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Full text of "Haz bien-- : zarzuela en un acto y en verso"

3 1 2 

EL TEATRO 

Y LA 

ADMINISTRACIÓN LÍRIGO-DRAMATICA 



HAZ BIEN... 

ZARZUELA EN UN AOTO Y EN VERSO 

Acomodada á la música del maestro 

M, JOSEPF O'KELLr 

POR 

DON ROSENDO DALM/AU 

listrcuada con éxito en el Teatro de Apolo, de Madrid, en la noche del 
12 de Febrero de 4881. 



n/wwwvvvvvwvvvv 



MADRID. 

SEÑORES HIJOS DE A. GULLON 
Y DON EDUARDO HIDALGO, EDITORES 

Oficinas, Pozas, 2, segundo y Sevilla, 14, pral. 
1881. 



II 



V :.£t 



f i ( 1 



a-i.Ka.A-in 



HAZ BIEN... 

ZARZUELA EN UN AOTO Y EN VERSO 

Acomodada á la música del maestro 

M, JOSEPF O'KELLY 
POR 

DON ROSENDO DALMAU 

Estrenada cod éxito en el Teatro de Apolo, de Madrid, en la Boche del 
12 de Febrero de 1881. 



MADRID 

ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO 

de H. P. Montoja 7 0.', Caaos, 1 

1881 



REPARTO 

II 

PERSONAJES ACTORES 



Fiokella. . . „ Srta. Doña Almerinda Soler Di-Franco. 

Salieri Sr. Don Rosendo Dalmau. 



. C 

La escena pasa en Ischia, en el golfo de Ñapóles, 
en 1785, en una casita junto al convento de los 
Trapenses. 

Ü Ú . ■- ; 



TRAJES; 

Fiorella.— Aldeana. —Jardinero napolitano. — 
Traje talar, blanco, de novicio, debajo del cual vis- 
te otra vez el trage de aldeana. 

Salieri. — Traje que tenga algún parecido al de 
maestro de capilla. 



La propiedad de esta obra pertenece á su autor y nadie podrá, sin so permi. 
Bo, reimprimirla ni representarla en Kspafiay sus posesiones de Ultramar, ni en 
los países con los cuales se hayan celebrado ó se celebren en adelante tratados 
internacionales de propiedad literaria. 

Los setiores comisionados de la palería el Teatro perteneciente á los 

Sres. Hijos de A. Guitón, y. la Lírico-Dramática de Don Eduardo Hidalgo son 

loa exclusivos encardados de conceder o neg-ar el permiso «ie representación 
y del cobro de los derecho» de propiedad y de la venta de ejemplares. 

Uoada hecho el depósito que marra I» le» 

Los «atores se reservan el derecho de traducción. 



OBRAS DEL MISMO AUTOR 



Amor que empieza y amor 

que acaba. Zarzuela en un acto, música 

del maestro Caballero. 

Mendoza y Compañía (1). Comedia en tres actos. 

Haz bien... Zarzuela en un acto, música del 

maestro O'Kelly. 

Un minué. Zarzuela en un acto, música del 

maestro Nieto. 



(1) En colaboración de D. Calisto Navarro. 



p fl fc¡ tr ' ■ i 



Digitized bythe Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapé! Hill 



http://archive.org/details/hazbienzarzuelae13711okel 



ACTO ÚNICO. 



Modesta habitación.— Puerta al fondo y ventana que daá un 
jardin. — Puertas laterales.— Piano de mesa, sillas, buta- 
cas, muebles de la época. — 1785. 

ESCENA PRIMERA. 

Salieri, solo, sentado delante del piano. — Pequeño prelu- 
dio en la orquesta. 

Re, mi, re, la, fa.. No es esto. 
La, re, re, fa, re., no! no! 
Es una frase maestra... 
Solo en su «Creación» 
Hayden, para gloria suya, 
dio con ella antes que yo. 
¡Qué difícil es un cántico 
faltando la inspiración! (Levantándose y diri- 
giéndose á la ventana.) 
Imposible! Me abandona 
la santa llama de Dios! 
Gorgea el ave parlera, 
trina alegre el ruiseñor, 
entonan cánticos tiernos... 



6 

inspirados... mientras yo... (Vuelve á sen- 
tarse.) 

Veamos... Esta plegaria 
que me ha encargado el prior 
de los Trapenses, es fuerza 
que en su poder quede hoy. (Cantando 1© 
que ha escrito.) 

«Dios eternal, escucha mi plegaria»... 
\Las danaidesl Un recuerdo 
de mi ópera brotó! 
Há un año, París entero 
en su estreno, una explosión 
de vítores y de aplausos 
á mi obra tributo. 
Qué noche! Qué fanatismo!... 
Maldito, maldito amor! 
Por una mujer infame 
perdí fé, dicha, ilusión. 
Dejé á París, vine á Italia... 
la duda por torcedor! 
Y hoy me horroriza la gloria, 
dudo de mi inspiración, 
de mis obras, y mi canto 
postrero, mi «Ultimo adiós» 
morirá cual yo, ignorado; 
perecerá' en un rincón 
de la celda del T rápense 
donde, sin el Superior, 
que probar más ha querido 
mi resuelta vocación, 
descansando ya estaríamos 
há dos meses él y yo. (En el momento en que 
Salieri se dispone á continuar el trabajo, óyese la 
voz de Fiorella dentro. Salieri escucha primero 
con disgusto; luego con ansiedad.) 

Fior. No empaña tenue nube (Dentro.) 
del cielo el esplendor. "■ 
Parece fiel presagio 
de dichas y de amor. 
Qué dulce ambiente! 
qué hermoso sol! 



■ 



Todo respira 
dicha y amor, 

ESCENA II. 

Salieri: luego FiorellA en traje de aldeana y con una 
cesta. 



Sal. (Que después de acercarse á Ja ventana atraído por 
la voz de Fiorellá, vuelve á ocupar su puesto en el 
piano.) ' '}\ .'. 
Dulc^ canto de sirena, 
acento fascinador ', 
qué despiertas en mi mente 
la profana inspiración, (Queda abismado 
apoyando los codos en el piano, y sosteniendo con 
sus manos la cabeza.) " 
Fiorellá (Apareciendo en la puerta del fondo.) 

Dulce brisa suave, 

v4d.a das al ave 

gope . áj, corazón! | 

Bendito Dios 

qué, amor creó! 

Quien perdió la esperanza 

condénase á sufrir: 

con la fe y la confianza 

se creó el porvenir. 

Qué dulce ambiente! 

qué hermoso sol! 

Todo respira 

dicha y amor. 

HABLADO. 

Sal. Quién sois? (Levantándose irritado.) 
Fior. (Con simplicidad.) Genio más violento!.. 

Soy Juanita. 
Sal. Quién? 

Fior. Dios mió! 

La sobrina de mi tio... 

del portero del convento. 



8 

De aquel que cuida al señor, 

el que os colma do atenciones, 

y traigo estas provisiones 

de parte del Superior. 
Sal. Pues ya debia saber 

tu tío, que no consiento 

que profane mi aposento 

la sombra de una mujer. 
Fior. Pruebas dais del peor gusto... 

Qué os han hecho las mujeres? 
Sal. Qué me han hecho?.. Nada! Quieres 

marcharte? (Furioso.) 
Fior. Jesús que susto! 

Perdonad, (Llorando.) qué os hice yo 

para irritaros así? 

Ay¿ pobrecita de mí... 

en qué os falté? 
Sal. (Aparte.) Se asustó. 

Y Hora'... Malhaya amen 

mi carácter.) Ven aquí 

y... habla, qué quieres de mí? 
Fior. Así me gusta! muy bien! (Muy contenta.) 

Pues... venia tan contenta, 

porque, allá, en un escalón 

pego el tío un resbalón, 

que por poco se rebienta. 
Sal. y eso te alegra? 
Fior. Al contrario. 

Lo que me pudo alegrar, 

era, una ocasión de entrar 

en este oculto santuario. 

Soy mujer... y soy curiosa. 
Sal. Pero tu tio estará 

abandonado, y voy... 
Fior. Quiá! 

Si ha sido muy poca cosa. 

Se asustó, y ha preferido 

volverse al convento presto, 

y yo he recogido el cesto 

y... aquí estoy porque he venido. 
Sal. No hay peligro? 



9 

Fior. Qué ha de haber! 

(Mirando á hurtadillas á Salieri.) 
Oh, sí, es él: no me equivoco. 

Sal. Qué miras? 

Fior. Dónde coloco 

los avíos de comer. . 

Sal. Allí, y márchate. (Bruscamente.) 

Fior. En verdad 

2ue el veros causa disgusto, 
ástima! Gruñón y adusto 

á vuestra edad!... 
Sal. A mi edad! 

No soy joven! Sólo anima 

la contrariedad mi ceño... 

Soy más que viejo! 
Fior. (Aparte.) Qué empeño 

en echarse años encima! 

(Arreglando la mesa.) 
Sal. Y... qué traes? 
Fior. Medio pollo, 

chuletas, un pastelillo, 

y luego, un vino!., un vinillo 

del que se pega al meollo. 
Sal. Qué hueno es el Superior! 
Fior. Gomo un canto os ha encargado, 

os festeja... 
Sal. Y bien pagado 

lo tiene. 
Fior. Es un buen señor! (Pausa.) 

Sal. Porqué me miras así 

con esa cara tan rara? 
Fior. Os contemplo, con la cara 

que tengo desque nací. 

Siempre repite mi tio 

«Es un sabio... una eminencia.» 
Sal. No tanto! 

Fior. «Un pozo de ciencia.» 

Sal. Me adula! 
Fior. Pues, señor mió. 

No es por haceros favor, 

pero esto salta á la vista. 



ao 

' ' Dice, que sois un artista... 
Sal. Oh! 
Fior. De lo más superior. ¿m.rfd 

Y como esto para mí . 

asemeja un hombre á un santo, 

dije... voy! 
Sal. Ah! (Pausa.) 

Fior. También canto, 

y... no muy mal. 
Sal. Ya te oí. 

Voz fresca, fácil, ligera.;» 

Sentimiento. natural... 
Fior. También me aduláis? 
Sal. No tal! ; 

Si aún para el mundo escribiera... 
Fior. Proseguid. 
Sal. (Aparte.) (Que tentación! 

siempre de gloria anhelante.) (Pausa.) 
Fior. Os calláis: queréis que cante { 

una canción? 
Sal. (Con ira.) . Qué canción! 

Sal pronto, te lo aconsejo.. " 

Puede aquí sufrir tu nombre. . 
Fior. Sí, á solas con un homhre, 

es verdad. Mas con un viejo... 
Sal. Insolente! 
Fior. Y no os extrañe, 

que antes lo dijisteis vos. 
Sal. Márchate! 
Fior. Quedad con Dios. 

Sal. Pronto! 
Fior. Y que él os acompañe! (Fiorella se 

dirige á la puerta del fondo y después de mirar 

á Salieri, baja otra vez lentamente.) -; 

MÚSICA. 

Fior. Si os ofendí, perdón os pido. 

Tenéisme miedo? Tan fea soy? 
Sal. Vos fea? No tal: al olvido 

no es fácil dar tal perfección. . , 
Fior. Por qué despego tal? 

Os causé tal vez algún mal? 



11 

Sal. Vete por Dios, no vuelvas más! 
Fior. (Aparte.) Qué fino es y qué galán! 
Sal. (Aparte.) Que sutil, filtra sin calma 

la mujer, su amor infernal, 

y al matar la fé, nuestra alma 

lanza cruel 

al poder de Satán! 
Fior. (Aparte.) Al luchar sin fé perdió la calma: 

piensa hallar, por do quier, dolo y mal; 

y al llenar amor toda su alma 

en poder se cree de Satán. 

Heristeis cruel 
el almamia... 
siento en mí 
raro malestar; * 
Sal. La brisa sutil '* ■ ■ 

con su frescura 
vida os dará.. 
Probad., salid. 
Fior. A ver... ay Dios! No sé 

que siento yo... 
una' silla... me muero... 
socorro . . . favor. . (Cae en brazos de Salie- 
ri, que la conduce á una silla.) 
Sal. Que hacer no sé... se desmayó 

la auxiliare. . . (Váse por la puerta derecha.) 
Fior. Se fué.., pronto!.. Buscar es preciso, 

y quiera Dios que en su modesto albergue 
encuentre algo que pruebe (Dirigiéndose al 
piano.) 

que el qué conmigo habló 
es Salieri sin par, 
que fray Antonio es 
el que debo salvar. 
Una prueba no más... si hoy aquí mi diestra 
un fragmento hallara de su obra maestra... 
Su creación... «La Rosicler!» 
A ver... él... pronto... (Se deja caer en otra 
silla.) 
Sal. En dónde está?.. Ah, hela aquí; 



12 

sin sentido está aún... 

Fior. Ay, Dios!., aquí, aquí!... 

Sal. (Al dejar este mundo de engaño 
se interpone una mujer)... 
Es Luzbel quien goza en mi daño! 
Qué tormento tan horrible... 
Mas yo por caridad 

socorrerla debo en lo posible... (Al levantar 
la cabeza á Fiorella para que aspire el contenido 
de un frasco, esta hace un movimiento y se le suel- 
ta el cabello.) 

Oh! Dios, cuánta beldad! 
t Belleza tal jamás soñé: 

5ue sutil filtra sin calma, etc. 
A luchar pierde la calma, etc. 

hablado- 
Sal. Volvió en sí. 
Fiob. Gracias, señor; 

tal cuidado no merece 

una pobre. 
Sal. Al que padece 

se auxilia. 
Fior. Ya estoy mejor. 

Que Dios tanta caridad 

os pague desde los cielos. 
Sal. Bueno, vete. (Pausa.) 
Fior. Me dá celos... 

Sal. El qué? 
Fior. Vuestra soledad. 

Gon la esperanza perdida 

odiáis cuanto el mundo encierra.. 

Y esta calma no os aterra? 

Y á esta vida, llamáis vida? 
Ni de amistad el placer, 

ni la embriaguez de la gloria, 
ni la risueña memoria 
de una mujer... 
Sal. La mujer, 

espíritu tentador! 
Condenación de los hombres. 
La mujer!... No me la nombres... 



13 

La más santa, es la peor. 
Fior. Hay escepciones... 
Sal. Ninguna! 

Si todas sois hijas de Eva. 
Fioft. Alguna habrá, que se atreva... 

á haceros dudar. 
Sal. Ni una! 

Fior. Si os tengo de convencer. 
Sal. Di cuál es! 
Fior. Y mal que os cuadre. 

Vuestra madre! 
Sal. Era mi madre! (Después de 

una pausa, y con fuerza.) 
Fior. Pero antes, nació mujer. 

Y os dio vida con su vida 

y se miró en vuestros ojos... 
Sal. Galla! que me das enojos 

por mujer y entrometida. 

Del diablo eres tentación... 
Fior. Si jamás al diablo vi. 

Solo me ha traído aquí 

mi curiosa comezón. 
Sal. Y vienes á darme guerra... 

á distraerme. 
FlOR. (Poniéndole la mano en el hombro.) Creí 

hacer un bien... 
Sal. (Contemplándole á su pesar.) Jamás VÍ 

rostro igual sobre la tierra! 

Me fascina. Es temerario 

tu propósito. 
Fior. Entendido... 

Sal. Me espantas! 
Fior. Lo he conocido. 

Sal. Comprendes?... 
Fior. Lo necesario. 

Sal. Me adivinas? 
Fior. En vos leo. 

Sal. Quién eres, pues? 
Fior. La esperanza. 

Sal. Nada puede! 
Fior. Mucho alcanza! 

Sal. Dudo de todo. 



14 

Fior. Yo creo! 

Sal. Me enloqueces! 

Fior. Bien se vé 

Sal. Eres tentación! 

Ficr, Acaso! rí- i 

Sal. Oye! 

Fior. Adiós! 

Sal. Detente! 

Fior. Pasó! 

No hay duda, es él: volveré. (Aparte.) 

ESCENA III. 

••-■•■■ • 

SALIERI. ' i! -. 

'■■■', : , ■ ■ < 

Partió, débil corazón! 
Cuando te juzgaba inerte, 
bastó para enardecerte 
la más frágil tentación. 
Creia de una pasión 
guardar míseros despojos, . 
y ahora siento, con enojos, 
que te despierta violento, 
el eco de aquel acento, 
el fulgor de aquellos ojos! 
Imagen dulce, hechicera 
por febril pincel creada...; 
frente de nácar, orlada 
de copiosa cabellera... 
de mi coraaon se apodera 
su acento fascinador] 
Será acaso que él Señor 
me juzga indigno del cielo 
y quiere ligarme al suelo 
con las cadenas de amor! 
Si tal es tu voluntad, 
humildemente te pido 
me vuelvas con el olvido 
la perdida libertad. ; 
Si es inmensa tu piedad, 
borra, oh Dios, por compasión, 
esta tenaz ilusión 
que cual tempestad potente 



15 

furiosa ruje en mi mente 
y estalla en mi corazón! 



Frágil nave es la vida; 
el mundo, inmenso mar; 
á la orilla sin penas 
qué mortal puede arribar? 

Él amor cuando nace 
es olorosa flor: , Ȓl 
mas del sol esplendente 
se deshoja al calor. 

Amorl sin par misterio! #p 
amorí azar cruel! 
y sin él en la tierra 
no hay vivir, no hay placer! 



Amor es dulce sueño 
y es soñar el vivir- 
grato imán que si atrae 
hace al alma sufrir. 

Amor, dulce alegría! . . 
su aliento embriagador ;r ' ; ' ; 
forma dá á la armonía 
y al alma inspiración. . 

Amor! sin par misterio! 
amor! azar cruel, etc. 

ESCENA IV. 

Saxieri, Fiorella, con traje de jardinero. 

Fior. Se puede entrar? Con permiso. 
Buenas noches nos de Dios. 

Sal. Otra te pego? 

Fior. Me gusta!.. 

Con que entro pegando yo, 
diciendo «muy buenas noches,» 
«qué tal vamos,» «servidor,» 
y con todos los saludos 
de una buena educación? 



16 

Sal. Qué buscas aquí, qué traes, 

quién eres? 
Fior. Que quién soy yo? 

El sobrino de mi tio, 

el hermanito mayor 

de mi hermana. 
Sal. De qué hermana? 

Fior. De la moza como un sol 

que há poco de aquí ha salido 

y me dijo, dice, yo 

no le sirvo para nada, 

porque no quiere el señor 

que mujer alguna ponga 

los pies en f u habitación... 

Con que anda tú, que eres macho 

y á ver si te dá una coz. 
Sal. Habráse visto insolente! (Reparando en su 

rostro.) 

Qué semejanza... gran Dios! 
Fior. Cómo que soy su retrato. 
Sal. No hay parecido mayor! 

Cómo te llamas? 
Fior. Juanito, 

naturalmente. 
Sal. Pues yo 

no veo esa consecuencia. 
Fior. Y qué torpe es el señor! 

Si ella es Juanita, y yo Juan, 

hermanos somos los dos... 
Sal. Pero á qué Vienes, sepamos. 
Fior. A cumplir mi obligación, 

á reemplazar á mi hermana 

que tanto miedo os causó... 

vamos! que asustar á una hembra 

no tiene perdón de Dios! 

Yo me atrevo con cincuenta... 

Y aún con doscientas... 
Sal. Bribón! 

Fior. Pues hay nada más bonito 

que una mujer? Por quien soy!.. 

Yo al venir pensaba: el tio 

tiene una dislocación 



17 

en el pié, y vamos, quién sabe 
si estáis dislocado vos 
de la cabeza. 

Sal. Qué dices? 

Fior. Qué genio tiene el señor! 

Quise decir, que es muy fácil 
que os falte un sentido... 

Sal. ' Oh! 

Sal de aquí! No me exasperes. 

Fior. Si os falté, pido perdón. 

Si me echáis, vendrá mi primo 
y después de él otros dos... 
Mi tio, mientras inútil 
le tenga la contusión, 
quiere que estéis bien servido, 
que nada os falte. 

Sal. Pues yo 

agradezco, como debo, 
su voluntad é intención, 
mas necesito estar solo: 
aguarda mi obra el Prior 
y el tiempo vuela... La brisa 
tal vez mi imaginación 
despeje... 

Fior. Pues, con franqueza, 

dad un paseito ú dos... 
y no tengáis prisa alguna. 

Sal. (Aparte.) Dice bien, la inspiración 
brote acaso de mí mente 
saliendo al jardin. Por Dios 
no toques papel ninguno. 

Fior. Qué cosas tiene el señor! 

Si á mí me estorba lo negro. 

Sal. (Aparte.) Su rostro, su propia voz: 
qué asombroso parecido, 
qué satánica ilusión! 

ESCENA V. 
Fiorella. 

Ya se aleja... de la casa 
dueña absoluta soy yo! 



18 

Ah! por íin, gracias al cielo, 

á saber de una vez voy 

si el oscuro maestro Antonio 

es el gran compositor 

Salieri, gloria de Italia, 

del arte esplendente sol! 

La prueba que necesito 

es su última partición! 

«La Rosicler.» Ah! busquemos (Revolviendo 

los papeles y tirando algunos al suelo.) 

Qué locura! Un triste amor 

bien sentido y mal pagado 

matar puede á un hoitíbre? Oh! noi 

En el claustro hundirse un genio, 

ahogar una inspiración, 

borrar del arte una página, 

es volverse contra Dios. 

Dónde estará el manuscrito? 

Si de él me apodero yo 

me deberá Italia un nombre, 

el arte su admiración, 

su aplauso febril el mundo, 

y la escena su explendor. 

Nada... No es esto... Tampoco .. 

Ah! por fin! Gracias áDios! 



Ah' Ya di con él, victoria: 

es éste, oh placer! 

Mia será la gloria 

de cantar «La Rosicler.» 

Aquí sin duda, 

si Dios me ayuda, 

hallar sabré 

lo que anhelé. 

Si le acompaña 

paciencia y maña, 

la mujer siempre ha de vencer! 

Valor! De luchar esta es la hora. 

Al convento debe entrar 

del dia al despuntar. 



19 

Yo intentaré antes de la aurora 

otra senda feliz á sus ojos mostrar: 

haré de su desconfianza, 

borrar la huella con valor: 

que vuelva á su alma la esperanza 

con un rayo de amor. 

Aquí sin duda, 

si Dios me ayuda, etc. 

ESCENA VI. 
Fiorella, Salieri, entrando con aire pensativo. 

HABLADO. 

Fior. Es él! 

Sal. Brisa bienhechora 

que mi frente al refrescar 

disipó la última huella 

de deshecha tempestad. 

El Prior tendrá su cántico 

y yo el descanso y la paz. 

Veamos ahora la armonía, 

el severo instrumental... 

(Se dirige al piano y vé el desorden de sus pape- 
les.) 

Dios de Dios! Mi partitura, 

quién se atrevió á profanar... 

Qué desorden, cielo santo! 

Qué hashecho^ 
Fior. Pues qué? Hice mal? 

Gomo habéis vuelto tan pronto, 

no concluí de arreglar 

estos papeles. 
Sal. Y á esto 

llamas arreglo, truhán? 
Fior. Para arreglar, fuerza es que antes 

se desarregle. 
Sal. .Animal! 

Fior. Por qué volvisteis tan pronto? 

Si tardáis un poco más, 

queda esta sala más limpia 

y reluciente... Marchad 



20 

y dad otro paseito 
mientras concluyo, y en paz. 

Sal. Mira, hijo, muchas gracias, 
y no te metas en más... 

Fior. Si no me estorbáis; quedaos. 

Sal. Me estorbas tú, y es igual. 
Vaya un arreglo... y parece 
que ha entrado aquí un huracán. 
Déjame, quiero estar solo, 
y á tu buen tio le das 
las gracias por sus cuidados, 
que agradezco de verdad, 
y que guarde sus sobrinos 
y no me los mande más; 
que yo solo necesito 
silencio y tranquilidad. 
Lo has comprendido? 

Fior. Más claro 

ya no se puede expresar. 
Que sois muy agradecido, 
que no pagareis jamás 
tantos cuidados... que os gusta 
vivir solo, comer mal, 
y que odiáis á medio mundo 
y huís de la otra mitad; 
que el arreglar estos muebles 
es un pecado mortal, 
y que os gusta... la limpieza, 
que no se os puede mirar; 
que el que os atiende, os irrita; 
que el que os hace bien, le odiáis; 
y que sois un cascarrabias 
que no se os puede aguantar, 
y que el que así piensa y obra, 
en vez de hombre, es un caimán, 
y á las fieras se las caza 
o se las doma, y en paz! 
Y basta de desahogos 
que es amarga la verdad, 
y sé que es sermón perdido 
en desierto predicar. 
No os violentéis... ya me marcho. 



21 

Ya concluí... basta ya. 

Ya me voy! Calma, maestro: 

contra cólera, kumildad; 

y hasta luego, buenas noches; 

perdonadme, descansar, 

y olvide su reverencia 

si le ofendí. Já! já! já!.. (Váse corriendo.) 

ESCENA VIL 

Salieri. 

Contra mí se conjura el mundo entero 
cuando del claustro piso ya el umbral. 
Todo despierta en mi alma adormecida 
torpe deseo, instinto mundanal! 
Lucha quiere el espíritu maligno... 
Fuerzas dame, oh Señor, para luchar!.. 
Los instantes que aún viva en este mundo 
con mi conciencia, solo, quiero estar. 
(Cierra la puerta del fondo.) 
Ya nada temo; tu grandeza canto. 
Acúdeme, sagrada inspiración! 
Una frase que al genio inmortalice! 
Al cuerpo olvido; al alma redención! 
(Trueno lejano.) 

La tempestad se cierne en el espacio... 
fáltame el aire. (Levántase y abre la ventana.( 

Paso al huracán! 
Ahora al trabajo... Mi creación soñada, 
mi último canto, mi postrer afán!. (Sentán- 
dose al piano y cantando.) 

MÚSICA. 

«Dios eternal, escucha mi plegaria: 
presta á mi ser, tu celestial amor; 
vuelve los ojos al que humilde implora, 
tiende tu mano al pobre pecador.» 
(Hablado, con orquesta.) 

No está mal, por mi fé: color, frescura, 

dulce armonía, canto original... 

Arde aun en mí del arte viva llama, 



22 

del mundo aun puedo la atención fijar. 
Pero, qué digo! La ambición de gloria 
aun te agita, menguado corazón! 
Ayer tus votos pronunciar ansiabas.*. 
Es que vacila ya tu vocación? 

(Pausa.) 

Extraño malestar... Cierra mis ojos 
raro sopor... Mi frente es un volcan! 
Dame, Señor, la calma que ambiciono, 
ó en tus abismos húndeme, Satán! 
(Queda dormido sobre el piano con la cabeza apoya- 
da en las manos. Continúa la música en la orquesta. 
Momento de silencio: á poco un trueno muy fuerte, á 
cuyo estampido despierta Salieri sobresaltado. Fio- 
rella aparece por la ventana, iluminada por el ful- 
gor de un relámpago.) 

ESCENA VUI. 

Salieri, Fiorella, con trage de novicio trapense. — Es de 
noche completamente. 

Sal. En! quién es? 

Fior. Soy yo. 

Sal. El demonio! 

Fior. Quién nombra al demonio aquí? 

Sal. Cómo entráis? 

Fior. Pues, vedlo: así. 

Buenas noches, maestro Antonio. (Saltando.) 
Sal. Un novicio! 
Fior. En forma humana. 

Hallé cerrada la puerta, 

y al ver la ventana abierta 

coléme por la ventana. 

Y buena traigo la ropa... 

Toda al cuerpo pegadita... 

Vaya una noche maldita. 

Nada... estoy hecho una sopa. 
Sal. Y quién aquí te ha mandado' 

á tal hora?... Ah! El Superior... 
Fior. Pues! el mismo: sí, señor. (Con viveza) 



23 

El está bajo techado... 

Creed que es muy mal oficio 

el de novicio!... Él peor... 

Los disgustos del Prior 

siempre los paga el novicio. 

Hoy rabia que es por demás! 

«Anda» me dijo.— «Señor, 

ved que diluvia.»— «Mejor! 

Así te resfrescarás!» 

Y temblando sus excesos, 

que tiene la mano larga, 

vine aquí, á paso de carga, 

caladito hasta los huesos. 
Sal. Por el cántico? 
Fior. Cabal. 

Pues si esta es su idea fija! 
Sal. Aún falta que lo corrija.'. . 

que redondee el final. 
Fior Pues aguardo. 
Sal. Aquí? 

Fior. Hasta el dia 

si es preciso, no que no: 

enseguida me voy yo 

sin llevarle esa folia. 
Sal. Y que harás mientras trabajo? 
Fior. Que he de hacer? Nada, sentarme; 

y si me canso, pasearme 

sala arriba y sala abajo. 
Sal. Entonces voy á alumbrar, 

porque ya no se vé gota. 
Fior. Hombre! por aquí se nota 

un perfume singular. (Acercándose á la mesa 

donde está la cena.) 

Grato aroma, que enagena 

y á los sentidos incita. (Al ver la luz.) 

Oh luz! mil veces bendita... 

Maestro Antonio, es vuestra cena? 
Sal. El Prior, conmigo atento,.. 
Fior. Tiene gusto el Superior! 

Aquí se cena mejor 

que se come en el convento. 

Devino, quiá! ni vislumbre... 



24 

es la regla muy severa, 

allí, sobre todo, impera 

legumbre, mucha legumbre! 
Sal. Qué me dices? (Dirigiéndose al piano.) 
Fior. La verdad. 

Frugales anacoretas! 

Ay! si oliera estas chuletas 

la hambrienta comunidad! 
Sal. La! la! la! (Al piano.) 
Fior. Si pudiera ahora... 

Maestroi 
Sal. Qué? 

Fior. No cenáis? 

Sal. No tal. (Escribiendo.) 
Fior. Satisfecho estáis... 

A mí el hambre me devora. 
Sal. Cena. 
Fior. Y vos? 

Sal. No. 

Fior. Pues no atino 

el por qué de esa abstención. 

Si vierais qué inspiración 

dá un traguito de este vino! 
Sal. Tú crees? 
Fior. Estoy seguro. 

Y desde ahora os felicito: 

dicen que á buen apetito 

no suele hallarse el pan duro. 

Vaya... ayudadme; es lo cierto 

que aquí os falta animación... 

chuletas, pollo, jamón, (Colocándolo en la 

mesa.) 

vino del que anima á un muerto. 

Su fuerza es tal, que derrota 

las penas y los reveses. 
Sal. Pero, hijo, si hace tres meses 

que no he probado una gota! 
Fior. Pues ya veréis el efecto; 

á la tercer libación 

acude la inspiración 

y sale un himno perfecto. 

A vuestra salud. Primera. (Beben.) 



25 

Qué tal? 

Bien. 

Dios me confunda 
si no acierto... La segunda. (Beben.) 
Niño! 

Y luego la tercera. 
Aguarda... 

Qué resistencia! 
Confesad, maestro, por Dios, 
que aquí el novicio sois vos 
y yo el hombre de experiencia. 
Es verdad. 

Pues si el segundo 
así os animó, ya infiero 
que en cuanto caiga el tercero 
vuestra fama llena el mundo. 
A tu salud... Lleva cuenta. (Alegremente.) 
Solo van tres. 

Bravo!., y di... 
te gusta el convento? 

A mí? 
Francamente, me revienta. 
Por qué entraste? (Muy serio.) 

Fray Antero 
es mi tio, y su intención... 
mas en cuanto halle ocasión, 
abúr: pies, para qué os quiero! 
Piénsalo bien, que algún dia 
quizá busque el corazón 
en esa santa mansión; 
tumba á su muerta alegría. 
Allí, vives desligado 
de los goces de la tierra... 
Pues esto es lo que me aterra... 
Como aún nos los he probado... 
De la mujer la atracción 
causa amargas, hondas penas. 
Pues si parecen tan buenas! 
Hijas de mi corazón! 
Filtran su savia maldita... 
Que una me vende... en buena hora! 
Si la mancha de la mora, (Con picardía.) 



26 

con otra verde se quita! 

Que una nos hace traición;.. 

y quién se apura por esto? 

Enseguida otra en su puesto! 
Sal. Bah, no tienes vocación! 
FioR. La del arte! (Con energía.) 
Sal. Tú, qué pasmo! 

Fior. Más que vocación, virtud! 

Luchar con la multitud 

y despertar su entusiasmo! 

Dicen que tengo... estension, 

voz robusta., en fin, que valgo. 

Si queréis, cantaré algo 

y sabré vuestra opinión. 
Sal. Al punto. 
Fior. La mesa fuera. 

Mas. . tal vez os perjudico 

distrayéndoos.. 
Sal. No! (Aparte.) Este chico 

hará de mí cuanto quiera, 
Fior. ¿Qué canto? Esta partición? (Llegando 

piano.) 

«La Rosicler.» (Leyendo.) 
Sal. No, detente! 

Fior. Por qué? (Preparándose para cantar.) 
Sal. Decididamente 

te falta la vocación! 

MÚSICA. 

Hela aquí; quién es? 
Es la Rosicler! 
Parlera, atrevida, 
lindo ruiseñor, 
abre al amor la vida! 
Ved! El fuego que la anima 
oscurece al mismo sol, 
y con su cantar fascina 
y estasía el corazón. 
Reina es que altiva impera 
en la corte del placer: 
paso! paso á la hechicera 



27 

gitanilla Rosicler! 
Hela aquí, quién es? etc. 



Aunque amor brindó su trova 

solo se guardó su amor 

para aquel que su alma roba, 

un egipcio seductor: 

para el mundo sus cantares, 

para el gitano su fé, 

que al que causa sus pesares 

justo es que el alma le dé. 
Hela aquí, 
quien es? etc. 

(Al terminar la pieza, viendo á Salieri loco de en - 

tusiasmo, quítase Fiorella el hábito, que descubre 

otra vez el traje de aldeana.) 
Sal. Dios eterno, es ilusión! 

Otra vez la tentación!... 
Fior. No! el deber que á vos me liga, 

que al fin paga el corazón 

santa deuda que le obliga. 
Sal. No alcanzo... 
Fior. Una triste historia 

que acaso vuestra memoria 

na relegado al olvido... 

Primer destello de gloria 

de un genio desconocido! 

Diez años cumplieron ya! 

La niña la aprendió a^er, 

y tan grabada aquí está, 

que jamás se borrará 

del alma de la mujer. 
(Pausa.) 

Un artista, dirigía 

numerosa compañía 



con más arte que .fortuna, 

• 



y sin esperanza alguna 



sus recursos consumía. 
Ya próximo á naufragar 
de la deshonra en el mar, 



28 

un joven compositor 

llegó un dia á confiar 

una ópera al director. 

En su raudal de armonía 

el artista se estasía... 

de esperanza el alma llena, 

y la fortuna en su escena 

fija vé, desde aquel dia. 

Qué estreno! qué sensación! 

Con religiosa atención 

el preludio se escuchaba, 

y al terminar, estallaba 

una ruidosa ovación! 

El empresario, vencida 

juzga al fin su negra suerte... 

nueva esperanza perdida! 

que en lo que hallar creyó vida, 

la emoción le dio la muerte. 

Una huérfana quedó 

en aislamiento profundo, 

la vista en torno volvió... 

á su lado un hombre vio... 

no estaba sola en el mundo! 

La nina esperanza cobra 

cuando oye al hombre decir 

«toma el precio de mi obra; 

joven soy, todo me sobra, 

confia en Dios, y á vivir.» 

Sublime acción que arrancaba 

á un ángel de la agonía... 

¡la caridad le salvaba... 

y la niña á Dios juraba 

pagar su deuda algún dia! 

Y Dios oyó sus clamores! 

c[ue hoy, del arte en el Edén, 

irradia vivos fulgores 

y pisa alfombras de flores 

y ornan coronas su sien! 

Hoy Dios, en su alta bondad, 

vuelve á poner frente á frente 

la dicha y la adversidad... 

Esta es mi deuda pendiente. (Dándole la 

mano.) 



29 

¡Bendita la Caridad! 
Es que sueño 1 ? 

Así soñaba 
la huérfana que lloraba, 
y á quien amparasteis vos... 
¡Yo creia! 

Y yo dudaba! 
Qué bueno, qué grande es Dios! 



Sal. Sí, ella es, la que constante 
por mí veló. 
Fé sin par, ilusión amante 

te debo yo. 
Déjame, pues, que en tus ojos lea, 

mi salvación, 
que en su cristal, ansioso vea 
rayo de amor 
Fior. Sí, yo soy, quien fiel y anhelante 
veló por vos. 
Ciega fé dulce y constante 
me acompañó. 
Sal. Déjame que en tus ojos 
filtre mi alma! 
Su fuego me abrasó! 
Amor me redimió! 
Fior. Sí, yo soy, quien fiel y constante, etc. 
Sal. Alma que yo soñé. 

Tú serás para mí en la tierra, 
de amor eterno edén! 
Ah! díme por Dios, yo te amo! 
Tu acento encantador 
será mi eterna dicha, 
mi santa redención! 
Fior. Con esta ansiada mano 
la deuda pago yo... 
Pues bien, oid. Yo os amo! 
Sal. Perdón, señor, perdón! 
Ahora anhelo la vida. 
Amor me redimió. 
Los dos. Santa alegría 
Dios nos envía. 



30 

Bella esperanza 

brilla por fin. 

El alma herida 

ansia la vida : 

por tí la quiero, 

sólo por tí. 
Fior. El toque ya sonó, precursor del nuevo dia. 

Espera allí el Prior tu voto recoger. 
Sal. Mi vida es tuya ya, la dicha y la alegría 
hoy me devuelve Dios. ¡Bendita la mujerl 

FIN. 



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