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Full text of "Historia antigua y de la conquista de México"

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FBOIC THE BBiaHT UsaAOT. 



Descendants of Hcnry Brij^ht, J^., who died 
at Walcrtown, Mass., ¡n 1686, are cntiüeci lo 
hold scholarships in Harvard Coliche, estab- 
lished in iSSo under the will of 

JONATHAN BROWN BRIGHT 
of Waltham, Mass.,withone half the income 
of Ihis I^gacy. Such descendants failing^, 
other persons are elig^iblc to the scholarships. 
The will requires that this annouhcement 
shall be made in every book added to>tfae 
Library under its provisions. 



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CUARTA PARTE. 



LA CONQUISTA 






HISTORIA ANTIGUA 



TDBLÁ 



CONQUISTA DE MÉXICO 

roB sil 

Lie. MANUEL OROZCO Y BERKA, 

Vloe-preaideiitede ]* Sodedad de Geografía y Estadisttoa, Sodo de número de la Academia Jíteümo^ 

IndiTldno 0QRe8p<mdiente de las Bealea Aoadendaa Eiipaflola y de la Historia, de Madrid; 

Bonararlo de la Sociedad Arqnecdógica de Santiago de Chile, Sociedad OeogxáAoa 

da Boma» Soaedad Arqneológica de Paria y Oongreao IntemaolQoal da- 

ATnAri«^Ti<afM; soclo dc númcTO de la Sociedad de Hlatoiia 

Natural, y Honorario de lae Sodedadea Minera, 

Hnmboldt, Andrea del Blo, ftc, ka 



a mpim bu obra a nrnsis t por obbex m soprqio goiurko di u upobucí uxkixi. 



Eaczlbo bajo el influjo de lo que he iMo^ 
leído ó calculado, y aiempre bnacando la ver- 
dad y la Justicia. Beepeto la religión, y algo 
confiado por el camino del progreao qne ea a 
ley impneata & la humanidad. Subordino mía 
ideaa á eatoa prindpioa: IHoa, lapatriay la f». 
mfUa. 



Tomo Coarto. 



MÉXICO. 

•nSOQl&^Sik DE OONZALO A. ESTETA, 
8«m Juan i» Leíran nim$r9 9, 

1880. 



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^oA^jm^ 






i LOS SBÑOBES 



DoD kp GareíaüffilÉÉ j Don Fraflcisco 




COMO. UNA MUESTRA 



DEL RECONOCIMIENTO T DE LA AMISTAD QUE LES PBOFBSO, 



DEDIOO ESTE YOLÜXEE. 



M Autor. 



LIBRO I 



CAPITULO I. 



HOTBOOHZOVA XOOOYOTZIH. — GaOAMA« 



Di&yo Vdcmífum.'^Chnqukia de Oukk-^Páf^ di lfairwkn.^Añár4% de Duere,*^ 
Memando Oortés,—8u vida en EepañiL—Su mandón en la» íeia»,-^Ihña OataU* 
na Xuaree ¡a MttreatíUk—VenUm de O&mara.-^BectiJIeacionet de ku C<ua$. — 
Benud Düm del OoMJo.—Sktpedieion de Frandeeo Hemanáee de OMUiiba.'-lke* 
cubr imie nto de TuetUain,—l9la Jímfere9,-^0abo Oatoehe. — OitmpeeAe ó pueblo de 
Láearú.-^Pe4on Qhan b Búküa de ¡k MaXa PélM,^Bagfem dé loe deeeubrideree á 
Omba.'^Chneetfen de TuetUan al aiaUranie de yiaindee.^E9Bpedieion de Juan de 
Or(faioa,-^OceuimeL—Bahia de la Aeeendon.—Eeearmmuea en él pueblo de Láeo» 
Tú.'-'Puerto Deeeadc^Bahia de Términoe.^Bio Gr^aha b Tabaeeo.-^Tabeeoob. 
— StedoeJBáaaebSan Bernabi.^A^!uaifahíoobla JEUmbk^.^IHe FenoUbdéS^ 
Anien.'^Sh CoaUaooa^,^Bierrai de Ban ifariUn.'^Eio Papaioapan b Aleara^ 
dOk-^BSa Banderae.^2ela de Saaifloiee. 

ANTES de puat adelanto en la rdacion de loe 8ii<3efloe, ton- 
drémos que detonernoe un poco dando cnehto eomeramente 
de lo qne pasaba en la isla de Cuba ó Fernandina. Don Diego Ye- 
]asBqtie2, naddo en Cnellar, pasó á las Indiae en el segando viaje 
emprendido por Don Cristóbal Colon, en 1493, y después de risitar 
ima parte de las Antillas, se estableció en la Isla Espafiola nom- 
inada despaee Santo Domingo; distingoióse m la conqnista de la 



8 

isla, obteniendo cargos, así de Don Bartolomé Colon hermano del al- 
mirante, como del comendador Don Nicolás de Ovando, quien en 
1501 sucedió á Bobadilla: hízose muy rico, logrando grandes con- 
sideraciones entre los colonos. Tomado el cargo de gobernador por 
Don Diego Colon, determinó éste, hacer la conquista de Cuba, j 
nombró por capitán y su teniente en la isla á Diego Yelazquez; al 
rumor de la expedición se alistaron unos 300 hombres, los cuales se 
recogieron en el puerto nombrado Salvatierra de la Zabana, en tres 
6 cuatro naves, hacia fines de 1511. (1) Los conquistadores desem- 
barcaron en el puerto de Palmas, provincia de Mayci, en donde go. 
bemaba un cacique noml^do liatnsy^.qtaen combatió lo poco que 
pudo, refugiándose en seguida en las montañas; perseguido, cauti- 
vado y sentenciado á ser quemado vivo, estando atado á un palo, se 
le acercó un religioso franciscano y le dijo, seria bueno que muriese 
cristiano y se bautizase; ^^respotidió, que ¿para qué había de ser co- 
" mo los cristianos, que eran malos? Replicó el Padre, porque los 
"que mueren cristianos van al cielo y allí están viendo siempre á 
" Dios y holgándose; tornó á^ preguntar si iban al cielo cristianos» 
*'dijo el Padre* que sí iban los que eran buenos: concluyó diciendo 
" que no quería ir allá, pues ellos allá iban y estaban. Esto acaeció 
'i^l tiempo que lo querían quemar, y así luego pudieron á la .leSa 
^ fuego y lo quemaron." (2) 

Diego Velazquez '*teíií^ condición alegre y humana, y toda sa 
"conversación era de placeres y gasajo^'como entre mancebos no 
" muy. disciplinados, puesto que á sus tiempos Babia guardar ^u an- 
"toridad y quería que se la guardasen.". ..... "Era muy gentil 

" hombre de cuerpo y de rostro, y así amable por ello: . algo iba en- 
*t gordando, pero todavía perdía poco de su gentileza; era prudente, 
^'aunque tenido por grueso de entendimiento, pero engañólos con 
*' él." (3) 'Mostróse ingrato con su favorecedor Don Diego- Colon. 

El año 1512, procedente de*^ Jamaica, en donde había estado por 
«(aquistador, paisó á Cuba un hidalgo nombrado PAnfílo de Nárvaez, 
natural de Yalladiolid, al frente; de treinta flecheros españoles tfiuf 

t j[l) iOagai^:fiJ0t daitti Judias, lib. IH, eap. XKI.H9on^oP<eri^!^d«B deOTÍedo^; 
Historia. g€inei;ai y nataral de las Indias, Madrid, 1S5I, UJbu XVII,. cap. m.— Herré- 
ra, áéo. I, lij>. IX,. cap, IV. , . , * , 

" (2) 0¿8arf,;tííst'dela^Iildias;ÍiWllI,c«^^^ ' •• ;^ ir].,;».. 

. (3) Gasatf/Hiise.'aelÁsfoldiMviib. itltxiap- X¿h. ' ': , ..' I : . 



9 

^íereíMoB en aquella arma; 6irvi6 en la conquista de la isla, lle- 
gando á flac fegoiida de Y^lasqaez. *' Este Panfilo de Narraez era 
*'nn hombre de per^ooa autorizada, alto de cuerpo^ algo rubio , 
*' que titábaá ser rojo, honrado, cuerdo, pero'oo muy prudente, de 
^' buena conversación, de buenas costuiixbres, y también para pelear 
^ Q(>n ludios esforzado, y debíalo ser ^izá con otras gentes, pero so* 
^ bre iodb tenía esta falta, que era muy descuidado." (1) 

Al pasar A Cuba llevaba dos secretarios el X>iego Telazquee; lla- 
mábase el uno Andrés de Duero ^' tamaño como un codo, pero cues- 
^* do y muy callado y escribia bien. Cortés le hacía ventaja en ser 
'^ latino, solamente porque bahía estudiado leyes en Salamanca, y 
^^ era en ellas bachiller, en lo demás era hablador y decía gracias, 
*' y más dado á comunicar con otros que Duero, y así no tan dispues- 
" to para ser secretario." (2) - . 

Llamábase el segundo secretaiio Hernando Cortés. Nos importa 
conocerle detenidamente. Fué hijo de Martin Cortas y Monroy y 
de Catalina Pizarro Altamirano, hidalgos pobres aunque bien hon- 
rados: (3) después^ cuando su hijo iba á ser declarado marqués, si.- 
guiéndo las costumbres de la época fué preciso entroncarle con sor- 
bías ascendientes; (4) como si este varon^ hijo de sus propias accio- 
nes, no tuviera la más* glcMriosa ejecutoria en la Hi^storia de México. 
Hecnand<; Cortés nacié el año 1485, en Medellin, lugar de Extre- 
madura. Do salud débil en los primeros años, varias veces estu* 
vo á punto de muerte; sus; padres echaron suertes entre los doce 
apóstoles para cacarle un patrón, saliéndole San Pedro, á quien tu- 
vo siempre particular afición, (6) ^^y regocijaba, cada un, año'su dia^ 
** en la'iglesiáy en su casa, donde, quiera que se hallase." (6) 

(1) Casafi, ni), m, cap. XXVI.— Herrera, déc. I, lib. TX, cap. VII. 

(2) Oafiafl, tib. m cap. XXVII. 

(5) *! Hijo da un escudero que yó cognoací, hfirto pobre y humUde, aunque cáfí^ 
"tianoyiejoy dicen que hidalgo." Caaas, lib. III,cap. XXVII. Siendo honrados» 
de nada neceaitaban la nobleza. , . , ', 

(4) Prescott, tom. 1, pág. 167, nota 2, dice:—** Afgensola, sobre todo, há empren" 
dido graaades tyabajds pora averiguar la pvotapla de Cortés, á quien baoe desoendsr 
(siii iMiner la menor duda), de Namés Cortés, rey de Lombardía y de Toscana. Ana- 
les de Aragón (Zaragoza 1630} págs. 621 y 625. Caro de Torres, Historia de las Or- 
denes Multares (¿ladrid, 1629), fól. 103.'* * 

(o) Disertaciones sobre la Historia de la Bepiíblioa Mexicana, por Don LtScás Alá- 
om. II, pág. 4. ' • 

(6) Gomara, Crónica de la Nueva EspaAa, cap. ir ^ ' 

«m. IV.— 2 



10 

A los catorce al&os, es decir, hacia 1499, le enriaron á Salamanca 
á estudiar, pasando dos afios hospedado en casa de Francisco Ñu» 
fiez de Tárela, casado con Inés de Paz, hermana de en padre! De 
genio inquieto, hacia 1601 tomó á la casa dejando los estudios, oo- 
sa que mucho lleraron á mal sus padres 7 se enojaron con él, pues 
le destinaban á la carrera d^ jurisprudencia, profesión tenida en 
grande estima, (t) Siguiendo su gusto por las aventuras, habiendo 
perdido otro alio más en inútil ociosidad, á los diez 7 siete de su vi- 
da pensó en seguir la carrera de las armas, vacilando entre alistan* 
se en los tercios del Oran Capitán Gonzalo de Córdova, ó pasar á 
las Indias con el comendador de Lares Don Nicolás de Ovando; 
adoptó esto segundo, porque Ovando le conocía 7 le llevarla encar- 
gado: pero no pudo cumplir el propósito, pues queriendo escalar una 
pared ruinosa para hablar á una mujer con quien trataba amores, 
se derribó el muro cogiéndole debajo los escombros. ** Poco faltó 
c^^para que asi medio enterrado como estaba le atravesara un vecino 
^ con su espada, si no fuera porque saliendo una vieja de su casa, 
** en cujra puerta vino á chocar con estrépito el broquel que Cortés 
** llevaba, detuvo á su 7emo, que también había acudido al mismo 
^^ ruido, rogándole que no hiriese á aquel hombre hasta saber quién 
^ fuese. De suerte que á aquella vieja debió Cortés su salvación en 
este primer lance.'' (2) De la caida quedó enfermo por algún tiom- 
po, sobreviniéndole además unas cuartanas. 

Ya sano, con el intento primero de ir á Italia se dirigió á Valen- 
cia en donde se detuvo ** devaneando, aunque no sin trabajos 7 ne- 
cesidades, cerca de un año." Retornó á Medellin, se decidió por pa- 
sar á las Indias, dándole sus padres la bendición, 7 dineros para el 
viaje. Esta es la primera faz de la vida de Cortés, pintada por su 
biógrafo en estas palabras: " Daba 7 tomaba enojos 7 ruido en casa 
de sus padres; ca era bullicioso, altivo, travieso, amigo de ar* 
mas." (3) 

A les diez 7 nueve afios de edad, 1504, tomó pasaje en la nave 
de Alonso duintero, vecino de Palee de Hc^uer, que en conserva 

(1) De rebiu gestis Ferdinandi Gartesü, fragmento anónimo, texto latino j tra- 
dncoion castellana por Don Joaquín García Icaabaloeta. Documentoe para la Historia 
de México, tom. I, pág. 311. — Gtomaxa cap. L 

(2) De rebus gestís, pág. 812. 

(8) Oomara, Criíii. oap. I. « 



11 

Aa otras enatro naos cargadas de mercaderías se hicíe^ron i la vela 
de 'San Lúcar de Barrameda; juntas llegaron á la Gomera, Isla del 
gmpo de las Canarias, escata obligada en la naregaeton para las In- 
dias. Pensando aílcanzar sn destino antes qne sus compafieros, para 
Tender mejor las mercancías, dnintero dejó de noche la isla, ha- 
ciéndose secretamente al mar, pero les cargó tanto el tiempo qne se 
quebró el mástil, teniendo qne tomar á la Gomera j rogar á los otros 
le esperasen hasta reparar las arerías. Partieron después todos jun- 
tos 7 cuando estuvieron engolfados, el aleve Quintero soltó las ve- 
las 4 sn ligera embarcación, separándose de la escuadrilla; mas tam- 
Bien aquélla vez recibió castigo, Sea porque el piloto Francisco Ni- 
8o de Huelva no sabía gobernar la nave, sea porque de intento la 
denrotaroD los Quintero, llegó dia en que no sabían donde estaban, 
acrecentándose el apuro por la falta de víveres y agua; estando en 
esta tribulación, el viernes santo, al ponerse el sol, sentóse una pa- 
loma en la gavia, de donde infirieron los marineros la proximidad 
de tierra j siguiendo la dirección del vuelo de la paloma al huirse, 
Cristóbal Zorro descubrió la tierra en la pascua, j cuatro dias des- 
pués entraron en el puerto de Santo Domingo, en donde hacía dias 
estaban en seguridad 7 con buenos provechos los otros cuatro na- 
rios. (1) 

La ciudad 7 puerto de Santo Domingo, en la Isla Sspafiola, qujB- 
dába situada en la embocadura del rio Ozamá; no estaba ahí el go- 
bernador Don Nicolás de Ovando; mas su secretario Medina, luego 
que supo la llegada de Cortés, de quien era amigo, salió á recibirle, 
le hospedó en su casa, é informándole del estado de la isla, le acon- 
sejó se asentara por vecino de la ciudad. ^ Cortés que pensaba lle- 
'^gar 7 cargar de oro, tuvo en poco aquello, diciendo que más que- 
** ría ir á coger oro.'^ (2) Prescott, en su estilo pintoresco, traduce 
estas frases diciendo: ** Es que 70 vengo á adquirir oro, replicó Cor- 
^ tés, no á labrar la tierra como un rústico. (3) ** Oí decir, dice Ber- 

(1) Qomtm, Cxáú. «(pb-*De ivlmi «Mtis» ptfg. SIS 7 rig, Ko falta qpw Intwr 
ptete la praeenfiia de H pidoma como lailiigro obrado para «alvar i Cortés, 6 como 
mgorio de sa vida fatmra: al agüero deberia aaciSRie de la conducta de Quintero. El 
vlénies aanio del afto 1S04 cajd á dnco de Afaril; la paacua fu^ del 7 al 9/ término 
I dentro del cual se deaeabrió tierra, de manera qne háeia al 12 ¿ 18 lomó puesto la 

! denotada naTe. 

I (8) Gomaia, Cv5n. cap. IIL 

(S) Preoooti, Hisft. da la Conqniata» tom. I, pég. 170. 



12 

'^nal Díaz, (1) que cuando mapcebp, en la isla Eapafiolik) fué^algD 
^Hrayieso sobre mujeres, é.que ae acu(^llaba itlgauas .yf cea C09 
'' hombres esforzados j diestroB^ j úempre salió jcon Titoria; 7. teoíft 
" una señal de cuchillada cerca de un^bezo debajoi qw si mirabaii 
" bien en ello, ^p le parectoi mas cabciánselo las bambas." Estap 
palabras dan, como puntos salientes.de eata segunda, faz de la vida 
de Cortés, lo co(iioioso y galanteador. 

Según su resolución, mavehóse de la ciudad al campo para coger 
oro; mas vuelto KícoUs de Orando á Santiago, le mandó llamar^ 
tratándole bien y asentándole ,por vecino. Poco después, se alsq^con 
da guerra las provincias de Baorueo, Aniguayagua ó Higney, movi^ 
das por Anacoaua; Cortas hizo la campaña á las órdenes de Diego 
Yelázquez, se distieguió por su bn^vuraj y terminada la pacifico' 
ciop,.dióle Ovando ciertos iodjos en tiierra.de Daiguao, con la escri* 
banía de la villa de Azua, acabada de ser fundada: aquí vivió de 
cinco á seii^ años, ocupado ep granjerias. . En 1610 pretendi6 pasar 
á Veragua,^. tomando parte en las empresas de Alonso de Hojeda 7 
de Piegp de Nipuesa, estorbándoselo un tumor qqe le salió en la 
corva derecha; sin este contmtiempo- quién sabe cómo habría cam* 
biada la suerte del conquistador de México. (2) t . 

Nicolás de Ovando cesó en la gobernación de la Española, por la 
venida d<) Don Diego Cobn, hgo del ajimirante: poco después quedó 
dispuesta la conquista de 'Cuba, 1611, dando el majado de la exp^ 
diclon á Die^ Yelázquez, " soldado veterano, práctico '6n x;asas de 
*' guerra, pues sirvió diez y siete años en« la Española, hombr^ hoo- 
'^rado, conocido . por su riqueza.,' linaje y crédito: ambiciosa de g^o^ 
" ría y algo más de din^ro.": (3). Cortés se alistó en .el ejército, lie? 
vando cargo de oficial del tesorero Miguel de Pasamente: durante- 
la conquista, se distinguió por su yaipr, aprendió el. modo áeooifi* 
batir á los indios, supo ganarse la amistad de Ips soldados por bu 
carácter alegre y .dichos agudos, logrando liacer^e querer y di^iiii* 
guir de su jefe: en premio de sus servicios fué admitido por vecino 
en Santiago de Baxacoa, y al ser repartida la isla le tocaron los in - 
dios de Manícarao; en compañía de Jtjan Xuárez. Se ocupó en gran* 



(1) Hiflt. Te«iadera,<5ap. OOIV. 

(2) Gomara, Cróxu oap. in.— Dd robus gestis, pág. 817 y sig. 
(8) De robus gestis, pág. 818. 



I 



13 

gerías, crí6 vacas, ovejas y yeguas, '* y asi fué el primero que alU 
^^tnvo hato y cabafia. Sacó gran cantidad de oro con sus indios y en 
^* breve llegó á ser rico, y puso dos mil castellanos en compañía d9 
"Andrés de Duero, que trataba.'' (1) 

Había pasado á la Espafiola, año 1509, en compañía de la virei- 
na Doña María de Toledo, esposa de Don Diego Colon, una familia 
de Granada compuesta del padre, Diego Xuarez, de la madre María 
de Marcaida, de cuatro bijas bien parecidas, y el hermano Juan Xua- 
162, compañero de Cortés en el repartimiento; eran pobres los padres 
7 vinieron á Indias^con proyecto de casar á sus hijas con hombres 
lióos. No logrado el intento en la Española, pasaron á Cuba, á vi. 
vir sin duda á la sombra de Jnan. Sieíido pocas las españolas residen- 
tes en la isla, y las Xuarez mozas de buen parecer, las Testejaban 
mucho, y Cortés entró en relaciones con Catalina Xuarez la Mar- 
caida, con la cual, aunque después se casó, tuvo primero muchas 
pendencias, ^^ ca no la quería él por mujer, y ella le demandaba la 
apalabra.'' (2) Diego Yelazquez favorecía á la Catalina por amores 
que tenía con una de sus hermanas. 

Por este motivo 6 porque los émulos de Cortés inventaron que los 
descontentos contra Yelazquez se reunían en su casa. Cortés, des- 
pués de ser tratado mal dejpalabra por el gobernador, fué puesto 
preso en la fortaleza de la ciudad bajo la custodia del alcaide Cris- 
tóbal de Lagos; poco duró ahí, pues quebró el pestillo del candado, 
tomó la espada y rodela del alcaide, se descolgó por una ventana y 
80 refugió en la iglesia. Yelazquez riñó á Cristóbal de Lagos, atri- 
buyendo la evasión del preso á soborno ó miedo del guardián. (3) 
Cortés, ya en el asilo de la iglesia, buif ó las artes del gobernador quien 
pretendió sacarle por engaño ó fuerza; pero un dia se descuidó, al 
salir á pasearse como de costumbre delante de la puerta del templo, 
se abrazó con él el alguacil Juan Escudero, ayudado por otro logró 
sujetarle, siendo llevado de nuevo á una nave surta en el puerto. 
En aquella prisión le preocupaba la idea de ser deportado á la Es- 
pafiola ó á España mismo:¡así¿resolvió huir. Después de muchas 
tentativas logró soltarse de la cadena, trocó los vestidos por los del 

(1) Gomaza^^Ctón. cap. IV, 

(2) Qoínan, Cr($n. cap. IV. 
(8)' De zebns gestis, ptfg. 926. 



14 

« 

criado que le senrla, por el agujero de la bomba salió sobre cubier- 
ta, sin ser sentido se deslizó. por el cofstado de la cave al esquifo» 
8olt6 la cuerda del esquife de otro barco anclado ahí inmediato^ 4 
fin de evitar le persiguieran y poniendo mano al remo se dirigió ¿>Ia 
playa. Rechazado por la corriente del rio Macaguanigua y por. el 
reflujo del mar, se ató á la cabeza unos papeles importantes que lle- 
vaba, se arrojó al agua y como diestro nadador alcanzó la tierra4 
Dirigióse á la casa de Juan Xuarez, en donde tomó espada, broquel 
y coraza, yendo á tomar otra vez asilo en la iglesia^ (1) 

Mirando el valor de su contrario, Telazquez envió ciertas p^r^^ 
ñas á Cortés para proponerle ser. amigos como primero, alocua] 
Cortés no asintió; casóse con Catalina para vivir en paz, y no quiso 
hablar al gobernador en muchos dias. Por entonces salió Diego 
Yelazqucz contra los indios alzados; Cortés previno á su cuñado 
Juan Xuarez, le sacara fuera de la ciudad una lanza y ballesta; en 
anocheciendo se salió de la iglesia, tomó las armas en el campo, di- 
rigiéndose á la granja en donde estaba alojado el gobernador. '' Llegó 
'^ tarde, y á tiempo de que miraba Diego Velazquez el libro de la 
" despensa. Llamó á la puerta, que abierta estaba, y dijo al que 
" respondió cómo era Cortés, que quería hablar al señor gobernador^ 
" y tras esto entróse dentro. Diego Velazquez temió, por verle ar- 
" mado y á tal hora. Rogóle que cenase y descansase sin recelo: él 
" dijo que no v^nia sino á saber las quejas que de él tenia, y á sa- 
*' tisfacerle, y á ser su amigo y servidor. Tocáronse las manos por 
'^ amigos, y después de muchas pláticas se acostaron juntos en una 
^' cama, donde los halló á la mañana Diego de Orellana, q^e fué á 
^' ver al gobernador y á decirleu cómo se había ido Cortés. De esta 
'' manera tornó Cortés á la amistad que primero con Diego Telaa- 
** quez, y se fué con él á la guerra." (2) 

Tal es la versión de Gomara, no solo admitida, sino abultada con 
gran exceso por el autor anónimo De rebus gestis. Oigamos ahora 
á un testigo presencial de los hechos, al verídico Casas. Según ól, 
Cortés era secretario de Diego Velazquez. Habiendo venido á Cuba 
la noticia de ser llegados á la Española los jueces de apelación, loa 
quejosos contra el gobernador hicieron informaciones secretas, las 



(L) Oomaxa, Crdn. oap. IV. —-De rebos gestis pág. 828 y sig, 
(2) Qomara, Cron. oap. lY.— De rebns gestis, pág. S32. 



}6 

oaales determinaron. confiar á Hernando Corten por considerarla 
atrevido para pasar en una canoa de indios la brava mar que- separa 
ambas islas. — ^' A éste, como comencé á decir, hallaron los quejosos 
aparejado pan Ue?ar sus quejas, cartas y despachos, 6 porque él es:> 
taba también quejoso de su amo Diego Telazquez; estando paca se 
embarcar en una canoa de indios con sus papeles, fué Diego Yelaz- 
qnez avisado y hizolo prender j quísolo ahorcar. Rogáronle mucha» 
personas por él, mandólo eebltr en un navio para enviallo preso á ca- 
ta isla Española, soltóse por cierta manera del navio j metióse de 
noche en el batel, y vinoso á la iglesia, y estuvo alli algún día; un 
Joan de Escudero, que era alguacil (que él después ahorcó en la 
Nueva España, aguardó su tiempo, y paseándose Cortés fuera de la 
iglesia, lo tornó á prender. Crecida la ira en Diego Yelazquez, tú- 
vole muchos dias preso, y al cabo (Diego Yelazquez era bien acon- 
dicionado y durábale poeo el enojo), rogándole muchos por él, que 
lo perdonase, hóbolo de hacer, pero no le quiso tomar á rescebir en 
su servicio de secretario. " 

'* Cromara, clérigo, que escribió* la Historia de Cortés, que vivió, 
con él en Castilla siendo ya Marqués, y no vido cosaiúnguna, ni ja* 
más estuvo en las Indias, y no escribió cosa sino lo que el mismo 
Cortés le dijo, compone muchas cosas en favor del, que, cierto, uq 
son verdad, y entre otras, dioe, hablando en el principio de la conr 
quista de México, que no quiso hablar en muchos dias de enojado á 
Diego Yelazquez, y que una noche fué armado á donde Diego Ycr 
lazquez estaba solo con solos sus criados, y que entró en. la casa, y 
que temió Diego Yelazquez cuando lo vio á tal hora y armado, y 
que le rogó que cenase y descansase, y. Cortés respondió que no ve- 
nia sino á saber las quejas que tenía del, y á satisfacerle y á ser su 
amigo y servidor, que se tocaron las manos por amigos, y que dur^ 
mieron ambo» aquella noche en una cama. Esto es todo gran false* 
dad, y cualquiera cuerdo puede fácilmente juzgar aun de las mis- 
mas palabras que, en su compostura, Gomara, su criado y su histo- 
riador, alli diee, porque siendo Diego Yelazquez, Gobernador de to- 
da la isla, como él alli concede, y Cortés un hombre particular; 
dejado aparte de ser su criado^ y secretario, y que le habia tenido 
preso y querido ahorcar, y que lo piidi^H hacef J9Bta ó injustameii<- 
te, I que diga Gomara qué no le qui»^ baldar ppr muchos difM, y 
que había ido armado á preguntar qué quejas tenia del, y que iba 



16 

á ser su amigo, j que se tocaron las manos, y que dannieron aqne^ 
Ha noche en una cama! Yo vide á Cortés en aquellos dias, ó mnj 
pocos después, tan bajo Y tan humilde, que del más chico criado 
que Diego Yelazquez tenía quisiera tener favor; y no era Diego Te- 
lazquez de tan poca cólera, ni aun de tan poca gravedad, que aun« 
que por otra parte cuando estaba en conversación era muy afable y 
humano, pero cuando era menester, y si se enojaba, temblaban los 
que estaban delante del, yrquería sienípre que le tuviesen toda re- 
yerencia, y ninguno se sentaba en su presencia aunque fuese muy 
caballero, por lo cual, si él sintiese de Cortés una punta de alfiler 
de cerviguillo y presunción ,|^po ahorcara, 6 á lo menos lo echara de 
la tierra y lo sumiera en ella sin que alzara cabeza en su vida. Asi 
que Gomara mucho se alarga imponiendo á Cortés, su amo, lo que 
en aquellos tiempos, no sólo por pensamiento estando despierto, pe- 
ro ni durmiendo, porjsuefios, parece poder pasarse. Pero como el 
mismo Cortés, después de Marqués, dictó lo que había de escribir 
Gomara, no podía sino fingir de sí todo lo que le era favorable; por- 
que como subió tan de súpito de tan bajo á tan alto estado, ni aun 
hijo de hombre, sino deVúpiter desde su origen quisiera ser estima- 
do. Y así, deste jaez y por este camino fué toda la historia de 
Gomara ordenada, porque no escribió otra cosa sino lo que Cortés 
de sí mismo testificaba, con que al mundo, que no sabía de su prin- 
cipio medio y fin cosa, Cortés y Gomara encandilaron, como abajo, 
placiendo á Dios amador de verdad, parecerá." 

!* Lo cual por agora dejado, después que Diego Yelazquez deter- 
minó que se hiciesen pueblos ó villas de españoles en las provincias 
de aquella isla, y repartió^los indios á los tales vecinos, como la his- 
toria dirá, perdido'todo el enojo de Cortés, dióle también indios y su 
yecindad, y tractóle bien, y honróle haciéndole Alcalde ordinario en 
la villa, que después fué ciudad de Santiago, donde lo había avecin- 
dado; porque desta condición era, cierto, Diego Yelazquez, que todo 
lo perdonaba pasado el primer ímpetu, como hombre no vindicativo 
sino que usaba de benignidad. También de su parte Cortés no so 
descuidaba de serville y agradalle, y no enojalle en cosa chica ni 
grande, como era astutísimo, de manera que del todo tomó á gana* 
lie, y i descuidálle, como de antes." 

V Tuvo Cortés un hijo ó hija, no sé si en su mujer, y suplicó á 
Diego Yelazquez que tuviese por bien de se lo sacar de pila en el 



17 

baptUmo y ser su . compadre, lo que Diego YeUzquez aceptó, por 
lonralle, de buena voluntad. Todas estas honras j favores, que 
dio y hizo á Cortés, se le tornaron en daño y perjuicio á él por el 
'desagradecimiento de Cortés. Dióse buena priesa Cortés, poniendo 
diligencia en que los indios que le había repartido Diego Yelázquez, 
le sacasen mucha cantidad de oro, que era el hipo de todos, y así le 
sacaron dos 6 tres mil pesos de oro, que para en aquellos tiempos 
«ra gran riqueza; los que por sacarle el oro murieron. Dios habrá 
tenido mejor cuenta que yo. Porque dije que ten(a mujer, así fué, 
^ue en el tiempo de sus disfavores Cortés se casó con una doncella, 
(yunque Gomara parece decir que primero la hobo), hermana de un 
Juan Suárez, natural de Granada, que allí había pasado con su ma- 
dre, gente pobre, y parece que le había de haber prometido que se 
4»saría con ella y después lo rehusaba. Y dice Gomara, que porque 
no quería casarse y cumplir la palabra, estuvo Diego Yelázquez 
mal con él, y no era fuera de razón ni de justicia, pues era Gober- 
nador, y aunque no lo fuera. Así, que casóse al cabo, Jio más rico 
que BU mujer; y en aquellos dias de su pobreza, humildad y bajo 
estado, le oí decir, y estando conmigo me lo dijo, que estaba tan 
contento con ella, como si fuera hija de una Duquesa." (1) 

Ea nuestra opinión particular, satisface más á la razón, va en 
mejor acuerdo con los sucesos posteriores, la opinión de Casas que 
la de Gomara. 

Hacía 1615 ó 16, pasó á Cuba un voluntario llamado Bernardo, 
aunque generalmente conocido por Bernal Díaz del Castillo; era na- 
tural de Medina del Campo, en Castilla la vieja, muy joven aban- 
donó su patria, embarcándose el año 1514, en la flota de Pedro 
Arias de Avila, quien venía por gobernador de Tierra Firme, Lie* 
gado á Nombre de Dios, declaróse una pestilencia entre los solda- 
dos, y como sobrevinieran diferencias entre Pedro de Arias y Vasco 
Núñez de Balboa, muchos voluntarios, entre ellos Bemal Díaz, de- 
jaron el Darien para venirse á Cuba, en donde fueron bien recibi- 
dos por Diego Yelázquez, quien les ofreció darles indios en repartí* 
miento. El bravo conquistador Bemal Díaz, poco conocido por las 
hazafias que remató en el Nuevo Mundo, es conocido en todas las 
Indias y preocupa á la Fama por su sabrosa y nunca bien pondera- 



O) C«M, HisU de Um indias, lib. m, oap. XXVII. 

TOM. XV, 



18 

da crónica, Yerdadera Historia de los sucesos de la conquista de la^ 
Nueva España^ 

Los soldados venidos de la Tierra ñrme, estando en espera de Ios- 
repartimientos que no llegaban, sm quehacer ni modo de ganar la- 
vida, se reunieron también con los desocupadosde Cuba, á fin de em« 
prender una de aquellas expediciones, tan comunes entonces, para 
saltear los indios en las islas de los Guanajos y venderlos en la isla 
por esclavos. Como armadores reuniéronse tres personas, Francisca 
Hernández de Córdoba, nombrado capitán, Cristóbal de Morante y 
Lope Ochoa de Caicedo; compraron dos navios y, según Bernal Díaas, 
(1) el tercer buque le proporcionó Diego Velázquez, á condición de 
que se le pagaría en esclavos, cosa qne rehusaron los expediciona- 
rios: esta repulsa hace honor al cronista, mas se contradice con otros 
testimonios. Pertrechadas las tres naves, recibieron por pilotos á 
Antón de Alaminos, quien siendo mozo y grumete se habia halla- 
do con Don Cristóbal Colon, en el viaje de 1502; los otros dos pilo- 
tos fueron Camacho de Triana y Juan Alvarez, el • Manquillo de 
Huelva: iba por veedor para recoger el quinto, perteneciente al rey,. 
un soldado, por nombre Bemardino Iñiguez, natural de Santo Do- 
mingo de la Calzada; por capellán tomaron al clérigo Alonso Gon- 
zález, residente en la villa de San Cristóbal. (2) Alistáronse hasta 
ciento diez hombres, ** y todos á sueldo ó á partes, que.es decir que 
^' tuviesen su parte,, cada uno, de los indios que salteasen, y del oro 
" y de otros provechos que hobiesen." (S) 

XII calli 1517. Salió la armada del puerto de Santiago ó Ajaru- 
00 á 8 de Febrero, (4) dirigiéndose á puerto Príncipe, en donde los 
armadores tomaran carne, agua, leña y otraa cosas para el viaje. 
Aquí dijo Alaminos á (Jórdoba, que abajo de Cuba y hacia al Po- 
niente debía haber muy buenas tierras, pues esto le pareció á D. 
Cristóbal Colon cuando por ahí navegaba y que por faltarle los na- 
yjos no prosiguió aquel cainino; tomó á pechos la indicacioa Fran- 
cisco Hernández, por Ip cual despachó correos á Diego Velazque?i 
pidiéndole licencia para que, caso de descubrir alguna nueva tierra,, 
tomasen posesión do ella en su nombre como teniente de goberna-* 

• • • • 

(1) Hist. verdadera, cap, I. 

(2) Bernal Díaz, cap. I,— Herrera, de'c. II, lib. II, cap. XVII. 

(8; Gasas, Hist. de las Indiw>,Ub» III, cap. XGYI. - ^ . 

(4) BemaH)te,,flM?4lI. 



19 

... *• •• •■ 

dor por el rey; "el cual se la envió largtt; como Prancisco Hernan- 
do qoe la' pMió,' deseaba.^' (1) 

Dol)la(Io el cabo de San Antón eb la tierra llamada de los Gua- 
nfttavais, la escuadrilla navegó resueltamente al O. sobre un mar 
dtflconocído; después de alguu tiempo sobrevino una tempestad que 
por dos dias la ^uso en peligro de perderse; cuando abonanzóla 
mar, tras una* navegación incierta de veintiún diás, sé vio una isla- 
pequeña á la cual llamaron de Mujeres. Es una islíta hacia la pun- 
ta NE. de la península de Yucatán, y la Ilaniaron de Mujeres por 
baber encontrado las estatuas de las diosas Xchel, Ixchebeliax y 
otras, adoradas por los naturales. Desde ah! sé veía la costa de una 
tierra desconocida y nunca hallada^ y en ella una población, mu- 
cho mayor que ninguna de las vistas en las islas, á la cual pusieron 
nombre de Oran Cairo. El barco de menolr calado se acercó á la 
oosta á registrar si había puerto. El cuatro de Marzo se acercaron á 
▼ela y remo (2) cinco grandes canoas llenas de gente, vasallos de los 
Gocom; d ftilta de intérpretes se entendieron por señas, registraron 
las naves, comieron el tocino y feazabe (3) que les ofrecieron, reci- 
bieron un sartal de cuentas verdes y se despidieron dando á enten- 
der volverían. Al siguiente cinco de Marzo, tornó el jefe maya con 
doce canoas y haciendo señas á los extrangeros de que bajasen á 
tierra, repetía Conex c oioch, Cónex c oioch, esto es, venid, avan- 
lad hasta nuestras casas: (4) de estas palabras, mal cogidas al oido, 
llamaron los castellanos al lugar, cabo Catoche, nombre que aún con- 
0erva. Vencidos por aquellas muestras de amistad, aunque no 
del todo confiados, los descubridores tomaron los bateles de los bar- 
coi, se armaron lo mejor posible y pusieron los pies en tierra firme. 
lÚBistíondo el jefe indio en llevaries á su pueblo, tras breve consul- 



(1) Casas, Hi8t. de las Indias/ Ub. III, oap. XCVI. 

(2) Así escribe Bernal Díaz, cap. lí, afiadiendo: ''Son canoas hechas á manera 
de artesas, son grandes, de maderos gruesos y cavados por dentro y está hueco, y 
todas son de un madero macizo, y hay muchas de ellas en que caben en pié cuaren- 
ta 7 cincuenta indios. ** Ir las Canoas con velas es prueba dé estar muy adelantada 
la naTCgacion en Tocatan. 

(8) Cazabe 6 cazabí: torta delgada, hecha de la raíz de la yuca ctffria, exprimido 
ai Jugo 'venenoso, y cocida en el bu7*enf manera de homo que dejamos ya definido; 
SbU eepede de pon era muy ¿eneral en. las islas Espafiola y Femandina, y hoy lo 
iigue siendo en el interior de Cuba, donde se la apellida cazabe,** Oviedo. 

(4) Carrülo, Compendio de la Hist de Yucatán, ptfg. 105 y 106. 



so 

ta se pusieron en camino cqn quince ballestas j diez escopetas; guia 
ba el jefe maya con apariencias de paz, más cuando todos estuvie-! 
ron entre unos brefiales» aquel dio grandes voces, aparecie&do de 
presto grandes escuadrones de guerreros puestos en celada. Los ma- 
yas dispararon sus flechas, cerrando de cerca con sus picas; pepo 
heridos por las armas de fuego, que por la primera vez veían, y reci« 
bidos á estocadas, después de corto combate se dieron d huir, de* 
jando quince muertos sobre el campo, mientras sus contrarios con- 
taron quince heridos. Retiráronle los castellanos á las naos, lleván- 
dose dos indios quer después de bautizados tomaron los nombres de 
Julián y Melchor. Durante el combate, el clérigo González tomó 
los ídolos y objetes de oro de un templo cercano, los puso en unas 
arquillas que ahí había, que hizo cargar á dos indios de Cuba que 
con los descubridores iban, y los metió en los navios. (1) 

Los descubridores tomaron al O. reconociendo la costa, siguíén 
dola en su desarrollo hasta cambiar rumbo próximamente N. S.; eu 
concepto de Alaminos aquella era isla. Faltos de agua, pues las 
pipas estaban descompuestas, vieron un pueblo y ^'hubimos de sal- 
'' tar en tierra junto al pueblo, y fué un domingo de Lázaro, y á 
" esta causa le pusimos este nombre, aunque supimos que por otro 
•'nombre propio de indios se dice Campeche." (2) Estando en lle- 
nar las pipas llegaron de paz como hasta cincuenta Bombres, pre- 
guntándoles por señas que querian; ^'y señalaron con la mano qae 
" si veniamos de hacia donde nace el sol, y decian Castilan^ Cas- 
•' tila7i^ y no mirábamos bien en la plática Castilan^ Castilan.^^ (3) 
Ahora es obvio para nosotros comprender el sentido de esta pala- 
bra; ya se tome por corrupción de Castilla ó mejor de castellano^ 
la pregunta iba relacionada con las profecías de Eukulcan acerca 
de los hombres blancos y barbados, y con el conocimiento que ya 
tenían de los castellanos desde el naufragio de Gerónimo de Agoi- 
lar y de sus compañeros. 



(1) Bemal Díaz, cap. II.— Herrexa, deo. II, lib. n, oap. XVIL 

(2) Campeche, en la costa occidental de Yucatán, en lengua maya Eimpech; pnei* 
to átiíado en IS"" 50' 45'' lat K. y 8' 36' 10, 8* long. £. Ferrer y CcTaUos. SI afto 
1517 cayó el domingo de Lázaro á 22 de Marzo. Según Oriedo el lugar se llamaba 
Campeche y se le nombró el Cacique de Lázaro. En las cartas antiguas se nombm 
el lugar üouaro ó B» CampechL 

(8) Bemal Díaz oap. III. 



21 

Saltando en tierra, cerca del pneblo, se adelantaron hasta nn tem- 
plo en donde vieron sefiales de un reciente sacrificio y entre otras 
pitras *Hina8 Beñaleii comoá manera de cruces;^' (1) los mayas exa- 
minaron á los extranjeros con muestras de profunda admiración* 
ÜBtando en esto, llegaron unos indios cargados con carrizos secos) 
qae pusieron en el suelo, apareciendo en seguida escuadroiíés orde- 
nados de indios armados, del Cú salieron diez sacerdotes 6 papas (2) 
con braseros de barro en las manos, con lumbre y copal, incensaron 
á los recien venidos y les dieron á entender se marchasen, antes de 
que loa carrizos á los cuales acababan de poner fuego quedaran con- 
■mnidos* Temerosos los castellanos con el recuerdo de lo del cabo 
Catoche, recogTeron sus pipas^ y se metieron en las naos. 

Navegaron seis diás, de los cuales cuatro fuerou de tempestad en 
que creyeron perderá e, y faltos otra vez de agua desembarcaron á 



(1) Bemal Diaz, cap. III. Fuera* de esta mención de la cruz, encontaramos otras 
zelatiTas al yiaje de Hernández de Cdrdoba.^"Entre estas gentes se hallaron cru- 
ces, segnnd yo oy al piloto que be* diobo, Antón de Alaminos; pero yo téngolo por 
fíbula, é si las auia, no pienso que las barían por pensax lo que bacían, en hacerlas 
pues que en la yerdad son ydólatras, y como ba parecido por la experiencia, nin^ 
gana memoria tenían ó avía entre aquella generación de la cruz 6 passion de Cristo, 
é anmque cruces oviesHeefntre eUos, no sabrían porque las bacian: é si lo supieron 
en algund tiempo (como se debe creer,) ya la arían oWidado." Oviedo, Ub. XVII* 
cap. VIII. — ''AHÍ se bailaron cruces de latón y palo sobre muertos." Gomara, hist. 
de las Indias, cap. LÍI. — Hablando de los santuarios de Acuzamil y Xicalanco, dice 
^'áo iban á adorar á sus dioses: y entre ellos muchas cruces de palo y de latón.'* Go' 
mará, loco oit, cap. LIY.— >"En el reino de Yucatán, cuando los nuestros lo descubrís 
nm bailaron cruces, y una de cal y canto, de altura de diez palmos, en me4io de un pa. 
lio cercado, muy lucido y almenado, junto aun muy solemne templo, y muy visitado 
de mueba gente devota, en la isla de Oozumel, que está junto á la Tierra Firme de 
Tncatan. A esta cruz se dice que tenían y adoraban por dios del agua-Uuvia, y cuan- 
do babía falta de agua, le sacrificaban codornices, como se dirá." Casas, Hist. apo- 
logética, cap. GXXIII: siguen interesantes noticias, acerca de ciertas creencias cris" 
nanas. — "En esta provincia de Oumaná. y quizá por mucha tierra, la costa abajo y 
ttriba, sin alguna duda, tanbien se bailó por nuestros religiosos, que allí algunos 
afiós trataron, reverenciar la cruz, y con ella se abroquelaban del diablo, salvo que 
la pintaban de esta manera X, y de esta x , y quizas con otras revueltas que no lie- 
gtton á nuestra noticia; llamaban la cruz en su lengua pumuteri; la media sílaba 
faMnga." Oasas^ Hist. apologétíoa, cap. GXXV.— En el cap. CGXLVIl, repite: "Ya 
digimos arriba como tenían en reverencia la cruz, y con eUa se abroquelaban y team 
paraban oontra el diablo." 

(9) Bemal Diaz, cap. III. — "Loa cnales eran noerdotes ds los ídolos, que en la 
Hueva Espafta somimmente se llaman papas: otn ves digo que en la Kaeva Espa- 
fia se llaman papas»" 



a» 

difiíjancia de un pwblo nombrado Poianchan. (Xí Ketalwji metidos 
dentro de upos njaizales, cuando vinieron d^l puel)lp. algun0g escud* 
drones.de guen^eroB^ pallando y compen sonde paa quienes lea re* 
pitieron la pregunta de si venían dje Oriente y la palabrí^ Owírf* 
lan CasielaUj por señas respondieron que sí. Retiráron80, en segal- 
da, bien porque era hora de oscurecer, bien porque e^peiráiban re* 
fuerzos: los castellanos pasaron la noche en los mQ.izale8, oyendo la 
grita de los contrarios y consultándose sip Upgar á ninguna resola^ 
cion, acerina de lo que debian hacer. Al ser dia claro, 1q9 guerreíoi 
^laya rodearon á los cristianos, empeñando un rudo pombate cuer- 
po á cuerpo, sin aflojar por los estragos de las armas de fuego y de 
las espadas, oyéndose en la fuerza de la pelea yoceS que repetían; 
'*a¿ Calachoni^'al Calachóni^ que quiere d^clr qu€| matasen. al ca- 
pitán." (2) Pero más de media hora reaiistferon loa castellanos y mi^ 
rándose perdidos formaron un cuerpo compacto, se abrieron paso 
por entre las filas enemigas, se arrojaron confusamente en los bate- 
les haciéndolos zozobrar, no sin recibir gran daño, pues los maya les 
persiguieron hasta entrar én la misma mar. Los castellanos dejaron 
en el campo cincuenta muertos; Alonso Bote y un portugués viejo 
cayeron vivos en manos de los indios; sólo un soldado quedó ileso, 
pues los demás, tenía cada uno, de una hasta cuatro heridas, con- 
tando el capitán Francisco Hernández doce flechazos, y nuestro buen 
Bernal Diaz tres,* uno peligroso en el costado izquierdo. Tan com- 
pleta fué la derrota, que en lo de adelante fué conocido el lugar^ 
bajo el expresivo nombre de Bahía de la Mala Pelea. (3). 

Los descubridores, por falta de marineros, quemaron la nave más 



(1) £1 nombre yerdadero es Poton-Chan» más dícesele Champ oton y Potonoliaii 
lugar situado en la costa occidental de Tacatan.— "Llámase este puerto Pontonchan* 
y en las cartas de marear le pusieron por nombre los pilotos y ma rineros Bahi^ 4$ 
Mala Pelea" Bernal Diaz. — **Y llegaron á otra provincia que los in'^ioB llarnaa 
Aguanilf y el principal pueblo de ella se dice Moatsabo, y el rey ó cacique de aquel 
señorío se llama CIuapatafL" Oviedo. Este autor, como se advierte, trastorna Ipff 
nombres del pueblo y del caoiqu^ ios restablece en su orden estas palabras da Go- 
mara; — "De Campeche tná Francisco Hernandsa de Qórdoba á. Ohampatan, pueblift 
muy grande, cuyo seftor se llamaba líoohocoeob, hombre g\ierrero y esforzado."-* 
Pue igualmente conocido el lugar bajo la denominación PlaifOé de Vkoia Pelea, 

{U) Bemal Diaz capí TV.— r'^Calaohoni: ptiaoipe rey. f<[Lenguas de Kíoairagita j 
de OozumeLJ' Vocabulario en Oviedo. 

(3) Bemal Diaz, cap. IV— Herrera» déo. II, lib. II, cap. XVIL 



23 

f>eqae!ia, sigaiendo la costa en busca Je agaa, pues como la,3 pipas 
86 quedaron en Poton Chan, sufrían horriblemente dé sed, de la 
cual se les formaron grietan en la lengua. A cabo de tres días, sal- 
taron en tierra tres soldados j algunos marineros, llenando én lá 
playa algunas valijas del codiciado líquido, si bien resultó amargo 
7 dañó á ctiantós le bebieron: aquel sitio recibió el nombre de este- 
ro de los Lagartos^ por haber ahí muchos de ellos. (1) Determina- 
da la vuelta á Cuba, el piloto Alaminos, no sabiendo sin duda cuál 
«ra el camino, se concertó con los otros pilotos para tomar la direc- 
ción de la Florida, lugar que ya conocía desde el descubrimiento de 
Ponoe de León, y desde donde le era conocida la navegación á las 
islas; llegados allá en cuatro dias, siempre por tomar agua, tuvie- 
ron que sostener una recia escaramuza con los indios, en que fue- , 
ron heridos Alaminos y Bemal Diaz, y llevado vivo un tal Berrio, 
aquel único soldado que salió limpio en lo de la Mala Pelea. Con 
muchos trabajos en la travesía, pues uno de los barcos hacía mucha 
agua por haber tocado en unos bajos, llagaron al puerto de Carenas 
(hoy Habana;) Francisco Hernández de Córdoba, se dirigió á su en- 
comienda en la villa de Santiespíritus, muriendo de las heridas tliez 
dias después; los demás descubridores se esparcieron por la isla (2) 

Como se advierte, Yucatán fué la primera parte de nuestro te- 
rritorio invadida por los españoles; los mayas, si conservaban el re- 
cuerdo de las profecías de Eukulcan, sabían ya á qué atenerse res- 
pecto de los castellanos; así, cuando aparecieron en la península los 
hombrea blancos y barbados, en lugar de recibirlos como á dioses, 
los combatieron como á hombres; sin duda no fué extraño á la de- 
rrota de los invasores el Gonzalo Guerrero, entonces jefe entre los 
indios, trasformado ya casi en maya. 

Los descubridores en los dos barcos, fueron á la villa de Santia- 
go, en donde estaba Diego Telazquez; la vista de los indios Julián 
y Melchor; la arquilla con los ídolos y objetos, algunos de oro aun- 



(1) Bemal Diaz, cap. Y. Ho eneoBtnnnoe elementos para ñjar este lagai^ á oon- 
]elora saponemos ser por la booa más boreal de la laguna de Ttfrmiaos. 

(3) Para lo relAtívo i la expadioioa de Hernández de CtSrboba, véanse CaHas» 'Ubi 
Hcap. XCVÍ al XCVIIL— Bernal Diaz, cap. Jal VI.— Herrera, déo, H, Ub. II, 
eap. XYII 7 XVIIL— Oyiedo, lib. XVII, cap. III.— Gomara, Hisfc. de laa IndlM» 
cap. LlI.— Torqnemada, Ub. IV, oap. in.-^CogoUado, hist de Yaoatan, Hb. I, cap. 
lyll. 



24 

que de baja ley, las notidas de las casas de cal 7 canto de buen» 
avqaitectura;yos] trajes y manera de vivir de los naturales, todo 
ello abultado más allá de la verdad, pusieron admiración en el go- 
bernador y en todos. Mirando las figuras, ' 'decían que eran del tiem- 
Vpo de los gentiles; otros declan que eran de los judíos que desterró 
!!Tito 7 Yespasiaño^^de Jerusalem, 7 que habían aportado con los 
"navios rotos en'que los echaron en aquella tierra, 7 como en aquel 
"tiempo no era descubierto el Perú, teníase en mucha estimar aque< 
^^lla tierra." (1) Enseñaron á los dos cautivos ma7as el oro en pol- 
V0| demandándoles por señas si de aquello había en su tierra, 7 co- 
mo respondieron afirmativamente, subió de punto la estimación del 
descubrimiento, que hasta cierto punto lo merecía, pues hasta en* 
tónces cosa igual no se había visto en las islas, 7 conquistas de Tie* 
rra Firme. 

Pronto la fama de las nuevas tierras, se divulgó por las islas y 
llegó hasta España. El almirante de Flandes pidió al emperador 
Carlos Y, le diese^en feudo el Yucatán nuevamente descubiertoi 
porgue quería poblarle con gente flamenca de su tierra, concedién- 
dole además, la gobernación de la isla de Cuba, para poder atender 
á cuanto fuera^^menester: ambas cosas se le otorgaron llanamente. 
En coDsecuencia, á los cuatro ó cinco meses, llegaron al puerto de 
San Lucas de^^Barrameda, unos cinco buques cargados de mercade- 
res flamencos, destinados á la población de la supuesta isla, apare- 
jados del todo para seguir á su destino. Pero mientras la recluta se 
hacía en Flandes, la concesión quedó sin efecto, pues D. Carlos fué 
informado era contra los derechos de D. Diego Colon, 7 en ella no 
podía procederse, hasta no estar fenecido el pleito que á la sazón 
se trataba entre el fiscal real 7 D. Biego, con motivo de los privile- 
gios que á éste asistían, para tener el mando de las tierras que en 
mar Océano fuesen descubiertas. De los engañados labradores, "ha- 
"Uándose burlados, ó de enojo 7 angustia desto, ó que los probó la 
"tierra, murieron mucha parte dellos, 7 los que escaparon con la 
''vida, volviéronse á su tierra perdidos." (2) 

Por estar en el teatro de los acontecimientos, quien sacó provecho 
de la reciente desgracia, fué el gobernador de Cuba, "Y Diego Ye- 



(1) Bernal Días, cap. VL 

(SJ CoiHuí, hi8t. de Indiai, lib. m» cap. CL— Herrenij déo. n, lib. II, cap. XIX. 



25 

hzqnez escribió á Cafitilla, á los seRores que en aquel tiempo man- 
daban en las cosas de las Indias, que él lo había descubierto, y gas- 
tado en descubríllo mucha cantidad de pesos de oro, y así lo decía 
Don Juan Rodríguez de Fonseca, obispo de Burgos y Arzobispo de 
Resano, que así se nombraba, que era como presidente de Indias, 
y lo escribió i. su majestad á Flándes, dando mucho favor y loor 
del Diego Velazqnez, y no hizo mención de ninguno de nosotros los 
soldados que lo descubrimos á nuestra costa.'^ (1) 

XIII tochtli 1518. Entusiasmado Diego Velazquez por las rela- 
ciones de los descubridores, dispuso nueva expedición á su costa. 
Aprestáronse cuatro naves, dos de la expedición anterior, y otras dos 
buscadas al intento: aparecen al principio tres navios y un bergantín 
llamado Sanctiago, el cual desaparece para dar su lugar á otro na- 
rio; nombrábase la nao capitana Sanct Sebastian, de la misma ma- 
Dcra que otra de las naves, la tercera La Trinidad, y la cuarta Sanc- 
ta María de los Remedios. (2) Los pilotos fueron los mismos de la 
armada anterior, el principal Antón de Alaminos, y subordinados 
Camacho de Triana, y Juan Alvarez, el Manquillo de Huelva; el 
cnarto piloto no se nombra. Pedida licencia á los padres Gerónimos 
encargados de las justicias de las islas, éstos nombraron por veedor 
á Francisco de Pefialosa, mancebo natural de Segovia: fué por te- 
sorero Antón de Yillasaña, y por capellán el clérigo Juan Díaz. A 
20 de Enero fué nombrado por capitán Juan de Grijalva, quien 
cuando la conquista de Cuba era, ^^ancebo sin barbas, aunque 
*hnancebo de bien. Este era natural de Cuellar, hidalgo, y tratába- 
f% Diego Velazquez como por deudo:" (3) ser paisanos, dio sin du- 
da motivo á Gom'ara para afirmar que Grijalva era sobrino de Ve- 
lazquez. Por capitanes de las otras naos quedaron, "un Francisco 
''de Avila, mancebo de bien, sobrino de Gil González de Avila, de 
''quien hay que decir adelante, y Pedro de Alvarado, también man- 
*'cebo, de quien hay que decir mucho más, y un Francisco de Mon- 
''tejo, que al cabo fué él que descubrió á la dicha tierra y reino de 
'!Yucatan." (4) En cuanto á las instrucciones dadas por Velazquez 



(1) Bemal Dúus, oftp. VI. 

(2) Oviedo, Ub. XVII, cap. VHI. 
(8) OaatB, hist. de Indias, lib. Ilf, cap. XXVIII. 
(4) Casas, hisL de Indias, lib. IH, cap. CIX. 

TOM IV. 



é Grijalva, enoontramos estas autoridades de graa peso. Casas (1) 
afirma; ^^que por nioguna manera poblase en parte alguna, de la 
tierra descubierta por Francisco Hernández, pi en la que más des 
cubriese, sino solamente que rescatase y dejase las gentes por donde 
anduviese, pacíficas 7 en amor de los cristianos/* Según Bernal 
Diaz, (2) "7 parece ser la mstruccion que para ello dio el goberna- 
dor Diego Yelazquez fué, según entendí, que rescatasen todo el oro 
7 plata que pudiesen, 7 si viesen que convenía poblar que poblasen, 
ó si no, que se volviesen á Cuba." 

La flotilla se hizo al mar el 22 de Enero, pasando al puerto do 
Matanzas á recoger la gente; dejó el 25 á Santiago para pasar i 
Bu70car, en busca de cuatro hombres diestros en la mar; retornó á» 
Matanzas el 12 de Febrero, 7 en el alarde hecho el 7 de Abril se 
contaron 134 hombres de nómina: enviado el bergantin al cabo de 
San Antón, el 18 de Abril se embarcó la gente, que 7a subía á dos- 
cientos e^tre moldados 7 marineros, en las tres carabelas, 7 en la na- 
ve Santa María de los Remedios, tomada en lugar del bergantín. 
Jueves 22 llegó á puerto de Carenas, para recoger aún más gente, 
dejó el lugar el 23, 7 á primero de Ma7o tocó en el cabo San An- 
tón, en donde no encontraron 7a el bergantin, determinando irse 
sin él (3) 

Las tres carabelas con la nao, se hicieron definitivamente al mar 
el sábado primero de Ma7o, (4) tomando rumbo al S. O.; con buen 
tiempo 7 llevados por las corrientes, descubrieron tierra el lunes tree 
de Ma7o; era la isla llamada por los naturales Cozumel, isla de la9 
golondrinas, á la cual puso Grijalva, Santa Cruz, por ser aquel dia 

* 

(1) Loco cit. 

<2) Hi8t. yerdadera, cap. VIH. 

C3) Oviedo, lib. XVII, cap. VIIÍ.— Bamal Díaz, cap. Vm. 

(4) Esta 68 la verdadera fecha del principio del viaje, no obtante los dichos da di- 
versos amores, entre ellos Bernal Díaz. Conato por la autoridad del *Itinerúri& áé 
lamuUa del Re CMóUm in India ter» Us üola de lueathan dál amno JT. D^XVUl 
alia gucUfupreddente d capitán genérale loan de Gríeaha: el gual eJMoper ei ^e»- 
peUano maggior de dicta armata a sria Alteexa, cuyo docnmento se encuentra en I» 
Colección de Documentos para la Historia de México, por D. Joaquín García Icae- 
balceto, México, 1868, tom. I, pág. 281. Oviedo, loeo eU, pawoe haber teidao ú la 
vista ésto ií otra semejante relación. Los dias de lá semana no fijados en él original, 
fijárnoslos nosotaroe para obtener las f eohaa con toda pcecision* 



laíovenoion do la Santa Cruz. (1) Martes 4 8« acercó á la capitana 
1113 canoa d|> los natn^alefl, y en seguida otra, entablándose con ver- 
saeipn por medio de Julián el maya, quien servia de intérprete; los 
unos 86 fueron, y á los otros se hicieron algunos ; regalos; preguntá- 
ronles por los dos hombres que había dejado. Hernández de Córdo" 
1», respondieron estar el uno vivo, haber muerto el otro de enfer- 
medad. Miércoles 5 costearon la isla, descubriendo varias torres de 
Io8 K\x 6 templos: Grijalva desembarcó tomando posesión de la tie- 
rra, á nombre de los reyes Doña Juana y su hijo Don Carlos, y de 
Diego Yelazquez quien cop aquellos hidalgos le enviaba á descubrir 
las islas do Yucatán. Cozumel, Cicia y Costila, y las otras comar- 
canas por descubrir, pidiéndolo así por testimonio al escribana, Di^- 
go de Godoy. (2) Siendo la tierra anegadiza, tornáronse á las carar 
belas, encontrando en la capitana á un jefe maya, quien los invitó á 
ir á su pueblo. 

Jueves 6, Grijalva, con la gente que cupo en las cuatro barcas, 
saltó en tierra junto un edificio de piedra alto y bien labrado. — ^^X¡a 
^^el circuito tenía diez y ocho gradas, é subidas aquestas, avia uv^ 
^*escalera de piedra que subía hasta arriba, é todo lo demás de la 
**torre parescía macizo. En lo alto, por de dentro, se andaba al rede- 
"dor por lo hueco de 1& torre á manera de caracol, é por de fuera ^ 
"lo alto tenía un andén, por donde podían estar muchas gentes. Es- 
^ta torre era esquinada; y en cada parte tenía una puerta, por don- 
ada podían entrar dentro, y dentro avífi muchos ydolos; de forma 
^*qne éste edificio se entendió bien que era su casa de oración de 
"aquella gente ydólatra. Tenían allí ciertas esteras de palma, he- 
"chas lios, é unos huesos que díxeron que eran de un señor 6 cala- 
^'chuni muy principal. En la cumbre desta torre, en el medio dellai 
^'estaba otra torrecilla pequeña, de dos estados en alto, de piedra é 
"esquinada, é sobre cada esquina una almena, é por la otra parte en 
^'la delantera de la torre, avía otra escalera de gradas, como la que 
"está dicho," (3) Sobre aquella torre puso Grijalva el estandarte 

(1) Eq la costa oriental de Yucatán. Atamin98 le sefialaba 19* de altura. La p^9^ 
Norte queda en 29'* 3V 30* lai y 12'* 21' 57, 8* longi. B. Iii nombrt^ también Goza- 
nO, Aoiucamil j da otea náaneraa. 

(2) Onedo, Ub. XVlí, cap. IX. 

(3) Onedo, lib. XVn» cap. IX.— Itinerario de I^rmata, pá^. 383 j slg. 



28 

4 

real; tomando nneya posesión de la tierra, ooñ testimonio del escri- 
bano, nombrando el lugar Sanct Johan Ante Portam Latinam. Uh 
sacerdote maya vino á incensar á los dioses, cantando cierto cantar 
monótomo, y dio á los extranjeros unos cañutos que encendidos da- 
ban suave olor; el sacerdote cuidaba sin duda de que sus númenes 
no fuesen profanados, y aun procuraba que los extranjeros les hi* 
ciesen reverencia. Los cristianos por su parte, aderezaron una es- 
pecie de mesa, sobre la cual dijo misa el presbítero Juan Diaz, asis' 
tiendo algunos indios, no poco maravillados de la ceremonia. Aca- 
bada, volvió el sacerdote con algunas cosas de comer para Grijalva* 
*'el capitán les dijo que no quería sino oro, que en su lengua llaman 
••ío^MÍn:" (1) "é si lo querían rescatar por algunas cosas de las que 
'^alll les mostraron: é dixeron que si, é trayan unos guanines que 
**0e ponen en las orejas é unas patenas redondas de guanin^ é dije- 
^ron que no tenían otro oro alguno sino aquello." (2) Grijalva con 
su gente visitó el pueblo inmediato, en el cual habla casas de pie- 
dra con techos de paja, y aunque esperó al cacique para hablarle, 
no vino, diciéndole habla ido á la tierra firme. ''Esta gente al pare- 
"cer era pobre é miserable; pero porque el lector entienda qüó cosa 
^'son guanines, para adelante digo que son piezas de cobre dora- 
**das; é si algún d oro tienen, es muy poco ó ninguno.'^ (3) 

Yiémes 7 dejaron á Cozumel, dirigiéndose sobre la vecina costa 
de Tu catan; discurrieron por ella, y por falta de agua recalaron de 
Btievo á Cozumel el domingo 9. (4) Huyeron los indios dejando po- 



(1) Itinerario de lanoata, pág. 285. 

(2) "Aquí no llaman caoTia al oro como en la primera parte desta iala, ni noeay^ 
como en la isleta de Guahanani 6 Sant Salvador, fdno tuob," "Que entendía liaber ia 
la que llamaba guanin, donde había muchd oro, y no era fúno que había en alguna 
parte guanin mucho, y esto era cierta especie de oro bajo que llamaban guanin, que 
es algo morado, el cual cognotícen por el olor ▼ estímanlo en mueho.'* Casas, hist. 
dA las Indias, lib. I, cap. LXVII." — Y que pensaba esperímentar lo que decían los 
indios de esta Española, que había venido á ella, de la parte del Austro ▼ del Sueste, 
gente negra, j que trae los hierros de las azagayas de un metal que llaman guanin, 
de lo cual había enriado á los reyes hecho el ensayo, donde se halló que de las trein- 
ta y dos partes, las diez y ocho eran de oro, y las seis de plata, y las ocho de oo- 
bre»'' Casas, lib. I, cap. CXXXII. — "Guanin: oro de poco preci<9 ó baja ley, em. 
pleado en las láminas, joyas y preseas con que se exctmabaa los indios del rio y !•&• 
gna de Huayapari." Voces americanas empleadas por Oviedo. 

(8) Oviedo, lib. XVII, cap. IX. 

(4) Itinerario de larmata, pa'g. 287 y sig. 



29 

006 bastimeutos en sus casas; los descabridores tomaron agua en 
ciertos '^xagueyes 6 charcos (que son lagunajos hechos á mano^ é pe; 
"qnéños,^') dándose definitivamente á la vela el martes 11. La cos- 
ta sobre la cual se dirigían hacía parte de la isla de Yucatán, se- 
gún se le liabia nombrado en el viaje anterior, aunque ahora varian- 
do la denominación le dijeron, isla de Santa María de los Remedios, 

7 también Costila: no duró mucbon años el error geográfico. Toma* 
ron ruta al S.O., llegando el jueves 13 á una bahía, que del nom- 
bre del dia llamaron de la Ascención; (1) reconociéronla en loa dias 
inmediatos hasta el domingo 16 que la abandonaron, haciendo rum- 
bo al N. Corrieron cerca de la costa descubriendo algunos edificioS| 
7 mirando las humaredas que los naturales hacían, avisándose de 
la presencia de las naves; doblaron cabo Catoche, prosiguieron á lo 
lai^o de la parte boreal de la península, rigiendo después por la cos- 
ta occidental, pues iban en busca del pueblo de Lázaro, (Campe- 
che.) Sábado 22 alcanzaron unas playas de arena; desconocido el 
logar por Alaminos, adelantó y retrocedió buscando, hasta que el 
martes 25 á la puesta del sol, se dio con el lugar apetecido. (2) 

Miércoles 26 desembarcaron dos horas antes de amanecer, hasta 
doscientos hombres con tres piezas de artillería, no querían ser sen- 
tidos por los indios, mas aunque el desembarco se efectuó en el 
mayor silencio, les descubrieron luego los espias mayas. Apodera- 
dos los castellanos de un "ku, dijo ahí misa el presbítero Juan Díaz: 
los indios, en escuadrones armados, daban muestras de querer aco- 
meter; pero Grijalya les hizo decir por el intérprete Julián, que 
ellos no querían guerra, sino ser amigos del ealachuni y tomar agua 
de. la cual traían necesidad, que pagarían dando de lo qus traían. 
Aquietados los naturales, señalaron el mismo pozo de que se había 
aprovechado Hernández de Córdoba, á cuyo rededor se colocaron 
los castellanos con su artillería, mientras los grumetes llenaban las 
pipas. La operación era lenta, porque el agua era escaisa; á cada ra- 
to los mayas se inquietaban dando á entender á los intrusos que se 
faesen y Grijálva los apaciguaba diciéndoles por Julián, que acaba- 

(1) £a la costa oriental de Yucatán; Alaminos le pone ir de altnra, y creía ser 
por áste lado el tánnino de la isla. Baniett coloca ptinia Alien en 19* 46* ^^ lat. y 
11* 87* 44» S^ log.'£. Conserva el nombre primitiyo, si bien en algonaEi cartas está 
flwdgDada por baíá de ChetemaL 

(2) Oviedo, Hb. XYII, oap. X. 



30 

ria dé tomar etgati j al dm Btgnieiite volvería á las nares: la noche 
la pasaron los españoles junto al pozo, estando también en vela los 
de Kimpech tocando sUs instrumentos y dando voces. 

Jueves 27 tornaron los indios á impacientarse, y los castellanos á 
sosegarlos con la promesa de siempre; exasperados al ñn por tanta 
tardanza, adelantóse un sacerdote con una lumbre que puso sobre 
tina piedra y pronunciando ciertas palabras se retiró; preguntado 
Julián cuál era el* significado de aquello, respondió: ser aquel un 
guaymaro, sahumerio ofrecido á los dioses, y que luego que se con- 
sumiese comenzaría la guerra. En efecto, apagada la lumbre, los 
mayas avanzaron denodadamente, pero recibidos por la artillería y 
las armas de fuego, después de pelear un rato, tuvieron que refu- 
giarse en un bdsquecillo cercano, cediendo al fin á la superioridad 
de las armas: la defensa no debió ser tibia, pues murió Juan de 
Guetaria, quedaron heridos muchos castellanos y el mismo Grijalva 
salió con dos dientes menos y dos flechazos en la pierna y la rodilla. 
Al caer la tarde los naturales fueron y volvieron varins veces al 
campo, dándose á entender por señas, interpretadas por los castella- 
nos, ser de paz, en vista de haber traído algunas cosas para rescatar. 
Siendo de noche, los extmnjei*os abandonaron el pozo, embarcándo- 
se en buen orden. (1) 

Viernes 28 se alejaron del pueblo de Lázaro, vieron de lejos ¿ 
Poton Chan, y siguieron la costa en busca de un puerto en donde 
reparar una de las naves que hacía mucha agua; lunes 31 halláron- 
lo con tanta ansia buscado, por lo cual le llamaron Puei-to Deseado. 
(2) Aquí tomaron cuatro indios en una canoa, destinándoles para 

« 

(1) Oyiedo, líb. XVII, oap. XI.— Itinerario de larmata, pág. 289 y sig. Signien- 
do estas autoridades, el eucueñtro tuya lugar en el pueblo de Lázaro 6 sea Campe, 
ohe; conforme á Bemal Díaz, cap, IX, se verifico en Poton* Chan: preferimos la pri- 
mera versión, porque Díaz citaba por recuerdos. 

(2) Puerto Deseado corresponde hoy á Puerto Escondido, Laguna de Términos, 
entre la isla de Puierto Beal y costa de Yucatán. Según la declaración de Alaminos 
(Oviedo, lib. XVir, cap; XJI), la isla de Sania María da los Bemédios, comenzaba 
en la bahía de la Ascención en 17° de la equinoccial y terminaba en Puerto Deseado 
en 18o: entre ambos puntos oontrapueatos había 20 leguas de agua baja, llena de is- 
leos, que sólo se podría recorrer en buques menores. Cuando Gomara escribía en 
1651, no estaba aun muy claro si Yucatán era ó no isla, cosa que en los tiempos de 
Oviedo era fuera de duda, pues este autor asegura que Yucatán estaba unida á la 
Tierra firme. El Itinerario de larmata, pág. 293, dice: " Y los ' pilotos declararon, 
que aquí se apartaba la isla ñe Yucatán de la isla tm Uio&adá ToA»*, que iiMotros 



\ 



SI 

intérpretes, dando nombre de Pero Barba, al que pusieron en la ca* 
i^itana, por ser llamado de esta manera el hidalgo que le sirvió de 
padrino en el bautismo. Desembarcada la gente, para su abrigo 
fiferon construidas algunas enramadas, empleando el tiempo en re^ 
parar la carabela^ la tierra les pareció buena, encontrando en abun- 
dancia agua 7 lefia. 

La escuadrilla dejó á tuerto Deseado á 5 de Junio. Según Ber- 
na! Díaz, (1) á una de las bocas, la cual reconocieron, nombraron 
Boca de Términos; es la situada entre la punta de Xicalanco y la 
isla del Carmen, nombrada ahora Barra de la Laguna: la denorai* 
nación de Términos se dc( actualmente á la laguna misma, conoci- 
da también por Laguna del Carmen, Laguna de Xicalanco. Lo po- 
co conocido que estaba entonces aquel litoral, introduce cierta con- 
ftision en asignar como Términos de la isla de Yucatán, ya la Boca 
ja el Puerto Deseado. Lunes 7 de Junio, fué descubierto un gran 
rio y adelante otro mayor; martes 8, quisieron entrar en este últi- 
mo, más la barra impidió el paso de las dos carabelas de mayor por- 
te, pudiendo penetrar las dos menores media legua arriba de la bo- 
ca, y dT) adelante por ser fuerte la corriente; por ambas riberas se 
descubrían gentes armadas en multitud. Informados los naturales 
de lo sucedido en Kimpech, al principio intentaron pelear, más des- 
pués pos medio de Grijalva que hablaba con Julián, éste con el Pe- 
dro Barba, quien á su vez se entendía con los indios, vinieron de 
paz rescatando sus objetos de oro y que les parecían valiosos, por 
las fruslerías que les daban en cambio, que para ellos como cosas 
nunca vistas eran de infinito precio. " Aqueste rio se llama de Ta- 
" basco, porque el cacique de aquel pueblo se llama Tabasco; y co- 
"mo lo descubrimos deste viaje y el Juan de Grijalva fué el descu- 
''brídor, se nombra rio de Grijalva y así está en las cartas de ma- 
rear." (2) • 

dflscubniaos Aquí tomamos agua y leña, y siguiendo nuestro viaje fuimos á desou- 
biir otra tierra que se llama Mulua y á acabar de reconocer aquella." La isla Valor 
BuOB parece ser ó la de Puesto .Beal 6 la del Carmen: eTidentemjente Midua es error 
por Culua. 

(1) Hist. yerdadera, cap. X. 

(2) Bexnal Díaz, cap. XI.— El primer gran rio descubierto es el denominado de 
fien Pedro y San Pablo y pertenece al Estado de Tabasco. A la misma fracción po- 
Hilíca corresponde el rio Tabasco ó de GrijalTa, pues ambos apellidos conserva. La 
Barra en 18» 34' 16'' lat. y S*' 28' 2'' long. E. Los indiois decián al país Tabasco, no 
^^cal caae» como entendieron los descubridores. 



32 

Poco hemos alcanzado de la historia de^aijaella comarca. Parece 
lo mejor averiguado, que el nombre antiguo del país es Tabzcoob, 
de cuya palabra se formó Tabasco. Las tribus ahí avencindadas, 
pertenecían á la familia maya, según se infiere de sus lenguas co- 
rrespondientes á aquel tronco etnográfico. Su civilización era idén- 
tica á la maya, según se advierte en las ruinas de Comalcalco, se- 
mejantes, según aseguran, á las de Uxmal. Tenían las mismas 
costumbres, religión y ciencias de sus vecinos. Conservaban una 
tradición igual á la de Kukulcan, si bien aquí el nombre del mítico 
personaje era el de Mukú-leh-cham. (1) 

' Dejaron las carabelas el rio de Grijalva viernes á 11 de Jonio^ 
descubriendo aquel mismo dia el rio de Dos Bocas, al cual pusieron 
San Bernabé; (2) veíanse sobre la costa muchas humaredas con que 
los naturales se comunicaban de lejos la novedad de la presencia 
de los extranjeros. Siguiendo á lo largo de la costa, vieron sucesi- 
vamente el pueblo de AguaycUuco^ al que pusieron la Rambla; (3) 
el rio Fenole, después de San Antón; (4) el rio Guacagualco, co* 
nocido por muy diversos y estropeados nombres; (3) las sierras de 
San Martin, cuyo nombre tomaron de un soldado San Martin, veci- 
no de la Habana, quien las vio el primero. Sin permiso del general, 
Pedro de Al varado se metió por un rio, '^ que en Indias se llama 
Papaiohuna, en donde les dieron pescado los indios naturales del 
pueblo de Tlaoctalpan; aunque el comandante le riñó, el rio quedó 
de entonces con su nombre." (6) Navegando en conserva las cuatro 

(1) Compendio histórico, geográfico y estadístico del Estado de Tabasco, sú autov 
Manuel QU y Saenz, presbítero. Tabasoo, 1S72. 

(2) Itinerario de larmata, pág. 295. En el Estado de Tabasco. Conserva la deiio» 
minacion de Dos Bocas: entrada 18"* 25' 55"" lat, 5" 57' 40,8'' long. E. Humboldt 

(8) Estas denominaciones se encuentran en Bemal Díaz, cap. XI r, y no en IO0 
otros itinerarios. Aguayaluco (la yerdadera ortografía Ahaalolco), 6 rio de la Kam- 
bla, corresponde actualmente á la Barra fte Santa Ana en el ^tado de Tabaaoo, 
Véase para este y los otros lugares los Apuntes para la hist. de la geog. en Mézioou 

(4; Bio Fenole 6 rio de San Antón, corresponde al rio Tonalá. Afirma Nayanete 
que, " en las cartas del Depósito hidrográfico del afio 1799, se puso por equiTocaoioii 
fio Tondadcu, y este error ya corregido en las posteriores, trascendió á la carta de 
Kueva Espafia, publicada por el Barón de Humboldt." En efecto, en este y en otRMl 
mapas se lee Toneladas en yeas de Tonalá. 

(5) Verdadera escritura, Coatzacoalco. En el Estado de Veracruz. Entrada, 1S« 8 
2r lat. y 4« 46' 19, S** long. E. 

(6) Bio Papaloapan, de Alyarado ó del comendador Alyarado; Estado de Vem- 
cruz; barra, 18* 45* 19* lat 8* 22* 46,8" long. E. 



i 



33 

esnbelas, ^eron en la boca de un río á varios indios con grandea 
banderas de manta blanca, reyolándolas y llamando con ellas. A la 
eaeota del soldado biatorudor, la tierra estaba sujeta á un sefior 
poderoso llamado Motecubsoma, el cual, estando informado de la 
primera expedición de Hernández de Córdova, y ahora de la batalla 
habida en Kimpech y de que la armada venía costa á costa, habla 
ordenado á sus gobernad(»re6, que cuando los extranjeros por algún 
logar pasasen, ellos procurasen informarse de quiénes eran estos y 
eaáles san intenciones. *' Y lo ihás cierto era, segnn entendimos, 
"que dicen que sus antepasados les habían dicho que habían de' 
^ venir gentes de hacía donde sale el sol, que los habían de seño- 
'^lear." (1) Vistas aquellas señales, dispuso Gríjalva enviar en dos 
bateles los ballesteros y escopeteros con veinte soldados, al mando 
de Francisco de Montejo, los cuales fueron recibidos amigablemen- 
te bajo la sombra de unos árboles, ofreciéndoles alimentos colocados 
aobre unas esteras y zahumándoles á uso del país. Noticioso Grí- 
jalva de tan buen despacho, desembarcó con toda la gente; recibido 
con todo agasajo, dio á los naturales de las cosas de rescate que 
traía, recibiendo en cambio hasta quince mil pesos de oro en diver- 
sas joyuelas de distintas heohuraB. Permanecieron ahí algunos dias, 
tomaron un indio que después de bautizado se llamó Francisco, y 
mirando que los indios no acudían con más oro, tornáronse á las 
carabelas para proseguir el descubrimiento. Pusieron á aquel el río 
de Banderas. (2) 

El 17 de Junio llegó la escuadrilla á una isla no muy distante 
de la costa. ^' E assi otro dia siguiente, diez é ocho dias del mes 
de Junio, viernes, el capitán general saltó en tierra en aquella isle- 
ta con cierta gente, é fue por un camino entre arboledas, é algunas 
dellas parecían ser de frutales, é vieron algunos edificios de piedra 
antiguos á manera de adarves ruinados por el tiempo, y derribados 
en partes, é quasí en la mitad de la isla estaba un edificio algo al- 
to, al cual subieron por una escalera de piedra: é subidos en lo alto 
estaban luego adelante de la escalera que es dicho un mármol, é 
encima del una animalía que queria parescet león, assi mismo de 

(1) Bernal Díaz, cap. Xm. 

(2) Bemal Díaz, cap. XHI. Oriedo y el Itinerario callan este rescate, no sabemos 
'for cual motÍTO. El nombre mexicano del río es Xamapan, hoy Jamapa; pusiéronle 
los descabridores Banderas y después de Medellin. 

TOM. IV, — 6 



mármol, con un hoyo eha la cabeza é la lengua sacada, é juntK) á par 
del mármol avia una t>iliia de piedra aseentada en tierra, toda san- 
grienta, Y delante della avia un palo hincado que declinaba sobre 
aquella pilita, y delante algo apartado estaba un ídolo de piedra en 
el suelo con un plumaje en la cabeea, vuelta la cara á la pila. Más 
adelante estaban muchos palos, oomo el que es dicho que caía so- 
bre la pila, todos hincados en el suelo, é cabe ellos avia muchas ca- 
bezas de hombres humanos y muchos huesos assi mesmo, que de* 
bían ser de aquellos personas, cuyas cabezas allí estaban. Avia otros 
cuerpos muertos, quasi enteros, que debían ser muchachos, que es- 
taban quasi podridos é muy da&ados: de la qual vista los chrips- 
tianos quedaron espantados, porque luego sospecharon lo que podía 
ser, é preguntó el general á uno de aquellos indios, que era de aque- 
lla comarca 6 provincia, qué cosa era aquella, é por las señas ó lo 
que se pudo entender dellas mostraban que aquellos difuntos loa 
^degollaban y sacaban el corazón con unas navajas de pedernal que 
estabaa á pair de aquella pila, y los quemaban con ciertos haces de 
leña de pino que allí avía, y los ofrecían á aquel ydolo, y les saca- 
ban las pulpas de los molledos de los brazos é de las pantorrillas é 
muslos de las piernas, é lo comían, é que aquestos sacrificados eran 
de otros indios, con quién tenían guerra. E assí les paresció á nues- 
tros españoles que ello debía ser é que sacrificaban allí algunos in- 
dios de aquella tierra ^6 provincia, y por esto el capitán general 
mandó que se llamase isla de los Sacrijioies, y bahía dé Sacrificios^ 
allí donde los navios estaban surtos entre la isleta v la Tierra Pir- 
me." (1) Desde ahí se descubrían algunos hombres sobre la costa, 
haciendo señales con banderas blancas. 

(1) Oviodo, lib. XVII, «ap. XIV. 



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CAPITULO II. 

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MOTECUHZOMA X0C0T0TZ|:i¥. — CAOAIU. . 



Miiáo de MoUeuktoma^^Quitíre huir á la gruta de Oiealeo. SI texlpUa.-^uehog g 
profeoku.-—Jíat¿óiM.-^EifMn8c0ero de MietlancuauhUa.'^Apareoimierao en Ukcoe^ 
ta délos hombres blancos y barbudos. — Embef^dad Queteakeatl., — Versión de ke 
aeUea^-^ Versión easUUana.Sescates en la eos1a,^I$la de San Juan de UlOa, — 
Loe blancos, se retiran por la 7(iar,--:El pintor ToeuaL — LoepkUoreede TlalmanalU 
00 jt CJuüeo.—De Cuitlahua^y Mis^uic, -^El anoiano pintar QuieaetU.—Confi^nüem 
de Moté&uliMúnía, — Su Urania, 



\^ T T T ^^^^^^ 1518. La noticia de la presencia de los hombre 
J\,\, 1 1 blancos y de sus batallas en Yucatán, se divulgó con 
notable rapidez por toda la tierra firme; propagada por el Anáhuac, 
llegó pronto á conocimiento de Motecuhzoma. Pero aquí era acogi- 
da la nueva en manera diversa que en la península. Acobardado el 
monarca, y la nación entera tristemente trabajada por los funestos 
presagios, firmes en la creencia de las profecías de duetzalcoatl, en 
las relaciones abultadas del vulgo solo podían ver la cercanía del 
plazo en que las monarquías iban á ser destruidas. Desvelado Mo- 



36 

tecahzoma por el desasoctega qoe le causaban sus importunos pen^ 
samientos, una noche que subió á los terrados de su palacio descu- 
brió en el cielo un cometa; aquel funesto présago rindió su ánima 
conturbado, y sin valor para combatirlos resolvió huir de los male» 
que le amenazaban. £1 lugar escogido fué Cicalco, ^^ entre México y 
*^ Coyohuacan, en un lugar que llaman Atlixucan, donde dicen los 
" viejos que todas las noches de esta vida salía una fantasma y se 
*^ llevaba un hombre, el primero que topaba, el cual nunca más pa« 
*^ reda, y asi huían de andar aquel camino de noche.'' (1) La gruta 
de Cicateo, era según unos, sitio de delicias, un verdadero paraíso,, 
mientras para otros había ahí tormentos y penas como en el in- 
fierno. 

Motecuhzoma llamó á sus enanos y corcovados y les dijo: — " Os- 
he dicho, hijos mios, que quería irme con vosotros, y me preguntas- 
teis á donde quería conduciros; os llevo á Cicalco, donde encontra- 
remos á Huemac, el mismo que hace muchos años estaba en ToUan. 
Si logramos entrar allí, moriremos; pero para revivir en una vida 
eterna, en un lugar en donde se encuentran todos los manjares y las 
bebidas de este mundo, y en donde los árboles están cubiertos de 
flores y de frutos, de manera que los habitantes viven allí en ale- 
gría. El rey Huemac es el ser más feliz de este mundo, y cerca de 
él iremos nosotros á vivir." Los enanos y corcovados le agradecieroii- 
el favor que pretendía hacerles. (2) 

Motecuhzoma hizo llamar á los hechiceros y sortílegos llamadoa* 
iequitque^ mandándoles desollasen diez hombres y le trajesen las 
pieles. Ejecutado el mandato, tomó dos de sus corcovados y entre- 
gándoles á los nigromantes les dijo: ^^ Tomad estas pieles y xolo^ id 
al paraiso de Cicalco y dadlo de mi parte al rey Huemac diciéndo- 
le: Motecuhzoma vuestro vasallo os saluda y desea entrar á vuestro* 
servicio." Llegados los mensageros á la gruta encontraron cuatro 

(1) Duran, cap. LXVII. Este autor traduce la palabra Cicalco por •* el lugar dé- 
las liebres, " formando la palabra citU, ealU j la preposición eo, diciendo, en la casa 
de la liebre o las liebres; pero citli, negun el Diccionario de Molina, significa, " lie- 
bre, abuela ó tia hermana de abuela, " por lo cual Cicalco también puede, decir, en 
la casa 6 la morada de la abuela. Esta segunda acepeion parece más conforme á las 
tradiciones indígenas, dando á entender el lugar de origen 6 morada de abuelos y 
progenitores. 

^2) Tezózomooi cap. ciento tres. MS. 



37 

i»uninos, BÍguiendo por el piás bajo toparon pronto con el negro an- 
ciano Totee Chicahua, apoyado en nn bordón: preguntóles: ^' ¿Claién' 
80Í9? ¿De dónde Vfints?^ — ^^ Traemos una embajada al rey de este 
lugar." — " ¿A qnién rey buscáisf'T-*' A Huemac, i quien Motecuh- 
fsomanos envía." — ^'* Norabuena, dijo Totee Chicahua, os guiaré." 
Llegados á la presencia de Huemac, de fiera- figura, dijo el guia: — 
" Rey y sefior, del mundo vienen estos macehuales enviados por Mo- 
l;ecuhzoma."~*Eatónce8 preguntó Huemac, "¿Q^ué quieren estos 
macehuales." — ^^ Sefior, respondieron los embajadores, te envía estas 
pieles, te saluda y mega le quieras recibir á tu servido." — " El se- 
fior que me dio este reino, contestó Huemac, me confirió un gran po- 
der; qne me envíe á decir la pena que tiene y le daré remedio para 
su mal; volveos y decidle mis palabras." — Llamóles de nuevo cuan- 
do se iban y dándoles xxnos chilehotes^ xitomates y cempoalxochitl 
y elotes^ les dijo: — " Velveos al mundo, y dadle esto." — Los nigro- 
mantes dejaron la gruta y vinieron á dar cuenta á Motecuhzoma, 
quien mandó llamar á Petlacalcatl y le dijo: — ^^ Llévate al cuauAco- 
IH estos bellacos y que mueran apedreados." (1) 
' Prevenidas nuevas pieles de víctimas, Motecuhzoma llamó á sus 
corcovados y xolo para enviarles con el mismo mensaje; deberían 
guardar profundo secreto acerca de su comisión, so pena de morir 
quemados vivos con toda su familia. Los embajadores entraron á la 
gruta de Cicalco, encontrando un Ixtepetla ó habitante del mundo sub- 
terráneo; era casi ciego, con la abertura de los ojos tamafia como la pun- 
te de una paja y la boca á proporción. Conducidos por el Ixtepetin 
á la presencia de Huemac, le dijeron: — ** El rey Motecuhzoma te 
saluda y te envía este presente de pieles. Nos encarga te digamos 
que le afligen ciertas palabras que antes de morir le dijo el rey Ne- 
zahualpilli, amenazándole con grandes desgracias; quisiera saber 
cuáles son, porque Tzompantecutli, sefior de Cuitlahuac, le profeti- 
zó lo mismo; desea también saber el significado de la nube blanca 
que á la media noche vio alzarse hasta el cielo. Pretende de nuevo 
entrar á tu servicio" — ^^* Se figura Motecuhzoma, respondió Huemao, 
ser este mundo igual al en que reina; cree que aquí se vive en deli- 
cias, cuando son eternos los tormentos que se sufren; si acá entram 
DO podría permanecer un instante, y huiría hasta refugiarse en el 

(1) TMOiomoc^ ésp. danto eitttvoL MCL— Bonn, «q^, IjXVtl, . 



oeíitrp>.de unaj^rgija. ..Qíuer yiv^.^y gocp (Jejo gpe atprfi iieha, j,m 
^^ier^.0aber qi^'.^ — Salidps al m\^Q^,jWaroa,)a rj^f|ttp8tf^^ ]M(o- 
tecuhzpi^á^ Quien iri;itad(>iVam6 á F^tí^c.alc^tl, y le díjq:-:-'' É^cier-* 
ia.4.e8to8y^apw/e^^l.cuaMh<»Ui."'M , 

.4 la tercena ye^eaoogiOf^^ten^b^aja^^ Aoolhua^ 

cafj 61 ea ra.ei^p^ess^. sallan. l^íen^i^ep r^pIx^>eQs.aría cop^ dát^lvaa^y 
vasallos', méfi si d^fifcubrí^^ ^l f^cr^tp, m()fir^n ello» j su^ ifaiaUias^ 
BSia casas ser:/an ^Eas^4^)..es()ai:b)^ndo el é\|elp Iiasta que brotara el. 
agaa..^LoB nobjle^ Ile^vai^di(>,]^ieles ei^ ^J^ cfyiqud/i^m {ehiqtjikuite^ 
ppsto), .eiiti;aixm i la, gnjt^^ j jepcontraíqi} con Acu^cuí^h,— r". ÓjUién: 
HOÍ8?,".l¿s.pregijptó.-r-",5.9pK)8 i»pns^i^9S d^.Mote.oulu;onja,.i:^8pfiii* 
dieron .y traemps una jembajada c^í rpy."—"¿D6: quién rey. hablaip?" — 
*íDe HuewaCv'-T^T^Jv^'^^^^^k^s^su presencia."T-Puapd9 es* 
twi^ron dflattté d^ Huwiac,. se. l^\inpillaron y;- dijeron:— r" Poderoso 
0^r.y Mote|cabz9ina .te f^ayif^ este .p^ta presente y te n^ega quiera» 
a^n^irlid ^n.ti^ imperio,. po^que,^emeila.yergüen^a y las. desgracias 
que le amenazan en ^l mundo/';f-^* (¡Ljiiero^qu^ sepa,, respondió Hpa- 
izuLC, que ól misnüo so labró §}x ruina et^ la raquera ^ue tuyp de su* 
bir ^1 tronOf por la, spbeii^ia y. crueldad con que qujlia la vida i sus 
8ei;p,ejant,eq, Q,^e copiience á. haoer penitencia abandpn^i^dolas CQ- 
ijxidas exquisit?^, las cosas y los perfuixies; que coma bollón de. m¿- 
ehiht^uküi^ beba el agua cofsida con un P9C0 de polvo de frijol co- 
Gvlo y se abstenga de. sus mujeres'^ así conjur^rái la sentencia, dada 
Qpmtra él,^ y, yo le asistiré .de cuando en cuando." Yueltoi^.aji mundo, 
bs nobles dieron la Respuesta ú, ^ot|eculizoma> añadiendoír— ^' Si 
QuijnpIeiflQ que^tcpirdena, te.yendr^ i recibir á lo alto de Chaptilte- 
pep en la parte Jlamada.¡Tlac}xtonco y te llevará á su compa&ia 
yendo por ti á Ti&QlfCongo anepant^^.en medio de la laguna. ^'^-r. 
Holgóle cou la respujesta el emperador, dio á los ^blea cargos, pu- 
blicóla y cuantiosos regalos, eptrjegánd^se él por espacio de ochenta 
días á las penitencíaB prescritas por. I{uemac« (2), 

• Tern^nada la penitencUi M9tecu]¡IZ0I^a mandil i los mismos no^ 
bles por, n^nsfiúeax^i, quienes llegandp.di^eci.amente á^la. .jpreaenc^a 
4^j^uen^ao., jb dijeron cómo el.^mperaaprh^bía qujjnpl^do pl man- 
datfi*-^*^/ Está bien, respondió Huemac.,dent|:9, de 9uatrq dia? Jue 

(1) Tezozomoo, oi^. oi«iitocaati:p„MS.;r*P^rípa« i^.,L:^Vir. 

(2) TezozomoCí cap. ciento cuatro. MS.— Darán, cap. LXVÍI. 



muú^taxé encima .^e Chapnltepec; paludo ,1x19 yea, %ue tome una. 
canoa y vaya á-espeisuri^p á Tlaphppncp, que yo itéfov él."-r-P9iTfk . 
diaíninlaTi filotQGqh^ma. se entregó al despacho de los negocios p4-. 
blicoe, mandando en secreto, cual se le tenía prevenido, ade^e;^ar^ el 
logar de TlaclM3a;^co> anepantla, oon ramas de i^appté y dos bancas 
de hojas del ^mUmo ¿Erbql.. A la media nx)cbp del cuarjbo dia apare- 
ció en la caqabr^.de ChapuUepec una piedra blanca, tan reluciente, 
qne alambraba la «ii;dad entera^ los. lagos y los. montes: era la se* 
fial de Huem&Cj £1 emperador, bizo meter en.u^ canoa Á, svis cer- 
covados, se embarcó con. ellos y remando (^presuradan^ente llegaron 
á Tlachc<mco; hizo vestir ¿ sus a^lo con rucos trajes, yról 'Vistióse. 
"con un cueüo d^ gentes y la. trenzadera de la cab^^a con, plumería 
"del ave Üfnufkquechply y una beza^lera de esmeralda, orejas deoro 
"y un brazalate de oro, y en las gargantas de la mano y. pi^. colla- 
"rejos de cuero dorado y colorado, y su sonajera omichicahiiafs^^ y 
"anas cuentas de chalohibuitl muy ricas." (1) lia luz.se manifes* 
" taba sobr^ el If^o^ cuftl si Huemac se acercara. 

Cerca de TlachoQaeo.anepantla habla un teocali! y el texiptla^ 6 
semejanza del dios, dormía tranquilamente; de improviso resonó 
una VQS^ diciendo: — ^' Despierta, texiptla^ mira. que ti; rey Motecuh- 
zoma se huye y se va á la cueva de Huemac.'^ — Sacudido el sueño, 
k semejanza del dios vio una claridad deslumbradora, oyendo á la 
voz repetir aquellas palabra», D(xaiidándole fuese á impedir la huida; 
baja del teócalli, mótese en una canoa que halla á punto y rema de 
presto hasta llegar á Tlacho<mcoy encuentra aderezados á los pajes 
y corcovados^ y dirigiéndose recíaeltamente ai emperador, le dice- 
"¿QrUé es esk>) señor 'poderoso? iQ.ué liviandad tan gir&nde es esta, 
" de una persona de tanto valor y peso como la tuya? ¿Dónde vas? 
"^ué dirán los de Tla^calla, y los de Huexotzinco y los de Cho- 
"lala y de Tlilinquitepep, y los de Mechuacan y Mezti(lan? ¿En 
"qué. tendrán A MósiCo; á la que es el coraaon de toda la tierra? 
" Cierto, glBu vergüenza será para tu ciudad y para todos los que 
'^en ella quedamos,- qucf suene la voz y se. publique tu «huida. 3i te 
"murLetas y té viáünaorir y enterrar, es cosa natural; pero hi^irte, 
'^¿quédiréfiooifqu^ respraderémos á b» que nos. preguntaren por 
" nuestro rey? Respondelles hemos, con vergüenza, que se huyó, 

(1) Tezoeomooy oap. denio dnea» IdS. 



40 

j 

^ ' Yaélvete, sefior, á tu estado j asiento 7 déjate de semejante livian* 
"dad, y mira la deshonra que nos haces á todos/ — ^** Y echándole 
^ ' mano de las plumas qoe tenía en la cabeza, se las quitó 7 hiao 
•'levantar." 

•' Motecnhzoma, avei^gonzado, dio un suspiro 7 mir6 háeía el oer- 
V ro de Chapnltepec, 7 vido que la lumbre que allí estaba, qne era 
* ' la que él esperaba, se había apagado, 7 que 7a no parecía, 7 dicten- 
" dolé al Texiptla le suplicaba no le descubriese aquella liviandad, se 
" vino con él á México. Entrándose en n casa, con todo secreto, el 
^\ Texiptla se fué al templo, sin que de nadie fuese visto ni sentido; 
•• 7 despertando á su guardia les dijo: por cierto, vosotros miráis bien 
*' por mí. que en toda esta noche 70 no he estado con vosotros: bien me 
'^ pudiera haber acontecido alguna desgi^acia. Ellos mu7 turbados le 
*' suplicaron no lo dijese á Motecuhssoma, porque los mataría luego." (1) 

A la madrugada del dia siguiente presentóse el Texiptla en pala- 
cio; preguntó por el emperador 7 como le respondieran que dormía, 
dijo sonriendo: — *' Debe de estar cansado de la mala noche que pa- 
só." Cuatro dias permaneció oculto Motecuhzoma sin mostrarse á 
nadie, é impaciente el Texiptla se metió hasta la presencia del em^ 
perador; le consoló por sus desgracias, le obligó á dar audiencia á loe 
nobles que le esperaban, 7 le pidió tuviera buen ánimo 7 se ocupa* 
ra en los negocios públicos. El altivo re7, cediendo á la necesidad,, 
volvió á tomar su vida ordinaria: pidiendo al Texiptla profundo se- 
creto, le honró constantemente, le hacía comer con él, le llevaba con- 
sigo á todas partes, le consultaba 7 seguía sus consejos, (2) 

Esta preciosa le7enda dá á entender su origen méxica. A nuestro 
entender es una historia verdadera. Siguiendo el compás de sus 
pensamientos supersticiosos, Motecuhzoma pretendió huir á un lugar 
encantado, siguiendo el ejemplo de Q^uetzalcoatl, de Topiltzin, de 
Huemac, de otros de los famosos nigromantes de los antiguos tiem- 
pos; elegía para ello á Huemac con su gruta de Cicalco. Descubier- 
to el pro7ecto por el Texiptla, la varonil semejanza del dios tuvo el 
arrojo sobrado para echar en cara al emperador su cobarde condue- 
ta obligándole á tornar al cumplimiento de sus obligaciones. La gra- 
ta, sus diversos moradores, el fantástico Huemac, son invenciones de 

■ 

<1) Darán, oap. LXVIL 

(2) Duran, oap. I.XVII.— Tezosomoo, cap. ciento oineo M8. 



^ 



». 



41 



Io8 inídioes embajadorei, oMigados á bascat lo qne no existía, frar* 
guando mentiras para engafiar al déspota rey. 

£1 estado en qoe Moteenhzoma se encontraba se asemejaba al de 
la demencia* Llamó á sns mayordomos para pregontaples si hablan 
softadoalgnoa eoaa^ ellos respondieron que n6J mándeles entonces en- 
cargaran á los eafyixque y teqidiiaió (1) dijeran 4 todos principal- 
mente á viejos y viejas relataran cnanto sellaran relativo 4 la persona 
del emperador, hízoae el misoao encargo á los sacerdotes y á los que 
de noche andan por los montes y ven las fantasmas, y si encontrasen 
á la Cihuacoatl ó mnjer que llora, le preguntasen por lo que gime 
7 Hora. Era ocurrir á la interpretación de los sueAos para descubrir 
loa acontecimientos futuros, práctica común en todos los pueblos de 
la tierra. Quienes primero se presentaron á declarar sus suefios fue- 
ron los ancianos. Llevados á la presencia de M otecuhsoma y ofita* 
ciendo decir verdad, los viejos relataron haber visto ardiendo el tem- 
plo de Hait£Ílopochtli, caer piedra á piedra el teocalli, y derribarse 
j destruirse el dios mismo: escuchó atentamente el emperador y los 
mandó poner aparte. Las viejas respondieron haber soñado, que un 
caudaloso rio se entraba con tal ímpetu por las puertas del palacio- 
que arrastrando delanto de si las piedras y maderos nada dejaba 
enhiesto, arrasando también el teocalli principal. Motecuhzoma acá* 
bada la pláticl^ mandó que ellos y ellas fuesen conducidos al 
cuauhcalli, para dejarlos ahí morir de hambre. (2) 

Concertáronse los sacerdotes entre »iy y cuando fueron pregunta- 
dos por Motecuhzoma lo que hablan softado, respondieron que nada. 
Enojado con semejante respuesta les puso quince dias de plazo pa- 
ra soñar, y como al cabo del término dieran la misma respuesta ne- 
gatira, I09 mandó encerrar en la cárcel para morir de hambre; ellos 
le rogaron no los tratase de manera tan cruel, y apiadado por sus sú- 
plicas los mandó reooger en una sala; de donde no saldrían hasta 
que su voluntad fuese. 
No habiendo ya en la ciudad quien se atreviese 4 hablar, el em 

(1) " Téquitlato, Mandón 6 Merino, ó el que tiene cargo de repartir el tributo 6 él 
tequio (trabajo) á loe maeehtioieáf jornaleros 6 flirrientes (Vocabul. Mezio. de Moli- 
na). Segnn Torqnemada, eran loe agentes inmediatos de la autoridad manioipal." 
Samírex. 

C3) Darán cap. LXyiU.— .TesosoxBOO, eap. siente seis. MS. 

TOlf • XV. 



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4B 

perádof mandó llamar á los principales' y «eftoreé 4e los pueblos; Ve- 
nidos prontamente, llevaron' epoárgo de Inisoar eq sus provínolas á 
los mejores hechioere»', sórtítegos y admooa dé sus. provincikis, qne 
stlpteran interpretar por las estmllas, por el aire, el iEiiegn y el agua, 
á fin de que explicamn los pr^d^os: : Mnolios aoudievoniá Teiíoch.'* 
tláii.-^^* Señor, aquí sombs 'v^cmidos á to llamadlo, le dijeron A saber 
''^tti volünlad y ver lo que nos q3iieras.^'-^Él les respondjió: '* Seáis 
")>ien Venidos; habéis de saber que kv causa para que qb llamó eapa<^ 
""ra saber si haber» visto, ó ofdb ó sonado 'alguna cosa tocante á mi 
'^ reinado y persona', ptíes s^tUsílaaníedies y corréis. los montes, y. 
'* adivináis en las agirás, y consideráis los movimientos de los cielos y 
'^él cut%0 de las estrellas; ruego os que neme ló e8CODdais.''-t^llo8 
le téspondieroti:-^^^ Sefíór, ¿quióh será osado á mentir en tu preseu- 
'^ cía?; nosotifos no bemob vi«to, ni oído, ni soñado, cosa que toque á 
"lo que nos pregunta8/'~ (1) Lleno de ira, el emperador mandó 
encerrrar á tOdós en 1a cárcel. No mbstiieiron los magos pesadumbre 
en la prisión,' antes bien reían entre sí y burlaban. Sabido por Mo- 
t^uhzoma, mandó ¿rogares le declarasen lo que sabían; todos pro- 
nosticaron desdichas y el más anciano alzando la voz prorrumpió: 
-— ^* Sepa Mótecuhzóma, qu'e en una sola palabra le quiero decir lo 
"que ha de ser de él, que ya están puestos en camino los que nos 
"han de véAgar de las injurias y trabajos que nos ha hecho y hace; 
" y no le quiero deeir más, sino que espere lo que presto ha de acon- 
"tecer."— ^ (2) Itisiiitía Moftecuhzoma en aclarar quiénes eran los 
qi4e venían, más cuando sus mensajeros llegaron á la cárcel no ha- 
bía persona en ella, no obstante no estar quebrantadas las vigas y 
no faltar de su lugar piedras y cerraduras. Los carceleros postrados 
pidieron piedad, la cual les fué concedida por no ser ellos culpable?; 
pero el monarca envió' emisarloia á todos los pueblos de donde habían 
acudido los hechiceros, con orden de matarlos, si A las manos los ha- 
bían, dar muerte igualmente á sus mujeres é hijos, robarles las ha- 
ciendas, derribar las casas y cavar el suelo hasta que el agua brota- 
ra todo lo cual fué cumplido puntualmente. (3) 

" Desde este dia reinó en el corazón de Motecuhzoma tanta tris- 



(i) Duran; cap. LXVIII. 
(2) Duran, oap. LXVin. 
(5) Tezozomoc, cap. ciento seis. MS.— Diirtfe, cap. LXVttL 






**te2sa y afliTCóíoii/ que Jarnos ló veíaii el rostro alé^re^ ántés htíyen- 
•^dí) toda conversaéiori ké encerraba en áu récogiiñiénto y éécrfet'o iot^ 

WTéiiIxtfe; óomunicándble Ib'qtié'^áfitíellosfiecíiic^^^^ y ¡sórtllé^Bíi" 

le haliaii dédárHáó/móstranáo'grándísimórpésar y'cotigoja de 'que 
"sfe letiulíesén tniío, creyendo (¡iik síalgüil tífempo más se detu- 
**vieraii, sacara de 'ellos todoé'íos ffacesós qué esperaba,* doliéndose' 
*dé la poca culpk qué sus Triujeres y Wjos liabíañ tenido para ha- 
'*cetííos lúafar, ño habiéntlole ofendido' en nítoguna 'cosa.*^ (l) 

Los C6díéé¿ Telleítíanb Reínenise'y* Vaticano' anotan nueta sumi- 
éSou de Ids Tiuexotzinca á' Méjico' no éncófítratrios potmetiores. ' 
^ ^Menciónase él estrenó' de un tetñpW'llatnádó Góbúatlan, con sa- 
crificio de prisioneros. (2) 

Asegúrase por aTgntiós 'añíoros, qúe'Kácia los Wtimos alíos del rei- 
nado de Mptécübzonia, tos ¿jbrcito 'mélica penetraron basta Guate- 
mala y pfoTincías vecinas,' laS sujetaron, f pasando adelante llega- 
ron basta Nicaragua. (3) És 'evidente la existencia de tribus de 
origen naboa en aquellas' apartadas regiones, 16 (jual írfdica haber 
negado hasta allá las* colonias de los ptiebiós dé la misma filiación 
etnográfica; pero'no encontramos datos suficientes para asegurar,' que 
Guatemala y Nicaragua pertenecieran nunca al imperio dé Tenoch- 
titlan. No repugnamos se veri-fioara en aquellos remotos países álgu- 
ná'invasion tenoohca, aunque solo con él caráctex de pasajera. ' Én 
los dltitooB años deT reinado de Motecuhzoma, el Imperita no podía 
ocuparse en aquellas lejanas expediciones. 

Si la inquietud era grande en el interior de Anáhtrac, mayor lo 
era* sin duda en las provincias tíiarítimás, cuyos habitantes espia- 
ban atentamente, la mar, por donde esperaban la llegada de los ex- 
tranjeros, La'ilbticia de la presencia de Grijalvá eh Tabasco se de- 
rratóó con asombrosa rapidez, asf que apenas las naves estuvieron 
sobre las costas Ael imperio, hacían Señales icori humaredas, avisan- 
dolo 6 los pueblos distantes, y ¿ueltos correos venían á participarlo 
á México. 



(X) Dtirán, cap. LXVIir. — ^Aquí termina el tomo primero del P. Duran o soa la 
parió hasta alíor^ impresa de la pbra. Para en adelante nos hemos valido de la copia 
manuscrita perteneciente al Museo Nacional, que nos franqueó su director Don Ea- 
non Isaac Aloaraz. '* ' 

(2) Toiquemada, libu II, cap. LXXXVII. ' ' ' ' 

(3) Torquemada, lib. II, cap. LXXXI. * 



I .j 



1 



44 

PoQos dias después de la huida de los bechtoeros de la circel^ en- 
traron los simeutes de Mofcecuhzoma á decirle, que uu hombre pe*^ 
día oou instancia hablarle; concedido el permisOí fué iatrodueide 1 
la presencia real un macehual vestido toscamente, al oual faltaban 
las orejas, los pulgares de las manos y los dedos gruesos de les pies» 
— "iQ,ué quieres,?^' le preguntó el monarca. — "Soy de Mictlancuauhr 
tía, (1) respondió el misterioso personage, y como guardadores que 
somos del mar, vengo á avisarte haber visto sobre las aguas na 
gran cerro, moviéndose de una parte á otra, sin toear nunca en las 
rocas.'' — "Está bien respondió el manarea, descansa.'' — Y hacien- 
do llamar á Petlacakatl, mandóle pusiese á aquel hombre en la 
cárcel. 

Mandó en seguida llamar al Teutlamacazqui ordenándole partie- 
se inmediatamente llevando en su compañía al esclavo Cuitlalpi- 
toc, para ir á cerciorarse de siera cierta la noticia que se le acababa 
de comunidu*, debiendo reconvenir á Pinotl, gobernador de Cue- 
tlachtla, por el descuido en que había caído de no avisar de su parte 
aquel suceso. Fueron apresuradamente los mensajeros, regresando 
dentro de muy breves dias; haciendo el acatamiento debido, dijeron 
á Motecuhzoma: — "Poderoso señor, puedes matamos y echamos en 
!' la cárcel para que allí muramos; pero lo que te dijo el indio qne 
V tienes preso es la verdad, y haz de saber, señor, que yo mismo por 
^^ mis propios cyos quise satisfacerme, y yo y Cuitlalpitoc, tu escla- 
" vo, nos subimos en un alto árbol para considerar mejor lo que era^ 
'* y has de saber que vimos una casa en el agua, de donde fialen 
'* unos hombres blancos. Blancos de rostro y manos, y tienen las 
*' barbas muy largas y pobladas, y sus vestidos son de todos colorea 
^* blancos, amarillo y colorado, verde y azul y morado, finalmente de 
" todos colores, y traen en sus cabezas unas coberturas redondas, y 
^* echan al agua una canoa grandecilla, y saltan en ella algunos, y 
'^ Uéganse á los peñascos y estánse todo el dia pescando y eu ano* 
" checiendo se vuelven á su lugar y casa donde están recogidos, y 
" esto es lo que de este caso te sabemos dar relación." (2) Moteen* 

(1) Esta población, no muy distante de la costa y de Veracroz, ha desaparecido. 
Se la encuentra aiin, bajo el nombre extropeado de Metlangutla en el plano de Vem- 
cruz, remitido al rey Felipe II, afto 1580, por el alcalde mayor Alvaro Patifio. Entro 
los MSS. del Sr. D. Joaquín García loaxbalcata. 

(2; Duran, oap. LXIX, MS. 



^ hzoma inclina la cabeasa sin ptünonciar palabra. Despnes de tan- 
tai dilaciones se camplia el plazo fatal; sonaba la hora de la des- 
tracción. La mano puesta en la boca, el emperador qnedó largo 
tiempo en meditación; lanzó al solver en sí un profundo suspiro j 
ordenó le trajesen al mensajero encerrado en la cárcel; el enviado 
Tolvió á informar, que el indio había desaparecido. — "Bien pensé 
fae sería algan hechicero, exclamó, más 70 quería recompensar- 

Por orden del monarca fueron traídos muj secretamente á pala- 
cio dos plateros, dos lapidarios j dos oficiales de obras de pluma 7 
encargándoles secreto, bajo las penas más severas, les hizo construir 
eímtas jo7a8 7 preseas en la forma que le pareció; terminadas pron- 
tamente, recompensó á los artífices con abundante paga en mantas 
y comestibles. El emperador llamó de nuevo al Teutlamacazqui 7 
á Cuitlalpitoc, encargándoles fuesen al encuentro de los hombros 
blancos, llevando por instrucciones, que el gobernadordé Cuetlach- 
tla, prove7era abundantemente de víveres á los extranjeros; ellos 
inquirirían cuidadosamente quiénes eran los recien venidos, 7 ^é 
querían; sí era Q^uetzalooatl ó sus descendientes, sí va venían á re- 
coger el imperio; se conocería sí eran los dioses esperados, en que 
comerían los manjares de la tierra que 7a les eran conocidos de an- 
temano; cerciorados de ser en efecto duetzalcoatl, "dile que le su- 
*'pl2co 70 7 que me haga este beneficio, que me deje morir, 7 que 
'^ después de 70 muerto, venga mucho de norabuena 7 tome su rei- 
" no, pues es SU70 7 lo dejó en guarda á mis antepasados, 7 pues lo 
" tengo prestado que me deje acabar, 7 que vuelva por él 7 lo goce 
** mucho de norabuena; 7 no va7as temeroso, ni con sobresalto, ni 
^ te dé pena el morir á sus manos, que 70 te prometo 7 te do7 mi 
^ fé 7 palabra, de te honrar á tus hijos 7 dalles muchas riquezas de 
^ tierras 7 casas, 7 de los hacer de los grandes de mi consejo; 7 sí 
'* acaso no quisiere comer de la comida que le diéredes, sino per- 
** sona, 7 quisiere comeros, dejaos comer, que 70 cumpliré lo que 
^ tengo dicho, con vuestras mujeres 7. hijos 7 parientes.'' (2) 

Los mensajeros, llevando los presentes dispuestos en el palacio, 
recatadamente de México; llegados á Cuetlachtla, previ* 



(1) Dman, oap. LXIX.— Tozozomoc, cap. ciento seis. MS. 

(2) P. I>iiráii/ cap. LXIX. MS. 



X 



nieroii al. golwnailor Pinotl acopiara Iqs nipjoxe3 wxft^j^rejs j, .cpa 
ellos vinieron i U CQsta frente á doqdp, estabau surtos lQs.iia}yío^ 
colooando el repuesto enoipia. de Ua rpcas. Cuando á l^a. mañana, ;eir 
guien te. salieron los castellanos de sus baroos les hicieron . señal^ 
un bote acudid 4 saber qué les querían y el Teutlamaca^que y Coi- 
tlalpitoG fueron t^rasbordados á la. capitana,. Abí> por piedlo. de una 
india que serv(a de intérprete (1) se ,entendieron coa el qapitapj,,le 
entregaron el regalo ó impusieron de su embajada, recibiendo pop 
respuesta, "que ól haría lo que le embiaba á rogar, ,que él se iba 
*' luego, que se holgase y reioase mucho de norabuena, que él Vjenía 
"de lejas tierras, que al tiempo volvería y se holgaría de . hallall^ 
" vivo, por serville el presente que le había hecho," ^2) En cuafttp 
á la comida tomaron los extranjeros previo ser catada ^or los iiir 
dios; en cambio dieron á estos bizcocho, tocino y algunos pedazos 
de tasajo, de lo cual comieron parte, guardando el resto para su ^e- 
ñor. Diéronles también vino con el cual so embriagaron, pasando 
aquella noche en la nao. 

^1 dia siguiente les pusieron en tierra, dándoles en recompensa 
de Lis joyas traídas, sartales de cuentas de vidrio y algunas jugue- 
tes. El Teutlamacazqui y Cuitlalpitoc permanecieron en Ja costa 
expiando los movimientos de las naves, hasta que las vieron alejar- 
se y desaparecer en el horizonte. Entonces regresaron á Cuetlach- 
tla, tomaron los presentes dispuestos por Piuotl para el emperador 
y tornaron á México á dar cuenta de su cometido. (3) Insistió Mo- 

(1) Eq la expediüion de Grijalva no venía ningrina india interprete, por lo que 
parece que Duran confunde esto descubrimiento con el de Oorte's. TezozomoC; cap. 
ciento siete, adelanta hasta decir que la india se llamaba Marina, cosa que evidente:- 
mente corresponde á la segunda venida de los castellanos. Como en seguida se deja 
entender, esta india intérprete fue invención de los mensajeros. 

(2) Dur?n, cap. LXIX MS. 

(3) En la relación de la conquista del P. Sahagun, cap. 11, se relata lo que los se- 
ñores de Gempoálla hioieron al verlas oAves españolas. Juntáronse á deliberar lo. qué 
deberían hacer, determinando reunir algunas mercancías, ]p&^A ^^ en son de yendeiv 
las pudieran verlo todo, para dar cuenta cumplida al emperador. Ejecutado y llegar 
dos á la capitana: — "Los españoles preguntáronles de á donde eran y á que venían, 
'' y di járonles, somos mexicanos: los espafíóles dij^onles, si sois mexicáinosHiecid 
"nos, ¿cómo se llama el señer de Mdsioof? dijeron los indios: Befiores nuestros^ el 
"señor de Me'xico se llama Mocthecuzoma: entonces les dijeron los españoles: pues 
''yem's á vender algunas cosas que habremos menester, subid acá y vcamoslas, no 
'' tengáis miedo ninguno, que no os haremos mal: esto dijeron por medio de intér- 
"prete que ellos traían." Pecho el cambio, fueron á México. 






í47 

teonluBoma eá pregiintar si los extranjeros eran idos y coixiq serle 
afirmara ser así verdad reoibió gran cKM&teiito, creyendo que sus eup- 
bajadores habían alisansado alejar el peligro,. legrando Q^uetzalcoatl 
le dejara reinar mientras le durara lamida. No quizo probaren 
manera elgnna la galleta, el toeiito y el tasajo dado por los blancos 
bajo pretestode ser manjares de los dioses; mas bi2Q gustailos á 
ras corcovados, qaiesües deotarauon sor el pan dulce y suave. Por 
órdeu de Motecnhzoma, aquello fué recogido en una jicara {xicalli) 
dorada, cubierta con riquísimas mantas; los sacerdotes formando 
procesión, incensindola y cantando, los cautos consagrados ádue- 
tzalooatl, la llevaron hasta Tqllan, enterrándola en el templo de 
aquel dios. Las cuentas de vidrio y. loé juguoteS) ju;9gados por TÚb- 
tecuhzonm por cosas di^^inas y de inapreciable precio, quedaion 
enterradas en el teocalli mayor, á los pies de la estatua de Huitzilo* 
pochtli. Los mensajeros quedaron con grandes honores y riquezas, 
recibiendo Cuitlalpitoc su libertad. (1) 

Esta es la ver8Íoi> de las historias iadígenas; en cuanto á las reW 
cienes de los castellanos, aquel mismo dia, viernes 18 de Junio, Gri- 
jaiva envió en una barca á Francisco de Montejo, para saber lo que 
querían algunos indios que en la costa hacían señales con unas ban- 
deras blancas; diéronle mantas ricas, y preguntándoles por oro, di- 
jeron lo traerían; en la tarde se llegó una canoa á los barcos, dieron 
también mantas, y ofrecieron oro para el dia siguiente. £1 sábado 
19 80 vieron de nuevo las banderas sobre la costa; vino Grijalva y 
encontró preparados bajo de una enramada, multitud de platillos 
con comida de la tierra, con los cuales le convidaron, ofreciéndoles 
los cañutos para fumar, y haciendo señas que no se fuese que le 
traerían oro; él dio en cambio sus cuentas de vidrio y sus bujerías 
de rescate. (2) Grijalva, ya en la tierra firme, tomó posecion del 
pais en nombre de los monarcas españoles, puso al continente, que 
lo era en concepto de Antón de Alaminos, el nombre de provincia 
de San Juan, pidiendo de ello testimonio al escribano. 

"Siguióse que vinieron ciertos indios de la Tierra-Firme, sin ar- 
omas algunas, y entre ellos avía dos principales, el uno viejo é el 
"otro mancebo, padre é hijo: los quales, como señores eran obedecí- 

(1) P. Duran, cap. LXIX. MS. — Tezo2omoc, cap. ciento siete MS. 

(2) Oviedo, Kb. XVII, cap. XIV. 



4S 

**do8 de los otros de sa ooi^pa&ía^ é algunas yeoes el manoefao se 
^'enojaba con sus indios, mandándoles algo, é daba palos ó bofefca- 
^'das á los otros, é sofríanlo con mucha paciencia, é se apartabaii a 
afuera con acatamiento. £ con mucho placer éstos principales abra- 
^^zaban al capitán Grijalva,é le mostraban mucho amor, ü él é á los 
''ehripstianos; como si de antes los conoscieran, j tovietan amistad 
**con ellos; y perdían tiempo en muchas palabras que decían en su 
'Uengua á los chripstianos, sin se entender los unos ni los otros. Y 
"el más viejo destos indios, mandé á los otros que truxessen unos 
**bihaos, que son unas hojas anchas que nascen de la manera que 
"loa que acá llaman plátanos, sino que son muy m^íiores, ó hízolas 
"tender debaxo de ciertos árboles que tenían puestos á mano sus in* 
"dios, para que hiciescen sombra, é hizo señas al capitán que se sen- 
"tasse sobre aquellos bihaos, y también quiso que se sentassen los 
"chripstianos, que á él le pareció que debían ser más principales y 
"aceptos al general, é hizo señas qre se sentasse la otra gente toda 
^^por el campo, é el genered mandólos assentar;-pero también prove- 
Vyé en que oviesse buena guarda é atalayas, para que no incurrie- 
*^ssen en alguna celada, como ynorantes y desaporcebidos. Y el ge- 
"neral, con los que el indio principal señaló, sentados, dio éste al 
"general y á cada uno de los chripstianos que estaban sentados, un 
"cañuto encendido por el un cabo, que son fechos de manera que 
"después de encendidos, poco á poco se van gastando é consumiendo 
"entre sí, hasta se acabar ardiendo sin alzar llama, assi como lo sue- 
"len hacer los pivetes de Valencia, é olían muy bien ellos y el hu- 
"mo que dellos salía: é hacían señas los indios á los chripstianos 
^fque no dexassen perder ó passar aquel humo, como quien toma ta- 
Vbaco. E al tiempo que llegaron á hablar al capitán, un poco antes 
"de llegar á él los dos principales que es dicho, pusieron ambas pal- 
"mas de las manos en tierra y las besaron, en señal de paz ó salu- 
"tacion; pero como no avía lengua ni se entendían unos á otros, era 
"muy trabajosa é imposible cosa entenderse; é assí como he dicho, 
"hacíanse señas é decíanse muchas palabras, de que ningund prove- 
"cho ni inteligencia se podía comprender. Y en tanto que esto pa- 
^^ssaba, yban y venían muchos indios mostrando mucho regocijo é 
*^placer con los chripstianos, é parescía que muy sin temor ni recelo 
"venían é se allegaban á nuestros españoles, como si de largo tiempo 
''atrás se ovieran conversado, é assí con mucha risa é descuydo ha« 



49 

"bhbaD, é no acababan, saflalando con los dedos y manos, como si 
'Yaeíaa entendidos de los que los éBeacbában y mivabíEtn. £ oomen- 
*!nnm á traer de sus joyas é dieifondos guariques ó arracadas de oro 
^*eoB seis pinjantes, é siete saáptas de qüentas menudas de barro, do* 
''radas nmy bien, é otra sart» menor de Rentas doradas é tres ene- 
**ros (KdoradoB á timera de parolies, é un moscador, ó dos máscaras 
"de piedras menudas, oottip turquesas, sentadas sobre madera de 
'^obra musayca, oon algunas pisticas de oro en las- orejas. En re- 
^*Gompensa de lo qual se les dieron ciertos hilos de qüentas pinta- 
"das y otras rerdes de Tidrío, y un -espejo dorado, ó unas s^vUlas 
"de nrager, cosas. que en Medina del Campo podría todo valer dos 
*'6 tres^reales de pkta; é los indios que ▼«nían con éstos pcinoipales, 
*1S8eatabaQ por su parte oon los otros chripetianoe mantas y almay- 
''zares y otras cosas. Y el* capitán general les dio á entender que le 
"toxessen oro, ensMáudoles alguoas cosas de oro, y diciéndoles que 
"los diripsüanoe no querían otra cosa; y el indio viejo envió al man- 
"cebo prineipal por oro, á lo que se pudo entender, é dixo por señas • 
"que desde & tres dias volvería, é que se fuesen los chripstianos á 
'^los navios é tornassen á aquel mismo lugar al término que decían 
"que kaerían el oro. Y quedó el viejo oon otros indios de los que 
'Ulí estaban, y entre ellos habla otro mancebo que también por se- 
'%as decía que era su hijo; pero no se haoía tanto caso deste como 
"d^ otro que avía enviado por el oro. E assí con mnchos abra- 
'^ssos é placer se quedé en tierra, é el eapitan é su gente se reco- 
"gieron á sus navios, é dixo el indio principal que otro dia de ma- 
•llana él volvería al mÍ9mo lugar, é que assí lo hiciess^a los chrips- 
*M;iano8." (1) 

El domingo 20 saltaron en tierra los espafioles, y bajo las mismas 
GODdM»ones, después de haber dicho misa ét capdlan, el indio viejo 
les dio de almorzar, siguiéndose el trueque de algunos objetos de 
oro, por baratijas que tendrían de precio dos ducados. Lunes 21 los 
indios hiineron desde temprano sefiales oon las banderas; acudieron 
los oaetellaaos, trayendo una mesa para colocar sus lescatesi siguien- 
, do el cambio de oro y preseas; *'pero todo jquanto ee les díé na valia 
"en Castilla quatro ó cinco ducados, é lo que ellos dieron valía más 



a) (Wado, lib. XVn, 0^. XV 

TOM. IV.— ^7 



60 

''de mil." (I) Ya esto dn decir que los refloatadores solo ayalaabaa 
el oro, sin tener en cuenta la obra de mano, ni el valor que piedras, 
joyas y plumas tenían para los naturales. Nuevo rescate tuvo luggr 
el miércoles 23, en el cual los indios dieron una gran cantidad de 
oro, por fruslerías de precio de dos ducados de oro. El jueves 24 
siguió el rescate, y fuera del oro^ el indio viejo regaló al capitán una 
india moza vestida con gracia; la reoompMsa fueron cosas, "que to^ 
^*do podría valer en Sevilla, ó en otra parte de España, quatro ó clu- 
eco reales." 

A la sazón, los castellanos habían dejado la isla de Sacrificios, vi- 
niendo á tomar tierra en otra más óercana á la costa. Encontraron ahí 
una estatua de Tezcatlipoca, con algunos sacecdotes que acababan 
el sacrificio de dos muchachos; los sacerdotes ó papas intentaron 
sahumar ¿ los extrangeros, mas óstos no lo consintieron. Dolidos 
de aquel espectáculo, preguntaron lo que significaba, rospondiendo 
un indio Olúa, Olúa, dando á entender ser por orden de los de Cul- 
hua. Del nombre Juan de Grijalva y de aquellas palabras, quedó 
nombro á la isla, que todavía tiene, de San Juan de Ulúa. (2) 

Aquel jueves 24 de Jimio, dando por terminados los roscates, 
Grijalva, quien no aceptó el partido de poblar en la tierra, envió el 
navio San Sebastian á Cuba, al mando de Pedro de Alvaxado, con 
los enfermos y los objetos roscatados, y cartas para Diego Velaz- 
quez; él, con el reato de la flotilla, se hizo á la vela, siguiendo al 
N.O. en demanda de la costa. El lugar de la paiya donde esto pa - 
só, era conocido por los indios bajo el nombro de Chalchiuhcuecan , 
lugar de conchas prociosas, y poco más ó menos ahí se alza ahora la 
ciudad y el puerto de Veracruz. (3) 

En cuanto puede ser posible, confrontan las rolaciones azteca y 
castellana; sólo que en a(j[uellas conversaciones por señas, cada quien 
entendía lo que cuadraba á sus intuitos, y el Teutlamacazqui y 
Cuitlalpitoc, dieron por bien desempeñada su embajada, en el sen- 
tido apetecido por el emperador, inventando lo de la india interpre- 
té para evitar motivos de sospecha. Lo evidente había sido que los 
hombres blancos y barbados, se alejaron en sus naves, volviendo aai 

* 

(1) Oviedo, lib. XVII, cap. XV. 

(2) Bemal Díaz oap. XIV. 

(3) 19* 17' 52* lat. y 2' 68' 9, 3" long. E. Almanaque americano: 



61 

la tranquilidad al ánimo del atribulado emperador: daetzalcoatl 
se había dejado ablandar. Previno 8in embargo á todos los señores 
db la costa, por medio de sus calpixque, pusieran atalayas que ve- 
laran dia 7 noche, i fin de dar inmediato aviso tan pronto como de 
nuevo se presentaran los extranjeros. (1) 

Pero el negro afán de Motecuhzoma, no quedaba por nada sa- 
tisfecho. Hizo llamar al Teutlamacazqui Tlilancalqui y le dijo: 
"trae luego al afamado pintor Tocual, y que pinte como tú le di^s 
*todo loque has visto.'^ Siempre con la ridicula condición del seore* 
to, pues era materia pública entre el vulgo, el pintor trasladó al pa* 
peí cuanto el Teutlamacazqui le dijo, así de los barcos como de 
las personas, vestidos, armas y demás: atentamente lo consideraba 
Hotecuhzoma, maravillándose extraordinariamente. Dirigiéndose 
luego al pintor, i'Hermano, le dijo, ruégote me digas la verdad de 
lo que te quiero preguntar. ¿Por ventura sabes algo desto que aquí 
has pintado? ¿Dejáronte tus antepasados alguna pintura ó relación 
destos hombres que hayan de vemr á aportar á ésta tierra?'' — "Na- 
da sé, respondió el pintor, mis antepasados pintaban lo que los re- 
yes antiguos les mandaban, y nada más." — "Infórmate con tus com- 
pañeros si alguno sabe de ello." — Tocual volvió después de algunos 
dias, diciendo no haber encontrado quien le diera razón alguna. (2) 

Envió entonces por los ancianos pintores, de Tlalmanalco, Chalco 
y de la tierra caliente. Preguntados por las relaciones y pinturas 
antiguas de sus mayores, respondieron, "que los que habían de ve- 
*húr á reinar y poblar estas tierras, que habían de ser llamados Te- 
"zocuilyexique, y por otro nombre Centeyexique, que son aquellos 
"que están en los desiertos de Arabia que el alto sol enciende, que 
^Háenen un pié solo de una pata muy grande que se hacen sombra, 
"y las orejas les sirven de frezadas, que tienen la cabeza en el pe- 
"cho, y esto .dejaron declarado los antiguos nuestros antepasados al 
"tiempo que. vinieron á poblar estas tierras, y esto es lo que enten- 
"demos y no .oi;ra cosa de lo que preguntáis." (3) Llamados los an. 
cíanos de Cuitlahuac y de Mizquic,. repitieron que los hijos de due- 
tzalcoatl, vendrían á enseñorearse de la tierra, recobrando cuanto 



i . 



<1) Sahagun, -r^dott, 6ap. III. 

(2) P. Duran, cap. LXX. MS. 

(8) Tezozomoo, cap. ciento ocho. MS. 



52 

hablan dejado á guardar; mas enseñadas las pintaras, eran gentes 
diversas de las vistas por Teatlamacassqui. (1) 

Siendo vanas las pesquisas hasta entonces hechas, recordó Tfi- 
lancalqni haber en Xochimilco un venerable anciano llamado dui- 
tlaztli, muy entendido en cosas antiguas; de orden del emperador 
marchó por él y le trajo á palacio. . duilaztli, enseñó sus papeles y 
dijo: "que á esta tierra hablan de aportar unos hombres que hablan 
"de venir caballeros en un cerro de palo, y que habla de ser tan 
'agrande que en él hablan de caber machos hombres, y que les ha- 
i'bla de servir de casa, y que en él habían de comer y dormir, y que 
"en sus espaldas hablan de guisar la comida que habían de comer, 
"y que en ellos hablan de andar y jugar como en tierra firme y re- 
acia, y que éstos hablan de ser hombres barbados y blancos, vestí- 
*'do9 de diferentes colores, y que en sus cabezas hablan de traer 
"unas coberturas redondas, (2) y juntamente con éstos habían de 
"venir otros caballeros en bestias á manera de venados, (3) y otros 
Men águilas que volasen como el viento, y que éstos hablan de poseer 
*^esta tierra y poblar todos los pueblos de ella, y que se hablan de 
'Multiplicar en gran manera, y que de éstos habla de ser el oro y 
Via plata y las piedras preciosas, y ellos lo hablan de poseer, y por- 
*'que creas que lo digo es verdad, cátalo aquí pintado, la cual 
'pintura me dejaron mis antepasados." (4) Sacó entonces una pin- 
tara muy vieja, en la caal constaban los pormenores de que habla 
hablado. Al ver la absoluta semejanza con las pinturas de Toonal, 
Motecuhzoma lloró y se angustió rendido á la fuerza de la eviden- 
cia. — ^"Has de saber, hermano duilaztli, le dijo, qae ah(xra veo que 
*'tus antepasados fueron verdaderos sabios y entendidos, porque no 
"há muchod dias qae esos que traes ahí pintados, aportaron á es- 
'ta tierra hacia d(mde nace el sol, y venían en esa casa de palo que 
Hu señalas, y vestidos en la'núsma manera y colores que esa pin- 
"tura demuestra, y p<^ue sepas que los hice pintar, cátalos aquí, 
'^pero una cosa me consuela, que ye les envié un presente y les en- 
*'vié á suplicar que se fuesen norabuena, y ellos me obedecieron y se 

(1) Darán, cap, HEL MS.— Tezozomoo, oap. oiento ooho. MS. 
(3) Se haoe principal xef oienda á loa aombxercNi, iios cmücs diaron j/m nonbie^ 
euaapa^ lebrillo do la cábexa. 

(3) Los caballos, apellidados t/onaeamMoU, 

(4) Doran, oap. lüEL MS. 



53 

fueron, y no bó si han de tornar á volver." — El viejo üuilaztli le 
•^respondió:" ¿Es posible poderoso señor, que vinieron y que se fue- 
''lon? Pues mira lo que te quiero decir, y si lo que te digo no fuese 
"así, quiero que á mí y á mis hijos y geúeracion borres de la tierra 
'*ynos aniquiles y mates á todos, y es, que antes de dos años, y á 
''más tardar de tres, que vuelven á ésta tierra, porque su venida no 
"fué sino á descubrir el camino y á saberlo para tornar á venir, y 
"aunque te dijeron que se volvían á su tierra, no lo creas, que ellos 
"no 1 .egarán allá, antes se han de volver de la mitad del cami- 
'W" (1) 

Semejante declaración no agradó á Motecuhzoma, quien quedó 
con harto pesar; sin embargo, recompensó anipliamente á Q^uilaztli, 
reteniéndole constantemente á su lado para aprovechar sus conse- 
jos. El ánimo de Motecuhzoma era voluble, y movedizo como las 
aguas del mar; permaneció triste por algún tiempo, más mirando 
que los hombres blancos no volvían, creyó en su necio orgullo que 
habían obedecido sus «^rdenes, y que ya jamás tomarían estando él 
vivo. El monarca debía estar en condiciones anómalas, dimanadas 
del estado nervioso producido por la vida sensual que llevaba en el 
trato con sus numerosas mujeres, por su desatentada supersticioui 
por 8U loco orgullo. Ya con la seguridad de mandar, dio rienda suel- 
ta á su odioso despotismo: superior se hizo á los mismos dioses y su 
tiranía no reconoció límites. Exigió cuantiosos tributos, sin medir 
las fuerzas de los pueblos; quitó al legítimo señor de Atzcapotzalco 
poniendo en su lugar á su sobrino Oquiz, hombre violento y tirano; 
desposeyó á los señores de Ehecatepec y de Xochimilco, poniendo á 
Huamitl y á Omacatl, hechuras suyas; á su hijo Acamapich puso 
en Tenayocan. ''Y era tanto el descuido que tenía en pensar que 
"habían los españoles de volver, que no acordándose dello, mataba 
**y destruía y tiranizaba todo lo que podía." (2) 



O) Duran, oap. LXX. MS. 

(2) Darin, cap. LXX. MS.— Tezozomoc, oap. oiento nueye. MS. 



CAPITULO III. 



MOTBCUHZOMA XOCOYOTZIN, — C ACAMA. 



Prosigue el dewabrimierUo de OríjaliHi,— -Cristóbal dé OUd.-^Almoria.^Toehpan, 
—Rio de Canoas^-^-Cabo Rqfo.—Reffreso.'^Pverto de San Ant>on.^IUo Lagartos, 
—CotUL — Vitelta á la Femandina, — Tercera expedición. — Hernando Oortés 
nombrado capitán.— Instrueeiones,^Oruees,^ Gasto de la armada.— Partida de la 
flota del puerto de Santiago. — Permanencia en laviUa de la Trinidad. — Sin la Ha^ 
baña. — TenUUiwxs infructuosas para detener á Cortés. — El cabo San ArUon. — Sa- 
lida definiUta. — Fuerza de la armada. 



mtochtli 1518. Anudando la relación del deficnbrimien* 
to, estaba inquieto Diego Yelazquez por lo que pudiera 
haber sucedido á la escuadrilla de Grijalva, y mirando no tener 
razón ninguna, aprestó una nao al mando de Cristóbal de Olid, 
dándole orden de seguir el derrotero de Hernández de Córdoba has- 
ta encontrar con los expedicionarios. Olid llegó á la isla de Coza- 
mel, de la cual tomó posesión pensando ser él quien la descubría, 
costeó la península de Yucatán y vino á tocar en puerto D«^ado; 
cogióle aquí un recio temporal, y por miedo de perderse sobre la& 



66 

amarras, fué precisa cortar los cables, perdiéndose las anclas. Por 
esta cansa j no ha'ber encontrado la menor noticia de lo que busca* 
ba, Olid se tornó á Cuba, entrando Yelazquez en mayor zoKobra, 
(1) Por fortuna, á poco llegó la carabela mandada por Pedro de Al- 
varado, 7 con las relaciones que este hizo de la riqueza de los pai- 
ses.descubiertos, comprobada con las muestras de oro, Diego Yelaz- 
qnez entró en la mayor alegría, abrazando á Alvarado, haciendo re- 
gocijos y jugando cañas. 

Requerido Grijalva para que poblase en el puerto de San Juan 
de Ulúa, cosa que no aceptó por ser contraria á las instrucciones 
que había recibido, (2) dado por concluido el rescate con los indios 
y partida la carabela San Sebastian que con Alvarado iba á dar la 
noticia á Cuba, las tres naves restantes levaron anclas prosiguiendo 
el descubrimiento de la costa hacia el Norte. Vieron un lugar al 
que nombraron Almería, (3) en s^uida las sierras de Tuspa, (4) 
llegando el 28 de Junio á la boca de un rio al cual pusieron por 
nombre rio de canoas. (5) Pusiéronle tal nombre, porque estando 
surtas las carabelas, salieron hasta diez y seis canoas cargadas de 
guerreros, se adelantaron á combatir la nao de Alonso de Ávila, 
pretendiendo apoderarse de ella; perojsoltada la artillería, acudien* 
do los bateles de las otras carabelas con los ballesteros y escopete- 
ros, recibiendo algún daño los indios se pusieron á huir metiéndose 
en la boca de Tanhuija ^ Este día ya tarde vimos un milagro bien 
'' grande, y fué que apareció una estrella encima de la nao después 
'* de puesto el sol, y partió despidiendo continuamente rayos de luz, 
" hasta que se puso sobre aquel pueblo grande, (6) y dejó un rastro 

(1) Benial Diaz, cap. XV.— Oviedo üb. XVH, cap. XVUI. . 

(2) Gasas, Hist. de las Indias, cap. CXII. Ub, HI. 

(3) Almería, KauhÜa. Bio de Alinería» no de Naohtla, j también río de la Torte, 
EBtftdo de YeYBCraz. Itinerario de larmato, pág. 301. 

(4) Bernal Diaz, cap. XVI, distingue las aiexra^de Tosta y de Tuspa. La primera 
es la sierra de San Martín, en donde está el Tolcan de Tuxtla; la segunda es Tuzpan 
rrochpan), en 20** 59* 30" lat. y 1** i& 12,8" longitud Este. 

(o) Oviedo, 11b. XVn, cap. XVI. Este río de Canoas corresponde á la boca del rio 
de Tanbuijo que camunica el mar con el lago de Tamiahua; la boca está colocada á 
loB 2r 15' 48* lat y I"" 42^ IST long. E. La antigua población de Tamiahua estaba 
colocada sobre la costa y no en donde ahora se encuentra. 

(6) Debe referirse al antíguoTamiahaa. 



^ 



> 



f* 



66 

'^en el aire que doró tres horas largas; y vimos además otras se&a- 
^Mes bien claras; por donde entendimos qne Dios qaeria para su ser^ 
"vicio que poblásemos en aquella tierra. (1) El milagro venia de 
!' molde para vencer el ánimo de Grijalva á fin de poblar en la tierra, 
"aonque según parece no fuó eficaz. ^' É luego alzamos áncoras 6. 
('dimos velas, ó seguimos costa á costa hasta que llegamos auna 
" punta muy grtode; y era tan mala de doblar, y las corrientes mu- 
" chas, que no podíamos ir adelante; y el piloto Antón de Maminos' 
" dijo al general que no era bien navegar más aquella derrota, é pa- 
^* ra ello se dieron muchas causas, y luego se tomó consejo de lo qne 
" se habla do hacer, y fué acordado que diésemos la vuelta á la ida 
" de Cuba.'» (2) 

Corriendo el litoral en sentido contrario del que hablan llevado, 
llegaron á la boca del Coatzacoalco el viernes 9 d^ Julio; no pndien^b 
subir el rio por la fuerza de la corriente y el mal tiempo, el lunes 
12 alcanzaron el rio Tonalá^ " que se puso entonces nombre San 
Antonf ' permanecieron tres dias ahí componiéhdo una nave que ha- 
da agua y rescatando 'e paz con los pueblos comarcanos. Los in- 
dios de aquellas partes traían unas hachúélas de cobre que á los 
eastellanos se les antojaron ser de oro bajo, diéronse á rescatarlas 
por cuentas de vidrio ) logrando reunir en tres dias más de seiscien- 
tas, con igual contento de los contratantes; '^ mas todo salió vano, 
que las hachas salieron de cobre, y las cuentas un poco de nada.'^ 
(3) De mejor provecho para el país entero fuó, que apartándose 
Bemal Diaz del Castillo á dormir la siesta cerca de un teocalli, sem- 
bró siete ú ocho pepitas de naranja que habla traído de Cuba; na- 
cieron, y mirando los papas ser plantas que no conocían, las defen- 
dieron de los insectos y cultivaron: conquistada después la tierra, 
poblada la provincia de Coatzacoalco, Bernal Diaz recogió los arbo- 
lillos, siendo estos '^ los primeros naranjos que se plantaron en la 
V Nueva Espafia." Viernes 17 salieron á la mar; pero habiendo da- 
do en tierra la nao capitana, tomáronse al punto de partida: ent6n« 

(1) Itinerario de larmata, pág. 802. 

(2) Bernal Diaz, oap XVI. Este cabo grande difíoU de doblar no puede ser otro 
que Cabo Bojo/en 21'' 81' lat y 1"* 48' 24,8' long. E. Este debe, pues, conaidaott- 
86 como el término de los descubrimientos de Grijalva. 

(8) Bernal Diaz, oap. XVI. 



67 

m huyeron los dos indios intérpretes que tenían, Julián y Pero 
JBarba. 

Emplearon el tiempo en rescatar y quitaron unas joyas que en- 
contraran sobre anos cadáveres que desenterraron, aunque ya he- 
diondos. " Pero de orer es que si tuvieran más oro^ que aunque mas 
*^ hediera no quedaran con ello, aunque se lo ovieran de sacar de los 
*< estómagos; porque la malvada cobdicia de los hombres á todo tra- 
^'baxo é asco y peligroso subceso se dispone.'^ (1) 

Dejaron el puerto de San Antón, martes á 20 de Julio; acometi- 
dos por el mal tiempo y sin saber dónde estaban, buscaron tierra, 
dando con ella el martes 17 de Agosto: llamaron al lugar puerto de 
Términos. (2) Proveyéronse de agua y pescado, haciéndose al mar 
él domingo 22: tocaron en Puerto Deseado y miércoles 1? de Se- 
tiembre se pusieron frente á Poton-Chan; aunque salieron á una 
isleta cercana á la costa, no desembarcaron, porque los indios esta- 
ban en son de guerra. Viernes 3 dejaron aquel lugar, alcanzando el 
pueblo de Lázaro el domingo 5; desembarcados para tomar agua de 
que habían necesidad, los naturales los condujeron poco á poco has« 
ta una celada de que pudieron salir á poca costa; tomada el agua y 
maiz de las sementeras, diéronse al mar el miércoles 8. Siguiendo 
la derrota, sábado 1 1 al ponerse el sol vieron unos bajos, probable- 
mente los Bajos de Sisal, reconociéronlos aún el siguiente domingo 
12, y no sabiendo pasar por aquel camino volvieron sobre la penín- 
sula, ^' é tomaron la tierra más arriba del rio, que llaman de Lagar- 
tos, donde dicen el Palmar.'^ (3) Miércoles 16 siguieron costeando, has • 
ta el martes 21 que plegaron á Comi, (4) y tomando al Norte deseu- 
biieron la Femandina el miércoles 29 de Setiembre, poniéndose 

(1^ Oviedo, lib. XVII, cap. XVI. 

(2) *' Y en tanto que allí estonexon hw ebriptiaiK» tomando agaa, vieron canoas 
cada dia atravesar con gente á la vela, que pasaban á la otra tietra de la Ida Bioa 6 
Tacatan." Oviedo, lib. XVII, cap. XVII. Confirma esta opinión lo ( le antes había 
dicho Bemal Diaz; repetimos nosotros, que el uso de la vela impone un grado bas- 
tíate adelantado en navegación. 

(3) Oviedo, lib. Xpu, cap. XVIII. Bio Lagartos, sobre la costa boreal de Tnoa- 
tn, en él** 83* lat. y lO** 6ff long. E. Propiamente no es rio, sino ima entrada qne la 
mar baoé en lo que llaman laguna de Lagartos 6 de Mursrnic. 

(4) Oviedo, loco cit. Las bocas de Conil en el cabo Catoche. 

TOM. IV.- 



i 



58 

frente al puerto Carenas al día sigaiente: la flotilla llegó finalmen- 
te al puerto de Xaruco el lunes 4 de Octubre, desembarcando la 
gente el martes cinco. (1) 

Desembarcado Qríjalya enoontró una carta de Diego Yelazquez, 
á la SHEon en Santic^, previniéndole que lo más pronto posible fue- 
ra para lá villa, y dijese á la gente, que estando ocapado en hacer 
nueva armada para ir Á poblar la Isla Rica de Yucatán, los quo 
quisiesen tomar parte esperasen ahí en la Habana, dándoles entre- 
tanto lo que hubiesen menester de una granjeria que cerca tenía 
llamada Estancia. (2) Gríjalva se puso brevemente en cansino y 
llegado ante el gobernador, este le di6 pocas gracias por el oro que 
le habla enviado con Alvarado y por el que traía él mismo, ri&éndole 
acremente por no haber poblado en la tierra, como si no haber 
cedido á las instancias de sus compañeros no fuera haber cumplido 
con las instrucciones comunicadas por el mismo Diego Yelazquez. 
La verdad parece, que las personas que rodeaban al gobernador, 
harto impresionable por cierto, le hablaban mal del cumplido Grijal- 
va; Alonso de Ávila, que ^^era mal acondicionado,^' decía de Grí- 
jalva ser para poco, y al mal decir ayudaba Francisco de Mon- 
tejo. (3) 

Diego Yelazquez se entendía en lo necesario para prevenir nueva 
armada que fuera á reconocer la isla de Yucatán 6 de Santa María 
de los Remedios, la de Cozumel 6 Santa Cruz, y la tierra grande 
en parte llamada Ulúa ó Santa María de las Nieves. A ello le deter- 
minaba las relaciones de Pedro de Alvarado y las muestras del oro 
que había recibido. Para obtener el permiso, envió por su procura- 
dor á la isla Espafíola á un hidalgo llamado Juan de Saucedo, quien 
lo alcanzó completo de los religiosos gerónimos Fr. Luis de Figue* 
roa, natural de Sevilla y prior de la Mejorada, Fr. Alonso de Santo 
Domingo, prior de San Juan de Ortega, y Fr. Bernardino de Man- 

(I) Consiiltese para la expedición de Gríjalva, Itinerario de larmata, apud García 
Icazbalceta.— Oviedo, lib. XVII, cap. VIII al XVm.— Casas, hist. de las Indias, 
lib. m, cap. CIX al CXII I.— Herrera, áéc. 11, lib IH, cap. I y II, IX rJ XI.— Ber- 
nal Diaz, cap. VIU al XVI.— Torquemada, lib. IV, cap. III al V.— Gomara, Cr5n. 
cap. V y VX— CogoUudo, lib. I. cap. III y IV. 

<2) Gasas, Hist. de las Indias, lib. IH, cap. CXIIL— Herrcca, dée. II, lib. III, 
cap. X. 

(3) Casas, lib. III, cap. CXIV.— Herrera, de'c. II, lib. III, cap. XI.— Bemal Diai, 
cap. XVI. 



69 

zanedo, nombrados gobernadores por el cardenal Xitnenez para en- 
tenderse en negocios de Indias. Los objetos de la expedición, según 
consta en el preámbulo de las instrucciones dadas á Cortés eran 
amparar la escuadrilla de Gríjalva de la cual no había noticia j pu- 
diera estar en peligro; buscar y auxiliar el barco mandado por Cris- 
tóbal de Olid 7 recoger seis cristianos cautivos que se decía estaban 
en Yncatan. (1) Respecto de capitán para la armada, Diego Velaz- 
qnez pensó en un hidalgo llamado Tasco Porcallo, pariente del con- 
de de Feria; mas le desechó temiendo se alzara con la armada, por- 
que era atrevido. Baltazar Bermudez ^Bemal Diaz le llama Agnstin) 
tenía mucha suficiencia de su persona y pidió excesivas condiciones: 
DO contentaron tampoco al gobernador Antonio Velazquez Borrego 
y Bemardino Velazquez, que era bu pariente. Por último se fijó en 
Hernando Cortés. Explícase que Diego Velazquez hiciera tal nom- 
nombramiento, porque Amador de Lares, contador y oficial del rey, 
tenía frecuente trato y grande influencia en el ánimo del goberna- 
dor, encontrándose en las mismas circunstancias Andrés de Duero, 
secretario que siempre había sido de Velazquez. Lares y Duero se 
entendieron con Cortés, bajo la base de que si esta era nombrado 
capitán, partirían entre los tres lo que en oro joyas y plata les to- 
cara, y admitido el pacto pi.dieron tanto las persuaciones de La- 
res y Duero, que Cortés fué nombrado y reconocido por general de 
la armada. (2) 

Las instrucciones ^adas por Velazquez á su capitán, llevan la fe- 
cha 23 de Octubre 1518, y como de su tenor se deducen las obliga- 
ciones de los contrayentes, importa conocerlas. (3) Es un documen»- 



(1) Colección de Documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista, etc., 
de América y Oceanía. Tom. XII, pág. 226—30. 

(2) Gasas, lib, ni, cap. CIV.— Herrera, déc. II, lib. III, cap. XI.— Bemal Diaz, 
cap. XTX. 

(3) 1.* Primeramente, el principal motivo que vos y los de toda vuestra compa- 
fiía abéis de Uevar es y a de ser para qne en este viaje sea Dios Nuestro Sefior servi- 
do é alabado y nuestra s: ita teé católica anpliada, que no consintireys qne ninguna 
penona, de qualquiera calidad é condición que sea, diga mal á Dios Nuestro Sefior 
ni á Santa liaría su madre ni á sus santos, ni diga otras blasfemias contra su santí 
simo nombre, por ningmia y alguna manera, lo cual ante todas cosas les amonesta- 
rays á todos; y á los que semejantes delitos cometieren, castigallos eys confotme á 
derecho con toda la mas riguridad que ser pueda." ^ 

2.* ítem: porque mas cumplidamente en este viage podays servir á Dios Nuestro 



60 

to punoso bajo más de an título, lleno de importautes pormenores. 
Lo primero que se advierte es, que propiamente no se podrá ir en 
busca de la escuadrilla de Grijalva ni del barco de Cristóbal de 
Olid, supuesto que muchos días antes estaban de regreso, sanos y 
salvos en la isla de Cuba: quedaba sólo por ejecutar, recojer á los 
cristianos cautivos en Yucatán ó Santa María de los Remedios. 
Detalladas las instrucciones para todos los casos, no contienen una 
cláusula acerca de formar un establecimiento permanente; el viaje 
era únicamente de exploración y de rescate, debiendo seguir el ca- 
mino recorrido por Juan de Grijalva hasta San Juan de Ulúa, tie- 
rra nueva de San Juan ó de Santa María de las Nieves, en donde 
el primer descubridor había encontrado tan pingües provechos. Ve- 
lázquez otorga cumplido poder á su capitán para resolver los casos 
ocurrentes, no especiñcados en las repetidas instrucciones. 

Observaremos, por vía de paréntesis, que á los descubridores ha- 
bía llamado mucho la atención haber encontrado cruces, dándose 
ahora orden (cláusula 12) de inquirir su significado y lugar de pro- 
cedencia. A este propósito encontramos: '^ Después del viaje referi- 
*' do, escribe el capitán de la armada al Rey Católico, que ha des- 
" cubierto otra isla llamada Ulúa, en la que han hallado gentes que * 
'' andan vestidos de ropa de algodón; que tienen harta policía, habi- 
'^ tan en casas de piedra, y tienen sus leyes y ordenanzas, y lugares 

Sefior^ no cenGÚitireys ningún p«oado publico, asy oomo amaueebad&s piíblioamen- 
te, ni quo uinguno de los cristianos espafioles de yuestra compafiía aya exceso ni 
ooyto camal con ninguna muger, f aera de nuestra ley, porque es pecado á Dios 
muy odioso y las leyes dibinas y umanas lo proyben; y procedereys con todo vigor 
contra el que tal pecado ó delito cometiere é castigarlo eys conforme á derecho por 
las leyes que en tal caso hablan y disponen." 

' "8.* ítem: porque en semejantes negocios toda concordia es muy litil é provecho- 
sa, y por contrario, las disensiones é discordias son dañosas, y de los juegos de da^ 
dos é naypes suelen resultar muchos escándalos y blasfemias de Dios é de sus san- 
tos, trabajareys de no llevar ni Uebeys en yuestra conpafiía persona ninguna que se 
orea que no es muy sselosa del servicio de Dios Nuestro Sefior é de Sus Altezas, y se 
tenga noticia que es buUicioso é amigo de novedades y alborotador, y defenderéis 
que en ninguno de los navios que llevays aya dados ni naypes, y abisareys dello, asy 
á la gente de la mar como de la tierra, ynponiándoles sobre eUo recias penas, las 
quales ejeoutai^ys en las personas que lo contrario hicieren." 

**^»^ ítem: después de salida la armada del puerto desta ciudad de Santiago, ter* 
naya mucho aviso é cuidado, de que en los puertos desta Isla Femandina saltáredes, 
no haga la gente que con vos fuere enojo alguno, ni tomen cosa contra su voluntad 
á los vecinos é moradores ni indios della, y todas las veces que en los diohos paer' 



61 

''públicos, diputado!^ á la administración de justicia. Adoran una 
" cruz de marmol, blanca y grande, que encima tiene nna corona 
"de oro; y dicen que en ella murió uno que es más lucido y resplan- 
" deciente que el sol." (1) 

El nombramiento de Cortés suscitó entre sus émulos envidias y 
celos. Diego Yelázque? ponfa mucho calor en el despacho de la ar- 
mada, visitándola todos los dias para dar prisa en él despacho; ^Yu6 
" entre las otras una vez, y un truhán que Diego Velázquez tenía, 
"llamado Francisquillo, iba delante diciendo gracias, porque las 
"solía decir, y entre otras, volvió la cara á Diego Velázquez y díjo- 
"le: "]Ah Diego!" responde Diego Velázquez: "¿duó quieres loco?** 
" Añide: "Mira lo que hacéis, no hayamos de ir á montear á Cor- 
" tés." Diego Velázquez da luego gritos de risa, y dice á Cortés, 
^* que iba á su matio derecha por ser alcalde de la ciudad y ya capi- 
"tan elegido: "Compadre (que así lo llamaba), mirad que dice 
" aquel bellaco de Prancrgquillo." Respondió Cortés, aunque lo ha- 
" bía oido, sino que disimuló ir hablando con otro que iba cabe él: 
" ¿dué, señor?" Dice Diego Velázquez: *Hiue si os hemos de ir á 
" montear:" respondió Cortés: "Déjelo vuestra merced que es un 
^^beHaoo loco; j<f te digo loco, que si te tomo, que te haga y acen- 
tos saltáredas. los aviaareys dono, oon aperoibimiento que Bwaax muy eastígados loe 
que lo contrario hicieren, y sy lo hioiereny oaatigados eys oonforme é justioia," 

5.* ítem: áñspxieB qne oon aynda de Dios Koestro Sefioir, ayays vedbido los basti- 
mentos 4 otras cosas qne en los dichos puertos abeys de tomar, é fecho el alarde de 
la gente é armas qne llebays, de qada navio por sy, mirando mocho vx el registrar 
de las armas no aya los fraudes qne en semejantes oasotf se snele haser prestándose- 

■ 

las los nnos á los otros para el dicho alarde; é dada toda buena borden en loe diohoe 
sabios é gente, oon la mayor breyedad que ser pueda os partiréis en él nombre de 
Dios á seguir Tuestro yiage." 

"6.* ítem: antes qne os fagays á la Tela, oon mucha diligencia mirareys todos los 
sabios de Tuestra o<maenra á ynqnerireyB á haréis buscar por todas las Tias qne pu^ 
dierdes sy liaban en ellos algún indio 6 india de los naturales desta isU, é ty álguni> 
haUardes^ lo entregad á las justicias para que, sabidas las personas en que en nom- 
bre de Sus Altezas están depositados se los buelbaii, y en ninguna manera oonsenti- 
reys que en los dichos nabios baya ningún indio." 

"7/ ítem: después de aber salido á la mar los nabioe é metidas las baroas, yreya 
eon la bavoa del nabio donde tos fuerdes, á cada uno de éOos por tj, Uebando oon 
TOS nn esexibaiio, é por las copias tonareys á llamar la gente que eada nabio Heva- 
xe, peía que sepáis si falta alguno de los oontenidoe en las diehas copias que deea 
da nabio oUerdes fecho, poique mas cierto sepáis la gente que Bebays, y de cada 



(1) Itinenrio de lannata, pág. 806. 



. 62 

" tezca," dijo Cortés á Francisqnillo. Todo esto pasó, todos barláa- 
" dose y riéndose," (1) 

Cortés desde su nombramiento parece haber cambiado de porte y 
de conducta; adornó su persona cual convenía á su nueva posición, 
imponiéndose la gravedad correspondieúte; ^^como era orgulloso y 
alegre, y sabía tratar á todos, á cada uno según lo cognosoia incli- 
nado, para lo cual ser Alcalde no le desayudaba, súpose dar mafia 
á contentar la gente que. para el viaje y población se allegaba, la 
cual era toda voluntaria por la codicia del mudio oro que haber es- 
peraba." (2) Activo como era, de firme voluntad, se entregó con ca- 
lor á terminar los aprestos de la armada: gastada profusamente su 
hacienda, que era poca, acudió á amigos y á mercaderes por dine- 
ros prestados, admitidos algunos sobre las rentas de sus indios; (3) 

Pregonado el nombramiento de Cortés, alzó banderas para hacer 
la recluta; tenían las armas reales y una cruz de cada parte, con un 
letrero en latín que decía: '^Hermanos, sigamos la sefial de la san- 
ta cruz con fé verdadera, que con ella venceremos." (4) Conforme á 
otro de los conquistadores) llevaba el dicho marques ^'una bandera 
'^ de unos fuegos blancos y azules, é una cruz colorada en medio; é 
^^ la letra della era: Amici^ sequewiur crucem. et si nos fidem ka- 

copia daréis un treslado al capitán que pusierdes en cada nabio; y de las personas 
que faUardes que se asentaxon con bos y les habéis dado dineros y se quedaren, me 
enbiar una memoria para que acá se sepa." 

*'S.** ítem: al tiempo que esta postrera vez bisitáredes los dichos nabios, manda- 
reys é apercibiréis á los capitanes que en cada uno deUos pusyerdes é á los maestres 
^'pilotos que en ellos ban ó fueren, y á cada uno por sy y á todos juntos tengan es- 
pecial cuydadó de seguir é acompafiar el nabio en que vos fuerdes y que por ningu- 
na bia ú forma se aparten de yod, en manera que cada dia todos vos hablen, d á lo 
menos lleguen é á bista e' conpás de vuestro nabio, porque con ayuda de Nuestro 

(1) Gasas, lib. m, cap. OXV.— Herrera, dec. II, lib. III, cap* XII.— Bemal Díaz, 
o«p. XIX, refiere ,1a misma anécdota, en distintas palabras, si bien siendo el mismo 
el sentido. Decíase el traban, Cervantes el loco: "tiivose por cierto que dieron los 
'*yelázquez parientes del Gobernador ciertos pesos de oro á aquel «hocarrero por- 
*' que dijese aquellas malicias, so color de gndafi." 

(2) Casas, lib. III, cap. CXIV. • 

(3) Becnaíl Díau, cap. XX.-^lfo parece fácü poner en claro, con cuál cantidad acu. 
dio Cortds paní los costos do'kt armada y con cuanto contribuido Velizquez: cuando 
ambos 8e< hiéieron enemigos capitales, en las fncoosL^^ r^u.^ . o contra otro hicie- 
ron; los doa aduHararón á sabiendas la verdad. Vea el lecU ;ae pueda saoiur de 
los diversoa^dooiimentoff que vamos á citar. En ia **Oarta qw Diego Vetázqnez ^sari- 

(4) Bemál Diaz, cap. II. 



63 

^[bemus veré in hoe siffno vincemus:^ (1) era un recueido del co- 
legio j del lábaro de Constantino. Al mmor de la expedición, los 
vecinos de las islas, deslumbrados por un país abundante en oro, 
muy más rico que ninguno de los hasta entonces descubiertos, se 
apresuraron á engancharse en la armada: "unos vendían sus hacien- 
"das para comprar armas y caballos, otros comenzaban á hacer ca- 
^ sabe y salar tocinos para matalotaje, y se colchaban aimas, y se 
" apercibían de lo que habían menester lo mejor que podían." Re- 
cogiéronse en la villa de Santiago hasta trescientos hombres, así de 
principales vecinos, como de amigos y servidores del gobernador, 
puestos por éste para velar sobre sus intereses^ uno de ellos era Die- 
go de Ordaz su mayordomo mayor. 

Entre tanto, sea que los dichos de Cervantes el loco produjeran 
su efecto, sea que los émulos de Cortés trabajaran el ánimo del go- 
bernador, sea que el mismo Cortés despertara alguna sospecha con 
BU conducta, lo cierto es que Diego Yelázquez comenzó á tener por 
malo el nombramiento que había hechO| mostrando recelos y cam- 
biando del aprecio que antes mostraba á su capitán. Muy sagaz era 
Cortés para no conocer aquel cambio, y ademas, que Andrés de 
Duero le informaba de los manejos de sus enemigos y de las resolu- 



Sefior, Uegaeys todos Juntos á la isla de Co^nmel, Santa Cruz, d<Hide será vuestra 
derecha derrota y viage, tomándoles sobre ello ante vuestro escribano juramento, é 
poniéndoles grandes é graves penas, y sy por acaso, lo que Dios no permita, acae- 
ciere que por tiempo for90so ó tormenta de la mar que sobrebiniese, fuese forjado 
que los nabios se apartasen y no pudiesen yr en la conserba arriba dicha, y llegaren 
primero que vos á la dicha isla, apereibiréys é mandareys, so la pena, que ningún 
capitán ni maestre ni otra persona alguna, de los que en los dichos nabios fueren 
sea osado de salir dellos ni saltar en tierra por ninguna bia ni manera, syno que án- 
teb syenpre se velen y estén á buen recaudo hasta que vos lleguéis; porque podiía 
ser que vos 6 los que de vos se apartasen con tiemjx), llegasen de noche á la dicha 

bió al Lie. l^igiieroa, para que se hiciese relación á sus Majestades de lo que le Jiabia 
hecho FerTiando Cortés, Dooum. de Garcia Icazbalceta, tom. 1, pág. 399, asegura 
que mandó una copiosa armada provista de lodo lo necesario. Consta el mismo con- 
cepto en la, Demanda de OeMlos en nomln'e de Panfilo de Narvaez, contra Hernán^ 
do CcrUsysus «wi^^wm, Docum. de García Icazbalceta, tom. 1, pág. 437.— Ovie- 
do, Ijb. XVII, cap. XIX, escribe: "pero no apruebo lo que él, (Hernando Cortés), 
y clri ' 11^ i, porfiando que Cortés y otros fueron á sus propias despensas á aque- 
•llas tierr. , ^ órque aunque assi fuese (que no oreo, porque he visto escripturas é 

(1) Belacion de Andrés de Tapia^ pág. 554. 



64 

cionesf del gobernador. En semejantes circunstancias, lo más pru- 
dente pareció á Cortés alejarse del puerto lo más pronto posible; al 
efecto, hizo embarcar la gente, las armas y los bastimentos, y él oon 
los principales de la villa fué á despedirse de Y6lázc[uez; pasaron 
mutuas protestas de amistad, 'ofrecimientos desperanzas^ abrazos 
de fingido cariño. Al dia siguiebte, después de oída misa, Diego 
Yelázquez fué al puerto á presenciar el embaiq^e del afortunado 
capitán, y después de afectuosos saludos la armada se hizo á la 
vela. (1) 

Esta es relación de un testigo presencial, que por estar escrita 
de memoria después de muebos afios, puede haberse ofusoado en la 
mente del historiador, refiriéndose tal vez á suceso verdadero, aun- 
que diverso de la partida de la armada. Preferimos el siguiente re- 
lato, por tener las condiciones apetecibles de autenticidad y certeza. 
Diego Yelázquez había determinado quitar el cargo que había dado 
á Cortés, ^' el oual, luego, la primera noche que lo alcanzó á enten- 
'* der, después de acostado Diego. Yelázquez, y todos del palacio idos, 
'' que le hacían, en todo el silencio de la noche más profundo va 
*' Cortés á despertar con suma diligencia á los más lus amigos, di- 
" ciéndoles que luego convenía embarcarse. Y tcnnada dellos la com- 

isla, mandarles eys é abúareys á todos que á las noches, faltando álgun nabio, ba 
gan 808 lazóles^ porque se vean 4 sepan los unos de los otros, é asy mismo tos lo 
haxeyQ, sy primero llegardes é por donde por la mar f uerdes, porque todos os sygan 
é vean é sepan por donde bays, 4 al tiempo que deata isla os desal^razazdes, manda, 
reys é hareys que todos tomen abiso de la derrota que han de llebar, é para ello se 
les dé su ynstrucion é aviso porque ei^4odo-«Kya buena hórden." 

<'9.* ítem: abisareys é mandareys á los dichos capitanes é maestros é i, todas las 
otras personas que en los dichos nabios fueron, que si primero que vos llegare á al- 
guno de los puertos de la dicha isla, é algunos indios fueren á los dichos nabios 
que sean de e^os muy bien tratados é recibidos, que por ninguna bia ninguua per- 

"testimonios que dicen otra cosa, y en mi poder está signado un treslado de la ins- 
"truccion y poder que le dio Diego Velazquez para yr en su nombre), este loor por 
**de Diego Velazquez y no de otro le tengo, pues él dio principio á todo lo que sub- 
**cedid de la Nueva Espafta, y descubrió de ella la parte que he dicho en mas de 
* 'ciento y treyta leguas de costa."— En la Owrta dé la Jtutieia y Regimiento de la 
Jüoa VtUa de la Veracrm d la reina doña Jvana y al emperador Carlos V, su kffo, 
dio de JuUode 1519, Cartas y relaciones de Hernán Cortés, Colee, de Gayangos, 
pág. 8., escriben los eousejales refiriéndose á la armada, "y para la hacer á menos 
«costa suya (de Velazquez), habló oon Femando Cortés, vecino y alcalde de la da. 

ri) Beisal Diae, oap. XX. 




66 

" pafila que le pareció para defensa de su persona, va de allí luego, 
" á la carneceria, y, aunque pesó al que por obligación había de dar 
" carne á toda la ciudad, tómala toda sin dejar cosa de vacas y puer. 
" tos y cameros, y hácelo llevar á los navios, reclamando, aunque 
"no á voces, porque si las diera quizá le costara la vida, que le Ue- 
*' varían la pena por no dar carne al pueblo, quitóse luego Cortés 
" una cadenilla de oro que traia al cuello, y diósela al obligado ó 
" carnicero; y esto el mismo Cortés á mi me lo dijo. Vase luego 
"Cortés á embarcar oon toda la gente que pudo despertar, sin es- 
" truendo, á los navios; ya estaba embarcada mucha de la que con 
" él había de ir y que fué. El ido, ó por los carniceros ó por otr^a 
.'^personas que sintieran su ida, fué avisado Diego Yelazquez cómo 
" Cortés era ido, y estaba ya embarcado en los navios; levántase 
" Diego Velazquez y cabalga, y toda la ciudad espantada, con él, 
'* van á la playa de la mar en amaneciendo el dia; desque Cortés los 
" vido hace aparejar un batel con artillería y escopeta» y arcabuces, 
"ballestas y las armas que le convenían, y la g^nte de quien mas 
" confiaba, y con su vara de alcalde, llegóse á tiro de ballesta da 
" tierra, y parando allí, dicele Diego Yelazquez: '^ ¿Cómo compadreí 
"así 08 vais? ¿es buena manera esta de despediros de mí?^' Respon* 

BODA, de ninguna manera ni condición que sea, sea osado de les hazer agniTÍo ni les 
dezír cosa de que puedan recibir sinsabor, ny á lo que bays, saibó oomo están espe- 
zindo que tos les direys á ellos la causa de vuestra yda, ni les demanden ni ynterro- 
guen sy saben de los cristianos que en la isla de Santa Moría de los Bemedios están 
cabtivod en poder de los indios, porque no losabisen é los maten, 4 sobrello pomeys 
muy recias é grandes penas." 

10. ítem: después que en buen ora Uegueys á la dicha isla de Santa Onus, siendo 
ynformado ques ella, asy por ynf ormacion de los pilotos 6 por Melchor, indio ttata- 
rsl de Santa Mazia de los Bemedios que oon¡yos llebays, trabajareys de ber y sondar 
todos los mas puertos é entradas é agradas que pudierdes por donde fuerdes, asy en 
la dicha isla, como en la de Santa María de los Bemedios, é Punta llana, Santa Ma- 
ría de las Nieves, é todo lo que haüardes en los dichos puertos hareys asentar en las 

"dad de Santiago por V. M. , y díjole que armasen ambos á dos hasta ocho 6 diez 
"nayios, porque á la sazón el dicho Femando Cortes tenia mejor aparejo que otra 
"persona alguna de la dicha isla, y con él se creia que querría venir mucha mas gen- 
**te que con otro cualquiera, y visto por el dicho Femando Cortés lo que Diego Ve- 
**lazquez le decía, movido con celo de servir á W. BB. AA. propuso de gastar to£o 
"cuanto tenia y hacer aquella armada, casi las dos terceras partes della á su costa, 
"así en navios como en bastimentos de mar, allende de repartir sus dineros por lag' 
"personas que habian de ir en la dicha armada, que tenian necesidad para se pro 
"▼eer de oosaa necesarias para el viaje." En esla carta, si no escrita bajo el dictado 

TOM. rv. — 9 



66 

" di6 Cortés: '/ Señor, perdone vuestra merced, porqué estas cosas y 
'' l£f8 semejantes, antes han de ser hechas que pensadas, vea vuestra 
*' ii^rced.que^me manda;" no tuvo Diego Velazquez que responder, 
'* yieud^ 8Uí iíjfidelidad y desvergüenza. Manda tornar la bwca y 
"vuélvese á los navios; y. á mucha priesa, manda alzar las velas á 
" l&z.dp Noviembre, año de 1518, con muy pocos bastimentos por- 
"4\ie ai^p nq estaban, los navios cargado»." (1) 

£pta;paT:^id% viotienta, está eu consonancia con el ánimo resuelto 
y la ¡^ontitfif Jl en la ejecución que Cortés supo poner en sus cosas. 



r, 



cartas d^ios pilotos é á vuestro escribano en la relación que de las dichas islas <í tie- 
rráis abeyri áe hacer, señalando el nombre de cada uno de los dichos puertos é agaB." 
daai'é á^'^áiíptóyinoisÁ donde cada uso estuyiera, por manera que da todo hagajs 
ni;^7 WQpUda á entera relación." 

**1V Iteipí {legado que con ayuda de Dios Kaestro Sefior seays á la dicha isla do 
Co9umel, Santa Cruz, hatílareys á los caciq\if m é indios que piidierdes della e de to- 
das las otVás 'islas' é tiehsd por donde fuerd.s, diciiíndoles como vos ys, por manda- 
do del I^f íNutffiiro Señor, á los ver é biaitar; é darles eys á^ entonder como es un 
I^y mu^jM^d^cofio, ouyos vasallos é subditos nosotros é ellos somoe, é á quien obe- 
decen fnucbái^delas generaciones de este mundo; é que sojuzgado ^ sojuzga mn«. 
chas partidas é tierras áelmar, délas quales son estas partes del mar Occeano don- 
de rilOs.é'dCrbá muchos están, é relatarlas eys los nombres de las tierras é iaiss, con- 
':■' ri - j. . " ' • • -. 

de Cortés, redactada con su aprobación, los concejales se muestran enemigos de Ye- 
lásqii€».hiist«i diBoir, "que la mayor parte déla dicha tercia pane que el dicho Día- 
''go VelofEqn^ gastd en hacer la dicha armada fue emplear sus dineros en vinos y 
"en ropasry eu ufaras cosas de poco valor para nos lo vender acá en mucha mas oaii- 
'*tí^Ud.deflQ que i^ le costo, por manera que podemos decir qne entre nosotros loe 
"asp^lbolea vasallos de VV^ KB. AA. ha hecho Diego Velazquez su rescate y gran- 
"jeado sus dineros cobrándolos muy bien." — En la Probanza hecliaen la Viüa de 
Béffura ^.la\FfanierA (hoy Tepeaca), por Jtian Ochoa de Lejalde, á nombre de ffer- 
non OofUéi, ^ cual pasó por ante el alcalde Pedro de Ircio, á 4 de Octubre 1530. 
0DDOiun¿;de Goioía Icazbiklceta, tom. 1, pág. 412), se dice: "que por cuanto á noti- 

^l) Casas, libr lU, cap. CXV.— Herrera, dec. II, lib. III, cap. XII.— Gomara, 
Cr^n. CAp. Yir, autor á quien debemos tener como eco de D. Hernando, viene á 
confirmar la relación de Casas. '* Cortés, dice, procuró de salir luego de allí. Publi-' 
<s6 qne ^ba por sí; pues era vuelto Grijalva, diciendo á los soldados, que no hablan 
de tener qne hacer con Diego Velazquez; díjoles que se embarcasen con la comida 
qno pudiesen. Tomó á Femando Alonso los puercos y cameros que tenia para pesar 
otro dia en la, cameceria, dándole una cadena de oro, hechura de abrojos, en pago« y 
para la pena de np áfix carne á la ciudad, y partióse de Santiago de Barucoa á diez y 
ocho, 4^ Noviembre, con mas de trescientos espaftoles, en seis navios."— Nada hay 
aquí de las despedidas y abrazos mencionados por Bemal Díaz, desprendiéndose do 
la biceyo relación de Gomara, que D. Hernando obraba con doblez y huía mas bioa 
qiie empreijLdía Tiaje. - 



67 

Lo que no ooraprenderaos con claridad, es la conducta de loé otros 
capitanes de los barcos Alonso Herttandez Puerto-Carrero'; Prari- 
cisco de Montejo, Alonso de Avila, Pedro de Alvárado, Juan Vélaá- 
qnez y Diego de Ordaz. Será preciso suponer, bien que tomaroii 
parte en el complot, faltando ¿ las obligaciones que debían á. Diego 
Telazqnez, seducidos por albagos y promesas, bien que fuerótr en- 
gañados por alguna astucia de Cortés. (I) Al alejarse la fl'ciüllu, y 
retirarse á bu habitación el gobernador, lleno debía de ténei* el co- 
razón de angustia y despecho, al verse así burlado. 

La armada se dirigió á Macaca, quince leguas de Santiago, á utiá 
estancia que ahí tenía el rey; en ocho dias que estuvieron, Córttés 
obligó ¿ Tamayo, encargado de la granjeria, que los indios labra- 
sen más de 300 cargas de pan cazabe^ cada carga pesaba dos arro- 
bas, y podía «ervir de alimento á una persona por un mes; el pan y 
eaanto más pudo de bastimentos, puercos y aves, tomó diciendo que 
comprado ó prestado lo pagaría á su tiempo. (.1) Saliendo ¿e Maca- 

biene i saber toda la costa de Tierra Firma hasta donde ¿lio» están: é la^lkla'Efeq^ffóm 
é San Joan é Xamayca c las qoa mas siipiardes, é que f todos /o» ap|l|iiraUa nheóhb 
é haze muchas mercedes, é para esto en cada una dellas tiene sus capitanes -é fente 
4 JO por su mandado estoy en esta isla, c abido ynformacion de a(|uellas á donde 
ellos están, en* su hombre os enbio para que les hableys é requyrays se sometan de- 
bazo de su yugo é servidumbre é amparo Real; é que sean oiertos que haziébdoto 
asy « serbiendole bien é lealmente, serán de Su Alteza é damy, en su 'nombre nray 
bien remunerados é favorecidos é amparados eontra sus dnsmigos; é deciries eys 
como todos los naturales destas islas ansi lo facen, é en se&al de servicio le dan é 
embian mucha cantidad do oro, piedras, perlas é otaras cosas que ellos tianen, 4 ansí 
mismo Su Alteza les face muchas mercedes, é decirles eys que ellos ansí aiisaio lo 
fagan é le den algunas cosas de las susodichas é de otras que ellos tenga&y para que 

» 

*'cia del dicho seflor capitán es venido que Diego Velazquez, alcalde é capitán é ré^. 
"partidor de los caciques é Indios de la isla Femandina pcMr^. AA., ha beoho rela- 
"don á SS. MM. que todos los gastos y dispensas que se üiciezon eael acrmada que él 
"dicho sefior capitán general Hernando Cortés trajo cuando á esta tievra vino, las ha« 
"bia el dicho Diego Velazquez hubo, é asimismo las que mas se hacian en la pacifica - 
"don y conquista de esta tierra; é porque la verdad es en contrario, porque el dicho 
"seftor capitán Hernando Cortés las ha hecho, como presentará y averiguará en sn 
"tiempo é lugar, é porque las escrituras é cartas de pago que de ello tenía se le perw 
"dieron en la salida de la ciudad de Temixtitan, á cabsa de la guerra que los Indios 
''dieron, &c,^* ElVpoderado Ochoa de Le jalde prueba sus dichos presentando por te»* 

(1) Casas, Ub. III, cap. CXV. 

(2) Casas, lib. Hl, cap. CXV.— Herrera, dec. II, lib. IIIj oap,. XII.— Qovanb 
cap. VIII. 



68 

ca se desoabrió un navio procedente de Jamaica, cargado de pan, to- 
cino y puercos, que venia á traficar en las minas de Cuba; Cortés' 
parte por promesas y ruegos, parte con amenazas tomó el barco, di- 
rigiéndose en seguida á la villa de la Trinidad. Los vecinos princi- 
pales salieron á Recibirle, aposentándole en una de las mejores ca- 
sas, delante de la cual alzó el estandarte, mandando dar pregones 
como en Santiago. Aquí se le unieron algunos hidalgos entre ellos 
Gonzalo, Jorge y Qomez hermanos de Pedro de Alvarado, y Juan el 
viejo, de la misma familia aunque bastardo; Juan de Escalante, Pe- 
dro Sánchez Farfan, Gonzalo Mejía, Cristóbal de Olid ^^que fué for- 
zado,V Juanes de Fuenterrabla, Diego de Pineda ó Pinedo, y otros 
de menor importancia, con muchos de. los soldados de. la expedición 
de Grijalva. Escribió á la villa de Santiesplritus, diez y ocho le- 
guas de la Trinidad en el interior de la isla, pudiendo tanto sus 
promesas, que se vinieron á la armada muchos soldados, con los hi- 
dalgos Alonso Hernández Puertocarrero^ primo del conde de Mede- 
llin, Gonzalo de Sandoval, Juan Yelazquez de León pariente de 
Diego Yelazquez, Rodrigo Rangel, los hermanos Gonzalo y Juan 
López de Jimena, á quienes salió á recibir Cortés cuando llegaron á 
la Trinidad, haciendo salvas de artillería y grandes regocijos. De las 

• 

Su Aliesa oonozo* la yolantad qae ellos tieaen de servirle é por ello los gratifique; 
también lea diréis cómo, sabida la batalla qae el capitán Francisco Hernández, qne 
aUa fue, con ellos qwo, á mí me peso mucho, y porque Su Alteza no quiere que por 
^.xü por BUS TasaUoa ellos sean maltratados, yo en su nombre os embio para que les 
habléis é apaoigfieia, 4 les fagáis ciertos del gran poder del Bey Nuestro Scfior, 6 
que si de aquí adelante ellos pacificamente quisieren darse á su servicio; que los es- 
pañoles no teman con ellos batallas ni guerras, antes mucha conformidad é paz, é 
aeran en ayudarles contra sus enemigos, é tolas las otras cosas que á tos os parecie- 
re que se le deben decir para los atraer á vaestro propósito." 

"12 ítem: porque en la dicha isla de Santa Cruz se a fallado en muchas partes 
della é encima de ciertas sepultaras y enteiramientos oruzes, las quales diz que tie- 
nen entre tí en mocha reneraolon, trabajareis de inquerir é saber por todas las viaa 

tigos á capitanes y soldados del ejercito.— i7n la Relación de los servicios del Marguen 
del VaUet que dé m orden preserUó á 8. M. él Lio. NuTiez, Colee, de García Icazbalce- 
ta, tom. 2, pág. 41, encontramos: ''Lo primero suplica á V. M. tenga en su real mei- 
"moria que ¿1 puso toda la Nueva España, que es uno de los principales reinos á se 
'*fioiloa que tiene, debajo de su cetro é corona real, sin ser ayudado con gente, ni 
"dineros, ni con otro favor alguno, sino con su industria y trabajo, y á sus propias 
"espensas." — ^£n el opüsoulo De rébu» gestie, Ferdinandi CorteeU, Docum. de Gar- 
oía leasbalc^tay tom, 1, el antor examina la cuestión, pág. 348, "si Yelazquez puso 



69 

dos villas de Matanzas, Carenas j otros lugares, salieron como has 
ta docieatos hombres. ' 'Digamos ahora cómo todas las personas que 
"hemos nombrado, veoinos de la Trinidad, tenían en sus estancias, 
"doDde hacían el pan cazabS, 7 manadas de puercos cerca de aque- 
"11a villa, y y cada uno procuró de. poner el más bastimento que 
'*podía."(l) 

Durante la permanencia en la villa de la Trinidad, Cortés activó 
la reunión de cuantos elementos podían convenir á su intento. Com 
pro un navio nuevo de Alonso Gktillen, vecino de la puebla. Envió 
i Pedro González de Trujillo en una carabela á Jamaica, para com- 
prar víveres, trayendo i. la vuelta quinientos tocinos y dos mil car- 
gas de cazabe. Tuvo nuevas de un navio que venia con bastimentos, 
para comerciar en las minas; envió á Diego de Ordáz en una cara- 
bela, para que le apresase, llevándola al cabo San Antón, lo cual fuó 
complido; capitán del barco era Juan Núñez Sedeño, quien venido 
á la Trinidad á la presencia de Cortés, dijo traer mil quinientos tó' 
cinos, dos mil cargas de pan cazabe y muchos pavos, ^'y después de 
muchas pláticas que tuvieron, le compró el navio y tocinos y caza- 
be fiado, y se fué el Juan de Sedeño con nosotros." (3) Compró á 
Tillanueva una yegua por setenta pesos de oro, y en cien pesos de 

que ser pudiere y con mncha diligencia e cuidado la sinifícacion de porq^ae la tienen; 
é fd Ib tienen porque le hayan tenido o tengan noticia de Dios Nuestro Señor y que 
n ella padeció onbre alguno, y sobre esto por neis muclia vigilancia; y de todo por 
ante vuestro escribano tomareis muy entera relación, así en la dicha isla, como en 
eaalesquier otr^ qtie la dicha cruz fallardes por donde fuerdes." 

"13 ítem: teméis mucho cuidado de inquerir é saber, por todas las vias e formas 
que padierdes, si los naturales de las dichas islas 6 de algunas dellas tengan alguna 
Beta g creencia 6 rito 6 ceremonia, en que ellos crean ó en quien adoren, ó si tienen 
mezquitas ó algunas casas de oración 6 ídolos ó otras cosas semejantes, é si tienen 
personas que administren sus ceremonias, así como alf aquies 6 otros ministros, y de 

''o no algo de su hacienda para el apresto de la armada, pues veo que muchos estáis 
"creídos de que éi compró ó fletó todas las naves á su costa, y las entregó á Cortés 
"con la licencia para la jomada.*' Achaca á Oviedo haber propagado ente errado 
concepto, y tras aducir largamente las razones que le parecen autenticas, resume su 
jmoio á la pág. 358, en efita forma: "Con lo referido se prueba cl«ramente, si no 
"me engaño, que Cortés alistó la armada á su costa. Es verdad que el primer pen. 
"Sarniento y la autorización vinieron de Velázquez; mas el trabajo, el empefio y el 
*fgssto fueron de Cortés. "—Gomara, apud Barcia, cap. Vir, hacer relación á la com- 

(1) Bemal Díaz, cap. XXI. 

(2) Bemal Díaz, oap. XXI, 



70 

oro al herrero do la villa Oriatobal Sánchez, una fragua, anzuelos y 
arpones. (1) Cortés y sus panegiristas aseguran que las compras fue- 
ron pagcbdas por su justo precio al contado; más consta no haber sido , 
siempre así, haciéndose generalmente el pago en ricas promesas 6 
en cartas de obligación. 

Mientras pasaban estos sucesos, llegaron á la TrinidjEid cartas de 
Di^go Yelazquez, dirigidas la una á su cuñado Francisco Verdugo, 
alcalde mayor de la villa, previniéndole detuviera la marcha de la 
a.rm.ada, pues Cortés había sido deírtituido del cargo, quedando nom- 
brado en su lugar Vasco Porcallo; las otras cartas á Diego de Ordáe, 
.Francisco de Moría y otras personas, contenían las mismas determi- 
naciones, in^puesto Cortés de aquella orden, habló con los vecinos 
influentes de la villa y con sus partidarios, procediendo con talen 
artes, ayudadas de halagos y promesas, que alcanzó ganarse ú las 
«hechuras de Velazquez, tanto que el mismo Ordáz se apersoné con 
el alcalde mayor Verdugo, para disuadirle del cumplimiento del 
mandato, ya porque Cortés no había dado motivo para ser destituid- 
do, ya porque si se intentara llevar ia orden d efecto, los parciales 
de Cortea podían poner sacomano á la villa, y hacer algún gran des- 

m 
» * 

todo muj estenso traeréis ante vuestro escribano muy entera relacjou que se le pue- 
da dar feé." 

"14 ítem: pues sabéis que la principal cosa que Sus Altezas permiten que se den. 
ctibran tierras nuevas, es porque tanto niimero de ánimas, como de innumerable 
tiempo acá an estado é están en estas partes perdidas fuera de nuestra santa ie4 por 
falta de quien della les diere verdadero conocimiento, trabajareis por todas las ma- 
neras del mundo, sí por acaso tanta conversación con los naturales de las idas é tie- 
rras donde vais tuvierdes, para les poder informar della, como conozca^ á lo menos 
faciéndoselo entender por la mejor orden é via que pndierdes, como ay un solo Dios 
criador del cielo é de la tierra y de todas las otras cosas que en el cielo é en el mun- 
do sdni y decirles eys todo lo demás que en este caso pudierdes y el tiempo paxa 

pafiía que Diego Velazquez y Cortés hicieron para armar la flota; pero todos bus 
asertos los contradice Gasas, lib. III, cap. OXIV, en esta forma: '*Ceroa de euta ida 
''de Cortés por Capitán de este viage, dice el clérigo G-omara, en su Historia, mct- 
"chas y grandes falsedades, como hombre que ni vido ni oyó cosa della, mas de lo 
'*que el mismo Hernando Cortés le dijo y díó por escripto, siendo su capeUan y cria- 
''do después de Marqués, cuando volvió la postrera vez á Espafla; el cual dice qne 
"Diego Velazquez habló á Cortés para que armasen ambos á mediofl, porqué tenía 
"2,000 castellanos de oro en compafiía de Andrés de Duero, mercader, y qne l6 rog6 

(1) Probanza en Segura de la Frontera por Ochoa de Lejalde, apud. QttíKÍA JüDas- 
baloeta, tom. I> pág. 414.— De rebna gestis, pág. 854, 



71 

ooQoitfto. Por peraaaoion ó por miedo, Francisco Verdugo se maD- 
turo quieto. Ck>rté8 escribió á Velazquez afectuosamente, quejándo- 
se de una desoonfiaza para la cual no había dado motivo, y protes- 
tando de su lealtad para él y con el rey; á sus amigos Duero y La- 
res escribió igualmente dándoles razón de lo hasta entonces ocurri- 
do. Llevó la respuesta uno solo de los mozos de espuelas mandados 
por Velazquez, pues el otro, nombrado Pedro Lazo, se alistó en la 
armada. (1) 

1 acatl 1519. Según puede inferirse, la armada dejó la villa de 
la Trinidad, hacia principios de Enero 1519. Dirigíanse á la villa 
de San Cristóbal de la Habana, situada entonces orillas del rio 
Onícazinal; una nao al mando de Juan de Escalante tomaría el 
rumbo por el Norte; los caballos con alguna gente de á pió, fueron 
por tierra al mando de Pedro de Alvarado, con encargo de recoger • 
geote por las estancias del. camino; Cortés con la flota tomó rumbo 
al punto de reunión. Hombres, caballos y barcos llegaron ó San Cris- 
tóbal, y C^tés no pareció. Fué el caso, que montaba la capitana,' 

eUo diere lugar, y todo lo mas y mejor os pareciere é jd servicio de I^osNoaitro 

8cflor¿ de Sus Altezas conviene." 

15. ítem: llegado que á la dicha isla Santa Cruz seáis, y por todas las otras tierras 
donde fuerdes, trabajareis por todas las vias que pudierdcs de inquerir é saber algu- 
na nueva del armada que Juan de Grijalva llevo, porque podría ser que el dicho 
Jaan de Grijalva se oviese vuelto á esta isla c toviescn ellos dello nueva c lo supie- 
nen de cierto, 6 que estoviesen en alguna parte 6 puerto de la dicha isla, é assf mis< 
mo por la dicha urden trabajareis de saber nueva de la caravela que llevó á cargo 
Cristóbal Dolid, que fué en seguimiento del dicho Juan de Grijalva, sabréis si llegó 
á la dicha isla, é si saben que derrota llevó, ó si tienen ó sepan alguna nueva de á 
donde está é como." 



"que fuese con la flota, y que Oortés. aoeptó la compafiía, Ao, iMímd qu6 hacían 
"2,000 castellanos á quien gastaba 20,000 y mas en el despacho della! No era Diego 
"Velazquez tan humilde ni tan gracioso, que rogase á Cortés que fuese por Capitán 
"de su flota, habiendo muchos en la isla á quien mandallo pudiera, y que lo recibie» 
''ran por muy gran merced y mucha honra, é ya que algunos les prestaran dineros 
"no se abatiera á hacer compafiía con alguno, como fuese sefior de todo, y estuviese 
"en BU mano, como Gobernador, hacer lo uno ó lo otro. Y dice mas Gomara, que 
"después que llegó Grijalva hubo mudanza en Diego Velazquez y que no quiso gas- 

• ■ 
(1) JBenial Diaz,''cap. XXII. Como frecuentemente lo hace, Bemal Díaz acusa á 
Gomara de no decir la verdad en lo relativo á este acontecimiento, asegurando aer 
cierto loque él afirma, como testigo que fué de vista. — Qerrera, dec, II, lib, III| 
cap. XIII.— Gomara^ Orón. cap. YHI. < 



i 



72 

la nao de .majror porte de la escuadra; separada de las otras embar- 
caciones fué á tocar en los bajos de los Jardines, quedando en seco 
el casco; fué preciso aligerarla por medio de la descarga, ponerla 4 
flote, cargarla de nuevo y ponerse en marcha hasta alcanzar el puer- 
to. Más de siece días transcurrieron en ello, dando aquella ausencia 
lugar á disturbios entre capitanes y soldados, por saber quién sería 
reconocido comandante. (1) 

Aposentado Cortés en la casa de Pero Barba, teniente de la villa 
por Diego Velazquez, puso su estandarte delante, de la posada, y co- 
mo de costumbre, mandó pregonar la expedicien. Reuni^onsele de 
ahí algunos buenos hidalgos, como Francisco de Montejo, después 
adelantado de^ Yucatán y Honduras, Diego de Soto el de Toro, Gar- 
cía Caro, Sebastian Rodríguez Santa Clara, los Nájera, los Martí- 
nez, &c. Hizo sacar la artillería de las nayes pata componerla y ade- 
rezar la munición, poniéndola á cargo de los artilleros Mesa, el le- 
yantisco Arbenga, Juan Catalán y Bartolomé de Usagre. Se hiso al- 
macén de nueces, cuerdas y saetas para las ballestas, y como abun- 
daba el algodón, fueron construidos sayos colchados propios para re- 
sistir las flechas. *^Y allí en la Habana comenzó Cortés á poner ca- 
^'sa y á tratarse como señor,'^ nombrando maestresala á un Guz- 

''16. ítem: si dieren nuevas é supierdes de la dicha armada que está por allí, tara- 
bajareis de juntaros con ella, j después de juntos, si se pudiese haber sabido nueya 
de la dieha caravela, daréis orden y concierto para que quedando todo á buen recab- 
do e avisados los unos de los otros de á donde os podréis esperar é juntar, porque os 
toméis á derramar, é concertar eys con mucha prudencia como se Taya á buscar la 
dicha oaravüla, é no traiga donde concertardes.'' 

'*17. ítem: si en la dicha isla de Santa Cruz no supierdes nuevas de quel armada 
aya vuelto por allí ó está cerca y supierdes nueva de la dicha caravela, iréis en sa 
busca, y f diado que la halláis/ trabajareis de buscar á saber nueva de la dicha arma- 
da que Juan dé G-ri jaiva llevó.*^ " 

"18. Ilom: hecho que ayais todo lo arriba dicho, según é como la oportumidad del 

**tar mas en la flota que armaba Cortés, ni quisiera que la acabara de armar, por se 
"querer Diego Velazquez quedar con ella y enviar á solas. Todo esto es salido de 
**laíi mañas de Cortés, su a-mo, y manifiestas falsedades. Mirad quien le podia impe- 
**dir á Diego Velazquez que no hiciera lo que de la flota quisiera, y de enviar ó es- 
"torbar que no fuera en ella el que le pluguera, y en especial Cortds, que no osaba 
"boquear ante él, y que no sabia, al menos en lo exterior, que placer y servicio ha- 
"celle, y del mi^nno jaez de falsedad, por lo dicho, parece lo que mas afíide Goma- 
"ra: "Que Diego Velazquez envió al Amador de Lares á que indujese á Cortés que 

(1) BemalDíaz, cap. XXIIT.— Herrera, deo. II, Ub..III, cap. XIIÍ. 



73 

nuu), camarero á Rodrigo Rangol, y mayordomo á Juan de Cá- 
ceres. (1) 

Acatando las órdenes de Yelazquez, los vecinos se resistieron á 
Tender los Tlveres; en compensación todos los alistados embarcaron 
enantes bastimentos pndieron haber. Además, Cortés envió una na- 
ve, mandada por Diego de Orddz, á la punta de Guaniguanioo en 
donde habla nn pueblo de indios de la pertenencia de Yelazquez, ü 
tomar el cazabe y puercos que ahí abundaban. Compró en la mane- 
ra de siempre, á Francisco de Montejo y á Juau de Rojas, 150 puer- 
cos 7 500 cargas de pan, de Pedro Castellar 200 puercos; de Pedro 
do Orellana 60 puercos y 600 cargas de pan; de Pero Barba 600 car- 
gas de pan. De Cristóbal de duesada, colector de diezmos del obis- 

tfempo para ello os diese lugar, sí no sapierde:) nueva de la dicha armada ni carave- 
la que en so seguimiento fué, iréis por costa de la isla de Tucatan, Santa Ifaria de 
los Semedioe, en la qual están en poder de ciertos caciques principales della seis 
criBtbnee, según é como Melchor, indio natural de la dicha isla que con vos lleváis, 
dioo é OB diiá, é trabajareis por todas las vías é maneras é mafias que ser pudiere 
por aver á los dichos cristianos por rescate ó por amor ó por otro cualquier yia don- 
da no intenrenga detrimento dellos ni de los espafioles que llováis ni de los indios, 
é porque el dicho Melchor, indio natural de la dicha isla que con vos lleváis, cono- 
ce á los cadques que los tienen oabtivos, haréis que el dicho Melchor sea de todos 
mvy bien tratado, é no consintíreis que por ninguna vía se la faga mal ni enojo ni 
qoe nadie bable con él sino vos solo, é mostrarle eys todas las buenas obras que pn- 
áámcéte^ porque ¿1 os le tenga y diga la verdad de todo lo que le pregunta^rdes y 
m a nsar das, é os ensefte é muestre los dichos caciques; porque como los dichos in- 
dloe en caso de guena son maAosos, podría ser que nombrasen por caciques á otros 
indíoe de poca manera para que per ellos hablasen y en eUos tomasen ispiriencia de 
lo que devian hacer por lo que ellos les dijeren, e' teniéndoos el dicho Melchor buen 
amor, no consentirá que se os haga engafio, sino antes os avisará de lo que viere, y 
por el contrario, si de otra manera con él se hiciese." 

''ie dejase de la ida y que le pagana lo gastado, pero que Cort^, entendiendo loa 
''pensamientos de Diego Yelazquez, respondió que no la dejaría ni apartaría com« 
"pafiia, siquiera por la vergüenza." Todo es absurdísimo, y que ni sustancia ni oo» 
"lor de verdad contiene ante los ojos .y consideración de los que oonodaios á Diego 
««Yelazquez y á Cortés; parecerá también daro por el suceso que hobo el negocio y 
'lo que adelante se dijere.'*— Herrera sigue las opiniones de Casas.— Bemal Díaz, 
cap. XX, dice: 'Tues para hacer aquestos gastos que he dicho nótenla de que, por 
"que en aquaDa wzxm estaba muy adeudado y pobre, puesto que tenia buenos in 
'^diofl de encomienda y le daban buena renta de las minas do oro; mas todo lo gasta- 
"ba en su persona y en atavies de su mujer que era recien casado."— El crédito que 

(1) Bemal Diaz, cap, XXIII. El capítulo finaliza con una curiosa relaeion de los 
caballos que en la expedición venían, con los nombres de sus duéfios. 

TOM, IV. — 10 



74 

po, tomó todo el cazabe y puercos recogidos, y del r«ceptor de la 
Santa Cruzada, los efectos con que á falta de numerario habían pa- 
gado las bulas. Por complemento puso unos cien hombres á vivir en 
aquella misma estancia de Guaniguanico, perteneciente á Yelazquez, 
ya despojada por Ordáz. U) De cual manera anduvo por la isla^ des- 
pués que dejó el puerto de Santiago, lo explica el conquistador mis- 
' *mo. **Todo esto me dijo el mismo Cortés, con otras cosas cerca dello, 
'^después de Marqués, en la villa de Monzón, estando allí celebrando 
"Cortes el emperador, afio de 1542, riendo y mofando, y coa estas 
^^ormales palabras. ^^A la mi fe, anduve por allí como un gentil 
^'corsario. "Dije yo, también riendo pero entre mí: ^'Oigan vuestros 
"oídos lo que dice vuestra boca.^' Puesto que otras veces haUando 

"19. ítem: teméis mucho aviso c cuidado de que á todos los indios de aquellas 
partes que á vos Tinieren, asi en la mar como en la tierra doode estorierdes^ á Teros 
é hablaros 6 á rescatar ó á otra cualquier cosa, sean de vos é de todos muy bien tra- 
tados j recibidos, mostrándoles mucha amistad é amor, d. animándolos, según os pft* 
reoiere que al caso ó las personas que á vos vinieren lo demanden, é no oonaentinis, 
80 grandes penas que para eUo pomeis, que les sean fecho agrario ni desaguisado 
alguno, sino antes trabajareis por todas las vias < maneras que pudierdes como, 
quando de vos se partieren, vayan muy alegres é contentos é satisfechos de vuestr» 
conversación 6 de todos los de vuestra compañía, porque de facerse otra oosfei, Dios 
Kuestro Safior é Sus Altezas podrían ser muy deservidos, porque no podriá «ver 
efecto vuestra demanda." 

"20 Ítem: si antes que con el dicho Juan de Grijalba os juntardes algunos tedios 
quisieren rescatar con vos algunas cosas suyas por otras de las que tos Uevsis, por- 
que mejor recabdo aya en todas los cosas del rescate é de lo que se oviere, llevareis 
un arca de dos o tres cerraduras, é sefíalareis entre los ombres de bien de voastni 

le abrieron sus amigos no fué de una gran cantidad.— Por último, la pregunta 21 del 
interrogatorio que Cortés presentó para su defensa en 1534, dice: "ítem: si saben 
quel dicho Don Hernando Cortés aeebtó la empresa, é luego poBO por obra de ss 
aderezar é comprar navios é bastimentos, é facer xentes c darles ayudas de dír^Ai^cm^ 
4 darles á comer á su costa, é &o del dicho Diego Velazqusz ni de otra persona al- 
guna; 4 para ello dependió su hacienda é la gastó en cantidad de cinco á seis mil 
castellanos de minas, para comprar navio:» é aderezallos de armas é pertrechos, 4 
viandas i cosas necesarias, 4 tomó prestados muchos dineros en mucha cantidad, 
snsi ds Diego Velazquez é de Andrés de Duero é de Pedro de Tieres (Torres) 4 de 
Antonio de Ssnta Clara, é de otras muchas personas, en cantidad de otros seis mil 
castellanos^ 4 los gasté todos en la dicha armada para pasar á estas partes." (Doe. ' 
ined. ds Indias, tom. XXVIT, p<g. 308). 

(1) Probitizads Oehoa de Lejalde, en García Icazbaleeta, tom. I, pág. 415.— Ds 
rebus gestis, pág. 95&, 



£-■ 



- 75 

"con él en México en conversación, dicióndole yo con qué justicia 
''7 eoDciencia había preso aquel tan gran rey Moteczuma, y usurpá- 
*'dole sus reinos, me concedió al cabo todo y dijo: ^^Qui iwn inirat 
^*per ostiumfur est et latro.^^ Entonces le dije á la clara, con pala- 
bras formales: ^^CNgan vuestros oidos lo que dice vuestra boca," y 
después *todo se pas6 en risa.^ (1) 

Diego Velazquez hizo nuevo esfuerzo para detener al fugitivo. 
Con su criado Gaspar de Gamica, escribió á Pero Barba, Diego de 
OidáZy Juan Velazquez de León y á los parientes que tenia en la vi- 
lla, ordenándoles no solo detener la armada, sino prender á Cortés y 
remitírsele á buen recaudo. El mismo Gamica fué portador de una 
carta de un religioso mercedarío,{dirigida á Fr.|Bartolomé de 01 me* 
do, de la misma orden, que en la armada venia, dentro de la cual car- 

eompafiíá IO0 que os parecieren que ma» zelosos del servicio de Sos Altezas sean, 
que leta penonas de confianza, uno para veedor é otro para tesorero del rescate que 
M Ofiese é resoatazdea, asi de oro como de perlas, piedras preoiosaSi metales é otras 
qulqider oosas que oviere é si fuere el arca de tres cerraduras, la una llave daMis 
qna tenga el dicho» veedor, é la otra el tesorero é la otra teméis vos 6 vueslro man- 
MO; é todo se meterá dentro de la dicha arca, é se rescatará por ante vuestro esorl- 
bno qae dello de feé," 

"SI. ítem: porque se ofrecerá necesidad de saltar en tierra algunas veces, asi á 
tomar agua é lefta como á otras cosas que podia ser menester, quando la tal necesi- 
dad se ofreciese, porque sin peligro de los españoles mejor se pueda facer, embia. 
niscon la gente que á tomar la dicha agua é lefia fueren una persona, que sea de 
quien tengáis mucha confianza y buen concobto que es persona cuerda, al qual man- 
diléis quA todos obedezcan; y mirareis que la gente, que así con él embiazdes sea la 
inas paoíftca é quieta é de mas confianza é cordura que vos pudit rdes, é la mejor ar 
mtda, 4, mandarles eys que en su salida y estada no aya escándalo ni alboroto con 
los naturales de la dicha isla, é mirareis que sean é vayan muy sin peligro, é que en 
ninguna manera duerman en tierra ningniut noche ni se alejen tanto de la costa de 
U mar, que en breve no puedan volver á eUa; i>orque si algo les* acaeciere con loa 
indios, puedan de la gente de los navios ser socorridos." 

"22. ítem: si por acaso algún pueblo estoviese cerca do la costa de la mar y en la 
gente del -vierdes tal voluntad que os paresca «que seguramente por su voluntad é 
nn eMándalo dello é peligro de los espalóles podéis ir á verle é os determinardes á 
eBo, nevareis con vos la gente mas pacífica é cuerda y bien armada que pudierdes, 
j mandarles eys ante vuestro escribano, con pena que para ello les pomeis, que nin- 
gono sea osado de tomar cosa ninguna á los dichos indios, de mucho ui poco valor, 
ni por nnignna via ni numera, ni sean osados de entrar en ninguna casa dsHos, ni 
de burlar con sus mugeres, ni de tocar ni llegar á ellas ni las hablar, ni decir ni ha- 
©•r otra cosa de que se presuman que se pueden resabiar, ni se desmandar ni se 

(1) Casas, hist. de Indias, lib. III, cap. OXVI. 



76 . 

ta 86 ÍDoluían otras de Andrés de Duero y de Lares, dando aviso á 
Cortés; asi que, informado éste al mismo tiempaqae el teniente de 
la villa, pudo fácilmente parar el golpe. Diego de Ord&z estaba au- 
89nte en Guaniguanico; Juan Yelazquez ^^no estaba bien con el pa- 
riente porque no le había dado buenos indios;" de loa demás nipga- 
no se movió, *'ántefi todos á una se mostraron por Cortés, y el te- 
niente. Pedro Barba muy mejor," **por manera que si en la villa de 
Trinidad se disimularon los mandamientos, muy mejor, se callaron 
en la Habana entóneos." Pero Barba contestó oon el mismo Oami- 
ca; no haber podido apoderarse de Cortés por miedo á los soldados 
que le seguían; Cortés escribió todavía á Diego Yelazquez, oon nue- 
vas protestas de fidelidad, asegurándole que el dia siguiente se daba 
á la vela (1) 
En efecto, despachó éi navio San Sebastian con Pedro de Alvara- 

Apirten de tob por uinguna vía iii mauera, ni por cosa que se les ofrezca, aunque 
loB indios salgan á tos hacer que vos les mandéis lo que deben y an de hater, según 
el tiempo e necesidad en que os hallardes é vierdes." 

''28. liem: porque podría ser que los indios, por os engañar 6 matar, os mostra- 
sen buena Tolúntad y os incitasen á que fuéredes á sus pueblos, teméis mucho estu- 
dio é Tigilaucia de la manera que en ellos yeis, y si fuerdes, iréis siempre muy ^sobre 
aviflú, UeTando pon vos la gente arriba dicha y las armas muy arrecabdo, é no cosu 
sintireis que los indios se entremetan entre los españoles, á lo menos muchos, sino 
que antee vayan é estén por su parte, haciéndolos entender que lo facéis porque no 
queréis que ningún espafiol les haga ni diga cosa de que reciban enojo; porque me- 
tiéndose entre vosotros muehos indios, pueden tener celada para, en abrazándose 
los unos oon vosotros, salir los otros, é como son muchos podriades correr peligro y 
perecer; y dejareis muy apercibidos los navios, así para que ellos estén á buen re- 
cabdo, oomo para que, si ne^sidad se os ofreciere, podáis ser socorrido de la gante 
que en ellos dejais, y dejarles eys cierta sefia, así para que ellos la hagan, si necesi- 
dad se oviere, como para que vos la hagáis, si la tovierdes." 

^*iíi, ítem: ávido y placiendo á Dios Nuestro Sefior ayais los cristianos que en la 
dicha isla de Santa Marfa de los Bemedios están cabtivos, y buscando que por ella 
ayais la dicha armada y la dicha caravela, seguiréis vuestro viaje á la Punta llana, 
que es el principio de la tierra grande^ que agora nuevamente el dicho Juan de Gzi- 
jaiva descubrió, y correréis en su busca por la costa della adelante, buscando todos 
los ríos é puertos della, hasta llegar á la baya de San Juan y Santa María de las Nie- 
ves, que es desde donde el dicho Juan de Gríjalva me enbió los herídos é dolientes 
é me escríbió lo que hasta allí le avia ocurrido, é si allí le fallardes, juntaros eys con. 
di; y porque entre los españoles que lleváis y allá están no aya diferencias ni diam- 
clones, juntos que seáis, cada uno tenga cargo de la gente que consigo lleva, y en- 
tramos juntamente d muy conformes consultareis todo aquello que vierdes que mas 

(1) BernalDíaz, cap. XXIV. —Herrera, dec. II, Ub. III,.oap. ZIII. 




do por la banda del Norte, con 6rden de reunlrsele en el cabo San 
Antón ó Comentes el más occidental de Cuba; envió un emisario á 
Gnanigaanioo para qae Diego de Oidáz se le reuniera en el mismo 
cabo, y él con km nueye buques restantes dejó la Habana el diez de 
Febraro (1) Llegado á San Antón, recogidos los otros dos barcos y 
los cien homlMres de la estancia de Diego Yelazquez, Cortés exhortó 
á 808 oom{ia&eros para tener fé en la empresa, dijese misa por el ca* 
pallan paxa implorar el auxilio divino, y por fin, después de tantas 
oontradiooioiies y demoras, dióse la armada á la vela en dirección á 
Yucatán ó Santa María de los Remedios, á 18 de Febrero 1619. (2) 
Componíase la armada de once navios; el mayor que servía de ca- 
pitana medía cien toneles, otros había de sesenta toneles y el resto 

é mejor al servido de Dioe Nuestro Se&or é de Sos Altezas sea, oonf orme á las ins- 
tmcdones que de sus Paternidades é mias el dicho Juan de Grijalva Usvó, j esta 
que en nombre de Sus Altezas agora yo os doy, y juntos que, plaoiendo i Dios 
Nuestro Sefior, seáis, si algún rescate 6 presente OTÍese de valor por cualquier via, 
redbase en presencia de Francisoo de Feflalosa» veedor nombrado por sus Patena* 
dades.** 

""SS. ítem: trabajareis con mucha diligencia d solicitud de inqnerir é saber el se* 
ereto de las dichas islas é tierras y de las demasía eUas comarcanas y que Dios Nuea- 
tro Sefior aya sido servido que se descubran 4 descubrieren, así de la mafia é con* 
veEsadon de la gente de cada una de ellas en particular, como de los árboles y frutas, 
yerbas, aves, anlmah'íw, oro, piedras preciosas, perlas é otros metalee^ especería 4 
otras ooálesquier cosas que de las dichas islas é tierras pudierdes saber 4 aloaniar 4 
de todo traer entera reladon por ante escribano, 4 sabido que en las dichas islas 4 
tierras ay oro, sabréis de donde 4 como lo an, é si lo oviere de minas y en parte que 
vos lo podáis aver, trabajar de lo eatar 4 verlo para que mas derta veladon deUo po- 
dáis hacer, espedalmente en Santa María de las Nieves, de donde el didho Grijalva 
me enbió dertos granos de oro por fundir 4 fundidos, 4 sabréis d aqudlaa eosas de 
oro labradas se labran aUí entre dios, 6 las traen á rescatar de otras partea." 

'% ítem: en todas las islas que se descubrieren sdtareis en tierra ante vuestro 
wmibano y muchos testigos, y en nombre de Sus Altezas tomareis y apr e hendéis la 
posesión dellas oon toda la mas solenidad que ser pueda, hadando todos tos autos 4 
düígendas que en tal caso se requieren é se suden hacer, y en todas días tnbaja- 
roifl, por todas las vias que pudierdes y con buena manera y orden, de aver lengua 
de quien os podáis informar de otras islas é tierras y de la manera y nulidad de la 
gente. della; 4 porque diz que ay gentes de orejas grandes y anchas y otras que tie- 
nen las caras como perros, y ansí mismo donde y a que parte están las amazonas, 
qoe dicen estos indios que con vos lleváis, que están cerca de allí." 

"27. Ítem: porque demás de las cosas de suso contenidas y que se os an encarga- 
do y dado por mí instiniodon, se os pueden of recdr otras muchas, 4 que yo como 

d) Bernal Días, eap. XXV. 

(2) Oomiuai Cr<^ etap. X.^H6rrcni, déc. II, lib. iV, cap. VI. 



78 

pequeños y sin cubierta. (1) duioientos ocho soldados, treinta y dos 
ballesteros, trece escopeteros, diez y seis caballos 6 yeguas, lo cual 
formaba el total de la caballería; ciento nueve marineros, maestres 
^ pilotos, unos doscientos entre indios, indias y negros, empleados 
para carga y servicio. Constaba la artillería de diez piezas de broa* 
ce y cuatro faloonetes. Para todas las armas había copioso afanaóeD, 
ya do saetas, casquillos, nueces y cuerdas, como de pólvora y pelo- 
tas 6 balas. (2) "El piloto principal era Antón de Alaminos, el mis- 
mo que había guiado las naves en las dos anteriores expediciones; 
el beigauián más pequeño venía á cargo de Ginés Nortes. Ctueda- 

ausonUy ^o podría prevenir en el medio 6 remedio dellas, á las qualet vos, como 
presente é peroona de quien yo tengo isperiencia y confianza que con todo estudio é 
YÍgilanoia teméis el cuydoso cuydado que convenga de las guiar y mirar y encami- 
nar y preveer como mias al servicio de Dios Kuestro Sefíor é de Sus Altezas con- 
venga/proveereis en todas según c como mas sobradamente se puedan é deban ha- 
cer é la oportunidad del tiempo en que os hallardes para ello os diere lugar, confor- 
mándoos en todo lo que ser pudiere con las dichas instrucciones arriba contenidas, 
e' de algunas perdonas prudentes é sabias de las que con vos llebais, de quien tengáis 
crédito é confianza, é por esperiencia seáis ciertos que son zelosos del servioio ds 
Dios Nuestro Señor é de Sus Altezas, é que os sabrán dar su parecer." 

^'28. ítem: porque podria ser que entre las personas que con vos fueren desta is- 
la Femandina oviere alguno que deviere dineros á Sus Altezas, tiabajereis por todas 
las vías que pudierdes, en todos los puertos que en esta isla tocardes y gente quisie- 
re ir con vos, isi alguna dellas debe por qualquier via en esta isla dineros algunos á 
Sus Altezas, é si los deviere, fagáis que los paguen, c si no los pudieren pagar luego 
que den fianzas en la isla bastantes que los pagaran por la tal persona, e si no los 

(1) Herrera, dtfo. II, lib. IV, cap. VI.— El tonel era medida mayor que la tonela- 
da, supuesto que diez toneles hacen doce toneladas. 

(2) Bemal Diaz, cap. XXVI, á excepción de los indios que no los menciona He- 
rrera, déc. II, Rb. IV, cap. VI, se conforma con el cómputo anterior.— Gomara, cap. 
VIII, cuenta, ^'quinientos y cincuenta españoles; de los cuales eran marineros los 
cincuenta." "Había también doscientos islefios de Cuba para cargo y servicio, cier- 
tos negros y algunas indias."— Casas, cap. CXVI, pone: ,'iban en ella 550 hombres 
con marineros y todos, 200 ó 900 indios 4 indias, ciertos negros que tenían por es- 
clavos, y 12 6 15 yeguas y caballos."— Diego Velazquez, en la carta que escribió al 
Lie. Figueroa, apnd García Icazbalceta, tom. 1, p¿g. 400, afirma que fueron seis- 
cientos hombreÉt, lo cual no se ajusta á la verdad: no así la Carta del Eegimiento de 
la Villa Bica, pág. 9, que solo pone: "cuatrocientos hombres de tierra." Estas dife- 
rencias son indispensables, pues provienen ó de tomar informes poco exactos, <S de^ 
deseo de los autores de aumentar 6 disminuir, según las particulares ideas de cada 
uno,— En el interrogatorio presentado por Cortas el año 1534 se_dice á la pregunta 
38: ítem: si saben que con todos se aumentaron once navios en el dicho Cabo de 
Corrientes, sia esta otra Vel^ que después vino arpuerto de la Vllla-Bioa Vieía, y 
en ellos, quinientos é treinta hombres." (Doc. de Indias, tomo XXVII, pág. 816). 



79 

roa las aoldadoa divididos en once compañías; el capitán de cada 
usa lo esa también del barco que montaba; en la capitana Cortas 
ooola oompafUa que para si dejó, y luego en las demás naos Alonso 
Heroandez Puertocarrero, Alonso de Avila, Diego de Ordáz,. Fran* 
cuco de Montejo, Francisco de Moría, Francisco de Saucedo, Juan 
de Escalante, Juan Yelazquez de León, Cristóbal de Olid y Pedro 
deAlvarado; fue nombrado capitán de la artillería Francisco de 
Orosoo quien se había distinguido en las guerras de Italia; llevaban 
el cuidado de las ballestas, Juan Benitos y Pedro Gnzmaa el bailes- 

pigire ó dier« fianzas que por él los pague, no le UevareiK on vuestra compañía por 
ningima via ni manera," 

"29. ítem: trabajareis después que ajáis llegado á Santa María de las Nietas, ó 
totes si antes os pareciere, ó ovierdes fallado el armada 6 oaxayela, de con toda 1^ 
mas brevedad que fuere posible de me enbiar en un navio, del que menos necesidad 
toñerdes y que bueno sea, toda la razón de todo lo que os oviero ocurrido y de lo 
qae aveis hecho y pensáis hacer, y enbiarme eys todas las cosos de oro é perlas é 
piedras preciosas, especería é animalias é frutas é aves é todas las otras cosas que 
pudieides aver ávido, para que de todo yo pueda hacer entera é verdadera relación 
il Segr Knestro Señor, y se lo enbie para que Su Alteza lo vea y tenga muy entera é 
completa relación de todo lo que ay en las dichas tierras é partes, é tengáis noticia 
que ay ó puede aver." 

"80. ítem: en todas las cabsas así cevües como criminales, que alia entre unas 
personas con otras é en otra cualquier manera se ofrecieren 6 aoaeoi«ren; eonocereis 
déUas y en.elks conforme á derecho é justicia é no en otra maneta, que pam todo 
lo soso dicho é para cada una cosa é parte de ello, é para todo lo á eUo anexo é oo* 
neio é dependiente, yo en nombre de Sus Altezas vos doy c otorgo poder complido 
é bastante, como é según que yo de Sus Altezas lo tengo, con todas sus incidencias 
é dependencias, anexidades y conexidades, ca en nombre de Sus Altezas mando á 
todas é qualesquier personas de qualquier estado, calidad é condición que sean, ca- 
▼aOaroe, hidalgos, pilotos mayores é maestros é pilotos, contra maestres é marine- 
ros é hombres buenos, así de la mar como de la tierra, que van 6 fueren, ó estovieren 
ea vuestra compañía, que ayan é tengan á vos el dicho Femando Cortés por su ca- 
pítaD, é como á tal vos obedezcan é cumplan vuestros mandamientos, é parezcan 
ante vos á vuestros llamamientos é consultas é á todas las otras cosas necesarias é 
«mcenientes al dicho vuestro cargo, é que en todo 4 para todo se junten con vos é 
eomplan é obedezcan vuestros mandamientos, é os den todo favor é ayuda en todo 
é para todo, so la pena d penas que vos en nombre de Sus Altezas les pusierdes, las 
qualea é cada una dellas, vos las poniendo agora por escripto como por palabra, yo 
desde agora para entonces 6 de entonces para agora las pongo é por puestas, y serán 
ezeentadas en sus personas é bienes de los que en eüas incurrieren é contra lo suso 
dicho fueren ó vinieren ó consintieren ir ó venir ó pasar, ó dieren favor é ayuda pa- 
ra ello, é las -podadas executar é mandar executar en sus personas é bienes. Fecha 
en esta ciudad de Santiago, puerto desta Isla Femandina, á veinte é tres de Otubre 
domü é quinientos é diez c ocho años. "—Documentos inéditos del Archivo de In- 
dias, tom. Xn, pág. 230-41;. 



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80 

tero. Como el objeto principal era rescatar oro, UeTaban cumplida 
provisión de cuentas de vidrio, cascabeles, espejos y otras máá bara- 
tijas, que sin disputa debían ser de gran estima entre los indfos 
por la novedad. (1) Compulsando los pasajes en que se habla de la 
bandera, ésta debía de ser de tafetán negro, con las armas de CAr. 
los y, es decir el águila austriaca de dos cabezas, con los castillos 
y leones de Castilla y de León, teniendo á los lados una cruz roja, 
con fuegos ó ráfagas blancas y azules, y éste lema latino de que an- 
tes hablamos, Amici^ sequamur crucem^ et si nosjidem habemns 
veré in hoc signo vincemus, (2) La flota iba puesta bajo el patro. 
cinío del apóstol San Pedro. 

Tales eran los elementos de una expedición, destinada por la Pro- 
videncia para derrocar y destruir los imperios de Anáhuac. 



(1) Vtee U ennmeracioii de estos artículos en Qomara, cap. VIII. 
(3) Benal Días, oap. XX.— Helao. de Andrés de Tapia.— Gtonuura, Ok^d. oap. 
Vm.— Herrera, dec. II, lib. IV, cap. VI. 



-••«»> 



: 






CAPITULO IV 



MOTEGUHZOMA XOCOTOTZIN. — CaCAMA. 

BOfiOo de Hernando CerU9.^Goneeeian de Allanero VL—Bl prii^cipio reUgioeo. 
^Soldado» fniehneri».^Elr€gueHiniBnto. — RequerUmento. á loe caciquee de Cenú^ 
-^Ideae de loe c<mqtUetadaree acerca de loe indioe, — Apénae eran hombree, — Idóla- 
trae, — Se lee debía retener en eervidwnbre.^F¡qfo$ y enemigoe del trctbqfo. — Pe, 
eado nefando^ — Antropofagia. — Reflexionee, 



Iacatl 1519. Caando Hernando Cortés comenzó la conquista de 
México contaba treinta y cuatro años; edad del entero desarrollo 
▼aronil, de la prontitud en las determinaciones, del arrojo para cum- 
plirlas. "Fué de buena estatura y cuerpo y bien proporcionado y 
*' membrudo, y la color de la cara tiraba algo á cenicienta, é no muy 
'* alegre; y si tuviera el rostro más largo, mejor le pareciera; los ojos 
'^ en el mirar amorosos y por otra graves; las barbas tenia algo prie- 
" tas y pocas y ralas, y el cabello que en aquel tiempo se usaba era 
''de la misma manera que las barbas, y tenía el peeho alto y la es- 
* palda de buena manera, y era cenceño y de poca barriga y algo 

TOM. IV. — 11 



82 

'' estevado, j las piernas y muslos bien sacados, y era buen jinete, 
^^ diestro de todas armas, ansí á pié como á caballo, y sabía muy 
'^ bien menearlas, y sobrp todo corazón y ánimo, que es lo que ím- 
'' porta." En su presencia, acciones y conversación, se mostraba co- 
mo gran señor. Vestía á la usanza del tiempo, aseado y llano, sin 
ostentar galas ni sedas; llevaba una cadenilla de oro con un joyel 
con la imagen de la Virgen y de San Juan Bautista, con letreros en 
latin; al dedo un anillo con un rico diamante, y en la gorra una me- 
dalla. Era afable con capitanes y soldados; ''y era latino, y oí de- 
*' cir que era bachiller en leyes, y cuando hablaba con letrados y 
^^ hombres latinos, respondía á lo que le decían en latin. Era algo 
'' poeta, hacía coplas en metros y en prosa; y en lo que platicaba lo 
^^ decía muy apacible y con muy 'buena retórica, y rezaba por las 
'^ mañanas en unas horas, é oia misa con devoción; tenía por su muy 
*' abogada á la Virgen María nuestra Señora, la cual todo fiel cris- 
^\ tíano la debemos tener por nuestra intercesora y abogada; y tam- 
"bien tenía á señor San Pedro, Santiago, y al señor San Juan Bau- 
*' tista, y era limosnero." Mostrábase porfiado siguiendo su parecer 
en cosas de guerra. (1) He aquí en lo físico. 

En lo moral, le hemos visto pasar por varias trasformaciones, co- 
mo en todos los hombres acontece, á medida que cambian de edad, 
de posición social ó de fortuna. Según se muestra en el período que 
vamos examinando, era de constitución nerviosa y sanguínea, lo 
cual explica su constante y viva inclinación por las mujeres y su 
carácter turbulento; codicioso en demasía; lleno de ambición y po- 
co escrupuloso en los medios para medrar; falaz, cruel en muchos 
casos. Estos graves defectos estaban contrapesados con grandes cua- 
lidades. Voluntad firme é inflexible; valor á toda prueba, recordan- 
do en sus empresas á los antiguos paladines de la Mesa redpnda; 
.ngenio pronto y fácil en expedientes; profunda sagacidad para en- 
tender lo que delante se le presentaba y sacar partido de las meno- 
res circunstancias; sereno en los reveses, tranquilo en la desgracia; 
poseía el arte de seducir y de mandar: ninguno como él tenía dotes 
para ser capitán de aquel ejército, compuesto de algunos hidalgos 
de reconocidas prendas, más de una multitud de gente, muy ani- 
mosa, es verdad; pero ignorante, codiciosa, acostumbrada en las is- 
las á la expoliación, indisciplinada y licenciosa. 

(1) BemalDiaz, oap. CCIY. 



83 

Las creencias profesadas en aquella época explican asi los vicios 
como las virtudes de los conquistadores, 7 se ve predominar el prin- 
cipio religioso: nada más natuml. Los espalioles sostuvieron por 
varios siglos porfiada guerra contra los moros, hasta lograr arrojar- 
los de Granada 7 expelerlos para el África; se peleaba no sólo por 
libertar la patria del dominio extraño, sino también por el culto, 
aquella guerra fué al mismo tiempo nacional 7 religiosa; ambas 
ideas se hicieron inseparables en la conciencia de los combatientes. 
La lectura de los libros de caballería; las creencias comunes en la 
hechicería, en las artes de la cabala 7 de la mágica, en la protec- 
ción de los amuletos 7 de los talismanes^ se unían á la esperanza 
supersticiosa de que Dios obrarla milagros, supuesto tratarse de la 
propagación de la fé 7 en la protección de los bienaventurados, á 
cambio de ampies oraciones sin buenas obras 6 de promesas no 
siempre cumplidas con la largueza ofrecida en el momento de apu- 
ro. Estos achaques no eran de sólo Espafia, sino de la ma7or parte 
de Europa. 

Por bula de Alejandro VI dada en Roma en San Pedro, á 4 de 
Ma70 de 1493, se concedié á los re7e8 Católicos D. Femando 7 Do- 
ña Isabel, el dominio de las tierras é islas, que se descul^rieran en el 
Nuevo Orbe, señaladas por un meridiano tirado cien leguas al Oes- 
te de las islas Azores 7 Cabo Verde. (1) Sea cual fuere lo que aho- 
ra tengamos que decir contra semejante concesión, siempre queda 
por evidente, que en el siglo XY daba un derecho perfecto a los so- 
beranos de Castilla 7 de León, derecho que no fué disputado por 
re7, nación ó filósofo. Decimos mal; persona hubo mu7 caracterizada 
en el siglo Xyi,que supo estampar estas palabras: "Dije "tuvie- 
*^ran dinero,'' porque nunca las Indias jamás lo tuvieron, como pare- 
" cera adelante. Dije "su7a propia,V entendiendo con esta condi- 
^* cion, si los Re7es la pudieran dar al Almirante por su7a propia, 
^* pero no podían, porque era ajena, conviene á saber, de los indios 
" vecinos 7 moradores naturales deltas 7 de los Re7es naturales su- 
^' 70S que en ellas reinaban; las cuales ni los Re7es ni el Papa que 
"les dio poder para entrar en ellas (lo cual con toda reverencia 
" quiero que sea dicho), no los pudieron despojar de sus señoríos pú- 

(1) Solórzano, Política Indiana, tercera edic. Madrid, 1736, lib. I, cap. X, niím. 
32 i 24, ofrece copia de la bola, traducida al castellano. 



84 

!*blicos y particulares, estados y libertad, porqne no eran moros 6 
'^ turcos qae tuviesen nuestras tierras usurpadas 6 trabajasen de 
" destruir la religión cristiana, ó ooii guerras injustas nos fatigasen 
^' é infestasen.'' Esta deolaracion, hasta temeraria en su tiempo y 
que hoy mismo pasará por valiente, es del apóstol Las Casas; (1) 
ella abona la rectitud de sus Juicios, la fuerza de sus convicciones^ 
la imparcialidad de su conciencia, haciendo 9lvídar la acritud con 
que juzga de las acciones de los conquistadores. Be esto ultimo no 
es tan culpable como aparece: por una regla contraria á las estable- 
cidas en la óptica, loe hombres tratados de cerca parecen más pe- 
queños que vistos á lo lejos; Casas, que aún no podía proveer los 
beneficios que la Santa Providencia iba á sacar de los desmanes co- 
metidos en lais Indias^ en los guerreros que tenia al lado sólo podía 
distinguir al merodeador ocultándose completamente el héroe. Así 
juzgamos hoy de los personajes de nuestros dias. 

La concesión hecha á los reyes Católicos no carecía de preceden- 
te; en 1420 Martino Y hizo donación idéntica á los portugueses de 
tierras infieles en la India Oriental, confirmada por Nicolás Y y Ca- 
lixto III ampliándola ú ciertas provincias del África. (2) La gracia 
de Alejandro YI, sin embargo, era condicional; doctrinar á los in- 
dios, convertirios á la santa fé católica. El derecho á la conquista 
del Nuevo Orbe era, pues, de origen religioso y encaminado á fin 
religioso; nada más natural que las disposiciones del gobierno, las 
reglas para las autoridades subalternas, la predicación de las órde- 
nes monásticas, las acciones de los conquistadores mismos, todo, en 
fin, llevara un profundo sello religioso. 

El toldado tuvo que afectar el porte del misionero; mezcla que 
resultó extravagante, siendo imposible hermanar la rapiña y la ma- 
tanza con las santas doctrinas del Evangelio. De aquí ciertas mons- 
truosidades ridiculas. Predicar un Dios santo con la palabra, y dar 
el ejemplo de las malas pasiones. Incendiar y destruir el teocali!; 
derrocar y quebrar los ídolos; pero guardar cuidadosamente el oro 
consagrado al culto odioso. Era horror, estaba prohibido por leyes 
divinas y humanas al acceso á la mujer infiel; desaparecía el cri- 
men haciéndola bautizar sin convertirla, y el escrúpulo de concien- 

(1) Hirt. de las Indúis, Ub. I, cap. CXXIV. 

(2) Solórzano, Política Indiana, lib I, cap. X, n. 21. 



85 

Cía 861 borraba ante la profanación del sacramento. (1) Según ellos, 
la guerra era también justa y meritoria, porque se hacía á bárba- 
ros sin pulimento, á infieles desconocedores del verdadero Dios, á 
hombres entregados á vicios vergonzosos. (2) 

Para quitar á la invasión hasta la menor sombra de ilegalidad, se 
ejecutaba el requerimiento. (3) Era este un escrito compuesto por 
el Doctor Palacios Rubios, jurisconsulto de fama en su tiempo j 
del consejo de los rejes. Formado principalmente para servir á Pe- 
drerías en su gobernación, se hizo después extensivo i todas las In- 
dias. Puestos los conquistadores en presencia de los bárbaros, ó bien 

(1) Alaiuán, Disertaoionefi, tom. I, pag, 7 del segundo apéndice. 

(2) Solórzano, Política Indiana, lib. I, oap. IX y X. 

(8) **De parte del Bey D. Fernando y de la Beina Doña Juana, su hija, B^ina de 
Gastina y de León, etc., domadores de las gentes bárbaras, nos, sus criados, os no- 
tificamos y hacemos saber como mejor podemos, que Dios Nuestro Sefior, vivo y 
eterno crió el cielo y la tierra, y un hombre y una mujer, de quien vosotros y noso- 
tros y todos los hombres del mundo fueron y son descendientes y procreados, y to- 
dos los que después de nosotros vinieren. Mas por la muchedumbre de la genera- 
ción que destos ha salido, desde cinco mil años á esta parte que el mundo tné criado, 
faé necesario que los unos hombres fuesen por una parte y otros por otra, é se divi« 
diesen en muchos reinos y provincias, que en una sola no se podían sostener ni 
conservar. "De todas estas gentes, Dios Nuestro Señor dio cargo á uno, que í\xé lla- 
mado Sant Pedro, para que de todos los hombres del mundo fuese sefíor y superior, 
4 quien todos obedeciesen, y fuese cabeza de todo el linaje humano, do quiera que 
los hombres viviesen y estuviesen, en cualquiera ley, secta y creencia, y diole 6'^ 
mundo por su reino y jurisdicción, y como quier que le mandó poner su silla en Bo- 
ma, como en lugar más aparejado para regir el mundo, mas también le permitió que 
pudiera estar y poner su silla en cualquiera otra parte del mundo, y juzgar y gober 
nar á todas las gentes, cristianos, moros, judíos, gentiles y de cualquiera otra secta 
ó creencia que fuesen. Este llamaron Papa, porque quiere decir admirable, mayor 
padre y gobernador de todos los hombres. A este Sant Pedro obedecieron y toma- 
ron por sefior, Bey y superior del universo, los que en aquel tiempo vivian, y asi- 
mismo han tenido á todos los otros que después de él fueron al Pontificado elegidos, 
y así se ha continuado hasta agora y se continuará hasta que el mundo se acabe, 
uno de los Pontífices pasados que en lugar de éste sucedió en aquella dignidad é si- 
lla que he dicho, como sefior del mundo, hizo donación destas islas y tierra firme 
del mar Octano á los dichos Bey y Beina, é á sus sucesores en estos reinos, nuestros 
sefiores, con todo lo que ellas hay, según se contiene en ciertas escripturas, que so- 
bre ello pasaron, según dicho es, que podéis ver si quisiéredes; así que, Sus Altezas 
son Beyes y señores destas islas y tierra firme, por virtud de la dicha donación, y 
como á tales Beyes y sefiores algunas islas mas, y casi todas á quien esto ha sido 
notificado, han recibido á Sus Altezas y les han recibido y servido y sirven como 
Biibditoi lo deben hacer, y con buena voluntad y sin ningnna resisteiioiat luego, ahí 
áiladon, como fueron informados de lo susodicho, obedecieron y reeíbieroQ lois va- 



86 

« 

á larga distancia, de noche algunas veces ó en ausencia de los re-.. 
queridos, (1) leia el escribano el extraño documento, j no siguiendo 
la pronta sumisión, el ánimo del invasor quedaba tranquilo y él es- 
taba autorizado para ser cruel y tirano. Verdad es que los agredi- 
dos no entendían la lengua extranjera, y aun cuando la entendie- 
ran, nada podian escuchar por la distancia, y aún cuando la oyeran 
tenían cumplido derecho para resistirse; pero la fórmula forense es- 
taba cumplida, no quedando en nada lastimado el principio religio- 
so. Por esto eran elementos indispensables en una expedición, uno 

ron«6 religiosos que Sus Altezas les enviaban para que les predicasen y ensefiasen 
nuestra santa fe, j todos ellos, de su libre y agradable voluntad, sin premia ni con- 
dición alguna, se tomaron cristianos y lo son, y Sus Altezas los recibieron alegie y 
benignamente, y así les mandaron tractar como á los sus subditos é vasallos, y vo- 
sotros sois tenidos y obligados á hacer lo mismo. Por ende, como mejor podemos, 
vos rogamos é requerimos que entendáis bien esto que os decimos y toméis para 
entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo qua fuere justo, y reconozcáis á la Igle- 
sia por señora y superiora del universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado Papa, 
y en su nombre al Bey y á la Beina dofia Juana, nuestros señores, en su lugar, co- 
mo Á superiores y señores y Beyes desas islas y tierra firme, por virtud de ia dicha 
donación, y consintáis y deis lagar que estos padres religiosos os declaren y predi- 
quen lo suso dicho. Si así lo hicit^redes, haréis bien y aquello que sois obligados á 
Sus Altezas, y nos, en su nombre, vos recibiremos con todo amor é caridad, d vos 
dejaremos vuestras mujeres é hijos y haciendas, libres, sin servidumbre, para que 
dellas y de vosotros hagáis libremente lo que quisieredes y por bien tuviéredes, 6 no 
vos compelerán á que vos toméis cristianos, salvo si vosotros, informados de la ver- 
dad, os quisieredes convertir á nuestra santa fe católica, como lo han hecho cuasi 
todos los vecinos de las otras islas, y, allende desto, Sus Altezas vos darán muchos 
privilegios y exenciones y vos harán muchas mercedes; y si no lo hicidredes, y en 
ello dilación maliciosamente pusierdes, certificaos que, con la ayuda de Dios, nos- 
otros entraremos poderosamente contra vosotros, y vos haremos guerra por todas las 
partes y maneras que pudiéremos, y vos subjetarémos al yugo y obediencia de la 
Iglesia y de Sus Altezas, tomaremos vuestras personas y de vuestras mujeres é hi- 
jos, y los haremos esclavos, y como á tales los venderemos y dispomémos dellos co- 
mo Sus Altezas mandaren, c' vos tomaremos vuestros bienes y vos haremos todos 
los daños y daños que pudiéremos, como á vasallos que no obedecen ni quieren re- 
cibir á su señor, y le re6istan|y contradicen, y protestamos que las muertes y daños 
que de ello se recrecieren [sea á vuestra culpa y no de Sus Altezas, ni nuestra, ni 
destos caballeros que con nosotros vienen: y de como lo decimos y requerimos pe- 
dimos al presente escribano que nos lo dé por testimonio signado, y á los presentes 
rogamos que dello|nos sean testigos, etc." ,Casas, lib. III, cap, LVII. — Herrera, 
déc. I, lib. Vn, cap. XIV, presenta el texto encabezado por Alonso de Hojeda, con 
algunas pequeñas variantes. 

(i) Casaa, lib, III, cap. LXYI. 



87 

ó varios ecleciásticos para comenzar la predicación cristiana, y el 
escribano que daba fé de los sucesos y de cuanto podía acontecer 
entre aquellos hombres amigos de querellas, que sabían resolver 
así por medio de la espada, como de interminables procesos en que 
manejaban la pluma con no vista constancia. 

A propósito del requerimiento refiere una curiosa anécdota el Ba- 
chiller Enciso '^Yo requerí, dice, de parte del Rey de Castilla ádos 
caciques destos del 'Cend que fuesen del Rey de Castilla, y que les 
hacía saber como había un sólo Dios que era Trino y Uno y gober- 
naba al cielo y á la tierra: y que este había venido al mundo y ha- 
bía dejado en su lugar á ] San Pedro: y que San Pedro había dejado 
por su sucesor en la tierra al Sancto Padre que era señor de todo el 
mundo universo en lugar de Dios, y que este Sancto Padre como 
Señor del Universo había fecho merced de toda aquella tierra de 
las Indias y del Cenú al rey de Castilla: y que por virtud de aque- 
lla merced que el Papa le había fecho al Rey les requería que ellos 
le dejasen aquella tierra pues le pertenecía: y que si quisiesen vi- 
vir en ella como se estaban, que le diesen la obediencia como á su 
señor y le diesen en señal de obediencia alguna cosa cada un año: y 
que esto fuese lo que ellos quisiesen señalar: y que si esto hacían 
que el Rey les haría mercedes y les daría ayuda contra sus enemi- 
gos: y que pornía entre ellos frailes ó clérigos que les dijesen las co- 
sas de la fé de Cristo y que sí algunos se quisiesen tornar cristia- 
nos que les harían mercedes y que los que no quisiesen ser cristia- 
nos que no los apremiarian á que lo fuesen, sino que se estuviesen 
como se estaban. Y respondiéronme que en lo que decía que no ha- 
bía sino un Dios y que este gobernaba el cielo y la tierra y que era 
Señor de todo, que les parecía bien, que así debía ser; pero que en lo 
que decía que el Pkpa eraj Señor de todo el universo en lugar de 
Dios, y que él había fecho merced de aquella tierra al Rey de Cas- 
tilla: dijeron que el Papa debiera estar borracho cuando lo hizo: pues 
daba lo que nó era suyo, y que el Rey que pedía y tomaba tal mer- 
ced, debería ser alguñ loco, pues pedía lo que eiu de.dtros: y que 
fdese allá á tomarla que ellos le pomían la cabeza en un palo como 
tenían otras que me mostraron de enemigos suyos puestas encima 
de sendos palos cabe el lugar: y dijeron que ellos se eran señores de 
BU tierra y que no habían menester otro Señor. Y yo les tomé á re- 
querir que lo hiciesen, si no que les haría la guerra y les tomaría el 



88 

lugar: y que mataría (x cuantos tomase 6 loa prendería y los vende- 
lía por esclavos. Y respondiéronme que ellos, me pornian premero 
la Qabeza en un palo: y trabajaron por lo hacer pero no pudieron, 
porque les tomamos el lugar por fuerza aunque nos tiraron infini- 
tas flechas y todas herboladas y nos firieron dos hombres con yer- 
ba y entrambos murieron de la yerba, aunque las heridas eran pe- 
queñas. Y después prendí yo en otro lugar al un cacique dellos 
que es el que dije arriba que me había dicho de las minas del No- 
cai y hállelo hombre de mucha verdad y que guardaba la palabra y 
le parescía mal lo malo y bien lo bueno: y cuasi desta forma se ha- 
cen allá todas las guerras." (1) 

He aquí la protesta de un bárbaro contra la concesión pontificia. 
Casas, quien copia este pasage, (2) no tiene por cierta la réplica del 
cacique de Cenü por no consider&r á este bastante versado en el 
castellano para comprender las palabras de San Pedro, Papa, y otras 
de esta clase. A ser cierta la observación del obispo, sería preciso 
achacarle las palabras irreverentes al mismo Enciso, quien las pu- 
so en boca del cacique, ya para expresar su propio juicio echando 
la responsabilidad é, cargo ajeno, ya inventando que el indio las pro- 
nunciaba para hacerle reo de fuerte castigo. 

Los conquistadores de México aprendieron en las islas la manera 
de tratar á los naturales. Las opiniones que abrigaban respecto de 
esto, poco más 6 menos debían ser las expresadas por el obispo del 
l)arien, delante de Carlos T, este año 15X9. — "Ha cinco años, dijo, 
que partí de estos reinos para tierra firme. En todo este tiempo no 
se ha hecho cosa buena ni en servicio de Dios ni en el del Príncipe. 
Viendo, pues, como aquella tierra se perdía, y que el primer go- 
bernador de ella fué malo y el segundo peor, y que todo se encamina- 
ba mal en aquella tierra, determiné pasar á España á fin de infor- 
mar V. M. de lo que pasa; y en lo que toca á los indios, es muy ex- 
traordinario que se dispute todavía sobre un punto que tantas ve- 
ces ha sido decidido en los consejos de los Reyes Católicos, abuelos 
de y. M. Sin duda se ha tomado esta determinación para tratarle 
con todo rigor por haber reflexionado sobre el genio y costumbres 
de los indios. ¿Para qué heínos de referir aquí las rebeliones y las 

(1) Martin Pemández de Enciso. Suma de Geografía, &c.,— Sevilla, por Juan 
Oiiombét^er. 1 580, fbl. gótico.— Pol Iv vuelto y Ivj, 
<2) Hist. de 1*8 Indias, Ub. Ul, cap. hlBL 




89 

perfidias de tan indigna gente? ¿Se ha podido jamás reducir á los 
indios sin la fuerza? ¿duién ignora cuánto aprecian el oro, cuánta 
industria se requiere para sacárselos, siendo de suyo tan desconfia- 
dos? ¿No han tentado todos los medios para acabar con sus amos y 
sustraerse de su nuevo dominio? Por noticia que tengo de los de la 
tierra á donde he estado, y de las otras partes de las Indias que de 
camino he visto, soy de sentir que han nacido para la esclavitud, y 
sólo en ella los podamos hacer buenos. No nos lisonjeemos; es pre* 
ciso renunciar sin remedio á la conquista de las Indias y á los pro- 
vechos del Nuevo Mundo, si se deja á los indios bárbaros una liber- 
tad que nos seria funesta. ¿Pero qué hay que oponer contra la es- 
davitud á que están reducidos? ¿No ha sido siempre el privilegio 
de las naciones victoriosas y la suerte de los bárbaros vencidos? ¿Se 
portaron de otra manera los griegos y los romanos con las naciones 
indómitas que sujetaron con la fuerza de sus armas? Si en algún 
tiempo merecieton algunos pueblos ser tratados con dureza, es en 
el presente los indios, más semejantes á bestias feroces ^ue á cria- 
turas racionales, ¿dué diré de^sus delitos y de sus excesos que dan 
vergüenza á la misma naturaleza? ¿Se nota en ellos alguna tintura 
de razón? ¿Siguen otras leyes que no sean las de sus brutales pa- 
áoqes? Pero dicen que por el rigor de sus amos, y tiranía de los re- 
partimientos no abrazan la religión ¿dué pierde la religión con 
tales sujetos? Se pretende hacerlos cristianos, casi no siendo hom*' 
bres. Digan los ministros que han entrado hasta aquí en ^us tierras 
cuál ha sido el fruto de sus trabajos y cuántos verdaderos proséli- 
tos han hecho. Pero son almas redimidas con la sangre de Jesucris* 
to: convengo en ello. No quiera Dios que yo pretenda abandonarlos, 
y por siempre sea aplaudido el celo de nuestros piadosos Monarcas 
para atraerlos al rebaño de Jesucristo; pero sostengo que la esclavi- 
tud 66 el medio más eficaz, y a&ado que es el único que se puede 
emplear. Siendo ignorantes, estúpidos, viciosos ¿cómo se les podrá 
instruir en las cosas necesarias si no son reducidos á una servidum- 
bre saludiJ^le? Tan ligeros é indiferentes para renunciar al cristia- 

r 

nismo como para abrazarlo, los vemos muchas veces salir del bau- 
tismo para seguir sus antiguas supersticiones. Convendrá, pues, no 
abandonarlos á si mismos, sino dividirlos en cuadrillas, poniendo- 
loe bajo la disciplina de los más virtuosos espafioles^ porque sin es 

ta diligencia, en vano se trabajaría en reducirlos á la vida racio- 

TOM. IV. — 12 



90 

nal de hombres y jamas se lograría hacerlos buenos cristianos»" (1^ 
El obispo del Darien no procedía cuerdamente, pues juzgaba de 
todos los pueblos del continente, por el ejemplo particular que ha- 
bía observado, j aún de lo mismo que había visto, alguna imputa- 
ción carecía de fundamento, los otros cargos estabau abultados. No 
era sólo el prelado antedicho quien así pensaba. Fr. Bemaldo de 
Mesa opinaba, que estando llenos los indios de hábitos viciosos, y 
no siendo casi hombres, preciso era para doctrinarlos el retenerlos 
en servidumbre. (2) Seguían apretadamente la doctrina los enco- 
menderos, á fín de alcanzar les dieran á los naturales como esclavos 
á perpetuidad, 6 al menos por tres vidas. (3) Gregorio, predicador 
del rey, sostenía ser justa la servidumbre, -^'donde se hace en aque- 
''llos que naturalmente son siervos y bárbaros, que son aquellos que 
^^faltan en el juicio y entendimiento, como son éstos indios, que, se- 
^^gun todos dicen, son como animales que hablan. Esto mismo in- 
**fieren los doctores sobre el primer libro de República, donde dicen 
*^qúe los siervos naturalmente, como los bárbaros y hombres silves- 
"tres que del todo les falta la razón, les es provechoso servir á se- 
*'ñor, sin ninguna merced ni galardón. ítem, hace para nuestro ca- 
*'so lo que Scoto dice en el lib. IV, en la distinción treinta y seis, 
'art. 1?, donde poniendo los modos de servidumbre, dice, que el Prín- 
*'cipe que justamente es señor de alguna comunidad, si cognosce al- 
^'gunos así viciosos que la libertad les daña, justamente los puede 
"poner en servidumbre; pues así es que éstos indios son muy vicio- 
**sos y de malos vicios, son gente ociosa, y ninguna inclinación ni 
^^aplicacion tienen á virtnd ni bondad, justamente Vuestra Alteza 
"los puede y tiene puestos en servidumbre." Además, por causa de 
ser idólatras se les puede privar de libertad, como castigo de peca- 
do contra la naturaleza. (4) 

Los encomenderos de las islas acusaban á los indios de ser flojos, 
precisamente cuando les habían hecho perecer en trabajos excesi- 
vos: (5) ¿duién se mostrará afanoso en la servidumbre para agotar 
sus fuerzas en provecho de sus amos? Risible es el cargo de no aban- 

(1) Beaumont, Crón. do la Provincia áe Miehoacañ, cap. XXIX. MS. 

(2; Casas, Hist. de las Lidias^ )íb. III, cap. IX. ■ 

(3; Casas, Hist. de las Indias, Ub. III, cap. VIII. 

(4) Casas, Hist. de Indias, lib. III, cap. XII. / . . 

^5) Casas, HÍBt. de Indias, lib. II I, cap. LVI. 



91 

dooar con desprendimiento el oro, cual si ésta sa propiedad no les 
fuera arrancada con violencia por sus avariciosos sefiores ^'como di- 
^'jimos en nuestra Apologética Historia, las gentes de éstas cuatro 
'islas, Española, Cuba, Sant Juan y Jamaica, y las de los Lucayos, 
"carecían de comer carne humana, y del pecado contra natura, y de 
"hurtar y otras costumbres malas, de lo primero ninguno dudó has- 
"ta hoy^ de lo segundo, tampoco aquellos que tractaron y cognoscie- 
**ron éstas gentes, solamente Oviedo que presumió de escribir histo- 
*tia á lo que nunca vio, ni cognosció, ni vido algunas destas, las in- 
"famó deste vicio nefando, diciendo que eran todos sodomitas, con 
'H»nta facilidad y temeridad, como si dijera que la color dellas era 
^*un poco fusca, ó morena más que la de los de Espafia.'* (1) En efec- 
to, para que no les fuera tomado en cuenta el número de las vícti- 
mas sacrificadas con crueldad, sacaron á relucir los cargos de em- 
briaguez, y el infame y repugnante del pecado nefando: abundan em 
los primitivos historiadores testimonios de ello, sospechosos, por lo 
menos, de exageración. No vamos á examinar cuales pueblos podían 
ser acusados con justicia; pero en México,, hasta donde se extendía 
la civilización nahoa, 6 alcanzaba la mano del imperio, ambos críme- 
nes se pagaban con la vida. Las leyes que regían á éste proposito, 
prueban en verdad la existencia de ambas faltas; pero también prue-. 
han que no eran admitidas como costumbre, que los casos aislados 
ae castigaban con dureza. Si de lá disposición de la ley debiera in- 
ferirse que era una práctica arraigada, el mismo argumento pudiera 
tomarse de los códigotí criminales de las naciones civilizadas, sin lle- 
garse nunca á inferir con justicia que sean reos de semejantes vi- 
cios; se dan en los pueblos entes degradados, sin que al pueblo en- 
tero pueda achacarse el hábito, como se puede en ciertas épocas á 
griegos y romanos. (2) 

(1) Casfts, Hiftt. de IndBa8,pib. líl, cap. XXIII, 

(9) Aeerca de este vioio, dioe Olavijero, Hist. ant%., tom. I, pág. 324. "Sn to- 
"doi loe pueblos de Anáhuafl^ exoepto entrejlofl Pánuqueses, sé mírala «op abpmi^ 
"nadon aquel crimen, y en todos se castigaba con rigor. Sin embargo, algunos 
"hombrea malignos, para justiflcar sus propios excesos, infamaron con tan horrendo 
*'Tido á todas laa naciones americanas; pero Ta falsedad de' esta calumnia, que con 
"eolpable facilidad adoptaron mnehoa esctitofes europeos^ está demostrado por el 
"testimonio de «tros más impazciales y mejor instrodos.^-^i tal tido hubiera efxb* 
tida antr» los aatiguoa, algún rastro quedara entre los modernos indios, en Üo 
«ontrarío nos confirma*'el Farol I^^diano y{Guia de Curas de Indios, por Fr. Manu«! 






92 

Extinguida casi la población indígena en algunas islas, se recu- 
rrió al reprobado medio de hacer esclavos en las demás islas y eu 
la tierra firme, prohibidos por la ley, en mal hora se hizo la excep- 
ción contra los indios caníbales, porque todos los indios fueron de- 
clarados comedores de carne humana. Es d^ ver la sentencia fulmi- 
nada el afio 1520 por el Lie. Rodrigo de Figueroa, juez de residen- 
cia Y justicia mayor en la isla Espa&ola, encargada por la reina y 
el emperador, de hacer la información y declarar cuáles son indios 
caribes; pues según nos dice, por los dichos **de los pilotos, maea- 
"tres é marineros, capitanes é otras personas que an usado ir á la 
"costa de Tierra Firme, é islas ó partes andadas é descubiertas en 
^'éstas partea del mar Océano, y la que así mismo pude aber de re- 

!ligiosas personas. Fallo que debo declarar é declaro que 

"todas las islas que no están pobladas de cristianos, excepto las is- 
'>las de la Trinidad é de los Lucayos, é Barnudos ó Gigantes y de la 
"Margarita, las debo declarar é declaro ser de caribes é gentes bár- 
baras enemigos de los cristianos, repunantes la conversación dellos; 
"y tales, que comen carne umana, y no an querido ni quieren reci- 
"bir á su conversación loa cristianos, ni á los predicadores de mies- 
"tra Santa Fee católica." En cuanto á la Tierra firme, el magis* 
trado divide las provincias entonces conocidas en guatraos ó ami- 
gos de los cristianos, y en sus enemigoF| por cuya intención son da 
necesidad caribes.-— *'A las cuales dichas provincias é tierras, de su- 
"so declaradas por caribes, debo declarar é declaro que los cristia- 
nónos, que fueren en aquellas partes, con las licencias é condiciones 
"é instrucciones que les serán dadas, puedan yr é entrar é los to- 
n'mar é prender é cabtivar é hacer guerra ó tener é traer ó poseer é 
"vender, por ser esclavos los indios que de las dichaa tierras y pro- 
"vincias ó islas, así por caribes declarados, pudieren haber en cual- 
^'quler manera, con tanto, que los cristianos que fueren á lo susodi- 
"cho, no hayan á lo hacer sin el veedor ó veedores que les fueren 
"dados por las justicias é oficiales de Su Magestad, que para las di- 
^^chas armadas d^ren la licencia, y que lleve consigo de los qua- 

Pdsez, MésieOí 17IS* Nneve preguntas pone «oeíoa del sexto mandamiento, siete 
eomimes i k» dos sexos, dos partioolaMs á las mujeres. La quinta que «1 oaso oon- 
vieae dice: "Ouix otioaliuüti ia motladnacoyo, ahaozo otinoo in nlOxinMiiyo/*' A 
lo cual eontesti^ "En la quinta pregunta, raro aut ntinqitmn oaea, pero si aoaioy 
snelen ser »ohUi qtU n^n habentfoeminam,'* 



93 

"traos. (1) de las islas é partes comarcanas á los dichos caribes, pa- 
'^ que vean é se satisfagan de ver como los cristianos no hacen 
^teal á los guatraos, sino á los caribes, pues los dichos gaatraos se 
"van 6 quieren ir con ellos de buena gana &." (2) A mucha benig- 
nidad se puede llamar á ésto, injusticia. 

Para honra de la humfinidad y alivio de los indios, no todos pen- 
saban de igual modo; sobre el trono había existido la excelente rei- 
na Doña Isabel, cuyo bondadoso influjo se prolongó aún después de 
su muerte; las doctrinas humanitarias tenían un acérrimo defensor 
en el docto y vehemente Fr. Bartolomé de las Casas; no faltando 
religiosos y seglares que siguieran animosos la defensa de loi ca> 
lumniados. 

Pero los conquistadores, se presentaban á la labor bajo el influjo de 
las ideas dominantes. En su concepto, venían prevenidos de un de- 
recho legítimo para hacer la invasión; autoridad competente les ha- 
bla dado la tierra; deber de españoles y cristianos los lanzaba á 
combatir á los idólatras; obra justa y meritoria era destruir á bár- 
baros sin féy comedores de carne humana, encenégados en vicios de- 
gradantes y vergonzosos, la ley les entregaba por esclavos á quienes 
resistían someterse, y podían sin cargo de conciencia, apoderarse dé 
las personas y de sus haciendas. Muchos crímenes brotaron de aquí, 
de los cuales sólo debe responder el tiempo y sus doctrinas. 

La intrepidez propia de la raza, la fuerza que por sus armas al- 
canzaban, la superioridad de su táctica y de su disciplina, estar ya 
amañados en la guerra de las islas^ tener en poco 6 nada á sus ene- 
migos por desnudos y de flacas armas, todo ello y más que dejamos 
sin decir, daba marcadas ventajas á los invasores sobre los invadi- 
dos. De ésto, que corresponde á la parte brutal de los hombres, re- 

(1) GuatroM se dice y m r«pit« én el documento que eoptamoe; mas noi parece 
ex» mala interpretación paleográfioe^ y debe leerse ffuaiiacs, Asií lo escribe Herré* 
ra, dec. II, lib. X, cap. V., al extractar este fallo ó declaración del I¿c. Figueroa. 
Es palabra de la lengna de las islafi, aplicada á la costumbre qne había en la Espa- 
fíela, cuando dos personas querían ajustar amistad y alianza duraderas, y consistía 
en cambiar recíprocamente de nombre: '*£ste trueque de nombres en la lengua co* 
mun desta ida*, se llama ser yo y fulano, que trocamos los nombres, guaUaoé, y así 
"ae llamaba el uno al otro; teníase por gran parentesco, t como liga de perpetua 
"anaistad y confederación, y así, el Capitán general y aquel sefior quedaron gua- 
"tiaoe." Casas, Ub. II, cap. VIIT. *^ 

(2) Declaración que hiro el Lie. Rodrigo de Figueroa, ¿c. Colee, de docnmentoa 
inéditos del ArchiTO de Indias, tomo 11, pág. 321. 



94 

sultaron también muchos crímenes; pero de ellos es responsable la 
guerra: la guerra, ese derecho injusto que las naciones f uertea de 
todas las edades, se han reservado para aplicarla según su antojo á 
laa naciones débiles. La guerra, aberración de la humanidad, que los 
mismos males derrama por causa santa y buena, que por aborrecible 
é inmotivada. Sobraba con esto para hacer cruel y expoliatoria la 
conquista, que todas las conquistas son crueles y expoliatorías. De- 
ben atln ponerse á cuenta las malas pasiones individuales, que tanto 
recrecen los padecimientos de los vencidos; de ellas son exclusiva- 
mente reos los hombres perversos, de dañado corazón, que las ejer- 
citan por un instinto bárbaro, saliendo de los lindes marcados por 
la conciencia y el deber. 

En aquellas expediciones, los voluntarios se armaban y equipa- 
ban por su cuenta, y si no tenian recursos recibían del jefe alguna 
suma, reintegrable de la parte de provechos que alcanzara; no toca- 
ban soldada alguna, manteniéndoles el armador durante el viaje, 
recibiendo al fin de la expedición la parte alícota que le tocaba^ ya 
de lo rescatado, ya de lo tomado como botin de guerra. Los solda- 
dos de Yelazquez venían interesados en la tercera parte de lo que 
se reuniese, quedando los otros dos tercios para los armadores, (1) 
aunque con la obligación de pagar el quinto al rey. Interés de todos 
y cada uno era reunir la mayor suma dé oro 6 cosas de valor, que 
en cuanto á mantenimientos se cogían sobre la tierra invadida. 

De las dos civilizaciones que se ponían en presencia, la menos 
adelantada debía sucumbir: es la ley providencial. Por una circuns- 
tancia excepcional, el principio religioso que los azteca profesaban, 
los empujaba é, los pies del invasor. La creencia de duetzalcoatl 
venida por Oriente, salía al encuentro de los blancos de Oriente, en- 
tregando ya sometidos á los pectaríos de aquella antigua fé. Ningún 
remedio había. Las naciones de Anáhuao debieron entonar las la- 
mentaciones de BU canto fúnebre, resignados á sufrir la sentencia 
de Breno: [Ay del vencido! 

(1) Declaración de Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo, en 
la CoruAa, en 29 de Abril 1520, en la Colección de Documentos inéditos para la his- 
toria de Espafia, tomo I, p¿g. 490 



i 






CAPITULO V 



MOTKCUHZOMA XOCOYOTZIN. — CACAMA. 

Vk^ á C&gumel.—Uega Pedro de Alvaradú.—Sii conducta con lo* indios.-^Eeu^ 
nim de la flota.'-Paces con ¡oí indios^—SaUdaÚe 0rdá9 tn busca de loa €$paholeA 
que egtaban en Yucatán, -^Destrucción de los ídolos en Cozumel^-Llegada de Qe- 
Hmhno de Affuüar,^8áUda definitiva de la armada.-^Booa de Términos.— Llega 
hs armada al rio de Tabasco,^Los indios se ponen en armas.Sacaramuza.^Ba- 
talla de CenUa. -^Sumisión del país.-^Doha Marina. -^Bosquejo. 



Iacatl 1519. Según dejamos dicho, la flota debía navegar en 
cooserva, y caso de algún contratiempo que separase las naves, 
debían reunirse en Cozumel. El navio San Sebastian mandado por 
Pedro de Alvarado, después de cumplir con la consigna que llevaba 
debía incorporarse á lá flota; contraviniendo á las órdenes, el piloto 
Camacbo tomó rumbo directamente para la isla de Santa Cruz, 
aportando dos dias antes que ninguna otra nao. Alvarado hizo de- 
sembarcar la gente, y como huyeran los del vecino pueblo, adelantó 
8u correrla hasta otro pueblo una legua distante, el oual se encon- 



96 

tro también desamparado; tomaron de ahí algunos bastimentos, asi 
como de un Kú cercano los adornos 6 albajuelas de oro en unas ar- 
quillas encerradas. (1) 

La armada, sorprendida por un temporal, fué dispersada de pron- 
to; la nave montada por Francisco de Moría, perdió el gobernalle, 
hizo sefiales á las cuales acudió Cortés; aunque siendo de noche fué 
preciso esperar el dia, á cuya luz se vio el limón flotando algo lejos; 
amarrado Moría á un cabo se tiró á la mar, logrando apoderarse del 
útil y colocarle en su lugar. Reunidas las naos, echaron las anclas 
en el puerto de San Juan Ante Portam Latinam, faltando sólo una, 
llegada más tarde. Cortea, que tenia necesidad de mostrarse r^ro- 
so para enfrenar la gente que le seguía, puso preso á Camacho, cas* 
tigándole la inobediencia y reconvino agriamente á Alvarado por la 
merodeacion ejecutada en los pueblos. Dedicóse á tranquilizar á los 
naturales. Puso en libertad dos indios y una india cautivados por 
Alvarado, dióles algunos regalos, y por medio del faraute Melchor 
les encargó llamasen á los sefiores principales, pues quería hablar- 
les. Entretanto volvían los mensajeros, á los tres dias hizo alarde 
de la gente, teniendo entonces ciencia cierta de los elementos en 
hombres y armas á su disposición. No pareciendo los indios. Cor- 
tés despachó dos capitanes, con cada cien hombres, á traer la gente 
que pudiesen; regresaron al cabo de cuatro dias con unas doce per- 
sonas que los quisieron seguir, avisando que los pueblos estaban 
yermos. Entre los que vinieron había uno que se decía jefe, á quien 
halagó Cortés y dio recado pahTel señor de la isla; la medida pro- 
dujo los mejores resultados, pues aquel principal señor vino, dijéron- 
le cosas tocante á Dios y al monarca español, diéronles seguridades 
para su persona y vasallos, y de todo quedó tan convencido, que á 
los pocos dias regresaron los naturales á sus pueblos, tratándose 
confiadamente con los castellanos cual antiguos y buenos amigos. (2) 
Aunque Bernal Diaz (3) lo pone á cuenta de la perspicacia de 



(1) Bemol Diaz, cap. XXV. 

(2) Carta del Begimiento do la Eioa Villa, pág. 8— 10.— OassB, lib. III. cap. 
CXVII.— Herrera, áéc. II, lib. IV, cap, VI.— B«mal Díaz, cap. XXV y XXVI.--¿ 
Belacion de Andrei de Tapia, apad García leazbalceta» iom. 2, pág. 555.— Xorqne- 
mada, lib. IV, cap. VI II. —Gomara, Crón. cap. X.— Véanse ignalmente laa pregan- 
tas 42 y 43 del interrogatorio de Cortés, Doc. inéd. tona. XXVII. pág. 317 y 18. 

(8) Hist. verdadera, cap. XXVII- 



CoHéB^ eumpliendo éate con las instnicciones de Velazquez, 8« in^ 
formó Gon los caciques de Santa Cfuz, acerca de la existCDcia de 
algunos faombre^ Uancoe en Yucatán; ellos respondieron ser verdad 
los habla, dos s<d¿s de andadura la tierra adentro; 7 que estaban en 
Ift isla algunos mercaderes que pocos días hacía los habían visto. El 
espitan, por medio de dádivas de cuentas, encontró mensajeros que 
86 encargasen de ir á ver á los cautivos, entregándoles una carta pa- 
ís ellos, y cuentas j bujerías para servirles de rescate. Apercibidos 
los dos bergantines de naenor porte, con veinte ballesteros y escope- 
teros al mando de Diego de Ordáz, d^r«rn la vela al cabo Catoche; 
llegados allí eoharon á tierra á los mensajeros, esperando por ocHo 
dias según se les tenía prevenido, no sin riesgo por ser la costa muy 
brava. (1) 

Tranquilos los indios óon las seguridades recibidas, volvieron á 
sos ocupaciones ordinarias, y aun á las prácticas de su culto. Acu- 
samil, era un lugar santo para los moradores de la vecina península 
de Yucatán, de la cual iban en romería atravesando en canoa el pe- 
queño estrecho que separa la isla de la tierra firme. — ^'Adoraban la 
'agente della en ídolos, á los cuales hacían sacrificio, especial auno 
f*que estaba en la costa de la mar en una torre alta. Este ídolo era 
"de barro cocido ó hueco, pegado con cal á una pared, é por detrás 
*'de la pared había una entrada secreta por da parecie podía entrar 
''y envestirse el dicho ídolo, é así debie ser, p<>rque los indios decían, 
"segund después se entendió, que aquel ídolo hablaba. En esta is- 
"la se halló delante del ídolo, abajo de la torre, una cruz de cal^de 
"altor de estado y medio, ó un cerco de cal y piedra almenado alre- 
!'dedor de ella, donde los indios dicien que ofrecien codornices 6 
"sangre dellas, é quemaban cierta resina á manera de incienso, é 
"questo hacían cuando tenían necesidad de agua, y haciéndolo Uo- 
!^e.'^ (2) Uno de aquellos dias, se reunieron los mayas eu el patio 

(1) Bemal Dis8< cap. XXYIL 

(2) EdlAokm de Andrés de Tspis, en Gazcís Icazbalceta, tom. 2, pág. 5551— En él 
Peregrino Indiano por 1>. Antonio de Saavedra Gitzman, Madrid, 1599, leemos á la 
fi4a22Teno: 

Tienen aBíla Otnx, y la adoranan 
Coa gran Teneraoion y referencia. 
Dios de UvTÍas oontíntio la üamanan, 
Y estaña en yb gran templo de abetinencia: 

TOM, IV.— 13 



del K^y para hacer sus fiahtimerioa y oraoioiiefl, el aaoerdoto suUdo 
en preeminente Ingar» dirigió á loa cireaostantes laa exhartaciouea 
prescritas por el culto; asistieron curiosos los castellanos al noevo 
espectáculo, y acabada la coremonia^ Cortos preguntó á Melobór lo 
que el papa había dicho, respondiendo ésto qne esasi cosas malas. 
£1 capitán hizo venir á su presencia á los principales y al mismo 
sacerdote, dándoles á entender por media del faraute BfeltAor, lo 
abominable de los ídolos, el error religioso en que se encontraban y 
que abandonasen aquel cuHo que los conduciría al infierno: (1) rea* 
pendieron ser aquellos los dioses de sus padres, buenos y própicioSi 
ni ellos se atreverían á quitarlos ni los espa!k>le8 les pondcían nu^ 
no sin ser castigados. Cortea hizo derribar los ídolos Us gradas d«l 
templo abajo, mandó limpiar y encalar el santuario, colocar en un 
altar nuevo una imagen de nuestra Señora, y los carpinteros Alon- 
so Yafiez y Alvaro López, formaron una gran cruz de madera, la 
cual colocaron cerca del altar, en el cual dijo misa el clérigo Joan 
Diaz. (2) Fué la primera demostración religiosa de los conquista- 
dores contra los ídolos. Nos imaginamos que Melchorejo sabía poco 
del castellano y menos de los dogmas católicos, para ser buen intér- 
prete en aquella ocasión: en cuanto á los de Oozomel, ignoramos 
cuál juicio formaroa acerca de la santa imágea, mas respecto de la 

Todos 01117 de ordinario la estimauaa 
Con gran soUoitud j continenoii^ 
Dizen que en Yucatán por tso auii^ 
Ponerla sobre el cuerpo que moria. 

(D IjQ4 oonquiftadoreSy y k>s escritores de tiempos más cercanos á nosotnw, no 
reían en los ídolos los símbolos de nnA religión falsa, sino retratos rerdaderos del 
demonio, bajo cnyo influjo podían hablar y aiín hacer prodigios: de esta manera los 
indios trataban familiarmente con el diablo. D. Antonio de Solis, Hist de la Con- 
qnisti^ de M^iáoo, cap. XV» escribe: "Era el ídolo (de Ck>zumel,) de figura humana; 
''pero de horrible aspecto y espantosa fiereza, en que se dejaba conocer la semejaxk- 
"sa de su original. Obserróse esta misma circunstancia en todos los ídolos que ado- 
*'xaba aqinsUa gente, diferentes en la hechura y en la signifloacion; pero oonfonnes 
''en lo feo y abominable: ó acertasen aquellos bárbaros en lo que fincan; 6 foeaa 
"que el demonio se les aparecía como es, y dejaba en su imaginación aquellas as? 
"pedes; conque seria primorosa imitación del artífice la fealdad del simulaovo,'» 
Horrendos y deformes eran en realidad aquellos bulkiíie^ juagados por las reglas ds 
la estética; pero como representaciones mistioas, valíaa tanto, «(^no ciertos dioses in- 
formes de los griegos ó los Qomplicsjios d^ los hindtift 

(2) Bemal Diaz, cap. XXVII. 



/' f 



99 

«m debieron de admitirla de buen grado, snpneeto ser fllmbolo por 
éD€»adoñidO| el emblema traído por Kuküleati. 

TnBBcmrridb el plaso de ocho dias^ Diego de Otdíáz' tottió'á Oe2ii- 
mel lefiriendo, que annqne había permanecido en la costa con ries- 
fD de peiden», no habfaní paiwide tes espallotes ni 'los mensajei^os 
^e á basoariot fneron: mucho enojó á OorMl semejante resalla- 
do, y trate eoñ doreza á OrdáK, por haber sido para poco en la em- 
presa. Sacedi6 qne nno^ hermanos Pefial^s; marineros, hurtaron á 
Berxid ciertos todnoe;' qne§óee éste al general, y annqtf^ aquellos 
negaron, puesto en dato el delito fheron asolados los criminales, 
no obstante haber intercedido por ellos los oficiales del ejército. No 
tetáendo ya qué hacer ea la ish^ la armada se hizo á la vela él sá- 
bado cinco de Marzo, (l)bh(isiendo rumbo á la isla Mujeres, al dm 
siguiente, que fhé Carnestolendas, (3) .tomaron tierra y en ella o^e- 
ron misa. Vueltos á embarcar aquel mismo dia, con intento de do- 
blar el cabo Catoche, se fijó á poco un cañonazo; era la nao de Juan 
de Escalante' que pedia socorro, porque se anegaba, haciendo tanta 
agua que no se podía agotar con las bombas; además, ahí iba em- 
baacado el pan oazabí; á fin de reparar la atería, diose orden á toda 
la armada de retornar á Cozumel. (3) 

Los indios no mostraron pesadumbre por la vuelta de los care- 
lianos, ayudando de buen grado ú descargar la nave y repararla, 
^^peracion que durú cuatro dias. Terminada la obra, sábado doce de 
Marzo, se tornó a ^nbarcar la gente; mas cuando sólo faltaban de 
entoar á las nares Cortés con algunos espalioles, se desencadenó un 
gmn viento acompañado de recios aguaceros, y cómo afirmaran los 
pibtoe que había riesgo en hacerse al mar, la gente desembarcó de 
nuevo. Bl temporal duró dia y noche, y amaneciendo el Domingo 
primero de Cuaresma, trece de Marzo, se dispuso oir misa y comer 
4iit^s de reembarcarse: (4) ^'Estando en un navio el que esta reía- 
**cion da é otxos ciertos gentiles hombres, vieron venir por la nlar 



(1) Se^oimoa en las fechas ¿ Qomara, eap. Xn, por salir confonne con los he*. 
«bos. BeznalDiaz, cap. XXX, fija el cuatro de Marzo como dia de la salida definí* 
tira de b úifty lo'ottal tésolU imposible. 

(2) aom«r% cap. XZL Quincoagiaima 6 Oa wie a toto iidai úkyó • aqad ato itlt ea 
^domingo seis de lían». 

C8) BefBsl Diaz, cap. XXVÜI.^Herfen, d^, U, Ub. IV, cap. VIT, 
(4) Qomsn» eapi XIL^Bdaeien de Andrés de Tapia. 



14» 

/^QQa Q&Doa, que mí se llama, que es en la que los indios nayegaii, 

**y es becba de um^.pkfaado^nn árbol oavadaí é reaonbeimida que 

f ^vinte 4 tomar tierra en la isla, salieron del narfo en tíerm, é por la 

.V<K>8ta se fueron lo>mftá eQOQt)ftertameate i}Qe pudíeroé^'é llegando 

**á donde Ja oanoa qttevia tornad ttoErra, ó la tomó, rieron tros hom* 

^^bres desnndoB, tapadas «os rergdenaas, atados los cabellos aiiás 

«'como mnj^es, é sus aróos é flechas 011 las manos, é lea bicimos se- 

^*fias que no oviessn miedo, y oLnnOtde ellos se adelantó, é loa dos 

: ''mostraban haber miedo y querer huir á mx bajel, é el ano lea ha- 

'^bl6 en lengua que no entendimos; é se vino báeia nosotros, dieien- 

.'^o en nnestro castellano: ''Setioree, ¿soia cristianos, 6 cnyos vasa- 

V^os?^^ Dijimosle que si y que del rey de iCastiUa; éramos vasallos, 

^p alegría é regiónos que diésemos gratiaf á Dios« y él así lo hizo 

f 'con muchas ligrimas, é levantados de la oración, fuemos caminan- 

"do al real.'' (1) * ; 

El . español estaba ennegrecido por la intemperie, traia ^ pelo 
trasquilado á la manera de los esclavos, vestido con una manta an- 
drajosa^ en nna de cuyas puntas llevaba atado nn libro viejo 4^ ho- 
ras, cubierta la cintura CQn un mal paAo, nna cotam vieja calcada 
y otra en el cinto y un remo al hombro, de manera que en aquel ar- 
reo no se diferenciaba de los otros indios. Llegados 4 presencia de 
Cortés, preguntó ésf;e i Andrés de Tapia, cuál era el español, él se 
paso en. cuclillas á uaanza.de la tierra,^ respondiendo: '^ Yo soy.'* En 
efecto, era Jerónimo de Aguilar, natural de Ecija y ordenado de 
Evangelio, de: quien contamos en otro lugar la historia, añadiendo 
.ahora la de cómo alcanzó la libertad. Fieles los mensajeros le en- 
tregaron la carta y presentes que habían reciUdo; Agnilar por me- 
dio de aquellos rescates, logró licencia de su amo para ir á donde 
quisiese; en consecuencia fué á buscar á Gonzalo Guerrero, marinero 
natural de Palos, á quien invitó para irse 4 Co«umel; mas éste* res- 
pondió: '' Hermano Agnilar, yo . spy casado, tengo tres hijos, y tié- 
" nenme por cacique y capitán cuando hay guerras: ios vos con Dios: 
"que yo tengo labrada la cara é horadadas las orejas, ¿qué dirán de 
''mí desque me vean esos españoles ir desta manera? E ya veis es- 
'' tos mis tres hijitos cuan bonitos son. Por vida vuestra que me 
'^deis desas cuentas verdes que traéis, para eHos, y diré que mis 

(1) Selao. de Andrés de Tapia, en Gsioíá IeaaElwaaeta».l»ág.:(K|e. . . 



101 

^^hmsmiM me 1m envían de mi tievrai'^ iSbbretiiió la mujer de- 
Chierroio, quien dijo maf enojada: *^ Miráeon qne viene este escli^ 
**▼!>: íoe Toe, y no emeürde más pliticas.'^ (1) 'Insistió AgaiW en 
isine^, más ao legrando froto algano'se diriji^ en bnsca de tais 
oiss <{Qeie agotvdábañ. - El hombro civilizado rsnunctó á toltér 
oía sos hermanos; ditiie vei|;üein5a la maroa que en el rostro tenía 
de la üda de ka mayas^ amarráheile i la tierra la familia y la dig- 
nidad aloaaaada; pudiera ser mayor retreente, qne había tomado 
psrie en'ooatpstfíla dooiro daéiqtie y mandado en jefe la batalla 
contra Hemándea de Oóidoba. (2^ • Ooaado Aguilar llegé á la costa 
jft no estaba la nao de Diego de Ordas; pero sabiendo que laarna* 
da babía vuelto á GoBumé!, alquiló con las cuentas de vidrio nkia * 
osQoa con seis reímeros, en la onal llegó felizmente i la isla. Para 
Gortés Até ésts nn haUasgo de suma imponiancia;, pues adquiría un 
boen intérprete. (3) 

Amonestados de nnevo los indios acerca de la nligion por medio 
de ifpiilar, la arÉiada se- hizo finalmente á la vela de Coznmel, el 
domingo trece de Marzo: un temporal dispersó las naves, que al dia 
ngniente se reunieiün en bla Mujeres. Tomóse rumbo por la costa > 
boreal de Yucatán, doblando en seguida por la occidental: á la vía- - 

(i) Bemal Viazeap. XXYII., 

(2) Bemal Díaz, cap. XXJX. 

(3) La Carta del Begimiento de la Villa Bica, pág. Ifi, dice: *'tiívoBe entre nos- 
olR» aquella oontmiedad de tieuipo que sueediiS de impioTiso, odmo ea verdad, por 
maj gma nistono ^.nU^gro de Dioe.'*— OoH^i sumkiiatca laa aís:M ea te8 notíoíaa at 
la pregunta 51 de aa interrogatoáo: "ítem: ai aaben qne los diohos eapafiolea é yn^ 
dios qne fueron en la canoa, llegaron á tierra é yieron que Temían en ella loa man- . 
Élzeroa que dicho Don Hernando Cortas abia imbiado con la carta á loa espafloles* 
qaettaban eaptiros'entre loa yndioa, é con ellos el uno de los dichos espafiolea, que 
teJOamaba Gearónimo d» Aguiltf , el qual ▼emia desnudo, con un aroo é unas flechas 
en la mana, é no lea aceitaba á hablar en nuestra lengua; é anal le traxeron aniel di« 
cho Don Hernando Cortés; é deste espaflol se sopo, como ¿1 é otros se abian perdi- 
do atiayeaando dende la Tiena Firme, á las Islas, tai unos baxos que se llamaban Um 
VÍTonn, óseos á la Isla de Xam^oa» en un navio dé un Franoiaoo Nifio, piloto, aa^ 
toial de Mognel$ é que en la barea ss» sblaa metido los quen ella oopieron, j el tiem- • 
po les abia traído á la Punta de Yueatopa; é cuando llegaron, se abian muerto maa da 
la Btitad por la Mar;, é de sed é áé hambre, en la barea; é los que Ueganm títos ^« . 
Mriaa haata oobo ^-nueveí Uegaron tales, que ai los yndios no los remediaran, ao - 
eioipaKa i»spiiio^ é anai murieran todoa, esoeblo dosi da loa quales haca estci Qer^ 
iteo da-Aguflar, el*«no, y el otio, un Morales» el qual no aUa querida yenir, por. . 
qn# tainia ya oíadadaa las otuxasi j estaba pintado como jndio,^ oasado con una > 
yadia, é temia hizos con eUa.** Doo. inéd. tov. XXVII, ptfff. S38. 



IOS 

■ 

tt de PotoünCbaiiy qüiñei^. arengar Cortéf el deebaeate de Hernán^ 
detf de ditodobft, d^eñstiendo de semjBJante desq^nio por bsebaerm* 
ciopefidA AtitoD de AlamiooB^ acerca de «tor la^eciflta peligreaa«. J)e 
ilta Mujeres había salido ea «d bai^atmel oapitaa Escobar, oon 
óideti de reoonocer la Booa de Temióos; al Uegar nhá Ja armada na 
le encoatravotí) si bien dieron á¡ poco oon él, ^teoieBdo>el baño b 
IMiriácnlaridad de ir oolgados de laa jamas mncbos pelkjoa deEe- 
biM y. eonejos: ccmUi Baeobar^qne al tomar iiéna habéa salSio á»m. 
enMentaro la lébrelá, dejada por Qrijalva, rkaoíéndole annohas eari«» 
ciM, yendo j Yiniendo con presa de aquellos animales^ cnyas pides 
estallan. tendidas para secar^ desj^oes de habar «sdueído kaeatnes á 
cerina. De Boca de Términos, ñgaitf adelante la armada, Uegandiy 
al lio; Tabasoo ó Grijalva el y^ntidos de Mar3o« • (1) 

Coímo en su Ingar Timos, Grijalra fné recibido depaa en aqesUa 
comarca, realizando un rescate de cnantía; por esto sin duda qmm 
Cortés detenerse isa el mismo sitio^ esperaneado en sacar pwreoho. 
Las 6oeas habían cambiado. Despoes de ido Orijaira, los gnerroros 
majas orgalkMQS por haber deitotado á Heméodez de^ Gtolofaa:, se 
bnrlaion del seftor de Tabaaco, apedáadole de cobarde por no htSbnr 
^ODDtbatído.i los hombres bkniros; afrentados el jefa j sos guerreros 
prometieron defenderse cuando la ocasión llegara. El rio no consen- 
tía la entrada de las gr{tndes naos, así que, al acercarse la armada 
suigieron en la mar las mayores naves, y con las peque&as y los ba- 
teles se desembarco la gente en la Punta de los Palmares, lagar re* 
conocido en la expedición anterior de Grijalva, distante cosa de me* 
dia legua del pueblo de Tabasco, situado á la margen del rio. Con- 
tra lo que se esperaba, el pueblo estaba fortalecido y lleno de gae- 

<1} Beinsl Días, «ap. XXXI, pone doM d« Mano, Jo «(ua es imponl^^ homo lia. 
ya un error de niímero en qne se puso 12 en lugar de 23. La reotíficaoion ae saos 
d^ miemo Bemal Díaz, cap. XXXm, al asegurar que la batalla de Ceutla turo ln« 
gV\ dia4$ Nuestra Señara de Man», diobo que repite en el dguf ente capítulo. 
Pues Men, el £a de la Annnoíeeion ea^^ en liémeti Teintieineo de Marso. £a re- 
eosido de esta jomada, fundó en aquel lugar, fA adelantado D. Francisco de Monte- 
Jo, psdra, la Tilla de Santa María de la Victoria, j cada TeintioSneo de liano saca- 
ban los castellanos el p«ndonreal y la imagen de la Virgen de la Victoria 6 Conquis- 
tadora, la cual, según dedán, 6ra la misma dejada á los indios por Cortés. Ctumao 
la ^rüh fué trasladada á la Mudad de San Juan Bautista, capital después éel I Bstad o 
delMbáseo, eenthiuó la misma costumbre j siempre en memoria de la batalla' 9b 
Cé«tfa. Aeéialmente se Teñera aquélla hist^ca imagen, retocada en IMO, en fa 
i^esia parroquial de ^San Joan Bautista de £squipulas. 



lOt 

m 

netoBf reoomeiida la eorriente machafl oanoas con hombrea arioadóá' 
m -flOD de gimn»; Agailar él intérprete habló á unos que parecían 
jefiM Y pMaban cerqa por el agua; maa éstos despreciaron las pala- 
kss, moatrjfaidose muy bravas^ Cortés hizo artillar los báteles, dÍ8-> 
poso el real y cerrada la noche envió tres castellanos á descubrir 
un veroda qoQ de afcí condnola al pueblo. (1) 

Sin pretenderlo, el general se encontró metido en una inesperada 
empresa, dejarla mi concloir fuera peligroso, pues emprendida la 
ntinuia se achacarla á miedo, onndiría la voa entre las tribus y itó- 
gBÍr^Me detrimento al aembre castellano, Al dia sigaiente, miérco- 
Isi 23 de Marao, vinieron algimoa indica en canoas, trayendo pocos 
liaatímentos é insistiendo en quilos blancos d^aran la tierra, sé 
les leyó el. reqneriDiisnta para qae como vM&Uas del rey de Espafiá 
diesen la obedi^icia, i lo cnal no hicneron caso. Cortés dio entonces 
sesrtadas dispoñoienes para asaltar el pueiblo. Envió por la vereda 
reoonooida dbiante la noche, al capitán Alonso de Ávila con dos* 
óeotos infanta y dies ballesteros, previniéndele nada intentará an- 
tes de cir el raido de la artill^a; él ^on el resto de la fuerza tomó 
los batelea y bergantines, y remontando el rio fué á Colocarse de- 
Is&te de la. población. Como los indios se mostraban dispuestos ¿ 
pelear. Cortés mandó al escribano Diego ^ Gk)dey, leyera de nuevo 
A requeiimieato, dándole testimonio de la resistencia de aquellos 
bembres. Los naturales por su parte; se apellidaron tocando sus 
alambores y coracoles, á cuyo sonido acudieron muchas conoas, en 
SQ kmgua llamadas íaAmetip^ llenas de guerreros. 

La artillería, barrió las débiles embarcaciones de los indios que 
delante sé presentaron, los bateles se acercaron á tierra; pero como la 
edlla estaba valientemente defendida, los eastelíanos tuvieron qu e 
SRojarse al agua; llevarhi hasta 'la cintura y ser fangoso el fondo, 
fueron obstáculos qna: no pudieron ser vencidos de pronto, recibien- 
do aitretanto algún dafio. Alentados por Cortés, quien perdió el cal- 
zado de nao de los pies en él lodo, al grito dé Santii^o, (2) los asal- 
tantes pudieron llegar á tierra, desalojando üo sin pena á los beli- 

(1) BeiBál Dúa, ei^ XXXL 

(2) Elgrit0,4^,gaqrrade los poaqtíistadorto efa, i8antiagoI ¡Cierra EspaiUd rp- 
oes admitidas^ ya para comenaar al combate^ ya pnra cargar al enemigo ó comuni car 
impeta en la pelea. Tal es el sentido de la frase usada en nuestros escritores anti- 
S^os de, dar tí Santiago, es dedr, dar la voz de acometer. 



104 

i)0K)8 iadios; rehicióroose éstos poca mis adelante y si bien peleacoa. 
con brío, desbaratados de nuevo, fueron á abrigarset dentro délas, 
albarradas del pueblo^ Desde ahi defendían la aproxiraacloo al mvtr 
ro á flecbí^^os y pedradasi y cuando más cerca tuTieron á los cantea* 
tíos, coa picas y varas; habiendo penetrado los oaateUánoi por un 
portillo, hicieron rostro en las callea y en donde se podían. fortaio- 
cer, sin cesar de combatir. A esta saaon llegó Alonso de Ávila oon 
sus peones, detenido ^ la marcha por haber tenido que franquear 
algunas ciénagas, cayé sobre la retaguardia de los indios, quienes 
abandonaron la población, siendo . perseguidos por un trecho: *^ 
*! ciertamente que como buenos guerrerosi iban tirando buenas xo- 
\^ ciadas de flechas y varas tostadas, y nunca volvieron de hecho las 
'* espaldasi hasta un grf^n patio donde estaban unos aposentos y oa^ 
V sas grandesj y tenía tres casas de ídolos, é ya hablan llevado todo 
!! cuanto hato había en aquel patia" (2) Cesado el akance, en aquel 
patio tomó Cortés posesión de la tierra en nombre de los monarcas 
castellanos, dando tres cuchilladas á una gran ceiba que ahí había, 
diciendo á voces que aquella posesión defendería, con espada y ro* 
déla, contra quien quiera que se opusiese; aprobaron el acto los sol- 
dados, ofreciendo sostenerlo con sus personas y armas, pidiendo al 
escribano acií.lo diera por testimonio. 

Para correr la tierra y procurarse víveres, el dia siguiente, 24 de 
Marzo, salieron al campo Francisco de Lugo con cien hombres, en • 
tre ellos doce escopeteros y ballesteros, y Pedro de Alvarado coa 
otros ciento, y quince armados de ballestas y escopetas: á este capi- 
tán debía acompañar el indio intérprete Melohorejo, mas buscado 
que fué no pudo ser hallado: súpose entonces que el dia anterior 
había dejado colgados los vestidos á las ramas de un árbol. en la 
Punta de Palmares, metiéndose en una canoa y huyendo para los de 
Tabasco. Apartado Lugo obra de una legua 4el pueblo en que es- 
taba el real, encontró con los guerreros indios, quienes le acdmetie^ 
ron con furor y tan terrible ímpetu, que á pesar de los estragos que 
sufrieron por el cortar de las espadas y las armas de fuego, lograran 
detenerle; y no obstante los esfuerzos de los castellanos, Lugo tuvo 
que emprender la retirada en buen orden, dando cuenta al geneml 
y pidiéndole socorro por medio de un indio de Cuba, muy suelto co- 

(2) Bomal Díaz. oap. XXXI. 



lOBf 

mdor. AWaradOf detenido en sti aiarolia por anos fangales, esca- 
chando loe tiroe de las ebedpeUe, se dtr¡|i6 eobre el oampo de bata- . 
Ik en aaxilio de Lugo; au pnseDCW restableció el o(Mubate, pu* 
diendo rechazar de pronto -á. los indios; .mas óstbs tonuaron con el 
Bider primwo, foraaado á los oastellanos á emprender la retirada. 
Per üartiuia lligé' Caries oon un r^fueno á sedvaries, "y si no fuera 
^Mbo de piealo saber al dapiton para que loé socorriese, como los 
"socorrí^ créese qtie matecaa más de la mitad de los cristianos; y 
^*ansi aos yenimes y retvi^ittos todo á nuestro real^ y faeron cura* 
"dos los herídoSf y deseaAsaroo los que hablan peleado.'^ (1) 

£a . la 4wgaraam»ia • cogieron tres naturales, al uno de ellos que 
psreoia principid dieron ifagalos^ eooai^géndole fuera á los suyos á 
proponer la paa; soltáronle, mas nanea volvió De los otros des se 
inquirió por Agttilar, que Melchor se habla refugiado entre ellos, 
soons^ndolee eombatíeeen á los blancos dia y noche, por ser pocos 
y estar sojelos' á la muerte eomo los demás hombres; dijeron ade* 
mas, que al- dia siguiente Tendrían los guerreros oon todo su poder 
sobre el real para destruir á los blancioa. (3) £n virtud de estas no- 
ticias. Cortés hisoUevar les beridos á las naves, se desembarcaron 
trece caballos y alguna artillóla, aparejóse toda la gente de pelea 
y tomó cuantas providenoias le parecieron aeerthdas para la próxi- 
ma batalla. (8> 

lAl siguiente 2& de Mano, dia de Nuestra Señora, el ejército se 
armó desde bien temprano, oye misa y puso en érden para salir al 
encuentro del enemigo. Los jinetee escogidos para formar la caba- 
llería, fueron Cristóbal de Olid, Pedro de Alvarado, Alonso Hernán- 
dez Pne^toc»^Ixero, Juan de Escalante, Francisco de Montijo, Alon- 
so de Ávila, Juan Teláoquea de León, Francisco de Moría, Lares el 
buen jinete, Morón el de Bayao3M>, Pedro Gronzilea^ de Trujillo y 
Gonzalo Domínguez, doce en total, tomados de los hombres mejor 
armados y diestros, cuto mando tomó Cortés en persona; á los tre- 
ce caballos se pusieron fnretales de 4»Moabeles, comunicando orden á 
loo caballeros, que para cargar sobre la multitud llevaran las lanzas 
terciadas, á la altura del rostro de los indios, sin detenerse á alan- 
cear hasta despues.de desbaratarles. Mesa iba encargado de la arti- 

(1) C«rU dftl AigÍBiMiilo déla ViUa mok, pág. IS^IS. 

(2) Benua Din, «9, XXXII. 
(B) B«nuü Din, oup. XXXIil. 

TOM. IV.— 14 



106; 

'Huidos loflrnatttffaleA, retrajérooáe 1<» veneidQft debajo de anoft 
ácboles, descabalgaron loi^ jinetes, yjatitos diezoá^f mnabaé graotaa 
*^ 7 loores i Dios y á nuestra Sefiora su bendita Mádre^ aliando to^ 
^* dos ks manos al ciel0| porque nos habla dado aquella víotoria t«a 
*'0UQipUda." — '^Y esto paaado apretamos las heridas á los herídoa 
^! eoa patios, que ótm cosa no Ikabía, y ae curaion loe caballos eou 
" qnemalles las heridas cim unto deindUo de los nueafcros que abrih 
^^jdos para sacalle el unto, é fuimos á ver loa muertos, que hubia 
*^por el campo, y eoan más de ochoeientos, é todos lo»iiiiásde esto- 
*' c$das, y otros de los tiros y escopetas y baUe«tas, é muohoa «ste- 
V. ban medio muertos y tendidos. Pues desde anduviseoo los de á 
*^ caballo había buen recaude de ellos muertes é otraa qpisíádideae 
*^ de las heridas. Bstuyimos en esta batalla sobre -una hdrir, que «• 
*' les pudimos hac^ punto de buenos guerreros, haslai que vinienm 
Vloe de á caballo, cerno he dicho; y prendimos einoo indios, é loe 
*' dos delles capitanes; y como era tarde y hartos de pelear, é no ha* 
^^íbíamo» comido, nos volvimos al re^l, y luego éatwranies dos sol* 
*^ dados que ib\u heridos por las gargantas ó< por eleido, y qm* 
\^ mamos las heridas á los demás 6 á los caballos con el unto dd in» 
*^ dio, y pusimos buenas velas y escuchas, y cenamos y répee»* 
*'mos." (1) 

Loa dos jefes primeros fueron puestos en libertad; les regUaraa 
cuentas verdes y azules, dándoles á entender por voz de Aguilar h*- 
blaiun con los caciques de la comarca convidándoles con la paz, pues 
de la pasada guerra ellos tenían la culpa por habetla emprendido. 
Presentáronse en efecto hasta quince mensajeros, que por traer los 
rostros pintados y las ropas ruines, se daban á conocer por esclavos, 
trayendo gallinas y pescado asado, coii un poco de {pan de maíz; aun- 
que Cortés les recibió con halago y aun les regaló de las Cuentas de 
vidrio, despidiólos diciéndoles, que si sus señores querían paz vinie- 
sen en persona á tratar de ella, no queriendo tener pláticas con loa 
esclavos. Al dia siguiente volvieron hast^i treiirta principales, tra^ 
yendo un presente de gallinas, pescado, fruta y pan de maíz,pidien- 



qpÁ yo, como indigna peaador, no »ex«oedor de Ter á ooalqaien de aqaeDoe ^ofio* 
aoe aptfstoteif, allí en niiestia eompeftía bMñ sobre cnstroGÉentee soItcUbdoB, y Ooaiéa 
7 otzoB moohoB oal»llaro% y plaAioánse dallo y tomAiee por testimonio, y ee In* 
Uef» tMelio nna iglerift cuando ea pobld 1a tíM» Ae. 
a) Benua Diac, cap. XXXIV. 



4o Beenoía para eaterrar y qnemar bcls muertos, ofreciendo que al 
día fligaieiita ▼endrlan á oonoertar las paces los señores de los pue- 
Uos:. otorgada la Koeneia, acudieron por los campos con mucha gen- 
te para enterrar 6 quemar los oadévei'es según la usansa de las tri- 
fcúfl. (1) 

Con la cortesa de qre los indios vendrían al dia siguiente, Cortés 
para engafiarlos, haciéndolos entender que caballos y lombardas ha- 
cÉm por BÍ mismos la gu^ra, mandé traer á su aposento la yegua 
de Joan Sadefio, y luego el caballo de Ortis el músico que era muy 
rijoso, para que tomara el olor de ella, haciéndolos en seguida sepa- 
rar y^ poner donde no los Tieran ni oyeran relinchar los naturales: 
después igualmente, t^oer preparada una lombarda bien cargada y 
cebada» En ^ecto, los principales llegaron . hacia el medio dia, hi- 
ñercm sus corleéías de estilo, zahumaron á cuantos estaban presen- 
tes, y entrando en la negociación pidieron perdón por lo pasado, 
ofreciendo para lo futuro ser amigos. Csttés contestó por medio de 
Agailar, dándose por enojado, que ellos eran culpables de la pasa- 
da guerra, por lo cual merecían la muerte; caso de que se consenra- 
sen en paz. el rey de Castilla mandaba faroreeerlos y ayudarles; 
pero si faltaban á la fé prometida, él soltaría algunos de los tepuz- 
Üe que tenía para hacerles mal, pues algunos de ellos estaban aún 
enojados por la guerra pasada. £n aquel puuto dieron fuego á la 
lombarda; el inesperado tronido, el zumbar de la pelota y el estra- 
go que en el monte hacía, llenaron de terror á los embajadores, á 
quienes sosegó Cortés, diciéndoles no tuvieran miedo, pues él habla 
mandado no lea hiciesen dafio. Trajeron entonces el caballo, ama- 
rrándole no lejos de Cortés; con el olor de la yegua el bruto patea* 
ba, relinchaba, hacía bramuras y parecía que miraba con ojos en- 
cendidos á los indios, quienes tomaban aquellas demostraciones co- 
mo dirigidas contra ellos; Cortés se levantó de la silla, tomó el caballo 
por el freno, é indicó á Aguilar hiciera creer á los embajadores que 
liaba apaciguado, al animal para que nieles causara -dafio: dos mo- 
zos de espuelas, sacaron al caballo donde no fuera visto por los in- 
dios. A esta sazón llegaron treinta tamenes con algpin prefiente, ter- 
minando la plática por ofrecer que al dia siguiente vendrían los ca- 
ciques á nuevo concierto. (2) 



(1) Banuai>iaz, ciqp. XXXV. 

(2) Bemal Días, oap. XXXV. 



no 

A postrero de Miurzo llegaron m«choa caoiqaea de loe paeUoe o^ 
mafCADos, trayendo nn corto preeente en objetos de «lo j meutae 
bastaai concorténdose la paz 6 más bien el aometíaiiento de la pío- 
vincia á loa reyes de Castilla: el presente de oro nada fué en ooBir 
paracion de veinte esclavas que trajeron al general, entre las cuaieÉ 
se* contaba á Marida, llamada así después de batitíxada, muy oooo- 
oida en la conquista por ser la intérprete del qéroitt>. Pregnnitee 
i los caciques de donde proven:lan las cosas de oro, y respondienft 
que de Ctdehua (Culhqa) y México, nombres qoe^ los castellaoos ne 
entendieron, comprendiendo sélo por los dichos de un indio llamado 
Francisco, que eran países más adelante. Pregantedee por Meldio^ 
rejo y pidiendo se le entregaran, infornuuron haber huido para ei^ 
tre ellos y haberles aconsejado dieran guerra á los^eastellAnoa, pero 
que no podían entregarle, porque habiendo visto el mal resultado ám 
la batalla de Ceutla se había huido: según se averigüé^ los talMui- 
queñós sacrificarou i Melchorejo, visto el fatal resaltado de su con- 
sejo. Pidiéronles en s^Eíal de paz, que los habitantes del pueblo 
volvieran á sus abandonados helares, cosa cumplida exactamente 
dentro de los dos dias de plazo que para o]lo se les puso. (1) 

Repoblado el pueblo y aprovechado el trato frecuente con loe ca- 
ciques, el P. Olmedo por lengua de Aguilar les dio i entender la 
excelencia de la religión cristiana, lo inútil de los ídolos y aborrecibla 
de los sacrificios, exhortándolos á desechar su falso culto; no parece 
mostraran pesadumbre por el cambio, y de buen grado se prestaron 
á admitir al nuevo Dio& En consecuencia fué construido un limpio 
altar, en el cual quedé colocada una imagen de la santa Yiri^ 
con su niño en los braaos; (2) los carpinteros Alonso Yañez y Al^ 
varo López, construyeron una gran cruz como en Cozumel, la cual 
pusieron junto al altar, y una vez terminados los preparativos, dijo 
misa Fi:. Bartolomé de Olmedo, púsose al pueblo nombre de Santa 
María de la Yíctoria; por boca d€ Aguilar se hizo una plática á lae 
veinte esclavas, baatizándolas en seguida, para que siendo ya en»- 
tianas pudieran ser repartidas á sus nuevos amos. La muchedum* 
bre de los zoques y mayas asistían recogidos y maravillados, 

(1) Benial Diaz, cap. [XXXVI. 

(2) Dice Benud Diaz, cap. XXXYI, qae los natoxalea tiamaban á la imagen Té^ 
cMgtuUa, La palabra parece estar compaeata de laa dos voces mezioanss^dOifAtf 
y eihuatí, haciendo Tecohcihnatl, mnjer 6 sefiora eabaUsra ^.prinolpsL 






m 

Yarios dto pfiaaroa aiUi, peroiM6cÍ€a»do los eastellanos aaistidoa 
yir^galados» Lkg«^ e! dokiúiigo de Ramos, áie¡a y siete de Abril, 
los indios caciques fueron invitados con sus vasallos y familias á 
piesc^MÍar Im c^^mQums da aq^vi^l sol^mQjQ dia; los castellanos de- 
Vían poi>erse en n^archa acabada^ la fí^sta, pues los pilotois tenic^n 
temor at Norte, 6 loto bien Cor¿és do ei^oontiaba ya conveniente per* 
manejcer en el país. Mandóse ooostrjuir en Ceutla una cruz en una 
ffm ceiba, en memoria de la victoria alcanzada, teniendo cuidado 
de dar A la Cuúcion rel^posa el mayor aparató. Domingo muy tem- 
prano vinieron, al f^iU^ en donde estaban la crua 7 el altar, los ca* 
dquea y {Hrincipales con sus migeres é hijos; díjose la misa, ofician^ 
do el religioso de la lleroed Fr. Bartolomé de Olmedo y el clérigo 
Joan Diaa; terminada, presidiando Cortés y con los capitanes y sol- 
dados llevando los ramos benditos en las manos desfilaron en de<r 
volia procesión; adoraron y besaron la crüs; asistiendo maravillados 
los indios de semejantes demostraciones por ellos vistas por la vez 
primera. Los caciques presentaron algnnos bastimentos para el via- 
je, despidiéronse amigablemente de los castellanos, quedando encar- 
gados de cuidar y reverenciar la imagen de la Virgen y las cruces, 
sintiendo tal vez gran regocijo al ver partir ^ sua nuevos amos« Los 
españoles, en sus bateles y an las canoas prevenidas por los indios, 
se embarcaron en Santa María, conservando ailn en las manos los 
ramos benditos bajaron el rio, recogiéndose en la íbta, la cual per- 
maneció, al ancla durante aquella noche* (1) 

DetengámoQoa un poco á hablar de Dofta. Marina la lenguA. Os? 
oora es la primera parte de su vida, y tanto que no se sabe con fir 
jeza cual fué el lugcu: de su nacimiento. Preguntada por Cortés, 
q^ién era y de dónde, respondió: '^ que era de hacia Xalisco, de un 
"lugar dicho Tiluta, hija de ricos padres, parientes del señor de 
" aquella tierra, y que siendo mochacha la habían hurtado ciertos 
'* mercaderes, en tiempo de guerra, y traido i vender á la feria de 



(Ij Bemal Díaz, cap. XXXI á XXXVL— Carta dd Regimiento de ViUs Biea, 
pig. 13~-18.-^BeIaeioii de Andrea de Tapia, pig. 558^-660.~-Gomara» wp. XVIH 
á XXHI.^HeR«ra, dtfe. IZ, üb. IT, etíp. XI y XIL-^Toiqnemada, lili. IV, eapw XI 
7 Xn. — Lm testigoa presenolalea no riempre eatáa eonfotmea en la lalaaioQ» b«ia 
aatoral pues dos hombrea no examinan el mismo, cd>jélo.baj|p iflcntieo punió de via- 
ta.— -Váaoiie en el interrogatario pceaentadP por Cortea, de 1» pregunto 51 á la 79, 
Doo. inéd., tom. XXVII, pág. 888-488. . . . ^ 



*^Xicalanco, que es un gran p^ieUo sobre Coasaquateo, no muy 
'^ aparte de Tabasco, y de allí era venida á poder del s^lor de Po^. 
" tonchan." (1) 

En la historia atribuida A Chinialpatn, que no es otm oosa que 
la obra de Gomara con intercalaciones ó rectiflcaoioDes del escritor 
mexicano, encontramos afiadido al texto original: ^SMarina 6 Ma- 
^'linzin Tenepal f(que era su propia^ alcufia, que después se llamó 
*' Marina, nombre de cristiana), dijo que era de hacia JaJluco 6 Ja- 
** llisco, de un lugar dicho Huilotlan, que quiete deqir lugar de tóp- 
"tolas." (2) Segim otra autoridad: "era natural del pueblo de 
" Hailotlan de la provincia de Xalatzinco, hija de padres nobles, y 
^* nieta del sefior de aquella provincia." ílo. (3) Si no nos engafia- 
mos, el dicho de|IoB autores mencionados reconoce por origen y fuen- 
te á Gomara, segunfel cual Dofia Marina era oriunda del pueblo de 
Huilotlan en Xalisco. Chimalpain aumenta que su nombre de fa- 
milia era Tenepal. Iztlilzochitl sitúa á Huilotlan en Xalatzinco^ 
cosa bien diferente y distante de Xalisco. 

*^É mas adelante, en*otro puerto que se dice Champoton, se to- 
'I m6 una india que Se decía Marina, la cual era natural de lo cib- 
*'dad de México, é ciertos mercaderes indios habíanla llevado A 
" aquella tierra, 6 aprendió muy bien é presto la lengua espafiola." 
(4) Oviedo, fautor de estas palabras, dá México por patria á DoSa 
Marina, y coníé Gomara confunde á Champotcn con Tabasco. Se- 
gún Casas: " Hallóse una india, que después se llamó Marina, y los 
Rindió 8 la llamaban^Malinche, de las veinte que px^sentaron á Cor- 
" tés en la provincia^de Taba8C0,^que sabía la lengua mexicana, 
^' porque había sido, según dijo ella, hurtada en su tierra de hacia 
*^ Xalisco, de esa parte de México que es al Poniente, y vendida de 



(1) Gomara, Cr<$n. oap. XXVI. Gomara, cap. LIX, infloiste en Qamairla, Marina de 
Viluta. Téngase preBente|qae el autor confunde en todo este episodio á Potonchan 
con Tabasco. 

<2) Asf en un yoL MS. que poseemos, sin portada y trunco evidentemente, pues 
fiólo contiene del cap.. 1 al SO, encontitodose las palabras copiadas en el oap, 26. 
Gopia igual £ la nuestra sirvió sin duda á Don Cáirlos María Bostamante para la JBDIst* 
de las oonqnistas de Don Hemanda Cortés, ¿dc» México, lS26r en la coal se nota el 
mismo relato, tom. I, pág. 41, Cap. 26L 

(S) Ixtlikochül, Hist. Chiebimeca, cap. 79. MS. 

(4) OviedoJ^t. gen. y nat lib. XXXIII, cap. L 






f 



I 



118^ 

^^inaiio en mano hasta Tabasco.'^ (1) Sfgaele Herrera diciendo; 
" j Marina, segnn dijo, fué hurtada en 6u tierra, que era hicia Xa- 
^^UsDo, al Poniente de México, y Hevada vendida á Tdiaeco: enten* 
^diéee que era de padres nobles, 7 bien lo mostró con las buenas 
^* inclinaciones que siempre tuvo." (2) Se apoyan en Herrera, Tor- 
*< quemada y Mota Padilla. (3) 

Bnstamante habla escrito en nota á la edición de Gomara: ^^ En 
" Aeayucan dicen que nació en Xaltipa de aquella provincia, y se- 
**fialan donde vivía como dije en la Crónica mexicana ó Teoamox* 
"tli." (4) El pueblo de Jaltipan contiene sobre 2,300 habitantes, 
y está situado en la falda de una elevación del terreno, en cuya par- 
te superior está construido un tümullus de tierra, de unos 40 pies 
de altura y 100 de diámetro, en la base construido en honor de la 
Malinche, Dofia Marina, que era nativa de este pueblo." (5) Cou^ 
forme á una nota comunicada al Sr. Don Joaquín García Icazbalce- 
ta por el Dr. D. C. H. Berendt: ^' Todavía subsiste esta tradición 
en aquella costa. Hay un cerríto en la salida del pueblo de Xalti- 
pan, que lleva el nombre de la Malinche. Por lo físico y por lo mo* 
TÚ de las indias de Xaltipan, bien podría la Malinche ser de allá. 
Son nombradas por su belleza, y la fama las distingue por su ligere- 
za, en medio de la inmoralidad general del Istmo. Un extranjero se 
dirijíó á una indita, en la calle de Mínatitlan, con una pregunta 
que mal interpretada le valió esta respuesta: No soy de Xal- 
tipan.'' (6) 

Según Bernal Diaz, Dofia Marina fué desde su nifiez *' gran se- 
" tora de pueblos y vsRallos, y es desta manera: que su padre y su 
"madre eran seZkires y caciques de un pueblo que ae dice Paiftala, 
"y tenía otros pueblos sujetos á él, obra de oeho leguas de la villa 



(1) Casas, Hifl. de Iss Indias, lib. ni, oap. CXXI. 

(3) Herrera, déc. II, lib. V, cap. IV. 

4iÍ Tsrqvsmsdta, Ub. IV, c^pw XVL^^Meta Padila, ffiít ae laoonqsisNi 4e*la 

Ftavia«iaito Ji^llaevft OalMareil^, XW« 
(i) Gonaxá, tom. I, iMi^. 41, aota.--Teoam9sÜi, carta 1 « , ^ 

(5) Tbe lífÜunuH of Tehnantepeoy by íirfajor JT. 0. Barnaid, Kew-Tozk, 1S51 pág. 
31.— Tetee ú tttidao. castrilana» TáMbo, 1S03, pág. 8¡I»--Ttfase Dtee^ IMn 4e 
Bat 7 da Ckogr. art. Jaltípaa. 

(6) DUOogoa de Cervaatea^ pág. 17S, note 2, ' Bl pnciose Mbajo dd 8r. Osmía 
loasbaketa, aoeroa de Dolía Maxina» contenido en este libto^ me ha ddo de gran utU 
Hdad 7 piovaoho en él presente estadio. 

T01l« IV,— *15 






114. / 

i 

i 

■o i 

M de Guácalnoo, (Coatza<H>aIco)l, y tadorió elpadra quec ^i muy ni- 
'* ña, 7 llL madre se casó con otro cacique maücebQ jr hobieron mi 
^^híjo, y según pareció, quetían bien al hijo qué habían habido; 
'^acordaron entre el padre y la madre de dalle el cai^ después de 
^^ BUS días, y porque en ello no hubiese estorbo, dieron de noche la 
^^ niña á unos indios de Xic&Iango, porqtie no fuese vista, y echaron 
'^farna que se había muerto, y en aquella sazón murió una hija de 
"una india esclava suya, y pubticaron que era la Wedera, por ma- 
'^ ñera que los xle Xicalangb la dieron á los de Tabasco y los de Ta- 
'^ basco á Cortés, y conocí á su madre y á su hermano de madre, 
*' hijo de la vieja, que era ya hombre y mandaba juntamente con la 
" madre á su pueblo, porque el marido postrero de la vieja ya era 
*^ fallecido; y después de vueltos cristianos, se llamó la vieja Marta 
^^y el hijo Lázaro: y esto sélo muy bien»" d&o. (1) 

En vista de lo expuesto podemos asegurar, que tenemos delante 
cuatro autoridades de gran peso. La de Oviedo resulta ser de m^ 
nór cuantía, por inexacta ó vaga; lo primero, admitiendo cómo ad- 
mite la palabra México por el nombre de la ciudad; lo segundo, si 
la misma voz se toma para expresar todo el país ó imperio de Mé- 
xico^ di^dan Gomara y Casas, conformes entre sí sosteniendo la 
misma opinión, oontra lá diversa de Bemal Díaz. ¿A cuál de las 
doB' versiones damos la preferencia? Gomara no eitiivó en Méxicoj 
m C0n Doña Marina habló, es verdad; pero fué' informado por Cor- 
tés, de boca de éste recibió las noticias que puso, y ninguno como 
(^ortés estuvo en aptitM |)ará saber mejor la histoHá de áü anrnda. 
Gasa^ tampoco vio á Doña Marina; mas trató personalmente á Gkw- 
tés, se iUfornió de los ooiiqui|!tadorbs¿ reeógié cnantopodo acerca de 
la' vida' d4' les adtocés>eá elgraá drama de la éo&qiasta. Berhal 
Diaz, testigo presencial de los hechos, es intachable. ¿Cómo conci- 
liar entonces cosas tan disímbolas? y ademas juada significa la 
tradición de Xaltipan? . i ., 

iCSavígvo se afrimaá Bemal Diao,: dando por priocnpal fiíbda^ 
mentó á lo que parece, que '^Xaliscó dteta de' Xicalan^o'tñiSs de 
nqYQCÍe<]Jtaf''miHa3J j^ no se 8a]be,. ni es verosímil, 4^0 haya habido 
ceueiBio wtiia ^ covinfnas tan dUtaut^'^ (S2) Solis sjgu^ la miwiar. 

.(.l.^,BanM4Diaa5,fftp,,XXXyiL . • j. . • - 
(2) Clayigoro, Hist^ aniig, tom. 2, pág. 9, nota. 






116 

autoridad, 7 aun moteja A Herrera porque adoptó^ de preferencia,' la 
autoridad de tíoniara sobre la de Bémal Diaz; mas no da la razón 
de su aseVto.' {1) Préecott admite lianameute el relato del cronista 
couqufstador, flin hacerse car^ de la oontrorersia. (2) £1 Sr. García 
Icásbalceta se decide también por Bernal Diaz, 7. dicho sea de paso^ 
erel primero que* haya estudiado la cuestión. (3) 
' Perplejos como nos eneoiitramos, nos decidimos igualmente por 
Bernal Diaz, Confesando aefc por intuición, arrastrados por los por* 
menores auténticos suministrados por el soldado historiador. Corres- 
pondiente al antigtio señorío de Xalixco no encontramos ningún 
pueblo ilanáado Huilotla, (4) aunque esto puede achacarse á que 
había désaparecíidó. £n 1680 el alcalde inajor Suero de Cangas j 
Q^uifidnes, (5) nombraba los pueblos que caían dentro del territorio 
de su jurisdicción, y entré ellos no encontramos á Huilotla ni á Pai- 
nala, sin duda por haber desaparecido; pero hallamos conocidos á 
Acajuca y á Obaltiba ó Xaltibá, evidentemente Xaltipan. En 1831 
Acaynoan era cabecem del departamento de su nombre, en el Esta* 
do de Yeracruz, cayendo dentro de su demarcación los pueblos de 
Oluta üna^ legua corta al S. E. de la cabecera,' y Jaltípan siete le^ 
guds al ÍB. de Acayucan. (6) 'Ahora bien, este Olüta está níenoioBa^ 
do en ia lista de Cangas y Q^uiñones en la forma Otutla, ménoá en* 
tendible en síghifíeacion que lá genuína Oluta 6 naejor OlutlJa. Sien- 
do pTomisniá la pronunciación de la o con la «jfr puede decirse taím* 
biei^' ITlutá, de donde resulta el ;Tit«ta' de Oonsava, eorrdgida en 
Huiiotlb por el comentador Chimalpain; itete no es'un aiípuesto 
tan arbitrario cbtííb {iarace, supuesto el estropeo sufrido 'por lao.pi^ 
iftbirM *m^xi(miia» éfa %oei de todos ílos ccoquistadoiíes. Y la corree^ 
M&u no bflrdeiá'eeriadáf'supneelo qüe>tel misoio Oiota^.fJluta il Otu- 
tía, phi^et^ s«r'6oHálpdÍ0ki d«r)a {¿QabraHttiloth; Si éMo ^ji^Terdsd, 
Miódoee'la donnte^iM de; XaVsco es'apbitaMria y debe « Mr líupii- 

-í lí • .i : / • i. ■>•'•. «' • ••' : t ', .■ ' f. . .. r ( . • • •• 

<3) PtmooU, Hi8t. de la Conq. de México, tom. I, pág. 218. 
(8) Diálogos de Cerrantes, pág. 177. 

(4) Mota PadiUa, Conq. déla NifeTa GaUeii^ (mpi I3L - r : . / . ( 

(5) Kekoion de la riUa del Espirita Santo. MS. , eb/lK ^rMOsasiiteSSJteM 8r. 
Don Joaqnin Gareía loasbaloeta. .' ¡f '•• ' ; i .•>),.. ,... * / 

(6) Estadistioa de los departamentos de AdijftustkrjJtiÉift^Tfom^mi'iállí^ Ifl^e* 
éaMr'9db|f^'18ii;nft;'S7]r9» •'/• 



'I ♦ 



• <•. 



116 

miiia; el error es mxxj fáoíl de oometerse por personas doctas como 
Gasas y Gomara^ aunque totalmente ignorantea en la geografía de 
los países reciientemente oonqnistados. Suprimida la refereneia á 
Xalisco todas las opiniones quedan ooa&rmes, supuesto que Tikita, 
Oluta, Olutl«, Huilotla, que son una misma cosa, Painalla j Xaltt- 
pan, se encontraron juntos en la provincia de Coatzacoalco, ccTcana 
á la de Xiealango y próxima ésta á Tabasco. Painalla ne existe 
actualmente; pero se le nota juntamente oon Huilotla y Acayocan 
en el mapa de Anáhuac dado por Clarigero. (1) 

Respecto del nombre nos informa Bernal Diaz, y no v^nos dis* 
orepanoia en los autores, ^*que se dijo dotía Marina, que. así se lla- 
mó después de vuelta cristiana; " y más adelante repite, '' é luego 
60 bautizaron, y se puso por nombre Dol&a Marina aquella india y 
seRora que allí nos dieron. " (2) La explicación de cómo se convir- 
tió la palabra Marina en Malinche, fué ésta: ''No habiendo en la 
lengua mexicana la letra r, se sustituyó en su lugar la I que es la 
que más se le aproxima: de aquí el nombre de Marina se traeformó 
en Malina é la que agregada la terminación tzin que era el dimi- 
nutíto de cariño en la misma lengua, resultó MaJinizin^ TñArmttL, 
y como los españoles corrompían esta terminación ptonunciando en 
su lugar €&«, salió de aquí el nombre tan conocido de MaUnohe.^ 
(^ Nada tenemos que decir en contrario; pero conforme al sentir 
del jSr. Don Femando Ramirez, lo escrito p<Mr el Sr, Don Joaquín 
García Icaabalceta (4) y lo que nosotros mismos tentamos barrun^ 
tado, las cosas en su origen pasaron de otra manera. Según el co>- 
mentario al Códice Telleriano Remanse, en la lAm^ X; '' En este 
''atk) sujetaron los mexieaiios á la provincia de (Soatlasta (Oaetlií]&- 
^* ta), que éetá 'Veinte leguas de Teraem^ dejando «ajetoa todos 149 
^ demás .pueblos qué quedan de allí atiiíi, esta fué el afio de 8 Gasu 
^y de 1461, que es «sta Ouaf aouake qiie es la plxmíicia donde bu» 
" liaron los españoles á la india Malinale, que constantemente lia» 
*^ man Marina. " (5) Según esto, el nombre de la esclava «edetitab* 



(1) Véase en el principio del Umu I, «die. de Ladres. 
iS^QtaMdtMUr eiik 9^XVX 
(S) Aliifnsn» dieerUdonee, tom« 1, V^^^9 b^^^ 

(4) PMtosssdeCes ^ m rt g i ip^g. Mi> 

(5) Loíd Kingeboroogh, tom. Y, pág. 150.— Aiehtfes N^SgipUfSM flp t'íhisit 
•i de l'Améiiqne} PtriSi 1870.-71, tom. I, pág. 220. 



117 

de Malinalli^ nombre O signo del décimo segando dia del me« mexi- 
cano; como nombre propio de persona, en que se pnede soprimir é con- 
tento la silaba final, bien se podía deoir Malinalli 6 Malinal: por se- 
mejanza 7 en sustitución natural se le di6 la apelación cristiana Ma- 
rina, y añadida la partícnla izin^ no diminntivoi sino rcTerencial 
resaltaron según se quiera BSalintsin ó Marintzin, explicando la sa- 
ltera Malinal 6 Marina; pero como en el nahoa falta la r ambas de- 
nominaciones se oenTÍrtieron en Malintzín, cuadrando igualmente 4 
las dos palabras, que se eorrompienm en Malinche. (1) £1 nombre 
mexicano determinó el español. 

Como bemos dicbo antes, pocos dias después de baber entregado 
las Teinte esclavas el cacique de Tlabaeoo, fueron bautizadas, — '* Y 
'^ Cortés las repartió á cada capitán la suya, é á esta Doña Marina, 
^ como era de buen parecer y entremetida é desenvuelta, dio á Alón- 
" 80 Hernández Puertocarrero, que ya be dicbo otra vez que era 
''buen caballero, primo del conde de Medellin. " (2) En compafiia* 
de su nuevo amo hizo el viaje hasta San Juan de Ulna. Al presen* 
tuse los naturales, Don Hernando se encontró con que no podía en* 
tenderlos; Grerónimo de Aguilai sabía la lengua maya de Yucatán 
y por eso pudo hablar é los de Tabasco; pero aquí el habla era muy 
diversa, pues usaban la mexicana. ^^ El marqués había repartido al* 
"gunas de las veiute indias que dijimos que le dieroU) eutre ciertos 

(1) Los mexioaaos, no sabemoB si oon derta ironía, llamaban é QatiéB el oapitSB 
Ualinofae. " Y la caiua de haberle puesto aqueste nombre es que, oozno Dofta Hni^ 
n% nuestra lengua, estaba siempre en su compafiia, especialmaate cuando valían 
embajadores ó pláticas de caciques, y ella lo declaraba en lengua mexicana, por esta 
causa le llamaban á Cortés el capitán de Marina, y pata más breve le llamsron Ma- 
fizilie; y también se le quedo este nombre á un Juan Peres de Arieagm TeoitM de Ja 
Pnebl% ppr causa qué siempre andaba con Dofta lilaziha y con Gerónimo de Aguilatf 
deprendiendo 1» lengua, y á esta causa le llamaban Juan Pérez Malinche. " Bemal 
Diaz, cap. LXXIV. 

(2) Bemal Diaz, cap. XXXVL Mufioz Camargo, Hlst de ^RiCzoafiB, MS.^ (esbcl' 
ejemplar que InuBfeSs A 1& Tiste» pi^ SIS y sig¿)« coOTtaunaTidade DoaaHsiiaib» 
UeiMi de los mayores errores poiíblesy cooítindieQdo los nombres geogrifícos, las épo- 
cas, los acontecimientos todos. Según el autOTí quien dice seguir á Beraal Diaz, estan- 
do ya Malintzín en Yucatán, nauírag^ixon sobre la costa García del Pilar (tal res ét 
iu i ét p ret e que fué de Kuño de Gtianan) y Hieronimo de AgttUar; este *' pnetató da 
serrir y agradar en gran manera á su amo, ansí en pesquerías que él hacía como en 
otros aerndos que los sabía bien hacer, que le vino tanto á ganarie la roluntad qno 
lediámuJeráMalmtsnL'* JQaa groseca oobseia la adopta Isctlifaooiatl» si^ 9S» 4i- 
dando: " Marina andando el tiaaq^ la «asá asa Aguikr. " 



118- 

I 

V caballeros^ é¡dQ9 de relias estaban en la.compa&ía.dA eatob^ ol que* 
*^ estaeacrib^; é pasando ciertos indios, una de ellas lea. hablO, por 
" manera, que sable jdpn .Iciognas, y nneatro espsínpl iqtérpü^te la e^r. 
i^tendíe/jr supimóp de ella que siendo niña la labien hurtado ni^oa-, 
^^mercaderes é ll^v^pla á vender á aquella tierra ;.dat<de se habÍ0 
^'criado; y. así tornamos atener interprete/^ (1) JBn efecto, en ade? 
lante pláticas^ó conciertos 't^an lugar en una forma .ta<i curiosa 
como, complicada: Don Hernando decía en castellano á AguUar, es* 
te traducía al maya para Marina, la cual a su vez vertía del maya'! 
al mexicano á los indios; la respuesta sufría kuB,misn;ias trasfoi^via- 
oiones, del mexicano al. maya, del maya al español. Algún tiempo 
después Sfoña Marina aprendiz el castellano, ''.con tanjta más £»ci-< 
!',lidad, dice Presoott, (2) cuanto que era la lepgtia del amor. '* L» 
expresión es poética^ mas no exacta; Cortés no la quiso ixunca. sino 
Qomo.á india, según se desprende de la conducta Qonstante con ella 

observada. . ... 

. La india estuvo algunos dias coino de. prestado con, el general, 
hasta; que, ido ó España como prqcuradt^ Puertocarrero, se quedó 
definitivamente con él. De entonces, y sobre todo cuando aupo enten- 
derse directamente con su tercer amo conocido, • quedando eliminado. 
Aguilar, no se separaba un punto del conquistador» estando pronta tf 
prestar sus servicios; en la manta pintada de Tlaxcalla se observa 
siempre la figura de Doña Marina unida á la de Cortés, como la 
sombra al cuerpo: como dijimos antes, esto le valió el renombre á D. 
Hernando del capitán. Malinohe. 

Nos asedia i7na sospecha ¿sería intérprete fiel Doña Marina de 
los sentimientos de los pueblos invadidos? Aquella mujer, esclava 
en Tabasco, había sido ludibrio de sus amos, pasando trabajosa vi* 
da en su mísera condición. Por un acaso, por ella do imaginado, 
nn dia pasó á poder de los extranjeros; lavada con el agua de los cris- 
tianos, cambió de religión sin entender los deberes de su nueva cre- 
encia; entregada á Puertocarrero para su servicio, de eaol&va de loa bár- 
baros entró en la servidumbre de los blancos. Sudestrezaen las lenguas 
maya y nahoa la*hizo indispensable en el trato con los indios; su ca- 
rácter de intérprete la retuvo al lado del bflamable Don Hernando; 

« 

tl> ÉébMloii de Andrés de Tapi*, «{md. Geniíft loaaUloeta, tem. 2, pág 561« 
(2) Hist. de la oonq. de Ménoo, teai. Z, pég. 2|S. ^ 



I'- 



•US . 

aviiada, inteligente, hermosa, sin los melindros de Lucrecia, la suer- 
te la condnjo A partir el|}echo d,e carapafia del capitán de los teu- 
les. Considerábanla los^iñvasores lastimando' los légiiümos dere* 
chos de Do&a CatalÍDa) Juárez; respetábanla, adorábanla casi los in- 
dígenas como á la compañérfi escogida por los barbudos dioses. lün 
pocos meses se cumplieron tan profundas trasfprmaciones, que de- 
Ueron trastornar por completo el oorazon de la mujer. Entregada en 
cuerpo j alma á los extranjeros; con desconocidas ideas despertadas 
por el orgullo, colocada, según se imaginaba, en encumbrada posi** 
mon^ rompió toda liga con los pueblos de AuáhUac,. desconoció su 
raza; á mengua ddjía tener el color bronceado. Por uh extraño ca- 
pricho de la suerte, venia á ser arbitra de los destinos de las nació* 
nes invadidas. Pasaban por su boca los discursos de los|émbajado<> 
íes, las quejas dePos]oprimidos, la sumisión de las ciudades, todo 
linaje de relaciones y noticias; no existía otro medio de comunica* 
cion; en estas comunicaciones no habla medio de corregir el abuso; 
ea manera alguna podían ser contradichas las palabras de la intér- 
prete. Se comprende que'por amor y por miedo traduciría de bue- 
na fé, en cuanto pudiere alcanzar, los dichos de Don Hernando; pe- 
ro nada nos asegura tomara el mismo empeño respecto de los indí- 
genas. Por torpeza en medir y'^concertar las palabras, ya que no 
quiera suponerse desprecio por los vencidos, cariño por su amante, 
influjo de los aliados de los invasores, bastaba suprimir uúa frase, 
cambiar una idea,^para hacer de ló'blanoo negro, disponiendo»de es- 
ta manera á su antojo de hombres y ciudades: sobrada ocasión le 
daba la íntima comuniqacion oon Don Hernando para influir sospe- 
chas, predisponer con buenos ó malos consejos. 

Doña Marina " fuó gran principio para nuestra conquista, ^' pres- 
tando muchos é importantes servicios. Siguió con ánimo varonil 
toda la eampaña; salvóse del desbarato de la Noche TViste^ mientras 
todas las demás mujeres perecieron en aquella infausta jornada, -y 
vio consumarse la destrucción y conquista de México. '^Digamos 
"como Doña Marina, con ser mujer de la tierra, que esfuerzo tan 
^varonil tenía, que con oir cada dia que nos habían de matar y co-- 
** mer nuestras carnes, y habernos visto oeroados en las batallas pasa- 
'^daSy y que ahora todos estábamos heridos y dolientes, jamas vimos 
1^ flaqueza en ella sino muy mayor esfuerzo que de mujer.^^ (1) 

(1) B«mal DUz, oap. I^vr. '' ' 




DoD Hetnasdo no tnfloctoDa & Dofia Mañna. En un carioso libro 
del «glo XYl, encontramos estas paUbcas: " oomo es de la llegacU 
al puerto de Sant Joan de Lúa y la Veraorus con saa dos naeroa 
soldados 7 la yndia Marina, qae no es la peor pieza del aroez, ccn 
la qual todos Tenían mny couta&tos que momento no la dejaban, 
los anos j loa otros da venirla preguntando machas cosas, que ja 
Hernando Cortés dlA en que nayde la hablase. Malas lenguas dije- 
ron qae de zelos, y esta duda la quitó el tener delta, como taro, seis 
hijos, que fueron, don Marüa Cortés, caballero de la orden del se- 
fior Santiago, y trm hijas, las dos monjas en la Madre de Dios, mo- 
nasterio en Sant Luoar de Barrameda, y Do&a Leonor Cortés, mu- 
jer que fué de Martin de Tolosa." (1) Como se advierte, se encme- 
rau seis híjoe y b6Io se distinguen cuatro. Ademas, de las personaa 
nombradas, sólo consta con evidencia que fuera hijo de Cortés y da 
Marina el D. Martin llamado el bastardo. De este no podemos pre- 
cisar el atlo de su nacimiento, porque caando fué procesado respon- 
dió ser de cuarenta afios de edad, lo cual referiría su natalicio al 
aKo 1526, tiempo en que ya Marina era esppsa de Juan Xarantilto: 
es evidente qae D. Martin al responder, ó no sabia con exactitud 
au edad, 6 no la fijd con toda precisión, coal debiera haberlo ajeen- 
tado. (2) Algunos de loa testigos qaa declararon en el proceso de 
residencia contra J). Hernando, 1629, afirman que Marina tenía 
ana hija; dama también de Cortea. (3) El intérprete Qerúnimo dai 
Aguilar, ademas d« mencionar las relaciones amorosas coa SoTla 
Marina, la lengua añrma lo mismo reepecto de "una sobrina suya 
" que DO se acuerda oomo se llama, que oree que se llamaba Do&aCo- 
" talina. (4) El Bachiller Alonso Pérez aumenta más: vido este tes- 
" tigo dos ó tres indios ahorcados en Ouoyacan en un irbol dentro de 
Via casa del dicho D. Fernando Cortés, é oyó decir este teatígo pú> 
"blicamente qael di(dio D. Femando Cortés lee había mandado 
"ahorcar porque se habían Bchado con la dicha Marina." Existiea- 



(1) Soárez ds Fenlta, Hotidu UsUrioas de U Ifueva EMpBfia, Hadiid, 1878, 
píff. 76. , ' 

(2) VáuB Couiwrf^on dsl Ifuqoíc d*l VaUa. " 
(8) B*iideiH)ú> oontr» D. Fenumd» CorUs: Cñafaniiil de Ojeda, tam. I, pie- lfS|i 

Andrís da Monjaraz, tom. 2, pág. 71^ BEichülsr Alonso Férai tom. 2 píg. 101,— | 
Véass también U Petqniu (Morete, MS. en poder dal Sr. García lotubaltida. - 
(1) Besideticia, tom. S, pág. 1)6.— P«sqiiúa ucreta. HS. 



121 

do tal hija, ]» edad de Do&a Marina^ al caer en poder de los caste- 
nanoflf debía pasar oon mucho de treinta afios; es decir, estaba en el 
completo desarrollo mujeril. 

Rumbo á Honduras, con intento de castigar á CTristóbal de Olid 
rebelado en aquella gobernación, D. Hernando Cortés salió de Mé- 
xico á 12 de Octubre 1524; (1) lleraba como de costumbre á Dofia 
Marina como intérprete, y tiin conocerse los antecedentes, en un pue- 
blo inmediato á Orizaba se casó, 6 más bien fué casada con Juan 
Xaramillo, estando borracho^ según afirma Gomara. Bernal Diaz di- 
ce primero: "fué tan excelente mujer y buena lengua, como adelan- 
" te diré, á esta causa la traía siempre Cortés consigo, y en aquella 
"sazón y viaje se casó con ella un hidalgo que se decía Juan Jara- 
'^ millo, en un pueblo que se decía Orizaba, delante de ciertos tes- 
"tigos, qae uno dellos se decía Aranda, vecino que fué de Tabas- 
'* co. (2) Más adelante rectifica: " diré como en el camino, en un pue* 
"blezuelo de un Ojeda el tuerto, cerca de4>tio pueblo que se llama 
" Drizaba, se casó Juan Jaramillo con Doña Marina la lengua de- 
*^Iante de testigos." (3) 

Prosiguiendo el camino, "estando Cortés en la villa de Guacacual- 
co (Coatzacoalco), envió llamar á todos los caciques de aquella 
provincia para hacerles un parlamento acerca de la santa doctrina 
sobre su buen tratamiento, y entonces vino la madre de Doña Ma- 
lina, y su hermano de madre Lázaro, con otros caciques. Días ha- 
bía que me había dicho la Doña Marina que era de aquella provin- 
cia y señora de vasallos, y bien lo sabía el capitán Cortés, y Aguilar, 
la lengua; por manera que vino la madre y su hija y el hermano, y 
conocieron que claramente era su hija, porque se le parecía mucho. 
Tuvieron miedo della, que creyeron que los enviaba á llamar piara 
uiatarloa, y lloraban; y como así los vido llorar la Doña Marina, los 
consoló, y dijo que no hubiesen miedoi que cuando la traspusieron 
con los de Xicalanco que no sabían lo que se hacían, y se ló perdo** 
naba, y les dio muchas joya« de oro y de ropa y que se volviesen á 
su pueblo, y que Dios le había hecho mucha merced en quitarla de 
adorar Ídolos agora y ser cristiana, y tener un hijo de su amo y se- 
ñor Cortés, y ser casada con un caballero como era su maridoí Juan 

j» • • • • • • 

* (1> P»«0eoti, Omq: eb'lf^ieó; toin. 2, p&g, 31^. 
(2) Bernal Díaz. cap. XXXYII. 
(8) Bernal Díaz, oap. CLXXIV. 

TOM. VI. — 16, 



19» 

Jaramillo; que aunque la hÍQÍe9en o&oioa* d^ todas cuantas pfeTio'- 
cías había eu la Nueva Espafka^ no la sería, .que ea ipás 'tañía ser-' 
vir Á su marido é á Cortés que cuanto en. el mundo hay; y todo esta 
que digo se lo oí muy certificadamente y se lo. juco amen.^' (1) " 

De regreso de la expedición de Hibuera^ llegó. D. Hernando Cor<^ 
tés al puerto de iS^. Jimn Chalchicueca á veinte y cuatro de Mayo 
15?.6, y en el primer cabildo que presidió en sus casas en México á 
veinte y seis de Junio del mismo aüo, aparece Juan Xafamillo co^ 
tno alcalde ordinario. (2) £sto parece dar á entender, que Xaraml- 
Uo y su mujer después de acompañar á Oocté.s durante la expedi- 
ción, habían regresado con él á la colonia. Antes de este tiempo se 
encuentra firmado en lasr.actas un Alonso Xaramillo, individuo que 
una nota anónima identifica con Juan, cosa que carece del más mí- 
nimo fundamento. Juan Xaramillo se nombra algunas veces Juan 
García Xaramillo, y cesó de ser alcalde en fin del repetido aña 1526: 
Consta que tenia solar en la ciudad por el cabildo de 26 de Octubre 
1526; en siete de Enero 1528 fué nombrado alférez real de México, 
en catorce de Marzo 1528 se hizo merced ^^á Juan Xaramillo é fif 
" Doña Marina su mujer de un sitio para hacer una casa de placer 
^^ é huerta é tener sus ovejas en la arboleda que está junto á Ise pa« 
*' red de Chftpultepec á la mano derecha;" diósele también ^^una 
^^ huerta cercada con ciertos árboles que solía ser de Moctezuma, 
*'que es en términos de esta ciudad sobre Cuyoaoan que linda con 
" él rio que viene de]Atlapulcó en que haga huerta ó viña y edifiquer 
*^ lo que quiere:" parece que sus casas de habitación estaban en la- 
actual calle de Medinas. (3) 

De Doña Marina no enoontramios noticias posteriores. Según Pres* 
cotí, '^se le concedieron tierras^en su pre^ncia natal, donde proba- 
blemente pasó el resto de^'sus dias.'^ (4) Mas nos conforma la opinión 
del Sr. Gareía Icaabalceta, quien hace vivir y morir en México á 
la intérprete, rica y estimada. Respecto de estimada no lo creemos 
tanto, sino e» para los^ipdios; en lo de rica parece haber sobrado ra- 
350D, pues consta, ademas de lo enunciado, que bon su marido fué 

(1) Bsníál Dial, 0Ap.;XXXTI. 

(2) Libro primero de las actas del Cabildo de México. 

(3) Libros de cabildo.— Alaman, Disertaciones^ «tom. 2^ ptfg,, 293-^i-^arcía Ioac« 
baléela^ Diálogos de Cerrantes, pág. 180. 

(4) Prescott, Conq. de México, tom. 2, pág. 329. 



123 

dnefía de la mayor parte del sitio en que se estableció el convento 
de Jesus María; (1) ademas, ^^A Juan de Xaramillo, esposo de Doña 
^ Marina, le tocó la parte del valle comprendida en las tierras del 
" Sumidero, hacia el NE. de Orizaba." (2) 

He aquí un paso que damos poco más adelante. En el Proceso 
de residencia contra Pedro de Alvarado se encuentra inserta copia 
de una pintura auténtica, en que se representa el castigo do ape- 
rreamiento, impuesto en Coyohuacan, por orden de Cortés, á seis 
principales de Cholollan servidores de Andrés de Tapia, año 1537, 
según consta de la interpretación dada por el Sr. D. José Femando 
Ramirez. (3) Según la pintura demuestra, el aporreamiento con- 
sistía en mantener atado por las manos al reo, al extremo de una 
cadena, cuyo segundó exlrpmo sujeto por el verdugo, lanzábase un 
perro fuerte y bravo sobre el indefenso ajusticiado, muriendo éste 
mordido y despedazado. En la parte superior de la estampa, á la 
izquierda, se destingue la figura de D. Hernando, en actitud de 
enumerar ó contar con las manos, teniendo detras aún á la intérpre* 
te Doña Marina, mostrando un rosario suspendido en la izquierda. 
No cabe duda, Malintzin la lengua vivía en 1537, existía en Méxi* 
co, y aún servía de intérprete al marques; ambas figuras están to- 
davía juntas como en la manta de Tlaxcalla, 



(1) Sigüenza j Gkjngora, Paraíso OocidentoL 

(2) AxronÍ2, Hist de Drizaba pág, 182. Comttiiicd al autor esta noticia el Sr. D. 
y. Madrazo, qtiien encontró en las escrituras de sus tierras que ^'Maynapan, Sumí- 
" dero y el Molino de la puente de D. Miguel que está cabe el camino que ya des- 
'^ lugar á la Veraoruz, pertenece al uapitan Jnazi de Xaramillo, marido da Dofis 
** Marina Ja lengua. " 

{ (3) Proceso de residencia contra Pedro de Alvarado, pág. 2d0 y sig. 



^ I 



I 



CAPITULO YI, 



MOTEOtrHZOMA XOGOTOTZIN. — CaOAMA. 



lAsga la flota á San Juan de üíua,-^Prim8ra entreoUta en ¡nuca de QiMtmfoMUC 
— PfimaraenUKiQada.'-'Loé n^framantea y hdGhieeroi,—8egundaeinbqfada. — Menm»» 
Jeroi enniadospar él rebelde IxtUxoehUl.-^Zaé eaeiquei de AwapocMy de Tep^gu^ 
hwUoo.—D. Hernando ee informa del estado del paU,-^ Tercera y ^lüima 
— Rompimiento, — Loe naturales desaparecen del campamento español. 



Iacail 1619. La flota levó las anclas el lunes 18 de Abril, dejando 
definitivamente el rio de Tabasco, tomando la dirección bá* 
cia San Jaan de Ulúa, navegando siempre no lejos de la costa. 
Los voluntarios que babían venido con Grijalva, enseñaban á Cor* 
tés los lugares del tránsito, diciéndoles, aquí es la Rambla, este es 
el rio de San Antón, mirad aquellas son las sierras de San Martin; 
oyéndolo Alonso Hernández Puertocarrero se acercó al general y le 
dijo: "Paréceme, Señor, que os han venido diciendo estos caballo- 
'* ros que han venido otras dos veces á la tierra: 



*^Cata Francia, Montesinos 
*'Cata Paris la ciudad. 



ÍVk 

'*Cata las aguas del Duero, 
^'Do Tan á dar á la mar 

**Yo digo que miráis las tierras ricas, y sábeos bien gobernar.*' 
A lo cual comprendiendo la intención, respondió Ck)rté8: ^^Dénos Dios 
'* yentura en armas, como al paladin Roldan; que en lo demás, tenien- 
^ do á vuestra merced j i otros caballeros por señores, bien me sabré 
" entender.*" Las naos se detuvieron en el conocido lugar de San 
Jnan, Jueves Santo, veintiuno de Abril, después de medio dia. (1) 

Alaminos, conocedor de aquellos parurejas escogió el lugar don* 
de las naos estuvieran abrigadas de los Nortes, y cuando estuvieron 
seguras, la capitana levantó el estandarte real, engalanándose ade- 
mas con flámulas y gallardetes. Percibíase sobre la costa mucha 
gente haciendo señales, espectáculo que no llamó la atención, ya que 
dorante el viaje habían observado en la playa multitud de curio- 
flos. " Desde obra de media hora que surgimos, vinieron dos canoas 
muy glandes," tripuladas por muchos indios, los cuales guiados por 
las insignias se dirijieron á la nao capitana, preguntando por el je- 
fe. Aunque no se les entendía, porque Aguilar el faraute ignoraba 
el nahoa, explicáronse por señas, comprendiendo los castellanos que 
venían de parte del gobernador de la provincia á inquirir quiénes 
eran y si pensaban estar ahí ó pasar adelante; en este supuesto res- 
pondieron, que al diajBiguiente saldrían á tiehra para hablar al go- 
bernador, al cual rogaban no tuviese recelo, pues no iban á hacerle 
daño. Dieron á los indios de comer, les hicieron beber vino, y aga- 
sajados con cosas de rescate en cambio de lo que llevaron, fueron 
despedidos amigablemente. (2) 

Los escritores de la conquista de México han olvidado por com- 
pleto 6 han parado muy poco las mientes en las relacionen de las 
naturales, dando absoluta preferencia á los hechos y dichos de los 
blanoos; contentáronse con ellos para tejer su narración, dejando re- 
legadas al olvido, cual cosas despreciables, las tradiciones conserva- 
das por los indios. Estos, en su propia y antigaa escritura, mantu^ 
TieroQ los recaeidps de la destraccioü del impeno; después qjM 

O) BotusI tolas, cap. tXXn 

Ct) Benua Din, eáp. XXXVm.— Goman, (Mñ. eáp.imr.— Auns, Bist da UM 
Üa% cap. C)aa.--HecMa, dée. n» Itb. T, esp. IT. 



aprendieron á escribir, con. el abecedario- fbnítico, redactaron en su 
habla copiosas relaciones, no escasas de mérito algunas, supuesto 
que de las qiie tenia en su poder Torquemada, dice: '^y tengo tanta 
" envidia al lenguaje j estilo conque están escritas, que me holgaré 
^^ saberlas traducir en castellano, con la elegancia y gracia que en 
" su lengua mexicana se dicen: y por ser historia pura y verdadera 
^^ la sigo en todo; y si á los que las leyeren parecieren novedades, 
" digo, que no lo son^ sino la pura verdad sucedida; pero que no se 
" ha escrito hasta ahora, porque los pocos que han escrito los suce- 
" sos de las Indias, no las supieron, ni hubo quien se las dijese.'' (1) 
Recogieron la tradición méxica, el P. Sahagun, de quien tomó el P. 
Torquemada, y andando el tiempo, Iztlilxochitl y Tezozomoc: que- 
daron ademas pinturas y relaciones, disfrutadas por aquellos escri- 
tores, algunas de las cuales han podido llegar hasta nosotros. Laa 
auténticas merecen tanta fé, son de tan indisputable autoridad, co^ 
mo los escritos de los europeos: si presentan diferencias y aun tc^ 
vez contradicciones, esas diferencias y contradicciones son del géne- 
ro de las observadas en las historias impresas de origen español; 

Veamos la versión de los méxica. Desde que las naves de Jnaa 
de Grijalva se alejaron, los gobernadores de las costas habían reci- 
bido órdenes para tener de continuo atalayas en lugares convenien- 
tes, á ñu de espiar el mar y dar cuenta si las naos aparecían de 
nuevo. Unos nueve meses trascurrieron en aquella constante vigi- 
lancia^ .hasta que ' se tuvo constancia de la presencia de la flota de 
D. Hernando; entonces los guardas de las costas dieron aviso y lige- 
ros CQcreos vinieron á Méxi90 comunicando la noticia ^ Motecuhzo- 
ma. Éste reunió á los de su consejo,. siendo de .piirecer que Qtra.ves 
retornaba el ^an enqierador (¡luetzalcoatl á quien estaban esperan- 
do^ pQr Ip .9!|uaj debiaps^lir |á recibirle, con toda presteza /llevándole 
ricos, presjsntes*^ Fueron 9omb^a4os al ^fepto, tcinco npl)l(^s, llfunados 
y^Uizchw^^ .TégUj^ktscatl, j '^^^í^- , > H^pf V.?t?WÜ 7 Huei cajnecate- 
c^tl: (^) recibi^,rQ9 Jos preseates que consistían en piezf^s de orO| 
I^^^pr^íj^ow, jc^y^^plum^^ 901^ ,lft^p8igw^'a d^ loa^dlor 

(3) Abí en la relación de la conquiBta del P. Sahagun, prim. edio. México, 1829, 
cap. m. En la segunda edic. México, 1S40, cap. 11^ j|i)i^cQ|ü^d(t Pfj^ff^.^f ^ 
«^madfMPfi <[ra%dn^7Q<^f^ 908^>xiai X9^ ^^4^ ^oálUqeti^ajr ..^ép^^oatl; él 
noiinbré JaIUosthano'pareoe'de<^uexif í^rn^iff il>^ ^r > r* ' « .. . 



868 dnetzalcoat],' Tezcatlipoea' ]r:TialÓGateciihtIi, todo lo cual en- 
volvierop en mantas ricas, colocando los envoltorios en petacas: ade- 
rtzada el fardaje, aVdespedirse del emperador dijo éste á loa envia- 
dos: '* Andad y cuttipHtl vuestra embajada oomo os lo he mandado; 
"mirad que no os detengáis en nin}}juna parte, sino que cori toda 
"brevedad lleguéis á la presencia de nuestro señor y rey duetzal- 
" coatí, y decidle: Vuestro vasallo MoteQuhasoma, que ahora tiene la 
^tenencia de vuestro reino, nos envía d saludará vuestra majes- 
"tadj y nos di6 este presente que aquí traemos." (1) 

Loa embajadores pusiéronse brevenyente en camino, llegando con 
toda prisa á orillas del mar: cuando las naos de D. Hernando ancla- 
ron, ellos se metieron en dos canoas oon sus cargas, dirijiéndasé á 
la nao capitana, más apnrente por las insignias que ostentaba. Al 
estar junto á la nave, "preguntáronles de dónde venían, y quiénes 
eran: ellos respondieron, que eran mexicanos y que venían de Mé- 
xico á buscar á su señor y reyduetzaicoatl, que sabían estaba allí. 
Como los españoles hubieron oido aquella respuesta, maravilláron- 
se y no les respondieron nada, y comenzaron á hablar ellos mismos 
entre sí con palabras bajas diciendo; ¿qué quiere decir esto que di- 
cen, que saben que está^aqtií su rey y sü señor dios, y que le quie- 
ren verT Esta respuesta oyó Don Hernando Cortés con todos los de- 
más, y comenzaron á conferir entre sí sobre estas palabras, y después 
de mucho, dar y tomftr, concertaron entré sí que Don Hernando Cor- 
tés se ataviase con los^ mayores atavíos que téiiía, y le aderezaron un 
trono eb bl alcázar de popa ¿onde se sentase, representando persona 
de rey) y estándo'de jesta maneta entrasen á verlo y' hablarle aqúellps 
indios: met^oiLiioís que vefiíán^^n bu^ca de Quétzalcoatl. Hecho esio 
respondí eiron á los indios qufe ftiéseü muy bien venidos, que allY en- 
taba idl (fm tfllos btuí6^ban\ y\m le t^lán f habknán. (2) . 

Los d|f lar capitana 'aTuddnináffQbit á los hombres, f trasbol*cbi- 
ton los éfec^s^e Iair«OM¿ss^ bmínAó Xúb «mbajadof eft pretendieron 
▼ét aVdfiófií, .los^cMbllánctoJos ttinrfirém alende estaba dispuesto 
Cortés;- M1»tM^ltívádáof^ ios 'pi^eséü^seá ks mtíii^^ il ter i i>óii 
HeMstido ^ibieroit ^WtMkÜiwiú ftéo^tuúArado'^ i)ebieñáb el dddb' 
xMfydr dé& ffiaa^^elfeefe» mmsí siiek» y Ilevá'ndoáeló á la beca, y él' 

(1) P. Sahagtin, re^o^^ddlacopgaU^, ^p. IV ^ , 

(2) SahAgim, relac'/oap/T.-~Torqaexñada, Gb; ly, ó{kp. ^^ 






I 

I 



V» 

principal de -ellos habló dioiendo: ^^Dioe nuestro y señor naesiTO, 
** seáis muy bien llegado, que graudes tiempos ha que os esperamos- 
" nosotros, vuestros siervos y vasallos. Hános enviado á saladar y 
** recibir M ootecuhzoma, vuestro vasallo y teniente de vuestro rei- 
'^ no, y dice que seáis muy bien venido, nuestro señor y dios, y trae- 
'^ mes aquí todos los ornamentos preciosos que usábades entre nos* 
*' otros en cuanto nuestro tey y dios.'' Vistiéronle entonces los orna^ 
mentes de Cluetzalcoatl, poniéndole en la cabeza una especie de 
corona de oro con joyas y plumas; de la garganta á la cintura el 
vestido nombrado xicolli] un collar de piedras valiosas, y así de las 
demás insignias: extendieron á sus pies los ornamentos de Tezca- 
tlipoca y Tlalocatecuhtli, con los demás objetos del presente. Aca- 
bada la ceremonia preguntó Cortés: '^pues no traéis más de esto pa- 
ra recibirme?" A lo cual respondió el embajador principal: *'Señor 
" nuestro y rey nuestro, esto nos dieron que trajésemos á vuestra 
*^ majestad y no más.'^ Los huéspedes fueron puestos en el castillo 
de proa, agasajándolos con viandas y bebida. Los españoles de otras 
naves acudieron á la curiosidad de lo que paaaba, admirados de ver 
tan gran simpleza y novedad. (1) 

Al día siguiente, los castellanos pusieron por obra asustar á los 
méxica, aherrojándolos con grillos y cadenas, soltando la artillería 
de que mucho se amedrentaron, presentándoles las armas de fierro, 
flolioitándolos á combatir con ellas; como ellos rehusaron pelear los 
injuriaron, *' diciendo q«e eran oobaides y afeminados, y que se fue- 
** sen como tales á México, que ellos iban allá á conquistar á los 
" mexicanos, y que allí morirían á sus manos, y que dijesen á Mo- 
** tecuhzoma, como su presente no les había i^radado, y que yendo 
**'á México les robarían cuanto tenían y lo tomarían para 8í«" (2) 
Después de este díscunoy Ips méxica fueron puestos en sus canoas» 
dejándolos en libertad; sobreeogidos. del miedo, remaron apreeata- 
damente hasta la pequeña isleto de.Xiealanootí en donde oomierpn 
y reposaron nn poco, tomaron pam el pueblo de Teopantibyac^e^. 
comieion y dunoiieron en Cuetiaxtlay propigmendo apieaoi^ameft- 
terpara TenoobtitUu» Por el domino ibftn oonfoioe y pieoonp^doüi 
xeyelviendo en h xMnto h que habtaa virto y oidoii m^ímih «a 



(1) Bahagon, xeUo. osp. V.— TdsqusmadA, lib. lY, ct|p. XIV. 

(2) Sahagqn, relao. oap, VL 



129 

los males que les amenazaban. Llegados á México fuéronse dere- 
chos al palacio del emperador, y hablando con los guardas de la cá- 
mara les dijeron: " Si duerme nuestro señor Moctheuzoma, dis- 
pertadle y decidle: Señor, vuelto han los embajadores que envias- 
teis á la mar, á recibir á nuestro dios duetzalcoatl." Entraron á la 
cámara los guardas y el emperador dio por respuesta: ''Decidles 
que no entren acá, sino que se vayan derechos á la sala de la judi- 
catura. "(1) 

Llevados los embajadores á la sala, fueron sucrifícados' algunos 
esclavos, con cuya sangre los rociaron, ceremonia usada cuando se 
presentaba embajada d^ suma importancia y grave. Sentado Mote 

• 

(l) Saliaguu, relac. cap. VI.— Torquemada, lib. IV, cap..XIV.-— Códiee Eamírez. 
MS.— Clavijero, tomo 2, pág. 11, nota, repugna esta relación contenida en Torque- 
mada, fundándose en estas reflexiones. "El ejc'rcito salió del rio d? Tabasco el Lu- 
nes Santo y llegó el Jueves al puerto d» Uliia. Los montes de Toohtlan y de Mic- 
ilan, de donde se pudo ver la expedición, no distan de la capital menos do 800 millas, 
ni está de TTlúa menos de 220, así quo aunque se hubiese visto la expedición el mis- 
mo día en qvto zarpo de Tabasco, era imposible que los embajadores lle;.aran el Jue- 
ves á Uliia. No hay escritor que haga mención do esta circunstancia: ánies bien, de 
la relación de Bemal Díaz se infiere que todo es invención, y que los mexicanos ha- 
bían ya conocido el error que ocasionó la primera armada.'' — Aunque á todo esto 
paede darse muy larga respuesta, concretare'nios lo mucho que so puede decir, para 
no hacer esta nota demasiado extensa. La noticia de la nota de Cortas no so 
taro del lunes Santo 18 de Abril, sino desde que llegó á Tabasco, lo cual ex- 
tíeode el plazo de cuatro dias á más de nn mes. Las atalayas estaban espiando la 
Tenida de los blancos, y las noticias se comunicaban por las postas, colocadas á lo 
largo de los caminos principales, que eran sueltos corredores que á paso gimnástico 
y Téloz recorrí «in la distancia de unas dos leguas, á cabo de las cuales otra persona 
recibía de palabra la notíoia 6 el escrito en qne estaba contenida, prosiguiendo así 
nente, sin que aquel pronto caminar se interrumpiera de dia ni de noche, 
autores que dicen qué de aquel modo atravesaba un mensaje la distancia de 
"trescientas millas en un sólo dia:" dice el mismo Clavijero, tom. 1, pág. 314. El 
autor, notando la celeridad de las comunicaciones entre Veracrnz y M<^xico, 
en el tom. 2, pág. 14. nota segunda: '*pero habiendo dicho poco antes que 
" laa postas mexicanas eran más diligentes que las de Europa, no es de eztrafiar qne 
"üerasen en poco más de un dia la noticia de la llegada de los espafioles, y qra en 
''cuatro 6 oinco dias hiciese el embajador, en litera, y á hombros de los mismos co- 
''xreoa, como machas veces se hacía* Paes el hecho no es inverosímil, debemos 
"creer á Bemal Díaz, testigo ocular y sincero."— Bemal Días no hace mención de 
embajada, porque no habiendo intérprete no pudo saber que lo era; pero sí re- 
la presencia de las dos canoas, obra de media Turra, después de anclada la flota: 
la velación del repetido Bemal Díaz, más bien apoya qne contradice la relación. Los 
aoonleciniientos posteriores demuestraní que los mázica permanecían en el error en 
que catalMn cuando la primera armada. 

TOM. IV.— 17 



130 

cahzoma en su trono, rodeado de los de su consejo, el principal de 
los embajadores hizo su acatamiento, tomó polvo del suelo con el 
>dedo (llamábase esta ceremonia tlalcnaliztli^^ j tomó la palabra, 
refiriendo punto por punto cuanto les había acaecido con los caste- 
llanos. Al oír la narración y principalmente las amenazas de los blan- 
cos, espantóse mucho el emperador, mudáronsele los colores y mos- 
tró gran tristeza y desmayo. (1) Entróse después en su recogimiento, 
en donde estuvo triste y abatido, llorando amargamente por los ma- 
les que le amenazaban. La ftttal noticia se extendió velozmente 
por la ciudad, supiéronlo chicos y grandes, quienes por calles y pla- 
zas formando corrillos lloraban, doliéndose de las desgracias que en 
breve les acaecerían: andaban cabizbajos y lldrosos, y los padres en 
sus casas decían á sus hijos: *^iAy de mí y de vosotros, hijos mios, 
qu^ grandes males habéis de ver y pasar! Las madres repetían lo 
mismo á sus hijas, habiendo por todas partes desolación y duelo. (2) 

En esta primera entrevista no pudieron entenderse por falta de 
intérprete; las comunicaciones fueron por señas, que cada quien 
cornpreiidería según atinara. D. Hernando ignoraba fueran emba- 
jadores quienes venían, y debió tenerlos por simples rescatadores; 
convenía d. sus designios recibirlos de una manera autorizada, y si 
le pusieron los ornamentos de duetzalcoatl, no sabía la significa- 
ción de ellos, y pudo tomarlo como una usanza de los bárbaros. Res- 
pecto de los embajadores, tomando á lo serio su encargo, gastaron 
inútilmente sus parlamentos y retóricas; engañados por acciones 
no comprendidas, se tuvieron por desafiados. Sin duda alguna 
mintieron al decir que habían entendido los discursos de los blan- 
cos, pero en la misma mentira incurrieron los enviados á Grijalva, 
de miedo de ser muertos por el emperador, estando obligados como 
estaban á traer reapuestas claras y categóricas. En último análisis, 
los embajadores inventaron una conseja, deducida de sus particula- 
res impresiones ante la conducta de los extranjeros, la cual vino á 
embrollar de una manera fatal los desatinados pensamientos del. 
estúpido emperador. 

Motecuhzoma había recurrido á las artes de sus mágijcos y encan* 

(1) Sfthagun, relac. cap. VII.— Torquemada, lib. IV, cap. XV.-rCod. Bamírez 
— MS. 

(2) Sahagun, relac. cap. IX.— Torquemada, lib. IV, cap. XV. — Codic. Bamírez 

— MS. 



131 

4 

tadores, á fía deque fuesen con sus conjuros á espantar á los cas* 
tellanos, haciéndolos huir; mas habiendo vuelto á decir ser inefica- 
ces sus encantamientos 7 nigromancias, por ser dioses más fuertes 
qne los suyos, el cuitado monarca, por consejo de los ancianos, repi- 
tió las órdenes comunicadas á los gobernadores de las costas para 
recibir amigablemente á los extranjeros. Dia j noche iban y. venían 
correos, participando cuanto en la costa acontecía. (1) 

Viernes Santo, veintidós de Abril, desembarcaron los castellanos, 
8obre la costa arenosa, llena de médanos, denominada Chalchiuh- 
cuecan por los méxica, y en donde hoy se alza la ciudad y puerto de 
Teracruz: (2) salida la gente y los caballos, Ja artillería quedó ases- 
tada en lugar conveniente para defender el real, formado de estacas 
7 ramas acarreadas por los indios de Caba, quienes formaron las 
chozas que fueron menester. Al dia siguiente, sábado, acudió can- 
tidad de naturales enviados por el gobernador de Cuetlaxtla; com- 
pusieron las chozas del general y ranchos más cercanos, extendien- 
do sobre ellas grandes mantas, trajeron ademas porción de víveres, 
con algún regalo dé joyas de oro que entregaron á Cortés, quien las 
pagó en \i\» bujerías que traía. (3) Rescataron también con los 
castellanos algunos objetos de oro, recibiendo en cambio cuentas de 
vidrio, espejos, tijeras, cuchillos, alfileres, cintas y otras cosas del 
mismo tenor. " Visto por Cortés la mucha cantidad de oro, que 
"aquella gente traía y trocaba tan bobamente por dijes y niñerías, 
" mandó pregonar en el real, que ninguno tomase oro, so graves pe» 
^^nas, sino, que todos hiciesen que no lo conocían ó que no lo que- 
rrían, porque nt> pareciese que era codicia, ni ser intención y veni- 
" da á sólo aquello encaminada, y así disimulaba para ver qué co^a 
" era aquella gran muestra de oro^ y si lo hacían los indios por pro- 
'^ bar si lo había por ello.'' (4) Graciosa industria de Cortés, enca- 
minada por uña parte á evitar la competencia que los soldados le 
hacían en el rescate, y por otra ^hacer rebajar el precio que al oro 
pudieran poner los* naturales; la verdad es, que en aquellos trueques 



(1) Sáhagniti, reíais. 4sdpf« VIII.— 06dic. Btmftoz. MS. 

(2) Segon el sistema d4 oaleiulario nahoa que segaimos, la llegada de la flota, 31 ' 
de Abril, correspondió al primer día. del mes HaeUozozÜi; denominado cim Cipac»,, 
¿£f; él desembarco fuá el yei EkécaÜ. 

(8) Bemal Díaz, cap. XXXVIII. 
(4) GK)man, Orón. cap. XXV. 



132 

los contratantes quedaban satisfechos mtitamente, los castellanos 
por el subido precio á que vendían sus fruslerías; los naturales por- 
que adquirían objetos para ellos de inestinaable precio, por raros, 
desconocidos, con el picante sabor del origen extranjero y de la no- 
vedad, á cambio de un metal que en sus mercados no era de prime- 
ra importancia. 

Domingo de Pascua, veinticuatro de Abril, llegaron al campo 
hasta cuatro mil personas sin armas, de los cuales algunos eran prin- 
cipales y los demás tainene^ cargados con bastimentos y regalosj 
venían capitaneados por Teuhtlilli, gobernador de Cuetlaxtla, y por 
Cuitlalpitoc, embajador^ cuando Grijalva. Llegados ante Cortés le 
hicieron tres acatamientos, le sahumaron como á señor ó dios, guar- 
dando todo respeto; el general los recibió con agrado abranzándolos, 
aplazando la plática para después de la ceremonia de la misa. Por 
fortuna ya para entonces había intérprete; se había visto hablar 6 
Marina con los méxica, y como era diestra en el idioma maya, según 
sabemos ya, Cortés le prometió la libertad si desempeñaba con fide- 
lidad el encargo de faraute. Aderezado un altar, Fr. Bartolomé de 
Olmedo dijo misa, ayudado por el clérigo Juan Díaz, retiráronse en 
seguida las embajadores y Cortés á la tienda de éste, comieron jun- 
tos, y alzados los manteles, en presencia de varios castellanos y na- 
turales comenzó la conversación. Dijo Don Hernando, por los intér- 
pretes, que eran vasallos de un poderoso monarca, llamado Don 
Carlos, el mayor del mundo, á quien muchos reyes y príncipes obe- 
decían, el cual teniendo noticia mucho tiempo había de epta tierra 
y del señor que la mandaba, le enviaba á él para decirle cosas de 
contento, y para contratar con él y sus vasallos de buena amistad; 
quería por lo tanto saber en dónde podría verle y hablarle. Esca- 
chó Teuhtlilli muy sosegado el razonamiento, mas á la última pre- 
tensión respondió algo soberbio: " Aun agora has llegado y ya le 
" quieres hablar; recibe agora este presente que te damos en su 
"nombre, y después me dirás lo que te cumpliere." (1) Sacó en 
seguida muchas piezas de oro de buenas labores y ricas, más de diez 
cargas de mantas finas, con otras machas joyas; los tamene trajeron 
las vituallas de que venían cargados. " Cortés las recibió riendo y 
^' con buena gracia, y les dio cuentas de diamantes torcidas j otras 

(1) Bemal Díaz, cap. XXXVIII. 






133 

"coaas de Castilla, y les rogó (|ue mandasen en sus pueblos que vÍt 
"" Diesen á contratar con cosotros, porque él traía muchas cuentas á 
" trocar á oro, y le dijeron que así lo mandarían" . ..." y luego Gor- 
" tés mandó traer una silla de caderas con entalladuras muy pinta* 
''das y unas piedras mar^jitas que tienen dentro de sí muchas la- 
'^bores, y envueltas en unos algodones que tenían almizcle porque 
"diesen bien^ y un sartal de diamantes torcidos y una gorra de 
*' carmesí eon una medalla de oro, y en ella figurado á San Jorge, 
" que estaba á caballo con una lanza y parecía que mataba á un 
"dragón; y dijo á Tendilcí (1) que luego envíase aquella silla en 
"que se asiente el señor Montezuma para guando le vaya á ver y 
*' hablar Cortés, y que aquella gorra que la ponga en la cabeza, j 
"que aquellas piedras y todo lo demás le mandó dar el rey nuestro 
" señor, en señal de amistad, porque sabe que es gran señor, y qu9 
''mande señalar para qué día y en qué parte quiere que le vaya á 
"ver. (2) 

Para espantar á los embajadores Cortés hizo soltar la artillería 
cuando estaba conversando con ellos: " caíanse en el suelo del gol- 
"pe y estruendo que hacía la artillería, y pensaban que se hundíi^ 
"el cielo á truenos y rayos: y de las naos decían, que venía el dio9 
" dáetzalcohuatl con sus templos acuestas, que, era dios del aire, y 
"que se había ido y ^e esperaban." (3) Los jinetes corrieron y es- 
caramucearon, todo para dar muestra de su poder y fuerza. Nobles 
y pecheros méxica observaban asombrados aquellos objetos tan nue- 
vos para ellos, y á fin de poder dar cuenta cumplida a], emperador, 
algunos diestros pintores recorrían el campamento trasladando ^ 
papel cuanto veían^ sin olvidar al general, á Marina^ ni á los negrqfi[| 
dioses también eomo los blancos, á los cuales llamaron teucacatzao^, 
tli. (4). No!tó Teuhtlilli que un peón tenía un casco me4io dorado^ 
j observó er^ semejante á otro que los antepasadojs de su linaje ha- 
bían dejado, y serví& entonces de adorno á Huitzilopochtli, raaon 



(1) Los nombres de los embajadores se encuentran estropeados en los autores; 
Ilftman al uno TendUe, TeuÜille, TeuthliUe, Tendüle, Teutlil; al otro.?italpitoc^ ?i. 
talpitoque, Cuitlapiltoo, Pilpatoe. A Cuitlalpitoc, pusieron, los castellanoif e} nom- 
ht^ de Ovandillo, sin duda por elipaz^cidot que tenía eon el soldadq de esta apeUi^o* 

(2) Bemal Díaz, cap. XXXVIII, . 

(3) Gomara, Orón. cap. XXVI. 

(4) Sahagun, relac. cap. VIIL 



134 

por lo cual se holgaría Motecuhzoma de verle; Cortés le prestó el cas- 
co diciéndole: *' que porque quería saber si el oro desta tierra es co- 
" mo el que sacan de*la nuestra de los rios, que le envíen aquel case 
" lleno de granos para enviarlo á nuestro gran emperador." ( 1 ) Ya án- 
les se había informado Don Hernando de sí Motecuhzoma tenía oro, 
y como le respondiera el embajador que sí, le dijo: " embíeme de ello, 
" ca tenemos yo y mis compañeros mal de corazón, enfermedad que 
" sana con ello." (2) Burlas eran, que contenían veras. Teuhtlilli, 
terminadas las pláticas y pinturas, se despidió amigablemente, ofre- 
ciendo volver pronto con la respuesta. (3) 

No lejos del campo se estableció Cuitlalpitoc, en unas mil chozas 
de ramas con unas dos mil personas entíe hombres y mujeres ocu- 
pados en hacer comida que traían á los castellanos, así como agua y 
lefia, con yerba para los caballos. (4) Q^uéjase Bemal Diaz diciendo 
que aquellas viandas eran para Cortés y capitanes que á su mesa 
comían, mientras los soldados estaban atenidos á pescar ó rescatar con 
los indios; (5) no parece problable que los alimentos preparados por el 
considerable número de sirvientes fueran tan cortos, que pudieran 
Ber agotados por reducido número de personas. Según las indicacio- 
nes hechas por' Cortés á los embajadores, los habitantes dé los pue- 
blos comarcanos ocurrían al real, trayendo algunas piezar de oro y 
mantenimientos, las cuales rescataban Individualmente los soldados, 
provistos de bujerías de cambio; quéjase también el buen soldado 
cronista de que las joyas eran de poco valor. 

Mientras esto pasaba en la costa, el ánimo supersticioso é indeci- 
so de Motecuhzoma le precipitaba á las mayores extravagancias. 
Figurándose que los^^dioses querrían venir á Tenochtitlan para pe- 
dirle el imperio, comunicó sus órdenes al Tlilancalqui para que no 
faltasen víveres por los caminos, y éstos estuviesen barridos y adere- 
zados, con casas para aposentarlos; pero deseando al mismo tiempo 
evitar una entrevista siempre dañosa, ponía todos los medios para 
retener á los extranjeros lejos de la corte ó hacerlos volver por don- 



(1) BeitMl Diaz, cap. XXXVm. 
/2) ÍGk>mara, Crdn. cap. XXVI. 

(8J Bemal Diaz y Gomara, locó cit.— Herrera, áéo. 11, llb. V, cap. IV. — Torqtw 
mada, Ub. IV, cap. XVI.— Ixtlibcocbitl, Hist. Cfaióilimeca, cap 7S», MS. 
(i) Gomara, Grón. cap. XXVII. 
(5> Bemal Diaz, cap. XXXIX. 



135 

de liabían venido. RecurriendoMe nuevo á las artes mágicas, hizo 
venir á los nigromantes y hechiceros de Cuauhnahxiac, Yauhtepec, 
Huaxtepec, Acapichtlan, Ocuílla, Mulinalco y Tenantzinco, diestros 
en comer los corazones á los hombres vivos y mudarles las intencio- 
nes, apoderarse de noche de los dormidos para despeñarlos por hon- 
donadas y barrancas, atraer las sabandijas ponzoñosas, poner enfer- 
medades en los sanos y tornarse en leones, tigres y otros animales 
bravos. Reunidos en su presencia, les mandó marchar á la costa, y 
empleando sus artes lograran^mover á los blancos á volver á su tie- 
rra ó al menos impedirles viniesen á México. Prometieron de cum- 
plirlo, tomando el camino para Chalchiuhcuecan: llegados allá, cua- 
tro dias ocultamente ejercitaron sus artificios sin provecho, y al cabo 
convencidos de su impotencia regresaron á México á decir al empe- 
rador cómo divididos en cuadrillas, sin ser vistos rodearon á los dio- 
ses, sin poder hacer daño en los dormidos porque siempre había al- 
gunos velando; mataban á cuantos animales se les acercaban, no 
pndiendo nada los conjuros sobre su corazón: dioses debían de ser 
de clase muy superior. (1) Cosas son estas que parecerían indignas 
de la historia, si con ser pequeñas y ridiculas no explicaran cumpli- 
damente ese hecho extraño á primera vista, de cómo pueblos nume- 
rosos, valientes y aguerridos, recibían de paz y regalaban á los inva- 
flores, permitiéndoles penetrar al corazón del país sin resistirles. 

Teuhtlilli vino por la posta á Tenochtitlan, entregando á Mote- 
cuhzoma las pinturas, el regalo de Cortés, é informándole de las 
pretensiones que aquel caudillo tenía de verle. Visto y oido todo, 
el emperador cayó en el mayor abatimiento, sin saber disimular las 
lágrimas; pensaba que los dioses le dejarían tranquilo como la vez 
primera; mas ahora teníapa evidencia de que intentaban verle, sin 
dnda para consumar su ruina: su acerba pena se comunicó á la ciu- 
dad, llorando grandes y pequeños el daño pronto á estallar en cum- 
plimiento de las antiguas profecías. El emperador reunió á consejo 
á los reyes aliados Cacama y ¿Totoquihuatzin, con los señor princi- 
pales del imperio. Deliberado el caso, la mayor parte de los conse- 
jeros fueron del aviso de Cacama, quien dijo debían ser recibidos 
de paz los extranjeros; porque si eran dioses inútil era la resisten- 
m; si como se decían eran embajadores de un gran rey, por honra 

(1) Tezozomoo, cap. ciento diez. MS. — P. Dnráiiy cap. LXXI. MS. 



136 

del imperio y de los enviados debía recibírseles con honra; si traían 
alguna intención hostil, preciso era no aparentar debilidad, conocer 
esa intención lo más pronto'posible á fin de combatirla, ya que tan 
pocos eran, antes de que pudieran entenderse de las disensiones del 
imperio. Interpelado Cuitlahuac, señor de Itztapalapan, se conten- 
tó con decir estas palabras: " Mi parecer es, gran señor, que no me- 
" tais en vuestra casa quien os eche de ella." (2) No por más cuer- 
do, sino por más conforme á lo? recelos de Motecuhzoma, prevaleció 
este consejo, en consecuencia del cual recibieron instrucciones los 
embajadores. 

Siete dias depues de haberse despedido, es decir hacia principios 
de Mayo, reapareció TeuhtlíUi en el campamento español, trayendo 
en su compañía un noble parecido en el rostro á Cortés, escogido 
por Motecuhzoma como una especie de agasajo para el general y 
guiado por las pinturas que le habían llevado: Bernal Díaz le llama 
Cluintalbor, nombre que no es mexicano, aunque en el campo fué 
conocido con el apellido de Cortés. Llegados los enviados delante 
de Don Hernando hicieron la reverencia de estilo, le sahumaron con 
copalli en braserillos que en las manos traían, y estendiendo esteras 
finas {petlatt) sobre el suelo y encima mantas ricas, los cien tame- 
nes que venían pusieron los objetos de un rico presente. Componía- 
se éste de telas delicadas entretejidas con plumas, rodelas de plu- 
mas con planchas de oro y plata, adornadas con aljófar, penachos de 
grandes plomas, mosqueadores, brazaletes, collares y orejeras.de 
oro y piedras finas, sandalias con la zuela de una piedra blanca y 
azul, piezas de armadura de oro, espejos de margajita, tejidos finísi- 
mos cual si fueran de seda, figuras vaciadas de diversos animales 
como perros de la tierra, leones y tigres: *' Sobre todo esto di6 
** dos rucias, la una de oro esculpida en ella la figura del sol con sus 
^^ rayos y follajes, y ciertos animales señalados, que pesaba máa 
*'de cien marcos; la otra era de plata, con la figura de la luna, la- 
^' brada de la misma manera que el sol, de cincuenta y tantos mafcos: 
'•^ tenía de grueso como un real de á cuatro y todas macizas: te- 
" nían en redondo cada una lo que una rueda de carreta, duedaron 
^* todos las que las vieron suspensos y admirados de tan gran rique- 
" za, y juzgóse que valdría el oro y la plata'que allí había, veinte y 

(2) Ixüüxochiti, Hi8t. Chichim.. cap. 80. MS. 



137 

"cinco mil castellanos; pero la hechura y hermosura de las cosaSi 
"mucho mas valdría de otro tanto." (1) Trajeron ademas el casco 
que llevaron prestado lleno de oro, " en granos crespos como los sa- 
" can de las minas, que valia tres mil pesos. Aquel oro del casco tU- 
" vimos en más, por saber cierto había buenas minas, que si truje- 
"ran treinta mil pesos.'^ (2) En suma, aquello representaba la in- 
dustria y la riqueza indígenas. 

En cuanto al asunto principal aseguraron los embajadores á Don 
Hernando, que el emperador se holgaba de saber de tan poderoso 
rey como el de España, que fuera éste su amigo y mandara á verle 
personas tan valerosas como las llegadas, por todo lo cual y en se- 
ñal de amistad proporpocionaria á los blancos cuanto hubieran me- 
nester mientras en la tierra estuvieren; pero en cuanto á recibir la 
embajada, ni Motecuhzoma podía bajar á la couta, ni los castellanos 
ienían lugar de subir á la capital, así por la distancia Jarga y ser 
los caminos fragosos, como porque aquel espacio estaba infestado de 
gentes bárbaras enemigas del imperio: este cúmulo de diñoultades 
hacía imposible la entrevista: Cortés tomó el presente con semblan- 
te alegre, hizo grandes halagos á los embajadores, regalando á ca- 
da uno dos camisas de holanda, vidrios azules y otras cosillas, ro 



(1) Herrera, áéc. II, lib. V, cap. V. — Torquemada, lib. IV, cap. XVII. 

(2) Bemal Diaz, cap. XXXIX.— Gomara, cap. XX Vil. --Casas, Hiat. de las In- 
dias, cap. CXXI, escribe: "Estas ruedas eran, cierto, cosas de ver, yo las vide con 
todo lo demás el año de 1520, en VolladoLid, el día que las vido el Emperador, por- 
qne entoaces llegaron allí enviadas por Corttfs, como abajo placiendo á Dios, se ve- 
ri: quedaron todos los que TÍeron aquestas cosas tan ricas y tan bien artiñcladas y her- 
mosísimas, com6 de cosas nunca vistas y oídas, mayormente no habiéndose hasta 

ci-.l/>'ice8 visto en estas Indios, en gran manera como suspensOH y admirados/' 

** Vuldría el oro y la plata que allí había 20 ó 25 mil castellanos, pero la hermosura 
daUas y la hechura, mucho mas valía de otro tanto." Como se advierte, Herrera co- 
pió do Casias, atribuyendo la admiración á los conquistadoreB cuando no tné sino de 
los cortesanos de Carlos V, y computando el valor del presente de Motecuhzoma 
por el de los objetos remitidos á España. — De las mismas ruedas dice Oviedo, lib» 
XXXIII, cap. I: " Las cuales yo vide en Sevilla en la casa de la Contratación de las 
Indias, con otras muchas joyas de oro é plata, é muy hermosos penachos de plumas 
muy extremados, que iodo era mocho do ▼er.*'-^Pedro hUMx, déc. lY, cap. 9: *'fá 
quid unqnam honorís humana ingenia in hujuscemodi artibus sunt adita, principa* 
tnm jure mérito ista consequentur. Aurum, gemmasque non admiror quidem; qua 
industria quove studio superet opus materíam, stupeo. Hille figuras et faoies milU 
prospexi. quae scribere neqneo. Quid oculos hominum sua pulchritudine aeqyae pos- 
ai allicere meo judicio vidi nunquam." 

TOlí. IV.— 18 * 



13B 

gátídoles volviesen de nuevo al emperador para decirle, que habiendo 
atravesado el mar y venido de tierras muy lejanas por sólo verle y 
hablarle, si se volviesen sin desempeñar el encargo los castigaría el 
téy de España, y como la misisn que trae es muy importante vence- 
rá los obstáculos é irá á buscarle en donde quiera que se encuentre. 
Teuhtlilli aceptó el encargo, si bien exponiendo que^ sería inútil lo 
relativo á la entrevista. En retorno del presente llevaron los mensa- 
jeros Á Motecuhzoma, " una copa de vidrio de Florencia labrada y 
** dorada, con muchas arboledas y monterías que estaban en la co- 
'' pa, y tres camisas de holanda, y otras cosas." (1) Caitlalpitoc 
permaneció á inmediaciones del campamento con la servidumbre en- 
cargada de dar de cqmer á los castellanos. 

Adelantando el mes de Mayo con sus recios calores, siendo ar- 
dientes los arenales y estando lejos de las poblaciones aquel sitio, 
D. Hernando envió dos naos perla costa arriba al mando de Fracis- 
co de M entejo, con los pilotos Antón de Alaminos y Juan Alvarez, 
el Manquillo, á fin de buscar puerto seguro en lugar menos desabri- 
gado; en efecto, siguiendo la derrota de Juan de Grijalva hasta cer- 
ca del rio Panuco, tomaron á cabo de diez ó doce dias, dando noticia 
de haber encontrado puerto al cual pusieron un nombre feo de Ber- 
nal, doce leguas al N. de San Juan de ülúa, cerca de un pueblo, 
puesto sobre una altura llamado Q,uiahuiztla. (3) 

Sin el aparato de los méxica y como de oculto llegaron al cam- 
pamento ciertos emisarios del rebelde príncipe de Texcoco, el joven 
Ixtlixochitl; traían algún regalo en oro, mantas y plumas que en- 
tregaron á D. Hernando, dándole la bien venida y diciéndole que 
su señor se ofrecía por amigo suyo; ó informándole de las desave- 
nencias y disturbios del imperio, pedíale ayuda para vengar en Mo- 
tecuhzoma la muerte de Nezahualpilli, y poner en libertad á todos 
los pueblos. (3) Aquel ambicioso fué el primero que acudió al ex- 
tranjero, buscando apoyo para el logro de una usurpación injusta y 
una venganza bastarda. Ignoramos lo que le respondió Cortés, si 
bien se alcanza no escasearla buenas promesas y palabras. 

Tal vez no eran éstas las únicas noticias de su especie adquiridas 

« 

(1) Bernal Díaz, cap. XXXIX.—Gomora, Crón. cap. XXVII.— Herrera, déc. lib. 
V, cap. V.— Torquemada, lib. TV, cap. XVII. 

(2) Bernal Dí&z, cap. XL. Konibra al pnejblo Quiabuiztlan. 

(3) IxtUkocbitl, Hist. Chiohim. cap. 80. MS. 



1S9 

por D. Hernando. Según un documento que parece auténtico, no 
obstante no estar exento de contradicción, Tlamapanatzin y Ato- 
naletzin aefiores de los pueblos de Axapochco (San Esteban), y Te- 
peyahualco (Santiago)^ en términos de Otompa (Otumba), reino de 
Acolhuacan, disgustados de la tiranía de Motecuhzoma, sabiendo 
que los dioses habían llegado á la costa, bajaron en su busca á pe- 
dirles favor; mas al alcanzar el término de su viaje los dioses eran 
idos, con lo cual tuvieron que regresar á sus pueblos: aconteció ésto 
cuando la expedición de íuan de Grijalva. Sabedores que de nuevp 
86 habían presentado los hombres blancos, se hicieron encontradi- 
zoB con los primeros embajadores enviados por Motecuhzoma, se 
agregaron á la comitiva de Téuhtiilli presentándose con él en el 
catnpo español. Ofrecieron por medio de la intérprete Marina, si se 
les guardaba secreto, entregarían las pinturas antiguas que conte- 
nían las profecías con otras noticias importantes. Admitida la pro- 
puesta é idos ^ sus pueblos, retomaron trayendo grartdes rollos de 
pinturas en donde constaba menudamente la predicción de duetzal- 
coatl, la situación y forma de la ciudad de México, caminos pnra 
la capital, genealogía de los rey es azteca, etc., todo lo cual leían y ex- 
plicaban por medio de los intérpretes, señalando las escrituras con 
unas varillas delgadas. Añadieron cuantas informaciones se les pi- 
dieron, entre ello que Motecuhzoma tenía mucho oro tomado por 
fuerza, de lo cual y del tesoro de Axoyacatl tenía un aposento lle- 
no, sin sellar y en bruto, fuera de inmensa cantidad de piedras pre- 
ciosas. Tan importantes descubrimientos pagó D. Hernando con 
ima promesa de tierras, valedera para cuando Motecuhzoma fuera 
arrojada del trono, fechada á 20 de Mayo. (1) 

Corrobora en nuestro concepto lo anterior el dicho de un testigo 
presencial, quien nos informa que Cortés supo de unos indios prin- 
cipales la posición de México, ser advenedizos los méxica, sus gue- 
Tras y conquistas, tiranía con que Motecuhzoma gobernaba, é impa- 
ciencia con que las provincias llevaban el yugo. "Informado el mar- 
•* ques desto, procuró de hablar con algunos de los naturales de la 

* 

(í) Bdal ejeeatoria de S. M., sobre tierras y reservas de pechos y paga, pertene- 
dentes & los eadqnes de Azapasco, de la Jurisdicción de Otnmba. Escribano Ser- 
na. Despachada por S. M., en sn Real Consejo de las Indias, ano de 1537. Feéba 
Asiumeroed por D. Hernando Cortés, y á pedünento de partes, afto de 15ift. Do- 
comentos pata la Hist. deMtf^co, por Joaqnin García loa^balceta, tom. XI, p6g. 1. 



140 

« 

" tierra que vivien en esta sujeción, los cuales se le quejaron y po- 
*' dieron los remediase, é él les ofreció que haría por ellos todo su 
'* poder, é que no consintirie que les hiciesen agravio." (1) 

Aun cuando nos faltaran estos testimonios, debíamos admitir, co- 
nocida como es la gran perspicacia de Cortés, que no debió perdo^ 
nar medio pafa informarse del estado guardado por el país, aunque 
no fuera sino para saber dirigirse en su empresa. Y siempre resulta 
para este tiempo, que ya era dueño de los secretos del imperio. Por 
las diversas embajadas infirió la riqueza de la tierra y la debilidad é 
inepcia de su monarca; dijéronle los caciques las profecías que har 
cían pasar á los extranjeros como los prometidos de duetzalcoatl; 
supo la guerra civil de Acolhuacan, la tiranía de los tenochca, la 
impaciencia con qué las provincias soportaban el yugo, las diferea- 
cias religiosas y de raza, en suma, pudo entender existía la división 
que haca débiles las naciones. Cuitlalpitoc comenzó á aflojar en el 
aprovisionamiento del campo, los indios acudieron pocos al rescate 
y como recatadamente; al cabo de ocho ó diez dias reaparecieron en 
el campamento Teuhtlilli y Cuitlalpitoc, acompañados de numero- 
sos tamene; hicieron su reverencia á Cortés, zahumáronle como á 
dios (2) y le entregaron un presente para el monarca castellano, 
compuesto de diez cargas de plumas ricas y finas, cuatro grandes 
chalchikiiüly y ciertas piezas de oro que valdrían hasta tres mil pe- 
sos, según el cálculo de Bernal Díaz. En concepto de los méxica 
era aquel un regalo espléndido, pues las plumas valían mucho, ear 
timando el valor de cada chalchihuitl en una carga de oro; pero pa- 
ra los castellanos fué el más pobre, supuesto que mantas y plumas 
sólo eran objeto de curiosidad, las piedras carecían de estima, y só- 
lo el oro podía llamarles la atención, en cuanto á metal, sin aten- 
der al artefacto. -Respecto del negocio principal, negábase absqlutiv- 
mente Motecuhzoma á tener entrevista, expresando resueltamente 
su resolución de no volver á recibir mensajero ni mensaje acerca de 

(1) Belao. de Andrés de Tapia, pág. 561. 

(2) ''£6ta ceremonia no se hacía, dice Torqaom&da, lib. lY, cap. XVII, sino áloa 
que reconocían por dioses; j de aquí se advertirá, como por entonces j algunos 
tiempos después, fueron tenidos estos espaftoles, de estos iadios, por deíficos, aon* 
que en estas primeras ocasiones por puros dioses; 7 de aquí nació temerlos tanto, 
que á creer que eran puros tombres, por sin duda se tiene, que ni los dejaran 
adelante, ni dejaran de juntar los reyes de México, de TezciMO y Tlacupa, que m 
Ips que tenían repartidala tierra entre sí j sus gentes, 7 saUr á oonsamidoe." 



141 

aqael punto. Pesó á Cortés de semejante, respuesta, y volviéndose á 
log soldados que le rodeaban. — *'Verdaderamente, dijo, debe de ser 
"gran señor y rico, y si Dios quisiere, algún dia le hemos de ir á 
f'ver. Y respondimos los soldados: Ya querriamos estar envueltos 
"con él." (1) 

A la hora del Ave María, al tañido de una campana que en el 
real había, se arrodillaron los castellanos delante de una cruz colo- 
cada sobre el médano más alto, haciendo devota oración, Maravilla- 
do Teuhtlilli preguntó lo que aquello significaba; entendiéndolo 
Cortés, invito á Fr. Bartolomé de Olmedo para declarar á los méxi- 
ca los misterios de la fé: en efecto, hízoles el religioso un largo ra- 
zonamiento, *Siue unos buenos teólogos no lo hicieran mejor,*' ter 
minando con decirles que sus ídolos eran falsos y malos dioses, que 
huían delante de la santa señal de la cruz, á los cuales no debían ado- 
rar, y que en -su lugar pusiesen una cruz como aquella que veían y 
aquella imagen de la Virgen con su niño en los brazos, que para el 
intento se les daba: los embajadores prometieron decirlo á Mote- 
cahzoma y cumplirlo. La maravilla de los indios no podía venir de 
acto de adoración, sino de que tuviera lugar delante de la cruz, sím- 
bolo de duetzalcoatl, signo religioso también para los méxica; de 
aquí su confusión de ideas, pues no era verdad que el dios de la 
llavia ahuyentase á los otros dioses, pues por experiencia los veían 
estar juntos. Suponiendo las ideas bien trasladadas por los intér- 
pretes á sus respectivos idiomas, el momento de la predicación fué 
moportuno, porque se escogió la hora del rompimiento; el medio de 
explicar cosas abstractas inadecuado; una sola insinuación nunca 
decide el cambio en opiniones religiosas. Retiráronse definitivamen- 
te los embajadores. El último rescate tuvo lugar con los indios que 
acudieron al real con Teuhtlilli, pues en la noche huyeron sin ser 
sentidos Cuitlalpitoc y los naturales que habían estado sirviendo á 
los castellanos. (2) 



(1) Bemál IKaz, cap. XXi. 

(2) Bemal Diaz^ cap. XIi.^Gomsira,."oap. XXVII.— Torquemada, lib. IV, cap. 

xvm. 



■ 

I 



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CAPITULO VII, 



MOTECUHZOMA XOCOYOTZIN. — C ACAMA. 



Los totonaca. — Díítturhws en el campaiiiento,- -Fundación de la Villa Rica dó ía 
Veracruz, —Nombramiento de Cortés por justicia mayor y capitán general. — JDím- 
posiciones del cabildo, — Ultima tentativa de los partidarios de VeltUquez, — Rasgo 
de severidad, — Excursión al interior del país. —Entrada en Gempoala, — Quiahui^ 
tía.— Los recaudadores d-e Motemhzoma. — Astucias de Cortés. — Insurrección de 
los totonaca. — Zozobra en la tierra. 



Iacatl 1519. La desaparición de Ioh naturales se tuvo en el cam- 
po como principio do las hostilidades; en consecuencia, esperan- 
do los castellanos ser combatidos de un momento á otro, pusieron 
el real en estado de defensa, viviendo en pié de guerra. Nada hubo 
sin embargo; pero los víveres comenzaban á escacear, los repuestos 
en los buques se echaban á. perder, arreciaban las penalidades trai^ 
das por el ardiente clima, haciendo insoportable la vida en los are- 
nales la presencia de nubes de moscos, entre ellos el sanguinario 
zancudo. Tres dias después de la partida de los embajadores, es 
tando de facción Bernal Díaz, se acercaron cinco indios^ quienes 



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haciendo acatamiento pidieron por se&as ser conducidos al real, 
lo cual ejecutó nuestro biiori veterano. Los naturales vestían de 
manera diversa de los cuHuia, traían grandes horados en el labio 
mferior y en las orejas, en aquel un tentetl de piedras pintadas de 
azul, en estas grandes rodajas de oro y piedras. Llegados delan- 
te de Cortés pronunciaron las palabras, "Lopelucio, lopelucio," se- 
gan oyó el croninta, las cuales no fueron entendidas do los in- 
dios intérpretes; preguntando Marina si alguien de ellos sabia el 
nahoa, dos de ellos respondieron que sí, entablándose la conversa- 
ción en la manera acostumbrada. Súpose entonces ser mensajeros 
del señor de Cempoalla, un sol ó jornada distante de ahí quien les 
enviaba á dar la bienvenida á los extranjeros y ofrecerse por su 
amigo; no habían venido antes por temor de los méxíca, de los cua- 
les aran vasallos, y cuyo yugo llevaban impacientes por ser mucha 
la tiranía de Mutecuhzoma. De su boca obtuvo Cortés nuevos in- 
formes acerca de los enconados disturbios existentes en el país, de 
•lo cual recibió contento, despidiendo á los enviados con dádiva,» 
halagos y promesa de que muy pronto iría á ver á su señor. (1) Per- 
tenecían á. los totonaca, tribu diferente en lengua y costumbres á 
los de México, habitadora de una provincia que se extendía orillas 
del mar, con su capital Cempoalla: conquistados por los méxica, 
sufrían el duro despotismo de Motecuhzoma, quien reciamente car- 
gaba la mano sobre ellos, por lo cual acudían á los hombres blan- 
cos y barbados para sacudir tan angustiosa servidumbre. 

Arreciando los ineonvenientes en el arenal, sin objeto para per- 
manecer más tiempo en aquel desamparo, D. Hernando comunicó 
las órdenes para trasladar el campo á duiahuiztla, descubierto por 
Montejo. Hasta este punto, juzgando por las obras, las solas á, núes* 
tro alcance, y no por las intenciones fuera de nuestro poder. Cortés 
se había ajustado cláusula por cláusula á las instrucciones de Ye- 
lézquez; siguió el derrotero trazado, tocó en los lugares prevenidos, 
buscó á Jerónimo de Aguilar, llegó á San Juan de Ulua y se ocupó 
activamente en rescatar ségun el convenio: era de esperar que cesa- 
do el tráfico lucrativo y con los bastimentos necesarios para el re- 
greso, el general tornara á Cuba á dividir con su socio los provechos 



(1) BernalDiaz, cap. XU.— aomara; Crón. iipp, XXVIIL— Herrera, déo. II,l¡b. 
V, cap. VI.— Torquemada, Ub. IV cap. XVIDL 



144 

de la expedición. Laa circunstancias, empero, habían cambiado por 
completo. Cortés estaba al frente de un rico imperio, que si mucho 
habla dado, mucho más podría producir; dividido el país en faccio- 
nes, su pequeño ejército sobraba para ir al encuentro del opulen- 
to emperador, sostenido y ayudado por los descontentos; abandonar 
así las cosas era dejarlas á medio hacer: había aún que añadir, el 
encono de Velázquez y las grandes dificultades que habría al hacer 
la partición con el sórdido gobernador. Nada mas natural que cam- 
biar de conducta, la cual venía á jser la consecuencia de la manera 
con que se separó en Cuba de Velázquez. Apareció al fin franca- 
mente Como infiel á sus compromisos; pero esta perfidia fué merecido 
castigo para el avariciososo Don Diego y la causa de una grande ha- 
zaña. En esta circustanoia difícil, como en todas las de interés y 
responsabilidad, Cortés, que sabía imponer su firmo voluntad á sus 
subordinados, trabajaba diestramente para aparentar ceder á exi- 
gencias ajenas, ó á ineludibles obligaciones. 

La orden de trasladarse á duiahuiztlahizo estallar en el campa- 
mento la división, sólo latente hasta entonces. Los amigos de Ve- 
lázquez eran los muchos, fundados en las instrucciones hacían va- 
ler, que estando estas cumplidas, pues había termidado el rescate, 
debían retornar á Cuba; pasar adelante, faltando sobre treinta y 
cinco hombres, así de los muertos en Tabasco como de los dolientes 
en la costa, escasos de bastimentos y expuestos á ser atacados por 
los naturales tarde ó temprano, parecía locura contraria á los inte- 
reses del gobernador y de todos los soldados: lo más cuerdo y acer- 
tado sería ir á dar cuenta dal resultado de la empresa. Cortés res- 
pondió eon moderación, no era buen consejo dejar la tierra sin ha- 
berla antes conocido y saber los provechos que encerraba; si faltaban 
algunos fioldttdos, en todas las guerras y trabajos acontecía lo mis- 
mo; ninguna queja podían tener de la fortuna y aún debían dar 
gracias á Dios por lo bien que les ayudaba: si faltaban bastimentos, 
sobraba maíz entre los indios y pueblos cercanos, de lo cual come- 
rían, *^6 mal nos andarían las manos." con esto se sosegaron algún 
tanto los descontentos. 

Los partidarios de Cortés, encabezados por Alonso Hernández 



(8) Bemal Diaz, oap. XLL— Herraqpt, dáo, II, Ub. V, cap. YI^-^Torqnemada, lib. 
IV, cap. xvin. 



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Poertocarrero, los AlraradoB. Cristóbal de Olid, Alonso de Avila, 
Juan de Escalante, F^andsoo de Lago y otros, hablaban secreta- 
mente á los soldados pam ganar pareiales, haciéndoles estas reflexio- 
nes: Cortés, decían^ nos ha traído eñgafiados, pues nos ofreció ve 
nir á poblar, j ahora se contenta con lo que se ha rescatado: si á 
Coba nos voleemos, Diego Yelázquez se cogerá el oro como lo hizo 
la Tez pasada, quedándonos todos sin la porción que nos pertenece; 
ya hemos visto que algunos han venido á rescatar hasta tres veces, 
estando hoy tan pobres oomo al principio: lo mejor será poblar la 
tierra en nombre de S. M., y elegir capitán á D. Hernando Cortés, 
á fin de acrecentar y no perder nuestras ganancias. No fueron tan 
ocultas «stas pláticas que dejaran de llegar á oidos de loa de Yeláz- 
quez, quienes se fueron al general, diciéndole con palabras altane- 
ras, no anduviera con aquellos artificios para quedarse en la tierra 
y no dar cuenta de lo pasado á quien le había nombrado capitán; 
que no se anduviese con más rodeos para embarcarse, ya que ni 
gente ni bastimentos había para poder poblar. Con gran frialdad 
respondió Cortés. '*Me place: en ninguna manera iré contra las ins- 
trucciones y memorias que traigo del señor Diego Velázquez," y 
mandó pregonar el embarque para el siguiente dia. (1) 

Aquella orden, alcanzada tan sin contradicción y otorgada de una 
manera al parecer espontánea, engafió y dejó perplejos á los de Ve- 
lázquez. Más los amigos do Cortés se reunieron, conferenciando en- 
tre sí, que siendo caballeros hijos-dalgo, eran obligados al servicio 
de SS. AA., al acrecentamiento de sus reinos; señoríos y rentas; y 
pues de lo recogido constaba que la tierra era rica y los indica les 
tenían buena voluntad, parecíales no se cumpliera lo mandado por 
Di^ Velázquez, que era rescatar y volverse á Cuba, porque hacién- 
dolo, sólo gozarían del Oro Velázquez y su capitán Cortés; lo mejor 
serla, pues, que se fundase y poblase un puerto en nombre de SS, 
ÁA. RR., para que hubiese justicia que lo tuviese en el señorío 
real (* hiciese mercedes á los pobladores. Reunidos, se dirijieron en 
seguida á la presencia de D. femando, diciéndole que pues conve- 
nía al servicio de Dios Nuestro Señor y el de S. M., atentas las ra- 
zones antes expuestas, que cesase de hacer los rescates en la forma 



(1) Benial Díaz, cap. XLIL— Herrerü, déc. II, lib. V, c&p. Vn.— Torqnemada 
lib. IV, cap. XVni. 

TOM. rv. — 19 



146 

que 66 estaba practicandoi para que no se empobreciese la tierra^ y 
le requeríac en toda forma nombrase alcaldea y regidores, porque 
querían poblar una villar haciendo protesta en su contra si asi no 
procediese* C<Mrtés contestó, respondería el dia siguiente. (1) 

No parece que los parciales de Yelázquez hayan opuesto abierta 
resistencia; se procedía en el orden legal, invocando el servicio de 
Dios y el del soberano, y tal vez ninguno quiso aparecer tibio en el 
cumplimiento de ambos deberes; ademas, muchos debían habwse 
pasado ya á las filas contrarias, aplaudiendo el cambio, con la espe- 
ranza de acrecentar la porción que del botinles tocara, por las 
exenciones que gozaban como vecinos de la puebla. El dia inmedia- 
to señalado por Cortés, respondió á la protesta: que su voluntad era 
servir á SS. AA., sin mirar el perjuicio que se le sigue en no prose- 
guir el rescate, para recobrar los muchos gastos que en compañía 
de Yelázquez tiene hechos en la arm|da, y antes posponiéndolo to- 
do; le place hacer lo que se le tiene pedido, pues tanto conviene al 
servicio de SS. A A. Procedió inmediatamente al ncHubramiento de 
concejales: quedaron por alcaldes ordinarios, Alonso Hernández 
Puertocarrero y Francisco de Montejo, amigo de Yelázquez; regido- 
res, Alonso de Ávila, Alonso y Pedro de Alvarado, y Gonzalo de 
Sandoval; procurador general, Alonso Alvarez Chico; alguacil ma- 
yor, Juan de Escalante; capitán de las entradas, Pedro de Alvara- 
do; maestre de campo, Cristóbal de Olid; alférez real, Corral; teso- 
rero, Gonzalo Mexia; contador, Alonso de Ávila; alguaciles del real, 
Ochoa y Alonso Romero; escribano, Diego Gk)doy. Dieron por nom- 
bre 4 la puebla, Yilla Rica de la Yeracruz: rica, por serlo la tierra; 
de la Yera Cruz, en memoria de haber desembarcado el Yiémea 
Santo. Componíase la villa de las enramadas construidas; quedó' 
colocada la picota en medio de la plaza, y fuera de la puebla una 
horca, signos ambos de jurisdicción señorial. (2) 

Al dia siguiente, reunidos los concejales en su cabildo é ayunta- 
miento, enviaron á llamar á Cortés, pidiéndole, cuando estuvo pre- 
sente, mostrase los poderes que de Diego Yelázquez traía; no te- 
niéndolos ahí, mandó por ellos á su aposento y los entregó. Leídos 

(1) Carta del Begimionto de la Yeracruz, apnd Gayangos, pág. 10-20. 

(2) Carta del B€gimiento, pág. 20.— Bemal Díaz, cap. XLII. — Gomara, oap. 
XXZ— Herrera, deo. II., lib. V, cap. VIL— Casas, lib. III, cap. CXXn.— Torquema- 
da, üb. IV, cap. XVni. 




• 147 

7 examinados que faeron, declaró el cabildo haber cesado aquellos 
poderes, en cnya consecuencia D. Hernando no. podía ejercer los 
cargos de justicia, ni de capitán de la armada. (Considerando en se- 
guida ser indispensable hubiera persona principal que sirviera de 
cabeza en nombra de S. M., y no encontrando otra más idónea que 
Hernando Cortés, asi por sus servicios y conocimiento de la tierra, 
como por su desinterés en abandonar el rescate, se le nombraba por 
justicia mayor y capitán de las reales armas. Aparentó D. Hernan- 
do resistir el nombramiento, (1) aunque vencido después por las sú- 
plicas de todos, aceptó, prestando juramento ante el cabildo de cum- 
plir fielmente el encargo, el cual duraría hasta que otra cosa dispu* 
siera S. M. (2) Dispuso también el cabildo, que pues no había bas- 
timentos en la villa, se tomasen los existentes en las naos, dejándose 
á D. Hernando lo que para sí y sus criados hubiese menester, ta- 
sándose el resto á precios moderados para repartirles entre los veci- 
nos, quienes los pagarían de la parte de botin que les tocara; se 
tasarían también las naves y se pagarían en común, para ser em- 
pleadas en viajes á las islas, á fin de traer cuanto hubiesen menes- 
ter la villa y el ejército. Cortés contestó graciosamente, que á pesar 
del costo que le tenían, regalaba los bastimentos sin ninguna paga, 
pues no quería "revenderlos como hacían otros; que se tomaran y el 
municipio los repartiera igualmente por cabezas ó raciones, sin 
exceptuar á él mismo, ni quedar mejorado: respecto de las naos se 
haría lo que á todos conviniera, y no dispondría de ellas sin prime- 
ro hacerlo saber. (3) 

Por medio de este artificio forense, el carácter de la expedición 
cambió por completo. En el país había ya una colonia española, 
conforme al régimen municipal de Castilla, la puebla no reconocía 
más superior que al soberano, y le representaba legítimamente el 
regimiento de la villa; los nombramientos del cabildo eran firmes y 

(1) Benud Diaz, oap. XLU. con su franqueza ordinaria dice: "Por manera que 
Cortés lo aceptó, y aunque se hacía mucho de rogar, y como dice el refrán: "Tii me 
lo ruegas é yo me lo quiero." 

(2) Carta del regimiento, pág. 21. 

(S) Gomara, cap. XXXL— Bemal Diaz, cap. XLH, reñriéndose á Cortés dice: y lo 
peor de todo qae le otorgamosi que le dariamos el quinto del oro de lo que se hu- 
biese después sacado el real quinto, y luego le dimos poderes muy bastantísimos de- 
lante de unesoríbanodelrey que se decía Diego de Godoy, para todo lo por mí 
aquí dicho.'* 



148 

valederos, sin que niogana autoridad pudiera en ellos mezclarse; 
como vecinos de la puebla, los soldados quedaban transformados en 
la milicia comunal, sujeta directamente al justida mayor: en lo ab- 
soluto dependía ya Cortés de Di^ Yelázquez, pudiendo únicamen- 
te el rey privarle de su autoridad y revocar sus poderes. Tan súbi- 
ta transformación, sin duda en provecho de todos, dallaba eviden- 
temente los derechos del gobernador de Cuba; si parece justo casti- 
go privarle de provechos alcanzados en virtud de contratos peijudi- 
ciales, era sobradamente injusto apropiarse lo que le pertenecía de 
razón, sin pagarle, ni aun considerarle al menos. 

La parcialidad de Yelázquez, ya que no pudo oponerse á lo eje- 
cutado en nombre del rey, tomó otro rumbo para sus quejas, trata- 
ba de ilegítimo el nombramiento de Cortés, supuesto no haber ellos 
contribuido á la elección, y por esta falta no ser de la comunidad 
entera cual se debía: teniendo este vicio, no querían estar bajo el 
mando de aquel capitán, prefiriendo regresar á la Femandina. Sa- 
bido esto por Cortés, dio licencia á los quejosos para embarcarse; 
más como siguieran alborotando el campo, fiados en el número, pa- 
ra darles á entender que su autoridad no era de burlas, mandó al 
alguacil mayor prendiese á Juan Yelázquez de León, Diego de Or- 
daz, Pedro Escudero, Escobar, paje de Yelázquez y otros, principa- 
les instigadores de la resistencia, poniéndolos en la nao capitana, 
con prisiones y guardas. (1) Este rasgo de severidad fué provecho- 
so; propio de D. Hernando, que tan bien supo enfrenar aquella tur- 
ba brusca y turbulenta. 

Para buscar víveres frescos, ó más bien para dividir las fuerzas 
de los contrarios, y evitar en el campo un rompimiento á mano ar- 
mada, el justicia mayor envió la tierra adentro á Pedro de Alvara- 
do con cien soldados, de ellos más de la mitad de los parciales de 
Yelázquez, llevaban órdenes apretadas de apoderarse de los mante- 
nimientos, respetando los demás objetos. £1 destacamento recorrió 
algunos pueblecillos de la jurisdicción de Cuetlaxtla, (2) provincia 
subordinada á les méxica: los habitantes desamparaban sus casas 
en tropel, abandonando cuanto tenían; sólo dos se presentaron tra- 
yendo maíz, más pora todas partes vieron las sefiales de recientes 

(1) Bemal Diaz, cap. XLin.— Herrera, áéo. XI, lib. V, cap. Vm.— Torqtiemada, 
lib. IV, cap. XIX. 

(2) OostazÜan de Bemal Díaz, hoy^CotasÜa, Estado de Veraomz. 



149 

sacrificios, los cuerpos muertos, los corazones ofrecidos á los ídolos, 
lais piedras y cuchillos; visto aquello por primera vez, aunque lo sa- 
bían ya los soldados, causóles profunda sensación. Sin encontrar la 
menor resistencia, Alvarado regresó, trayendo los soldados buen 
acopio de mantenimientos, los cuáles fueron recibidos con contento 
en el campo. (1) 

Entretanto, con palabras buenas, largas promesas y dádivas del 
oro, ^^que quebranta peñas,'* las personas presas se fueron dando é. 
partido, saliendo de la capitana amigos de Cortés, Resistieron los 
últimos, Juan Yelázquez de León y Diego de Ordaz, más al cabo 
cedieron, ^'y hizo tan buenos y verdaderos amigos dellos como ade- 
lante verán, y todo con el oro, que lo amansa." (2) 

Terminadas así felizmente las diferencias, dueño Cortés del ejer- 
citó, determinó abandonar aquella ardiente playa, para trasladarse 
al lugar descubierto por Montejo. (3) Embarcados los trenes, arti- 
llería y enfermos, las naos tomaron el rumbo siguiendo costa á cos- 
ta. D. Hernando tomó por tierra con cuatrocientos hombres y dos 
medios falconetes arrastrados por alguuos indios de Cuba; los de á 
caballo marchaban á la descubierta. Tomando al N. de la posición 
que dejaban, siguiendo por la arenosa playa, debieron encontrar su- 



(1) Bemol Díaz, cap. XLIV. 

(2) Bemal Díaz, loco cit. 

(3) Para determinar la marcha de los conquistadores á lo largo de la costa del ac- 
tual Efitado de Veracruz, tenemos á la vista dos planos, copias de los dos originales 
pertenecientes al Sr. D. Joaquín García Icazbalceta, mandaflosel año 1580 al rey Fe- 
lipe II por el alcalde mayor Alvaro Patino: formados á ojo, dibujados de una manera 
tosca á la pluma, si no son de utilidad para ñjar los rumbos y distancias, sirven de un 
modo cumplido para dar la situación respectiva de los lugares y conocer todos los pue- 
blos existentes entonces, ya hoy desaparecidos. £1 asiento de la primera Villa Aica 
de la Vera Cruz, es decir, de la fundada en el arenal, está señalado con el nombre, 
Sájuan de lúa, ocupando más ó menos el sitio de la ciudad actual de Veracruz. Es- 
ta primera puebla, que súlo constaba da chozas de ramas, fué desamparada y perdi- 
da al internarse los conquistadores en busca del punto encontrado por Montejo. Se- 
gunda Villa Bica de la Veracruz, fué la situada en el puerto de Bemal, aquel mismo 
afio 1519, de la cual hablaremos adelante, durando en aquel sitio hasta fines de 1523 
ó principios de 1524, en que D. Hernando Cortés la hizo trasladar oriUaa del rio 
Hoitsilapan, después Canoas y hoy de la Antigua, desapareciendo también. Esta 
teroem puebla, llamada igualmente Villa Bica de la Veracruz, se fundo sobre la mar- 
gen izquierda á una legua corta de la desembocadura del rio Canoas; sirvió de pner- 
tb 7 de oabeceza de la provincia. En los afios siguientes á esta tercera f undacian, en 
él sitio primitiyo del are.nal, había algunos pequeños edificios en que se depoátabaa 



150 

cesivamento el rio de Enmedio j el arroyo del Aguacate, corrientes 
qne se precipitan en la mar después de breve curso, no mencionadas 
en las relaciones. Detenidos por un rio crecido, pues debía ser el 
mes de Junio, bajaron hasta cerca de la desembocadura,, vadeándo- 
le en balsas, en unas canoas rotas y á nado quienes supieron: (1) re- 
montaron por la orilla izquierda, internándose hacia el O., sin saber 
el camino de Cempoalla á donde se dirijían, hasta llegar á un pue- 
blo pequeño, á la sazón desamparado. No encontraron habitantes ni 
alimentos, pero descubrieron los restos de los sacrificios humanos, 
los instrumentos para aquella crueldad, incensarios, libros con pin- 
turas geroglificas, teocalli con sus ídolos. La desaparición de los 
naturales se explica fácilmente. Aunque los invasores se creían 
abandonados, multitud de espías los asechaban de continuo, ya pa- 
ra dar cuenta diaria en Iléxico de sus menores movimientos, ya 
para dar noticia en los pueblos cuando á éstos se acercaran. Toma- 
las mercancías traídas por los buques, q v do preferencia buscabaa el fondeadero 
de San Juan de Uliía. ** El afio de 1572, no tenía aun forma de ciudad la Nueva Ve- 
*' raoruz. Solamente había algunas bodegas y almacenes en la playa para la guarda 
" de algunas efectos que no podían tan prontamente transportarse á la Yetsaruz 
*' Vieja, y un hospital que poco antes había hecho edificar D, Martin Enriquez.** 
Alegre, Hist. de la Comp. de Jesús en Nueva Espafta, México, 1841, tom. 1, pág. 
52. — Hacia fines del siglo XVI, lo ahí construido llevaba el nombre de Ventas de 
Buitrón. Por fin, aquí mismo, por drden de Felipe II, poco antes de su znoerie, 
fundó la Iñieva Veracnu el virey conde de Monterey, año 1599; es decir, retomó la 
puebla á ocupar su lugar primero. Esto dice Lerdo de Tejada en sus Apuntes histó- 
xicoB de Veracruz, tom. 1» pág, 114; más en la Estadística del Estado libre y sobera- 
no de Veracruz encontramos que la puebla obtuj^o los privilegios de ciudad en 1615, 
" aunque su establecimiento fué el de 1690; y su cuerpo municipal primero que se 
"instaló en México, fechó su primer acuerdo el 7 de Marzo de 1601, habiendo con- 
" tinuado invariablemente con el carácter de capital de provincia.*' (pág> 58^, — 
Consezvó por algún tiempo el nombre de Nueva Veracruz, haata quedar con el tiem- 
po en sólo Veracruz, como hoy se la conoce; la tercera ViUa Rica no se despobló, 
subsistiendo actualmente con la denominación de la Antigua. Tal es en compendio 
la historia de la primera villa fundada por los conquistadores en nuestra patria. 

(1^ Bemal Biaz, cap. XIJV, fija la situación del rio, diciendo: *'y llegamos ¿ nn 
rio donde está poblada ahora la Veracruz." (La Antigua) — ^El MS. del alcalde mayor 
Patifio, refiriéndose á esta misma corriente, dice: " porque ademas del rio de esta 
" oiadad que los indios llaman fftUeüapa (Huitzilapan) á quien los espafioles Uanui. 
*' rcm al principio rio de canoa» y agora Uaman en toda la tierra rio de la o^rodrue, 
" por ser el principal pueblo que hay en su ribera." — ^Hoy es conocido bajo la deno» 
minadon del rio de la Antigua. 



151 

ron al siguiente dia por nna sabana llena de verdura; en la cual pa- 
cían algunos venados, tras uno de ellos corrió Pedro de Alvarado 
en su yegua alazana, más aunque logró darle una lanzada, escapó 
ocultándose en el monte. Ahí los encontraron doce totonaca, quie- 
nes presentaron á los castellanos algunos bastimentos, rogándoles, 
de parte de su señor, fuesen á Cempoalla, distante camino de un 
sol; Cortés se lo agradeció, ^pernoctando aquella noche en otro pue- 
blo también desamparado. Volvieron á encontiar las señales de los 
sacrificios, ofrecidos, bien para aplacar á los nuevos dioses, ó pedir 
favor á los antiguos. (1) 

De los doce mensajeros seis fueron enviados á Cempoalla para 
avisar de la próxima llegada de los castellanos, quedando los seis 
restantes para servir de guías. El ejército se puso en marcha en 
son de guerra, dispuesto á repeler toda agresión; atravesó por un 
vado el rio Chachalacas, siguió un camino practicable por medio de 
campos cultivados, poniéndose al fin á vista de la ciudad. A corta 
distancia salieron veinte principales á dar la bienvenida, regalaron 
á Cortés 7 á los de á caballo frutas j flores, diciendo á Cortés que 
su señor no había salido á recibirlos por estar imposibilitado, mas 
los esperaba en sus aposentos. Uno de los jinetes corredores del 
campo que se acercó á los edificios, volvió á rienda suelta para decir 
á Cortés que las paredes de las casas eran de plata bruñida; Agui- 
lar y Marina explicaron sería yeso ó cal, como en efecto apareció 
después, con gran risa de los soldados y confusión del jinete. ''Creo 
" que con la imaginación que llevaban y buenos deseos, todo se les 
" antojaba plata y oro lo que relucía.^^ (2) A medida que se aeercaban 
salía á su encuentro mayor número de gente, mezclándose algunas 
señoras que x>or su traje parecían principales; en las calles creció el 
gentío que confiadamente se confundía con los soldados, siendo in- 
mensa la muchedumbre en la plaza principal: naturales y extran- 
jeros se maravillaban mutuamente de verse, pues para ambos el es- 



(1) Gomara, Crdn. cap. XXXII.— Bemal Díaz, cap. XLIV.— Las crónicas oallan 
el nombre de estos dos pueblos. Consultando los planos del alcalde mayor Fatilio » 
Ittdos poblaciones que pudieran eonyenir, situadas entre los rios de la Antigua y 
de Chachalacas, llevan la una el nombre de hígtalpan 6 TUseaXpan y la otra el de TO' 
noft^wo. Pase esto como simple conjetura, fundada no obstante en la presencia de 
lof loísmos pueblos, hoy desaparecidos. 

(2) Gomara, cap. XXXn.— Bemal Díaz, cap. XLV. 



' 



152 

pectáculo 66 presentaba por primera vez« Llegados al patio del teo- 
callí mayor, salió de su palacio el señor, sostenido de los brazos por 
dos nobles; era persona muy obesa, de movimientos lentos, razón 
por la cual le pusieron el cacique gordo: hizo su acatamiento á Ger- 
tés, le zahumó en señal de reverencia, dióle la bienvenida, retirán- 
dose después de haber sido abrazado por Don Hernando. Los cas- 
tellanos como dioses fueron alojados en el teooalli y sas viviendas; el 
general dispuso poner la artillería á la puerta, que los soldados estu- 
viesen á punto, prohibiendo pena de la vida ninguno se separase del 
atrio. Fueles servida una abundante comida, formando parte mu- 
chos cestos de ciruelas, que como todo pareció bien á los necesita- 
dos caminantes. (1) 

Acabado el refrigerio, pidió licencia el cacique gordo para hablar 
á Cortés; otorgósele y vino acompañado de muchos nobles en sus 
trajes de gala, trayendo un presente de joyas de oro y mantas, el 
cual ofreció disculpando la pobreza, y diciendo diera mucho más si le 
tuviera. La conversación tenia lugar por medio de los farautes, lo que 
importaba que los discursos pasaran sucesivamente por el caste- 
llano, maya, nahoa y totonaco. Agradeció Don Hernando el regalo, 
prometiendo pagarle en buenas obras, pues ellos eran vasallos de un 
gran señor, dueño de muchos reinos y señoríos, quien les enviaba 
*'para deshacer agravios y castigar á los malos y mandar que no sa- 
crificasen mas ánimas,*' prosiguiendo en declarar las cosas tocantes 
á la f é cristiana, con la inutilidad de los ídolos y horror que debía 
tenérseles. Al oir el cacique gordo lo de castigar á los malos, arrojó 
profundas suspiros, quejándose amargamente de Motecuhzoma, de 
quien hace poco tiempo están sojuzgados, sufrieAdo tantas vejacio- 
nj&s que no puede sufrirlas sino á la fuerza, pues el emperador az- 
teca es fuerte y poderoso. Respondióle Cortés, que por lo pronto no 
podía entender en ello, mas que el haría que dentro de pronto fue- 
sen desagraviados; pero que teniendo por entonces que ir á verá 
los navios, se dirijía á duiahuiztla, y hablarían después más despa- 
cio. (2) 



(1) Bemal Díaz, cap. XLV.— Gomara, Crón. cap. XXXI 1.— Herrera, dcc. £1, lib. 
V, cap. Vm. — Torquemada, lib. IV, cap. XIX, 

(2) Bemal Díaz, cap, XLV. Seguimos en esto de preferencia la narración del sol- 
dado cronista, quien contradice á Gomara. 



153 

CempoaUa, 6 mejor Cenpohualla. era cabecera de uno de los seño- 
ríos en que á la sazón estaban divididos los totonaca; por el cálcu- 
lo más bajo contaba 26,000 vecinos, quedando en su jurisdicción 
más de treinta pueblos. Muchas de las casas eran de cal y canto, 
encaladas las paredes y bruñidas hasta aparecer de lejos como de 
plata; tenía espacioso teocalli con viviendas para los papas; tecpan 
6 palacio muy capaz; el resto de las casas de adobe estaban techa- 
das de zacate. Con plaza principal y otra para el tianquiztli ó mer- 
cado, los edificios quedaban, distribuidos en calles, entre huertos 
y jaixlines, dando al conjunto el aspecto de un verdadero verjel. Era 
la mayor ciudad vista hasta entonces por los castellanos en nuestro 
país, por lo cual, complacidos así del hermoso aspecto del lugar, co- 
mo del agradable recibimiento recibido, le pusieron Sevilla por el 
tama£o y Yillaviciosa por la abundancia de frutas y esplendor do 
la vegetación. (1) 

Solo un dia permanecieron los castellanos en la ciudad, saliendo 
al dia siguiente en dirección á duia^huiztla. Al emprender la mar- 
cha fueron puestos á sus órdenes cuatrocientos tam'ene^ que entre 
aquellos pueblos reemplazaban á las bestias de carga, dispuestos 
para llevar á cuestas el fardaje: impuestos los castellanos de ser es- 

(1) Cenpoal, Cenipoal con sas demás variantos corresponden al nombro Gempoal- 
la. Según los mapas MSS. del alcalde Alvaro Patino, estaba situado entre dos ríos, 
que conforme á Id relación MS del mismo alcalde mayor se nombraban Cfiachalaca y 
CenpocU; la puebla quedaba situada á legua 6 legua y media de la mar, dos tiros de 
'bdlksta do la orilla izquierda del Chachalaca y cinco leguas de Chiahuiztla. — Lo mis- 
mo nos dice esta noticia: '* La capital de Zempoala, de la cual solo ha quedado la 
"memoria consignada en los anales históricos, era una población grande y de vista 
" muy hermosa, situada entre dos ríos que fertilizaban la campaña, los cuales son 
" conocidos hoy con los nombres de Actopan y San Carlos, cuyos desagües á la mar, 
"forman las barras de Juan Ángel y Chachalacas." Estadística de Veracruz, pág. 
• 57.— Así, el río Chachalacas llámase ahora San Carlos, mientras el Cempoalla se de- 
nomina do Actopan ó de Juan Ángel. £n 1580 decía Patino en su relación MS. : 
"cempoalla un lugar famoso é de los prímeros que acudieron ¿ la amistad é buen 
''acogimiento ^e los espafioles questá dos leguas de la Veracruz fAntig^a) hacia la 
"banda del norte e fué según es fama pueblo de veinte mil vecinos y ahora ap<ínas 
"tiene treinta casas.*' — ^La ciudad siguió disminuyendo hasta quedar en sólo dos ó 
tres vecinos, que al verificarse la congregación de los pueblos por el virey conde de 
Monterey f nerón trasportados á un lugar de la doctrina de Jalapa, quedando aban* 
donada y yerma la población: el siüo fue repartido en estancias para labranzas. Tor- 
qoemadAí lib. IV, cap. XIX. — Poco tiempo hace quedaban vestigios de los edificios, 
con montones de tierra restos del teocalli. La punta al Sur de la desembocadura del 
Actopan, conserva todavía el nombre d<i punta de Cempoalla. 

TOM. IV. — ^20 



154 

ta oostambre del país, cuidaron en lo de adelante de exigir el mis* 
mo servicio en todos los pueblos. (1) Aquella noche pernoctaron en 
un pueblo desamparado á donde los cempoalteca trajeron de cenar, 
llegando á las diez de la mañana del dia inmediato delante de duia- 
huiztla. (2) Treparon á punto de guerra las agrias cuestas que al 
pueblo conduelan, extrañando no ver á los habitantes; penetrando 
por las desiertas calles, al llegar cerca del teocalli salieron quince 
sacerdotes con braseríllos en las manos, zahumaron á Cortés y sol- 
dados inmediatos, diciendo al capitán les perdonase de no haber sa- 
lido á recibirle, porque los vecinos habían huido de miedo; más aho- 
ra que sabían de sus pacíficas intenciones reposasen, seguros de que 
los pobladores retomarían tranquilamente aquella misma noche. 
Cortés les mostró cariño, dijoles la relación acostumbrada de las in- 
tenciones con que venía, del poder del emperador Don Carlos, de la 
falsedad de los ídolos y excelencias del cristianismo, acabando por 
regalarles cuentas verdes y otras cosillas, pagadas por los papas con 
gallinas y^pan de maiz. 

Conversaba Cortés en la plaza con el señor de duiahuiztlan, cuan- 
do vinieron, ciertos mensajeros avisando se acercaba el señor de Cem- 
poalla; en efecto, presentóse á poco conducido en unas andas á hom- 
bros de los principales de su pueblo. Los tres reunidos, comenzaron 
las quejas de los dos nobles contra Motecuhzoma, ponderando con 
lágrimas y suspiros cuantos males resentían; lo excesivo de los tri- 
butos y la crueldad con que eran exigidos; cómo les pedían á hijos 
é hijas ya para sacrificar, ya para trabajar en las sementeras, lle- 
vando á tanto la insolencia los recaudadores, que tomaban á las mu- 
jeres hermosas haciéndolas servir por fuerza á sus placeres: iguales 
desmanes acontecían por todos los pueblos totonaca. D» Hernando 
los consoló del mejor modo posible, prometiéndoles los favorecería en 
cuanto pudiese, quitándoles de aquellos robos y agravios," y con es- 
taspalabras recibieron algún contento, más no se les aseguraba el co- 



(1) Bemal Díaz, cap. XLV. 

(2) Llámanle los autores Quiabuitlan, QoianisÜan, Chlanitztla^ ChiauizÜa &c. Ko 
consta en los planos MSS. de Patifio, lo cual, fuera de no ser omisión, indica quo 
para 1580 había desaparecido. Acerca de su posición nos dice Berna! Díaz, cap. 
XLVI, qne estaba, «'entre grandes pefiasoos y mny altas onestas/y si hubiera reris- 
tencia era mala de tomar." — ^Distaba una legua de la mar. 



166 

• 

2on con el gran temor qae tenían á los mexicanos. (1) En la pláti- 
ca estaban, cuando se acercaron unos indios participando que esta- 
ban próximos los recaudadores de Motecuhzoma. Temblando y 
perdida la color, los sefiores dejaron intempestivamente á Cortés 
paro salir al encuentro de aquellos terribles funcionarios, haciéndo- 
les preparar inmediatamente aposentos decentes y suculenta comi- 
da. Los cinco altivos recaudadores traían el pelo atado con una 
cinta roja sobre la coronilla de la cabeza, en señal de caballeros; ri- 
cas y pintadas mantas á los hombros é iguales mcLxtl<Ul\ olían des- 
deñosamente las rosas que en la mano llevaban, mientras sus cria- 
dos y sirvientes los cubrían con grandes mosqueadores de plumas: 
con reposado andar apoyados en los grandes bordones negros, signo de 
BU autoridad, atravesaron las calles, pasaron altivamente delante de 
If» castellanos como si abí no estuvieran, metiéndose á comer al 
alojamiento preparado. Terminada la comida, mandaron llamar al 
señor del lugar y al de Cempoalla con los demás principales, recon- 
viniéndoles agriamente por haber recibido y aposentado á los extran- 
jeros sin permiso de Motecuhzoma; los amenazaron por aquel acto 
de desobediencia, exigiendo les diesen en el acto veinte personas en- 
tre hombres y mujeres para sacrificar á los diosos, (2) Sin duda 
que aquellos funcionarios obraban por órdenes del emperador, pues 
de otra manera no se hubieran atrevido á presentarse en donde es- 
taban los extranjeros; trataron á éstos con desvío porque los méxi- 
ca habían roto relaciones con ellos, y venían á hacer alarde de su 
poder sobre los pueblos vencidos, á fin de evitar relaciones peligro- 
sas. Informados por los espías de la entrada de los castellanos á 
Cempoalla se dirijieron para aquella ciudad; al saberlo el cacique 
gordo vino á refugiarse á Q^uiahuiztla entre los extranjeros, y ahí le 
siguieron los recaudadores. 

Extrañando Cortés que los indios no volvieran, fué informado 
por Marina de lo que pasaba. AI instante hizo llamar al cacique 
gordo y oyendo de su boca el relato de lo acontecido, le dijo, que 
pues el rey su señor le h|ibía mandado á castigar los malos y no 
consentir en sacrificios ni robos, puesto que los recaudadores pre- 
tendían robar y llevar hombres y mujeres para matar, no lo con- 

(1) Benud Díaz oap. XLTL 

(2) Bemal Díaz, oap. XLVI.— Heirera, déo. II, tíb V, cap. X.— Torqnemada, lib. 
IV, cap. XXI.— Gomara, Orón., cap. XXXIV. 



166 

sintieran, 7 antes bien los pusieran presos hasta que Motechiusoma 
fuera informado de ello. Espantáronse los oaciques, pues les pare- 
cía tan inaudito atrevimiento que no se resolverían á ejecutarlo; 
Cortés insistió 7 porñó, hasta que perdido todo respeto se abalan- 
zaron á los recaudadores poniéndoles colleras y en el cepo de pies; 
uno de ellos hizo valiente resistencia y hartáronle á palos. Roto el 
dique se desbordará la corriente. Cortés ordenó á los caciques no 
dieran en adelante tributo ni obediencia á Motecuhzoma, que esto 
mismo publicasen en todos los pueblos del Totonacapan, y que si 
algunos otros recaudadores existiesen le dieran aviso para mandar 
por ellos. Tan estupenda nueva so derramó rápidamente por toda 
la provincia, comunicada no sólo por los mensajeros despachados al 
intento por el cacique gordo, sino por los nobles y sirvientes de la 
compañía de los méxicas quienes huyeron asombrados de tan tr%( 
mendo caso. Maravillados de acción tal, imposible de ser ejecutada 
por hombre humano contra el deífico emperador, sólo pudieron atri- 
buirla Á seres sobrenaturales, á los dioses blancos y barbados que 
esperaban, y desde entonces dieron en nombrar teules á los extran* 
jeros. (1) 

Los totonaca pretendieron matar á los presos, más Cortés se opu- 
so, mandándoles mantener en prisión con buena guarda, y á fin de 
que no se escapasen puso también algunos de sus soldados. Ade- 
lantada la noche, dio orden á los castellanos veladores, que sin ser 
sentidos de los indios le trajesen los dos prisioneros más inteligen- 
tes por la apariencia, ejecutado así, estando en su aposento, hacién- 
dose el desentendido, les preguntó por medio de los intérpretes 
¿quiénes eran y por qué estaban presos? Por bárbaros que se supon- 
gan á los méxica, no podían serlo hasta no atinar con lo visto con 
sus propios ojos, así respondieron, que los caciques de Cempoalla y 
de aquel pueblo los prendieron, con su favor y el de sus soldados, 
pues por ellos mismos no lo intentarían. Cortés replicó estar de to- 



(1) Bemal Daz, cap. XLVII. *'E viendo cosas taií maravillosas é de tanto peso pa- 
" ra ellos, dijeron que no osaran hacer aquello hombres humanos, sino teules, que 
"asi llaman á sus ídolos en que adraban; 4 á esta eaasa desde allí adelante nos Ua- 
" marón teules que es, como he dicho, 6 dioses ó demonios; y cuando dijere en esta 
" relación teules en cosas que han de ser tocadas nuestras personas, sepan que se di- 
«oepor nosotros."— 7k4¿M, palabra estropeada del singular teoU ó tmU, dios» en 
mexicano, puesta en plural según la formación castellana. 



167 

I 

do igeerante y pesarle mucho lo acontecido. Di6les de cenar, hisso- 
les mtiéhos halagos, prometiéndoles iba á ponerlos en libertad para 
cpie fnesen á decir á, Motecnhsoma, qué los castellanos eran sus 
buenos y grandes amigos; si á tierras de los totonaca habían veni- 
do, culpa era del emperador quien les dejó sin víveres en la playa, 
haciendo retirar á Teuhtlilli y Ciutlalpitoc; desaprobada la con- 
ducta de los caciques totonaca, por la cual les habla reSíido, él de 
su voluntad ks devolvía la libertad para evitar fuesen muertos, y 
cuidarla de los tres sus compafieros, é quiénes soltaría en tiempo 
oportuno: que huyan presto, no los vayan á prender de nuevo y los 
maten. Agradeciéronlo los recaudadores, observMido que para huir 
hablan de pasar por tierras de los totonaca: Cortés los hizo condu- 
cir á la playa, meter en un batel con seis hombres y conducirlos por 
la mar fuera de la jurisdicción de Cempoalla. (1) 

Llegado el dia y advertida por los caciques la evasión de lo^ dos 
recaudadores, pretendieron sacrificar los otroe tres. Impidiólo Cor- 
tés, rífiendo á los totonaca por el descuido que hablan tenido dejan- 
do escapar los presos; bajo pretesto de evitar la fuga de los demás 
hizo traer de las naves una cadena á la cual los amarró, haciéndolos 
conducir luego á los naos para mayor seguridad; pero llegados ahí 
les hizo quitar las prisiones, los halagó, echando la culpa de lo acae- 
cido á los totonaca, ofreciéndoles ponerlos en libertad para regresar á 
México. Cortés se burlaba de los indios á más y mejor; pero en ver- 
dad, aquello no era política sino perfidia. (2) El desacato cometido 
por los totonaca era de aquella clase que nunca habla quedado im- 
pune. Comprendiéndolo así, los señores de Cempoalla, duiahuiztla 
y otros lugares vinieron á D. Hernando significándole el peligro en 
que se encontraban de ser castigados por el emperador; contestóles 
el capitán, que antes de determinarse á dar un paso lo pensasen 
maduramente; debían tener en cuenta el gran poder de Motecuhzo- 
ma, quien podría destruirlos; más si á pesar de ello intentaban re- 
belarse, él sería su capitán, pues razón era defender á sus amigos y 

(1) Benial Díaz, cap. XLYI I.— Herrera, déo. II, lib. V, cap. XL— Torqaemada, 
Hb. IV, cap. XX.— Ckmi. Gran. oap. XXXV. 

(2) El oomentario de Solís, cap. IX, dice: 'agrande artíñce de medir lo que diapo- 
nía ocn lo que recelaba, y prudente capitán el que sabe caminar en aloanoe de Uw 
eantmgencias/y madrugar con ^ discurso para quitar la fueras á la novedad á los 

sucesos.'^ 



168 

amar á quienes le amaban. Pusiéronse á conferenoiar los totonaca, 
dividiéndose en opiniones: pensaban los unos pedir perdón al empe- 
rador sujetándose rendidos; ios otros, y fueron los más, prevalecie- 
ron opinando por saoudir el yugo con el auxilio de los teules. To- 
mada esta determinación preguntóles cuántos hombres podrían le- 
^fkhtar de pelea; respondieron]¡que cien mil. D. Hernando les previno 
los tuviesen aparejados para la gueira, pues si bien él no los babía 
menester para su ayuda, bastando con los suyos contra el poder de 
Culhna, ellos los debían tener á punto para su propia defensa, de- 
biendo darle aviso cuando se presentasen los mézica. Descansando 
en aquellas promesas, los serranos totonaca se insurreccionaron, ne- 
gando resueltamente tributo y obediencia á Motecuhsoma, arrojan- 
do de sus tierras á los recaudadores y empleados méxica; confede- 
ráronse con los castellanos, y á fín de hacer más firme la alianza 
se reconccieron por vasallos de los reyes de Castilla. De todo ello 
pidió testimonio D. Hernando el escribano Diego Gedoy. (1) 

Por un acto impremeditado, siendo juguete de la astucia los mon- 
tañeses y broncos totonaca se precipitaron á la insurrección. No sa- 
bían lo que iban á ganar, calculando sólo en salir de un apuro. En 



(1) Cromara, Crón., cap. XXXVI.— Bemal Díaz, cap. XLVIL— Herrera, déc., II 
lib. V, cap. XI. — Torquemada, lib. IV, cap. XXII. — ^Acerca do estos acontecimien- 
tos se explica D. Hernando de esta manera, en la pregunta 93 de sn interrogatorio, 
''ítem: ai saben que de los naturales de Campual (Cempual) é de todos los de la tie 
rra 6 costa, que Uaman los Tolona, fué informado quellos estaban opresos é tiraniza- 
dos por el dicho Montezuma, é que contra su voluntad é por fuerza le servían, por- 
que los había conquistado por guerrra; 6 sí saben quel dicho Don Hernando Cortés 
tobo ciertas formas é maneras para facer que toda esta zente, que es mucha canti- 
dad, que á la sazón heían más de mil hombres de guerra, se desyengonzase é rebe- 
lasen del servicio del dicho Honteznma, dándoles el dicho Don Hernando Cortés 
favor para ello, de secreto; é por otra parte, imbiando mensazeros al dicho ^tonte- 
zuma, é disciéndole que le pesaba de lo que aquellos facían, pero quél iba á verle, é 
desque se viesen, darían hórden como todos les sirviesen é .obedescieeen muy me- 
xor que antes, porque ansí lo traya mandado por S, M. é no vemía á otra cosa; é A 
saben questa discordia é alzamiento desta zente, fué mucha parte para la siguridad 
del dioho Don Hernando Cortés é de los que con él pasaron; porque fué con él mu- 
cha zente deUoff, la tierra adentro, ansí de guena como para les llevar el f ardaxe é 
dalles bastimentos; é que todo fué muy gran parte para lo que adelante sucedió.'- 
<Doc. inéd, tom. XXVII, pág. 338.)— La palabra tolofu nos parece una maU traduo' 
oion paleográfloa de la palabra taUma, oompuesta de Man, xadioal de totonaca» afia- 
dida una 8 para darle la forma] de plural castellano. El nombre tolont se onouentra 
repetido en otros lugares del proceso. 



159 

honor á la tirania de Io8 méxica, se ponían bajo la dependencia de 
desconocidos eztrangeros. Para recobrar la libertad perdida, juraban 
obediencia á un monarca incógnito. Consejos fueron del odio y no 
de la razón. En cuanto á Crortós no sólo era ya duefio de los secre- 
tos del imperio, sino que, adquirida la autoridad de dioses, contaba 
con la primera provincia rebelada. 

Extendióse con suma celeridad por toda la tierra la noticia de 
aquella gente extraña, causando profunda alteración en los ánimos; 
DO era el miedo de perder sus haciendas, sino pensar iba á acabarse 
el mundo, debiendo perecer aquella generación: los hombres más 
poderosos determinaban ir con sus familias á ocultarse en las mon- 
taiias mientras pasaba la cólera de los dioses, anunciada por las pro- 
fecías y los prodigios. Motecuhzoma, apocado y cobarde, hacía con- 
sultar á sus ídolos si los recien llegados eran por fin hombres ó dio- 
ses: los númenes ó más bien los sacerdotes no sabían responder. 
Hombres parecían por el aspecto y manera de vivir; en derribar los 
ídolos parecían gentes bestiales, sobre las cuales caería la cólera ce- 
leste; ademas, si dioses fueran, no maltratarían á sus hermanos. 
Pero teniendo en cuenta las profecías, no quedaba la menor duda 
en ser divinidades; blancos y barbados, venían en animales extra- 
ños nunca vistos ni conocidos; no traían mujeres, sino sólo una co- 
mo diosa, la cual hablaba la lengua nahoa, lo cual no podía ser sino 
por milagro, pues Marina era extranjera; á presencia de una balles- 
ta y de una espada llevada á Motecuhzoma, discurrió ser incapa- 
ces los simples mortales de manejar aquellas armas; cañones y ar- 
cabuces eran truenos y rayos del cielo; pocos eran, y su numero no 
los espantaba; pero seres sobrenaturales debían de ser, ya que te- 
nían la osadía de pretender venir á México; y se atrevían contra la 
majestad del imperio. (1) En estas niñerías se ocupaba Motecuh- 
zuma, en lugar de arder en ira por el ultraje de los totonaca; en su 
orgullo se imaginaba seres divinos á quienes i^e atrevían á su alta 
majestad: inerte ó cuando más vacilante, sólo estaba atento en ga- 
nar unos cuatro dias más para su miserable reinado. 

(l) Herrera, déc. II, lib. V. cap. XI.—Torquemada, lib. IV, cap. XXÍf. 



^•^ 



CAPITULO VIII. 



MOTBCUHZOMA XOCOTOTZIN. — CAOAMA. 



Segundo asiento de la Villa Mica,^Nuei>a embqfada de los inéxica,^ExpedieÍ9n con- 
tra Tisapantdnoo. — Cortés derroca los Ídolos en Cempoalla.'^J^omln'amiento de 
procuradores. — Cartas dirigidas al emperador, — Nuefoo complot, — Castigo de los 
culpados, ^Destrucción de la flota,— Partida de los procuradores,— Juan Ponce de 
León. — Francisco de Qaaray.—'Las na/ces de Alonso Almrez de Pineda, 

Iacatl 1519. Terminados los conciertos con los totonaca, puso 
Cortés por obra irse al lugar en donde estaban las naos, para 
establecer la villa fundada, en la costa de San Juan. JBl lugar esco- 
gido fué á media legiia de duizhuiztla y media del puerto del nom- 
bre feo de Bernal, en unos llanos abundosos en agua, cerca de unas 
salinas. Trazóse iglesia, casa de regimiento, plaza, atarazanas, ca- 
sa de munición; sefialáronse solares para los vecinos, con una forta- 
leza de tapias para servir de defensa, caso de guerra. Púsose mano 
á la obra dando el ejemplo los capitanes y el general en acarrear 
los materiales, si bien los indios confederados tuvieron de su cuen- 
ta traer ramas, madera y piedra. Este fué el segundo asiento de la 



161 

Tilla Rica de la Veraoruz, y aunque pequefia, la fortaleca nrviS de 
base á las operaciones mAitaree sabsecuetítes, 4e puota ^ retiñida 
caso dé un revés, de Tefúgie por euMnodspara ettfermovy foóolia* 
tos, al mismo tiempo que de respetéé los totcnaaa'yde ataSaya:pa<> 
ra lo que pudiera presentarse- por -Ift túár, {!) Conformé á lacod* 
tumbre adoptada por los con^uÍBtatfoim, ai po^o de Oasaháistla 
llamaron Archidoña. (2) '. . ^ r ■■ ' 

(1) El asiento á& Misegiaids Villa Slstt ha dado oetíro i&taüm dimsioiitti. En 
elpImoHSwdj» BfttÜQilCiSp, noapar^oe&Qráluustla;^!* Vera (^mz; misen la 
relactoa se (^c^. "Ep, qnanto el segando capítulo se rresponde que según se collige 
de las historias deste rreyno y de la tradición y fama piíblicaque ay en él la prime* 
ra entrada qoe en esta proVinoialiieteron los et^NkSoIes taé eerca.de k>s afios def Se* 
noat de 1519^ alendo sa cafíitan general fieniaado Cortear^ el qnal fué porot^gniendo 
el desimhrimianto que avian hecho de la provincia de yucatan e' tauasco cittriendo 
la costa desta nueva espacia más háoia el norte vino á tomar puerto en el sitio que 
agora se dize villarrica la vieja y aUí salió en tierra codI tod» su gente y lun'dd nn 
pueblo en la costa' de la mar m^nos de media legua ilal agua á quien Uanó Ja vi^a 
nica de la vela ema» por aver dadp f ovido en aquel puerto é tomado tierra en bier- 
nea santo, el qual pueblo se fundó obra de diez leguas de donde agora está fundada 
la ciudad de la vera cruz, (Antigua) hacia la parte del norte é sirvió de puerto y es- 
cala para los nabios que á este rreyno benían durante él tiempo de su oonquiBta y 
algunos cEUus más pero visto que hera peqaafio puerto y poeoaegnxpipan loa nance 
por la fuerza grande de los nortes é qne estftva descubierto los cuáles yi^ntos.en est% 
costa ison muy hordinarios y vehementísimos como se dirá en el capítulo tres, se 
dló hórden como los navios fuesen á surgir al puerto de saii juan deulúa por lo quál 
loe vadnos de la villa rrica de la vera cms se pasaron ábSÓTotM poblar en el sitio 
questa aora esta dudad (Antigua) por gomr de la comodidad qnes^ mp lea ofrecía, 
paia tcaer á el en barcas las meroaderias y catga de los naos," etc. ^— Gomo se ad- 
vierte, la relación confunde la primera con la segunda Verácruz, si bien la historia 
conresponde exactamente á la de Qiiiahuíztla.-^Gn un mapa anti£^,'fórínad6elafi0 
1527i dedicado á Carlos V., y publioado en Weimar.G«c«ra]iii«4iaaI«8tjMti; lÜSSpi 
se encuentra la Veia t -en . la'8i|»:^€in 4^ B^^sti^. ^ ^^Afi^^detarmiiuido por tpia 
peqiiefia isla, la cual de encuentra, igualmente en, lo^ jálanos de Patifio. Partiendo de 
esta indicación, el puerto de Bemol conserva tbdávM síü nombre y es conocido.-^ 
"Desde Chachalacas continiía al mismo mnlbo otrtls séftstiúllflS'láifl^ has(a>la pmi. 
tft de Zempoala, fohnando entire hu* «doa algttn aacoipvac^ «Qt.|.en.el0iUdy 4dJSp 
tanda de tres millas desemboca «1 rí^.de Juan ^.^geL .Dc^sde Eempoala roba la cos- 
ta al O., formando una regular ensenada con la punta de Bemal, que corre con la 
anterior al K. 21'* O., y dista de ella como diez millas. Esta punta de Bemal demo- 
la desde Veracruz N. 29"* 28' O."— "A la parte del S. de la punta dé B^hial; y á dls¿ 
tanoia como de una milla, hay un islote Üamádo Bémál chico, ^ué deiñoraigoaU 
mente de Veraomz al N. 81° 52' O**— Derrotero de las islas AntSUas^ México, 1S26^ 
P^' 473.— La misma posición le encuentro á la Villa Bica, en un pUmo ]^f <>.• que 
ne ha comunioado el Sr. D. Ángel Nuñez. 
(S) **Lo que sabe de la pregunta^ es, que dende » pocos diaa questa laatigo llego 



162 

Betaado aa k úoiiBtniccioa de la vijiU Ueg6 auer^ embajada de 
Moteeahaoma, oompoeeta de dos jdveDei 8QbiÍ9os sqjob, coq cuatto 
aól^isBief i|M les ewvien de eonNgeixw, más oa .^eii número de ta- 
miz»; A la netioia de la prifiion de I00 cecaudadojcee y sableyaclon 
de ket<AoBftQa, el emferarior se había eEeexuUdo al finen ira, dispo- 
aieiNb imitiieideetojémto* peía aasticftr 4 los aulpados, á la aazon lle- 
garon los dos nobles puestos en libertad, cool lo opal cambió de in- 
tento, enviando aquellos nuevos embajadores. Traían un presente en 
i^ofpas, plomas, joyas y un casca lleno de en» en pepitas como en loa 
ríos se recoje, todo lo cual avaluaron en unos dos mil pesos: dijeron 
á Cortés, "que Moteouhzoma, su sefior, le embiaba el oro de aquel 
casco paro 'SU dolencia, y que le hioiese saber de ella;" (1) dábale 
las gracias por baber puesto en libertad á los dos recaudadores, y 
le suplicaba saltara á los otros tres; con su protección y de los suyos 
se hablan insolentado los totonaca, negando el tributo y la obedien- 
cia, lo cual nmecía severa castigo; pero teniendo en cuenta, '^á que 
" tiene por cierto que somos los que sus antepasados les habían di* 
" cbo que habían de venir é que debemos de ser de stus linajes, y 
^ perqué estamos en oasa de los traidores no los mandó luego des- 
'^trtiir, mas que el tiempo andando no se alabaran da aquellas trai- 
^^ cionea^^ (2) Cortés recibió afbblemente el regalo, contestando oon 
qu^as de Motecuh9;om% por haberle abandonado en la costa de 
San Juan, á cuya causa se vio precisado, á venir entre los totonaca; 
en estos pueblos había recibido honra, por lo cual le manda supli- 
car les perdone el desacato cometido; en lo respectivo al tributo, no 
pueden wtfQgarlo como antes, pues habiendo reconocido al rey de 
Castilla,' no deben reeonecer al mismo tiempo dps señores: de todo 
ello le dará ex|>licacion y harán arreglo, pues está determinado á ir 
á verle y ponerse á sus órdenes lo más pronto posible. Pagó el pre- 
srate een cuentas y bujerías, entregó á los tres presos cuyo libertad 
se le pedia é hiao esearamuceair la caballería: con estos despachos 
despidió á los embajadores. La nueva de aquella embajada ee pro- 

60 la dioha TiQa da ia Vera Cruz pzimeramente poblada, el dicho Don Hernando 
OoctéB |w aposentó en un paeUo alto ques cerca de la dicha yiUa, que los indios tta- 
man QuiabtOmU loaeapaAoles por estar en alio posieron ArcUdona." Doe. ittéá, tett« 
XXVIll, pág. 30. 



(1) Gomsra, Cwátu cap. XSLXVIl. 

(2) Beftud Dúo, cap. XLVIII. 



1«3 

ptlg6 f$íiámí^nt^ por it\ Totonac«ptQ) ccimimtoaado fgaai iscganáad 
i Iw r^lde»; \^n bigM de «ec dastandot, btieaateyqcsos enm tr»> 
Uldoi ^QMi todo sdiiiEimiMito: la toaánabf^ de MetaoahgoiiMi n» ae t>o^ 
día iotoci^Eotair «no poimiieda, jreoa nooa. HfuradMoi tenlesá lot 
bl«M^^ ya que el Qigalktt>'«mf«»dor Iw teida Mqiato y segalabá 
ecmio A nij9(pi]ip á0 lof gwiieaiol^^ (1) 

PoQd despnea yino .& la YiUairiQa el asftov de Oempoalla, quejando- 
ie d^ IM de Teaapantamoo, ^) petque exdprabiia poí .tíenpas^de «m 
rtbditos liaciexda dafio; d pnebb^ei^ .fimiteBá de Iw totanapa^ es- 
taba en fertakssa aúbi» mtceivo y abágobaiiw gaflxmoimí de loi 
mé^poa, Siendo eqiielU lar {uámaia iBz j^aa loa aliaos fe 
ecuEfe, 0$)rté8 leat^ó árdele, aunque, nap^ dfje á les aoldjadoa: 
'^Sabeti, aeñems, qae me paaeee qaa en éodas estaa tiesiaa ya teae- 
^ü^QB fama de eaferaadoi, y por Jo qae ban tíbío estas gentes pot 
'^loB lecaadadoces de Monteznoaa, nt^a tienan por.dioaee 6 per <Maa 
^^como gas ídolos. He pensado que, para que cre^ que uno de nos^ 
" otüoe basta para desbuatar aquilea indios gnetseros qna dicea que 
^^ eatán «n el puebto de la £xfkale^ de ana enemigos, enviemos á He^ 
^^ r^dia el viiyOé^' Bate HeBedia em nn yíssb8Íw> TÍejo,.mal agestado, 
c^ wa if^uíhilladia en la esj», tneita y 'cajo; Haniada por Don ^er^ 
QMdo, dándole ótám, de lo que babía de cgeqptar, le dijo: ^^ como 
9QÍ» tan mal agestado, piaeisán que eois ídolo." Loa totoiiaca se ma* 
wríllaban de que un aolo teule bastara cantea fa» encpñgos, y entre 
asetobradea y dudóaoia marriíanm-oon JESniadia, quien iba l»ciepdo 
iHa^mae y disparalMlo id aire laoseopeta» Segnn lo concertado, al 
llegar al iriot Coütés Ite mandó yoWar i la Tilla, diciándolaa que por 
U^ buena Toluntad qw lee tiene qníene ic ean eUoa^n persona, paca 
lo m^ .diifion^n tamme pasaJleear la artillaste jr fardaje. (3) 

Vendo loa onadrUlenoe 6 sfmákk la gente parn la jocuada, siete 
de los paDQiales d/e yelisqquee, aaaiidilladea por un tal Morón, ee 
negaron irtaneltamenta^ aarweio, alegando estar aaaaados y enfeír 



(1) Bemal Díaz, oap. XLVIIf.— -Ctomara, Orón. oap. XXXTII.— *Herrerai déc. 11, 
l^b. V, caí». XII.— T0rqoemidá, UU ZY, cpip. XXXU. 

<3) KqBftbp«ia i ^^ l^Wf^ Oiii^pafltega, T1jiaiaa < itf> < »y ^aptoMunanem. Slp«e- 
bJo Qo axisto aolmahaente; mas s^ le enctte&tza «n to picaps 1IB8. de Patífio Im^o al 
nombre Tizapanedngo, y estaba situado uuas ocho ó nueve lagoaa al KO. dcí Cma- 
poaUa. Ixtlilzoohitl, Hist. Chicb. cap. 82, corrige Tisapaniánco. 

(3) Bemal Diaz, cap, XLIX.— Herrera, déc. II, lib. V» eap. XH. 



164 

01108, queriendo letomor á la F^raandina en virtad de la licencia 
oonoedida en el ace&al. Llamóloe Oortée badéndoles oaigo por la 
deeobedioDcia, mat ellos- teqieadieroa algo aoberbioe ineistieiido en 
«a detormiziaeioii; aparentando ceder Don Hernando les concedió la 
licencia, eefialAndolte nao en que ee embátoasen, coatí bastimentos 
pocos. Dirijianse muy oontentos lof amotinados ú la s^ar, cuando 
el regimienta de la villa seguido de muchos soldados se presttitó al 
general diciéndol^i que por ninguna vía diese licencia á soldado al- 
guno para salir de la tiena, por no ser eonvenieBto al servicio de 
Dios nuestro Sefior y de su majestad; que quienes asi se iban, con« 
forme á la ley militar merecían pena de muerte, por abandonar en 
tiempo de guerra y peligro, su bandera y jefe. Cortés hizo como que 
pretendía sostener la licenoia,^ hasta que vencido por los requeri- 
mientos del'conscgo revocó la orden. Morón y sus <x>mpa&eroe tor- 
-naion A la villa avergonzados por su cobardía. ^' Y todo fué manea- 
do por Ck)rtés." (1) 

Con cuatrocientos infantes, catorce ginetes y una pieza de artille- 
ría salió Cortés de la YiUarica; yendo á pernoctar en Cempoalla; 
con dos mil auxiliares totonaca, divididos en cuatro caiñtanías, se 
dirijió al dia seguiente sobre Tieapontzineo* Rindió la primera jor« 
nada en el campo, poniéndose durante la segunda á la vista dtíí 
pueblo. Ai comenzará trepar la altura sobre que estaba situado, 
salieroa odio principales y papas, quienes llorando dijeron al gene- 
ral, que no les hiciera daño ni destruyera; verdad eia habex existí* 
do ahí guarnición méxica, maV ya llevaba dias de beberse retirado; 
la enemistad de loe de Cempoalla provenía dé las diferencias que 
traían por motivo de téminos^y lÍAderosde tierras» Oomprendió en- 
tonces Don Hernanda haber sido aqudla una astucia del cacique 
gordo, hacienda serv|r á ios casteUanos para su provecho personal, 
y enojado mandó contener á los cempoatteea que ya andaban roban- 
do por las estancias, les rifió por sus^zoesos é biso devolver lo ro- 
bado, ordenándoles acampar fuera del pueblo. Los moradores no 
recibieron dafio alguno; agradecidos á la justicia recibida convoca- 
ron á las vecinas parcialidades, prestando todos obediencia al rey 
de Castilla y oyendo tranquilos cuanto se les dijo contra sus ídolos 

y en favor de la religión cristiana: Al dia siguiente hizo ajustar pa- 

*^ . <. ■ . . ■ 

(l) Bemal Días, ^ap. í; 




165 

€69 y amistad eñtie los amedientádos capitanes cempoalteca y los* 
satisfechos üidradores de Tizapantzineo» (1) 

Sentedá'&ma) no solo de Valeroso; sino también de jasticiero; 
Cortés yolvió^á CempoaUa por distinto camino del primero. En el 
trtnsito, un tal Mora, natural de Oindád Rodrigo, robó dos gallinas 
en una oasa, contra las órdenes expresas comunicadas al ejército; 
Don Hernando le mandó ahorcar de las ramas de un árbol, y ahí pe* 
lecieía á no haber cortado la soga con la espada el capitán Pedro de 
Alvarado. (2) Deduciendo de los hechos antericnres, creemos (fxie 
aquel acto de severidad fuera ordenado por el general para enfrenar 
á loe soldados, y no permitiera que Alvarado estando junto á él tro- 
zara la cuerda, á no ser por concierto entre ambos para librar la vi- 
da á quien tao había inourrido en pena de muerte. 

£1 cacique gordo salió á reciba al ejército, dándole de comer en 
mías chozas preparadas al intento. Llegados á Cempoalla, el sefior 
presentó á Cortés ocho indias perfectamente ataviadas á su usanza, 
con muchas mujeres de servicio, deciéndole: "Teule, estas siete 
mujeres son para los capitanes que tienes, y ésta, que es mi sotarí- 
na, es para ti, que es sefiora de pueblos y vasallos.^ En las costum- 
bres de aquellos pueblos significaba la acción, distinguida sefial de 
paz y aprecio, con deseo de emparentar formando una sola familia. 
Cortés adinitió la dádiva con semblante alegre, tomando ocasbn con 
esto para decir al cacique, que para admitir aquellas damas era in-* 
dispensable se bautizaran y volvieran cristianas, (3) y si amigos y 
hermanos doblan ser, abandonaran la religión de los ídolos, los sa- 
crificios y todas las abominaciones de su culto. £1 cacique^ sacer- 
dotes y nobles respondieron á una voz, no debían abandonar los dio- 
ses de sus padres, tanto más, cuanto aquellas divinidades eran bue- 
nas, les daban salud, copiosas semienteras y cuanto habían menes- 
ter. Aun cuando se suponga que los' eoiiquistados no estuvieran 
nKmdos de veidadera piedad, la vistafde aquellas feas figuras, espan- 
tosas por su simbolismo, aquel horrible inmolar dé Víotisoas hunuL'- 



(1) Bernal Díaz, oap. LI.— Herrera, déc. II, lib. Y, oap. XII. 

(2) Bemal JHsatf oap. LI. 

(8) ** Que de buena gana reeíbíríaii las doiioeUaa, como foeiea oriaftsaaaty pesase 
^otea manaia no era peimitído á liombrea, hijot de la Igleaiade Dioi^ tema 
oio eon kMatraa." Hemra, d^. II, Ub. V, oap. XiU. '> 



166 

BM j comer de la carne, (1) les debían tener ateeigados, si nd pdft 
religión, por humanidad y repogmiRciav La tesivtoiketa de loe tote- 
naca puso espuela eA deseo de Don Hernando, ^juien ditíjiéndose á 
«US Afldados les recordó sus deberes de oristianos, inflaiM su eále 
reU^so, Imciéndoles entender qtie si no rolTían pbr la honra de 
Bios, la Divinidad no les ayudaría en nuiguna de éus empresas, por 
le cual en aquél mismo punto debían derroear los ídolos, aun cuaiü* 
do preciso fuera pelear y morir en la demanda.- Entusiasmado iá 
ejéf^ito ofreció cumplir lo ordenado pdr sú genetal: Cortés, vdhiár 
dose á los totonaca les dijo perentoriamente, iba á proceder é d^ro- 
car los Ídolos, á cuyo eM>to sé áidelantaron cincuenta peonesiá subir 
por las gradas del Ktt, En tumulto se interpusieron las mujeres, ios 
nobles, el cacique; ha sacerdotes con la especie de casullas negras, 
las capillas negras como de canónigos, el pelo pegado en mechones 
con la san^ de la6 víétim^ discurrían por la multitud apsili- 
danda á los fieles, mientras los guerreros acudíaar en tropel blandiea- 
do sus artnas: la confusión era espantosa. Sereno como sabía serio 
Don Hiemando, repitió á los indios que amonestados cornos estaban 
para quitar aquellas malas figuras, si ellos no las derribaban las de- 
rribarían sus soldados; si se resistían, en lugar de ser como hasta 
entonces amigos y hermanos, se tomarían en mortales enemigos^ y 
en adelante les harían la guerra y destruirían. Marina por su parte 
les hizo ^futender, serían muertos por les teules ó por lo menos, mn 
su amistad, caería Motecuhzoma sobre ellos con todo su poder, cas- 
tigando la rebelión con destruir los pueblos y pasar á cuchillo á los 
habitantes. Extrechado el cacique entre aquellos extremos' que sa- 
lían á la ruina suya y de su pueblo, con ^eranza tal vez de que los 
númenes obraran algún prodigio en su defensa, respondió que no 
siendo dignos de llegar á sus divinidades, contra su voluntad liieie- 
sen los teules lo que quisiesen. Inmedialamente los einetmita peo- 
nes subierou por hs gradas del teocaÜi, penetraron al santuañot 
afrsncaron lói ídolos del altar, y qfaebrsdos los arrojaren por la esca- 
lera abajo. A la vista dfi semejante profanación, nobles y papas llo- 
raban cubriéndose el rostro con las manos, disculpándose en alta voz 

(1) "7 cada dia sacrífieaban delante de nosotros tres 6 énstro ó tStiéo indios 
y leu ooriHkmes los efreéíah á sus Ídolos y la sangte pegalMtt por las (Muredes, 
7 Mttbiftfles te piernas y brazos 7 muslos, 7 los comían oomo TaM qct* sé tras d« 
las carnicerías de nuestra tierra." BMial Dfaz, cap. LI. 



á. 



167 

eon Io6 númenes de no tener parte en ello, ni habt^r dado bu oOM&ft* 
timiento; pero la machedambre alzó un inmenso alarido de coraje, 
adelantándose los guerreros dispuestos á trabar combate. Cortés, 
como siempre r&ptdo en sus detwminacioties, se apoderó del cacique, 
de Seis de los principales sacerdotes, y de muchos nobles, intimán- 
doles los úiataría á la menor demostración hostil: no quedó Mro^r^ 
bitrio al cacique gordo para salrar la tida^ que apaciguar é lod gue- 
rreros dándoles orden de i^tirarse, aquietando duanto pudo á la m\x^ 
chedumbre. (1) • - 

Sosegóse el tumulto. Los totonaca debieron pensar que aquel fué 
un combate de dioses contra dioses, quedando vencidos los de Cem- 
poalla por más débiles, supuesto no haber obrado ningún prodigio 
en BU defensa: Donde ejciste una superstición ^bsüida, no hay rer^ 
dadera piedad. Ocho de los papas recogieron á los mutiHfcdos núme- 
nes, llevándolos á quemar á sus propios aposentos. El teocalli fué 
purificado de la sangre que ló manchaba; limpio j enci^do de nue- 
vo, cubierto de verdes ramas y olorosas flores, recibió 6obre el altar 
ya cristiano la imagen de la Santa Virgen: (2) sobre una peaha que- 
dó colocada una cruz de madera. Al estar todo terminado £jo mfsa 
Fr. Bartolomé de Olmedo, * asistiendo los caciques de 'Oeuípoalla y' 
comarcanos; recibieron el bautismo las ocho mujeres regaladas^ lla- 
mándose Doña Catalina, la fea de la sobrina del cacique gordo, 
'* aquella dieron á Cortés por la mano, y la recibió con buen sem- 
'^blante; á la hija de Cuesco, que era un gran cacique, se puso por 
" nombre Dolia Francisca; ésta era muy hermosa para ser india, y la 
" dio Cortés á Alonso Hernández Puertocarrero;" las otras repartie- 
ron á soldados. Hízose al pueblo una laiga plática acerca de los 
misterios de la religión cristiana, terminando con recotdar que ya 
eran hermanos, no sólo en armas sino en creencias, por lo cual les 
defenderían en todo tiempo, de Motecuhsoma. Párá cuidar dé lá 
imagen, quedóse ahí un soldado viego, llamado Juan de Torres, nA* 
toral de Córdoba, en calidad de ermita&o; cuatro de hñ sacerdotes, 
limpios, trocadas sus lúgubres vestiduras por otras blancas, debían 
tener barrido y oompuesto él teocalli. Para alumbrar á la Santa 

0) Behua Üító, cap. LI.— Herrera, déc. H. lib. V, cap. XHI. 

(S) iM flsstellaaog debían traer copia de imágenes. Una dejuiran en Cózttmei; ptr- 
«eron otra en Tabasco; regalaron tma tercera á los embajadóree de Moteétihzoiaa, -f 
dejaron usa coarta en Cempoalla. 



X 






168 

V|q||W^ ensefíatou á los naturales i instruir bujías con eendi 

4b^< (1). 

. Terminados aquellos arreglosv el ejército dio la vuelta á la Yilb- 
riqa. A^ofil mismo dia.en que llegó á la puebla, di6 fondo eu el 
pae?to ie Bemal, una nao mandada por Francisco de Salcedo, por 
:^ V ^ ^ ^ ! sabrepombre el Pulido, conduciendo setenta soldados j diez caba- 

llos; emtre los voluntarios se contaba al capitán Luis Marin. (2) 
Sápose por los xeoien venidos, los buenos despaobos alcanzados por 
Diego Yelázquaz, quien quedaba nombrado Adelantado, con facul- 
tad de rescatar y poblar en las tiertis recientemente por él desea- 
biertas. 

Oon /^l aumento de esta fuerza, resolvióse unánimemente inter- 
narse en el país, en busca de Motecuhzoma. Antes de ponerlo por 
obxft). Coriféis, el regimiento de la villa y los vecinos, determinaioa 
escribir al emperador Carlos Y, dándole cuenta de lo acaecido y pi- 
diéndole la aprobación de ello; á fin de hacer más eficaz la desaan- 
da, quisieron enviar de regalo los objetos adquiridos ya por reacate, 
ya por dádiyas de los naturales, lo cual form&ría en realidad un 
conjunto espléndido. Más como en el acervo se contenía^ ademaa 
del quinto real y el de Cortés, las porciones de los soldados, Diego 
de Ordaz y Francisco de Montejo, en calidad de comisionadoSi iae- 
ron ^olic^t^ndo á cada hombre en particular, para ceder lo que le 
correspondía, haciéndoles firmar en un papel la donación: todos se 
conformaron por no parecer desafectos al sobeirano. (3) 

duedaron nombrados procuradores Alonso Herjaández Puertoca- 
rr^ro y Francisco de Montejo, ^^ porque ya Cortés le había dado so- 
bre dos mil pesos, por tenelle por amigo. ^' La carta del regimieoto 
de la* yil|a Rica de la Vera Cruz, Ueva la fecha de diez de Jalio 
1619. N^cra sucintamente los acontecimientos, hace una breve des- 
cripción ^ ]fL pequefia parte del país hasta entonces visto, así como 
de las. costumbres dejos habitantes, lanzando sobre todos la acasa- 
cion de entregarse al pecado nefando. Dice los nombres de los pro- 

. « 

4 • é * 

, (1} Bemal Dta, oap. LlL^-HaRexa, déo. II, UtK V, cap. XIV. 

(2) AsíOomaza, Ordo. oap. XXXVlIL— Becnál Díaz, oap. UII, Uiman al espi- 
tan Fiaaoiaoo de SaaoedOi haoiendo oondatir el zefaeno ea diez eoldadot y dof «^ 
Míos.— Hexreta» déo. II, lib. Y» oap. XIV, eaoribe Fnociseo de Salcedo, mgút^ 
en «1 Harnero de los soldadoe del refuerzo á Bemal Díaz. 

(8) Bemal Díaz, oap. LIIL 




169 

' «! eondoroS) ^^ kw cuales eaviamoe 4 V. M, coa todo eUc^ y para que 
'^enaestra parte beaen sas reales maiioBy y en naeatro.noiiLbre.y 
hi'v iijie esta villa y consejo supüqaeQ 4 YV. Bit. AA. nos hagan mer- 
ÓÜH. '^ced de algan^ cosas oomplideras al s^indcio de Dios y de W. 
)^ '*MM, y al biea coman de la villa, segua mis larganwnte Uevaa 
jb( «(por las instraccioaes qae les dimos.. A loa eaales homildemente 
^^ '^saplioamos á VV. MM. coa todo el acatamiento qae debemos, re- 
cmij '^ciban y den.sos reales manos para qne de noestra parte las besen, 
o^eotij ^7 todas las mercedes que en nombre* de este consejo y nnestro pi- 
poríij "dieren y suplicaren, las concedaní poiqae demás de hacer ¥# M. 
" servicio «n ello á nuestro Señor, esta villa y consejo recibiiémos 
"muy señalada merced, como de cada dia esperamos qoe VV. RR. 
" AA. nos han de hacer." Lánzanse duras acusaciones contra los 
procedimientos de Diego Velázque^ y su manera de gobenmr en Cu- 
ba, terminando con dtBcir: ^' Y siendo á todos los vecinos y morado- 
kif **]!e8|de esta Villa Rica déla Yeracruz notorio lo susodicho, se 
poriij "juntaron con el procurador de este consejo, y nos pidieron y requi- 
"rieron por su requerimiento firmado desús nombres, que en su 
^ nombre de todos, suplicásemos á YY. MM. que no proveyese de los 
^i| ^ dichos cargos ni de alguno de ellos al dicho Diego Yelázquez, án^ 
"tes le mandase tomar residencia, y le quitase el cargo que en la 
'" isla de la f^mandina tiene, pues que lo susodicho, tomándole re* 
" sideneia, se sabría que es. verdad y muy notorio. Por lo cual á Y. 
^' M. suplicamos manden dar un pesquisidor para que haga la pes- 
"quisa de todo esto de que hemos hecho relación á YY. RR. AA., 
!* ansí para la isla de Cuba como para otras partes, porque le en- 
" tendemos probar cosas por donde YY. MM. vean si es justicia ni 
'^conciencia que él tenga cargos reales en estas partes |ni en las 
" otras donde al presente reside.^^ La carta está escrita en alaban- 
^¡ J za de Cortés, refiriéndose, al cual, escriben ademas: ^^ Hannos ansí 
1 4 ^^niismo pedido al procurador y vecinos y moradores de esta villa 
"en el dicho pedimento, que en su nombre supliquemos á Y Y. MM. 
**que provean y manden dar su cédula y provisión real para Per- 
"nando Cortés, capitán y justicia mayor de YY. RR. AA., para 
" que él nos tenga en justicia y gobernación hasta tanto que esta 
^^tierm esté conquistada y pacifica, y por el tiempo que más á YY. 
" MM. pareciere y fuese servido, por conocer ser tal persona que 

TOM. lY. — 22 



/ 



iro 

'"^ conviene pa)?» eHo." Aeompafiófte á la carta una lista de loa obje- 
to» remitidos con loe proenradoret. (1) 

SsoribiA también Cortés; (2) di6 á los electos poder cumplido pa< 
ra entender en los negocios qne en la corte mandaba sdieitar, á 
cnyo efecto les entregó una suma de oro, con otra pata su padiíe B. 
Martín. El ejército di6 ignalmente cuenta de los sucesos: "if lá ñr- 
^^ mamos todos los capitanes f soldados qne éramos de la parte de 
^' Cortés, é fueron dos carta8.dnplicad8s, é nos rogó que se la mos- 
"trásemos, y c<Hno vio la relación tan verdadera y los grandes loo* 
*' res que del dábamos, hubo mucho placer y dijo que nos lo tenía 
^' en merced, con grandes ofrecimientos que nos hizo, empero no 
'' quisiera que dijéramos en ella ni mentáramos del quinto del oro 
" que le prometimos, ni que declaráramos quien fueron los prime- 
"' ros descubridores, porque según entendimos, no hacía en su carta 
^' relación de Francisco Hernández de Córdoba, ni del Orijalva, sino 
* ^ á él solo se atribnia el descubrimiento y la honra y honor de todo; 
^^ y dijo qne agora al presente aquello estuviera mejor por ^cribir, 
^^ y no dar relación dello á su majestad; y no &ltó quien le dijo 
*' que á nuestro rey y señor no se lo ha de dejar de decir todo lo que 
"pasa." (3) 

Antes de darse los procuradores á la vela, algunos de los parcia- 
les de Yelázquez murmuraban en el real diciendo, fuera mejor man- 
dar todo aquello al gobernador de Cuba que no al rey, con otras co- 
sas descomedidas; (4) llegó á tanf^ el atrevimiento que el clérigo 
Juan Díaz, Pedro Escudero, Diego Cermeño, piloto, Gonzalo de Un- 
gría ó Umbría, también piloto, Bemaldino de Coria, Alonso Péñate 
y sus hermanos, marineros naturales de Gibialeon^ con algunos 
otros, concertaron secretamente apoderarse de un bergantín, dar 
muerte al maestre, embarcar los pocos víveres que tenían prepara- 
dos y huir para la Femandina á dar parte á Diego Yelázquez de la 
nao, tesoro que llevaba é instrucciones dadas á los procuradores, á 



(1) Colección dd GayangoB, pág. l-34.---Col60cion de documentos inéditos psra 
la liifltorift de Espafta, tom. 1,' pág. 410.— Alamaní Disertaciones, tom. 1, ApéncKbe 
II, pág. 81.— BiMioteca de antores espaüolas, tom. 22.-^Bob6íH8Qn, en an. HisbDria 
de AmcrioB, se engafla asignando ú la carta la feoha do sois do J«lio« 

(2) Gomara, cap. XL, da idea de la carta, basta ho^ no encontrada. 

(3) Bemal Díaz, cap. LIV. 

(4) Carta del Regimiento de la Villa Bica, apad Gayangos, pág. 27. 



171 

ia de que el gobernador enviara naos para apode^rde^de todo, (ly 
A la media noche, al irse á verificar el oom|)Iot, arre^müdo Beyaal** 
dÍBo de Coria vino á denonoiarto á Cortés, qnieti inmediatasneiite 
m apodetó de los culpados, haciendo desmantelar el bei^i^nthi. Kq 
911 calidad de justicia mayor, instrtiyd smiüaríamente las averigna^ 
ciones, resultando de las declaraciones estar complioadsA otrM mu^ 
ckad petfsonás, sobrs las cuates se disimfnló atendidas las oircunstan- 
cías; pagando, oomo siempre, los mis débiles, Alerón ahorcados Pe- 
dro Esctidero (2) y Diego Cermeüo, cortáronle lotf pies á GoamIo de 
UmlHla y dieron doscientos azotes á ci6da «no de k>s Pef&ate; al Pa- 
dre Joan Díaz le valió su carácter sacerdotal) contentándose el jaez 
con meterle algún temor. (3) "Acuerdóme que t&aando' Covtés, fir- 
**iq6 aquella sentencia dijo con grandes suspiros y sentimientos: 
*^ jOh, quién no supiera escribir, para no finnar muertes de hom- 
'^bres. Y paréceme que aqueste dicho es muy común entre los jue- 
'^ees que sentencian algunas personas á mracorte, qute lo tomaron de 
" aqu€^ eruel Nerón en el tiempo que dió muestras de buen empe- 
"' rador.'' (4) Ejecutada la sentencia, Cortés se diií ji6 á matacaba- 
11o Á Cempoalla, dando orden le siguieran doscisfntos in&ntes con 
todos los caballos, haciendo dirijirse al mismo lugar la fuerza que 



(1) Este cargo dan á los oolpados. Cortés, Cartas de relación eu Lorenzana, Mé- 
xico, 1770, pág. 41, y Bemal Díaz, cap. LVII. Pero según Andrés de Tapia, Belac. 
apad García Icazbaíceta, pág. 568: *'é ovo personas espafioles en su compañía qne 
posieroii en piMttea y por obra de lartar un navio peqaeflo, é salit á robar lo ^e 
Itevabán pura éí rey." 

(2) Efea él mismo alguacil qne' pomidió á Cortés en la igUsia da Cuba. 

(8) Bemal Días, oap. LVII, coloca estos sacesos, "desde á cuatro días qiie partie- 
lon nuestros procuradores/' lo cual no parece exacto en todos sus puntos. La carta 
delBegimiento de la Villa Bica, pa'g. 27; haciendo relación al complot, dice: "por lo 
"enil los mandamos prender, y quedan presos para se hacer de ellos Justícia, y des- 
*' pues de hecha, se hará relaoion á VV. Mü" Foco más ó mease dice lo mismo 
Goités, Belaciones en Lorenzana. pág. 40, aumentando el castigo aplicado á los cul- 
pados. Besalta de estos testimonios, que el complot se fraguó, fué descubierto y 
quedaron en pxision-tos criminales antes del diez de Juño, fecha de la éarta; el cas- 
tigoimpaetto & loa culpados hld»á «ido oujMó^ ¡diM dsspses Ae Idas los ^r^ 
i«t. Ne puede sev de otr» Diatater^ piieaisfU lívida se frtfgMtecnAtMd^ 
de la marcha de los enviados, no podía tener el objeto que se le supone, 

(4) Bemal Díaz, cap. LVIL-r-Be refiere á Suetonio, lib. VI, cap. X: £t cum de 
nrppBdo cujtodam capifc daómnati, ut et mofe sübscriberet, qftiamT^lem, ioqnit, 
9«ieire llfenui." 



í 



172 

al mando de Pedro de Alyaiado había salido tres dias antes, para 
ptopocoioüér víveres, esoaeos en la puebla. 

Preooapl^ba' i D. Herdando^lo acabado de suceder en la villa. 
Ibdstlan en M ejército numerosos amigos de Yeláequez; mucha 
gente tmía poca fé en el resultado de aquella empresa, atendidas 
laagraikdes dificultades y los pocos medios de allanarlas; temía, pues, 
que alejándose de la Vflla Rioa la guarnición la abandónua, per- 
diendo en ello de us golpe, asi la guarnición misma como el punto 
de apoyo y retirada. Para cortar de raíz todo intento posterior, de* 
terminó destruir las naves; pifvado asi el ejército de todo medié de 
huir, le quedaba as^;uradd hasta en el caso de un revés, pues se 
veía colocado en la forzosa alternativa de morir ó vencer. D. Her- 
nando no quiso asumir sólo la responsabilidad de semejante deter- 
zmnacion; fuera de necesitar del concurso de muchos para llevarla 
á cabo y sostenerla, no quería aparecer disponiendo de las naos 
puestas ya á disposición del ooncejo de la Villa, ni hacerse respon- 
sable del valor de las mismas naves. Asi, pues, comunicó el pro- 
yecto á sus parciales; y como entre aquellos voluntarios fuera el va* 
lor la mayor de sus virtudes, en ellos y aún entre los amigos d%Ve- 
lázquez encontré firme apoyo, pues calculaban no sólo alcanzar el 
objeto deseado de evitar la fuga de los tímidos, sino aumentar la 
fuerza efectiva con los ciento é más marineros, ocupados hasta en- 
tonces en guarda de los navios. Obtenido el consentimiento de los 
camaradas, Cortés quiso dar á la determinación el barniz legaL Pi- 
dió informe á los pilotos y maestres, quienes estando ganados al in* 
tentó, afirmaron con juramento, estar sólo tres naos en estado de 
navegar con nmeha costa, quedando inútiles las demás, habiéndose 
dado el caso que alguna de ellas se hundiera por su estado de ve- 
jez. Armado con el informe, ordenó á Juan de Escalante, alguacil 
mayor de la villa, recogiese cables, anclas, velas y cuanto oontenian 
las embarcaciones, dando al través con ellas, á escepcion de las tres 
en estado de servicio y de los bateles destinados para pescar. Eje- 
cútelo puntualmente Escodante, dirijiéndoae en seguida á Cempoa- 
Ua con una oompafiía de marineros, de los cuales según testimonio 
de Bemal Díaz, muchos salieron buenos soldados. (1) 



(1) PiMOott, lom. l, pág. 569, note 85, atribuya is.gloria de Mto Meion exoluii* 
Tamenie . á Gortés, siguiendo la autoridad de Gomaia, doseehnndn de plano la de 




173 

Calculadamente el ejóroita había sido Ueirado en su mayor parte 
á Cempoalla, sin duda pava ovitar asa manifestadoa desesperada 
de parte de los amigos d0 Velaz^piasr, sin embargp^ coando k>s.des^ 
contentos supieron la destmocion de las ptimeras naos prommpie- 
ion en amai^gas quejas, asurando que Ck)rt6s ^^fa» quería meter al 
matadero." {!) Para sosegarlos les dijo, que estando determinado é 
penetrar en la tierra, quien no quisiese seguirle quedah^ en liber* 
tad de volverse. á Cuba, á ouyo ^kto estaban prestas las tres últi- 
mas naves; algunos, prindpakne&te maiineíos, aoeptaion desembo- 
zadamente el permiso, otros se recataron tenienda veigüensa de 
mostrar^cobardia en público; más euando D. Heraanio se hubo eer* 
tificado de quiénes eran los tímidos, mando varar las dos naos qM- 
dando á flote solo la capitana. (B) Según in^Nmaren á Casas^ *^^ál 
-^cabo lo hobioron de smtir la gente, y aina se le amotinaron mtl- 
" chos, y este fué uno de los peligros que pasaron por Cortés de mu- 
** chos que para matallo de loe mismos eQ>a&olés tuvo, pero sitpdiMi 
'^ aplacar consolándolos con la esperouEa que de haoellos rióos y bietih 
*^ aventurados les propuso.^ (3) 

Benud Díaz, Contradijo ya él aserto él8r. D. Joaá Fenuoido Bamíres, nota ootaíva 
á la edic. de Cumplido, tom. 3*, pág. 92 de la tQtima íoliatñzm; más no estando con* 
formes en todas sus deducciones, diremos algunas palabras en. esta cuestión. Fres* 
eott, sigue á Gomara, Crón. oap. XLIl, qiden eeeribe: '^ooeazooia, ypeligxosayde 
*' gran pérdida, á cuya causa tuvo bien que pensar, y no porque le doliesen los na- 
"¥foB, sino porque no se lo estorrasen los eompafieros, oa dn duda se lo estorva, 
" ran, y «aun se amotinaran de Teras, si lo entendieran."— Esta autoridad prueba en 
«feoto la opinión de Preseott, qifíen para corroborarla afiade: 'fortes expresamen- 
te declara en su carta al enkperador, que ordend la destnoeion de las naves, sin co- 
nocimiento de sus tropas."— £1 texto á que se refiere el historiador se encuentra en 
Lorenzana, pág. 41, y dícer ''Y porque demás de los que por ser criados y amigos 
de Diego Velazquez tenían Tolnntad de salir de la tierra, babía otros, que por yerla 
tan grande, y de tanta gente y tal; y Ter los pocos españoles que éramos, estaban 
del mismo proposito, creyendo que si allí los navios dejase, se me alzarían -cote éHps 
y yéndose todos los que de esta voluntad estaban, yo quedaría casi solo; por demde 
se estorvara el gran servicio, que á Dios y á V. A. eü esta tierra se ha héofao: tuve 
manera, como so color que los dichos natíos no estaban para nayégar, los eché á la 
sosia: por donde todos perdieron la espenmat de salir de la tíeñn; y yo hiee mi ca- 
mino mas seguro y sin sospecha^ que vueltas las eepaldaa no había de faltarme la 
gente, que yo en la YiUa habí* de dejan"— Aim ida tener en cuento que D. Henum* 

* 

(t) Gkimara, Gxén. cap. XLII. 

(2) Qomaia» eap. XLH.— Belae. de Andrea da Tapia» pág. 568. 

(S; Qana» Hist. da Indias, fib. m, oap. 0IXISL 



174 

Li^ ñtuacioB d« D, HeroaadQ «e defitam d^saia^ot^ de los ftcon- 
teeimieotofl^ Y<hfi9í é Cab» ec» imposibto; h^bía roto de una mane- 
latan violenta can Di^go Y^^la^oasBi qa^ ningún» oaporanssa queda- 
ba de xeoonailiacion 6 lierdon. Conoeedor de loa Beoretop del impe- 
rio» ttbla la jriqn«sa de la tíeira, la cobardía del emperador» loa dia- 
twbioa ^i qm el país ae ardía, £n viata de ello habla formado nna 
reaolndon, de la cual hacia partícipe á Cirloa V.: '^Y dize aai mes- 
'* mo qae tenia notioia de un gran aeftor que ae llamaba Mutezu- 
'^m$i,.qU0 loa ni^tuiralea do ^ta tierra me^habíán dicho que en ella 
^^ ha^btc^ qu^ eata^Mp^ /^gun elloa (Bonalaban laa jomadasi haata no- 
^^ venta 6 oieulcieyuMi déla coato y puerto ijpnde yo deiaembarqué, Y 
^^^e confiado w lagiande^sa dio Dios y wn ^afuerzo d^l real nom- 
'^ br^ de Y . . A,^ jp^i^paba irle á ver do quiera que eatuvieae: y aun 
!! me aejierdo qu9 ^e ofrecí, ep coüi^uto á la deoMcndadeate Se- 
*\ Qori & muoho iqáa de lo ¿ mí poaible." (1) P^ra ir en demanda de 
aqud. Motecubj^emado quierque eatiiviere, no podía contar coa 
nuevoa aocorrea de la FenuMidinai ni do laa demaa isl^a, en todas 
las cualea se le tenía por alzado contra su auperior: ju2gfiba ser su- 

4p 60 800. relfkcionuss »ík> IwbU de s^ eiexido avAso en recomendar á sus ooisi|Müieros, 
nada euoonkamos ^ ei pánaloj ap<»yando expresamente el intento de Piesoolt, aun 
onaodo. pueda pxestavse á oiertas supomoiones. 

Bemal Díais eontvpMlíce oon pastíoular iasistenoía la ide«u Sn el cap. XYHI, escri- 
be coniza Gqbuu»: "Pues otea oosa peor dioej que Cortés mandó secretaociento bsr- 
rrenar los once navios en que habíamos venido; antes fué público, porque elara- 
mente por consejo de todos los demás soldados mandó dar con ellos al tngres á ojos 
Tiafcas, porque nos ayudase la gente de U mar que allí estaba." — En el cap«. XiVUI : 
"Estando en Cempoal como ^abo^teugOi platicando oon Cortés, en las ooeas de Is 
guerra y oaaúnp pa«a adelantei de plática en plática le aconsejamos los que éramoa 
sus amigosi que no dejase navio en el puerto ninguno» sino que luego diese al través 
con todos, y no quedasen ocasioneB, porque entre tanto que estábamos la üerra 
adentro uo se alzasen otras personas comoke pasados; y damas desto, que teixíamos 
mucha igroda de los maestres, pilotos y marineroBy que serian al pié de cien per«>- 
aonaa» y que mejor nos igrudarian á pelear y guerrear que no estando en el puerto; y 
sagqn vi y enl^ndO «Bta plática dfi dar con los navios al través que allí le psopnsi- 
n^Oii el mismo CcscUb \o tenia ya conce rt ado» sino que quiso que saliese de noeolzos, 
porque si algo le demandasen que pagase los navioi^ que era por nnestro oouaejo, y 
ledoii fuésemos en los pügac"— £n el mismo cap, LVIXI« hacia el fim ^«Aquí es 
donde dice el cronista Oomara, que mandó Cortés barrenar los navíosi y tumfriep 
dice el mismo que Cortés no osaba publicar á los soldados que quería ir á México 
busca del gran Montesuma. Pues ¿de qué condición somos los espafioles para no ir 

(1) Ottias de ralae. en Lorenaaaa» pég. aa. 






175 

fiftentes: á la empima las faerzaa que á la taano tenia; pero estaban 
divididas, existiendo partidarios aidientes de Yelásqnes, mal halla* 
doB con el mando de Cortés, y personas desalentadas 6 oobardes de- 
terminadas á no segoif los asares de la guerra, prefiriendo tomar 
«iItos á sns casas; esto» habían mnrmarado frecuentemente, arro- 
jindose al motin algunas Teces. Déla manera natural, tranquila, 
oon que hablan de la destrucción de las naves Cortés y sus compa- 
teros, se desprende, que sólo consideraban la cuestión bajo él lado 
práctico; quit«r toda ocasión de huida, hacer mayor la ftíersa con el 
concurso de la marineriai obligar á los descontentos y desanimados 
i prestar su apoyo á la obra común, ya que no por oonvencimiento, 
por la resonación en la imposible: en cuanto á las naos, sin tener 
en cuenta que la broma las inutílisaba en breve tiempo en los ma- 
res mtertropicales, de lo cual tenían sofaiada experiencia, contaban 
con el telámen, jarcia, cktvaeon y cuantos objetos no pedían propor- 
doBsrse en la tierra; las naves dadas al través podían ser de nue- 
vo utilizadas, y si no, contaba el ejército con buenos carpinteros de 
nbera, abundaban maderas de construcción por el litoral entero. 

adelaiite, y estamos en partes que no tengamos provecho é guerras?"— Cap, LIX. 
Después de haber dado oon loe navios al través, y no como lo dice el cronista Gó- 
oaoia."— ^fií el cap. CV^ dando idea de la partición del oro por Cortés, asienta: **Lo 
primero se sacó el real quinto, y luego Cortés dijo que le sacasen á él otro quinto 
como á su magestad, pues se lo prometimos en el arenal cuando le alzamos por capí- 
tan general y justicia mayor, como ya lo he dicho en el capítulo que dello habla. Lue- 
go tías esto dijo que había hecho cierta costa en la isla de Cuba, que gastó en el arma- 
d&f que lo sacasen del montón; y demás desto, que se apartase del mismo monte la 
costa que había hecho Diego Telazquez en lM,naüÍOB que ditnoe al troteé, puee todot 
fuimoe en eUo"—'BretejnmoB los dichos del testigo presencial abonado de sincero, al 
testimonio del testigo deoidas, tachado como parckd por Cortés. 

Podemos interrogar aun algunos otros testigos presenciales: oigamos á Francisco 
de Montejo, el procurador de la villa, respondiendo al interrogatorio que se le hizo 
«n la Comf&a, á 29 de Abril 1520. (Docum. inéditos para la Hist. de España, tom. 1, 
pág. 4S9;) "Füele preguntado, qué se hicieron los navios que llevaban en la dicha 
teinada: dijo, que porque eran viejos tomaron información de maestres y pilotos, 
los cuales con juramento dijeron que no estaban mas de los tres de ellos para poder 
volver, y aun estos volverían oon mucha oosta, y que todos los echaron al través, 
eioepto los tres, que el uno es en el que vinieron los dichos procuradores y los otros 
dos se'quedaron aderezados, y algunos de éUoe se hundieron antes, y que él dicho 
Hernando Cortés pagó ó quedó de pagarlos á sus dueftos." — Alonso Henia&de;s 
PoAto Carrero, loco dt pág. 494: "Fuéle preguntado, qué se huneiea loe narioe 
que Ueranm: dijo, que desde que poblaran venían los naeetreg da Ips mním < decir 
il esj^tan que todos los savioa te iban áfando, que no lee podín tener «aolauíddL 



4 



La determioacioQ en si fué un rasgo de vei^dadera valentia. 
reflexiones de arriba ^n nada .a)ttooscaban el mérito indisputable de 
la aociojQf taa honrosa pata el capitán que la ideó, comQ para U» 
soldados que la secundaron. . Se . Uabían menester resolución firme, 
voluntad inflexible^ valor jndQmabfo, desprecio completo del peli* 
gro y de la muerte, para romper toda comunicación co;q el mundo 
conocido, y quedarse aislados, en compi^ía de sus jurados enemi- 
g08| delante de lo probable 6 desconocido: en esto nada puede caber 
de vulgar 6. de mosquino, ftuedf^n memoria de hechos semejantes á 
este^ más todos corresponden á graxidés hombreé. Gomara mencio- 
na á Omich Barbaxeja quemando siete galeotas y fustas para tpmar 
á Bugia. (1) Solis haUa 4e Agatocles quien quemó su flota en Si- 
cilia para combatir á los cartagineses; de Tixparco capitán de los 
etoloe, y de las advertencias militares de Q^uinto Fibio Máximo. 
(2) Prescott trae á colación la memoria de Juliano, quemando, su 
flota al pasar el Tigris y presentarse como triunfador delante de 
Ctesiphon. (3) A nueatco entender, loe castellanos ign(H»ban ertas 
hazañas, y si las sabían no les sirvieron de pauta; las grandes ac- 

agua, y el dicho capitán mando á ciertos maestres y pilotos que entrasen en los na- 
vios y Tiesen los que estaban para poder navegar» é á ver si se podrían remediar, é los 
dichos maestres y pilotos dijeron que no había ¿aas de tres navios que pudiesen na- 
vegar é remediaxseí é que había de ser con mucha costa, é que los demás que no ha- 
bía medio ninguno en ellos, e que alguno déllos se hundió en la mar estando echada 
el anda, 6 que con los demás que no estaban para poder navegar e remediarse los 
dejaron ir al tiaVés."— Los procuradores, como apoderados c informados por Oortesi 
van conformes con la relación de su capitán, es decir, ''eoiji^o so color que los dichos 
navios no estaban para navegar^'' les había echado á la costa. Estas declaraciones 
esparcen buena luz en el orden de los sucesos. Montejo y Pnertocarrero presencia- 
ron la desfcruoeion de las naves, y se sabe salieron del puerto de Bemal á diez y seis 
de Julio: la carta de los concejales de la villa, está fechada á diez del mismo Juho, 
constando en ella la prisión de quienes pretendían huir, sin decirse una palabra de 
haber echado á pique las naves: se infiere claramente, que entre el diez y el diez y 
seis de JuÜo^ fué el castigo de los culpados y la pérdida de la flota. Nada de esto 
confuye en lo más mínimo á los intentos de Prescott. 

Otro testigo presencial, Andrés de Tapia,, Belac. de la cónq., apud García Icaz- 
baleeta, tom. II, piig. 563: ''Visto el marques que entre los suyos habie algunas 
personas que no le tentan buena vo]ipntad» é que destos é otros que mostraban vo- 
luntad de se tomar á la isla de Gnba donde hablamos salido, habie cierto niímero, 

ft) Gomar», Crdn« cap. XT/ÍT. 

(2> 8otía» Gonq. lib, ü, oap^ XIII. 

(8) FreiooH, oonq. de Mátíoo^ tom. I, pág. 2G9, nota 24. . 



i7r 

• 

piones no se copian, y cuando alguien las repite, . es por estar dota- 
do de las relevantes prendas y virtudes del original. 

En la capitana, única nao salvada, se embarcaron los procurado- 
re/ Alonso Hernández Puertocarrero y Francisco de Montejo, con 
todo el oro y correspondencia destinada á España; tripulábanla quin- 
ce marineros, con el maestro Baptista y por pilotos Antón de Ala- 
minos y su compañero Camacho. Llevaban orden de tomar el cami- 
no por el canal de Bahama, con absoluta probibicion de tocar en la 
isla de Cuba, en donde Montejo tenía una estancia llamada Marien, 
por temor de que Velázquez se informara de lo contenido en el bar- 
co y pretendiera apoderarse de 61. Dicha misa por Fr. Bartolomé 
de Olmedo y encomendados al Espíritu Santo para que los guiase, 
los procuradores se dieron ¿ la vela el diez y seis de Julio. (1) De- 
jaremos decir para su tiempo el resultado de este negocio. 

Llegadas las cosas á este punto, resultó el problema en el senti- 
do dispuesto por Cortés, fué por él determinada la marcha á Méxi- 
00 en busca de Motecubzoma. Para tomar sus ultimas disposiciones 
tomó á la Villa Rica; nombró por capitán de la puebla á Juan de 

iMbló oon algunos de los que iban por maestros de los nayios, c á algunos rogó que 
lÜMen barrenos » los navios, é á otros que le yiniesen Á decir que sus navios estaban 
mal aoondioionados; 6 como lo hiciesen así, dicíeles: "Pues no están para navegar, 
vengan á la oosta, é rompedlos, porque se excuse el trabajo de sosteuerios;" 6 así 
dieron al través oon seis 6 siete navios, e' en uno, que era la oapitana, en que el ha* 
bia ido á aquella tierra, hizo meter todo el oro que le hablen dado j las cosas que en 
njuella tierra había habido, c enviólo al rey do Castilla." 

Poeo más nos resta por citar, Oviedo, lib. XXXIII, cap. II, sigue como siempre 
á Cortés. — Casas, Hist. de las Indias, lib. III, cap. CXXIII, adopta la versión de 
Gomara, si bien motejando agriamente á Cortés. — Herrera, déc. II, lib. V, cap. 
XIV, Be decide por Bemal Díaz. — En este conjunto de opiniones apoyamos la rela- 
ción que ae encuentra en nuestro texto. 

D. Hernando, en el interrogatorio que present(> en íñSA, dice: 89 ítem: si saben 
que luego los sobre dichos nombrados en la pregunta antes desta, cometieron el di- 
cho delito; é visto el miedo que de entrar cu la tierra muchos temian, el dicho Don 
Hernando Cortés fizo dar é dio con los navios al travos, diciendo á la xente c oom- 
pafleros, que ya no les quedaba otro remedio sino sus manos é procurar de vencer é 
ganar la tierra, ó morhr," Doc. inéd. tom. XXVII, pág. 836—37. 

(1) Brta feoha esla sefialada por Cortés, Cartas en Lorenzana, pág. 88.-— Gayan, 
goe, pág. 51— Gomara, Cn>n. cap.jXL, escribe 26 de Julio.— Bemal, cap. LTV, po- 
ne igoalmente veinte y seis de Julio, cambiando la fecha solo en seis poco más ade- 
Into, eap. LVL Ambas fechas parecen ser erratas de imprenta, no obstante qne en 

tai «dioioiíaa a&ftigaas van eaeritaa en letras y no con numeroa. 

TOM. IV.— lio 



1>B 

Escalante, alguacil mayor del ejército dejándolea ciento ciflcuente 
hombres de los menos aptos para la guerra, como vecinos y gttar- 
nicion; convocados los sefiores de los totonaca, D. Hernando, te- 
niendo por la mano á Juan de Escalante, les dijo: Este es mi lier- 
mano; lo que os mandare habéis de obedecer, j si los mexicanos os 
dieren guerra, acudid á él que os defenderá: asi ofrecieron hacerld 
zahumando al nuevo comandante y haciéndole acatamiento en seftal 
de recibirle por superior. Los vecinos y sus vasallos los indios de- 
berían terminar los edificios de la puebK Dadas estas disposicio- 
nes Cortés se dirigió á Cempoalla. (1) 

Esta ciudad india había recibido ya el nombre de Nueva Sevilla. 
Un dia después de misa, estando reunidos capitanes y soldados 
les habló diciéndoles: '^ Clue ya habíamos entendido á la jomada 
*^que íbamos, y mediante nuestro Se&or Jesucristo habíamos dd 
" vencer todas las batallas y rencuentros, y que habíamos de estar 

Enturando en otro orden de ideas, enoontramoa, que los actores, loa testigoa pre* 
senoialea y los autores bien informados, están todos unánimemente contestes^ e« . 
que las naves fueron dadas al través. No obstante tan segura prueba, no IPaltan per- 
sonas que, así en prosa como enVerso, se hajan aventurado á dedr, que los navioa 
fueron quemados. Como ejemplo, nos ocuire copiar lo que dice Juaii Snárea d« 
Peralta, Noticias histüríoaa de la Nueva Espafia, pág. 76.— **Fareci^ndole que se pu- 
siese en esecusion lo pensado, determinó de tratallo con dos amigos suyos, sin que 
nayde lo entendiese, y que se pusiese fuego á las navios y se quemasen: y como la 
trató con los amigos, acordaron que se hiciese y dieron su tra^a. Si Hernando Cor. 
tés tuviera mando, que no le tenía porque no venía por más de oaudülo, Ü los man- 
daba quemar luego como llegó, mas no osó basta dar dello parte á quien le ayudase, 
como la dio; y fue que estando questuviesen todos muy descuydados, fuesen y pe. 
gasen fuego á los navios, y solo dejasen en que enviar aviso á Santiago de Cuba. 
Así lo hicieron, y quando no se cataron, vieron arder los navios y procuraron soco- 
rrellos, y no pudieron porque algunos holgaron deUo, y el tiempo no les daba lugar, 
porque soplaba un ayrezito que los ayudó á quemar muy presto. Yisto el fuego, j 
quemados sus navios^ dieron en hazer pesquiza de quien lo había hecho para oasti- * 
galle, y Hernando Cortés andaba muy soh'oito en la averihuacion, y no pudiéndose 
descubrir el que lo hizo, acordaron de encomendarse á Dios, y de tomarlas armas y 
entrar la tierra adentro, con la noticia que tem'an de Marina, y así lo hicieron." 

El autor fué natural de México y vivía en el aiglo XVI, no obstante lo cual, &• 
parece bien informado en las cosas de la conquista. Se nos ocurre, que en todas 
materias, contra la más evidente se puede alegar siempre una autoridad en contra, 
rio: la contradicción humana. 

(1) Cartas de Cortés, pág. 40.~-Bemal Días, cap. LVIII— Herrera, déc. 11, Hb. 
VI, cap« L— Cromara, Orón. cap. XLin, se engafia al asentar, haber ddó PedK> da 
Ircio quien quedó por capitán de la villa. 



ir9 

*4iui {Miertos para ello como confuía; porqtie ea cualquier paite 
**que fuésemos desbaratados (lo cual Dios no permitiese) no podría- 
*'mos alzar cabeza, por ser muj pocos, y que no teníamos otro eo- 
*' CORO ni ayuda sino el de Dios, porque ya no teníamos navios pa- 
**ta ir & Cuba, salvo nuestro buen pelear y corazones fuertes; y so- 
mbre ello dijo otras mucbas comparaciones de becbos beroicos d# 
"los romanos." (I) Don Hernando supo impresionar á su auditorio, 
de manera que capitanes y soldados ofrecieron seguirle á donde lle- 
varlos quisiese, mostrando gran entusiasmo por su jefe, pues ya en 
aquellas circunstancias los mas tibios tuvieron que hacer de la ne- 
cesidad virtud. Al cacique gordo se le pidieron doscientos tamene 
pam tirar de la artillería y cargar el fardaje, con mas cincuenta 
goeireros nobles, ya como rehenes ya para servir de guías; acompa- 
saba al ejército, cierta cantidad de tropae totonaca, aunque no st 
expresa el número. (1) 

Estando en estas disposiciones, ocho 6 éim dias después de la des- 
trucción de ks naos, llegó un correo áe la Tilla Rica con el que Esca- 
lante participaba á Cortés, andar por la eosta cuatro navios; qué ha- 
biéndolos visto Juan de Ssealante, salió en una barca y de ellos supo 
pertenecían i Francisco de Garay, gobernador de Jamaica, por cuya 
orden venían á descubrir; díjoles el capitán e^iar ya la tierra po- 
blada por Hernando Cortés, en señal de lo cual tenía fundada una 
villa usa legua de donde estaban las naves j á cuyo lugar podían ve- 
nir á daar cuenta de su venida; respondieren haber visto ya la villa 
y vüA irían; mas hasta ent(kices no se hal^n p1f&tetáíAo¡ ignor&n- 
dose cuál fuera el intento de aquellos navegantes. Sobresaltado 
CSortéa con el pensatnietito de ser aíquellá gente de Diego Telazquez, 
dejó apresuradamente Á Gempoalla acompañado de cuatro ginetes, 
dando óiden de sóguirie á' los cíncufentá inejores peones: el ejército 
quedó al mando de Pedro dé Al varado,' y dé Gonzalo dé Sandoval, 
snoaigadopor primera vez de. un puerto importante. (S) 

Para dar oueuAa de la presencia de aquellas nsma éa la costa de 
Máadooy se noS: pemiit¡r6 entralr en una peque&i^ digresión. ^Estable- 
cidos los españoles en las islas Santo Domingo, Cuba y Puertorico, 

- «- d 

(1) Bemál DÍAZ, cap. LIX. . i .• . 

(2) Cartas da relación, yág. 40.-^BiBiiifiI i^iaüi éup, IrXIX. " ' 
(8) Cartas de rel$oion» pág. 41— Beift&í ÍMaz, <SBsp, L^IX. 



180 

snpierou.de los habitantes haber tierras hacia la parte septentrional, 
donde entre otras cosas maravillosas había una fuente cuyas aguas 
remozaban á los viejos que en ellas se bañaban. En busca de la 
fuente milagrosa se movió Juan Ponce de León, gobernador que ha- 
bía sido de Puertorico, armando allí tres naves en las cuales se d)ó 
i la vela el 3 do Marzo de 1&12: el domingo de Pascua 27 descu- 
brió una tierra^ imposible de ser reconocida por el mal tiempo, y 
obligado á seguir adelante surgió cerca .de la costa el 2 de Abril, 
desembarcando y tomando posesión por el rey de Castilla: dióse á la 
tierra, creida entonces isla, el nombre de Florida, asi por haber sido 
descubierta en la Pascua'de flores, como por estar llena de verdor y 
frescas arboledas: los naturales la llamaban Cantío. Después de 
correr mu poco la costa, '^Ponce de León se dirijió en busca de la isla 
de Biníini á donde se decía estar la fuente p^digiosa; mas no dan- 
do con ella, envió en una nave á Juan Perez.de Ortubia con el pilo- 
to Antón de Alaminos, entrando de vuelta á Puertorico el 21 de 
Setiembre. Si el ¡descubrimiento no fué de provecho para Poñce, lo 
fué para la geografía,¡descubriéndose entonces el camino dé regreso 
para España por el canal de Bahama. (1) Las capitulaciones con 
Juan Ponce de León para el descubrimiento de la isla de Bimini, pa- 
saron en Burgos á .23 de Febrero 1612 y en Yalladolid á 26 de Se- 
tiembre 1612. (2) 

Francisco de Ga^ay, á quien hay motivo para nombrar algunas ve- 
oes, pasó Á las Indias con el almirante Don GüstdM Colon en el efun- 
do viage, obtuvo el alguacilazgo mayor de Santo Domingo, y más 
tarde el almirante Don Diego, por recomendación del rey Don Fer- 
nando, le nombró su teniente en Jamaica, pues ademas de su ami- 
go estaba casado .con parienta suya: hízose muy rico, pues llevaba 
parte en la administración de la hacienda del rey. (3) Los descu- 
brimientos de Hernández de Córdoba y Juan de Grijalva, produje- 
ron gran sensación en las islas; Garay fué informado de la riqueza 
de la tierra por el piloto Antón de Alaminos, y como tenia x>o8Íbles, 
con lióencia de. los religiosos gerónimos ^rmó una expedición de cua- 

(1) Navarrete, Viages y desoabiimientos, tom. III, pág.— 50— -53— Oviedo, pait. 
1 «, Ubb XIX, oap. XV.-rHerrera dáo. I, Ub. IX, cap, X, XI y XIL— Gomara, Hist, 
de las Indias, cap. XLV. 

(2) Goleo, de docnm. inéditos, tom. XXII, pág. 26 y 83. ; 
(8) Oriodo, lib. XVm cap. L— Herrera, déo. III, lih. V, cap. Y3fl. 



181 

tro navios, buenos pilotos, 270 soldados, caballos y artillería, al 
mando del capitán Alonso Alvarez de Pineda. La flotilla se dio i 
la vela de Jamaica hacia los últimos meses de 1618, llevaba encar- 
go de bascar nn estrecho hacia la tierra desonbierta por Ponce d% 
León y reconocer el litoral de la Florida. Ocho 6 nueve meses gair- 
taron sin encontrar lo que buscaban: intentando costear la penínsu- 
la de la Florida al E., fueron detenidos por bajos, arrecifes y vien- 
tos contrarios; entonces tomaron al O. siguiendo á lo largo de la 
costa, reconociéndola con cuidado, hasta encontrar con la Tilla Rica 
fundada por Cortés. (1) Estas cuatro naves fueron las que preoca- 
cnparon al comandante de la puebla; debían ser fines de Julio. 

Llegado Don Hernando á la villa, sin aceptar el ofrecimiento dt 
Juan de Escalante de ir en demanda de las naos, dando por razón 
" que cabra coja no tenga siesta," luego que llegaron los cincuenta 
peones, aun sin darles tiempo de comer, se puso en marcha al N. 
Cerca de una legua antes de donde las naos estaban surtas, se vié á 
tres hombres venir por la playa; Guillen de la Loa, quien se titula- 
ba escribano, Andrés Núñez, carpintero de ribera, y maese Pedro A 
de la arpa. Preguntados qué querían, Loa respondió, que en su ca- 
lidad de escribano j con aquellos dos testigos, le requería en nom- 
bre de su capitán, puesto haber hecho el descubrimiento de la tie- 
rra, partiesen y amojonasen la costa, *^ porque sü asiento quería ha- 
"cer cinco leguas la costa abajo, después de pasada Nautecal, qoa 
^' es una ciudad que es doce leguas de la dicha villa, que agora m 
" llama Almería.'' (2) Respondió Cortés, que para semejaVité con- 
cierto viniera el capitán á tratarlo á la villa, en donde darían él so- 
corro que necesitase la gente; Loa dijo que en manera alguna vén- 
dría el capitán ni gente ninguna: no insistió Don Hernando, aun- 
que sin soltar su presa fué á. emboscarse en la costa frente á las 
naves. 

Esperaba que alguien bajara en busca del escribano y testigos; 
fué vana esperanza, pues trascurrió gran parte del día sin presc»- 
tarse nin^no, haciéndose desentendidos los de las naosf á las selia- 



(1; Navarrete, Viages y descabrimientOB, tom. III, pág. 64. Véase en «1 
volámen, Apéndice, ntím. XLV, la relación de este yiage y la real cédula faonltand» 
á Garay para nueva expedición. 

(2) Katitecftl; Nauhtla, en el Estado de Veracroz: conaeira el nombré antigno. 
soldados de Pineda le pugieron Almería. 



182 

lef de los de la tierral eompreudi^^ Cortés haber sido vista la fuerza 
que le acompaÜAba; hizo quitar los vestidos á los tres cautivos, los 
hÍEO vestir á tres de sus soldados á quienes dejó en . la playa, to- 
numdo él con la fuerea el camino al descubierto cual si se tomara 
i la villa; cuando no pudo ser visto por ser de noche, retrocedió de 
nuevo, emboscándose en lugar conveniente. Al amanecer los tres 
soldados hicieron señales; de una ^ao se desprendió una barca con 
diez ó doce hombres, de los cuales saltaron cuatro en tierra, mién* 
tras los disfrazados se retiraban á unas matas volviendo las espal- 
das; los otros les gritaron: ^* Venios á embarcar ¿qué hacéis? ¿por 
qué no venis?^^ Respondió uno de los disfrazadx>s: ^^ Saltad en tic 
rra y veréis aquí un poco." Desconocida la vqz por los desembar- 
cados quisieron huir, mas saliendo de improviso los de la* celada se 
apoderaron de ellos, no ^in que uno pretendiera dar fuego á su ar- 
tabas; la barca se hizo al mar á fuerza de remos y el mismio barco 
soltó las velaa y desapareció para no volver. (1) 

Sesgan se observa, los de Pineda procedan con suma desconfian~ 
me Cortés por su parte, según nos informa Bernál Diaz, pretendía 
apoderarse de la nave^ de la cual se quedó con siete hombres, entre 
ellos dos escopeteros y dos ballesteros. Para disculpar su acción es- 
tribe al emperador: ^^ É creyendo, que habían de' haber hecho algún 

"dafio en la tierra, pues se recelaban de venir ante mí; y ai 

'* algún daño esk la tierra hubiesen hecho, embiarselos á V. S. M., y 
*' jamas salieron ellos ni otra persona." (2) Este proceder de Don. 
Hernando, principio de las contradicciones constantes que hizo & 
Francisco de Oaray, dimanaba de no consentir el asiento de persona 
alguna en las tierras que por conquista le pertenecían. Tan pre- 
aente tuvo esto, que informado por los prisioneros de lo acontecido 
en la expedición: " Lo cual todo después supe mas por entero, de 
*^ aquel gran señor Muotezuma, y de ciertas lenguas de aquella tie- 
" rra que él tenía consigo, á los cuales y á un indio, que en los di- 
'^chos navios traían del dicho rio, que también yo les tomé^ embié 
^* COB otros mensajeros del dicho Muotezuma, para que hablasen al 
^^ sefior de aquel rio, que se dice Panuco, para le atraer al servicio 
*' da y . S. M. Y él me embió con ellos una^ persona principal; y 

m Gtfftu da zelso. en Lordnzana, pág. 42--44.— Bernal Diac, oftp. LX. 
(3) Cartas de relao. en Lorenzana, pág 43. 



183 

" ino negajx decian, señor de nn pueblo. El cual me dio de su par* 
"te cierta ropa, y piedras, y plumajes. E me dijo, que él y toda su 
"tierra earap muy contentos de ser vasallos de V. M. y mis amigos* 
"£ yo les di otras cosas de las de España, con que fué muy con' 
" teato, y tanto, que cuando los vieron otros navios del dicho Fran" 
'^ cisco de Garay (de quien adelante á Y. A. faré relación), me em- 
"bi6 á decir el dicho Panuco, como los dichos navios estaban en otro 
"rio lejos de lAll hasta cinco ó seis jomadas. E que les hiciese sa- 
" ber si eran de mi naturaleza los que en ellos venían, porque les 
"darían lo que obiesen menester: é que les hablan llevado ciertas 
"mujeres, y gallinas, y otras cosas de córner.'^ (1) 

Francisco de Garay, en el informe que dio al rey, habla de dis' 
tiata manera, pues aseguré que, " tanto andovieron hasta que topa- 
^'lon con Hernando Cortés é los españoles que con él estaban en la 
*'misma costa, ó llegados allí amojonaron el térftiino hasta donde 
"hablan descubierto." (2) La verdad es, que las naves de Alonso Ál* 
▼aies de Pineda tomaron al N.: entraron en un rio muy caudaloso 
(d Panuco) en cuya boca habla un pueblo grande en donde" perma- 
necieron mas de cuarenta dias dando carena á los navios, tratando- 
los aquella gente de una manera pacifica y regalándoles de lo que 
tenían: subieron unas seis leguas la corriente descubriendo hasta 
eoáienta pueblos sobre ambas márgenes. Era la tierra apacible y 
fértil, acarreaban los ríos pepitas de oro; los habitantes usaban jo- 
jas de oro en narices, orejas y otras partea del cuerpo; tenían con- 
dición blanda y amorosa, y en cuanto á la talla los viajeros vieron 
gnu diversidad, pues ya les pintan gigantes de diez á once palmos 
ea alto, á otros de cuerpo regular, no faltando una tercera clase de 
p^eos de cinco ó seis palmos. (3) Aquella provincia llamada por 
los descubridores Ámichely era el Huaxtecapan sujeto en parte al 
imperio de Méaíco, en parte independiente: imbuidos los moradores 
tn las mismas ideas de los pueblos comarcanos, recibieron de paz á 
los castelllanos teniéndolos por dioses. Garay^ no sacé gran prove- 
cho de aquella expedición, lográndose sólo algún rescate de oro; si 
tomaron repetidamente posesión de la tierra por el rey de Castilla, 



(1) Cartea de relao. en Loranzana, pág. — 44 — 45. 

(3) Kffvmete, Viagea y deaoubrimientos, tom. III, pág. 147. 

(3) Kaivarrete, tom. III, pág. 65 j Apéndice niím. XLV. 



184 

no formaron establecimiento permanente. Adelantó considerable- 
mente la ciencia geográfica, pues con los reconocimientos de Jaai 
Ponce de León al N., los de Córdova, Grijalva y Cortés al S. j el in- 
termedio de Pineda, quedó visto el Golfo de México de la penínsu- 
la de la Florida á la de Yucatán, en los afios trascurridos de 1506 
1619. 



-#•»" 



í 



CAPITULO IX, - 



MOTBCÜHZOMA XOCOTOTZIH. — CaCAMA. 



Sale ei eféreUo de CempoaUa camino de Méxieo,--^XáUMpan,^XieMMfn4Ueo,-- I ébf m 
ean,^TexuÜa,'—De8pob¡ado.'—Xocct¡a ó CeutUbianeo.^Bmbc^adoreé méseun.-^ítt' 
taemaxtUkm.—TlaxeaUa, — Determinaeian de la 9eñ&ria,-^MuraUa de la frontera. 
—SI eféreito penetra por tierras de la BepáhíSea,-— Primera e9earaimiea.-^Batalia 
del primero de Setiembre, — Teompantstineo. -- Cineo de Setiembre. 



Iacatl 1619. Tranquilizado Cortés sabieodo que aquella geuU 
no pertenecía á Diego Yelázquez, permaneció algunos dias en la 
Yillarioa esperando si los barcos volvían, 7 cuando estuvo satisfeche 
de que las naves habían desaparecido hacia el N., retornó á Cem- 
poalla para dar la tiltinoa mano á los preparativos de la marcha á 
México en busca de Motecuhzoma. Los conséjales de la Villa Ri- 
ca áe la Vera Cruz del puerto de Archidonaj (1) se reunieron en 
el pueblo de Cempual^ llamado Sevilla, viernes en la tarde, cinco 



(1) Del nombre Archidoaa existen dos lagares en Espafta; ana villa en la piorki- 
eia de Málagai una aldea anexa al castillo de las Otuodas, proTinoia de Sevilla. 

TOM, IV. — ^24 



186 

de Agosto. Eran alcaldes los nobles y virtuosos sefiores Alonso de 
Áyila y Alonso de Grado, regidores Cristóbal de Olid, Bernardino 
Tázquez de Tapia y Gonzalo de Sandoyal, alguacil mayor Juan Gu- 
tiérez de Escalante: juntos en cabildo pareció el procurador del con- 
cejo Francisco Alvarez Chico pidiendo, que pues el el general pen- 
saba ir á las provincias de Culuacan^ se le demandase dejar en la 
villa gente suficiente para guardarla y con que acudir á la defensa 
de los pueblos comarcanos, ya sometidos á la obediencia real ; pero 
que siendo este servicio de importancia^ se diese á todos los que se 
quedasen las mismas porciones de lo que se ganase, cual si fuesen 
á la campaña. Para determinar suplicóse al sefior capitán general 
viniese al cabildo, y hecho, fué leida la petición, á la que accedió 
Don Hernando de buena voluntad pcff«er justa, ofreciendo, "que 
"las partes que oviesen de llevar, sean iguales con los que en la 
'* dicha entrada van, como si con sus personas en ella fuesen.^' Re- 
tirado el general,* los concejales con el procurador se quedaron dis- 
cutiendo, acerca de lo notorios que eran los grandes gastos hechos 
por Don Hernando, asi en armas, bastimentos y socorros para venir 
á la tierra, como mantener ahora á tanta gente y regalar á los indios 
para atraerlos á la obediencia, en todo lo cual había consumido su 
haoieada sin llevar salario ni remuneración alguna, por todo lo cufU 
c»i raJKm gratífioarle su trabajo. Nada quedó resuelto, determinan- 
ée volver á reanirae el siguiente sábado seis de Agosto: entóneos 
quedó acordado, "que su m&nsfíd baya de haber por razón de ^lodo 
" lo que arriba es dicho, que de todo lo que en estas partes se bu- 
" biere, asi que los indios lo den como que se haya de rescate en las 
'* entradas que su merced fuere ó enviare á hacer, asi de oro é perlas 
<^é piedras de valor, éjojM^ é preseas é esclavos, como de otras 
** cualesquiera cosas de valor, que sacado de todo ello el quinta qua 
" pertenece á SS. AA. haya 6 lleve ó se le dé de todo lo demás que 
" quedare, el quinto de todo ello, porque les paiecia que todo eia 
" cosa justa é convenible.^' Consultada la voluntad de algunos dd 
"los vecinos de la villa, se mostraron conformes, asi como lo qued6 
'^ el general cuando le comunicaron la determinación. (1) 

Según el testUnonio de Bemal Diaz, el quinto lo prometió ei ejer* 
sito en el arenal, mas no todos los soldados estaban conformes en 

(1) Doe. méá., tino. XXYI, pág. 5^16. 




isr 

tilo; para dar faerza á la promesa vino el acuerdo del cabildo de la 
Tfliaríesi. Coafirmaron la gracia, el año Bigaiente 1520, en concejo 
phao, los alcaldes j regidores de la villa de Segara de la Frontera, 
j todaría el año 1521 lo otorgó el ejército en Amecamecan de la 
piovincia de Chaloo. (1) Los 8<4dados no podían oponer excepción 
algnna á la hora del reparto. 

Dej6 Cortés la Nneva Sevilla el diez y seis de Agosto. Compo- 
iiiaae la expedición de cuatrocientos peones, quince 6 diez y seis ji- 
nelee y seis piezas de artillería; los acompañaban 1,300 totonaoa, 
contados entre ellos los nobles llevados como en rehenes, y doscientos 
tamene para tirar la artillería y cargar el fardaje, el resto eran 
gnerFerofl al mado de sus caudillos Teuch, Mamexi y Tamalli. (2) 
Per oonsejo del Cacique gordo la marcha se dirigía á Tlaxcalla, cu- 
yos moradores oiemigos constantes de los méxiea y amigos de les 
totooaca, debían recibir de paz á los teules y 6 sus aliados. (3) Que- 
dé en Cempoalla un paje de Den Hernando, de doce años de edad, 
pita aprender la lengua: en cuanto á la fea de la sobrina del cmí- 
foe, éñátk á Oortés y bautizada con el nombre de Francisca, no se 
▼oelvé á hacer la menor mención. 

La primera ciudad en que se aposenlaron fué Xalapan; (4) el 
Midmdo cronista afirma haberse rendido ahí la primera jomada, l# 
eaal nos parece imposible á causa de ser lo más réeio de la esta- 
MB de las lluvias, siendo preciso vencer imas doce leguas de terre- 
Bofiagoso y resbaladizo. Rindiese la cuarta jornada en Xieoehi- 
lafloe, Signado en una ladera igria, cuya subida era una especie de 
isaalera angosta muy fácil de ser defendida; la llanura estaba cu- 
bierta de alquerías de doscientos á quinientos vecinos. El pueblo 
«a de lengua mexicana; el señor hizo la mejor acojida al ejército, 
ficiendo á Cortés, estar informado como iba á ver á sn señor Mo- 
tecubzoma, quien le había encargado recibirle cumplidamente y 
pieporeiimarle bastimentos, pues era eu amigo. '^£ yo le satisfice á 

(l> Interrogatorio de Cortés, pregunta ISS, Doc. inéd. tom. XXVII, pág. 878. 
leepnesta délos testigos, tom. XXVn, pág. 508; tom. XXVIll, pág. 16S. 

(2) Gomara, CFÓn. cap. XLIV. Herrera, déc. H, lib. VI, cap. n.— Torquemada, 
Hfc. TV, cap. XXVI.— Ixtlüxoohil, Hist. Chichim. cap. 83. MS. Con frecuencia, los 
atores españoles callan ó disminuyen el numero de los aliados indios. 

(S) Bemal Díaz cap. LXI. 

(4) Bemal Díaz, cap. XM. Jalapa, situada en la falda del cerro Macuüiepec, Es 
do Veracmz: entonces aquella ciudad correspondía al Totonaoapan. 



188 

'* su buen comedimiento, diciendo, que V. M. tenía noticia de él, 
'* y me había mandado que le viese: y que yo no iba á más de ver- 
^He^' (1) En todos los lugares del tránsito se daba á entenderá 
los moradores, por medio de los intérpretes Marina y Aguilar, la 
grandeza del rey de Castillas las excelencias de la religión cristia- 
na, dejándoles cruces para ser adoradas. 

El terreno á la sazón recorrido es la faja comprendida entre la 
costa y la barrera de montañas^ cuyas principales cimas, el Nauh- 
oampatepec 6 Cofre de Perote se eleva 4081°^ sobre el mar (Hum- 
boldt), mientras el Citlaltepto ó Pico de Orizaba se levanta á 5296» 
(Humboldt); este último había sido visto por los castellanos desd« 
la playa, dudando si lo blanco de la cumbre fuera nieve, cual lea 
habían informado los indígenas. Avanzaron primero en dirección 
del Cofre, cuyas faldas entonces muy más boscosas los obligaron 4 
derivar hacía el S. O. en busca de Xicochimalco; todavía siguieron 
el rumbo S. O., franquearon el terreno fuertemente accidentado en 
cuya parte superior estaba el Puerto del Nombre de Dios; (2) á In 
bajada había algunas alquerías y la villa y fortaleza llamada Ix- 
•huacan, (3) en la cual fueron aposentados y asistidos amigablemen- 
te, en cumplimiento de las órdenes comunicadas por Motechuzo- 
ma. Buscaron, pues, el paso de la cadena de montañas por entre el 
Cofre y el Orizaba. 

En lo más alto de la subida encontraron hospitalidad en el pue- 
blo llamado Texutla; (4) si el soldado cronista no aplica en sus re- 
miniscencias este nombre á Ixbuacan, debe ser uno de los pueblos 
en la actualidad perdidos. Las tres jornadas siguientes fueron por 

(1) CartfLs de relac. pág. 45. Xicoohimaloo cinco leguas al 6. O. de Xalapan, lla- 
mada hoy Xico, situado entre los xios Tepetlacalapa y Chapulapa en el Estado d* 
Veracfuz. Cortés llama á la proYÍncia Siemchimalen; Bemal Díaz le nombra Soeo> 
chima; en el plano M5. de Pa4fio tiene puesto Xicoximalco. Los comentadores d* 
la obra de Lorenzana admiten que la proyincia de Xienchimalen es Xicochimalco; 
pero identifican el pueblo fuerte con Naulinco, pág. II, lo cual no admitimos. 

(2) Cartas de relac. pág. 46. Los comentadores de las Cartas de Cortes en Lorea- 
zana identifican Puerto de Nombre de Dios con el Paeo del Obispo. 

(3) Ceyconacan de Cortés; Theuhixuacan de Gomara; Tenychoacan en el plano 
MS. de Patino: hoy Ishuacan, Estado de Yeracruz al S. O. de Xalapan diez legua*, 
colocado en el terreno quebrado surcado por los ríos Huichilapa, Tenejapaa y 
Grande. 

(4) Bernal Díaz, cap. LXi. 




189 

ttD terreno despoblado, en el caal safrieron mucho por falta de 
víveres y de agua potable; ademas, los helaba el viento frío que so- 
plaba de la dirección del volcan. Sorprendidos por un fuerte tur- 
bión de agua y granizo, i)erecieron de frío algunos de los indios de 
Cuba, poco abrigados por el vestido; acosados por la sed, quienes 
bebieron de las aguas salobres que por allí había, enfermaron. (1) 
El paso de la cadena se hacía, pues, entre el Cofre y el Nevado, 
más cerca de la falda del primero; aquel terreno, según la distan- 
cia de veinte leguas señalada por Andrés de Tapia, era en parte el 
mal país ó comarca cubierta por las lavas, entonces rodeada de es- 
pesos bosques de pinos, prolongándose en seguida por los contornos 
de la laguna de Atlachichica j la parte pantanosa y salitral hasta 
Xalapazco y Tepeyahualco. (2) Dejaban el territorio del actual 
Estado de Yeracruz para avanzar sobre el de Puebla. Al fin del 
despoblado atravesaron otro puerto 6 desfiladero, menos agrio que 
el anterior; en lo alto de] cual había un teocalli pequeño con ído- 
los, consagrado sin duda á las divinidades de los montes, con una 
gran cantidad de cargas de leña muy compuestas alrededor, razón 
por la cual dieron al sitio el nombre de Puerto de la Leña. (3) 



(1) Cartas de relación, pág. 46.— Bemal IKaz, cap. XXL — Gtomara. Crón. cap. 
XIiIV.— Andrés de Tapia» reladon, pág. 566, dice: '*é despnea de haber andado al 
"marqaes con toda su gente poco más de yeinte leguas de desfpoblado, salido de la 
"tierra de estos qae se habían dado por nnestros amjgoSi las cuales veinte leguas 
" anduTO por cabe unos lagos de agua salada como de la mar é x>or tierra de salitra- 
"les."— Herrera, dec. H, hb. VI, cap. U. 

(2) "Ea estos llanos de Perote están las lagnnas qne llaman de Tlaohao y Atlachi- 
diica 7 Qnecholac; algunas gentes quieren decir que en otros tiempos fueron cerros 
7 TcdoaneSy que el tiempo los oonstmiió, que se hundieron y <^ue se hicieron estas la- 
gañas que son cinco ó seis, 7 así parece, que por los bordes se reconoce una cosa 
qoe indica que lo de enmedio se hundió, 7 quedan como xinas calderas, porque los 
boBclea son altos 7 las lagunas están hundidas 7 bajas en aqttélloa llanos que tenemos 
lateido. El agua destas lagnnas es salobre 7 mn7 otara qne parecen ojos de agua ó 
respinideros« de la misma tierra. Crian pescadiUos menudo y blanco de mu7 buen 
gasto, que nuestros espafioles llaman peje re7. Estas dichas lagnnas ü ojos de agua 
«atan apartadas unas de otras á una 6 á dos leguas, 6 á tzes, y á méatómíioM" Mií- ^ 
fioz Camazgo, Hist de Tlazcalla. MS. 

(8) Ix» «it0K«8 del Tia je de OoKtés, coiooado al fcante delaedíc á^IjareiDmoA, 
S^mysig, dioeii, ««etgro pasaje se oonjeln» oon fundamento ser lo qvé hay 
^mm Simra d$ ¡a í^rua.** Siam del agoa es ponto del oamino de Jalapa áBante, 
•IS.O. deCraabhnoa; astádtnado sóbrela Mda boreal dal Cobe, 7 por oanse* 



190 

A la bajada, entro agrias sierraB, eatraron ea un fértil «Ib n- 
bierto da labranzas, en el cual se distinguía on pueblo á ong^o it- 
fior fueron enviados dos cempoalteoa para avisarle de la llegada de 
los castellanos: andadas dos leguas por entre las esparcidas casas, 
llegaron al palacio 6 morada del cacique, de piedra de cantería la- 
brada, mucbo(S( 7 bien fonnados aposentos, siendo el edificio más be- 
llo de los hasta entonces vistea en la tierra, razón por la cual sa 
formaron grande idea del duefio; el pueblo tenía lindo aspecto, las 
casas 7 teocalU encalados 7 como algunos portugueses del ejercite 
dijeron se parecía á Casteloblanco en Portugal, le pusieron GastU- 
blanco. Nombrábase el valle Caltannüc, el lugar Xocotla; manda- 
ba abí un señor llamado Olintetl, hombre obeso é quien Ueiiébaa 
por los braaos dos de sus parientes 7 debía sufrir alguna enfema- 
dad nerviosa pues los espa&oles le pusieron por apodo el Tembb* 
dor. (1) Recibidos los extranjeros con benevolencia, cual peí? todas 
partes hasta entonces lo habían sido, entablóse conversación etra si 
cacique 7 C(»rt6s. Dióle este noticia del re7 de Espafia á quim ser^ 
vía, de su venida á la tierra 7 de como iba en busca de Motecuhaa- 
ma, terminando con preguntarle si él era vasalla del emperador aa^ 
teca ó pertenecía á otro señorío. Asombrado Olintetl respondió ij 
quién no es vasallo de Motecuhzoma? '^Yo le tomé aquí á replicar 
'^7 decir, el gran poder 7 señorío de Y. M.: 7 otros mu7 muchos j 
" mu7 ma7ores señores, que no Muctezuma, eran vasallos de Y. A: 
" 7 aún que no lo tenían en pequeña merced: 7 que así lo había de 
*^ ser Muteczuma 7 todos los naturales de estas tierras: 7 que asi le 
'' requería á el que lo fuese, porque siéndolo sería mu7 honrado 7 



caencia no puede corresponder á este itinerario que corre por la falda aostral. Mi- 
cho menos puede admitirse que Caltanmi sea Teziubtlan, pue^ á ello se oponen la 
geografía de los lagares y los datos histéricos. 



(1) Gomasa, cap. XLIV, dice: "Llámase en su lengua Zacotlan aquel lugar, ol 
valle ZaMtamí, j el saftor Olindeo." Los nombres del pueblo 7 del sefíbr se enoneii' 
trao ortografiados de muy distintas maneras, restableciéndolos nosotros en su tk"- 
dadené forma Xoódila 6 Xoeatla&i y OHhtétL El pueblo estaba situado á dos leguas 
de Iztacmaxtitlan; por consecuencia se hace imposible. admitir el dicho de loe auto- 
na óA Viaje de Ctortás» /qvíaiiei pretendan ideatáfidtf á VaUaimi eoa TUMawiuiU' 
p»i 'teAmde vrríá 4nlM$li<Mi el onnqiiV'SeSor ^tod« aquettii tieiz* d tBle^ f sa 
dktefmeUo 4n kifiteteiAflBiíStde él m eonoce haber esMo el patanfo Ai CM- 



191 

'' ftfot«oidO| 7 por el dontaicio no queriendo obedecer, serla punido. 
^ E paca que tUTÍeee pot bien de le mandar recibir á su real servi- 
" eiOf que le rogaba, que me diese algún oro que yo embiase á S. M. 
'^ Y él me respondió, que oío que él lo tenía, pero que no me b que- 
*^ ría dar si Müteceuma no lo mandase: y que mandándolo él, que 
" oro y su persona, y cuanto tuviese darla. Por no escandalizarle, 
^ ni dar algún desmán & mi propósito y camino, disimulé con él le 
" mejor que pude: y le dije, que muy presto le embiarla á mandar 
'tMuteczuma, que diese el oro y lo demás que tuviesen' (1) 

Marina y los aliados totonaca satisfacían á su modo la curiosidad 
de loe del pueblo. Preguntados qué clase de animal, si tigre ó león, 
era un lebrel de Francisco de Lugo muy ladrador de noche, respon- 
dían: ''Traenle para que cuando alguno los enoja los mate/^ Con- 
taban de las lombardas, que ccn piedras que dentro les metían, da- 
ban muerte á quienes se les antojaba; de los caballos aseguraban 
correr más que venados, alcanzando á quien se les mandaba. "Lue- 
go desa manera, teules deben de ser," declan los atónitos indios. 
^'Puea, jcómol ¿ahora lo veb? Llirad que no hagáis cosa con que los 
enojéis, que luego lo sabrán, que saben lo que tenéis en el pensa- 
miento." Ck)ntaban entóoces cuanto les habían visto ejecutar, con- 
cluyendo con decir: ^^Y demás desto, ya habréis visto cómo el gran 
Montezuma, aunque tiene tantos poderes, los envía oro y mantas, 
y ahora han venido á este vuestro pueblo, y veo que no les dais na- 
da; andad presto y traedles algún presente." (2) No obstante los di- 
chos de aquellos echacuervas^ como les dice Bemal Díaz, el caci- 
que de Xocotla se mantuvo firme; sólo dos señores, el uno á cuatro, 
el otro á dos leguas de distancia, acudieron con ciertos collares y jo- 
yas, trayendo cada uno cuatro esclavos para hacer pan á los extran- 
jeros. Cortés pretendía detrocar los ídolos dejando en su lugar una 
craz, á lo cual se opuso Fr. Bartolomé de Olmedo; porque no estan- 
do bien convertidos los indios y siendo algo desvergonzados, no hi- 
ciemn desacato al santo signo. Xocotla era lugar fuerte y poblado, 
recibía guarnición mexicana, y como cercana á la frontera de Tlax- ' 
calla, estaba siempre apercibida á la pelea. (3) 

4 

(1) Cartas de relao. en Lorenzana, pág. 47. 
{,2) Bemal Díaz, cap. LXI. 

(8) Oartas de relación, looo oit-^Benud Díaz^ oap. LXL— Gomara, Oxón, eap. 
XlilV.— Herrero, déc, H, lib, VI,— Torquemada, oap» n, lib. IV, cap. XXYI. 



192 

Mientras los invasores penetraban en el imperio, MotecoluEoma 
proseguía en su desacordado sistema; en vez de prevenir armas y 
aparejar tropas para la guerra, permanecía en punible ociosidad. 
Por todos los caminos recibía diariamente numerosos mensajeros 
con noticia de los dioses, quedando satisfecho al saber no se apar- 
taban de la costa. Envió nigromantes y hechiceros á Cempoalla pa- 
ra encantar á los blancos, y como ninguna cosa alcanzeuron, al tor* 
nnr á Tenochtitlan y darle cuenta de la inutilidad de sus conjuros, 
se consoló pensando, que metidos loa castellanos en la capital, lai 
artes mágicas surtirían el apetecido efecto. (1) Sabedor de- haber- 
se puesto los teules en camino, comunicó sus órdenes encargando á 
los suyos tuvieran gran diligencia en recibirlos benévolamente. Ape- 
nábale mucho saber que los españoles preguntaban por su persona, 
á lo cual daban por respuesta, ser "hombre de perfecta edad, y qué 
" era hombre enjuto y de mediana estatura, y que en su cara repre- 
" sentaba mucha gravedad y mucha prudencia y gran valor.'' (2) 

Hizo también llamar al Huitznahuatl Motelchiuh, mandándolo 
salir al encuentro de los blancos á fin de saludarles en su nombre y 
servirles de guia. El Huitznahuatl marchó apresuradamente acom- 
pañado de algunos nobles, hasta ponerse en la presencia de Cortés, 
en el lugar nombrado Chichiquila; presentó ál general un ramillete 
de rosas, saludándole por medio de Marina. '*¿De dónde eres? le 
preguntó el castellano.'' "Soy de la ciudad de México, respondió 
Motelchiuh, y soy enviado del poderoso Motecuhzoma, quien os da 
Ib bienvenida, deseando vayáis poco á poco el camino, para que no 
padezcáis en la salud; os está esperando y desea vuestra llegada á 
su ciudad y casa." Marina dijo entonces: "dice este dios, padre mió, 
que cómo te llamas"? — "Me llamo Huitznahuatl Motelchiuh." — "Es- 
te dios dice, prosiguió Marina, que agradece mucho á Motecuhzoma 
el cuidado y la visita que le envía; que ya va de camino y acercán- 
dose á México, para gozar de la presencia de quien tanto favor y 
bien le hace." — "Señora, dile á ese dios, replicó Motelchiuh, esté 
satisfecho del deseo que en servirle tiene Motecuhzoma, quien ha 
ordenado pena de la vida en todas las provincias, sea él bien reci- 
bido con todos los dioses sus compañeros, consagrado y sin faltarles 



(1) P. Duran, cap. LXXU. HS. 

(2; Sahftgun, relac. de la oonq. cap. IX. 



193 

úáda: quisiera saber si así se Jia cmmplido.^^-^^'Márina le respondi^^, 
^H&itznahnatl, el dios que pTesente está, te agradece á ti y á ta 
**8eflor, tocio ese cnniplitiiiento y obMts que seí han tenido en qne él 
** raya poeo Á podo dr verse con é^, que te ifnega qne té Selvas á Mé- 
^* xico y le des lae gracias á tú sefibr de tía parte, y qne no tome 
^ trábelo de enviar quien, le guie, qué acá tenemos quien nos guie y 
^ enselve el camino." Motelchiüb tom6 á dar la desabrida respuesta 
i Motecubzoma, quien sé consoló diciendo: ''vengan cuando Quisie- 
ren, que esperándolos estoy, ya quo no hemos tenido mafia dé hacer- 
los volver á su tierra como la vez primera." (1) 

En Xocotla, recibió D« Hernando, por boca de Olintetl, cumpli- 
das noticias acerca de Motecubzoma, su poderlo y riqueza, situa- 
ción de la ciudad de México, fuerza y opulencia. Consultando cnál 
serla camino mejor para ir á México, Olintetl ofreció llevarle por 
tierras del imperio, sin pasar por Tlaxcalla, señalando como tránsi- 
to la ciudad de CboloUan: los totonaca contradijeron la opinión, ase- 
gurando ser traidores los chololteca y amigos de Motecubzoma, 
siendo más acertado atravesar por Tlaxcalla, cuyos moradores, ami- 
gos suyos, eran enemigos jurados de los méxica, contando ademas 
con multitud d^ fuertes guerreros, con los cuales tendría cuenta 
confederarse. Prevaleció esta segunda opinión, y en consecuencia 
Cortés escogió cuatro de los principales cempoalteca, á quienes en- 
tregó })ara servir de presente, para los señores de la república un 
' sombrero vedijudo colorado de Flandes, acompañado de una carta, 
la cual bien entendía nc sería comprendida por los indios", sin em- 
bargo de lo cual deberían tomarla como cosa de mensajería^ las' 
instrucciones dadas á los embajadores se reducían á ofrc-cer la amis- 
tad de los blancos y sil protección para defenderlos de Motecubzo- 
ma. Envió también una ballesta y una espada para poner admira- 
ción en los tlaxcalteca á la vista de los armas manejadas per los 
extranjeros. (2) 

Después de permanecer cinco ó seis dias en Xocotla, así para es- 
perar la vuelta de los mensageros, como para acercarse á la fronte- 
ra de Tlaxcalla, el ejército se dirijió al pueblo de uno de los dos se- 

(1) P, Duran, cap. LXXII. MS.— TezoaomoQ, cñp. ciento diez. MS, 

(2) BemalDíaz, cap. LXII.— Gomara, Orón. cap. XLIV.— Herrera, déc. ÍI, lib. 

^i cap. m.— Torquoniada; lib. IV, cap. XXVII. 

TOM. IV.— 25 * 



194 

Sores que antes hablan venido á saladar á Cortés. La población 
distaba dos leguas de Xoootlan, nonabrábase Ixtaomaxtitlan, y se 
extendía tres ó cuatro leguas á lo largo de un pequefio rio, estando 
sobre un alto cerro la inorada del cacique, ''con la mejor fortaleza 
" que hay en la nútad de España, y mejor cercada de muro, y bar- 
'' bacanas, y cavas; y en lo alto de este cerro tema una población de 
'! hasta cinco 6 seis mil vecinos coa 'muy buenas casas^ y gente al- 
'' go más rica, que no la del valle abajo." (1) 

Para proseguir la narración, refresquemos la memoria, repitiendo 
algunas cosas ya sabidas; La república de Tlaxcalla (2) estaba en- 
clavada dentro del territorio del imperio tenochca, lindando ál E.^ 
con el reino de Acolhuacan; dividíase en cuatro parcialidades 6 ca- 
beceras, mandada á la sazón, lado Ocotelolco por Maxixcatzin, 
general del ejército; la de Tizatlan por Xicotencatl, muy anciano y 
casi ciego; la de Tepeticpac por Tlehuexolotzin, y la de duiahuiz- 

(1) Cortés, Cartas de relac. pág 4d» nombra al pueblo Iztacmartitan: Gomara, 
Crún. cap. XLIV le llama Iztacmixtlitan. Bemal Díaz, cap. LXH, dice al pueblo 
Xalacingo, siguiendo la opinión Torquemada, lib. IV, cap. XXVII, corrigiendo el 
nombre en Xacatzinco. Nosotros seguimos la autoridad de Cortés. — Ixtacamaxti- 
tlan, como ahora se pronuncia» pertenece al Estado de Fuebl%^ en aquella época, 
" estaba en lo alto del cerro, y- lo bajaron á este sitio el afto de 1601 por la incomo- 
** didad que acarreaba al ministerio y comercio: el sitio en donde se hallaba cuando 
'' Cortés estuvo en éJ, es un peñasco muy alto, cortado por el lado del Sur, que hace 
'* respaldo y se llama CoJhuat que quiere decir redondo: este pofiaaco tenía en su ei- 
'* ma el palacio del sefior del valle y provincia, sujeto ¿ Mutecztuna; se conservan 
" en el mis^QO sitio muchas piedras labradas y algunos cimientos que demuestran la 
" grandeza de aquel palacio, cuyo sefior se llamaba TerMmaxcuicuiÜ, esto es, piedra 

pintada" — "El referido peflasco se une con lo demás del monte por medio de un 
pequefio llano, y se Uamaba esta unión Tmctmictic, que quiere decir, piedra unida 
" ú eadadOf y por esta unión se comunicaba el palacio con el pueblo, que constaba 
•< de cinco á seis mil vecinos y de sus casas apenas se perciben ya sefiales, así por 
** haberlas robado las aguas, como por las labores. Tiene el pefiasco del palacio otro 
" oerr# en frente tan alto como él, y uno y otro tendrán media legua de subida; es- 
" t» cerro tiene al lado del Norte, que mira á el del palacio, un ribazo i modo de ps- 
*' red, que en su idioma llaman los indios Texcak, á el cual lo sefiala por medio «"^ 
'* lista ó cendal blanco, que ellos llaman loBtacmaaUit de do^de tomo nombre el va- 
" lie y pueblo de Iztacmaxtitlan." Viaje de Hernán Cortés en Lorenzana, pág. Y. 
-«Supuesto que la significación es cendal 6 maxtU blanco, la verdadera ortografía es 
Iztacamaxtitlan. « 

(2) Jüa llamada república de Tlaxcalla tomaba nombre de su capital igualmente 
denominada Tlaxcalla: el territorio de aquel sefiorío era casi el mismo de la piovin- 
cia conservada con sus antiguos límites durante la dominación espafiola, y hoy co- 
nocido por el Estado de Tlaxcalla. 



«« 

t* 




195 

tlan por Cltlalpopooatzin. No estar el gobierno éñ manos de un só- 
l9nioikarca; dbtteiminó'á los antiguos escritores á dar á aquel esta« 
do'et'niombre de repúHicá/'Esta palabra ho debe inducimos en 
eftaor, por 'el sentido qneaüora-^ le damos, sabiendo' la significación 
antigua. No era aquel un sefiorío regido por leyes rotadas en una 
asamblea, determinando los derechos y las obligaciones de hombres 
libres;' píopiatnente era imú oligarquía, en la cudl, si bien se deli- 
befraíbán I** negocios por lo^ cuatro jefes, pata adoptar iaff determi- 
naciones^ de la' mayoría, "nb tíe reconocía' eldominib'de constitución 
algttba,' estando* sx^etos los Vasallos á la misma servidumbre de loa 
subditos de los reyes. (1) Por ótraparte,''la mayorfade los autores^ 
Prescott entre Wlos,* créenla repúblicatán poderosa y fiera, sus 
guerreros tahaguerridosy' valientes,' sus jefes tan fieros y briosos, 
qae el imperio dé Tetiochtitlan nunca había logrado domeñarla, ni 
£nn empleando la- suma de su inmenso poder. La aserción es com- 
pletamente falsa como en su lugar demostramos; Tlaxcalla existía 
merced al pacto religioso. Tamos á tjorrcfborarlo oon nueva autori- 
dad. — "Estos indios por todas partes de sus provincias partían tér- 
'^ xnitíos (con sus' enemigbs, vasallos de Moteczmma é de otros sus 
*^ aliados, é' cada, que 'Moteczuma quena hacer alguna fiesta é sacri- 
fieia & sus ídolos, juntaba ' jenté é taviaba sobre esta provincia é 
pelear t)on los de ella 6 á cátivar jehtes para sacrificar, puesto que 
t^tottchas' Veces 408^ déla provincia mataban mucha gente délos 
••-ieoíitrarioBj'pcw) muy averiguado parecía quíp si Muetezuma y sus 
' Vasalfód f aliados ^quisieran poner su poder á dar cada ctial por su 
pitrte éñ esta provincia, los desbarataran^ en breve y fenecieran la 
" gttemt^wn efHos; éiaíiiyaíque esta escribo pregunté á Muctezuma 
"y Á otros sus capitanes, que era la cabsa porque tiniendo aquellos 
*' en medio no los acababan en un dia, é me respondien: ^'Bien lo 
*^ pudiéramos hacer; pero luego no quedara donde los mancebo» ejer- 
*^ citaran sus personas, sino lejos de aquí: y también queríamos que 
** eiempre oviese gente para sacrificar á nuestros dioses.^ (2) 

IjOs tlaxcalteca tenían sobradas noticias do los castellanos; parti- 
cipaban de las preocupaciones generales respecto de los hombres 
blancos y barbados; les traían confusos algunos agíieros, como cier- 

(1) Yéasa Mnfioe Camargo, Hist. de Tlaxcalla. MS. 

(9) Uélae. de Andrés de Tapia, apud. Ctocía loazbaloeta, pág. 572. 



u 



•4 



/ 



196 

tos terremotos sufridos, la aparición del cometa» el haberse. domjbar 
do algunos de.,sus ídolos; pero si eeto era la cxeencia común y vuU 
gar,.no faltaton desconfiados «para inferir de la manera de vidad^ 
los. extranjero^! de sus costumbres é instintos, la imposibilidad d^, 
su origen divino ó al^ menos no admitieran cuanto de su poderlo s^ 
relataba. (1) 

Los cuatro embajadores cempoaljkeca salieron de XoootU^,.YÍ8ti4« 
XímuQ las infflgnias de su oargo y se dirijieion apresuradagiei^te á la; 
ciudad de Tlazcalla; llqgadoa á su destino fueron llevados i la saja 
del consejo, dándoles de comer mientras se reunía la seSoría, n<4Be- 
nado como malamente se dice« Juntos los cuatro seüoieSi hiciex;»n 
entrar á los mensajeros, quienes haciendo las reverencias de estiloi 
presentaron la carta, (2) espada, ballesta y sombrero; después to- 
mando la palabra el más anciano d\jo: ^'el señor de CempoaUa y los 
totonaca os hacen saber, han llegado á sus tierras, en grandes oco- 
Z/{y de la parte del Oriente, unos teulee fuertes y animosos, quienes 
' ba han ayudado y puesto en libertad de Motecuhzoma; dicen ser 
vasallos de un poderoso rey y traer al verdadero Dios; quieren visi- 
taros y ofrecen ayudaros contra vuestro capital enemigo; porque 
v.eais su fortaleza os traemos sus armas, y dicen los cempoalteca se- 
rá bien les tengáis por amigos, pues si pocos son, valen por mu- 
chos." Aquellos negociadores, como se advierte, tomaron los nom- 
bres de su señor y de su pueblo de preferencia al de los castellanos. 
Los de la señoría contestaron, 'fuesen bien venidos; á los totonaca 
agradecían el consejo, y á los teules su regalo; más siendo el nego- 
cio arduo y necesitando tiempo para deliberar, se retirasen á des- 
cansar.'' Salidos de la sala se agolpó la gente preguntando mil co- 
sas relativas á los extranjeros, á las cuales respondían los enviadoB 
ensalzando cuanto habían visto, contando prodigios, esparcidos bien 
pronto por el admirado vulgo. (3) 

Habiendo quedado solos los cuatro señores, usó de la palabra Ma- 
xíxcatzin; diciendo: los cempoalteca, enemigos de Motecuhzoma, 
nos aconsejan recibir á los extranjeros; éstos según su valor y la 

i 

(1) Mufioz Oamargo/Hist. de Tlaxcalla. MS. 

(2) El primer cuádrete de la manta de Tlaxcalla, representa á estos embajadores, ^ 
presentando la carta sostenida en una vara jjequefia. w 

(3) Herrera, áác. II, lib. VI, cap. m.— Torquemada lilJ^ IV, cap. XXViJ^ ^i 



1 
1 



197 

ftierz» de stib armas, dioses parecen j no hombres, y nos ofrecen 
ayuda contra el imperio; nuestros antepasados predijeron vendt^an 
por el Oriente, en acalli grandes, ciertos hijos del isol, en traje y 
costumbres diferentes, valientes hasta valer uno por mil, enviados 
por un gran señor, á quien un poderoso Dios favorecía; parecíale ser 
llegado él tiempo, 'bastando á probarlos los prodigios presenciados: 
opinaba, pues, fdesen recibidos de buena gana aquellos tedies, .pues 
de otra manera,- fuera del dafio de la república, decíale el corazón 
entrarían á la ciudad auDque les pesase y por mucha resistencia 
que se pusiese." £1 anciano Xicotencatl ñié de parecer contrario: 
''hospedar á los extranjeros era precepto de los dioses, más no cuan- 
do venían para hacer dafio; los pronósticos eran inciertos, y no de- 
bía dárseles crédito; si valientes aparecían los extraojeros, valientes 
también eran los tlaxcaltecas, y sería mengua dejar entrar á la ciu- 
dad un corto numero de guerreros sin haber combatido; si resulta- 
ban mortales no habrían caido en éngafio, si imnortales aparecían, 
tiempo habría para reconciliarse con ellos; según las relaciones da- 
das, " no le parecían hombres, sino monstruos, salidos de la espuma 
'*de lámar, y más necesitados que ellos; pues como se decia iban 
•* con ciervos grandes, comiendo 1» tierra, pidiendo oro, Murmiendo 
^* sobre ropa, y gustando de deleites, y que creía cierto, que la mar, 
^ no los habiendo podido sufrir, los había echado de sí." (1) Si esto 
em verdad ningún mal fuera mayor al de recibir aquellos monstruos 
por tfmigos, y una tierra que por defender su libertad en tanta po- 
bteza había caido, cometería una torpeza en admitir voluntaria- 
mente á quien la metiera en servidumbre: debía defenderse la se- 
fioría combatiendo por la patríia, la religión, la familia, la honra y 
él buen nombre de Tlaxcalla." Dividiéronse los Sefiores entre aque- 
llos encontrados pareceres, dividiendo también á nobles y pecheros; 
los mercaderes y los pusilánimes se decidieron por la paz, mientras 
los patriotas y los esforzados se determinaron por la guerra. 
Para conciliar los extremos, Tlehuexolotzin (2) propuso; "que los 

<1J| Heneva» déo. U, lib. VI, mp. III. 

j(9) ^tii&nen y Torqnemada le dan él nombre de Temfloteoatl. Enfadoso y de so- 
ma t>roB'gidád sería ir señalando á cada paso las oontradicoiohes y diferencias entre 
las atttoiíes, ánn euando sea «de los que copiaron nnos de otros. Sn este caso v. g., 
S61ÍS atribuye á Xicotencatl hljb, él razonamiento del padre, y en otros lugares hace 
itea ñflsfitapeMona del padre y del hijo. 



198 

embajadores dijeran al capitán de los extranjeros, estar dispuesta la 
seftoria áfl^cibirle de paz; más entre tanto, Xicotencatl con los oto- 
mies les saliera al paso y diera guerra; si los llamados dioses eran 
vencidos, la gloria quedaría á TJpxcalla, más si triunfaban se pon- 
dría la culpa á cargo de los otofhíes como bárbaros y atrevidos. Pa- 
reció bueno el consejo y fué admitido. Para ponerle en práctica di- 
jese á los embajadores cempoalteca, "que la república quedaba dij3- 
puesta á recibir de pass á los teules;'.' y diós^ orden, á Xicotencatl, 
el joven, para ponerse al frente de las guarniciones orientales y sa- 
lir al frente de los extranjeros. Xicotencatl, hijo del anciano, sefior 
de Tizatlan, era un capitán intrépido, enemigo de los hombres 
blancos, aficionado como mozo á la gloria militar; por todas estas 
circunstancias recibió con placer el encargo de la república. A fia 
de ganar tiempo, se detuvo mañosamente á los cempoalteca, bajo 
pretexto de un sacrificio solemne y aun se les puso en prisión. (1) 

Impaciente D. Hernando al no ver retomar á los mensajeros, |»fa* 
guntó á los cempoalteca cuál serla el motivo de la tardanza.;. ellof 
respondieron, provendría de la lentitud propia en aquellas negooia- 
cienes. Después de permanecer tres dias en Iztacmaxtitlan, cansa-» 
do de esperar, dejó el pueblo dirijiéndose á las tierras de la repúbli- 
ca; al terminar el valle, "falló una g^sin ceroa de piedrt^ fiéGa|^^kB 
alta como estado y, medio, que atravesaba todo el valle de I,a ,ana 
sierra á la otra, y tan ancha como veinte pies: y por toda elj(% ha 
petril de pié y medio de ancho, para pelean desdiB encima: y no xof$fí. 
de una entrada tan ancha como diez pasos, y en esta entrada dxfr 
blada la una cerca sobre la otoa á menera de zebelin, tan asteadlo 
como cuarenta pasos. De manera que la entrada fuese á vueltsaa, j 
no á derechas/^ (2) Paráronse los castellanos á contemplarla mar^kr 



(1) HexTeiB,d^c..II, lib..VI,.«Ap. in.-«^T0i!qti6mada, lib. IV, oap. XXVII, , 

(2) Cortés, Cartas de xtlaio, pág..49»TtBíQn)ál Díus, wp. LXII, dúe ele la4QÍ«oi 
murfUla: "y baUamos mía fuerza bien faprte hecba da cal y canta y. otrQ.b^ljiui.taii 
z«eio, que con picos de bierro era forzoso desbacerU, y becba de tal manera, que 
para defensa era barto recia de tomar."— De las frases un tanto oscuras de Cortés» 
han inferido los autores, pertenecer la ceroa ¿ los de Iztaomaztítlan y ser obra de 
loa médca contra los tlazoalteca; afirma lo contrario Bemal Díaz, quien la atribuyo 
á loa tlaxcalteca contra los máfioa. Esto segundo parece lo más cierto, según los 
mejana testimonios antiguon, y así lo admite Clavij^^ tom. 1, pág. 837; tom. 2, 
pág. 32. — ^La muralla, según los autores del Viaje de Cortés, Lorenzana pág. YJ^ se 
extendía desde un cerro alto basta otro llamado Atonilco. "Bl ceno de donde nace 



199 

Wlladoa de obra tan considerable, sacando de ella conseonencias del 
poder del pueblo constructor: en aquella sazón no había guarnición 
alguna y ni sobre del muro se descubría atalaya 6 espía, cosa sor- 
prendente y que podía encerrar alguna celada. Aprovecbando aque- 
lla perplejidad, el cacique de Iztacamaxtitlan rogó de nuevo á Cor- 
tés no entrara al territorio de la república, pues aquellos eran sus 
enemigos, y pues iba en busca de Moteculizoma, le. llevaría salvo 
por tierras del imperio; el eempoalteca Mamexi contradijo como an- 
tes, afirmando ser los tlaxcalteoa amigos suyos, mientras los méxi- 
ea eran malos y traidores, pretendiendo llevar á los blancos á don- 
de hacerles daüo. Cortés siguió el consejo de los eempoalteca, des- 
pidióse del cacique de Iztacamaxtitlan aunque pidiéndole trescien- 
tos guerreros, (1) y exclamando: "Señores, sigamos nuestra bandera, 
qíce es la sefial de la Santa Cruz^ que con ella venceremos," (2) pe« 
netró resueltamente p(»r la puerta de la muralla seguido por su en- 
tusiasmado ejército, precedido por el estandarte, á cargo del alférez 
Corral. , 

Era el miércoles treinta y uno do Agosto: aquella la tierra de 
Tlaxoalla. Las tropas marchaban en orden completo, apercibido 
cual si el enemigo estuviera al frente. Cortés con otros seis jinetes 
pAcedái como una media legua; una partida de los peones más lí- 
jaos s^rviirde descubierta, apoyada por una vanguardia de escope- 
tsna y baUesteros; ocupaban el centro la artillera y el gmeso de 
loa de espada y rodela; iba en la rezaga el fardaje custodiado por 

la cerca ea nmj áspero, y en partes tiene oortadnras, y encima de ellas se ye áon la 
cerca de que habla la carta y de la qae en todo el distrito se conservan varios restos, 
y en partes basta de xma vara de alto: esta cerca se ve que era de piedra seca, pnesta 
vtm sobre la otra sin mezcla algona, y había en algunas partes de ella algnnos pe- 
fiaseoB tan grandes^ que llenaban bastantemente el ancho de veinte pies, que tenía 
la dicha ceirca, como ¿un se demuestra en las piedras enterradas en el suelo: entre 
estos peínaseos está en el dia uno muy grande, que llaman la mitra, por tener su té- 
mate de esa figura, y habiéndole quitado las piedras de la cerca que tenía á su piá, 
le queda debajo una cueva, en qne caben y se abrigan de noche, treinta 6 cuarenta 
anímales de cerda de un rancho que está áUí inmediato." — ^Befiérense estas noticias 
á 1770; más se mencionan aun existentes las reliquias en el punto llamado Tenamas- 
cuicuitl, en el Boletín de la Soc. de Geog. tom. 1, pag. 6, nüm, 8. 

(1) Gomara, Orón, cap. XLV,— Herrera, déc.|II, lib. VI, cap. IV.— Los autores 
ítdcaentemente omiten ó diáoiinuyen el niímero de los aliados. 
(3) Bexnal Díaz, cap. LXII. 



200 

los aliados en númoro d^ dos mil entre xaézica y oem{N>alt!eoa. Vm 
lagua más allá de la fgrtaleza entraron en ua pipar espejo, .«a dosr 
de encontraroD papeles ^ hilos edicedadoA á Iqa árboles y tendidos, 
obstruyendo- el camino; era acuella U(ia nijii^va imbecilidad de Mfh 
tecuhzon^La^ quien había mand^o á los sortil^os y b^cíhio^os fiie* 
ran^de nuevo i encantar á los boinbres bl&Qeos« haciead^ sus coQJa- 
ros para cerrarles el camino. £1 livi$^no obstáculo hubiera detenido 
el paso á los indios; los blanco^ cortaron jios hilos con la espiada, ba- 
ciendo burla y donaire de los c^^d^los autores. (1) 

Los ccmpoalteca encargados de pedir víveles y alojassiíento para 
el ejército se adelantaron á Tecoac, pueblo ocupado por los otornt^ 
Tocpacxohiuili, señor del lugo^r, al oir tal demanda se. puso en pié 
y con grande enojo les respondió: ^' Idos, no soizios aqui vaMllos ni 
de los dioses ni de Motecuhzoma; iio quiero recibirloii ni es oai to- 
luntad darl4^8 nada." Apercibió esx seguida i sus guerreros, saües* 
do al campo apresuradamente, ()i) Andadas cuatro leguas^ l^s dos 
de á caballo de la descubierta, al encumbrar una cuesta, vieron 
unos quince otpmies armados á su usanza, los cualef se pu^eson á 
huir; llegaba á la sason (Tortés con otros tres jinetes, y mirando á 
los indios no hacer caso de las se&ales quQ para que parasen les ka* 
cian, los castellanos arremetieron á la carrera para tomar algún Tpi' 
sionero. Los guerreros otomíes mirándose alcanzados hicieron rot- 
tro, mataron de una ci^^hiUada con el n^a^uahiiitl un cabaUo, cortan* 
dolé ík cerceu el cuello, desjarretaron un segundo caballo que murié 
también, hirieron otros tres caballos y á dos caballeros: de ellos, cin- 
co quedaron tendidos en el campo« Un jinete corrió á rienda suel- 
ta á dar orden á la infantería de apresurar el paso. Ya era tiempo. 
De una celada salieron como hasta tres mil gueiTcro^ combatiendo 
Qpn sobrada bii^arría; hízoles frente Cortes con ocho jinetes, ponien* 
do en práctica la táctica adoptada para lanoee semejeAtes; no dete- 
nerse en alancear, sino llevar la lanzsa tevcíada i la altura del rostro 
4e l^s indios y atropell^^r con todo el empuje del caballo. Los ji- 

(i) Herrera, áée. II, lib. VI, cap. IV.— Torquemada, Kb, IV, cap. XXVni. 

. (2) P. Darán, cap. LXXII, MS.— Tezozomoc, twp. ciento diez, MS. P. Sohagun, 
cap, X, quien interpreta el nombre Tecoac: *' lugar donde está lar gente fiera j beli- 
eosa:- ' la traducción literal es, en la culebra de piedra. Desapareció el pueblo y en 
BU lugar queda la pequefta hacienda de Tecoac, «ituada 6 un ouavto de legoa al O. 
de HuamanÜa, Estado de TlaxcaUa. 



/ 



201 



oetes soloe tal Tez no hubieran resistido; pero sobreviniendo la in* 
ÍMttería con la artillería y arcabunería, por los indios vista por pri- 
aera vez, los hicieron aportar despoes de nn rato de pelea, retirán- 
dose al oabo en buen orden. Cuatro de los castellanos salieron he- 
lidoe; de los otontíes quedaron muertos diez y siete, con gran núme- 
ro de lastimados. (1) 

A poco de retirados los guerreros se presentaron al general ciertos 
emisarios de la reptüblica con dos de los embajadores cempoalteca, 
diciendo, '^ les pesaba el atrevimiento de aquellos bárbaros, quiénes 
kabian combatido sin licencia ni noticia de la señoría; ésta deseaba 
sa amistad y recibirle en Tlaxcala para servirle; si deseaba le pa- 
gasen los caballos muertos por ellos le mandarían oro y joyas.'' 
Rfitpondióles Cortés agradeciéndodoles la amistad, y ofreciendo ir 
como le convidi^n. (2) Esta conducta dolosa de los tlaxcalteca 
e» eonsacaeneia clara de la resolución tomada; no los creyó Don 
Henaiido, pues demasiado sabia cómo debían tomarse las palabras 
«a guerra. Adelante una legua del lugar del combate pernoctó el 
qómto junto á un arroyo á fin de tener agua, no pasando de ahí 
por ser tarde é ir la gente cansada. Era un llano con labranzas de 
maíz y magueyales, mirándose cerca el abandonado pueblo de Te- 
eoae. ^^ Y con el unto de un indio gordo que allí matamos, que se 
^^ abrió, ae CQrux>n los beodos: que aceite no lo había; y tuvimos 
'^bien de c^iar de nnos perrrillos que ellos crían, puesto que esta- 
'* ban todas las casas despobladas, y alzado el hato, y aunque los 
^perrilioB llevaban consigo, de noche se volvían á sus casas, y allí 
"loa spalíábamoB, que son harto buen mantenimiento." El ejérci- 
to pasó la noche en la mayor vigilancia con velas y escuchas, los oa« 
háüoa ensillados y enfrenados, todos listos para repeler una aeo« 
mstida. (3) 

Al dia siguiente, primero de Setiembre, el ejército se puso en 
maiefaa á la madrugada, llevando buena ordenanza. A la salida 
iei Boif al pasar una honda quebrada ladró un porro en la des- 



(1) Benial JHta, cap. LXII. 

(2) En lo reUtÍTO á los embajadores cempoalleca clamos la preferemna á Cortea' 
eontn lo aaentaiío por Bemal Díaz. 

(S) Cartas de lelac. pág. 49 y sig.~B6nial IMaz, cap. LXÜ.— Ckmiara, Ctóiu cap. 
XLT.— Hénceía, dée. II, lib. VI, cap. IV.— Torqnemada, fib. IV, etsg, XXDC— Orie- 
do, fib. XXXIli, cap. ni.— Ixtlflxoohid, HisL Cbieblm. tap. 9^, MS. 

TOM. IV. —26 



/ 



202 

oabierta, acudió Lares el buen jinete, quien descubriendo unos in- 
dios mató á dos, huyendo los otros dos: á este mismo lugar Balieron 
los otros dos embajadores cempoalteca llorando 7 diciendo: *^ los hsr 
bían preso los tlazcalteca para sacrificarles á su dios, aunque aque^ 
Ha noche hablan podido huir de la cárcel desatándose el uno al otro; 
habían oído decir pensaban sacrificar á todos los blancos." (1) Men- 
tira debió ser, pues todos aquellos pueblos guardaban con estricta 
fidelidad las inmunidades de los embajadores; acaso impacientes 
porque no los dejaban volver, huyeron disculpándose con una fal- 
sedad. « 

Poco más adelante salieron dos escuadrones de guerreros arrojan- 
do sus gritos de combate, tocando sus instrumentos bélicos, lanzan^ 
do una lluvia de piedras y flechas. Cortés hizo alto. Con tres 
prisioneros tomados el dia anterior mandó á deciries no diesen gue- 
rra, pues él quería su amistad y tenerlos por hermanos; ni mismo 
tiempo mandó al escribano Diego de Oodoy hiciera el requerimien- 
to de estilo y de ello le diera testimonio, para que en ningún tiem- 
po se le tomaran en cuenta los daños que se causaran, duedando 
sin fruto ambos procedimientos, el general dio la voz de Santiago y 
á ellos I trabándose una ruda pelea. (2) Aunque era mucho el es- 
trago producido por la artillería, los arcabuces y las ballestas^ y las 
arremetidas de la caballea desbarataban los- pelotones de los gue- 
rreros otomíes, estos cerraban de nnero sus filas, teniendo loa caste* 
llanos de ir muy unidos; pues quienquiera separado de ka fiJaa pe* 
recia sin remedio sin poder valerle, teniendo muchos esfuerzos que 
hacer para no ser desbaratados. Tras algunas horas de pelea los 
tlazcalteca comenzaron á retraerse en buen orden; perseguidos por 
los- castellanos hicieron pié en un terreno quebrado sobre el oual 
no podía juglar fácilmente la caballería. • Entonces notaron los in- 
vasores haber caido en nna celada, pues se vieron rodeados por in- 
mensa multitud, entre la oual se distinguían las divisas blancas y 
rojas de la capitanía de Xicotencatl, con el estandarte de aquel bra* 
vo mozo dominado por una garza blanca con las alas tendidas, so- 
bre un peñasco. (3) Entonces fué el mayor peligro; envueltas los 

(1) Herrera, déc. II, lib. VI, oap. V.— .Torquemftda, Ub. IV, cap. XXX. 

(2) Bemal Díaz, cap. LXIII. 

(3) MuAoz Q»m^cgOf Hiatis.^e Tlaxcalla. MS. . ,.^ 



j 



203 

castellanos^ ein. el mo desembarazado de loa caballos y la artillería, 
mncho trabajo tnvieiw en mantenerse, unidos siendo éste el único 
medio de no se» destruidos. Un grupo, Ue otomieís logró apoderarse 
de la lanza de Pedro da Morón, detavo á fuerza de brazos la yegua 
en que mentaba, la cortar<m eü pescuezo de un mandoble, birierpn 
malamente al jinete y de él se apoderaran á no ocurrir en su soco- 
no el grueso de loa peones, costando diez heridos rescatarle, aunque 
no la muerta cabalgadura. Haciendo un gran empuje alentado por 
el intrépido Don Hernando, el ejército pudo atravesar el terreno 
quebrado empujando al enemigo hacia la llanura, en donde volvie- 
nm á recobrar &us ventajas los jinetes y las armas de fuego; aun 
asi conservaron el campo los tlaxcalteca hasta una hora éntea de 
ponerse el sol, dando muestras al retirarse más de cansados que de 
fencidos. (1) 

Las pérdidaa .de. los beligerantes no pueden ser apreciadas con 
eiactitud. Los tlaxcalteca cuidaban de retirar sus muertos y heri- 
dos. En cuanto á loa blancos, Cortés escribe: *' les fice mucho da- 
''fio, sin recibir de. ellos ninguno jmls del trabajo, y cansancio del 
"pelear, y la hambre." (2) Bernal Diaz nos informa: " y desque nos 
'^vimoscim vi|;aria diixios muchas giacias á Dios, que nos libré .de 
"tan ipmdes peligips; y desda alli nos retrajimos luego Á unos cues 
^ que estaban buencÉi y altos como en f ortaluza, y con el nnto del 
'^indio que ya he dicho otras veoes se cnramn nnestras heridos que 
'^fottüsi quiDoe, y murió uno de las heridas; y también se curaron 
" eiistoo 6 oinco cahaUoB que estaban heridos, y reposamnsy cenamos 
^muy bien lujueUa noche, porque teoiamos muchas gallinas y pe* 
"nillos que hubimos en aquellas casas, con. muy buen recaudo de 
^'escuchas y rcmdas, y los corredores del campo." (3) 

Ck>mo observación general para darse cuenta de laa batallas en la 

conquista, se concibe ser los indígenas quienes sufrían el mayor y 

. desastroso daño, atendiendo á sus flacas armas ofensivas y defensir 

▼as, BU defectuosa táctica militar, su ignorancia absoluta en saber 



(1) El ntímero de tlaxcalteca salidos i la batalla rtaiSL en el cómputo de los auto* 
í Cortái dice: más de cien mil; Bernal Díaz pone más de cuarenta mil; Gomara 

XDás de ochenta mil; Herrera más de treinta mil, &c. Estos ntímeros estimados < 
4o, se abnUan 6 disminuyen á contento de los escritores. 

(2) Cartas de relao. en Lorenzana, pág. 51. 
(8) Beinal Díaz, cap. LXIII. 



204 

re6¡6tir la caballería. No debe perderle de vista la fanesta costum- 
bre oontraida en üus guerras, de la <;tial hemos hablado repetidas 
veces en la historia, antigua, expresada en estos térftinos por el his- 
toriador Prescott: ^' La pérdida de los españoles consistía princi* 
^' pálmente en heridos, pnes los indios de Aná;haac procnraban más 
*' bien que matar, isoger prisioneros con que solemnizar sus triunfos 
^^ 7 que sirviesen de victimas en sos sacrificios; circuüstancia á que 
''no pocas veces debieron los cristianos la salvación de su pe^ 
"fiona." (1) 

Los ¿Ettigados castellauos no se quedaron en la llanura, sino esco- 
gieron una altura coronada por un teocalli j llamada Tzompantzin- 
co. (2) Los aliados de quienes se callan así las proezas como las pérdi- 
das, se portaron bissariamente en la pelea, recibiendo por ello las fe- 
licitaciones del general: estaban destinados á ser los proveedores del 
ejército, y entonces fueron empleados en construir chozas de ramas 
para abrigo de la tropa, y en los diae siguientes construyeron algu» 
ñas fortificaciones pam hacer fuerte el asiento. Celebraron la vic- 
toria los castellanos con gran'gozo, así como los aliados dando rien- 
da suelta á BU alegría en bailes y regocijos. (3) También los ttoz- 
oalteoa se dieron por vencedores, anunciándolo así á los pueblos de 
la leptiblica al repartirles los pedazos de came de la yegua mueíta, 
y en haeimiento de gracias á Camastle le ofrecieron el sombrero ve- 
dijudo y la carta misiva. (4) 

GoloeamoB esta bateóla en primero de Setiembre por la autoridad 
de Gomara, contra la de Bemál Diaz quien la fija en el dia dos, por 
oonformarse más con la cronología seguida por Cortés. Es notable 
DO existir «n los documentos relativos á la república, noticias esten- 

(1) Praieoety Conq. •de Mésioo, iom. I, pág. B12. 

(2) Berzíal Díaz, oi^p. LXIII, Uama al lugar Tdhuaoingo ó Tehoacaoingo, mientras 
en el cap. LXVIII le nombra Tecodcungapaoingo, sujeto al pueblo de Zumpancingo 
á una legua de distancia. Gomara, pone Teocaoingo; el P. Duran Tzopachtzinoo; 
Iidlálkoohitl, TeooatiáQoo; darigero, Teoataineo, lugar del agua díTína. 8egim 
Ck>rté8, distaba el lugar seis leguas de Tlaatoalla; Bemal Díaz, cap. LXIV, le oola- 
oa á dos leguas del campamento de XieotencaÜ situado en Tecuacinpacingo. lá» 
autores del Viage de Cortés, Lorenzana^ pág. Vm^ aseguran corresponder al ceno 
de Tzompachtepeo, una legua de Texcalac, de el cual se fundó el pueblo de San 
Salrador Tzompantzinoo, cokottdo hoy por San Salrador de los Comales, por cons- 
truirse ahí muchas de estas Tasijas de barro. 

(S) Gomara, Orón. cap. XLVI. 
(4) Bemal Díaz, cap.LXIII. 



20& 

« 

8M aceíoa d^.períodci de estagaeír^, lia mfmta . de Tlazcalla no 
mtíimo oiogana batolla eonbra: la se&ovia;. el ooadiete segnnda 
jméovA ú Yliyocan y el terc^EO Á Teooae 6 Tefioi^zdneo^ mas na 
Gomo sitios dé bs^lla^ ráo como de aaaQdstoao: reeibimiento. La infcr- 
lOMicm de la señorea pasa é» la ligeia sobra estosa^Dtociinieiitos^ con- 
teiitiodose coa afirmar qne traa coiia lefistencta se ajustó la paz. 
El cronista Ma&oz Gainaigo tampooo toma despacio la lelacion* 
Los tlazcalteca pretendiaii haoer olvidar su brara y porfiada resis- 
ieacia^ recordando únicamente la constante y no interrumpida amis< 
tad pactada con los bombires blancos. 

Transcurrió el día siguiente en corar los heridos, descansar de 
bs fatigas^ adobar las ballestas y alistar almacén de saetas. Al otro 
día, tres de aquel mes, asi para . imponer al enemigo como para pro- 
paráonarse víveres, Cortés dejó en el cerro á< Pedro de Alvarado 
con doscientos peones y la artillería, saliendo él al campo con' el 
mto de los infiantes, la caballería, cuatrocientos cempoalteca y tree- 
dentoB m^xicade los de Iztacmaxtitlan; sin ser sentido de pronto 
cayó sobro cinco ó s^s aldeas hasta de cien vecinos, tomó loa man* 
tañimientos, quemó las casas; y aunque los tlaxcalteca acudieron á 
la defensa, los castellanos se retoijeron al real peleando en buen or- 
den antes de que llegara ergrueso de los contrarios, y trayendo ade« 
mas del botín cuatrocientos prisioneros entro hombros y mujeros. (1) 
D. Hernando trató bondadosamente á los cautivos, hizo darles de co- 
mer y por medio de loa intérpretes Marina y Aguilar se les encargó 
dijesen á los suyos, no fuesen locos en proseguir la guerra, pues los 
espejóles sólo querían su amistad y ser sus hermanos. A dos prisio- 
i\eros principales de la batalla primera se les dio una carta con ro- 
cado para los cuatro principales de la señoría diciéndoles no venían 
á hacerles mal ni enojo, sino salo para pasar por su tierra é ir á Mé- 
xico en busca de Motecuhzoma. Los emisarios fueron puestos en 
libertad. (2) 

Al dia siguiente ' volvieron aquellos dos enviados. Se habían di- 
rigido al campamento de Xicotencatl, situado á dos leguas del real, 
entregado á aquel jefe la misiva y dándole el mensaje; el valeroso 
jÓYen había contestado; vayan los blancos ú, Tlaxcalla, allá haré- 

(J.) Chnéa, relaciones en Lorenzana, pág. 52. 
(2) Bemal í>íaz, cap. LXIV. 



206 

mo8:láfl paceff hartájodooosf cOn ana cAtues y \ítií\rMS^t^^iBL^iT09^\(y' 
séBrieon> 6a9 Goraa(méB ]f^. fltogre; al dgutonte dia HetiBHla la respues' 
tai Quedaron tooaVradOf h)8-ca8t<A}aiK)B^^ú la*^ arrogancia de la 
rea^aésta. Yirtalaámetiaza, Oortéaiiiqtiirf^de los dos nobles cuan- 
tola kaportal^a 6abo«,'ya por fne^ de Mtagos/ ya empleando el 
tomento.^ (1) Supo etiittiK^ que 4aa tropte Ostaban- compuestas de 
tlaxcalteca y dtomies, si bien se ocnltaba hacerse la guerra por con- 
señtimientay á nombre de la aeñefia;^^ra evitar cayese' sobre ella 
la Terguénza'de la denñota; laborirecfaí) i los blanóos por ser amigos 
de Motecuhzoma y tenían determinado combatirlos hasta extermi- 
narlo», sacrificándolos á los dieses y hatíeiídc^ oon^ sus carnes un 
banquete celestial; preveníanse cincuenta ikill hombres de pelea los 
más de ellos :fleohero9 y^hondero^, diez mil de^ la^ parcialidad de Xt< 
eotencaU, diea mil dé los de Maxixcatein, él piismo número de Chi- 
chimeeatecuhtli, otro tanto dej señor de Topoyánüo llamado Teca- 
paneca y los diez mil restantes de Huexotzlnoo; haeiáse la guerra é 
in)stigaoite''de 'Xicotencatl el anciano, y {x)r eso sé presentaría á re- 
taguardia dei ejército el'pendon de la iié^blicia, que era una águi- 
la ^ ora eon' las alas- extendidas^ cdü líiüchos esmaltes y argente- 
riá; dmríbae^la batalla ¡al dia eiguieñte, (kmfesaron recibir el mayor 
dÁ&o 'denlas anrmas de fuego, de los <$á;baUos y las espadas. Seme- 
jantes mitioiss püsíerbnftemdr en loa'Más ailíÉnósó^. ^T cuando 
^'aquello 'ñmos^' ! como aomod homblreS y '^emilítoios la ihuerte, mu- 
'^ebos de cioeotroé yatliytodba loi'tó^sl&o^icónfeSAmes con el padre 
^' déla Meceed^y con el clérigo JSíCfii Dito, que toda la noche estu- 
'Wiéron^en 6ir 4e penHénoia y ^ttoomendánítonos áDi^ nos librase 
^^no-fuésfemesventídosl*. (») *' •- -^i 

Por mucfad qué se ^eiminuya' cd Húmero attíbüidó^ les ejércitos 
de Tos indígená8,'quedB"6Í€mpre<una<difra'mifidénte perra ei^perar, 
bien él completo^ desbarato de^•pequéfi(> escuadrón de los vencedo- 
res, bien que á fuerza de sufrir pérdidas quedara reducido en po- 
eos lances á la nufiéad; 'Esas vitítdlrias de los blatícos, a] primer as- 
pecto fabulosas, no se explican solamente por la suj^ioridad de las 
armaS| reconocen ademas otras muchas causas. Indicamos antes el 



(1) Hexxera, 4éo. II, lib. VI, cap» VI. 

<2) B^mal Díaz, cap. LXIV.— Herrera, déc, n, Ub. VI» cap. VI.— Torqnemada» 
Ub. IV, cap. XXXI. 



207 

ddseo de tomar yivos á los contrarios; aumentaiómoB ahoia su ma- 
nera de combatir. Aaiique divididas en capitanías, acometían en 
una especie de columna en masa; los guerreros de las primeras fi- 
las podían usar sus armas; más los de las líneas á retaguardia, en 
confuso pelotón, embarazaban los movimientos sin dar fuerza al 
empuje, eran hombres empleados inútilmente. Para las armas de 
faego presentaban blanco seguro, profundidad sobrada para hacer 
estrago; espadas y picas tenían de continuo donde herir, sin que el 
frente de la columna fuera suficiente para compensar la resistencia. 
La muerte del jefe principal, la pérdida del estandarte, un pánico 
inmotivado, hacía huir sin vergüenza á los guerreros como una ban- 
dada de palomas, abandonando el campo casi al medio de una vic^ 
tona segura: uno de estos motivos impidió la destrucción de los in- 
Taflores en la batallado Otompa. Aunque presentaba ventajas ó in- 
convenientes al empleo de la fuerza unida del ejército, la táctica 
de los generales indios consistía en lanzar una división al combate; 
yencidos ó cansada entraba otra á remplazaría, de manera que no 
importaba cual fuese el efectivo de la tropa para hacerla valer en 
nn punto determinado, pues sólo combatía á la vez una fracción. 

Por causa de su organización social hemos visto sucumbir uno 
tías otro los pueblos bajo el yugo del imperio, poderoso, por la triple 
alianza, mientras los vencidos eran débiles cada uno d^por sí, sin 
ocarrírles aumentar las propias fuerzas por medio de alianzas ó li- 
gias. Aconteció lo mismo durante la conquista espa&ola. Cada pue- 
blo, cada estado resistió con sus propios elementos, en tanto los ve- 
cinos, á quienes amenazaba el mismo peligro, permanecían impasi- 
bles: los esfuerzos fueron aislados, carecieron de unidad y por con- 
secuencia de éxito. Por el conti^rio, cada tribu domada, acrecía el 
poder del vencedor; en su mano inteligente y diestra aquellos ele- 
mentos dispersos se condensaban en un sólo cuerpo, para recibir 
una meditada dirección; la conquista de las monarquías de Anáhutc 
se verificó en gran parte por las naciones indígenas, con tanta ma- 
yor facilidad cuanto les allanaba el camino el imbécil y supersticio- 
so emperador de México. 

Muy temprano á la mañana del cinco de Setiembre se presentó 
Xicotencatl con su ejército, cual lo tenía ofrecido. Según la cos- 
tumbre caballerosa de los pueblos indios registrada con frecuencia 
en sus historias, envió al real trescientos pavos y doscientos cestos 



208 

de tamalH 6 bolloa de maíz con peso de doscientas artofoas, paraqae 
lea blancos oomieBea antes de pelear y no dijesen habían sido ven^ 
cidos por falta de fuerzas. (1) Cuando el tlaxcaltecaiá calculó que 
loa castellanos habían concluido de comer, destacólos mil de sua 
más valientes guerreros diciéndoles: "Id ¿ tomar esos hombree rebo- 
" sadoB por la mar; si se defienden, matadles; mirad que hagUlH co- 
'^ mo valientes, pues soi^ la flor del ejército y vais á pelear por los 
** dioses y por la patria.^' Otomíes y tlaxoatleca, arrojando sus gritos 
de guerra y al son de sus lúgubres insi^rumentos, pasaron briosa- 
m^ite la barranca tendida casi al pié del cerro, abalanzándose so* 
bre el real; á su encuentro salieron los jinetes castellanos, sosteni 
dos por algunos peones, los cuales lograron detener el ímpetu de 
los contrarios y después rechazarlos tras un corto combate. Aunque 
los guerreros se retiraron, rehiciéronse de nuevo, tomando á comba* 
tir con mayor furor; mas aunque hicieron soberanos esfuerzos, ven- 
cidos todavía fueron arrojados, ya muy mermados, al lado opuesto 
dd barranco^ 

Por una especie de inspiración Xicotenceitl dio orden de cargar á 
todas las capitanías. Por una circunstancia favorable á los españo- 
les, el general de los tlaxcalteca habla reconvenido al hijo de Chi- 
chimecatecuhtii por su mal comportamicDto en la batalla anterior, 
resultado de lo cual fué un altercado y aún la propuesta de un due- 
lo personal; resentido por esto aquel joven aturdido, no sólo no obe- 
deció con su capitanía á entrar á la batalla, sino que arrastró con 
su mal ejemplo á los guerreros de Huexotzinco, quienes también 
permanecieron quedos. (2) La confusa masa de guerreros de las 
tres capitanías restantes, lanzando atronadores gritos con una llu- 
via de flechas y pedrisco, empujó en retirada la caballería, trepó 
por las laderas del cerro llegó hasta las débiles trincheras del real 
y algunos guerreros saltando dentro de la defensa anduvieron á bra- 
zdl y cuchilladas con la guarnición. El descabellado empeño de to- 
mar vivos á los extranjeros hizo inútil tanto denuedo, pues sin lo- 
grar el objeto, sólo se expusieron á recibir inmenso daño. Comba- 
tieron y porfiaron durante cuatro horas prodigando inútilmente sn 

(1) Gomara, Cron. cap. XLVII. — Herrera, dec. II, lib. VI, cap. VJ. — Torquemar 
da, lib. IV, cap. XXXI.-^Ixtlilxochitl, Hist. Chichim. cap. S3. MS.— Prescott lao 
cree en esta cortesía, más no por eso deja do aparecer como cierta. 

(2) Bemal Díaz, cap. LXV. 



209 

sangre; al fia miraron su estrago, se apartaron un tanto de la trin- 
chera para ser blanco seguro á la artillería, retrayéndose por último 
ala llanura. 

Tras ellos salió D. Hernando con la caballería, los infantes y 
aliados y bocas de fuego. Otomies y tlazcalteca hicieron rostro, vol- 
viendo á la carga guiados por Xicotencatl. '*Yo vi entonces medio 
^' desbaratado nuestro escuadrón, que no aprovechaban voces de Cor- 
** tés ni de otros capitanes para que tomásemos é, cerrar; tanto nú- 
'' mero de indios cargó entonces sobre nosotros, sino que & puras es- 
" tocadas les hicimos que nos diesen lugar; conque volvimos á po- 
" Demos ^en concierto. Una cosa nos daba la vida, y era que, como 
"eran muchos y estaban amontonados, los tiros les hacÍ6ui mucho 
"mal; y demás desto, no se sabían capitanear, porque no podían 
'' allegar todos los capitanes con sus gentes.'^ (1) Aquellos intrépidos 
guerreros sufrieron la matanza sin abandonar el campo, hasta ya 
tarde que se retiraron é, su campamento cansados, hambrientos, de- 
sesperados por haber visto inútiles sus heroicos esfuerzos. (2) La 
jomada fué celebrada por los vencederos con gran júbilo, y á f é les so- 
braba razón; se habían salvado de un gran peligro, habían adqi^iri- 
tido la conciencia de sus propias fuerzas. En sus relaciones Cortés 
nunca cuenta las pérdidas; siempre, á su decir, se salía sin dalio. 
Bemal Díaz confiesa un muerto y sesenta heridos, si bien á poco es- 
cribe: ^^enterranios los muertos qu una de aquellas casas que te- 
" nían hechas en los soterraños, porque no viesen los indios que era- 
"moa mortales, sino que creyesen que éramos teules, como ellos de- 
^*cíau." (3) , 

(1) Bemal Días, cap, LXV. 

(2) Gomara, Cióxu cap. XLYII.— Heneni, áéo. lí, Hb. VÍ, oap. VII.-«'Torqiie. 
nuda, lib. IV, oap. XXXII. Bernal Díaz no menoiona lo del asalto al real, en lo 
coal le Edgae Prescott: Cortés, en Lorenzana, pág. 52, dice: "Otro diaen amane, 
"dendo, dan sobro nnestro real más de ciento y cincuenta y nnere mü hombres, 
"qoA cabrían toda la tierra, tan determinadamente, qne algonos de ellos entraron 
"taitro en ^ y anduvieron á enohilladas con los espafioles/' 

(3) Bemal Díaz, cap* LXY. ^ 



TOM. re.— 27 



CAPITULO X. 



MOTECUHZOMA XOOOTOTZIN. — CaOAMA. 



Omwioi.'-Bmdqfada á ¡a Señaria^-^ConmUa á los papen y háohie&roé»^S!mbqfada 
UaoKkUUoa.'^CortésIiaeé (HniarloinMnoéddnouentaetpUu^^IfyiUOi^^ 
to noolM^ic.'^Baopéáttíon á TtímpmUBtn^.'^Oira embufiada mgxSoa.'^La mño- 
rtíide TkuoaÜtMte éMdépor la fHU^^BeriOmeki de XiooteneeOL^XióotenúatL^ 
Bmbqfada de loe tíaMaUeea.^Pae con la repúbUea.'^OvaeiinK'^StUrada en Tbu^ 
caück'-Bautíemo de loe euaüv eabeeaede ¡a eeñ^ria^^Muimor en ¡atíena.-^JSiegcí^ 
U dA CérU9.'Sumfdan de Mt^nobdneay de IiamwehÜLSi Pepoeatepdo.^AM' 
emekndeDUg^déOrdásL 



Iacatl 1519. Sigoieodo los cómputos de Cortés, al sipiieate aeis 
de Setiembre, salió del real antes de amanecer con los caba- 
llos, cien peones y los indios aliados. Sa comprende ser el intento 
amedrentar á los tlazcalteea, eiipaioir* el terror cansando dafio en 
la comarca. Dirigiéndose sin ser sentido á la llanura, quemó y des- 
truyó hasta diez pueblos, alguno de ellos de más de tres mil casas, 
sin encontrar resistencia más de en una población cuyos habitantes 



sil 

tsdbiirotí giftm dafto. Cuando loe gaeireíoB se lennían para deftsíh 
imé^ om ü botm reoogldo y los bacrkimentoa se tornó al real, des. 
poes de medio día, si bien los iiidígenas vinieron peleando por el 
CBmasúXK (1) 

Antes de salir á esta correría, coa tres principales tomados pri- 
sioneros en la batalla anterior y los dos primeros mensajeros, D. 
Hernando enTÍ6 nuera embajada á los sé&ores de Tlaxcalla, para 
repetir el razonamiento de costumbre; que concierten en la paz, pues 
los blancos no quieren hacerles dafio, pretendiendo únicamente el 
poso por BUS tierras para ir á verse ccm Moteouhzonia; si de aque- 
lla vez no consienten en ser amigos, todos ellos serán destruidos. 
Los enviados fueron á la capital, y dieron el mensaje á los seCores. 
Los cuatro nobles de la ^oria no habían caldo en desaliento toda- 
vía, si bien os les veía confusos por la mala suerte alcanzada en los 
combates. Por otra parte estaban perplejos, pues los extranjeros 
sipaiecian invencibles, invulnerables, ya que no se sabía recibiesen 
el menor dalia, la tradicicm los proclamaba dioses y así lo asegura- 
ban los cempoalteqa; pero estaba en contradicion con no verles co- 
mer el eorasson de las víctimas, el derrocar los teocalli de las divi- 
nidades, mimrlos vivian como los simples mortales, tener las debi- 
lidades comunes, codiciiur el oro y los placeres. 

Para salir de la incertidumbre recurrieron á la sabiduría de sus 
laoofdotea) beohioeros y adivinos. Reunidos^ después de levantar la 
figorav deolaiMon ser los extranjeros hijos del sol, del cual recibían 
hnfíUk y virtud; pot consecuencia, de dia, á la luz del astro radian- 
ts, exaaa esft^zados é invencibles; mas dejaban de serlo en las tiíiie- 
Uas^ durante las e«ales se tomaban pusilánimes y débiks. Pareek^ 
bien ta soluoiou y fué adoptada. El senado iacultó á Xieotenoátl 
para asi^tar el real durante la noefae al frente de é&M mil soldados. 
(2) Pbr absurda que i^íM^ezca k solución de papas y nigromantes, 
saeerraba en el fondo algún poco de esperanza; presumimos no tier 
extrajo el iidujo dé Xicotencatl en semejattto medida. Pelear de 
noche era contra la costumbre militar, contra el derecho estableci* 
d(r, los tla:iícalteca hablan combatido ardorosamento durante la láz; 
las órdenes solas del general no hubieran sido obedecidas para pe- 

(1) Cartas de ralao. en Lorenzana, pág. 52. 

(2) Benal Díai, eap. LXVI. 



2J2 

lear en la osonridad; para probar fortuna en bs combates nocta^ 
nos era indispensable una autorización, un mandato civil j religo- 
so al mismo tiempo, á fin de no encontrar resistencia en los guerre- 
ros. En las tinieblas los tiros de la artillería serían menos certeros, 
menos temible el movimiento de los caballos, se igualarían los gol- 
pes de las armas asestados al acaso. 

El siete de Setiembre vinieron algunos mensajeros de TlaxcaUa 
á dar la respuesta pedida; presentaron al general algunos regalos y 
cinco esclavos, diciendo al general el mÜs animoso: "Si eres dios de 
" los que comen sangre é carne, cómete estos indios, é traerte he- 
^< mos más; é si eres dios bueno, ves aquí encienso é plumas; é si 
!^ eres hombre, ves aquí gallinas é pan é cerezas." El marques siem- 
pre les dice: "Yo é mis compañeros hombres somos como vosotros; 
<< é 70 mucho deseo tengo de que no me mintáis, porque 70 siem- 
*! pre os dicie verdad, é de verdad, os digo que deseo mucho que no 
V seáis locos ni peleéis, porque no recibáis dafio.'^ (1 ) En estas relacio- 
nes presi¿b[a por ambas partes la mayor mala fó. Los sefiores de 
Tlaxcalla protestaban de su amistad, hechando la culpa de la gue- 
rra á los biirbaros otomies; Cortés apetecía ser ermano de los tlaz- 
calteca y el paso franco para ir á México, cargando la mano en la 
destrucción, cual si no hubiera otro camino para llegar á tierras del 

imt)erio. 

Los dias anteriores, principalmente después de alguu combate, 
venían algunos in^os*con pan de maíz ó tortilla, gallinas y cere- 
zas; (2) presentábanlo á Ck>rtés y le decíwj les pesaba mucho le 
hicieran enojo en la tierra b cual no era por voluntad suya, sino 
que la gente que peleaba era de otra nación bárbara, moradora de 
unas montalias que mostraban con el dedo: tenninal]|m siempre pre- 
guntando j^^Cluó dafio han hecho estos bellacos en vosotros?^ Don 
Hernando respondía, no recibir ellos mal alguno, si bien le pesaba 
del mucho dafio por los contrarios recibido. (3) Aquella tarde vieron 
pasar los centinelas gente de guerra por un cerro no distante, y po- 

(1) Sdlaoion de Andrés de Tapia, ftpud. García Icasbaloeta, pág. 669.— QomaBiy 
CróJU oap. XLVU.— Herrera^ déc. IIi lib. VI, cap. VIL— Torquemada, lib. IV, eap. 

xxxn. 

(2) Las céreas no eraa^frnta conocida entonces en México; traían capulines algo 
parecidoB en la Agora á la cereza. 

(8) Belae. de Andrés de Tapia, pág. 567. 




213 

co después se presentaron en el real hasta cinonenta hombres, tra- 
yendo como de costumbre algunos comestibles. Si los espías ante- 
riores se habían portado disimulados, estos se pusieron é, discurrir 
por el real, examinándolo todo como entre bobos y admirados. No 
caían en la cuenta los castellanos, más el cempoaltecatl Teuch, co- ' 
nocedor de las prácticas de guerra en Anáhuac, lo hizo notar á D. 
Hernando, advirtiéndole ser aquellos espías, j como hablaban reca- 
tadamente con los de Iztacmaxtitlan. D. Hernando se apoderó di- 
simuladamente de uno de ellos, j amedrentándole supo por medio 
de los intérpretes Marina y Aguilar, como Xicotencatl estaba con 
gran cantidad de gente en unos cerros fronteros al real para dar 
aquella noche el asalto; porque decían no valerles nada pelear 
de dia, j querían probarse de noche á fin que los guerreros no 
temiesen los caballos, ni los tiros, ni las espadas; ellos habían veni* 
do á yer las entradas y salidas, con la manera de poner fuego á las 
chozas de ramas. Examinados uno tras otro, hasta seis, se confor- 
maron en la respuesta, por lo cual reuniendo á todos les dijo: '^Os 
'* he ya avisado siempre que conmigo habláis, que no me mintáis, 
" porque yo nunca os miento, é agora venis por espías y con menti- 
" ras'^ é hizo cortar las manos á los cincuenta, despidiéndolos con 
encargo de decir á Xicotencatl, viniese cuando quisiera, de dia ó 
de noche, pues siempre vería quienes los castellanos eran. (1) 

Ck>rtés tomé las disposiciones necesarias para rechazar el asalto; 
pero calculando acertadamente sería mejor salir al encuentro del 
enemigo alistó los jinetes, haciendo poner á los caballos pretales de 
cascabeles, más con objeto de reconocerse en la oscuridad, que de 
atemorizar á los indios. Listo estaba al ponerse el soL Cerrando la 
nodie, Xicotencatl con sus guerreros dejaron el escondite de los ce- 
nos, penetrando silenciosamente en la llanura, encubiertos por los 
maisales; creían no haber sido sentidos, y sin embargo las velas y 
escachas habían ya comunicado la alarma en el real. Era una no- 
che de lusa, A cuya luz indecisa cargó la caballería con su acostum* 
hndo denuedo; su vista inesperada lleno de terror á los tlaxcalteca 

(1) Cartas de mlac. en LoreiuBana, pág. S8.— Oomeny Ción. cap. XLVIII.— Bela- 
«ten de Andréi deTáfU, pág. 57a— Henera, dée. II, lib. VI, cep. VIII, eeeiibe. 
ria dada pe» minonr le imptesUm de eeta eraelded: **mpíóó eortar lee Bumos á 
'■■tatadaeOoe^yáalgioMMkMi dedoe pvlgane, moj oontxm nToliiiitad, pueeítB 
'*do^ qae pan lo de adelsfcto mí eooTenie'' 



214 

resbtieron poco, dándose prontamente á huir por entre los aembrar 
dosi no sin ser persegoidos y recibiendo algon dalUx Poooe Itogaron 
hai^ el real, fácilmente recliazados y puestos en fnga. (1) 

Semqante malaventura fué natural. No por una disposición ni 
en una sola vez se arranca una costumbre inveterada^ una supofa- 
tieton arraigada. Ademas la predicción de los papas y adÍTÍnos ha< 
bia salido absolutamente falsa, pues los blancos estaban dispuestos 
i pelear también de nocbe. Asi, los guerreros quedaron asombra^ 
dos, desmayaron confórmese vieron encima á los fuertes y vengati- 
vos dioses. Siguióse entonces mayor perjuicio de las creencias reli- 
giosas que de la derrota. Los hombres blanco^ crecieron mucho en 
la vulgar estimación del populacho, y como por los errores públicos 
paga de continuo el más flaco, dos de los desdichados nigromantes 
fueron sacrificados á Camaztle. Los castellanos sacaban venti^^s 
de los "desaciertos de los indígenas. 

Como de costumbre, después de aquella victoria despachó Cortos 
nuevos mensajeroé á Tlaxcalla; más conformándose ea cierta mane* 
ra á los usos de los indios, al darles el constante recado de paz con 
protestas de amistad y amenazas, les entregó una carta y una sae- 
ta, dando á entender con ello á la s^oria escogiera definitivamente 
entre la paz y la guerra. (2) Pasáronse ciertos dias sin hacer cosa 
notable, fuera de constantes correrías en los alrededores del cerro 
para perseguir y desbaratar las partidas de otomíes que se presen- 
taban, ya para provocar gritando, ya para trabar alguna ésoaramu* 
za. <3) 

Don Hernando vivía en el teocalli, y de noche cuando no dormia 
registraba la campiña con la vista, para observar si había lumbres 
indicantes de alguna población; así descubrió por el dia ciertos hu- 
mos grandes, á unas cuatro leguas del real, junto á una sierra en la 
cual aparecía haber muc^a geifite. ¡Una^Bo^hr, deiipu^ de rondada 
la guarda de prima, dejó el rea} al frente la cab^lería, cien peoMS 
y los indios amigos, tomando ejl. rumbo hacia Ips peSoles. Camiaadli 
una legua, subd^mente se derribó un cabaU94Ú ^uelq sin poderse 
menear; avisado Cortés, dijo: *Tues vuélvase su dueño con él al 

^I) Cartasde Boloo*. pág. 64,— Bemal J>te» oap. JuXYL-r A^i oiU i 

(2) Bemal Diaz, oap. LXVÍL « . 

(3) C.ort^, en lioreni^anflr pág* ^* Qowa% adTÍectf poguimoi áe ptWlerbiuMítUP 
relación de Cortés, teniendo en cuenta el ordéa da loa «noesofl omitidos por «I : * 



216 

real" Respondió la misma ftase al caer de idéntica maaem el se- 
gando caballo; los soldados le observaron: "SeficMTi mira que es mal 
" pronóstíco, é mejor b^ 4^0 dejemoe amanecer; Inego yeremogp(»r 
t^ do vamosi'^ SI dicie: (Por qué miíais en. agaeros? No dejaré la 
"jomada, poiqne se me figoia qne de ella se ha de seguir mucho 
" bien eeta noche, é el diablo por lo estorbar pone estos inooayinieot- 
*' tes.'' Cayó tambiea al suelo el caballo de D. Hernando; más ann-^ 
quehieieron alto por un rato/ siguieron adelante con las oatialgadia- 
ras del diestra (1) Por fortuna los caballos quedaron bueuos A po- 
co tiempo; acometidos ligeramente de torozón por alguna yerba que 
C(»ni0ron, según creemos^ lo atribuyeron los castoUanos i hechicería, 
pue» en aquella época, b]aiMK>s é indios, en esta materia adolecían 
de las mismas supersticiones. 

Perdido el tino en la oscuridad, dieron en un pedregal del cual 
con dificultad saliwon; divisaron la lumbre en una choza, en la cual 
se apoderare» de dos mojeres, y como en seguida aprisionaran doa 
hombres, estos les sirvieron de guías. " Y antes que amaneciese 
'^ di sobre dos pueblos, en que mató mucha gente. É no quise 
" quemar las casas,' por no ser sentido con los fuegos de las otras 
'^ poUaciones, que estoban muy juntos." (2) Al amanecer cayeron 
sin ser sentidos sobre TaimpantzincOi lugar de hasta veinte mil ca- 
sas;* los castellanoe penetraron por las calles haciendo estrago en los 
sorparendidos babitontos, quienes huíaQ desnudos, así como las mu- 
jeies y los niños, lanzando lastimeros gritos: los principales y loa 
ancianos se presentoron á pedir el fin de la matonza, arrojando las 
armas en s^al de paz los pocos que las habían tomado. Dijeron» 
no haber ocurrido en amistad al real por impedirlo Xicotencatl; maa 
que ellos quieren ser amigos de los castellanos, en se&al de lo cual 
lea eu>ministfarían vívaos. En efecto, sacaron á los blancos cerca 
de una fuente mi donde les dieron abundante comida, acompa&ando 
en seguida A los blancos conduciendo buena cantidad dQ vitualla/^ 
Don Hernando encalla .4 los papas y principales dijeran á los sefio- 
lee denlas cuatro cabeceíascómo habían sido tratados, prpponiféndoles. 
dejaran una guerra para ellos tan costosa y concertaran la paz. (3) 

(1) Belüoion de Andrés de Tapia, pág. 568. 

(2) Cortés relaciones, pág 54, 

(S) Bemal Díaz, cap. LXVni.— Gomara, Crón. cap. L— Herrera, áéc, tí, lib 
VI, cap. Vni.— Torquemada, lib. IV, cap. XXXÍII. 



216 

Sabido Ooirtés en ana altara descabrió grandes caserías y pregan- 
tando caáles eran le respondieron, la cindad de Tlaxcalla; llamó & 
Io9 soldados y dijo tranqailamente: '* Ted, qaé hiciera al caso ma- 
tar los de aqai, habiendo tantos enemigos allí," Yolñéndose enton- 
ces al alcalde mayor Alonso de Grado le pregantó: ^* Atenta la ma- 
chedambre de gente ¿qaé os parece se debe hacer?** — ^* Retirarnos á 
la costa; respondió Grado, y escribir á Diego Yelázqaez nos envié 
socorro, porqne si sobreviene algan accidente 6 enfermamos seremos 
comidos por los indios.** Aqnella respnesta, eco de los pensamien- 
tos de machos en el real, no debió sonar bien á los oídos de Don 
Hernando, qnien disimalando la flaqaéza se contentó con replicar: 
" Advertid qne retirándonos las mismas piedras serán contra nos- 
otros, y si nnestra mae'rte es cierta, mejor es acabar llevando naes- 
tro intento adelante, qae no hayendo.** (1) Los expedicionarios 
íheron recibidos en el real con gran júbilo, paes por haber visto vol- 
ver los dos jinetes temían hnbiera sacedido algana desgracia. 

Aanqae la victoria coronaba los estandartes castellanos, costaba 
ana porte del efectivo de las tropas lo ya ejecntado, poniendo espan- 
to ann en los más briosos lo qne de la empresa restaba por rematar. 
Habían sacambido sobre cincnenta y cinco hombres; de quienes so- 
brevivían, la mayor parte estaban heridos; doce estaban dolientes 
de enfermedades, entre ellos Fr. Bartolomé de Olmedo y el mismo 
Cortés adolecía de calentaras: (2) sobraba la comida, es verdad, 
más faltaba sal para condimentarla y escaseaban los vestidos. El 
contínao pelear, traer las armas siempre puestas, rondas y vigilias 
habían agotado las fnerzas de los más robustos. El disgasto y las 
marmaraciones se propagaron en el real. Machos soldados en co- 
rrillos y pláticas se mostraban mustios y desalentados. Estando de 
vela Don Hernando oyó decir dentro de ana choza: " Si el general 
es loco y se mete en donde nanea podrá salir, no lo seamos noeottos, 
volvámonos á la mar y si él qaiere venir con nosotros, bien; mas si 
no, le dejaremos.*' Casi públicamente le llamaban Pedro Carbone- 
ro, qne les había metido en donde nanea podrían salir. (3) Llegó 

(1) Belaoion de Andrés de Tapie, pág. 568.— Oonuun, Ctóiu oap. L. — ^Herrén, 
déo. U, Ub. VI. oep. VIII. 

(2) Bemel Diez, eep. LXVI. 

(8) Oeitee de Belao. pág. 65.—'* Pedro Garbonerote, que por entrar á tierra de 
** moros, ¿ haoer aelto, ee hebia quedado allá muerto, oon iodos loa que con él fue- 
**X0D«" €K)mara, Cfón. oap. LI« 



k 



2ir 

el aireyirniento hasta meterse siete personas en la posada de Cortés, 
para hacerle presente la dificultad de la empresa,' el corto número de 
los blancos, la inmensa mnchedambre de los contrarios ^as pérdi 
das enfridos; parecía acertado tomarse á la Villa Rica á esperar re 
faerzos, pnes con los elementos actuales la conquista era imposible 
Respondióles mansamente Cortés recordándoles la buena fortuna 
que hasta entonces los había aoompafiado, la confianza que en Dios 
debían tener, pues por su causa combatían; haciéndoles notar, que 
retrocediendo, en lugar de tenerlos por dioses les mirarían como co* 
bardes y de pocas fuerzas, sus propios aliados se mostrarían contra 
ellos por temor de Motecuhzoma. Los quejosos insistieron en sus 
aigufbentaoiones, hasta que Don Hernando algo enojado respondió, 
. más valía vivir por buenos que morir deshonrados; é interviniendo 
los amigos del general le dijeron en altas voces no hiciera caso de 
corrillos ni pláticas, sino dispusiese lo que juzgara conveniente y to- 
dos ellos obedecerían. (1) 

Los aliados acostumbrados á la obediencia ciega y pasiva no mos- 
traban temor alguno. Consultado por Cortés el jefe cempoaltecatl 
Teuch le respondió: '^ Sefior, no te fatigues en pensar pasar ade* 
^ lante de aquí, porque yo siendo mancebo fui á México, y soy ex- 
''perimentado en las guerras, é conozco de vos y de vuestros com- 
^'pafieros que sois hombres é no dioses, é que habéis hambre y sed 
*'y 06 cansáis como hombres; é h^te saber que pasado de esta 
" provincia hay tanta gente, que pelearan contigo cien mil hombres 
*' agora, y muertos ó vencidos estos vemán luego otros tantos, é así 
"podrán remudarse ó morir por mucho tiempo de cient mili en 
"cient mili hombres, é tú é los tuyos, ya que seáis invencibles, 
"moriréis de cansados de pelear, porque como te he dicho, conozco 
"que sois hombres, é yo no tengo más que decir de que miréis en 
"esto que he dicho, é si determináredes de morir, yo iré con 
"vos." (2) Verdadero valor es, reconocer la magnitud del peli- 
gro y querer arrostrarle. 

Pide la justicia declarar, que en aquellas circunstancias Don 
Hernando se mostró muy grande. Evidentemente su resolución no 
dimanaba de ciega tenacidad; dentro de él debía haber un impulso su- 



(1) B«nua DÍAZ, oftp. LXa. 

(3) BélM. d6 Anales da Tapia, pág. S71. 

TOM, IV.— 28 



218 

perior para empujarle adelante; una toz seoreta le hacía cerrar los oídos 
á todo cornejo. Para nosotros, impulso y voz venían de la fé en sa 
causa, dO' la fé producidora de verdaderos milagros en la humani- 
dad: veía en el cielo la estrella cintilante que oondujo ú, Colon á lo 
largo del inmenso y tenebroso Océano. 

Sin duda la situación de los castellanos era apurada; permanecer 
indefinidamente en el cerro no hubiera sido acertado, y tampoco era 
cuerdo bajar á la llanura en busca de batallas en campo abierto. 
Una de las meltiplicadas inepcias de Motecuheoma los sacó del em* 
barazo. Aquel monarca, al ver penetrar á. los blancos en el territo- 
rio de Tlaxcalla, se haría este cálculo sencillo; si los invasores ven- 
cían á los tlaxcalteca, ganaba él imp^io en la destrucción de sub 
enemigos; |SÍ lo contrario acontecía, los importunos teules no ten- 
drían ya ocasión de ir á México. Informado constantemente por 
sus espías, supo de las victorias de los españoles sin inquietarse por 
ello, más. informado de los pensamientos de la señoría para hacar la 
paa, entró en gran cuidado, pues la alianssa uniendo las fuerzas de 
sus contrarios los hacía mucho más temibles. A fin de evitarlo reu- 
nió en concejo á las personas principales del imperio; Cuitlahuac, 
señor de Itztapalapan, opinó mandar embajadores á Cortés con un 
gran présente, pidiéndole su amistad y rogándole no pasase á Mé- 
xico por haber en ello inconvenientes; Caoama fué del parecer de 
siempre, recibir con todo decoro en la ciudad á los extranjeros. Di- 
vididos los pareceres, Motecuhzoma adoptó el de el señor de Itzta- 
palapan, á la verdad no muy acertado, si bien introduciendo tma 
mala variante; en consecuencia se dispuso nueva embajada. (1) 

No bien apaciguadas las murmuraciones en el real, llegaron eeia 
principales nobles méxioa con doscientas gentes de servicio; coa laa 
ceremonias á su usanza, saludaron ¿ Cortés, presentándole un rega^ 
lo de hasta mil pesos de oro en polvo, igual número do piezas der 
ropas de algodón^ joyas de valor y plamas de valía. El más ancia ^ 
no tomó la palabra, diciendo le saludaba de parte de Motecuhzo- 
ma, quien lo mandaba la enhorabuena por sos vkiorías contra los 
tlaxcalteoa; quería el emperador ser amigo del bravo capitán y r^ 
conocerse por vasallo del gran rey á quien servía, li cuyo efocio 1^ 
mandaba aquel presente y le mandaba preguntar con cuál cantidad 

(1) Torqnemada, lib. IV, cap. XXXV, 





I 



21» 

y en qné objetos debería pagar cada afio el tributo; pero que le su- 
plicaba DO fuese á México, porque siendo la tierra estéril, el cami* 
DO áspero y peligroso quería evitar le sucediese algún dafio. Tomó 
el presente Don Hernando y agradeció el recado, haciendo muclios 
halagos y demostraciones de amistad á los embajadores, á quienes 
sin embargo no dio por entonces respuesta, reteniéndolos á su lado, 
mientras se desenlazaban los tratos con la república. Los embaja- 
dores habían tomado por la vía de Huexotaioco, y sea que éstos los 
patrocinaran 6 les fuera salvaguardia su respetado carácter, ellos no 
encontraron contradicción por parte de los tlaxcalteca hasta pene- 
trar en el real. Más según lo mejor averiguado, aquel mismo diai 
como en desafío á los méxica, Xicotencatl cai^ deoonadamente 
con . tres escuadrones de guerreros sobre el real, haciendo prodigios 
de valor por salir airoso. Don Hernando, atacado de calenturaSf 
había tomado un purgante, no obstante lo cual dada la alarma 
montó á caballo, se puso al frente de los jinetes, y ayudado por los 
peones rechazó el asalto. (1) Xicotencatl se retiró á su campamen- 
t€i, menos resentido de sus pérdidas, que despechado por haber sido 
vencido en presencia de los méxica. 

Mientras esto pasaba, los emisarios de D. Hernando, enviados 
con la carta y la saeta, se presentaron á Maxixcatzin y Xicotencatl, 
ante los cuales expusieron su encargo. Aquellos señores convocaron 
á los otros dos de la sefioría, á los principales capitanes y aun á sus 
amigos de Hoexotzinco. Reunida la junta, Maxixcatzin, desde el 
principio ardiente partidario de los extranjeros, sé decidió por la 
aUanaa con los hombres blancos, tomando pié de las desgracias 
ac(mtecidas para esforzar sus primitivas argumenteuáones: de nada 
había servido combatir á los teules de dia ni de noche, por el con- 
trario, aquellos seres eran poderosos, á causar dafio, mostrándose 
siempre invencibks é invulnerables; trataban con humanidad á los 
prisioneros, y en rez de matarlos los ponían libres; quitaron á los 
totonaca del yugo de Motecuhzoma, y ahora pretenden ser amigos 
de Tlaxcalla para defenderla de aquel su cruel y encarnizado ene - 
migo: inmensas ventajas deberían seguirse de la amifttad cop los 
teules^ mientras de c^mtinuor combatiéxidekfs sólo se «leanaai^ía la 



(1) Cortés, Cartas de relao. pág. 60.— Bemal Díax, cap. LXXII.— Oomara, Crdn. 
cap. XTjTX,— Herrera, dée, II, lib. VI. cap. X.— Torqnemada, lib. IV, oap/ XXXV. 



.« 



220 

muerte de los ciadadanos y la destnicciojí de la señoría. (1) Estas 
razones pesaron tanto ep el ánimo de los pasilánimes, que fue re- 
suelta la paz, 

En consecuencia, cuatro principales pasaron al campamento de 
Xicotencatl, el mozo, á ordenarle, de parte de la señoría, se abstu- 
viese de proseguir la guerra. El intrépido general se negó abierta* 
mente á acatar el mandato, y enojado, maltrató de palabra á loe 
emisarios: ya he muerto, les dijo, un caballo (2) y á muchos teules: 
en otra batalla que de noche les dé, logíBxé vencerlo y matarlos. 
Los cuatro desairados nobles tornaron con aquella respuesta al oon- 
sejo, la cual dio tanto enojo á los cuatro señores, principalmente á 
Maxixcatzin y á Xicotencatl el viejo, que mandaron intimar á to- 
dos los capitanes del ejército no obedeciesen á su general en cosas 
de pelear. Aquella segunda orden resistió como la primera, y Auu 
retuvo en su campamento i, los nobles enviados, evitándoles fuesen 
á demandar la paz. (3) 

Yérificóse entonces la expedición á Tzimpantzinco, y los del pue- 
blo, que habían traido bastimentos al real, eon promesa de seguir 
suministrándolos, lo avisaron & Xicotencatl; quien los riñó fuerte* 
mente, afeándoles la acción. Los papas y principales se dirijieron 
entonces á la señoría; informados los cuatro principales de la con- 
ducta observada por los blancos, en lo relativo á no matar los pri- 
sioneros, y teniendo en cuenta la determinación tomada para hacer 
paces, mandaron á los de Tzimpantzinco llevaran diariamente al 
real cuantos víveres se hubiesen menester. (4) Contrariando esta 
determinación, dio Xicotencatl el asalto al real, en el cual tan mal 
despacho alcanzó. 

" Era este Xicotenga, alto de cuerpo, y de grande espalda y biea 
" hecho, y la cara tenía larga y como hoyosa y robusta, y era hasta 
** de treinta y cinco años, y en el parecer mostraba en su persona 
" gravedad.^' (5) Esta noble figura, nmltratada en la pluma de al- 
gunos escritores, merece de toda justicia detenerse un poco en na 



(1) Bérnal Días, eap. LXVn. 

(2) Los méxkft llsaubsa si osballo numaU, venAdo, y taubieii UamaBohHl, danta 6 
anta. MaSoz Camargo, Hiat da TlazoaUa. ÜS. 

(8) Bemal Días, oap. LXVII. 

(4) Banal Díaz, oap. LXVIII. 

(5) Banal Dlaa, eap. LXXIII.— Cortea le Uama SioutengaL 




... .. ■.-*S" — - 



221 

presencia. Él sólo, en todo su pueblo, se mostró patriota, mante- 
niéndose firme contra los invasores; logró con su valor detener por 
alganos dias la carrera victoriosa de los blancos, y cesó de combatir 
cuando no tuvo quien le acompañara al combate. Derrotado de con- 
tinuo, no conoció el desaliento, volviendo á la pelea con doblado en- 
tnsiasmo. Heroicos eran los civilizados acometiendo la inmensa 
muchedumbre que los rodeaba; pero mayor j de mejor temple era 
la heroicidad del bárbaro, luchando contra la fortuna, la debilidad 
de BU8 compatriotas, contra los dioses^ invencibles y sus abrasadores 
rayos. Libre de las preocupaciones vulgares, leyó en el porvenir las 
desgracias que á su patria amagaban y quiso conjurarlas; loables y 
meritorios fueron sus inútiles esfuerzos; si la fama no les ha prego- 
nado cual debiera, es que la complaciente deidad sólo akba á los 
triunfadores. 

La última derrota, y sobre todo la presencia de los embajadores 
méxica en el real de los castellanos, apresuraron Á la señoría á. con- 
cluir la proyectada paz, y vencieron la obstinada resistencia de Si- 
cotencatl; temieron que los extranjeros estrecharan sus relaciones 
con Motecuhzoma, en lo cual debía empeorar la situación de Tlaz- 
calls, y se adelantaban á evitarlas, negociando por su propia cuenta. 
A fin de dar mayor seguridad á los invasores, fué nombrado Xico- 
tencatl como embajador principal; excusóse al principio, más aceptó 
al cabo, urgido por los señores del consejo. (1) 

Cuando no se esperaba, presentóse en el real Xicotencatl, segui- 
do de hasta cincuenta nobles principales, llevando las mantas por 
mitad blancas y rojas, divisa de la casa del general indio. Los mé- 
xica concibieron grande enojo al ver llegar á sus odiosos enemigos, 
y no filó menor el coraje en los tlaxcalteca. Atempanecatl, princi* 
pal embajador de Motecuhzoma, se acercó al noble de Tlaxcalla, 
Uamado ToUmpanecatl y le dijo: ^'¿A qué vienes aquí? ¿Qué em- 
^ bajada es la que traes? duiero saber de ello, y ¿sabes á quién se 
^ la traes? ¿Es tu igual para que lo recibas con las armas acostum- 
" bradas de la profanidad de la milicia?^ y no respondiéndole pala- 
'* bra, prosiguió el embajador de Motecuhzoma diciendo: "QrUién tie- 
'^ ne la culpa de las desvei^üenzas y contiendas que ha habido en Hui- 
^ tiálhuacan, Tepatlaxco, Tetxmolocan, Teotlalzinco, Tepetzinco, 

(1) Hexr«a, áéc U, lib. VI, cap. X.— Xozquemad», lib. IV, cap. XXXV, 



222 

" Ocotepeo, Tlamacazquicac, Atlmoyahoacan, Cecalaooyan, y en to- 
*« do el contorno hasta CholoUan? Veamos lo que vas á tratar con 
*! Cortés, que quiero verlo y oirlo." A todo esto habla estado pre- 
sente Marina, y así el embajador de la sefiorla de Tlaxcalla, vol- 
viendo á ella los ojos le dijo: ^^ Cttiiero en presencia de nuestro pa- 
^* dre y sefior, el capitán Cortés, responder á mi deudo el embajador 
« mexicano." Marina le resjpondió: " Proseguid en vuestras demwi- 
*^das y respuestas," y así volviéndose al embajador mexicano le di- 
jo: *^ ¿Tenéis más que decir?" El cual respondió: '' Harto he dicho, 
" sólo quisiera ver vuestra demanda" El cual lo respondió: "No 
*< tienes razón, sobrino, de tratar tan mal á tu patria y sefioria de 
^^Tlaxcalla, y mira que nadie te da en rostro con las tiranías qne 
*^ has hecho en alzarte con los sefiorios ajtoos, comenzando desde 
" Cüitlahuac y prosiguiendo por la provincia de Chalco, Cuauhqao- 
" chollan, Itzocan, Cuauhtinchan, Tecamachalco, Tepeyaoac y Cuex- 
** tlan, hasta llegar á la costa de Cempoalla, haciendo mil agravios 
** y vejaciones, y desde el un mar al otro; sin que nadie os lo dé en 
V cara ni estorbé; y que por vuestra causa, por vuestras traiciones y 
^^ dobleces, por tí haya aborrecido mi sangre el hue^otzincatl, cau- 
** sado todo del temor de vuestras tiranías y traiciones, sólo por go- 
^* zar espléndidamente el vestido y la comida. Ten vergüenza, no 
^* quieras vengar tus pasiones con mano ajena^ y si quieres tener 
** algún litigio, sal sólo al campo conmigo, que yo pondré la cabeea 
" para que ejecutes tü venganza, sin valerme de nadie^ que no me 
" da miedo la muerte. Y en h que dices, que recibí con las armas 
^* al capitán Cortés tu amigo, respondo, que los qne salieron de Za* 
^ caxochitlan, Teocalhueyocan, Cuahuacan y Mazahuaoan, huyen* 
** do de ti, vinieron á parar á mis tierras y fueron los que le hicie- 
<( ron guerra al capitán Cortés, y ahora le llevaré sobre mis espaldas 
** y le serviré." (1) Así se desataban los odios de aquellos pueblos 
rivales, en perjuicio de la causa común. 

Xicotencatl venia en su traje guerrero, más dispuesto en aparien- 
cia á lanzar ün reto, que á proponer la sumisión. Recibido con aga- 
saja por Cortés, le llevó á su aposento, en donde estando ambos sen- 
tados y los demás en pié, el e^ibajador entregó un pobre presente 
en joyas y mantas, algunos mancebos que debían serva de rehenes, 

(1) IxÜOzoobitl, HiBt. Cbiohim. cap. S8. MB, 





j tomando la palabra con vob reposada dijo: ser general de lae tro- 
pas de la república y quien babia hechc^Ia gaerra en defensa de la 
patria, pensando qne los castellanos eran amigos de Motconlusoma) 
de quien ellos babian recibido oontinuados dafios, ^nes si careoían 
de oro 7 piedras ricas, de algodón y aun de sal para sus alimentos, 
provenía de estar cercados por [los mózica; en nombre de Maxixca- 
tzin y de la señoría, se presentaba á ajostar nna paz segara y dora* 
deca, garantes de la cnal son los rehenes que presenta: para morti- 
ficar á los méxica que le escuchaban, se difundió en cargos contra 
el emperador Motecuhzoma y los culhua, gente que no descansaba, 
ni á nadie dejaba en sosiego, y pues la república nunca sufrió el 
yago de México, ni otro alguno extraño, ahora que venia á poner 
sos libertades en manos de D. Hernando, las mantuviera, y defen- 
diera las familias de los ultrajes de los azteca. Cortés respondió, 
que ellos tenían la culpa del daño recibido; él se había entrado por 
8U tierra pensando eran sus amigos, como los cempoalteca se lo ha- 
bían certificado, y no obstante haberles enviado mensajeros para pe- 
dirles su amistad, ellos le habían hecho la gnerra, y habiendo veni- 
do sobre seguro; le saltearon en el camino matándole dos cabaUos é 
hiriéndole otros. (1) Rogóle Xicotencatl fuera á aposentarse á la 
ciudad, '' y tomó Cortés á decir algo máá áspero de las guerras que 
** nos habían dado de dia y de noche; é que pues ya no puede bar 
^ ber enmienda en ello, que se lo perdona, y que miren qne las par 
^ cea que ahora les damos que sean firmes y que no haya muda- 
** miento, porque si otra cosa hacen, que los matará y destruirá á 
" su exudad, y que no aguardasen otras palabras de paces, sino de 
^ guerra." (2) En suma, D. Hernando se dio por agraviado; dando 
á entendí al admitir la sumisión de Tlaxcalla, que más era mag- 
nanimidad suya, que cosa por él ansiada y pretendida. 

Ajustada la paz, mejor dicho, la sujeción de la república, Xico- 
tencatl se retiró, llevando para sí y los de lá señoría, cuentas de vi- 
drio verdes y azules, regalo del vencedor. Los embajadores de Mo- 
tecuhzoma dijeron entonces á Cortés, no oreyese en los ofrecimien- 
toa de los tlaxcalteca, pues todo era burla, mentiras y traiciones; 



(1) Cartas de Belac. pág. 56—57. 

(2) Bemal Díaz, cap. LXXIIL— Oviedo, lib. 83, cap IIL— Oomarai Orón. oap. 
LIIL— Henera, déc. II, lib. VI, cap. X.— Torquemadaj lib. IV, cap. ZXXV, 



25Í4 

que estando resentidos de no haber podido matar á los blancos en 
las batallas pasadas, fingían la paz para llevarlos á la ciudad ó á 
parte donde pudieran darles cómodamente la muerte. Por su parte 
decian los tlaxcalteca á Cortés, que no se fíase en lo absoluto de 
los méxica, pues sus cosas las hacían con traición y mafia, de cuya . 
manera hablan sojuzgado toda la tierra; se lo avisaban por ser sus 
verdaderos amigos y conocer á los azteca mucho tiempo había. 
'^ Vista la discordia y desconformidad de los unos y de los otros, di- 
" ce D. Hernando, no tuve poco placer, porque me ^pareció hacer 
^' mucho á mi propósito, y que podría tener manera de mas aina, 
^^ sojuzgarlos, y que se dijese aquel común decir de monte ócc. é 
'* aun acordóme de una autoridad evangélica, que dice, Om7ie Re- 
'* gnum in seipsum divisum desolabitur: y con los unos y con los 
^ otros maneaba, y á cada uno en secreto le agradecía el aviso que 
" me dada, y le daba crédito de más amistad que al otro.'^ (1) 

Xicotencatl, al tomar de Tlazcalla, fué recibido por la señoría, 
la cual, satisfecha de haber sido concertada la paz, la hizo publicar 
solemnemente en la provincia. Grande fué el regocijo público, ex- 
presado con enramadas y flores, un suntuoso baile con m& de vein- 
te mil hombres de la nobleza, solemnes fíestas á los dioses, con sa- 
erifício de esclavos. La muchedumbre iba y venía al real trayendo 
copia de mantenimientos sin recibir paga alguna, comunicándose 
con los blancos en toda confianza. Los cuatro señores de las cabe- 
oeías, celosos por la permanencia de los méxica, insistían diaria y 
porfiadamente en llamar á Cortés, á fin de apartarle de^la eomuni- 
caoion con sus enemigos y tenerle libremente en su poder. (2) 

D. Hernando difería la marcha con buenos pretextos, ya para 
darse á deseo, ya para observar si los tlaxcalteca obraban de baena 
fó, parte por estar todavía con los restos de las calenturas, y prin- 
cipalmente porque los embajadores méxica le habían pedido seis 
dias de plazo, á fin de mandar dos de ellos á dar cuenta de lo ocu- 
rrido á Motecuhzoma, recibir instrucciones y tornar con la respues- 
ta. En tanto Cortés escribió á Juan de Escalante su teniente, en la 
Villa Rica, participándole su buena ventura y rogándole le manda- 
ra ciertos encargos de vino y hostias para el culto. Con los indios 



(1) Cartas de Btlao. pág. 61.— Bernal Díae, oap. LXXni. 

(2) Herrera, déc. II, lib. VI, cap. ÍI— Torqnemoda, Ub. IV cap, XXXVI. 



225 

de lo8 contornos 7 de TTEimpahcinco fué levantada iiQa. gran cruz 
en et real, é& íimpió y aderezó el teocaHi de la cumbre ¿él cerré; re- 
formáronse adeoias'Iasyméndas de la tropa, mejorando cuanto pu- 
do cada út^o eú éomodidadea. Al tiempo estipulado llegaron al real 
seÍB nobles muy principales, con un rico regalo consistente en más 
de treí niil pesos de oro, en joyas de diversas hechuras, y doscicip^tas 
cargas de mantas de algodón y pluma; el más anciano dijo á Cor- 
tés, que Mojtecuhzoma le daba el pláceme por su buenck andanza, y 
le mega ahincadamente en bueno ni en malo se fíe de los de Tlox- 
calla ni á filü ciudad vaya, pues siendo pobres lo único que intentan 
es sacarloá de ahí para robarlos y matados. Cortés con semblante 
alegre recibió el regalo, dando por respuesta agra^decer el presenM, 
*^ y que él lo pagaría al sefior Montezuma en buenas obras;'' si fal- 
taran los tlaxcalteca á su palabra lo pagarían con la vida; pero que 
estando seguro no harán una villanía, ha determinado definitivamei^ 
te ir á Tlaxcalla. (1) 

Luego que los cuatro señores de la república supieron del regreso 
de los embuj adores méxica, en su empefio por disputarse á los ex- 
tranjeros vinieron en persona al real, en andas los unos, en hamacas 
loe otros, aeompafiados con gran séquito de nobles; en presencia de 
GortéB tomaron polvo del suelo con el dedo mayor de la mano dere* 
cha, el cual llevaron á la boca en señal de reverencia, incensaron al 
genetaV y tomando la palabra el anciano Xicotencatl le dijo ame- 
roeamente: Malínche, Malinche, muchas veces te hemos enviado á 
rogar nos iferdones por haberte dado guerra, dándote las razones 
por qué lo hicimos, y pues ya nos perdonaste, sólo falta te vayas 
con nosotros á nuestra ciudad á donde te atenderemos y regalare- 
mos; mira Malinche, vamonos luego, y no hagas caso de los diohos 
de los méxica contra nosotros, pues son falsos y mentirosos, y tal 
vez por su causa no quieres venir á nuestra casa. Con alegre sem- 
blante respondió Cortés, " que bien sabía desde muchos años antes 
" qué á estas sus tierras viniésemos cómo eran buenos, y que deso 
** se maravilló cuando le salieron de guerra;'' aquellos méxica espe- 
raban respuesta para Motecuhzoma; agradecía el convite para ir 6 
la ciudad '' y lo pagaría en buenas obras;" mas no lo había ejecuta- 



(1) Benitl Días, eap. LXXriL 

TOM. IV.— 29 



226 

do por no tener quien llevase la artillería, (i) '.'Pues cOn^o, le re- 
plicaron, ¿poí* ésto has estado y no lo has dlc^o? • y eu ipiéLm de me- 
dia hora prebendaron quinientos indios de carg^. )Up0 em^jadpiep 
méxica no llevaron .á b^en la determiñácioi^; más ^u^ áuájBik jffW es- 
tar presentes y saber cuánto pasaba se dqjaron persuadir para ir> 
Tlaxcalla, bajo la, promesa de Cortés de no consentir lea. hipi^raiiL 

Al dia siguiente do mañancv dijo misa el.presbitero Juan^Díaz, y 
despued. de Un^l exhortación, los castelUiips abandonaron el cerro de 
Tzoinpantzinco, al cual en memoria de los pueesQs ahí pasados pu- 
sieron por nombre Torre de la Victoria. Ptisos|^ qI ejército en marr 
cha con todas las precauciones de ordenanza, cada soldadp en su 
-j^stoj listas las armas, encendidas laa cuerdas para alcabuces y 
bombardas. '' lEJra cosa notable, ver la gente que de la oomairca ssr 
''lia á mirar á los castellanos, y todos espantados de ver á tales 
'^ hombres, con la experiencia de las batallas, que habían vencido; 
*' mudos y atónitos los miraban, no sabiendo qup creer, ni en que 
^' había de parar la venida de aquella gente. Y era también de no- 
" tar lo que los campéalas, y lo9 otros indios q^e seguían á. los caá. 
'^ tellanos, muy ufanos y hablando cqi^ los otros decían, porqu^unos 
^' contaban su fortaleza, su bondad y sus hazafllas, que todos lo oían, 
^' alabando su Dios en cuya virtud vencían: otros deoían, ¿qué os 
" parece? veis aquí los escogidos, enviados de su Dios, á qu^ tan- 
^^ tos de vosotros no bastaron á vencer, y 09 Íqs traemos jpor amigos/' (3) 
' El caúiino entero fué una verdadera ovación, concurriendo á la 
solemnidad mas de cien mil personas^ . Ea^el. campamento de Xi- 
cotencal los recibió el principal del lugar; , én Atlih^etza (4) salió 
á regalarles Piltecuhtli con nobles y pecheroi^ acatamiento igual les 
hicieron en Tizutla, (5). dirigiéndose en seguida á TlaxcaUa. Al 
entrar en la ciudad las calles estaban obstruidas por la muchedum* 
bre, las azoteas Uebas de curiosos;. los cuatro cabezas de. la seüoría, 
que al intento se adelantaron, vinieron á Corté|í cqn loa, nobles de 

(1) Lo» indios llamaban á los cafiones tepuzUíi qs d60lrj'<K)t»^i 3«nMd DíáB^ eetio- 
peando la palabra escribe tepuzgue, ^ 

' (2) Bemal Díaz; cap. LXXIV. 
(8) Herrera, déc. II, lib. VI, cap, XI. 

(4) Hoy Santa María, cerca del río Zahuapan. 

(5) Cabecera del sofiorío de Xicotencatl, hoy San Estrían. .... 



327 

oada pareiaüdÍGid, ooii ras vestidoB de nequen del oolor respectivo á 
8a demafoaeieiij j fos sacerdotes con süfl lúgubres yestidaras, mos- 
inado la recíeiite sangre de sns ottjas acabadas de sacrificar, tra- 
yeode en ki(r mancedlos braseñllos con incienao para zahumar á los 
ezfañugeffOSr Don Hemáüdo 0e ape6 del caballo, saludó cortesmen* 
te, j como XioDtenwtl y los dénuis se acercaran á abrazarle, les to- 
maba y 'asegiiiaba''pol:' la mnfieca de la mano derecha, dejándose 
ognxaSs ei cuerpo por soló el brazo izquierdo de sus amigos. Siguie- 
ron protestas de seguridades y amistad; en seguida tomándole en 
medio los cuatro sefloreild'lleTaroná aposentar al palacio de Xico- 
tencaAl: tuvieion- alojamiento- k^r soldados en lugar próximo al de 
«i geneval, los cempoaltéca con los dé Ixtaomaxtitlan en las cuadras 
del teocalli principa;), miéotrais á los embajadores méxica se dio po- 
sada, en la oámaiá de IMn Hernando. (1) Aquel dia memorable 
fué ^ttémee véintitree de Setiembre. (8) 

No obstante tantas pruebas de amistad, Cortés prerino á la tro- 
pa no' tomara nada á no ser que se les regalara y no se separara un 
paso de ios cuarteles sin previa licencia; en cuanto á la guardia la 
hizo iBoniMf odhbs mismas precauciones cual si el enemigo estu- 
viera al £reste. A los castellanos pareció aquello excesiva rigidez y 
así le r^veeentai^; ma^^el general les'respondió ser así indispensa- 
ble, pues siendO'tan pocos debían estar siempre alerta para no ser 
dasbaiatadoB; En esto nmóktraba terdadera prudencia. Notáronlo 
igualmente loside la sefiería y quejáronse, diciendo les parecía des- 
confianza ed eu» palabra» y ofrecimientos tan cauta vigilancia; so- 
sególes GovtésreispoDditodelés, ser acuellas leyes y costumbres de 
la milioin, las «cuales ¿fO se a^ndoíiabaii en paz ni en guerra. {3) ' 



• i 



(i; Mnfi^s.Ciwaiarga MS^^-Ix^i^ipidüti, HUt. Chiohim., cap. 88« Ma. Aségiva 
este escritor, que en lo relativo á Tlaxoalla sigue la autoridad de Tadeo de Niza de 
Santa María, natural de la cabecera de Teticpac, quien por mandato de la señoría 
BleiS^ go/behidáor Obn Alóñdo G^eis; esctibló éí afio 1648 una Historia de Tlaxca. 
lia 7 Wj^&k 1^ IMso.de Ospríftpsra SGrQeradai saBpanft.-^LaB pinturius de la 
loaola baooi^ Kelaoi9n á.lo^ lugares en que los.casteUioios faezon recibidos y .^spia- 
jados. 

(2) Dos diversas versiones encontramos. Gomara, Grdn. LIV, pone diez y ocho, y 
le mgnen Andrés de Tapia, Herrera, Torquemada, Ac Seguimos como máaoonfor- 
me o<m la ofónologíá die los toMsos á Bsraial DíSfe, oap. LXXIV, quien dioe: ''oo. 
««tto entnnvos sa ti^rrft de Tlizcsla hasta que fuimos á su dudad se pasaion yeintQ 

**y ouatso dias, y eistramos en eHa á 23 de Setiembre de 1519 afios." 
(Z) Bemal Díaz, cap. LXXV. 



228 

. El día sigaiente, sábado 24 de Setinabre, dijo miisa él P. Joan 
Blaz, aiistidndo i la peramonÍA Xiooteüoftil y MásíxeatasincionotixM 
xiiichos nobleá. Acabada la «^zeDOMmia^ los dos sofiorái pRlsontaion 
n9 pobre regalo en pocas Joyas de oro y ropiis de neqnen, aunque 
bien labradas, disoolpando lá pobreza de la dádinaícon las vejacio- 
nes y robos de los méxica, sobre quienes oargsfoa la mano pintán- 
dolos con negros colores: agradeeiólo de buena nlanera el general, 
encareciendo en cuiánto estimaba el don, nO por sa riqoetettno por 
Teñir de sas bnenos amigos. Ofre<Héronle igaalmMte mujeres mo* 
zas y por casar para él y los suyos, lo cuál tamlñen agradedé acep- 
tando. Ya hemos dicho la significación de estos regalos de mujeres, 
los cuales era¿ sefiales de paz y alianza, de relaciones de paientee- 
00 estrechados por los vínculos de la fandilipí; A ^1 presente oaáo 
había ademas el intento de obtener generacUm de seres tan prodi- 
giosos y valientes. Xicoten<»tl destinaba su pvopía hija para Cor- 
tés, y como en aquel dia no se separara de su preiunto hijO| como cie- 
go que era le palpaba rostro, barba y cuerpo^ á fin de ftormarse apro- 
ximada idea de la persona, (1) = 

Conforme al ofrecimiento hecho trajeron hasta treseientafi jóve- 
nes de buen parecer, de ellas esclavas, muchas de las principaims 
&milias y las hijas y parientas de los complacientes nobles. Teeui- 
loatzin y Tolquequetzaltiin eran hijas de Xicotencatl; Ifazizca- 
tzin presentó á Cicuentzin, hija de Atlapaltzin^ el s^or de Q^uia- 
huiztlan trajo á Zjaeuancozcatl, hija de Axoquéntzin y á Huitzno- 
huauhuatzin hija de Tecuanitzih. (2) Xicotencatl toibando á una 
de sus hijas por ¡a mano la presentó á Cortés dieíéudole: *^llalÍB- 
V che, (3) esta es mi hija y no ha sido casada; tomadla parb vos;" 
rogándole diese^las demás principales á los capitanes. Cortés las 
recibió son rostro alegre, diciendo ISiS aceptaba, mas que por entóa- 
ees las dejaba en poder de sus padres y parientes. Preguntado por 
cual causa hacía el desaire, no aceptándolas de luego á luego; re- 
plicó: ^Torque quiero hacer primero lo que manda Dios nuestro Se- 
Hfior, que es en el que creemos y adoramos, y á lo que envió el rey 

• 

(1) BernalDíaz, oap. LXXVIL 

(9) IxttilxoohiÜ, Hi8t Chiohim. cap. S4. HB.— Moftos Camsigo. MS. 

(S) Segnn apareoe,'el nombr«|d6 Malinohe ptudercm á Cortés en TksoilU doran» 
to la guerra j tal Tez como apodo; segirn Mnfioa Oamargo, después de eutnido en la 
dudad le dijeron el oapitan^Chalohiuh, ehaloMkuUk 



229 

^ nueatto 06fior, qae efl qae quiten sus ídolos, que no sacrifiquen ni 
*^2iat«a más hombres, nihagan oteas torpedades malas que suelen 
^ Iiaoer, y orean eñloque nosotros creemos, que es un sólo Dios 
V verdadera'^ Por boca de Marina 7 de Aguilar siguió ensalzando < 
las eizcelenoias'de la fé cristiana, dando á entender sus misterios y 
esperanna de laolvatida: concluyó con que para tomar aquellas 
mnjeMs por esposas y hacer más sólida y duradera su amistad, des- 
truyeran los ídolos, convirtiéndose á la rerdadera fé. Respondieron 
loe BOfiores, ser su religión para ellos antigua, y no poderla dejar sin 
examinar antes si sería bueno el cambio; sus dioses eran buenos y 
dábanles cuanto necesitabao;- aunque ellos no quisieran sé opon« 
dcían los papas y la multitud: terminaron con la declaración firmo 
de BO abandonar su culto, aunque por ello hubieran de morir. (1) 

Aparece que los cuatro nobles no se mostraban tan renuentes 
aoexca de admitir las divinidades extranjeras; pero consultado el 
pueblo,- se negó resueltamente i abandonar su culto y sacrificios. 
S^aiendo las inspiraciones tolerantes de sus dogmas, que admitían 
entre sus númenes las deidades de los demás pueblos, á la par de 
las suyos y con la m^ma reverencia y acatamiento, resolvieron de- 
jar poner en sus teocalli las imanes cristianas , sin abandonar por 
ello las nacionales. (2) No contento con aquella transacción, Cortés 
hubiera tal vez procedido de la manera imprudente que en Cem- 
poalla, á no haberle contenido los consejos de los capitanes Alvara- 
do, Yelazquez de León y Lugo, junto con las amonestaciones de fV. 
Bartolomé de Olmedo, quienes le patentizaron no sólo lo peligroso 
del paso, sino la inutilidad de una conversión- basada en medios vio- 
lentos sin haber penetrado el corasson. ¿*fClué aprovecha, decía el 
** religioso, quitalles abofa sus ídolos de un cu y adoratorio, si los 
" pasan luego á otros'^ (3) Transigiendo con las circunstancias, 
una sala del palacio de Xicoteneatl fué transformada en oratorio 
paxa loe castellanos; con gran flerta fué colocada una cruz en el si- 
tio donde los selLores recibieron al conquistador, y en un teocalli 
leoien construido, limpio y de nuevo encalado, quedó colocada una 
imagen de la Santa Virgen, con una gran cruz: "de que estaban muy 

(1) Bemal Díaz, cap. LXXVIL 

(S) Muftoz Cemargo, Hiai. da Tlaxoaila. MS. 

(8) Benial Díaz, oap. LXXVII. 



230 

^' adiniradofl los tUxcaUeoaa, yiendo que los criirtiai|os adamlMua al 
«< dios que ellos 41amabaa ToDaoacaaliiiitl, ^oe «ágaifioa, Axbol del 
*^ sustento, que asi lo Uámabau los aatigaos." (1) £q este teooalli 
•se dijo misa, y íUeron baati^adas las vineo ^doMelI^s prinoitMiles^ 
tras ouya oeiemoma. la hija de Xicoteacatl, llsn^dii j^ Xmüb. Lmsa, 
filé entregada á Pedro de Alvarado, la traida pc^r Maxixcfitwi nom- 
bxada Doña Elvira, cayó en poder de Joan Yela^quea de León, 4o- 
cando las demás á Cristóbal de Olid, Gonsalo da Saadoval y Alen- 
ao de Avila: (2) el resto se dio por pasto á los soldados. Prooeder 
extiafko, que facultaba á oonoubinatos pas^jeige sia responsafaili" 
dad reconocida. 

Los eseiitoDes de la república aseguran, que 0I presbítero Josa 
Diaz bautisó á los cuatro sefi(»res caberas, sirviéndole de padiáao 
D. Hernando Cortés, recibiendo estos nombres cristianos Bartolo- 
mé Xicotencatl, Baltasar Citlalpopocat^in, Gonealo Tlihueliolotáii 
y Juan Maxixcatzin; fuiidándose para ello, así en las relaciones co - 
mo en una pintura conservada en el cabildo dé Tlajccalla. (3) Lo mis. 
mo admite Fr. Juan de Torquemada, bajo la autoridad de Mu&os 
Camargo, si bien en parte distinta acepta otra relación en H cual 
se dice, que habiendo enfermado de viruelas Maxixcatain, afio 1620, 
y deseando morir cristiano, D. Hernando envió para baatiearle á 
Fr. Bartolomé de Olmedo. ''Y yo tengo aquel hecho por más veida. 
'^dero que éste, porque en todas las pinturas que hay de.esta his* 
** toria y bautismo, están todos cuatro juntos bautizándose, y «e&a- 
'' lado el ministro que fué el clérigo Juan Diaz^y . no fraile. Y esta 
^^ pintura está en la portería del convento de. Tlai^calla, y ellos C(»i 
^ sus nombres cristianos y gentiles sobre , sus cabezas. Y pues dea- 
*^ de los principios de esta conversión indiaM está hecha esta pinta* 
'* ra, y pasa sin contradicion de indios ni espa&oles, es cosa cierta 
^ que aquello pasó así, y veo como esta relación dioe*^' (4) En Ia.maata ' 
de Tlaaccalla, el cuadrete^octavo reptesenta el bcHitismo délos ona» 
tro eefiores. No obstante estos testimonios la asevjeracioA nos (pare?- 
oe falsa. No negamos que los cuatro cabezas df la aefiorla bajma^ 
B ido bautizados; negamos lo fueran durante la permanencia ida l^s 

(1) IzililxoohiÜ, Hi8t. Chichim. cap. 84. MS. 

(2) Bemal Díaz cap. LXXVII. 

(3) IxÜüxochitl, Hiflt. Chichim. cap. 84. MS.— Muflo» Camargó, M8. 
(i) Monarq. Indiana, Ub. IV, cap. LXXX. 



2$r 

castellanoe eü tá biüdad, el laes dé Setiembre 1519. Corté» calla por 
completo el hecho; hacen lo mismo Andrés de Tapia, Gomara y 
Heireira; sodke mía palabra ta información hecha én México y 
Pcebta, áfio 1666, ü soltcitud del gobernador y cabildo de natuia^. 
les de Tlazcallar é, eer cierto lo pregonaran conio uflo de sus mayo- 
res triunfos. Tenemoó en contrario la ántorídad de Bemal .Díaz, 
quien, como ya vimos, escribe Á este propósito: "dijeron y dieron 
^'por respuesta que no curásemos más de les hablaran aquella co- 
*^eáj porque ho los habían de dejar dé sacrificar aunque los mata- 
'^sen" (1) Otra relación contraria, y parece ifet la verdadera respec- 
to de Maxixcatzin, es la mencionada por Torquemada. A nuestro 
entender, es invención de los vencidos, perpetuada por los escritores 
de origen tlaxcalteca, haciendo alarde, en los tiempos de la domina- 
ción espaliola, del gran mérito contraído por sus compatriotas en los 
días de la conquista, ya por su lealtad con los invasores, ya en ha- 
ber admitido dócilmente los misterios de la fé. 

M rumor de la entrada de los hombres blancos y barbudos . en 
TlaxcaÜa, se derramé con increible velocidad por la tierra, causan- 
do gran admiíacion, ptes la República gozaba fama de poderosa y 
valiente. Be todas partes acudía la gente en secreto, á yqx los ma- 
ravillosos extranjeros, "y de Tlaxcalla les decían más de lo que era 
" por espantar toda la tierra, afirmando que eran dioses, y que no 
^^ habla poder humano que los pudiese ofender, ni enojar.'^ (2) Bajo 
estas impresiones, los castellatios pasaban hermosa vida, respetados, 
atendidos, agasajados, con gran abundancia de manjares y placeres.. 
D, Hernando y los suyos, visitaron minuciosamente los palacios, 
templos' y* lugares públicos, asi para satisfacer lu curipsidad, como. 



(1) Beríial Díaz, cap. íiXXVII. * . 

(2) Herrera, ddc. IJt, líb..VI, cap. XI.— Muñoz Oamargo.. MS. — Cnriosf^ spmlas 
consejas anrediisdto entre aquellos pueblos teápéoto del 'dab'ano. Ciréíaá al principio 
oom^ cxej^eéúsí'Vk 'üabasoo^ que animal y lioubM 4ñnsk t^ia Má jsiézá como ^fabu- 
loso eentyufo, y por este engafio daban {tara, .el bn^te taofopé^ áfi gr^lM^ pan y QO^ 
mida. Tuviéronlos después por bestias fieras ooinedoras de geeate, i ct^a. causa los 
hombreé blaiicos les ponían frenos énlas bocas y los traían atraillados con dadenas 
de faierf^* así, etiando algún caballo traía el líoéfco ensaíQgreñtádcH^décíaíf se^bfal 
comido algún hombre: eran inteligentes para ejecutar las órdenes recibidas de los 
Uancos, y cuando relinchaban creían era de hambre, acudiciado lueg^ á^a4es.4e 
eomer j beber cumplidamente, porque no se enojasen. ' Después con el tñto ifrecúen- 
tOy se desvanecieron estas maravillas, queditodo «n -díales feAi pcfí aumento; 



2^2 

para haterse cargo de loB ponuenores del lugar; el (x^c^uistador ase- 
gura ser lacluaad njiüj pmypr q^ue Grabada; aK^udiau , (^^etldiao^ 
mente treinta mil personas al mercado prÍAcipaíf ampliamente pr<^« 
visto de mantenimiento,, loza yobjetocide tv&fioo, ^ ci^mpii^as es- 
taban labradas j sembradas, tenían policía y biuena admiiiiatracion 
de justicia, como lo comprueba el hecho de que, habiendo xohado 
un indio cierto oro á un español, el delincuente fué perseguido has- 
ta Cholollan^ 7 ¿raido fué ajusticiado en. la plazca del mercado; por 
visitación ó empadronamiento se encontraron 600,000 vecinos en la 
provincia, (1) la cual, á su juicio, me,dla. noventa leguas en contar*' 
no^ sin haber cosa vacia. . Parecióle semejante el gobierna al de las 
seliorlas de Yenecia, Genova ó Pisa, " y entre ellos hay toda mane- 
" ra de buen orden j policía, y es gente de toda razón y coacierto, 
" y tal que lo mejor de África no se le iguala." Asegura de la loza 
ser, '' de todas maneras y muy buena, y tal como la mejor de Espa- 
ña.'' Respecto de la comparación con Granada, entendemos referir- 
se al tamaño de la ciudad y en man0ra alguna á los edificios, pues 
en Tlaxcalla ni remotamente había una construcción comparable 
con la primorosa Alhambra; pero en el fondo queda por verdadero, 
que los tlaxcalteca habían logrado cierta civilización no demasia- 
damente inferior á la de los moros tunecinos* 

Para pagar aquella galante hospitalidad, Cortés envió á Cempoal- 
la por ropas, plumas y mantenimientos, de lo que alli tenia gaar- ^. 
dado, ya de los regalos de los méxica, ya del tributo pagado poc los ^^ 
totonaca, y á cuyos objetos como hemos visto no daba gran valor. . 
Fueron por ello ciento cincuenta nobles, entre ellos, algunos repre- ^ 
sentando la señoría, con doscientos tamene: traido que aquello fué, . 
lo repartió el general entre los cabezas de la república y demaa se- . 
ñores principales, lo cual le hizo aparecer como liberal 7 da- ^ 
divoso. (2) ^ 

En diversas ocasiones se informó Cortés, de Xicotencatl y Ma- 
xixcatzin, de cuanto apetecía acerca de la situación de SIézico, su 
fortaleza, número de habitantes, armas y manera de combatir, po- . 
derlo y riqueza de Motecuhzoma, número de guerreros que podría 
poner en campaña. Aquellos nobles relataron también la historia 

(1) Cort^ CarUs de Belao. pig. 56~90. s 

~ (2) IztlibcoohitU Bisk. Chiohlm., Mp. S4. MS. . 



233 

de sa patria, comenzando por loa célebres ^gantes destraidos pot 
sos antecesores, ensefiando para comprobarlo, grandes bnesosj (1) 
ano de los ¿nales pnso asombro en los castellanos, pues siendo de 
la lodilla á la eadera era del'lamafio de Bernal Díaz, de talla rega- 
lar: tan sorprendente le» pareció, que le mandaron á • Castilla con 
los primeros ;|^rocQradore8 que fueron. '* También dijeron aquelks 
'f mismos eaciques, que sabían de aquelbs sus antecesores, que les 
^ había dicho un su iddo en quien ellos tenían mucha devoción, 
''que Tendrían hombres de las partes de hacia donde sale el sol y 
" de lejas tierras á los sojuzgar y señorear; que si somos nosotros, 

''holgaran dello, que pues tan esforzados y buenos somos" 

''Cortés les replicó, y dijo, que ciertamente veníamos de hacia don- 
" de aale el sol, y que por esta causa nos envió el rey nuestro sefior 
" á tenellos por hermanos, y que plegué á Dios nos dé gracia para 
" que por nuestras m^nos é intercesión se salven; y dijimos todos: 
"Amto." (2) 

Los sefioríos en guerra con México, se apresuraron á aliarse con 
los extranjeros, creyendo ser en perjuicio del enemigo común, sin 
presentir el propio daño. La señoría de Huexotzinco, regida tam- 
bién por una oligarquía de cuatro nobles, única que con sus tropas 
acudió á Tlaxcalla, si bien éstas permanecieron quedas á la hora 
de la batalla, se sometió á los blancos bajo las mismas condiciones 
de la república. (3) Huexotzinco era un pequeño estado que, como 
ya sabemos, debía su existencia al xochiyaoyotl ó ^erra religiosa, 
estando por entonces unido con los tlaxcalteca. El rebelde Ixtlil- 
Xóchitl, mientras los extranjeros penetraban en el país, reunía po- 
deroeo ejército en Otompa; informado de las victorias de los caste- 
llanos, les envió nueva embajada, ofreciéndoles su amistad, propo- 
niéndoles que al hacer su jomada á México, pasasen por Calpulal- 
pan, en donde saldría á recibirlos con su gente, acompañándolos i 
deatrair á Tenoohtitlan. Holgó CcHrtés de la embajada, aceptó la 
aZíanaa y despachó con halagos á los embajadores, diciéndoles ase- 
gurasen á Ixtlilxochitl, le agradecía su honrado ofrecimiento, y le 



(1^ Tjoa huesos íi^siles comunes es la enenca de TlazoaUa. 

(S) Beaatíi Díase, cap. LXXVIII. 

(8) CwrtM de Beiadon, pág, eo.— Iztlilxoohitt, Hist Chiéhlm. eap. 84. MS. 

lOM, IV.— 30 



234 

serla en ayuda contra en» eontrañoSf paes Babia estat 4e su lado la. 
josfcioia, (1) ' . 

Estando en Tlazcalla^ llamaban la atenoion de les castellanos dos 
grande; tnonta&as que á lo lejos descabi^tai^ cubiertas al paaeóer de 
nieve. " Y de la una, que es la más alta, sale muchas veces asi de 
^* dia como de noche, tan grande bulto de humo, como* una gran ca- 
*' sa, 7 sube encima de la sierra hasta las nubes, tan derecho como 
" ui^a yira, que según parece, es tanta la fuerza con que sale, que 
'' aunque arriba en la sierra anda siempre muy recio viento, no lo 
. ^* puede torcer." (2) Para descubrir el secreto de aquellas monta^ 



(1) Torqaemaida, Ub. IV. cap. XXXVI. 

<2) Cartas de Belaa pág. 70. Cortas se refiere á los dos gmndes altmas éa el con- 
tnzon montaftoso que cierra el Valle de Máxioo. El Iztacihaae, da úUac, blanco; c¿> 
huatí, mnjer, y el afijo e, mujer blanca, está en 19* 10' lat, y C 31' 55' long. E., mi- 
diendo 4786"^ de altara. (Humboldt) Bícesele también Sierra Nevada, y pervirtien- 
do las ideas^ el vulgo le nombra Volcan de Nieve, y Volcan del Muerto, porque los 
perfiles de la cr^ta superior remedan una persona tendida boca arriba, cubierta con 
nn sudario blanco. El Popocatepec, del verbo popoca, humear, arrojar humo; de te- 
peÜ, cerro ó montaña, y de la proposición g, montafla que arroja humo ó humea, 
queda en 18" 69' 47* lat. N. y O" 29' 12*, 8 long. E. de México, (Alm. amer. 1853,) 
midiendo 5400» según Homboldt, 5468b> según Gleme. Este es el verdadero volcan. 
La erupción máis antigua que hayamos encontrado en la$ crónicas, se refiere al afto 
rV calli 1353. El símbolo gráfico, unido al IT calli, 1509, en los Códices Vaticano y 
Télleriano Bemense, tomado en las tradiciones antiguas como uno de los pródigos 
de la destrucción de Mózico, marca á nuestro parecer otra nueva erupción, ignora- 
mos si el período de activad comenzó entonces y se prolongó hasta 1519; lo derto es 
que los castellanos le vieron en 1519 atrojando humo; Uamasy piedras incandescen- 
tes, y que en esta forma activa se prolongó hasta 1528, conforme á esta autoridad: 
"A la una de estas sierras, llaman los indios sierra blanca, porque siempre i^iene 
** nieve, á la otra llaman sierm que echa humo; y aunque ambas son bien altas, la 
" del humo me paosece ser más alta, y es redonda desde lo bajo, aunque el pió baja 
'' y se eetiende mucho más. La tierra qu^ esta sierra tiene de todas -partes es m^y. 
** hwmosa y muy templada, en especia la que tiene al Mediodía, ijste volcan tiene 
'* arriba en lo alto de la sierra una gran boca, t>or la cual solía salir un gran golpe do 
« hufno| el 45uai ^algunos dias saH^ tl»B y cuatro veces. Habría de Móxieo á- lo silo 
"de esta sierBsJó boca^ doce legului, y cuando aquel humo "salía parecía ier<tngt ehr' 
" ro pomo si estuviera muy (cerca, porque salía con gran^ ímpetu muy espeso,, y. 
" después que subía en tanta altura y gordor como la torre de la iglesia mayor de 
" Sevilla, aflojaba la furia y declinaba á la parte que el viento le quería llevar. Este 
" salir de humo cesó desde el afio 1528, no sin grande nota de los espaftoles y de los 
" indios. Algunos querían decir que era boca del infierno." (Motolinia, trat. m, 
cap. VI.)— En 1530 tornó á arrbjar humo y dejó de hacerlo, conforme á esta Cita: 
" En este mismo afio de 1580, el Bolean que está á vista íde Móxioo, cesó de hediar 
« huipq y ei^vo «sai hsstA el afiO 1540." (Enrico Mlirtínez, Bepcttiorio de los ti6^. 



ti 
It 



235 

fiM, Cortés d<96 ir al cajpItoB Diego de Ordae, con imeve «epMioleet 
goias y oargadores indide oon baetimentoi. ' Enoonttai^Mi k subida 
áepen y embataBoeai reebaltdiza la iiiavej difioultoio el pMo por la 
oanisa, ttfmbkr del piso, el humo )r Uavia de j^edias candentee. Loa 

poi^ ¡Míg. 943.)— '* Y daq;MiQ9 Má deaiue estanuw ea 9Bta tiena «o le |i«mQB visto 

« echar tentó fuego m con tonto raido como al principio, y áon eatuTO ciertos afios 

*' que no echaba fuego, hasta el afto de 1539 que echó muy grandes llamas y piedras 

y ««nins.*' (Bonál "Dítn, éap. IjXSnH).— "Esto sierra que llaman Buloany, por 

to mmeimm qneüme coa él de 8iDili% es alto y redondfli y que Jamas le faHa 

nievo; parece muy lejos las noches que eoha llama: hay cerca de A muchas ciada- 

'' dei^ pero la más cercana es Quezocinco. Estuvo diez afios y más que no echó hu- 

** mo, y él afiO 'de mü y quinientos y ouarentoi tomó corneo prlmerOi y antes trajo 

" taato rtddo, qas poso espanto á los vecinos que estoban á ooalM leguas y más 

**iql$Bb9, SáHó mnoho humo y tan espesoí que no se aeoEdaban su igual. Lanaó tan- 

" to y.taif recio fuego, que llegó la ceniza á Guéxocinoo» Quetlaxcoapac, Tepeiaoaoi 

** QuauhquQchoIla, CHololIa y Tlazoallan, que está diez leguas y aun dicen que llegó 

" á qtünee; oiíbrió el campo y quemó la ortáiiza y los árboles, y aun los vestidos.'" 

(fiksmmm, CMo. oap. IiXQ).— ''Iteue una gnm boca en la cima^ edha por ella ua» 

" penacho de homo gneso, y tan espeso qtie se ve de muchas leguas subir á la re- 

** gion del aire, á veces arroja ceniza, y la esparee á los comarcanos pueblos, y ha 

'* llegado basto la Puebla y Tlaxcalla, y hasto Cheleo, ocho leguas de distancia; no 

*' SB ooniínuo «1 humo visible que cesa por mtiehos afios. El año de 1694- cesó por 

** Octubre; el año de 1663, á trece de Oetubie, á las dos de la tarde» levantó con es- 

" trépitOy un plumaje de humo tan denso, que oscurecía la región del aire; luego el 

" afio siguiente, continuando el humo, víspera de San Sebastian, (Febrero 24 de 

" 1664) á las once de la noche, por la parte que mira Ü la Puebla cayó de la boca un 

" gran pedazo, con tanto ruido, que se estremeció to^ la dudad, y las ventanas y 

»' puertas se abrieron al golpe, y el tocho de la escalera de nuestro convento se vino 

" abajo; hicie'ronse rogativas y procesiones de sangre, pidiendo á Dios misericordia, 

" porque la ceniza era en cantidad, y con ella piedras que se hallaban menudas, li- 

" vianas como la piedra pómez, fué cesando el humo, y ahora es poco lo que despf- 

'* de que apenas se divisa." (Vetancourt, P. I, T. 2, oap. IV).-— Debió repetirse el 

feniSmeno aquel mismo afto, pues encontramos. '* El dia 24 de Junio de 1664, arro- 

" jó gran cantidad de humo el volcan de Popooatopeti, lo que no había sucedido 

" desde 1580." (Disertaciones de Alamao, tom. 3, Apéndice, pág. 84). Lo de que 

el humo no se hubiera presentado desde 1580, aparece absolutamente falso en esta 

sotioia. — ^El año 1665 fué señalado, ** porque en él reventó el volcando México, y 

estuvo arrojando cenizas cuatro dias." (Oartas de Belac. en Lorenzana, pág. 25). — 

''El 90 de Octubre de 1697, hizo una erupción de fuego el volcan de PopooatepetL" 

(Alaman, Disertaciones, Apéndice, pág. 44). No caen todavía en nuestro poder otras 

noticias. — Según Muñoz Gamargo, las dos montañas eran dioses para los indios, y 

de diferente sexo, supuesto que eran marido y mujer. — " Piensan aquellos simples 

** que es una boca de infierno, á donde los señores que mal gobiernan ó tiranizan, 

" van después de muertos á purgar sus pecados, y de allí al descanso." (Oomaxtt, 

oap. liXn). En un tiempo también los europeos pensaron en que los voloa&es etáa 

booas del infierno. 



fl36 

naturales se detnvieion á la mitad de la falda, diciendo que aque* 
lio Dnnca lo habían hollado piés^ ni visto ojos humanos; de los x»s- 
tellanos se fueron deteniendo según les alcanzaban las fuerzas; lo^ 
grando llegar á la parte superior el capitán Diego de Ordaz. Sentía 
estremecerse la tierra; calculó la circunferencia de la boca en me- 
dia legua, descubriendo una concavidad poco honda, en la cual her-* 
vía un licor como en homo de vidrio. Yieron desde lo alto desarro- 
llarse á sus pies el valle de México, con sus lagos 7 ciudades. Apé^ 
ñas desviados un tanto para bajar, recreció la erapcion 7 la ceniza; 
arenas 7 piedras candentes los hubieran destruido, si no se hubieran 
abrigado bajo una roca. Para no extraviarse, siguieron á la bajada 
las huellas impresas en la ceniza; reuniéronse con los indios, 7 tia- 
7endo nieve 7 carámbanos como trofeos, regresaron á Tlazcalla. 
Esta ascención puso el colmo á la admiración por los blancos; sólo 
ellos pudieron haber rematado tan temerosa hazaña; los indios ve-> 
nían; besaban las ropas i Ordaz, le traían presentes como á diosea, 
7 no podían atribuir el hecho sino á milagro. Esta es la primera 
ascensión conocida al Popbcatepec: cuando Diego de Ordaz fué é 
Castilla, le concedieron por armas el volcan, 7 así le conservaiOD 
sus descendientes, vecinos de Puebla. (1) 

(1) Cortés, Cartas de Belao. pág. 70.^Bernal Díaz, oap. LXXVHX— Gomarag 
Crón, «ap. LXn.— Heirero, déc. II, lib. VI, oap, XVIIL—- Torquemada, lib« IV« 
oap. XXXVIII. • 



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LIBRO II- 



CAPITULO I. 



MaxBCUH^oiu XoooxoTZDr. — Cao^va. 



OhdoUan.'^IÍueva emb€0ada de ¡os tnéxiea.—Bnoono entre loe tribue.'^CorUs r«- 
ntelvepaear d 0?u>toUan.~-Oposie£an de ¡m ÜcuoeáUeea, — Marcha para la dudad, 

4 

—JSrUrada en CTiolaüan^^Aíatanea.'—IíuéMi embqfadoi delot méxtea.^MoteeuK-' 
woma eaneedó permieo á ¡os blancos para «r á Iíéxieo.'--Despedida de los prineipálei 
zempoaUeea, 



Iacatl 1619. Sabemos ya que CholoUan era la ciudad santa de 
Anáhuac. No le Tenia la. fiuna de ser antiqniaiinai sino de bu 
gran pirámide, la mayor en esta tierrai obra de un pueblo descono- 
cido. De las provincias más remotas, yenlan muchedumbres de pe- 
legrinos á traer ofrendas á los dioses, haciendo sacrificios á nttanenes 
pertenecientes á cultos antiguos y modernos. Quetzalcoatl, la deidad 
principal, era reverenciada en la grande y suntuosa teocalli, capilla 



238 

constniida en la cara superior de la gran pirámide truncada. Q,ue- 
tzalcoatl, el dios de la última civilización, el predicador del culto 
semejante al cristiano, el introductor del símbolo de la cruz, el pro- 
feta vaticinador de la venida de los hombres blancos y barbudos. 
Miedo y respeto infundía á bs fieles la gran mole artificial. SegUQ 
las tradiciones de los papas, si algún ejército impío quisiera atacar 
la ciudad, la defendería el numen protector con truenos y rayos; si 
esto no fuera suficiente, arrancando el revestimento que cubría las 
paredes de lá pirámide, brotarían torrentes de agua para anegáis á 
los sacrilegos. Por eso al desprenderse algún trozo del rebocado, 
los ministros, fingiendo atajar el líquido, reponían el desconchado 
con un compuesto de cal y sangre de nifios sacrificados, con miste- 
riosas ceremonias. (*) 

Gholollan estaba asentada en una llanura. (1) Según el cronista 
conquistador, de lejos se parecía á Yalladolid de Castilla la Vieja. 
(2) A la cuenta de .Cortés, había veinte mil casas en el cuerpo de 
la ciudad y otras veinte mil en los arrabales, los habitantes mejor 
vestidos, muy más civilizados que Iqs tlaxcalteca, *' Esta ciudad es 
** muy fértil de labranzas, porque tiene mucha tierra, y se riega la 
"más parte della; y áun>es la-ciodad más hermosa de fuera, que 
" hay en España, porque es muy torreada. E certifico á Y. A., que 
" yo conté desde una mezquita cuatrocientas y tantas torres en la 
** dicha ciudad, y todaír sonde mezquitat.^ (3) Casas le pone más de 
treinta zgil vecinos, lo cual admitido, haría subir la población á 
más de 150,000 s^lmas, (4) Descollaban entre los edificios las capi- 
llas terminales de los teocalli, al decir de los autores, tantos como 
él año tenía días. Eran los moradores grandes mercadeTCs, buenos 
hilanderos y tejedores, plateros y fabricantes de loza de la mejor ca- 
lidad: cultivaban con esmero la tierra, " porque es tanta la multi- 
" tud de la gente que en estas partes mora, que ni un palmo de tie- 
" rra hay, que no esté labrada: y aun con todo, en muchas partes 

■ ' • « é 

í I É •■''•' • • i- 1 ' 

. (*) Mofioz Gi^ftr^p^ HiAt, 4e Tlaxpi^ MS. k 

(1) Oholuláactualméxite óoupa su lugar antiguo y pertenece al Estado de Puebla. 

Es el Chorolteeal Aé Cortas; el nomliré se enotiLeiitfa de 'otros inodos estropeado. 
(^2) Benuálitt», ot#;.LXXlXi . 

' (4) Brevísima relaoioa de la destrucción de las Indias: colegida por el Obispo don 
!Fray Bartp^pmtf de las Casas, 6 CasfiuBi de la Orden de Santo Domingo. Afio 1^52. 
Poja 17. 



239 

!^ padacen seoeodad por falta de pan: y aun hay nmclia gente pobre. 
*^ que piden entrólos rióos por las calles y por las casas y mercados; 
" como hacen los pobres en SspaSa y en otras partes que hay gente 
«ideíason." (1) 

El gobierno era teocrático; nada se disponía zd ejecutaba sin con- 
snlta de loa papas. Los dos principales de esta clase privilegiada se 
nombraban Tlaqniach, el principal ó mayor de lo alto, y Tlaohiach, 
el may(Hr de lo bajo^ Pái» la guerra se nombraba un capitán gene- 
ralf entendiendo en los negocios civiles un consejo compuesto de 
seis nobles. (2) Cholollan debía su libertad al pacto de la gu^na 
sagrada^ en la cual combatían por una parte Tlaxcalla, Huezotzin- 
co y Ohdollan, oontra la triple alianza, Tenocbtitlan, Texooco y 
Tlacopan; por esta causa los diololteca debían ser aliados naturales 
de loe tlaxcalteca; pero encendida entre ellos la gurara, se tomaron 
irrecondliables enemigos. Recordaremos que en los afios anterioreSi 
para defend^ne de sus contrarios, Cholollan buscó el apoyo de Mé- 
xico y aun se le sometió, no obstante lo cual, quebrantó la fé dada 
para tomar á su antigua libertad. Los cambios por los cuales, ha^ 
bían pasado y la falta de cumplimiento en las promesas, hacían pa- 
sar á los chololteca como péifidos ytomadizos. 

Era pasado el primer tercio del mes de Octubre, cuando Cortés 
determinó proseguir su viaje en busca de Bfotecühzoma; mas como 
de continuo, los inénos animosos se opusiieron. al intento abultando 
los peligros, diciendo cuánto era temerosa la empxesa de ime á me- 
ter á México, teniendo de cembatir contra los grandes poderes del 
emperador: la intrepidez de D. Hernando logró vencer aquellos áni- 
mos indecisos, si bien ayudado por el ejemplo de loa capitanes y sol- 
dados más reisuéltos. (3) Esta determinación: vino de nuevo á.remo^ 
ver los encontrados intereses de aquellos pueblos. Los emb&jadores 
méxica urgían á Cortés se pasase á Cholollan, en donde estaría mcr 
jor alojado y servido, pudiendoahí esperar cómoBametíte la respuea- 
ta de Motectthzoma dando ó nó licencia para ir á Tenochtitlaa. El 
inteiíto principal de los n^éxica era apartar á los blanóos[de la amis- 
tad de los tlaxcalteca, á los cuales pintaban con los más negros 

(1) Cartas . da Belgo. pág; ST.T-Heor^rfkr'dé^ m* Ub< yii; oap; IL-^^qQ(ing[uemftd% 
lib. IV, cap. Xli. 

(2) Mn&oz Camargo. MS.— Hetrara, deo. II, lib. Vil, oap. II. 
(S) Bemal Díaz, cap. LXXIX. 



240 

odores de perfidia é ingratitud. Por su parte Xiootenoatl j Mazix- 
patsán 86 opoulan á la znaroha do los extraoJ^coíS) repitiendo cofin- 
tos oprobios podian contra el emperador f sus búbditos, notindoIoÉ 
siempre de traidores, dándoles por consejo que cnai^do contra elloiS 
c»>mbatieran, ^'que los que pudiésemos matar, que no quedasen con 
^^las vidas, al mancebo porque no tomei armas, al viejo porque no dó 
!' consejo, y Je dieron (otros muchos avisos.^' Para sondear el ánimo 
de aquellos séfiores, D. Hernando l^es propuso ajustasen paces cqn 
los mézica; Xicotencatl contesta ser por demás las paces, la ene- 
mistad la tienen arraigada en el corazón y no quieren oir hablar 
de. aquella alianaa; terminaron rogándole de nuevo no se pusiera 
en manos de tan malas gentes. (1) Con este encMnizuiiento se 
disputaban á los hombres blancos y barbados. 

En aquella sazón llegaron á Tlaxéalla cuatro nuevos «mbajado* 
roa de Motecuhzoma trayendo en buenas joyas hasta diez mil pesos^ 
con diez caigas de mantas de primas laborea de pluma; entregado 
el presente dijeron á Cortés, se maravillaban cómo los blancos ha- 
bían vivido tantos dias entre aquellas pobres y rústicas gentes, no 
buenas ni aun para esclavos, por malas y traidoras, pues cuando más 
descuidados estuviesen los matarían por Irobarlos; que se fuesen luego 
á la ciudad de Cholollan en donde serían bien atendidos, aunque no 
como se merecían. ^* Aquesto hacía Montezuma por sacamos de Tlax* 
'^ cala, poique supo que habíamos hecho las amistades que dicho 
" tengo en el capítulo que dello habla, y para ser perfectas, habían 
*' dado sus hijas á Malinche; porque bien tuvieron entendido que no 
"les podía venir bien ninguna de nuestras confederaciones, y á es- 
** ta causa nos oebaba con oro y presentes para que fuésemos á sus 
'^ tierras, á b menos porque saliésemos de Tlaxcala.'' (2) D. Her- 
nando dio las gracias por el regalo y como en calidad de embajado- 
res, en realidad espías, mandaba á México los capitanes Pedro ^e 
Alvarado y Bemardino Vázquez de Tapia; pero ya por haber enfer- 
mado Tapia, ya por las representaciones de loe castellanos, se man- 
dé regresar á los enviados para evitar su pérdida, tenida en el ejér- 
cito como segura. 

Con beneplácito d^ sus camaradas Cortés resolvió pasarse á Cho- 
loUan, señalando dia para el viaje. Sabido por los de la sefioría, vi- 

(1) CorUs, Cartas de velad, pág. SL-^Bemal Días, cap. LXXIX. 

(2) Bemal Días, oap. LXXX. 



241 

nieíon Inego con mnoba pena á decir al general, no fuese por aque- 
lla ciudad, pues sabían le tenían preparada una traición para ma- 
tarlos; al efecto había cincuenta mil méxica á dos leguas de la pue- 
bla; habían cerrado el camino principal^ abriendo otro con hoyos á 
* trechos con agudos maderos hincados en el fondo, para en que los 
caballos cayesen; muchas calles estaban tapiadas, había piedras en 
las azoteas de las casas, todo para hacer dafio: comV la mejor prue- 
ba al intento, hicieron notar no haberse presentado los chololteca á 
dar la obediencia, mientras ya lo habían ejecutado los húexotzinca 
á mayor dist ancia. Hizo fuerza ^ta tkltima obseryacion en Don Her- 
nando, quien les pidió le proporcionasen mensajeros que fuesen á 
decir á los chololteca viniesen á verle, pues quería hablarles de co- 
sas de importancia. (1) 

Si hubiéramos de dar crédito á Mulioz Camargo, cronista de la 
república, los sefiores de CholoUan por guardianes de Cluetzalcoatl, 
6 por causa no conocida, no creían en los hombres blancos y barbu- 
dos: los tenían por unos advenedizos traidos para hacerles la gue- 
rra, mirándolos en poco y menospreciándolos. Según lo había orde- 
nado (!ortés, los tlaxcalteca enviaron embajadores á la ciudad san- 
ta, siendo el principal Patlahuactzin, persona noble muy estimada 
en la república: llegados á CholoUan dijeron á los sacerdotes, fue< 
sen y se diesen de paz,'pues los dioses blancos y barbudos eran bue- 
nos y no les harían dafio; de lo contrario serían destruidos y aniqui- 
lados. Oido por los sefiores, se apoderaron de Patlahuactzin, le de- 
sollaron la cara, los brazos hasta el codo, cortáronle las manos por 
la mufieca dejándolas pendientes, despidiendo á los mensajeros d¡- 
ciéndoles: '* Andad, y volved á decir á los de Tlaxcalla y á esotros 
''andrajosos, hombres dioses 6 lo que fueren que decis que vienen, 
"que eso les damos por respuesta.*' Patlahuactzin murió, quedando 
su memoria en los cantares nacionales. No guardar las inmunida- 
des concedidas álos embajadores era un acto salvaje entre aquellos 
pueblos, el cual era castigado con la; mayor severidad, así los tlax- 
calteca al avisarlo á Cortés le pidieron venganza, respondiéndoles el 
general| !'no tuviesen pena,[que les prometía la venganza de ello, 
como en efecto lo hizo." (2) 



(1) Cortés Balao. pág 61.— 62.— Bernal Díaz, cap. LXXIX. 

(2) UaftOZ Oamargo, MS.— La copia Herrera, dec. II, lib. VI eap. XVIII. 

ToM. IV.— 31 



242 

Nada de eeto encóntiamos confirmado por los testigos presencia- 
lest Conforme á su autoridad, con los mensajeros tlazcalteca vinie- 
ron dos 6 tres personas de Cholollan, quienes dijeron estar enfer- 
mos los señores, razón por la cual no podían preseutarse, viniendo 
ellos en sn lugar á ver lo que les querían. Los tlaxoalteca hicieron 
observar á Cottffi ser aquella una burla, pues lo&i enviados eran ma- 
cebuales, muy inferiores en calidad á las personas encargadas de 
embajadas, por lo cual no debía admitirlos, sino exigir viniesen los 
señores en persona. Entonces D. Hernando dijo á los chololteca, 
que ellos eran muy poco, y aún susnismos señores, para traer emba- 
jada á tan alto príncipe como el rey de Espeja; que dentro de tres 
dias vinieran los principales á dar la obediencia y declararse vasa- 
llos de S. M., *'con apercibimiento que pasado el término que les 
''daba, si no viniesen, iría sobre ellos y los destruiría, 7 procedería 
^'contra ellos, como contra personas rebeldes, y que na se querían 
"someter debajo de el dominio de Y. A.'' Para dar fuerza á la ame- 
naza, les entr^ó un mandamiento firmado de su nombre, autoriza- 
do por escribano, ^con relación larga de la real persona de Y. S. M. 
"y de mi venida, diciéndoles, como todas estas partes, y otras muy 
"mayores tierras y señoríos eran de Y. A., y que los que quisiesen 
"ser sus vasallos, serían honrados y favorecidos; y por el contrario, 
"los que fuesen rebeldes, serían castigados conforme á justicia.'^ (1) 
Los mensajeros se tornaron á Cholollan. Reunidos los del conse- 
jo, letra muerta fué para ellos el exijente documento, aunque bien 
comprendieron las amenazas pronunciadas de viva voz: divididos 
los pareceres, sólo tres de los principales vinieron á Tlaxcalla. Di- 
jeron no haberse presentado antes, porque los de la provincia eran 
sus enemigos y no creian venir seguros; los tlaxcalteca debían ha- 
ber hablado mal contra ellos; no les diera crédito, pues lo asegura- 
ban por contrarios y no por pasar así; que se fuese á su ciudad 7 
ahí conocería la falsedad de aquellos dichos; por último se daban 
por vasallos del rey de Castilla. "E así lo asentó un escribano, por 
"las lenguas que yo tenía: y todavía determiné de me ir con ellos, 
"assi por no mostrar fiaqueza, como porque desde allí pensaba hacer 
Vmis negocios con Muteczuma, porque confina con sú tierra, como 
*^ he dicho, y allí usaban venir, y les de allí ir allá, porque en el 

(1) Cartts^ralac. pág. 62-6S.— Bamal Días, oap. LXXXL 



243 

'^camino no tenían respuesta alguna.'^ (1) Conocida edta resoladon* 
por los tlaxcalteca, se opusieron de nuevo con todo empelfoj iiüiriiistIMif'' 
do en las traiciones de méxica y chololteca; ma» no pudiendo ven- 
cer él' áñimó de D. Hernando, le ofiíecieron ayud&tle con las fuer^ 
zas dé la i^ptkblica. 

£n^ efecto reunieron hasta cieti TcSl horübtes cunoBamente adete^ 
zudoff. De la {)aTCÍalidad de Ocotelólco sálieton nueire capitanes no^ 
bles con ía enseBa de la- cabeceara que em un pájaro rerde sobref 
un pefiascío^ pertenecientes á los otras diTisiones se formaron trece 
capitanías, con sus estanidartes; iñendo el dt CluialiuÍ2tlan un plu« 
máge^ verde á manera de mosqueador, él de Tizatla una garza blan- 
ca sobre tm pefiíKsco, el de Topeftfcpoc ún lobo sobre pefias con arco 
y^flecbas efn la ínaáo: todbs' loé guetréros Vestían vifitosad armas é 
iban cbíiflado^en los caóteHaticfrpcita deMmir á stis' enemigos; (S) 

I^areCé lo iHqór arerigtíado qué lós castellanos permanecieron 
ve&ité di£(s en Tbióatta; én éste cohcépto, el ejército salió de la 
ciudad el ttéce^de Octubre. Matobando á punto dB guertal como si 
ñiers eií país enemigo, ^'dormí én un arroyo que allí estaba d las 
"dos leguas, por despedir Is gente, porque no hiciesen algUnescán- 
"dalo eií la citidad, y tambion porque era ya tarde, y no quise en- 
'trar' en la ciudad sobré tarde.^' *(d^) Hicieron ahí los aliados algu- 
nas "chozas de' ramas para perñoctáf; se presentaron ciertos mensa* 
jéms chololteca & dar áCSdrié^ la büenvenida; trayendo btistíméñtós 
de gaSihas y pan' deiñaiz, ofreciendo que lOs de la selioríá se prC'* 
sentarían áí siguiente dik; rogáronle también no consintíéfite á los de 
1%(xcana les hiciesen dafio en sus tiérí^'ni personas. Agradeció la 

titdta el generéd^ y siguiendo lar" tndifcatciones' hechas, despidió la 

• • ■ . ■> • ..'*•■ 

(1) Cortés, Cartas de relao. pág. 08.— Bemal Díaz/ oáp.' X^^^XÍi; í£túí(í que I6s 
tftffierés áé CholoUan M mándarett «toéssr coá-qu^ hé^ TláausUla^rlib'fltts eiietal- 
9^ y^tcadáadMeinreacúfvp^ joMvBoréMefiiibié pfun» áilkdndí4i 

O) Cartn d» i«l«04» pág» ««¿—Mafloi C«m«ttou lé^^^^^bdOüsuíMú, MaU pbk 
efaim. cap^ 84. MS.— HfrreíA» de> ^,:Ub• VI, «ap-, XVIIJL— Torqnemada, Ub. IV 
cap. XXXVIII. 

(3) Cartas de Belac. pág. 64.— 43egtui Bemal DíaZ| eap. LXXXII, durmieron aqne- 
]lBiioohe}ttBté-^'tmrfc>qQe pasiiebrárdéilm ite- 

"ehaahomnaapiieiitedepiedrft: *'B«9i^bds<Mtálf'«i#4iíS«f^aílHib(484Mo9«s^> 
indiipensaUe de pasar para ir de TUxoaUár é CIMóS^ l^püeÉté^ 4 qki^éí^ MálOo 
afMMr sé'Mttété'^es 'I» eoMMdÉ' d^ ' piéOM t^ 
Puebia, y que reediüoada jse ocMoeé^lk^/pérl^áeÉté ^-WHíádéi • . - r- 



244 

mayor parte do los gi^eireíos de la re|públicaf quedándole con s^^ 
iiDps.ciQCoófieismiL (1) 

Al siguiente dia» catorce de Octubre, al acercarse los castellanps 
á GlioloUau, salieron de la ciudad hasta diea ó doce i^iul personas 
con flores, pan, aves y frutas; divididos en grupos, cada uno llegaba 
á los blancos d^ttdoles sus regalos y cediendo el lugar al grupo in- 
mediato; salieron también los* sefiores .pmcipalea, obsequiaron á 
Cortés, y como advirtie|tep los guerreros tlazcalteca, le rogaron no 
les permitiese entrar armados eq ]fk t^inda^i ^^a que les fué otor- 
gada mandando á aqp^llos tereios acamparan fuera en el campo. "£ 
t^entjando por la cibdaA, ^li6 la demás, gente que en ella habie^ por 
^*su8 escuadrones, saludando 4 los espafioles que topaban, los cua- 
^^les Íbamos en nuestra orden; é luegp tras esta gente salió toda la 
^^gente, ministros de los qno sirvien los ídolos, vestidos con ciertas 
«^vestimentas, algunas cerradas por delante como capuces, é los bra- 
Vsos fuera de las vestiduras, é muchas maéqjas de algodón hilado 
^'ppr orla de las dichas .vestiduras, ó otros vestidos de otra^ mane- j 
"ras; muchos dellos llevaban cometas é flautas tafiendo, é ciertos 
^ídolos cubiertos é muchos encensario3y é asi llegaron al marques é 
"después á los demás echando de aquella resina en los encensar 
"rios.^' 0i) En calles y azoteas la ' apifiada muchedumbre vela con 
asombro á los eztraiyeros, formando curiosos comentarios acerca de 
su porte, armas, aspecto y andar de los caballos nunca vistos por 
ellos, aterrándose con lebreles y alanos á los cuales comparaban con 
tigres y leones. En medio de aquel, más estupor que re^gocijOy los ^ 
blancos fueron llevados con gran solemnidad hasta aposentarlos ^^^ 
en espaciosas cuadras, en donde quedaron cómodamente alojados J 
con sus amigos los cempoalteca y los de Iztacmaztitlan: trajéronles ^ 
en seguida de comer. (3) t 

Realidad ó preocupación, D. Hernando halló confirmadas alga- ^^ 
ñas de las noticias dadas por los tlaxcalteca; vio cerrado el camino ^^ 
real y abierto otro nuevo, alanos hoyos, aanqae no muchos, tapia* 
das algunas calles de la ciudad, y piedra? en las azoteas. En Gho- ^ 

(1) Cortés» Cartas de Belac, pág. 6é.— Benud Píái, oap, I^lCXIL—CknsAray H^ 
(Meump^ LVIIL— iHaowpEa» dée. U, üb. VU^ oiqp. L . . >^ 

(2) Belae. de ^dvé» d^Tápía, pág. ¿78. %^ 
(a) Besnal Díms» eap« LXXXn.-naomaz% Cvón. eap, LVQI.— Heiscacaí déo. 11/ '\^ 

üb. VIXi oaplI.--Toiqiw»ada» iib» lY,. cap. SUUUZ, ^ 



ii 



»5¡ 



245 

lollan encontró nuevos mensajetbs de Motecuhzoma, quienea sólo le 
dijeron venían á informarse de los embajadores- que le acompafia^ 
baDj si con él habían tenido concierto 7 cuál era para irlo á decir & 
su 86fÍor: hecbódr lo cual se tomaron á México Helándose consigo al 
principal de los embajadores antiguos. ^) En los tres £a8 slguiéH- 
tes proveyeron los indios cada vez peor de comer; principales ni sa^ 
cerdotes venían al alojamiento de los blancos y si algún natural ve* 
nía era como burlando: algunos ancianos traían agua y lefia, excu- 
sándose de dar víveres por faltar el maíz. (2) 

Los embajadores mézioa disuadían de continuo á D. Hernando 
de pasar á México, diciéndole unas veces; no fuese porque el empe* 
rador se moriría de susto al vetle; otras ocasiones que no había ca* 
mino para ir; ya que allá no había provinones con que mantenerle 
ahora que había lagartos, tigres, leones y muy bravas fieras las cua- 
les podrían dar muerte á él y á los suyos. (8) Conócese á primera 
inspección el torpe manejo de Motecuhzoma; por todos los medios 
posibles quiso arrancar á los Uancos de Tlaxoalla, á fin de apartar- 
los de la alianza concertada co« la sefioría; logrado á su parecer el 
objeto con hacerlos venir á Cholollan, cual si tratara con imbéciles 
ónifios, proseguía su desacertado plan de apartarlos de México por 
medio de obstáculos conocidamente ridículos y mentirosos. Supo* 
nemes también, que la superstición jugaba grau papel en traer á 
los hombres blancos y barbudos á la ciudad de duetzalcoatl,*^ el des* 
atinado emperador esperaba ver cómo el antiguo profeta recono* 
cía á sus descendientes, cómo se comportaban entre sí los dioses ve* 
nidos por Oriente. La verdad es, que D. Hernando se burlaba de las 
palabras de los embajadores. 

AqueHa falta de atenciones puso perplejo á D. Hernando. Lia* 
mado el cacique principal ü otros principales en. su lugar, se excu* 
aaron C9n pretexto de estar muy enfermo él y ellos. Con su9 sóida- 

(1) Bemál IXat, oap; LXXXVni, díM foe Qegttaa liii«tes «mbaJadotM ioáxka 
y nnnidoa oon loa ántígoo^ bio^^iK^ 6atdxidev4esabridAin«id;e'á Cortés, de par^e de 
tfoteofiLzomai no faese «n nuoiera alguna á México, pnea no tenía que darles 4e.<H> 
BMr» él general lea xespondid con palabraa blandas, se maraTÜlaba que tan pocleroa) 
•Bflor tariese tantos pareeerea, qaa no se marehasen como querían, pues al día si- 
galsBle empranderia con eHoa e^ oamino dt la oi^pltal^ ellos j^rome^epon. e8p9rav¿^ 

(2) Oaxtaa de Belao. pág. 65.— Bexnal Dias. oap. LXX^vilI. 

(8) Béladon de Andrés de Tapia, pág. 074.— Gomara, Crón. eap. LIX.— ¿exx«i' 
a^ dáo* II, Ub. Vir, cap. I— Toiquemada, lib. IV, cap. XXXIX. 






246 

4i^ )úxo Uevfur del veoíno tisniplQ djoa papas, quiesefi rQsuUa^ron ser 
de ríos pñncipalaB, y pir6giuitán4ole8 la caiufi de andar amedrepliadae 
7 que el flafior no quería yenir, reepo&di<i f^l lOj&a G^iafC^rjjsadOi q;ae 

lOjB 8a(M8cdote8 DD te»|a,D temor n^^^gniiQ, é J^ia A UaPW al xHu^que. , 

]Qki : ef eqto, tíqo ^1 prÚNÍpal^coz^ f^igu^s zu>bles, á quieoefi por m^dip / 

^ lp8 ÍQtói:iNrete« ee preguntó, por cu&l iiaa^n faltaban Iqis basfápieii'» | 

toa; ai eia pQrque los blanpoa eatftbaiD abl, depusieran 1^ peoiay puea ^ 

al fiigaÍ6nto4ia pensaban ^(Mnar el qamino de México, ^ cnyo efecto g 

sólo pedían los tamenexiieces(a;ipf.pajEa ppufivcir .el pedaje f viveies ^ 

por aquella nocihe, Tan turbodo eftaba el señor, qjne xxo aqer- ^ 

taba á responder; mas al cabo diJ0| busoarla la poinid^ . aunque ^ 

Moteoubzomababla mandado no se ^er^^ ni quería que los blaneoa ^ 
pfUMMen adelante, Igln esta wfu>rx se p];e8e|itaron tres ceuipoalteca 
avisaado hal^r ciertos repajos m algunas callesi se yeían hqjoa di- 
swnlados con madera j tierra y estacas agadas en el fondo, 

festinados á matar los oabaUosi en ^s azoteas bab^ piediaa ^ 

y reparos de adobes. Vinieron en seguida ocbo de los tlaxcsilteca ^^ 

dpi Cf^mpo ayisandojbab^ tenido lugpur pn sacrificio al dío^ de la ^ 

gue^rra con dos hombres y cinco niños; mujeres y niños aban^opabwi ^ ^ 

la ciudad llevando sus'^ haciendas. Por último, Do|ia Marina (Ujo 4i /^^ 

,4Lgi;Ucur, que una vieja, osposa de uno de los principales capitanea * ^ 

de la ciudad, dolida ^de su hermosura y queriéndola casar con ^^ 

na bíjo suyo^ pues la veía rica, le había propuesto abandonara á ^ 

Jos blancos porque iban á ser destruidos; ella, la lengua, había apa- ^ ^ 

X^ptado admitir el partido á fin de infirmarse de los pormenores de . ^ 

|a ccffijuraciojQ, y una vez logi^o,^ con pretexto de recejar su hf4o ^^ 

para volverse á la vieja, se había ido para el alojamiento. Por me* ^^ Ici 

(c(ip de Pona, Marina fueron traídos Ips dos sacerdotes del principio ^^ Q 

y }a ancicma 8olicitadora,v\x)nfesando todos la verdad de la cona- ^fOBtei 

p^acion, (1) ^CQm 

De los diversos testimonios recojidos por medio de los intérpretes ^90e | 

jeesukó que Moteouhaoma había dado órdenes oontiadictesias^ ya ^^hi^ 

previniendo se hiciera en la eiudad toda honrad los blancos, encami* ^ cei 

nándolos después á México, ya enviando á decir no era de su yolun- ^^ia; 

(1) Ontefe da vetee, pág, ^.— Bemal Díaz, eap, LXXXIII.— Gomatn; Orón, o«p, ^¡^ ai 
LIX,— Herrera, áéc. 11, lib. VJI, CV- L— Torqiiei»ada, lib. IV, cap. 3pC;^IX, — 

Mofioz Camargo, Hist. d« ^paxcaUa. HS. ^IW 



247 

tad aquel vi^e: mirando la reso}acioa de los extxaBJeros de pasar 
á la corte, no obstante los obstáculos que se les habían puesto, 
soposejado por HuitsilppochtU y TezcatUpooa habla resuelto apo- 
dérame de los casteUanoe, haciéndolos llevar atados á Tenochtitlan. 
Para ejecutar aquel concierto, en sefial de mando había enviado un 
tambar de oro al marido de la vieja: parte en unas barrancas veci- 
nas, parte ya dentro de la ciudad, habla veinte mil guerreros méjú- 
fia: eu cuanto al modo, los chololteca 'traerían al dia siguiente los 
tameue que para el viaje se les hablan pedido, que serian guerreros 
escogidos, armados y en maiyor número del demandado; cuando los 
hombres barbudos se pusieran en marcha, dentro de la ciudad si la 
ocasión era propicia, 6 en las barraacas de las cercanías, chololteca 
y méxica caerían sobre los extraiúeros y sus aliado^; tomarían vi- 
vos cuantos se pudieran, de Ipsx^uales veinte quedarían en Cholollan 
para ser aaorificadoa i (¡iuetsaeoatl, siendo conducido el resto á Te- 
nochtitlan: prevenidas estaban las eoUeras, pértigos y correas para 
asegurar los oautivoa (1) 

S!n semejante situación D. Hernando reunió un conscgo de ci^i- 
tanes; opinaron unos torcer el camino por . Huezotzii^; ocurrió á 
otros concertar cual se pudiera la paz, retirándose en seguida á 
Tlaxcalla; "otros dimos parecer que si aquellas tmioiones dejába- 
nlos pasar sin castigo, que en cualquiera parte nos tratarían 
otras peores, y pues que estábamos allí en aquel gran pueblo é 
"hafbla hartos bastimentos, les diésemos guerra, porque más la 
^ santuRlan en sus casas que no en el campo, y que luego apercibió - 
*^mmoBú los tlaxcaltecas que se hallasen en ello.'' (2) JBste acuerdo 
pievalaoió con gusto del general, quien determinó ''{NTevenir antee 
de aer prevenido," es decir, tomar la ofensiva antes de ser combatí- 
doe. JEn consecuencia se mandó decir-á los seis mil tlaxcalteca del 
eampo, que lusgo qae oyesen un escppeiiazo cargasen sobre la ciu- 
dad jr á fin de ser reconocidos durante la pelea se pusiesen torzales 
de eqparto eefiidos i la cabeza. Aquella ^oche transcurrió pam los 
lianeoB^n le^ mayor ansiedad, los. hombres con sus armaS) caballos 
7 Artillería * pQ^to» guardando el f^lojan^^to con |a mayor vigilan? 
: mognDO se movió en Cholollan. 



•I 

u 



(1) Banud I>ü»f looo cit 

(S> B«m«l Días» oap, MX Xn t 



248 



« 

Al sonreír el alba del dia que á nnestra ' cuenta ftió martes dita 
7 ocho de Octubre, D. Hernando estaba á caballo rodeado de los 
soldados de su guardia; los castellanos y aliados en sus puestos. Llia- 
garon los chololteca en gran multitud, é inmediatamente fueron in- 
troducidos en el patio del alojamiento; ínas eran tantos, que á pesar 
de haber quedado apifiados dentro, muchos quedaron fuera. S! pa- 
tio cercado de tapias tenía tres puertas cada una al occidente, me- 
diodía y norte. (1) Los hombres podían dificultosamente meterse 
en aquel espacio; las puertas fueron ocupadas por soldados: Cortés 
al rer el apresuramiento con que los chololteca venían, ezGlamó:/*Clué 
^^ voluntad tienen estos traidores de vemos entre las barrancas para 
"se hartar de nuestras camesl Mejor lo hará nuestro Sefior.'^ (2) 

Aparentando estar listo para emprender la marcha, hizo llamar 
á los sefiores principales con pretexto de despedirse de ellos; no 
acudieron los cabezas, sino vinieron basta treinta capitanes, á los 
cuales metió en un patio pequefio y les dijo: ^^Dicho os he la verdad 
" en todo lo que con vosotros he hablado, y mandado he á todos los 
^' cristianos de mi compañía que no os hagan mal, ni se os ha hecho: 
'^ con la mala intincion que teniedes me dijístes que los de Tlascala 
" no entrasen en vuestra tierra; y maguer no me habéis dado de co- 
" mer, como fuera razón, no he consentido que se os tome una galli- 
^' na, y heos avisado que no me mintáis; y en pago de éstas buenas 
" obras tenéis concertado dé matarme y á mis compañeros, y habéis 
" traido gentes para que peleen conmigo, desque esté en el mal ca- 
" mino por do me pensáis llevar; 6 por esta maldad que t eníades con- 
^< cortada, moriréis todos, é en sefial de que sois traidores destruiré 
^* vuestra cibdad, sin que mas quede memoria della: é no hay para que 
" negarme esto, pues lo sé como os lo digo.^^ Míos se maravillaron, 
é se miraban unosá otros, éhabie guardas porque no pudiesen huir, é 
también habie guarda en la otra gente que estaba fiíera en los patíos 
grandes de los ídolos para nos llevar las cargas. El niarqués les dijo ú 
estos sefiores: ^'Yo quiero que vosotros me digáis la verdad puesto que 
** yo la Sé, para que estos mensajeros y todos los demás la oigan de 
^ vuestra boca y no digan que os lo levanté:'' é apartados orneó ó 
seis dellos, cada uno á su parte, confesaron cada uno pof ¡sí, sin toi> 



(1) Sahagimi lib. XII, oap. XI. 

(2) Bernál Días, oap. LXXXIIL 



V 




mm 



249 

mentó alguno, que asi era verdad domo el marqués se lo liabia di- 
cho; é viendo que conformaban unos con otros, los meítidó volver á 
juntar, 6 todo lo confesaron así, é decían unos á otros: ^Este es co- 
'^mo nuestros dioses que iiodo b saben;- no hay para que negárselo/* 
El marqués hizo llamar allí los mensajeros de Muteczuma, 6 
les dijo: '^Estod me quieren matar, y dicen qué Mutecenma era en 
" ello, y yo no lo creo porque lo tengo por amigo, y sé que es gran se- 
^* fior, y que los sefiores no nuenten; y creo que estos me querían 
" hacer este dáfio á traición, é como bellacos y gente sin sefior que 
" son, é por eso moriifán, é vosotros no hayáis miedo, que demás 
^* de ser mensajeros soislo de ese señor á quien tengo por amigo, é 
^ tengo creído que es muy bueno, é no bastará cosa que en contra- 
^^ rio se me diga.'^ (1) Atados los capitanes y sueltos los embajado- 
res fueron metidos en unos aposentos con guardas: los dos sacerdo- 
tes denunciantes quedaron en libertad. 

Tomadas estas disposiciones, fué disparado el fatal arcabuzazo. 
Al escuchar la sefial, castellanos y cempoalteoa arremetieron espada 
en mano contra los guerreros 6 tamene del patio, en balde quisieron 
los infelices resistir, pues sorprendidos y agrupados, apenas pudie* 
ton valerse, intentaron trepar por las paredes, mas eran muy altas y 
solóles servía para hacerse blanco de los arcos y de las ballestas, qui- 
meron huir por las puertas y ahí los esperaban las picas y las espa- 
das de los guardias: todos fueron pasados á cuchillo, quedando los 
patios cubiertos de cadáveres, encharcados en sangre y mnchas eñ- 
tralias desparramadas. Aunque sorprendidos y casi desarmados, ácu* 
dieron al socorro los guerreros de la ciudad; pero aunque se adelan- 
taron eon denuedo, estrechados en las calles, fueron barridos por la 
artillería y los arcabuces. Escúchese entonces á retaguardia el grito 
de gaénra de los tlaxcalteoa; la paballería, seguida de los peoneS| 
cargó reciamente cual sabía, desbaratando y mermando las filas 
eontrarias; caldos lá flor de los guerreros, privados de la dirección 
de 'SOS jefes prisioneros, los esfuerzos tumultuosos de los chololteca 
fíieíoii sin fruto, comenzaron á ciar, se subdividieron por las enera- 
«jada», y por fin; rotos y cubiertos de la sangre y del polvo de la 
peles, fueron lanzados fuera de la ciudad. " Y dímosles tal mano, 



(1) Belaa. d« Andrés TapU, pág. 575. 

TOM. IT. — 32 



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""dice tiwqilitetnaDte Ck>rtós, que en doa horas mañefon mü de 
** *i»3 mü hombrea." (1) 

AlgimiS- partidas 4e guerreros se hioienm faertes eu algunos edi- 
ficios y teoealli. Combatidos sin descanso, pegando* fnego en todo , 
lo que prendía la llama; de los defensoves, qnien no pala al golpe de 
las armas, perecía abrasado por la lumbre. A la hora del conflicto, 
acudieron presurosos los saoerdotes i romper el levestímiento déla 
pir&mide, pero en lugar. de los torrentes que debieran brotar, no sa- 
lió una sola gota de eagoA. Tarde conocieron no debieron fiar en la 
mentirosa promesa del fementido duetEalcoatl; preciso era acudiré 
las manos y menear ccm brío las armas. Piipas y nobles se encasti- 
llaron en el ten^plo de U pirámide^ aquel era el relicario de los dio- 
ses, la joya reverraoiada de los oreyeintes de Anáhuac; loa dioses, si* 
quiera por su honra, debieran hacer alli algún milagro. Atacados 
por blanco y tlaxcalteca, ofreciéronles la vida si se daban; uno s6le - 
aceptó y fué bien recibido, los demás se negaron con desprecio j se 
defendieron bravamente. Ballesteros y arcabuceros tiraban á kjB 
hombres subidos en los árboles del atrio; pusieron fuego á las capi- 
llas del teoealli, y guerreros y papas que no prefirieron morir ^ue* 
mados, se precipitaron cabeaa abajo desde la plataforma px no 
aceptar la compasión de sus ^lemigos. ** Y era de notar, cómo loa 
'^ sacerdotes se quejaban de sus dioses; lamentando lo mal que loa 
^' defendían; y uno en particular, en lo más alto del templo, decía: 
^' TlaspcoHay TltuusaUa^ cJuara vengan tu carazim^ y Motectihzóma 
!* otro dia vengará el euyo.^^ (2) 

Los combates cesaron con el dia, fenovAndose el siguiente, en los 
cuales tomó parte un roñierzo de veinte mil guerreros U^gadoa de 
Tlaxoalla, al mando de Xieotenoatl el mpso. (8) Tencidos loe in- 
dios, quemados m¡uchos edificios, castellanos y tlaxcalteca se «ntxa* 
garon al saqueo, pudiendo entenderse en el sqMurto ccm el mayiMr 
acuerdo;* los primeros tomaron el oro, joyas y plumee precioafui; ae 
apoderaron los segundos de mantas, hastunentps, sal de la cual ha* 
blan mucho meoester>' eoQ más cuantioso Aámero d^ <wit(i(¥oa* ISÜl 
desppjo akauzado debió ser muy aonsideraUe^ piles existian ia|i4 

• r 

(1) CartaB de Belac pág. 66. 

(9) Herrera, dée. II, lib. Vil, oap. U.— Mufioi Gamargo. MS. 
(S) Bemal Días, oap. LXXXIH— Belao. de Andrés de Tapia, pág. 576.— S 
ra, déo. II, lib. VII, oap. II. 



801 

puy ñoQ9 .mercaderes y lá oindad em poderosa; la pooblpí ub tiem^ 
povflaoto ypa^fioni qjaedó oasi destruida y yerman ^sí á oawO'de^lfa» 
pi^f^taqxai como por ImiI;^ haida los moradores ó gaaremise ^eii 1§a 
montas y ipueUos de la ooomm» ./, 

Coatmnaha el estrago ooaoidoM preseotaroQ 4 pjodM^ ]pi£fei4<¥»^ 
<4gqMs Dobles y sacerdotes, as^guMado no haber eUps fannado p^ur- 
to en la rebeUoai, y di^iwdoc que pues los culpados babáao llevado 
el merecido oaptigo, oesavan J9k aquellos desmaMs, Cortés aps^mi^ 
grande ODOjOi Ubio ymx á los embúadores méñea deteoidos balita^ 
entóKices coipo pre8oa« y e» sq pres^B^ÍA j:espoiidi6 á los sapligantéi^ 
que la dudad paerecla/ser asolada por rebelde, mas por respeto 4 
Motecubssoma cuyos y^sejlossopí, la perdona, que de ahí eu adelas 
te sean buenos» pues si )o pasado se repite m(»rir4n por ello. J)i^ 
ronse en conseciiencia órdenes para valrer al al(gamiento i castella* 
nos y oemppalteca; l<tt tla^ioalteoa fuerop mandados al campo, y ú 
bien se les mandó dejar libres á los cautivos, sólo dejaron unos ^po^ 
COS. £1 refuerzo se retiró á Tlaxoalla harto de botin y de vengSinsa, 
celebrando allá su victoria con extremados r^gpcijos de bailes y can- 
tos, sin faltar el sacriAcio á les dioses, de los prisioneros cholotteca^ 
De los jefes chololteca, algunos fueron ji^uertos en la prisión; de Jios 
sobrevivientes, Dpp Hernando soltó 4 dos, después de reprenderlAS 
Sgriamente, con encargo de ir Atraer la gente huida: luciéronlo cuaj 
lo ofreci#ron« " En obra dp quince ó v^te días que allí estuv^ 
"quedó la ciudjad y tierra, tan pacifica y tan poblada, que parecía 
" qu§ nadie faltaba de c^la, y sus mercados y tratos por. la ciud^di 
'Scoipo totes los solían tener. {\l 

No es fácil determinar el nám^ro de los , cbololteca matados, si 
bien debe admitirse uiio cox^iiderable. (2) La rasso^ para aquella 



drés de Tapia, pág. 576.-^-OvÍ6do, lib. XXXIII« .cap. IV.— Gomara, Ción. oap. LX, 
—'Herrera, d^o. II, lib. VIT, oap. p.-Torquemada, lib. IV, cap. XL.— Diego Mufioz 
Cttovgo. MS.— fxtUlxoobitl, ^iat. Ohiehim. oiq;>. 84, M5.>-S8hAgaii, Bb. XCE/oap. 
XL— Códice Bamírezy MS. — ^Laíormadon recibida en México y PaeUa» el afio de 
IS^^ á aQiioitii4 del,gobeipfMl«r 7-p«bi]d6<de isatarflf^ de TlmPt^ IkMiw^ A^iSt 
f T%S p\n \am fipiiiita, a^xtoy «étúpaa, y piiga. ,5a^lrtUi-*143-«l^. . 

(2) Conforme al teetímonio de Oortés, en las primeras dMdMMWjjMutfetfSQOUíade 
tna mil.— Ixttilxochiti, IBOat. Chiohim. oap. 84, ayaliia la pérdida total en 5,000^ 
Oomar», CMn. cap. LX y Herrera, déc. II, lib. VOl, pKp. fl, la^etovyrn 



2S% 

• 

matanza fáé la rebelbn de la ciadad. Loe eiciitores españoles y de 
origen tlaxoaleSf están confomes en )a esistenda' de laiebeHoDj 
determinada por concierto entre los émbi^aAofecr de' MtAecnbzoina 
y los sefiores de Cholollan. Los religiosos franciscanos, 'recién lle- 
gados á la tierra, hicieron tina pesquisa en la cindad entre los an- 
cianos y sacerdotes, qnedando plenamente confirmada la verdad del 
hecho. (1) Ocurre observar, que la reyúelta no se hizo patente por 
ninguna demostración hostil. Los slnfomas de insurrección sefiála- 
das por los tlaxcalteca, eran paicaticiones naturales en una ciudad 
que iba á ser invadida, no pdr los blancos, sino por sus mortales 
enemigos los indios. La conducta anterior 7 posterior de Motecnh* 
soma no autoriza á creerle autor del pensamiento; procedía de una 
manera torpe, poco leal; mas nunca se aventuró á entrar en comba- 
te con los teules, consistiendo todos sus amatios en tenerles lejos de 
la capital. El ejército méxica, auxiliar del complot, no llegó á pa- 
recer mucho ni poco. 

Por otra parte, se nos presentan las enconadas rivalidades entre 
méxica, chololteca 7 tlaxcalteca; éstos últimos se hablan resistido & 
la ida de los blancos á Cholollan, acusando ^ los de la ciudad de 
pérfidos 7 traidores; en sus intereses estaba aparecieran asi, ya pa* 
ta demostrar la verdad de sus palabras 7 ló acendrado de su carifio 
á los teules, 7a para obtener buena venganza 7 el provecho cuantió* 
80 del saqueo. La manera eficaz para lograr el intento, fueron los 
cempoalteca, enemigos irreconciliables de los méxica, y principal- 
mente la intérprete Dotia Marina. Esta faraute nos parece estar 
ganada & las intereses tlaxcalteca. Mu7 sospechoso creemoa que 
principales, nobles, capitanes, papas 7 mujeres, confiesen de plano 
la conspiración & las primeras preguntas: semejante proceder es 
inadmisible^ atendido el disimulo de los indios}^ su adhesión á loa 
superiores, el desprecio con que recibían la muerte en cumplimiento 
del deber. Para nosotros parece indudable que los tlaxcalteca dea- 
figuraron los hechos patentes á la vista, abultaron los síniomaSi 
azuzaron á los castelkuaos; ayudó en ello Dofia Marina, no a6lo liar 

Bnél pio e o i o de Cortas, ton^ I, ptfg. 59, dedMindo ét testigo de Tisia Benuíl^xko 
Yáiqnei de Tftpia^ dijo: *'eree este testigo que entre muettoe 4 ostyvos, f aecon mtfa 
*'de TijBfte aiftinKiOiUHL'* 

(1) Beoiil Dísa, eapc LXXXHí. 



i 



MBM 



M» 



263 

eiondo decir á Ig^ .mdioei ciento le placía, sino myeotapáo la histo- 
ria de la Tieja.q|iei la 'quería dar i su l^jo par esposa, lüstoi^a épca- 
minada tal vez ^ enpead^r los celos ,de I)« Heroando. En e3te su* 
pa^stOi loe cait^llaMs aparecen .simple instrumento de los tlaxcal* 
teo^ el heclio no.era uneTOy.pues loflcftnipoalteoa ios habían utili- 
sado ea la misma forma en la guerra de Tzimpantwico, Los blan* 
008 no fueron culpables al dar entero crédito A Josdichoili déla 
intérprete y jie los aUados; estos dichos los conTencieron de la reali- 
dad de la conspiracíoii; atentos loe barbaros d^i^hos de la guerra^ 
en defensa propia debieron reprimir la agresión: resultan criminales 
en la manera sobrada y cruel de imponer el castigo, y bajo este as- 
pecto la justicia se pronuncia contra ellos inexorable y severa. 

SI de santa memoria» Fr. Bartolomé de las Casas, refiriéndose & 
aete aoontecimiento, escribe: '^Acordaron los espafioles de hazer allí 
** una matanza ó castigo, (como ellos dizen), para poner, y sembrar 
"su temor, é braveza en todos los rincones de aquellas tierras. 
i^ Porque giempie fué esta su determinación en todas las tierras que 
«^ los españoles han entrado (conviene á saber) hazer una cruel, ó 
** señalada matanza; porque tiemblen dellos aquellas ovejas man-* 
'f eas." (1) Agrega, que de los señores, ciento fueron quemados, y 
que xméntias acdía el templo mayor, cantaba el capitán esta estío- 
& de un antiguo romance: 

Mira Ñero de Tarpeya 
A Roma como se ardía: 
Griios dan niños, y viejos 
T él de nada se dolía. 

£1 heroico y filantrópico defensoí: de los indios puede tener razón 
en la primera de sus observaciones, pero en lo demás, hay conocida 
exageración, dimanada sin duda de los informes recibidos, pues en 
esto no fué testigo presencial. De todas maneras, Cortés se mostró 
doro en demasía; los soldados y los aliados despiadados y impaces. 
Sea eaal fuere la verñon admitida, la matanza de Cbolollan fué 
más inhumanidad que valentía. (2) 

CI) BraTÍBÍina relación de la déstrnocion. de las IndiaS; íol. 17, via. 

(í) Uaamoa con freoaeoda de la antozidad del interrogatorio de 1534| por pare* 
eoBOB vn doenmenío tan curioso como auténtico. Oontiene una sinopsis bien com- 
Iktede la ooogoista y de otros hecbos posterioreí^ firmada por IX Herpaodo ó re* 



254 

La noticia del estrago, se difhndié por toda k tiem, oansando 
grande tenx>r: rMoteoukBomii 06 ptUBo á toliffbkr, tío sabiendo de 
miedo lo que deberla haoorflOé (1) ^^Y digamoe como-esta ooisía ó <M- 
^^tigo dé Cholala faé sabido ea todas las {«ovineias de la NneVit- 
"Espaüa. Y si de antes teniamos fama dé esforsadob, y habían sa- 
^^ bido de las guerras de Potonchan y llabasco y Cingapaeihga y lo' 
^* de Tlaxcalla, y noe llamaban teulea, que es nombre oomo sus dio- 
^^ fies 6 cosas malas, desde alU adelante nos tenían per adivinos, y 
^^ decían que no sé nos podía encubrir cosa ninguna mala que con- 



dMtad# á 8ti Tifttay m(biet(o oonaa finnai d^be od&tener la Tardad^ á bien paesto 
á tal Inz que puoda servirle de def easa: verdad es que alguna ocasioa ae contradice 
con lo que en sua Cartas de relación escribió, mas pasados quince afios do los suce- 
sos, él trascurso del tiemxk> deft>e haber tnádo mayor fsaiiqtfetti en el relato. 

La ttatenta de ^CioloBan firntaó la atenañm desda toa ptimsrSe títmpiaL Bala^Hs. 
sidenoia encontianiios:— **'OtrO' sú serle fase car^o al susodicho DonHainaaado Clor- 
tés, qu& al tiempo qüel dicho D. Hernando Cortés vino sobre la cibdad de Cfhüua^ 
{Ohüula, Gholollan), de guerra, lot Indios délla le salieron de paz, é le dieron dé co- 
mer, é todo le neeesano peMv él é para m xenle; é al tíempo que m q«i6 p&rfir de 
ladiébaeibdadí mando- á kxr Aohos sefiore» de Ul dioká'Cibdadi qué lo tmxesen. kxí 
dios para Uevar su íardaxe é de k>s españoles, que se quezian ir á otras paiissi los 
qualos le truzeron quatrO mü indios, poco más 6 ménos^ é ansi traydos los. mandó 
meter en un patio; é ansi metidos, sin haber cábsa* alguna, mandó á los espftiToléá 
qué matasen los dlébos^indioii que auaí habla tiajfdo; los cuales los matÉMna á-taadm" 
(Doc. inéd, tom. XXYII, pág. 26). 

A lo cual respondió D. Hernando.— * '209 ítem: si saben questando el dicho D. 
Hernando Cortés en la provincia da TtaDcóaUai antes que obiese entrado en esta cib- 
dad, los indios é prencipales de la provincia de Ohilola, le imbiaron á rogar que se 
fuese á la cibdad de Chilula» porquellos querían dar la obidiencia al rey, é ser sus 
vasallos, como lo abian fecho los de Tláxcalla; é si saben que á esta cabsa, el dicho 
D. Hernando Oortés fue á la cibdad de Chfhíla, yestSnído en ella, de aqui á dos ó 
tres dias, fue avisado por los dichos yndios de la dicha cibdad de Chilula, se abian 
concertado oon los ¿e Í7u9a («ib; debe-deoir Otíiua), de matar todos los crisffhianos 
daotio* dé la dlolui.etbdiid» « piaa^dlo' haUanUsmaiio Muéha de IsdidiaiiiQnid de 
Gaba<Culxia)t é U:ten¿an ¿ tredio y en celada 'pata dar sobrella, é tenían' toda^ laa 
casas de azotea llenas de piedras; é si saben que á esta cabsa se fizo el castigo en 
ellos, é mataron algunds.^ 

^*210 3Kén« ^etííMitíáeiíútí^rhiilé'fké^^ paiUpetteviáiédéetíllB 

tiénapnrfset alj^renoipio'diila'eiitníaia ddl% imlo xnaagraesoé sotiodaiatie- 
rra.*' (Doc. inéd. tom. XXVII, pég. 886^7). 

Ya había contestado poco más ó menos lo mismo desde 1529, el apoderado de D. 
Hernando paza el caso» García de Llereroa. (Doc. inéd. tom. XXYII, pág. 244-^). 
En idéntica manera Se explica el testigo Martín Yázques. (Doc. inéd. tom. XXVIIl, 

(1) fithhgtm; lib. lett, e$:p. tí. 



255 

** tra BOflOlids tratasen, que no lo snpiéaenios, y á esta cauaa nos 
*^ moetraban buena Tolontad." (1) 

Pacificada la ciudad de aquella eztra&a manera, Cortés procedió 
como en tierra conquistada. Puso orden en tratos y mercados; nom- 
bró por jefe principia al hermano de quien loeía y habla sido muer« 
to en los patíos; ajustó amistades entre los de Cholollan y Tlaxcalla, 
asegurándose así la firme cooperación de ambos sefiorlos. Ck>ngrega- 
dos nobles y papas, fueron amonestados abandonaran sus Ídolos por 
inútiles y mentirosos, supuesto lo mal que hasta entónoes los habían 
defendido; respondieron así lo harían, mas lo dilataron de continuo 
7. no llegaron á reñficarlo. Cortés hubiera acudido ¿la violencia si 
Fr. Bartolomé de Olúiedo no le disuade, manifestándole sería mejor 
dejarlo hasta ver el resultado de la ida á Mé:rico, pues bastaba por 
entonces con las amcmestaciones hechas. Cuantió pudo lograrse en 
esta matma fué, colocar una cruss sobre un teoeídli limpio y adere- 
zado al objeto. (2) Esfce objeto venerado no era extrajo al culto; sin 
embargo, los blancos habían salido vencedores de QuetzácoatL 

D. Hernando habló á los embajadores mézíca que estaban es au 
.oompafiía, diciéndolescon ásperas razones, que los chololteca le ha* 
bían confesado estar Motecuhzoma de acuerdo en el concierto de la 
traición, siendo muy extrafio en tan ^an persona como él, mandar em-. 
bi^dores ofreciéndole amistad y ocurrir al mismo tiempo á medios 
solapados pbra hacerle dafio: por esta causa, si antes pensaba entrar 
por su tierra de paz y en amistad, mudado ahora el intento irla 
como enemigo haciendo cuanto estrago pudiera^ aunque esto le pe* 
saba, pues más Iñen quería tenerle como amigói Respondieron los 
embajadores no saber ellos nada de la rebelión hasta que presencia* 
ron el castigo; tampoco creían se hubiese hecho por consejo ni por 
mandato de Motecuhzoma, y le pedían antes de que tomara la últi- 
ma resolución, diera á uno de ellos licencia pata ir á hablar al em- 
perad(» y pronto estaría de vuelta con la respuesta. Otorgado el 
pedido, el mensajero regresó á loa seis dias; en oompafiía de aquel 
principal que antes era ido. Según la costumbre admitida de no 
presentarse sin regalos, trajeron cierta cantidad en tejos de oro, mil 
quinientas piezas de manta de muy primas labores, con muchas 

» 

(i; Bemal Diaz, Mp. LXXXm. 
(2) Bemal Díaz, loco «it. 



^ 



256 

proYisiooes de gallinas, pan y cacao: (1) dijeron de {>arte de su ae- 
fior, le pesaba del atentado de ChoIoUan, el cual había sido sin su 
ootisentimiento; las tropas de la inmediata guarnición méxica á que 
se aludía, aunque de bu imperip, correspondía á Acatzingo ó Itzo-. 
caii, (2) loa cuales tenían amistad con, Ips chdiolteca; siempre sOf 
ría su amigo y le. guardaría amistad; pera que no pensase en ir é 
México por ser muy estérili que eligiese un lugar en donde permane- 
cer y allí le daría ouanto hubicfse menester. Replioó resueltamente 
Cortés que para cumplir las órdenes de su monarca tenía de preci- 
oion que pasar averie, y supuesto deber ser así sin excusa alguxia» 
tuviese á bien permitirlo, en inteligencia de que si algún da&o 
se siguiese por la resistencia él mucho lo sentiría. (3) 

Vista aquella irrevocable determinación, los embajadores volvie- 
ron tk consultar á su amo, regresando á pocos dias seis principales, , 
trayendo un presente de valor de dos mil pesos en oro, fuera de las 
mantas y joyas: hecha la reverencia acostumbrada, Motecuhzoma, 
dijeron, insistía, aún en la falta de mantenimientos en México, pues 
aquella ciudad tenía que vivir con lo llevado de fuera, mas si esto 
no empecía al general le convidaba á pasar á la capital, entendido . 
^ en haberse comunicado las órdenes á las poblaciones del tránsito 
para aposentarle y regalarle cumplidamente. Tres de los mensaje-. 
ros se quedaron para servir de guías, los otros tres partieron á dar 
la noticia de que los castellanos se disponíaa al viaje. Determina- 
da ya la marcha insistieron los tlaxcaltecas ,en sus acostumbradae 
porfías, representando los peligros del viaje, la falsía de los méxica 
y lo poco que en su^ palabras debía fiarse, con todo cuanto sabían 
decir de sus contrarios: como D. Hernando se mantuviera inflexible. 
se conformaron con ofrecerle víveres para el camino y diez mil gue- 
rreros para acompañarle; de éstos sólo aceptó el general un millar 
para llevar los tepuzqxMs y el fardaje, pensando atinadamente en no 
llevar grcín cantidad de los enemigos jurados del imperio. Pe los 
jefes y guerreros cempoalteca los principales se excusaron de ir á 

(1) En el texto de Cortea se lee "Panioapi que es cierto treyaje." La palabra nos 
pareoe debe ser leída pan y. cacao; por haberse estropeado la copia. Del cacao se 
bada derta bebida. 

(2) Acadngo é ladear, hoy pertenedentes al Estado de Puebla: son el Acadgo 
é laoacan de la reladon de Cortés. 

(Z) Cartas del Beacpág. 68-99.— Bemal Díaz, cap. LXXKIV. 



267 

Mézioo temiendo ser mnertos por Motectüusoma; en balde les aaega- 
r6 D. Hernando del ningoñ ríecfgo que corrían yendo bajo su protec- 
ción; innstieron tenazmente, otoigándoseleB al cabo la licencia de 
letirarse, dándoles presentes de mantas así para ellos como para el 
Sefiqr de Cempoalla. Llevaroncartas á Juan de Escalante enla Yerá- 
cnu, con noticias de los sucesos pasados y óidenes para la Villa. (1) 

(1) Bemal Díáfe, oap. LXXXy.-^Ctoman, Ctón. oap. LXm.— Heirera, dée. II, 

lib. vn, cap. m. 



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TOH. IV^83 



CAPITULO 11. 



MOTECÜHZOMA XOCOTOTZIK. — CACÁmA. 



lfati0Aa«05ii0jri£i^.--6b^n.--J¿Aua¿30.--O¿ra embajada de ¡os méseka.^Am»' 
gtiemeean,^Teecma6h€Ueo,'^Af(Mnffo,'-^Tod(m)(a oirá emhajaáa^^Ü<mj\¡irot de 
loe nigr(mMfUee,^OuUláhíUiac.^It^^ en Métioo,^AJ¡cjamieir^ 

to de be easteUanos.-'IHeGtireo de Mctecuhaoma. 



Iacatl 1619. La matanza de CholoUan difundió el terror por to- 
do Anáhnac, la excarsion al Popooatepec verificada inmediata- 
mente después, vino & poner el colmo en el asombro de la muchedum- 
bre; la ineficacia del socorro de Ctuetzacoatl desalentó á los fanáticos 
creyentes: nada se creía ya imposible para los teoles, nadie podía 
resistirles, y aquella gente supersticiosa estaba vencida con lo con- 
tado por la fama acerca de los hombres blancos y barbudos; Duran- 
te aquel tiempo la conducta de Motecuhzoma fué la del más imbé- 
cil idiota. Informado diaria y Constantemente por sus espías de las 
acciones de los castellanos, pasaba la vida en estúpido aturdimiento; 
80 encerraba en su palacio, triste y abatido á dar rienda suelta á 
sus mujeriles lágrimas; oraba continuamente, macerábase el cuerpo 



259 

oon duras penitencial, menudeaba eaorifioioB á loe • idolos; eonmüta- 
ba A loB BaoéBdotee, portesanoe y astiólegos, y seguu la respuesta, el 
oensejo ó el augaiid, mudaba de aVisa y de pTopósito, vaoilaudo y 
en cotittadieeiou oonsíga pn^áo. . Le ocurría como medio apropiado 
pam detener la marcha de los viotoriosos diois^s, regalarles oon mag- 
nificeneia y aóp&arles con abatimientO| ésto es, ensrtiac sus rique* 
zas y descubrir su eobardía, arrojar aceite en la ardiente codicia da 
loe extranjeros» mostrindose pusilánime y torpe. (1) 

Bajo estas condiciones, los castellanos salieron de CholoUan el 
primero de Noriembre, rindiendo la jomada en Calpán, aldea de la 
jurisdiocion de Huexotzinco» (2) Amistad 6 cumplimiento de las 
órdenes de Motecuhzoma, los blancos, fueron recibidos con atenta 
hospitalidaa; dierónles alojamientocúiaodo, provisiones abundantes; 
un regalo en oro y mantas, y algunas, esclavas para que los toules 
dejaxftn sucesión: el oro filó poco en verdad, porque bs de Calpan 
no eran ricos. Acudieron gentes de los pueblos comaicaapos, de las 
haldas del volcan y bs señores y papas de Hu^Lotsinco trayendo 
sus presentes; todos- ellos á porfía hablaron contra las traiciones de 
Motecuhzoma, dando por fundamento haber poco más adelante dos 
caminos, el uno cerrado con. tala de árboles y magu^es, el otro lim- 
pio y barrido; el primero.era eLmejor y más llano; el segundo, por 
el cual debían ser conducidos los bbhoos, iba á unascortadnras en 
donde los esperaban cantidad de guerreros móxica dispuestos á ata* 
jarlos y destruirlos* (3) . 

Al siguiente dos de Noviembre el ejórcito se pnsa en movimiento 
preparado al combate y á punto las armas, no«ób por ser aquella 
una constante precaucba del general, sino, parque todois marchaban 
bajo las malas inj^resiones de b que tbxcáltfac^ diololteoa y huexo- 
tzinca les dqeran acerca de la dealealtad de los móxica. JS^guían el 
camino andando antes por Orda8,.él cuál gula por enmedio de las 
dos gmndes montañas el lataoibuac y el Poikxavtepee;. pintc^psco y 
somhroso, es un t^nto cómedo y tendido por aquel ladade^ la subida, 
mióntras descienda al Valle pendiente y. difitfultoao^ Xlegedos bs 

(1) Torqnemada, lib. IV, oap. XLI. 

(2) Hoj Hnejooingo en el Estado de Paebl^* es ql Oia»a<áag0 de CCKiáfí j. en 
ofaeoeantonqOíiaoMaiigote. 66nialI>í«llk¡Kaailaa]deaISQ»Ip«itpatote 

asen iBMlpan por Climjexo: Calpan en él Efllado de Puebla. 
(8) Cartai de relao. pág. 72.-*fBenMa JSitea, eap. I^XXXVL 



(teQtolfi8,l»bft«!4Wi% .lüoffio ettofaa el-^lBo, ^batmido d otro, 
InienogUdoB ^ jQ04ifQ»doi»s.mtxtoatj^ actaBq^Múdbim á Cortea por 
gitt»a(j«ip(mdmx)aidái)tea ir y«iBl.oiqp(iii|^ ¿égemVaiiiinflto 4l mal 
cwdicifa) * Ctoüy^ .hriaaildo >eagxfa¡ ^totai poé tjoot«¿0r «nálos pii« 
Mt j:iodflar:iplB&dr ;i Jilézicp. .(1) Sl.Ikadioy I& é^^iicas^kn ^pM6- 
«ficioit 4I1QB itiUaitníi piffuthfMr JBtidwte cIq Já^ tñieu» de M^iteóidifio* 
zna; la coiitíccíodí sfai;BiiilRU)§o^ «Bamánea. OdüMemos lá prftotiea 
do afaellot paeUoa^ enánda 4]ii0t(üá.ooiiflir.veIaóioíiM oon n» V9ci- 
BOSyde^fiottairJap «oderoiAm [tala^ r íflMÍUpalos^ '^De'4od<Mi los 
^.jsiaédioa.qiieíaiitigaaméiite.iiflabialoB^i^^ en süé gmmuí, ee 

^.|añao>(axoiptodLipQini^aiia4m«m éU%T6iw^ coa Iob 

^•qflfi<daBX|)prdttber BabidO'Ioqnp en.emtocaao fiafaia aoonteeido 
!^á IbA tlaxoaiteoas 7 tftmhim jAiIob olMfldliBCBr, el péetrero peilve- 
^t iiio^ae quedaba par iáveirtar, ezaeeroivr Iob lamiáoii que iban há- 
^cia Mteioo, habiendo paiado de egta patte da' lai dffctm^ paralo 
^auid anandó Moctkeusoma quebidecap nlládoe ea :laa boeap de 
^lofivOsmSiíoeYy puaesen 'mncbos magoejea wpeaoii^ j pllmtadoe 
*!.fin loB caiqinQ0| para que los espafiolee, ll^^oB allí, tío pammi 
^viéfi adoliuite, sp penado muerte, piorque tenían este nao antigoa- 
\':m9obi*. CksnoloS'Oflpa&olea Imbieaen Uegcidoi k» eaminoa qae 
t^^eataban oenados, deábaiataion todos aquellos valladop^ y ananoa- 
^!ron los magueyes, y echáronlos por abi adelante con gran risa y 
^mofa»'^ (^ Ho había tiaioiom era el intento cáildida de deamr á 
Idb aurtelLwioB para^G3ial^. 

Con paella desocfíiaviBaí vigilando loa «oldadee, deaembarasan- 
do elpaio loa aliadbsi éli eséseito eaccimbró la sermnía, fauaita hacer 
alte en una eqmñe^de meseta en lo ttáa «Ito, llanada por los naia* 
safes él fiatio* (3) fiaUa ahí edifioioa espaciostaB déstinadoB para 
deaoa^Bo de I^e meroaderes, eapaeea de idojar á loa oastellanoa y á 
ináa>da eturfreinil til3xoal^eca, chdolteeai «oempoaltooay fanezo* 
tsmea^eoii iA?exeaaba&dantea y cantidad de lefia, páea haela muy 

(1) BenialDiMBí Oftp. LXXXVI. 

(2) B. Miagtta» Uta» a3ii M^. xnr. 

($) Ma««^ uato KOi «4P- XH.^-4stUlRBebátl, Hict CliioUiD. esp SS. If S.» te 
nombra Cuauhteohoaút yj'to qnoi s ai, lib. IV, «ap; XUZI, le Uams Ifhialoe. Hi 
iiM mewU eoloofiite entre U» 4dB laoatiflai Mffsdáa 



£91 

grftaftío* Aquí 0d prea^iKló nueva, embajada luéxica; entregaron 
OQ r^al0| avaloado por Cortea' entras mil pesos de oro, diciendo 4^ 
parte de su se&or, que le re^ba le vohiese 7 no se cinasa de entiraf 
en Mésdoo, porque la oindad era pobre en mantenimientos ]r fragd^ 
80 el camino; si desistía dd su intento, no sólo le darla cnanto qui- 
siese, sino consertaría en darle cada afio ^^cerium quid^ el ntuil lef 
baria llevar basta la mar j6 el lugar qne le setalase.: D. Hernando 
los recibió con agrado, diólesde las cuentas de vidrio, en especial á 
nno á quien llamaban hermano de Moteenbsorad, respcndiéndolesi 
que si en su mano fuera volverse, lo baria por dar'gtisto á su ¿migo; 
pero que ba venido á la tierra por mandato de su r^^ con el encat- 
go principal de dar cuenta xfo Motecubzoma 7 dé su dudad, de los cua- 
les mucho tiempo bace tenia noticia el inonarca castellano^ le manda- 
ba rogar, tuviese á bien su ida, pues de ella en lugar de dálio se segui- 
ría provecho á su persona 7 tierra; si después da vede no le qtrisiese 
tener en su compaSía, se volvería, mas nó antes de haberse entendi- 
do de viva voz 7 no por terceras personas. Con esta perentoria re- 
puesta se volvieron los embajadores. (1) 

De esta misóla embajada, dice la versión íne^deana, que temeroso 
Moteduhzoma de que loa blancos quisieran aprisionarle 6 matarle, 
ideó una manera de salir de la duda: aconsejado por los paJaci^os^ 
fué escogido un hombre mu7 parecido al emperador^ el cuál, bien 
industriado en su papel, con un rico presmte en oro, pedrería 7 plu- 
majes, mardió con los embajadores. ^^Este negocio paliado se exten- 
" dio antes que llegasen á la presencia del capitán D; Hernando 06ff« 
^^ tés, 7 desque llegaron en presencia ^que fué en^el medio de las dos 
'' sierras volcan 7 nevada, en un llano que ellos llaman el patio) he- 
'^ cbo su acatamiento según costumbre, presentaron su presente al 
" capitán ordenándolo á sus pies, lo cual él 7 todos recibieron con 
" gran gozo. Después desto, el capitán preguntó por su intérprete al 
" principal que representaba á Mootheusuma, Á era él. El respondió 
^'que sí, que él era su vasallo Moctfaeuzoma: el capitán mü-^t & 
"los tlaxcaltecas 7 cempcaltepas 7 preguntóles: ¿es este Mote- 
" cuhzoma vuestro re77 K^espondieron: no wXl(x^ no es ese, que 
(• bien OQBocemos á. Motliecuaoma, 7 también eanoeemoa á eate 



(1) Cartas 4e JMadon, p^. TS.^BflfMl M», m^ IiXXXVII, die* qna Mole- 



362 

^^ que está aqai, que es un principal sayo que se llama TVsioac- 

•f pnpuca. Luego el capitán le habló por sus intérpretes, repren- 

•í diéndole por la ficción que había hecho por mandato de su 

?í señor, y él se volvió aveigonziwlo y confuso á MoctheuEoma, 

V 7 ellos gozaron del présente que Uevaba y prosiguieron su ca- 
íímino:" (1) ; 

Creyendo Cortés á los auxiliares, quienes le decían en aquel pun- 
to iban á asaltarle los guerreros méxica ocultos en el bosque in- 
mediato, llamó á los embajadores que en su compafiía llevaba, y 
les dijo: *^Sabed que estos que conmigo vienen no duermen de no- 
*^ ^e, é si duermen es un poco cuando es de dia, é de noche están con 
" sus armas, é cualquiera que ven que anda en pié ó entre do ellos es- 
" tan, luego lo matan ;é yo no basto ¿lo resistir; por tanto, hacedlo así 
!! saber á toda vuestra gente, é decidles que después de puesto el 
" sol niuguno vemga do estamos, porque morirá, é á mi me pesará de 
'llosque murieren.'' (2) Noobetante la prevención, curiosos ó espias, 
quince amanecieren muertos alrededor del campo. Este preceder, 
ajustado á la ordenanza militar, iba á costar la vida á D, Hernando; 
salió á rondar fuera del campo, y al volverse fué descubierto en la 
osciuñdad por Martin López estando de guardia; mirando éste el 
bulto, encaró la ballesta, mas al apretar la llave oyó la voz del ge- 
neral quien gritó {Ah de la velal á ser más tardía la interpelación 
aquella noche muriere Cortés. (3) 

£1 tres de Noviembre penetró definivamente el ejército dentro 
del Valle de México y fué á pernoctaren Amaqueinecan, (4) pobla 

(1) S^hagub, Hb, XII, eap. XIL— Códiod Bámírex. MS.— Torqnemada, lib. TVj 
eap. XLIII. 

(2) Belao. de Andrés de Tapia, pág. 577. 

(3) Herrera, de'c. II, lib. VII, cap. IV.— Torquemada, lib. IV. cap. TTJ 

(4) Cortés, cartas de relac. pág. 74. En esta parte del iünerarío nos ajustamos 
estrictamente á la Antoridad de D. Hernando» preñriéndola ¿ la de Bemal JHnsL al- 
ga diferente de eUa. Hervera, déo. II, lib. VII, cap. I V, faaee pasar á loa casteUanos 
por Tezcoco. Torqnemada, qmensigtie á Herrera en lo relaiÍTO á la- conquista, lib. 
IV, cap. Xlill» da los pormenores de li^ entradiei de Cortés en Texcoco, en donde fné 
recibido por el rebelde Ixtlilxochitl eñ compafiía de sa hermano Coanacochtadn, en 
ansenoia de Cacama á la sazón en Méxi^ Cttavigaro, tóm^. 2, pág. 5a, aigniendo á 
BU principal gula Torquemada, adopta la misma versión en todos sus puntos. Con 
mucho temor decimos que semejante relación no encuentra fundamento en ninguna, 
«niginales de las fuentes eapaftolas 6 indígenas— Amaquemecaov hoy Aoecih 6 Ams» 
•ameea, en d Bstado de Méxfco, -es el Amaquentca de Cortés? 



263 

cioD de la provincia de Chalco, casi al pié de las montañas: contaba 
anos veinte mil vecinos. El sefior del lugar, llamado Cacama-: 
tsin, (1) aposentó á los castellanos en las casas reales, les hizo nn 
magnifico r^ala en oro y joyas, plamajes y mantas, y segon la eos- 
tambre admitida entonces de dar buenas mozas á Jos blancos para 
tener sucesión, les entregó cuarenta, ''todas muy galanas y bien ves- 
" tidas y aderezadas, atados á las espaldas muy ricos plumajes y en 
" las cabezas, todas el cabello tendido y en los carrillos puesto su 
" color que las hermoseaba mucho; los soldados las recibieron con 
"agimiento de gracias y les agradecieron el presente. (2) 

La provincia Chalca, sometida por los emperadores de México 
después de sangrientas guerras, llevó siempre de mala gana el yugo 
de los vencedores; aparecían sumisa y obediente pbr estar cercana 
Tenoxtitlan; mas sus moradores guardaban vivo rencor contra sus 
tiranos. Luego que los de Amaquemecan pudieron explayarse con 
los blancos, juntos con los de Tlamanalco y de Chalco, quejáronse 
amargamente, de las exacciones de los recaudadores méxica, de lo 
excesivo de los tributos, de lo muy pesado del gobierno do Mote* 
cuhzoma; Cortés les ofreció remediar sus males, diciéndoles *'como 
*' veníamos á deshacer agravios y robos,^^ en virtud de lo cual aque- 
llos señores prometieron obediencia, recibiendo en cambio la protec- 
ción de los teules cuando la ocasión se presentara. (3) Así, el des- 
potismo mexicano y la falta de vínculos entre los elementos de la 
monarquía, hacían dé cada pueblo pisado por los invasores un fir- 
me aliado y un enemigo enconoso de México; aumentaba el poder 
de los teules en razón inversa de como disminuía el de Motecuhzo- 
ma. En los dos dias que los castellanos permanecieron en Amaque- 
mecan fueron abundantemente asistidos y regalados, no sólo por el 
señor del lugar, sino también por los de los pueblos comarcanos, to- 
dos en el mismo sentido de enemistad contra los tenochca. Ahí 
mismo había encontrado Cortés algunos principales méxica, encar- 
gados por su señor, según le dijeron, de cumplimentarle, proveyén- 
dole ademas de cuanto hubiera menester. (4) 

(1) Iztlilxoehiü, HUt. Chiehim. eap. 85. MS. 

(2) P. Doran, Segunda parte, eap. T,XXTTT. MS. 

<3) P. Daran/cap. LXXnL MS.-^Bemál Días, ^ei^. LXXXVJ.— Herrén, deo. 
n. Hb. Vil, eap. rV.^Torqnemad*, lib. IV, eap. XLV. 
(4) Cartas de Belae. pág. 75. 



2'64 

£a balde había sido los esfuerzos para detener á los extranjeros; 
habían ya penetrado en el Yalle, y i medida que á México se acer- 
caba recrecían tos temores de Motecúbzoma, sin acertar en únaí de- 
terminación salvadora. Siendo ya muy apremiante el conflicto, reu- 
nió de nuevo en consejo á los dos reyes aliados, con mucbos dé la 
principal nobleza. Como siempre, los pareceres fuerbti encontrados: 
Cácama opin6 porque fueran recibidos de paz los blancos, pues los ^ 
embajadores gozaban ¿e un carácter sagrado y éstos lo eran de un 
grande y poderoso monarca: Cuitlahuac persistió en su aviso: "Q,uie- 
*^ran los dioses, dijo, no metáis en vuestra casa quien os eche de ella 
Vy os quite el reino; y cuando queráis remediarlo, río hi^lléié tiem- 
^po, ni medio para ello" (1) Bm aceptar francamente determina- 
ción alguna, Moteculbzoma resolvió enviar nueva embajada y em- 
plear aun las infructuosas artes de los hechiceros. 

Él seis de Noviembre dejaron los castellanos Amáquemecan di- 
rigiéndose poi* Tlalmanalco, adonde entraron hacia la tnitad de lá 
mafiana. (2) el pueblo correspondía á la provincia chalca. Agasa- 
jados por el seSor del lugar pasaron adelante, rindiendo la jornada 
en Ayotzinco, pueblo pequeño situado junto á las márgenes meri- 
dionales del lago de C¿alco, teniendo Á la parte de tierra un mon- 
tecillo áspero: (3) era entonces una especie de fuerte á donde Te- 
nían á recalar muchas canoas. Pasóse la noche con grande vi- 
gencia, como que adelantaban siempre con suma desconfianza, 
pagando con la vida quince ó veinte indios muertos pot las velas, 
quienes sin duda sé acercaron cómo espías ó como curiosos. 

A la mañana siguiente, siete de Noviembre, al ponerse en cami- 
no Tos blancos, se presentaron doce muy principales nobles con gtan 
séquito de sirvientes, acoínpa&ando á Üacaínatzin, sobrino de líó- 
teúhzoma y rey de Teicocb, joven de hasta veinte f cinco atíos, ri- 
cameüte vestido á su usanza, llevado en unas andas en hombros de la 
nobleza; llegados delante del general,, bajó Cacamatzinde las andas, 
apresurándose los demás á apaitar las piedras y pajas del camino. 
Recibidos los embajadores en el aposento del general, tomó la pa- 
labra Cacama diciéndole venían de parte áfi Motecúbzoma á ser- 



(t) TerqneÉUtdá, Hb> I^, éáp. XLtl— P. íkráÁ. os|>'. VtUa^ MS. 
(3) Bdmal Díaz, oap. LXXXVt. 
(8) Cartas de relao. pág. 74—75. 






265 

▼irle 7 acompañarle, no tiniendo el emperador en persona por estáis 
iüdispúeóto; ínaÉr le espeta en la ctttdad á* donde le data á eonodet 
cuánto carifio le profesa; peto que si puede evitar la enttada en Mé- 
xico lo baga, pues pasará trabajos j diScultadelá; ^j en edto abitlca* 
•Von y j)orfiaron mucbo aquellos sefiotes, y tanto, que no les queda- 
^^ sino decir, que me defenderían el camino si todavía porfiase 
^4r.'^ (1) Á pesar de esta tímida y vergonzante amenaza, Cortés, 
qtden ya babfa formado cabal juicio del mísero monarca, respondió 
con su entereza acostumbrada, aunque con blandas palabras, no po- 
día retroceder en su camino, marchando en éonsecuencia sobre la 
capital. Tal fué el temiltado de aqaella embajada, innecesaria, ab- 
surda, después de tantas de su especie. 

En cuanto á los encantadores, oigamos la leyenda azteca. *Tar- 
'^tiéronse todos camino de TlalmEmalco para verse con los espa%o- 
"les donde los topasen, y subiendo por la cnesta arriba por el ca« 
^^mino por donde venían los españoles, topáronse con Tezcatlipuca, 
*'que venía de hacia donde venían los españoles y delante dellos al- 
"gun trecho, el cual les apareció en hábito de un hombre de aqtie- 
"lia provincia de Chalco, que venía muy borracho y fuera de sí; no 
"por el -vino que había bebido, más por el furor y rabia que dentro 
!'de sí tenía; y como hubo llegado junto aquel escuadrón de nigro- 
"mánticos y hechiceros, paróse y comenzó con grandes voces á reñir- 
"les. Traía ceñidos los pechos desde la cintura arriba con ocho 
"vueltas de una soga de esparto, y díjoles: ¿pata qué volvéis de nue- 
**vo á acá? ¿dué es lo que Moctheuzoma. pretende hacer para vues- 
"tro remedio céntralos españoles? Tatde ha vuelto sobre sí, que ya 
"está determinado de quitarle su reino y todo cuanto tiene y toda 
"su honra, por las granded tiranías que ha cometido contra sus va- 
"sallos: no ha regido como señor, sino como titaoo y traidor. .Como 
^'oyeron aquellas palabras los nigrománticos y encantadores, humi- 
* 'liáronse hacia él](conociendo ya quien era), y comenzáronle á rogar 
^con palabras humilded, y otros de ellos comenzaron á hacer un al- 
miar de piedras y tierra, y cubriéronle con yerbas y flores de laei que 
"allí hallaron; pero él curó nada de este regalo, sino procuró de pro- 
"ceder con más furia en reñirlos y injuriarlos con más altas voces, 
^'j C0n más conato les dij(K jA qué habéis venido aquí, traidores? 

4 

(1) Cartas <!• relac. pág. 75.— Torqaemada, lib, IV, eap. XLV. 

• TOM. rv. — 34 



/ 



266 

''No tenéis remedio. Tolveos y mirad háoia México, 7 veréis lo quid 
"ha de venir sobre ella ¿ntes de machos días. Luego ee volvieron 
"á mirar hacia México, 7 lo vieron arder en vivas llamas asi los 
"templos oomo las demás iglesias, 7 todos los colegios, 7 las casas 
"principales 7 de gente baja, 7 allí se les representó la guerra de la 
"destrucción de México. Como hubieron visto esto los nigrománti- 
"oofi 7 encantadores, se les derritió el corazón como si fuera de ce- 
Ta 7 se les hieo un fiudo en la garganta que no podían hablar; 7 
"habiendo pasado algún poco espacio, el principal dellos comenzó á 
"hablar diciendo: Nosotros no somos dignos de ver este prodigio: 
"más convenía que lo^viera Moctheuzoma, porqae esto que se nos 
"ha parecido es el dios Tezcatlipuca; 7 luego se desapareció, 7 los 
"nigrománticos 7 encantadores no osaron ir más adelante, dejaron 
"de hacer alo que iban, 7 volvieron luego á México.^^ (1) 

Sea que en realidad algún ebrio prorumpiera en aquellas desco- 
medidas palabras, ó más bien que fuera una invención de los en* 
cantadores para disculpar la ineficacia de sus conjuros, lo cierto es 
que tomaron á México á dar cuenta de la malaventura. Oído por 
Motecuhzoma, se quedó cabizbajc^ enmudeció, púsose á temblar; 
pasado el accidente dijo: "¿Pues qué hemos de hacer, pues que los 
"dioses 7 sus amigos nos desfavorecen 7 nuestros enemigos vienen 
"prósperos? Yo 7a est07 determinado, 7 determinémonos todos de 
"poner el pecho á todo lo que se ofreciere, no nos habemos de escon- 
"der, ni habemos de huir, ni habemos de mostrar cobardía: no pen- 
"semos que la gloria mexicana ha de perecer aquí. Compadézcome 
"de los viejos 7 viejas, 7 de los nilios 7 niñas que no tienen pies ni 
"manos para defenderse, que de los demás 7a tenemos determinado 
"de morir por la defensa de nuestra patria." (2). 

Casi tras los embajadores salieron los castellanos de A7otzinco. 
Costeando las oríUas del lago vieron dentro del agua á Mizquic; lugar 
á su cuenta de unos dos mil vecinos, pequeña 7 mu7 torreada 6 lle- 
na de teocalli. Entraron luego por una calzada "tan ancha como 
una lanza jineta,'' la oual formaba como un dique entre los lagos de 



(1) P. Sahagon, lib. XZI, cap. XIIL«-Códioe BamireK. Ha— Torquenuda» ]lb* 
rv, oap. XLIV. 

(2) Sahit^im, Hb. Xn, cap. XIIL 



267 

Chalco 7 de Xocbimilco, la ciial daba paso á la población de Cni- 
tlahnac (hoy Tlahna.) La ciudad, asentada sobre el agua /lea pare- 
ció la más hermosa de las bastar entonces vista, así por sns edifi- 
cios 7 templos, como por el orden y compostura; el selior del lugar 
dio abundantemente de fomer á los blancos, los obsequió con los re- 
galos de costumbre, y aun les suplicó se quedasen ahí á dormir 
aquella noche; mas los nobles méxica no consintieron esto último, 
pues ya estaba prevenido alojamiento en Itztapalapan, tres leguas 
adelante. 

De Cuitlahuac salieron por otra calzada hasta tomar la tierra fir- 
me, siguieron por la orilla oriental del lago de Texcoco, hasta dar 
vista á la ciudad de Itztapalapan, situada entonces á la orilla del 
lago, mitad en la tierra, mitad en el agua, de doce á quince mil ve« 
cinos, con hermosos y buenos edificios labrados con gusto y simetría. 
AI aproximarse los extranjeros salieron á su encuentro Cuitla- 
huac, señor del lugar con el señor de Coyohuacan también de la ca- 
sa real de México, seguidos de la nobleza y de la muchedumbre 
atónita; Cuitlahuac dio la bienvenida á Cortés de parte de Motecuh 
zoma, le llevó á aposentar cómodamente con sus tropas, les acudió 
con abundantes mantenimientos, é hizo al general un regalo de es- 
clavas, plumajes, ropas y l^asta cuatro mil pesos de oro. La ciudad 
llamó la atención de Cortés; las casas nuevas del señor, entonces en 
construcción, le parecieron "como las mejores de España, digo de 
grandes y bien labradas:^' respecto de otros edificios, describiendo lo 
"más notable dice: "Tiene en muchos cuartos^altos y bajos jardines 
'^uy frescos, de muchos árboles y flores olorosas: asimismo alber- 
"cas de agua dulce, muy bien labradas, con sus escaleras hasta lo 
' Yondo. Trine una muy grande huerta junto á la casa, y sobre ella 
"un mirador de muy hermosos corredores y salas, y dentro de la 
**huerta una muy grande alborea de agua dulce, muy cuadrada, y 
"las paredes de ella de gentil cantería: é alrededor de ella un an- 
"dén de muy buen suelo ladrillado, tan ancho, que pueden ir por él 
"cuatro personas paseándose, y tiene de cuadra cuatrocientos pasos 
"que son en tomo mil y seiscientos. De la otra parte del andén, 
"hacia la pared de la huerta, va todo labrado de cañas con unas ver' 
'^gas, y detras de ellas todo de arboledas y yerbas olorosas; y dentro' 
"del alborea hay mucho pescado, y muchas aves así como lavan- 
"eos, y cercetas, y otros géneros de aves de agua, y tantas^ que mu- 



268 

^'ehaB.teoes oasi cubren el agua/' (1) Bemal ]>laz prodiga elegió» i 
estas oonstraociones, de las cuales no t^ttedi^ el menor rastro. 

Los oonquistadores estaban 4 las paertefs de Móxico; Motecuh* 
ssoma' no habla sabido, evitarlo. Los habitantes del valle salían en 
inmensas mtichedambres por los caminos á considerar extasiados á 
los barbudos íenles, de quienes tanto miedo mostraba su déspota 
seSdr, y de los cuales tantos prodigios contaba la fama, como de va- 
liente£( é invencibles. Llamábales la atención el aspecto de los blan* 
eos, los vestidos, las armas, los tremendos rayos de su uso, los ve- 
loces y enigmáticos * caballos, los terribles lebreles; todo ello era 
nu(8vo, nunca visto, sobrenatural, inclusives el diverso lenguajoi 
otras costumbres, el origen misterioso, la aparición de aquellos se- 
res cual si hubieran sido arrojados por las ondas del ignoto océano. 
Los castellanos por su parte encontrábanlo también todo nuevo; las 
razas^ los usos, la tierra, la vegetación, el cielo, el clima. Iban mara- 
villados y no atreviéndose á dar crédito á sus propios sentidos, como si 
fuera un sueño agradalile* Según sus recuerdos de los libros de caba- 
llería, se figuraban ser los paladines de los romances de Amadís de 
Gaula ó de Belianls, estar metidos en un país enccrntado, donde 
tenían que habérselas con malandrínes y nigromantes, de quienes 
Saldrían vencedores con ayuda de la voluntad de Dios y su corta- 
dora espada. Verdad es que no pocos de aquellos terribles -soldados 
habían sentido flaquear el corazón al verse metidos entre tantos 
pueblos; pero iban sostenidos por la inquebrantable fuerza de alma 
del general y proseguían adelante. La justicia nos hace preguntar 
con el cronista conquistador: 1¿qué hombres ha habido en el uni- 
verso que tal atrevimiento tuviesen?^' (2) Al ponerse en presencia^ 
se asombrabui una de otra las oivllÍ2acione8 del Antiguo y Nuevo 
Mundo. 

Amaneció el martes, ocho de Noviembre, día memorable porque 

« 

en él pucíieroQ los castellanos por príniera ve2 la planta én la ciu* 

(1) Carlas ds lalac. pág. 77.— rBeznal Díaz, cap. LXXXYIL— Gomara, Crón. cap. 
LXIV.— Herrera, déo. II, lib. VH, cap. IV. Torqueiaada, fib. IV. ca|>, XLV.— 
Itztapalapan, al Iztapalapa de Cortés, subsiste todavía; mas yi no á la órüla del la- 
ge, sino i #eóo, paes las agoas del la^ 0a lum retogiáb extnukrdiaariame&ie: se to- 
tiflealM el feateeno d e oie los tiempos de 9enlal Dias, qmen dice en el eapítnlo 
LXXXVII; "agora en esta sazón está todo seco j siembran donde solía ser laguuk'*. 
->£l Canaaloan de Cortés debe leerse OnÚiuacan. 

C2) Bemal DTai, eat>. tiXXXVin. 



\ 



26» 

dad de Méxioe. (1) En, k nochd anterior 1»dai^ habinn ^told^ 
omisariofl de Motecahzoix» á ponderar las dificitkadéfl<de laeatm* 
da á lá tfadad, 1ó baal mdo peí el 4»pitaB oempoalteetfil Tentl di^ 
jo á Oertéa no «er loriad, fueñ él eonocía k 'oiviad y ee eoulpimne* 
tía á llevado con feeilidad. (2) Ann^oe loe Uanóoe •eran Unos ^wmr 
trodentóe, él ejercite ascendkiá miee siete mil homMee, «contando 
los aliaéóe. dnejáron'se á Cortdfi :lee «elovee méxíea; de meter en 
Tenochtitlan aqneüoe ^BcarmzadoBveQei&igoe dd imperio; respon^ 
diélee^el general na traerlea^en* calidad degnetieroei Mno <tomo idm- 
ples tameme ¿eetinadós á*oondiK»r la art&léría, Ixigajee f Mgaloe. 
^S) Bi^eren ide 'ttatapalapan en ecok 4e gaerra, tocMdo lee atam* 
bores, despkgaAas las banderas; la caballearía en la deseabierta, les 
peones en capitanías de^sitopeterai j baUesteíos á la yangüaiidia, el 
bagaje en el centre de la batalla eon algunos aliados, y en 4a Trta- 
gnaidia el resta de la infiuitería de ei^ada y Yodela con los^demas 
aliados. (4) Un indio iba deluite pregoMndo en feagnanaÜea, nin* 
gnno se atreriera á atm^esar el oamipoi pena de ser muerto. ^) 

A ima media legaa andada entraron per «ina calzada ^^tan áneha 
** como dos lansas, j muy bien, obrada, qm pneden ir por toda ella 
*' ocbo de caballo é la parj^^eonstmida entre lasagaas del lago, la xmal 
ñiera de una sela qniebn^ se prolongaba en ttoea recta hasta Mé- 
zicOy por espacio de nnas dos legaasi La calsadá estaba Uena de 
canosos aunque dejando 'dn medio franco, mientras é uno y otro 
lado se acercaban multitud de canoas lleuas de gente, atraidos to- 
dos por espectáculo tan nunca- visto. DentiK) del lago se descubrían 
las tres ciudades, MeiácatBinéo de tres mfl Tocinos, Huit2¡l(qK)chco 
de seis mil y Coyobnacani de elneo, de linda vista, retitttánlk)se en 
el agua las fimpias <»sas de los sefiores y las pirámides truncadas 



(1) La feoha oristiana está sefialada por Cortés, relaciones pág. 115; Bemal Díaj^ 
Mp. IaXXXYIII, A»;--SegpRn tilica iJuúestepMieca, 1(8.9 uiírn. 6 «dUiCM 

8r. D. Famando BamíMM: ''La fle0»da delsnarqpes ^m ai mes 4e loaandanos ó 
da los indios QoaeboSli, y en ál da los «ristíaaoQi ütovienütoe, siendo MaUnteln la in- 
térprete. "«-ConflnnanJo naisme alguna oitfk de laa velaeiones antígoas»— A pnestia 
onenta el martes ocho de Koviembra OQÍnqidi^ aon el día o^o Mwáli sagondo del 
alas déoiBio qninio OtoteobaUi* 

(2) ToKiiaeiBada» lijbtf IV. oap. XLVL 
(S^ P. Difra%.c«p. Xi3DUXL Ma 

(4) P. Sahagpa, Ub. Jau QiP« XV. 

(5) Torqnemada» lib. IT, oap. XLVL 



270 

dé lofl teooallif enoaladiM de blaneo hasta parecer de plata, heridas 
por los rayos del sol, (I) Antes de llegar al cuerpo de la ciudadi 
con esta cateada se juntaba la qu^ arrancaba en Coyohuacan; en la 
unioB de ambas habla un muy fuerte baluarte con dos torresi cer« 
cado de muro de dos estadoi^ con su pretil "almenado por toda la 
V cerca, que toma con ambas calzadas, y no tiene mas de 4ob puer* 
^! tas; una por de entran y otra por do salen:'' este fuerte era llama- 
do por loa mézica, XolOOv (&) En aquel lugar salieron hasta mil 
noÚes y personas principales, eon* mantas muy galanas de distin- 
tos'oolores, Ipd cuales al llegar daban uno por uno la bienvenida en 
su lengua,. haeieiido el acatamiento acostumbrado de inclinarse^ 
tomar tierra 43on e) dedo may(Mr dd la mano^derecha y llevársele á 
la bO^: duró aqudla eeremouia mis de uua hora. (3) 

idosíaqu^os aeftores y prosiguiendo adelante los castellanos, en- 
contraron junto á la ciudad una cortadura, d^ diez pasos de ancho, 
destinada á dar paso á Ua aguas del uno al otro lado, con vigas 
fuertes y labradas eacima, quo de puente servíau. (4) Pasada la 
puente comenzaba la calle , en la ciudad, recta, ancha y hermosa, 
formada á ambos, lados por grandeis y hermosos edificios mezclados 
cctoi loa teoealli, ^Arrimados á las paredes, en toden procesional, ve- 
nían haata doscientos, sdiores muy principales, con ricos y galanos 
trajes, si bien ellos, descaías por estar enjpresencía del emperador. 
Los seguía por medio de la calle Motecuhzoma, cargado en riquí- 
simas andas en . hombros de sus nobles; cuando le pareció, apeóse 
de las andas; cuatro se&ores le cubrieron con un palio "muy riqui- 
'' simo á niacavilla, y la color de plumas verdes con grandes labo<- 
^^res de oro, con muoba ai^entería y perlas y piedras chalchihuis, 
f* que colgaban de unas como bordaduras, que hubo mucho que mi- 
" rar en ello." (5) Yestia lujosamente, llevando á los pies un calza- 



• (1) Cartas de Bebe., pág. T^.^-^oríéa, quién mejor sabía eonqnistar las ciudadaa 
que 680rfbh"Sus nombns, Hama á Hoitdlopo^co (hoy Ohtitubnsoo) HuifibÜQluiGhíp 
00; á Coyohuaoan (hoy Coyoaéan) Nyoiaca, y á Mexicatsinoo, Mosiealfiingo. 

(3) El fnerlfé áe Xoloc estaba en dcmde hoy la garita de San Antonio Abad. 
(S) Caitas de xeiao, pág. 78.^B«iiaÍ Días, oap. LXXXVIIL 

(4) Esta cortadura estaba delante de la capilla de San Antonio Abadí en h> anti- 
gao el lugar se nombraba Xolnoo. Según 'Porqaemada»|Ub. IV, cap. XLVI, '^aquella 
" puente es ahora de piedra, y está eeroa de las casas qtie labró Pedro de AlTando, 
*' qoe son las que llaman de Salcedo, junto á la ermita de Ban Antoo»" . 

(5) Bemal Pías, cap. LXXXVIH. 



271 

do con ■aelas de oro; precedíanle tres personas como heraldos, ana 
en pos de otra, con nna vara de oro á manera de cetro, levantada en 
sefiál de acercarse la majestad; sosteníanle peora andar, por el bra- 
co derecho Cacama, sefior de Texooco, por el izquierdo Coitlahnac, 
señor de Itztapalapan, sigiéndoles los sefiores de Tlacopan j Co- 
yohnacan; por delante, criados y pajes de dos en dos limpiaban el 
snelo de piedras y pajas y tendían mantas ricas al paso, pues el 
monarca desdefiaba tocar la tierra con los pies. Sólo loe cuatro re- 
yes 6 parientes que le llevaban de cerca le velan el rostro, todos 
los demás iban con la cabeza baja, con mucho acato y c<Hnpostura. 
Al descubrir D. Hernando al monarca, se apeó del caballo, y con 
la inseparable Marma al lado, se adelantó, quitóse la gorra y saludó 
á la usanza española; Motecuhzoma y los dos principes acompañan- 
tes se inclinaron reverentes hasta tocar la tierra con las manos. Por 
fin estaban en presencia el sacrificador y la victima. Un. mundo de 
pensamientos debieron cruzar por la mente de alqudlós cuatro hom- 
bres, Á quienes unido Cnauhtemoc observando algo distante, forma- 
ban el compendio del gran dranut de la conquista; miradas de dis- 
tinto género debieron chocarse entro el filtivo D. Hernando, el cui- 
tado Motecuhzoma,. el débil Cacamatzin y Cuitlahuac el intrépido y 
enconado enemigo de los blancos. Cortés y Motecuhzoma se saluda- 
ron cortesmente, dándose mutuos parabienes por haberse encentra- 
do; la protensiosa Marina tendió su mano derecha para saludar á su 
veZ| mas el monarca la rechazó ofreciendo su Inano á Cortés; éste 
se quitó, matonees un collar que al intento traía provenido, "de unas 
^* piedras de vidrio que ya he dicho se llaman margajitas, (1) que 
"tienen dentro muchos coloros é diversidad de laboras, y venia ensar- 
" tado en unos cordones de oro con almizque porque diesen buen 
" olor, y se lo heéhó al curilo al gran Montezuma; y cuando se lo 
^ puso le iba á abrazar, y aquellos grandes señores que iban con el 
'^ Montezuma detuvieron el brazo Á Cortés que no le abrazase; por- 
" que lo tenían por menosprecio." (2) Terminados aquellos cumpli- 
dos, Cuitlahuac se quedó para acompañar á D. Hernando, mientras 
Motecuhzoma con Cacama dio la vuelta á volverse por donde habla 
venido; los nobles del cortejo se acercaron entonces para hacer su 



(1) Margaritas y diamaotos de yidrio les llama Cortés. 
ri) Benal Díaz, cap. LXXXVin. 



972 

M^MoiMI^tp i Cojrt^ísi, Pgoo Actel^tfimf <8^4oi^ trajo al «inp^neiíd^r 
.4^..«qU^I!I^; d^jivpgf í^ifljeJbApta.ftue l^jftlíawíd el geu^r»!* el cual 
l09 P1U9 ft^ p«^^ *';C^ hfiíq^ 4e h]cu99P9 de cvacQle)9 ^lora^, 
*hawi flKw twe» j^íiwcál^fl, 7 de oa^ jíjpUai^cplgaW/iHíUocftnf^ro. 
^Viiue» clf 0)^ -^ (la^cbf^ pe^f cqí^ tan }ai^ f^^g^pQ-iuil^- 

^iW..<Jl) ... 

: JAPUfis hAj>ía( j9i4^ Jü^bido en JiléiicM) con ianjba . dÍBtincioivprio.QÍ- 

B^ lú my; el pT^^Up e^tfkl^ espaniadQ coq lw:ita'ciraem(xii^ nunc» 9I 
orgoUoao m^nw^ li#)>i«! 8}do ^a i^verentei ni é.\m conlps mUi^ps 
4i^fi90* Ifp ^j^a^cia Ift muc^edambre^por la paUe eo q^ne iba plrOjoi* 
perf^r, mAu $am4o A$t^ Baila, á .pppsidprar á loc^ blaptC0£f,*7 las • azo< 
iMfl y todp'pstaba cubierto de <;wip|sos, Ávidos de gooarde tan naevp 
espetipido. Ma^^Ml^dos decían loa unos: * ^Dioses debpn de ser és- 
t! ipS| porque ^fUiSin de donde el sol nape;" otros observaban: "Estos 
^VfiW.lps q}ie, han de Wtfifd^ y-^efiorpar nuestras personas 7 tierras, 
^^ pi^s sieJE^P ^ PQ<f>9| ^^ tan faertes que han vencido tantas 
«^gwUies.'' (íí) • 

. Pieoediendpalgup treclu) Motecuhzon^a, siguiéndole Cortés con 
Ma tropas, .andarierpn la calle adelante, ppnptraronen la plaza ma- 
yeac flp te ¿iudad, pasarw ál frente de )as casas de Motecuhzoma 7 
didl Kemplo ma7or| hasta ^pgar al palacio de 4-xa7acatl, lugar des- 
4án&do 9X alejamiento de los cf^stellanop. (3) Era entonces un gran 

(1) -Ciivtas de Belao. pág. 80. ''Corics hizo su entrada por la calle del JScutro, Ua- 
" mtuitL en la aatígfiedad, de lUapalapa, y una tradiccion oonsenFada en d Hospital 
" de J08U8, dice, que al frente de éste fué el «neaenfeto de Moteooooma -y Cortas» y 
''qüeen<H»aiienoiaoiondal«MeaQ|Sf pffiillnó^^ IwuUr^^oho 
*' bospüfd.'' J. F. JUuol^pB» noitasy.pág. 108.*-Foqo mis afuera de la ciudad coloca^ 
0l Ingar, Bezaal Díaz y el P. Sahagnn, lib. XII, .cap, XVI, quien á este propiSsito es- 
cribe: " en quel trecho que está desde la iglesia de S. Antonio (que eOos llaman 

*^ de Xoluoo), que ya por oabe las casas de Alvaxado, kiola elhoipital 46 la Conoep- 
'* OMD, 8ali<5 Mootheiunima á recibir de pas á p«.^ernan4o CSortés." 

(S) Henesa, déc. II, lib Vm, cap, y.— Torqv»einada, lib. IV, cap. XLVI. 
' (8) Para podemos dar cuenta destos y de los acontecimientos posteriores, debe- 
mos ir ajando la topografía de la dudad azteca. 1& palacio donde ii¥ía Moteott}»). 
ma tf la-¿egada de los castellanos, oeu|»faa el kigar del actual palaiyíp. nadenal^ oún 
la ^t^rimñntk ^ |i UoiTecsidad y casas opnt^guas, más la plaza denominada del Vé- 
íador\ le atravesiiba de £. á N., por donde hoy se encuentra la calle de ^el^a», la 
antigua acequia que en esta dirección corría por la raudad. En la dudad. moderna 
llamáronse, Catas nueooi dé IMeeuhtoma; pertenederon á D. Hernando Cortés^ y 
éste las Tendió al rey de Sspafia,^en cantidad de S4,000 castellanos, por escritora fe. 
diada en Madrid, á 29 de Enero de 1562. (Bamírez, notas y aclaraciones, pág. 103, 



r 



t7» 

•üApfo, dettimido tlcttlto délos dtotet, TiTiendá é$ ka ttioeMbliBái 
j Umxo imperial^ iMoapasyotaioda, que diOátáplio afejánsiMtó 
áloB bbmootoon todos ras aliadas: m duda lo e*eog|l4 Mótécuhsomá 
pám tenor jootoa con los diosos antígaos i les meieavenidos teiüeá 
Ctaado Uegaroo ahi| el ompeTadw tom6 por la .mano i OorMs, lé 
introdojo á aa extenso patio y laego á aaas habitactones ooriosa^ 
mente adoToaadas, le sentó sobre an rieo estmdo dicitadole: "Sá 
^^raestm oasa estáis, oomed, desoansad, y haeed placer qae laegó 
" Taelvo:*' se retiró en seguidaí dejando tiempo 4 los aoevos liaés^ 
pedes paraoomer y aoomodarse en la oasa, limpia, decorada, eofl 
uñantes eoaiodidades permitían aqaellas oostambreSb (1) 

CSaando i^^kaló qae los castellanos habrían terminado de eomef 
y estaban sosegados, tomó Motecnbzoma accmipaCado de macbos 
de los principales nobloB, dio á Cortés oaatídad de joyas de oro, pla«> 
ta, plamajes y mantas ricas; tegaló á los capitanes de lo mismo, f 
á cada soldado hizo alguna manifestación. Invitó á Cottós á senta^ 
se en el estrado, janto tomó éLtambien ariento en ricas sillas tmi- 
daa al intento, y por medio de los intérpretes dijo: ^^Mnchoe dias 
ha, que por naestras escrituras tenemoe de nuestros antepasados 
notíoia, qae yo ni todos los qae esta tierra habitamos, no somos 
natarales de ella, sino extraDJeros y reñidos * ella de partes may 
extraftas, é tenemos asimismo, qae i estas partes tsajo naestra 
generación an sefior, cayos rasallos todos eran, el caal se rolrió i 



«•»! 



•—ChveCa loasbaloete, Diüogw de C€irwm%m, ptfg. ISS V-Jbi euraSo á Im 
viejMdtHotaeohaomfttf palacio ddMotoooliiofDA I, oeapabín ]«8 hummom lami» 
Badas por Iai<MÜle8cl«lEmpediftdíIlo,TMiibft, San Joaé al Baal, primen y aegnnda 
daPlateioa. Paitane6Íero& igualmenta á P. Hamaado Cortas^ kaomipaioift las «o^ 
Sknaias y loa primerea vimjw^,y aanque pretendió oomprarlaa el tey de Sapafia» 
abándose el intento prefiriendo laa eaaaa iraeyaa: Se diatmgne el aitío por el lid». 
tapió y la Akaieexla. (Bamiiei y Charaía leaabaleeta, loco ail Alaman, Diaerta* 
ctowa,tom.n» páfl^SOS).-~b cnanto al tetoBTO da loa Ingaaanomfan^ "Slpa- 
laeio íb Azayaeatl qaeaírrió de alojamiento 6 eaartél á loa eapafiolei^ cataba én la 
aaOa da Santo Teveaa y daba melto á la SegimdaiW/jidli;» Tritié.'* (Bamlies, notaa^ 
pág. IOS.— Oarda loaabalaeto, Diüogoa^ pág. IOS). Dálante^ como Teaémoe» babla 
vnteoealli 

(1) BenMl Díai, cap. LXXXVm.— Tcnjaemada, Bb. IV, oap.¿LVT.— <<95 Itam: 
ri aáben qnal dioho D. Henando Cortea «ntv6 an la dbdad da Mtfakso paoOkiamenfta 
é fkié muy Uan reaeeUdo del diabo Saflcr Mantamau. 4 da toda la aaula diOa, € 
íatf apoaantadoaatamáaprinaipalcaaadala^cibdad, qaa bara donda aataban Um 
flMaoRM da loa íiotoa." Inteirogatorio. Doa inéd. lo&u XXVn, pág. m, 

«OM. XY.— 35 



I ' 

p])(,n»4^^4eiz%¿ Í9«trmMvíié 4,teai<,j|6iide £ta tmnoho ti^iáp^f 

JQf^ Ki#tur^)l58 4fi ^ tí(i7fti;y toateit tímcba «iMtemaiaiiv.gr.Üoefabi 
6]9^9^/'^n^*^/F^^^-'^!9i^^^^?^^^ llevar coa^igoypo^tiiaiefoirii^ 

XK^PlftW ¿9 jQf 499 iñ él./i^^cQpdie0Q<l faal)ian de venir á-iKÍaigáF «tta 
|J!SP&i }>:<!rn9^t9!os «Qim^pus tastillos, E.^Qguu.dd la. pftrté.qoe-TOs 
^q\f. q^)f^>v99Í«|[(|a9 (^ 4 do,d«lo.«il.«oft, j las cosaa que deeiadüeá- 
^jg!?'4.v^^ñ^ ^ ^^7 qj^ atíái(i9h^ei(iv&ó; i^re^aos jr toáenK^s t>0r .cierto 
gl.«e^.f9^^98|ai) fii]$prti$atui¡^ que. nos ideéis^, qu)9 él hm 

machos diff \qi^ M^mipotioU'de ooAoiirOfl. K pot tááto vos aed.oier» 
1l9i¿fl9^<^4l3^A«^9^6mP».á4Mraómd6 por^señor^n lugpQí.de ia6e:ghui 
|e|lqr .qjae.de^t%i7^9}^ W ;^lo no hal)rá f^iu ni .engañe .aigano: <f 
i)^6p,&í^^ I9»:¿t4d(|, Ift . (fi^xsivdiga, qiie ea ] a qUQ jo en ipi aeñpf lo pd> 
^Pic^ftW^ áljiru6#(i:fi7<>l untad, porqUe 0Qrá obedecido y £8C¡l|o, y 
tfi^iJiQ que RfiQ^l9:oa>ca4eq)Mea «pernio .que. yóa de ello quífiiéredee 
d(^pon$iri!JBI|)Uea;estaÍ9..^viiei^trannatar»leza' y 'en vaestiú' oa?a, 
^p^ga^5lp|9(>ans9.(l:Ael trajb^ del elimino,. y guerras que habéis :W« 
j^idp,.^quo.^uy.})idDL..9^ tddig^ lo^^.que se vos han ofrecádo de PatuD-^ 
^)^s^f^,%c4^ é bi^n s&'qAeJi^'idejOempp^l y .Tláxoalteoa/lo& han dicho 
Q^^chos^p¿le/de;^mí; Q,o;or^is más de 1^ qise por . vine atiros ¿}oenre«> 
ré4eSj:Qn(ef^c|i%t49'aqjgy»Uoftque.8w jmia'eneinigofli y a1ganoa.de 
^\pB ;^aA.. tfm iVes^l^Kt]? '.hánftemie- revelado- .con vuestra/ veni- 
da, por se favorecer con vos lo dicen; los cuales sé que también os 
ha& dicho, qneyo tenía Ia»cii9aa con la^ paredes de'oro. y' que hia 
ésteifae dé íHiffesh^ácfoflfijfJ otras cosas" de mí servicio, eran asimismo 
3e orój j gúe'^b'qué.Vrp..y me facía dips, y otras. muglias cosas. Laa 
^a^ ya ia^,yeÍ9..q}iQ fion de piedra y cal y tlerrat* ( Y> eaténces «Izó laa 
vestiduras, y ihe mostró el cuerpo diciendo á mí) Yeisnie aquí, que 
ytfstfdet'arné'TÍíAesoÁíomó.v^os, y cada uno, y que soy mortal y pal- 
ja1)l^éJ[á8i^ndose él.conj^us manos de los, brazos, y del. cuerpo); ved 
90mQ.Q8bMi:Tnentído. Vetdad.es que yo i;engo algunas cod&sde^oiiDqftie 
me han qtiettedodeTttíáfebtíélbs: iíbdo ló que'yo ítívlese tenéis cada 
vez que vos lo quisiéredes: yo me voy á otras casas donde vivo: aquí 
6er.eÍ9prQV9vdp,detpd^sl9rs cosas necesarias p^a.vo^y vu^^tr»gen,tA,ó 
noreoibaiapenaalgUúa^ (iuefaestaisen Vue^tl^a casa y naturaleza.'' -Yo 
le reS^dMFá^toáttld'qñd^ffié-diJcí •satí'sfacfeüío 'á' aqüélltf qué i¿^ 
pareció (me convenfe^eja ^special en nacerle cteer qiie.a y,- M. .era 

6li— //J .MOT 



S76 

é qniea ellos esperabais, ó con 68to se despidió, y ido fuimos mny 
bien proveídos de {^llinas, y pan, y frutas y otras cosas necesarias, 
especialmente para el servicio del aposento. (1) 

No puede caber la menor duda, atestiguándolo los mismos con- 
quistadores; el sentimiento religioso, la creencia en las predicciones 
de duetzacoatl; la más estúpida de las supersticiones arrojó al im- 
bécil monai ca á los pies del invasor, y pusieron el imperio sin com- 
batir bajo el yugo castellano. Capitanes y soldados quedaron aloja- 
dos según su grado; Cortés, siempre desconfiado y vigilante, distrí* 
buyo militarmente las tropas por el edificio, abocando la artillería 
en las puertas de entrada, quedando todo á punto para en caso de ata- 
que. (2) Aquella tarde y en la nocbe hicieron los castellanos salva 
de artillería, en' solemnidad de haber llegado salvos á donde desea- 
ban: ellos lo hacían de regodjo, mas lofk jtndios al oir el ronco estam* 
pido de los callones, al ver en la oscuridad los fugaces relámpagos 
de los rayos disparados por los teules, al percibir el olor azufroso de 
la pólvora recibieron gran confusión y miedo, pasando la noche en 
la mayor zozobra, (3) Sí, hondo pavor debieron tener los habitantes;- 
la ciudad señora de Apáhoap^la vencedora de ciei^. pueblos, había 
caido sin resistencia en poder de los extranjeros. 



(1) Cartas de relac. pág. 81-82.— Bemal Díaz, cap. LXXXIX. 

(2V0artaa:de relac. pág 77-82.— Beraal Díaz, cap. LÍXXVITIy LXXXIX.— Go- 
man otan: <kp. XYI y XVII.— Oriedo, lib< XXXm, o»pi V.— Belacíon de Andrés 
d^ OSa^^api^ Otttsía loasbalMfo, p4g. 579.-^Herr«», dé«. II, Ubs. Vil, d^ Y. 
— Toraueiyiaáa, lib. lY. cas. XLYI.— Ixtii]xoclut&, -.Bist. Clóohiiiu cap. 85. 1^.^ 
Chimalpain, Historia de }aponqiijst49M$.—P.Daráx|y c^p. L^XIV, MS. — Cddioe 
Bamirez, MS.-~^Saliagun, lib. XII. cap, XVIL 

(3) Saliagun, üb. Xn, cap. XVI 



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MottcüBscniA ZoooTonnr.— CAOjfSA. 



■■I rtii «írffnr wétttkftdu iMTtoi éb JlfíMjiL-*^fiflfHlM wiimii ii, JlfaiiferoiiL 
AMoOf mayor.-- 2Vliiijr«Mf ^p&Mo déÍmenaáo,^lkurÍM¡f tempkf mé www .— • 



Iacatl 1619. En ka trewúentos y más a&ot faaoiciimdos de 1» 
conquista hasto nuesfaros diasi maciio ha eamUado la flaonoinia' 
de la isla de la ciudad de México y del lago que la contenía. Se* 
gnn podemos deduetr dedtfeiMftas datos coitfrontados entre sí y 
tomados de las relaeioiies antiguas de conquistadores y de misione- 
IOS, el lago se ensandiaba hacia el Norte; estreohibase después en 
la parte Sur, para tomar nueva extwsion hacia este rumbo con loa 
actuales lagos de Xochimilco y de Chalco. Según las indicaciones, 
geológlcaa las unaa^ histéricas las otiaS| el gian depósito de aque- 
Uaa aguas, se exteádla, al Norté^ comenzando en Totdcingo y lai 



97 

ifáUai anfltndeA dd úeno de Gbieonaohtlai por jnato^á Tal|[)etlao, 
^1 pié del Ceno Gordo, SmCs €l«m Coatitla y -San Pedio XalostoCt 
^qw qHedarlan é Is oriHa, luego harta begar lel pié de la serreaaelft 
de Guadalape^ tomando ;A vMx al N. O^, .para tenmiuur en las tie- 
rras bajas á allana distaooia de TlalnepaiUla. Al E. serian límites 
'Totoleingoy Istapa» Nexi^oipajaCí; Ateneo, Tomilla^ Teouioeo retira- 
do un pocc^de la ocilla, Chimaftnatan j el osrro del mismo aom- 
íbre; kaciendo- un reoodo al 'estreobsise, tomarla luego la dióeccion 
.i:« O. hasta iCzii^ialapfui en la máxgm nm ma» dc^ia foeía el 
Huixacbtitlaa ó Geno de Uí KstráUaipaia ii; é terminar en CuUiua* 
^can^ Por el O. las aguas df^aban i Azcapoteabo ea la tiena ¿nne|. 
tenían á Popella eu la núsiaa orilla, limitábanlas lu^ el cerro de 
«Chapultepeo^ Isa faldae del lomerío de Atlaouibuajan, (Tacubaya)t 
M din jirían al Sur dejando et^ la margen é Ccyohucan, (Cuyoacan), 
ffenoiéndose al fin con el lago de Xochimileo. Al S. vendrían á ser 
los límites, los lagos de Xochimileo y de Chaloo; éste debía tener 
tma poca de migror extensíoo, supuesto qne Ajotainco estaba sobre 
la máigen austral Dentro de aquel perímetro se aleaban las oámaa . 
aisladas del peque&a PeBon de loe Ba&os (Tepetsineo, con las aguaa 
termales de Aod^co)^ j del nuijor, PeSon. grande ó de el Marqués 
(Tepepolco)* (li r 

Héxico Tenoehtitlanr4^^l^ hacia cd N. O. del gran la^ en la 
parte /salada. ,Las. dos islas de México j de Tlaltelolco, reunidas, 
entonces, .conteniendo una ciudad bajo un sólo sefior, en el mismos 
añei^to de la . cii^dAd moderna,; distaba una legua poco más de Isa 
erUlas boreal j pqcjideQtid.del lagO| n^íéntras la# aguas se extendlaii 
é mucha ms^or disli^ncia por los otros rumbos* Tlatelolco j Teño* 
chtitlan estaban ^ividides porima acequia aneblar en dirección pr^ 
xvut^f^nte fij? £f 4 O.f^.U que py^aba detrás del panteón da 
SC«^ta.Pa]|(Iai^<XKaf JO |listÍMp;i to(ji|TAs^^w4<M plauos antqpes. Co* 
nynitv^thaesjia isla coi^,;ia tierra. faiue por^medio de tres caUíadíáa 
eonetruidas sobre el fondo del lafp^ es tac^^l^f 4^ plifedra y,,tierrai da 
UriptU^ pi|see é^ náa4«>,ai|C|li^iWi ^i.J^í4^* Tlatdoloo ó del N. 

. 4l),V^¡fMiaHfpoáaT«%jla«^ lU-llS. 

(2) Ajd •tMoqsútador ahÁdmo, $;puá QtreU loasbiAoeU, pá¿. ^1; Oortái^ ár- 
Ug de reÜM. pág. 103, dice qii« enn Ua laebM, '*oomo dofl linxM JinatM;'* Banal 
IMái^ssp. IiXXXYin, kf ari^ oolw pMM^ Mi^ iSItféí ^pdí^ 



27» 

arrancaba del lugar eü que' hoy existe Naestra Séfióra ié Gaááalti- 
pe; la segaodá ú' occidéai»!, Uatnada dé Tlacopan, aegaía la direc^ 
cíoü de nna' denlas calles principales de la citidad, denominada' eüi 
lod tiempos modernos, dé Tlacopan (Tácttbá), prosigniéndo étí lar 
dirección del costaáo dé la actnal alameda/ é iba i terminar en Po- 
potlan, sitttada'en'la orilla, nó sin haber adíate infléziúDes; la ter- 
Dera 6 austral, partía dé Itziapalapán; prolongándose en línea réi¿ta 
hasta el fuerte de Xolpc, penetrando en la cindád por lá calle dere- 
cha dé liztapalapaii. Contra lo asentado por los autores, iafirma Cor- 
tés, (t)'qiie *^eran cuatro entradas todas de dallada hecha á manb:*^ 
no^hajr entre ambos asertos la lúenor contrádiebidn. E^bía en efec- 
to, una cuattb calzada, tendida dé Oofohnacanal fuerte de 'Xoloc; 
en donde se unía éáa la de Itztiapalapati, adelantándose al interior 
de la ciudad ya reunidas. Veíase además otra>constniccion hidtáu- 
licá destinada á meter el agua potable de Ohapúltepeb ^en la isla; 
comenzaba en la fuente, corría en dirección de la abtiial o&lzada dls' 
la Yer<inica j se unía á la calzada de Tlat^pan' en la Tlaxpana. 
'^ Por la una calzada, que ú ésta gráü ciudttd entran, vienen dos ca-- 
*\'ños de argamasa, tan anchos cómo dos pasos caída uno, y tan altos* 
^^ caá como un éStade, y pcír el uno de ellos viehe úi golpe de agua 
** dulce muy buena^ del gordor de un cuerpo de hombre, que tB á 
*^ dar al cuerpo de la ciudad, de que se sirven y beben todos. El 
<* otro que va vacío, aspara cuando quieren ticíiiKai^ electro cáfio,^ 
*^porq[(íe echan por 'aBi el agua en tanto qué se limpiapy tM)rque él ' 
** agiiá ha de pasar por las- puentes, é oáusa délás quebiMas por do 
'^'atraviesa el agua salada, echian la dulce poruñas caiiales,'^tt* 
** gruesas como uu buey, que san -dé la* longürá de lás dichas ptieü- 
** tes, y así líe sifve toda la ciudad, *IVaeii á vender é]']agua por cáf 
^*noas por todaié lás cagues: y la manera como Ib toman del cafib és;\ 
*^que llegan las caneas débajd ' de las {mentes, por^ dé están laé üar- 
^* nales, y de allí hay hombi^s en lo sHo'qtie ldndheü'Ías'canoar,'y 
"léspagaiiporenesttttábajo;* Í8>-' ^^ ^ *-^^ 

Xa dula* étá ixtílé larga de N. ¿«.^que de K. á tfc'-i-.<*tteder*íí2 ' 
ner esta ciudad de Temixtitan, más de dos leguas y media, 6 acaso 
tresl ¿e circutxferenbia, ;^o más ó íffliénós.^^ (S)— ••TEs tan grande lá 

(1) CtttM de ^elao» ]^. IOS, ... ,. ^ ., ^ 

(t) Cartas dé wU». pág. 108.— Con^. anónimo, pág. 391. 
(S) El Conq. aadnimo, q^ Garoía loaibaloete, pág. 893. 



'«oitoiiád boino86vHlá y Cárdqba. koalas cftTIefl^' ¿telena; afgálás' 
" pálioipfliesy nray «íoiiás y muy derocha»,' yU^ims d^éitat» y %ó- 
*^dn liírdemai, non laúitad' de tiehra y por la bt>á initad dé a^a/ 
^*p^ b caal^ ai)£hn en' >éiis babóas; y todas Ia« dMlW dé (^t(í^ '^' 
^'tbeolio están ablettai, por do atraviesa él agñá^é 1^ tiñar&lás* 
'^ airas; ^ aa todas altas abertnra^s, cfié algt^tiassófa &Wf SiKJSar/ 
*^l«j'/ain'im«&t6sde'may atichás y tntíy grandes VJgás juntas- J^' 
^recias y bien labradas: y tales que por muchas'ldé eTlá^ puéidén 
I '' pasar dies de caballo jantos i la ptfr.^ {i) 'Db'Mtfs^taBed'^rítt^i- 

¡ paites, ¿acfaas y mtfy derechas, pbdemíM precisat^pocail, a^ü(^é' las^ 

mía idaportaales. Al (>., la calle dé Tlacopati, por la cttál 'sáltéfóiv^ 
los eaetatlaaos la tíoéhe tiríste. Al 9., la éalTe de'ttztapaKi}^aD, póifl 
I doáda loa MMcoB^peneiraron la primera Ve^ en la cíúdadi^ A\"S¡:^ 

\ naa eállé que' partía de la paertá del templó Wjnó'r, é übá 'á^ téráiT-^ 

naar ed la Otilia del l8gó:^deí>ía correr, cortando las íaaDzainíS'ttctna*! 
lea,' pL^mtelá' ú la calle de Santa Inés, el Áníor dé Dios,' 6c6:,[áeteáxA ' 
hasta 49hiaLá£aTo. Al N., las calles de Santo Dbniingo,' f sih'to^er^' 
hasta la garita de Peralvfllo. (2) Aparece otra calle recta étitré Ül^^- 
zio6 f mtítélotoo-; y sería la demarcada pót las actuales, del Fácffoí^ ' 
derecha hasta €ántiago,^condticiendó dé'TeHücHtfHati almeVc&d&y 
templo da TlMelolM.-^ - \ * 

*'La i^an oíadád de Tetoiztitan México, tenia y tiene muclías 
*^taII.iÉ b^fttosasy anchab;bien qne entre- ellas liay dós 6 tres'príd- 
^*aípáiés/ Todas WdeíÉíáá eran la mitad de tietni dura cbmó enlá-' 
*^ aliado, y lá otrü iiiiad de agoa, dé manera qAé' s¿lé¿ por la ^ai^- 
**toidé tlsrf«rf^i|K>V'li< 'paité' efe a^a'eii-étié bárq[tiéfaá f cantas, ^qtte 
**icni da bn madera soéa^adb-annque'hay'algtrnadtá&i gmtr9e¿\jt(e'' 
""^lílem'^úénttó oéifio&améDte liastá^éifaco't^érsbú^^^ -Los' habitantes' 
'^laleti á pasear^ HMs pof agüe^ éid eétás'íárclM y ot^i'^kn** tiem^ 

(!íOoHéf,CÍrflM'deV«Ifcé.'í)^'.ío¿.' • ' "» '^ •' ^ ^''\ '•-■. -'' ' ' '''' ' 'y'^ 

"tt ünarengietá éstaua albtíaié a pie de las gradas del templo j segmase hacia la eal- 
"^ada qiio ra á Ouyoaoan j Xncbimilco, y era tan larga que oaai tomaba tmaJegna 
*' de MBglera: otra iba hada la oa]9ada de nuestra (jf-*h!iy . jf ' /^f»SilthiPf njW ir^nyr 
'* larga que eaotr a: la otra iba derecha por la c|Jle de Taqi^^^l^ la,0iipfa^^cnfnf«a: 
'*otra iba hacia Orí ente asta que la laguna los uspidía/' — Por este rumbó no había 



X 



I 

*' Titu ep conye^oion. ^a7 aiexpas oiptis iMtHM prinoipiílefl todas 
*! ,do agyi,, qw no sirapn mig que paiiik tn^nfiter .^i Imcas y ctaóM, 
"$fjpin.||8'T^(iftf)fi( oráiQ queda dicboi pü^siii l^ttM «mbatcMÍoMi 
^^n^fO^aq.eoti^imiSQÚM'mMlirdeellaA^^ (I) Látoataate- 
Aíaii,. salida 4 restas tr^ idiferontes eq|^oi09 (leMllíNi, dd agva^de - 
ti^rm, y 4fi ^gw j tifi^nt teniendo ademas otras poortaa anemias 
callfjijielas mixj angola, de 96)0 tierra y porlairoñales s^leroabiMí 
¿^9s:pe^soóa^| ju^faj» (2) 

.:l4|ScaU9 da,ag|ia|tl#tarmiiiadas por los oaüales óteeqáiaSfflip 
no8' pueden ser aborf^ completamente conocidas; fneroa osjgsdaaal- 
ganas darajpite .el asedio de la piudad, desifp8re4!isroo <Mtr»s eo tíem* 
pos,poj^ñores« Paia mconstroir en cuanto {fevtblo la anliguape^ 
blaci^Ei lifxqQS' tomado. d^ los lAsnos'más. viejos las aoHuías ekia* 
tentei . en sm. tiempOi rías cnales corresponden sin d«da d fal tías» 
ptinütiva»; Las calles rec^s y principatei, oon lafs de'ftjgna,: detesfr 
minarpif los alineamiisnios de ias oonstrucoiones; 'fesnlta d^ équl» w ' 
ser posible en todas partea qne tos edificios formaran mimsaMt fs^ 
gularea; 4 veceslos macizos délas casas asumían A>rm^ kregvUvwit 
separi^das por los callejones angostoa de tgr«MÍto^ ijqnlgiilmtfr ¥m- 
Uep^ supuesto seguir por las espaldas de las eonstniocioaea: i 

^" Hay en esta gran ciudad muchas cases jsM^ VaMSaa'y teuy . 
^Igrandes: 7.]^ causft do haber tantas oasaa piiifojipakis ^^ que 'to- 
baos los seftores de la ttensL vasallos del dioho liMeeaima; |i4lmr 
«< pus cass^ en la. di^t^a ipiudad, j r^éiá/^nm ^la eiefto'tiem|io M 
*' á&o: ,6 demfM^eatOi bajr 1^1^ ^^ muohos' cmdadapos ricos, qué tia^ 
*^ nen as^ismo muy buenas pasas» Todea ^IVos, domas é^ «auer 
"muy buenos j grandes aposéntamientaa» Heow mfty gentilaa im- 
^' jales dte ^rep, dci diversas mapera^, as< en los apsffeot^miaiAoi 
"altQs.e^mo bajos,'* (3) ''Em costumbre que é la «^ilvadA^ de .todaa 
" las casas de los se&ores, hubiese grandísimas salas y estancias al- 
" rededor de un gran patio; pero allí había una gnin aala tan.^nn- 
*\^% 4U0 cabían en eU* cen t0& comodidad máa da tsm mR -pkféo- 
^<iias, ¥ ertt^tanté su extensión, que en el piso de arñbét líalbfá'liii 
'aferrado d<Aifé t!re9utá homl>t«s é caballo pudieran eorrcV caftM.^QOn. 

■ 

' (3) CttiM da rdius. pág. ICÍS. 



281. 

*! mo en um plMa^^ (1) Um layeá. lantnaitM diqíenlan de lata eoé^ 
tqiab]»8 de los eiadadiiM«; y no dd» «xtiafiarae fueaw apBeaá»' 
ttiabidn á Uii oonutlraeoioiiea *^ Ahom tnteémoa^ Ifi l[pai|eBa j ü^ • 
!\£m«cí4 á0 %$uít j laJbrarimaaB kt didua fÓDoipáléii) qwt íÜm 
*! QU^Qioo del 0^ j>fiia i^mo podií^ tener en eii icaia^ico^o si dije 
"mM9 un hid^lg(>, almena i (orre derada en sfLoasa, ^d gnu nie^ 
'^iMÍii^eotode; an penonay vaUnlii^,. eüíao aon loe aRÍbac<wtai£- 
*^ doe, tener eoe. eaeaaeon aebndoe altos, j en.loe patios de soseaséíi' 
'^tepoTí mi btihio ostm aombreio, eon «a remate en k| paniá del 
'^xacalpuntíagado, y paeada el jaoaL á baUío con fledhas gmndea 
** largas, eaeoo deeíc easa de ebiehimeoos, y t^oer nn mirador ^miiy 
*^alto; 7 si no era mny seRalada persona oomo hemos diefaO) no la 
^^podten taaecqno eia ptimo decir eacndo desns armas y ^Mlbide 
" su velaallai a> graves peaas^ qp» eia apedreado y mnerto^iel i^ae 
^^#(9 a^OTla -é haoef ea sm oasa^sin la ^demioencia de sn^ fálon^ 
(8).Xrfia;M8aa..priiwtpale^.éEaa, de dos pisos, aunque la genéralidiid 
opaMi^ éí^kr ano. hok materiales, segnn la importancia d» los edK- 
'fioios^ eran teíontii y e^, adobes formando los paradas reVboaAas: 
eqm eal, y ioá. los sHbüvUos y costas de la isla, de carrizos y paja,' 
propios de pescadores y gente menuda. 

Detaaw a maa ya la sttaacion del pákoio habitado á la sason por 
Motecnbzoma.. ^^ Tenia dentro de la ciudad sus casas de aposenta- 
müet^to^tale^ y <|an maraFÍl)o§as« que me pareóla ^ai imposible fSh 
^* dar deeit la bondad y graodesa de eUas. E por tanto, no me por^ 
**né ea ensesar cosa de ellas, mas de qué en España no hay su 
^^ semejaíbte.'* ^) El conquistador anónin^o (4) a^egi^ra haber epJtrAr 
Hfi n^s dercoai^re fccjos en aquel edifu^iA paia.v:erle todo, eaastedo-^ 
sa piwneio^aa lograr, al inleatdw Al decir de otro atitor, tenía el 
palaoio ^iala puertas 'de salida á calles y plaza; tres patios gran- 
des, en uno de ellos una gran fuente pitra repf^rtic el s^ufi por el 
rastO' df I ^ificioi mnffihas nales de-itiaiidas diiaen ai fines t eian ba- 
fias; iaa paredes de ménaol, jaspes* pdrfido, piedra negra; otras to- 
teadas de rojo y una traisluciente; Ips techos de madera ^e cedro» 

f^j^^ fiflmj fil^gi:i^^jff¡%!pi^^ cqi» ñgwm^j labwej : er. 



'I 



ítf- 



ttl jQna^, smfaéHQ. ■emi OmoaÜL ft— brioáfau nás. ÜO, ' 

{\) Apad. QMNik iMstMOoeU, pág. S9S. . 

90M. XT.— 36 



! 



taban lab üámaiaspitttadaay'eBtemdsf bmaliasi ehU]^ci4das^ lite me- 
joreÉ üoá finmB y rioas islas, áe a^idoa , pelo 49 0ÍMjo j plóiñtir ^ A ' 
lai^^rta piiiioqial ealáte al eaoadb de arma* y-ioifa el ttiéiaa^de'Jiá^ 
baademsjde MoieoahfEona; toaaistía «a na^ ágpiki báoitod^ prtm ' 
ooQ^laáiLSaa ea. ua tigre;. '*^idgaDeaidieeii;>qae><ae ^g^tUby-no rfgaiUi/ 
** atoraando %Qe ea laa aieitéM áé Teiia<ia»:luy giifta^^f <]tié deapó- 
^'blanm el üalle dé AaaoaálaQi pot^ ^omlaii' ft'Jes^Éieradoreé de 
**álr:Xaean£niiaoipo de '^lodUbea^ que aqneUafei^n^e se Henfeá ' 
'VCiatlaAbiepéc, de ChiUoohtli;' que ea grife eeaao leéá.^^ (¥>> m^^Sá-' 
loaramás notaUejeraeloiátomo deJleiteciilwiii«,>4e IdOpíés^eó ' 
largo por. SO.deanoho, chapado dé pfanKAas de om jr plata, inortie*' 
tadafl moobás |>iediB8 preoiof áa. (2). .-^i 

Al Norte de este edifido é:itiiBadiato<á;tf^ tegola.un teocálliv é^' ' 
dioadoé Tesoatlipooa. (3)i Almieipo'miijbo^ la ealle enmedio, ie- 
gaia.lAoaia dalas avM (^*' Tenia iiiia)eaaa peee iliéiiosbaeiia 
Vqoe. éeta, donde., tenia na bermoso jardin, oop eier^oe -miAddraa. 
^^q;ae salMn: sobre él| 7 loi mármoleÉ.y losas de ellos eran de jáape; 
Vosnqr bien obladas. . Habla en esta casa iqtesentamieatosy para ae 
•« aposentar dos muy lindes principes, pon todo su semsia. Xn ea* > 

(IJl Enroca» déo. II, Ub.VHt ^sp. O.— *'£n «Blslámahe irnUbiisÉioia ds j^ri- 
Í06, I08 oaales dioen que haj en unas «lenaB gntodssi que eiUn onairo o oiiioO'l#- 
goju de un pueblo que se dice ^ehuacan,' que es Hacia el KTorte, (sic. al Sur respec- 
to da Ifiádco)» y>déalHbaJal)Júiá un TaUe llamado ASfuacailah, qué ea un ralle qti'é ' 
■e base ea^ doe Measastáe ñiuohiia áiboléa, loa oaiSas báJáUb f -sa M bfaban en'ks ' 
nfiaa Ipa hombres hasta las aierm ^onde í^ los comían, 7. fué da M vanara, que pV 
Talle sé yino Á desjpoblar por el temor que de k>s grifos tenían,, Pioen los indios que 
tenían las úflafl ookiio de hierro fortiB(ma8Í^....de los grifos hay nsis de ochenta afioa 
qnoi nt^pasüéett mhaf mbsáOtiK de^ttoa." MóÉ^iitlá, tiat. IIX, oap. VII.— Sitos 
gfifoa en ñgfjfí^ da grandes 4goiIaa' q^tá.^ loaíbomtoM sa Uar^wÉ salas gsnaai km 
parece referirse al Cóndor, sondado, bcjy á (áertaa conaunpaat sapnlafi^ffii de la.Afflé*; 
ripa del Sur. ' 

(«) Torquemada, Éb. "111, cap. tXV. * . • i- 

(S) *«Bste tottiSesnMikiaoaalhttlMttíeaassBelsáaHaé^faifea^ 
da la ^asa ar 9obi^^, faada;aí bien M aoiiide^i q,4o#a aVaa Imi eaáéadaTBal ñr. to^l 
da hadiflcada sobre terrapleno, sin tener -aposentos bi^os aiijo todo niacÍ90 él prisoec ; 
aneró." !p« Duran, Segunda parte» oap« V. MS. 

|OI):QoMar Cérisáda^ Jtéisa; p<tr- ^» »>s da tnuí tídiéadon p^dcé áá Itf¿iúr! 
ocupado por eala gian pajarera, diciendo estaba Junio al edifloio en que fnsRn ato* 
Jadoa loa aaatailanoa d sea at f<laakt«da AsSyaastt. Aaat*a»sf h^is priartUMoaáe 
la ciudad aitaoa nos paieiean destÜeMos de lalos a J a w l i aéo / ositof a s umil a héeftas 
da maBMfia» aonamun teipliamaote la deiamiaesloiv.iM¡dsba«Mdstaa ásr diáfla* 
laslaoaaadalaaaTeay kdslaaAetaa» : i • . 



28^ 

^ te Méai tenfo diez estanques dé agaa, dónde tenía todos lósT lina- 
ff jes dér fi^és de' Ikgtta, (\úb en éstas partes se hallan, que 'son mú- 
^^chas ]r díversáír, todas líóiiiésticas, 7 paralas aves que se crían eu 
*^\Aí£Lkf tmu 16é estanquesF de a^a salada: y para las de rios, lagtt- 
»<nks de agiiflí duloe; ht' cual agua tacfaban de cierto á eiérto tiem- 
"ípo por limpieza; y la tdma1)an i benchir por sus caños: y ^ cada 
" génerb de aVelr se d&ba «aquel manteniniieuto que era prof>io á su 
^^ natural, y^cofa que ellas en el eampb se mantenían. - De forma, que 
^'á lái^ qué cóíxiían pescado se ló daban, y las que gusatíos, gusieiíios, 
"yiás que maf¿, maíz, y las qué otras setnitlas mas menudas, pof 
^ consiguienfé sé las daban. B certifióo á T. A., que á las aves que 
** sót ámente comía;n pescado, se les- daba (»da dia diez anrobas de él, 
"que se toma en la la^na salada. Habia para tener Cargo de' estas 
" ares,' trescientos hombres, que en niiiguna otra ' eosa entéudían. 
^^Hábia; otros hombres, qué soláníeñile entendían én curar las aveisr 
*^ que' adolecían. Sobre cada álberca y estanque de estas aves, hábfa 
*^süs corredores y miradores, muy gentilmente labradas, donde el 
•* dicho 'Moteczuma se venía 8 recrear y'é las ver. 'Tenía 'en esta 
" casa Un cularto, en que tenia hombres,' y mujeres y niflos, bUnbcs 
"de su nacimiento én el rostro, y cuerpo y cabellos, y cejas y peS- 
"laft^s." (1) ' ' ' '• ' ' • •' 

ÍSiempre-al ^. de la casa de las aves estaba el palacio de A&aya- 
catl, (2) cuya ubicfusion puisimoB en* el capítulo anterior 'ftié' A 
cuartel dé los españoles, el lugar endeude vivió Motecuhzoma^eáo 
y murió. ' El edificio no era menos suntuoso que et [ialacio; según el'^ 
dicho de Cortés eran tan grandes, que podían contener cómodamen* 
te á un príncipe con seiscientas perseM8.de«flu ier^ci»; de majfw 
amplitud debe suponerse, supuesto haber daSo dbergne á'íereaete- 
llanos, á' súa aliados y <geñte de servició, ^n mee después ^e- Is pñ^ 
flion, al emperador, su'fatiiilid, eéqtiilo y iserñdtiÉibre; (8) • 

Vbr entre la casa dé las «res y el TeoeaHide^ TeimrtMpooa, ¥enf* 
de O. á E. la calle recta y ancha, qué comenzando en la puerta del 
tenplo Biayor, iba. á terminar f a la costa de, la iy)^ ^. un lugar 

ftf CtMÉr de ciAm. pái. ill-lSi-^BeMÜI DfiMij teÉp. 'XOI.-^ltoliié. 4e '^AnMs 4» 
TVpIsi' P4ír- M.^CK»iitai|í Otea, ^p.' LltfXiIt**4 toiiii a, iét. llj W6. ^9n^ eáfK S 

3rX.-^ lfa fty i é ttÍ> i s, 'gb. Hi;esp,qDEV. ■ • " '• ♦• ^ * ^' e Jí.. 



t' 



2M 

de^timdo 4 desembifUBcadero de loa oanoaii del lado del.lagp abierto. . 

Freate á loa aniaiieiea edificioa qpedaba el taocalU de HuitaUo-) 
pochtlit caja área ae estfodía deade la probngaciou d^^. la caUe d^- 
PlatexoB al S«; al £. el Palaeio, j las ca^ea del Semloacio y primo** 
ra del Relox; Covdobanefl al N. y. al H |la ^aUe prim^^ da Saf^M^ 
Doaiogo» (1) J>0 eat^ t^QC^llaiegqmOórMs, .^'^ue ñe^^b^^ leqgu 
*! bamana que sepa expUoar la grandesa y parüeu(aridade« 4a alia; 
"porque es taurgraode, que dentro del ciccnito de.ell#,,q4ei^ tedp 
" cercado de oiaro m^j alto^ ae podía muj bien fa^ser.upa viila de 
V^uinientos Teomoa.^' .0)) £ste murotaUoi w^ ''de unaa piediaa gnaa- 
'' dea labsadaa como ci^ebraa, aakjaa laf upas .da laa otraa, laa puajes 
" piedras el q^ne laa qweia ver vaya 4 la iglesia mayor de Mé^ioQ, 
\\ y allí las Terá aervir. de pedestales y asientos de loa pilares dalla.'' 
(3) La ceic^ s^g;aa ea su lugar dijiíQoa» 0o llamaba coai^tpatM^ 
ofiiaclsaidQ.una eofmila á cada uno da Ips puntea oardinales: sebpB 
cada una da estas puertas babia grandes depósitos, da armas destina- 
das á la gvemu .£a la parfteinterior se alzaba Ja gran pirámide del 
teocalU^ y por la pe4faria|8e veían distribuidos distintos adifioioay 
como teocalU más pequeños^ capillas, salas de. penitencia^ estanques 
para las ablnciones^ casas de retiro y babita^ion, cámaras para loa 
aaoerdotes, moaos y mozas en servicio del culto: Sahagun enumera 
hasta 78 diversas oonstrucciones» (4) SI* piso libre en el patio inte* 
riar ana» da piedras la^mdaa» bru&idas y juntas. 

Como sabemoBi la gran pirámide^ emr truncada, mimba la cara 
al Sur } por aqu( quedaba la subida^ (6) Sobre la caía an* 



* 'r 



W Biim, w giwwM» tae¿ 2> fj» tOa. 

{9) CertM d* TClM. pág. 1& ! 

(a) jIMtfn, M^ptnák #«rta> «ap. 9, HS^S^x^tm^^^ pviailive sstaML 
<4) Htot deJí ct^wé^ejjbifteFysSe^^ssfc. h B<g. 107* ♦ 

Ungido .lM8t^ QOffftros» le «^oítoa qs una 90la.. Andros d« TapU , «elao. jfág^6$2, 
que la del templo ma^or epataba "ciento x trece graidaede á más de palmo oada liná. 
BsnslIMtt» oap. KCÚ^tihtM ea A^gétai leeaplc de T1allei o ioo<i ^ é fc |e o ü Étte 
sm; le pone ti deTeseoeoeieatodiesy flete 7 le aiignael deOholoUeaeientoTí 
aeí^el fteoealli ^ Máiiea. eiflra el^máiiesBftaeAD.. Mt tealidad Bo iiMriMVt el wái tllii 

flegPtt dtreisai aadloieeiía, lá l— piedn»^ la ee«o% jinri«iaa deiteaei^loepilséia 
de la oaledral primltiTa loe ídoloe, qoebradof.Tnoe, eetee4a.a|n%.|a«asp^0aaallMi 
en lft> fihaieiilfte darla kÉlnrf^ eriiÉiíaf laa nieAraalabiadaa da^la eaoaleBa^nieiBB 

para laa b<ft>edaada/^lsí to afcida^g<ai i'w M ms i i^ si WBi. i w Uajai^rsesip niiüleiea 



*» 




perior i6 ttetalMn las dos eapfllftt dedieacUs á Htritsipohctli, ape- 
llidado también Tlaoahaepancoexccotztii, j á Ttaloc: cada tina te- 
Ma ^áft aHor que pica y media.'^-^^Tiene dentro de este circuito 
^(él de la eeit»), iodo á la redonda^ muy gentHes aposentos^ en 
^ que Imf ítíñj -gtrnétn sahw j corredoreB donde se apoeentan los 
^^le li gi o ao e qne aDí están, fiaj bien cnarenta torres mny altas j bien 
^dbradaSf que la mayor tiene oincnenta escalones para snbiral 
^cuerpo de la torre: la más principal es más alta qne la torre déla 
**%1esia mayor de 8eTÍlIa. Son tan bien labradas así de canteríai co- 
'^ mo de madera, qne no pneden ser mejor becbak ni labradas en ningn- 
* na parte, porqne toda la cantería de dentro de las capillas, donde 
^tienen loe ídolos, es de imaginería y xaqnizamíes; y el madera. 
** miento es todo de masonería, y mny pintado de cosas de mone- 
^* tmos, y otras fignras y labores. Todas estas torres son enteria- 
"f miento de seflores; y las capillas, qne en ellas tienen, son dedica- 
^das cada nna á sn ídolo, á qne tienen devoción.'' (1) 

Aquella inmensa mole, modesta y peqnefla al principio, comenxó 
á oiecer en los tiempos del rey Chimalpopoca; ensanchóla Motecnh- 
2oma Ilbaicamina dándole tres subidas, la principal al Sur; las 
otras dos al K. y O»; los escalones eran 360, ó sean 120 en cada es- 
calera: la cara principal miraba al S. Esta reconstmccion se oo- 
menaó el dia ce tecpatl^ disponiendo, **qne cuadra del templo tuvie- 
se 125 brazas, y la cara lo largo de él 90, y de lo alto 20 brazas.^' 
Axayacatl hizo reparaciones en el teocalH; y cuando durante su reina- 
do se mandó poner en lo máe alto la piedra labrada del CuaubxicaDi, 
se ejecutó la empresa, '^con ser que tenía de altura el templo más da 
^ciento y sesenta estados.'* Electo rey Tiaoo puso de nuevo manos 
^ á la obra, *'é hizo promesa de que por él se babia de acabar de la- 
^ brar y ensanchar de todo punto el templo de Huitzilopochco, que 
Voomensó su padre el viejo Moctezuma Ilhuicamina:'' no cumplió el 
propósito por haberle atajado los pasos la muerte, cabiendo esta 

tnradas en d indo a^TMwto. ^'lAospilUdeSanFraiidioaenMédoo, dMÍift]Colp- 
'']iBi• «n 1540, q[a« es da bÓTeda y raicnMbto de alta, rabiendo encfina 7 miruido á 
'^Mtfiioo, haeiaU muoha Tentoja el templo del demonio en altiun^'* Aa, Trei I, 
sq^XTL 

(1) CañiéBt Nlfte,ptfg. le/^-Oonq. saánimo, pá^. lsa-81. 



9» 

te 

I^onra a] sey.A^iítzpUy^^^i^rpusQ^l teoc^lll ea la fonoa.w qfn^ 

. Tejiendo al Norte el.Qjerc^o deligi^A' teooalli;. al JL el palaobp 
de Moteci^hsipi};^^^ ^ Sw U c^le,df^l^gaa^ y aVp. I09 edifiotoe^e lá 
ciu4ad.^ <]^uqdaba.;ijLi\á.igr9,,^ PJaza^ {ija^ ahoi;» d^ la . púnf jpal ó de 
93:1?^^^ ^ pxincipip ^¡rvio,4e tiaAquíztU p mercado^ iw^ despuee do 
cppqpistado*TIa\tQlolco ppr Az^orai^tlflacHmtmtacicmsehacíapiiiir 
(upalmpo^e éu ag^uelto p£^rte de la oiadad. Esto mercado, mencioDado 
911 luga^r ant^rÍQl-» fué el vj^to^ de^a^íto j^r Iq» CQpqyaistadoresc^ 
tellanos. Habla ppr los barrios de I4 ciudad 4^ versos mercados pee 
quefips ea- .dqncie se Qpmpra][>a j. veúidla d^riapieute, aun(;^ae la 
ye|:dadera y j(eneral.a%^D,ci^ de lo^^rcaderes ^ra de •einca en ckioo 
días, i^l mercado de 'p^IaUelolcp parecia seguir ea ipippr^acia,. al 
situado en do;i(ie hoy exiate la pla;;uela de^Saz^ J^an. ,. . 

Sucontramop fínaloieute spbre ja plaza» prixultii^. e|< palacio, de 
Tlilancalqui sitiado doude al. presante las.cfisatQ.conaiatori^les. «(S) 
''Hay en esta gran ciudad qu^ chas lue^quita^ó.ca^as dessis. ídolos, 
*? de viiu^ hermQs^s edificios^ por las colaciones y. barrios .de .e^a, y..ep 
'^ las principales de ella hay personas religiosas de su secta, que re- 
'' siden coutinu^;]pi.ente |9n ellas; para los cuales, d^nH^de las caaa^ 
"dond(^ tienen sus í4olps, jiayouuy hueoos .apoj^epíps." (3) En efee- 
to, hab^a por los ba^rio^ de la ciudad cantidad de templos^. xijiay.or^ 
ó m^upre^, dodicadp.^ álo^^diosps pa,rtÍQul)ire3 del calpulli dá loa^pp* 
rales de la na,QJon.i A lá cor<^nacion de. Ahuitzotl concurrieron Ip^.aa- 
Qerdojtes de ^s teoQ^Uí dene.minfidQa!Calmecac,. Tlilapcalcp^ ^ ^^W' 
co, Huitznahuac, Tlacatecpan, Tlajpat^inco, Atempan, Coatlap, 
Mauhyoco, Títonmulco, Yzquit;lan y '^ezcacoac; (4) debiéndose jiu- 
mentar Ápantj^uhtlaia, CUililiQO^ Xocúicaíco, NatQBapa», Tepantzin- 
cOj Cuauhqui^uac y-AcatUcapañ, enumerados ademas cuando el 

• • • , • 

^) Tczozomoc, crüQ..^p. 30, 37, 50, 59« 70.- EuQste último oap. dice; '*£tste 00- 
' '* rro y templo estaba puesto á donde ^néron las casas de Alonso de Avila y I>. Luís 
''de Castilla, hasta las casas de Antonio de la Mota, en cuadra/' 

(2) Tezozomoc, cap. 56« dice: ''la pual fué la propifi casa de la^moneda aljora 
treinta años, q^ue la teníji^en guarda, y como suya Cihuacoatl Tlacaeliltzin/' Escxi- 
bía TezOzomoc en 1598, y la fundición primitiva existió en la esquina dé la primera 
calle de la Monterilla, liásta que á 7 do Febrero 1563 tomd posesión d^ local él 
Ayuntamiento. Alaman, Disertaciones, tom. «, pág. 228. 

(3) Cartas de relac. pág. 105. 

(4) Tezozomoo, Cxójif cap. 61. . 




estreiu^ 4^1 ti^mpkx . vasija: <k)iisto -sac a^ooha majraf ' el DiúnoBmide 
loa t^ocaJlí esp^MToidop por ha baixios de. la.ciadad.; ^ püteda -ym- 
cUar ki ^^tügui^ MbÚHicio^ AftlTeiDiititilamaoóyaiiy {1) .Masateinv 
tomalocv ,(2) Aci^ghixi^iiQfv (3)1 ifoitcmafaiMic .^Ayavriioaltitlaif/ ^) 

AQ^c]t^pa0ca,.(Q)' liuitettM (6)y'A7AQUe^^ 

Sesciibieodi^ .la/gti#jpm. d^ lA^Uf aoaifefcieoiiiira TlftlMdloOi 4ÍMé el 
PfpetidQ ^utpi^ (8) .'V/Jt^i^dó di^éumdnáo per las «ajoe, per oita 
!' palla qu9 ibai\ ^ oap^Afi' CtooluiadhtU y*TioécyáIniiicatl se^iopÍBir 
".];ea i;uop potapUos, y; doade un tiro quéhaíjíí deade la paeata^fM 
^^esUea Atzaiiaa4(V(>,i4ne.iM«hora la de fian fiebastíata, liaitar d«- 
*^tra3 de Saato:D(»in¡i^. Heyah>Q á lQBMÍAtiluleaa]Mriéttdefc9' j nu»* 
,*|,Uad<4P4, h£L$t^ el Wrb qne^ ae Ikoas Yacako, qué ee doed* eat|lk 
{'^hom la. iglesiib de S^ota iLni(<'\ De aqui ae.defBpiexide 1¿ ^tnaoión 
del, templp 4^ Atsí^ijM^leO, nombrado- ii&petida9 Teeea. en otaoe lolgai- 
rea; se fliree J^lyer. . existido una Hcaltie recta, aigaienáo las aoMudMi 
del Puente de Saii 3e|^tian^.Ai€¡aas y kí» Moras, faralá noicae eoft 
la calla prinpipalde. Tl^^elolcOi iofiéceea tambíemla aünacionidal 
hf^iq y teuiplo de YalaloQ en TUlleMeOy-.aaa&ndose ademar, estai 
i^erc^uo ^ tiau^uiztji de eMe lUtimo Idgar. :: 

, Fnei^ 4^ \q^ .p»lf^;ioe^ .de • juatioia,. 4(e. lat eaaa^ dé lo» ae&oxea dá 
loi^ bamo^j j d^ oltro^ .ea^^^leeimienioa {>úbtioos, ae Aombra.el >Ql« 
lmat;e>>6^1U,j^ :tenipIo^-de l^.;mon^a, oóaodidas por ;tla|mácetth(* 
qc^e , cíhuf^pípiUtiiy el TelpoobeaUiy dlisa .6 éiouela militarv el rOnf- 
qoyan, ca^ d^l et^nto j jaliíg^ia/ y loa divoraoa CaUnaoao, ct^legtóa ¿ 
.aen)inario§:p^i:^ educar á'foájóveáés^ ^) . - i* ^- v * 



, .... * '» . • \ •.•! '.. 



p) "^'Que acíora^esSant^ Cg.tarin5i Mártir." TezOzomoc, Crón. cap. 57.. 
•*(;í) ••'Htíerta*cfti«**defeptte8'ftxéi!!el triartiiiés del Wille.*^ íeáoioinóc, cap.'sO: irepite 
l4.B^mai)i9UtQioa«iiaí^.'69¿:J^ iu|[tfr4[\iad|b^ * '* 

,, (3)./*ponfe a^'piiso la pzii^^a. ccui^ f^ue. <ifaor»é6^ i»oc Q«7i^aoiín,;4an;)i]io ré41 
" quei ahora entraren México." T«zozomoc. cap. '69. * , 

(4) 'Que áhóta es el tianguillo de San Pablo en México.'* Tezüzomoo, cap. Q9. 

<5) ^'Qli^>agdKi éé'y' e^' alK nbcif albftrnida j áHínma ermita de Sai> £st(fban.^ T¿ 
«p^oofcKii Q^ráx). (üfkp^^^.'JÍB. •ba.FÍTWts éeSm S^t|tt»an estaba situad» lü^Mt^d^ la 
ciudad, en, ^Ipaii^uo.djp^éjücoáChurub^ ,' ./ ., /; . ' 

(6) /'Que ahpra ás el bospital de ,I^uestra Qefíora." Tezozomoc, cap. 80, J^sifS 
ITázarenó. ■"'■■^ -•*;■• '• " ''. -y'' ' - "'\' ' ' ' ' ' '""- . '' ' '• 

(7) I:.iigireüqtteílUilxJtt^tmmAiian<iy. <^^^ Qél' m6B.t6\ Ú- 
j^mdo Sncini^ y 9í^&f?9if^ Ift «W^# Sffvto'Toaaás Ai^¿6Íol, jfM eñ estas- jrmrtt 
"partes hacen su penitencia y sacrifloio los sacerdotes." Tezozomoo, cap. 82, 

(8) Tezozomoc, Orón. cap. 45. 

(9) Tezozomoo, crdn. cap. 69 lñ&, ..'-'' • . .- : > 



La «MR d^ las fiema óoopaba patte del ñtio del extíngtiido oon« 
vento de Sao FiáMuee, enive Saa Joaa de LetMn, calle de Saü 
Fraiwiaoó, )a icaUe da Oablie, eon una ptokingacíoa hacia Zuleta. 
^Tenfa día eaea muy liertnosa, donde teoia ttn gran paik>, losado de 
muy gentiles losas, todo él hecho á maneía de un juego de ajedrea. 
S las casas ecaa hondas oossito estado j mediOi j tan grandes como 
asb pasos en enadiaré la mitad de cada una de estas casas era en» 
Werta el ikoterrado de losas, yla mitad que quedada por cubrir, te- 
üte enmma ana red de palo miuy bien heeha; y en cada una de es- 
tas casas había un ave de rapifia, coaaensando de cernícalo hasta 
égnüa^ todas cuantas as hallan en Espafia, y muchas más micas, 
que dlé no se han visto. E de cada uaa de estas mleas había mu- 
día cantidad: y en lo cubietto de cada uaa de estas casas había un 
palo, como alcándara, y etro fuem debajo de la red, que en el uno 
estaban de noche y cuando llovía: jr en el otro se podían saVr al sol 
fñ\ aire á curatse. A todas estas aves daban todos los días de co- 
mer gallinas, y no otro mantenimiento. Había en esta casa ciertas 
salas gmndes, bajas: todas llenas de jaulas gmndes, de muy grue- 
sos maderos muy bien labrados y encajados: y en todas 6 en las más 
leones, tigres, lobos, sorras y gatos de diversas manems: y de todos 
en cantidad, á los cuales daban de comer gallinas cuantas les basta- 
bao. Y para estos animales y aves había otros trescientos hombres, 
que tenían caigo de ellos. Tenia otra casa donde tenía muchos 
hcMiibres y mujeres menstruos, en que habla enanos, corcovados y 
contrahechos, y otros con otras disformidades, y cada una mimem 
de monstruos en su cuarto por sí. E también había pam éstos per- 
sonas dedicadas para tener caigo de ellos. E las otras casas de pla- 
cer que tenía, dejo de decir por ser muchas y de muchas calidades.'' 
(1) Fuem de aquellas alimafias gmndes y chicas, había en tinajas 
y cántaros con plumas por dentro, cantidad de culebras y víboras 
de las más ponsrofiosas, con sus <»rías y viboréanos: daban *á todos de 
eomer gattinas, venados, perrillos y aniáudes de casa^ con más las 
sobras de los cuerpos de las víctimas, no comidos por los sacerdotes 
y particulams. Hace notar Bemal Días que de los cadáveres de les 
castellanos muertos en la Noche triste, mantuvieron varios días 
aquellas fieme. ^^Digamos ahom las cosas infernales que hacían 

Cl) CorMí^ CirtM ds rélae. pág. lí% 




*^4aa]ido biamaban los tigfes, leones y áhtiUiíban los adibes j zorros 
*^y silvaban las sierpes; eca grima oírlo y páredan infiemo.^^ (I) 
Ignoramos ai en algtioa capital europea había entónoeis casas á és« 
taa .eemejantes, para reoreo ó estadio. 

En donde quiera que las construcciones lo permitían hiabía jar- 
dines, irfaoles 6 flores, á las cnaiee eran may aficionados no b61o 
nuignates y señores, sino también el pueblo. Snstentalia él lago in* 
finidad de huertos flotantes de los denominados chinampas, con sa 
verdura, rosas, sembrados, y moradores, formando el conjnnto nna 
vista deleitosa y sorprendente. No era ésta nna ciudad de bárbaros,' 
semejante, según quieren imaginarse algunos autores, á los desali- 
fiados y sucios villorrios de las pieles rojas de nuestros dias: juicio 
diverso formaron los conquistadores, testigos presenciales; Cortés 
escribe: '^Y por no ser más prolijo en la relación de las cosas de es* 
" ta gran ciudad (aunque no acabaría tanaina), no quiero decir más 
" sino que en su servicio y trato de la gente de ella, no hay la 
" manera casi de vivir que en España, y con tanto concierto y orden 
'^ eomo allá: y que considerando esta gente ser bárbara y tan apar* 
'' tada del conocimiento de Dios, y de la comunicación de otras na- 
'* dones de rajK»n, es cosa admirable ver la que tienen en todas las 
"cosas." (2) 

Las calzadas 6 caminos que unían la ciudad con la tierra firme 
estaban cortados á trechos, ya para servir de fortaleza é la plaza 
ya para paso de las canoas y comunicación de las aguas; esas cor- 
taduras tenían puentes de grandes vigas, las cuales á voluntad 
podían ser retiradas, pues no estaban colocadas de fijo. Tomando á 
la calzada de Itztapalapan, hemos visto haber en el punto de reu- 
nión de las calzadas de Itztapalapan y de Goyohuacan, el fuerte de 
XoLdc: (3) en dirección á la isla se veía una cortadura, "tan ancha 
como una lanza," siguiendo el camino recto hasta la entrada de las 
casas. Ya junto á la ciudad, "estaba una torre de sus ídolos, y al 
pié de ella una puente muy grande:" (4) la calle era la principal y 

(1> Berna! Días, eap. XOI.-— Belacion de Andrés de Tapia, pág. 581. 

(2) Cartas de relao. en Lorenzana, pág. 109. 

(3) Cortés, Cartas de relac. pág. 7S. 

(4) Cartas de relao. pág. 248. Este lugar es el ocupado después por la iglesia de 
San Antonio Abad. Cuando la isla no estaba poblada fué éste el primer punto oca* 
pado por los azteca, llamándole Nextiopac. El templo encontiado ahí mismo por ¡os 

TOM, iy,~37 



más ancha de toda la oiadadi y estaba cortada por dos calles do 
agua, en las onales había puentes, tercera calle de agua qaedabn 
firente al palacio de Moteeuh2X)ma, con un puente que daba paso * 
la plaza frente al gran teocallL Paralela i ésta quedaba una caUe 
de tierra hacia la issquierda ú Oeste. 

De la calle oriental no sabemos mas de prolongarse en linea reo- 
ta hasta la orilla del agua, habiendo en aquel término un desem* 
barcadero para las canoas traficantes con la costa de Texcoco. Es* 
tas dos calles, correspondiendo próximamente al cuadrante S. £. de 
la ciudad, encerraban el ccüpulU 6 barrio denominado Teopan ó Zo- 
quipan, conocido en nuestros tiempos por de San Pablo. 

La calle oriental 7 la que de la plaza arrancaba, hacia al N. ter* 
minando en la calzada de Tepeyac, determinaban el cuadrante N. E¡. 
de Tenochtitlan, en el cual se incluía el calpulli Atzacualco, hoy 
de San Sebastian. Si por el S. el límite de la ciudad era San An- 
tonio Abad, qeudando dentro de la isla el canal existente todavía 
por ahí, hacia el Sur no se extendía más allá de San Lázaro, co- 
mo todavía lo comprueban los terrenos pantanosos y anegadizos que 
por aquel rumbo se extienden. 

Las calles boreal y occidental demarcaban el cuádrente N. O., 
calpulli Cuepopan, modernamente de Santa María la Redonda. La 
calzada de Tlacopan comenzaba en el templo mayor, tomaba al O. 
por la actual calle de Tacuba, prolongándose hasta Popotla, pue- 
blo situado en la mái^n del lago. La calle de Tlacopan era de* 
tierra y de ella partían tres calles también de tierra para Tlatelol- 
co, (1) las cuales debían dirigirse de N. á S. La calzada entera con- 
taba ocho cortaduras: (2) de ellas notamos tres en las calles de 
agua paralelas á las firmes: la cuarta se encontraba sobre la ace- 
quia principal de circunvalación, teniendo á un lado la actual ca- 

conquistadores, se decía Xoluco. En cabildo de 19 de Enero 1690 se dio tin nolsr á 
Alonso Sánchez, "porqae dizo que á su costa qaería hacer una ermita de sefior asa 
<<a&ton los dichos le seftoloron un sytio donde pueda hazer la dicha hermita ques en 
**lBk calzada que ba desta dbdad á estapálapa hasta cantidad de nn solar en largo so- 
mbre la mano yzquierda á la punta de una ysleta que allí está." Como se advierte, to- 
davía en 1530 las aguas del lago llegaban hasta aquel lugar, siendo éste el término 
de la ciudad 7 de la isla por este rumbo. 

(1) Ck>rtés, OartM derélao. pág. 268. 7 266. 

(2) Ibid, pág. lio. 



Itodet PheUte dé H BI¡«rÍ80Alft y.al otK^ todo la oalto de Santa Isa* 
bd; llamábase Teopantzinoo pqtiel logar» efa el coal pusieroa 1» 
pqente loa oantcMaitoe al salir de k (Hodad la Nooke triste, comen- 
attda aipif fh dartota, si bmi el combatiei oomeneó Antes en el sitio 
aypni^ft ^ UBetlantoncómaeoiLeiiitlapiloe* (1) La quinta cortaduza, 
qtsedaba delante de la aotáal igWsiade San HipóUto» 7 se denonü- 
jmbá Toheaealli 6 Tlanteeayocsin; (2) aquj tavo lagar el desbarata 
7{>riiicipal matanza de loa espa&olesi en cuya conmemoración le-. 
imoM Juan' Gatnido una ermite bajo la advocación de los márti- 
res, la cual dejó su ñtio á la iglesia que tenía pOr |Mitron á San £&• 
^itOi ^ memoria del 13 de Agosto, ¿tía de^ la itondieion de Te* 
nochtitlan. La sexta cortadura se decía Toltecaacalopan^ sobre la 
acequia de Petlacalco, en el barrio de Matzatsintatnalco: (3) aquí 
se coloca el supuesto y famoso salto djp Alrarado. (4) Lací dos cor* 
tadúras no mencionadas por nosotárós, fueron sin duda improtisa* 
das por los méxioa para multiplicar los obstáculos, á sus enemigosr 
Las calzadas de Tlaco^n y de Ifztapalapan determinabaü el 
cuadrante S. O. de Tenochtitlan, ocupado por el calpulH de Moyo* 
tilao, hoy de San Juan. Sobre eeta fracción se prolongaban las ca^ 
Ues da tierra y de agua que iban hasta Tlaielolco. Fuera de ks da*' 
nales colocados por la autoridad de los antiguos mapas, encontrad 
ibos esta otra noticia. ^^Pasaba también otra acequia por las callee 

(1) Safaagcm, lib. XII, cÁp. XXIV, eú taábna ediciones. 

(2) Sahiignn, loco cit. 

(S) IxtHlxochitit, Hist. Cbiehim. cap. 8S. MS. 

(€) Precisando este logar el St. Garcfo IoaEbaloeia,'£oe: Diálogos Óa CerruiiM/ 
páip. 81: ^'JXc hay qnisn ignoré, por ejemi^o» la famosa historia del salto de AlTa£a* 
do, de cayo capitán se cuenta q«e habiendo llegado en la terrible retirada de la JVo* 
c^e TriiU Á la tercera cortadura de la calzada, y no hallando otro medio de salvar 
la yida, apoyó su lanza en el fondo, y con un desmedido salto Idgró pasar al otro la- 
do del foso. Atmque él heoho es más que dudoso, y parece inTentado posteriormeii- 
te, dio, sin embaí^, nombre á la calle que todavía se llama del Puente de AharO' 
do, ÁM se reSñf no ha m»cho, una aanja que indicaba el lugar del suceso, ^raw- 
Baba la calle precisamente por el zaguán del TiooU del BUseo j por el^ jfirdineito ega* 
Terjado que queda enfrente y dá entrada á la casa niímero 5c el puente se hallaba 
tras de los arcos del acueducto, es decir, contiguo á la acera que mira al norte; la 
parte de afuera, al norte de los arcos, estaba empedrada y á nivel. Hoy no existen 
azooe, ni cortadtira, ni puente: foda seflal ha desaparecido, y cuando hayaaos dea- 
jfpaieéidD laaifaleii.lsa^e heinos sido testigos da tal mudanza, pebraesfá la memoda 
4el lugar donde se hallaba el famoso BaUo de Aharadít,*^ 




do, haBtó3tlnÍft«eéeiil'lft¿ítittt4of.^*:fl)"-. . : - ,>/l' :v.O,.i.;i:;i ;:,J 

mcnorU cbnffo' 7kíbftt«Mti£Mto¿uV ^Yc^oot ^^UtAúfaidí^ il!]^fti«>s 
pan, T!:íl(lá6ÍirHyiH(iiabuMÍ' }• fl^tZdocoflOtiaoBillij. J<GQ^. <SaB0títflfi 
tambietj; ijua á1l!<¿á«£fdr'á<fr'WoJ4ÍdadilkM»li)..aanal«9jTlndMDto'.:^r<»r}i 
fandolpsnidarr^Bo Id Id^'bergtutthwi;, yloa.oaaléfajeiiDtJDUjEtljáai 
con lüfl^icegñia» Motmlés,' d8iiMM«ra ijae' pdi lea acrabálod {lod^ 
penetmrve' tiaiJái el cuerpo- pitócipiil de lApaeblá, .(3) Por..'tltÍBM^.- 
sobre Ids oodtas'^-laIitlae'Jr«iTanEÍadas8dbre laa a^uadedlaga^^ 
blu caaa8'd«mftd«ra ^«paJA, ^otfteoidftSiporLpDntaléi, psw abrigo d& 
Ift pobtacida qMDOCabf a sobre la ticEía firme. : . i , .. . . ,. 

A la llegada de lói «aEÍtélIanÓB á Tenbclttitlan y do» afica deapue» 
cunndo^el ajedtcl de-1a «iódadj la calnda da'Tl«oDpiniiba,-pot en-. 
medio de Iaft«guaf^> maftéstaH,deb4aQ ser f a ipoco prof«nda0, dejan-, 
do á desoiibiMd-una'párté de la aotuál' Alameda-y hftaiía Ix) llama- 
do nbora la Candeloríía. Jin dtmJDuqíoD da las agoag^éatr^ la» cal- 
zadas de Tepeyacac y df TIsqopoD, sé efectuó de uzia numera iti^ii 
da notándolo asi unt» de DneBtroBsatigtioa cronistas:. ''México saxl 
"tiempo d» Slóteaczotna^ d!ee, y onandolofl espa&oles.viaieron &: 
"ella, estaba toda tDuy'ceroada de a^a, j debia ^l.dfio de. IS24: 
"siempre bs ido' ^engaotido." (4) Pocos aCos después acordaba el 
ayuutamieDto, "que para fortificación de esta cibdad, se den sola- 
"res para hacer casas que vayan á casamuro pot delante é por las 
"e.^¡iíilla5, para se poder salir de esta cibdad, hasta la. tierra firme, 
"é que sea una acera de'^casaB de una parte 6 de otra de la criada, 
"hasta la alcaatarilla que^ega á la dicha tierra firme, (a) Este Xué 
"el origen de la larga^calle que[corre desde la esquina de la Puente 
"de la Maríscala hasta la Tlaspana, saliéodose de la traza, y que 
"hasta el día fofma cn^sa mayor parte una prolongación aislada há- 
"cífi poniente. Desde S, Hipólito no tenia salida alguna paia el lit- 

(I ) Gftid'B luzbdceta, DIÍlogoB de OrrantM, pág, 79.— SigQsuai, JPÜdai 3*. 
r¿'íca, cgp. 8. nim. 22. 

(2J Tezozonjoo, Cnja, cap, 69. MS. 

(3) Cdiiés, Cartas de reUc pág. 146. 

(4) U«toliiiu, trat, III, 0^ VIII.— TorqHemada, lib. lU, oap. XXVIII 
(a) "So oonrta la facha d« teto aooeido: se haUs d« G ewno de «Om ptntds, m» 

el cabildo áe 8 do Agoato de US8/' 



Át 



s 



t^cb ttortfi, jiOMr lacr q¡¡^fijhteii.}x9^,f}is>.,f¡^^ estos tJL|imQ0 

"tiempoSv {^)'f^^ f u^^.en efectoj^/m^s debe advertirse, que lascóns- 
tracciones del' lado Iboreal d^ Ifis OA);s^d^^ fp^rop las iprii^eras cóq¿- 
imi^.j jpfpl^^e^o» éf,.jí^ 8Ía du^apor pre^tardé'á 

wftllo.los jt^icrepqfi jjra.pank eotto^ea tf ijierft ^e] f^i^i mientras al lado 
^mitisl ías.tíyeo^,.^ j {^d^g^^l^zas, ^ 

. . * Eapfttídp. heqsLQA habei:se' fup^ado . Tlatelqlco en isla separada Bí- 

oía el N. de.l^:49,.Twocl^Ítlao; ciiidjad lihrer al. principio, A;^a74- 
.eatl se appdezK^ df, ella, dando muerte á áu rey Moq^uihuix: desde es- 
to f^oba ambifuai^^la^i u^i^i^s.jpor terrepo^ puados sobre las agiias, 
Bofocmarw ion^ dp'Un^S{]tla,r cpnibándose Tlatelolco como quiñtV 
barrio d^ Mégupó.: £i;tóneQS^ ql morcado principal se trasladó á't^ 
plasa d^ la cindad^encida, situada junto al graá templo de los tla- 

telolca:. maroada y cu fueiroa estrenados por. Axayacatl, .sirviendo 
jMura lfti8ol#m9VfW-'lQs prisionerQfl^ de ]k^ toínados ¿nía 

^erra eu quf $1 rey teuochcatl fué Wido por Tlilcuezpallin. (2) . 
£1 teoQalU. priacipalt 4^dicado á Xluit^iloppobtli y á Tezcatlípo- 
.ca era el miBtyoi: da li^ ciu4Ad¿ ^potando dq. altuí:^ ciento catorce gi^ 
das; '7 desda ajbajo basta amba, ^onde estaba una totrecillájó 
^'alli estaban sus ídolos, va ^^strecbándo, y en medio, del alto Cu fias- 
"ta lo más alto del* ran oinco concavidades á maném de barbacanas 
'^y descubiertas siu mamparos" (3) Los patios alrededor de-la pi- 
rámide, mayores que la plaza de Salamanca, estaban circundados 
cou dos ceceas de cal ;y eanto, el piso empedrado pon losas blancas 
muy lisa3, y dpnde éstas faltaban el piso estaba muy encalado y lira- 
iiido, todo aseado y limpio sin .una sola paja. Ocupaban aquél espa- 
cio diveiBBOs.tevppIofl menores, oomp^elde^Q^Ujetzalcóatl, cuya puerta 
semejaba la boca de up. espantable dragón, el destinadp para ent^ 
rramiento de los principales señores, y ¿^i otros de diferentes diyi- 
nidades: encontrábanse grandes rimeros de lefia pái^ los sácriáclos, 
y ima granalbesea alimeatada por «1 agua qm e^ ,ca&0} cerrado iba 
desde Ohapultepee: yeiáse el pa^oirDso y horrible tzompémili, j loa- 
ga las piedras para la inatatñsa de los prisionéiioá. Hablfa aifiÉáadas 
á las cercas, viviendas bajas en donde moraban los papas y sirvien- 
tes; el edlQoio tlesiínado é utonastario é leeegimieato 4e las y^sla* 

' ' • ' • ■ ' i '• • .'..•.. . • '.. i 

(1) GttTOÍa loazbaloeta, Diálogos de Cenranteg, pág. 7S. . .. ^ 

(2) Tofloaomoo, Crón. oap. 49. MS. ^ ' . ;. ,\. • : . - V. : , 
(S) BenudDto, cap, XOIÍ. 



» 

les, las cuales perseveraban ahí para ser ednoadas basta >^üe ealJon 
para casatí^, ocupadas en servir á los ídolos y principsümenté á las 

diosas protectoriMS del matrimonio, (1) 

r I^a pla^ dfil mercado 4 tianqnistli quedaba junto atiteodilliiKJr 
él lado oriental. Era tan grande que en im «sAló dia no ^K)diir Mr 
vista toda; álréd^ddor estaba cercada de portales y tiendas, babiendb 
ademas unfis casa^ en las opales asistían tres jueces para sentenciar 
las diferencias, ayudados por alguaciles ejecutores ocupados en exa- 
minar las mercancías. Tendíanse todo généto dé objetos' prodnci- 
dps. por las industrias americanas, desde el oro, la plata y ciertos 
]paetales^ ropas finas, y groseras, loza y utensilios, plnmás finas, pie- 
les adobadas con primor, todo Unaje de manteniúsientos en cames 
O legumbres, &c., basta blenda de bombre preparada para el abono 
de los catnpos. Tanta gente acudía á comprar y tender, **qae sola- 
^^ inente el rumor y zumbido de las voces y palabras que álll babíá, 
** kbnában . más qué de una legua, y entre nosotros bobo sdidades 
" que bebían estado en mijicbas partes del mutido, y en Oonstanti- 
*' nopla y en todia Italia y Roma, y dijeron que plaza tan bien coin- 
" parada y con tanto concierto, y tamafio, y llena de tanta gente, 
" no la babían visto.^ (2) Ségun uno de nuestros iñás distruguidos 
cronistas: "en la plaza 6 tiánguez deste TlatiMco (lugar mity es- 
^^.pacioso mucho más délo queabóra es), el cual se podía llamar 
■^ emporio d^ toda pstft Nueva-España, al^ual venían á tratar gen- 
^^ tes de l^oda esta Nueva-España, y aun de los reinos á ella conti- 
Vguos, y donde se vendían y compraban todas cuantas cosas bay 
*' en está tierra, y en los reinos de duaubtemalla y Xalixco (cosa 
^^ cierto mujbbo de verY. ' Yo lo vi por mncbos año» morando en esta 
'^casa del Señor Santiago, aunque ya no era' tanto como en el tiem- ^ 
" po de la conquista." ,(3) 

(1) Berna! THtá:, oap. XCII. BMpe^to d^ It^xAAmHm 4al teoeáUi, m^ jnlmu^ü 
miin^^emiiilMuí '*AieiilOji3q7porntqpiM0to/qa«d^d4»q«^{|U)^ 

ífff-lgeu^ civiáa4y se xep9ftí«von los soVues, qyip luego propusimos que ^n .aooo^ 
gjnai Ca habíamos de hacer la igle&ia de nuestro pcLtron é guiador sefior QaHi^p^ i 
ieupo mucha párie áe solar del alto Cu partí el solar de la santa iglesb, y ««uido 
«telan los dimienlos ^^am baoérlos mea Ajos, lolllaraai mnalho^ro jr ptuta y <l4doU- 
huis, 7 perlasé aljófar y otras piedras" Váise Gaieía Icazbaloetay Diálogos fe Cor* 
Tsntes» pág. 201. 

(2) Bemal Díaz, cap. XXII. 

(3) F. Sahagun, lib. XH, cap. XXXYII. 



.1^ 



I 

Bitobft en el medio de este tiangnei un gran Cn, edUeado á 
de '^Yttziliipookil], dios de los mexicanos.'^ (4) Esta BOticia 
del sábk> ftancisoano parece referirse al teoealli exterior, pues se- 
gnn UQo de ka testigos prasenciáles, lo ^ne existía ^'era uno como 
** teatro, qne está en medio de ella, (la plasa del mercado), fecbb 
f* de cal 7 casto onadiado, de altura de dos estados y medio, y de 
** esquina á esqniaa habrá treinta pasos: el cnal tenían ellos para 
** cnando hacían algunas fiestas y juegos, que los representadores 
^ de ellos se ponían allí, porque toda la gente del mercado y los que 
** estaban en bajo, y encima de los portales pudiesen Ter lo que sé 
**hacía.^ (2) Cortés examinó detenidamente aquella construcción, 
supuesto haberse colocado sobre ella el célebre trabuco, inútil tras 
tan oostosos preparatÍT06« Consta que del mercado salía una calle 
de agua; (3) habla una calle derecha que iba á dar al real de San- 
doml, teniendo á la isquierda otras calles de tierra; (4) pasaba una 
calle de agua cerca y por delante del tiánguez, y de aquí partían 
calles para el espacio en donde sucumbieron los méxica. (6) 

Como templos 6 edificios de Tlaltelolco encontramos el Xacacul- 
co O'que alumt se llama Santa Ana"), situado en el barrio de Za- 
coalco C'que es donde agora está la iglesia de Santa Ana")| en cuyo 
palacio permanecieron Cuauhtemoo y Masehuatzin, seüor de Cui- 
tlahuac, durante el principio del asedio de Tlaltelolco. (6) Hl Tía* 
cuchcalco (^*en que estaba una casa qne era como casa de audiencia, 
cerca de donde agora es la iglesia de Santa Ana**); el barrio se llama- 
ba igualmente Tlacuchcalco. (7) El templo y barrio de Xocotitla, 
por otro nombre Cihnatecpa ("que es agora San Francisco"). (8) Co- 
yonacazco, (^cerca del hermita de Santa Lucía, ("qne por otro nom- 
bre se llama Amaxac") (9) "Prosiguiéndose la guerra entre los mexi- 



(1) Sahagon, loeo, dt. 

(2) GortéSy eaitas de réla6. pág. S89 y dg. 

(5) Cartas de relao. en Lorenzana, pág. 280. 

(4) Cartas de relae. pág. 287. 

(6) SabagQii, lib. XII, cap. XXXVII. 

(5) flahagtm, Ub. XH, cap. XXXIV j XXXVn. 

(7) Sahagim, fib. XII, cap. XXXV. 

(S) SáhagoB, lib. XTI, cap. XXXV. Este bflrrio de llataldeo corres p o n de á la 
l^asta aotiial de San Antonio Tepito, llamado Son FhmcLioo en los antígnos pianos 
de la dadad de Hézioo. 

(S) Bahagon, Hb. XXII, cap. XXXT. La ermita de Santa Ladá ha desaparecido; 



985 

Voaaosy loa espiUtoles, siempce les iban ganáfai» tferm IO0 etpafto- 
.** les i I08 mexicanos, y los iban arrinconaBdo hacia el lugar éoor 
*.* de finalmente led dieron mate, eñ un rincón deste.Tlatíilulco, que 
'' se llama Tetenantiteoh, donde ahm está edificada la iglesia de b 
!<:CoDcepciou de ln Madre de Dios Nuestra Sefiora Santa Marfa:*> 
(1) Menciónase un templo llamado Momoaco, que nos parece s« 
diverso del Momoztli colocado en el oentro del tianquistli. El tem* 
pío y barrio de Apahuaitlan, hasta donde fué metida el agua eki 
tiempo de Ahuitectl, "que ahora es barrio de Tlatiluloo Santiago, 
!'enlA albarrada que ahora ert<allí detras de la ermita de la 
^' Asumpcbn de Nuestra Sefioca." (2) 

tía calaada. boreal remataba en el Tiatélolco, en el barrio nomi- 
brado Coyonaoassco; (3) ea la misma nombrada ahora calsada d# 
Nuestra Señora de Guadalupe, y comenzaba al pié de la serrezuelft 
nombrada Tepeyacae, dicha ^wr los espaf oles Tepeaquilla, Al prid^ 
cipio, en la tierra firme, estaba el templo de la Toci, sirviendo A 
fuego encendido ahí por las noches de fanal para nautas y oa^ 
minantes. 

Según los cómputos más probables la ciudad contaba unos 60,000 

para identífioar el logar nos hemos ruido del mapa uiügao qae ae enenentrn en I9 
obra intitulada: Yoyage en Calif onde pour rdbserrálípii da paasage d» Varna aor 1» 
diaque du aoeil, &o. Paria, M. DOOLXXII. 

íl) Sahagun, Ub. XII, cap. XXXVII. El mismo autor, cap. XXXIX, afirma que 
los eapaftoles arrinconaron á loa méxioa en el barrio de Teteruzmitl, "cabe la Ooncep- 
'* don/' Ixiferimoa de aquí, Uamarae el teeoáUi del ealpolli Tetenantiteoh, 7 el ba* 
rrio Tetenamitl, á no ser que uaa de laa dos palabraa esté estropeada. Ia iglesia de' 
la Concepción, no es la existente aiín en el barrio da Santa María; la de Tlateloloo 
desapareció, habiendo podido rectificar su ubicación por el plano antiguo, citado en 
la nota anterior. Hoy todavía lleva aquel rumbo el nombre de Barrio de la Concep- 
ción Tequizpeca. En esta demarcación, pues, vinieron* á quedar acorralados loa na- 
xi antes de rendirse; se confirma lo dicho, con que el trabuco pan» oon^batirlea fué 
colocado sobre el Mumuztli del centro de la plaza del mercado (Sahagun, lib. XH 
oap. XXXIX), lo cual supone no estar muy distantes del tianquiztU. Kl Sr. BamíM^ 
apud Prescott, tom. 3, pág. 104 del apéndice, dice: *'£1 terreno en que se vieicn 
encerrados los mexioanoa durante los líitimos diaa del asedio, era el estrecha que ae 
«stiende del Carmen á Santa Ana." 

{2) Tazoasomoc, CnkL mezioana, cap. 80 HS. lia localidad está todavía manada 
sn el antiguo plano que eonsultamosi distinguida con el nombre de Santa Ifacía 
Acaguaztla. 

(8) TeaoÉomoo, Cr6n. mexicana, cap. 69. ICS. 




KnJw 

bógaireft 6 9m);0Od bailantes. (1) Siendo esto Wrdad, ía poVÍftcida 
.debía estar intemerada en lae habitaciones, pues faltaba espació, 
ya qaé la islé estaba enbaeiia parte ocnpada por los teocali?, pala- 
cios, Tivl^daff de< los sacerdotes, óásas de edneacion y jardines/ Si 
resáltttba de aqnf la poca comodidad dbméstica de la gente menti- 
da, ett eaitbio la ciudad presentaba nn grandioso aspecto, vlstiaís 
magníficas, y extrtordihiaria animación en los mercados y por las 
calzadas d^tierta, así como en los lagos snrcádos constantemente 
por mncfaós míllai<es de canoas. (2) 

Hemos querido en esté capítulo récóhstirtttr hasta donde es posible 
la topografía de la ciadád azteca; lá belleza de sus edificios, las im^ 
prorieiies recibidas por iiuienes todo el conjunto vieron, dejamos al- 
gunas de' ellas consignadas en sas respectivos Ingarel Ahteís '9^ 
alzar la mano de este di sefio, entraremos en tina breve dfscusióií. 
*^or inncho que nuestra imaginación se esfuerce, dice un distin- 



(1^ Cortés nada dice acerca de la población 46 la ciudad india. — '^ Conquistador 
andnitno, apud García Tcazbalceta, Documentos, tom. 1, pág. 390, escribe: ''La xna- 
'* yor |)itle délos qiM 1* han ^sto Juzgan qne tiene sesenta mü babitanfes, áhtes 
iháa qp»oíéDa^** .Segufi la sota deltradnottir» Br. García Imud>aloeta pneata á mSs 
pasaje, de]be haber un error: así lo había notado ya Clavigero, tom. 2, pto. 67i no- 
ta, escribiendo: 'HSs cierto qué en la traducción italiana del conquistador anónimo 
'* se traduce 60;0d0 liabítúites por 60,000 yecinos, debiendo decir fuegoé, pues 5e 
"dtrómodosedizíaiqaeChoIiila, XooUtenee, Iiztapalap«i, y otras ciudades etafti 
" mátf poptilaraa qiM Méüco.? £n la o^urta de Akmso Znaso al P. Fr. Jiiüs de Figue- 
roa, prior de la Mejorada, apud García Icazbalceta, Doc. tom. 1, pig. S66, se eii- 
cuéntra: "Está la cibdad de México 6 Tenestutan, que será de sesenta mil vecinos.*' 
— '*Temisthatíam ipsam Inquiúnt aexaginti droiter eese minia domorum." Pédró 
}i$éxtí3r»'^cuhf oap. a»*^"Ii^s «iraidaraR y gente eníiimuiaenible.'* Motolinia, tnC 
ni, oap, VIXI^— "JQra M^áoo, cuando Cgrlsís entnS, pueblo de sesenta mil casas, 
''laH del rey/d^ los señores y cortesanos, son grandes y buenas; las de los otro^^ 
" clifCAS y ruines, sin puertos, sin ventanas, mas por pequefias que son, pocas veces 
** d^}Én' d» teaár dos, y tres, y Aiésf mlMnidores; y luC hay en ella inítnitfcAtná gente.*' 
Oomana, Crén. oi^. LXXVQI:— Teitfa sesebta mil oassa, las eules ne tiene ahoráJ*' 
Herrera, dec: IX,.lib; Vil, oap: XIXI:— "Díoase de esta ciudad que oufmdo entraron 
^' los españolea en ella, tenía ciento y veinte mil casas,. y en cada una, tres y cuatro, 
"y faa^ dte¿ vecinos, por manera que á esta euenta eran sus vedaos, más de tres- 
*' cientos mil:^ Tocquemada, HKIII, cap. XXXn.^'^SI obetilto déla oindad, n6 
"** compfBepdidos los an^balesi «m demás dd imeva miUai, y el námero de las casdis, 
« sesenta mÜ^rá lo m^nss." Qlavigevo, tom. 2, pág. i67.-^El mímarO' de loa habitan- 
tes de ía antigua México se hace subir á trescientos mil. García loazbalceta, Diálo* 
gos de Cervantes, pág. 78. 

(2) C^Fta de ZnSBó, loco cit ' 

TOlf • IV.— 38 



é 



gnido eacrUor, (1) ep figoisrae la antigua M^xiea eomo una eia- 
dad magnifica; todos los hechos historióos ¡looiliyoé lo oontradieeli. 
Aun eaando no pueda alagarse cíhuo una razón admiiihlo la hro- 
Tedad con que se redujo á ruinas, casi en totaUdad, duiante el 
sitio, no habiendo quedado en pié do toda ella niás que una ookara 
parte, según el testi^ionio de Cortés 7 de Beinal I>fae, porque cien- 
to j cincuenta mU hombres ocupados en destruir durante dos meses 
derriban mucho, aunque no tengan loe medios de desolacidp que 
ahora conocemos; pero habrían quedado fragmentes, y los mismos 
esGopibros atestiguarían esta magnificencia, si la bubifera habido. 
Koma ha sido destruida tant^is reces, que su antiguo parimento es- 

tá diea ó doce varas más bajo que el pisq aetpal; p^ro por todas par- < 

tes se Ten restos de las paredes de los templos, troaos de mármoles, ' 

pedaaoa de columnas 7 de estátuae que forman los postes de las ea- 1 

Ues, 7 grandes espacios de empedrados hechos pon fragmentos de * 

pórfido 7 granito: casi toda la magnificencia de los edificios mo- '1 

demos de aquella gran ciudad es debida á las columnas, á las está- "1 

tuas, en una palabra, á los despojos de los monupentos antiguos. '1 

Nada de ésto se ve en México, 7 si hubiera habido esaa columnas, 'i 

esos suntuosos edificios de que. se nos habla, no habrían perecido k\ 

hasta sus ruinas, 7 éstas habrían servido para los edificios que de ' k 

nuevo se hicieron, aun cuando no hubiera sido mas que por excusar ;íi|i 

el trabajo de traer nuevos materiales de las oantenuL Reoogiendo id 

por otra parte algunos hechos esparcidos en las relaciones de los k 

combates que se dieron dentro de las calles de la ciudad, vemos en- .ion 

tre otras cosas, que Cortés construyó su célebre máquina llamada tii 

mania^ para explorar antes de su salida de la capital, la calle de k\ 

Tacuba que era una de las principales, 7 esta manta, que se redu- \ 

cía á una torre portátil que rodaba sobre cuatro ruedas, dominaba ^ j 

sobre todas las casas de una de las mejoies partes de la población. ^ 

De este hecho incontestable, 7 de la falta de fragmentos 7 ruinas %\ 

de los edificios antiguos que prueban su pretendida magnificenciai Hn 

debemos en buena crítica concluir, que la antigua México, á excep- ^; 

cion de los palacios reales, que Moetesuma dijo á Cortés que eran ii^ 

de piedra «omun 7 algunos edificios principales, se componía casi j^ 

en BU totalidad de casas bajas de adobe, como las de los pueblos, % 

0)A]»D«>.I>Í8e>tadan«.MbNUHÍHÍdeUBeprfUi«]íedMW.«(»i.|.p<glM. ^^ 



400 ea TOS da puerta tenían no {lítate Cdgado j eoiollado ala en- 

tnid% flóbro las cuales aobmalian eo gran numero las pirámides t 

troDoadas de ks templof^ masas pessdpe ^ on nmgomi ^eganda 

^iqaiteetóniea^ k)4^>^b pórnxias pkzas oironndadas por un m«K> 

adonukiQ con eolekas enroscadas y otras fignras liombles, sobré el 

anal se issiaii en lil;Bas hileras, ensartadas por las sienes, las oabe- 

aas de las Fíctxmas.qse haikian sido saczifioa^v 9 ^^ ^ cuales na 

espaSád qua se antretuvo en.ayerigikar el niimerD de: las que haUa 

al>xededor del teñólo mayor, según refieseBemal I^ias, contó oite- 

i0 j tceinta mil.'' 

Hasta aquí el Sr. Alaman. Duélenos veidademoiente el alma al 
aaoGartrar tanabsuidas argumentaciones en tan hálnl escritor; y 
taaio más, cuanto sus reflexioDes Tan ^odoecadas i sacar dos oon- 
sscuencias: la una tácita, que nada se perdió en la deatroccion de la 
ciudad india; la otra expresa: ^^La nueya ciudad fundada por Cor- 
^ tés. excedió en bsere sin dificultad en hermosura á la antigua, y 
'^aunque por Jaigos afios distasa mucbo de serlo que ahora es, según 
*^ réremos en el cursó de ésta obra, mereció con razón llamarse una de 
*^ las m^ hermosas del mundo." £1 autor reconooe la verdadera causa 
de no haber quedado pisdm sobre piedra en ninguno de les edificios de 
la ciudad; ciento cincuenta mil zapadores, ocupados diariamente por 
eqwcio de dos mases en quemar y destruir las ^nstruocioaes^ apro- 
fechando los , escombros para cegar acequias y oanales hasta allanar 
elaudo al paso franco de la cfiballepia,^ debieron .no dejar un s6Id 
m^BPo enhie3tOj quedando la isla cemo campo arable: únicamente 
resistieron á semejante desláruocion laSiSólidas pirámides de los gran* 
dee teocalli. Comparar Roma, empotio del mondo iCÍTÍliaado, coa 
Tenoxtitlan, ^pital de un imperio semiciinliisado en Araórioa, se 
nos antoja ciega injustieia y notpria paroiallda^. Tanipoco eaba 
eoacqMoacipnmliie las destmcoiones de ambas, eáodadés; Boma sttr 
fáCt los males consiguientes á la guerra, de los paeUoa bárbaros, 
males inpaiediatamente después repavadoi^ México pereció ba^ noa 
devastaciop ñstemática, constanite, sin misectc(nrdia. fin Homa» 
la oi¥ili|»oicii de loe vencidos seoomunioó é los teacedortos; los 
fkagn^Btoe sacados de Ja|i ruinaS) máraioles y irozos de cehunAas y 
e^táluas^ fberon reoogiflos y conaervados por 'todosi ocsño muestras 
áb un ftfte adelantado^ igualmente querido para el mundo* En Mó- 
xináso pusieipn eopreseacíadoe razas sin ajaddad idgbna: los Ven- 



«980 

' oedotes erati rapetíorég pbiT el ' sáb^r^ laT^eligíoil . y ^'<»>ttiimlnsf^ 
dbapceoifiUei para ellos los conooimieaiós indios >por{ pei^teneéart 
aalingeiv honronaados^ d^ aquiel^lto sangcisiito^atebfedB ilaioainei^ 
• tea extirpar lo antiguo para. implantar Iq nobvoj naAitral f aé' qna^ 
.mjdi&ndold' todo boa ermiamo mseto^ ae aprasiíiáni é aníqnílaél» 
todo, por inütil y repngitazite. Trazos dé láárpolks, pedaaos dir en^ 
dvimnas y úA eitátuas^ «n el sentido qne lienpn estás palabras en 
las sirtes ¿riegas y romatsts^ no las podía habei? sá las artes azteqM 
El suelo ha dejido esoápar en escavacioni^s hechi» por motivos cmp 
suales, inmensos trozos de' pórfido y de traquita esóalptdds oon ptt- 
mor, representando monstraosos simbolismos, piedras votivas, don- 
memonvoiones Üistórioas, dbsés, cómputos astfon^icos; ello revda 
una civilización adelantada^ sí bien no de la especie ¡ misma -de la 
énropeá^ «na ciudad de grandes edifícips, en los cuales semejas^ 
tes monolitos pudieran tenec xutbida; f&faricas sólidas para soá»- 
tentar aquellas masar^ cierta grandbddaden bus cotüstrueciotes^ 
adelantos múckos en la arquitectura, en la mecánica) en la de- 
corativa, etc.;' ya que carecían del auxilio del hierro y de las 
máquinas. México ha visto salir de sus : ésóombros ftagmentos 
suficientes para acreditarse como gran ciiidád india; y oási todos 
fueron siempre aniquilados por los blancos* . 

No se pteterida^porlodicho, sea nuestro intento pintará Tenox- 
titlan como mágnáficn población; exclusivamente quereibos fov- 
mames acertadoguioio acerca de lo que fué, sin exajeraeian ni msmr 
tira. Para ello son suficientes los hechos históricos positivos;. A 
testimonió délos testigos paesenciales, los diohos de las relaciónea 
üontemporánéas, los fragmentos recogidos en épocas diversas, la 
toadicion histórica, todo lo cual viene confirmando que én la dtt- 
truecian jlela capital azteca sé perdi<)r mhého.para la cieiíGia*. Por 
otra parte, al-reboústmiíse la puebla para ót caá gente» y oteas eoa- 
tumbrés, cuanto pudiera haber quedado en pié fué dexaolidoi páiia 
^aprovechar los^materiUes;laa grandes piedras fuerUn qtiebrÍMiBis 
para meterlas «n las construcciones, y duianle tUes siglos,' eassis; 
teniplos y pahcioé, han'sido varias védesíTenoviAdós; y/el pisoide fa 
ciudad cambia y suber año por afto; y las giánAea éseultunuif ue ha- 
bía en calles y casas fnercm mandadas ^kar por im; ambispa; 
y partlculAres y ¿oUerpoé fmiquilaron:c«iaQH;96lobJ0tdri .an^ lia 
vioierdn á biíi áiaboi^ y la destructíeáluk d«iado por ices :BÍgbBa 



301 



y dura todavía: lo poco escapado es demasiado, supuesta la furia 
con que se le persiguió en tiempos antiguos y modernos. 

Terminamos. Tampoco es cierto que la ciudad fundada por Cor- 
tés fuera mejor que la antigua. Consta por el testimonio de Rodri- 
go de Albornoz, en carta dirigida al emperador, de Temixtitlan á 
15 de Diciembre de 1525, haber entonces ''casi ciento cincuenta 
casas de españoles," (1) de las cuales sólo eran de mediana impor- 
tancia las de CortéSj Álvarado y pocos capitanes más, estando todas 
derramadas y dispersas entre acequias sucias, y manzanas incomple- 
tas por los solares no concedidos, ó bien llenas de tapias de adobe: 
arquitectos y albaüiles habían sido los mismos indios. Sabemos la 
importancia de la ciudad en 1554, por Cervantes. (2) Es absoluta- 
mente falso que las mantas dQmJnahan Jop edificios de la ciudad. 
Cortés escribe: '^y llegados á una puente, pusimos los ingenios {las 
" mantas) j arrimados á las paredes de unas azoteas, y ciertas escalas 
**que llevábamos para subir] y^ra tanta la gente que estaba en 
" defensa de la dicha puente y azoteas, y tantas las piedras que 
^^de arriba tiraban^ y tan grandes, que nos desconcertaron lo» 



u 



ingenios. (3) 



(1) García Icazbalceta, apud Documentos, tom I, pág. 506. 
(fi) QttatitL Icazbaloete; Diálogos, pág. 71 y sSg. 
^a>«C«rtas dfruekíO. «nljOfeiiBaatt, pág» 137. 



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CAPITULO IV. 



MOTKCUHZOMA XOCOTOTZIN. — OaCAMA. 



VüÜa de CarUs á MuUeuTitonM.-^Fiaonomia del emperador atíeea.'-VUUa al tüm^ 
guitíUy UocaXUde TlaUhlco.^Oratorio.'-^Deseuhfími&rUo deltemrode AaayaMtí, 
— Proyecto de apoderaree de Motecufusoma» — Muerte de Juan de EeeaUmte, — Pri^ 
eion de ]l£oteeiifuoma.^Ouatihpopoea, eu h^o y qmnce noblee quemado» otoon-^ 
ChmaHo de Sandowil en la Vüia Biea, — Muerte deUprkuÁpe acolhuM líetákual' 
<HiefUein.^Caeama huye á Texeooo, 



Iacatl 1619. Tornamos á nuestra antigua relación. Al dia aL 
guiente, miércoles 9 de Noviembre, previa la correspondiente 
yénia, Cortés fué á pagar la visita á Motee uhzoma; al efecto, se di- 
rijió al palacio real, acompañado de los capitanes Pedro de Al vara- 
do, Juan Yelázquez de León, Diego de Ordaz y Gonzalo de Saldo- 
val, márS, de cinco soldados, entre los cuales iba Bernal Díaz. Lle- 
gados á la sala de audiencia, el monarca azteca, acompañado de sos 
deudos más próximos, los salió á recibir hasta la mitad de la sala^ 
bízoles el acatamiento cortesano, y llevado Cortés por la mano le 
sentaron en el estrado á la derecha del rey,' dandnoasieto á los de- 



993 

mas oastellanos ea íoimUí, matídadoe tfaer al intento: el altivo me- 
norca no reoibia de eeta mvttera ni á lob príncipes sus colegas en la 
triple alianaa. 

^^ Seria el gran Moatetuiua, de edad de basta cnatenta afios; y de 
^, bntaa eetatara y bien pra[k>rcioDado, é oenóefio é pocas carnes, 6 
^* la color no mny moreao, sino propia color y matis de indio, y traía 
'^los cabellos no mny latios, sino onanto le cubrían las orejas, 6 
*^ pocas barbas^ prietas é bien puestas é ralas, y el rostro algo largo 
*^ y alegre, é los ojos de buena manera, é mosteaba en su persona^ 
V en el mirar por un cabo amor, é cuando era menester gravedad, 
** Era muy pulido y limpio, bañábase cada dia una vez á la tarde.'^ 
(1) Según otra noticia: *' Era Moteczuma hombre mediano, de po- 
** cas carnes, de color muy bazo, como loro, según son todos los in- 
^^dios: traía cabello largo: tenía hasta seis pelillos de barba, negros, 
" largos de un geme, era bien acondicionado, aunque justiciero, afa- 
" ble, bien hablado, gracioso; pero cuerdo y grave, y que se hacía 
" temer y acatar." (2) 

Colocados los visitantes en sus lugares, entablóse la conversación 
por medio de los intérpretes. Como era costambre, después de pon- 
derar Cortés el poderío del rey de Castilla, siguió sobre el tema re- 
ligioso, declarando los misterios de la fé cristiana y la historia sa- 
grada desde el primer hombre, terminando con decir la inutilidad 
de los ídolos, su falsedad, y lo indispensable de abandonar tan odio- 
so culto. Parece que la exhortación fué difusa, y no sabemos la fi- 
delidad con la cual fué trasmitida; mas al acabar, volviéndose D. 
Hernando á sus compañeros, dijo: ^'Con esto cumplimos, por ser el 
*' primer toque." Contestó Motecuhzoma, no le hablasen de sus dio- 
sesVlos cuales eran buenos, lo mismo que serían los de los blancos; 
repitió lo del dia anterior, acerca de las personal esperadas por el 
CHriente; volvió á insistir en ser él hombre mortal y no dios, discul- 
pándose también de lo malo contra él dicho por sus enemigos. Al 
terminar la plática, el monarca repartió entre los capitanes hasta 
por valor de mil pesos de oro en joyas, y diez cargas de ropa fina, 
dando á cada soldado dos collares de oro y dos cargas de mantas. 
Siendo la hora de medio dia, Cortés se despidió, diciendo: ** El se. 
" ñor Montezuma siempre tiene por costumbre de echarnos un car- 

<1) Bemal Díaz, cap. XGI. 
Gknnara, Cxós, dap. LXVÍL 



3M 



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fg^ 8ol}7« otr<>, en hacem^ . pada dtf^ loereedoa;! ya ea faom que T 
%}Hi coma:^' 7 el Monte^oma 4Í3P¡, qw tetes poi hiiberlé ido á vid*. 
'Har le hicimos merced; é así, nos despedimos con graad«i*cartesÍM 
^[4^1 7 nos fuimos 4.9a^^$trci!S aposentos, 4 Ibamee platiOando de la 
'^ buena maner^ i p|ianf».qae en todo tenia, é que jiosotros eofiodor* 
*!I^ ti^viépemos mnohp a^toi con las goiaras de anuas colchadas 
*^ quitadas cuando delante del pasásemos; é así Jo liaGianaos. (1) 
Motecuhtsoma se mostré copstanteipeBte dadiyoao y esplépdido, lla- 
mando por esto la ateijicion d^ loa conquistadores, asi eoQio.por el 
lujo de su vida, el eiiplendor de sus. palacios y la hermotum déla 
ciudad. (2) 

Cortés, aunque retirado en su alojamionto, proeuraiMí informarse 
de lo relativo á la ciudad, á ^n de darse cuenta de su propia Bitua" 
cion; no le faltaban noticias alarifíaiites, traidas por los aliados, 
acerca do ciertas intenciones pérfidas abrigadae por el emperador as- 
teca y por los nobles. A fin de examinar las cosas por sus propios 
ojos, á los cuatro dias de estar en México, pidió licencia á Motecuh- 
zpma para visitar la gran p]aza del mercado y el teocalli principal, 
solicitándola por medio de los farautes Harina y Aguilar, y Orte- 
guilla, pajecillo del general, quien se estaba haciendo práctico en la 
lengua nahoa. Otorgado el permiso, Motecuhzoma se dirijió por su 
lado al teocalli, llevado en andas por sus nobles, adelantándose sin 
duda para precaver algún atentado contra los nümenes, mas enTÍ6 
algunos sefic^es para conducir á lod blancos. A caballo D. Hernan- 
do, con todos sus jinetes y la mayor parte de los peones, dejó el alo- 
jamiento, dirijiéndose por las calles de. comunicación hacia Tlaie* 
lolco. Como sabemos, el gran mercado de la ciudad estaba enton- 
ces colocado en aquel barrio, y* su Vista puso asombro en los caste*' 
llatfos, asi por sus grandes dimensiones, como por la calidad y can- 
tidad de las mercancías, é inmenso número de los traficantes. (3) 
Considerada la plaza, que según algunos de los circunstantes no ha- 
bían visto otra mayor, más poblada, ni en concierto en Cónstanti- 
nopla, Roma, ni otra ciudad de Italia, se dirijieron al inmediato 

(1 ) Bemal DíaM^ oap. XO. 

(2) CSonsifltese para estos diversos pantos, Bemal Díaz, cap» XOL-^Corftes Caitas 
de Belao. págs. 101 y sig. —Gomara, Crón. cap. LXVU al LXXXII.—Herrera, áéc 
n, lib. Vn, cap. Vn ai XVHL 

(d) Bemal Díaz, cap. XOn.— Cortés, Cartas de Belac, pág. 103. . 



31» 

teooaUú 0M8teQido.«ii Im'tidBipofi d^ 1» QimftvqaKa Ifartdeloail 
pata ñraUfiaricGii igl:¿e'M#xie0^> ú b sancNi estaba ta^iMU), siendo 
•ImáB siui<teoio 7 ¿madei del calpuUi; Áatos 4e cofmeiuait la laU- 
de de la gcac^a'éeoe&eYar, tinfetoii ceie ^fad júm piineipalae msin^ 
dedos ite'Moleeuhsama^ para toauívde los brasíos al general y saa»- 
teataiie i|flxa<ittQ no se oaneasb; Me no admitid el eupofo^ mkáb 
xeneUaeieate segaido de los eoldadoe, j CQawio 'estovietitm en ia 
filatafoniia» snpéríorde la pMmidiei, salió el monavea de noa.de las 
oapillaa acoÍD|Nijñado de dos t)8pás, fnó & eoooátiarlos, les ssludá 
oeitesmentay y diri^Bdoie é B. Hernando le dijo: ^VQansado eétaí- 
lás, saioT Maltnche, de saUr ¿ éslei nuestro giah templo:^* á kí cual 
nspondió el geheml enfátloamenffce: ^^^Ni yo ni niis oómpaaexes, nos 
Qsásamos eá cosa ninguna." (f) ^ 

!Dl9Bde aquella altura pudieron oontemplar el grandioso panocaoia' 
del Talle ^snrtero. A sds pies el bierridero hulaaiia del tianquiaili; la 
ida con la ciudad, ras calles, edificios, teocalli, rcanales y oeboas; 
las calzadas con stis puentes prolongadas hasta la tierra firme; los 
legos en cuyas aguas se alzaban algunas diud^des^ ofreciendo las le- 
janas orillas multitud de poblacionéÍB, encuadrando el conjunto el 
fiintnran de aionta&as aiules en los términos del horizonte. Cortos 
d^i6 estasiarse ante aquel bello espectáoülo, si bien de improviso 
ddbiema asaltaile'télrioos' pensamiientos. Metido eñ ciudad tan po- 
pulosa; oon pequeño ejército para combatir naciones poderosas; le- 
jos de todo auxilie; bastada ron^>er las puentes de las calzadas, 
qoilar la oomunicaoion entre las oaUes, privarle de víveres, para 
quedar completamente' destruido 6 correr fuetes peligros antes de 
poder escapar. 

Cuando terminaron la contemplación de los ¿tioe que á la vista 
taaíany dijo Cortés á Fr. Bartolomé, de Otlmedo,* seria bueno hablar 
al Moteonbioma, rogándole les dejase hacer ahi su iglesia, A lo cuál 
eantesté^el religioso, parecerle inuy bueno, mas por enti^noes- no era 
oportuno, ]>ués na habla traza en Ü mcviaroa, ^uiiiera ocnioederlo. 
Ydlviénddse B/Hemando á Motacuhzoma^ le dijo por los itftérpre- 
teíí: ^ Muy gran señor es T. M., y de mtU^ más es m^rcícedor: b&- 
^ mes holgado de terTaestoDas ciudadesi Loque os pido por mecoed 
l^es, que pues estamos aquí en edta voisfafo templa ^pi^ noá mel; 



(•.. :r 



lU.BflmtJM^eip.XOn. ^ ^^ 



"treUraootioftdkMMytealM.^ ÁnteB de leipMidar, pidió lioraais 
el monaica para huldareon lot papai principales; híaola aaí, yoL 
viende á breve rato para deijai: libre entrada áiloe eaatdlanoa^a lu 
a^>illa8. En el aantuario se yeían dos bultos edesales, uno de Hat* 
tiilopoobtli, el otro de TeaoatKpooay ostentando ambos sus atribotoe 
fflmbólioos, 7 cabiertoa de oro j piedras preeiosas; los mboDienes, al* 
tares, suelo y paredes, estaban renegridos coa las costras da lá san* 
gre,. arrojando todo repugnante y nauasabundo hedor; á trnvés del 
humo del copalU desprendido, de los bvaesriHos y Iterfumadoves. se 
distinguían los corassones saogiientoB de un reciente sacriáeio. Oe 
semejante vista^quedaron disgustados con raaon'ks castellanos* Oot^ 
tés, como medio riendo, dijo por Marina: ^^ Se&or Mpntezuma, na 
«< fié yo cómo un tan gran señor é sabio vare&ooiQO T. M. es^ no ha» 
*^ya coligido en su pensamiento, como no son estos vuestroa iokflos 
\^ dioses, sino cosas malas, que se llaman diablob. Y para qtfe T. 
^!^ M. lo conosoa y todos sus papas lo vean claro, hacadme una mer« 
*^ oed, que hayáis pee bien . que en lo alto de esta torre pongamoa 
'^ una cruz, y en una parto destos adoratoríos, donde están vuestro 
^MluicUlobos y Tezcatepuoa, haremos un aportsdo donde poogamoe 
^^üna imagen de Nuestra SeQora (la cual imagen ya el Montesraina 
** la había visto), y veréis el temor que dello tienen esos ídolos que 
'^ 06 tienen engafiadoaV A semejantes palabras, dos. sacerdotes pm- 
Eontes se mostraron indignados, y. el monarca mismo medio eaojádo 
contestó: ^^ Sefiór Malinohe^ si tal deshonor coino has dioho creyera 
^> que habláis de decir, no te mostram .mis díosies; aquestos ténemop 
^^ por muy buenos, y ellos dan salud y aguas y buenas sementarais 
'* ó temporales ó Vitorias, y cuanto queremos, é tenémes}os daaÜor 
^^ rar. y sacrificar. Lo que. os ruego es, que no se digao ^tite pala- 
^bras-en su deshonor.'' Mirando el sesgo temado parala oenversan 
cien, el general safaidóv diciendo >cfífk alegró óaia. *^ Hora.es que T« 
^' M. y nosotros nos.vamos*".. Mótecuhzóma replicó, ee quedaba adn 
para «placar á los dioses poc él gran pecado cometido eu'snseftar 
sus ^iiñénes á I98 extranjeros: . ^.Ptietf que ast es, dijo .entóntsés 1>« 
^Itarnáttdo, perdone sefioi;?' y mióntras.Ibs.blaiice& descendían ddL 
teoaalllpaiii'-dtilijivsei^ ed caatiel, jA monama-ee BÍD6tte.al<ilintna^ 
yio4'desagniriaV'4ls«to'd3ns8/ i^ - ^ ^^' ¡"'^ h.:¡rri».' r-ri 0. p .-'. 



(1) Benul Días, cap. 



XCIL-Hemn, ááe. U, miva^mp^ÜGUímííbáÉMm 



'^ 



to. foimaion con mesaa un altar w ol cóalaa decía la iqís^ Cortea 
envió á rogar á Motecahzoma, con Mai^na y el pajerQrtegnilIaiJI^ 
diosa licencia j^ra poner capilla on fina salai y albáfiiUs 7 artlfioaa 
al intento; oooñntió en amba^ cofas» do maúera qne i cabo dd. traa 
días, estaba terminado el oratorio con su altar J puesta una/^^fan 
oroz (leíante del edificio. En aquel altar Ijuyp lugai; en lo dejado- 
lante el4Nu$r¡ficio, '* hasta que se. apabó el vino; que como Cortés 7 
'* otros capitanes y el fraila estuyieron malos cuando las guerras d^ 
*' Tlaxcalla, dieron priesa al vino que teníamos parainiaasJ' (1) ti<^8 
jsoldados hacían oraóion delante de las. imágenes, 6 bien se^^r^pdi- 
liaban delante de la cruz, sobre todo al Ave María, f^ cruz ^ojjé- 
ría la susceptibilidad religiosa de. los méxíca, pue^ era ía ÍQ6Íg;nm 
de duetzalcoatl. 

Bascando «1 lugar más á prepósito para levantar el altar| ^1 car- 
pintero Alonso Yafiez| vio sobre una pared la señal de, una puerta 
tapiada y . bien disimulada^ como era sabido entre los castellanos 
que en aquel palacio' estaba encerrado el tesoro de A^^ayacatl» Y^- 
ñez comunicó sos sospechas Alos capitanes Juan yelázquezde.LeQñ 
j Diego Francisco de Lugo, quienesfrá su vez 1q, comunicaron á .Cor- 
tés. Destrozada aquella parte del muro, encontraron una pjierta 
estrecha, la cual daba entrada á una espaciosa sala; en 9I centro 
había un gran montón de oro y piedras preciosas, de tanto, taipafiq, 
que un hombre bien alto no se distinguía al otro lado, <;o1g^ban,dP 
las paredes rodelas y armaduras de rica y fina, hechura: arrimadcMi 
á los muros había fardos sin cuento de rica^ mantas, riiperos^ de 
platos de oro, vasijas de diferentes hechuras y cuatro, platones ta- 
maños de una rodela de preciadas ^bores, todp.cubiartp. de polvo 
cuál sühubiera muchoaaños que en ello no se pusiese Qiaoo /^(^ 

Era. un ininento tesoro cu&l nunca la imaginación soñó. ni en Ips U- 

^ « 

Cb.' IV, oápi XLyiII.>-X<& ma^r parte.de los autores, PresQOtt mcluáije, admiten 
Mbeir fado 'ésta VÜtia al iempÍ6 mgybtáe "Méiíeó, .Í3L ieóctíñ, iiétb étítótíé^a partís 
¿liasteUiujOB; fjaé^láe ISátískiao;' altf fixpteswiaeiiia ]úi Bftcnut Bdtti^ Díaz, 'eií Idi «i. 
pítalos XC}i XCIÍ y, ClfX^Y- ; pcmfí»W«lo,; qpif^ la Vlaa^40J^ gran ^isfít/t^fí^^ 
taba Junio al teooaUi da Tenoohtítlan, sino del de Tlateloloo; el haber salido Oortés 
i caballo, eto. Véase García loazbalceta, Dialogas de Cerrantes, pág. 201. 

.••li'-y .'[r'> ,s^:a i . u (£) 

(í)P.DAr¿.8egaBda parte, cap. UXIIL ^^ r.z: J ,q.^ .«;.. J 



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Üróü-an iSiludléñá: aceitó; ebn I0 ádqotHdo éa ^c» ptfeblod déí ,Mit- 
Idib y t&0;cdjí!6á£C¿/dádltM a¿ UfotecuWma^^liábtíá bcArádb ^pstfa 
TOííqtíeeéi'' ál ¿J^érdito/ |^É como yo lo tí, digo qiviííé'^aániíré^é 



^•:6leía liá'bef otras 'tatítafi.'^' "(1) Cortés mapdó pónfer ik' pjiVrta te- 
'ÍDád^étftabaVÍ)M«ánao 'úibguW fié átíeViera á tocarla; '^ '\ ' ' 
* Ségün'orra v'eiBiotí, él lüiiBíDd 0. HérQapdp déai^abfidlá puerta 
tapiada,, ia .matiad abrir .7 dio con varios aposentos, en los cuales 
'eíásMd guardado' él 'tésóró de 4^ájácall y de otros reyes azteca, 
't^érteti^ietite' el todo, ya aVes^do, jra á los dioses. Algunos dias 
HAspué^^' jrá tmabdó Móiéclibzoíua estal)^, preso en el cuartel de Tos 
'l^rtellanoV áé le aeefcó Cóft^s y le dijo: '* Estos cristianos son tra* 
▼iesoB, é andado por e3ta casa ban topado abi cierta cantidad de 
dro, é la báa '^tomado; ^b ieclbaís de ello péna:^ é él ¿Ujo llberal- 
iñéute: ^^'Esq es dé los dieses de^te pueblo: dejad las plumas ií 
lóósi^ <][ue no sean dé oro^ y el oro tomáoslo^ é yo os daré todo lo que 
'yo ténga^ porque babeis de' saber que de tiempo inmemorial á esta 
parte,' tienen mis antecesores por cierto, é así se platicaba é platica 
éütre' ellos de los qué boy vinimos, qué cierta generación de donde 
nosotá^ désóeodimos, viúo á esta tierra muy Tejos de aquí, é vinie- 
ron en ñavíod^ é estos se fueron desde á cierto tiempo, é nos deja- 
'f^n t)obladós, 7 dijeron que volvierien, é siempre ben^os creido que 
69 algún tiempo bab'íán de venir á nos mandar y sefiorear^ é esto 
]|án sieúipte afirmado tiuefiiros dioses é nuestros adevi'nos, é 70 creo 
que agora se éumple: quiero os tener por señor, é ansí báré qué os 
tengan todos íDl\A vasallos é sút^ditos á mi poder.!^^ (2) 
' Aunque de distinto géiiero, bicieron después otro baüazgo. En- 
golosinados con k> del tesoro^ no dejaron rincón en que no buscaran 
jf trastornaran, basta descubrir una entrada secreta de la vivienda 
en qjae estaban recogidas las mozas consagradas al templo, oon car- 
go 4o cuidar el fiMgo perpetuo: fueran estas doncellas, especie de 
Mátales, ó bs mujerea de Moteoobzoma recogidas 1 la sazoa alii, la 
^mtmk^ftcibtt así entablada fué contra la conlbineneni. (3) 



(1) Benud DíáSi OH». XGm. 

(2) BélM. de AnMs d* TapüL aj^ Otxoía Zciiib¿¿¿^ 
(S) P. DwAb» MfÉ LXXTIT> US. 



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ro^ de,^8^ta8 hepl^^^ypr. loa^.^jobM ^i^i^alpb^^s^^s fj^ft^o^fcttlfe 




proyecto, mas como siempre, aparenta^; ^pqiftpdf^f^j, 4^^ 

d^cUo^ xppetidos.de^l(^.alifi^dp^,,.l^f^^^ 

ac,iuiae¿^(>49 ppr^di^ í loa méx^a^ ,ftff[^ftfip j|fpp^^<^ jD^csju^iofrí 
H^it^loBOfibt^^ habíaft p^ra^tid<^,.J^ eptj:^, 4Íí Jpí^ .bjfllivjw .W ]^ • 
ciudad,, p^ I)9darlo8 ^p dp^tn^in i^á». ff cüi^eojfcej PfíM ^ f ^fi JítP^' i 

hasta éntóü.^es 8^.h^/% o^^tradp.^n^ ^lx»gp,'podr^.irai?Utr ^-?^r 
tíipieqtQs toi»4Q<^^ ,eft pQdeíos.o ew^igo; . t» piúdftdr • wfft f uert?i; ^ 
cercada por to4as rpartes de agua, sobrarla . ipoJd alzar las.^pueptea,;, 
quitan 1^ comuDÍpapi{)peij^» para qú^dfitf ^ogmpl^tap^pte «úala^ 
poder recibir auxilios-de Tlaxy,^!^ ^i de..jaipgu9a {^art9(.. ij¡;ifue^.^ 
era el ptluierQ de los oo.ii tr^^os f, ellos p€^p«y ^a mauj9X9f qua ep^-^j^ 
80 de gabarra no j^e pofjLríau yalec^lá^UmeAtá, ^^ipfts, teuiepdo a^r^ 
su poder al emper^Aor ^zteca^ adquirlaqr la* completa .s^gpiidfl4 ; 
peisaoual que a) j^i^ept^ ks f alijaba;^ salyabaurde e^ta zQao^rá.SM:. 
vidfi^ 7 lp|í teaopos basta eiit^inees reuiúdos^ aumaptaríau ésto^s, y im9j| ^ 
lojí paíi?^, sujetos ^ México, obe4ft9eiJía|i4^'b?Wi5?»do 7 .aQudkíijf^ .. 
cou el tributpi y. fiu,%li^eote, qm> de.gp:^w», t^i^w .^p su jwd» w.-;. 
heues sA^dos para libziirlop de uu couflipto, (2). Iffltos,7 Qtraflí 9iii9- > 

Tazpuipif ofiuirriarouiá Ips do la juBti^ ^.V^.^J T^^l^ ^l^^^^^f^'^^io 
la . ccuyeiúeitic^ iusu&qi^e? ea demjtasíai ffi^mipoT el la4arda;lf n. 
gratitud r7. dé la ju^tigia, . - • T ': ' ■ - > ; 

143^ di&cultad dí^l caso eousistia eu .tpip^r ^ ü^r^ijia del.^pptar. .^ 
dor en su propio palacio 7 en medio de su corte, sin que aquel ape* ^ 

.■ • L_ '- .'1 ■ t:..Iw 1:.; •. .¿ I ) 

(1) Cartas d« réUw. ]^to Si, 

(3) Cartas d« rtOaa pág. S4»-^BenMl I¥a^ /M^e X9^ r ,r.. 



nfii^' á snit ^éiréííoi, y Wa^éAdo \oé ciudadanos laá atmiM, comen* 
»ílk lá'gnéí^a ' que á ¿jdd'tüánoe se pt^ieúáfa, ctitar. Sabían, 'es 
viSMbB/qfaé tá ett^üétá tóftenía casi aislado ál monarca en jbiib xéCÍ- 
rfido^W^seritbá^^^ át sál& á 1¿s patios 9 en W calles' podía tras- 
lilfeirsid'I& Verdad 7' coménsár él alboroto! Q;nedó conóertflfdo definl- 
tivatQéhtei'^'cón buenas 'glabras sacalte. de su sala ytráello á 
'^ñüé¿th)8 a^xiséiítós 7 décülé que ha de estüt preso; que si se alte- 
Vili¿é;"(l dié^d*' '^cneft, qué lo pagará su persona.^' (1) El plan era' 
8ÍWfe8é¿do,BÍinqu6 eipéditiyo- 
* Tan' iniíYdtidámento justifioádo se emprendía el paso, que para 
eííga%átl^pt<()pill céncténciá, 6 pHhí darle visoS deUUbMbo túbtt^ 
y&dl)/l>! Semandd^ %U8c6' un fíretéxto, siquiera especioso' 7 traido 
déléj¿sP fisto íe suministró la bluerte de Jtian de Escalante. (2^ 
Ctom6^rb¿ófÜáfeniM, este capitán habla quedado en la Yllla Rica^ 
céti citBhtb ctñcáéutá de los soldados menos útiles, entendiendo en 
la'oonstrticclotif de )á fbttalézá* 7'á la mira de cuanto por el -mar se 
ptiesenifars. t^)co después de internados los castellanos rombo á 
México/ Ouauhpopooa, sefior imexicano, jefe de la guarnición impe- 
rial de Nauhtian, envió mensajeros' á Escalante, diciéndole, deseaba 
daírle la obediencia; pero tenieüdo que atravesar Ifierras de enemigos 
7 no queriendo de ellos ser ofeudido, le enviara cuatro espafiole? 
para servirle dé salvaguardia eíi el camino. Envióle el capitán los 
cúSstf rU ' Aoihbres, mar cuando Ctlatihpopoca les tuvo en las manos, 
fingiendo lió éet éí autor, ^andó darles muerte, pereciendo solamen- 
te dos, pues los oth)s dos hu7eroTí heridos Á ías montatias. Sabedor 
dé aquella perfidia, Encalante salió de la Villa Rica con cincuenta 
castellanos, dos de á caballo, dos tirillos de artillería 7 ocho ó diez 
nüt aliados; se dirígib á^auhthi, derrotó á los enemigos, qdemó 7 
déstru7ó la'^oBlkdoú, en^taúto Cuauhpopoca 7 los sefiores sus par- 
cialéi^ sé salvaron i^íor medio dé la fdga. Delós prisioneros tomados 
eu'^átthtla, sui^ Escalante; cotno Motecuhspma habla dado ótdeu' 
á iE/ué2tihpopó(!a 7 á los demás sefiores, para que luego que los cas-* 
tellanos dejaran la Villa Rica, fuesen sobre los pueblos rebelados 
para réducirlds^ á la obediencia, poniendo todos, los medios para'ma- 

(1) Bemal Díaz, cap. XCIIL * 

(2) Cartas de relae. pág. 84.— Gfomara, Cidn. oap. LXX^ffii; Üáce áoaroa da ealo; 1 
«« la oca8Í<m y achaque que pate'^o Wiveffttf b uaerto'^ ftOi 



/ 

tar é k» oMtelkMi. TU ^ k nlaaioa dtl haebo por D« HorMitcÍ¿, 
fiiieti dioe hatterteeibido la noticia por oaita del oapiteD, eitaada 
ion 6B Ui oiadad ée Gbbkllao. (1) No Mbemos atinar en la maiie» 
mpíMsta en piiolica por Eioálanto para darte cuenta de la verdad 
de loe aeontedttieales, caredeado, como careóla, de intérpretes to- 
tonacae y nahoae. 

Snecmtiámoe otra ▼eníon distinta. (2) Giiaahpopoea, jefe de la 
gnamidÓD méxica de Nanhtla y Tockpan, (3) exijió bastimentos j 
pidió el tribato á los pneblos oomaroaaos; ambas cosas rebasaron 
les rebeldes totoaaca, die^endo estar ya sojetos á los castellanos, y 
carne tales qpiedar exentos de pagar peelio á México; insistió en sa 
dsuBMmda el jefo imipenal, aftadiendo la unenasa, caso de resisten- 
.oia, de venir á destnir lae poUaciones. Intimidados los totonaca, 
oonrrieron con su qneja i Juan de Escalante, qnien envió mensaje- 
IOS á k» méxiea para intímarles, no hieteran ofensa á los pneblos 
sns aliados. Cnadbpopoca* desprecié el mandamiento, retando á loe 
caateUanoe para el c%mpo de batalla. Escalante adió á ca m pafia 
con dos tiiDS peqoefios, tres ballesteros, dos escopeteros, cnarenta 
peones de los más sanos y unos dos mil totonaea; al cuarto del alba 
áib con los mézica en un pueblo que á la saaon estaban robando, 
tmbándose una recta pelea; al primer encuentro, los aliados se pu- 
sieron en fuga dejando solos á los oasteUaaos, mas éstos pelearon 
muy bravamente basta desbaratar á los méxiea, tomar á Nanhtla, 
quemarla y destruirla La victcria costó caro; Escalante salió mal 
heddo, le mataron su caballo, y otros seis castellanos fueren iguid* 
men^ lastimadoa El capitán permaneció poco tíen^ en Naulttla^ 
retornando en seguida á la Villa Rica 

En la batalla, los méxiea cogieron vivo á an Arguello, natural 
de León, quien traído para México, murió en el camino, de las heri- 
das; cortáronle la cabeza, y ésta trojeroo á ensefiar al emperador. 
El castellano tenía la oaberA grande, el pelo.y las barbas negras y 
crespas, el gesto sañudo, y con la palidez y contracción de la muer- 
te y las manchas de sangre, el despojo era feo é infundía miedo. 

(1) Csrtat de x«Im. pág. Sa«S4. 

(9) Beraal Días, osp. XOIV.— Herrera, dée. 11^ lib. YIII, eep. L^Torqnemada» 
Hb^ IV, eap. XLVHL 

(9) NaQUa, hcy Uanuida povloe oaateDanoi Almería. Tarpán do Bemal Dúat 
Tochpan, ahora Ttupan: ambos en el aotnal Estado de Yeraomz. 



3». 

?»fa> por siifl jojo^, )r cnaqiieUaa HgfáMJá fifakintaoiléobnodlé 4 lof 
liMilNfea; bbiQOOiíy bsrbiídoiv 4f nabidM léúM» «iaiSgaar pMhciaiC 

l<Mí todaris ^/JAivinw^'for -ra ofttwi^ÉitWijt lafaaÉiáviMpiieate aé 
haber podido ser vencidos en tan corto número. HonRMfimdo hiaaiki 
qililaraat d» la visiaiaqmelU jseUqniai ttataéwdo n« M' pasináfen 
templo «Iguana de la^ dudad,; sioa multaré disiento.. (1): Todo eife» 
habla aiiontecido ániet de laaotrada de JoS' eafl¿eUaBoa en Méxieo^ 
Eoeontiado el |>iteteKtó, tomada la néaeltmiea, penaift é todos Aan 
p^igsoeó llemrio é ttd)a, que ^f toda la naabejeatiKfteot. eefa ^*¿pa^ 
\^. dre da la Iferoed^ rogando á D&ni qae le enoaüiinasó pato sú saato 
VeerTÍoio." (2) Al dta siguiente, seSákdo para la eiftpreía, binas . 
catorce de Noviembre, á la coenta de Gdrtés, ó sean seis días dea* 
pues de aposentados loa eaktollanos en la eapatal, algoaostkixcalte» . 
cas y españolea infennaron al geocnili estar dtspoaióndose Moteoub- 
aoma para la goena; 4 cajo intento pensaba poner por obra qolébmr* 
laa puentes de las calles. (3} Iba esto conforme eon, iaa asev«rÍMÍ#- 
nesde los soldados, asegurando se dearergoaaaban los májordomoa 
no trajeado tan cumplidos mantenimientos come áates^ y con las de 
losilazealteca haciendo* entender notaban merto&apmtos hestUes. 
Muy temprano, ademas, llegaron secretamente dos indios de Tlax- 
calla, trayendo una. carta, en la cual el comandante de la Villa Ri*^ 
ca participaba, haber nnierto Joan de Escalante y otros seis soldadoa 
de resulta de sus heridas, á consecuencia de lo cual, si antes los te- 
nían por dioses, ahom conocen ser mortales y poder ser Tencidoa, 
por cuya causa se les descomiden asi méodca como totonaca, lea 
pierden el respeto, y no saben cual remedio tomar. La noticia en rea- 
lidad esa alarmante; indispensable se hacia tomar pronto remedie* 

(1) Benud Díu, úvp. XCIV. 

(S) BeisJEa Días, oapw XCIH. 

(8) IxtlüxochiO, Hist. Ghiobim. c&p. 85 MS.— A este propósito escribe: "7 ha- 
blando según una carta original, que tengo en mi poder, Úrmáda de los tres eabeías 
de la Kueva Espafia, en donde escriben á la magestad del emperador nuestro seftor 
(que Dios tenga en su santo reino), disculpan en ella i Motemüizoflis y K lofl steiiea- 
nos de esto y de U» demás que se les argayo, que \ó oierio evS, ^qite fué tirrenoloii da 
los tlaxcaltecas y de algunos de los espafioles, que no yeían la hotaí de aaliraa» ds 
miedo de la eindid, y poner en edbro ümoiaecablefl xiqueías que habite Y^nida 
Á BUS manos." 



SIS 

^ é J[|[rtiti,iinlMmíiá {Éu»ryiiítari«9;7; oMeiiUas} GorMíli 9&*dii«igí4(i|]f: 

det eabioitós «éé^aac^ransf eiitlilif QoemoijthdM da<>la8/4}41ei .^«rio* 

dMea áo9i 6áé tres «»'lim, cotid paseuntot etkrmM «e diiIglMi aI; 
pdaeio^ miníio, «postáadose eoias p«Biia4 .ypdAtoSf pn>oiu»«diir'M 
oanflsr 0Mpei(dia- '«%«■«; .^ * .:■•- i- 

Como de costombré, el emperador se adelanta i!pi M.iCftte lá ránt* 
bív á tShtMñ y.é'8Or<i^Hlaiiet,;C0D¿aiítedol<M.al ««femdó {Mica dte- 
}6» omnWii Por te«lio 4é; 1«b isl^prétaa Agailat y .-Marina se eo^ 
pettó ié cQBfMsacttni^faaUaÉdQ'de'Ooaali tndiferentes^. lita j .plaMo; ^ 
ebAadifiMo manarea^ obaaqníá i «a9 kaétpedes oonjoyaís <de aro; ínn . 
na siempre :haela^ y para é8tDect»r ias oralaoioBes ooa los blancKiAy' 
á»é}eiiipkK'da..ló s^boiit$do paDlos totoaáca^ y de Tkxcalla, di^ ntea 
dé «as Ujaír por espMa a Ooités, y otraa hijas d« stñorefr á los (»plh 
tanas presMOesb. (2) .Admitidos k» draes, ooaiido el general efld<Hli- 
lé estar ooittp^dás' sos 4>fdaiiea y en sus pnestoa ke aoldad^^ tof . 
xoniídotítl airé-s^ero se dirtjidiU emiperador dioiiadole, '*ya estoy 
ia4brúiad0.4e lo^aoeotecido ea Nautla y de los espafteles que allá 
batí ^állo^mil«rtos; CaafapopociaftEtittor delda!k>i lu^dicáio no babei- 
lo podidoi exeus^r, paes fué* por mandato ! vuestro, yo no lo creo así,' 
y sin dcMla loidiee Cuahpopoea para <£sca1pafrse; paréoeme qoe de* 
beis enviar por él y por todiw los sefloras «Hipados en a%aelliM mnei- 



(1) BernalDíaZy cap. XCIII. 

(2) Cortéfl, oArtas d^ xeXsuQ, pág. 85. D. Hernando na dioe una palabra acarea de 
si acepto <$ nó la dádira do la hija del emperador: jaxgamos habar aceptado, así por- 
que <}n aqtieiUiA o^omei^toe proourabA captarse la Yolantad d^l monarca, como por 
sacondoista pa9terÚN;. ^^on^ár^.. Ccón. , cs^. LXXXIIX» dioe, q^^ la tomó porq[ue ^o 
f qera afrentad Motecabvoqiia, ''mi^a dia^W qine era caeado y qne no ]& podía toooar 
" por mujer, oa sn ley de oriatianoe no permitía que nadie t^.yi^d más de ana mnjeic» 
'*8o pena de infamia y aeftal en la frente por ello»"-r- Adelante TolTeremcg sobre es- 
te punto, cuando de ello luiga mención Bemal Días. 



St4 

tei| {«n^'Miber to Téfdod j oastigiiflM, A fin ds fo» mi Tej n^ 
irmrtm l)(iieba véluQtad^y'no aea<iiie'porcl£oko de eetos múom 
en lagar de las meroedes que os mandaría haceri le provoquen A im 
j m mande haoorStafío^ (l) Al oir sem^airte «oaiaeioD, MoteodíBo- 
xaa'^qnedd aterrado, respondiendo no haber mandado tai oosa, m 
haber nnnoa dispuesto tomasen annos oontca los Uaaeoi, «n iMneha. 
de lo coftl inmediatamente iba é mandar traer á los goerreíos aonea** 
dos, inqntriría la^ Térdsd y castigaría á qüiea resnltaia con enlpa.' 
uniendo ala promesa el efeoto, Hamóá eiettos-noUesde-sa servi» 
dnmbrs, á quienes entregó el sello real qae al bvaeo tesÉt atado, 
mandándoles fuesen Inego á Nanhtla, trajeeea A Odahpopbca y A 
cnantot hubiesen ddo en la muerte de los castdlanes, j ú resietín» 
sen los tomasen por fuerza, Jicudiendo á las guavnkiones dalas pro* 
yinoias oerdanas. ^) 

Bada satisfaeoion tan cumplida 7 pionta^ parecía no quedar mo* 
ttvo alguno para pasar adehtdte] peco salidos apenas Lm m^isa- 
jeros, D. Hernando se 3ncar6 de nuevo al monarea, diettadoU:. oa* 
agradeaco la diligencia qne ponéis en la priiioa de eeoa makwi poi- 
que 70 tengo de dar cuenta ámí rey de los castellanos; mas pasa, 
darla, es preciso que 06|va7ais conmigo A mi posada, hasta tanto la. 
verdad se aclare 7 se sepa ser 8in]culpa vuestra; os niq;o no reci- 
báis por ello pena, porque no vais ocmio preso^ sino con toda vuestra 
libertad^ siii poneros impedimento en vuestro mando 7 sefiorío; eO' 
coged cuarto en mi aposento, pues ahí estareie A vuestro placer, 7 
ninguno os dará penaSni^nejO) 7 antes bien, los de mi compaüía 00 
servirán en cnanto mandáreis.^'|(3) Indignado Mbtecnhaoma A se- 
mejantes palabras, respondió con entersea: ^'No es persona la mia 
para estar presa, 7 ya que 70 lo quisiese, los mios no lo sufrirían^'' 
(4) Siguió ' la >por fía, rogando ahincadamente los Mancos, cesiatien^ 
do con obstinación el monarca. La conferencia se había prolongado 

[^1) Cartas de Belao. «& Lorenzana, p^.285. 

(2) Aceroa del sello real, Cortés] pág. 85, dioe: *'mia fignra de piedra peceña, á 
manera de sello, qae él tenía atado en el brazo."— Benuil Diáz, cap. XOV: "y luego 
en aquel instante quitó de su brazo yj^mufieoa él sello y aeflal de Huiofailobofi, qtta 
aquello era ouando mandaba alguna oosa grave é de peso para que se oumpUese." 
— Ixtlílzoohitl, oap. 85: '^ se quitó del brazo una rica piedra donde estabs eseuljddo 
^a rostro (que era lo nüsmo que tm sello real)** 

(8) Cortea, cartas de relae., pág. 86Í. 

(4) Belao. de Andrés de Tapia» fipttd Oareía IcásebaleetA, pág. 599. 



jfor eaatro kcn», é iiiipaoÍ6Dte al cabo YeUaqnes de León, con rofi* 
tto fiero se vohió á D. Hernando diciéndose: ^fyné hace vaestra 
meoced ya con tantas pala1nra»f O le llevamos preso, ó le darémóís átí^ 
eilocadas; pcNT eso tomadlo é decir qtte «i da voces ó hace alboroto, 
qñe le matareis: porqne mfts vale que desta ves asegarémos nnestras 
vidas ó las perdamos.?* Motecuhzoma no entendió aquellas firáses; , 
mas en el. tono de la voz y en los gestos comprendió hk amtaaza, y 
preguntó & Marina cuál cosa había dicho el enojado capitán: la in- 
dia le tradujo el discurso, afiadiendo de propia cosecha: ^^Sefior 
Hontezuma, lo que yo os aconsejo es que vais luego cóñ ellos á su 
aposento sin ruido ninguno; que yo se que os harán mucha honra, 
oomo gran señor que sois, y de otra manera aquí quedareis muerto, 
y en su aposento se sabrá la verdad.*' Motecuhzoma tuvo miedo, co- 
nocía capaces á los blancos de cumplir cuanto en aquella línea ofre- 
cían; sin defensa alguna estaba en manos de sus huéspedes; inútil 
sería el socorro que pidiera, pues más cerca estaban los aceros cas* 
tállanos; preciso era resignarse queriendo salvar la vida. Bajo la 
impresión del miedo insistió, diciendo á Cortés: "Sefior Malinche, 
ya que eso queréis que sea, yo tengo un hijo y dos hijas lejítimas; 
tomadlas en rehenes, y á mí no me hagáis esta afrenta; ¿qué dirán 
mis principales si me viesen llevar preso?* ^ A lo cual respondió el 
general: "Vuestra persona ha de ir con nosotros y no ha de hacerse 
otra cosa** (1) A tan perentoria réplica el monarca inclinó la cabeza 
agobiado por su fatal destino, ofreciendo ir al cuartel. Entonces le 
oolmaron de caricias los blancos, reiterándoliB los ofrecimientos de 
consideración y buen trato; previniéronle bí, dijese ú loar suyos to- 
maba esta resolatcion por mandato de Hultzilopochtli y consejo de 
los papas, que ' aquietase á los capitan3S y soldados de su guardia 
y sosega9e. el alboroto del pueblo, siempre con la indicación de irle 
en todo ello la vida. A cosa de las tres de la tarde pidij& el monar- 
ca sus andas, trajérohlas los nobles silenciosos y Ugrando, pusieron 
en ellas á su amo, y custodiados por los blancos siguieron tristemen- 
te por las calles, entrando al fin en el palacio de AxayacatL Dio el 
pueblo síntomas de alarma, sosegada pronto por orden del empe- 
rador. (2) 

Cl);Bem$l Díaz, cap. XCV. 

(2) Oártad de relaó. pág. 85~8S.— Bemal Díaz, eikp. XCY.— Oviedo, Hiát. ^eJM 
Ind. lib. XXXIII, oap. VI.— Bélsoion de Ahñréé de Tapia, pág. 579.— Gomaza, 



m 

|IotecnlizQi{ia ^ab^ 4iaa4o de aei; r«f , salto de sapalaoiQ ^a»: 
i^q tof'xiar, "E}^ orj;ttUoso, el déspotí^, ei 8eiAÍ4k>S| «e había, tirasiormiii' . 
áfi ea cautiyo 4e los barbudos teu\es. De U eACOiabrada altaba que . 
ocupaba, bab(a ^eficeadido i arrastrarse pfv.. el cleiu),r de cobarde., 
apego, i una vida que f a . teiiXar perdida al -^tregarsp á- los blancos» 
Nioj^ r^7 de los T^ptodosQS de Mésipo se^^babría dejadQ. aprisiona^. 
iI^p1mex^el3Jte en. SIL p^lacioi y.eu idéatioas^irp^ostMcias, preferixlac 
salir despedazado á dejarais ^evarpor sus ,eaeiqigo3.*MotecubzoxQi^ 
es una figura innc^ble,.. Repetí das veces por .nikedio de los embajado^ . 
rea proij»eti()le . CorUfi pa^]:le sus favpres "coubnenaa obras;" eoii* 
creces le cumplió la palabra. Sí con^ hombre y caballero hubiera, 
faltado en sus tratos con un europe(\ Bí He^najido se hubiera aver* 
gonzado de í^I propio; pero se trataba de un idólatra, de un bárbaroi| 
de nn indio, jr tanta supercheria^la acepMba coii[K> agudezas del iu- 
genio. La prisión de Motecuhzoma qomo' rasgo de audacia, asombra^ 
comp hecho pólffi.do^, irrita, (1) 

l4L ciudad dio síntomas de amotinarse, mas como el monarca 
mandara sua emisarios con órdenes á todos de permanecer tranqui- 
los, reapareció aparentemente la calma, si bien desde ei^tónces que- 
daron perturbados los ánimos. Jáotecuhzoma fué aposentado en e} 
cuartel en una vivienda cercana 4 la de Cortés, la caal fué decora- 
da como el- palacio esta1¡>^, siguiéronle sus mujeres y servidores, tra- 
yéndole ademas cuanto podia hacerle falta por estar á ello acostum- 
brado. Cortés y los Castellanos le haoian comedimientos, tratándole 
en manera de darle placer; le acompañaban sus palaciegos, y le veían 
cuantos querían, pues las puertas de la prisión ataban fraxicaa. 
Muchas veces sus parientes y principales nobles le consultaron para 
sacarle de ahí, á lo cual respondía^ haber determinado por su volun- 

Crún. cap. LtXZm.— Herrera, Hist Genera), déc It, lib. Vni, cap. III.— Tor- 
quemada, lib. IV, cap. L.—IztUlzoehitl, Hist Chichim. eap. S5 MS.— ClaHJeio, 
Híst aatigaa, tom. 2, pág. 71 7 sig. 

(1) "Puesto que otras yeces hablando con él en rij[isi90 en eonTera^on, 4i<ñ^n^ 
dolé yo con qud justicia y conciencia había preso aquel tan gran rey Moteczums ff 
nsnrpádole sus reinos, me oonoedió al cabo de todo. y dijo: QiU noA itUratper oé^ 
tiwnfaregtetlatro. llntónces le dije á la clara, con palabras formales: "Oigan 
''vuestros oídos lo que dice yuestra boca," y después todo se pasó en risa, aunqna 
yo lo lloraba dentro d» mí, Tiendo su insensibilidad, teniáu^ole por malarentorafde-" 
Casas, Hist. delaalnd. lib. líi, 01^. XC VI.>— Las palabras lajtin^i pgonn^oiidaa 
enf adadamente por Cortés quieren dadr. . 



'flad perttuinecer ugnoos dias con los blancos, qtre por^Ilo no se efnoí- 
jasebniaBSurfeccionasen, paes aquella era la róluntád de ttmté' 
lepocht'K, á ¿I ti6mun!cada por los papas q\xú con el dioá lo habíkü 
'Ikélfíládó. Podo sé i^Bdintieron la étíqtretade la corte ']r el setviéio per- 
sonal del monarca. Recibía í¿ \0É embajadores de las proyincias, di- 
íkñiek los -Caeros de jttstidaj daba consultas á los sacerdotes y magis- 
^tra&ós, obrando eh toda tiual si estuviera en el libre ejercicio de su 
Hütor^dad. Sólo qtie guardias vigilantes le acechaban de continuo 
liadeado imposible eü evasión; velaba delante del palacio Andrés de 
MoDJaraz con sesenta peones, mientras Rodrigo Alvárez Chico cui- 
daba el lado opuesto con igual numero de soldados, los cuales sé 
mudaban haciendo sus cuartos de veinte en veinte.- Los indios pro- 
ouraban ponet en salvo á su señor horadando las paredes y poniíen- 
do en práctica algunas estratajemas. (1) * 

Quince ó veinte dias después de la prisión del emperador, es de- 
cir, hacia principios de Diciembre, llegaron á México los comisa- 
rios de Motecuhzoma, trayendo á Cuauhpopoca, al hijo de éste y 
quince nobles más: aquel jefe^ señor de Coyohuacan, entró en la 
ciudad sobre unas andas llevadas á hombros de sus vasallos, y 
acompañado de muchos nobles: llegado á la puerta del cuartel se 
bajó del vehículo, se descalzó, cubrió sus vestidos con una manta 
burda de nequen, y esperó á ser llamado; introducido á la presen- 
cia del monarca le dijo: '^Muy grande y muy poderoso señor mió, 
*^ aquí está tu esclavo Cuauhpopoca que has mandado venir, mira 
" lo que ordenas, porque tu esclavo soy y no podré hacer otra cosa 
** que obedecerte." Motecuhzoma respondió con serenidad: '^quelo 
** babia hecho mal en matar sobre seguro á los castellanos y decit 
" que él lo había mandado, y que asi sería castigado como traidor 
'} i los hombres extraños y á su rey.^ Quiso el reo disculparse, mas 
fiin ser escuchado fué puesto con sus compañeros en manos de Cor* 
tés. (2) '' 

D. Hernando mandó poner en prisiones á los culpados, y proce- 
diendo en su pesquisa preguntó i Cuauhpopoca si era vasallo do 
Motecuhsoma; el guerrero contesté tranquilo: '^jPues hay otro se* 
^ Sor étt el mundo de quien poderlo ser?" A<l^^llft Attnoa respuesta 

■ • 

(1) Bénal Díaiy cap. XCT.— CartM de t»Wos, pág. S¿.— Btoísra, ñéc 11, fibl 
VHIiOH». III. 
(9) Henm, déo. II, lib. TUI, eap, IX. ^ . . < i . 



ádbtió llamar la atencioa del jaez, Intenogadw to4<M i^QMoa de - ai 
Iiabían dado muerte á los espafioles, respondieron que si; pregunta- 
do si ello había sido por mandato de Blotecuhsomai contestaroii 
que no. (1) No obstante, Coauhpopooa, su l^ijo 7 los quince nobles 
fueron sentenciados li ser quemi^dos vivos. 

El dia de la ejecución entró Cortés en la c4niara de MotecubQH 
ma 7 dijo á 6j»te: ^^ Ya sabes que me has negado no haber mandado 
'^á Cuauhpopoca, que matase á mis compafieros, no lo has he^ho, 
^^ como tan gran aefior que eres: 7 habiendo tú sido causa que Icfe 
/' mios ha7an muerto, 7 Cuauhpopoca también, con su hijo 7 tantos 
V de los su70Sy ú 70 no tuviera consideración al amor que has u^ob- 
^ trado á mi re7, 7 d mi en su nombre que de su parte he venido á 
\^ visitarte, merecía» pagar con la vida, porque la 107 divina 7 huma- 
^' na quiere, que el homicida, como tú eres, muera. Pero porque no 
*^ quedes sin algún castigo, 7 tú 7 los tu7os sepáis cuánto vale el tra- 
" tar verdad, te mandaré echar prísioDes." Al escuchar semejantes 
palabras, el emperador quedó mu7 turbado sin acertar á decir cosa; 
disculpóse de nuevo, 7 dejóse poner unoa grillos á los pies mientras 
J), Hernando le volvía la espalda. El abatido monarca, en su esté- 
ril dolor no sabía más de llorar; atónitos los nobles que le acompa* 
fiaban lloraban también silenciosas lágrimas, puestos de hinojos 
sostenían con sus manos las prisiones 7 metían por los anillos nuuDl- 
tas delgadas para evitar tocasen á las carnes: no atinaban á tornar 
ningún partido, de miedo de ver perecer á su señor. (3) 



• - r - - w 

(1) CárUs 4e ttIUc. pág. 87. D. Hemiinda ésoribe; '^E assi mismo les pregunté^ ai 
Vio quo aUi •• hAbíft bech^ ü Imbía «ido por- su mandado (del emperador), y Aje- 
," ron que no, aunque* después» al tiempo que en ellos se ejecutó la sentencia^ que 

" fuesen quemados, todos á una voz (jijeron, que era verdad que el dicho. Mu^z^-. 
" ma se lo había enviado ¿ mandar, 7 que por su mandado lo habían hecho/— Kp0 
piarolitímos dudar de la palabra .del terrible pesquisiáoh. El temor dé la muerté'no 
ira parte en aquellos guerreros para hacerles cambiar de dicho, sobre todo cuan^ 
iban irremisiblemente á morir, 7 cuando ni U misn^ pfoxaei^ de to vida 1^ l^íátt 
hecho faltar al respeto ni á la obediencia de su sefior. (Jort^s había puesto los 0J98 
en eéte pretextó para paliar su uonductá, y no er¿ fácil le dejara íi dé la máno; el pto- 
oMümidntd^^ defendía ^e 0a voluntad, 7 locT .reas átíxit^atispió Á di coaiiiiies¿, s¿- 
pmesto^ el «i^o^r0^decl»ie»k> de la in¿f spr^Marl^, -rrf «Seg w- la dartí^ ^#r^ 
'< (dice ^tlilxochitl, Ilist. Óhichim. cap. 86. MS.) 7 las relaciones mexicanas, noto. 
',' "fcoulpa, -sino que jpor d^rtos afprayios 7 demasía que Ips cuatro espafi^les Ucie- 
*'rbñ, fueron Wiuerios por los naturales de aquellas partes.** ^^^ ',..;. 

(2) Henreí», deo. II, lib. VIII, oap. IX. , • ;\ ' » -. . *.!■ 1* 



ai9 

Laqeoooion tum logar detente del {mUcío U» . Moteooli«Mia, en 
la plaza ante el atrio del templo. Las hoguerae estaban compojea- 
ta« de las annaa sacadas de los almacenes del teoealU y dd Tía* 
oochcalosv «sendos, saetas, líuiisaFi^ vans anojadíse^, espadaSi que- 
brado todo prévisjnente, sieivlo en todo cuarenta carceladas: de es- 
ta manera se privaba de defensa á los ipierosroa de la eiodad. Loe 
castellanos á ponto de gaerra cuidaibaa del ifláén. Caauhpopoca, 
sa hijo y los quince nobles fueron sujetado^ de pies y manos á fir- 
mes postes; aplicóse la llama al combustible y los guerreros desapar 
recieron entre las llamas y los remolinos del bumo, dejando sus cení* 
las éntrelos cartones. (1) Bl pueblo. presencia mudo y asombrado 
la catistroíe, no tanto por la novedad del espectáculoi cuanto por 
el atrevip^iento de los blancos al hacer a^jdella justicia, tolerada y 
permitida por el aprisionado empei»dor. 

Después de aquel acto, bárbaro como todo sacrificio humano, D. 

Hernando tornó á ia cámara de Motecuhzoma.con cinco capí);aues» 

por sus manos quitó los grillos al monarca y diñóle: '^Qiie no 8oIa- 

*' mente lo tenia por hermano^ smo en mucho más, ó que como 09 

*^ sefior y rey de tantos pueblos y provincias, que si él podía, el 

'^ tiempo andando lo haría que fuese señor de más tieiras de Isa 

^*que TÍO había podido conquistar ni le obedecían; y quQ si quiere i^ 

" á BUH palacios, que le da licencia para ello; y depía^elo Co^tóp con 

^* nuestras lenguas, y cuando se lo ebtaba diciendo Cortos, 'parecíi^ 

'^ se le saltaban las lágrimas de los ojoe al Moqtezuma; y respon* 

*^ dio con grancortesia que seJo tenía en merced, porque bien en* 

^* tendió Montesuma que todo era palabms las de Cor^s; oque 

^^ ahora al presente que convenía estar allí preso, porquQ por, venta* 

^^ra, obnao sus prino¡|Mi¡le8 son muchos,, y sus sobrinos é parientes 

^ ie vienen cada dtatá» decir: que será bien darnos guerra y aacsllo. 

^ de prisÜ3Q, que' cuándo le vton fuera ló traei:áp á ello, ó. que i^ 

^^ queriaivete^íSu cóudad^re^eltos, ó-que^si na.haoe .siji yolun^d|. 

^' potf .ventura querrán ^aUar ojbso sefior: y qjuc; ^L-Ie# quitaba de 

&^ aquellos Jieñsamiéntcs, con jdeói}]4ft quis su.dic^ Kuichilobo9 se Ip; 

^^Jha ehvísQo á diécir que^ jestf .(r^so. :S4 lo:]que.#ni^njjyipQps é,]q 

*tiafta4]iwte^,C^ó0.hstfaáa.dicbaiá I4g)ttl»«f 4a }910u«,;AW:>)^ ^1/^99^ 

" de secreto que aunque Malinche le mande salir de la prisión , que 



T»pisirtP*- 



Air.u' 



'^ los et|iítaMs unesios é Joldadoino queirteinofl. T Gomo ^qiiéllo 
*^leoy6elGmVkñi leeol|6 fos Iméusob epcima, y le abhia6 y dijo: ^N6 
^íbo Ude, 8efi«r MónlesuoM, oaquiero taotocoma á:ini mismo. (1) 
- hogísdo, por CoirUa imponerse á la oibdiid ecm un aeto de at^ns^ 
dor strevíVfileiito, oomo el castigo de ' lee nobles. icfiB á loa at«telh¿ 
Des mirtároD, volviá la ateneíen á la naeieoie Tilla 'Rica. Paia lle^ 
Bar la Tacante dejada por Juan de Escalante nomina á miiliidaigo 
llamado Alonso de' Grado, hombre más dispaesto á xiegocips qim é 
eoeas de gnerra y partidaria ademas de Yelássquez; dióle sólo el eu* 
go d^eapitan de la guarnición de< la villa, i fin de entender en la 
conclusión de la fottalieza; y aúnqne el agraciado preten£6 la vara 
de algmidil mayor, y^ D. Hernando la había confiado á su amigo 
Gonzalo de SandoTal. El nuevo comandante U^ó é la pequeña có* 
lonia, y en lugar de cumplir óon 9xs obligaciones, se entuetenía eq 
darse buena vida y jugar, mostraba mucha gravedad eon los veci- 
nos, hacíase servir como gran se&or, demandando por los pueblos 
de los vecinos le diesen. joyas de oro é indias hermosas; ademas en* 
traba en pláticas con los soldados dicíécdoles: que si se presentaba 
Diego Yelázquez O alguno de eus capitanes, les diesen la tierra 
uniéndose á ellos. Perla posta ibé informado D. Hernando de aque- 
llos procedimientos, y para poner remedio, sobre todo en que la 
guarnición se pasara á Telázquez, dio orden de marchar á Gonzalo 
de Sandoval, acompañado de Pedro de Ircio: fuera del encargo de 
sus obligaciones, llevaba <)rden de prender á Alonso de Grado y re* 
mitirle á México, debiendo también enviar dos herreros con sus 
Alelíes y herramientas, las dos 'cadenabgmesas ya fabricadas, fienao, 
velas, jarcias, pez, estopa y una aguja de marear, pues pensaba la- 
brar dos bergantines, á fin de enseñorearse del lago. Sandoval llegó 
á la Tilla Rica, tomando posesión do sus empleos sin difioultád 
ningoda; salió átil administrador, valiente soldado, partidario fiel 
de su geneMl; se dié á quesea y * estimar entro la gnsmieion, se 
hizo amar y respetar de los tot^iaca, adelantando macho en la oons- 
truecion de la fbrtalefla. Cumpliendo lo ordenado remitió á Mé:pGO 
las persea 7 los «tiles- pedidos, bsjo la custodia de los indios. 
AlóluiO 4e Orado foé puesto eu el cepo; mas tales mañea sopo dar* 



(1) Bcnud Dítfi eq^ X07. 



se y t&les ofT^cimieütod hizo, que á los áotí ¿iás qufld^ ea libartacl 
y oon la amistad de Cortés. (1) * 

' Ctiarenta y eeis^dias despueír de la éniráda de loe castellanos en 
México, lo oaal determiba la líechá 24 de IHcieÉibre, habiendo ro- 
gado O. Hernando ál rey Cacama le diese algunos de sns criados 
para aóompaüar á loa esp^lSoks que eorviaba á visitará Texcoco, sa- 
lían de México los dos principes aoolhua Nezahualqnentzin y Te- 
tliAuehtiezqQÍtit2ÍD con veinte peones espaüoles; al llegar á lá ori* 
lia de la is^la á fin de embarcarse, en las casas qiie ahí teñía Neza- 
bmalcoyotl, los alcanzó Un mensajero de Motecuhaoma, quien to- 
mando aparte á Nezahualqtientzin le dijo de orden de su señor, 
tratasen bien á'Ios blancos y les diesen cuanto oro quisiesen, pues 
tal vez de aquella manera lograrían se contentase e! capitán y los 
dejase libr^8. £1 jefe -de los peones, mirando lo que pasaba y sin 
entender la plática, desconfió no fuera aquello una felonía, y sin más 
averiguación dio de palos á Nezahualquentzin^ llevándole en segui' 
da á presencia de Cortés como culpado de traición. Con experien- 
cia de cuanto le habían sufrido, D. Hernando no tenía temor - en 
desmandarse; así, inmediatamente procesó^ á su modo al ptíncipe, 
mandando ahorcarle en el acto. Aunque resentido Cacama de la in* 
justa muerte de su hermano, mandó á un tercer hermano Tecpacxo- 
chitzin para acompaliar á Tetlahuehuezquilitzin y veinte castella- 
nos. Fueron se á Texcoco, escudriñaron la ciudad muy á su sabor, 
'^recogieron todo el oro del tesoro de Nezahualcoyotzin y una arca 
''muy grande de dos brazos en largo, una en ancho y un estado eu 
"alto, la hincheron hasta arriba de oro, y no contentos los españo- 
"les mandaron á Tetlahuehuezquilitzin y á los demás señores de la 
"ciudad que juntasen más oro, porque el que habían sacado del te- 
"soro del rey era poco, y así cada uno de aquellos señores sacó de 
"su tesoro cierta cantidad de oro, con que tomaron á henchir otra 
"tanta cantidad como la primera." (2) Cluedó satisfecho Cortés del 
rico metal, le agradó la relación de la ciudad acerca de su riqueza y 
población, no siendo de menor importancia las promesas del rebela- 
do príncipe Ixtlilxochitl, por entonces la persona más poderosa en 
Acolhuacan. * 

(1) B«rzua Díaas» cap. XCVL 

(2) Ixtlilxbchitl, HÍBt. Chichim, Cftp. S6. MS.— Kelao. XIII, pá». 4. 

TOif. nr. — il 



332 

CacMia opm6 siempre por reeibír de paz á loa hombres blaDOoe 
7 barbudos. Cuando éstos se aposentaron en Tenochtitlan, quiso se 
les guardasen los fueros debidos á los embajadores de un gran rey; 
á la TÍsta después de la prisión de MoteouhjBoma, del suplicio de 
Cuauhpopoca, de los excesos cometidos por los extranjeros y muerte 
injusta de su hermano, comenzó á solicitar á los nobles méxica & 
fin de hacer la guerra á los invasores, arrojarlos de* la ciudad y po- 
ner libre al emperador. Sus indicaciones no obtuvieron resultado al* 
guno: Meteouhzoma cegado primero por la superstición, estaba para 
entonces completamente subyugado por el miedo; los méxica, aeoe- 
tumbrados al despotismo más absurdo, carecían de propia voluntad 
obedeciendo ciegamente los mandatos de su sefior. Despechado Ga- 
cama de no encontrar quien respondiera á su tardío desengafio, hu- 
ye de México á Texcoco resuelto á levantar á sus vasallos y poner- 
los en campaña. (1) 

(1) Ixililxodbfl, Hifli Chiohim. cap. 86. MS. 



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MoTKctmzoMA XooÓTOi%nr.*-^iOÁMA; 



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mii(perqidor»'^Án^cd<>taf.'^Fa06o$,-'Oo7i8t^^ de doi berganUnei, — Exploraeio- 
i^^bm^de ípiríoi auHfrra$.—Bee9nocimie»^ del OootsMcoalec—Prüian de 

5 I ' 

loe reifee,de Acolkuaean y de Tlacopan^ de CuiUahuac y oproe nobles, — líoteeúhtíh 

mu eereeonoee ¿úbdito del rey de CcutiUa. — Colecta de cro»^Monto y reparUdam 

•'•'.'' • •■•» »_ 

del teeoro.-^DeeotmUnto emtre loe eoldadoe^-^Apaeigialae D, Hemando.'^Buce^ai 
déwarúciadó,. 



ntccpatl 1520, Coa la facilidad demostrada por el moDurcaí 
para pasar pronto de ua estado mortal de congoja á la más 
absurda tranquilidad, Motecuhzonia olvidando estar en prisión y la 
afreota recibida al ponerle grillos, vivía resignado y aun contento 
ea el eaartel de los españoles. Dejábaale la vida y el ejercicio del 
poderío absoluto, si bien subordinado al antojo de los blancos^ y con 
ello fle daba por satisfecho. Verdad es <jue las guardias le cerraban 
la^aalidA . á la ciudad, í^uq^.I^s vigilantes miradas de los castellanos ! 
le perségafan basta en los |iooi(Hi«amás íatima^s; pero en, camr., 



;. - 824 ' 

bio, sus Tasallos eran aatnisos como antes y los mimnoa tenles I0 
prodigaban atenciones. En efecto, el sagaz D. Hernando acaricia* 
ba el orgullo de bu cantivo, guardándole 7 haciéndole guatdar ex- 
teriores muestras de respeto: **en aquel tiempo todos nosotroSi 7 
V aun el mismo Cortés, cuando pasábamos delante del gran Mon- 
*M;ezuma le hacíamos reverencia con los bonetes de armas, que 
'^siempre traíamos quitados, 7 él era tan bueno 7 tan bien mirado, 
^'que á todos nos hacía mucha honra: que demás de ser re7 deeta 
''Nueva España, su persona 7 condición lo merecía. Y demás de 
''todo ésto, si bien se considera la cosa en que estaban nuestras vi- 
''das, sino en solamente mandar á sus vasallos le sacasen de la prt- 
"sion 7 darnos luego guerra, que en ver su presencia 7 real franque- 
"za lo hicieran.'* (1) • • ^* ' ;» ^*VJ 

Todos los dias después de haber dicho sus oraciones iba Cortés á 
visitarle en conoipañía de cuatro c apita nes, principalmente de Alva- 
rado, Yelázquez de León 7 Ordaz; en las pláticas le pedían órdenes 
acerca de lo que debiera hacerse, consolándole ademas por su esta- 
do presente, á lo cual 'rei^QB.dfa holgiirse de estar preso, pues los 
dioses de los blancos les daban poder para ello 7 así lo permitía 
Huitzilopochtli. Alguna vez asistía á la conversación el padre OÍ* 
medo, 7 entonces, ademas'de ensalzar el poderlo del re7 de Espafiá^ 
sobrevenían las indicaciones religiosas, con lás amonestaciones acos- 
tumbradas acerca de la inutilidad de los ídolos: én este capítulo, el 
üpico en el cual Motecuhzoma supo mostrarse intransigente, lléga- 
T(ijx,ú, lograr los predicadores escuchase con cierta atención, sin dar 
empero claras señales de convencimiento. Dióle Cortés conib ser* 

(1) Bernal Díaz, oap. XCYII. — **97. ítem, si saben qtté con mnehas cosas qael di* 
oho Don Hernando Cortés dixo al dicho Montezuma, ansí de las deyinas como de 
las humanas, <5 con mUóhos buenos tratamientos que le flzO| 4 cosas que le dic^ 4 ^ 
con mostrar que abía de ser el ma^or Seftor que n\^ca fu^, é quel dicho Don Her- 
nando Cortés é todos los eepafiolet le abíon de servir, é ansi lo f azian diciéndole que 
S. M. lo taiandába, se trnxo al dicho Montezuma á mucha amistad é concordia con 
el, dicho Don Hei^nando Cortas, é tanto que le daba ayiso de todas las cosas de la 
tierra, ¿ de lá manera i^ue aUa- de tener para que todos fuesen suxetoB, é nidie se 
cafase lev^tar; é tanto que quieriendo el 4i<^ho Don Hernando Cortés descir que se 
volviese á su posa para ver la voluntad que temía, 4 no para f azerlo, el diicho Mon- 
tep^n^a dixp que no oonvemía sino que estubiesen xuntos, porque con estar allí, no 
le osasen decir que fijdese kiengun des)0Ónderto, é que ya que se lo dixesen, tenía 
eábsa para éscnsane, discie&do, queital» oomo4>ra8o^ 4 que sL algo se moviese, qu^ 
lemataxítm." (Intenogatorioi Doo. Inéd. tom. XXVII, pág. 8iO-^I.) 



326 




.^¿nfooivoá ¿té lo qu^ dJBcíán siis cápl^béfiT; j^Viérdádáraírieiite ie éfb 
'«^tentón seWbialf(iüé í^ ' * 

'CÍer^'marihQXb ¿ítei^tadd t/tljfflo, eíftátiffor dé vela, €oníétid unk 




áe¡ cénti^ieda al po6ó mii^d/úeisptids^ OÍ ktíÁe sebera 'té^mn^^ 
^.' ÍEf btidn ballérteW, [IPéáto IJ^ez,?al «ei eótóJaSb' S6^ lacckln éfa 
^Iia tez >ivortttnpWí4e'a¿speclíó: •'Oíip^á ^í*tt^l^«A'étfteí^erto¿ qhé 

^'morir.'^ Moté^h^sbma ^c!bió da ^TI6' p^yar; tíéqh^ i Obtrtés JT^ 
Pedro López' HKiéfazbtádo'deiitid-d¿l ettáiMitoIá i^oAráiá' tnvb M 
tóéUBté mayoi^ébitapóBl^ (2); ' -" ^ •' '';* '•''' ••'■• ^'^ .' -'i'-' ' ' '•' - 
Ca désgi^cia, j^ñ eiiéefté^ hisM- 

1)ei- módÍfi«»do el cai^6ter'()i^1I<^o del eitopéMObr^' Gkímo |toía butf^ 
earae dfaiítikila« y qaéiti¿ei«8^^ dádÜotí^'óiM Ito ^MArtüids, nO d«jáA- 
do pasar ocásiotí de Werlós aígnoí t^fc/{^Ítolpah¿ént&^>eyo 
por el eáíd Inébtttfbátt Üíiiá • ^oioiü. ^ likfonbadiy «^r - <)Migli{nft 
ide la calidad dé -cad» «nb, aéí Id» dibiángüía y ttpreUlaba. Daba^4« 
étt'vblutítkd por el fiérVicSo túti lígéto^' f oeüténtalüá' ár ¿uatitoi^sé 
Boereabab á pédklel qú^ etan les tiiáiy. •Bettoal Díá^,- eUMitioefl^iftati^ 
cebo, le demandó una india bermosa; recibió tíés 'Íé[ftíeloÍB'4e eHi^ 
doá Úi^a'de ixíáútáÉ/'Cd¿ trúa sefióra ^üdpdl, ooneablna* qlie ba- 
ldía ¿ídó dermonaitoá, con la cual pensaba botttat al 'ftitafo cronisto: 
aquella áíiíijét 8^ IladtldiéS^i^eff'debéátiÉfo^ Fi«md«M. Óhroi 

ÑHÉ)rióy^k/8tlidbs^któfiii¿ároü'1^ 

\ (3) Tdáid^ tütíyVáttM&tiftó«ÍL «ti] Péllaly'SSi €totiJetéÉÍísíe« 




(!) Beroá ÚUkiiiíp. ^0^. 
(9) Benial Dím, eap. XOVII. 
(S) Bonud DíM. mp. XCVII» 



• « 






tinurle 

ael.prí]iQ^^.P^{la.l^;ib^era,.|)u^da4o iriop^ j;j>fttece V> merecía puQii 
era gr^oioBO, 4^ bjW%aÍTiB, i|y|ií?ida 'qi^ Jo flU9,.d^¿la.;j 



. Qjoda de» Indias hf^pQfifu9^.9iuc|iaia. Qiapitfkf ricas, una hane^ pe cf^- 
í«M). y 9f¿^MB jeyafi Vy ,ca|[^9^in^^a ..co^jip^^^^ an^igojí 

.<»XDQ la UbefiUdaf^ jf a^fiibj^|,d^4i ^Úen^^.^e 3er taii,|^Q setior^le 
^:^p9t»baDi ;,l^Qa^^.lps ^t^fpfB,,Qfjf^o^,f^^^^^ c^iída^i^no fuero 
.^re j be«i][^9/' (9).. Jugaba ;^|;iobaa v^ces, con Cortés al j^uego lla- 
gado pos Q^njal D^ uaolQgue^A<^B^ cepsistl^ eii airojar ap^us bo- 
litas da .OTQ {sobira. xifu^; tqjQs^^^ ixúszqo i^^etal, jgafiáf^se K i^rtida 
A eiaoo, puntos; AlvaqidAs:tanteaJba .; í^ei^pre contaba una, raya 4^ 
snás 4 &vojr de .Corté8).de,lo,qw1 j^uó.paQ^í^p,po^ el^^ifiperadQr (^ 
no m^ptixoit9^ GOQ.. gnu, irisa d^f.los iui/)pipfi x^aptellf^s: I^^p]ifeBÍafl 
eran siempre cosas de valor. Ganando el.|pneial repartía la Ijcup^a^* 
qia antve Iqs :paide«tos del ena^p^fa^otr, y. si;éf)lie!obtpuia lo da^aájlos 
oasteDauoii de »la .gi^aedia. (3) . TfUDaiblsi^ appstaba cpu el cmpitaa 
Totiatíah, el eoal^ipisiAUkswrf^ €;p.jj^4^l^?,^WoMhf^tl.e^- 
laadas por 1m \pimj ^VH^f^fifímf^h^^ fBfr 

. »}m aevíbla joyas dei ^r^Qi J^fAfA hfi^o^fi por .«^toa j ^i^ñirnaáo 
poft aquellos* M9tefitths^iaa;fip]fr VW^. ^q ¡wb^ sola . t^fc^t cua^ujka 
4oineueDta..t^elpa:d/e,o)ro,(.4el,yalor|;^a uno^ de Ip oiéj^ps, cju- 

wenta-duead^^ ''r ku»)gá|b!ase;W^^4^:?^<^M4/^;fif]^ por tmff 
^ctasitfn'de'dar.r <¿) . ;. . ; .^ .; . 

. lioa oastellmofi .^bii» .4 iMW^fO; 4? hjl^jffiía^^ol fapos^utq.^ 
que: tettiaft gitflrdada ^el ♦©•««; 4le sfeí, Wfqrpu al pf^tío C(3foaf> fl^íl, 9a^ 
gasíde lopdi i^tmA eoiM> iio^'aep:^^! int^^^ren ypl^^ 4'^Hr 
odimtua^ iMs «ste «a la oopfi«^í6» :4ifi/w4p oo.^c ^fííw^pmpg^ 
< reoilÑf lo. regalado ys| poy él; C^F^s l%,rwarti(k estire, los «#a^ 

(1> nmxetñ, óéo. lí, Ub. VIH, oap. V.— T<ffqaeiiia4^1ib»,Jpr,.^M^ j^, .^r • 

(S; Hemra, déc. II,lib. VIII, cap. V. . ,. ..,,., ., ., : ij^, - ^.. 

(S) Bttnal Días, oap. XOIL ,i; . fvi -k r 

(i) H«nren, déo. 11, Kb. VIII, oap. V. 



Mr 

oomo mejor le pinga I>araiite el dia multitud de penonas estaban 
oeapada*» en aderesar y limpiar las ealles; por la noche ponían >bra- 
■eros con in^o de trecho en trecho, para alumbrar durante la os- 
caridad. Los castellanos tomaban á sn serncío cuantas personas 
querían, manteniéndolas de la munificencia real; para atajar aquel 
ncio, ordenó Cortés no conservaran los soldados mas de una mujer 
para guisarle de cotaier; entendida la disposición pof Moteoáhaoma, 
díjde i Cortés, con palabras blandas, no le tuviera en tan poeo de 
DO poder hacer elfgasto de los naborías, j A aquello permitiese se- 
ría en contra de su grandeza; en consecuencia, hizo volver á los sir* 
irientes, mandando aposentarlos bien y daries radon doUiada, Para 
he necesidades naturales de h» blancos se dispusieron las casas lla- 
madas maxixato^ con sirvientes que las tuvieran limpias y exentas 
de mal olor; (1) Todo esto prueba la bondad del emperador para 
tratar á sus huéspedes. 

Una ve2 pidió HotecuhscMna ir al templo, alegando como razones, 
cnmplir sus obligaciones religiosas y mostrarse é sus capitanes, y 
principalmente i sus sobrinos, quienes teniéndole por preso' le soli- 
mtaban de continuo para ponerle en libertad; qtimría satisfacer ¿ to- 
dos, dando á entender estaba Ubre y si permanecía en el cuartel de 
loe españoles era á causa de habérselo mandado así el dios Hnitzi* 
lopochtli. IKóle Cortés la ucencia, hadéndole comprender quo cual- 
quier desmán lo pagaría con la vida, á cuyo efecto mandaba capi- 
tanes y soldados para aeompa&arle, los cuales luego que notaran al- 
guna sefial de querer ponerle en libertad, ó dar guerra á los caste- 
llanos, llevaban la érden de matarle á estocadas; recMnendéle igual- 
mente se abstuviese de sacrificar víctimas humanas. Saliéelem- 
parador del cuartel con su pompa acostumbrada, llovado en unas 
ricas andas sostenidas en hombros de los nobles, con su heraldo de- 
lauto con las varillas de oro alzadas en la mano parsl advertk de la 
presencia del soberano; servíanle de cortejo los capitanes Juan Vé 
lázquez de Lt^on, Pedro de Alvarado, Alonso de Avila y Francisco 
de Lugo, con ciento y cincuenta peones, y ademas iba Pr. Bartolo- 
iBé de CHmedo para vigilar en lo respecti^ al saorífieio. Uegado 
enea del teoeallt, se bajó de las andas, y al estar abajo de las gira- 
das le tomaron lor papas de las brazos para silbirle hasta las capi- 

■ 

(1^ Hemnw4lécu H» Ub. YÜI, oep. IV.— Torqnaanis, Uh. IV^ mp, Uu - 



lias superiores; aquí vj^t^n sagrijiq^doa ¡fi^ .efpafial^rcwtro vlctimaf 
y aehíeieroo di.qiíAaladoa t<^vía, iii^ea )apiii<jM.,QO:^t^ muy 
tranquila* ^mo «i. ta)og(pocQ,loa 4ii4a4ea ooq^rcaDas* Ta^^poop 
Moteou^zoma en el |;eoQaUi, dáñelo ^ yuelta. al c wrtelt en > donáe 
distribuyó joyas de oro A lo9 j5pl4«do%. (i) 

IlifilHendo llegado A MéxipQ.la jargi^, el vel4iaen y 4emas. art/icii- 
loa p^dofs por Cortécf y^ enviados 4q la Yilb^ R^car por Siandorali 
los carpinteros de lij^^ra, Al^rtip Lfipea^.y Alonso $fiUI?j5, pi:ocedi#t- 
ron á la construcción d^ d^s Ijíergap.Unes, Iqs co^es s^lijeron muy li- 
geros, provistos dcTieliis y. remo^ c^n una ^día ex^pioif^; ayi^darop ei» 
cortar y acanear laa^n^aderaa, í^t como ^n .1q dema^ df^ la. obra, liy 
carpint^rofli (néxica. Sa^ompren^ienoJ^a^c pu^^to la q^no.P.. Heiv 
nando en aqueUa lab¡o^ por ppro pasai^mpo, 4U intento era abarse 
paso franco pipr el lag9, pam sfilir libremente .cofi su ejéroito sin 1m 
peligros y dificultades de las calzadas. Luego que, ^^ reftl c%atÍYf 
supo de aquella novedad, mostró desep de ir, á ¡^lasarse al pefion 
de Tepepolco (P^&on , grande (6 del marques), i^n 4pnde tei|íaujB# 
estancia cuyo acceso ei^taba prohibido aun á. los misx^oa noblsf. 
Ck>ncedidp el peri^ispt, aunque, precedido delas.i^ica^iones de qo9 
no intentara )mir pues leería ^i^rtq, fu(& .^^b^cado. en, el bergantivi 
más v^elero, con algunos. 4o pu séquito, ocupaban el otro berg^utiii 
muchos nobles coa un hijo de Motepuhzo9|ai 4#biendo seguirles Isp 
canoas del emperMor con los monteros y sirvientes: iban de acpnpi- 
pa&amieA^o luau Y^ázq^es de LeoUi Pedro de A^lTarado,. Cristóbi^l 
de Olid y, Alonso de ATila^con doscientos soldi^dos, ,mM cuatro tifi- 
ilos de hropcci con Iqs artiUer9s,Me«a.y Arve^ga^ Aqv^Uas naves, 
manejad.as á vela y remot erau ipi^y iaporioi^sá cuanto los méxioa 
conocían en elartenavaVy e$^ ellps pos^iaiji ad^iicacion; soltado-c^l 
trapo» lasfi^ves 8ed|9s^^arqn.8obr#Mla6fg^Aa 2ce^?4a>ndo grandaíi 
aves pon las alas tendida, dejarpAipuy atrás las canoas aunque 
movidas por gr^n número, de» rt^meips^ goaáii4<^ el vfk^ü^xfn^ en la 
velocidad d^ la inarcha y m la. pt^f^ciaion • de lo» fno¥Ín^ei|tos« Fué 
al peSol, ca9(> tf BU sabor y se entretuvo^ retornando á la ciudad al 
caer dfi la tai?ct^¡ cuando la.fl9tUla estuvp per^a 4^ )a ísl^, disparó, l^ 
artillería copAd hapieudo salva al cautivo, d^lo c^al ^n^ó prendar 
do, en se&al de lo 4ual ^p^^4 waadeio^) á leaapldadofl, <2]t . 

(1) Bernal Diáz, cap. XGYin. 

(2) BenidDúia, uu^ XQOL» ^ 



9f «chaa v^eeM • después iñdiA üseneim psro salir i oassr 6 vwnñ- 
se ea 1m «esfeanei*» é pulseios de deoUro 6 íhen de la ciudad: se le 
Moigabss (1) 7 losiieUes'Ie aeomin^aban^ fe'savgabaa en andas 'y 
el pueUe i^rtaba los «fos sumiso * j leverente; pero siemípre en d 
Opriejo, cereanes á las andas, iban m^m» castellanoá eon sus ar- 
mas relucientes y en el séquito se -meaolaibaa algtioos de' aquellos 
aborrecidos ilaicalteoai quienes no le ápartabait los ojos, espiando 
hasta el menor de sus morimientos. 'Loi %iibraiites podían oonfim- 
dirles oon una guardia de - honbei mas el moMüroa no podía equivo- 
carse OQ. d sigaificado, salneado que al menor síntoma dé efMÍen tt 
de tumulto* serla inremisiUemento muerto á estocadas -6 fledbasos» 
Después de cada paseo* separtla jojas entre los soldados de su cus- 
todisb ' ' / ^ 

HMaeste tiempo preoeopaban dos! ideas á-D; Hernando; saber 
de las miaás y bagares enudondese cogía orojbuscar xta puerto ndto 
abrigado jr oapaaque el de la Tilla Riea,' ^De amboi objetos Siablé 
con Moteeuhzoiáa, quien oeepectodoioiiímnMD, le diÓ los aeoesá- 
lios informes, ofreciéndole personas -para aeompolfaMr: álos .expíen^ 
dores Manóos; aceptado el ofiecimiento, Cortés nombró' diyerrfaB ^ 
misíonea, enoaifjadas de reeonoosré iiifcmuarse éu los lugares mis* 
mes, debiénda estar de regreso cuarenta diasdespues de su salidiL 
Gonzalo de Unoubrla, el pUoto, en oocapattift de dos Boldadoé y de les 
emisarios del emperador, marchó á :1a ptoñuciai dé'ZiMolIa en el 
ICotécápaa, (3) fueit>n por toes grandefc provincias con bdenas. po- 
blaciones, tnirsAda un aposento y fbrti^lesa, ^fmslyor. y mes fuerte y 
más bien edificado que el castiUo de Burgos" (tal* vea las rainAs de 
Miotlan); recorrieron igualmente.k prokriacia dé . TánMóol&pauf es- 
tudiaodtí cómo sacaban por -medkv da im lavado 'imt>eileeto los-grar 
nos de oro do las arenas de tres dlféreutés^ries.. Umbrtey tea-sciyoe 



f i| CiKtM db flialÉ0. pás. SS; -• -<ri-. ' ..[ .• 

. (2)CprU^ Cai^;de rtlML ptfg. S9, etccib^ Qia(?^ p^kibrí^ qM'oqorkA 'ppo s«dl- 
Ila, como lo 4ebía estar en 9a origen, MOonTi^xte e» jQazcilay ^uzola^ la^ misiva. ^ae 
ZazoQa ó Zazula. Esta poblaeión corresponde á la Mixteca, en el Estado actual de 
Oaxaca, oonfirmándose haber sido la TÍsita á aquella región oon que se nombra la 
proviods 4s TssMuwtspa < T»mi > ?ol « p sc)/s o ff < wpandi<nte Usibkpi á la daaasreaqipn. 
Bemal Días, oap. CIU, «aoríbe Caeatuto, onando ya bsbía puesto gtsstn|s ^eaül^ 
«apiCII: Zcistta y Z%»a l< > 1 a'ioo . éof ltts>»i dfjir^fvo* y m^j^dutantei» pox la«aa^ 
SM flgnramos que Bemal Días ooioeCió m surer 4» i^i|ia» á.po a^f .el npaeflto dls 

SoadÍTW«aa<st p »di o)s ses>:lsms*ZosoMs, lao^<,aay»Uü>* - 

TOM. ÍV.--49 



f aeroB. loa pcimtroa- tn tonia>r^ i Mteioo^ tr^ie^ó rioai muestras de 
ka pepitas desovo, ao todas las^áleannÜM^ pnéa ««{Helios deseobii- 
vderos yiffon tambita por «d {íurttoalar fíre^edho: oon-los/blaiioos li- 
iiieEon algonoti sqhjies <de las proviiuñas^tfniciles «a olistante áster 
tnjetos A Méxicbf tiajeioa.ai^aaM regalos y ee paaieron á 4is]losl- 
sion 4o los Inmhrés lilsBÓos^y barbados: (I> . 

Pkarro^ joven de Tei&tidiloo afios^ á qnieo Gortéé tMitai» como 
paóieBteiy fué nombiada jefe de la expedietott á Malinaltepeo, algo 
más oercatm.á la oosta^de la mav del 3iir quie la piorincia anterior. 
fieecnoeída la tierra y eaaüiiaadp éa diteccion AA oacÍHiieQto de 
Ids rioa dieron ocn Ja prorinda. da* Ohinaatla,.^ 
déla cttihua, no' sujeta al imperiOf-oon Jiabítont^s bárbaros j gua- 
rreros, los cuales peleaban con lanzas de veinticinco á tieint» pal- 
mos de largo. EL setter de la tiercaj QcotKeamatl, conoedi6 entrada 
franca á los teaksy.atos ae «opuso abiertamente al pase die los noiéii- 
fia; dadaren los oastellanoa si pasarían sóbs, y una voz resueltos, 
faezoQ admires aasigal^leiDttite.: • il60oDoei4os loa nos auriferDS, 
tomaron á Tenoc^itlan cenipueatvas de las pepitas, toiy^iido oon- 
sigo dos embajad<nes de Coatlicámatl, odn presantes en joyas y rih 
pas, quienes ofreoieroná D, Hernando la aoástad de su se&or; aque- 
llos bárbaros pedían {N»>i»oeion.á:Ias extranjeros contra las invasio- 
nes de los mézica» Pizarro tomóséle de i^u expktacioo^ paes sus 
oompafteros,. ^Banriaotos, Bsoalona el mozo, Horedía el viejo» y Ger- 
"vantes el Oboearrero, agradados del titatode los indios y de la ti^ 
na por ser riofi y fiMil, se quedaron pam ^rmar una est^cia. (3) 

Tercera oomisión fué ^Tocbtepeo, doce ^ hgpas da Malinaltepec, 
leconoeiéndo los dos lioa de fitahas de 4>ro. .' SeguÍL informaroní la 
tierra además de rica era íaboadoisa; por ^sta eafusa ^D. Hernando 
tog6 á Moteouhflotna, mandase. labrar. una estaneía en términos del 
mismo Malioaltepec, la cual debiera ser pc^ra propiedad del rey de 
Espafia. Consintió en ello el emperador, y- dos meses deapuea esta- 
ban construidas cuatro buenan cáéas y un estanque oon ctía de pa- 
tos, había reunidald cantidad de galtipas y aves de corral, pon gnÁx- 

- P) Cartas derébio. |>ág. sa.-^Bsmil' IMés, oap. CXI ^ Gni:^-«¿fieélMhi,'M»; H, 

' (2) Ijoh AiflÉBlsM (^ttedán lio^r dsnteo del Bdha<lo ds^Oteraia; CbM», pá^ S0;'ldB 
tfaaia UfASt, ÍBBtlopéaiidola palabra náhoa tmkih : u !i . 

(8) Bemal Díaz, oap. «CII y Cnf.^-^Uársfs/tlátf. n/ lib. IXi Mp< f. - '* 

\ 



4t» mmibnáoB dé. m>la, frijoles y cacao, ^^tin oferoBfadereeor da 
gfMjcrrtaí/ qtia lüUcbM 'irecag jaxgadaa por loa españolea que ]m 
tieton, la apreaiali&netx rafaite mil pesoa de oro.^ (1) 
-' Ba cnaikto ú la exhrtenirfá de na paerto capas en la ooatayMote- 
otAzama contestó ia^ aatterlo; mas al dia siguiente, presentó i Cer- 
iéa, pintado m nn patto^ el plano de ana parte de la abata del Gol- 
Ib, aeftalados los ilncones 7 Hos. Llamó la atenctoii deD. Hernando 
^nna caudalosa corriente, sitnada liacia las siénras de San Martin, en 
bk prcmncia de €oat2íaooal<jo^ (2) 7 para reoooeperla eUviá al eapí- 
4kn Diego dé Ordatoon diea castellanos, entre pilotos y rnaaíoeros, 
reunidos á los mensajeros imperiales; RecovrieroD desde di ^erto 
tteSan Joan (hoy Teraevae), eñ lá wetade ChaleUüh^tieQan, (8) 
litt^a el Ooataacoálco, aóadeandof en caooai hta desmñfetooádnras de 
los tíos: llegados -al Coatzécoalce, cerno aquella protiaeía ao estaba 
sujeta á Mbteciihxoiba, 7 pocos días Antes^bían taaMbnn oemhar 
iéoon los méicióa,^eV seflor TocMnteonbitU (4) reeistiAiás^ar «peae- 
trár en sus estados á Ibs imperiales; si bien recibió 7 adiaiiió.bané- 
▼olameate á! Ioé Usnéos, dándete» canoas 7 sü cooperación persosAl 
f la deseas subditos* para efectuar el rBconocimiénto del rioc 'enqpií- 
trkmnse' en la barra m^ <(le dos^brazas^7 media de fondas» la baja 
asar, 7 navegando dooe leguas por k contente arriba la menor pto- 
fbndtdad entre cinco 7 seis brazas.^ La tierm era abundante 7 bien 
poblada, 7 cuándo la rii/ta estuto concluida, Tochintecnfatíi dio á 
Ordaz un regalo en oro acompafiado de una india hermosa, enrian- 
do á üoÁés ciertos mensajetós con jo7as de ovo,' pieles de tigre, plu- 
Éoúljes, piedraís ^as 7 ropa,' para ofrecerle su amistad. 7 que se le 
imjetaría pagatfdo cada afto el tributo, é cendieien de 00 pérmiür 
la entrada de los outfaaá por sus^tlsrras. (1^) Así per todaa partas, 
•e quejaban los pueMos de las extorsiones de los méxica, apresurto- 
dtMe i pobef se bajo la piotacoion" de los podeiuoos toóles. 
'" Agradado Oortéa dé las notietasiecibidasyaaDiandó nuevos explot»- 

41)1 OsrlM áárslas: p^ «I. 

(^. A», Vi ^<4pn d9 Im osrtss en IioranBttDta, ae lee Ssnmyn, pakbxm qpe debiera 
eeUr «lerita San^m..' abreviatura de San Martin. Cort^ pone enligar de Coátza- 
ifcl<xí,lk¿pákbra8'Ma2amal'<x>^^^^ " ' " ' ' ' " ' ' '' ^•' 

(8) Es el Chalohilmeca de Cortés, pág. 93. 

(4) Aaí noa atrereivoaé reftanqai; la.p^bra TaobiiiteolA, escrita por OorUs^ ptfg. 
SI. Bemal Díax, cap. CÍII, le llama TpcbeL 

(5) Oartaa de relac. pág. 92 7 ing.^Bernal tHaz, cap. ttiL ' ' '* 



donecoa^losiDmsajeroB de ToohiBtéoufatli, árqaitfn enmba^ rtfe- 
']itest9 muy liqezias pahbras f algupaf ouenfaM dd rídrío: fti^mifroR t 
fiondear j reconocer ^el rio, basoatrdLo lugar propio ptiiiBb fundar puebla, 
y^oMno el Befiov^faeca coDlaatc), y áaii hiciera (tamattmr «^s oaM en 
al asiento esei^pdo, los Ástéllanofl dtotroQ Ki ^^a^lta é' México. Sar 
iónbes 'Cortés mandó & Jpan Tolázqué? de Laan con ^ento oitipuei^ 
tá CABtellaD09, á fin de poblat en la orilla^lCoatzaoOalco^ labrando 
*1 mismo' tiempo una fortaleza. (1) Annque estt> tenía lugar hacia 
ét-meB'de Abril, eepavarla tercera' parto de la faerA para una oo- 
loflii^imvehas lé^aa* distante' dó Méztoe; aif^je' ea V. HeMando 
ettoedivÉ confianza* en 9Q posicioil/ ' 

' No oMd60értéiri informarse de la proraiciafde Pianoo^de la cual 
xísoibió lae pbimeraB- áotimaa por los soldados y el indio de la nave 
dé'Oaray aprisionados en la oosta de la Yfctta Rioa. Hablado al in^ 
tente Moteoobaoma proporoionó irnos intérpretes Ikuaxtwsa qUe te- 
nfavdoacdaléseen-el'- tndilk prisionero' fuesen á'dectíf.al sañdr daPA- 
nnsd, de parte de Cortés, MViese i bien sújetilrse al rey de OastiHau 
Aquellos mensajeTos ternaroaeon nin emb^jader 'del H)aaxtece.pliii, 
trayendo piedras finas, ropas' y plumajes, dioíendo 'de parte^ de :sa 
sefibr boma toa coñteiite en reconocerse por vasallo y émigo da-iee 
Uanoos; cecibierótt'en respuesta algunas def las 'coSiUas de Castilla^ 
regresándose para su iterrra muy contenaos, y tai^^o^. que ^s^gpBM 
dieron notioia á Gott)§3 de la presencia de las nuevas naves ^ Pran^ 
cisco de Ganqr. ' (2]f ' ^ • ' 

' Miéntms^ pasaban* esteé sucesos, el disgusto conke' los invasoreí 
oomeniaba d fermentar, lina vé» pasada laprimea^ ii9presioD,'y 4 
medida que Ibs blattoos iban daiido rienda suelta á'sus excesos. Per 
mitónpes quien se pus<^ M frente de aquella reacción fnó Gsoama« 
tain, sefiíor de Aeolh<iacáín, el mismo sobrino ds MoteCubtfoma que 
había opinado en et consejo |k>v' recibir de pafs i los teules, ofNiío 
embajadores de lin gnnr-réyJ'Las oausaequef le' arrcqabaif por aquel 
camino eran públicas y privadas: la prisión del emperador; la toma 
del tesoro de Axayacatl, la muerte de Cuaúbpopoca^y dé SM nobles 
'compafieros, Ids desmañes cometidos diariamente por tos éastéllaiies, 
á lo cual se unía la reciente muerte de su bermanp tfezáHnálqiieii* 



I * 



(i) Ooitós, CartaadéTeláo. pág. S8.-^06tti«ra, KMa, esp. XO. 
(2) Cartas de rdao. «o Lorannns, p¿g. 4^4145. 



31»: 

tAí. En IMsie* habíik eoinilmoeéo. ^iS'pi^MMi á.lo& guerufrof^. 
qilidilef de hablaft nugado i 0egoirle;.pQe8«ooBtfim)»ado»cá»iiO'«8tat 

haóer^m M «xpreM* nuiíidaio;. por.oata..Ma8aytoniendo«»r preso» 
h»bi^ boido 80cr0láiDnt# ft - Teseooo, oapiisl-dB ms' ^ttodos. Aq«i ; 
trato del atante (um Mff bévnmDÓs Omnaobohtzw .6 IxtlüMohítl; 
Ctaüaíeocb étfa ' ^nAiaigo suyo, «noqísa -selikpadoy.pontue pmteodía * 
80r rey; iktlila^cbkl em«l priqcipe rebelde, causa de la guerra.oi^ . 
vil eiii AeolbtiaiBaii, el primero q[iie babla floüoitado la amistad de 
los eximnjeroa ptira apoderarse i siy salvo del tnmOidesQ^bevmanoM 
ambos n& dwtante apai)eiitarG& adoptar « los pla&ee de Oaéamjttziju 
Q>dsiütados loe gaerreros «colhiía, i^gUBoaJe lepiesentaroaks pe|l* 
gms de la empresa, prim)ipa)meate* fundados en la valentía 4^ los 
teales; la mayoría opinó por la guerra, eo (aya'coaifieeaeaeiase ptoo- . 
cedié^ á reunir el ejérdto. Cacamatein invité á-Joss^Uvesde Goyo- 
hnaéan f^de MatlatsinoD, parientea inmediaiios da Moteouhzoma, á 
Totoqtiibuatsin, sefior de Tlacopan^ y- á Ouítlahiiao harmane.del asH 
perador y seAor de Iztapalapan. Comoisoeede siempre al trátame' áe: 
derrocar una autoridad legitima, los oonjuradof, éoiteB de alsaüESZ 
visloria, se enconan por motivo de dividir los despojos: aqueUoe se« 
ñores no pudieron entrar en acuerda El de Matiatainco pretendía 
para ni la corona de México^ no obstante eer: en menoscabo de los 
herederos lejitimos; Cacama no podía consentirlo, siquiera por con- 
servar 8U lugar correspondiente en la triple alianza; los jefes méxi* 
ca, dispuestos i no combatir sin licenoia de su soberano, taoipoco 
ayudarían á la preponderancia del rey alcohua: imposible de herma* 
nar ttat encontrados intereses. Cácametsin en vista de semejantes 
dificultades determinó obrar por su propia cuenta. (1) 

El rumor de los aprestos militares llegó prontamente á Miizioo; 
Jfotecahzoma lo comunicó á Cortés, quien ora ya sabedor de ello. 
El emperador envió prevenir á Cacamatzin. cesara en sUs aprestos 
y faeía amigo de los blancos; mas. el acolhua respondió con. despre- 
cio: vm y dos veces le mandó mensajeros IX Hernando p^ra disuar 
dirle, recordándole la obligación que debía al rey de CTae^illa, á lo cual 
etrnteató: ^^que ni conocía á rey ni quisiera haber conocido á Cortés, 
que con palabras blandas prendió á su tio." (2) Agotados los me- 

(1) Bemsl Díaa, cap. C— Iztlifacoohitl, Hiat. Chiohim., osp, 86. MS. 
CS) Bmisl Bis?, esp. O. 






de Ottstilla y coaita Motomih8oioa<| üilMitií UaiFans]iiiiM4dadof,afpir 
dadoa de loa i^etrann menea paaar.emui^a^ij; .^ TaJiímK^ <4»iUiMI «Id 
emperador, haciendo obtervar aar el reino AkebuAyda miieh» peder 
ríe, 7 no poderle rendir amo á faeria de giaj»itefonoii..deeM}gm J. 
con mocho peligro. Déaheohade el medifi^ Gertta pidiOi lemedio pi^ - 
ra el cano/ ofreeieodo á Motecohaoma la daütii le Ubertadt tal tm 
pora explorar iriaftetamoote si tenía pacte en el .^mplot; la qfertí^ 
conocidamente faUa fué rehuanda como «iempre^mM pen^ dar. pr9^ 
has el monarca de aa adheaton á lop bleAOoa, pU9ft<ppit obfi» 1a, ffil* . 
ala. Al efecto, muida llamar á att aolmne» pie¥Íni^»4i>U violera .é. 
an preaeacia: Cacomaisin no cayó en el IaaQ,i pcétYÍo mi o^a^jo def 
ana capitanes, ni acudió al llamado y eon pAb4>rfts duEaa.repnguA 
la aliansa de loa blanoea, (1) tu.!. 

Semejante reaistencia enojó á MoteciihEoma teniéndola por dciH- 
precio á au aoberana voluntad; aai, dióau tt^Uoir^al i aeis capitana 
de au mayor oonfianaa, loa proTceyó da joyiae:y lea ordeoó fo^^ea 4^. 
Tñcoco, ae puaieean de acjoerdo con loa d0ipant<antos| ee aj)^er^ 
aen de Cacamatxin y preso le tmjeran á Móxlco» Loa «^{ni^arios m^ 
sica encontraron eficaz apoyo no aólo en loa partklarioa de la pa% 
aino en loa miamoa principea Coanacooh ó IxtlUxochit}; gon-prete^* * 
to de llevar laa faerzae reunidas en Oztoticp^ í lug^r ujAa ventajo* 
80, Cacamatzin fué conducido al palaoio de Tepetzioco p^ra cele- 
brar un conaejo. Aquel palacio, conatruido á la oriHa del lago, t^a .. 
un oanai que penetraba debajo de las piezas; reunido^ loa conjura- 
doa se apoderaron del rey acolhua y de cinco de aufi principales no- 
blea, loa pusieron ocultoa bajo el toldo de.unei otinoa y haoiendo 
fuerza de remoa llegaron bien pronto al desembarci^derp en la par- 
te oriental de la isla. Tomada^ tierra, Cacamatain fué puerto en 
unaa ricas andas, como rey que era, y conducido eo bombros de loa 
nobles fué llevado á la presencia de Motecubaoma; reooH vínde. éa- 
te por su proceder, mas él no perdió la entereza y con p9.Iabf ae de- 
sabridas le éch6 en oara su afeminada cobardía: furioso ^1 emfü^rf^ 
dor en1?r6gó su isóbrino en manos de D. Hernando. Dióle éste lea 
gracias por tamaña merced, gracias que tuvo motivo para r^petirlfi^ . 
muchas veces, pues dentro de echo dias, tambietí por traicipnes.ee: 

(1) CorUs, Cartas de Belao. pág. 95.— Berzal Díaz, cap. O, ; t '.\ ai 



taViépa «q ÍKMUr de ' Ckirtés elffly.TotoqmhnaiBin de Tkflopaii, 
GaiélabsMylienBMio del empmdéSí^ol leiorde Cojrohuacaii y otros 
noUw, tildes los ou^\ea\fn0ninlfafíkoi^^^em^a4mdenaffprdm,^^ ea de*' 
ctr, ea iaqmelki eedena^. gpiieflR< miúndAda ooosfem»: etb \% Til)« Rica j 

«tBiida despneb á MMiee. ''^I)-A»lv 9^ttA miiserable emperador se 
temaba es vii. instrumente» dei sas carúelcóroa, jr {xirmedios i^roba» 
dos eatBBgaba i taaatos sesitiair arder en el oorseon el amor de la 
patriA. 

Bntite Moteeiibsoma.}r Gortée^^MsoQ por depuesta del trono á 
Gacattatftm^ &omhmiMlé ve^? de Aoolbaaoaii é Ossenitseatain, (2) 
hennaoo menor del desposeído, jareo lefilgiadp en. Móxico al lado 
de sd !tú> el enfiperadoií, may á propósito pata eampli^ los mandatos 
de snedeetores. . MoteettkseHia eoFÍá dos eñü^ajadores á -TexeocO' 
paim psfftkiipar la elecqion; faé eh f eguida Gmcaitaoatzin, aoompa* 
nado dé aI^;«ii)e&pñocipal99s laéxüeay de e^rtos.seldados oastellanos, 
quedando reoibido como tal ^^y enmedie del aplsnto de los amigos 
de los blaneoe. El Mapa Tlotstü no enomera á^ Oaioaitaoatl entre 
los sobeFanos de Acolhnaoan, yá pior na ser legitimo en la manera de 
saoeder y ser elewido al trono/ ya por estar vivo todavía el verdade- 
ro rey; ya por haberle irdpngnado el sentimiento Jkaoional: este pri* 
mér monarca de burlas nombrado por los Uancos, reeibié el bautis* 
mo, llamándose D. Oátloa^ Qráfieo es el retrato de esta persona 
hecho por el conquistador entostas breves palabras: **y él fué obe- 
diente en todo lo que yo de parte de Y. M. le mandaba.^^ .(3). 

Por un concurso de circunstancias, aprovechadas oon la gi'an sa- 
gaeidad peculiar é, D. Hernando, éste era dneflo en aquel momenfto 
de las monarquías de Anahuao. Motecubzoma, impulsado por la 
superstición se le había entregado mu resistonpíaj retenido lAora 
por el miedo le pertenecía en cuerpo y alma con su persona, fami^ 
lia y tesoros. La cadena gorda reteiiia presos ú los reyes de Acol* 
hnaoaa y de Tlacopan, juntamente con los señores principales de al* 
gunos de loa se&oríos del Valle. Contaba con la firme amistad de 

' los tlaxcalteca y de lostotenaca^ recibiendo adunas da muchas pro- 

(1) Ciertas d6 lelae. pág. 94 y ag^r^Betúál Díaz, oftp. G.-^Gomora» Crdn. oap. 
XCL-rECerrera déo. H, lib^IX, oap, Ily IH— Tor^utímada» üb. IT, oap. LVI jTSVXL 
Iztlilxoohitl, Hist Chichim. oap. 86. MS. 

(2) De ctUeuiUeaU, golondrina. 

(3) Cartas de zelac. pág. 96. . i 



TinottiSv promesai demjecioD y ^eTeixmoeiniieiito; Asl^ 4 pod«rdéh 
tñpdB alianza estaba y^neido^ taaiiaatüiiciepai deapedagada«y • eotia- 
datf por titira; xUos km4aioB qnenst^DiaB^á los pnebloB y qaebtaa- 
toda lá ttñadad del impario^ alrasalladoa loa AaioMa póraLioAigó 
religioso y ^ miedo á loe podaK>808 teules: 4odaVía debemos ooiiáia . 
cíqh la rebelión de Iztlilxoohitlt y oon 1» eooperacion de cwantos.no 
amaban 4.1a patria: y» pensaban saoar praireobos. á la eembra del 
extranjero. 

SI momento fio. podía sfr más propioiot j apiOTediándole Coilés 
exigió de Motentbzenia.seTeoonoeiese vasallo del lejr deOasüUa; 
las razones aducidas por ^ conquistador oonsislíáni enqoe dos Te* 
ees por medio; de poM embajadores le babla ofrecido pagar tribato 
al rey de Castilla, á qoim yá conocía como 'on gran sefior á quien 
daban parias muchos y gmndqs principes; aquel tñbnio prometido . 
estaba aceptado^ mas para poder recibirle, preciso -era rendir la obe- 
dieacia á quien debia etitregarse.. (1) Semejante singular preten- 
sion no debía coger de nmeTio. é Motecnbzoma;' pero al escttcharlai 
debi6 sentir todo el peso de la fatalidad .cumplida. No pudiendo 
resistir á lo determinada por las profecías, convocó á todos los not 
bles de los tres reinos, y cuando estuvieron reunidos, á tsJfo de dies 
dias, les tuvo en una larga conferencia, á la cual no asistieron los 
castellanos, fuera del espáaOrtegnilla; y en ella les persuadió cuan- 
to mejor pudo la necesidad de someterse á los blancos; todos acep- 
taron la resolución, más que por ser sentimiento religioso, por ser 
mandato del emperador. 

Al día siguiente reunidos en una gran sala del cuartel, sentados 
en sus polioa, en medio Motecubzoma y á los lados Gacamatzin y 
Totoquihnatzin, & quienes se bacía asistir aunque presos; puesto 
cm lugar preferente (D. Hernando y siguiendo por .sus categorías, la 
nobleza india y los castellanos, en medio del mayor silencio tomó 
la palabra el emperador y dijo pausadamente: ^^Hermanos y amigos 
mios, ya sabéis que de mucbo tiempo acá, vosotros y vuestros pa- 
dres y abuelos, habéis sido y sois subditos y vasallos de mis ante- 
cesores y mios; 6 siempre de ellos y de mi habéis sido muy bien 
tratados y honrados; ó vosotros asimismo habéis hecho lo que bue- 
nos y leales vasallos son obligados á sus naturales sefiores; y tam- 

(1) BsisslDta, oap. OL 



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Dieii creo, que de mestro» aptéoesorea teméis mexn^nay op^io nfNft 
otros np /í^mos natqraíea de esta tierra, é que Tinieíjon á[él]a 4^ ot^ 
muy léjps/y los trajo un ^etior qne en' ella lqj|i d^gó, ou^p^ .i^ljot 
todos eran;' el cnál volvió dende á^noiuipho iiSifffOf y.> ha)Ió qne ^w% 
iros abuelos estaban ya' poblados y asentados en esta tierm, y lO^fi^ 
dos con las mujeres de esta tierra y^ tenían ^npba n^nltipl>q^ÍOIf 
de fijos, por manera ^ue no (^uiaieron volver^^ .9?Q.^li¡ v\ ^i^nof lo 
quisieron recibir por sefior de la tierra: y lél se volvió y dej.^ dioho^ 
que tornaría é embiaría ^pn tal. poder que los ppd^^ copstremr.ji 
traer A su servicio. . E bien sfib^is que siem]^ lo ^eptuos espefafl(^ 
j según las cosas que el ci^pitan, 90^9 1» dicbo áe aqpgl rey y $0^ 
que le embió ac&: y según la parte dedo él dice qfi9 vi^nei teiMNi 
por cierto y así lo debéis vosotros tener, que: aqueste es el fleft<Mr 
que esperábiimos: en especial que nos dice qu^alU te;^ ía ootioia 4e 
nosotros. E pues nuestros predecesores no hicieroi^ )q qiijD.á. mi ser 
fior eran obligados, bagAtnosta nosptros y demos gracias: i. niieetrM 
dioses, porque en nuestras tie^ipos vino lo que, ta^fvto aquejes f¡sj^ 
raban. Y mucbo os ruego*, pue^ i tód(fB, es notp0O;,l(34Q:)^S|t€i,.rq)lie 
así como basta aquí á mí me habéis tenido y obedecido, por seQiof 
vuestro, de aquí adelante tengáis y obedezcáis á este gran rey, pues 
61 es vuestro natural selior, y en su lugar tengáis á este su capitán: 
y todos los' tributos- 1 siwfidos ^¿é' fasta 'aquí ¿ mí me haciades, 
ioá haéedy dad á'él^ porqi^e yo así mismo tengo 4e contribntr y 
servir con todo lo que me nuindare: y deoMw de ftteer lo ^e debéis 
y soii obügadosj á nfí n^ haréis en ello mtieko pláoéf .^ (I) ^ 
Biof aquel punto almndantes lágriinas y 'sollozos le embargaron ía 
' voz; de dolor y de' vergüenza llo^ba dcsconéoladamentey y reyes y 
actores lloraban también, causando su pena^ ^an oompc^on ú lott 
aiiemoB castellanos, mnclio» dé'kn^i(MDbitái atntféiNM^btriiiéfaécérseles 
loslojos. IWü'fi gréiu raió el lliinfó, y una/fez sosegado, cada unof4(í 
prometiendo la obediencia al monarca espaftol^fmjet&ndase i ka 
Itedenes qM A nombw d« éételesfisefikn ^mck^aáM^ y ^{(fáttietrendd 
pLgpr kftñfmto! Preséiíté áfkctó coitío'fe8Í^Ba6Ó\eÍítuVo iP^ed^ Fer- 
nández, á quien Óóirtéi? pidíj6 por testimonio larel^cip^ de Jo ameei< 
idoi reoogieadá el^omment» en goarda der méenbk»*, Ltonoblert 



' I 



J '.» ' j ' 'f.' ".' '/. 



(1) Cartas de Bda<^fác^ 96 ^^Ty^HsfafSipífton 
trato difuso^ por ser eainíestaco oonoepco d más satoriMdo. 

90K. iy.*-43 



33SL 




mi 

6'1ttiái8;'^0r^ué be^f^natiéú 'Otras" tteirrás Se que laijdbien fuese señoi 
ümóÜQm'^iifá:' tl)ToTí*ttD/des*í^üós d¿'ta^ñt¿8 áBos trascurriáoii, 
IbBbttttciífl'i^^iBlahfelLfer'énfciáí'e^ ' ' ■' '' 



tts ijue - hübiéiW íb(3ó', ' sé tbriíáljai/ l'egít ípdló's; áád4 la oiieáiencia 
pc^ los 'Gíe&ótiis'ae' Anitinac^ de aquí ^q 'adelante tódó acto de dles- 
dbédeclnúéhtó'débíil ser castigado' ó(/mo rebeldía, y el juez natural 
0ta • «1 i^rbtehfáht'e' báT mÓtiárca ^die' iOk&tiUa; npía^rado pior I03 coil- 
tejatefi/ de la tilTa: Riéá. Así ^ lo ñgurafia i)'.' Hérnan^ío.'^ l!¡!f ucíliaii 
véo^s el 'hombre tiütrá én argiimenfaióioiies especiosas consigo 'mU- 
mo,' pata «hgááarsé así' propio. Lo verdaderamente lógico era, ^ue 
faC^^yMdb M' reconocimiento debía Wgülf él tributo.' " Cortés' só' diri- 
gió á Mótécuhz'oka dici^iúáólé, que el rey dé (jástilta necesitaba pr'o 
^m üíettás o'bi^ que máiídabá bacer/porlb mismo (^ué . nombrase 
]^scm1liM!<S[tié (^lerstn'con ld3 castellanos áVer^ á toaos los séflores 

(1) i^^oná^i^^ 
iéñj CartaB de reliy). pág. 96 y 97. — pernal Díaz, ca^. CLi— QoviAra, • C^rón^ 4^^ 
Xa*r.J^B[«rtíte,"adfc/'tf,*ül).'ÍX, cap. ir.i-íitiiliodiilV His. Chiáiün. cap. 86. 
Ilfik^ff98i'<lea{:ili»adbefl4|iitf«ti^; él dkho «fóntékrama fizb> atititKr Vódbs^ Ví los 
más 86ftorM{Vrfln^i|^f^^l9]iwn»Jfar' fO. pt ff P fCa^iiitl labh» rei<^«]faiBÍíBda%'<»- 
ciábano é del dioíio ipon H^iof^^o.CorM^ ér de.ii;^i:(ahQí| e^afloles, ¿fú m ipjmnft- 
¿neóito muy largo ¿i todos aquellOB sefiores ei^.que les.truzo á )a mdmoria stuí ocio* 
j^adM'Xafe) ^s^KttiitMi 'pdsadaA; 4 coinó por elláb pnrescia que ablaa de ser soxilzga. 
dipf 4» fU»! ialto; «eAOry.'éri^eíMgvp lasveillJM'é liarte ddodlC^dieho 'Do^^ Hétmañdo 

go|ft«^f d^t»<|if^^Yijafl^^iff^^ ^kf)49rfl««ft^«WuA;8n» «««v '4«« If^-^AMiV^Mm- 

dO|, creían ¿,ieriuai^ por cierto^ que berajra complica aquella profepji^'^ queUoíi top* 
Hftxt qúftQtOS buenos tiatamíeñtos reScébirüÁn del diobo Don Herdando^Oor^s, é oo- 
8KÉ léB áttaldlby) yttftda4'^ i4d& M'^é las deséia; 4 dtfta cJsas muy iatgt» qué í¿í 
^,4^.ilj^Úfmmf^'*^^'^f^^Í^^ f* Millo tf flfMito d6rii4atl 

g¿aii.rey «; íi^or/í 4e lo 4^;^An^¡pfm;«p «BM<f < PíftariOr ^«l dtolif ;p« JHtanun- 
do Ck>rié8 én su noipbr^; e qpé les rogaba e mancaba, qn^os^i^ masmo loft^asfn, 
¿iMisiliiiáfíJQ^«n»ábd^<M¿'paÍ!h^sabiaiÍ8&do íeálfes'álos suyos, que ann^y elloí 
Ip^ikwn^jiimpadidof ^dUro Mflkií; lír^nj^itoéltott 4 IfkisiMfr )i9 quel-diéUé Dóa 
Hernando Oortes, an sn nombre, les mandare: 4 si saben que ansí fué fecho 4 otor- 
gado por el dicho Montesoma, é por todos; 4 se asentó el abto. en forma, antél di< 



gometíidofl, pata podides Io.^tM.jqm«MiM contriboir pafa^elloy te- 
nimio fintenák^ «fute iefricio al oob^raao da. CMtUla, j aefial de 
Ift vol«ntad4a6.I^tcintaA;qatt «I iunmio Minador dieae de lo <|ae 
tenia» -pues' toda le^qUeita enviar A «u.^eSor. Ea oomecijianota se 
xeparÜeKOii por la tierra <comiaioiies de TüAdehea y cartaUanos de 
doi ea 4o« J de ciüco ea oiaco, exteadSéUdoee hasta provinoias dts- 
tanfteada la onqáíuA liasta oebwla y ojea lenguas: eada aefior eataba 
obligado á dar ^erta medida de ^lo^ (1) "E llegados 4 loa pudtdies, 
»*diciea al aefior del paeblo: ^'MuteosuiBaj el eapitao. de. loe' crie- 
** tianos 08 xmgf^ que paraeaviaf 4 su tiefra del eapHft&i lasideis 
(«del oro qae l^vieíadee, é aaí* lo dabttkl liberalzftewte, cada ^ual lo 
^Vque qairie." (2) Aqiuillos menaajeioa seoogían dotnae del precia- 
do «letal, jo7,as^ pkuaae j ropas, eoa loa demás objetofs curioaoe y 
de preeio qa0 podían kaber 4 las pumos: ^*las cnalea, deipas de .su 
^* Talar, oran tales y tan maia¥Íllosas, que coasicteradas ppr su no- 
'^ vedad y exiya&eza no tenían pre^ ni os de ereet que alguno de 
'^tedos los ptíncipes del mundo, de quien se tiene notioia^ las pa- 
*^ diese tener tales y de tal calidad.'' (3.) 

Fuera de los regalos mu las repetidaá embajadas y del tesoro de 
Axayacatl. tomado por los espiAoles en elcuavtelí di^ para entónoes 
MotecsubaBpma un espléndido regalopara Okdos- Y, de suma riqueva 
an joyasi ero/ piedlas finas, mantas y ropas de esquisito primor y 
para diferentes usos, siendo muy notables uua docena de cerrata- 
naSi *'en que había figuradas mucbas maneraf de aveeieas y aaima- 
leS) y. árboles y flores, y otras diversas eosas, y tepiían los brocales y 
puntería tan grande como un geme, de ores 7 ^^ ^1 medio otro tan- 
to, muy labrado. Pióme para con ellas un (jp^rmiel de rod de oro, 
para lof bodoques, que también me dijo que me había de dar de 
oro: é- di6me unas turquesas de oro y otras amebas cosas^ cayo nú- 
mero es casi infinito.'' (4) Los castellanos quedaron espantados de 
la liberalidad del imperial cautivo, apresurándose á darle las gra- 
das quitándose las gorras de atmae. No fné ésta toda la dádiva, 
Motecuhzoma dijo á Cortés: '^Vayanse con estoto mios algunos vues- 
tros, é mostrarles han una casa de joyas de oro é aderezos de mi 

.(1) Costea, CarUs d« relaa i^g. SS. 

<8) CartMda relM. pág. ^ ^ ' . > • . 

I4i OsvtMdi^jE^lM. pég. 100.— BamslJM^^ m^yiX^i: . 



810 

penona;*^ é quien esto eaerHíe é «tro gentil komlire ftieron per mu* 
dado del marqués oon do» eriadoe de MnleeMniai é en la casa de 
ls3 atea, que así la KamaiMtn, lee moBtMuron tina eala é- etms des 
cámarae donde había asas de oío tft ptela é idediraar Terdei-, «aée las 
mnj finae, é yo kioe llamar al marqnée, é fué á yerlo, él» yUd:Hl)- 
▼ar á m apotento.^* (1) Toáa^a eneontraba modo D. HérMttdo pa- 
va sac&r más oro, rogando é Llotéenheoma le maiiá86e^MHMrr<'dén 
ras plateros cosas qn^ le Íab»«gühidas como imágenes, emeiésee, 
medallas, joyeles 7 oollarse. ^2) 

La colecta debió ser en realidad muy cnantiosa: por este medio 
y en corto tieÉq)o, la totalidad de Ids tributes aeailialados en Mé- 
xico^ arrancados oon eztorciones y violencias i los pueblos rencidois, 
pcMaroa á poder de los espafioles. (*) Has no áontentos oon le ad* 
qnirido por aquellas vías, que por oomplaceneia podremos llamar 
legales, se entregaron también á aetos reprobados. Descubiertas las 
cámaras en donde estaba encenrado el eacaío de Motecnhaoma, el 
eual granó, ademas de ser empleado en ciertas bebidas del gusto 
de los méxica, servía de moneda, durante la noche ée introdujeiV>n 
liasta trescientos indios é inciit|8 de la servidumbre de' Oortés, aca- 
rreando cuanta semilla pudieron, m hacer mucha brecha en 'el* de: 
p(ysito que era de cuarenta mil cargas. Súpolo Pedro de> AlvaMb, 
y cuando acabo su cuarto de vela cerca del real prisionero, otufrrió 
con cincuenta cargadores para- traer á su aposentó cuanto • pudo; ñ- 
tñé el robo á seiscientas cargas. El reguero de cacao hizo patente 
el hurto al inmediato dia, y quedó sin castigo por estar en ello com- 
pficados los capitames. (8)' Los soldados saquearon igualmente !el 
palacio de Moteouhssomá y las casas reales de la ciudad, dando mo- 
UTO este procedimiento á que todos desconfiasen de perder sos bie- 
aos y se alborotasen hasta el punto de no acudir con Tíveres: fuá 



(1| &elwioitd« AdAmís de tTspíi» pág/ WL.-'-^imMn, aia H, UU' IX» im^. SV. 

(S) CartMdeBelae. p^99. c > w-. 

(*) 100. iten: d saben quel dicho lAontegoma mandó Inego que todos kw thflso- 
ro8 que abia en la cibdaá, de las cosas piíblicas, ansí de los ídolos, quera lo máa p«-ea~ 
^pal, como aderesoa de fiestas genenJes, se diesen y entregasan al dioho Don Her- 
nando Oortés; é si saben que se entregó muoha santidad d« oro, plata, piedras; pliu 
nas, ropas é oftns «bsUH qae rtiádm en eamidad de nás de eoheoieiites mil daea* 
dos." Interrogatorio, Doo. inéd. tom. XXTri, pág. SIS. ' • 

(3) Herrera, déo. II, libi tX, Slip. IIÍ;^»^Mquemada, Hb. I7;es^. STEL^ '^ 



341 

leslábkirid* 4 pooo el orden, ao én í|m eomettem loi Uaucos mu* 
ohaf ÍD¿wtíaUui y videMiiuik ^1) 

J>eide tieiRpo MteiiiNr ae M^fti.iDMd«do reoc^er el oro á Tezech 
CQi envwida A k» lienoMfs de Cecvuaatoin con Berneldioo Y&zques 
de Te|^ y Rodrigo A^yaies en. compa&in de idpmoa peoaet, de 
di^de reíalM le ipoeitesdri prtoovP üezakojalqiieatzi y la huida de 
Cacama^i^ Pu€|4o en. wiflien erte ley, D» Hernando le confió i 
Pedfo d^- Alirarado pm» ir á Teaooeo i li^cer la coleóla para el rey 
de Caitílh^ el infante» ael Uantaban al prisionero, entregó nuoTO 6 
diea mil cartellaBos en oío y como dgete no tener más, pues ppcoe 
diae antee entregó por eue heirmanoa quapto poeeia, Alv^acado le ató 
i un palo de piós. y manoa, y le quemó la barriga echándole brea 
derretida en una oasuela ahujerada en el fondo. El feroz capitán 
Tonatiuh escribió á D. Hernando cómo iba á pasar adelante para 
busoar más oro, á enya nueva el general hizo salir en un bergantín 
i Bemaldino Tázquez de Tapia y i Rodrigo .Rangel con orden de 
traerse á Méxiee el oro recogido; al Uegar á Tezcoco encontraron 
al TeiÉalinh en su terrible ocupación. Alvarado aplicó el núsmo 
tormento al rey de Tlacopan, Totoquihuatzin, y á algunos otroe 
sefiores« (2) 

Beunide el tas^oo, lee plateros de Azcapotzalco fundieron el me* 
tal en grano formando unos barretones de tres dedos de ancho: para 
marcarlos y sacar el real quinto construyeron una marca de fierro 



(1) P. Sahagun, Hb. XII, cap. XVIÍÍ. 

(2) Procesos de residencift, instraidos contn Pedro da Airando j NqSo de Qns* 
muk. M^xico^ 1847.—^ taanaváó el caxgo bi^ el nimero VI, pág. 3.— Consta la de» 
él«Bi«ion de Bemaldino Váz^ues de Tapia á la pág, 35 y stg.— AlYarado responde ú 
la pág. Q5. Se escalpa negando el caigo, por fundarse en el sólo dicho de Bemaldi- 
no Vázquez de Tapia, testigo singular quien no da la razón de su dicha Belatan» 
do el hecho diee, que estando preso Oscamatain pidió le enriasen á sn tierra y daría 
mnoba cantidad de oto para el rqr de CaatiUa. en cuya consecuencia Cortés se le en> 
tte^ puesto en unos.grillos} llegi4oi á lexoooo, el prisionero dijo no tener oro nin. 
guno y que había echo aquello por rer si le libertaban sus rasallos y mataban i Al- 
rarado y á cuantos con ^ iban; negó haber maltratado al preso. Maa á los pocos 
xens^áues ffftv^f'^ "¿ si algún mal tntamiento se hizo al dicho Cacique sería por 
''Ift bnxlagrsnde qna nos aria fecho 4 por qiiél é los suyos turiesen algún temor é 
" poacqua zio me matasen i mi ó i los que yran con migo é con todo esto me dio 
'*unoa texotea de muy.pooo ralor ó des que ri que no daba nada da lo que aria A- 
"eho eproDaetido lo bdri f^ esta cibdad a entregar e entregue al dicho capitán laao 
"oVanio/'Jw. 



34Íi 



/■• 



cotí las armas reales del tamato de wi tostón, y* earecieiui^ < de pe- 
sas formáronlas también de fierro de ana ^ «demedia |in<«%á; dé^4(M, ' 
una f níédia líbm/y dé cuatro tínteÉj'^bí^ise entender q.ité <i^,'«y- 
puesto nó' teñei* jpáírón ]^ara compairarlas. Tennina^bMT ksóperadór" - 
nésj los soIdádbÉ tn^erdü abinoadameiiíte ííe Uciev«í'ia repatVitídn; - 
dilatábalo el' gisrieraT; dando por ^razoU; espetar hasta serreúnidft 
máy6'r¿ltxitidad;'pero eÁos* insicrtiteúñ con téiDáddád,' así eapitanes 
como sdldadbs,' ^pdrqVie bábf aínbd Visto que ctiaüd^ eé desfaácmn lae ' ' 
" piezas del tesoro de Monteentna estaba en- Ids montones queche 
" dióho' muc*o inSs 'oro, y ' que íáftába la -.tercia' pat» deHd/ ^úé lo''' 
*' tomaban y escondían, üsf bdr leparte deObrtéd cerno d¿ ló^capita^- 
Viesy otrosquénbsé sábíá,'y'fi«ibatnfen<ysctfbáride:** (1^^^^ • 

{¡¡) A^Aroa delno^to d^ f^n/sX i^iBtí^ dios «popt^, cartas d^ ijplao. |»4gp 99; .«'^jue ' 
funi^do todo lo, .quó¡6ra para fundí», cupo á V. M. 4^1 quinto, treinta y dos mil j . 
cuatro oieutos y tantos pesos dis'oro', sin todas las' 5oyWi de oro y' plata, y |>l¿'majéd ^ 
y pi^&éññ y dinu^ n^ttohás e<»afl de valor, qui* pana 7. 8.' & ^-aslsplié y< éepáMf^^qtm ' 
podríaana€pr«ida imlldacbáoBy oáas snmajj^. íiOmpimsi rntí^ú^iao^ y.,l^#|9l^t]|li. : . 
to ^a U gla^ que se hobq^ danto y .tantos, imanóos. ''7-Bernal Dífui, c^ .CIY, , ^asienta; 
"se pesó lo qme quedaba,' y hallaron sobre seiscientos mil pesos, sin las Joyas y tal 
jaelos."-^En la Probanza fecha en la K. E. del mar Océano á pedimenio 'd^ ^vteáíT' 
0<3hoa'd6X6}sIde,-én íiomb^dé SMMAdóÓdítái^ á|»tif I)oei|]Sl>|litt:dÉr^ 
oetft,tom.:l,pág. 4Aenaaii(Íra|Bas:...l*.'^Jk)qv^.á S. 4.:pacMi^flÍ4>.^fi^eK>d(M[Q|i^0. 
treixUa y. dos mil pasos d^ oso fvin^ido,.^ en patena3 y collares é ojeras joyas de prp^ é 
xodelas é plumajes, que podrían valer hasta la cantidad de cion mil ducados de oro, " 
poco más ó m^nos.'* — ^Evidentemente estos cálculos sólo pueden tomarse como estima, 
pues ni conocían el peso del metal por carecer <^a j^al^nzas ypo^as gjustadas, é i|;no- 
raban la ley de I9S metales,, elementos indispensables ambos para s¿!car siquiera él 
▼alor aproximado del tesoro'. Debe titmbien' teáéfke en cuenta, qué 8(51o se haoe 
. mQncion del oro y de la plata íündidós, sin J)ónet é¿ cuenta lad Joyas, y por ottñ ' 
parte las plumas, mantas y piedras preciosas, para los castefianos á« poca impoftaa» 
oía, más apreciadas con valor estimativo 6n el pah y propias por k> mismo para siK- • 
quirir los objelos entregados al comercio. — Bobertson, en su historia de Aniérioía,' 
se confonúa «on los G00,0o6 pesos señalados por Bémaí píaz, esforzándose en pro» 
bar, ño ser posible hubiese en M^zióo mayor cantidad d^ oro'j^i^yiAta.— Prescott, tóm. 

1, p%. 497, afirma que el valor del tesoro, reduddo á- la moneda coihuii, **énk da ' 
fleis millones trescienfios mil pesos 6 un millón cuatlrócientas dieai y silste mü «libite •. 
esterlinas."— El 8r. D,'Jo«ié Fernando Kamfréz, én sus &nc)i»ciones á Pi^a8cott,'tóm.' 

2, pág, 79 y sig!, entra en curiosas indagaciones para* áacár el montoso! tesoro, ixtfcu' ' 
. Jando sus calcólos los siguientes resultados.— Bobertson, que lo valiía en seltoisatós- " 

mil pesos dé oro^lq estima en £ 2.500,000, qse reducidas á nuestira moneda sOn 
91 1.600, 000. --Ül 0. Presóótt, dividi¿ndt>lo eñ especies qáe^no aprecia separadanien- ' 
te, lo estima a¿ e^rpús én .£ 1. 417,000 cayA tedáedon haoe'al misnM) su f e.900,000.^ ^ ' 
Beduciendo las especies de Preacott saca segim sa oálcnlo $ 1*0O1,285.' Aiahasaiisi^ 



^.' 



m 




ctñini 

008 cfó OTO. jCn vista de tan exiírua porción, renusaron tomarla mu-, 
cnOTTTWOd murmiíraDan de la codiciaT mala fé del general y á^, 
los capitanas, llegándola tpmar la queja un.caráct^r^tan viplentp. 
€itíé*iiim icálmHr Ülds SeScÓnténíós. tíúDo uórtós aéreúnírles, hacién- 
cKweIi •*tiiTpamitíeifto coi> palabras muy melifluas, y dijo aue todo. 

iirf^.«fU*u'A-. Lkui^ui^ » ^L^JL-zfiy i:«ii^^:^iJí¿^ Uñ'í::^:"^ 



dki'fflriá^/qne'fpáVá 
ricos;^ y 8T jo'of ras 

pcimr:*' ^Sy Sea cúaT . . , , . .,^ . ^, ^ ^ _.^ ._^.^ ,. 

fildsiífeasÚfe'ii/'tfdrnaiidá.^pá^^ á tos linoa» 

xnagnlficsd promesas y a los otros^ re¿alQs de jojaa Y pescas, de^ prOi., 
Pero 'sléírúpi^e (j[ue3ó ^^(¿fdadV^báio áécíánen él éjér(uto/"unó eia pa- 
^tárdik B^koómU e¿''^el"dót)%^;V M'^^^tt'^dliye'ai^ 
Cftrtés f^éé ^Mihíci^il^Y^ií, ^^uVUÜai Vn ^sU^ento 'todo'^ '! 

tomaiido el tipo de BenuU bíaz; '«irmáita¿db''Qt'éerc!o fioir 1() '^h¿Ído y tomado J'^ 
ieBOEO valdría en poROS de oro 900,000+500,000 ducados igual á $ 3.469,000 de núes. 
ta xnonedn, pudiéndose admitir todavía que llegaría á trdá/idillfBey^'iCiabdfo.'' •' Kéi- 
nbosJadmitirlámoB el oüealo, tan aSío oomo expresión de los metales fundidos y 



(1) Bemál Díaz, oap. CV. 

(2) Bemál Díaz, cap. OY. 
(8) BeniBlDíaa, loco dt. 



m 

Por fortiiDa los soldados tente^i sin t^^bajo paanto p9¡(|<iii^ :fP(Bto* 
eer paVa ius hQc^sidádés 7 placeréis, y acUmáis eDOOQ^^ii^rpo. aobxn^ 
dtflirflíoéióti en las vibíen^ emocloñeá, del juegp. Pd4i;o. J!alenoii^. 
eotiátray6 toaipet tan bu^oa jr \nen pintados opino los, df ¡QastiÚi^ 
omptei^ndo las pieles d^ }o% atamborefi' con ellos se {HGmbjftliidQfcni- 
dados el t^etnpó^ baciéndese en c breves ñoras ricos por. la gapaiiciar. 
ó pobres por la pérdida. Soto un. incidepto desgraciado, sobrf^ñita 
^r la partición. Tetázquez de León bapia labraf á los pLatems de 
Azeapotzalco grandes cadenas de oro j vajilU; reconvenido por el 
tesorero Gonzaíp Mejía de no baber manifestado las bañas para ba« ' 
C6r el pago del real qLuinto^ entrftmbos se hicieron de r^spuf^s, pifia- 
ron mano á la espada, se ácacbillaron, 7 hubieran inuerfo.á no ha-., 
berles separado cuando ca.da uno tenía doer heridas^ ^CkNctés^ i||niHiQ^ 
muy grande anygó de Yelázquez, le puso pre^ por el bien p^Tece)r« 
Com6 el capitian estaba en un cuarto no distante de donde rivía el 
cautivo emperador, 7 ál pasearse arrastraba pon Hipido la cadena 4 
que estaba atado, oía el rumor Moteoahzoma y. preguntó al pe^^ 
OrteguiTIa quién estaba así preso: una ve¿ informado, cuando vino- 
á visitarle el general le interrogó acerca de la malaventura del car 
pitan, i h que p. Hernando, siempre prooto 4 sacar partido de Uy 
do le contestó: "y le dijo medio riendo que por que era tabanillo, 
que quiere decir loco, y que porque no le dan mucbo oro quiere ir 
por sus pueblos y ciudades á demandallo á los caciques, y porque no 
mate á algunos, pocesta causa lo tiene preso. Motecuhaoma inter- 
cedió por el capitaui oficeciendo le daría oro del suyo; Cortés, admi** 
tió la recomendación, conmutó la pena de cárcel en destierro, en 
virtud de lo cual Yelázquez de León partió para Cholollan, llevando 
iln mensajéro.del emperador para pedir oro^ ^ A los pocos dias tomó 
el capHan á liíéxico compurgada la pepa y con buena jiquea^ "Bb 
traído esto aquí á la memoria, aunque valla fuera de nuestra rela^ 
cion, porque vean que. Cortés, so color de hacer justicia porque to- 
dos le temiésemos, era con grandes mafias.^' ,(1) . i 

(1> Bemtl DÍM^ oap. CVL 



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CAPITULO VI. 



HoTBcmH»»! A XocoToniv. — Caoakatziv. 



p rmb m en d ánimo de lee mtAecL-^MúUouhtoma intíma d lúe eaeUHanoi abandO' 
nen ¡a ctuíad.Se^p'ueita díeetra de CorUe.-^Oenetrueebm de íre$ naeee en ¡a 
cetta.^Zowlnnu de Un eepi^oU^^LUga al pmefte dé Sam Juan una armada 
eepeMa^^Loe preenaraderee del ^fíreUo.^M'an^oe de Diege Vkkb fu e B. P repa» 
raí£9oee(mtmOeríéL^Ij$Aí»dieMeiade¡aSepemekk^MlIde, Léeae Yáequeeáe 
AyOan, 



II 



taepfttl 1580. Reooidaiémoft quA el mioiió dk de sa pcífliaiit 
Moleeiihaoinft babto dado iiiia de stu hijas por esposa á D. 
Hernando» á fin de establecer entre ambos relaciones intimas de pa^ 
rentesoo. Bl oooqnistado no melve * decir palabra aeerca de aqoa- 
Ha didiva: y es Cleil admitv fM las eírsonslaiMrias apuradas qua 
sig ai er on desde la primon del rej basta la <iaema de Coanbpopocaí 
no dejaron tiempo al general para pensar en pasatiempos* Segnn la 
aatocidad de Bomal Días, sin dada insistiendo en el pwpésita 



346 

mero, Motecuhzoma dijo á Cortés: "Mira, Malinche, qne tanto os 
amo, que os quiero dar una hija mia muy hermosa para que os ca- 
séis con ella j la tengáis por vuestra lejítima mujer.'* Dióle por ello 
las gracias D. Hernando, diciéndole ser casado y no ser entre ellos 
costumbre tener^más de una sola esposa, que él la tendría como hija 
de tan gran señor á condición de hacerla cristiana. Aceptó el em- " 
perador, en cuya virtud fué bautizada la doncella bajo el nombre 
de Doña Ana, y después vivía públicamente en la cámara del gene* 
ral: entre las mnjereslempleadaa en m servicio estaba nna hermana 
suya, nombr ada en el bautismo Doña Inés y una hermana de Caca- 
matzin llamada Doña Francisca; con las tres vivía en la misma in- 
timidad D. Hernando. (1) 

Lograda la sumisión de los señores de los tres reinos, pareció sa- 
zón oportuna de hacer algo.efíca^,en,iayDpdel principio religioso, 
móvil principal de aquella' conquista. Según aparece por las rela- 
ciones de los autores, no siempre bien conformes acerca de este ca- 
pítulo, en nada mostró enteresa Motecuhzoma sino en materia de 
sus creencias. Ninguna mella produjeron en su ánimo las amones- 
taciones re petidas por Fr. Bartolomé de Olmedo y por (yortés; escu- 

(1) Para las prímerafl noticias, Bemal Díaz cap. C VII. —Para lo demás oonsiílte- 
86, Sumario de la residencia tomado á D. Femando Cortés, gobernador y oapitan 
general d^ la K; E..y ^ ptros«go|)ejnuidiaix«6 y oflcislM 4» U roiamtf MéxlSo ^852-58, 
-^Cortés recibid á la hija de Motecuhzoma, la hizo cristift^ia ponián^ple por iiombre 
Dofia Ana, viviendo en compafiía del general basta que fue muerta en la desdichada 
Nodhé Ttíste (BérnAldlÜo Vázquez de Tapia, tom. lí, pag. 244). Dofia Ana Uevó en sn 
colÁpéñitL va vlai^mtijereá parir stsrritfé y viVSá publicamente en'la cámara de D Her- 
nand^}/(FrA&oís6oí yaigal^tom. 2l,pá{(. 248. GgubOo Méjte, tom. 11*, p«¿. 1^41). 
En- compañía de Dpft» Anft f uf ux^a Ijiannai^a^nya, á'la:ciial nombraron Dofia Inés 
(Bemaldino Vázquez de Tapia, tom. II, pág. 805-306;, y entro las personas que la ha- 
cían compafiía se encontraba Dofia Elvira y la hermana del rey de Texooco, Dofia 
Francisco. Dofia Francisca murió en la Koche Triste (Francisco de Vargas, tom. II 
pág. 306 y 807). Cuando murió Dofia Ana estaba grávida (Gonzalo Mejía, tom. II, , 
p^I im^iy: 'Oérmiü fai)iHÍe*Stote6ilhpou«'f<l» bimft'láabtf^'tí oiiái xnais ín} 
AliMBoda jftrí^ aewu^p4ergpAd<>TÍi!^(íD,.y n|ue|tp:fttaí«f Üorté»ffr*UeTá áj 




Jtditssén él cuartel, lo. confirnia 'Juan de MtmsiUa) tom. I, p^. 268^— Todo ello 
o<m¿tá'fe^'etrdo''én:iá>b8^W¿á¿¿tfr¿to eoliW'f)'.:¿«!b'áñdb (íorSÍÍ,'MS.^ en'^er' 
d^4GAl^I«ifsbklcMll. •'■•!•-';'':'' i •••''••' r-'-'' '*' »-í •♦ -' • Í».i'».'^íí 



3ér 



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no mterrf|Q»pir ^I Ai^tq da ;]o«;^icMie8 l»09ÍMdi>)ei( du^riotf>Metificiofr ' 
de.TÍ9tiim« liUmM»».; Tplyieron oi^udiaa .veoaé>.aVmlifciiÍ tenia los** 
p^djwadoimytf <^wliD Jf^ecnhaoin^ .jM^Maoiem. ioqAebráíitaUr, >; 
Dk.QAniaiiÍQ d^ilifed :«t]k b <H»v«rsacy>n a%0Dii9 amáDaBas^las- oaa^ i 
lea Jogcatw* álotfQwr -Ja ptomo^ de.^ne ^> mi¡ierado£ ooosnltairíá ^ 
con JoSitafoiflotofL, PasAbaí» el iyk9i0{)a,.jif!*%filii A^ (ietertniHár al ^' 
flec4i4o: moiíancai Gqtí^ i^ai^lvi^ pIhw pQr>a4itOaeiitoi ; Bíoboe la ina^' ' 
nepci^^ep la uguiflDie jqlaoiop' de uq t^^tjg^ ". -> 

D. fiÍQriial^ aedurigiO «al templo .mayDtf'.berQaao/ fil diiaftel,'enii 
o(NDpa|Ua de a3:gnpo8^.soldadQf•^-t*44íi!quQKJa Mtaon quct el marf .* 
qnéa £Qj6«lipatio de^. toa. id^oc^ tHiif iMai^oMnvy •yarfa^nte de; lá 
tuya; é.atidat)da))Of el patia m^.. di|o( á; pl:'*^'.8obid;.á caa.ixnre; é. 
mij^^iié hay enfila;" é^.y^ apbl é algiUiO0i^e'aqae]loB)mtBÍetrádo-r' 
rea de la geAte^ subietoli eotiiaigpj 4 Uegné i.uii,áitnaiita'de «mucbofl I 
doMacteda oáiaaio, éipor,ella^bie-;ntoohd riAm^ro! dé dafloabelea ; 
é oampaaillaa* dí9 metal: é quirioAdo^epfiM hibíeiDp tan gran ruido. f 
que (inci crei qnfr.}a.ca^ M caie. ]Q1 üEiarqTiéa, subid eomb por pasáf - 
tiempet,^ 6 ócht) ;é iiea» efipaficies oon 4)!¡ é|)0rqu0 tfiMD-ia* inknlia.qiieí • 
estaba por antepuesta; la Msa' estaba e£(CKimy eod laa eeiiadas quita«. 
moa de lá manta^ 6 quedó elsro. Todas latf peíredeside^ la' casa .'por 
de dentro ecan hcclms da imagiiusi:ía:.de!p^ra» de la con que esta* 
ba hedíala pandw Eatali lipA8\oea.^mii'>de<4di)1eKé én lósbóeíBia [ 
deatoe é por el cosfpo i parte&teti(m oaueba saogire^ degoiflor dá . 
dos é ttea dedáis^ é degcubrM^ loa íd«jo8 de pedi^YÍai é miró {ior alUr 
lo que se pudo ter,. ó 0e{»pii)ó,bal^itoddi?epiw^toa1gatrÍ8teié dijo, que 
todeSilá oimor '^o^i Biosl ¿porque ^mmntes q^i taiij graadettente ; 
el d^blo saa^Hons'a'do .en eMb •tierra?! ó- ba^^^Setor» })or bien <|ue en. 
ella te siWaniosf ^ ó laandó Uem^T \^ >pt^ejtes,:é Jrtf al: nkidorde : 
loa cascábelaa.se babte Jlafladoigtfntald^f qiioUa dejW.íd<^,:é di* : 
jo1m:< f^]>Í0a)qne«Uao:elvaÍ0b]i]íaitienaibaltt^ ártmótuoBf/inú^ 
otros é/ártedea, é ctia t(K(iDn.qae aOs ma»lenaipQ8, é .si if aeramos ibujah.. 
noa ittf Ibrará aLcielo,;é.ifi ao^ íeaQiasjaliMera^vic^Dio i]fte.Iaiiga»i*s 




3tt 

mente of 'diré oaañdo íQá« nos entendamos; é 70 qtii^'^e áqal 
donde tenéis eübá <ÍM<M esM kimágen Ab Dioe 7 de tn ttidre ben- 
dita, 6 traed ágúá para^laTar estas pare&ecí, é qüftiettemos dé aqní 
todo eato.'* Ellos se reian, como qtle no taeri posiMe hacerse, é di* 
jenm: ^No^solamenté esta eibdiad, pero toda la tierra Jnata tieiüeii 
á éstos p6r sus dioses, y «qní está esto por tJcbilobos, cnToe soiües; 
é toda la gente no tiene en nada á sns padres é ntadres é Ujos, en 
comparacicMi deste, é determinaron ée morir; é cata qne de ?erte sa- 
bir aqni sebah puesto todos eñ armas^ 7 quieren morir por éús ih- 
ses." El marqués dijo á nü espafiol que f aese i que tttiriesen grand 
recabdc en la persona de Mnteczuma, é envté á que ti'nlesen trein- 
ta 6 cuarenta homlnes allí con éí, é respondió á aquellos sacerdotes: ' 
''Mucho me holgaré 70 de pelear pbt mi Dios eoñtrá vniestros ^óses, 
que son nonada;*^ '7 áfatsis qne loe espafiofes, por quien bat>ie obvia- 
do ▼inieseñ; enojóse de palabras que rie, é tom¿ eon una baira de 
hierro que estaba alli, é oomenzó á daten los ídolos de pedrería; é 70 
prometo mi fe de gentil hdnfcbre, é juro por Dios que es veiiiad que 
me parece agora que el marqués saltaba sobrenatural, é se abalan- 
zaba tomando la barra por en medió para dar en lo más alto, de los 
ojos del ídolo, é asi les quitó las máscaras de oro con lá barra, di- 
ciendo: ^*A algo nos hemos de poner por Dios." ' 

*' Aquella gente lo hicieron saber á üíutecznmá, que estaba cer- 
ca de ahí el aposento, é Mnteczuma envió á rogar al marqués que 
le dejase venir allí, é que en tanto que vlnie no hiciese mal en los 
ídolos. El marqués mandó que viniese con gente que lé guardase é 
venido le dicie que pusiésemos á nuestras imágenes á uiía parte, é 
dejásemos sus dioses á otra. El marqués no quiso. Muteozuma di- 
jo: ^' Pues 70 trabajaré que se haga lo que queréis; pero hábeiémos 
de dar los ídolos que llevemos donde quiidéremor," é el marqués se 
los dio diciéndolee: " Ved que son piedra, é creé (cred) en Dtbe que 
hizo el cielo 7 la tierra, é por la obXB conoceréis al maestro;^* Los 
ídolos fueron bajados de allí con una maravillosa manera é buen 
artificio, é lavaron las paredes de la casa, é al marqués le pareció 
que había pooo hueco en la casa, segund lo que por de fuera pare- 
ció, é mandó cavar en la pared frontera, dpnde se halló el masón de 
sangre é semillas é la tinaja de agua, é se deshizo, é le eacaren las | j 
joTas d^ orO| é hubo algnnd oro en una sepultura que encima de la 
torre estaba. El marqués hizo hacer dos altares, msip en una purte 



; 



1 






•149 

4e 1» tope^ fM n^ (Pitido en dos' hnaooi^ éUito ed otrai 4 piua^ 
uui paite K ifnágen de Nqeetfa Se&er»,: tm un retablieo dé taUfti é 
ea otrp 1^ d^ 9w^ Orist^l^l, pO^qi^ no habíe enttacet otras imá^^- 
oee; é.denda m' adatante. se- dípía allí miea; é foe indios ñnierai 
dende á;oÍ9tM>$ dkMfc A.t^iar jBiertM . zaftoadaa de taals yerde é 
moy.lsh^Mi diffiwdo; .'' P^oe qpa noi quitastea nueeitros dioasd ^ 
quien ragábanyis p9f f^tN» baoó al yaestro qm Dos .las dé, pqrqw 
se piérdelo sw^bmda.'^ XUnutfiqíiéa les cettíficd qne preskl llor^e, 
4 á todo nos enoomeadó. qna rpg^sempa á Diee por agua; é así otro 
dia ftiimos.en procision fasta la tonrtí 4 aliar se dijoiiiUa;,4 bam 
bnen sdl, é opaodo venipips. llovie tiento qu4 andábamos úvl «I patío 
los pies cubiertos de agna^ 4 asi .losJodias se tmiraviUi*on mu- 
9^0- (1) .. : ;, , 

Xia relación es gráficfi; no le falta ni ixm el pcodigio obrado pbr 
.Diod á ruego de aquellos misiepeíos xailitatea. jLa posieiob di»l teo- 
oalli fi)é solemnizada coa una misa cantada pov^I P. CHoiedot ^7^- 
dada, por el presbítero Joan OiaSi que^bod^.ea guacda át loe.alta- 
xe^ pivtk eyitar pna; prpfanacHoi, ua soldado vi^gq: loi fápM queda- 
ron entendidos en no tocar ^ueU<^, salvo, entender en asear, quemar 
incienso, exioendef jp^pd^lf^s de. cera de: 4i%^y da ncohei, enromar y 
poner A<i>.^^ (Sí) • • . • . . ;<j- , » '.-.i ,.«..4 

Poco más de^cin^ meses Ueyabas de resid^iicia los /oastellanos 4n 
l^^noQl^titlM^. Lf^ cpnqmstfi parecía realzada,.. (yomo ya heinos vis- 
to, los reyep.i^UadoSi j)Qbles y selles, uno de loaprinoipalea papas, 
.estabi(9,.j^aQÍdps.^ pfision; acostumbrado el pueblo <á laobedián- 
cia.gi^iva.de susje^s, ala secvidiwbre del emperador,; no daba 
mu^tna 4e albproW Lor sqldsdos hablaP) allefadó gr&iides riqna- 
casy «lijne(^tf^ildo Jf^ esperanza, de jennijrlas tMlavla imagrories; disficy- 
jtaban d^ resp^tPij^cpAfid^ra^iones; igcMEabao de abbndantea proiÜ- 
fRfiwm^:^^^}Qm 4 .9Wtwt(|nuaqto,ide D^ftMfQ^ leKvJduttibm; wm- 
. df^. ftprteoíaQ.que . po.4<9#iÍ^e]:a . mn^iig^ y wth pctdiAD eelMur;4e 
fflAmOA q1 :X»m¿l«mi9it«'.d9 lft« KrQntqTQMB^lejs^údasidsleboantádo 
..Jafóiu JAa0.aqaeUAorasidei|ciadUi4ada.y e^tra ftfttilíar cbii Ifs 
iadi<Wi:.lM ib% perjudiicaikd^x, Cottsíd^ca^i^ da lejpsi adoiikideajcomo 
.iWiefiSí^jbs^natarales; brpta^os49:laíi bandas del nar^ ^qidos: 



^' .-u" til 






JB% >|i4»lwi pfA^^ífM, 4oiOoafiadoB é/intezpiífa^d» mcd < las éé- 

do0 síaiApr^ feMt^ Im «riíaSy k» oaballoi i oiqiUadoB, la» «rtlUeria 
cdlliliQ^8<»^ U gua^dift viKÍlaiitoíá los lOMores ittOTÍmie&toi dé lf«^ 
t^u2i¿)]ii4.. (:1) Tod» .f^[tidlA'pwa ¡r^ cnidada, etun -molivaíioi, 
pii0»4| l«e:8ftxo^la fi^m 6iiééf»4tt'^P> ^ cnattol estaba ^oy^mer- 
i1¥4a; wic^ (MMteUafos AíMtobaii iUsenufandodl por^tai firoviMiaa, 
col^C^toAd^ al OTQ ide.W Q»iiqii60;T«lázqii6s da L^d om máadé 
Oiea: hiwiblres ijda an <AmiiiD ipimt bidÍBtaQta ocdoiiai piojraatada >éii 
el Coataaopalco, Baogol eea iiiia;iparlida BMD4Mriae4irijáa4 Chioaá- 
tía para fandar un aataUeeímiitaia. Bata aubdiineioB^del éjéüoito 
allantó $ia dada á Motoeiilixoina para: otear, j la apoiti)DÍdad ¥aé 
■llien ealóulada y lezpUeá perüiotainflDte la reá^ueata tempUida y úbxl 
attmiaa' de C!ortéa« • ' . <* <. i. •\ • •* . . r. • . 

Aquellas . aoiagaa eirettantáaciaá áo > dnrUBoa fnocbo. OoIk^ diaa 
deapuea deíaididoe'ke- earpipteioa *de Hézko^ UegltfOB á laeoeta de 
San Joaniuioe l^aiseoa ebpaftolea.' Loa gobercfidoÍBa delaa eeataa 
diareaiamédiataméóte áiiao^á'Motecohzoina, xepi4p^efido loa eorreofli 
•harta que déaembanáda ^arte* daila gMto £Bfa8telm,«eUoa'Uieieroa 
pidtar ea an lienao laa iiavea,iiaa paaMmaÉ^ieiMaitaa oheUnataQciaa 
pudieron esteiidarf^raáikdol8aJ«agop(Rrlk)po8ta al emperador: en^ 
ioeila {Hriméra j eáta últúna fétiok) paseoei tiaaoniriemn treadiaa. 
Liando Cloitte,á>TÍ0Ítar: áunt)iiiaioMQed|'Io enoontfó alegrÉf'y*coiiaiih 
nicatiFoi sea. sospecha. 4 oaaofdidad, el génaaral Tepüió la viaítsí'jr 
entonces le dijo Motecuhzoma: '^Sofior Malinche, ahora en este^póu- 
tojne han. llegada menaajeroajIdeaxM&e^en el {meblo donde daabm- 
4)ánBa0teá' l^aa Tenido diealyoalie ¿nMoa y muahá'geAté f eabafiei, 
•éftodonaale tiMn< pintado-e^cUéae sMUltásp jieomo^&ie'tiai^^ 
lic7;!doaf.TaQea,'CTeiqiie mé waiidea-ll dk^inief(tt'4eetk»,^aM ^[M 
no habréis menester hacer navios; j porque no me lo deoiades, por 
una parte tenía enojo de tos de tenénndd eíaoiriM^rter, y -p^ ^tra 
mti holgaba, polque vienen v>Éestaoa iiermánóíEf, pava que todoé ' oa 
•imia á €a8tilk é no hay¿ tntó palábtóB.'*, (2() * ' 

j • ••ft>'*Betiiií 'Dfáa; 6Ép; ünn¿ - i'" í ■• • -• •«• •• h ^« •»• -' -' - • » 

(2) Bemal Díaz, csp. CX, * 



3Wf. 

yOTfxm áá^Afxifi if fi{iiraciw«8^e<>reyp gftlvado,:piifort*tópiflD(lo on.uü. 
arj^M?iP:4e nidria., /^«tm^iap á ©iw^ae^ftlfinejte'tieáapo provee J^ » 
%t>9pqhzoi^ fiitaba.dfl mfiíorbWnhumor; sin las^tei^óras^onA- * 
gai^Qtes !pajíbco»gti?uír ias navíes,. hftblar Í^8 sufioieBiesenla mar 
p^i^.í|levar§e4 Vwí Jí3ap(M:liuiv)fl kuépped<J8, quedándose :al fio libré» 
CQytéa BQífgppqaba igi^slrofate, piw3 Ikigabanal fin de: aiís com- 
paírio|jfi8,,oa u^a^orp i5p^8Í4ar^l6; c^da juiott nvimtidor 1» aconté- 
ciiaUntos 4 eu mo^o, M^^b^ipoü w^tiafeclio; y .tanto jqu© conííeron 
jux;tft8 eQ..arpion¡o8aconftpaftía,' |)ifa^ilidaila noticia» por:el».eiiarfcé], ' 
r^iéranla Ipsv8old4d9§..<50n gmi jií,bilo, efe eeáai d«l «ual edcara- . 
nM^pe^roftlQ^ caballos é hrci^roni.BaJ^^'de artillería.^ Ina-^faetalitiad', 
cwíf e^ ^ip refuefiTSo traidor j^or la5.procarad<M^8:icloa á )Gá8till6; ó-, 
bm ^a alguaa: expedición salida die Jas irías; - Pítáada* Jarpxitoera 
impresión, !)• Hernando ^nq participaba de 1&' eoofiaioza comua; pe- « 
sab^ «obr^ su coociencia el^recuerd» de Dieg<» yeUí(|uq2', y si nada 
8abía.4^^ de poaitiyo acerca da la prooedencitv. dé ía armada, para 
pisecaTerse contra todo evento re|)art¡óáinpKa»ieii te el oro y laff 
promesas entre 8U8. ©amaradas, atrayjéudoae con ^lloá oapitanesy 
soldados. (1) De todas maneras, aquella inesperada llegada de los 
blanQos aplazó el rompimiento: de pronto saoajron los cAstelíanos el 
ser asistidos* tan .bien *6 m^jpr que ^.x^toa. 

Para explicar la presencia de psta afufada,, necesitamos detener* 
DOS ua tanto. Deseando el goberoador de Cuba Diego Velázquez 
dar. ciienta á Oárlo» V. de la expedición de Juan de Qrijalva (1518), 
iQaudó á la c6rtQ á su capellán Benito l^firtin,;^ Martínez con la re- 
lación ^el descubrimiento, muestra de los -objeto» recogidos ea el 
rescate, noticia de la nueva armada á la sazón «a preparatiiiros, y en-. 
cargo de consegoÁrle :algun tífeulo en refqimeraoíon de sus servioios. 

■ « 

Pp^o tiempo después de salido 4e f3i|ba: el -Bepito M^tin ^ partió^ 
Igualmente Gonzalo de Onzman,. natural de ^Portillo, coa poderes 
de Diego Velá^uez y encargo* especial de proQurarsue. negocios, de- ^ 
biendo proceder en compañía de Panfilo de Nairvaez. Em en Casti- 
lla presideute del ponseja de: IndiasDo^ JuanB^rígQezde.Fonse- . 
ca, obispo de Burgos y Arzobispo de Resano, persona á quien se ha- 
oe aparecer con buenas prendas, si bien con los defectos de rencoroso 

•%3 U, '•: ■ . ' •■ 

(1) BemálDto» cap. OX-^OonMn^ Otón, osp. XOV.-^Herrora/dác. II, ubi IX. 
osp. XVIII. .'.... i . : 

TOM, IV.— 46 



j T6Dgativo; por yerdaderas ó mipueetas faltas faé enemigo del al- 
mirante Don Cristóbal Colon y lo era entóneos de Don Diego. Por : 
esta enemistad contra Don Diego Colon contra qnien Yelázques se 
había alzado, ó porque creyese á Diego Yeláaqnezf digno de galardón 
por ser bnen servidor y por sus recientes 6 importantes descubri- 
mientos, ó porque como se dijo, quería casar con su sobrina Dofia 
Mayor de Fonseca al gobernador de Cuba, lo cierto fué, que los co- 
misionados, recibidos con aprecio, alcanzaron la capitulación fédba- 
da en Zaragoza á trece de Noviembre de 1518. (1) Por ella se con- 
cedió á Diego YeUzquez la facultad de descubrir y conquistar á su 
costa la tierra basta entonces no descubierta, con tal de no caer 
dentro de la demarcación sefialada al rey de Portugal; el título de 
adelantado en las tierras é islas así descubiertas; ciertos pravechoa 
sobre las rentas durante su vida y la de un su heredero; varias con* 
cesiones en favor de col<»)os y tratantes, entre las cuales se nota es- 
ta curiosa: ^'por hacer merced ó á la gente que en la dicha armada 
ó armadas que hiciéredes fuesen, suplicaste á Nuestro Muy Santo 
Padre que conceda Bulla, para que todas las personas que muriesen 
en ellas sean absueltos á culpa y á pena, y que ésta se traerá á uu 

cosía.'' (2) 

Los comisionados tornaron á Cuba con tan buen despacho, el 
cual quedó inutilizado digamos así, pues firmada la capitulación en 
Zaragoza á trece de Noviembre, el diez y ocho del mismo mes, 
con sólo cinco dias de intermedio, se alzaba D. Hernando con la ar- 
mada. Benito Martin se quedó en España, encontrándose en Barce- 
lona en Mayo 1519, á la sazón de llegar la noticia del nombramiento 
del príncipe Don Carlos, para rey de romanos y futuro emperador. 
(3) El obispo Fonseca, para proveer los nuevos descubrimientos 
nombró obispo de Cozumel al religioso de Santo Domingo Fr. Julián 
Garóes, maestro en teología, notable predicador, peritísimo en la 
lengua latina, de quien decía Autonio de Nebrija: me oportet minui 
hunc aulem oreseere: Benito Martin pidió y obtuvo la abadía de la 
tierra de Culua. Ambas cosas salieron erradas; la isla de Cozumel 
resultó muy pequefia para un arzobispado, y quedó inmensa la aba- 

(1) Oams, BiaL d» Indíss» Ub. UX, ei^. OXIV.— Henmrs, áéo. H, lib. lU» mp. 
XL— Oriedo, Hist general, lib. XYII, cap. XIX. 



(2) Pooma. de Indias, tom. XXII» pág. 8S, oapitnlaeíon oon Teláa^tieB. 
(8^ Oviedo, Hiit general, Ub. XVII, oap. XIX. 



3B9 

día de la tierra de Calua, pues era nada menos que entera lá Nne-' 
ya Espafia. Siguióse jpran controversia, terminada porque Fr. Jik- 
lian Garcitoftié después nombrado primer obispo de Tlazcalla, miéh- 
Iras al presbítero Benito Martin se le hizo cierta reo(Hnpensa ea 
México 7 Tolviendo á la Nueva Espafia murió en la mar. (1) 

£n tanto D. Hernando Cortés había venido á las costas de Mé* 
xico, j como en su ltí¡g;ar vimos, fundada la Villa Rica, los conceja- 
les escribieron al rey de Castilla con fecha dieas de JaUo 1519, sa» 
Gendo los procuradores de aquel puerto á diez 7 seis del mismo mes 
y afio. (2) Marcharon los procuradores Alonso Hernández Puerto» 
carrero y Francisco de Montejo, con las cartas de relación, instruc- 
ciones particulares, regalos para el rey y oro para los gastos, del re* 
cogido por rescate 6 regalado por Motecuhzoma, en la nao capitana 
de la armada, con suficiente marinería, Antón de Alaminos por pilo- 
to y por maestre Baptista. Llevaban orden formal de no tocar en 
la isla de Cnba 6 Fernandina, mas no obstante la prohibición, eih 
tando enfermo Puertocarrero y sin contar con su voluntad, Montejo 
obligó al piloto ir al puerto de Marien en donde anclaron el veinti- 
trés de Agosto siguiente. Aquel lugar quedaba ep la estancia de 
Montejo, la cual tenía en compafiía de Juan de Rojas, persona en- 
cargada de la administración durante la ausencia del compañero: 
al llegar Montejo no encontró á Rojas, pues éste, siguiendo su nego- 
cio había tomado el servicio del gobernador Diego Velázquez, y se 
encontraba á la sazón cuarenta leguas distante cuidando de una es- 
tancia de sú amo. Montejo se comunicó con un criado llamado 
Francisco, hizo embarcar en la nao cuarenta botijas de agua, cua- 
renta puercos y cien cargas de pan, permaneció en Marien cuatro ó 
cinco dias y luego dio la vela para Europa, no sin dejar una cartfk 
diríjida á Juan de Rojas, encargándole su hacienda y diciéndole te* 
nía orden de Cortés para buscar á Diego Yelázquez é informarle de 
lo acaecido, si bien no esperaba al gobernador porque la nave hacía 
agua y se iba á fondo. No obstante la reserva de los viajeros, Fran- 
cisco fué admitido á bordo, diciéndole cual era el verdadero objeto 

(1) Cmm, Hist. de Indias, Ub. III, oap. CXVIII. 

(2) Cortés, Cartas de reláe. pág. 8S.— Beraal Días, cap. LIV, asegura haber sido 
4Sto salida á veintiséis de Julio, mientras en el eap. LYI, escribe seis de Julio. No ss^ 
bemos eipUoar esta oonteadieoion, ndoptaado por miesta parte la autoridad Ai 
Cortea 






del yiaj« jr. Id eBsef^aront^l. tetera, <()e QliCUfvIcdeQía^xlesp^QB ger^t^n*^ 
taque sénríif dft laétre á la* i;ifií>. {X)i. 

.Eojas recibió la 4ar4^ ocho d|iwf .4ctíiifup9..dQ..i4o.rMoiitejo,, y, eoj^ 
fecha ODqe^ de Setiembre ti^nb^^^l. gpb^ri^dproi reuiHífiii'!l9^^^ ji^via^ 
petida carta ó injarm^i^oj^ d^«j^QQtOv^fi,blab;8i|ce4idp^, li^'¿o^]<lV^, 
Yólázqnoz ituya tdqtielláa üueVapí proruinpiO.^n ipjur^is.í^i.qyec^i- 
¥«9 contra D. Horntífadb^y &it9.:f^]i?'(^recvdore#4<rj (l|fi%.de.^pQd^rar6a 
de la nave A^rtJst6'xlQ8 ' enibíaroailipDes. :dQ, y oco pc^te /il tpi»^dp d^ 
Gbbriel déiRóJás j OouzáIo.4QiGMfmai3y cqi^ Bufieiei^f^B ar^titl^rla. j^ 
sddados; pebo méntíñ yele/as laa ñiiMi<vp, ^ m^i}psr,es:perl'09:^tos ^lo«> 
toS) Duañc^o. llóg^ron áL of^pal de. .Bahfu^^ B<)r]o ipudieroD. obtener ja 
certeza daest^r eti spíIvo losvproeilija^Qi'^js^ ppr .^o ^ua} tuvieron q^e^ 
tornar sin (ningUai^reoajdocfi. Santiago. d^.-.CMba.; (2) Siguiendo por 
ahora á loa en/iadd,S'de.CQ)iiés^.j^rLdpr.U nave del puerto .de Marien; 
el piloto Autob di^.. Alumifios, muy príctic^^.j&ii.^queUps. mares, te- 
miendo ser alcanzado ai le per^^uían, .c^opVió la derrota aoostum- 
brada, y tomando poír l^pi^l^ deloa Li^cayos se iQ,etió poi el canal 
de Bahama, hasta ¡aalifi.fvl'apcbo Qqéanoitfué el;prtTuer navegante 
que atravesó aquel oatnin^v;. I^in contratiempo algupo lleg(V la capí- 
tana al puerco 4^ San.Líicaí: á.priíjcipios de Octuljre, 1519. (3) 

: Estaba en Seyilaelcapelle^n Benito Martín, j'sabed.or de la llegada 
de la nao pteséntO^unimeo^^jial,. encomiando los. servicios de Yeláz- 
qaez, pintando negranieufe la cojaductade .Cortés, y pidiendo que 
pues la nave era d,ej gobernador de Cuba,, siendo menester calafa- 
tearla^ se mandara .é. Juan López, contador de la Contratex^ion de 
Sevilla, la tomara. '6a si, 1q. hiciera ad9;]^ar, y con la sufícíente mari-^ 
nerí a la cargara y remitiera á^ Diego Velázquez. ^4). Los. oficiales 
déla Contratación atendieron la, tdp.manda ei) cuanto Á secuestrar 
la nave, totnf^t Que^iito iba( QU ella,: inclusive los. dineros de los pro* 

/ • ' 

• •• ' • 'J ' ' » '■ .■'•.■.{'.-•' 

(1) Carta de Ju^n de Hojas, en la liif ormaciou recibida ante el go.bema4or y ade- 
lantado Diego Velázquez, Ac. Cdíec. del Archito d¿ Indias, tom, XII, pág 155 y bí¿.* 
-^egim BemálF-DíaiB, cap. LIV, Móiilejo para no «ndmistasse ctn Diego Veiázquez 
y/ ponerse en peligro de perder du eatanbia y sus'i^didi^, ectidim marinero de la nao 
con cartas y avisos para el gobernador, el cual marinero atravesó en posta la isla, 
publicando por todas partes lo del barco y lo aot^idO;. hasta entonces á Cortés. 

(2) Bemol Díí^z, cap, LV.— Herrera, déc. II, lib. Y, cap. XIV. 

(8) Henreí», d^c. U, Ub. V, : cap. XIV. 

(i) Memorial que pres ehtó al rej Benito Martín» én iiombre dal adelantado Die» 
go Yelázquez, &o, Docnm. para la Hist. de España, tom« I, pág. 407. 



dreD/ Martin.' Pbt^ótíiénd^^átloii^^i feciiitda «n'Méthx delltejrii 
cinco de Diciembre 1619^ el presente del i^ixíitttito^de^ la Tilla Riz* 
te AÍé'¥ntre^ado áBóti^fe^ó líe'Obfaatt^iábe/qtiieíi á ati'tvis'ie pa- 
tojea Wñósdel^^]^flnráa|<^ya»' Lilia Y^ •E%iOl>?spó do Btvrgóft 
e8crü^i6«aí'i^y kigrérid^(flá dóadbot^^e übtué^ á;o¿tfieJa»d&le'iQanp 
dase cástlgaV á'fót piMtfiti4o^ bl^á'oMdSj bajb^t^^ aúspiéiód^ 
Montejo'y Piié'rtóeaytgfd é^ 'jllYitb¿m «n M^eflib^ c»a D) Martiíí 
C^Hés, difi^étíd«sé''&'' Gtefó^dna- W>'btf¿cár diDái^W^Y', m£W oo^' 
óío ^te kabía dejáiao ^tieIlat:€Í4¿adV ñiéi>¿ifto:á lésplírAr^A l^orde^ 

En; aquella re^icí^AciH- 'étt léívéltá^ D^a jMna, lo^ rarott lil 6b ha« 
blat óoír 'el mon8rek4di*^^it)euhiíl¿Te9-Mtate^ y PMrtocarren>, Bi 
MaHin Corteé y él pUofH^ Aiei^ de AtominOs; infortnteda^e deloi 
descxíbrimíeflftos,' vicffon pré^tá)* -A ios* indios qtie Ifiíbian llevado, 
élf níes dé ^ííhtaotSikttA vez Wu%!eWif! 'sido deBjMolutdóS. favora- 
Memente, á no estar pret^nido D. 'Garlos poi^iaé' cartas d^r obispo» 
Fonseca: debido sin duda á esta mala voltíñtkd üo eeidíóireselucion 
alguna. (3) Ciarlos Y andaba mtry: oenpádo en 'dejar A Espama, para 
ir en demanda dü la corona iníperfltr, raito>á por lá bnal saltó dé Tor*^ 
desitías dirijiébdoife ¡á 'Yalladolidj'efn'doádéé príaeipiósde Abril re*- 
cibió las cartas de los concejales déla Veta CmZi en imion de lo8 
regalos. f4) Casas, pt^eseúte e^iesta ocaidon, haoo potttposa descrip'^ 
ciou de los objetos preáéntád^sfafiad^eúdor-^^qúedaron toddslas que- 






Ú> La^xekícióii d¿4éis pteiíeikt^ enviados i><ir. eloregieáento ^H ?^üli Bi^&r «m*. 
fron^adaipoijl). fittifi Bf»utiB||^ Mufiost QOi| la^ d«l Man«^149| TeBprep.d^ 1<^ Casa ds. 
la Contoataeion de Sevillv'^ eApaentra en la Oolec. deDodum. para la ¡Hist de Es* 
pafiá, tóxn. I» pág, i61. O. ^uan IBáutista Mañb¿ aftáde: *' Consta del mismo libro* 
(Aíaimal del Tesorero), qnd '" 'eb ^etimpíímietíto de dloha «é^alft fserim Tésindos rioa- 
meüta ieA-miat»! indios» dos ds JsUof ORai<]piaii • 7 do» ifidiaS traidas po^ Moniejo'y 
Paertooajnceroy. j^ enyiafdps é S» M^fá ToidesiUafif .donde estaba S. M ., Salieron de Sa- . 
villa en 7 de Febrero de 1520, j en ida, estada y vaelta, qae fué en 22 de A^arzo, se . 
gastiffon onarenta y cinco' diiÁ. tlhó dé W Indios no fuá* á lá ootte porqtxe enfeniM^ • 
ea O^cdába y so volvía SeTÜIa» Y«iiiacÍ(sid0la!«drtÁ ttttríó ana. /PeHoiaecieaDOQ los 
dnco en Sevilla muy bien asistidos hasta 27 de ICarzo de 1521, dia en que partieron 
en la nao de Ambrosio Sánchez enderezados á D^ogo Yelázquez en Cuba para qne 
déUosiiioiesé lo que fuere servido de 9- ít«^ 

(2) Herrera, déc. II, Hb. V, cap. XÍV. \ \ 

(S) Herrera, déc. II, Ub. IX, cap. VIL ,:* .; \ . i. 

(4; Doocun. para la Hist. de Espaim, tomo I, pág. i7ti - ,> -\ 



9S» 

Tkxon aquestas eoflai> iiliMa vistas, y oídas, mayorpiente no bálHéii; 
dose hasta entonces visto e& estas lodiiui, en gran mapem oomorsiuh 
densos 7 admirados." (1) 

Sigaieado la maioha imitacieate del moaaroa, los proouradores 
apiierott á la Corufia. Para el desjMiclio de los aegocios de Indias 
quedaron señalados los siete dias postreros, intes del embarque de 
B.: Carlos. Mientras tocaba su tomo 4 les n^nsajeios de Cortés, el 
Dootor Lorenso GatindezGarbajal, del Consejo de SS. AA., tomó 
deoIaraQion A Montejo, i 29 de Abril 1520^ aceroa de lo acontecido 
oon relación á la araiada entre Diego Yelázqnes j D. Hernando 
Cortés, practicando lo mismo al siguiente dia treinta con Fuertooa» 
xrwo, por ante el escribano, Juin de S^manq, (2) Uegadp el plaaso, 
tratóse primero de los negocios del almirante D. Diego Colon; sélo 
se proveyó en lo perteneciente á D. Hernando, que, previa fians^ 
se diese á los procuradores lo suficiente para sus gastos, tomándole 
del oro que en Ja^nave hablan traído y leas hal^ sido embargado eu 
Sevilla: . tiodo quedó sin^resolucion. (3) Cirios Y se embarcó en Im 
Corufia á .16 de Msyo 1620. . 

Yplvamos^ahora á Diego YeUzquez, Habiendo resultado inútiles 
los esfuerzos que lii;lo para apoderarse de la nave de los procurado^ 
rett,éntíó éa'jdljnvffíf furor. La carta de Juan de. Rojas contenía 
las primeras ñutidas que A su alcance llegaran respecto de la expe* 
dicion de Cortés; acreditáronse en salida las nuevas del alzamien- 
to de D. Hernando, de la extetu^ion y riqueza del país recientemen- 
te descubierto, de la amigable manera en la cual habían sido reci- 
bidos los blancos, junto con la gran cantidad rescatada ú, ofrecida 
por los naturales, capaz de lastrar un bardo de sólo oro. Todo cUo, 
y principalmente esto ultimo, puso espuelas A la avaricia de Yeláz- 
quez, moviéndole á quejarse al rey y á la audiencia de Sa^tp Do- 
miiago, refutando al]mismo tiempo nueva armada para castigar á 
Cortés y apoderarse de las tierras desctibiertas. (4) Para preparar 
jfulicialmente aquel largo proceso que portantes años le trajo enre- 
dado cob D.HemandO) haciendo de juea y parte, levantó unaexteni* . 

(1) Casas, Hist. de Indias, Ub. m, cap. CXXI., 

(2) Declaración que dieron en la dadad de la Comfta &o.— Doonm. para la Higt» 
de Espofia, tomo I, pág. 486. 

(8) Herrera, d¿c. 11, lib. IX, cap. VIL 
(4) BemalDías, cap. LIVS. . - 



8M 

ia informacioQ. El Tiéniea aiate de Oetabie, 1519, prasentanm esód- 
to, GoDEalo de CUizmas, teaofeio, y Panfilo de Narraes, coatadni*; 
nombrados para esos cargos por el rey en las noeTas tiaras dsseiír 
biertas, ante el nuigQffioo srtbof Dl^ Yeláaqaes, *' adelantado, é 
^ gpbemador^^ conteniendo la carta escrita por Juan de Rojas á on- 
ce de Setiembre, j un interregátono por el cual dsberiaD ser exa- 
minados los testigos, con el fia de probar, cómo Alonso Hemándea 
Puertocarrero, vecino de la villa de Sañcti Espirita, y Fraocisoo de 
Sontejo^ vecino de la villa de San Cristóbal de la Habana, con el 
piloto Antón de Alaminos y el maestre Baptista, bebían tocado re- 
catadamente en an punto distante de la isla Femandina, en un bu- 
que lastrado de oro, y sin detenerse i manifestar el oro al tesorero se 
marcbaron de oculto, tomando Un camino poco frecuentado por d 
cual llevaban peligro de perderse; inferíase de todo ello, que Paer- 
tocarrero y Montejo llevaban hurtado el navio, defraudando al rey la 
parte del tesoro que le correspondía. Declararon á contento los tes- 
tigos por ante el escribano Vicente López, en virtud de lo cual el 
adelantado dio sus cartas para el asistirte de la dudad de Sevilla) 
iueces y oficiales de la Casa de la Contratación de Indias de la ciU" 
dad de Sevilla y demás autoridades, ^^para prenderlos cuerpos á 
'* los diciios Alonso Hernández Puerto Carrero é Francisco de Monr 
''tejo é piloto Alamino» é maestre Bautista 6 á las otras personas 
*' que con ellos fueren, ó presos tradlos á esta isla, la cual dicba 
'* caria de justicia se dio de forma tal, que en la dieba raron ouix^ 
^'plía, é se dio é entregó al dtdio (Sonzalo de Guzman.'^ (1) DesetU 
brese en el tal mandamiento, más el intento de apoderarse del fieu 
mosG barco lastrado de oro que de las personas culpadas. 

A doce de Octubre 1519, escribían Diego Velázquez, Qonzalo de 
Guarnan y Panfilo de Narvaez, al obispo D. Juan Rodríguez de Fon- 
seca, dándole cuenta á su manera de lo ocurrido, pidiéndole favor y 
participándole la marcha de Gonzalo de Guzroan pam Espafia, i 
promover \o conveniente, mientras Panfilo de Narvaez pasaría á las 
nuevas tierras á inquirir la verdad acerca de lo ocurrido. (2) En la 

(1) Informaeion recibida ante el gobernador y ndeTfttitado Diego YelázqneK, aobre 
vná eiípediaio* «Mpeoh^Ma, eÍD|ii«Bdida desda la Habana, por Alonso Fenáiidez 
Pnertocanrero j Francisco de Moáitejo. Doe. de Indiaa, ioaio 18, yág lftl-.204. 

(a> Cartea da Dioga V«blaq«is, Ctottsalo de Ghinoan y< Ptf aftlo de Karraes, á^— 
Doe. de Indias, tomo II, pág. 4S5-SS. 



mí 

ittigma Í9úhs%i áocéAé OoMbife; ^MriMW'^Brégó' Yéíáz^xiez'^rfk ^taf- 
.táoalar al obispa -Poriseca] yéiatendb Ix^ ftoein^, IK^^saiidó i Icís' tíW- 
jen>B!da:fanéto ^deiiaber'tbttíflldb átlgUft^'íhdto^e lifi'eétátré^'dél 
Ma^ieo; en cttant^já kifl^propí&fc íhtenüimiééi; :^^féb kib€^'di^tiS«to 
•niaiclie! eín un batfeb Got)BÍ^>d«¿(}tlismán eti p^ráediflíehSde lo8^(^ 
fagos, yieáBo'ée ioí/iilbaflzartó*/ltegoe «•Bs^afia'paTá hAtíe^ Veftí- 
.cioD/de }f(ido'al'ib}"»y'á iBtrSi LíS.»: respectó de 'Pá¿fi1b dé NarYaeif, 

V acordado dé le éntíár á el W fée W dar tofif poéerétí ^nfe Ae 8: K. 
^Heiigo, 7 deileibondar oób todn» las' naíDfl'Cfií^'et/^^altita^lief |k^& 
'^do baber ylá gante iqoe mi pbreüió qiífe «I «prefténtla' cdn^rettíá, pá-^ 
"rasque S,4M^íeii nqtdellM pattes Tmiy-niád'getvidd pteda feci*.*'" (1) 
El-6ÍgaÍ6ote, treoe d« Oetvíbre,' pidí^^Vdáz^uéÉ' le dieren ttaeTaéo 
de las hntníceiotiefi comiiDÍéada;8 pot éi á D. Heroatido, á '2^áé 
Octubi» I&lSylo oüal le fuéí otorgada por '^élmüy Ttrtuosoiefior 
Andrés dir jDuero/^ alcalde de la ciudad de Santiago, puerto de H 
isltk Femaridina, ante el esv^ibano Tícente López. (2) Con estés 
pecados salió Bdnzalo de Guzínaii de la itrU Feroandvna á qutMH 
dé OQtubw. H(a; /» í 

£1 Teinte: 7 seiff.de aquel mifioob mes recibía 'Di^ego Yelátqwk 
una carta delLío. Rodrigó de Figueroa, jileado residencia, justi- 
cia mayor y jues de la audiencia de Santo» Domingo, reOQmendáii- 
dóle é llanuel de Biojas y Francisco de Santa Cruz. Con este mo- 
tivo, contesta Telázqiies á dio¿ y siete de Noviembre 15l9, refiríeú- 
daéníb el tan repetido 8uce80,:y rogando al magUtrodo diese cnentá 
de ello al rey y al obispo dé Burgos,, fkroreoiéndo sus derechos' y 
servicios. '^ Yo quisiera mucho, le dice, ir á las dichas tierras é is* 
^^laa nuevamente descubierta», por dar. orden como en ellas no se 
'^hágám^más daños é deservicióe á.SS: AA. de los que ^ han ofre^ 
Veido, é las gentes naturales de aquellas partes padecían desagni'* 
^^ sadainéiite, y á ponerlas 7 dejarlos' en tal estado, qué Dios Nu^^ 
^' tro Sefior y SS* AA. ^fuesen niay :^rvüdosv V^^ como esta isla es« 

(1) Gaita de Diego Velázqnez, en laque relaciona la desobediencia de Hernando 
Cortés &c.- -Dooumenios de Indias, tomo JiU. pág. 246-^1. 

: t8) Traslado natorviado de iM <fapítQliM.é instinicaíoneB que llevé Jienúaido Ocv« 
tas, ^.—DoomBiBi^oa de Indias, tomo IS; pág. 22&-46.. 

(8) En el 4ocnm«nlo m lee H, eYÍd#ntB etror d» imprenta á' de O0|ñ% tmp»&táo qite 
él doce escribía la carta en oompaAía de Velázqoes y de Kartáes. 



^' tá muy mfieíonádíc défetíi dokoeia-de' laír vlt^eTtiB- é '^ue con'^ttá 
^'áusencift pkxlríati los i»di09 dell» pa^cet^é tteithS^mo coñsid^tató- 
'Mflf^á que %» hombres son oMígados á cttmplir?m^H (jue cóü en áo- 
*Ha^TOfenta^, é'm^Wlado de para tódd^éno^jéhtkt' á ^WvlH á Panfilo 
^*dé Nftt?Heí5, ton todos fo» navíds X{íie m h«n pfodiáo hábeí-, 6'con 
^íófl más mafiténimietttofif qdo'enello's' é^ hAú'pddido meter, y con 
'*'mfi ifi-fórtímeíoh dé Ibdo lo 'que ee-Há de fecer;' é paf a ^üe cóft más 
**díl%émíífe ióñó 8« 'ponga en efectio; me ^arto boy día de la íbdba 
^*de«ta/del tm^rto de éktaí ciddad á la villa de Itt Trinidad é á'San 
"dnatóbftl de la Habana é Giianiguanlgo, ^ésde ^ donde con toda 
^'ir&veAéft pieriío despacharle; y despachada volverme por laiiérri» 
^ádéütto- Viendo- y visitando todas laár villas é ¡Wróblos dfesftáirta,' é 
"á los cacique* é Indios delW, é saber como éon traífcaios é curados 
f''desbtehf¿rteedad?'(l) . ' • 

Desatinado el gobértiaclor contra <3ortéS, gastaba profíisaníent'é 
fiíus recursos pecuniarios, ponía en ejercicio sa atttoridad, riü perdo- 
nar ni aun la* violencia para aprestar una poderosa íirmadit, süficien- 
tep(!tra apoderarse, dé la persona del akadb - capitán, castigarle y 
quitarle lo conquistado; no obstatite lo gordo y pesado, recorría per- 
sonalmente la isla, reclutando gente, previniendo mántenimiébtos y 
mutíicione». (2) Al riimor de aquellos preparativos, la aüdiérncia de 
Santo Domingo, sin cuyo conocimiento se bacía 1» expedición, qui- 
so toibar parte en la querella á fin de evitar nú escándalo. Al efec- 
to, el veintic^iatilo db Diciembre se presenté el Lie. Juan Carrillo, 
promotor fiscal y ptíblioo, ante el Lio. Rodrigo de Pigueroa, pidien- 
do se hiciese información en el caso: exhibid lás cartas de Diego 
Velázqnéz'al Lie. Pigueroa, á Miguel de Pasamonte, oidor en aque- 
lla audiencia, y á Pedro dé Izizaga, contador mayor de cuentas poif 
el Yey , ' presentando varios testigos, entre ellos Gonzalo de Montoró^ 
recien llegado de lá Fernandina. La información tuvo lugftr,- toman- 
do las declaraciones etftre lo9 dias tres al ocho de Enero, 1520, )re- 
sultando conformesr á lo indicado por el fiscal. (3) Resultado de la 

.íiiy Carta qiieBtoifo téltfeqtids «ioribUSal lio; Pigneír^ ftd.^I>(»oaiikéiit<M'd# 
García loasbalóeta, tomo I, pág. 393-408. 

t2) BisiDid Días, oap. 13DL 

(3) El proceso y pesqiiimí hecho por la real audiencia de la £spafiOla 4 iñttéa htte-i 
Tii&«Bte i to < w ibiéirta.-*¿Dd<nim0ntoé para la ílbáoriñ dé ISéiáoo, de Joaqoin Óareía 
Icazbalceta, tom I, pág. 404—410. 

TOM. IV.— 46 



902 

peaquísai faé nombrar al oidor Lúeas Yáiques de AyUoD, para ir i 
la Femandina con amplios poderes 4 instracciones. Todo ello nos 
lo explica el nombradoi oaando escribía al rey: — ^^ Yisto esto por 
*^ nos, y que deste ayuntamiento de gente y armada se podrían ee- 
^' gnir escándalos y muertes y mucho dafio para la población de la 
" una tierra y de la otra, y que pues Hernando Cortés había enña- 
" do el oro y muestra de la tierra á T, A., y estaba en ella en su 
"servicio, y Y. M. con una provisión real podrá mandar y proveer 
" y remediar en lo susodicho, no convenía que Diego Yelásques eou 
" gente fuese ni enviase á ello, ni que entre los vasallos de Y. C. 
^' M; hobiese goenas ni debates, y que por tanto que había necesi- 
^! dad que ñiese una persona con poderes de esta real audiencia pa^ 
" m derramar el ayuntamiento de gentes que hubiese hecho, y para 
'' pacificar y poner en sosiego todo lo necesario y proveer en todo lo 
" que al real servicio de Y. M, conviniere; y para ello füí yo seliala- 
"do, para que en su real nombre fuese este viaje." (1) El Lie. Ay- 
llon escribía al rey con fecha ocho de Enero 1620, asegurando que 
dos días después salía para la Femandina. Miguel de Pasamont^ 
escribía también al rey, comunicándole aquellos acontecimientos eci 
carta de quince del mismo Enero. (2) 

Hacía mediados de Enero llegi Yázquez de Ayllon al puerto de 
Santiago en la isla Fernandina; no encontrando á Diego Yelázquea 
y sabiendo que estaba en el puerto de la Trinidad, se dirigió para es- 
te último punto, teniendo el desabrimiento de no hallar lo que busca* 
ba, pues el gobernador hid)ía ido catorce leguas adelante á Ouanir 
guaaico, mientras I^nfilo de Narvaez permanecía en el puerto de 
Xagua con gran parte de la armada. Ayllon levantó una infoi^na- 
cion de testigos en Trinidad, de la cual resultó haberse alistado la 
mayor parte de los hombres útiles, quedando solo en la isla algu- 
nos españoles dolientes; de los mismos indios se llevaban los máa 
domésticos y mejores, todo con perjuicio de las haciendas del rey y 
de los particulaores, con peligro ademas de no quedar fuerza sufi<»ente 
para oponerse á un alboroto de los naturales, del cual había sínto- 
mas. Armado con aquel documento se dirigió al puerto de Xagua, 

(1) Dos cartas escritas á 8. If . por el Lio. Ayllon, ébo. — t><K, par» la Hlst de-Es- 
pafis, tom. I, pftg411. 

(2) Cariada Higael de Paaamonte, oidor de k ida Bi^sAola» §1 enpesador» Ae, 
Coleooion de Gkijangoa, ptfga. S5 y sig. 



en donde intimó á Narvitex^ so gravea i^nas, no; saliese de la.i^la I» 
gente ni parte de ella, sino que tomase su derrota para Guaníguar 
aioo á reanirse con el {^bemador, lo onal cumplió dócilmente» 
Ajrlion prosiguió para Guaniguanico, y ya presente Narvae?, notifi^ 
Gó i Velázquez los poderes que traía de la audiencia, le hizo enten- 
der los muchos males q^e de la expedición podían sobreTenir, indir 
cindole no procediese por propia autoridad sino esperase la resolu^ 
oion de].7e; á quien 4o todo se había dado cuenta, mandando exy 
presamente no partiere la armada á parte alguna sin dejar en la 
isb guarnición competente para defenderla de un alzamiento de 
los indios^. 4^ la saaon algo alborotador (1) 

Como desbaiiatar completamente la armada, con pérdida de lof 
grandes esfuerzos y cuantiosos gastos impendidoii, pareció inútil y 
aun contrario al buen servicio, Ayllon dio por escrito su parecer , 
adoptando el temperamento más acertado al parecer: dejando á los 
indios, y de los castellanos los suficientes para guardar la isla, se 
enviarían dos ó tres naos con bastimentos suficientes para vender 
y trocar, mandadas por dos personas prudentes, las cuales harían 
entender á Cortés» por medios pacíficos, las determinaciones reales, 
debiendo contentarse ellos con la respuesta que Don Hernando les 
diese, en tanto llegaban las provisiones reales; el resto de la expe- 
dición se dirigiría al rumbo que les conviniese para ejecutar nuevos 
descubrimientos; se pudiera poblar en Cozumel con los españoles 
llevados ahí por una tormenta, ocupándose en traficar los barcos so- 
brantes. (2) 

Conformóse de pronto Yelássqneis con aquel concierto; pero mal 
aconsejado por algunas personas de poco seso, declinó luego de la 
jurisdicción de la audiencia, alegando no tener aquel cuerpo ningu- 
na autoridad para enmendar sus acciones, sobre todo cuando su ar- 
mada no tenía por objeto ir á combatir á Cortés, y prohibir la sali- 
da de las naos era en su perjuicio. No obstante los requerimientos 
de Telázquez, el oidor Ayllon se mantuvo inflexible, respondiendo 
se atuviese á lo mandado por la audiencia. Obligado por las cir- 

(1) Carta aacrite al rey por loe oidores de la real andienoia de la Espafiola, Ao. 
Odeo. de Doc. para la HÍbI. de Espafia^ tom. 1, pág. 495.'-'BeIaoioii que hizo el 
Lie. LiioaB Vázquez 4e AyOon, ése. Colección de Oayangoa, pág. 89. 

(2) Parecer que did el He. AyUon en la ida Femandína» Ac. Colee, de doc. pam 
la Hiat deEspafia, tom. 1, pág. 476. 



301 

^fastanciíts el obstinado gobéiítiaüor^ ri'bién coú iútentbdb no cnüi- 
iflir Ib pactado,- convino en quedarse ób la' Pcmandina; xáBXÍSjéTék 
m lugar pdr capitán' é Panfilo dé'Náñráléü; qlié' Itegadá Ití^antíádft 
á donxie Cortés esrfcába, sin saltar íá gente eií tiérm' se le réfc[tiinóm 
j^áclficámenté, si 1é ré^biesén poblase abí, túias- si le'Tesistiefsén |^ 
ífasé á poblar adelanté, mandando los bavcos á descubrir tiert^B 
¿üevas: de españoles y de indios debieron quedar (BU la ísfe'los W* 
ficiehtes pata la seguridad coínun. Todo ello stí di6 por íhstñKicio^ 
úes á Narvaez, á pesar de ló cual, á fin déeVitár los daños yíéfic'áil^ 
dalos* que pudieran sobrevenir, el Lie. Avllón detertnfflió vetíir erfla' 
armada, como en efecto lo aerificó. (1) El iriiMi6*o$dor dí6 cuenta 
de lo ocurrido hástá entonces, en carta 'if refiada eh el puerto de 
Guaniguanicó, á cuatro de Marzo 1620. (2) ^ ' 



' {l) CairU'4e la áadienoia déla Btpáfióla. Doóixbl pág/dOOt 

. . (2) D0B<)M9« eAcrítas.é S. M. por el lio* Ayllon^ áao, ;Poq. imu» ]|i BSbí. d^ 

fia» toza. X» pá^. 483.-^Doc. de Indias, tom.^];» pág. i39. 



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CAPITULO Vn. ! '— ' 



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MOTECUHZOMA XOCOYOTZIN,— tCaOAMATZIN. 



.1 ■ • • 

Panfilo de N'arvaez.'—La armada,— Las vinielas,— Viaje,— Tráiiéfugas castellanos, 
— TrcOoa can Motecuhzoma. —liequerimiento á Sandonalen la Villa Rica.- El lÁc, 
AyUon presó y mandado á la Fémandina. — ^arráez en Cempoalía. — Disposieio- 

' nee de Cortés,— Entrevista con M^otecuTizoma.—PreparaUvos.— Cristóbal Pinedo, 
— Los capitanes Juan Velázquez de Lean y Rodrigo Pangel.^^Condücta de Nar- 
ta>ez,-'Fr: Bartolomé de Olmedo,-^ Juan Btt&s de Guevara.— Pareceres en el 
^éreito. 



r r. 



ntecpatl 1520. Panfilo de Nar^aez .era natural deTalladolíd- 
había pasado al Nuevo Mundo, fijando eu reeideucia en Ja- 
maica. Cuando Yelázquez eltí prendió la conquista de Cuba, sea con 
permiso de Juan de Esquivél, teniente de Jamaica, & sea por propia 
▼dUjcitad^ Narvaez pasó á la Fernandina al frente de treinta españo- 
les flecberoBv toaiando parte activa en la sujeción de la isla, si bijdu^ 
mostrándose oruel con los indios. YelisKiueB le tomó mnoho carifia, 
nombróle su capitán principal, y tanta confianza en ól puso que lle- 
gó á ser la persona m^s autorizada en la colonia después de su pto- 



366 

tector. Segan persona que le tratói ^'Este Panfilo de Narraes era 
un hombre de persona autorizada, alto de cuerpo, algo rubio, que 
tiraba á ser rojo, honrado, cuerdo, pero no muy prudente, de buena 
conversación, de buenas costumbres, y también para pelear con in* 
dios esfonsado, y debíalo ser quisa para con otras gentes, pero eobre 
todo tenía esta falta, que era muy descuidado, del cual hay har- 
to que referir abajo.'" (1) — Los contemporáneos le pintan como fal- 
to de ingenio, presumido, vano y orgulloso; tendría cuando pasó i 
México obra de cuarenta y dos años, ^'el rostro largo y la barba ra- 
^' bia, é agradable presencia, é la plática é voz muy Tagorosa é en- 
" tonada, como que salía de bóveda; era buen jinete, é decían que 
" era esforzado/' (2) 

La armada puesta á su mando se componía de diez y nueve naoa 
entre barcos y bergantines, mil cuatrocientos soldados, entre ellos 
ochenta de á caballo, noventa ballesteros y setenta escopeteros; vein- 
te tiros de artillería, abundaotea pólvora y municiones, y ademas 
mil indios de ("uba, ya como auxiliares ó como sirvientes. (3) Res- 
pecto de los indios, Diego Velázquez ofreció al Lie. Ayllou no de- 
jar ir ninguno, dando al efecto orden de sacarlos de los barcos; pe- 
ro solapadamente había dejado aquella cantidad, los cuales infesta- 
dos ya de la peste de viruelas fueron parte para propagarlas en 
México (4) 

Las viruelas eran desconocidas en el Nuevo Mundo. Hacia el 
año 1518 debió traerlas algún español á la isla de Santo Domingo, 
del cual se contagiaron los naturales, quienes no sabiendo el modo 
de curarlas se daban á tratamientos perjudiciales: "como les na- 
" cían, con el calor de la tierra y ellas que son como fuego, y á oa- 
*'da paso ellos tenían de costumbre, si podían, lavarse en los rios, 

(J ) Catts, Hiit. de Indias, lib. lU, 4Ap. XXYI. 
(2) Barnal Días, eap. CCVL 

(8) Berqal Días, cap. CIX.— SU lio. Ajilan (Doc;. pan la Hist do JSspafia, tom. 
li pág. 500), diM: ffaaion an aUa múB de aaiaoieBftoa eiepaftoles endiec y aeianavtoa 
peqnefioa y grandeSi" 7 aaegnn lo de los mil indios de Cuba. Se comprende qne 
Vélássqnez ooiilt<S al Lie. el numero exacto de la f aerza pnesta en oampalUi.-*CK>ma* 
ra, cap. XOVI,aseg«uia se eoniponáa'la armada de mee naos y aisle befgantinea, ooo 
norec&tnloft aspsflotos» eatre eUos oqbuinta de i cbbaUp.-^aerr«ni, dtfc II, liA>, IX, 
cfp. XVIIl, r«$pitfrlo dp los oneeni^TÍos y idete bargtntines, omitiendo la oaenta de 
la gente de guerra. 

(4) Belao. del lie. AyU<m, Colee de Gayangos, pag. 43. 



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L 



367 

*' lanzábanse á lavar coa el angnetia que sentían, por lo coal se les 
'' encerraban dentro del cuerpo, y asi, como pestilencia Tasiatira, en 
^^ breve todos morían,** (1) Sig*»6se de aqni el aniquilamiento casi 
completo de la población indígena en la isla. De Santo Domingo 
pasó el mal á las otras islas, y ya vimos que Diego VeUaques ea- 
críbiendo al Lie. Rodrigo de Figueroa, con fecha 17 de Noviembre 
1619, le decía respecto de Cuba; '^pero como esta ida está muy iñ* 
^' ficionada desta dolencia de las viruelas, é que con mi ausencia 
'* podrían los indios della padecer,*' éco., lo cual indica que la dolen- 
cia era ya común por toda aquella demarcacionu 

La armada se di6 á la vela del puerto de Goaniguanieo pasado 
el cuatro de Marzo, aportó á Cozumel ó isla de Santa Cruz, reco* 
giendo abí algunos castellanos conducidos por una nave axrastrada 
por un temporal cuando iba al puerto de la Trinidad; muy pocos 
naturales encontraron ya, pues los más habían muerto de las virue* 
las, inoculadas por loe indios que con los castellanos* venían. (S) La 
armada costeó las costas de Yucatán, península reputada entonces 
isla, prosiguiendo por las playas de las tierras de Culua, hasta en» 
trar en el río de Qrijalva, en donde se detuvieron para tomar agua 
y víveres; la gente saltó á tierra dirigiéndose al pueblo inmediato, 
en el cual solo encontraron á un viejo doliente, pues los habitantes 
habían huido; por medio de la lengua que llevaban se entendieron 
con dos indios y éstos sosegaron un tanto á sus hermanos, logrando 
acudieran con maíz, aves y tres mujeres de regalo para el capitán. 
Cuatro dias después de salidos del rio les sorprendió una tormenta 
á la altura de las Sierras de San Martin, la cual dispersó las naos, 
perdiéndose seis de ellas con cincuenta castellanos; las demás lle- 
garon casi juntas al puerto de San Juan de Uláa, al mismo lugar 
en que un afio antes habia desembarcado Cortés, en principios de 
Abril. (3) 

(1) Oasag, Hist. da Us IndUs, lib. íll, oap. CXXVIII. 

(2) BeUo. de Ayllon, en GaytngoSi pág. 42. 

(8) SeguimoBd» preferencia la relación del lác, AyUon, como testigo d^ Tiste. 
BemaLDias, cap. QX, aaegnni babene perdido solo na baqu e de poco porte, nuou 
dado por un hidalgo Uamado Cñsldbii de If ovanlo, peieeiendo poea gentew— Pues- 
oott, Hiai. déla Gonf. tom, 1, pág. (!4. i^redaa la íech% en qne la armí^ Ueg^ á 
San Juan de Uliía, diciendo haber sido á Teinte j tres de Abril ; sea cual fuera la au- 
toridad en que se funde» es imposible admitirla porque no puede ajustarse oon Um 
Snoeaos posteiioiis. 



sea 

XI barco en que Aj\\0n rente ilégO Je los pnoieros al^ puerto, en 
compañía de^otraenáos; ^n \$l madrugada de ki noche éa qtie apor- 
taran, áo pveeentó un espfllíol e& nna canoa pidiendo segaiío; otoi^ 
do. portel .oidor y eülradó é-lHirdo el castiellano, contó ésie cnanto, 
basta- eptóncés • habla ejeoutido Cortés,- haciendo la- descripción 
completa «Te ^iiejtiaian^ & la cnal daban el nombre de Veneeta la 
Bica; cómo estaba preso el rey con otros principales, ^1 ora reco- 
gido y o6mo le habla, repartido el general, de la mncfaa riqneza de 
la tierra, c6ipo estaba tttsuelto D. Hernando á resistir á Diego Ve- ' 
lázquez y á las fuersoae^qve contra él enviase, por lo cnal había da^ 
do'órdqn-é lofiriiat«iBlé8,'que si otros eastellanoB- riniesén era para 
haoerle&d'a)ño,:y «ú ninguna* manera Tbs* acogiesen en el país. Aylion 
hi¿so;h* árttorra al.«GasteUaBo':ii&i de soisegar :á los indios con bae- 
naa palabras; lo .qne' páreóe haber' ejecutado y consegnido, su«- 
pnesto haber vaelto al. barco acompañado de eiete* indios, á qnie« 
neé se les:0&eci<^ toBa seguridad. £1 blanco informó entóneos de 
las. casas de cal y canW, de la muchedumbre de la población y ouán 
sosegado estaba todo, pues un -solo español podía andar, por la tie* 
rra sin que do los indios r^ibiese daño. (1) 
. Al din siguiente* llegó Narvivez con el resto de la armada; Ayllon 
le remitió ál castellano con el secretario mi^mo de la audiencia, in- 
formado largamente de cuanto apetecía, NarvaéK en conipañfa de 
los capitanes pasó á bordo del navio del licenciado, para hacerle 
presente que las naos estaban en mal eetado para navegar y como 
Cortés estaba metido la tierra adentro, pensaba desembarcar la gente 
y fundar una villa. Opúsose Ayllon al intento, objetando ser contra- 
rio á lo convenido con Diego Velázquez y á las instrucciones dadas 
al mismo Narvaez; aquello estaba poblado por Cortés y no tenia sufi- 
cientes mantenimientos, pojr lo que, si quería hacer la villa, fuese en 
otro lugar mejor de los señalados por el español; ademas, establecer* 
se aquí podía ser causa de alborotar á los indios entonces sosegados, 
dando motivo á choques y disturbios con los partidarios de Cortés. 
El presuntuoso Narvaez, sin tener en cuenta aquellas juiciosas amo- 
nestaciojqes, ni respeto alguno á oidor . ni á audiencia, al dia inme- 
diato desembarcó en el arenal la gente, caballos y artillería, ponien* 
do la inano á fundar una villa, nombrando alcaldes ordinarios Á 

(1) Belfio. del lie. Ayllos, en Gayangos, p¿g .43-44. 





369 



».. 



Francisco Verdugo, cuñado de Velázqixez^ y á Juan Yuste, criado y 
mayordomo del mismo gobernador, y regidores á IHego y Doíningo 
Telázqnez sus sobrinos, Gonzalo Martin de Salvatierra y Juan de 
Gamarra. (1) 

La llegada de aquella expedición no pudo ser más inoportuna. 
Rompía el prestijio acerca de los dioses, multiplicando á éstos y sus 
aparecimientos; los hacía aparecer enemigos unos de otros, interrum^ 
pía la paz hasta entonces establecida^ y echaba por tierra cuanto en 
la sujeción del país Cortés tenía adelantado. La nueva de los 
hombres blancos se propagó en breve por todas partes, comunicada 
por los atalayas indios que velaban á lo largo de la costa; así acu- 
dieron prontamente algunos castellanos de los derramados por las 
provincias. Ademas del presentado á Ayllon, vinieron de hacia Chi- 
nan tía, Cervantes el chocarrero. Escalona el mozo y Alonso Hernán- 
dez Carretero, quienes muy bien recibidos por Narvaez, bien trata- 
dos y de beber copiosamente, le informaron del estado y condiciones 
del imperio, dándole cuantos pormenores sabían acerca de Cortés 
y de sus empresas: captáronse la voluntad del nuevo jefe contan- 
do horrores de su antiguo general. Aquellos desertores sirvieron 
también de intérpretes para con los indios. (2) 

Como es natural comprender, Motecuhzoma fué informado de la 
presencia de las naves mucho antes que Cortés. Luego dio sus ór- 
denes á los sefiores de la costa para proveer de bastimentos á los 
nuevos teules, mandando secretamente á algunos nobles para cum- 
plimentarlos, sin olvidar el acostumbrado regalo de joyas y mantas. 
Embajada y obsequio recibió Narvaez, dando por respuesta en agra- 
decimiento, que Cortés y sus compañeros eran malos y ladrones, 
huidos de Castilla sin licencia de su soberano; mas luego que éste 
lo supo y se informó de los desaguisados que cometían, le había en- 
viado á él, para prenderlos y remitirlos en los barcos como á perver- 
809 ó para matarlos si resistían; prometía al cautivo monarca re- 
mediar los males que le había causado y ponerle en libertad: á las 
promesas unió algo de los rescates que traía de Castilla. Semejan* 
tes noticias llenaron de júbilo á Motecuhzoma, quien por aquel me- 
dio se figuraba salir de manos de sus opresores; así, envió nneva 



(1) Carta de la andienda, pág. 502.— Bdadon do AjUaa, ptfg. 45. 

(S) Bernal Días, oap. COL 

«OlC IT.— 47 



370 

embajada y regalo, repitiendo bus disposiciones para que los blan- 
cos fueran abundantemente abastecidos. (1) Por este tiempo infor- 
mó Motecubzoma á Cortés, ignorante aún de cuanto pasaba. 

Entretanto, duefio de los secretos de D. Hernando, Narraez co- 
menzó á poner en planta sus designios. Puso correo á Juan Yelás- 
quez de León, su cuñado, avisándole de su venida, é invitándole á 
ir á su lado: este capitán no le contestó, y antes bien, con las tro- 
pas que llevaba á Coatzacoalco, retrocedió p^ra incorporarse á sa 
general, á quien dio cuenta de lo ocurrido. Narvaez, para someter 
á los de la Villa Rica, entregó las provisiones de Diego Yelázquez 
al presbítero Juan Ruíz de Guevara, al escribano Alonso de Yerga- 
ra y á un bidalgo nombrado Pero de Amaya, con tres personas mis 
para servir de testigos. Como sabemos, Gonzalo de Sandoval, ami- 
go intimo de Cortés, era teniente en la Yera Cruz; luego que supo 
de la armada y de su procedencia y objeto, retiró al pueblo de P^ 
palotia los enfermos y desafectos al general, quedándose en la pla- 
za con el resto: de éstos tomó juramento de fidelidad, y como en 
amenaza á los disidentes, alzó una hoica sobre el cerro inmediato á 
la villa; para no ser sorprendido colocó exploradores en los caminos. 
A la noticia de los enviados de Narraez, los vecinos se retrajeron á 
BUS casas; Guevara y sus compañeros entraron á la iglesia para orar, 
dírijiéndose en seguida á la posada de Sandoval. £n presencia uno 
de otro, Guevara hizo un largo razonamiento acerca de los derechos 
de Diego Yelázquez y de la ingratitud de Cortés, terminando con 
notificarle fuese á dar la obediencia al señor Panfilo do Narvaez. 
Sandoval, hombre resuelto y de genio violento, contestó: *'Señor pa- 
dre, muy mal habláis en decir esas palabras de traidores; aquí so- 
mos mejores servidores de S. M. que no Diego. Yelázquez y ese 
vuestro capitán; y porque sois clérigo no os castigo conforme á 
vuestra mala crianza. Andad coa Dios á México, que allá está Cor- 
tés, que es capitán general y justicia mayor de esta Nueva España 
y os responderá; aquí no tenéis más que hablar." — Era bravoso el 
clérigo y mandó al escribano leer las escrituras. — "No las leáis, re- 
plicó Sandoval, pues no sé si son provisiones, ú oti^acosa." — Insis- 
tiendo Guevara y comenzando el escribano á sacar del seno los pa- 
peles, prorumpió Sandoval: — "Mirad, Yergara, ya os he dicho que 
• • • 

(1) Bemal Di^,^«^ OX. 



371 

no leáis ninganos papeles aqai, sino id á México; 70 os prometo qae 
m tal leyéredes, que yo os hago dar cien azotes, porque ni sabe mos 
si sois escribano del rey 6 no; amostrad el titulo dello y si le tiaeis, 
leedlo; y tampoco sabemos si son origínales de las provisiones ó 
traslados 6 otros papeles." — ^Apurada lá paciencia del ministro, gri- 
tó al escribano: — ^^¿Qué hacéis con estos traidores? Sacad esas 'pro- 
visiones, y notificádselas." — ^^'Mentís como ruin clérigo," interrum- 
pió Sandoval: apoderóse de los mensajeros; á Juan Ruíz, Guevara 
y Amaya metió en amacas de red, y bajo la custodia del alguacil 
Pedro de Solis los despachó por la posta á México. Tomáronles 
en hombros los indios, mudábanse en los pueblos, y caminando dia 
y noche les llevaron á Tenochtitlan. (1) Narvaez no entraba con 
pié derecho en sus negocios: la defección de Yelázquez y de Sando- 
val hubiera derribado la fortuna de Cortés. 

Ayllon había caido enfermo, no obstante lo cual, sabiendo que los 
indios comenzaban á alborotarse, á la vista de las desavenencias de 
los blancos, salió á tierra para hacer presente á Narvaez lo mal en- 
caminado de sus procederes, y á fin de dar fuerza legal á sus amo- 
nestaciones, comenzó cierta información por ante el secretario de la 
audiencia qfue en su compañía iba, nombrado Pedro de Ledesma. 
Enojado Narvaez por las informaciones, Ayllon mandó al secretario 
le notifícase un mandamiento por el cual sé le prevenía se fuese á 
poblar á otra parte, atonto á que los castellanos comenzaban á in- 
ternarse en la tierra cometiendo desafueros con los indios, y que si 
pretendiese requerirá CortéSyse le avísase j para mandar persona 
que también le notifícase las provisiones de la audiencia. Impa 
cientado Narvaez con aquel censor, antes de stsT notificado, aquel 
mismo dia, después de puesto el sol, entró en compañía de los al- 
caldes y regidores de la villa recien establecida, á la tienda de cam- 
paña ocupada por el oidor, los cuales, por medio del escribano le pi- 
dieron, mostrara los poderes que de la audiencia tenía: respondió 
haberlos exhibido ya en la Fernandina, siendo para todos de públi- 
co y notorio, mas no obstante los presentarla. Oida la respuesta sa- 
liéronse á dar un pregón por el campamento, ordenando ninguno 
obedeciese ni prestase ayuda al Lie. Lúeas Vázquez de Ayllon. 
Tomaron luego á entrar en la tienda con alguaciles y gente arma- 

(1) Berual Díaz, cap. CXI.— Belao. del Lio. Ayllon, pág. 45. 



3T2 

da, diciendo resueltamente al oidor 06 embarcase Inego de grado, 
porque si no le obligarían perla fuerza. JSn balde el ma^i^rado 
. pidió favor á la justicia, echó mano á la perdona más cercana para 
prenderla, 7 apellidó sin. fruto á su alguacil mayor, pues á pesar de 
su resistencia fué conducido y puesto pi'esp en. la nave en que ve- 
nia: todo esto fuá obra de una media bom. 

Colocado en la náo^ mudaron maestre y tripulación por otros ;de 
confian^, prendieron igualmente al secretario y al alguacil may<^r, 
poniéndoles eii naves sepáradasi, é incomu^uicados. Así p^rmanecie* 
ron por algún tiempo, hasta que á fines de Abril, ordenó Narvaez 
fuesen llevado^ á Cuba, para ser entregados á Diego VeUzquez; al 
efecto, quedaron alistadas dos. naves, en la una pusieron á Ayllon y 
en la otra al alguacil mayor y al secretario, tomando juramento á 
la marinería. Separadas las naos durante la travesía, la de Ayllon 
aportó á la pequefia isla de Lobos, on la costa Norte de la Fernán- 
dina; aquí logró el oidor, no obstante el prestado juramento, que al 
maestre y marineros fuesen á la isla de Santo Domingo, por lo cual 
dejando en Cuba á Juan Yelázquez, al piloto y los guardas con una 
carta para Diego Yelázquez, la nao fué á surgir al pequeño puerto 
de San Nicolás; saltó en tierra el Lie. Ayllon, atravesó á pié la isla 
y llegó á la ciudad de Santo Domingo, tres y medio meses después 
de su partida. (1) Meses después, cuando el secretario Pedro de Le- 
desma pudo regresar á la Española, dio nueva cuenta la audiencia, 
á diez de Noviembre. (2) 

El atropello cometido en un individuo de la audiencia, los desa- 
tinados manejos de Diego Yelázquez y de su teniente, fueron parle 
á menoscabar el influjo jde que en la corte gozaba, impidiéndole 
triunfar de su antagonista Cortés cual pudiera con más juicio. Po- 
co después del suceso, Narvaez abandonó el arenal trasladándose á 
Cempoalla, en cuyo teocalli, llamado ya de Nuestra Señora, puso ea 
cuartel. Su atención principal consistió en apoderarse de cuanto 
pertenecía á D. Hernando y á los suyos, en oro, mantas ó mujer^Si 
de las que habían quedado en poder de sus familias; en balde lo 
resistía el cacique gordo y se quejaba de los desafueros cometidos 

(1) Oartadelftrealandidnoiade la S^paftola, págs. IK)6 7 ng.— Belae, de AjOcRiiy 
en OayangOB, págs. 45*^49. 

(2) La audiencia de Santo Domingo, y en sn nombre el lia AyÜxm, Ao. Doon- 
mentOB da Indias, tom. 12, ptfg. 251. 



srs 

por la chusma indisciplinada, pnes caso ninguno le bacía, siquiera.; 
para ganar 3u aníistad. (1) £1 desacordado ba|)itatí y sus soldados • 
querían enriquecer pronto sin reparar en los* medios', Nartaez uoíaf - 
á una sórdida codicia la miseria más. vefgdn^dsa; giiardábal^ tado,'i 
escatimándolo i SU9 partídarios/sin nada repartir á capitanes y peo- • 
nes, andando de Continuo, diciendo á sus niaybrdomos Con voz ento- * 
nada: *^ Mirad que no falte ninguna manta, porque todas -están \ 
*' puestas por memoria." (2) EÜ éstableoimieuto d^ los blancos en 
Cempoalla atrajo un terrible azote' sobre Análiuac. Xíosvecinos-de 
Cozumel lIcTaron el •<ru>Qtagio de las viruelas á la vecina Yucatai)c 
eü Cempoalla enfermó un marinero negro, 'següü algunos, esclavo . 
de Narvaez, nombrado F^rancisco Egüía, y de éste y de los indios 
de Cuba s^ propagó el mal entre los naturales, causando en todo ^1 ' 
país terribles estragos. £1 mal capitán venía aCompa&ado de - la 
guerra y de la peste. 

Mientras esto pasaba en la costa, D. Hernando en México no te« 
nía más noticias que las comunicadas por Motecubzoma, y andaba ' 
perplejo entre sí aquellos barcos serían socorro traido pdr los pro- 
curadores ó pertenecían al gobernador de Cuba. A principios de 
Mayo se le presentaron algunos indica de \o$ que en'la costa del 
mar moran, diciéndole como hacia las Sierraá de San Martin ha- 
bían visto diez y ocho barcos,' si bien ignoraban de quién fuesen;* 
Tras estos llegó un natural de la Férnandina, con carta de Alonso ' 
de Cervantes, quien estaba en la costa para que si navios viniesen 
les diese razón de D. Hernando y de la vecina villa de la Vera Cruz: 
en la misiva se hablaba de sólo un navio, él cual c^eía ser el de loa 
procuradores; cuando llegase al puerto saldría de la duda y vendría 
á informar acerca de ello. (3) Nos parece que este Alonso de Cer* '^ 
vántes es el espaüol que se presentó al Lie. Lúeas Vázquez de Ay^ 
llon, luego que éste llegó á Ulúa. 

D. Hernando sabía que no podía ser un sólo barco, ya por las no-' 
ticias de los indios, ya por las pinturas que le enfiló Motecubzoma; 
para indagar la verdad, despachó á Diego García, Francisco Bernal, 
Francisco de Orozco, Sebastian Porras y Juan de Limpias, dando* 



(1) Bemid JHfLZ, cap. OXrV. 

(2) Bemal Díaz, cap. OXIII. 
(8) Cartas de Belac, pág. 115-16.—: 

de íf inwrilla, tom. I, pág» 246. 



ia coate D. Hcfnaiido Oortét^ Svm 



374 

les por instrnocioD, se dividiesen por lojs dos caminos que de la cos- 
ta subían á México, á fin de encontrar á los mensajeros que de allá 
viniesen; si no diesen con ellos, irían hasta el puerto, en donde ves* 
tídos 7 tiznados á modo de los indios, espiarían á los recien venidos, 
informándose de cuanto pudieren, regresando lo más pronto posible 
á participar el resultado^de su comisión. Andrés de T^ia recibió 
6rden de marchar á la Villa Rica para inquirir lo allí acontecido; al 
mismo tiempo lalían correos para Telázquez de León á Coatzacoal- 
00, 7 para Rodrigo Rangel en Chinantla, mandándoles se detuvie- 
B&a en el lugar en que se CDContrasen hasta nueva orden. Dadas 
estas primeras providencias, el activo D. Hernando hizo construir 
astas para lanzas, mientras fabricaban los herreros las puntas para 
hacer picas. (I) 

Con gran impaciencia vio correr hasta quince dias sin recibir nue- 
va alguna, hasta la llegada de unos méxica que con pinturas vinie- 
ron á Motecuhzoma; de ellos supo estar reunida la armada 7 ha- 
ber desembarcado |hasta ochocientos hombres, mandándole avisar 
sus emisarios no podían venir por estar detenidos en el campamen* 
to. Sea que en realidad ignorara quién fuese el jefe de la expedi- 
ción, sea que le importara aparentarlo, escribió una carta é hizo po- 
ner otra^á los concejales de la Villa Rica, á la sazón en México, di- 
rijida al capitán y^gente al puerto llegados, dándoles parte de lo 
hasta entonces acaecido en la tierra, de todo lo cual se había dado 
cuenta al^rey de Espalia; pediáseles por merced, mandasen decir 
quiénes eran: si eran vasallos del rey de Castilla, avisasen si por su 
orden venían á poblar,[ó si^pasaban adelante ó habían de retroceder, 
en cuyo caso, si traían alguna necesidad se les remediaría en cuan- 
to se pudiese; mas si no eran castellanos, fuera de remediarles la 
necesidad que trajesen, se les requería en nombre del rey, que se 
fuesen y no saltasen á tierra, apercibidos de que si lo contrario hi- 
cieren, él iría][contra ellos con todo su poder, así de españoles como 
de indios, á prenderlos y matarlos cómo á extranjeros entrometidos 
en los reinos y señoríos del rey de Castilla. Ambas cartas fueron 
confiadas á Fr. Bartolomé de Olmedo, respetable por su carácter sa- 
cerdotal, entendido y según apareció después, hábil negociador. (2) 

(1) Oartes de relao. págs. 116.— Besideneia contra Cortés, Andrés de Uonjaras, 
tom. 2, pigs. 45 7 sig. 

(2) Cartas de relao. pág. 117. — Gomara, Orón, eap. XOVII. — Como se advierte, 
Cortés eoloea la salida de Hádoo de Fr. Bartolomé, antes de la Uegada dfll olérigo 




376 

Cinco dias después de la partida del reliposo, vino mensajero á 
decir á Cortés, como á las goteras de la ciudad estaban ciertos pre* 
0OS, que de la Villa Rica le remitía Sandoval: eran en efecto, el 
presbítero Juan Ruíz de Guevara, con sus compañeros Tergara y 
Amaya, quienes venían conducidos por el alguacil Solis y veinte 
castellanos. Llegaban después de haber viajado de una manera bien 
singular. Metidos en hamacas de redes y tomados en hombros de 
los indios, que á trechos se remudaban, caminaron de dia y de no- 
che con tal celeridad, que en cuatro dias fueron pueotos en México: 
los tres emisarios de Narvaez, si bien molestos y aturdidos del raro 
caso que por ell os pasaba, creían sofiar 6 f^ encanti^os, descubrien- 
do los inmensos países por donde los llevaban, mirando las grandes 
poblaciones del tránsito, los trajes y desconocidas costumbres de 
naturales, no menos que el aspecto enteramente nuevo de los obje- 
tos. Instruido D. Hernando por la carta de su teniente Sandoval, 
mandó poner en libertad á los prisioneros, hizo les sirvieran un ban- 
quete, y para recibirlos dignamente les mandó caballos, en los cua- 
les hicieron su entrada decorosa en Tenochtitlan. Ya en el cuar- 
tel, disculpó la viveza^de carácter de Sandoval, procurando por todos 
los medios, captarse la voluntad^de los tres prisioneros. (1) 

Dé ellos supo, y principalmente de Guevara, cuanto le convenía 
saber; la fuerza de la armada, las [instrucciones dadas por Diego 
Yelázquez, los procedimientos é intenciones de Panfilo de Nar- 
vaez, los sentimientos del ejército, su organización y recursos. D. 
Hernando, conocedor de los hombres y mañero en el arte de ganar- 
los, con palabras cariñoflas, largas ofertas, dádivas de joyas y tejue- 
los de oro, á cabo^de dos dias tuvo por los mejores y más blandos 
amigos á los tres mensajeros; la transformación fué tan completa, 
que según un testigo de vista, "donde venían muy bravosos leones, 
volvieron muy mansos y se le ofrecieron por servidores." (2) No só- 
lo dieron las noticias apetecidas, sino entregaron más de cien car- 
tas de que eran portadores, dirijidas á los vecinos de la Yilla Rica, 
conteniendo promesas para los desertores, .amenazas para quienes 
permanecieran fieles. (3) 

Oaeyará, miánfaras Bsmal Díaz, oap. CSII y Herrera oolooon estos saodsos en orden 
inTerao: noaotrc» 0egtAmo^)a rtímáoñ del general. 

(1) Benud Días, oap. OXI, 

(2) Bemal Días, cap. CXI. 

(8) Cartas de Relao. paga. llS-19. 



are 

4a, dioiendo reaBeltamente si oidor se erobnrcnEe luego de grado, 
porqua si no le pbligarlaa por la fuerza. En balde el ma^ifitrndo 
. pidió favor il la jnsticia, ec\6 mano é. 1» persona más cercana pars 
pve»d«'lu, y apellidó ún fnito i su alguacil mayor, pues i pesar de 
su resiúteocia fué conducido y puesto pt^sp m la nave en que ve- 
nta: todo esto fué obra de una media bora. 

Colocado en la nao, nindaron maestre y (rípulapioD por otros de 
confianza, prendieron Igaalmwite al sacretario y al alguacil mayor, 
poniéndoles eii naves separadas, é incomunicados. Así permanecie- 
ron por algún tiempo, hasta qne & ñnes de Abril, ordena Narvaez 
fuesen lIsvadoQ i Cuba, para ser entregados á Diego y«Uzquez; al 
efecto, qnedaTon alistadas dos naves, en la una pusieron á Ayllon y 
en la otra al alguacil mayor y al secretario, tomando juramento & 
la marinería. Separados las naos durante la travesía, U de Ayllon 
aportó á la pequera iela de Lobos, en la costa Norte de la Femúi' 
dina; aquí logró el oidor, no obstante el prestado juramento, que al 
maestre y marineros fuesen á la isla de Santo Domingo, por lo cual 
dejando en Cuba á Juan Velázqnez, al piloto y los guardas con una 
carta para Diego Velázquez, la nao fué & sur^r al pequeSo puerto 
de San Nicolás; saltó en tierra el Lie. Ayllon, atravesó á pié la isla 
y llegó i la ciudad de Santo Domingo, tres y medio meses después 
de su partida. (I) Meses después, cuando el secretario Pedro de Le- 
desma pudo regresar & la Española, dio nueva cuenta la audiencia, 
i diez de Noviembre. (2) 

El atropello cometido en un individuo de la audiencia, los desa- 
tinados manejos de Diego Yelázquez y de su teniente, fneroo parte 
á menoscabar el influjo de que en la corte gozaba, impidiéndole 
triunfar de su ant^^nista Cortés cnol pudiera con más juicio. Fo- 
co después del suceso, Narvaez abandonó el arenal trasladándose á 
Cempoalla, en cuyo teocalli, llamado ya de Nuestra SeKora, paao aa 
cuartel. Su atención principal consistió en apoderarse de cuanto 
pertenecía á D. Hernando y á los soyos, en oro, mantas ó mujeres, 
de las que hablan quedado en poder de sus familias; en balde lo 
resistía el cacique gordo y se quejaba de los desafuaroa cometídos 

(1) Oarta de )a ruJ andienoiB de U EspAfiola, paga, M6 7 lig.— Bateo, de ÁjBoa, 
en Qsjuigoa, p<ga. 15~49, 

(S) La andlencia de Santo Domingo, 7 en fa nombre d JAo. A^lon, fte, Dooo- 
mratoa de Indlaa, tom. 12, ptfg. Sfil. 



377 

Para poner término á semejante estado de cosas, Cortés resolvió 
0a1ir al encuentro de su enemigo. Preciso era dejar una guarnición 
en la ciudad para custodia de Motecuhzoma y del tesoro; para man- 
darla fué escogido el capitán Pedro de Alvarado, apellidado Tona- 
tmh por los méxica; quedaron bajo su mando o<)henta y tres hom- 
bres, entre ellos diez arcabuceros, catorce ballesteros j siete caba- 
llos; (I) poco después se aumentó hasta la suma de ciento veinte ó 
ciento treinta hombres, con ciertos soldados mandados de Cholollan; 
con los aliados eran quinientos hombres. Quedáronse en México los 
afectos ó sospechosos de afecto á Yelázquez, con los peones menos 
sueltos y dispuestos, con el P. Juan Díaz por capellán; púsose el 
cuartel en estado de defensa por medio de algunos reparos, fueron < 
colocados en batería algunos falconetes y cuatro piezas gruesas, 
quedando abundantes municiones que no podían fultar, porque ha- 
bía mucho almacén y gran repuesto de pólvora. Dejóse abundante 
provisión en copia de maíz traído de Tlaxcalla, pues escaseaban los 
mantenimientos en el Valle, ademas de gallinas y otros bastimen- 
tos. (2) 

Atento debía estar Motecuhzoma á lo que entre los castellanos 
pasaba, aunque combatido por encontrados y confusos pensamientos. 
Yisitábale Cortés, si bien no con la misma asiduidad de antes, sin 
decirle gran cosa de sus proyectos; áinbos recelaban uno de otro, 
precisamente por estar informados de cuanto no querían comunicar- 
se. Había, en efecto, demasiado para trastornar un ingenio superior 
al del monarca: los teules de Malinche no eran los únicos hijos de 
Quetzacoatl, pues muchos más habían brotado de las ondas del 
Océano: hablaban la misma lengua traían los mismos trajes, usa- 
ban de las mismas armas,, adorando idénticas divinidades; pero, se 
odiaban á muerte, pues se denostaban cuanto en su mano estaba y 
fie aprestaban á combatirse. En poder de los pocos estaba corriendo 
peligro de la vida, despojado de su libertad, de su señorío y de su 
ojo; solapadamente se había puesto en relación con los muchos, 
quienes le ofrecían dejarle libre y castigar á sus opresores. Consi-. 
deradas las ventajas y los peligros de su anómala posición, el infeliz 

(1) BwiMÜ, 'Oi»3i, ^sup OXIV.— Qoiiá8« Belao. p«^. 122, asegam haber dejado qói- 
aientos hpmbreg an la fortaleza; deberá entenderse entre oaetellanoa y aliados, j^üiea- 
de solo españoles el ejército entero no contaba otzos tantos. 

(2) Cartas de Belao. pág. 122.~Bemal Díaz. eap. OIXV. 

TOM. IV.— 48 



378 

cautivo no podía acertar en lo más mínimo. Menos podía compren- 
der lo que pasaba hablando con Cortés, quien le ocultaba por com- 
pleto la verdad;'] con razón pudo exclamar pesaroso en una de las 
entrevistas con su guardián: *^en verdad que yo no os entiendo.^ (I) 

D. Hernando, en compañía de los intérpretes Aguilar y Marina, 
fué á ver á Motecubzoma diciéndole mandase traer astas de pino 
para hacer picas, pues quería salir para la costa contra las gentes 
allí llegadas, para traerlas atadas á México. Preguntóle el monarca 
¿si no todos eran del mismo señor? Respondió Cortés, sí eran; pero 
como su gran rey tenía tantas naciones bajo su dominio, él y sus 
compañeros eran de Castilla, por lo cual les decían castellanos, mien- 
tras los recien llegados eran vizcainos, con el habla revesada y como 
los otomíes de México; á estos últimos no se los enviaba el rey de 
España, sino que se venían desmandados y él iba á prenderlos y 
castigarlos, á cuyo fin le pedía gente de guerra. Ofrecióle Motecuh- 
zomr echar de la tierra á los intrusos, lo cual no consintió Cortés 
pues quería hacerlo por su persona. Entonces el monarca le ofreció, 
como á su yerno que era, pues le tenía por casado con su hija, que 
de las guarniciones de la costa pondría á su disposición cien mil 
hombres de guerra con treinta mil tamene y los necesarios basti- 
mentos, á cuyo efecto, así como para honrarle le acompañarían algu- 
nos señores principales; como garante de su promesa dio á Cortés y 
á otros castellanos, plumajes y collares, cual acostumbraba con sus 
caudillos al salir á la guerra. (2) Semejante ejército no pareció des- 
pués, ignoramos si por falta del emperador ó por no necesitarle Cor- 
tés; si aquel procedió con doblez, demasiado perspicaz era éste para 
dejar de conocer la falsía. 

Terminados los preparativos de marcha, D. Hernando fué á des- 
pedirse de Motecubzoma; le encargó mucho cuidase del capitán To- 
natiuh y de su gente, no debiendo faltarles los mantenimientos; que 
procurase la seguridad del tesoro, velando porque ni guerreros ni 
sacerdotes interrumpiesen la paz, pues si lo contrario hiciesen, lo 
pagarían con la vida á su regreso; reverenciarían laimájen y cruz C(^ 
locadas en el teocalli; teniendo "limpio el lugar, adornado con ramas 

(1) Bemal Díaz, eap. CXV. 

(2) Bemal Día2, cap. CXV.— Beaidenoia de Cortés, declaración de Qerótáaié de 
Aguilar, tom. 2, pág. 188.— Dedaraoion de András de Monjartfx, tom. 2, pág. 4S.— 
Declaración de Rodrigo deCastafteda, tom. 1| pág. 221. 




379 

y flores, encendidas candelas de cera de día y de noche." Ofreció cum- 
plirlo todo Motecuhzoma, afiadiendo, enviaba con él ciertos principa- 
les, los cuales le guiarían por tierras del imperio y le proverían de 
cuanto hubiera menester; le rogaba que si la gente contra la cual iba 
era mala, se lo mandase avisar para levantar gente de guerra que 
fuese á pelear con ella. (1) En cuanto á Al varado, le dio por principal 
consigna no dejar escapar al prisionero: encargó á los soldados guar* 
daAtn extricta disciplina, y para asegurarse de su fidelidad, les tomó 
juramento sobre un misal, á quienes le acompañaban, de no apar 
tarse de su lado ni abandonarle, á los que se quedaban, de obede- 
cer á Alvarado en cu^mto les mandase. (2) 

Como hemos visto, aunque en el pequeño ejército de Cortés había 
muchos partidarios de Diego Telázquez, sólo tres de los castellanos 
esparcidos por el país habían desertado la bandera, pasándose al 
enemigo. La guarnición de México presentó un sólo ejemplo. Poco 
antes de la salida de Cortés, un ballestero llamado Cristóbal Pinelo 
ó Pinedo, abandonó el cuartel dirigiéndose al campamento de Nar* 
vaez; sabedor de ello el general, envió á Gerónimo de Aguilar para 
decir á Motecuhzoma diese orden á sus vasallos para prender al fu- 
gitivo y traerle á México; contestó el monarca no ser aquello posible 
porque el castellano iba armado de ballesta; entonces insistió Cortés 
diciendo, que si por bien no le tomaban, le matasen y así muerto le 
trajesen. (3) 

Los capitanes, por fortuna de D. Hernando, le permanecieron fie- 
les. Como hemos visto, Juan Yelázquez de León recibió la carta de 
su cuñado Panfilo de Narvaez, mas en lugar de contestarla la envió 
original al general, reunió la fuerza de su mando y tomó el camino 
para la ciudad de Chol olían. Rodrigo Rangel se encontraba á la sa- 
zón poblando en la provincia de Chinantla; luego que supo la llegada 
de las naos, lo participó al general poniéndose inmediatamente en 
marcha; en el pueblo de Tataltetelco exigió juramento á la hueste 
de ser fiel á D. Hernando y á él como su capitán, en lo cual consin- 
tieron los ciento diez hombres de su mando; por el camino ponía 
guardas á la gente para que no desertase, llevando su celo hasta 



(1) Cartas de Selao. pág. 128.— Bemal Díaz, cap. CXV. 

(2) Bebid. de Cortés; Fronoiaco de Vargas, tom. 2, pág. 806. 
(8) Besid. de Cortés; Qerdnimo de Aguilar, tom. 2, pág. 184. 



380 

echar en un pió de amigo á. Francisco de Lugo por mostrarse parti- 
dario de Yelázquez: con estas precauciones llegó á Cholollan. (1) 

Ñarvaez en Cempoalla dejaba pasar el tiempo, ó más bien lo mal- 
gastaba con su, entonada conducta. El torpe procedimiento contra 
Ajllon había hecho muchos descontentos; por esta causa Pedro de 
Villalobos, un portugués y siete soldados más se pasaron á la Vera 
Cruz, en donde Sandoval los recibió con el mayor agasajo. (2) A su 
tiempo llegó Fr. Efartolomé de Olmedo al campamento; ^'era hombre 
astuto; bien hablado y de buen entendimiento," no obstante lo cual 
fué recibido con desabrimiento por Narvaez, díjole ser el objeto dis 
su venida ajustar el medio de conservar la paz, -sin dar motivo á un 
rompimiento en perjuicio del rey y de los castellanos; desdeñosa- 
mente le escuchó Panfilo, respondiendo no darse á partido porque 
Cortés y todos sus compañeros eran traidores, y como el religioso re- 
plicara que no eran sino buenos sehridores del rey, le maltrató de pa- 
labras en público. Semejante descortesía le enajenó adn más el ánimo 
de Fr. Bartolomé, quien secretamente repartía las cadenas y joyas 
de oro que traía, convocando y atrayéndose á las personas principa- 
les de la hueste, notablemente á Andrés de Duero. (3) Debe tener- 
se presente que con el buen mercedario iba un Usagre, artillero de 
Cortés, hermano de un artillero de los del campo de Narvaez. (4) 

En esta sazón llegó al campamento el presbítero Juan],Ruí2 de 
Guevara, con sus compañeros Yergara y Amaya; dio el primero á 
Narvaez los recados de que era portador, exaltando delante de la 
multitud las prendas de D. Hernando, extendiéndose acerca del ta- 
maño y riqueza de la tierra, terminando con proponer, atendido á 
ser muy grande lo ya descubierto, que partiesen términos escogien- 
do cada uno de. ellos las provincias que les conviniese. Narvaez re- 
chazó el concierto como contrario á los poderes recibidos de Yeláz- 
quez, tratando mal á los mensajeros: desde entóncen cogió mala vo- 
luntad al clérigo y al escribano, evitando su conversación y trato. 
Ellos se desquitaron trabajando en contra del desacordado capitán, 
y como los vieron ir ricos *^ y les decían secretamente á los de Nar- 
" vaez tanto bien de Cortés y de todos nosotros, é que habían visto 

(1) Beoid. de Cortés; Joan Tirado, tom. 2, pág. 6. 

(2) Herréxa, déc. II, lib. IX, cap. XXI.— Bemal Díaz, cap. CXtlI. 

(3) Bemal Díaz. cap. CXII. 

(4) Herrera, déo. II, üb. XI, cap. XX. 




381 

^ tanta mnltitud de oro que en el real andaba en el juego de los 
*^ naipes, muchos de los de Narvaez deseaban ya estar en nuestro 
"real."(l) 

El ejército se dividió en muchos pareceres. Querían los unos 
evitar á todo trance un rompimiento é irse con Cortés para gozar 
sosegadamente de las riquezas, mientras pretendían otros apoderar- 
se como más numerosos de los tesoros adquiridos por los menos, ha- 
ciéndose ricos sin ninguna costa. Algunos eran de parecer no tran- 
sigir en manera alguna, postrando á sus contrarios á fuerza de ar- 
mas. (2) Distinguíase entre estos últimos un hidalgo, veedor en el 
ejército, por nombre Salvatierra, quien prometía cortar las orejas á 
D. Hernando y comerse asada una de ellas. (3) Si las crónicas no 
mienten, el bravoso capitán era para bien poco durante la batalla. 
Su grande enojo dimanaba de haber sido blanco de una burla. Estan- 
do todavía en el arenal, Sandoval mandó al campamento dos espías 
españoles en hábito de indios, vistos por Salvatierra les mandó con 
desprecio fueran por yerba para su caballo; obedecieron, trajeron lo * 
pedido y luego permanecieron impasibles sentados en cuclillas. Al 
oscurecer, y en sazón oportuna, ensillaron y enfrenaron el caballo 
con los arneses del capitán, huyendo para la Villa Rica no sin Ue- 
yarse otro caballo cojo que en el campo pacía. Conocida inmediata- 
mente por burla de los castellanos, Salvatierra fué la risa del cam- 
pamento. (4) 

(1) Beniel Díaz eap. GXIL 

(2; Herrera, déc II, lib. IX, cap. XX. 

(8) Bemal Díaz, oap. OXIL 

(4) Bemal Díaz, oap. CXV.— Herrera, áéo. U, lib. IX, oap. XXI. 



<•► 



CAPITULO vm. 



MOTBCUHZOMA XOCOYOTZIN. — CaCAMATZIN. 



Sale Cortea ds TenocktiÜan.'^Reunion en OholoUan.— Socarro pedido á los indíoé» — 
Cristóbal Pindo.^VueUa de Fr, Bartolomé de Olmedo.— El eseribano Aloneo de 
Mata, — Marchay negociaciones, — Otra vez Fr. Bartolomé en el real de I^arwnm, — 
Visita de Andrés de Duero.— Sus compromisos.— Jwm Yeldzquez de León en Cíjto- 
poaUa. — Conferencia orilla del rio de Canoas, —Fl ^ército de Narta^ toma posicüh 
nes, — Discurso de Cortés á sus parciales. -^Preparativos,- Asalto de CempoaUa, — 
Toma de la artiüeria. — Combate contra el teoeaUi. — Ataque á los aposentos de Na/r- 
vaez,Serida y prisión de éste,— Bindese el campamento. — Disposiciones tomadas 
por Cortés.—Avila quita las provisiones á Ifarvaes, — Sumisión de la flota, 

ntecpatl 1520. Lo pronto eu la concepción con lo rápido en la 
ejecución, eran dotes salientes en el carácter do D. Hernan- 
do. Acompañado de unos ochenta peones escogidos, armados á la li- 
gera: sin indias ni servicio salió por la calzada de Iztapalapam para 
ir en busca de bu enemigo. (1) Motecuhzoma, llevado en andas á 

(1) Admitimos que esta marcha fuá en principios de Mayo, lo cual OTidentamente 
80 demaestra por las jornadas hasta llegar á la costa y días trascorridos hasta la d«- 



383 

hombro de bus nobleB, si bien, custodiado por Pedro de Al varado y 
los castellanos, salió á dejar al general basta la orilla de la ciu- 
dad, en donde se despidieron abrazándose cordialmente. Ignoraban 
que debían volverse á ver en muy distintas circunstancias. Acom- 
pañaban al general algunos nobles méxica, según lo ofrecido, los 
cuales se fueron volviendo del camino, pretextando cansancio ú otros 
motivos, aunque en realidad para dar cuenta á Motecubzoma de 
cuanto diariamente acaecía. (1) No eran en realidad compañeros, 
sino espías. 

A marchas largas, tomando el camino por entre los volcanes, 
aquel puñado de determinados llegó en breves dias á CholoUan. 
Aquí estaban Juan Yelázquez de León y Rodrigo Rangel con sus 
huestes; entresacados los soldados dolientes y los sospechosos, los 
cuales fueron enviados á reforzar la guarnición de México, el resto 
se unió de toda voluntad á la bandera del general. Reunidas las 
tres partidas formaban un efectivo de unos trescientos hombres es- 
cogidos; (2) para granjearles la voluntad les repartió Cortés dos pe- 
tacas de joyas, traidas por Juan Yelázquez de la provincia de Toch- 
tepec, regalando á cada peón uno ó dos collares de oro. (3) Bien 
conocía el astuto general el adagio de, dádivas quebrantan peñas. 

Salido de Cholollan envió del camino á Francisco Rodríguez y á 
Diego García para Tlaxcalla, á fin de pedir á los señores Maxixoa- 
tzín y Xicotencatl mandasen en su socorro diez mil guerreros. Sea 
que la señoría estuviese pendiente de la lucha que se entablaba en- 
tre los teules, sin iiventurarse á tomar parto por ninguno de los 
bandos, ó bien por razones que se nos escapan, respondieron: que 

rrota de Karvaez. No hemos contradicho á Cortés cuando aseguro que las primeras 
I noticias de la venida de su rival las tuvo entrante el mes de MayOy (pág. 115); pero 

! en realidad esto es íelso, como sus mismas cuentas de dias lo demuestran. — '*130 

ítem: si saben quel dicho D. Hernando Cortes salió desta cibdad de México, con 
hasta ochenta hombres de á pié ¿ de á caballo doce 6 trece, é recogió después hasta 
duscientos é cincuenta con todos peones, allegándose hacia do el dicho Narvaez ver- 
m'a.'* Interrogatorio, Doc. inéd. tom. XXVII, pág. 354. 

(1) Herrera, dóo. II, lib. X, cap. L 

(2) Eesid. de Cortos; Juaa Tirado, tom. 2» pág. 6 y mg. 

(8) De Joan Velázquez de León ciento loíncuenta hombres; dé Bodrigo Bangel 
ciento diez, y ochenta de D. Hernando, foribaiula un total de trescientos caarenta, 
de los cuales hay que rebajar los enviados á México. 



384 

si para pelear contra indios fuera, darían el contingente pedido y 
mucho más; pero para combatir contra loa teulea, bus bombardas y 
caballos, no se atrevían á dar auxilio alguno. (1) A Juan González 
de Heredia mandó á Chinantla á levantar gente: aquellos natura- 
les usaban en la guerra grandes lanzas, las cuales manejaban con 
suma destreza, creyendo le serían útiles entre la caballería de Nar- 
vaóz. Pero González de Tnijillo llevó la misma misión á Huexo- 
tzinco, y fué el único por entonces, que se incorporó al genera! cou 
cuatrocientas guerreros de aquella señoría. (2) Según parece. Cor- 
tés estimaba poco la compañía de aquellos soldados amedrentados 
por los caballos y las armas de fuego, si bien pretendía dar á eu« 
tender á sus enemigos españoles la grande influencia que sobre los 
naturales ejercía, (3) 

Junto á Tepeyacac (4) los indios salieron al encuentro de D. 
Hernando trayendo en una hamaca el cadáver ensangrentado y con 
yarias heridas de Cristóbal Pinelo, el ballestero salido de México 
para irse al campo de Narvaez: le mataron los indios en cumplimien- 
to dé las órdenes comunicadas por el general, quien cerciorado del 
hecho hizo apartar de su vista los sangrientos despojos, reeojió la 
ballesta y prosiguió su viaje. (5) 

A quince leguas de Cholollan dio con el ejército Fr, Bartolo- 
mé de Olmedo, de vuelta de su misión á Cempoalla. Traía carta 
de Narvaez para Cortés, diciendole venía con provisiones y poderes 
de Diego Yelázquez para mandar en la tierra; al efecto había ya 
fundado una villa, y le prevenía fuese á Cempoalla á obedecer y 
cumplir las provisiones. Perentoria y seca era la carta, mas no hizo 
mella alguna en el ánimo del general. Contentáronle y mucho los 
informes de su enviado; por él supo la prisión y embarque del Lie. 



(1) Benud Días, oap. CXV.— Presoott» tom. 1, pág. 525, apoyado en la auioci- 
dad de Herrera, dác. II, lib. X, cap. I, aaegura que Cortea entró en TlaxcaUa, en 
donde íaé recibido con franca y ooidial hospitalidad. No lo veo confirmado por . 
Cortés ni por Bemal Díaz, oontradici^ndolo loa testigos presenciales ft^i^Tnmfi^f^g en 
la Residencia, cuyo documento seguimos por guia. 

(2) Besid. de Cortés, Juan Tirado, tom. II. pág. 7: Andrés de Monjaras, pág. 48. 
(8) Herrera, dec II, lib. X, cap. I. 

(4) Tepeaca hoy, «n el Estado de Puebla. 

(5) Besid. de Oortés. Gerónimo da Agoilar, lom, 2, p^. 2SÍ. IioceBio Siiára^ 
tom, II, pág, 284. Andvás de Monjafti^ tam. n, pág. 71. Frandaoo Verdngo, lom. 
I, pág. 389. Juan da Maniillai tom. I, pág. 272. 



386 

Ayllon; ouanto había pasado entre Narraez y Motecnhzoma de 
promesas y regalos, las faerzas con las cuales contaba su enemigo 
7 la sitaacion del campamento. El presantaoso capitán estaba re- 
suelto á hacerse obedecer de Ck>rtés y sus parciales, y si no le con- 
seguía de grado, había dispuesto venir sobre México á prenderlos; 
decía palabras descomedidas, echaba bravatas y valentías, é hizo 
alarde de la jente delante del religioso, con disparo de la artillería 
de tierra y de las naos; diciendo con entono: ^^Mirad cómo os podéis 
(^defender, si no hacéis lo que quisiéremos." (1) Por lo demás con- 
firmábase lo dicho por Ruiz de Guevara; el porte orgulloso y mise- 
rable del capitán, traía2[descontenta la hueste; las riquezas de Cor- 
tés tentaban la codicia de muchos, estando más dispuestos en ge- 
neral á un avenimiento que á un combate. No hay que decir, que 
el diestro religioso había sembrado copiosamente en el campamen- 
to, el oro del general y sus propias insinuaciones. 

Prosiguiendo el camino encontraron en Quecholac (2) al escriba- 
no Alonso de Mata, en compañía de Bernardino de duesada y de 
tres testigos castellanos. Lu^o que descubrieron á D. Hernando se 
apearon del caballo,'le saludaron, y Mata, sacando unos papeles de 
una. bolsa, dijo venir de parte de Narvaez á notificar ciertas provi- 
siones; comenzaba ú leer, cuando Cortés le interrumpió pi*eguntán- 
dolé ¿con cuál carácter hacía la notificación? Respondió que como 
escribano del rey. — ^Mostradme el título, le objetó D. Hernando. — 
Desconcertado Mata, dio por disculpa haberle dejado en el campo 
con otras cosas suyas. Faltando el título que acreditaba al mensa- 
jero. Cortés ordenó al^alcalde Rodrigo Rangel prendiera letl supues- 
to escribano y á sus cofrades, lo cual se hizo en efecto, asegurándo- 
los en el cepo y quitándoles las provisiones. Extrafias costumbres 
de aquellos soldados, pretendiendo ocultar tras los procedimientos 
judiciales de ardides y enredos, sus violencias y desafueros. En la 
tarde los puso libres, regalóles ampliamente oro y joyas, y tan amo- 
rosamente les|habl6, que puestos en libertad, al volver al campa* 
mentó se hacíau]lenguas de D. Hernando. El sagaz capitán tenía 
una varilla mágica á la que nada resistía. Llamó mucho la aten- 
ción de aquellos enviados, el lujo que ostentaban en cadenas y joyas 

(1) Cartas de relao. pig. 128-24. 

(3) Qaeohtila 6 Qaeohola hoy, Estado de Puebla. 

ToM. IV.— 49 



366 

de oro los peones de Mésicoj puestas sobre las armas y los desgarra- 
dos vestidos. (1) 

En Ahailízapan (2) se presentaron Juan de Limpias, Porras y 
Francisco Bonal; aquellos castellanos enviados como espías por D. 
Hernando desde México, tomaban i dar cuenta de cuanto hablan 
visteen el campamento de Narvaez. (3) Dosdias permanecieron en 
aquel pueblo detenidos por las lluvias; aprovechó Cortés la dem(«a 
enviando al escribano Pero Hernández en unión de Rodrigo Alvarez 
Chico con un mandamiento para Narvaez, ordenando á éste, so cier- 
tas penas, viniera inmediatamente á ponerse á sus órdenes con to- 
dos los de su compañía. El general pretendía herir por los mismos 
filos; mas, como era de esperarse, Narvaez no hizo caso ninguno del 
mandamiento y puso presos á los mensajeros. (4) 

Avanzando siempre con precauoion, tomando los caminos en que 
mejor pudieran defenderse de la caballería de los contrarios, si por 
ventura salían á su encuentro, llegaron á Cuautochco. (6) Aquí se 
presentaron nuevos negociadores de parte de Narvaez; eran los prin- 
cipales los dos clérigos Juan Ruiz de Guevara y Juan de León, Con 
Andrés de Duero. Traían carta de Narvaez y los mandamientos 
del principio, si bien un tanto modificados: Cortés le entregaría la 
tierra reconociéndole por capitán general, y en tal caso, le daría las 
naves con los mantenimientos necesarios para ir con los suyos adon- 
de quisiese, sin poner impedimento en cuanto apeteciesen llevar con- 
sigo. D. Hernando se mantuvo firme en sus pretensiones, respondien- 
do se le mostrase la provisión real que ordenaba entregase la tierra; 
si tal existía, se le notificara ante el cabildo de la Tera Cruz; "se- 
^' gun orden y costumbre de España," pues estaba dispuesto á obe- 
decerla y cumplirla; pero mientras la cédula no le fuese presentada, 
él y los suyos estaban dispuestos á defender la tierra conquistada, 
reteniéndola en nombre de SS. AA. Desechadas igualmente otras 
proposiciones, se concertaron al cabo en que Narvaez con diez de sus 

(i; Bemal Díaz, cap. CXV.— Besid. de Cortés, Antonio Serrano de Cardona, 
tom. I, pág. 180. Juan de Mansilla, tom. I, pág, 247. Juan Tirado, tom. II, pág. 
8. Andrés de Monjaraz, tom. 2, pág. 49. 

(2) Aulicaba, Orizagua, &o. , &c. hoy Orizaba, en el Estado de Veracnus. 

(3) Kesid. de Cortés, Andrés de Monjaraz, tom. 2, pág. 49. 

(4) Besid. de Cortés, Joan de Mansilla, tom. I, pág. 24S. 

(5) Huatosoo hoy, en el Estado de Veracruz. 



387 

pardales y Cortés ocm igaal Búmtero de los sayos, se viesen en un 
Ingar determinado; aquel notifioaria las provisiones, y éste respon- 
dería conforme á sn derecho: ambas partes darían por escrito el se- 
guro paiE la entrevista. Cortés mandó el seguro con los mensajeros; 
mas al recibir el de Narraes, el P. Olmedo le mandé avisar no con- 
pnrriese, porque se trataba de darle muerte durante la conferencia; 
por esto escribió á Narvaez diciéndole, que sabida su mala intención 
no acudiría á la cita. (1) 

D. Hernando opcmía tenas resistencia á darse á partido con Nar- 
vaez; mas con su sagacidad acostumbrada sabía apoderarse de cuan- 
tos elementos se le ponían al alcance. De aquellos tres nogociadores, 
Juan Ruiz de Guevara estaba ya ganado; Juan de León se ablandé 
á influjo de las dádivas, en cuanto á Andrés de Duero, era aquel 
mismo secretario de YeUzquez, que tanto había influido en Cuba 
para el nombramiento de Cortés, concertddose con éste en los pro- 
vechos de la expedición, en oompafiía de Amador de Lares, ya para 
este tiempo difunto» (8) 

Cortés no aeeptaba los conciertos, sin dejar por esto de andar en 
continuadas negociaciones, y acercándose continuamente á su inerte 
«lemigo. Para tomar una resolución definitiva vino á situarse en el 
pueblo de Tampanequita. (3) Al dia siguiente llegó Gonzalo de 

(1) Cartas de Eelac. pág. 125-26,~Bernal Díaz, cap. CXVII.— Besid. de Cortés, 
Joan Tirado, tom. 2, pág. 9.—'' 125 Ítem: si saben que ablexido acebtado el diolio 
partido el dioho Panfilo de Narvaez, temía oonoertado de poner mmoha xente en ce- 
lada para matar al dicho J>, Hernando Gortds, é deUo fué avisado el dicho D. Her- 
nando Cortés por Rodrigo Alvarez Chico, veedor que á la sazón era ido al real del 
dicho Narvaez, por mandado del dicho D. Hernando Cortés, á dar ófden en la oon- 
ooidia/' Interrogatorio, Doo. inéd. tom, XKYII, pág. 3^2. 

(2) Bemal Díaz, cap. CXIX. 

(8) Bemal Díaz, cap. CX V, nombra las dos poblaciones d^ Tempaneqnita y Mita- 
lagoita, ''que ahora son de la encomienda de Pedro Moreno Medrano, que vive en 
la Puebla.'^ La primera la encontramos ortogr^ada Pangmenezqnita, Tapaniqoitá, 
Tempaniquita, Tampaniquita^ Torquemada corrige Tapaxmneta, y Clavigero esci&e 
Tapanaouethk Entre las poblaciones actuales del Estado de Yeracruz, ninguna en- 
contramos correspondiente á estos nombres: han desaparecido. En el plano MS. de 
aquel litoral, del alcalde mayor Alvazo Patino, 1580, según la dirección seguida por 
Cortés, la distancia asignada, y teniendo en cuenta el estropeo sufrido por las pala- 
bras aztecas, nos parece que Tempaniquita es el escrito en el mapa Tepazacualco, 
en la época indicada todavía existente. En cuanto á Mitalaguita es evidentemente e^ 
MeÜangutla del plano de Patino, palabra estropeada por Mictlanúuauhtla, población 
importante en aquella provincia, nombrada en la matrícula de tributos y en las vela, 
dones históricas, y déla cual tenemos hecha mención. 



388 

Sandoval con hasta sesenta hombres de la guarnición de la Tilla 
Rica, entre ellos los castellanos que se habían pasado á consecuen* 
cia de la prisión de Ayllon. (1) En Tampaneqaita fué escrita nue* 
va carta á Narvaez, firmada por los capitanes y principales soldados, 
repitiendo los conceptos ya dichos; qne si quiere irse á poblar á otra 
tierra lo haga en toda libertad, mas qué se abstenga de alborotar 
la tierra, pues entonces irán contra él á prenderle para enviarle á 
Castilla, siendo de su cargo y culpa cuantos males por ello puedan 
acaecer: Cortés como capitán general de la tierra tiene derecho pa- 
ra castigar el gran desacato cometido por Narvaez, por lo cual le ci- 
ta y emplaza para dentro de tercero dia, pues éste es crimen de le- 
sa magestad. La misiva fué confiada á Fr. Bartolomé de Olmedo, 
quien provisto de cartas secretas para muchas personas, de buena 
cantidad de joyas y en compañía de Bartolomé de Usagre el artille- 
ro, partió segunda vez para el campo enemigo. (2) 

Como se advierte, aquellas demandas y respuestas no reconocian 
fundamento en el derecho, siendo únicamente una simple ficción 
legal. Los nombramientos de Cortés y de Narvaez no eran de origen 
real; dimanaban de Diego Yelázquez, y bajo este aspecto tenían la 
misma validez. Alzado Cortés con la armada, Yelázquez pudo re- 
vocar los poderes que le confirió, y pasarlos á quien bien le placie- 
ra: no obraba en justicia D. Hernando resistiendo los mandatos de 
su legitimo superior. Para resistirlo, tenia á la mano la ficción le- 
gal. Al recibir sii nombramienno de capitán general y justicia ma- 
yor por el cabildo de la Vera Cruz: una vez renunciado el cargo ob- 
tenido de Diego Yelázquez, su investidura le venia directamente 
del rey mismo: puesto asi fuera de la jurisdicion de su enemigo, 
podía sostener su derecho para exigir á Narvaez enseñase las pro- 
visiones reales, qne no tenia ni podía tener, único caso en que es- 
taría obligada á dar entera obediencia. Sin embargo, también D. 
Panfilo había fundado una villa, que á la cuenta tenia la misma va- 
lidez é idéntica representación que la Yilla Rica, de la cual no supo 
sacar partido el torpe jefe. (3) 

Llegado Fr. Bartolomé del campamento repartió cartas y dádivas 

(1 ) Bernal Díaz, oap. OXV. 

i2) Bemal Díaz, oap. OXVI. 

(8) V^ase aoeroa de ésto la opinión de Oviedo, lib. XXXm, oap. tttt; 




389 

cnal Crortés se lo había encargado, entendiéndose muy bien con An- 
drés de Daero, ganando entre otros á Rodrigo Mino y á Usagre en- 
cargados de la artillería, y á Agastin Bermúdez, capitán y alguacil 
mayor del real. No fueron tan recatados los manejos del religioso, 
que Narvaez no los sintiera, resolviendo por ello el ponerle preso; 
pero le disuadieron Andrés de Duero y otros hidalgos, representán- 
dole el respetable carácter del culpado, como sacerdote y embajador: 
el mismo Duero hizo entender á Narvaez, que muchos de los parti- 
darios de -Cortés estaban dispuestos á entregarse, evitando por los 
medios posibles un rompimiento. Hasta entonces la carta de D. 
Hernando no había sido entregada, y por instigaciones del mismo 
Duero, á efecto de saber los secretas del religioso, éste fué convida- 
do á comer por Narvaez. Hechas asi las pases se apartaron ambos 
á un patio para hablar en secreto, y el religioso le dijo: ^^Bien enten- 
^^dido tengo quo vuestra merced me quería mandar prender; pues 
'^ hágole saber, señor, que no tiene mejor ni mayor servidor en su 
*' real que yo, y tengo por cierto que muchos caballeros y capitanes 
"de \oé de Cortés se querrían ya ver en las manos de vuestra mer- 
" ced; y ansí, creo que vendrémos.todos; y para más le traer á que 
*^ se desconcierte, le han hecho escribir una carta de ¿desvarios 
" firmada de los soldados, que me dieron diese á, vuestra {m«rced| 
*' que no la he querido láostrar hasta agora, que vine á pláticas, 
'^ que en un rio la quise echar por las necedades que enfella trae; 
"y esto hacen todos sus capitanes y soldados de Cortés por verle ya 
"desconcertar." (1) 

Pidió la carta Narvaez, y aunque el religioso la llevaba consigo, 
pretextó ir por ella á la posada, con objeto de que se reunieran 
algunos capitales; volvió en efecto con la misiva, diciendo *al entre- 
garla á Narvaez: *^No se maraville vuestra merced con ella, que ya 
^' Cortés anda desvariando; y sé cierto que si su merced le habla con 
" amor, que luego se le dacá él y todos los que consigo trae." Dada 
lectura en público á la carta, se vio no contenef nada de someti- 
miento, sino antes bien el emplazamiento que se le exigía: éste fué 
un medio astuto de hacer conocer á todos un] documento, que de 
otra .manera hubie^ra quedado desconocido y sin respuesta. Narvaez 
prorumpió en palabras de ira, haciéndole coro el bravoso Salvatie- 

(1) Berzud Díaz, oftp. CXVII. 



I 



390 

* 

rra, mientras los alemas capitanes se reían: Daero dijo: ^* Ahora yo 
^^ no sé como sea ésto; yo no lo entiendo; porqae este rdtgioso me 
ha dicho que Cortés y todos se le darán á vuestra mercad y 
** lescríbir ahora estos desvarios!" Terció en la conversación Agus^ 
tin Bermúdez, sigaiendo por el mismo tema^ y proponiendo al g^oe» 
ral que él Bermüdez, Duero y el Salvatierra fuesen de nuevo á en- 
tenderse oon D. Hernando. Salvatierra no admitió la encomienda^ 
si \Aen se concertó tener una entrevista para apoderarse de CortéSi 
trama, que com^ más arritMt dijimos, fué comunicada por Fr. Bar- 
tolomé al geneml. El P. Olmedo permaneció en el real, captándose 
la voluntad de todos, al grado de llegar i ser diario comensal MI 
bravo Salvatierra. (1) 

Cortés con su campo se adelantó áb Miotlancuauhtla. Aquí se le in- 
corporó el soldado Tovilla, mandado á Chinantla, ya para levantar 
^nte de guerra, ya para traer lanzas con puntas de cobre fabrica- 
das por los indios de la provincia. En efecto, llegó con hasta dos- 
cientos indios de carga; conduciendo trescientas picas con puntas 
de cobre templado, mU(^o mejores que las muestras que se les ha- 
bían mandado; estaban destinadas á contener la numerosa caballe- 
ría de Narvaez, á cuyo efecto el Tovilla enseñaba el manejo á los 
peones, adestrándoles en la manera con que habían de recibir á los 
jinetes. Con esto se tomaron las últimas 41isposiciones: hecho alar- 
de de la gente se encontraron *'duciento8 seis, contados atambor é 
'' pífano, sin el fraile, y con cinco de á caballo y dos artilleros y po* 
*' eos ballesteros y menos escopeteros." (2) 

Sn aquel lugar se presentó Andrés de Duero, trayendo al artille- 
ro BlBurtolomé de Usagre y seguido de dos indios de Cuba. Si bien 
traía por pretexto seguir las comenzadas negociaciones y llamar al 
capitán Juan Yelázquez de León de parte de su cuñado Narvaez, 
parece que la realidad era venir á exigir el primitivo contrato de 
partición celebrado en la Femandina, cuando fué nombrado Cortés 
comandante de la armada. D. Hernando reconoció el compromiso, 
sin andarse escaso en promesas, dando á entender á su socio, que 

(i; BexnalDíás, osp. CXVH. 

(2) Beiaal Díaz, eap. GXVUI. A nuestro entender debe leerse pora el niímero de 
loa peonea, ireeíenio» diez y seis, ooando menos: nos autoriza la cantidad de las par- 
tidas de que el ejército se componía, aumentado con la fuerza de Sandoyal. En el 
capítulo ciento veinte escribe ''doscientos sesenta y seis soldados.*' 



391 

Guando Narvaez Mtariese moerto 6 preso, ambos qnedarian por se- 
QoroB de la Nueva España y se partirían el oro y los pueblos; para 
lograrlo se pondría de acuerdo con Agustín Bermúdez y con otros 
hidalgos hasta salir airoso en la empresa. Juntando obras á pala- 
bras le cargo de oro los dos indios, así para él como para repartir 
en el can^Mi, entregándc^e ademas cartas y tejuelos de oro para mu- 
chas perdonas. "Estuvo el Andrés de Duero en nuestro real el dia 
" 4Ue llegó hasta otro dia después de comer, que era dia de Pascua 
de Espíritu Santo." Despidióse de todos amigablemente: y ya i ca: 
bidlo fujd adonde estaba Cortas: ^^¿Ciué manda vuestra merced? Clue 
'^ me quiero ir;" y respondióle: "que vaya con Dios, y mire, señdr 
" Andrés de Duero, que ha]ra buen concierto de lo que tenemos 
'* platicado, si nó, en mi conciencia (que así juraba Cortés), que ¿n^ 
*' tes de tres dias con todos mis compafieros seré allá en vuestro 
" real|. y al primero que le eche lanaa será á vuestra merced, si otra 
** cosa siento al eontmrio de lo que tenemos hablado." Y el Duero 
se rió y dijo: "No faltaré es cosa que sea contrarío de servir á vues* 
'*tra merced." (1) Ido Duero llamó D. Hernando á Juan Velázquea 
de León, rogándole con blandas palabms fuese á ver á Narvaez, 
pues deseaba hablarle, encargándole se adornase con sus cadenas 
de oro y principalmente de la fanf^TTona^ llamada así por su va* 
Icf y mucdio peso; pan honrarle le dio por compañero á su propio 
meso de espuelas Juan del Rio. Aceptó Yelázquez llevando largas 
instrucciones de su jefe, " y dijeron que le envió Cortés por des- 
" cuidar á Narvaez." (2) 

Dos horas después de la marchado Yelázquez de León, el algua- 
cil mayor Capúzalo de Sandoval apellidó á los cuadrilleros ó cabos 
de filas, Canillas el atanodwr y B^to Y^uer el pífano, tocaron la 

(O BflBeaal Días, oap. CXIZ. 

(2) ttemalDíáK» eap. 03tlX.— Besid. de Oortéis, Joan de MansQla, tom. I, p£g. 
24S.--^Jaa loe antoroe la denota de Narfaesen la Paaeoade Espíritu Santo, de 
donde infiere Clavigero, tom. 2, pág. 287, haberse yerifieado el saoeeo el dondago 
veintisiete de Mayo. Otra cosa se infiere de la relación de Bemal Díaz. Segan lo co- 
piado arriba. '^EstuYO el Andrés de Duero en nuestro real el dia que llegó hasta otro 
** dia después de oomer ^^e era dia de pascua de Espíritu Santo." La pascua com- 
prendía los tres dias domingo, liines y martes. Así, Duero llegó á Mitlanouauhtla el 
sábado Teintíseis de Mayo, y permaneció hasta el domingo yeintisiete después del 
medio dia. En la misma fecha saBó Velásquez de León y se puso en maxoha el 
ejercito. 



392 

llamada, y el pequefto ejército se puso ea maicha en direocion á 
Cempoalla. Mataron por el oarnino dos puercos de la tierra, lo oaal 
tuvieron como señal de victoria, pernoctando al raso en un repeoho 
cerca de un arroyo. (1) 

Juan Yelázquez de León ee dirijió i^resuradamente á Oempoalla 
á donde llegó al amanecer; iu^(o que Narvaes lo supo, salió á su 
encuentro con la mayor cortesanía, le hiao sentar cabe sí, comen- 
zando á departir acerca de los negocios que les preocupaban. Ex- 
trañó Narvaez á su cufiado, siguiera la causa de un traidor como 
Cortés, á lo cual contestó Yelázquez, defendiendo á su capitán y to- 
do su bando como leales servidores del rey. Propuso YelAiquez un 
avenimiento pacífico, el cual fué rechazado por Narvaez; éste 6 su 
turno propuso á su cuñado pasarse á su campo, ofreciéndole por ello 
Ventajas y galardones, lo cual rechazó á su tumo Telázquez, indig- 
nado de ser desertor de su bandera. Al terminar la conversación no 
sólo no habían libado á convenio, sino que los ánimos estaban á 
más no poder agriados, y tanto, que Narvaez dispuso prender á su 
deudo; hecho público el deseo, acudieron Andrés de Duero, Ber- 
múdez, Fr. Bartolomé de Olmedo, los clérigos Ruiz de Guevara y 
Juan de León, con otros hidalgos, disuadiéndole de dar un paso 
desacertado bajo muchos conceptos. Yelázquez de León, faera de 
su parentesco con Narvaez, era deudo inmediato del gobernador D. 
Diego Yelázquez, emparentado con muchos de los principales oficia- 
les de la armada, y como era apuesto, comedido, de presencia agra- 
dable y varonil, gozaba de gran reputación é influencia entre los 
soldados. Por consejo de los buenos hidalgos, para procurar siem- 
pre un arreglo, Narvaez convidó á comer á su cufiado; ^ás valiera 
no hubiera sido. Durante la mesa, se entabló plática de Cortés, y 
el animoso joven Diego Yelázquez, sobrino del gobernador del mis- 
mo nombre, pronunció palabras descomedidas; le atajó el Juan con 
palabras agresivas, defendiendo á su general, siguiéndose un^ reyer- 
ta, pusieron ambos mano á la espada y acuchilláranse, si no se pu- 
sieran por medio los hidalgos presentes. Narvaez dio orden de salir 
inmediatamente del campamento, á Yelázquez de León, al P. Ol- 
medo y á Juan del Rio; tomadas prontamente las cabalgaduras, los 



(1) Bemal Días, oap. CXIX. 




t 



393 

tres riajeros se dieron á caminar con velocidad, temiendo ser alcan- 
zados por la caballería de loa contrarios. (1) 

Cortés se pnso en marcha al amanecer del lunes veintiocho de 
Mayo, atravesó con los suyos la parte de la costa, y como hacía gran 
calor á horas del medio día, se pusieron á sestear orilla del rio de 
Canoas, hoy de la Antigua. Uno de los corredores del campo, vino 
á dar aviso de ciertos hombres que á caballo venían; en efecto, pre- 
sentáronse Á poco los tres despedidos de Cempoalla, quienes fueron 
recibidos con grande alegría, siguiéndose sabrosas pláticas. Yeláz- 
quez de León traía dos cartas, la una de Narvaez, la otra de An- 
drés de Duero; para darles lectura, Cortés hizo reunir el cabildo de 
la Villa Rica, representado allí por el alcalde Rodrigo Rangel, el 
alguacil mayor Gonzalo de Sandoval, los regidores Juan Rodríguez 
de Yillafuerte y Cristóbal de Olid, con Alonso de Ávila, alcalde 
mayor y capitán de la guardia del general. Narvaez escribía las 
exigencias y amenazas de siempre; Duero indicaba al general se 
cuidase, pues sus soldados le llevaban á la carnicería. (2) Siguióse 
la plática, en que Velázquez relató punto por punto eus aventuras 
en Cempoalla; Pr. Bartolomé, " como era muy regocijado y sabíalo 
muy bien representar," excitó la risa de sus oyentes contando cuan- 
to había hecho para atraerse el afecto de Narvaez y de Salvatierra, 
hasta el grado de haber alcanzado, que delante de Yelázquez se hi- 
ciese alarde de la gente, consiguiendo engaüarles á su antojo. Cor- 
tés debió recibir en secreto noticias de mayor sustancia, pues á po- 
co de terminada la conversación, se dio orden de marcha; movióse 
el ejército y fué á acampar orillas de un rio cerca de Cempoalla; 
(3) es decir, el rio Chachalacas, cerca de una puente entonces ahí 
construida. 

Los cempoalteca, por mandado de su cacique y de los blancos, 
espiaban los movimientos de los de Cortés; al verles dirijirse al rio, 
ellos corrieron á Cempoalla, dando aviso que los teules se acerca- 
ban: el cacique gordo dijo á Narvaez: **¿Clué hacéis que estáis muy 
descuidado? ¿Pensáis que Malinche y los teules que trae consigo 
que son así como vosotros? Puea yo os dig9 que cuando no os catá- 

(1) Bemiftl Daz, cap. CXX. 

(2) Besid. de Cortés; Juan Tirado, tom. 2, pág. 9. 

(8) Bemal Díaz, oap. OXX. 

TOM, IV. — 50 



394 

redes será aquí j os nmtará." Annqae burlando de las palabras del 
aviso, Narvaez se apercibió al combate, pregonando la gnerra á fae- 
go y sangre y á toda ropa franca. Movido el ejército fuera del pue- 
blo, paró á cerca de un cuarto de legpia de distancia, escogiendo 
campo por el cual fueron distribuidos y colocados peones, balleste- 
ros y escopeteros, los tiros y la caballería. Llovía copiosamente, 
peones y jinetes firmes en sus puestos, sobre un suelo anegado y 
resbaladizo, vieron pasar las boras sin que se presentase el enemigo; 
entrada la noche y no habiendo noticia alguna, se ordenó la retira- 
da, cuando capitanes y soldados estaban calados por el agua^ tran- 
sidos de frío y quebrantados por el cansancio. Vuelto Narvaes á 
Cempoalla, tomó sus disposiciones para pasar la noche; veinte de 
caballo en el patio de su aposento; escopeteros y ballesteros en la 
parte superior del teocalli, para su custodia y de las personas de 
Salvatierra, Gamarra y Juan Bono; los cafiones quedaron asestados 
delante de los cuarteles. Ri^as y donaires siguieron á lo que llama- 
ron falsa alarma; discurrían los bravosos que Cortés no se atreverla 
á llegar al pueblo con tan poca gente; dióse público pregón ofrecien- 
do dos mil pesos á quien matase á Cortés y á Sandoval, y tomada 
esta precaución, que pareció eficaz, general y ejército se entregaron 
confiadamente al descanso. La palabra secreta fué Santa Ma- 
ría. (1) 

Los partidarios de Cortés permanecían junto al rio, calados tam- 
bién por el agua; mas eran todos veteranos acostumbrados i la fa- 
tiga y la intemperie. Al caer la tarde del lunes veintiocho, D. Her- 
nando montó á caballo, llamó á la hueste, le impuso silencio, " y 
** luego comenzó un parlamento por tan lindo estilo y plática, tan 
'* bien dichas ciertas otras palabras más sabrosas y llenas de ofertas, 
^' que yo aquí no sabré escribir." (8) Recordóles sus servicios duran- 
te las tres expediciones de descubrimiento; las muchas batalle» en 
que habían combatido, coi^ los riesgos y peligros á que se habían ex- 
puesto; cuántos sacrificios y guerras habían gastado para sojuzgar la 
tierra; y ahora de improviso, un intruso, sin provisiones reales, sin 
derechos legítimos, se presenta á quitarles cuanto habían ganado, 
perdiendo muchos tal vez hasta lá vida, según era el encono del 



(1) Bemal Díaz, cap. CXXI. 

(2) Bemal Díaz, oap. CXXII. 



396 

coadillo. '^ Yo soy uno, conÜDUó, é no puedo hacer por más que 
" uno: partidos me han movido que á sola mi persona estaban bien; 
" ó porque á vosotros os estaban mal no los he aceptado: ya veis lo 
" que dicen, y pues en cada uno de vos está esta cosa, segund lo 
'' que en sí sintiese de voluntad de pelear ó querer paz, aquello di- 
'* ga cada cual, é no se le estorbará que haga lo que quisiere. YeiSi 
^^^ui me han dicho en secreto estos nuestros mensajeros, cómo en 
^^ el real de los contrarios se platica y tiene por cierto que vosotros 
" me lleváis engañado á me poner en^sus manos: por ende cada uno 
^^ diga lo que le parece." Todos ó los más, le satisfacieron á lo de 
*' lleva! le engafiado, é en lo demás le rogamos afectuosamente que 
^^ él dijese su parecer; é muy importunado de todos para que prime- 
" ro lo dijese, dijo como enojado: '*Digoos un refrán, que se dice en 
^' Castilla, que es, muera el asno 6 quien le aguija; y este es mi pa- 
'* recer, porque veo que hacer otra cosa, á todos é á mi será grande 
" afrenta; ó no porque hagamos lo que ellos quisieren, aseguramos 
*' todos las vidas, antes algunas correrán riesgo; pero sobre mi pare- 
" cer ved el vuestro, é. cada cual tiene razón de decir su parecer.' 
^' E luego todos unánimemente alzamos una vo^ de alegría, dicien- 
'^ do: ^'Tiva tal capitán que tan buen parecer tiene:" é así lo toma- 
'* mos en los hombros muchos de nosotros, fasta que nos rogó le de- 
sojásemos." (1) 

Cerrada la noche, llegó al campo un soldado llamado el Galleguí- 
Uo, '^ que se vino huyendo aquella noche del real de Narvaez, ó le 
envió el Andrés de Duero,^' (2) el cual informó de cuanto en Cem- 
poalla había pasado y disposiciones adoptadas para la defensa de 
los cuarteles. D. Hernando distribuyó rondas y escuchas, dejando 
á la tropa se entregara' al sueño. Ni una palabra había soltado 
acerca de sus planes; cosa ninguna reveló de sus inteligencias en la 
plaza enemiga: conténtese con ganar el ánimo de la hueste, hacién- 
dola sabedora do la necesidad en que estaba de combatir, fiando el 
resultado en sólo su -valor, sin tener en cuenta los auxilios extraños 
que llegada la ocasión podrían faltarle. Siempre se mostró el cau- 
dillo reservado, precavido y astuto. 



(1) Belaoion de Andrés da Tapia, pág. 58S,-- 89.— Beaid. de Cort^; Juan de Man* 
siUa» tom. 1. pág. 249. Juan Tirado, tom. 2, pág. 10, Andváada MóDJafas, tom. 2^ 
pág. 50. Gerónimo de Agailar, tom. 2, pág. 186. 

(2) Bemal Díaz, cap. CXXI. 



V 

4 



f 

\ 396 



Muy adelantada la noche, Cortés hizo poner en pié á la gente sin 
tocar atambor, y dirijiéndose á la multilud la dijo: ^'Sefiores, ya 
*' sabéis que es muy ordinario en la gente de guerra, decir, ^^al alba 
'^ dar en sus enemigos;" é si hemos sido sentidos, á esta hora nos es- 
'' peran nuestros contrarios; é si no nos han sentido, pues no pode* 
** mos dormir, mejor será gastar el tiempo peleando é holgar lo que 
^^ nos quedase desde que hayamos vencido, que gastallo con la pá- 
^^ sion que el frió nos dá:^' é ast nos levantamos é nos hizo otra plá- 
^^ tica, diciendo que aun tiniemos tiempo de acordar si sería mejor 
" pelear ó no; é respondiéndole que queríamos morir ó vencer, ca- 
"minó." (1) 

En aquel putíto fueron tomadas las disposiciones para el asalto. 
El joven capitán Pizarro, con sesenta soldados mancebos, se apode- 
rarían de la artillería, y logrado, irían sobre el teocalli en que Nar- 
vaez se aposentaba. El alguacil mayor, Gonzalo de Sandoval, con 
ochenta peones escogidos debía apoderarse de Narvaez, á cuyo efec- 
to había recibido un mandamiento escrito, concebido poco más 6 
menos en estos términos: '^Gonzalo de Sandoval, alguacil mayor de 
"esta Nueva España, por S. M., yo os mando que prendáis el cuer- 
" po de Panfilo de Narvaez, é si se os defendiese, matadle, que así 
" conviene al servicio de Dios y de S. M." (2) Juan Velázquez de 
León con sesenta hombres, combatiría el cuartel de Diego Veláz- 
quez, con quien aquel día había tenido la brega. Cortés, al frente 
del resto de la fuerza acudiría á donde fuera menester; así se pre- 
paraban cuatro ataques simultáneos, sostenidos por la reserva, de- 
biendo concentrarse el mayor empuje sobre la posada de Narvaez. 
Se recomendó guardar el mayor silencio, la más estricta disciplina; 
y no separarse por ningún motivo de las filas: palabra para apelli- 
darse: Espíritu Santo. Pregonóse en alta voz, que quien primero 
pusiera la mano en Narvaez, recibiría tres mil pesos de premio, dos 
mil el segundo y mil el tercero. Iban á ponerse en marcha los ter- 
cios, cuando corrió la voz de haber desaparecido el Galleguillo; to- 
dos se dieron á pensar que era espía del enemigo, sobresaltándose, 
porque de esta manera estaban descubiertos sus planes; pero bien 

(1) BelAoion de AndváscU Tapia, pág. 5S9. 

(2) Bemal Díaz, oap. CXXII. Belao. de Andrtfs de Tapia, pág. 589. Reñd. da 
Cortáfl; Andrés de Monjaraz, tom, 2, pág. 50. 



397 

presto desapareció la alarma, paes le hallaron dormido debajo de 
unos arbustos. (1) 

La hueste se puso en marcha á la sordina: llovía aun y la oscuri- 
dad era profunda. Los cuarenta jinetes encargados de defender el 
camino, al mando de Andrés de Duero 7 de Agustín Bermúdez, no 
fueron encontrados en su puesto. Sobre el vado del rio sorprendió* 
ron ú, dos escuchas: Alonso Hurtado huyó á su campo gritando: *'al 
arma, al arma, que viene Cortés:'^ Gonzalo Carrasco fué hecho pri- 
sionero, y si bien quiso amedrentar al general, diciéndole do pasase 
adelante porque el ejército de Narvaez estaba prevenido para resis- 
tirle; amenazado de ser ahorcado de una lanza tomada por dos jine- 
tes, confesó la dispodcion en que estaba el campamento: Cortés 
entregó el preso ¿ la guarda de su secretario, Pedro Hernández (2) 
'' £ su compañero que se huyó dio mandado en su real; é allá se 
creyeron que íbamos allí á nos poner para gastar lo que de la noche 
quedaba, para el alba dar en ellos; é asi tornaron é mandar que re- 
posasQ. la gente, é al alba saliesen al campo;, ó con todo el capitán 
y ciertos gentiles hombres se armaron é estaban despiertos é ha- 
blando en nuestra ida é teniéndonos por locos.'' (3) 

Poco antes del pueblo, dejaron en una quebrada los caballos y el 
poco fardaje, al cuidado de Marina y del paje Juan de Ortega, 
Puestos de rodillas hicieron oración, abrazáronse unos á otros pi- 
diéndose perdón de los agravios que hubieren cometido, como quien 
se prepara á morir; ^'y Fr. Bartolomé de Olmedo, sin que nadie se 
^' levantase, les hizo decir la confesión general, pedir é, Dios perdón, 
" prometer la enmienda de la vida, hizo la forma de la absolu- 
** cion." (4) 

Puestos en pié, devorando la distancia á paso redoblado, pene- 
traron en Cempoalla al cuarto de la modorra, precedidos por el 
atambor sonando la carga. Los centinelas avanzados huyeron gri- 
tando: ''Arma, arma;" los tercios se precipitaron á cumplir cada 
cual su consigna. Pizarro con los mancebos arremetió á la batería; 
para defender los tiros del agua ó por otra causa, los oidos estaban 
tapados con cera y pocob artilleros asistían en sus puestos; cuatro 

(1) Bénud Díaz, cap. CXXII. 

(2) Bemal Díaz, cap. CXXII.— Beaid de Cortés; Juan Tirado, tom. 2, pág. 11. 
(8) fidao. de Andrés de Tapia, pág. 589. 

fé) Herrera, dec. 11, Ub. X, cap. II y IV. Resid. Jnan Tirado, tom. 3, pág. U, 



398 

disparos hicieron pasando las pelotas por alto, y sólo una di6 en los 
asaltantes matando tres hombres. La caballería que debía apojttt 
las piezas no faé de ningún provecho. ^*E el marques tuvo aviso de 
'* cortar é hacer cortar los látigos de las cinchas de los caballos, que 
^* como pensaban desde i poco salir del campo, todos tenían ensilla- 
^* dos BUS caballos y comiendo; é algunos que acudien á enfrenarlos, 
*'como estaban los látigos cortados, en cabalgando luego caien, ó 
" desde á poco." (1) 

Yelázquez de León se dirijió contra el teocalli, defendido por el 
joven Diego Yelázquez y el punto confiado á Salvatierra; más aun- 
que este capitán se fingió enfermo; los lugares se defendieron brio- 
samente al grito de "Viva el rey y Diego Yelázquez.'* Cortés, que- 
dando á retaguardia apoyaba el empuje general y como los soldados 
de Narvaez acudían á la defensa pocos á pocos, les quitaba las ar- 
mas y tomaba prisioneros. ^ 

Delante de los aposentos de Narvaez estaban colocados algu aos 
tiros pequeños; sobrecogidos los artilleros, cebaban sobre la cera con 
que estaba tapado el oido, sin lograr producir un disparo. Sin es- 
fuerzo alguno, Sandoval se apoderó de aquella artillería, trepando 
en seguida con sus ochenta veteranos las gradas del teocalli, defen- 
dido valientemente por Narvaez y Iqs hidalgos que le acompañaban. 
Subían briosamente los asaltantes escalón por escalón, pero recibi- 
dos con denuedo, detuvieron el avance y aun perdieron algunas gra- 
das. Socorridos por Pizarro con parte de sus compañeros, recobra- 
ron lo perdido, empujaron á sus contrarios hasta el atrio superior, 
haciéndoles encerrar dentro de los aposentos. Trabóse rado comba- 
te por forzar la entrada, penetraron algunos, y de improviso se oyó 
á Narvaez diciendo: "Santa Liaría, váleme, que muerto me han, 
y quebrado un ojo." Al oir aquellas voces, los triunfantes vetera- 
nos prorumpieron gritando: " Yictoria, victoria por los del nombre 
del "Espíritu Santo, que muerto es Narvaez." No obstante, los del 
aposento se defendían obstinadamente, hasta que Martin López pe- 
gó fu^ á los techos que eran de paja; la llama y el humo desalo- 
jaron á los defensores, quienes salieron y se precipitaron sobre sus 
enemigos con intento de tomar la gradería para escapar; mas todos 



(1) ReUo. de Aliares de Tafua, pág. 590. Bernal Víbz, cap. CXXn. Beód. de 
OoiiéB; Alonso Pereí, tom. 2, pág. 85. 



j 



399 

quedaron priiioiiexoB* Entonces fué preso Narvaez; quien primero 
le pacM> mano foé Pero Sánchez Farfttn, '^é yo (Bemal Díaz), se lo 
*' cU al Sandoval j á otros capitanes del mismo Narvaez que con él 
^^ estaban todavía dando voces y apellidando: *' Yiva el rey, viya el 
*' rey, y en su real nombre Cortés; Vitoria, vitoria, que muerto es 
" Narvaez." (1) . 

Guando tomaron preso á Narvaez, se le vio un ojo quebrado; ere- 
yéndose en gran peligro de perder la vida exclamó: " Hidalgos, por 
amor de Dios no me matéis; llevadme á donde está Cortés.^' A los 
gritos de triunfo llegó éste tan sin aliento, que no podia pronunciar 
las palabras, y al acercarse al prisionero le dijo: *' Traidor, revolve- 
dor de huestes, más mal de ése habíades de haber é mereciades," y 
replicó Narvaez; '^ En vuestro poder me tenéis, por amor de Dios, 
no conñntais que estos hidalgos me maten." (2) Cortés recomendó 
á Sandoval tuviese á buen recaudo al desdichado capitán, é inmedia- 
tamente hizo dar un pr^on á n<»nbre del rey y en el suyo como 
capitán general y justicia mayor, previniendo que todos se le some- 
tiesen, viniendo á jurarle obediencia, pena de la vida. 

Sin jefes ni dirección alguna, la mayor parte de los soldados se 
entregaron, si bien muchos se desbandaron saliéndose por los cam- 
pos; este partido tomó la caballería. Sólo peleaban porfiadamente 
los encastillados en dos teocalli; cargaron sobre ellos las fuerzas 
unidas de los vencedores, é intimándoles se rindiesen los del joven 
Diego Velázquez, contestaron: " Viva el rey y Diego Velázquez." 
Se asestó contra ellos su propia artillería, disparándola primero por 
lo alto y después con certera puntería; recibiendo daño, mirándose 
apretados y sin socorro, se rindieron, resultando herido el joven Ve- 
lázquez, quedando enfermo del estómago el bravoso Salvatierra. 
Entregados aquellos dos últimos baluartes, desarmada la gente, D. 
Hernando mandó dar segundo pregón, previniendo, que ninguno an- 
duviese con armas, y cada quien entregase las que tuviera, á los al- 
guaciles del campo; ^' y todo esto era de noche, que no amanecía, y 
aun llovía de rato en rato, y entonces salía la luna." (3) Era martes 
veintinmeve de Mayo. 

(1) Bemal Diaz, oap. CXXII. Besid. de Oortés; Juan Tirado, tom. 2» pág. 12. 

(2) iResid. de Cortés; Andrés de Monjaraz, tom. 2 pág. 61. 

(3) Bemal Díaz, oap. CXXII. Belac. de Andrés de T(^ia, pág 590 y sig. Herre- 
ra, deo. 11. lib. X, cap. IV. Cartas de Belao. pág. 127.— 30. Besid. de Cortés; An- 



400 

El ejército estaba vencido, mas la confusión reinaba en el cam- 
pamento, é indispensable se hacía tomar algunas disposiciones. To- 
dos los soldados fueron desarmados. (1) Usando Cortés de una de \ 
sus acostumbradas astucias, ^^mandó ar capitán que tenia á cargo los 
i^ presos, que si viese revuelta alguna, 6 que los del campo venían, 
^' matase todos les presos, é esto lo mandó decir en manera que el 
** general de los contrarios y los demás prisioneros lo oyeran, é el ge- 
!^ neral les envió una seña á les mandar é rogar que viniesen á la 
^\ obediencia del marqués, por le dar la vida ^ él é á los presos; é así 
!^ vinieron é se dieron á prisión, é asi el marqués, haciéndoles quitar 
'^ á todos las armas, é tomando juramento dellos, y á otros la fé, se 
'* aseguró de ellos.^' (2) Bajo estas condiciones volvieron sucesiva- 
mente cuantos se habían salido de la ciudad y dispersado por los 
campos: en cuanto á la caballería, mandada por Duero y por Ber- 
mádez, cedió pronto á las promesas de Cristóbal de Olid y de Die* 
go de Ordaz, entrándose á Cempoalla al ser de día. 

Narvaez estaba preso en un aposento, sujeto con unos grillos, ten- 
dido sobre una cama; curábale su cirujano maestre Juan, mandado 
traer de las naos para asistir á los heridos. Cortés vino á visitarle 
para informarse de su estado y al reconocerle el herido capitán le 
dijo: '^ Señor capitán Cortés, tené en mucho esta victoria que de mí 
habéis tenido, y en tener presa á mi persona.^' — ^^ Doy gracias á 
Dios respondió con énfasis D. Hernando, y á mis esforzados caballe- 
ros por la victoria; mas una de las menores cosas que he hecho en 
la nueva España es desbarataros y prenderos." (3) Al siguiente día 
de la prisión entró en el aposento Alonso de Avila, y dirigiéndose á 
Narvaez le dijo: " Dadme unos papeles que traéis en el seno." — 
'' No traigo papeles, respondió, sino las provisiones reales de S. M. 
por donde vine á tomar la gobernación de esta tierra, si queréis que 
os las lea, traed un escribano que dellas dé fee." — ^Avila se le acer- 
có insistiendo: '^ Dad acá que no traéis mas de unos papeles," j 
metiéndole mano al seno, á pesar de que se defendía le arrancó las 

tonio Serrano de Oardona, tom. 1, pág. 181. Rodrigo de Castañeda, iom. 1» piíg. 
122. 

(1) Beaid. de Cortés; Alonso P^rez, tom. 2, pág. 86. 

(2) Belaoion de Andrea de Tapia, pág. 591. 
(8) Bemál Díaz, oap. OXXn. 







401 

e$mtiiras y se las metió entre la ropa por los pechos. Narraez da- 
ba yooes gritando: ^' Señores que me roban é toman las provisiones 
reales de S. M., serme heis todos testigos. — ^^ Sedle todos testigos, 
dijo tranquilamente Avila saliendo del aposento, que no le tomo si- 
no unos papeles." (1) 

La espléndida victoria del veinte y nueve de Mayo había cambia- 
do por completo la situación de D. Hernando. Sin esperanza de 
socorro, urgido en México por Motecuhzoma para salir del país, 
amenazado por Narvaez y puesta á precio su cabeza, seguido por 
un corto número de parciales, la noche anterior estaba á dos dedos 
de su pérdida, arriesgando posición social, fortuna y vida; ahora era 
jefe de numerosas fuerzas, duelio de una flota, con recursos sobra- 
dos para afianzar y extender su conquista. La gente novelera se 
pasó alborozada á su bandera, en señal de lo cual los atabaleros de 
Narvaez tañeron con tanta insistencia, que para ponerlos en silen- 
cio fué preciso echar preso al principal de ellos llamado Ta^ña. 
Aquellos músicos repetían: " Viva, viva la gala de los romanos, que 
siendo tan pocos han vencido á Narvaez y á sus soldados;" aunque 
un negro llamado Guidela, muy gracioso y truhán que traía Narvaez 
daba voces repitiendo: ^' Mirad que los romanos no han hecho tal 
hazaña." Muchos venían á besar las manos del victorioso general, 
y cuando la caballería entró, '| estaba sentado en una silla de cade- 
^^ ras, con una ropa larga de color como naranjada, con sus armas 
'^ debajo, acompañado de nosotros. Pues ver la gracia con que les 
^' hablaba y abrazaba, y las palabras de tantos cumplimientos que 
^* les hacía, era cosa de ver que alegre estaba, y tenía mucha razón 
*^ de verse en aquel punto tan señor y pujante; y así como le besa* 
'^ han la mano se fueron cada uno á su posada." (2) 

Desbaratado el ejército, inmediatamente envió Cortés al capitán 
Francisco de Lugo, con dos españoles, para que fuese al puerto en 
donde estaban los diez y ocho navios de Narvaez, con orden de 
qae yiniesen á verle los maestres y pilotos; obedecieron, llegando á 
Cbmpoalla Á besar las manos del general, quien les tomó juramento 

(1) Besid. de Cortés, Ándzáa de Monjaraz, tom. 2 pág. 5?: Alonso Ortíz de Ziífii- 
ga, tom. 2, pág. 148: Gerónimo de Agoilar, tom. 2, pág. 187: Garda del Pilar, tom. 
2, pág. 204: Juan de ManoUla, tom. 1, pág. 250: Francisco Verdugo, tom. 1, pág, 
864: Juan Tirado tom. 2, pág. 18: Buy González, tom. 1, pág. 844. 

(2) Beinal Díaz, cap. CXXII. 

TOM, IV. — 51 



402: 

de obedecerle y ejeeatar cuanto les mandase, duedó nombrado al- 
míitiute y capitán de la mar,' nn hidalgo llamado Pedro Caballero; 
las naos fueron trasladadas á la Villa Rica; les fueron sacadas ve- 
las, ahujas y timones, recibiendo orden los capitanes, maestres y pi- 
lotos, de que si otros navios llegaban de Diego Telázqúe^, prendie- 
sen á los capitanes 7 quitando de aquellos las velas, ahujas y timo- 
nes, les «lejaran asi hasta que otra cosa se les mandase. (1) 

Aquel mi^mo día 29 entraron en Gempoalla los guerreros de Chi- 
nantla al niando de Barrientes, armados con sus largas picas é in- 
terpolado UB flechero entre cada dos de lanza; iban en ordenanza 
militar, y parecían muchos más dé los que en riaalidad eran. (2) 
Fueron los únicos indios que -como compai^sas asistieron al drama, 
si bien hizo exhibirlos D. Hernando para dar á entender á sus ene- 
migos el influjo que entre los' naturales gozaba. 

Aquella señalada victoria costó en realidad poco. Aunque no pue- 
de prestarse entero crédito íl las relaciones en materia de números, 
las pérdidas de ambas partes fueron casi insigniflcantes. Del lado 
de los vencidos murieron el alférez Fuentea, Rojas y otros dos car 
pitanes, con pocos soldados; algunos fueron los heridos, contándose 
entre ellos el joven Diego Yelázques; de los tres tránsfugas que de 
Cortés se fueron á NarVaez, Alonso Carretero murió, Escalona que- 
dó bien herido y el chocárrero Cervantes bien apaleado. El cacique 
gordo de Cempoalla fué también herido dentro del aposento de Nar- 
vaez, en cuya compañía estaba á la hora del combate. (3) 

Panfilo de Narvaez dispuso su derrota con su carácter altanero, 
poca capacidad intelectual, desmedida y orguUosa confianza, é im- 
perdonable descuido como general. Cuando en 1525 se vio en To- 
ledo con el historiador Oviedo, desatábase en invectivas contra su 
vencedor. ^' Y en la manera de su prisión la contaba ¿luy al revés 
de lo que está dicho. Lo que yo noto desto es que con todo lo que 
oi á Narvaez, (como yo se lo dije), no puedo hallarle disculpa paia 
BU descuido, porque ninguna necesidad tenía de andar con Cortés 
en pláticas, sino estar en vela mejor de lo que hizo. É á esto decía 
él que le habían vendido aquellos de quien se fiaba, que Cortés le 



(IX Bernal Díaz, cap. CXXII. 

(2) Bernal Díaz, cap. CXXIIL 

(3) Bernal Díaz, cap. CXXII. 




/ 



403 

liabía sobornado." (1) Todo esto en realidad no funda una verda- 
dera disculpa, porque debió prevenir los efectos de on soborno que 
no le fué desconocido, vigilando cuidadosamente á los emisarios de 
su enemigo: su torpeza y descuido son sus principales culpas. Cor- 
tés venció más por el oro que por el hierro. En la batalla, se mos« 
tro astuto, arrojado, discreto y entendido capitán. En verdad de 
verdad, Narvaez era de muy pequeña talla para contender con D. 
Hernando. De los tres principajlmente interesados, Diego Velázquez 
quedó castigado segunda vez como la primera, por andar confiando 
sus intereses á manos extrañas, cuando el asunto pide la persona 
misma; Panfilo de Narvaez llevó el merecido de los propios defec- 
tos; D. Hernando se tomó otra vez sin justicia lo que no le perte- 
necía, para labrar su fortuna individual; pero en justicia, ahora se 
le puede otorgar mayor disculpa que en la ocasión primera. 

(1; Oviedo, Ilist. general, lib. XXXIII. cap. XII. 



m^ 



CAPITULO IX. 



MOTBCÜHZOMA XOCOYOTZIN. — CACAMATZIN. 



DifinfuUadeB. — Camhioinedperadodeprttma» — Inmrrecdon de Méasico.—IHspoiieCO' 
nes de Cortés. — Marcha á TlaxcaUa.-^Llegada á Texooco,^ Entrada en Tenoehtí- 
Uan.—Oauea del dUxyroto — La fiesta del mes ToaxaU, — Matanaa en. el teocaHi ma- 
yor. — Conducta de Alvarado, — Reflexiones, 



ntecpatl 1620. Los modales corteses del general^ sus artificio- 
sas promesas y los regalos de tejuelos de oro, faeron allanan- 
do poco á poco los obstáculos que aun quedaban, restableciéndose 
por fin la concordia en el campamento. Sobrevino la mayor dificul- 
tad, de que declarada guerra franca por Narvaez, los vencedores se 
habían apoderado de las armas, los caballos y las ropas de los ven- 
cidos; éstos reclamaban su propiedad y Cortés para contentarlos ha- 
bía ordenado devolver el todo. Resistiéronlo resueltamente los sol- 
dados, y el atrevido capitán Alonso de Avila en compañía de Fr. 
Bartolomé de Olmedo, representaron enérgicamente al general con- 
tra lo que juzgaban una medida inconducente, injusta y contraria 





i Jo ofrecido antes de entrar en combate. Encendida la conTOiM 
eacion, agriados los ánimos, prorumpi6 despechado D. Hernando: 
'* duien no me quiera seguir no me siga; las mujeres en Castilla 
han parido 7 psren soldados.^^-^** Paren soldados, replicó enojado 
Avila, más también capitanes y gobernadores." (1) No obstante la 
resistencia de la tropa, faltando á su promesa é imponiendo su vo- 
luntad, Cbrtés hizo volver armas, caballos 7 ropas, dando en cam- 
bio á los desposeídos algunos regalos 7 mu7 pomposas ofertas. 

Cempoalla pagaba con usura los gastos de la guerra.. £1 cacique 
^taba herido; las casas robadas 7 destruidas; la peste de viruelas 
habla prendido coa asombrosa rapidez causando espantosos estra* 
gos; morían en cantidad por no saber remedios propios, como porque 
sintiendo la calentura 7 ardores acudían á baüarse para mitigar el 
sufrimiento, así perecieron infinitos, ausentándose muchos por huir 
de la guerra. ^ Eran tantos los muertos, que como no los enterra^ 
ban, el hedor corrompió el aire 7 se temió de gran pestilencia.'^ Fal- 
taron con esto las mujeres para hacer el pan, los hombres para traer 
los bastimentos, con lo cual se hacía sentir la escaser de víveres. 
No obstante aquella ruina, los cempoalteca 7 sus señores se presen- 
taron al general con guirnaldas de flores dándole el parabién por la 
victoria, en cambio de lo cual recibieron abrazos 7 algunas cosillas 
de Castilla. El cacique gordo hizo pintar en un paño el desbarate 
de Narvaez, enviándole á Motecuhzoma con ciertos emisarios. Un 
castellano marchó también á México para dar la nueva á Pedro de 
Alvarado. El cacique gordo ofreció su palacio á Cortés para aposen- 
tarse; pero el general prefirió, por ser fuerte, la casa de aquella se- 
ñora principal que le habían dado, cuando su primera entrada en 
Cempoalla, llamada en el bautismo Doña Catalina, 7 ahí se alojó| 
7 ella le regalaba mucho. (2) 

Aquellas tropas eran suficientes para extender la conquista 7 em* 
prender nuevos descubrimientos. Al efecto, salió Juan Yelázquez 
de León para la provincia de Panuco, entendiéndose el intento de 
disputar el país á Francisco de Gara7; debía llevar dos barcos con 
objeto de «ejecutar el reconocimiento de la costa del rio Panuco en 
adelante. Diego de Ordaz con otros doscientos soldados salió para 

(1) Bexnal Díaz, cap. CXIV. 

(2> Herrera, déo II« lih» X, os^ lY.— Caitas de Belao. pág. 130.— Bernal Días, 

'Oap. cxxrv. 



406 

fündatr la malograda colonia en el Coatzacoálco; deberían sognitle 
dos naos, las cuales irían á la Jamaica por caballos, becerros, pner- 
008 '7 ovejas, para introducir aquellas crías en la tierra. Rodrigo 
Rángel, también con doscientos soldados, permanecería de guarní-^ 
cion en la Tilla Rica, al cuidado del resto de las naves, vigilando si 
apareciesen dos naos que se esperaban aún de parte de Yeláz^ 
quez. (1) ' 

Sonriente estaba la fortuna con D. Hernando; mas V' digamos co- 
" mo la adversa fortuna vuelve de presto su rueda, que á grandes 
^ bonanzas y placeres siguen las tristezas." En efecto, todo había 
sido felicidad hasta entonces: debían de seguirse dias infaustos. 
Inesperadamente llegaron al campamento dos tlaxcalteca; no traían 
carta ninguna, mas de palabra dijeron^ que los méxica se habían 
insurreccionado y combatían porfiadamente el cuartel de los blan- 
cos. Dos tlaxcalteca más llegaron luego con carta ya de Pedro de AI« 
varado, comunicando al general la negra noticia. El mensajero cas- 
tellano enviado á México tornó á los doce dias de ido, con informes 
escritos del'capitan Tonatiuh; los méxica tomando las armas ha- 
bían combatido fuertemente el cuartel é incendiádole por varias 
partes, poniendo en grave aprieto á la guarnición; quedaban muer- 
tos siete hombres, muchos heridos, y ** todavía los mataran si Mo- 
tecuhzoma no mandara cesar la guerra;" pero aunque ésta había 
cesado, la guarnición permanecía sitiada sin poder dar paso fuera 
de la fortaleza: quemados los cuatro bergantines, perdidos en su ma- 
yor parte los acopiados víveres, los españolea estaban en el mayor 
apuro y pedían pronto socorro. Estas noticias llegaban hacia el pri- 
mer tercio de Junio, y cuando Cortés se disponía á marchar para el 
interior se le presentaron cuatro nobles de parte de Motecuhzoma, 
quienes llorando le refirieron como el Tonatiuch había salido de 
BUS aposentos, y sin causa había matado á los que estaban bai- 
lando y haciendo fiesta á los dioses en el templo mayor, no obstan- 
te que para ello les había dado licencia; los méxioa por defenderse 
habían comenzado el combate. Cortés oyó las que creía disculpas 
de los embajadores, respondiéndoles desabridamente, irla á México 
y pondría remedio en todo. (2) Se comprende á D. Hernando, preo- 

(1) Bemal Díaz, cap. CXXIV.— Cartas d© Bélao. pág. ISO. 

(2) Bemal Díaz, cap. OXXIV.— Cartas de Belao. pág. 181. 



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cupado como ealab» coatra Moteoúhzoma por la conducta observa- 
da con Narvaez, teníale por pérñdo, fuera de despreciarle como á 
b^baro; más crédito daba al expoliador Tonatiuh, que al maltra- 
tado monarca* 

Urgente era socorrer á México, no sólo para salvar la guarnición, 
aino para retener cautivos á los señores ahí presos, j sobre todo pa- 
ra no perder el gran tesoro reunido con tanto afán. Con la presteza 
con que el general sabía gobernarse tomé bus disposiciones; dejé en 
C^enpoalla la riqueza quitada á Narvaez é adquirida entonces por 
dádivas de los pueblos comarcanos; envié presos á la Villa Rica á 
Narvaez j á Salvatierra dejando en la misma puebla á los enfermos 
6 heridos para ser curados; despachó emisarios á los capitanes Ve- 
lásquez y Ordaz, ordenándoles dejar la jomada, j retroceder luego 
para ir á incoqiorársele á Tlaxcalla; con promesas y dádivas logró 
le siguiesen la mayor parte de los de Narvaez, é inmediatamente 
puesto al frente de setenta jinetes salió sobre Tenochitlan. (1) 

Todo el ejército tomé la dirección de Tlaxcalla, siguiendo el ca- 
mino recorrido cuando la primera entrada; movióse por fracciones; 
pues unido hubiera sido imposible á la sazón encontrar víveres. La 
peste de viruelas se internaba lentamente, extendiéndose en todas 
direcciones, con muerte de gran número de IO0 habitantes, dejando 
yermos los campos y sin cultivo las sementeras. (2) Para remediar 
el daño se adelantaron para la capital de la señoría Juan Márquez 
y Alonso de Ojeda, á quienes se les suministraron abundantes bas- 
timentos. Ojeda por su lado salió con mil doscientos tamene carga- 
dos con agua, gallinas, pan y frutas, sirviendo de mucho aquella 
provisión, pues de otra manera hubiera perecido gran número de 



(1) Cartas de Belao, pág. ISl.—Bemal Díaz, cap. CXXV. 

(2) Las víctimas sacrificadas por esta primera invasión de la viruela fue' en cantidad 
espantosa. Según un cronista, á quien podemos llamar contemporáneo: *' Hirió Dios 
7 castigó esta tierra, j á los que en ella se hallaron, así naturales como extranjeros 
con diez plagas trabajosas." — **La primera fué de viruelas, y comenzó de esta ma- 
nera. Siendo capitán y gobernador Hernando Cortés, al tiempo que el capitán Pan- 
filo de Narvaez desembarcó en esta tierra, en uno de sus navios vino un negro heri- 
do de viruelas, la oual enfermedad nunca en esta tierra sé había visto, y á esta sazón 
estaba está nueva Especia en extremo muy Uena de gente; y como las viruelas comen^ 
saíon á pegar á ios indios, fué entre ellos tan grande enfermedad y pestilencia en 
toda la tierra, qne en las más provincias mtiri<5 más de la mitad de la gente y en otras 
poco menos; porque como los indios no sabían el remedio para las viruelas, antes 



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soldados, sobre todo en la parte llamada el despoblado. Cortés en* 
tro en Tlaxcala el diez y siete de Jaaio: recibido con lamas franca 
y cordial amistad, se le aposentó en el palacio de su antiguo partí* 
dario Maxixcatzin. (1) 

Los señores de la República informaron largamente al general 
acerca de lo acontecido en México; la guarnición no había perecido, 
aunque carecía de agua y bastimentos. Es natural admitir, supues- 
to el encono de entrambas tribus, demostrando en muchas ocasio* 
nes anteriores, que los tlaxcalteca cargarían la mano sobre los mé- 
xica. achacando á traición de éstos el principio de la g^nerra. 

Reunidas todas las partidas, que fueron llegando sucesivamente, 
se hizo alarde de la gente: se contaron '' sobre mil y trescientos sol- 
dados, así de los nuestros como de los de Narraez, y sobre noventa 
y seis caballos y ochenta ballesteros y otro^tantos escopeteros; (2) 
seguíales bastante artillería. Deben también enumerarse de 2 á 4 
mil guerreros que la República les dio por auxiliares. De Tlaxcalla 
tomó el ejército por el camino de Calpulalpan; en el tránsito se ade- 
lantó Fr. Bartolomé de Olmedo, encargado por el general de ir á 
México para significar á Motecuhzoma la proximidad de su persona 
y lo mucho que sentía hubiesen sido maltratados los castellanos de- 
jados bajo su salvaguardia. Ningún enviado del emperador se pre- 
sentó durante las marchas, como antes solía; la tierra estaba sola, y 

como tionen muy de costambrO; sanos y enfermos el baftarse á menudo, y como no 
lo dejasen de hacer, morían como chinches, á montones. Murieron también muchos 
de hambre, porque como todos enfermaron de golpe, no se podían curar los unos á 
los otros, ni había quien les diese pan ni otra cosa ninguna. Y en muchas parias 
aconteció morir todos los de una casa, y porque no podían enterrar tantos como mo- 
rían, para remediar el mal olor que salía de los cuerpos muertos, echábanles las ca- 
sas encima de manera que su casa era su sepultura. A esta enfermeáad llamaron los 
indios la gran lepra, porque eran tantas las viruelas, que se cubrían de tal manera 
que parecían leprosos, y hoy dia en algunas personas que escaparon parece bien por 
las seriales, que todos quedaron llenos de hoyos." Motolinía, Hist. de los Indios» 
Trat. 1, ^ cap. I.— Véase U errada opinión de Herrera, áéc. II, lib. X, cap. IV. 

(1) Herrera, áéo. II, lib. X, cap, VIL Por error manifiesto de pluma se lee en él 
original diez y siete de JuUo, 

(2) Bemal Díaz, cap. GXXV. En materia de estos niímeros impoáUe hallar eon- 
oordanda ni aun entre los testigos de vista. Cortés pág. 131, rebajando siempre la 
olfras, solo pone "setenta de caballos y quinientos peones." Hexrera, déo. 11. Hbto 
X, cap. VII, fundado en las relaciones de Ojeda escribe " mil peones y cien oábs- 
Uos." 



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D. Hernando temía qae la gente estuviera recogida en algún punto 
para darle batalla. 

Sin acontecimiento particular entraron en Texcoco á las nueve 
de la mafiana; la ciudad estaba poco menos que desierta, ninguna 
manifestación hicieron los habitantes para recibir á los teules y nin- 
guno de los nobles se presentó & cumplimentarlos: Cuicuitzcatzin, 
hechura de los blancos, desde su nombramiento permanecía deteni» 
do én el cuartel castellano. El general supo de los natftrales que 
los españoles vivían aún; pidió una canoa para enviar ^in mensajero 
por el lago; mas cuando estaba ya Casi lista para la marcha, vieron 
venir por las aguas una gran canoa con copia de remeros, en la 
cual venían Santa Clara y Pedro Hernández, quienes dieron larga 
cuenta acerca de lo acontecido. Con aquellos castellanos ^*me envió 
'' el dicho Mutecuzuma un mensajero suyo, en que me decía, que 
*' ya creía que debía saber lo que en aquella ciudad había acaecido; 
** y que él tenía pensamiento, que por ello yo venía enojado, y traía 
" voluntad de hacerle algún dafio, que me rogaba perdiese el enojo, 
*' porque á él le había pesado tanto cuanto á mí, y que ninguna co- 
^' sa se había hecho por su vcduntad y consentimiento; y me envió á 
*^ decir otras muchas cosas, para me aplacar la ira, que él creía que 
" yo traía por lo acaecido, y que me fuese & la ciudad á aposentar, 
^^como antes estaba,' porque no menos se haría en ella lo que yo 
*' mandase, que antes se solía hacer. Yo le envié á decir, que no 
" traía enojo ninguno de él porque bien sabía su buena voluntad, y 
'^así como él lo decía lo haría yo." {1) Motecuhzoma sentía el te- 
mor de quien se cree culpado; D. Hernando disimulaba como 
siempre. 

Kl ejército dejó á Texcoco el 23 de Junio, y rodeando las orillas 
boreales del lago pernoctó en el campo á tres leguas de la entrada 
de Tenochtitlan. Al siguiente dia, domingo veinticuatro de Junio, 
puestos en marcha, vieron en el camino un indio vestido y ahorca- 
do; dieron en una placeta con un gran monten de pan, con más de 
quinientas gallinas, sin persona que de aquello cuidase ó le ofrecie- 
se: tuviéronle á mal agüero. Llegados á Tepeyac, se metieron por 
la calzada que por aquel rumbo iba á rematar al Tlatelolco; al pa- 
sar un puente, el caballo de Solis Casquete metió una pierna por 

(1) Cartas de Belao. pág. 188. 

TOM. IV, — 52 



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entre la abertura de dos vigas^ se la quebró y se derribó, arrojando 
el jinete al agua: toda la gente lo tuvo por mala seÜMl, priiicipal- 
¡nente el astrólogo Botello. S^ria medio día, cuando penetraron en 
Tenochtitlan; desiertas y silenciosas estaban las cicles, si algún To- 
cino asomaba la cabera, los vela desfilar sin' mover los labios y aun 
hacia gestos de ameoaza; muchas puentes estaban pitadas, presa- 
giando todo una sorda agitación. ^* Llegaron al alojamiento, esta- 
ban las puertas cerradas: llamaron para que abriesen: subió Pedro 
de Alvarado en el muro, dijo, que quién llamaba? Respondió Cor- 
tés, que él era. Dijo si venia con la libertad, que salió de allí, y con 
el señorío que tenia sobre ellos. Respondió Cortés, que si y con Vi- 
toria y mayores fuerzas. Mandóle abrir, besóle las manos entregán- 
dole las llaves." (1) 

Yiéronse los soldados con muestras. del mayor regocijo, contáron- 
se unos á otros lo