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Full text of "Colon, español, hijo de Pontevedra;"

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J. Rodríguez Martínez 




COLÓN, ESPAÑOL 



JOSÉ RODRIQUEZ M/^RTIfSeZ 



COLOh, ESPfllÑOL 



HIJO DE PONTEVEDRA 



PRÓLOGO DE ANTONIO REY SOTO 




LITOGRAFÍA ñ 1/APRENTA ROEL 
LA CORONA 



t. C. Gebrian 






^ J . -V ^W» »-•♦< 



Dedicatona 



M don Ramón Peinador 

r'UñnJO tos gattegos cócñban respecto de "Cotón, 

españof" debe sene ofrendado. Tú mantiiuiste et 
luego sagrado del entusiasmo de Celso, hasta los 
últimos instantes de su uida, procurándole el placer 
inefable de ver editado su libro, lii inlundiste el 
aliento de tu constante perseuerancia , gue hizo a 
Prudencio Otero seguir en los estudios brillantemente 
comenzados por £a Riega. 

En el lecho del dolor, pocos días antes de morir, 
parecíame gue el ilustre £a Riega, por intermedio de 
tu le ardiente, me encargaba la continuación de su 
obra. 

lü has querido gue su nombre u el mió uagan 
unidos en este humilde esluerzo. Acepto ser un mo- 
desto i'ocef'o rapsodista, de la obra genial del in- 
mortal Celso l^a Riega. 

(J al contemplarla hog enguirnaldada con los 
laureles de la victoria, modestamente te olrezco el 
lolleto, convencido de gue a ti pertenece. 

7u Iraternal amigo, 

6i Médico Rodríguez 



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PRÓLOGO 



I quien conozca, siquiera sea de vista, la procer figura 
del Doctor Rodríguez, no puede sorprenderle que este 
asunto de la patria de Colón, desde el primer momento, le 
haya apasionado hasta la médula, y le encendiese la lengua, 
y le templase la pluma, y le llenase de una nueva y austera 
majestad, el amplio gesto y la mirada firme y poderosa. 
Porque el Doctor Rodríguez que es un cerebro, es, al propio 
tiempo, un corazón, cosa que no puede decirse hoy de la 
casi absoluta totalidad de nuestros intelectuales , cuyas pro - 
ducciones se resienten notoriamente de la ausencia de fervor 
cordial , de calentura de amor, de eso que ha dado en llamar- 
se, con cierto tonillo irónico e impertinente: «aliento ro- 
mántico». 

Basta verle pasar para comprender que, aunque no por 
los años todavía, es un hombre de otra época por su figura, 
por su indumentaria, por el modo de andar, de gesticular, 
de dejarse crecer el pelo y la barba : aquél enmarañado sobre 
la bóveda craneana , al modo de Daudet , y ésta , fluvial , 
caudalosa , desbordada y salvaje , tal como las que en otro 
tiempo bañaron los rudos pechos de los viejos guerreros ger- 
mánicos. Su frente es alta y espaciosa, a propósito para que 
en ella se anide el azor -pensamiento, pero también su pecho 
es amplio y combado, y sus pectorales recios y desarrolla- 



dos, escudos del corazón grande, siempre en llamas, que 
los pulmones, como fuelles, empujan mil veces hasta la 
boca, para que las palabras salgan como chispas y estrellas 
encendidas. Así imaginamos a Demóstenes y a Cicerón, y 
así fueron Bossuet, y Mirabeau y Emilio Castelar. 

Dolor grande es para mí, gran amigo y admirador pro- 
fundo de esta naturaleza de elección que Dios donó con mano 
pródiga al Doctor Rodríguez, no poder aplaudir — porque 
antes que nada soy sacerdote de Jesucristo — en todo momen- 
to las ideas que salen de sus labios, aunque siempre me 
admire y me deslumbre el fausto de su ropaje y la opulencia 
y belleza de su forma. Sí; dolor grande es éste para ambos, 
de tener muchas veces las manos enlazadas , en un fuerte y 
cordialísimo apretón, en el que quisiéramos fundirnos com- 
pletamente, pero nuestras caras están vueltas, y nuestros 
ojos miran a opuestos horizontes... Y entonces nuestros ojos 
se llenan siempre de lágrimas silenciosas y amargas . 

Pero no es ésta ocasión de lamentaciones ni de sombras 
de reproches, siquiera vayan empapados en fraterna ternu- 
ra, sino que es hora de júbilo, de exaltación, de entusias- 
mo y de aplauso caluroso. Y esta hora la ha preparado y 
hecho sonar el Doctor Rodríguez , con la magnífica confe- 
rencia a que estas deslabazadas cuartillas sirven de modes- 
tísimo proemio. 

La patria del Almirante, su verdadera cuna, fué siem- 
pre un misterio. Su hijo Don Fernando, el primer biógrafo 
del descubridor, no tuvo preocupación más grande que 
averiguar quiénes eran sus deudos, y jamás pudo desvane- 
cerla. La afirmación que su padre hizo en su testamento 
atribuyéndose un origen genovés, le llevó a dirigir sus in- 
vestigaciones por es.te lado, pero su desencanto no tuvo 
límites al convencerse de que laboraba en el vacío. Y la in- 
cógnita, que no logró despejar el hijo, continuó siendo un 
enigma y una obsesión para los historiadores . Ni Fernández 
fie Oviedo, ni Las Casas, ni Cromara, ni Herrera, ni el Inca 
(larcilaso se atrevieron con él, entre los españoles, como ni 
Gallo, ni Giustiniani, ni Foglieta, ni Caffaro, ni Casoni, en 
Italia, quienes encontraron más cómodo dar por buena la 
afirmación testamentaria del Almirante, y apropiarse la glo- 
ria que de ello les venía. Claro está que los historiadores 



subsiguientes no hicieron otra cosa más que copiar la espe- 
cie, para que así se formase la enorme bola de nieve, el 
inatacable lugar común histórico, que parecen defender como 
torres inexpugnables tantos nombres ilustres, durante tres 
siglos, desde Barros a Spotorno, desde Guido Antonio Mala- 
baila hasta Fernández Duro y R. de Uhagón , pasando por 
Muñoz, Lafuente, Harrise, el P. Denesmondi, Alfonso Ló- 
pez y cien y cien más compiladores, investigadores y erudi- 
tos de todo linaje. 

Así estaban las cosas, cuando nuestro ilustre paisano 
Don Celso García de la Riega lanzó a la publicidad su Colón, 
Español. Y fué como si lanzase un peñón en un estanque de 
ranas croadoras, en una serena noche de Mayo. Todo el 
mundo se calló, de pronto, sobrecogido por los formidables 
documentos aportados por el escritor gallego, documentos 
que demostraban palmariamente que Colón no sólo había 
nacido en España, sino que era gallego, pontevedrés, del 
cnxehre barrio de Porto Santo... 

Después vino... Pero no he de relataros una historia 
harto conocida. La muerte inmediata del gran García de la 
Riega acreció las energías de sus impugnadores, y su obra, 
el sueño de su vida, quizá quedase oscurecido para siempre, 
si hombres generosos, si espíritus y corazones gemelos, no 
lo impidiesen con conferencias y discursos y folletos y libros, 
tales como el tan divulgado del benemérito Dr. Horta y Par- 
do y ahora éste del Dr. Rodríguez Martínez , en que todo el 
amor que éste siente por Galicia , como que se enfoca y con - 
centra a través del nombre de Colón , en un solo punto de 
deslumbradora claridad y de fuerte , irresistible, ardor, que 
ha de levantar llamas de entusiasmo en cuantos nacieron en 
esta tierra. 

¿Mi opinión ante el problema? Sin dudas, sin vacila- 
ciones, de ferviente colombismo galaico. Y tanto es así, que 
en el telar queda un drama, cuyo eje gira en torno de ésta 
para mi evidentísima verdad . Si alguna vez hubiese dudado 
de ella, bastaría para reavivar mi fe inextinguiblemente esta 
conferencia tan completa, tan diáfana, tan acabada, tan 
perfecta de Rodríguez Martínez. Después de leerla, no es 
posible dejar de convenir en la gloriosa verdad halagadora. 
Yo que me precio de conocer, acaso todo lo que hasta ahora 



se ha escrito acerca de esta cuestión tan debatida, declaro 
(]ue de hoy más ya no hay lugar a la discusión razonada y 
serena . Sólo faltan por salir a luz esos anunciados documen- 
tos avasalladores , últimamente encontrados en los archivos 
tudenses y pontevedreses por el señor Otero, para que el 
pleito quede fallado en todas las instancias. 

Y esto, en verdad, no ha de sorprender a ningún erudi- 
to realmente desapasionado , sabiendo que ya en el tomo xix 
de la colección histórica de Onken , salido a luz hace pocos 
meses, se inserta íntegro el folleto de Beltrán y Rózpide 
acerca de este punto, y en el que tan definitivamente com- 
bate a Colón genovés, y se le da completa beligerencia en 
una nota aclaratoria a nuestro insigne García de la Riega, 
al lado de Ambieri, Corbani, Peretti y Franceschi. 

Tú, lector, que vas a saborear las páginas lapidarias de 
Rodríguez Martínez , que han de saberte a poco , formarás 
también tu criterio y sentirás cómo, si ha}^ dudas en tu es- 
píritu acerca del galleguismo de Colón, estas dudas se disi- 
pan, y la luz se hace, y tu fe en la verdad evidentísima, 
arraiga en tu alma para no morir sino cuando tú mueras. 
Como do pocos libros — de poquísimos — puede decirse esto, 
al despedirme de ti , te ruego que me dos las gracias, pues 
te he acompañado hasta la puerta de tal morada . 

Antonio REY SOTO. 
Orense, 8 de Mayo de 1920. 



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ALREDEDOR DE LA TESIS 



'ox este título general, queremos recoger ciertas charlas 
y comentarios, que a modo de misceláneas congruentes 
con la tesis, no forman intrínsecamente parte de ella. 

x4,yúdanos en esta labor la prensa periódica, a la que 
personalmente tanto debemos, y que será la palanca de Ar- 
químedes, propulsora de esta justificadísima rectificación 
de la Historia. 



Coeficiente mesológico. 

Por nuestra posición geográfica, como puede verse en 
el siguiente diseño, por lo que pudiéramos llamar el coeficien- 
te mesológico, era natural que portugueses y gallegos, en- 
clavados en la costa occidental de la Península, fuesen los 
exploradores del Océano Atlántico. 

Portugueses fueron los Vasco de Gama, los Díaz, los 
Cabral , descubridores en el Atlántico de las costas septen- 
trionales y occidentales del África, llegando a doblar Bar- 
tolomé Díaz, el cabo de las Tormentas, llamado de Buena 
Esperanza en 1486. 

Hacia Occidente, en el Océano Austral, descubrió Ca- 
bral en 1447, las islas Azores, donde Colón había de recoger 

11 



los indicios de que hablamos en la conferencia, para reali- 
zar su prodigioso descubrimiento en 1492. 

Bajo este aspecto, el preclaro hijo de Pontevedra, cono- 
cedor de estos descubrimientos, aventurero perseverante y 
tenaz, siguió la ruta de sus predecesores. 

También es de advertir que por estos tiempos, Juan 11 
de Portugal, en 1481, promovía la admisión en sus Esta- 
dos de los judíos expulsados de España. 




De entonces acá, a través de los siglos, la corriente in- 
teroceánica de la raza galaica no se ha interrumpido. Y 
todos los que somos hijos de las costas occidentales, oímos 
hablar desde la infancia, de las Américas, como de países 
vecinos. 

Nuestra relación emigratoria la impone la Geografía, la 
determina la constante influencia ancestral, tenaz y aventu- 
rera de nuestra raza, el ejemplo de nuestros antepasados y 
coetáneos. 

Casi pudiera afirmarse sin mayor exageración, que no 
hay acaso una sola familia gallega, que no tenga entre los 
suyos algún pariente que haya estado o esté en América, 



Y esto trasciende a nuestros intereses, a nuestras cos- 
tumbres, a nuestras aspiraciones, 3^ en una palabra, a nues- 
tra total personalidad étnica. 

De aquí la enorme potencialidad y prestigio de los cen- 
tros gallegos americanos, habiendo alguno, como el Centro 
Gallego de la Habana, que cuenta cerca de sesenta mil 
socios. Y no hablemos de los miles y miles de gallegos ex- 
pandidos por las diez y nueve repúblicas hispano - ameri - 
canas. 



Decíamos en la conferencia de Vigo, que Galicia for- 
maba un ser orgánico, en el cual pudieran representar Lugo 
3'' Orense las ciudades corazón, — bien sabido es que el cora- 
zón es doble — , y la «ciudad de la oliva» (Vigo) y la «ciu- 
dad sonrisa» (La Coruña), los dos hemisferios cerebrales, 
adentrados en el Atlántico, enfrente de las costas ameri- 
canas. 

Y para que estas bellas ciudades marítimas dejen de 
cultivar la frivolidad y afronten valientemente el porvenir, 
no olviden ni un solo momento que más al Sur, en las mis- 
mas costas atlánticas, tenemos la ciudad de Lisboa. 

No cabe duda que el porvenir de la civilización atlán - 
tica es tan inmenso, que ha3' espacio suficiente para la vida 
de estos grandes puertos, sin anulación total de sus intereses . 

Pero no hay que olvidar que la vida moderna exige pre- 
visión , tenacidad y rapidez. 



El exotismo. 

También decíamos que los modestísimos sabios historia- 
dores gallegos, Celso La Riega y Prudencio Otero, como no 
se llaman Irving, ni Lorgues d'Orgne, ni Denesmondi, y 
con ellos nos codeamos diariamente, sus testimonios no tie- 
nen el valor de estos historiadores exóticos, tanto más pres- 
tigiados, cuantas más equis, elles y zedas ha3'^a en sus 
apellidos y más difíciles sean de pronunciar. 

Esta afición al exotismo, no es sólo mal gallego y es- 

13 



pafiol , sino quo es universal , pues on todos los idiomas hay 
el. apotegma, o su equivalente, do que «nadie en su patria 
es profeta ». 



' "El dolor del Almirante". 

Nuestro queridísimo amigo, el eximio poeta Rey Soto, 
tiene la bondad de avalorar este humilde folleto con el engar- 
ce brillante de su prosa exquisita y sentimental. No quere- 
mos agobiar su modestia, verdaderamente cristiana, con 
elogios que él pudiera considerar excesivos y el público in- 
teresados. Los hiperbólicos que de mí hace, son hijos de su 
bondad y benevolencia, acaso aun mayores que la excelsitud 
de su incomparable poesía. 

Hidalgo y caballero, tributa a su amigo de cabeza tor- 
mentosa y atormentada, el bálsamo consolador de su caridad 
en Jesucristo. 

¿Quién sabe si tanta bondad y ternura podrán influir en 
los últimos años de la vida, de quien nunca se creyó anti- 
cristiano, y viene buscando ansioso, por los caminos de la 
intuición y del raciocinio, el supremo Misterio del origen y 
del destino de los seres? 

En el fondo de cada conciencia, acaso exista un reflejo 
de la Divinidad. 

Pero más aún que tales bondades y propósitos , — excelsos 
por lo inefables y sinceros — -, estimaré yo que lleve al teatro 
el prodigio de su drama El dolor del Almirante , cuya artís- 
tica trama conozco, y que enjoyelado por las rimas clásicas 
calderonianas del autor de Amor que vence al amor, harán 
más en favor de la tesis «Colón, gallego», que cuantos ale- 
gatos hemos aportado los rapsodistas vulgares. 

El hijo de Pontevedra, exornado con las galas de la fan- 
tasía del poeta de Orense, recorrerá el mundo triunfador en 
la excelsa nave de la inspiración artística. 



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UNA CHARLA Y DOS GONFERENGIAS 



A franca confianza que siempre dispensó al repórter la 
amabilidad de su culto y querido amigo el popular mé- 
dico Rodríguez, es probable que sea restringida desde el 
momento en que caiga en manos del ilustre y simpático doc- 
tor, el presente número de El Noroeste. Sólo le queda al re- 
pórter la esperanza de que el médico Rodríguez tiene un 
conocimiento en proporción inversa de lo que es el rencor y 
de lo que son los deberes periodísticos , 3^ sabrá perdonar la 
indiscreción que significan estas cuartillas , nacidas del abuso 
de confianza a que antes aludíamos. 

Es el caso, queridos lectores, que ayer, al ir, como otras 
veces, el repórter, a tomar café y dei^artir un rato con su 
buen amigo, encontró a éste atareado en la preparación de 
las dos conferencias que sobre el interesantísimo tema «Colón , 
español» habrá de dar en breve en la Reunión de Artesa- 
nos, que tan acertadamente preside el docto y elocuente 
conferenciante. 

Creyendo éste que hablaba sólo con el amigo y olvidán- 
dose del periodista, no se limitó a regalar al repórter con 
una admirable lectura de las dos conferencias — que para 
nosotros fué una sola y nos supo a poco — , sino que , además 
de estas primicias, brindóle las de una charla amenísima, 

15 



como todas ]as del dolicioso «canseur», que tenemos la per- 
suasión do que constituye un adelanto de la que el médico 
Rodríguez se propone poner como exordio a sus próximas 
disertaciones en el Circo de Artesanos. 

La tentación reporteril fué venciendo los escrúpulos del 
amigo. Y mientras nos compenetrábamos del gran valor de 
las pruebas documentales, indiciarias y de orden psicológico 
que demuestran que el descubridor de América nació en 
Pontevedra, decidimos recoger lo más exactamente posible 
la charla -exordio, para ofrecérsela a nuestros lectores en la 
misma forma aparentemente deshilvanada con que salía do 
labios de nuestro amigo, lamentando que no pueda apreciar- 
se, como cuando la subrayaba el gesto y el tono del conver- 
sador amenísimo, la fina ironía que como granos de mosta- 
cilla literaria se desliza por los párrafos de la charla a que 
nos referimos. 

Entre frecuentes y entusiastas elogios a sus grandes 
amigos don Ramón Peinador y el ilustre polígrafo yíi falle- 
cido don Celso de la Riega, fué expresándose así el popula - 
rísimo galeno: 

«Yo vengo conociendo, en mis ocios otoñales y en las 
convalecencias de mis achaques y operaciones quirúrgicas, 
hace más de doce años , en este asunto singular de recabar 
para España y para Galicia, la justa gloria de haber sido la 
patria de Colón. 

»Yo tengo un amigo, de edad ^'■a avanzada, pero con 
un corazón de veinticinco años. A este entrañable amigo, 
Ramón Peinador, debo yo el haber conocido a Celso de la 
Riega y el haberle asistido como enfermo , en consultas que 
se desenvolvían siempre dentro de la tesis coloniana. La 
Riega era un valiente ; sabíase morir, y en vez de pócimas 
y jaropes, propinábase lecturas, y escribía cuartillas. Temía 
fenecer sin terminar su libro, su gran libro. ¡Qué conmo- 
,vedora abnegación! ¡Y qué desinteresadísima! Proveyó el 
señor Peinador a editarlo, y Celso renunció a los derechos 
de propiedad. ¡Un negocio loco! Todos los editores pueden 
reimprimirla, y ya lo están haciendo en Barcelona. ¡Qué 
visión hermosa la de los libros rojos , en la agonía del heroico 
anciano! 

10 



*Claro está que el tema «Colón, español», en esta época 
de carestía de las subsistencias, es un tema ultra -romántico 
que no satisface necesidad alguna. 

»Colón español o griego, como creyó alguien, o geno- 
vés, como creyeron los más, o chileno o turco o de Ponte- 
vedra... ¡qué más da! ¿Bajarán el pan o la carne al saberse 
que nació en la ciudad de Teucro? Pues entonces... 

» Acaso tengan razón; acaso no la tengan. 

»Pero, ¿estorbaría a España, a Galicia, a Pontevedra, 
que, en esta ansiedad de viajar característica de la vida 
moderna, las gentes adineradas, los turistas que no tienen 
la cabeza por mero adorno, entendiesen que era una gran 
atracción visitar ]a patria del Almirante? 

» Cuentan que para peregrinar a la casa donde nació 
Washington, se construyeron dos ferrocarriles funiculares 
y un hotel enorme. ¿Es que hay quien crea capaces a los 
gallegos de imitar la conducta de los americanos? 



»Pero, para probar esta tesis de «Colón, gallego» — se 
dirá por algunos — , ¿no basta con presentar la fe de bautis- 
mo? — Sí; pero hay la pequeña dificultad de que entonces 
no había Registro civil , ni eclesiástico. 

¿Y entonces, cómo probarlo? — Pues ahí verán uste- 
des — respondo a mis supuestos interlocutores — , si quieren 
ver y atender... (Y señalaba las cuartillas de las conferen- 
cias). 



»Si es tan notorio que Colón nació en Pontevedra, 
¿cómo no acudir al testimonio de la Academia de la His- 
toria? 

>Por ahí, por ahí va el agua al río. El señor Peinador 
ya la intentó y la comisión se nombró y se arbitraron re- 
cursos para los gastos... 

»Pero quien había de presidir esa comisión — creo que el 
Padre Fita — se murió, y luego, los académicos siguieron la 
costumbre española de los dos bandos y se hicieron dicolo- 
nistas: italianistas, unos, y pontevedristas , otros; los bel - 
montistas, los joselistas, etc., etc. 

2 17 



)»Claro está que los académicos aun no fueron a Ponteve- 
dra. Seguramente irán cuando todo el mundo empiece a ol- 
vidarse y a aburrirse, harto de saber que Colón nació en 
Pontevedra.» 

Siguió la plática por esta suerte de derroteros, pero la 
faltar de espacio no nos permite seguir reflejándola. 

Como mostrásemos nuestra extrañeza por el hecho de 
que, contra su costumbre, leyese, en vez de pronunciarlas, 
las dos conferencias , nos manifestó el señor Rodríguez : 

«Lo hago por varias razones, entre ellas las siguientes: 
porque acordó publicarlas; porque quiero romper la enor- 
midad de notas de rapsodista que me llenan un enorme cajón 
y me revuelven la cabeza; porque deseo enaltecer a los se- 
ñores La Riega y otros verdaderos historiadores de Colón y, 
finalmente — y acaso esta razón última sea la primera en 
justicia — ■, porque quiero dedicar esas conferencias a mi ami- 
go Ramón Peinador, que es el verdadero culpable de que yo 
me haya metido a rapsodista evangelizador de la tesis «Co- 
lón, español, hijo de Pontevedra». 



El Noroeste, del 18 Abril 1920. 



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CONFERENCIA DEL MÉDICO RODRÍGUEZ 



Charla -exordio. 

^iGuiENDO la españolísima mala costumbre que sólo tiene 

excepción paradógica en la no menos española ni 
menos mala fiesta llamada nacional, la puntualidad en el 
comienzo de la conferencia del popular médico señor Rodrí- 
guez Martínez en el Circo de Artesanos, sufrió un que- 
branto, por demora ¡claro está!, de tres cuartos de hora, 
un poco corridos. 

Pero la ley de las compensaciones resarció con creces a 
la numerosa y selecta concurrencia , de la larga espera , pues 
le hizo disfrutar durante hora y media, de una charla ame- 
nísima y de una notable disertación en extremo interesante 
y sobre un tema de innegable importancia histórica para Es- 
paña y para Galicia especialmente. 

Según habíamos anunciado en una información repor - 
teril, para cuya indiscreción trocó la amabilidad del confe- 
renciante en elogios lo que debieran ser censuras, precedió 
a la conferencia una charla amenísima y muy enjundiosa , 
como lo son todas las del exquisito «causeur» que ayer ocupó 
la tribuna en el salón de fiestas del simpático Circo de Ar- 
tesanos. 

Tal charla es, realmente, incopiable, pues al llevarla 

19 



a la letra impresa pierde grandísima parte de su «esprit» 
característico y delicioso; pero, esto no obstante, recogere- 
mos algunos de sus conceptos, registrados deficientemente 
en nuestras notas tomadas al oído: 

*Mis amigos los periodistas — comenzó diciendo el culto 
conferenciante — tratan de mi vejez con gran cariño: le 
llaman «veteranía». El veterano doctor..., la veterana socie- 
dad Circo de Artesanos..., el veteranísimo Colón, de cinco 
siglos de fecha... Todos veteranos, todos viejos... ¡Qué 
hacerle! 

»Si yo supiese el secreto de la inmortalidad, me lo re- 
servaría, temeroso de que hasta las piedras de la calle se 
alzasen contra mí, por el espanto de vivir siempre. 

»A la espiga madura le espera la hoz del segador; a la 
vida ya cumplida, la segur de la muerte. ¡Tornar a la juven- 
tud! Acaso fuera agradable; pero tal vez lo fuese por una 
sola vez; quizá nadie quisiese repetir la segunda. Al llegar 
a cierto límite, la única solución que veo es la de una reti- 
rada al campo del estoicismo, con la consoladora esperanza 
de que, así como de la harina extraída de la espiga segada 
por madura sale el pan ázimo de la comunión espiritual, 
brote de nuestras cenizas, como ave fénix, la vida impere- 
cedera de nuestros ensueños ideológicos. Porque, — diremos 
con el gran escéptico — : ¡No será mayor el milagro de vol- 
ver a nacer, que el milagro de haber nacido!» 

Enaltece, luego, en un brillante período, la memoria 
del ilustre polígrafo Celso de la Riega, confortado en el 
lecho de muerte por la visión de los libros rojos que llevaban 
en su dorso la leyenda «Colón, español», suma y compendio 
de los afanes patrióticos del valiente anciano moribundo. 

La tesis «Colón; español» —añade — es tesis de estudio 
y de controversia , faltándole sólo la popularización necesa - 
ria y, para los espíritus legalistas, la consagración del fallo 
de la Academia de la Historia. Pero la popularización ha 
comenzado y continúa, y la confirmación académica, sus- 
pendida por la muerte del P. Pita, volverá de nuevo. 

Recoge , a continuación , los conceptos expuestos por El 
Noroeste en su artículo de ayer «La ciudad alegre y confia - 

20 



da» y los glosa de modo admirable, fustigando a las ciuda- 
des frivolas y descuidadas, entregadas al infecundo «sport» 
de lanzar saetas de ironía contra el blanco de cualquier 
manifestación de verdadera vida progresiva , ínterin otras , 
más modernas y más conscientes de sus intereses, acucian a 
cuantos elementos juzgan utilizables para la concesión de 
los millones de pesetas que necesitan para encaminarse con 
rápido paso hacia la prosperidad en todos los órdenes. 

Justifica, finalmente, que la conferencia sea leída y no 
hablada, como en él es inveterada costumbre, y termina su 
gratísima charla diciendo: 

«Añadiré tan solo, al retirarme de la tribuna hablada 
(oratoria del corazón), a la tribuna leída (oratoria del pensa- 
miento), que no hagáis caso de los difamadores de la elocuen- 
cia, de los mudos que maldicen del arte de hablar. Yo excito 
a esa juventud brillante que está dotada de condiciones ora- 
torias, a que esgriman éstas sin recelo, hablando en público 
siempre que ello sea preciso o conveniente y sin poner a sus 
discursos otra condición que la sinceridad en la expresión de 
las ideas.» 

Una ovación entusiasta y prolongadísima resumió los 
aplausos prodigados por el selecto auditorio, durante el curso 
de la charla -exordio. 



La conferencia. 

Aparte su gran extensión, que hace imposible reseñar- 
la ni en extracto, la consideración de que va a ser publicada 
muy en breve nos obligaría a no mermar con una publicidad 
anticipada, el éxito indudable que espera a la notabilísima 
conferencia leída ayer por el prestigioso médico Rodríguez, 
sobre el tema «Colón, gallego». 

Digamos únicamente que el trabajo objeto de esta infor- 
mación, es un verdadero modelo en su género, por lo bien 
trazado del plan , por el enlace lógico de la argumentación , 
por el acertado agrupamiento de las pruebas de diferente 
carácter, por el concienzudo análisis de todas y cada una de 
éstas, por el interés creciente que su exposición despierta, 

21 



por la amenidad del lenguaje, y sobre todo, por la íntima, 
profunda convicción que lleva al ánimo del oyente o del lec- 
tor, respecto a los fundamentos de verdad en que el confe- 
renciante cimenta la tesis por él sostenida , de recabar como 
justa, para Galicia, la gloria de ser la patria del gran Al- 
mirante. 

A este fin , aporta el médico Rodríguez en su hermoso 
trabajo «Colón, gallego», innúmeras pruebas de todos órde- 
nes: conjeturales, documentales, histórico - críticas , arqueo- 
lógicas, lingüísticas, etc., etc.; pero donde más resalta la 
labor del médico Rodríguez, donde brilla con más explendor 
su gran talento de analizador de almas, es cuando hace el 
estudio psicológico de la personalidad de Cristóbal Colón, 
haciendo, con el escalpelo de su intuición portentosa , una 
verdadera disección del carácter del descubridor de Améri- 
ca, mostrándonos al genial nauta como gallego indiscutible 
por su modo de pensar, de hablar, de escribir y de conducir- 
se en la vida. 

Toda la conferencia, plena de erudición, de orden ana- 
lítico y de admirable reconstrucción sintética , fué escuchada 
con vivísima atención por el público, que después de aplau- 
dir efusivamente al conferenciante, salió del local gratísi- 
mamente impresionado, haciendo unánimes comentarios de 
elogio. 

El ilustre médico señor Rodríguez Martínez , fué objeto 
de muchísimas y calurosas felicitaciones, a las cuales unimos 
la nuestra, tan modesta y sincera. 



El Noroeste, del 24 Abril 1!)2(). 



^^^5r- 



Iteg:^^^^^:^|^[fe>^^^fe<^ 



COLÓN, GALLEGO 



^ONFORME estaba anunciado dio ayer su conferencia en 
la «Reunión de Artesanos» su presidente D. José Ro- 
dríguez Martínez sobre el interesantísimo asunto «Colón, 
gallego » . 

Asistió mucho público, viéndose ocupados los lugares 
destinados a los invitados por personas distinguidas. 

Comenzó el elocuente conferenciante ofreciendo a sus 
oyentes una charla breve y una lectura larga. 

La charla fué breve y amena y la lectura aunque fué 
larga, en efecto, por exigirlo así la índole del asunto, no lo 
pareció. 

En la charla dio gracias a los periodistas por los elo- 
gios que han hecho por anticipado de su labor y por haberle 
dado el calificativo de veterano. 

Habló con este motivo de la ancianidad, de la termina- 
ción de la vida y de la vida futura, diciendo que cuales- 
quiera que sean las creencias no debe admirar el milagro de 
una nueva vida, después de conocer el milagro de haber 
nacido. 

Dice que hay mucha labor hecha en el asunto de 
«Colón, gallego» y cita al efecto los trabajos de La Riega y 
Otero; pefo que es necesario vulgarizar, hacer llegar a las 
gentes lo que de este asunto interesante conocen algunos. 

23 



En su lectura aporta datos numerosísimos en pro del 
origen gallego de Colón y en contra del origen genovós. 

Resulta magistral el estudio psicológico en que se basa 
para destruir el único dato en contra de este origen gallego, 
dato que es una afirmación del mismo gran navegante, el 
cual en la institución mayorazgo que haco en Valladolid , 
dice: «De Genova salí y en ella nací». El señor Rodríguez 
atribuye esta afirmación al deseo de ocultar su origen (lo 
cree judío) y al de aparecer genovés por las ventajas que 
esto pudiera reportarle dado el prestigio que en cuestiones 
de navegación tenían los genoveses de la época. 

La afirmación del origen gallego de Colón la apoya en 
datos materiales, en sus rasgos psicológicos, en sus mani- 
festaciones literarias, comparando versos suyos con otros de 
Jorge Manrique, en giros, modismos y frases recogidas de 
sus escritos y en haber dado a tierras descubiertas nombres 
gallegos y especialmente nombres de accidentes de la ría de 
Pontevedra, probando además que Colón no conocía el ita- 
liano. 

Como la conferencia del señor Rodríguez se publicará, 
podrán nuestros lectores conocer tan documentado e intere- 
santísimo trabajo de un modo más completo que lo que per- 
mite una reseña hecha en estas condiciones. 

La conferencia fué ilustrada con diseños geográficos y 
proyecciones de monumentos e inscripciones de gran valor, 
como prueba evidente del origen gallego de Colón. 

El público, interesadísimo durante toda la hermosa 
conferencia, aplaudió repetidas veces e hizo al final una 
verdadera ovación al señor Rodríguez, que fué muy feli- 
citado. 

El Orzan, del 24 Abril 1920. 



'^^^^P- 



fe¿:^ ^^^S< ^ IBfe^^gM^¿\^l 



INTERCAMBIO HISPANO-AMERIGANO 



''OMO presentación que hizo ol señor Rodríguez del con- 
ferenciante D. Ángel Castillo, en la conferencia que 
dio en el «Circo de Artesanos» el 6 de Mayo de este año, 
acerca de Galicia monumental y artística, conferencia uná- 
nimemente elogiada, copiamos de El Noroeste los siguientes 
párrafos : 

«El presidente, en un breve discurso liizo relación de 
las conferencias anteriores, enlazadas todas en el ciclo de 
resurgimiento del pueblo gallego. 

»Recogió la salutación de la alta intelectualidad de 
Orense, llamando a nuestra ciudad la Atenas gallega; men- 
cionó el concepto de la Barcelona del Noroeste y de la Bar- 
celona atlántica , atribuido a nuestra capital ; citó a los 
«Irmáns da Fala» , que laboran "admirablemente por el per- 
feccionamiento de nuestro hermoso idioma. Y con alusiones 
para Risco, Viqueira, Castelao, Cabanillas y el señor Za- 
rate, mostróse gozoso porque sea el Circo de Artesanos el 
centro en que se van enlazando todos los valores gallegos 
para restablecer la personalidad de nuestra tierra. 

»No ocurren estas cosas al azar; dependen, seguramen- 
te, de dos factores tan enlazados que pudiéramos considerar 

25 



en uno solo: nuestra posición geográfica y el carácter traba- 
jador, aventurero y tenaz de nuestra raza galaica. 

»Por nuestra posición geográfica, teniendo enfrente las 
Indias Occidentales , era natural que fuese un hijo de Pon - 
tevedra, el insigne Colón., quien descubriese las Américas. 
Acortadas hoy las distancias por los medios de comunica- 
ción moderna, también es obligado que eF centro de la ci- 
vilización se haya trasladado desde el mar de la historia, el 
Mediterráneo — mar entre tierras — , hasta este amplio Océa- 
no de extensos horizontes, en que se resolverán los proble- 
mas del intercambio hispanoamericano. 

» Y es nuestra raza , con nuestros hermanos de Portugal , 
también de posición atlántica, la mejor dotada para estas 
empresas del porvenir. 

»Pero si esta expansión excéntrica del pueblo gallego, 
alcanza tantísima importancia, no la tiene menor el movi- 
miento concéntrico que al presente se está operando. Empe- 
zamos a conocernos y a poner de relieve nuestros valores. 

»A este fin , la conferencia del señor Castillo tiene, como 
luego veréis, tan excelso relieve, que ella será parte princi- 
palísima a la reconstrucción histórica y artística de nuestra 
personalidad ». 



^^^P^- 



COLÓN, ESPAÑOL 



PREÁMBULO 




>ADO lo extenso del tema y el enlace lógico 
de la argumentación, de cuyo conjunto derí- 
vase la consecuencia inconcusa de ser Colón 
español, hijo de Pontevedra, impónese sintetizar en 
una sola conferencia los principales argumentos de 
la tesis, suficientes a crear una convicción indes- 
tructible; pero seguramente incompletos, por la im- 
posibilidad material de analizarlos todos en una sola 
sesión. 

Si esta conferencia llega a publicarse o creo obli- 
gada otra, ocasión tendremos de ampliar detalles 
muy importantes y evacuar citas confirmatorias de 
esta proposición. 



Después de la obra inmortal de Celso de ia 
Riega, verdadero descubridor de la cuna de Colón, 



29 



es preciso esperar la definitiva de D. Prudencio 
Otero,, que pronto verá la luz pública. 



* 
* 



Es realmente singular que diciéndose Colón hijo 
de Genova y figurando como tal, durante cuatro 
siglos, en las historias vulgares, la investigación y 
la crítica hayan destruido tal aserto. No cabe duda 
de que hay aquí un misterio que importa desen- 
trañar. 

La duda de la oriundez italiana de Colón es ya 
del tiempo de su vida, como veremos por el testi- 
monio de sus contemporáneos; pero sin los admira- 
bles estudios del señor La Riega, hechos a propósito 
de la aparición de testimonios paleográficos y epi- 
gráficos, descubiertos en Pontevedra, y de los que 
nos ocuparemos en otro lugar; sin los estudios, re- 
pito, de aquel modesto sabio, la afirmación genovesa 
perduraría no sólo por cuatro siglos, sino por los 
siglos de los siglos, arrebatando a España la gloria 
inmarcesible de la paternidad del Almirante. Algo 
diremos también, aunque muy brevemente, de estos 
errores históricos, más frecuentes de lo que se cree. 



Fundamentos principales 
: - : : - : de la tesis :-::-: 

1.° El estudio histórico -crítico hecho por el ci- 
tado La Riega, publicado en un libro agotado, 
Colón, Español, y continuado después por otros in- 
vestigadores, entre los que descuellan Calzada, 
Horta, Eva Canel, Rózpide y muy señaladamente 
D. Prudencio Otero, cuya obra reedita íntegra la de 



La Riega y otros trabajos posteriores, y tiene para 
mí, y para cuantos la conocemos, el carácter de 
concluyente y definitiva, en favor de la tesis «Colón , 
español.» 

2. o Los historiadores críticos extranjeros, entre 
los que pueden citarse a los bien conocidos Hum- 
bold y Malte-Brum; a Yon Ostoe, a Raynal, Vi- 
gnan, Serpa Pinto y al eminente Teófilo Braga. To- 
dos éstos, y otros que pudiéramos mencionar, o 
dudan o niegan terminantemente su origen geno vés. 
Teófilo Braga lo declara gallego. Rosselly de Lor- 
gue, uno de sus mejores historiógrafos, y el cono- 
cidísimo Irving, dicen que es un verdadero laberinto 
la cuna de Colón 

3.® Toscanelli no lo consideraba compatriota, 
suponiéndolo portugués ; y los españoles Fernández 
Oviedo, Andrés Bernárdez y el Padre Las Casas, 
dudaban de su origen italiano ; los dos últimos 
le conocieron y trataron hablando siempre es- 
pañol. 

4." La historia de su hijo Fernando, que afirma 
reiteradas veces ser voluntad de su padre dejar 
obscura e incierta su cuna, y que después de recorrer 
inútilmente varias ciudades de Italia, donde abun- 
daban los Columbos, no los Colones, le fué imposible 
hacer una genealogía del ilustre Almirante. 

5.° La aparición de testimonios y documentos 
pontevedreses , que a pesar de las acres censuras y 
aun insultantes acrimonias de que fueron objeto, 
acreditan irrefragablemente la existencia de Colones 
antes y después de la época del descubrimiento. 

Y al hacer el estudio de la prueba documental , 
añadiremos que también abundan los Fonterosas, 
segundo apellido de Colón, de los cuales hay regis- 

31 



trados en el Arzobispado de Tuy un crecido número 
durante los siglos xvi, xvii y xa^iii. 

6.° La tradición popular, acerca de la cual se 
hizo por el señor Gobernador civil D. Luis Tur, 
vocal de la Sociedad Greográfica, una importante 
información. 

7.° Su psicología galaico -hebraica. 

8.° Su lenguaje. 

9.° Las toponimias o nombres con que bauti- 
zaba los lugares que iba descubriendo. 

Antítesis o datos en contra. 

1.® La manifestación hecha por el Almirante 
al habilitar la institución mayorazga (documento 
diplomático), como raíz y pie de grandeza, diciendo : 
De Genova salí... y en ella nací. 

2.** El peso oficial de cuatro siglos y medio de 
afirmación clásica, en que ya por antonomasia se le 
llama a Colón, en las geografías e historias vulga- 
res, el nauta genovés. 



'^^^^s^ 



LA síntesis 




s muy original, que declarándose Colón hijo 
de Genova, como decimos antes, lo mismo 

, entre sus contemporáneos que posteriormen- 
te, haya encontrado tantos incrédulos. Y esta par- 
ticularidad depende de que no hay «congruencia» 
entre toda su vida bien conocida, genuinamente es- 
pañola, y la oriundez italiana. Por otra parte el ca- 
rácter heráldico, diplomático, del documento— diplo- 
macia y verdad no siempre van juntas — , por razo- 
nes que más adelante expondremos, carece del vali- 
miento que pretenden otorgarle los partidarios de la 
teoría genovesa. Y a mayor abundamiento, al excluir 
clara y terminantemente en este documento a los Co- 
lombos italianos, contradice directamente haber na- 
cido de ellos, o en otros términos, contradice la afir- 
mación de ser hijo de Grénova. Volveremos repetidas 
veces sobre este importante asunto. 

Continuando con la prueba indiciarla o conjetu- 



33 



ral, sin perjuicio de analizar mas adelante las otras 
pruebas v^aliosísimas, y aducir los oportunos argu- 
mentos, -íidjuntemos en esta síntesis algunos razo- 
namientos inmediatos. 

Su hijo Fernando, el primer historiador del Al- 
mirante, afirma muy repetidas veces, que su padre 
oeidtó cuidadosamente su cuna y el abolengo de su 
famiha. En sus viajes por Italia, fracasó en la em- 
presa de buscarle ascendientes . 

Ya queda indicado que sus contemporáneos du- 
daron de su oriundez genovesa y que Toscanelli , con 
quien sostuvo correspondencia en castellano, le su- 
puso siempre hijo de Portugal. 

No hablaba ni escribía italiano. 

Exceptuando Anghiera, que le llama vagamente 
ligurio, hijo de Liguria, sus contemporáneos, italia- 
nos y españoles, no le tienen por geno vés. 

Confirma lo obscuro e incierto de su origen , el 
hecho de disputarse su cuna diecisiete ciudades de 
Italia, sin aportar datos demostrativos; siendo aun 
más significativo el que en sus múltiples cartas, 
acerca de toda clase de asuntos, no hace la más leve 
mención de la ciudad que ehgió por cuna, ni de las 
personas que en ella hubiese tratado; ni de ninguno 
de sus maestros, ni de ninguno de sus parientes. El 
nombre de Genova fué para él tan sólo un recurso 
ostentoso en la fundación del mayorazgo. Dice muy 
bien el señor La Riega: ((Colón tenía un secreto y lo 
guardó escrupulosamente, secundado en primer lugar 
por su hermano Bartolomé, que también se presentó 
en Inglaterra como genovós, porque en aquella época 
los marinos de Genova y Venecia, así como los cartó- 
grafos italianos, gozaban fama extraordinaria y eran 
acogidos con gran favor y solicitud en todas partes». 

34 



No hay testimonio de que hablase o escribiese 
italiano, y aun buscó interpretes, cuando se dirigió 
— en castellano — , al Banco de San Griorgio y a la 
Señoría de Glénova . 

En carta a los reyes catóhcos, llama al castella- 
no «nuestro romance». Dice así la epístola: «En el 
Kathay domina un gran príncipe que en nuestro ro- 
mance significa Rey de Reyes», etc. 

Aludiendo a la conquista que él soñaba de Jeru- 
salen , dice en el famoso libro de las Profecías , que 
«de España había de salii-, según los viejos profetas, 
quien acometiese la empresa de reedificar el templo 
de Sión». 

Al fundar la institución mayorazga, ratificada 
en el codicilo, afirmó que «su único verdadero lina- 
je, era el de los llamados de Colón con antecesores 
de Colón». 

Y finalmente, terminamos esta exposición suma- 
ria conjetural, que luego ampliaremos, manifestan- 
do que Colón fué escribiendo su verdadera fe de bau - 
tismo, intachable, imperecedera e indestructible, po- 
niendo nombres españoles, gran número de ellos 
ponte vedreses, a las islas, tierras y cabos que iba 
descubriendo en las Indias Occidentales. 

Y contra este cúmulo de datos que forman una 
trabazón armónica perfecta, preséntase un solo do- 
cumento, heráldico, como intencionadamente dice 
el señor Olmet, documento indispensable para que el 
humilde navegante de antaño, establezca ogaño una 
jerarquía de nobleza. Es singularísimo, por otra 
parte, que se le haya dispensado la nacionalización 
española, como se exigió a otros almirantes, debido 
acaso a que no se dudó de que era español . 

Y para ir allanando el camino de la difícil inves- 

35 



tigación , sustraigíimonos a la pesadumbre de cuatro 
siglos y medio de afirmación genovesa, consideran- 
do que no es éste el único error que perdura en las 
historias, lo cual trataremos en el siguiente ca- 
pítulo. 



^A^^p.» 



RECTIFICACIÓN DE LA HISTORIA 




UNQüE hi historia, llamada por Cicerón «la 
maestra de la vida», pesa mucho en la opi- 
díóu de las gentes, lo que pesa y lo que vale 
son los hechos, no las historias ^ y hay que pensar 
(5on Altamira, que en vez de la asidua investigación 
de los mismos, se cae con frecuencia en la idolatría 
del libro: en creer como artículo de fe que lo dicho 
por un historiador, más o menos ilustre, necesaria- 
mente ha de ser cierto. Claro es que por este proce- 
dimiento, el error se petrifica y llega a convertirse 
en dogma. 



* * 



Pasaron años y siglos, y aun perduran hoy en 
historias vulgares, las fantasías y relatos maravillo- 
sos de Ctezias, acerca de Niño y de Semíramis, a 
pesar de su inverosimilitud. Fué necesario que antes 



37 



de promediar el siglo xix, se descubriese la escritura 
cuneiforme, y se realizasen numerosas excavaciones 
en Caldea y Asirla, con la aparición de ladrillos e 
inscripciones, para rehacer la auténtica y verdadera 
historia del Imperio asirlo. 

Sin ir tan lejos, el notable escritor D. Eduardo 
Saavedra, ha demostrado hace cerca de cuarenta 
años, que no ha existido la batalla del Guadalete, 
que en nuestros epítomes corrientes pone fin al im- 
perio visigodo. 

Aun hoy espera confirmación definitiva saber 
quién fué el verdadero descubridor de la circulación 
de la sangre. 

Finalmente, la canción a las ruinas de Itálica y 
la famosa Epístola moral, fueron atribuidas a Rioja, 
hasta que la crítica moderna —dos siglos más tarde — 
demostró ser escritas por Fernández de Andrade y 
por Rodrigo Caro, respectivamente. 



* 
* * 



Dice muy bien el señor La Riega en su hermoso 
libro Colón, Español: 

«Tengo la pretensión de creer que sucede una 
cosa parecida con respecto a la patria genovesa de 
Colón; el error se ha petrificado y convertido en 
dogma, a causa de que se ha incurrido en la idola- 
tría del libro. 

» Sobre la obscuridad que existe en la vida de 
Colón, anterior a su presentación en Castilla y 
sobre varios de sus actos posteriores, obscuridad 
que en ningún libro he visto aclarada, no se ha 
hecho otra cosa, a mi juicio, que salvar las dificul- 

38 



tades y soslayar los problemas por medio de racio- 
cinios aparatosos y de citas de autores más o menos 
ilustres. 

)»La obscuridad subsiste: la verdadera historia 
de Colón está por hacer. » 



-=s^^^ 





s^ 
















DOCUMENTOS, DOCUMENTOS 
Y DOCUMENTOS 




OK muelio que yo (|uierii abreviar eu e^?ta eou- 
fereijcia sumaria, auu corriendo el riesgo de 
fatigaros, es indispensable ocuparse de la tan 
controvertida prueba documental, a la que se ha 
concedido, por accidentes de que trataremos, uíi 
carácter definitivo y terminante. 

Tiene indudablemente gran valor, y derrama to- 
rrentes de luz, sobre la tesis «Colón, pontevedrós». 

Pero cúmpleme decir antes, siguiendo en esto la 
opinión del señor La Riega, que no son más que un 
detalle confirmatorio, si bien importantísimo, del 
conjunto general de nuestra teoría: «Tal es la fuer- 
za de la verdad — dice el ilustre ponte vedrés— cuan- 
do sus elementos son homogéneos, y cuando con- 
curren, sencillamente, a darle unidad bajo todos sus 
aspectos». Un tío de La Riega, en ]892; un vecino 
de Pontevedra, D. Joaquín Núñez; el ilustradísimo 



a 



presidente de la Sociedad Arqueológica, D. Casto 
San Pedro, y el tantas veces citado y meritísimo don 
Celso, fueron los descubridores de numerosos docu- 
mentos de fines del siglo xv y xvi, en que figuran 
los apellidos de Colón y Fonterosa. La labor del 
modesto, erudito y sabio autor de Galicia Antigua y 
otras valiosas obras, distinguióse por su perseveran- 
cia y tenacidad; por el estudio profundo de todo lo 
referente al Almirante y por un análisis crítico, 
sagaz y profundo, que con documentos y sin docu- 
mentos, demostró brillantemente, inconcusamente, 
la oriundez pontevedresa del Almirante de los Al- 
mirantes. 

Y no empaña su gloria inmarcesible,' que llevará 
su nombre a la historia mundial, el exceso de celo, 
explicable en un cerebro pictórico de un pensamien- 
to lijo, el que para dar relieve y mayor claridad para 
la fotografía de los documentos, cometiese la ligere- 
za de retocar algunas letras. No por defender a mi 
querido amigo, a quien la historia hará cumplida jus- 
ticia; pero sí para desbaratar la urdimbre de acres 
y desconsideradas censuras; para refrenar las len- 
guas viperinas y envidiosas, que lloran con pesar la 
dicha ajena, referiré todo lo que ha ocurrido en este 
fraude apasionado y patriótico, tan minúsculo como 
lo fué el de Cristóbal Colón al decirse hijo de Ge- 
nova. 

El mismo Celso confesó su ligereza, y si bien las 
almas piadosas, los malhechores del bien, parecieron 
indignarse y poner el grito en el Cielo, las gentes 
nobles y honradas, conocedoras de la complicada 
psicología humana, explican el exceso de celo del 
anciano entusiasta y la momentánea excitación del 
paleógrafo que descubre los calcos y las tachadu- 

42 



ras (1). Pasan los momentos de pasión y las aguas 
vuelven a su nivel: al nivel altísimo en que las colo- 
có Celso, descubriendo la verdadera cuna y la ver- 
dadera historia de su paisano Cristóbal Colón. 



Publicó La Riega en su notable libro, hoy agota- 
do. Colón, Español, trece fotografías de los documen- 
tos ponte vedreses. Disponíamonos varios amigos 
entusiastas a dar conferencias de popularización 
sobre su tesis, cuando cayó como una bomba un 
artículo publicado hace dos o tres años, en la Revis- 
ta de Archivos y Bibliotecas, en el cual el señor Serra- 
no 8auz, impugna como tachados y fraudulentos los 
documentos del libro de La Riega. El efecto fue 
realmente desastroso — que tanto alarma el fraude 
l)or ligero que sea^ — . Pero seguramente fué exage- 
rado; pues discurriendo con mis amigos de Orense — 
donde había de darse la primer conferencia — los se- 
ñores Macías (D. Marcelo), Martínez Sueiro, Gaite, 
Alonso Fernández y otros ilustres ateneístas, les hice 
fijar su atención en que, en dicho artículo se decla- 
raban auténticos, sin mácula ni corrección, por el 
mismo señor Serrano Sauz, tres documentos acredi- 
tativos de que en Pontevedra, en 1496, existían tres 
Colones varones y una Constanza Colón. Y como lo 
que a la prueba documental se le exige, es la demos- 
tración del apellido Colón en Pontevedra, con un 
solo documento bien autenticado e irreprochable, la 
tesis resulta triunfante. Pudiéramos afirmar, sin la 
menor exageración, que de los tres documentos 
impolutos, así declarados por un contradictor, so- 
bran dos. 



43 



Pero hay más aún: eu poder del señor Casto Sau 
Pedro, testimonio de gran valía no sólo por su nota- 
ble competencia, sino que también por mantener su 
juicio reservado, hemos visto algún documento de 
Colones ponte vedreses intachable. 

Después de la muerte de La Riega aparecieron 
nuevos documentos, y mis amigos D. Ramón Pei- 
nador, el más fervoroso entusiasta y protector deci - 
dido de la tesis, y D. Prudencio Otero, continuador 
glorioso de la obra del señor La Riega, me enviaron 
para su anáUsis un crecido número de viejos y nue- 
.vos fotograbados. 

Y en mi modesto gabinete, aleccionándome en 
estas difíciles investigaciones, pasó todo un día ana- 
lizando las nuevas fotografías, el ilustradísimo ar- 
chivero Sr. Oviedo Arce, anticuario y polígrafo emi- 
nente, hace poco tiempo fallecido. 

Y dio un informe desfavorable para varios de 
dichos documentos, informe creo que afanosamente 
publicado en alguna revista regional; pero ocurrió 
lo que con el señor Sauz: su noble imparcialidad le 
obligó a reconocer que no todos los documentos estaban 
retocados. 

Las buenas almas, que tanto abundan en estas 
tierras galicianas, dignas de mayores virtudes, echa- 
ron las campanas a vuelo, apelando a los mayores 
dicterios y frases insultantes, de que es mejor olvi- 
darse. Afortunadamente, del análisis del señor 
Oviedo quedaron en pie tres o cuatro documentos, 
del todo auténticos e inmaculados. 



M 



Pero aun no paró en esto la singular historia 
que intitulo Documentos, documentos y (locumenfos. 
El señor Otero, varias veces aludido como glorioso 
sucesor de La Riega, tiene en su poder trece o ca- 
torce más, que publicará en su obra, a los cuales es 
imposible encontrar la menor tachadura o super- 
chería, ni aun vistos con la lente de aumento del 
prejuicio sistemático de fraudulencia. 

Por estas y otras razones, que sería muy prolijo 
enumerar, me produjo cierta «indignación pasajera» 
leer en el tomo xxv de la Nuera Colección de Autores 
Españoles, recientemente publicado, el juicio crítico 
que el reincidente señor Serrano Sanz hace de la 
maravillosa labor de D. Celso La Riega. 

Y en la conferencia de Pontevedra o en la de 
Vigo — no recuerdo en cual — , hube de decir, poco 
más o menos, lo siguiente: « Parécenle muy pocos 
al señor Serrano Sanz estos cuatro Colones existen- 
tes en el siglo xv en Pontevedra. Este eminente 
polígrafo, seguramente académico — y si no lo es 
deben hacerlo — , mira con marcado desden las po- 
derosísimas razones alegadas por l^a Riega, en su 
libro inmortal, al extremo despectivo de ni siquiera 
mentarlas. No me parece el señor Serrano Sanz — 
aparte de su competencia poligráfica, que respeto ~-, 
crítico proporcionado a los preclaros talentos y exi- 
mias virtudes del insigne Celso.» 

Excítase la sensibilidad religiosa del señor Se- 
rrano Sanz — acaso un mucho exaltada — , porque al 
señor Olmet le parezca Colón de raza judaica. Y 
dice a tal propósito tales plaisanteries — lo diremos 
en francés para mayor eufemismo--, que no merecen 
contestarse. Copiando la actitud despectiva del ilus- 
tre crítico catalán, sonreiremos, en vez de enfadarnos. 

45 



¡Ah!, se nos olvidaba añadir una peregrina ocu- 
rrencia del señor Serrano Sanz. Dice, literalmen- 
te, en el mencionado libro de autores españoles: 
«Después de todo, lo que menos nos importa es que 
Colón fuese o no español. (¡Esta sí que es buena/) 
Bástale a España la gloria inmarcesible y única de 
haber comprendido y realizado las intuiciones de 
aquel hombre genial, a quien verdaderamente pode- 
mos juzgar iluminado por Dios, como también a los 
Reyes Católicos, ejecutores del más alto hecho pro- 
videncial que registra la historia de todo el mundo 
en la Edad Moderna. » 

Muy bien , señor Serrano, muy bien ; pero por 
muy inspirado y muy iluminado que por Dios estu- 
viese el Almirante, precisáronse flotas y hombres y 
dineros, y aun tesoreros judíos que los adelantasen. 



* 
* 



Pero volvamos a nuestro asunto, añadiendo que 
está perfectamente acreditado en documentos indis- 
cutibles, no relacionados con la historia ponteve- 
dresa de Colón , que alrededor del descubrimiento, 
en 1489 (2), un Andrés de Colón fué perseguido por 
la Inquisición de Tarragona. Y también interesa, 
para las deducciones que se harán más adelante, 
la particularidad de que los apellidos de Colón y 
Fonterosa, aparecen unidos a nombres judaicos 
como Benjamín, Abraham, Jacob, Eleazar, etc., etc. 




Casa y crucero llamados «de Colón» 



LA PRUEBA ARQUEOLÓGICA 



NDiCAMOS somevameute que el Groberiiador don 
Luis Tuv hizo una información popular, lia- 
mando a los más ancianos de Porto Santo y 
sus inmediaciones, para recoger verbalmente la tra- 
dición, muy extendida y continuada a través délas 
generaciones, de que en esa casita en ruinas que veis 
en la pantalla, vivió el ilustre Almirante. Poco val- 
dría este argumento, si fuese solo; pero debemos ha- 
cer constar por detalles arquitectónicos, entre otros, 
esa piedra, acaso ladronera o matacán, que corona la 
cresta de la pared, y otra igual caída entre los es- 
combros, que la arquitectura es del siglo xv. Aun 
más curioso es el crucero, cuya parte superior es, 
indudablemente, de la época, y en cuyo basamento 
leyeron algunos polígrafos el nombre de Colón (3). 
Acerca de estos indicios, controvertidos como 
todo cuanto a este asunto se reftere, posee el conti- 
nuador de la obra de La Riega D. Prudencio Otero, 



47 



(latos importantes, enti'e oti'os, los que se refieren a 
la trasmisión de la propiedad de dicha casa. 

Pero si esto de la casa y del crucero no tienen 
nn valor del todo probatorio, porque alguien dijo 
que manos piddosas rasparon el letrero después de 
haber sido examinado por polígrafos, que sacaron 
una prueba fotográfica — ¡parece increíble que llegue 
a tanto la infernal envidia! — ahí tenéis esa lápida de 
piedra encontrada en la iglesia de Santa María al 
derrumbar un viejo altar de madera. 

La lápida no contiene borrones, ni tachaduras, 
ni tintas simpáticas, ni recalcos, ni fraudulentas en- 
miendas . 

Dice clara y limpiamente: 

«Os do cerco de Joao Neto e de Joao de Colón 
feceron esta capilla». 

Hay que fijarse bien que a los de Joao Neto no 
precede la partícula de y sí precede a los de Colón , 
como dijo el Almirante en la institución mayorazga 
y en el codicilo, que han de llamarse los de su ver- 
dadero linaje . 

Huelga decir que la iglesia de Santa María y la 
capilla, corresponden a la época anterior y posterior 
del descubrimiento. Y aun cuando yo reconozca ser 
este iirgumento el de mayor peso probatorio, no 
debo callar que en las impostas de una pequeña 
puerta lateral hay dos medallones con retratos que 
también deben ser estudiados, pues uno de ellos es 
evidentemente de mariuero y otro dicen que de 
mujer, por una gola que tiene al cuello; es posible, 
pero dicha gola pudiera ser signo de alta gerarquía 
marítima. 

Si nos fijamos imparcialmente en la prueba do- 
cumental, hay siete u ocho documentos acreditativos 



48 




Frente de la casa de Colón 

La almena que aparece encima de la puerta, apenas visible 
constituye un detalle de época 




:Os do cerco de Joao Neto e de Joao «de Colón» 
feceron esta capilla» 



de la existencia de Colones en Pontevedra. Si uni- 
mos a esto los numerosos Fonterosas de Tuy y los 
trece o catorce documentos inéditos e impolutos que 
tiene en su poder y publicará D. Prudencio Otero, 
tenemos que convenir en que sobran documentos y 
documentos para probar la existencia de Colones y 
Fonterosas en Pontevedra, en las épocas coetáneas 
al descubrimiento de América. Si se quiere impug- 
nar el valor probatorio del crucero y de la casita, 
aun llamada hoy por los paisanos « del americano » 
o «de Colón», y los retratos, en que yo me fijé, de 
la puerta lateral de Santa María; si fuese posible la 
enormidad de declarar falsos cerca de veinte docu- 
mentos estudiados por paleógrafos contrarios a la 
tesis, en el orden arqueológico sería suficiente esa 
intachable lápida, aparecida providencialmente en 
los días en que La Riega mandaba a la imprenta las 
cuartillas de su imperecedero libro. 

Y repetiré una, cien y mil veces, que con ser tan 
importante el testimonio gráfico y arqueológico de 
piedras y documentos, valen tanto o más las prue- 
bas conjeturales y críticas que integran la tesis colo- 
niana española. 

Cuando las desenvolvamos más ampliamente y 
aportemos otras no menos interesantes, convendréis 
conmigo que lo insólito, lo extraordinario, lo verda- 
deramente inverosímil, es que Colón fuera hijo de 
Genova. 

Seguro estoy de que si tenéis paciencia para se- 
guirme en esta farragosa y enorme enumeración de 
argumentos, indicios y razonamientos, concluiréis 
con la afirmación rotunda de que todo fué español 
en el descubrimiento. Y que Colón , a pesar de su 
meditada e indispensable falacia o superchería de 



49 



llamarse hijo de Genova, dejó pruebas abundantísi- 
mas y premeditadas, para que algún día se supiese 
que era español por los cuatro costados, y gallego 
enxebre, ponte vedrés, por su psicología, por su len- 
guaje, por sus escritos y por otras mil demostracio- 
nes que iremos analizando. 



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PSICOLOGÍA DE COLÓN 




I queréis conocer un hombre, una familia, 
una raza, tenéis que estudiar sus obras. El 
' hecho portentoso del descubrimiento, aun 
rebasando sus propias concepciones; la tenacidad 
desplegada en las heroicas labores realizadas para 
su consecución, acredítanlo de hombre -cumbre, ex- 
traordinario, de verdadero genio. 



Su origen humilde. 

En esto hay conformidad en todos los testimo- 
nios, tanto en los de su verdadero linaje de nave- 
gante , como en los del otro linaje no verdadero de 
cardador de lana. No se compadece bien la idiosin - 
crasia del «lobo marino» ponte vedrés, «embarcado 
durante veintitrés años, sin pasar en tierra tiempo 
que sea de contar» — como el mismo declara — , 
con las apacibles , terrestres y sedentarias labores de 



51 



cardador. Pero aparte del testimonio de su hijo y 
demás coetáneos, Cristóbal Colón aparece en el es- 
cenario de su vida bien conocida, nadando sobre 
un remo, arribando a las playas de Portugal, en 
huida de una nave veneciana, donde acaso iba em- 
barcado y que naufraga a su vista. 

El mismo confirma su humildad en este nota- 
ble pasaje de una carta que escribe a Juana Torres, 
aya de la reina, cuando ya había llegado a la apo- 
teosis de su triunfo: «Pónganme el nombre que 
quisieren, que al fin David, rey muy sabio, guardó 
ovejas, y yo soy siervo del Señor que puso a David 
en tal estado». 

Su presentación en España. 

Después de mil andanzas buscando protectores 
y dineros para sus locos proyectos, aparece en Es- 
paña hablando español, acompañado de su hijo 
Diego, de once a doce años, que hablaba el mismo 
idioma, y para quien llegó a mendigar pan en el 
monasterio de la Rábida. 

Entre otros protectores, y después de luchar te- 
nazmente con los doctores de Córdoba y Salamanca, ' 
son de señalar : el escribano de ración — tesorero — , 
Santangel Coloma, judío converso, que adelantó a 
la reina los dineros para el primer viaje, y fray 
Diego de Deza, qué le hospedó y le protegió resuel- 
tamente. 

De la protección de estos contemporáneos , como 
del hecho de aparecer el apellido Colón unido a nom- 
bres hebraicos , ya indicado, y el de ser perseguido 
un Colón en Tarragona, dedúcense, entre otras con- 
jeturas, la de pertenecer el Almirante a la raza 
judaica. 

.52 



Respecto de sus relaciones con fray Diego de 
Deza, existe una carta dirigida a su hijo Diego 
Colón, ea que se hace alusión a una lejana y frater- 
nal camaradería, como añoranza de recuerdos infan- 
tiles. Dice así : « Si el Obispo de Falencia (fray 
Deza) es venido o viene, dile cuánto me ha placido 
su prosperidad y que si yo voy allá que he de posar 
con su merced, aunque él no quiera, y que habemos 
de volver al primer amor fraterno, y no lo podrá 
negar», etc., etc. 

¡Singularísima confraternidad, llaneza y con- 
fianza, entre un Almirante y un Obispo español, de 
quien hay barruntos que en tiempos coetáneos de la 
infancia del Almirante estudiaba latín en el monas- 
terio de Poyo, inmediato a la ciudad de Pontevedra! 

¿Serían condiscípulos? ¿Serían de una misma 
raza el judío converso Santangel y el judío con- 
verso Colón? 

Amba^ conjeturas son de una lógica suprema; 
pues si bien en la vida el encuentro casual suele 
engendrar simpatías, los hondos cariños y las pro- 
tecciones y saci'iñcios acreditan antiguas y profun- 
das afecciones: la amistad de la infancia, la sangre 
de la raza. 

¿Su llegada como náufrago a las playas de Por- 
tugal, supone, como creen varios historiadores y se 
inclina a afirmarlo el académico señor Beltrán y 
Rózpide, que estuviese Colón al servicio de cor- 
sarios? 

El Almirante, nada, absolutamente nada dijo de 
estos antecedentes; pero lo que sí es positivo e in- 
cuestionable, es que tuvo sumo cuidado en ocul- 
tarlos, 



53 



Su carácter. 

Refléjase en sus actuaciones y también en sus 
escritos. Por sus acciones fué Colón tenaz, cauto, 
perseverante y utilitario. Fué también sagacísimo, 
visionario y profundamente religioso. Su ansia de 
lucros fué tal, que ella dio varias veces al traste 
sus negociaciones con el rey de Portugal y con los 
propios Reyes Católicos. Está bien probado que 
sin la tenacidad recalcitrante del judío Santangel, 
la última tentativa con la reina Isabel hubiera fra- 
casado, pues ya se había despedido de ella para 
seguir su éxodo peticionario a Francia o a Inglate- 
rra. El tesorero fué a buscarle, encontrándole ya 
lejos, y al volver a presencia de la reina reanudá- 
ronse las negociaciones. Contrasta esta avidez de 
lucros — y ello revela también tener conciencia de lo 
magno de su empresa— con su profunda ensoñación 
religiosa, procurando aplicar las fabulosas ganancias 
a la conquista del templo de Sión. Y bueno es aña- 
dir también que su gran protectora la reina Isabel, 
llegó a enojarse cuando Colón, aceptando la esclavi- 
tud como lo más corriente de su tiempo, enviaba 
más y más « manadas de indios » para vender en los 
mercados de Andalucía (4). 

Debe fijarse el psicólogo para explicar esta eno- 
josa avaricia, sin desdoro mayor para el Almirante, 
que en su exaltación morbosa de ultra cristiano, 
aquellos indios que la reina mandó libertar y no 
quiso vender, eran seres faltos de fe religiosa ; no 
eran sus semejantes, no eran personas. 

Contrastes de su vida. 

Hombre tan extraordinario, forzosamente había 
de pasar por los terribles contrastes que la realidad 

54 



y las asperezas de la vida suelen impoDer al 
Genio. 

El obscuro náufrago de las playas de Aveiro; el 
mendicante de la Rábida; el tenaz obsesionado y 
vidente, hubo de pasar de la máxima pobreza a las 
cúspides de la fortuna y de la gloria, que suelen 
atraer el rayo. Toda su previsión, cautela y astucia, 
su sabia desconfianza, el ansia de lucros, las ambicio- 
nes extraordinarias y generosas del creyente, no al- 
canzaron a librarle de la envidia y de la persecución . 
En lo humano, ni el genio puede sustraerse a las 
miserias de la realidad . Esta cobra a muy alto precio 
los galardones de la gloria. Dicho sea en su honor, 
él vuelve a España cargado de cadenas, pero vuelve 
con dignidad y grandeza, que no le abandonaron ni 
en la enfermedad ni en la desgracia. 

Su profunda fe , su genial confianza en sí mismo, 
explican estas virtudes sobrehumanas, y él se define 
maravillosamente a sí mismo con estas palabras del 
libro de las Profecías: «Para la realización del viaje 
a las Indias , de nada me han servido los razonamien- 
tos, ni las matemáticas, ni los mapas mundis. Se 
cumplió sencillamente lo que predijo el profeta 
Isaías». 

Practícismo. — Espiritualidad. 

Al llegar a la cima de sus ambiciones, renace de 
nuevo el hombre práctico, interesado, cauteloso, 
tenaz y precavido. Es la hora de recoger el producto 
de sus heroicos esfuerzos. Es el momento de esta- 
blecer fundos de nobleza y poderío. Y a las prolijas 
y muy meditadas Estipulaciones de Santa Fe, en las 
que procura definir sus derechos y preeminencias 
ante la Corona, añade las muy hábiles manifesta- 
se 



ciones de su famosa institución inayorazga. Declara 
en ella su verdadero linaje de los de Colón, en antece- 
sores y sucesores, para que no vengan extraños Co- 
lumbos, de cuya existencia seguramente él sabía. 
Repudia definitivamente — como se comprobó más 
adelante — los homónimos equívocos de Italia; y al 
mismo tiempo declaróse cautelosamente hijo de Ge- 
nova, para que la poderosa República, en caso de 
desatenciones, que su experiencia le hizo prever, le 
defendiese en sus derechos y privilegios. Y esta pre- 
visión se realizó, pues como veremos más adelante, 
cauteloso y diplomático, dirigióse a Grénova buscan- 
do ciertos apoyos. 

¿No veis en este hombre ensoñador y vidente, al 
par que cauto e interesado, las características de 
practicismo y espiritualidad propias de la raza ju- 
daica? 

¿No atisbáis por desconfiado y pleiteante, deta- 
llista y prolijo, características y vislumbres de la 
raza galaica? (5). 

Y aunque el detalle parezca nimio, debo apun- 
tarlo como médico El artritismo, de que padeció Co- 
lón, como lo revelan su calvicie prematura y la gota 
que tanto le hizo sufrir, no sólo abunda en la raza 
judía, sino también en los países húmedos como 
Pontevedra . 

Juicios de valimiento. 

Castelar, su insigne admirador, dijo del Almiran- 
te: «Era avaro, interesado y pleiteante, por sus pri- 
vilegios, dignidades, fueros, participaciones y cargas 
de justicia, juros, rentas y mercedes, como cualquier 
vulgar». 

Y Lombroso, cuando nadie dudaba de su origen 

56 



italiano, hizo su juicio psicológico, concretado en 
estas palabras: < Hombre colosal , demostrando entre 
otras cosas, que con tal de alcanzar sus fines, era 
capaz de las mayores supercherías » . 

Don Rafael Calzada, que alcanzó a tratar al sabio 
psiquiatría de Turín, cuando ya se discutía la ver- 
dadera cuna de Colón, preguntó a Lombroso si le 
creía capaz de simular su patria. A lo cual respon- 
dió el fundador de la escuela antropológica italiana : 
«Si le convenía o era necesario, eso era lo menos que 
podía hacer». 

Rossely de Lorgue, uno de sus historiadores, dijo 
que en asuntos de interés propio, Colón sabía mucho 
más de lo que se piensa. 

El Padre Las Casas, su amigo personal, lo juzgó 
con estas palabras: «Era sobrio y moderado en el 
vestir, en el comer y en el calzar, como un hombre 
para el cual todo gasto representaba un sacrificio!. 

Los conocimientos de Colón. 

«Home sabio que tiene mucha plática y gran ex- 
periencia en cosas de mar», le llamó la gran Isabel 
la Católica. 

Están bien probadas sus relaciones con el cos- 
mógrafo Toscanelli. Fué cartógrafo y ejerció en 
Portugal esta profesión. Tenía nociones de la esfe- 
ridad de la Tierra. Seguía con verdadero afán las 
navegaciones y descubrimientos de los portugueses. 
Residiendo en las Azores, de las que fué gobernador 
su suegro, recogió plantas exóticas, maderas labra- 
das y una gran piragua, hecha de un tronco, que le 
indicaban que hacia Occidente debía haber tierras 
habitadas . 



57 



Su literatura. 

Puramente judaica, según el Sr. Olmet, como 
que contiene pasajes que parecen del Antiguo Tes- 
tamento; pero después de hacerme conocer el señor 
Otero los versos que luego veréis proyectados en la 
pantalla, puede añadirse, con Valle Inclán, que ne- 
tamente española, tanto que por las ideas, la estruc- 
tura y el ritmo, parecen versos de Jorge Manrique. 



^^^5p-- 



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yo rí í' 'I i' M n n f ' '11' M n 





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INSTITUCIÓN MAYORAZGA 




ARA penetrarse bien del espíritu del único ar- 
gumento, en favor de su naturaleza geno- 
vesa, aun cumple fijarse en el modo extraño 
de esta anteposición singular: 

De Genova salí... y en ella nací. 

No podemos olvidar, ni un solo momento, las 
condiciones psíquicas de cautela y previsión del avi- 
sado gallego. 

De Genova salí. . . como si lo primero fuera salir a 
navegar a descubrir las Indias Occidentales , y lo 
secundario, lo de después, fuera nacer... 

Tenía razón el Almirante: lo primero era salir a 
buscar el nuevo mundo que el genio entreveía en su 
cerebro. ¡Qué importaba, para ello, donde naciera! 

Díjose al llegar a Castilla geno vés, por necesidad 
de silenciar su origen y por prestancia obligada como 
marino. Y luego, después del descubrimiento, alean - 



59 



zado ya el triunfo, y cuando debía establecer un fun- 
do de nobleza para alcanzar los títulos de gran Al- 
mirante y Viso Rey de las Indias , aleccionado por las 
malaventuras de los Bobadillas, y las ingratitudes y 
envidias de sus émulos, temió por los grandes inte- 
reses que creaba para sus descendientes, insistió en 
su inocente superchería, en tanto no perjudicaba a 
tercero, poniendo sus derechos y preeminencias bajo 
la salvaguardia de la poderosa República de G-ónova. 
En una carta, llamada rarísima, que para otros efec- 
tos analizaremos luego, quéjase del abandono en que 
se dejan sus derechos y preeminencias, y busca en 
Genova protección. Nada en Grénova consiguió, 
porque acaso era desconocido, y sus gestiones diplo- 
máticas con Oderigo, embajador de aquella ciudad 
en España, resultaron baldías. 

¿Cómo el humilde marinero de Pontevedra, la- 
tinista en su infancia del Monasterio de Poyo, judío 
converso como su amigo y protector Santangel, 
acaso pariente del judío perseguido por la Inquisi- 
ción de Tarragona en 1489, y seguramente descen- 
diente de alguno de los Jacobos, Abrahams o Ben- 
jamines aparecidos en los documentos de Ponteve- 
dra, iba a declarar su origen? En aquella época de 
revueltas y emigraciones en que había en la ciudad 
del Lérez un barrio de judíos, y luchas constantes 
entre el Conde Sotomayor y la ciudad, que se decla- 
rara partidaria de la Beltraneja, y peleaba contra los 
Reyes Católicos, auxiliando a los portugueses, ¿iba a 
decir Colón que era ponte vedrés , humilde marinero, 
acaso corsario y sobre todo judío? ¡Valiente genea- 
logía para solicitar la protección de los augustos ca- 
tolicísimos reyes! 

De aquí su indispensable superchería, sin la cual 



hubiesen fracasado todos sus proyectos. Es singular 
que dispensasen al supuesto genovés su nacionaliza- 
ción española, como exigieron a otros almirantes. 
Hay que tener en cuenta un importante detalle que 
Colón conocía, y es a saber: que otro Almirante es- 
pañol, hijo de Burgos, Bonifaz, de tiempos de Fer- 
nando III el Santo, habíase declarado por pura vani- 
dad hijo de Genova. ¿Tiene alguna importancia en 
un documento diplomático, para efectos puramente 
exotéricos una tan inocente falacia, que a nadie per- 
judica? Revísense los archivos diplomáticos de todos 
los países y encontraránse otras mucho mayores, y 
más inmorales y criminales embustes. 



-^ @>- - 



COLUMBOS Y COLONES 




nO nos fijemos en que el apellido Colón, sea el 
aumentativo de la palabra coló en gallego, 
ni si la traducción del Columbo italiano al 
español, sería realmente Palomo, apellido corriente 
en España. Sin dejar de tener importancia estas 
cuestiones lingüísticas (6), no son necesarias para 
demostrar la tesis. Sería muy extraña esta adapta- 
ción del apellido italiano Columbo al Colón español , 
cuando no se han españolizado en la antigüedad los 
Visconti, los Spinelli y los Manzoui, y actualmente 
decimos los Trevez, los Turati, los Conti y los Pitta- 
lugas, radicados en España. Precisamente los ape- 
llidos son intraducibies, y Fernández, Rodríguez, 
con alguna modificación al pronunciarlos, se escri- 
ben lo mismo en todos los idiomas. 

Bastaría por otra parte la declaración terminan- 
te de la institución mayorazga , que han de ser de sti 
verdadero linaje los antecesores y sucesores de Colón, 



63 



encuéntreüse aquí o en otro cabo del mundo. Pero es 
tanto lo que se ha debatido acerca de esta confusión 
de Columbos y Colones, que es necesario, por iD me- 
nos, hacer algunas indicaciones pam orientarse. El 
académico Sr. Altolaguirre, aun partidario de la tesis 
genovesa, hizo una genealogía de los Columbos, que ni 
los propios interesados pudieran alegarla mejor. Don 
Prudencio Otero, dando testimonio de imparcialidad, 
copíala íntegramente y la rebate dato por dato, fecha 
por fecha, siguiendo la vida conocida del Almirante , 
año por año, para demostrar cronológicamente de 
que el Colón ponte vedrós no procede de los Colum- 
bos italianos, ni tiene nada que ver con ellos. 

Son otros López, que decimos vulgarmente, o 
como dice muy bien el Sr. Beltrán y Rózpide, tam- 
bién académico: 

«El Colón de los documentos españoles no es el 
Columbo de los documentos italianos». 

No hay más genealogía de Colón español que la 
que él quiso darnos. El excluyó terminantemente de 
su verdadero linaje (7) a los Columbos de Italia, y a 
él, al Colón de Pontevedra, tenemos que atenernos. 
Aun cuando el libro^ inédito, de D. Prudencio Ote- 
ro, no tuviese otro mérito — que ciertamente tiene 
muchos más — que el de dejar del todo resuelta esta 
lamentable confusión, ello solo bastaría para acre- 
ditarle de digno sucesor del señor La Riega. 

Terminemos con una rápida enumeración confir- 
matoria : 

Colón le llaman cuando pidió y obtuvo los sub- 
sidios para el viaje. 

Colón en las cuentas finiquitas presentadas a San- 
tangel y Penedo. 

Colón en las capitulaciones de Granada. 



64 



Colón le llamaron los reyes de Portugal y los de 
España. 

Colón se llama a sí mismo en el preámbulo del 
diario de abordo. 

ColÓ7i en la Institución Mayorazga, en la que 
pone tanto empeño en afirmar que los de Colón, aquí 
o en otro cabo del mundo, son los únicos de sti ver- 
dadero linaje. 

No sólo son claros, precisos y terminantes, el es- 
píritu y la letra de excluir a los Columbos italianos, 
sino que también es muy racional y lógica la induc- 
ción del señor La Riega, al suponer que el Almiran- 
te, al aludir de ese modo misterioso e intencionado 
a ese otro cabo del mundo, pensaba en Finisterre y en 
los Colones de Pontevedra, de cuya indiscutible 
existencia habían de aparecer tan superabundantes 
testimonios. 



-s^^ 



GRAFOLOGIA Y LENGUAJE 




íADA caracteriza tanto a los hombres, a los pue- 
blos y a las épocas, como su lenguaje oral o 
escrito. Cada persona, como cada pueblo, 
como cada siglo, tienen algo de propio y peculiar en 
su escritura. En esto se funda la Grrafología, que 
llega a definir el carácter de las personas, y en 
ciertas ocasiones los estados de salud y enfermedad. 
Cada siglo, cada pueblo, tiene sus grafías pro- 
pias, distintas una de otras. Esto, como saben muy 
bien los polígrafos, es más acentuado en los siglos 
pretéritos, en donde por menos relaciones y menos 
mezcla de razas , son más puros y más diferenciados 
los caracteres gráficos étnicos (8). 

La escritura inglesa difiere de la italiana y la es - 
pañola, no sólo por el léxico, sino que también por 
las peculiaridades en la forma y en los rasgos de las 
grafías . Igual ocurre con los escritos de los distintos 
siglos . 



67 



La letra de los escritos auténticos de Colón, ana- 
lizados y fotografiados por D. Rafael Calzada, es 
pura y netamente española, y las diferencias gráfi- 
cas con las escrituras italianas de la misma época, 
tan visibles y salientes, que saltan a la vista del 
menos versado en estos estudios. 

No puede omitirse que cuando Colón escribió a 
Genova, con cuya ciudad mantuvo correspondencia 
diplomática, después del descubrimiento, en carta 
dirigida a Oderigo, — que fuera embajador en Espa- 
ña — , le suplica fuera lector e intérprete de la que 
escribió al italiano Micer José Luis. Esta carta llama- 
da con razón rarhima por el Conde d'Orgue, siendo 
reservada, pues en ella se daban quejas de cierta 
gravedad, obligado era que fuese escrita en italiano, 
si el Almirante lo conociese, con lo cual se manten- 
dría la reserva diplomática, sin precisar de intér- 
prete, que, como Oderigo, conocía el castellano. 
Pues bien, no sólo se escribió en este idioma, sino 
que — ¡detalle singular! — en ella se empleó uno de 
los modismos más enxebremente gallegos. Y es que 
la carta era honda, reflejaba el estado de ánimo del 
Almirante, y en esos momentos de emoción y de 
pena, el espíritu acude a expresarse en los modos 
geniales del idioma de la raza. Formándose el cere- 
bro por estractificaciones , como dice Sergi, en las 
más hondas y primitivas están las de la especie, des- 
pués las de la raza, la tribu, la nación, el país. En 
las grandes emociones habla el lenguaje vernal, el 
de la cuna, que en Colón era el gallego. Luego com- 
probaremos esto. 

H.-!^^ — 



VERSOS DE COLÓN 




EBO a la amabilidad de D. Prudencio Otero, 
copia de los versos del Almirante, de los 
cuales entresaco esa estrofa, para parango- 
narla con esa otra conocidísima de Jorge Manrique, 
poeta del mismo tiempo de Colón. Literatura clási- 
camente española, como dijo Valle Inclán. 

Fijaos bien en la ideología de estos versos, en su 
estructura y en su ritmo, y a ver si puede darse 
nada más netamente español . 



<» l7oml7rc cualíjuicra q\\< dcci>, 

picor» (¿I reinar bcscaa. 
^ara ii7unh-a? que ]?rcvíAí 
•)mc5 »j«í9anc cf n/crir, 
i]u< c»7 el l\vii):o í)c ^rartir 
f[ c&mirjc Uai;o uca?. 



Recuerde el aliVA í'onviíii, 

.•JVviuc el 3C5CÍ Y ^cfl)7Íerk-ccii;UiP):lanoo 

^oiyc íe i7a5ra la viha 

Con;o í<c riínc la n;iurtc-tai; fallavi^o 

Cuaw i;rcí»to »( va <l placer 

C^n:c» "Íicí)nu9 ^e aeonia^ei- ía íolor 

Cí'"70 a-nucfllrcí pdrecer 

Cttaleimem Hen:|jo pasado r hi< ii;£io?"r 



69 



¿Hacer estos versos un geno vés? E,aya en lo in- 
verosímil, cuasi en lo absurdo. Y seguidamente vere- 
mos cómo el españolísimo Colón, era gallego hasta 
la médula espiritual de la raza. 



■^^Sr-- 



9S^^Í^^ 9^^í^^ 9S^ 









9^^!^^ R 





o f ' 'J i r ^ Y o n f r I) i r"^ ' \ n n f ' jf I ' n n 



MODISMOS GALLEGOS 




ED esa otra proyección en que se contienen al- 
gunas palabras gallegas, no todas, sino las 
más características del gallego particular de 
Pontevedra. Es decir, que no se trata ya del modo 
general gallego tan sólo, sino que también del modo 
local del gallego ponte ved res (9). 

Por lo demás, Celso y Otero, en la lectura de las 
obras de Colón, anotaron próximamente treinta pa- 
labras, en un análisis que ambos declaran incom- 
pleto. Cuatro o cinco, de las de la pantalla, son en- 
xebremente pontevedresas: 

CARANTOÑA 

CARRASCOS 

OSCURADA 

SESUA (apellido peculiar de Pontevedra) 
PIXOTA 
TONINA 
INCHIR (encher) 
ANDAR A LA RELINGA 
QUIEN SIRVE O COMÚN 
NO SIRVE A NINGÚN 



71 



Reflexionemos un momento. ¿Es admisible que 
un genovés escriba versos clásicos españoles y em- 
plee tan repetidas palabras y modismos gallegos, en 
sus numerosos escritos? ¿Cómo no aludir jamás a su 
patria, no hablar ni escribir su idioma, no contener 
en su lenguaje ni un solo italianismo? 

Huelga insistir sobre el particular; pero antes de 
presentar la proyección definitiva, la fe de bautismo 
de Colón pontevedrés, permitidme hacer una reca- 
pitulación, aun a trueque de repetirme, seguro de 
haber omitido por olvido algunos detalles . 

Esta labor, hecha a retazos en mis breves mo- 
mentos de ocio, no es más que un sumario, suficiente 
para crear mi convicción personal. Está falta de ri- 
gor didáctico y de los convenientes desenvolvimien - 
tos. Para ello precisaría yo una competencia y tiem- 
po de que carezco. Quien quiera conocer a fondo 
este importante asunto, tendrá que esperar la obra 
conjunta de Celso la Riega y Prudencio Otero, ver- 
daderos historiadores de Colón. 



-*^^^^^^- 








^§^ 





^^ 
















CONDENSACIÓN SINTÉTICA 




lÁMONOS de los Tartufos que nos imputan irre- 
verencia al contradecir la afirmación, que 
ellos llaman solemne, del hijo de Pontevedra, 
al decir: De Genova salí... y en ella nací. Bien a las 
claras está que es singular, subrepticia, misteriosa, 
diplomática en ñn. Creo dejar bien probado que fué 
no sólo útil , sino indispensable . 

Olvidemos los juicios valiosísimos de Castelar, 
Lombroso, Rossely de l'Orgue y Padre Las Casas, 
para validar la afirmación galaico -judaica. 

Dejemos en el aire los indicios de su amistad con 
el judío converso Santangel. 

La persecución, acreditada, por la Inquisición 
de Tarragona, de un Andrés Colón en 1489. 

La amistad de la infancia de los condiscípulos en 
el Monasterio de Poyo, Deza y Colón. 

Las revueltas, guerras y emigraciones habidas 
en Pontevedra, ya por el famoso pleito de la suce- 



73 



sión de la Beltraneja (defendida por Galicia), ya 
por la persecución de los hijos de Jacob. 

Tomemos a Colón como nos lo presenta la his- 
toria en su actuación conocida: nadando sobre un 
remo hacia las playas de Portugal . 

Sigámosle en este reino y en España, silencian- 
do obstinadamente su cuna y su abolengo, y perse- 
verando heroicamente en sus propósitos de descu- 
brir las Indias Occidentales. 

Nadie discute su origen humilde, que el reafir- 
ma en el pasaje citado. 

No alega más méritos que veintitrés años de na- 
vegación . i Valiente cardador de lana ! — que dirían 
los clásicos italianos. 

Aparecen después en Pontevedra, documentos 
que demuestran superabundan temente, la existencia 
de Colones y Fonterosas en aquel tiempo. 

Su hermano Bartolomé viene a G-alicia, cuando 
se extingue la sucesión masculina del Almirante. 

Está también probado, y nada menos que por el 
notable franciscano Padre Atanasio López, (aun no 
del todo convencido de nuestra tesis), que un nieto de 
Colón, visitador general eclesiástico de la diócesis 
de Santiago, permanece dos años por los valles de 
Pontevedra, para hacer una visita que pudiera ter- 
minar en dos semanas . 

D. Prudencio Otero puede testimoniar que aun 
siguieron viviendo en Pontevedra Colones, como 
entre otros, los que hicieron la capilla de la famosa 
lápida. 

Un Columbo italiano, del falso linaje — no del 
verdadero de Colón — viene a España a reclamar de- 
rechos y no sé si deudas del Almirante español . Y 
este señor Columbo no obtiene nada, ni consigue 

74 



siquiera que le hagan caso. Bieu es cierto que tam- 
poco en Genova nadie se enteró, ni nada se hizo, 
ni nada se reclamó, cuando la famosa época del in- 
mortal descubrimiento. 

Enarboló la insignia de Almirante en la Gallega, 
construida en los arsenales de Pontevedra. 

En la cuarta expedición, bautizó con el nombre 
de Gallego, uno de los bajeles. 

¿Se quiere más, se precisan más datos? Pues si, 
aun en el mundo hay más, que diría Lisandro. 



=^^^P=- 




Bahía de Miel, en Baracoa (Cuba) 
bautizada por Colón con el nombre de Porto - Santo 




Ensenada de Porto -Santo, en Pontevedra 



TOPONIMIAS 




UN hay el indestructible, inatacable y formi- 
dable argumento de las toponimias: como 
que está formado por los cabos , bahías , islas 
y promontorios que fué descubriendo en sus viajes. 

El preclaro hijo de Pontevedra, llevaba su terru- 
ño en el fondo del alma, e iba poniendo a los luga- 
res que descubría, los nombres que le eran familia- 
res desde su infancia. 

Puso dos veces el nombre de San Salvador, una 
por devoción acaso al Salvador, y otra mostrando ya 
la oreja de su galleguismo, porque en castellano se 
dice El Salvador; y San Salvador es peculiar modis- 
mo de nuestra tierra. 

Porto-Santo, aludiendo al pueblo donde nació, 
(parecida su configuración, como demuestran esas 
dos fotografías publicadas por La Riega, al de Ba- 
racoa). Este parecido de los dos puertos, y el de 
bautizar el primero que descubre en América — Ba- 



77 



racoa — , con el nombre de Porto-Santo, donde aun 
hoy la tradición popular supone nacido al Almirante, 
es muy significativa. 

Bautizó dos veces con el nombre de Santiago, 
dos lugares descubiertos. 

Y fué esparciendo por cabos, bahías e islas, los 
nombres de 

San Miguel, 
Santa Catalina, 
San Nicolás, 
San Juan Bautista, 

nombres todos de cofradías, a la sazón existentes en 
Pontevedra. 

Fe de bautismo. 

Y ahora, ahí va la fe de bautismo, firmada y 
rubricada por Colón el pontevedrés. 

Fijaos en ese mapa que representa la entrada 
de la maravillosa ría de Pontevedra. 

Fué bautizando ordenadamente, y con la misma 
orientación que tienen en ese mapa, los nombres de 
Porto- Santo, San Salvador, La Galea y Punta de la 
Lanzada: el perímetro de la ría pontevedresa. 

¡Qué prodigioso, qué previsor de las investiga- 
ciones del porvenir, para llegar a conocer su cuna! 

¡Qué genio portentoso, inmenso, infinito, el de 
Colón, gallego! 

He dicho. 



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NOTAS 



(1) De los trece o catorce fotograbados que obran en 
nuestro poder, contamos , como queda dicho, cuatro o cinco 
de autenticidad irreprochable , declarados impecables , im - 
polutos , por los contradictores . Bastan y sobran , en cuanto 
prueban superabundantemente la existencia de Colones y 
Fonterosas antes, después y en la época del descubrimiento, 
para que nos devanemos los sesos respecto de la truculenta 
cuestión de las tachaduras . Nos ha ocurrido un suceso que 
demuestra cuan fácil es caer —con la más honrada intención 
del mundo — en lo que puede reputarse una ligereza. 

Celso, para obtener la posible claridad en las fotografías , 
entintó algunas palabras: lo que confesó noblemente. 

Nosotros, para obtener una fotografía clara de la famosa 
lápida, a fin de que resaltase la leyenda, tuvimos que dar 
tiza a la piedra en que la leyenda esta inscrita. ¿Diríase 
por esto que hemos modificado el valor del testimonio? Allí 
permanece inatacable e impoluto, como documento de gra- 
nito, la lápida fotografiada. Varios de los documentos origi- 
nales, como ya queda dicho, pudieron fotografiarse sin reto- 
que; pero aun en los que fué éste preciso, se ven bien claros 
los rasgos originales y los recalcados. El arte fotográfico 
retoca y pule ciertos perfiles sin faltar a la verdad ni cam - 
biar el parecido. 

Como nada hay como el decurso del tiempo para acallar 
las pasiones y restablecer la verdad , explícase la indignación 



79 



del polígrafo, en el momento en que su escudriñadora mira- 
da, auxiliada por la lupa, encuentra el más pequeño rasgo 
de sospechosa enmienda. Pero la verdad , dueña y señora de 
la vida espiritual , restablécese con el tiempo, no sólo acu - 
mulando nuevas pruebas que forman un total armónico, sino 
que también descartando la pasión de momento, obscurece - 
dora de la serenidad augusta de la crítica. 

Explícanse las ligerezas y las indignaciones; la verdad 
sigue impávida su camino. 

(2) Esta cita de un Colón perseguido por la inquisición 
de Tarragona, corresponde a la hermosa conferencia del no- 
table publicista D. Rafael Calzada, pronunciada en no re- 
cuerdo qué ciudad de la República Argentina. Este distin- 
guido colonista, aportó otros datos a que me refiero en la 
conferencia. 

(3) Los polígrafos señores Qoroztola , Fernández Gil y 
Horta, han leído y fotografiado el nombre de Colón en el 
basamento del crucero. El Sr. Horta — según referencia del 
docto franciscano Padre Atanasio López — ha escrito algo 
acerca de este punto concreto. No llegué a conocer este 
trabajo. 

(4) Como comentario a este detalle de colonización , 
copiamos esta hermosa nota, final de un artículo de D. Ma- 
nuel Rodríguez Navas: 

«En ninguna parte del mundo, en siglos pasados, se ha 
dado una ordenanza oficial parecida a la siguiente , dictada 
por los Reyes Católicos en 20 de junio de 1500: «Los indios 
que vinieron del Nuevo Mundo y fueron vendidos en esa 
ciudad (Sevilla) y su arzobispado y en otras partes de An- 
dalucía por mandato de nuestro Almirante de las Indias , y 
que vos por nuestro mandato tenéis en depósito, mandamos 
ahora que se pongan en libertad y que se haga cargo de ellos 
el comendador fray Francisco de Bobadilla, para que los 
lleve a las Indias.» 

Está además probado que España gasto en América 
muchas veces más de lo que allí recaudó, para llevar a ella 
artes , industrias , oficios , talleres , fábricas , imprentas , 
Universidades , colegios , ganados , semillas ; hombres que 

80 



pudieran enseñar oficios; maestros que supieran dirigir la 
inteligencia y la voluntad; Casas de Beneficencia que pudie- 
ran socorrer a los necesitados. 

Pero dominación , codicia , crueldad , son palabras sin 
significación real en la historia de la colonización española.» 

(5) Acerca de la cautela de la raza, apuntaré un suce- 
dido que por su ingenuidad reviste los caracteres de un ex - 
perimento de psicología. Una niña, para mí queridísima, 
— ¡quién no quiere a sus nietos! — muy amante de las lectu- 
ras históricas , impresionada con el texto de las famosas ca - 
pitulaciones de Granada, hubo de interpretar que Colón debía 
ya conocer aquellas tierras, cuando tan prolijas excesivas 
condiciones imponía a los reyes, para ejercer en ellas el 
virreinato y el Gobierno privilegiado de las mismas. 

Es decir, que mi nieta, gallega también como el Almi- 
rante, lo suponía ya de vuelta, cuando el vidente ponte ve - 
drés aun no había hecho el viaje de ida . 

No se podrá dudar de que estas condiciones de previsión 
y cautela, son enxebremente galicianas, como aseguró Ca- 
moens. 

(6) Es interesantísimo lo que respecto del apellido Co- 
lón«scribió La Riega en su maravilloso libro. Sin extender- 
me *en consideraciones e indicios históricos — muy importan - 
tes por cierto — estimo lógicamente que Colón derive por 
reducción , de colono. Como Escriban, de escribano, y Patrón, 
de patrono. En esto, como en todo, la obra del autor de Gali- 
cia Antigua, es insuperable. 

(7) Huelga insistir en lo intencionado de su verdadero 
linaje, que lleva implícita la idea de que él sabe de otro lina- 
je que no es verdadero: el de los Columbos italianos. 

(8) Recuerdo haber visto en las escuelas, para la lec- 
tura graduada, unos cuadernos con escritura de los diferen- 
tes siglos, con el plausible fin de que los niños vayan desci- 
frando las grafías de los siglos pretéritos , algunas , como las 
del XIV y xv, verdaderamente geroglíficas. No sé si al pre- 
sente se sigue este sistema en las escuelas, positivamente 
útil como preparación poligráfica; pero un poco engorroso 
para la impaciencia infantil . Seguramente que más de un 

6 81 



niño habrá dado al diablo los garrapateos de las viejas es- 
crituras. 

(9) Pudieran citarse varias otras palabras gallegas; 
pero creo muy curiosos estos dos modismos, acotados por La 
Riega, Dice Colón: «los rayos solares tienen espeto», equi- 
valente a la frase gallega «hoxe o sol ten espetas», es decir, 
quema punzando como un espeto incandescente. Sabido es 
-que espeto es la varilla puntiaguda del asador, para ensartar 
las piezas que han de asarse. 

«Navegando por la costa de Paria, puso a unas islas la 
<ienominación de Guardias, y a otras tres a ellas cercanas la 
de Testigos. En Gralicia, a las piedras o marcos que señalan 
los lindes de campos, heredades, prados, trozos de bosque, 
etcétera , donde por cualquier motivo no se pusieron muros 
o setos, también se les da el nombre de guardas, por el oficio 
que hacen , y suele ponérseles inmediatas , dos o tres piedras 
más pequeñas, a las cuales se les llama testigos. He aquí de 
donde sacó, sin duda, el nombre que Colón dio a las men- 
cionadas islas.» 

También es notable el empleo del verbo inchir, peculiar 
del gallego pontevedrés; en el resto de Galicia se dice encher. 



OTRAS OBSERVACIONES 

En un libro editado en el año 1854 o 56, en que se 
describe el viaje que los duques de Montpensier hicieron 
por Gralicia , aparece en la lista de suscriptores un Colón , en 
la provincia de Pontevedra. En el libro de D. Pruden- 
cio Otero, se sigue la pista de otros Colones pontevedreses. 



, Ya queda dicho que estas conferencias han sido prepa- 
radas en mis breves momentos de ocio, aprovechando las va- 
caciones impuestas por el estado de mi salud. Por esta razón, 
en algunos casos no me ha sido posible puntualizar las citas. 
Al ocuparme del artículo del señor Serrano Sanz, digo 
en la página 43 de este folleto, que fué publicado hace dos 
o tres años. 

82 



Encuentro ahora, entre mis notas, que el número de la. 
importante Revista de A7'chivos y Bibliotecas, donde el ilustre 
polígrafo insertó dicho trabajo, es el 326, correspondiente a> 
los meses de marzo y abril de 1914. Es decir, que no hace 
tres años , sino seis , que el citado señor Serrano dio a luz 
su estudio crítico, bajo el epígrafe de Colón, español. Su ori- 
gen y su patria. 

El tomo XXV de la «Nueva Colección de Autores Espa- 
ñoles», donde vuelve a tratar este asunto, se publicó el año 
pasado de 1919. 

Como se puede ver en la leyenda que acompaña al di- 
bujo original de Castelao, aun siguen apareciendo los apelli- 
dos de Colón en Pontevedra. 



El estudioso erudito, nuestro querido amigo D. Rodrigo 
Sanz, después de la conferencia dada en Madrid, nos ha fa- 
cilitado la siguiente nota, que copiamos tal como está en el 
original, y traducimos al español : 

«Si faccia un'altra riflessione. Era tutti gl'italiani 
»ch'ebbero parte nelle scoperte del Nuovo Mondo, niuno 
» puó contrastare el primo posto al Colombo, anzi nemmen 
» venire a confronto con lui. Ora quest' nomo inmortale fu, 
» f ra tutti gl'italiani, quello che minor premura ebbe di 
» pubblicare magnifiche relazioni delle sue scoperte, né di 
» lui si videro se non che alcune prívate lettere. Se io dicessi 
»che in ció mostró il Colombo un carattere di vero spagnuolo, 
» mi si rinfaccerebbe la piíi affettata parzialitá; ma il Co- 
» lombo certamen te fu nomo d' un carattere conforme assai 
» a quello degli spagnuoli. . . » 

«Hágase otra reflexión. Entre todos los italianos que 
tomaron parte en el descubrimiento del Nuevo Mundo, nin- 
guno puede disputar el primer lugar a Colón, ni aun com- 
pararse con él . 

» Este hombre inmortal fué , entre todos los italianos , 
el que tuvo menos prisa de publicar relaciones magníficas 
de sus descubrimientos, ni se vieron de él más que algunas 
cartas particulares. 

83 



»Si yo dijese que en esto demostró Colón tener un ca- 
rácter de verdadero español , se me echaría en cara la más 
cariñosa parcialidad: sin embargo, Colón fué, ciertamente, 
hombre de un carácter bastante conforme con el de los es - 
pañoles...» 

(Estudio histórico -apologético de la Literatura española, por el abate D. Saverib 
Lampillas, parte 2.', tomo I, páginas 269-70, edición de Genova, 1779). 



ITINERARIO 

El turista o viajero que atraído por la legítima fama 
mundial de Cristóbal Colón de Fonterosa, quiera conocer 
su verdadera cuna, tiene que trasladarse a Pontevedra y 
seguir el siguiente itinerario : 

Desde la Casa Ayuntamiento, situada en la hermosa 
Alameda de la capital, tomará por la amplia calle de Eche- 
garay, pasando a la vista del Cuartel de Infantería , y al final 
de la misma calle, encuentra el puente de Las Barcas, que 
cruza sobre el río Lérez. 

Al terminar este puente, sigue una carretera que a me- 
nos de cien metros se bifurca en dos ramales, uno pequeño, 
a la derecha, que conduce a «La Caeyra», famosa finca del 
Marqués de Riestra , y otro mayor, a la izquierda , formado 
por la carretera del Grove y la Toja. 

Ya en esta carretera, casi enfrente del camino de «La 
Caeyra», se encuentra la entrada del camino vecinal de 
Porto -Santo. Un paseo de un cuarto de hora, entre frondas 
de verdura y con vistas admirables a la ría , nos conduce a 
la casa de Colón y al famoso crucero que tiene enfrente — 
como puede verse en nuestros grabados — y que no llegan a 
distar un kilómetro del Ayuntamiento de la capital. 

Visitando Porto -Santo, veis enfrente la famosa iglesia 
de Santa María , de donde acaso tomó Colón el nombre de la 
nave capitana, que también rebautizó con el nombre de La 
Gallega. En dicha iglesia parroquial, de arquitectura por- 
tentosa, encuéntrase la famosa lápida de nuestro fotograbado. 

Si conocéis la historia pontevedresa del gran Almiran- 
te, seguramente visitaréis San Salvador de Poyo, donde es 

84 



casi seguro que Colón estudió latín en su infancia. Dista este 
hermoso monasterio, dos kilómetros de la capital, encon- 
trándose a menos de medio kilómetro, la hermosa finca de 
la actual marquesa de Besada. 

Para completar vuestra excursión histórico - col oniana, 
debéis seguir por la carretera del Grove y la Toja, encon- 
trando, a la izquierda, a 25 kilómetros, la gran playa — una 
de las más hermosas de Europa — de la Lanzada, y casi en- 
frente, como podéis ver en el plano de la ría, la Punta Galea. 

Porto-Santo, San Salvador, Punta Lanzada, Punta Ga- 
lea: ¡las cuatro columnas inconmovibles en que se sustenta 
la cuna del inmortal Almirante Cristóbal Colón ! 



--^^ 



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APÉNDICE 



DON CELSO GARCÍA DE LA RIEGA 

^ELSO García de la Riega, hijo de D. Pedro García y de 
D.* María de la Riega, nació en Pontevedra el día 26 
de agosto de 1844, falleciendo el 3 de febrero de 1914 en la 
citada capital , a los sesenta y nueve años de edad , siendo 
descendiente por la línea materna, de una hermana del fa- 
moso sabio benedictino fray Martín Sarmiento. 

Se hizo bachiller en el Instituto de Pontevedra, y por 
fallecimiento de su padre D. Pedro, no pudo seguir carrera, 
teniendo que optar por la vida de empleado, siéndolo en 
diversas oficinas y ministerios, obteniendo su primer des- 
tino en 1859 como escribiente segundo del Consejo Provin- 
cial de Pontevedra, con 273'75 pesetas anuales. 

En 1878 desempeñó el cargo de secretario del Gobierno 
Civil de la Habana, y después fué jefe de negociado y de 
administración en los ministerios de la Gobernación y de 
Hacienda, contador en el Tribunal de Cuentas del Reino, y 
últimamente Delegado de Hacienda de la provincia de San- 
tander, destino que no pudo aceptar por el estado delicado 
de su salud, obteniendo la jubilación en diciembre de 1900, 
habiéndosele concedido en enero de 1901, honores de Jefe 
superior de Administración, de primera clase. 

Entusiasta liberal, gran admirador de Sagasta y con- 
secuente amigo de D. Pío Gullón, fué Diputado a Cortes por 
Cambados en 1886, y Gobernador de León en 1888-91. 

87 



En 1873, el Ministro de Ultramar lo designó para 
acompañarle a la visita qtie verificó a la Isla de Cuba , cuyo 
servicio desempeñó con la categoría de Jefe de Negociado de 
primera clase. También formó parte de la junta creada por 
real decreto, en julio de 1894, para la organización del ser- 
vicio de estadística del trabajo. 

Estaba condecorado con la cruz de primera clase del Mé- 
rito Militar, distintivo blanco, por servicios prestados en la 
Isla de Cuba, a las órdenes de los generales Jovellar y Mar- 
tínez Campos. También tenía la medalla de los voluntarios 
de Cuba, y era Caballero de la Orden de Leopoldo de Bélgica. 

Verdadero amante de la literatura , hizo varios trabajos 
literarios, históricos y periodísticos, habiendo publicado ar- 
tículos en los comienzos de El Diario de Pontevedra y en otro 
periódico, ya fenecido, que se tituló El Progreso. También 
escribió en La Correspondencia Gallega, de Pontevedra; en 
La Temporada, de Mondariz , y en los periódicos madrileños 
El Imparcial y La Correspondencia de España. 

Como escritor, publicó La Gallega, donde demuestra que 
la nave capitana de Colón, en su primer viaje de descubri- 
mientos, fué construida en Galicia, y probablemente en los 
astilleros que por aquel entonces había en Pontevedra. Tam- 
bién publicó el folleto O. A., probando la procedencia grie- 
ga de dicho elemento gramatical en el dialecto gallego; Ga- 
licia Antigua, estudio histórico de Galicia, obra declarada de 
mérito relevante por la Academia de la Historia ; Entremeses 
literarios, colección de diversos trabajos en prosa y verso, y 
el Amadis de Gaula, donde procura comprobar que esta fa- 
mosa obra fué escrita primitivamente en lengua gallega y 
por un autor gallego. 

En diciembre de 1898, y por invitación de la junta de 
la Sociedad Geográfica de Madrid , que tuvo noticia de los 
datos e interesantes documentos hallados en los Archivos de 
Pontevedra, reveladores de la existencia en este pueblo, a 
mediados del siglo xv, de los apellidos paternos y maternos 
del descubridor de América, dio una conferencia en dicha 
Sociedad, exhibiendo la teoría de que Colón era español, 
nacido en Pontevedra. La conferencia se publicó, en el Bole- 
tín Oficial de aquella ilustre corporación , correspondiente al 
cuarto trimestre de 1898. 

88 



La nueva teoría fué elogiada y aceptada por notables 
escritores nacionales y extranjeros, habiendo dado conferen- 
cias acerca del asunto, el acreditado hispanófilo M. Hume, 
de Londres, y la distinguida escritora Eva Canel , de Bue- 
nos Aires. 

La España Moderna, revista de Madrid, en julio de 
1910, insertó un extenso artículo del elocuente escritor don 
Fernando Antón del Olmet, defendiendo dicha teoría. 

El último libro que publicó G-arcía de la Riega, y en el 
•que puso todos sus amores y las energías de una salud que- 
brantada, luchando con los achaques que amodorrado lo te- 
nían postrado en el lecho, fué Colón, español, obra que se 
imprimió y salió a luz unos días antes de su fallecimiento, 
j en la que documentalmente demuestra que Colón era espa- 
ñol y gallego. 

Dejó varios trabajos inéditos, tales como poesías, cuen- 
tos y obras teatrales, entre las que se cuentan El 486, come- 
dia en tres actos (esta comedia, y no sabemos si algún 
otro trabajo, está publicada); Peripecias de la vida, drama en 
tres actos; Una diablura, juguete lírico en un acto y dos 
cuadros; El precioso Arturo, juguete cómico en un acto; Un 
golpe de Estado, comedia en tres actos, y las zarzuelas tam- 
bién en tres actos El canto de salvación y Los zapatos d,el Bey, 
en colaboración de su íntimo amigo D. Claudio Cuveiro, 
fallecido el 27 de diciembre de 1915en Barcelona. 



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DON PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ 



^L distinguido continuador de la obra de La Riega, es un 
cumplido caballero, hijo de Pontevedra, que siguien- 
do la tradición de la raza, embarcó muj'' joven para la Repú- 
blica Argentina. 

Hombre de actividad extraordinaria , ameno trato y es ■ 
píritu perspicaz , logró crearse una regular fortuna , con la 
que vivió espléndidamente, desmintiendo una vez más el 
carácter encogido y pazguato conque nos califican a los ga- 
llegos, los que nos desconocen. 

Fué en su juventud un hombre de mundo, un verdadero 
gentleman, por lo pródigo y fastuoso; obsequiando a sus nu- 
merosas relaciones en su lujosa quinta de campo, y en artís- 
ticas excursiones realizadas por las incomparables rías ga- 
llegas, a bordo de un magnífico yate. 

La influencia americana , tan útil a los emigrantes de 
nuestra tierra, desenvolvió en el señor Otero el afán de los 
negocios, en los que se mostró siempre tan activo y empren- 
dedor, como caballeroso e inteligente. 

Secundó las excelentes labores del marqués de Riestra , 
para crear esa maravilla de salud, riqueza y belleza incom- 
parable, que se llama Balneario de la Toja. 

Los electores del distrito Caldas -Cambados, le confirie- 
ron su representación en la Diputación provincial, cargo 
que viene desempeñando hace treinta años. Como diputado, 
presidente de varias Comisiones y Vice- Presidente de la 

91 



Corporación , dejó sentir la influencia de su poderosa activi - 
dad, amor al estudio y celo imponderable. 

Con entusiasmo juvenil, le he oído hablar del magno 
proyecto de una carretera de turismo, que. debe estar ter- 
minándose y que por el enlace de todas las que bordean estas 
rías de ensueño, forma el más hermoso circuito de España, 
para viajes de automóvil. 

Llevó sus fecundas iniciativas al Gasino, de que fué 
presidente, y en el seno de la Diputación provincial pre- 
sentó informes luminosos respecto de la tesis Colon , gallego. 

Sostuvo brillantes campañas contra los impugnadores , 
dirigiéndose a los señores Altolaguirre y Beltrán y Rózpide , 
con motivo de solicitar de la Academia de la Historia el en- 
vío de una Comisión de técnicos , para patentizar legalmen - 
te la oriundez pontevedresa del gran Almirante. 

Sorprendió a muchos , menos a los que le conocíamos , 
el talento y actividad desplegadas en el estudio de esta 
tesis. 

Al señor Otero débense algunos descubrimientos: pues 
admirador de la labor de Celso La Riega, y como éste, tenaz 
y perseverante, leyó infinitas obras acerca de Colón, rebus- 
có Archivos y Bibliotecas, y en sus frecuentes viajes a Amé-^ 
ca conferenció con el señor Calzada — distinguido hombre 
público hispano -americano, de quien nos ocupamos en la 
conferencia — . 

Tiene en su poder documentos de autenticidad induda- 
ble, y, entre otros notables estudios, es autor de una crítica 
de los Colombos italianos, verdaderamente concluyente para 
demostrar su falta de relación con los Colones españoles. 

Su obra , extensa , documentada , producto de una labor 
de cuatro o cinco años , es esperada con ansiedad por los que 
sabemos de ella. Seguramente al regreso de este viaje de 
América, verá la luz pública, y como dice elocuentemente el 
eximio Rey Soto, fallará, en todas las instancias, el pleito 
ganado por España y por Galicia, de haber nacido Cristóbal 
Colón y Fonterosa , Almirante de los Almirantes , en el pue - 
blecito de Porto -Santo, de esta maravillosa ría de Ponte- 
vedra, 

J. R. M. 



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COLÓN, ESPAÑOL 



Comité pontevedrés 

»L Comité Directivo de Pontevedra , designado después 
de la conferencia pronunciada por el doctor Rodríguez 
Martínez sobre Colón, español, quedó constituido en la si- 
guiente forma: 

Presidente, D. Vicente Riestra Calderón. 

Vices, D. Prudencio Otero Sánchez y Alcalde de Pon- 
tevedra. 

Secretarios, D. Isidoro Millán y D. Juan Bautista 
Andrade. 

Contador, D. José Otero Rúa. 

Tesorero, D. Santiago Riestra Calderón. 

Vocales: D. Ramón Sobrino, D. Valentín Villanueva, 
D. Gerardo Alvarez Limeses, D. Perfecto Feijóo, Directores 
de los Establecimientos docentes. Presidentes del Casino y 
de Artesanos, y Directores de los periódicos Diario de Ponte- 
vedra y Progreso. 

PRESIDENTES HONORARIOS 

Como Presidentes honorarios fueron designados: 
Señora Condesa de Pardo Bazán. 

Excmo. Sr. D. Ricardo Beltrán y Rózpide, de la Aca- 
demia de la Historia. 

Dr. D. José Rodríguez Martínez. 



93 



SOCIOS HONORARIOS 

Entre los socios honorarios nombrados, figuran: 

Sr. Bonilla Sanmartín, de la Academia de la Historia. 

Sr. Arana, de la misma Academia. 

Excmo. Sr. D. Leopoldo Eijo, Obispo de Vitoria. 

limo. Sr. D. Antonio Garrido, académico y publicista. 

D. Rafael Calzada, abogado y publicista. 

P. Atanasio López, cronista de la Orden Franciscana. 

Julio J. Casal, cónsul del Uruguay y poeta. 

D. Benito Fernández Alonso, cronista de Orense. 

D. Marcelo Maclas, catedrático. 

D. Antonio Rey Soto, escritor. 

D. Enrique Fajardo («Fabián Vidal»), escritor. 

D. Ramón del Valle Inclán, escritor. 

D. Enrique María de Arribas y Turrull, diputado a 
Cortes . 

D. Constantino Horta, publicista. 

D. Rafael López de Haro, escritor. 

Presidente del Gremio de Mareantes de Pontevedra. 

D. Enrique Zaratiegui, bibliotecario. 

D. Manuel Otero Acevedo, escritor. 

D. Celso García de la Riega y Quiñones, hijo del autor 
de Colón, español. 

D. Juan Fernández Gil, publicista. 

Señora doña Eva Canel, escritora. 

D. Manuel Quiroga Losada, artista. 

D. Luis Tur y Palau, de la Sociedad Geográfica. 

D. Pablo Pérez Costanti, archivero. 

D. Jaime Sola, escritor. 

D. José Rodríguez Carracido. 

D. José Rodríguez Mourelo. 

D. Eduardo Palacios. 

D. Francisco Llorens. 

D. Fernando A. de Sotomayor. 

D. Manuel Ángel. 

D. Arturo Fernández Cersa. 

D. Alfonso R. Castelao. 

D. Wenceslao Fernández Flórez. 



94 



Comité de Vigo 

Fueron designados interinamente para constituir el Co- 
mité definitivo, los señores Bernárdez, Lustres Riscas y 
Agrá, en representación de la prensa, y los señores López 
(D. Raúl), presidente del Casino, Barreras y Borrajo, en re- 
presentación de las sociedades. Propusieron como socios de 
honor, al Sr. Otero y al Sr. Rodríguez. 

* 

* * 

En Santiago, en Orense, Lugo y demás ciudades galle- 
gas, propúgnase también por constituir los Comités de Colón, 
español. 

* * 

En el momento de mandar estas cuartillas a las cajas, 
recibimos la comunicación siguiente: 

Habana, 19 de abril de 1920. 

Sr. Dr. D. José Rodríguez Martínez. 

Coruña. 
Muy distinguido señor mío: 

Por la presente me es muy grato comunicar a usted que, 
el «Comité Pro-Colón, español», recientemente creado en la 
Habana, y que me honro en presidir, ha acordado nombrar 
a usted miembro de honor del n>ismo, teniendo en cuenta sus 
propagandas en pro del origen gallego del inmortal Cristó- 
bal Colón. 

Debido, pues, a que el mencionado título no podremos 
remitírselo por algún tiempo, es por lo que le anticipamos 
las presentes líneas, notificándole el acuerdo en cuestión, y 
«1 regocijo con que el Comité se ha enterado de sus entusias - 
mos en pro del esclarecimiento de una de las glorias más 
puras y legítimas de Galicia. 

Esperamos, señor, se digne aceptar la merecida desig- 
nación de miembro de este Comité, el cual tiende a difundir, 
por todos los medios a su alcance, la patria española del in- 
signe descubridor de América. 

Sirvan, pues, estas líneas, de sincera felicitación, en 
nombre del Comité y del mío propio, rogándole prosiga la 
labor por usted emprendida. 

95 . 



Lo que me complazco en participar a usted para su 
conocimiento y satisfacción. 

De usted con la mayor consideración, 

Ramón Marcóte, 
Presidente. 

* 
* * 



Socios fundadores de la colectividad "Pro-Col6n, Español" 
establecida en Pontevedra 



Ramón Peinador. 
Diego Pazos. 
Antonio Tapia. 
Joaquín A. Piñeiro. 
José Quiroga. 
Amando Luaces. 
José Casal del Rey. 
Eulogio Estévez Abal. 
Renato Ulloa. 
Arturo Rey. 
Ramón Romero. 
Antonio M. Malvar. 
Teófilo Sorey. 
Francisco Cés. 
Manuel Couto. 
.Edmundo Novoa. 
Ramón Blanco. 
Antonio Vinos. 
Ramón Santamaría. 
Julio Montero Mouriño. 
José M. Marangos. 
Enrique Martínez Besada. 
Ricardo Silva Suárez. 
Rafael Sanz Diez. 
Domingo Pórtela. 
Javier Puig. 
Aquilino Ferreira. 
Carlos Rubido. 
Enrique Tobío. 



Ramiro Santos. 
Javier Dapena. 
Avelino Junquera. 
José Rey Duran. 
Eduardo García. 
Evaristo Carmueza. 
Manuel Cabanillas. 
Valentín Suárez González. 
Alvaro Sánchez. 
Carlos Viñas . 
Víctor F. Soler. 
Ricardo Abal Santos. 
Ángel Fernández. 
Juan Pérez. 
Luis Lacarrera. 
Indalecio Viñas. 
Joaquín Posa. 
Laureano Iglesias. 
Luis Castillo Martínez. 
Antonio Rodríguez. 
Lino Corbal. 
Germán Rodríguez. 
Celestino C. Peón. 
Manuel Díaz Gómez. 
Gervasio Vidueira. 
Maximiliano P. Prego. 
Jacinto Otero. 
Benito Quintáns. 
Evaristo Abal. 



96 



Luis Magdalena. 
Roque Rodríguez. 
Manuel Casqueiro. 
Florencio Abal. 
José García Seijas. 
Sebastián Berdeal. 
Ignacio Rey. 
Jesús Montes. 
Diego Esté vez Abal. 
Higinio Blanco. 
Manuel Ruy mares. 
Enrique Chulian. 
Manuel Paredes. 
Ricardo Santos Riveira. 
Valentín Paz Andrade. 
Bonifacio Vázquez. 
Perfecto Meijón. 
Vicente Quintas. 
Manuel Barreiro. 
Modesto Bara. 
Genaro Puga. 
A. Otero Callón. 
Manuel Ruibal. 
Joaquín Vinos. 
Fausto Posa. 
Francisco Sanmartín. 
Cándido Hermida Tilve. 
Leopoldo del Río. 
Hermo Pose Juncal. 
Luis Martínez. 
Luciano Otero. 
Cándido Vinos. 
José Vidal Montero. 
Juan E. Barreira. 
Amadeo Fernández. 
Ruperto Santos Villaverde. 



José Rodríguez. 
Prudencio O. Sánchez. 
Perfecto Feijóo Pañete. 
Ramón Sobrino. 
Vicente Riestra. 
Santiago Riestra. 
Isidoro Millán. 
Fran cisco Riestra Calderón . 
Eduardo Dapena. 
Miguel Carragal. 
Modesto Martínez. 
L. Valentín Briones. 
José M. Vinos. 
Manuel Riva. 
José Couto. 
José Gómez. 
Florentino Gómez. 
Celso Sánchez Martínez. 
José Calvo Acuña. 
Peregrino Paz. 
Enrique S. Mogrovejo. 
Gonzalo Benítez Lozano. 
Francisco Pórtela Paz. 
Manuel Braña. 
Manuel Villar Vaamonde. 
Eladio Pórtela. 
Camilo Vidal. 
Julio Silva. 
Antonio S. Mogrovejo. 
Gabriel Esté vez. . 
Mariano García. 
Saturno Paz Martínez. 
Saturno Fernández. 
Guillermo Mon. 
Celestino Pozas. 



^^^^P- 



Terminada ya la impresión de este libro, no resistimos el deseo de 
ampliarlo con una página más, a fin de recoger en ella las tres noti- 
cias siguientes : 

d CRISTÓBAL COLÓN, PORTUGUÉS P 

El laborioso investigador Sr. Patrocinio Ribeiro, acaba 
de llevar a cabo nn descubrimiento. Después de profundos 
estudios, logró descifrar, de una manera terminante j^ clara, 
la firma jeroglífica del inmortal descubridor de América. 

La firma está en latín y en caracteres griegos invertidos, 
y en ella se manifiesta claramente la oriundez del nave- 
gante, que es lusitana y de una pequeña villa: de Al entejo. 

Como el laborioso investigador piensa publicar un fo- 
lleto — según dice O SécuJo — , aguardamos a ver entonces 
el resultado definitivo de sus trabajos. 



El notable orador, Reverendo Padre Paulino Turiso, en 
el elocuente discurso pronunciado en la Función del Voto, 
el domingo l.*^ de Agosto, afirmó rotundamente la oriundez 
española y ponte vedresa de Cristóbal Colón. 



Tenemos entendido que el notable escritor D. Prudencio 
Otero —que acaba de regresar de América — , no sólo se dis- 
pone a publicar su importante obra, sino que reanudará sus 
gestiones oficiales para conseguir que la Academia de la 
Historia nombre la Comisión, tantas veces intentada, para 
estudiar en Pontevedra todos los datos referentes a la tesis 
Colón, Español. 

Va siendo tiempo de que este descubrimiento se solem- 
nice oficialmente, así como de establecer en el lugar de 
Porto-Santo un museo colombiano. 



RESERVADOS LOS DERECHOS DE REPRODUCCIÓN 

ADAPTACIÓN Y TRADUCCIÓN PARA TODOS LOS PAÍSES 

Queda hecho el depósito que marca la ley 



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