva hasta Rio Verde. En 
este mismo ángulo entrante que forma la costa, comienza el terreno á levan- 
tarse, al principio en ondulaciones muy suaves, y luego en colinas mas altas. 
Se puede decir, que desde este punto hasta el Cabo de San Francisco toda 
la costa en la extensión de casi 25 leguas está formada de una sola escarpa 
larguísima é interrumpida solamente por las angostas abras y barrancas de 
los ríos. Entre esta escarpa y el mar se tiende la playa de arena, que sirve 
de camino durante la marea baja; á veces es muy angosta y en muchos 
puntos falta por completo, embistiendo entonces las oleadas directamente 
contra la muralla de peñascos, y lanzando la espuma á alturas considerables. 
La elevación de este primor talud escarpado varía entre 20 y 100 metros, 
y por detras de él siguen las bajas montañas la tierra adentro, levantándose 
rara vez á alturas mas grandes que las que acabo de indicar. Los ríos y 
riachuelos, que nacen en este terreno á la distancia de dos á cuatro leguas 
de la costa, han excavado valles angostos, y aquí se puede observar de 
nuevo, que la erosión de las aguas ha desnivelado un terreno, que antigua- 
mente ha sido mas igual y mas llano, formando una especio de meseta sobre 
la mar. Los pequeños ríos, que contribuyen do dicho modo á la formación 
de un terreno quebrado, se siguen del Norte al Sur en este orden: rio de 
Vainillita, de Vainillas, de Lagartillo, de Lagarto, de Ostiones, de Mates. Entre 
los de Lagartillo y Lagarto se levanta un cerro bastante alto, distante legua 
y media de la mar, cuyo nombre no pude averiguar. 

Después de cruzar el rio de Mates y de doblar la Punta Verde por un 
camino malísimo, encontramos una pequeña ensenada que representa la boca 
del rio Verde. Este es el rio mas importante de los litorales entre el Es- 
meraldas y el Santiago. Solamente cerca de la desembocadura es ancho y 
manso; ya dos leguas mas arriba su curso comienza á ser correotoso y así 
sigue hasta su origen, aunque se puede subir en canoas con alguna dificul- 
tad y «palanqueando» unos dos dias, sin adelantar mucho en este tiempo, 
á causa de las muchísimas y largas vueltas. Yo pude subir solamente á la 



182 TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO iii. 

distancia do unas cuatro leguas (en linea recta) de la costa, y hasta ahí 
todos los afluentes de ambos lados son pequeños; mas arriba el rio recibe, 
según mis averiguaciones, algunos mas grandes, acercándose los de la de- 
recha al rio Onzole y los de la izquierda al Esmeraldas. Estos últimos no 
pueden ser muy largos, pues del rio Verde superior se cruza en un dia por 
tierra al Esmeraldas. Las hoyas de ambos corren casi paralelas y están 
separadas solamente por la cordillera longitudinal, que comienza con las 
montañas de Sade y termina en la Punta de Esmeraldas. — La región en 
que nace el rio Verde, pertenece á las mas desconocidas de la provincia. 
Algunos me han asegurado, que este rio toma su origen cerca del Gualla- 
bamba, y esto no puede ser, pues asi debería cruzar los ríos de Sade y de 
Canindé. Creo que las cabeceras del Sade, las del Onzole y la laguna de 
Sade ocupan en mi mapa aproximadamente su verdadera posición, y asi las 
cabeceras del rio Verde han de buscarse al Noroeste de la laguna de Sade, 
entre el Onzole y el Esmeraldas, mas ó menos en el mismo lugar que les 
he designado en el mapa. El pueblo de Rio Verde se halla al lado seten- 
trional de la boca del rio. 

Desde la Punta Verde hasta la de Esmeraldas el rumbo de la costa 
declina al Suroeste, sin cambiar su carácter físico. Los pequeños ríos lito- 
rales, que desembocan en este trecho, son los de Cabuyal, de Colope y de 
Camarones. 



Al concluir la descripción hidro- y orográfica del Ecuador occidental, 
podemos resumirla en pocas palabras, diciendo, que es un pais dotado de 
todas las condiciones favorables, que se puede desear en las regiones inter- 
tropicales. Llanuras fertilizadas por los aluviones de los ríos , y montañas 
de moderada elevación; costas secas de un clima excelente, y selvas húme- 
das con una majestuosa vegetación; pampas inmensas con pasto natural 
para la ganadería, y terrenos de pan sembrar en abundancia para los mas 
nobles productos de la agricultura tropical; y todo el pais cruzado por un 
soberbio sistema hidrográfico, navegable hasta en sus venas mas pequeñas. 
A todo esto sobreviene un clima relativamente sano, como lo demostraré en 
su lugar. — Sin la menor exageración se puede afirmar, que el Ecuador 
occidental es el pais mas favorecido por la naturaleza, en toda la costa 
pacifica de la América del Sur. 



Capítulo IV. 
Bosquejo hidrográfico de la región oriental. 

Hasta aquí las descripciones se fundaron esencialmente en mis propias 
observaciones y estudios; en este capitulo debo limitarme á un resumen de 
trabajos ajenos y en gran parte antiguos: «relata refero ! » Véase lo que he 
dicho sobre esta parte de mi mapa en la página 3. 

El estudio de la región amazónica debo principar con él del rio Ma- 
rañon ó Amazonas mismo.*) — Donde bajo el grado 6 de Lat. S cruza 
el lindero del antiguo reino de Quito, tiene el curso de SSE á NNO, hasta 
enfrente de Jaén (nuevo) bajo 5 o 36' Lat. S. En este trecho recibe del lado 
oeste el rio de Huancabamba ó Chamaya. En seguida hace un codo y sigue 
el rumbo al NE. En dicho codo, al lado del pueblo de Bellavista, el nivel 
del rio tiene 441 metros sobre el nivel del mar. 2 l ¡ 9 leguas abajo de Bella- 
vista se le incorpora de la derecha el rio de Utcubamba, y solo media legua 
mas adelante, de la izquierda, el poderoso Chinchipe**), bajando el Marañon 
en el espacio de 3 leguas 80 metros, lo que dá una idea de la gran rapidez 
ó impetuosidad en su curso superior. Esta se manifiesta también por una 
serie de saltos y corren tadas, que se siguen desde la boca del Chinchipe 
hasta Borja, abajo de la boca del rio Santiago. Las correntadas se hallan 
encajonadas entre los altos barrancos y cerros de las orillas, que estrechan 
el cauce del rio, de manera, que se forman á la vez verdaderas angosturas 
y estrechos, que en la lengua del pais se llaman Pongos. — El primer Pongo 
y el mas largo es el de Retema (ó Eentema, según algunos), que se en- 
cuentra después do haber pasado la boca del Chinchipe. Nadie se había 



*) Muchos distinguen entre Marañon y Amazonas, dando el primer nombre al rio 
en su curso superior hasta la boca del rio Huallaga, y reservando el segundo al curso 
medio é inferior desde el Huallaga hasta Para. 

**) Respecto á las posiciones astronómicas de los lugares principales, que conoceremos 
á lo largo del Marañon y Amazonas, me refiero á las a Anotaciones y Suplementos» 
Número 5 b. 



1^4 TOPOGRAFÍA. — CAPÍTULO IT. 

atrevido á pasar en canoa ó balsa este pongo , ni los que siguen hasta la 
boca del río Chuchunga (ó Imasa), hasta el año de 1870, en que el atrevido 
ingeniero A. Wertheman con pocos compañeros se propuso y realizó con 
felicidad, aunque con gran peligro de su vida, la exploración de todos los 
pongos del alto Marañon.*) — Todo el trecho del Marañon comprendido entre 
el Pongo de Retema y la desembocadura del río Chuchunga, cuya distancia 
mide 35 millas, no forma sino un solo Pongo con 38 saltos ó malos pasos, 
de los que algunos son formados por grandes peñas caídas de los cerros, 
otros por el curso anguloso del rio, y los tres últimos por verdaderas cas- 
cadas. La diferencia hipsométrica entre la boca del Utcubamba y la del 
Chuchunga es de 124 metros. — «En este trecho del rio iban los atrevidos 
expedicionarios de menor á mayor peligro; á veces arrastrados con espan- 
tosa velocidad, otras veces retenidos como en una trampa por los remolinos, 
haciendo los mas inauditos esfuerzos para salir, ó también arrojados contra 
las peñas con tal fuerza, que solo la gran solidez de las balsas los pudo 
salvar. 

«Después de una larga serie de peligrosos malos pasos, sin un solo 
momento para retemplar el entusiasmo, que los habia dirigido á tan teme- 
raria empresa, llegaron los expedicionarios á una parte del rio, adonde la 
corriente era muy suave; pero esta engañosa mansedumbre era la del león 
dormido, y que pocos instantes después despierta dando un feroz rugido; 
asi nuestros valerosos expedicionarios, un minuto después, en medio de la 
corriente relativamente tranquila, oian el ruido producido por el agua, que 
se precipitaba como por una cascada. La corriente poco a poco aumenta; 
la estrecha garganta por la que corre el rio, se angosta mas y mas, tomando 
el aspecto de una inmensa y profunda rajadura de 30 metros de ancho, cuyas 
paredes verticales amenazan derrumbarse; el ruido del agua, á medida que 
se adelanta, se convierte en horrible estruendo; el rio todo de golpe desa- 
parece de la vista, y derepente se encuentran las balsas en el borde de un 
precipicio, del fondo del cual se levanta un denso vapor debido al agua pul- 
verizada con el choque de esta en su caida; vapor que ocultando el peligro, 
lo hace aparecer mas grande. Por fin, toda la masa de agua de este gran 
rio, corriendo vertiginosamente, se precipita en una cascada de 4 á 5 metros 
de altura; pero por su misma espantosa velocidad, forma al caer como una 
gran curva, y la balsa que lleva el arrojado explorador, es lanzada por la 
fuerza centrífuga ó tangencial, y cae felizmente de plano al pié de la cascada. 

«Así puede decirse, que la estremada corriente del agua fué su sal- 



*) Véase la descripción de esta expedición memorable en Raimondi, «Perú», III, 
pág. 415-425. 



LA BEGION OBIENTAL. 185 

vacion; pues si esta corriente no fuese tan fuerte, la balsa habría seguido 
el movimiento del agua y hubiera caído de punta, ocasionando un seguro 
naufragio; de esto se deduce, que el mejor modo de salvar este paso tan 
peligroso, es el de dirigir la balsa precisamente al medio de la corriente, 
donde esta es mas impetuosa. Desgraciado el que creyendo disminuir el 
peligro, quisiese tomar la orilla; pues, de seguro caería en uno de los remo- 
linos, que se forman al pié de la cascada en ambos lados; remolinos, que 
con un espantoso movimiento giratorio se abren como un embudo, listos 
para tragar á la víctima, que cae en sus cercanías. 

«Al llegar abajo, como el agua cae perpendicularmente, pierde toda su 
velocidad en el sentido de la corriente; de modo, que la balsa quedó casi 
un minuto en medio de un horrible oleaje, que amenazaba arrastrar á los 
bogas, los que por intervalos desaparecían debajo del agua. 

«Esta terrible cascada es conocida por los infieles con el nombre de 
Mayasi, y es seguida por otras dos menos peligrosas, las que pasó el Señor 
Wertheman con toda felicidad.» (Raímondi 1. c.) 

La serie de pasos peligrosos acaba cerca de la Quebrada de Huayashanga, 
que desemboca del lado izquierdo. Desde este punto los cerros, que acom- 
pañan las orillas, se hacen mas bajos, el rio se ensancha, y luego sigue un 
terreno llano, formado por el valle del rio Chuchunga. Aquí es donde se 
embarcó M. de La Condamine en el siglo pasado. — Hasta el Pongo del 
Manseriche el terreno en general es bastante llano y solo de vez en cuando 
se adelantan pequeños cordones de colinas hacia el rio, formando unos Pongos 
relativamente poco peligrosos, que son los que ha descrito M. de La Con- 
damine.*) 

Dos leguas abajo de la boca de Chuchunga se pasa el Pongo de Cumbi- 
namá ó de ütah, que es formado por una pona á flor de agua, que reduce 
el ancho del rio á la mitad, esto es á 40 metros. Cuatro leguas mas abajo, 
y pasada la boca del rio Choropasa, se encuentra el gran Remolino de Es- 
currebraga, que los indígenas llaman Hauquichaqui. Desde aquí los cerros 
se aproximan de nuevo al rio, y unas 2 leguas mas adelante estrechan su 
cauce á 55 metros, formando el Pongo de Guaracayo. Este último, así como 
los de Cumbinamá y de Escurrebraga, parecen casi insignificantes, compa- 
rados con los peligrosos Pongos de Retema y Mayasi. — «Pasada la an- 
gostura de Guaracayo, los cerros poco á poco desaparecen, y se entra en 
una inmensa pampa, que parece á la vista ser limitada por el horizonte. En 



*) La descripción interesantísima se halla en el «Extracto del Diario de observa- 
ciones hechas en el viaje de la provincia de Quito al Para por el rio de las Amazonas etc. 
por Mr. do La Condamine» (Amsterdam 1745), pág. 15—24. 



186 topografía. — capítulo iv. 

el río se hallan diseminadas un sinnúmero de islas, que lo dividen en muchí- 
simos brazos; la corriente ya no pasa de 3 millas, y las márgenes son bajas 
y cubiertas de bosques impenetrables.» 

El rio Marafíon había seguido desde la boca del Chinchipe el rumbo 
general al NE, si abstraimos de un codo muy largo, que hace al N entre 
los Pongos de Retema y la cascada de Mayasi; pero pasado el Pongo de 
Guaracayo, se dirige al NEE hasta las cercanías de la boca del rio San- 
tiago, y en seguida, pasando por el Pongo del Manseríche, se inclina tanto 
al oriente, que podemos señalar su rumbo con O-E. 

El Pongo de Manseriche es la puerta del alto Marafíon, muy mentada 
en las geografías antiguas y modernas. Se halla entre la boca del rio San- 
tiago y la destruida población de Borja. Este Pongo, que apenas tiene una 
legua de largo, corta la última cadena de montañas, que atraviesa la hoya 
del Amazonas. Siempre era muy temido por los viajeros; sinembargo, des- 
pués de haber vencido los horribles malos pasos de Retema, se lo pasa 
sosegadamente y sin temor ninguno, al decir del Señor Wertheman. Este 
mismo explorador intrépido resolvió, pocos meses antes del viaje mencionado 
por el Marafíon superior, el problema de la navegabilidad del Pongo de 
Manseriche por vapor, en el sentido negativo. Formando parte de una Co- 
misión peruana, subió en el vapor «Ñapo» desde Iquitos sin dificultad hasta 
la entrada del Pongo. Un poco abajo del sitio, en que en otra época había 
existido la ciudad de Borja, fundada en 1619 y destruida por los salvajes 
varias veces, el rio corre unido en un solo lecho, con la velocidad de 4 mi- 
llas, y su ancho es todavía de 300 metros. Los cerros se acercan mas y 
mas á las orillas del rio y forman una verdadera encañada con barrancos 
altos. Arriba de Borja el canal es un corte perfecto, dado á la Cordillera 
transversal, á una profundidad de 000 metros; la corriente aumenta de 6 
hasta 12 millas, pero esta velocidad resulta mayor por la reacción, cuando 
en las vueltas forzadas y puntas salientes de peña viva, choca y tiene que 
variar de dirección, lo que dá lugar á fuertes remolinos. — La encañada 
continúa estrechándose, hasta tener solo unos 30 metros de ancho; las pa- 
redes laterales de peña se van elevando, y por una ilusión óptica parecen 
juntarse en su parte superior; por otra parte, la poca luz, que penetra hasta 
el fondo de esta angosta garganta, comunica al paisaje el aspecto mas 
estrafio. El vapor «Ñapo» llegó hasta la parte media del Pongo, donde las 
paredes son mas elevadas y su ancho solo de 30 metros, cuando se veia 
por delante una gran muralla de peña, como si el rio terminase en aquel 
paraje. Este es el punto mas peligroso para la navegación, pues parece, 
que allí existen dos corrientes fuertes, que obran en sentido contrario, dando 
lugar á un fuerte remolino. Con increíbles trabajos venció el vapor este 



LA REGIÓN ORIENTAL. 187 

mal paso, pero salió muy averiado de la lucha con el indomable elemento 
y con los peñascos ; sinembargo hizo un último esfuerzo y subió por el canal, 
que deja la gran piedra á la derecha. Al ver la célebre peña, que era como 
un fantasma para el paso del Pongo, quedar mas abajo, creyeron los explo- 
radores haber vencido las dificultades y poder avanzar hasta el fin de la 
encañada; pero se engañaron. Una milla arriba del peñasco, aunque el 
Marañon se presenta mas ancho, la corriente se halla mas fuerte que nunca, 
llegando su velocidad á 12 millas, la que apesar de todos los esfuerzos no 
pudo vencerse. Una exploración del rio por canoa hacia mas arriba, con- 
venció al Comandante del vapor y al Señor Wertheman, que de ninguna 
manera el vapor «Ñapo» podría superar aquella correntada, diciendo el úl- 
timo, que solo un vapor hecho ad hoc, talvez la venciera. El «Ñapo» regresó 
con un andar de 15 millas al paraje de Borja, no sin peligro de estrellarse 
contra las peñas, y habiendo experimentado un grande movimiento y reci- 
bido varias oleadas en la proa. 

El asunto tiene tanto interés general y práctico, que no será por demás, 
citar aquí las palabras, en que el Comandante del vapor Ñapo, Señor M. Car- 
bajal, resume el resultado de la exploración del Pongo. 

«El paso del Pongo de Manseriche, que hemos superado, no es ni será 
nunca una vía cómoda y segura, pues, aun en el caso de ser el vapor de 
suficiente fuerza de máquina y buen gobierno, tendrá siempre un paso for- 
zado en que correrá peligro. La piedra, que según opinión general es el 
único obstáculo para la navegación á vapor, os el menor de los que hemos 
encontrado en todo el Pongo, de modo que, haciéndola volar, no solo no se 
llenaría el fin de facilitar la navegación, sino que so la entorpecería, llenando 
de pedrones el resto del canal, que felizmente es limpio. Para que este paso 
sea franco, hay que dar á todo el cerro un corte de arriba abajo, á fin de 
destruir las puntas que estorban el curso de las aguas, y esta operación 
ademas de ser casi imposible, tiene que verificarse llenándose de piedras el 
canal actual, lo que estorbaría hasta el paso de las canoas. No basta que 
una canoa salve el Pongo, para decir que lo pueda hacer un vapor, pues 
aquella vá siempre por la orilla, de piedra en piedra, y no tiene que vencer 
la fuerza de la corriente del medio, como la vence un vapor, ni podría ha- 
cerlo, pues no hay canoa que surque sobre 7 millas do corriente.»*) 

El ingeniero Wertheman manifestó la misma opinión. Calculó la dife- 
rencia del nivel del agua entre Borja y la piedra en medio de la encañada, 
en 28 pies, lo que, para la distancia de solo 2 millas, es bastante, para 
explicar lo dificultoso del tránsito. 

*) Raimondi, «Perú», III, pág. 414. 



188 TOPOGBAFIA. — CAPÍTULO IV. 

Del resto de las observaciones de esta expedición se deduce, que en el 
Marañon se puede navegar, sin peligro alguno, al menos por 9 meses del 
año, y con vapores fluviales bastante grandes, desde Iquitos hasta Borja; y 
los otros tres meses (de sequía) hasta Calentura (cerca de la boca del Mo- 
rona), pudiéndose en estos 3 meses subir hasta Borja con pequeños vapores. 
De consiguiente Borja es el puerto mas occidental y mas alto del rio Ama- 
zonas; su altura sobre el mar es de 174 metros. 

Desde Borja hasta Nauta, cerca de la boca del Ucayali, cuya distancia 
mido 4 grados de Long. ú 80 leguas, el Marañon sigue el rumbo general 
de O a E, pues los dos lugares se hallan casi bajo la misma latitud; pero 
en la primera mitad de este trecho, es decir, hasta la boca del Huallaga, 
se inclina un poco al Sur, y en la segunda mitad, un poco al N, hallándose 
esa boca (del Huallaga) un medio grado mas al Sur, que Borja y Nauta. — 
El cauce del rio, que ya no está limitado por cerros ni barrancos altos, es 
de una anchura sumamente variable, porque comunmente está dividido en 
varios brazos, y el rio se presenta como sembrado de un sinnúmero de islas 
grandes y pequeñas. — Casi á iguales distancias (de 13 leguas) encontra- 
mos desde el Pongo de Manseriche las bocas de los tres rios grandes de 
Morona, do Pastaza y de Huallaga, las primeras dos del lado setentrional, 
la ultima del lado meridional del Marañon. En el trecho entre las bocas 
del Huallaga y del Ucayali, solo el rio Tigre, que entra en el último tercio, 
de la izquierda, os de mayor importancia. 

Desde mucho tiempo existia y aun existe una disputa entre los geógra- 
fos, si el Marañon ó el Ucayali debe ser considerado como rio madre del 
Amazonas, siendo el curso del último mucho mas largo, que el del primero, 
y pareciendo su boca mas ancha que la do este. El Señor A. Raimondi 
resolvió la cuestión por un nuevo método muy ingenioso en favor del Ma- 
rañon, demostrando que este lleva un caudal de agua muy superior al del 
rio Ucayali. < 18) 

El Marañon vira en la confluencia del Ucayali, como obligado por la 
fuerza de este su competidor, al Noreste, hasta la boca del rio Ñapo, en 
donde el último hace valer su influencia, declinando el curso del rio princi- 
pal de nuevo al Este. En este trecho, que mide unas 30 leguas, el rio, ya 
engrosado por tributarios tan poderosos, se ensancha mas y mas, y crece 
el número y tamaño de sus islas. Enfrente del pueblo de Omaguas, en 
donde el rio está mas recojido, el Señor de La Condamine midió su ancho 
en 765 metros, y no halló fondo á mas de cien brazas de profundidad. El 
tributario mas importante es el rio Nanay, que entra de la izquierda, y en 
cuya desembocadura se halla la población de Iquitos, emporio del comercio 
en el Amazonas superior, enfrente de una gran isla del mismo nombre y á 



LA REGIÓN ORIENTAL. 189 

la altura de 106 metros sobre el nivel del mar. Iquitos dista de la boca 
del Ñapo todavía 14 leguas, y el sistema fluvial se hace en este trecho com- 
plicadísimo, merced á un gran número de islas y canales, cuyo redaje no 
era posible expresar con la escala pequeña, en que se halla trazada mi car- 
tita de la región del oriente. 

En la boca del rio Ñapo midió M. de La Condamine el ancho de los 
dos brazos principales del Marañon, que rodean la isla de Lagartos, y cal- 
culó su ancho total en 1840 metros, el de la boca del Ñapo mismo aproxi- 
mativamente entre 1170 y 1250 metros.*) Desde el Ñapo hasta la frontera 
del Brasil ya no desemboca ningún rio grande. El Amazonas sigue hasta 
Loreto, por el espacio de 50 leguas, el curso general de NOO á SEE, des- 
viando de este rumbo solo en el arco grande al N, sobre el cual se halla 
el pueblo de Pelas. 

«Mas abajo de Pebas empiezan las islas grandes, antiguamente habita- 
das por los Omaguas. Allí llega el rio a tanta anchura, que uno de sus 
brazos á veces pasa de 2000 varas. Esta dilatada extensión dá lugar á que 
el viento levante olas y excite tempestades; á lo menos se les dá aquel 
nombre, y en efecto las del Marañon son una imagen de las de la mar.» 
(M. de la Condamine.) 

Un poco antes de llegar a Loreto, el rio tira al SSE, hasta la boca del 
Yavarí, donde se halla la frontera del Brasil. Este último trecho mide 
15 leguas y es sumamente complicado, por el laberinto de brazos ó islas, de 
que se compone. — En la misma confluencia del Yavarí vira el rio al NE, 
y 25 leguas mas allá al E, hacia la boca del Iza ó Putumayo. 

Tal es el curso del rio Marañon ó Amazonas, en cuanto baña los ter- 
renos ecuatorianos. Agregaremos algo sobre los países que se extienden á 
su derecha é izquierda. — En otro lugar (pág. 11) he indicado los límites 
que tenia el antiguo reino de Quito y que el Ecuador considera como los 
de su República, mientras que no se celebre un arreglo definitivo con el 
Perú. Esta linea, cortando el Marañon unas 5 leguas al Sur de la boca de 
Ghamaya (Huancabamba) , y en seguida los ríos Utcubamba, Chuchunga, 
Huallaga y Ucayali, y terminando por el curso del Yavarí en la boca de este 
mismo rio, incluye con el curso del Amazonas una región de 107,200 kilóm.n 



*) Ciertamente, rios con el ancho de 1800 y de 1200 metros son muy respetables; 
sinembargo me parece que los viajeros, que juzgan solo al ojo, exageran á veces sus 
descripciones de aquel «mar dulce, sin límites aparentes» etc. en las bocas del Pastaza, 
del Morona ó del Ñapo. Recuerdo á mis lectores, que también el rio Guayas enfrente 
de Guayaquil tiene mas de 2000 metros y todavía muy arriba, cerca de Los Calis, mas 
de 1400 metros de ancho. 



190 TOPOGBAFIA. — CAPÍTULO IV. 

(= 3461 leg.Q). La porción occidental de este vasto territorio pertenecía 
al antiguo Gobierno de Jaén, y la oriental al antiguo Gobierno de Mainas; 
hoy dia es ocupado por los Peruanos, que desde Chachapoyas y Moyobamba 
avanzan poco á poco hasta las orillas del Marañon, por entre los tribus de 
salvajes, que todavía les disputan los pasos. — Preciso es confesar, que 
todos los conocimientos modernos (de los últimos 50 años), que tenemos de 
aquellas regiones apartadas, no solamente en la banda meridional, sino tam- 
bién en la setentrional del Amazonas, y de sus tributarios principales, los 
debemos á los exploradores peruanos, ó á estrangeros bajo la protección 
del Perú. El Ecuador no ha hecho nada, para, no digo adelantar, sino para 
conocer y conservar lo que cree suyo. La historia y descripción de aque- 
llas exploraciones peruanas, ejecutadas ya con objeto científico, ya con 
fines prácticos de colonización, se encuentra en la gran obra de A. Raimondi, 
«Perú», especialmente en el tomo DI. 

Recorramos á la lijera la región al lado derecho ó meridional del Ma- 
rafion. Desde Jaén hasta el Pongo de Manseriche encontramos tres ríos 
mayores, los de Utcubamba (llamado también de Chachapoyas), de Chuchunga 
y el rio Nieva. De los primeros dos solo el curso inferior cae en nuestra 
región, el último en toda su extensión. — El rio Utcubamba corre de SE 
á NO; desde Jamaica ó su confluencia con el rio de San Carlos, es nave- 
gable en canoas y balsas, y sus orillas son habitadas y cultivadas hasta 
Bagna, unas 5 leguas arriba de su boca. Del rio Marañon está separado 
por un ramal de montañas que desciende desde las cercanías de Cha- 
chapoyas al NO, y que se rebaja mas y mas conforme vá acercándose 
al Marañon. La boca del Utcubamba se halla casi enfrente de la del 
Chincliipe. 

El rio Chuchunga nace en las montañas bastante altas (hasta 3000 m.) 
de Olleros, entre Chachapoyas y Moyobamba, y es bien conocido en sus 
cabeceras y curso superior, donde se llama rio de Yambrasbamba , mientras 
que su mitad inferior es poco accesible, á causa de los infieles, que viven 
en sus orillas. Cuatro leguas arriba de su boca se halla el «Embarcadero», 
el sitio, en que en el siglo pasado se embarcaban los viajeros de Jaén al 
Amazonas, evitando el paso por los Pongos de Retema. M. de La Conda- 
mine describe este viaje de cuatro dias, por un camino malísimo, entre Jaén y 
el Embarcadero, y como dice, que antes de llegar al último punto, debia 
atrevesar el Chuchunga cuatro veces á muía, podemos deducir, que este rio 
no será navegable mas arriba de 4 ó 5 leguas de su boca. Hoy dia ese 
viaje por tierra seria muy peligroso, porque los infieles que actualmente 
viven en aquella región, parecen ser feroces y nada amigos de los blan- 
cos, según la relación del Señor Wertheman y de otros expedicionarios 



LA EEGION OBIENTAL. 191 

peruanos.*) — También entre el rio Chuchunga y el Utcubamba baja una 
cordillera con sus ramificaciones hasta las cercanías del Marañon, pero no 
sabemos nada de sus detalles; entre sus ramales nacen los pequeños ríos 
(ó quebradas) de Chingariso, Cangoriso y Yambrana. 

Al Este del rio Chuchunga, cuyo curso, á lo menos en sus generali- 
dades, es conocido, sigue una vasta región completamente desconocida, 
hasta allende la cordillera, que desde las cercanias de Moyobamba baja al 
Norte, y corta el valle del Amazonas en el Pongo de Manseriche. Esta 
hoya grande está ocupada por el sistema fluvial del rio Nieva, que conoce- 
mos solo en la cercanía de su boca, hasta la confluencia de su primer tri- 
butario, el rio Cristalino, á la distancia de unas 3 leguas del Marañon. Hasta 
este punto el rio es navegable. 

La Cordillera indicada, que esta cortada por el Pongo de Manseriche, 
es el último ramal de las montañas peruanas, que llega hasta las orillas del 
Amazonas, Nos faltan datos positivos de su altura en las diferentes partes 
de su curso; sinembargo parece, que en las cercanías del Marañon ya no 
es muy alto (se habla de alturas de 600 metros en las orillas del Pongo) 
y creo que al Norte del rio se rebaja mas, y aun se pierde en las llanuras, 
entre los ríos Santiago y Morona. No puedo participar de la opinión de 
los que consideran este ramal como la verdadera Cordillera oriental de los 
Andes, y que la reúnen con los Andes ecuatorianos mediante una cordillera 
alta, que trazan en sus mapas desde el Pongo de Manseriche, entre los rios 
Santiago y Morona.**) Una tal cordillera alta, que suba al N hasta el Azuay, 
no existe, y la Cordillera oriental de las provincias del Chimborazo, de 
Cañar, del Azuay y de Loja, se abate á distancias relativamente cortas de 
su cresta, á la región llana, en que se encuentran los grandes y navegables 
rios Morona, Paute, Zamora y Santiago. Los conocedores de estos rios 
nunca hablan de cordilleras altas, que separasen sus sistemas en su curso 
medio ó inferior, solo hablan de las llanuras en apariencia interminables. 

La región al Este de la ultima cordillera, hasta el curso inferior del 
Huallaga es relativamente bien conocida, merced á los estudios prolijos del 
Señor A. Wertheman. Poseemos una carta preciosa de ella, fundada en 
muchas posiciones astronómicas, y publicada en los anales de la Sociedad 
geogr. de Berlín.***) Los primeros dos rios, que encontramos, bajando el 
Marañon desde el Pongo de Manseriche, el Onuaga y el Apaga, son cortos 



*) En 1870 asesinaron á los individuos de una comisión, que habia salido de Cha- 
chapoyas, para encontrarse con el Señor Wertheman en el lugar de Cachiyacu, cuando 
hizo su famosa exploración de los Pongos del alto Marañon. 

**) Se encuentra esta cordillera también en la carta novísima de liaimondi. 

•*•) Zeitschrift d. Ges. f. Erdk., Bd. XV. 



192 topografía. — capítulo iv. 

y pequeños. El rio de Potro es de mayor significación. Ademas de la vena 
de este nombre, hay otras dos, el Yana-yacu y el Aichi-yacu f la última tal 
vez mas grande que el Potro mismo. Todas tres nacen en la cordillera 
baja, descrita mas arriba, y se reúnen á corta distancia de la boca del rio 
Potro enfrente de la isla del mismo nombre. Los tres ríos son navegables 
hasta el pié de las montañas. — Sigue el rio de Cáhuapanas, cuyo sistema 
en todo es parecido al del Potro, siendo sinembargo mas extenso. El rio 
principal se forma cerca del pueblo de Cáhuapanas, de muchísimas quebra- 
das al pié de las montañas, corriendo al principio casi al O, después por 
muchas tortuosidades al N, y finalmente en su curso inferior al NEE. Su 
tributario principal es el rio Siüay, cuyas cabeceras se hallan en las mis- 
mas montañas, que las del Cahuapana, cerca del pueblo de Chayavitas. Se 
reúnen los dos unas 3 leguas arriba de la confluencia del Cáhuapanas con 
el Marañon, que tiene lugar un poco abajo del pueblo de Barranca. — El 
rio Aipena, cuyo sistema ocupa el resto de la región, tiene un curso muy 
singular. Nace en los llanos casi desconocidos entre los ríos Marañon, Sillay 
(Cáhuapanas), Paranapura y Huallaga, y tiene un curso general de O á E, 
paralelo al Marañon. El curso superior del Aipena es de S á N, hasta el 
lago de Papayacu, que se halla á poca distancia del Marañon, casi enfrente 
de la isla del Baradero y de la boca del Pastaza; pasado este lago, se dirige 
al Este. Por dos canales ó «caños» comunica con el brazo del Marañon, 
que rodea la isla del Baradero, uno sale del lago nombrado, y el otro del 
rio mismo, un poco después de su salida del lago. Los numerosos afluentes 
del Aipena no son grandes, y á las cabeceras de uno de ellos, casi en el 
centro de aquellas llanuras dilatadas, se halla el antiguo pueblo de Jeberos, 
muy nombrado en la historia de las misiones. El Aipena desemboca en el 
Huallaga, una legua adentro de su confluencia con el Marañon. 

El rio Huallaga perteneció al antiguo reino de Quito hasta el pueblo 
de Yur imaguas ¡ que dista de su boca en linea recta unas 18 leguas. La 
dirección general del rio es de NE á SO, hasta muy cerca del pueblo nom- 
brado, en donde hace un gran codo al Oeste y luego al Este; mas allá sigue 
por arriba al SE. En todo este trecho no recibe ningún tributario grande, 
sino el Aipena, de que acabo de hablar. Es navegable por vapores fluvia- 
les, y los de Iquitos han establecido una carrera regular entre aquel puerto 
y Yurimaguas. — Unas 4 leguas adentro de la boca del Huallaga, y una 
legua de distancia de su orilla derecha, se halla el pueblo de La Laguna, 
que hasta fines del siglo pasado ha sido un centro importantísimo de las 
misiones de Mainas. 

Al lado de la población de Yurimaguas entra al Huallaga, del lado 
occidental, el rio Paranapura, que tiene algún interés, por haber formado 



LA REGIÓN ORIENTAL. 193 

por mucho tiempo la frontera del antiguo Mainas. Sus cabeceras se en- 
cuentran en la cercania de las del rio Sillay (tributario del Cahuapanas), 
y su curso se dirige de NOO á SEE. 

En su parte media recibe el tributario mas grande, el Cachi -yacu, del 
lado sur, sobre cuyas riberas se halla el pueblo de Balsapuerto, del cual 
conduce un camino á Moyobamba. 

Desde Yurimaguas cruzó el antiguo lindero en dirección oriental al 
Ucayali y al Yavari. Lo que toca la región vastísima entre este lindero, 
el Marafion y el Yavari, no conocemos mas, que el curso de dichos rios; 
el interior es hoy tierra incógnita. El Ucayali observa mas ó menos el 
mismo rumbo, que el Huallaga, es decir, de SO á NE, mientras que el Ya- 
vari se inclina mas al E, corriendo en su curso inferior casi paralelo al 
Amazonas y dejando una zona estrecha entre los dos. 

Volvamos á la banda setentrional del Marañon y hagamos una reseña 
de sus tributarios principales. Como de los rios del antiguo Gobierno de 
Jaén, del Huancabaniba, del Tabaconas y del Chinchipe, he tratado en el 
artículo sobre la región andina fronteriza (pág. 27), nos toca por ahora solo 
el pais al Este de la boca del Chinchipe. Allá encontramos hasta la boca 
del rio Santiago una serie de rios ó «quebradas», que parecen descender 
de las últimas ramificaciones de la Cordillera de Cóndor, que separa el 
sistema fluvial del Chinchipe del del Santiago. Pero, para decir la verdad, 
no se sabe nada de cierto ni de su origen, ni de su curso ulterior, porque 
vienen de una región inaccesible y habitada por los Jibaros. Algunos de 
estos afluentes, al concluir del caudal considerable de agua, que llevan en 
sus desembocaduras, y que los hace navegables, parecen ser largos é im- 
portantes; tales son los rios de Huayashanga, Shimutasa, Choropasa y 
Paracuso. 

Del rio de Santiago, que los infieles habitantes en sus orillas llaman 
Canusayacu, aunque en su curso inferior no es mucho mejor conocido que 
las Quebradas nombradas, sabemos algo mas respecto á su origen y su 
curso superior. Hemos conocido sus dos venas principales, el rio Paute y 
el rio Zamora, en las hoyas andinas de Cuenca y de Loja. — Después de 
su paso por la Cordillera oriental, el rio Paute sigue su curso general de 
NNO á SSE, lo menos hasta el grado 4 de Lat. S, donde se reúne con el 
Zamora. El curso de este último se dirige desde la Cordillera al SE, al 
entrar en los llanos al Este, y mas luego por un buen trecho al Norte, 
hasta encontrarse con el rio de Gualaquiza, desde cuya boca vira otra vez 
al SE, para unirse con el Paute. 

Aquel codo al Norte deducimos de la descripción clara del Dr. Luis Cordero, 

Wour, Ecuador. 13 



194 TOPOGBAFIA. — CAPÍTULO IV. 

que en un opúsculo sumamente interesante*) nos dio datos preciosos sobre 
el río de Gualaquiza y sus tributarios. En estos datos se funda el trazo de 
los ríos respectivos en mi mapa de la Región oriental. Dice el expresado 
autor, que el caudaloso Zamora al unirse con el Gualaquiza (ó Bomboiza) 
viene del Sur. Las aguas que bajan de la Cordillera alta, entre los sistemas 
de los ríos Paute y Zamora, forman el del rio Gualaquiza, que es el tribu- 
tario mas grande del Zamora. Sus cabeceras se hallan en las faldas orien- 
tales de Matanga (de la Cordillera de Sigsig), y son conocidas con los 
nombres de rio de San Dionisio, rio Blanco, Tigrepungo y otros. La hoya 
superior es sumamente escarpada y encajonada entre cerros altos; en ella 
se hallan algunos establecimientos pequeños, como Granadillas, Chigüinde y 
Rosario, el último ya con carácter de pueblo. El rumbo general, que sigue 
el rio y el valle, es de NO á SE. Pasado el pueblo de Rosario recibe el 
rio, que en su curso superior comunmente se llama también de Rosario, un 
afluente considerable del lado occidental, el rio de San Isidro, y mas luego 
del Este el de San José. A la distancia de unas 10 leguas de la Cordillera 
comienza el valle á explayarse en la hoya de Gualaquiza, que se puede con- 
siderar como el principio de las grandes llanuras orientales. La altura del 
hoy destruido pueblo de Gualaquiza sobre el mar no puede ser considerable, 
según los productos tropicales, que se encuentran, y según su temperatura 
que varia de 20° á 26° C. Unas dos leguas abajo de Gualaquiza, el rio de 
este nombre se junta con el Bomboiza, que talvez por su largura y su cau- 
dal debería ser considerado como rio madre de este sistema. Tiene su ori- 
gen en la Cordillera alta al E de Nabon, y creo que su fuente mas lejana 
es el rio de Shingata, como lo he explicado en otro lugar. Según el doctor 
Cordero, el Bomboiza sobrepuja en el lugar de su confluencia con el Guala- 
quiza, ahrio Paute, comparado con el caudal que tiene este en el pueblo 
de su nombre. Desde la boca del Bomboiza habrá unas 5 leguas hasta la 
confluencia del rio con el Zamora, y en este trayecto le engruesa todavía 
el rio Copiambiza, procedente también de la Cordillera oriental de los Andes. 
— Se nombran todavía varios otros tributarios del Zamora y del Santiago, 
como el Irumbiza, el Iranaza, el Bereniza; pero no sabemos nada de cierto 
de su posición, y los mapas antiguos difieren mucho en este punto, como 
también en cuanto al curso general del rio Santiago. Este parece que poco 
después de haberse formado del Zamora y del Paute, sigue el rumbo al 
SEE, á lo menos se sabe, que con este desemboca en el Marafion al prin- 
cipio superior del Pongo de Manseriche. Al lado de la desembocadura 
existió en algún tiempo la ciudad de Santiago, de la cual hoy dia apenas 

*) «Una excursión ú Gualaquiza», por Dr. Luis Cordero. Cuenca 1875. 



LA REGIÓN ORIENTAL. 195 

se encuentran algunos vestigios, habiendo corrido la misma suerte, que la 
ciudad de Borja, por las incursiones de los bárbaros. El rio de Santiago 
debe ser navegable hasta su origen de las dos venas principales. 

El rio Morona. Al General Víctor Proaño (ecuatoriano) se deben los 
primeros datos importantes sobre el sistema superior de este rio, y un itine- 
rario desde Macas hasta su desembocadura en el Marafion, en el año de 
1861. Seis años mas tarde, en Julio de 1867, subió el primer vapor por el 
rio, con el mismo Señor Proaño y una Comisión peruana á bordo. En 1874 
penetró otra comisión bajo la dirección del Señor B. Arana, con los vapores 
«Ñapo» y «Mayro» hasta el punto, en que el Morona se forma de los ríos 
Cusulima y Mangosisa.*) — En las relaciones de estas expediciones he fun- 
dado el trazo del Morona en el mapa. Es lástima, que ni el Señor Proaño, 
ni las expediciones peruanas acompañaron sus explicaciones con un plano, 
ó croquis siquiera, que hubiese facilitado su entendimiento. Según Proaño 
no seria el rio de Macas ó el Upano el origen verdadero del Morona, sino 
el rio Miazal, cuyas cabeceras se hallan al NE del Sangay y hacia las 
del rio Palora. El Miazal se engruesa con el rio Mutiacalii del mismo lado 
NO, y toma el nombre de Mangosisa. En este último entran del lado izquierdo 
los rios Mura y Siduchi, y del lado derecho el rio Alasa que nace cerca de 
Macas. Pasada la boca del rio Siduchi, y antes de llegar á la del Pusaga 
(del mismo lado), se deja á la banda derecha del rio, la boca del Cusulima 
(ó Cusuima). Este rio en mi concepto es el mismo que el rio de Macas ó 
Upano, que con el Mangosisa forma el Morona. Encuentro en el itinerario 
del Señor Proaño una proposición estraña, con que no puedo convenir. Dice, 
que el Morona «tiene su origen en una ramificación oriental de los Andes 
del lado NE del Upano, no como han creído todos los geógrafos hasta el 
dia, que nacía en el Yubal, en el centro de los Andes, hacia la parte meri- 
dional del Ecuador, ni en el Sangay, volcan situado pocas leguas al N del 
Yubal; pues es el Upano que toma sus aguas en esos dos puntos y mas 
abajo, recibiendo otros tributarios, que vienen desde el departamento del 
Azuay, forma el rio Santiago, que desemboca en el Marañon cerca del Pongo 
de Manseriche». Esto quiere decir, que el Upano (ó rio de Macas) vá á 
unirse con el Paute y Zamora. Bien puede ser que el rio madre del Mo- 
rona superior sea el rio Miazal, pero el que el Upano no contribuya igual- 
mente á su formación, y que pertenezca al sistema del Santiago, no es mas 
que una aserción, una opinión particular, ó mas bien una conjetura del 
Señor Proaño. No la funda ni en autoridades ó informes fidedignos, ni en 



*) La relación de las tres expediciones se encuentra en Raimondi, «Perú», t. 111, 
pág. 281, 309 y 518. 

13* 



196 topografía. — capítulo iv. 

propias exploraciones. El autor de esta idea no ha seguido el curso del 
Upano mas abajo de Macas; lo ha dejado cerca de dicho pueblo y cruzado 
por tierra al Miazal, donde se embarcó. O ha pasado por la boca del Upano 
sin percibirla (tal vez de noche) ó la boca del Upano es la misma que la 
del Cusulima. Sostengo la coherencia del Upano con el Morona, hasta que 
se pruebe por un viaje directo ó á lo menos con argumentos plausibles, su 
pertenencia al sistema del Paute y Santiago. Con una aserción ó conjetura 
no se echa abajo la constante tradición de algunos siglos, de que el Upano 
es el Morona superior, especialmente cuando se trata de una región, que no 
siempre ha sido tan desconocida como hoy. En aquel tiempo, en que todo 
ese país estaba cubierto de florecientes Misiones, en que en lugar del actual 
pueblecito de Macas existió la ciudad de Sevilla de Oro (y Logroño en el 
rio Paute), ¿como sus habitantes pudieron ignorar el curso de su rio prin- 
cipal?*) Es de sentir que la expedición del año 1867 no pudo avanzar con 
el vapor hasta la confluencia del Cusulima, para decidir una cuestión tan 
interesante; llegó solo hasta las cercanias de la boca del Tuyo, que se halla 
algunas leguas abajo de la del Cusulima. Según los datos obtenidos por 
el Señor Vargas, capitán del vapor, el rio Morona es formado por dos ramas 
principales, que son los ríos Miazal y «Cusulini» ó «Cangaimi». ¿No será 
este rio el mismo que el Cusulima? Si no es el Cusulima de mi mapa, 
puede referirse á otro rio, que el Señor Proafio llama Cusulime y cuya boca 
en el Miazal (ó Mangosisa) se halla entre las del Mutiacahi y del Mura. 
Dicho autor habla de él como de un afluente considerable, y celebra su 
«poética confluencia». También este rio podría ser el Upano, que en tal 
caso observaría abajo de Macas un curso mas inclinado al Este, desde su 
unión con el Apatenonia. — La comisión de 1874, que subió con sus vapores 
hasta la confluencia de los ríos Mangosisa y Cusulima y aun penetró algunas 
millas en cada uno de ellos, tampoco no resolvió la cuestión, porque no 
determinó el punto de la confluencia, ni indica los tributarios, que siguen 
mas abajo, de manera que no sabemos si se trata del Cusulima inferior ó 
del Cusulime (superior) de Proaño. Del itinerario y de las distancias indi- 
cadas se podría creer, que llegaron á este último, porque según los infieles, 
el pueblo de Macas ya no distaba mas que 6 leguas al occidente. En este 
caso el Upano debería desembocar en el Mangosisa algo mas arriba que en 
mi mapa. 

El Upano toma su origen sobre la Cordillera alta al NE del Azuay, 

*) El Señor Kitimondi dice: «Respetando su opinión (la del Señor Proaño), yo creo que 
el rio Miazal. donde se embarcó el Señor Proaño, es un brazo del Morona, y el Upano es 
otro brazo, pues me parece imposible, que este último rio pueda formar el Santiago, el 
que nace mus al S y corre por una hoya enteramente distinta.» Perú, 111. pág. 283, anot. 



LA REGIÓN ORIENTAL. 197 

donde nacen también el rio de Zula, que vá al Oeste, y el rio Ozogoche, 
que desciende hacia N á la hoya de Riobamba. En su curso superior se 
llama rio de Zuñac, por el pueblo de este nombre, que se halla á su orilla 
derecha en la altura de 2088 metros. Una legua abajo de Zufiac recibe del 
lado setentrional un tributario grande, que se llama rio de Puente hondo, y 
que baja de las inmediaciones del Sangay. Otro afluente, el rio Sangay, 
viene del mismo lado y desemboca casi en la mitad del camino entre Zufiac 
y Macas, cerca del sitio de Paira (1617 m.), mientras que del lado opuesto 
entra un poco mas abajo el rio Avenico, que nace algo mas al Sur de las 
fuentes del rio Zufiac, en los páramos de Yubal, Yuluc y Quinoaloma. — 
El pueblo de Macas se halla en una llanura, á poca distancia de la orilla 
derecha del rio, que aquí ya se llama Upano, en la altura de 10Ó1 metros 
sobre el mar. — Hasta aquí el rio siguió un rumbo general de NOO á 
SEE, pero su curso ulterior hasta la confluencia con el Miazal ó Mangosisa 
es desconocido. Solo sabemos que en este trecho recibe el rio Apatenoma, 
de la Cordillera, que baja del Azuay en dirección al SE, separando los 
sistemas del Paute y del Morona. Desde la confluencia del Cusulima entra 
el Morona en los llanos, y sigue su curso general al SE hasta su desem- 
bocadura en el Marafion. Del lado derecho recibe los pequeños afluentes 
de Tuyo y de Alá, y muy abajo los rios Mayunaga y Amaga] del lado 
izquierdo le engruesan los rios Pusaga (todavía en la región montañosa), 
Chiguasa, Puchaga y Apianga, de los cuales conocemos solamente las bocas. 

El Morona es navegable á vapor (según el Señor Arana) unas 100 leguas, 
que se reducen á 44, cuando se mide la distancia en linea recta, porque el 
rio es sumamente tortuoso. En los rios Miazal y Cusulima solo se puede 
traficar en canoas pequeñas. 

El rio Pastaza. Hemos estudiado esta gran arteria del pais en sus 
orígenes, hablando de las hoyas interandinas de Riobamba y de Latacunga. 
Sabemos, que nace de los rios Chambo y Patate, y que rompe la Cordillera 
al lado setentrional del Tunguragua. También he indicado sus afluentes 
hasta el punto, en que entra en los llanos orientales. En el trazo del curso 
ulterior y del Bobonaza, que es su tributario mas importante, he seguido el 
plano, que Don Pedro Maldonado levantó durante su viaje al Amazonas en 
el siglo pasado, por ser hasta ahora el mejor, para no decir único de este 
rio. Las expediciones modernas han descuidado demasiado el rio Pastaza. 
Las correrías del P. Fray M. Castrucci, que subió en los años de 1845 á 
1848 por los tribus salvajes hasta Andoas y los pueblos en el rio Bobonaza, 
cerca de Canelos, no han dado resultados geográficos nuevos.*) 

*) Kuimondí, «Perú», III, pág. 1ÍW. 



198 topografía. — capítulo rv. 

Una sola vez, en 1873, penetró el vapor peruano «Mayro» por la boca 
de este rio, algunas leguas adentro, pero con resultados poco satisfactorios. 
El capitán del vapor, Mr. Butt, dice: «El Pastaza es tan ancho que el Ma- 
rafion, pero su cauce está lleno de bajos, que en la estación de la vaciante 
de los ríos hace impracticable la navegación hasta de canoas. Las aguas 
suben y bajan con mucha rapidez, y el vapor se varó muchas veces durante 
la surcada, por cuya razón mandé anclar é hice sondear al través del rio 
y hacia adelante. Hecha esta operación regresó al anochecer á la boca del 
rio, habiéndose varado también varias veces en esta bajada.» — Con justo 
recelo critica el Sefior Raimondi este fallo, diciendo: «He citado literalmente, 
lo que dice el Sefior Butt, relativo al Pastaza, pues me parece inverosímil 
el juicio tan desfavorable que emite sobre su navegabilidad; al saber, que 
este rio tiene un curso mas largo y mayor cantidad de agua, que el Morona 
y el Tigre, y ademas, que ha sido navegado en toda estación del año por 
canoas, recorriendo en otra época este rio el correo quincenal, que venia 
de la población de Andoas. Con estos datos realmente parece imposible, 
que el "Mayro", que es una simple lancha de vapor, no haya podido surcar 
el Pastaza en la época de mayor creciente.»*) 

Como el Sefior Pedro Maldonado cruzó del Pastaza (del rio Pintuc) á 
Canelos, y se embarcó en el Bobonaza, no pudo levantar el plano del pri- 
mero hasta la confluencia del segundo, y lo trazó aproximativamente con 
un rumbo de NOO á SEE, casi paralelo al Bobonaza. Sabemos solo, que 
el Pastaza en esto trecho desconocido recibe el tributo del rio Pcdora, que 
desciende de las faldas orientales de la Cordillera, que se extiende desde el 
Altar hasta el Sangay. 

El rio Bobonaza nace de varios arroyuelos, muy cerca del pueblo de 
Canelos, que dista del rio Pastaza (boca del rio Pintuc) en linea recta solo 
unas 4 ó 5 leguas hacia NNE. — La circunstancia de ser navegable en 
canoas desde su origen, lo manso y lo sumamente tortuoso de su curso, 
comprueba que serpentea por una región muy llana. Su curso general es 
de NNO á SSE; en su tercio superior, hasta el pueblo indio de Sara-yacu, 
recibe muchísimos pequeños afluentes de ambos lados, que son demasiado 
insignificantes para nombrarlos uno por uno. Canelos dista de Sara-yacu 
en linea recta unas 9 leguas, y de este pueblo hasta la boca del Bobonaza 
habrá unas 18 ó 20. — En el curso inferior los tributarios son menos nume- 
rosos, y como principales encontramos indicados los ríos de Eutunu y de 
Puca-yacu, ambos del lado norte. — Algunas leguas antes de entrar al Pas- 
taza, el Bobonaza vira al Sur, y en el lado oriental de su confluencia se 

*) Raimondi, «Perú», III, pág. 474. 



LA REGIÓN ORIENTAL. 199 

halla el pequeño pueblo de Andoas, que en la historia de las Misiones de- 
sempeñó un papel mas importante, que en nuestros dias. 

Desde Andoas, que debe hallarse aproximadamente bajo 2 o 15' Lat. S, 
el rio Pastaza sigue el rumbo al Sur, inclinándose un poco ya al oriente ya 
al occidente; la Longitud de su boca estará unos 25 minutos mas al Este, 
que la de Andoas. — 15 leguas abajo de la confluencia con el Bobonaza, 
entra del lado derecho el rio Pinches en cuya boca se halla un pueblo mise- 
rable (de indios) del mismo nombre. Después de otro intervalo de 10 le- 
guas, recibe del mismo lado tres ríos, distantes muy poco uno del otro, es 
decir, el Lobo-yacu, el Huasaga y el Sugachi. Cerca de la boca del segundo, 
que según Maldonado es muy largo y navegable á grandes distancias, des- 
emboca del lado opuesto el rio Manocaro. — Mas abajo ya no se conoce 
tributarios grandes del Pastaza en la banda derecha, pero en su lugar se 
hallan algunas lagunas y lagos considerables, no muy distantes del rio y 
comunicados con él mediante unos caños; asi la laguna llamada de tres le- 
guas, y el lago mucho mayor de Ritnachumac , que según Maldonado tiene 
8 leguas de largo, y según algunos comunica no solamente con el Pastaza, 
sino también con el Morona, mediante un brazo del rio Apianga. — Abajo 
de la boca del Rimachumac encontramos en la banda oriental del Pastaza 
el afluente de Huarama, y finalmente, un poco adentro de su confluencia con 
el Marañon, el rio MaJiuaca, que según la carta de Maldonado es un tribu- 
tario muy grande y («parece igual al Bobonaza». 

Entre el Pastaza y el Tigre se encuentran algunos afluentes menores 
del Marañon, de los cuales no conocemos mas que sus bocas, y por esto 
bastará enumerar los principales en el orden de O á E. El rio Nucuray, 
muy cerca de la boca del Huallaga, parece bastante largo, lo mismo el rio 
Chambira, que unido con el rio Iioamainas, desemboca cerca del sitio llamado 
Vaca marina. De menor caudal parece ser el rio Parinari, que entra al 
Marañon casi enfrente del sitio y puerto del mismo nombre. 

El rio Tigre cuenta entre los tributarios grandes del Amazonas, aun- 
que su caudal no puede compararse con el del Pastaza ó del Ñapo. — En 
el año de 1873 subió el vapor «Mayro», bajo la dirección del Mr. Butt, por 
las aguas del rio Tigre en tres dias 104 millas (35 leguas), y pareció á este 
capitán, que habría navegado con facilidad unas 12 ó 15 millas mas, si no 
se hubiese visto obligado á regresar por falta de viveres. Según la misma 
fuente, el Tigre es ancho y profundo en toda estación del año, y sus ori- 
llas son muy ricas en producciones vegetales. Del largo curso medio de 
este rio no sabemos nada, y del superior solo, que se forma de algunos 
ríos que nacen en los llanos entre los rios Bobonaza y Curaray (afluente 
de Ñapo), especialmente del Callana y del Piquene, siendo el segundo el 



200 topografía. — capítulo iv. 

rio madre. — La boca del Tigre se halla 14 leguas al Oeste de la del 
Ucayali. 

En el arco grande, que hace el Marafíon al N después de unirse con 
el Ucayali, encontramos, cerca del pueblo de Iquitos, la desembocadura del 
rio Nanay. Este rio tiene un curso y una posición enteramente distinta 
de la que le señalan los mapas antiguos. Nace en las cercanías del Tigre 
inferior, y corre en su mayor extensión de O á E, mas abajo al NE, casi 
paralelo al Amazonas. También este rio ha sido navegado por el vapor 
«Mayro» y el capitán Butt, por 195 millas, hasta cerca de su origen.*) — 
El carácter del Nanay, que todo pertenece á la región amazónica mas baja, 
es muy distinto del de los ríos, que bajan de las Cordilleras. Ademas de 
ser muy serpenteado, es muy manso, su cauce ya se estrecha, ya se en- 
sancha, y á veces se parece á una serie de lagunas encadenadas. El caudal 
de agua, que tiene el rio Nanay, según el Señor Butt, es debido á los der- 
rames de una vasta región, cuyos numerosos lagos y arroyos van juntando 
sus aguas, dando de este modo origen al rio. Apesar de tanta abundancia 
de agua estancada en sus cercanias, las orillas mismas del Nanay son elevadas, 
y su clima es muy sano, siendo casi desconocidas las fiebres intermitentes 
y otras enfermedades. 

El rio Haya se halla entre el Marafíon y el Nanay, corriendo paralelo 
al último de SO á NE, y desembocando al lado sur de Iquitos. En su curso, 
origen y formación se parece mucho al Nanay, aunque no es tan largo y de 
menor caudal; pero sus orillas son bajas y anegadizas. El vapor no pudo 
penetrar sino unas 38 millas, á causa de las muchas palizadas que obstruyen 
el cauce. 

Trece leguas al Este de Iquitos llegamos á la boca del rio Ñapo. Este 
rio célebre es el primero de todos los tributarios del Amazonas, que se des- 
cubrió, es la via por la cual cruzó el primer Español el continente sud- 
americano. La siempre memorable expedición de Gonzalo Pizarro en 1541, 
de Quito al pais de Canelos (Ñapo), y la navegación del Ñapo por Orellana, 
compañero de Pizarro, como continuación de aquella expedición, condujo al 
descubrimiento del Marañon y Amazonas. Por mucho tiempo el Ñapo pasó 
por el rio mas largo y rio madre do todo el sistema fluvial del Amazonas. 
En tiempo de las misiones, en los siglos pasados, se hicieron innumerables 
viajes por este rio, y también en nuestro siglo muchos viajeros célebres 
(como Osculati en 1848, Orton en 1867) bajaron por él en sus viajes de 
Quito al Amazonas. En 1875 surcó el primer vapor (« Mayro»), al mando 
del Señor E. Raygada las aguas del Ñapo, y llegó hasta la confluencia del 

*) Raimondi 1. c. pág. 471. 



LA REGIÓN ORIENTAL. 201 

rio Curaray, distanto do la boca de aquel unas 210 millas (calculando el 
camino del vapor por todas las vueltas) ; otros vapores siguieron mas tarde. 
Se vé, que el Ñapo como fácil via de comunicación es conocido desde mucho 
tiempo. (14) Apesar de todo esto, geográficamente no es mejor conocido, que 
los ríos que hemos descrito hasta ahora; no poseemos de su curso un plano 
medianamente exacto, mucho menos de sus afluentes grandes, por ejemplo 
del Curaray. También de su sistema superior, no podemos dar mas que 
las generalidades. Este último abraza las faldas orientales de la Cordillera 
grande, desde la altura de Tulcan hasta el Cerro Hermoso ó las montañas 
de Llanganate, con las tres venas principales: Ñapo, Coca y Aguarico. 

El Ñapo nace de los riachuelos, que bajan de los volcanes Antisana, 
Sincholagua, Cotopaxi y Quilindafía, y forman por sus primeras reuniones 
los ríos ya mas considerables de Antisana, de Valle-vicioso, de Juntas y de 
Chalupas. Algo mas al Sur del último, desde los páramos de Chalupas hasta 
los de Llanganate, descienden algunos otros ríos monos conocidos; pero todos 
ellos, formando una especie de abanico, se reúnen finalmente al pié de la 
Cordillera alta, en el tronco general del Ñapo, cuyo rumbo en seguida es 
de NOO á SEE, y al entrar en los llanos, al E directamente. Toda la re- 
gión superior del rio, hasta la primera población al pió de la serranía, es 
decir hasta el pueblo de Ñapo, es muy áspera, cubierta de montaña espesa 
hasta los páramos, y despoblada. Solo desde Ñapo se puede navegar por 
el rio en canoas, con alguna comodidad, pues hacia mas arriba es demasiado 
impetuoso. De Ñapo hasta la confluencia del Coca, en cuyo trecho el rio 
sigue de O á E, y puede haber unas 20 leguas en linea recta, recibe de su 
lado setentrional tres afluentes grandes, el rio Hollín, el Suno y el Paya- 
mino, fuera de muchos pequeños. Del lado meridional entran el Ansupi, un 
poco arriba de Ñapo, que viene de la sierra, el Arayuno, y una porción de 
menor cuantía. Ademas del pueblo de Ñapo, se hallan á lo largo de su curso 
los siguientes, todos sobre la orilla izquierda: Agitano, Napotoa, Santa Rosa 
(el principal) y Suno. 

El rio Coca es el competidor del Ñapo, y aun de un curso mas largo 
que este; se forma de dos venas principales, el Coca propiamente dicho y el 
rio Maspa. El primero nace atrás del Cayambe y del Saraurcu, y baja entre 
algunos ramales de la Cordillera por una región áspera y montañosa, pero 
desconocida, hasta la confluencia del Maspa. — El último toma su origen 
en los páramos, que se extienden desde el Antisana por el Guamani hasta 
las cercanias del Saraurcu. Su fuente mas lejana es el rio de Oyacachi, que 
naciendo arriba del pueblo de este nombre, al Este del Pambamarca, corre 
de N á E á lo largo de la Cordillera real (de Guamani), hasta el pueblo de 
Papallacta, al pié NE del Antisana. Ahí recibe el riachuelo de Papallacta 






202 topografía. — capítulo rv. 

que desciende del lado oeste de las alturas del Tambo, y toma el nombre 
propio de Papallacta, dirigiendo al mismo tiempo su curso al SEE. En el 
trecho que media entre Papallacta y el (destruido) pueblecito de Maspa, que 
tendrá unas 5 leguas, recibe el rio de Papallacta cuatro tributarios con- 
siderables, el Manca, el CJiálpi chico, el Chcipi grande y el Huarmiapac, que 
todos vienen del Norte, de las cabeceras del Coca y del ramal de montañas, 
que le separan del Papallacta. Del lado opuesto, es decir del Sur, entran 
algunos ríos cortos, que descienden de las faldas del Antisana y de la Cor- 
dillera de los Cimarrones, como el Yana-yacu, Yurac-yacu y Verde-yacu. — 
Ya antes de llegar al sitio de Maspa, el rio que ahora toma este mismo 
nombre, cambia su rumbo al NEE, y lo conserva con algunas variaciones 
hasta su confluencia con el Coca, en las cercanias de Baeza. El camino 
ordinario, que conduce de Quito á Ñapo (Archidona y las otras misiones), 
y que ha orillado el rio hasta Maspa, le abandona en este sitio y sigue 
tierra adentro por su banda derecha, cruzando entre otros ríos pequeños 
también el rio de Quijos, que es uno de los tributarios derechos mas gran- 
des del rio Maspa, y viene de la nevada Cordillera de los Cimarrones. Otro 
afluente del mismo lado, y aun mas importante, es el rio Cosanga, de igual 
origen que el Quijos, y paralelo á este en su curso superior. En su parte 
media corre casi al Este hasta las «playas de San Javier», al pié de cerro 
de Guacamayo, en donde vira con un ángulo recto al N, para incorporarse 
al rio Maspa. Este último trecho, desde las dichas «playas de San Javier», 
en que le cruza el camino de Archidona, hasta la desembocadura, mide 
5 leguas en linea recta. En el triángulo que forma el Cosanga con el rio 
Maspa, pero á la distancia de una legua de ambos rios, se hallan las ruinas 
de la antigua ciudad de "Baeza (hoy dia un tambo). 

Después de haberse formado el rio Coca un poco mas allá de la con- 
fluencia del Cosanga, se dirige al Este, á lo largo de la Cordillera alta de 
Guagra-urcu que le orilla del lado derecho, separando su hoya de la del 
Ñapo. Corre en este sentido unas 15 leguas, hasta el antiguo lugarejo de 
San Rafael, entonces vira poco á poco al SEE, y luego al SE, hasta su 
confluencia con el Ñapo, enfrente del pueblecito de Coca, fundado en 1848 
por el Señor M. Villavicencio. 

Si contemplamos el sistema fluvial superior del Ñapo en el mapa, vere- 
mos que el rio Maspa y Coca representan un gran arco, cuya cuerda forma 
el Ñapo mismo. El terreno intermedio entre los dos rios constituyó, en 
tiempo del coloniaje, las dos provincias de Quijos y de Avila, y en nuestros 
dias forma las misiones del Ñapo, tomando en cuenta solo el pais al Este 
del rio Cosanga, porque la porción occidental, los declives de la Cordillera, 
son depoblados. Está regada aquella región por los tributarios del Ñapo, 



LA BEGION ORIENTAL. 203 

nombrados mas arriba, los rios Hollín, Suno y Payamino. Do este hermoso 
pais, tanto tiempo conocido, muchas veces visitado por viajeros (botánicos, 
zoólogos), y de tanta importancia para el Ecuador, todavía no poseemos 
ninguna descripción topográfica, ningún plano exacto, que pudiera darnos 
una idea cabal de él. Según todo parece ser una región montañosa, en 
parte con cordilleras altas y frías, pero nada sabemos de su altura relativa 
ó absoluta, mucho menos de su constitución geognóstica y mineralógica. 
Es lástima, que el Señor Dr. M. Villavicencio, que tanto tiempo vivió en el 
Ñapo, que recorrió todos los pueblos, rios y parajes, que con tanto afán re- 
cojió datos y noticias sobre la vegetación y los habitantes del pais, á quien 
debemos una descripción larga y muy interesante de la Región del Oriente 
(tal vez la parte mejor de su «Geografía»), no pudo sinembargo darnos una 
buena y clara descripción topográfica, mucho menos un plano exacto ó un 
croquis siquiera de las partes recorridas. Le faltó completamente el sentido 
ó talento topográfico, como lo comprueba su mapa. Puede ser, que existan 
la mayor parte de los ríos y riachuelos, que nos indica, pero ciertamente 
no así como los pintó en el mapa. Con su desgraciada manía de convertir 
todos los rios en tirabuzones, casi del mismo largo y grueso, no solo afea 
su carta, sino que la hace confusa é imposible. Las dos cartas de las pro- 
vincias de Quijos y de Ávila, que Humboldt copió de los itinerarios del 
siglo pasado, difieren muchísimo y en puntos esenciales del mapa de Villa- 
vicencio, aumentando de tal modo la confusión é incertidumbre, aunque su 
estudio inspira mucho mas confianza. Siendo así, me veo reducido de nuevo 
á generalidades. 

El rio Hollín es el mas occidental de los tres tributarios del Ñapo, que 
riegan el territorio de que acabo de hablar. Nace en las faldas del cerro 
Guacamayo, que separa sus cabeceras del curso inferior del rio Cosanga, y 
sigue primeramente un curso de O á E, bajo el nombre de rio Jundachc. 
Después de un curso de 5 leguas se dirige al SE y Sur, y con este rumbo 
cae en el Ñapo, algunas leguas abajo del pueblo de este nombre. Todos 
sus afluentes le vienen del lado Oeste, y los principales son los rios Misa- 
galli y Tena. El primero es notable, porque en su curso medio y orilla 
izquierda se halla Archidona, que actualmente es el centro de las misiones 
del Ñapo.*) El segundo que corre á poca distancia del Ñapo y paralelo con 
este, se forma del Tena y del Paño, cerca de cuya confluencia estaba anti- 
guamente el pueblo de Tena. — Según Villavicencio siguen los rios de 
Puzuno y de Guambumo, que desembocan en el Ñapo, cerca de Aguano el 



*) Orton dá a esto pueblo la altura de 2000 pies (=610 metros) sobre el mar, y la 
temperatura media de 25° C. ; al pueblo do Ñapo dá un grado mas, y 442 metros. 



204 topografía. — capítulo iv. 

primero, y cerca de Napotoa el segundo ; pero ambos parecen insignificantes 
y faltan en los mapas antiguos, á no ser, que el Puzuno sea el Pucuno ó 
Pucano, que sinembargo en estos tiene una posición muy distinta, como 
afluyente del Suno. 

El rio Suno es el segundo tributario mayor. Trae su origen de la Cor- 
dillera del Guagra-urcu y del corro Sumaco, y tiene un rumbo general de 
NO á SE. En sus cabeceras se halla el pueblo de San José, á las faldas 
de dicha cordillera, y con un temperamento frió, según so dice; en su curso 
superior el pueblo de Avila, y en su parte media el de Loreto, no muy 
distantes uno del otro. En la banda occidental del Suno existe una multi- 
dud de rios, en cuya nomenclatura y posición reina la confusión mas com- 
pleta; algunos, y entre ellos Villavicencio, los consideran como tributarios 
del Suno; otros (p. ej. la carta de Humboldt) los reúnen en un rio entera- 
mente distinto, que desembocaría en el Ñapo algo mas arriba que el Suno. 
Inútil seria describirlos (¿según qué autoridad?) mientras quo no sean estu- 
diados. Sabemos que en esta región confusa se hallan los pueblos de Cota- 
pino y de la Concepción. 

En una situación análoga nos hallamos respecto al rio Payatnino, de 
que sabemos solo, que nace en las mismas montañas, en que toma su origen 
el Suno, y que en su curso medio é inferior corre cerca y paralelo al Coca. 
Todos los detalles faltan, ó están en contradicción según los diferentes 
autores. Lo mismo dígase de los afluentes menores del Ñapo entre el Suno 
y el Payamino. — Si esto nos sucede en la región mejor conocida del Ñapo, 
¿qué será, dejando el pais de los cristianos y entrando en el de los infieles 
y bárbaros, que comienza en la desembocadura del rio Coca? 

El rio Ñapo, unido con el Coca (en 260 m. sobre el mar), sigue el 
rumbo general de este último, es decir al SE, hasta su boca, inclinándose 
sinembargo en su curso medio é inferior mas al E que al S. En el trecho 
de unas 26 leguas, que hay hasta la confluencia del Aguarico, recibe varios 
tributarios, especialmente del lado oeste, sin nombres fijos ó bien autoriza- 
dos. Pero el Aguarico es tan largo y tan poderoso, como el Ñapo mismo. 
Sus cabeceras mas lejanas encontramos en la Cordillera alta enfrente de 
Tulcan, y hasta la latitud del Cayambe. Allá nacen los rios de Chunquer, 
de Cófanes, de Condaé, de Dué y de Azuela, que todos contribuyen á formar 
el Aguarico. Este mismo, que lleva su nombre desde la confluencia del 
Chunquer con el Cófanes, tiene un curso parecido y en parte paralelo al del 
rio Coca, y en la cercanía de San Rafael, desde donde el Coca vira mas al 
Sur, se aproxima al último hasta pocas leguas. En el curso inferior, donde 
ya se inclina hacia el Ñapo, le engruesan algunos rios bastante considerables, 
como el Cuyabeno y el Zancudo de la izquierda, el llena y el Cavina-yacu 



LA REGIÓN ORIENTAL. 205 

de la derecha. Sobre la confluencia del Aguarico con el Ñapo (178 m.) se 
halló, á la orilla oriental de este, el antiguo y hoy destruido pueblo de San 
Pedro. — Quince leguas mas abajo encontramos la boca del rio Curaray 
(152 m.), cuya posición y distancia del Marafíon he indicado mas arriba. 

Del Curaray sabemos, que nace en la Cordillera de los Llanganates, que 
entre el Bobonaza y el Arayuno (tributario del Ñapo) recibe, con otros afluen- 
tes, los rios Nusino, Solano y Villano, que corre sobre las cabeceras del rio 
Tigre, en dirección al SEE, y que desemboca en el Ñapo; nada mas. Este 
rio es bastante caudaloso y parece ser navegable á vapor hasta muy arriba. 
El vapor «Mayro» entró por su ancha boca y navegó por un trecho de dos 
millas, hallando un fondo de tres á cuatro brazas. 

En cuanto al rio Ñapo, el no presenta ninguna dificultad a la navega- 
ción á vapor, hasta la boca del Curaray y probablemente hasta mucho mas 
arriba, á lo menos hasta la boca del Aguarico.*) De los tributarios del 
Ñapo inferior no conocemos mas que los nombres, como del Curi-yacu, de 
Tutapiscos y del Mazan al lado derecho, del Zani-yacu y del Payáguas al 
lado opuesto. 

Desde la boca del rio Ñapo hasta la frontera con el Brasil no hay nin- 
gún rio de importancia mayor; entre los afluentes pequeños podemos designar 
los de Ambi-yacu, que desemboca al lado del pueblo de Pebas, y el Atacuari, 
entre Pebas y Loreto. 

Nos resta hacer la breve descripción de dos rios grandes, cuya desem- 
bocadura en el Amazonas cae en el Brasil, y cuyos territorios adyacentes 
son reclamados en gran parte por la República de Colombia, aunque de 
derecho le pertenezcan solo las hoyas superiores en las faldas de la Cor- 
dillera. Hablo del Putumayo y del Y apura.**) Advierto que en el trazo de 
estos rios he seguido la carta de Colombia por Codazzi, porque me pareció 
que merece alguna confianza, á lo menos en cuanto á los afluentes supe- 
riores, que el Señor Codazzi ha estudiado personalmente. En las partes 
cercanas á la frontera brasilera consulté la carta del Perú por Raimondi. 
En cuanto á los trabajos del Señor Crevaux, que levantó en 1879 los planos 
del Putumayo y del Yapurá, véase lo que digo en el número 3 de las «Ano- 
taciones y Suplementos». 

*) «El Ñapo es navegable para vapores de poco calado hasta St\ Rosa», dice Orion 
(The Andes and the Ainazon, New- York 187(>, p. 179); pero talvez no en todo tiempo, 
porque otro observador (Herndun, lleport, p. 229) nos cuenta, que <«el Ñapo está lleno de 
bancos de arena, y 20 días arriba de su boca (ó cerca de la confluencia del Curaray) la 
gente se echó al agua, para jalar las canoas.» 

**) El Perú también reclama el Putumayo hasta el punto, en que comienza á ser 
navegable. 



206 TOPOGBAPIA. — CAPÍTULO IV. 

El rio Putumayo, llamado en su curso inferior y por los Brasileros 
rio Iza, nace en una hoya de la Cordillera oriental, enfrente y á poca dis- 
tancia de Pasto, y desciende á las regiones bajas de NOO á SEE. Sepa- 
rada de él por un ramal de la Cordillera, encontramos la hoya del rio 
Guarnes, que nace en el lago de San Pablo ó la Cocha, á corta distancia 
de las fuentes del Putumayo. La primera hoya pertenece á Colombia, y la 
segunda al Ecuador, siendo el cordón intermedio de montañas la linea divisoria. 
Un poco mas al Sur tenemos la hoya del rio de San Miguel ó de Sucumbió s, 
que ocupa su lugar entre las del Guarnes y del Cófanes (Aguarico), encajonada 
igualmente entre ramales altos de la Cordillera. Todos estos ríos corren para- 
lelos en su curso superior, y solo después de salir de las breñas escarpadas 
de los cerros, se inclinan el rio Guarnes primero, y mas abajo el de San Miguel, 
mas al Este, para encontrarse con el Putumayo. El lindero con Colombia 
sigue, después de encontrarse cerca de la boca del Guarnes con el Putumayo, 
la orilla de este, hasta la desembocadura del rio de San Miguel ó Sucúmbios, 
y cruza de ahi en linea recta al rio Yapurá ó Caquetá, en la confluencia del rio 
Ortegasa. De consiguiente, desde esta linea al Este y Sureste toda la hoya del 
Putumayo y la banda derecha del Yapurá pertenecen por derecho al Ecuador. 

En el afio de 1874 se organizó en Colombia una Compañía, para la 
explotación de los productos naturales del Caquetá, y sabiéndose que este 
rio no es navegable en toda su extensión, á consecuencia de unos saltos, 
que se hallan en su curso medio, comisionó al Señor Rafael Reyes, para 
que recorriese todo el curso del Putumayo, con el objeto de ver, sí este 
rio se presta á la navegación por medio de vapores. Bajó este señor el 
Putumayo en canoas y se convenció de antemano de su navegabilidad á 
vapor. En Noviembre de 1875 se hallaban tres vapores listos para navegar 
el Putumayo, hasta donde fuese posible. Estos consistían en una lancha de 
vapor, que el Gobierno del Brasil puso á la disposición de la Comisión, un 
vapor de carga, el «Santa Cruz», y el vapor «Tundama», de la propiedad 
de la compañía del Caquetá. La lancha á vapor al mando del joven ingles 
Mr. Alfredo Simpson*) abrió la marcha, adelantándose con el objeto de 
preparar el combustible para los vapores mas grandes, que siguieron mas 
tarde por intervalos de algunos días. El Señor Simpson llegó con su lancha 
de vapor sin novedad hasta muy cerca de la confluencia del Putumayo con 
el rio de San Miguel, donde comenzó á escasear el agua y á hacerse el rio 
mas correntoso. En 1877 publicó en Londres una relación interesante de 
su viaje de exploración (también de su viaje de Guayaquil hasta Ñapo, por 



*) Conocido en el Comercio de Guayaquil, donde residió varios años. Se encontró 
casualmente con la Comisión exploradora en su viaje de Guayaquil á Para. 



LA BEGION OBIENTAL. 207 

Canelos.*) Pero para la geografía la expedición quedó sin resultados im- 
portantes, porque no se levantaron planos, ni se hicieron observaciones 
astronómicas, para determinar los lugares, ni otras mediciones exactas. El 
resultado práctico obtenido es el, de que el Putumayo es navegable á vapor, 
hasta muy cerca del pié de los Andes. 

De las descripciones y del plano del Señor Creveaux se deduce, que el 
rio Putumayo es sumamente tortuoso, siguiendo un rumbo general de NOO 
á SEE, hasta la frontera con el Brasil. En cuanto á sus afluentes reina 
todavía una gran incertidumbre, porque cada viajero y cada mapa los indica 
con otros nombres. Ademas, de la mayor parte no se conoce mas que sus 
bocas. Interesante es el rio Caucaya, que afluye del lado izquierdo, algunas 
leguas abajo de la boca del San Miguel, porque navegando por él, y haciendo 
una corta travesia por tierra al rio S encella, se llega por este último con 
facilidad al Caquetá. 

Pocas palabras diremos del rio Yapurá, que en el terreno colombiano se 
llama Caquetá, porque su hoya superior no toca a nosotros, y del resto de su 
curso solo la banda derecha. Podría repetir casi todo lo que he dicho del Putu- 
mayo, con quien tiene mucha semejanza y corre casi paralelo, solo que no pa- 
rece ser navegable á vapor, sino hasta la mitad de su curso. Sus afluentes 
son muy numerosos, pero valga de ellos lo que he dicho de los del Putumayo. 

Aquí repito lo que he dicho en otros lugares, que las «Cordilleras» de 
Putumayo, de Caquetá y otras que se pintan en los mapas,**) extendiendo 
los ramales de la Cordillera oriental hasta las orillas del Amazonas, y de 
que se habla también tratando de los límites entre Ecuador y Colombia, no 
existen. Los estribos orientales de la Cordillera acaban y se pierden en los 
llanos, á muy corta distancia de los Andes (en el Ñapo se proyectan algo 
mas, pero solo hasta la confluencia del Coca). Á mas de 40 leguas de 
distancia de la cresta de la Cordillera oriental no se encuentra ninguna cor- 
dillera, ninguna montaña de elevación considerable. Por la sencilla razón 
de no existir las «Cordilleras» de Yapurá y de Putumayo, jamas podrán 
ser el límite entre las dos Repúblicas. El único lindero natural será ó el 
Yapurá ó el Putumayo, porque trazarlo entre los dos, ó entre el último y 
el Ñapo, en un país tan llano, por una linea de vertientes entre las cabe- 
ceras de los tributarios, seria sumamente difícil y hoy imposible, siendo así 



*«n 



*) Proccedings of the Roy al Geographical Society, Vol. XXI, No. VI. 

*) En el mapa de Villavicencio ya nada puede sorprender, ni la red de cordilleras 
sobre toda la Provincia oriental, que es tan estraña, como la de sus ríos; pero hasta el 
Señor Raimondi, en su magnífico mapa del Perú, dejó seducirse y recibió de mapas 
antiguos unas cordilleras largísimas entre los rios Ñapo y Putumayo, á lo largo del 
Curaray etc. 



208 topografía. — capítulo iv. 

que no conocemos esos afluentes. Aun en el caso de poseer un plano deta- 
llado de toda la región, saldría sin duda un lindero, trazado por la linea 
de vertientes, sumamente tortuoso y nada natural. 



La tarea de trazar un bosquejo de la Región del Oriente, con materiales 
tan insuficientes, es muy ardua y desagradable para el geógrafo, de manera 
que mas de una vez se siente tentado á poner el punto final, y á hacer una 
raya larga. Si esto le sucede con la descripción puramente hidrográfica y 
orográfica, se siente todavia mas embarazado, cuando quiere componer un 
cuadro general y característico de esta región. Hacerlo en pocos renglones, 
parece imposible, porque considerando la inmensa extensión del pais, es de 
suponer, que el carácter varía bastante, según las regiones y zonas; otro 
debe ser al pié de la Cordillera oriental, otro en el curso medio de los ríos, 
y otro en la zona anegadiza del curso inferior y á lo lo largo del rio Ama- 
zonas. Nadie nos ha dado todavia la característica clara y compendiosa de 
esas zonas y variaciones locales. Por supuesto, no podemos exigir descrip- 
ciones completas, para esto se necesitaría un tomo, á lo menos, de botánica, 
otro de zoología, y otro de etnografía, no hablando de la topografía, y esto 
pasaría los límites de una geografía; sinembargo si leemos y estudiamos las 
descripciones de los viajeros — y existen muchísimas — debemos sentar, 
que son demasiado pobres en datos realmente aprovechables, apesar de que 
agotan el tesoro de expresiones hiperbólicas, para celebrar la «vegetación 
exuberante» y las «riquezas inmensas» del pais, añadiendo la lista estereo- 
típica de algunas docenas de maderas y productos vejetales, que se repite 
en todas ellas. Si pudiéramos hacer una deducción segura de tales relaciones, 
deberíamos creer, que toda la Provincia del Oriente es un pais sumamente 
monótono, una selva sin límite, y de la misma composición en todas partes. 
La descripción de esta selva es comunmente concebida en términos tan 
generales, que puede cuadrar también á las selvas de Esmeradas y de Ma- 
nabi (si exceptuamos uno que otro árbol). En fin, yo confieso, que apesar 
de haber leido la mayor parte de los libros que tratan de la región del 
Oriente, no puedo formarme una idea clara de ella ó de sus caracteres di- 
stintivos, y como no la he recorrido personalmente, no puedo aventurarme 
á recopilar un artículo largo, que nada de nuevo contribuiría á su mejor 
conocimiento. Una sola avertencia me permito enunciar, antes de concluir. 
No dudo, que una gran parte de esta región sea muy feraz y á propósito para 
el cultivo de productos tropicales, pero debemos cuidarnos de no generalizar 
las observaciones locales y extender el juicio favorable sobre todo el pais 
sin distinción, como lo hacen algunos propagandistas del Oriente y de su 



LA REGIÓN ORIENTAL. 209 

colonización, mas entusiastas que prudentes, que fundan en sus suposiciones 
problemáticas cálculos muy atrevidos y hasta imposibles, y edifican castillos 
en el aire. De la mayor parte de este territorio no conocemos mas que las 
orillas de los ríos, que en verdad tienen á veces abáneos» magníficos; pero 
¿cual será el vastísimo pais intermedio? cual su suelo? cual la tierra después 
de haberla desnudada de su vegetación primitiva, ó algunos años después 
de haberla explotado? De muy pocas localidades, y en escala muy reducida, 
tenemos la experiencia. Si leemos de las inmensas áreas inundadas, ó ane- 
gadas anualmente, durante muchos meses, que no solamente se hallan en 
una zona ancha á lo largo del Marañon, sino también á lo largo y á poca 
distancia del curso medio de sus tributarios principales, ¿no debemos con- 
cluir, que una porción muy grande de este territorio será incultivable y casi 
inhabitable? Muchas otras consideraciones se podría agregar, no para dis- 
minuir el mérito de esta bella porción de la República, sino tan solo para 
refrenar un poco la fantasía exaltada. En lugar de cansarnos con exclama- 
ciones sobre las maravillas de la región oriental, de lamentar su estado de 
atraso y abandono, de pintar el paraíso, en que se habrá convertido en 
tantos y tantos siglos, mejor y mas útil seria, estudiarla primeramente con 
calma, bajo la vista científica y práctica á la vez, y ante todo conservar 
lo que todavía no han quitado los vecinos del Norte y del Sur. (15) 



Apéndice á la topografía. 
Vías de comunicación. 

Aunque el capítulo sobre las vías de comunicación propiamente no per- 
tenezca á la geografía física, sino á la civil, no puedo prescindir de insertar 
aquí un pequeño artículo sobre esta materia, como un apéndice de la hidro- 
grafía y orografía del pais. Pues, en el Ecuador los caminos, con escasas 
excepciones, son tan poco artificiales, que podemos casi considerarlos como 
un fenómeno natural, íntimamente enlazado con la topografía. 

Las vias de comunicación ó son acuáticas ó terrestres. De las primeras, 
que se llaman canales, el Ecuador no posee ni una sola artificial; feüzmente 
abundan los canales naturales ó ríos navegables en las regiones bajas del 
oriente y del occidente, como lo he demostrado en la descripción hidro- 
gráfica que precede. Vendrá el tiempo, en que se sentirá la necesidad de 
abrir también canales artificiales, que comuniquen los ríos principales ó sus 

Wolv, Ecuador. 14 



210 TOPOGRAFÍA. — APÉNDICE. 

tributarios entre si; y entonces habrá gran facilidad para estas obras, espe- 
cialmente en toda la región litoral, que está bajo el influjo de las mareas, 
y esta región favorable es muy vasta. En la descripción hidrográfica he 
indicado los ríos, que son navegables á vapor, y los que lo son por canoa. 
— La región andina é interandina carece enteramente de ríos navegables, 
porque el desnivel y la aspereza del suelo es tan grande, que ni la natura- 
leza, ni los esfuerzos humanos pueden remover los obstáculos que se oponen 
á la navegabilidad. — De la región transandina ú oriental he dicho lo ne- 
cesario en el capitulo precedente. Allá, si prescindimos de algunas sendas 
malísimas, que conducen por la Cordillera oriental a las cabeceras ó al curso 
superior de los ríos Ñapo, Canelos, Macas, Gualaquiza, los ríos son las 
únicas vias de comunicación, y el viajero, que deja la canoa para cruzar el 
pais por tierra, siempre debe hacerse un camino ó una trocha ad hoc, con 
hacha y machete, camino que desaparece en pocas semanas, tan pronto como 
la huella que deja su pié en el cieno. — Solo de la región occidental ó 
litoral diremos todavia algunas palabras. En una gran parte de esta región 
el vapor, la chata, la balsa, el bote, la canoa de todo tamaño, reemplaza el 
caballo y las recuas de burros y muías de la sierra. Se explica, que aqui 
hay pocos caminos por tierra, y su mal estado es hasta cierto punto per- 
donable, á lo menos en donde hay la facilidad de la via por agua. Una 
regular canoa manejada por un hombre ó dos, reemplaza una gran recua 
de muías. Lástima es, que estas magnificas vias acuáticas naturales son 
tan descuidadas, como las terrestres en la serranía; aquellas no necesitan 
menos de conservación y reparación, que estas. ¡Cuanto podría extenderse 
la red de ríos navegables, limpiándolos debidamente de las palizadas, for- 
madas comunmente en invierno, dando mas profundidad á otros, y removiendo 
los bajos y bancos de arena, ensanchando en unos y estrechando en otros 
sus riberas! Pero esto demanda trabajo y gastos, y los pueblos se contentan 
todavía con aprovecharse de las vias fluviales, como las dá la naturaleza. 
La flotilla regular de vapores fluviales de Guayaquil, que cruza el sistema 
del rio Guayas por sus venas principales (rios de St a . Ro6a, Máchala, Balao, 
Naranjal, Yaguachi, Bodegas, Baba, Vincos, Daule), y que en invierno penetra 
hasta el pié de la Cordillera alta, podría ensanchar mucho el campo de su 
actividad y ganancia, si con la protección del Gobierno cuidaría mas la 
buena conservación de los rios, la canalización de otros, la abertura de pe- 
queños canales, para abreviar las distancias etc. Para llamar la atención á 
un solo punto (entre tantos que podria enumerar): ¿No seria de muchísima 
utilidad, regularizar el curso del rio Vinces, conduciendo el caudal de su 
agua, que ahora se derrama por tantos esteros, por un solo cauce estable, 
sea por la Bocana, sea por la Boca de Avispas, para hacer este rio 



vías de comunicación. 211 

accesible á los vapores durante todo el año? — Recuerdo que en los años de 
1883 y 1884 Guayaquil estaba alarmado con el peligro de que el rio Guayas 
rompiese, abajo de la ciudad, un cauce al Estero Salado, y se hicieron bajo 
la iniciativa del Señor D. Pedro Carbo algunos estudios y trabajos para evitar 
el acontecimiento. También soy de la opinión, que un tal cambio notable 
no se debe dejar verificarse por un capricho del rio Guayas, pero ¿no con- 
vendría abrir en ese estrecho un canal artificial, con una buena exclusa ó 
compuerta en las orillas del Guayas? El magnifico Estero Salado, que hoy 
dia no sirve de nada, tendría entonces mucho valor y seria una vía de comuni- 
cación mas segura, mas tranquila y mas cómoda que el Guayas mismo, sobre 
todo en invierno, cuando las correntadas en el último son temibles. Con 
la exclusa se evitaría suficientemente la mezcla de las aguas, que temen los 
habitantes de Guayaquil. Y bajo la vista estratégica: ¿no seria en ciertas 
circunstancias de muchísima importancia, que un buque de guerra pueda 
cruzar en un cuarto de hora del rio al Estero Salado? La abertura de este 
canal no presentaría absolutamente ninguna dificultad técnica, y el gasto 
mas fuerte exigiría una buena exclusa en las orillas del Guayas. No es mas 
que una idea que lanzo aquí, y que me vino cada vez que desde el cerro 
de St a . Ana contemplaba el magnífico panorama de Guayaquil y de sus al- 
rededores. 

Los caminos terrestres del litoral son generalmente, por las condiciones 
naturales del clima, en la estación seca buenos, y en la estación lluviosa no 
malos sino pésimos y muchas veces intransitables, á consecuencia de las 
inundaciones. En verano basta abrir una trocha por el monte, para tener 
un camino bueno, porque durante seis meses no llueve, y no hay que vencer 
las asperezas de montañas altas. Pero en el invierno, y en las partes en 
que llueve todo el año, al pié de la Cordillera, los caminos son talvez peores 
que en la sierra, porque las aguas se estancan en un terreno sin declive, 
el camino se convierte en una ciénaga hedionda y sin fondo, faltando casi 
siempre el cascajo ó el sustrato sólido, que en la sierra se encuentra á 
menudo. No me cabe duda, que en muchas partes del litoral la construcción 
y conservación de una carretera sólida, que sirva también en invierno, seria 
mas difícil y mas costosa, que la de un ferrocarril de segundo orden. 

En las provincias bien pobladas, como en las del Guayas, de Los Rios, 
y en la parte meridional de la de Manabí, todos los pueblos y haciendas 
están imidas entre si por caminos de herradura, que en verano nada dejan 
de desear, sino á veces mayor cuidado en tenerlos abiertos y libres del 
ramaje en las partes montuosas. Pero en las regiones, en que no hay una 
población estable, como en las montañas interiores de Manabí y al Norte 
de Balzar y Quevedo, asi como en toda la provincia de Esmeraldas, los 

14* 



212 TOPOGBAFIA. — APÉNDICE. 

caminos de herradura faltan completamente. £1 único camino, que encon- 
tramos al Norte de Bahía de Caráques, es él que sigue la costa del mar, 
comunicando los pocos pueblos y sitios marítimos. Este camino es bueno, 
donde es natural, es decir, donde consiste en la playa arenosa del mar (du- 
rante la marea baja), pero es abominable, donde es artificial, y donde con- 
duce por los «deshechos», es decir, donde se aleja por trechos de la playa, 
para evitar algunos pasos malos, que se hallan comunmente al pié de las 
puntas, que caen perpendicularmente al mar, sin dejar lugar á la formación 
de playas. Los costeños usan poco esta vía natural, tan acostumbrados 
están á hacer su tráfico en chatas, botes y canoas, tanto por el mar, cuanto 
por los esteros y ríos. — Todo el interior montañoso de este pais carece 
de caminos, pues aunque los caucheros, ú otros traficantes, abren de vez en 
cuando una trocha ó senda de á pié, esta se cierra en pocas semanas por 
una vejetacion indomable. El que quiere penetrar allá con bestias, aunque 
sea por algunas cuadras, provéase con hacha y machete y mucha paciencia. 

Pasando á los caminos de la región andina é interandina, podemos decir, 
que no hay mas que un camino bueno, que es la carretera, desde Quito 
hasta Sibambe, obra que se debe al patriotismo y á la energía del Presi- 
dente García Moreno. ¡Ojalá que no se hubiese abandonado jamas el proyecto 
primitivo de prolongar la carretera hasta Milagro ó hasta Yaguachi! Con 
la idea de comunicar mas pronto el litoral con la carretera de Sibambe, 
mediante un ferrocarril, quedó el pais sin una y otro. Me atrevo á enunciar 
la aserción en apariencia paradoja, que, si se hubiese concluido primero la 
carretera, y después comenzado el ferrocarril, este último hoy estaría mas 
adelantado de lo que es, después de 20 años de trabajo. Respecto á los 
demás caminos dice el Señor P. F. Cevallos (VI, pág. 77): «Propiamente no 
ha habido caminos sino en las provincias ó lugares, en que la naturaleza 
de los terrenos se ha prestado para su conservación, sin necesidad del auxilio 
del hombre. Asi el camino ordinario y principal, que atraviesa de N á S 
toda la República, desde el Carchi hasta Zumba y Macará, aunque bueno 
en las provincias del Pichincha, León, Tunguragua y Chimborazo, como 
generalmente lo son también los de sus contornos inmediatos; en las demás 
solo puede llamarse regular en la temporada de sequía, y no malo sino pé- 
simo en la de aguas. — Los caminos trasversales, que tenemos para diri- 
girnos á la provincia de Oriente ó á las occidentales, son caminos para 
cabras, principalmente para llegar á la primera, hay que andar á pié por 
varios (lias ó ser llevado á espaldas de cargueros y expuesto á veces á 
quedarse á las márgenes del rio ó ríos, que de súbito crecen y se ponen 
intransitables.» 

Los caminos del Oriente, ó mejor dicho, los que conducen al Oriente, 



vías de comunicación. 213 

han sido descritos muchas veces por los viajeros, también por Villavicencio. 
Su número se reduce á cinco: I o el do la provincia del Pichincha por Pa- 
pallacta, para los pueblos del Ñapo, el mas trillado de todos; 2 o el de la 
provincia del Tunguragua, por Baños, hasta Canelos, el mas aparente, según 
parece, para mejorarlo, pues no pasa por la región alta de los páramos; 
3 o el de la provincia del Chimborazo hasta Macas; 4 o el de la del Azuay, 
por Sigsig á Gualaquiza, y 5 o el de la de Loja, que vá por Vilcabamba y 
el nudo de Sabanilla, para descender á lo largo del rio Chinchipe á Zumba 
y Chito y hasta Jaén. Algunos agregan un camino de Imbabura á Pun y 
el rio Cófanes (Aguarico), y otro de Latacunga por las faldas del Cotopaxi 
al Ñapo; pero ambos no son hoy traficados. 

La comunicación del callejón interandino con las provincias litorales es 
mala y casi nula en la porción setentrional de la República, es decir, en 
las provincias de Imbabura y Pichincha de un lado, y las de Esmeraldas y 
Manabi del otro. — El camino llamado de Carondeled, que conduce de Ibarra 
al Pailón, es de herradura y regular hasta las últimas haciendas del valle 
del rio Mira, ó hasta la cercanía de la desembocadura del rio Lita. De ahí 
se trafica por una casualidad á pié al Pailón ó á Cachabi. Los caminos de 
á pié, que hubo en algunas épocas de Otavalo y de Quito á Esmeraldas, es 
decir, á los embarcaderos del Guallabamba, de Caoni y de Silanchi, están 
cerrados y casi olvidados. El camino de Manabi, á saber, el de Quito á 
Bahía de Caráques por St°. Domingo, todavía no llega á este último pueblo, 
por el resto conduce una trocha recien abierta, que pronto se cerrará y que- 
dará sin objeto, si no se realiza el proyecto de ferrocarril. 

Hay algunos caminos de herradura muy malos, que cruzan la Cordillera 
occidental, pero acaban en las faldas exteriores de ella, y no llegan al litoral. 
Tales son los que conducen por Cotacachi y por Perucho á Intac, los que 
van de Quito por Cotocollao á Nieblí, á Nono, á Nanegal, á Mindo, por Lloa 
á algunas haciendas atrás del Pichincha, de Latacunga á Sigchos etc. 

La falta de caminos en la parte setentrional del pais se explica fácil- 
mente por la ausencia de población. Es imposible, que entre los cuatro 
pueblos marítimos y el pais interandino se desarrolle un comercio tan vivo 
y fructuoso, que recompense un viaje largo y penoso al través de una región 
tan áspera y ancha, que separa los pueblos, ó que costee la construcción 
de caminos. En efecto ¿qué puede enviar la sierra á los pueblos de Esme- 
raldas, que estos no reciban mas cómodamente y mas barrato por otra via? 
Los pocos artículos de consumo, que ellos necesitan en un año, se podría 
llevar por un buen camino en una semana. Y vice versa: ¿qué artículos 
podrían importar los pueblos de Esmeraldas en los del interior, que estos 
no reciban á menos trabajo y costo por otras vías? De consiguiente el 



214 TOPOGBAFIA. — APÉNDICE. 

comercio interior solo no mejorará los caminos en esta parte, porque la 
perspectiva no es halagüeña. Si la abertura de caminos y de algunos puer- 
tos mayores en la costa, atraería el comercio exterior (exportación ó impor- 
tación), es otra cuestión di tinta, que no puedo decidir, porque se necesi- 
taría un gran acopio de datos estadísticos, sobre la productibilidad y el 
consumo de aquellas provincias, datos que en realidad nos faltan. 

La confirmación de lo que acabo de exponer, encontramos en el hecho, 
de que desde el punto, en que las provincias litorales son bien pobladas, 
se desarolla un comercio vivo entre ellas y las serraniegas, y en conse- 
cuencia hay muchos caminos de herradura, que las ponen en comunicación. 
Indicaré los principales, que casi todos he recorrido personalmente. El pri- 
mero sube por el valle de Quevedo y Pilaló á Latacunga. Por la hoya del 
rio Zapotal y Juntas entran los caminos de Angamarca y de Simiátug, que 
conducen á Latacunga, Ambato y Guaranda. De Babahoyo parten muchos 
caminos á la sierra: uno, que se llama de San Antonio, vá por Cacharí, 
sigue el rio de Pozuelos, y sube por las haciendas de Pacana y San An- 
tonio á Pucará y Guaranda. Otro, el mas trillado y mas antiguo, es el, 
que vá por Sabaneta á Balsabamba y conduce á Guaranda, ó por San Miguel, 
ó por San Sebastian, ó por Chapacoto. Ademas se deriva de él en Balsa- 
bamba el camino antiguo, que vá por San Jorge al valle de la Chima. Otro 
camino sigue desde Babahoyo el rio de Bodegas arriba hasta las Juntas, 
y sube por el valle del rio Limón á Chillanes. Como el valle de Chimbo, 
según mi modo de ver, pertenece ya á la región andina, no hablo aquí de 
los caminos que conducen de la provincia de Bolivar á la del Chimborazo. 
— Desde Puente de Chimbo (estación del Ferrocarril) parten los caminos, 
que van por el valle de Chimbo á Guaranda, y por valles laterales á Sibambe 
(por Cayandeled ó por Sacramento), á Linje, á Pallatanga, y por Pangor á 
Cajabamba, otro vá por el valle del Chanchan á Sibambe. Por el valle del 
Rircay sube un camino de Boliche ó Taura á Suscal y Cañar. Otro, mas 
frecuentado, conduce á Cañar de Naranjal por el valle del rio Suya y por 
Gualleturo. Un ramal de este camino sube por el valle del rio Patul á la 
Cordillera de este nombre y á Cuenca. El camino real de Cuenca deja 
desde Naranjal el valle principal, y sube por el de Chacayacu á Yerbabuena 
y Molleturo, y en seguida por el valle del Mihuir al Cajas y á Cuenca. 
Otro camino conduce á Cuenca por el valle del rio Balao, cruzando la Cor- 
dillera mas al Sur del Cajas. Por el valle del rio Tenguel se puede pasar 
la Cordillera en Mullepungo y llegar á Pucará en la hoya del rio Jubones. 
A la misma hoya conduce el camino de Máchala y Pasaje, que sigue el rio 
Jubones hasta el valle de Yunguilla. Un poco mas al Sur encontramos el 
camino de St a . Rosa á Zaruma y Loja, y finalmente hay dos caminos que 



vías de comunicación» 215 

van de Túmbez á los cantones de Célica y Catacocha, uno por Puyango y 
otro por el Casadero. 

Todos estos caminos enumerados, y algunos mas de menor importancia, 
se parecen en muchos puntos, y conociendo uno ó dos, se tiene una idea 
general de todos. Hé aquí el tipo de ellos: De la llanura entra el camino 
en uno de los valles, que se extienden entre los ramales occidentales de la 
Cordillera. El valle al principio es ancho, el levantamiento del terreno suave, 
el rio bastante manso. Poco á poco el piso del camino, antes arenoso y 
lodoso, se presenta por trechos con cascajo mas ó menos grueso, el rio lleva 
guijarros mayores, las montañas se acercan al curso del rio, y con esto 
entramos en la región húmeda, en que llueve casi todo el año, á lo menos 
todas las noches. Aquí principian los trabajos: el valle es angosto, la gra- 
dación del terreno fuerte, por escalones se sube las mesetas angostas que 
á ambos lados del rio se siguen una sobre otra, y se componen de cascajo 
mezclado con enormes pedrones; en medio y cortándolas verticalmente, se 
precipita el rio estrepitoso por saltos y cascadas, entre los negros peñascos 
sembrados en su cauce. El viajero ya se en tierra con su cabalgadura en 
lodazales hediondos y llenos de sustancias pútridas, ya corre peligro de 
resbalar y de caer en el precipicio de una quebrada, ó de quedarse clavado 
en una angostura de las rocas que cubren el camino y entre las cuales las 
bestias, torciéndose y jalando, apenas pueden pasar su propio cuerpo. En 
donde las rocas escarpadas de las montañas llegan hasta la orilla del rio, 
el camino le cruza, ó sigue por largos trechos dentro del agua, donde es 
posible, y estos pasajes por el rio, que no siempre carecen de peligro, se 
repiten en algunos de tales caminos (p. ej. en el de St a . Rosa) diez ó veinte 
veces en pocas horas, pues se prefiere la via acuática á las horribles subi- 
das y bajadas por las cuchillas á lo largo del rio. Á todas estas lindezas 
del camino se agrega lo cerrado y tupido de una vejetacion demasiado exu- 
berante; abajo las raices enredan los pies de las bestias, y los arboles caidos 
las obligan á saltos mortales ó á rodeos largos; de arriba amenazan al ginete 
las mil clases de enredaderas, bejucos, espinos, ramas pendientes, árboles 
inclinados; y por añadidura todo está goteando de humedad, porque rara 
vez los rayos del sol penetran en estas selvas húmedas, y no hay tiempo 
para evaporar tanta agua, que cae cada noche de nuevo. Un silencio pro- 
fundo reina en estos bosques primevos, solo de vez en cuando interrumpido 
por el bramido de los monos, ó la algarada disonante de los loros; el grito 
de un arriero, que de lejos anuncia la llegada de una recua de burros, 
es un consuelo. Rara vez un viento fresco mueve la atmósfera cálida y 
estancada; el cuerpo y el espíritu del hombre languece, y deseando salir 
cuanto antes de este valle sombrío, reniega las bellezas decantadas de la 



216 TOPOGBAFIA. — APÉNDICE. 

vegetación tropical, que oprime su corazón, y apura sus pasos hacia 
arriba. 

Bañados en sudor trepan hombres y animales las primeras gradas de 
la Cordillera. En la altura de 600 ó 800 metros, comunmente en un punto 
de reunión de algunos valles y ríos, el camino, abandonando el fondo del 
valle, toma la ladera de un estribo de la Cordillera alta, y sube en forma 
de zigzag sobre su cuchilla ó cresta, que es la linea divisoria entre dos 
valles, hasta la cima de la Cordillera, ó hasta el límite superior de la vege- 
tación arbórea, en donde las montañas alcanzan una altura tan considerable. 
Pero con este cambio de sistema no se mejora el camino. En primer lugar 
comienza aquí la verdadera «cuesta», es decir la subida empinadísima, que 
dura muchas horas y rara vez es interrumpida por una meseta corta; la 
caída del camino es, apesar de las muchas vueltas y girones, demasiado 
fuerte, y casi siempre el ángulo de inclinación excede el máximo, que se 
suele dar á los caminos de herradura. En segundo lugar, — y esto es lo 
peor, — esas laderas inferiores de la Cordillera y de sus ramales se com- 
ponen de un terreno malísimo, que es el producto de una descomposición 
rápida, química y mecánica, de las rocas constituyentes. En esta zona de 
humedad eterna los pórfidos y las dioritas, que forman el esqueleto de las 
montañas, se hallan trasformados en la superficie y hasta la profundidad 
de algunos metros, en una arcilla roja ó amarilla, que con el agua de las 
lluvias se vuelve sumamente resbalosa, y mas luego se trasforma en lodo 
hondo y casi intransitable. Aquí llegan los «camellones», aunque no faltan 
en los llanos ni en la montaña superior, al mayor grado de perfección, ó 
mejor dicho, de perversión, y completan en mal tiempo la desesperación del 
viajero.*) Los camellones son una cosa esencial é inseparable de un camino 
á la sierra, y consisten en unas lomas de tierra, paralelas á sendas zanjas 
transversales, que se forman con la pisada de las bestias. Muchas veces 
estas zanjas tienen dos ó tres pies de profundidad y están llenas de agua 
y lodo. Cuando son hondas, los animales descansan con la barriga, y el 
ginete con los pies, sobre la loma, y cuesta trabajo zafarse de tal posición, 
en que falta un piso seguro. Los camellones se siguen á veces por muchas 
cuadras, y cuando se hallan en una cuesta empinada, y por añadidura llenos 
de piedras rodadas, el viaje se convierte en una serie no interrumpida de 
caídas, resbalones, tropezadas, revolcadas, de que hombres, animales y 
cargas salen literalmente cubiertos de lodo. Imposible pintar la escena in- 
fernal, que se desarolla, cuando en tales lugares se encuentran varias recuas 



*) Ejemplos característicos: la cuesta de St\ Rosa con «la escalera», el camino de 
Cuenca en «el empedrado» y en Chalapud, la cuesta de Balsabamba con «el torneado» etc. 



vías de comunicación. 217 

de burros y muías, unas subiendo y otras descendiendo. Los arrieros se 
quitan el ropaje hasta la última pieza, cayendo y resbalándose ellos mismos, 
buscan como precaver la caida de sus animales de carga, los sacan de los 
huecos, los impujan, los levantan con sogas, los animan con gritos, impre- 
caciones y golpes de palo, y con todo no siempre pueden evitar, que en 
parajes angostos se forme un ovillo inextricable de gentes y bestias, de lodo 
y carga, de raices y espinos. Entonces el machete corta el nudo gordiano, se 
suelta la carga, se la saca á un lugar seguro, después se salvan los ani- 
males, no siempre todos, porque uno que otro sucumbe á las fatigas y queda 
muerto ó moribundo entre los camellones, otros salen tan estropeados, que 
para el resto del viaje quedan inútiles. — Tales escenas se repiten diaria- 
mente en tiempo de invierno; pero también en verano rara vez se seca la 
región inferior de las montañas hasta el grado, que el camino «echa polvo», 
como dicen los arrieros, cuando es algo regular. 

Por lo común tendremos el camino malo hasta la altura de unos 2000 me- 
tros. En esta elevación el terreno suele ser mas sólido y mas seco, y tam- 
bién la temperatura es mas agradable; con verdadero placer recibimos el 
vientecito que sopla de las alturas, y respiramos el ambiente balsámico del 
bosque, que ha cambiado de carácter. Quedan atrás los gigantescos pero 
sombríos árboles de la región inferior, con su follaje impenetrable; la selva, 
aunque todavía tupida, se compone de otras formas mas bajas, pero ele- 
gantes y muy variadas, entre las cuales se distinguen especialmente los 
graciosos heléchos arbóreos; solo las palmas de cera levantan sus esbeltas 
columnas y coronas muy alto sobre las colinas de verdor. 

En la altura de 2000 á 3000 metros el bosque ostenta la mayor riqueza 
de flores hermosas y raras, y contribuye mucho á la expansión, que se apo- 
dera espontáneamente del ánimo del viajero, — siempre que un tiempo bueno 
le favorezca, y el camino quede seco. Porque en caso contrario le espera 
en estas alturas, y especialmente en el límite de la vegetación arbórea, y 
al entrar á la región del páramo ó de los pajonales, una molestia nueva. 
Sara vez el camino es llano: ó sigue subiendo por cuestas empinadas, ó 
hace ((travesías» por las laderas de las montañas, y entonces también se 
compone de subidas y bajadas rápidas. El terreno superficial es una tierra 
npgra muy compacta, que con la menor lluvia se pone resbaladiza, como 
jabón. Difícil es decir, si la subida ó la bajada es mas peligrosa, el viajero 
novel teme mas la segunda, el experimentado la primera. En una subida 
peligrosa el animal, que resbala por atrás, fácilmente cae por la espalda 
sobre el ginete, ó á un precipicio, que no puede evitar porque no lo vé; en 
la bajada, al contrario, puede evitar el peligro, y resbala con una seguridad 
admirable, juntando las manos y medio sentado sobre las patas. El ginete 



218 topografía. — apéndice. 

que tiene una bestia medianamente ejercitada en estos caminos, no puede 
hacer cosa mejor, sino entregarse al instinto de ella. A veces con un solo 
resbalón baja 20 ó 30 metros en linea recta ó siguiendo los giros del ca- 
mino. En otros puntos tendremos que escalar peñascos tajados, por sendas 
de dos pies de ancho, en que un solo paso malo de la bestia nos lanzaría 
á un abismo horrible. Y así se siguen las peripecias del camino sin inter- 
rupción, hasta llegar á la carretera ó á uno de los caminos interandinos 
principales. — En algunos puntos (p. ej. entre Balsabamba y el valle de 
Chimbo) el camino no llega á la región de los páramos, y el tránsito se 
verifica dentro de la zona de vegetación arbórea; en otros (p. ej. en el ca- 
mino de Naranjal á Cuenca) tenemos que subir unos 1000 ó 1500 metros 
mas por los pajonales, para cruzar finalmente por un portezuelo, muchas 
veces nevado, á la región interandina. En estas alturas el camino presenta 
nuevas dificultades, enlazadas con la naturaleza de los páramos, de que 
hablaré en otro lugar. 

La descripción que precede, cuadra poco mas ó menos á todos los ca- 
minos, que conducen del litoral á las provincias interiores, y también á 
muchos de los interandinos. Ya se vé que el Doctor Cevallos no exagera, 
cuando los llama «caminos para cabras», ni Villavicencio, diciendo que «en 
el Ecuador no tenemos lo que realmente merece el nombre de caminos». 

No veo la necesidad de enumerar aquí todos los caminos del interior, 
ni mucho menos la de describirlos uno por uno.*) Igualmente creo inútil, 
repetir las lamentaciones sobre su mal estado y recordar al Gobierno la 
urgente necesidad de mejorarlos; porque estoy seguro, de que el Gobierno 
reconoce esta necesidad como todos los particulares, y preciso es confesar, 
que en los últimos tiempos ha gastado sumas muy crecidas en la compos- 
tura de los caminos mas importantes. Pero no debemos olvidar, que la 
construcción y la conservación de los caminos en el Ecuador es mas difícil 
y mas costosa, que por ejemplo en el Perú occidental, en Chile ó en cual- 
quier pais extratropical , á consecuencia de las inmensas dificultades, que á 
estas obras opone una naturaleza indomable, la aspereza del terreno, y las 
condiciones singulares del clima. 

Lo mismo se puede afirmar de la construcción de un ferrocarril andino, 
que tanto necesita el Ecuador, para poner en regular comunicación las pro- 
vincias del interior con las del litoral. Mas fácil será horadar los granitos 
y las andesitas de la Cordillera alta, que consolidar la linea en el terreno 
deleznable y movedizo en las faldas inferiores de ella, como ya lo ha pro- 
bado el trabajo entre Puente de Chimbo y Sibambe. Algunos han creido, 

*) La descripción de los principales véase en Villavicencio, Geografía, p. 135. 



vías de comunicación. 219 

que se debería abondonar la ruta por el valle del Chanchan y tomar la por 
el valle de Chimbo. Pero las dificultades serán poco mas ó menos las mis- 
mas; se encontrarán también en las provincias de Manabi y Esmeraldas para 
ferrocarriles futuros, y en general por todo el declive occidental de los Andes. 
La mayor dificultad no consiste en la configuración topográfica superficial, 
sino en la naturaleza interior de las rocas, y en las condiciones climatológicas. 
La obra gigantesca del ferrocarril de Oroya en Perú era relativamente mas 
fácil, que la comenzada entre Puente de Chimbo y Sibambe, porque se traba- 
jaba en terreno sólido. Quitemos al Ecuador su vejetacion y su humedad, 
demos á las montanas el clima árido del Perú, y pronto tendremos el mismo 
terreno sólido; la descomposición de las rocas cesará, ó se manifestará por 
otro modo menos perjudicial. No hago esta observación para desalentar, sino 
para estimular. Las dificultades son grandes y pueden retardar la obra, pero 
no son invenciblss y se vencerán. El ferrocarril es una obra sumamente 
útil para el Ecuador, es necesaria, por consiguiente se hará. García Moreno 
tiene el mérito de haberla ideado y comenzado, hace 20 años; mas mérito 
y mas gloria tendrá el Gobierno, que la lleve á cabo, venciendo tantas 
dificultades que aquel patriota no pudo proveer. 

El ferrocarril del Sur, es decir, el que debe unir la capital de la Re- 
pública con Guayaquil, está concluido en su primera sección, desde la estación 
de Duran, que está enfrente y á la vista de Guayaquil, hasta Puente de 
Chimbo, al pié de la Cordillera occidental. La segunda sección, que es la 
mas difícil y comprende el ascenso de la Cordillera pof el valle del Chanchan 
hasta Sibambe, en la cercania de Alausí, está en construcción, hace algunos 
años. La tercera sección, que debe seguir por el callejón interandino hasta 
Quito, no ha pasado todavia del estado de proyecto. No hay duda, que esta 
linea, elegida para el primer ferrocarril del pais, es la mas natural y la mas 
ventajosa bajo muchos respetos. Pone en contacto inmediato cuatro pro- 
vincias interandinas (Pichincha, León, Tunguragua y Chimborazo) con el 
puerto principal de la República, y con la provincia mas poblada del litoral. 
Con su prolongación al Norte, á las provincias de Imbabura y de Carchi, y 
con un ramal, derivado en el cantón de Alausí hacia el Sur, á las provincias 
de Cañar, Azuay y Loja, se completará mas tarde la comunicación de todas 
las hoyas interandinas. Ninguna otra linea serviría tan perfectamente al 
interés general del pais, como la proyectada (y en parte ejecutada) de Quito 
á Guayaquil. Siempre he sido de la opinión, que el Gobierno debería por 
ahora concentrar todas sus fuerzas morales y materiales en la conclusión de 
esta obra magna, y no debilitarlas entrando en otros proyectos mas ó menos 
particularistas, que por ahora son irrealizables ó inútiles. Algunos ponen 
toda la felicidad (soñeada) de su provincia en la comunicación de ella por 



220 TOPOGBAFIA. — APÉNDICE. 

ferrocarril con un puerto del mar, aunque se halle en el desierto de Pailón 
(véase pág. 25), y no piensan en la utilidad y necesidad talvez mas urgente, 
de ponerse en comunicación con las otras provincias del interior. Mucho 
mas ventajosa seria esta última, p. ej. para las provincias de Imbabara y de 
Carchi, que un camino al Pailón. Es un gran error creer, que basta que 
el Gobierno declare un punto en la costa como puerto mayor y haga un 
camino á él, para atraer de un golpe el comercio exterior é interior á este 
punto, y una inmigración numerosa a un pais hasta ahora desierto. Un 
sueño utópico es, creer que con tal que se pongan los rieles de un ferro- 
carril al través de los bosques primevos de Esmeraldas y de Santo Domingo 
de los Colorados, se levantarán como por encanto pueblos y ciudades á lo 
largo de la linea. Á menudo se alega el ejemplo de Norteamérica, y ninguno 
mas impropio se podría aducir, porque falta completamente la analogía; ¡la 
Sudamérica (tropical) no es Norteamérica, y los Ecuatorianos no son Yankees! 
Mucho, muchísimo se podría escribir sobre este tema — porsupuesto sin 
convencer á los utopistas exagerados del Ecuador — , pero ya me he dejado 
alejar demasiado del objeto propio de mi libro, es decir de la geografía 
fiscia del país. 

He creído de muchísima utilidad agregar á este artículo sobre los ca- 
minos, y en general á la topografía del pais, una lista estensa de alturas. 
La pongo entre los «Suplementos», y espero que será recibida con agrado de 
los hombres de ciencia, topógrafos, ingenieros civiles y militares, viageros, 
y de todos los que necesitan ocuparse teórica ó prácticamente con las con- 
diciones hipsométricas del Ecuador/ 16 ) 



PARTE H 



GEOLOGÍA. 



Generalidades. 

La configuración exterior del globo terráqueo en su totalidad y en sus 
partes, no es otra cosa, sino el resultado final de una infinita serie de 
sucesos geológicos, ó de su desarrollo sucesivo. La geologia es la ver- 
dadera llave para la inteligencia de la geografía de un pais, y ambas cien- 
cias están en intima correlación. Pero como el estudio geológico sale 
siempre de las condiciones exteriores y superficiales de un pais, la topo- 
grafía es también una base de la geologia; esta base hemos echado en los 
capítulos precedentes. 

La descripción topográfica de un pais está al alcance de todos, que 
poseen una instrucción mediana; no así la descripción geológica, cuya in- 
teligencia supone en el lector conocimientos especiales en mineralogía, quí- 
mica y otros ramos auxiliares, y ante todo la familiaridad con los principios 
fundamentales de la geologia general. — Una geología completa del pais 
ocuparía un tomo especial, y traspasaría los limites de esta obra. Lo que 
por ahora me propongo es, trazar un bosquejo general de las condiciones 
geológicas del Ecuador, y sacar algunas consecuencias prácticas de su estudio. 
El uso de muchas palabras técnicas y específicas será inevitable en esta 
parte; para facilitar su inteligencia á los lectores, que no han hecho un 
estudio especial de la geología, he creido útil, colocar entre los «Suplementos» 
un corto resumen de las nociones mas generales de la geología, en cuanto 
tocan al Ecuador. (17 > Algunas discusiones demasiado particulares, que pueden 
interesar solo al geólogo de profesión, relegaremos á las anotaciones y 
suplementos. 



222 geología. 

En cuanto á la cartita geológica, que acompaña esta parte de la obra, 
observaré, que la pequeña escala, en que está trazada, no permite una distin- 
ción mas detallada de los terrenos, ni la indicación de las subdivisiones de 
las rocas, pero llena su objeto de facilitar la inteligencia de la descripción. 
Es la primera carta geológica del Ecuador, y se funda en casi todas sus 
partes en mis propias observaciones. Donde estas no alcanzan, las he su- 
plido con datos ágenos, ó extendiendo un terreno, hasta donde según la con- 
figuración topográfica y otros indicios, probablemente alcanza. No hay duda, 
que este primer ensayo es todavía imperfecto, y sufrirá varias modificaciones 
y correcciones, sobre todo en las partes menos conocidas del país, y en 
aquellas en que no pude concluir mis estudios geognósticos. í 18 * Pero una 
vez se debe hacer el principio, y cualquier otro se hallará con las mismas, 
y talvez con mayores dificultades, que yo. 

La historia de la geología en el Ecuador es corta. Á mediados del siglo 
pasado, cuando los Académicos franceses Condamine y Bouguer, y los ofi- 
ciales españoles Ulloa y Jorge Juan, hicieron sus estudios, y á fines del mismo 
siglo, cuando escribió Velasco, la ciencia geológica yacía todavía en los 
pañales, y por esto no encontramos cosas notables en sus escritos, sino al- 
gunas noticias interesantes sobre los volcanes ecuatorianos, pero con expli- 
caciones á veces muy desgraciadas. — A. Humboldt era el primero, que 
vino á estudiar el pais, provisto de suficientes conocimientos geognósticos, 
y sus trabajos lo hicieron conocer á los geólogos de Europa. Pero en los 
pocos meses, que pasó en el Ecuador (1802), no pudo abrazar, sino una pe- 
queña parte de él, y sus estudios casi se limitaron á algunos volcanes del 
pais interandino. — Su primer sucesor era Mr. Boussingault (1831), de que 
podemos decir lo mismo que de Humboldt. No se puede negar, que las 
descripciones de los dos sabios nombrados, especialmente del primero, ejer- 
cían una atracción especial sobre los geólogos, y todos los que vinieron al 
Ecuador, se dirigían al pais clásico del volcanismo, es decir á la región an- 
dina entre Tulcan y el Azuay, siguiendo las huellas de Humboldt. — En 
1856 H. Karsten publicó sus estudios geognósticos, hechos en Colombia y en 
un viaje por el Ecuador interandino hasta la provincia del Tunguragua. En 
una edición posterior (1886) extendió la descripción también sobre la mitad 
meridional del Ecuador, fundándose especialmente en los estudios, que yo entre 
tanto habia publicado.*) — Algunos años mas tarde M. Wagner visitó el pais, 
limitándose de nuevo á la región interandina desde Ibarra hasta Riobamba.**) 

*) 27. Karsten, Dio geognostischen Vorhaltnisso Neugranada's (Wicn 185(1). — 27. 
Karsten, Géologie do l'aneieniie Colombio Bolivarienne (Borlin 188(>)- 

**) M. Wagner, Nuturwisscnsehaftlichc Roiscn im tropischen Amerika (Stutt- 
gurt 1870). 



GENERALIDADES. 223 

Todo el resto del pais alto, desde el Azuay al Sur, y todo el litoral que- 
daba tan desconocido, como antes. El estudio petrográfico se limitó á 
algunas pocas análisis químicas de rocas volcánicas, colectadas por los 
viajeros nombrados, ó por otros que, sin ser geólogos, solo de paso pres- 
taron alguna atención al terreno. — Entonces llegaron en 1870 los señores 
W. Reiss y A. Stiibel, que después de haber estudiado los volcanes de 
Colombia, se propusieron examinar toda la región volcánica del Ecuador 
sistemáticamente, según un plano muy vasto, y coronaron su obra des- 
pués de cuatro años de un trabajo ímprobo. Conocidos son en el mundo 
científico los estudios de estos dos geólogos, aunque por desgracia su gran 
obra principal todavía no está concluida. Sus colecciones mineralógicas 
y geognósticas , que cuentan millares de muestras, son lo mas completo, 
que existe en ramo de volcanologia. Aunque el objeto especial de" dichos 
viajeros era el terreno volcánico, no descuidaban el resto de las forma- 
ciones geológicas, en cuanto cayeran en el rayo de sus excursiones y 
viajes, especialmente sus conexiones con las rocas volcánicas. Pero la 
mitad meridional y toda la parte occidental de la República, quedaba 
siempre desconocida. 

Al mismo tiempo (1870), que los doctores Reiss y Stübel, comencé yo 
mis estudios geológicos del pais, al principio en escala modesta y reducida, 
porque la enseñanza de las ciencias en Quito me dejaba poco tiempo para 
viajes y excursiones. Solo desde el año de 1875, después de haber renun- 
ciado la cátedra, y sido nombrado geólogo del Estado, pude emprender el 
estudio sistemático de las provincias. Se comprenderá, que con preferencia 
me he dedicado al estudio de aquellas partes de la República, que hasta 
entonces habían sido descuidadas completamente, como las provincias de 
Loja, del Azuay, y todas las litorales. Aquí todo estaba por hacer; encontró 
un campo inculto. 

Fuera de los indicados, no se han ejecutado otros trabajos geoló- 
gicos de importancia en el Ecuador, durante los últimos dos decenios. Han 
pasado algunos viajeros científicos, pero sin hacer estudios originales. Solo 
un geólogo polaco, el Señor J. v. Siemiradski, que en 1883 hizo algunas 
excursiones á Alausí y al valle del rio Pastaza, publicó en un folleto in- 
teresante los resultados de sus observaciones y las análisis de algunas 
rocas andesiticas.*) — Ademas se hicieron otras análisis de rocas ecuato- 
rianas en varios laboratorios químicos de Europa, que sinembargo solo 
tienen interés para el petrógrafo especialista. — Hé aquí toda la liistoria 



*) J. v. Siemiradski , Ein Boitrag zur Kcnntniss dcr typischen Andesitgestcine 
(Durpat 1885). 



224 geología. 

de los estudios geológicos en el Ecuador, que contiene á la vez las fuentes 
de que pude valerme. 



La Cordillera oriental de los Andes ecuatorianos nos presenta las rocas 
mas antiguas de la costra terráquea conocida, la costa y el pais occidental, 
las formaciones sedimentarias mas modernas, y el pais interandino, con la 
Cordillera occidental, una mezcla complicada de rocas plutónicas y volcáni- 
cas, predominando en la mitad austral las primeras, y en la setentrional las 
segundas. Esto se puede establecer en general, sin que una zona excluya 
del todo las formaciones de las otras. 

De las formaciones geológicas, que se llaman estratificadas (también 
neptúnicas, acuosas, sedimentarias) se han reconocido en el Ecuador las 
siguientes: 

I o . La formación de gneis y esquistas cristalinas. — Período 

arcaico. 

II o . La formación cretácea. — Periodo mesozoico. 

III o . La formación terciaria. — Periodo kenotóico. 

IV o . La formación cuaternaria ó diluvial. I ^ , _ , 

> — Período moderno. 

V o . La formación aluvial ó moderna. ) 

Se vé, que falta de la escala geológica general (véase Suplem. N. 20) 
un número considerable de formaciones, así todas las del período paleozoico 
(la silúrica, devónica, corbonífera y pérmica), y las dos primeras (la triásica 
y la jurásica) del período mesozoico. 

Al lado de las formaciones sedimentarias, é intercaladas entre ellas, se 
encuentra una serie de rocas, que se presentan en macizos irregulares, di- 
ques, vetas y filones, y que manifiestan un origen distinto del de las pri- 
meras. Comunmente se llaman rocas plutónicas y volcánicas. — El origen 
ígneo de las últimas no es dudoso, mientras que respecto á las primeras, 
á lo menos á las mas antiguas (graníticas), los geólogos no están de acuerdo. 
Esta obra no es la palestra, en que podríamos lidiar en pro ó en contra de 
una ú otra opinión teórica, y ventilar una de las cuestiones mas difíciles de 
la geología. Retenemos el antiguo nombre para el grupo de las rocas plu- 
tónicas, sin afirmar con esto, que todas ellas tengan el mismo origen de un 
magma ígneo-fluido, ó que se hallen en su estado primitivo; porque admito 
para muchas una metamorfosis posterior muy profunda. — La edad relativa 
de las rocas plutónicas y volcánicas se determina según la de las forma- 
ciones sedimentarias, con las cuales se hallan en relación. De su edad re- 
lativa resultará también el orden natural, en que trataremos de ellas. — En 
el Ecuador podemos distinguir tres grupos grandes: 



GENERALIDADES. 225 

I # . Las rocas graníticas y sieniticas, que se hallan íntimamente 
conexionadas con la formación del gneis y de las esquistas cristalinas. 

II o . Las rocas verdes y las porfídicas de toda clase, que están 
en relación con la formación cretácea, y son, á lo menos en su mayor parte, 
de un origen mesozoico. 

III o . Las rocas volcánicas, que caracterizan especialmente los ter- 
renos cuaternarios y modernos, aunque algunas de ellas parecen datar de 
la época terciaria. 

Trataremos de cada uno de estos tres grupos después de las forma- 
ciones sedimentarias, que acompaña. 



Wour, Ecuador. 15 



Capítulo I. 
Formación del gneis y de las esquistas cristalinas. 

El fundamento geognóstico de los Andes ecuatoriales consta de antiguas 
rocas pizarrosas de una textura cristalina, que solemos llamar gneis y es- 
quistas (ó pizarras) micáceas, arcillosas, amfibólicas, cloríticas, talcosas etc. 
según el mineral, que predomina en su composición. Estas rocas son estrati- 
ficadas y consideradas como de origen neptúnico, aunque la forma y los 
caracteres petrográficos, con que se presentan actualmente, tal vez no son 
primitivos y originales, sino efectos del metamorfismo químico, verificado en 
el transcurso de tiempos indefinidos. En la cronología geológica dichas 
rocas ocupan el lugar ínfimo, es decir, pertenecen á las formaciones acuosas 
mas antiguas, que con los nombres de la lorenciana y hurónica reunimos en 
el periodo arcaico. 

El gneis y las esquistas cristalinas no ocuparon desde el principio la 
posición, en que las observamos hoy, antes debemos atribuir su levantamiento 
hasta las alturas actuales á unos procedimientos geológicos muy posteriores 
y relativamente modernos; pues podemos evidenciar con argumentos indis- 
putables, que el levantamiento principal de los Andes se verificó después de 
la formación cretácea, durante el período terciario, y esto es, geológicamente 
hablando, moderno. Este fenómeno, en apariencia paradojo, de que los le- 
vantamientos de las cordilleras mas altas datan de tiempos no muy remotos, 
no es aislado, y se observa igualmente en el mundo antiguo, como, por 
ejemplo, en el Cáucaso y en los Alpes. 

Como el armazón fundamental de los Andes estaba sujeto a todas las 
revoluciones sucesivas del globo, desde el periodo arcaico hasta nuestros dias, 
es muy natural, que sufrió mil alteraciones tanto en su constitución interior 
ó química, cuanto en su estructura exterior ó arquitectura. Sobre todo son 
las rocas eruptivas las que, atravesando las estratificadas, no dejaron de 
influir poderosamente en su yacimiento, y de hacerlo muy complicado. Ade- 
mas las formaciones acuosas, que subsiguieron á las primitivas, las ocultaron 



FOEMACION DEL GNEIS. 227 

en gran parte por su sobreposicion, de manera que su extensión geográfica 
en la superficie no es tan grande, como se podría esperar, y en las llanuras 
occidentales conozco muy pocas localidades, al pió de la Cordillera, en que 
se descubre este fundamento mas antiguo del pais. 

Si estudiamos la extensión superficial del terreno de gneis y pizarras 
cristalinas sobre el mapa geognóstico, veremos, que compone toda la Cor- 
dillera oriental y sus faldas exteriores ú orientales, desde la frontera del 
Perú, sobre Huancabamba, hasta el lindero con Colombia. En la provincia 
de Loja está sumamente desarrollado, y baja también por las faldas occi- 
dentales de la Cordillera real, hasta los valles interandinos profundos. Según 
el señor E. Witt de Loja, toda la hoya superior del rio Chinchipe y de sus 
tributarios, desde el nudo de Sabanilla, hasta Zumba y Chito, consta de 
gneis y granito, estando el último en intima conexión con el primero. El 
mismo terreno encontró dicho señor en las montañas, que forman la gran 
hoya del rio Zamora al oriente de Loja, hasta cerca de las llanuras ama- 
zónicas. — Al Oeste de Loja y de la Cordillera real se hallan algunas como 
islas de gneis y esquista, rodeadas del terreno porfídico; así en la Cuesta 
de Amboca, en el camino entre Loja y Zaruma, y en las montañas de Capiro, 
entre el lado derecho del rio Túmbez y el pueblo de Pifias, que se componen 
en parte de un gneis típico. — Avanzando hacia el Norte, por las provincias 
del Azuay y de Cañar, ya se limita el gneis y terreno esquistoso á la Cor- 
dillera oriental misma, sus laderas interiores están por algunas partes cu- 
biertas de rocas volcánicas modernas. Por la provincia del Chimborazo se 
retira nuestra formación todavía mas al Este, porque la cresta y el lomo 
ancho de la Cordillera misma queda en gran parte cubierto de materiales 
volcánicos (del Sangay, Cubillin % Altar, Tunguragua). Sinembargo en el 
valle del rio Chambo se descubre por aquí y por allá en las faldas in- 
feriores de la Cordillera, en prueba de que sigue siempre debajo de los 
materiales volcánicos. Al Norte del valle del rio Pastaza está muy des- 
arrollada en la Cordillera de los Llanganates; pero desde aquí, hasta la pro- 
vincia del Imbabura, ya no aparece en ningún punto del lado interior (occi- 
dental) de la gran Cordillera, porque la cubierta de las lavas y tobas ande- 
siticas es demasiado espesa. Desde la Cordillera de Chalupas sobre Lata- 
cunga, hasta el Cayambe, ya se debe pasar la cresta de la Cordillera real, 
para encontrar el gneis y las esquistas cristalinas, la linea, que las limita, 
pasa por los vertientes orientales á bastante distancia del Quilindafia, Coto- 
paxi, Sincholagua, Antisana, Guamaní y Cayambe. El Saraurcu cae al Esto 
de la linea y consta de esquista micácea. No conozco bien las condiciones 
geognósticas al N del Cayambe; pero considerando, que allá no so levantan 
volcanes sobre la Cordillera, podemos suponer con fundamento, que el gneis 

15* 



228 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO I. 

y las pizarras cristalinas se acercarán de nuevo á la hoya interandina de 
Ibarra, y probablemente se extenderán también sobre los vertientes occiden- 
tales de la Cordillera, hasta el nudo de los Altos de Bohche. 

Desde la provincia de Loja hasta Colombia no conozco ningún punto 
en la Cordillera occidental, ó en sus faldas, en que se descubriese una roca, 
que podríamos adjudicar á la formación del gneis y de las pizarras antiguas. 
Pero al pié occidental de esta serranía se encuentran á la entrada de algu- 
nos valles, en las partes mas hondas, y casi al nivel de las llanuras. Asi 
en el rio Arenillas y en los ríos cerca de St*. Rosa, en el valle del Jubones 
cerca de Pasaje, y en el rio Balao, donde sale de la Cordillera. Ademas 
mencionaré la presencia de granito y de sienita en medio de la región plana 
cerca de Pascuales en el rio Daule inferior, y cerca de la hacienda de Cachan 
(al NE de Bodegas). Granito y sienita, aunque no pertenezcan á las rocas 
estratificadas, se hallan en el Ecuador tan enlazadas con el gneis y las 
esquistas, que con seguridad podemos deducir, que estas últimas se hallarán 
á poca profundidad, debajo del terreno aluvial; conclusión á que nos conduce 
también su presencia en las localidades antes citadas, casi al nivel de las llanuras. 

Bajo la denominación general de «esquistas cristalinas» comprendemos 
muchas especies de rocas de una estructura pizarrosa, y cuyos componentes 
son cristales ó fragmentos cristalinos de varios minerales. Las partículas 
componentes ó se distinguen con la vista Ubre, entonces la roca es macro- 
cristalina, ó solo con ayuda de una lente ó del microscopio, entonces es 
micro-cristalina. A estas rocas pertenece ante todo el gneis, que no es mas, 
que un granito esquistoso, componiéndose de los mismos elementos que este, 
á decir, de cuarzo, feldespato y mica. Las esquistas se distinguen, según 
el elemento predominante, en esquistas ó pitarras micáceas, clortticas, tai- 
cosas, anfibólicas, grafiticas, arcillosas etc. Entre las esquistas verdaderas 
se encuentran estratos subordinados de otros materiales, que ya no caen 
bajo aquel nombre, como es p. ej. la cuarcita y arenisca cuarzosa. — Todas 
estas variedades se hallan en el Ecuador ya separadas según localidades, 
ya en capas alternativas y muy variadas, en un mismo lugar. En el último 
caso se observa, que las variedades pasan á veces insensiblemente una en 
otra, asi, por ejemplo, del gneis sale la pizarra micácea, esta se hace mas y 
mas fina, hasta que nazca la arcillosa; reemplazándose sucesivamente la 
mica por clorita y talco, salen las untuosas pizarras cloríticas y talcosas. 
Interesantes son las esquistas grafiticas. El grafito (ó la plombagina), que 
es carbono puro, se halla en muchas de esas pizarras en pequeñas cantida- 
des, teniéndolas de un color gris ó de plomo. En algunas partes, especial- 
mente de la provincia de Loja, reemplaza complemente la mica, y predomina 



FORMACIÓN DEL GNEIS. 229 

tanto, que las piedras se parecen á una mezcla de arcilla endurecida y gra- 
fito; entonces la pizarra, gris oscura ó casi negra, tizna como lápiz. De tal 
modo se encuentra p. ej. en la «quebrada de lágrimas» en Salapa al N de 
Loja, y en el Ramos-urcu cerca de San Lúeas. Mas ricas en grafito son 
algunas pizarras al pié de la Cordillera oriental en la provincia del Chim- 
borazo. Sobre el pueblo de Penipe, en el valle del rio Blanco, son muy 
desarrolladas, y allí encontré en las pizarras oscuras algunas capas delgadas 
y nodulos que constan de grafito casi puro. Lástima, que esta sustancia 
valiosa no se halla en masas algo considerables en su estado puro, pues las 
capas llegan solo á 5 ó 10 milímetros de espesor, luego que son mas gruesas, 
se mezcla tanta sustancia arcillosa con el grafito, que ya no sirve para usos 
industriales. Sinembargo no sería imposible, que se encuentre con el tiempo, 
y cuando el terreno esté mas descubierto y accesible, una que otra capa mas 
espesa de este mineral útil. 

En la misma localidad de Penipe se halla en el terreno, de que habla- 
mos, otra sustancia de un interés aun mas grande, la villa. En una quebrada 
al SE del pueblo, llamada Penicuchu, abrieron el terreno en busca de minas, 
á la profundidad de algunos metros, de manera que en el corte vertical se 
manifiesta bien la serie de capas sobrepuestas. Se observa tres bancos de 
ulla, separados entre si por capas de pizarra de dos á tres metros de espesor. 
El banco superior tiene unos 60 centimetros de potencia, pero la ulla es de 
una calidad inferior y muy arcillosa; el segundo tiene de 30 á 50 centimetros, 
y ofrece un combustibe mejor, así como el tercero, que llega casi á un 
metro de potencia. Los bancos buzan hacia el interior de la montaña (al 
E) con 25 grados; pero parece, que precisamente en esta localidad, el terreno 
ha sufrido fuertes dislocaciones. El carbón pertenece á la clase que se llama 
antracita, y que es propio á las formaciones mas antiguas. Fósiles ó im- 
presiones de plantas , que pudieran indicarnos su edad relativa , no se han 
encontrado hasta ahora en este terreno carbonífero, ni en otras capas de las 
pizarras cristalinas del Ecuador. Sinembargo la presencia de antracita, que 
según la opinión general de los geólogos solo puede derivarse de organis- 
mos, demuestra que el nombre del período «azoico» (= «sin vida»), con que 
se llamaba antiguamente, y en que cae la formación del gneis y de las pi- 
zarras cristalinas, no es del todo exacto, como también se ha comprobado 
en otros países, en que se han encontrado varios restos de animales en las 
esquistas cristalinas. En lugar de «azoico o se usa hoy día la palabra 
«arcaico». W 

El reconocimiento superficial del terreno de Penipe no es suficiente, para 
decidir, si el carbón será en algún tiempo explotable ó no. Para esto se 
necesitan trabajos de exploración seria, y sondeaduras. 



230 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO I. 

Observamos que él rumbo general de las capas ó estratos del terreno 
esquistoso es el de los Andes mismos, á saber, de Norte á Sur. Pero hay 
innumerables excepciones y aberraciones locales de esta regla, sobre todo 
en la cercanía de las rocas eruptivas, en donde la determinación se imposi- 
bilita simplemente, sin duda por los estorbos, que ellas han ocasionado en 
el yacimiento de las capas. También es de notar, que la estratificación falsa 
ó transversal comunmente se halla mejor desarrollada que la vedadera, cir- 
cunstancia que dificulta mucho el uso de la brújula geológica y del cimó- 
metro. El buzamiento, ó sea la inclinación de las capas hacia el horizonte, 
se deja expresar aun mucho menos en términos generales. Lo que se puede 
decir es, que las capas se hallan comunmente erigidas con un ángulo fuerte 
y de mas de 45 grados. En muchísimos lugares se presentan verticales 
(áng. 90°) y hay veces, que se observa el fenómeno que designamos en la 
geología con el nombre de estratificación inversa. Estos fenómenos no sor- 
prenden al observador, que toma en consideración, que en los Andes tuvo 
lugar uno de los levantamientos mas considerables, que se conocen en todo 
el globo. Cualquiera que haya sido la fuerza levantadora, lo cierto es que 
las capas ya consolidadas no pudieron alzarse á sus alturas actuales, sin la 
perturbación mas completa en su yacimiento originalmente horizontal y re- 
gular, y sin producirse todos los mil accidentes consecutivos á un tal levan- 
tamiento. Por lo demás no es preciso suponer, que este se haya verificado 
á la vez y á un mismo tiempo, antes bien parece que ha sucedido poco á 
poco en diversas épocas, aunque los levantamientos principales y últimos 
parecen coincidir con el periodo terciario. 

Una de las consecuencias necesarias de los levantamientos grandes y 
sucesivos es la formación de un sinnúmero de grietas y hendiduras mas ó 
monos anchas en las rocas en cuestión, y la consecuencia ulterior son las 
vetas y venas de cuarzo, de espato calizo y de algunas sustancias metálicas; 
pues sabido es, que tales vetas no son otra cosa que hendiduras, que se han 
rellenado de dichos minerales, comunmente por vía acuosa, es decir, por la 
precipitación química de los elementos, que las aguas, circulando por las 
rocas, llevan en solución. 

La mayor parte de las vetas blancas, que observamos en las esquistas, 
son de cuarzo (sílice pura), comunmente sin otros minerales asociados, ó tan 
solo con un poco de óxido de hierro ó de manganeso. En menor número 
se hallan las venas de espato calizo, siempre muy delgadas é incapaces do 
la explotación, tales como en la cuesta que sube del valle de Catamayo al 
Villonaco. En esta localidad encontré, sobre todo en los límites con el 
terreno porfídico, frecuentemente venas de caolina, ó tierra de porcelana, que 
es un producto secundario y de descomposición de rocas feldespáticas. Muy 



F0EMAC10N DEL GNEIS. 231 

bien se explica la presencia de esta sustancia en medio de las esquistas, 
aunque no se deriva de ellas mismas por secreción lateral, como la sílice y 
la cal. Son pues las venas de caolina en efecto venas de pórfido, que 
llenó las hendiduras de la esquista, y se ha descompuesto completamente. 
En la misma localidad encontramos, como en prueba de lo dicho, algunas 
vetas gruesas y diques de pórfido, en que la metamorfosis en caolina no se 
ha efectuado todavía, sino en la zona inmediata á la esquista. 

También hago mención de un metal de hierro, que no es muy común 
y se encuentra en dos lugares del cantón de Loja en la pizarra micácea: en 
el valle superior de Piscobamba y en la cercanía del Villonaco. Hablo de 
la pirotina ó pirita magnética, que de la pirita amarilla común (soroche) se 
distingue por un color mas subido que se inclina al amarillo del bronce ó 
de la tumbaga, y por ser atraída por el imán, como el hierro magnético ó 
la magnetita. Se compone de 60,5 % de hierro y de 39,5 % de azufre y no 
tiene uso en la industria, sino para la fabricación de vitriolo. Media legua 
al Sur de la hacienda de Palmira, en Piscobamba, se encuentran en una 
quebrada, llamada Ucha-huaico, grandes trozos de pirotina, que derivan de 
una veta 3 / 4 metros ancha en la pizarra micácea. Actualmente esta veta es 
invisible por un derrumbo, que sucedió en la ladera derecha de la quebrada 
y la cubrió. Los pedazos que vienen del Villonaco cerca de Loja, no se 
distinguen en nada de los de Piscobamba. Examiné el metal, por si acaso 
era aurífero, como lo es á veces la pirita común, pero el resultado del aná- 
lisis fué negativo; tampoco contiene los elementos de cobalto y nikel.*) 

Entre los minerales accesorios de nuestro terreno es la magnetita ó el 
hierro magnético el mas frecuente, pero no en masas grandes y coherentes, 
sino esparcido en partículas y cristalitos aislados. Rara vez falta del todo 
en un gneis ó en una esquista. — También la pirita común, ó el hierro 
sulfuroso, es un fenómeno bastante ordinario. — Algunas veces he encontrado 
la arsenopirita, ó pirita arsenical. En la Cordillera de Zamora, al Este de 
Loja, se halla en las vetas de cuarzo, asociada con muy poco de plata. Se 
distingue de las demás piritas por un color blanco de plata, y por el olor des- 
agradable de ajo (olor arsenical), que se dispide al quemarla sobre el carbón. 

El grenate se encuentra con alguna frecuencia en el gneis y las esquistas 
micáceas, pero en cristalitos pequeños sin mérito. Según el Sefior Witt es 
muy común en todos los gneises y pizarras micáceas (también en los gra- 
nitos) de la Cordillera de Zamora, hasta el valle superior del rio Chinchipe. 

*) Las pirotinas norte-americanas, que contienen cobalto y nikel, foraian un nuevo 
y muy lucrativo ramo de la minería moderna. En donde so encuentra la pirotina, siempre 
merece la pena examinarla por los dichos dos elementos, pues aunque los contenga en 
pequeña cantidad, costea los trabajos de la explotación. 



232 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO I, 

Anfibola y turmalina forman manchas y masas cristalinas en la cuarcita y 
en algunas esquistas, particularmente en la anfibólica. 

Lo que llama la atención de cualquier observador, es el sinnúmero de 
venas, vetas, nodulos y ríñones de cuarzo en este terreno, que no faltan en 
ninguna parte, pero en algunos lugares forman una verdadera red, y allá 
no se encontrará fácilmente un pedazo de un metro cuadrado, que no pre- 
sente dos ó tres venas del dicho mineral. Comunmente son delgadas, de 
dos líneas á dos pulgadas de diámetro, pero las hay también de un pié á 
un metro de espesor. Estas venas y vetas cruzan y cortan la roca, asi como 
si mismas, en todos sentidos; en la descomposición del terreno resisten mas, 
que otros minerales, merced á su gran dureza y á su inatacabilidad para 
con la mayor parte de las influencias químicas, y así encontramos la super- 
ficie del suelo sembrada de piedras mas ó menos grandes de cuarzo de color 
blanco ó agrisado. 

Causa admiración la pobreza relativa de estas vetas en un terreno pri- 
mitivo y en rocas cristalinas, pues los minerales accesorios se reducen casi 
á los que he indicado para las esquistas mismas, faltando aun el grenate. 
De vez en cuando se encuentra en las oquedades de la piedra un grupo de 
cristal de roca, pero con cristales pequeños, también algunos nódudos de 
caolina ó de un hidrosilicato de alúmina (amorfo), productos de descompo- 
sición de las sustancias feldespáticas de las rocas. No se descubre ningún 
metal precioso en las vetas de cuarto. En Gualaceo me aseguraron, que muy 
atrás de la Cordillera oriental han encontrado un filón de cuarzo aurífero; 
no pude llegar á ese punto por la mala estación, y por consiguiente debo 
suspender mi juicio respecto de este pretendido descubrimiento; pero todo 
el cuarzo que yo he visto, ni tenia el aspecto singular, que suele presentar 
el cuarzo aurífero y que rara vez engaña al práctico. 

En plata las vetas parecen ser tan pobres como en oro; á lo menos en 
la actualidad no se conoce en el Ecuador ninguna mina de plata, que arme 
en este terreno primario. En la provincia de Loja se hallan algunas antiguas 
labores en las esquistas, pero parece que han sido abiertas en busca de oro 
y no de plata. (20) En la provincia del Chimborazo goza la Cordillera del 
Cóndor asto, atrás del Altar, de la fama de ser rica en minerales de plata. 
El doctor Stübcl no pudo descubrir ningún rastro de plata en aquellas vetas 
de cuarzo/ 21 ^ En la provincia del Tunguragua son los cerros de los Llanga- 
nates, que la tradición señala como metalíferos y ricos en cobre, plata y 
oro. El hecho es, que nadie de los vivientes ha sacado ni un gramo de 
dichos minerales, y dicen, que los deroteros que dejaron los muertos, no se 
puede comprender. El doctor Reiss estudió aquella región científicamente, 
y no encontró ningún indicio de minas, pero sí tantas piritas (sulfuro de 



FORMACIÓN DEL GNEIS. 233 

fierro) «que donde quiera que se rompa la roca, se vé relumbrar el oro, 
como decían mis compañeros. Se reducen talvez las grandes riquezas de 
los Llanganates á depósitos de este mineral, que ya tanta plata ha costado 
á los mineros inexpertos del Ecuador.»*) En el año de 1873 fui mandado 
al valle de Oyacachi, atrás de la Cordillera oriental (entre el Saraurcu y el 
Anüsana), para examinar una pretendida mina de plata. Después de trabajar 
varios dias en aquella región inhospitalaria, me convencí de que allá no hay 
plata, y que el aspecto exterior de algunas rocas micáceas había engañado á 
la gente. Ademas resultó, que el denunciante era un embustero, que en 
Quito había presentado un mineral rico de plata, proveniente de Méjico ó 
del Perú, diciendo que de él constaba su amina» en Oyacachi. 

No obstante la pobreza de las vetas de cuarzo, la Cordillera oriental es 
un importante distrito aurífero de la República, por los lavaderos de oro que 
tienen en ella su origen. 

Casi todos los ríos, que nacen en el terreno de las esquistas cristalinas 
de la Cordillera oriental, llevan oro en mayor ó menor cantidad. La mayor 
parte de estos ríos se hallan naturalmente en los vertientes orientales de la 
Cordillera, desde la provincia de Loja hasta la de Imbabura, porque en este 
lado las esquistas llegan á su mayor desarrollo; en el lado opuesto (occi- 
dental) hay que buscar lavaderos solo en las provincias, en que el terreno 
esquistoso se extiende hacia las hoyas andinas, sin que se encuentren siempre, 
porque no en todas partes el terreno es tan rico, como en la provincia de 
Cuenca.**) 

No hay duda, que el oro de los lavaderos trae su origen del terreno 
esquistoso mismo, porque los ríos lo llevan en mayor cantidad y en partí- 
culas mas gruesos, mientras atraviesan este terreno, y luego que entran 
en otras formaciones geognósticas, se disminuye este metal, arrastrado do 
lejos, mas y mas, hasta que se pierda completamente. Así los tributarios 
del Ñapo, del Santiago y de otros ríos grandes, son auríferos en su curso 
superior, mientras no se alejan demasiado de la Cordillera; en su curso 
medio ó inferior son estériles. También en los ríos auríferos de la provincia 
del Azuay el oro se ha depositado á lo largo de su curso superior, dentro 
del terreno esquistoso, y por esto ni el rio de Gualaceo ni el Paute, que 
reciben todos los ríos auríferos, tienen bastante oro, que recompense el tra- 
bajo de lavarlo. 

Á la primera vista se pudiera creer, que el oro de los lavaderos pro- 



*) Carta del Dr. W. Reiss á S. E. el Presidente de la Repúbliea, sobre sus viajes 
á las montañas del S de la capital (Quito 1873), pág. 13. 

**) En las partes occidentales del pais los lavaderos se derivan del terreno porfídico. 



234 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO I. 

venga con preferencia de las venas y vetas de cuarzo, pero me parece que 
debemos abandonar esta opinión, que al principio de mis estudios era tam- 
bién la mía; pues como he dicho arriba, ni una vez he observado un granillo 
de oro en las vetas, y en los miles y miles de pedazos de cuarzo, que rompi 
en los lavaderos mismos y en otros puntos, y que examiné con escrupulosidad 
con la lente, no descubrí ni una chispa del metal precioso. Algunos pedazos 
que me parecieron sospechosos, llevé y los analicé químicamente, pero con 
el mismo resultado negativo. En vista de estos hechos no me queda duda 
ninguna, de que el oro se halla diseminado en las esquistas cristalinas y que 
de ellas llega á su yacimiento secundario en los lavaderos, por la descompo- 
sición química y mecánica de las rocas. — Parece excusado advertir aquí, 
que el oro no ose cria» ni se ha criado jamas en los lavaderos, sino que en 
ellos siempre es un mineral, que proviene de otro lugar, comunmente de 
lejos, como los demás materiales que componen el lavadero, que por esto 
mismo reciben el nombre de «terreno de acarreo». 

En otro lugar hemos descrito el método sencillo, con que se forman los 
lavaderos, cómo los ríos atacan y lavan continuamente los terrenos, cómo 
las sustancias pesadas se acumulan en sus lechos, mientras que las livianas 
son llevadas, cómo en un terreno muy pobre en oro pueden formarse «pla- 
ceres» ricos etc. (Véase el Suplemento No. 23.) Poco se necesita para 
comprender el mecanismo de la naturaleza, solo que no debemos escatimarle 
el tiempo, pero este abunda, pues ¡cuantos siglos hace, que los ríos trabajan 
sin intermisión ! miremos los valles hondos, que han excavado por la erosión 
sucesiva en esas cordilleras extensas de gneis y esquistas cristalinas! 

No sigamos mas adelante con la explicación de los lavaderos. Su for- 
mación no cae en el período primario, de que tratamos aquí, sino en uno 
mucho mas posterior, es decir, en el cuaternario y moderno. Por ahora 
basta conocer el origen del oro, que contienen; este origen nos obliga á 
suponer, que el gneis y las esquistas cristalinas en varias partes de la Re- 
pública contienen bastante oro, aunque no lo descubrimos en sus venas y vetas. 



Capítulo n. 
Las rocas graníticas y sieniticas. 

El verdadero granito tiene en el Ecuador una extensión bastante redu- 
cida. Conozco solamente dos regiones, en que forma macizos continuos y 
algo considerables, ambas en la provincia de Loja. Fuera de estas dos 
localidades se halla á veces en bancos ó vetas no muy gruesas, entré los 
gneises y las esquistas micáceas, como ya he dicho en el capitulo anterior; 
pero en estos casos es á veces difícil decidir, si el granito no sea un gneis 
mal desarrollado, es decir, que no manifiesta bien su estructura característica 
(pizarrosa y ondulada). Tales intercalaciones irregulares de granito en el 
gneis se encuentran con preferencia en la Cordillera oriental de toda la 
provincia de Loja; mas al Norte no faltan tampoco, pero son mas raras. 

Algo mas frecuente que el granito, se halla la sienita, pero en iguales 
circunstancias, y siempre en porciones pequeñas; nunca la he observado en 
macizos extensos. Como el granito con el gneis, asi la sienita está en rela- 
ción con las esquistas anfibólicas, y sin duda esta relación no es casual, 
sino genética: la mica caracteriza el granito y el gneis, así como la anfibola 
(hornblenda) la sienita y las esquistas anfibólicas. 

La diorita se encuentra en la provincia de Loja asociada al granito y 
á la sienita, atravesando en forma de vetas los macizos del primero. Puede 
ser que en estos puntos sea muy antigua y pertenezca al periodo arcaico, 
aunque esas vetas también pudieran tener un origen posterior. Sinembargo 
la mayor parte de las dioritas ecuatorianas son seguramente de una edad 
mucho mas moderna, su desarrollo principal coincide con la época cretácea, 
y algunas tal vez no se formaron sino en la terciaria. 

El primer macizo granítico se halla en la hoya de Loja, intercalado entre 
las dos cordilleras de esquistas cristalinas; se puede estudiarlo en el camino 
de Loja á Zaraguro. Desde la estancia de Cachipirca hasta las cercanías 



236 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO H. 

de San Lúeas se observa, á ambos lados del hondo valle del rio Juntas, 
altas montañas de granito, que se extienden hasta muy al N, hacia el 
Guagra-uma, donde desaparecen debajo del terreno porfídico. — Diques 
gruesos y vetas del mismo granito se hallan en el descenso del Villonaco 
al valle del Catamayo, en la dirección á la hacienda de Juanes, en donde 
atraviesa las esquistas cristalinas casi en el limite con el terreno porfídico. 

El granito de Juntas puede llamarse típico en cuanto á su constitución 
mineralógica, textura y demás propiedades físicas y químicas. Es de grano 
basto, de manera que con facilidad se distinguen los tres minerales consti- 
tutivos: cuarzo, feldespato (ortoclasa) y mica. El primero es algo agrisado, 
el segundo blanco, amarillento ó encarnado, y la última negra con lustre 
nacarino. El feldespato suele predominar sobre el cuarzo y la mica, y de 
consiguiente determina también el color de la roca compuesta en general. 
La mica parece ser la de potasa (muscovita) y no de magnesia, apesar de 
su color oscuro. Minerales accesorios no he observado en esta roca, pero 
no dudo, que se descubriría uno que otro, al dedicar á este terreno graní- 
tico extenso un estudio petrográfico mas detenido. 

En las faldas de las montañas y las laderas tajadas de los valles se 
vé una gran multitud de vetas y venas de diferentes clases, que cruzan y 
atraviesan el macizo de granito, siguiendo en general el rumbo SE -NO ó 
también S-N. Una parte de estas vetas, que tienen el ancho de pocas líneas 
hasta el de muchos metros, son de naturaleza granítica, es decir, constan 
ellas mismas de granito, que se distingue y se destaca del granito principal 
por un color mas claro ó mas oscuro, por un grano mas fino ó mas grueso; 
son pues vetas de granito en el granito. Otras vetas y diques muy gruesos 
(hasta 100 metros de ancho y mas) pertenecen á las rocas porfídicas, sobre 
todo a la diorita, componiéndose su material esencialmente de anfibola verde- 
negra y una plagioclasa blanca (feldespato triclínico, probablemente oligo- 
clasa). Algunas venas delgadas son de una textura tan compacta y cripto- 
cristalina, que no permiten una determinación petrográfica exacta (son tam- 
bién de la clase de las «rocas verdes»), especialmente cuando ya sufrieron 
una metamorfosis y descomposición completa. Unas se convirtieron en una 
sustancia blanda terrosa, otras se transformaron en serpentina, transforma- 
ción que se observa también en las márgenes (salbandas) de las vetas y 
diques gruesos, donde están en contacto con el granito. 

Entre las vetas graníticas hay algunas, cuyos minerales componentes 
son de un tamaño tan grande, que la roca debe llamarse pegmatita. Con 
este nombre designamos el granito, cuando los individuos minerales en lugar 
de ofrecer una mezcla igual de pequeños granos, tienen un diámetro de 
algunas pulgadas y á veces de algunos pies. En la pegmatita de Juntas 




LA8 ROCAS GRANÍTICAS. 237 

los individuos de cuarzo son muy irregulares y presentan manchas del ta- 
maño de un puño, los del feldespato son mas grandes, hasta el de una 
cabeza, y hay vetas gruesas que son feldespato casi puro; la mica es rara 
y solamente de vez en cuando se vé un grupo de hojas. 

El granito se descompone fácilmente en la superficie, pero el producto 
de la descomposición no es aquel barro rojizo, que en el terreno porfídico 
daña los caminos, sino una arena blanca y hermosa, que hace los caminos 
duros y secos. Cada viajero notará lo bueno del camino desde Cachi-pirca 
hasta San Lúeas, y lamentará el cambio triste al entrar otra vez, cerca de 
este pueblo, en los camellones y callejones acostumbrados. En caso de que 
se piense algún día en hacer un buen camino de Loja á la provincia de 
Cuenca (¡y ojalá se verifique pronto el deseo general!) el trecho por el ter- 
reno granítico será el mas fácil, por el buen material de construcción, y 
porque no hay peligro que se dañe pronto el camino hecho de él. 

El macizo granítico de Samanamaca, en el valle del rio Calvas, es muy 
parecido al de Juntas, solamente que la observación es mas fácil, por la 
escasez ó falta completa de vejetacion, y que la variedad de rocas es aun 
mas grande. Para el petrógrafo las inmediaciones de Samanamaca son 
interesantes; no conozco otro lugar en la provincia de Loja, que en un terreno 
tan reducido presente igual variedad de rocas y de accidentes geotectónicos. 

El granito tiene la misma composición mineralógica que el de Juntas, 
pero es de un aspecto mas fresco y menos descompuesto, sin duda, porque 
la acción destructora de la atmósfera no es tan enérgica en el clima seco, 
como en el húmedo. La multitud de vetas y diques de otras variedades de 
granito, pegmatita, diorita y otras especies de rocas verdes es aun mas con- 
siderable que en Juntas, y ademas se observan otras de sienita, felsita y por- 
firíta. Muy lejos nos llevaría la descripción detallada de todas esas variedades. 

La sienita se halla en el terreno del gneis y de las esquistas siempre 
desempeñando un papel subordinado, como ya queda dicho mas arriba. Ais- 
lada y rodeada de otros terrenos mas modernos, la encontramos en unos 
pocos puntos de la hoya de Riobamba, p. ej. al pié oriental de los cerros 
de Yaruquíes, y después en dos localidades del litoral, es decir, á las orillas 
del rio Daule en Pascuales, y en un cerrito aislado al Este de la hacienda 
Cacharí, cerca de Bodegas. La del litoral es una sienita tipica; en la del valle 
del rio Balao, cerca de la boca del rio Pita, que se halla asociada á las esquistas 
cristalinas, una parte de la anfibola está reemplazada por mica negra. 



Capítulo m. 
La formación cretácea. 

En el Ecuador no se ha descubierto hasta ahora ningún terreno del 
período paleozoico, ni de las dos primeras formaciones del período mesozoico. 
Faltan seis de las formaciones mas importantes de la escala geogenética, á 
saber, la silúrica, devónica, carbonífera, pérmica, triásica y jurásica, que 
representan un período de largísima duración. Donde quiera que se puede 
observar el contacto de las rocas arcaicas con otras, se nota, que descansan 
sobre aquellas unas capas modernas, desde las cretáceas para arriba. Pero 
como en Colombia y Perú se conocen algunos puntos, que constan de ter- 
renos jurásicos, y aun mas antiguos, no seria imposible, que los mismos se 
hallen en el Ecuador en mayores profundidades y cubiertos de los estratos 
modernos, ó que con el tiempo se descubran en algunos puntos de la Cor- 
dillera, que hasta ahora no han sido estudiados. Sinembargo la formación 
cretácea del litoral, cerca de Guayaquil, parece descansar directamente sobre 
las esquistas cristalinas y el granito, según las muestras que sacó de la 
profundidad la sonda, con que se quiso abrir un pozo artesiano al pié del 
cerro de Santa Ana (en Guayaquil), y también según la observación hecha 
cerca de Pascuales en el rio Daule inferior, donde la sienita se halla 1 cubierta 
de capas cretáceas. 

Las rocas que componen el terreno arcaico (gneis y esquistas cristalinas) 
son fáciles de conocer y presentan en todas partes el mismo aspecto petro- 
gráfico; no así las que adjudico á los terrenos cretáceos. Preciso es con- 
fesar, que la limitación de esta formación queda en muchos puntos mal 
segura, por ser imposible, determinar la edad de ciertos estratos, cuando ni 
el yacimiento, ni algunos fósiles característicos nos sacan de la duda. El 
diagnóstico mas seguro de las formaciones sedimentarias, los fósiles, falta 
en el Ecuador casi del todo. No dudo, que existirán en muchos puntos, 
pero para encontrarlos, se necesita abril* el terreno por canteras, cortes ver- 
ticales en la construcción de caminos y ferrocarriles etc. Tales puntos son 



LA FORMACIÓN CRETÁCEA. 239 

sumamente raros en el Ecuador, especialmente en terrenos sedimentarios, y 
asi es una gran casualidad y fortuna, encontrar una que otra concha mal 
conservada. En el mayor número de casos nos vemos reducidos á clasificar 
las rocas según su hábito petrográfico y su yacimiento, ó según la analogía 
y comparación con semejantes rocas en otros países. — Por la misma falta 
de fósiles ha sido hasta ahora del todo imposible determinar, á qué sub- 
división de la formación cretácea pertenezcan nuestros terrenos, si á la in- 
ferior, media ó superior. La afácies», ó el hábito exterior, es en el litoral 
bastante distinta de la de las rocas cretáceas de la sierra, pero como falta 
un contacto directo entre ellas (y los fósiles), es difícil decir, cual sea la 
sección mas antigua. Debemos limitarnos hablar de la formación cretácea 
en común, y estar contentos si acertamos siempre en esta determinación 
general. 

Hechas estas reservas y restricciones, vamos á conocer la extensión 
superficial del terreno cretáceo en el Ecuador. 

En el litoral consta la Cordillera de Chongon y Colonche de la forma- 
ción cretácea, y se puede estudiarla bien en las inmediaciones de Guayaquil. 
Esta cordillera comienza al lado este del rio con los cerritos de Duran 
(cerro de las cabras), que faldean el ferrocarril de Yaguachi; la continuación 
subfluvial del mismo terreno se manifiesta en la isla del «Cerrito»; después 
se eleva á los cerros de St ft . Ana, del panteón y del manicomio, y al otro 
lado de la interrupción del Estero Salado, á los cerros de este nombre (del 
Salado). Desde este punto comienza la cordillera á elevarse á mayores 
alturas y á ensancharse mucho entre la península del Morro y de St ft . Elena 
y la hoya del rio Magro, como lo describimos en la parte topográfica de 
esta obra. — No conozco toda la extensión de esta formación en la pro- 
vincia de Manabí, pero me parece, que á lo menos una parte de las mon- 
tañas, que se presentan como la continuación de la Cordillera de Colonche, 
debemos adjudicar á ella, especialmente el cordón, en que se hallan el cerro 
Bravo y el cerro de San Vicente con sus rocas eruptivas. 

No hay duda que la formación cretácea se extiende á grandes distan- 
cias debajo del terreno aluvial y cuaternario de la provincia del Guayas; 
pues como los cerritos de Duran, hay algunos otros, que salen de la llanura 
aluvial en forma de islas. A estos pertenecen los cerritos de Taura, entre 
el pueblo de este nombre y el rio Guayas, el cerrito de la Calentura, un 
poco al N de los de Duran, el cerrito de Mapasingue, y algunos cerca de 
Pascuales. Todos ellos presentan la misma clase de rocas, como los cerros 
de Guayaquil. Hacia el Sur desaparece la formación cretácea debajo de 
las formaciones modernas, hasta que al Sur del rio Túmbez se descubre de 
nuevo con los mismos caracteres, como entre Guayaquil y Chongon. El 



240 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO HL 

camino que conduce de Alamor en la provincia de Loja á Túmbez por el 
Casadero, cruza este terreno, cuyas quebradas secas me recordaron viva- 
mente las que se pasa entre Juntas y Soledad, cruzando la Cordillera de 
Chongon. 

En las hoyas interandinas la formación no tiene una extensión muy 
grande, sin duda por estar cubierta en muchas partes por las capas vol- 
cánicas. La hoya de Cuenca es la única, en que se halla bien desarrollada, 
especialmente en forma de la «arenisca de Azóguez», como veremos. — 
Dudoso queda, si las cuarcitas y areniscas cuarzosas, que en la hoya de 
Riobamba en algunos puntos se descubren debajo de las masas volcánicas, 
pertenezcan á la formación cretácea ó nó. En atención de que en su cer- 
canía también salen á luz algunas sienitas, que son mas propias á la Cor- 
dillera oriental que á la occidental, se podría agregar aquellas rocas cuar- 
zosas al terreno arcaico de las esquistas cristalinas, en que forman muchas 
veces estratos subordinados, hasta que se compruebe su pertenencia al ter- 
reno cretáceo. 

A un desarrollo muy grande llega nuestra formación en la Cordillera 
occidental, que se compone en gran parte de ella, en unión de varias rocas 
porfídicas. Pero aquí presenta un carácter tan singular, que me he visto 
obligado á distinguirla en la carta geológica con una señal especial, indi- 
cando su íntima relación con dichas rocas porfídicas. Vemos, que una zona 
de este terreno ambiguo acompaña toda la Cordillera por sus vertientes 
occidentales, y que ocupa también la hoya de Chimbo y una parte del 
sistema fluvial del rio Catamayo. 

Finalmente debo mencionar, que en pocos puntos de las faldas inferiores 
y exteriores de la Cordillera oriental se encontraron rocas que tálvess se debe 
clasificar entre los terrenos cretáceos (á lo menos entre los mesozoicos). 
Así encontró el doctor Stübel en el rio Topo, valle del rio Pastaza, una 
pizarra blanda y negra con impresiones de escamas de peces, que no se 
podrá atribuir al período arcaico. El doctor Reiss pudo -constatar, que la 
cúspide del Cerro hermoso, en cuyo contorno predominan el gneis y las 
esquistas micáceas, se compone de una piedra caliza estratificada y muy 
bituminosa, que también parece pertenecer á una formación posterior á la 
de las esquistas. — También en la región del Ñapo parece emergir en al- 
gunos puntos un terreno mesozoico, cubriendo las esquistas cristalinas, y 
cubierto de las capas de aluvión moderno. Así cita Orton*) una pizarra 
oscura, con la inclinación al Este, en el cauce del rio cerca del pueblo de 
Ñapo. Pero agrega, que mas al Oeste todas las faldas de los Andes constan 

*) J. Orton, The Andes and thc Amazon (New -York 1876), pág. 199. 



LA FORMACIÓN CRETÁCEA. 241 

de esquista micácea. Villavicencio habla solo de las espesas capas de alu- 
vión, que cubren toda la región del Ñapo al Este de las esquistas crista- 
linas. De todos modos, si existe el terreno cretáceo en uno que otro punto, 
no forma una zona tan continua como en la Cordillera occidental. Mas 
desarrollado se halla, según parece, en la hoya amazónica superior, cerca 
de la boca del Chinchipe, en Bagua, en el Pongo de Manseriche, y hacia 
Moyobamba en el Perú. 

En seguida trataremos separadamente de las tres «fácies» distintas, que 
la formación cretácea presenta en el Ecuador, en el litoral, en la hoya de 
Cuenca, y por la Cordillera occidental. 

A. La formación cretácea del litoral. 

Prodominan capas y bancos de caliza, caliza silícea, pizarra silícea, 
sílex, cuarcita, areniscas amarillas y verdes (glauconíticas) y arcillas, alter- 
nando dichas rocas, comunmente en estratos delgados, muchas veces de un 
modo muy variado. Un gran número de estas variedades se puede estudiar 
en las canteras de Guayaquil (en las Peñas atrás de la cervecería, cerca 
del Manicomio, en el Salado), de Chongon, de Pascuales, de Duran etc. — 
La piedra caliza rara vez es tan pura, que sirva para quemar cal; sinem- 
bargo se encontraron algunos bancos buenos en Pascuales y cerca de Chon- 
gon. Casi siempre la caliza está impregnada de sílice, y esta se aumenta 
tanto, que finalmente sale una pizarra silícea, que contiene poca cal. A esta 
última clase pertenecen todas las piedras de color blanco, amarillento y gris, 
que se sacan de las canteras de Guayaquil y del Salado. He analizado 
muchas variedades, que me dieron de 5 á 40 por ciento de cal. En las lajas 
ordinarias, que sirven en Guayaquil de material de construcción, ó para 
empedrar calles, y que componen también una gran parte del «cascajo del 
cerro», encontré: 

Cal (carbonato de cal) 38,10 

Otras sustancias solubles (carbonatos y silicatos) 29,17 

Sustancias insoluoles en ácido clorh. (arena y arcilla) 32,73 

100,00 

Otras lajas se componen de sílice casi pura. 

La hermosa piedra blanca y amarillenta de textura semicristahna, que 
se saca desde algunos años acá de las canteras entre Chongon y Guayaquil, 
para empedrar el Malecón, y que se halla en bancos de mucho espesor, se 
disuelve casi del todo en ácido clorhídrico, y se compone de cal bastante 
pura. 

No es imposible, que entre las calizas silíceas se encuentren algunos 
estratos, que presentan la sílice y arcilla en proporciones tan favorables, 
que se debe considerarlas como cal hidráulica. 

Wou, Ecuador. \Q 



242 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO III. 

Hay variedades de caliza silícea muy oscuras y hasta negras. Este 
color proviene de la impregnación de sustancias bituminosas, y desaparece 
comunmente, cuando se quema las piedras. 

Las capas de arenisca, que alternan con las calcáreas y silíceas, se 
puede observar bien en las Peñas, al N de Guayaquil. Su color es casi 
siempre oscurso, inclinándose al verdoso ó al parduzco. Ademas de los 
granos de cuarzo, su componente principal, se observa muchos de glau- 
conita, aquel silicato de fierro, que comunica á la arenisca su color verdoso, 
cuando el mineral es fresco, y pardo ó rojizo, cuando es descompuesto y en 
parte trasformado en hidróxido de fierro. — Los granos de la arenisca son 
por lo regular pequeños, pero á veces su tamaño llega al de arvejas ó de 
nueces, de manera que las piedras pasan á ser un verdadero conglomerato 
con cemento de sílice. Según mis observaciones, las areniscas se encuen- 
tran especialmente en los estratos inferiores y las calizas en los superiores 
de la formación. — En la superficie de los cerros las areniscas se descom- 
ponen muy pronto y se vuelven desmoronadizas, pero en mayores profundi- 
dades son sumamente compactas. Tuve la siguiente ocasión rara de estu- 
diar las últimas. 

Hará unos quince años, que se trabajó con mucho silencio y con un 
entusiasmo digno de mejor éxito, en el desentierro de una pretendida 
«huaca». Estando ya muy adelantada la excavación, sin resultado ninguno, 
los empresarios quisieron oir mi opinión en el asunto, y me llevaron al 
monte por sendas extraviadas y cerradas, que nunca hubiese encontrado 
después; pero juzgo que el sitio se halla una media hora poco mas ó menos, 
al Oeste de Mapasingue, en dirección al Cerro azul (en la Cordillera de 
Chongon). Me hallé sobre un terreno suavemente ondulado, que en la super- 
ficie no presentó nada de particular. De repente nos hallamos delante de un 
hueco muy grande de 6 metros de diámetro y de 10 metros de profundidad, 
excavado en la peña viva á fuerza de la pólvora. Me admiré de un trabajo 
tan serio y costoso, ejecutado en corto tiempo, pero no pude comprender, 
qué motivo había seducido á los empresarios, á buscar en este sitio una 
«huaca». Parece que algunos cantos irregulares de la piedra negra cerca 
de la superficie, eran suficientes, para hacer soñar á un visionario con teso- 
ros enterrados de los antiguos indios. Durante la excavación observaban, 
que la roca negra seguía también en la profundidad como cuarteada, y esta 
estructura natural tomaban por seña de una obra ciclópica artificial; remo- 
vieron uno de estos cantos enormes (algunos tienen un metro cúbico) tras 
de otro, esperando siempre que tras de alguno se abriese una bóveda llena 
de tesoros! Después de mi visita el trabajo se suspendió. Un metro debajo 
de la superficie descompuesta comienza la roca sólida, que es una arenisca 



LA FORMACIÓN CBETACEA. 243 

silicificada sumamente dura, de un color negro- verdoso ó negro-pardo. El 
grano de esta arenisca es tan fino, que se parece á una roca homogénea, 
p. ej. á una caliza negra, ó también á ciertas «rocas verdes» afaní ticas. 
Como ya he dicho, se halla en bancos gruesos con hendiduras irregulares, 
de manera que no pudo determinar con seguridad su buzamiento y rumbo, 
porque faltan los indicios de estratificación. Á la profundidad de 10 metros 
la roca era la misma como arriba, y no daba señales de acabarse pronto 
hacia abajo. Ademas de las grietas grandes, que separan los pedrones y 
están llenas de una arcilla fina, la roca está cruzada de centenares de venas 
y filones blancos de espato calizo y de brucita. 

El yacimiento de los terrenos cretáceos es muy irregular. Nunca se 
encuentran las capas en su posición primitiva, es decir horizontal, sino ele- 
vadas é inclinadas bajo diversos ángulos; enfrente de los Baños del Salado 
están casi verticales. En muchos puntos sufrieron durante el levantamiento 
torsiones violentas, presentándose ahora como onduladas, plegadas y con 
fallas (dislocaciones). Este fenómeno se observa muy bien en las canteras 
de Guayaquil, entre el Panteón y el Manicomio. El buzamiento, ó la incli- 
nación, se verificó las mas veces hacia O, sinembargo conozco varias locali- 
dades, en que las capas buzan al E y al N. El rumbo general es el de la 
Cordillera misma, de SEE á NOO. 

Fósiles se han encontrado hasta ahora en una sola localidad, cerca de 
Guayaquil. He visto y todavía poseo unas lajas calcáreo-silíceas, que están 
llenas de impresiones y restos de conchas. En las calles de Guayaquil con 
empedrado viejo se observa de vez en cuando tales lajas, y una parte del 
muro oriental del panteón (hacia la esquina sur) es construida de ellas. En 
vano he buscado en todas las cantoras cerca de Guayaquil el lugar de pro- 
veniencia de estas piedras tan ricas en fósiles. Parece que la cantera, de 
donde fueron sacadas, ya no está en trabajo, ó que la capa que las contenia 
se ha agotado. Los restos mas frecuentes pertenecen al genero de conchas, 
que se llama Inoccramus, y que caracteriza precisamente la formación cre- 
tácea en todo el mundo. La mayor parte de las conchas se hallan tan 
aplastadas y desfiguradas, que es casi imposible determinarlas. En algunos 
individuos algo mejor conservados he creído reconocer el Inoceramus Roe- 
tneri Karst, y el I. plicatus d'Orb., que ambos se encuentran también en los 
terrenos cretáceos de Colombia. Los ejemplares, en que se funda mi clasi- 
ficación, deben hallarse en el museo de Quito. Las muestras, que última- 
mente he traído á Europa, fueron examinadas en Dresde por el profesor 
Geinitz, talvez el mejor conocedor de los fósiles cretáceos. Según ól la 
especie de conchas, que las piedras contienen en gran cantidad, no se 

16* 



244 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO III. 

distingue del Inoceramus latus Sow.,*) que se halla en muchos terrenos cre- 
táceos de Europa y caracteriza especialmente las capas turónicas superiores. 
Con esto deberíamos colocar la formación del litoral entre los terrenos me- 
dios de la época cretácea. 

En minerales accesorios nuestro terreno cretáceo es pobre. Venas de 
cuarzo y espato calizo se hallan con frecuencia. La glauconita, que forma 
parte integrante de muchas areniscas, se encuentra también en masas mas 
grandes, en forma de ríñones y nodulos, y ha dado margen á equivocaciones, 
porque su color verde se parece á veces al de ciertos minerales de cobre. 
— Un mineral, que es raro en todas partes del mundo, se encuentra en 
nuestro terreno con tanta frecuencia, que se podría llamar característico 
para él. Este mineral es la Brucita, un hidrato de magnesia, y se halla 
esparcido tanto en las calizas silíceas, cuanto en las areniscas, formando 
venas delgadas, y comunmente acompañado de espato calizo. Del último, 
con que tiene común el color blanco, se distingue por su menor dureza, 
por su lustre nacarino, y por no disolverse en los ácidos con efervescencia, 
sino tranquilamente. Se halla en hojitas y láminas delgadas, en masas 
compactas, y rara vez en cristalitos bien formados. En todas las canteras 
de Guayaquil es frecuente. — De minerales metálicos he observado sola- 
mente la pirita de fierro, que se halla diseminada en algunas rocas cuarzo- 
sas, especialmente en la cercanía de las dioritas y otras arocas verdes», que 
se hallan intercaladas en el terreno cretáceo, y las que conoceremos mas 
tarde. Como tales piedras piritosas me fiíeron entregadas muchas veces 
para examinarlas por oro, debo declarar, que nunca pude descubrir un rastro 
de oro, ni en estas piedras, ni en otras del terreno cretáceo, y hace tiempo 
que las decantadas «minas» de la Cordillera de Chongon para mi pertenecen 
á las fábulas y cuentos de viejas. — Del mercurio de las Peñas hablaré en 
otro lugar. 

B. La formación cretácea de la hoya de Cuenca. 

Esta formación se halla descrita en mi primera Memoria sobre la pro- 
vincia del Azuay (1879) bajo el nombre de «Arenisca de Azogues». Aunque 
no dudaba de su edad mesozoica, me faltaban sinembargo argumentos geo- 
lógicos, que hubiesen justificado su colocación en una de las tres grandes 
formaciones. Posteriormente he tenido ocasión de estudiar el desarrollo sin- 
gular del terreno cretáceo en muchos puntos de la Cordillera occidental y 
encontré tantas analogías entre sus areniscas y la de Azogues, que me vi pre- 
cisado á tomar también la última por un miembro, ó una «fácies» de la gran 

*) Véase : H. B. Geinitz , Elbthalgcbirge, ü, p. 45. Tab. XIII, fig. 4, 5. 



LA FOBMACION CBETACEA. 245 

formación cretácea. — A esto se agrega ahora el argumento paleontológico, 
como demostraré mas abajo. (22) — Con todo esto podemos retener el nombre 
primitivo que he dado al terreno, por hallarse desarrollado de un modo 
característico en el cantón de Azogues.*) 

La arenisca de Azogues ocupa la gran hoya interandina de Cuenca en 
su mitad setentrional, y sigue también por la parte meridional en la pro- 
fundidad, pero allá está cubierta del terreno cuaternario y de los materiales 
volcánicos, manifestándose solo en quebradas hondas; de manera que sus 
límites, como se presentan en la superficie, podemos circunscribir de este 
modo: al Sur y Este del rio Matadero y Paute forma una banda angosta á 
lo largo del rio, desde Paccha hasta mas abajo de la desembocadura del 
rio de Collay, la cual está interrumpida cerca de Gualaceo por materiales 
volcánicos. La parte al Oeste y Norte del Paute comienza en las cercanías 
de Cuenca, descubriéndose en todos los valles debajo de una cubierta super- 
ficial de tobas volcánicas, y desde el rio de Azogues libre de ella. Sigue 
al Este hasta Huarainac y Taday, lindando allá con las esquistas y después 
con los pórfidos, faldeando al N el Pilzhun, los cerros encima de Biblian, 
el Bueste, y finalmente al O los ramales de la Cordillera occidental encima 
de Surampalte, Santa Rosa y Sinineay. 

Esta es la extensión del terreno en la hoya de Cuenca y Azogues. Pero 
las areniscas se extienden mas al N á la pequeña hoya de Cañar y hasta 
el pié del Azuay. Allá según Reiss**) «se ven descubiertas en lomas y 
quebradas hasta 3600 y 3800 metros de altura». He creído al principio, que 
las rocas arenosas en esa región alta, p. ej. aquellas en que está edificado 
el castillo del Inca-pirca, y excavado el Inca-chungana, eran de distinta edad 
y origen, que nuestra arenisca de Azogues, porque encontré tantos fragmen- 
tos de rocas plutónicas en ellas. Pero después de conocer mejor las idén- 
ticas areniscas y conglomeratos de la Cordillera occidental, no veo razón de 
separarlas ó clasificarlas en otra formación; solo hay que advertir, que lle- 
van mas bien el carácter de la tercera fácies, de que hablaremos mas abajo, 
que la de la arenisca genuina de Azogues. 

Dos clases principales de rocas componen la formación de Azogues: 
areniscas y arcillas pizarrosas, todas las demás son subordinadas. Las 

*) Es costumbre antigua de los geólogos, tomar el nombre de un terreno do la 
localidad, en que se ha estudiado por primera vez, ó en que se halla desarrollado de un 
modo característico, sobre todo cuando presenta una fácies especial. Así conocemos p. ej. 
«la arenisca de los Vosges», «la arenisca de Fontainebleau», «la creta de Mastricht» etc. 
en el mismo sentido de miembros de una formación, en que tomamos ahora la arenisca 
de Azogues. 

**) Carta del Doctor \V. Reiss á S. E. el Presidente de la Rep. sobre sus viajes á 
las montañas del Sur de la Capital (Quito 1873), pág. 15. 



246 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO III. 

areniscas y arcillas van alternando de tal modo, que ya estas ya aquellas 
predominan, observándose en general, que en las capas inferiores las pri- 
meras, y en las superiores las segundas son las mas desarrolladas. Asi por 
ejemplo, las areniscas llegan en el valle del rio Paute, desde Huarainac 
hasta el rio de Azogues, á una potencia enorme, mientras que en las cer- 
canías de Azogues y de Déleg se tiene ocasión de estudiar con preferencia 
los mas delgados estratos de las arcillas pizarrozas y margosas. 

La arenisca cuarzosa es comunmente de grano medio, rara vez muy fino, 
bastante dura y tiene una fragmentación irregular. En varios lugares se 
observa el fenómeno que no es común en las rocas sedimentarias y que 
llamamos la fragmentación globosa ó esferoidal. En este caso se vén en la 
arenisca, sobre todo en su superficie descompuesta, unos globos grandes de 
1 á 4 pies en diámetro, diseminados ó también acumulados de suerte que 
se tocan mutuamente. Constan de la misma arenisca, solo que contienen 
bastante óxido de hierro, que les comunica un color rojizo ó pardo. En la 
arenisca fresca se distinguen solamente por este color, pero cuando la roca 
se descompone á la influencia atmosférica, se observa muy bien su textura 
globosa, deshojándose ó fracturándose en capas concéntricas. Sin duda es 
el óxido de hierro el que ocasiona esta textura particular, y debemos con- 
siderar los globos como una especie de concreciones de este metal, en que 
entran los demás elementos de la arenisca. No seria difícil alegar de la 
mineralogía y geología varios casos análogos. El fenómeno de que hablo, 
está muy patente cerca del puente de Paute y en el camino de Cuenca á 
Paccha cerca del rio. — Hay lugares en que la arenisca es de un grano 
muy basto, y en algunos puntos se halla desarrollada en forma de conglo- 
merato, teniendo sus elementos componentes el tamaño de un huevo de 
paloma hasta el de un puño. 

La arcilla pizarrosa se puede considerar como un barro muy fino en- 
durecido. Su color es variado, pero casi siempre claro, amarillento, gris, 
azulejo, solamente cuando se halla impregnada de sustancias bituminosas, 
se oscurece mas ó menos. Su textura es perfectamente pizarreña, á veces 
hojosa, y su fracturacion tabular. Es de una consistencia blanda, y por 
esto muy expuesta á la descomposicon ; con las aguas de la lluvia vuelve, 
á lo menos en la superficie, a su estado primitivo, por decirlo asi, convir- 
tiéndose en un barro finísimo y muy resbaloso, que algunos caminos pen- 
dientes hace casi intransitables. La arcilla pizarrosa nunca forma capas 
tan gruesas como la arenisca, antes se observa que sus estratos suelen ser 
muy delgados, cambiando cada rato de color, de finura, de consistencia etc. 
y alternando muchísimas veces con estratos intercalados de arenisca fina. 



LA FORMACIÓN CRETÁCEA. 247 

Las arcillas pizarrosas pasan á veces á verdaderas margas, recibiendo una 
cierta cantidad de cal. 

La formación de la arenisca de Azogues, cuyas rocas constitutivas esen- 
ciales acabamos de describir, no se halla en ningún lugar en su posición 
primitiva horizontal, sino siempre dislocada y erigida fuertemente. El buza- 
miento de las capas se verifica generalmente hacia Oeste, bajo un ángulo 
de 45 á 80 grados (rara vez menos) y su rumbo es exactamente S-N. Por 
esta dislocación tan grande es difícil calcular la potencia total de la forma- 
ción; creo que de ningún modo sera inferior de 500 á 600 metros, pero bien 
pudiera ser mucho mayor. 

Aquel buzamiento y rumbo general de la formación, aunque no sea su 
posición primitiva, debemos sinembargo considerarlo como normal en su 
estado actual, y es efecto de una de las grandes causas, que han ocasionado 
el levantamiento de los Andes. Muy bien hemos de distinguir de este fe- 
nómeno general algunos accidentes particulares, que observamos en el terreno, 
reconociendo para ellos unas causas locales y posteriores al primer levanta- 
miento. Así las erupciones volcánicas cerca de Gualaceo, en las alturas 
encima de San Cristóbal y en el cerro de Cojitambo han producido algunas 
perturbaciones en las capas de la arsenisca y arcilla pizarrosa, aunque estas 
son insignificantes. Mas interesantes son ciertos hundimientos y derrumbos 
en la cercanía de Paccha y al pié sureste del Cojitambo, que de ningún 
modo son de naturaleza volcánica, como creen comunmente los habitantes 
de Cuenca. Entre el pueblo de Paccha y el cerro de Guagualzhuma se vé 
la loma que se extiende de este último hacia el Valle, como cortada en dos 
partes; una mitad quedó en su posición, y la otra, que mira al rio Matadero, 
se hundió de unos 100 metros. En la pared tajada que se formó por el 
hundimiento, se observa que el terreno fundamental es la formación de 
Azogues y que este está cubierto de muchos metros de conglomeratos y 
tobas volcánicas, que naturalmente como capas sobrepuestas participan del 
hundimiento general; y asi es, que la parte derrumbada del terreno presenta 
una mezcla y un verdadero caos de piedras y trozos grandes de terrenos 
de muy distinta naturaleza. Las causas del hundimiento no han de buscarse 
en el terreno volcánico superficial*), sino en la profundidad de la formación 
de Azogues. Para comprender esto con mas facilidad, consideremos primero 
un fenómeno mas pequeño en la quebrada del riachuelo, que se cruza antes 
de subir á Paccha, viniendo de Cuenca. Allí nos hallamos en medio de las 



*) El Guagualzhuma mismo no es un «volcan apagado», como afirma Villavicencio, 
sino consta de areniscas y arcillas pizarrosas, y solamente su copa se halla cubierta de 
conglomeratos volcánicos, como las colinas adyacentes. 



24* GEOLOGÍA. — CAPÍTULO DI. 

arcilla* pizarrosa*: ««tas son de color oscuro, impregnadas de sustancias 
bituminosas y de varía* sales, como nos convenceremos por d sabor: también 
ae percibe el desarrollo de algunos gases, sobre todo del hidrosulfurico. 
Todo indica un estado de profunda alteración y descomposición de estas 
rocas, y una transformación ó metamorfosis enérgica de sus elementos con- 
stitutivos; aquí observamos eflorescencias superficiales de vitriolo de hierro 
y de otra* sales, allá se deposita el ocre en una agua sucia y hedionda, 
allá cruzan venas y vetas de yeso cristalizado y de alabastro las capas de 
la arcilla; y en última consecuencia de todo esto siguen hundimientos y 
derrumbos por todas partes en la orilla del río y en su cauce mismo. Todas 
la* sustancia* solubles, que son el resultado de aquella metamorfosis, especial- 
mente la* sales de toda clase, son llevadas por la lijiviacion de las aguas, 
que circulan por entre las capas terrestres; se disminuye el volumen de la 
roca, se asienta con todas las capas sobrepuestas, y como las sustancias, 
capaces de la metamorfosis y de la lijiviacion, no se encuentran en todas 
parte* en igual cantidad, como la acción en un lugar es mas enérgica que 
en otro etc., es inevitable que el hundimiento sea designal, y que se veri- 
fique un desorden y trastorno completo en el yacimiento de las capas. — 
Puoh bien, lo que observamos de una manera palpaple en ese pequeño rio, 
sucede en escala grande debajo del terreno hundido entre Paccha y Curítaqui. 
Arriba, al pié del cerro tajado, no es fácil hacer la observación, porque toda 
la superficie está cubierta de piedras rodadas; pero recorriendo las quebradas 
algo mas abajo, se descubren á cada paso las arcillas bituminosas, las 
eflorescencias de los sulfatos, grandes cristales y placas de yeso (que tam- 
bién es un sulfato y producto de descomposición), una tierra amarilla que 
parece azufre en polvo, pero es una especie de ocre, en fin todas las señales 
que explican suficientemente un hundimiento secular en estos parajes. El 
derrumbo nunca se verificó instantáneamente en toda su extensión, y lo que 
vemos hoy día, es el resultado de tiempos inmensurables; sin duda alguna 
seguirá hundiéndose el terreno, mientras que hay sustancias en las capas, 
que son capaces de la transformación, y mientras que duran las causas del 
metamorfismo. En varios puntos de los sitios entre el Guagualzhuma y el 
rio Matadero se vó con facilidad los efectos de un hundimiento semejante 
en tiempos anteriores; pero allá el terreno se ha tranquilizado, digamos asi, 
la superficie terrestre ya so ha igualado y así se borran mas y mas las 
señales exteriores. Lo mismo succedió en los alrededores del Cojitambo, en 
donde las pruebas de un antiguo hundimiento secular en todo el lado sureste 
son indisputables. El cerro mismo es una roca volcánica, que se levanta 
en medio de la arenisca de Azogues. Cuando se hundieron las capas de la 
formación sedimentaria á su lado, perdió su apoyo y se desgajó una gran 



LA FORMACIÓN CRETÁCEA. 249 

parte de su cumbre, de manera que ahora so presenta como una muralla 
tajada de este lado. Los pedazos de andesita se acumularon en su mayor 
parte al pié del cerro, y algunos rodaron sobre las faldas del terreno adya- 
cente, encontrándose ahora esparcidos por los campos y hasta el pueblo 
de Chuquipata. 

Entre las sustancias subordinadas de la arsenisca de Azogues debo 
nombrar en primer lugar las bituminosas, que en varios puntos, como ya 
queda dicho, impregnan las capas, pero también se presentan en forma mas 
pura y en masas individualizadas, en cuyo caso varias veces se ha pensado 
en explotar y utilizarlas. El asfalto no es raro en la arenisca y fácilmente 
se dá á conocer por el color pardo que comunica á la roca impregnada de 
él y por su olor que despide al frotar ó calentar las piedras. En la arenisca, 
que atraviesa el camino de Cuenca á Paccha entre el Matadero y el arroyuelo 
de Paccha, tales capas bituminosas llegan al espesor de algunos metros, 
pero el asfalto puro se ha recojido solamente en venas muy delgadas, y la 
capa mas ancha que he encontrado, era solamente de un centímetro. Si el 
asfalto no es explotable en este lugar, que es el mas rico, mucho menos lo 
es en otras localidades, donde el material puro es aun menos abundante, 
como, por ejemplo, en las quebradas del Sur y Sureste del Cojitambo. 

Una sustancia enteramente distinta, aunque le den también el nombre 
de asfalto, se encuentra al pié setentrional del mencionado cerro de Cojitambo. 
Ella tiene mas bien el aspecto exterior de la ulla ó de la antracita, y se 
presenta en capas delgadas, alternando con las de la arcilla pizarrosa, que 
en este lugar es negra. La capa mas gruesa que he visto, era de cuatro á 
ocho centímetros. El mineral es negro como azabache, y tiene lustre fuerte 
sobre la fractura, que es concoidea, se deja cortar con el cuchillo, pero es 
algo agrio, saltando fácilmente en pedacitos pequeños, por cuanto se deja 
también pulverizar. Teniéndola á la llama de una vela, arde con facilidad 
despidiendo mucho humo y un olor bituminoso no muy desagradable; se 
ablanda mucho en el calor, sin fundirse del todo, desarrolla en la retorta 
una gran cantidad de gas y deja un residuo esponjoso y lyero de carbón 
fijo ó de cok. En sus propiedades químicas se acerca á un carbón de piedra 
de Inglaterra, que se llama bituminita (Boghead-coal), ó digamos mas bien, 
que es una sustancia intermedia entre el asfalto y la ulla, que talvez podría 
considerarse como una propia especie mineral. Seria un combustible magni- 
fico, y sobre todo un excellente material para la fabricación de gas de alum- 
brado, pero la cantidad en que se encuentra en la citada localidad, no es 
tal, que dé esperanza de una explotación ventajosa. — Me han hablado de otra 
especie de carbón, que debiera encontrarse en la cercanía de Chuquipata y en 
mayor abundancia, pero no encontré la localidad, y nadie pudo mostrármela. 



250 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO IIL 

Cerca de San Nicolás, entre Deleg y Cojitambo, se observa entre los 
estratos, casi verticalmente levantados, una capa de una composición muy 
particular. La capa tiene un metro poco mas ó menos de espesor y sigue 
con gran regularidad entre las de la arcilla pizarrosa y arenisca de S á N, 
descubierta á la distancia de mas de una media legua. Consta de un mineral 
blanco, algo amarillento, del aspecto de ciertas calizas compactas, y en su 
masa homogénea se observan muchísimos granitos y fragmentos cristalinos 
de cuarzo tan puro como cristal de roca. Toda la masa de la capa se halla 
cuarteada con mucha regularidad en pedazos cúbicos, de manera que se pre- 
senta en los lados, que sobresalen el terreno adyacente, como un muro de 
pequeños ladrillos. El examen mineralógico y químico de esta sustancia me 
dio el resultado sorprendente de constar de sílice casi pura. Tiene todas 
las propiedades de la sílice amorfa y debe considerarse como una variedad 
del ópalo, que contiene granos de sílice cristalizada (cuarzo). En el interior 
de la capa la sílice es compacta, muy dura y de aspecto fresco, pero hacia 
los lados se vuelve terrosa, y sobre todo en un lado se encuentra una su- 
stancia en apariencia muy distinta, formando una zona de casi un pié de 
espesor en algunos puntos. Es una tierra deleznable, de tacto algo jabonoso, 
cuando está húmeda, y de un hermoso color rosado; pero del análisis resultó 
también sílice, y se puede observar todos los tránsitos de esta tierra floja 
hasta la piedra dura en el centro de la capa. Los granos de cuarzo en este 
caso no se deshacen como la sílice amorfa, y así se hallan sueltos en la 
tierra, y lavándola pueden separarse fácilmente. 

Sobre los planos de fractura y en las hendiduras de esta roca silícea, 
se encuentra otro mineral interesante en forma de planchas delgadas, y como 
incrustando las piedras. Es de un color oscuro entre negro y pardo-gris, 
casi del aspecto singular de la cera fósil; por ser muy blando se deja cortar 
y raspar como jabón y es del mismo tacto untuoso como este; sobre la 
fractura natural es mate, pero recibe lustre en la cortadura. Se pega á la 
lengua, pero no mucho; humedecido se deja sobar entre los dedos como 
cera, y poniéndolo en un vaso con mucha agua, se hace mas jabonoso y 
resbaloso que el jabón mismo, sin deshacerse, como el bol, y sin dar una 
masa plástica como la arcilla. Expuesto al fuego en el matraz dá mucha 
agua; al soplete se vuelve blanco ó amarillo y se funde con alguna dificul- 
tad, tifiiéndose de azul con el nitrato de cobalto. En el ácido clorhídrico 
no se disuelve, pero sí en gran parte en el sulfúrico. Según todas estas 
propiedades y reacciones el mineral es un hidrosilicato de alúmina y magnesia, 
parecido á la saponita ó á la piotina. No es de una aplicación práctica, 
como tampoco toda la capa silícea, en que se encuentra. — Al pié del cerro 
de Cojitambo he visto el mismo mineral en las grietas y rajaduras de la 



LA FORMACIÓN CRETÁCEA. 251 

arenisca, y allá me aseguraron algunos campesinos, que esta sustancia arde 
y que se hacen velas de ella, confundiéndola sin duda con el asfalto. 

La formación de la arenisca de Azogues no es rica en sustancias me- 
tálicas; oro y plata no contiene, y lo que dicen, que en una pequeña que- 
brada al pié meridional del Cojitambo se han encontrado granos de oro, me 
parece improbable y una fábula, que no tiene mas fundamento que el nombre, 
que los indígenas dan á esa quebrada. Quien sabe, por qué la llaman Curi- 
yacu, rio de oro, pues ni la arenisca, ni la andesita del cerro contienen este 
metal. — En la arenisca de Azogues arman las antiguas minas de mercurio 
en el cerro de Huaizhun cerca de San Marcos (anejo de Azogues). Las ga- 
lerías son grandes y muy bien trabajadas, y no se puede dudar de que en 
un tiempo las minas debían ser buenas, pues tales labores grandiosas no se 
hace por nada; tanto mas admirable es, que actualmente no se puede des- 
cubrir ni un rastro de mercurio en ellas, y parece que se han agotado comple- 
tamente. No sabemos, en qué estado antiguamente se ha explotado el metal, 
si en su estado nativo ó si en forma de sulfuro, que es el cinabrio. Me 
parece, que debemos suponer lo primero, sobre todo que se dice, que los 
campesinos en los alrededores encuentran á veces azogue líquido en el suelo; 
y ademas, si hubiese existido una veta de cinabrio, era casi imposible, que 
ahora no se descubra ni un indicio de ella en las paredes ó en el tumbado 
de los socabones. De muchísimos puntos he sacado muestras para analizar- 
las con exactitud; en todas partes encontré las piedras muy impregnadas de 
óxido de hierro y de cal, y algunas veces presentan el color casi tan rojo 
como el cinabrio; sinembargo no dieron las reacciones características del 
mercurio. Mucho menos pude descubrir siquiera una gotita de azogue nativo, 
y así juzgo, que la empresa de los que piensan en renovar los trabajos en 
esta mina, seria á lo menos de éxito muy dudoso. Para saber, si la mina 
en la profundidad vuelva á ser explotable, se necesitarían excavaciones cos- 
tosas, cuales yo no pude hacer. — Advierto que el señor doctor Reiss, que 
también visitó y examinó esta mina, llegó al mismo resultado negativo como 
yo. Algunas personas me han asegurado, que las muestras de la misma 
mina, que fueron analizadas en Lima, dieron V 2 P or ciento de mercurio*) — 



*) El Señor Karsten, quien no pierde ocasión de contradecirme, y de hacer sos- 
pechosas mis observaciones (desde que me atreví á atacar en 1873 sus disparatadas teorías 
volcanológicas), dice que yo por error he tomado las galerías subterráneas de Huaizhun 
(que él nunca ha visto) por minas; las llama «antiguas canteras, de donde talvez se ha 
sacado materiales de construcción» (!) (H. Karsten, Géologie de Tancienne Colombie Boli- 
varienne, pág. 45). ¡Como si yo no podría distinguir una cantera de los antiguos tra- 
bajos de minería, tan característicos, que los españoles han ejecutado en los siglos pa- 
sados en las provincias del Azuay y de Loja (Zarama), y de que he visitado muchísimos ! 
¿Porqué el Señor Karsten rechaza aquí la tradición constante, apoyada esta vez por la 



252 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO m. 

No hay duda, que el azogue, que de vez en cuando se recoje en las in- 
mediaciones de la villa, en el terreno superficial, proviene de la arenisca, 
porque no hay otra formación en la cercanía. 

Una vez que hablo del mercurio, añadiré, que Azogues no es la única 
localidad, en que se encuentra en terrenos cretáceos. En las Peñas de Guaya- 
quil, al pié del cerro de St*. Ana, y casi al nivel del rio Guayas, se ha 
recojido en varias ocasiones este metal en forma de pequeñas gotas, lo 
mismo que en algunos puntos de la orilla del rio Daule, al N de Guayaquil, 
en terreno aluvial. El origen de este mercurio nativo queda aqui tan proble- 
mático como en Azogues, pues en las rocas mismas de las Peñas, ó de la 
cercanía del Daule, nunca pude descubrir un rastro de este metal. — En 
1881 tuve ocasión de examinar una piedra singular, proveniente del valle de 
San Antonio (rio de Pozuelos) , al Oeste de la Cordillera de Guaranda. Era 
una especie de pórfido totalmente descompuesto, de manera que se podia 
desmoronarlo con los dedos. Todas las oquedades pequeñas y grietas finas 
de esta piedra estaban llenas de gotitas casi microscópicas de mercurio (las 
mas grandes se podia distinguir con la lente), y cuando se lavaba el polvo 
obtenido por la trituración de la piedra, resultó una canutad tan grande de 
mercurio, que llegaba á 30°/ de la masa. Hice un viaje expreso para exa- 
minar la localidad de este hallazgo. La piedra se encontró cerca de la 
hacienda Pacana, en el terreno aluvial ó diluvial, que en forma de colinas 
bajas acompaña el rio á ambos lados, y se compone de una arcilla arenosa, 
mezclada con toda clase de piedras rodadas, del tamaño de una nuez hasta 
el de una cabeza. He visto el hueco en la pared de la grada aluvial, de 
que fue sacada la piedra, y encontré muchos pedazos de pórfidos descom- 
puestos, que se parecian en todo á la piedra examinada, menos en la pre- 
sencia de mercurio; ni en las piedras, ni en el terreno mismo pude des- 
cubrirlo. Lo curioso es, que en el mismo lugar atraviesa una antigua galería 
angosta (túnel) y medio derrumbada la colina aluvial. ¿Con qué objeto fué 
abierta? — No cabe duda que todas esas piedras rodadas del terreno aluvial 
y diluvial provienen de las faldas de la Cordillera occidental, en cuanto per- 
tenecen al sistema fluvial del rio de Pozuelos. La Cordillera se compone 
aqui de areniscas y pizarras cretáceas con intercaladas rocas eruptivas (por- 
firitas, rocas verdes). Pero ¿de qué parte del valle, ó de qué quebrada 
lateral vino aquella piedra con mercurio, casi hasta la puerta inferior del 



existencia de las minas antiguas, cuando con tanta facilidad cita las tradiciones y lo que 
le contaron los naturales del pais, siempre que se trata de apoyar sus propias opiniones, 
por mas contrarias que sean á una observación exacta? También le parece «improbable», 
que el mercurio de Azogues provenga déla arenisca. ¿Porqué? acaso solamente porque 
á mi me pareció probable? 



LA FORMACIÓN CRETÁCEA. 253 

valle? Será difícil encontrar el lugar de su origen, tal vez la capa ó el 
filón de que deriva, ya esta destruido completamente. Sinembargo, me pa- 
reció bien llamar la atención de los geólogos y mineros venideros sobre 
este valle y sobre el hecho curioso, que acabo de referir, especialmente 
porque algunos años mas tarde el ingeniero Señor van Ischot, encontró el 
mercurio en la arena del mismo rio de Pozuelos, algunas leguas mas abajo 
de Pacana, en forma de globulitos sumamente pequeños, y juntamente con 
un poco de oro. De este fenómeno, igualmente muy curioso, de un lavadero 
de mercurio y oro, trataremos mas tarde, hablando de los lavaderos del 
terreno diluvial. De todos modos debemos suponer, que en ambos casos el 
mercurio de este valle deriva en última instancia de un terreno cretáceo. 

Distinto debe ser el origen del mercurio, que se halla, de igual modo 
asociado con oro, en los lavaderos de Collay en la Cordillera de Cuenca. 
Aquí no puede derivarse sino del terreno de las esquistas cristalinas, como 
el oro. La misma proveniencia atribuyo al mercurio, que se halla en la 
llanura aluvial, en que está edificada la ciudad de Loja. 

Volviendo á la formación de la arenisca de Azogues, debo decir, que 
fuera del mercurio no contiene otros minerales metálicos. Pues algunas 
minas de plata, que fueron trabajadas antiguamente en esa región, arman 
en rocas porfídicas y dioríticas, que atraviesan las areniscas, y no pertenecen 
por su naturaleza á las formaciones sedimentarias, aunque nacieron talvez 
en el mismo periodo mesozócio. 

Para la determinación de la edad geológica de la «Arenisca de Azogues» 
era de mucha importancia el hallazgo feliz de fósiles en la cercanía de Paccha. 
Encontré en el cauce del riachuelo de Paccha algunos trozos grandes de una 
roca, que se compone toda de conchas, apenas cementadas por una sustancia 
calcáreo -ferruginosa. Desgraciadamente no pude encontrar la roca in situ, 
pero no cabe duda, de que forma ó formaba una capa subordinada en las 
areniscas de esa región. Entregué las muestras al Profesor H. B. Geinitz en 
Dresde, para examinarlas, y él reconoció desde luego la gran semejanza y 
analogía, que presentan estos fósiles con los de la formación del Wealden 
de Europa. Con seguridad se determinaron los géneros de Oyrena (2 ó 
3 especies), Óyelas y Paludina (acuminata?); y las especies se parecen tanto 
á algunas europeas, que talvez son idénticas con ellas. Si agregamos á esta 
analogía paleontológica las otras, que se manifiestan en el carácter petro- 
gráfico, especialmente la presencia del carbón y asfalto, no podemos dudar, 
de que aquí tenemos una formación paralela y contemporánea al Wealden 
europeo, es decir, la ínfima y mas antigua sección de la formación cretácea.*) 

*) Algunos geólogos consideran el Wealden como la grada superior de la forma- 
ción jurásica, ó como una formación intermedia entre la jurásica y cretácea. 



254 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO III. 

C. La formación cretácea de la Cordillera occidental. 

Esta fácies es la mas anómala y mas difícil de estudiar, no solamente 
porque el terreno se halla en regiones muy cubiertas de vegetación y de 
difícil acceso, sino también por su combinación singular con las rocas erup- 
tivas. Aunque encontramos también estratos de areniscas, margas parecidas 
á las de la hoya de Cuenca, y pizarras oscuras de naturaleza arcillosa, pre- 
dominan sinembargo los conglomeratos gruesos y las rocas brecciformes. En 
estas rocas, que llegan á veces á una potencia enorme, se observa muy 
bien, que las rocas eruptivas del período mesozoico han subministrado el 
material principal para su formación; pues los fragmentos de los conglome- 
ratos y brecchas, ya redondeados, ya angulosos, constan de diorita, diabasa, 
pórfido, porfirita, cuarzo, arenisca, pizarra, — todo en mezcla estraña, y ce- 
mentado por una sustancia silícea ó ferruginosa. Los bancos gruesos mani- 
fiestan la estratificación imperfectamente, y están fracturados irregularmente 
en cantos enormes. En muchos puntos tienen la semejanza mas grande con 
conglomeratos y brecchas volcánicas y solo por un examen muy detenido 
se puede distinguirlos de estas últimas. Se verá que entre los fragmentos 
tan variados faltan las andesitas verdaderas y las lavas modernas, aunque 
se hallen en la inmediación de los volcanes, circunstancia que prueba su 
mayor edad. Una sefial distintiva exterior consiste en que por lo regular 
estos conglomeratos y brecchas, cuyos fragmentos casi siempre se hallan 
mas ó menos descompuestos, presentan un color verdoso (verde-gris, verde- 
negro, verde-pardo, siempre de un verde-sucio), debido a un mineral cloríüco 
ó glauconitico. Esta sefial, aunque muy frecuente, no es infalible, pues 
conozco también conglomeratos volcánicos verdosos, y otros cretáceos sin 
este color. — Si buscamos en la petrografía una analogía para los conglo- 
meratos descritos, la encontraremos en aquellas rocas singulares, que so 
llaman Nagelfluhe, y que pertenecen á los terrenos terciarios de Europa. No 
hay duda, que en el aspecto exterior se encuentra una semejanza muy grande; 
pero considerando las relaciones, en que nuestros conglomeratos están con 
las diabasas, porfiritas y otras rocas eruptivas, quisiera compararlas mas bien 
con ciertos terrenos de las formaciones pérmica y triásica, especialmente de 
la primera. Así como la arenisca pérmica ó dyásica (Rothliegendes) nació 
de los pórfidos de aquella época, de igual modo una gran parte de los con- 
glomeratos y brecchas cretáceas del Ecuador, trae su origen directa ó in- 
directamente de las rocas eruptivas del periodo cretáceo. Las «Rocas verdes» 
(tomando la palabra en su sentido mas lato) atraviesan el terreno cretáceo 
de la Cordillera y de sus ramales en puntos innumerables, tanto sobre las 
crestas, cuanto en las faldas, ya cubriendo terrenos extensos, ya en forma 



LA FORMACIÓN CRETÁCEA. 255 

de cúpulas, diques, vetas aisladas, ya intercalándose en forma de estratos 
entre las areniscas sedimentarias. En muchos casos no sabemos, si una roca 
es un pórfido descompuesto, ó una toba porfídica, ó una arenisca nacida de 
partículas porfídicas. Otras veces las areniscas finas de color verde-osuro 
son tan compactas y semicristalinas (metamorfizadas?), que apenas podemos 
distinguirlas de una diorita ó diabasa verdadera. Lo que mas confunde, son 
las muchas é insensibles transiciones de todas estas rocas clásticas y cris- 
talinas. Observamos p. ej. im peñasco de diabasa ó porfirita no dudosa, á 
la distancia de 10 metros contiene tantos fragmentos angulosos, que debe- 
mos llamarla una breccha de aquella roca, y otros 10 metros mas allá en- 
contraremos un conglomerato evidentemente sedimentario, ó una arenisca 
estratificada, pero siempre con pequeños fragmentos de aquella diabasa ó 
porfirita; en ningún punto hallaremos las tres clases de rocas bien limitadas, 
el tránsito es casi imperceptible. — Si tales dificultades se presentan en 
puntos descubiertos y accesibles á la observación, en otros lugares que están 
cubiertos por una vegetación tropical, y en que podemos observar á lo mas 
la superficie descompuesta, se aumentan á tal grado, que una exacta deter- 
minación y limitación de las formaciones es enteramente imposible. Des- 
graciadamente la mayor parte de la Cordillera occidental se halla en este 
último caso. Por esto no es por demás repetir, que mi carta geológica in- 
dica de un modo bastante vago la extensión de los pórfidos y arocas verdes» 
de la sierra. El color, que las representa en el mapa, continúa á veces sobre 
grandes áreas, en donde tienen la preponderancia, sin que se excluya del 
todo la presencia de algunos estratos sedimentarios de aquellas rocas am- 
biguas de la formación cretácea. 

Una región bastante favorable al estudio de las rocas en cuestión, por 
ser algo despejada de la vejetacion, es el valle de Chimbo, especialmente 
sus laderas orientales, desde el Chimborazo hasta Palla tanga, y aun hasta 
Puente de Chimbo. Los conglomeratos potentes se encuentran muy desar- 
rollados al pié suroeste del Chimborazo; todos los cerros entre Guaranda y 
el Arenal, por donde cruza el camino antiguo, constan de ellos, especial- 
mente los cerros de Yacoto y de Yana-urcu, cerca de la Ensillada, después 
los peñascos tajados de Panza, abajo de la última subida al Arenal, y los 
cerros que componen la loma de la Cordillera occidental al Sur del Chim- 
borazo, hasta el Puyal y Pangor. Allá se hallan los dichos conglomeratos 
á veces con capas alternantes de pizarras oscuras y cuarcitas, en alturas 
de 4000 á 4400 metros sobre el mar. Á la misma formación, como los 
cerros de Yacoto, pertenecen los muy parecidos de Cachillacta, entre el rio 
Gradas y el de San Lorenzo; la observé igualmente en todas partes, fal- 
deando la Cordillera entre Santiago y Cañi, y después en los cerros, que 



256 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO III. 

rodean el valle de Pallatanga. Mas al Sur la vegetación es muy espesa, 
sinembargo los conglomeratos salen á luz en varios puntos de los caminos, 
que de Puente de Chimbo suben á Sibambe y a Linje. — Una ocasión 
magnífica para el estudio de la formación cretácea y sus relaciones con las 
rocas verdes presentarán los muchos cortes, que los trabajos del ferrocarril 
de Puente de Chimbo á Sibambe han de abrir, especialmente desde San 
Roque para arriba (Huigra, Lican, Pagma etc.). Allá abundan las rocas am- 
biguas y las transiciones de las cristalinas á las sedimentarias. — En las 
laderas occidentales de la Cordillera de Chimbo la observación se dificulta 
por la vegetación, pero no faltan trechos, en que se observa la formación 
y las Rocas verdes intercaladas, á lo largo de los caminos, que del litoral 
conducen al valle de Chimbo. Lo mismo dígase de los caminos que suben 
de la costa á las provincias de Cañar, Azuay y Loja. Respecto á la ex- 
tensión, que en el mapa doy á esta formación en la hoya del rio de Cata- 
mayo, y ea el triángulo entre este rio y el de Macará (región de Cariamanga), 
debo advertir que no es bien segura, y que puede ser, que algunos terrenos 
de aquella región pertenezcan á la formación terciaria, pues ciertas capas 
se parecen mucho á las, que se hallan en la hoya terciaria de Malacatos y 
Vilcabamba. Cierto es, que la prolongación occidental de la Cordillera de 
Alamor es terreno cretáceo, y que entre los sitios de Tambillo, Mangulco y 
Casadero lleva el carácter de la fácies litoral, como en la Cordillera de 
Chongon. El estudio geognóstico de los cantones de Calvas y Paltas queda 
todavía muy incompleto; solo de paso pude hacer algunas observaciones, 
por razones que he explicado en mi Memoria sobre la provincia de Loja 
(pág. 11). 

En cuanto á los accidentes tectónicos de este terreno podemos decir, 
que las capas siempre se hallan muy levantadas hacia el eje de la Cor- 
dillera, buzando al Oeste con ángulos de 15 á 80 grados. — Ya queda dicho, 
que en muellísimos puntos se hallan atravesadas por diques, vetas, filones 
y macizos grandes de las rocas porfídicas de toda clase. Ademas de ellas, 
se encuentran muy frecuentes, como fenómenos secundarios y consecuencias 
del metamorfismo y de la descomposición, vetas de cuarzo, espato calizo, y 
otras sustancias mas raras. Capas bituminosas, que destilan un poco de 
petróleo, se descubren en la cercanía de Calacalí, al NO de Quito y del 
Pichincha, otras capas pizarrosas, igualmente muy bitumiosas, se han en- 
contrado á las faldas occidentales del Atacazo y del Corazón. Al Oeste del 
Chimborazo salen las fuentes cargadas de sal, al lado del pueblo de Salinas 
(al N de Guaranda), sin duda alguna de este mismo terreno cretáceo, y son 
un indicio de la presencia de sal gema en las profundidades; pues, las 
capas de conglomeratos volcánicos de aquella región de Salinas son muy 



LA FORMACIÓN CRETÁCEA. 257 

superficiales, y á poca distancia so descubren en las quebradas los estratos 
antiguos. — Si en algunas localidades se ha descubierto un poco de oro (en 
lavaderos) y rastros de otros minerales metálicos, estos derivan sin duda de 
las rocas porfídicas del terreno, que con sus fragmentos han contribuido a 
la formación de los estratos sedimentarios. 

No faltan del todo los indicios de restos orgánicos, pero hasta ahora no 
se ha encontrado ninguno, que permitiese una determinación segura de la 
especie ó del género, y que nos sacase de la incertitumbre respecto á la 
edad relativa del terreno. En las pizarras bituminosas se observa de vez 
en cuando escamas de peces y fragmentos de conchas. El señor Reiss en- 
contró impresiones de conchas en las areniscas entre Cañar y Azogues en 
el rio Molobog, pero son mal conservadas é indeterminables. Hasta que un 
hallazgo feliz de fósiles mejor conservados nos saque de las dudas, debemos 
limitarnos á decir que el terreno en cuestión, según toda la aparencia petro- 
gráfica y estratigráfica, pertenece á la formación cretácea, y que probable- 
mente es coetáneo con la arenisca de Azogues, es decir que representa en 
su mayor parte la grada inferior entre las secciones de dicha formación. La 
erección de las capas y su levantamiento hasta las alturas enormes en que 
las encontramos hoy dia, es naturalmente un fenómeno posterior, y pudo 
suceder á fines del período mesozoico y coincidir en parte con el terciario. 



Wolf, Ecuador. 17 



Capítulo IV. 
Las rocas porfídicas y las rocas verdes. 

En el capítulo precedente hemos tenido ocasión de hablar de las muchas 
relaciones, en que se hallan los terrenos cretáceos con las rocas porfídicas 
y rocas verdes, y hemos sacado la consecuencia, que una gran parte de las 
últimas son coetáneas con los primeros, lo que no excluye, que algunas 
hayan existido antes de la época cretácea, y algunas nacido después de ella. 
De todos modos encuentran aquí su lugar mas natural, si queremos seguir 
en nuestras consideraciones geológicas un cierto orden cronológico. 

Antes de entrar en la materia, debo declarar, que esta reunión, que 
hago de rocas tan distintas en un solo grupo, bajo la vista puramente petro- 
gráfica seria inadmisible, pero en esta obra es excusable y hasta cierto punto 
necesaria, por las razones siguientes: I o . Aunque tenemos entre estas rocas 
algunas muy típicas, como por ejemplo pórfidos cuarzosos, y dioritas macro- 
cristalinas y porfiroideas, resta sinembargo la mayoría de ellas, que presentan 
una estructura tan microcristalina y afanitica, que su determinación exacta 
no se puede hacer, sino mediante las análisis químicas y un estudio micro- 
scópico; ambos métodos no se han empleado todavía, sino en casos muy 
raros, y en el Ecuador faltan todavía institutos, en que tales estudios difí- 
ciles podrían ejecutarse. 2 o . Unas especies pasan por innumerables transi- 
ciones y tan insensiblemente en otras, que por ahora es imposible fijar los 
límites netos de cada una. 3 o . Muchas de estas rocas se hallan en la super- 
ficie (que solo es accesible) y á bastante profundad tan descompuestas y 
metamorfizadas, que no podemos reconocer su estado primitivo. — Bajo tales 
circunstancias la distinción de ciertas variedades bien reconocidas, mediante 
distintos colores en el mapa, en medio de otras «rocas verdes», que á caso 
son solamente formas afaníticus de aquellas, tal vez hubiera aumentado la 
confusión, y pareció mas conveniente, señalar todas esas rocas, por ahora, 
con un mismo color. 



LAS BOCAS PORFÍDICAS. 259 

El teatro principal de las rocas porfídicas y verdes se halla en las pro- 
vincias meridionales de la República, en las del Azuay, de Loja y del Oro, 
y por esto la mayor parte de los ejemplos por alegar tomaremos de allá. 
En la mitad setentrional del país quedan muy ocultadas debajo de los ter- 
renos volcánicos, y en las faldas exteriores de la Cordillera occidental son 
poco estudiadas. Pero el que se encuentran también en esta última zona 
muy desarrolladas, y con gran variedad petrográfica, lo comprueban las 
muchísimas piedras rodadas y arrastradas por los ríos occidentales. En todos 
los valles de las faldas occidentales de los Andes predominan los guijarros 
de pórfidos, porfiritas, dioritas y diabasas, mezclados con los de naturaleza 
volcánica, que derivan de las cumbres mas altas. Del terreno cretáceo, 
destruido por la erosión de los rios, se conservaron entre los guijarros solo 
los materiales muy duros, como el cuarzo de las vetas, las pizarras silíceas 
y areniscas muy duras, mientras que las margas, areniscas flojas y pizarras 
blandas fueron reducidas á polvo y arena. Si uno estudiara solamente el 
terreno de acarreo en los valles inferiores, sin penetrar mas arriba á las 
faldas superiores, podría concluir de la abundancia de las rocas porfídicas 
y verdes, que toda la Cordillera se componga casi exclusivamente de ellas. 

El pórfido propiamente dicho, que entro los arquitectos se conoce con 
el nombre de « pórfido rojo » y entre los geólogos tiene el de pórfido cuar- 
zoso, compone la mayor parte del cantón de Zaruma, en donde llega á tener 
una importancia práctica muy grande, por cuanto las vetas de cuarzo aurífero 
arman en él. También en el valle de Catamayo, con sus laderas áridas y 
desprovistas de vegetación, se encuentran hermosas variedades del pórfido 
rojo. Con desarrollo típico se halla en el valle de Yunguilla (prov. del Azuay), 
y en ningún lugar se puede estudiarlo mejor, que en el puente de Aya- 
bamba, donde el rio Rircay ha surcado una abra profunda en la peña viva. 
Este pórfido de Ayabamba forma una de las rocas mas hermosas de la Re- 
pública, y bien labrado y pulido podría rivalizar con los soberbios pórfidos 
empleados en los edificios de la antigua Roma. Sus elementos constitutivos 
se dan á conocer á primera vista; en una pasta criptocristalina, de un color 
rojo ó rosado, se destacan los cristales y fragmentos do cuarzo, feldespato 
(ortoclasa), mica negra y anfibola. Esta hermosa piedra, que á poca pro- 
fundidad debajo de la superficie es muy compacta y fresca, merece ser uti- 
lizada en obras arquitectónicas. 

Las porfiritas, que se distinguen de los pórfidos propios por contener 
otra especie de feldespato, es decir, la plagíoclasa en lugar de la ortoclasa, 
se encuentran en muchos lugares y muy bien desarrolladas en el nudo de 
Tinajillas. En el descenso de este último punto á la quebrada de Shiña, 
valle superior del rio León, se puede colectar muchas variedades. En una 

17* 



2G0 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO IV. 

masa fundamental que es rojiza, grié, amarillenta ó verdosa y á la vista 
parece homogénea, se observan los fragmentos cristalinos de plagioclasa y 
comunmente de cuarzo, rara vez de mica y anfibola. La mayor parte de 
las porfiritas son cuarzosas; pero las hay también sin cuarzo visible, y en- 
tonces se parecen tanto á ciertas rocas volcánicas (andesitas), que es difícil 
distinguirlas, especialmente cuando no se puede estudiarlas «in situ» y en 
su yacimiento natural, sino solo en piedras rodadas y mezcladas con ver- 
daderas andesitas, como sucede en algunos puntos de la provincia del 
Azuay. 

La variedad hialina del pórfido, que se llama Piedra- pez (Pechstein, 
Retinita) es un vidrio natural, siendo para el pórfido lo que es la obsidiana 
y perlita para la andesita, se ha encontrado en el cerro de Molobog, en el 
camino entre Cañar y Azogues, y fué mencionada también por el doctor 
Reiss en su carta varias veces citada. 

La diorita es taJvez la «roca verde» mas divulgada en el Ecuador. Se 
halla en todas las variedades, desde la macrocristalina y porfiroídea, hasta 
la criptocristalina y afanitica, siendo en el caso último imposible de distin- 
guirla de la diabasa, sin el examen químico y microscópico. En la pro- 
vincia de Loja y en el cantón de Zaruma la he encontrado en varios puntos 
al lado de los pórfidos, ó intercalada á ellos, pero me parece, que hacia el 
Norte, donde los verdaderos pórfidos se hacen mas raros, la diorita es mas 
frecuente; así en la provincia del Azuay, donde compone la mayor parte de 
la Cordillera occidental. 

Para el estudio de la diorita ningún lugar se adapta mejor que la car- 
retera de Cuenca a Guayaquil, desde Sayausí hasta Quínoas. La roca se 
conoce con suma facilidad, cuando se presenta en su variedad típica; se 
compone de plagioclasa (oligoclasa) blanca y anfibola verde-negra, la última 
en prismas a veces bastante largos; á estos dos minerales característicos se 
asocia frecuentemente el cuarzo. — En todo el camino de Naranjal (respec- 
tivamente desde Chacayacu) á Cuenca se encuentran rocas dioríticas, pero 
en la superficie son tan descompuestas, que uno debe ser minerálogo bien 
ejercitado para reconocerlas. En la carretera hubo necesidad de cortar las 
peñas y de romper grandes pedrones mediante la pólvora, y de este modo 
los peones prepararon al geólogo, por decirlo así, una colección rica, en que 
puede estudiar todas las variedades de la diorita y los accidentes, que ofrece 
esta roca, mejor que en cualquier gabinete de mineralogía. — En este mismo 
lugar se ofrecen al estudio las rocas fragmentarias ó clásticas, que suelen 
acompañar las dioritas. Pues es de saber, que los antiguos pórfidos, por- 
firitas y dioritas presentan sus analogías con las rocas modernas volcánicas, 
en cuanto que de los materiales fragmentados y triturados se formaron tobas, 



LAS BOCAS PORFÍDICAS. 261 

conglomeratos, brecchas etc. Como estas rocas, que podemos llamar secun- 
darías ó regeneradas, son menos duras y compactas que las primitivas de 
que derivan, sus minerales son mas expuestos á la descomposición, y esta 
se anuncia en las porfídicas con un color rojizo (óxido de hierro), y en las 
dioríticas con un color verdoso (silicato de hierro). Muy hermosas son las 
brecchas dioríticas, que se encuentran en la carretera de Quínoas, y los frag- 
mentos angulosos de diferente tamaño y forma y de varios matices, cemen- 
tados por una toba fina, parecen á veces á una obra mosaica; también son 
bastante duras para que pudieran servir de materiales arquitectónicos y ha- 
rían un efecto magnífico en la pilastrada de un edificio. — Otras tobas del 
mismo lugar se componen de un material mas fino y homogéneo, y se pa- 
recen mas bien á ciertas areniscas duras. Algunas de un color gris-verdoso 
me recordaron vivamente las piedras, de que se ha edificado el castillo de 
Inca-pirca, y que pertenecen á la misma clase de las tobas dioríticas; son 
muy ricas en cuarzo y casi tan duras que la diorita misma. Se vé que los 
Incas eran buenos arquitectos, hasta en la elección del material de con- 
strucción, que traían de lejos, pues no se encuentra en las cercanías de Inca- 
pirca, aunque no dudo, que la cantera se descubrirá algún día en los cerros 
de Molobog ó de Huairapungo. La roca que compone el cerrito de Inca- 
pirca y en que se halla excavado el Inca-chungana, contiene también muchos 
materiales dioríticos y puede considerarse como una toba arenosa estratifi- 
cada, que probablemente es un miembro de aquella formación cretácea am- 
bigua, que caracteriza la Cordillera occidental, como hemos visto mas arriba. 

En el litoral se hallan las dioritas ya al pié de la Cordillera, represen- 
tando las últimas proyecciones de ella, ya en forma de cúpulas aisladas en 
las llanuras, ya interrumpiendo las capas cretáceas. En la provincia del 
Guayas constan de rocas dioríticas los cerros de Taura (Masvale, Batang, 
Cimalon, Perequeté, Guabito), el aislado cerro de Zamborondón, los cerros al 
lado izquierdo del rio Daule, entre la Candelaria y Pula, con el cerro de 
Yolan, el de la Estacada y otros, los cerritos de Petrillo y del Martillo en- 
frente; finalmente varias cúpulas en el terreno cretáceo de la Cordillera de 
Chongon y de Juntas. 

En la provincia de Manabi se hallan en el terreno cretáceo al Oeste de 
Jipijapa, especialmente en el Cerro bravo y en el de San Vicente, las dioritas 
y las tobas y conglomeratos dioríticos con un desarrollo muy singular, que 
recuerda vivamente las formaciones volcánicas. Cuando en 1871 visité por 
primera vez este terreno y entré en el hondo valle del rio Seco al pié del 
Cerro bravo, me creí trasladado á una de las quebradas en las faldas de 
nuestros volcanes andinos. Las altas paredes de ambos lados se componen 
de conglomeratos y brecchas, que se parecen á las tobas volcánicas con 



262 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO IV. 

pedazos de andesitas y lavas de toda clase; las tobas forman un manto 
grueso casi hasta la cúspide del cerro, y las tres puntas mas altas de este 
constituyen un hondón, ó una especie de cráter abierto hacia O. Para hacer 
mas completa la analogía, brotan, no muy lejos del cerro, en la quebrada 
de Choctete, unas fuentes cargadas de ácido sulfhídrico, y muy parecidas 
á las termales del Cotacachi. En la quebrada del rio seco, y al pié mismo 
del Cerro bravo, se encuentran fragmentos enormes de toba caliza, llena de 
restos orgánicos, que atestiguan, que aquí todavía en la época cuaternaria 
salieron fuentes cargadas de carbonato de cal. Á esto se agrega, que las 
variedades de piedras, examinadas en el lugar mismo, no contenían cuarzo, 
á lo menos no lo dejaban conocer á la vista libre, y que muchas de ellas 
tenían el aspecto exterior de ciertas andesitas. Seducido por todas estas 
apariencias, tomé en efecto aquellos cerros de Jipijapa por antiguos volcanes 
andesiticos y manifesté esta opinión en una relación, que escribí inmediata- 
mente después del viaje. Pero un examen mas detenido de los materiales 
llevados á Quito, me convenció posteriormente de mi error, que revoqué en 
algunas publicaciones posteriores. (28) — La mayor parte de las muestras re- 
sultó de naturaleza diorítica, ó á lo menos como perteneciente á las «rocas 
verdes», y algunas son verdaderas dioritas porfiroídeas, aunque en todas el 
cuarzo es muy raro y solo accesorio. 

Es muy probable, que después del análisis química y microscópica, varias 
de las afanitas del litoral y de la sierra, que ahora llamamos dioritas, re- 
sultarán ser diabasas y meláfidos. Asi ya sucedió con la roca negra, que se 
halla en la chorrera de Agua-clara, cerca de Puente de Chimbo, intercalada 
en el terreno cretáceo de la Cordillera occidental. Según Siemiradski*), que 
la analizó, es una roca que tiene algunas propiedades de la diabasa, otras 
del basalto, mientras que su hábito exterior recuerda ciertos meláfidos an- 
tiguos; él la llama rnesobasalto. El feldespato se parece á la plagioclasa do 
las dioritas, pero según la composición química es probablemente anortita; 
los otros componentes son augita, anfibola, olivina y magnetita. En venas 
delgadas se halla la serpentina (un producto del metamorfismo) y como 
mineral accesorio he observado la pirita en bastante cantidad. Este último 
mineral, que parece no haberse encontrado en la muestra analizada por Sie- 
miradski, porque no lo menciona, es interesante, por ser muy característico 
para todas las rocas verdes del litoral. Presentando la roca de Agua-clara 
mas propiedades de las antiguas rocas verdes, que de las volcánicas, y per- 
teneciendo según su yacimiento á la época cretácea, el señor Siemiradski tam- 
bién en su car tita debía señalarla entre las primeras y no con entre las últimas. 

*) Ein Beitrag zur Kenntniss der typischen Andesitgesteine (Dorpat 1885), pág. G. 



LAS BOCAS POBFÍDICA8. 263 

El estudio teórico de las rocas porfídicas y verdes del Ecuador es muy 
interesante para el petrógrafo y le abre un campo muy vasto; pero en la 
práctica tienen mayor interés aquellos accidentes y productos, que el petró- 
grafo llamaría secundarios y subordinados. Si exceptuamos las piedras de 
cantera ó de construcción, ninguno de los minerales útiles que encontramos 
en las rocas porfídicas, pertenece á la constitución primitiva de ellas, siendo 
todos unos productos secundarios, que derivan de la descomposición química 
y del metamorfismo de los constitutivos primarios, ó minerales accesorios, 
que se han formado posteriormente en las vetas y filones metalíferos. 

Los minerales principales, que entran en la composición de las rocas 
porfídicas son: varios feldespatos, anfibola, augita, mica, magnetita (hierro 
magnético) y á veces cuarzo. Exceptuando los últimos dos, los demás son 
silicatos, que se constituyen de sílice, alúmina, óxido de hierro, cal, mag- 
nesia, potasa, soda y agua. Ahora bien, en la descomposición química de 
las rocas, respectivamente de sus minerales constitutivos, que se verifica 
especialmente con ayuda del agua y del acido carbónico, que contienen las 
combinaciones de sílice, se transforman en las de ácido carbónico, en otras 
palabras, los silicatos en carbonatos; silicato de cal, magnesia, potasa etc. 
se convierte en carbonato de cal, magnesia, potasa etc. El óxido de hierro 
queda libre y el silicato de alúmina, recibiendo una determinada cantidad 
de agua, es la arcilla. Cuando esta descomposición sucede en la superficio 
terrestre, los carbonatos serán llevados por las aguas (en forma de bicar- 
bonatos disolubles), y queda como último resultado y resto solamente la 
arcilla con el óxido de hierro. lié aquí la explicación científica del origen 
de la arcilla roja, que encontramos en todas las montañas del territorio de 
los pórfidos, en donde no falta la humedad, y que es la causa principal de 
que los caminos con las lluvias se ponen tan malos, como he dicho en otro 
lugar. — El procedimiento de la descomposición puede modificarse de mil 
modos, bajo circunstancias é influjos locales; así encontramos á veces en 
lugar del carbonato de cal el sulfato, que es yeso, en lugar del carbonato 
de magnesia, se ha formado también su silicato etc. El punto principal para 
la inteligencia del metamorfismo es, que los elementos que constituyen los 
minerales primitivos, salen de su combinación química, capaces de entrar 
en varias nuevas combinaciones, que son enteramente distintas de las pri- 
meras. Lo que antes estaba reunido y fijado en un solo mineral, se presenta 
dividido y aislado; y muchas veces las sustancias, que quedan inútiles en 
sus primeras combinaciones, se nos hacen provechosas en las segundas. 

Como hemos dicho, el resultado final de la descomposición de los pór- 
fidos en la superficie terrestre, suele ser un depósito de arcilla (caolina, 
cuando es muy pura). Pero en la profundidad y en el interior de las rocas 



2fi4 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO IV. 

el procedimiento se modifica algo, en cuanto los carbonatos y demás sus- 
tancias no serán llevadas por las aguas, y al contrario quedan esparcidas 
por la masa, ó formarán vetas y venas, cuando se presentan grietas y hen- 
diduras ú otras cavidades, en donde pueden precipitarse. Así se explica el 
sinnúmero de vetas de distintas clases en este terreno, y también la mayoría 
de las venas de cuarzo (sílice), que pertenecen a esta categoría; pues aun- 
que las rocas son generalmente básicas, no conteniendo en su estado fresco 
mucha sílice libre, sinembargo en la metamorfosis de los silicatos esta se 
suelta, y la que no entra en nuevas combinaciones, queda supérflua y sirve 
para rollenar las grietas de las rocas. 

Hay que advertir, que la transformación superficial en arcilla se verifica 
solamente en los lugares húmedos, como en las montañas cubiertas de bos- 
ques del cantón de Zaruma, y en las alturas en que llueve frecuentemente. 
En lugares muy secos, como en los valles de Yunguilla, Catamayo, de Ca- 
sanga, de Calvas etc., aunque el terreno se compone de las mismas rocas, 
no so observa esta arcilla, ó solamente por excepción. La descomposición 
se manifiesta allá de otra manera, resquebrajándose y deshaciéndose las rocas 
en fragmentos y pedacitos irregulares, cascajo y arena (conforme lo hemos 
visto también en el granito de Juntas). Esta diferencia notable en la des- 
composición de un mismo terreno se observa muy bien subiendo, por ejem- 
plo, del valle de Calvas á las alturas de Cariamanga ó del de Catamayo á 
Catacocha; á medida que aumenta la humedad, y por consiguiente la veje- 
tacion, vá desapareciendo la arena y el cascajo seco, y vá aumentándose la 
arcilla y el lodo en los caminos. 

Entre los minerales útiles de este terreno nombraremos en primer lugar 
la caolina 6 tierra de porcelana, que debe su origen igualmente á la des- 
composición química de los minerales, sobre todo de los feldespatos, y tiene 
tanta afinidad con la arcilla común, que podemos llamarla arcilla química- 
mente pura y libre de óxido de hierro y de cal. La caolina abunda en la 
provincia de Loja y se conoce allá bajo el nombre de «creda» ó simplemente 
«tierra blanca». Por lo común son las vetas de pórfido, que atraviesan el 
pórfido mismo ó las esquistas antiguas, las que se han transformado en cao- 
lina; así por ejemplo, en el camino de La Toma al Villonaco, en Sacama 
entre Loja y Juntas, cerca de Zaraguro etc. El material mas puro, blanco 
como nieve, que puede rivalizar con la mejor caolina de la China, se halla 
en la falda del cerro Chalalapo, x ¡ i legua al Sur de la hacienda Palmira en 
el valle de Tiscóbamba, en un macizo de pórfido descompuesto. El depósito 
es abundante y daria sin duda una porcelana fina y superior. Las varie- 
dades mas impuras (y hay todas las transiciones hasta la arcilla ordinaria) 
podrían ser empleadas en la fabricación de ladrillos refractarios, y cuanto 



LAS BOCAS PORFÍDICAS. 265 

mas blancas y libres de óxido de hierro, tanto menos serán fusibles y tanto 
mas refractarias. — Nodulos de caolina muy pura y pseudomórfosis según 
feldespato se encuentran en algunas vetas de cuarzo, como también en la 
mina Porto velo cerca de Zaruma. 

Algunas sustancias mas raras, pero mineralógicamente interesantes (y 
todas ellas son productos de descomposición de los pórfidos), mencionaremos 
aquí en continuación de la caolina. Cerca de Gonzanamá el pórfido aloja 
ríñones y venas de un hidrosilicato de magnesia y alúmina, que según todas 
sus propiedades físicas y reacciones químicas pertenece á la saponita ó pio- 
tina (jabón mineral). La sustancia es amorfa, muy blanda (dureza=l), blanca 
ó algo agrisada, de tacto untuoso como jabón, y se pega á la lengua. Al 
soplete se funde con alguna dificultad en un vidrio poroso, en el matraz dá 
mucha agua y se enegrece. No se disuelve en el ácido clorhídrico, pero se 
descompone en el sulfúrico. La saponita es un mineral bastante raro; en 
Inglaterra se usa como ingrediente en la fabricación de porcelana. 

En la misma región de Gonzanamá se encuentran vetas de bol, que por 
sus propiedades físicas tiene mucha analogía con el mineral precedente, pero 
es un hidrosilicato de alúmina y hierro, y se distingue fácilmente de la sa- 
ponita por su color pardo de castaña. Echándolo en agua se deshace con 
chisporroteo en pedacitos pequeños. 

Otro mineral no frecuente se halla en Verde -rumi, cerca de Paccha, 
cantón Zaruma, que á primera vista habia (ornado por esteatita, pero los 
exactos ensayos mineralógicos comprobaron que es la llamada agalmatolita, 
ó mas bien una variedad compacta de la piroJUita. Este mineral es de un 
color hermoso verde -manzana ó verde -esmeralda, con manchas y venas de 
color gris y algo encarnado; es transluciente, blando (dureza = 2, ó de yeso), 
de (acto suave y algo untuoso; su textura es criptocristalina, en apariencia 
amorfa, y con una buena lente se vé, quo se compone de hojitas y fibras 
muy finas, que tienen lustre de nácar. En el matraz dá bastante agua, y 
al soplete se vuelve blanco sin fundirse; en el ácido clorhídrico no se di- 
suelve, ni se descolora. Químicamente es un hidrosilicato de alúmina, como 
la caolina, pero con mas de sílice y menos de agua. Los habitantes creen 
que es una mina de esmeralda («esmeralda tierna»). El uso, que se podría 
hacer de ella, es para fabricar pequeñas estatuas, vasos y utensilios de adorno, 
como los chinos usan la agalmatolita y otras piedras blandas y de hermosos 
colores. Pertenece mas bien á las curiosidades mineralógicas, así como el 
mineral que sigue: 

La xilotüa, que imita con su estructura fibrosa y también con su color 
pardo perfectamente la madera fósil. Se encuentra en planchítas y tahlitas 
delgadas, rellenando las grietas de un pórfido cobrizo cerca de la hacienda 



266 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO IV. 

Juanes en el valle de Catamayo, del que tendremos que hablar mas tarde. 
Es un hidrosilicato de magnesia y hierro, que sin duda debe su origen á 
la descomposición de la anfíbola. 

Este último mineral, la anfibola, se halla también en su estado fresco 
en masas considerables, componiendo algunas vetas en Palto cerca de Paccha. 
Es la variedad que se llama tremolita, y está asociada con hierro magnético 
y cuarzo. Increíble es, como la gente puede tomar esta sustancia pesada é 
infusible por el verdadero carbón de piedra, y aun mas incomprensible, como 
algunos a mineros» pudieron fundar sus esperanzas en esas aminas de carbón 
do Palto». — En toda la provincia de Leja no hay carbón de piedra, fuera 
de la poca lignita de que hablaremos mas tarde. 

Vetas de carbonato y sulfato de cal (piedra caliza y yeso) pertenecen á 
los fenómenos mas frecuentes en este terreno y son, como las de cuarzo, 
productos inmediatos de la metamorfosis química de los pórfidos. No rara 
vez se hallan pedazos de cal y yeso esparcidos en la arcilla y en la arena 
y cascajo que cubren las rocas; pero basta remover estos materiales y se 
descubrirán en la pefia viva descompuesta las venas, de que derivan aquellos 
fragmentos. Rara vez las vetas son tan abundantes, que costeen el trabajo 
de la explotación, y como el fenómeno es demasiado común, no citaremos 
muchas localidades especiales. Solo un lugar merece una atención especial. 
Al NO de Quito, y al Oeste del Pululagua, donde en la cercanía de Calacali 
acaban las rocas volcánicas y comienza el terreno cretáceo, atravesado por 
rocas verdes, se halla en una de estas últimas una veta muy ancha de ala- 
bastro (yeso granoso-cristalino) que desde tiempos inmemorables se explota 
en pequeñas cantidades para quemar yeso y venderlo en Quito. He visto 
trozos grandes, blancos como nieve y enteramente puros, que se parecen al 
marmol de Carrara (pero son mucho mas blandos), y bien podrían emplearse 
también para pequeñas obras de estatuaria.*) 

Muy interesantes son las vetas de baritina (sulfato de baria) que encontró 
en dos localidades, una en el cantón de Zaruma, y otra en la provincia de 
Cañar. — En el cerrito de Zarum-urcu cerca de Zaruma, que consta de pórfido 
descompuesto, se vé en la falda oriental una veta, que se distingue de otras 
de esta región por su posición horizontal y por su composición anormal. 
El mineral, que la forma, es espato de barita ó baritina, teñida exteriormentc 
de rojo por el peróxido de hierro, que la acompaña. Por el gran peso espe- 
cifico (4,5) que es propio á este mineral, lo tomaron algunos mineros in- 



*) Los « alabastros » de Cuenca y de otras localidades, pertenecen á las tobas calizas 
de estructura granoso-cristnlina, de consiguiente son carbonato de cal. El alabastro ver- 
dadero siempre es sulfato de cal (yeso). 



LAS BOCAS POEFÍDICA8. 267 

expertos por una sustancia metálica, hablando unos de una mina de mercurio, 
otras de arsénico etc. La veta no contiene ningún metal, fuera del óxido 
de fierro ya mencionado, que en algunos puntos toma un color rojo tan 
subido, que se parece algo al cinabrio. La baritina es cristalizada, y forma 
los cristales grandes que le son propios. De la disposición entrecruzada de 
los cristales nace una masa reticular y celular, cuyos mallas están llenas de 
ocre (óxido de hierro terroso). La veta tiene la potencia de tres cuartos de 
un metro, y sigue la dirección horizontal. Puede ser, que esta excepción 
de la regla sea solo aparente, y que por una fuerte dislocación del terreno 
la posición originalmente vertical se haya cambiada en la horizontal. Precisa- 
mente en aquellas faldas del Zarum-urcu se observan varias señales de grandes 
derrumbos; por lo demás la veta es visible por una extensión muy pequeña. 
El origen de la baritina del terreno porfídico es difícil de explicar, porque 
los pórfidos no contienen el sulfato de baria en cantidades perceptibles. 

La segunda localidad, en que se encuentra la baritina, es el cerro de 
Pilzhun al NE de Azogues. Este es un cerro alto y muy extenso, en cuyas 
faldas opuestas nacen las cabeceras del rio Tabacay y del de Taday. Entre 
las rocas porfídicas que le componen, predominan las dioriticas, pero muy 
descompuestas en la superficie. En varios puntos se observa, que unas 
cuchillas ó crestas sobresalen como murallas de 1 á 3 metros de ancho, la 
superficie descompuesta, y atraviesan el cerro de S á N, otras de E á O. 
Estas son vetas de pórfido silicificado y de cuarzo y baritina, que resisten 
mejor á las influencias atmosféricas, que destruyen la roca adyacente. La 
masa principal de estas vetas se compone de cuarzo, pero á veces están 
llenas de nodulos y ríñones de una sustancia blanca y friable, que es caolina 
y el residuo de pedazos de pórfido (ó diorita) metamorfizado. La baritina 
acompaña el cuarzo en hilos y masas reticulares, y prevalece en algunas 
vetas sobre él. Los filones de Pilzhun se distinguen del de Zarum-urcu no 
solamente por la presencia de cuarzo, sino también y especialmente por ser 
ricos en minerales metálicos, piritas, y combinaciones de cobre y plata con 
antimonio y arsénico (Tetraedrita, Fahlerz). Véase sobre estas minas el 
Suplemento No. 24. 

Entre los minerales accesorios y no-metálicos de las rocas porfídicas, 
merece todavía una mención el granate, aunque lo encontré solo en una lo- 
calidad, no muy lejos y al Oeste del Pilzhun, en el rio Tabacay. Este rio 
corre en su curso inferior por la arenisca de Azogues, pero sus cabeceras 
nacen en el terreno porfídico, y por esto lleva en su curso superior sola- 
mente guijarros y pedrones de pórfido, porfirita y diorita, arrastrados por el 
rio de Nudpud y el Carihuaray. Poco antes de llegar al punto de reunión 
de estos dos ríos, que forman el Tabacay, se pasa un pequeño riachuelo, 



268 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO IV. 

que se precipita de una quebrada de la ladera occidental del valle, y lleva 
en su arena unas piedritas rojas muy brillantes. Son crístalitos bien des- 
arrollados que desde luego y especialmente con ayuda de la lente, dan á 
conocer el dodecaedro, forma característica del grenate, y el grado de la 
dureza asi como todo el examen mineralógico prueba, que en efecto es este 
mineral y no rubí, como muchos han creído. Es la variedad del grenate 
que se llama piropo, de un color rojo oscuro de sangre, pero los crístalitos 
son tan pequeños, que su diámetro apenas alcanza un milímetro y comun- 
mente menos, de manera que no son de algún valor ni mérito. El origen 
de este granate ha de buscarse en las rocas porfídicas descompuestas de la 
altura de que viene el arroyuelo; en ellas forma un mineral accesorio, que 
se conserva, como también el cuarzo, en la descomposición general que sufren 
los demás constitutivos, y después llega por el mismo mecanismo del agua 
á la arena del rio, como el oro á los lavaderos. Estos grenates recuerdan 
los mas grandes, que se hallan en el rio Mayo en la provincia de Pasto, 
asociados con rubíes y zafiros, pues allá se derivan del mismo modo de un 
pórfido descompuesto en las orillas del rio. 

Los minerales de que hemos hablado hasta ahora, pertenecen á la clase 
de los no-metálicos. Por su origen análogo añadiremos á ellos el hierro. 
Algunos silicatos constitutivos de los pórfidos contienen algo de hierro, y 
la magnetita (hierro magnético) que nunca falta, es un compuesto de su pro- 
tóxido y peróxido. Ademas la pirita (sulfuro de hierro) es un mineral 
accesorio tan frecuente en estas rocas, que rarísimas son las piedras, que 
no presenten algunas partículas de ella, mientras no están demasiado des- 
compuestas. De todos estos minerales se forma durante la metamorfosis de 
las rocas el peróxido hidratado de hierro ó, en casos mas raros, el peróxido 
anhidro. El primero se presenta ya en forma cristalina compacta (limonita), 
ya en el estado terroso (ocre), y es ha sustancia ubiquitaria, por decirlo asi, 
que á las arcillas, al cuarzo y á los demás minerales de las vetas, y en fin 
á todo el terreno comunica el color amarillo rojizo, rojo oscuro, y pardo, ade- 
mas de formar por sí solo vetas y depósitos gruesos. Pero, aunque no faltan 
lugares, en donde el hierro se encuentra en cantidades explotables, sinem- 
bargo por razones demasiado patentes no hay que esperar que la industria 
minera se dirigirá jamas á este metal, que podría explotarse en varios otros 
puntos de la República bajo circunstancias mucho mas favorables. La trans- 
formación del sulfuro de hierro en el peróxido es un hecho geológico, y 
puede observarse en todos sus estados sucesivos, hasta la pseudomórfosis 
completa. En este procedimiento se suelta el azufre y entra inmediatamente 
en nuevas combinaciones químicas con otros elementos, las cuales pueden 
explicarnos algunos fenómenos. Así sabemos pues, de donde proviene el 



LAS BOCAS PORFÍDICAS. 2G9 

ácido sulfúrico, que ocasiona la formación del sulfato de cal (yeso), y también 
la de la caparrosa (sulfato de hierro), que eflorece de vez en cuando en las 
rocas descompuestas. Igualmente podemos derivar, sin temor de padecer 
una equivocación, el hidrógeno sulfurado de algunas fuentes de la misma 
descomposición de la pirita. Hé aquí un solo ejemplo: media legua al Sur 
de Ayabamba, en el valle del riachuelo de Ayabamba, no lejos del lugar de 
la confluencia de este con el rio Bono, se halla una fuente termal. En todas 
sus inmediaciones se percibe el fuerte y desagradable olor de hidrógeno sul- 
furado, y el sabor del agua indica que está cargada de él y de ácido car- 
bónico. La temperatura del agua es en el punto de su salida de 3572° centí- 
grados. Esta fuente nace de una veta de cuarzo en un pórfido descompuesto, 
que está llena de pirita y contiene un poco de oro, como casi todas las vetas 
de aquella región. 

Los minerales descritos hasta ahora, traen su origen del terreno porfí- 
dico mismo, siendo partes esenciales ó accesorias de él, ó derivando á lo 
menos de ellas por una simple transformación química que llamamos meta- 
morfosis. Las sustancias de que trataremos en seguida, son mas bien ajenas 
á este terreno y heterogéneas, y geológicamente consideradas deben llamarse 
puramente accidentales, aunque en el campo de la práctica son muy princi- 
pales. Para no perdernos en el laberinto de las teorías científicas respecto 
á su origen, no hablaremos ahora del cómo y cuando dichas sustancias han 
llegado á su actual yacimiento y posición, y nos ocuparemos de ellas como 
dadas, y según sus actuales relaciones. Esta categoría se constituye de 
sustancias metálicas, á saber de los diferentes minerales de oro, plata, pla- 
tina, cobre, plomo, einJc, antimonio y arsénico. 

El oro se halla en estado nativo, y solamente ligado con plata; otros 
minerales de oro no se conocen en nuestro terreno porfídico. La plata se 
encuentra rara vez en estado nativo, y entonces comunmente ligada al oro; 
las mas veces se halla en forma de sulfuro de plata en la galena (sulfuro 
de plomo), y en combinación con cobre, antimonio y arsénico, constituyendo 
la tetraedrita (Fahlerz, cobre gris). El cobre ofrece la mayor variedad de 
minerales, hallándose nativo, en forma de óxido, sulfuro, cloruro, carbonato, 
y en la tetraedrita. El plomo se presenta con mas frecuencia en forma de 
sulfuro de plomo (galena), rara vez en la del carbonato y como cloro-carbo- 
natado. Del zink encontré hasta ahora solamente el sulfuro (la blenda). 
Finalmente el antimonio y arsénico entran en la composición de la tetrae- 
drita, como ya queda dicho; pero ambos metales no son frecuentes en 
nuestras minas. — La platina no se ha observado todavía en el terreno 
porfídico mismo, sino solo en los lavaderos de oro de la provincia de Es- 
meraldas. Pero como el material de estos lavaderos se deriva de la Cor- 



270 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO IV. 

dillera occidental, tan rica en rocas verdes y profídicas, la platina debe 
hallarse en ellas de algún modo, como el oro. 

Los metales enumerados se hallan en vetas y filones (casi siempre con 
cuarzo), que atraviesan los terrenos porfídicos. El rumbo general de las 
vetas es con pocas excepciones el de S á N, quiere decir, que siguen el 
rumbo general de las Cordilleras principales de los Andes, aun cuando se 
hallan en ramales ó nudos transversales, cuyos ejes tienen otro rumbo. 
Muchos de los filones son verticales, pero regularmente se hallan con una 
inclinación de pocos á muchos grados al Este (rara vez al Oeste). Su espe- 
sor ó potencia llega de algunos centímetros á 3 ó 4 metros. Las vetas y 
filones se llaman minas, cuando contienen uno que otro metal en cantidades 
explotables. Según nuestro conocimiento de las minas del terreno porfídico, 
solo las de oro y de plata son de importancia práctica en las circunstancias 
actuales del Ecuador; el cobre se puede explotar, cuando esta asociado con 
oro y plata; los demás metales, menos valiosos, por ahora no se prestan ú 
una explotación ventajosa, ya porque los depósitos, descubiertos hasta ahora, 
son poco abundantes, ya por la dificultad y lo costoso de la explotación, 
que en dichas circunstancias actuales del pais (especialmente por la falta 
de buenas vias do comunicación) no recompensaría los gastos. — Creo haber 
observado, que el oro se halla con preferencia en el terreno de los pórfidos 
verdaderos (pórfido cuarzoso), y la plata prefiere las rocas verdes y dioríti- 
cas; así p. ej. arman en el primero las mejores minas de oro de Zaruma, y 
en las segundas todas las minas antiguas de plata en las provincias de 
Cañar y del Azuay, entre ellas la afamada de Pilzhun, y varias otras de la 
provincia de Loja. 

Es sumamente difícil, ó mejor dicho, por ahora imposible, dar una des- 
cripción algo completa de las minas del Ecuador. No se puede estudiar y 
describir las minas, sino cuando ya están abiertas y por algún tiempo en 
explotación, es decir, cuando por pozos y galerías subterráneas son acce- 
sibles al estudio mineralógico, químico y estatigráfico. Esta condición falta 
en las minas del Ecuador, que con pocas excepciones no conocemos, sino 
por sus afloramientos en la superficie, ó por los derrumbados y aguados 
trabajos de siglos pasados. Cuando en 1876 comencé el estudio de las minas, 
ni una sola en toda la República estaba en explotación, y los trabajos de 
exploración hechos en unas pocas, eran superficiales y del todo insuficientes. 
Verdad es, que desde entonces acá se han hecho estudios serios y formales 
en algunos puntos de las provincias meridionales, que aclararon mucho la 
situación, y aun entraron algunas minas en el estado de explotación. Pero 
con todo esto, las observaciones y resultados son todavía muy locales, para 
sacar de ellos deducciones generales. Para referir esos estudios deberíamos 



LAS ROCAS PORFÍDICAS. 271 

entrar en las particularidades de cada mina examinada, lo que excedería los 
limites de la parte general de esta obra; pero siendo ellos del otro lado de 
mucho interés para los mineros y hombres de ciencia, me he decidido á 
ofrecerles en los «Suplementos» una serie de observaciones importantes. (24) 

No cabe duda, que los distritos mineros mas importantes se hallan en 
la mitad meridional de la República, al S del Azuay, siendo las minas muy 
raras en la parte setentrional, por la misma razón indicada mas arriba, por 
la cual las rocas porfídicas y verdes aqui tienen menor extensión superficial 
(están cubiertas por el terreno volcánico). Se habla de antiguas minas de 
plata (y de oro y cobre?) en las cercanías de Simiátug, Sigchos, Tagualó, 
Angamarca, Macuchi etc., pero no las conocemos, nadie las ha estudiado en 
este siglo. Por ahora los distritos mas importantes son el aurífero de Za- 
ruma, y el argentífero de Pilzhun en la provincia de Cañar. 



Capítulo V. 
La formación terciaria. 

Los terrenos terciarios encontramos en el Ecuador desarrollados de dos 
modos distintos: en las provincias litorales constan de capas sedimentarias 
marinas, y en algunas hoyas del pais interandino de depósitos de agua dulce, 
ó de capas lacustres. Estas dos clases de terrenos se diferencian mucho 
entre si, y debemos tratarlas separadamente. 

A. La formación terciaria marina. 

Esta puede llamarse la formación fundamental de las provincias de Es- 
meraldas y Manabí, puesto que las mas antiguas, que probablemente existen 
en mayores profundidades, se ocultan á nuestra vista; solo la cretácea se 
observa en la superficie en la parte meridional de la provincia de Manabi. 
— La demarcación del terreno terciario en el mapa geognóstico se dificulta 
mucho, porque los materiales, que lo componen, apenas se distinguen de los 
de la formación cuaternaria marina. Cuando faltan los fósiles característi- 
cos — y esto es lo mas común — , y cuando no encontramos las capas con 
yacimiento discordante debajo de las sobrepuestas modernas, algunas veces 
la distinción es imposible. Por esto sea advertido, que talvez algunos de 
los terrenos, que en el mapa he señalado como terciarios, resultarán, con 
un estudio ulterior, ser cuaternarios, y al revés, que algunas capas, que 
hoy considero como cuaternarias, serán terciarias. He aplicado el color ter- 
ciario á aquellas regiones, donde con mas frecuencia encontré en los valles 
y barrancos de los rios las capas marinas con fuerte inclinación, aunque las 
lomas intermedias se hallan muchas veces en la superficie cubiertas de ca- 
pas evidentemente mas modernas. 

En la costa de la provincia del Guayas (cantón de St a . Elena) existe la 
formación terciaria debajo de la cuaternaria, y se descubre solamente en 
pocos puntos bajos, á la orilla del mar y en algunas quebradas hondas. 



LA FORMACIÓN TERCIARIA. 273 

Así, por ejemplo, cerca de la Punta de Cangrejo, al NE de la bahía de 
St*. Elena, se observan «las cabezas» ó extremidades de capas areniscas 
levantadas casi verticalmente. Como las capas cuaternarias cubren estas 
cabezas en posición discordante, casi horizontal, se sigue que dichas arenis- 
cas pertenecen á una época anterior, puesto que al tiempo en que se depo- 
sitaron las cuaternarias, ya se hallaban en el estado levantado. La arenisca 
de que hablamos, es mas compacta y dura, que la cuaternaria, y vá alter- 
nando con arcillas arenosas de un color gris ó azulado, igualmente con unas 
capas muy delgadas de sustancias bituminosas (lignita). No pude encontrar 
ningún fósil, que me hubiera aclarado la posición y la edad geológica de 
estas capas. Las adjudico á la formación terciaria, porque llevan un carácter 
petrográfico muy distinto del de la formación cretácea del litoral, y en todo 
recuerdan los terrenos terciarios. 

Las mismas capas descritas se encuentran unas 4 leguas al E de St*. 
Elena, en el fondo de una quebrada ancha, en que surgen las fuentes ter- 
males y el a volcancito» de San Vicente, que conocermos mas tarde. — 
Ademas me inclino á creer, que ciertas capas arenosas fuertemente inclinadas, 
que se hallan hacia el pié de la Cordillera de Colonche, pertenezcan al mismo 
sistema terciario. 

Un campo mejor para su estudio nos ofrece la provincia de Esmeraldas. 
Doquiera que las aguas han removido la tierra vejeta! de las laderas de las 
montañas, y donde los ríos han surcado los terrenos aluviales hasta cierta 
profundidad, siempre se descubre la misma formación marina, con los mismos 
caracteres petrográficos, desde la costa marina hasta los pies de los Andes, 
desde el nivel del mar hasta la altura de mas de 300 metros. Todas las 
montañas y todas las colinas se componen de ella, aunque en su superficie 
muchas veces estén cubiertas de capas mas recientes; y la formación marina 
desempeña este mismo papel por una gran parte de la provincia de Manabi 
hacia el Sur. Su estudio se facilita mas en las cercanías de la costa, en 
donde las posteriores formaciones fluviales se hallan menos desarrolladas, y 
en donde se encuentran con mas frecuencia perfiles instructivos en las bar- 
rancas profundas. 

El carácter petrográfico de esta formación es bastante sencillo y monó- 
tono, y donde se manifiesta mas variado, los cambios se refieren casi siempre 
al desarrollo físico y exterior de los materiales, y no á su composición qui- 
mica. Podemos establecer dos clases de rocas constituyentes: areniscas y 
arcillas pizarrosas. Aunque ambas se distinguen muy bien en su desarrollo 
típico, existen sinembargo tantas formas intermedias y transiciones, que seria 
imposible fijar con exactitud sus limites; pues las areniscas se vuelven á 
veces muy arcillosas y margosas, y las arcillas á su vez arenosas. 

Woup, Ecuador. 18 



274 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO V. 

Las areniscas son generalmente muy cuarzosas, de grano grueso, y en 
este caso muy duras; á veces se convierten en verdaderos conglomerados, 
llegando las partes constituyentes al tamaño de una nuez ó de un pufio. En 
el caso contrario, es decir, cuando el grano es muy fino, las areniscas son 
comunmente arcillosas y margosas, ora duras, ora blandas, y se dejan hen- 
der como las pizarras, en lajas mas ó menos delgadas. El color de las 
areniscas varia desde el gris claro hasta el pardo oscuro, y depende no 
solamente del color de los granos, sino también del del cemento, que los 
conglutina, y que muchas veces es ferruginoso. 

Las arcillas suelen tener un color mas claro que las areniscas, y en la 
costa se ven á veces capas casi blancas; sin embargo algunas se encuentran 
tan impregnadas del hidróxido de fierro, que se vuelven rojas y pardas. Su 
material no se distingue químicamente del de las areniscas, solo que las 
partículas constitutivas son sumamente finas y casi imperceptibles. Si á las 
areniscas podemos llamar arena cementada, las arcillas son barro endure- 
cido. Entrando en la composición de la arcilla mucha arena fina, salen esas 
formas intermedias, que con igual razón podemos llamar arenisca arcillosa 
ó arcilla arenosa, y que son sumamente frecuentes.*) 

Estas dos clases de rocas, las areniscas y las arcillas pizarrosas, acom- 
pañan al geólogo con desesperada monotonía por todas partes, y es muy 
raro que se observe entre ellas otro material subordinado y accidental, ex- 
cepto el yeso, que es frecuente en las barrancas de la costa, en donde suele 
llenar las hendiduras que atraviesan las capas. Cuando estas, por la acción 
de las aguas y de la atmósfera, se descomponen y se disuelven en la super- 
ficie, las placas de yeso cristalino y trasparente se encuentran diseminadas 
en las laderas y en las playas del mar. Pero en ningún lugar se halla el 
yeso en cantidad suficiente, que consienta pensar en su explotación; pues 
las venas son aisladas, irregulares y comunmente no tienen mas que algu- 
nas líneas ó una pulgada de espesor. 

En algunos lugares las capas de esta formación son bituminosas, lo que 
se manifiesta por un color negrusco, y en la cercanía de tales localidades 
se encuentran en la arenisca ó arcilla algunos troncos de árboles carboniza- 
dos, es decir, transformados en lignita. Aislados se encuentran estos troncos 
en muellísimos lugares, por ejemplo, inmediatamente arriba de Esmeraldas, 
en el primer cerro, al lado izquierdo del rio, donde casi al nivel del agua se 
halla un hermoso perfil de la formación marina. Pero despósitos mayores 

*) Las piedras de esta clase, que tienen un grano fino 6 igual, que no son dema- 
siado duras ni demasiado blandas, sirvieron con preferencia á los indios antiguos del 
litoral para sus pequeñas esculturas (figuras de ídolos, hombres, animales, y varios uten- 
silios), como lo comprueban los hallazgos en las huacas. 



LA FORMACIÓN TERCIARIA. 27f) 

y explotables de lignita no he encontrado. La acumulación mas considerable 
de tales palos carbonizados, que he visto, existe cerca de Pedernales, un 
poco al Norte de la Punta Surones, en la barranca de la costa; pero ni en 
esta localidad el material es explotable, porque la lignita no forma capas 
continuas y regulares de algún espesor, sino manchas irregulares y pequeñas. 
— La presencia de palos carbonizados en la formación marina no tiene nada 
de extraordinario. Todos los que han viajado en las playas del mar, habrán 
visto los muchos palos, que las olas botan á la orilla, sobre todo en las 
ensenadas. Algunos se pudren y se deshacen, pero otros se entierran en la 
arena y se conservan, merced á la lenta transformación química que sufren, 
y que es una verdadera combustión ó carbonización. No falta sino que la 
arena suelta se consolide por la intervención de un cimiento, para tener una 
arenisca moderna con lignita, que no se distingue de la antigua, de que 
tratamos ahora. 

Un accidente, que mas bien se refiere á la forma exterior que á la con- 
stitución química del material, consiste en enormes ríñones, que unas veces 
se encuentran aislados, otras y las mas veces acumulados en ciertos estra- 
tos de la formación marina. Estas concreciones son grandes, midiendo 
comunmente uno á dos metros de diámetro; su forma es elíptica, algo 
aplastada, su estructura y fragmentación concéntrica. La sustancia de que 
se componen, es idéntica con la que las rodea, es decir, una arenisca arci- 
llosa y margosa; pero lo curioso es, que el material de los estratos que 
contienen muchos ríñones, suele ser muy fofo y suelto, como si todo el 
cimiento hubiese servido solamente para formar esas concreciones duras. El 
núcleo y el centro de ellas no tiene otra composición que las cortezas exte- 
riores, y es difícil decir, cual haya sido el primer motivo de la atracción 
concéntrica de esta formación particular. El cimiento es muy ferruginoso, 
lo que se manifiesta por el color, sobre todo cuando los ríñones principian 
á descomponerse. — Este fenómeno se puede observar en escala grande en 
la costa entre Esmeraldas y Atacámes, especialmente en la Punta Gorda, 
en donde se halla un estrato horizontal de 3 metros de potencia con muchí- 
simas y muy grandes concreciones, unos 20 pies sobre la playa. Un perfil 
casi igual al de la Punta Gorda encontré en el valle del Esmeraldas, en la 
cercanía de la boca del Guallabamba. 

La estratificación de la formación marina se puede estudiar mejor en un 
viaje á lo largo de la costa, pues desde el rio de Vainillas al Norte, hasta 
el Cabo Pasado, tenemos á la izquierda un perfil casi vertical de 7 hasta 
100 metros de altura, que solamente por las quebradas de los ríos litorales 
se halla interrumpido. Se observa primero, que las capas de las areniscas y 
de las arcillas se repiten indistintamente en todos los horizontes, alternando 

18* 



276 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO V. 

infinitas veces estas con aquellas, ya en bancos gruesos, ya en fajas del- 
gadísimas, sin regla alguna. El yacimiento de las capas es generalmente 
horizontal, sobre todo en las regiones bajas, y cuando se hallan inclinadas, 
buzan casi siempre hacia el Oeste con un ángulo moderado (de 10 á 30 gra- 
dos); muy raras son las excepciones, en que el buzamiento es mas rápido. 
Seducido por ciertas consideraciones teóricas se podría creer, que la incli- 
nación será tanto mas fuerte, cuanto mas alto es el terreno y cuanto mas 
se acerca al pié de la gran Cordillera de los Andes; sinembargo la expe- 
riencia y observación directa no ha confirmado esta suposición, pues en los 
valles superiores de los ríos las dislocaciones no son mas frecuentes que en 
la costa, y en el punto mas lejano, en que pude observar la formación ma- 
rina, es decir, en los lechos del Silanchi y del Caoni, encontré las capas 
enteramente horizontales, así como también en el Cachabi superior y en el 
Quinindé. La mayor parte de los ríos han excavado sus cauces, á lo menos 
en sus cursos superiores, en esta formación; pero como las diferentes capas 
no son de la misma dureza y no oponen la misma resistencia á la erosión 
del agua, la excavación procede con desigualdad en los diferentes puntos, 
y de aquí se derivan los muchos raudales y saltos que caracterizan la mayor 
parte de los ríos de la provincia. — Con el mismo principio se explican las 
lajas en las playas del mar, en la zona que está expuesta á las alternativas 
de las mareas, esas lajas que son el obstáculo mas grande para los viajan- 
tes á caballo, cuando no están cubiertas de arena, porque son sumamente 
resbalosas á consecuencia de la mucosidad que las plantas y animales ma- 
rinos depositan sobre ellas. 

No conocemos la potencia total de la formación marina, porque en nin- 
gún lugar se descubre la base de ella y no sabemos á qué profundidades 
baja. En algunos perfiles altos de capas horizontales he calculado la po- 
tencia en mas de 100 metros; pero atendida la altura considerable de al- 
gunas montañas que se componen de esta formación, debemos suponer, que 
su potencia total en término medio no podrá tener menos de 200 metros, y 
probablemente tiene mucho mas. 

Del carácter paleontológico tengo poco que decir por la gran escasez de 
fósiles, lo que es tanto mas sensible, cuanto que de él depende en primer 
lugar la determinación de la edad geológica de una formación. — Muy rara 
vez se encuentra en las areniscas una concha, un caracol ú otro resto ani- 
mal, y aun entonces en un estado tan fragmentario y tan mal conservado, 
que no es posible determinar las especies. Las arcillas esquistosas parecen 
ser todavía mas escasas de fósiles. Sinembargo, por imperfectos que sean 
los restos encontrados, se puede evidenciar con ellos, que toda esta formación 
es marina, que se ha depositado en el fondo de un mar. — En una sola 



LA FORMACIÓN TERCIARIA. 277 

localidad encontré los fósiles mas frecuentes y mejor conservados, y este 
lugar se halla al lado del pueblecillo de Uimbí, unas siete leguas distante 
de la costa, y 30 metros sobre el actual nivel del mar. Allí debajo de los 
bancos diluviales auríferos sigue la arenisca marina con yacimiento discor- 
dante y algo inclinado, es de un grano muy fino y contiene muchas hojitas 
de mica, su color es gris claro tirando al verdoso, y su consistencia es tan 
blanda que deja cortarse con el cuchillo y triturarse entre los dedos. En 
esta arenisca los conquilios marinos han conservado perfectamente toda su 
forma, pero han perdido sus colores y en gran parte su consistencia, hallán- 
dose como calcinados y muy quebradizos, excepto las conchas del género 
Anomia, que tienen todavía su primitiva dureza y hasta el lustre nacarino. 
El modo, como las conchas se hallan acumuladas en esa capa de arenisca, 
no deja duda ninguna, de que aquí tenemos el depósito de una orilla ó pe- 
queña ensenada del antiguo océano terciario. Millares de pequeños fragmentos 
se hallan apenas cimentadas por un poco de arena, é individuos enteros, 
sobre todo de las conchas mayores, son raros, exactamente como lo obser- 
vamos en las acumulaciones de conchas, que botan las olas del océano actual 
en las playas. 

Hé aquí los géneros principales, que pude determinar en la arenisca 
de Uimbí: 



Turritélla 


Vermetus 


Leda 


Natica 


Dentalium 


Mactra 


Fusus 


Anomia 


Téllina 


Tritonium 


Chama 


Cardium 


Pileopsis 


Arca 


Solen 


Turbonitta 


Corbula. 





Dientes de tiburones, muy bien conservados, que encontró entre los frag- 
mentos de las conchas, son hasta ahora los únicos restos de animales verte- 
brados en esta formación. 

Si atribuyo la formación marina al período terciario, me apoya primero 
en su estratificación, que en todas partes, en que las capas se hallan in- 
clinadas, es discordante con la del terreno cuaternario ó diluvial que la cubre. 
La formación terciaria no solamente se había levantado, sino en gran parte 
destruido por la erosión de las aguas, cuando vinieron las capas cuaternarias 
á depositarse sobre ella. A este argumento estratigráfico, que de suyo 
no es convincente ( — la formación siempre podría ser mas antigua — ), 
accede el argumento paleontológico. Con toda seguridad puedo decir, que 
los fósiles no llevan el carácter mesozócico, es decir, que la formación no 
puede pertencer á una de las que preceden al período terciario, por ejemplo, 



278 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO V. 

á la cretácea. — No con la misma seguridad quisiera afirmar que la fauna de 
Uimbí no pueda pertenecer tampoco al período cuaternario mas antiguo. 
Para esta aserción no tenía hasta ahora mas que argumentos de probabilidad. 
No hay duda, que cualquier geólogo, que esté algo familiarizado con los 
fósiles de los terrenos terciarios de Europa, á primera vista dirá, que los de 
Uimbí presentan una fácies terciaria; pero sabido es también, cuan difícil es 
clasificar un terreno terciario, cuyos fósiles pertenecen casi exclusivamente 
á las clases inferiores del reino animal, habiendo sido los organismos in- 
feriores y marinos en aquella época remota en gran parte los mismos que 
ahora (á lo menos los géneros). Para hacer un estudio profundo de los 
fósiles de Uimbí, me faltaban en el Ecuador los recursos, de decir, las obras 
especiales de paleontología y las grandes colecciones, que subministren el 
material de comparación. Comparándolos con las actuales especies del Océano 
Pacifico, he notado algunas diferencias ó algún cambio de los organismos 
marinos desde la sedimentación de la arenisca marina hasta nuestros tiempos; 
pues, precisamente las especies mas frecuentes en Uimbí, una Turritdla 
grande y una Leda muy pequeña (ambas se puede recojer por centenares), 
así como también una hermosa especie de Arca, no encontré entre los mo- 
luscos vivos de nuestras costas. (25) 

Aunque según esta fácies general, á la que se une el argumento estrati- 
gráfico, es casi seguro, que nuestra formación pertenezca á los terrenos 
terciarios, es sinembargo hasta la fecha del todo imposible, paralelizarla con 
otras de la misma edad y de otros países, ó distinguir en ella ciertas sub- 
divisiones y horizontes geognósticos. En el caso de que se descubriesen 
muchas otras localidades ricas en fósiles, podríamos abrigar la esperanza de 
llegar á un conocimiento mas perfecto de esta formación, y aun asi habría 
que vencer grandísimas dificultades, porque sin duda alguna las formaciones 
terciarias en la América tropical contienen otros fósiles muy distintos de los 
de las correspondientes en Europa, y así siempre nos faltarán los términos 
de comparación y de paral elizacion. 

B. La formación terciaria lacustre. 

En el pais interandino reconocí los terrenos terciarios con seguridad solo 
en la provincia do Loja. Puede ser y es probable, que también en otras 
hoyas se hayan depositado algunos, pero quedan cubiertos por aluviones 
modernos y especialmente por los materiales volcánicos.*) La extensión 

*) Así sospecho, que existe un terreno terciario en la hoya del rio León, entre Nabon 
y Oña, cubierto superíicialmente do materiales volcánicos. En la cuesta de Tabla-yacu 
se descubren capas do arcillas pizarrosas con impresiones de hojas de plantas, que se 
parecen mucho á las que encontré en Loja. 



LA FORMACIÓN TERCIARIA. 279 

limitada, su posición topográfica, su carácter petrográfico y paleontológico, 
dan á conocer que los estratos se han formado debajo de agua dulce, en 
unos lagos independientes del mar. Uno de estos lagos ocupaba todo el 
ancho valle de Loja, y otro mas grande se extendía al Sur del nudo de 
Cajanuma, sobre los tres valles actuales de Malacatos, Vilcabamba y Pisco- 
bamba. El primero estaba rodeado exclusivamente de terrenos antiguos de 
las esquistas cristalinas, el segundo al lado oriental por un semicírculo de 
las mismas rocas, y al occidental por otro de rocas porfídicas y verdes. Se 
entiende, que en aquella época los valles estaban cerrados en su contorno 
y si tenían algún desagüe, este ocupaba un nivel superior al actual; quiero 
decir, que las abras del rio Zamora cerca de Salapa, y del Catamayo abajo 
de Malacatos, fueron excavadas por las aguas hasta su profundidad actual, 
mucho después de la estratificación de las capas terciarias. 

En el valle de Loja se compone el terreno terciario de dos clases 
principales de rocas, que sinembargo se presentan cada cual en muchas 
variedades. 

La primera clase comprende las rocas de naturaleza arcillosa, que comun- 
mente son pizarrosas y hasta hojosas, pero de una textura mucho mas suelta 
que las esquistas antiguas. También por el color se distinguen de estas 
últimas, ademas de no ser cristalinas sino clásticas ó políticas. Su color es 
siempre claro, blanco,, amarillento ó algo agrisado, y solamente en la cer- 
canía de capas bituminosas y de carbón se vuelven mas oscuras. Según 
su composición química son, como queda dicho, con preferencia arcillosas, 
unas veces casi sin vestigio de cal, otras tan impregnadas de esta sustancia, 
que llega á 60 y 70 por c, y hay capas delgadas intermedias de piedra 
caliza casi pura. Otro tanto sucede con la sílice, que entra en la compo- 
sición de estas rocas ya sola, ya juntamente con la cal. Con la sílice comun- 
mente vá aumentando la dureza y solidez de las lajas, y hay algunas que 
son pedernal casi puro. — En la distancia de pocas cuadras de la ciudad 
de Loja, al otro lado del rio Zamora se observa magníficamente estas capas 
de que hablamos, en una posición casi vertical, y aquí se descubren entre 
las placas delgadas de la pizarra algunos restos orgánicos ó fósiles. Son 
impresiones de hojas de plantas dicotiledóneas, que me dieron las primeras 
luces sobre la edad del terreno en cuestión. (M) Con seguridad deducimos 
de estos restos vejetales, que las capas se han formado después del período 
secundario, y que no pueden pertenecer, por ejemplo, á la formación cretácea 
ú otra mas antigua. De argumentos de estratificación deduzco, que son mas 
antiguas que las formaciones cuaternarias, y así resulta y queda sentada su 
edad terciaria. Ya antes de conocer los argumentos geológicos para la clasi- 
ficación de este terreno, su aspecto general, su fisonomía, por decirlo así, 



280 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO V. 

me habia anunciado este resultado y me había recordado varios terrenos 
terciarios análogos de Europa. 

La segunda clase de rocas terciarias se formó de materiales mas gruesos 
y comprende las areniscas y congloméralos. El cemento que reúne y dá co- 
hesión á las partes constitutivas, es generalmente arcilloso, rara vez silíceo 
ó calizo, y hay veces que falta por completo, presentándose entonces capas 
de arena suelta y de guijarros. Examinando con atención estos materiales 
se vé, que provienen todos de las cordilleras vecinas, del terreno de las es- 
quistas cristalinas, y de las vetas de cuarzo que las cruzan. La estratifi- 
cación de las areniscas y conglomeratos es en bancos gruesos y hay lugares 
en donde estos llegan al espesor considerable de 50 y 60 metros, así por ejemplo, 
en las colinas que ciñen al lado oeste la ciudad de Loja. En tales lugares, 
y sobre todo cuando las capas se presentan mas ó menos horizontales, se 
podría tomarlas por otro terreno mas moderno que el terciario, talvez por 
el cuaternario ó diluvial; pero un estudio mas detenido en varias localidades 
nos enseña su verdadera naturaleza y edad geológica. Son pues estas rocas 
contemporáneas con las pizarrosas, que describimos arriba como de naturaleza 
arcillosa y margosa; se encuentran en todos los niveles del terreno terciario, 
aunque en los superiores suelen ser mas frecuentes y de mayor potencia; y 
en donde las areniscas y los conglomeratos van alternando oon las rocas 
de la primera clase, se echa de ver, que su yaciqíiento es enteramente 
concordante, e6 decir, que siguen siempre el mismo rumbo y buzamiento 
que estas. 

Para dar en pocas palabras la explicación sencilla de este fenómeno, dire- 
mos, que en la época terciaria, cuando un lago grande ocupaba todo el vallo 
de Loja, en la extensión actual del terreno terciario, los rios que bajaban 
de las cordilleras circunvecinas, llevaban los materiales ya muy finos y en 
suspensión, ya en forma de arena y guijarros (en las avenidas mayores), 
precisamente como sucede hoy dia con los rios de las montañas. En el 
primer caso las partículas casi miscroscópicas, flotando en el agua del lago, 
se depositaban en capas horizontales y delgadas de arcilla, marga, sílice etc. 
que consolidándose daban margen á aquellas lajas y placas regulares. En 
el segundo caso se formaban bancos de arena y acumulaciones locales de 
guijarros, sobro todo en las desembocaduras de los rios y quebradas, y estos 
materiales también llegaban á consolidarse, interviniendo un cemento químico, 
como cal y sílice, ó mecánico como arcilla. Tal explicación no es hipoté- 
tica, sino muy natural, y conforme á lo que observamos aun todos los días 
en los rios, lagos y costas del mar. 

Si el lago de Loja se hubiese desaguado tranquilamente, abriéndose las 
aguas el paso por el actual rio de Zamora por una erosión lenta y sucesiva 



LA FORMACIÓN TERCIARIA. 281 

en el terreno de las esquistas antiguas, entre Salapa y Juntas, encontra- 
ríamos ahora las capas terciarias todavía en su posición primitiva, es decir 
mas ó menos horizontales, y la denudación continuada de las aguas solamente 
nos habría descubierto algunos perfiles verticales, pero poco hondos, en los 
cauces de los ríos y en algunas quebradas; en otros términos, tendríamos 
en el valle de Loja una llanura nivelada por el lago antiguo, y solamente 
surcada por algunos riachuelos. Pero no sucedió así, antes al revés encon- 
tramos el terreno terciario completamente dislocado y revuelto, y este es el 
argumento principal de que en una época relativamente moderna, talvez al 
fin del periodo terciario, en los Andes acontecieron movimientos grandes. 
Entonces se alzaron ambas Cordilleras, la oriental y la occidental, á sus alturas 
actuales, y levantaron consigo las capas terciarias depositadas entre ellas. 

Sin que se pudiese indicar un rumbo ó buzamiento constante de dichas 
capas, podemos sinembargo decir, que el primero generalmente es de E á 
O, luego en el sentido perpendicular al de las Cordilleras principales, y que 
el segundo suele ser tanto mas fuerte, cuanto mas nos alejamos del centro 
del valle hacia sus laderas. Esto por regla general, que no obstante sufre 
muchas excepciones. Asi, por ejemplo, en las inmediaciones de Loja obser- 
vamos unas capas verticalmente erigidas y otras casi horizontales; y en esta 
última posición vemos también algunos trozos del terreno terciario, que 
sufrieron un levantamiento á lo menos de 500 metros. 

En el valle de Malacates, Vilcabamba y Piscobamba las condi- 
ciones petrográficas y estratigráficas del terreno terciario son tan iguales ó 
análogas á las del valle de Loja, que no es menester detenernos mucho en 
su descripción, y bastarán pocas advertencias. Todo se encuentra allí en 
escala mas grande, y aunque todas las capas se habrán depositado sin duda 
en un solo lago extenso, con el levantamiento se formaron tres valles sepa- 
rados, levantándose entre ellos dos pequeñas cordilleras trasversales, que se 
componen de las mismas capas terciarias, una entre los valles actuales de 
Malacates y Vilcabamba, y otro entre los de Vilcabamba y Piscobamba. 

Una diferencia notable óonsiste en que, mientras en el valle de Loja no 
se encuentra ningún fragmento de una roca eruptiva, al contrario en el 
terreno terciario, de que hablamos ahora, materiales eruptivos desempeñan 
un gran papel, en cuanto contribuyeron esencialmente á la formación de las 
capas, sobre todo de las de arenisca y conglomeratos. Pues, juntamente con 
los fragmentos de las antiguas esquistas (que vinieron del lado este), y 
mezclados con ellos, observamos otros de pórfidos, dioritas, porfiritas etc., 
cuyo origen no puede quedar dudoso, ciñendo al Oeste montañas enteras de 
dichas rocas el terreno terciario y respectivamente el lago antiguo. Seme- 
jante mezcla de materiales sedimentarios y eruptivos se nota especialmente 



282 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO V. 

en la porción occidental del territorio terciario, y es interesante observar, 
cómo predomina ó la primera, ó la segunda clase de fragmentos, según nos 
acercamos ó á las cordilleras de las esquistas ó á las montañas porfídicas. 

Á veces se oye afirmar, que Loja es un país muy rico en carbón de 
piedra, y es una equivocación vulgar, pues no existe verdadero carbón de 
piedra ó ulla en toda aquella provincia. Lo que hay en varios puntos del 
terreno terciario, es algo de lignita, que en efecto pertenece también á los 
carbones fósiles en un sentido lato, pero es un combustible muy inferior y 
distinto de la ulla, ni aplicable á los mismos usos que esta. Ya eñ lo exterior 
se distingue fácilmente de la ulla, siendo de un color pardo, de una textura 
menos compacta, muchas veces leñosa y hojosa. De las impurezas frecuentes 
que la acompañan, nombraremos la arcilla, que la hace terrosa y desmoro- 
nadiza, cristalitos y hojitas de yeso, azufre, sulfuro de hierro (pirita rómbica 
que se llama marcasita), que al contacto de la atmósfera húmeda se des- 
compone pronto, formando vitriolo ó caparrosa, la cuál desde luego se mani- 
fiesta por el sabor astringente. Todas estas propiedades y accidentes de la 
lignita están patentes en las capas que se hallan muy cerca de la ciudad 
de Loja, al otro lado del rio Zamora. Allá se observa también la arcilla 
gris ó azuleja que suele acompañar las mantas de este combustible también 
en otros países. El carbón , fósil de otras localidades del conton de Loja, 
como por ejemplo el de Malacatos, no se distingue en nada del que acaba- 
mos de describir. El uso de la lignita es actualmente muy reducido, y creo 
que no se extenderá mucho mas. La emplean especialmente para quemar 
cal; para el uso doméstico, en lugar de la leña, no servirá, á lo menos con 
la usual construcción de los hogares, por el olor desagradable que suele 
despedir. Ensayos ulteriores deberán enseñar, si esta lignita acaso se pre- 
staría á la fabricación de gas de alumbrado, ó á la destilación de kerosina; 
pero lo dudo mucho. 

Vamos á conocer los demás minerales útiles del terreno terciario. Las 
placas y lajas de naturaleza arcillosa, sobre todo cuando son calizas ó silíceas, 
que describimos al principio, sirven de materiales de construcción y para 
empedrar y embaldosar las calles, aunque para este último objeto se debería 
excojer solamente las placas de una composición muy igual y uniforme, 
porque si no, se gastan en unos puntos mas pronto que en otros, se forman 
huecos, y en fin el embaldosado se vuelve pésimo, de lo que cada uno puede 
convencerse suficientemente en las calles de Loja. Las piedras frescas y 
recien sacadas de la cantera son blandas y fáciles para labrar, pero tienen 
la propiedad de endurecerse mucho al contacto de la atmósfera. Un lugar 
muy á propósito para estudiar estos materiales según toda su variedad, y 
en donde las canteras presentan algunos perfiles interesantes también para 



LA FORMACIÓN TERCIARIA. 283 

el estudio geológico, es la colina llamada «el Plateado» cerca de Lqja, en 
donde se han encontrado también algunos fósiles. 

Algunas venas de yeso son demasiado insignificantes, para que mereciesen 
atención, y los terrenos porfídicos de la provincia lo contienen mas puro y 
en mas cantidad. 

La cal es de mayor importancia, y casi toda la que se consume en Lqja, 
proviene de las capas terciarias calizas de las inmediaciones. Como he dicho 
arriba, algunas capas arcillosas están muy impregnadas de cal y otras mas 
delgadas intercaladas se componen de cal casi pura. Buscando estas últimas 
y separando con mas cuidado las placas arcillosas, que propiamente son 
margas, se conseguiría una cal de calidad muy superior á la que se usa 
actualmente, al no tener el debido esmero en la separación del material bueno 
y malo. La cal mas fina se obtendría quemando la toba caliza del terreno 
cuaternario. 



Capítulo VI. 

Las formaciones cuaternarias y modernas, 

ó diluviales y aluviales. 

Resumo en un solo capitulo las formaciones de dos épocas, de la cuater- 
naria y de la moderna ó actual, porque una separación neta de ellas no es 
practicable sino en pocas localidades reducidas. Comunmente los depósitos 
de aluvión moderno son la directa continuación de los cuaternarios, sin 
cambio notable, ni en el material, ni en el yacimiento, y en estos casos seria 
un arbitrariedad fijar el limite entre ellos, si á esto no nos obligan los restos 
fósiles que encierran, — caso sumamente raro en el Ecuador. — De nuevo 
debemos distinguir depósitos marinos y aluviones terrestres y fluviales; los 
primeros se limitan al litoral, y tienen bastante extensión superficial; los 
segundos se hallan en todas las zonas de la República, pero son locales, re- 
duciéndose comunmente á los valles y á llanos poco extensos. No hay valle, 
en que no se encuentren tales depósitos en el cauce del rio ó á lo largo de 
él, sinembargo las fajas suelen ser tan angostas, que en la escala pequeña 
del mapa geognóstico no se podia señalarlas, sin ofuscar la perspicuidad. 
Basta advertir, que debemos suponerlas á lo largo de todos los ríos. Otra 
observación haré desde ahora, y es que todo el terreno, que en el mapa se 
distingue como volcánico, es contemporáneo y paralelo á la formaciones 
cuaternarias y modernas, y muchos materiales volcánicos no son mas que 
aluviones fluviales y lacustres. Pero en atención á su proveniencia y co- 
nexión con las rocas eruptivas, convenia separarlos de los aluviones ordinarios. 

A. La formación cuaternaria marina. 

En 1874 he publicado la primera descripción de este terreno*), después 
de haberlo estudiado en el cantón de Santa Elena, donde se halla desar- 
rollado de un modo tipico. Del mismo modo se encuentra en una gran parte 

*) Relación de un viaje geognóstico por la provincia del Guayas (Quito 1874). 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 285 

de la provincia de Manabi, donde en muchos lugares se distingue difícil- 
mente del terciario ; después en la isla de Puna, y al Sur del Golfo de Guaya- 
quil, en la provincia de Túmbez. En la gran hoya del Guayas queda cubierto 
por los aluviones mas modernos que forman las llanuras; su presencia se 
manifiesta sinembargo en algunas colinas bajas, que salen de repente como 
islotes en medio de los planos, p. ej. los cernios de la isla de San Ignacio, 
entre los canales del Estero Salado, la colina de Punta Piedra al lado del 
rio Guayas. — Hacia el Norte, donde acaban las llanuras bajas y comienza 
la región de las lomas (cerca de Colimes, Vinces, Pueblo viejo), los aluviones 
modernos se limitan á fajas angostas á lo largo de los ríos (que en el mapa 
geognóstico no se distinguen), y á llanos pequeños en medio de las lomas. 
El resto se compone de un terreno cuaternario, enteramente análogo al de 
la península de St\ Elena, solo con la diferencia, que aquí por la mayor 
humedad del clima está cubierto de vegetación. Las capas, que componen 
este terreno, se observan bien en los barrancos altos de los ríos que lo cor- 
tan, por ejemplo en el rio Daule, desde Colimes hasta Balsar y mas arriba. 
En primer lugar se vé, que la ondulación, que caracteriza la región de las 
lomas, es solamente superficial y que los estratos del terreno son del todo 
ó casi horizontales, es decir en su posición primitiva. Segundo se nota, que 
capas de arena, arenisca floja y conglomeratos están alternando con otras 
de creda, arcilla, pizarra arcillosa blanda, ó bastante dura (cangagua *). 
Los mismos bancos horizontales de arenisca y cangagua he observado por 
todo el sistema superior del rio Daule, hasta las cabeceras del rio Peripa y 
del rio Grande, y lo mismo por el sistema superior del rio Quinindé. Aquí 
en ninguna parte se descubre aquella arenisca marina antigua de capas le- 
vantadas, que describí en la provincia de Esmeraldas, y que creo ser ter- 
ciaria. Ya en la parte hidrográfica he dicho, que toda esa región entre el 
Palenque y rio Grande (Balzar) se presentaría como la de las t lomas», si 
estuviese desprovista de la espesa vegetación arbórea, que ahora la cubre. 
Pues bien, la misma identidad se observa en su composición geognóstica, 
y creo que debemos considerar toda como una formación marina cuaternaria, 
igual y contemporánea á la de la costa. Superficialmente se extiende tam- 
bién sobre una parte de aquel terreno, que en las provincias de Manabi y 
Esmeraldas he señalado como terciario. 

Para el estudio de esta formación marina es muy á propósito el cantón 
de St\ Elena, y en general todo el litoral hasta el Morro. Si, viniendo del 
Norte, salimos del terreno cretáceo (cerca de Juntas), de repente se cambia 



*) La «cangagua» del litoral es muy distinta, en cuanto su naturaleza y origen, de 
la cangagua de la sierra, que conoceremos después. 



28G GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VL 

el carácter del terreno de una manera notable, y este cambio se dá á conocer 
también en la vegetación. Por muchas señales entiende el geólogo, que 
entra en una formación relativamente muy moderna. El terreno que pisamos, 
consta de capas casi horizontales, rara vez algo inclinadas, de areniscas y 
arenas sueltas. De vez en cuando se vé, que con dichas capas van alter- 
nando otros estratos mas delgados de arcilla y de un material blanco y fino, 
muy parecido á algunas tobas volcánicas (cangagua), el cual sinembargo 
es de naturaleza caliza y deriva su origen de la trituración de conchas y 
de otras restos marinos. Este carácter petrográfico sumamente monótono 
nos persigue por toda la península, y se repite también en otros lugares de 
la costa. Según la fisonomia exterior del paisaje, se podría esperar á primera 
vista una variedad mas grande de las rocas constitutivas; pues los alrede- 
dores de St*. Elena son bastante desiguales y quebrados, la región hacia el 
N, que linda con el terreno cretáceo, se puede llamar montañosa, de la ancha 
planicie litoral se levanta una cordillera por lo menos de 10 leguas de largo, 
desde Zapotal hasta las cercanías del Morro; ademas se levantan entre dicha 
cordillera y la costa, muy inmediatos al mar, dos grupos aislados de mon- 
tañas altas, los cerros de Chanduy y el Cerro verde. Ahora bien, apesar 
de esta variedad en el relieve del pais, sinembargo no varían las rocas: todas 
las montañas están compuestas de la misma arenisca, desde su pié hasta 
la cumbre; á lo mas varia un poco el grano, presentándose mas fino ó mas 
basto, y vez hay en que la arenisca se convierte en un verdadero conglo- 
merato, compuesto de guijarros gruesos, como en los peñascos bajos pero 
pintorescos del Morro, cuya cúspide mas alta se eleva solamente á 60 metros 
sobre el mar. Es de notar, que las capas areniscas se hallan también sobre 
las montañas altas en la posición horizontal, y no sufrieron ningún trastorno 
en su estratificación. Donde se hallan inclinadas, encontraremos causas lo- 
cales (p. ej. derrumbos) en la cercanía, y el fenómeno se presenta también 
en los lugares bajas de la costa, por ejemplo cerca de Ballenita. La arenisca 
de las montañas altas por lo común es algo mas compacta, que la de las 
llanuras, pero todo este material geognóstico pertenece á la misma formación 
cuaternaria. 

En muchísimos lugares, sobre todo en las inmediaciones de St a . Elena, 
las capas se hallan llenas de restos de organismos marinos. La mayor 
parte parece pertenecer á especies actuales y son bastante frescos ó un poco 
calcinados. — En las cercanías de St a . Elena se encuentran, no rara vez, en 
las capas superficiales los grandes huesos y las muelas del Mastodonte y 
de otros animales extinguidos de la época cuaternaria, que han dado margen 
á la fábula de los gigantes de la costa de St a . Elena. Algunos restos se 
han encontrado también entre St a . Lucía y Balzar. El Mastodonte es el 



LAS FORMACIONES CUADERNARIAS. 287 

Mastodon Andium, é idéntico con el, que se halla en las tobas volcánicas 
del pais interandino. Lo mismo creo, que el caballo de la costa, cuyas mue- 
las se hallan juntas con los restos del Mastodonte, sea el mismo que el 
cuaternario de la sierra, llamado por Wagner y Branco Equus Andium. Aquí 
tenemos la rara ocasión de poder paralelizar dos terrenos lejanos y muy 
distintos en cuanto al material y origen: ciertas tobas volcánicas de la 
sierra, y las capas marinas de la costa. Ambos se han formado en la 
misma época geológica, porque encierran los mismos animales extinguidos 
cuaternarios. 

La isla de Puna geológicamente pertenece á la península del Morro y 
de St\ Elena, porque tiene la misma composición y estructura geognóstica, 
y es la continuación de la tierra firme, que probablemente después del primer 
levantamiento estaba en conexión directa con ella, no existiendo entonces 
el estrecho canal del Morro. 

La formación cuaternaria marina en algunos lugares, especialmente en 
las planicies poco elevadas sobre el nivel del mar, es rica en sal y betún. 
— Cuando el fondo marino se levanta y se convierte en tierra firme, este 
terreno nuevo es salífero ó salobre por mucho tiempo, es decir, hasta que 
las sales solubles poco á poco sean extraídas y llevadas por los precipitados 
atmosféricos, por fuentes y ríos. El terreno de la península del Morro y de 
St*. Elena es geológicamente hablando muy moderno, es la porción del Ecua- 
dor mas nueva, que como última se levantó del seno del océano. Si por 
allá lloviese tanto, como en los declives de los Andes, aquel terreno ya se 
hubiera dulcificado, es flecir, purificado de las sales, hace tiempo; pero sabe- 
mos, que en aquella región llueve muy poco, que carece completamente de 
ríos y fuentes permanentes. Así es, que la lijiviacion del suelo se verifica 
con suma lentidud, como en los desiertos del África, del Asia, ó en las 
regiones litorales del Perú y de Chile; las sales marinas permanecen en el 
suelo. De aquí el fenómeno, que en todo el distrito de la formación cua- 
ternaria de la costa el agua de las cisternas y pozos, que sirve al uso de 
hombres y animales, es amargo -salada ó salobre, como se dice allá. En 
muchos lugares, sobre todo en algunas llanuras bajas y hoyas llanas, la 
tierra es mas rica en sales que en otros, sea que allí después del levanta- 
miento del pais se evaporaban lagunas de agua marina, sea que en dichos 
puntos durante los inviernos el agua salobre se recoje y poco á poco por 
la evaporación hace aumentar la cantidad de sal. Estos lugares se dan ú 
conocer por las eflorescencias blancas de sal en la superficie, por la falta 
completa de^ vegetación, ó por ciertas plantas marítimas, propias á los ter- 
renos salinos. Tales llanuras se encuentran algunas muy cerca de St*. Elena, 
pero la mas extensa, en la cual se trabajan las salinas, se halla cuatro leguas 



288 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 

mas al Oeste, hacia la Puntilla; á pocos metros sobre el nivel del mar se 
extiende de una costa á otra de aquella angosta lengua de tierra. Es como 
un inmenso desierto de arena, cuya superficie tiene una vislumbre gris- 
blanquizca, producida por las eflorescencias de sales; desierto que no pro- 
duce sino algunos arbustos espinosos. En medio de la llanura se abren «los 
pozos», es decir hoyos cuadrados ú oblongos (hasta 20 metros de largo y 
10 de ancho), que tienen de 1 á 2 metros de profundidad, y en que el agua 
filtrada concentra por evaporación su contenido de sal. Cuando sobre el 
fondo se ha depositado una costra mas ó menos gruesa de sal cristalizada, 
se la saca en pedazos grandes (piedras), ó en forma granosa, según la con- 
sistencia que ha adquerido. 

Se comprende, que en estos pozos, aunque se abren en un terreno cua- 
ternario, no se saca la sal de esa época antigua, sino la que se renueve 
constantemente por la actual infiltración y evaporación del agua marina. 
Tales pozos se podrían abrir en muchísimos lugares de la costa ecuatoriana, 
aun en las llanuras marítimas pos t- cuaternarias y muy modernas; y en 
efecto existen pozos y salinas naturales, en que la sal se deposita del mismo 
modo, como en los pozos artificiales de St». Elena, por ejemplo, en la parte 
meridional y baja de Puna, en las islas de Payana y Tembleque etc. Pero 
siendo la venta de sal monopolio del Gobierno, no se permite la explotación 
de las otras salinas, fuera de las de la Puntilla de St». Elena.*) 

En muchos puntos del terreno cuaternario se encuentran indicios de 
sustancias bituminosas, pero en ninguna parte se hallan en tanta cantidad, 
como en la lengua de tierra desde St». Elena hasta la llamada Puntilla, 
donde se recoje el betún liquido ó petróleo crudo (copé). Es una cuestión 
difícil y hasta ahora todavía no aclarada, si este petróleo de las capas cua- 
ternarias se haya formado en ellas mismas, si se halle en su yacimiento 
primitivo, ó si derive de un terreno mas antiguo, por ejemplo del terciario, 
que se encuentra en la profundidad, también impregnado de sustancias bitu- 
minosas, como hemos visto mas arriba, hablando de la Punta Centinela y 
de las fuentes termales de San Vicente. En atención de que las últimas 
llevan también petróleo en pequeña cantidad, y de que el petróleo de Mán- 
cora en la vecina provincia peruana de Túmbez se encuentra en mayores 
profundidades y asociado con capas potentes de lignita, me inclino á creer, 
que el petróleo de St». Elena proviene de la formación terciaria. Sinembargo 
ahora las capas explotables se hallan en el terreno cuaternario indisputable, 
pues precisamente en ellas se presentan las muelas y los huesos de los 



*) Sobre las Salinas y su explotación, véase mi Viaje geogn. por la prov. del 
Guayas, pág. 13. 



LAS. FORMACIONES CUATERNARIAS. • 289 

mastodontes (Mastodon Andium) y de otros mamíferos de la época cuaternaria. 
Las sondeaduras practicadas en St*. Elena hasta grandes profundidades, no 
han manifestado, ni petróleo, ni lignita. 

La capa impregnada de copé (petróleo crudo) en algunos puntos es 
enteramente superficial, y se manifiesta en este caso aun de lejos por el color 
negro; en otros lugares esta cubierta de una capa delgada de detrito marino. 
La capa bituminosa en un principio sin duda fué mas continua que ahora; 
en muchos lugares fué llevada por las aguas, en otros fué despedazada y 
surcada por quebradas hondas. Doquiera que se pueda observar un perfil 
del terreno, se vé que la capa negra y fofa descansa sobre otra muy com- 
pacta y dura de una especie de arenisca, que es impermeable y no deja 
filtrar el petróleo, y a esta circunstancia se debe la conservación de aquella 
sustancia en la capa bituminosa. La práctica ha enseñado, que al hacer 
los pozos para recojer el copé, no se puede perforar este fundamento duro, 
sin que se pierda en la profundidad. 

La capa rica en petróleo se extiende casi horizontal, es de un espesor 
variable, teniendo por término medio un metro, poco mas ó menos, y consta 
de una sustancia terrosa pardo-negruzca, que está completamente impregnada 
de agua salada y de petróleo, como una esponja, dejándose exprimir como 
esta misma. Para reojer el petróleo se hacen zanjas ó pozos redondos poco 
profundos (hasta la capa impermeable), de cuyas paredes vá goteando jun- 
tamente con el agua salada, formando luego una capa superficial sobre el 
agua. Solo en un lugar, á poca distancia del lado occidental de St*. Elena, 
brota del suelo una como pequeña fuente, y aqui es donde (precisamente 
por esta razón) se practicó la sondeadura. Sinembargo esta fuente tampoco 
no viene de la profundidad, sino de una colina cercana, en donde por casuali- 
dad las capas están un poco inclinadas y en cuyo pié rematan, de suerte 
que allí se ha formado un pequeño pantano de agua y petróleo, que vienen 
de la colina; y este pantano nutre la dicha fuente. 

El petróleo fresco, como sale de la tierra, es perfectamente liquido, de 
un color verde oscuro en la luz refleja, y pardo en la luz trasmitida, en una 
palabra, tiene todas las propiedades físicas del petróleo natural genuino; 
pero como contiene una gran cantidad de sustancias volátiles, expuesto al 
aire libre y al calor del sol, se espesa muy pronto y se convierte en betún 
viscoso; mas tarde espesándose mas y mas, en brea mineral (pez mineral), 
y finalmente en una sustancia sólida parecida al asfalto. Hasta ahora el 
petróleo de St*. Elena fué recojido especialmente para la extracción de brea, 
mediante un fuerte cocimiento, y en este caso poco importa que se hayan 
volatilizado muchas sustancias; pero si debería servir para otros usos, p. ej. 
en la fabricación del gas de alumbrado, ó para la destilación de petróleo 

Woli-, Ecuador. 19 



290 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 

refinado (kerosina), convendría usarlo en el estado mas fresco posible, y 
evitar la evaporación espontánea en los pozos. — Para ambas fabricaciones 
indicadas el copé de St a . Elena se presta muy bien, como se puede ver de 
los ensayos practicados. ( * 7) 

Cuando dirigía la fábrica de gas en Guayaquil, hice algunos ensayos 
en escala mayor con resultados satisfactorios, consiguiendo un gas de luz 
muy blanca. Me he convencido de que el copé de St a . Elena podrá reemplazar 
ventajosamente el uso del caro carbón de «canel» de Escocia, sirviéndose 
para su destilación de retortas especiales. 

Después del petróleo merecen una mención especial las capas de azufre 
nativo, que se hallan en algunos puntos del terreno cuaternario, y precisa- 
mente en la cercanía de las capas bituminosas del cantón de St*. Elena. 
Pero parece, que la formación del azufre sigue también en la época actual, 
porque se encuentra á muy poca profundidad en las pampas salitrosas, que 
se hallan casi al nivel del mar, y se inundan en los tiempos del aguaje. 
Una pampa muy extensa de esta clase encontramos, por ejemplo, al Sur de 
St\ Elena y al Oeste de la Punta Carnero; es un asalitral», es decir, el ter- 
reno consiste hasta un medio metro de profundidad de un terreno muy fofo 
(arena sumamente fina y polvo), completamente impregnado de las sales del 
mar, que en la superficie forman una cubierta de eflorescencias blancas. 
Debajo de la capa superficial salitrosa encontramos á la profundidad de í ¡ i á 
1 metro otra mas compacta, que llega también á 1 ó 2 metros de espesor 
y consta de adufre cristalizado mezclado con arena fina ó polvo. La masa 
no es muy dura y se deja triturar con facilidad, contiene muchas hendi- 
duras y oquedades llenas de cristalitos amarillos de azufre, y con la lente 
ó quemando el azufre, se nota que la piedra consta solo de la misma arena 
(¡na del salitral, cementada por el azufre. La cantidad del último he deter- 
minado en varias muestras en 64 hasta 70%. — Hasta ahora el azufre de 
la costa se explota en muy pequeñas cantidades, es decir, que los habitantes 
del cantón de St a . Elena sacan de vez en cuando algunas arrobas, que nece- 
sitan para la industria de los sombreros de paja. — En el interior del pais 
conocemos el azufre como un producto de sublimación de los volcanes (p. ej. 
del Pichincha). En la costa no hay que pensar en un origen volcánico del 
azufre; su presencia entre las capas salitrosas no puede explicarse sino por 
una reducción de los sulfatos del mar mediante sustancias orgánicas en 
descomposición. Estas últimas nunca faltan en las playas del mar y en las 
llanuras periódicamente inundadas. 

En las costas del Perú se encuentra el azufre en iguales circunstancias. 
De la costa de Sechura he visto muestras, que se distinguen de las de 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 291 

Sl\ Elena solo por ser mas compactas y por el grano <ie la arena mas 
basto; se parecen mas bien ú las areniscas cuaternarias, pero el cimiento 
es azufre puro y llega á 51°/„. Aseguran que en la costa de Sechura se 
encuentra este azufre en grandes cantidades; no conozco su yacimiento, 
pero según el aspecto y la dureza de las piedras parece su formación algo 
mas antigua (cuaternaria), que en Sí'. Elena. 



En el cantón de St*. Elena existe un fenómeno muy singular, de que 
trataremos mejor en este lugar, aunque no tenga su origen en la formación 
cuaternaria misma, de que está rodeado, sino en un terreno mas antiguo, 




que se sustrae a nuestra observación directa. Hablo de las fuentes termales 
y del volcancito ó volcan fangoso de San Vicente,*) que se bailan unas 4 leguas 
al Este de St'. Elena, no muy lejos del camino de Guayaquil, que queda al 
lado austral, á 75 metros sobre el nivel del mar. 

En una quebrada poco honda pero muy ancha, que baja del lado del 
cerro de Asajmon, el suelo está formado por las capas casi verticales de 
arenisca terciaria, completamente como en la playa del mar cerca de Can- 
grejo, alternando también aquí las areniscas con otras capas de arcilla azu- 
leja y en parte bituminosa. De estas capas surgen en medio de la quebrada 
tres grandes borbollones de agua, dos calientes (38° — 40° C.) y uno tibio 
(32° C.) y ademas una multitud de fuentes mas pequeñas. Hacia la margen 



*) Los volcónos fangoso» 
Mridena). 



i llnmíin también MacahthaR (en Sicilia) ú Saines (en 



292 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 

setentrional del plano, que forma el fondo de la quebrada, á corta distancia 
de las fuentes, se halla el «volcancito». Es un cono muy truncado, que 
tendrá dos metros de altura y seis de diámetro en su parte inferior. Consta 
de fango endurecido y se puede subir sin peligro á su margen inferior. En 
el centro de la pequeña meseta se halla el cráter principal, un embudo de 
1 metro de ancho y lleno de lodo, del cual brotan sin intermisión grandes 
burbujas de gas, ocasionando un ruido sordo gutural. Al rededor del cráter 
la planicie fangosa está cubierta de muchísimos pequeños conos, solo de 
f) á 30 centímetros de altura, cada cual con su pequeño cráter terminal, que 
arroja lodo y gases con un sonido silbante. Pueden compararse estos coni- 
tos encima del cono principal con los conos y cráteres de erupción (laterales) 
de los volcanes verdaderos. El fango arrojado es muy salado y en la super- 
ficie cristaliza la sal bajo la influencia de los rayos del sol. Colocados sobre 
la margen del cono, percibimos un olor fuerte de petróleo, y en efecto se 
deposita esta sustancia en bastante cantidad al rededor de los respiraderos 
de gas, comunicando al fango arcilloso, que al principio es gris claro, un 
color pardo. Igualmente se siente un olor débil á hidrógeno sulfurado. 
Azufre nativo terroso se ha depositado en corta cantidad en el fango, y 
ademas en algunos puntos mucho hidróxido (ocre) de hierro. — De los pro- 
ductos depositados deducimos, que los gases principales que se desprenden, 
serán: el ácido carbónico, el gas sulfhídrico y el hidrocarbúrico, los mismos 
pues, que se han observado en los volcancitos fangosos de otros países. 

Las cercanas fuentes termales están en intima conexión con el volcan 
de fango, y en el fondo son efecto del mismo fenómeno, solo que en lugar 
de un poco de lodo arcilloso arrojan en gran cantidad agua limpia. El des- 
prendimiento de gases en las fuentes es tan considerable, ó aun mas enér- 
gico, que en el volcancito; también aquí se percibe el olor de petróleo y de 
hidrógeno sulfurado, y hay igualmente sedimentos de ocre, de sal, de azufre, 
de nafta; pero estos productos con mayor facilidad son llevados por el agua 
y no pueden acumularse en gran cantidad. 

El agua cristalina de las fuentes está muy cargada de sales, mucho 
mas que el agua del mar, conteniendo en un litro mas de 13 gramos de 
sales fijas. Predominan los cloruros de sodio, potasio y calcio, y después sigue 
el bromuro y yoduro de calcio en cantidades muy considerables. (28) Tanta 
riqueza de sales en el agua indica la existencia de un gran depósito de estas 
sustancias en la profundidad. Un hecho curioso es el de que en el agua 
salada y caliente (40° C.) de las fuentes viven centenares de pescaditos 
muy pequeños, y el talud del cono caliente del volcancito está vestido 
espesamente de una planta ciperácea singular, que no observé en otro 
lugar de esa región. En cuanto á los pescaditos, recuerdo que las fuentes 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 293 

se hallan á la distancia de 3 leguas del mar y en la altura de 75 metros 
sobre su nivel. 

Las fuentes termales de San Vicente tan ricamente mineralizadas tienen 
alta importancia para medicaciones hidrológicas, especialmente por la canti- 
dad considerable de yodo y bromo que contienen. ¡Lástima, que los médi- 
cos del pais son tan indiferentes con este ramo de la medicina, y que en 
general no estudian los recursos que les brinda el suelo nativo! 

Añadiremos algunas palabras sobre la naturaleza del voloancito y de las 
fuentes que le acompañan, diciendo ante todo, que de ningún modo está en re- 
lación con los verdaderos volcanes ignívomos. La semejanza se limita única- 
mente al aspecto exterior, y por lo propio los geólogos cuentan estos volcancitos 
de lodo entre los fenómenos séudo-volcánicos. Su origen se deriva de la des- 
composición subterránea de sustancias orgánicas, lo mismo que el de las 
fuentes de gas (hidrocarbúrico, sulfhidrio, carbónico). Los gases exhalados 
son los productos de destilación de restos vegetales ó también animales, 
que debajo de la tierra sufren una lenta combustión química ó carboniza- 
ción. La exhalación de los gases generalmente vá acompañada del derra- 
mamiento de hidrocarburos liquidos (nafta y petróleo). De vez en cuando 
se aumenta el desarrollo de gases tanto, que se producen explosiones y 
erupciones violentas, las cuales lanzan al aire agua, lodo y piedras, hasta 
la altura de 30 metros, y ocasionan un ruido fuerte, semejante al trueno. 
Tales periodos de excitación extraordinaria son raros; sinembargo se han 
verificado mas de una vez en el volcancito de St\ Elena, según me asegu- 
raron los habitantes de San Vicente, que habian oído los truenos subterrá- 
neos á la distancia de mas de 2 leguas. — Difícil es decir, si el origen de 
nuestro volcancito haya de buscarse en el terreno terciario, ó mas bien en 
una formación mas antigua y mas profunda (cretácea?); atendiendo á la 
temperatura alta de las fuentes termales, parece mas probable lo segundo. 

En una llanura que dista de St\ Elena una legua hacia el Norte, no 
muy lejos de la Punta Centinela, me mostraron dos montones de tierra ar- 
cillosa, que al decir de algunos testigos oculares, fueron volcancitos no 
mucho tiempo hace. Se dice, que también cerca de Zaruma existieron en 
algún tiempo; pero después de haber estudiado en varias ocasiones el ter- 
reno del cantón de Zaruma, dudo mucho que haya sido el mismo fenómeno. 

El volcancito fangoso de St*. Elena es el único, que se conoce hasta 
ahora en la costa occidental de Sudamérica; en la costa setentrional se los 
encuentra cerca de Cartagena y en la isla de Trinidad. También en el 
mundo antiguo el fenómeno no es muy frecuente; se lo cita de Sicilia, Mó- 
dena, Irlanda, de la Crimea, de las regiones del Cáucaso y del Mar Caspio, 
y finalmente de la isla de Java. No carece de interés científico el que 



21)4 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 

(odas las regiones enumeradas con volcancitos de lodo presentan tantas 
analogías en su constitución geológica: formaciones modernas, riqueza de 
sal y petróleo, comunmente un carácter exterior de desiertos y una posición 
no lejos del mar, sobre todo en islas y penínsulas. 

B. La formación fluvio-marina. 

Con este nombre designaremos los aluviones cuaternarios y modernos, 
que so han depositado en los deltas y á lo largo de los cursos inferiores de 
grandes ríos, por acción simultánea de los últimos y del mar. Exteriormente 
se caracterizan los terrenos de esta formación por su llanura perfecta y por 
la ninguna ó muy pequeña elevación sobre el nivel del mar durante la 
marea alta. Esta es la región preferida de las sabanas, sartenejas, tembla- 
deras, que describimos en la parte topográfica de esta obra. Hasta hoy dia 
la mayor parte de ella está dentro del alcance de la marea, como se vé en 
la carta geognóstica, en que quedó en blanco; hacia adentro está limitada 
casi siempre por las capas mas elevadas de la formación cuaternaria marina 
(por las «lomas») ó por la diluvial fluviátil al pié de la sierra. 

Encontramos el terreno fluvio- marino muy desarrollado en los deltas 
del rio Mira y del rio Santiago, al rededor de los esteros de Pailón, después 
en escala menor en las hoyas del rio Muisne y de Cojimies ; pero á su exten- 
sión ó importancia mas grande llega en el sistema del rio Guayas y al rede- 
dor del Golfo de Guayaquil, hasta Túmbez, y en esta región vamos á estu- 
diarla un poco mas de cerca. — La formación de la gran llanura aluvial 
probablemente comenzó ya en la época cuaternaria ó hacia fines de ella, 
pero continuaba por toda la época moderna y sin duda seguirá desarrollán- 
dose mas y mas en los siglos venideros. Herodoto llamó las fértiles llanu- 
ras del Egipto inferior un regalo del Nilo; con la misma razón podemos 
decir, que los llanos de las provincias del Guayas y de Los Rios son un 
regalo del rio Guayas y de sus tributarios. 

El Golfo de Guayaquil se extendió á fines de la época cuaternaria mucho 
mas tierra adentro que ahora, occupando toda la planicie aluvial. Podemos 
reconstruir su forma antigua, dándole exactamente la extensión, que en nuestro 
mapa geognóstico ocupa el terreno aluvial (sin color). En medio del golfo 
se levantaban algunas islas de rocas verdes (cerros de Potrillo, de Yolan, 
de Zamborondón, de Taura), ó de rocas cretáceas (como los cerros de la 
Cabra etc.). El rio de Daule desembocaba cerca de Colimes, el de Vinces 
cerca del pueblo de este nombre, el de Zapotal cerca de Catarama, y los rios 
que bajan de la Cordillera occidental, al pie misino de ella. Las orillas de 
este golfo antiguo habrán presentado el mismo aspecto como el golfo que 
conocemos ahora en su forma reducida, es decir, estaban rodeadas de manglares 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 295 

y sujetas á las inundaciones periódicas de las mareas. — Para comprender 
el modo sencillo, como poco á poco se pudo rellenar toda aquella bahía 
extensa y formarse en su lugar las llanuras, basta observar con atención, 
lo que sucede diariamente en el delta actual del rio. 

Como sabemos, todos los rios, que entran en el mar (en nuestro caso 
especial el rio Guayas), llevan una inmensa cantidad de materiales en sus- 
pensión, ó arrastrándolos sobre el fondo de su cauce. Donde los rios entran 
con una caida fuerte directamente en un mar profundo, con costas escarpadas 
y embestidas por el oleaje del mar, como sucede con el rio de Esmeraldas, 
los materiales arrastrados se depositan en el fondo del océano y son llevados 
á grandes distancias; no contribuyen nada ó muy poco al aumento de la 
tierra firme. No sucede asi en los rios con deltas de caida suave, ó cuando 
desembocan en bahias tranquilas. Aunque una parte del material llegue 
afuera al océano, y se pierda en su inmensidad, otra y muy considerable 
queda depositada en medio de las anchas desembocaduras de corriente suave, 
ó á lo largo de las orillas, retrocediendo varias veces hacia la tierra, y pene- 
trando con las mareas altas en todos los esteros, en que se deposita en forma 
de una lama lina, retenida por la vejetacion de la orilla, especialmente entre 
las raices de los mangles. ¡ Hé aquí la grandísima importancia de los manglares 
como conservadores y aumentadores de la tierra! Los bancos de arena y 
lama en medio del rio, y también cerca de las orillas, cambian frecuente- 
mente de sitio, mientras quedan descubiertos de vegetación; pero luego que 
los mangles se apoderan de ellos, se hacen mas estables y aumentan en 
altura y circunferencia. Tales bancos cubiertos de manglares son, por ejemplo, 
las islas de Matorillos, de Mondragon, isla Verde y otras del golfo y rio. 
El manglar en todas partes tiende á ganar terreno, y aunque algunas veces 
es vencido en la lucha con las olas y correntadas fuertes, en general se 
puede decir que avanza. El progreso de los manglares y de la tierra ganada 
es seguro pero lento, y en pocos años no se manifestará sino á la obser- 
vación y comparación muy exacta. Cuando examiné la costa del golfo, entre 
el rio de Naranjal y Jambeli, con el gran mapa marítimo en la mano, que 
los oficiales ingleses habían levantado del golfo unos 40 años antes, observé 
varios cambios notables, que no pueden explicarse por una inexactidud de 
aquel mapa minucioso, sino por cambios del terreno, que se habían realizado 
durante la época trascurrida. Estos cambios consisten casi siempre en el 
avance de la tierra firme y de los bajos en la cercanía de las bocas de los 
rios hacia el golfo. Si tuviéramos planos exactos del golfo de los primeros 
años de la Conquista, podríamos notar, sin duda, un aumento muy notable 
de la tierra, efectuado en tres siglos. Esto no impide, que en uno ú otro 
punto desaparezca un manglar ó un pedazo de terreno muy expuesto á las 



296 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 

ola» ó corrientes, que también cambian de rumbo; pero en general se debe 
decir, que la tierra crece y avanza contra el mar. 

Los mangles son verdaderos anfibios vegetales, y prosperan solo mientras 
que duran las condiciones favorables de sü existencia. Desempeñado su 
papel, que consiste en ganar tierra, desaparecen y ceden el terreno á otras 
formas vegetales mas terrestres. Entrando en cualquiera de los numerosos 
esteros de la costa, podemos estudiar el interesante procedimiento de esta 
conquista pacifica. En la margen exterior del manglar observamos la gene- 
ración nueva de los árboles, que por el mayor espacio de tiempo están 
cubiertos de agua hasta la altura de las primeras ramificaciones, descubrién- 
dose sus raices estribiformes solo en la marea muy baja, durante pocas 
horas del (lia. La lama entre las raices es blanda y movediza, pero vá 
espesándose mas y mas, por la sedimentación del lodo en el agua tranquila. 
Un poco mas adentro, donde naturalmente el agua queda todavía mas libre 
del movimiento fuerte del rio, los depósitos ya son mas altos y mejor con- 
solidados, solo las raices principales sobresalen el lodo y estriban los árboles, 
el terreno queda descubierto desde la media vaciante, y de consiguiente 
durante muchas horas cada dia; una que otra planta ciperácea, ó un helécho 

w 

palustre, ocupa los puntos mas altos del terreno todavía muy blando. A 
medida que avanzamos hacia adentro, aumenta la vegetación herbácea y 
gramínea, el terreno gana en solidez y altura, estamos en el manglar viejo, 
en que las raices de los arboles están aun mas enterrados, otros árboles, 
que no temen la humedad, especialmente las Avicenias y algunas palmitas 
(la palmicha) se mezclan con los mangles, igualmente algunos arbustos y 
lianas. La vegetación baja de las gramíneas, ciperáceas y heléchos ya es 
muy espesa y sirve como un filtro, reteniendo entre sus hojas y raices las 
partículas de lodo que el agua lleva en suspensión. De este modo crece el 
suelo rápidamente en esta zona, aunque se inunda solamente durante las 
horas de la marea mas alta y en tiempo del aguaje. Se observa, que los 
mangles ya no se hallan en su elemento; hacia la espalda del manglar no 
nacen árboles nuevos y los viejos mueren y caen al suelo. 

Atrás del manglar, ó á sú espalda, el desarrollo ulterior del terreno se 
verifica de dos modos, según nos hallamas en una región húmeda y rica en 
rios de agua dulce, ó en una región seca. En el primer caso, que podemos 
estudiar en los manglares de la costa desde el rio de Naranjal hasta el de 
Pagua (Balao, Gala, Tenguel), pasa el manglar directamente á una sabana 
húmeda y anegadiza, ó en verdaderas tembladeras. Aquí las inundaciones 
de los rios contribuyen del mismo modo al alzamiento sucesivo del terreno, 
como las del agua salobre en el manglar. Parece excusado repetir, lo qué 
he dicho en otro lugar (pag. 111.)) de la formación de las tembladeras, sabanas, 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 297 

bancos etc. En esos lugares húmedos él manglar muere hacia la espalda, 
no solamente por el alzamiento y la consolidación del terreno, sino también 
por la abundancia de agua dulce de la sabana ó tembladera, que avanza 
contra él. 

En regiones secas, que encontramos, por ejemplo, al rededor de los 
manglares del Estero Salado, en la isla de Puna etc., el manglar se forma 
del mismo modo ya indicado, pero muere á la espalda por la sequedad, es 
decir, cuando el terreno ya es tan alto, que las inundaciones diarias de la 
marea no lo alcanzan mas. Atrás del manglar se forma una llanura abierta, 
que solo se cubre de agua durante los aguajes mensuales, depositando en 
estas ocasiones una arena fina ó un lodo salado — los salitrales. Por lo 
salobre de la tierra crecen aqui pocas especies de plantas, propias á este 
terreno. Aunque aqui la sedimentación de las sustancias suspensas en el 
agua, se verifica con mucha lentidud, es sinembargo un hecho comprobado, 
y la sabana cubierta de vegetación gramínea avanza contra los salitrales, 
conforme que estas se alzan hacia su margen. Otra circunstancia contribuye 
á que en los lugares citados la sedimentación, y en consecuencia el adelanto 
de los manglares, suceda con mayor lentidud. Desde la época, en que el 
Estero Salado queda incomunicado con el rio Guayas, lleva una agua muy 
pura y pocas sustancias en suspensión. Es natural que un depósito de esta 
agua no llega á la centésima parte del del agua turbia del rio Guayas y 
del golfo. 

La lijiviacion ó dulcificación del terreno salobre, depositado por los 
manglares, é invadido después por la sabana, se verifica mas pronto en las 
regiones húmedas, con las inundaciones de los ríos de agua dulce, que en 
las regiones secas, donde la naturaleza dispone solamente de las lluvias del 
invierno. Sinembargo se efectúa lentamente, á lo menos hasta cierta pro- 
fundidad, como lo observamos en la sabana de Guayaquil y en el centro de 
las islas de mangles del Estero Salado. 

Una prueba evidente de lo que he dicho del avance de los manglares 
y de la tierra, suministran las raices y troncos de mangles que algunas veces 
encontramos no solamente en los salitrales sino á distancia de muchas cuadras 
de la actual espalda del manglar, en medio de la sabana, donde hoy no 
podrían crecer. El manglar roba el terreno al rio y al mar, el salitral ó la 
tembladera lo quita al manglar, la sabana se forma de esta ó de aquel, se 
alza mas y mas y se «embanca». Hé aqui el procedimiento que se verifica 
sin intermisión al rededor de todo el golfo dé Guayaquil, ya en mayor ya 
en menor escala, y por el cual se ha formado en el curso de los siglos toda 
la llanura aluvial del litoral. — En la cartita geológica he indicado la actual 
zona de los manglares; esta zona se hallaba á fines de la época cuaternaria 



298 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 

en los limites, que mas arriba he indicado para el antiguo golfo, al pié de 
la Cordillera y de la región de las «lomas». 

Todo el material fino y grueso, que arrastran nuestros ríos, se deriva 
en última instancia de las montañas del interior, aunque en parte proviene 
también del terreno aluvial ya depositado. En su camino largo, que los rios 
hoy dia tienen que hacer por las llanuras, para alcanzar el golfo, ya pierden 
mucho de este material, depositándolo á lo largo de su curso, ó esparcién- 
dolo sobre las sabanas inundadas, de manera que solo una parte y la mas 
fina llega al golfo; y aun de esta parte una fracción pequeña se deposita 
definitivamente en los manglares. De esto se explica que la formación de 
terreno nuevo actualmente sucede con lentitud, y que antiguamente, mas 
arriba debia ser mucho mas enérgica. Entonces también los guijarros y la 
arena gruesa, que ahora se depositan al pié de la sierra, entraban en el 
golfo y se depositaban en capas espesas, alternando con las de arcilla y 
creda fina, de manera que las llanuras podian avanzar con rapidez relativa, 
especialmente en dirección del curso de los rios principales. Cuanto mas 
se alargaba el curso de un rio por la llanura creada por el mismo, tanto 
mas finos eran los materiales que llegaban al golfo, y este resultado necesario 
y tan natural encontramos en efecto confirmado por el estudio de las capas 
aluviales: En la cercanía del golfo actual se halla solo arena muy fina ó 
lama arcillosa, cuanto mas nos alejamos de él y nos acercamos á las orillas 
del golfo antiguo, ó al pié de las montañas, tanto mas grueso es el material, 
que compone las llanuras. 

En los llanos recien formados y muy bajos, el curso de los rios no 
habrá sido tan estable como ahora, con frecuencia habrán cambiado de 
dirección, y canales y esteros habrán existido en gran cantidad. Hay todavía 
algunas regiones bajas, en que hasta nuestros dias reina esta inconstancia, 
y en que solo por el embancamiento ulterior de las orillas los rios llegarán 
á regularizarse. — A medida que el golfo antiguo se iba rellenando y á ser 
reemplazado por la llanura, se formaba también paulatinamente el actual 
sistema del rio Guayas, cuyos tributarios antiguamente tenían sus desembo- 
caduras separadas. En un estado ya bastante adelantado desembocaban las 
aguas en el golfo por las dos aberturas que existen entre los cerritos del 
Salado y de Guayaquil, y entre estos y los de Duran. La primera se cerró 
y la corriente principal tomó la dirección del actual rio Guayas, el cual, 
llevando mayor parte del material en suspensión, podia embancar sus 
orillas con mas rapidez que el canal cegado al Oeste, que constituye ahora 
el Estero Salado. La separación del Guayas y del Salado se hacia mas 
completa, á medida que el primero avanzaba su boca hacia mas afuera 
ó mejor dicho hacia mas adentro del golfo. La razón porque el embanca- 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 299 

miento se verifica muy despacio en del Estero Salado, queda explicada 
mas arriba. 

La historia de la formación aluvial del Guayas es un pequeño episodio 
del largo desarrollo geogenético del Ecuador. No es un juego de fantasía, 
sino un hecho geológico comprobado por argumentos de inducción y ab- 
straídos de la observación directa. ¡ Ojalá, que la historia de las épocas mas 
antiguas fuese tan clara y segura, como la de este periodo mas moderno! — 
La formación aluvial debia principiar á fines de la época cuaternaria, cuando 
esta ocupaba poco mas ó menos su posición actual; duraba por la época 
reciente ó moderna, con cuyo nombre designamos la, en que ya no se 
hallan organismos extinguidos y la creación tenia el aspecto actual; y 
seguirá todavía por mucho tiempo. Por supuesto no podemos indicar un 
cierto número de años, que duraba la formación aluvial, para llegar á su 
estado actual; la geología no mide sus épocas con la escala mezquina de 
la historia humana, sino con la medida del Creador, para quien los miles 
ó millones de años son como un dia. — Y ¿cual será el resultado final de 
ese proceso geológico continuado? Sin duda es la disminución sucesiva del 
golfo de Guayaquil y de sus esteros, la regularizacion de los rios y la 
extensión de la llanura aluvial. Si sigue el período actual con su desarrollo 
tranquilo y regular por largo tiempo, llegará la época geológica, en que 
habrá desaparecido el golfo de Guayaquil, con todos sus esteros, en que la 
isla de Puna con su mitad setentrional hasta el estrecho canal del Morro 
estará unida con la tierra firme, en que la costa desde Naranjal hasta Túmbez 
se habrá ensanchado tanto que entre ella y la isla de Puna quedará solo el 
estrecho paso para el rio Guayas, en que la desembocadura de este se hallará 
cerca del islote de St*. Clara, en que el Ecuador habrá ganado por aluvión 
natural unos 7000 kilómetros cuadrados. Es probable que el género humano 
no existia todavía en la América del Sur, cuando principiaba la formación 
aluvial. ¿Alcanzará á ver ese estado de su adelanto, como acabo de pin- 
tarlo? La época que necesitamos para producirlo, no será inferior á laque 
trascurrió desde su principio, y talvez mas larga, porque el desarrollo se 
verifica ahora con mas lentitud, por las razones indicadas. 

Las mismas observaciones que hemos hecho en los llanos de la provincia 
del Guayas, podemos hacer, en menor escala, en la hoya del estero de Co- 
jimies, en la del rio Muisne, y en la región baja entre el rio de Santiago 
y el rio Mira, en fin en todas partes, en que la costa está ceñida de manglares. 
Estos últimos son la mejor defensa de una costa contra el mar. Doquiera 
que las olas tengan acceso libre á un terreno, lo comen poco á poco por 
mas duro que sea. Toda costa que consta de barrancos, retrocede, y la que 
está cubierta de manglares, avanza. 



300 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 

Si la formación aluvial de la cosía hemos llamado fluvior marina, se 
comprende, que este nombre le cuadra solo durante el tiempo, en que el 
mar toma parte en ella por las mareas, es decir, mientras que se verifica la 
sedimentación entre los manglares ó en su cercanía. Su desarrollo ulterior, 
tierra adentro, el relleno de las tembladeras, el crecimiento de las sabanas, 
la formación de los bancos á lo largo de los ríos etc. son fenómenos debidos 
únicamente á la acción de los ríos, es decir, que la formación es entonces 
puramente fluvial. 

La composición petrográfica de esta formación es sumamente monótona 
é igual en todas partes, como ya podemos deducir de la descripción que 
precede. Toda ella se compone de capas horizontales de barro endurecido 
y de arena, mezclada mas ó menos de tierra vegetal. Hacia el curso superior 
de los rios, donde ya se acercan á la Cordillera, se encuentran también los 
estratos de arena gruesa y de guijarros (cascajo), alternando con otros de 
material mas fino. En los parajes, en que tales capas son muy potentes y 
se hallan cerca de la superficie, el terreno es estéril, y se presta mal á la 
agricultura. 

Minerales subordinados de alguna importancia apenas se encuentran en 
la formación fluvio-marina. Algunas gotas de mercurio, que manan de vez 
en cuando de sus capas á las orillas del rio Daule cerca de Guayaquil, pro- 
venien evidentemente de la cercana formación cretácea de los cerros. — Una 
sustancia muy singular, que se halla en pedazos irregulares en las capas 
aluviales cerca de Daule, podría ser explotada y utilizada, si formara masas 
mas grandes ó depósitos continuos. Pero por desgracia su yacimiento es 
irregular, hallándose diseminada en la profundidad de 2 á 3 metros en pe- 
dazos del tamaño de un puño ó de una cabeza. Pertenece á las resinas 
fósiles y tiene el aspecto de una cera impura. La fractura recien hecha 
tiene un color amarillo, pero se oscurece y se ennegrece con el tiempo. La 
sustancia es blanda y se deja rayar con la uña; en el calor se ablanda 
mucho, y con 70° C. comienza á derretirse. Á la llama arde como tina 
resina, desarrollando un olor singular pero no desagradable; frotándola des- 
pide un olor bituminoso. En alcohol, éter, benzol y trementina, se disuelve 
en parte, quedando un residuo insoluble, lo que hace sospechar, que no 
tenemos una sustancia mineral sencilla, sino compuesta. Por todas estas 
propiedades se acerca nuestro mineral al que Johnston analizó en 1838 y 
que llamó Guayaquilita*), por hallarse «cerca de Guayaquil». El calculó su 
composición en: 

*) Johnston, Phil. Mag. XIII, ¡J29. 1838. — Véase también: Baña, Mincralogy, ed. ó* 
(New- York 1882), pág. 745. — Johnston y Dana escriben equivocadamente «Guyaquillite» 
en lugar de «Guayaquilite». 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 301 

C a :H:0 2 = 40 : 52 : 6 -= Carbono . . m 7í»,66T» 

Hidrógeno . . 8,174 
Oxígeno . . . 15,161 

100,000 - Peso espec. =, 1,092. 

Para ver, si el mineral de Daule es la misma Guayaquilita de Johnston, 
lo hice analizar últimamente en Dresde por el profesor Dr. Filsinger. El 

resultado es: 

Carbono G9,01 

Hidrógeno 8,98 

Oxígeno 20,15 

Sustancia mineral extraña. . . . 1,80 

100,00 - Peso espec. 1,1005. 

Aunque este análisis, ejecutada con todo esmero, difiere bastante de la 
de Johnston, ó mejor dicho de su cálculo teórico, no encuentro dificultad 
de identificar nuestro mineral de Daule con la Guayaquilita, porque no se, 
trata de un mineral simple, de composición química constante, sino de un 
mineral compuesto de dos ó tres resinas diferentes. Asi se explica, que la 
composición de un pedazo puede diferir de la de otro. 

Según el modo, como los ríñones de Guayaquilita se presentan disemi- 
nados en el terreno aluvial, no es probable que existan depósitos grandes 
y explotables. 

C. Las formaciones fluviales y terrestres (diluvial y aluvial). 

No hay que perder tiempo con una larga descripción y explicación de 
los depósitos fluviales de nuestra época y de la que precedió inmediatamente. 
En parte hemos tocado este tema en el párafo anterior, y por lo demás el 
fenómeno está patente á todos los que quieren observarlo. Desde la época, 
en que el pais habia adquirido su configuración actual (en sus rasgos prin- 
cipales), en que existían las Cordilleras de los Andes y demás montañas 
altas, digamos desde fines de la época terciaria, comenzaban las aguas, ya 
en forma de los precipitados atmosféricos, ya reunidas en rios, su obra 
destructora, por via mecánica y por via química, descomponiendo la super- 
ficie de las rocas, y llevando las partículas á otras partes. La acción del 
agua no es solamente destructora, sino también regeneradora; porque lo que 
quita de un lugar, deposita en otro, su tendencia es nivelar poco á poco 
toda la superficie terrestre, y sin duda lograría en algún tiempo su objeto, 
si no existiesen otros agentes geológicos (p. ej. los volcánicos), que se oponen 
á esa nivelación, y siempre de nuevo subministran materiales que el agua 
puede atacar. No hay una ladera de montaña, no hay un valle, no hay 
quebrada, en que no pudiésemos estudiar el mecanismo de la destrucción 
y regeneración; hasta el indio comprende, que las piedras rodadas, que 



302 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 

componen los torrados y las mesetas de un valle, derivan de las montañas 
circunvecinas. — Todos estos depósitos en el interior del pais son contem- 
poráneos con los marinos y fluvio- marinos de la costa, y también con la 
mayor parte de los productos volcánicos interandinos. Los llamamos dilu- 
viales, cuando se encuentran en ellos restos de animales extinguidos (cuater- 
narios) ó cuando por su yacimiento deducimos una edad grande; y aluviales 
ó modernos, cuando parecen haberse formado en tiempos de nuestra época 
actual, sin que pudiéramos fijar limites seguros, porque sin duda no existió 
entre las dos épocas ningún tiempo de interrupción ó de inactividad. — En 
la carta geológica comunmente no se ha indicado la zona angosta del terreno 
diluvial y aluvial en los valles, solo á lo largo del pié de la Cordillera occi- 
dental y en algunas llanuras mas extensas, como en la de Cuenca y en la 
de Catamayo, está señalada. 

Esta formación tiene, ademas de su interés teórico para la geología, y 
de su importancia práctica para la agricultura, otro especial para la minera- 
logía y la minería. Encontramos en ella varios minerales útiles y ante todo 
comprende el terreno de los lavaderos. 

Existe en el Ecuador ué gran número de fuentes minerales (se llaman 
también termales, cuando tienen una temperatura elevada), que depositan al 
rededor de sus bocas durante la evaporación del agua y el desprendimiento 
de los gases, especialmente del carbónico, varios minerales en forma terrosa 
ó compacta y cristalizada. Las sustancias mas comunes son el carbonato 
de cal y el óxido de hierro. El origen de estas fuentes se encuentra siempre 
en formaciones mas antiguas, pero sus depósitos pertenecen á la formación 
actual y diluvial. Citaremos uno de los ejemplos mas hermosos de la llanura 
diluvial y aluvial de Cuenca. 

En Baños, dos leguas al SO de Cuenca, salen las fuentes twmales sobre 
unas cinco ó seis grietas de la tierra, cuya dirección está indicada por las 
colinas de caliza, que se han formado sobre ellas. Estas grietas no corren 
paralelas y se cruzan en distintos ángulos; las principales ocupan un pe- 
queño plano al Este del pueblo. El agua de las fuentes, que tendrá la 
temperatura de unos 00° C, está muy cargada de bicarbonato de cal, y des- 
prende mucho ácido carbónico libre, con un poco de gas hidrosulfúrico. Luego 
que sale al aire libre, deposita el carbonato de cal en forma de incrusta- 
ciones y de toba, al rededor de la boca de la fuente y á lo largo de su 
curso, y así nace una colina de piedra caliza por la sobreposicion sucesiva 
de muchísimas capas concéntricas, que se distinguen muchas veces por dife- 
rentes colores, alternando capas blancas, amarillas, rojas etc., las últimas 
debidas al óxido de hierro que se deposita junto con la cal. Como el con- 
ducto y las bocas de las fuentes se obstruyen poco á poco por la misma 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 303 

cal, estas cambian frecuentemente de lugar, prorumpiendo sobre la misma 
grieta terrestre en los lugares de la menor resistencia. Actualmente existen 
cuatro ó cinco fuentes caudalosas en Baños, siendo los manantiales pequeños 
innumerables; las colinas de toba caliza que han formado, tienen de 4 á 
8 metros de altura y hasta 200 de largo, siendo su ancho en la base de 
unos 10 y en la cima solamente de 2 metros. Fuera de estas colinas, que 
se presentan precisamente como las vallas de una fortificación, en toda la 
cercanía del pueblo el suelo está cubierto de una costra mas ó menos gruesa 
de caliza incrustante. — Las capas superficiales y mas modernas de la toba 
son muy porosas y esponjosas (por esto lijeras), como la piedra pómez y 
no sirven ni para quemar cal, ni para material de construcción, mientras 
que las capas inferiores y mas antiguas ya se han consolidado por el peso 
de las capas sobrepuestas y por la filtración continua del agua, que sigue 
depositando las partículas de cal en los poros de la toba y la convierte poco 
á poco en una masa dura y cristalino-granosa, que entonces no se distingue 
en nada del «mármol» del Tejar. Las variedades muy compactas y duras 
de las tobas se conocen en Cuenca con el nombre de «mármoles*, y pueden 
llamarse asi, entendiendo con este nombre todas las especies cristalino- 
granosas de caliza. A lo menos tienen la textura fánero-crist aliña las tobas 
calizas mas antiguas del Tejar entre Cuenca y Sayausi, las que se encuen- 
tran entre Cuenca y Sinincay y las de Pórtete; otras son mas sueltas y 
fofas, conservando el carácter propio de las tobas ó tufos, como las de 
Baños, de Quinoas y de Guapan cerca de Azogues. Un estudio superficial 
de las rocas de Tejar basta para convencerse de que este mármol no es otra 
cosa que una toba antigua muy bien consolidada y endurecida, y de que las 
colinas en que se encuentran las canteras, son el producto de fuentes, pre- 
cisamente como las de Baños. Otro tanto digase del mármol blanco del 
Pórtete, que es el mas hermoso de todos y tiene á veces el aspecto de ala- 
bastro. Las fuentes han desaparecido de estos lugares. Las tobas de Qui- 
noas y de Azogues no son tan compactas y se parecen á las de Baños. — 
En varios puntos de las inmediaciones de Azogues se encuentran pequeños 
depósitos de caliza incrustante, como por ejemplo, cerca de San Marcos, 
pero los principales se hallan en el anejo de Guapan, donde se repite exac- 
tamente el fenómeno de Baños, solo que las colinas no se han formado con 
tanta regularidad. La fuente principal al lado de la capilla tiene la tem- 
peratura de unos 30° C., no se percibe el olor característico del gas lúdro- 
sulfúrico, pero el agua está cargada de cloruro de sodio (sal común), distin- 
guiéndose de tal modo de las aguas de Baños, con las cuales conviene en 
el contenido de ácido carbónico y bicarbonato de cal. Estas fuentes nacen 
de la arenisca de Azogues, las de Baños superficialmente del terreno cuater- 



304 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 

nario, las tobass caliza de Pórtete y de Quinoas {en el valle superior del 
Matadero, al lado derecho del rio, % de legua abajo del tambo) descansan 
directamente sobre los pórfidos, y los antiguos mármoles del Tejar y de 
Racar se hallan, como las tobas de Baños, en el terreno cuaternario. No 
hay que perder muchas palabras sobre el uso y la aplicación de estas tobas 
calizas, que es generalmente conocida; los «mármoles» de Cuenca y Pórtete 
subministran un excelente material de construcción y se adaptan muy bien 
para adornos arquitectónicos; es de desear que su uso se generalice mas y 
mas. Las variedades ordinarias sirven para quemar cal; son la «licamancha» 
de los indios. 

Iguales a mármoles» y tobas calizas se encuentran en la provincia de 
Loja. A la distancia de 2 leguas al N de Loja hay un depósito de este 
mineral de bastante espesor y mas fino que el «mármol» de Pifo, y es de 
desear que se haga mas uso de esta hermosa piedra, que cuando pulida se 
acerca en su aspecto al alabastro. La grande ara en la Catedral de Loja y 
la pila bautismal en la iglesia de San Agustín son labradas de ella, y sirven 
de prueba para observar, cuan bien se presta á tales y semejantes obras. 

En las provincias interandinas del Norte se hallan los mármoles y tobas 
entre ó sobre el terreno volcánico moderno, pero su origen es el mismo; en 
algunos puntos las fuentes existen todavía, en otros han desaparecido. No 
podemos enumerar todas las localidades, pero repetiremos que el célebre 
marmol de Pifo en la provincia del Pichincha pertenece también á la misma 
formación. — En el litoral tales fuentes y depósitos calcáreos son mas raros, 
sinembargo no faltan del todo, como ya he citado un ejemplo de la que- 
brada del rio Seco cerca de Jipijapa. 

Otra sustancia que se deposita en las fuentes del mismo modo, como 
la cal, y aun con mas frecuencia, aunque no en cantidades tan considerables, 
es el hidróxido de fierro ó el ocre, que se llama limonita, cuando es muy 
compacto. Se distinguen estos depósitos por su color amarillo ó rojo, y los 
encontramos en pequeña cantidad alrededor de todas las fuentes, que des- 
piden ácido carbónico, y que se llaman acidulas ó aciduladas. Por lo re- 
gular la cantidad de ocre depositado es tan pequeña, que no merece aten- 
ción; pero hay lugares pantanosos, en que se forman capas espesas de 
limonita, el llamado hierro palustre ó pantanoso, en masas tan extensas que 
son explotables, puesto que este mineral de hierro es un magnifico material 
de fundición. El primer depósito de esta clase, que tuve ocasión de estudiar, 
se halla en la serranía de Sigsicunga al Oeste de Otavalo. Cerca de la 
hacienda de Sigsicunga se encuentra un espacioso valle circular, cuyas 
laderas constan de potentes tobas volcánicas; el fondo plano es un pantano 
cubierto de vegetación gramínea, en que brotan muchas fuentes cargadas 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 30& 

de ácido carbónico y de carbonato de fierro, depositándose el último tras- 
formado en ocre, después del desprendimiento del primero. 

Esta formación ya debe durar mucho tiempo, porque en todo aquel 
paraje se encuentra debajo de la tierra vejetal, que tiene l /-j á 1 nietro de 
espesor, una capa de limonita ó hierro palustre de mucha potencia. En otras 
regiones se hallan capas análogas de hierro, que sin duda alguna tienen el 
mismo origen, aunque hoy dialas fuentes hayan desaparecido; asi, por ejemplo, 
en las inmediaciones de Cuenca, y hasta en el subsuelo de la ciudad misma. 

El que las fuentes termales no depositan alrededor de sus bocas las 
sales que son disolubles en el agua, se explica fácilmente, porque son lle- 
vadas por el rio y por las lluvias. Asi, por ejemplo, las fuentes muy saladas 
de Salinas, al Norte de Guaranda, forman solamente espesas capas de toba 
caliza, pero no de sal, y lo mismo sucede con las fuentes saladas de Guapan 
cerca de Azogues. Sinembargo encontramos en algunas llanuras del interior 
eflorescencias de sales en las capas superficiales y de formación muy moderna 
ó actual, cuyo origen queda todavía dudoso. Podrían ser los residuos de 
las impregnaciones de fuentes, que han desaparecido, pero también podrían 
formarse y regenerarse continuamente por la descomposición de los mine- 
rales del suelo. Pasando en silencio muchos parajes muy circunscritos, 
mencionaré solo las dos llanuras, en que el fenómeno se manifiesta en mayor 
escala, la de Salinas en la provincia de Imbabura y la de Latacunga. La primera 
brinda la sal de comercio á algunas provincias, y en la segunda se extrae el 
salitre, que abasteció por mucho tiempo una fábrica de pólvora en Latacunga. 
En ambos casos los sales son superficiales y se recojen en forma de eflores- 
cencias. Mr. Boussingault es de la opinión que derivan de antiguas fuentes. (f9) 

Ya que tratamos de los depósitos de algunas fuentes en el terreno diluvial 
y aluvial, mencionaremos también las otras aguas minerales del pais, aunque 
á veces no dejan rastros visibles de su contenido en la superficie terrestre. 
— Es un error vulgar, considerar todas las fuentes termales como fenómenos 
volcánicos, ó á lo menos como conexionadas con tales. Puede ser que algunas, 
que nacen en la proximidad de volcanes activos, deban su temperatura ele- 
vada y su fuerte mineralizacion á la influencia directa del foco volcánico, 
que se halla en su cercanía, pero por lo regular están independientes de la 
actividad volcánica, y por esto nacen en toda clase de terrenos y formaciones 
geológicas. Su temperatura comunmente (no siempre) elevada deben á la 
profundidad de que nacen*), y su mineralizacion á procesos químicos, que 

*) Sabido es que la temperatura natural de la tierra vá aumentándose, eonforme se 
baja á la profundidad. Comunmente se admite que ú cada 33 metros la temperatura crece 
de I o C. El agua circulando en las capas terrestres, toma la temperatura de estas, según 
la profundidad. 

WOLf, Ecuador. 20 



30G GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 

so verifican en aquellas profundidades con los minerales de las rocas, bajo 
una fuerte presión. Por lo demás convendría distinguir entre aguas minerales 
y aguas termales. El último nombre conviene solo á las fuentes, cuya tem- 
peratura es considerablemente mas alta, que la media del lugar en que 
brotan. Aunque la mayor parte de las aguas minerales son á la vez ter- 
males, no faltan, sinembargo, termales con agua muy pura y nada mineralizada, 
y al revés aguas minerales muy ricas, con la temperatura ordinaria del país. 

El Ecuador es muy rico en aguas termales y minerales de toda clase, 
especialmente en las regiones andinas é interandinas; pero el uso que se hace 
de ellas es casi nulo. Sabido es, cuantos progresos ha hecho en el mundo 
civilizado la hidrología medicinal, cuan preciosos remedios poseemos en ciertas 
aguas minerales para ciertas enfermedades. Pues, el Ecuador posee tales aguas 
en abundancia, pero sus médicos no las conocen, dejan su aplicación á la gente 
pobre é ignorante, y las tratan con el mismo desprecio como los remedios 
vegetales del país. Estos no se hallan en las farmacopeas de Europa, ergo: 
no valen; nuestras aguas no se recomiendan en los periódicos, como las de 
Vichy, Karlsbad, Selters etc., ergo: vengan estas, cuesten lo que cuestan! — 
Pero: «no conocemos las aguas del Ecuador, ni sus virtudes medicinales.» 
Pues, su propia culpa es; ¿porque no las estudian ó las hacen estudiar? 
Ademas la disculpa no vale; existe desde 1876 un mangnifico trabajo sobre 
las aguas minerales del Ecuador por L. Dressel S. J., debidamente apreciado 
en Europa, pero olvidado é ignorado por los ecuatorianos, aunque se im- 
primió en Quito. Esta obrita meritoria contiene las análisis científicas de 28 
aguas minerales, entre ellas las mas afamadas del pais, y una discusión sobre 
su aplicación terapéutica. Entre las aguas analisadas tenemos: 

I o . Aguas alcalinas, por ejemplo, las fuentes de Machachi, de la hacienda 
Chimborazo. 

2 o . Aguas ferruginosas, p. ej. Alangasi, Badcung cerca de Baños, Te- 
salia cerca de Machachi, Pomasqui, Yana-yacu cerca de Co- 
tacachi. 

3 o . Aguas aciduladas, p. ej. Hervidero de Tesalia cerca de Machachi. 

4 o . Aguas de sal de Glauber, p. ej. Fuente de la Virgen de Agua Santa 
en Baños. 

f>°. Aguas amargas, p. ej. algunas fuentes en Baños (Cangrejo, Badcung). 

0°. Aguas saladas, p. ej. termales de San Vicente en el cantón de St a . 
Elena, fuentes de Tomavela cerca de Salinas al N de Gua- 
randa. 

7 o . Agitas sulfuradas, p. ej. Cachihuaico en la hac. Chimborazo, Quisaya. 

8 a . Aguas termales indiferentes, p. ej. Cunuc-yacu cerca de Tumbaco. 

No se puede recomendar bastante, sobre todo á los médicos del pais, el 



JiAR FORMACIONES CUATERNARIAS. 307 

estudio del librito del P. L. Dressel; pero como se ha hecho muy raro y 
no está al alcance de todos, he creido muy útil insertar entre los suple- 
mentos de esta obra las análisis principales que contiene, con las obser- 
vaciones mas interesantes. ( * 0) 

Todas las aguas naturales, excepto la de lluvia, contienen una cierta 
cantidad de sustancias minerales en solución; de consiguiente el distintivo 
entre aguas comunes y aguas minerales no consiste en que estas tengan 
sustancias minerales y aquellas no. Agua mineral se llama la, que tiene 
una cantidad notablemente mayor de sustancias disueltas, que las aguas 
potables ordinarias. Difícil es establecer un límite fijo, aunque se dice 
generalmente, que el agua potable no debe contener mas de 0,5 gr. de 
sustancias fijas por litro. Depende mucho de la naturaleza de las sales, 
siendo unas mas nocivas que otras. Lo que mas perjudica es la presencia 
de sustancias orgánicas (ya en disolución, ya en forma de micro-organismos, 
como bacterios y algas), cuya cantidad jamas debería pasar de 0,05 gr. por 
litro, si se trata de sustancias disueltas, y reducirse á cero respecto á las 
sustancias organizadas. En nuestras costas, que carecen de ríos, se bebe 
el agua salobre de los pozos, en que las sales pasan de un gramo por litro, 
sin perjuicio notable en la salud. Hay también algunos ríos considerables 
en el litoral que en verano llevan una agua tan salobre, que no se puede 
bebería, así p. ej. en la provincia de Manabi el riecito de la Puntilla y el 
rio Bríseño, en la provincia del Guayas los ríos de Puca, Colimes y Magro, 
tributarios del Daule. Interesante es también el hecho, de que todos los 
ríos de la provincia del Guayas contienen manganeso y varios de ellos también 
fosfatos de cal y magnesia en bastante cantidad, sustancias que no se hallan 
de ordinario en las aguas potables, pero que tampoco no son perjudiciales; 
al contrario una pequeña cantidad de fosfato de cal es muy provechosa al 
organismo humano. 481 ) 



Después de la digresión sobre las aguas minerales y potables volvamos 
al terreno diluvial y aluvial, para tratar todavía de uno de sus accidentes mas 
importantes, de los lavaderos. Por demás es repetir, que los metales de los 
lavaderos no se crian en el terreno diluvial y aluvial, sino que se derivan 
de terrenos antiguos preexistentes, del mismo modo que la arena, los gui- 
jarros, la arcilla con que se hallan asociados. Por esto las capas diluviales 
y aluviales dependen en cuanto á su composición petrográfica y mineralógica, 
y en cuanto á los metales que llevan, siempre de la naturaleza de los terrenos, 
de que han nacido por la destrucción mecánica, no conteniendo otros ele- 
mentos que estos, aunque agrupados de distinta manera y á veces concen- 

20* 



308 GEOLOOÍA. — CAPÍTULO VI. 

trados. Otro será el terreno diluvial en la región (Uj las esquistas cristalinas, 
otro en la de los pórfidos. — De la concentración de los metales en el 
terreno de acarreo, véase lo que hemos dicho en la página 234 tratando de 
las formaciones arcaicas. Aquí nos incumbe conocer los lavaderos princi- 
pales des pais. 

Lavaderos de la Cordillera oriental ó de de las esquistas cristalinas. 
Parece que la Cordillera oriental de los Andes en toda su extensión, y en 
cuanto se compone de las antiguas esquistas, es aurífera, en unos puntos 
mas, en otros menos. Los mejores lavaderos y explotados desde la anti- 
güedad, se hallan en la provincia del Aeuay desde el AUcuquiru hasta el 
Yana-urcu en los confines de la provincia de Loja. Ahora se los conoce 
solamente en las vertientes occidentales de la Cordillera real, pero no hay 
motivo para no suponerlos también en las faldas orientales, en las cabeceras 
de varios tributarios del rio Paute. — Atendido el origen y la formación 
de los lavaderos (ó del terreno de acarreo), no sorprende encontrarlos siempre 
á lo largo del curso de los rios, y en ninguna otra parte. Las excepciones 
de esta regla existen solamente en apariencia, pues entonces siempre en- 
contraremos las señales indisputables del antiguo cauce de un rio, de que 
por cualquier causa local habrá desaparecido el caudal de agua. Tampoco 
los lavaderos no siempre se hallan inmediatamente sobre las riberas del rio, 
antes los veremos muchas veces bastante arriba en las laderas de los valles 
(Collay, Ayon), é indican entonces el nivel antiguo de las aguas, cuando el 
rio todavía no habia profundizado tanto el valle. 

Nada mas fácil, que conocer el terreno de acarreo en los valles y las 
quebradas de la Cordillera oriental; el geólogo ejercitado lo distingue ya 
de lejos por la configuración superficial del terreno, y puede designar de 
este modo su extensión; pero también cualquier otro hombre lo encontrará 
con facilidad, buscándolo sobre todo, en donde los valles angostos, después 
de una caída rápida, se ensanchan algo y tienen un declive mas suave. Una 
señal casi segura es, cuando en tales parajes el terreno á los lados del rio 
ó en alguna distancia de él se levanta como por gradas ó por pequeñas 
mesetas. Remuévase en los lados de estas gradas el césped y la tierra 
vejetal con la barreta ó pala, y muy pronto aparecerán bancos de piedras 
y de guijarros rodados, mezclados con arena y arcilla, que á la primera 
vista declaran ser terreno de acarreo de las aguas. — Otra cuestión es, si 
dichos bancos siempre contengan oro. 

Aunque el carácter general y exterior de los lavaderos en todas partes 
de la Cordillera es bastante igual, existen sinembargo diferencias interiores, 
por decirlo asi, á saber en cuanto al grosor de los materiales y en cuanto 
á su composición mineralógica, y tales diferencias se refieren no solamente» 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 309 

á diversas localidades, sino también á los diversos bancos del mismo lugar. 
Hay algunos depósitos, que constan de arena mezclada con arcilla, con pocos 
y pequeños guijarros, otros se puede decir que son acumulaciones de grandes 
pedrones apenas aglutinados entre si por un poco de arcilla arenosa, otros 
en fin se componen por la mitad de arcilla, arena y cascajo y por la otra 
mitad de piedras redondas del tamaño de un puño al de una cabeza, y estos, 
en tesis general, parecen ser los mas favorables. El origen de estas diferen- 
cias es demasiado natural y no necesita explicación alguna; basta observar 
un poco, como los ríos en la actualidad forman los bancos de arena y gui- 
jarros en su cauce ó á los bordes de él. 

En algunos lugares existen solo dos ó tres bancos, en otros su número 
es creído, y van alternando con los materiales gruesos los de arena y arcilla. 
Su potencia ó espesor es sumamente variable; los hay de muchos metros 
(en Collay), mientras que algunos estratos intermedios apenas tendrán algunas 
pulgadas. Muy frecuentes y regulares son bancos de 1 a 2 metros. Siempre 
son horizontales, nivelando las pequeñas desigualdades del terreno primitivo 
sobre que descansan, y solamente cuando la inclinación de este es muy 
suave, suelen seguirla. Pero nunca se observan grandes dislocaciones, fallas, 
saltos y otros accidentes, que son señales de levantamientos y hundimientos 
en las antiguas épocas geológicas. De esta circunstancia sola se puede in- 
ferir, que los lavaderos son una formación moderna, que data de un tiempo 
posterior al levantamiento de las montañas; y en efecto pertenecen, compu- 
tando según la cronología geológica, á la última época, que se llama cua- 
ternaria ó diluvial, en conformidad de casi todos los lavaderos de oro en el 
mundo antiguo y nuevo. 

Para saber si un lavadero ó un banco determinado de él es aurífero ó 
no, no hay ninguna señal exterior segura. Creo que todos tienen algo de 
oro, cuando se los ensaya con la debida exactitud. Pero es natural que so 
quiera saber, cuales sean los bancos mas ricos. Por mucho que me he 
fijado en todas las circunstancias y hasta en las mas minuciosas, no encontré 
un distintivo científico seguro, que indique desde luego la riqueza ó pobreza 
relativa de los lavaderos, por la naturaleza de los minerales componentes. 
Ni la presencia de mucho ó poco cuarzo, ni la preponderancia de esta ú 
otra clase de esquista, ni la abundancia de hierro magnético (arenilla), ni 
la de la pirita, parecen influir en la riqueza del lavadero. También he oído 
de algunos mineros, que toman por una buena señal una cierta tierra blanca 
jabonosa, que en ríñones se encuentra entre los pedrones de los bancos, 
y que en la determinación mineralógica resultó ser un hidrosilicato de 
alúmina y magnesia (saponita). En los lavaderos de Nabon parece que pre- 
cisamente en los bancos auríferos abunda este mineral, pero en otras locali- 



310 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 

dades la señal se ha mostrado engañosa, presentándose los estratos con 
mucha saponita, pobres y casi estériles. — Lo que he observado en general, 
es que bancos de materiales muy finos (arena y arcilla), sobre todo cuando 
son de alguna potencia, suelen ser tan pobres que podemos calificarlos de 
estériles. Sin contender que esta regla no sufra ninguna excepción, creo 
que el hecho se explica de una manera satisfactoria, diciendo que aquellos 
materiales finos se han depositado en los ríos, cuando el agua no corría 
con tanta fuerza, que podía llevar el oro, mientras que los depósitos de los 
guijarros y piedras gruesas son los resultados de las grandes avenidas, en 
que las aguas podían arrastrar también las pepas pesadas de oro. De aqui, 
que estas se hallan comunmente entre los grandes pedrones de los lavade- 
ros. — Pero, en última instancia, para saber que un banco es rico en oro, 
no hay otro medio que hacer ensayos directos, es decir, que lavar en uno 
y otro punto; y estos ensayos no deberían ser superficiales y á la lijera, 
no contentándose si resultan algunas chispas de oro en la batea, cuando se 
trata de establecer un trabajo serio en un lugar, y cuando en estos ensayos 
-se deben fundar los cálculos que se hacen sobre los resultados y ganancias 
futuras de la empresa.*) 

Aunque todos los ríos de la Cordillera oriental son auríferos, en donde 
corren por el terreno esquistoso, no por esto en todas las localidades se 
costearía el trabajo de explotación, sea que el terreno de acarreo á los lados 
de los ríos no es bastante extenso, sea que es demasiado pobre. Tales lava- 
deros pobres se encuentran, por ejemplo, en las cabeceras del rio de Gua- 
laceo al Este de Jima, en las del rio Alcacay y rio Shiu, en el curso superior 
de los rios Guallmincay y de San Francisco. — Los puntos principales se 
han descubierto desde la antigüedad por la experiencia, y se llaman lavaderos 
de Shitigata, de Matavga, de Ayon y Santa Bárbara y de Collay. 

En la Cordillera de Nabon ocupa el terreno de acarreo un espacio mas 
extenso, que en algún otro punto, y sigue casi sin interrupción unas dos 
leguas el curso del rio Shinyata, desde su principio hasta al lado del Yana- 
urcu, donde rompe la Cordillera. El ancho de esta zona en ambas riberas 
es muy variable, según el valle se ensancha ó se estrecha, aquí tiene pocos 
metros, allá tres, cuatro cuadras. En el curso superior, donde propiamente 
el rio Shingata se forma de tres ó cuatro torrentes, que se precipitan de 
encima de los peñascos altos de la Cordillera, encontramos una llanura, 
rodeada inmediatamente de altas montañas, en la cual el terreno de acarreo 

*) Kn mis viajes no pude dedicarme á ensayos ó exploraciones en gran escala, que 
necesitan mucho tiempo y mucha plata. VA ingeniero Ch. can hachot ejecutó en 1HÍM), 
comisionado por la («Compañía Exploradora») de Guayaquil, tales trabajos serios en los 
lavaderos de Collav. 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 311 

llega á su mayor desarrollo. No dudo que aquí existió antes un lago, en 
el que los materiales arrastrados por los ríos, se han depositado, hasta que 
poco á poco se llenó. En este lugar se han encontrado en varios tiempos 
bancos muy ricos en oro, y las excavaciones antiguas, que se ven en todas 
partes, manifiestan bastantemente la importancia de este sitio. Todavía 
queda intacto un terreno espacioso. Mas abajo, en todo el curso del rio se 
observa también de vez en cuando los grandes huecos, que hicieron los an- 
tiguos españoles, y probablemente ya mucho antes los indios. 

Casi en la mitad entre el Yana-urcu y el sitio de Shingata, donde en 
tiempo no lejano el doctor Izquierdo de Cuenca trabajaba con algunos peo- 
nes, los lavaderos al lado derecho del rio llevan el nombre de Bestión. Se 
vé las mismas excavaciones antiguas, como arriba, y en la cercanía los 
cimientos de una casa, que sin duda los empresarios habían edificado para 
su mayor comodidad en estos parajes tan rígidos (Bestión se halla en la 
altura de 3000 metros). Aquí los bancos son muy regulares, no tan gruesos 
como en Shingata, pero extensos y en gran parte intactos. El trabajo en 
Shingata y Bestión es menos difícil y menos peligroso, que en Ayon y Collay, 
porque el sitio de los lavaderos es mas plano. 

Los prácticos que me acompañaron en esté sitio y que por algún tiempo 
han lavado en Bestión, aseguraron que entre cuatro no sacan mas de un 
castellano de oro (==4,6 gramos) por dia. Esto seria bien poco, aun aten- 
diendo al modo rudo é imperfecto de los trabajos. En mi presencia hice 
lavar en la batea cosa de Vio metro cúbico de arena y cascajo; un hombre 
gastó en este trabajo una media hora y sacó 0,260 gr. de oro, lo que daría 
por el metro cúbico 2,6 gramos. Pero antes de hacer estudios mas extensos 
sobre 1* potencia de estos bancos y su riqueza relativa en muchos puntos, 
no se puede formar un juicio cabal de la rentabilidad de una empresa en 
gran escala. 

El oro de Shingata y Bestión se halla comunmente en polvo muy fino, 
casi como la arenilla, y rara vez se vé una hojita mas ancha, aunque me 
han asegurado, que mas arriba en los lavaderos se han encontrado pepitas 
mas gruesas. Su color es de un amarillo muy subido, inclinándose al rojizo. 
He analizado el de Bestión y encuentro: 

Oro 89,49 

Plata 10,38 

Un rastro de cobre y demás impurezas 00,13 

100,00 

De consiguiente este oro es de buena ley, teniendo 21 Va quilates. 
En Ayon y Santa Bárbara los lavaderos se hallan en valles muy an- 
gostos, que no les permitieron una gran extensión horizontal, y por esto se 



312 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 

encuentran en las laderas muy pendientes, y los bancos son de bastante 
potencia. Como están rodeados por todas partes de cordilleras altísimas en 
la próxima inmediación, y los riachuelos, que forman el río de A yon, nacen 
muy cerca en las alturas, es evidente, que los materiales de los lavaderos 
y por consiguiente también el oro, no pueden venir de lejos, sino casi del 
mismo sitio. Por esto las piedras en los bancos son á veces tan enormes, 
son menos despedazadas y menos redondeadas por las aguas. El trabajo 
en estos lavaderos es algo difícil y hasta peligroso, cuando no se hace con 
mucha precaución, y si en cualquier otro lugar, con mucha mas razón en 
este, convendría dirigir los trabajos según un plan determinado, para no 
arruinar los lavaderos ó á lo menos dificultar sumamente los trabajos poste- 
riores. En estos sitios tan quebrados y tajados es de suma importancia 
tener el debido cuidado, de que siempre se pueda llevar un arroyo de agua 
ó una pequeña acequia al lugar del trabajo. 

El oro de Ayon se halla en granos bastos del tamaño de la munición 
que llaman mostacilla, en término medio, encontrándose naturalmente tam- 
bién granillos mas pequeños y pepas mas grandes, las de un medio ó de 
un castellano no son muy raros. La forma de los granos es irregular, 
comunmente aplastada, la superficie algo áspera y poco lustrosa. Su color 
es oscuro y mas rojizo que el del oro de Shingata. Químicamente se 
compone de 

Oro 84,27 

Plata 14,71 

Cobre y demás impurezas . . . . 1,02 

100,00 

de lo que se calcula, que tiene un poco mas de 20 quilates. 

Los lavaderos de Matanga se hallan á poca distancia al Sur de los de 
Ayon, pero en mayor altura (son los mas altos de todos los que conozco 
en la Cordillera oriental). La configuración exterior del terreno recuerda 
los lavaderos de Shingata, pues los bancos se extienden horizontales en un 
ensanche del valle, en que dos ríos se reúnen en el de Minas. Se observa 
los indicios de algunas antiguas excavaciones, pero la mayor parte del ter- 
reno de acarreo queda todavía intacto. En este lugar hay la ventaja no 
despreciable, de que es mas accesible y tiene un camino de herradura hasta 
sus inmediaciones. — El oro se parece en su aspecto y en sus calidades al 
de Ayon. 

En 1890 el señor van Isschot ensayó los bancos de Matanga y encontró 
2,0t) gramos de oro en un metro cúbico, en término medio. El terreno de 
acarreo le pareció bastante superficial y de poca extensión horizontal, dise- 
minado por las orillas del rio. 

En el rio de San Francisco, enfrente de Gualaceo, los lavaderos ocupan 



LAS F0RMACI0NE8 CUATERNARIAS. 313 

un territorio reducido. El oro no es lan abundante, como en Ayon y Shin- 
gata, pero se distingue por un color muy oscuro y es casi de 22 quilates, 
pues de la prueba que he sacado, resultó: 

Oro 91,05 

Plata 7,73 

Cobre é impureza» 1,22 

100,00 

Colluy parece haber sido la mina de oro mas afamada de la provincia 
en la antigüedad india, como lo atestinguan las labores grandes, en que 
todavía se encuentran algunas veces las herramientas de cobre y de chonta, 
que usaban los antiguos. En ningún otro lugar he visto el terreno de acar- 
reo llegar á una potencia tan considerable, y también los bancos que lo 
componen, son generalmente muy gruesos. Estos materiales inmensos se 
han acumulado en el punto en que tres torrentes, que se precipitan de las 
alturas de la Cordillera, se reúnen al pié de los dos cerros de Cari-Collay 
y Guarmi-Collay, conforme á la regla general, que he indicado mas arriba, 
diciendo que los lavaderos se forman con preferencia en las explanadas de 
los valles, en que estos pierden su inclinación rápida. Bajo este punto de 
vista hay analogía con los lavaderos de Shingata y de Matanga, pero los 
de Collay se diferencian, por hallarse en una encañada mas honda y mas 
angosta (casi como los de Ayon) y por lo que el rio ha surcado una que- 
brada muy profunda en el terreno de acarreo mismo, de suerte, que el tra- 
bajo aquí seria mas difícil y se asemejaría al de Ayon y de Santa Bárbara. 
La ventaja que tienen estas minas es la de estar en un clima mas abrigado, 
pues se hallan solamente en la altura de 2,720 metros, que es menor que 
la de los pueblos de Baños y de Sinincay cerca de Cuenca, aunque la tem- 
peratura será algo mas rígida que en dichos pueblos, por la proximidad de 
los páramos. — Mucho se ha trabajado en este lugar, no hay duda, y en 
algunos puntos se han dañado los bancos auríferos por grandes derrumbos; 
pero queda todavía trabajo para muchas generaciones. Los bancos mas 
ricos están á veces cubiertos de otros menos ricos ó estériles y de mucha 
potencia. En este caso los antiguos indios, en lugar de tumbar todo el ter- 
reno estéril, socavaron galerías subterráneas, de las cuales se conservan 
todavía algunas. 

El Señor van Isschot hizo en 1890 estudios largos sobre el terreno 
aurífero de Collay, su extensión, potencia y riqueza en oro. El distingue 
tres zonas ó épocas de la formación, alcanzando en cada una las capas de 
acarreo la potencia de G á 12 metros, según la localidad. La zona inferior 
es la mas trabajada por los antiguos, en ella se encuentran las galerías 
abandonadas y aguadas. 



314 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 

Los minerales mas notables que observó en el producto de concentra- 
ción por lavado de las arenas, son: pirita de hierro, hierro magnético, gre- 
ña (es muy pequeños, anfibola y turmalina verde. De metales preciosos: 
Oro en estado nativo, de color amarillo subido, á veces negruzco, en granos 
aplastados ó redondeados, en hojitas é hilos menudos, siendo mayores sus 
dimensiones y la proporción en que se hallan, á medida que se aproxima 
al yaciente, es decir al terreno esquistoso. £1 oro falta en las capas de 
arcilla y de arenas finas. — Amalgama de oro, presentándose en las mismas 
dimensiones y condiciones que el oro. En algunos granos se observa, que 
estos han conservado en parte su color de oro y estado puro, y en parte 
son amalgamadas, habiendo sido insuficiente la proporción de mercurio para 
la amalgamación total. También se halla el amalgama semiliquido ó pella, 
en la que predomina el mercurio. — Mercurio metálico. Diseminado en toda 
la masa del terreno de acarreo en pequeñas proporciones, se halla entera- 
mente pulverizado al estado de globulitos casi microscópicos y cubierto de 
una capa de óxido, que le impide juntarse, siendo para ello menester emplear 
la acción de un enérgico reductor. 

Respecto á la proveniencia del oro del terreno de las esquistas crista- 
linas el Señor van Isschot está de acuerdo con mi explicación dada mas 
arriba. £1 mercurio debe tener el mismo origen. En cuanto al amalgama, 
dice que su formación es posterior á la formación aluvial, y ha tenido lugar 
en los mismos bancos al contacto de ambos metales. La primera parte de 
esta aserción es sumamente probable, pero respecto á la segunda, se podría 
preguntar ¿si el mercurio no se habrá aleado en parte con el oro durante 
las operaciones del lavado? 

La presencia de mercurio en estos lavaderos es un fenómeno sumamente 
interesante, que el mismo Señor van Isschot observó mas tarde también en 
un lavadero de la provincia de Los Rios. 

Citaremos algunos resultados de los ensayos. 

Por metro cúbico: 
Mercurio Oro 



En un hunco superior de la 3* formación se halló 0,522 gr. 0,1:10 gr. 

En un banco interior de la 2* formación se hall» en un corte O.TtiO » 0,5*>o » 

id. id. en otro corte o,ó7ó » 0.:W."> » 

Concluye el Señor van Isschot diciendo: «Apesar de la pobreza rela- 
tiva de los bancos auríferos de Collay, consideramos que su explotación 
podría ser ventajosa, si se pudiera ejecutar el lavado en gran escala.» Pero 
en esto consiste una gran dificultad por razón de las condiciones topográficas 
de Collav. 



LAS FORMACIONES CUATKKNABIA5. 



■ .1 1 ' 

1 1 1 


VA 

I, 1 ' »< v'- 






1 jfc 


1 ^ 

>/ U ■■- 1 




-. .. - 






:/ X 


■ 




' " ' " : s^ ^ 


"■"-. .. 


* * A. 


s 

v . • - , 

$ ■ 







316 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 

El oro de Collay se parece en el exterior al de Ayon, y es como (odo 
el oro de osla cordillera do buena ley, puesto que tiene iy 3 / 3 quilates, según 
la composición: 

Oro 82,16 

Plato 17,24 

Cobre ó impurezas ...... . 0,60 

100,00 

No soy de la opinión de algunos, que creen que los lavaderos de oro, 
y en general las minas de oro del pais se hallen agotadas. Lo que falta 
para hacerlas productivas, como en la antigüedad, es el espiritu emprendedor 
y la constancia. (,í > 



El lavadero de oro de Samanamaca en la provincia de Loja pertenece 
también á los de la Cordillera oriental, por la proveniencia de su oro. — El 
rio Calvas, que es el Macará superior, ha excavado un valle angosto en las 
rocas porfídicas y graníticas; solo en algunos puntos el valle se ensancha 
formando pequeñas llanuras, y allí es donde se han depositado capas dilu- 
viales y aluviales de un espesor considerable. Tales planos existen, ]>or 
ejemplo, en el sitio que se llama Calvas, donde cruza el camino de Caria- 
manga á Ayavaca el rio, y mas abajo cerca de la hacienda de Samanamaca. 

Las capas aluviales consisten de guijarros y arena mas ó menos gruesa, 
y son de una potencia variable de pocos á muchos metros. No todo el 
aluvión es aurifero, pues las capas gruesas superiores parecen ser muy pobres 
ó faltas de oro, y solamente una capa delgada de las inferiores contiene el 
metal precioso en bastante cantidad. Esta capa no tiene mas que un pié 
de espesor y es algo arcillosa, es decir, los guijarros y elementos arenosos 
se hallan cementados por una arcilla gris ó azuleja. Estudios ulteriores y 
ensayos en gran escala enseñarán, si el terreno aurífero se halle en cantidad 
suficiente, y si haya facilidad de atraer el agua necesaria para el lavado, 
para pensar en una empresa de explotación. 

El oro de Samanamaca tiene la forma de hojitas y lentejas desde el 
tamaño apenas visible hasta el de 6 milímetros de diámetro. Es de un color 
amarillo subido y se compone de 

Oro !>3,5<> 

Plata 06,2ó 

Resto 00, 1!» 

100,00. 

De consiguiente este oro tiene 22 1 / 2 quilates y es de superior calidad. 
Es mucho mas lino que el de Zaruma y se acerca en su composición al oro 
de la Cordillera oriental del Azuay, por esto no hay duda, que proviene del 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 317 

terreno de las esquistas cristalinas, que componen la Cordillera (nudo de 
Sabanilla) en las cabeceras del rio Calvas. 

Los lavaderos de oro de las vertientes orientales de la gran Cordillera casi 
no conocemos, sino por tradición. Algunos han sido visitados en nuestros 
tiempos en excursiones pasajeras por uno que otro minero, asi p. ej. los del 
rio Zamora y los del rio Chinchipe por el Señor E. Wítt de Loja. Los del 
rio Ñapo y de algunos de sus afluentes son explotados en escala muy pe- 
queña por los indios del Ñapo. Sinembargo, con los depósitos principales, 
que en el siglo 16 enriquecieron los conquistadores del pais y la corona de 
España, y que dieron margen á la fundación de las ciudades hoy destruidas 
de Logroño, Valladolid, Sevilla de oro y otras, no se ha dado de nuevo. No 
hay duda, que la mayor parte de las inmensas cantidades de oro, que se 
ha sacado de las provincias del Oriente, provenían de lavaderos, y no de 
vetas auríferas. — Los rios del Oriente son auríferos solo en su curso supe- 
rior, cercano á la Cordillera, es decir, hasta donde arrastran los guyarros y 
la arena gruesa; luego que comienza la arena fina, desaparece el oro, lo que 
es muy natural en atención del mecanismo con que se forman los depósitos 
auríferos.*) 

Los lavaderos oriundos de terrenos porfídicos y dioríticos. 

Casi todos los rios, que nacen en dichos terrenos ó los atraviesan en una 
parte de su curso, llevan un poco de oro, de lo que debemos concluir que 
los pórfidos y rocas verdes generalmente son auríferas. Sinembargo en pocos 
lugares se costearía el trabajo de lavar el oro, sea que los bancos aluviales 
tengan poca extensión, sea que el oro se halle en ellos en un estado casi 
invisible, en partículas microscópicas. Solo en los distritos que son también 
ricos en filones metálicos, como el de Zaruma, los lavaderos prometen una 
cosecha mas abundante, porque en estos lugares las vetas de cuarzo aurí- 
fero han dado un buen contingente á los lavaderos. 

El oro de toda la hoya de Zaruma, arrastrado por los rios, se concentra 
finalmente en los aluviones del rio de Túmbez, desde la unión del Calera 
con el rio Amarillo, hasta el sitio de Puyango, donde el rio abandona Ui 
región montañosa y entra en el terreno cuaternario. Desde los primeros 
tiempos de la conquista hasta nuestros dias se ha sacado un poco de oro 



*) Villaviceneio <iá en su Geografía (pág. 383) algunas buenas observaciones sobre 
los lavaderos de Ñapo, que comprueban de nuevo el origen del oro del terreno esquistoso 
de la Cordillera. Su juicio es en este punto muy correcto y excopcionalmente sano, re- 
duciendo las minas del Llanganate á lavaderos. 



318 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 

en esta región aluvial, pero los trabajos se ejecutaban con irregularidad y 
en muy pequeña escala, limitándose á las arenas superficiales del rio. Solo 
desde 1885 algunos mineros estudiaron los bancos auríferos con mas aten- 
ción y comprendieron su gran importancia. Denunciaron y recibieron en 
propiedad el terreno aluvial ú ambos lados del rio, desde su formación de 
los ríos Calera y Amarillo, hasta la boca del rio Yaguachi, terreno que mide 
unos 1G kilómetros de longitud por 2 de latitud ó sea una área de 32 millones 
de metros cuadrados. Falta todavía hacer los estudios y las excavaciones, 
para reconocer la potencia de los bancos y para apreciar su riqueza ó po- 
breza relativa en diferentes puntos. El señor Saenz Tejada, suponiendo un 
promedio de dos metros de espesor de bancos explotables, y un valor de 
oro contenido en un metro cúbico de 3 sucres, calcula que el terreno de- 
nunciado podría contener una cantidad de oro equivalente á unos 200 millones 
de sucres.*) 

El oro de los lavaderos de Zaruma es — como también el de las vetas 
— de una ley baja y su color de un amarillo muy claro, blanquizco. 

El análisis me dio: 

Oro 72,93 

Plata 26,34 

Un indicio de cobre y otras impurezas . . . 00,73 

100,00. 

Considerando el cobre y las demás impurezas como accidentales, este 
oro de Zaruma se compone teóricamente de 



3 átomos de oro 73,4 

1 átomo de plata 



26,0 / 



Au 3 Ag. 



100,0 

y es de ÍT 1 ^ quilates. Por esta composición se acerca á las variedades de 
oro de Marmato, Titiribí, Guano y de algunas otras localidades de Colombia, 
analizadas por Boussingault.**) 

Por toda la Cordillera occidental se encuentran en la región de las rocas 
verdes algunos riachuelos auríferos. Así p. ej. encontré algunas chispas de 
oro en una quebrada, que baja del cerro de Calaguru y entra en el rio del 
mismo nombre cerca de Biron, algunas leguas al E de Santa Rosa. — Oro 
se encontró en los rios que bajan de la Cordillera entre Alan-si y el ralle del 
rio Chimbo. Algunos afirman haberlo encontrado también en la poza que 
forma la cascada del rio de Ayita-clara, cerca del Puente de Chimbo; pero 



*) T. G. Saenz de Tejada, El distrito aurífero de Zaruma. En «La Nación» de 
Guayaquil, Enero 1891. 

**) «Viajes á los Andes ecuat.» Memoria sobre la composición del oro nativo de las 
diferentes minas de la Nueva Granada, pá#. 4.'J. 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 1H9 

yo encontró en las arenas de ella solo las partículas de pirita. — El rio de 
Pozuelos lleva oro en su arena cerca de la hacienda de la Clementina; y 
aquí descubrió el señor van Isschot el mercurio y amalgama asociado al oro, 
como en los lavaderos de Collay, con una circunstancia muy notable. El 
rio lleva oro y amalgama solo desde el punto, en que recibe las quebradas 
de los cerros diorí ticos de Samama, que se hallan á su lado meridional; 
hacia mas arriba se encuentra solo el mercurio en las arenas, sin oro. Esto 
comprueba evidentemente, que el mercurio deriva de la Cordillera alta y el 
oro del ramal b^jo de Samama. Véase también lo que he dicho de un ha- 
llazgo muy singular de mercurio en el mismo valle, cerca de la hacienda 
Pacana, en el capitulo que trata de la' formación cretácea, pág. 252. 

En este lugar debo mencionar también el mercurio que se encuentra en 
el terreno aluvial, en que está edificada la ciudad de Loja. Al abrir zanjas, 
ó pozos, ó cimientos para edificios, se recejen á veces gotitas de azogue en 
mayor ó menor cantidad, sin que se diese á conocer una regularidad en la 
distribución de este metal por las capas de acarreo; el hallazgo de mercurio 
es una mera casualidad. Es difícil conjeturar algo sobre el origen de este 
mercurio, que aquí sin duda alguna se halla en su yacimiento secundario. 
Ni el terreno de las esquistas, ni el terreno terciario circunvecino contienen 
actualmente indicios de metales de mercurio, y es probable, que el criadero 
primario está destruido desde mucho tiempo. 

Todos los lavaderos nombrados últimamente, son pobres y muy redu- 
cidos; á mayor extensión é importancia llegan en la provincia de Esmeraldas, 
y sobre ellos debemos extendernos algo mas largo, tomando por fundamento 
mi «Memoria sobre la geografía y geología de la provincia de Esmeraldas» 
(Guayaquil 1879). 

Lavaderos de la Provincia de Esmeraldas. — Es necesario ade- 
lantar algunas palabras sobre el terreno cuaternario ó diluvial de esta pro- 
vincia en general. 

En el periodo cuaternario ó diluvial ya existia toda la parte montañosa 
de la provincia como tierra firme, mientras que las llanuras quedaban to- 
davía cubiertas por el mar, hasta que poco á poco el fondo marino se alzó 
igualmente en aquellas partes, por los continuos aluviones de los ríos. Asi 
es que dichas llanuras están cubiertas de capas aluviales muy modernas, y 
el terreno diluvial se halla desarrollado tierra adentro, qn los valles y en las 
cuencas de las montañas terciarias, y sobre todo al pié de la gran Cor- 
dillera, donde los altos ramales ya se abaten notablemente y el curso de las 
aguas comienza á ser menos rápido. 

El carácter petrográfico del terreno diluvial es el mismo que en todas 



320 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 

partes : congloméralos, arenas y arcillas constituyen los bancos. Examinando 
bien los materiales constituyentes, se observa que no son mas que fragmentos 
mas ó menos gruesos de las mismas rocas, que componen la Cordillera occi- 
dental de los Andes, con excepción de las rocas volcánicas, que en vuestra 
época actual coronan dicha cordillera. Esta última circunstancia no deja de 
ser importante para la historia geológica del pais. Las especies principales 
que se observa en los conglomeratos son : dioritas porfiroideas muy hermosas, 
dioritas compactas, microcristalinas y afaniticas, diabasas, sienitas, anfibolitas, 
pórfidos cuarzosos, porfiritas en gran variedad, cuarcitas y pedazos de cuarzo 
crisialino, que se derivan de vetas. 

Algunos bancos se componen de materiales casi sueltos, en otros se 
hallan cementados los guijarros y las arenas, regularmente por un cemento 
ferruginoso (hidróxido de hierro), y en este caso forman rocas muy duras. 

La extensión superficial de la formación diluvial en la provincia de Es- 
meraldas es muy grande, ocupa una zona ancha, que se extiende á lo largo 
de la gran Cordillera andina, entre los pies de ella y las llanuras marítimas. 
Sinembargo, no forma una capa continua sobre la dicha zona: en las regiones 
de montañas altas está reducida á los valles del terreno terciario, y en las 
regiones bajas se halla en parte cubierta por aluviones mas modernos. En 
el último caso se descubre el terreno diluvial debajo del aluvial en los cortes 
y perfiles verticales á lo largo de los ríos. — La potencia de la formación 
diluvial varía mucho, pero vá disminuyéndose á medida que nos alejamos 
del pié de la Cordillera y nos acercamos á la costa; en la zona litoral de 
un ancho de 6 á 7 leguas apenas se encuentran vestigios de ella, y en los 
cortos ríos litorales parece faltar también; ellos cortan directamente la are- 
nisca terciaria, y los aluviones á lo largo de sus orillas parecen ser todos 
muy modernos. 

Se puede decir, que la formación diluvial ocupa los dos grandes sistemas 
fluviales de la provincia, el del rio Esmeraldas y el del rio Santiago, desde 
la distancia de t> ó 7 leguas de sus desembocaduras hasta el principio de 
las faldas de la Cordillera, hallándose mas desarrollada en el segundo sis- 
tema, que en el primero. 

Las capas diluviales se encuentran en muy distintas alturas sobre el 
nivel del mar y sobre el de los rios adyacentes. Así por ejemplo, en una 
£ran parte del rio Esmeraldas, en el Silanchi y Caoni, en el Quinindé, en 
el Bogotá superior, en el medio curso del Cachabi, se hallan casi al nivel 
de los rios; en las minas del rio Sapayito, en l'imbí, en el Santiago arriba 
de Playa de oro, en el Cachabi superior y otros puntos, se hallan de á 
2f> metros sobre los rios. En fin, la distribución y el yacimiento de las capas 
es tal, que no puede explicarse con los actuales cursos de los rios. Aunque 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 321 

en la época diluvial la parte montañosa de la provincia ya habrá tenido un 
aspecto parecido al actual en sus rasgos principales, debemos sinembargo 
suponer I o que muchos valles todavía no fueron tan profundos, y 2 o que 
los cursos de algunos rios principales siguieron otro rumbo en aquella época. 
Así, por ejemplo, es imposible que el rio de Santiago hubiese depositado las 
capas diluviales encima de Uimbi, que se hallan á la altura de 22 metros 
sobre su nivel y á la distancia de dos leguas, en un angosto valle lateral; 
el rio de Uimbí no pudo depositarlas tampoco, porque en todo su curso no 
toca terrenos dioríticos, que hubiesen podido subministrar el material. En 
las mismas condiciones encontramos el terreno diluvial en las minas de Sa- 
payito (tributario del Cayapas). En el rio de Cachabi y en el de Bogotá 
(superior) se hallan muy desarrolladas las capas diluviales, pero ni uno ni 
otro de los dos rios pudo depositarlas, por la misma razón que indiqué para 
el Uimbi, pues tampoco no nacen en las montañas diori ticas. Es preciso 
suponer que las aguas que bajan de la Cordillera, y que hoy dia se dirigen 
por el rio Mira hacia el N y NO, en la época diluvial se precipitaban direc- 
tamente hacia el Oeste, por las regiones que actualmente ocupan los sistemas 
fluviales del Cachabi y Bogotá. 

Un caso análogo y muy interesante se observa en la provincia de Ma- 
nabi, en el sistema superior del rio Daule. Las condiciones hidrográficas 
de esa región son actualmente tales, que ni una gota de agua, mucho menos 
piedras rodadas y arena podría llegar de la Cordillera occidental á las ca- 
beceras de los rios Palenque, Peripa, rio Grande, ni á las del rio Quinindé, 
porque en medio está el valle y rio de Toachi, que recibe todos esos ma- 
teriales y los lleva directamente al rio Esmaráldas. Y sinembargo las capas 
diluviales que se hallan á lo largo del curso superior de dichos rios y sus 
tributarios, se componen de los mismos materiales como en el sistema del 
rio Santiago, es decir, que derivan sin duda alguna de la Cordillera grande, 
y no pudieron ser depositados sino por aguas que descendieron de esta 
última. En los aluviones superiores de esta región y en las playas de sus 
rios se encuentran también muchas piedras volcánicas (andesitas y lavas 
andesiticas) , redondeadas por el trasporte en las aguas. Todo esto com- 
prueba, que los sistemas hidrográficos del litoral han sufrido cambios bastante 
notables en una época geológica muy moderna, probablemente durante la 
segunda mitad de la formación cuaternaria. 

Como todas las épocas geológicas, también la cuaternaria ha sido muy 
larga, y los terrenos de ella se distinguen comunmente con los nombres 
del cuaternario inferior y superior, ó, lo que es lo mismo, diluvial in- 
ferior y superior. En la provincia de Esmeraldas seria difícil hacer esta 
división, ya por la falta completa de fósiles característicos, ya por no en- 

Wolf, Ecuador. 21 




322 oEw,onÍA. — capítulo vi. 

contrarsu diferencia» esenciales en la estratificación. En general me parece, 
que esas capas, de que hablamos, pertenecen al terreno diluvial inferior ó 
mas antiguo. 

Esta opinión se apoya 1° en los cambios considerables, que desde su 
formación ha sufrido el sislemu hidrográfico de la provincia, y 2° en la 
circunstancia interesante, de que en este terreno diluvial faltan completa- 
mente fragmentos de rocas volcánicas. Si consideramos por una parte esta 
circunstancia, y por otra la inmensa cantidad de piedras volcánicas en los 
aluviones modernos, que arrastran todos los ríos, que tienen su origen arriba 
en la Cordillera volcánica, como el Guallabamba, el rio Blanco y sus tribu- 
tarios etc., debemos suponer que en los tiempos, en que se depositaron las 
capas diluviales, no existieron todavía volcanes, á lo menos sobre la Cor- 
dillera occidendal. — Es muy probable, que nuestros volcanes son relativa- 
mente modernos. No quisiera negar simplemente, que en la época terciaría 
ya nacieron algunos de ellos, aunque no conozco ningún argumento, que nos 
obligase a suponerlo; pero me parece seguro, que la actividad principal de 
los volcanes andinos coincidió con la época cuaternaria. Como esta época 
fué larguísima, bien puede ser, que la formación de los volcanes sucediera 
en la segunda mitad de ella, y que los terrenos diluviales de la provincia 
de Esmeraldas daten de la primera y mas antigua mitad, en que no existían 
todavía los volcanes de la Cordillera occidental, á lo menos no en su exten- 
sión actual, y en que tampoco la provincia de Quito todavía no se desaguaba 
por la gran abra de la Cordillera cerca de Perucho y Puéllaro. Pues, si 
entonces hubiesen existido los volcanes de Cotacachi, Mojanda, Pululagua, 
Pichincha, Atucazo, Corazón etc., seria del todo inexplicable, por qué los 
ríos diluviales, que atacaron tan enérgicamente todas los rocas antiguas 
(dioritas, pórfidos, porfirítas etc.) de la Cordillera, formando de sus frag- 
mentos esas capas de congloméralos, arenas y arcillas, y surcando los valles 
profundos, por qué, digo, no hubieran traído siquiera algunos pedazos de 
rocas volcánicas, como sucede ahora. Seguramente la Cordillera occidental 
se compuso en aquellos tiempos solamente de las rocas de la formación 
cretácea y de los pórfidos y rocas verdes intercaladas. Mi opinión, que co- 
loca el terreno diluvial de la provincia de Esmeraldas en el periodo cuaternario 
antiguo, encuentra un apoyo nuevo en la formación singular de tobas volcá- 
nicas en la hoya del rio Esmeráldus, que conoceremos en su lugar. 

Después de esta discusión científica del terreno diluvia], vamos á 
tratar de su importancia práctica, que consiste en sus lavaderos de oro 

atina. 

Auuqut- se puede decir, que el terreno diluvial de la provincia de Es- 
todn su extensión es aurífero, observamos sinembargo, que en 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 323 

el sistema del rio Esmeraldas es menos rico, que en el del rio Santiago, ya 

por estar menos desarrollado, ya por hallarse cubierto de aluviones modernos 

# 

muy espesos, y en partes destruido. A las orillas del Esmeraldas mismo, 
aunque de trecho en trecho se descubren los bancos diluviales, casi al nivel 
del agua, no encontré ninguna localidad, en que se pudiera comenzar un 
trabajo con alguna esperanza de buen éxito. Algo mas favorables son las 
condiciones en el rio Blanco superior (desde el rio Inga) y en algunos de 
sus tributarios, como en el Caoni y Silanchi, porque los bancos allá son mas 
accesibles y mejor desarrollados. Constan de los conglomeratos descritos 
arriba, que son muy ferruginosos y duros; sinembargo, los ensayos no dieron 
resultados satisfactorios. Algunos granillos de oro, que he sacado con harto 
trabajo, me sirvieron únicamente para comprobar la presencia de este metal, 
y no fueron suficientes para hacer siquiera un exacto análisis de él. Creo 
que no seria oportuno por ahora, seguir esos pequeños rastros de oro en 
localidades, que por ser muy retiradas é inhabitadas, dificultarían muchísimo 
las empresas, mientras que tantos otros puntos de la provincia ofrecen mas 
ventajas. Igual opinión tengo respecto al terreno diluvial en las orillas del 
Quinindé inferior y medio, que en todo es parecido al del rio Blanco, á lo 
menos en cuanto pertenece á la provincia de Esmeraldas. Podría ser, que 
mas arriba hacia sus cabeceras, que tiene en las montañas de los Colorados 
de Santo Domingo, fuese mas aurífero. Asi me consta por personas fide- 
dignas, que un negro viejo ha vendido algunas veces oro, que lavaba en el 
rio Negrito, que es un pequeño tributario del Quinindé y desemboca mas 
arriba del rio de Plátano, en la provincia de Manabí.*) 

La riqueza mineral de la provincia siempre ha de buscarse en la porción 
setentrional, ocupada por el sistema fluvial del rio Santiago. Allá el terreno 
diluvial se halla desarrollado con mas igualdad y potencia, es mas accesible 
á la explotación y mas rico en oro. Todos los cuatro ríos principales, que 
componen este sistema (Cayapas, Santiago, Cachabí, Bogotá) son auríferos, 
á lo menos en sus cursos superiores, desde los puntos en que se descubren 
las capas diluviales; pues estas en las planicies bajas ó faltan, ó están cu- 
biertas de espesos aluviones. 

Una particularidad notable de estos lavaderos es la, que al lado del oro 
contienen la platina con sus compañeros inseparables, es decir, con los me- 
tales de osmio, iridio, páladio y rodio. — Parece que todo el terreno aurífero 
del distrito participa de esta propiedad. A veces la cantidad de la platina 

*) También en las cabeceras del rio Daule, que no distan mucho de las del Quinindé, 
se encontró un poco de oro en los pequeños afluentes cerca de la boca del rio Pupusa. 
Confieso que no pude descubrir el oro durante ini viaje por esa región, por mas que la- 
vaba en el terreno diluvial, que por lo demás allá es muy reducido. 

21* 



324 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VL 

es tan insignificante, que no merece mucha atención en la práctica; sinem- 
bargo hay lugares, en que se halla en una proporción mas considerable, y 
en que puede formar, al lado del oro, un objeto principal de la explotación. 
El descubrimiento de la platina en los lavaderos de oro en la provincia de 
Esmeraldas no me sorprendió mucho, puesto que en las minas de la vecina 
Colombia, es decir en Barbacoas y Chocó, este metal es conocido tiempo 
hace, y forma un articulo de explotación y comercio; y siempre he con- 
siderado nuestro terreno aurífero como la directa continuación del distrito 
minero colombiano, á las orillas del Patia y de sus tributarios; opinión, 
que se confirma también por las análisis del oro y de la platina, que están 
conformes con las que se han practicado de los mismos metales de Bar- 
bacoas. (88) 

Muchísimos son los lugares de nuestro distrito, en que se puede layar 
oro, y es preciso limitarnos á la enumeración de los principales, que una 
larga experiencia, ó los ensayos recien hechos han demostrado como mas 
ricos y favorables. — Comencemos con él rio de Cayapas. Los bancos aurí- 
feros principales se hallan en los dos afluentes de la derecha, Sapayo grande 
y Sapayito, y en el cauce del rio principal no se descubren, sino desde la 
boca del rio Mafa (lado izquierdo) hasta mas arriba del pueblo de San Miguel 
de los Cayapas. En la desembocadura del rio Mafa los bancos tienen uno 
ó dos metros de potencia, se hallan casi al nivel del rio y se componen de 
los materiales ordinarios, es decir, de guijarros de las rocas dioriticas y 
porfiriticas, cementados por una arcilla ferruginosa. Los ensayos me dieron 
un resultado satisfactorio, y creo que en este lugar un trabajo bien estable- 
cido rendiría buenos intereses. — Iguales son los bancos mas arriba en el 
rio principal á ambas orillas, ya mas ya menos gruesos y todos intactos. 
En ningún lugar encontré las señales de antiguas excavaciones en este 
rio, lo que me hizo creer, que los indios Cayapas nunca han explotado 
estas minas, y si es verdad lo que dice Velasco, que antiguamente se ha 
sacado algún oro del rio San Miguel (que es el mismo Cayapas), probable- 
mente era el oro que se halla en la arena aluvial de su lecho, derivándose 
de los bancos diluviales, que el rio destruye poco á poco mediante la erosión. 
Cierto es, que los indios hoy dia no lavan oro, ni permiten á otros lavarlo, 
y por esto debía hacer mis ensayos escondido de ellos; eran imperfectos, no 
hay duda, pero suficientes para convencerme de que el rio Cayapas no es 
menos rico en oro, que el Santiago ó el Cachabú llevando sobre estos la ven- 
taja de que sus terrenos todavía están intactos. 

En el rio Sapayito superior las condiciones exteriores son mas favo- 
rables, que en el Cayapas mismo, porque parece que los indios consideran 
aquella región ya como fuera de su territorio, a lo menos no estorban á al- 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 325 

gunas familias negras, que allá se ocupan en los lavaderos. Los bancos 
principales en dicho rio se hallan unas tres leguas arriba de su desemboca- 
dura, no muy distantes del lugar, en que se forma de tres riachuelos, y en 
que parte el camino de á pié que conduce á Playa de Oro. En ambas orillas 
se presentan las potentes capas diluviales, á la altura do algunos metros 
sobre el nivel del rio; son conglomeratos con mucha arcilla ferruginosa. El 
oro que se saca de allí, es generalmente de grano medio ó fino, pero tam- 
bién he visto pedazos de media pulgada de diámetro ; es de buena ley, como 
todo el oro de este distrito y como lo veremos mas abajo. Los lavaderos 
de Sapayito son los mas ricos en platina, de todos los que he conocido y 
examinado. La platina se encuentra en granitos, laminitas y hojitas, como 
el oro, pero regularmente menos gruesas; su color es gris de acero. Como 
no me era posible hacer los ensayos en escala tan grande, que yo mismo 
hubiese lavado suficiente metal, para determinar con exactitud la proporción 
en que se halla el oro y la platina, compré de los negros algún oro lavado, 
para hacer un cálculo aproximado; y de 315 centigramos he separado 55 centi- 
gramos de platina en granos finos; quiere decir que el oro de Sapayito, como 
se vende, contiene en cien partes 

Oro (con plata). . 82,54 
Platina 17,46, 

y esto hay que tomar en consideración en los negocios, porque el valor de 
la platina es solamente un tercio del del oro, ó cinco veces el de la plata. 
Estoy seguro, de que en las minas hay mucho mas platina de la que se 
expresa en aquella proporción, porque los negros que lavan oro, la separan 
y la botan como inútil, no conociendo su valor. Si no obstante encontra- 
mos todavía 17 por ciento en el oro lavado, esta puede llamarse una mera 
casualidad, ó un descuido de los negros, porque teniendo la platina casi el 
mismo peso especifico que el oro, es difícil separar ambos metales mecánica- 
mente por el rudo método de lavar, que siguen en aquellas regiones, y asi 
queda bastante platina entre el polvo fino del oro. De esta manera se ex- 
plica también, porque no se hallan granos gruesos de platina en este oro 
del comercio, pues los lavadores separan y botan estos granos. Resulta 
igualmente, que el contenido de platina varia mucho, según se compra el 
oro de un trabajador que lava bien, ó de otro que lava mal. Asi, por ejemplo, 
el oro que conseguí en Playa de Oro, ya contenia menos platina, aunque el 
terreno es el mismo que en Sapayito, y en el de Uimbi encontré solamente 
pocos granos menudos. En el último lugar me aseguraron, que hay bas- 
tante de ese «oro prieto», pero que lo botan. Creo que la platina lavándola 
toda con el oro, no bajará de 25 por ciento en estas localidades, y de 



326 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 

todos modos conviene no desatenderla en una empresa futura, sino bene- 
ficiarla, como lo merece el metal, que ocupa el segundo lugar entre los 
preciosos. 

Análogos y aun mejores, según dicen, son los lavaderos en el rio de 
Sapayo grande, que no he visitado personalmente, porque se hallan en el 
territorio de los indios Cayapas, que no permiten explorarlos. 

En el rio Santiago el terreno diluvial es sumamente desarrollado, y los 
bancos mas potentes se hallan á ambas orillas desde el sitio de Angostura, 
hasta mas arriba de la boca del río Angostura superior. Generalmente se 
encuentran en mayores alturas sobre el nivel del río, que en el Cayapas, 
hasta en la de 30 y 40 metros. Como en varios puntos son trabajados, se 
puede estudiar bien sus perfiles verticales, se observa, que los gruesos bancos 
auríferos de conglomerato (3 á 15 metros) descansan directamente sobre la 
arenisca marina y están cubiertos de una espesa capa de arcilla arenosa, 
sobre la cual en algunos lugares sigue otro banco de conglomerato mas 
moderno y sin oro, y finalmente una capa de tierra vegetal. Los elementos 
de los conglomeratos auríferos son con preferencia las piedras redondeadas 
de rocas verdes, de sienita y pocas de cuarzo blanco, cementadas todas por 
la arcilla ferruginosa. Los bancos delgados se componen de una mezcla 
bastante igual en todas sus partes, pero en los de 8 á 15 metros de potencia 
se observan varías capas, en que los guijarros tienen diferente tamaño, y 
solamente las capas inferiores son ricas en oro, mientras que las superiores 
no costean el trabajo de lavar, á lo menos según los métodos usados hasta 
ahora. La arcilla roja que cubre los bancos auríferos, es estéril, pero en 
varios puntos encierra muchos troncos de árboles trasformados en lignita. 
— El oro de las cercanías del pueblo de Playa de Oro, tiene exactamente 
el mismo aspecto, como el de las minas de Sapayito (que no distan mas 
que dos leguas), solo que contiene menos platina, probablemente por las 
razones indicadas arriba. La platina de una prueba, que compré, no pasó 
de 11 por ciento. 

En el rio Uimbt, tributario del Santiago, las condiciones exteriores de 
los bancos auríferos son tan iguales á las que acabo de describir, que no es 
necesario repetirlas. Pero en el oro noté alguna diferencia, encerrando las 
pepitas y hojitas mayores muchas impurezas mecánicas, es decir arenilla 
(hierro magnético) y granos de cuarzo. Por lo demás el oro tiene la misma 
composición química. Las minas principales se hallan en la cercanía del 
pueblo. 

El rio Cachabi no es menos rico en terreno aurífero, que el Santiago. 
En el rio inferior y medio, hasta San José, los bancos diluviales se hallan 
casi al nivel del agua ó á muy poca elevación, y se componen de conglo- 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 327 

meratos ferruginosos sumamente duros, por cuanto los negros no los trabajan, 
y se contentan con lavar el oro en la arena aluvial del rio, que la erosión 
del agua saca de aquellos bancos. Mas arriba, cerca del pueblo de Cachabi, 
los bancos auríferos se hallan en mayores alturas y á veces bastante retirados 
de las orillas del rio, y presentan en todo las mismas condiciones, que los 
de Playa de Oro. 

El rio Bogotá posee bancos diluviales auríferos solamente en su curso 
superior, hacia sus cabeceras. Los que he visto, no son muy potentes ni 
muy ricos en oro; pero en Carondelet me han asegurado, que muy arriba 
en un sitio que llaman Mentóte, las minas son buenas, y que un peón saca 
4 á 6 pesos diarios. Sospecho que esa noticia es bastante exagerada, si nó, 
los lavaderos del Bogotá serian los mejores de todo el distrito, porque en 
ningún otro rio los negros sacan esta ganancia, lavando con su método 
acostumbrado, fuera de los casos excepcionales, cuando encuentran pepas 
muy gruesas. — Mas abajo de Carondelet desaparece el terreno diluvial, y 
el rio lleva solamente un poco de oro en la arena aluvial, que no costea los 
trabajos de lavar. 

Resta por conocer la ley ó composición química del oro de la provincia de 
Esmeraldas. Lo he analizado de seis localidades, y los resultados se hallan 
expresados en el cuadro siguiente, que no necesita de explicación ulterior. 
Solo advierto que la «platina y metales asociados» fueron separados mecáni- 
camente del material destinado para el análisis, excojiendo con cuidado todas 
las partículas visibles de ellos. Respecto á la gran desigualdad de las cifras 
que indican la platina en los diferentes lugares, remito á la explicación dada 
mas arriba. En el tercer renglón indican los números los residuos, que 
quedaron después de la disolución del oro en agua regia, y las pequeñas 
«pérdidas». Los primeros constan en su mayor parte de arena ouarzosa, y 
á las segundas pertenece principalmente una pequeña cantidad de cobre, 
que no falta en ningún oro; pero era tan insignificante, que bien pude desa- 
tenderla en la calculación del oro argentífero. También advierto que casi 
siempre, después de precipitar el oro metálico de su clorido (medíante el 
ácido oxálico), se descubre en el liquido filtrado un rastro de platina. Podría 
ser, que el oro, aunque siempre lo he excojido con mucho cuidado, todavía 
hubiese retenido algunas partículas de platina mecánicamente mezcladas; 
pero igualmente podría ser, que el oro contenga un poco de platina química- 
mente ligada, y esto me parece mas verosímil. Sinembargo, esta es una 
cuestión puramente teórica, que podemos desatender en la práctica. El oro 
de Esmeraldas es de buena ley, teniendo 21 quilates. 



328 



GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VI. 



Localidad : 



Rio 

Cayapas 

(Mafa) 



Rio 
Sapayito 



Playa de 

Oro 

(R. San- 

tiago) 



Rio 
Uimbi 



Rio 
Cachabí 



Rio 
Bogotá 



Oro argentífero I 98,26 

Platina y metales asociados — 

Arena y otras impurezas . 1,74 



El oro argentífero contiene: 

Oro puro . . . 
Plata aleada. . 

(¿uñates : 



87,39 
12,61 

21 



81,17 

17,46 

1,37 


87,05 

10,91 

2,04 


92,99 
3,15 
3,86 


96,68 
1,19 
2,13 


85,71 
14,29 


86,98 
13,02 


86,88 
13,12 


85,68 
14,32 


20% 


21 


21 


20% 



97,84 
2,16 



86,73 
13,27 

21 



£1 análisis completo de la platina y de los metales, que suelen acom- 
pañarla en mezcla mecánica y combinación química (paladio, iridosmio, 
osmio, iridio, rodio), es una operación difícil y bastante circunstanciada. No 
pude hacerla hasta en sus últimos detalles en mi pequeño laboratorio de 
Guayaquil; pero las determinaciones principales, que hice, serán suficientes 
para los fines particulares de esta obra. — La prueba analizada fué de los 
lavaderos de Sapayito, y constó de granos finos, de los que algunos fueron 
atraídos por el imán y otros nó. La arena y arenilla (hierro magnético) 
fueron separadas con escrupulosidad, antes de pesar la prueba, y por esto 
resultó su cantidad en el análisis tan pequeña, siendo naturalmente mucho 
mayor en el material bruto, que se vende por los lavadores. — La cantidad 
unida del paladio, iridio y rodio fué calculada indirectamente de la pérdida, 
todas las demás sustancias son determinadas directemente por su peso. 



Porción soluble en agua 
regia concentrada. 



Residuo insoluble. 



Platina 84,95 

Paladio ] 

Rodio i 4,64 

Iridio J 

Hierro 6,94 

Oro 1,12 

Cobre ) 

Plata | 

Osmiridio 1,54 

Arena 0,81 



rastros 



100.00 



Aunque no dudo, que los lavaderos de la provincia de Esmeraldas sean 
explotables con ventaja en varios puntos, no podría indicar estos con seguridad, 
porque al establecimiento de una explotación en gran escala, deben preceder 
trabajos de exploración muy detallados y costosos, que yo no podia ni debia 
ejecutar en mis viajes científicos. Naturalmente no se pensará en seguir el 



LAS FORMACIONES CUATERNARIAS. 329 

sistema antiguo de lavar el oro en bateas, como lo practican hasta hoy dia 
los negros de aquellas comarcas, sino en la explotación mediante máquinas. 
Habrá que estudiar en cada punto particular, no solamente la riqueza de 
las capas auríferas, sino también la clase de maquinaria, que se debe aplicar, 
en atención de la cantidad de agua disponible etc. etc. Una sociedad for- 
mada en Guayaquil llamó en 1891 algunos ingenieros nortamericanos , para 
que practiquen estas diligencias en algunos de los rios auríferos de Esmeraldas, 
especialmente en el Cachabi. Ignoro los resultados de esta expedición. 

Para concluir el articulo ya muy largo sobre los lavaderos de Esmeraldas, 
añadiré la advertencia, que las piedras preciosas, llamadas esmeraldas, que 
según la tradición han dado el nombre á la provincia, no se hallan en el terretio 
de aearreo, ni en otra formación de estas regiones. Sospecho que esa o tra- 
dición» tiene su origen en una equivocación muy antigua. (34 > 



Capítulo VII. 
El terreno volcánico. 

Los volcanes del Ecuador le han dado su fama universal entre los geó- 
logos del mundo. Ellos eran el terror de los indios, la admiración de los 
conquistadores, el estudio de los naturalistas y la plaga de los habitantes 
de sus alrededores. Si escribiera esta geología solo para los geólogos de 
profesión, el capitulo sobre el terreno volcánico debería ser el mas largo, 
porque no hay duda, que esta materia pertenece á las, que excitan la curio- 
sidad humana en el grado mas alto y ofrecen al estudio un aliciente parti- 
cular; ademas el Ecuador es el pais clásico para la volcanologia, el que se 
presta mas que ningún otro á la solución de varias cuestiones teóricas y 
disputadas entre los sabios. A. de Humboldt era el primero, que compren- 
dió esta importancia, y no sin razón eligieron dos de los volcanólogos mas 
eminentes de nuestros tiempos, los doctores Reiss y Stübel, los volcanes del 
Ecuador por objeto de sus estudios durante cuatro años (1870 - 1874). — 
Del otro lado debemos confesar, que este mismo terreno en el campo de la 
práctica, ó geología aplicada, especialmente para el minero, es el menos 
interesante, porque no solamente no contiene metales explotables, sino que 
nos cubre una gran parte de los terrenos antiguos, que pueden contener vetas 
metálicas y las contienen en efecto, como lo prueban las provincias inter- 
andinas, libres de la cubierta de productos volcánicos. 

Extensión del terreno volcánico. 

El terreno volcánico se extiende en el Ecuador desde la frontera de 
Colombia cerca del grado I o de Lat. N, hasta los confines de la provincia 
de Loja con la del Azuay entre Oña y Zaraguro, bajo 3 o 35' Lat. S, quiere 
decir, sobre mas de 4 grados y medio de latitud, que son 90 leguas. Hacia 
el Norte continúa el mismo terreno por la República de Colombia, con los 
volcanes de Cúmbal, de Túqueres y de Pasto. Desde la frontera hasta el 



EL TEBBENO VOLCÁNICO. 331 

Azuay forma una cubierta continua en el callejón interandino, por las pro- 
vincias de Carchi, Imbabura, Pichincha, León, Tunguragua, Chimborazo y 
Cañar. Su limite hacia el Oeste es la Cordillera occidental, en cuyas faldas 
exteriores desaparece pronto y en alturas considerables; desde el Chimborazo 
al Sur no traspasa la cresta de la Cordillera, y hay puntos en que ni al- 
canza á ella. En los dos valles principales que cortan la Cordillera occi- 
dental, en el del Mira y en el del rio Guallabamba, se prolonga el terreno 
volcánico algo mas al poniente, pero solo en forma de tobas y conglomera- 
tos, ó como terreno de acarreo. A esta clase pertenecen también las tobas 
y brecchas singulares, que encontramos en el valle del rio Esmeraldas, hasta 
muy cerca al mar. Los materiales que las componen, derivan del pais inter- 
andino y se hallan en un yacimiento secundario. — Hacia el levante el ter- 
reno volcánico ocupa la Cordillera oriental desde el Cayambe hasta el San- 
gay, cubriendo todas sus laderas interiores ú occidentales y su cresta central, 
hasta el valle del rio Pastaza. En la provincia del Chimborazo, desde el 
Tunguragua, la cubierta ya no es tan continua y se limita á los arededores 
de los centros de las erupciones principales, es decir, á los del Tunguragua, 
del Altar y del Sangay. En todas partes de este trecho se observa en los 
valles y quebradas debajo de las tobas volcánicas la antigua formación de 
las esquistas cristalinas, y ella misma forma también la superficie á alguna 
distancia de dichos volcanes, llegando hasta el valle del rio Chambo. — 
DelSangay al Sur toda la Cordillera oriental queda libre de los efectos del 
volcanismo, y este se restringió al algunos puntos del pais interandino. 

El Azuay es el principal de estos puntos; su centro y sus faldas occi- 
dentales presentan materiales volcánicos y ellos están en coneccion, á lo 
menos superficial, con los de la hoya de Alausí. Hacia el Sur se extienden 
hasta mas allá de Cañar. — En la hoya de Cuenca ocupa el terreno vol- 
cánico superficial una extensión bastante grande, aunque faltan los volcanes 
activos, asi como en el grupo del Azuay; se encuentran solamente andesitas 
antiguas, pero ningunas lavas modernas. Esta observación vale también 
respecto al último grupo, que encontramos en la hoya superior del río Ju- 
bones, á lo largo del rio León, entre Nabon y Oña. Este pequeño grupo 
con rocas muy singulares, está completamente separado del de Cuenca por 
el ancho nudo de Tinajillas. En la provincia de Loja no encontré ningún 
vestigio del volcanismo; este renace solo á muchos grados de Latitud mas 
al Sur, en el alto Perú. 

Fuera de la región andina del Ecuador parece existir un pequeño ter- 
reno volcánico, ó talvez un solo volcan aislado, en la ¡provincia del Oriente, 
en la hoya superior del rio Ñapo; pero ningún geólogo lo ha estudiado 
todavía, y solo puedo referir lo que tse dice». Hasta la posición de este 



332 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VII. 

volcan no es muy segura; unos lo llaman Guacamayo, otros Sumaco. Según 
algunas cartas geográficas con estos nombres se distinguen dos cerros, según 
otras serian sinónimos del mismo cerro. En la carta de Humboldt el «Gua- 
camayo» es un cerro aislado, por cuyas faldas pasa el camino de Baeza á 
Archidona, entre el rio Cosanga y las cabeceras del rio Hollín, que nace 
en esta montaña. En el mapa de Villavicencio se halla en este lugar una 
t Cordillera de Guacamayo» y el volcan de Sumaco se encuentra á grandísima 
distancia hacia NE al lado del pueblo de San José y cerca de las cabeceras 
del rio Suno. Sinembargo, en su Geografía (pág. 402) habla del último como 
de una parte de la primera: «San José es la población mas avanzada al 
interior; está situada alas faldas del Sumaco en una gran altura, de lo que 
viene ser en extremo fría su temperatura, lo que se nota mas, cuando se 
sube de los hondos valles de Avila y Loreto á la Cordillera de Guacamayos 
á cuyas faldas existe.» Villavicencio dá al Sumaco la altura de 3660 varas 
( = 3060 metros), pero sin indicar la fuente de que la tomó, y como las de- 
mas alturas dadas por este autor casi siempre son muy erróneas, no pode- 
mos confiar en la indicada. — P. F. Cevallos, en su «Resumen de la Historia 
del Ecuador» VI, pág. 363, dice: «La cordillera desprendida del costado 
oriental del An tisana, conocida con el nombre de Guacamayos, vá de O á 
E, separando primero los grandes rios que componen el Coca de los tribu- 
tarios del Ñapo en sus alturas. Después, dividiéndose hacia los orígenes 
de los rios Misigalli y Hollin, tira el un ramal de N á S hasta abatirse 
entre Archidona y Tena, y el otro de SO á NE, pasados los desfiladeros del 
Rui-urcu, á formar el móntemelo Sumaco, volcan en cuya cumbre se distingue 
una gran abertura. Vésele á veces con cierta neblina que mas bien parece 
humo, por lo transparente de ella; se le oye bramar con alguna frecuencia 
y se le atribuyen los cortos temblores de tierra que sienten los pueblos in- 
mediatos.» El señor Cevallos se olvidó decirnos, quien ha visto en la cumbre 
la «gran abertura» ó el cráter y el humo. — Es singular, que á ninguno 
de los viajeros científicos, que han pasado por las faldas del Sumaco ó del 
Guacamayo, se ocurrió la idea de recojer algunas muestras de las rocas, 
que componen el cerro, con cuyo estudio se habría resuelto el problema, si 
es terreno volcánico ó no. El señor Orton, uno de los mejores naturalistas 
que visitaron la región del Ñapo, se limita en su descripción del paso por 
el Guacamayo, á decirnos en una anotación: «Humboldt habla de él como 
de un volcan activo, , cuyas detonaciones se oye casi diariamente*. Nosotros 
no oimos nada. Es posible que se refiere al Guamani.»*) Lo último no me 
parece probable, porque Humboldt creyó en la existencia del volcan de 

*) Orion, The Andes and thc Araazon, pág. 1ÍK). 



EL TERRENO VOLCÁNICO. 333 

Guacamayo en la región del Ñapo, y lo designa especialmente en su mapa. 
Por lo demás hablan de este mismo volcan ya los historiadores primitivos 
del pais, pocos años después de la conquista. Así Garcilaso de la Vega y 
Agustin de Zarate, describiendo la expedición de Gonzalo Pizarro al pais de 
Canelos en 1541, y después de referir el terremoto, que los aventureros ex- 
perimentaron en la provincia de Quijos, dicen, que llegaron después á un 
pueblo llamado Zumaco, el cual se hallaba á las faldas de un alto volcan. 
A Velasco, que ignoraba tal volcan, la relación pareció sospechosa y por 
esto escribió en lugar de «alto volcan», solamente a al tí simo monte». Pero 
los españoles ya habían visto entonces bastantes volcanes, para poder 
distinguirlos de otras montañas comunes. Probablemente este «alto volcan» 
es el mismo que se llama hoy dia Guacamayo (y también Sumaco), y que 
se distingue, si el dia es claro, desde los páramos próximos al An tisana. 
Puede ser, que del mismo provino la lluvia de ceniza, que el 7 de Diciembre 
de 1843 asustó á toda la provincia de Quito, y que se atribuyó equivocada- 
mente al Sara-urcu (que no es volcan), porque vino del oriente por encima 
de este cerro. 

He reunido aquí todo lo que sabemos de este volcan problemático de 
la provincia del Oriente, para no volver á él en este capítulo, porque, como 
ya he dicho, ignoramos completamente su composición geológica. 

Finalmente debo mencionar una acumulación de materiales volcánicos 
muy singular, que en 1881 descubrí en un punto, en que menos lo hubiese 
esperado, en la isla de Puna. El punto es muy reducido y se encuentra en 
la costa oriental de la isla, una milla al Oeste» de la hacienda de Punta 
Española, pocas cuadras distante de «la casa del cerro», donde se acaba la 
playa de la ensenada y principia la orilla á ser escarpada. En este sitio se 
hallan peñascos de una lava andesitica, igual á las lavas de los volcanes 
andinos. La roca consta de grandes pedazos de lava compacta y en parte 
porosa, cementados á manera de un conglomerato, ó mejor dicho de una 
breccha, por un material volcánico mas suelto. Es imposible suponer, que 
los grandes pedazos de lava, con esquinas y cantos no redondeados, hubie- 
sen sido arrastrados por las aguas y venido de grandes distancias. De la 
sierra llegan los materiales de acarreo hasta la isla de Puna solo en forma 
de arena muy fina y de lama, y en todo el litoral no existe ninguna región 
volcánica, de que podrían derivarse esas lavas de Puna. Todo el modo de 
presentarse ellas nos obliga á admitir, que en el lugar mismo ha sucedido 
una erupción volcánica, probablemente submarina en la época cuaternaria. 
A fines de esta época salieron las rocas volcánicas del mar al mismo tiempo 
que se levantó la isla de Puna y toda la costa cuaternaria del Morro y de 
Santa Elena. En su nivel actual aquellas rocas quedan inferiores al terreno 



334 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VH. 

cuaternario adyacente, y sobresalen solamente por unos 20 metros el nivel 
del golfo.*) 

Composición petrográfica del terreno volcánico. 

En cuanto al aspecto físico debemos distinguir dos grupos principales 
de terrenos volcánicos: I o los primitivos, compactos, que se han formado en el 
lugar mismo, en que se hallan actualmente, de un magma semilíquido ó 
pastoso, que salió del interior de la tierra en gran cantidad y se consolidó 
al mismo tiempo á que se enfrió. A este grupo pertenecen las rocas maci- 
zas de andesita, que componen el esqueleto de la mayor parte de nuestros 
volcanes, y todas las lavas que forman masas continuas (corrientes de lava). 
— 2 o los fragmentarios ó clásticos, que se componen de pedazos grandes y 
pequeños del mismo material volcánico, que los anteriores, pero que en su 
posición actual, formando capas y bancos gruesos, se hallan en yacimiento 
secundario y á veces terciario, habiendo sufrido una translación del lugar 
de su nacimiento, y después de su fracturacion. Una parte de este material 
clástico se origina de las andesitas y lavas compactas, por la descomposición 
y destrucción parcial de ellas, y por la subsiguiente acción del agua, que 
lo arrastra y lo deposita del mismo modo, como el terreno de acarreo oriundo 
de otras formaciones. Pero la mayor parte se deriva directamente de los 
volcanes, que lo lanzan durante sus erupciones del cráter al aire, y lo depo- 
sitan de este modo en sus alrededores y á veces en distancias considerables. 
f 

A esta clase pertenecen los fragmentos de lava y andesita, proyectados por 
el volcan en forma de bombas, los pedazos de piedra-pómez, que no es mas 
que una lava esponjosa, la arena y la ceniza volcánica, nacida por la tritu- 
ración y la pulverización de materiales líquidos y sólidos contenidos en el 
cráter y en el canal de erupción. Las cantidades del material clástico ó 
fragmentario, que arrojan los volcanes, son á veces fabulosas, y constituyen 
en el Ecuador alto la masa principal del terreno volcánico, cubriendo en 
forma de brecchas, de tobas gruesas y finas, de arena pumicea etc. las rocas 

antiguas y también las andesitas y lavas primitivas con estratos, que miden 

f 

centenares de metros de espesor. — A la segunda clase de las rocas vol- 
cánicas fragmentarias pertenece también la cangagua, aquella toba fina de 
color blanco ó amarillento, que cubre con un manto mas ó menos grueso 
las faldas de las montañas bajas y los llanos de las hoyas, siguiendo las 
undulaciones del terreno. No se presenta como un sedimento ordinario de 
agua, ni podemos derivarla directamente de cenizas volcánicas, llovidas del 



*) Todo el Archipiélago de los Galápagos se compone de terrenos volcánicos, pero 
de él trataremos después aparte. 



EL TERRENO VOLCÁNICO. 335 

aire, porque á esta última suposición se opondría su uniformidad en espesor 
y material, y su gran extensión por todo el pais volcánico, casi siempre en 
la superficie. La cangagua parece ser el producto de la sucesiva descom- 
posición de las andesitas, lavas y tobas, cuyas partículas sumamente finas, 
llevadas por las aguas de las lluvias y especialmente por los vientos, se de- 
positan en las desigualdades de la superficie terrestre, retenidas también por 
la vegetación gramínea y herbácea.*) Asi como en las laderas inferiores 
de las montañas, en otras regiones, que subministran por la descomposición 
sustancias arcillosas, se forman las capas de la arcilla que se llama «Loss», 
del mismo modo nace por una acción subaérea, de los materiales andesiticos 
la cangagua. Podemos añadir otra analogía entre las dos formaciones: asi 
como en Europa el «Loss o aloja los huesos de los grandes mamíferos 
antediluvianos (Mamut, Rinoceronte etc.), también la cangagua del Ecuador 
alto es la formación, en que se encuentra la mayor parte de los huesos 
de mamíferos extinguidos de la época cuaternaria (Mastodonte, Protau- 
chenia etc.). 

En el estado seco la cangagua se deja reducir en un polvo fino como 
harina, pero mojada se vuleve muy tenaz y el agua penetra con dificultad; 
la superficie se pone resbalosa como jabón, y los caminos, que pasan por 
cangagua en terreno inclinado, son los mas peligrosos en tiempo de lluvias. 
— Aunque la cangagua por lo regular es superficial, no faltan sinembargo 
capas mas antiguas entre y debajo de las otras tobas, indicando probable- 
mente unas largas épocas de tranquilidad en los lugares respectivos. 

Según la composición mineralógica y química todos los materiales vol- 
cánicos del Ecuador alto pertenecen al grupo de las rocas andesiticos, que 
traen su nombre precisamente de los Andes, y se caracterizan por la pre- 
sencia de la andesina, una especie de feldespato. En los tiempos de Hum- 
boldt y de Boussingault se llamaban todavía «traquita», hasta que Abich 
demostró, que el feldespato (plagioclasa) de las rocas volcánicas de Sud- 
américa es otro que el de las traquitas ordinarias, denominándolo «andesina». 
Mas tarde se llamó «andesita» todas las traquitas, en que predomina la an- 
desina ó una plagioclasa parecida, en lugar de la sanidina, que es el distin- 
tivo para las traquitas verdaderas. — Anteriormente se hablaba también de 
«basalto» y «lavas basálticas» en e) Ecuador, apoyándose en el color oscuro 
y casi negro de ciertas rocas. Aunque es cierto, que las traquitas y 
andesitas se distinguen comunmente por colores mas claros, no faltan 



*) La capa de cangagua parece formarse con lentitud, y por esto se halla con pre- 
ferencia en el terreno volcánico antiguo; no he visto que cubra las tobas volcánicas muy 
modernas al rededor de los volcanes activos, p. ej. del Cotopaxi. 



33G GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VII. 

excepciones, y para las lavas negras del Ecuador está comprobado que 
pertenecen á la familia de la andesita.*) 

Los minerales esenciales, que entran en la composición mineralógica de 
la andesita y de sus lavas son: andesina ú otra plagioclasa análoga, anftbola, 
augita, hiperstena, magnetita, mica negra (biotita) y cuarzo. No todos entran en 
todas las variedades, al contrario, estas distinguimos según la presencia ó el 
predominio de uno ú otro. Así se habla de andesitas anfibólicas, augíticas, mi- 
cáceas, cuarzosas. £1 primer mineral, la plagioclasa ó andesina, no falta 
jamas, lo mismo que la magnetita, aunque á veces en partículas micro- 
scópicas; la augita, anfíbola y mica ó se encuentran á la vez, ó se reem- 
plazan mutuamente; ademas entra en ciertas variedades la hiperstena en 
lugar de la augita (andesita hipersténica). La última clase, que llamamos 
andesita y lava cuarzosa ú cuarcí/era, es la mas interesante para el petró- 
grafo, aunque no es tan común, como las demás. — Entre los minerales 
accesorios de las andesitas se halla con alguna frecuencia la olivina y á 
veces la sanidina; en las oquedades y hendiduras de las rocas se han for- 
mado también otros mas raros, sea por la segregación primitiva, como la 
tridimita, sea por la descomposición posterior, como ópalo, espato calizo, 
yeso, pirita etc. etc. (85) 

La distinción entre andesitas y lavas andesiticas es algo artificial, y no 
se funda tanto en diferencias mineralógicas ó quimicas, cuanto en el aspecto 
exterior. Ambas son eruptivas, ambas de naturaleza volcánica; pero con el 
primer nombre se acostumbra designar aquellas rocas, que se presentan en 
masas muy grandes (á veces montañas enteras), con una estructura igual, 
comunmente porfiroídea, en que los minerales constituyentes llegan á un 
tamaño regular, y que se considera como nacidas en la época cuaternaria 
ó terciaria bajo condiciones algo diferentes de las observadas en los volcanes 
modernos. Lavas andesiticas se llaman aquellas variedades, que ocupan 
terrenos mas circunscritos, en forma de corrientes mas ó menos largas, ó 
de cubiertas de poco espesor, en directa conexión con volcanes activos ó 
extinguidos; su estructura suele ser mas porosa, microcistalina y á veces 
homogénea (cuando á la vista libre no se distingue ninguno de los mine- 
rales constituyentes, como en la obsidiana); para ellas la estructura esco- 
riácea es muy característica, sobre todo en las partes superiores de las cor- 
rientes. Las lavas andesiticas son productos volcánicos de la época geológica 
moderna, y las vemos salir de los cráteres en el estado liquido ó pastoso, 
para consolidarse luego en las faldas ó al pié de los volcanes. 



*) Las islas de Galápagos, al contrario, so componen exclusivamente de laras basál- 
ticas, como veremos en su lugar. 



EL TERBENO VOLCÁNICO. 337 

Nada se puede objetar contra el uso distintivo de los dos conceptos 
explicados en general, solo debemos advertir, que ninguno de los caracteres 
indicados es exclusivo para una clase de rocas, ni la estructura, ni el yaci- 
miento, ni la edad, y en cuanto a su composición mineralógica y química, 
ya queda dicho que son idénticas. En las pequeñas muestras, que se guar- 
dan en las colecciones geológicas, depende muchas veces únicamente de la 
opinión sujetiva del colector, que conoce su yacimiento y proveniencia, si 
quiere llamarlas «andesita» ó «lava andesítica». 

Hay lavas muy modernas, que son tan macrocrístaltnas y claras, como 
las andesitas antiguas, y al revés se hallan entre las últimas unas varie- 
dades tan oscuras y microcrístalinas , como las lavas mas recientes. Tam- 
bién se encuentran verdaderas escorias entre los productos volcánicos mas 
antiguos del pais. 

Estructura de los volcanes. 
En el Ecuador la distinción entre andesitas y lavas es talvez mas difícil, 
que en otros países, porque andesitas típicas se hallan formando el esqueleto 
de verdaderos volcanes estratificados ó compuestos, que mas tarde dieron á 




Flg. 17. Corle Ideal ■) pot 



luz lavas escoriáceas no menos típicas, y en este caso aquellas no son mas 
que las lavas antiguas del mismo volcan. Las genuinas traquítas y ande- 
sitas constituyen en otras partes del mundo montañas homogéneas, que for- 
man un solo macizo uniforme, y que nunca han tenido un cráter en su 
cúspide; sus cúpulas se presentan como el efecto de una sola efusión gran- 
diosa, con la cual se cerró para siempre la comunicación con el interior de 
la tierra. Tales montañas de material volcánico se ha convenido en llamar 
volcanes homogéneos, en oposición á los estratificados ó compuestos, que son 
el resultado de muchas erupciones sucesivas, acumulándose alternativamente 
bancos de lava (ó andesita), arena volcánica, ceniza etc., y que manifiestan 
un cráter en su cúspide, aunque á veces en un estado ruinoso. 

Si examinamos una cúpula de basalto, traquita, ó andesita (un volcan 
homogéneo), encontraremos en todas las partes accesibles á la observación 

Wolt, Eso*dor. 22 



338 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VII. 

la misma roca, sin notables variaciones locales, en dos ó tres pedazos tendre- 
mos representado su uniforme desarrollo petrográfico. No sucede así con 
los volcanes compuestos de los Andes ecuatorianos: con facilidad colectare- 
mos en la falda de un solo volcan 30 ó 40 variedades, que se distinguen 
por el grano, por el color, por la porosidad, en fin por sus caracteres petro- 
gráficos exteriores, tanto, que no es posible derivarlas todas de un solo acto 
de erupción ó de una masa andesitica coherente. No conozco ninguno de 
nuestros volcanes grandes, en que no se pudiera observar este fenómeno, 
no solamente en las lavas modernas, sino también en las andesitas antiguas 
y fundamentales de ellos. Si trepamos de sus bases á las cúspides, si los 
rodeamos en cualquier altura, encontraremos casi en todas las crestas y en 
los diferentes bancos sobrepuestos, distintas variedades de andesitas, separa- 
das á veces por un espacio de pocos metros. Esta me parece ser una 
prueba clara, de que los cerros se han edificado por erupciones sucesivas, 
por la acumulación de muchos bancos de lava andesitica, y no por una 

erupción sola, que hubiese dado de una vez todo el material enorme de que 

f 

se componen. A esta clase de los volcanes compuestos pertenecen no sola- 
mente los activos, como el Cotopaxi, el Tunguragua, el Sangay, sino tam- 
bién los extinguidos, que en su mayor parte conservan todavía sus cráteres 
ó calderas, como el Altar, el Carihuairazo, el Rumiñahui, el Antisana y tantos 
otros, ó en que ya no se dejan distinguir las formas exteriores del cráter, 
como en el Chimborazo, en el Iliniza, en el Cayambe etc. Acusaría una 
gran ignorancia en materia de geología, negar al Chimborazo, por ejemplo, 
la naturaleza volcánica, porque en la actualidad no ostenta un cráter abierto; 
se compone de las mismas andesitas y lavas andesiticas, como el Cotopaxi, 
el Antisana y otros, y en su base oriental no faltan corrientes de lava 
escoriácea bastante modernas. El cráter ó está lleno de nieve ó se ha 
destruido de otro modo, por derrumbos y descomposición de las rocas que lo 
habian formado. No hay motivo ninguno de suponer para este cerro otro modo 
de formación , que para los domas de la misma composición y estructura. 

Como anticuadas podemos considerar las opiniones fundadas en estudios 
superficiales, de que las montañas andesiticas del Ecuador sean homogéneas 
y cerradas, como las cúpulas traquiticas («domes») de la Auvernia en Fran- 
cia, ó de los cerros Euganeos en la Italia superior, y de que sus volcanes 
modernos no arrojen corrientes de lava, sino tan solo materiales de tritura- 
ción (bombas, arena, ceniza), vapores acuosos y gases. Un estudio detenido 
saca resultados muy distintos. 

No quiero negar, que en el Ecuador falten por completo los volcanes 
«homogéneos», al contrario me inclino á tomar por tales algunas montañas 
pequeñas, como, por ejemplo, el cerro de Cojitambo, que cerca de Azogues 



EL TERRENO VOLCÁNICO. 339 

se levanta aislado de la arenisca cretácea, formando un macizo bastante 
homogéneo de andesita antibélica, igualmente el cerro tendido entre Udu- 
shapa y Ofía, que es un macizo de andesita cuarcífera. Sinembargo, nuestros 
cerros principales, y precisamente las cúpulas y «domos campaniformes», en 
que Humboldt fundó su hipótesis de levantamiento, como el Chimborazo, el 
Cayambe etc. son volcanes compuestos, acumulados sucesivamente, y no 
levantados de un golpe, sea en estado pastoso, sea en estado ya consolidado. 
Después de la gran erupción del Cotopaxi el 26 de junio de 1877 dediqué 
algunas semanas al estudio de este volcan.*) Las muchas quebradas y 
«huaicos», que en todo su contorno forman abras profundas y un sinnúmero 
de cortes verticales, á veces de mas de 100 metros de altura, ofrecen una 
ocasión excelente para estudiar la estructura del volcan. Esta es sencilla ó 
complicada, según el punto de vista, de que queramos considerarla. Es 
sencilla, componiéndose todo el cerro en todos los lugares accesibles á la 
observación, exclusivamente de los mismos y semejantes materiales, que 
^también han sido los productos de las erupciones históricas; del otro lado 
es complicada, presentándose dichos materiales infinitamente variados en su 
desarrollo ñsico y en su yacimiento, ó en sus relaciones estratigráficas, desde 
la arena pumicea mas fina hasta la andesita mas compacta, desde las capas 
delgadísimas de ceniza hasta los gruesos bancos de andesita y corrientes de 
lava. Precisamente durante esa erupción de 1877 las inmensas avenidas 
acuosas, que se precipitaron por las quebradas, lavaron bien las altas paredes 
de ellas, preparando de este modo para el observador unos perfiles muy 
hermosos é instructivos en la escala mas grande. Por mas profundas que 
sean estas quebradas, no se descubren jamas, ni aun en su fondo, aquellas 
masas grandes y homogéneas de andesita, cuales supone la teoría del «le- 
vantamiento de las montañas andesiticas». El material compacto y coherente 
del Cotopaxi consta solo de bancos de lava de potencia variable, los que 
siempre manifiestan en su superficie las señales evidentes de haberse encon- 
trado en estado de liquidez y de haberse consolidado en su sitio actual, en 
otra palabra, de no ser sino verdaderas corrientes de lava, que mas tarde 
fueron cubiertas y enterradas por productos volcánicos mas modernos. Estos 
bancos suelen ser en la superficie de una textura porosa y escoriácea, que 
pasa poco á poco hacia abajo á la compacta y mas cristalina; en donde 
falta la cubierta de escorias, se hallan los indicios de una destrucción posterior 
de ella. El espesor de los bancos se acomoda al declive del terreno y al 
grado primitivo de liquidez de la lava. 



*) «Memoria sobre el Cotopaxi y su última erupción»; con una lámina y una carta 
topográfica (Guayaquil 1878). 

22* 



340 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VII. 

Rara vez se siguen dos ó tres bancos de lava inmediatamente uno sobre 
otro, antes suelen alternar con algunas capas de materiales eruptivos sueltos. 
Estos son bastante variados, constando ora de grandes terrones y trozos de 
lava escoriácea, ora de blanquísima arena pumicea, ora de erapilli» mas 
oscuros, ora de ceniza volcánica convertida en toba, ora de una mezcla con- 
fusa de todas estas sustancias. Hay ocasiones, que se encuentran capas 
intercaladas comunmente irregulares de escombros, que encierran pedazos 
angulosos de lava de toda clase y tamaño. Tales capas son el resultado 
de derrumbamientos y de avenidas acuosas durante las erupciones antiguas, 
y quiso la suerte que precisamente en la espantosa catástrofe del 26 de 
Junio de 1877, se pudiese observar en grande escala la formación y acu- 
mulación de tales escombros. También en los materiales sueltos, los que 
alternando con las lavas compactas componen la mole del Cotopaxi, se vé 
claramente, como su yacimiento siempre se conforma al talud y á la con- 
figuración del terreno en que se han despositado. Los pocos casos excepcio- 
nales, en que las capas de toba y los bancos de lava no se presentan en sil 
posición primitiva, sino con mayor inclinación ó como levantados vertical- 
mente, dejan explicarse fácilmente por unos derrumbos locales, como suelen 
acontecer durante todas las erupciones y son ocasionados con mas frecuencia 
por la erosión del agua en las quebradas, sobre todo debajo de la linea de 
la nieve perpetua. No se encuentra ningún vestigio y ninguna prueba de un 
levantamiento del Cotopaxi ó de algunas partes de él en el estado ya consoli- 
dado. Con mucha razón desaparecen mas y mas de los libros modernos de 
geología los «cráteres y volcanes de levantamiento», que se han buscado 
por algún tiempo en todas las regiones volcánicas. Por las innumerables y 
muy exactas observaciones, que los geólogos de nuestra edad hacen en todas 
las partes del mundo, nos vemos precisados á restringir á limites muy 
estrechos los levantamientos de partes sólidas de la costra terrestre por las 
fuerzas volcánicas, y á atribuir á la mayoría de los voléanos un origen mas 
sencillo, á saber por una simple acumulación de los materiales arrojados ya 
líquidos, ya sólidos , al rededor de la boca del canal que conduce al foco vol- 
cánico, ó del cráter, en términos mas cortos: por grandes y repetidas erupciones 
en él trascurso de los siglos. 

La hipótesis de Mr. Boussingault, que quiere explicar la formación de 
los volcanes ecuatorianos por un levantamiento de aenormes fragmentos 
angulares amontonados confusamente»*), no encuentra en el Cotopaxi ningún 



*) Mr. Boussingault necesitaba de esta hipótesis para tener un fundamento de la 
otra, que establece respecto al origen de los terremotos. «Paréceme que la mayor parte 
de los terremotos tiene su origen en los derrumbamientos subterráneos de las montañas, 



EL TERRENO VOLCÁNICO. 341 

apoyo, sino mas bien su refutación directa, y me atrevo á afirmar, que lo 
mismo se podría demostrar tratándose de los demás volcanes activos y 
extinguidos del Ecuador, pues los conozco casi todos. Sea lo que fuere del 
levantamiento de la Cordillera andina en general, él no toca á los altos 
volcanes que la coronan, y éstos en un tiempo posterior no so han levantado 
sino acumulado sobre ella. 

íntimamente enlazado con la hipótesis de Boussingault y, según parece, 
nacido de ella, anda otro error, sostenido con mas porfía por este mismo 
viajero, y es el que los volcanes andinos nunca hubiesen arrojado lava ver- 
dadera ó corrientes de lava ígneo -fluida.*) También este error encuentra 
su refutación directa en el Cotopaxi. — Ya queda dicho, que los bancos de 
lava, cuyos cortes verticales se presentan en las laderas de las quebradas 
entre las capas de toba, no son sino antiguas corrientes de lava; pero ahora, 
dejando estas aparte, hablaremos solamente de las corrientes superficiales 
de un aspecto muy fresco y en parte de un origen histórico, que en todo 
el contorno del Cotopaxi se hallan en sus faldas y en su base ancha. Su 
número pasa de 20, si también se toman en cuenta las que ya se han cu- 
bierto en su parte superior de escombros y en la inferior de una escasa 
vegetación. Dice el señor Reiss: «Todas estas corrientes de lava son de 
una naturaleza tan igual, que la descripción de una deja trasladarse á todas 
las demás, añadiendo algunas diferencias insignificantes relacionadas con las 
del terreno.» La gran corriente, que se ramifica encima del Manzana-y 



es decir en el hundimiento interior de la Cordillera de los Andes, el cual es consecuencia 
natural de su levantamiento, que, según yo lo concibo, no se efectuó estando fundidas ó 
semiderretidas las materias que la constituyen, pues por el contrario todo hace creer que 
este levantamiento no sucedió sino cuando ya las rocas estaban sólidas, porque la masa 
traquítica que forma cerca del Ecuador la base de las cordilleras, se compone de enormes 
fragmentos angulares amontonados confusamente.» Viajes científicos á los Andes ecua- 
toriales, por M. Boussingault, traducidos por I. Acosta (Paris 1849), pág. 56. 

*) «En algunos puntos, como en el Tunguragua, esta roca (la traquita) partió y 
levantó los lechos de esquisto arcilloso al salir á la superficie de la tierra en un estado 
fragmentario, impelida por las fuerzas subterráneas, en otras obró del mismo modo que- 
brantando el mica-esquisto cuarzoso, como en el Antisana, pero en ninguna se halla la 
roca eruptiva derramada sobre la roca superficial, como habría acontecido y actualmente 
sucede cuando aquella ha salido en un estado blando». Mr. Boussingault, en el lugar 
citado. 

Es casi incomprensible, cómo este ilustre viajero pudo desconocer completamente 
la naturaleza de las hermosas corrientes de lava en el Tunguragua y Antisana, que son 
de las mas típicas en el mundo y ya reconocidas como tales por Humboldt. Pero sabido 
es, que á veces una preocupación, una idea errónea absorven tanto toda la atención de 
los observadores, aun de los mas célebres, que en todos los fenómenos buscan argu- 
mentos en pro de su hipótesis, y así sufre la objectividad pura de la observación. ¿Quién 
no comprende, que la existencia de corrientes de lava, nuevas y antiguas, en nuestros 
volcanes, debia ser peligrosa á las hipótesis de Boussingault? 



342 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VII. 

Puca-huaieo fué descrita con exactitud por el citado observador y la atribuye 
con mucha probabilidad á la erupción del año de 1853. Ella le sirvió de 
camino en su ascensión al Cotopaxi hasta la cercanía del cráter. No todas las 
corrientes llegan hacia arriba á una altura tan grande; por lo común parecen 
nacer al pié del cono, ó no muy arriba de los limites de la nieve, en donde 
el declive de la montaña comienza á suavizarse. Digo que lo parecen, pues 
algunas, de ellas se pierden en su parte superior paulatinamente debajo de 
espesas capas de arena y ceniza y finalmente debajo del grueso manto de 
nieve; en este caso es muy probable, que la cuchilla ó loma nevada, que 
se extiende como la continuación directa de la corriente hacia las partes 
superiores del cerro, no es otra cosa que la misma corriente de lava cubierta. 
Pero aun en el caso de que una corriente parece nacer como de súbito de 
una acumulación abultada en la ladera ó en la base del volcan, no por esto 
podemos tomarla por efecto de una erupción lateral, sin las pruebas mas 
evidentes de un cráter lateral, y creo al contrario, que todas esas corrientes 
han tomado su salida por el cráter principal y grande, que el Cotopaxi tiene 
en su cúspide. El señor doctor Stübel ha comprobado con argumentos irre- 
cusables, que la grande corriente de lava, que hacia ñnes del siglo pasado 
salió al parecer de la base del Tunguragua, tuvo en realidad su origen en 
el cráter de la cumbre de este volcan, que la lava ignea se precipitó por sus 
empinadas faldas, dejando en tal cual punto algunos trozos, y que solamente en 
la profundidad se abultó y se encaminó lentamente, formando de tal manera 
aquella larga y ancha valla, que hoy se llama « Juivi grande».*) Una opinión 
igual manifiesta el mismo observador respecto á la corriente de 1853, que 
parece principiar debajo de la cúspide del Cotopaxi. En mi viaje y ascensión 
al Cotopaxi, después de una de sus mas formidables erupciones, he visto 
cosas, que confirman de un modo espléndido la opinión del doctor Stübel y 
me inclinan á extender la misma explicación á la mayoria de los casos, en 
que las corrientes de lava en los volcanes muy empinados, y particularmente 
en el Cotopaxi, parecen nacer en la media altura ó en la base del cerro. 

Las corrientes de lava frescas, que en sus laderas tajadas y en su super- 
ficie están cubiertas de grandes é irregulares trozos de lava escoriácea, se 
llaman en el lenguaje del pueblo de la sierra «reventazones», y con mas 
frecuencia «volcanes», y reciben su nombre propio por lo regular de los 
huaicos y quebradas, por las cuales ó entre las cuales descienden del cerro. 
Así tenemos en el Cotopaxi un Yanasache- volcan, Tauripamba- volcan, 



*) Durante la erupción del Tunguragua en 1881» se formaron del mismo modo 
explicado, algunas corrientes de lava muy grandes al pié del cerro, después de haberse 
precipitado del cráter, casi sin dejar rastro en las faldas superiores. 



EL TERRENO VOLCÁNICO. 343 

Chirimachay-volcan, Hornohuaico-volcan etc. Una de las mas hermosas é in- 
structivas es sin duda la corriente de Yanasache, que según su aspecto muy 
fresco parece datar de los tiempos históricos, aunque no me ha sido posible 
averiguar el tiempo cierto de su formación. En todo se parece á la cor- 
riente de Manzanahuaico, descrita por el señor Reiss, pero no se extiende 
hacia arriba á tanta altura, sino tan solo hasta el limite de la nieve (4680 me- 
tros), en donde se oculta debajo de ceniza y arena. En su término inferior 
(4070 metros), donde se ensancha mucho y se bifurca, la han destrozado y 
destruido las últimas avenidas de agua y lodo. Otro tanto sucedió con las 
demás corrientes situadas en quebradas hondas; abiertas sus entrañas mani- 
fiestan componerse, debajo de una costra glebosa y escoriácea, de andesita 
compacta y mas cristalina, que no rara vez se halla dividida en prismas 
gruesos y pilares poligonales (fragmentación prismática). El «Yanasache- 
volcan» descansa sobre una corriente mas antigua y mucho mas grande, 
que para mejor decir debería llamarse un dilatado campo ó lago de lava, 
que ciñe la llanura de Limpiopungo hacia el Cotopaxi y se extiende al SO, 
hasta muy cerca del Millihuaico. Pero esta lava se deriva sin duda de una 
erupción prehistórica, puesto que la superficie está muy descompuesta y cu- 
bierta de vejetacion graminea en sus partes inferiores y de arenales gruesos 
en las superiores. — Las corrientes modernas y frescas son tan caracteri- 
zadas y de un desarrollo tan típico, que no es preciso ser geólogo para re- 
conocerlas con facilidad. Generalmente bajan por una de las quebradas 
hondas ó forman lomas sumamente ásperas entredós quebradas vecinas; se 
extienden en sentido longitudinal ya mas ya menos largas por los arenales 
suavemente inclinados á la base del volcan, según la pasta de la lava era 
mas liquida ó mas espesa. 

No puede ser mi intención hablar de todas las corrientes de lava en 
particular, lo dicho bastará para demostrar, cual sea la parte que ellas toman 
en la constitución geognóstica del Cotopaxi. En mi Memoria ya citada, de 
que he tomado estos apuntes, describí también las corrientes mas recientes, 
que en 1877 bajaron del cráter por las faldas del volcan y que pude ob- 
servar todavía en su estado caliente. 

He elejido por ejemplo el Cotopaxi, pero del mismo modo podía demos- 
trar numerosas comentes de lava moderna en los alrededores del Antisana, 
en que se halla entre otras la célebre a reventazón de Antisanilla» ó corriente 
de Pinantura; ó al pié del Tunguragua. Ahora bien, el mismo fenómeno de 
corrientes de lava escoriácea observamos do igual modo en las cúspides, en 
las faldas, y á los pies de los volcanes extinguidos, con la sola diferencia 
de que en ellos se hallan mas ocultas, sea por la vegetación que cubre su 
superficie descompuesta, sea por los estratos de las tobas volcánicas, que 



344 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO TIL 

la* taparon posteriormente. Y no solamente en las inmediaciones de los 
cerro**, sino á grandes distancias de ellos, y en medio de las hoyas interan- 
dinas, encontramos en abundancia tales erupciones de lava escoriácea, inter- 
caladas entre las tobas en bancos á veces muy gruesos, como también la 
lava de Antisanilla hizo en el siglo pasado su erupción muy lejos del An- 
t i sana. Para alegar ejemplos, debería citar todo el país interandino en cuanto 
es volcánico, pues apenas habrá un valle ó un quebrada algo honda con 
un alto perfil de tobas, en que no se pudiese reconocer uno ó algunos bancos 
de lava, y esto desde los estratos mas hondos y antiguos hasta los mas 
modernos. Asi en el valle del rio Chota, en el del Taguando cerca del 
Yaguar -cocha, en el del río Pisque y del río de GuaUabamba. El cerro 
Haló no es mas que una acumulación de lavas escoriáceas, ó el producto 
de una serie de corrientes de lava, sobrepuestas una á otra. La carretera 
del Sur presenta muchísimos ejemplos; recuerdo solo los hermosos cortes en 
las corrientes de lava cerca de Mocha y por los páramos del Ghimborazo. 
Desde el pié del último y principiando cerca de la hacienda de Chuquipo- 
quio, baja una corriente inmensa por San Andrés hasta el pueblo de Guano, 
otras iguales siguen mas al Sur. Y asi resulta, que todo el país desde el 
Cúmbal y Chiles hasta el Azuay no es mas que un tnixtum compositum de 
capas alternativas de lavas, andesitas y tobas, predominando las primeras 
en los cerros y sus alrededores, como es natural, y las últimas en los es- 
pacios intermedios. 

I^as observaciones que hizo Mr. Whymper en las cúspides del Chimborazo, 
Antisana, Cayambe, Cotacachi y otros cerros altos, que antes de él nadie 
había subido, destruyen completamente la antigua hipótesis del levantamiento 
de las andesitas y de las enormes masas «homogéneas» de nuestros cerros.*) 
Así, por ejemplo, encontró la cúspide del Chimborazo compuesta de las 
mismas capas alternativas de andesitas compactas y lavas escoriáceas, como 
las describí del Cotopaxi, y hasta en los dibujos y láminas, que adornan su 
obra, se reconoce esos bancos y la naturaleza de un volcan compuesto. La 
muestra, que recojió en el peñasco mas alto descubierto de nieve, en la al- 
tura de 5920 metros, es una ulava escoriácea». El aspecto de los últimos 
peñascos, que se hallan debajo de la cúspide, y que salen de la helera como 
arrecifes, describe de este modo: «La frente de estos precipicios presenta un 
gran número de fajas paralelas (casi horizontales en la serie inferior de las 
rocas, y torcidas en la superior) que tienen colores vivos, y en las raras 

*) Edward Whymper, Travels amongst the great Andes of thc Equator (London 
1HÍI2). - Las muestras geognósticas colectadas por Mr. Whymper fueron determinadas 
y descritas por el profesor T. G. Bonney (en una serie de artículos, en Proceedings 
of the Koyal Soe, 1884). 



EL TERBENO VOLCÁNICO. 345 

ocasiones, en que los arrecifes son iluminados por el sol, ofrecen una vista 
alegre y atractiva. Los supremos estratos de la serie superior son negros, 
alternando con fajas cenicientas, do un color gris-claro pasando al rojo os- 
curo; después negros cambiándose enlistas amarillas; de nuevo cenicientas 
con transición al rojo oscuro; y á la base grises, alternando con estratos 
delgados de varios colores demasiado numerosos para recapitularlos. La 
serie del arrecife inferior comienza arriba con un banco gris-rojizo tan espeso 
que llega hasta la mitad de la pared; entonces viene un estrato ceniciento, 
seguido de una faja negra y otras coloradas; finalmente termina en la base 
con una capa de unos 200 pies de espesor y de un color rojo oscuro. 

a Con excepción de las rocas Ínfimas de la serie inferior, es imposible 
procurarse muestras de estos estratos in situ, siendo las paredes casi ver- 
ticales, pero se puede conseguir las de todas esas capas de la serie superior 
(arrancadas durante las caídas de hielo) en la superficie de la ,helera de 
Débris', y se encuentra que son exclusivamente productos volcánicos, princi- 
palmente lavas andesíticas. Entre estos fragmentos sobre la helera encontré 
azufre nativo» (1. c. pág. 338). 

Un poco mas arriba dice Mr. Whymper: «De los volcanes extinguidos, 
el Cayambe, el Antisana y el Chimborazo son los mas importantes. Hay 
corrientes de lava sobre los flancos de todas tres montañas, y no puedo dudar 
de que tenían cráteres de un considerable tamaño, aunque ahora no son 
visibles» etc. Aquí hace la anotación siguiente: «En la cuestión de las 
corrientes de lava difiero de Boussingault, quien afirma, que no se puede 
ver ninguna en los volcanes de la America tropical»; y después de citar 
las palabras de él*), agrega: «Difícilmente puedo comprender esto, habiendo 
visitado Boussingault el Cotopaxi y la hacienda de Antisana.» 

Pero basta de polémica; con excepción del señor Karsten (86) apenas habrá 
un geólogo moderno, que después de visitar y estudiar los volcanes del 
Ecuador, les niegue las corrientes de lava, antiguas é históricas. 

Actividad de los volcanes. 

De lo que hemos dicho de la estructura del terreno volcánico en su 
totalidad y en cada cerro particular, podemos deducir, que la actividad de 
los volcanes en todos los tiempos, desde la época de su primer nacimiento, 



*) «La masse du Chimborazo est forméc par l'accumulaüon de débris trachytiques, 
amonedes sans aueun ordre. Ces fragmens trachytiques, d'un volume souvent enorme, 
ont oté soulevés á Tétat solide; leurs angles sont toujours tranchans; ríen n'indique qu'il 
y ait en fusión ou méme un simple état de mollesse. Nulle part, datis aucunc des vol- 
caría de Téqtuiteur, on ri observe ricn qui puisse faire présumer une coulée de laves,» — An 
nales de Chimie et de Physique, t. 58, 2* ser., pág. 175 (París 1835). 



346 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VII. 

habrá sido en el fondo igual. La única diferencia que podemos admitir, 
consiste en que al principio las corrientes y bancos de lava (andesita) pa- 
recen haberse formado en mayor escala y con mas potencia, mientras que 
después y en nuestros días predomina en las erupciones la eyección de 
materiales fracturados. 

Vuelvo á advertir, que la diferencia entre lava y andesita es mas bien 
aparente que real, y si la última se presenta con una estructura mas crista- 
lina (casi «holocristalina»), esto puede provenir de diferentes causas. Habién- 
dose verificado la efusión de la andesita antigua en masas mas considerables, 
el enfriamiento sucedió mas despacio, y pudieron formarse cristales mas 
grandes en el magma liquido ó pastoso. Asi observamos también en las 
corrientes mas modernas, que la textura de la lava es mucho mas cristalina 
y compacta en el centro, ó en las capas inferiores, que en la superficie es- 
coriácea y porosa, enfriada con rapidez. No debemos olvidar, que las an- 
tiguas corrientes de andesita rara vez podemos observar en su estado primitivo 
y en toda su extensión. Hay casos en que se ha conservado la superficie, 
y entonces es escoriácea, como la lava moderna*); pero por lo regular los 
bancos potentes, que encontramos en las crestas de los cerros, ó en las 
laderas de las quebradas, nos presentan solo las partes interiores y por esto 
mas cristalinas de las corrientes antiguas ; las exteriores ó quedan ocultas de- 
bajo las tobas, ó fueron destruidas por la descomposición química y mecánica 
por el influjo de los atmosferilios, como sucede en las cúspides de los cerros. 

Después de haber estudiado la gran erupción del Cotopaxi en 1877 en 
todos sus fenómenos y fases, recapitulé mis observaciones en las palabras 
siguientes: «Esta erupción coloca el Cotopaxi en la lista de los volcanes or- 
dinarios, con una actividad, aunque grandiosa, pero en el fondo muy sen- 
cilla: erupción de arena y ceniza, efusión de lava ignea, repetidas erupciones 
de ceniza, y finalmente, exhalación mas enérgica de gases volcánicos ¡hé 
aqui todo lo esencial! Las avenidas acuosas son un fenómeno secundario, 
en consecuencia del derrame de la lava sobre masas de hielo y nieve». (Mi 
Memoria citada, pág. 48.) Esta es la historia sucinta no solamente de aquella 
erupción memorable del Cotopaxi, sino también la de todas las demás erup- 
ciones del mismo y de los otros volcanes del pais, desde la épcoca cuater- 
naria hasta nuestros dias. El Sangay lo enseña todos los dias; el Tungu- 
ragua lo ha comprobado con su erupción formidable de 1886 y las sub- 
siguientes, que en todo eran parecidas á las del Cotopaxi; un examen crítico 



*) Las muy antiguas y muy cristalinas andesitas cuarzosas de Achupallas y Huaira- 
pungo, cerca de Antisanilla, que tienen la textura macro-porfiroídea y son andesitas tí- 
picas, pasan, no obstante, en la superficie de los bancos á verdaderas escorias. 



EL TERRENO VOLCÁNICO. 347 

de las relaciones históricas sobre las erupciones de los últimos tres siglos 
demuestra lo mismo, y el resto nos dice el estudio geognóstico del pais y 
de sus volcanes apagados. 

Los actos de una erupción no se siguen siempre eri el mismo orden y 
hay veces, que uno ú otro falta completamente. Asi puede suceder, que se 
verifica solamente una efusión copiosa de lava, sin el aparato formidable de 
las eyecciones de bombas, arena y ceniza. Este caso es raro en nuestra 
época, pero me parece haber sucedido en la formación de la gran corriente 
de lava de Pinantura, á mediados del siglo pasado. Mas frecuente es el 
caso contrario, de que un volcan arroje una gran cantidad de materiales 
triturados, vapores y gases, sin que efluya la lava en corrientes continuas, 
especialmente cuando la erupción se verifica por el cráter central en la 
cúspide. 

No puede ser el objeto de este libro, describir minuciosamente los dife- 
rentes actos de las erupciones, su mecanismo, sus efectos, y la variedad de 
sus productos; debo remitir al lector á tratados especiales sobre volcano- 
logia, y á las Memorias que se han publicado sobre las erupciones de nues- 
tros volcanes.*) Pero no puedo prescindir de tocar algunos puntos contro- 
versos, que por mucho tiempo dieron á los volcanes ecuatorianos una apa- 
riencia de extraordinario y excepcional. 

Ya queda refutada la aserción, de que no se encuentren corrientes de 
lava en los volcanes ecuatorianos. — Otra preocupación cundió entre los 
geólogos por la autoridad de Humboldt, es decir, que estos mismos volcanes 
no exhalaran cloro ni ácido- clorhídrico, sino en su lugar grandes cantidades 
de ácido carbónico, y comunmente algo de ácido hidrosulfúrico y sulfuroso. 
Boussingault afirma lo mismo y niega igualmente el cloro á nuestros vol- 
canes. Pero se debe advertir, que estos sabios hicieron sus observaciones 
enfumarolas de volcanes extinguidos ó en completa tanquüidad (en «solfataras»). 
Emprendí mi viaje al Cotopaxi en 1877 con la esperanza de encontrar gases 
sulfurosos en su cúspide, especialmente cuando en sus faldas inferiores y 
medias habia percebido varias veces el olor característico de ellos. ¿Cual 
no era mi sorpresa, cuando acercándome al cráter, esos gases desaparecieron 
completamente, y en su lugar salieron de todas las rajaduras y grietas 
del cerro inmensas cantidades de gas clorhidrico? La exhalación era tan 
fuerte, que con dificultad pude acercarme á las hendiduras con el termómetro, 
para medir su temperatura, porque el ácido atacaba enérgicamente los ór- 

*) Muchas descripciones se encuentran en mi «Crónica de los fenómenos volcánicos 
y terremotos en el Ecuador» (Quito 1873); ademas en mi «Memoria sobre el Cotopaxi» 
ya citada. 



348 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VII. 

ganos de respiración y hasta los vestidos. En tiempo de calma perfecta tai- 
vez no hubiese resistido mucho tiempo á la influencia de estos vapores, y 
su presencia en el cráter era una de las razones, por qué no pude pensar 
en bajar á el. A veces el gas era tan punzante, que me pareció que al lado 
del ácido clorhídrico se desprendía también cloro libre. — La temperatura 
de las fumarolas no era igual en todas partes: unas tenian solamente 96°, 
otras 150°, otras 160° C. de calor. La lava de las paredes y de las raja- 
duras, por donde salia el ácido clorhídrico, estaba completamente descom- 
puesta é incrustada de una sustancia blanca, amarilla ó anaranjada, que se 
distinguía á grande distancia. Del análisis de las muestras recojidas resulta, 
que en las fumarolas no existia otro ácido sino el clorhídrico, y en particular 
hay que notar la completa falta de azufre, ácido sulfuroso é hidrosulfúrico. 
Debemos suponer que estos últimos gases, cuyos olores había percebido mas 
abajo en el cerro, salían en las faldas inferiores y medias de unas grietas, 
que casualmente no he descubierto, tal vez por hallarse en lugares inacce- 
sibles. Seguro es, que no se desprendían de la lava caliente, pues ella des- 
pedía solamente vapores de agua pura, mezclados con aire atmosférico. — 
Acido carbónico no he observado en esta ocasión, á lo menos no se mani- 
festaba en una cantidad perceptible. 

Era esta la primera vez, que en un volcan sud-americano se ha obser- 
vado de una manera tan directa y en escala tan grande la exhalación del 
ácido clorhídrico. Cuando el doctor Reiss en Noviembre de 1872 visitó el 
cráter del Cotopaxi, el volcan se hallaba en perfecta tranquilidad desde 
muchos años; él no encontró sino fumarolas con vapores calientes (68° C), 
que despedían un olor fuerte de ácido sulfuroso; sinembargo ya en aquella 
ocasión se descubrió el cloro por via analítica en el laboratorio químico de 
Quito, pues en los productos de los fumarolas se encontraron junto con un 
sulfato (yeso) también algunos cloruros. También el fierro oligisto, que el 
mismo observador había encontrado en el An tisana y yo en el cráter extin- 
guido del Imbabura, es una prueba indirecta para la presencia del cloro en 
nuestros volcanes (pues, se forma del cloruro de hierro). Pero la erupción 
del Cotopaxi en 1877 aclaró de repente la cuestión por completo, y confirmó 
de un modo espléndido las observaciones de Deville en el Vesuvio y la 
teoría de Bunsen, según la cual seria inexacto decir, que unos volcanes 
exhalan ácido carbónico, otros clorhídrico, otros hidrosulfúrico etc., siendo 
así, que todos los volcanes pueden dar todas estas sustancias según el estado 
de actividad en que se excuentran. El cloro señala el estado de la actividad 
mas intensa, durante ó inmediatamente después de las erupciones; el gas 
sulfuroso ó hidrosulfúrico se despide con preferencia, cuando los volcanes 
están tranquilos, ó comienzan á apagarse (estado de las «solfataras»); y en 



EL TERRENO VOLCÁNICO. 349 

las regiones de los volcanes completamente extinguidos predominan las ex- 
halaciones del ácido carbónico (estado de «mofetas»). — Hay todavía mas, 
pues el Cotopaxi quiso también corroborar aquella opinión de Deville, según 
la cual los gases de las fumarolas varían según la distancia del cráter cen- 
tral; en la cúspide del Cotopaxi y en la inmediación de la boca central no 
había mas, que cloro y ácido clorhídrico, en las faldas medias é inferiores 
se sentían las exhalaciones de los gases de azufre. — No deja de ser 
interesante, que el Barón de Thielmann, que visitó cuatro meses mas tarde 
el cráter del Cotopaxi, subiendo por el mismo camino, que yo había indicado, 
encontró la actividad de las fumarolas ya muy reducida, y percibió sobre 
el borde del cráter solo el olor del ácido hidrosulf úrico y sulfuroso.*) — La 
causa fundamental de esta variabilidad de las exhalaciones gaseosas es to- 
davía desconocida. 

Otro error, muy divulgado entre los habitantes del país, y también entre 
los geólogos hasta poco hace, consiste en la creencia, de que los volcanes 
sudamericanos arrojen, durante sus erupciones, grandes cantidades de lodo 
caliente por sus bocas. Es especialmente el historiador P. Velasco, quien 
dearrolló esta idea errónea, alegando en su favor muchos ejemplos; y de 
nuevo es Humboldt, quien la generalizó, adoptando con poca critica las re- 
laciones de Velasco y de ciertas personas, que á las «avenidas de lodo» 
atribuyeron un origen, que en realidad no tienen ni pueden tener. — Velasco 
cuenta del Imbabura, que «ha hecho varias erupciones medianas de agua, 
tan llena de este peje» (de preñadillas), «que apestan las llanuras de Ibarra, 
con los bancos que quedan de aquel peje muerto; y yo me he visto en 
peligro de morir ahogado en una de estas erupciones, en la parte media del 
monte».**) Este acontecimiento debía tener lugar en 1765 ó 1766, cuando 
Velasco estaba estacionado en el colegio de Ibarra. Según Humboldt***) el 
Imbabura habría hecho en 1691 una gran erupción de lodo, con tantas 
preñadillas, que pudriéndose habrían apestado el aire y ocasionado fiebres 
malignas entre los habitantes de los alrededores de aquel volcan. Esta 
relación no se funda en documentos escritos, sino tan solo en una comuni- 
cación verbal por Juan de Larrea (¡mas de 100 afíos después del suceso!). 

Wagner ha demostrado lo inverosímil y lo imposible de tales «erupciones» 
de lodo con peces, de la boca de un volcan.f) Es seguro, que el cráter 
del Imbabura en los tiempos históricos jamas ha hecho una erupción, ni de 

*) M. von Thielmann, Vier Wege durch Amerika (Leipzig 1879), pag. 458. 
**) Velasco, Hist. del reino de Quito, I, 11. 

***) Humboldt, Ansichten der Natur, II, p. 276, y Kosmos, V, p. 32. 
t) M. Wagner, Naturw. Reisen im trop. Amerika (Stuttgart 1870), pág. 411— 421. 



350 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VH. 

fuego. El interior del cráter, que visité en 1871, hace la impresión de un 
volcan extinguido muchos siglos hace. Está abierto por una profunda abra 
hacia el oriente; un lago no pudo formarse en él, y si hubiese existido en 
algún tiempo, no pudo contener preñadillas, que no viven en esta altura de 
mas de 4000 metros; ademas el lodo debía vaciarse por el lado opuesto al 
que se supone como teatro de las inundaciones lodosas con preñadillas. En 
los lagos subterráneos, de que algunos quisieron derivar las inundaciones y 
las preñadillas, no podemos creer, hasta que se compruebe su existencia en 
nuestros volcanes. — Lo que se observa en el Imbabura no rara vez y sobre 
todo durante un terremoto, son derrumbos y resbalamientos de sus faldas 
muy pendientes. Si la tierra, arena y las piedras se mezclan con el agua 
de los ríos, en los cuales viven las preñadillas, entonces, si, pueden formarse 
avenidas de lodo, que sofoquen y arrastren muchos de esos pejecitos. Tales 
avenidas se verificaron también durante el gran terremoto de 1868, en el 
Imbabura y en el Cotacachi, en donde sus vestigios quedaban visibles por 
muchos años. El que las preñadillas, cuya frecuencia por lo demás no es 
tan grande como se supone, y que desaparecen casi del todo en la masa 
inmensa del lodo, ocasionaron, al pudrirse, fiebres malignas ú otras enferme- 
dades, me parece de todo punto increíble. 

No es raro, que el pueblo denomine los derrumbos en las montañas 
oerupciones ó reventazones», — así p. ej. en Otavalo se habló frecuente- 
mente de la «erupción» del Cotacachi en el año de 1868, que no fué mas, 
que un gran derrumbo; de aquí, que algunos viajeros estranjeros, no 
familiarizados con aquel lenguaje del pueblo, al oir hablar de esas reventa- 
zones, se imaginaron erupciones verdaderamente volcánicas de los cráteres 
mismos. 

También durante el gran terremoto, que el 20 de junio de 1698 destruyó 
la ciudad de Ambato, bajaron, según los documentos de aquella época, de 
los páramos, que rodean el Carihuairazo, grandes cantidades de un lodo muy 
hediondo, no de uno sino de muchos lugares, por las quebradas y los cauces 
de los ríos. Los muchos riachuelos, dé los cuales cada uno hizo muchos 
estragos, se reunieron en el de Ambato, y este, no pudiendo contener en su 
cauce la inmensa masa de lodo, la derramó sobre ambas orillas, sepultando 
una gran parte de las frescas ruinas de Ambato. — Los documentos antiguos 
no hablan de preñadillas en esta ocasión, aunque no dudo, que muchos de 
estos animalitos habrán perecido en aquellas aguas fangosas; pero Humboldt 
afirma, que lodo y peces cubrieron todos los campos al rededor de Ambato. 
Esta será probablemente una de las noticias, que Humboldt apuntó «según 
las antiguas tradiciones de los indios». Se atribuyó el terremoto al hundi- 
miento del Carihuairazo, y se derivó á la vez las avenidas de agua y lodo 



EL TERRENO VOLCÁNICO. 351 

del interior de esta montaña. En otra ocasión*) he demostrado, que aquel 
hundimiento, asi como el del Altar, es una fábula geológica, igualmente, que 
los derrumbos en el Carihuairazo eran las consecuencias y no las causas del 
terremoto. Las avenidas de agua y lodo sucedidas poco tiempo después del 
terremoto, no pudieron salir de la caldera de aquel volcan extinguido, porque 
en este caso hubiesen tomado otro camino, hacia Mocha; talvez podemos 
explicarlas diciendo, que algunas lagunas de los páramos del Carihuairazo 
se vaciaron por grietas ó de cualquier modo. 

Un origen parecido, como este lodo, habrá tenido la «moya» de Pelileo 
y de otros lugares, cuya naturaleza desconoció Humboldt completamente. 
La palabra de moya, introducida en la geología para designar un lodo en- 
durecido de origen volcánico (por verdaderas erupciones) tiene que des- 
aparecer de los libros, porque en el sentido de Humboldt no existe. 

Derivar las avenidas de lodo de unos lagos en los cráteres apagados, 
ó de reservatorios subterráneos, por unas rajaduras ocasionadas durante los 
terremotos, aunque no es sostenible, sinembargo en teoría no es tan absurdo, 
como la otra creencia, sostenida igualmente por Humboldt, de que también 
los volcanes activos, como el Cotopaxi, vomiten el lodo muy caliente (lava 
acuosa, la «moya))) y con preñadillas muy poco alteradas por el color, de sus 
bocas ignívomas. — En una ocasión, en que Humboldt habla del diseño, 
que él mismo dio del Cotopaxi, y el cual, de paso sea dicho, corresponde 
muy poco á la realidad, dice: «La altura del humo que despide el cráter, 
no está figurada arbitrariamente en el diseño. Para calcularlo, me he con- 
formado con el cómputo hecho por Mr. de La Condamine, que juzgó, que 
las llamas en 1738 se elevaron á mas de 900 metros sobre el vértice del 
volcan. Entonces fué, cuando el Cotopaxi arrojó, como otros volcanes del 
reino de Quito, inmensa cantidad de aguas cargadas de hidrógeno sulfurado 
y de arcilla carburada, mezclada con azufre y peces muy poco alterados por 
el calor, y que forman una especie nueva del género Pimelodus (P. Cyclo- 
pum).»**) — Humboldt no presenció ni una sola erupción volcánica en el 
Ecuador, de otro modo hubiera sido imposible, que escribiese estas palabras. 
Hoy dia sabemos, que el Cotopaxi arroja de su cráter, en lugar de aquella 
mezcla extraña, lava verdadera, y que las avenidas de lodo tienen un origen 
muy distinto, pero bien natural. 

Ya en 1873, en su carta muchas veces citada (pág. 9) , el Señor Reiss 
explicó de una manera correcta la formación de las «avenidas de lodo», 



*) Crónica de los fenómenos volcán, y terrem. en el Ecuador, pág. 30. 
**) Humboldt, Essai sur la géographie des plantes et Tableau physique de l'Amérique, 
I, pág. 142. 



352 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VII. 

diciendo: «. ... y las avenidas de lodo eran causadas por la nieve derretida 
por el calor de la misma lava. El agua producida repentinamente en gran- 
des cantidades, debia causar destrucciones en las partes empinadas del cerro, 
y mezclada con ceniza y piedras bajar como lodo á las planicies en el pié 
del cerro. Pedrones todavía candentes de la lava fueron llevados por estas 
avenidas; asi que el rio Cutuchi pareció, todavía cerca de Callo, un río de 
fuego; y se asegura, que piedras calientes han llegado hasta Latacunga. Asi 
como en esta reventazón (de 1853) sucedió en todas las otras: las avenidas, 
que son el terror de los habitantes del pié del cerro, son causadas siempre 
por corrientes de lava, que bajan candentes sobre la nieve de las faldas, y 
nunca por reventazones de agua; tampoco se derrite la nieve de todo el 
cerro por el calor interior, como generalmente se cree; porque, si alguna 
vez hubiera sucedido esto, se encontrarían avenidas en todas las quebradas; 
mas no sucede asi, y las avenidas se encuentran solamente en las quebra- 
das que bajan de una de las muchas corrientes modernas de lava, que hay 
en la circunferencia del Cotopaxi. Si algunas veces parece negro todo el 
cerro, no proviene de la falta de nieve, sino de la ceniza negra, que ha 
caído encima de esta.» 

De igual modo expliqué en mi «Crónica de los fenómenos volcánicos en 
el Ecuador», publicada en 1873 (pág. 38), las avenidas de lodo, de que hablan 
los historiadores y documentos antiguos, apoyándome en gran parte en las 
descripciones mismas, por ejemplo, en la de Velasco, que dá con ocasión de 
la erupción del Cotopaxi en 1744.(' 7) Pero la explicación verdadera de esas 
avenidas, que hasta entonces habíamos deducido ya de las antiguas descrip- 
ciones, ya del estudio de los volcanes y de sus corrientes de lava, se con- 
firmó de una manera directa y espléndida durante la gran erupción del 
Cotopaxi en 1877, que tuve la fortuna de estudiar en sus efectos inmediatos. 
Largo seria insertar aquí todas las observaciones concernientes; algunas se 
encuentran citadas en los Suplementos (88 >, y por lo demás remito al lector 
á mi opúsculo, varias veces citado, sobre el Cptopaxi. Concluí entonces mis 
estudios diciendo: «Podemos considerar la cuestión del origen de las avenidas 
de agua y lodo, como definitivamente resuelta.» — Lo que hemos observado 
en el Cotopaxi, habrá sucedido y sucede, sin duda alguna, en todos los 
volcanes, cubiertos de nieve, cuando durante sus erupciones arrojan corrien- 
tes de lava ígneo-flúida. 

Algunas noticias particulares sobre los volcanes y grupos de 

volcanes mas interesantes. 

Sobre cada uno de nuestros volcanes grandes se podría escribir una 
monografía voluminosa, si se quisiera completar su descripción bajo todos 



. EL TERRENO VOLCÁNICO. 353 

los punios de vista, topográfica, petrográfica, genética etc. Aquí debemos 
contentarnos con algunos apuntes lijeros. Suponemos el conocimiento de 
su posición topográfica general, porque ya queda indicada en la parte pri- 
mera de este obra. 

Comencemos esta vez al Norte, en la frontera de Colombia, donde en- 
contramos el Cúmbal y el Chiles (pág. 99). Ambos volcanes se hallan 
actualmente en el estado de tranquilidad, pero no quisiera afirmar, que están 
apagados del todo y para siempre. Tienen calderas espaciosas. Aunque no 
sabemos nada de erupciones históricas (¡la historia es en América tan corta!), 
las corrientes de lava bastante frescas á sus pies atestiguan, que su activi- 
dad llegó á una época muy moderna y post-cuaternaría. Ademas el Cúmbal 
conserva todavia la actividad débil de las solfataras, exhalando de su cráter 
vapores acuosos, impregnados de azufre (ácido sulfuroso?), y depositando 
azufre nativo al rededor de las bocas, como el Pichincha. Los gases son 
calientes, y el azufre se enciende muchas veces espontáneamente. Ademas 
sale ácido carbónico y gas hidrosulfurico. (Boussingault.) — Este grupo de 
volcanes, á que pertenece también el Azufral de Túqueres, y el vecino occi- 
dental del Chiles, el Cerro negro de Mayasquer, y que cae por su mayor 
parte en el territorio colombiano, se distingue por sus andesitas y lavas 
cuarzosas, que estudió por primera vez R. Küch, en las colecciones de Reiss 
y Stübel.*) 

£1 grupo del Cotacachi y del Yana-urcu (pág. 98), con el Páramo 
de Piñan al Norte, y los cerros de Cambugan, Sigsicunga y de Chancha- 
gran al Sur, se compone de volcanes extinguidos, hace mucho tiempo. En 
el Cotacachi apenas se descubre la forma de un cráter en su cúspide; pero 
á su pié austral está el hermoso cráter de Cuycocha, hoy convertido en una 
laguna de agua cristalina, con dos islotes, que representan acumulaciones 
de lava ó conos de erupción. El primero y hasta ahora el único, que subió 
al Cotacachi, es el Señor Whymper, que alcanzó la cúspide mas alta el 
24 de Abril de 1880.**) — Los alrededores de este volcan se distinguen por 
muchas fuentes termales. 

Otro grupo de volcanes completamente extinguidos y muy antiguos, es 
el interandino del Imbabura y Mojanda, con los miembros intermedios 
del Cunru, Cuvilche y Cusin (pág. 101). Todo lo que se cuenta de erupcio- 
nes históricas del Imbabura, se reduce á la mala interpretación de otros 
fenómenos. Su hermosa caldera es bien conservada, y también los cráteres 
de los demás cerros nombrados son reconocibles. — No sé, si alguien ha 



*) N. Jahrb. f. Mineralogie etc., 1886, pág. 39. 
♦*) Whymper, Obra cit., pág. 262. 

Wolf, Ecuador. 23 



354 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VII. 

trepado hasta la cima de los peñascos negros, que ciñen el cráter del Imba- 
bura (imposible no es, especialmente desde el interior del cráter). Pero es 
relativamente fácil, subir y entrar á la caldera, del lado oeste, por donde 
está abierta. Reiss y Stübel y yo mismo la hemos visitado. — En general 
se puede decir, que ninguno de los cerros ecuatorianos al Norte de la linea 
equinoccial ha manifestado una actividad volcánica en tiempos históricos. — 
La base meridional y occidental del Mojanda es interesante para el petró- 
grafo: aqui descubrimos por primera vez, cerca del pueblo de Puóllaro, las 
hermosas andcsitas cuarcíferas, que después se encontraron en varias otras 
localidades. El Mojanda es un volcan algo complicado, cuya cúspide sé 
compone de varios cerros, que ciñen una caldera muy espaciosa con dos 
lagunas. 

Tan antiguos, como los del grupo anterior, son los volcanes que se 
siguen en la Cordillera occidental al Sur del Mojanda, por el Pululagua y 
los cerros de Calacali, hasta el Rucu-Pichincha. El Pululagua se distingue 
por las hermosas variedades de andesita que componen su esqueleto y por 
su vastísimo cráter, que está abierto hacia el occidente, en dirección á 
Niebli. El camino que conduce á esta hacienda, pasa por el fondo del 
cráter mismo. 

El Pichincha (pág. 85) es el primer volcan de actividad histórica, y 
á la vez el único en la Cordillera occidental. Hoy está dormido, pero no 
apagado del todo, y no hace muchos años que dio señales de despertarse 
de nuevo. Es probable, que al tiempo de la conquista se hallaba en un 
estado semejante de tranquilidad. Por primera vez asustó á los habitantes 
de Quito, 32 años después de la fundación de esta ciudad, con una erup- 
ción fuerte, el 17 y 18 de Octubre de 1566, y el 16 de Noviembre del mismo 
año. El 8 de Setiembre de 1575 se repitió el mismo acontecimiento con 
mas fuerza, y otra vez el 14 de junio y desde el 11 hasta el 14 de julio de 
1582. Este último año falta en mi «Crónica», así como en todos los histo- 
riadores antiguos, y sinembargo la fecha es segura, según un documento 
descubierto y publicado últimamente por el señor Jiménez de la Espada, en 
Madrid, 1888. (89 J Después de una actividad enérgica de 16 años, el Pichincha 
se tranquilizó y no molestó á los Quiteños durante 78 años. Pero entonces, 
el 27 de Octubre de 1660, se despertó de repente é hizo la erupción mas 
espantosa, que recuerda la historia. Existen en Quito muchos documentos 
auténticos sobre este acontecimiento, y según ellos lo describí en mi Crónica.*) 

*) Respecto á toda la actividad histórica de nuestros volcanes, de la cual por ahora 
puedo dar solamente un resumen muy sucinto, remito al lector, que quisiera informarse 
de los detalles, á mi «Crónica de los fenómenos volcánicos y terremotos en el Ecuador", 
varias veces citada. 



EL TERRENO VOLCÁNICO. 355 

Es uno de los fenómenos volcánicos mas grandes, que presenta la historia 
del Ecuador; y como si el Pichincha hubiese agotado con esta erupción 
todas sus fuerzas, recayó en un letargo profundo, sin levantarse desde en- 
tonces á una actividad algo considerable. El cráter se halla en el estado 
de solfatara, exhalando vapores acuosos y gases sulfurosos; algunas veces 
se levanta una columna de humo mas densa sobre la cúspide del volcan, y 
es probable, que también en nuestro siglo hizo algunas erupciones débiles, 
que pasaron casi desapercebidas en la Capital, como, por ejemplo, hacia el 
año de 1830 (según B. Hall), y el 10 de Marzo de 1881. De las relaciones 
antiguas podemos deducir, que las erupciones del Pichincha consistían espe- 
cialmente en eyecciones de materiales triturados, como son ceniza, arena, 
«lapilli», piedra pómez, bombas de toda clase y fragmentos de lava y an- 
desita. Corrientes de lava fresca (histórica), no conocemos en este volcan, 
á lo menos no en sus lados orientales y meridionales. Si existen algunas, 
deben buscarse en las faldas occidentales casi inaccesibles, hacia donde el 
cráter está abierto. — Es claro, que aquí hablamos solo del Guagua-Pichincha, 
que es el único activo; pues el Rucu-Pichincha y los demás picos en sus 
alrededores pertenecen á los volcanes prehistóricos y muy antiguos, en que 
apenas se puede distinguir ó conjeturar la forma de los cráteres primitivos. 
— La subida á ambos Pichinchas es fácil, y la ascensión al borde del cráter 
ya pertenece á los paseos de los Quiteños, se la hace á caballo hasta el pié 
del último y mas empinado cono, que mide solo 400 metros de altura y que 
se sube á pié sin dificultad.*) Pero también la bajada al cráter, que tiene 
la profundidad de 770 metros, no es una empresa tan ardua y arrojada, como 
se la pinta algunas veces, y fué ejecutada por varios exploradores científicos. 
Los primeros que bajaron al cráter del Pichincha en 1845, fueron el ingeniero 
S. Wisse y el señor García Moreno; en 1857 el último repitió la descensión 
con el joven Jameson ; en 1862 un pintor norte-americano, señor C. Farrand, 
pasó una semana en el cráter, para sacar vistas; en 1867 el Señor Orton**) 
pernoctó en este abismo ; en el año de 1870 los doctores Reiss y Stübel cam- 
pearon muchos dias con una numerosa comitiva en la caldera, y pocas se- 
manas después pasé también un dia y una noche en el fondo del cráter, 
acompañado de un solo indio. No sé, si después otros han verificado la 
bajada, pero se puede hacerla sin gran riesgo, cuando el tiempo es favorable. 
Los volcanes, que siguen al Sur del Pichincha, el Atacas o, el Corazón 
y el lliniza, así como los interandinos, Haló, Pasochoa y Rumiftaktti, por 

*) El primer europeo, que impulsado por la curiosidad, subió al cráter, fué Toribio 
de Ortiguera, pocos dias después de la gran erupción de 1582. Vea los Suplementos, 
Nro. 39. 

**) Orton, The Andes and the Araazon, pág. 139. 

23* 



35G GEOLOGÍA. — CAPÍTÜIiO VII. 

interesantes que sean para el geólogo, no tienen un interés tan alto para el 
público, por estar apagados (pág. 89). Los dos primeros y los dos últimos 
se distinguen por sus grandes y hermosas calderas, todas accesibles y abiertas 
hacia el lado del poniente. A las cúspides del A tacazo, Haló, Pasochoa y 
Rumiñahui se puede subir con facilidad, no asi á las del Corazón y del 
Iliniza; en aquel llegó Mr. ^Whymper hasta la cima (en Febrero de 1880), 
en este no la alcanzó, y tenia que desistir de su empresa en la altura de 
5200 metros. (Obra cit. pág. 132.) 

Si pasamos á los volcanes que ciñen al lado oriental la gran hoya de 
Quito, encontramos primero el majestuoso Cayambe, que conserva ya desde 
muchos siglos su tranquilidad interior debajo de su plateada cúpula, y hasta 
la forma del cráter está borrada (pág. 89). En la cumbre se distinguen 
tres picos redondeados y alineados en dirección N-S; el mas alto tiene 
5840 metros, y fué trepado por Whymper en Abril de 1880. (Obra cit. 
pág. 232.) 

Al Sur del Cayambe, y pasado el cerro de Pamba marca, principia con 
el Guamaní el interesante grupo del Antisana (pág. 88). El Antisana 
tiene una actividad histórica, y no podemos considerarlo como apagado del 
todo, aunque actualmente apenas se manifesta una débil acción en la caldera 
misma. Las erupciones de lava modernas se verificaron al pié y en los al- 
rededores del cerro. En 1871 el doctor Stübel llegó hasta el último peñasco 
negro, que sale de la nieve, muy cerca de la cúspide del cerro. Pero 10 años 
antes el señor M. Jiménez de la Espada, miembro de una comisión científica 
española, habia trepado hasta la cima, según el testimonio del urcu-cama 
(mayordomo indio) del hato de Antisana, quien de abajo observó la ascen- 
sión y le vio sentado arriba «como un gallinazo». El señor Whymper logró 
á subir hasta la cúspide en Marzo de 1880 (1. c. pág. 190). Pero es singular 
que este viajero no pudo reconocer la caldera de este volcan, que es muy 
espaciosa, y en que se puede entrar del lado este. — Humboldt cita (refi- 
riéndose á Condamine) erupciones del Antisana en los años de 1590 y al 
principo del siglo pasado, «probablemente 1728»; ademas afirma, que en 1801 
se veía durante muchos dias levantarse una negra columna de humo, desde 
una acumulación de pedrones negros, que se hallaba debajo de la cúspide 
setentrional del cerro. — Tres grandes corrientes de lava al pié occidental 
del Antisana, que en apariencia nacen cerca del limite de la nieve perpetua, 
y de que la mas larga llega hasta el hato de Antisana, presentan un aspecto 
tan fresco, que no pueden haber pasado muchos siglos desde su erupción. 
Pero dos otras, que salieron á mayor distancia del cono central, y á la margen 
de la extensa meseta, datan del siglo pasado. Una es muy conocida bajo 
el nombre de la «reventazón de Pinantura ó de Antisanilla», y la otra es 



EL TERRENO VOLCÁNICO. 357 

la de Potrerillos, encima de Papallacta. La primera nació en un valle al 
lado de la hacienda de Antisanilla, y rellenó una gran parte de la Quebrada 
Guapal, haciendo un camino de unos 6 kilómetros, y bajando en este trecho 
mas de 1000 metros. La superficie y los taludes de esta corriente están 
cubiertos de grandes pedrones de lava escoriácea, todavia muy fresca y de 
un color pardo-rojizo, de manera que es difícil andar sobre ellos. Según 
un documento, encontrado en Quito, la hacienda de Yurac cedió á la de 
Pinantura, hacia el afio de 1760, una parte de su terreno, situado en la banda 
meridional del valle, porque el ganado ya no pudo atravesarlo á causa de 
esta «reventazón». De este hecho podemos concluir que la erupción tuvo 
lugar á mediados del siglo pasado. — La corriente de Papallacta (Potre- 
rillos), en todo muy parecida á la de Antisanilla, nació según el doctor Reiss 
en 1773.*) 

Ademas del interés, que el Antisana tiene como volcan histórico, ofrece 
su grupo (en sentido mas lato) otro especial para el geólogo, por la gran 
variedad de sus rocas. La extensa base del Antisana, que forma una meseta 
ancha desde el Guamani hasta las faldas del Sincholagua, al Este de los 
valles de Tumbaco y Chillo, se compone esencialmente de antiguas andesitas 
cuarzosas, con una textura macro-porfiroidea, á veces en unión con la es- 
coriácea; son estas rocas muy parecidas á las de Puéllaro y Perucho al pie 
del Mojanda. En la región indicada, que está cubierta de antiguos cráteres 
de erupción y de otros cerros, que ya perdieron la forma de cráteres, las en- 
contré, por ejemplo, en el Guamani mismo (donde contienen también olivina), 
en el Guachifili, Tablarumi, Chacana, Fr anees-Loma, ür cucuy, Huairapungo, 
AchupaUas. En el último cerro, sobre la hacienda de Yurac, se hallan con 
un desarrollo típico. Al examinar las lavas modernas del Antisana, encontré 
el cuarzo también en varias de ellas, y especialmente en las dos corrientes 
históricas de Antisanilla y Potrerillos en gran abundancia, no como mineral 
accesorio en pedacitos aislados, sino como un elemento constituyente esen- 
cial; son lavas cuarzosas. Este hallazgo importante ensanchó nuestro cono- 
cimiento petrográfico de las rocas volcánicas; porque, hasta poco hace, era 
admitido como un axioma, el que las lavas de los volcanes modernos nunca 
sean cuarzosas ó cuarciferas. No dudo, que el estudio ulterior, especialmente 
el microscópico, descubrirá todavia otras lavas de esta clase, no solamente 
en la región del Antisana, sino también en otros volcanes ecuatorianos.**) 



*) «Eine fossile Sáugethierfauna von Punin», pág. 14. — Como dice, que la corriente 
de 1773 «descansa en su parte inferior sobre la esquista micácea», no puede ser otra, que 
la de Potrerillos ; porque todas las demás corren sobre terreno volcánico. 

**) Wolf, Ueber das Vorkommen von Quarz-Andesit im Hochland von Quito. Neues 
Jahrbuch íur Mineralogic, 1874. 



358 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO Vil. 

No menos interesantes son las corrientes de lava, que se componen de 
materiales hialinos y semi-hialinos, es decir, de obsidiana, perlita y piedra 
pómcs, y que se encuentran en la misma región. Los bancos ya constan 
de obsidiana ó perlita pura, ya de las dos mezcladas, y la piedra pómez 
(lava espumosa) se halla comunmente en las capas superiores, ó en la super- 
ficie. La obsidiana mas hermosa se encuentra en el Guamani, en el cerro 
que se llama Filocorrales ; una muy potente y larga corriente de perlita (en 
parte mezclada con obsidiana) se puede estudiar en el Tablón de Itulcachi, 
á lo largo del camino que conduce á Papallacta. Otra localidad se encuentra 
mas al Sur, en el cerro, á cuyo pié se halla el hato del Isco y mas arriba 
en el Urcucuy, por donde pasa el camino al hato del Antisana. Allá existe 
en el páramo una gran corriente do obsidiana, llena de nodulos de perlita, 
y pasando en la superficie en piedra pómez muy liviana y torcida en formas 
caprichosas. — Así es el Antisana para el petrógrafo talvez el volcan mas 
interesante de todo el Ecuador alto. 

La obsidiana del Guamani sirvió en la antigüedad á los indios para la 
fabricación de muchos instrumentos y utensilios (como la usaron también 
los indios de Méjico). En todo el país interandino se encuentran puntas de 
flechas, cuchillos y fragmentos de este mineral, que los indios llaman aya- 
collqai, es decir, plata de los muertos. Pero su uso se extendió por el comercio 
también sobre las provincias del litoral. En las orillas del Daule, especial- 
mente cerca de Balzar, se encuentran multidad de las mismas flechas de 
obsidiana, como en Quito, en la inmediación de Colonche encontré un pequeño 
espejo redondo de este mineral, y el ara de la iglesia de Chongon está 
labrada de una piedra, que se halló en la montaña cercana y en que reconocí 
á la primera vista la obsidiana mas hermosa del Antisana (respectivamente 
del Guamani). 

Progresando con nuestra revista en la Cordillera oriental, no nos deten- 
gamos con los vecinos del Cotopaxi al Norte y al Sur, con el Sincholagua 
y con el Quilindaña\ porque ambos pertenecen á los volcanes extinguidos 
y no presentan cosas de interés general. A la cúspide del Sincholagua subió 
Whymper en Febrero de 1880 (1. c. pág. 160). 

El Cotopaxi reclama mayor atención, porque es, sin duda alguna, el 
volcan mas temible y mas peligroso de todo el Ecuador. Ya en otras oca- 
siones he hablado bastante de este cerro, de su constitución y de su activi- 
dad; por ahora nos resta dar la historia sucinta de la última, que comprende 
un periodo de tres siglos y medio. 

El Cotopaxi era el primer volcan, cuyas desastrosas operaciones experi- 
mentaron los conquistadores al entrar en el antiguo reino de Quito. Sinem- 
bargo, su primera erupción, en el año de 1534, les fué provechosa, en cuanto 



EL TERRENO VOLCÁNICO. 359 

amedrentó y desalentó á los Indios en la resistencia, que oponían á los 
Españoles, pues aquellos creyeron ver en este fenómeno una manifestación 
de la naturaleza en contra de su causa. Hay razones graves para creer, 
que esta erupción aconteció en el mes de junio ó julio del año citado, y que 
de ella misma provino la lluvia de ceniza, mencionada con frecuencia por 
los historiadores de la conquista, que molestaba é inquietaba durante dos 
ó tres días al pequeño ejército de Alvarado, cuando ya habia llegado al pié 
de la Cordillera occidental. Después de este suceso descansaba el Cotopaxi 
mas de 200 años, hasta que el 15 de junio de 1742 despertó de repente de 
su letargo con una fuerza extraordinaria, y fué durante 26 años el terror y 
azote de los distritos de Latacunga y Quito. En esta triste época comenzó 
la devastación y el empobrecimiento de la actual provincia de León ó Lata- 
cunga, que en tiempos anteriores habia sido una de las mas hermosas y 
fértiles, y hay que temer que mientras no se apague por completo eso terrible 
volcan, la desolación se extienda mas y mas, como las últimas erupciones 
han confirmado este temor de la manera mas funesta. También algunas de 
las frescas corrientes de lava, de que he hablado en otro lugar, datan de 
esta misma época. Según las antiguas relaciones, que existen en los archivos, 
se parecen todas las erupciones unas á otras tanto, que no es necesario 
describirlas una por una. El primer acto consistía regularmente en una 
enorme lluvia de arena y ceniza, se seguían las grandes avenidas de agua 
y lodo, ocasionadas por el derrame de la lava ígnea, las que precipitándose 
á las llanuras y valles, arrebataban y devastaban cuanto encontraban á su 
paso, y finalmente continuaba el Cotopaxi todavía algunos días echando 
nubes de humo y ceniza, hasta que volvía á sosegarse. Hé aquí las fechas 
de las siete erupciones principales de esta época: 

Año de 1742, 15 de junio. 

„ „ 1742, 9 de diciembre. 

„ „ 1743, 27 de setiembre hasta el 4 de octubre. 

„ „ 1744, 30 á 31 do noviembre. 

„ „ 1744, 2 de diciembre. 

„ „ 1766, 10 de febrero. 

„ „ 1768, 4 de abril. 

Como una circunstancia notable hay que advertir, que ninguna erupción 
del Cotopaxi fué acompañada de un terremoto ; solamente el 2 y el 4 de abril 
de 1768 se sintieron, como precursores de la erupción, algunos temblores en 
las cercanías del volcan. 

Después de la horrorosa catástrofe de 1768 reposó el Cotopaxi unos 
35 años, y entró el 4 de enero de 1803 en una actividad transitoria y según 
parece no muy intensiva. Humboldt oyó entonces las detonaciones, que 
acompañaron la erupción, en el golfo de Guayaquil, cuando comenzaba su 



360 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VII. 

viaje á Lima. — Sobre las erupciones de este siglo faltan casi completa- 
mente documentos manuscritos é impresos, y es cosa bien ardua y poco 
segura averiguar por la tradición, no digo los pormenores, pero siquiera las 
fechas de las erupciones. Ningún escritor ecuatoriano se ha tomado el tra- 
bajo de ocuparse un poco con esta materia tan interesante, y casi todo lo 
que se sabe de la historia moderna del Cotopaxi, lo debemos á unos viajeros 
extrangeros, que casualmente se hallaron en el pais, cuándo acontecieron las 
erupciones. Tales erupciones poco conocidas sucedieron: en abril de 1845 
(Humb. Cosmos IV, según Ida Pfeiffer) y en 1851 (Villavicencio) ó 1852 
(Wagner). De la del 13 á 15 de setiembre de 1853 se sabe algo mas, mer- 
ced á la descripción que de ella hizo H. Karsten, viajero alemán, que la 
presenció en Latacunga; fué muy considerable y dio una grande corriente 
de lava, descrita por el señor Reiss. De menor importancia parecen haber 
sido las erupciones de 1855 y de 1856. Desde entonces se observó con 
frecuencia, que el Cotopaxi lanzaba á los aires espesas nubes de vapor y 
humo, también se ennegrecía á veces su nevada cumbre, de ceniza y otros 
materiales arrojados, y aun no es improbable, que derramaba un poco de 
lava liquescente en los años de 1863 (según el doctor Stübel) y de 1866 
(16, 18, 21 de setiembre); pero lo cierto es, que no hizo ninguna erupción 
grande hasta el año de 1877. 

Desde esta erupción memorable, que describí largamente, el volcan no 
se tranquilizó nunca del todo, hasta nuestros días. Hizo varias erupciones 
considerables, que solo después de la de 1877 parecieron menos importantes; 
asi durante los años de 1878 y 1879, y una muy fuerte el 3 de Julio de 
1880. Desde que el Tunguragua entró en nuevo estado de acción, la del 
Cotopaxi parece ser menos enérgica. 

No faltaron viajeros, desde el siglo pasado, que tentaron la ascensión al 
Cotopaxi, pero siempre sin el éxito deseado, hasta que los señores Reiss y 
Stübel en 1872 la realizaron y sentaron sus pies sobre el borde occidental 
del cráter.*) El 9 de Setiembre 1877, poco tiempo después de la gran 
erupción, subimos yo y el señor Alejandro Sandoval de Latacunga á la 
cúspide norte del cerro; y cuatro meses mas tarde, el 15 de Enero de 1878 



*) En paseos ordinarios, en que cada noche se quisiera regresar á los pueblos ó á 
las haciendas (como hicieron Huraboldt, Boussingault etc.), no se puede hacer la ascensión 
al Cotopaxi, ni á los demás nevados, porque las distancias son mas largas de lo que 
parecen de lejos. La mala é insuficiente preparación de los viajes, la poca experiencia, 
y el poco tiempo, que se han tomado, ha sido la causa principal, de que anteriormente 
las empresas de ascensión han fracasado, hasta el punto do haberse arraigado entre los 
habitantes del Ecuador alto la convicción, de ser imposible trepar á la cúspide del Coto- 
paxi ó del Chimborazo. — Las muchas ascensiones citadas en este capítulo, y sobre todo 
las de Whymper, han echado abajo esa convicción errónea. 



EL TERRENO VOLCÁNICO. 361 

siguió el barón de Thielmann nuestras huellas, con el mismo éxito feliz. El 
Señor Whymper quiso hacer mas que sus antecesores, y pasó en Febrero 
de 1880 una noche sobre el borde del cráter (1. c. 145). 

El Quilotoa es un volcan extinguido en la Cordillera occidental de 
Latacunga, á las cabeceras del rio Toachi (pág. 80). No tiene el prestigio 
hacinador como el Cotopaxi, pues no llega á la región de las nieves, ni 
tiene un cráter visible de lejos. Si lo menciono entre los volcanes notables, 
es para quitarle la sombra misteriosa, en que la tradición lo ha envuelto. 
El Quilotoa encierra, como el Mojanda, y como el Cuycocha al pié del Cota- 
cachi, una laguna considerable en su cráter, pero con agua salada, que según 
Dressel contiene 37a °/ de cloruro de sodio y 2°/ ¿ e cloruro de magnesio 
(vea el Suplem. No. 30), y es algo tibia, es decir, conserva la temperatura 
de 16° C, mientras que la media de este paraje no puede pasar de 8 o C. — 
Velasco menciona por primera vez para el año de 1725 unos fenómenos muy 
particulares en este lago, que después se han repetido, según se dice. Afirma, 
que el agua subió 70 varas y cubrió la isla, que habia existido antes, y que 
y arrojó llamas de fuego de en medio de las aguas» (Vel. I, pág. 12). Ya 
á Mr. de La Condamine habian contado cosas semejantes, pero él se mostró 
muy incrédulo, tomando la noticia por un cuento de los indios (Voy., pág. 62). 
No quisiera rechazar todo como fábula, y creo que la relación de Velasco 
tiene por fundamento algún fenómeno físico; pero sin duda M. Wagner 
exagera demasiado la importancia del acontecimiento, interpretando las pa- 
labras de Velasco en sentido de una gran erupción volcánica: a La isla, que 
se cubrió de agua, de repente se convirtió en un cráter, arrojando escorias 
encendidas y vapores» (Reisen im trop. Am., pág. 455). Si consideramos, 
que Velasco conoció muy bien lo que es una erupción volcánica, y que en 
su pluma por lo regular los sucesos volcánicos se aumentan y se exageran, 
debemos concluir de sus palabras sencillas, que el referido suceso en el 
Quilotoa fué de poca importancia. 

En 1751 se halló el Marques de Maenza, propietario de la hacienda 
Ciénaga cerca de Latacunga, en París é informó á Mr. de la Condamine, de que 
en Diciembre de 1740 ardió de nuevo el lago del Quilotoa. Las llamas habrían 
quemado todos los arbustos alrededor del lago y matado el ganado, que pacía 
en sus cercanías. En términos semejantes se expresa Velasco, que aquí pa- 
rece seguir á Condamine; solamente que según él apareció de nuevo la isla 
hundida, que se quemaron hasta las rocas, y que se esterilizaron los campos. 
Es singular, que Condamine, quien en Diciembre de 1740 se halló en las 
cercanías del Quilotoa, recibió esta noticia solo 11 años después en París. 
Wagner de nuevo dá á este acontecimiento un colorido «mas interesante», 
diciendo: «Una segunda erupción fuerte de aquella isla sucedió en 1740. 



362 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VII. 

Todo el lago apareció en una iluminación maravillosa de llamas, como refiere 
el historiador citado (Velasco); pero sin duda fué solamente el reflejo de los 
proyectiles encendidos, el que iluminó el lago» (1. c. pág. 455). 

Las escasas noticias citadas, que tienen algo de misterioso, no son á 
propósito para dilucidar la naturaleza del fenómeno en cuestión, que, según 
es fama, se repitió varias veces después, por ejemplo en 1859. — El doctor 
W. Reiss es el primer geólogo, que en 1872 estudió detenidamente este vol- 
can, y á quien debemos las primeras noticias exactas. Según él no se ob- 
serva ningún indicio de una actividad histórica del Quilotoa; el desprendi- 
miento de burbujas de gas en el agua es el único resto débil de su actividad 
prehistórica y muy antigua. Debemos á este observador una descripción 
detallada del Quilotoa, de la formación do su cráter y del lago, asi como 
la explicación sencilla y natural de los fenómenos mencionados, pero des- 
provistos de toda exageración.*) En mi «Crónica)) (pág. 34) he adoptado 
las explicaciones del señor Reiss, que ya me había comunicado en una carta 
particular. — El cráter tiene paredes muy escarpadas de mas de 300 metros 
de altura y el fondo está ocupado por el lago. Al lado oeste de su borde 
baja una loma menos pendiente hasta el agua, formando una pequeña penín- 
sula. Esta prominencia es el efecto de un gran derrumbo, y se extendió 
algún día mucho mas que ahora por el lago adentro, de manera que cabían 
allí algunas chozas y podía pacer el ganado. Pero el agua, que penetra 
con facilidad la toba volcánica, y el oleaje, aunque débil, sinembargo con- 
tinuo del lago profundo, desmoronaron y socabaron poco á poco el terreno 
derrumbado, y asi la península se disminuyó cada dia mas y se redigo 
finalmente al resto pequeño, que aun se conserva. Fácil es, que de estos 
sucesos naciera el cuento de la isla y hacienda hundida, porque el pueblo 
siempre se inclina á atribuir los efectos de los lentos procedimientos natu- 
rales á unas causas violentas é instantáneas. — El gas que se desprende 
del lago, es el ácido carbónico, con un olor débil de hidrógeno sulfurado. 
Este gas no se enciende ni arde; para suponer otros gases en otros tiempos, 
nos falta el fundamento. Pero el señor Reiss se inclina á negar la existencia 
de llamas, y explica el fenómeno de la manera siguiente. Cuando por épocas 
vá aumentándose el desprendimiento de gas, el agua parece hervir y se tifie 
de amarillo por el lodo removido. Por la gran cantidad de ácido carbónico, 
los animales en la cercanía tienen que padecer y hasta morir á veces; los 
arbustos en las orillas se secarán y aparecerán como quemados. El pueblo 
no podrá explicarse estos fenómenos sin suponer la existencia de fuego, que 
haga hervir el agua y ennegrecer los animales y las plantas. 

*) Carta del doctor Reiss, muchas veces citada, pág. 4—8. 



EL TERRENO VOLCÁNICO. 363 

Las rocas andesiticas, que loman parte en la arquitectura del Quilotoa, 
pertenecen á las mas hermosas y mas variadas del Ecuador alto, y ofrecen 
al petrógrafo un campo muy vasto. 

Para concluir con los volcanes de la Cordillera occidental, diremos to- 
davía cuatro palabras del Carihuairazo y del Chimborazo. Ambos son 
volcanes prehistóricos, el primero con una caldera muy grande, el segundo 
sin ella, pero con grandes y largas corrientes do lava á su pié oriental 
(pág. 61 y 62). Lo que cuenta Velasco de la antigua grandeza del Cari- 
huairazo, «competidor en la desmedida elevación del Chimborazo, de manera, 
que no se podia distinguir, cual fuese mas alto», es una fábula y un juego 
de fantasía, que se funda probablemente en la figura exterior del cerro, y 
que recuerda la misma fábula respecto al Altar, el cual en efecto tiene una 
forma muy parecida. La figura actual de ambos volcanes es la primitiva, 
como quedó después de su última erupción, y de ningún modo ocasionada 
por hundimientos; las calderas de los volcanes se han formado por las 
muchas erupciones y explosiones. — La cúspide del Carihuairazo visitó 
Mr. Whymper en Junio de 1880; á la cumbre del Chimborazo, de que hablé 
en otra ocasión, subió dos veces, en Enero y en Julio de 1880. 

El Tunguragua, este competidor moderno del Cotopaxi, se halla en- 
frente del Chimborazo, en la Cordillera oriental (pág. 60). Las hermosas 
corrientes de lava antiguas y modernas, á su pié, fueron visitadas por todos 
los geólogos, que han venido al Ecuador, desde Humboldt, que aquí por 
primera vez observó el contacto directo de la lava con las esquistas crista- 
linas, cerca de la chorrera de Agoyan. Apesar de algunas tradiciones de 
erupciones á fines del siglo pasado, nos habíamos acostumbrado á considerar 
el Tunguragua como volcan extinguido, por la gran tranquilidad, en que 
reposaba desde mucho tiempo, hasta que la espantosa erupción de 1886 nos 
sacó de nuestra seguridad. — En mi a Crónica» pude reunir muy pocas 
noticias sobre la actividad histórica de este volcan. Condamine cita la 
erupción mas antigua para el año de 1641 («vers 1641»), según lo que le 
contó un indio viejísimo de la provincia de Riobamba, que tenia mas de 
100 años y se recordaba de varios pormenores de ese acontecimiento. Des- 
pués faltan noticias por mas de un siglo. Una erupción muy fuerte, durante 
la cual se formó la interesante corriente del Juivi grande, se verificó en 
1773, según un documento, que encontré en Quito, algún tiempo después 
de la publicación de mi «Crónica», en la cual, por consiguiente, falta este 
año.*) Desde entonces echaba el Tunguragua con frecuencia de su boca 



*) Es el borrador de una carta autógrafa, que el Presidente de Quito dirigió al Conde 
de A randa, y que literalmente dice así: 



364 GEOLOGÍA.. — CAPÍTULO VIL 

espesas columnas de humo y vapores, asi en 1776, cuando se las veia desde 
Canelos. Wagner pone una gran erupción en el año de 1777, sin indicar 
su fuente, y cree que de esta podría derivarse la corriente de lava de Juivi 
grande. Del mismo dictamen es Karsten, el cual, sinembargo, deja nacer 
esta lava por un levantamiento del suelo, en estado sólido (lo que está 
refutado por Reiss y Stübel). Mas probable me parece, que aquella lava ya 
corrió en 1773, y la erupción de 77 no está bien probada. Pero con mayor 
fundamento podemos admitir una erupción fuerte durante el año de 1781; 
porque en una relación de la Municipalidad de Riobamba, que existe todavía 
en el archivo de la Presidencia de Quito, se dice, que «desde el año de 
1781, en que el Tungurayua habia hecha una reventazón, cesaron los temblo- 
res.» Esta es la última noticia que tenemos de este volcan. Quedó sin 
señales de vida durante mas de un siglo. Pero el 11 de Enero de 1886 
despertó repentinamente de su sueño con gran furia, y devastó horrible- 
mente el valle de Baños y todos sus alrededores. El Señor Augusto N. Mar- 
tínez describió esta erupción en algunos artículos, publicados en «La Nación» 
de Guayaquil en el año citado. En lo esencial no se distinguió de las gran- 
des erupciones del Cotopaxi, y de nuevo dio al suelo con la teoría de Karsten 
y con la opinión, de que los volcanes modernos del Ecuador no arrojen lava 
líquida. Pues, las cantidades de lava, que en esta ocasión salieron, durante 
algunos meses, del cráter del Tunguragua, son fabulosas, formaron corrientes 
inmensas, que en todo son parecidas á las de Juivi y otras antiguas, y 
obstruyeron los cauces de los ríos de Patate y Chambo, reprimiendo sus 
aguas en un lago extenso, que solo pudo desaguarse despacio, á medida 
que se formaba el nuevo cauce en la lava, mediante la erosión del agua. (l0) 



Exc mo . S or . 
Señor 

Habiendo acahecido la erupción del Volcan de Tunguragua conformidable 
(error de los habitadores, y considerable estrago de Ganado, y Mieses en una 
larga extensión de Pais, me ha parecido conveniente imponer á la Superioridad 
de V. E. por medio de la adjunta Relación, y dos representaciones del Volcan y 
Pais perjudicado que acompaño, en el que han sido comprehendidas algunas 
Haciendas de Temporalidades. 

Dios g e . á VE. mu 8 , a 8 . Quito 13 de Julio de 1773. 

J. D. 
El Presidente de Quito D n . Jph. Diguja incluie á VEx. la Relación, y dos 
representaciones de la erupción del Volcan de Tunguragua. 

Exc mo . S r . Conde de Aranda. 

Gran lástima e^, que se ha perdido la relación, de que habla la carta, porque sin 
duda contenia muchos pormenores interesantes, como la, que el mismo Presidente Joseph 
Diguja habia dirigido al rei de España, sobre la erupción del Cotopaxi en 1768, y cuya 
copia se encuentra en el apéndice de mi « Crónica », pág. 58. 



EL TERRENO VOLCÁNICO. 365 

Erupciones mas pequeñas se verificaron en los años subsiguientes, y no 
sabemos todavía, cuándo el volcan recaerá en su letargía. — El primero que 
subió al cráter del Tunguragua, es el doctor Stübel, quien lo estudió en 
Febrero de 1873, y observó un desprendimiento muy débil de vapores vol- 
cánicos en la pared del Norte. Pocos meses después siguió Mr. Farrand, 
un pintor y fotógrafo norteamericano, las huellas del Dr. Stübel, y pasó una 
noche sentado sobre el borde del cráter, esperando el buen tiempo de la 
madrugada para sacar vistas fotográficas. Diez años mas tarde, en Diciembre 
de 1883, también el señor A. N. Martínez, acompañado de su hermano y un 
amigo, sentaron sus plantas sobre el borde del cráter. 

Solo unas cuatro leguas al S del Tunguragua encontramos el Altar 
ó cerro de Coüanes (pág. 59). Es un volcan muy antiguo, en cuya cercanía 
no se descubren indicios de una actividad moderna. Humboldt afirma (en 
la parte IV* del Kosmos), que entre los indígenas de la provincia de Rio- 
bamba se ha conservado la tradición general, de que 14 años antes de la 
invasión del inca Huayna-Capac (cerca de 1460) la cumbre del Altar se 
había hundido á consecuencia de unas erupciones seténales. Actualmente 
no existe tal tradición; ninguno de los historiadores antiguos, ni Velasco, 
tan familiarizado con las tradiciones de los indios, la menciona, y parece, 
que Humboldt confió con demasiada credulidad en las palabras de un solo 
individuo, del indio Zefla en Riobamba. (Véase toda esta historia en M.Wagner, 
Reisen im trop. Am., pág. 486.) Los autores modernos, entre ellos Villavi- 
cencio, tomaron dicha tradición de Humboldt, de manera que propiamente 
él es el autor de ella. — «La suposición, de que el Altar haya sido antigua- 
mente un cerro cónico de la altura del Chimborazo, y de que haya recibido 
su forma actual por un derrumbamiento en tiempos históricos, carece de 
fundamento científico; ella contradice á las observaciones, que se puede hacer 
en el cerro mismo, así como á las deducciones que sacamos de la analogía 
con cerros volcánicos semejantes.» (A. Stübel, Skizzen aus Ecuador, pág. 44). 

El Sangay es el volcan mas meridional del Ecuador con actividad 
moderna, y á la vez es uno de los volcanes mas activos del mundo. Feliz- 
mente se halla tan retirado de la región poblada, que no causa mucho daño 
á los habitantes (pág. 59). 

Según Mr. de La Condamine comenzó su actividad moderna en el año 
de 1728. Sin duda hizo ya antes sus erupciones, pero desde el año citado 
hasta nuestros días no ha interrumpido jamas del todo su actividad, antes 
bien la ha aumentado en ciertas épocas, como, por ejemplo, en el año de 
1739, en que Condamine le observó desde el páramo de Zula: «Todo el monte 
pareció arder, así como el cráter mismo. Sobre el cono se derramó un rio 
de azufre y betún encendido y se formó su cauce por medio de la nieve, 



366 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO Vil. 

de la cual la cumbre siempre está cubierta» (Voy., pág. 77). Parece ex- 
cusado decir, que dicho rio no se formó de azufre ni de betún, sino de lava 
enrojecida. — «Desde 4 años, y hasta hoy dia, se derrama sin intermisión 
una lava encandesente por la falda oriental del Sangay», dice el doctor Reiss 
en 1874, en su carta polémica contra II. Karsten.*) En Diciembre de 1849 
se halló el ingeniero S. Wisse en la cercanía del Sangay, y contó en una 
hora 267 explosiones fuertes. Los bramidos del volcan se oyen con frecuencia 
en Guayaquil, y la ceniza que lanza al aire, a veces llega á caer en el océano 
pacifico (como la del Cotopaxi y del Tunguragua). 

Desde el Azuay al Sur, el terreno volcánico es muy antiguo, y se ne- 
cesita ser geólogo, para reconocerlo; las formas exteriores de las montañas 
no lo recuerdan, solo la existencia de andesitas y lavas muy antiguas lo 
manifiesta. El doctor Reiss es el primero, que habla de tobas volcánicas 
superficiales cerca de Cuenca**), y yo descubrí en mi viaje de 1876 las an- 
desitas y sus tobas hasta el limite de la provincia de Loja. Siendo estos 
descubrimientos tan modernos y todavía poco conocidos por los geólogos, 
diré algo sobre los grupos principales de ese terreno volcánico. Podemos 
distinguir tres grupos; el primero es el del Azuay, ocupando el centro del 
nudo de este nombre, y extendiéndose al S sobre la provincia de Cañar 
hasta el Bueste. Al segundo grupo podemos dar el nombre de Gualaceo, 
por hallarse muy desarrollado en el valle del río de Gualaceo, hasta las 
cercanías de Jima, pero se extiende al Oeste hasta el rio Tarqui. Los 
materiales volcánicos superficiales cerca de Cuenca, Sidcay, Deleg etc. pueden 
derivarse del primer grupo ó del segundo. El tercero comienza al Sur del 
nudo de Tinajillas, en el rio de Nabon, y llena los valles del rio León y de 
sus tributarios hasta mas allá de Oña. 

El grupo del Azuay. El camino real de Quito á Cuenca atraviesa 
el centro del nudo del Azuay. Cerca de Achupallas se observa en los valles 
el terreno fundamental, las esquistas primitivas, y una media legua arriba 
del pueblo, siguiendo el rio Azuay, se tiene la ocasión bastante rara de es- 
tudiar el contacto inmediato de la andesita eruptiva con aquellas rocas estra- 
tificadas. Desde allá desaparecen las esquistas y quedan cubiertas de la roca 
volcánica, pues todo ese mundo de cerros, picos y cuchillas, hasta los Pare- 
dones, constan de andesita, es decir de lava antigua, en otras palabras: son 
volcanes extinguidos. Al Oeste el Azuay está bordeado de «rocas verdes» 
y de la formación cretácea, pero algunos cerros volcánicos avanzan hasta 



*) Zeitschrift der deutsehen geologischen üescllschaft, XXVI, pág. \):Í3. 
**) Carta á S. E. el Presid. de la Rep., 1873, pag. 15. 



EL TERRENO VOLCÁNICO. 3G7 

las orillas del río Quinchan, como el cono del Guabatew ó Rpftay; Hacia 
el Este el terreno volcánico queda limitado por las esquistas cristalinas de 
la Cordillera oriental. 

Desde los Paredones comienzan á ocultarse las andesitas debajo de las 
tobas y los conglomeratos volcánicos, que llegan á un desarrollo enorme en 
la meseta de Cañar; como se vé con particularidad en el valle qngr ef río 
grande ha excavado en ellos. Las últimas lavas macizas sobresalen en forma 
de crestas y pequeños picos de los conglomeratos enfrente de Cañar cerca 
de los pueblos de Sigsid y Tambo. £1 Bueran, al Sur de Cañar, se com- 
pone hasta su cumbre (380G metros) solamente de conglomeratos gruesos y 
estos se extienden hasta el Bueste. Me parece que al Sur del río de Cañar 
no se verificaron erupciones de lava, sino que allá los materiales volcánicos 
cubren solamente en capas gruesas el terreno cretáceo y porfídico, que se 
descubre hacia el oriente desde Inca-pirca, Huaira-pungo y Molobog, para 
reunirse directamente con las esquistas cristalinas de la Cordillera oriental. 

La variedad petrográfica de las andesitas del Azuay es grande, sobre 
todo en los conglomeratos en que encontramos una colección de muestras 
que derivan de puntos diferentes y distantes. En lo esencial no se distin- 
guen de las andesitas de la provincia de Quito; predominan las variedades 
de una textura microcristalina y de color oscuro, pero tampoco faltan las 
macrocristalinas, y cerros enteros se componen de ellas, por ejemplo los que 
están al lado de Quimsa-cruz. La variedad esponjosa, que se llama piedra 
pómez, no es rara en las tobas y brecchas, pero la obsidiana parece faltar. 

El grupo de Gualaceo. Las erupciones principales de este grupo 
tuvieron lugar en el valle del rio Gualaceo, desde el Paute hasta la desem- 
bocadura del rio Shiu. Allá se encuentran á cada paso las lavas antiguas, 
que sobresalen en forma de bancos ó de cuchillas las tobas y brecchas. 
Igualmente encontré la peña viva de andesita en los páramos entre Jima y 
Sigsig en una altura considerable. En el valle del rio Paute se observa 
bien la sobreposicion de la formación volcánica sobre la de la arenisca de 
Azogues, y al Norte del dicho rio, entre Paute y San Cristóbal, existe un 
pequeño grupo de vetas y diques de lava andcsítica, que rompieron aquella 
formación sedimentaria, así como también el cerro de Cojitambo, que todo 
se compone de una andesita muy hermosa y se levanta aislado en medio 
de la arenisca, sin alterar mucho el rumbo general de las capas de ella. 
Fuera de estos puntos no enoontré la andesita «in si tu», pero sus tobas y 
conglomeratos tienen una extensión mucho mas grande: en la Cordillera 
oriental de Sigsig ^uben hasta los páramos y al Oeste se extienden por 
Quinjeo á las cercanías de Cumbe, rodean los planos de Tarqui, componen 
los cerjp* de Turi y Valle, y cubren, á lo menos superficialmente, los de 



368 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VII. 

Paeeha y aun la cumbre del Guagualzhuma. También al Norte de Cuenca 
las capas dé materiales volcánicos formaron antiguamente una cubierta super- 
ficial sobre la arenisca de Azogues hasta Deleg, pero los ríos que vienen 
del Oeste, el Machángara, el de Sidcay y el de Deleg, destruyeron esta 
cubierta en gran parte, excavando sus cauces hasta la profundidad de la 
arenisca; y asi es que se han conservado solamente algunos trozos del ter- 
reno volcánico sobre las lomas que separan los valles de dichos ríos. Esta 
observación se puede hacer mejor en el camino de Cuenca á Deleg, que 
cruza todos esos valles y lomas: sobre estas se pisa los conglomeratos vol- 
cánicos (muy desarrollados en Habzhun), y en aquellos las capas levantadas 
de la arenisca de Azogues. 

En cuanto á las variedades de la andesita se puede decir que son las 
mismas que en el grupo del Azuay. El cerro de Cojitambo presenta una 
variedad tipica y hermosa de la andesita antibélica : en la masa fundamental 
microcristalina de un color gris claro se distinguen perfectamente bien los 
crístalitos de anfibola, mica negra y los fragmentos mas grandes de la 
plagioclasa (andesina) blanca; con la aguja magnética se comprueba también 
la presencia de la magnetita, que no falta en casi ninguna variedad. 

El grupo de Nabon y Oña. Como hemos dicho mas arriba, se ex- 
tiende sobre los valles del rio León y de sus tributarios desde el de Nabon 
hasta el de Oña. Al Este sube hasta los páramos del terreno esquistoso y 
al Oeste se limita al lado derecho del rio León con una zona angosta que 
faldea las montañas porfídicas de Allpachaca. Predominan en este territorio 
las rocas clásticas, tobas y conglomeratos. Algunas tobas se hallan muy 
impregnadas de hidróxido de hierro, que les comunica un color rojo y las 
dá á conocer en mucha distancia; fenómeno que se observa también en el 
grupo de Gualaceo, en las cercanías de Quinjeo. Por esta cubierta gruesa 
de tobas y conglomeratos se han ocultado bastante los lugares de erupción 
de andesita y lava, y es algo difícil descubrirlos. La mejor ocasión para 
observar las rocas vivas se ofrece en las laderas escarpadas del valle del 
rio León en el lado izquierdo, por ejemplo en la bajada de Nabon al dicho 
rio, pero son generalmente muy descompuestas. 

También cerca de Udushapa y Oña existen montañas de peña viva, pero 
estas necesitan una explicación especial, porque presentan una de las rocas 
mas interesantes bajo la vista científica, es decir la andesita cuarzosa. De 
ella se compone la pequeña cordillera ó mas bien una sola montaña tendida 
entre Oña y el rio de Udushapa, igualmente la montaña entre este mismo 
rio y el de Tablayacu. El camino real pasa por ambas localidades, y fuera 
de ellas no he visto esta roca particular en toda la provincia, y puedo añadir 
ni en toda la República; pues las andesitas cuarzosas de la provincia de 



EL TERRENO VOLCÁNICO. 3G9 

Quito se han desarrollado de una manera distinta. En efecto, el aspecto 
exterior de la roca es tan singular, que es capaz de engañar á cualquiera, 
y por mucho tiempo la tomé por una roca granítica muy alterada y descom- 
puesta. En la superficie es desmoronadiza y se parece á las areniscas cuar- 
zosas, pero también en alguna profundidad es todavía bastante blanda, de 
manera que es difícil aderezar con el martillo muestras regulares. El detenido 
examen mineralógico dio los resultados siguientes: la roca consta casi por la 
mitad de cuarzo cristalino en granos y fragmentos de 1 á 4 milímetros de diá- 
metro; estos granos son por lo común irregularmente angulosos ó redondeados, 
pero examinando bien los aislados, que se hallan por millares en la superficie 
descompuesta del terreno en el camino y en las pequeñas quebradas, se vé 
muchos que son cristalitos bastante perfectos y presentan el dihexaedro, 
como el cuarzo de ciertos pórfidos (fenómeno que se observa igualmente en 
la andesita cuarzosa de Perucho y Puéllaro). El cuarzo es sin color, pelú- 
cido como cristal de roca, ó algo ahumado, no descompuesto. El segundo 
mineral constitutivo es un feldespato triclínico, la andesina, en pequeños 
fragmentos cristalinos, de aspecto bastante fresco, pero de contornos algo 
confusos y no bien limitados; rara vez es pelúcido como vidrio, comunmente 
blanco y turbio; su cantidad apenas llegará á la mitad de la del cuarzo. 
Fuera de estos dos no se vé otro mineral individualizado, ni mica, ni anfibola, 
ni magnetita, y todo el resto de la roca consta de una masa fina porosa que se 
parece á la piedra pómez, y forma como un cemento para el cuarzo y feldespato. 

Un accidente secundario de esta roca merece ser mencionado, y es el 
que en sus grietas y hendiduras se han formado vetas de ópalo de */* hasta 
6 pulgadas de ancho. Estas vetas son frecuentes en el camino de Udushapa 
ó Ofia, mientras que no las observé en el lado opuesto del rio Udushapa. 
El ópalo es bastante hermoso y de diferentes colores, en algunas vetas se 
acerca al ópalo fino, en otras al ópalo de fuego. La presencia del ópalo en 
estas vetas es una señal segura, de que la andesita cuarzosa ya no se en- 
cuentra en su estado fresco, sino en el de la metamorfosis, en que se forman 
estas secreciones de sílice amorfa á costa de los minerales constitutivos. 

Dudo que en otra parte del mundo se haya encontrado una roca vol- 
cánica tan rica en cuarzo, como la andesita cuarzosa de Oña. Algo parecida 
á ella, pero no con tanto cuarzo, es una andesita cuarzosa muy porosa, ó 
una piedra pómez, que el doctor Stübel encontró en Bolivia, cerca del Sajama, 
en el camino que conduce de Tomarape a Carahuara, y que fué descrita 
por Fr. Rudolph.*) 



*) «Beitrag zur Petrographie der Anden von Perú und Bolivia.» En: Mineral, u. 
Petrogr. Mittheil. von Tsehermak, IX, pág. 309. 

Wolf, Ecuador. 24 



¿J70 GEOLOGÍA. — CAPÍTULO VII. 

Por su posición singular y excepcional en la costa, debo decir todavía 
cuatro palabras de las tobas volcánicas de Esmeraldas. He dicho 
anteriormente, que los materiales volcánicos del pais andino acaban muy 
arriba en las faldas exteriores de la Cordillera occidental, y que en general 
no ejercieron ninguna influencia en el desarrollo de las regiones litorales. 
La presencia de esas tobas en Esmeraldas al principio parece muy estraua, 
sinembargo deja explicarse de un modo natural y sencillo. 

La formación está limitada al sistema del rio Esmeraldas, y se halla 
como intercalada entre la diluvial y la aluvial, pero donde falta la primera, 
descansa directamente sobre la arenisca marina. Consta de una toba volcánica 
muy compacta y dura, de color blanquizco ó ceniciento, mezclada con arapilli», 
piedra pómez y pedazos mayores y menores de andesita y lavas andesiticas. 
En muchos lugares estos fragmentos angulosos predominan tanto, que la 
toba merece mas bien el nombre de una breccha volcánica. Algunas piedras 
diori ticas, que también se hallan en la toba, se distinguen desde luego por 
su figura redondeada, y no cabe duda, que estos guijarros se derivan de las 
capas diluviales, que durante la invasión de las masas volcánicas fueron en 
parte destruidas. 

Toda la anchurosa hoya del rio Esmeraldas se llenó de toba volcánica; 
esta descendió del callejón interandino de Quito por el valle del Guallabamba, 
rebosó al cauce del rio Blanco hasta la boca del Quinindé, y se introdujo 
en todos los valles laterales, algunas leguas adentro. Sinembargo, parece 
que no llegó hasta el mar, pues á unas tres ó cuatro leguas arriba de la 
villa de Esmeraldas se pierden sus vestigios, y el valle del rio Tiaone quedó 
libre de la invasión, lo que no hubiera sucedido, si la corriente hubiese 
llegado hasta abajo. El valle del Viche, mucho mas angosto que el del 
Tiaone, se llenó de la toba en la extensión de dos leguas, hasta la desem- 
bocadura del Caple. En la confluencia del Guallabamba con el Blanco la 
toba alcanza la potencia de 80 metros, en otros lugares, sobre todo en que- 
bradas angostas, en que rebosó, es aun mas considerable. Pero la erosión 
del agua ya destruyó de nuevo enormes masas de la toba, excavando los 
valles hasta su profundidad anterior y aun algunos metros mas en la arenisca 
marina. Asi, por ejemplo, quedaron en el valle del rio Viche solamente 
trozos aislados de la toba como colgados en los flancos á la altura de 10 y 
lf> metros. Las condiciones topográficas de la región antes del aconteci- 
miento, debían ser mas ó menos iguales á las de hoy, es decir, ya existieron 
las mismas montañas y los mismos rios, y estos últimos habían excavado 
sus cauces casi á la profundidad actual. Cuando sucedió la gran avenida 
volcánica y la toba obstruyó la angosta abra, por la cual el Guallabamba 
unido con el Blanco se dirije al mar, las aguas de esos rios grandes quedaron 



EL TERRENO VOLCÁNICO. 371 

por algún tiempo represadas é inundaron las extensas llanuras, que existen 
entre las montañas de Canindé y el pié de los Andes. Poco á poco el agua 
se abrió de nuevo el paso por el antiguo valle, royendo la toba ya endurecida, 
y las llanuras se desaguaron. A esta erosión debemos los altos y hermosos 
perfiles del terreno, que en las angosturas del valle forman el cajón del rio. 

La toba volcánica no manifiesta ningún indicio de estratificación ó de 
sedimentación sucesiva, al contrario, todo se presenta como el producto de 
una sola avenida, y como el resultado de un solo acontecimiento grande. 
Talvez no seria muy aventurada la conjetura, de que la catástrofe esté en 
conexión directa con la abertura violenta de la cordillera occidental por el 
valle de Perucho, con la cual todas las aguas de la provincia del Pichincha 
se precipitaron hacia este lado, formando el actual. rio Guaüabamba. Esta 
opinión á lo menos está muy conforme con el hecho bien observado, de que 
el terreno cuaternario debajo de la toba no encierra ningún producto vol- 
cánico, mientras que todas las capas encima de ella, ó mas modernas, abundan 
en lavas y andesitas rodadas; pues esto, me parece, quiere decir, que sola- 
mente desde la formación de la toba volcánica existe una comunicación 
directa del sistema fluvial del Esmeraldas con el callejón interandino, ocu- 
pado por materiales volcánicos. — La catástrofe sucedió en la segunda mitad 
ó hacia el fin de la época cuaternaria. 

En el rio Blanco, mas arriba de la boca del Quinindé, se observan tam- 
bién de vez en cuando algunos trozos considerables de una breccha volcá- 
nica, la cual, sinembargo, se destingue á primera vista de la del rio Gualla- 
bamba, que acabo de describir. Son aglomeraciones de trozos de lava oscura 
y de rapilli, y parecen provenir del Pichincha. Cerca de la desembocadura 
del rio de San José los bancos de esta breccha forman un islote y un salto 
del rio Blanco; por lo demás el fenómeno es insignificante en comparación 
con las tobas del Guallabamba, y también parece mas reciente. 

La edad de la formación volcánica. 

En varias ocasiones he dicho que el terreno volcánico del Ecuador es 
contemporáneo con los sedimentarios de la época cuaternaria y moderna. 
No conocemos ni un solo lugar, en que materiales andesiticas (primitivas ó 
clásticas) se hallasen intercaladas á las capas terciarias ó debajo de ellas. 
Es verdad, que este argumento no es del todo concluyente; porque en el 
pais interandina volcánico tampoco no conocemos ca