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Full text of "Historia bibliográfica de la medicina española"

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BIBLIOTECA 

JSSCOGWk 

OS MEBlCIir A 7 CI AVGIA, 

ó 



DE LAS MMORE8 OBBA8 DE ESTA GIEIIGIA 

i . PnSLlCÁDAl ó QCB n ProLIQOEH BU EL UTmANOEKO 

POR LOS PROFESORES DE MEDICINA T CIRUGÍA 

D<»n Gabriel Uiera, Dos Matiai Hieto y Serrano^ Don Sarapío 

E sco l ar y Morales , Don Franoisoo Mandes AlTaro , Don FiraneÍMO 

Alonio 7 Don Antonio Ckidomív. 



Imprenta de la Calle de San \icente> ¿ cargo de D. Celestino O. Alvarrx. 



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HISTORIA BIBUOGRAFiGA 



SE LA 



MSMCmA S»AftO&A, 

. OBRA POSTUMA 



MéDiGO BE.IA BEAL GAHARA, PRIMER GATEBrItIGO BE GLÍNIGA 
Eli LOS ESTUBIOS BE MABRID, EXAMINABOR EN EL TRIBUNAL BEL 
PROTO-MEBIGATO, INBIYIBUO BE LA SUPREMA JUNTA BE SANIBAD 
BEL REINO 9 INSPEGTOR BE MEBIGINA BEL GUERPO BE SANIBAD 
MILITAR, SOCIO BE VARIAS GORPORAGIONES NACIONALES T ES- 
TRANGERAS, YIGE-PRESIBENTE BE LA AGABEMU BE MEBIGIIU 
BE ESTA GÓRTE, ETC., eIC. 



TOMO VI. 



1IIADIIID,1880. 

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AT HARVARD ^ Cooale 

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CONTINUA EL SIGLO ÍVIL 



Gerónimo Pardo. 



Catedrático de método y después de prima en la univer- 
sidad de Yalladolid , en donde estudió la facultad , siendo 
discípulo delDr, Maroja y de Sobremonte , según refiere 
alfolio 100 de la primera obra que imprimió, cuyo título es 
el siguiente: 

1 .o Tratado del vino aguado , y del agua envinada , sobre 
el aforismo 56 de la sece. 7 de Hipócrates ; compuesto por el 
JDr. Gerónimo Pardo ^ etc. Yalladolid , 1^61 , en 4.o 

Está dedicada al licenciado D. Sancho de Torres Muña- 
tones, cabañero del orden de Santiago, del Consejo de 
S. M. , etc. 

Al principio se hallan dos cartas laudatorias, la una de 
Fr. Francisco Martínez de Castro, predicador y lector en 
artes en el convento de la Victoria de Yalladolid, y la otra 
deFr. Felipe de Fuenlabrada, del orden de San Geróni- 
mo ; siguiendo á estas varios versos en latin y castellaoo en 
alabanza del libro. 

Hablando D. Andrés Piquer de esta obra de Pardo, la 
llama erudita y elegante. En efecto /ilustró cual ninguno 
el punto que se propuso , tratáikdole con la mayor delica- 



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5 MEDICINA 

deza 7 gasto, combatiendo áCaramuel, presentándonos 
muy curiosas noticias, y disculpando á Hipócrates del solé- 
cismo que creyeron algunos se comete en este aforismo. 

Alyce , id e$t anoáetudo^ oscitatio, horror , vinum asquaie^ 
(Bquali potum solvit cegritudinem, 

«Este aforismo, dice el autor, fue traducido del griego 
»al latin por Nicolás Leoniceno; pero según la versión 
^castellana, suena asi: El vino que se bebe aguado con igua- 
^les partes f quita las congojas y ansias, y las oscitaciones 
»( pandiculaciones) y horrores. Muchos autores , continua, 
» han escrito sobre él; tales son, Galeno, Piloteo, Ori- 
»basio, Diño, Hugo Senense, Forlivio , Tadeo , Marínelo, 
jíJeremias, Trivero, Foesio, Baroquio, Cardano, Holerio^ 
•Argenterio , Capivacio Vega , Valles, Antonio Musa Bra- 
»savolo. Mercurial , Guillermo Piando, Amucio Foecio, 
^Benito Bustamantino , Butino, Rodrigo de Fonseca , Am- 
»brosio Nuñez, Juan Heurnio, y Canonerio; pero ninguno 
»le dio la esplicacion que necesita.» 

Gerónimo Pardo encomia el vino aguado y enfriado con 
nieve para gran número de afecciones; compara su virtud 
con la de la aloja (1) hidromel, melicrátum, aqua melisy muí- 
sa , etc. , tan recomendada por los médicos griegos ; habla 
de los medios para enfriar el agua , y trae un capítulo su- 
mamente curioso sobre qué cosa sea mistión. Combate las 
opiniones de los químicos, que afirmaban poderse separar 
unos elementos de otros , y consiguientemente disolverse, 
trayendo la autoridad de Benedicto Pereiro , que decia que 
el arte no podia hacer verdaderamente mistión , ni tampo- 
co deshacerla , porque esta era obra déla naturaleza. «Y 
»aunque á los químicos, añade, les parece que con sus 
» preparaciones, destilaciones, fumaciones é igniciones, sa- 
>»can el agua y tierra del misto ^ no es asi, porque lo que 



(1) El mado de hacer la aloja ó hidromel , segao la receta de Par« , 
do es el siguiente: 

Agua 30 lib. , levadora antigua 4 onzas ; miel 3 lib. polvos de 
gengibre y pimienta longa áá. media onza: canela 3 drac. , clavo drac. 
y media, nuez de especia una dracma. 

La levadura se disuelve primero en agua, y se agita con una caña 
por espacio de medía hora : después se disuelve la miel , y se vuelve 
a agitar el agua quitando la espuma que hiciere; las especies se meten 
en una muñequilla de lienzo y se echan en el liquido, que deberá re- 
posar durante 10 horas : pasadas estas, se cuela , y se poncírá en par*» 
te fresca, pudiéndose desde luego usar (p. loo.)* 



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BSPANOLA. . 9 

r>se separa^ qae parece agaa, no lo es; ni lo que parece tier- 
»ra , es tierra , smo otras sustancias mistas , coatenidas ba- 
»jo déla forma del misto, las cuales, uaas se similan á 
Día agua , otras á las tierras, etc. Pero si se dá bastante 
»tiempo para que los licores ú otro cualquiera miscible se 
«junten , conminuyan , hagan y rehagan entre sí, según se 
i> requiere para verdadera mistión, entonces será posible 
«que con algunos de los ingenios dichos se separen unos de 
•otros por particular virtud que tengan para traer bácia sí 
s>algnno de los miscibles como el Junco aescortezado atrae 
»j embebe en sí el agua del vino que la tuviere» (pági- 
na 27). 

2.® Traciattu de consuetudine super textum quadragesii- 
mum nonum et quinquagessimum libri gecundi Aphorismorum 
Hippocratis. Valladolid, 1658, en I.*» 

Esta obra , que está dedicada á D. Diego de la Cueva y 
Aldana, obispo de Yalladolid, contiene 32 capítulos, en los 
que Pardo trata con erudición , aunque no con el mejor 
gusto , varias cuestiones interesantes , y principalmente la 
del objeto de la obra, sobre lo interesante y aun necesario 
que es al médico , para diagnosticar y curar los males , cono-- 
cer ¡os efectos de la costumbre. 

Dice qué es lo que debe entenderse por costumbre : sus 
causas , efectos y diferencias : si es una segunda naturaleza : si es 
el mismo temperamento: la influencia que egeree sobre nuestras 
acciones : la que tiene en las funciones de nuestra economia , so^ 
bre ciertas dolencias y aun sobre vanos medios terapéuticos. Ha- 
bla también de los efectos contrarios de la falta de costumbre 
y del abuso de esta , formando un contraste filosófico y digno 
de ser estudiado. Trata después de su influjo en las lenguas^ y 
concluye mezclando otras cuestiones que no tienen relación 
con el punto principal , á saber : sobre si el vino (juebran- 
ta el ayuno, si el chocolate es útil para la curación de las 
enfermedades mas frecuentes , y si el tabaco es ó no medi- 
cinal. Sin hacerse cargo del interés de las rentas que pro- 
duce este último á los Estados dice, que para corregir el 
uso del tabaco , como pecaminoso, perjudicial, é inventa- 
do por el diablo , seria de desear que el Rey Carlos II die- 
se una orden mandando pagar una onza de oro por otra 
de tabaco , y que se estancase en las boticas como un reme- 
dio el mas enérgico y precioso , para que por este medio 
se desterrase completamente su uso, que tan nocivo le pa- 
recía. 



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10 medicina 

Miguel Martínez de Leaghe. 

Boticario del colegio de la ciudad de Tudela , escribió: 
1.^ Tratado de la$ condiciones que ha de tener el boticario 
para ser docto en su arte, Zaragoza, por los herederos de Pe- 
dro Lanaja , 1662, en S.» 

Esta obrita está aprobada por los doctores Llera j y Za- 
mora y Cía vería, hallándose al principio de ella un parecer 
del colegio de médicas , cirujanos y boticarios de la ciudad 
de Tudela , en .elogio de su autor. 

Está disidida en 12 capítulos: en el primero, trata de la 
etimología del nombre de boticario ; en el 2, 3, 4, 5 y 6, 
de los estudios , moralidad y condiciones que deben tener 
los gue se dedican á esta proifesion; en el séptimo, del cono- 
cimiento de los simples ; en el octavo se ocupa del gusto 
de los medicamentos , y de cómo debe el boticario recono- 
cerlos por este sentido; en el noveno, prohibe que se den 
medicamentos sin previo mandato de médico reconocido; 
en el décimo, habla de los ministros auxiliares que debe te- 
ner el boticario ; en el undécimo , prohibe severamente el 
substituir un medicamento por otro, á menos que asi no lo 
mande un médico docto; y en el duodécimo y último, trata 
de los sitios mas adecuados para acomodar las boticas. 

Leache imprimió ademas otra obra titulada : 

2.® Controversias farmacópolas. Pamplona, 1650, en i.^ 
Madrid, 1688, en 4.0 

Anónimo. 

Por los años de 1662 se imprimió un folleto en Zarago- 
za quejándose de que en el Hospital general de aquella 
ciudad no se admitiese á los enfermos del morbo- gálico; su 
titulóles: 

Los motivos que persuaden el dictamen de que no falte en el 
Santo Real Hospital tj general de JV. S. de Gracia de laáu^ 
dad de Zaragoza la curación del morbo gálico. Zaragoza, 1662. 

A este escrito respondió con otro D. Martin Pérez de 
Pomar, caballero jurado en Zaragoza, y regidor por S. M. 
del Hospital general , y cuyo título es: 

Respuesta al dictamen para que no falte en el Hospital ge^ 
neral de Zaragoza la curación del morbo gálico. Zaragoza, 
en folio , sin ano de edición. 

El autor quiere probar que no convenia que dicho hos- 



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ESPAfiOLA. 11 

pital tttviese y coB^se la referida caracioa por otros mo- 
tivos qoe él juzgaba 9a{)eriore8 á los qiie alegaba el anóni- 
mo, si«ndo uiio de «líos y el principal, el ser contraria á la 
institiieityii del establecimiento la cara de una enfermedad 
que tan considerables 'gastos requiere. 

Et9RiQi?E Vaca de Alfaro. 

'Nacié eu Górd<ri»a en S de febrero de 1635, fué hijo de 
D. Frailci^o de Alfáro y de Doña Melchora de los Beyes 
Cabrera , ambos de distinguidas familias. La de sn padre 
fué fecunda én bombres de mérito como la de los Esteban 
de París, tós Chifflet de Besanzon , los Bacchinos de Ambe- 
res , y los Bartolinos de Copenhague , en los que fueron 
hereditarios él tatento t el gusto por las letras. Su abuelo, 
del mi^mo noiAbr^ , fue célebre medico y cirujano , de quien 
ya hemos heóho thencion, en 1618. Su padre, cuya profe- 
isioñ ó destino ignoramos , fué eruditísimo en todo género 
de letras, y tuvb poí hermano al pintor Juan de Alfaro, 
dfedpulo de D. Diego Velazquez, Después de haber con- 
cluido nuestro Alfaro las humanidades , pasó á estudiar me- 
dicina á Salaínanx;a^ dónde á los veinticinco años recibió 
la borla de doctor en esta facultad. Bestituido á su patria 
eñ 1690 , adquirió mucho crédito en el ejercicio de su pro- 
sesioú , él que ííú le impidió dedicarse á escribir yarias 
obras médicas y Itt^erarias. Las primeras no sabemos vie- 
nen lá luz pública aunque las preparaba para la prensa, 
coino se deduce de ^n epigrama que le compuso su padre, 
el iéiial cOücluye atsá: 

» Vive ergo ut possis médicos proferre labores, 
Quos dandos praelo serinia tecla tenent.)» 

Dotado el doctor Yaca de Alfaro de no común talento 
y capacidad , y no mebos inclinación á cultivar las letras, 
^Mli^tas su ocupadon y entretenimiento predilecto, siendo 
de ciréer que debiese su gusto é instrucción, no solo á su pa- 
dre , sino lambien al licenciada Bernardo de Cabrera , su 
tío miaiehio , hombre eminentísimo en todo género de eru- 
dición, cuyos muchos y buenos escritos juzgamos perdi- 
dos. 

Alternando las tareas de su profesión con el cultivo de 
la Ut^atura y de la poesia , y libre de cuidados , llegó cé- 
libe á la edad de treinta y cinco años , en que se unió en 



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12 ' mediciha 

matrimonio con sn prima Doña María Bernarda de Gabre^ 
ra y Gómez, de la que tuvo sucesión. VfVió muy apreciado 
generalmente de toda clase de personas , y mereció ser mé- 
dico del obispo de Córdoba D. Francisco de Alarcon; mas 
ignoramos hasta ahora el año de su fallecimiento. 

La familia de los Aliaros , gue se estableció en Córdo- 
ba en tiempo de los reyes católicos, tiene su enterramiento 
en la iglesia parroauial de S.anta Marina , en una hornaci- 
na del muro del lado del Evangelio. Mas en el dia no se vé 
en aquel sitio señal de tal enterramiento , habiéndose igua- 
lado con el muro el vano de la hornacina ; y asi carecería- 
mos de la noticia de los epitafios que allí hubo, á no haber- 
se encontrado copia de ellos entre varios papeles curiosos: 
el mas antiguo dice asi: 

« Aqui yace Benito López de Alfaro , (jue sirvió á los seño- 
res Reges Vatólicos en la conquista del reino de Granada , nie^ 
to sesto de Ramón de Alfaro , que también se halló en la toma 
de Baeza^ año de 1227. También está sepultado Alonso de 
Alfaro^ hijo de Benito López de Alfaro , el licenciado Juan 
de Alfaro, insigne cirujano , y Doña Marta de Evia su mufer 
y el licenciado Felipe Alfaro^ presbítero.» 

. Dentro del arco por bajo del escudo se veia la siguiente 
inscripción: 

«Este arco y entierro es de los sucesores del doctor Z>. Enri-' 
que Vaca de Alfaro^ familiar del Santo Oficio de esta ciudad^ 
y médico en ella. Renovaron esta memoria sus nietos el doctor 
Enrique Vetea de Alfaro , médico del I lustrísimo Señor Don 
Francisco de Alarcon , obkpo de Córdoba , y D. Juan de Al-* 
faro y Gómez , su hermano , notario del Santo Oficio de dicha 
ciudad, año de MDCLXXLí> 

Al Dr. Enrique Yaca de Alfaro , que debió de sepultar- 
se probablemente en el enterramiento de sus mayores, se 
compuso un epitafio, que no sabemos si llegó á colocarse, 
concebido en estos términos: 

jEtemcB memorias D. epitaphium. 

Dr. D. Henrico Yaca de Alfaro , eordubensi , philosopho 
prceclaro , medico eximio , et poetes non injucundo , cordoben- 
sium antiquitatum post M. Ambrosium Moralium , regium 
chronografum » doctissimum , Martinúm Roanum^ et eruaitis- 
simuni Petrum Diacium de Rivas, histórico indeffesso ac fide-- 
Ussimo'y cujus in omnium disciplinarum genere exquisita erudi-- 
¿10, singularis industria , infinitcB lectionis prcestantia , multi- 
plex linguarum sctentia ^ prascipueque in latina et grmea , ma-- 
ximi tenidentij pari conjuncta comitatej et erga oegros benefí* 



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espaSola. 13 

cencía singulari , doctorum omnium admirationem , laúdeme 
que menút ; et post varia incomparabilis ingenn monumenta, 

Íiuibus diuturnam sibt memoriam comparavit , terrena prce coe- 
estibus contemnenti ; pro nova vita perennaturajam inhianti^ 
9ub hoc marm'ore et sepulcrali arcu stirpis suas condito , paren- 
tique optime de se mentó uxor et comanguinea sibi eonjunctis- 
nma piissimaque Doña Maria Bernarda Cabrera et Gamez hoc 
in amoris et benevolentice siqnum ac perenne monumenium, 
cum filiis dilectissimis Francisco Honorio , Antonio MarcellOj 
ac Didaco Emmanuele cum mcestitia et lacrimis ponendum cu^ 
ravere. 

Este epitafio da bastante idea del mérito y conocimien - 
tos del Dr. Yaca de Álfaro. Sas obras impresas son las si- 
guientes : 

Festejos del Pindó , sonoros conceptos de Helicón , poema 
en la solemnisima y magestuosa fiesta que íe celebró en loor 
de la purisijna Concepción de Maria Santísima en la parroquia 
de Santa Maria de Córdoba , en 22 de abril de 1662* Córdo- 
ba, por Andrés Carrillo de Paniagua, en el mismo año, 
en 4.® 

Lira de Melpomene , á cuyas armoniosas voces y dulces 
aunque funestos ecos^ oye atento el doctor Enrique Vaca de 
Alfaro la trágica metamorfosis de Acteon^ y la escribe^ £n Cór^ 
doba, por Andrés Carrillo, 4666, en 8> 

Esta composición y la anterior, que no son ile gran mé- 
rito 7 demuestran bien claramente el mal tiempo en que 
se escribieron , manifiestan que el doctor Alfaro, como la 
mator parte de los hombres de letras de su época , se pre- 
ciaban de cultivar la poesia , aunque sin verdadero genio 
para ella. 

Descripción del santuario de Nuestra Señora de la Fuen^ 
5anía. Un folleto en 8.® 

Sus manuscritos son: 

Threnodia medica de signi» salutis et mortis. 

Promptuarium medieum. 

Tractatus de hidrope. 

Idea antiquitatis in exequiis et rítibus funeralibus. 

Atheneum cordubense , de illustribtis scriptoribus cordu- 
bensibus scñptis et doctrina claris ab orbe et urbe Córdoba , 
colonia patritia , regia ^ auqusta^ felice, fortunataj scientiarum 
occeanoj conditis nsque ad annum 1663. 

Haciendo mención de esta obra, dice D. Nicolás Anto- 
nio: cuyus aliquod specimen dedisse diátur in Rabi Mom Cor- 
duba: emissimi vita; por donde venimos en conocimiento de 



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14 MBDIGIHA 

este que creemos an opúsculo, que según el misma D. Ni- 
colás se imprimió en Córdoba, en 4663, en &.<> 

Teatro eclesiástico y^ secular ae la ciudad de Córdoba. 

Esta es sin duda la obra principal de Álfaro, la ra^ cu^ 
riosa y mas interesante. Era uqa crónica q^e comprendía 
desde el tiempo de la conquista de esta ciudad (año 12^6), 
hasta el de 16S0. Ignoramos el paradero de este soan^s- 
crito , que acaso , si no ba sido destruida, pacerá ignorado 
entre el polvo de alguna biblioteca en perjuicio de la hís^- 
toria de Córdoba , para la cual debería ser de mucba uti- 
lidad. . 

Tampoco se tiene notioi^a de las demás obras del doctor 
Alfaro que quedaron manuscritas , siendo de presumir ha- 
yan sufrido la misma suerte que la anterior. 

Al^DRás YlIiLAMBDIANA. 

Natural de Álaeios : estudió en la universida'd 46 Talla- 
dolid , siendo discípulo de Gaspar BraTO de Sobremonte 
RaTnirez. Se graduó de licenciado en medicina , y fué mé^ 
dico titular de Tudela de Duero , y del cabildo de }a cate- 
dral de Falencia y su Hospital, en donde escribió: 

Consulta de los carbuncos que corren en la villa de Aiaejq$. 
Valladolid, en la imprenta de Valdivielso, 4663 , en 4.^ 

Compuso esta obra á invitación y súplica de ^bdon Ru- 
bio , quien á nombre y por mandato del ayunt¿^ei>to de 
dicha villa, rogaba al autor remitiese su parecer acerba de 
la curación de los carbuncos que padecia aquella villa hacia 
mas de diez y seis años , y de cuál serien la caus^ de €^fli§ir f^ 
lamente á Alaejos ^y no á los lugares circunvecinos. 

Este librito está dedicado á la píiisma villa, y i^prqbado 
por el doctor Antolin de Medina , y por Francisco Clabeza^ 
médico el uno y cirujano el otro qe dicho cabilclo : reha- 
llan en él diferentes versos en alaban?» del fiutop. 

Eu estilo poco culto y según las doctrii^as de aqu^l tiem- 
po, trata de esplicar villamediana, aunque i\o satiiej^cto- 
riamente, las caucas predisponentes y ocasionales que en 
su concepto habían podido contribuir á hacerse lo^ carbun- 
cos estacionarios en Alaejos: se esplica en estos térwnos. 

«Los carbuncos que se padecen en Alaejos no son pesti- 
lentes, sino ustivos, malignos y estiomenos, y por fistar en 
llano, sin fuentes , sin rio , y ser el aire que en <^la regu- 
larmente reina austral , son endémicos ó populares, pues 
no tienen los síntomas de fiebres pestilentes , ni son copta- 



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ESPAÑOLA. , 15 

giosos, como los garrotines que safrió en 1645 y 46, que 
murieron desde la edad de catorce á treinta años , seiscien- 
tas personas.» ) 

Las causas de esta enfermedad arraigada en aquella po- 
blación, consistían, según el autor, en el aire del norte, ó 
cualquiera otro corrompido con los vapores que exbalaban 
las muchas lagunas que allí habia; la escasez de aguas, y 
los efluvios dé las detenidas en tantas bodegas que estaban 
arruinadas; el uso de las de pozos, y principalmente de las 
que habia junto á una laguna , que se tenian por muy bue- 
nas, y estañan llenas de gusanos , como él misnvo dice que 
vio: la mucha inmundicia desparramada por todas partes, y 
la multitud de langostas que hablan muerto en el término 
de la villa en los años de 1649 y 50 , era tal que bastaba á 
corromper el aire, aunque esto asegura, mas bien originó 
calenturas malignas. 

Hablando del pronóstico de los carbuncos , pone el si- 
guiente párrafo. « Mas yo no puedo dejar de decir aquí lo 
»que suele suceder en muchas partes, que llaman á un mé- 
Ddico y se muere aquel dia el enfermo , y si acaso por mal 
)í>de sus pecados le ordenó que se untara un dedo con aceite 
x>de almendras dulces , pobre del médico , que luego dicen 
Dque aquella aceite le mató; lo mismo si sana una tarde 
»que le hayan dado un poco de azúcar y agua . qne aque- 
)»lla le dio la vida; sin atender á que se la aieron seis ú 
»ocho sangrías que le sacaron anles todo el humor podrido 
»de las venas.» 

Al tratar de la curación de los carbuncos , dice que no 
debe sangrarse basta producir desmayo , como aconseja- 
ban Galeno, Avicena y otros, sino hacer pequeñas san- 
grías y repetirlas según la necesidad : también se ocupa de 
la vena de donde ha de sacarse la sangre , que deberá ser 
según el sitio donde estuviere el carbunco. 

Al hablar de los purgantes los reprueba en esta enfer- 
medad, porque j dlce,^o« carbuncos se hacen de sangre; la 
sangre no se puede purgar '^ luego eñ los carbuncos no se puede 
purgar , norque él remedio ha de ser para quitar la causa. 

Manaaba, apoyado en la opinión de Mercado, sajar los 
carbuncos, ^ero no profundamente, lavándolos después 
con agua , vino ó vinagre y sal ; después quería que se 
aplicase el ungüento egipciaco, el cauterío y los trociscos 
de Andronis. 



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16 MEDICINA 

Miguel Vilar. 

Este médico, natural de Valencia, fué sobrino del ve- 
nerable Dr. Villena , y uno de los hombres que ciertamen- 
te gozaron de mas reputación y fama en su tiempo , como 
aseguran varios autores, y entre ellos D. Vicente Ximeno, 
guien nos dá de él las noticias siguientes^ aFué, dice , hom- 
)»bre aventajado en la poesia , perito en los idiomas latino, 
jí griego y hebreo, inteligente y versado en las matemáti- 
)»cas f y médico tan famoso, que su contemporáneo don 
^Francisco de la Torre /no dudó llamarle segundo Escula- 
»pio en su profesión , y primer Apolo en eruditas noticias; lio- 
>mor no solo de Valencia su patria , sino admiración de las 
y>estrangera$. Siendo muy joven, defendió, presidiéndole su 
i>tio, linas conclusiones de medicina en presencia del Bey 
))Felipe IV , en las cuales le argüyeron los médicos de ca- 
lmara; y tuvo tan grande lucimiento, que mereció la honra 
^de haber intentado el Infante cardenal D. Fernando de 
«Austria llevárselo por médico suyo á Flandes. 

((Graduado de doctor en medicina por esta universidad, 
»obtuvo en ella la cátedra de anatonia á 25 de mayo de 1632, 
))y habiéndola poseido por espacio de cincuenta y tres años 
»con suma utilidad de esta escuela , llegó por el de treinta 
»á ser decano de los profesores de su facultad. En el año 
»de 1G49 empezaron a hacer algunas hostilidades las ar- 
))mas del rey de Francia en las fronteras de este reino , des- 
»pues de haberse apoderado de Tortosa. La universidad , 
»para impedir este daño, armó un tercio de trescientos es- 
»tudiantes , compuesto de tres compañías, y de una de ellas 
»fué capitán nuestro autor, como lo dice el maestro Cabal- 
ada en la memoria del socorro que envió Valencia; la cual 
»se hallará á lo último dé otra que publicó de la Peste de 
»este reino. Estaba el doctor Vilar tan estimado de todos, 
»que D. Rodrigo Ponce de León, duque de Arcos, que de 
wvirey de Valencia pasaba al vireinatode Ñapóles, quiso 
»le acompañase á aquella gran ciudad , donde le nombra- 
»ron catedrático de prima de medicina, y protomédico ge- 
»neral del reino. Volvió á su patria con increíble alegría 
»de esta escuela; pero luego hubo de ausentarse otra vez, 
))para no volver mas, porque llamado de la corte para mé- 
Ddico de cámara de los católicos «-eyes Carlos II y su se- 
»renísima madre Doña Mariana de Austria, sirvió su em- 
»pleo hasta la muerte con tan esquisita fidelidad, que ambas 



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BSPiJCKLA. 17 

•personas reales hicieron varias veces singulares demostrar 
«clones de su real beoevoleocia, con sumo decoro de la na- 
y>cion española. Sucedió su muerte en Madrid , en el año 
•de 1B8& j y dejó las obras que sie:uea t » 

Statera Jatrica Yaleuúna in Tkerimiii viperinii pailUlk 
parUHm ffBndera'*librMns. En Barcelona, por Martin Jalabert, 
1664, en 4.0 

Aodriauez asegura haber visto «n Madrid otra obra del 
mismoantor manimcrtta en folio por Jos años de 1674, cu- 
yo título era : i 

Be. numero j difftrentü, ae ienté et promptm vin^norum a€|i- 
ritute, 

ÁnÓNiMO. 

Doctor en medicina segau parece, escribió en V^ilencia: 
ik9úlutionem de V'iperinU potüUi»* Valencia , por Fran- 
cisco Ciprés , 16§4 , en 4.» 
Véase al P. Rodríguez. 

Luis Almamdoz. 

. D.Jacinto de Roda , Dte^o de Espés , José Oros, Satur« 
niño de Ascaso, Pedro Montero, y Juan Manuel Nadal, -bo- 
ticarios de Zaragoza , firmaron una disertacioB, titulada : 

Sobr4 la composición de la triaca magña^ Zaragoza, 1664, 
en 4-* 

Eii. este escrito probaron» que la cuarta de Galeno se 
dice aquella , en qi:^ se poiien cuatro partes de carne, y 
aaa de pan , que es decir, cuarta respecto de las carnes, 
pero la qiiinta composición respecto del todo ; á que aeee4 
dieron ios médicos de Zaragoza en ¿icho año, los doctores 
Pedro Valero Royo , Pedro José Saeco y Estellát, Geróuí*- 
mo Garcia de Arangnren , Juan Cristóbal ]\ogueras i y el 
licenciado en drugia Jnan de Estauga , á 3 de jumo del dn 
cfao y en unpapel en latín , diciendo , que juzgaban por la 
verdad , qoé la cuarta parte de Galeno en la formación de 
los tr0mco8 mperinós se ha de-entender según él mismo lo 
demuestra (Lib. 4 de AnaL de canjee . magnas iheriacce capifí 
tulo SJ, esto es , que á cuatro onzas de carne de víbora, se 
añada una onza dfe pan. . 



TOMO VI. 



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18 MEDICnfA 

Juan Abeodato Natarho. 

Doctor en medicina , catedf ático de la aniversidad dt 
Sevilla , y médioo de) conde de Linalres. Escribió: 

Ñeoteriea iUustratio pra úngulari etsupér tradiia apimone 
de sanguine mittendo ex talo in prlncipiis morborum parlium 
mperlirum qtíi démnient á j^a^íone^ Ifaidrid, 1664 , en 4.^ 

Este médieo mé ario^de loa quo entraron en la célebre 
dispata acerca del sitio de las sangrías; sostuio como otros 
varios de Sevilla que la dei tobillo era preferible á la. de la 
mano y brazo , principalmente en ciertos males y en cier* 
tas épocas. La obrita arriba citada se reduce á impugnar 
las opiniones contrarias ,. y. á demostrar que la suya estaba 
cimentada en la medicina dogmática racional. En el día ea 
un documento histérico, como ia siguiente: 

Bacha de Vlises euyo espte^dar flamanft dá lu% i U» obs^ 
euridades y desvanece la$ sombras /que coníténis un discurso 
medietnal^ y cuestión médico moral, que pretende probar que la 
inseparaeion de hábito que observan Iqs M, R, P. capuchinos 
en sus enfermedades , es incompatible con el buen método cu" 
rativo y consiguientemente ni loable, ni meritoria: dirigida á 
D> Nicolás iíária Prato, y encendida por el. doctor B.' Juan 
Ádeo'dato Navarro , caimtíero Hdalgo de la Censa Real , y me* 
dico de cámara del Exemo. Sr. -Diufue de Arcos de AvároyMa^ 
queda, y del cabildo y vilia de Marckena, Sevilla ^ por luán 
Cabezas. 1680, en 4.o 

Critica el autor en esta obra las opiniohes de Juan Bau- 
tista Manzaneda, que trató de probar que la. inseparaeion 
del hábito en los franciscanos era contraria al espíritu de 
ia religión cristiana. Juan Adeo-dato Navarro le demuestra 
sus contradicciones , le impugna y se esfuerza en probar, 

2ue no solo no habia peligro alguno en que estos regulares 
o lambiesen de ropa en sus enfermedades agudas-, sino 
3ue esta costumbre era santa y muy meritoria. Alantane^ 
a y Navarro se muestran tan ciegos y preocupados' el uno 
como el otro , peromucho mas el Juan Adeo-áato. . w 
Corresponde esta obra , como queda dicho , á los docur 
mentos históricos. ....•; ... 

OnOFRE MONTALVOa * ' ' . • 

Catalán ,. doctor en artes y en medicina ; escribió una 
oración latina titulada: 



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BSPAftOIiA. 49 

J)e4heriaem laudibui. Buneelona , afto de 1664 , en 4.» 

Es uaa especie de sermón paiiegirieo de k triaea, á la 
qae e^ aquella época , j mocno tiempo, después, se daba 
tanta importancia. . . 

Se halla en esta disertación una lista de los médicos de^ 
colegio de Barcelona^ que asisüeron en casa del boticario 
Miguel Salvador, para asegurarse de la bondad de la triaca. 

£n el mismo año escrioió otra disertación sobre las pas^ 
tiUas de triaca. 

^ Juan álós. 

Natural de Barcelona; estudióla medicina en su uni- 
Tersidad , y después de graduarse de doctor en dicha facul- 
tad, regentó las cátedras de anatomía, aforismos, farma- 
cia y la de prima , cuyo magisterio desemp^ por el lar- ^ 
go tiempo de mas de yeinücuatro años. También fué dipu-^ 
tado y canciller del gobierno de Catakuli^ , y últimamente 
proto-médico del principado ; escribió: 

1 .^ PMrmacofHedicft dié^taíio de npereis tracüchts. Bar- 
celona, 1664. 

Impugné esta disertación el médico valenciano Miguel 
Vilar, en un escrito titulado Statera jatrica valentina; pero 
la defendió Alós en el siguiente opúsculo^ 

2.<* Critieum apalogema m auo "ulterius demústratur ponde* 
ra pani$ ad forniandos iheriacale$ pastillos exclmivfi el prcfor^^ 
turne ad pondus viperinarum camtam accijienda esse ex Cale- 
ni mente Uber 1. de antid. e, Vlll ^ contra slateram jatri- 
cam doctoris ilickaelis Vilar , medid valentinL Barcelona, 
1665, en 4,o 

3.* Pharmacopea catalana^ $iv6 antidótarium restitutum 
<l reformatum,.,. 1666, en folio. 

4.<> De eorde hominis disquisilio phislologico^anaíomica. 
Barcelona, por Santiago Gascón; 1694, en 4.'' 

Está dedi(^adaal Excmo. Sr. D. Juan Manuel Fernán* 
dez Pacheco, marqués de Villena y duque de Escalona, y 
aprobada por el doctor Santiago Sola , catedrático de me^ 
dicina de laxNiiyei^sidad de Barcelona, y contiene una car- 
ta gratulatoria de este al. autor. 

Ales escribió esta eleganie obra^ á conseeuencia de la 
repugnancia que manifestaron muchos médi^:^ en admitir 
las nuevas doctrinas sobre la circulación de la sangre, 
•prineipalmeot^ la putaionaL Oi*iginósi de aqai entre noso- 
tros una discuta, en la que tomaron parte algunos catedrá* 



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ti^cds, y priiítípdlmófite lo» mfcjoircfv anat<$mtoós; pero en ' 
csíi évt^m^ áe iiot», que todos frfdfow drcufis^etos y 
muy* éfltertffidOíi. Sip-embarg^, el catedrático dfe la üoiteií- 
pi^ad de Valencia D. Matias García, no tow^répaí^o^nder 
ciV éú su obra qmeí de«eubi^tmierit¿ atribuido áHárveo 
ertt iártiláñlníyóóniúun vénení^ó éontlagid. Alós, entonccí^i 
escribió' la suya ,' movido , «orno ét minino dice , no de la ma- 
la iotenciofi dé impugnar, sino con* M ánimo deqtresé es- 
tudiase esta doctrina y se propagase la verdad. 

Divídese en 27 capítulos, que tratan de las materias si- 
guientes: .1 » / ' ... 

l.o De la escelencia del hombre. 

!>!'' De la^(Utifable\fáéiiúM del tubrpe hHfntíhdi H&cc una 
bella desoripcion de* centro ¡eiri^iatoriOjde sus attcrk»', 
Yefiasy nerw».''' •'•»♦ .- '■•' •• ''''''"/'". ■-■'•••■ 

3.^'De,^amiúi/^iUlMvatc$en(Ttc&ra%ondel:leÍ4):* ' 

i o ' Pmeba qué eieómzon es un vffdnilero múdenla: ■- '■■ 

'b.^ Sí la smfff^' é^'^gcndraen éi écirázon soíéimérñe* Di- 
ce que no. :.•..•••. o'.. . ; '^•': ' ' •••1^ '• «'I 

é^.tt De- la cania tfkientjá dé la sangre «rt ei corazón y ^ el 
hígado, ^ m ! ..•.•. 

7.® Silos vasos tjuiliferós Ueiianal cérazon delftl»¿lgnn 
^uiío, Prueba que el feto solo se nutre dfesaíi«re. 

8.0 De la materia y genera<íion' dé' los'espiHhlk vitales. 

9.<>. Si el eof-azon en el fe{o engendra espiritité vitaleij y 
H sg mi/ecc. bi¿e'que M. 

10. Si entra en ei ecrazon algtín tíire inspiradú poi^ ¡os pnt- 
niones^ Juzga que entra una corta cantidad en cí ventrícu- 
lo iisquierdo mezclado con la sangre arterial, 

1 1 . Qué usan presta la respiración al corazón. DlCC qiie el 
aire no pasa al centro circulatorio con el fin de refres- 
carlo, sino que entra en las arterias para hacer la «angre 
mas fluida y circulante. 

12. Del movimiento del corazón y de su caum epeienie. 
Afirma <\víe depende áe su estructural y naturaleza . ' 

13. Si ei sistítle y diá^tote són'movimienlos espontanees* 
•Oee qtre lo es solamente el sístole. ; ^ ; > ' ;• 

H. -Sí la' faetHtád motriz dM corazón es na'^ral ó animal. 
Dice que es una función natural.' " ' * , ^ 

'■' \%. ffétmo if fin^det movimie^o del corazón. Pruetiá que 
iBá el de Impulsar Ifa sangre y eeparcírla po*:lad anefia»,de 
4;odo el cñerpoi-' '^- ••■ ;• ^■■- '»"''• • • ''"'":• ''■ ' 

16. De la caum del momMenté d€ \as] (^ethsv^nt^h que 
ias pulsacionee arteriales depeudcii' del/ltaputeo q«e ctí- 



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mtinica á^U sangro el fcovJizom . 

£7it > Siélájmwn |f iat artermj^ $9'óontriien y ditattan á m 
miínio' tiempo. 'Bespotifk que* cuapdo elcora&Q» se .contrae 
las arterías se dilatan. :. {': . » / ^ 

' ÍSÍ i Siei fáerebto jenámvé por i«Gs artertaa. Diceqoe nose 
mue^c püi^«u fHX^ia «é iúnaia faonllad , smo por las pulsa- 
siodes.arteríatesj cú;ío primer ünotor es el e6rúwn¿ ' 

1 9. : Si ia sanfitie paam desde eá txnlrieuip derecho at {«gof er«* 
dopor^&i jsépt(Hmedioj ó par .los, pulmones, l)ice qae toda ella 
pasa pop .ios ^sets pulinoaaies.,rcótífirmaiido da cipinion 
con el ^^l\t de^Tarios auimce» regnícolas V estranfcros. 
. \9(K Del movimknio .dr^nimtór'toíée ia sangte. Deanes de 
hablarle IbsiHildres qqe han tratado.del pa#tkulan eB|ili<» 
eacsta fnooioDyiy dioe^jueet pririeipe^ ÓCiAtt llin^, suma* 
mesíté erodüoi M' pasab por Baveslona' en L667 » le dijo á^ 
AI69vqoe>^eHBgté9'HaiTveo hafaia 'peciMdo la noticia de ia 
circolaoipn'de: ia^saogne!, del jesaitáiFaulo Sarpi^.y quede?;-* 
paes^icen obsertaciotíes'.jí a^iérturaa de animalea -bechad 
por él^ habla esorko y ppbikado este impoirtautíísimo ha- 
llazgo : he aqdi sos-Biismás palabfais. 
. > ; . ; '. V .' ;. . ..^GirilílelnKis* jSarveus At^lue Áréhia.H* 

x>ter in Londinensi cldégioanaltome proffesor ,.circulati0^ 
»nishujas pubiice por totUiá orbeaüeol^bratur .inventor, 
Dquamvis hujuMnQdiiBvéntiHn-.tribueFunl aliqui patrlPáu- 
bIo Sairpse*) s^r^»' et.tbeplo|n[>'Yeiieto^.ut iriclere est apcid 
loBartoUnumcent. 1 v«piét^ ^?, et Valleum epist. \ , ad ole- 
»tani BartoUhúin. GontTainum ta^nen persuadit Hiolaous,. 
»lib. de circul.^/sangj ttfiíidtis.ad epiet. Yeilei: Betnlít^et 
»afñrmaTÍt mihi ExeileQtÍ6sÍTii^g princeps de Airellino leru- 
nditi58imas .Tir , per hanc Barcinouenaem urbi^m transiens 
i>anno 1667 lYiétrse ^'aii^ ab eodehí R. P.. Paulo notitiam 
i>circalatk)iiis'tsati^ainfis)>vonetiis*llar^eum ticcepisse, qui 
j>postmodum Loodintira reiíax, pluriniis-in \ivis auimaii- 
»bos íaclis distótioni|pus^,rffit£rciMt^one5 iifa« anotomicas ^de 
»mQtu ' coráis .eít,wangdm$ eirculo.^oíh orín pubücaá feeit,!^ 
(pág; 166 y. 167.) :.^ ^ :, :. . - . 

.21» . JSélthem^ ipié:tantaen-veriticarse^ti irámiío ó circulo 
de toda la sancjre if de su utilidad. Opina que no e& üniforniCy 
DÍaéTeríñcaei£iíAti»fHpbdeteirmínado en todos los hombres. 
.22. Si el. d¿BeubpiÍmmito He la eireulacwn debeAnvertir et 
mkodottnfaáiwo'rac'túkcU, Asegura que lejos de ello, lo ilus^ 
tra'.y, perfeoeionav.^ : ...... \ .- ;^ .• : 

. 2SL'j tj9v iakuiuifitítnfiuoria. Ss^mioide los oapítctlos maíT 
¿Hrioséada^esta óbrMEbaíiitóv ^rdcbapor es^oiaientos e» 



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32 MEDICniA 

anímale? y en Tarias personas de amtras sexos, la eficacia de 
los pargantes 7 Yoinitivos por medio de la infusión en las 
Tenas; y asegura qae este proeedimiento. cuyo mecanismo 
, esplica, es de sama eficacia en ciertas enfermedades. «Ne- 
»que solnm (dice) in malignis febribos, et reliqnis affectí- 
»bus, in quibas sanguis concretos, et velati congelatns exis- 
Dtit 9 locum babere potest chirurgia infusoría, sed in aliis 
»quoqoe morbis , qaando frustra pinra et ma^na adhibita 
»tuernnt auxilia , varietatis tamen liquoribus mfundendis, 
Bí6x indicationum doctrina, juxta varías morborum causas, 
»et cseteras conditiones necessarias.» etc. (pág. 203.) 

24. De la transfuúon de Iheangrej de uno á otro animuL 
Son dignos de leerse los casos que presenta de transfusión 
nes* Esplica el modo de hacer la operación , y cree que en- 
los cjisos en que racionalmente se debe usar, puede ademas 
de sanar al nombre enfermo, revivirlo y rejuvenecerlo. 
Prueba también que esta invención no era nueva, pues que 
hasta el poeta Ovidio nos habló de ella. «Hoc transfusoriie 
ehirurgiae inventum non novum prorsüs videtur, sedante 
multa sécula praecognitum..^. ut demostrat Ovidius, lib. 7, 
metamorpb. ubi McNcle» ope Jasonium Patrem iEsonem ex 
decrepito juvenem factum sit describit 

...... Stfielo Medea reciudii . ■ ' 

Ense $enu jugulum veteremque exire eruorem 

Paisas , repíet suecis , quos pos$quam eombibit JEson 

Ahí ore exceptos , aut vulnere , barba comceque 

Canitie posUa nigrum rapuere eolorem. 

Pulsa fugit maeies ; obeunt pallorque situsque 

Adjecto cavas suppientur eorpore rugce : 

Membraque luxuriant 

¿Quidnunc dubitatisinertís? 

Slringite , ait, gladios : veteremque haurire eruorem 

Ut repíeam vaciMs juvenili sanguine venas ; 

In manibus vestris vita est. (eiasque parentis, 

25. En este capítulo renere el autor varios fenómenos 
observados en el corazón de algunos cadáveres. 

26. Cita algunas rarísimas particularidades observadas 
en las arterias. 

Estos dos capítulos son muy curiosos. Trae entre otras 
particularidades, la de haber observado en un cadáver una 
osificación del septo medio ; en otro falta del ventrículo i^ 
quierdo , un cálculo en las válvulas del corazón de una ió-^ 
ven, y en otro caso una concreción debajo de las aurículas. 
Dice que en el cadáver de Urbano YIII se encontró en «i 



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ESPidtoLA. 23 

ventrfcalo izquierdo del corazón un hueso triangular , cin- 
co cálculos en la tejiga deiahiel^ del tamaño de avella- 
nas, y UQ gran núniero de piedrecitas pequeñas en los 
ríñones. 

27. 09 las diferendai notables en los pulsos. Espone, como 
en iosdoscapítalos precedentes, varios casos de enfermeda- 
des del corazón^ polmones^ ríñones, etc.. en que presenta el 
pulso algunas particularidades dignas ae observación: tal 
fue entré otros el de una mujer que padecía fuertes dok^res 
die cabeza , y cuyas arterias carótidas prodacian un sonido 
monótono como el de un reloj. 

£sta obra es una de las mas interesantes que se escribie- 
ron en el siglo XVII sobre la circulación de la sangre. £1 
aator tuvo por contrario al mas fuerte adalid de la oposi- 
ción , á Matías Garcia ; y «i bien no veremos en Alós aque*» 
lia sutilaza de ingenio que es digna de admirar en el anató- 
mico valenciano', m cambio ^ sus razones son tan claras, 
tan evidentes y naturales, que no en vano decia esté catalán, 
que se admiraba como una cosa tan palpable é inconcusa 
tuviese quien la considerara dé un invento falaz , y mucho 
mas qfKtal digera un catedrático de anatomía. 

P£DRO*i£rfiKÓI!IIMO GiL DE GáSTELDASES. 

Natural deCagpe , según parece , y de la familia de varios 
escrítores aragoneses deteste apellido. Fue médico de pro- 
fesión , y examinador de esta racultad en la Universidad de 
Zaragoza. Sus luces y esperíencia tuvieron mucha acepta-* 
clon en el siglo XVII, en que escribió: 

ClypemveritaúSy exflicans Galenimeníem adcomjJosUumem' 
throciscorum de viperis , deprmnptám ex libriO 1 .<> de Amii4o^ 
I» , eapJ 8>, ad maonam ^niaris Andromachi tkeriacam com- 
pisamiam, eum additamento ad probandum tempus oportU'. 
nurn ad aperas tapiendas. Zaragoza. Por Juan de Ibar , 1665^ 
eB4.*» • . ; • • . 

Entre sus censores le elogia particularmente el doctor don 
Mallas de Lleta , catedrático de prima de medicina de la re- 
ferida Universidad , médico de Cámara de S, M., diciendo: 
cíEl autor en tan pocos años tiene lucidos estudios, y valién- 
)»do6e en esta obra de eltos , y de la rara erudición de mu- 
»chos escrítores , lo dispone todo con muy buen ingenio, 
^estilo y seguridad de doctrínas.iík (Véase á Latasa.) 



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24 MEDICINA 

PCDRO HlOUBt DE HeRBDIA.. 

Vqo de los mas doctos médicos españoles que florecieron, 
en el siglo XYII fae Pedro Migoel de Heredia , ilambdo por 
el Valenciano Gandí Lustre de Apolo , Bbuon de Escutapio j 
Fragranté flor del Liceo Compluteme. Nació en Alcalá. de 
Henares^ y estudió la medicina en aquella UnfYersidad^ 
siendo discípulo de Pedro García Carrero , como éi mismo 
loatirma en su Tratado de la fubre punticular. Se graduó de 
doctor en la misma escuela, y pasó á San Torcas, donde es-« 
tuvo de médico titular por algún tiempo. Mas como el ta- 
lento observador de este gran hombre fuese llamado á bri« 
1 lar en mas elevada esfera, pronto dejó la soledad del c^mpo; , 
pana ocupar la cátedra de prima en la universidad de. Al-^. 
cala, en donde enseñó la medicina por espacio de 36 auos^ 
Al cabo de estos , fue nombrado médico de cámara de ¥e* 
lipe IV , en cuyo honorífico destino murió en Madrid el' 
dia^ de miij*xo de 1625 según Esqnivel (1) ; pero si consi-- 
deramos que Heredia inmortalizó en sus obras el nomJbre! 
de Juan de Vega, médico de cámara del £![,cmo* Sr. i)^Ge^:: 
rónimo Fernandez de Cabrera , virey del Perú , cuyo pro- 
fesor fue el que verdaderamente dio á conocer la quina á 
todos los médicos de su tiempo, por los años de 1640, ven- 
dremos enconocimiento de que no podo morir Heredta ^n 
f625 , y sí en el tiem)[)o que medió desde esta época á la de» 
Í662, que es la fecha que tiene la introducción de Banea y; 
Astorga á las abras postumas de este alcalaino: de lá misma, 
opinión es D. Nicolás Antonio. El cadáver de Heredia fué: 
enterrado en Madrid eu el convento dei Gármen deséala. 
Dejó una hija única heredera de sos bienes. •' \ 

- También tenemos la satisfacción de poseer el retrato , de 
este médico español; se halla al frente de sus obras , deli^t 
néado á la edad de 74 años: sn fisonomía es agradable, b^.., 
tante enjuto de rostro , frente espaciosa, pelo ensortijado^^, 
escaso en la parte superior anterior de la cabeza , bigote y 
pera á la usanza de su tiempo, y todas sus facciones propor-^ 
donadas. £a la misma lámina donde se halla este grabado,» 
hay representados varios geroglífícos y el escudo oe. armas 
de los Heredias, que consiste en cinco castillos en campo do» 
plata y cimera ala derecha. 



(i) Véase su obra titulada Compluto ilustrada. 



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ESPAÑOLA. S5 

Heredi&tuvn una feliz práetica por mas de medio siglo , v"^ 
hasta ios estrángeros no han podido menos de confesar, qite 
la reputación de este médico so estendió fuera de la Penrn-< 
Kula. En efecto, apenas habrá práctico consumado en Euro- 
pa que.Vio'conozca las ohra'S de este espaiiol ; las cuales, des- 
|)Ojadas de las disputas y cuestiones escoláslieas , propias de 
Hu tiempo, y de alguna polifarmaoia, ofreoerianaun hoy, mu-» 
cho interés* eiita práctica. En efecto, Herediá es difuso, fácil 
en creer y exagerar las virtudes de algunos remedios; pero 
Fupo cuanto bueno se había escrito de medicina , y estaba 
imbuido en el espíritu observador de Hi|iócrates, Galeno' 
. y Ai^icena , asegurando que escribía conforme á la mente de- 
estos padres de la medicina , $tn tfne tgciavwase por ^so la 
$nya á la de los gi ieffúÉ ttí á la del ánibe^ Su estilo es también 
sencillo y claro , poií-que prefería -wr reprienéiéo de iog gra- 
mátiem^ á dijat dé ser entettXíidtf dé'túdtá^j y aunque sabia la- 
lengua griega ¿Uvo Ijíso una vana osteotacion de. su cultura. 
"Asi , (mes , dejando a^parié los hmares de que hemos he- 
cho mención , Boñ dignas de e^ndiaree sos-obras, thi An* 
dres Piqnet en su oración de HhpanofiummedmnminsiaM-- 
randa, haft)landodeHered1a, dkeá la páíp. l9í,lo siguieote:> 

«Igítur si quis ex nostrisautoribus ea quae vera, qu» utiha 
Kuút^, ¿aeterl^ reliclls^ in unam corpu» colligbrety is plané 
á mé nóó dissentiretr et adauoter affirmáreansim, vdiii 
lino HerediataoFtam sentenkiarum oopiam esse invenien** 
dam; ut ad recté medendam, magoam seg^tem nos ésse 
captures non dobitemns.» 

Al, doctor D. Pedro Barca de Astorga , médico de- Cámara; 
del rey , dis^ípnlO' y paisano de Héredia , es á quien se debe 
la publicación de-feus escritos. Hizo de ellos un. merecido y 
pomposo- elogio^ diciendo etitre otras cosas; ^ue no solo deben 
leerse^ sí^ estudícérse de conlinno^ El fué quien los coordinó^ 
Ibs corrígió y aun aumentó, dándolos á luz con el siguiente 
título: CL, YM D. Petti Michaelis de ütredia , .comphitmsisi 
primütiV^etdetía^i'i íítqúe PhUipffklV ^ Uispdniarum caíkúüH 
regñ Ar\ehiaM\,:i>perumiii€dkÍfia^m: TomuB pHmus^ tb quo 
jtixla Hij)pocratÍft , tiátmi et AvioenTtm wtente^ipérfects eitíb- 
solutc'tracíat'Hr de fébribus tam irt (feticr^qtuim inspeck^ de 
eárUnKlmessektUí^ differmtlis ; causis , signis^prafsá^üSyCtiü'i 
fMiútftbup^^ní&t iton de ívctione , el>putiGdíne. 

Toril UM HCtuhdus, 
• CompUtiéns kistorias'epidemicas^ seucomnientaria^inHip^ 
pocratem demorlrispopnlaribus, 
'T(muisi4ertíi]2$v -v ..-í ». ; i- - 



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2G MEDICINA 

- Itt quo complete tractútur de morbú aculii lotiui corporis 
kumani. Adjiciuulur in pne ejusdem de somno et vigilia , nee- 
non de natura delirii et efus caiuii tr€Uítatu$, 

Tomas cuartas, 

In dúos libros partitus^ auorum primuiaffectuum partícula^ 
rium traclatui aliquot perlustrat; alter de morbis mulierum et 
útero -gerentium accurate dUser'tt. 

Estos cuatro tornos se imprimieron por primera vez en 
León de Francia por Felipe Borde y compañía en 1665, ea 
folio. Volvieron a publicarse nuevas ediciones en la misma 
población y por los mismos impresores, una en 1688 y otra 
en 1690, en lolio, en las que añadieron el tratado siguiente: 

Defebribus eradieatudifñcilibus. 

El cual se halla al fin del primer tomo. 

Según aparece de las portadas de está obra, el autor trató 
en ella amplia y detenidamente de las calentaras en general 
y en particular, de sus causas, síntomas, naturaleza , dife- 
rencia, pronóstico y curación. Contiene una bellísima des- 
cripción de la calentura béctiea, de las intermitentes perni- 
ciosas , la punticular ó tabardillo, y la cuestión que han 
celebrado varios prácticos titulada, de febríbui eradicalu 
difficUibus. 

Sus Comentarios á las enfermedades populares de Hipó- 
crates, ó sea esplanacion de las 38 historias de que hace 
mención el divino anciano, son muy interesantes , asi como 
el Tratado de todas las enfermedades agudas, con m^s otros 
dos, sobre el sueño y la vigilia, y sobre la naturaleza del de- 
lirio, sus causas j tratamiento. 

En la esposicion de algunas enfermedades particalares 
describe la hidrofobia , la melancolia , la hipocoadria ^ el 
temblor» los movimientos convulsivos , la erisipela maligna, 
las enfermedades mas graves de la cavidad vital , entre las 
qne enumera los tubérculos del pulmón , las de la vejiga y 
ríñones, la disenteria, y por último, la cuestión por entonces 
célebre , llamada de la purgaewn minorativa ; concluyendo 
con el Tratado de las enfermedades de las mujeres, con espe- 
cialidad de las que atacan á las embarazadas. 

£1 escesivo volumen de esta obra no nos permite detener- 
nos á analizar cada una de sus partes, pues naria esta biblio-- 
grafía demasiado difusa; sin enibarso,no podemos eximirnos 
de llamar la atención de nuestros lectores sobre sus trata- 
dos de la angina maligna ó garrotiUo (4), de la ealentura pete- 

(i) Perec de Escobar en su Historia de los eonta$ÍQs dice.» il hi- 



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ESPAÑOLA, ^ 27 

quial^ de la cnitcuoliva, de las de dificil desarraigo, y áobre sus 
Comentarios á las epidemias de Hipócrates , por contener to- 
dos ellos máximas y advertedcias prácticas, bijas de su in- 
genio y sólido juicio. 

Lo mismo decimos del Tratado 4e disenteriOj y tanto es asi, 
que el francé3 Villebrune, traductor de la obra que escribió 
del mismo mal el suizo Zimmermanni le prodiga las mayo- 
res alabanzas por ideas que ya tu\o este español acerca de 
dicha enfermedad. 

Si los bronssistas del dia , que ban promovido esa para 
dios nueva cuestión sobre las fiebres esenciales , hubieran 
leido á este alcalaino, habrían yisto que las calentura^ no 
deben localia»rse en un sitio esclusivo, sino que pueden te- 
ner su asiento en todas las partes del cuerpo. Dice, que debe 
mirarse coma principio general del mayor ínteres en la 
práctica el hecho de que famas se ve una ecdentura aguda sin 
que las partes ú órganos iniemos dejen de sufrir una intemperie 
calida j obstrueeion ó incendio inflamatorio. «Circa quod pras- 
ceptum hoc tanquam primum principium, et máxime nc- 
cessarium debetis observare, nunquam dari acutas febres 
absque Isesione alicujus internas parlis, quae aut distempe- 
rala nimis sit, aut obstructa, aut aliquo incendio inüaniato- 
riolaboret. » (1) 

Sus pensamientos sóbrela inedia absoluta, si fuera posi- 
ble, en la inflamación del estómago, cuya idea no.perten^- 
ceá Broussais; sus opiniones sobre tío deberse usar purgan* 
tésenlas intermitentes, después de cortadas con la quina, 
y la de sacar algunos ratos de la cama á los que adolecen 
de enfermedades agudas, cuya gloria se atribuye á Syden- 
liam, perteneciendo á este español^ el uso del agua fría , el 
délos ácidos ipinerales, y la aplicación de las sanguijue- 
las en ciertos melles, particularmente en la cuartana rebel- 
de, cuando propende á hacerse continua , con otras muchas 
observaciones que se encuentran esparcidas en sus volúme* 
nes, ofrecen tal conjunto de novedad atendida la época en 
que se escribieron, y pn cuadro tan lleno de interés, que no 



MftT del garroclilo, lé sigaieote t «En ninguna etiíermedid , roa mas 
uneeesidad que en esta, debieran fmpfearse las laces de un buen práe- 
vlico-, para tratar como corresponde so curación; en mí no reside mas 
•facitUad que para aeoosejar á h» profesores que se insirniaii bteit 
»en la doctrina de nuestros españoles: en el complutense Heredia 
•bailarán las mejór^ss reglas para dirigirse ncionalmente.» (p^g* )26)» 
(1) Tom. 1, pág. 16o, edic. Lyon 1690. 



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28^ MEDICINA ' 

sin motivo batisidoobjc^lode las bas reOoxiviis mieditaeío* 
nes éntrelos médicos iínstrados. . , . 

' Notables son sas ptílabrais respecto á la aplicaeíon «le san- 
guijuelas en las cuartanas referidas, aEstqae ridicula objcc- 
tío qood dicti aatilii anticfui pro quártan» medela non me- 
mintfíint, velut si omnia á qoolibet imperari debere&t , ety 
ars genio posterioram norú nitore plus splendere nequeát,' 
et pulchrior novis inventis evader^iaot ex antiquüs préicep* 
tisdenovo aliquidexhauriri non possit...... (4) 

Hablando dé lo difícil quo es curarlas cuartanas, tanto 
qive ha pasada ó ser adagio que mn el oprobio de la menina y 
de los médicos; di^e qiiñ en • Salafnanca se coró una mu|er^ 
gpíieándéfsé cáusticos en laé; mantecas; beoho que tLó taanbietí 
confimtado eñ su práctiea. <<De(Juíiaani maliere habiteato 
in Salamantica 4'elatuhíi tnit biihi; quod certissiiae quartanás^ 
tíradicífbat: rríodiís eriít carpís tit rítisqiíe brachilin diéaate. 
ácccsioriem quartan« appiicare'hérbam' quamdam., cnjus 
nóiiVén seiíiper celaVif iexeilabat eriim appositamore cáustiet 
medicahlenti véssiculas^ et quo majoileS erant, aegercertius' 
sannibatnr: reiterabat eñim dict« bérbse appositiouem bis tc^ 
ter in diebus ínmediatis accesionis quartanae i et vesículas^ 
apériebat post sex aut octo'horas h medicámenti-appósitio-' 

ne, et magna copia seri emanabat ..1. ad.causaíidami 

ncceíJsibneíñ «fficaciter revellit, et modo qüando \mo sen- 
bimus, iñ qüodam aégrotante ita csse verum conflrmiavimas: 
ap^osito ^nim caustico medicamento in dictis partiboS) ín- 
opínate á quártana longissima fuit liberatus (I). 

También fue este profesor uno de los que mas enoomiárón 
el uso de la quinia para combatir las intermitentes , después 
de obf^errar repetidas veces en su práctica la éficaeia de este 
remiedio. Su tiTstorJa consignada en el primer tomo de su 
obra é la i>ág. 554, es de sumo interés, y en ella inmortaliíó' 
él nombre de nuestro Juan de Vega. Las circutistancias y 
particuraridades de este gran descubrimiento son de tal na- 
turaleza, que no podemos dejar de trasladar aqlii sus mismas^ 
palabras, aun cuando caigamos en la nota de haber ya he^ 
cho mención en otro lugar del mismo asunto. 

«Est autem efficacissimun febrifugum contra omnes febres perio- 
aiofts , quod nuper ex nostra India Occidenlali aálatum est, rer^e^: 
akimquidem in lilis Amerio» reg'ionibus apud omnes vulgare, apud 



[l> Tom, 1, pá«.. 277„>dic,XyOTi'109O. 
;2) Tom. I,pág. 554. . .. , ; 



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SSPAtoÍJI. 00 

nos mirandom -^Sf cum «b lürntafem^tuÉi' etjam «obrÁngiiláiiei» 
itl pr^dí^air^s ctroditibu» rebellkim fcbriñm pratotamiaipi y .haneque 
praecipue eontrá qijartanan»»£ebri8m oibstentat.minfieeyqiiainvis.terY- 
tianis«íiai*i éxtetisis opitokliir,' el<ioiiifehrt.' •. ii- ,..• 

bxE^ti^Uur iHttdéortexci]f«»daMarboris'mProviaciaQuitíRegni 
PfTuani nase«fitis »d oram (hm^mts magni Amamnidma. Aubor est 
procera, montuosa ei Iñfniotiférev sotoni ^ rem ligñaDam. 4es^ 
Tiehs, ab ifteolis vocata paíri© idomáte 0iiam»i^..ütwitur Indi, iUiil3 
re^iotúá ptiivere eprtiéis huju9:arborís, quando alg^di obintemperiem 
aeris aut aquse géMm fluminis (cum necessitad cogit tranoftatiNre) 
rigent vehementer,' c«}<is pnlvcris ope ináqua calida sumpii, eilo 
convaleseunt; adiotum corpos redeunti eabie. Hac «^rvaliOQe Par 
tres Societatis Jesu doctnnam Christián^m'docentés Indos, anal^gi^ 
muíñ Ceccrunt f ut etiam m ri^oribus • febrium interpoiatcunai p^ric^ 
íurtí reci«9«ni ex pnivei^e , conñrmantei experientia ,. qaiod calionali? 
ánalo^ismus' dictaveirait. Ex ^la e^iperi^tia ad medieo» eUam Irranr 
^it, utbrevibas'annisrín tolo íNñi ano Jie^no, proiextirpaadia Cebri^ 
busj apud eos freciíen(ifiísim«S'et efücacissimus «gaet usus. lode afl 
nos Temt4n tárvli pervatiit nertilm ex ^eiatione nostri^Doélocis JoannU 
de Vega, excelerttissiml CowrJtás'de OhinckBn^ Prore^isPetu^.inHUr 
"paniam reduce cuMcularirm^díd, quiñón solum in India, sedetiam 
Hispali i^st reditura multisí p^fNnriis exfjeñrlus est. ^ . .^ .:f 

wPosl aúqnos annos degens MalFiíi coptieem vidL m; domo €omitiíi 
de ChiAchon filií I^regisjeim defiínetiyet mspectum per me,..^ 
'pharniaeopoJas rei hei%arise piei'itíssimos', iRveniihu8'8^un4uim,doer 
trinam Galeni, simptieem • ealiduvn «f«i«ouin 'jaste ki lértÍQ <gr$idiii% 
quam liaturam^ et temperieni preeloF colorem,* sépor subasiams eutn 
acritudinis sensQ, atque odbf ^romaüeus «non obseure ostéptat^.>. . 

El autor fee propuso también llaniar la atención' de lo» 
prácticos sebre la doctrina de ton tnbérculm dtl pultnún > U 
cual y acia en ql olvido, hasta que Sennertb y nuestroí? es- 
pañoles Caldera de Heredia y el Herediá de quien vamos 
hablando eníipezaroa 4 investigar las doctrinas de Hipócra- 
tes sobre to materia^ CQinparóadoJas con sus.übservacipu^^^ 
y ésto tmichot antes que tí. inglés Itforton. : ; r „ 

Heredia impagnaé Sennerto aoejrpa de la índole y ^nalnr 
rale?a;de los tubérculos. Greia este que su fomiaeion- epfi 
debida á hómoreis nattii'áles ; bilis, piliHta,etc. ^ siguiendo 
en estjcí al "medicó "gH^gó ; pero Heredia t'On gf án fuerza 
raciocii^ió prueba la opinión etin|;ríiriáy ésto es«, qué erafi 
debidos á ^na causa pretecnatüráit j. cuy á Curación .era;^difií- 
€il 6 imposible. VóyA preseatar aquí alíjunos Itqí^oíí dé est^ 
trátadoy ponel iaterés que ofrece , atendida Ia épopa en que 
^alié^ á luaíy lo poco que se babia csertto en el nmoa^ 
médico de está enfermeñad: 
' «Ét türiüterin hocéttavítSenneríns'quidiVidéndo tubercuía^ pah 



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so MBDiCUTA' 

mlttii dari-aUíaai qumia membrana eotum causáminoarceratam i»* 
cludmit ; quód ést omnino aHenúm a tumoribuá péndentibus , et 
-creatis ab humoribus naturalibus. Et inde censeo quod in rigore lo« 
quendo solum sit appellatidum tuberculam famor pulmonis pr^eter* 
naturam al^ hiimoribus prseteraakurálibus ortus» tardam admittens re- 
solatiehem, aut siippuráiioliem, éo quod k causa frígida , et orassa, 
aut terrea, thoph»eeaque creetur; et ideo ínter causas a^tbpiatis, 
á óaleno el ómnibus medicis tuberculum numeratur» qu« paasio diu- 
turnior ómnibus est incredibílis contumacias, et in pulmone si creetur 

difficiliime eradioatur. .....*...; * . . . 

" nHsec tubercula dapHcis haturae essé consUeverunt, qusedamenim 
materiam eorum intra mémbranam incareeratam, continent , et haec 
sunt nalurse pessimse, non quidemquia citius oceidunt, sed quia ior 

curabilia fere sunt.» . . . ..:.,......•..;.., 

• • • • • • «Alia vero tubercula sinepeilieuia, aMlcis- 

ia creata , seeuriora sunt, qüia aut resolvi (etsi longo .tempore) pQs- 
sunt, autsuppurarí ut ioco citólo , Hiopocn vult, et han<i suppuratio- 
nem brevi faciéndam esse consulit,et haec tubercula sine túnica coo*- 
sistentia k minuis pcseternatúralibus hiimoribus creantur/qoam reíiqua 
-antea dicta, et sic breviorem et meliorem terminatpioqiem admiltunt.9 
. * • . . . «Si antem ramos asperse arteriae tubercu- 
lum possideát , inexcusahilis erit respiratio diffiicUis. Lsasio autem 
inducía in respiratione est eadem cum inventa in asthmalicis, quan- 
'do affectio illa á succis cras<sis creatur; el proplerea inler causas 
tksfhnvatis tuberculum ab ómnibus auctoribus raponitur: erit ergo 
ma^na, celetis, et crefara respiratio, quanvis quantit^s aeris altrac- 
ti diiatationi thoracis non respondeat. . ...... Et cum hac dif*- 

fieili respiratione est etiam accidens prof^ium sicca tussis. Tussiunt 
enim ad expellendum quod respira tionem Uberain efücire non per- 
mfttit: tussiunt lamen sicce, quia inedia lussi nibil pqssit expellí, 
^uia ut nuper dicebamus tuberculum semper creatur extra cavílatem 
majorem. Si autem contingat, quod tubercula parva per asperam ar- 
teríam disseminata creen tur, solét natura vehementiori tussi globosa 
corpora extra rejicere, propriis membranis inclusa, aut indurata ve- 
lut grando, aut aliquem liq[uorem intus continentia, pravum omnino 
'et praeternatnralem, et fsetidissimum si liqnor extra tunicam eiepe- 
llatur, áquo putrefacto verisimile est fursse vincula, tale tuberculum 
asperee artense alligantia, putrefacta aut arosa: sicque tUnc etpelii 

posse, et non antea.)) »...*........ 

«lUud vero ex.meaccipietís, quod tubercu- 
la , de quibus modo incidit sermo, quando incipiunt, cognoscantur 
difficillime, praeserlim in carne pulmonis, ut Sennertus docte nota- 
vit, qui in communi tanquam signa tuberculorum refert, quod sbcto- 
tantes sub lívido faciei colore se osténdunt, etlirigüa lentore quoaam 
(hoc est) mucilaginoso excremento imbu4a (ota sit» Loquutns me^ 
lius fuisset, si mutationem colorís prsetematuralem et.noa termina- 
tam proposuisset, cum nequeat pituita exsiccata, aut ahuiidans» érun- 
dem colorem , qualem melancholiam aut bilem causare : ñeque len- 
tns ille sueéue ab bis humoribus creabit^r, sed meo judicio nibil cer- 



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ESPAtÓLA. 31 

tiús tklkí tabereulá .oáténd^, sicut pulsa» quaedáín pr»t<f»a(iindip 
tensio, quam dupliei ratione ti^ercula excitant; et quia )uX docui, iqar 
leria aonim exsicoata, satisqne. cruda. et ponderosa s^oponUur.» . , 

...%..•. . «Prognostica ^i4us man exdícti$ suut 

fiUciendár Nullum eaim tjubeFculum a me censelur secarum; nam 
crudam ot sehirrpsam naturam semulantia, iiisanát)llia féré sunt ob 
x^aussB re$Í3tenüaai, et quia auxilia parteo^ laesam diffícilUme alie- 
rant tanta diutumitate et perseveraatia, ut á tenaci conditione cau* 
sas requmtury,rohtt«.tuiQqtte iniíatum et vitalem calorem exposcunt^ 
aquo et qoaeaquib etr^olvi possiat. Qua proprielate et conditione 
raro fruitur para aífectai pcopter proximitatem ciifn corde^ quod sta- 
tim debilitat, et ad coo^^ensum trahit. Si autem suppuxentur, ut ¡h- 
.terdum cpntiogit, periculo^. nimis sunt, quia ú aaDarté^m internam 
rumpantur versus car, $ubito solent inlerficere vitafí calore guffocar 
to. Si autem m cavilatem tboracis, pjis eífundatiur,,.,fiunt empyepia-:. 
tici cuqn pedículo tam prob^bi.ll tabis, et hoe dupliq ratione. supérve- 
nit, et (pía ab ipso puüe pulmo exffditur, et qqia ubi rumpitur tu- 
bercu^ujoa» ulc.U3 oece^s.arjo.r^íinquitur : quod cum quantp dificúltate 
^anetvir, Qnmissi noyirnus, ut e^o sécuriora tubercdla judicem crudío- 
ra« diiiaúnodo insignQOi magnitudíném non. apqúirañt': sóliim.énlm 
cÜfficili qúadam re^piratione fatigant, cúm qua mullos rxovihius lón- 
gissime vivero, ut vivunt aslhamalici, siinculpafam Victus'ratibnem 
pbservenl. Est autem periculosissimum quodKbet tuberculuipi si 
grandius factum sit, nam aut suñbcat oppressioine ásperas arlert», 
aut si suppuretur, quando rumpilur, súbito occidit materia ftttíde^ 
copia, et pra vítate, ut soepe experimur, ob quemdam dolorem inter- 
núm in tnprace, aut vise^ribus, V>i^ tetflpore ;sus1;inentibus: nam 
dolor remissu§ tuberculi ad decumbendum non cogit, et sic et pee 
menses et amos juplestare solet, cuip certa viri^nv efT^eminatiene, 
et discoloratione, leviqíue cachexia;' et tándem aut corrupta, aqt 
suppurala causa, et súbito effusa , necare príeter spem consuevit ícp- 
toris copia et.pravitate; el quia diutumitate passionis yire^ jam 
coUapsse, ruptionem subitam , cjusque detrimcrita sustiAéfé nei- 
queunt; ob quod incomodum el periculumbrevém'tubenmli suppú^- 
ratlooem et mptlonem Hippoc. desiderat, ut taüs terminationisr pe-*- 
rieuiayiriumeoastantia segerefiñig^re possit. Si vero-rH|»tiQ tuberculi 
non éi^quisitQ suppurafi oelQbretiif, periclitantmr ami^s, p^ap^cjpue^i 
ierosione .vómica rupta J'u'QritXO»» ••••?. , • • * • •...•.. 

, No.es tao feliz Heredia ca los medios terapéuticos pafa 
curar los tubérculos pulmonales, como exacto en su des- 
cripcioo; pi&ra también es verdad que iio somos nosotros 
mucho mas afortunados en tan grave dolencia. Omito en 
obse(iuió S la brevedad otras notables particuIarMis^des ^áb 
contiene está obra; masantes de atiabar .^st^ bibUo^r^lia np 



(i) Tona. 4. * , cap« i& de Tui^rcukt p^kn9niSf^ pég, 81 y etgs. 



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pfnedo rneno^ de recpmeafdar (aml)iea.]a.qu«.e$crji)>ió H(»*jer 
día sobré la iafyes dorsal. lÁ. qne babiem laido ia.Q&plicack>a 
de 6oer1iaaf« sobre esta- inisina enfeinüedad'^ conoeérá 
cnanto se le parecen líis fligaientes palabras de Heredia-. 
. . . ........ « Mérito ig-ilurvénerfei vírtüte/átoraachiboe- 

'trice exsoluta irriprospiere' alimenta cóncoqttttnt, «tcorptis'vaiflisexJ- 
crementis repletur; cercbnim étiim efiáím strdnüe ^lébilitat, nrmlt^ts<][«é 
superflüitates créáns, per j)arle«s subjectas disrtribilit, éliíi nost^oca-^ 
su per spin^m ét dorsum illas réjicit. Síéque multa veniik'siccando 
tabem excitat: siccat vero ttiíariam: ef qura inulturtí .san|^ttiiiem= ab^* 
suinit et calorem, et qui& excrfemehtls eOrpus reptendo, íobürqué 
á$splyendo, nutritio vehementer laeditur; impflcat qtftidem debitath 
occasionein ute^ndl renere, ne laedat,"serv¡ftre nünis vehéreóB; sle-i- 
que se perdunit, et cum alioqui debilito nirtiis se «enliánt, nonHo 
cibo,' ét vino sie re|f)lenf ut vires recoperértt, et quia débiles tantam 
copiam idoneei cóncoquere ripqtieunt, p!cii<iirm exeremenía', tt ín- 
qoctum sangüiném cumülant, k quo nulfüm esil maliimqii¿d'sperárí 
nori possit (1).)) ...',....'.....'............ . , ; 

I , (Jonclüyo pues diciendo , qué por todo lo qué Iletam<^ 
referido, y considerando á este médico coino uno de lo.s 
prácticQS mas consunaados de su siglo, como Jo han reco* 
jwcido propios y estráñps, debe sernos siempre grata, su 
méoioria. . 

JüanTorre ¥ Valgaágbl. . i . 

. Natural de Hellin en el reino de Miiroia; estudió teologifii 
jfiíe colepal en el de San Gerónimo de ios Trilingües de 
Alcalá de Henares, y se ordenó de presbítero. . DeiSp^es se 
•graduó de doctor en medicina en la universidad, de dídi^ 
-ciudad, siendo discípulo de los^ doctores FranciscoJ&nriquje 
de Yillacorta y Miguel de Alba. Fué médico de Real fami^ 
li», y despmes llegó á serlo de cámara dé Garlos II 31 prdtó^- 
médH^o de la Real armada del mar Oocéano. Ejerciá^ la 
profesión por muchos- años^ en Cádií y fiti Madrid , siendo 
medicó en esta última población del Hospital de la Pasión 
y del de los Italianos. Gozó dé mucha Reputación y dejó 
escritias tas obras siguientes: " ' 

4 ." Espejo de la filosofía y fionipéndió rfe (oda la medicina 
Uórieá y práctica. En AmbcresJ por.BaltasárMóréto, I66S, 
folio. Antuerpia, 1688, folio: Pamplona,' 17 i 5, y en esta 
tercera impresión está unido ün: 



(1) Tdiri. I, tup. i2, f)9 late dorsaH, pág^. 9$. 



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: ESPAÑOLA. 33 

2.* Tratado de morbo yálieóycon un antidotario de póei^ 
tnas^ beiridái^jarabesj pildoras ^ ungüento, mercurio^ zarza, pa- 
lo santo y estufa , pertenecientes á su curación. Un tomo en 4.0 

3.* Manual y pronta resolución para precaverse y curarse 
de la peste, ó cuestión única de la fiebre pestilente y maligna que 
llaman puñticular ó tabardillo. Madrid por Melchor Al va- 
rez, 1681 en 4/ 

4.^ Teatro de la salud , baños de Sacedon , hallados por el 
Dr:D. Femando Infante y fabricados y puestos en la orden que» 
hoy están , por el Excmo. Sr. D. Luis Froncisdb Nuñez de 
Guzman^ marqués de Montealegre, Madridk 1676, eti 4.o . 

De todas las obras referidas que publicó este español, 
la principal fue el Compendio de medicina teórica y prác- 
tica, de que se ha hecho mención, y que debió ser muy bien 
recibido de los médicos de su tiempo cuando en pocos aífós 
se hicieron tres ediciones. Le divide en siete libros: trata en 
el primero délas partes esenciales del cuerpo humano: en el 
seguodo déla anatomía; en el tercera de higiene; en el 
cuarto de las cosas preternaturales y violentas al hombre, 
sus causas , acciones y efectos , ó sea patología interna y 
estigma. Trae ademas la vida de los doce llamados príncipes 
de la medicina, que dice copió de Fr. £steban de Villa, de 
quien ya hicimos mencionen su lugar, -y finaliza su obra 
con un epílogo de todo el Compendio, dando reglas y máxi- 
mas* á los médicos de como deben comportarse con los en* 
fermos y estos con aquellos. 

En la tercera edición deestaobra^qneestá dedicada á Don 
Claudio Burlct, médico de cámara ae Felipe Y, se halla uni- 
do el tratado de raiorbo gálico. Lo describe según las ideas 
de su siglo; y ademas de aconsejar el mercurio en friccio- 
nes, lo hace también en forma de fumigaciones; describien- 
do una estufa ó aparato particular para este efecto. 

También dice que hay ocasiones en que es preferible el 
palo santo, las raices de zarza y china , concluyendo con 
un antidorio, como en aquel tiempo se llamaba, ó sea en 
en el dia formulario, de jarabes, cocimientos, ungüentos, 
pegados, polvos, conservas y vinos, que por entonces se 
usaban en nuestra España , para la cnra de dicho mal. 

Trae en esta obra reflexiones prácticas muy juiciosas y 
observaciones dignas de la mayor atención, siendo la 
principal (1) la ablación que en Cádiz hizo del útero á una 
religiosa Sebastian de Antequera , cirujano mayor de la Beal 



(1) Lib. % irat. 4.<» p9«. !33, cdfe. 171K. 
TOMO VI, 



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34 medichITa 

armada y paes á consecaenda del prolapso de esta Tíscera, 
cortó sus iip:amentos contra el parecer de muchos médicos, 
y en veinte días quedó la religiosa del todo sana. 
. Tiene, sin embargo la preocupación de creer qtie el mal 
de aojo es una.enfermedad natural , y prescribe remedios 
contra ella; trata de combatir la opinión de Valles y Vega, 
quemas Instruidos y despreocupados que él, sostuvieron 
lo contrario. 

Por una contradicción dificil de esplicar , no admite los 
años clima(*érieos , que llamábanlos antiguos aquellos en 
quQ el hombre tiene mas peligro de perder la vida , y sobre 
este asunto dice: (do que yo me atrevo en esto á afirmar 
»es, que el mas terrible y fatal climatérico" es el eñ que 
»el hombre perece; y finalmente no es el mei^os fuerte 
«climatérico un. mal médico que llegue á curaros ,. que 
»en viéndolo entrar por vuastra puerta, podéis juzgar 
»eon mucho fundamento, que estaid ya en elolimáténco 
»mas formidable de vuestra vida.» 

Luis Rodríguez de Pedrosa. 

Natural de Lisboa: estudió la medicina en la univer- 
sidad de Salamanca, en donde se graduó de doctor. A la 
edad de veinte años gozaba de gran crédito como médico, 
y regentaba una cátedra en la, referida universidad, en.^ 
la que obtuvo sucesivamente la de pronósticos, la de mér' 
todo, y por último la de filosofía natural. Se jubiló á la edad 

2ue |3revienen los estatutos de aquella escuela,; pero el 
onsejo real de Castilla mandó establecer una nueva cate* 
dra de medicina, y encargó su desempeño á este portu-^ 
gués. ¡Tal era la confianza en su erudición y estensos co- 
nocimientos! Su fíima y sus escritos se hicieron célebres 
tant6 en España como en el estrarigero, no solamente por 
su elocuencia sino por su mérito, pues como dice D. Nicolás 
Antonio, condudan como por la mano de tin modo fácil 
y seffuro á los filósofos y médicos para investigar los secre- 
tos de la naturaleza. 

Entre las muchas obras que escribió este médico, que fue^ 
ron diqz tomos sobre diferentes materias filosóficas, médi- , 
cas y farmacéuticas, sólo he visto la siguiente. Seg:un el re- 
ferido D. Nicolás Antonio fue la única que se publicó'; pero 
70 creo que algunas mag^daria á la estampa cuando en esta 
que conservamos se refiere á veces á otros de sus escritos. 
Su título es : 



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Seleeiatum philoiOfhia et medicince ^ficiütatum, quas á 
phUo$í>pf¿i.vel pmitianiurtf vel nefjUgentibus examinantur , to- 
muf primus; auUore doctor^ Ludovico Radriguez de Pedro$a 
olyHponfifui^ ápud salmanticemis philoiophm naturaUs et 
medicince primario professorejamjubilat o et ejiísdemphiloio-' 
phia cúUeg'ndmnU> > nunc denuoju$$u supremiSenatus in no^ 
va catMra úb'i perjonalHer créala pubitpe docinte: ad UluA'^ 
trisslmum D. .D. Gabriíelem de Esparza Pampiíonensis civUatis , 
genero$am prolejn^ teteris D. Bartholom<BÍ olim collegam Pam- . 
fiíoneruis Ecclesioí Cf^nonicunii api^d indos Aníinil'em Cuatis * 
mangensem^et iurgHenseniypo^ea apud Hispanos Pacensem, 
vulgo Badajo^ ^ nunc antem Salmanticensem dignisitnum^ 
Epi^copvm. Salauíanoa por Melqbor fistcves , |666> en fol. 

Divídele esta obra» ani^^iptittiía disputa en lar ftírnia 

i . Disp. de impulsa , ia 'qua ;demo8tr9tur dari qualiU- 
tes ex ^ua- natttfn 4efeetibiies : motum graviunn, et kyiuní 
non jesse vd^ctoifeai in fine, quam íd principio , et medio: 
ncíeifiotumprojectorum esse.velociorem in me<lio, qu^min 
prtnciíAo: ppndus qtjie nec esse gravitatem, nec iinpulsum, 
sed caalifttém quadam maDifestam tangibilem á-nullo hac-^ 
tenas positam. 

2. Disp, á-qaonam moveantur oarpora ad impedieudum 
vacaum nbi demostratur á propria gravitate moveri. 

3. Disp. de qualitátibus primis^.et aliquibo^ ^ecmidis 
clementorufn, ubi demostratiir solumcalorem, et frígus 
esse primas qualitates ex sua natura permanentes; agituc 
de gelu , et üiv^ , ubi á soto frigore procederé congelatio- 
nem ptqbatuc:: agitar deinde oe gi^ayitate et revitate; nec 
non de irarítate et*deosit£kte. 

4. DÍ8p.;dfiiele«ientoignis, ubinovis rationibus demos- 
tratur igaesa . elenientalem in cóncavo cccli lunoe repertre» 

5. . Disp. quod etementum^it ¡Corpus áimplex nullo.modo 
eonstaos ex materia et f or^ia , et qaod non delur alia mate- 
ria prima distincta ab ipsis élemeiitis. .) 

6. Disp. quo pacto motiis sit caúáa ealonis 9 níiTiter ex- 
plicatnr communeaque dicendi modi rejiciuñtur. . . 

7.. Di^p^'de; potentia vídendi, et ipfeius actu, ubi «xpli- 
catur, in quo sensú visibile Mt propnilm quarto modo res-l 
pectu bcraiinis ? Resolyitur potenliam yideudi non esse 
spiritualem séd'ltóü'terialem. '^ , ;*• 

8. Disp¿ dGudeiiriis ubi varica seasü$^>iíiterat« abtioties^et 
erroréa expUcantnr^muUaqae tan mediéis qüam [íbilósorr* 
phis satis jucunda , et utUia exf^ieautiiir. : ' : ; 



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36 MEbicrctÁ 

9. Disp. de vertigine , ubi dénvostratur sut>erfluain^6e, 
ct impertinentem raodificationem communiter excogítatam: 
inulta^ que curios^ difficultates enodantur;' agitar desensi- 
bilibus corrimunibu^ , ct probatur á íiuUo senáu externo esde 
perceptibilia. 

10. • Dlsp, de meíancholia morbo ; ubi Galen. doctrina 
defenditur contra Júniores hujus temporis: ubi etiam a^tiir 
de plireñitlde, et in quo éjüs esséntia consistat* 

11. Disp. de ínedicainentis et ipsomm operatione , ubi 
démostratur medi<iaíneilta , ,ut redacantür de potentia a4 
actam, non esse necessarium , quod príus fiant irigida, vel 
cauda forríialiter. 

12. Disp. de convulsione, et Jiulsu duro, et serrino^ ubi 
noviter explicatur, á quo principium determinetur; ubi 
etiam traditur nova explicatio de pulso serrino, qóim 
phrenitideassignarisolet. /' ^ . 

43. Disp. an ex sanguino quarto humore possil fieri 
febris ihtermittens? ubi negativa sfifntentia defenditur. . 

14. Disp. in quo genere causaB qualitas maligna Isedat 
operationes et vivens interíiciat? ubi novis ratfembus de- 
mostralur qualitatem malignam laedere in solo genere 
causae efficienfis. . . 

15. Disp. de resolutione nostr® substantiae, ct dé more 
naturali , quod ñequeat üeri a calore naturali partís , quse 
resol vitur, ubi mortis naturalis causa assignatur. 

16. Disp. de dolore, ubi doíorem f ormaliter ad poten- 
tiam íactívam spectare demostratür. 

17. Disp. de plenitudine, et cacochimia, ubi natura pie- 
nHudinis simpliciter , et secumdum quid noviteí* esplicatur; 
distinctio ipsius á cacochimia traditur. ' 

48. Disp. de esséntia morbi, ubi morbum esse quid 
transóendentale demonstratur, Impugnat^ír^ue manifesté 
ponentes morbum in praedicamento qualitatis. 

49. Disp. de suffocatione, ubi de ignis fiuffocattone; 
et conservatione lué agitur. 

20. Disp. de crisis esséntia et natura.. 

21. Disp. de causa dierum criticorum. 

Esta obra carece hoy dia del méri4x) que le atribuyeron 
los contempQráneos de Pedrosa. 

Juan Eulogio Pérez Fadriqüe. 

Natural de Córdoba , licenciado en cilrugia ; ejerció su 
ftoultad en la corte de Madrid, y después volvió é m. 
pueblo natal, en donde escribió: -• ' 



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i. 



Jforfo ffictíeadeembálíamarcuerpúi di/icnlo«, para preter- 
varios ineorrupía$ y elemixarh^ mío pasibh, Definidon y an- 
tigüedad dé esta obra^y ettfnolo§ia del vocablo, con algunas ad^ 
vsrteneias wuevaSy eonvmáenUs á este fin. Dedicado á San Cosme 
y San Damián^ protectores de la facultad médico- quirúrgica. 
Su autor Juan EM)4fíO Pérez Fadriqucy etc. Sevilla^ por Tomás 
de Dios Miranda , Í6G6 , en 8.« 

Principia el autor hablando de las causas de la muerte; 
cómo se efectúa la corrupcioui y qué partes son las que pri- 
mero entran eo pujtrdaccion; trae la hist(H*ia etimológica 
de la costumbre de embalsamar los cuerpos difuntos ; es- 
plica lo que se debe entender por momia ; analiza las razo^ 
nes que tumroú los egipcios para esta práctica de embal- 
samar sus cadáveres^ cómo la ejecutabiin ; refiere los. tres 
modos que tenian los griegos de embalppMnar según la ea-* 
lidad délas personas; espone el métode^que segutan los 
franceses y el^e los españoles; por último esplica el modo 
de hacer las autopsias , los^ iins^tj^uinentos que eran necesa- . 
ríos, asi como los ÍQgredient^^liMI9»f ntraban en la compo«- 
sicion de quese valia ()ara#f|)||fHti¡m|4i* los cadáveres. 

Omito A poner la recata ^t#M9Í^°)icos que trae, por- 
que los moderaos han desQ^^ei^f^ji^jrPs mas eficaces. 

MATUSdUDfíEáSRA. 

i'í' , 

Nació en la GorvíUa , aldea de la villa de Luna ^ á princi- 
pios del siglo XYll. Eludió en la universidad de Zaragoza, 
y en ella recibió el ^rado de doctor en medicina : entró en 
su colero el 14 desunió de 4650. En octubre de 1652 era 
eatedrático de aforismos en la misma , después de la segunda 
de curso , de la de vísperas , y desde, diciembre de 1676 de 
la de prima i magisterio que ejerció veinticinco anos con 
grande apnovfichamiento'de sus discípulos , por la sabiduría. 
7 esperiencla^ue tenia (1). fué médico de cámara del rey 
Carlos II, y con ejercicio del Sermo. Sr, D. Juan de Aus^ 
tría. Recomendó sus tareas literarias escribiendo : 

!.<> Manmmedkc0ídexteraqímqued\^tosco»tinens y quorum 
primus disputatíonem in dúos Galeni libros de febrium differen-^ 
liis; secimdusj de curamli ratione per sanguinis missionem; 
iertiuSy cmtroversiamde pwrgalione supra Galeni Ubrum, quos^ 



(1) Gamoo y Tfftfflal]if,eD las Htmorias literaria» d« Zarasotat 



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38' MtolGIIf A 

qmbui \éi qnando; quárluSy de ^rmbns et éieiña de^etoikUt^ 
qulntusque, comultandi rationefn propontt y.eaoóuHtüútHrimir ' 
Zaragoza, por Juan de Ibar, teeo, en 4*^ 
' Esta obra fué censurada encomiástica nfien te por los d<)c<*¿ 
tores Zamora y Cía vería, Chavarri^ HeiuriqoezdérViite-' 
corta, Gudvas ,Peribaüez:, Sanágwja, Ipeoza y Buiz4e la 
A^ega. También se hallan á suirente dos epigramas latinos 
dé dos discípulos del aator. 

Llera es<^ribió esta obra,, qu^ puede llamar^ elemental; 
adecuada al modo y forma que en su tiempo se usaba: eu 
etlá presenta las cuestiones.en forma silogística, y contesta 
á ellas según la doctrina de Galeno , sin dejar de apoyar su 
dictamen con el de los mas célebres práoticos de bu época, 
pipitifeTpalmente españoles. Se adviette.en cBte libro* erudi-' 
ción y* cultura médftía j y aun puede decirse que est^^escnto 
con elegancia , ñiéidko y concisión. Se ocupó primero dé laa 
fiel)rés', sirviéndole de testo los dos libros que escribió Ga-^ 
letio'coú él mismo título^;''k^ta de demostrar la esencia dé 
ellas , suf^ diferencias ^'é^Má^'^^ dividifénáolas eñ' 

diarias , héctícas , pútfpp^y4fitítocale8 no pútridas. 

'Ai semejanza de loíÉKíSéí^u Avicena , «Aetio , Tett*á- 
velo , Altoittar , SavíÉfltíftJíá'^pIffleí'Ctínal , Argenterio, Trin- 
cávelo, Fernelio,, y intefigüras regnícolas Valles, Vega, 
Veiga , Mena , Zacuto^^^fiSE^Soírés , García Carrero , Ma- 
roja y el valenciano Navarro, trató de comentar los dos 
Kbt^ sobre lá& fiebres del medico de Pérgamb; Na(la nuevo 
añadió á lo que habían dichoya los referidos prácticos/ 
pero^ compendió lo principal que habían publicado aque* 
líos. Hoy dia no es para nosotiH>s este'lil)ro más que un 
itionúmenlo histórico, y para apreciar su mérito, es preciso 
trasladarse a la época en que se escribió. 
' No sucede lo mismo con su tratado sobre las evacua,cionet 
de sangre ; pues: que á pesar de seguir también el sistema y 
método de Galeno, se hallan sin embargo en esta parte de 
los escritos del español reflexiones prácticas muy impor^ 
tantcs y dignas de ser estudiadas aun boy día. Asn ové 
da á este medio terapéutico Ja mayor importancia, y ptm- 
cipia de este modo : «Per cellebrem disputationem de san» 
)>guinis missione • remediom ita utile pro vehementioribus 
»aC^ctionibus evellendis, ut nulioti feré morbiis materialig; 
»qui eum.non proclamet, qui illius ocurrentiaí non caedat, 
»qui illius viribus ac operaudi celerítati non obediat, ex- 
»planatnrus agrediar, ita ilt priüs, quid sanguinis missiOy 
x>quae diferenti3d ct modi , á quibus specifíce indicetur , €oin* 



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l»PAíiou. .39 

idicetur et correpogaetar adapariam , dmneaqpie selectiórea 
vdiffieultatés, quaB poásint offerriproponam etdisolvam.» 

Otro tanto se observa respecto al uso de log "purgantes. 
Cuanto babian dicbo relativamente á este objeto Hipócrates, 
Galeno ; Masarías, Mercado , BravodeSobremontey Ponce 
de Santa Cruz en su preciosa obra de Impedimeniis rnajno-- 
rumauxUlorum^ lo recopila y comenta este médico aragonés. 

Para su tratada sobre' las crisis 1/díaj cn'(ico< íe sirvió de 
testo el aforismo 36 de la sección 4.* de los de Hipócrates. 
En él se ocupa de )a naturaleza , esencia , diferencia y causas 
délas crisis , tanlo perfectas como imperfectas; del modo de 
discernir los síntomas que anuncian las buenas y las malas; 
de sus diferencias, para pronosticar con acierto, como tam- 
bién de los requisitos indispensables aue se ban de presentar ' 
para anunciarlas. Igualmente trata ae la naturaleza y dife- 
rencia de los dias crílicos. i 

\£l quinto tratado, que titula iVorma, siveregula, tumpra^ 
eognoicendi affectum, illius causas invesiigandi , pariem affec^ 
ta'm perpendemdi , neo minus prognosiín constituendi , ut tan^ 
dem vera^ seíigtndi indieatwnes curatvoas; raiio methodiea 
stabiitatur^ es corto, pero selecto y filosófico. Puede asegu- 
rarse también de este tratado /quees un comento de la subli- 
me máxima bipocrática tan digna de ser estudiada ,*á saber: 
Considerare morbos opoftei^ quaiker^ exquibusj quas fon'uas 
habeanty in quas loca versi sunt y quo tempore coeperunt^ ad- 
fueruht, cessamnt. 

Por lo mismo se ocupa del mo^o de conocer las enferme* 
dades; deque genera y especie sean estas, sus. causas, sín- 
tomas y modo de ser', el órgano que padece y la manera 
como padece ; si la enfermedad es aguda ó crónica ; si es 
benigna ó maligna, y si es leve ó grave, dividiendo los pe- 
ríodos de ella en principio, aumento, estado, declinación é 
intervalo á la convalecencia. No se olvida tampoco de llamar 
la atención sobré la cualidad que debe distinguir á las escre- 
Clones y secreciones ^ yajcríticas, ya sintomáticas. 

Todas estas juiciosas reflexiones y otras muchas, dignas 
de ser estudiadas, trae Llera en este escrito; por cayo medio 
asegura, ^ con razón , puede llegar á formarse un diagnós- 
tico lo' mas exacto posible, establecer un método curativo 
racional , y un pronóstico casi segtfro. 

2.0 Clavis toúus medicince denttbus octo fabrefacta , speeiosa 
arcana, magisque reéondiia penittss'tm^ expandéns ^ per ocio 
vtdelieet libívs methodí a séptimo dümtasat, usqm ad decimum 
quattum. Está dedicada al 8ermo. Sr. D. Juan de Austria. 



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40 MBDIGUIA 

^Lion , por Glaodio Bourgeat, 1674 , en folio. 

Esta obra, en la que está incloida también la anterior, 
contiene el método curativo que cree mas adecuado para 
cada una de las dolencias de que hace mención. Este libro 
fué considerado en aquel tiempo como un verdadero curso 
de medicina teórica y práctica, j tuvo gran aceptación. 

3.^ Examen é informe , de orden de la imperial ciudad de 
Zaragoza , dado sobré las agrias de Marlofa , y diferencia que 
se conoce entre ellas y las del rio Ebro, para deliberar la elec 
don de aquellas que sé juzguen mas saltulables, Zaragoza, vCn 
folio. Lo firmaron otros cfos médicos. 

No be podido ver este escrito. 



bo 



Marukl Gohez Galhano Loubosa. 

Médico portugués; escribió: 

Polymathia cxemplar^ doctrina de discursos varios , cometo-* 
*afia meteorológica , con un discurso médico de contagios. Lis- 
oa por Antonio Craesbeck de Mello, 1666, en k.^ 
Esta obra no contiene cosa digna de notarse. 

Mahübl dosBevs Ta vares. 



Natural de Santander , profesor de medicina y de teolo* 
gia^ escribió: 

Controversia: philosophicce ét medicas ex doctrina de /e- 
brUiüs. Lisboa , por Joan de Costa , 1667, en 4.* 

Esta obra no es mas que una defensa de las doctrinas que 
sostenía Tomás Rodrieuez de Veiga , contra Matamoros, 
acerca de la esencia de las calenturas* 

NíGOLAS Guerra^ 

Médico español, residente en Ñapóles , donde escribió: 
Racconto della peste di Napoli delV anno 1656. Ñapóles, 
1668. 
G{istaldi dice' que en esta peste se suspendió por un edicto 

1)úblico el comercio de dicha ciudad, y se mandó éspurgar 
os papeles que llegaban á ella. Entonces fué cnai||d un 
orador español, gravemente conmovido de esta providencia, 
negó que hubiese tal peste, y sostuvo que sin justo motivo 
se tildaba á la ciudad , y se escluia el comercio de ella. 

Yillalba trae esta noticia tomada del dicho Gastaldi, el 
cual hace un elogio da las disposiciones adoptadas por lo$ 



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BSfASOLA. 41 

españoles y portugaeses en la caracioo de Idb apestados en 
los hospitales de la ciudad de Boma , donde en 1656 se su- 
frió una de las pestes mas terribles de que bacen mención las 
historias. 

Fr. Manuel Texeira de Azevedo. 

Natural de Lisboa , doctor en medicina, primer profesor 
de la flota del mar occidental en 1638. Después de diez años 
de práctica, en que se dio á conocer por su talento, tomó el 
hábito del Carmen en el convento de- Gollars el dia 30 de 
julio de 1648, y profesó én Lisboa el 4 de marzo del aüo si« 
guíente. Este medico carmelita siguió en la práctica de su 
facultad en virtud de autorización competente', asistiendo á 
los enfermos con caridad evangélica , basta que falleció en 
su convento de Lisboa el año de 4672 ; escribió: 

1. Corretao de abuzos: cont$m tres tratad<^: ó 4.® do 
grande proveito ^ que á todos faz ó exercieio eo quanto provctío- 
zas sao as j)urgas.uo principio das infermedades: 2.^ de como 
convenías sangrías dospes primetroj que^ da» brazos ñas infer* 
m edades que cometem á cabeza eo cqrazao : 3.<> de conhécitnento 
da febre maítgna com os remedios par (\ ella mais particolares. 
Tomo l.o Lisboa, 1668 en 4.» Ídem 1690, en 4.o 

2. Correzao de abuzos introduzidos contra ó verdadeiro me* 
tkodo da medicina é farol medicinal para médicos , eurgiaoens é 
boticarios, dividido en tres tratados: \.^ da fascinazaoy olho^ 
ou quebranto , é que he infei*medade moral nao so para meninos y 
senao para os de mayor idade , com os sinaes para se conhecer 
é remedios para se curar : 2.^ Curazao das bexigas é sarampaoi 
S,^ dos pos purgativos de ouro preparado chamados de quinti- 
lio. Tomo 2.* Lisboa, 1680, en 4.» ídem 4705, en 4.* 

Estas obras son de bastante mérito, y fueron muy estima* 
das en su ^iempq; aun boy dia pueden leerse con provecho. 

Es necesario no confundir á este religioso con otro por- 
tugués también del mismo apellido, pero llamado Antonio, 
de quien haremos mención después. 

DiBGO DE Aroza. 

- Natural de la villa de Garde , navarro roncales ; estudió 
en la universidad de Zaragoza, donde se graduó de doctor 

Lfuéá ejercer la profesión á las villas de Aiquezar, Bena- 
irre. Aren , Lasquarre y Fonz; escribió : 
Tesoro de las ea¡celencias y utilidades de la medicina y y es* 



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4Q MEDiCtNA 

pejo dei'^rudente y sabio médico , enriquecido é Uum'mado con 
varia ketion^y principalmente con la vida del príncipe de me-- 
dicos y.ínédko de principes, Aúzena. Publícalo el doctor DiefjO 
de A roza , de nación liamrro roncales , natural rfe la villa de 
Garde , y lo dedica al doctor Juan Gerónimo de Guzman , pro-» 
tomédico por.S,:M, de todo el reino de Aragón. Lérida, por 
Juan Nogucs, 1668 , en 4. « 

El doctor íuan Gerónimo de Guzman , protomédico del 
reino de Aragón , el padre Simón Plaza , de la Compañift 
de Jesús, el doctor Miguel Lupercio. de Urbiua y el ¡icen-, 
ciado Mossen Gnegorio Marzuelo , vicario dé la \illa de 
Foíiz, consagrancada uno varios versos eii metros latinas y 
castellanos en alabanza de Aroza y dé su obra. 

No fué el objeto dol autor escribir de una determinada 
materif^ péira darla á la imprenta; entreteníase calos ra- 
tos de ociosidad, como pora descansar de sus tareas y visi- 
tas, en bosqiiejar las escelencias de la facultad que profesa- 
ba^ y las calidades importantes con que debe estar reves- 
tido uri buen médico. La lectura de los . príncipes de la 
medicina lo determinó también en otros jnómentos á bos- 
quejar sus vidas y hechos mas memorables; después corri- 
¿ió sus borradores , y por último dio á luz su obra , de la 
que daremos á conocer lo mas interesante» 

Principia, en los tres, pritneros capítulos ensalzando la 
éiencia médica, y manifestando entre otras cosas que »o 
i^olo muchos reyes habian sido módicos ,. sino ([ue para ser 
soberano era condición precisa el saber medicina; y aai la 
antigüedad á ninguno de los inventores de las artes lo eri- 
gió por Dios , sino solamente al que lo fué de la medicina. 
El médico , dice el autor , esccdeá todos los hombres en 
sabiduria; porque para llegar aserio debidamente, debe 
apreciar y conocer todas las facultades y todos los ramos.de 
las ciencias. Asi aconseja á los gobernadores y presidentes 
de las repúblicas, y á los señores protomédicos, que no per- 
iclitan ejercer la medicina á los empíricos, á los ensalma- 
dores ni á ninguno que no fuese verdaderamente sabio^ 
Examina todas las ciencias , y comparándolas con la medi- 
cina , da á esta la preferencia. 

En el capítulo cnarto y quinto habla de Avicena el per- 
sa ; traza su biografía y enseña la obligación de los padres 
para con sus hijos, haciéndoles ver cuan grande sea la 
fuerza de la costumbre , c inculcándoles el gran cuidado 
que deben poner en la elección de maestros y en la de per- 
sonas que con ellosse acom pañen. 



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. ESRAKOLA. ' 43 

Ea los capítulos sesto, séptimo y octavo, «e ocupa de la 
moral médica. Entre otras particularidades t)ropias de un 
médico religioso , haee mención de varios santos médicos; 

Eone diversas oraciones para invocar el auxilio divino; ha- 
la de las obras que debe tener todo profesor para consul- 
tar con ellas; dá algunos preceptos para conservar la me- 
moria y* para restaurarla; pondera los daños del ocio, y 
lo necesario que es el ejercicio para conservar la salud. 

En medio de tanta variedad de materias eomo el autor 
mezcla tsh estos capítulos, son dignos de llao^ar laateocio» 
los prudentes consejos qu^ da al medicó, y su fon^o d^^raa 
moralidad. Hé a^ui uno eocomeodandoel amor al prógimo: 
«El amor divino , dice el autcir , preservad alma de lodas: 
»Ia& desdichas ^ porqueta guarda dq la emulación sin envi- 
)rdia, que en gran manara oonswrae y corrompe el, alma. 
pGuarda el verdadero amób de. la ambición, la cual es, 
»cuando alguno busca y procura levantarse y engrande- 
>>cerse abatiendo a su pró^mo-. Preserva el verdadero amor 
))de la demasiada afición al propio bien, y también del 
»malÍ3ehsamiento de. vengar los agravios , porque de ia 
«dilección 6 amor pende y consiste toda auci^tra ley, como 
»dice la Escritura : PLenitutlo legis esi dt/ecuo; y en otra 
wparte: Quiproitimum ditigit^ legem impíet*)» 

Habla en el capítulo noveno de las propiedades, del VmOy 
de su utilidad y perjuicios , de las bebidas enfrisidas con 
nieve ó bieto ; trae la historia de su antigüedad , y los ma-» 
les que acarrean los vinos compuestófi^con jeso, eal u otnosr 
materiales. ' . . - 

Continúa en el capítulo décimo dando muchos sabios y 
cristianos consejos á los médicos principiantes, Bíeelí^ en-x 
tre otras cosas, «que no procure con industria ó infamia de- 
Asaparix>quiár alguno' dé su facultad de alguna easa é uni- 
» tersidad deshonrándole, porque á mas de que falta á 
lila candad, es. desdorar la ciencia que profesa y dar ocar 
»Rion al valgo que con él baga lo mistíoo cuando* menos 
•piense; Antes- bien, si viere que al médico se le hace al- 
»gun agravio ó alguna injusticia , ti^te obligación de hon- 

¿rarle y defenderle én todo y po^r todo....^ ...•....» 

Luego,, h»bíando de la obligación del médico de visitar á 
los enfermos pobíes sin estipendio , se espresa asi en la si- 
guiente décimas . 

El rico cuando ha enfermado 
i : Sil xi^iueza le acredita , - 
•..Piic£ipí)rrie0 se visita .: 



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44 MEmCJTíA 

' Sipmpré con mayor» cuidado: 
ir.' ; Pues.erespiédico honrado, 

Con los pobres no zozobreé , . 
Aunque interesas no cobres ; . 
^ ./ Y si en caridad te ensayas 

Justo es que por Cristo yayas ' 
Averíos enfermos pobres. - 

Omitiré por la brevedad otros machos consejos de moral, 
de que casi está lleno este libro de Aroza. 

En el capítulo 11 trata de los inefables efectos de la li- 
mosna, aconsejando al médico que socorra por todo» los 
medios al necesitado. Encolmia igualmente las grandes utir 
lidades que se siguen de las consultas de I03 médicos. 

" Nos presenta en el capítulo 12 las condiciones dé un buen 
ami^o, haciéndonos una pintura que por desgracia es mas 
ideal que verdadera. «Un amigo fiel debe de ser ^ dice. Aroza, 
i>humilde en la condición, en lacontractacion amoroso , en 
»los trabajos esforzado, en las injurias sufrido , en. el comer 
))SÓbrio, ¿n las palabras medido, en los consejos grave , y 
>*sobre todo constante en la amistad y fiel en los secretos.... 
»En las repúblicas , continua , es mas importante la amistad 
X» que la justicia, porque si todos fuesen amigos no serian 
«menester las leyes ni los jueces, y aunque todos fuesen 
»buenos no ppdrian vivir sino fuesen amigos..;. La amistad 
)»es espada segura siempre al lado en la paz y en la guerra^ 
Dcompañefa fiel en ambas fortunas. Con ella los prósperos 
«sucesos son mas espléndidos 3; los adversos mas ligeros, 
» porque ñi la retiran las calamidades ni la desvanecen los 
»bienes. En estos se aconseja la molestia y en aquellos la 
«constancia , asistiendo á unos y á otros, como interesada en 
cellos. El parentesco puede estar sin' benevolencia y afecto, 
»la amistad no. Esta es hija de la elección propia, aqud:del 
)»acaso. El parentesco puede hallarse desunido ^iii comuni^ 
«cacion ni asistencia recíproca ; la amistad.no, porque la 
»unen tres cosas, de las cuales constaquesouy.la naturaleza 
«por medio di3 la semejanza , la voluntad por medio de lo 
«agradable, y la razw por medio de lo honesto. 

»La amistad- comuníhente nace de. amor , ó es su forma y 
^principal fundamento, y donde no hay amor no hay ver- 
»dadera amistad: esta es la mas fueroe de tods^s las cosas del 
«mundo, tanto que por ella muchos -se han ofrecido á la 
«muerte....» etc. ^ 

En el capítulo 13 , hablando de los entretenimientos ho- 
nestos , nos recomienda la mfüsica por los buenos efectos 



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que eausa , asi para la restauración de la salad, como para 
consertBrla. ÁsiammoesrdigDa de leerse la pintura que nos 
haee , en este n\ismo capítulo^, del vicio de ks mujeres y de 
las enfermedades físicas y morales que acarrea. 

£n el resto de esta obra se ocupa de la vida de A.vicena el 
persa, de la de Hipóci^tes y Galeno ; consagra un eapttulo 
á probar que los médicos , boticarios y cirtíjanoa, fueron 
distintos, como lo son ahora , en tiempo de Galeno, Celso y 
Asclepiades, y «[ue los médicos pueden alguna vez ejercer el 
oñcio de boticario y oircóano, sin desdoro de su dignidad; por 
ultimo, recopila al fin del libro lo mas si^eacioso de los 
diez y seis libros de las Eptstolais f aniliarea de M.. T. Cicerón. 

La obra que aóabaTnos de analnnr es , ademas de entre- 
tenida , la única que podemos decir de moral médica que se 
imprimió en el siglo XVII. . 

Agustín Gonzalo Bustos DE Olmedilla. 

Pfatural de Gascueila , obispado de Cuenca; fué distiípu* 
lo de Henriquez de Yillacorta y del doctor Cuevas , cate- 
dráticos de Alcalá y médicos después de Carlos II. Estuvo 
, algunos años de partido en Boróx., un corto tiempo en Ma- 
dnd , y despues.pasó á ser médico de la cartuja del Paular, 
en donde escribió una obrita con este alarmiante título: 

El monstruQ horrible de la Grecia^ mortal enemifo del 
hombre , domado for D. Gonxah 'Bustos de OlmediUa. Valen- 
cia, 1699, en 8.0 

Está dedicada al prior y convento de la Cartuja del 
Paular. 

£1 autor fué tino de los médicos que en su ¿poca se reve- 
laron denodadamente contra las doctrinas galénieas acerca 
de las emisiones sanguíneas. Ya en los duelos médicos no 
se ceñían al mas ó al menos; se trataba de rompéi? con ia 
antigua práctica , y se ponía de manifiesto que los griegos y 
árabes ignoraban ios verdaderos indicantes., jr que su me- 
dicina era Éárbaca y absurda. El objeto principal de esta 
obra fue corregir el abuso de las sangría». Las pruebas 
que presenta contra Galeno y sus partidarios, y sus obser-^ 
vaciones prácticas, son dignas de meditarse, asi como su 
objeto mereció la atención de los filósofos. Sin einbargo, 
esta obra fué una alarma para algunos médicos españoles, 
que no tardaron en declararle la guerra. Hé aquí como se es- 
presa el autor acerca de esto mi§nio; , 

«En la que mas han reparado asi los médicos como las 



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4é a • MEDICWA 

»que nd lo . ison , : es én verme .curar los eaf érmos casi ún 
)»sangrar á mitoguua; Dicen á esto- que soy líansgresí>r do 
«ks lejcs antiguan de la medicina /con las que. se haií 
»gobernado los toiédicos de Europa dos mil años, y- que yo 
i quiero innovar lo que tantos antecesores no han podiOQ. 
»Y respondiendo á esto , digo, que los que tal dio^n ^ aun** 
«que son m«<íhos , no tienen conociiftient» ni s^so .prudei^r . 
»ciál , pues con- este qargo envilecen sus talento» baciéqdoí- 
Dlosafeminmk», pues se dan pOr i«ipQsilíiUtadG^ de poder 
^eonsegüir cosas mayores en esta fafcultad déla mesdicina , y 
»po^consigttiálte desacreditan! ésta; ciencia. De decir lúe- 
»gaque soló se ha de estar á lo* preceptos de Hipócrates y 
^Galeno, se sigue que está facultad ha dado las heces, y 
jiqué esta ciencia acabó con los dichos autores : copfiesoque 
»fueron grandes hombres ; pero también es cierto que esta 
» facultad tiene mas que dar y mucho mejor ; con que no ha 
«muerto ni.hiitlado^las heces , antes tieiie caudal para criar ' 
«médicos, admirables y que hagan maravillas en utilidad 
*de los'honíibres.»r . ■' : •: '. 

Ésta obra está dividida en cuatro cdnclusioues, cuyo 
eompendioy último análisis es el siguiente : .. 

1 / . Qae Hipócrates y Galmo ij $üs $éptariós ^sangraron por 
costumbre , y no por íñScaeioH verdad^rif»^ • ,: 

2.* Que' iodos igfttorA^a» el tiempo en ^ut d^bia ejecuiarse 
la sanaría. ./■ ^ . .» ..•.••.. .'.•;.. 

3,* / Qa¿ ««a- ño conocian^vena (te 4o^dt Medma san- 
grar, ' '."'•. ^ .^': ; í ■■ • 
• 4.* Qkb í^ndroftjiíi XaxxJmyi la cí^nlidad Mmn^re qiie debía 
sacarse á los enfermos. «: ' 
Combatiendo! »el autor la opinión 'd^Jos. médicos enlos 
cnatro casos en que isegun ellos í^e debia.pangrarj estocsy 
en las enjermedades graves, en iodacalenf^uracQmo,,no fuese 
héetiea ó efémera , en'las que amenaz^e] peligro^ y fin las heri- 
das ,, golpes ij fraciuras fdice asi; ;. . . 

«No digo 'que esta doctrina es mala., sino, que es perversa ysfft- 
laly digna de desterrarla del mundo;; nd^^oJo'por innlil,«sino. poj 
dañosa y cruel. Porque si se puede en los ca^o^ señalados no .satn 
^rar , se debe hacer ; y de hacer Ip .contrawq es sang^rar^ jsin neoe-^ 
sidad, qae ademas de ser inútil , es necesario sea dañoso .^dfe que 
resulta-ser estos principios nocivos , pues se pueden ejecutar con 
mayor felicidad al contrario de como Galeno lo sintió., 

))Y que esto sea pasible , prué.bóló; con la espeHíencia de haberlo 
hecho con láá 'observaciones necesaríasi^Sea loíprimcrro, en Vas en^ 
fermedades agudas , en las quoel mtmdo. ha »hecho mayor repai'ói 
, teñieíidoprtr imposible el que fee. puedan curar sin sangra!*; lo que ^ 



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ESVAl^OLA. 47 

es muy posible , por haberlo hecho yo, no por haberlo oido á na- 
die , en 246 enfermos,, todos de enfermedades gravísithas, sin haber 
sangrado ni uno , y han sido en esCa forma : 

»40 de calenturas ardientes , 85 de calenturas agudas , 2é de eri- 
sipelas , 25 de inflamaciones de garganta , 44 de dolores de costa* 
úo , 22 de tabardillos , 2 de convulsiones de repleción , 5i de car- 
buncos en el rosU'o. ' , . 

»Pregunlará el curioso que ¿ cuántos son los difuntos ? respondo, 
que seis de aquellos que los demás médicos hubieran sangrado 
ajustándose con la doctrina de Galeno , á los cuales no sangré por 
reconocer que la sangría, no solo no les había de aprovechar , sino 
es acelerarles la muerte ; y ocho- de los que , ni en doctrina ¿e Ga- 
leno pudieron ser sangrados por ser los mas de elibs personas, que 
ademas de tener 66' años arriba , entraron con debilidad. esencial eit 
la enfermedad ^ circunstancia que á todos- prohibe la saogria. . . 

wYa queda dada, y con vista de falsa la doctrina de Galenoi 
y los que hoy le siguen, de que se debe sangrar en toda enfermedad 
aguda , actual ó eminente , como lo pusieron por primera y tercera 
razón ó indicación. Veamos la segunda , aunque podía incluirse en 
lo dicho. Dice' que se ha (le sangrar en todas las calenturas podri- 
das ademas de las sanguíneas : esto es falso como lo de arriba , y 
mas, y-pruébolo con haber curado 860 enfermos de tercianas sin ha- ^ 
ber peligrado ninguno , porque en esta primera conclusión no hay 
msís difuntos que los seis de arriba , sin dos constituciones de virue- 
las en la vlll^ de Borox , donde no sangré á ninguno ; que á saber 
que habia de dai" cuenta tan por menor , los hubiera apuntado, . . 

))La cuarta ocasión en que dice Galeno se ha de sangrar , y de 
hecho se hace , es en las grandes caldas y demás ocasiones que ar- 
riba dije aconseja ; esto es un mero desacierto y quimera, que el 
demonio tiene introducido por medio de Galeno , pues ño hay ne- 
cesidad de ello. Pruébolo cojí las cuaretita observaciones ^ paes yo 
he dejado de sangrar de estos treinta , los veinte y cinco de gr*indes 
caldas , y siete de cuchilladas que hacen los .treinta y dqs , y no lle- 
gan á cuarenta porque no me han ocurrido más desde que estudio 
con apuntamientos; pero cumpUrémosle con los. que ha observado 
un ciruja'np , hombre muy perito en su arte., y que en esa parlo de 
,no sangrar en semejantes casos, se porta ^como yo , con la misma 
particularidad , el cual tiene otras treinta observaciones. ' > 

)>Oueda pues probado que no se ha de sangrar tan á resto abier- 
-to , con la esperiencia de n(ias de mil observaciones Ó enfermos cu- 
rados sin sangría alguna , los cuales debían', sor sangrados conTor- 
me la doctrina de Galeno y la que hoy corre ; dé donde se sigue 
que el modo que hoy hay de sangrar, nó es otra (iosa mas que 
sangrar por costumbre que se tiene hecha á ello sin método algu- 
no , lo que manifiesta la grandísima facilidad con quic los médicos 
ordenan un par de sangrías ; pues apenas encuentra un enfermo á 
un médico en la calle , y apenas ha abierto la boca para daHc no- 



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43 . ' MEpiClRA 

ücia de su achaque , cuando le dice que se hag'a dos sangrías y 
que vaya á su casa por una receta para que vaya tomando jawbes. 
Y ha venido este abuso iofernal de el sang^rar á tanto , que se ha he- 
cho vicio como el tabaco y el chocolate , pues hay dama que si no 
se sangra cada primavera', hace cuenta que^ pierde de su calidad.» 

Luego para comprobar Olmedilla el fundamento de su 
nueva práctica , renere la historia de varios casos muy cu- 
riosos, en que sin apelar al recurso de las emisiones" san- 
guíneas , sanaron sus enfermos de gravísimas afecciones. 

Mas adelante se detiene en probar, que los médicos de su 
tiem^ siguiendo las doctrinas galénicas, ignoraban en 
qué tiempo se debian ejecutar las sangrías , asegurando que 
la costumbre de hacerlas al principio de las enfermedades 
era dañosa, pero no en el estado ;y^en comprobación de 
esto presenta ochenta casos de enfermedades curadas san- 
grando en el estado , y son como sigue: 

Veintiséis inflamaciones de garganta, siete erisipelas, 
trece tabardillos , nueve calenturas ardientes, diez y nueve 
^calenturas agudas, veinte dolores de costado, y seis apos- 
temas. * 

En el capítulo 7.® dice el autor, «que el médico que orde- 
. naba una, sangría á las ocho de la mañana , y á las doce de 
aquel mismo dia no tenia á su enfermo con una mejoria con- 
siderable, no obraba como médico sino como rústico...... 

Toda la dificultad , añade, todo el secreto de saber sangrar 
como médico docto, ó como desdichado barbero de aldea, 
que es lo mismo que saber matar ó dar la vida , consiste 

en sa1)er qué estado tiene la sangre dentro del cuerpo 

Sangría hecha en su legítima ocasión , y que con ella no 
mejoró el enfermo luego, significa muerte.» 

Biscurre luego sobre el sitio de la sangría, prefiriendo la 
del brazo, y comparando el daño que podían hacer los pur- 
gantes y otros remedios con las sangrías revulsivas y pre- 
ventivas en los casos de fluxión ó movirtrtento de humor, 
dice asi : 

«Porque de los de arriba Hos repelentes) no se sigue mas daño 
»que gastar el tiempo en balde; pero de la sangría daño positivo, 
wporque esta evacuación tiene una cosa qne no tienen otras , y es 
»^ue SI po aprovecha, daña... Otras si no aprovechan rto suelen da- 
»nar, como un sudor, unas cámaras movidas de una purga, porque 
))la purga no pasa su efecto de la primera región, donde de ordinario 
«hay heces detenidas , y asi hace en este sugeto , que aunque le 
wespela antes de la esquisita depuración ó digestión , como no de-^ 
»pendia de el tanto la vida como de la sangre , hace menos daño 
«aunque se administre sin necesidad . 



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ESPAÑOLA. 49 

Y por tanto niego que haya las dichas 

fluxiones , y por consiguiente las sangrias revulsorias. Contradigo 
asimismo todas las evacuaciones universales, que se hacen ai prin- 
cipio por razón de plenitud universal y las que el vulgo ha mtro- 
ducído las primeras con título de precaución, y solo admito las tó- 
picas en enfermedades que dependen de supuración de sangre , y 
lasque se deben á la parte afecta; y en afecto universal, no aprue- 
bo mas que las de los orazos; no obstante, cualquiera evacuación 

asi natural como morbosa, simple ó maligna o 

a Y porque parece esto duro de creer, según la práctica ordinaria, 
y mas por razón del gálico, por quien dado es sangrar de los tobi- 
ños, pruébolo haber de ser asi con la esperiencia, la cual ha mostra- 
do, no solo no ser inconveniente sino grande utilidad, mejorando mas 
aprisa y en mas seguridad, como lo he reconocido en los que he san- 
grado de los brazos con gálicas y menstruas purgaciones, que son has« 
ta hoy, después qué voy con cuenta y razón, cincuenta y cinco en- 
fermos : treinta, de purgaciones gálicas; nueve, gálicos sin purgacio- 
nes; doce mujeres measiruadas, y cuatro mujeres de sobreparto. De 
estos han muerto tres personas, pero ninguna por el método de la 
curación, porque es distinto matar al enfermo á no poderle sanar.» 

Y después de referir varios casos prácticos, dirigiéndose 
á los médicos, les dice: 

«¿Ven los señores médicos tobillistas como de sangrías de tobi-^ 
lid resultan los mismos accidentes que puedelí presumir sangrando 
de los brazos en los achaques que vamos hablando , y por consi- 
guiente, vén como son devaneos las sangrias revulsorias que se 

ordenan para el mero movimiento del humor?. 

. * .. í ........ .Ya pues habrá visto el entendido como 

hemos desterrado el abuso de las sangrias del tobillo, que apenas se 
hace hoy ótfa cosa que ejecutarlas, pues si dice un enfermo que 
pasó cuando era niño por veinte leguas apartado de uno que estaba 
con gálico , le mandan sangrar de los tobillos, teniéndolo por bas- 
tante ocasión , y con esto están debilitando los hombres , haciéndo- 
les del género femenino.» 

Hablando luego del número de las sangrias que man- 
daban hacer los médicos á sus enfermos con riesgo conoci- 
do de sus vidas , se espresa de este modo : 

«En el dia de hoy á nadie se íe hace una sangría , dos son las 
menos, y estas sin achaque alguno , pues van , las mas veces, por 
precaución ; que habiendo accidentes considerables siempre se san-*- 
gra en mayor número , pues en un dolor de costado ó tabardillo ú 
otra cualquiera enfermedad del género, si antes de los siete dias no 
viene el estado ó se termina por cualquier forma que sea, se san- 
gra al enfermo siete v^ces , si no son mas, y si se estiende hasta 
el catorceno, es mucho si nó le hacen catorce sangrías, de que ho^^ 
algunos médicos se alaban, haciendo caso que han hecho una 
grande hazaña , siendo asi que la hizo el enfermo y muy conside- 
rable en resistir semejante batería.» 

TOMO TI. 4 



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50 MEDICmA 

«Yo soy de parecer que ño se ha de sangrar mas que una vez al 
enfermo, sea la enfermedad laque quiera, presupuesta la indicación/ 
y ai que mas, dos veces.» , 

Pasa en seguida Olmedilla á tratar de los males que 
produce el abuso de las sangrías, j dice asi: 

«Otro remedio introdujo Galeno, que entiendo que lo tomó de Ne-» 
ron Claudio y es que en las calenturas ardientes que pro- 
ceden de san^e y en gíandes dolores , manda qne se sangre usque 
ad animi deliquium, que es lo mismo que hasta que se desmaye e! 
enfermoj una de las mayores locuras que se pueden imaginar en el 
mundo, auntjue ntas la defiendan ios modernos en sus teorías , por- 
que en práctica no la he visto á ninguno : pregunto: ¿de dónde sa- 
ben que el enfermo .volverá de aquel desmayo? ¿Dónde tienen los 
médicos la vara de medir para que el desmayo no pase á sincope , ó 
súbita destrucción de la virtud vital? ¿habrá quien asegure está 
contingencia, otra que la dicha?» 

Luego en su segunda advertencia continúa de esta manera: 

« Nótese el esceso tan exorbitante que hay de esta mi práctica en 
el uso del sangrar, á la común que hoy corre entre los médicos, 
pues la primera conclusión. quedó establecida con mil Observaciones, 
a los cuales enfermos habian de sangrar ellos precisamente de auto- 
ridad de Galeno y según la opinión corriente. Se puede creer con 
la facilidad que se sangra y del número escesivo de sangrías que á 
cada enfermo se le hacen, c^ue de los mil enfermos de la primértt 
conclusión á quien me dejé sin sangrar, juntándolos 246deenfer-* 
medades agudas á los 860 tercianarios, que unos con otros le hubie- 
ran hecho á cada uno cinco sangrías, hacen cinco mil libras de 
sangre, y estas hacen doscientas arrobas, que hay para formar un 
rio de sangre:» 

))Pase el contemplativo adelante, y haga la cuenta en toda Espa-* 
ña, y en toda Europa, y hasta donde alcanza est^ calami4ad, y ve- 
rá si un molino podrá moler sin cesar dia y nochg-^ á entrar la sam-» 
ere que se vierte sin necesidad toda junta por un csanal. Si esta des- 
dicha es para llorada ¿por qué no ha de ser para rentediada? ^« . v 

Sin embargo de que la obra que afeábamos de analizar es 
una dj^ las mas interesantes qne se escribieron en el si- 
glo XVIII sobre la materia, preciso es confesar con toda im- 
parcialidad que su autor cayó en algunaspreocupaoiones hi- 
jas de su época; asi en el capítulo 2 de su obra, habieado 
propuesto el número de observaciones que se necesitan pa- 
ra constituir la esperíencia , las ciñó á cuarenta ; declara la 
perfección y erados de este número, probando sus conceptos 
con pasages de la Escritura y otros testos de Santos Pa(ü*és, 
á que confiesa era muy aficionado f cometiendo ademas los 
mas chistosos y ridículos absurdos de analogía. 

flsta obra fué terriblenvente combatida por variod médicos 
partidarios de Galeno, entre ellos el que bajo el nombre del 



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ESPAÑOLA. 51 

Aduanero mantenia el fuego de acaloradas disputas» tan cé- 
lebres alguaaseo aquella época de duelos literarios y cien* 
tíñeos. 

Olmedilla imprimió ademas Un memorial el año de 1677 
eu Burgos, el cual presentó al Rey Carlos II , haciéndole ver 
los estragos que causaban las sangrías en sus estados, para 
que como cabeza de la república dispusiese poner coto a se<^ 
mejantes sacrificios. 

Vlañn de mar y tierra. 

No he visto esta obra: haUa de ella D. Miguel Palacio Pe« 
rez en su libro titulado Llave del tesoro, pag. 172. 

AHTomo Febreira. 

Natural de Lisboa, licenciado en cirugía, y cirujano de 
cámara del Rey D. Pedro II, del HospitalReal , de las Gár* 
celes de la Inquisición, y caballero profeso de la orden de 
Cristo, etc. (1) Escribió: 

' Luz verdadeyra é recovilado examen de toda á eiruraiaj de-- 
dicado 4 augusta é real Magestade del Rey D. Pedro íl nosea 
eenhor fautor ó lieeneiado Antonio Ferreiraj Cirurgiaon da 
cámara do dito senhor, sua guarda^ et Hospital real, dos ear^ 
ceresdoSto. offieio et familiar delle^ et do tribunal da Be^ 
laxaon desta corte ^ cavalleyro professo da ordem'de nossó 
Senhor Jesucristo. U%hoaj 1670, 1677^ 4693, por Juan Gal- 
raon, en folio. 

Compuso Ferreira esta obra para que sirviese de guia á 
los practicantes del Hospital Real y caminasen con segu- 
ridad y acierto en la práctica. Recopila en ella todo lo mas 
necesario, espontendo el mejor método que hasta su tiempo 
se. haUa. recomendado, y bajo de este punto de vista llena 
el autor completamente su objeto* Sin embargo debemoft 
notar que esta obra no es mas que una reforma de la que 
escribió Antonio de la Cruz con el mismo fin. 

Divídese en diferentes tratados, que son: de anatomía, 
de apostemas, de heridas, de flujos desangre, de heridas 
venenosas i.de las del piloro, délas de la cabeza, rostro, 



(1) Según Joordan en sa Biographie médicale, (om. 4.<^ pág. 139j 
fué este portugués cirojanode cámara de Juan IV, Bey de PortugaU 
aeompaBo á la infanta Dona Catalina, hija de este monarca, cuando 
pasó á Inglaterra á desposarse con el Rey Carlos 11, y de vuelta 
á tu patria morid en Lisboa el i^uo de 16T7¿ 



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52 UIÍDICINA 

pecho, Tientre y nervios, délas llagas, fractairas^ disto<^a-^ 
ciones, de las fueotes; y finaliza oon un tratadito especial 
sobre las consultas, que lleva este título: 

Adizaon breve, e tralúéf> novo, en que se faz menzum do mo- 
do con que se deve haver á Cirurgiam em as juntas para que 
for chamado, et consultas , que hcuver de fazer^ composta pelo 
mesmo autor. 

Este tratadito es liuíy interesante, y en materia, como 
dice el autor, poco estudiada, por lo que se notaba que 
muchos romancistas, y aun latinos, se mostraban en las 
consultas como ignorantes; al paso que otros que asi le^ 
eran solian parecer letrados , consistiendo esto en la falta de 
luz c^ue guiase á los jóvenes en la carrera. 

Principia recomendando la compostura y buena crianza, 
el orden que se debe llevar en el uso de la palabra , obliga- 
ciones de cada facultativo; el modo de esponeir la historia* 
de la enfermedad para que fuesen llamados, etc., y conclu- 
ye presentando catorce casos prácticos en consulta," y sonr 
sobre uoa herida incisa de la cabeza con inflamación ^ otra 
contusa en el occipital ,> otra idem sobre la cabeza coa 
conmoción cerebral, otra de nervio con principio de convul- 
sión , otras dos penetrantes del pecho, otra id. del vientre, 
sobre unas úlceras rebeldes en las piernas, otra en )a 
nuca, sobre un aneurisma, sobre un escirro canceroso, so- 
bre un ciego xle cataratas , sobre una gonorrea purulenta 
y antigua , y en fin sobre una supresión de orina. 

En todos estos casos se muestra el autor profundo en co- 
nocimientos quirúrgicos y práctico consumado: es obrita 
que al paso que deleita, instruye. . 

Exame de toda a cirurgía. Lisboa, 4693, en folio. 

Mo he visto esta obra, pero debe ser la misma que aca^^ 
bamos de analizar. Bn la Biblioteca Nacional de esta corte 
existían ambas ediciones. Hoy no^e encuentran^ 

Vicente Toíidisbá. 

Natural de la ciudad de Yalencia , doctor en medicina 
y catedrático en aquella universidad. Empezó á publicar, 
según refiere Gimeno, una grande obra compueála de cua- 
tro tomos en folio'; pero la muerte le impidió concluirla. 
El tomo que salió á luz es el siguiente: 

Comentaría pertinent'm ad libros phisiologkos Bippocratís 
et Galeni , seu de natura hominis : quibus adjungitur intro-- 
ductorium ad Artem Medieam. Valencia^ por Juan Lorenzo 



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ESPAl^OLA. 53 

Cabrera, 1670, en folio. Esta obra no presenta hoy día inte- 
rés alguno. Sin embargo, Tordera fue muy buen práctico: 
asistió en la peste que afligió á Valencia, en 648 y 49, y 
alaban su pericia y caridad al P. Gabalda y Orivay y M on- 
reolj de quien fue maestro. 

Félix Jclian Rodkiourz y de Gilbau. 

Natural de la ciudad de Valencia, doctor en medicina: 
fué hombre eminente asi en la teórica como en la práctica, 
y por lo mismo buscado para médico de las personas mas 
ilustres de la mencionada ciudad. Desempeñó las cátedras 
de simples y de prima en la universidad de dicha pobla- 
ción por mas de cuarenta años, y tuvo discípulos tan sobre- 
salientes , que ellos solos con e{ gran crédito que se gran- 
f^eaban en toda España , bastaban para hacer gloriosa é 
inmortal la fama de so maestro. Escribió: 

1.^ uMedicum Responsum ad Epistolam erudilam Doc- 
tora Angelí Marta de Rampulla , de impedUa visione veneran- 
dm monialis Sororis Fortuna: Arríela^ Monasterii Sanetce Cía- 
ra: Hanorrm. Valencia, por Gerónimo Vilagrasa, Í670, 4.« 

Este folleto no es otra cosa , como por su título se advier- 
te, sino la contestación á una consulta que se dirigió á 
este catedrático valenciano de orden deD. Luis Alfonso de 
los Cameros, arzobispo de Vatencia, trazada por D. Ángel 
Maná de Rampulla , sobre la disminución de la vista de 
una monja de Palermo; escrito bastante curioso y bien ra- 
zonado. 

2.0 «Praxis medica in gratiam Tyronum scripta, in tres 
libros dtgestai [totius humani corporis affectus percunens; 
illorum essentianiy partem affectam , differentias , cansas 
$ignans-y prognosticum , victus rationem , et curátionem ada- 
awaíe «¿cponcní. Valencia , por dicho Vilagrasa, 1677; por 
la viuda de Benito Macé, 1681; y por Jaime de Bordazar, 
1697, todas en 4/ 

La última edición de esta Qbra , que es la que tengo á la 
vista , está aprobada por los catedráticos de medicina de la 
espresada universidad de Valencia , los doctores I). Juan 
Bautista Gil de Castelldasseá, D. Juan Bautista Oribaiy 
Monreal, y D. Miguel VUar , que hacen de ella cimas 
cnmplido elogio. 

Esta obra servia , aun no hace muchos años , para la en- 
señanza de los discípulos de lá escuela dé Valencia, como 
m«s« clara y metódica: se hallan en ella divididas lasen- 



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64 MBDICDVA 

fermedadeft según las cairidades del cuerpo humano, ein^ 

Sezando por la animal. D. Andrés Piquer alaba á este mé* 
ico principalmente por la bella descripción que hizo en 
en su obra de la inflamación del estómago 

El libro de Rodríguez es el mas á propósito para conocer 
el estado de la ciencia en aquella época, y los esfuerzos, 
aunque débiles , que hacian algunos hombres , para preser- 
yar la medicina española del mal gusto y decadencia casi 
luiiversal que la amenazaba. 
Muríó este célebre médico en 44 de febrero de 1693. 

Agustín Collado del Hieero 

Natural de Madrid, doctor en medicina, gran filósofo, 
humanista t poeta lírico y cómico. Escribió en quintillas 
un celebrado poema titulado Teagenei y Clariqnea ; otro de 
Apolo y Dafne; Las grandsTUis de la Ciudad ie Granadal 
Nuestro vate Lope de Vega elogia sobremanera esta últi- 
ma obra en su Ve¡ja del Parnaso. Por último , en la Justa 
poética á la canonización de S. Isidro hay un romance de 
Collado, del Hierro, y el mismo Lope en el Laurel de Apolo, 
silva 8/| le alaba así. 

Cuando culpar D. Agustín Collado 

Del Hierro, que en loarte cometiera , 

Mi ignorancia quisiera. 

Quedaba disculpado, 

No de haber intentado lo imposible , 

Que nadie puede lo que no es posible , 

Pero del justo amor que me disculpa : 

Que nunca ha sido la alabanza culpa. 
Hermosa Clariquea , 

Mas debéis á su pluma que á Heliodoro : 

lOh, permitid que sea 

Su verso en vuestra prosa esmalte en oro! 

Que mas vuestro galán favorecido 

Collado, que Teagenes ha sido; , 

Pues siendo tan antigua os ha quitado 

Los años con haberos remozado : 

Que no hay tales servicios ni placeres , 

Cómo quitar la edad á las mujeres. 

Pedro Biosga Casahova. 

Estudió la medicina en la nniversided de Alcalá de He- 
nares, en donde recibió el grado de doctor: se estableció en 
Baza y^despues en Málaga» en donde ejerció la profesión 7 



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ESPAÑOLA. 85 

fa¿ médico de Fr. Alonso de Sto. Tomás, obispo de aquella 
diócesis. Escribió: 

4 .® Respiraciones médicas satisfactorias acerca de la en-* 

Íermedad de D. Diego Hurtado de Mendoza. Granada, por 
francisco Sánchez, 1670, en 4.« 

£a este libro, que está dedicado á I>. Juan de Salaear y 
Acuña , capellán mayor en su capilla de la Sta. Iglesia de 
Baza , describe la enfermedad que atacó á D. Diego Hur* 
tado de Mendoza, que fué un tabardillo producto del desar* 
reglo en el régimen dietético. Manifiesta cu él las razones 
que tuvo para^urgar al enfermo antes de sangrarle, y para 
ordenarle las sangrías en corta cantidad y de los brazos, 
contraía opinión de sus adversarios. 

2.^ Carta antiapologética , respuesta á otra del doctor 
Marco Antonio de Checa , catedrático de prima de la univer- 
stdad de Granada^ en que se defiende y prueba haber sido pesie 
la enfermedad que corrió este año de 78, en la ciudad de Mála^ 
ga. En esta ciudad, por Mateo López Hidalgo , 1679, en 4,* 

En esta obrita, que dedicó al mencionado obispo de Mála- 
ga , da la descripción de la enfermedad pestilente que afli- 
gió dicha ciudad, su origen, síntomas y accidentes. Befie«> 
re en ella , como se comunicó por medio de. una embarca- 
ción procedente de Oran, y que á pesar de haber adoptado 
las medidas mas enérgicas para contener los estragos que 
eran de temer, no produgeron el efecto apetecido. Al saber la 
noticia de la aparición del contagio la chancilleria de Grana- 
da , diputó á los doctores D. Marco Antonio Checa y D. Mi- 
guel Lorenzo, que aconsejaron saliesen los enfermos que es- 
taban aislados en un hospital que oportunamente se habia 
establecido fuera de la ciudad, escribiendo ademas el pri- 
mero un papel, que es al que en este escrito contesta Biosca. 

Se hallan en él ideas esactas acerca de los contagios, que 
debe tener presentes el que se ocupe de este asunto. 

A pocos dias, observando que el contagio cundia, y gne 
los profesores estaban discordes , el Consejo de Castilla 
mandó á Málaga al doctor D. Diego Blanco Salgado, hom- 
bre honrado, al parque instruido, que declaró ser peste la 
enferaiedad reinante en aquella ciudad ;^ero ya el daño 
que habia anunciado Biosca y con él los doctores D. Alon- 
so González y D. Bernardo Francisco Acevedo, estaba he- 
cho, y Málaga fué diezmada por tan terrible azote. 

Hace Biosca una bonita descripción de esta peste, yes 
lástima no se detenga á decirnos el método curativo que en 
ella empleó. 



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5ó MrDlCMA 

3.<> Los dos insignes médicos Pedro Poterio y Juan Es-' 
croderOy defendidos en la práctica de la flor de melocotón ó 
duramo , medicamento purgante. Málaga, por Mateo López 
Hidalgo, 1687, eu 4.*^ 

Habiendo llegado á la ciudad de Ronda un religioso de 
San Juan de Dios , que trató de introducir en la práctica 
este medicamento purgante, sufrió algunas impugnaciones, 
y este incidente dio lu^ar á ia publicación de la obra de 
Biosca, que dividió en cinco capítulos: en el primero trata 
del uso de este remedio'^ en el segundo, de lo^casos prácticos 
aue confirmaban su virtud purgante; en el tercero, satisface á 
las objeciones que se hacían contra el uso de la flor del dU" 
razno; y en el cuarto y quinto responde á lo que contra Po- 
terio y Escrodero habían escrito vanos rnédicps. 

Es purgante que aunque suave no tuvo prosélitos , ni 
después lo ha introducido la moda ea la materia médica. 

Andrés de Gamez. 

Natural de la ciudad de Baza (1), doctor en medicina, mé- 
dico de familia de Garlos II, catedrático que fué de méto- 
do en la universidad de Granada , de vísperas de la de Ca- 
Uer, y de prima en la ilustre academia de Ñapóles, y pro- 
tomédico general de aquel reino, inscribió: 

1. Discurso filosófico^médico é historial ^ que á la sombra de 
Ja razon^ y a la luz de las apologías Luz de la medicina, y Sol 
de la medicina, etc., pretende hallar la verdad en la defensa 
de la medicina dogmática y su sangriUy en la posibilidad del 
agua de la vid<^^ y otras mat/erias aclyacentes á estas dos como 
principales. Compuesto por el doctor Andrés Game%, etc. Ma- 
drid por Antonio Boman, 1683, en 4. o 

Está dedicada al Excmo. Sr. D. Juan Francisco Tomás de 
la Cerda, duque de Medinaceli, etc., y aprobada por cldoc* 
tor D. Miguel Alba, médico de cámara de Carlos II y proto- 
médico general. 

Este discurso se divide en cuatro articules, cuyo sumario 
íes el que sigue. 

1«^ «Defiéndense los filósofos gentiles, probándose 
]>coa evidencia no haber sido toda su doctrina falsa, como 
»dice D. Luis Aldrete , antes bien la de algunos toda evi- 
»dente: defiéndese Hipócrates y Galeno, la medicina y 



1) El mismo lo t^rma «n sas escritos. 



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ESPAJIOLA. 57 

«médicog radonales : compárase aquella con la astrologia 
»( defendida de este caballero), asi en sus destierros de Ro- 
cina, como en loque paeden tener de principios ciertos, y 
»si la astrologia puede haber sido, como dice , el principio 
)»de la filósofia : pruébase en orden á su incertidumbre, y 
»los errores á que está sujeta , con evidencia astronómica, 
Acstar mal colocada la cola del Dragón en la plantilla del 
«cometa del año de 4689, que sacó á luz este caballero; 
»7 asimismo, que no tenia el referido cometa el movimien- 
)»to violento que le atribuye , porque apareciese en un dia 
»á la mañana y á la noche, ó por otra causa. Tráense las 
»fignras astronómicas para mejor inteligencia.» 

2.* »Trátasede la medicina universal y su certeza, j 
»sí será posible, que el a^ua de la vida, que hoy corre en 
»esta corte , sea esta medicina universal, ó cuando no si 
»podrá ser algún remedio de la filosofía hermética, espe- 
Dcifico y potente contra enfermedades rebeldes y de diff- 
i>cil curación. Tiéntase finalmente discurrir la materia de 
Dque sé compone.» 

3.<> «Éxamínanse los cinco argumentos, y sus respues* 
»tas, que dice D. Luis de Áldrete le baoian los médicos ra- 
)!»cionalcs contra el agua de la vida , y la respuesta que da 
»al discurso Sol de la medioinay del doctor D. Juan Guerrero. 
»DeQéndense la sangría y purga en ambos lugares, y asi* 
»mismo se examina con particularidad la virtud de las pie- 
»dras preciosas, con independencia de su preparación.» 

4.0 «Dispútase de la naturaleza de la luz y del. sol con 
«especial filosofía, y si es posible coger sus rayos y redu- 
»cirlos á polvos, y dado caso que lo sea, si estos polvos 
»séan de la misma substancia de los rayos. Examínanse los 
«principios , y tres ejemplos con que quiere D. Luis de Al- 
ádrete persuadir los doctores de la medicina racional á )a 
Dfilosofia y medicina hermética , y asimismo á qué se da 
»y ha dado en el mundo la medicina universal , y á qué fué 
«usada públicamente en Egipto; mas, por qué les llama /S- 
Tf^ló$ofo8 ciegos , porque se conozca que en la humana imbeci- 
«lidad están toaos sujetos á estarlo, aun en aquellas maté- 
is rías que se poseen mas bien; sé les contraponen tres pun- 
«tosde astronomía, en que parece se engañó este caballero 
«en el discurso del cometa del año de 4680. Y se espresa otra 
«figura astronómica con elfingue las antecedentes.» 

Andrés Gamez fué un médico muy docto y erudito, 
de gran modestia y críterío : viendo que las ruidosas con- 
troversias suscitaífas por Aldrete couaucian de dia en dia á 



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58 MEDICINA 

cstra^iar cada vez mas la opinión pública en favor de la me-* 
dicina universal, y con quebranto de ia medicina dogmáticaí 
se dedicó á leer todos los escritos publicados por ambas.|)ar- 
tes, para conocer á fondo en qu^ estribaba la contenciosa 
cuestión del cguade la vldaj con el objeto de probar si po- 
día poner un término á las acaloradas disputas , sin morti- 
iicar á ninguno de los que habían tomado parte en ellas^ 
En efecto, ninguno jnas adecuado que este médico para tan 
útil empresa en aquella época de escándalo. Susauos, su 
crédito^ el conocimiento del mundo adquirido en sus-lar*;* 
gos viages por reinos estrangeros , de los que nos da idea 
en sus obras , sus profundos conocimientos en la astrono- 
mía y astrologia , sus estudios especiales en la química y 
demás, lo bacian un juez mas que competente para senten-^ 
ciar aquel reñido pleito. 

En efecto, Andrés Gamez no mortiñcó el amor propio de 
ningún escritor; sp duele de queD. Juan Guerrero y otros 
hubiesen tratado con dureza al caballero Aldrete ; al paso 
que destruye victoriosamente los mas fuertes argumentos 
de este qnímico , contra la medicina racional y en favor de^ 
la hermética y de la astrología. Gamez se presenta en la 
palestra como un verdadero filósofo , y lidia en el terreno 
y con las mismas armas de que se vale su contrario: presen- 
ta el testimonio irrecusable de la historia en favor déla 
medicina dogmática, contra los hechos fabulosos ó mal 
aplicados de la misma historia; traza sus círculos y figo- 
ras geométricas; demuestra matemáticamente los errores 
astronómicos de Aldrete, y destruye sus cálculos sobre esta 
ciencia ; hace una justa distinción entre las ilusiones de los 
alquimistas y la verdadera ciencia química, poderoso auxi- 
liar déla, medicina. Gamez en fin no omite cosa alguna 
que pueda patentizar los errores en que cayeron los par-^ 
tidariós de la medicina substancial ; y como este autor y 
Delgado de Vera fueron los dos grandes talentos que se 
opusieron á los anti-médicos, voy á presentar aqui algunos 
puntos de los mas interesantes déla obra de que hablamos* 

Principia defendiendo á los antiguos filósofos contra la 
censura de Aldrete, que decia «que toda su doctrina era 
)»falsa , fundada en principios inciertos, oráculos y sueños 
j»del denionio»>i y al llegar á Hipócrates , añade: «No pue- 
»de dejar de dolermé el ver que este caballero diga: Fm¿ 
T^Bipócrates el que preparó el veneno para matar ¿i Alejan^ 
n^dro; cuando este gran varón, según una cuenta, habia 
3» muerto cincuenta y un años antes que Alejandro, y seguu 



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ESPAÑOLA. 59 , 

»otra veintisiete; lo cual se praeba asi : habiéndole da* 
»do diversos autores á la edad de Hipócrates , el que me- 
x>nos59 afios, y el que mas 85, murió entre ios años 375 
«antes del nacimiento del Redentor, y los 351. Alejandro 
)»Ma^no murió el año de esta misma cuenta 324, haDiendo 
» vivida treinta y dos, y reinado doce, luego puede que 
^Hipócrates le diera este veneno después de muerto » 

Prueba que siendo la vida del hombre breve , el arte de 
la medicina dilatado , la ocasión de los remedios instantá- 
nea, el juicio difícil, y la esperiencia peligrosa, no pudo 
Hipócrates ni cuantos varones insignes tuvo la antigüedad, 
verlo todo, y con este motivo trae el descubrimiento mo« 
derno de las venas lácteas, debido á Pequet, el de las linfá- 
ticas á BartoUno^ del conducto pancreático á Yirsungio, 
circulación de la sangre, cápsulas suprarenales , etc. 

Luego, para no arriesgarse á que anulasen su defensa 
fundándola en las autoridades de los médicos racionales, se 
propone vindicarlos con los mejores autores químicos, prin- 
cipiando con el mismo Paracelso, que según Aldrete poseyó 
la mcKlicina, universal , y sin embargo no pudo menos de 
prodigar alabanzas al oráculo de Goos. «El príncipe de los 
j)químicos fué Paracelso, dice el autor, y bien se vé que no 
»raémuy amigo de las sangrías; conócense también de sus 
sobras los conatos que puso en escribir remedios para alar- 
dear la vida^ y no obstante de ser el inventor .y dueño 
»de estos remedios jactándose de llegar á la última senectud 
»en virtud dé las proniedades de su elixir, fueron vanas sus 
^ostentaciones de vida larga> muriendo á los 47 años de su 
»edad.» 

Dirígese luego el autor contra D* Antonio Bon , presbíte- 
ro, que en la aprobación al libro de Aldrete, respuesta al 
auto del protomedieatOj etc., hace una apología de esta obra 
tan estensa como ella misma, mostrándose igualmente ene- 
migo déla medicina y de los antiguos filósofos, apoy ani- 
dóse en Gardano, Leonardo de Gápua y otros, á lo que res- 
ponde Gamez: «Gardano siendo médico dijo grandes opro- 
i>bios de los médicos , pero qué estraño,'cuando en la vida 
x>que él escribió de sí mismo, se quitó la honra, manifes- 
»tando sus malas costumbres , y se la quitó á sus padres 
»con decir que tenia su padre un demonio familiar, y que 
»su madre solicitó abortarlo, pasando su censura á mayo- 
»res cosas » 

«Leonardo de Gápua , médico de profesión , á quien yo 
nconozco muy bien , con la medicina á quien él quila el 



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60 MEDICINA 

»CFédito, visitando enfermos ha vivido, j con lo que esta 
x>le ha utilizado ha comprado los libros de que hizo el alma- 
meen de notician venenosas , que reservó para escribir contra 
mella (1) y llenar á Ñapóles de odiosas apologías de que ja- 
»raás fué autor, pues como fueron en materias que no pro- 
»fesaba, aunque en sus escritos dio á entender lo contrario, 
)»le defendieron sus amigos, que eran buenos matemáticos.» 

Sigue impugnando á Gapua ; al presbítero Bon, y 
vuelve luego con Aldrete, probándole con los números sus 
errores, y combatiendo sus cálculos astrológicos sobre la 
aparición del cometa del año de 1682 y otras particulari- 
dades, á cuyo efecto presenta varias láminas. 

Se ocupa luego Gamez de los ingredientes de qtie se for- 
maría el agua déla vida; recórrelos tres reinos de Ja na- 
turaleza, y con este motivo presenta todas las composición 
nes químicas á que se atribulan virtudes para curar toda 
clase de enfermedades. Principia por el antimonio diciendo: 
«De este mineral dijeron, que asi como purificaba aloro, 
Del mas noble de los metales , libraba al hombre, el mas 
Duoblede los animales, de todas superfluidades, purifican- 
»do la masa de su sangre, y conservando la firmeza y sus- 
)»tancial mistión de sus partes sólidas; pero ni en su tíntn- 
»ra ni en ninguna de sus transformaciones se pudo hallar 

»la medicina universal Mudáronse al azogue; hi- 

Dcieron de él aquel precioso al kahest de Paracelso, ¡cuánto 
»se alabó!; pero su autor calló la receta, como igualmente 
vencqbrió de qué se componía un emplasto con que curaba 
»protítamenteJas cuartanas, y otros remedios con que dice 
»curó tantos hidrópicos é hizo polvos las piedras mas du- 
»ras de la vejiga; asi es que los mayores químicos en Nápo- 
»les entre elíos Cavaíllero, le confesaron que no habían po- 

»dido hacer aquel célebre alkahest Contemplaron 

«luego los químicos las sales de la tierra, y estuvieron muy 
» cerca de hallar en el espíritu que sacan del vitriolo la ver- 
»daderíi medicina universal. Pedro Gástelo, médico roma- 
»no, lo acomoda á todos los achaques del cuerpo humano, y 
DdicequeselepuedcUamBip medicamento universal y ca- 
)>tólico. Josefo Doncel lo aplica á todas las enfermedades^ 

De la sal eomun sacaron otro espíritu conserva- 

»dor pero tampoco se halló en ella medicina univer- 



(1) Ignoro si Game2 dio á la estatupa esta otra, contra Leoñar - 
dodeCápua. , 



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ESPAlroLA; 61 

»sal 9 eaya dosgracia también sucedió con el azufre » 

«Buscaron luego los curiosos en el reino vegetal su in- 
)»tento...... el aloe, eraclinio y rodio, el cedro del Líbano, 

»el eléboro y la canela ^ el vino, el tártaro, etc., fueron en- 

»sayados; pero tampoco se bailó el fin deseado VA 

«Conde Roberto Warvich, médico dogmático, unió el anti- 
itmonio^ la escamonea y el tártaro y formó los polvos 11a- 
»mados de córnachina; los manifestó al mundo con la an- 
j»torcha de su apología, y con un escuadrón cerrado de 
•seiscientas observaciones, afirmando que sanaron los en- 
»ferraos de todos sus males. .....i..Aliora si que parece tene- 

urnoa }paen la mano la medicina universal, pues estos pol- 
»vos curan todas las enfermedades, se administran en cual- 

]»quier tiempo, y lo que es mas^ escusan las sangrías 

»pero al fin nunca se hallaron en ellos mas dotes que 

•ser una buena purga... » 

^Pasaron luego al reino animal. Grandes fundamentos 
•bailaron en la sangre humana^ esto es, en los tres princi- 
•píos que sacan de ella, sal, sulfur y mercurio ; grandes con- 
>>geturas se dan para que de la unión de estos tres se pueda 
. »formar un medicamento, que introduciendo en nuestra na* 
•turaleza lo balsámico, le cause un vehemente vigor y fuer- 
»za , y ia haga tan potente y robusta que pueda echar de 
•sí cuantas causas y raices pueda haber de las enfermeda- 

»desk : »£l autor se ocupa de la 

prolija operación para sacar el espíritu y sal de la sangre; 
dice que tampoco se halló en estas preparaciones la medi* 
ciña universal; y que cuando ninguno de los químicos, des- 
de Paracelso hasta su tiempo, habia dicho como se hacia se- 
mejante medicina no era creíble, como aseguraba Áldrete, 
3 ue la supieran hacer y la callaran. Continúa presentan* 
onos todas las composiciones mcdico*qn(micas á que se 
habia dado el nombre de universales y que sucesivamente 
fueron desacreditándose, y entra á examinar sin pasión lo 
que se podia sentir del a§iia de la vida de Aldrete, no solo 
como panacea universal, sino tamlnen por su composición. 
Con respecto á lo primero trae varias enfermedaoes incu- 
rables en su esencia» unas por sus des(K>mposiciooes orgáni-^ 
cas, otras cuyas causas se ignoran; demostrando de una 
manera palpable por medio ae la anatomía patológica, que 
era imposible encontrar en la naturaleza ningún especínco 
contra ellas. «Esto supuesto , continúa el autor, ¿será posi- 
»ble que el agua de la vida sea al menos un congruente 
•remedio contra algunas graves enfermedades? Yo de mi 



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62 MEDICIKA 

Djaicio lo tengo por posible, como de heeho lo son y se 
»dan en la química muchos remedios específicos, de los 
«cuales uno solo, ó Junto con otros, conducen á destruir los 
• referidos achaques con admirable actividad ....» 

Gamez sin duda fué el que mejor comprendió los enig- 
mas de Áldrete, asi es que tío quiso controversias con él. 

Examina detenidamente las cinco objeciones que los mé- 
dicos pusieron al agua de la vtda, y á las que había contesta- 
do Aldrete en su obra Luz de la medicina. Estas objeciones 
son las siguientes: 

1.^ Que el agua dé la vida curaba en virtud de pacto. Con- 
testa que es objeción sin fundamento, y por lo tanto que no 
se debia responder á ella. 

2.*. Que no puede haber medicina universal ^ siendo el fun'- 
damenlo de ella que los contrarios se curaban con los con-- 
trarios. 

Gamez apoya esta máxima y replica á Aldrete victoriosa- 
mente; defiende el uso de las purgas y sangrías; examina 
anatómicamente las lesiones orgánicas de los pleuriticos y 
neomoniacos; presenta las varias causas que determinan 
semejantes afecciones, y deduce la consecuencia de que á 
tanta variedad de dolores de costado no podia convenirle 
una sola medicina. Niega que el agua de la vida pueda di- 
solver las piedras vesicales ó renales como aseguraba Al-^ 
drete; pero aconseja hacer ensayos en las que fuesen duras, 
y dice que si los hechos correspondían á semejante virtud, 
DO seria él quien se opusiese á su uso, etc., etc« 

3.^ Que el agua de la vida era un liquido cáustico. 

Aldrete niega semejante aserción; Gamez se inclina al 
sentir de este, manifestando que si en efecto lo fuese, ya se 
hubiera descubierto esta propiedad con evidencia. 

4/ Que en esta región y clima de España no probaban los 
remedios químicos. 

Contesta que en esta proposición todos llevaban razón 
bajo diversos sentidos , porque generalmente en España 
había muy poca destreza y curiosidad en componerlos, y 

auc por su mala preparación causaban muy malos resultad- 
os ; pero que si los medicamentos químicos se hiciesen per- 
fectamente, no habia razón á prior i ni á posterior i para de- 
cir tal. 

5.» Que en la práctica habia clámula para que no se usase 
de medicamentos sin que lo supiese el proto^medieatOj para que 
no se vendiesen secretos^ y se tiranizase la salud. 
Defiende Gamez esta ley ^ queriendo que en Espafia se 



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ES?AKOLA. 63 

hiciede como en Ñapóles ^ que coando se descnbría algan re-^ 
medio conyeniente tufara alguaa determinada enferniedad, 
se daba camplida noticia al proto-medicato de su materia 
y isomposicion bajo de gran secreto, y este tribunal espedia 
un privilegio espresando en él habérsele comunicado, ta* 
sando el precio á que se habia de espender por cantidad re- 
gular, y encargando rigurosamente no se usase sin consejo 
de médico perito. 

Por último concluye esta obra impugnando algunos otros 
puntos mas sobre las doctrinas alderetanas , y demostrando 
por segunda yez los errados cálculos de este autor sobre su 
favorita ciencia astrológica. 

Gamez escribió ademas: 

2. Censura sencilla del papel que publicó en esta corte el JR. 
P. Fr. Buenaventura Angeleres con el titulo de Desengaño de 
la filosofia real y desempeño de ía meáicina sanitaria. Escri» 
bela el doctor D. Andrés Gamez^ etc. 

No tiene año ni lugar de impresión. 

Critica al P. Angeleres, que siendo loable el intento de 
fundar en esta corte una academia á semejanza de la regia 
de Inglaterra para ejercicio de la medicina sanitaria, provo- 
case á disputas fijando carteles, y haciendo perder el tiempo 
en sustentar sectas, que mas daüo hacian á la humanidad 
que las mismas perniciosas enfermedades que afligían al 
hombre. (Véase la bibliografia del P. Angeleres.) 

3. Resumen de los fundamentos conque la Iglesia católica 
celebra cada año en diferentes días la pascua de Resurrección. 
Madrid , por Juan García Infanzón, 1694, en 4.^ 

Al doctor Gamez se le supuso también autor de los anóni^ 
mos conocidos por del Aduanero] pero no sabemos positiva* 
mente que lo fuese, aunque es de creer que no, atendidos su 
crédito, sus anos y la gran circunspección que manifestó en 
las obras que salieron con su nombre. 

Luis Amioo y Beutrait. 

Entre los escritos que se publicaron en favor y en con- 
tra del agua de la vida, merece sin disputa particular me«- 
moria el que dio á luz este abogado de ios Reales Consejos, 
que sin haber estudiado medicina, habló sin embargo con no 
vulgares conocimientos de esta ciencia y de la química, pre- 
sentándonos una teoría digna por cierto de nuestra atención 
atendido el tiempo en que fue escrita. De cuatro puntos tra- 
ta este licenciado en su obra; primero, que la vida se sostie* 



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64 MEDICINA 

ne por estímulos espidtúosos; segando, que la causa de to- 
das las eufermedades es la pérdida y aiteraciou de Los espíri- 
tus; tercero, que aquellas deben curarse con sus semejantes, 
esto es, con otros espíritus; y cuarto, que el agua de la vida 
era el mismo espíritu de vida que nos sostiene, y por con « 
siguiente la medicina universal. £1 título de esta obra es el 
. siguiente: 

Apología en defensa de la medicina substancial y univenal 
del agua dt la mda^ en que se hace examen y juicio de los pa- 
peles quem orden á ella se han publicado por D. Luis Aldrete 
y Soto y el doctor. B. Juan Guerrero. Pruébase en ella^ que la 
vida se conserva y sostiene con espíritus , y que todas lasenfer-^ 
medades entran por ellos, y las ocasionan espíritus^ y por lo 
consiguiente que su curación debe hacerse con medicamentos 
espirituosos. Declárase el misterioso y arcano secreto de la ma* 
teria de que se hace , sin figuras^ tropos ni enigmas, bajo cuyo 
velo la han ovultado los filósofos hasta hoy^ ij que esta medicina 
sirve. para la curación de todas y cualesquiera enfermedades, 
asi de los cuerpos meiáliéoscomo vegetales y animales; y se res-- 
pande á todas las oposiciones y argumentos que contra la dicha 
medicina universal se han hecho y otros que se pudieran hacer i 
Escrita por el licenciado D. Luis Amigo y Bertrán^ que dedica 
aílUmo. yRmo. Sr. D. Fr, Juan AsensiOj obispo qtie fué de 
Avila y hoy de Jaen^ del consejo de S. M. en el real de tasti^ 
lia, etc. 
Zarag;oza {)or la viuda de Agustín Yerges, \%%% en 4/ 
Al principio de esta obra se baila una carta del licenciado 
Juan de Yidós (1) al autor, en la que le dice cfue la medicina 
substancial j ó sea el aguja de la vida, era la piedra del sueño 



(i) Este eclesiástico^ Juan dé Vídós^ sh entireteDÍa en Zaragoza en cu-^ 
rar T&rias enfermedades, entre ellas Ta epitepcia, aplicando al cerebro 
un parche de cierto ungüento al parecer de su ¡uvencion,el cual reno- 
vaba basta que daba por sano al enfermo. En un fulleto que di6 á U 
estampa publicó las virtudes de sus parches y sus milagrosas curas, y 
el licenciado Luis Amigo y Bertrán los recomienda al folio 14 y 40, 
siendo asi que én su opinión no había mas que una medicina universal, 
que era la referida agua de la vida. Pero en pagó de esta contradicción 
Juan de Yidós lo ensalza juntamente que ala medicina substancial; 
convenio tácito entre estos .dos anti-médicois para prodigarse elogios y 
desacreditar ala ciencia y á sus profesores. 

Este procedimiento era sin düdá tanto mas escandaloso, cuanto que 
recaía en personas de carácter^ que se despojaban de él para revestirse 
con el disfraz de los charlatanes. (Véase la bibliografía de Juan de 
VIdós). 



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ESPAÑOLA. 65 

de Nabaco aae derribó la soberbia estatua de oro, plata y 
cobre apoyaaa en pies de barro. Que esta estatua era la me- 
dicina que profesaban y ejercían los discípulos de Hipócra- 
tes y Galeno , y que mientras no se introdugese en todo el 
reino la verdadera medicina universal, ceno faltarla él con 
)»<u pi$dad al socorro del bien público y á la batería de esa 
«estatua con sus parches, cuyo secreto pondria en noticia 
»del Bey, para que examinada su bondad tan acreditada con 
nía esperiencia de las innumerables y yarias enfermedades 
»que con dichos remedios había curado, las mas de ellas in^ 
«curables por la escuela de Hipócrates, mandase S. H. que 
«se usase oe ellosi> etc. 

£1 licenciado Luis Amigo , dirigiéndose al benigno lector, 
le dice, que la medicina substancial de que iba a tratar no 
era nueva, sino conocida y practicada desde muy antiguo 
por los filósofos , y que solo la ignorancia ó la mahcia pudo 
ocultarla. 

Principia impugnando á D. Juan Guerrero , que sostuvo 
cont;!^ Aldrete gue el uso de las sangrías era muy antiguo y 
verdadera medicina para determinadas afecciones ; que el 
agua déla Tidase llamaba tminra antiguamente, porque 
servia para los metales ; que no había medicina universal 
para todas la^ enfermedades, con otras particularidades se- 
mejantes, á las que replica este licenciado deslizándose á Te- 
ces con espresiones algo duras. 

Bivídese esta obra en tres partes; en la primera trata : De 
la verdadera y substancial medicina que Dios crió de la tierraf 
y como se introducen las enfermedades aue trabajan la natura^ 
leza^ manifestando que la medicina substancial consiste en los 
espíritus que vivifican los cuerpos de las cosas. 

Para que se vea hasta donde pueden conducir al hombre 
las aberraciones de su imaginación, voy á poner aquí lo 
que dice este autor acerca del origen de la medicina uni- 
versal. 

«Aun cuando, por su pecado, echó Dios del Paraíso al 
i>prímer hombre, donde estaba el árbol de la vida, no per- 
»dió del todo con la gracia aquella ciencia de que Dios le 
»dotó> V supo, en cuanto es capaz el hombre, toda la vir- 
«tud del ente natural , y la meoicina universal para la cura 
>de todas las enfermedades que pudieran trabajar y des- 
»componer la salud, y buena composición del cuerpo bu- 
»mano; el cual se presume que usó de ella , y pasé su cien- 
))Cia , como cosa tan importante , de unos á otros , de al^u« 
»nos de los que fueron ocupando la monarquía eclesiástica 

TOMO VI. 5 



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G6 MBDIOINA. 

»Y aptigQOS padres, que vivieron centaiaresde afiotí, H- 
Dores da tod^ accidente incurable basta la consumaeion de 
»sn húoiedo radical, y término prefijo á sas vidas por el 
» Altísimo; y esto se conoce en que no todos los de aqael 
^tiempo vivieron siglos, sino solo algunos, de que se hace 
» mención en las sagradas letras ^ porque solo estos y algu- 
Dnos otros filósofos, usaron de la medicina universal, y 
T»agua de la vida y derivándose de unos á otros su noticia; y 
uno se dude que Ruellos aitos eran como los de ahora, 
» empezando del i)rimer minuto de Aries, y feneciendo ea 
»el ultimo de Piscis» etc. (fóUo 9). 

Hablando del origen de las enfermedades , dice: «Es 
»eierto que la vida del hombre contaste en los «^píritus..... 
»que por ellotf se introduce todo y cualc(uier genero de en- 
i>fermedad causada de súmala aisposicion, debilidad, 7 
«agitaciOQ desordenada , siguiéndose la vejez y la muerte, 
»no es mas disputable; y se prueba con evidencia, en que 
Alendo el estómago la oficina y vaso destilatorio donde se 
Bhace la decocción y digestiou del alimento ^on su nata- 
>)ral eajor y fermento, separa lo puro de lo impuro, con- 
»virtiendQ aauella sustancia en quilo, de que se hace la san* 
»tí^^j y de ella ó sus partes mas sutiles se forman unos ba- 
jamos muy sutiles , volátiles y espirituales que llevan en sí 
«envuelto el húmedo y calor radical , alimento de nues- 
x)tro cuerpo y aumento de la vida, de donde dependen 
i» todas nuestras operaciones. De aqui nacen los espíritus , 
»qa8 esparcidos por todo el ámbito del cuerpo , y princi* 
D^Mlmenle datooidos en los senos del corazón, arteria y 
» ventrículos del cerebro, discurxen, mueven , impelen y 
» vivifican, siendo los que nutren y repelen los b^terogéneos 

«y atraen sus cosas homogéneas » 

«Y asimismo, de la mala decocción del alimento desorde- 
»nado, y no acostumbrado, craso ó pingüe, salado ó insulso, 
» dulce ó ácido, frío d caliente, ó flatuoso, se engendran los 
lámalos humores ; causan las putrefaeciones y corrupción 
»de^ alimento, y con sus fulígioes tiñen aquellos lucidísi* 
)»mos espíritus, introduciendo eu ellos su mala cualidad, de 
«donde proceden las convulsiones, dolores, tumores, está- 
is pores, torpeza y^adarmeeimienko de los seatidos y miem- 

libros, calenturas y todo género de eoferiaedades » 

«También se introducen pox las parbes esternas graví^-* 
»mas enfermedades en los espíritus del cuerpo , cuales son 
» las que causan los aires ó vapores ponzoñosos y corrop- 
«los ; porque no hay cosa que sea mas contraria y ene- 



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ESPAlMXil. . 67 

Biniga á los espiritus Titales como los malos otores y de 

naqoi se originan la lipotimia, los dolores de cabeza , tó« 
«mitos, catarros, hipos, vertígines, epilepsias, apople- 
»gias, diseoterias; porque liay espíritus enyueltos con tales 

Dolores que sofocan También causan el mismo efec- 

»to ios trabajos, alteraciones y movimientos no acostum* 
obrados, con los cuales se exhalan demasiado los espíri- 

)>tus y á Teces de la abundancia de espíritus llega el 

» hombre á enfurecerse , y vemos que cuanoo el perro ra- 
ttbioso muerde, comunica al cuerpo humano aquellos es- 
»píritus que agitó con su rabia y furor, causando en el 
» mordido los mismos efectos , si no $e ataja luego eoñ agua 
^fria aquel incendio » 

«Supuesto y asentado que todas las enfermedades son 
Dcaosadas, y consisten en la sola disposición de los espírí- 
]»tus del cuerpo , es necesario que los medicamentos tengan 

nía naturaleza espirituosa y casi etérea De suerte 

Dque es aquella naturaleza que vivifica , la cual en los ani« 
» males es el cálido innato , y en las yerbas y otras cosas 
«se llama quinta esencia purísima, que se ha de sacar por 

»arte química i de todas las cosas fyegetables y 

^minerales se puede sacar v se saca la quinta esencia, 
«mediante mercurio vegetable., el cual es aquel preciosísi- 
»mo licor, preparado coa ffrande industria y arte , suave, 
Adulce y fragaate, fabricac^ de sí mismo , y sin mezcla de 
»cosa estrena , el cual por su escelentíúma naturaleza se 
]»ilama cielo de los filósofos» Esté de cualquier modo apli- 
Mcado , ó que á él se le aplique cualquier cosa , á pocas no-* 
»ras le saca toda su virtud y oninta esencia » 

He aquí en resumen todo lo principal de las ideas de 
nuestro Amigo y Bertrán en la primera parto de su obra. 
La segunda irata de la materia de que se forma U medicina 
tmtversei para Ja curación de todas las enfermedades ; sus m» 
fias nom^eSy irofos, símbolos^ y abuienes con que la ocultad- 
ron Us fiUáofos. 

Veames las ideas que nos da este licenciado acerca de la 
composición del agua de la vida, y las pruebas que alega 
para demostrar que fue conocida de los mas antiguos filo- 
sofes. 

»Pam que esta medicina, dice el autor, pueda obrar y 
«causar tan admirables efectos, como hemos dicho, y pro- 
»lmigftr la vida humana , debe hacerse y se hizo de mate* 
»ría muy permanente en su ser, y casi incorruptible, y la 
»mas durable de todas las demás cosas sublunares 



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68 MBDIGlNik 

» y tomada por la boca conse?rvará iacorraptible al cuerpd 
nhamano hasta el diaque Dios le hubiese señalado por 
vt^rmitío de su vida..... i)e esta agua , que es de la fuen- 
»t¿ peréüpe que describe el Trevisano, y la Estrella de 
«Diana de Aroaldo, el agua de azufre de Geber, el agua de 
i»la vida y quinta esencia de Juan de Bupescisa , el mens- 
»truo universal, aguardiente vegetable, mercurio jr cielo de 
»San Raimundo Lulio, la mina sublimada de Aristóteles, 
vía piedra bendita de Paracelso, y el ungüento encantati- 
»vo de María Profetisa, usaron Apolo, Esculapio y Arabi 
hñn hermano, ique la enseñó á los Egipcios, y estos la 
«ocultaron, en varias cifras con los Galaeos, Siríacos y 

» Árabes, curando todas las enfermedades Tam* 

»bien hablaron por símbolos y alusiones y con el velo de 
»Ias fábulas poéticas, como la de Deucalion y Pirra, Apo- 
llo y Faetón, Orfeo, Hércules y Anteo, Prometeo, Júpi- 
»ter , Ganimedes y otros , y como en su preparación muda 
ovarías formas y colores^ ya la llamaron yerna, ya dragón, 
»y a serpiente, ya sangre humana, ya cola de pavón, ya 

»vino, ya celidonia, y con otros nombres 5 pero 

^)no se hace ni se puede hacer de cosas vegetables, ni am- 
amales , ni de las que nacen de estas , por ser necesario que 
»esta medicina sea casi del todo incorruptible, y por ésto 
»úebe separar á todos los elementos , y elementados, y asi 
)^es fuerza que se saque de materia que sea la menos cor-* 
»ruptible. Porque la mayor escelencia y virtud para la 
xrmedicina kio consiste ni estriba en la proporción ni co« 
V mistión deles elementos, sino en que naya de hacerse y 
»tQ la baga de cosa corpórea, material y permanente, y pop 
vesta última razón son mas á propósito y escelentes algu* 
i>&os de los metales, porque su composición es mas fuerte y 

«durable que la de los vegetables y animales Ni 

«tampoco se puede hacer de medios minerales , como sal, 

«antimonio, azufre ni azogue porque todos ellos 

)!>los^ destruje el fuego, pero, no al húmedo radical de los 
«metales, m á'su calor radical j complexional , por su ho- 
«mogenéidad durísima , y fortísima composición y coligan* 
i^cia, por la vaporosa mistión, larguísima vy templada de- 

«coccion en la mina Y el que desea sacar á 

«luz esta nobilísima, y sobretodo escelentísima virtud ce- 
»leste i influida y retenida en aquellos humos , de necesi- . 
«dad ha de separar y quitar la terrestiridad y dureza me- 
Titálicñ , reduciéndola á su primer ser y sutileza, la cual 
»oon magisterio preparado tiene tantas y admirables virtu^ 



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ESPAÑOLA. 69 

»des , que casi instantáneamente imada , no solo los cuer- 
>»pos melálicos , sino los vegetables y animales, reducién^ 
ídolos á perfecta unidad en cualquiera enfermedad que 

Innaturalmente padezcan ,... Y aunque el fuego, 

»por su vehemencia , puede corromper á algunos de los 
«metales; no, su húmedo radical^ porque está misto y uni- 
>do muy fuertemente con la sequedad terrestre sutil y dige- 
•rida, esto es, azufre y azogue (qMeion aquelloi dos humos) de 

lílos cuales se compone esta suostancial medicina 

)»Y sucede que esta medicina, sacada de la tierra de los meta^ 
isles subtilizada en humos ^ está áspera, aceda, pestilente y 
n dañosa antes de la suficiente y perfecta decocción y di- 
«gestión , €|ue en fuerza de la naturaleza adquiere y haciéa- 

ndose admirable y escdiente en suavidad y dulzura ;.. 

ȣsta es la medicina de que debe entenderse que ba})lar9n 
)»las sagradas letras diciendo, que la crió Dios de la tier- 
]»ra, ala cual se apropian con toda realidad y verdad los 
«elogios de ellas , y la que enseüaron Hipócrates y Ga- 
»leno«» 

Estas son las noticias mas claras que nos dejaron con- 
signadas en sus polémicas los partidarios de la a^ua de 
la vida. Por ellas se deduce el estado de la química ea 
aquel tiempo, y cuanto se afanaban los, hombres en su es- 
tudio. Mas dejando aparte ^1 ridículo de las pretensioneii 
virtuales de semejante composición , solo diremos que estos 
debates no dejaron detener su bueu resultado, cnalfueel 
mantener siempre despierto el estimulo de las investigacio- 
nes de la alquimia, que nos fue insensiblemente conducien- 
do á los adelantos de las análisis químicas de nuestros dias. 

En la última parte de esta obra se trata de probar que 
esta medicina substancial^ no solo sana todas y cualesquiera 
enfermedades de los cuerpos metálicos , sino también las de los 
mgeiables y ammales:; y se tesponde á las dtkdas del doctor 
2>. Juan Guerrero yjy a otras que pudiera haber hecho \ y seda 
noticia de. otras medicinas que pueden llamarse universales, 
respecto de solo el cuerpo^ animal, 

I £1 objeto principal de esta tercera parte se reduce á im- 
pugnar á D. Juan Guerrero. Nada de particular encierra. 
Sin embargo, al folio 34, son notables las siguientes pala- 
bras acerca de la perfección que se habia de dar á las 
preparaciones químicas, para que la medicina substancial 
obrase con fuerza y virtud. «En primer lugar, dice, es 
^preciso suponer que á esta medicina, para obrar tan por- 
3itentosos y admirables efcclds , debe dársele el supremo v 



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70 MpSDIGlKiL 

«Último grado de perfeccioo, procediendo en su fábrica conr 
«perfeclísioio magisterio; porqaeasi en esta como eu la» 
» demás hay mas ó menos, j obrará según ios grados de 
» perfección que tuviere, como cuando vemos una sutil y 
i>formal substancia, ó materia sumergida, que no poecfe 
)»egercer j actuar su virtud y eficacia, sino en aquel gra^ 
»do ó grados que tuviere de espiritualidad , y estuviere li- 
ebre, separada y apartada de la cuantidad,' porgue en 
n tanto cuanto lo estuviere , obrará con mas actividad y 
Dcoñ el fruto de mayores y mas eficaces efectos. ¥ siendo 
»esta medicina toda espíritu, remota y separada de toda 
«materia elemental, de necesidad ha deoiMrar con mayor 
«fuerza, virtud , actividad y eficacia en todas las enferme^ 
«dades^ y en todo género de cuerpo, que otra medicina al- 
aguna , ....» 

Esta obrado Bertrán fue impugnada por Justo Delgado 
de Vera , bachiller en medidna, como á continimcion vere«> 
mos. M autor dio á lui otra que no he visto, pero de la 
que nos habla él mismo al folio 23 , diciendo que se ti» 
tula: 

Silva Arcanorum et mhrabilium naturce, in qua prmter ete^ 
tera o$tenta admiratione digna , quas in divina arte.ehimica 
pasiim nanciBcuntur ^ tractatur, de miraeulo magno j ét arca-- 
niiilmo phUo$ophorum ¿eereto , sive medicina vera 9ub$tan* 
tíalissimaj et univera^tiisima ytam corpofum animalium quam 
vegetabiliwny et mineralium. 

Joan Deloadq de Yjbra. 

Bcichilter en medioiiia por la universidad de Alcalá , cu-* 
yo grado tomó por los años de 1681, como él mismo dice ea 
su obra. Pasó lueso á Madrid á csraplir los dos aiMa do 
pasantía que mandaban las leyes, cuando empeasaroa las 
ruidosas controversias sobre el reniedio universal del a^oa 
de la vida de Aldrete. Estimulado pues , por los escritos 

ane salieron á luz eu aquella época, priuéipalmeblé póc el 
el licenciado I>. I^uis Amigo y Bertrán , impugnando á 
B. Joan Guerrero, resolvió viuoicar cumplidamente el ho-- 
ñor de los médicos, y la medicina racional , tan escándalo-* 
sámente viliimdiadii por tos profanos y l^asta por los mis*« 
mos eclesiásticos. 

Delgado de Vera no imprimió la obr^ de que vamos 9 
ocuparnos hasta el af|Q de 1687 ^ estQ es , cíhgq safios de$^ 



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ESPAÑOLA. 74 

poes que mIíó á lai la de Luis Amigo y Bertrán , que f ae 
en 1682, sin que sepamos en qué pudo consistir semejante 
atraso en asunto de tanto interés , en aquellos días en qu« 
machos ánimos se hallaban vacilantes. Sin embargo, la 
obra de este jóTen , qae suponemos que lo fuese puesto que 
acababa de salir de las aulas , es de mucho mérito ; su crí- 
tica de suma sensatez ; sus impugnaciones Tigorosísimas; 
los conocimientos que ostenta muy estensos ; su erudición 
grande. Al considerarlo tan profundamente instruido en 
las Escrituras , en la teolo^ia 7 disposiciones de la discipli- 
na eclesiástica , como en la astronomía y ciencias natura- 
les , nos Temos inclinados á creer, que este escrito pertene- 
ce á un ingenio ya encanecido en la práctica que no tuyo á 
bien darle á su nonibre. Mas sea de esto lo que quiera, el 
título de está obra es el que sigue: 

Defeiua y respuesta justa y verdadera de la medkina racto^ 
nal y fiheófica , profanada de las imposturas de lá ehimia in- 
troductora de el remedio universal y agua de la tida de Al^ 
drete: contra el licenciado D. Luis Amigo y Bertrán , aboga» 
do de los Beales Consejos, que la defiende. ííadrid, por Anto- 
nio Román . 1687, en 4.» 

Está aprobada por los doctores D. Andrés Gamex y don 
Pedro de Barcia Garfoallido. 

Divídese en tres partes. En la primera se ocupa de U 
impugnación minuciosa de las doctrinas de D. Luis Aldrete 
y Soto en su papel Luz de la medicina , diciendo , que en 
su lectura halló cuatro cosas que ponderar , el autor , el ob- 
feto^ la doctrina y el estilo. En cuanto al autor dice, que te* 
nia noticia ser noble, anciano, patricio, y que egercia 
un ministerio público, síndico general 6 tribuno de la piac- 
he, calidades que lo hacían de justicia venerable , pero de 
un ingenio tan osado, que solo con el estudio de las mate- 
máticas, astrologia y química metalúrgica , pretendía po- 
seer todas. las ciencias mayores. En cuanto al objeto^ que es 
la luz de la medicina , ó su celebrada agua de la vida , nada 
tenia su obra de lo que se proponía ; pues que en ve^ de 
ser luz era un denso ^nbarron , tan oscuro, que por sí solo 
bastaba á eclipsar, no la medicina, que era clara como el sol, 
sino los o)os humanos para ceguedad (perniciosa de los fá* 
cilmente crédulos. Prosigue diciendo que para mayor con- 
fusión ocultaba los ingredientes de que se componía su 
medieina, siendo asi que ningún hofiübre, aunque sea mé- 
dico de profesión, podia en conciencia ocultar reméfflo algu- 
no, por ser contra la caridad evangélica y derecho común 



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72 MEDICINA 

déla causa pública. Con respecto á la doctrina dice, que era 
la que en Alemania por los años de 1 570 enseñó Philipo 
Teofrasto Paracelso, cuyas obras estaban mandadas espur- 
gar por el tribunal de la Inquisición, y cuya doctrina era 
un agregado de diversas facultades , que corrompió y adul- 
teró con objeto de arruinar la ancianidad de las escuelas 
racionales. Por último, que en cuanto al estilo 6 len^uage 
era el del mismo Paracelso, áqnien casi imitaba; siendo 
muy reprensible que un católico, caballero y anciano no 
hablase como tal. 

Censura el autor seguidamente la conducta de D. Luis 
Amigo y Beltran, que se entremetía á criticar á un médico, 
D. Juan Guerrero, en materias de su facultad, siendo la su* 
ya el estudio de las leyes; añadiendo que puesto que un le- 
gista se permitía resolver en puntos de medicina, sobrábale 
un bachiller para replicarle, y que se habia hecho juez y 
parte entre Aldrete y Guerrero, no habienda hallado nada 
que reprobar en el primero, v nada que aprobar en el se- 
gundo , lo que tenia visos de que fuese cohechado por el 
dicho Aldrete , causa legítima para recusarlo de aquella 
contienda, como asi lo hacia. Reprende en el párrafo se- 
gundo al licenciado Juan de Yidos, presbítero, que siendo 
un simple sacerdote sin mas estudios que el de decir misas, 
se entretenía en ocupaciones tan agenas á su ministerio (1), 
diciéndole ccque no era ministro de Dios el que profanaba 
»tan feamente la visión del profeta Daniel, convirtiéndola 
ȇ su modo en oprobio de la medicina racional y de sus 
^profesores (2).» 

Por último, vindicando al doctor Guerrero, aunque no 
disculpándolo enteramente, pregunta á D. Luis Amigo, si 
es honesto ó lícito á los hombres de bien deshonestar y 
disfamar los ancianos en edad , maestros públicos en digni- 
dad, y jueces en oficio. « Si dice que si, continua, se con- 
»fiesa público disfamador y calumniador injusto ; si dice 

)»que no , desdícese de hecho de lo escrito» Niega 

que Guerrero hubiese afirmado que las sangrías fuesen un 
remedio universal para todas y cualquiera enfermedad, ^- 



(1) Jaan de Vidós, carandero en Zaragoia. Véase sa bibliografía, 

(2) Comparaba la medicina racional á la estatua de oro, plata y 
cobre con loa piea de barro. (Véase la bibliografía de Lais Amigo j 
Beltran.; 



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ESPAÑOLA. 73 

no un remedio general eoñtra repleción. Asegura ser una 
paradoja que Hipócrates y los antiguos filósofos conociesen 
el agua de la vida^ siendo tan al contrario, que lo que dijo el 
ilustre anciano fué: mhtl est in medicina perpetuum, esto es, 
que los remedios deben variar conforme á la indicación ra- 
cional. 

Omitimos otras muchas particularidades en que sabiamen- 
te analiza y combate el autor á su contrario, y pasamos á la 
segunda parte de esta obra, en la que se proponexombatir^ 
las tres proposiciones de Antigo y Bertrán, que son: aque 
i»Dios crio la substancial medicina de la tierra 'j que las enfer'- 
%medades se introducen por espíritus; que la medieina subs-» 
litancial consiste en los espíritus que iñvt/Scan los cuerpos, 

A la primera proposición responde , que el licenciado 
abusa de los testos de la Escritura, lo que estaba prohibido 
por la Iglesia; que era falso que Dios criase un remedio 
UDiversaL sino muchos, que se tomaban de los tres reinos 
de la naturaleza^ que había una notable contradicción en- 
tre lo que él decía , que la medicina universal fue criada de 
la tierra, y lo que Aldrete aseguraba que bajó del cielo; 
q[uesilopnmero,nofue una como se aseguraba, sino mu- 
chaá para tantas enfermedades como afligían al ser humano; 
si lo segundo, no fue entonces criada de la tierra, como dice 
el testo. Por consiguiente era falso decir que esta única 
medieina incorruptible descendia del cielo, á menos que 
se quisiese negar la evidente infalibilidad de la Escritura. 
Combate en seguida las ideas de Ami^o y Bertrán acerca 
del conocimienfo de Adán de la medicina universal , ^r de 
que á este secreto, trasmitido de unos á otros, se debió la 
larga vida délos antiguos, etc.; y pasa luego á ocuparse 
de la segunda proposición. 

Decia Amigo y Bertrán, que la vida del hombre consistía 
en espíritus, y que por ellos se introducta todo y cualquier gé^ 
ñero de enfermedades. Niega la primera de estas dos propo- 
siciones, probando que anima carnis in sanguine est^ esto es, 
que la vida está en la sangre como alimento que es del 
cuerpo , y por cuanto el alma no puede permanecer unida^ 
á él faltándole aquel líquido animado; y que asi la vida 
pende de la sangre como de su único alimento, esto es, de 
la sangre laudable, impregnada y gobernada por el espíri- 
tu vital , con las condiciones esenciales de cuantidad pro- 
porcionada , c\ialidad, etc. Dice que el espíritu vital es una 
substancia nobilísima que se infunde en el embrión, compa- 
rándola con laspropiedfades del sol , cuando comienza ó dcr- 



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74 MEDICINA 

ramar por todo el hemisferio los raudales de su laz, con cuyo 
calor vivifica toda ia naturaleza , la alegra , la ilumina y la 
fecunda. Las ideas de este autor sobre la vida y calor na- 
tural son sumamente interesantes. Por último , destruye 
el sofisma de cpxe por los espíritus se introducían las enfer- 
medades , diciendo que semejante proposición envolvía en 
sí tres géneros de contradicciones , una formal, otra in Mr- 
«ww, y otra tn adjeeto. «Gonsider€f cualquiera lógico , dice, 
»6 romancista, si es posible que sea ana misma causa de 
^enfermedad y muerte , y causa de vida y de salud.» 

Aun mas eonclnyente se presenta la lógica del autor al 
argüir contra la tercera proposición ^ que todas if cualquiera 
enfermedad se curaban con espiritus , esto es , con la medici-^ 
na substancial, que era la que vivificaba los cuerpos. Después 
de probar que la constitución y fábrica del cuerpo no se 
componía de espíritus, y por consecuencia que mal se po- 
día curar con ellos , sino con los verdaderos contrarios , se 
dirige á Aldrete diciéndole , «que por haber tomado su 
»agua pura para hacer ostentación de qu virlnd inofensiva 
«delante de los que persuadía la gastasen y pagasen^ enfer- 
»mó de un encendimiento universal, con ronchas, calenh 
»tura y dolor de garganta , para cuyo remedio se sangró 
Ddos veces (t), y Retempló con bebidas frías , como con 
T» juramento lo declaró quien le sangró y asistió. También él 
» mismo, agravado y dolorido por tiempos del hidrocele 6 
»hemía acuosa, se cura con la lagnja estractoria, evacuáa- 
»dose el agua , que si no, fuera para él de muerte , y eva- 
»cuada le sirve de vida, ¿por qué, pues , no se cura con sá 
«medicina?)» Obiecion por cierto de bastante fuerza. 

Continuando el análisis de la doctrina de su contrario, 
dice el autor. 

»E1 axioma máximo , la piedra fundamental del indes- 
tructible edificio de la medicina racional , está representa-» 
da en estas tres palabras contraria eontrariis ettrantwr. No 
inventó Hipócrates este axioma: la naturaleza misma fue su 
autor , y el ilustre anciano le aprendió , obserrando i)or 
sus sentidos, como todos los príncipes de la escuela racio- 
nal , lo que ella ejecuta y practica en sus mistiones y ge- 



(i) Aldrete deeit que el aso de las sangrits fae isyeDcion del de- 
moQio para que se derramase sangre de criatianoa; qaa Cristo vino al 
mondo á destrifir sacrificios crasa tos, y qoe por estos títulos, co*» 
nio por ser contrario á la misma naturaleza, no se debia sangrar. 



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£8PaSOLA. 75 

neraciones en vegetales y miuerales. Sio embargo , la es- 
caela fanática de los paracelsistas , no solo imprudentes é 
iojariosos eontra los maestros de la medicina, sino también 
sacrílegois contra la Dataralexa, osaron trastornar sns 
obras , invertir sos eternas leyes y retractar sos oréenlos» 
introdociendo el antiaxiomfa simtlia similíbus curantur , que 
prueban con diferentes argumentos sofísticos ; pero la eieu'^ 
tía demostratim ha respondido á todos ellos victoriosa- 
mente.to . 

Enérgicas son las palabras que acabamos de reprodo* 
eir ; pero aun se muestra el autor mas poseído de elocuencia 
y de sólidos argumentos contra el nmilia en la continua- 
eion de sus debates, y no puedo menos de presentar aqui 
alanos rasgos mas de la poderosa fuerza del convenci- 
miento que le animaba. 

Hablando, pues, de lo controvertida y examinada que 
ha sido la cuestión de si las enfermedades se deben curar 
con símiles ó con contrarios, apunta la señe de autores 
clásicos que habían dilucidado semejantes cuestiones , y 
son: Conciliador, Tnrrisano, Argenterio, Yalles, Tale* 
ñola , Mercado, Montalto, Juan Freitagio , Daniel Senerto, 
Gabriel Fontan, etc. «c Todos estos y muchos mas, dice^ 
»ban visto este pleito : han pesado maduramente sus raro- 
»nes y aTgamentx)8 ; han respondido á todos dios y á las 
»pr|iebas de la opinión química , y han demostrado ser 
rih]so ex naturaltbus j^rín^iptúet antiaxioma de $im%Ua\ etc. 
»Pues si esto es asi , continua el autor , y consta de los aa- 
»tores que cito y produzco en forma, para qtiié qm potetí 
i^capere capiat^ <d por qué y para qué el licenciado revuelve 
»on pleito senteáeiadoya, y convencido de falso tantas yeh 
»ees, y en tantos tribunales? Para reproducirlo con justi^ 
»cia era nececario hiciese evidente demostración , con que 
«probase ser falsos, correpngnantes ó improbables, los ar* 
»gomentos y razones qne por nuestra opinión se aiegan y 
«producen... • .., » 

El aut(H* prueba luego que los químicos mas clásicos co- 
laron con los contraríos; que el mismo Paracelso curó las 
enfermedades sulfúreas con sulfuros contrarios, y dice que 
las úlceras hechas por las sales corrosivas y disolventes, se 
curaban con las sales contrarias, digestivas, abstersivas, 
encarnativas y consolidativas. «Luego, si es verdad que to- 
»da la medicina práctica de los químicos , viene á parar á 
»este princi|)io máximo como á puiilo central, de curar con 
»los contrarios y no con los símiles , también es subcouse* 



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76 MEDICINA 

«cuencia legitima que los qnímicos, desde Paracelso basta 
»AIdrete, son falsos, pues enseñan al contrario de loque 
uobran , y obran lo que no enseñan ; ó son idiotas , pues^ 
«hacen lo que no sab^, j publican en el mundo lo que 
)» ignoran , » 

Dejo ya en obsequio de la brevedad , una materia tan in- 
teresante y tan sabiamente traída por este autor, pasando 
ahora á la tercera y última parte de esta obra, que contiene 
cinco conclusiones , dilucidadas silogísticamente , y son las 
siguientes: 

1 ,^ Que no hay ni puede haber en tpda la naturale%a cria- 
tura que pueda $er remedio univenaL 

2.® Que caso dado ( no concedido ) que le haya , no lo pue^ 
de $er la quinta esencia de los químicos , nt la de Claudefa 
referida. 

3.^ Que la aqua de Aldrete^ que defiende el licenciado^ no 
puede ser remedio universal en su misma doctrina. 

4.^ Que esta dicha agua, por el contrario^ hay muchas en» 
fermedades en que no solo no será remedio^ sino que será po* 
tentisima causa de mas y mayor enfermedad. 

5.0 Que esta agua en los cuerpos sanos será muy nociva ^ y 
habrá caso en que obre como veneno» 

Omitimos el dar mas estensas noticias de esta interesante 
obra, considerada hoy como un raro monumento científico. 
Baste decir que la fuerza de los argumentos del autor y el 
poder irresistible de su dialéctica fue tal, que hizo enmu-- 
decer á sus contrarios. Al menos no tengo noticia de que 
ninguno de los apologistas del agua alderetana osase vol- 
yer á tomar la pluma para continuar la demanda. Esta 
obra, tan valiente en defensa de la medicina racional, como 
poderosa en sus silogismos contra la superchería alquimis- 
ta, unida á la del doctor Gamez, que impugnó las ioeas as* 
trológicas de Áldrete , sepultaron para siempre sus doc- 
trinas y sus aguas en el olvido; aunque no ba sucedido 
asi con respecto á su antiaxioma que parece destinado á 
aparecer de tiempo en tiempo , disfrazado bajo diferentes 
formas, para castigo de espíritus débiles , y de los que se 
olvidan de las inmutables leyes de la naturaleza. 

La última obra que se imprimió en contra del agua de la 
vida^ fue la siguiente, cuyo autor se propuso examinar las 
razones de una y otra parte, tratando la cuestión biyo un 
punto de vista filosófico. 



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espaSola. 77 

JüAií Verdugo. 

Licenciado j catedrático de filosofía en la univergidad 
de Yailadolid. Escribió: 

Respuesta á la aproboeton y defensorio del libro de D. Lm 
de Aldrete^ en que se trata del agua de la vida. Discurso fisioló^ 
gico que escribe y dá á luz el licenciado D. Juan Verduqo^ 
catedrático de filosofía en la insigne y Real universidad de Va' 
lladolid; dirigido al limo. Sr. D. José Gregorio de Rojas^ 
regente de los Consejos del Reino de Navarra , etc. Zaragoza, 
por la ^iuda de Diego Donner , 1695 , en 4.^ 

Esta obra es sumamente imparcial y razonada; el autor 
se propone demostrar lo que habia de verdad , de exagera- 
clon, de falsedad, ; de controYertible en la obra de Ál- 
drete. 

Principia respondiendo á los teoremas y doctrinas que 
asentaba el presbítero D. Antonio Ron , en la aprobación 
que dio á la obra de Aldrete; y las razones que aduce son 
tan ciarás como lógicas y convincentes. 

Dirigiéndose luego á D. Luis Aldrete dice, que el agua 
de la vida de su invención era un buen remedio para deter- 
minadas dolencias, pero que de ningún modo podia con- 
siderarse como medicina universal. «No pretendo impug- 
]»nar, dice el autor, el arte chímica ó separatoria de las 
«quintas esencias , útilísimas para el uso de los remedios 
3»nnmanos ; ni tampoco desestimo el trabajo y estudio de don 
»Luis de Aldrete, antes bien lo juzgo muy digno de aplau- 
»80 y de premio , y que su agua es una quinta esencia y 
«estracto químico admirable para muchos achaques , prin- 
»cipalmente los nacidos de obstrucciones , porque con su 
. «actividad y sutileza dilata las vias y porosidades del cuer- 
»po,para que la naturaleza espela de sí los humores noci- 
»V08.. t...» 

ÍHAmcisco Henriquez de Villacorta. 

Nació en Alcalá de Henares* en cuya universidad estu- 
dió; se graduó de doctor , y fue catedrático de prima de 
medicina. 

Con motivo de la ruidosa consulta ocasionada por la en- 
fermedad del infante Próspero, hijo de Felipe lY, á la que 
asistieron los médicos de mas nombradia de varias univer- 
sidades del reino , fue llamado también Yillacorta como 



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78 MEDICINA 

UDO de los profesores de mas fama en sa tiempo. Sometida 
á su cuidado la salud del esclarecido joven, tuvo la gloria 
de salvarlo, por cuyo buen suceso fue nombrado médico 
de cámara de S. M. , desempeñando este bonoríñco destino 
todo el resto de su vida. Hé aquí como refiere el caso el 
doctor D. Juan de Perivañez del Pozo, catedrático también 
de la universidad de Alcalá y médico de cámara, en su 
apologia al tercer tomo de la obra de Henriquez de Villa* 
corta. aProspero Hispano Principe segrotante , quin regalis 
vmodicorüm congressns, et prsevia eorum dispositio augusr 
»tam quietaret mentem^magnus Philipus quartus spen* 
»dore, et istius fama expertas probitatis persuasus, eumá 
»Gomplutensi catbedra , et doctrina publica cum máximo 
)»scbousticorum 9 academi8eque clamore, neo non totios 
«reipublicae luctu amovit, ad regiam vocavit , provida be» 
»nignitate excepit, et ante insigniorum medicinae oeoloi 
»quasi in triumpbum prseterventum di&tantitms caeteromm 
)»scntcntiis ad emissorum exequendum ejus opinionem se-* 
i>cura fíde selegit, principisque valetudinem scientiae sua 
Dcommissit. O pus fuit Prospero salutare, Pbilippo gratom, 
»et ómnibus utile, etc ^ » 

' íierVrVquez de Villacorta gozó de grande fama; fue hom- 
bre de mucho ingemo, autor clásico , y de habilidad en el 
er^o; de tal manera, que muchos le llamaban el Galeno 
Español por su sutileza aristotélica, y bajo este coacepto 
lo retrato bien el doctor Martin Martínez en sus obras, 
considerándole como un ingenio nacido para corromper n 
entendimiento de la juventud médica. Sin embargo, despo-^ 
jados los escritos de este alcalaiuo de lo que tienen de me« 
tafísico , encierran sólidas doctrinas , y cuanto en su tiem- 
po podia alcanzar un profesor consumado y fiel sectario de 
Galeno- 
La obra que imprimió es la siguiente: . . ^ 
Francisci Henriquez de Villacorta doctoris medid á cubículo 
regali Philippi IV ^ et Caroü 11^ arokiatri , in imigni theolo- 
gorum cmnobio medica toga, olim iUu$trati , nunc vero in 
Complutemi academia doctorié primariij necnon in facúltate 
medica prlmarü profcisoris'j laurea áoctúralis medica Com^ 
plutentis: tomu$ primm quo continentur summe necesaria 
pro laurea doctoraii Academia Complutenm c^nfequ^nda^ eo 
^iftamine quod vocatur tentatita. León de Francia , por Lau- 
rencio Anisson, 1670, 3 tQmosen folio. 
La dedicó al rey Carlos II , de quien igualmente fue mé^ 



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HBPAJiOLA. 79 

dico de iciiiiiara. La aprobaron los doctores Fertiandcz Pe- 
ramo, Luis 7 Frandsoo Barea de Artorga, y el sardo Fa- 
riña, entreoíros. 

Esta obra, conocida en sn tiempo con el nombre de tenta'- 
liva , estaba destinada á los ane trataban de tomar el grado 
de doctor en la nniversidaa de Alcalá, cuyos actos eran 
muy rigorosos en aqnella época. 

AI frente de ella se halla el retrato del autor de medio 
cuerpo. Su aspecto es serio, facciones regulares, lleno de 
4»ra , y de nn conjunto poco agradable. 

Presentaremos aquí las materias de que trata en cada to« 
mo, ya que lo voluminoso de la obra no nos permita hacer 
un análisis mas circunstanciado de sus omniones, las cuales 
se apartan muchas veces de las de Valles, Pedro Garcia, 
Manuel Martines y otros á quienes impugna^ aunque no fe- 
lúmmte, ora sobre las facultades , ora sobre las fiebres 
continuas y las intermitentes, las etacuaeiones, seüales de 
cocción por las orinas , etc. , etc. 

Divídese el tomo primero en dos partes, una fisiológica 
y otra quirúrgica. La primera se subdivide en los tratados 
siguientes: 

l.o Be elementii et timperamentun 2.^ De humoribui; 3.o 
Decaecione et putredine; 4.<> Be «emtfie; 5.*i>e morbo et sym- 
ptomaté. > 

Cada uno de estos tratados se divide en varias disputas, 
7 estas en capítulos. £1 tratado quirúrgico contiene: 

1 ,^ De tumoribUi prmtematuram i a universum , eorutnque 
euratume; 2,^.Detumwribtí$ in p^rtíeuiariy eorum eausis^ dignos 
tiane et curaúone; 3.* Be ulceribus^ eorumque digno tione et 
curatíone. 

Gubdivídese también cada uno de estos tratados en varias 
disputas y capítulos, concluyendo con otros dos» sobre los 
espíritus vtíales y animales y partes del cuerpo humano. 

TomoIL 

Divídese en dos partcfs. La primera en cinco tratados en 
esta forma, 

i .o De /efertum; 2.o De urinisii.'^ De pulsuum natura^ diU 
fersntiisy causis et prassagio; 4.^ tk sanguinis missioñe; 5.o Be 
expurgatione. 

Subdivídense igualmente en varias disputas y capítulos. 
La segunda parte trata: 

4 .<> De tumor'éus praternaturam qui in peculiaribus mem^ 
Msaecidnntf de eorumque dignotioM et medieatione; íl.^De 
ulceribus in particularu 



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80 MEDIGIKA 

Eti el primero de estos tratados habla el aoto» de la of- 
talmía, parótidas, aneina/perineamonia, pleuritis é hi- 
dropesía. £a el segundo, de la angioa maligna, vulgo gar- 
rotUio , de la tisis, y de la disenteria. 

Tomo IIL 

Divídese en dos partes. En la primera trata. 

1 .® De meihodo medendi; 2.° De alimentorum faeultatibui* 
3.** De alimentorum facultatibus in partieulari; 4.o De victul 
ratione in morbu acutú; b.° De baíneorum natura et mu- 6.* 
De progno$tici$ et de arte prmnoscendi; 7*® De crisibus^ et^die- 
bus deeretoriis; 8.o De feuíukattbtw^ 0.^ De venenis. 

Subdivídese cada una de estas materias en varias secciones 
7 estas en capítulos. La segunda parte trata : 

De locis affectts retolutiones theoricas 

En esta ocupan el primer lugar todas las afecciones ner- 
viosas y encefálicas. Es uno de los tratados mas interesan- 
tes , si hien mas metafísicos. Por último concluye esta obra 
con una disputa apologética, en la cual ventila la célebre 
cuestión de las sangrías del tobillo. 

Fr. Antonio Texeira. 

Beligioso trinitario portugués. Escribió: 
Noticias astrológicas aplicables á la medicina. Lisboa , 1670i 
en 4,^ 
No es obra que merezca nos detengamos en su análisis. 

Juan Gómez Carpió t Abendano. 

Natural de la ciudad de Toledo. 

Doctor en medicina, y médico del conde de Palma, en 
su villa, en donde escribió: 

Medica ae yhilosophiea fugna circa admirabilem morbi Ajf- 
pochondriaci vepetitionem m determinatis temporibus. A docto- 
re D. Joanne Gómez Carpió et Abendano^ jam Toletano nunc 
vero oppido de Palma medico^ exeitata. Córdoba, por Andrés 
Carrillo. 1671,en4.o 

Está dirigido á la Excma. Sra. Doña Inés María Fernan- 
dez Portocarrero, etc. , de quien era también médico de cá- 
mara. 

Esta obra se reduce á unas consultas que hizo Abenda- 
no acerca de un hipocondríaco, al que molestaban todas las 
noches y á horas aeterminadas dos ataques de fuerte dis- 
nea, que simulaban los de los asmáticos. 



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ftr a^i' tiempo habia en Estepa un médieo titular de 
la Tilla, llamado D. Pedro de Gaellar, que gozaba de graa 
crédito, y coíi este motivo, y por ser enfermedad rara y 
poco coman la que padecia aqiiel hipocondriaeo, consulté 
Abendaño con Guellar, para que le esplicase la causa pro- 
ductora de semejante aieceion periódica. Se bailan en este 
opúsculo dos cartas de fuellar en contestación á dos de 
Abendaño y ademas otra anónima de un médico de Toledo. 
A decir verdad, ninguno de los tres se muestra muy feliz 'al 
designar la causa próxima de semejante achaque. Sin em- 
bargo, aun en la actualidad no seriamos nosotros mas 
oportunos que ellos, puesto que el retomo de las enferme-- 
dades periódicas es todavía un verdadero enigma. 

FAAfiGisGO HoRATo Roma (!)• 

Nació en la villa de Castel de Vide en el reino de Portu- 
gal. Se graduó de doctor en medicina, fué médico de cáma- 
ra de S. M. y de la inquisición, y caballero de. la orden de 
Cristo. Escnbió. 

^ 1. Luz damedicina practica racional é melódica, quia á$ 
tuifermeiros, directorio de prrnápiantes. Lisboa , por Antonio 
Grasbecck de Mello, 1672, en 4 .<> 

^^ El autor escribió esta obra primitivamente en portugués 
¿onobjeto,como él mismo dice, deguesus compatriotas 
se aprovechasen de ella, y al mismo tiempo hipara que los 
empíricos idiotas con capa de médkos^ con esperiencia ó sin ella^ 
no se entrometan á curar por ti con tanto perinitio de los en^ 
fermos; para que los enfermeros se|)an cuidar conveniente- 
mente á los enfermos á quienes asisten , y por último para 
que los que están en lugares donde no hajr facultativos 
puedan socorrerse en sus dolencias.» 

Trátase en la primera parte de esta obra del orden y mo-- 
do de alimentar á los enfermos, y de aplicar los remedios 
según las indicaciones; del método curativo de las dolen- 
cias del cuerpo humano; de las que se deben abando* 



(i) En el tomo 9, pág. 424 bicloiofl meDeion de este médico porto» 
ga68> como aator de aaa obra titalada De re Medica^ según D. Nicolás 
Antonio. Ün olvido ^ qae no deberán estrañar los que conozcan cuan 
penoso es este trabajo, bizo que no mencionásemos otra obra que tene- 
mos á la vista impresa en 1672; asi pues volvemos á presentar de nue- 
vo á este escritor en el lugar qne hemos adoptado por eL orden conse- 
eutívo dé anos. ^ ' 

TOMO VI. 6 



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80 MBM^Hik 

nar i la nataraleza/ y pof último; de Um remediOB liÉi- 
ples y compoestoi^ 

Dedica la segcmda parte i tratar de la práctica racional, 
del orden de los remedios , y do las eitferiiiedades de eada 
parte del cuerpo. Al final de este mismo libro se halla nm 
tratado de las enfermedades de rangerea^ cooclujendo coa 
otro de las fiebres simples, pátrídas, pestiicotes y^malignas* 

Mo ofrece coea notable de qae podamos hacernos cargo. 

% De re medica. — (Véase á D, N . A. tomo 1 , pág 450> 

GEBéniíio DB Átala. 

Natural de Madrid, como él mismo lo asegura en la por« 
tada de su obra. Fué cirujano de sólida práctica y bastante 
instrucción (1). escribió una obra (}aese reimprimió varias 
veces , y cuyo título es como sigue. 

. Principia* de cirugía úUies ¡f provechosos^ vara que pueiatL 
aprovecharse tos principlantes en esta facultad. Maaiid, 1673, 
en 4-0; Valencia, 1693, en idem; Valencia por Jainaede Bor- 
dazar, 1705, en 4.^, á cuya última edición se hallan aQÍ49a 
Ios;tratadQs siguientes. . 

. !.<> Del parto humano de FnaneUeo Nuñez^ y enfermedad 
dei de Jos niños 

3.0 Tratado de ciru§ia sacado de la cirugía universal que 
pseriJbió el licenciado Juan Fragoso conforme «^ pracúm erk:e{ 
,B^spital general de Madrid. 

Fué obra muy útil y provechosa para los estudiantes, cq«? 
mo se dice en la portada* Ayala 6upo recopilar bien losru«v 
dimentos y preceptos de cirugía mas necesarios^ esplicand» 
^$08 doctriaaa con precisión 4 claridad y laconismo. 

Maeti» ARRcpoisbo. 

Natural de la villa de Almaruz , licenciado en cirugía j 
gentilhombre de las Reales Guardias de Castilla; estudió y 
se examinó de albéitar y en ambas facultades tuvo crédi- 
to. Escribió las obras siguientes: 

1. Verdadero examen de Cirugía recopilado de diversos au^ 
lores. Teoría y práctica de toda la Cirugía y Anatomía, concón-- 
-mitas muy úúles para méíUoosy drufan^s. Hadríd, por Sosé 
Fernandez de Büendia,*674, en folio. 



(i) Jourdan dice qae fué doctor ea medicina por la aniversidad da 
Yaleaeia; pero do es asi: él mismo sa tltala cirujano solamente. 



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bwaAola. ti 

DedM MU obra «I doctor ]>. Joan ChaTarri , mé^ieo da 
limara d» los Reyes, prolomédieo mayor y aiaminador del 
protomedicato* 

Frincioia esta obra oor im tratado de anatoima; aignele 
otro de tieridas de cabeca , pecho j \ientre ^ otro idm da 
apostemas, otrodedislocaeiooee, otro del iemon; describe 
las diferencias entre ia úlcera y las apoetemas^ pasa lu^o 
'i ventilar diferentes cnestiones ^oirúrf^cas, y presenta un 
tratado to^ elmBdoeomo el pertfo cwujmno ha de ffroceiUr 
en ÍMi canmlioé^ conclayendo con la terapéatica quirúrgica. 

fista obra fáé aplaudida en so tiempo y se tuvo por uno 
de los mejores tratados en la materia; en d dia sin embargo 
es un monumento histórico. 

2. Obra$ deMbeiteria , ftimera ^ áegunda y tercera narte^ 
ahora nuevamente corregidas y añadidas por Martin ArreaondOj 
maestro de herrador jOtÍHiar y eirufano^fentilkombreie la$ 
Ríalet€risard¡m$,ete. Anotados j e^rregtdos y declarados los tér^ 
minos de los simples mas eonvenkntes al uVo, ejerekio y uüli^ 
dad de esta tienesa^ y ahora nnevaments añadida la sanidad del 
caballo y esplicacion de sus enfermedades. Madrid , 4705 ^ eo 
folio. 

Ignoro et afio en que dio el autor esta obra á la imprenta 
por primera tcz; ia edición que poseí) es la referida. 

£n eUa se bace mención entreotras particularidades de loa 
albéitares santos que ba habido, y de los mas famosos espo« 
sitoroB; entre los mismos habla del licenciado Alfonso Sua«* 
rez, médico y vecino de Talayera, y de Lorenxo Rofio , anda* 
luz , quehabia escrito de albeiteria hacia mas de 300 años. 

Omitimos el anilisia de esta obra por no ser de nuestro 
objeto. 

Dik«A1X DE MaTOROA T GüCMAH. 

Estucfié en lanniTersidad dé Alcalá; se graduó de doctor 
én la de Toledo, de donde parece fue natural (I ) jr ejerció la 
medidna en la villa de Colmenar de Oceja. Escribió: 

Manifiesto sobre el eonoeimiento uuiiMmaldela ealeniwm 
ma%fia. Zaragoza, I674>«en 4.o 

Segundo manifiesto^ desengaño áe tgnoirantiasy defensa y eri* 
d*lo de la verdadera doctrina ynidka anti^fua y moderna, eon^ 
ira él díoetor Juan BeméSj midko d$ la mUa da I^Uarsja de SM-^ 



ft) Vd1f64f ditQseauaaoiDanfflMto* 



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g4 IfSDIiGIlIJL. 

ífanitj que eserilnó yrmblica el doctor D. Ikmián de MáyprffH f 
Guxman , médico de la villa de Colmenar de Oreja. Zaragoza^ 
por los herederos de Diego Dormer, <675, en 4.** 

Estas dos obras sé redacien á disentir si la enfermedad <p]e 
padeció José de León . de la ^illa de Viilarejo, fue pestilente 
ó maligna.: Mayorga aefendió que era una uebre pútrida, y 
bajo este supuesto curó al enfermo. Beraés sostenía que era, 
pestilente, y que si^su antagonista habla curado al enfermoi 
era por «fecto de un acaso y no del conocimiento de la fie* 
bre. Replicóle Mayorga ei\sa segando manifiesto, y cierta-, 
mente que este médico tuTo la dicha de salir victorioso de 
semejante controveri^a. 

Juan Bernés. 

Médico titular de la villa de Viilarejo. Escribié: 
Papel que respotuie á un manifiesto que escribié el docior Da^ 
mian de Moj^orgu y Gunmün» médico de Colmenar de OrejUy $o^ 
hre el conocimiento individual de la calentura malignai Madrid,, 
por Andrés Garciá , 1674 , en 4.o 

El autor responde en este papel al primer manifieisto que 
pubHcó Mayorga, haciendo Ycr que la enfermedad de José de 
León era una fiebre pútridas Bemés le impugna y sostiene 
que era pestilente; ambos profesores se empeñaron en soste- 
ner sus opiniones, pintándonos los caracteres propios de 
cada una de estas afecciones, y deduciendo de ellos sus prue- 
bas para sostener la controversia. 

Juan de Vidos y Miró. 

Natural de Zaragoza, discípulo de Micer Juan de Vidós; 
recibió el grado de bachiller en filosofía en. la universidad 
de dicha ciudad por los años de 1674; se dedicó privada- 
mente á la medicina , y á curar con remedios de su propia 
invención. Satisfecho de sí mismo, solicitó v obtuvo de Su. 
Santidad un breve , por el cual se Le facultaba para que 
mrciese la medicina, á pesar de ser sacerdote y beneficiado 
de la iglesia parroquial de S. Pablo en la misma. ciadad-: 
Este escándalo, unido al maiospreooque hacia de los médi- 
cos dogmáticos, no pudo mirarse con indiferencia entre los^. 
liombres sensatos. Asi es que el elegió de médicos y cira- 
janos de Zaragoza , en uso de sus esclusivos derechos, pro- 
nibió áMiró usase de sus remedios, aunque no que visitara, 
pues que.{K)r la bula de S. S. estaba facuítodo para ieUO| y 



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era imposible en aqoel tiempo oponerse á semdfante absor^ 
do, sin incarrír en un grave alentado contra la antoridad 
pontificia. Miró se paso en oposición abierta con el dicho 
^^e^o , 7 (^usó al Justicia de Aragón , en jnicio coatra«* 
dictorio, en el que quiso probar qae sus medicamentos eratt 
conformes á la doctrina de los autores mas clásicos de me« 
dicina j cirogia, siendo asi oue en sus mismos escritos 
blasfemaba contra ellos. Vista lá demanda, el Justicia Ma- 
yor le concedió por tercera vez privilegio en 31 de mayo de 
1684 para su libre práctica y ejercicio en. todo aquel reino, 
y lo que es mas , y para colmo de escándalo . la diputa* 
cion del mismo reino lé distinguió también dándole cien 
reales de á ocbo para ayuda de la impresio» de sus obras, 
y por real cédula, fecha en Madrid á 5 dte agosto del mis*- 
mo año, mandos. M. se le diese otra ajuda de costa pam 
el mismo objeto. Bo efecto, con ei^os auxilios iniprimio< tas 
obras siguientes: 

. l.o MetUcína g Grugiít radonat y espérgiricm^ Hn obra 
mantMÍ de hierro ^ nf fuego^ purifieaaa con el de la JtarUÜíd 
en el eriiol de la razan y eiperiencia, para alivio de lo$ enfer^ 
mof , Con su aníidotario dé raices , yerbas , flores , semillas^ 
pnaos y maderas^ agnas^ vinos^ ete:^ medicinales'^ que usa lams-^ 
dicina racional y espargirica; y la farmacopea donde se espH^ 
oanel moda y composición de los remélífos, eon'el teso, dosis'i 
y apácñtíonMs ellos ^ sacados de la doctrina d$ sus maestros j[ 
de autores clásicos de mec^ina y drugia. Zaragoza , por Pas-*^ 
cual Bueno, 4674 y 1691, 2 tomos en 4.« 

Ademas de e#tas ediciones se hicieron otras variad. Eü 
la 6.* y 7.* se añadió el siguiente: Tratado del méto^ 
do y orden de curar las enfermedades de tos niños^ por Ge^ 
TÓnimo Soriana^ de quienrya hemos hecho mención* 

El doctor D. José Lucas Gasalete aprobó esta obrff, la 

Se alabaron también el licenciado D. Dié^ Berna! y loé 
ctores Manuel de Porras y Miguel Agustín Yiciende. 

Esta obra deVidós no e& otra cosa sino una medicina y ei« 
rugía domésticas, que no merecen ocupar nuestra atención, 
á pesar de hallarse en ellas curamnes empíricas al parecer 
admirables. 

En la introduecion , dice el autor, que los remedios que 
presentaba en su obra ^ todos eran ajenos , ninguno de su 
Miveneioo,. pues los había entresacado de gravísimos autcH* 
res , y de algunos manuscritos ; pero que su esperienoa 
babia comprobado que eran felicísmtos. . . > 

La misma contrariedad y tenaz opotaicáon^ que espfrvmenl 



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láestebcnefteiado de jMirte del eülegk» de médicos y cÍ4 
fojatu» de Zaragoza para qoe usase de sus remedios, ledie« 
fOQ la importaocia que jamás hubieran tenido ni él ni so 
obra. Esto puede servir de lección práctica para saberse 
Modocir con los empinóos, curanderos y charlatanes; pues 
en mi concepto, vale him (iefaríé$ libre #i campo, ya que ¿a« 
§emte$ no llegim á desfrectarhi Itasia que los desengañan la$ 
vicHmás que Mcrtñean. Este proceder parecerá á primera 
irista contrarío á la humanidad ; pero sí atendemos á que 
«as leyes represivas contra semejantes abuses no son sufi** 
cientes entre nosotros para acabar con ellos, al mismo 
ttetnpd que la medicíDa racional tiene por su iodoie que 
Terse muchas veces burlada por el empirismo mas dis|iara-« 
tadoi tendremos que convenir en que el vulgo acogerá siem<* 
pre al ignorante curandero , quien será tanto mas buscado^ 
alabado y recompensado » cuanto vboa isapedimentos que^ 
ramos oponer á su modo de vivir. La invasión de los cd*^ 
ittUderos en A campo de la medicina radonal es de fecha 
muy ^ada; el venerable Hipócrates se quejabtt yki de que 
tn su tieitipo se apoderaban de los enfermos hombres 'e»i« 
traaos á la ciencia* £u todos los tiempos y nociones se han 
Tislo correr estos intrusos embaucadores oon más é menoi 
descaro ponderando sus remedies, y propalando dicfeeries 
contratos verdaderos profesores ) en Francia, eilyasleyt» 
oontra semejantes alH¿os son mas enérgicas que tas núes*» 
tras» casi diariamente ocupa á los tribunales algún cas^ 
de esta especie; pero el pueblo^ siempre ignorante^ está á 
favor de tales embaucadores » y como dijo un po^a de 
nuestro suelo: 

Pmikáte d» mi lahim 
Uaé pdere é u» ckmrlatan qw i win9e sáéiéSé 
2.* Bewtesehtojeion sobre la referida obra 9 ira tomo t.^ 
kecha al limo, reino de Aragón^ en arden á la eontraditeibi^ 

Sue habia de parte dét colegio de & Cosme y S. Damián de 
'aragoza. Esptíeáse brevemente la utilidad de la referida^ y 
is iuplica la protección éel mismo reino* Zaragoza , en l.^ 

3«* Memorial qus la earidsui , bien pitblieo y pobres do--^ 
tientes representan. Zaragoza, 1682 , en 4.<» En este papel 
manifiesta su práctica médica con repetidos ejemplares. 

4.* Memoruu f manifiesto á la augusta é imperial áudaá 
ée ZaragoT^^ acerca de la opostáon que el colegio de médicos y 
árujancs de dicha ciudad hace á tos remedios que aplica y usa 
el licenciado Vidos u Jfjrrf, y declaración de la firma que la 
itma* eérté det Sr* íuotícia de Aragón declaró en su favor ^ 9 



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Mtauí. S7 

^nmi fice recdneedU' eñ jtfueba» 4$ h^ eomcjlot m proeeaé 
cpntradkíono, y raaluctom del ilmtre capitulo 9 consejo út 
Soka tmdad , ^m éoma para ti umo de ita remtdiot. Zaragoia^ 
jon fóüo. 

&w* Examett de wm m ont/icv f o> apohg¿tic0 ^ imvre$o en Za*- 
ru§o%a eontm ei autor d)t on iibro xnúudadoi Medicina do^ 
méiiiea^ ett. fin dicha ciudad, 4.^ 

é.® Memorial al limo* reino de Aragón^ para que eejmh 
gue al lieeneiúdo P. Jnan de Vidáe la impresión de m lUh^$ 
con un breve defensorio de éL Zaragoa, 1687 , CD 4.* 

Todas estas obras no son mas que olí tesüaionia de lo 
que aoabamoB de defit. Yidós Ioto la osadía de dispoCat 
con el protomedícaUlfido Zarragesa , 7 este qaedó desairii'^ 
do, no solo por el Justicia de aquella ciudad^ uno también 
por la misma eérie» íagan qaeda rcfeikloi. 

tnkvóBBco i»t fioiKnr. 

Natnral de Málaga y .médleo en ta daiMi á» fiíevilk; Jb^ 
etibió: 

Bisasno fhséfko, moral 9 f/oUHeo en qné w describe» Jb» 
causas gw^ pueden preservar un eucrpo^ de <:isrf¥péion^ moík*^ 
mdo ée tm cadáver qntedsspues de & añoé que se sepultó y el 

Snmuáe 1674 fue hatIMo incortupté én la porréguiaéc 
n Miguel de esta nobi¿i%ima ciudad. Escribíalo R. Ffancis^ 
eode Godogy natural de Málaga y vecino de la M. N, y M. L. 
Ciuiad de Sevilla. Conságralo ai M. iítre. Sr. D. Carlos de 
Herrera^ Henriquez , Ramirez de Arellano , caballero de la dr- 
ániáe Sonetea» etc. Séi^illa, por J»á«^Cobetas, 1678^ en 4.» 
La historia de este cadáver es la siguiente. Por los añoi» 
de 1649 reinaba en SettUa nna dee^s ineftandades pestilen- 
eiales deque ya nm hemos oenpado. £1 «ttm párroco de 
«aü M4gocl4«(¡le*Mtoace8 lo er«D. Fernanda ae Jihmnah 
da " -- '- """ ^ ""^ — 1^: —u-.w 1^. .^ 

pal 
que 

nir. De una de estas sepuUtlrás eon azulejo , se sacó este 
cadáver que habia sido enterrado en 1649, 7 que se halla- 
ba entero», 7 en fal disposídk)» , qa«f dice f^at>elsc^ de Go- 
do7 , testigo ocular , que en el ojo izquierdo , q^ e^ÁÜst 
eiitreabiért)(y, se pereibia el blanco 7 lániM; £1 cura dispu- 
so ponerlo en nn áiaud forrado éé eai^esi, 7 lo deposita 
en ona capilla que tente r^a , patw ^p^dlr ^«ef el pUaü^ 
co hiciese de él lo que la tierra no pn(fo^2& alos. Corn^ 



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88 auBDienu 

la Toz. «D Sevilla de haberse hallado uo santo, con eny^^ 
motivo invadieron la iglesia gran número de zafios , niu<» 
diachoay viqas, qne á porfia interpretaban y ponderaban 
el milagro. Én esto se presentó entre la turba una mojer^ 
«amando que aouel era su padre j natural de Sevilla, y 
al momento cambió el vol^ de opinión : unos deeian qnt 
seHa un excomulgado á quien la tierra tuvo asco de comer; 
otros que era un májieo y y otros que no se habia corrom* 
pido por arto del demonio. £1 autor esclama. ¡Ob patrial 
¡ siempre cruel con los tuyos I 

Pruébase en este opúsculo, que puede haber cuerpos in«> 
forruptos por causas naturales, siiu|ue deba atribuirse á 
milagro y ni haya iateriieneion del arte. 

Miguel Gonzaliz D^yEi.isca. 

Ignoro las circunstancias biográfica» de este médico, so- 
lo sé que en la biblioteca del Escorial se hallan dos obras 
as. que le perteneeea, y se titülaa: 

l«o Tractatut seupotius collectio traetaíuum ad pharmmt 
tíam, medusinmnr et chtrtiramfii> Michaele Gonmlex de VeloicOy 
icriptui ad fmem seeuli Xvil. 

2.* Michaelis González de VelascOj traetatus 4top%oim$»i 
mi. vudieus tam practicut quam especulativu». Salamauticfei 
1676 en 4.* 

Fb:A9gisgo ¥ko. 

natural de Barcelona ^doctor en filosofia y medicina^ 
Escribió: 

Medieum prognoitieum et hujus presentit anni 1676 unir 
iwsale judicium asgtedítudimbus -ac morbo$%t affeeúbus^ qui 
humana eorporoi nostfu mole$tare valeban4. Barcei^cia , por 
Jacinto Andrea , 1676 , en S."" 

Mo be leído esta obra,- el Sr. Ámat haee mérito de ella. 

Alfonso Mob^oz. 

Hédice titular del Campo de Griplana,.en la Mancha». 
Escribió! 

Queestio apologética practko-mediea qua disquirit : utrum 
ffo aplopexioe curatione cauteria evacuativa dicta , ante acti$ 
evacuationibui generalibu$ eonveniant. Alcalá, por Fraaciseo 
Garda Fernandez , 1676 ,. en 4.^ 



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' Bsta disertación está dedicada á D. Joan de ChaTarrí^ 
médico de cámara de los reyes Felipe IV |y Garlos II, y 
aprobada por los doctores D. Francisco Bivas del Gastólo, 
eátedráliea de prima de medicina , y l>. Ildefonso Limón 
Montero,, catedrático de vísperas de la misma facultad, ent 
Alcalá de Henares. 

Esta obrUa está escrita en buen latín, y se encuei^an ei;^ 
ella citas oportunas de autores graves, tanto griegos, co-» 
mo árabes, latinos y españoles. Describe su autor la apo* 
plegia> 7 hace ver con claridad y precisión, la diferencia 
que existe entre ella y la epilepsia^ distingue también 1& 
aplopegia idiopática de la simpática, v conduje haciendo 
las re&xiones mas juiciosas acerca de los cauterios , d* 
cuáles deben usarse, cdmo y en qué sitio, y también de las. 
«iFaouaciones sanguíneas y de las del vientre. 

Andrés Ferrandez. 

Doctor en medicina , examinador perpetuo en dicba tá^ 
eultaden la universidad de Orütnela, médico del deán y 
cabildo de la catedral de Cartagena. Escribió : 

Traiaéo en- que $e prueba ser eontagio , y conMtmiéniimehU 
peste j la enfermedad que ha molestado a Cartagena,, y junta^ 
mente se declaran losobstáeulbs qué" padecen, las decl'aracumes 
hechas por algunos médicos en este punto^ Murda, por Higuei 
Lorente, 1676, en4.«' 

Divídese estaobrtta ea contra capítulos ten el primero 
trata de* la esencia, difer^cias y causas de la peste; en el 
legundó se prueba haber sido una siempre la enfermedad 
p^tilencial que affigió á Gartagena; en el tercero manifíes*^ 
falos obstáculos que sufrió la declaración becha por loé 
doctorea Juan Guerrero y Pablo de Vera f y en el cuarto 
ventila ktt. cuesticmes médicas acerca de la índole dei 
-conlagio» 

£1 autor escribió esfó opúsculo ibstadóá que emitiese so 
opinión, como hombre encanecido ea la. i)ráctica, acerca de 
las contiendas entre los médicos,, sobre si era posteó no ta 
enfermedad de Cartagena. Fernandez demuestra que lo era 
^con^sóiidas razones, que eiscribió. en castelldnp para que 
loda^ clase de gentes se convencieran -de 1^ verdad, poesy 
como él dice , era un caso de conciencia , que estaba ea la 
•bligaeion de aclarar. 



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Agramo taiLtA t Md^tóe. 

Natoral de la villa de TorruMa dd Campo, obispado de 
Coenca. Estadio la iriedieina en la «aívefrsidad de Alcalá^ 
siendo discípulo délos doctores de aquella escuela Coevas^ 
Alba, Henriquez, Gastel y Peri-vañez; se estableciéi de mé- 
dico en la ciudad de Toledo, en donde go2ó de nmeiía Ttpu** 
tacion , y escribió las slguiented obrita». 

4.* Él perfecto praeticanU medito. Toledo, pcur Agostía 
de Salas Zazo. Año def 1677, en ^.^ 

' S.* Perfecto pracHcante nfujanoy y de morbo giHeo. llolth 
do, por Agustín de Salas Zaza, año de 4679 , en 8.« ^ 

3/ Tratado genefatde todas la$ tres especies de ve^^nóif^ 
$pmo son: de minerates^ plantas y mtniales. Totedo , 4679^ Si^^ 

4/ También escribió un tratadito de peste. 

Todas estas obritas . awMpie de pctoo mérito literario,, 
acreditan en su autor laboriosidad y buen deseo. 

if ATIAS GaIRGIA« 

• ■ • " . ) 

El doefeorI>. Francisco Ortí y Figueroa, eneas ÍU»wiia9 
hislóricat de la fandaáon 9 progreses de lis 'tamerádaá de Vmm 
Uneia^ álapág: 397, edi'o. de 4730« nos haoeel panegirto» 
Ae eM» médico y de %m obráis^ dándonos al mi^tno tíaispé 
las noticias biográficas que á continua<Aon traslado. 

clfatias García, iiatural de 1» Villa de* Agreda eK' la 
éiáee^is de ^Tarazona, estadio lá meditina ai ^ta uiÉtvfrfti^ 
éaá (Vaienoia), siendo discípulo de su paisano el doctor 
Juan de Cabriada (f ], catedrático de teórióa en esla eseitefai^ 
Becibió el ^rado mayor dé estafadvttad, y obtuvo la cétaf 
dra dé teórica primeramente, y deapses U de aaatoÉHil^ 
que regentó píor espacio de treiotay u» año». Fué «no¿ de 
los médicos de mas nombre en su tfempo, y como tai >éeto> ' 
brado en las universidades de Oai»tUta, Ainganv ^'^aUña 
y Valencia. Visitó en esta andad á los rireyes , j á la pri^ 
Bier« «obleasa; estuto. coasottadoide Tariae ftertes^vT'^ 
tada9 muy aptaitdUtopor fai sinftulwirítaEfil deisd iogmiOL 

rEldoetorD. Gaspaflritratoí detebreamntev prófoiinédí»» 
1^ de Carlos II, le adamó foréoetínnio^ pienípíeaciaiaibr }r 

■i... ) ..l u i. i' i i Mn i M II «if ji 

(1) Este fué el padre del escritor del inismo nombre 7 epetUdo» 
yéete su btof raGa, año de 1686. 



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eftfditfftittM). El doctor D. Francisco Hernaikdét de YUIacov-^ 
ta le llama el Esculapio de sa siglo, dado al mando po^ 
sobeitna providencia deDiofi para destierro de la ignoran* 
cía. Con elogios semejantes le engrandecen los catedrátieotf 
de medicina mas célebres en las universidades de Vallado-* 
lid, Huesca , Barcelona y Zaragoza. Murió én Yaiencla á \oi 
primeros dias del mes de enero del afio de 4691.9HastA 
aquí el escritor de las Memorias de Yaleneia. 

Matías Garcia fué sin duda uno de los mas sabios profeKo*^ 
rea de la escuela valenciana en el siglo XVII; sus obras es^ 
tan llenas de ciencia y erudición. Sin embargo, la imparcia*-' 
lidad histórica, al paso que reconoce su capacidad , ingenio 
j gran sutileza de imaginación, no puede tributarle tan en- 
cumbrados elocios como le prodigaron en su tiempo varioá 
Írofesores de tas universidades de España. Sn obra contra 
[firveo, en la eme se empeñó en impugnar «o doctrina sobre 
la circulación de la sangre, es un lunar que afea sus escritos, 
aunque no podamos menos de admirar el ingenio que des-< 
plegó en semejante lucha. Foé tanto mas notable el error 
de este valenciano, cuanto que era un célebre anatómico, 
f babia muchos médicos antiguos , que ya en Galeno Tcian 
esplicado el mecanismo de las anastomosis de las arteria» 
y las venas, poi^ cuyo medio pasaba y circulaba la sangre por 
lodos los aparatoside la máquina animal. 

El análisis, aunque sudinto , que vamos á presentar de las 
ébras de Garcia, pondrá de matíitiesto sus opiniones y el Iti^' 

£t qoe debe ocupar en la historia de los duelos eientifícot 
la Hedidna Ei^pañola. 

Las obras que imprimió fueron estas: 

té Máthi» Gñrcm metltvinm dúetoris^ ei in uñiversitaté 
Taféftfína olim theorkí»^ nune énatotnicije céihedrtíf professorii 
ét %fí Utrüqtie eennóriSf úistputatiúntn medMnm $efetf€t: in 
duai)paften dUtriMm, etc. liCon de Francia, por Pedro Bpur* 
geat, 1677, en folio. La censura de esta obra está dada por 
su maestra D. Juan de Cabriada. 

La primera parte se divide en oinoa disputas, qde v^en^m 
sobre los ren^ot , los üftf tfiotoi, el opio, sds prepafachñei\ y 
los t^n/tenot etirparticular. 

No do^ detendremos en este tratado : sabidas só<i las ideav 
dennestros antiguos en el ^itteoláir, )r:el poeo interés que^ 
efreec^ sus t^yras en el dia , en que tantil M adelantado 1% 
toxicológfa. 

El aiHor tmro presenté al e^ibirla á lodos los que le hA*- 
Man i^reeedidoeá él Blsmo eanino, prineipalniente á nues^ 



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n MEDlCllfA 

tro Jnao Bautista Bataller sobre los stotomas á^ lo$ y^<« 
nenos. 

Beflere muchos casos de envenenamiento; ventila varias 
cuestiones acerca del mismo objeto; habla del áspid, víbo*^ 
ra, animales rabiosos; y con este motivo se detiene á espli--* 
car la hidrofobia en el perro^ sus síntomas y contagio, como 
Igualmente su causa, signos y pronóstico;, por último 
cuenta entre el número de los venenos particulares los del, 
escorpión, escuerzo y otros, sin omitir la parte terapéutica 
que en su tiempa.se conocía, enumerando los diversos espem 
cíñeos d poderosos aatidotos contra la mordedura de loa 
feferido.s animales. 

. La segunda parte de esta obra se divide en tres disputas, 
y trata en ellas: 

I^ motu coráis, De motH arteriarum. De motu sanguinis. r 

Preciso es detenernos algún tanto en esta obra, porque d^ 
suficiente luz acerca de lo que entendía este valenciana pop, 
circulación, y hace ver con claridad cualea eran sus doctrir 
Das, y cual la fuerza de sus argumentos. > 

Ya hemos dicho arriba que en ella se propuso ioipognar 
luertemeateal médico inglés. Funda sus aserciones sobr^ 
esperimeotos hechos en animales vivos, y sobre la interpre**; 
tacion aue daba al sentir de los primeros maestros ,<^ lar 
antigüedad: cayendo en el grave é imperdonable error det' 
creer que el profesor Harveo habia hecho ua grande daño 
con su obra, y juzgando que la circulación de la sangre ÍAi^ 
que habla era un .descubriipiento tao pernicioso como ua 
mortal veneno. Hé aqui sus espresiones: Quia ^go hqe vene^ 
num quasi eontagium serf€re poteraí^ et multa vera prcBcepta 
medica prasvertl^ praseipue cum patronos tur^> hispanos i§m 
habeat, consultum judicaviyin iUius impugmatione tanquaifí 
inamagnissimoviridario spatiariy prwcipuecum meitnuneris sU^ 
hoc adimptercy cumsexdedm abkinc annisin Valentina Uni^ 
versitate Hispanice sola anatomim niagittra^ publice anqtomi' 
micas administrationes exercitassem (Proadmium). . 

Desacertado andovo< también Garcia en llamar á la escue- 
la valenciana úiitca maestra de. anatomía^ y no se concibe co<-. 
mo un hombre tan ilustrado pudo olvidar que eaSalamaa* 
QfL, Yalladolid, Alcalá y Barcelona, hablan florecido en el 
siglo XVI, y existían aun cuando^ escribía el autor, grandea^ 
anatómicos, y que cada unade estas escuelas tenia sus tea^-- 
tros, donde se practicaban las más prolijas diseccioneiu qu0f 
fueron el primer paso di4o control m doctrinas de Galeno. 
Sin embargo, Garcia cu el mismo luga^. cita4o9 Qo p^^ 



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imnos de reconocer á estas <yfeaelas; perd afiadeq«eeoin<« 
paradas con la yalenciaiía eran notablemente infenores. Hé 
aquí sus palabras: Disd sotu anta , etii Salmaníuenii , Complw 
tensi^ etiValigoletanünoitrm tiispmníw floridÍB$mi$ $cholis lega* 
tur , núnime iamen per sectionem perfiátur hmc dodrina, W 
valde debiliter ; non f ata artífices el erudüisiimi ibt non adtiM 
doctares4n quaenmque medicínoforte abundé instructi^ sed quia' 
talis est consuetudo , contra Galenum tamen^ cum sola librorum 
hctione lústaricapars anatomice non conséquatur. (Prosemhini.) 

Esto dio margen á (¡oe herida la snsceptibiUdad del cate-* 
dráticodela uniyersidad de Barcelona>» el doctor D. Juan 
Alós, escribiese sü obra def endien(k> á Harveo, y dirigiéndo- 
se á Garcia , le dijese qoe no estra&aba tanto sos ideas, como 
el quebubieseQ aprobado sus obras los censores valeacianos. 
Criticando so error acerca del título de maestra qoe daba á 
su oniversidad, dice ast: 

Ui lecíorum animo» sibi conciliaret, m exterminando íam 
certa et palpabUi ctrcularis moius sangíánts invento^ amctorita'' 
te professoris ae eenscris qua in sekola Valentina funtfebatur^ 
hase faítu túmido propalare non eu veñtusí Valentina uni^er- 
sitas Hispanise sola anatomise magistra. 

¡ Nos mies pulli nati infielicHus ovis ! 

En efecto, Hátias Garcia negaba la circulación de la 
sangre, tal como la comprendemos boj. El coraason, seffUQ 
él ) era la fuente del calor nativo^ el cnal comunicaba a la 
jangre su virtud calorífica. «Gorfontemessécaiorís nati?i 
omnes unanimiter tam pbilosopbi quam medica faten- 

tur.'(l) .....;naini5icnti continuo a f onte venit aqua, 

ita continuo spirítus de novo geniti , et sanguinís arteriali» 
h corde manant, substantise enim ita subtiles^ cum sit faeile, 
dissipantur et continua reparatione indígent.» {%) 

Greia también que la sangre pasaba del ventnculo dere- 
cho del corazón, al izquierdo; que la alternativa constricción 
y dilatación de este j de las arterías, hacia entrar en él la 
sangre de los grandes vasos , «n fuerza de su virtud aita^ 
yente , j que todos estos actos eran vitales propios de di-* 
ehos órganos. «HffiC est natura; oibil frustra molitur;non 
enim temeré aut fortuito facti sunt profondi illi meatus, 
qui adeo in angustum finiantur (quos sspe ssepius vidi, ana- 



' (i) De mota coráis qaest. 8/trtf culo 8< pag« Ói« 
*(a) Id. id. M. pag.es. 



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91 ittDnaaiA 

lomioam admiDistn^opeoí de cordis ftliríea tdoiiri^iUi 

eiercens), ob qaod foraminosutn Mptam dicitUF: 6i tálese 
sftogatais transfusioiicm non saat laeti á dextro io sídís^ 
4riim, dicant propter qaid de«dero« Licet enim peiütu.s ab 
üoo in aliam yentríGiilaní perforare non eit vi^am seosibH 
le, aat aspeetabUe, hoe non qnia ita noQ sit (1 )....•*.« Pro*» 
batur primo qnia tcmpore qno ventriculi eordis impleOi* 
tur, vasa á c|aibus aUrabnnt depleotur, ergo cuní de«* 
(jleiilBr ventrícali, repleri debcnt vasa reeipieima, qvm com 
8int arteriae hoc témpora debent diiatari (%]... .i •«...•^..» 

Los palmones eran los conductores del aire que atraído 
por el corazón , atemperaba so calor y b> refrescaba; añ 
como pasaba también á las arterias,, para circular con loa 
espíritus vitales de que estaban llenas, «Sic nostra conclu* 
sio: eór et arteriasjaereai attrahere necessarío ín diastole, et 
fuii^ines et aerem ia systole expeleré, quo fit, ut idem sit 
respiralionis et pulsus mn^^ ita ut primarios oujas motus 
fiuis talk usos sit, aliquando euim Iicet sanguinem vel ma- 
teriam pro nutritione attrahant^ secundarios non primarins 

ipftios est usus et fiáis (3) ••• Motus respiratioiiis ínspi'* 

rationem etexpirationemdiceos, fiunt propter cor taufiuam 
propter finem; ideo oportetnolúsinspiranUbus repleri arr 
tariam venosam, et e)q[>iraotibas inaniri, non quoía prínci* 
pium talis motus venosae arteri» sit inspiratio aut expi« 
vatio, sed oordis motos finis sciücetrespiralioois, cioiavia 
eum sit ut á pulmone in cor dücatur aer, motui cerdis inseiv 
vit ; qnia corde dilatato ex ipsa trabit, et compressoex ipso 
recipit^ á qua postea pulmones utexpellant, et ipsa á pul<^ 
mone ut ad cor mittat, cum ergo súbito dilatan et compri^ 
mi debeat, et boc continuo, oportet uni<^ luoica consta*^ 
re.» (4) 

Las arterías se onian á las viuias por medio de las anasto- 
mosis, transmitiendo aquellas á estas los espíritus vitales y 
estas á aquellas ia parte vaporosa de la saufi^re, mas no esta 

mismo líquido. Anastoraosio inter arterias et venas 

p^roponat, patentes meatus inter ipsas negat Oalenus; insea* 
sibiles, visum fugientes^ et subtíles anastainoses admilU, €i 
4 vena ia arteriara, et aoontra dari cootinuum traiisitwi 



(1) De moto eordis, quest. 6, artículo 2, pag. 46 792 

(2) De mota artfrla.r^n» iiaest, 2, ariícaio 1> paa« 85 j 9^. 
'3) De mota eordis, queat. 4, art. 2, pag iS-t 
4) Da molii eordis, qaeat. 4, art. 8, pag.-A). 



Si 



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isasbtatitiee ftimat. Sed k Tena Tapores sangmnis, et ab arte- 
ria in venam spiritas transiré continao, non tamen aliam 
mbstantiam dedoritur. Nisi velis aerem ab arteriis in Tenas 
et farsas h venís in arterias meare, et remeare sitoti et fuli- 

^nes Sangninem Tero ab artería in venam, et á ve* 

na in arteriam oouOuere, continuo et natnraliter, neqnc in 
Galeno ioTenies, neqae ita aceidere possibile jadicoj» í i). 

Al hablar por último de los oaractércs diferencia* 

les de la sangre arterial y venosa, para probar qne la circo* 
lacion harveyana repugnaba á los sentidos y á la razón, di- 
«een«lart{caÍQ2.<» aela coestion 2, d^'mofu sanguinis^ pag. 
1 13: sanguinis secundum veram et antlquam doetrinam emulan 

éiiernon moveíur inferturonam penituset eundem 

sanguin^m in venís, et arteriis contincri, quod experíentia 
repugnat ^t sensni. Nam aperta arteria sanguis j>xit flavas, 
calidis^imas, tennissimus et lloridissimufl, aperta vena eras- 
SUS, ruber^nonHa calidas, aut floridas........ Tum qaiaia 

^davere gramesit arterialis^ neotiqaam ia venis contentas: 
tum quia vacnae apparent arteríse fere in cadavere; ptens 
«atem vena;: diversa ergo est materia, qnae dacitar per arte- 
ria«, ac qo^ per venas movetar: ergo non datar sanguinis 
eircuiatio (id.) ,. 

Es admirable en esta obra el rigorismo lógico que eiQ^ 
plea Matías Garda para impugnar todas las observaciones 
anatómicas que pabiicó Harveo en Í628 y 1636, asi como i 
Pecquet, á nuestro Brabo y otros que escribieron sobre la 
misma materia, presentánaonos otras observaciot)¿s suyas 
tanto ea animales vivos como en disecciones cadavérieas. 
Omito el trasladar algunas de ellas por el poco interés 
que en d dia ofrecen; pero preciso es confesar que no en va- 
no dijo el antor qne esta obra te había costado muy malos 
Tatos y fx^n trabajo: «Maltum enim insudavi ¡n modo 
1mpugnat|onís,quiaHarvejus, etsi per exercitaliones ana- 
tómicas dispntationem dividit, tanta et tam varia in utroque 
permiscet. nt fere methodum perspicua m non obscrvet (2). 

Gondoiremos pues el . analtas de esta obra , trasladando 
aqai las palabras de este valenciano, acerca del tiempo que 
empleaba ia sangre en pasar por el corazón; las cuales 
eompletarán lo que llevamos dicbo relativamente d sus 
opiniones sobre el círculo sanguíneo. 



(1) De id. qaest 6, trt.3, p»g. 49. 
(S; ProsmhiiD. 



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M utmcmK 

tSaoguinis eiüm cum gralia natritionís alliciatar k cor- . 
áe, et ut sanguis optimam alimentum reddatur detineri de-, 
sideret, ideo ia porositatibus cordis detentas alteratur, 
dum ist» praesens est alter de novo non allicitur ad altera- 
tionem., sieuti ex reliqais partibus coostat tempus deside* 
ratur; et ita non solum non attrabit inspatiosemi horsd- 
líb. iO ut intendit Uarvejas , verum neo m tota die ua-^ 
cías 3, et baec est major quantitas pro die asignanda, con- 
jectura scilicet, quia cum diu noctuque moveatur cor plu« 
rimo alimento eget spirituoso scilicet, cum multa sub-*- 
stantia spirituosa conste! nativa.» (1) 

Al fin de esta obra se halla un opúsculo titulado: 

3.* Matthia GarcUe^ etc. disputatio apologética advenus 
quosdam doct'usimos médicos mate eénlientes de curacione ver^ 
tiainis per conunium ventrieuli^ celebrata in Excmo.' Domino 
Marchione de Astorga Beíada et San Roman^ Dtice de Aguiam^ 
comité de Trastamara^ anno Domini 1665, Valentini Regm 
Proacrc, León de Francia por Pedro Bour^eat, 1677, en folio 

El motivo (|ue obligó al autor á escribir esta obrita fue el 
haber prescrito unas pildoras purgantes al marqués de 
Astorga, conde de Trastamara, en la enfermedad que pa« 
decia. En su administración hubo algún abuso, de lo que se 
le originó tan fuerte diarrea, que asustado llamó á consul- 
ta» En ella se atribuló á las pildoras aauel grave accidente, 
y Garcia defendió su bonor , probando que no era el re« 
medio el gue había agravado al marqués, pues estaba indi* 
cado en vista de todas las circunstanoias conmemorativas 
del paciente, y sí su escesiva cantidad. 

4. Matthi^ GarcUe^ etc. Disputationee phisiologicas anti^^ 
quorum et neotericorum placita ñopo acumine exprimentesi 
tentativ(e partis, pro laureola medita doctorali juxta síatuta 
schola^ Valentinas comparanda^ prascipuam partem conttnen-' 
ies\ medica , et Philosophis valde útiles ^ cum índice locupletU* 
simo. Valencia, por la viuda de Benito Macé, 1680, en folio. 

Está dedicada á Garlos II, y hacen de ella los mayores 
dogios los médicos de cámara, Bravo de Sobremontey 
Francisco Henriquez de Villacorta. 

Divídese en 16 disputas en la forma siguiente: 

1/ De la utilidad y necesidad déla medicina: viene (l 
ser unos prolegómenos de esta ciencia, donde ventila ea 
nueve capítulos varias cuestiones. 



(i) De motu stogntnit, qaeii. 9, art, 3, pág. 129, 



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"S? Trata de lok elementos cuja materia Guacida ám- 
))liameDte en nueve capítulos: sus doctrinas ^son las galé- 
nicas. 

3." Délos temperamentos, desús diferencias y cnali-» 
dades. Hal)la estensamente de esta materia en quince capí- 
tulos, y se hace cargo de todas sus cuestiones. 

4.* Sigue en esta disputa la materia del pasado, y es- 
pone en siete capítulos el temperamento que se atribula á 
cada entfaúa en pañicnlar. 

5.^ Continúa examinando el temperamento de cada 
edad; el número de estas:; los años climatéricos, con 
otras pátttcularidadesii que los antiguos daban gran im« 
portancia : súbdivídese en nueve capítulos. 

6^ Sobre la muerte y la vida; ventila la controversia 
sobre como se habia de entender la muerte natural ; en qué 
consistía el cálido innato , etc. etc. gubdivídese en cuatro 
capítulos. 

7.* Es un tratado de humores: sus ideas son las de los 
médicos griegos. Súbdivídese en quince capítulos. 

8.^ Trata de los humores en particular, y de las dege* 
neraciones, en doce catíitulo^. 

9." De las partes mi cuerpo humano : sus cuestiones 
aristotélicas están subdivididas en siete capítulos. 

10. De las principales partes de la naturaleza y de su 
número : súbdivídese en diez capítulos. 

11. De qué materia sean estas partes: en cuatro capí- 
tulos. 

12. De las facultades en general ;^us cuestiones sobre 
las potencias del alma, y como esta influye en el cuerpo, 
son las peripatéticas y tomistas de bu época. Se subdivide 
en cinco capítulos. 

13. De la facultad animal. Trata de los actos del cere- 
bro y de sus influencias : en seis capítulos. 

14. De las íacaltadcs naturales. Habla de la nutrición, 
de la generación , y de la circulación de la sangre, como de 
un invento ficticio: en cuatro capítulos. 

15. Haola de la generación humana y de «us princi* 
pios con toda estension : está subdividida en nueve capí- 
tulos. 

16. Esta última disputa, subdividida en cinco capítulos» 
cfs una miscelánea, que asi la titula, en la cual habla de la 
facultad eoncoctrix^ de k)s e$pintu$ , concluyendo por exa- 
minar si á un sordo-mudo de nacimiento se le deba repu- 
tar por fatuo 6 tonto, á lo que responde que no. Esta cues- 

TOMO VI. 7 



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8S . mtMSíBUk 

tioQ €8 91q; curiosa, y digna de leerse; el autor diseavro 
como baen filósofo y naturalista, probando que el defecto^ 
de algunos nervios no impedía la libre facultad del alma j 
del cerebro. 

Toda esta obra es como un ej^logo de las doctrinas de^ 
los antiguos, sobre los varios pantos de que bemos hecha 
meneion. 

Blas Martisez Kieto* 

Estudió en la universidad de Alcalá de Henares^ sienda 
discípulo de los doctores Enriques de Villacorta y Ribaa del 
Castillo: en la misma fué doctor y catedrático regente de 
las cátedras de prima y vísperas de medicina, después de 
ser médico de las villas de Belinchon , Uceda , Santa Gru¡( 
de la Zarza y Gbinchon«^Escribió: 

4 .® Discursos sobre la naturaleza , condición ^ preservación, 
eaUsaSy señales y curación para el contagio de peste ^ que hoy 
padecen las ciudades de Cartagena » Murcia y Totana. Ma"* 
drid,1677,en4.'' 

Escribió ademas otra obra, que aunque su título tiene al- 
guna conexión con la que acabamos de notar, sin embargo 
es diferente, á saber. 

2.*. aDiseurso brete sobre la naturaleza^ condiciom^ presir^ 
vacion^ causas, señales» pronósticos ^ eurúmon y reglas ge» 
nerafes para cualquier contagio de peste é tn¡€ecion ma^- 
ligná. Madrid, 1679, en 4.o: está dedicado á la Excma. Seño- 
ra Doña Catalina Velez de Guevara, condesado Oñate, y 
aprobado por los doctores Francisco Henriques de Villacor* 
ta , médico de cámara del rey Carlos II, y Juan Peribañes^ 
médico establecido en Madrid. 

i^te discurso es breve, y á la verdad no presenta novedad 
alguna; pero como dice Yillalba , contiene las reglas sufi-» 
cieates para las gentes de los pueblos que no pueden tener 
las obras voluminosas de mucho coste, relativas aconta-^ 
gios. 

En unión de este tratado se baila la siguiente. 

Consulta qm se hizo para el conocimiento del achaque que 
padece Doña Josefa López Alamo^ vecina de ta villa de Col-» 
menar de Oreja. Madrid, 4679, en 4.' 

Está dedicada á la Exema. Sra. Condesa de Chinchón, y 
aprobada porlos doctores Diego de Madrid y Francisco 
fiivas del Castillo. 

£n esta consulta se hace mau^ion de una epilepsia que rch 



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«onoda p6T éaiifli nna afeoeíon nteriná , y en «Ra resoelye ' 
Kieto coa facilidad y oportanamente las causas , síntomas 
y método curativo mas conveniente del mal qne describe. 

Francisco Moruló. 

Natural de Barcelona; estudió la medicina en snuniver* 
«idad, y se graduó de doctor en esta facultad^ llegando á 
«er protomédico de las galeras de España. Estando en Ná* 
poles escribió el opésculo siguiente: 

Medteinale fatrecimum in sanguinis árculationem. Nápoleá 
en la imprenta bulifoniana, 1678, en 4.« 

Está dedicada al Marqués de Sta. Cruz, general de la ar« 
mada, y encomiada por diez y siete de los mas sabios médi- 
cos y anatómicos de Ñapóles con versos latinos é italianos; 
siendo do notar que aplaudieron al autor hasta sus mayores 
antagonistas^ 

Entre las disputas médicas suscitadas en este siglo, ningu** 
na mas interesante que la que provocó Harveo sobre la 
tírculacion de la sangre entre nuestros facultativos; pues 
qne en ella no se nota esa crítica amarga y descortés de 
otras, procurando todos alegar sus razones, para probar 
unos el mecanismo de la circulación general y pulmonal, 
tal como se conoce en el dia, y sostener otros que la sangre 
iba del hígado al corazón pro gennatiene $pmtuum vira* 
Hum^ mas no á todas las partes del cuerpo para su un* 
tríciott. 

Morelló DOS hace, aunque reducidamente, una relación 
muy esacta de la circulación de la sangre por todo el cuer- 
po, é impugna la omnion contraria con razones poderosas. 

El doctor Juan de la Torre y Yalcarcel comnatió esta 
doctrina , y Morelló para probar su verdad escribió la di- 
sertación de que hablamos, que tan bien recibida fue de los 
mejores médicos de Ñapóles y de nuestra península. 

Esta obríta es tan rara» que el Sr. Amat ni hace mención 
de ella ni de su autor. To la poseo entre otras de esta clase. 

Jacinto Audreü. 

Natural de Hostalrích en Gataluüa , estudió la medicina 
en la universidad de Barcelona , en la que tomó el grado de 
doctor, y á los veinticaatro años de edad llegó á ser cate- 
drático de la misma. Mereció ser condecorado con el título 
de médico de cámara de IX Juan dt Austria, hijo del Rey 



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100 MBpicnfl 

' Felipe rV, Despaes de haber esplicado en la referida éscne^ 
la diferentes asignaturas jfór espacio de 2& años, publici 
una obra , que tiene por título: 

Praeticce gotholanorum y pro curandis humanicorp<ni$ mor* 
buj descripiOB jtutta medicina nUionales leges^ quas poste» 
rts commendatas reliquerunt lucidiora antiquitatts luminaria. 
Barcelona, por Vicente Snriá , en la imprenta de Francisco 
Gormellas, año de 1678, enfólio. 

Está dedicada á la Virgen de Monserrat, y aprobada por 
los doctores Bernardo Boria y Miguel Boneu. 

Se baila al principio de la obra una carta encomiástica 
del claustro de medicina de la universidad de Barcelona, di- 
rigida al doctor Andreu , en la que figuran como discípulos 
su^os los catedráticos de ac|uella^ Juan Álós, Francisco Bo*» 
neu , Santiago Sola , Agustín Fatjó y Santiago Pujados. Di- 
cen en ella entre otras alabanzas...... «Melle et acuelo ma« 

»jor, coronetur fli/actníAo , gloria nostn^.universitatisBar- 
»chinonensis,<xotholanorum decore, splendore Hispánise, 
»atque universi Apollinei orbis lumine et honore...... Pari- 

»ter ipsa haec amplissima nostri theatri sedes in certamine 
»nostrum Andream orantem stupuit: ipsa bsec amplissima 
usedes catedriB in variarum lectionum exercitio per vi^inti 
»quator annos orantem stupiiit, et orantem stupuit ipsa 
ftamplisima sedes concivium , in foro in rebus Reipubliese 
)igra\ibus^ et tanquam eloquentise patrem^ et securum asi- 
»lum. Sedetin aula Proregum sedes in consuUationibus 
»ampla majorum Híspaniae Principum concessu'^ et amplis^^ 
»sima etiam doctissimis mediéis Begiisssepé saepius oran- 
»tem stupuit hoc nostrum Gotholanum Apollinis oracu* 
»lum , Hippocratis et Galeni ornamentum, atque ut uno si«* 
ygillemns verbo totius Medicinse, et claritate diem, et pro« 
»iunditate inmensum arcanum: pro cujus encomiis; nec nlla 
»esttam aptata penna , quam' hujus voluminis aligera fa- 
»ma; nec ulla tam eloquens Suada^ quam nostrum in ore 
»silentium, more et ore oratoris Aiexandri ad Ephestio- 
imem: de Dilecto nunquam satis. ii 

También se hallan en loor de la obra y de su autor unos 
versos latinos del doctor en medicina José Ferrer, y otros 
del catedrático de retórica de aquella escuela D. Magia 
Casas. 

Se propuso Andréu en esta obra dar un compendio de 
medicina práctica, y solo publicó el primer tomo de ella. 
Está escrita con bastante método y claridad. Su mérito coa- 
aisteea la coucisioncoD que pintó los males. Precede un 



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bspaAola. 101 

Iratadito moy juicioso relaÜTO al diagnóstico, pronóstíco, 
Y recidivas de las enfermedades. Describe estas dividiéndo- 
las según las cavidades llamadas animal, vital y natural, y 
dá ideas de anatomía , aunque muy sucintas, de las visceras 
contenidas en cada una de ellas. 

Fué bipocrático aunque adicto también á Galeno, j por 
lo mismo bastante polifármaco* Fué igualmente enemigo de 

remedios químicos, y á este propósito esclama nUúnam 

hcec chimieortun pestífera tt epidémica cíade$ a teta HUpania 
exulár&t per t^ottrutn potentissimum Mavor4em, 

Los males que describe son:— Alopecia — dolor de cabeza 
— borrachera— vértigo — apoptegia — parálisis — epilepsia—' 
letargo— caro-— catáfora—convulsion—írenitis^melancolia 
— mania — catalepsia — catarata y debilidad de la vista— of- 
talmía— sordera, dolor y ruido de oídos— enfermedades de 
los dientes — mal olor de la boca — destilación ó fluxión reu- 
mático-catarral de la cabeza— epistasis — parótidas — angina 
«-pleuritis— pulmonía— empiema— hemoptisis — tisis — asma 
—los— palpitaciones del corazón— síncope — debilidad del 
estómago— aborrecimiento á la comida— hambre canina- 
hipo— náusea y> vómito— dolor del estómago y su inflama- 
ción— cólera-morbo— inflamación, obstrucción y escirro del 
hígado— ictericia— hidropesía — sífilis— obstrucción y es- 
birro del bazo — ¡leo ó vólvulo-*-cólieo— lienteria— diairrea 
—disenteria— dolor nefrítico— inflamación y ulceración de 
los ríñones y vejiga— supresión y ardor de la orina— diabe- 
tes— flujo de sangre por la uretra — incontinencia de orina— 
hernias— almorranas-artritis. 

Beiinardo Fbaucisgo de Acevedo. 

Médico en la ciudad de Málaga. Escribió : 
Tratado de la pe^te de Málaga. Málaga, f679, en 4.* 
Esta obrita es tan curiosa como rara: posea un ejemplar 
que ten^o á la vista, y del cual estrácto las noticias bístóri-^ 
cas siguientes: 

Por el año de 1677 padecía la plaza de Oran el pestilente 
contagio, del cual inficionó á Cartagena por el tráfico de ro- 
pas; con este motivo se puso la mayor vigilancia en los 
puertos marítimos ; pera a pesar de esto, llegó el dia 28 de 
mayo de 4678 á la ciádad ae Málaga una saetía que simu- 
lando venir de dicha plaza de Oran fue admitida al comer- 
cio. Llegaron, pues, a tierra algunos marineros, y se hospe- 
daron en la plaznéla de D* Juan de Málaga/ á donde al te» 



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lOjr HBDICniA 

gando dta de m llegada mmió un muchacha tan aeetertdá^ 
mente» que no hubo tiempo ni aun para procurarle reme- 
dio alguno. De aquí se contagiaron en la misma plazoleUi 
cinco personas, con pústulas carbuncnlosas^ tumores en 
las ingles y debajo del brazo, 7 calentura maligna. En tís-» 
ta de esto, el doctor D. Alonso Cronzalez manifestó que la 
enfermedad de que babian sucumbido aquellos sujetos era 
pestilente y contagiosa. Tomóse la resolución m sacar á 
los enfermos para que se curasen^ y los sanos para que bi« 
ciesen cuarentena, dándoles porestancia el castillo de Santa 
Catberina, en donde se les suministraron todos los auxilios 
temporales y espirituales ; pero fueron muy pocos los que 
sanaron. A pesar de todo ,^ se esparcíala voz en la ciudad 
de que el achaque que corría ni era peste, ni contagio^ 
siendo un médico el qué sostenía esta opinión , y que eran 
escusadas las vivas diligencias que se practicaban para im-*^ 
pedir los progresos del mal. 

En este estado hubo junta de todos los médicos de 1» 
ciudad; se dio por causa cierta de la enfermedad reinante 
el contagio de las ropas que de Oránsetraiéran,y sehizo 

5 rósente el gran número de enfermes que habia , observan- 
080 en todos tumores en las ingles, debajo de los brazos^ 
detras de las orejas, y en algunos pústulas earbunculosas, y 
todos con calentura maligna y accidentes muy graves, que 
simbolizaban claramente la peste bubonaria. 

Sin embargo de lo espuesto, prevaleció el voto del médi- 
co que sostenía que el achaque no ofrecía ningún cuidado^ 
ni era peste: con esto descuidaron todas las medidas pre» 
servativas y se comunicaron unos con otros. Coincidió 
también, que habiendo enviado la real chancilleria de Gra- 
nada una visita de médicos, compuesta deD. Marco Antonio 
Checa y D. Ángel Lorenzo, para que reconociesen el estado 
sanitario de la ciudad , siguieron asimismo la opinión nega- 
tiva , y de sus resultas se mandó quitar el hospital y enviar 
los enfermos á sus casas. 

£1 número de los invadidos se iba haciendo cada vez ma« 
yor; los muertos eran muchos , solo se oian llantos , lamen- 
tos y congojas, que acreditaban con harto dolor la opinión 

afirmativa 

Estando la ciudad hecha teatro de duelos y miserias, se 
procuró al fin el remedio, pues el fuego que ardía, ya no 
podia encubrirse ni disimularse. Separáronse los contagia-* 
dos; se formaron hospitales; se mandó á los médicos diesen 
QotíGia de todos los enfermos bigo pena de escommáon, 7 le 



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BSPiJrouL. 108 

qoemarónlasroiNis, de las que á loontoiite se encontrabaa 
en las calles arreadas por los qaeesperimeDtados eooocian 

sa riesg[0......... ■. 

Notidoso.el Consejo real de aqael conflicto, mandó al pro* 
protomedicato enviase médicos al último reconocimiento. 
El doctor D. Diego Blanco Salgado, de qaien mas adelante 
hablaremos, fué el comisfonade para este efecto, qnien co*« 
noció desde laegolaindole.de la enfermedad. £1 número 
de muertos en este contaja^io foé innnmerable. Llenáronse 
las parroquias y cementerios, y de 4213 enfermos que cn«» 
traron en el hospital perecieron ^6. £1 autor dedica el re»- 
to de esta obra a tratar de la esencia de la calentara pestíi* 
lente, de sos síntomas y pronóstico, sin decirnos nada del 
Biétodo curativo. 

BnsGo BtjJcó Salgado. 

Mé^Kco de gran fama y pericia , á qaien el protomedieat» 
por orden del Real Consejo de Castilla, comisionó para ins* 
peccionar la índole de las enfermedadíes qne se padecieron 
en Mála^ j otros pueblos por ios años del 678, cu razón úe 
la diTer«dad de [Mireceres entre los médicos. 

Salgado cnmplié con sb cometido el 19 de noviembre 
de 1678, entrando á visitar los hospitales de Málaga con 
D. Juan £spinosa, D. Bernardo Acevedo y D. Francisco La- 
mesa , y hedió cer$^ de que aquella epidemia era contagio- 
sa, lo declaró asi, é imprimió una obra para probar su opi« 
nion y rdiaür la contraria con el título de: 

Tratcído de la $piéemia pe$Hleníe que padeció Im ciudad d§ 
Málaga el año de 1678 y 1679. Málaga, por Mateo Lopes Hi- 
dalgo, 16T9, en 4,® y otras ediciones en 8.« 

Ésta obra es un precioso documento histórico; en ella 
hace Salgado on digno elogio de todas las [)ersonas que se 
distinguieron por su humanidad y conocimientos en el ali- 
tío y socorro cíe ios desgraciados que padecieron la peste bu- 
b<maria, y entre las cuales debemos hacer aqui particular 
mención del sabio cuanto infortunado profesor I>. Manuel 
Morillo. Este licenciado, después de haber curado la peste 
en Málaga por los años oe 1649, pasó á MarbcUa de orden 
superior, (Kir haberse presentado en aquel puerto el mismo 
eontagio; en solida se trasladó á Gibniltar , que también le 
padecía, y tolviendo otra Test é Málaga, después de haber ee* 
sedó aquella temible enfermedad, y en laique sa eondacta^ 
tooao diee B^i^o, letncrecíó taMi admiraeiom de los hom,* 



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404 mDicnrA^ 

bres mas doctos,üaé beeho caativopor los argelinos, j i 
frió en Argel 13 años de cautiverio, en cuyo tiempo eierci6 
8U facultad en aquel pueblo como cirujano mayor dfe sos 
hospitales. Durante este tiempo se presenta la gran peste en 
la referida ciudad, la cual duró- tres años continuos, y de 
sus resultas podo al fin recuperar la libertad, volviendo á 
ejercer su profesión en Málaga. A poco tiempo prendió la 
peste en ella , por lósanos de 1678 , y fué el primero que la 
conoció, declarándolo asi. Propagado el mal , y visitando,^ 
como hemos dicho, el doctor Salgado álos a'pestados en 
compañía de D. Juan Espinosia, falleció este en Velea-Má-^ 
la^a herido do la landre'; Salgado entonces quedó solo 
asistiendo á los enfermos hasta eH9 de abril de aquel mis- 
mo año, en cuyo ejercicio cesó por hallarse acometido de una 
landre y cinco carbunclos en diferentes parles del cuerpo» 
con -horribles accidentes. Entonces el invulnerable Manuel 
Murillo acudió al auxiho de su compañero^ y tuvo la gloria 
decurarlo. Sentimos no poder dar mas^lensas noticias de 
este profesor. (Véase- la obra de Salgado y á Yillalva, que 
también habla de estelicei^ado.) 

La obra do Salgado se divide en cuatro partes : en la pñ^ 
mera trata de la peste en general; la segunda es una cues* 
tion apologética en respuesta á otra de D. Marco Antonio 
de Checa, que torpemente quiso sostener que la enfermedad 
de Málaga no era peste. £n la tercera espone el progreso 
del contagio oon^algunas advertendasmny útiles, asi pre- 
cautivas como curativas. La cuarta y última parte contiene 
en latin un antídotario es|)ecíñco, para toda clase de morbos 
benignos y malignos,. &si como para los casos de peste; 
cuyos remedios eran los mas esperimentados por los profe- 
sores de gran pericia en esta clase de mal. 

JuAR Bautista Orivat de Mohreaij» 

Natural de Valencia,, maestro en artes, catedrátíoor de 
medicina y lengua griega en esta universidad, y recente 
de diputado del reino por el brazo de ciudadanos ó hijos- 
dalgo. Su rara inteligencia eñ el idioma griego, hizo que se 
le encargase esta cátedra juntamente con la oe medicina, 
dispensándole para esto las leyes académicas que lo prohi* 
bian. Sirvió al público, asi en la cuidadosa vigilancia con 
que atendió á la regencia de sus cátedras, coma en la difí«» 
cil curación de muchas enfermedades gravísimas. Mereció 
que el magistrado de Valencfo , en carta de 6 de may>o da 



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espaXoui. tos 

Í681 • le recomendase al católioo rej Carlos D, como i 
mo ac los sécelos que con mayor primor y acierto se ha- 
bían constitaido merecedores de sus reales gracias, y á 
quien los servicios á la ciudad, universidad y facultad de 
medicina, habian adquirido el concepto de hombre insigne, 
lianifestó su gran pericia y escelenlepráetica en la medi-^ 
eiua, cuando enviado de esta ciudad á las de Murcia, Car«* 
tagéna , Orihuela y otras infestadas de enfermedades conta* 
giosas , descubrió desde luego el origen y causas del conta« 
gio, que es el primer pmao para la aplicación del remedio» 

Sus obras son : 

l.o Piopugnüculum Hippaeratieas ac Galenicm doeirince 
áe febrium pulridarum in prínciplts per purgationem el san'' 

Íutnis miaionem curatíone. León de Francia, por Juan de 
Irugiers,. añude 1679 j en 4,« ' 

£n esta obra presenta siete cuestiones, á saber: Stcon>» 
ijienén en el principio de la$ dolencioM $in caUntura pútrida 
lo9purgantes minorativos. Se decide por la afirmativa. 

Si prestan utilidad los purgantes en el- caso de haber crtofe*» 
%as en el estómago complicadas con calentura pútrida. 

Dice que no deben (propinarse los purgantes con ánimo 
de producir Iir espuUionde las cnudezas, sino que debe 
proporcionarse su cocción con el ausilto de medicamentos 
emolientes, etc. , y que si á pesar de esta medicación no se 
consiguiese el objeto, y la crudeza persistiera, cree seria útil 
la admínistractoBt de suaves purgantes, aunen el caso de 
existir calentura pútrida. 

Si convienen ios purgantes minorativos en el- principio de 
las calenturas pútridas hallándose destruida la crudeza. 
. Después de rebatir las opiniones de varios médicos regni* 
colas, prueba con autoridad de Hipócrates que de ningua 
modo convienen los purgante», ni aun los minorativos. 

Silos espresados purgantes convienen en las calenturas pesti* 
knciales y malignas subsistiendo las crudezas. 

Está por la negativa, haciendo empero la salvedad de qne 
tan solo pueden permitirse en el caso de que la turgencia 
reclame imperiosamente una pronta evacuación. 

Si en el principio denlas ealenturas^ pútridas son de utilidad 
los minorativos atendiendo á la materia y ala parte ptedispuei^ 
ta á la. evacuación. 

Prefiere bajo todos aspectos la sangría á los purgantes. 

Si en el principió de dichas calenturas pútridas con diarrea 
ú otras evacuaciones sintomáticas^ convienen los purgantes nt«* 
norativos. 



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t06 M JSDIGIRA 

Opina qoe ih> deben favorecerse de moda aTmiio. 

Y filialmente^ $i coiwiene cortar ó favorecer tas eeereciema 
gintomátiea$» 

Se adhiere al primer estremo. 

2.0 Commentarium 11 y in sentent* XXIX ^lib. II , apko^. 
rum. Hippoc. de sanguinis mUione in febrium putridarum cti» 
ratione exereenéa. 

Gomo en la obra que precede^ ofrece seis cuestiones don^ 
de dilucida su opinión, que estriba en sangrar en los princí* 
piosde las calenturas pútridas, oponiáfidíose á verífiearlo 
transcurrido este período. 

Haciendo abstracción del virulento j acrimonioso estilo 
que usa en varios puntos de esta obra contra el catalán Ga-» 
janes, j que nos revela patentemente su impetuoso carácter, 
del que se dejé subyugar en esta ocasión^ sb escrito es áig^ 
no de particnlar encomio» 

3^. Antxpoáo^lebotoma teu di9\iuUktt& tertia ufologettea i» 
Gasparem Caldera de Hertdia, hispalenítem¡ , in qua nova teeta 
mittendt saníjuinem ex falo, omnmó depetütur^ Bippocratis 
magniGaleni et omnium priscorum et neotericorúm sententia^ 
de sanguine mittendo ex bracbio in morborum kumoralium 
principio^ et potisümum putridarum febrium propupiatur^ 
León de Francia , 1679, en 4.» 

En este escrito trata de probar nuestro valenciano que 1» 
sangría de los pies debe preferirse á la de las manos y bni-« 
zos, tildando de ridícala la opinioa de Gaspar Galdera de 
Heredia; que proscribía la del pie. 

~4.^ Teatro áe la verdad y clara manifiesío del eanoci* 
miento de las enfermedades de la ciudad de Orihuela del añ^ 
de 1678;. Pruébase no haber sido peste ni contagio , sino ealen^ 
turas nmlignas con fortna vulgar ^naáéas depobrsxa^ hambre^ 
malos aUriieníosif destemplanza del tiempo. Defiéfuíese ladéela*- 
ración hecha en la visita de Oríbuela por luán Bautista Orivatf 

Íde Monrsaiy maestro de filosoña^ etc.' Zaragoza , por los 
erederos de Diego Dormer , 16/9, en k.^ 
£1 autor empieza haciendo la historia de las enfermeda**» 
des que afligieron á Orihuela. Defiende, como se dice en la 
portada de esta obra , qtte no fueron peste como se habia 
creído; trata de la esencia de esta enfermedad; prueba qne 
ha de ser epidémica' en su esencial constitución ; impugna 
los argumentos contrarios á esta opinión ;. esplica después 
cuantas diferencias habia de pestes {juzga qne laque me- 
rece propiamente] este nombre consiste en el aire viciado,, 
confirmando este sentir con la autoridad de Hipterates j 



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espaSola. 407 

Galeno; im|nigDa las opiniones del doctor Fernandez so- 
bre la materia; por último conclnye diciendo que la consti-* 
litación de la enfermedad qoe padeció Oribuela, no fne ab^ 
solatamente contagiosa, como tampoco la de Murcia y Car* 
tagena, y propone la verdadera nataralesa de aquellas afee* 
eiones, haciendo una descripción de las mutaciones del 
tiempo qae las precedieron y originaron* 

GRE60EI0 DE LlLLO Y HiERBO. 

Nació enGuadalajara el año 4639. Fué doctor en medi- 
cina de la nniversidad de Alcalá , discípulo de Francisco 
Preso Hervias (I) y catedrático de aquella escuela, de la que 
hace grandes elogios^ Estuvo de médico en la villa de Cien- 
pozuelos; fué llamado á su patria, y lo era del monasterio 
de Lupiana en el año de 1679, cuando imprimió una obra 
con este título : 

Intiructíú medicarum Appollineam faeultaUm aggredientibui 
valde iiit/is. Madrid, por Antonio González de Beyes, 1679, 
en 4.® 

Está dedicada á dicba ciudad, censurada por los doctores 
eo medicina D. Luis de Vera y D. Pablo de Vera y Castellot, 
y aprobada por ios doctores D. Fernando Baltierra Ribade** 
neyra , y D. Gregorio Gastell, médicos de cámara de S. M« 

lia primera parte de esta obra puede considerarse como un 
pequeño comento de la alegoría que trae Hipócrates en su 
libro De leqe , $obre el cultivo del entendimiento del médico ^ á 
la qpe añadió muchas sentencias de autores graves, para per- 
feccionar al que $e dedique a la medkina. El resto de la obra 
son observaciones curiosas de los enfermos que vio, siendo 
médico de Ciempozoelos, desde los años 1666 hasta el 1676. 

Termina esta obra, que escribió en latin, con una rela^ 
cion en castellano de una consulta á que fué llamado en 
la villa de Seseña, año 1671, para una señora que tenia ca* 
Untura continua con crecimientos ^ dolor de vientre y caderas^ 
con dificultad de ortNa, y eetaba preñada de seis mesa. 

£1 escrito de este médico se resiente también del mal gus-» 
to que reinaba cuando escribió. Era muy sangrador. ^ bu« 
biera vivido á principios del siglo XYI, ó en nuestros tiem-» 
pos, y hubiese escrito sin el mal gusto espresado, se leería 
su obra con provecho. 



(i) VteMiv obra. Intime, medie., ptg. 19. 



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108 MBDICIHA 

Sia embargo, sos observaciones unidas á las de Merea«^ 
do y de Maroja, son las fuentes donde se han de beber los 
conocimientos sóbrelas enfermedades mas comunes en Cas^ 
tilla. 

Es lástima que omitiera un^^bosquejo topográfico de la yí-, 
Hade Giempozuelos, que hubiese precedido á las observa- 
ciones que hizo enella por espacio de Mézanos. Ademas: de 
la noticia que trae en su obra de las enfermedades esporádi- 
cas, que en este tiempo ocurrieron , se lee la de varias «pi<^ 
demias, una de pleuresías á principios del año 1676, que no 
sola cundió en Giempozuelos, sino en Madrid y otras 
partesdeEspana y Europa; otrade tabardillosien 1675, otra* 
de intermitentes perniciosas en el mismo año; y otra de eri-» 
sípelas en 167 i, de cuyas epidemias, ni de su autor se 
baila noticia ea la epidemiologia española de D.: Joaquio 
Villalva. 

Habla del médico Olmedilla, que estaba en Borox, y que, 
como ya hemos dicho, publicó un tratado titulado El tnoni- 
iruo horrible de Grecia, y dice, que* en 1677 imprimió un 
memoñal en que dá la noticia al rey Garlos 11, de que en Es^ 
paña por cama de las muchas sangrías perecía un millón de 
personas. Se conoce que á Llllo no Je gustaba esta opinión, 
pues añade, que no se sabia los quemerian-ademas en sus ma* 
nos por la ortiision déoste auacri/ía ( I ). Era, repito, muy san«- 
ffrador, y le gustaba el dicho de nuestro YalleSj que apenas 
kay en la naturaleza una enfermedad para la que no convenga 
en su principio la. sangria. 

Ofreció una obra (2) con el título de Seopus magnorum 
auxiliorum^ que no publicó • . 

Margo Artonio be Checa. 

Fué catedrático de prima de la universidad de Granada. 
Habiendo sido comisionado por la real ehancilleria de 
aquella ciudad en compañia de D. Ángel Lorenzo, cátedra* 
tico de vísperas- de la misma escuela, para que pasasen á 
Málaga'ó indagasen la índole de la enfermedad que padecía 
en 1 678« fueron de parecer que la tal dolencia no era peste^ 
de cuyas resultas se quitó el hospitaly permitió á los enfer** 
mos volver á sus hogares, originándose de aqui la propagar 



iii 



Pag. 146. 
Ptf. 406. 



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ESPAltOLA. 109 

mon del contagio. Con este motivo el doctor Checa escribid 
una disertación, queriendo probar que la enfermedad de 
Málaga no era peste, la cual íleTa por título: 

Carta apologeika^ en que se prueba que la enfermedad que 
€orrió este año pasada en laeiudad de Málaga, nojué peste. Má- 
laga, 1679, en 4.° 

Está distribuida en cuatro partes y en 19 capitules. El 
doctor Salgado impugnó esta obra, é «hizo ver por la mis«« 
Hia esperiencia cuan desacertado estuviera el autor en sa 
pronóstico. 

Luis Áldrete t Soto. 

^Fne regidor perpetuo de la ciudad de Málaga , procura* 
dor mayor en la corte y alguacil mayor de la Inquisición. 

Sin embargo de que este caballero no fue médico, ni con- 
tribuyó á los adelantos de la ciencia, ni esencialmente es- 
eribió de medicina , tenemos que hablar de él detenida- 
mente en razón de los escándalos que promovió con sus dis- 
putas, y dé cuya relación no se puede prescindir, asi para 
ilustrar esta parte de nuestra historia, como para la mejor 
inteligencia de las biografías que han de seguir. 

D. Luis Aldrete y Soto fue una de esas imaginaciones de- 
lirantes del siglo XVII, á quienes el estudio de las interpre- 
taciones de la Biblia arrebató á las mas absurdas y dis- 
paratadas abstracciones, Aldrete no fue solamente teólogo,' 
sino químico y astrólogo; y aun cuando no sabemos que 
hubiese cursado ninguna de estas materias en las UDiversi- 
dades, se dedicó sin embargo á ellas, estraviándose capri- 
chosamente en los tortuosos senderos que entonces presen-* 
taban. 

Aldrete viajó por la Italia y otros puntos, donde conversó 
con los hombres mas sabios, principalmente en la química. 
No sabemos qué motivo dio pretesto á su implacable odio 
contra los médicos y contra los antiguos griegos ; pero lo 
cierto -es que acalorada su imaginación con k lectura del 
Apocalipsis , con la de los cálculos y conjui)cit)nes celestes, 
no menos que con los absurdos de la piedra filosofal, y coa 
todo lo concerniente á la crisopeya, tuvo la delirante idea 
de encontrar en la aparición del cometa de los años de 1680 y 
1682 el complemento de las proféticas revelaciones de San 
Juan , y la presunción de haber descubierto en sus compo- 
siciones químicas la medicina universal para todo género 
de ddeacias, cuyas asercioaes se esforzó en comprobar 



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lio msmciHA 

con Jos testos de la Sagrada escritara. No contento con esto» 
propalaba mil dicterios contra la medicina dosmática ra* 
cional, considerándola como absurda y de falsos fanda^^ 
montos , sablevando la opinión pública , y desacreditando 
á los profesores, á quienes consideraba como poseídos del 
demonio para hacer correr la sangre humana , y como sus<« 
ututos; de los sacrificadores gentiles y judios, cuya ley de 
sangre redimió el Salvador. Según él, nohabia razónala 
guna que justificase las emisiones sanguioeas, porgue la v¿^ 
da estaba en la sangre. Dios babia criado la medicina nni^ 
versal para todos los seres vivientes, la que se babia trasmi- 
tido desde Adán de unos á otros; pero el tiempo la babia bo- 
cho olvidar del vulgo, reservándose su secreto al conoci- 
miento de algunos filósofos: los médicos eran enemigos 
de ella por ignorancia y porque se oponia á sus intere<«» 
ses. , eic* 

De esta especie eran sus doctrinas, que iremos presentan'» 
do estensamente en unión con sus contradicciones, al pasa 
que vayamos analizando las obras que llevan su nombre. 

Desde los tiempo mas remotos ha sufrido la medicina ra-^ 
cional las mayores injurias y persecuciones ; ora combatida 
por la ignorancia, ora por un espíritu de especulación ho- 
micida, luchando continuamente contra sus blasfemos, 
contra sus detractores, y lo que es mas doloroso, hasta 
contra sus apóstatas. Empero, ha conservado siempre su 
crédito en medio de los insultos y desprecio de los charla-^ 
tañes , ni se ha manchado nunca con el contacto de los sis* 
temáticos, ni ha seguido las costumbres de los embauca-^ 
dores, atrayendo asi por medio de pomposas promesas la 
fácil credulidad de los ignorantes. Semejante á la verdad, 
si bien se ha visto muchas veces obscurecida por las fala«< 
cias de los embusteros, ha salido siempre triunfante de sus 
mas encarnizados enemigos, y los que la volvieran las es^ 

Saldas, han solido pagar su error con el preciado sus vi^i^ 
as. La medicina racional en fin , al cabo de tantos siglo» 
de vaivenes , después do tantas tarbulencit» , de tantas fluc'* 
tuaciones, ha sobrevivido á todas las borrascas, y se ha 
mostrado radiante y vencedora porque es la misma verdad^ 
una en su esencia , f nerte en si propia ^ y por lo tanta debe 
ser eterna. 

Convencidos de esto mismo loa sabios médicos de la épo« 
ea que describimos , trataron, como era justo, (te disnadíp 
á las gentes de las patrañas que por todas partes $embrabat 
Aldrcte en favor de su raedkioa universal, cuyos compoBeii* 



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SPEAltoUL. ftl 

tes fie Ignereban, j é la qm diera el nombre de ñ§ua de la 
vida , y sio embargo, á favor de algunas cunaciones de per* 
sonas de cierta saposicion acometidas de dolencias graves» 
eircaló por el paebLo la noticia; crecieron las exageracio* 
Bes; Aidrede era llamado á todas partes donde habia al« 
gon enfermo de peligro, principalmente entre las gentes 
acomodadas y aun entre los nobles, y de aquí nació la da* 
da, la vacilación y lo qoees mas, la división de pareceres 
entre los médicos, los eclesiásticos y seglares. Pasóse de 
las disputas á las controversias en escritos; en estos se ver^ 
tieron esprestones ofensivas por un^ y otra pajrte; salióse 
del campo de las reflexiones juiciosas al de los insultos y 
menosprecio de la medicina y de sus profesores , y en esta 
estado, el protomedicato, procurando poner coto á semejan- 
te desorden , y tratando al mismo tiempo de impedir que 
un estraño á la ciencia se apoderase escandalosamente de 
la vida de los dolientes, con grave daño de la humanidad, 
prohibió el uso del agua de la vida; amonestó á su autor 

£ara que no curase, y mandó recoger las obras que se ha- 
ian impreso sobre la materia. Este procedimiento, tan jus- 
to como propio de las atribuciones de aquel tribunal, solo 
sirvió para aar mayor importancia á D. Luís Aldrete. En- 
tonces principió otro duelo mas acalorado, en el que toma- 
ron parte los médicos de mas fama en aquella época, de- 
fendiendo al protomedicato contra la osadia de Aldrete, 
que valido de su posición social apeló contra el auto que le 

trobibia curar, recusando al protomedicato como falto de 
I autoridad competente para semejante medida. 
En esta lid quedaron victoriosos los médicos dogmáticos 
racionales, como lo demuestra la lectura de sus obras. En« 
eoén transe en ellas argumentos valientes, rabiones decisi- 
Tas; unos hicieron notar las con tradiciones de Aldrete^ 
otros sus falsos cálculos astrológicos, quien lo acusaba de 
milenario, j todos procuraron descubrir qué simples eran 
los que entraban en la composición del agua de la vida, ma- 
nifestando ai autor la obligación en que estaba de revelar 
al protomedicato su secreto bajo la condición del sigilo, 
puesto que si era cierto que tan íntimamente se bal&ba 
convencido de que era una panacea ó medicina universal 
para todas las dolencias, por humanidad y como cristiano^ 
debia hacerlo notorio. Sin embarco D. Lms Aldrete guardó 
su secreto y bajó con él al sepulcro, tal vez mas pronto de 
lo que debiera por el abaso que hacia de aquel liquido es- 
pintaofió. . 



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US inssíícnrA 

No podemos asegurar que D. Luis Aldrete tornad hono^' 
rarips por sus caras; nada positivo se halla escrito acerca 
de esto; pero sí consta que para animar á los enfermos rece- 
losos de la eficacia del agua de la vida , les bacía ver cuan 
inofensiva era, bebiendo él mismo en su presencia y del 
Biismo vaso que les presentaba. Este líquido era espirituoso, 
como va hemos dicho con referencia á los médicos que lo 
inspecionaron, y de aqui resultó, que del abuso que come- 
tió Aldrete tomándolo diariamente, se le origimS 'una grave 
inflamación, acompañada de ronchas con encendimiento de 
ojos, pulsos acelerados, etc., etc« En este estado, el autor de 
la medicina universal llamó á un médico dogmático que le 
curase, y lo que es mas, se dejo sangrar por dos ó tres ven- 
ces ; él, que tan enemigo era de tales emisiones consideran* 
dolas como un ejercicio gentílico, inventado por Lucifer. 

Al médico que lo curó se le tomó juramento de lo acae- 
cido, V esta fué una de las pruebas mas irrecusaMes que 
los profesores alegaron contra Aldrete, á la que no pudo 
contestar. Dos años después, poco mas ó menos, sucumbió 
este fanático; masno murieron con él las preocupaciones 
que dejó en herencia á sus mas ciegos partidarios. 

Vamos á presentar ahora el orden de sus escritos, para 
dar mas claridad á esta historia. Las primeras obras que 
publicó fueron de astrologia: béaquí sus títulos. 

1. Defensa déla astrologia y conjelurcu por el Apocalipsis 
ie lot años en que se estinguirá la secta mahometana y añú 
tn que nacerá el Anti-crislo y explicación de las profecias 4e 
San Vicente Ferrer. Madrid por el L. Antonio de Re* 
duar, 1681. 

No nos detendremos en el intrincado laberinto de esta 
obra ; baste decir, que el autor se propuso probar que la 
secta mahometana acabaría por los años de S095, y que el 
fin del Anti-cristo, y conquista de la Casa Santa serian por 
los de 2186; cálculos que tundaba en el Apocalipsis y profe- 
cias de San Vicente Ferrer. 

2. Discurso del cometa del año de 1680. Madrid, 1681. 

. 3. Discurso del cometa del año de 1682» cuyo anagrama 
es Dios trino de alto eme. Madrid. 

El autor pronostica que seguirían á la aparición de este 
último cometa portentosas señales en el cíelo, etc.; describe 
su movimiento, y dice que era tan violento, que adelantando 
al sol el dia 30 de agosto, de cometa matutino se hizo vesper- 
tino. Manifiesta que el cometa de 1680, se hallaba mas ele- 
vado que los planetas, según demostración matemática; que 



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Wü M i^^iiente agpeeto é ioflajos íortíflcé ks Iaoe& del sol 
7 levantó tal copia de vapores sobre el firmamento , que 
esoedieronen el ámbito qne octiparon dentó dieis y siete 
veces al oue ocnpa d mondo, ete> ete. 

B. Añares Gamez, cnvosconoeimieBtes astroDÓmieoseniB 
m«iy profundos, se dedicó á criticar los priucSpales pontos 
de estas obras, é biso ver que todos los dilculos de Aklrete 
estaban equiTOcados. 

4^ Vehícuiús y modé de taar itl tyua d$ la ridck .^.en A^^ 

He aquí el órdíen délas enfermedades que presenta, para 
ks que era remedio único y eficaz el agua de k vida. Para 
llagas en las triptfs—para vivir con menos acbaqpes babi^ 
tuales— para que las preñadas no aborten-^para la faidro» 
pesia-^para dolor agudo de oidos y sordera— para resfriado 
— para cámaras de sangre-^para cámaras ordinarias-^para 
el polmoa dañado— para los éticos^para dolor de cosk- 
do fino — para k picara del riñon— pkra encendimiento de 
riñones-^para mal de rabk — para las virpeks^— para la 
epítepsia— >para hechizos y venenoB— para las cuartanas— 
para las tercianas-^para ei mal gálico^^para la apoplegia 
^nara k périesia— para tabardillos— para la peste^para 
la lepra ó herpes-- para k gota-*^^ra detención de meses 
—para las hínchazones«¿«-para los scirros-^para llagas en k 
l>o^9 garganta ) corrimientos de muelas y dientes— para 
sangre de pecho— para sincopales--para la erisipela— para 
ks alferecías— para el que por nmcho sudor se desflaquece 
—para el mal del |>echo que llaman asma-^para los fuligi* 
nes — para la icteriok<^para detención de orioa-^para do- 
lor de hHada^^'-para la jaqueca— para dolor de cabeza— para 
debilidad de estómago-^-para almorranas-*- para sangre de 
espaldas— para el hedor do la boca, ó mal aliento— para 
todo género de heridas , corrupción de huesos, y roturas de 
arterias— 'para los aneurismas. 

En cada una de estas enfermedades hace una ligera esplica- 
cion del método de usar su medicina, señalando el número 
de gotas ó cucharadas que se debía mezclar con un vehícu*» 
lo, emoliente, sudorífico j, tónico, etc.) como por ejemplo, un 
vaso de centaura, de agua de rosas sacada con espíritu de 
vitriolo, de vino, caldo, cocimientos de escorzonera ó borra-* 
ja, leche, agua de miel, tintura de amapolas ó de cardo san* 
tó, infusión de raiz de peonk ó de escabiosa , é infusión de 
mercurio en la misma agua dek vida. También la mezcla- 
, bacon los polvos dkforéiicos de antimonio^ y por último en 
' los casos mas graves administraba pura el agua de la vida. 

TOMO VI. S 



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lié MKDiaüA 

' AlnismotieDÉpoqniei esta obra cincolaba de^m^M.én. 
ñifltno, y se administraba el ago^.de la. vida grataUameiUe^ 
8eg»n pffréee, porl)¿Xm8 Aldrete y Soto,: sembraba eatela» 
semillas de la oposición púbUca contra los médicos entra 
todas las.olases de la soxñcdad. El irolgo, .qi^e al principiase 
curaba poco deiemejanie escrito^ foé .paulatinamente aA^. 
miliéndolo y dándole importancia, en cuyo estado los fa*t 
cultatiYos empezaron á concebir serios temoreft, y oposien 
ron varias, bbjeóiones al oso de aquella i^ustafioía ,: siendo 
cinco las principales y mas dignas de referirse. • 

La primera foé, que si el a^uade la vida curaba algunad 
vedes, no era por virtud especifica con|trauna dada dolencia; 
sino en fuerza de pad o diabólico. 

La /Segunda, que no podía baber> medicina universal 
poedto que los contrarios se eupraban con lios contrarios. 

La lacera, que el agua de la vida^, crarufta. sustancia 
cáustica, y. por lo tant^ nodvft dándola al interior. 
: s La cuarta, que eraiuna composición química , que como 
todaslas de su géc^o, no probaban ea^l clima de Espafta^ 

La quinta, que en nuestras leyes y pi^agüiáticas cístabaj 
probíbido el bacer «uso de odíediciftmmtos 4:«yo3 ingredieníes 

3;norase eLprotomedtc&to, con el objeto de que 00 so vea-, 
iesensecretos y se tiranizase 2a salud. .; r 

A estas y otras objecioui^s ;cQntest<^. Aldrete ^ la obra 
siguiente: ' i . : . ! • . . —^ 

. 5» landeiamfidieina ^te$pue^, 4 /o^ objemn^$pueiM 
á. /a.wntD^r^ai, ené.o ; ..^ • ! . ,: - 

Ignaro el año y lugar de la impresión. >. : .1 •. .. 

Combate el autor f uertementela :SÍ]|po$icí(m d^tqc^e su m(Q*! 
dicina curase en virtud de pacto diabólico. Di^eá la sagnn*: 
da objeción, que era falso el ai^iomá de que ios contrarios m. 
curaban con los contrarios ; que este.era el A B G de los me- 
todistas; que con él no babia número. eo los guarismos, ui 
granos de arena en el mar que pudieren indicar las :víctánias 
que hablan hecho ; que la introducción de una purga era lo 
mismo que la de* un veneno; que las sangrías privaban á loa 
pacientes de los espíritus vitales, eii los que consiste la s^-^ 
I«d; que la medicina metód^a había hecho enfermedad la, 
calentura, cuando esta. no era otra cosa sino las arnia$ 4^ \o 
naturaleza para, desechar de si ia e^t^Sfi de que^provuine; que e\. 
frió de las calenturas consiste.en una c^ui^ialmor, q^cenru^ 
vecu ei. la tilerá^ otras la flenm , otras úk m^aficplia $nf^aja44s 
fft U^^entrañd^ ó vasos hipocondriacos cwffífme la. cu^iidad de 
^<a,. y»f ua naj^a de cMto co^$%st^ ^n las penas ; .quaiSi loa 4nédL-f 



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eos hirilérán los éadáVerte'dé Ibs^tie ma«véi^4e diüntanl 
nka^^ná'} húllitMák Íenír¿ #r éti^ !• úéUi^ mmí/káltt 4e k^ em^ 
hrttutúhn Ui ofeníaé&pio ie íoi HeÚnMmbrm rnto/eity cm^ 
brOj corazón y pulmón y hígado y ba%Oy fUeLy rtítoHei. • < .:i 

Qfo respee^o $ itt feree^á ob|étíiM diióe Álérete qué.'iio 
érá4^ir meaiéltiá eáñ$iieay puéfs que fomáDdola por la bééá 
por sí sola en cantidad de dos cucharadas, no prodocia' aüi^* 
póIlá alguna; y íáfo fuereis; um ú^h Má tnciéra'staFéo W 
ellacótho'fiácett élaeéit^ d^ iritriob ir otros cáüatic<96b ^ '\ 

iKe^póifdti á la tfuiiifttf objeción, <{ue las mala» vpmpoüício^- 
nés qnímicas eran'iais ÁoeiVas,' M soto'd los espafioliS'IUiM 
á todo t\ jriftndóV ijúetfé gtémdé óívulmchú Í€Ío¿ '^imtéi^ 
y gne 16» mineralet- eran muy difkilei de aetúat f éekjkj^r'' 4^ 
íu$ fúútúg eiktlidadév, íjw é$m éraá Ijn f^miMKM tfuérkieoi y 
etñf {ricos ifue desdMdiManíaqúimkaytfúe de mnoum^imé 
no fuéfsé^andé epfUfiee té poáiam^ tomar^ki doMoá^eí midifi^'i 
que por Éü ütana W ¿os huéneih fabricádt}y etc. > • > ^ 

Pdt* !&ltlmo; á la qitinta objeción^ dlüe,;^oeno<habmcoiir 
tr^tvenidd'á las teyes del reioo^ es^eñdieñdo gtataitanie&te 
el agua dé la ^ida,yque no'podia Dresámirqite hombiMp 
tan doctos, que habian llegado é ser ios oráculos de la fii«^ 
sofia', i^noraseist la méé^ina ^ni^enal tan-ütíethre enel 
vttñndó. ■-' " •'• • ''i -í'' '''•' : 'y •■'. 

D. ^uiikü Gnef réi'O Im^gnó á Ald^ét^^ combatieádo sus 
doctrinas con él cAlOf de la^ Ifidigüácioii que <geiienBrltnént6 
inspiraba 1 todod los medióos,' pero usó deíalguiiaft espresié^ 
nésdnras. D. And^és^raDiieBhiíolO'ittísmoeoitemayoirxar'* 
ctírispiéciAon y sabiduría; y su obra fue oii sos atgúmeiitoa 
una de las mas valientes qoi) salieron á Int ^aquella época; 

El protomedieato'^ «n «so de' sus faciihaaes^ probifaié 
en 5 de diciembre de 16SI que se admiiii»traito!e{¿.9iía de l^ 
vtda álos enfenñófS , fundédo en la latg^ll dekuNtWía JReea* 
pilatim.nüm. 46, eonsideratido á esta sastaneia cómo dafio« 
8á á ía^luü púbUca. Mandó' tainbtenque'serso^iosebtoi 
dos los ejemplares del modo 4e üs«irb que ItaMa'iihpfése 
el autor, como igualmente cuantos escritos hubiese istíhpe la 
materia. A este auto, que vino A ser el rónipiaMento de las 
bostiUdades entre los médicos y los: partidarios de Aldretei 
apeló este al Real Concejo de GastiUa , poir^ineapaci^ad d^ 

Í'urisdiccion de los que lo proteyeran > y oontcm altaiisaDé 
íenípo C01Ü lafí^bra siguiente: ' •> ;* i- ' í 

6. Lávérdéd ácrliúlada óonléiirú9rdivifÍMifihufMíaá(kí\¿^ 
di'.et y doctotei d& la igleiiéíy ííerUafor D. L'ítU Aldr^w^ 
Soto , cabMUró tegktót if> p^iHemidor mayor ien>U -«ÍWí ilie 



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ÍM - MIDICIJXA 

ImiáUdái ieMáUtgá^f re^ppfkiUndo M iu«fQ del froionieij^aiQf 
en que prohibe kifn^dktnúLnmver^^l^ t^M oop^i 4e D. Juan 
Guarreroí quemHtulÁySol de /a mecltana. Val^cia^'por $ef. 
nito Macét 1682^ en4v^ , , i . i , . . . , > ., v 

•>iAl ato iamediato «e veijaíipriinió esta o))ra f q fóíi^,^- 
didft 7 aamentada por el autor 7 qoq el título Taríac^iea 
esta forma: : 

M &ttD< de la verdad, ilustrado con dmnai^ humanas. letmis'^ 
padres ifidoeiores de ial§¡0$faj reip^nfU^niio alait^Oi delpjro^^ 
f«meéti¿ato , en queprohiíe la medicina urhiversal^ yal papel de 
jD^Jtmí Guerrero, queintitula, Solide Uámeámfk^ei^. iTrár 
toeedeltitio en que rehalla d Poratta terreare, és mcUí^ci 
rios'4.yd$iárboldela vida, que estpL en .me4w^de ¿l.'J.ie cppif» 
putan lo» tiempos p^ el Apocalipst^ , ^n qm se\^iijngfár^^ ló^ 
kUmente la escuela de hs jElhrdcos ^ tf sus profesarles r seguir git 
la puraysólidaMóeírtnaMUtsSañtás E^íit^r^s^i gozan^^p la 
católica Iglesia en 'el. ü^ltinno milenarict dek mu^i^ilq (a ct^í^acta 
ypacifiea union-.^de/ius fiekst^ siendo tin^ .^¿jpaf^rjf urif el 
níbem^j etc\ EscrAiáttí D* liui$ Mdtele y-SQtOjMguqal ¿layof 
deLSantó Ojícíq de la Inquisición^ etc. ^pruébal§ D^ Antonio d^ 
Hén^ prethuef o y. profesor qu^fue de ftlosúñay teqlogia^^JKedU 
cttdoal ExémomÁrí.D^Jmn gf ancuco Jomas d^ la O^iifi 
Enriquez de Ribera, duque de Medinaceli y primer ministro 
ée 5. M.Añfr del68a; enÍQlv»!. Sin ltigar!<ie.i^pra^Un.í 
".Antes dexauainar feataobrft, indiof^rpn^os el .ver^ad^rq 
objeto que fie propuso el antaír al pubtiearla% cpoio tambieii 
sus ideas teológicas , por la aplicasioa ^u^ de cdlas lii|^o.ea 
eoútra de la Biedieioa racional 7 4^ sus profesores. Bes^^i^t 
tUo de la guerra que liactan los médicos 4 su medicina uoi-r 
versal, 7 exaltado jcdu la probibíciQQ ^1 prptoiñedieato, se 
. pt*ot)U80 Áhlrete dar áeos estraya^ucias un ipolorido re^^ 

rQ, haeiend[> ver : cpie süs doctruias eran las de las Sagra- 
Escrituras^ 7 ^oe. pMor lo tauto^, oponerse a ella^.s^ria 
lo mtsnio querenuDciarisu testii^oiuo, negar laci^a |é i^ue 
M les debía , 7 appstatar de sas oreienei^s : tal f ^é el ingemor 
ñó arüd con que trató de eon^Jbatir 4 Sr^^adversariios. • 
; . Aldoete no admite masquedps el^mqntos, de los. cuales 
sefotn^rcín todos los aeres de la natiúaiea^; ULeseran, ^ 
fliego'yiatierra^ entendiéndose pov el nombre die f|ipgo, 
lodos loa Cuerpos celestes, creofnx Úsus ^(elumei t^rram. 

Los átomos no eran antes de J;acreac^op A^ una misma 
naturaleza, sino de das, una é^etiva 7 otra pasiva; pero como 
<de esta iieterogeoeidad, resultase aborr$cin?^ienJtp ylucbi eii 
au onionifuií necesario <^tra cuerpeo ^rqc^ro q<jttl^o<lPU<^ 



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y diese ftiAitqd j ejercicio; y cujr a natqraleza fuese miitifa, 
ac^ir^, cálida^ lucida , súbtiUsima , de Virtud untuosa / vi8-¿ 
cdsa, pegajosa, adherente 7 tenaz, y esté étterpo-fue la lutf 
Mñíñáúá espiHtu. Auj^esspmtnm éorum ei defidentj'ét iñ 
pp^eteftt Buúmrevertentúr. Estos tr^s^eaerpoi^oarresj^ñden 
á laá trts personas de la Santísima Tribfdad. 

' Wéadü* eV cielo , lá tierra y las aguas priucipiarou el ter- 
cero din á íoTfñé^t^e los mistos mas iaiperfecto», que fueron 
loa mlírcpales y ^vegetales: te virtud seminal de tos mistos ^s- 
iBíba étfla Éiídteria ignéá; ÉíniüteS' gpifitum tuútn ét créabun^ 
íur.'&trenovdHífQctemtertée. . » 

L^siuerzas éonstituy entes de los cuerpos están constan^ 
Cemente en lucha por la diversidad dé sus iholinaciones, 
óni jmi^á líéstituirse á su primera simplicidad^ ora para huir 
de'süls disímiles. De til más ó menos semejanza y mayor ó 
menor diversidad, procede la simpatía y antipátia y toda 
la cadena de-las acciones^ de- la naturaleza. Estas acciones se 
llaman reacción , acceso , íü^a , aproximación, apartamien- 
\if, rarefacdén , condensación I calefaccioai , infrigidación, 
tumefacción, sicación, etc., etc., y déla fuét%üieetpMtuúou 
(jíié ééda cuerpo ie halla' próctdeeíma^etHlmoótirttidoeut'i' 
tú éé tú9 agenten maUriales^ en cuyo cenoámienw debutan ffOi' 
tat etVkmpo IÓ9 profesor es éttf tota fá ({).', ' 
• Formó' Diols el cua Ao uiaí las lumbreras^diél fininiamedto, y 
recogió la Ipz á tíh püntoVque es elsol, p^rá (lue ton su in^ 
flojo, '^1 de' l<te demás cuerpos Celestes, y etdél aire,'S^ 

Sudieran engendrar y producir todos los sotes de la tierra; 
e manera, une hay tan estrecha relación entré los cuei^pos 
superiores y los inferiores ó sublunares, que estos dependen 
de aquellos y reciben de' los mismos toda la vida', siendo el 
aire el vehículo por donde se comunica.» El nuevo' y viejo 
Testametitici comprueban esta verdad en varios lugares. ^ 
He {^t^lá cosmogonía de Aldretev trabada según el Gé-* 
nesisj y qñe el presbítero D. Antonio Ron, defendiéndoíe dé 
sus 'Contrarios-, espllca en la. difusa aprobaokm de su olnra^ 
Yeamfoá'alíora cuales' fueron 'f)U6 ideas/ con- respecto á laa 
épi!^s delniübdb, yásu fin, interpretando al Apocalipsis; 
Divide la existencia del mundo en siete partes^haciendd 
esca cuenta. (/En el triángulo ó nú«aefo> tresy está reptiss^Q- 
»tada Ik (íiviñidad; en él cuadrado -ó iiitoerb ciiáti^ov id htn 

f • ' ■ ' » vi:! 1. ■ .". ' '' ' I u i ¿. ■ ' ! .1 ^.:l ' ! \ ■: '' ; . ' :» . ' 

' ti) '' Véase IRií éspifcacioii que hace ñ. Aútoiio Ron díe la ¿otcyina de 
▲Idreteenla aprobtcloriWtil bbiraVf.t»í >- -^^ ^ . 'i- Ij-- í 



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118 M»IG|1U 

»iiiamdikd, tr^ft y emtra fion siete, a^lm^ mistemso eais^ 
»£?iQiisJktra8.» JBq IO0 siete planetas. qots0 Dios ^ptioar 
iMsiete etta4osde la iglesia^ l^s edades del miyMÍo y todos 
sus acwtociiiiieptoff» ]te mil en mil aAos es el día u^ 1>íq^ 
en que se abre uno de lo» ^iete sellos del antndo» represe^-^ 
tados á San Joan bajo la ¥Í8ioa de )os . skt# capdelevos dé 
oro y las siete estrellas. £1 primer sello . s^ abi'ió coiü : el 
naeimiento de Koé, primer predicador ¿ue vi&o ^1 mimdo^ 
á los ft066 a&os. £0 el eabailo blanco del Apocalipsis está 
simboUaada su e^i^teneia , el diluvio ^ la rastic^a y : ons^ritt 
cordia de Dios; Saturno és el plaaeta que le représeatatomt 
bien en una de las 9i^te estrellas de la tísI^h. . /i 
. £1 segundo milenario eorresponde. al planeta, Já|>iter> 
segunda estrella, misiteriixsay y eoineidió cpn el j^aciiniénto 
de Abrahamá los 1951 auo6delmiii^o.^tárepri^en!ta4p 
ppreUabaUoroiodel. misino Apo^lipsis, qw iti;^ epigmji 
del ekmeoto dei fuego, de la peberbia y Urania. . , ^ ^ 

£1 teroer milenaríoi sigiutfic^a por la alegoría del Angé) 
de Pérgamo, epipes6 eon el .nacimiento deí projfetaf Eíiaá^ 
tercer pñedioadoTt 4 los 2996 a&os.; El (Maneta Harte es U 
estrella querep^eseuta su celo dQgolIa«do,8&Q pi^Qfiptas fal^r 
so». El caballo negro de la Tision de S. Juan era sín^bol^ 
del aire y del tiempo, que llegaba á la mitad d<^ mmclQ ^ 
sea al euartO: milenario. £1 ángel de Pérg^ipo iqe, tamibien 
alegoría de la espada en f oroMi de )^eta vjr en P^rgamo nan 
dóGaleno» que vipo al mundo coó lai^c§tq,agi|dap{|ia dcvs^ti 
ti^uir al 'género bumapo. . j . . 1 ' i • 

i;i planeta sol correspondo al otiarto milenario» £tt^ 
nació' el sol de Justicia bui^anado » el byo de ^ria i qoe 
irinoal mundo á los S995 aóps. £1 caballo pálidctqael/eva^! 
ba día muerte sobre sus lomos, siguiéndole el infierno, sig-^ 
niñea el miedo^ en e) que consisten las mayores Tictorias üf 
la muerte. Cristo la :venció en la cruz; pero, e) infiarno nos 
amenaza de continuo, ora eon la persecución de lo^ tirajQOA 
contra la Iglesia, ora con los secnaces de Galeno^ sápgrtkuido 
por costumbrey no poriadicacioa;>plvid^dosed^ja (^Of 
logia, y cosecl^ando enagraz mas yidas qué mártires biciéroo^ 
los tirano?. . , i /. ' 

Ck)mprueba la apacicioii del qninto milicnario ifsw el m^ 
cimiento de S, Yi^eote Ferrer , á los 1$S<) aftos de h C* £$ito 
fue el quinto ángel del Apocalipsis; la estrella matutina , ó 
sea el planeta Venus que Wsimooli«a, Cristo, en-una-yisioB 
le tocO; fi^ ]^ fy^^^3 1 leimprimió la «jírellR, mojteiltaba 
durante sus predicaciones en ¿1 nHÚi4^- i • iVn j -''''í 



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Eé d iseeta iml^Mm' acrecerá el Anticríftio; .9$ Ofieu^ 
réeeiA la Ipz evangéUed mi soLdejiiEAkia; lalglesia.f ;$áa 
oafcóikosr ^vtate'san^e; caerád lo»ibér8gf&f seotumNi 
sobre totkjrra^qae es to qvfe ^igui&aj 1^ caída de la^ esU6r 
Uas V pero hsM^go Tcadrá el ábgel ; j : ocsírsirá 1m doe^rioaa 
áeila Clrreeia y las arreiMitará fsomb: á une tempeatftd el 
aastro», y los emítanos. barán pedazos* los Itbvos die.- los 
griegos, y los apedrearán hasta dejarlos «atorados. Ft/ü 
Séon^i frúUúti 4 DomnO) «tm, 4¡ehwabuht adamrsarhs , sumi 
^uosinteüqinius, filias. Grecioe : esto es ,. la ddictriaa. de Hip6* 
orates ) Galei|o y Añslótétts. 

Por último, en este sesto período det^tnoádosecumpliráa 
tbd^fai»érdfectaé. EüierútitíDio milenarip pasará'. Dios. sn 
Iglesia á isLítkfunitiiíaij'B^Ténm el piuieor.y* uno el'T$kañQ^ 
ae colixsará la Cátedra de«S; ipedi^ en Jecasalett , y todos 
los verdaderos creyentes vivirán en umen y félieidad.v 

Estas isMHi en eritraitei ks tinterpretosioaes de • Aldirete a 1 
libro del A'poéalípsis. Sos opiniófiiBs'seaoevca& mucho á. las 
de los rnikoavios^chiaUstás (fue signierofii ii £eHntho, los 
eoales eüseftábait que en loa úitimos: adil años del>:m)ando 
la. vida de las hombres, semaeohnada .do los mayares de*t 
leitea y fdieidüdes. Gomo estáis . dootrioás fueron eonám^^r 
dtts en público conéilioi.pórS. Dámasp napa en Uempo de 
Apolimifio LaoidiooBp, qué. se adhirió -áeUaSy.maeilaron mu* 
phi^ tiémpio los ceosores antee dedarlioencáüBi al iwtor para 
qoe impcimie80S]])óbra;y;cimrto que'úoilirabier&salida es- 
la á luz , a n<> sc|r {)or un meñiona) i[ue^piesentá .haciendo 
ver en qué éoiisistianlos errcfres 'de.losimilenariosy sus 
düereneías con las doctrinas aw haftia; o^otáto; < £1 presbí- 
terk> D. Antonia de Aon^ proieéir de filodofia^y teologm» 
tomó igualmente á su cargo defender á Aldrete, y como él 
fílese udO de los censores á quienes se ; oomisiohó'. paira re- 
visar d libro y obtuvo por este; medio la licencia , imprir 
miendo ál principio.de la: obra en, aprobación, que mast 
bíéniw (meoeipahfiearf <kfUntdifuso. pánegíricovtque de ui» 
exám^imparoial. - < ^ ''■■ . t : /> 

', Vaav>s ahora á tuMser el wailitáa de Xxt mrd(iiMeri8,Ql$ída i 
6 sea el M cntoL de te tetdaij tíc.^ títulos de sts doa impre-4 
siones.. " ' ■.'•'"'• ....•■■>':•; I 

. Fríneipia esta obra .dirigiéadoae al protomedicato., y. 
qpmenda probar iqqe bajo ningún aspecto 'toniajurisdiii^ 
eton para jfi6dtí3múi¡^ tpes^t dice: á 

»el pnot^BMdicalotsabe^de qué «aiceonipaB^i é. lo .ignora ,4 
«Uicpaieve iuihei^ &i ^a^>ae>^qaé :4i& ^dompoiM^vCQ^ 



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t2^ UBmcax 

npriiicipio de la vida, esto^csycb /i» ray^t rfeí 9oi y ittm 
lawMLy áákl espiriíu del munáoj que todo €$ uno , por eoosi* 
»goieate no puede prohibirse. Si el protoaedicata no sabe 
»de qttése compone á pesar de hallarse en sus mismos auto- 
»reSy tampoco ta puede prohibir, á menos que eonveof^ 
»á su materia de estado , que muera y se entierre. Sí pre* 
»lende saber de qué se compone, dígalo, y galantee , que 
»silo mereciese, el deseo le sobraría, que este agua es 
»muy virtuosa y. de muy buena cara paiia ponerla en ean^ 
átonos........ - ..•.;...^...*.....,....:.» 

Este libro está dividido en cioco artículos, cuyas mate* 
rías son tas siguientes: 

h*" TíraU de fnobar que toda la doetrmá «l&ntca ara fmt* 
sa^ fundada en prim^pios ineiertosy oráculos y meñot del demo^ 
mo, y que los celebrados filósofos no eran m mút ni menos que 
caíéarátieos d$ Satamás, 

£1 autor recorre uoo por uno á todos ios filósofos anti- 
guos, y con la autoridad de otros sabios y Santos Padres, 
aiee ^oe el demonio se valió de ellos para entrometerse en 
las ciencias. Que Platon, llamado impíamente el ^iviooí 
(u¿ engendrado por un demonio incubo y luia douoella| 
Pitágoras fue hecoicero ; Empedooles resocttaba los raaer-»* 
tos por medio de tropelías diabólicas^ Piotino tenkt un de^^ 
monio por familiar^ Aristóteles fae el fmhctpe del ateísmo, 
y según el sentir de S. Gregorio Naoianceno; S. Basilio, 
S. Gerónimo, &. Cirilo, S. Justiano mártir, Tertuliano, Lao- 
tanciOyPirmiano,^; Ambrosio y otros, aquel filósofo con 
sus doctrinas había hecho mas dadora la Iglesia^ querías 
plagas de Egipto; ni había enseñado verdad alguna, sino 
que fue un sofista, y un (adron de los trabajos ágenos, etc^ ^ 
etc. 

Añade Aldrete, que el demonio ideó a^utamente quese 
irertíerala sangre humana» incitando á Hipócrates a: que 
sangrara en un principie con moderacioi^; que el niétodo 
de aquel griego, fué sacado de las tablas que se poman 
en los templos de los ídolos , que no eran mas que respues* 
tas dadas por Satanás por boca de sus oráculos; que en 
Galeno puso Luabel todo su conato para verter á torrentee 
la sangre cristiana, revelándole en sueños el que sangrara 
hasta el desmayo, y lo qué es mas, délas mismas arterias, 
como se comprueba con sus mismas palabras -.^ane vero, 
quas núhi occasio stetsrlt secandm arUrioSy nuneuam edifferam 
moniíus per qucsiam in sonmta, ete. , y enoiro lugar: qM^ 
rum dúo perspicuo mihi visa suní: aecqfi ad dextrw i 



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urimmm inl&t ináktm el foKcem tUam [deuUqwe /Zurre d^^ 
nec gponte) si^nis resiiteret ynamiia $omnkm prmeeperai^ 

£$te miiSHno inédica de Pérgámovíaé, ^ceel irator, auien 
enséfió á ssoitir á sn^ secaaces , por el oebo de la eoaioit^^ 
como tambieo consta de sa comentario 5 del lib.& d$ la$ 
epiAem!hi; é ignoró la^opesacionea de la nataraleza, por- 
que nanea llegó i a^canaarlas propiedades de loa fetmeor 
toS: del enerpo hüatano. UltimaaieDte oonclnye Áldretei 
«Es la saogria no veneno peor qtie un iMuroótico, <}ue alivia 
«tos dolores, inirodiietendo b debilidad y muerte sia seiH 
s^r. Ninguno negaré, que el sentido del e^erpo=buolaa(^ 
itis^isiste en loa eapiritus vilales: el que mas espúrilus tí- . 
niales hubiete^aentirá maf loa dolores. Al que le socan 
»sangre, le privan desdes aájfrfriUiSy y asi. le amortígnáu el 
Adolorqae' siente; pero. es acortándole las fuersas, y tnu-» 
»tehas veces la <v»diEi*...í««.««..;....^....¿..;..£l dolor deeó^tado 
»es el que en apariencia pide efusión de 6ai^re^pero.eí sa<» 
»earla es uaa; aldabada ^qae' llana á ks puertas de la 
^muerte ..»...»».i*¿. ..».;.... •...•*..••....* .».•,..•» 

2.® , Ptetmie f^iiaxemlarHQulo'mgwBdoyq^e^no eoiKil^ 
ma$ d$ tre^ medkinut ^ue mseimn las quimas hir^s: una da 
las ctmltS'MeraJmimedieima.uniifersal^ qwí curlXíba todo ff¿r^ 
ñero de achaque y eseepto el de los dias cumplidos y el qu^ vi^ 
nefcr castigo de Dioe. ... 
^ Én esteáctícttio se pierde él autor centre el laberiikto d». 
las abstraoeiones teológicas, comentaiidaéiaterprétai^las 
Escrituras, y Santos* Padresi. La primera mediciita^ dice,, 
de las tres que nos enseñó el Espíritu Santo, fué laque 
crió Dios de la tierra, en vegetales, minerales ^r animales: 
sus virtudes consisten en tm/mnf O' de lu% qm bajá áelCkh 
pwa la jormadon de cada i$i(^vidm. Cualquier vegetal que 
en sus hojas ó en el fruto, flores ó raices , representa algún 
miembro del cuerpo humano, tiene virtud para socorrer el 
daño de la parte á que se asimila. La yerbez^uela, por ejem- 
plo, que nace en las peñas» y con lo sutil de sus raices ba-^ 
ce en ellas cavidad para su conservación , tiene virtud de 
desbaratar la Retira del riñon, y asi de otras. 

La segunda medicina' que ens^ó él Espíritu Santo fué 
la Universal if tan^ antigua en el mundo, dice el aqtpr, que 
antes del diluvio. semsó de día. Esta consiste en los espi-^ 
píritus del mundo, qu6 son los mismos de todos los vivien- 
tes» y estañen el aire. t».,./.^.-. .*.,.; ¿.... .^v..... 

Para haeer esta medicma umvensal & ama de la vida^ s^ 
practicaba oa pvooedimwnto químico con iá objeto de cogec: 



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imrajm dd lol,y en ésto sentido dcem xpae sem^qmte 
lÉiedieiDa dieseeDdMi del cielo^X estabá^enet aire. 

La tercera medkina de qne nos hablan las Eáeritorás, 
era la espirítaal , la misericordia de Dios ^ el perdón de léB 
pecados. ■' ' ■ . ^ : ' r r.. ^ ..'.-. 

'3.^ ArrieulO'tercérOjdetqne cuainiokdlga iálu^am^r^iQ 
htméduinañttmrsaljyéiíando tengan fin con ella lá» gmtr^ 
úTÍas'Sé desen^aMrá el mundo. (fus'éoiae'lás deudas purait y 
limpian se eomprenéemenias d$iinaei'te9rá$;^ ati ¡a fílohofia;, 
teúhgie^^ medieinay quiniiea, g^Merno^ maiéñé: de ^Miado^ reíu 
gion^ maral^ leyas, matemáticas^ asUtatoqía^tábála^ cnémétieá. 
■• ' Esplica en éste artípulo .ks siete edades deitmiiDdb segtifi 
él Apocaltpris^f quiere ipróbar' gne los libros^ los griegos 
jr sils doctrinas los ha wa peropilido -Diós'' para nuestro cas^ 
tijgo, y para purificar sn Iglesia antes de pasar á taivia niñ*- 
tiva, añadiendo ^ que. para logxar esta últitaio , era necesario 
avktes apedrearlos g sepultarlos. i :■.•.: *- ., . i [ 

EspUcando las palabras del üoclesiástico; hmwrameikuiá 
propter necessiiatem , dice que en. el .tiempo en que el Bde^ 
siésticodióestecoiise)o^no se habla eiAneitedoann á In- 
troducir la' medictita griega, ni los 'médieoí» segoiait 'la 
corruptela de hoy; poroonsigmente que no bámalMi cm 

dios. " • i" ;.•■•.-> . n •■ ^^^ 

4.<> En el artículo cuarto habla de la gkeirraqtíe el demo^ 
mo haeia por medio de bus ministros ^ para quena s$ usase en 
etiméndú la médkina^ wtivereal ^ cim el fin de que? no se éesen*- 
ganasen tos hombres y abandonaran lasdocifinas que él enseñó 
por medio de su$' oráculos^ ^ negando qUe no'podia haber tAedi^ 
eína univeréal. • '■ '..•'•.•.•• -. ./ i i ' ) 

Cómbate el antor^arios argrniifóQlo8(iaese>ophBierDn^l 
agua de la \ida como^ medicina uMteiiBal, siendo' nhode 
ellos, que el hombre'^era «ü compuesto 'deloscaatiroHele^ 
unentos» y bajo este concepto no podia^baber medicina n»i^ 
versal que corrigiese tan- diferentes nati|r*lei:as.f Niega' que 
el aire y el agua fuesen elemeotos; concede' esta' cualidad 
al fuego y la tierra. Prueba ({ue Hipócrates ignoré el mc^'^ 
do de hacer la medíeina> ^uiTemat, que- cóq giran' secretb 

f guardaban los filosofes ^antijguos ; /y • que Galeno tampoco 
o supo; porque ^ faños-' antes qiie él melera ¡éstab» ya pro^ 
hibida en Roma y queibados-los ^ros'porlMoélécta^o. ' 

Pondera lo dificnltoaode los ei^udios' químicos , iqueerati 
el f M«f vel qui de todas las «ieneia^ ; . quede los «mil quie laÁ 
eistudiabaii los insrrecientos noventa' y nueve se qottdhban en 
élqukHl f tci;^poft|iieá pocc»«adadorettoni|vs« áiiaatérlM 



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Un ete^adar. ^queAapt» d$ /« vld^^ ñ^mi^áñlOMnyoB del 
»saUIemental. y de las lames qneeoiiÜiHiaineiitecspaite^ 
»9e reducía á njacion coo qoa blancara magror qiiBila líelas 
^margaritaStescMdteiidoeasMorQjo delosfavo^ lamí^* 
>DÍco8 ; pero paswdo á mi^yor fuego, deseiibria lo rojo d^l 
iMUS'bttoelo.^ Presenta eQ:oóaitra de sas'íinpvgMdares el 
tn^moBip de.grao QiíiiierQ de ca90s^ ea ^oe hmia eamdo 
en Madrid enfermedades grayisimás éoq su iiiedicii|B;;sieik9 
do de notar que todas se refieren á personas de calidad^ 

Íae por sos circonslai^cías sociales ^eran muy conocidas, 
[abla de los médicos y íilósofos antiguos que conocieron y 
sopier^i;^ Mp^,Ql;ag>¥^ de la vida, eitffndí» m& obvaa y 
trasladando ranos testos de ellas. Por áUiíWv a9egura; nt> 
ser.Qoa f$b«Ui Ja: piedra ftl^ofal i sino deMibrioiieiito tan 
antiguo V Tf rcbidero,,o(wo 4^e Sta Juan EvangelísU bizA 
e9t«pieqra>;7coneHaeloro. V ,- 

r.5,f. £l.qiiiiitoy últi9ia articulo, lo consagra áfa refuia-' 
€ÍÍQnMl0 Qkfq^ ék B^ Juau GfttmtQ» in la. que prottaba á 
Aldféifi,, que el ^ua de h, vida de mu compasieien • n^.era la 
ví^dtciw^un}V0Kml,Ae%mirat9^^ -^ ^ ^ 

El autor, no solo combate á Guerrero en est«i .úUimo.ar«> 
tíeulo^síQoá cunntos módicos; habiap tomadiO pacto, ea la 
misma . cuestión. Ilo^n^ detendrepias, inaa eu noa ^olitto 
tan ileaa de bipéte6ís> alrevIilaS) y aun: estrayag^ntes; 
$i bien b^Hiosi dé convenir eu q¡ue tijeoe el la^rito de aeran 
dHar wip erudícioi^ teq^icA inmeosa, »yi conocamienteft 
químí^s náda/v^Iffares.e^ aqpeUaí^c^i Hemoft dichaen 
otro lugar, que Alarete bizo gala de una imagijíiaeion delin 
rante, y en ^feeto: es asi;, pero. en oambio^iiOf, podemos 
segarle que tuvx)/gran talento^, 7 en prueba ^de tOllo, fu^ 
necesario que los. médtqosi mas acreditado9^.los d^mayjor 
¿abiduria, niciesen impmwjr siisimpugnacj«i9es.» y apura^-i 
4m^ toda la fuéraa de la dialéctica tcontca uooB.arg»meotoa 
resbaladizos y peligrosos en aquella époóat, enqiaa.toda 
se media j[ arre^aba. por el fanétii^o impulso de una teolor 
gía, no. siempre acertada eni s^s aplküaicionea y proced»^ 
mientes. Asi, pues, el terreno que. eligió Aldretb, era sin: 
diida: el mas ^ay^iii'Ab^le ájsus idease y al mismo tieiapo 
el mas peligrqfo.p^ri^ bu^ cKmtrarlos^ E^^os', siq^/^Bibare»)?' 
supienon prudeptfsmeQle ^l^j^rs^ de Ips^epcoUos,: y^ Ven* 
eerle, dígáfnoslp á^i,, e.Qn sus prppitu» arnas>. la^ bibüo-*: 
grafias siguientes nos a^h^ráu áp i^iisl^ar .^re tan miidot» 
sa«ontrQversia. E^ oiá(utjO|á l^ppmpqsíeiwde^á^lftOiM^ 
teno$a a%m deU víd#i 4)fida,pM?mWf;drór> PQMV^f <H>i«ft 



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tu MSDlCtHA' 

jra heüOBiKiaiíilEfetftdo, su autor murió con el ^creto,' y 
txKio Id que se pttdo llegar a saber nó pasó de coiíjetuits; 

Por tmtimov ademad de lak obras que hemos preseiifaído 
deesteíautor, consta en la aprobación del presbítero Boo; 
que Aldrete tenia aprobados para dar á' lai éáfampa doa 
yokUnenes ; nm de ellos sobre el Génesis , y el otro sobre 
el Apocalipsis ; en los qne trataba muy por e^eMo del* 

'ren del mundo y de su fin. . - » 



•rt« 



JüATí Guerrero. 



Doelor en medicina, medicó de óámara , y protóméAico 
de la armada. Escribió! ' ' ' 

8ot de la medicina quealúnibra á lúi-quá ignoran la i^rda^ 
éerááóetrina de Hipóctatesy GálétiOy contra et'memoriaVy 
papel de el agua- de la vida de D. Lu\s de 'Aldrete y Soíúí 
'Muéitra$e como la supieron HipóeraM y Galeno y' y aúeel 
agua de ta vida de ninguna fnente et, ni ha sido aplkámjH»r 
autor dt crédito de cuantos la kan sabido , para curar enfermé-»' 
dades dei, cuerpo AtHfMina. Madrid, por Juan'Garcia lafanzoú'^ 
1682, en 4.« , i 

• Está dedicada esta obra ál Excmo. 8r. DV Ferüando Car-»' 
n\%\ gobernador y capitán general de la armada del mar 
Océano, etc. Fué aprobada por el doctor' Di Sfiguel^do 
AWa, catedrático de prima de 'medicina en^la malversidad 
de Alcalá, y médico de cámara de Felipe IV y Carlos It, 
y por el doctor D. Lucas Martínez^ médico de la real casa 
ae Borgoña. ^ 

^ Este último profesor dice, que está obra era necesariar 
porque el autor del papel del agua de la vida padecía un' 
error , queriendo ó juzgando qué baya una sola medicina,^ 
que sea universal á todas las enfermedades , y cbneediendo: 
esta -virtud al aguado Ray mundo Lúlio , que solo era ira 
espíritu , ó aqua vites , que es lo, mismo que agüa-árdienteV 
Y como las palabras aqua vita- suenan al vulcío^ ag«a de la 
vida, causan confusión y equivocación, creyéndose que da 
lajvida ó restituye^la pérdida. 

Guerrero impugna en esta obra las virtudes que el au- 
tor y algunos seducidos atríbuian al agua de la vidaj es-' 
pone que . por las leyes de Gonstantinoí y las de Carlos V; 
se mandaba desterrar á los que querian hacerse médicos 
sin serlo; prueba que la química era una ciencia de grála 
importancia en medicina, pero los que obraban sin méto- 
do > y sin un exacto coBOeiflUÉento de ella, erau uttos álqut^ 



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tss^iXLk. 135 

mistas impostores , coyas preparaciones medicinales se de- 
biav prohibir antes que coivieseapor el pueblo; y que el 
aeua de la vida ó la medicina universal , la hablan ya es* 
^ídudO) baio:d0> eoigm^s y fábulas ikiod»» atitoifes anti- 
giiog ; vindteaá la.ioediciaa r^oionalf ultrajada porAldnete; 
ypor último, defiende elm> de las sangrías, oomot pemcn 
dio propicio é la naturaleza, Qsado aui| anteada ffip6^ 
qrates, y úni«o ptira combatir determinadéft dolencias. 

El ob^4ee3taobrit{^ fxé sin duda muy fm^to^ y meri^ 
tica juid^sf^ ; pero alguna»^ de sus esptesMHieo ooutribuye^ 
ron a eneeoider el luego de la» h^lüidades, y .dier<Hi In^ 
gar. á que la» criticasen varios profesores, y ¿>uita pnijdea* 
te re^4HiYen<áon del doctor Andrés de G^mei;, que sin ser 
d^copU^ariaiOpinioP) e^amipó con el mayoir criterio laa 
r^zonfi? atogAd^ «o favQr y eo contra de la me(Hicina4og-' 
i¥Íática):OOfnoeasubibUogr^a,se(yer4. :/ 
, $1 iice^iaA),J>. hw Amigo y Bertrán impugnó; esta 
pbra de G\ijer.rero , quien ademas escribió U que mgue: 

y medicina universal ,.. . • • 

No he^9toc5^ obra, óignorofli sell^Aáimpri El 
aptor nos halóla depila en el *>¿ d^lq m^ici»*,, al fóUo'2 v*, 
diciendo: ,« que. mostrará en ella^ no Pololo que es medáol-- 
)»pauiftiver«al, paradlos (Químicos > siuo .pacaios médipQ&» 

; 'Ajüóiiiiiio.: 

■' ■ , ^ . . •.* «. r-' . >' . ' • i ;• .' • • / 

jC^r^fi^^tmta for Galenqty del 0fr^ manilo, á Ida ww'ítícw ifw 
iiguen su medicina , en que les declara , como la sangría es mu 
f$fidioiHu m\versal, haeiéndóee^n fUfereétesveno» y parles 
deieuerpa^ f^gun ia&, diferencia de ia#í?ti/cri»#d«t/e«J.. en 4.» 

i No tiene año pi llagar de impresión. < ; . . 

..Este folleto es otro dejos ^cultos quesepubliearonicon^i 
tra el a§ua deilayida^^ .diciendo que era imposible que. un 
H^ed^amfiqtq.f^^se reiaedio.univje^al; pero, por uncoBt* 
^rasétatido asegura estei apónimo, que en su J escocía h> 
m la Sangría; aft^di^ndo^ que porno .'usarla ea jbI modúv 
ÍOfma^ lugar y tiempo q^e se debiav noiddba loa felices ue^ 
spltados que de ella se prQppnian los que la acoüseáatNin. 
fioíi <íste motivo tra^ qna lista de varias enfermedades éa 
ftw sedflbe sangrar , juntameate con el sitio y vtoft. 
j . No,ofrec^ mtcsrís. 



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126 MEDIGIKA 

. . ' ■ • • ■■•• \ . .:: 

PnAO'BS GODOT. 

literato de agudo iii^nio> y de hunHyr festivo^ dscribitf 
un foUAoanótiimo^ impugnando tes ideas de Atdi^ete y sü 
Hiedioina universal, en vúsfa ycMio éi miento dide, de <}ue 
sus á|)ologtstag j contrarios se deteniaft en peqoefífeces; 
dejando sin controvertir ia pa^to esendál^ No f fié médí^^^ 
pero Bí fatonibre deletras v á quién no le eraii entenradente 
estraftos los pñvieiptoB d^ la ciencia ^ y como 'at iMáim 
tiempo sabaen discérntmiento le persuadiera ser 1hi^é8i<» 
ble que una sustancia , cuyos componentes y modm fadlsn^ 
a se ignoraban, faese la verdadera y bni venial mediciM 
para «ombatir toda clase de niales , se resóWiÓ á tmpilgKiaiv 
le diciendo , que para ello no era necesario ser niédicof, ni 
cirujano , pues bien se conocía tm galjfo^en&e tien galíinttil 
£1 estrío que adoptó fue sin duda dt mas ^á própésife ^jr el 
que le convenía ; esto es, tina critic^á chistosa, metcladaeoti 
anédoctas, qnebáeen su lectora sumtflnenteeiilreieMdá^-Et 
título del folleto es el que sigue: \^. 

üí$curso sério^joeoBo $óhre (a nueve inven^n del ügm de 
la vida\, y sus apologiat , eh qtíe^ entre burías' y veras , ee di^ 
cen veras y buri»s; ahora nnevmtnente^ sacñdo á 'lü%' púr nH 
^uidtmiyqke fueiiendo^íeíMr fama iw tíéne'Honi¡hre^''ÍSMñS', 
en 4.® 

Este discurso agradó sobreináiiera , pues se reimprimió . 
varias veces : la eaicion que yo poseo está añadida , corre- , 
gida 9 enmendada p&t in^^^', impk^ei^l edlStfdirid eü- WÁ% 
en V »••■*••'. ^ . ■■ '' ^ •-'. 'o'-. \ .■••....•. y ■ , • 

Gomo.Dv Luis Aldrete , en el delirio de su imaginacioi); 
interpreta ei ApocMipsis, y hablando del átbpl de.ld vida; 
en el Paraíso , quiere que sii medicina teilgá lá yirtúd de 
aquel» €rodoy< dtee que en > efecto el árbol del que -Dios 
Mandó á Adán que no contoi6se , se llarimS el át^ml de U vi^ 
da; pero comiendio so frtfta ise grangeó }k nitierte'; y asi 
esto parecía súoeder tíon el agua de la vida, q|toe , aunque 
ofreeia darla en el nombre ,00 faabia tisto^ ni ó^do ^ qiié 
bid^iese librado á ninguno de la nnierte/'l^ afáüa'el autoi^ 

Erque digesen los que defendían ál agua , que íservia ¥>or 
es y tales ingredieoteft de que se^ómpóíiia/resc^yatído el 
madus faeiendi] y los qde ñegalMSin sií virtud ésfifrésasekl 
cuales eran sus inconvenientes ; pues qué de- otro mddó'^ ni 
podia cesar el pleito, ni recaer sentencia en ninguna de las 
partes. 



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Dice que la refericift a^»a de ta vida «ra Iñja de las céle- 
bres preparaciones antinkmiales ; qué sé le atribüiaú virta- 
de^espeeiales para^t^das las eüfermedadéséondcidas, y qoe, 
sin negar > que era unamedielna eseelente ^en la dificultad 
de sus preparaciones 7 en el punto fijo de las dosis , es 
jugaba la vida ó la muerte. Con éste motivo refiere , que 
estando en Salamanca, le oyó decir al Galeno español, el 
doetor Zamora, que aquella noche en punto de las ocho 
había de haber ud eelipse de hiná , del que no habían he* 
Qfao mencioQ ningunos pronósticos ni almanaques ; estuv<> 
él «on algunoé amigos del catedritico hastala^'diez de lú' 
noche aguardando el tal eclipse ; pero nó* llega.- Zamora se 
entró en la librería, lleno de connision , y á poco rafa yol- 
TÍO diciétído *. p^a. íftfe $epmnu9te4e$^ que.tan aelicácíú es esta 
€ünáaypür un ápice qu$ erró dé los- aspectos , hay 50 años' dé 
áiferenáa. Godoy aplica el caso á la manipiilacion de Idú 
ingredientes venenosos. 

Esta obra fue mordazmente orificada , como mas adelanté 
veremos, por un anónimo, ai que replicó Godoy cotí'el si^ 
guíente folleto. < . . 

2^^ ' Seguédoi Mewrsú sérú-iocoso sobre tá ntseva inventioti 
del.üQiusée la tarfa, en 9110 rsspon^ndo á una apología , en^ 
Ira veras y burlas ; seháoen las burlas veras; compuesto por ¿t 
quídam^ que teniendo ya nombre no quiere tener fama^ sino 
é<tlticidariavéirdai¿;Aftode 16dS,en4.<>' ^ ' » 

: CooNjel anóDimoá que eontesta Godoy en éste ^gand<> did- 
•oirsor^ , se disparó eninsulios personales'^ principia quejan-' 
dose como hombre cuerdo diciendo, que en j^uóhra, en me^ 
dio delós cuentos, que son parábolas caseras , veneró á las 

rsrsonas, y aun á sus eseritos^;' y que ahora, al responder 
calumnias, hace y hará siempre lo mismo. En efecto, Go- 
doy , en.media de sus oríliea punzante, de sus paridades y 
chistes,: no ofende á su. competidor , ni quiere revelar su 
nombre,, dando en todo una alta ^nieba de la superíori^- 
daddqíiitis.luceá, desb fihúrá ^ desris cba<}cimiétitod:cieíi<^ 

tifiaos:."-'.'- .. ; . " .:■■ \< ^ < .'• 'í r. . •• '..•'.'.• 

Intíate^pues; el autor segunda vés enfos dificultades 
que presentaba el oso del a|gaa de la vida, ignorándose dé 

3ué se hacia ; en que dijese Áldrete> cuáles eran sus^hi^gret^ 
ieñtes , jrsreaeryase él módwr /aneitjt; confio cual sé podría 
ventilar si era útil ó no para determinadas enfermedades; 
y terminó dicwndo ^ que no r negaba á aquel' cíaballero sus 

fraudes conocimientos en la química ; que tenia por asenta- 
0: que era éiq[MHrtisiaAd.eQ ilft'leÓfiN^L7 piilvli^ pero que 



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128 MftDicnrA 

no podía concederle la piserogatWa de Platón ó de Aristó- 
teles., i quien no podia contradecir. 

Estas dos obritas de Godoj se han hecho mny raras» 
como todas la3 que se esenbieron sobre la materia. 

AnóiüiMo. 

^ Retpuegta al i|Htc^no ^éiorjocoBQ que entre bwrla$ yvera§ 

ha e»crU0 contra el agtia (U la vida un quiianHf que.aunqme no 

tiene fama (y por eso intenta quitarla á cuya es) tiene nombre ^ 

, que es D. Pedro defiodoy^ mordívi detractor ds leHgtuu y vi** 

dasagmas... en 4.® i 

No tiene año ni lugar de impresión* 

Por el título se puede ya conocer que este folkto no es 
mas que ¿una serie de insultos; En. efecto^ dejando aparte lo 
innoble de su lenguaje y las injurias, airemos que se re- 
duce á ponderar las virtudes y sabiduría de D. Luis Aldre* 
te y Soto^,^us curas portentosas y sus persecuciones por 
los médicos; que estos seguian unmétodo.dadapor el de- 
monio y enseñado por sus secuaces Hipócrates y. Galeno; 
y por ultimo^ que en vano se fatigaban D. Pedro Godoy y 
sus seguidores en buscar la materia de que se componía 
el agua de la vida, porque ni era antimonio^ ni vitriolo, m 
espíritu de vino y ni nada de los inf redientes que nos trae;, si^ 
no que era la misma virtud' celeste que baja en el aire del mis^ 
mo sol; que era una misma cosa con nuestra naturaleza •^ que 
era el cálido innato^ húmedo radical^ y finalmente^ que era 
el mismo espiritu de la vida que mvimús. 

Faajxgisco López Escobar. 

Doctor en medicina, médico délos Excmos. Sres. Condes 
de Peñaranda y de la villa del mismo nombre. EsorilMÓ: 

Tratado de las viruelas y del sarampión. Salamanea, por 
Francisco Reales, 46U, en 4/ Está dfedicado á la Condesa. 

Se halla dividido este tratado en cinco capítulos: en el 
i.^ trata de lanaturaleza de dicha enfermedad; eo el 2.o de 
ans causas; en el 3.® desús señales; en el 4.* del pronostico, 
y en el 5.® de su tratamientcy. 
, Su lectura hoy diaesde poquísima ó ningana^utilidad. 

Frangisgo de Satas r Bautista. ^ 

DoctO|r en medicina por la uAiversidad de Alcalá, miédi« 



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ESPAÑOLA» lt9 

co de eámara déla Reina 7 del hospital de San Jnan Baa- 
tifeta en Toledo , escribió: 

1,0 Questio apologética , disputatio única j comultatio pro 
quadam (egritudine et accidenttbus ilUus. Impresa en Toledo 
por Agastin de Salas, 1678, en 4.© 

Está dedicada á D. Antonio Sebastian de Toledo , mar- 
ques de Mancera. 

Movió al autor á publicar este escrito la circunstancia de 
que habiendo sido llamado en consulta para visitar un 
eofermo que padecía una inflamación del hígado, sostu- 
vo contra la opinión del médico qtíe primero le babia visto, 
no moriría el sugetoen el dia 4 4. Verificóse el pronóstico de ' 
Sayas, pero sin embargo de esto se le replicaba que la en- 
fermedad subsistía, j por consecuencia continjiaba el mismo 
peligro para el enfermo. En este estado fué cuando el autor 
publicó este opúsculo , en defensa de su opinión , que conti- 
nuaba siendo la misma. No contiene cosa digna de mencio- 
narse. 

QuasBtw de epilepúa. 1679, en 4.« 

Divide Sayas este punto en seis discursos: I.» En qué 

consiste la esencia de la epilepsia : d.o á qué facultad deben 

atribuirse ios movimientos convulsivos en la epilepsia; 3.o 

' cuál es la parte afecía en la epilepsia; 4.® de sas causas; 5/ 

de los signos ; y 6.<^de sa curación. 

Tampoco es de ^ran mérito esta producción de Bastida, 
¿pero estaímos por ventura mas adelantados hoy dia con res- * 
pecto á esta enfermedad? 

JüAN Bautista Ramírez dí Arellaho y Almansa. 

Natural de la villfi de Almagro en la Mancha : fué médico 
y cirujano, é hijo de Juan Bautista, cirujano de gran cré- 
dito. Estudió y se graduó de doctor en la universidad de 
Zaragoza , $egun se colige por lo que él mismo dice en el 
prólogo de su obra, de que se hará mención después. Ejer- 
ció ambas profesiones en su pueblo natal, y gozó de tanta 
reputación como cirujano, que era llamado con mucha fre- 
cuencia en consulta á Giudad-^Beal y demás pueblos inme- 
diatos al suyo. Despties de cerca de medio siglo de práctica 
escribió una obra, cuyo título es : 

Cirugía, ciencia y método racional^ teórica g práctica de lat 
curaciones en el cuerpo humano , pertenecientes á la ciencia de 
eirugia. Con el tratado de pronósticos, medicamentos^ morbo gá^^ 
lico, y obsermciones h planta pedis usque ad Teriicem cc^i- 

TOMO VI, 9 



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480 MEDICINA 

tífiy pr'oHkadai en el áucuráo de iO aña$ en b$$ mas célebres 
ciudades de España^ y el tratado de l(á keridqn penetrantes de 
pechú.Vbiáúá^ por Antoiüo González de Reyes, 1680, 4,* 

£6t£| obra, aprobada por el iiceaciado D. Antonio Oliyer, jT 
cuyo YolomeD no llega á 300 |>é^aa, eacierpa las mas subli- 
mes máximas de práctica y juióioaaB preívencienes respecto 
del pronóstico. Aunque pequeña, como dice su autor, cabe 
mucha virtud en pequeño euerpOj y grande espíritu en c^to 
v^^o. Asegura le habia costado sudor y estudio para usar de 
brevedad. 

£1 lenguaje de este libro es de lo mas puro y oastizci de 
su tiempo, 7 es deedtraOai: que una obra como la suya de 
up doble mérito tan angular ea observaciones prácticas y 
locución, se haya ocoltade á la dUigente iiivestigadion díe 
los bibliógrafos. . 

El epígrafe al pareoer ridículo que pone á las o|)servaei0^ 
nes quirúrgicas y casos estupendos á,vertiee.capitis^ usqu» ad 
plantam pedis^ es muy consiguiente á las que presenta, pues 
que principia portas heridas de cabeza y acaba por las de la 
planta del pie)» <Mcienido:.«que las curiosaiS U obseryaciomes 
>qáe refi^e^ son ua breve resumen de las muchas afecciones 
i»gueen e) espaelo de 40 años habia curado uniendo ¡ó sepstn 
lirado; mparoíndo tú. lunido; imcírasando lo ténue^h craso «{e« 
)i>nuando] lo viscoso escindem% lo caliente enfíiando; lo frió cu- 
iB>hntando\ La seno humedeáendo-^ló húmedo desecando; lo vacio 
»Uenando^ y lOiUeno, ^VacümdOj y la c^tcoquimia puryando\ no 
y>olvidándose de cual ante cual, cual con cualyy cuald^pues de 
»euaL» Y es todavía mas digno de admiración lo que dice 
en segai<kv: <xque en Iqs¡ aAosque llevaba depráctioá, herido 
j>que hubiese llegado á sus manos ^ como lo hubiese curado desde 
:^e^im&r apa^atih,lnQ se. le hahia muerto ningtmo, (1 ).» 
. Esta <^i*a es «q.trat^^do éieniental de cirugía, el cual se 
ha hecho, sumamente ra;ro. Yo pos^i^ua egemola^,, muy .bien 
liratado. Principia hatsAandO sonre la antigüedad y dignidad 
de la. circuir prellende probar, que esta y la medicina, her-^ 
mwas de un mismío parto , so9 verdaderas ciencias ; rebate 
el arguniento^e ^^ueno lo sean, porque no estén sujetas á los 
números y medida que las artes liberales^ diciendo aque 
cestas , segun el YaLvácense , tienen (^ac^as ó¿ principios 
«particulares ; pero que la facultad encierrj& en sí las de tOr^ 
)^das las afles^ puespara ser uin perfecto y perito médieb, ó 






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e^paSola. 131 

»ciitna!io,!ia detener aoticia de todas. ...... primero, 

»ha dé ser gramático latino, porque si no mal sabM enten- 
Jideir é interpretar los testos de los antiguos, y se adelantará 
»poeo á un albéitar, qne se contenta con citar el arte, sien- 
»do peso de la Memoria su bfeio, y no tíabajo del entendí* 
»mietrto. Debe áaber retórica para espHéái^ con signifieati- 
»TáB y contpüéstas voces la materia oéqoíe trata, persuadir 
>al enfermo, ...... y grangearsela piá afección que ayuda 

i^mucbo para Cónsegiiir la saltífd. Debe sá* lógico, para inqui- 
»rir y rastrear las causas delaá cnfermedad^^ discurrir por 
*los testoí las medicinas , y persuadía la enrá^lpa e» las 
^consultas ■etc. ;...... Aritmético pSi^á saber contar las 

choras en las accesiooes, los periodos délos dias, y lostér- 
Dniinos de laís'éafei'medádes. También debe ser geómetra, 
»etc.» , .'. . . . .'Y hablando de la música^ continúa. «La 

)» música no es alma del atte, petó c^ ella sé curan muchas 

^enfermedades es el arte del Cielo. . . . : . y es 

»necesaria ala medicina. ........ porqué ¿qué es un en- 

»fermo ^ino una cítara destemplada? ¿Q^é hace el médico 
neón elénffermó, mnó templarle los humíorés sin qué sobre- 
»salga alguno,. con que consigue laí í>érfecta salud , cujro 
»contráriacpt|S!ste en una destemplanza? ¿Qué haéé un ci- 
»4*ujano cotí' un herido que teme que ha de quedar manco, 
»6 en quienpor la mordacidad del humor, teme una con- 
avulsión, sino templar las.cuerdas y nervios con las medi- 
»cinas?. ....'. Templada un arpa con proporción música, 

»no sobresale cuerda, deleita el pido y recrea el alma; lue- 
»^ habiendo t)uest0F el autor de la naturaleza en ét cuerpo 
^humano, proporción mas perfecta én los humores , mejor 
»ariiionia érif ihi huesos, euerda^, nervios, y en los movi- 
Diftiéátos cié íes p&l^s, sé puede discurrir de wsá ciencia á 
»otra.i> eté. ■ ^ 

En el primer capítulo trata de las cof?as no iiatarales, f 
de los accideatés del alma, que son, ira, tristeía y goz6; lla- 
mándose nó tíaturales, porque usando bien m ellas son 
causa de la salud, y si no de enferrtiedades. Siguen á este 
'capituló oti^o^, sobíe los efectos preternaturales^ las enfer- 
medades y áecideútes, indicaciones de los escopoe ó condi- 
ciones del remedíOj y sobre tos tumores, sus' causas, seña- 
les, terimnaoioii^s y curación: trata en éeguida de los afectos 
de la cirugía en particular, de las fracturas y dislo¿acio- 
ncs, esténdiéndose algún tanto sobre el pronóstico, hacien- 
da ver toda su importancia en la facultad, y concluyendo 
con un ligero trataaó sobre los medicamentosy y otro sobre ei 



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l^ MlSDICIHA 

morbo giliep. Nada nos dice sobre el origen de esta enferme- 
ddd^ solo.queno la conceptuaba déla ciase de las pestilen- 
tes, porque no morían los mas de los acometidos, ni tampo- 
co de las epidémicas, porque no dependia del aire; pero sí 
como contagiosa, y que pasaba de persona infecta á otra 
sana, aunque jiodia también venir de una profunda malicia de 
Los humores, sin haber precedido contacto con oersona tocada nf 
venir de herencia^ ni haberle mamado en la leche^ como con- 
firmaban varios autores. El método curativo que aconseja, 
son los purgantes, las emisiones sanguíneas en ciertos ca- 
sos, el cocimiento de los leños sudoríficos, y los sahumerios 
y fricciones mercuriales, cuyos efectos dice que eran mila-* 
grosos. 

Concluye ésta obra con 19 observaciones 6 casos prácti- 
cos bastante curiosos, y con dos reducidos traísídiíos sobre 
las heridas penetrantes de pecho y vientre, 

JüAH Miguel de Alastuby. 

Natural de Hería, médico colegial de Zaragoza desde el 
año de 1673. Escribió: 

Tratado en forma de consulta thédieo-legal , sobre la capar- 
eidad de un mudo de nacimiento. Zaragoza 1680 , en fóUp. 
(Véase á Latasa). No be visto esta obra. 

JüAif Bautista Manzaheda. 

Doctor en medicina , médico del obispo, cabildo^ y ciu< 
dad de Jaén. Escribió: 

. Discurso mediánal y cuestión médico-moral en que se prue^ 
ha que la inseparacion del hábito que observan los M, fi. P. oa* 
pu^hinos en sus enfermedades, es incompatible con el buen mé- 
todo curativo, y cohsigukniemente ni loable ni meritoria. 

Ignoro donde fué impreso y en qué año; pero habiendo 
salido á luz la impugnación de este discurso por los años 
del 1680, á esta época se debe referir. 

El argumento de este escrito e& reprender la inseparacion 
del hábito que los capuchinos observaban en sus reglas. El 
autor funda su opinión muy juiciosamente; pero no fué tan 
esplícito ni la desarrolló cual era de desear, á causa de ks 
censuras ú otros respetos que forzosamente habia de tener 
en la época en que escribió. Asi pues, cae en la contradice- 
cion de alabar la costumbre de no alimentarse de carne los 
cartujos, ni aun ea sus mismas <3Dfermedade«; al piso que 



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ESFAÜOLA. fd3^ 

mira como nocivo j aun contra re%tOQ el qne no vistan ro- 
pas de lino los franciscanos y capnchinos en sns enfermeda- 
des agudas, diciendo, que asi como S. Norberto fabricó sus 
monasterios en parages húmedos é insalubres para quebran- 
tar la salud y enflaquecer las fuerzas , y después sus hijos 
gobernados por la verdadera prudencia, funclaron sus con- 
ventos en sitios sanos y ventilados, asi también debian los' 
franciscanos y capuchinos variar la costumbre de la inse- 
paracion del hábito. ' 

Juan Adeo-dato Navarro impugnó este opúsculo, mos- 
trándose muy lleno de preocupaciones, aunque tuvo razón 
en criticar á Mánzaneda la contradicción en que cae. 

Este es otro ducumento histórico. 

GaisósTOMO Mabtiiüez. 

Vamps á sacar del olvido á este benemérito profesor , de 
quien pocos bibliógrafos hacen mención. No silbemos que 
haya escrito ninguna obra ni que fuese médico, y tal vez 
sea esta la causa de que nuestros historiadores no le hayan 
conocido. Sin, embargo, "á fuerza de estudios anatómicos 
y de constancia en la delincación y dibujo de las partes del 
cuerpo humano, consiguió formar una colección de lámi- 
nas no despreciables para su tiempo. Hé aquí las noticias míe 
acerca dé su vida y aplicación nos dejó consignadas el padre 
Rodríguez en su Biblioteca Valentina, pág. 103. 

«Cñsóstomo Martínez, natural de Valencia, pintor famo- 
so, y muy diestro en su facultad, y tan insigne y laborio- 
so en la anatomía, que con afán, con aplicación , sin salud 
por lisiado de gota en manos y pies, y en algunos tiempos 
por todo su cuerpo , sin medios, fiado en la Providencia di;- 
vina y en su ánimo y habilidad, habiendo comenzado por 
los años de 4660 á trabajar y componer la obra que se dirá 
en Valencia, pasó á Francia y á Flandes, desde donde envió 
veinte tablas de anatoma , en estampas de buril fino , con 
agradabte y muy propia animación ; inventadas , delinea- 
das é impresas por él mismo; todas en pliego de marc?t 
mayor, y algunas de á dos pliegos. 

dEu cada una de ellas delinea muy al natural las propor- 
ciones del cuerpo humano, comprendiéndolas y distin* 
guiéndolas todas, mayores, grandes, menores, pequeñas, 
mínimas , interiores, esteriores y hasta las casi impercepti*- 
bles, con notable formalidad, propiedad y hermosura. 

»! algunas de dichariafr{at (y creo que había de ser i te- 

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134 lAEDIGIVA 

dai^) se sigiüe al pié ó eot el dorso la 6spUcaeioii> aa itnpve- 
sa, si DO manuserita de letra ^nya ^ y en romance español^ 
que uno y otro es defecto, sino que ^ después quisiera en- ' 
mendarlo. 

inloL qpe parece pítima tabla y es de dos pUegostcootieQe 
tres^^ffuras humanas de eslatura nainr^). Al lado izquier- 
do deja una, hay dentro djB jin círculo un esqueleto 6 <3a- 
dáver, de ipjsnor estatura, natural tambiep, t allí está fir- 
mado el autor ct)n letras del mismo buril de esta marica: 

y^Chri^ostomus Start\nez ^ fúspanHB^,Anp,fnitydeMn^^PÍtj 
sculmii^cumarevilegiQ regís, • . . ,, . , 

»ta \07 hiis'panus^ está añadidaen la impf ewu* Faltó m^ 
ella espresar. Valent'mus^ eo^ ufbe patria. 

))Estan dicnas ra6{a5 en poder de nuestra madre la ciu- 
dad, á quien las remitió ae6dQ,Flandes, suplicando el so- 
corro de ayuda de costa á la impresión, y para librársele 
(que ya hab^ orden de S. M.) se.^spcraha la aprQba^^ion y 
e::i.amen de los petitisimbs médicos que había señalado!^ 
misma ciudad. £ntre tanto murió el autor en Flandes^ cfe^ 
que por los años de 1694,: y ha qijedado U obra inapeiríecta, 
y en custpflia de la ciudad las referidas tablas 6 pliegos^ 
que he visto^ para hacer esta relación.» 

Por eljá queda demostrado, que Crisósiomo Martinea ha- 
bia hecho una colección de láminas de cobre :subdivi4ida en 
osteología, jniólogia y esplanologia, y ai^n tal- vez ftngiblor 
gia y neurologia. Lástima que tan buen ingenio, luchas^ 
con la falta de salud y de medios, sin h^ber podido iqon- 
cluirla obrq^ y sin que llégase á sus manos la tan merecida 
ayuda de Costa que el rey mandó darle! ¿Signo adverso de 
todos nuej^tros talentos! ¡Jamás la recompensa llegó á tiem* 
po de prcniiar^us trabajosl 

Fj^ARasco DE L4 Füentí; y Eozp- 

Licenciado en medicina. Escribió: 

Respuesta antipolog ética á la restauración de las^ «flf?ílíf««f 

^e los brazos* ly averiguación en defensa de lai *dei tobh 

Wo....... Córdoba..'... - - ' \ 

, Ignoro si el título de esta obra es exacjbp; no laj^bis. visto; 
me refiero á D. Francisco Pérez de Tíihor^^qúiep hablare 
este autor ^ de Valdivia y deS'uarez comp.íepmpei^idQre^ieu 
I{i cuesíion de^ sitio de las engrías. . , . r ; ' ; : , , 

Francisco de ia/F4iente y j^ossor escribjiói^ti) libro iinpiig- 
nam^o á Vaídivioí. J^q sé si ést^k d|$puta ^njkin^ó. ^ ptras 



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ESPAitoLA. 138 

abraft; pero esdeeveer que ne^^; pttéüdo qM el referido Pe^ 
rez^e Tabóra-no báce mérito de nbgmiií otm. ' 

Anónimos. 

Las siguientes obras fuero A escritas por los años de 1680 
á,eoaseeneiieia de una fábrica de tíürtidos qu« se estableció 
en la irilla de lUueca en Aragón^ delá cual temia la dé Brea 
que se originasen en ambos pueblos graves daños á la 
salud pública ) por la corrupción de las aguas de di- 
6hb csUtMecifDÍeíito. El doctor t^edro Sarrio y Vidadsé 
hizo cargo de esta cuestión^ y desvaneció semejantes temo-^ 
res, evitando asi la destrucción de aquella fábrica, cojltra la 
que iban dirigidos los tiros. Las Obras que se imprimieron 
sobre este objeto fueron las siguientes. 

4 . Discurso en forma de memorial de la tilla de lllueca en 
orden al uso de las tañerías. Zaragoza, en folio, sin año de 
impresión. 

Contradiio las razones de este anónima el siguiente: 

% Poríá sahtd púélica de la tMla de B^eajnspmdiei^do al 
memoriai de la vHla'de lllueca sokte htfiarta^. Zaragoza, eu 
fóiiovsioañodoediclon. .-) - 

Espone los perjuicios de las teneriaí^i 6; Pedro Saripíó 
oondlióaiii^os pareceres. (Véase sGí biogfia&a 

I^ORO SABniO Y VlDAÜ. 

Natural del reino de Aragotí , gran'fltíeo y médico. És^ 
crtbió?->-- í ;..•/.; .• .• ■ 

Múfáfiesw verdt^derq dé los exórbittmtíísil escesivos daños y 
f«ina# í^u0 se ptúmetén en la sáttéd publica de la villa de Bréa^ 
fa4roctniod$ tá Virgett Santísima del PVút de Zaragoza^ lu^ 
guteé co^aixkmos iftíobüñi^ reti^dé' Arbgün^ por la$ agnok 
pmilémé» '9 poMag^séátjHé^procéáéYdTlí ke la nüevá fábríth 
de tañerías de lllueca, Zaragoza, 16ÍI0, ¿ft f6Hd. . -''^ 

Él objelo díe está obra es combatir la prieocnpacion de 
loi» qM erelan qué de establecer aquella rábríca de cUrti"* 
dorbttbikn de resaltar mudhas enfi^efdfiídes ; el autor des^ 
TUnece-las itiéofies^qüe se aduéiafu sdbre siis itialOs efectos; 
manifiesta coaft i<tfi»idadüá eran 'Semejantes temores , y 
pronostica bien de aquel establecimiento , cuyo dictamen 
aprobaron con la obra D. Lucas Casalete , D. Nicolás Mo- 
neva y D. Juan José de Llera, todos catedráticos de la 
universidad de Zaragoza, y otros profesores. La esperiencia 



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186 MEaiCinA 

acreditó laa jaioiosas razones del aotori pues la fábrica se _ . 
tabléelo con gran provecho de aquel reinO', 7 sin perjuicio 
de la salad pablica (1). 

Francisco de Valdivia. 

Doctor en medicina en la ciudad de Córdoba. Escribió:. 

Apología de la restauraron de.laiwngrias de los brazos .... 
Córdoba 

Véase á D. Francisco Pérez de Tabora. en su tratado iobre 
§1 abuso de las sangrías del tobillo^ en donde, como ya se b& 
dicho, nos habla de la disputa habida entre este módico 
cordobés 7 el licenciado D. Francisco de la Fuente y Pozo 
sobre las sangrías rei^ulsivas y derivativas. 

Matías Bbinza. 

. ^ .. 

Natural de'IPuenle la Beina, en Navarra, químico y boti- 
cario ;: desames médico aprobado en ambas facultades, asi 
para el reino de Navarra, eomo para los de CasüUa»4)or sus 
protomédicos y examin^aores de ambos reinos, médico de 
la compañía de caballos del Excmo. Sr. Duque de Alba, y 
visitador de las boticas de aquel reino» Escribió: 
' Discurso sobre los polvos universales purggnies. Bayona, por^ 
Antonio Fauvet, 1680, en 8.0 

Estos polvos, p(^ los efectos que dice Beinza producían, 
no eran otra cosa sino un epaelo-catártico. 

lioa profesores del colegio de Zaragoaa se qu^arou^e 

Íue el autor no descubriese su composición; pero en cam- 
io, dice Beinza que los improbaron los profesores Gómez 
de Tejada, Contreras, Correa, Irigoíti y otros á quienes 
manifestó sus componentes, te^ dió tanta importancia, y 

1)ouderó tanto su virtud, que no vacila en decir que todm 
as enfermedades se podian curar con ellos^ menos lasque eran 
incurables por su naturaleza. 

Divídese esta obra ei^ cuatro partes: en la primera habla 
de la utilidad de su descubrimiento. En la segunda llama á 
estos polvos quinta essneia^del solquimico^ y trata de probar 
que curan todas las enfermedades sin necesidad de san- 
grías.. En la tercera manifiesta que, aun cuando esta medici-* 



(i) Véase á Víllal va. pág. 8I« y LataM. 



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na siea de suya tao eficaz» no se ba de admkiistrar á los (en- 
fermos sino con consejo 7 asistencia de médico que ordene 
y disponga de ella sj^uú la ocasión. En la cimrta espona . 
cuándo y cómo seban de mandar las emisiones sanguíneas 
y los purgantes» En esta última parte sé sincera el autor 
ae lo que manifestara en su segundo discurso, acerca de que 
sin sangrar se podian curar todas las enfermedades^ dicien* 
do gue su ánimo no fue oponerse á las emisiones, pues bien 
sabia que una sangría hecha á tiempo daba la vida^ asi como la 
quitaba si no se hacia en ocasión competentCj y por lo tanto 
presentaba todas las señales, claras y evidentes, para que 
con conocimiento se purgase y se sangrase. 

Beinza, como Aldrete, si bien no se muestra ignorante, 
cayó en el ridiculo de baber creído bailar un remedio uni-> 
versal para todos los males. Asi pues esta obra es mas para 
leida por entretenimiento, que no para sacar de ella utilidad 
alguna. 

Juan de Hilocha. 

Antones: estudió la medicina en la universidad de Za* 
ragoza, en donde se graduó de doctor; fué médico de la ciu- 
dad y cabildo de la santa iglesia de Tarazona. Hacia finea 
del siglo XYII escribió en defensa de su conducta, manejo 
y esperiencia, un curioso papel que tituló: 

Relación y consulta de la enfermedad que padeció el Señor 
2>. Martm de Blancas, arcediano de Calatayud^ y de loe reme- 
dios que se le ordenaron^ y el suceso que hubo en e/la. 

La imprimió en folio de 48 páginas. 

No contiene este impreso cosa digna de mencionarse. 

Antonio Galante pe Seoane t Feethe. 

Ignórase el lugar de su nacimiento; pero estudió artes 
y medicina en la universidad de Yalladolid, y después fué 
médico titular de Martin-Muñoz , de Pinto , dos veces de 
Hondejar, y últimamente de Sigüenza y del obispo de la 
misma ciudad . D. Fr. Tomas Garbonel,como se espresa 
en la portada ae la obra que escribió con el título de:/ 

/). Antonii Galante de Seoane et Freiré^ media Pti*€ianh. 
olimin Vallispletana Academia f tam liberalium Artiurnymmm- 
Medicina candidat%ideinde in pago de Martin jfuffo;s, de Pií^to^ 
bisquh de Mondejarj ürti$> apoílinaris professoris^ etc.^ etc,^ 
tractatm de minorativa fmgatiwM^ uÜ utímúnMC disputatií^ 



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136 MSDIGnTA 

nesy tampracticm qwkm sp9cnlativce^ tam raüom^qmm awó^ 
thoritati ac expeñenúoí conformes^ meluduntut. Zaragoza, 
por Diego Dormer, año de 1681 , en 4.^ 

En la censura que de esta obra hizo el doctor D. Juan 
Vicente Sanz del Mon, ministro de la Inquisición, j médi* 
co de Zaragoza, dice «estar redactada con un estilo grave 
y modesto, fundándose su doctrina en pripdpios estables; 
sencilla para los principiantes; profunda para los sabios, 
y utilfeíma para todos, presentando las sentencias antiguas 
y casi olvidadas con todo el gusto moderno. Gon so&su 
erudición , hace caducar opiniones muy modernas, valién- 
dose para ello de su ingenio ; rebatiendo las sutilezas de 
sus enemigos con la mayor claridad , sin autaentar ni dis- 
minuir en ellas riada de su peso , antes bien", recibiendo 
•mejor á veces las opiniones del contrario qiie las del ami- 
go, por lo qáe se le podia aplicar lo que de Cipriano dijo 
Teodorico en casa de los Casidios; mlternce parti indis*^ 
"cereta late placuisH ori tuo^ altercanúum de$iderta concurre^'' 
y>runt.y) i . 

Hacen también elogios pomposos de esta obra sus cen- 
sores íos'dóctores Cariñena é Ipenza',' Monevft, y Blasco 
y Lojiez, pero todos ellos , en honor de la yeráad , son 
superiores al mérito intrínseco de la obra. No obstante, á 
atendcímos al estado de decadencia de este siglo, y al es- 
caso número de ob^as de mérito que eritoniíés salían á luz; 
podemos áecifsqiie es una de las regularles. ;• v ; . 

En el pHtíier cÉipítúlo trata áe qué nteáiog haya pasta cpj>' 
nocer la agudeza ácromeidúd de tas enfeiñm^údes. 

En el segundo se ocupa de la cocción y iéus diferenóiaé. 

En el tercero habla de la eacoquitnia dieiendot todo hu- 
mor del cuerpo escepto la sangre, esté ó no mezclado con es- 
ta, peque eit cailtidad ó cualidad, miebtrás íko sea necesario 
para el mantenimiento del cuerpo, produceuna cacoquimia, 
y por cottsiguientfe es neciesáMa su pnrgaicioto.* ' 

En'el capítulo k.^ se ocupa de ¡os tnediímjkéiitos pufganteij 
llamados catárticos , 

En el 5^.^ trata (Í6 td« ^tii'^attees miitoraríi^os. . 

El %/*tíersa acerca dé «% conviene áno'én una calentura agú* 
da^miítigntíópeetiienetáU purgar al principio siempre que haya 
materia' c¥^áa'. Dice que áifeto'pí'e debe purgarse dependien- 
do la ctotórniedad *> hcwii'or oacoqu4mlGo, añnqueno sea por 
1^ a*und«nfeía,rfoo'porsama*ígiildad. • 

El capítulo 7:a eé.acerea d^ í<' comteñe ó no ¿n el principia 
de una i^akntitra' pútrtéa empiéar una'putgaeion selectiva. 



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. 6a el capítalo 9.o y último habla igaaUocpte acerca cb 
ú se debe á no purgar al pnncipio de las enfermedades agudas 
dependientes ds vicio de la sangre l^nitivamenu^ antes que san-^ 
gru^r. ^ 

Pedro OiíOFRE EsTEVAN. 

Natural de la Isla de Mallorca: estudió la medicina y fué 
médico en Gádi^, del hospital redl>. de la armada del Qccéa- 
no, y de eániara del Excmo. &?• Duque dé los Arcos. Es- 
cribió: 

Tratado br^m y antorcha luminosa, que con sus luces bellas, 
nacidas de iois mayores autores y de la esperkncia, se deseu^. 
bren átomos los mas retirados á las tinieblas de la práctica, don-» 
de se ven claramente los muchos aciertos y prodigiosos efecto^ 
de las* sangrías del tobillo, minorativos y dieta, Vo^r redro 
Frau. 168f. 4.® Sin lugsgr de i|mpresion<. 

Estei pbi^a la divide el aqtor en %Y,es partes: en la primera 
habla de las dos célebres, disputas que hubo en su tiempo 
acerca dela$<saDgrias del tobillo. Eu la segunda trata sobre 
la cuestión de minorar (ó purgar ), intentando demostráis 
que debe hacerse al principio de los niales $in turgencia con 
B^dií^mento selectiYO, cruda existente materia^ j;en la ter-^ 
cera del priodo ma$ conveniente de alimentar ó l^enf^rmo9r 
. Al fin de esta ¿obra, escrita con poco gusto y en desañali*^ 
nado lengnage castellano^ se haUaun compendio de la vidí^ 
de HipÓQfateS) Galeno y Avicena. ' 

Sin embargo de todo, el dojctor Palacio y Pérez elogia á 
este autor, y dipe de él: «He vistp algunos escritos erudití? 
»simo6, dados .$ la estampa por el doctor Onofre Estevan...,, 
^Venero la doctrina de tan gran maestro, tanto por su mu«> 
i»cha erudición , como por el sqmo crédito qué ha^ tenido ]l 
•tiene en varias y remptas provincias, y el; qpé hoy goz^i 
»(16íH) con aplauso universal de tpdo el reino de Mallorca^ 
«siendo á la i^alud de sm naturales el primj$r Mecenas hipor 
»i?r4lic0»» ; : . ' , 

I Este elogio de Pérez, es tanto menó^ spsppcbo^o^ cuanta 
.que prodiga á E§teyan tales alabanzas en una obra qi^e eitt 
r^U)ióTQf utiindo la§ opiniones de este m^llorqüiíj. 

. F«ie catedrático de íilosofia y medicina -en la universidad 
de Seyilla, j médico de cámara, d^l Iljno. fir* 9*^ Attibr^r* 



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440 MEDICINA 

sio Ignacio Spínolay Gttzjman, arzobispo de Santiago y Se* 
Tilla, siendo decano en dicha univefóidad. Con motiTo de 
la reñida controTcrsia'entre sus doctores, acerca de qoé se 
debia entender por revulsión, y cuándo convenian las san** 
grias del brazo y cuándo las del tobillo, escribió la siguien- 
te obf ita. • ^ 

Tratado contra el abmo de sangrar siempre del tobillo en to^ 
das las enfermedades universales y particulares de partes supe- 
riores. Por el doctor D. Francisco Pérez de Tabora, médico dé 
la ciudad de Sevilla., etc. Sevilla, por Tomás López de^ 
Haro, 16S2,.en 4/ 

La lectura de esta obra demuestra que no todos los {prácti- 
cos galénicos interpretaron de un mismo modo las 'obras 
del médico de Pérgamo; asi como no todos fueron partida- 
rios de las emisiones sanguíneas, y mucho menos de las del 
tobillo. Tabora no imprimid su obra, basta que los catedrá- 
ticos de las universidades de Valladolid, Salamanca y Alca- 
lá y los médicos de cámara y otros de fama, como lo' fueron 
Suarez, Moyano, Francisco de la Fuente y Pozo, Francisco 
Valdivia, Ramírez, Acosta, Granados, etc., publicarou las 
isuyas respectivas. 

' Pérez de Tabora se hace cargo de las opiniones de cada uno 
en semejante cuestión, asi como de las autoridades ;en que 
fundaban sus doctrinas, y sin espíritu de rivalidad, impugna, 
comenta y emite su opinión , basada en su largaes perien- 
cía, y sin separarse de la tie los príncipes de la medicina. 

«Habiendo visto» dice, todos los papeles en la materia, y 
^considerando el poco fuste que tienen , y por otra parte 
•observando, quenosolo no son demás provecho las san- 
»grias de los tobillos que las de los brazos , sino que son 
•dañosísimas y de gran detrimento á salud humana üsadad 
3»como hoy las usan, por tantos casos como he visto en ésta 
•ciudad, que han acreditado esta verdad y desacreditado á 
x^los que la niegan, y aunque otras personas queriendo 
»tan malos sucesos , y movidas de la conciencia , quie- 
bren mudar parecer, no se atreven por la censura de 
•aquellos, y lo temeroso de los enfermos, que llena la 
•cabeza de este engaño, temen no se les suba la jsan* 
•gre á ella con las sangrías de brazo, y pierden la oea- 
•sion: hallándome yo en la presente obligación por la con- 
•ciencia, viendo tan gran abuso en Sevilla , procuraré sacaiv 
•los de su obstinación y- terquedad, y que acaben de ente*- 
•rarse en que la doctrina ae los príncipes de la medicina, 
•que es sangrar de los brazos, es la que se debe «egoir en 



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ESPAfíOtA. 141 

ueste iHioto como.en todo lo demás qae so, sigae » 

Toda la obra ^ira sobre esta úoica cuestión. 

Sí en las enfermedades pendtentei de fluxión de materia que 
pide sangr'ia, »» haya de comenzar siempre reveliendo con san- 
griade tobillo para las partes superiores al hígado y septo 
transverso^ y ton la de brazo para las inferiores? 

Prueba el autor qqe las sangrías del brazo son verdade- 
ramente revulsivas, y mas útiles y necesarias por sus efec- 
tos que las del tobillo; que igualmente la sangría del brazo 
es revulsiva según la oposición latitudinal de diestro, á si- 
niestro y vice versa; responde á todos les argumentos alega- 
dos por los de opinión contraria, v hace ver que estaban en 
oposición con el espíritu y letra oe las doctrinas de Galeno. 

Ademas de esta obra, escribió Tabora un opúsculo con 
motivo del parecer que le pidió un médico de Gonstantina, 
afligido pK>rque en una constitución de dolores pleuríticos 
se le murieron todos los enfermos que sangró del tobillo: 
por lo que la justicia le llegó á decir que no siguiese tai 

K Táctica, que era la que aconsejaba el doctor Ramírez. No 
e visto este opúsculo; pero el mismo autor nos da razón de 
él á la pág. 45 de la obra ya citada. Por esta controversia 
se vé la importancia que daban los médicos del siglo XVII 
á cuestiones que realmente no la merecian. 

JüAlf GUSTILLO. 

Natural al parecer de Sigñenza, en cuya universidad se 

f graduó de bachiller en artes; habiendo pasado á la de Áica- 
á, en la que estudió la cirugía y se graauó de licenciado. Se 
estableció en Si^enza y fue cirujano del obispo y cabildo 
de agüella iglesia catedral y del hospital de S. Mateo. 
Sierció la cirugía con grandes créditos, y escribió una 
oi>ra titulada:. 

Tractatus quo eontinentur summe necesaria tam de Ana^ 
tome quam de vulneribus et ulceribus , t^m in genere quam 
inparticulari, ac pro locorumHÜfferentia, tum rationtbus^ tum 
autoritatibus gravisimorum virorüm illustratus* Madrid, por 
Domingo Garcia Morras* 16S3, fólio« 

Está censurada por el licenciado Pedro López Traeban, ci- 
rujano de cámara del rey, y por los doctores D. Juan Garrí- 
ilo. Antonio Galante Seoane y Freiré, y Juan de Malaguilla. 
Esta obra la divide su autor c^n tres partes; esponiendo en 
la 1.* /a necesidad y utilidad^ naturaleza y diferencias de h ana- 
tomia; hablando en la 2.' de las heridas en general y en parti- 



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/ 
Itó ' itfEDIGíNA 

tular; y-enla 3.* de las iilceras^ en la muttna forma^ eomo íám^ 
bien de los cánceres^ de la fístula lagiimalj de loa del peclio^ ma- 
mas, útero y ano. ^ 

Es obra que no contiene eddft particular digna de mM'^ 
clonarse. 

Fr. Matías QtJiNTAWiLLA. 

Cirujano mayor que fué del hospital del V. P. Antón 
Martin 7 general de su religión , orden de San Juan de 
Dios ; escribió: 

Breve compendio de ctru^ta; obra 'postuma sacada alu% por 
lynacio Giitierre% , sa discípulo en dicha facultad. Valencia, 
por Manuel Gómez, 1689, 8.*> mayor. 

El P. Quintanilla gozó en esta corte la opinión^ de buen 
cirujano. Su obra sin embargo no tiene mérito alguno, y 
isolo pudo considerarse , aun en aquella épocA; como un 
manual para practicantes. 

Anónimos. 

Reinando por los años^ de ' 1684, en las costas de Cádiz y 
otros puntos de Andalucía, una cruel constitución de caleií* 
turas máliguas, dirigió ua médico al rey Carlos II uq me- 
morial, haciéndole presentas las curaciones que conseguia 
empíricamente en aquellas enfermedades, el cual imprimió, 
como también una obra sobre el mismo objeto, titulada: 

Disputa epidémica de la cura y conocimiento de kesénfér^ 
medades de 1684. 

Esta obra fu^ contestada por otro anónuno en el signáen- 
. te escrito: 

Respuesta de un médico anónima á dos cartas (fue te eseri- 
bió ^n caballero de Cádiz , en que le a^isa del arreo de un 
médico neotérlcp ál convento de Jere%. Befiéfíd^nse lo» médi- 
cos galenistás, rácii>nale9^ avicénktasj á (júienes efóW itéñkb 
eíííüo, llama el doctor ñe'af^éti^huínaristas^ y ayUéHc* u 
manifiesta ser ta práctica c/intco-em/ííncfl, estragó ^hmr^té. 

No tienen año, ni lugar de impresión; en folio. 

(Véase áVillalba). 

Anónimo. 

Con las iniciales B. A. E. salió á luz en Valencia un anó^ 
nimo, tttulado: 



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ESPAfíOLÁ. 143 

Memorial criitiayio y politico^ tobte lapermameneiadelioe'' 
tor Juan José Lofe% en la ciudad de Valencia^ á fin de averia 
guar$e frácticamente $u método de curar las calenturas ar- 
dientes^ jfor medió del agm fna^ propinada con varias chr^ 
eunstaneias. Valencia, por Francisca Mestre, 1684, en folio. 

El doctor Joan Joi^ López, médieo deYinaróz. natural 
de ÁlaVa, pueblo del reino de Aragón, habimido ido á Ya* 
lencia, quieo introducir entre sus compañeros la práctica 
de curar las calenturas ardientes por medio del agua fria 
dada en abundancia^ Con este motivo se suscitó una reñida 
disputa entr^ algunos profesores, queriendo unos que esta 
fuese la mejor n^dicina que babia bajo del cielo: non ¿«e 
aetereis melior medicina sub astrls^ dijo un médico; y otros 

Sorel contrario; Kamoin defendió á López; pero algunos 
kcultativoé, escudado» con el anónimo , lo combatieron* 
' Tal es el objeto de esta obra. 

Feliciano Geaciám db Peñafiel. 

. Licenciado en medicina se^n se firma en la obra que dio 
i luz contra el Memorial cristiano p&Utico^ en la disputa so* 
bre la práctica del doctor López, y cuyo título es: 

Critica medical Hespóndete al memorial cristiano politieo^ 
sobre la permanencia del doctor^ D. Juan J0sé Lope% en la 
Ciudad de Valencia. Zaragoza, por los herederoá de Diego 
Dormcr ,1684, en folio. 

Es una crítica que no merece ciue nos detengamos en 
ella; sabicfoya el objeto de esta dispata. 
> '• . • • . 

Matías Dobíikgo y Ramoih. 

Naloral de la yilla de Al[«ienteen el reino de Valencia, 
doctor en medicina por la univerMdad de esta tnisma ca(ni^ 
tal, en dondehizo sus estudios (1). Fué catedrático en aquella 
escuela de teórica médica y de lengua griega, ydesospe* 
chador real en aquel reino,' según refieren al babiar de este 



(i) F«é idisdpnla de su aboéltiet Dr. FraocUco Segura, seguí» 
él bIímik» dice Allí [^ág* 113 de su obra con t«U» palabras: etadoeti»- 
simo , mea magittto €t avo 'Franaúe^í^,^ Segwa nostrw universitaiis 
mediciniB. censóte et profesare, también Tue discípulo del doctor 
Vleente Salat, como asegura á la página 127.yeQ dopde pone el desgra- 
ciado fio que tuyo ftsle profesor. ~ ' ^ > t. 



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íii MBOIGIHÁ 

medicólas bibliógrafos Ximenez y el P. Bodrignec. Fa-- 
Uecióel 12 de marzo de 1730, é imprimió las obras si- 
guieates: 

i .0 Breve defensorio de una receta sacada á luz por losjusü'^ 
cía y jurados de la v'dla de Vinaroz^ reino de Valencia^ diócesU 
de Tortosa^ de su médico ordinaño Dr. Juan J-osi López. 
Valencia; por Francisco Mestre, 1684, en 4.<> 

Esta obra fué publicada en nombre de Mateo Cabrera, 
médico catalán. £1 autor defiende al Dr. López en su prác- 
tica de curar las calenturas ardientes con el agua fria. 

2.^ Dlspuiaúo de varlolis et morbiUit^ cum questione óo* 
psndlee de peste. Valencia, en la imprenta del convento del 
Carmen, 1685, en 4** 

En el proemio deesta obra dice el autor que tuyo presen- 
tes para escribirla los principales autores griegos, árabes, 
latinos y españoles. 

Después de tratar en el primer capítulo de los siete en que 
se divide la obra, de la esencia y. naturaleza de las viruelas 

Í' sarampión, ventila la cuestión de sí estas enfermedades 
ueronóno conocidas de los médicos antiguos; afirma que 
en su sentir lo fueron délos antiguos griegos, aun cuándo 
sus descripciones no fuclron tan exactas como las de los mo- 
dernos, á causa deque en tiempo de aquellos no se presen- 
taban con tanta malignidad. 

Hablando de las diferencias de las viruelas reconoce 
cinco: la primera consiste en la substancia^ porque un^s son 
mas ó menos pituitosas, sanguíneas, biliosas ó melancóli- 
cas. La segunda diferencia la toma de la eantidud; asi se 
llaman mayores ó menores, muchas ó pocas, profundas ó 
superficiales. La .tercera de la ct/Lalidád^semn aparezcan ro- 
jas, blancas,' amarillas, violáceas, lívidas ó negras. La 
cuarta consiste en el tiempo j pues unas tardan mas ó menois 
en presentarse al 6fiterior, en la supuración, y én la term-^ 
nación. La quinta y última la toma del átio afecto^ según 
C[tte invadan la piel ó las partes intérnasi fauces, pulmones 
intestinos, híjgado,'bázo ú otra cualquiera viscera. 

En los capítulos 4.<> y 5.°|trata de las causas y síntomas 
de lai? viruelas y sarampión ; en el 6.o y 7.® del pronóstico 
y cujracion. 

Concluido este tratadito nos presenta el autor seguidam^- 
te cinco dudasj en las que ventila las cuestiones siguientes: 

Duda i.* Anconveniens sUetdefaclo possitfieri^ ul aliqua 
pra^cautione utanlur med^cí antequam variolse erumpant^ut 
istarum eventum impediájnt. 4 



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ESPAÑOLA. 145 

El aotoi- rosuelve esta cuestión atendieado á la causa ia- 
mediata de la afección variolosa. 

Duda 2.* An in curatione mriolarum lentes, et earum de- 
cóctumsintexusu. 

Prueba que se deben corroborar las partes internas 
cuando baj^a precedido la cocción )r la naturaleza espulse el 
humor afuera. 

Duda 3.^ An érunípentibus variolis degenerata febresyno* 
Chali in putridaúi térlianam^ iit sanguis mittendus» 

Prueba la alinnaliva. 

Duda 4/ An ad facihtn erutpionem variolarum^ balneo 
aqufe dulcís utendum sit. 

Proscribe los baños generales^ pero no los parciales* 

Duda 5.* An eum varioUe sint jam dealbate, aliquo instru" 
mentó perfarari deheant. 

Prueba la negativa. 

£1 autor concluye esta obra con un apéndice rcdtícido á 
ventilar la cuestión siguiente: 

An pestis et febris peHÍilentis causa sii sola excellens putre^ 
do: an vero pr áster puiredinem^ adjunctam habeant venena* 
tam ocultam quahtalem á tota subtantia nobis contrariam. 

Después de presentarnos las opiniones de irarios autores 
antiguos sobte la referida cuestión^ opina que las fiebres 
pestilente^ pueden engendrarse dentro de nuestros cuerpos, 
siempre que concurran circunstancias especiales para ello. 

Por último fiamoh) refiere varias epidemias en las que 
asegura fueron de ¿ran provecho los alexifarmacos^ asi co- 
mo los remedios corroborantes y cardiacos. 

3. o Qiimtluncuta in qua examinaiur pulvis de guarango 
vulgo eascarillaj in curatione tertianas et quartanie» 

Esta obrita se dio á la estampa en unión de la obra del Dr. 
Vicente Salat, titulada: ütUisima dispuialío de dignottoneet cw- 
ratióñe febrium. (Véase la biografia de este médico.] 

£1 autor usa del nonibre Cascarilla como genérico de la 
<1üina. Aconseja su uso en el tratamiento délas intermiten-, 
tes, sin omitir los casos en que se halla contraindicada* Por 
lo demás esta obra no ofrece interés particular. 

Marcos Cabrera. ; 

Natural de Cataluña, doctor en medicina y médico de la 
yilla de Batea, jurisdiccíoa de Tortosa. Escribió coacomeñ^i 
tarios: . , 

Breve defensorio médico de una receta , sacada á luz por ¡oí, 

TOMO VT, ♦ ^0 



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146 kfBmciUTA 

* 

justicia y jurados de Finoro», de su médico ordinario el doc^ 
tor Juan José López. Lo hizo imprimir ea Valencia, en 1684, 
Francisco Romualdo Simón de Pallares, caballero del há- 
bito de San Juan, comendador de Ulldecona y Amposta, 
y procurador general de su religión en dicho reino de 
valencia. 

La receta de este autor se reduce á dar de beber á los 
enfermos agua fria en tanta cantidad, cuanta quisiesen 
hasta saciarse, mezclándola con algún jarabe, que era por 
lo común el de amapolas blancas, el de violeta ó el de ci- 
dra. 

Juan Nieto de Valcarcel. 

Natural de Córdoba, médico del Excmo. Sr. duque dé 
Sessa y Vaena; escribió : 

Disputa epidémica j teatro radonal, donde desnuda la verda4 
se presenta al examen de los ingienios. Tesis en ^ue se ventila el 
uso de los alexifarmacos sudoríficos en el principio dé las malig- 
nas en el año 84. Valencia , 1685, en 4.o 

Publicó Valcarcel eista obra con motivo de una carta qué 
le escribió el Dr. Soto animándole á imprimir los trabajos 
que tenia hechos sobre la epidemia que reinara en los años 
anteriores en la corte. En este libro se describe una epidemia 
singular de calenturas mucosas anterior á la de Roederer y Va- 
gUTj con ideas prácticas bastante juiciosas sóbrela economía 
de las sangrías en estas calenturas, y la necesidad de los su- 
doríficos , con preferencia á la sangría, purgas y otroi^ re-^ 
medios. 

Me ha piarecido oportuno estendérme en la relación de es- 
ta epidemia, á pesar de tratarla con bastante minuciosidad 
nuestro Villalba en su epidemiología' estractatido y consig- 
nando aqui las mismas espresiones de Valcarcel, jpues aun-»^ 
que su estilo es algo rtetumbanté y propio de su época, sia 
embargo es claro , óonciso y espresivo. 

Descríbese la epidemia, «Deísde el año de 1 673 las prima- 
veras se presentaron secas y frías, los estíos frios y húme- 
dos , los otoños calientes y con lluvias^ frutos y flores verna^ 
les, cálidos los invierübs con la notable desproporción de 

Jue . por T^avidad abrasaba el sol y y helaba apartándo^de 
l^ penetrando un aire sutil los nervios. £1 aire de Poniente 
era mo y seco como si fuera impelido por el Norte ; los f ru* 
tos maduraban mal y tarde; vendimiábase un mes después 
que loÁ deúias años i y el fresco que en las noches del verano 



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espaSola. 147 

es tan apetecido, le rebasaban por su estremada frialdad 
despaes de las diez aun en las poblaciones mas cálidas. 
• «Este desorden atmosférico se dejó sentir bien pronto en 
los cuerpos. Aparecieron unas calentaras malignas tibias y 
tardas, pero no mortíferas, observándose ane sugetos qae 
en otras circunstancias resistían con valor las sangrías, en 
estos años- no podia hacérseles mas de ana. 

«Tal variación de estaciones duró cuatro años, y en el de 
1677 tomó mayor incremento esta fatalidad. La octava del 
Corpus una hora antes de ponerse el sol , él ó su luz se pu- 
so palidísima , y sin oscurecerse , se arrojó en una lluvia 
un agua que nos abrasaba , tocándonos de melancólica pali- 
dez los rostros, el mismo color del sol y el asombro. No 
faltó aquella noche el desapacible frió que se conocía en las 
demás; con que no pudo algún calor, que inmediato sobre- 
viniese al agua, abochornar las espigas; pero al otro día las 
que antes eran crecidas y fecundas se vieron tomarse, os- 
curecerse y consumirse. Público el agravio que padescía Ja 
cosecha, no parece (]ue había enfermado el trigo, sino qne 
ríndid toda su vitalidad al veneno. Mostráronse los granos 
denegridos, y lo peor con tal fetor de corrupción , como sr 
la hubieran padecido en los silos. Hacíase el pan oscuro, 
ingrato al paladar y al olfato. 

«Resintiéronse los estómagos, y sucedieron con mas fnerza 
las calenturas malignas y los cólera morbus en 1780, y no 
quedó duda alguna á los médicos de aquellos tiempos que 
los estómagos y toda la primera región estaban sujetosen es- 
tá epidemia á gran copia de viscosidades, y con tal abundan- 
cia de lombrices, que se observaron algunos cadáveres que 
las echaban por las narices. Los médicos que antes bruju- 
leabaraos la peste, ya la veíamos muy de cerca. Ya se que- 
jaban algunas ciudades andaluzas del contagio, qae todo el 
ano 80 estuvo en su fuerza y comenzó á declinar el 81* 
Desde los estómagos y región primera se elevaban toda» 
las auras infames que desmayaban el corazón y el cerebro, 
y también las venas participaron de aquel friable lentordel 
estómago, tan apto á reprodecerse y engendrarse insectos^ 
de él, que ya se vio al sangrar salir lombrices por las cisa^ 
ras. Sosegóse está tempestad con una general evacuación ó 
disenteria de tales frialdades ó mncosidades: con ({ue lio!* 
pios los cuerpos de esta mala disposición escrementicia, per» 
dio su arliento y actividad el veneno, pero no dejaron deqne* 
dar particulares reliquias; tanto que algunas veces nos pa^ 
reeiaque se volvía á irritar su voracidad. » 



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' l^a BIBDICniA 

«Eq toda este tiempo no solo fueron los moTimientos de 
los aires j de las aguas, fuera de lo que regularmente pe- 
dían los tiempos del año, sino que fueron mujr vehementes. 
De suerte que el friae^a como que helaba y apagaba los 
espíritus: el calor como que los requemaba» Si llovía era 
en avenidas j los vientos ferocísimos. £n algunos anos ni se 
forjó un ravo, ni se oyó un trueno^ y cuando pareció que 
)Re comenzaban á componer estos movimientos , se recono- 
dó la oposición mas terrible^ Fué seco el año 82 y ¿3, tan- 
to, que vimos los árboles en la orilla del agua secarse, j 
alguQos nogales, con el agua al pie, abrasarse las ramas 
que miraban el mcdiodia» Señal patente, que no bastaba 
el abundante jugo que atraían las raices, para suplir el que 
consumía la cólera del sol. No fué lo peor esto, sino que 
llovió luego, desde fines de otoño, por todo el invierno y 
primavera de 84, con el esceso que no puede igualar á la 
memoria de ios pasados. Ratos muy húmedos tuvo también 
el estío: el peor fué pocos dias después del eclipse en que 
fué copiosa una siesta la lluvia, elevándose después vapo- 
res tan abochornados, que abrasaban la respiración y aun 
los rostros..*. é 

«En este último año cobró mayor fuerza la epidemia prin-^ 
cipalmente en la corte, que ninguno de $U8 médicos antiguos 
la ha conocido tan sangrtenía. Desarrollóse con mas ímpetu 
en julio, agosto, setiembre y octubre, á costa de tantas vidas f 
que muchas poblaciones han perdido la mitad de sus moradores^ 
y eUgunas casi todos. Parecía al invadir una calentura catarral 
con decaimiento y laxitud en los miembros, peso, . calor, y 
flojedad en la cabeza, 4f nótelo encendido en todo el hábito del 
cuerpo^ que ni bien parece declarada calentura , ni bien rigor de 
manifiesta accesión: embebido el vientre como que no hubiese en 
él intestinos^ como pegado ó la espina. Grande tensión y eleva- 
ción en la región vital; conociéndose debajo de las últimas 
costillas, en el hígado, bazo y parte superior del estómago, 
apostemas, que en algunos enfermos supuraban, espelieudo 
materia por la parte inferior , y algunos cadáveres por la ho« 
ca; sudor frecnente, y por el aoe regularmente terminaba la 
enfermedad; pero priDcipiando muchos con él y con tem- 
blor; evacuaciones de vientre qne originah&n con frecuencia 
la muerte; rostros marchitos^ ojos cóncavos, sin rubor, ni 
encendimiento; pocos delirios, pulsos lánguidos, vaporosos, 
no muy frecuentes, algo undosos y pequeños; urinas crudí- 
simas, acuosas y descoloridas, que luego adiiuirian cocción 
en la sustancia y en el sedimento; encendiénaose, tomando 



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ksfaKola, Í^ 

crasitad y tardando en perfeccionarse en los que sanaban, y 
estos quedaban débiles y se restablecian dificiimente. 

«La sangre salía en las sangrías poco á poco, grnesa, os- 
cura, y no con el ímpetu que eñ los estíos y otoños; tenia po- 
co el agua, en la que quedaban macosidades bien espesas: 
pero en muchos era de color y consistencia natural, y solo el 
suero de mala sustancia, oscuro, turbado y cenagoso., 

«La calentura se declaraba en tercianas sencillas notas, 
que luego se doblaban y terminaban por sudor, y en los 
mas después de este quedaba en cotidiana, haüta que entrada 
la accesión, seguian los temblores, laxitud, desmayos, sín- 
cope y la muerte 

<iCaijLsas. ' Las revoludones atmosféricas délos años ante- 
riores fueron las principales, y no habiéndose reconocido 
abuso en lafi comida^y bebidas,' ni desabrigos, soles ni des- 
velos, ni observádose alguna otra de las comunes, forzoso es 
recurrir al af re de la atmósfera que podo inficionarse é infi- 
cionó efectivamente por so mala calidad nuestra península.» 

Ademas de estas causas, dice que se hace indispensable 
que la epidemia encuentre predisposición cií los cuerpok 
para ejercer su funesta influencia; todo lo qne prueba con 
e! siguiente simil: «Sea el de las semillas de las plantas. 
Tinas nacen> se crian efn el agua, otras entre Hséos, otras 
en la putrefacción del estiércol. Cada una quiere tierra á 
propóí?ítb. De la misma suerte las semillas áe las enferme- 
dades venenosas, fructifican en humores eon quien se co- 
ban nísK^* sus semejantes en lo'máterial, ó con mas secreta 
amistad ó'simpatia. No basta la tierra; es menester el tiem- 
po del año que les convenga? unas gozan del estio, otras 
der invierno; y pasado aquel su tiempo» 6 perecen ése 
marchitan. Lo mismo tocamos en las epidemias: en unos 
tiempos viven, y la mudanxa á otros las esconde olas aca^ 
ba. Mas: no basta lá semilla, la tierra, ni el tiempo: tam- 
bién han menester al cielo de su parte. Unos años vernos 
mas fértiles que otros ; conforme tallan tales plantas ta^ 
les socorros del aire. Mas: no basta que sea á noestro pa- 
recer él mejor y con que generalmente se fomentan y les 
conviene , pues tocamos cortedad en los frutos, sin poder- 
les averiguar defectos en los tiempos. En estos mismos es- 
trañan los labradores éu operación: el mismo sol, que otras 
^eces consume el jago á las plantas, otras muchas las fer- 
tiliza , y otras la misma humedad que pudiera alimentar- 
las las enferma. Es su frase, sol que riega y agua que 
iabrása. Luego entonces soá por algunn oculta maligna 



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4acl, 6 beneficio de los antros que aquel' año reinan, 7 I07 
gran su poder sobre lo que alcanza la elemental opera* 
jciop. Eso mismo veo en las epidemias ; suelen, no bastar 
¿aenos ni malos aires, á nuestro parecer, para exaltar la9 
6 rendirlas. Otra secreta virtud hay en ellas que las fe- 
cunda ó laa^ disipa. Concluyo que las enfermedades espe^ 
cíñcas venenosas^ reciuieren para que se propaguen la tierra 
de los humores y asistir en ella, pues ae otra manera ni 
viven, merecen»» . , 

Afirma que effta enfermedad era venenosa y /iiimoraí, pues 
lodo un año siguió siendo maligna con las mismas señales 
y duración. 

. Se declara enemigo de la sangría, como primer remedio 
.en esta epidemia, por la falta de circulacioq y de calor que 
se notaba en la sangre, la que salía fría, eoagylada y con su- 
¡pernataneia serosa^ y 4)orque los enfermos tenian los estoma» 
gps viscosos, helado el cerebro^ sus espíritu^ defectuosos 7 
^nvenenadosy como también el sueco néryeo. 

Dice, que cuando el veneno no se ha estendido por las par- 
ales principales del cuerpo^ n o es tan malo purgar al princi* 
pip, pero sin empezar con la purga, porque esta es medicina 
de ht^mor^, no de sustancias tenues^ vaporosas^ que llamamps 
;Antrá¿K;, 7 de ningún modo se hadé aar este medicamento 
guando, ya se bá Y a estendido la malignidad. Siempre h^T 
ila mas -bien indicado el vomitivo por tener Jos. enfermos 
uáuseai^ ó conatqs ^1 vómito^ 1 . > . , . 

, Entra después en la cuestión de los sudoríficos, y dice^ 
ipelo«i méidicoa^ué juzgaban (de dívQfso modo que él coix 
respecto á estos remedios^ se detenían en la dificultad de que 
^uáliian y encienden la sangre^ y la hacen mas fluida^ ypori^sQ 
fí4^, ellos se pueden temer, increvientos en la caler^tura^ aurr 
.mentó en número y duración de las acc^siones^ inva^oa á para- 
les principales ilesas antes^ y mayor disposición para corrom^ 
perse del todo. Y hé aqui'como él juzgaba. aLas mismas 
epidemias enseñan con los sucesos la dirección que necesi- 
tan.. Otra fatalidad inescusable sobre ia suya, de los pri- 
meros que la padescen: haber , de ser su peligro avipq.pa- 
ja. el acierto de lojs futuros. En casos tan arduos y. tau 
ocultos, donde suelen traer las enfermedades cada año trai- 
go tan desconocido, es forzoso que los médicos reconozcan 
por sus acciones su natural. Alabaré siempre la pruden*- 
.cia del que, no conociendo al contrario* solo le opone - 
guerra defensiva, sin arrojarse con él á la disputa Iiajsta 
qup se. máníQesíe. fiemedios grandesi sin conocer, la qast^ 



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ÍÚ^h9f9K^uf»f^^9}V^& la cQQtiDgei^cia de que agrá- 
Tiea^ffͣi^fluq socorran, yerbad es que puede peligrar de sa 
ác)tí4qü^ pf pp^eroio, perq también pi^ede de, mi remedio, 
ni) Ihofcado con jCprijCzp. jSo tengo yo obligación de apli- 
éár r¿ dudoso : lá naturaleza sí que en todo yiviente plei- 
tea maravillosamente su conservación. Cada uno abunda 
en ^u, ^entidp^ ^opdi^se atraviesa tanto interés, yo no eli- 
jo sijj jiiegojQláro.o.;^ . . 

'Aqopseía eq estí^ qpideipia los sudoríficos, limpiando pri- 
mero en ueriipó oportuno la primera región con el vomiti- 
vo, y si no coa el diaforético, para ayudar á la naturaleza 
é, que m^aiiifiestela enfermedaa , y escitar mas el sudor que 
desde Inego se presenta en los enfermos, 

HaliiéiiuoHe publicado un^ anónimo titulado Aduí^npij qu^ 
di(J motivo á muchas disputas literarias relativas á asuntos 
de medicina, intentando, entre otras cosas, probar que U 
enfermedad que haW afligido á Igspaña el año ]68'4 no era 
epidémica, y asestando sus tiros contra Ísl Disputa emdér 
pilca de Vijigarcel, este no satisfecho con lo que ya pabU 
escrito, publicó contra el autor de la Aduana un t>púscul<^ 
titulado: , , 

^Apólogema en que te da, por descaminada la Aduana ima'^ 
ginaria^ y el registro fantástico. TÍO tiene año ni lugar de im-^ 
presión. . ; ' w < • 

Su objeto fué defenderse contra el aduan^ro^ prx^par gu§ 
aquella enfermedad fué epidemia; ratificarse, en que emi^ 
pezó en 1673, que preció hasta hacerse pestilente, que péci 
Bístió meaos activa» y que se generalizó y estepdid por tot 
do el reino, rugiste en reprobar las sangrías, y trae una 
relación de los enfermos que se salvaron con el,uso,|()iQ lo^ 
aleiifarmacos, sudoríficos, etc. i i v ü;! 

I JOAW DE GaBRIABA. '(» I 

. me .medicó 4 quí^^n- ^'¿e^^^ siguiendo ía opinión do 
Bodngnez,, hace, natural de Valencia, nacido en la parron 
quia de S, Juan del Mercado, era hijo del Dr. Juan da Ca-< 
briada, <?aitedrátíqp de vísperas de medicina en aquella uni^ 
yersi(¡Jadw paisano y amigo de Matías García, de.quien yat 
henjo^ nap4ado. Sé pree gue Juan de Cabriada el hijo, e^u-\ 
dio , la. facultad éjx lá nÍLsma escuela de que su padreiOraf 
ipg^estro, y* habiéndose . trasladado de aquel punto á esta 
cprfe^ juntamente con su padre, tuvo la ocasión de asistir 4 
u'píjrande.pu'liaa interinitente y con este motivo escribió la. 



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152 MEDICilfA 

De los tiempos y esperienáas el fne}or remedio al mal; por 
la nova antigua medicina. Carta filosóñcO'-médico^quimicaj es- 
crita por eí Dr. Juan de Cabriada á Fiíiatro sobre la enferme- 
dad de un grande de esta corle, Madridí por Iracas Antonio de 
Bermar j Baldivia, 1686, en 4.» 

También lleva este otro título : 

Carta fílosófico-médico-quimica en que se demuestra que de 
ios tiempos y experiencias se han aprendido los mejores reme-^ 
dios contra las enfermedades^ par la nova antigua medicina* 

Está dedicada al conde de Monte*Bey. 

Habiendo enfermado el Sr. conde de Monte-Rey, llarn^ 
á Cabriada para que le asislicse, el cual para hacer un rectd 
juicio del mal, procuró informarse de las causas anteceden- 
tes que pudieran haberlo producido, y halló qqe este caba- 
llero habia tenido durante dos años una lida en estreroo 
agitada., en perpetuo movimiento, con grandes pasiones dé 
énimo y muchos trabajos de bufete, después de comer. Ade^ 
mas habia precedido ún invierno frío y húmedo. Cabriada 
purgó al enfermo; mas habiéndose declarado tercianas, se 
llamó á junta, en la que fué de parecer que se purgase se-» 
gunda vez, y que no era lícito otro remedio ni menos la eva- 
cuación sanguínea en aquella circunstancia. Sin embargo, I4 
pluralidad de votos determinió que el conde debía sangrarse, 
como asi se efectuó. I^a contrariedad que sufrió Cabriada 
en esta junta, quedando desairada su opinión de que no 30 
sangrase al enfermo por temor de que se doblasen, leís ter- 
cianas, como asi sucedió, y el versé criticado por los que le 
reprehendian que sjéndo joven se hubiese opuesto con tanta 
liciertad al sentir de los médicos ancianos, fueron los móti-' 
TOS que le determinairoiTá escribir su referida obra. En e'la 
bacela relación de la enfermedeíd del conde; presenta el mé- 
todo curativo que se usó contra su parecer, y protesta contra 
las emisiones, sanguíneas en casos de aquella especie. Por 
áítimo Cabriada no se ciñe solameríte en su obra á trátaCi 
de la enfermedad del condó, sino que reprepde el abuso de 
Jas sangrias^ y se estiende á hablar de las intermitentes en 
general; prueba que el saber no estaba vinculado en los an^. 
9guos; que la ciencia se perfeccionaba uniendo á los cono- 
cimientos antei*iores los adelantos de los modernos, y que 
"para ser buen médico se necesita tener conocimientos ana- 
tómicos, mucha práctica, y estar enterado en la química; de 
manera que si falta alguno de estos requisitos, no puede ser 
0l médico perfecto, sino muy defectuoso. El que no tiene no- 
ticia, dice, de qué cosas y cuáles conste el .cuerpo humano. 



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espaAola. ^53 

«u oficio y uso, como RQcedia álos antigaos, qne no tuTie- 
ron oportunidad de hacer tantas observaciones, como los 
qae les subsiguieron , no podrá tener tanto acierto en curar 
¡como los que la tengan. En prueba de esto hace relación de 
los adelantos qjie habían hecho los modernos sobre la cir- 
culación de la sangre y con la invención de la química, á 
las que da un graipi mérito, esponiendo sus inmensas venta- 
jas, contra la opinión dominante en aquellos tiempos. 

Éste valenciano era hombre de ingenio y de una libertad 
de pensar nadaí coman en su tiempo. Amaba los adelan- 
tos que los hombres estudiosos hacían en las ciencias; pug- 
naba por sacudir el yugo del galenismo, y reprendía amar- 
§ amenté á los médicos que despreciaban las doctrinas mo- 
ernás, dando una fé ciega á las de los antiguos.. 
«Yo considero i decia , á los escritores modernos 'como é 
lin muchacho puesto 6obre los hombros de un gigante, que 
anuque de poca edad, \eria todo lo que el gigante, y algo 
mas. Pqes á este mo'dx>, los escritores modernos, puestos 
sobre los escritos^ de los antiguos, han visto aquello y algo 
mas. 

>Loque es digno de gran reprensión y lástima es, que 
algunos médicos estén tan bien hallados con la esclavitud 
de los antiguos, que menosprecien los modernos y susin* 
ventos, vituperándolos, y se nieguen de poder tener el agre^ 
gado de lo bueno de aquellos, y lo'mejor de estotros.» 

Con respecto* á la quina, fue Cabriada uno de los que 
mas preconizaron sus virtudes, tan combatidas en aquellos 
tiempos por los que no admítian en íá terapéutica otros 
medicamentos que los conocidos por los antiguos. Asi pues, 
hace un elogio de este admirable febrífugo, que, usando dq 
sus mismas es[)resíones, era el cuchillo que cortaba el ries- 
go de la vida, impidiendo las nuevas accesiones y repetición 
de las fiebres. Sin embargo, á pesar de todo el poder que 
reconoció est;e gran médico en los polvos de la quina, no 
dejó de prever que los adelantos de la ciencia y de la quí- 
lüíca podrían darnos á conocer en lo sucesivo otros me- 
dios aun mas enérgicos para combatir semejantes dolencias. 
Hé aquí sti« mi^r^as pafabras. cfEs (habla de los polvos de 
fe quina) él mas poderoso que hasta ahora conocemos ; y 
digo hasta ahora, porque los tiempos y esperiencias vtieden 
dar á conocer otros mejores^ como cada día se esperiraenta 
trabajando en inquirir los arcanos de la naturaleza.» 

Aconseja no usar el poderoso febrífugo de la quina sin 
que precediese un ligero emético ó un purgante, dejando ^ 

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154 Mjs^imA 

I9. elección úft\ enfermo el ttdimnistrarja Inego en ornato, 
iú infusión, en tintara, en éstractp^ en pildoras ó eii ta^Ie- 
.tas. lea los dias de la internaision. , . j 

; ' EsU obra dé Cabriada fué muy combatida por otrá.qae 
coq el título del Aduanero imprirntó un médico que en aqiie* 
Uá época de controversias criticabsv bajo este nombre cuan7 
tífí^ I escritos ¿alian á luz.Peró un amigo de Cabriada ó esté 
mísrnó, s^gun la opinión de alguños^coBftestó cóñ una car- 
ta apologética á.n9mbre de FUiatro,. cuyo, título es , Yerbad 
\r\unfantey r^s^iieita ápohgéi\cd .tscrxtcL jior Filiatrg\ ^ífi4, 
conjo luego várennos/ .; . ^ .• !'? 

I . . íiüis EnBIQüEZ DE EOKSECA., 

. Era priuudb de Portugal, y según .miíj investigaciones 
jíarece ser nieto de Enrique Jorge £nriquez, dé quien ya 
hemos hablado en el siglo XVI. Estudió en la universidad 
de Alcalá, éü donde fue profesor de'medkina y ti]losofíaí 

{msó ü Ñapóles y allí obtuvo la cátedra de prinia,eii siícé* 
ebrc escuela. Escribió: 

. Regnam^um óptimo exemplañ Excmo., Domino JD, Gaspar 
de Háró et Gunmariy Marchioni del Carpió et supremi consiUi 
StatuSy Prqreaiy Locum-tenentiy et Capitaneo Generali Napo^ 
lUani Regni V, JLudovicus Enriquez de Fonseca. phjlosophti^ 
eí medicui cor(i'pluten$is et in presens lector primariujs¡ niedi^ 
cin,(B in Regia pr(^claíra universitate Neapol^s. D\ O. S, iVjt>-' 
yce securas^fjurationis po(jíagr(e: libellum i. . . . 

yDetumoribus.prasternaturamilibrumJ. 
D.e.motuseu circulatione sanguinis: libellum í^ 
• Orationes duas; prima eu encomiástica chirurgia; sé-^ 
ennda^ Prólegomena in dissectione camtatis náturalis* Ña- 
póles, por Salvador Castaldo, 1687, en fc," 
. En cinco libcos se divide este obra : en el primero trata 
qé la curación de la gota; en eí segundo, del movimientói 
circulatorio de la sangre; en el tercero de los tumores prcr. 
ternaturales : los. dos restantes son unas oraciones qué pro- 
nunció el autor en el teatro científico académico de cirugía, 
y anatomía. Titúlase la umi^Oratio encomiástica pro ckirurr-' 
gfa^'declathata decinui'nona ^íf'octóbris 1679. La.ot'ra es.uiiá' 
^ración proemial sobre una disección anatópoiica qijie hizo dé, 
la cavidad natural. . , ' ^ 

£st£^^óbra está bien escrita, aun cuando nada yernos eU; 
€(^a digno de.mencipn en nuestro tiempo. . 



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ISPAttHJU lis 

FRA]fGISGO DE ElGARTE. 

Estndid ea Zaragoza siendo disdpnlo del Dr. Smé Laeaft 
Oasaiete: fué doctor en medicina, médico delí cabildo cate-^ 
tedral de Pamplona , presidente de loí^ hospitales det reino 
itfc Navarra, é inspector de farmacéuticos» Escrifeié: • '* 

Statera medicina seleetceiqua appendi pole¡st an ütraáima^ 
li$ éiethadus magistfis mei Dr. J0$epkk> Cásnleté OaiOítáu^'- 
taní Licei primaru mediciníBy profe^orisj in tr'mfnenibfit^ússtí^ 
in' quorum j^tmo dübitaáonU gravissimAdociéris Atiifdi^ émis^ 
ÉúB brevi» diieussio compretieiuíiíuri In.ieómüh, céns0M'<libA 
dt^má/íbu enágmieis'Cvesarüugustasi labot4íti'm d»ttúrtB própoiú' 
Htri In t^riio^ duce ieontraversi4^ magiitrfmei acmMnis hótuth 
djtgHaT€fenmlMr4 ut exJás mira iaw Perdis áeies'^ tülUteáR 
fngnalio.ngnonatur^ 'Autor fl, 'FranciscurEieiArte niediéináf 
-Dr, .cathedrcLlis'éccleskeiPampéíonenás^ediúns aniiqñior; néc 
non pr»egum mpemumiranui prmsidii, et Xenódochii qeíne*- 
ralis j regni Navarra medicorufñy atque pkarmacópolamm 
imwefsaímmeisár. ZérragOBBy por Manuel Román, leST, é»4.» 
- Al hablarle Casalete ya di jimo9 que fdé ono de Idsqné 
mas reprobaron el abuso de ías sanarías, y que su onra 
sobreveste tan importante objeto, babia sublevado los áni- 
liios adh^ridpa ¿las doctrinas galénicas, ó mejor dicho á 
sus interpretaciones. Elcarte, pues ,- discípulo de'Casalétéy 
y embebido tambi^ en las mismas ideas que lie i^^dmumea- 
ra su maestro^ no pudo enmudecer en vista deto^ def^enga** 
fios de la antigua j^ráetict/y mocho mhs cutfndó él 'bueíi 
nombre de su maestro se n^ancillaba ; asi pues se propuso^ 
con sólidas razones condenar con él., no las satigrias^ sitió 
el pernicioso abuso que. se hacia de élJLas,^ j defender en un 
todo sus opiniones; . - -. » v ^« .. - I 

Esta obra, bajo dos concepto», honra al disdpulo: fi^ 
digno de alabanza por su generoso celo éh: defender al qiire 
mas que á sus padres dqbia; porque como dice Fr. Luis Pué-> 
lio en la aprobación que se halla al frente de esta obra,* at 
aquellos engendran la vida ^ el maestro lo reenyeítúray eieva i. 
{a vida de la sab'idufiia: el padre le da el coraiów partK> q4téyiva} 
el mae»tro las alas vara que. vuele y se remonte, iííí.y ' éic. Bá? 
también recomendable esta obra por lobien^uesupb'de^em- 
penar su objeto , y eil láismo Er. Luis Fuello etocu^ntemefitéf 
lo manifiesta diciendf^ qu^^eMü^obrá estaba escrita ion^ítrntüí 
eficacia que persuade, con tanta suavidad que rinde-, tafi hgt^ 
d»^mQQnveno^,ft'ta^j^Qfyn40i'queiU rapeta. 



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156 nig^iGiiu 

El autor á quien principalmente combate, es al Dr. don 
Nicolás Francisco de San Juan y Domingo en su libro de 
morbis endemicis Gcesaraugustce^ en el que trató de las enfer- 
medades óatrias 6 peculiares de Zaragoza, Elcarte prt^ba a 
este con doctrinas de su maestro consignadas en sus carta- 
pacios de sanitixte tuenda^ que lo saludable ó enfermizo de 
Zaragoza no se había de tomar esclusivamente del clima por 
hallarse situada entre la frialdad de Francia, y la caloro- 
sidad de África, sino de las coadicioui» propias de la tier^ 
ra, aires y aguas. 

. Trata luego de las enfermedades ú que están espucslo» 
los zaragozanos; esplica las doctrinas de Casalete acerca del 
método de curar las fiebres, y sobre los casos indicados 
para las sangrías, y en este particular «e detiene para im* 
pugnar á cuantos tomaron parte en esta>.gran controversia 
contra su maestro. Por último, sus opiniones que, como ya 
hetmos dicho, eran las mismas que las de Casalete, se pue- 
den reducir á las siguientes conclusiones, y sobre la» cuales 
estriba esencialmente esta obra* ^ i ' ' 

1,* Que la$ ñebres materiales $9 habian de cwrar regulm- 
mente por la ablación de la causa^ qu,e son Ion liümore$ e«- 
erementictoi ó preternaturales^ 

2,* Que en esta causa, para ta debida curaáon^ se habían 
de considerar descosas: el puesto que s& llama foco, adonde 
se podrece^ y el modo como se podrece. 

3.* QucUi los humores escrementicios que causan la pebre 
por crudeza acida ó nttrosay tenían su asiento en el estómago 
y los intestinos , se habian de. vaciar por vómito á por cámara 
con medicamentos que cv^mn, ablanden y suavicen los hum^o^ 
res para que se arrojen. 

.4,* Que todas las fiebres continttas á intermitentes que de* 
pendían de humores vicxosos^ contenidos en los vasos de la pri- 
niera reqionj sith vicio en lo universal de la masa de ta sangre 
en cantidad ó cualidad^ no pedian sangría ^ sino la moh^eo- 
don^ alteirafiion^coedonyevacuúcion. 

■ , 5.* Que en las fiebres cuya causa está en la primera re- 
gion^ sise juntase con esta cama el verdadero indicante de la 
sangría, que es la plenitud ó supuración^ se debia sangrar 
atendiendo.al eomun axioma:^ urgeiitiori succurrendum. 

6.* Que en las fiebres esenciales y primarias que teman ta 

Cimsaen el género venoso de la segunda región^ se debut san^^ 

grar habiendo verdadero indicante ,^ttc era la ptenitud ad tasa 

ó. ad yices. 

7.* Que atendie^da at mod^ como 4e p^dtede ó preterniftU'- 



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kspaRolá. i57 

mlíxa etta eaiua, se «onoeia, que en ututs fiebres se altemb^n 
los escrementos con ustión , en otrcts eon putrefacción^ y en otras 
éon malignidad. Que en ka ustión eran úntco remediólas bebidas 
frias: en la putrefacción no tanto: en las materias crudas siem^ 
fre aprovechaban mas las bebidas calientes: en las malignas ó 
festilenteSf si no habia vicio en la sangre, era daüosisi'ma lu 
sangría; si habia vicio en la sangre en cantidad ó cualidad se 
debía sangrar, atendiendo mas ó menos al uno que al otro, 
según la urgencia. 

S.^ Qué los accidentes urgentes que siguiesen á las fiebres^ 
se debían corregir según la práctica de los autores eláswos^ asi 
antiguos como modernos. 

Miguel Palacio t P«re2. 

Estadio la toiedicina en la nuiversidad de Zaraff02a; faé 
discípulo deD. José Lacas Casaletp; se graduó de doctor en 
dicha universidad, y pasó á la ciudad de Yiana, de donde 
tal vez seria natural, y en dbnde ejerció la profesión. Es- 
cribió: 

Llave dei tesoro de la piedra filosofal de la salud humana. 
Dedicase á la muy noble y leal ciudad de Viana, cabeza del 
principado de Navarra. Por el Dr. D. Miguel Palacio y Perze^ 
colegial de medicina de la imperial ciudad de Zaragoza y al 

Íresente médico de la ciudad de Viana. Zaragoza, por Manuel 
loman, 1688, en 8." 

Los censores de esta obra le dan el título de su segunda 
portada , que es t 

Breve descripción de la nueva método de curar con pocas san-^ 
grias todas las fiebres y afectos, por el Dr. D. Miguel Pala-- 
do, etc. Dudas, anotaciones y reparos del Dr, D. Onofre Este- 
han, médico mallorquín, y respuesta á ellas del Dr. Palacio. 

Palacio escribió esta obra en castellano, segon él mismo 
dice en el proemio, por haberle pedido un religioso lego 
capuchino que iba de enfermero á Mallorca, unas instruc- 
ciones para la curación de los enfermos de su convento; hn 
zolo asi, entregándole un cuaderno escrito ai propio inten-^ 
to; pero habiéndole preseiitádo el l«go en la capital de aque- 
lla isla al Dr. Onofre Esteban, este lo remitió al autor con 
anotaciones é impugnaciones , j ya en este caso de vio 
obligado acontentará Onofre por^misdio de la espresada 
obra. 

Tanto \ñ impugnación del médico mallorquín, como la ré- 
plica de Pérez, versan sobre las eBüsiones sanguíneas que, 



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t58 MEDICCIA 

como hemos repdido en varías ocasiones^ faeron el caballo 
de batalla de aquel tiempo^ 

£1 autor de esta obra dice que su objeto al replicar á Ono^ 
fre era desterrar el abuso de las sangrías, porque no corres^ 
pondies^n indicados, verdaderos á imaginarios ó fietietos indi^ 
cantes. Reconoce que las sangrías hechas en rigorosas oca-, 
sioáes,^ cuando las indicaciones las reclamaban , eran el ma- 
yor y mas eficaz remedio para combatir determinadas dolen^ 
cias, y que ellas obraban tan prodigiosa é ínstantáneamen- 
tevqne se veia. recobrar la salud á los enfermos, al paso que 
la sangre salia. Sin embargo, añade que este mismo remedio 
mal administrado y en contrarias ocasiones era causa de 
morir muchos; asi que su celo era evitar semejantes ca- 
tástrofes, y que en casó de que se muriesen los enfermos 
que no fuese por causa de nuestros remedios siniestramente 
adrtiinistrados, sino eñ fuerza déla enfermedad, ó por no 
poder del todo satisfacer á las indicaciones, por circunstan- 
cias invencibles. 

- En. toda esta obra impugna las opiniones de Onofre con 
tanto miramiento y cortesía , que no podemos menos de 
reconocer en el autor, no solo una justa crítica, sino la me- 
jor educación y razonables discursos. Omitimos hacer un 
análisis circunstanciado de esta controvwsia, por no repetir 
lo que en otros autores hemos manifestado en semejante ma«* 
teria. 

Tomas Lopígas. 

Nació en Borja por los años de 1620; estudió en Huesca la 
filosofía, y en Valencia medicina, en cuya universidad fué 
catedrático de anatomía. Pasó luego al reino de Aragón coq 
plaza de médico titular del cabildo eclesiástico de la Santa 
iglesia catedral de la ciudad de Tarazona , en donde per- 
maneció hasta el año 1690 en que acaeció su defunción. 
Fué hombre muy apreciado, y de mucho crédito por sus 
conocimientos físicos y esperiencia, como afirma Amar en su 
instrucción curatoria del tabardillo. Las obras que dio á 
luz fueron estasí . . r 

Thomce Longas doctoris medid Sanetw Ecclesia cátkedralis 
et civitatis Tuiriaxanensis , Enchiridion novmei antiqum kisto* 
riamfeln'is EaceUentissimi Domini Bucis de Vilia^ hermosa^ 
et tractatus^ mide utiUs pro píaratíúñe inunivérsvm. Zaragoza) 
por Pascasio Bueno, 4689, en 4.o 

La censura está dada por el Sr. Pedro de Olano, maestro 
pn teologia^ por D. Miguel Guerrero y Guesa, del conésejc^d^ 



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BSPAÜOLA. 159 

S. M., y por D. Juan Bautista Cariñena Ipenza, examinador 
de la universidad de Zaragoza. El licenciado D. Matias de 
Aróstegui, médico en la ciudad de San Sebastian, el bachi-^ 
ller D. Isidro Jordán, y el estudiante en la misma facultad 
D. José Fray re, dedicaron cada uno una composición latina 
en loor del autor y de su obra, que se hallan al principio 
de ella. 

Aun cuando ya en k introducción á este siglo hemos ha- 
blado de las contiendas literarias entre el l>r, Casalete y 
Tomás de Longas, presentaré aqui la causa que las suscitó, 
y que dio lugar á que este último escribiese la referida obra. 

Principia esta con un proemio, en el que refiere «que des- 
pués de mücl^os -años de haber corrido la medicina racio- 
nal con lo coínum de los antiguos y modernos, en el apoyo 
de todas las universidades, atendiendo en las enfermeda- 
des que penden de causa material, á las causas anteceden- 
tes, á la fluxión, á las sangrías revulsorias, y á las evacua- 
ciones en el principio, habia Suscitado el Dr. José Casale- 
te, catedrático de prima de la universidad de Zaragoza, 
Duevá práctica, negando causa antecedente, fluxión, revul- 
sión, y defendiendo ser inútiles las sangriás hasta el estado 
de la alteración; asentando ademas otras proposiciones en 
sa /defensa. Y coma de esta nueva práctica de Casalete 
se suscitasen varias controversias, naiciendo de ellas la des- 
eonfianza de muchos, y llamando cada cual al médico de 
su devomon, según que sangrase con audacia, ó fuese muy 
omiso en.l» sangría, le movió escribir esta obra la ocasión 
de haber visto la práctica del I>r. Casalete j la diferencia 

auehalmdeéoihoen el principio se entendió, con motivo 
e haber sido llamado á consulta en la grave enfermedad 
detdaqué áe Yüláhermosa, con el referido Dr. Casalete y 
otros profesores; por lo que le pareció oportuno poner dé 
manifieá^o todo lo que habia etí el particular, y examinar 
cadaupade sus proposiciones.» Asi, pues, toma por asunto 
la enfermedad del referido dugne de Villahermosa; presen- 
ta. su historia, sobre iciij o particular desenvuelve en el cuer- 
pade la obra las. doctrinas de Casalete y su impngnacion, 
reduoidai á combatir las fáete proposiciones condenadas por 
las universidades del r^no en la consulta que se elevó á ellas 
y de que ya hemos hablado en lalntrqduccion al siglo (IJ, 

- ' ■ ;}.■ ,... ■• ' . — rr*^— ^ ..'.. .. •. : ' 'm ' íi '• — n — ■''''''" 

(1) Téogase presente qae Tomás Longas, lejos de ser discípolo del 
Dr. Casalete, como equivocadamente bemos dicho en la introdaccion 



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ICO MEDICINA 

Dadas contra el desagravio de la verdad ofentüdá, 
^ No tiene año ni lugar de inipresion. 

Escribió Longas este anónimo en contestación á otro titü* 
lado. Desagra vio de la verdad ofendida, etc. , que tuvo por obje-» 
to defender la práctica de Casalete é impugnar á Longas. Este 
contesta con suma cordura diciendo «aue venerando ec^ ' 
aquel opúsculo la parte doctrinal no podia alabar la parte 
de satirizar, porque esta ni añadía crédito á la opinión ni 
conducia para averiguar la verdad.» Laméntase de la des-« 
dicha de su tiempo en que semejante estilo parecta estar re« 
servado para solos los médicos, y de seguiua presenta diez 
dudas, en las que hade presente que las interpretaciones de 
los médicos antiguos en corroboración de las opiniones del 
autor anónimo^ no eran exactas unas ni conformes otras al 
espíritu de aquello» maestros. 

Estas obras pcfr'tenecen á los documentos curiosos de la 
época. 

íxmENzo González^ 

Natural de Yalladolid, en cuya universidad estudia^ se 
graduó de doctor^ fué catedrático de prima de medicina, j 
últimamente médico de cámara de Carlos II. Escribió: 

Thaoremata appolinea pyntiana, tam pracúcw^ qnam spe-- 
culalioni deservientia, pro examine compatrandoy et Httarum 
prima corona accipienda-, jtixta specialisstmam normam almm 
npstrfc unvoersitatts Vallis^Oletanm: autore Doct, Laurenti0 
Gon%ale% Ptfnlinno, qui post ulios achademkos honores prmee-^ 
pto Suprasmi Senattis nunc primo Hifppocratico eoronatnr\ 
nostrique invictiséimi Regís Caroli secúndi Arckiatro^ Valla-" 
dolid^ 3 tomos en 4.» 

El primer tomo se imprimió en Valladolid porValdiviel- 
80 en 1G89; el segundo, en la misma ciudad por Antonio 
Bodriguez de Figueroa €n 1690, y el tercero eñ el mismo 
punto, oficina tipográfica y año. Él autor insinúa al princi*» 
pió del tercer tomo la publicación del cuarto, como próxi** 
ino á salir á luz. Creo qu6 no lle^ó á imprimirse, ó al me* 
nos no lo he visto ni sé que exista en ninguna biblioteca 
del reino; poseo solamente los tres primeros , de los cuales 
voy á presenlar aqui las materias de que tratan* 



•1 figlo, pág. 18 7 19, era hombte independiente, amigo de aqnel ea- 
t<Airático y completamente estraño á la gaerra que le híio el doctor 
MoncTa. 



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ESPAftOLA. 164 

Divídese el prii&er tomo en dos teoremas; el primero se 
titula: 

De influxu partium principalium in inferiores. 

Snbdividese en dos cuestiones. 

1 .' An sit influxus harum partium in aliase 

2.* ¿In quonam conmtat essentia influxus? 

Después de hacerse cargo el autor de las opiniones de los 
griegos, árabes y latinos, como asimismo de los argumen- 
tos de nuestro Valles, Pedro García, Mercado, Santa Cruz, 
Bravo, Yillacorta y otros españoles y estrangeros, prueba 
que no puede celebrarse ningún acto ^n nuestra organiza- 
ción sin el influjo vital , y el especial del ánima y cerebro. 

£1 segundo teorema trata : 

De temporibus morborum tam universalibus^ quam partieU" 
laiibus. 

Subdivídese en nueve cuestiones. 

1.^ An eognitia temporum morborum $it medieii nimis 
utilis atque proficua? 

Prueba la afirmativa. 

2.* Quid iit tempuM morbi juxta uium medicum. 

Espone las opiniones de los médicos antiguos y moder- 
nos sobre el tiempo y ocasión de los auxilios para combatir 
las enfermedades; analiza sus razones, y nos presenta de 
seguida varias cuesUones sobre el mismo asunto. 

3,' De divisione temporum morborum. 

Divide los tiempos de las enfermedades en particulares 

Í universales; entiende por los primeros las mentaciones so* 
revenidas en uno de sus períodos, y por los segundos, los 
períodos que recorren de principio, aumento, estado y 
declinación, basta el ñn. 

4.* An morbi lalhalet pereurrant cuatuor témpora iini- 
virsalia? 

González examina los fenómenos que presentanlas enferme- 
dades, y concluye probando que en los casos agados no exis- 
ten los cuatro tiempos universales, propter $uam vehementiam» 

5.* An morbi quibus acciiit líetahtai poisint pervenhre ad 
declinationem universalem? 

Prueba la afirmativa. 

6.* An morbi salubres percurrant quatuor témpora «nt- 
salia? 

Opina que en semejantes casos, ni deben ni pueden re^ 
correr los cuatro tiempos universales. 

7.* An témpora universalia morborum distinguantur signis 
eruditaiis et coctioms? ^ 

Prueba la afirmativa. 

TOMO VI. II 



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f62 M£DIGIKA 

8.' An in deelinétíone nnivenali morbi éger ptrire p€uit7 

Prueba que la vida y la maerte, caminando ambas por 
diversos rumbos á eontrarios fines , deben en las declina- 
ciones universales, 6 triunfar la vida ad iálutem, ó la muer- 
te en su úUim? disposición, 

9.* De temporibu^ morbi universalibus , seu horié in parti- 
culañ «ccepíi*. 

Examina el autor lo que se debe entender por principio, 
aumento , estado y declinación en las enfermedades. 

Sigúese á estas cuestiones un precioso tratadito, cujo tí* 
tuló es: 

Extractttm eordiale Pyntianum essentice diorUmorum^ ten 
dlfferentiarum puhus^ practicanttbui utilUUnium^ juxta mttho* 
dum triunvir^^ti principalisiimt apoUnem facnltatisy st mentem 
<ingelki magistri noviUr eductum. 

Aun cuando en todos los teoremas de González se propu- 
so escribir las doctrinas que enseñaba en la cátedra de Va- 
Uadolid, este último tratado lo dedica particularmente á sus 
discípulos^ por hablar en él de uno de los mas interesantes 
puntos de la semeiótica, del pulso, sus diferencias y cau- 
cas; y podemos asegurar que es bastante claro, conciso y 
bien escrito. 

Concluye este primer tomo con dos pequeños opúsculos 
titulados: 

1 .o Mantma ^rudiiionis sepulta txtmti atque supremi ma-' 
^iBiri noHri Joannis dé Lázaro GuúerreZj vesp^tim Pyntiani 
rediviventis. 

Se reduce este opúsculo á ventilar varias cuestiones fisio* 
f ósicas y médicas; en tedas ellas espoñe su ofHoion con cla- 
ridad y sabiduría, de tal modo que al par que enseña agrada 
«u lectura. £1 título del último opúsculo es el siguiente: 

2/ PrcBlectio deeant$.ta a sapientissimo magtstro in hae 
omnium universitaium matre^ super Itb. \»^ aphorUmürum 
Hx 3. 

No contiene cosa alguna digna de mencionarse. Ocú-*» 
l^aseen dilucidarla cuestión siguiente: ¿ufrtim atUetmfa^ 
mem naturalem paríaníiir? Prueba que no. 

En el segundo tomo de esta obra continúa González sus 
teoremas; principia por el tercero, siguiendo el orden de 
sus esplicaciones doctrinales: en él habla estensamente de 
las criiis\ i^e hace cargo de lo que Hipócrates nos dijo sobre 
esta misma materia, de los argumentos contra Galeno; po^ 
último presenta seis cuestiones en las qiie desenvuelve sus 
ideas y doctrinas ampliamente, y son las siguientes: 

1 .* De cryseos cBtimologia^ atque necepcionibus. 



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ESPAÑOLA. 163 

2/ In quoñam esientia crifsU cohiiitat. 

3/ An iiñi cryíeoi diferentue. 

4.* JDé epnduumibus ad perfeetam crynm. . 

5.^ De signis critim in eommuni a^tt. 

6.* De óauih tntrmnái atque exirimecis eryseos. 

Entre todas estas caestioDes* la qae merece señalarse co- 
mo la de mayor mérito es la de los signos de las crisis: en 
ella habla del sudor, de las evacuaciones, de los flujos, de 
los abscesos, etc. Sus espUcacioncs son claras y sus observa- 
ciones las de un práctico consumado. Es digna de leerse aun 
hoy día. 

£1 cuarto teorema versa sobre la hamire y sed natu- 
ral, y la considerada como síntoma de varias afeccior 
nes. Presenta también seis cuestiones por el orden siguiente: 

1/ De iymplamaHlms a Galeno recemitispro fame^ et <ifí 
naturaVbui. 

2.* Cujui poteutia sit fames actu$ et <tiii? 

3.* An fames et sitis únt seeundum naturam^ 

4.* Quodnam tit abjeetum famis et $UU motivum» 

&.* A n humor melaneholkus $it causa famis animalis? 

6.* An homims possint diu famem perpetiril 

En d. tercer tomo se ocupa del quinto y se^to teorema: 
Tersa el primero sokre la frenitis; habla de sus causas, sin* 
tomas, diferencias y curaeiou, y comprende también nueve 
cuestiones, en las cuales consignó sus ideas y doctrinas, y 
son como sigue: 

1/ De phrenitídis mthimologia. 

3.* An phrenitis út inflammatio humorosá? 

3.* ütrum phrenitti sit inflammatio eerebri et membrana-^ 
rum ejus. 

4.* An deiinum perpetuúm et febris continua sint pathog- 
nomonieaj aut essentia phrenttidisc 

&.^ De respiratione magna^ et rara in phrenitid£, 

6.* De cauw intrinsieÍB atque phrenitidis extrinsecis. 

7.* De differentiis phrenitidii* 

8.' De signis phrenitidis. 

9.* De cúratione phrenitidis. 

,I!ste^ es el tratado mas interesante del autor. Niega que 
la frenitis fuese inflamación humoral; prueba que lo era de 
las membranas del cerebro, causada por la intemperie 
hamoral, ó lo que es lo mismo que la inflamación cerebral 
era un síntoma simpático de dicha intemperie. Descri- 
be muy bien todos los síntomas de esta enfermedad , ca- 
racterizada por el delirio y la índole de la calentu- 
ra. Reconoce nueVe diferendas en ella: á forma et idea^ 



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141 MCDICnfiL 

a quanlUate^ ab iptim qualil^te], a paru afectaba tama 
effieienti et conservante^ a temporCy a modo phreniíioandi, ab 
eis quce secum poriat^ a respectu terminationii eutn alü$ quoe 
subsequuntur. 

Con respecto ú los medios terapéatteos, hé aquí los prin- 
cipales que recomienda': el air« fresco y huméelo, las bebi- 
. das frias y aciduladas, los tamarindos, limonadas etc.; aU« 
mentó téuue, lavativas refrigerantes, las «molientes y las 
evacuantes; las emisiones sanguíneas en los casos de vebe« 
mente inflamación, las sanguijuelas^ las fosas temporales 
ó á las apófisis mastoideas, los julepes cordiales, los benig- 
nos laxantes, los emolientes al epigastrio , y otros según 
la parte afecta ó el carácter particular que tome la afec- 
ciou en el individuo. : 

El scsto y último teorema trata de lo$ humores naturales 
-subdividese en siete cuestiones en esta forma: 

1 .^ Formalem eausam humorum disquirens. 

2/ Quotuplex sit humor naturalis. 

3.* De materia ex qua humorum naluralium.. 

4.* Eflicientem naturalium humorum eausam deseribens. 

5.' An humores quadruplxei actione producantur? 

6.* De fine primario ^ et per w, humorum naturaHum. 

7.« An omnes humores naturales nutriant? 

No nos detendremos en el análisis de este último teore- 
ma; baste decir que sus ideas bumorales eran las de los 
médicos galénicos de su tiempo. Ellas formaban precisa- 
mente el dogma venerando de la medicina dogmática racio-* 
nal de los grandes maestros del mundo médico, como ya he- 
mos manifestado en varios lugares de esta oinra. 

Juan Bautista Juaniki. 

Natural del estado de Milán , estudió la medicina y ciru- 
giaenla universidad de Pavia (1). Fué doctor en ambas 
focultades, y cirujano del Sermo. Sr. D. Juan de Austria, 
y debe inferirse también que fué catedrático de anatomía; 
porque hablando de la circulación de la sangre (2) dice, que 
demostró públicamente en presencia de S. A. y en las uni- 
Tersidades de Zaragoza y Salamanca , que aquella circula- 
ba, y estraña qué en aquel tiempo aun no se hubiese admi- 
tido esta doctnna en todas las escuelas de España. Escribió: « 



ii! 



Véase su obra foU 5fi. 
Fot, «i T. y «2; 



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ESPAÑOLA. 165 

Dos tratados, uno de física (1), y otro titalado: Carta a 
iin amigo y conñdente $uyo^ en que trata de la materia de que 
ie hacen los eiptritus animahs, de tu eficiente^ y el lugar dan* 
át i0 forman y praguan^ juntamente señalando el asiento, tro^ 
no ó sótio, donde las potencias internas residen y adonde se ha- 
ce el juicio de las stnsaciones estertores; que igooro si se im- 
primieron , por lo que no puedo dar ninguna nolicía de 
ellos. 

Ademas imprimió: 

Discurso fáieo y po/tfico, qtic demuestra los movimientos que 
produce la fermentación y materias nitrosas en los cuerpos sub- 
iunareSj y tas causas que perturban las benignas y saludables 
influenáas de que goza el ambiente de esta villa de Madrid , de 
que resultan tas frecuentes muertes repentinas^ breves y agudas 
enfermedades^ que se han declarado en esta corte de cincuenta 
años á esia parte. En la segunda parte se pone un método 
preservativo de los malos vapores y exhalaciones que ocasionan 
ios inmundas humedades de las calles de Madrid^ ^ue causan 
malignas y agudas enfermedades. Descríbese también la cali- 
dad y modo de hacer el café y té^ y para qué enfermedades 
aprovechan estas bebidas; y del modo que se prepara el vino de^ 
la Quina^Quina en Inglaterra y en otras partes para las calen- 
turas^ teráanas y cuartanas, yüíáúúy por Hateo de Llanos; 
Germán, 1689, en 4.» 

Está dedicado al Rey D. Carlos II, j aprobado por los 
doctores D. Andrés de éamez protomédico del reino de Ná«- 

Soles, 7 D. Francisco de Rivas del Castillo y Briones, cate- 
rático de Alcalá, deán de su facultad, y ambos médicos 
de cámara de S. M. El primero de estos aprobantes, dice que 
el motivo de publicar el autor su obra fuó «el agitarse, si 
Bconvendria quitar de las calles de Madrid tantas inmun<- 
«dieias ; tan abundantes , que mezcladas de las muchas 
»aguas que de todas partes llueven, hacen eu cada calle uA 
«horroroso rioLeteo; csyos hálitos en el invierno y nie- 
vblas de polvo en el verano, así como toman la plata y la 
«ennegrecen, se puede dudar con mucha razón, causen tan* 
«tas muertes repentinas, tantas sincópales, mortales tubér* 
«culos, enfermedades de pecho, epilepsias atroces, que lar- 
«gamente esceden todas ellas á las que en otros pueblos se 
«esperimentan aunque sean tan populosos».. 
La primera parte de este discurso la publicó en 1679, y 



(1) Fol.s. 



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466 MEDlCilfA 

la entregó al Sermo. Sr. D. Jaan de Ánstría, con^ el obje- 
to de que interpusiese su mediación con S. M., para que es- 
te mandase limpiar las calles de Madrid, cuyo intento no 
logró aquel por haber ocurrido pocos dias después la muére- 
te de S. A. Mas habiendo aconsejado é ipstado al autor 
personas de mucha autoridad, que seria muy importante la 

{iráctica de su discurso, y habiéndole visto traducido al 
ranees en 1685, por el Dr. Juan Courti. díó esta nueva 
edición, aumentada y añadida con la segunda parte, v con el 
fin de que con su método v hasta que se llevase á efecto la 
limpieza de las calles, cada vecino en particular se preser- 
vase de los efectos de tanta inmundicia como en ellas había. 

Presenta bellas ideas sobre la higiene pública de la cor- 
te, 7 al mismo tiempo un eBearmiento eúológico; pues creyó 
aue las inmundas humedades de sus calles eran la cansa 
e las frecuentes muertes repentinas que suelen verse en 
Madrid , las cuales duran hoy particularmente en los sols^ 
ficios y equinocios, aun después de removidas la» causas 
á que él las atribuyó. Sin embargo, puedo asegurarse que 
él tampoco lo creia así, sino que le pareció mas eoa ventea- 
te, con el objeto de llamar mas la atención , enumerarias 
también entre las muchísimas enfermedades causadas por 
los vapores fétidos y pestilentes que despedían la inmuMi* 
cía hacinada y esparcida por todas las calles , y la multitud 
de animales muertos que en ellas habia. ¡Tanta era la cor- 
rupcion 7 nodredumbre! 

Por inciaencia habla del chocolate, del que dice es una 
bebida que no ha de tomarse por la tarde, porque no debe 
mezclarse ecn otros alimentoi, por cuanto con faeilidad $e fer^ 
menta con ellos, causando uiyi digestión precipitada y corrup^ 
tibk. 

Después, hablando del café, asegura f uéconoeido de los an* 
tiguos;quees mía siniientecomo kaoas pequeñ€í$ decolor oscuro; 
que sus virtudes son desecar los humoresfrios, fortificar eles^* 
tómago, destruir las ventosidades , abrir las ganas de co- 
OMf , ayudar la digestión , v otras varias , y que es muy 
perjudicial á los que son cálidos , biliosos y melancólicos. 

Da al té las mismas virtudes que al café: sus hojas son 
de color verde oscuro y las áetehia , ó té del Japón, son de 
un verde mas claro y de mas agradable sabor: es úül pa* 
ra los que padecen flato , ó viscosidades en el estómago. 

No es estraño dé la descripción de estas sustancias, pues- 
to que en aquella época eran poco conocidas en España. 

Habla también del modo como se administraba la qui- 
na en aquel tiempo. 



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ESPAÍÍOLA. . 167 

DiiGO Matso Lopbz de Zapata. 

(Jno de los grandes hombres que florecieron en el siglo 
17 fué D, Diego Mateo López de Zapata ; la historia de so 
Yida revela el espíritu intolerante y fanático de aqnella épo* 
ca , asi como sus padecimientos y azares realizaron la sen- 
tencia de Galeno, que decia que la envidia y persecunon vatr 
siempre conformes á la fama. 

Nació este profesor en Murcia por los años de 1671 ; es- 
tadio la medicina en Alcalá y fué discípulo de Henrique de 
Villacorta. No sé dónde llegó á ser examinado , ni dónde 
tomó la horla de doctor ; pero según el testimonio de D. Se- 
bastian de Acuña, su contemporáneo , curaba sin haber re- 
cibido el grado (1) ni estar aprobado por el real Proto-me- 
dícato. Sin embargo se cuenta entre el número de los doctore» 

alie compusieron la real sociedad médico-quirúrgica sevi- 
ana y gozó de tan grande crédito en Madrid y en toda la^ 
peníttsula^^iue el conde de Lemns le llamaba públicamen- 
te el Principe Eugenio de Im medicina (%). 

Por los años de 4697 habiéndose congregado varios mé^ 
dicos en Sevilla, á imitación de otras naciones^ para exami-* 
nar j disentir sobre las nuevas doctrinas espagiricas en 
oposición eon las galénicas , no tardó Zapata en ser del nú- 
mero de aquellos ilustrados médicos f unaadores , uno de lo»' 
que mas trabajaron en aquella naciente sociedad y á quien 
se debió la gloria de haber tiionfado de sus- antagonistas, na 
solo en sus escritos, sino tambii^n alcanzando del rey que fue- 
se su protector como lo era en Paris su cristianísimo abuelo.. 

Corría d^e bien joven la fama de su nombre por tcídos 
los pueblos de España, cuando la envidia que asestara largo 
tiempo contra él sus mas envenenados tiros ^ vino al fin á 
dispararlos en su ancianidad de un modo ruidoso y en gran 
manera mortificante. Zapata , el ilustrado profesor Zapata,, 
fué acusado de judaizante y preso en la inquisición de Cuen- 
ca , en donde salió en auto que se celebró públicamente. 

Una de las grandes pruebas que podemos alegar en favor 
del crédito de Zapata es que en medio de sus persecuciones^ 
7 en un siglointolerante en que bastaba una mera sosípecha 
para ser victima del tribunal de la inquisición , recayendo 



: (i) AeoSf, DisertaciMies stfbre el ótdcA qae los médicos deben ob- 
servar en las coDéullaa, pág. l. 
(9) Ídem, pág. 37. 



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168 MEDICINA 

una Degra infamia en los sentenciados. Zapata nó decayó 
de la estimación de sus amigos , el pueblo lo res()etó j ios 
poderosos se csmefaron en protegerle. Asi es que viendo sus 
enemigos gue de nada hablan servido sus amaños para per« 
derie, hicieron que el Proto-medicato se quejase al rei^ de 
que Zapata se hubiese restituido á Madrid y que siguiese 
ejerciendo la profesión; pero sus intenciones quedaron 
también fallidas ; el real decreto contestando á la solicitud 
de aquella corporación , se desentiende totalmente de la 
pretensión sobre Zapata. 
Asi burlaron tos amigos de este digno profesor las inicuas 

e retensiones de sus émulos, sin que osase nadie desde en- 
mees impedirle el ejercicio de su profesión, llegando á ser 
médico. de cámara del Excmo. Sr. marqués de Priego , da* 
que Medinaceli, de los Excmos. Sres. cardenales Portocar- 
rero y Borja , del Excmo. Sr. Fraj D. Manuel Arias , Bai-* 
lio y Gobernador del reino , Consejero de Estado j presir 
dente de Castilla, y de otros personages. 

Varios escritores y traductores de aquellos tiempos , le 
dedicaron algunas de sus obras , y por último, después de 
un% larga vida consagrada al estudio , falleció este grande 
hombre por los años de 1745 , según dice Acuña á los 79 de 
BU edad. 

Las obras que conservamos de él son las que á continua* 
eion se espresan: 

1 .* Verdadera apología en defensa de la mediana ratíonal^ 
filosófica y debida respuesta á los entusiasmos médicos que pu- 
blicó en esta corte />. losé Gazola Veronense arehiioplon de 
las estrellas*, por D. IMegó Mateo Zapata : en la cual cita á 
D, 'José ó cualquiera de su obligación precisa , ó á todos aque^ 
Uos que siguieren la doctrina que el archisoplon , por la mas 
segura y opuesiaú la medicina racional de Hipócrates y Galeno^ 
desde el patio de Palacio a vista de sus Magestades (Q. D. G,)^ 
ó en otra cualquiera parte pública^ con los jueces de su estima'- 
eion ; adonde defenderá y argí&rá lo que en la apología refuta 
contra el Sr. D. José Gazola y demás de la medicina y filoso^ 
fia. Dedicase al Sr, D, Francisco Diax dé la Puebla , recauda- 
dor que fué de Puertos Secos entre Castilláy Portugal. Madrid, 
por Antonio de Zafra. No tiene año de impresión; pero la 
aprobación y licencia están dadas en 1690, en 4.o 

Esta obra, que escribió Zapata siendo aun muy joven, es 
una refutación enérgica á los insultos que el Dr. Gazola se 
atrevió á dirigir contra los médicos de la corte en so obra ti* 
tulada : El mundo engañado por los falsoe médicos» Nuestra 
Zapata retó en ella públicamente al médica de Yerona can- 



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£SPa8ola. , 169 

tra sus doctrinas, y cavo desafio literario no admitió : asi 
pues el veroiiense quedó vencido por un joven acabado de 
salir de las aulas. Destrozó este todos sus argumentos, dis- 
curriendo párrafo por párrafo* y linea por linea, awnfomi- 
zando la obra del arcbisoplon , como él le llama , y probán- 
dole sus innumerables errores , no solo en ñtosofia y medi- 
cina sino hasta en gramática; Gazola no respondió, perdió 
su concepto y quedó asentado que cuanto habla escrito era 
un disparate, 

2.' Crisis médica sobre el antimonio y carta responsaria á 
la regia sociedad médica de Sevilla: escríbela el Dr. D. Diego 
Maleo Zapata^ ele. No tiene año ni lugar de impresión, pero 
está fechada en Madrid á 30 de julio de 1701 . Es un folleto 
en 4.^ 

Escribió Zapata este opúsculo con motivo de haberle in- 
vitado á ello la sociedad médica sevillana á causa de la opo- 
sición de algunos médicos alas preparaciones antimoniales, 
conceptuándolas como un poderoso veneno que abrasaba los 
cuerpos^ tanto que los que habían tomado el antimonio morian 
al año. Tales eran las palabras que algunos doctores publi- 
caban contra este mineral y cu;^a preocupación suscitó 
tina de las grandes contiendas médicas que ha habido entre 
los profesores españoles, si bien las hubo sobre este medi- 
camento en casi toda Europa. 

El autor se |)ropone demostrar que las preparaciones quí- 
micas antimoniales no soto carecen de esa virtud tóxica qué 
se les atribula, sino que eran poderosos auxiliares para 
combatir ciertas enfermedades rebeldes; y que los médicos 
antiguos, entre ellos Galeno y Avicena , recoiiiendaron su 
uso , siendo muy estraño que los mismos que eran partida- 
rios de aquellos príncipes de la medicina, se opusiesen ahora 
á este mineral y blasfemasen contra él. 

Bajo el pseudónimo de Luis María CusprHlH , salió á luz 
otro folleto criticando severamente las opiniones de Zapata 
en su Crisis médica, y en esta controversia figuraron muy 
luego varios autores médicos , unos én favor derfolletista 
Cuspriilli , y otros defendiendo á Zapata , como á continua- 
con de esta bibliografia veremos. 

3.» Disertación médieo^-teológica que consagra á la Serení- 
rimaSra. Prineesadel Brasil el Dr. Diego Mateo Zapata^ funda- 
dor g exvresidenU de la Real sociedad médico-quimica de Sevilla^ 
e<e. Madrid por Gabriel del Barrio, 1733 en 8."* 

Esta disertación fué hecha á consecuencia de la obra que 
con el título de Consilium de [cecundidate servanda^ escribió el 
Dr. D. Francisco Criado y Balboa, y que remitió á Zapata 



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170 MEDICINA 

para que respondiese á la cuestioa siguiente que en ella sé 
proponía: 

QucerUur: An possit ewhiberi potio aut medicamen sterilír 
, tatem predücens mullieri tam laborioso et repetUo partu^ u( 
ad mortem quasi expectaretur proclivi! 

Manifiesta Zapata en esta obrita lo ilícito, temerario éim* 
pío que es el que un médico use de medicamentos que este- 
rilicen, mucho mas cuando en ellos no hay seguridad algu- 
na en sus efectos, jnduciendo el peligro y aun la muerte coq 
la inversión de todo ei orden naturaU 

Prohibe el uso de los abortivos directos, y ventila la cues- 
tión de si es lícito es traer al hijo por medio de los corchetes 
en los partos difíciles, después de apurados los recursos; 
si se debe en los casos estremos matar al hijo para salvar á 
la madre, o si es primero la vida espiritual y temporal del 
hiJQ, que la temporal de la madre. El autor apura las opi- 
niones teológicas sobre el particular, y dice que no hay 
en tal aflicción mas que dos remedios: el uno esperar de lo» 
esfuerzos de la naturaleza y dé la divina clemencia un suce- 
so feliz; el segundo, la operación cesárea, la cual debe eje* 
cutarse tanto en la madre viva como en la muerta, etc. 

Esta disertación, á pesar de la prudencia con que está es- 
crita y de su mérito, escító la pluma de D. Francisco Pe* 
rena, médico honorario de cámara de S.^M., el que imprimid 
en el mismo año un libríto titulado: Conclusiones breves y 
claras teológico-médico-legales contra la opinión de Zapata- 
acerca de la operación cesárea en los casos de urgentísima nece- 
sidad en la muger viva, Perena califica esta operación de 
cruel, impía, temeraria é inhumana, y por consiguiente opi- 
na qu^ no debia hacerse en la mu^er viva. 

Empero el que mas horrorizado se mostró de la opinión 
de Zapata acerca de la dicha operación, fué el francés Geró- 
nimo ^mon de Caen , partero de la reina , el cual como hi- 
ciese uso de los corchetes en los partos dificultosos, y Zapa* 
ta creia que se abusaba de ellos, se resintió de tal modo, 
que no solo imprimió un folleto combatiendo sus opi- 
niones, sino que presentó un memorial á Felipe . lY, pi^ 
diendo que se recogiesen los egemplares de la obra que 
aquel imprimió, por los graves daños que se podian seguir 
de su pei^udicial doctrina. 

4.» Ocaso de las formas aristotélicas que pretendió ilustrar i 
la luz de la razón el doctor D. Juan Martin de Lesaca^ obra 
postuma del doctor D. Diego Mateo Zapata, en que se defiende 
ta moderna fisica i/ medicina. Madrid, imprenta del Hospital 
general, 1745 en 4,® 



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BSPAffOLA. ]7i 

A causa del fallecimiento de Zapata no pado salir á luz 
mas que el primer tomo de esta obra. Moyió al autor á es- ' 
cribirla la crítica que de sus opiniones hicieron algunos pro- 
fesores aristotélicos, que le ponian la nota de inconsecuente 
en sus doctrinas, y de enemigo de las que había recibido en 
la universidad. Zapata, al empezar el libro, manifiesta lo ar- 
duo A su empresa, pues que no babia empeño ian difícil 
según él, como el persuadir entendimientos preocupados, 
rendidos á una iroluntad ciega y sujetos á una pasión domi- 
nante. Sin embargo» este ilustrado profesor combate la filo^ 
sofia peripatética con un aplomo, con una erudición y con 
un fondo de sabiduría que sorprende. La obra postuma de 
que hablamos es yerdaderamente la batalla general que 
Zapata libra contra todos sus adversarios; es y debe consi- 
derarse como el opimo fruto de su larga esperiencia , de la 
madurez de sus años; la obra maestra en la que al par de 
hacer upa defensa rigorosa de sus doctrinas y de sincerar 
sus opiniones ante su época, lega á la posteridad un monu- 
mento precioso para eterna memoria de su nombre. ¡Lás- 
tima es que la muerte le hubiese impedido dejar esta obra 
eonclaida, pues que su objeto fué combatir victoriosamente 
uno por uno á todos sus 'antagonistas! 

No nos detendremos en hacer un análisis mas estenso de 
esta última obra de Zapata: baste decir que es una de las^ 
controversias mas entretenidas de los siglos 17 y 18, en que 
el aristotelismo y el galenismo hicieron los últimos esfuerzos 
para mantener su preponderancia, ya heridos de muerte 
por tantas y tan discretas plumas como se hablan empleado 
en su ruina. 

Las bibliografías siguientes acabarán de enterar á núes* 
tros lectm*es de todas las ruidosas disputas contra Zapata. 

Luis Maíha Gcspriilli Tribbabus. 

Nombremécrifo baj^ el cual salió á luz un folleto contra 
la Crisis méáieM de Zapata, y <^uyo verdadero autor, se^iiq 
pQhKcarénbsas antagonistasen sus respectivas controversias, 
lo fué IX José Pablo Fernandez. El titulo de este folleto es 
el signtmke: 

Carta áe^lms Maria Cuspriilli, médico de la villa de Parla ^ 
botitarié que fué en MadriaejoSy escrita á su discipulo el médico 
de Camuñas^ sobre laque escribió áU sociedad de Sevilla Don 
Diego Maieo Zapata, médico del Excma. Sr. Cardenal de Tole-- 
do, y del Eaaomo. Sr. presidenta de Castillaj proclamando la se-^ 
guridad en el uso dH antimonio. 



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173 MEDIGUtA 

No tiene afio ni lagar de impresión. 

Empieza este apüsealo zahiriendo mordazmente á Zapatn: 
el modo y términos con que se espresa cl ignorado autor 
del folleto son tan poco decentes, como estrailos al asuii*- 
tos que se propone tratar. 

Entrando luego en materia intenta probar con autoridad 
deDioscorides, Mercurial, Biolano y otros muchos «atores 
que nombra, que el antimonio es un poderoso veneno; que 
SI el arte química consigue elaborar este mineral de for- 
ma que se le prive su vehemencia en el purgar, esto mismo 
prueba que es venenoso per se^ y no un remedio seguro, gra- 
fio V admirable como pretenden, etc. 

Á este folleto contestarop impugnándolo D. Pedro Anto- 
nio de Navarrete y D. Tomás Fernandez, en la forma si- 
guiente: 

Anónimo. 

Bajo el título de El socio, fechado en Madrid á 31 de 
enero de 1702, salió á luz nn folleto impugnando al de don 
Luis María Guspriilli, defendiendo á Za()ata y probando la 
escelencia del antimonio contra la opinión de los que lo 
tenían por veneno. 

Este folleto es notable por sü erudición: cualquiera qae 

Suisiese tratar de la historia de este medicamento, veria en 
1 cuántos autores habian eseríto de la materia, tanto espa- 
ñoles como estrangeros. 

Tomas Fernandez. 

Doctor en medicina, médico de familia de S.M. y socíO' 
de la regia sociedad hispalense, escribió: 

Respuesta al triumoirato sobre una carta que $e apareció etr 
esta corte con el nombre de Luis Maria Cuspriilli médico d$r 
Parla y boticario en Madridejos, escrita á su discipulOj médico 
dé Camuñas, contra la Crisis médica sobre el antimonio que dió^ 
á luz el doctor D. Diego Mateo Zapaba', escríbela el doctor D. To* 
mas Fernandez. Año de 1702, en 4.® 

Dice Fernandez que habiendo llegado á sus manos el fb« 
Iteto de Guspriilli¡, escribió á diferentes partes con el deseo 
de saber quién era el autor, asegurándole era de D. José 
Pablo Fernandez, catedrático de prima y sacerdote en Grana- 
da, de D. José de Reina, catedrático de vísperas y de D. An- 
tonio Ramírez; pero recayendo las sospechas con especiali- 
dad en D. José Pablo. Asi pues, el autor se dirige á los tret^ 



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ESPAÑOU. 173 

I»robándoles que el antimonio no es aníi-iemonio, como le 
lamaban sus contrarios, sino en manos de los ignorantes; 
que los adelantos en la química hablan llegado á prepararlo 
tan suavemente, cual no alcanzaron los químicos antiguos 
que el médico de Parla cita; y por lo tanto dijo muy bien 
Zapata que las voces que corrian de este medicamento eran 
propias de ignorantes barberos. Demuestra que Hipócrates, 
Galeno y otros médicos antiguos lo aconsejaron y usaron pa- 
ra provocar vómitos, etc. 

El autor concluye manifestando que quedaba cortándola 
pluma para replicar en caso de necesidad. 

Mas adelante volveremos á hacer mención de este autor, 
el cual escribió también en 1698 una obra en defensa de la 
quina. 

Pedro Antonio de Navarrete y Sabogal. 

Doctor en medicina, catedrático de la universidad de 6ra* 
nada, médico del consejo de la suprema y general Inquisi- 
ción, de su despacho de corte, de la familia de S. M. j del 
Excmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo; escribió: 

Curioso discurso hecho de un cortesano sobre la carta del mi- 
dico de Parid, i que con casualidad satisface el doctor D. Pedro 
Antonio de Navarrete y Sabogal^ etc. No tiene año ni lugar 
de impresión. 

Dos objetos se propuso Navarrete al escribir esta obrita: 
el uno impugnar al médico de Parla, y el otro vindicar á su 
maestro el doctor D. José Pablo Fernandez, catedrático de 
prima jubilado de la universidad de Granada, á quien se le 
imputaba el folleto á nombre de €üspriilli. Este autor ano-' 
nifuo replicó no obstante á los dos folletos en los diálogos 
siguientes. 

Luis María Cuspriilli Teibeaucs. 

Diálogo entre el doctor Luis Maria Cuspriilli Tribeanusy su 
discípulo el médico de Camuñas sobre los papeles que han salido 
' del curioso discurso de D. Pedro Navarrete^ catearático de cí- 
rugia que fué en Granada y del socio tapado; en que quieren 
taiisfacer a la carta de dicho doctor Cuspriilli, que condenaba las 
aclamaciones que del antimonio hizo D. Diego Mateo Zapata^ 
médico de los Eminentísimos Sres. Cardenales Por tocarrero y 
Boría. No tiene año ni lugar de impresión. 

£ste último folleto escitó contra Guspríilli. ó sea D. José 
Pablo Fernandez, las plumas de los socios de la regia acade- 



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174 MEDICINA 

mia de SeiriUa, contra quienes también se dirige; de tal ma- 
nera, queel médico de Parla tuvo que callar, tafvez por la im* 
posibilidad de replicar á tantos como se leyantaron contra él. 
£1 folleto que á continuación sigue , es la réplica que le 
dio su antagonista Mavarrete. 

Pedro Antonio db Nav arrete y Sabogal. 

Respóndese al diálogo, papel segundo del doctor Cuspriilli 
médico de Parla. Mo tiene año ni lugar de impresión. 

Principia con los siguientes proverbios^ 

Responde stullo juxta stuUitiam suam^ ne sibi sapiens esse , 
tideatur. Prov, Cap. 26-5. 

Ne respondas slulto juxta slulliam suam^ ne efficiaris ei si- 
milK&. Cfod. cap. 4. 

Ya desde el principio se muestra lo hostil de este folleto; 
ya se descubre que mas* que el médico, que el hombre filó- 
sofo, ya á hablar el amor propio exaltado: sin embargo, ha- 
ciendo abstracción de sus espresiones mortificantes, el autor 
como todos nuestros antiguos escritores, es en gran manera 
erudito y versado en la historia de las ciencias. Todo est^ 
folleto está sembrado de buena doctrina y de profundos co-- 
nocimientos, aunque envueltos y mezclaaos los argumentos 
con la sátira. El siguiente se dirige ij^nalmieate contra el 
autor de los diálogos en defensa del antimonio y de Zapata. 

Andrés Ramírez Calderón y Cumplido. 

Fué sacerdote, capellán perpetuo de la iglesia catedral de 
Córdoba, y socio fundador de la regia academia de Sevilla. 
Escribió: 

Antimonio triunfante de las calumnias de la ignorancia y 
respuesta á los dos papeles que contra la Crisis médica del doctor 
D. Diego Mateo Zapata, $e publicaron con nombre supuesto del 
doctor vuspriilli, médico de Parla, de los cuales en el segundo 
se declara aufor el doctor D. lo$é R<jsbh Fernands%^ caieSrático 
de prima en la facultad de m,edicim dfi Ipi tmarsid^de Gra^ 
nada. Escríbela el licmciado Andrés. Bnmireíi CaMeron^tt Cunh 
plido, y la dedica á la misma r4gia acadmi^* ü^ úeveiifio 
ni lugar de impresión. 

Ataca el presbítero Ramírez al pi^ftero Dl José Pablo 
Fernandez, autor al parecer de lo$ diálogos, d¡<siéndale: 
que el escribir libelos infamatorios, como eran los suyos, 
siempre es feo é inhumano, pero mucho mas en la pureza 
que debe guardar un sacerdote que es luz del mundo y sal 



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ESPAÑOLA. ^ 175 

de la tierra, y á cuya imitación los demás moderan sus eos- 
tumbres. Seraidamente pruébale que es herética, absurda y 
escandalosa la proposición que sienta, cual es que Aa6<a todo 
aquello que permite la libertad cristianaj sacando de aqui que 
la libertad cristiana permite que los sacerdotes sean detrac-* 
tores, mordaces, escandalosos, que escriban libelos infama- 
torios, llenos de injurias, baldones v dicterios. 

Combate luego la filosofía aristotélica, sentando por prin- 
cipio que en las cosas físicas ó filosofía natural i?o debe ser 
tenida en tanto la autoridad délos santos padres, que en 
estas materias no fueron infalibles. 

Concluye pues Ramírez probando, que todos los funda- 
mentos de D. José Pablo eran fútiles y ridiculos ; que el anti« 
roonio quedaba completamente vindicado de sus calum- 
nias, etc. 

Juan Moñoz y Peralta. 

Catedrático propietario de vísperas en la facultad de me- 
dicina, médico del Excmo. Sr. Conde de Hontellauo, virejr 
de Cerdeña y mayordomo primero de la reina. Fué también 
socio fundador de la regia sociedad sevillana y presidente 
de ella, v médico de cámara del Rey Felipe Y. Escribió: 

1 .« Triunfo del antimonio contra respuesta á la carta ano* 
nima, que contra la docta Crisis del Dr¿ D. Dieao Mateo Za-- 
pata produjo €< triunvirato de la ignorancia ^ la envidia , la 
audacia y la malevolencia. Escribiólo el Dr, D. Juan fíuñoz y 
Peralta^ etc. V» vobis, qai dicitis bonum malum. Córdova 
por Diego de Val verde y Lejfva ,. 1702 en 4.* 

Uno de los folletos mas furibundos que salieron contra el 
médico de Parla fué sin duda este de que vamos á dar una 
ligera idea* En él, diqando aparte los dicterios y envenena- 
das espresiones ecmtra los que se creia fuesen autores de la 
carta de Cuspriilli y de los diálogos , dice Peralta que el pun- 
to que se disputa contra los enemigos del antimonio , no es 
?ue pueda ser veneno, sino que lo sea como ellos aseguran, 
lo que es lo mismo si la naturaleza del antimonio es de* 
letérea ó no. Niega que lo sea , aunque por accidente puede 
serlo lo mismo que sucede coo cualquier medicamento ó ali- 
mento, que dado eu abundancia y sin tiempo, pueden ser en 
el mismo sentido veneno , etc. , etc. Peralta va destrozando 
los argumentos de sos antagonistas; defiende con entusiasmo 
á la sociedad médica sevillana y á su compañero Zapata, y 
no contento aun , vuelve á ser mas apremiante en el si- 
guiente folleto: 



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176 MEDIGIIIA 

2.® Respóndese al segundo diálogo del médico anónimo que 
contra el pajfel del socio y del Dr. D. Pedro Navarrete , formó 
con audacia é ignorancia. No tiene año ni lugar de impresión. 

En él Peralta impugna briosamente t(MÍas las prpposi-* 
ciones de su contrario y le vuelve sarcasmo por sarcasmo. 

Los siguientes anónimos fueron los últimos escritos que 
salieron á luz en la ruidosa dispata del antimonio. 

AnómMO. 

Bajo la firma de Ego mei escribió un eclesiástico un folle- 
to bastante imparcial, pero dirigido á criticarla conducta 
de Ramirez, que condenando á muerte temporal y eterna á 
D. José Pablo por su libelo infamatorio, agravó la culpa de 
aquel, ponderando las obligaciones de los sacerdotes, qae 
siendo luz del mundo por su dignidad ni debían quemar ni 
desabrir lo que han de alumbrar y sazonar , y precisamente 
cayó él en la misma culpa que criticaba, etc. , etc. 

Concluye este folleto dando á Ramirez el consejo del Es- 
píritu Santo, cuya verdadera doctrina dice que es sipecavii 
%n te frater tuus , corrige ei inter te et ipsum solum. 

ÁKÓNIMO. 

Con el epígrafe de Primumfuímen seimprímió el último fo* 
lleto sobre la cuestión del antimonio. En él se trata de dis« 
culpar al Dr. Guspriilli de haber publicado el defecto físico 
de Zapata , mas lo hace con tal reticencia, que es un nuevo 
insulto que se le prodiga : dice que D. Tomas Fernandez 
hizo mal en disculpar á D. Die^o de los dicterios y malas 
voces que en su Crisis médica dirigió contra todos los docto- 
res Sevillanos , concluyendo por último que D. Diego Zapa- 
ta, en medio de los ponderados elogios que dirige al antiino* 
Dio, no habia probado que no fuese veneno. 

La lectura ae todos los folletos de que llevo hecha men-» 
cion , descubre al que desapasionadamente los examina, un 
espíritu de rivalidad y de resentimiento digno de lamen- 
tarse. Hay algunos notables por su erudición é historia ; pe- 
ro todos huyeron de abordar la cuestión con espíritu filosó- 
fico ; ninguno la examinó bajo el punto de vista imparcial 
cual era la observación juiciosa délos buenos ó malos resul* 
lados del uso del antimonio; perdieron el tiempo los prácticos 
en la impugnación y la defensa apurando los silogismos, y 
no consiguieron mas que embrollar la cuestión con sutilezas. 
Agriáronse los ánimos heridos de espresiones y dicterios age- 



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ESPAÑOLA. 177 

nos del punto qae se discutía, j^ rechansaudocada cual esta 
falta de educación en su contrario , no veia sus propios de- 
fectos. ¡Tal es el espíritu humano ei-i toda clase de personas! 
Sin embargo de todo , podemos asegurar que la lectura de 
estos folletos es muy entretenida , sin dejar de ofrecer bue- 
nos conocimientos en la historia dé la medicina en general., 

JüAN CreCüehzan. 

Natural de Huesca, boticario en aquella ciudad y gran 
químico en su tiempo : alábanlo por tal algunos sabios médi- 
cos y entre ellos D. Manuel Rodrigo Andueza , médico cole- 
gial de Pamplona, en su libro de los prodigiosos baños de Tier* 
mas, impreso en 1713, y según el testimonio de este autor 
Greguenzan fué el primero que hizo el análisis química de 
las aguas de aquellos baños en presencia de varios médicos 
y de otra§ personas enteadidas; de cuya operación dedujo 
que las aguas de Tiermas abundaban en sahtre, en mediana 
cantidad de azufre y en poca de azogue, todo lo que espe- 
cifica en la obra que imprimió titulada: 

Información sobre las aguas de Tiermas y noticia de sus cali- 
dadeSy para que los médicos las puedan ordenar en alivio de 
varias enfermedades. No tiene año ni lugar de impresión, 
pero debió ser á fines del siglo XVII (Véase Latasa). 

Miguel Alloza. 

Natural de Zaragoza, doctor en medicina; escribió: 
Disertación curiosa sobre el phósphorOj estraño de las carnes 
luminosas en la ciudad de Zaragoza. Zaragoza, por los here- 
deros de Juan Malo, 1690 en i.» 
No he visto esta obra: habla de ella el Sr. Latasa. 

Fratscisco Gómez de Herrera y Olarte. 

Doctor en medicina en la ciudad de Granada; escribió: 

Método de curar á las paridas por sanarías *y satisfacción pü- 
bUca^ y público desengaño que ofrece el doctor D, Francisco 
Gómez de Herrera y Olarte ^ médico en la insigne ciudad de 
Granada^ contra los clamores de la verdadera práctica médica 
que dieron á la estampa los doctores D. José Pablo Fernandez, 
catedrático de prima^ y D.José de Reina Infante, catedrático 
de vísperas en medicina^ en la imperial universidad de Granada. 

No tiene año ni lugar de impresión. 

El autor dice que escribió este opúsculo por volver por 
mvroví, <2 

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178 MBDICINA 

sa honra, qae diariamente se veía ultrajada por la arrogan^ 
eia ¡I soberbia de los seQnres catedráticos; uo pur contestar 
a sus papelones ^ yue^ esto seria hasta cierto punto lion* 
rarlos. 

Francisco Gómez se muestra sumamente resentido del 
modo con que se habían impugnado siís opiniones médicas 
y su práctica; asi es, que en este opúsculo hahla el amor 
propio herido mucho mas que el .médico. En el día no pue« , 
de mirarse mas que como un documento histórico de la 
guerra á que estaban entrenzados los médicos de aquella 
época. 

José Miguel de Osera y Estella. 

El Sr. Latasa nos da de este mé(Jico las noticias siguien- 
tes; oáábio en medicina y otras ciencias. El año 167i se 
«hallaba graduado de bachiller en medicina, de que des- 
»puc8 fué doctor en la universidad de Zaragoza. Eir 1690 
♦era ya medico de cámara de 8. M., pnUoaiédico general 
»de los reinos del Perú, de la real armada del mar del Sur, 
»y limosnero de la catedral de Tarazona, de cu>a ciudad 
»t*ué quizá natural, y por los documentos de esta misma 
•iglesia consta que en lósanos 1085 y 86 poseía ya dicha 
• prebenda. El maestro mercenario Er.Juan Vaezen la cen- 
»sura de su obra, le hace el honor de calificarle de varón 
«docto, discreto, noble y de la mayor fortuna. Escribió: 

El físico erislinno, pnríe primera: libro de la entrada á su 
noble ejercicio. Lima, 1690, en 4.** 

«Tengo en mi librería esta primera parte, dice el dicho La- 
utasa; que es poco frecuente y uo sé hija salido la segunda, 
tque caüiicau de úlil y erudita sus censores.» 

Ai\ TOKIO Mauricio Escder. 

Latasa en su obra de escritores aragoneses^ dice de este 
médico que «nació en Tausle de distinguido linage. Estudió 
partes y medicina con útil aplicación. Vivió en compañía do 
»1>. Martin Escuer, médico de Mon*cgrjllo, como se vé en la 
i>pág. 28 de la 3.* obra s^ya de que trataremos. Obtuvo el 
»grado de doctoren medicnia y fué uiédico de partidos ven* . 
Dtajosos. Consta de una carta suya dirigida al doctor Anto* 
»nio Valero, que está en su L" obra, que en 1675 era médico 
»de su patria; y por otra, también suya al médico D. Nico" 
vlásMoncva con fecha de Egea de los Caballeros, 18 de 
>abril de 1684 , qué tenia el partido de esta villa « y por una 



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tSPAÍiÚLAé 17d 

•conRúttay censura que la precede con fecha de fienavarre 
»de 26 de diciembre de 1685, que poseía el cargo de médico 
»de esta villa; y desde el de 1686, el de villa de Piua, como 
»consla de la p<á^. 28 de la obra 3.^ citada^ en cuyo partido 
i»^ejercia aun su facultad el año de 1690 coa la e&limacion y 
i>a precio qtie nierecian su sabiduría, pi*|iciica y personales 
•circunstaircías.» Escríbió; 

l.^ H'ulroloifin médica^ que trata del uto deí agua fria 
en la curación de las fiebres ardientes. MS. en 4,® ^ 
. 2.*> CoHsuHns ¡I resoluciones medicas. MS. 

3/ Discursos médicos de la naturaleza y curacioa del car-^ 
bunclo, M. S. 

«Estas obras las be visto originales en la librería que per- 
teneció al canónigo Tur no» dice el referido La tasa. 

Manüol 0£ Porras (i). 

Doctor en cirugía, examinador del protomedicato,cfra«* 
jano de los hospitales General y de la Pasión en esta córte« 
y por último de cámara de S. M.; escribiót 

1 .o Médula de eirncfia y examen de e\fu)nños,ciimpUt$tú pot 
el doctor D,- Manuel de Porres^ cirujano de S. M.. 'etc*\ dedica-^ 
do al apóstol de las Indias S. Francisco Xavier. Madrid^ 1691| 
en 8.0 

Esta obrita de cirugía^ escrita en preguntas y respuestas^ 
la hixoel autor como él mismo dice al üual de ella^ casi 
por obediencia del real protomedicato^ siendo su presidente Don 
Francisco Enriquez de Viilaeorta^ con el ohj(.'to de que sirvie- 
se de manual á los practicantes y cirujanos^ principalmente 
para examinarse. Tuvo dicha obiita grande accptacioni se 
hicieron de ella en vario» años basta diez impresiones, d 
menos que después del año de 1749 no se hiciese otra ma»* 
Poseo esta última^ en cuya portada corregida ij añadida por el 
aulor^ se espresa ser la dé* ima^ asi como en lá úliirna página 
dice que llevaba trdnta años de práctica en el bospiial. > 

2." Anatomía galéuieo- moderna, compuesta por el t! '^'*^ 
D. Manuel de Porras, cniíjano de S» J/é, etc\ dedicada al U¡>u^* 
tal de las Indias S. Francisco Xavier. Madridt 1716, en 4.^ 



(1> Este cirujano escribió dos obra<<4 en la primera se nombra Ma<* 
noel de Forres, en la segunda Manuel de Porras; mas atendiendo á qu0 
en las dos se dice ser exaniinador det prolumedicaio, cirujano de cá- 
mara 7 de los hospitales dé esta córte^ dedicadas ambas 6 S. Francis-» 
eo Xavier, en una misma época, con otras particalarídadea, ve'mos capí 
•videnlemeúte que es qdo el aator. ^ 



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180 ^ MEDICIIÍA « 

£gtáapiH)bada por D. Diego Mateo Zapata, qaien llama al 
aator su discípulo, por el doctor D. Claudio Burlet, catedrá- 
tico de la facultad médica de París, el doctor D. José de 
Arboleda , catedrático de la uaiversidad de Oribuela. el 
doctor D. Vicente Gilabert, y D. Juan Bautista Alejandro, 
cirujano de cámara, 

Al frqnte de ella se halla el retrato del autor , y cierta- 
mente que este peritísimo anatómico merece bien semejante 
recuerdo, debido no solo al mérito de su libro, sino tambiea 
al objeto gue se propuso, cual fué que los cirujanos román- 
cistaa tuviesen una obra testual, donde estudiasen las espli- 
caciones anatómicas , que en el teatro del hospital general 
de Madrid les hacian con presencia del cadáver los catedrá- 
ticos 4estinados á su enseñanza. 

Los médicos y cirujanos que aprobaron esta anatomia 
prodigan á Porras mil distinguidos elogios, y especialmente 
el licenciado D. Ignacio Martínez , cirujano del Rey. 

Divídese en ocho tratados en la forma siguiente: 

!•<> De los huesos. — I.'* Be las parles similares quecompo-. 
9un las orgánicas,-' 3,^ De las partes continentes y contenidas 
del vientre. — &.^De las partes que componen el pecho. — b.^De la 
cavidad animal^ cabeza y cerebro. ^^^J* De los músculos en par- 
ticular. — 7.0 De los músculos del pecho y artus inferiores (estrc- 
midades].— 8.® De la distribución de los vasos sanguíneos. 

A cada una de estas partes le acompañan varias láminas 
anatómicas para su mejor comprensión, y atendida la época 
no podemos menos de confesar que llenaban el objeto. 
' La esplanoíogia y neurología la esplica el autor cuando 
describe las partes contenidas del vientre y la cabeza. 

Para, mayor claridad del estudiante, en cada ti^atado ha- 
bla de las generalidades concernientes á cada sistema con 
mucha precisión y oportunidad. Espone en los casos con- 
trovertibles las opiniones de los autores, porque á mas de la 
esplicacion anatómica trata de los usos y funciones de los 
órganos. Asi pues, no'soio esta obra es de anatomia descrip- 
,.^NV0UV6Íno también concisamente fisiológica. 
/ "i^Wibr último, este cirujano probó su mucha maestría en el 
arte, y su anatomia, no solo sirvió de testo á los cirujanos, 
sino que también los médicos hallaron en ella una obra 
tan digna de consultarse, como las que poseían en el idioma 
de las ciencias. 

José Homg Aisdrade. 

Nació en Lisboa el 2í de noviembre de 4658; fué muy 



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ESPAfiOLA. 181 

eúlto en los idiomas latino, italiano y francés, gran teólogo, 
filósofo > farmacéutico, cuya facultad ejerció con rnucno 
crédito, dándose á coDocei^ por sus escritos sobre la química 
farmacéutica , y siguiendo en todo las reglas establecidas por 
los árabes. Falleció en su pueblo natal el dia 17 de mayó 
de 1716. Escribió: 

1.* Apología pharmacetittca pela verdadeira^triturazao da 
fallapa é dos aromáticos dUcucunies que entrao na eompoeizao- 
da Beneátcta-y é pela operazao do ungüento apostolorum de Avt^ 
xena en orden á se le nao acrecentar mais verdete^ dtí que sen 
author pede na dicta eompoeizao, Lisboa. 1691, en h.^ 

2.<> Parte segunda apologética pela trtturazao da fallapa , é 
iodos os amáis medicamentos y segundo á orden dos cañones uni- 
versales de Messue sua verdadeira exposizao. Lisboa, 169'i^ 
en 4.0 

Este autor dejó manuscritos los tratados siguientes: 

3.* Enciclopedia pharmacéuticay en 4<<> 

4.* Manipulus medicinarumy 4.<> 

5.<> Theórica pharmaeéutica^ en 4.o 

6.® Controversias medicinales^ en 4/ 

7.® Ramillete de plantas^ en 4.® 

No he visto las obras de este farmacéutico : téase á Jour- 
dan , de quien he tomado estas noticias. 

Bernardo Pérez Estopinak. 

Farmacéutico gaditano; escribió: 

Epiitola in laudanum opiatum^ adversus Gervatii Barrtonue" 
«o, farmacéutico de Toledo. Cádiz, por Cristóbal de Reque- 
na, 169 1,, en 8.* 

Está dedicada á D. Antonio Hugo de Ómeerique y apro- 
bada por el doctor D. Narciso Agustín de Viguer, médico 
de Cádiz. 

Este farmacéutico propone el medio mas sencillo y per- 
fecto de preparar el medicamento conocido con el nombre 
de láudano líquido de Sidenham. 

Su obrita consta de 166 páginas. 

Fray Buenaventura Argeleres. 

Natnral de Sicilia , religioso franciscano de los menores 
conirentaales, comisario general de las provincias de Espa- 
ña, profesor de teología y teólogo del Sermo. Príncipe de la 
república de Yenecia, Marco Antonio Justinlano. 

Aunque este fraile no fué médico ni español preciso es 



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IS2 MEDIGIICA 

hacer aqat relación de sus cscriíos, siliemos de completar ta 
historia de los hechos escandalosos qae tuvieron lu{?aren 
el siglo quo describimos, ocasionados por los empíricos 
pseudo-médicos y pop tantas imaginaciones lurbuientas 
como se levantaron contra la meclicina dpgináiicu racional 
y contra sus mismos profesores, 

Fr. Buenaventura vino á España en calidad de comisario 
general de su orden. Dotado decarárler disputador y ven- 
gativo, se había persuadido de que era médico; que las doc- 
trinas que se enseñaban en las escuelas carecían de fnn* 
damento fliosóíico; quería reformar la ciencia y hacer, 
digámoslo así , una completa revolución de sus princifnos; 
y bajo este punto de vista , fácil es conocer que llevado de 
BU revoltosa imaginación, estaba resucito A luchar eonira los 
profesores del arte y á vencerá morir q\\ la d»man(!a. 

YaUdo pues de la consideración del púhhco á su nunis- 
terio y de la calidad de su misión, no le fue dificil introdu- 
cirse én todas las casas de caíegoria, poniendo en práclica 
' desde luego su errónea y fatsa ciencia con la que embaucaba 
á los incautos. Las denuncias de los niaUw sucesos de sus 
medicinas fueron lanías, que h\ lin tuvo el proUmiedicato 
que implorar el apoyo del Nmicio de S. S. , el cual le impu- 
so la pena de escomutíion mayor ú volvía á ejercer ó adinh' 
nistrar á ningún enfermo sua arcanos. 

No contento aun con esto, provocó el fraile á pública dis-' 
puta sobre los puntos mas interesantes de su medicina «a- 
nativa^ á los facultativos de Madritl y Sres. l^rolomédicos, 
fijando al efecto carteles en las esquinas de las calles y 
plazas y basta en las mismas puertas de las iglesias. 

Fué el primero en salir á la palestra el eruílilo Z?ipata, 
deseando argüir á Fr, Angeleres á quien ya conocía ; pero 
á su paternidad le constaba tandnen la lógica de su cumpc- 
lidor; temió el bochorno del vencimiento, y no se atrevió á ' 
presentarse en la arena que él mismo habla señalado. 

Este acontecimiento, unido á la temeraria tenacidad coa 
qne este fraile se obsiinaba en querer ejercer la medicina, re- 
Bidvieron al protomedicato á solicitar su destierro de Espa* 
fia, como asi se efectuó. 

Examinaremos ahora las obras que dio A la imprenta. 

1.* Rml filoftnfu^ vida de la miad temporal , sabiduría sófi- 
ta^ teilojuento filO'mcdko f arcanos filo-íjuiívicos^ Hipocráúca^ 
galénica^ liUbelánica. Parte segunda de la parte primera del re^ ' 
giiniento general^ prudente fisko ij luond^ brevedad^ verdad^ c/a- 
ridad^ enseña género de (alólica ¡j (ivca sabiduria. ¡dea del Pa- 
dre Fr. Buenaventura Ángel Angeleres délos menores conten^ 



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espaSola, tSS 

tnales del seréfieo padre S. Frnnchco , por lat próvincian dé 
E$pañn^ comisario (¡enerai^ profesor de Ina snqradax teologiaá 
y sófícrts /c/rn«. 'Madrid, por Mariano del Valle, 1C92, en 4.^ 

E^lá aprobada por el doctor Juan Bernés, médico do 
familia de la rasa de Borjíoüa, y por D. Juan de Cabriada, 

Toda esta obra ^lo encierra mas que presunción y fatui- 
dad; su longuaíre, sus ideas, su objeto, etc., carcjcen de 
interés médico; no es mas que una recopilación de ideas 
antiírnas modificadas , ó por mejor decir, adulteradas por 
Fr. Buenaventura. 

Esta obra como la siguiente se han hecho sumamente 
raras. 

2.* Desengaño de ¡a real fifosofid y desempeño ie Ja mcflicu 
nasnnat'wa^ perseguida j; triunfnnte. Idea de Fr. Buenaventura 
Ang^leres^ de ríienores conventuales, claustral del serápco padra 
S, ÍPrancísco^ vamllo fnlelUioiO de S. il/., profesor de las sngra* 
das letras^ ant(Sr de nmva^ verdadera filosofía^ teólogo del sere- 
nísimo principe de Vcnecia g comhario general por las provin^ 
tias de España. 
, Se imprimió en Madrid el año de lí>93 en 4/ . 

Está dividida en cinco certámenes liierarks de ta filosofía 
universal. En el primero se propone ventilar la convenieu- 
cía piíbüca que resultaría si S. M. aprobase su solicitud de 
fundar una academia, en donde se estudiase y practicase 3U 
medicina sanativa. En el secundo trata de la medicina as- 
trolóííica y de íisonomia, como esludios indispensables para 
conocer las complexiones, virtudes, facultades, tempera- 
mentos, tiempos, estación, influjos, causas y origen de todo 
lo criado, etc, . ' 

En el tercer certamen ó asunto de esta obra, csplica Fray 
Angelere^su prestantísima filosofía, y se muestra muy par- 
tidario de Copérnico, cuya teoría explica bien aui^quecon 
mucho laconismo. 

En el cuarto habla de] verdadero y físico conocimiento de 
tan cosas naturales. Por último, en su quinto certamen se 
detiene á tratar del ro?io¿'¿7»le/iio delfisicoij de las causag y 
orígenes de las enfermedades. 

D. Andrés Gainez y el doctor Pedro Aquenza fueron 
entre otros los que mas impuguaron las ideas absurdas de 
Fr. Bueuaveutura. * 

Juan Tariol. 

Estudió la medicina en la universidad de Valladolid , y 
habiéndose establecido eu Falencia, fué médico del cabildo, 



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184 MEDIGIIfA 

la ciudad y hospital de San Antolia : tenemos de él unes^ 
¿rito titulado: ' • 

Noticia$ del café, díscuno filosófico^ obra igualmente gustosa , 
á los médicBS adultos^ útil á los modernos , y* provechosa á la 
salud pública. Ta//arfo/id,1692, eu k.^ 

Esta obrita está dedicad^ á la ciudad de Falencia, y en el 
prólogo el autor promete dar á la prensa otra sbbre el té, 
que ignoro se publicase. 

Habla del descubrimiento del café, asegurando fué Prós- 
pero Alpino el que lo dio á conocer en Europa; modo de 
elegirlo, tostarlo, hacerlo, y cantidad due se ha de tornar^ 
sus efectos medicinales para las enfermedades de pecho, al- 
gunas calenturas, males de cabeza , etc., como también ea 
qué temperamentos y enfermedades está contraindicado. 
Concluye haciendo una comparación del café con el choco- 
late, y prefiriendo aquel á este. 

José Caudi ó Cauvino (1). 

Estudió la medicina en la universidad de Valencia , en la 
que recibió el grado de doctor en dicha facultad el 19 de 
marzo de 1680. Fué nombrado síndico del claustro de la 
misma, médico del Excmo. Sr. D. Fernando deEscovedo, 

f;ran prior de la orden de San Juan en Castilla y León, y de 
a real familia de la casa de Borgoña. Escribió: 

Luz de Apolo, lucido esplendor de la verdad entre sombras 
de ambición; claro manifiesto que á los engañados quita el 
error de unu opinión. Valencia, imprenta de Francisco 
Maestre, 1693, en 4.*^ 

Está dedicado al doctor D. Diego Bivas del Castillo, cate- 
drático de prima de medicina en la universidad de Alcalá, 
y médico de cámara de Carlos II. 

Esta obrita no es otra cosa que una defensa de sí mismo 
y del método curativo que habia seguido en la enfermedad 
de Antonia Tieso, vecina de Torrelaguna, de cuyo pueblo 
fué médico titular; la que padeciendo una calentura aguda 
llamara en consulta al doctor Jaroso, catedrático de prima en 
la referida universidad de Alcalá. Era este enemigo per- 
. sonal de Candi, á causa de no haber podido conseguir para 
su hijo el doctor Diego Jaroso el partido de la dicha villa 
por ocuparle aquel, y manifestó su resentimiento en esta 
ocasión, siendo lo mas sensible que la enferma murió de su 
dolencia. 

(1) El mismo se apellida asi en sa obra. 



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JSSPAÑOLA. 185 

GBISTtSsAL DE UTRERA Y MeDIJSA. 

Fué catedrático de astrológia en la universidad de Grana- 
da, ministro y médico de la inquisición de la misma ciudad. 
Escribió: 

Defensa de la verdad médicor quirúrgica con que se defUndí 
lo racional y metódico de unas curaciones, y se da á luz á los 
con íroríos. Granada, por Francisco Ochoa, 1693, en 4.o 

Movió á Cristóbal de Utrera á escribir esta obra un obje- 
to de piedad , como dice en la aprobación el doctor Diego 
Luis del Castillo, favoreciendo caritativamente y á sus cspen- 
sas á un honrado profesor de cirugía, indefenso, infamado y 
oprimido en una cárcel, y procurando volverle su honra y 
sanarle las heridas que contra su fama lehabia hecho el pue- 
blo, que como indocto no se mueve de la razón sino de los 
oidosy de las voces. 

El caso fué el siguiente: habiendo enfermado D. Baltasar 
Garcia de Flores , escribano en Granada, de una gonorrea 

fálica, se le suprimió esta y empezó á padecer de un tumor 
ebajo de la articulación humero-escapular del brazo iz-^ 
quierdo; el cual se fué desarrollando por espacio de dos 
años, basta que ya se hizo tan voluminoso, que ocypaba la 
mayor parte de las costillas por la parte anterior y poste- 
nor. Apurado de los fuertes dolores quesufria, llamó á jua- 
ta. Los médicos y cirujanos fueron de distintos pareceres: 
unos querían que se le diesen las unciones al enfermo , otros 
que se practicase la incisión del tumor. De este^ último pa- 
recer fué José López, cirujano latino; mas como no hubo 
convenio entre los profesores , el enfermo consultó sepa- 
radamente á varios, y en todos reinaba la misma diversi- 
dad de pareceres. En este conflicto y no pudiendo ya resis- 
tir la intensidad del padecer, hizo que José López le abrie- 
seel tumor, el cual habiendo evacuado lo suficiente y apli- 
cado los medicamentos oportunos, al décimo dia de la ope- 
ración vio morir al enfermo. Con este motivo y la circuns- 
tancia, de ser escribano el operado, se levantó contra el in- 
feliz López el grito de la maledicencia; se le formó causa; 
se le condujo á una cárcel pública, y allí sin amigos, sin 
recursos y en la mayor aflicción, corrieron los dias sin que 
la causa se viese y sin nadie que lo defendiese. Por último, 
enterado el humano Utrera de aquel escándalo, é informado 
escrupulosamente de las circunstancias de la enfermedad, 
cura, etc., resolvió defender al caido probando en su obra: 



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ISe VEDTGINJI 

1.0 Que no iolo pudo el cirujano abrir el tumor racional 
y melódicamente^ sino que debtó hacerlo, ' 

2.^ Que el enfermo no murió de la operación del tumor^ tin9 
de una cal entura maligna. 

3^ Responde á los cargos que se le hadan en la sumaria al 
■eirufano, 

4.<> Que no se puede dar numeró de cauterios determinada 
4n cualquiera opcracion^. 

Cristóbal Ignacio dr la Vega t Meriko. 

Doctor en medicina; escribió: 

Crisol de la verdad^ etc.. 

No he visto esta obra ; pero por la del doctor Morale$ 
0>iorio se sabe que fué un=i crítica hostil contra él, por ha- 
bérsele imputado el anónimo titulado : La verdad encan- 
tada, etc. ' 

José Morales Osorio. 

Doctor en medicina , vecino de la ciudad de Jerez do la 
Frontera; escribió: • 

Fragua de la razón ^ cuija actividad separa en el crisol los 
ifuilales de In verdad ^ de la escoria tíe la malicia, A h pro- 
lección del bienaventurado Sr, Sun Pablo ^ gran doctor y 
mae-itro de laa gentes^ vaso de elección^ predicador de la verdad^ 
Apóstol del Espirita Santo^ ij por antonomasia Apóstol, á cU" 
gos pies^ con afecta, la dedica con liuinildady ofrece, ij postran- 
do consagra el doctor D, Jo^é de Morales Osorio^ vecino de 
¡a M, l.'g N. eiwlai de Xera de la Frontera. No tiene aúo 
ui lugar (le impresión : en 4.° 

El autor nos dice, que el motivo que tuvo p^ra escribir 
<5Rta obra fué, que habiendo salido á luz un opúsculo titula- 
do Crisol de la verdad, eic.^ no el que escribió el doctor Don 
Juan Moyano do MiMJina, sino el que está á nombre del 
doctor D. Cristóbal Ignacio de la Vega y Merino, cu.yo es- 
crito se dirij;¡a á refutar otro titulado La^ verdad encanta- 
c/a, etc., el cual se le imputaba á él, se veía en la necefjidad 
de protestar contra sctnejante presunción, diciendo termi* 
nantemente que no era suyo; <cinas como quiera que en el 
i^Crisol de la verdad^ aíiade, se dirijan c<>ntra ,y mí se tornea 
»lic(mcias que me ofe¡iden , fuerza es defender al papel, y 
•defenderme á mí propio de tanta calumnia, pues que el 
vhonor aunque falso no es descrédito, ; la infamia aunque 
•mendaz da que temer». 



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Estos opúsculos,' jL otros que sobre la misma qaerella sa- 
lieron á luz y que el liempo ha ido destruytndo, no ofrecen 
instrucción alguna; al contrario, son uuos testimouios do 
escáudalos dignos de lamcutar. 

AI9ÓISIM0. 

La verdad encantada en el casiiUo de la confimon^ por otro 
nombre Pnste del pacrlo, hílenla ponerla en su überlad Don 
hamoles Draqnmon^ maenlro de artes de hanr bra(jnero$ y cu- 
rar potras, doctor de Chilindrina^ ij catedrático de pt;ima en la 
univeraidad de la ínsula Barataría , médico de cámara del 
furibundo y estupendo caballero de la trinte fifjHra f). Quijote 
de la Mancha^ espejo de la andante cnbnllrria ^desf acedar de 
tuertos j y azote de malandrines. A la protfvv'ion de la lima, 
y M, N. ciudad del puerto de Sania Maria. Valencia: no liene 
año de iinf)resion. 

Este opúsculo está escrito en .castellano antiguo á imita- 
ción de Cervantes. Fíngese que una dama dolorida viene á 
Éedir auxilio contra 4os enemigos de su señora y su^os, 
sta dama era la razón que servia á la verdad. Kl autdr la 
Eromete serYirla qon su pluma contra los médicos que la 
abian insultado. 

Aun cuando el objeto de esta obra es impugnar las opi* 
niones de algunos profesores en aquel interminable due- 
lo científico, en el que apenas se escapó nicdico de una 
crítica mas ó menos dura, en este anónimo apenas bailare* 
mos una idea luminosa, una controversia razonable: asi 
pqes no nos detendremos en su análisis ; baste saber que el 
dnioo mérito que podemos atribuirle es el de estar escrito 
en un estilo elegante y puro. 

Este anónimo, que se imputó al doctor José Morales Oso- 
rio, médico en la ciudad de Jerez de la Frontera, fué impug- 
nado ofensivamente por 1). Cristóbal Ignacio de la Vega y 
Merino, como ya hemos visto. 

Isidro Fernandez Maticñzo. 

Doctor en medicina , médico del cabildo de la catedral do 
Paleneia y del bospital de S. Antolin de la misma ciudad; 
escribió un tratadito, que tituló: 

Discurso médico y físico, agradable á los médicos ancianos tj 
despertador para los modernos^ contra el medicamento cafe. 
Madrid, p<n* Melcbor Alvarez, 1693, en 4." 

Esta obrita está dedieada al deau y cabildo de la catedral 



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Ifó MEDICINA 

de' Falencia y aprobada 'por los doclores D. Cristóbal de 
Friego y D. Juan de Cabriada. 

Fernandez escribió contra la obra del doctor Taríol, que 
ya hemos mencionado , del q»e dice era íntimo ami^o y 
á quien estimaba por su ingenio y grandes conocimien- 
tos. Trató de probar en la primera parte de este papel, que 
el uso del café es perjudicial, y negaba por consiguiente las 
virtudes que Tariol le atribula. En la segunda trata del agua 
caliente, prodigándote las mayores alabanzas por sus virtu- 
des y efectos maravillosos para el mayor número de enfer- 
medades, prefiriéndola á la fria, y asegurando con este mo- 
tivo que el café, si goza alguna virtud , es por el agua con que 
se hace. De modo que esta obra mas bien es el panegírico 
del agua caliente, considerada como medio terapéutico, 
que una impugnación del café. 

Carlos Antonio Puertas. 

Médico de la villa de Canales; escribió: 

Gobierno moral y médico para conservar la sdlud y bíienas 
costumbres. Pamplona, por Martin Gregorio deZabala, 1694, 
en 8.0 

Esta obrita es un tratado de higiene física y moral, en el 
que Puertas recopiló de los autores que se hablan ocupado^ 
de esta materia, cuanto él creyó lo mejor. Lo hizo en un len- 
guage cortado, sencillo y sentencioso; sin embargo, algunas 
veces su estilo es altisonante, nieíafísico y aun oscuro. 
' En los primeros cuatro capítulos, que éi titula mimero*, 
se ocupa de la parte moral , esplicando al mismo tiempo las 
operaciones del entendimiento y las pasiones. Metafísico está 
Puertas en esta primera parte de su obra; p^ro hay párrafos 
en ella que revelan su filosofia y grande imaginación. 

Hablando del hombre, lo define asi: «Es el hombre racio- 
»nal una sustancia corpórea con entendimiento divino ; de 
Dsuerte que el hombre no tiene la constitución de vital, sino 

«por la memoria, entendimiento y voluntad No puede 

»el alma usar de sus operaciones , si no está con la orga- 
»nizacioa y .templanza necesaria, y tiene para este fin tres 
«cavidades dedicadas alastres potencias, y si sucede, por 
«causa interna ó esterna , privarse alguna , queda en cuanto 
»á ella siü ejercicio. En cuanto á lo sensitivo tiene cinco 
«instrumentos estemos, y cesa el ejercicio de cada uno que 
«falte ó se destemple. Divídese esta parte del hombre, lía- 
ornada entendimiento, en sentido común, fantasía, apren- 

»sion, juicio y discurso Con los vapores de las'pasio- 

»Qes siempre está sia luz el entendimiento; y lo que habia 



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ESPAÍiOIiA. 189 

Wde ser su guietad, es quien mas le fatiga. Desear las co- 
rsas con ahinco, mas ^ue razón es locura, siendo tan infíni- 
»to el deseo y tan limitado lo que se consigue.» 

En el núm.2.^ dice: aes el entendimiento el señor mas 
•principal; es rey de las potencias, y el emperador de todo 
»el hombre; es como si dijéramos los ojos de la memoria y 
» voluntad, pues estas sin entendimiento- son hermosuras 

2>siaojos Tiene el entendimieuto un libro en la memo- 

i>ría, pata que estudie la prudencia, y con el tiempo descu- 
»brc la virtud cordura, siendo los postes de esta fábrica in^ 
»telectual; puessi á lo inteligible le falta la cordura, son 
«muerte sus vivezas haciendo lo mismo que la espada en 
vquienno tiene, juicio. Es la cordura hija de la paciencia, 
]»la mas galana pasión del entcndimiepto , acrisolando la ra- 
nzón y burlándose de los infortunios solo con huir Entre 

j^todas las cosas que pervierten el entendimiento, ninguna 
«mas que el amor y la indignación; esta es hija de la irasci* 

»ble, y nieta de la soberbia No molesta menos al enten* 

•dimiento clamor que la indignación; pues la mayor de- 
vlectacion deja de ser gusto. Si se c<msigue , se desestima; 
.»fti se desea, mata; y si falta á los deseos, atormenta. 
«Tengo por de ningún valor las agudezas que sobre el 
»amor se han discurrido, sin que ninguno le corte bien 
»un vestido, porque es pasión de crecientes y menguan- 
»tes, que en esto se parece á la luna, y asi salen- todos 
«lunáticos. Lo cierto es, que es difícil su compirension, y no 
»se alcanza sino su poder, el cual es un fuego del alma, 
«que se aumenta con la leña que se administra, y cuanto 
)»mas se abrasa está mas puro» 

En él núm. 3.° hablando de la muger dice: «diólecom- 
«pafiia al hombre en la bugcr, para que en la muger se bi« 
•cíese el hombre. Algunos han celebrado el sexo; pero ha 
•sido mas acción hija de la lascivia, que del desengaño, 
•pues no piíede ser tan noble la pepita como la manzana, 
•aunque se hace la manzana de la pepita; es alhaja buena 
«para guardada, porque no hay sin ella fruta, pero no por- 
«que sin ella no sea sazonada. Alaban de pronto al sexo en 
«eXdiscurso, y no se acuerda nadie de sus principios ; pues 
•pudiera conocer que solo se crió cuando dormia el hpm- 
•ore, y aun le parecía á nuestro primer padre animal so- 
«ñado, y asi se debe decir que si discurren es porque los 
«liombres duermen.» 

Hablando de las enfermedades á que está sujeto el hom- 
bre desde que nace hasta la senectud* dice: «Apenas nace 
«el hombre, cuando nace par^^^ penar, nallandopor primer 



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190 MEDICniA 

Jiregalo las úlceras en la boca, vómitos, toses, Tígilialí, pa-^ 
]ivores, inflamaciones anibilicaíes, dolores de oídos con IM 
«humedades, siendo causa de alimentarse sin dolor, é iu- 
»troducirla del gusto, que es cara y dudosa quietud la que 
^consigue, satisfacierido apetitos de dulzuras. Quien no de« 
»lieiie la considcraciou de estos males, abre puertas á la 
•prevención de otros mayores. 

x>Conocerá mas adelante al salir los dientes, que no cuestan 
«menos do4ores cuando nacen, que cuando ios arrancan, 
«como lo manifiesta tanta categoría de accidentes. Pasando 
«mas adelante están sujetos acalenturas, convulsiones, lum- 
«brices, cálculos, eslrumas y todo genero de tumoresl Eo 
«llegando á la pubertad hay las nebros diuturnas, sangre 
«de narices. En la juventud ¡fiebres agudas, afectos peetora- 
«les, como son tisis, esputos de sangre , y aféelos comiciales» 
«En la consistencia , el asma , los dolores laterales , inflama* 
aciones pulmoniacas, y celébrales, de donde resultan los le- 
«lárgicos y frenéticos , fiebres ardientes, levidades de inte;;'» 
«tinos, la cólera y las hemorroides. Kn la senectud las difi* 
»euttades de respiración y de orina, las toses ,. los dolores 
•artríticos, las vigilias, las humedades de ojos y narices y 
»la ineptitud de todos los sentidos 

«Que los hombres padezcan tantos trabajo?, no pudióado- 
«los evitar, vaya; pero que se busquen mayores tormentos e» 
«insufrible: y es lástima que pudieudo pasarlo bien hallados, 
«lo queramos pasar mal perdidos; no mas de que porque 
«queramos, y no hay escalón que mas se busque, ñique 
«mas se tropiece. Ignoro con qué título nombrarle, que 
«aunque le dan el de gálico, merece mejor el de diabólico, 
«porque produce efectos endemoniados. Bara fragilidad 
•nuestra querer que no sean desgracias sino culpas. » 

En el núm. 4.® dice: «Constituyen muchos la salud por 
«la vida, y me admira se quiera salud dilatada con vida tan 
«corta, cuando solo se verifica por los males, haber larga 
«vida y corta salud; siendo causa de fundarse la mayor ro- 
vbiistez en pastes de alfeñique .... 

«También admira como se estima la salud al paso que se 
«pierde, y sin duda será por ajarse mas alhaja que se presta, 
vque prenda que se compra. Y es cosa rara que solo la trata 
«mal el que la tiene. Todos somos estremados, pues quere* 
»mos sin medios. Todos queremos la salud , pero sin reglas, 
«y primero se han de querer las reglas que la saluda La 
ssaiud y la virtud se conservan al contrario: la una gober- 
uñándose como buenos, hace santos; la otra gobernándose 
«como maioSf hace buenos 



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ESPAÑOLA. 191 

Hablando del vU morhorum medicatrix se csplica asi: «El la- 
icónico médieo (Hi[>ócrates) dice, que la naturaleza esquíen 
>todo lo cura. Yo dijí;o que es locura séüaíar lo que es, 
»Y recurriendo á lo de todos, veáüiosla por sus cfecfos y sea 
»lo que quisiere. Ella tiene por oficio llevar al hombrera la 
nmuerle, y según con el halago que le lleva , mas parece lo 
nquiereliaccr inmortal, pues sustenta al hombreorgánicopor 
»los tramos de las edades, deteniendo lo b^ueno y desechando 
»lo malo, escogiendo lo provechoso y apartando lo inútil, 
«enojándose de lo supérlluo y alegrándose de lo moderado, 
^conservando la salud y espéliendo la enfermedad, que esto 
•para el hombre no puede ser malo». 

En el núm. 5.®, hablando de las ventajas de disfrutar de 
una cumplida salud, dice: «La mayor dicha de esta vida es 
»no estar malo, y por ser tan grande ninguno la goza, sin 
j>que consista el ño poseerla, mas que en desapreciarla. Cosa 
«rara que siendo falta, pocos la pierden sino por sobra •• 
Esta dice consistir en el esceso en la comida. 

«Lo que me admira mas es, cómo no reparan en lo que es 
»la vida y la salud , y antes veo no desvelarse ninguno por 
•salud para vivir, píies no es vida la que no es saludable. 
•Solo los virtuosos de religión tienen porfulteria el ser san- 
ólos, pues son los que viven mas, porque tienen hermaü- 
•dad la salud con la gracia, que son lindas cosas {gracia 7 
•salud 

•Todos los disÉursos encaminados á la brevedad déla vida, 
•lo primero con que tropiezan es con la gula. Y es lástima 
vqne los hombres no consideren en este escollo su precipicio, 
•y quelos médicos no dejen cavilacionesintelectuales, cuando 
•con reales evidencias pudieran vencer sus dudas, sin que se 
Dsuhan al cielo porcuahdades. Y pues con la prevención se re» 
•median los males, lástima será se yerre por no considerar... 

•No tiene la salud mayor contrario que la gula: sin este 
•vicio se hallan los hombres sanos, robustos, ágiles y enten- 
»didos; con él se miran torpes, desordenados, quebrados de 
•salud y lánguidos de fuerzas. La abstinencia es la alhaja 
• mejor que ios hombres tienen, y no cuesta mas trabajo que 
•tenerla....*.. 

•La abstinencia acrisola los entendimientos , ilustra la ra- 
nzón, fortifica el espíritu, mueve con actividad las potencias 
»del alma, quitando la niebla que la ofusca , gobierna las 
•operaciones, abriendo puertas patentes á la prevención y 
Dcerrándolas al daño, sin que se conozca afán en los deseos, 
•ni negligencia en ios ejercicios: de entrambas cosas deben 
•huir los hombres I porque en lo uno se-falta á la primera 



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i92 MfiDIGINA 

AYirtud, pero en la otra á todas sin acordarse de magaña....^ 

»La abstinoncia es manjar delicado del alma, sabiendo 
»hacer muchos pesares al gusto , por quitarle uno á la razón,. 
>y cura la enferrua voluntad el sano entendimiento , cóno- 
»ciendo antes que al escarmiento al dolor, porque siguen 
j»unas pisadas 

»Es ae tanta importancia la abstinencia en las comidas, 
»que mata con la vida que le sobra 

»Es llave maestra parala salud, abriendo puertas al |)ro- 
»vecho, y cerrándolas al daño; es una ansia que sosiega 
Dmuchas ansias, porque es hermana de la prudencia, y sin 
»esta todos los documentos son inútiles.» 

Hablando de si es mas saludable comer de un solo manjar 
quede muchos, dice: «Y por huir controversias digo lo qae 
)i>maniüesta la esperiencia, que muchos hombres que tie^ 
»nen librado su alimento en un manjar, viven mas sanos y ro- 
» bustos, porque en los muchos manjares está la enfermedad 
Dcnfadando mas que alimentando, no procediendo el daño 
i>de la diversidad, sino de la sustancia... - 

»Por eso no siempre lo que se come ó bebe aprovecha; pe- 
aro si es con moderación pocas veces daña, sino que nuestra 
Doecedad, no solo no se contenta con la demasía , sino *que 
)i>intempestivamente va tras la diversidad , comiendo á todas 
» horas, como si cada una iio pudiera ser la última. Buenas 
»cosas tiene la costumbre; pero en quien á esto se acostum- 
»bra, costuml)re será y por esto no tan mala , pero siempre 
i»será mala costumbre, porq^ue se funda á fuerza de deseos , 
»y estos mueven el apetito sm el examen délo que son.... 

»Tengo por cierto y seguro ser el mejor remedio de con- 
Dservar la salud y dilatarla, el que no sé sacien de alimentos 
»y que sean los de mas fácil sustancia ; porque si el hombre 
x>es un mundo compuesto , el mundo no fuera tan durable , si 
»>no se compusiera de simples ^ aunque en los hombres hay 
«hartos 

»'No hay mejor camino para vivir mucho que comer po- 
»co ; porque toda la falta de gusto al paladar, tiene au- 
x>mento él deleite de vivir. Mire el discreto cuál pesa mas: 
»digo el discreto, porque el necio mas quiere el gusto pré- 
nsente que la salud venidera, y asi no se satisface, sino con 
»lo que harta; y les sucede pensando saciar el hambre, vol« 
)»verla mas hambrienta, pues no mata al hambre la comi- 
eda, sino al hambriento, y si no tome cada uno cuenta á lo 
9(iue come, y hallará por recibo del gusto millares de 
«inquietudes: y se parecen las comidas á las hermosas, que 
*no les falta el peligro, porque ellas lo son., 

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espaSola. 193 

En el Dúm. 9.<> hablando de los líquidos fermentados di- 
ce: «motiva iguales daños que el esceso en las comidas 
•el de la bebida, y es lástima que lo que pudiera ser el me- 
»jor asilo de nuestra duración, lo hagamos instrumento de 

^nuestra ruina 

»No se le puede negar al vino el ser bebida divina , por- 
»que convienen muchas veces las cosas con sus nombres, y 
»8olo el abuso es quien lo hace malo. £s tan apetecible que 
ibasta las fieras le buscan ; es base y fundamento para las 
iimejores medicinas; da nutrimento al cuerpo ; recobra las 
«fuerzas; es pronta conversión en nuestra sangre; es leche de 
•viejos; triaca contra venenos ; corroborador de nuestro ca- . 

»lor ftativo 

»Es licor tan admirable, que las mas agudas y sentencio-* 
»sas palabras no han de hallar camino de esplicar loquees, 
»ni poderlo comparar, sino á ello mlfino, y muchos doctos 
•convienen en que conviene en todas edades y todas regio- 
»nes; pero todo cuanto tiene de plausible, lo pierde por el 
•abuso; y aunque yo no tenga secuaces, tengo por cierto no 
•conviene á ninguno por la demasia : en esto convienen todos 
•y asi lo llaman simiente del demonio, porque produce efec- 
Y>tos endemoniados. Y para ser de todo mala la acción de 
•Judas fué después de cenado. Es tan perjudicial, que al que 
»está en juicio desjuicia. Es veneno de niños , deslustre de 

•mugeres, muerte de mozos y tabardillo de viejos 

•En nada se encuentra seguridad , y menos en los vinos, 
•porque se parecen al mar en lo borrascoso, y todos los que 
»lo navegan dan en el escollo, y cuanto mas se engolfan se ' 
•van de un riesgo á muchosi daños, y todo lo que destruye 
»es por lo halagüeño, haciendo padecer, sin que se sepa lo 

»quese padece » 

•No importa mucho el beber, pero embaraza á loque 
•importa, y mas los que beben para dormir, que para vivir; 
»y es siempre esta quietud reloj desconcertado, que da mu- 
•chos golpes y pocas horas. 

x)En el vino y la muger todas las licencias son peligrosas, 

' •y en la del vino, cuanto se toma mas á pechos , cae mas 

•aprisa; y pe&a tan pOco, que hace caer y no deja levantar: 

•para nada vale 

Otras muchas máximas higiénicas y morales trae Puertas 
en su obrita,las que omito por no ser demasiado difuso. 



TOMO VI. 13 



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194 MBDICISÁ 

Fblipb de AnniETA. 

Abogado con el empleo de aaditor de guerra en la pro- 
vincia de Bari en Italia, fué comisionado para escribir la 
historia del contagio que padeció aquella provincia por los 
años de 1690, 91 y 92, lo que efectuó en una obra que dedi-* 
có á D. Francisco de Benavides, Dávila y Gorella, conde de 
Santiestevan, etc., escrita en italiano y en español, la cual 
lleva por título: 

Ragnaglio histórico del contaggio occorso nella provincia di 
Barinegli anni 4690, 1691 ¿ 1692 composioda D. Fiiippo de 
Arrieta^ regio Amlitore in qvel lempo della provincia Muñetia; 
dedícalo all Eccellenlissimo signore, il i'ignor D, Francesco 
di Benabides^ etc.j etc. Nápolest por Antonio Parrino y Mi- 
guel Lugi Mutii, 16^4fen 4.o mayor. 

Contiene esta obra una relación del proceso que se formó 
acerca de la calidad del mal introducido en la ciudad do 
Conversano, donde aparecieron los primeros enfermos déla 
peste bubonaria. 

Sigue una esplícacion de cuanto ocurrió durante aquel 
mal, desde 25 de diciembre de 1690 basta el año de 169t| 
escrita por el sacerdote y médico D. Juan Stella; la cual 
formó por orden de la vé^m Audiencia de Conversano y su 
réíxio auditor D. Gaspar Gómez de Cádiz. 

Presenta varias cartas y comunicaciones con el ministro 
supremo de Ñapóles. 

Copia el diario original que llevó el notario público acer* 
ca de los enfermos, muertos y sanos, quebubo en aquella 
peste. 

Por último, refiere cuantos ca^os notables sucedieron, 
cuya relación es muy curiosa y forma parte de la colección 
histórica de las calamidades europeas sufridas en el sin- 
glo XYII. Mas como este autor no fué médico, nada nos 
dice con respecto á los síntomas que se observaron en los 
enfermos invadidos de aquella enfermedad, ni tampoco de 
los medios curativos que empicaron los facultativos para 
combaürla; razón por que no nos detendremos en mas pro* 
lijo análisis, dejando solo consignada aqui esta obra por la 
eircunstapcia de baber sido un español quien la dio á luz en 
tiempo en que aun éramos poseedores de aquellos dominioS) 
y por tratarse en ella de un punto bistórico tan hermanado 
con las ciencias médicas y leyes sanitarias. 



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ESPAÑOLA. 195 

CniSTÓBAL Francisco Luqüe. 

Natural de Harchena , estadio la medicina en la nniver'* 
sidad de Sevilla; gradaóse de doctor en dicha facultad y 
llegó á ser catedrático de prima de la misma y médico de 
cámara del Sr. D. Jaime Palafox, arzobispo de aquella dió- 
cesis. Escribió: 

Ápolineo caduceo que hace concordia entre lax dos opueetas 
opiniones sobre las consultas de los médicos^ vara la curación de 
las graves enfermedades ^ una que las aprueoa ?/ otra que las re* 
priiefta; dedicado al insigne claustro de doctores y maestros 
de dicha universidad. Sevilla, por Lucas Martin de Uermo- 
silla, 169^1, en 4.*» 

Este autor se propuso corregir los vicios, que en las con- 
sultas de los médicos hahia en su tiempo, y lo efectuó con 
tal delicadeza, que los obligó á callar, presentando bajo el 
título de Apotegmas siete curiosas consultas, en las cuales 
hizo presidir Wprudencia^ la atención, la ducrccion, y la do--- 
eil'ulad al mejor y mas razonable parecer-^ sacrificando el or- 

f^ullo, la arrogancia y el amor propio en obsequio de la sa« 
ud de los enfermos y del decoro y honra de la ciencia; 
pues las reuniones de los facultativos en casa de los enfer- 
mos, que solo sirven para defensas acaloradas de las opi- 
niones particulares de cada uno, redundan en perjuicio y 
desdoro de tan noble y útil profesión, en motivos de escán- 
dalo para cuantos las presencian; llenan de confusión y des« 
orden la casa del paciente, y á este de mas aflicción en ve2 
del consuelo que esperaba. 

£1 médico de cámara doctor D. Pedro Astorga, que cen* 
suró esta obra, se desata en su alabanza por estos cuatro . 
motivos: «el 1.^ sunsunio; que es solicitar que las cónsul- 
»tas médicas que caua dia se celebran en orden á curar con 
•acierto y felicidad , no se conviertan en controversias im* 
«pertinentes y escandalosas y en manifiesto peligro de los 
nenfermos ; el 2.0 e/ egemplo á que está obligado por su 
«oficio el que' ha de ser maestro; el 3.o la doctrina física^ 
•que trata con tan singular energía en la elección y elevada 
•seriedad que parece proceder del trípode de Delfos ; el 4.* 
»y último , el estilo y ritórica con que se escribe este libro.» 
£1 censor hablé asi , porque participaba mas ó menos del 
mal gusto de su tiempo, pues Luque conserva aun el vi- 
do de anteponer continuamente los adjetivos á los sustanti- 
voB^y de castellanizar las voces griegas y latinas, y peca 
de cioohaum y pedanteiia, abusando de las metáforas j 



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196 MEDICINA 

alegorías, y anegando los pensamientos útiles de la medici- 
na antigua: son notables el título altisonoro tomado del ca^ 
dúeeoj que es el símbolo de la concordia, j la entrada y el 
modo con que cada médico consultor empieza á esponer sa 
opinión. 

Me ha parecido conducente hacer mención de cada ano 
de los apotegmas que fueron objeto de las siete consultas. 

1 .^ Un vértigo por consentimiento^ del estómago, ocasio- 
nado por el esceso I en cantidad y tiempo, de las bebidas 
heladas en el estio. 

S.o Un flujo quilo$o efecto del abuso de los picantes, sala- 
dos y vinos generosos. 

3.0 Un dolor cólico, cuja causa fué el ejercicio violento 
en un sexagenario, el continuo estudio, y varios disgustos 
que tuvo el mismo dia que fué acometido del dolor. 

4.® Una fiebre sinocüj ardiente pútrida. 

5.0 Un causón originado de un precipitado viage en tieih- 
po caloroso. 

6.<> Una pulmonía. En este apotegma introduce como 
consultor á un falso químico, que se empeíió la familia del 
enfermo asistiese á la consulta. Uno de los dos médicos re- 
husaba dar su parecer á un estraílo en la facultad, y el otro 
le convenció con el objeto de hacer mas publícala igno- 
rancia de aquel charlatán ; lo que consiguieron , porque el 
embaucador dijo, que para aquella enfermedad poseía un 
secreto muy csperimentado y el único que podia curarla, el 

2ae no manifestaba poríjue no es justo publicar lo que tanf 
% costado. Los dos protesores hicieron ver á todos los que 
{>resenciaban la consulta, que los remedios prescritos eran 
os mas conducentes ; que vencerían el mal al sétimo dia. 
Sucedió asi y despreciaron al curandero y su secreto. 

7.^ Una aplopegia de resultas de unfrcaida desde un cor* 
redor de elevada altura. 

Su estilo, como ya he dicho, no es el mas correcto; pero 
ademas de que su bn era laudable, se hallan en su obra al- 
gunas advertencias dignas de no olvidarse. 

JOSE RiVILLA BORET T PUETO. 

Natural de Zaragoza , estudi<$ la medicina y cirugía quizá 
en la universidad donde nació. Se dedicó con particula- 
ridad á la cirugía, y en ella logró crédito de sabio operador. 
Don Melchor Fernandez Pórlocarrero, conde de laMon- 
clova que fué nombrado virey gobernador primeramente 



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ESPAÑOLA. 197 

de Méjico y después del Perú , 'Bierra-Frme j Chile , se 
llevó consigo á Risilla , nombrándole su cirujano de cá- 
mara, 7 habiendo sido la residencia ordinaria del espresado 
capitán general en la ciudad de Lima , se dio á conocer 
en ella este profesor aragonés. Llegó á ser examinador de 
cirugía de aquel real protomedicato, j cirujano del hospi« 
tal real de mugeres de la Caridad de la misma ciudad. 
Después de 27 años de una práctica feliz dio á luz una obra, 
que tituló: 

Demos de la naturaleza , ó tratado del origen de lo$ moni- 
truos ; á que vá añadido un compendio de overaciones quirúr^ 
gicas en mon$truoios accidentes. Lima , en la imprenta Real, 
por José de Contrerasy Alvarado, 1695, en 4.* 

Esta obra , que dedicó á su Mecenas el referido conde de 
la HoncloTa, está aprobada por los doctores en medicina 
Don Francisco Bermejo Roldan , D. Francisco Ramírez Pa- 
checo, y D. Francisco de Vargas Machuca , catedráticos, 
el primero y tercero déla real universidad de S. Marcos de 
Lima', y el segundo que lo habia sido de vísperas en la de 
Sevilla. Contiene también varios versos latinos y caste- 
llanos en alabanza del libro y de su autor. 

Rivilla compuso su libro sirviéndole de ocasión el haber 
parido doña Teresa Girón, muger de Salvador de Olmedo á 
30 de noviembre de 1694, dos mellizos unidos por el tronco, 
cuyo fenómeno habiendo llegado á noticia del virey, mandó 
este á Rivilla que hiciese la inspección del que^ él llamó 
monstruo, la que verificó en presencia del doctor D. Fran- 
cisco Rermejo , protomédico general que era de aquellos 
reinos y en casa del licenciado D. Juan Calderón y Loay* 
sa, y aice de ella lo siguiente: 

«Púsose sobre una mesa el cuerpo dicho y se dividieron 
»las cavidades empezando de la patural hasta llegar á las 
apartes contenidas, y se halló un hígado que nacia del hi- 
npocondrio derecho y llegaba al izquierdo cubriendo el 
«estómago, el cual era muy grande, con los intestinos 
«delgados y gruesos mayores de lo que pedia el génito, 
»con dos ríñones , vasos preparantes y testes con las demás 
«partes que componen la cavidad'^natural. Pasé á la vital 
pj hallé una división cartilaginosa debajo del hueso ester- 
»non que dividía cada cavidad hasta las vértebras ó espon-* 
»dtlos del espinazo. 

»Esta división cartilaginosa era suplemento de las costi- 
«Uas por esos lados con su hueso esternón en cada cavidad, 
^dividiendo estas dos cavidades vitales de la natural , un 



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198 MEDICIITÁ 

Adíafragma ó septo transverso con igualdad. Y apartando 

Dcada bueso esternón 7 levantándolos hasta las clavículas, 
«quedaron las cavidades patentes 7 separadas, 7 en cada 
nuna de ellas estaban las partes contenidas de corazón, 
«pericardio, pulmones, traquia ó áspera arteria 7 vena cava 
«ascendente que subía del ¡ligado para llevar sangre venal 
x>al corazón al efecto de bacer espíritus vitales en el si* 
. Dguiente ventrículo de ¿1. A cada una de las cavidades cor- 
«respondian sus vértebras ó espóndilos, por donde bájala 
«facultad de sentir v mover de ambos celebroe. Naciau del 
» hueso sacro donde comenzaba lu identificación común d^ 
»la cavidad natural 7 partes inferiores á donde se conti* 
«nuaban ambos, separándose estos dos, como he dicho, en 
olas cavidades vitales en cuanto á la existencia, aunque 
«unidos en cuanto á la contigüidad. Los brazos 7 cabeza 
»del uno que pcirecia el recto, erun mas débiles; al contrario 
«los mismos miembros en el otro que estaba al lado siuies- 
«tro del primero, de mavor perfección 7 robustez. En estos 
«no solo admiré el portento, sino la fabrica 7 compostura 
«de los cuerpos liumanos, la coligación 7 organización ma- 
«ravillosa que las partes entre sí tienen , 7 los provechos j 
«utilidades para la vida humana, unas en convertir el ali- 
amento en quilo, otras el quilo en sangre, otras en engen- 
«drar sangre arterial 7 espíritus vitales, 7 otras en dar la 
i^sensacion 7 movimiento , sin otro número de partes que 
Aomíto, de facultades 7 temperamentos diferentes, regidos 
»por solo un calor natural». (1) 

. Con gran erudición , pero no la mas selecta, trata Rívi- 
lla de los monstruos distinguiéndolos de prodigio, ostento 
y portento. Refiere, aunque no con la mejor crítica^ los mons-. 
truos que habían nacido en diferentes épocas 7 diversas na- 
ciones, 7 con este motivo trata de probar ser factible el que 
la diversidad de semillas sean á propói-ito para procrear ani- 
males de especies enteramente desemejantes: en una pala- 
bra, es demasiado crédulo. Su lenguage no es bueno, pero 
trae máximas 7 senlencias citadas crn oportunidad. Tam- 
bién mezcla varias cueslioncs de teología, aunque confiesa 
que habiendo en su libro asuntos esiraños á su profMon^ le habla 
sido preciso valerse dv quien por la suija los pudiese discurrir^ y 
á este propósito dice: a]Ni te parezca nuevo este modo dees» 



(1) PoK 61. Al principio de la obra se baila la lámina qoe tepreaeaU 
los dos feios UDidos por el troQ€0 como viene diclio. 



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tSMROLA. 190 

»eribir, que el mondo literario no es otra cosa qae ana tien- 
»da de entendimientos, donde cada materia se iriste de las 
lítelas de los que necesita. Ninp;uno puede dar todo el trage; 
»nó solo en materias que piden conocimiento de varias cien- 
»cias; en los de una sola jamás han sido de uno4os princi- 
»pios;ó vivos ó muertos todos necesitamos de ajudarnos: 
>los maestros , los amigos y los libros, todos son de igual 
aprovecho; la diferencia está- en que unos se heredan, 
potros se comunican, y otros se trasladan y cuando mas se 
Bburtan.» 

Lo que se encuentra en la obra de Rivilla de mas mérito, 
es el compendio que trae al fin con el tílulo de obnervacio^ 
HM $ingularei $obre curacwnes prácticas quirúrgieag. Et'ecti* 
vameute se hallan en esta especie de apéndice casos muy 
curiosos, y que dan á entender que este aragonés era, como 
dice Garcia Vázquez (1), $ingularmenie erudiio y de sólida y 
atnmosa práctica. 

Dice aquel: vuelve á curar segunda vez el que escribe 16 qu9 
remediay siendo salud de los futuros las enfermcdadcá de los pa- 
sados ¥ué docto y atrevido operador; pero en oca- 
siones supo contener su ilustrada osadía , y á este fin afir* 
ma: «que hay operaciones que haciéndose sin hierro, publi- 
»can no puede ser demasiada resolución en unos lo que es 
»eontenida circunspccciou en otros; pues siendo una misma 
»la mente que los dirige , el mismo tiento es el que detiene 
»que el que mueve la mano, y tanta temeridad es dejar 
»sÍQ hierro el caso que lo pide, como aplicarle al que no 
alo vocea. El fia es el que califica los actos , no los micdios. 
•Cruel es el aue mata suavemente, suave el que sana aspe- 
»ramente. ¿Hay rigor mas duro que la muerte, ni pie- 
sáñd mas benigna que la vida? La cirup;ia no es arte deli- 
»cioso, sino férreo, pero útil y en la misma severidad , pa- 

»temal No acometer al accidente cuando provoca, o es 

aporque no se entiende, ó si se entiende , mns es miedo del 
»8Uceso, que tiento de la curación: á tales artífices aconseja- 
»ria yo buscasen otro oficih , porque á la verdad para ser 
»tan prudentes erraron el camino.» 

Hablando de la medicina decia: cmo carezco de su estu- 
■dio ni de su práctica en singulares curaciones, pero ha su- 
»cedidome en esta profesión lo que en ella misma á la cabe- 

(1) TéMe el tomo 4.^ délas insUtnciones quirúrgicas de Beittcr, 
tradtcidM al ctatelUno por este profesor, parte III. pág. 108. 



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200 mediúiha 

»za cop las manos , que siendo aqa4ta la que dirige ; se lie- 
»van estas la eseelencia.o < 

Pedro Aquerza**y Mossa. 

Natnral del reino de Cerdeña, doctor en medicina por la 
universidad de Pavia, examinador de la de Sasser en el mis- 
mo reino, graduado por el real protomedicato de Castilla, 
médico de la inquisición del referido reino de Cerdeña, de 
cámara de S. M. , primario de la reina viuda de Luis I y uno 
de los protomédicos de España. Escribió: 

1."^ De sangulnis missione libri 4 contra ErasUtratei 
Poriiani diálogos 4 quibus dccedunt fracmentum ad doctrt" 
nam de veno seciione perlinensy atque historia qitdBdam dé ve* 
neni exhibiii smpitione, Auíore D, Pedro Aquenza et Móssa^ 
etc., etc. Madrid, por Manuel Ruiz, 1696, en 8.** 

£u cuv^tró libros se divide esla obrita y en todos ellos se 
dirige el autor contra Porcio. 

Prueba en el |)riuicro , que ninguna clase de evacuación 
de las que padjcce el cuerpo humano es suficiente causa pa- 
ra abstenerse de las emisiones sanguíneas en la curación 
de las enfermedades que Galeno enumera; pondera las uti- 
lidades de aquellas cuando están bien administradas; mani- 
fiesta el peligro que corren los pictóricos en no disminuir su 
sangre, y dice que en ciertos casos es útil y se debe san* 
grar de las arterias. 

En el segundo confirma su opinión , demostrando cuáii 
necesarias sean las sananas en las enfermedades inOamato- 
rias; (kfme la esencia déoslas, y hace una espUcacion de 
las doctrinas de Porcio y de Van-Helmont sobre el mismo 
asunto, probando ademas que los principales médicos de 
la antigüedad siguieron este mismo sistema. 

En el libro tercero declara qué se entiende por la pala- 
bra naturaleza en sentido médico; manifiesta que Van-Hel- 
mont habló impropiaincnte sobre el particular; impugna 
á Porcio en su tratado de nat^irá pertinentia; presenta los 
casos en que debe el médico abstenerse de las emisiones 
sanguíneas por supresiones de evacuaciones; prueba en fin, 
que en las afecciones histéricas pueden ser provechosas las 
sangrías como lo confirmaba la esperiencia. 

En el último libro sigue impugnando las opinionjes de 
Porcio sol)re la misma cuestión , y siempre con el testimo- 
nio de Galano, 
■ 2.0 Tractalus de febre intemperie sive de mutahiom mt- 



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ESPAÍ^OLA. SOI 

gariter dicta rtgni Sardinia^ et analogía aliarum mundi par* 
tium: in varios sermones divisusj velerum et modernorum me<* 
dicorum doetrinis illustratus^ atque dicatus Excmo* Domino 
D. Perdinando de Aragón Moneada Luna^ etc.^ etc, Madrid, 
por . Manuel Ruiz, 4702, en 4.® 

Esta obra no deja de ser cariosa y de tener algún mérito; 
8ia embargo, al tratar el autor de sostener la utilidad de 
las. emisiones sanguíneas impugnando á los que se hablan 
revelado contra su abuso y doctrinas galénicas , perdió 
el tiempo inútilmente, como sucedióla otros muchos antes 
de él, y es lástima que tan buenos ingenios no se hubiesen 
empleado en estudiar á la naturaleza , para fundar en ella 
Stts observaciones, que son tan invariables como ella misma. 

3> Breves apuntamientos en defensa de la medicina y de 
los médicos contra el teatro critico del Padre Feyioo. Madrid, 
1726, en 4.* 

En el siglo XVITI, cuando hablemos de aquel erudito ad- 
versario de los profesores médicos, el P.^Feyjoo, referiré- 
mos los duAos científicos que provocó su ^elocuente pluma, 
asi cómo haremos mérito de los hombres celosos de su 
ciencia que supieron defenderla contra tan temible adver- 
sario y aun hacerla enmudecer. Por ahora baste decir que 
el doctor Aquenza fué uno de los que tuvieron el heroísmo 
de oponerse á las ideas del benedictino , y vindicar en esta 
obra el esplendor de la medicina y el honor de sus com- 
profesores, que también era el suyo, 

4.® Carta critica sobre el hecho del P. Angeleres, 

En la bibliografia de Fr. Buenaventura de los Angeles 
ó Angeleres, hicimos mérito de este autor, como uno de los 

?[ue con mas tesón impugnaron las estravagancias de aquel 
ranciscano. 

Pedro López Pinna. 

Natural de la villa de Fuente del Maestre, licenciado ea 
drugia, cuya facultad ejerció en la de Zafra. Escribió: 

Tratado de morbo gálico^ en el cual se declara su origen^ 
causas^ señales^ pronóstico y curación. Púnese la virtud de ia 
raiz de la china^ palo santo' y zarzaparrilla'^ el método que se 
tendrá en prepararlos para curar el morbo gálico; método de 
dar las unciones y corrtgir sus accidentes^ y el método de dar 
los humos del cinabrio^ y aplicar los parches deí emplasto vipe- 
rino; unas pildoras mercuriales de precipitado blanco de tníen- 
cion del autor^ medicina noble para curar este mal^ y método de 



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tos MBDICllfA 

recetas para eurarle^ y todoe tm efectos; f)or el Ikenciado Pedro 
López Pmna^ cirujano natural de la viiía de Fuente del Máur 
tre, etc. Sevilla, 1696^ en 8.» ídem por Juaa de la PaeHft, 
1719, en 4.» - 

Esta úllima edición es la que yo poseo y á ella me re- 
fiero. 

Dice el autor que escribía esta obra á los 22 años de 
práctica , y que su objeto era que sirviese á los cirujanos 
romancistas por baher muy pocas obras en castellano de 
dicho mal. £n la introducción añade: que siesta obra agran- 
daba^ darla á la estampa otro tratado de cirugía^ en apoyo de 
la via particular g primera intención , que ga tenia esaila, y 
que por algunas ocupaciones no la habia podido aum impri- 
mir^ asi como otras observaciones g trabajos que en la asiS" 
tencia g séquito de las campañas kaífia observado. 

Por lo referido parece que este cirujano lo habia sido de 
ejército : ignoro si las obras de que habla salieron á luz. 

Principia el autor haciendo ver las enfermedades á que 
predispone la desordenada pasión de la yenus; habla del 
origen del gálico, copiando al Dr. Pedro AnasdeBeuavides, 
médico de la ciudad de Toro, en su libro de secretos de cirw 
gia^ en especial del morbo gálico^ etc, que decia «que á pe- 
nsar de que en el tiempo de Tiberio César contaba Plinio 
»que habia en el mundo este mal, otros aseguraban que 
»vino de las Indias Occidentales». 

Después de presentar los síntomas con que se manifiesta 
la sífilis en todas sus fases, habla de su curación, diciendo 
«que aun cuando eran muchos los procedimientos que se 
babian empleado para combatirla, y algunos con buen éxi* 
to, ninguno era mas eficaz que el mercurial en sus carias 
preparaciones». 

De seguida presenta toda la farmacopea antivenérea, no- 
tando las circunstancias individuales en que se debia em- 
plear cada medicamenlo. Espone luego los accidentes que 
pueden sobrevenir á los enfermos después de la cura mer- 
curial, el modo de corregirlos, y por último habla de las 
pildoras áureas, como correctivas del mercurio. 

Para los dolores osteócopos y úlceras inveteradas usaba 
ée unas pildoras compuestas de precipitado blauco en do- 
m^ de un escrúpulo para dos ó tres, el diamargariton, el 
«ándalo cetrino, la teriaca magna y el ámbar: sangraba an- 
tes, purgaba después, y asi preparado el enfermo, le ad- 
ministraba las pildoras. 

Por último,, el autor tuvo presente á nuestros antiguos 



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ESPAflOLA. 203 

médicos qne escribieron de esta enfermedad, y recomienda 
en determinados casos su terapéutica. 

Esta obra, considerando para quién foé escrita, es de mé* 
rito y revela gran pericia en su autor. 

Alfonso Limón Montero. 

Natural de Puerto-llano, estudió en Alcalá de Henares, 
en cuya universidad fué catedrático de vísperas de medici- 
na. Habiendo pasado largos años dedicado al conocimiento 
de las aguas minerales de España, y después de haber reco- 
gido cuantas noticias le pudieran suministrar sus amigos y 
comprofesores acerca de la virtud de las fuentes y rios que 
se hallan en cada una de las provincias del reino, escribió 
una obra sobre este objeto, titulada: 

Espejo cristalino de las aguas de E$paña , hermoseado y 
guarnecido con el marco de variedad de fuentes y baños y cuyas 
virtudes^ escelencias y propiedades se examinan^ disputan y 
acomodan á la sahtd , provecho y conveniencia de la vida hu- 
mana: su autor Alfonso Limón MonterOy etc.: asunto que hasta 
ahora no ha tocado escritor alguno. Alcdílá^ por Francisco Gar- 
cía Fernandez, 1697, en fol. 

Esta obra es postuma; la dieron á luz los catedráticos sus 
compañeros de la universidad de Alcalá, como se espresa 
al principio de ella. 

^ Divídese en cuatro libros.: en el primero trata de las aguas 
simples y minerales en general. Principia hablando sobre las- 
diferencias de aguas, de sus virtudes y daños, en lo que 
ocupa varios capítulos; sigue sobre las fuentes en particu- 
lar, y sus efectos medicinales, presentándonos la historia 
de cada una, siendo las principales de que se ocupa las 
siguientes: 

De la fuente del Toro en la villa d«l Molar, siete leguas 
distante de Madrid; que constan, de salitre y azufre. 

De la fuente de Antequera ^ por otro nombre fuente déla 
Piedra^ á dos leguas de la ciudad de Antcquera. La virtud 
de sus aguas contra el mal de piedra , era tan conocida 
en el tiempo de los romanos, que en una huerta cerca 
de aquella ciudad y en donde exisiiau las ruinas de la 
ciudad Nescania, se halló un ara dedicada á la fuente, 
concebida en estojs términos: 



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204 MEDICUÁ 

FONTT DIVIRO t 

ARAM L. POST 

HüMüS-SALUT. JÜS. 

EX VOTO 

D. D. D. 

Ludo Posthumio Saluúo por voto que tenia hecho dio y 
dedicó esta ara á la divina fuente. 

Esta lápida se colocó según Ambrosio de Morales en la 
puerta del hospital de la Concepción de dicha ciudad de 
Antequera. 

La composición de las aguas de esta fuente , dice ser de 
salitre y azufre. 

De la fuente de Grávalos , llamada fuente podrida^ á dos 
leguas de la ciudad de Arnedo en la Bioja: dice, que los 
minerales que se hallan en dichas aguas son el azufre, sa- 
litre común, greda y alumbre. 

De la fuente de Paracuellos de Giloca á media legua de 
Teruel en el reino de Aragón ; su composición el salitre y 
azufre. 

De la fuente hedionda de la villa de Árdales; la cantidad 
de azufre que contiene esta agua es tan considerable, que 
dice que se leestraia para hacer pajuelas. 

De las aguas de la fuente de Muni'co junto á Avila y en el 
término de Lavajos. Es un pozo de siete ú ocho varas de 
profundidad. Dice que no es fácil averiguar el número de 
minerales que entran en su composición, pero que los dos 
mas visibles que contiene son el salitre y el azufre. 

De la fuente de Armentta á media legua de Vitoria , y de 
la de Falces en el reino de Navarra. La temperatura de es- 
ta última es templada , y los minerales de que participa son 
nitro, salitre y greda. 

De la fuente de Cevica junto á Brigüega: nace en la falda 
de un risco; su temperatura templada; su composición azu- 
fre y greda. 

De la fuente del Llero en Valdecabras ; su virtud contra 
el esceso de (gordura, la hidropesía y las carnosidades de 
la via de la orina , refiere que era muy manifiesta. 

De la fuente de haba en el valle del Roncal, reino de Na- 
varra. Su temperatura fría, su color claro, y el sabor de 
azufre; sus naturales la usaban para curar la sarna. 

De la fuente de Gamba, enGaztela, pueblo distante siete 
leguas de Pamplona , de conocida virtud para los males de 
ríñones, vejiga y otros. 



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ESPA^OU. 205 

*De la Fuen -Santa, en el término del lugar de Lierganes 
junto á Gudeyo, y merindad de Trasmiera. Es templada en 
invierno y muy iria en verano. £1 color de sus a{;uas es un 
blanco plateado , dejando en las yerbas que moja una se-* 
rosidad blanca pegajosa , su sabor dulce y su olor de azu- 
fre. La utilidad de sus aguas, dice que es para todos los 
males en que conviene el azufre. 

De la fuente del Caballo y á media legua de Talavera, lla- 
mada asi por hallarse situada en el prado del Caballo; tie- 
nen sus aguas el color de la de jabón . y su sabor es nulo; 
no la usaban como medicinal , pero aice que conteniendo 
principios minerales , debia ser útil para muchos achaques. 

De la Fuen-Fria^ á seis leguas de Talavera, en el territorio 
de Azulan y distante media legua de Fuente Lapio: carece 
de color, olor y sabor, pero se la tenia como un eficaz re- 
medio para el mal de piedra. 

De la fuente del Pilar, en el término de la villa de Ma«- 
tanza del Campo de Galatrava en Sierra Morena, para sanar 
los dolores nefríticos provenidos de piedra. £Í autor cree 
que esta virtud proviene de la que le participan las rai- 
ces de los lentiscos de que está cubierto todo aquel suelo. 

De la fuente de Caramanchel^ situada en el valle de Bega- 
jal: dice que según la común opinión tenia virtud contra las 
cámaras. 

De la fuente de Melón en el reino de Galicia, por otros 
nombres d$ la Merced y la Fuen- Santa, á media legua del 
monasterio de Melón , junto al camino de Tuy ; su virtud 
medicinal es contra los cálculos renales y vesicales. 

Befiere ademas que cerca de Santiago hay varias fuentes 
en las que se reconoce en sus aguas carcíenillo , y cuyas 
virtudes detergentes las hacian muy útiles para usarlas como 
colirios. 

De la fuente del Canalón en aldea de Duron, junto á Hete- 
ta, cuyas aguas son dulces, muy frias y con la propiedad 
de consumir las carnes que en ella se echan , dejando el 
hueso mondado. 

De la fuente de Pitres en las Álpujarras: estas aguas tie- 
nen la virtud de teñir el hilo de un hermoso negro, exhalan 
un olor pestífero; no son potables, y se ignoraba cuáles 
fuesen los minerales que las componían. 

Limón pasa á tratar de algunas fuentes que corren en ye- 
rano y están secas en invierno, de las que manan yarias 
yeces al dia , de otras que dañan la dentadura etc. , etc. , y 
luego continúa. 



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S06 MEDICINA 

De la fuente de Corpa, situada á media legaa de la viMa 
de Corpa y á dos leguas de Alcalá de Henares. El uso dd 
sus aguas facilita la éspulsion de las heces yentrales , y 
para este objeto la usaba Felipe II , y otros reyes espa- 
ñoles antes y después de él. Esta fuente dice que es de las mas 
escelentes que pueden hallarse y libre de todo mineral. 

De la fuente de las Siete hogazas^ en el termino de la villa 
de Gorpa\ en el barranco de la Cárcava : tomó este nombre 
de resultas de haberse comido un pastor en un solo dia los 
siete panes que le dieron para la semana, y habiendo hecho 
uso de las aguas de esta fuente que bebió en abundancia, 
digirió perfectamente su escesiva repleción , sin que le 
resultase daño alguno. 

Fuente de la Retuerta^ en el término de la villa de Pezuo- 
la: promueve cámaras. 

Fuente de la Pelaya^ en la villa de Paracuellos; sus aguas 
baeen mover el vientre al que no está costumbrado á 
beberías. 

Trata después el autor de las fuentes de la villa de Ma- 
drid, y dice que las aguas del pozo Santo ^ que se halla ea 
la calle de las Capuchinas, frente de dicho convento, cuyo 
nombre se ignora de dónde le vino , es una de las mejores 
que tiene esta corte ; que hizo el análisis de ellas y halló 

3ue después de evaporadas le dieron un sedimento blanco, 
e sabor salado, acrimonioso con algún amargor; echado 
en carbones encendidos se intlama con crepitación , pero 
no da ningún olor, de lo que infirió que participaban de 
salitre. Se ocupa de seguida de otras varias fuentes de dife- 
rentes pueblos, entre ellas de la de los Jacintos en el monaste- 
rio de San Bernardo en Toledo, llamada asi porque brota 
de uua cueva labrada á pico, cuya piedra está esmaltada de 
verdaderos jacintos ; recomienda el uso de este agua para 
la conservación de la salud por la delicadeza, pureza y 
bondad de que goza. 

De la fuente de la Guarcha , villa cerca de Jaén: sus 
aguas carecen de olor , color y sabor ; el efecto que espe- 
rimentan los que las beben es la aceleración en las digestio- 
nes, por cuya causa dice que los naturales que las usan 
están todos enjutos, pero dau muy buena tez al rostro, por 
lo que las bebían con frecuencia las mugeres. 

De la fuente llamada Rainendi en el término de la villa 
de Azcoitia en Guipúzcoa: tiene una temperatura templada, 
•el gusto y olor de azufre , y su virtud según el autor , para 
todo género de mal en que sea útil el azurre. 



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ESPAÑOLA S07 

De la fuente Som en Plasencia: sns agaas purísimas 
tienen la marcada virtud de desobstruir admirablemente y 
mover cámaras. 

De la fuente del Corcho en Jerez de los Caballeros : su 
color es blanquizco , su sabor como de leche , olor no tiene, 
la temperatura es templada , y su virtud contra las obstruc- 
ciones, supresión de orina, piedra, clorosis, y última- 
mente para todos aquellos casos que necesiten de medi<* 
ciña diurética desopilante y aperitiva. 

De la fuente de Boecio^ iunioá Burgos, hoy llamada de 
los pozos de Santa Casilda, por babersanado esta de un flujo 
de sangre uterino que padecia,á favor de sus aguas: uno 
de estos pozos se llama el pozo blanco y el otro el negro 
porque sus aguas se presentan oscuras; estas últimas no 
son potables, contienen minerales de virtud astringente, 
y asi se usaban en baños para combatir toda clase de flujos 
mmoderados. 

De la fuente GaUangos^ junto á Medina de Pomar en 
Castilla la Vieja : sus aguas sulfúricas se usaban en todos 
aquellos males en que convenia este mineral. 

De la fuente del Bolo ó Bollo en la villa de Yiana, jnnto á 
la Puebla de Sanabria, en la raya de Galicia y León: la vir- 
tud de estas aguas c:^ en un todo* igual á la de la precedente. 

De la fuente de Santa Crhtina de £arro junto á Páramos 
en Galicia: según los antiguos tiene virtud contra lod 
dolores de oídos y de estómago. 

De la fuente de Tejadillo^ junto al camino que va do 
Villalon á Villada y cerca de Boadilla de Rioseco: sus 
aguas no son potables: se usaban para bañar á los nifios 
en ciertas enfermedades. 

Fuente de San Bartolomé de Añover de Tajo^ en la villa de 
este nombre: sus aguas se usaban para baños, principal- 
mente en los que hablan recibido heridas intestinales: según 
el análisis que dice el autor se había hecho, resultaba que 
el mineral que mas abundaba en esta fuente era el yeso. 

Por último, concluye este primer libro, hablando larga- 
mente de las aguas acedas del campo de Calatrava , nombre 
de sus fuentes , situación , composición y usos medicinales 
de cada una de ellas. 

Libro eegundo, de los baños y aguas termales de España y de 
sus medieinas. 

Principia con los baños de Arnedillo, situados á un cuar- 
to de legua de la villa de este nombre ; nos dice de qué 
medios «e valió para examinarlos, y nos esplica larga- 



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206 MBDIGIHA 

mente sus usos en medicina. Pasa después á esplicar los de 
Sacedon, Teruel, Álhamc^, Fitero , Trillo, Ledesma ^ Fuen- 
caliente, Tiermes, y los del reino de Portugal , diciendo 
que según afirmaba Silva, el número de fuentes perennes 

aie se contaban solamente en- la parte comprendida entre 
Duero y el Miño, era de 25,500; pero que debía al doc- 
tor D. Antonio de Prado Araujo, médico de cámara de aquel 
reino, la noticia de las virtudes de los famosos baños lla- 
mados de la Reina , cuyas aguas <le color natural, muestran 
al tacto estar impregnadas de una sustancia oleosa ; su olor 
es de azufre , su temperatura templada , y su virtud de 
resolver tumores frios, sanar perlesías, convulsiones, ven- 
tosidades, ceáticas, accidentes histéricos, dolores de bra- 
cos y piernas , y las reliquias del mal gálico. 

£1 autor continúa después esplicándonos los baños de 
Archena , los de Fortuna en la villa de este nombre , cuyas 
virtudes dice que son tan admirables, que habian sanado á 
individuos tullidos por espacio de ocho años ; los de Caldas 
del Rey y Caldas de Cuntis en Galicia, y ios que se conocían 
en Lugo y Orense, concluyendo con los baños de Prexique- 
ro ó Cerves, por otro nombre los de Benzalema, llamados 
de Baza, y los de Bejar. 

Libro tercero, de los baños de aguas simples, asi frías como 
calientes artificialmente, y de su uso: 

El autor esplica en esta parte de su obra el uso que ha- 
ciau los antiguos de los baños por recreo; alaba la costum- 
bre de bañarse en tiempos calurosos; propone sus facul- 
tades, los sugetos á quienes son convenientes y á quienes 
dañosos , cómo se han de usar, asi para limpiar los cuer- 
pos y templarlos de los molestos ardores del estio, como 
para la cura de algunas enfermedades , en las cuales son 
útilísimos ; espone también las precauciones y reglas que 
se deben guardar en ellos, y concluye resolviendo algunas 
dudas sobre varios puntos concernientes al objeto. 

Libro cuarto, tratado único: de los baños compuestos de co- 
cimientos y mezclas de cosas diversas , y de los otros líquidos 
distintos de las aguas, y de otras cosas que están en uso, y su 
aplicación que comunmente se llama baños. 

Este tratado habla de los baños minerales artificiales, de 
los de leche, aceite, mosto, vino, etc., de las estufas, de los 
baños de arena , sal, trigo, mijo y orujo; de las precaucio- 
nes que se han de tomar mientras se haga uso de ellos, en 
qué enfermedades convienen, en qué circunstancias y na- 
turalezas, etc. 



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UPJíhohk. 209 

ei 0%íkfím de las aguas medicinales de España, deque 
aeabeiMB de presentar un ligero bosqpiejo, fué la primera 
obra que abrazó mas en grande un proyecto de por sí tan 
tasto, puesaanqoe ya algunos autores regnícolas habían 
tratado del u^o de los baños en general, y de algunas fuen- 
tes en partibülar, ninguno lo hizo tan estensamente como 
Limón, y asi se dice en la portada de este escrito, como ya 
hemos visto, ser asuntó (jue basta entonces no bahía tocado 
otro alguno. Si se registran las producciones de Europa 
relativas á este objeto, apenas se encontrará otra' que en ^ 
aquella época pueda igualarse con esta, sin embargo deqtíe 
su mérito debe ceñirse típicamente á noticias topográficas, 
ia teayor popta tradicionales, muehas de ellas inesactas; dé- 
la composición de las aguas de España, cual podia haberlas 
éttuotiempoenquelaqiiímica estaba atrasada -y oscuro- * 
dda% La historjia le iteberá siempre un título glorioso, y este 
manchego debe ser contado en el número de los que han da- 
do un impulso á está materia, taocurioBa como importante á 
la salud humana, sembrando en el reinado de Felipe lY y 
OirlosJl la Bemilla cuyo froto hemos cogido en el actual. 
' Además de esta obra escribió Limón otra en latín, cdyo' 
lítulires;' u 

Trattaim ie urinU in quatuor diiptitaíims» iliHBm énm 
duobuB tudicibus. Alcalá , por Francisco García Fernandez, 
♦t74,eh4/: 

En el proemio empieza el autor encomiando el conócK 
ini^^o esactó del estado particular de las orinas para el 
bueh acierto en la práctica, diciendo, que sin este conocí'-^ 
piento no se podrá ningún médico penetrar de las enfer-* 
tnédades que sea llamado á corar, ni tampoco emprender 
un acertado método en su tratamiento, comprobando su 
as^to con el hecho de Hipécrates, que habiendo escrito es^ 
casamente sobre el pulso, nos dejó consignadas muchas 
ebservaeioiies sobre las orinan ^ y según cuya doctrina, 
valia mas ejercer la medicina sin conocinlíentos del pulso, 
quesin los de aquella. Añade que este estudio era dificul- 
toso, pero que no debia arredrar al que pretendiese inves- 
tigar los ocultos misterios de la naturaleza: su utilidad, con-^ 
' tinúa, se prueba, porque sin este conocimiento es impo-^ 
sible penetrarse de las diferencias v de las fiebres, de sus 
tiem|)08 y constituciones, ni de la vida 6. muerte del en- 
fermo* • ' 
- Sabido e$' el gtan esmero con que los médicos antiguos 
•procuraron investigar en loa diferentes aspectos de la orina 

TOMO VI. U 



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310 UISDICI2»l 

las caulas de tas enfermedades^ sus índoles y eaeiieiis«. prt* 
tendiendo algunos que eiisiiesen en este líquido cwmetérai 
especiales pot los que se podía eonoeer á &3AI de los seiot 
pertenecían, y aun. si la muger estaba é no embarazada: 
asi nada de admirar es la im(>ortan€ia que da Limón, á las 
orinas, y las sutilezas eseolásticas con que Tettbla eada una 
de sus cuestiones. 

Esta ol^a está dividida en cMtro f/t^«tfaetettet: en la pri**- 
mera trata de la d^fimeion d$ la crma^ di ¡as parU$ de que «• 
compone^ y qué reglas se han de guardar en su observaaaH: 
subdiTidicb en seis cuestiones. La 2/ disputación tersa sa^ 
bre el eolor de la orma^ sus óausas y prognóstko : subditidida 
en pcbo cuestiones. Xá disputación 3.* trata de hs aeeidenteá. 
de ia atma : subdividida en cinco cuestiones. La 4.* 7 lUtim» 
• disputaeiOQ habla de las partes que entran en la eamposicims^ 
de las ofimm : Subditidida en ocho cuestiones. 

SaLTADOB DB FuOBESé 

Estudió ta.medidna^en la universidad de Sevilla, en don^ 
.4e recibié elgrado por mano de su maestro el catedrático 
D. Alonso López Cornejo; ejerció la profesión en aquíslbi 
misma ciudad^ y fué consibario de la regia Sociedad His- 
palense. Escribió: 

i. o Desempeño al método racional en la cura dé las ter^ 
manas notas^ em A.® 

Esta obra debió de imprimirse por los años de 1697, pata- 
to que t>» Alonso López Cornejo que la impug^nó. lo hizo 
en 1698. Al ejemplar que 70 poseo-le falta la mitad inferior 
de la portada, y habiéndose hecho todos estos opúsculos 
de controversias médicas sumamente raros, no es fácil avo^ 
ri^uar en qué año y lu^ar salió á luz predsamente esta por 
pnmera vez. 

Movió al autor á escribirla una constelación epidémica de 
tercianas que reinó en Sevilla, ea la que observó Flores 
barios casos funestos á pesar de haber seguido en su cura-^ 
cion las reglas médicas de los antiguos. Con este motivo se 
adhirió á las teorías de la medicina espa^írica, empezando 
á usar los polvos de la quina y los vomitivos aptimQniales 
60 los casos indicados por la naturaleza. 

Duda el autor, cuál sea la esencia de las fiebres íntermiteQ- 
tes; dice que la teiv^iana esquisita es un movimiento preter- 
natural fermentativo de la masa de la sangre, y que en prue* 
|a de ello se observan en los que padecea de. iesjta. afección 



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ESPAllOtÁ. 211 

1|A orinas crasas, qae eran simo de plenitad 4 de la raridad 
disolutiva que introducía eli^rineuto eo lá sangre: asi pues, 
según él, estaban indicadas hts sangrías. Opinaba también, 
que estando inclinada la natural^ al vómito en el prin* 
dpio de las accesiones, sé debian dar los eméticos, y que 
do esto el mas escelente era el antimonio científicamente 
preparado. También, recomendaba el uso de los purgantes 
ep el principio, y según su sentir se debía empegar por ellos 
como medio mas racional que las emisiones sánguíneadt 
Por último, que el mejor febrífugo descubierto era la qui- , 
na*quiua, asegurando que no la habia administrado, ooa ^ 
Tez sm reconocer en ella su grande eficacia. 

Esta es en sustancia la doctrina de Flores acerca de lan 
tcrciaws notas. En su relación bailamos igualmente varíoff 
casos prácticos dignos de leerse, asi como observamos 
que sus ideas tienen una gran semejaaza con las que nos 
emitió el doctor Cabriada, de quien ya hemos hablado, 

£1 doctor D. Alonso López Cornejo tomó por su cn^nt^ ^ 
la impugnación de esta obra, si bien convino con Flores 
en muchas cosas. La disputa que éótre estos dos profesores 
sevillanos se suscitó, honra sus talentos por el decoro j 
prudencia que guardaron en sus impugnaciones. 

Cornejo disiente de Flores acerca de la esencia de las 
calenturas intermitentes; no conviene con él con respecto^ 
á que los signos de plenitud se caracíericen por las era- ' 
sidcs de las oriaas^; niega que los cstrang^ros hayan usado 
mas frecuentemente que los españoles las preparaciones 
de la quina; combate por último la medicina espagírica,, 
asi tM>mo ensalza el método racional déla galénica. Con- 
viene con Flores en los purgantes, en los vomitivos cuau-^ 
do la naturaleza los indique; pero proscribe al aaümonio» 
en el que nótenla fe, etc., ^c. 

Flores no se mantuvo callado áesta impugnación: muy 
luego le replicó en la siguiente obríta. 

2.« Antipologta médica á el libro apologético aunque cóh 
nombra del doctor D. Alon$o López Cornejo^ «te, que mlió & 
lux con titulo de Galeno ilustrado , contra el tratado : Déseme 
fñño á el ' méhdo racional en la cura de las tercianas notas. 
Madrid,^ por Diego Martínez Abad, 1705, ^ 4.^ 

Está aprobada por el doctor D. Juan de Cabriada. 

Ifo nos detendremos en hacer de ella un análisis : baste 
decir que as una confirmación de sus opiniones, arguyendo 
contra las de su antagonista Cornejo acerca de los puotos 
qvo llevamos indicados. 

: 



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2it MSDtCHfA 

La biograffa de Cornejo acabará de entérair á los lectores 
de la Índole de semejante controversia. 

JOS¿ SaITGHPZ DB LEOA. 

^ Médico de la ciadad de Marcla. Escribió: 

. Tesoiillo sacado de tas minas de los mas graves autores j - 
dónde se declara la esencia, diferiencias , señales y curación 
di los venenos tomados por la boca, y de los que vieneh de 
mordeduras ó picaduras de animales: útil y provechoso para 
que le lleven consigo los gue andan camino, ó habitan en 

S artes donde con brevedad no pueden ser socorridos de médico. 
tuícia; por Vicente Llofrin , 1697 , en 8.® 
Está flipfobada por los doctores Fernandeí Esteve. Cáva- 
nillas,^ Maseres , catedráticos de medicina de la univerái-^ 
dad de prihnela. 

^tá obra trata de las picaduras ^ que el autor concep- 
tuá >6úeno$as, de la araña, abeja^ escorpión y víbora; 
dé la mordedura del gato, mona, hombre y perro; de las 
orugas de los pinos, délas cantáridas, de las ranas veneno- 
sa», del Sapo, de las setas ú hongos, de la leche cuajada 
c^Fompida en el estómago, del rejalgar, del albayalde, del 
bfOLéuo y de la miel venenosa. Enumera también las señales 
de los que han tomado veneno, y se ocupa por último de la 
curación en general de los mismos. 

."JEste librito ^s ün compendio de lo que habían aconsejado 
GopirÁ los venenos los autores ^ntignos griegos, árabes y 
latidos: pero desconocida en aquella época la química , fué 
taQ útií en elld, como. inútil es en la actualidad. 

/-■ i •..•,. ^ • 

J06£ G(MLM£9£&0« 

Catedrático de la universidad de Salamanca, escribió dos 
obras 6 disertaciones en un mismo tomo, titulada la una. 

.Reprobación del pernicioso abuso de tos polvos de la cortexadel 
qudrancro'ó china china, ilustrada con muchas y eficaces mzo^ 
n¿iy duservaciones legales ^ que demuestran su mucha pernicte 
cierta^ y su inutilidad; dirigida á su total esterminio en cuanto 
especial febrífugo. A que se junta un provechosísimo manifiesto 
de las muchas virtudes de las salutíferas y sulfúreas aguas de 
los baños de Ledesma , adornado de innumerables observaciones 

advertencias , para saber cómo, cuándo, y quiénes pueden 

'ásperamente^ usar de ellos/EspUcanse los motivos que iiené 



prói 



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' psra ftt e$termkiiOj y reprobaeion de su abm^. Sfitemanc», 
por Engehio Aatonid Garcia, 1697 , en i*^ (\)é 

£a esté escrito se pierde el aator en un piélago de ooeqj^- 
taras metafísico-galénicas sobre los humores «y el modo* de 
obrar la quina en el organismo, para sacar la ndícnla ooiir 
seeQencia,deqaepe,ca mortalmente quien usa da estos polvos 
como de febi^íru^o, á no ser en el caso singular que traía 
D. Juan de Cabriada en su obra de los tiempos y e$p0fienáíi¿i 
eí mejor remedio al mal, fól. 58; y ciertamente.que no podía 
Ck>hnaáQro haber citado otro autor mas propio para deftva* 
neeer el peso de todas las razones que presenta , que al 
rrferido Gabrida, á este jÓTcn valenciano que fué de los qiie 
mas esfuerzos bicioron para desterrar el galeniMnoT volver 

. á cultivar en España la anatomía 7 la química. Béspeclo 
al uso déla quina, ninguno hubo, tampoco que la wec<>- 
nizase tanto, bien convencido de la eficacia de esd>árhoi;de 
la vida, de ese remedio tan generoso, que triunfa con mas 
seguridad de las intemiténtea perniciosas, que de las senci- 
llas, como si se avergonzara de pelear con enemigos débiles, 
para valerme de laiespresibnídeTorti; Asi pues nada4)éf dio 
jentre lós médicos españoles lajo^ta fama de este iñédie^ 
mentó, á pesar del empeño de Cfolmenero en desacreditarte, 
no consiguiendo otra cosa mas! que el sei^ rebatido por 
-cuantos médicos esperimentaron en su práctica la eficacia 
désaaocídn.. . ' 

La segunda disertación de Colmenero e&lá siguiente: ' 
"íratado maravilloso y utilisimo de las enfermedades que ie 
curan con las salutíferas aguas de los baños de Ledesmúj con 

:$édas las observaciones que se requieren para el ueo de ellíse; 
iin presa en Salamanca en el mismo año. 

Este escrito lo formó el autor de érdea del Consejo, 
que dio una comisión al corregidor de Salamanca para que 

; con Colmenero pasase á examinarlas aguas dé Ledésma, 
en cuya villa habia este sido médico en otro tiempo. Si m 
«i escrito anterior se habia presentado Colmenero ^aeér- 

•rimo contrario de la corteza del Perú , en este ásegui^a 

Juelas; aguas de Lddesma son las de la^ vida y curan td- 
as láft enfermedades nacidas de causas frías y húmedas, 
de las- que. forma un catálogo tan largo, que casi son 



(1) León Pinelo hace mención de una impresión de esía obra» sio 
decir en qtt6 ljaar« en 1647« ea K» 



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214 moicniA 

eoMttti lÁdees^ hombre^ ioclosas las v^Ééraaa. Dettéave 
en examinar las razonei» que hablan alegada los autores 
para pn>bar, onos que estas aguas erannociTas al aiai her- 
¿jíieo, com!> llama Colmenero al gáfieo, y otros ^ me erafn 
oonvenienles eoatra semqantes enfermedades, oonclujendo 
eoñ qne ni los l>afios snlfnrosos de Ledesma^ ni otros sene- 
jantes, podían ser suficientes para la remisión de dicho mal, 
pero 81 pare «cahar de desterrar sus reliqoías tomándolas 
simnltanéEimente con los leños sudoríficb^.: 
- Estas dos obras están escritas con desaliñó y estilo idonl- 
to, siendo de advertir, que i pesar de haberse empesado á 
introducir en España el estudio de la Química , se ecba dé 
▼er en Colmenero la falta de un análisis de «ate antigiM y 
'«ereditádo manantial de las aguas de Ledesmá.&in emrargo, 
laofcradeqaebaUamos contiene algiuuai parfieíaiaddaaes 
dignas Releerse. 

Uabviel de Alsiyia* 

Catodrilticis de prima de matemáticas en la «nitersidad 
de iMEi^co,^ médico deápues de Goamanga,» dmiidtaio vá- 
fiO. Escribió: 

Trniado de la pe$íe de América. 

No be visto esta obra, ni sé donde se imprimió; hablan 
de ella Villalva y el Dr. Francisco Botoni en sa obra titu- 
lada Bxatencia 4e la circulaáon ét la $angre , impresa en 
Lima, en donde dice: «fis digno de literario aplauso un 
•tratado de esta peste que formó eon gran erudición el doo- 
»tor D. Manuel de Álsivia^ el cual como testigode vista, ba 
«pintado este horrible monstruo con gran propedady di*- 
, vligeoáa, y me parece que sus fieles observaciones me* 
» recen los elogios de Sidonio Apolinar. Ad hoe fidei m 
«teHimonm, vhrius inargutnentts^ pietas in epitetú^ oporiuRttos 
TBÍn exentplüj pondm irisensibus. flumenin verbU^» 

Este contagio, de que trata Álsivia, fué el que corrió por 
la América á últimos del siglo XYII desde Buenos- Aires bas- 
ta cerca de Lima, en uña ostensión de mas demil legoaSt de- 
solando casi todo el pais, sin perdonar al español, al meiH 
tizo ni al negro, como dice el referido Yillalva en su Epi- 
demiologia. 

Bartolomé Saixaguja y Albacar. 

Natural de Bujaraloz, ¿n ^l reino de Aragón , doctor en 



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ANTAlUlLá. §15 

( en te amv«nidad de ZaiMon, c^ro crido tomó 
el año de 1650, médico de las cárcel secretas de la Inqiii* 
ttcioQ del mismo reino en 1698, t jurado de dicha ciudad en 
el de 1683. Escribió: 

Satufacáon vreeUa á una duda voluntaria $obre 9i la fábrica 
éfl tabaeofuede Mr noewa mediante alguna infeceion en el 
aire respecto á ius vedaoi yáloique per alli transitaren^ per 
ia»\ce^aÍMáades^ vaperes g efectos de los tabacos de hofa 9 polvo 
9 fia eomponaonts. Zaragoza, 1698, en 4.* 

'Esto obra fué escrita 7 firmada por Sanagnja, GasaMe y 
fianz , á quienes se hizo la consulta sobre st podría re* 
aullar algún dafio á la salud pública del estabteeraáento de 
la fábrica del tabaco dentro de la ciudad deZaragoaa. Ckm^ 
testaron probando con razones que no , 7 para que los éair 
toos pnocQiiados se desengañasen, imprimieron 7 publica- 
rM la esprtaada obra. (Véase á Latasa.) 



FiLix Osen A. 



. üffttorid j mécBeo de la ciudad de Vicb en Cataluña. G^i 
teoUwQde la coastelacioo de calenturas malignas que reinó 
m aquetU eiudad |>or los auos de 1684, compuso este médi^ 
co los tratados siguientes sobre aquella tepidemia. 

l.« Tractatui de f^bre maligna Vicensí famosa^ ad altos 
éúem affectue accomnioiatus: úuctore Felice Osona medkuítm 
datare, Barcelona, por Bafael Figueró. 1698, en 4.® 

2.A Appendix traeiatms de febre maligna Yicensi famosa^ 
amtore^ etc. Gerona, por Gerónimo Palol, 1700. 

Villalva, hablando de este obra de Osona, CU70 apellido 
equivoca llamándole el Dr. Osana, dice que en aquella epi- 
demia algunos enfermos, voluntariamente 7 sin consejo de 
Josédioo^ bebian vino infundido en una escudilla antimonia- 
dd, da qn^ rissultó curarse luego de la terrible enfermedad 

S9V razou del vómito v cámaras une les escitaba. Esta no- 
cla paneee ser tomada de las observaciones de Osona en 
au&citodas <>bras. Yo no las be vistor pero trata de ellas 
tiimbien el Sr. Amaten sus memorias de escritores cátala- 
neSi pAg. 462,edic. de Barcelona, 1^36. 

Los doctores Marciano Homs é Ignacio Moreta impugna- 
ron iás opiniones de Ósona emitidas en su obra ; pero este 
replicó en su Apéndice j estribando semejante controversia 



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aW , WBDICniA 

sobre las emiriaiies aangpaíoeas en aqoella coiisteladimiepi^ 
démiea. 

Tosías Fbkxtaudez. 

Este médicp, que lo fué de la casa real de Borgofia, im-* 
prímió una obrita eii Madrid con esté título: 

Defensa de la china china y verdadera respuesta á las falsa» 
razones que para su reproHoion trae el Dr. B, José Colmenera^ 
catedrático de prima de la universidad de Salamanca: su auior 
el Dr, Tomás Fernandez^ médico de fannHa de la casa real df^ 
Borgoñu y del convento de nuestro P. S. Bernardo de Maétiá^ 
Dedicado ala Beina de los Angeles Maria Santísima del Des* 
tierre. Madrid, por Diego Martinez Abad, 1698, en 4."* 

Está aprobada por el Dr. Gamez , médico de cámara ^ el 
cual se manifestó también opuesto á Colmenero por los bufi-» 
nos efectos que en su práctica babia visto con el uso de ki 
quina. 

El objeto, pues, ^de la obra es impugnar las raaones que 
alegó Colmenero para probar que la corteza del quarango 
era un medicamento perjudicial, y que debía proscribirse., 
Fernandez, aunque algo fermeutista, rebatió con nervio y 
miBJor estilo las razones de Colmenero, que en vanó intentó 
ísepultar en el olvido á la quina, como en otro ti^npo Plena* 
pió en su obra Exequias Peruviafíó futveri (ebtifugo quibus 
comm.odum hem t^mpus est: 

Empieza el autor finalizándola naturaleza de la quina, 
llamándola repetidas veces preciosísima remedio para cerré^ 
gir todo género de calenturas. Conviene con Colmenero en que 
era seca'y caliente en tercer grado; per^o le niega que por 
esta sola razón obre recalentando y produciendo en los cuer- 
pos los acciidentes perniciosos que pretendía su antagonista, 
y pruébalo con la centaura , la pimienta y otros reitoedios, 
que siendo calidísimos no causaban aquellos efectos. 

Otra de las razones que alegaba Colmenero para dudar dé 
la virtud de la corteza peruana , era que los escritores mo- 
dernos de su tiempo no habían tratado ni hecho mención de 
ella; pero Fernandez, con graneirudicion, pone de manifies- 
to semejante error, citándole al Dr. Juanini, Pedro Miguel, 
Brabo de Sobremonte, Caldera de Herediá, Cabriada y otros 
españoles^ y entre los cstrangeros á Rulando Sturmio, An* 
timyo Coningio, J. JacoboChiflécio, Vopisco, Plempio, Ge- 
rónimo Bardo, J. Van-Hornet, Tomá& Bartolino, J. Nardio, 
J. Villerrobel , Vicente Proto Espalaro , Sebastian Badi, 



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Gaüdeclo, Bitmacíó, J. Jonstónioy Mdipo^« Wolfiango Hse- 
tero, WlllisBolflncío, IMonisto Fooquet, Jacobo Sponio, 
J. Don^Ii, Pompeyo Sancho, ete.^ todos ios cuales babian 
tratado dé aqael soberano remedio. 

Achacaba Golmenero'alganas muertes repeuüiias al usq 
que habian hecho los sugetos de los polvos pei^uanos;' 
pero Femandéz^Ie contesta» que nadie habla practicado la 
inspección cadatérica en ellos, . y asi mal se podia saber 
la causa desemejantes muertes. Por último, Fernandez e^ 

Slica la naturaleza (te las calenturas intermitentes, ^ pío- 
o de obrar de la quibquiña, y termina su escrito con ,^a? 
tas palabras: «Geseya, iJues,io<íortod6inipluma lo9.elp«> 
gios que se le deb^s á esta preciosísima- corteza, puei e^ 
cierto que á «érmas remoAtáua podia subir basta lo mas 
sublime sus prerogatiVas: baste el que cuando el Br. ,Co1t 
menero pensaba escribir esta. corteza en el libro del orlvidQ 
y que la cantaseti las exequias, puedo yo decir con eiídoc* 
tísimoD. Juan Ambrosio Marín, delic^ de las musa;»,, traí- 
do por Sebafstian Badi, cuando respopdió á P^éiapio. 
Camprtme jam, leétéTj getnitus; ^€$tent funfiraadq-uce^ m^ 
lutíñ femmniéúrtímobitu^ cetetraHdaderigoneqm^m^ )^d 
temeré te nuper ifocaveré qúorumd&m mecücorumf qup fnágk 
Wttstrium, e$t pemiáoiiora commenta. NuiUviventinm coti^ 
veniuntfwiera^quantominus eidemcortici^auinon, $olum úr 
vit^'etntinquámmoritnrusj iedipsis mortaiilnu prmvet vitunít 
Hic Itber est viameo tibi &»mplünata laborcy qu(e ad vitam 
eomervandam^et ad hanc verüatem copioscendamt te fideüter 
áneet. Lege,créde, etincolumuvwe. / 

Fernandez escribió ademas otra obrita defendiendo á' Za- 
pata contra el Dr. Cruspilü, como se dijo cuapdo habla- 
mos de las controterslas sobre el antimoaio, provocadas 
por el referido D. Kcgo Zápata.-.-VíaSe su bibUografia y 
siguientes, . . : 

Alonso López Cotnejo. •' 

Natural de Salteras, y uno de los pirofesor^ de mas fam^ 
qoe toro en su siglotki uoiyersida.d de Sevilla, en láiquefué 
maestro coartes y filosofia,! doctoren medicina, catedrático 
de prima en dicha facultad, alcalde por el estado noble, dé 
la villa de Salteras y médico dd red aloiaar de [aqudlá 
ciudad. 

Ckm molifo cte las disputas suscitadas entre los médieós 



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2 Ib MXDIGIHA 

acerca 4e las aángrias, el ántiiMiiio, y la eaencia de las ct- 
teotomr intemitentea, escribió D. Salvador de florea m 
tratado adhiriéndoee-ai senlir de Cabriada, Zapata y dema» 
m^cos, que siguieron la medietnaeapaetrica«Coraeíotra4Í 
^|>rDbar i Flores t á los médiisos espagirioea* ciUn errados 
ibafi separándose de las doctrinas de ios aiitf ^es, procur 
ráiído introducir en la terapéutica los remedios quioiioof 
one tan sospechosos eran. Estn^impognaeion Uefa por tt«> 
Itfló; "^ 

Gatéño iluifrado, Atieena etpKeaiOj f l$$ doet^M $mUuna^ 
Úefendiiós. Refútate la nuera eott la antigna medidma.; mam^ 
fimase que m Hipócrates^ Galena, Avieena ni hs vrícíicM an^ 
iigéoiy igñerafon lo ma$ dé lo moderno^ y qme de ello$ «« hadey 
di^idü ji trasladado lo moi útil. Dme á eníetukr puin pernio 
ciosü-eÉ regularmente usar dé los medicamentos éépa§irie^4 
qúlmcos^ y especialmente minerales g antímonhléé. Pruéba$$ 
eon anillos y modernos, que $1 método de ios dactaress^Uano^ 
esetmas, óri! 9 seguro en la curaeimí de lasÉsrtíamoé^^m étsqui^ 
sitas como úotas. Dedícalo tu autor alBxcnko. 8r, fí. íor^nssQ 
Tetmñifez deVillavieenciOj caballero del órdm de fi^laíri^T 
ta, etú.JMi^á luz pública eon ^Lmoiivo deun tnUad^ ^^.Ift 
'Kítún élnofnbre ifoOeseiigaño «1 método racionah etc«>, JOm 
AtótísóLüpezCárúejoyi^t.^ etc. Sevilla, per Jqa» de ta^iWr 
ía, tfm;en*.^ 

Al frentede la obra «e bailan yarios yensoa Mnat^ 7^^ 
tellatios dé diferentes aatones, consagrados á Comejióu ' 

Anh cnafido el objeto de esta obra ac dirige 4 iiwpugnar 
áD.. Salvador de Flores, sn espíritu es fliosü&co« sui erip^ 
dicion grande 7 su éstiFo cual conviene al deacubriimen- 
to de }a verdad en materias científicas. Cornejo era partídar 
rio de las dodriMs de ios antiguos, y no podía conformarse 
con las innovaelones^e veia introdock$e en el cawpode la 
medicina racional. Sin embargo, convencido como estaba de 
que poco se babia escapado ala penetración y examen délos 
antiguos, prueba en mucbps casos que algpnos de losesperi- 
mentos de los nortistas fueron conocidos de sus mayores , y 
jiue otros eran puramente fantasias, que podian acarrear 
graves dafidsá la ealudpública* - 

£s digno de leerse el ^logo de ésta obra, en el qMba^ 
péncion de teídas las sedas filos^Measi y ana descahra- 
mientos. 

^ncipia óombatiendo á Fknrés Merca deiaeseneia de ka 

tercianas: conviene con él en administrar los vomitiioi a1 

. t>ríncipiooe las accesiones, enando )a naturaleaa maestra co- 



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JBSFáfllOl^á. 219 

nBl»ttlfémito;peMJi6q«e'di«iiidíofleajiúiitral, únoá» 
los mas benignos, qoe aTudo, 7 no qoe irioleote 4 la natura- 
leza;Coii este aiéttiro hablade tosmedíeainenios metálicos 6 
>mtiierales, €alificánd(do8 la may^or parie de ^eoenosos^ aun 
toando el arte separatoria los panficioe; y en oorrQbora* 
^n de ello dice á la pág. 152: 

«Ten^o observado, y délo cual es testigo Antonio 

(4e Vargas* boticario del linio. Sr. ÁnobÍ8pode.Scvilla,por 
raya mano á iastencias mías se envió al Mortepor <el febrí* 
fogotle Lázaro JRiverio, el cual se compone de oro, antimo- 
nio y mercurio .con doce destilaciones, y le llama prcdosi- 

silbo iMdicameoto para las cuartanas ; yteniendio yo 

laxecetadiez y ooboafiosbá, y no habiendo balladoenSe- 
villa ni espagírico ni farmacáitic^mie lo supiese bacer con 
perfección, por mano de Antonio de Vargas se trajo dicho 
medicamento perfectamente maltipulado , y con mucbas 

8 recauciones, y dando mitad de la dosis gue dice Lázaro 
iiverió; y pUrgabdo con la misma benignidad con un poco 
■Ú6 Maná, que «s lo mismo que él dice, m obstante^ á pcsiM^ 
..qpe las .teMiabas tfe veneiaupor entonces, irolvian después, 
y vuelto á dar con gran preoauciou y cuidado que observé 

Sara baberlo^de propinar, noté que los^nfermas sentían 
espues de atgun tienq^ un género de adormecimiento ó 
prineifliQdeesluporien^los brazos y en los muslos, y por 
.lUtimo 1«B cbartenas volvituí, con Jo cual traite, de ansteneiv 
me de este medicamento; en éuya observación me confirmo 
para no usar del antimonio si no es en una gran necesidad 

y cura muy coacta»^»,*.... 

Hablando de la quina , y dirigiéndose siempre á Flores, 
le dice: «que si taa apasionados son los modernos <á fran*- 
da, laglaterra y Alemania, dkáendo %ue ellos ban sabido 
usar Ae.este meaicamento mejor que los tspañolesi .por qué 
lie i»ib sacado la sal y la tiatum y lo ban dado antes que 
empiece la accesión, lo que no baeen los españoles, se resr 
p^kbde-que los médicos españoles ban usado esta corteza se» 
g[on á cada uno leba parecido, y mejor la liaa pp4í4oeape-> 
JSínwbter^ y asi mnebos k ban dado 7a eb sustaacía é ya 
an^usion.abtesiqo^ empezara la aoceiEáon«M^.«^«.««^^*.^k^, 
,«Ni4»i..«T antes que éí fuera : médico (Fton^) mnin^no 4$ 
BUS compafieros, usaba yo la infusión de la cascarilla dos 
horas ó tres antes que empezara la accesión, con admirable 
rfytD.y^sfa^latloelni wrrido por Scvilfa t muchotíem po 
bajo el nombre de vino del Rin^ que es dos onzas de la qui- 
na inf andida en cuatro cuartillos de vino blanco y suave.** 



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2d0 MIDIGIKA 

cay a admiQistráéicm traté en tratado qoeteoi» escrita» (T) 
(pág. 157yl58). «- w 

^ Asi razonando Cornejo, tindica á los médicos filósofos el- 
paftoles, qae sin tener el arrojo que los estrangeros no des- 
preciaron les nuevos descubrimientos para aplicarlos en la 
práctica, si bien con aquel tino 7^ cordura que era caracte- 
rístico de nuestros autiguos. 

Esta obra es digna de leerse por muchos títulos. Se ha 
hecho rara: D. Nicolás Antonio no la conoció; poseo un 
ejemplar perfectamente conseryado, de buen papel y bue- 
na impresión. .: ; 

Flores replicó á ella, como ya hemos visto. Ignoro si Cor- 
nejo sostuvo por mas tiempo este duelo cientifloo , ó si su 
ancianidad le impidió coBthduarlo. 

Josa ESGAMILLA. 

Natural de Zaragoza, en cuya universidad estudió la ci- 
Tugia: en 1686 obtuvo una cátedra en su facultad es aqudla 
escuela, la cual desempeñó basta el año de 1698 en^qpe 
:acaeció sufállecimiento. Escribió : * - •. 

Segundo tesumentíel eapUuio singuUr del Dr. Juan CMifi^^ 
'Médico y catedrático de árugia de Valencia» M&. : * 

Lálasa dice en el tomo 4, pág. 96, que el autor hiaeoeste 
trabajo para nn discípulo suyo, y que el copiante de este 
^S, añadió á él varios tratados de cirugía. 

JüAN ©EL Baili. 



Espagfrieo mavor de la cámara del Rey Católico de las 
'Espafías; estudio en Montpeller la medicma y la farmacia 

5[uimíca; fué nombrado boticario de cámara de S. M. Car- 
os n^ habiéndosele concedido la pensión anual de 1,000 li- 
bras por toda su vida, que principió i disfrutar desde 1688, 
y contínualm gozando en 1698, que fué cuando escribió )é 
imprimió la siguiente; ^ • 

.Hespuesta de Jvm% del Bailé á una carta que etcHlnó Rtá^ 
nmndoVieutenw^ médico celebérrimode Montpeller^ en quepr&-» 
fone útgUno9 ¡Biperimentos iohre la ial de la sangre humana^ 



(1) 1X0 teogo noticia qué se hübieié^ impreso este tñtado de que habla el 

-avlor. ' '' .•>.•• 



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y las e&rrobora^cán do€tímH$imas fmhbras^ remitida al real 
proto-m^dicalb á0£s]9aña. Madrid, I698t, ea :4.<> 

La conteetacion que dio BaLte á YieuseBs la presentó an- . 
te el íproto-medic^ta/ que lo componiaa á la sazón los doe-^ 
topes Di Pedido deÁstor^. D. Gregorio Castell, D. Fran* 
oísepde Ribas, D* Grístónal de Gontreras, D. Andrés de Ga- 
mos, D; Antonio de Azcarraga, D, Mateo de la Parra, Don 
Diego Fernandez del Barco, D. Miguel Marqués y D. Pabla 
de verá: los que la áprobarou en tpdassos partes*^ por estar, 
como ellos afirman, essacUsimamente eicrita y muv conforme 
á4oda$ tasr^ftatqueferíenecmal arte química y a su$ opera- 
etone$ meeámcas, 

Yieusens, poruno de los medios químicos que entonces se 
usaban, sacó de la sangro humana usa sal fija , de la blan- 
cura casi de la nieve, y Baile contradice sus esperímentos, y 
diee ser décKstinta naturaleza y de diiverssas cualidades la 
sal éslraida de la sangre humana, que las que le atribuye^ 
^ iiiédico dQ Mo&tpelUer. 

Colegio Farmacéutico de Valencia. 

Por lósanos de 1601 el colegio farmtaeéutico de yaíencia 
dio á ju£ una estensá farmacopea á nombre de:todos sus in* 
dividuo», y el de sus prefectos D. Antonio Juan tusa y Don 
Juan Bautista Gatarraja, el de sus censores D. Guillermo 
Salvador Borras y D. Francisco Juan Molina, y -por últialo 
el de su escribano D. Boque Linyetrola, cuyo título es : 
'; Officinam medicamentorumy et methodtuíti reete eadem eom'^ 
ponencli;cum variis scholiis et aliU quam plurimis , ipn opert 
nt^etsariU; ex sententia pharmacopolarum Valentinoruml Va- 
lentía, por Juan Grisóstomo Garriz, 1601, en folio. 
' En el año de 1698 el referido colegio volvió á imprimir 
esta obra, haciendo en ella las correcciones que tuvo por 
convenientes, y cuyo título varió en esta forma: 

Officina medieatmntorunij eoruwque conficiendorum metho^ 
du8, eum varm sckoiiis et alih quam plurimis^ ip&i operi ne^ 
ee^unrih, aíiíB acceserunt de novo, huicoperi valde ütilia^ ex un- 
tentia Valentinorum pharniacopolarum. Valencia, por Vicente 
Cabrera^ 1698^ en folio. , 

<niSxí ed mismo aflose hizo otra impresión en Zaragoza, aña* 
diéndole la obra farmacéutica de Francisco Velez de Arci- 
üiéga, y el Examen de Boticarios del P. Fr. Esteban de Vi- 
lla, de quienes ya hemos hablado. £1 títi^lo de esta edición 
es como sigue: 



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222 MBDicnVA 

Offtíeina medkanténtorwn »l mei%úiu$ reete tíítón tmnpé^ 
nenat, eum varits $eholm étatiü quam pínrmta, ipri op$rine* 
ce$sarns] ex sententia Valentinarum pmtmaeopolarum ; auto* 
re eoriindem coUegu^prwfeetü aUlégtiy Ántokio Joanne Inm^' 
etjoanne B^ptUta Catmrojaj íum €texaminatoriblksñuUel$no 
Salvador Borras^ et Franciico Joamu Molina^ ieriba artutBo*i 
eko Lintf eróla. Segundo tomó: la Jamuicéutum de Frmei»o0 
Velez de Arciniega. Tercer tomo : examen de Batieariosy pop: 
el P. Fr. Esteban de Villa. Van añadidai las tarifas del reino 
de Arapoh y ciudad ie Zaragoza; y so dediem i los señoreo, 
¡limos. Diputados del reino do Araaon* ^artgo^i poÉ Ga8^ 
par Tomás Hartiaez, 1698, ea folio. 

Miguel Meleho Gimishu: 

La última dispata habida á fioes del siglo XYfl entre Ioé 
médicos sef Ulanos, fué la qoe promovió D. Migael Mélefo 
Giménez, facultativo en aqnelia misma dudad, con méttvé) 
de una obra que escribió, titulada : 

De entitaübus mantfesüs ( I ) . 

Corrió manuscrita^ y no se si lle^ó á darse á la impren- 
ta; pero lo cierto es que habiendo sido impugnada por Don 
Cristóbal de Pedresa v Luque en ^aAiUgatio apologética 
médico'phiiicay replico Melero con otra , originándose de 
áqni el tomar parte en la contienda varios profesores, co^ 
mo á continuación veremos. Titúlase la segunda obra áo 
Melero: Examen pacifico de la alegación apoloqéHea médko* 
fisiea qué publicó contra unas dudae D. Cristóbal de Pedresa y 
Luque. Córdoba, 1699, en *.• 

Tersa esta disputa sobre el modo de obrar de ciertas sos* 
tancias. Ta hemos hablado de la división en cpe estaban loa 
médicos de Sevilla, nnos á favor de la medicina espagirica 
que trataba de introducir en la terapéutica los remedioa qjoi*. 
micoSy y¡ otros en contra, calificando á estos de venenosos y 
contranos al método racional seguido p<Mr los galéaócos. 
Melero se muestra inclinado al nuevo método; Pedrosa la 
era contrario ; ambos quisieron hacer prevalecer sus Qpi« 
niones: el uno que eran insuficientes los remedios de los an- 
tiguos, ; el otro que los modernos eran venenosos. Tal es 
en sustancia la idea de esta disputa. Veamos ahora cóino 



. (i) Vétse á Pedro Ostorio de Gaitro ea su obri tídiltde Findkttt d§^ 
im vtrdad. 



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salhroa otros médiéos á la imlest^a eonipUewdo lafi cim)i« 
tiones. 

Ca^TÓBAh DE PBD&09A T LUQÜB» 

. Cajtodrátieo deprima de la uoáverádad Ó0 SeTÍlIa. £g- 
arüAá'é 

Álht^tío apologética médieo^phimaf etc. (I). 

Xa fiemo» oíaiiifefitado el obieto de esta obra en la biblio* . 
grafia precedente; fué aprobada por Fr. Joan de S. Ber* 
nardoy del orden tisscsero de S. Francisco, 7 ex^pninador si- 
nodal dalanobi^do de Seyilla. Habieoao este pond^-* 
Fado.esdiiBhaaprobaiC&oii la indúalubU dificultM que halda 
en el genuino y perfecto eonoeimiento de ios oferacufnts 4a a/*, 
g%m99eHU$r ^^uH lé debilidad del entendimiento Immma^ieí 

Iir^rikitero 0. Juan González Ordoñes, médico y cirujano en 
antema ciudad deSeyilU, publicó un anónimo conu)atien'- 
do^ no ya at catedrático Pedrosa y Lnqoe, que corrió por. 
oaenta de D. Miguel Melero Giménez el replicarle » como 
asilo biio, en sa Examen pacifico^ etc.^ sino las opinionea4a 
Ff; J«an de S. Bernardo, emitidas &^ sa aprobación, como ^ 
á eoiitiiiueio& teremo^é 

. JüAH OrdqSbz de la Barrera (2). 

Presbítero, médico cirujano de cámara ile S. M. 7 sociq' 
fundador de la sociedad médica de SeYiUa^ Escribió: 

Aca$oi de D. Ulises de Androbando^ etc.. (3). 

No be visto esta obra, que salió anónima; pero s^on la 
imp«^naeion que de ella hizo D. Pedro Ossorio ^e Uastroi 
combatiéndola párrafo por párrafo , se reduce á responder 
i Fr^ Juan de S. Bernardo, acerca de las cualidades oculta» 
de dertos entes y cosas, como por ejemplo lawtudde 
algunas aguas, la propiedad de ciertos cuerpos, las faculta^ 
des de varios animales, etc., asegurando Ordoñez que todo 



(1) véase á D. Pedro Ossorio de Castro en su Vindicta de la Verdad, ^ 

(2) A este antor le nombra el Dr. D. Pedro Ossorio ^e^astrp, /uan 
Goozalez Ordoñez; pero ét mismo se nombra en sus obras Juan órdo&ez de 
la Barrera. También el mismo Ossorio no te hace ma« q«ie cirujano» eomo 
igualmente los médicos que aprobaron si» obras; pero toiá jnemttnftde 
los socios de la academia sevillana se le bace médico-cirujano* 

^3) Véase á Ossorio de Castro, cuya obra impugnó. 



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t24 ilBDICIHA 

tema sa esplícacioD en la naturaleza de las eocms, y qoe tfa 
fácil comprenderlas estudiándolas bien. 

Esle anónimo fué contestado, descubriéndose el nombre de 
su autor, por D. Pedro Ossofio de Castro en su Vindicta de 
la v$rda^: el cual 3e propuso defender á Fr. Juan de S« Ber- 
nardo,^ al mismo tiempo que á D. Cristóbal de Pedrosa, del 
modo que mas adelante veremos. Sin embargo, Ordoñez no 
enmudeció, convencido como estaba de que no habla cosas 
ocultas en la naturaleza sino para los ignorantes, replican- 
do á Ossorio cop el siguiente folleto: 

Clava de Alcidescon que se aniquila la Vindicta de la ver- 
dad que dieron variois ingenios. Respóndese á lo$ escesos de la 
findictá^ y se corroboran las doctrinas de Ütisesde Androvan^ 
dOy etc. Córdoba, 1700; en 4.o 

£1 objeto principal de esta x>bra, prescindiendo de lases^ 
plicaciones y réplicas de las cualidades de ciertos animales 

Íüe el autor espone con buena crítica y conocimientos en 
istoYia natural, se reduce á defender las doctrinas espag{- 
lícas, impugnadas por Ossorio. El análisis de la obra de 
éste autor nos acabará de enterar de semejante eontrover- 
éia. También Ordoflez imprimió otra obra, cujo título es: 
Progresos de la Regia Academia sevillana y enchiridion do- 
advertencias^ en que se manifiesta el estado que tenían todas las 
ciencias y artes ItJberales en sus infancias^ y' h adelantadas que 
están ko'y por, la industria y trabajo de los modernos. Escribía^ 
los el licenciado B. Juan Ordoñez de la Barrera^ presbítero^ * 
socio fundador de la Regia Academia seviilana. Córdoba , por 
Diego de Valverde, 1701, en 4. <> 

Puede considerarse esta obra como un compendio de la 
historia de la Sociedad académica sevillana, de sus trabajos 
literarios, prerogatlvas é individuos que la compusieron^ 
El autor rebate en este escrito los argumentos qoe se hi- 
cieron á dicha academia por haber tomado sus socios el 
nombre de espagíricos, separándose de la escuela galé- 
nica. 

Pedro Ossorio db Casíro. 

Natural de Sevilla, en cuya universidad estudió, siendo 
discípulo, como él mismo dice, del Dr. D. Cristóbal de Pe- 
drosa y Luque, catedrático de prima en aquella escuela. 
Fué hombre de mucho crédito , obtuvo el honor de ser 
nombrado medico de cámara de S. M.^ y últimamente re- 



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ESPAÑOLA. 225* 

gente de la cátedra de prima de medicina en la misma uni- 
versidad de Se\illa (1). Escribió: • • 

Vindicta de la verdad á exámenes de la razón. Es respuesta 
á un papel cuyo Ululo es Acasos de D. Ulises de Androbando^ 
escrito por D, Juan González Ordoñez, presbítero ^ cirujano. 
Escríbela D. Pedro Ossorio de Castro, cirujano de esta ciudad, 
V la dedica al Exento. Sr. D. Juan Thomás Enriquez de Cor- 
brera, gran almirante de los reinos de Castilla y León, etc. 
Sevflla, por Juan Francisco de Blas, 1700, en í} 

Dos puntos de \ista presenta esta obra : en el primero de- 
fiéndele á Fr, Juan de S. Bernardo de la cáuslica impugna- 
ción del Ulises de Androbando, escrita póv el prcsí)íte- 
ro Or.doñez. En ella bace una Kclacioii de todo lo que lle- 
vamos espuesto acerca» de estas disputas entre espagíricos y 
galénicos, á que dio principió 1). Miguel Melero Giménez con 
su obra de cntitaiihusmanijtsiis. El segundo merece que nos 
detengamos un poco en -su análisis: versa sobre la medici- 
na espagírica. El autor asegura que fue seducido por el es- 
plendor con que se manifestó en su principio , y se bizo su 
sectario; «pero, añade, puedo asegurar que no lia podido 
»mi cortedad ver sus milagros, aunque los tuvo creídos. Y 
•aiviqiíe bubiera disculpa en la cortedad de mi talento, la 
«borraran los doctos varones que ejecutan la espagírica «n 
•esta ciudad, cuya incomparable ciencia y asiduo desvelo. 
»si ella encerrara en sí mayores arcaiws , los hubieran des- 
«cubierto con sus esperimentos físico-químico -matemá- 
' iftticos; pero hasta ahora no se han visto ; antes si algunos 
•desprecios, que los testifican los mismos doctores espagíri- 
»cos, pues usan de toda la método galénica, sangrando, 
^porgando y unciando con los medicamentos galénicos y 
»con la misma práctica; porque aunque dicen que Galeno 
»no supo palabra, ni la saben sus secuaces; no obstante, ea 
«viéndose apurados se valen de su método, y es argumento ' 
«que prueba alguna mas seguridad en la galénica doctrina.» 

Esta contradicción que notó Ossorio entre las doctrinas 
de los médicos espagíricos y su práctica en los casos estre- 
mos, dio margen á que desertase de entre el número de sus 
partidarios y sq convirtiese en enemigo. El mismo confiesa 



(1) En la primera obra que imprimió este médico seTÍIlano do te titula 
mas que cirujano: pero en la segunda, que existe MS. en la biblioteca co- 
lombina de la catedral de Sevilla, se dice médico cirujano de cámara j r^ 
gente de la cátedra de prima en aquella universidad. 

TOMO VI. 15 



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• 228 MEDICINA 

esto, diciendo que babía usado en m práctica de aquellos 
remedios químicos , elaborados con toda perfección en las 
oficinas de los doctos espagírícos ; pero que jamás halló un 
solo milagro de tantos como s^ les atribulan, y en su confir->' 
macion añade : « Prueba de esto sea el agua antimonial, que 
»se ha hecho medicina universal en esta ciudad, de qmen 
»no hay autor que la traiga que no la aclame por prodigiosa 
upara curar los galicados de todas especies ; de suerte que 
uno han podido curar las unciones, m los humos, etc.% de- 
ajándolos por desesperados. Con esta agua antivenérea sa- 
inaban todos Competido^ pues, de tan eficaces 

jorazones a empecé ánsar del agua antimonial 

»con mas fé que antes, y «habrán pasado d^ cuarenta los 
«enfermos de sálico de todas espéciq^ á quienes yo se la he 
»dado, y mas de ciento y ochenta los que se la he visto dar 
»por orden de los mas doctos espagírícos de esta ciudad , y 
)»en tan dilatado número no hevisto^un milagro de los que 
» prometen los autores espagírícos». 

En vista de estos desengaños preciso es disculpar al autor 
de que volviese á ser galénico, cuando tantas veces contem- 
pló ourladas sus esperanzas; pero por una de esas fatalida- 
des oropias de la condición humana , todo lo que al ^rínci* 
I)io le pareció grande, luminoso y admisible, lo vio luego 
como una fábula, una quimera, una burla á los desgracia- 
dos enfermos, que ansiosos de vivir se entregaban Uends de 
esperanza en manos de los médicos espagírícos, que no du- 
daban en prometerles la salud en breve tiempo. Asi, pues, 
cerró el aiitor sus ojos; tapó susoidos, y sin mas examen, 
sin mas crítica, sin consentir mas estudio filosófico, desechó 
de una vez todos los remedios químicos y se convirtió en 
enemigo declarado de la medicma espagírica. Por esto le 
vemoMleno de saña contra ella , y dirigiéndose á los que 
la seguían , les pregunta si por acaso habian curado algún 
leproso , algún tísico confirmado , algún noli me tangere, 
' cancros, tábidos auasarcados ó algún berído con lesión de 
los ventrículos, del cerebro, etc.. «¿Adonde están estos mi- 
»lagro8 espagírícos? esclama Oásorío. ¿Qué es de los espcrt- 
«meatos físicos, químicos y matemáticos? Las columnas ga- 
» Iónicas llegaron hasta aqui, esto es, hasta decir que las en- 
«fermedades arríba dichas eran de necesidad incurables, y 
»otras la mayor parte, y ahora dicep los señores espagírícos 
»plus ultra. Bien, ¿y adónde'está este nuevo mundo médi* 
»có? ¿adonde está éste superior poder que pospasó á toda 
»la galénica, y quitó todas las dificultaaes ae m eoracío* 



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ESPAJICXLA. * 227 

»nes I haciéndolo todo camino fácil y seguro ? Nada de esto 
aparece. ¿Paes ^aé motivo hay para hacer irrisión de la 
» medicina galénica ?i> . 

Las reflexiones de Ossorío eran hasta cierto panto juicio- 
sas, mejor diré^aturales al hombre que buscando una ver- 
dad «e encuentra repetidas veces con el error. Sin embargo, 
preciso es confSsar que en el total de la obra no se halla la 
mejor crítica: su estilo en general es incorrecto*, lleno de 
citas de la Escritura y Santos Padres, y tan mal traídas, que 
á veces *causan risa. £1 autor, en fín , se olvida de su propó- 
sito, «e estravia entre las doctrinas ortodoxas de tal manera 
'.que cansa, y á pesar de que impugna cada proposición del 
Veferido presbíteao D. Juan Ordoñez de la Barrera, jsus ar- 
gumentos spn aveces de poca fuerza. 

£$te eclesiástico facultativo se dejó deéir que esta impug- 
nación no pertenefta al Dr. D. Pedro Ossorio de.Gastro: ig- 
noramos las razones que tuviera i)ara ello; pero este le dio 
por contestación una cita en la universidad o efi algún con- 
vento que quisiese, para argüir públicamente y defender cada 
cual sus opiniones. Bío sé si llegó á verificarse dicho duelo; 
pero lo que hay de cierto es que contestó Ordoñez á la Vin-- 
dieta (le la verdad de Ossorio con el opúsculo titulado Clava de 
Alcides^ del que ya hemos hablado. 

Ahora, pues, podrán comprender nuestros lectores la 
esencia de esta última reñida controversia del siglo XYII 
entré los profesores espagíricos y galénicos D. Ángel Mele- 
ro Giménez, D. CristóDal de Pedresa y Luque, el presbítero 
D. Juan Ordoñez de la Barrera y Di Pedro Ossorio de 
Castro. 

Otra tibvsL escribió Ossorío, y debió ser en su anciani- 
dad, la cual he visto manuscrita en la biblioteca Colombina 
de la catedral de Sevilla. S^u título es : 

Disertación phisico-médica y moral sobre la necesidad que 
hay en Sevilla de los bmos de su rio. Escríbela el Dr, D. Pe^ 
dro Ossorio de Castro^ médico de cámara de S. M.y regente de 
la cátedra de primare medicina de esta universidad d^ Sevilla. 

Ignoro si esta obra , que es muy curiosa, se dio á la pren- 
sa; pero por una carta de aprobación que se baila al prin- 
.cipio de ella, escrita por D. Totibio Gotte v Govian , doctor 
en medicina y catedrático de la universidad de Sevilla , y 
dirigida al autor, consta según su fecha que fué escrita por 
losaftosde 1727en4.® 

La dedicó Ossorio á la Virgen de las Aguas» sita en la 
iglesia colegial del Salvador de la misma ciudad de Sevilla. 



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228 ' tóEDicíüfii 

Por último, esta obra se hallará en la referida biblioteca 
eclesiástica de aquella cat^ral cq el estante HUH, tabla 332, 
núm. 8. 

Juan Martínez de Zaldüendo y Aguirrb. 

Doclor.en medicina y médico de la ciudaí de Vitoria. Ei* 
cribió : 

Libro de los baños de Arnedillo y remedio universal^ dedica* 
do al limo, Sr. D, Pedro de Lope, obispo de Calahorra^ ete. 
Su autor el Dr, D, Juan Martínez de Zaldüendo, alias Aguir^ 
re, médico de la Jtf. iV. y L, ciudad de la Vitoria. Pamplona^ 
por Francisco Antonio Pereira, 1699, enf .<> 

Esta obra fué rQCil)ida con grande aceptación, si atende- 
mos á los elogios que prodigaron al auty en prosa y verso 
varios médicos, catedráticos y cclesiástices, asi en sus res- 
pectivas aprobaciones, como en metros latinos y castellanos 
que se hallan ai frente de ella. 

Divídese en cuatro Übroí;. En el primero trata de los ba- 
ños de Arnedillo en la Rloja , obispadít de Calahorra. Este 
viene á ser una memoria", en que describe el sitio donde 
se halla la fuente mineral, la casa destinada para los baños 

Ílos minerales que entran en su composición, de los cuales 
ace capítulos espresos para tratar de cada uno , y son. se- 
gún él: azufre, alumbre, sal, nitro, vitriolo, yeso y bolo 
arméiiico, que dice se cria con abundancia sobre el terreno 
donde sale el manantial . 

P^a luego á tratar de la naturaleza de aquellos baños, á 
qué sugetos convienen , asi como de las enfermedades en que 
están indicados. 

En el libro segundo trata del modo de investigar las en-, 
fermedades, sus causas y accidentes. Está escrito en diálo- 
gos entr<í maestro y discípulo, y viene á ser un arte para 
estudio de escolares mas bien que para el médico. 

En él libro tercero habla de los minerales y sus prepara- 
ciones, igualmente en diálogos. 

El cuarto , sobre el remedio universal , es una esplicacion 
de la química de Hermes Trimegisto. Trae el modo de ha- 
cer un agua iHcreurial 6 vino turbio, que reduce por medio d^ 
operaciones al estado de espíritu 6 aguardiente ; vuelve á su- 
tilizar esta asna y saea la quinta esencia , con la que dice se 
alarga la vida y quila todas las enfermedades. Por último, 
con esta preparación hace el oro potable^ cuya operación 
•maiüfiesta, diciendo: ^ ii una gota tan sqlamwte dierei á un 



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BSPAftOLA. 229 

mftrmo al parecer mu^túj le hará revivir^ volviéndole de viejo 
amoxo, . 

Esfáessin dada el agua de lavidade Aldrete, cuyo secre- 
to no quiso estercvelar. Asi^s de creer atendiendo al len- 
guaje y signos del sol, luna, etc. , que ambos usaron, para 
esplicar los principios incorruptibles de que se componía. 

Por todo lo dicbo se infiere que esta obra no tiene mérito, 
y ano es inferior á lo*quc* se podia esperar de los cono- 
cimientos médico-quirúrgicos de su siglo. 

Maegiano Homs. 

Ifatnral de Vich; doctojr en medicina; escribió: ' 

1.* Anatome novi traetatus de febre maiiqna Vieemi fa*^ 
uñosa á doctore Felice Osona in lucem editi, Barcelona , por 
Rafael Figneró , 1699 

2.^ . Dilucidatio veritalis soltdiorís circa sanguinis misionem^ 
in pAvatis febribus malignis á doctore Marciano Homij etc. 
Barcelona, 161», en 4.^ 

Estas dos obras no son^nas que la impugnación y réplica 
al tratado del Dr. Osona sobre las emisiones sanguíneas en 
los casos de calentaras malignas epidemiales, qué reinaron 
#■ Cataluña á fines del siglo XVIL 

GNACIO MORETA. 

Ifatural de Vicb; doctor en filosofia y medicina; escribió: 

Mercurius compiíatilius verioris medicince viam commostrans 
whiloteoro medico peregrino apud rntionale tribunal ducto. 
Barcelona, por RaTaeiriguero, 1699, en 4.® 

Esta obra es una impugnación al tratado del Dr. Osona 
lobre las calentaras malignas de Yicb. 

No la he leido. Véase á Amat. 

DiEG(> Hebrera. 4 

* 
Natural de la ciudad de Lima; escribió diferentes tratados, 
l.o De la corteza peruviana y de la de otros árboles de vtr- 
tudes análogas á aquella, 

2.** De materias peruanas ^ á saber: de las aguas; de las 
termas y de las enfermedades endémicas de agüellas regiones. 

Éstas obras fueron publicadas en Lima y recibidas con 
general «plauso, según testimonio del Dr/Dávalos en su 



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230 MEOIGIHA 

obra titulada: De mor bis nofinullii Lima^ groaanlibui ingo-- 
Tum therap$ia\ de quien se hará mención en el siglo XvlII. 

Diego Salado Ganges de León, 

Estudió la medicina en la universidad de Sevilla y llegó 
á ser en ella catedrático de método. Se jubiló de la ense- 
ñanza, y habiéndose retirado á Ütrefa, de donde fué médi- 
co titular, escribió: 

Censura médica á un papel apologético del Dr. Francisco 
Serrano Guerra , médico de -dracena.' Sevilla , 1699 , en 4.* 

Este opúsculo está aprobado por D. Salvador Flores Leo- 
nardo, médico de Sevilla, quien diqe de su autor, que no era 
este escrito el primero que daba á la prensa, ni el último, * 
pues que le constaba tenia ya en el tórculo mayw* volumen^ 
Heno de útiles doctrinas para el mejor acierto en el ejercicio 
médico. Sin duda no lo imprimió. 

. J)ebia ser de la misma familia del jurisconsulto Francis* 
eo Salado Garcés, y de su hermano el médico^D. Miguel, dd 
ifuienes ya hemos necbó mención/ 

Alonso Maüüel Sedeño de Mesa. 

Natural de Albacete , tradujo los aforismos de Hipócrates 
del griego y lattn en lengua castellana con advertencias y notas^ 
y el capitulo Áureo deÁvicena que^trata del modo de conservar 
la salud. Madrid, por Manuel Ruiz de Murga, 1699, en 8.^ ^ 

La dedicó al liustrísimo Sr. D. Pedro Portocarrero, 
Patriarca de las Indias, 

Sedeño de Mesa era buen latino, y debe creerse traduci- 
ría los aforismos de Hipócrates por mera especulación. Hizo 
una simple traducción, y no muy exacta, pues carecia-de 
conocimientos médicos, y estos son indispensables y bien 
sublimes para poder entender las máximas del griego. Pero 
eomo no lué médico, no debemqp criticarle. 

Antonio Soarbs de Faria. 

Médico portugés, escribió: 

fascieulusm^icus praeticus ex quatuor tractatibus colleetus. 
Nempe 4.« de fontanelis: 2.** de thermalibus balneis: 3.** cí# 
lacte: (.<> de visu et recrealione et vino» Lisboa, 1700. 

Los dos primeros tratados de esta obra, sobre el uso 
de las fuentes eñ medicina, y baños termales en Portugal* 



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ESPAÑOLA. 231 

ofrecen algún ínteres; los otros dos restantes carecen de él 
Omito hacer un análisis mas circunstanciado de esta obra 
en obsequio á la brevedad. 

r 

' El Aduanero (I ). 

No podemos asegurar quién fué el autor de los anónimos 
que con el título de la Aduana salieron á luz con objeto de 
criticar toda obra que se desviase de la práctica segui- 
da por los médicos galénicos. Otros anónimos que salie- 
ron en contestación al Aduanero , aseguran que era el*doc- 
tor D. Andrés Gómez ; pero si atendemos á la franqueza y 
libertad filosófica con que escribía este acreditado facultati- 
vo, contra D. Luis Alarete, pontra el P. Anéeleres y otros 
mostrándose opuesto á semejanl!lB& disputas , de las que no 
resaltaba mas provecho que el escándalo y distraer la aten- 
ción de los prácticos con rencillas innobles, se nos h^ce du- 
ro creer fuese efectivamente aquel anciano profesor el que 
descendiese á tan distinto terreno. Aun bay mas : el doctor 
Gamez no era opuesto á los nuevos adelantos que prestaban 
á la ciencia los descubrimientos modernos, como es fácil co.^ 
nocer leyendo sus obras. Asi, pues, sería un verdadero con- 
trasentido el que fuese uno mismo el autor de obras tan 
opuestas entre sí. Mas sea de esto lo que quiera, no podemos 
dar nombre de autor á los anónimos de que sucesivamente 
nos iremos haciendo cargo. 

La obra siguiente fué escrita contra el Dr. Busto's de 01- 
medilla y contra D. Juan Nieto. Su título es: 

Aduana de impostores de la medicina y registro de libros y 
papeles de contrabando : por D. Andrés Dávila y lieredia^ se- 
ñor de la GarenOy capitán de caballos^ ingeniero militar y pro- 
fesor de las matemáticas. • 

No tiene año ni lugar de impresión. 

£1 nombre del supuesto autor es una mera ficción, como 
consta en la segunda parte de este folletón 

Impúgnase a Bustos de Olmedilla, diciéndole que el ver- 
dadero monstruo era él^ que quería dar preferencia á ocbo 
años de práctica que llevaba, á la de tantos esclarecidos mé* 
dicos desde Hipócrates hasta la publicación de su obra. 



(I) Por una equÍTocacion de la imprenta se han postergado esta y 4af 
fligoinitet bíbliografiai ) queso advertirá no guardan el orden cronológico 
adoptado tn eita obra. {Nota d» los editores,) 



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S32 HEDICIHA 

Critica igualmente las opiniones deD. Juan Nieto y Val- 
carcel acerca de la epidemia del año de 1673 al 8a, en la 
cual, como hemos dtcho , no queríase administrasen pur- 

§ antes ni sangrías, y solo si alexifarmacps, vomitivos y su- 
orííicos. 

Este opúsculo fue contestado por el mismo D. Jnan Nieto 
con otro titulado:.A/)o/o/7e»ia en que se da por descaminada la 
Aduana, etc, ; pero el Aduanero replicó con el siguiente: 

Segunda parte de la Aduana, junta y sentencia de Apoh, 
compuesta por el médico enmascarado en el tropel de CarnestO'- 
lendas. , 

No tiene año ni lugar de impresión. 

La crítica de este opúsculo es mordaz: impugna principal- 
mente la curación de las calenturas con triaca y agua fria. 

No merecen estos libros qfle nos detengamos mas en ellos. 

El Adüahero, 

Respuesta que la medicina dogmática y racional da al libro 
que ha mblicado el Dr, D. Juan de Cabriada, con el titulo de 
Carta filoso fico-médico-quimica, ele. Dedicada al conde de 
Monte-Rey, etc. No tiene año ni lugar de impresión. 

No se puede negar que el autor de las obras que salieron 
á luz á nombre del Aduanero, acredita una profunda sa|)idQ- 
ria, si bien á veces se muestra agrio y no muy cortés. Sin 
embargOj tienen el gran defecto de combatir toda idea mo- 
derna, sin mas que por apartarse de las doctrinas galénicas 
y de las de los médicos griegos. En este opúsculo contra la 
carta filosófico-médico-química de Cabriada, da muestras.el 
autor anónimo de hallarse muy instruido en las obras de los 
médicos estrangeros de su épofea. Cítalos con frecuencia, no 
para corroborar su opinión , sino únicamente para probar 
contra el referido Cabriada, que sus ideas no eran suyas sino 
tomadas de aquellos; de tal manera, dice, que si cada uno 
tirase de lo que le pertenece, quedarla el libro en blanco. 

La crítica que desplega este anónimo, considerado el liem- 

Eo en qaeescribia, no deja de ser juiciosa y científica. Cóm- 
ate la opinión de Cabriada acerca de que el médico para 
serlo debin estar instruido en tres géneros de conocimien- 
tos: anatómicos, prácticos y químicos; que mal podia saber 
estas partes principalísimas de la medicina quien despre- 
ciaba los nuevos descubrimientos, como el de la sanguifica- 
ision. etc.; que la quina era elespectóco mas poderoso con- 
tra las interjbitentes; que los tiempos y esperlcucias d€sc|i«' 



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ESPAÑOLA.* 233. 

bririan tal vez otros de mas virtud, etc., etc. Tales sen los 
puntos cardinales que el Aduanero se propone ventilar en 
el registro de su aduana. Niega que la nueva teoria de la 
circulación de la sangre esplicase mejor los diferentes esta- 
dos morbosos por el pulsó. Tra'e las opiniones de Harveo, 
Waleu,Charleton, Descartes, Bartolino, Dieinerbroeck, Co- 
ringeo, etc. , para notar las diferencias que habia entre ellas 
y Cabriada sobre varios puntos, como, por ejemplo, acerca 
ael tiempoquc empleaba la sangre en correr su circulo, so- 
bre el uso del jugo pancreático, etc.; deduciendo de todo 
que los médicos españoles no ignoraban las novedades de los 
médicos anatómicos nortistas, ni eran estraíios al uso prác- 
tico de la química; pero que si se comparaba el número de 
tantos químico médicos como babia en la Europa con los 
puramente médicos^ se ballaria en los primeros mucbos bár- 

• baros arrojos y violencias en perjuicio de la humanidad , lo 

' que no sucedía con los.segundos. 

Pasa después á tratar de la esencia y causas de la .calen- 
tura, y en particular de las tercianas; combale á Cabriada 
sobre estos puntos, analizando minuciosamente sus doctri- 
nas; le llama joven inesperlo, diciéndole qué aprendiese que 
la naturaleza es laque cura, y que el médico no hace mas 
que apartar lascausas morbíficas. Por último, registra el jui- 
cio de Cabriada acerca de los febrífugos, y de estos como el 
principal la quina, oponiéndose á su opinión acerca del mo- 
do de obrar de este medicamento, y concluye diciendo, que 
en tiempos del emperador Tiberio se creía que resucilaba los 
muertos la yerba de Paquio, sanaba todo,s los males la tria- 
ca, hacia lo mismo con escelencia la medicina universal, y 
asi otros machos remedios; pero que todos ellos cayeron en 
el olvido y se sepultaron , y que asi sucedería siempre, 
escepto con la verdadera medicina racional , que triunfará 
constantemente desús enemigos. 

La obra siguiente, en contestación á esta, tiene por objeto 
combatir las opiniones del Aduanero defendiendo áCabriada. 

Anónimo. 

Aun cuando al principio de este anónimo dice su autor 
que Cabriada era de opinión que no se contestase á la im- 
pugnación que de su obra habia becbo el Aduanero , si 
atendemos al calor de la defensa , á las espresiones de un 
amor propio resentido y á todo el conjunto de la réplica,. 
M por lo meaos de sospechar que fuesp escrita por el mis- 



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934 MEDIGIKA 

^mo Cabriada. Sin embargo no sabemos nada de positivo; sa 
título es : • 

Verdad triunfante ; respuesta apologética escrita por Filia- 
tro en respuesta de la carta filoso fico-médico-quimica del 
Dr. D. Juan de Cabriada: manifiéstase lo irracional de la 
mediciííia dogmática y racional del Aduanero enmascarado^ 
1687,en4.o 

Esta obra en defensa de Cabriada prueba que la medicina 
dogmática racional, que seguia este médico, era la del mismo 
Hipócrates, en cuya fuente, digámoslo asi, bebió el autor; 

3ue esta medicina racional tema sólidos fundamentos, in^ 
estructibles, porque estribaba en el conocimiento de las 
cosas por su causa; pero que el tiempo habia ido descubrien*- 
do verdades que tocaban los sentidos, y por consiguiente, 
no era racional seguirla esclavitud de los antiguos menos- 
preciando á los modernosy á sus inventos, sino que se debía 
admitir lo bueno de los unos y de los otros. Por último, 
este autor anónimo analiza párrafo por párrafo la impug- 
nación del Aduanero , y replica á sa crítica con otra no me- 
nos sabia, pero'bostil. 

La obra siguiente, anónima también, impugnó á esta 
defendiendo al Aduanero. 



Anónimo. 



Tal vez sea el autor de este anónimo el mismo del Adua- 
nero; pero sea como quiera, en este papel no habla ya el 
médico, sino la exaltación de los resentimientos. Su título es: 

Advertencias que hace un amigo del Aduanero á los cortesa* 
nos eruditos, convidados á la lecdon de un papel mazatAorra, 
por el Bachiller Filiatro, su autor, cuyo 4itulo es: Verdad triun^ 
fantCy respuesta apologética en defensa de la carta filosófico^ 
médico-quimica del Úr. D. Juan íe Cabriada^ etc. 

No tiene año ni lugar de impresión, en 4.® 

No nos detendremos en el análisis de este papel. En él se 
insulta á Cabriada, diciéndole queaun cuando es cierto^ que 
ha habido mozos capaces de gobernar al mundo, no era él 
del número de los Escípiones,<Pompeyos, Alejandros, Octa- 
víanos, Corvinos^ sino del de los bobos, impradentesi arro- 
gantes espadachines, en fin, uno de esos animales que eho«* 
can con todos sin conocimiento de sus propias fuerzas. 

Este opúsculo tuvo su réplica, que es la siguiente:^ 



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ESPAftOU. 235 • 

AnóxiiMO. 

Lo$ advertidos cortesanos eruditos al amigo del Aduanero 
{por otro nombre el Bachiller Gamez) salud y gracia sepades. 

•Sin año ni logar de impresión , eñ 4/ 

Ignoramos quién fuese este Gamez; pero no vacilamos en 
decir que no puede ser el,Dr. D. Andrés Gamez , cuya edad 
y esperiencia eran opuestos á semejante querella, como ja 
qoeaa dicho. 

Este folleto eiAá en verso. Omitimos el trasladar aqui nin- 
gún fragmento porque todo él es cáustico ; mordaz. 

Las obras siguientes pertenecen también á las controver- 
sias suscitadas por Cabriada. 

Anónimo. 

DUgenes médico^ 

Sin año ni lugar de impresión , en 4.» 

En esta obra contra Cabriada se protesta contra todas las 
qne sallan á luz con el objeto de impugnarse las unas á fos 
otras. Dice su autor, que todas ellas no eran mas gue un se- 
millero de pleitos sin provcdto, en los que se fatigaban los 
entendimientos en parvuleces^ ocasionando discordias en los 
ánimos de los médicos, y resultando un perjuicio público 
por la desconfianza que se apoderaba de los enfermos. Sin 
embargo de esta juiciosa reflexión , el autor anónimo por 
un contrasentido se muestra tan hostil contra Cabriada 

Smo el resto de sus adversarios. Principia esteopúsculo es- 
ndalízándose de que un mozo que no había salido de las 
mantillas valencianas^ sin ciencia y sin espdriencia, osase 
combatir la escuela racional para entrar en la sect9 de los em- 
píricos: diceqne para ser sábioy escribir se necesitaba la es- 
periencia unida a la razón del por qué es y para qué es , que 
la guie, la ilumine y la ordene al fin que se busca; que la 
esperiencia sola no bastaba, porque era como un cuerpo 
sin alma, voz sin concepto, objeto sin sentido, ojos sin luz y 
cie^o sin lazarillo; que la razón es la que dá el ser que ne- 
cesita la esperiencia , al paso que esta escita á la razón, y 
qne las dos coordinadas servian al entendimiento como las 
dos manos al cuerpo, que con una sola seria manco; y 
puesto que Cabriaaa solo quería la esperiencia de la secta 
empírica , huyendo de la razón de la dogmática , merecia 
solamente el noníbre de mecánico y no el de doctor. Pero 
tampoco se le puede conceder la esperiencia , añade el anó« 
nimo, puesto que reclamaba en su favor las observacioues 



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S36 MEDIGIHA * 

de los médicos del norte, sin advertir que aquellos esperi- 
mentes químicos se hicieron en climas distintos del de 'la 
España, y quererlos hacer naturales en nuestro reino, es lo 
mismo que querer trocar una medicina católica en otra lu* 
terana. 

Pasa después este autor á examinar si las sangrías que 
se administraron al Sr. conde de Monte-Bey, á las que se 
opuso Cabriada, se hallaban indicadas, estando padeciendo 
de una intermitente; prueba que sí y corrobora su opinión 
con la de varios médicos españoles y estranperos, haciendo 
ver el feljz resultado que tuvieron quedando desairado el 
parecer del joven, aun cuando no su pronóstico; puesto 
que al conde se le doblaron efectivamente las tercianas al 
sesto dia después que se lé sangró , como habia predicbo 
sin dar la razón del por qué ; pero que esto sucedía á unos 
y á otros no , a^i como sucedía muchas veces doblarse las 
tercianas purgando , y no sangrando, como también suce- 
día doblarse á la tercera , cuarta ó quinta accesión , como 
igualmente se veía una terciana sencilla hacerse doble á la 
tercera , luego continua á la quinta , maligna á la séptima 
y mortal á la nona , undécima ó décimacuarta; como en los 
mismos términos sucedía que una sencilla y segura in- 
termitente se hacia perniciosa, maligna ó sincopal á la ter- 
cera ó cuarta accesión, tanto sangrando como purgando. 
. Por último, añade que esta naturaleza inconstante carac- 
terística de semejante enfermedad, obligó á Hipócrates á 
encargar el mayor cuidado y prudencia á los médicos , v 
que [)or todo lo*^ dicho Cabriada no tuvo razón alguna en sa 
pronóstico. 

Esta obra fue contestada por otro anónimo como á con- 
tinuación^ veremos. 

Anónimo. 

Coloquio entre Dióqene's y Pedro Grullo. 

Sin año ni lugar de impresión , en 4.® 

El autor de este diálogo no se curó tanto de la parte 
dentíGca, como de hacer una crítica dura á D. Andrés Ga- 
mcz, por suponerlo autot* del Aduanero y de los otros anóni- 
mos que juegan en esta contienda. Alaba á D. Luis Aldrete 
y á su medicina universal, el agua de la vida, á D. Juan Nie- 
to por su circunspección en las emisionq^ sanguíneas, al doc- 
tor Olmedilla, y por último á D. Juan de Cabriada, diciendo 
. que aun cuando habia seis ó siete años que se doctorara y em 
muy joven, no probaba esto que su capacidad en esos pocos 



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espaSola. 237 

dños fuese insuficiente para progresar en la ciencia j escri- 
bir con juiciosa crítjca y csperiencia; asi como el ser doctor . 
no probaba mas que haber tenido medios para ofrecer di- 
nero y confites. Discurre sobre las sangrías en las enferme- 
dades, intermitentes, defendiendo á Cabriada; prueba que 
Galeno rio escribió de cuanto bahía que saber; que su cien- 
cia no fué tan omniscia c infalíhle, que el apartarse de su 
doctrina fuese renegar de las verdades medicas; por últi- 
mo ireprende á los médicos que estuvieron en la consulla 
del Sr. conde de Monte-Key,y á todos los que impugnaron 
á Cabriada, por hahcr tratado de avasallar y deshonrar á un 
ingenio precoz, pero de escasa fortuna. «Con blandura y 
«cortesia, dice, disimulan «los hombres grandes aquelio's 
afervores de la sangre en los codiciosos de alcanzar mucha 
•ciencia , y muchos.aplausos de ella: estos son delitos hijos 
»de una generosa aml)icion. Al potro brioso no se le cortan 
»las piernas; la maña y el halago se las componen á la dis- 
»ciplinai>. 

Replicóse á este opúsculo con el que á continuación se 
verá. . 

El Aduaü^ero. 

El anónimo precedente mortificó el amor propio del dor- 
tor Gamez, poniendo hasta en duda su magisterio en la uni- 
versidad de Ñapóles. El Aduanero se propone vindicarlo de 
la calumnia, asi como corroborar su crítica contra Aldrete, 
Nieto, Olmedílla y Cabriada en el siguiente anónimo: 

Manifiesto tapaboca de Pedro Grullo y vexámen á los ires 
Pedros, 

Sin ano ni lugar de impresión, en 4.® 

Después de manifestar los méritos literarios del Dr. Ga- 
mez, y como su impugnación contra Aldrete quedó .victo- 
riosa/puesto que no le replicó este, pudiendo hacerlo en 
diez y nueve meses que sonrevivió , pasa á demostrar que 
siempre que la sangrt pecaba en cantidad, vicio y movimiento, 
se requeria sangria-^ que en el caso que motivó esta querella 
pecó en cantidad, vicio y movimiento, y por lo tanto estu- 
vieron bien administradas las evacuacipnes de sangre. 

Por lo demás esta crítica del papel de Diógenes y Pedro 
Grillo es sumamente mordaz. Repítense en ella los argu- 
mentos de las otras -, y se le hace uryi guerra poco generosa 
«1 Cabriada; pero está bien escrita, y revela que su autor 
era hombre de ingenio. 

Esta contienda, en la que tantas capacidades se afanaban 



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238 MEDICINA 

sin provecho, y aun se'estraviaron^ duró mas de dos años. 
Ignoro «i se imprimieron mas obras que las referidas sobre 
el mismo asunto. 

Diego I^ntonio de Bobl£DO. 

Estudió la medicina en la universidad de Salamanca coa 
el Dr. Luis Rodríguez de Pedrosa , catedrático de aquella 
escuela. También estudió la cirugía, y se graduó en ambas 
profesiones. Fué médico de la ciudad y cabildo de Coria , y 
después ejerció la medicina y cirugia en la real casa de 
Nuestra Señora de Guadalupe , quedando luego de médico 

Erineipal y regente déla cátedra de cirugía de sus reales 
ospitales. Escribió : 

Compendio quirúrgico^ útil y provechoso á sus profesores^ es- 
crito por el Dr. í). Diego Antonio de Robledo^ médico principal 
de la real casa de Nuestra Señora de Guadalupe, regante de la 
cátedra de cirugia de sus reales hospitales. Barcelona, 1686, en 
folio. Madrid, 1687, en folió. 

En las siguientes ediciones que tengo á la vista se dice en 
la portada : 

Corregida y enmendada por su autor y añadidos cuatro ira- 
JadoSf que tratan de tumores parws^ de fracturas en general, de 
dislocaciones j de fuentes y sedales y diversidad de actuales cau- 
terios que en la operación de cirugia se deben ejecutar: dirigido, 
al apóstol de las Indias S. Francisco Xavier. Barcelona , por 
Rafael Figueró» 1703, en folio. Pamplona , por Francisco 
Antonio de Ney ra , 1 7 1 9, en folio. 

Yillalva dice que basta el año de 1733^e hicieron de esta 
obra cinco ediciones. No he visto la de 1733; pero segura- 
mente se equivocó el referido Yillalva, pues que la quinta 
impresión que poseo es de 1719. Asi, pues, la de 1733 debió 
«er la sesta por lo menos. Ignoro también si la de 1686 fué 
la primera: no he visto mas que las que dejo anotadas. 

Está dividida esta obra en doce tratados por el orden si- 
guiente: V 

El primer tomo viene á ser unos prolegómenos de la cien- 
cia, subdivididos en cuatro secciones : fa primera trata de 
las siete cosas naturales, que eran, según los antiguos, ele* 
mentos, temperamentos, humores, espíritus, partes, faculta- 
des, funciones y generación. En la segunda se ocupa dk las 
fiéis cosas llamadas no* naturales, aire, alimento y bebidas, 
movimiento y quietud, sueño y vigilia, evacuación y reten- 
eioa de escrementos, y pasiones* En la tercera habla délas 



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BSPAÜpLA. 839 

prefernataralés : enfermedades, sos causas y accidentes ; y 
. en la cuarta del método é indicaciones. 

£1 segundo tratado es una anatomia descriptiva. £1 que 
lea esta obra no hallará novedad en el pensamiento de Boer- 
haave sobre el orden adoptado en su ñsiologia, ni menos en 
el de la nosología de Boiseau; pues que este médico y ciru- 

5 'ano describió antes que ellos la anatomía por regiones. Por 
o demás , si bien es metódico, claro y bastante exacto en sus 
déscripcjpnes, es sin embargo muy lacónico. 

£1 tratado tercero versa sobre las apostemas en general: 
habla también del flemón, diviesos, abiesos, gangrena, car- 
bunclo, esfacelo óestiomeno, aneurismas y escrófulas, sin 
omitir sus causas, síntomas, pronósticos, curación y medios 
preservativos. 

En eléuarto se ocupa del hidrocéfalo, fístula lagrimal, 
zaratanes, bubones y hernias; cuyas enfermedades compren- 
de entre las apostemas en particular, sus causas , síntomas, 
pronósticos, ele. 

£1 quinto es de las heridas en general y mordeduras de 
animales venenosos y rabiosos. 

Hablando en el sesto de-las heridas en particular, se opo- 
ne, al sentir de algunos profesores, que dudaban si las oca- 
sionadas* por armas de fue^o tenían venenosidad: «dudan 
los autores, dice Robledo, si estas heridas tienen venenosi- 
dad^ y aunque hay muchos que dicen que la tienen, lo cier> 
to es que carecen de ella; pues ni la pólvora ni el plomo tie- 
nen cosa venenosa, si no es que á las balas se la hayan aña- 
dido.» 

Ocúpase en el sétimo tratado délas ulcerasen gene- 
ral, y en el octavo de las mismas en particular. Sus doc- 
trinas son las de nuestros antiguos cirujanos , asi como las 
Jue presenta al hablar de las úlceras de la garganta, llama- 
as en aquel tiempo garrotilloy que son las mismas que pu- 
blicaron en sus respectivas obras Ambrosio Nunez , Pedro 
IDguel de Heredia y otros médicos y cirujanos. Sin embar- 
go^ recopila estas doctrinas, presentándolas con mucha pre- 
cisión y claridad. 

Enel noveno tratado se ocupa de los tumores parvos, en 
los que comprende las viruelas, sarampión, sarna, mal 
muerto, empeine, gota rosada, ronchas, verrugas, fuego sil- 
vestre, ó safatí de los árabes, barros, ganglios, nudos ó so- 
brehuesos , varices y hemorroides. 

El décimo es de fracturas , y el undécimo de disloca- 
ciones. * 



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240 MEDICIIIA 

El duodécimo y último versa sobre las fuerilcs, sedales y 
diversidad deactuales cauterios, que se puBden poner asi ea 
el estado de sanidad, como en el neutro y preternatural, in- 
dicando en este todas las enfermedades, desde la cabeza á 
los pies, en que son útiles y necesarios, y especificando los 
sitios cómodos para su ejecución y el modo de socorrer los 
accidentes que sobreviniesen. 

El objeto que se propuso el autor al escribir esta obra, fué 
reunirías crpinioues de nuestros mejores mcdicof^ ciruja- 
nos en un tratado elemental para el uso de los estudiantes, 
que pudiera también servir de p^uia á los jóvenes prácticos 
al empezar el ejercicio de la profesión. Bajo de este aspecto 
no se puede negar que este compendio quirúrgico tiene mé- 
rito atendiendo la época en que fué escrito , y llenó com- 
pletamente la idea de Robledo, sirviendo de testo á la mayor 
parte de ios jóvenes que se dedicaban á la cirugia, y princi- 
palmente á los cursantes de la universidad de Barcelona, 
por cuya razón se hicieron tantas ediciones. 

Felipe Borbon. 

Nació en Zaragoza de una familia noble: estudió filosofía 
en la universidad de Huesca y la medicina en la de Zarago- 
za, en donde fue colegial. Escribió: 

Medicina doméstica necesaria á los pobres, y familiar á los 
ricos , transcrita del médico carilalido con algunos remedios de 
otros autores ; con escolios en las materias y afectos que se tra- 
tan, asi quirúrgicos como médicos; por el Licenciado Felipe Bor- 
tón , etc. Zaragoza , por D.>ntingo Gascón , 1 686 , en 4 .^ ídem 
por Jaime de Bordazar y Artazu 1705 en 4.» En esta última 
impresión se añadieron las Flores de Gnido, y el libro de Ga- 
leno tituladp De los tumores hechos contra el orden de la nch- 
turaleza, traducido al Castellano por Antonio Juan Villa- 
franca, médico valenciano. 

La causa que movió al autor á escribir esta obra la decla- 
ra el mismo en las siguientes líneas : 

«Cogí la pluma para escribir este libro el dia antes de c(^r- 
rcr la impresión, que en todo me ha durado dos meses; la 
cual brevedad ba sido efecto del motivo que te insinuaré, el 
cual fio lo aceptarás por urgente; óyele : ya sabes los infor- 
tunios de la medicina que llaman racional por usar de ra- 
zón, y cuánto ha procurado levantar la cabeza la secta que 
ni persiste en metódica ni acaba de ser empírica. Tcntódica 
puede llamarse, por lo que á bulto y sin distinción se ejer- 



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jfAtBíj en ea JO gremio está contenido qnien ba querido sciia* 
larse autor entre nosotros, traseendiendo los limites de sa 
profesión, y ha ofrecido ai mondo tantas obras por nneyas, 
en snfragios de una encendida caridad y amor de los pobres, 
que la impostura en todo da voces acusando la sinrazón. Des- 
cubro la mina de ios secretos que con vanidad divulga por 
propios, los cuales tendrás en esta traducción que te mani^ 
fiesto antes que vjean la luz por otra esta ip na. Y siendo pte^ 
cisa la brevedad para ganar la prióridacl en la impresión, 
he omitido al presente la teórica y algunas otras cosas 
mu; útiles del autor, las cuales te olrezcó entregar á la es- 
tampa.» 

Principia esta obra por los medicamentos purgantes , por 
ser de los de mas urgente necesidad para los pobres á causa 
de sus malos alimentos, sin omitir las preparaciones mer« 
curiales y aguas minerales y artiliciales, de cuyos medica- 
mentos habla con bastante laconismo. Pasa luego á ocupar- 
se de las afecciones de cada |)arte del cuerpo, y de los re- 
medios que reclaman , deteniéndose en los escolios á tra- 
tar de las contraindicaciones y de los malos resultados 
en la aplicación de los medicamentos, cuando la causa de 
las enfermedades no está bien comprendida 6 pasó la oca- 
sión. 

En la reimpresión de esta obra se detuvo mas el autor : la 
corrigió y amplió cuanto era necesario al fin que se pro-* 
poso. 

Nicolás raAicasco San Juau t Domiugo. 

Natural de Badenas, doctor en medicina de la universi** 
dad de Zaragoza, y su colegial desde el año de 1663. Ejer- 
ció por muchos años en dicha ciudad la profesión, en don* 
de escribió: 

1 .* Traíaio de las fiebres erráticas intermitentes y sus en- 
sis en Aragón. 

Esta obra la dejó manuscrita, según dice el Sr. Latasa. 

2.** De morbis endeimis Ccesar- Angustie, Opus pro ii^etifi- 
tibüs praxim veram et tuiam médendi viam oñtendens. Zarago^ 
za,por lo^ herederos de Diego Dormer, 1686, en 4.9 

Esta obra , que dedicó al conde de la Rosa, la aprobaron 
los doctores D. Félix Julián Bodrigucz, y D. Juan Bautista 
Gil de Gasteldases, catedráticos de medicina déla univer« 
sidad de Valencia, los que dicen de ella: in qua nihll inve^- 
nimus quod tton sit preliosum ac summa laude dtgnissimum. 

TOMO VI. 16 



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9Í2 HBDXcnrA 

Opuésane'Ueet primo oMpectu exfguum^ summo preda iigñU^ 
mmum et umversorum aclamaüone comendabile^ etc. (i). 

Los capítQloB en que divide su obra y materias de qué 
trata, SOQ los siguientes. 
- 1 .o De Ccesar-Auguste temperie et siín. 
. 2.® In quos morbos sint dispositi cadere incoke CcesaraU'- 
■gu8i(B. 

3.° Quid $it mor bus endemius: et in quo consistat vatio 
morbi endemü Cmsaraugtistw, 

4.^ Qaid habeat diaria febris morbi endemii in CcBsarau- 

5.0 Quid habeat pútrida febris Ccesaraiigustas^ ut endemius 
motbus sit, 

6.° Qua metkodo eurári debeant febree putridw tertiancBy 
sinocliiy quartancB^ quotidianoej maliqnce: ut sunt morbi ende^ 
mii tiujus civitatis, 

7.® In quo stet ratio pecuiiar'is curandi morbos endemios. 

8.' Utrum methúdus curandi febres pútridas nostri priman 
rii doctoris Casalete rationalis sit. 

9.0 Utrum methodus curandi febres Syhemham et Silmi de 
Lévoe debéant admitid 

10. Quid hab^ant endeniium affectiones flatuosm Coesarau- 
gustce. 

11. Affectus capitls, pectoris et ventris, quid habeant en- 
demü, 

Sau Juan y Domingo tuvo presente el tan sabido aviso del 
sabio griego, «de que la primera diligencia que debe hacer 
un médico al llegar á una población que no conoce , es exa- 
minar con cuidado su esposicion en orden á los vientos, y 
el diverso oriente ú ocaso del sol » añadiendo «que de- 
be es.aminar también el género de vida y el régimen de que 

usan con preferencia sus habitantes » 

' Efectivamente, este aragonés conociólo interesante que 
era el eistudiode la topografía físico-médica; y por lo ims-* 
mo se dedicó á escribir la de Zaragoza. Verdad es que no 
lo hizo con toda la perfección que hoy exigen los que no 
conocen lo difiéil que es formar una topografía que reúna 
todas ]ás<;ircunstanoias que actualmente se desean. 

San Juan y Domingo describe la situación de Zaragoza, 

(1} K1 Dr. Juan Bautista Soldevilla en la edición que hizo de 1a$ 
obras de Boerhaave, dice, hablando del libro de San Juan y Domingo, 
«Opas pro-ioeaotibus ibi praxim veram, et tntam medendí viam off- 
tead«n9««...» (Tom. II,, pág. a9.) 



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ISSPAÑOLA. £49 

natatftleEay diqM)6icion de su terreno; Iqg dífercsntes vien- 
tos que dominan en ella ; au temperatura ; .producciones de 
los tres reinos; alimeatos y. aguas que coa mas frecuencia 
usaa sus habitantes; trabajo y costumbres de estos; estado 
de su atmósfera, sin olvidarse baista del inHujo que ejer- 
ce en ellos la inmediación de-sos rtos, principalmente el 
Ehro, etc. 

Asegura que los aires que comunmente reinan en Zara-* 
goza son los de mediodía y norte, y la alternativa brusca de 
estos , unida á las continuas nieblas que se observan princi** 
pálmente en el invierno, son causa de algunas enfermeda- 
des. £1 autor se espresa asi: «Sunt enim magnae mutationes^ 
nquse ex Aqailone ad Austrum, et e. contra fiunt: quare 
» non se corrigunt ad invicem, sed imosko potius in majora 
»damna eonsfurant. Siquidem Auster ealefacit et huméctate 
«per se et pro generatione humorum calidorum corpus.disr 

«ponit.... Igitur ex hac assidua contrarietate et repen- 

:ie facta motatione^ intensior sequitur intemperies, et causa 
»insalubrítalis. Et hoic (meojudioio) tribuendum quod^ 
»hujüs oppidi incolae morbis calidis potius laborent, quam 
»frígidis, quia corpora ratione aeris disposita manent ma* 
»gis ad incidendum in morbos calidos, quaui in frígidos. 

«Praeterea quatenus ad seciuidas quaiitates ,. ab extenüs 
»(ut díxi) acepta temperiae , ut a pr^terlabente flumine Ibero 
na térra arbori bus consita, ab exhalationibus utriusque, ma- 
fttutitiis;' meridianis^ et vespertinas ,.h6ec civitas humidita- 
»te pollet* Quod evidenter patet, ex nebulis fere tota bye-» 
»me evenientibus, ex aere crasso, caliginoso, et raaíe venti- 
»lato. Constat'etiam ex putredine eorum, quse putrefiunt, 
»quía pessmeputrent, bumiditatem excederé: et ejf eocon- 
»stitutÍonibus humidls et sieeis in lilis multitudinem lan* 
»guéiitiümexperimur; mioime in bis (4).» 

Se ocupa en seguida de las. enfermedades que con mas 
frecuencia atacan á los habitantes de Zaragoza , asegurando 
que el mayor número de veces son mas bien causadas por 
plenitud ó esceso de vida, que por manicion 6 debilidad, A es- 
te fin dice lo siguiente: «Non sol um ex causis relatis constal 
»hnius civitatis habitatores frequentissime in ptenitudinem 
»caaere, quae redueuntur ad re^ naturales, et non naturales; 
«veram ex rebus pr^Bternaturam , sive causee morbi sint, si- 
»ve symptomata. Ex causis , affectus admodum communis 
»cst constipatio hunc locum babitantibus, et ut in plurimum 

(1) Pág- y 10, • / . ' 



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Í4i llBDlCfflA 

»ex magna et ereba permotationcaastráliam etborealiain« 
»quare cam ab illa detioeattir efluvium copiosissimum, 

pper habitum corporis spirans Horbi in qulbus nolent 

']Ȓiicidere, qui urtjerh componinil;, non mious suadent: nam 
•santfebres putridae, raflamationes internae, vel externiB| 
tiflaxiones, reumattsmi, absceEi^us et alii á quihus (nisi ia 
•errónea medicina] miníme separahilis est pienirudo ad va- 
»sa vel ad vires. ídem infertar ex sjmptomatibus, ut dolo- 
•res capilis, pecloris, hepatis, üeuis, uleri, venlriculi, el 
•artieulorum, in quibus fere senipcr cau«ain bumoralem 
•generis venosi videmus Reimmisceri; mentii^ commotioues, 
»ut phrenitis, mania, melanciioiia, tremores, pal pitatioues, 
íísyncopes, í>udores, dysenleriae, diarrlieae,et is similia sym* 
nptomata, qnse morbosa causa repente productos sequua- 

tttur Qiiibus $^ic probatis infera hujus eivitatis íncolas 

vfrequeniissime afüci morbis á pleniludine, rarissinic vero 
vmorbis ab inanitionc (I).» 

Habla después de las enfermedades endémicas, y dice, 
que realmente en Zaragoza no han ninguna^ y se espresa asi: 

ff utmorhiconmúnes onuiíbus rc^ionibus, proprii sunt 

sCaesaraugustse, et bac ex causa pcculíarem modelampe* 
»tant. In bac ergo aceptioneagilur de morbis cndemiis bu- 
»jus o])pidi : nam in rigorosa signifieatione nullus est mor- 
»'bus, ita proprius bujus ioci, ut non reperiatur in alus, 
•et non eo deterius : quia 1.^ arguít nullam causam aegrc 
•tandi esse ita ccrtam, ut non possit defíicere: ct 2.o n!¡ni-* 
»me bunc locum extremse inleniperiei leges participare; ct 
»si negabile non sit, abunde posse provenirc, ut experieulia 
•est compertum (2).» 

Según de estas reflexiones se deduce el método lerapéu* 
coque ea general aconseja San Juan y Domingo para las 
enfermedades mas comnncs de los habitantes de Zaragoza, 
€9 el antiflogisiko en toda su estension. Gonibatc, pues, el de 
su maestro Gasalete , á quien por otra parte ensalza sobre« 
manera. 

En todas las fiebres agudas, y con autoridad de los prin* 
cipales médicos que en su tiempo habla en Zaragoza, reprue- 
ba el uso de las purgas^ en ()articular las que en aquella 
época llamaban minorativas. Era tan conocido , dice , el mal 
erecto que producían, que hasta 4 la gente vulgar en Zara- 



(1) Pág. 21 T siguientft. 
(%) P«g. 38. 



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ESPAÍCOLA. 945 

goza se Ic oía decir: este año prueban mal ta$ purgas (1). Sin 
embargo de todo, en ciertos y determinadas circunstancias, 
pero raras, afirma gue podían prescribirse. Confiesa que 
en otros clinaas podría» ser protecbosas,< pero no cu aque- 
lla ciudad, porque sus habitantes se hallaban dotados de 
una sangre compacta^ suculenta' y fibrosa*^ asi que, después 
de Jas evacuaciones de sangre, creía ser indispensable ad- 
ministrarles abundante cantidad de líquidos refrigerantes, 
entre ellos el suero de leche de cabras, las emulsiones de 
las simientes llamadas frías, cocimienio de cebada y otros 
semejantes, y á veces la leche de burra. 

Al prescribir el plan dieiélíco mas conveniente á los en- 
fermos de esta clase de males , aconseja tener presente que 
los zaragozanos soportan cou mucha dificultad, aun en las 
enfermedades agudísimas, la dicta muy tenue, porque es-> 
tan acostumbrados al uso de alimentos muv suculentos y 

en gran cantidad, espresándose de este modo: «.. Ideo- 

«que apparet causa, ut nostris aegrotisnumquam perscriba- 
vmus illam specieni vietus extreme tenuissimam , quse con*- 
»sistit in eo quod nibil demus aegrotanti, quia adhuc in illo 
vstatu csset laesiva. Igituriuspecta consueludine, et natura 
' jialimentorum et potus, non possumus alere nostros infir- 
»mos timigdalaiis, liordeatis, hervís, aut panalelis tantuní 
Ji(ttt mos est alSarum regíonum); sed juscuiis, «vis» carni- 
»bus integris aut contusis, et aliisaIimeulis,qu8B vires con» 
»servent, ét a morbo imn inlerdieaMlur» (2). 

Combate algunas opiniones de Sidenham y de Silvio de 
Lehoe, negando loque el primero afirma de que la causa 
de las fiebres consiste en la fermentacicMi de la masa san- 
guínea, y añadiendo que tampoco es esacto que I»s calenín- 
ras , tanto continuas como intermitentes, duren 330 horas. 

También impugna á Silvio , quien creía .ser la causa es- 
elusiva de las intermitentes, la acrimonia del jugo pancreá- 
tico, j el coagularse y obstruirse la pituita; y á pesar de 
eoincidir este dictamen con ei de Galeno y el del mismo Hi* 
póorates, se desentiende de autoridades para él tan respe- 
tables, diciendo que no se han de eunsiderar siempre pro- 
ducto de semejante causa. Esta es una praeba mas de la li* 
berlad filosófica con qae discurría y obraba este médico 
eaptOol. 



£ 



í) Pég.78, 
1 Péf.Ti^ 



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246 MCDIGltrA r 

José Lucas Casalete. 

Catedrátieo de medicina de la segunda de earso en 4653, 
j de la de prima en 1677 , en la que se jubiló en 7 de enero 
de 1701 en la universidad de Zaragoza. Tuvo la satisfac- 
don de ver á su hijo, D. Félix Perfecto Casalete y Avós, 
de catedrátieo deprima de cánones, al mismo tiempo que 
él ocupaba la deprima de medicina. También fué estofo- 
cultativo uno de los que asistieron en la epidemia que hu-^ 
bo en Zaragoza en 1652, y firmó con D. Bartolomé Sana- 
guja, médico y familiar de la inquisición , y D. Viojnte 
Sanz, catedrático de curso, en 31 de julio de *r698, un pa- 
pel titulado: Satis facción precisa á una duda voluntañaj etc.^ 
impreso eu Zaragoza, en 4.^ £n este opúsculo dijeron no 
ser dañosas las fábricas de tabacos dentro de los pueblos,: 

Íno solo persuaden física , médica y racioiíalmatte la uti-s. 
dad de esstos establecimientos en las poblacicmes populo-- 
sas, sino que, según ellos, deben solicitarse políticamente 
pra defenderse ae las emanaciones mefíticas del aire y de 
las enfennedades mas frecuentes y comunes. Esta consulta^ 

Eor estar conforme á las reglas médico- políticas, fué apro- 
ada por el proto-medicato de €astilla y por las universi-* 
dades de Zaragoza , Salamanca , Huesca ^ Yatencia ^ Barce*- 
lona^ y Alcalá de Henares (1). 

Duce controversioí, Prinia; a qua indkitur aarufUinis missio^ 
et prima ait magnitudo morbi et virium robur tndhcent iangüi^ 
nis missionem. Secunda eontrovmia': an fhdicaiio út retiiod^ 
ntieto. Zaragoza, por Manuel' Román, 1687. 

-Casalete fué unode' los médicos que sé revelaron contra 
el abuso dé las sangrías. Sangraba poco, rara vez y solo eu 
dertasy determinadas circunstancias. Pondremos aquí las 
siete proposiciones que leyó y enseñó públieamentc á suS' 
diiácípulos, los cuales tas interpretaron <cada une de^ distin-^* 
to modo según las' entendieron^, naciendo =de aqui unode 
los escándalos mas ruidosos y lameatables en la nistoHa de; 
laeiencia; El fundamiento de la uueva práctica: de Casalete 
estriba en ios siguientes temas. r 

<*1 .^ ' . Que ' ^ai fiebres pútridm , MnipifaSf ' doiores^ plekréticasy 
ensipelaSy y semejantes enfermedades, no tenían causa üsU^<^ 
dente. 



0) Villalba, tom. II de su Epidem. Espan., pág. 9lÁ 



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BIABÓLA. 247 

2»o. Qui.en^stái enfermedades naiiabia fluxión^ 
3.®. Que es inútil y sin fundamento la sangría revulsoria. > 
4»<> Queen dichas enfermedades no seha\m de sangrar. e%k 
el principio^ ni en el aumento ^ sino enel.jestado de la alie* 
radon. : 

5.* Que la plenitud^ ad vires, solo era viáo de sangre #pi*, 
<a, supurada ó apostemada por fuerza de la alteración peJo mo- 
dum putredinis , la cual lahefafitaba las fuerzas ó el calor na- 
tivo. 

, .6i** Qtí^ ^l verdadero indicante y prinápal es la sangre spi- 
sa, sftpurada ó apostemada , pririícramente en loé vtnas^ escep.n 
tola plenitud Sid vasa, que se halla raras veces '^ pues que 
e^ojices sin . supuraúon se debia sangrar. 

7.0; Que HConoeerÁ á priori estar la sangre supurada pot 
el tacto sobre la región del estómago^ por los tiempos de las en* 
fermedades y elpuíso alto^ 

Refiere lii^ngásque el Dr. D. Nicolás MoBeva, en la visi- 
ta que bízo por los pueblos en los anos d& 16^ y 1683, ob* 
$ervó ftlgunos abusos ep los fdcultativos , nacidos 4e estas 

Í^roposieiones que enseñaba Gasalete, y. que en atención á 
os pierjuicios inferidos á la salud pública, '. juzgó convcniea-» 
te consultarlos con algunas universidades. £n efecto, los 
catedráticos de las de Salamanca , Alcalá, Yalladolid, ¥a-^ 
lencia ,. Barcelona , Lérida; Huesca , respondieroii:, gt^ «e*- 
thejantes ptoposimnes no se f odian leer en pública nipn seere^^ 
to^ ni practicarse con buena conciencia ; que eran agenas de ra^ 
j^Oii, tefíieraríasi.y absurdas; qúe^e débian prohibir.por perni- 
dgms €n /a vprácjfca, etüv^ié/é. Be todo locualsc.ferBió un 
proceso, hecho .i«I perpetuam rei memoriátn^ea Zaragoza 
á 12 de abril de 168^, el cual se intituló: Processus doctoris 
Luca maestro Negrete^ protomedici regni Aragonum^ y se ar- 
chivó en la escribanía de Miguel Ros. 

£1 mismo Tomás Longás añade, que á pesar de esta ma- 
la fortuna que tuvieron las proposiciones de Casalete , se 
habia esperado á ver si daba alguna ésplicacion dé ellas; 

{)ero no tenemos noticia de que este catedrático entrase en 
a defensa de su doctrina. Sin embargo, otros médicos to- 
maron el asunto por su cuenta, unos en pro y otros en con- 
tra, siendo de estos últimos el Dr. Longás. 

Anónimo. 

Con el título de D. Amador de la verdad ^ salió un papel 
sin nombre de autor, cuyo objeto fué satirizar al Dr. Casa- 



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248 noicniA 



lete, 7 principalmente so opinión aeerca de notangrar tino 
en el estado de alteración^ per modum putredinis, de la san* 




AnÓNiMa 

Desaffravio de la verdad ofendida, y examen de la mentira 
disfrazada á la luz de la razón, y al toque del desengaño. 

No tiene año ni lugar de impresión; en 4.» 

£1 objeto de este anónimo, como ya hemos dicho, C8 
combatir á D. Tomas Longás, y al Dr. Amador^ defendien- 
do á Gasalete. Prueba que el estado de la aiter<*cioo déla 
sangre per moduní putredinis^ lo sijínifican Hipócrates y 
Avicena con el nombre de crasicie^ spUHud, su puracíon i/ má* 
turaclonj cuyos términos eran sinónimos: que por vicio 
de sangre que pide sangría, se entendía vicio de pütriúa: 
que no era lo mismo el estado de alteración de la sangre, 
que el estado de la enfermedad: que según Galeno había 
proporción entre la podredumbre de los humores y de las 
venas. Combate al Dr. Amador que decía que en el catar- 
ro sofocativo, en caso urgente, sangraba por no poder 
purgar , y le impugna igualmente en otras varías proposi- 
ciones. 

Tomás Longás contestó á este anónimo cpn otro titulado, 
Dudas cqntra el desagravio déla verdad ofendida^ comoque^ 
da dicho en la bibliografía de este médico. 



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SIGLO xvni. 



INTRODUCCIÓN. 



S !.• 



Bapida ojeada sobre el estado dk la literatxjba m 

ECROPA, Y CON especialidad EN EsPAÑA. 



X ristc 7 desconsolador es el cuadro que presentamos á 
nuestrosjectores del estado de la literatura en e] nglo X Vil, 
especialmente en nuestra Península ; triste y desconfolador 
lo fué también dorante algunos anos en el siglo X\]II. Sin 
embar^, preparábase un gran desarrollo en las ideas, y se 
empezaba á realizar una de esas cstraordinarias revolución* 
nes, que deciden por lo regular del estado social , religioso 
7 político de la^ naciones. 

Empero antes de ocuparnos de la historia de la literata» 
ra en general del siglo XVIII^nos parece muj conveniea- 
te que apuntemos aqui la causa de nuestra decadencia an<> 
tenor, y desvanezcamos una preocupación asaz arraigada 
en la mente de los hombres. 

' Ho hay historiador, especialmente estrangero, que al 
hablar de las causas que influyeron en el atraso de nuestra 
literatura en el siglo XVII y principios del XVIII, no esté 
de acuerdo en cifrarlas con especialidad en el despotisma 



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250 MEDICINA 

relifi6fio isimbolnadaen di tríbonalde la inquisición; pe- 
ro esta idea, si bien tiene á su favor las apariencias, es tan 
inexacta, cuanto que se han desatendido otras cirennstan- 
cías no menos poderosas, fundándose un error del que há- 
bilmente se han valido varios autores, para forjar cuentos 
y exafceraciones que sirvieron de ariete para batir en brecha 
aquella minada ^ caduca institución. 

£1 estado político de la España en la época de que habla- 
mos, era una causa muy atendible. Nosotros poseiamos los 
dilatados paises americanos ^ eramos dueños de la Ccrdeña, 
y nuestras banderas victoriosas tremolaban en diferentes 
puntos de la Italia, del África y Asia. De este ensanche 
de dominio resultaba una escesiva emigración por un lado, 
y las ideas de grandeza por otro, que absorbían toda la aten- 
ción de los hombres entregados á la política. Las Américas 
especialmente se pobUbansÍB cesqr<|e españoles atraídos 
por el aliciente de sus riquezas ; inmensos caudales venían^ 
de aquellas lejanas regiones, y sabido es que el hombre 
que atesora y se baña en las comodidades que proporciona 
el oro, repugna el atento estadio y no lleva al hijo á fati- 
gar su memoria en las escuelas literarias. 
. Aun hay mas: durante todo el siglo XYII, España ^aor 
gustiada con las asoladoras pestes y epidemias , veia des- 
aparecer sus poblaciones, y a la muerte cebarse 16 mismo 
2ue en la plcne ignorante , en los hombres científicos. Ib- 
nito fué el número de jóvenes que perecieron. Infinito fué 
también el de los literatos que aejaron sus obras empezap^ 
das y muohas en idea. De estas horrorosas mortandaklés se 
siguieron la horfandad desvalida, los trastornos de familias; 
el abandono de los estudios, la clausura de las universidad 
des, la escasez de población á que contribuía el celibatismo 
religioso en ambos sexos, y por último, la paralizacioá da 
los progresos en la» ciencias* ! > 

Añádanse á (%te coadro lastimoso las guerras^ y especiaU 
mente la que hubo al principiar el siglo XVIII, la falta de 
protección que tuvieron las letras en el siglo XVII por par- 
te del gobierno, la^ escesivas gabelas que pesaban sobre el 
papc^l V la imprenta , y se verá desde luegO' que este con^- 
jonto ae circunstandas ^es mas positivo y mas poderoso pa4> 
Va estacionar á una nación en sus adélatítos, que la in-» 
fluencia que tanto se ha exagerado del tribunal de la Inqni- 
aídion. 

i Veamos aboraqué aspecto literario presentael «gloXVilI. 
t AI eppipar Garlos II, de compasiva memoiia, tmmtnó el 



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ESPAÑOLA. 251 

siglo XTII. Al 8ttcederle Felipe V, empezó con su rdoado 
la desastrosa guerra de sucesión ; pero al concluir esta, em- 
pegó eu España la regenepacion de uueslm literatura. 

Felipe Y, venido de una nación en que las ciencias esta- 
ban en su período creciente, notó desde luego la postracióu 
en que se hallaban los talentos españoles, y se aedicé á la 

Eroteccion de las artes y- de los estudios en el pais donde' 
abia sido llamado á reinar. 

Una áfi las baenas disposiciones de este Monarca, fué la 
fundación de la Academia Española , que tanto contribuyó 
al fomento de la literatura con la impresión de su dicciona- 
rio, ©n el que se fijó el valor de las voces, procurando con- 
servar la pureza del rico ^ armonioso idioma castellano. 
Mas adelante so establecieron la Beal Biblioteca de Ma- 
drid, la Aioadcinia de la Historia , la de la« tres nobles ar- 
teSy^l gabinete de Historia Matura!, mandado formar por 
Carlos III^ y salió á luz la magnífica obra del Uerculano, 
tesoro de bellezas artísticas, suficiente por si sola para in- 
mortalizar el nombre de acjugl Monarca, á cuyas espensas 
se hiáo, y por último se erigieron otros muchos establecí- 
mijBtttos y colegios, de los que hablaremos mas adelante. 

También desde el prineipío del siglo se empezaron á en* 
señar las humanidades con mejor gusto; se cultivó el estU' 
dio de los idioatas^ á lo que contribuyeron Fr. Bernardo de 
Zamora, con su gramática griega, y D. Juan de triarte con 
la latina. Las obras didácticas y las poéticas empezaron á 
n^lir llenas ée magestad y de bellezas Aratorías, aun cuan- 
do es cierto (juc en muchas se nota que sus autores recibie- 
ron sus inspiraciones de Ja literatura francesa, en donde se 
babia fijado^ toda la atención de los cultos. 
< La: poesía lírica, la .dramática, la. descriptiva y otras, re- 
nacieron en gran, número de ingeni<^, aunque no todos si-^ 
Soicrpo una aiismá escuela. Creian unos que en donde se 
ebia estudiar el buen gusto era en los antiguos, princi-* 
pálmente los poetas; mientras que otros desdeñando el rí«« 
gor clásico, se lanzaron por otras vias mas fáciles, si se quie- 
re, entregándose al vuelo de la ardiente imaginación. 

£1 número de nuestros vates en este siglo fué considei^á- 
ble.' Antonio de Zamora , Cañizares., Gerardo Lobo, Pedro 
Micolás Qcejo, Agostiñ Monliano, el P. Isla, Cándido Tri- 

Seros, Ignacio López dé Avala, Jíicolás Fernandlpz Ca- 
za de V^a » Vicente Garcia de la Huertti, Pedro OlaTide, 
Cadahalso, Iríarte, SamafBiego, Forner, el P. Sarmiento,* 
Ir. Diego González, Melei|de&, Iglesias, y por «Utimo Gi^- 



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S¿9 MEDICINA 

fuegos, Leandro Fernasdez Moratin, j otros de menoa nota. 

Ño menos que la poesía se cultivó la prosa : desapareció 
de una vez el gusto depravado de sobrecargar los escritos 
con una pesada erudición ; él de entremezclar los testos la- 
tinos en las narraciones, las voces bárbaras , el estilo enfá^ 
tico y sentencioso. Se escribió la historia con claridad y 
con método; las obras críticas aparecieron en entilo, ora 
circunspecto, ora chistoso; pero casi todas filosóficas, ca«* 
si todas contribuyendo á inspirar el buen gasto ^ á dester- 
rar abusos y preocupaciones, á impulsar los entendimientos 
al gran desarrollo de ideas que fermentaba , digámoslo asi, 
en todos los hombres estudiosos. Sin embargo, debemos 
confesar que hubo algunos que pecaron contra las buenas 
reglas oratorias al querer imitar á los escritores franceses, 
notándose en mis producciones la falta det estilo castizo 
entre otros defectos ; pero este mal fué casi inevitable aten- 
dido el estado floreciente en que se hallaba aquel pais, y 
á que al despertar nosotros del letargo pasado, era muy 
natural que absorbiesen tode^ nuestra atención los grandes 
adelantos de nuestros vecinos, y mocho mas, cuanclo habls 
venido á ocupar el trono de nuestros Reyes un vastago de 
la familia reinante de la Francia, siguiéndole muchos hom- 
bres científicos. 

Los autores mas esclarecidos que florecieron en este siglo 
fueron: el marqués de San Felipe, que escribió la historia de 
la guerra de sucesión ; el P. Feijóo , impugnador de la* preo- 
cupaciones vulgares, y de quien hablaremos mas adelarite 
con esteDsion;el humanista Luxan; el gran erudito Gregorio 
Mayans y Sisear; el anticuario Marti; el numismático Clí- 
seme; eí defensor de nuestras antiguas glorias literarias^ el 
abate Andrés y su correligionario LampiUas; el famoso 
Gampomancs; el filosofo y político Jovellanos, tan profun- 
do en sus ideas como elegante en su estilo; el literato y po- 
lítico Capmani, autor del Teaim critica de la eheueneia e$^ 
pañoía; Pedro Lucuce, que ilustró el arte militar con sn 
Tratado de fortificación ; Miguel Casiri, que en su magnífica 
biblioteca árabe dio á conocer los ocultos tesoros de escri- 
tores árabes que poseemos en la librería del Escorial ; José 
Bodriguez de Castro, que lo hizo de los rabinos españoles, y 
otros varios bibliógrafos, que se dedicaron i perpetuar la 
memoria de nuestras obras antiguas. Por último, sena 
largo y ageno de nuestro propósito consignar aqni el pro* 
digioso número de autores que contamos en este siglo. 
. M tanto qw los historiadores y loa críticos daban é b» 



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ESPlfiOLA. t53 

8tts ofbn», proédrando inspirar en ellas el ^osto á las be- 
llezas de la oratoria, la elooiencia del pulpito permaneció 
BfMT moehos aQos entrado el siglo en una perversión qué 
men podiéramos calificar de escandalosa. Voces estravagan- 
tes, metáforas exageradas, hipérboles risibles, y lo que 
es mas, la forzada interpretación de ias Escrituras y de los 
Santos Padres, constituian el carácter de la predicación «ca- 
tólica, chistosamente eritícada por el P. Mñ en su Fr. Ge^ 
rmiüio. Sin embargo , á mediados del siglo empezó á cor* 
regirse este gravísimo mal, y bien podemos presentar des- 

£ues de aquella época al lado del admirable Bossuet y de. 
[assillon,á nuestros dos obispos D. Francisco Bocanegra 
y Jibaja, y D. José Climeut, que ambos supieron elevar la 
elocuencia sagrada al atto puesto que le compete por lo 
grandioso de su objeto. 

Empero mientras que esta regeneración se. efectuaba en 
el dilatado campo de las bellas letras en la Península espa* 
ñola, la Francia , Inglaterra, Alemania y la Italia hablan 
ya efectuado también las su vas. 

La Francia durante el siglo XVII habia hecho mochos 
adelantos en todos ios ramos de la literatura ; pero cuando 
tuvo su mayor desarrollo fué sin duda en el XVilf . Empe* 
só como nosotros por el estudio de los clásicos de la anti- 
güedad ; buscaron los ingenios en las obras de los griegos 
y de los latinos buenos modelos que imitar; sostuvieron en- 
tre sí como nosotros la erudita contienda ' sobre el mérito 
comparativo de los antiguos y modernos; v la poesía iíii« 
cay la dramática se enriquecieron con los Itousséau, Fon- 
tenelle, Lagrange, Beaumarcbais, La-Harpe, los dos 
Cherniers, Gilbert, Suint Lamhcrt,el Abate Delitle, La- 
mothes y otros, que ora en la poesia trágica, ora en Ja dra* 
roáttea^Y en la descriptiva y en la de todos géneros supieron 
adquirirse un merecido renombre. Pero todos aquellos as* 
tros de las bellas letras quedaron eclipsados * digámoslo asi, 
por aquella brillante imaginación que apareció en medio 
de ellos y que muy luego había de ejercer tan grande in* 
liujo en todos los espíritus de los hombres de su siglo. Ha- 
blo del esclarecido poeta , del historiador ameno, del filó- 
sofo sofístico, del crttieo sarcástico, Francisco María Aronet 
deVoltaire. 

Este hombre estraordinario llegó á ser el gefe de una 
secta nueva; trató de dar grande imperio á la razón; pro- 
curó inspirar algunos buenos sentimientos humanitarios: 
aboneoio la guerra; quiso inculcar eo los ánimos el 



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254 iiEDiciifA. 

amor á la ifidepéndenda ;: por último esoribióuii §raiinii^ 
mero de obras en prosa y Terso; pero manchó sá fama pos- 
tuma por su odio ÍDJustiñcable á la religión católica^ por 
sus doctrinas ateas, y por ios errores en que hizo eaer á to^^ 
dos^ sus discípulos. . \ 

Al lado de este atleta, se levaütó otro contempQrán€osa-» 

Ío, que á su vez hizo igualmente innumerables prosélitos, 
ué este J. J. Rousseau: la dulzura^ la sensibilidad, la per-* 
suasion fueron el carácter distintivo de sus obras; pero sa 
filosofía, llena de errores, su estraviado sentimentalismo, sa 
religión casi pagana, produjeron una verdadera revoluciotí 
en la moral de los hombres, como en la política de Ida 
pueblos. 

La escuela de Yoltaire y la de Rousean produjeron gran 
número de filósofos materialistas^^ y todos ellos tuvieron ei 
carácter distintivo de la elocuencia , de la incredulidad, de 
la predicación auticatélica y la de la independencia de los 
IHieblos. 

Alambert se señaló por la elegancia de su estilo; Diderot 
PQr su crítica, y ambos discípulos de Yoltaire, por finada- 
dores de la escuela literaria enetelepédica, que tantos entu* 
siastas produjo dentro y fuera de la Francia^ Por último^ 
ya á fines del siglo babian dado su fruto las doctrinas de 
estos dos hombres, y entonces fué cuando la docuencia 
hablada apareció tremenda, y ella acabó de determinarla 
cruenta revoluciona que iban encaminadas las ideas, ios 
obras y las voluntades. 

Mas dejemos á un lado la historia de aquella époea de- 
sastrosa, y volvamos nuestra atencroü á los hombres de sa^ 
ñas doctrinas y á los grandes filósofos; 

A primera vista se presenta á nuestra consideración Bnr- 
dalue, Bridaine y el obispo Massillon en la elocuencia sa^ 
grada, Linguet en la del foro, el Abate Barthelemy y el 
cardenal Maury en la historia, en la crítica y muy particu^- 
larmcnte este ultimo en su oratoria profana y religiosa. E{ 
incomparable Montesquieu, Perrault, Bayle, Saiiit-Pierre 
y otros unieron las ciencias con los letras. GóndilDeic, Buf-^ 
fon, Daubanton, Linneo y otros sostuvieron los verdaderos 
adelantos en las ciencias, y fueron muchos también los que 
se dedicaron á combatir los errores de su siglo y los efe 
suna filosofía sofística é innovadora. 

Asi como la Francia , la Inglaterra y la Alemania babíaB 
eguido en pos del espíritu progresivo reinante en el si- 
¿lo XVIII. Estas dos naciones de catócter particular m se- 



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^aRirón también, la aira por su a|>Ucación á las deücías 
exactas, y la otra por la profundidad de sus ideaá^y por su 
/metafísica. 

Empero la patria del Dante, del Petrarca y de Maquía- 
velo ofrece grandes hombres á nuestra consideración. 
' Italia , que como España se babia elevado en e! sijílo XVI 
á grande altura, descendió un poco durante el XVII; pero 
volvió á levantar su vuelo en el XVllI, de lo que es buena 
prueba el gran número de autores que rivalizfiron entre 
sí en méritos oratorios, poéticos y científicos. Pero noso- 
tros en obsecjuioá la brevedad, solo citaremos al elegante 
Scipion Maffei, á Apostólo Zeno, al melifluo Metastasio y 
al fogoso Alüeri, como los principales en el numen de Xa-» 
lia y de Melpómene. 

• Tirabosíjui, Betinelli y Napoli Signorelli, fueron escelen- 
tes historiadores, si bien cayeron en el lamentable error de 
insultar nuestra antigua literatura sin conocerla á fondo, 
lo que escitó el celo patrio del español Lampillas, para im- 
pugnarlos y defender las glorias de su pais, 

éiannone, Gravina, Beccaria y Filangieri, se hicieron cé- 
lebres en la ciencia legislativa. 'Vico, Algorotti , Boselli y; 
otros muchos , fueron buenos filósofos. Empero volvamos 
un momento nuestra consideración á los adelantos en la fí- 
sica que se hicieron en la Europa en este siglo, y concíuya- 
mos refiriendo cual era el estado de nuestras escuelas. 

• Grandes é importantísimos fueron los estudios matemá- 
ticos , astrológicos y físicos que se hicieron en este siglo. 
Ofrécehse á primera vista las maravillosas observaciones 
sobre la electricidad y el galvanismo. Ya Gilberto , Cabeo 
y Cartesio, hablan fijado su consideración en la virtud atrac- 
tiva de ciertos cuerpos: Guerick siguió lefs mismas obser- 
taciones é inventó una imperfecta máquina eléctrica, que fué 
la primera que vieron los físicos. Hanksbeo y Grey conti- 
nuaron los mismos estudios; Nollet, Symmer y bu Fay 
llegaron á formar un verdadero sistema, "siendo este último 
el primero que halló el inedip de sacar la chispa eléctricai 
de los cuerpos animales, cuyo descubrimiento condujo al 
gran físico Muscbembrock al invento de la botella de Ley- 
den, que tanta admiración produjo. Sisueau de Láfond, 
Pauliem y otros, continuaron sus estudios sobre tan inte-» 
resante objeto ; pero ninguno se inmortalizó tanto, ni la 
física le debe mas, que al célebre Franklin. 

- Este grande hombre compuso un sistema al cual sujetó 
todos los. fenómenos de «quel fluido imponderable, é hizo 



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2S6 ftimcnrA 

tantos esperimentos, qne al fia bo solo vino á demostrar li 
existencia de la materia eiéctica en las Du|>es de tronada, 
sino que descubrió el medio de disponer del ravo, de des- 
armar á la misma naturaleza salvando á los hombres y á 
los edificios. 

Tan portentosos hechos llamaron desde luego la atención 
de los sabios de todo el mundo, y desde entonces el fluido 
eléctrico ha sido el objeto privilegiado de las mas grandes 
observaciones para hecerlo servir en beneficio del género 
humano. Entonces se inventaron máquinas ingeniosas co- 
mo la de Volta , y entonces basta la casualidad vino á au- 
mentar el número de los prodigios eléctricos con la sor- 
prendente observación de Galvaui« 

Ni) mciios que en este ramo de la física, se cultivó en el 
siglo XVIII el de las matemáticas y el de la astronomía. 
Alambert, Vauban y otros, se señalaron en la primera de 
estas ciencias: BernouUi, LaHire, La Landey otros mu- 
chos en la segdnda. 

Mientras tan admirablemente progresaba el talento hu« 
mano en la república de los sabios, no quedamos nosotros 
estacionarios, si bien no nos pertenecen esos grandes des* 
Gubrimienlos que acabamos de referir. 

Al principio del siglo reinaban todavía en las aulas es- 
pañolas aquellas discusiones escolásticas, aquellas sutilezas 
de la caduca escuela, que vacilante ya pugnaba aun por 
sostenerse, y se defendía con fé en sus últimos atrinchera- 
míenlos. Sin embargo, se habla minado el baluarte déla 
autoridad; se habia desechado la lógica peripatética como 
defectuosa ; se dieron por falsos los dogmas del filósofo de 
Estagira; buscábase la verdad con una vehemencia heroica; 
la razón escudriñaba todas las cuestiones modernas; se leiaa 
todos los sistemas del mundo ; el análisis, la inducción y la 
analogía guiaban á los hombres estudiosos, y aquella eoQSr 
taute aplicación, aquellas combinaciones y el atento juicio 
que prestaron para observar, comparar y deducir, dio por 
resultado el abrazar los nuevos aaelantos de la física, los 
de la dialéctica, y concluir de una vez con cuanto hablan es- 
crito Aristóteles y sus sectarios. 

Entonces los filósofos españoles siguieron cada uno su 
particular escuela: unos, discípulos del sutil Gartesio, qui- 
sieron hallar en los estudios físicos las evidencias matemá- 
ticas; otros seguían á Gasendo, desdeñando las abstraccio« 
oes metafísicas y procurando buscar en la filosofía cor- 
puscular y mecánica, el mismo objeto que aquel se proponía. 



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ispaSola. 2S7 

Ea nmstras aulas se reformaron los estadios; la lógica 
de Gonditlac , la filosofía de Genovessi , la de Marsais, la 
del P. Jaquiery el curso Lugdunense, fueron los princi*- 
pales autores por donde empezaron los jóvenes su carrera. 

También ayudó á la reforma de los estudios, como á los 
adelantos de la época, la sabia protección del gobierno. 
En 1778 espidió el consejo de Castilla una circular á todas 
las escuelas, invitando á sus catedráticos á que escribiesen 
obras elementales fundadas en Los nuevos progresos, pro« 
metiendo asimismo los premios á que se hiciesen acreedo- 
res. Asi fué como empezaron á salir nuevos cursos lite- 
rarios, y asi fué también como se estudiaron en España las 
obras de todos los gefes de las escuelas, de todos ios fun- 
dadores de la filosofía moderna. 

Sin embargo, nótase que los grandes filósofos que se for- 
maron en esta época en nuestras aulas, se dividieron en 
eclécticos y escépticos. Grandes y reñidas controversia^ se 
suscitaron en pro y en contra del escepticismo filosófico, y 
ciertamente que aun cuando ya en años anteriores á esto 
época algunos filósofos españoles se habían sentido arras- 
trados hacia él, Martin Martínez fué quien provocó esta 
lid y machos le siguieron. 

A este siglo pertenece también nuestro gran Pereyra. Su 
TeoíUeea natural obtuvo mucha aceptación dentro y fuera 
del reino , y nadie debiera leer á Newton y Leibnitz sin 
tener al. lado la obra de nuestro español. En ella ostenta los 
mas amplios conocimientos de la física, sin caer en las 
abstracciones de Leibnitz; y tan versado en la filosofia na- 
tural como Newton, le escede en la racional, á pesar de que 
este último autor inglés tuvo una fuerza inventiva prodi- 
giosa, por la que no sin razón ha llenado el mondo de sa 
nombre. 

También debe ocupar un lugar honorífico entre los filó- 
sofos de este siglo, el portugués Almeida. Literato al par 
que filósofo, supo herinanar las bellezas de la epopeya con 
la rigidez de la filosofia moral. 

Asi como la física, las matemáticas fueron en este siglo 
objeto de grandes estadios entre nosotros. Tosca, Cibat y 
el abate Bails escribieron sobre esta ciencia; pero lo que 
mas nos honra fué el haber contribuido á la averiguación 
de la verdadera figura de la tierra. Las disputas que ha^ 
bia entre los sabios sobre el particular, determinaron á los 
mejores matemáticos de Francia y de otros paises á veri- 
ficar una ospedieron bajo la línea equinoccial, y por el rei-* 
í. 17 



TOMO VI. 



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258 MEDIGIlfA 

no del Perú. Felipe Y nombró por España á D. Jorge Juan 
7 á D. Antonio de UUoa, siendo el resultado tan satisfac- 
torio, como era de esperar de todos y de cada uno de aque« 
líos sabios. En 1748 se imprimipron de orden del monarcii 
las observaciones astronómicas y la relación histórica del 
viage, hechas por nuestros españQles, j D. Jorge Juan pu« 
blicó sus efemérides y diarios estrangeros , ademas de su 
grande obra del Examen maritimo , que tan celebrada fué 
por todos los sabios. 

Por último, el siglo XYIII presenta el carácter particular 
de que cuantas obras se escribieron en nuestro suelo en to-* 
dos los ramos de literatura y ciencias naturales, llevan 
el sello de la meditación y del estudio de la físéca, de las 
matemáticas, de la moral y de la especulativa. Nada dire- 
mos sobre la jurisprudencia, teología y otras ciencias. Ma- 
teria seria esta de por sí tan vasta , que no podríamos to- 
carla sin faltar á la concisión que nos hemos propuesto. 

Concluiremos, pues, esteligero bosc|u^o, para ocuparnos 
m el párrafo siguiente de las ciencias médicas, diciendo, 
que el siglo XVllI fué eminentemente filosófico, grande en 
todos conceptos y en todas las naciones, el regenerador de 
las bellas letras, el reformador de la lógica, de la metafísi- 
ca; de la teología escolástica y de todas las escuelas, el en 
que mas progresos se hicieron en los estudios de la física, 
de la química y demás ciencias naturales, y tan fecundo 
en fio, en autores. famosos, como estraviado y lleno de 
errores. 

IlfFCiüJO DE LA. filosofía Elf LA MKDIGINA.-^SlSTEMAS 

MÉDICOS.— Progreso de las ciencias medicas durante 

EL siglo XVIII Y sus, PRIITGIPALES AUTORES. 

La alianza de la filosofía con la medicina y las circuns^ 
tandas particulares que han concurrido desde los mas re- 
motos tiempos para ir perfeccionando la una, al paso que 
la observación y el estudio han ido ensanchando la esfera 
de la otra, es uno de los puntos mas curiosos é interesantes, 
de la erudición médica. 

Sabido es que después que los filósofos griegos acabaron 
con la secta Jónica y con la Itálica, y privaron á los Asolé- 
piades del privilegio csciusivo que tenian de ejercer la me- 
dicina, Pitágoras y Bmpedocles epipezaron á formar un. 



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BSPAlOLA. 259^ 

sistema filosófico médico, aunque sumamente perjudicial, 
incoherente y sofístico. Vino luego Hipócrates y con él em* 
pezó el reinado de la verdadera filosofía médica. No se con- 
tentó este hombre estraordinario con criticar á los sofistas 
de su época, sino que les arrancó el ejercicio de una profe- 
sión de que se habían apoderado indebidamente. £1 enlazó el 
raciocinio con la espenencia; indicó el mecanismo del pen- 
samiento; señaló el verdadero conocimiento de las poten- 
cias intelectuales, el de sus operaciones , los medios de fa- ' 
cuitar liis y la aplicación del influjo de los sentidos en el es- 
tudio del hombre sano y enfermo. 

Empero no bastó que este ilustre anciano estableciese asi 
los límites que deben circunscribir la filosofía del médico; 
límites de los que nunca se debió salir, ya que á tantos des* 
aciertos ha conducido el olvido de sus preceptos : pronto 
la afición á los sistemas hipotéticos invadió el estudio de 
Ja medicina, y por ellos se quiso buscar el principio de la 
vida, el de las enfermedades y los medios de curación, ori- 
ginándose de aqui una multitud de sectas, tan disparatadas 
como opuestas al espíritu filosófico que animaba al médico 
de Góos. 

La filosofía de Platón, la de los estoicos' y la de Genon, 
sirvieron de base á la medicina dogmática. Los peripatéti- 
cos fundaron la escuela de Alejandría, y ésta, al paso que 
hizo algunos adelantos en los estudios anatómicos, escitó el 
gusto por las especulaciones escolásticas. Luego el empiris- 
mo se separó de la escuela dogmática y abrazó la filosofía 
de Pirron y las doctrinas de la escéptica. Vinieron después los 
metodistas y fundaron la filosofia corpuscular. Los pneu- 
máticos, cuyo gefe fué Ateneo de Atalia, quisieron que la 
salud dependiese de un principio etéreo llamado pneuma, y 
siguieron la doctrina de los gérmenes preexistentes , ense- 
ñada antes por Platón, Aristóteles y los estoicos. Por últi- 
mo , la medicina ecléctica y episentética, fundada por Aga* 
tino de Esparta» quiso reconciliar la medicina empírica y 
la dogmática á imitación de los filósofos académicos, que lo 
hicieron con las sectas dominantes en su tiempo. 

£n este estado se encontraba la medicina, descaminada, 
digámoslo asi, y perdida en el dédalo de las sutilezas y dis- 
cusiones, y sin atinar con la verdadera senda , trazada tan 
sabiamente por Hipócrates, cuando apareció en el mundo 
el gran comentador de aquel padre de la medicina. Claudio 
Galeno, á quien los siglos admirarán siempre por su gran 
talento, como por su .estremada jactancia, declaró la guer- 



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260 MEDICniA 

ra á los sistemáticos» j trató de establecer la medicina hi- 
pocrática sobre bases indestructibles. Sin embargo se dejó 
llevar también del espíritu dominante de su época, enmara- 
ñando sus voluminosos escritos con las sutilezas de Platón 
y del estagirita. 

Los árabes y los hebreos adoptaron la filosofía aristoté- 
lica y las obras del médico de Pérgamo, y no tardaron en 
Eropagar sus escuelas por el continente europeo. Sin ém- 
argo, pronto fueron oscurecidos los principios fundamen- 
tales del galenismo , combinándose con él la sofistería de 
los Teósofos jr Cabalistas. 

La emigración de los griegos á Italia hizo renacer el buen 
gusto de la doctrina de Hipócrates, y desde aquella época 
los médicos españoles fueron los que mas trabajaron para 
derrocar las teorías de los árabes y generalisEar el estudio 
delafilosofia bipocrática, como ya en otro lugar hemos 
demostrado. 

Fernelio adoptó la filosofia de Pedro de Larramé, y cuan- 
do era de esperar que ios médicos hubiesen abandonado 
para siempre las vanas teorías, apareció Paracelso, adop- 
tando nuevamente las emanaciones de Platón , las cuatro 
entidades químicas, sal, azufre, mercurio y tártaro y un 
espíritu ó demonio que llamó arqueo y colocó en la boca 
del estómago, ofreciéndonos el mas estra vagante de todos 
los sistemas. 

Siguióle luego Helmoncio, que admitió el arqueo y la fi- 
losofía de los espiritualistas. Sirvió de apoyo al sistema de 
Silvio y Willis , añadiendo estos autores sus fermentos y 
esplosiones. 

La filosofía de Cartesio , y la física de Galileo , Newton y 
Leibnitz contribuyeron á establecer la medicina mecánica, 
considerando al organismo animal como un conjunto de 
máquinas, cuyas fuerzas se calcularon por las leyes de la 
hidráulica y de la estática. 

La física de Claudio Perrault y la metafísica de Malle- 
branche, abrieron el camino al sistema de Stahl. La teoría 
de Glison y la metafísica de Leibnitz fueron los fundamen- 
tos en que se apoyó el sistema de los solidistas. Por último, 
Condillac procuró perfeccionar el método de dirigir al en- 
tendimiento; desechó las Ideas especulativas, y abrió una 
amplia via al estudio de la observación y de (a esperiencia, 
el único que debe seguirse, como norte seguro de la ver- 
dadera medicina. 
Sin embargo, durante el siglo XVIII, por este mismo in- 



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flujo de lafilesfrffa sobre las doctrinas médicas, continua^ 
roo en todo el continente europeo socediéodose maravillo- 
samente los sistemas , las brillantes teorías, y buho inge* 
nios gigantes qué seflalarou su época por el influjo que tu- 
vieron sus escuelas en la república medica, y por la ítíferza 
de persuasión que supieron inculcar en oí espíritu de los 
médicos. 

Veamos, pues , cuáles fueron estas teorías y los verda- 
deros adelantos aue los médicos europeos presentaron co- 
mo tributos en el templo de la ciencia. 

Santorio, bombresagazy observador, se dedicó á gra- 
duar la cantidad de transpiración insensible que exnala 
el cuerpo, y su influencia, tanto en el estado de salud como 
ea el de eniermedad , y estos estudios, tan interesantes á la 
fisiología como á la patología, sirvieron, de fundamento á 
la medicina estática. 

Borelli dio grfm importancia al estudio de las matemá- 
ticas, y se valió de ellas para demostrar el mecanismo de 
la fuerza muscular, el de las secreciones y demás funciones 
de la economía, y fundó la escuela mecánica, que tantos 
aectaríos tuvo, principalmente en Alemania é Inglaterra. 

Bellini fué también partidario de la medicina estática, y 
admitió la teoría de la fermentación y las ideas de la quí- 
mica orgánica. 

Stahl, fué un gran filósofo. No satisfecbo con las teorías 
reinantes en 80 época , dirigió sus estudios á la influencia 
de ios.temperamentos ; observó los movimientos de la na- 
turaleza de las enfermedades , siguió exactamente sus in- 
dicaciones, y no se opuso al orden de sus leyes. Sostener- 
la en su decadencia y corregirla en sus movimientos exa- 
gerados , fueron s,us doctrinas , el dogma de su medicina 
especiante. Por último , este observador, á quien debemos 
una bella teoría sobre las hemorragias, ad virtiendo que 
ellas suelen ser el mas saludable recurso de la naturaleza, 
notó igualmente los funestos efectos de las estancaciones á 
consecuencia del débil curso de la sangre. 

£1 sistema de Stahl tuvo muchos partidaríos : reinó por 
algún tiempo; pero al fin vinieron otros que le derrocaron. 

Boerhaave, á quien honró su discípulo Lemetrie diciendo 

aue no vio la naturaleza por sí mismo , sino que la aceptó 
e manos agenas, fué sin duda uno de esos genios brillan- 
tes que tienen el don de arrebatar y seducir. Dotado de uña 
iamensa erudición y de una elocueneia seductora, fundó 
la escuela ecdéctica, en la cual se propuso reunir en un cuer * 



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262 ' MEDIGIIIA 

po de doctrina las ideas antigaas y modernas. Eü efecto, 
Boerhaave, como dice un historiador, fué mas an talento 
combinador que un ingenio inventivo: él reunió el humo- 
rismo de Hipócrates j Galeno , el atomismo de Asclepia* 
des y Cartesio , el solidismo de Temison y Tésalo , el me- 
canismo de Bellini y Pitcarnlo, y el qnimismo de Wan-hel- 
mont y de Silvio. 

La-Caze y Borden establecieron la secta orgánica llama- 
da asi por Scuderi; pero no hicieron mas que reproducir 
las antiguas hipótesis de Hclmoncio y algunos pensamientos 
de Stahl. Uno y otro dieron al estómago y al diafragma una 
gran importancia, estableciendo en ellos el principio del 
movimiento y de las sensaciones, y admitiendo el predo^ 
minio de las fuerzas de estos órganos por reacción simpé* 
tica sobre las funciones de la economía , especialmente del 
cerebro. 

Hoffmann , gefe de la secta difiámica , tuvo un espíritu 
recto; buscó ansioso las verdades demostrativas; desechó 
las doctrinasde Boerhaave,las de Stahl, y las demás hipóte*- 
sis como perjudiciales , dio grande importancia á los esto« 
dios anatómicos y quiso hallar en las leyes físico-químicas 
el agente que obra en el cuerpo vivo. Su escuela estriba en 
un principio inmaterial que recorre los nervios y se espar- 
ce por todo el organismo para darle vida y movimiento: 
el aumento ó disminución de fuerzas es , según él , lo que 
constituye el estado enfermo, y la base de su doctrina de 
los espasmos, para los que compuso un célebre elixir que 
lleva su nombre. 

Haller fué hombre de una fecundidad de ideas prodigio- 
sa ; sus estudios se dirigieron principalmente hacia las fun- 
ciones de la economía animal. La fisiología recibió con sus 
investigaciones y esperimenlos un grande impulso; estable- 
ció la ruidosa teoría sobre la irritabilidad quo tantos com* 
batieron y defendieron, y la ciencia le debe importantes re- 
velaciones acerca de muchos fenómenos de la vida, sobre la 
sensibilidad inherente y respectiva de los órganos y rela- 
ciones que estos tienen entre sí, sóbrelas fuerzas funda- 
mentales que obran en los cuerpos vivos, sóbrela circu- 
lación de la sangre en la sustancia del corazón , sobre los 
movimientos que la respiración imprime en el cerebro, y 
por último, gran número de obras que aseguraron su fama 
postuma. 

Gullen, gefe de la medicina fisioló^ca, tomando á la ener- 
gía , colapso y espasmo como principios para espticar Ids 



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BsrAüOLA. 183 

f^nónuenoA de la salad y de las eufermedades, creó la bella 
teoría de que se irradian desde los centros nerviosos todos 
los movliBienlos de las partes sólidas, las simpatías y la 
resistencia á los agentes destructores de la economía áni«^ 
mal. Asi todas las enfermedades nacían del sistema nervio- 
SO) y por lo tanto la terapéutica debía dirigirse al estóma- 
go, para que este órgano pusiera en acción sus simpatías 
con aquel sistema y llevase la curación por medio de ellas 
á todas las partes del cuerpo. Sus observaciones sobre las 
relaciones que existen entre las facultades físicas y las in* 
telectuales son muy interesantes. A pesar de esto , su dis- 
cípulo Brown, as(^ura que si vuelve á Hoffman, á Gaubio, 
á Haller, á Blak , á Linneo y á otros, lo que les pertenece, 
se queda desnudo, sin concederle siquiera la habilidad de 
eslazar los errores hipotéticos de los demás. 

Brown fué por consiguiente el rival de GuUen: nos dejó 
unos elementos que por sus notables vacíos y defectos no 
merecen en rigor el nombre de esterna. Sin embargo, tuvo 
también sus grandes partidarios y su influencia en la revo- 
lución de la ciencia. Según este hombre impetuoso , la in- 
citabilidad, incitamento y estímulos, son inherentes á nues<- 
tra conservación : ellos forman la vida , la salud y las en* 
fermedades. Despojó al principio de vida ó naturaleza da 
Hipócrates, de aquella actividad medícatriz, y la conside- 
ró pasiva. Toda enfermedad consistía en esceso ó en debi* 
lidad de fuerzas ; su diagnóstico y su terapéutica es la mas 
sencilla, pero al mismo tiempo esplícada con la mayor 
vehemencia, con una fuerza de persuasión, que llevó tras 
6Í á infinitos partidarios. 

Erasmo Darwin , de imaginación exaltada , nos dio tam^ 
bien uaa teoría sobre los fenómenos de la vida y las lesio- 
nes orgánicas, que tiene muchos punios de contacto coa 
las de Stabl , Gullen y Brovirn. Fundó su zootomia en la 
consideración de la sensibilidad, que llama poder sensorial ó 
^spiritu de animación y movimiento animal de la fibra, cu- 
yo poder y funciones divide en cuatro secciones, irriíacionf 
sensación^ volición y asoeiacion^ de cuyo esceso, defecto y mo- 
vimiento retrógrado, deriva todas las enfermedades. 

Hufeland modificó el Brownismo con las doctrinas de los 
qniroieos de su época. 

. Bordé y Rasori nos dieron el sistema del contraestímnlo 
qne enlaza algunas de las ideas de Brown con las de Darwin. 

A lateoria y clasificación de la escitabilidad añaden dos 
iOOdas de obrar los estímulos y potencias esternas» y. una 



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S<4 MBDIGIIIA 

difereoéia también ctí su acción, relativa al estado general 
de la diátesis. 

Giannini reformó también el brownismo con sa teoría de 
la neurostenia^ que se apoya en la idea de qae en las enfer* 
medades asténicas se reanen simultáneamente incitamento 
y debilidad ; qué la astenia del sistema nervioso es la ver- 
dadera causa de la preponderancia del arterial y muscular; 
preponderancia que sin embargo no mira como un estado 
inflamatorio. 

For último, Baumés colocó sus fundamentos de la ciencia 
metódica de las enfermedades en el calórico, oxígeno, bi* 
drógeno , ázoe y fósforo , tomando el nombre de las dolen- 
cias y de los medicamentos, de las causas que supone con 
arreglo á estos principios; pero éi^ta clasiñcacion nosológi* 
ca, que tiene mas de imaginaria que de fundamental, no tu- 
vo aceptación. 

Tal rué la señe de sistemas que reinaron en el siglo XVIII, 
entre otros mas ó menos modificados que omito en obse- 
quio de la brevedad, y que todos ellos no han sido masque 
la continuación de teorías que han venido sucediéndose des- 
de los tiempos mas remotos. Nótase desde luego que su nú- 
mero en la época gue describimos, es mucho mayor del que 
nos presenta la historia antigua en todos y en cada uno de 
los siglos pasados. Empero asi debió ser en una época en 
que sujeto todo á la observación y al cálculo , se habiatí 
cerrado las voluminosas obras de los griegos, árabes y la- 
tinos, procurándose buscar un principio fijo, donde des- 
cansase el fundamento de la verdadera medicina. Las teo- 
rías humorales, á las que la mayor parte de los médicos de 
este siglo miraron con horror en fuerza de los desengaños 
pasados; las de las fuerzas dina micas; las del solidismor laé 
de las reacciones químicas y otras, no tuvieron otro objeto* 

Grandes fueron en verdad los estudios y esperimentos 
que hicieron los sabios para poder hallar ese princinio, por 
el cual pudieran esplicarse todos los fenómenos de la vida, 
de la muerte y de las enfermedades, deduciendo de ellos 
los medios terapéuticos para combatir las causas destruc- 
toras de nuestra economía; y si bien el celo de tantos hom- 
bres estudiosos , de tantas imaginaciones fervientes y aun 
exaltadas , no ha podido hallar esa tan deseada piedra fi- 
losofal , no fueron sin embargo infructuosos sus trabajos. 

A los médicos de este siglo pertenecen las mas exactas 
descripciones de enfermedades, que eu vano buscaremos ea 
las obras de^ los antiguds; á ellos igualmente se deben las 



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BSPAKOLA. 265 

infatigables investigaciones sobre los centros nerviosos y 
sus innumerables afecciones; las de los vasos linfáticos, el 
análisis de las aguas termales; las descripciones topográfi- 
cas de algunos paises; los estudios de íaesfigmica, déla 
historia natural y de la química; la inoculación de las vi* 
rnelas , la introducción en la materia médica de muchas 
sustancias medicinales ; la simplicidad de los remedios; la 
perfección en las operaciones quirúrgicas, la invención de 
instrumentos ingeniosos y vendages, y otras mil partícula^ 
ridades, que nos haríamos demasiado difusos si hubiéramos 
de referirlas. A pesar de esto citaremos algunos de los prin- 
cipales autores que se hicieron célebres en este si^Io. 

Zimmermann, el sensible Zimmermann, entre otras pro^ 
ducciones nos dio un escelente método para curar los flujos 
disentéricos. Tissot escribió sobre las enfermedades nervio- 
sas: Domingo Cirilo y Sauvages. sobre los fundamentos de 
la nosología: Spalanzani dirigió sus investigaciones sobré 
la digestión, la respiración, la circulación y generación. 
Fontana enriqueció la fisiología con sus observaciones mi- 
croscópicas y sus preparaciones anatómicas en cera; Torti 
y Werloff nos dieron escelentes tratados sobre las calentu- 
ras intermitentes perniciosas, recopilando cuanto nuestro 
Mercado hahia escrito de ellas; Bonet, Valsalva ; Morga^- 
ni se inmortalizaron por sus estudios anatómico- patología 
eos; GHubio, Murray y Garminati, se señalaron en la ma- 
teria médica ; Gampér se ocupó en el estudio de la fisiología 
comparada ; Nonquez y Huntér , hicieron interesantes des- 
cubrimientos sobre el origen y usos de los vasos linfáticos: 
Senac, sobre las enfermedades del corazón ; Yan-Swieten 
nos^dió, entre varias, una escelente obra de patología; Qua- 
rin se dedicó al estudio de las flegmasías y al de las enfer** 
medades crónicas; Stoll, entre oirás producciones admira- 
bles , nos suministró sus inapreciables observaciones sobre 
los fatales efectos de la supresión súbita de la transpiración 
insensible y de la exaltación biliosa, y descubrió los fenó- 
menos de las fiebres lentas nerviosas; Lorry fijó su aten- 
ción sobre la naturaleza del tejido adiposo , sobre los efectos 
de la compresión del cerebelo , sobre las afecciones cutá- 
neas y las metástasis. Yicq-d'Azvr, se hizo célebre por sus 
obras anatómico-fisiológicas, en las que procuró unir estas 
dos ciencias que tan estrechas relaciones tienen. Fouquet, en- 
tre otros estudios, fijó su consideración en las relaciones del 
pulso con las afecciones de los órsanos internos. Doublet se 
dedicó con esmero á las enfermedades de las mugeres y de 



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266 MJSDIGiNA 

los niños ; LaociBio escadriaó las cansas de las muertes re- 
pentinas ; Pringle escribió sobre la medicina militar : Wet- 
ferlo hizo sobre el modo de, obrar de los medicamentos y 
venenos ; Boy er se distinguió en la anatomía ; cirugía: 
Avenbru<?ger y Corvisart, en el conocimiento de las afec- 
ciones del pecho por medio de la q[)ercusion. Fabre,.Pibrack, 
Fambert, Petit» La Marliniere, Heister, Verdier, Morand, 
Marcbat, David y otros muchos, gozan de un merecido 
renombre por su pericia en las operaciones quirúrgicas, y 
por la invención de sus ins.trumenlQs,Bousset,Bicbat, Ga* 
fcanis , Sprengel , Freind , í^inel , Triller^-^JIacbride , Hon- 
ró, Coster, Astruc, Sylva, Ferrein , Fourcr(5y,--Barlhez, Sa-» 
batier, Dumas, Prost y otros mas, se inmortalizaron tam- 
bién, ora por su inmensa erudición, ora por su espíritu 
analítico y filosófico ; unos por sus sanos principios, otros 
por su infatigable celo en el descubrimiento de los arcanos 
de la naturaleza, y todos, en fin, por sus grapdes talentos 
que tanto han contribuido á ensanchar la esfera de los in¿ 
mensos conocimientos que encierra en sí la ciencia* 

A este siglo pertenece también el célebre Galvani, cuyo 
casual descubrimiento tanto dio que pensar á los médicos 
sobre los fenómenos eleetro-magnélicos, y el no menos fa- 
moso Yol ta, por lo mucho que perfeccionólas investiga- 
ciones galvánicas con el ingenioso aparato que lleva m 
nombre. 

Linneo, Jussieu y otros muchos enriquecieron las floras 
con sus trabajos anatómico-fisiológicos de los vegetales y 
perfeccionaron la materia médica. Buffon, Danbaiton, 
Palias y otros varios se dedicaron al estudio de la historia 
natural, cuyos interesantísimos trabaios. condujeron des* 
pues á muchos ingenios al estudio de la auatomia compa* 
rada. 

Lavoisier, Parmentier, BerthoUet y otros, dieron i cono- 
cer la importancia de la química en los estudios médicos, y 
elevaron esta mágica ciencia á la altura que debia ocupar 
en ios conocimientos humanos, por medio de sus curiosos 
análisis, del estudio especial délos elementos que entran 
en la composición de los cuerpos y el de sus combinaciO"» 
nes y productos. 

Por último, antes de concluir esta rápida ojeada sobre 
ios progresos de las ciencias en el siglo XVIII, no podemos 
menos de citar al inmortal Jenner, que como complemento 
de los grandes hombres que contribuyeron á los adelantos 
y descubrimientos de ellas, debe ocupar aqui un logar muy 



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SSPAñOLA. S67 

distingaiclo ; asi como le ocupa bo la mente de todos los 
médicos por el ioapreciable beneficio qae reportó á la hii«- 
manidad c&a su hallazgo casual de la Tirtud anti^Tariolosa 
de la vacuna. 

Hemos visto , pues, en esta sucinta relación que acaba-* 
mos de trazar , que en el filosófico siglo XVITI rivalizaron 
todas las naciones en produdr ingenios asombrosos, y que 
como dice Álibert, el análisis, la analogía, la inducción, y 
hasta las mismas casualidades concurrieron á sos brillantes 
progresos en todos los ramos del saber. Réstanos ahora 
examinar qué parte tocó á los médicos españoles en este fo- 
mentó general , cnál fué el tributo que llevamos nosotros 
al templo de ta sabiduría , y como dijo un médico detrac- 
tor de nuestra literatura médica.: ¿qué hicieron los españo- 
les en pro de la humanidad y de la ciencia? De esto es, 
pues, de lo que nos vamos á ocupar en los párrafos suce- 
sivos. 

Progresos be la MEDicmA en £spana durante el 

SIGLO XVlII T ACTORES DE MAS HOTA. 

Si la prudente moderación , ol juicio reflexivo , la atenta 
observación de los resultados en las grandes innovaciones, 
son propios de la sensatez de ios hombres pensadores , con 
muy justo Ntulo se debe este honor á los médicos españoles 
del siglo XVIII. 

No hay duda de que los esjMiñoles , como dice Piqner, 
siempre fueron tardíos en admitir nuevas doctrinas; pero le- 
jos de ser esto un defecto ó atraso en el cultivo de las cien- 
cias, es por el contrario lo que constituye su mayor apo- 
logia. ^ 

Hemos visto en el párrafo anterior el gran fomenta que 
tuvieron en los paises europeos todos los ramos de la his- 
toria natural. Hemos referido, aunque ligeramente, los es- 
tudios especiales que hicieron sus profesores en las ciencias 
fisiológicas y en la clínica. Hemos hecho en fin una reseña 
de las famosas sectas, que se sucedieron unasá otras pam 
ir cayendo en el descrédito y muy luego en el olvido. En 
medio de aquel número prodigioso de sistemas, de teorías 
seductoras , de doctrinas hipotéticas, y hasta de aberracio- 
nes mentales, hay un hecho inconcuso, que debe siempre 
reproducirse en todas las circunstancias en que el mundo 



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268 MEDICINA 

iutelectual se baile en sus conslantes y variables oscilacio« 
ncs; á saber, el trianfo de la verdad sobre el error, el des* 
crédito del engaño bajo el poder de las leyes inmutables de 
la naturaleza. Por esto la medicina del venerable griego ba 
triunfado en todos los siglos de la credulidad médica , y 
por estotambien se mantendrá siempre vigente en medio de 
las nieblas que de tiempo en tiempo se levantao para os- 
curecer su esplendor. 

Sin embargo, no fueron infructuosos los inmensos traba- 
jos de tantos hombres estudiosos: Hipócrates no hizo mas 
que abrir la senda por donde debian caminar sus sucesores 
en una ciencia, que lo es solamente de observación y de es« 
períencta. Las nivestigaciones anatómicas, las fisiológicas, 
y patológicas; el estudio de la física, el ae la botánica, el 
de la química, y el de la zoología, tuvieron grande importan- 
tancia, V se hicieron por su concurso muchos y muy intere- 
santes descubrimientos, que no pudieron revelarse á los an- 
tiguos. Pero el saber distinguir lo útil de lo nocivo, sin des- 
lumhrarse portel falso oropel de doctrinas quiméricas; el 
juicio crítico para apreciar v admitir lo que verdaderamente 
podia servir de beneficio á la humanidad ; el respeto á los 
sabios preceptos de nuestros antiguos, y el examen juicioso 
de todos los adelantos positivos antes de admitirlos cie- 
gamente; hé aqui lo que constituye en nuestro concepto el 
Srincipal mérito de los profesores españoles de esta época; 
é aqui también de qué manera contribuyeron, entre otras, 
á la reforma de la medicina en el siglo que describimos. 

En efecto , si los progresos que los hombres estudiosos 
han hecho en todos los ramos de la humana inteligencia se 
deben cifrar únicamente en los descubrimientos de verdades 
demostrables, y no en las paradojas hipotéticas seguidas de 
actos atrevidosé impremeditados , hijos de la irreflexión ó 
de la exaltación de ideas estraviadas; aquellos que juiciosa 
y prudentemente han desconfiado y mantenídose en una 
duda filosófica, hasta que la colección de esperimentos 
bien ejecutados por sí mismos, han confirmado ó desmenti- 
do los hechos, merecen sin duda alguna, y con mejores tt« 
tnlos las consideraciones de los hombres juiciosos de todos 
los paises, que los que tan fácilmente abrazaron las innova- 
ciones sistemáticas, para verlas luego desmentidas por los 
desengaños. 

Sí, los médicos españoles de todos los tiempos se han re- 
sistido á dar un culto ciego al dios de la novedad , han sido 
tardíos ea adoptar todo lo que la esperiencía no les ha de- 



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ESPAÑOLA. 269 

mostrado ser útil, en una ciencia que trae consigo tanta 
responsabilidad moral ; pero no por esto, han ignorado lo 
qoe en el mundo intelectaal sucedía, ni despreciaron nin- 
guna idea luminosa que pudiera conducirlos á la verdad. 
No ba estado España cerrada á la introducción de las obras 
cstrangeras. Aqui se han examinado en sus propios origina- 
les cuantas doctrinas y esperimentos han salido de las es* 
cuelas europeas, y se han admitido, ó se han impugnado 
con fiiosófíca imparcialidad. Sin embargo , los españoles^ 
han estudiado mas y con mayor aprovechamiento en el li- 
bro vivo de los enfermos que no en las obras del ingenio: 
allí aprendieron el idioma de la naturaleza ; allí supieron 
respetar sus movimientos, y sostenerla en sus esfuerzos; 
allí descubrieron algunos de sus importantes misterios; allí 
conocieron ser mejor conservar los miembros que mutilar- 
los; de alli dedujeron el simple tratamiento de las heridas 
y de las causadas por armas de fuego; de allí inventaron y 
reformaron algunos instrumentos ingeniosos, y practicaron 
también algunas difíciles y primorosas operaciones que 
luego siguieron otros profesores estrangeros; de allí en fin 
ilustraron la medicina clínica, enriquecieron la materia 
médica*, y llenos de prudencia proscribieron esas horribles 
operaciones, en las que una mano atrevida ha osado mutilar 
hasta las mismas visceras. 

Mas á pesar de esto hubo en España durante el siglo XYIII 
muchos médicos que fueron partidarios de los sistemas cien- 
tíficos, de que ya hemos hablado en el párrafo anterior. En 
esta época , al paso que se cultivaron en la Península con 
mas ardor que nunca las ciencias naturales y la cfuímica, 
la botánica y la anatomía , recibieron un nuevo impulso. 
Marchando los médicos españoles en pos de los adelantos 
de la fisioa y de las investigaciones fisiológicas y patoló^i^ 
cas, se introdujo en nuestrasaulas el sistema del mecanis- 
mo y tuvo varios sectarios. El mas acérrimo fué Miguel 
Bodríguez , médico de cámara de Felipe Y. También Andrés 
Píquer, el mas docto de este siglo, lo fué en su juventud; 
pero dotado de un recto juicio , en edad mas avanzada lo 
abjuró, como veremos en su biografia. Aman, médico de 
Valencia , hizo muchos esfuerzos para renovar la doctrina 
antigua del laxo y extrieto de Themison. Otros sostuvieron 
las teorías de las fermentaciones, y por último, al paso que 
se estudiaron todas las doctrinas de las escuelas de Edim- 
burgo, Montneller, y Viena, unos se dedicaron á comba- 
tirlas, otros fas siguieron , algunos fueron escépticos y los 



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270 H£DI€IRA 

mas supÍ€roa bermanat 4as úüles reformas en la teoria y- 
práctica €OQ las eternas máximas de la medicina hipocráti- 
ca. Asi es que la historia de la medicina española en este 
sitiónos presenta un crecido número de autores , que pu- 
blicaron sus observaciones sobre el mejor tratamiento de 
algunas enfermedades^ hicieron descubrimientos interesan* 
tes; analizaron las aguas termales, y observaron sus efec- 
tos medicinales en determinadas afecciones ; reformaron el 
estudio de la cirugia; inventaron instrumentos y aparatos, 
é hicieron útilísimos estudios en todos los ramos de las 
ciencias naturales. 

Empero, si esto es asi, como vamos á demostrarlo mas 
adelante, ¿cuál es la causa de que á nuestros mas esclare-- 
cidos profesores del siglo XVIIlno se les haya dado la im- 

Eortancia'qne á los estrangeros, y muchos se encuentren 
oy casi olvidados aun de nosotros mismos? 

Ya en otro lugar de esta historia dijimos , y repetimos 
ahora , que los médicos , los literatos y todos los hombres 
científicos de nuestro suelo, mas se han curado de estudiar, 
de analizar las obras estrangeras, que de apreciar y per- 
feccionar los adelantos de nuestros compatriotas. Dependa 
esto de nuestra propia desconüanza, sea insensibilidad ó 
despego á nuestras glorias literarias , consista en que núes* 
tros mayores desconocieron el arte de especular ciih sus 
propias producciones, y no supieron anunciarlas al públi- 
co con pomposos elogios, escritos por lo regular por sus mis- 
mos autores ; lo cierto es que generalmente hablando , por 
donde quiera se encuentran hombres muy instruidos en los 
progresos de las ciencias en todos los paises , y muy igno- . 
rantes en los que realmente nos pertenecen: ISada hay que 
estrañar, sucediendo esto en nuestra misma casa , que baya 
tantos detractores de nuestra literatura médica fuera de ella 
y que enfáticamente se nos pregunte, ¿qué hemos hecho en 
beneficio de la humanidad? 

Leamos, pues» la historia de nuestra medicina patria y 
ella responderá de la verdad de los hechos. 

Cuando Felipe el animoso, nieto del Bey de Francia 
Luis XIV subió al trono de España, la guerra que con este 
motivo se suscitó, paralizó pK>r algunos años la literatura mé* 
dica; pero muy luego fué origen de una comunicación mutua 
de profesores alemanes, ingleses, franceses, italianos y espa- 
ñoles que contribuyeron á la perfección de la ciencia, y á 
que los estrangeras supieran lo que valia la medicina espa- 
ñola. Uno de tos que mas partido sacaron con motivo de la 



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ESPAÑOLA. 27 1 

guerra de sucesioa y el ({oe mas hizo conocer al mundo 
nuestra literatura , fué Frdnd, que vino á España en calidad 
de médico del ejército inglés. 

Michelet,Burlet, Higgins, Cervi, Legendre, Beaumont, 
Lepraix, Lafril, Kelli y otros, que viuieron también como 
médicos y cirujanos de los ejércitos estrangeros, rodearon 
el trono del- joven monarca, y ocuparon los primeros pues- 
tos en la facultad ; pero á su vez escilaron una noble emular- 
cion y competencia en la medicina española, asi como in- 
fluyeron para que esta mereciese algunas consideraciones 
que no babia tenido en los reinados anteriores. Asi, pues, 
desde está época se empezó á condecorar á los primeros mé- 
dicos de cámara con bonores y plazas efectivas en los con- 
sejos, y Michelet y Cervi fueron tal vez en España los pri- 
meros que obtuvieron este premio, desconocido en nuestra 
Península desde la medicina arábico-española, que encum- 
braba aun mucho mas á sus profesores que en el reinado 
de Felipe V. 

La venida de estos estrangeros produjo sin duda un gran 
bien en nuestra medicina, por masque la susceptibilidad de 
nuestros profesores se resintiese al ver condecorados con las 
n^as honoríficas distinciones á los que apenas conocían nues- 
tro idioma, ni estudiaron en nuestras aulas. Ellos., ademas de 
la emulación de que hemos hablado, contribuyeron también 
á la reforma de los estudios, al honor de la profesión, á las 
fundaciones de colegjios y academias, á la protección en fin 
de todos los conocimientos humanos. 

Los médicos áuRcos de Felipe V merecieron bien el reco- 
nocimiento de los profesores españoles, y en prueba de ello 
la mayor parte de las obras que se imprimieron en su época 
les fueron consagradas. Algunos de estos médicos estrange- 
ros fueron también ^(^ritores^ y por esto haremos de ellos un 
análisis de sus obras en el lugar que les corresponda. Cervi, 
é Higginsj aun cuando no imprimieron ninguna, fueron de 
todos sus compañeros los que mas protegieron la facultad, y 
esta circunstancia, que tanto les honra, les hace ademas 
acreedores á que les consagremos aqui una honorífica me* 
moria, tanto por agradecimiento, cuanto por las brillantes 
cualidades de que estabau adornados (1). 



(x) £1 doctor José Certí nació en Parma á 14 de octubre de i663« 
Estudió coQ los Jesuítas las lenguas griega y latina, la poesía, la oratoria, 
las matemáticas y principalmente la geometría. Fué discípulo del sabio Pom- 



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272 MEDICINA 

Los sucesores de Felipe V coatí aaaron luego dispeusaa- 
sando su protección á ia medlciaa española. Creárouse cá- 
tedras ; abriéronse nuevos cursos; se dotó convenientemen- 
teinente á sus profesores; premióse á los jóvenes estudiosos, 
7 los médicos españoles se hicieron dignos del aprecio de 



p«yo Sacoo, catedrático de medicina en la nisnia universidad de Parma, quien 
siempre le distinguió con su amistad y cariño, y lo que es mas, fiándoie la 
salud de su propio hijo» la que se restableció completamente. 

Ejerció la medicina en Castro -argén li, donde fué muy estimado de sus 
moradores; pero el príncipe Francisco Farnesio, duque de Parma, mandó á 
Gervi volver á aquella ciudad, dándole la cátedra de filosofía, vacante por la 
muerte del célebre Citadeia. 

A poco tiempo fué nombrado catedrático de prima de medicina deaque* 
lia oniversidad, y el mencionado príncipe le condecoró con la plaza de primer 
médico suyo, sin dejar por esto de desempeñar las funciones de catedrático. 

A consecuencia de haberse casado la princesa Isabel Farnesio con Feii« 
pe y, trajo á Cervi de primer médico suyo en el año de 1717, y por muer* 
te del ductor Lope, se le nombró presidente del real protomedicalo, proto- 
médico de los reates ejércitos y del principado de Cataluña, y con la plaza y 
sueldo de consejero. 

Constituido Cervi por medio de sos empleos como gefe supremo de la medí* 
ciña española, trató de emplear todo el favor y valimiento que tenia con los 
Reyes, en provecho de aquella y de los que se dedicaban i su ejercicio. Por 
su influjo la academia médica de Sevilla fué dotada competentemente. La 
sociedad, en pago y justo premio, le nombró su presidente perpetuo. £n su 
tiempo se formó y se le dedicó nuestra famosa farmacopea matritense, como 
igualmente otras muchas obras. Nuestro célebre botánico D. Juan de Mi— 
Duar le dedicó una planta, que llamó, cerviana^ pariPperpetuar también su 
memoria. 

Fué fundador, protoctor y presidente perpetuo, de la academia médica 
matritense, y por su mediación concedió Felipe Y premios y honores áto'dos 
sus sucios. Li regia sociedad de Londres, la real de ciencias de Paris^ lo 
admitieron en su seno, y ocupó en esta últiou capital la plaza vacante por la 
muerte del gran Boerhaav^. 

El Infante de España D. Carlos duqae de Parma y después Rey de Ña- 
póles y Sicilia, por su decreto de 3o de junio de 173a libertó perpetuamente 
sus bienes de tributos y gavelas, sin esceptuar los motivos de guerra y peste. 

Empezó á enfermar este esclarecido médico de supresión de orina, y desde 
el año de 1774 no pudo seguir á la corte; pero los reyes le mandaban condu- 
cir en silla de manos ásu presencia. El 9 de julio de 1746 murió Felipe V, 
cuya muerte ateiTÓ su espíritu y arruinó su naturaleza: Fernando VI sin em- 
bargo le continuó los mismos honores y premios. Murió en a 5 de enero de 
1748 de edad de 84 años, 3 meses y 1 1 días, y fué enterrado^n San Geró- 
nimo. Dejó por su heredera á su sobrina Doña Úrsula Cervi, casada con el 
marqués Lenti, y á su favor fundó un mayorazgo de los mas ricos de Italia. 
Edificó la iglesia de la villa Caricuano, y dejó legados á los huérfanosde la 
profesión médica. 



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ESPAÍIOL4 273 

ios hombres mas ilustrados , y de los honores con que se los 
distinguió. 

A este siglo pertenecen en primer lugar tres raonges que 
con sus escritos incitaron á los hombres mas esclarecidos en 
la ciencia á tratar rpuchas cuestiones' importantes, relativas 
á la certidumbre de la medicina, á la conservación de la sa- 
lud y curación de las enferníiedades. Hablamos de los padres 
Fr. Benito Gerónimo Feyjoo , Fr. Martin Sarmiento y Fray 
Antonio José Rodríguez. 

El primero de estos religiosos apareció en este período 
como un verdadero coloso en la literatura. La dialéctica, la 
metafísica, las matemáticas, la física, la teología y la me-r 
dicina fueron en sus escritos las materias ó asuntos de su 
predilección, tratando de combatir muchas supersticiones 
y vanas creencias, entre ellas algunas que tenían grande 
aceptación *en todo el reino. Resucitó las luminosas ideas 
que había esparcido ya en el siglo XVI el célebre Luis Vi- 
ves en su precioso tratado De corruptione artium et seiencia- 
rúm^y eu el De tradendis discipíinis; no añadió cosa parti- 
cular á loque ya había dicho el referido crítico valenciano,- 

' " . Jt ■ ■ ■ ■■ I . 11 . — . ■ , 

La universidad ^e Parma qinso perpetuar la tnemoria. de Gerví» grabando 
en marmol una inscripción que compuso su discípulo Pedro Pablo Moreti, 
médico de la duquesa Dorotea, y el ayuntamiento de la misma ciudad con 
iguaí objeto, mandó construir una magnífica lápida, adornada de pirámides 
y columnas de marmol, que colocó en sus casas conslstDriale^ con ana inscrip- 
cion escrita por el abate Frugoní. 

' El doctor Juan Higgin^^ nació en Limeric (írlailéa); C9f90 ea la aniver- 

sidadde Mofitp^llfer^ en donde segr^iduc^de ductor ea 1700. Permaneció-aili 

- durante dos a&o9> iiasta {\we pasando por aquella ciudad ui|os o0ciales irlaudc* 

ses que veniaa á España al serviciof de Felipe Y, le movieron á seguirles en 

suviaige. 

Martin Martínez, que fué su amigo y compañero, dice que la familia de 
Higgins era de las mas ilustres y antiguas de Irlanda; que se distinguió en 
el celo de la religión y servició de sus reyes; que un tío suyo había recibido 
la corona del inarlirro; que su padre fué un famoso médico, y por último que 
Higgin» llegó á Ei^paña el año de 1703, én'dottd« fiivo k suerte de libertar 
de gravísimas d^^líticiasá mocho* «grandes y generales, y el honor de ser lla- 
mado ir consulta por ei.dttc|iied«Opleaiis, entonces regente de Francia, en la 
gravisima enfermedad que padeció antes del sitio de Lérida. Después fué 
nombrada médico de cámara y llamado á Zaragoza para asistir á la reina Ma- 
ría Luisa de Sabuya, y eu el año de 1718 para cuidará ambas magestades 
que adolecian de grave enfermedad eií la Torre de la Parada', y habiendo 
tenido la dicha de restituir la salud á Felipe V, fué nombrado médico priman 
rio de S. M. , protomédico de Cataluña, presidente del real protomedtratp, 
de Castilla y del consejo del rey. 

TOMO VI. 18 



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274 MEDICINA 

pero puso sus máximas al alcance de todos', traduciéndolas 
del latia al castellano , é ilustrándolas con observaciones 
curiosas. Vindicó en muchos lugares de sus escritos á los 
españoles de la desaplicación que se les atribuia á la buena 
literatura; no escaseó los ejemplos para idemnizarlos de 
semejante cargo, y bien pudiera haber aumentado estos si 
hubiese hecho un examen mas detenido y prolijo de nuestras 
glorias literarias. 

El estilo de sus obras puede asegurarse que es fluido y ar- 
monioso, y su método al tratar las materias, ordenado y 
geométrico. Sin embargo se nota en sus producciones un 
cierto sabor á la literatura francesa, en la que fué muy ver- 
sado. 

Nos ocuparemos ahora de la crítica de sus conocimientos 
médicos y de la cruda guerra que hizo á los facultativos* de 
su tiempo, por ser el campo de- batalla donde €n científica 
lid tomaron parte un gran número de profesores, y ea 
donde se puso á prueba el ingenio de todos. 

Ya hemos hablado de la protección que Felipe V dispen- 
só á las ciencias y á sus médicos áulicos : el espíritu de emu- 
lación que fué desarrollándose en los hombres de talento, 
hizo que empezasen á germinar las buenas semillas que an- 
ticipadamente hablan sembrado ya los genios privilegiados 
de nuestras escuelas. Fr. Benito Feyjoó, que alcanzó en su 
juventud ese estado lastimoso en que se encontraba nuestra 
literatura , trató luego de contribuir á la grandiosa obra de 
nuestra regeneración literaria, y no se contentó solamente 
con demostrar lo imperfecto del curso de los estudios filo- 
sóficos y teológicos; sino que guiado por su buen deseo y 
con la sola intención de desterrar las preocupaciones de 
muchas gentes sobre la ilimitada confianza que les merecida 
los médicos, se lanzó á tratar asuntos de medicina con mas 
celo y calor que sus conocimientos y moderación requerían. 
Asi es que muchos médicos tomaron la pluma y se defen- 
dieron de modo que acreditaron que en las disputas litera- 
rias no es lo, mejor que el corazón tome parte en ellas. 

Si Fr. Benito Feyjoo se hubiera contentado con analizar y 
corregir lo que había de defectuoso en los estudios de. la fí- 
sica y teología, y con combatir los sistemas filosóficos, nada 
tendríamos que censurarle en esta historia; pero en el ter- 
reno de la medicina, por mucha idoneidad é instrucción que 
queramos suponerle por sus estudios privados, no era juez 
competente en la materia, y mucho menos en cuestiones de 
suyo delicadas y de inmensa trascendencia. Convendremos 



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ESPAÑOLA. 275 

con este célebre benedictino en que el camino recto para 
acertar en la prédica , es el de la observación y laesperiencia; 
le concedemos también que las disputas estériles, en las que 
se interesa el amor propio y no la indagación de la verdad, 
lejos de ser útiles, estravian los entendimientos; del mismo 
modo convenimos en que el mal estudio de la dialéctica 
y la rutina de ventilar por orden silogístico cuestiones que 
solo á la naturaleza se deben consultar, eran sumamente no- 
civos ; asi también tuvo razón en decir que era mas fácil y 
honroso confesar la duda que no seguir obstinadamente un 
dictamen, aunque se apoyara en la autoridad de los anti- 
guos. Pero de estas verdades inconcusas á pretender desen- 
gañar al vulgo de su fé en la medicina y confianza en aque- 
llos en cuyas manos, digámoslo asi, depositaban el tesoro 
de la vidafá persuadir al puebloque los médicos sabían muy 
poco de la curación de las enfermedades , y aun mucho me- 
nos del régimen de los sanos; á pretender probar que á pe- 
sar de la autoridad de Hipócrates y de cuantos la seguian, 
la asignación de dias críticos y no decretorios, no se funda- 
ba en razón ni en esperiencia, y por último á calificar el 
aforismo 52 del libro 2.» de Hipócrates con el infame epíteto 
de esterminador^ asegurando que habia quitado la vida á 
mas de cien millones de hombres, y que aun se quedaba 
corto; habia una diferencia inmensa, y todo porque salién- 
dose este monge de la esfera accesible á su comprensión, y 
apartándose del camino que habia trillado en sus aulas, se 
introdujo furtivamente y por su propia virtud en una re- 
gión de pocos alcanzada, cuyos arcanos no se adquieren sino 
á fuerza de años y de observaciones prácticas, y después 
de haber pasado por una serie de prolijos conocimientos so- 
bre la naturaleza humana, tanto en estado de salud como 
de enfermedad, y siempre teniendo en cuenta las circuns- 
tancias individuales, las accidentales y morales de los suge- 
tos; cuya suma de estudios es aun corta la vida para poseer- 
los con mediana estension. 

Asi , pues , nada de estrauo tiene que alarmados los mé- 
dicos españoles con los acerbos argumentos del benedictino, 
se levautasen tantos combatientes contra su Teatro crUico y 
que cada cual, según su mayor ó menor profundidad en la 
ciencia, su mayor ó menor criterio y el carácter peculiar de 
cada uno, impugnasen con el mayor calor y aun con enojo 
las falsas y perniciosas doctrinas de Feyjoo. 

No fué en esta ocasión, en mi concepto, el espíritu dispu- 
tador el que escitó las plumas de los profesores contra lo* 



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276 MKDIGIHA 

discursos anti-médicos dql monge ; fué sin duda el sentimien* 
to de la propia dignidad ultrajada; fué la imprescindible 
obligación de salir a la defensa del sagrado ministerio, heri- 
do mortalmente poruña mano enemiga y terrible; fué el 
bien de la humanidad doliente, á quien se trataba de arreba- 
tar el inapreciable don de la esperanza en los dias amargos 
dé la aflicción. Por esto se lanzaron tantos á la palestra, y 
hubo alguno á quien le sirvió la hiél de tinta para comba- 
tirle. 

Si se hubiera tratado de un escritor oscuro, de un folleto 
despreciable escrito ab irato^ el silencio hubiera sido la me- 

Íor respuesta; pero atiéndase á las circunstancias del padre 
^r. Benito en aquella época, y se vendrá en conocimiento de 
toda la importancia de sus palabras. Gozaba de un estraor- 
dinario prestigio en la corte, y era conocido en toda la pe- 
nínsula; sus discursos eran leidos con avidez por todo el 
mundo; el aura popular le circundaba; poseia el amor del 
soberano, y se le miraba como uno de los nombres mas escla- 
recidos entre los doctores de nuestras escuelas : ¿cómo, pues 
era posible que los médicos españoles permanecieran mudos 
después del guante que tes arrojara tan poderoso antago- 
nista? ¿Cómo no protestar con euergia contra las profanas 
aseveraciones del benedictino? Era imposible: asi vemos en 
primera línea al doctor Martin Marfinez, que no obstante su 
estrecha amistad con él, y la circunstancia de haberle re- 
mitido su primer tomo del Teatro critico para que le dijese 
su parecer, supo combatirle con tanta urbanidad .y fuerza 
de raciocinios, que al fin contuvo la docta osadia de aquel 
monge, haciéndole ver que habia cortado tan elásticos ios 
puntos de su pluma, que en vez de apartar al vulgo, como 
pretendía, del estremo de la confianza á los médicos, le iba 
á hacer pasar al opuesto del desprecio y la desesperación. 

El gran concepto en que tenia Feyjoo á este médico ma- 
drileño; la fama que habia justamente adquirido por su es- 
cepticismo filosófico-médico, al que confesaba el mismo Fey- 
joo se sentía irresistiblemente impulsado, y sobre lodo el 
poder de las razones que adujo á favor de la medicina y ea 
contra de sus opiniones, produgeron tal efecto en el ánimo 
de aquel escritor, que en su respuesta á Martin Martínez (1), 
después de. decirle que ya preveía él los muchos contrarios 
que tendriai <xpevo no se me ocurrió, añade, al etscribir mi 



(i) Ti^lro crítico, tomo 11, pág. 355. 



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i 



ESPAÑOLA. Í77 

discurso, que el sabio, el elocuente, el sutil Martiaez me 
habia de combatir unida en uno solo la fuerza de muchos» ; 

f seguidamente procuró ^clarar sus ideas y conciliarias coa 

as de su amigo. 

Casi al mismo tiempo que Martinez, empezaron á impugnar 
el teatro crítico, en la parte que tiene relación con la medi- 
cina, los doctores D. Pedro Acuenza, médico de cámara, 
el de la misma clase D. Francisco Suarez de Ribera , D. Ber- 
nardo Araujo , D. Ignacio Garcia Ros, D. Narciso Bonamich 
y otros que veremos mas adelante en sus respectivas biogra- 
láas j^^muchos de el los anónimos (1 ) . 



(1) También te Hioslraron en contra de FéyjiKr sobre varias de sus c<ni« 
troversias D. Eustaquio CerTellon en defensa de la música de las templos^ 
D.. Gerónimo Zafra en su jántiteatro; D. Salvador José Maner en sus cinco 
tomos lilulados Anliteatro crítico^ en e! cual arguyo ad hominem á Fr. Be* 
nito, haciéndole una contra tan terrible, sostenida y chistosa, que con ra- 
zón podemos decir fué su mayor contrario; D. Manuel Ballestcr en su com* 
bale intelectual contra el teatro critico*^ I>. Manuel Marín en su Impugna» 
dan al misma i*. Peyjoo sobre la vida del falsa no neto de Portugal; Fr. Ja- 
cinto Segura del orden de predicadores^ en su obra tttniada Findicias de Sa* 
vonarola; D. Ignacio de Armestoy Osorio en su Teatro aniicrítico\ Tnj 
Alonso Hubiños, religioso mercenario, en su libro Teatro de la verdad; don 
Nicolás de Zarate en su obra titulada, Bailes mal entendidos y Señori sin 
razón impugnado; el padre Joaquiu de Aguirre, de la compaüia de Jesiis, en 
su obra El príncipe de los poetas f'irgilio contra las pretensiones de Lucano, 
apoyadas por el P. Fejjoo; Fr. Bartolomé Fai'ues que escribió: Liber apa-- 
logeticus artii magnce B.Rajrmundi I^uUi doctor is illuminatiei mártir is^ etc.; 
Fr. Antonio Raymundo Pascual, deJ orden de San Bernardo, en su Examen d$, 
la crisis del P» Fejrfoo sobre el arte tuliana; Fr. Francisco de Soto y Mar« 
ne en sus Reflexiones critico^apologéticas sobre ¿as obras del P, Feyjoa etc, ; 
el abate Vernay con el dictado de Barbadiño en su verdadero método dees* 
indios para. Portugal; y por último, multitud de otros autores que nanos 
detendremos en enumerar, 

Habia tomado gusto en esta contienda ta parte sensata del ppeblo, atraída 
no solo por él crédito de aquel hombre, sino por la el^aocia de su esti4o, y 
la curiosidad que habia despertado esta polémica, hacia, que se buscasen con 
empeño el pro y el contra de cuanto se imprimia. Con esto el espíritu de 
partido se dejó ver muy pronto, unos en favor del iDpnge, y otros;at lado de 
sus antagonistüs, no menos elocuentes que él algunos, ni menps sutiles en la 
dialéctica casi todos. Sin embargo, ya fuese porque en el 6rden variado de 
las críticas se tuviese que tropezar con sugetos de alta categoría, ó ya por- 
que el monarca quisiera dar descanso á las repetidas batallas que sostenía 
Fr. Benito con unos y otros, distinguiéudole con una muestra de su predi- 
lección, lo cierto es que en medio de una de ellas, en la que el P. Fr. Fran- 
cisco de Soto y Mame defendía las declrinas de Raymundo Lulio con nota- 



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278 MiiJ>IClNA 

Para no estendernos mas en «sle momento , terminaremos 
nuestras reflexiones acerca del P. Feyjoo, diciendo que á 
pesar de los defectos en que incurrió, hizo á su patria se- 
ñalados servicios, y entre otros en unión con su amigo Mar- 
tin Martinez, el de escribir en lengua castellana purgán- 
dola de muchos barbarismos, y pésima locución qjie se no- 
tan en otros escritos anteriores al suyo por la costumbre 
de hacerlo en idipma latino. Por último, tiene el mérito 
indisputable de haber hecho frente á un cúmulo de adver- 
sarios , sin que le llegase nunca á faltar caudal de ideas y 
razones que oponerles, contestando á todos con gran iiis- 
ccrnimiento y sutileza de ingenio (1). 

El P. M. Fr. Martin Sarmiento fué un buen literato, dis- 
cípulo de Feijoo , y como él dirigió también su atención á la 
medicina. Ademas de lo que escribió para justificar lo que 
su maestro habia dicho con respecto á ella en su Teatro ^ 
critico^ compuso un discurso sóbrela antigüedad de las bu- 
bas, que forma un contraste singular con el que Capmani 
publicó sobre este mismo asunto; y últimamente una diser- 
tación sobre las eficaces virtudes y uso de la planta llama- 
da carquexia, conocida en Galicia por el nombre de car- 
queixa. 

Por último, el P. Fr. Antonio José Rodríguez", monge 



ble calor, y con sus reflexiones crUico-apologéticas minaba el crédito del Tea- 
1ro crítico, apareció una real orden de Fernando VI, en «3 de junio de i75o, 
comunicada al Consejo, imponiendo silencio á las disputas, y cuyo testo es 
como sigue: «Quiere S. M, que tenga presente el Consejo que cuando el 
»P. maestro Feyjoo ha merecido á S, M. tan noble declaración de lo que le 
va gradan sus escritos, no debe haber quien se atreva á impugnarlos; y 
^mucho masque por su Consejo se permita imprimirlos,» 

Dejo á la consideración de los lectores las reflexiones que de sí arroja se- 
mejante documento. Sin embargo, debemos notar que en medio de ese rasgo 
de una voluntad absoluta y sin apelación, se encerraba^ con la parcialidad 
terminante, una protección decidida al hombre sabio, y un reconocimiento 
esplíciío al mérito intelectual. 

No le {altaron tampoco á nuestro monge benedictino, á mas del Rey, de- 
fensores denodados que salieron á la liza á sostener sus escritos y opiniones 
con otros no menos curiosos. Martin Martinez defendió el juicio final de la 
astrologia del teatro critico', y Fr, Martin Sarmiento rebatió á los contra- 
rios de su maestro en su demostración critico^apologética^ entre varios que 
hicieron lo mismo sin dar sus nombres. 

(i) Véase la biografía de este monge, donde se acabará de dar amplias 
noticias de su vida y escritos. 



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ESPAÑOLA. 279 

eísterciense, fué hombre de mas amplios conocimientos 
que los dos anteriores, con respecto á medicina , y tiene el 
reconocido mérito de haber tratado en su Palestra medien 
muchas cuestiones interesantísimas, sin mas escuela que su 
buen juicio j su inmensa lectura y una perseverancia admi- 
rable en el estudio. 

Las obras de estos tres monges no contienen ningún des- 
cubrimiento interesante , ni tampoco hicieron ninguna re- 
volución en la ciencia; pero sí obligaron á los médicos al 
estudio de las doctrinas antiguas y modernas, á examinar 
eonla mayor detención las grandes cuestiones que en aque- 
lla época se ventilaban en las escuelas estrangeras, y die- 
ron á conocer también el valor de los adelantamientos de 
la medicina española,, que ya se dejaban ver en las obras de 
nuestros médicos. 

Teyjoo fué uno de Iqs primeros que encomiaron el inte- 
resante descubrimiento/ debido á nuestro Solano deLuque, 
de pronosticar las crisis por el pulso , y poseído de amor 
á supais, se lamenta amargamente de la poca atención que 
prestaron nuestros médicos en un principio á su Lapis Zj/- 
ém Apoíinis^ cuando ya los estrangeros se hablan apodera- 
do de esta obra y de la de su discípulo Nihell, que fué 
quiejj la dio á conocer en toda Europa. 

Héaqui , pues, uno dé los interesantes descubrimientos 
detóflos á la medicina patria ^ uno de nuestros adelantos en 
la ciencia, uno dé los bienes que hemos proporcionado 
á la humanidad en este siglo. Sí, el inmortal Solano dé Lu- 
quefuéel que, dotado por el cielo.de un tacto dehcadísi- 
moy de uh juicio crítico el mas sublime, produjo una des- 
conocida y gloriosa revolución en la semeyótica', y pudo 
considerarse como un verdadero Colon en la medicina, des- 
cubriendo terrenos incultos y desconocidos de todos, como 
ha dicho un autor hablando de él, y arrancando á la na- 
turaleza los arcanos que han seguido estudiando después 
Borden, Menuret, Fouquet y Michel en Francia; Nihell en 
Inglaterra, y Gaudini en Italia. 

También brilló en esta época el insigne Martin Martines:, 
el águila entre los médicos de su tiempo, como lo apellida 
el erudito Feyjóo, á pesar de haber sido el impugnador de 
este benedictino en defensa del honor de la profesión, co- 
mo ya hemos insinuado: Dótado.de ingenio y aeun juicio só- 
lido, escribió con vehemencia, gracejo y una franque^íi ad- 
mirable, sobre el mal gusto introducido en la enseñanza de 
nuestras escuelas^ como lo acredita principalmente su obra 



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280 M£DIG4I(A 

de la Medicina seépúca. A su influencia y á su vehemente ar- 
dor por el estudio de la anatomia se debe la erección del 
teatro anatómico del hospital general de esta corte en el ano 
de 4705, no habiendo contribuido poco á su merecida cele- 
bridad el haber asistido Felipe V á sus esplícaciones, como 
también á las primorosas disecciones y finas inyecciones que 
, en cadáveres y anímales vivos hacia el diestro disector don 
Florencio Kelli (1). . ♦ 

Entre las obras que publicó este ingenio madrileño, te- 
nemos una muy curiosa sobre este objeto, y que puedemi- 
rarse como de las primeras gue han procurado fijar la apli- 
cación de la anatomia á la nsiologia y á la patología. En- 
cuéntranse en ella observaciones raras y. curiosas. Eliaron 
V de Haller en sus disputas ^anatómicas (2) insertó una latina 
^^ sobre el corazón , escrita por Martin Martínez. 

Mas á pesar del mérito singular de este insigne médico, 
á quien sin disputa se debe en gran parte el buen gusto que 
la medicina adquirió en el siglo XYIlI , asi como el impulso 
que la anatomia y las ciencias físicas recibieron en España, 
y por ultimo la gloria de haber defendido la medicina es- 
pañola contra sus detractores, nótanse en sus escritos dos 
defectos dignos de corregirse: el primero, la ostentación 
poética que hace en algufla de sus obras, vicio vituperado 
ya por Hipócrates y muy ageno del estilo que requiere la 
ciencia; el otro es el haber rebajado el mérito literaño de 
los profesores de su tiempo mas de lo que realmente mere- 
cían, suponiéndoles enteramente destituidos de conocimien- 
tos en física , química y anatomía. No sin alguna razón di- 
jo uno de sus adversarios, el Dr. Gílabert, que el mas en- 
carnizado enemigo de la España no podia haber escrito de un 
modo tan injurioso contra ella y sus profesores. 

El catedrático de vísperasde la universidad de Granada 
Dr. D. Francisco Fernandez Navarrete, fué también otro 
de los astros que difundieron su clara luz sobre los entendi- 
mientos de los profesores de esta época. Sus vastos conoci- 
mientos en las ciencias naturales le hicieron concebir el gi- 
gantesco proyecto de escribir un tratado de la historia na- 
tural de toda España. Lo intentó y puso en ejecución, como 
lo atestigua su manuscrito que existe en mi poder; pero 



(i) Anatom. coippIeta.de M. Martínez; , edic. 1^64; pág. 68, i4/, 
i53 y a6a. . * . 

(a) Totu. II, pág. 973 ; edic. de Gotioga» 



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ESPAÑOLA. -^* 

coaoclépdo sin dada que era muy arduo, y casi inaccesible 
á un hombre solo el completo desempeño de un plan tan 
estenso , empezó por presentar á la academia médica de Ma- 
drid un programa con ^1 laudable objefo de llevar á cabo 
aquel pensamiento tan feliz. Su laboriosidad y erudición le 
hicieron adquirir un gran concepto, y que el monarca le 
condecorase con el título de médico de su cámara. 

¿Y qué diremos del nunca bien alabado D. Andrés Piquer, 
gloria de la medicina española en el siglo XVlll? Si el mo- 
numento mas digno que puede un médico erigir á su pro- 
pia honra son las virtudes y la sabiduría , el aragonés Pi- 
quer con sus escritos lo levantó, y mas perenne que el bron- 
ce. Su filosofía moral ^ en donde las pasiones están pintadas 
con tanta energía y bello colorido como enTeofrasto y 
Labruyer, es. el retrato de la austeridad de sus costumbres. 
Su lógica manifiesta que tenia el entendimiento cultivado 
con mas esmero que el de Locke, á quien corrige. Su medi- 
cina la bebió en la observación propia y fuentes cristalinas 
de los griegos, á quienes dio una nueva existencia, tradu- 
ciendo al castellano y anotando las obras mas selectas de 
Hipócrates. 

Si Piquer fué cauto en admitir como positivos algunos 
descubrimientos modernos, y tímido en la prescripción de 
remedios, atiéndase á que estaba penetrado del abuso de 
los primeros en formar hipótesis perjudiciales á la ciencia, 
y que la materia médica es el ramo mas imperfecto de la 
medicina, en lo que seguramente no se engañó. Ademas él 
escribió para la juventud , á quien con tanta prudencia es 
necesario conducir y refrenar. ¡Qué elogio para este espa- 
ñol ver á los mismos maestros de la escuela de Monlpeíler 
traducir su obra de calenturas^ á Pinel copiar trozos aesus 
descripciones, áWossio colocarlo en su retórica, como dig- 
no de ocupar un lugar entre los humanistas , á varios mé- 
dicos de Europa aprender en sus escritos, y al mejor botá- 
nico español dedicarle la Pt^?iena. 

No es menos digno de una particular mención nuestro 
insigne Gaspar Casal , autor de la topografía del principado 
de Asturias , por cuya producción mereció el renombre del 
Hipócrates español del siglo XVllI. En efecto, su obra ma- 
nifiesta que no solo estaba poseído del genio médico del 
isleña de Goós, sino que4ambien le adornaba el pincel de 
Areteo. ¡Qué profunda deHcadeza no se advierte en sus oh- 
servaciones topográficas ! ¡ Qué admirables consideraciones 
sobre el complexo de la atmósfera y suelo de Asturiasl 



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282 MEDICINA 

¡Qué sabias descripciones de las enfermedades endémicas 
de sus moradores! ¡Qué claridad, precisión, exactitud y 
■valentia en sus gráficas relaciones sobre las \iruelas y los 
catarros ferinos, contra los que nada halló útil sino las'san- 
guijuelas! ¡Qué sagacidad cuando nos habla del asma seco 
hidropiforme! 

A este médico se debe la primera noticia del mal de la 
rosa de Asturias, que algunos nosolopstas equivocadamente 
llaman de Thieri, y que después bajo el nombre de pela- 
gra ha dado lugar á curiosas investigaciones en Italia y en 
otros puntos (1). 

También fué nuestro Casal *el primero que descubrió 
el succino en aquel principado; hizo varios comentos á al- 
gunas sentencias de Hipócrates; describió la lepra, para 
ra cuya curación asegura habia mas de veinte hospitales 
con el nombre de S. Lázaro en dicho pais; habló de las aguas 
minerales de Priorio, Fuensanta y Trillo, y por último, en 
1733 dirigió una consulta sobre cierta enfermedad particu- 
lar, á los médicos deParis, Molin , Silva^ Astruc, Pelit, Mo- 
rand, Guerind y Depramont, cuyas diversas respuestas ma- 
nifiestan el aprecio que todos hacian de su talento.. 

Alsinet se dedicó al estudio clínico de las calenturas in- 
termitentes y al buen uso deja quina, á la que llegó á des- 
pojar de su repugnante amargor sin privarla de su virtud 
lebrífuga, mediante un procedimiento de su invención. 

Jovsé Ignacio de Torres, bien conocido de los mas escla- 
recidos médicos parisienses y de los de Montpellier de su 
tiempo, consagró su vida á la curación délas enfermeda- 
des sifilíticas, y tuvo la suerte de descubrir un medio, 
por el cual privaba al mercurio de la propiedad de produ- 
cir el babeo; pero esta interesantísima invención, de cuya 
verdad y esperiencia respondieron varios médicos france- 
ses, quedó perdida, por no habernos descubierto el secreto 
que hubiera inmortalizado el nombre del autor. 

Antonio Capdevilla fué sin género de duda el médico 
mas literato de su época, y se dio á conocer en lodaEu- 



(r) Al hablar Joiirdan de la obra de Casal, dice que es mas fecunda 
en Jnvesligacíones médicas que no en historia natural; pero lo que no po- 
démosmenos de estrafiar en este bibliógrafo, es que nada nos diga de 
Thieri, ni menos del mal delarosq^ cuyo descubrimiento se le atribuye. 
¿Será que el» objeto constante de Jourdan, sea el procurar desentenderse 
del mérito de nuestros autores médicos? 



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BSPAfiOLA. ' 283 

ropa como buen matemático , célebre naturalista y consu^ 
mado médico. El fué quien comunicó á Alberto de Haller 
las noticias de todos los médicos y cirujanos españoles que 
trae aquel en sus bibliotecas médica y quirúrgica, y con- 
tribuyó con esto solo al honor y gloria de la medicina es- 
pañola. 

Antonio Franseri nos dejó sus preciosas y exactas obser- 
vaciones sobre la enfermedad llamada corea , ó baile de San 
Vito; de las cuales dedujo que esta dolencia tenia un prin- 
cipio, aumento, declinación y período fijo de seis meses, 
curándose al cumplir estos por solos los esfuerzos de la na- 
turaleza; que la padecian con especialidad las ninas, y que 
eran inútiles y aun perjudiciales las sangrías, purgas, ba- 
ños, cáusticos y demás remedios que se empleaban para 
combatirla. Por último , llamó la atención de los médicos, 
aconsejándoles no hacer uso contra él sino de la paciencia 
en esperar , y en todo caso de una tintura acuosa de quina 
y leche de burra. 

Ignacio Luzuriaga fué igualmente otro de los médicos 
mas instruidos de su siglo, y á quien la historia honrará 
siempre por su estremada laboriosidad, su estensa lectura, 
y por su esquisito celo en beneficio de sus conciudadanos» 
Su obra sobire el cólico comunmenie llamado de Madrid^ es de 
las mas interesantes que dio á luz. Ya otros profesores es- 
pañoles y estrangeros hablan fijado su consideración en esta 
cruel dolencia, que causaba tan frecuentes desgracias entre 
nosotros; pero ninguno observó mejor su índole y natura- 
leza, asi como el plan curativo esperimenlal que nos reco- 
mendó para precavernos y curarnos de ella. Las traduccio- 
nes que se han hecho de esta obra en distintos idiomas, 
prueban suficientemente su mérito y el gran beneficio que 
reportó la humanidad con su publicación. 

A Masdevall debemos la relación y método curativo de 
las epidemias de calenturas pútridas habidas en Cataluña 
por los años de 1764 , hasta el de 1783. 

A Lavedan su escelente recopilación de enfermedades 
malignas y contagiosas. 

Lafuente , Salva, Arejula y otros, escribieron sus obser- 
vaciones sobre la fiebre amarilla, y tomaron parte en la 
ruidosa disputa sobre su carácter y naturaleza. 

Amar, Gil, el referido Salva y otros varios, publicaron 
escritos sobre las viruelas, la profilaxis de Jenner y la pro- 
pagación de la vacuna. 

También en este siglo se escribieron algunas topograflas^ 



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284 BIEÜICIXA 

de paeblos y provincias, que no deben olvidar ios que se 
dediquea á tormar la p;eneral de nuestra Península. Se des« 
cribieron algunas enfermedades endémicas; se ilustró la 
medicina forense; se dio gran importancia á la castrense, 
y se estudiaron mejor las enfermedades de los niños. Gar- 
cia, Iberti, Cibat, Pereira , Mojón, Zabala, Lozano, com- 
pilador del famoso Pablo Zaquias, y otros mucbos que ve- 
remos en sus biografías, fueron unos escelentes físicos , ma- 
temáticos y médicos, otros atentos observadores, y todos 
esclarecidos escritores. 

La cirugía española recibió igualmente en esta época me- 
morable adelantamientos prodigiosos, j sea dicho aqui en 
justo elogio y bonor debido á esta interesantísima parte de 
la medicina y de sus profesores , si bien ninguno de estos 
tuvo el temerario arrojo de Cowperde ligarla arteria aor- 
ta en el vientre, ni en los casos de cánceres uterinos inten- 
taron la estracciou de esta entraña; no por eso han dejado 
de ejecutar las operaciones mas graves y delicadas cuando 
la necesidad lo ha exigido y ha sido probable el buen re- 
sultado de ellas. Asi las amputaciones de los miembros, 
las operaciones del bubonocele y hernia crural , la del tri- 
chiasis^ la escisión del plerigiiim, la pupila artificial, las U- 
í>aduras de las diversas arterias, la operación de la cata- 
rata, la estraccion de los cálculos y su trituración , la re- 
sección de la mandíbula inferior, la eslirpacion de las par- 
tes cancerosas de la lengua y aun del globo del ojo, y otras 
se han ejecutado por nuestros españoles con tanta maestría 
como felicidad. Romero abrió varias veces con destreza y 
buen éxito el pericardio, para estraer el csceso de a^iua con- 
tenida entre esla bolsa y el corazón (1). Pedro Virgili, des- 
pués de una vida laboriosa , toda consagrada á la práctica 
operatoria, ya envíos hospitales nacionales, ya en los es - 
trangeros,y principalmente en los nuestros de campaña; 
fué el primero que se atrevió á abrir la áspera arteria en 
su trayecto longitudinal hasta el sesto anillo, y un resul- 
tado feliz coronó su docta osadia, salvando la vida, al des- 
graciado que ya se agitaba con las convulsiones de la ago- 
nía. En la biografía de este insigne cirujano se verá todo lo 
que le debe la ciencia, no solo por su talento y tino prác- 
tico, sino también por haber sido el fundador del Ateneo 
de Cádiz y del colegio de Barcelona. 



(j) Merat, Dicí, des sciences médtc,\ loiu XL, pág. 370. 



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ESPAÍiOLA. SS5 

Francisco Ganivell fué otro de nuestros esclarecidos ci- 
rujanos: se señaló en el arte de los apositos y vendages , en 
la curación de las heridas por armas de fuego, y muy par* 
ticularmente en su destreza en las operacioues de la litoto- 
mia. Por su influjo se estableció en £spaña un montepio 
para los huérfano? ; \iudas de los profesor(3s de la armada. 

José. Quelartó , director de los hospitales militares de 
Navarra j Guipúzcoa, simplificó y reformó el tratamiento 
de las heridas por armas úq fuego; proscribió la cruenta, 
operación de sajarlas y mudar su figura, y no quiso se 
estrajesen los cuerpos eslraüos en la primeras curaciones, 
diciendo que esto era esponer al herido á graves accidentes; 
que podía hacerse lo mismo sin violencia , dejando al tiem- 
po que por medio de la supuración los presentase al este- 
rior ó permitiese sü salida á beneficio de una contra-abertu- 
ra en ocasión y sitio convenienle. La confianza que llegó 
á adqi^irir este diestro cirujano en el ejército fué tanta, 
que los mismos soldados heridos decian á sus conductores 
que marchasen de priesa, porque si llegaban vivos no mo- 
rirían. 

Antonio Gimbernat fué tan sabio anatómico como dies- 
tro cirujano, y á él se debieron los nuevos métodos en la 
curación de varias enfermedades quirúrgicas. Este escla- 
recido catalán fundó el real colegio de San Carlos de Ma- 
drid> y se trasladó por orden de Carlos III á Paiis, á Lon- 
dres, á Edimburgo y á Holanda con D. Mariano Bivas, de 
la misma profesión, para observar detenidamente el esta- 
do de perfección de la cirugía en dichas capitales. Pero es- 
ta espedicion, mas que para aprender, sirvió para demostrar 
lo que valia la cirugía española, que suponían los eslran- 

§eros en el mayor atraso y abandono. Gimbernat fué quien 
escubrió la disposición anatómica del arco crural , espe- 
cialmente la de la espansion aponevrótica que conserva aun 
el nombre de ligamento de Gimbernat: él inventó un nuevo 
método para operar con toda seguridad las hernias que se 
forman en aquel sitio. La circunstancia de haberse ejecu- 
tado esta operación en" Inglaterra delante de varios profe- 
sores, entre ellos el celebre Hunter,.le valió la aprobación 
de todos, y que el práctico inglés la publicase como la me- 
jor de cuantas se conocían : asi fué que muy luego tuvo la 
gloria este español de verla propagada por todas las nacio- 
nes, ^ que su obra fuese traducida á varios idiomas. El fué 
también quien se opuso al abuso délas suturasen la prác- 
tica quirúrgica; quien estableció las señale», diferencias y 



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286 MEDICINA 

tratamiento de las úlceras de la córnea trasparente; el que 

inventó un nuevo compresor del globo del ojo para la ope- 
ración de la catarata; quien ideó an nueva método también 
para curar radicalmente el iiidrocele j el primerü jgual- 
1 ríen le que aplicó la compresión gradual de las arterias po * 
pillea y femoral mas arriba del aneurisma mediante ins- 
truTiientoB de su invtíncion, cuyo procedimiento fu<l luego 
seguido por otros cirujanos eslrangeros y reconocido co* 
mo uno de los mas ventajosos, siempre que se ejecute con 
circunspección y tino pi-áclico (I)* 

También Ve lasco y Vil la verde se señalaron en las ope- 
raciones quirúrgicas, y publicaron sus curiosos tratados 
sobre ellíis. Pastor y Navas se hicieron célebres en el arte 
de partear. Poig perfeccionó varios puntos de la cirugia; 
Vidal ilustró la patoLo*;ia quirúrgica, la cirugía forense, el 
diagnóstico y método curativo de las enfermedades de los 
ojos. Bonells y Laca va imprimieron su escelen te anatomía. 
Por último , otros muchos se dedicaron á enfermedades es- 
peciales y nos dejaron sus obras ^ Ira lados y disenacioiiesj 
aue prueban suficientemente que nuestra terapéutica y me- 
icina operatoria., nada tenian. que envidiará las délos es- 
trangeros, 

Ko menos que en la cirugía, tuvimos también grandes 
ingenios que se distinguieron en la botánica. Aso, Loren- 
te , Quer, Ortega, Huíz, Pavón , Cavanilles y otros, enri- 
quecieron la ílora española, y se dieron á conocer por aman- 
tes de la materia herbaria. Juan Cursacb, médico del hos- 
pital militar de la Magdalena en Menorca, dio á fines del 
siglo su magnífica obra de botánica aplicada a la medicina, 
escrita en buen latin y con tanta precisión, conocimiento y 
abundancia de doctrinas, que iguala cu mérito al manual 
de plantas del célebre Deslongcli^ms , y pudo muy bien ha- 
ber servido de testo en nuestras escuelas en vez de la de 
aquel botánico francés* 

Nada diremos sobre mincralogia, en la que tuvimos muy 
buenos autores, asi como tampoco nos faltaron en zoología 
Y astronomía, A la química se dedicaron muchos, aunque 
os cierto que en este ramo de la historia natural nos lleva- 



ir) iCasa adrairablíí! Lo» nombrt!* dfe Tirgíli, je Gimbemat y los de 
€lrü4 profesores cspíiñoles de gran üola , no ^e Ualbrv consigna4os en U bi- 
btiol.ec.1 méJici piibíicsda en Francia, y sin embarga ivia oU*»s se Iraduje- 



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ESPAÑOLA. 287 

ron mucha veataja los adelantos hechos por los estraüge- 
ros. Sin embargo, se estableció en Madrid una buena es- 
cuela y un gran laboratorio á cargo de Proust , y fueron 
muchos los jóvenes que pasaron á estudiar esta ciencia á las 
aulas de la Italia y de la Francia, y volvieron luego á uti- 
lizar sus conocimientos en el examen de las aguas terma- 
les y en la farmacia química. 

Por último, en este siglo se suscitaron muchas y muy re- 
ñidas controversias médicas , de las que hablaremos mas 
adelante, y se dedicaron los profesores á la observación y 
análisis de*^las aguas minerales que con tanta prodigalidad 
brotan en toda la Península. Acerca de este último punto 
hemos creído necesario estendernos mas por menor en un 
artículo especial, por reclamarlo asi la indocta injusticia con 
que se nos ha criticado de abandono en tan interesante es- 
tudio. 

Véase, pues, cómo en el siglo XVIIl la medicina espa- 
ñola no desdeñó ningún adelanto positivo , ni quedamos es- 
tacionarios en la gran revolución que se efectuaba en todos 
los ramos de las ciencias naturales. Por el contrario, tam- 
bién nosotros contribuimos con nuestras luces y descubri- 
* mientes al gran fomento del saber, aun cuando, como que- 
da dicho, no nos lanzamos ciegamente en el estraviado ca- 
mino de los sistemas, pudiendo asegurar con justa vanaglo- 
ña que ningún médico español fué en época alguna cabeza 
de secta, ni la gran mayoria de nuestros profesores se apar- 
tó de los sabios consejos del padre de la medicina. 

§ 4.0 

Controversias médicas. — Ruidosa disputa sobre el uso del agua 

NATURAL, bebida EN GRAN COPIA, COMO REMEDIO UNIVERSAL PARA TO- 
DAS ENFERMEDADES. 

Continuó el siglo XVIlI por mas de 50 años siendo ob- 
jeto de las ruidosas disputas que en el anterior agitaron á 
ios españoles. A las controversias galénicas y espagíricas, á 
la tenazmente sostenida é impugnada sobre las emisiones 
sanguíneas, á la suscitada por Aldrete sobre el agua de la 
vida, y á todas las demás deque ya hemos hablado en el si- 
glo XVII, sucedióse una en la primera década del XVIII, 
que si bien no tenia un carácter enteramente nuevo, fué 
no obstante de las mas tenazmente sostenidas. Consistió es- 
ta en considerar al agua natural como panacea universal 



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288 MEDICIf^A 

ea todas las enfermedades, cou muy cortas escepcíoues, be- 
bida en cantidades escesivas. 

Para comprender bien esta disputa y llevar nuestras con- 
sideraciones ülosófico-críticas ai verdadero teri'cno en 
que debemos considerarlas, precisó es que recordemos 
que ya en el siglo XIII un médico famoso de Toledo , que 
según Gasiri era judio , escribió una obra sin nombre de 
autor , de la que ya hemos hablado en el tomo I, en la cual 
trató de los danos y provechos que causa ^el agua de nievc,. 
encargando á los castellanos su uso con todo género de áci- 
dos cuando no concurriese en el sugetQ contraindicante al- 
guno. En 1580 escribió también Monardes- sobre el agua 
fria con nieve, recomendando asimismo su uso; ^n 1569 
Francisco Franco lo hizo igualmente y con buenti crítica 
sobre el mismo asunto, y Burgos en t634.,El judio izohag 
Cardoso en 1637 imprimió igualmente una elegante obra 
sobre las utilidades del agua y de la nieve, y del beber frió 
y caliente, en la cual prescrinió el agua en ciertos y de- 
terminados males y dio reglas muy prudentes del córaoo, 
cuándo , y en qué cantidad habia de ser administrada. Por 
último, gran número de médicos observadores tocarott es- 
ta materia en todas las épocas de que hemos hablado en el • 
curso de esta historia, como va se ha podido notar, y todos 
reconocieron las utilidades adagua administrada al inte- 
rior, ya fria, ya natural, ó bien caliente ó templada; p^ro 
circunscribiendo su uso á ciertas y determinadas dolencias 
y proscribiéndola en otras de índole enteramente contra- * 
ria. Hubo, sin embargo , alguno que la consideró perjudi- 
cial, generalmente hablando, admitiendo solo la necesidad 
en estado sano del uso del agua natural; y los hubo tam- 
bién, que reconociendo el buen efecto de las aguas friascon 
nieve, querían que se propusiesen en todas la^ enfermeda- 
des cutáneas y en las de las visceras abdominales y hasta 
en los afectos del pecho. Por último, con muy cortas es- 
cepciones reconocieron todos los buenos prácticos de nues- 
tro país, que el agua en todas las temperaturas de qde es 
susceptible era un escelenté medio terapéutico; la admi- 
nistraron en ciertos males ya como atemperante, emolien- 
te, humectante, diluycnte, refrigerante, ya como digesti- 
va, desosbstruentc, etc., etc., y la recomendaron con la ma- 
yor prudencia y en la forma que requería la índole de la 
enfermedad , robustez del individuo, edad> etc. Sobré esta 
materia se escribieron muchos tratados, en los que se exa- 
minó escrupulosamente qué aguas eran las mas saludables. 



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y el modo de hacer potábka. las de los ppzos y cisternas, 
dando reglas para conocer y remediar las insalubres, y las 
que se debiáu preferir á cualquiera otra. 

No se limitaron á esto las observaciones de nuestros mé- 
dicos: ya desde tiempo inmemorial sé babian reconocido 
igoalmenta las maravillosas virtudes de ciertas fuentes y 
baües termales en nuestra Peiunsúla , de cuya materia ba- 
remos un capítulo aparte. Asi, pues, solo diremos abora 
-que después de ' haber quedado como olvidadas las utili- 
dades de los baños de fuente, rio y minerales, volvió á 
ilespertar la consideración de los médic(» la obra^de Limón 
Montero ,. y desde entonces fueron en ^ran número los prp- 
íesores que empeAron a estikliar las virtudes de las aguas 
j utilidades de los baüos, haciendo un escrupuloso análisis 
délos principios mineralizadores que conleniañ; yhéaqui 
como en el siglp XYIII se estudiaron las aguaspor los mé- 
dicos , y se transmitió á les profanos la idea de considerar- 
la como un remedio casi general para todas las dolencias 
y que el Supremo Creador nos babiadado con tanta abun- 
dancia bajo tan diferentes temperaturas, naturaleza, gus* 
tos y virtudes, como ofrecen circulandp j^r la superficie y 

-4)rofundidad€s de la tierra. 

Desagraciadamente el espíritu humano nunca se contenta 
con sujetarse á los justos límites de la prudencia, y el vul- 
go, siempre ignorante, sigue por lo regular todo aquello 
que aprendió una vez, sin mas examen que uua predcupa^ 
cion, de la que no puede darse cuenta; tan simpájticoxon lo 
maravilloso é incomprensible, cuanto tenaz y rebelde cour 
Ira todo lo que se opone al tórrente de la idea reioaote. £1 
vulgo, pues , acogió la doctrina de une el agua era un re- 
medio universal , predicada inconsideradamente por médi- 

^ eos indo4;to^, y de aqui nació aquel atroz desprecio á la me- 
dicina y á sus profesores, que fué acrecentándose desde prin^ 
' eipios del siglo ; hasta .el estremo de tener que cerrarse un 
gran número de boticas/ no solo en las capitales de pro- 
vincia sino hasta éh la misma corte; pues como dice un au- 
tor de aquella época, solanuinte $e llamaba al facullaúto 
cuando Uoi enfermos no poiian ya tomar el agua fría ni la ca- 
líente, 

^inr embargo, preciso es confesar que á este desprecio 
ayudaron también algunas plumas elocuentes , y hombres^ 

' que por su prestigio y circunstancias sociales, hicieron 
grave daño á la ciencia , cayendo en el error de considerar- 
la vana , fútil y casi perjuchcial. Tal fué entre otros el pa- 

TOMO VI. 19 . 



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'3M HBMCOIA 

dre Féyjéo^ de qnieií mas adelaiite bablaremos. Tratando 
de oponerse á las preocapaciones vulgares, hizo caer aí 
pueblo én el estremo opaesto , caal fué el desprecio faácia 
bs hombres del arte. 

Empero no anticipemos los hechos ; veamos ahora cuAl 
fué el principio v ios progresos del nuevo sistema del agua. 

Poriosañosde 1708 al 1710 circuló ea Granada V Sevi- 
lla T otros puntos de Ándaluciaun papel manuscrito con' 
el tttulo de Remedio nniverM del agmm "natural medicinal;, el 
cual aseguraba qué todas las enfermedades se curaban be- 
biendo cfesmesuradas cantidades , sin mas distinción de pre- 
ceptos que el único- de beber siempre mas y mas, añadien- 
do q[ue cuantos daños sobreviniesen por ella,^ eran nuevos 
motivos para mas y mas descom^xasadamente beber^ y esto 
en enfermedades agudas^ tabardillo^, erisipelas, obstrue* 
clones, dolores, llagas^, hidropesías, debilidad de estémago,- 
etc.yetc. ' '''<', 

^ La primera impresión que hizo este papel en los hombres 
doctos de todas las profestones, ftié la risa : túvose por de- 
lirio ó sueño de algún sediento, y como cosa de burla se 
despreció. Sin embargo,' pasado algún tiempo apareció de 
nuevo el referido papel impreso, y: entonces voíó con ad* 
mirable rapidez por las provincias del reino, y no faltaron 
inédicos empíricos, que adoptando y aun aplaudiendo el re- 
medio del agua, empezaron á ponerlo en práctica, basta que 
por último sehizo la conversación de moda en las tertulias 
7' circuios de ociosos (1). 

El primero que salió á la palestra movido de unsentimien* 
to de humaniciad y al mismo tiempo del deber de desenga- 
ñar al público, fué el Dr. D. Francisco Fernandez Navar- 
rete, catedrático de vísperas eu Granada^ con su obra titu-. 
lacla El NereOy impresa en 1717. Díóle ocasión para ello la 
^presencia en aquella ciudad de un insigne empírico, el cual 
corrió con aplauso por instfumento de una muy ordepada 
caridad, poniendo en práctica el remedio del agua y pro* 
curando estenderio y acreditarlo. Pero Navar rete, con una 
moderación que le honra, y previendo los incalculables da- 
ños que se preparaban á los hombres irreflexivos', iprobó 
en su citada obra que el agua, si bien era cierto que. tenia 
sos usos asi naturales como artificiales, para corregiry sa- 
nar los diferentes efectos y aUeraeioúes qo^ en el cuerpo 

■ (f) ' Navar rete en sií Fíer^^ pag; 7. . ■ -, ' - 



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hanAnó^ eaominrlds enferniedaáeB ^ lio era m {^ 
se empezaba á practicar, un remedia geofiral para todas ka 
dolencias. Deaqui infiriólas reglas, oftiioiies^ preceptos poí 
donde se dobia «arregláis el iiso del agtta naloral en todas 
circuDsiancias, como medicina en las cateñtupas arcbenies, 
en enfermedades coléricas V en I^s agudas j erd^bieas, ar*^ 
reglando su u^o y práctica &dfpm eMaba> recibido: en toda^ 
las escuelas. , . r - , 

Mo tardó en isalir á Iqz la impugnación de esta obra, tan 
concienzuda y prudente, por dos partidarios del método 
acuario. Dos anónimos circularon mu]jr pronto, tilulado d 
uno ÁntUNereo, y el otro Carta famithr; los cuales, á falla 
de razones, apelaron áimpugnar yerros de im^covta y á la 
sátira mordaz. No quedaron, sin émbárgo^in contestación: 
otro anónimo con el título de Poffci enfisema de conjuro; j 
otros mas que no ba ádo posible conservar,, salieron á la 
defensa del Nereo y en contra del nuevo sistema, y hé aquí 
^ pugna y en guerra abierta i los médicos emotrieos é 
inespertos con los ancianos, y dogmáticos en Granacht. . 

Pero mientras que en aquella eii»lad se altaban de, es* 
te modo, veamos qué sucedía en otras provindas, ya conta'* 
minadas de aqifeUa especie de vértigo. ' 

No menos que en Granada los médicos sevillanos esta* 
ban ya divididos y con ellos el vulgo, y pi^eciso es confesar 
que aun los doctores de* aquella.iifói^e universidad, como 
los desu regia sociedad, estuvieron cbscordes también, y no 
pocos practicaron el método acuario. Uno de loa primeros 
que salieron á la páblicapalefi^ra en Sevilla fué D-Juan 
Vázquez de Cortés, con su obra titulada l^edicma.en la$ 
fumtes. Susdoctribassóa las de Helmoncio. Proscribe toda 
dase de purgantes, sustituyendo ái estos el agua- como de 
menos riesffo, y aun cuando asienta que esta medicida no 
era geaéral ni de todos los.estados,,sostieQe que era un au- 
«tito generoso de todas las enfermedades, y asegura que las 
aguas, ya frías, ya calientes, y sobretodo la naturalvhabáan 
sanado tan crecido -número dte enfensmos^ que faltaría papel 
para solo las.firmas de: los interesados., y por lo tanto era 
muy justa la buena opinión del pueblo. Vázquez de Cortés 
fué, como veremos, partidario del aguasebre todo reme* 
dio terapéutico ; pero no. tan esclusivamente, que no conce- 
diese purgar en las saburras gástricas, ni se valiese sola- 
mente del agua en su temple y estado itatuiral , puesto que 
hasta los baños minerales recomendaba , aunque en ellos 
exigía IH mayor circunspección. i . • , • 



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ton MEOICIIU 

Ck)iit«stó á está obra D. Alonso Cornejo^ médioode la U- 
mi lia del Bey, eoa otra titulada : Respuesta aun papel ápo^ 
iégéticoj tmeton el Hiuio ás meáktiía en las fuentes^ etc., sacó 
J9. Juan Vaxqüéz. Gorne]0 no negó en su obra el uso del 
agua ;Hí'eprobó sí su abuso; opúsose á los sitibundos que se 
«ngolfaban en su occéano; negó que fuese auáiio generoso 
de todas las enfermedades como pretendiera Vázquez, sien- 
do asi que no era remedio de todas, pues el concepto de 
aosilto implicaba refenedio ya sea per $ey ya oeasionaüier. 
Combate 4a idea de que Jos purgantes' tuviesen una veneno- 
sa cualidad; asegura que «líos, asi como las sangrías, erail 
remedios poderosos y que no podian suplirse por otros. Por 
últimf),impogQó las aoetrinas belmonoianafi de Vázquez, 
j concedió que el<agua fuese un csceieo te emoliente y muy 
provechosa en determinadas afecciones, pero añadiendo 
que el darla empíricamente y en escesivas cantidades era 
an verdadero absurdo. 

Casi al mismo tiempo que Cornejo , imprimió D. Manuel 
Mastrucio, médico y catedrático de la nniversidad de Sevi- 
lla v otra obra contra el sistema de Vázquez, cuyo título 
es: Apuntaciones contra la universalidad ^ y abuso del agua, ele. 
Opóaese á la universalidad de todo remedio ; iitipugna á 
Vázquez por su animadversión á los purgantes; proscribe 
el m^odo del agua éu los términos que se practicaba, ha- 
ciendo ver sus inconvenientes y daños, y prueba que el se- 
guir los médicos buscando y discurriendo el modo de ha- 
cer bueno lo que la esperiencia estaba demostrando que era 
malo, á pesar de algunas curas especiales que se habían lo- 
igi^do, no era racional, ni en conciencia podia aprobarse. 

En contra de la obra de Goroejo salió un anónimo im« 
preso con el título de: Registro en que se desenvuelve por ma^ 

Íor el bulto de dos papeles impresos^ el uno esmto por D. Juan 
'azquezde Cortés^ y el otro por D. Alonso Cornejo. Nada de 
mparciatidad se halla en él ; por el contrario, moteja es- 
trafordiuariamente á Cornejo y ensalza é Vázquez , procu- 
rando vivarlo de la nota de usar el remedio del agua em- 
píricamente sin indicante y en escesivas cantidades. 

Vázquez de Cortés por su parle contestó \á Mastrucio ea 
un papel impreso en folio, y cuyo título es: Respuesta por 
Di Juan Va^uex de Cortés 4 lías apuntaeiQues del Dr. Don 
Manuel Mastrucio^ etc. 

En esta época^estaban de moda las obras del P. Feyjóo, 
j á ninguno méjOr que á él podían consultar los partida- 
rios del agua , y especialmente Vázquez de Cortés. Ató lo 






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ESPAÜOIA. un 

hito y remitiéndole su obra , j aqfiel monge 1« coiM^eBlócii 
carta del 2 de julio de 1735, aprobando ún sistema, ba^ 
liando natnraliÁmos los buenos efectos del agua , y <eoffo^ 
borando ^te sentir con la opinión de Hancocke , medios 
inglés, que en 1722 recomendó el agua fresca como elmé* 
jor de los febrífugos. Esta carta, que i^oalbiente idspripnié 
el P, Fejjóo en el tomo primera de ellas, la coloeonVa^^» 
quez en su Respuesta^ como para hacer enniudecer ¿«uscón»- 
trarios con semejante autoridad^ Pero lo c|ue buboaqui de 
mas notable, es «que uno de los médicos impognadorén de 
Vázquez, remitió igualmcntersu obra al referido monge pir 
diéndole asimismo su parecer, y este le contestó que era 
de la opinión de Vázquez ,. aunque con el correotiro de que 
en medicina ninguna regia admitia. como segura, sino .la 
colección bien reflexionada de muchos. esperimen tos; m^i 
sin embargo , opinaba con Vazquez.que el Água era insiga 
nísimo remedio de muchos males, y ausHiaígmeapéño de toSn 
e{/o9/asi como estaba convencido de la inimlidad y .aon\da-» 
ños de los purgantes. Y bé aqui ya cómoempeió: á esten'- 
derse y crear prosélitos esta» wctrkia en' Tapuis puntos del 
i^tl^o por dónde circulaball^ los escritos de l'&yjoo y cómd 
mo}| luego se hizo general eístádisputa^: > mi ,-) 

Asi entablada pública y privadamente- la controversia .sd-t 
bre el método del agua que pubticó. Vázquez^ se pidió' die^i^ 
ra su dictamen el Dn D. Mai^nelí Gutierrezí dn los fiib&; 
presbítero, que lo era del claustro de medieise de SevUl^ 
como en efecto* lo ejecutó en su Jukia^ sobre la'^ método co»*' 
trovertida de etirar ws morbos con eí U9w dH ayna, y^limitaaion 
de los putganus; etc. Este edesiástico y mécBco trata» de 
probar en su obra, que ningún» medicina es admisible sin 
el suficiente número de*esperimento8 , y menioionaiido hie- 
go los que se habían hecho con el niétodo del. agua, halla 
en ellos justificada su práctica. Made que no iieo|M>ne á la 
razón el que haya ifnameifícina.usnfftfra/,, y^-que asi lo sití^ 
tió el mismo Galeno. Fiiialtiietútev>se 'opoDoíiáÉmsffiO'á loi 
purgantes, y hace un elogio del gran^ Hehnbncioi, jque^ij»! 
le llama, y desús doctrinad. va '. .\:% 

Al frente de esta obra cofocó D. Juan Vázquez ide (¡olotes 
un estenso prólogo sostenieiido las doetrínashélinonclanas» 
el cual no tardó en ser criUcado por un anónimo coniel tif- 
lulo de Beftexion^ epistólka^de* Teófilo Correéeiomsy été.. En él 
le propuso el autor combatiriasideas.ileflelinonció coo'Cí^ 
tiloelevadoy elocuente; perore internó en la metafísica, 
dtscúrñendo sobre el orekeo^^tiMownátOf coooloyetidiD 



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SM . . MEDICDIA^ 

cOD^espreeiurelnélDdodeaguy Kmitaeioii de los por* 
gantes. 

Oin «nóniflio se encargó de replicar á este. Su título es:- 
B^prnaia eriáea de HércuUs de Ocana á la reflexmi épistó^ 
Kea^ ele. Sa lectura es {kkso agradable, 7 nada hallamo&eii 
éL^ie[HKrezca la atención: nna estrayagante meta^sica j 
A estopa dirigieron la pluma de su ^ntor. Asi que bajo el 
mismo aspecto salió á loz la eoBtestacion con el títolo de: 
Examm 9 teftoaáon ée vn libelo mtiiuludo Bespuesta critica 
de HércnUt de OcañOy ete. Nada sostancial bailamos tam- 
poco en esta réplica ; el ainor propio se babía apoderado de 
aquella cnestion científica, 7 ya no hablaba sino el resenti- 
miento. Sin embargo, enTneltoís en la sátira 7 acrimonia se 
encoeirtranf algunos buenos pensanrieatos 7 razones pode- 
rosas en favor 7 en contra del referido flisteina. liO mismo 
diremos de la réplica que tuvo este último an^núno con 
otro del srisnlo Ilércules de Ocaña, CU70 ttíulo es: Sa^im- 
dareepueiH de Bércuies de €haña al examen y refuiaeionde 
TeoñhCañeeeiome. 

' EodOero. no qoedó aqm terminada disputa tan lamentable 
por el giro irónico é injurioso' que tomo. Hi^7 luego se iníl- 
prímió un nuevo anónimo, titulado: Bércuks de Chana de- 
fendido de la$ mjuriesas impotturas de Teófilo CorreecioniSy 
que diseminó en su examen 9 refutaáon. No sabemos si el 
autor de este folleto seria el mismo que el de los demás que 
llevan su nombre: asi és presumible .aegun su estilo mor- 
daz. Su objeto es rebatir las opiniones coolrarias al sistema 
acuario, 7 i>rDbar que el agua era medicina universal , asi 
como era prineipium mundu Pero como llexamos^icho, por 
en estilp insultante no .se puede leer sin disgusto. 

Al ñiísmo tiempo que salieron á volar por el mundo mé^ 
dico .estos anónimos, 7 añles de la publicac^n de la obiu 
de Gutiérrez délos Bios , eouvocó la regia academia de Se- 
villa é sus socios, para que c» un diaaeñaiado se l07ese 7 
disputase públicamente la utilidad ó inconveniencia de la 
ptáctiqaintroduddá del método del agua. Recavó la ^lec- 
ción para este acto en D. José .Ortiz Barroso ). el cual leyó 
7 defendió en nú discunio (lo estravaganle é infausto que 
era el men<^onado' método^ cómo 7a lo habia eapresado aai 
etii su aprobación á la obra de Cornejo, la óual es digna^fe 
leerse*. Mas queriendo luego la misma sociedad guesebi? 
dése pública en el orbe literario aquella disertación, para 
que los doctos la corrigiesen ó. adelantasen sus discursos^ 
OTdei|óquejel referido jBánosa la éstemliesey aSadiendojil 



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naoiBteiinMl :68t¡árii<^dei'8g^ do9 eiladiiB de salín)* 

jt de enfermedad, como asi loefectaó en su obra titalaúa:' 
Usó y nbutcrdeiintpta áuíeépciatie^ $te. ; la cual se imprímioi 
en eí año de 173é/ á la par de la de Gatierreade los £^s; 

La lectura de esta obra da buena opiDion de la inteligen-. 
daf. espirita fflosófico 7 pericia de Barroso. La'sessiedád se- 
TÜlaúa supo bien ti qué pluma encomendaba. tan .inleresaá-^^ 
te materia^ en la agitada época en que.ia.baena;prá¿ticá'de 
losbombresobserradores 7 esperímentados luchaba (»nfra: 
el torréate de unas deeirkias fasciüadoras 7 estraragantes. 

Empero no enmudecieron coa esto los médicdsabiiaríos: 
Siguiéronse á esta obra de Barroso otros 'muchos-tínónimcKp 

Leserítos, quñ sería muy prolijo efxaminar detenidameiftei 
tstando decir tan solp^ q«e la mayor parte de ellos se hallaflí 
sembrados dalas mas^ absurdas ideas metafísicas, marcan-* 
dose por el resentimieato f «aojo mas reñüados, afmrte de al^ 
guoos buenos pensamientos 7 reflexiones juiciosas que en* 
eontramos diseminadas. 

> También en Yalenda se suscitó esttf polémica , 7 tuvo sutf 
partidarios el sistema del agua. Uno de los de mas fama en-r 
tre estos, fué el Dr. D. Luis Nicolan 7 Ver^ra, el cual 
sostuvo varias disputas con el siempre célebre Piquer, so^ 
kre algunos casos ocurridos en la práctica de amnós. Este 
profesor curaba ásus enfermos con elaguafria natural 7 
desechaba los pui^aotés 7 sangrías: se. dice que escribió 
BU; tratado Soiri el mo del «t^iia; pero..ni 70 lo be visito ni' 
el bibliógrafo JimenO'bace tnéríto deetta obra. JHas sea de ' 
estojo que fuese, lo cierto es, se^m refíerl/áalgunos de 
sus eontesnporéneos, gué siendo el doctor Nicolau médicb 
del hospital de Valencia^ .7 'habiendo rreiiiincÍ2|do completa- 
mente a la práctica comuna, . se p«so 6n>cóm^pelencia con el 
doeti^ Longás; también del násmo hospital, resultando qué. 
en un tiempa dado íde seis meses el doctor Nicolau habia 
ahorrado muchoa gastos á afqndr asilo de Ja humanidad, 
habia tenido muchos mas enfermos y menos defunciones (|«ié 
6b compañero Longás. 

Con estentotivo no esestraño que entre ios mismos pro-^ 
fesores empezase/á haber di^denoias en lá práctica. • Sin 
embargo, no se entablaba la polémica; pero.cada uno cura>« 
ba según sus cotivicciones 7 esperiencia. £a este estado ti*^ 
ró, digámoslo asi, el guante el Dr. D. Manuel Martüa 
eonsu obra Otui¡nores inconsolable» del agua.y san^ey^fi 
1(1 cual pone de manifiesto'. los malos efectos del inmo- 
derado uso jM agua y 7 iconsidera á los médieoB que se«> 



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39& / lUDieniA 

goiMí aquel sislema cono agresores de ia salad pública. 

Después de este escritor bubo algunos que trataron sobre^ 
elmismo asunto: mas ciertamente que en aquella provincia 
no tenemos4iue lamentar los disturbios j escándalos que 
en otras* 

En Málaga, también escribió á favor del uso abundante 
del agua el Dr. D. Manuel Fernandez Barca. 

En Cataluña no fué tanta la sirapatia que encontró el 
referido método: no obstante, también tuvosus partidarios; 

Pasemos ahora á ver la im))ortancia que tuvo en la cor- 
te, en donde nos aguardan no menores escándalos, aun- 
que de otro género. 

Ta hemos-dicho que el si^ma del agua tuvo origen cu 
los primeros años del siglo, con un papel anónimo, ihanus*- 
crito y luego impreso, que. circuló por toda ócaú toda 
la península. En Madrid, como en las principales ciudades^ 
de provincia, no escitó ál.{»rincipio mas que el menospre- 
cio. Sin embargo, este papel, que corrió desde elgabinfs— 
te del docto á las manos del ignorante, no dejó de hacer 
su efecto aun mas pronto de lo que muchos imaginaron; 
pues si consultárnosla obra de Gil Blasde Santillana^cu^ 
ya' primera edición fué en 1715, hallaremos en ella la crí- 
tica chistosa del método acuario en .cabeza del doctor San- 
gredp, en la práctica empírica. 'de su criado Gil.Blas, v en 
la enfermedad v 'muqcte del canónigo, atormentado de la 
*gota; lo que induce á creer con sobrado fundamento, que 
por lo menos al principio de la segunda década del siglo 

Íra habia en Madnd quien practicase el referido método, ba« 
lándose por consecuencia entablada ya la pugna éntrela 
práctica racional y tí. nuevo empirismo. 

Empero asi pasaron algunos años, sin que las prensas ma- 
drileñas dieran al mundo ninguna obra importante.de este 
género, contentándose los inédicois con las que á menudo 
venían de las provincias donde se habían roto las hostili- 
dades. 

En este estado circuló por Madrid por los años de 1740 
al 49 un nuevo papel sin fechia y anónimo, titulado: Uso del 
agua fría con nieve, y en el cual se aseguraba que con se- 
mejante remedio no habia necesidad alguna de médico pa- 
ra curarse. D. José Gathalá y Centelles combatió este anó- 
nimo en su obra: Agua fria universal y examen de la eecasa 
y particular; pero como médico acuario qué era , su prin- 
dpai objeto se reduce á propinar el agua precisamente en 
ks afecciones en que el anónimo la prohibía, y vice versa* 



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ESPAÑOLA. 2KÍ 

Sin embargo', el método de Gatbalá no tenia ^aáa de exa^ 
gerado, aun cuando daba mucba importancia á e^e líquido 
natural. 

Siguió á este D. Félix Eguia eon dos folletos, que salieron 
anónimos ; sin año de impresión, en donde niuj concisa*' 
mente procuró desengañar al público sobré el.escesivo uso 
que se hacia délas bebidas heladas; y por último apare- 
ció en Madrid por los años de 1749 al 50, uno de los mas 
furibundos partidarios del método acuario, llamado D. Yi^ 
eente Pérez , el cual, después de haber, cc^rrido por varios 
logares del reino j de haber merecido el sobrenombre de 
médtco del aqua, vino como abanderado á dar impulso y re* 
eintar prosélitos á la nueva práctica. 

€onsiguió su objeto. Es verdad que su reinado, digamos- 
lo -asi , fuévcorto, pero feliz, ganando honra y prea en poco 
tiempo. Nos ocuparemos de él brevemente (1). 

Hallábase D. Vicente Pérez en Pozoblanco de los Pedro- 
ehesde Córdoba, de médico titular, cuando fué acometi- 
da aquella villa por ios años de 1737 de una fucfk'te epide- 
mia. Viendo que no aprovechaban los remedios de la prác- 
tica común, empezó á usar el método del agua y á observar 
los movimientos^de la naturaleza. Salió bien de los primer 
ros ensayos; siguió lo mismo en los demás enfermos, y con* 
cluyó por último con desertar de la antigua práctica. 

^asó luego á Santa Cruz de Múdela, acometida también 
d^ otra epidemia, saliendo asimismo airoso en sus resulta- 
dos. Marchó después á Toledo, ddhde contrajo amistad con 
él profesor acuario D. José Ignacio Carvallq y con un fraile 
del, orden de San Agustiiií, llamado Fr. Vicente Ferrer. y 
BeaumOnt, lector de teología en Alcalá, después en Toledo 
y por último regente de la universidad de Valladolid. 

Posteriormente se trasladó á Madrid, donde se dio á co- 
nocer por el medico del agua, y adquirió pronto gran clien*^ 
tela. Su fama habia volado por el pueblo y hablábase con 
asombro de sus prodigiosas curaciones. En este estado qni-' 
so Fr. Vicente terrer , que ya s.e habia declarado entre sus 
amigos partidario del sistema del agua, imprimir una obra 
adhiriéndose al sentir de los que consideraban aquel líqui* 
do como remedió universal de todas las dolencias, y ^otra 
anunciando al público la venta de los polvos purgantes del 
doctor Ailhand , confeccionados por el agustino , eon gran 



(i) véase U biogrtfit de <•!« nédico. 



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398 M£bl€IRA 

rebaja en su preeío¿ Pero ya fuese plH*qlie éste 'rel^loso íur 
quisiera dar su nombre, ó jpor motivos que úoestwbíea 
manifiestos, lo cierto es que por los años de 1752^ se dio* 
á luz su libro á nombre de D. Vieente Pérez, y coa el tita* 
lo de El fnvmoior de la salud de ioi hombres,- 

El médico del agua se hizo célebre: se vaidieron muy 
pronto todos los ejemplares de la primera edición, y se re- 
imprimió varias veces. D. Vicente Pérez apareció en .el 
mundo médico, no jra como un mero práctico, ^no coma 
un consumado teónco, y, esta faoia se aumentó aun mas* 
cuando al año siguiente dio á luz el Ubco titulado El secre^ 
to á voces\f que SO reimprimió. muchas veces. 

Esta obra, escrita también por Fr. Vicente Ferrer, y dad» 
á luz á\ nombre de D. Vicente Pérez, no. cabe duda que fué 
trabajada por un espíritu de especulación ; activo por el 
cual no convenia al agustino dar su nombre. 

Una ligera controversia se suscitó al principio , preten- 
diendo unos que los polfos de Aix eran distintos de los con* 
féccioi^adós por Fr. Vicente, y diciendo otros que esta obra 
se contradecía, porque por una parte impugnaba los polvos 
de Ailbant, y por otra brindaba con Ja nueva confección. 
El alónimo titulado Apología d$ paso eontira unaeriíiea de 
úsienior fué uno de los que hicieron la guerra al Secreto á 
vocex, asi como otro titulado, Carta del médico, de Aix; pero 
no quedaron sin contestación, como mas adelante áe oirá. 

Estas dos obras y el efecto que produjeron en el vulgo, 
escitaron las phimas de varios profesores de Madrid , decJa^ 
rendóse unos en pro y otros en contra del sistema acuario. 
D* Francisco Bodriguez Corcho escribió su Maraarita sobre 
el aguá^ en la que con el mayor juicio coinbatió la adminis* 
tracion de este liquido, considerado bajo el punto de vista 
de medicina universal; asi como se hizo cargo de todos los 
arg:umentos del IVom^íor, sometiéndolos á tan acerti^da crt* 
tica, que no tuvo contestación.. Fué esta una de las mejores 
obras que salieron á luz en la materia. Pero D. Antonio 
Alejandro Palomares y D. Antonio Aguilar, publicarjon 
ambos dos composiciones en verso, presentando á la medici- 
na racional como una ligera nave sin timón ni brújala ; ha- 
ciendo de cada profesor un asesino, ^hablando del médico 
del agua «d términos bastante ambiguos. Titúlánse estas 
obras', Parto del Océmo la del primer autor y jSéeño jocoso 
la; del segundo ; pero ambas se sospecha fuerqn escritas 
igualmente por Pr. Vicente, quien preparaba ya el descrédi- 
to á su protegido de una manera escandalosa. 



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ESPAÑOLA. , 299 

Otro» vatios papeles de pocaimportiGineia, y; que por lo 
mismo no merecen que nos oéupemos de ellos, vieron en-» 
tonces la loz pública. < ' 

Entre tan encontrados pareceres se colocó el presbítero 
D« Francisco Bruno, queriendo, como ya habían intentado 
Qtrosy conciliario que babieca 4}e verdad entre todas las 
opinioiíes emitidas, y déséchá;rila exageración de los siste- 
mas. Ed su obra titulada: El juicio de ÍParis^ verdad$rio dfs^ 
encaño del aqua^ probó que. si bien esta, administrada con 
método en determinadas afecciones, era de un provecho 
xindisputablé , no se la podia sin embargo considerar como 
remedio general para todas las enfermedades, siendo esta 
idea: contraria á todas las leyes físicas y esperimentales en 
la materia. 

.Has entrManto D. Vicente Pérez seguia practicando con 

Sran aceptación. Dedia en día se aumentaba su dréditoy*^ 
acia nueyos prosélitos en el vulgp; hasta llegar el caso de 
tedér que cerrarse mnclK)6 establecimientos farmacéuticos, 
como ya hemos dicho, y de no ser llamados los mas consu- 
mados prácticos sino en el tristísimo estado de la agonia, ó 
para pifonuneiar la amarga sentencia de la muerte. El mé «- 
dico del a^a, en fin , llegó al cénit de su fama : ahora va-» 
mos á verlo precipitado como Icaro, para no inspirar sino . 
la compasión en pocos, y el. desprecio en los mas. 

Habia prometido Fr. Vicente escribir el método del a^a 
á su amigo !Perjez«;Ins.taba este porque saliese á luz cuanto 
aotea, ipue&r que asi se reclamaba por ei público, y como 
habia de aparecer .bajo su nombre, miraba sin duda esta 
obra como el complementa de su. crédito. Al finl^ízolo 
asi el fraile^ pero algunos amigos á quienes la remitió y 
que estaban en el<$ecretP de. quién era su verdadero au^ 
tor, se la devolviera por dos veces, para que corrigiese 
sq estilo irónico, y modifícase lo^i colores con que pintaba al 
que era ya objeto de sus iras. Sin embargo Fr. Vicente no hi* 
zo mas que trasponer algupas voces y párrafos, dejando t0a 
la virulencia de estilo en su misma fuerza y vigor contra 
iPerez. Este llegó á conocer la red que le tendia el fraile, 
escusándose en su copsecuencia á prestar su firma. Viendo 
Fr.. yicente descubierto su intento, suplicó al doctpr^D. J>ot 
sé Ignacio Carvallo, médico en Madrid é individuo de la 
academia.mMritense, partidario también del sistema acua*^ 
' río, y lo que es mas, amigo de Pérez, qu^.áutorizaseconsu 
firm^, como asi sucedió, la obra que salió á luz qon el títot 
\0,^tífi!tl»édieode$i.p^Íiri^On' . , [ 



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300 ' MEDIGIRA 

'■ Dos objelos tiene esta obra: primero dar al públito ua 
método sencillo para la admimsiracion del agua^ conside^ 
ráodola como una medicina universal que tenia en sí la foei*- 
za 7 virtud de todos los medicamentos farniacéuticos. Estos, 
según Fr, Vicente, obraban por uno de estos tres modos: al- 
terando^ furgandb ó confortando'^ el agua tenia estas virtudes, 
y ademas la ventaja de no causaf estragos á la naturaleza. 

El seguhdo objeto fué el ridiculizar al médico acuario 
Pedro Cortés^ que era una anagrama de Dr. Pérez, insi- 
nuar,, aunque embozadamente, queFr. Vicente era el au- 
tor del .Promotor de ia salud de los hombres y áe\ Secretea 
mces^ como también del Médieo de $i mismo^ concluyendo 
con estas iniciales: Y. F. V. F. Y. B., que quieren decir: Yo 
Fr. Vicente Ferrerj Beaumont. 

Empero no se contentó con esto el pad re maestro ;queria , 
sin duda algo mas que señalarse como autor de et^as tres 
obras; rio estaba á su gusto bien descubierta ia verdad, y 
por esto á nombre del mismo D. José Ignacio Carvallo dio 
á luz La verdad desnuda. 

Al hablar de esta obra siento caer la pluma de mis nia>* 
nos. Increíble parece que al desnudar la verdad, hubiese 
quien la presentara al público tan escandalosa y repugnan- 
te. ¡Quéestraüa docilidad la del doctor Carvallo, que asi se 
prestó á ser instrumento de la venganza del agustino! ¡Qué 
infracción tan terrible de la moral médica! 

No nos detendremos en esponer aqui ías revelaciones del 
doctor Carvallo. Lea el curioso su biojrrafla , y aun mejor 
la obra que se cita , y en ella verá justificado nuestro asom- 
bro. ¿Mas cuál fué el oculto motivo que cscitó tan impía- 
Tenganza contra Pérez? Carvallo dice que no toda se podia 
publicar, y de éste modo, fingiendo ocultar mucbo, dejaba 
á la imaginación de los lectores un campo espacioso á las 
mas graves conjeturas. Pero lomas cierto es, según ma- 
nifiesta el Dr/Pedraza, que todo nacía de celos por el 
luf?ar que el Dr* Pérez se hizo en la corte y por el crédita 
y dinero que adquirió. 

El Dr. Pérez nada contestó á esta obra , en lo cual á mi 
modo de ver se portó con cordura. Nada podia aleigar 
contra el despojo de las vestiduras a^enascon que se ador- 
nara, y con respecto á lo demás, dejó af juicio de los. hom- 
bres prudentes y timoratos que juzgasen en su causa. 

Nb faltó &Di Vicente Pérez una pluma generosaf, que sirt 
conocerlo , y atendiendo solo al honor de la profesión, sa- 
liese á su defensa hasta donde podia tenerla. El Dr. D. Ittan 



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i 



«spaSola* 301 

de Pedraisa y Castilla en su Verdad sobre el agua , fué el que 
IleQO de honradez y jastameote indignado en vista de aque- 
llos sucesos^, quiso pulverizar las obras de Fr. Vicente, y al 
mismo tiempo probarle que lejos de haberse hecho famoso 
con ellas, lo que(babiá manifestado al mundo era que él 
curaba en su teórica- fantasía, mientras que el médico del 
agcia lo hacia en los propios lechos y con física existencia, 
7 que habia en ambas curaciones tanta diferencia como de 
lo vivo á lo pintado, , 

Empero bagamos punto ya en está dilatada historia. He-^ 
mos mencionado casi todas las obras que se escribieron en * 
favor y en contra deiiiiétodo acuario; hemos visto qy^^to- 
marón parte en esta controversia los hombres d^ mas rama 
en aquella época, y desde'^1 catedrático basta el discípulo, 
desde el escritor de poca fortuna basta el mas afamado 
profesor, los teólogos^ los ñlósofos , los prácticos y los em- 
píricos,.y hasta los mismos profanos á la ciencia, cada uño 
presentó su dictamen , ora 'con filosófica libertad , ora con 
amarj^a ironía , con los dicterios y provocaciones que le 
sugería el amor propio lastimado. En esta disputa se apu- 
ró, digámoslo asi, todo el arte de la dialéctica, la erudición, 
la historia, los sofismas y basta la estiba vagancia ; desdé el 
estilo templado y juicioso hasta el insultante, la poesía y 
el espíritu conciliador, todos tomaron parte, de todo se 
valieron los hombres, para demostrar cada uno sus conven- . 
cimientos ó sus preocupaciones, su amor á la verdad ó sus 
ciegos enojos. 

Verdad ,es que hubo, como' hemos visto, aun entre los 
apasionados del agua ,^ quien no pudo concederle una ac« 
cíon general, confesando que los purgantes y sangrías prin- 
cipalmente, eran rentedios poderosos que no tenían equiva* 
lente alguno; pero los optimislas, los hombres exagerados, 
quisieron buscar en la cosmogonía esa virtud eficiente tan 
preconizada del agua ^ asi como creyeron que la causa de 
todas las enfermedades consistía en el aumento ó disminu-;" 
cion del eálido innato; y como según ellos las a|juas tenían 
en si gran copia del anima mundi 6 espíritu vital, eran^ por 
consiguiente el único médiff^para corregir ese eátido innato 
óimptttim facienSj aumentarlo ó disminuirlo, según la ne- 
cesidad ó modificaciones con que se presentase. Para soste- 
ner esta teoría, se comentó á los Santos Padres, se inter- 
pretaron las palabras de la Escritura, se revolvieron los ar« 
gamentos teológicos^ se pretendió hacer frente con la au*^ 
toridact de los primeros maestros» se alegó la esperiencia, y 



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808 medigík A * 

por últiui^t se hicieron grandes esfuerzos; pero el tiempo, 
los desengaños y la constancia de los verdaderos médicos, 
consiguieron arCn ilustrar la opinión, y los hombres pru* 
4entes cobtestaron á todas las proposiciones, destruyendo 
los sofismas en el terreno donde se colocaban, y apoyando-* 
se ademras en los desengaños que el público notaba cada 
dia. Finalmente, apagadas las pasiones con los años, can- 
sados los espiritos, y lo que es mas, ilustrados los hombres 
con la triste realidad de muchas «¿cetinas, terminó aguel 
ruidoso escándalo, como tienen por precisión que terminar 
siempre todo^ los sistemas exagerados, sean cuales fueseu, 
esto es, primero fpr el ridicuio^ y luego por el olvido, 

II. 

Controversia sobre la inoculación de las viruelas naturales. — 
Rápida ojeada sobre su historia, hasta £L descubrimiento de'ca 

vacuna. 

Aun cuando ya esta controversia- ha perdído^asi entera- 
mente el interés con que se la consideró en otros tiempos 
y es asunto pasado por autoridad de cosa Juzgada, habla- 
remos aunque ligeramente de su historia, por haber sido las 
viruelas una de las enfermedades que mas han estudiado / 
los médicos, y su inoculación motivo de grandes disputas 
entre los filó^fos, teólogos y médicos de todo el mundo. 

No tomaremos partido en la resolución del problema so* 
b^ el origen y curso de esta dolencia, no obstante que es- 
ta discusión podría, ser un espejo én que se miraran loa 
horrorosos estragos que ha causado, infiriendo, por lo mis- 
mo cuan apreciable deba sernos la vacuna, sú benig-no y 
seguró preservativo. Sea tan antigua como el mundo y co- 
nocieran la los médicos griegos , ó pasara desde la Abisi* 
niá ó Etiopia á la Arabia en el año de 572 , en que nació 
Jláh.oma, ó fuera su cuna el Egipto llevándola desde alU. 
á los dominios que conquistaban los- sarracenos, ó dejárase 
ver en Francia antes que ;^stosviqi|&r^u al occidente de^Eu- 
ropa ; la discusión de estos pareceres es agéna de la idea 
que nos hemos propuesto aqui (1). Solo supondreniQs ^n 

(l) £1 que quiera mas pormeqores, lea los escritos de Juan Godofredo 
Hanb, j los del Dr. Werlof sobre la materia, en los qne al paso que se ha- 
lla una erudición muy delicada, se encuentra también el arte de impugnar' 
con dulzura, como dice el célebre Waniwieteo. {Q<mfntmin Boérk* % 1379); 



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ESPAÑOLA. 36S 

la miiyor parte de los críticos, que hasta el año 22 del si* 
gio Vn , no se habló eo los libros de medicina de esta en- 
fermedad, lo cual hace creer que los griegos, tan exactos 
en delinear hasta las mas ligeras enfermedades de la piel, 
como las pecas, según dice Daniel Leclerc , pudíendo lla- 
márseles con ra¿oü los pintores de la naturaleza, noeono* 
cieron en su país esta dolencia, que ha hecho los mas hor^ 
rorosos estragos donde quiera que haya entrado. Dícese.que 
hasta el año ue 1090 de la era cristiana no fué conocida en 
Europa ; en cuyo tiempo la trajeron. los cruzados de su es- 
pedición á la Palestina. Los americanos tampoco' la habiaa 
padecido, hásti^ que D. Pánñlo de Narvaez les hizo este re- 
galo (t). Los médicas árabes, primeros testigos de las aflic- 
ciones que causaba y de sus consecuencias, mas amargas 

^á. veces que una muerte pronta , la describieron con la ma- 

' yor exactitud. Rasis y Avicena sobresalieron entre sus coe- 
táneos (2) , habiendo merecido el primero que reimprimie- 
ra su obra el célebre Mead, y que.elDr. Juan Fmad, sa 
íntimo amigo y obligado, estractara su doctrina práctica' 
en el precioso libro de la historia de la medicina ;*y el se- 
gundo , que D. Andrés Piquer le hiciera el honor de decir 

' que las viruelas, el sarampión y el histerismo, que los ára- 
bes llaman mtrach^ no los habia dibujado mejor ningún 
moderno, sin esceptuar al gran Sydenham. 
El uso del frió y los purgantes que tanto ruido hicieron 

, al principio del siglo actual, hasta poner programas las 
academias de Europa estimulando con premios á los que 
acertaseti á juigarlos, hacían el primer papel en. el plan de 
eurapion arábiga (3). 

Las révoluciofies sistemáticas trastornaron las ideas, y con- 
forme á ellias se dirigió la cqra de las viruelas. Los alexi^^ 
fármacos sacrificaron muchos niiíos á su sistema. Syden- 
ham con su útil piensamiento del régimen atemperante, ó.^ 
lláinese anti-^sténico, que pudo haber columbrjado de Bar- 



- (i) Un esclavo soya padecía viruelas y se las pegó á los indios d« la' 
hermosa ^mpp^ la, en iSao. (Clavigero.) 

(a) T aun escedieron á muchos modernos. Martin Lister dice que nad^ 
han añadido de nuevo. (Tratado' ¿>« wiríoUs, p. 2.) 

(3) La sociedad de medicina de .París premió á nuestro erndU'o don 
Francisco Salva una Memoria, que satisfizo ud programa de esta naturaie- 
ta, y que. anida- impresa entre las de la academia de Barcelona. (Véase su 
biografia.) 



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z^dbyGopgle 



804 MEDICINA 

beyraeh, m maestro en Montpellier, y con el atreVido de im- 
pedir la cama á Jos variolosos, hizo, sobre otros mochos, 
un grande servicio á la humanidad. Ésta doctrina tan inte* 
.resante iba á sepultarse otra vez en el olvido, á no haberla 
reproducido él gran Boerbaave, quien siguió su escuela. 
El^mas esclarecido de sus discípulos, Gerardo Wanswieteo, 
en el prefacio del tomo V, hace un etogio del frió en la cu- 
ración de las viruelas, y esto estimuló al sabio práctico 
Antonio de Haen á recomendarlo en sus últimos escritos. 
Grantz, Sims, Amar, Pascual y Salva, desterraron muchas 
preocupaciones respecto de este agente. 

Varios médicos instruidos, amantes de la humanidad y ce- 
losos del esplendor del arte, se han desvelado buscando un 
específico qne ahogara las viruelas : unos se han lisonjea^ 
do poseerle en el alcanfor, otros en el agua de brea, quién 
en el etiope mineral, ó sea óxido de mercurio sulfurado 
negro; el gran Boerhaave en el mercurio y antimonio pre^ 
parado; el famoso Dinsdale, y casi todos los inoculadores 
ingleses, usaban del mercurio solo ó con el antimonio en 
la prepcrracion desús inoculados; el Dr. Gale, célebre ino- 
culador en América, le daba con entusiasmo; Gerardo 
Waaswicten le consideraba muy útil, suponiendo que el 
veneno varioloso espesa los humores, y que el mercurio se 
opone á csle mal efecto. Pero á pesar de los elogios que 
estos sabios médicos han tributado á los insinuados reme- 
dios, están muy. lejos de merecer el nombre de antidoios ó 
especificoi que algunos les concedían. 

La observación de que las viruelas eran roas favorables 
en unas circunstancias que en otras, ó tal vez el acaso (1), . 
condujera á los orientales á descubrir la inoculación. En la 
China y America meridional La usan muchos siglos hace; 
en el Indostan, se cree mas antigua que la era crisiiana, y 
jse practica de siete en siete años con grande aparato y ce- 
remonias de religión : la Georgia , Circasia y Armenia , pue- 
blos que hacen de la hermosura un tráfico inmoral, se die- 
ron prisa á recibirla. 

El modo de efectuar esta operación en un principio era 
hacer dormir á los niños con sugetos que ienian viruelas 
benignas; otras veces estregarlas fuertemente contra el cu- 
tis, y últimamente aplicarlas por medio de punciones. 



(t) o una imprudeneia peligrosa, como dica VieoMenx, DwiéiUla «oa- 
ffetU mtthode de irtoculer, pá^, 54. 



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GooqIc 



ESPAÜOLi. 905 

Eq 1673 llevó la ioocalacion á, Goñstantinopla nna vieja 
tbesaliana, dándola un aire misterioso de revelación. Los 
«scritos de Pjiari y Timoni , médicos griegos , dieron á £u - 
ropa conocimiento de esta práctica por los años de 1713. 
Maisland, cirujano de Wortehy Montagne, embajador de 
la Gran Bretaña en la Paerta Otomana , inoculó en Cons«- 
tantinopla un hijo de miladi, muger de Wortehy, el año de 
1,718, y á su regreso á Londres otro, con cuyo ejemplo 
se animó la Inglaterra á entrar por el mismo camino. Los 
célebres médicos Hans-Sloane, Frand, Mead y otros adop* 
taron y defendieron esta operación. En 1746 se estableció 
en Londres el primer hospital para la inoculación, y des- 
pués en Asiddlesex , Norfolk, Suffolk y en otras provincias. 
En 1775 la sociedad médica de Londres y cuatro obispos 
ingleses declararon unánimemente que la inoculación era 
muy útil y lícita. En 1767 introdujo Sutton el medio de ino- 
cular por la punción en vez de la incisión, como se practi- 
caba antes. En 4754 se fundaron otros hospitales para el 
mismo efecto en Suecia , Noruega, Dinamarca y Guttem- 
ber^ El barón de Dinsdale propagó esta operación en 
Busia^, se erigieron alli hospitales para practicarla, y en 
1779 se establecieron casas de inoculados en Siberia y^ en 
Irkut^ck. En Holanda y en todos los paises germánicos 
sucedió lo mismo. Tronchitt la introdujo en Ginebra, y en 
Suiza la propagaron Haller, los dos Bernonvilli y Tissot. 
En 17504a adoptó Italia, y en 1757 se introdujo en Luca, 
Florencia y Boma. 

La Francia se resistió por muchos años á hacer uso de 
este* preservativo, y fué una de las naciones que mas lo 
combatieron, y en donde las acaloradas controversias y 
disputas obligaron al parlamento en 1763 á invitar á los 
teólogos y médicos á que se juntasen y decidiesen «t se de- 
bia permklr^ prohibir ó tolerar la inoculación. £1 colegio de 
doctores, después de varias juntas, consultas y escritos, re- 
solvió por 52 votos contra 26 que esta práctica debía á lo me" 
nos permitirse^ por cuya declaración quedó establecida en 
todo el reino. 

Sin «ml^rgo , el maestro Feyjoo dice , que cuando Mais- 
land la trajo á Europa , vino á descubrirse que en la parte 
meridional de la provincia de Gales estaba ya en uso. 

Nuestros españoles la practicaron antes que Maisland y 
los ingleses la esteudieran por el resto de Europa. El eru- 
dito Fr. Martin Sarmiento, en un discurso gue escribió so- 
bre el método que debia guardarse en la primera educación 

TOMO VI. 20 



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t 



306 MSDIGIHA 

de la javentttd, refiere la casualidad qoe le hizo sabedor de 
esta noticia taa recóndita y curiosa (1). LosaldeanoádeLu* 
;o lá usaban de tiempo ininemoríai , y. Sarmiento cree que 
la tomaron ó aprendieron de ios celtas, galosi ó godos, pri* 
meros pobladores de la Europa Qccidenlai. £1 Dr. D. Timo- 
teo 0-Scaulan en su práclica moderna de la inocuiacion^ ivae 
un documento que se íc comunicó por incdio de D. Francis- 
co Escarano, oñcial de la secretaria de Estado y secretario 
de la embajada de Londres, j que por lo menos bace ver 
queá principios del siglo era ja familiar esta práctica en 
algunos puntos de España. 

«Hallándose en Londres por los años de 1770 y 1773 de 
«embajador de España el difunto príncipe de Maserano, 
Describió al duque del Infantado le enviase algún docu- 
amento justificativo , con que pudiese bacer constar en In- 
Inglaterra que hacia mucbo tiempo que se conocía Ja inocu^ 
Diacion de las viruelas en el lugar de Jadraque. £n efecto. 
Del duque hizo tomar por mano de escribano público 
D varias declaraciones á los vecinos ancianos de aquel lu<* 
Dgar , y por ellas se vino en conocimiento, que un cirujano 
Dque debia haber leido el usó que sebacia de la inocula*, 
DCionen algunas partes de Europa , habia empezado á prac- 
Dticarla mas de cuarenta años antes del en que se hAcía la 
paveriguacion, y con buen suceso , y que desde entonces no 
D habia casi ningún padre que no hiciese inocular á sus bi- 
Djos. El duque del Infantado envió al embajador este ins- 
»trumento , y le presentó al caballero Pringie, médico de la 
D reina de Inglaterra y presidente de la sociedad real de 
DLóndres, para que le leyese en una de sus juntas;» 

Mas aparte de este y otros documentos históricos qife 
prueban la antigua práctica de la inoculación en nuestro 
suelo, á los ingleses se debe su estension, no solo en el con* 
tinente europeo , sino ti^mbien en las colonias americanas* 
Con respecto á nosotros podemos decir ^ que tardos en ad« 
mitir nuevas doctrinas hasta no verlas bien justiñcadas por 
la esperiencia, no empezó su propagación basta el año de 
1771 , cuando ya en Europa^ Asia , África y en algunos pun- 
tos de la América se aprovechaban de tan benéfico preser- 
vativo. 

Sin embargo, preciso es justificar aqui esta tardanza, ateo-^ 
diendo á las reñidas disputas que se hablan suscitado en In- 



(0 Léase el Semanario erudito de YaUadares, lom. 19, pág* i8t. 



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ESPACIÓLA. 2R)7 

glaterra, Alemania t Francia, en donde faé en gran manera 
combatida por muchos hombres científicos. No fuimos nos* 
otros los menos hábiles en semejante controversia ; los teó^ 
logós y los médicos se hicieron cargo de ella, é impugnaron 
y defendieron la inoculación desde mediados del siglo, y 
aun podemosauadir que las preocupaciones y las pasiones 
menos nobles se reunieron desde un principio para hacerla 
proscribir. Asi, pues, se apeló á la religión; se predicó en 

!>úblicQ que era invención de Satanás, que al patriarca Job 
é habia inoculado el demonio la viruela; y por último se la 
procesó* No nos detendremos en estos desvarios de la ima-- 
ginacion: solamente indicaremos las principales objeciones 
que contra semejante práctica se opusieron, las únicas que 
la ciencia pudo ventilar juiciosamente en provecho del gé- 
nero humano. 

Objetaban, pues, los anti*inoculadores : 

1 .® Que ia inoculación evitaba y propagaba el contagio 
varioloso. 

2.<> Que la inoculación no preservaba de las viruelas 
naturales á los inoculados, y por lo tanto era inútil esponer 
á nadie á semejante operación. 

3.® Que con la inoculación se contraían enfermedades 
distintas de la viruela. 

4.* Que el individuo no debe esponerse á peligro algu^ 
no, ni adoptar la inoculación, por mas interés que en ella 
tenga el público. 

5.^ Que en conciencia ningún hombre debe esponerse ni 
esponer á sus semejantes á contraer enfermedades que Dios 
no le envié. 

6.0 Que la inoculación era repugnante á la razón y al 
derecho natural. ^ 

Muchos de nuestros profesores sé hicieron cargo de todas 
y dé cada una de estas impugnaciones, combatiéndolas vic- 
toriosamente, V haciendo ios mayores esfuerzos para esten- 
der por todo el reino la inoculación. La esperiencia y el pro^ 
?;reso dé las luces manifestaron en fio sus ventajas, y hasta 
os encargados del gobierno creyeron deberla contar entre 
los medios qué conoucen al bien común de la sociedad. 

Empero el. mejor pensamiento y seguro medio para ha-> 
ber estinguido las viruelas, era en mi concepto haber pues* 
toen práctica los reglamentos médico-políticos que el señor 
Gil, cirujano del sitio de S. Lorenzo, propuso en su diserta- 
ción sobre este asunto. Juzgando por el teliz éxito de que se 
han visto coronadas algunas tentativas particulares, no da* 



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308 MEDIGIHIL 

dó en afirmar ({ue aun sin la vaeunaeion bnbleramos estado 
Ubres de seiaejante mal. 

D. Antonio Franseri, médico de cámara de S. M., cuya 
habilidad y talento de observación se acredita por su esce- 
lente Memoria sobre el influjo de la luna en una dUficuUad de 
respirar periódica, concibió antes que el Sr. Gil esta idea po- 
lítica, y logró preservar por espado de diez y siete años á 
las Sras. Salesas^ sin mas remeaios que evitarles el contagio 
impidiendo el trato con todo varioloso y sus asistentes (1). 

Por último, cuando parecia que todo se aunaba para dis- 
minuir al género humano^ y que la peste de las viruelas se 
estendia por casi todo el mundo, faltos los médicos de un mé- 
todo seguro, de un especi^co para curarlas, pues la inocula- 
ción solo producía ventajas relativas^ Dios por un medio 
maravilloso, valiéndose de unos ignorantes aldeanos de In- 
glaterra, descubrió al inmortal Jenner la vacuna, benigno y 
seguro preservativo de la mas asoladora de las pestes. ¡Qué 
halagüeña perspectiva se presentó á la consideración de to- 
do el mundo con Jtan feliz hallazgo! La población y riqueza 
del globo se aumentaron considerablemente, y no se temió 
ya que en el hermoso rostro humano, quedara impreso el 
sello horrible de tan hedionda enfermedad. 

Dejaremos para la introducción del siglo XIX la conti-» 
nuacion de esta historia, en donde hablaremos estensamente 
sobre la filantrópica espedicion que nuestro gobierno envió 
á las mas apartadas regiones de la América y el As>a para la 
propagación de la vacuna, uno de los hechos mas grandio- 
sos que puede presentar la historia de la naciones. 

ni- 

Controversia sobre el uso de los medicamentos , y cok especia- 
lidad SOBRE LAS EMISIONES SANGUÍNEAS. 

Otra de las disputas médicas habidas en este siglo, fué la 
que renovó el Dr. D. Miguel Marcelino Boix y Moliner con 
su obrSLXitalaiei Hipócrates defendido, y en la cual se pro- 
puso al comentar el aforismo primero, Ars hnga, vita brebis^ 
sostener las máximas del ilustre anciano , de observar bien 
y atentamente á la naturaleza , no oponerse á sus intencio- 
nes, ayudarla ó reprimirla en isus tendencias para favore- 
cer la crisis, ó bien estimularla toda vez que no se presen- 

(r) Véase la preservación de las ^'iriielas del mismo Gil, pag. a 8 5, se* 
guada impresión. 



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ESPAÑOLA. 309 

tase fraDcameitfe la enfermedad. Con estas doctrinas se opa- 
so igualmente Boix á los sistemas encontrados, y á la mul- 
titud de remedios,qae masque para el bien de la bumanidad, 
servían para interrumpir la marcha natural de los fenóme- 
nos morbosos encaminados á una buena terminación. 

Sin embargo de estas juiciosas reflexiones, cayó Boix en 
un optimismo censurable, cual fué el de oponerse tan deci-* 
didamente á las emisiones sanguíneas, que ni aun en las 
mismas pulmonías y dolores de costado, ni en otras enfer- 
medades en las que están indicadas, quería que se sangrase; 
■y hé aqui el punto culminante de la disputa, en la que 
tomaron parte en pro y en contra varios profesores de 
fama. 

Mas para conocer bien esta controversia, que sin duda fué 
de suma importancia, es necesario advertir que no fué en 
realidad sino una continuación de la que promovió el doc- 
tor Cajanes en el siglo XVI, el cual escribió contra los mé- 
dicos valencianos una apología, oponiéndose á las emisio- 
nes sanguíneas, como puede verse en la biografía de este 
autor. Siguió á este médico en el siglo XVII, el Dr. Loren- 
zo Romero, quien siguiendo la opinión de Cajanes, le tomó 
toda su doctrina contra las sangrías y purgas, imprimien*- 
do su obra el año de 1623. De aqui aprovechó la ocasión el 
Dr. Gasalete para escribir sobre el mismo asunto, y des- 
pués Olmedilla, y últimamente elDr. Boix, entre un nú- 
mero considerable de médicos que desde el sip;lo XVI fue- 
ron tomando parte en la contiende^, unos á favor y otros 
en contra de las evacuaciones de sangre en las enfermeda- 
des agudas; de manera que este asunto ha sido uno de los 
que mas doctamente se han ventilado entre nuestros profe- 
sores, siendo de notar que todos pretendieron seguir á Hi- 
pócrates, aunque no todos á Galeno. 

£1 primero que salió impugnando al referido Boix fué 
D. Miguel Palacios^ farmacéutico en Madrid ,. con una obra 
que dio á luz, titulada: Farma€0]pea triunfante; pero según 
el sentir de los contemporáneos, juntamente con el del bió- 
grafo Jimeno, esta obra pertenece al Dr. D. Diego Zapata. 
Sin embargo, nada hemos dicho en la biografía de este pro- 
fesor, reservándonos hacerlo en este lugar y al ocuparnos 
de Palacios. 

Siguieron á este farmacéutico -en el orden cronolésico de 
la disputa: el Dr. Corral en su Hipócrates vtndieculo; después 
el Dr. Diaz del Castillo en su Hipócrates desagraviado y ep 
SU Hipócrates entendido^ en réplica á la contestacioa que re* 



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3ia MEOtClHA 

cibió SU primer escrito, y por último el Dr. Leyza en sa 

Censura contra el Dr^ Boix. 

También tuvo este valenciano qnien saliese á sn defensa, 
como lo fueron el Dr. D. Francisco Hartado en sn Censura 
contra Leuza^ cuya obra le mereció un voto de aprobación 
por la real sociedad sevillana, ^ el Dr. D. Gerónimo Mon- 
tero de Espinosa , en su libro titulado el Boxiano inespug-' 
nuble. 

Por último , esta docta disputa escitó mucho el interés 
no solo de los médicos españoles, sino también de' algunos 
ilustrados profesores de Paris, que hicieron su apología, 
como fueron el abad Bignon, el Sr. Facón Dofreny de Bi- 
viere y otros, así como la misma academia de ciencias de 
aquella.córte, por medio de su secretario perpetuo el Si*. Fon- 
tenelle. 

En las biografías de cada uno en particular acabaremos 
de dar amplias noticias sobre este asunto. 

Breve reseña sobre las aguas MmERo-MEDicmALEs.— -Noticia db 

tU^ESTABO EN NUESTRA EsPAÑA, Y PRINCIPALES AUTORES QUE SE HAN 
OCUPADO DE TAN INTERESANTE ESTUDIO. 

El agua ,' ese líquido esparcido con tanta profusión por 
todo el globo , y considerado por la antigüedad como uno 
de los cuatro elementos , necesariamente ha debido fijar la 
atención de los primitivos pueblos, atendida su importancia 
en los usos ordinarios de la vida , no menos que por razón 
de sus distintas cualidades medicinales. En efecto, tanto fué 
asi, que- al observar con asombro los saludables resultados 
obtenidos por su medio, creció el entusiasmo de algunas 
naciones, en términos que hasta llegaron á divinizar muchas 
fuentes , seguq lo atestiguan los monumentos é iuscripciO' 
nes que al. través de los siglos se encuentran todavía en 
varias de ellas. Por otra parte, vemos auténticamente que 
desde los tiempos mas remotos en que la medicina yacía en 
su infancia , este precioso líquido usado en baño ha sido 
uno de los principales agentes de que sé han valido los 
hombres, ya como remedio escelente para combatic los mas 
rebeldes y obstinados males, ya como un preservativo efi- 
caz, ya en fin como un apetecible recreo. Asi lo testifican 
los magníficos y suntuosos monumentos destinados & este 
olqeto, que nos legaron los romanos, egipcios, persas y 



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E^PAÍfOLA. 311 

griegos, suficientes por sí solos á darnos idea del esmero 
y profasion con que fomentaban tales medios de salubridad, 

?r la decidida propensión que hacia ellos manifestaron desde 
os primitivos tiempos. 

líos árabes, israelitas y asirios^no fueron en verdad me-* 
nos entusiastas en^ este punto. 

El célebre é inmortal isleño , el grande Hipócrates, en su 
interesantísimo tratado de aires , aguas y lugares^ nos indica 
eon admirable talento las propiedades físicas de las aguas , 
manifestando que estaban dotadas de diversas cualidades 

3ue influian poderosamente en la salud de los hombres, 7 
caqui la necesidad de que el médico las conociera y apre- 
ciara debidamente j encomiándonos su utilidad y estudio. 

Aristóteles manifestó^ también diferenciarse las aguas 
por razón de las cualidades del terreno que recorrían ; cu- 
ya luminosa idea fué después confirmada por el distingui- 
do Plinio , quien llegó á dividirlas en ferruginosas , acídu- 
las, nitrosas, saladas, aluminosas, sulfurosas, frias, cáli«> 
das, etc., y aun á señalar algunas enfermedades en que 
creia muy provechosa y eficaz su administración ( I ). 

Empero estos escasos conocimientos y ligeras ideas, que 
sobre un ramo tan interesante y beneficioso á la humani* 
dad se habian consignado por los célebres filósofos y natu- 
ralistas ya enunciados^ quedaron estacionados por muchos 
años , sin que apenas alguno tratara de inquirir mas datos 
• y sondear á la naturaleza acerca de las visibles diferencias 
y efectos que se notaban en este precioso líquido. Sin em- 
bargo, ya nuestro Julián Gutierres en el siglo XV dedicó 
sus tareas á este ramo ; y á la conclusión del XYI se publi- 
caron también dos obras sobre bidrologia médica, la una 
por el célebre alemán Santiago Teodoro , y la otra por el 
italiano Andrés Baccio, médico de Sixto Y; pero en nin- 
guna de ellas encontramos noticias respecto de su examen 
analítico^ siendo por consiguiente necesario remontarse á 
el siglo XYII, si hemos de hallar nociones sobre la materia 
dignas de fijar nuestra atención. 

En efecto , ya en esta época el célebre Boyle se dedicaba 
con asiduidad en Inglaterra i las mas profundas indagacio- 



(t). Al hablar este naturalista de las virtudes de las aguas esclama: 
«¿Quién de los mortales podrá enumerar todas las escelencias del agua, sia 
que al eonsiderarlo dieje de temblar? Porque nadie puede alcanzar lo ínfiní- 
lo.«Lib. 3i, cap. 1^ 



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312 MBDÍGlIfA 

nes sobre la influencia física j medicinal de los baños iqí- 
nerales; al propio tiempo que trabajos semejantes se em- 
prendían en Alemania y Francia , en donde se comisionó 
para efectnar el análisis de muclias aguas minerales de 
aquel reino, á Samuel Gotterau Duelos, iodividuo de la acá-* 
demia de ciencias de París ^ quien publicó en el año de 1675 
el resultado de sus investigaciones hechas eú rarias pro-> 
'vincias. 

Desde este tiempo no ha dejado de considerarse en la culta 
Europa con el mayor interés y afición una materia tan im* 
portante, útil y provechosa á la salud de ios hombres, al 
mismo tiempo que seguro medio de riqueza y pública pros- 
peridad. Asi es que son muchos los médicos que sucesiva- 
mente y en varios paises la han enriquecido é ilustrado coa 
sus observaciones y escritos. 

Federico Hoffmanen las investigaciones que publicé «o- 
bre las enfermedades eránicas^ su relación con las agudas^ sus 
periodos^ su naturaleza y tratamiento por medio de las aguoM 
minerales de Baregés y otras en Aquitania , nos indica de un 
modo desconocido hasta entonces , las aplicaciones médicas 
de dichas aguas; si bien es cierto que nuestro célebre Mer- 
cado 143 años antes, al hablar de los baños naturales, ha« 
bía emitido ya ideas luminosas sobre este punto. 

Vicario, Thomson, Lehmann, Shor, Le Maire, Gaballerí, 
Angelini, Yater, Borden, Chirac, Coste, Horbeau, Monnet, 
Bergman,Lagrange,Fourcroy, Lemery y otros muchos mé^ 
dicosy naturalistas, dieron impulso y contribuyeron nota- 
blemente al fomento y esplendor de tan interesante y útilí- 
simo objeto. 

En nuestra España , á pesar de cuanto han dicho los es*- 
trangeros, particularmente el francés Jourdan, que al ha- 
blar de nuestros baños y termas hace una pintura tan ridí« 
cula y estra vagante, manifestando que cuanto sabemos 
acerca de este importante ramo son puras fábulas; se leen 
con interés los trabajos de Forner, Limón, Bedoya, Casal, 
Ayuda, Bermudez, Torres, las poesías de Ay ala. sobre las 
aguas de Archena, los escritos ae Bueno, Alcon, Gayan y 
Santoyo, Garcia Lecea, del sabio Ortega, á quien el francés 
Laborde hace la justicia de decir que solo por el análisis 
químico de las aguas de Trillo merecía ser socio de todas 
las academias de Europa, de Fernandez y otros muchos, que 
con infatigable celo se han dedicado á su conocimiento. En 
cuanto al modo de prescribir este remedio, dignos son de 
mencionarse: Vega, Haroja, Caldera de Heredia, Cáscales, 



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isPAtotA. . S13 

Gerónimo Haerta, Méndez, Daza, González, López» Colme- 
nero, Marradon, Yillafranca, Gardoso, Figueroa, Franco, 
Jiménez de Cardona, Gaspar Herrera, Huet, Juan Brabo, 
Tricólas Monardes, Fonseca y muchos mas de quienes ten- 
dremos ocasión de ocuparnos mas adelante. 

Hecha esta ligera reseña, pasemos á examinar el estado 
de nuestras termas y parte que tomaron los españoles en su 
estudio analítico, el mas dificil de los que presenta la quí- 
mica práctica, como dice Fourcroy. 

Por mucho tiempo permaneció España sumida en una 
completa inacción, considerando con desden y reprensible 
descuido uno de los mas preciosos tesoros que con mano 
pródiga ha concedido la naturaleza á nuestro suelo, donde 
una multitud increíble de raudales de agua mineral brotan 
I)or doquiera para bien y alivio déla humanidad, que oh«> 
tiene no pocas veces con su inRojo, la curación de enferme* 
dades crónicas tenaces, que se hacían refractarias á los mas 
racionales y juciosos tratamientos. 

A pesar de esta triste y desconsoladora perspectiva, no se 
crea empero que faltaron algunos médicos estudiosos, que 
animados de un entusiasmo y celo Iaudables,.hicíeran los 
mayores esfuerzos por sacar de tai^lamentable estado de ab« 
yeccion un agente tan precioso y de resultados tan felices 
en la práctica (I). 

El toledano Julián Gutiérrez fué el primero sin duda, co^ 
mo ya dejamos consignado en otro lugar (2) , que se ocupé 
de este objeto, dándonos noticias de varias.a^uas minerales, 
entre ellas las de Ledesma y Alhama(3], asi como también 



(i) El historiógrafo Lucio Marineo Sien lo, después de hacer un pom- 
poso elogio de los baños termales de Ledesma, de los cuales dice usó él mis- 
mo, manifestando que tomaron origen y se redugeron á un local cerrado 
algo cómodo, por haber aprovechado al moro Cefá, y de hablar también con 
-mucho entusiasmo de la fuente de Antequera, como dotada de una virtud 
poderosa y enérgica para deshacer los cálculos, y de otra junto á Burgos, de 
eGcacia singular para los flujos de sangre, dice: -Invenimus in Hispania bah- 
nea thermasque admodum salutíferas (Lucio Marineo Siculo , D^ rebus Bis* 
panice memorabiiibus. Impresión de Alcalá por Miguel de Eguia, i533^ 
fol. 4. Sus cartas en Yaliadolid en i5i4, por Arnaldo Guillermo Brocacio]. 

(a) Léase su biografía, tom. i. , pág. 3o4 de esta obra. 

(3) Al folio 48 de su preciosa obra de la cura de la piedra y dolor éd 
la hijada dice: «Baño propiamente se toma por el que es natural, asi como 
»los de Ledesma y Alhama en estas nuestras partes, y no solamente ct de 



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3Í4 MEDICINA 

de la preparación de baños artificiales en defecto déaqae* 
lia;;. Tiene este autor el singular é indisputable mérito de 
haber llamado la atención de los médicos laboriosos hacia 
un punto tan desconocido en aG[ueIla época, como trascen- 
dental y beneficioso para la doliente humanidad. 

Nuestros famosos médicos Villalobos, Luis Lovera de 
Avila (1), Mercado, Valles, Ponce de Santa Cruz y otros, 
dignos por tantos títulos de nuestra admiración y reconocí-» 
miento, no dejaron tampoco pasar desapercibida esta inte* 
tesante materia, dando en sus respectivas producciones al- 
gunas noticias juiciosas sobre sus usos y efectos, que jios 
manifiestan esplícita y terminantemente los inmensos cono- 
cimientos y genio observador de que estaban dotados. 

Ocupóse de materia tan dificil é intrincada, con bastante 
estension y exactitud para aquella época en que tos cono- 
cimientos químicos ,se hallaban tan atrasados, el erudito Am- 
brosio de Morales, catedrático de retórica en la universidad 
de Alcalá de Henares, en su Crónica general de España (2). 

Este ilustrado historiógrafo nos hace primeramente rela- 
ción de las Caldas de Lugo y Orense, de las del Hey y Mol- 
gas, concediendo mayor virtud medicinal á las aguas de 
Lugo por predominar eií« ellas de una manera ostensible el 
azufre, pues asegura se advertia el olor á una distancia con- 
siderable del manantial. Entre los baños de Gástilla cuenta 
como de mas fama los de Rioja y Ledesma, y mas aun los 
de Alhama en el reino de Granada, asi como los que se 
encuentran entre las villas de Buendia y Alcocer. Nos re- 



«entender por Alhama que es en et reino de Granada, primer lugar que los 
»muy escetenres rey D. Fernando y reina Dona Isabel ganaron de !o8 ino« 
•fos, mas aun por otra Alhama que está cerca deMedinaceii; y por otra que 
»es entre Cazorla y Garavaca, y oíros algunos;» y al folio 3o, diee también: 
»De las cuales aguas (se refiere á las de Andalucia) la una es.de la fuente de 
■•Antequera, y la otra de cerca de Baena. Queriendo mucho saber la causa de 
•esta operación, supe que en el lugar de la fuente de Antequera habia mti<- 
»cba SBxifragia, y aun en la misma fuente á la orilla nascia, y otrosí supe, 
«que el agua de la fuente de Baena pasa por lugares donde nasce mucho 
«malvavisco, el cual tiene propiedad contra la piedra.» 

(i) Este médico, mucho antes de que los estrenos nos echasen en cara 
nuestro atraso en este ramo, decía que era una inhumanidad el descuido y 
olvido de las termas en España y en toda Europa, euy os clamores repitió des- 
pués Bacon de Berulamio, aunque sin fruto, por algún tiempo* 

(a) Véase el tom. I, fol. 5o y siguientes de dicba obra. 



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ESPAÑOLA. 315 

fiere que á siete legaas de León, en la montaña j entrada, 
del valle deBoñal, brotaba un considerable raudal, quefaé 
tenido eo mucha estima desde tiempo de los romanos, ates- 
tiguándolo 'asi una peña que se \eia sobre la fuente con esta 
inscripción : 

FONTI SAGINIFFIGENO 

ECCCLVHS. . 

ALEXIS AGVILEGVS 
V. S. L. M. 

, Que en castellano dice, á lo que se deja entender: 

«Alexis, oficial de descubrir y traer aguas por conductos 
«con gasto de 355 sextercios, cumplió el voto que habia he- 
»chó á esta fuente, que tiene propiedad de engordar.]» 

También nos da noticia de la fuente conocida con el nom- 
bre de Antequera, en la (¡ue reconoce poderosa virtud para 
la curación del mal de piedra, y de otra que existia próxi- 
ma á la antigua ciudad de Nescania, en la que habia tam- 
bién upa piedra, que posteriormente fué trasladada á la 
puerta del hospital de la Concepción de Antequera, con la 
siguiente inscnpcion: 

FONTI DIVINO 

ARAM. L. POST- 

HVMIVS. SATV- 

LIVS. EX. VOTO 

- D. D. D. 

Que en castellano dice: 

aLuUo Postumío Satulio, por voto que tenia hecho, dio j 
» dedicó esta ara á esta divina fuente. » 
- Nos habla igualmente de la fuente déla Nava, en el campo 
de Calatrava, á dos leguas de Almagro^, en ía quexlice se ad- 
vierte un sabor estíptico ó de herrumbre; de la cié Fuensanta, 
la del Caballo, la ae las Siete hogazas en la villa de Corpa 

Sróximaá Alcalá; las deCifúentes en la villa delmismonom- 
re, la de la Cabrera en Navafria, la de Caballar en Sepúl- 
veda, la de la Magdalena en Jaén, la de Carmona en Sevilla, 
y otra de que él habia hecho uso y que tenia por sulfurosa, 
cerca de Brihuega, en el monasterio de S. Blas; manifestan- 
do por último que en aquel mismo año se había descubierta , 
otra en Vizcaya de cualidades y virtudes semejantes, pero 
mucho mas eficaz, que empezaba á frecuentarse por sus sa- 



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316 MEDICINA 

ludables resallados. ¿Seria acaso la que con tan justo litólo 
ha adquirido en nuestros días una merecida celebridad por 
su escelencía j sorprendentes efectos en algunas dolencias, 

5r que conocemos con el nombre de Santa Agued^ ó Guesa- 
ivar? 

Finalmente, conduje haciendo mención, bajo el nombre 
de fuentes de grande estrañeza, reñriéndose á Plinip que 
también las habia observado en nuestro suelo, de varias si- 
tuadas en diferentes proTincias, en las que habia observado 
propiedades y fenómenos sorprendentes, queie habían obli- 
gado á darles este nombre; ignorando cuál pudiera ser la 
causa de semejantes maravillas ^ de los efectos tan singur 
lares á su modo de ver, que ofrecían al observador (1). 

£n 1624 Gaspar de Herrera traté de las virtudes de los 
baños de Hermes, 

En 1634 Ferrer de Esparza escribió un tratado en que ha- 
bla de las virtudes de ios baños de Teruel , afirmando ser 
saludables y de seguro efecto en las fiebres intermitentes, 
sarna, mal de piedra, palpitaciones de corazón, diferentes 
úlceras, afecciones de estómago y otras muchas dolencias. 

Esta obra, según manifestamos en su correspondiente bio- 

f;rafia, no ofrece grande interés, por resentirse bastante de 
a falta de conocimientos químicos; pero deja traslucir los 
laudables esfuerzos que hizo nuestro aragonés en pro de la 
humanidad, al dejaruos consignadas las observaciones que 
sobre los efectos de dichas aguas habia podido reunir. 

El Dr. D. José Aguavera se ocupó también de estas ter- 
mas. 

Del célebre Limón y Montero , catedrático de medicina 
de la universidad de Alcalá, imprimió en 1697 una obra 

Íóstuma con el título de Espejo cristalino de las aguas de 
Upaña. 

Este sabio médico, después de asiduas y penosas investi- 
gaciones, consiguió llevar á cabo su vasto plan de una ma- 
nera inusitada hasta entonces, y con una estension y orden 



(i) Todas estas rarezas y fenómenos que tanto llaman la atención de 
Morales, no son, como fácilmente se colige, sino ilusiones y estravagancias, 
disculpables si se quiere en aquella época en que, como ya hemos insinuado, 
la química se encontraba en su infancia y la superstición ejercia un poderoso 
influjo en todos los ánimos, propensos á atribuirlo todo á causas sobrenatura- 
les, coando no podían darse esplieaciones satisfactorias de los fenómenos na* 
turales. 



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ESPAJ^OtA. 317 

enteramente nuevos, presentándonos la topografia, compo- 
sición y yirtades de la mayor parte de las inentes minerales 
de la península con bastante exactitud para la época en que 
escribía. 

En esta obra se encuentran ademas interesantes ; curio- 
sas noticias respecto de los baños minerales artificiales, los 
deleche>, sal , etc., que no nos detendremos á examinar por 
BO ^r este nuestro objeto. 

Martínez de Zalduendo y Águirre, médico de la ciudad 
de Vitoria, en la obra que dio á luz en el año de 1699 ba- 

}^o el nombre de Baños de Amedillo y remedio universal^ nos 
labla de estas célebres aguas de la Rioja. 

Nada de notable contiene esta obríta, cuya primera par- 
te ^ que es la concerniente á nuestro objeto por tratar en 
ella ae las aguas de Amedillo , está reducida á un corto 
número de paginas. Ocúpase en las restantes ^e puntos que 
mn^na relación tienen con el primordial. Toda ella está 
escrita en estilo poco culto y hasta ridículo, salpicada de 
ideas inconexas, ofreciendo"^ ademas tributo en algunas 
materias á la absurda credulidad de aquel tiempo. 

Pasemos ahora á hacer mención de los ilustres autores 
que en el siglo XYIII secundaron á los precedentes con sus 
estadios y asiduas inyestigaciones, en tarea tan espinosa á 
la vez que importante. 

Uno de los primeros que se presentan á nuestra conside- 
ración en esta época, es Rodrigo y Ánduenza. Escribió un 
Tratado de los mrodigiosos baños de Tiermas^ en el que no 
se limita á hablar solamente de estos, sino que se estien* 
de á hacerlo. de los mas celebrados de España, Francia, 
Alemania é Italia. 

Reconoce en las aguas de Tiermas las eficaces y mani- 
fiestas virtudes de incindir y atenuar los humores gruesos, 
incrasar los ternues, lubricar, desopilar poderosamente, es- 
dtar los menstruos, mover por sudor y por orina sobre 
todo remedio, curar llagas antiguas , sarna, lepra, sífilis; 
teniendo ademas la escelencia de corregir la sordera, alfe- 
recía, perlesía , eonvulsiones , todos los achaques de ner- 
vios, dolores artítricos, y otra infinidad de dolencias que 
enumera; llegando á tal estremo su entusiasmo por estas 
aguas, que dice ser de virtudes mas especiales y eficacísi- 
mas para la pronta curación de innumerables males de dis- 
tinta índole, é hijos de causas diversas, que todas las cono- 
cidas de igiial clase que existen en Europa. 

El historiador gilva, en su libro de la población de Es« 



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SIS MKDIGIRA 

paña , hace también mención de estas agnas, diciendo qne 
participan de alumbre, salitre y azafre. Lo mismo cree el 
licenciado Pedro Velazqnez, que escribió posteriormente. 

A estos siguieron otros -varios escritores, entre los que 
haremos mención de Yinayma, que se ocupó con bastante 
criterio de los baños deXortosa, y de Navarrete que trata 
^n un manuscrito que poseo, de man de cincuenta fuentes de 
agua mineral; encomia las virtudes de la de Arnedillo, y 
termina su obra hablando estensamente de la historia na- 
tural concerniente á nuestra patria. Fr. Blas Yerdú llamó 
la atención acerca de los saludables efectos qne podian es-» 
perarse de la fuente de N. S. dé Avella en Valencia; y por 
último, Yergara y Cabezas en su Apología sobre los baños d$ 
Alhama nos suministra noticias interesantes acerca de este 
manantial. 

£1 laborioso Garcia Lecea , médico de la ciudad de Avi* 
la, escribió en 1753 con bastante método y esactitnd de las 
aguas de Alaraz y IHuñana. Se ocuparon ae ellas posterior- 
mente, Picardo , Maldonado , González de la Peña* Her- 
nández Moreno, Francés de la Peña, y en 1772 Esteban 
Garcia. £1 Dr. Alsinet hizo investigaciones sobre las de 
Alange en Estremadura. Contigua al edificio de estos ba- 
ños existe una ermita dedicada á S. Bartolomé, y en ella 
se encuentra un claro y auténtico testimonio de su anti- 
güedad y virtudes. Aparece colocada en la pared del pór- 
tico sobre el altar , una piedra con la siguiente inscripción: 

Irnonni Regins 

• Sacrum • 

Lie. Serenianus. Y. C. 

E:::: Yarinia Flacina. G. I:: 

Pro salóte filiae suse 

Yariniae Serenas 

Dicaverunt. 

Nos indica esta lápida c[ue fué dedicada por voto qne bi'^ 
cieron los padres de Yarinia Serena á la diosa Juno , por 
haber conseguido su hija la salud con el uso de estas aguas. 

Dedicáronse al estudio de las de Trillo, D. Manuel Por- 
ras en 1698, y D. José Mendozaen 1714. Gayan y Santo- 
yo publicó una obrita muy buena en 1758, titulada: An- 
torcha metódica y discursos analiiicos de los baños de Trillo^ 
Saeedon^ Coreóles y Buendia. El Dr. Casal se ocupó también 
de los primeros y de los de Fuensanta y Priorio. En el 



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zspiki^ox.A. 319 

aflo de 1777 habló de los de Trillo en nn esceleote iratadi- 
to el sabio Ortega: Brull practicó sa análisis, y últimamen- 
te lo ba hecho mi laborioso é ilustrado disdpalo González 
Crespo, actual direptor de aquel establecimiento. 

En 1761 Mariano Pizzi vertió al castellano^ con adición 
de algunas nota&, la obra del médico árabe Agmcr-Ben-Ab* 
dala, que trata de los de Sacedon (1). Por los años de 1676, 
publicó iina memoria sobre estas aguas medicinales el doc- 
tor D. Fernando Infante, con el título de Teatro de la sa- 
ludy y baños de Sacedon, que ofrece escaso interés. Lo hi- 
zo después de estos j de los de Buendia, Ballesteros y. 
Fiel. 

En 1760 se ocupó de los de Archena Gcrdan, imprimien* 
do una Disertación jisico-médica de las virtudes medicinales, 
uso y abuso de estas ayuas^ que á pesar dé adolecer de los 
defectos propios de aquella época, contiene muy buenas ob- 
s^rvaciones« En el año 4777 escribió también acerca del 
mismo as^unto López de Avala, y en 1807 lo verificó Don 
Jaime Breix en un folleto 'sembrado de errores y preocu* 
paciones. Se ocupó asimismo de estos baños en un escrito 
que dejó inédito D. Agustín Juan y Alix en 1818, y Gimé- 
nez describió los de Bodocaúas. 

Empero el que sin disputa se distinguió de un modo que 
hace mucho honor á la medicina patria, cubriéndose á la 
vez de gloria ininarcersible, fué el laborioso y sabio médi-^ 
co Bedoya y Paredes. El difícil y vasto proyecto que lle- 
vó á cabo, venciendo toda clase de obstáculos para formar 
su atrevida obra de hidrología médica, le hace acreedor á 
(¡ue le tributemos el debido homenage por la constancia, 
infatigable celo y asiduo estudio, que empleó en fomentar 
y dar impulso al ramo de aguas minerales de nuestra pe- 
nínsula. Hizo ademas un señalado servicio á la ciencia, al 
disponer y llevar á debido efecto una espedicion literaria 
á sus espensas, i fin de poder enriquecer su obra con aná- 
lisis mas exactos de los que hasta entonces se conocían, 
marcando de este modo la senda que debía seguirse para 
elevar esta parte de lá terapéutica al grado de perfección 
apetecido. 
' Con estos datos publióó en 1764 su interesante obra, con 



(i) El origintl árabe existe en poder de mi amigo el Excmo. Sr. Prín- 
cipe de Anflona. 



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320 



MEDICINA 



el lítalo de Histmia universal ie las aguas minerales de Es^ 
paña(\). 

De ios célebres baños de Solan de Cabras, escribieroa 
Forner y García Fernandez. Parece ser que los primeros 
ensayos químicos se practicaron en 1750 por los médicos 
Garceran y Francisco Forner, y los farmacéuticos Ladero 
3r Medina, ejecutándolos después D. Manuel Ladero, y úl- 
timamente Crespo y Jaque coa suma prolijidad (2). De los. 



(x) Ea la biografía de este instruido f celoso profesor daremos mas 
estensos pormenores. ' 

(ü) El día 6 de julio de i8!i6, el Rey Fernando Vil salió con su ter- 
cera moger, Doña Maria Josefa Amalia de Sajonia, para hacer uso de estas 
aguas, llevando solo en su comitiva á D. Pedro Castelíó, catedrático de c¡« 
rugia del colegio de S. Garlos, y al boticario D. Agustin Meslre. Recibió la 
medicina eu este paso un golpe de desdoro, de que hay pocos ejemplos ^n 
ios anales de nuestra patria ; pero preciso es que en la posteridad se sej^ 
que el priiner médico de S. M., D. Bartolomé Pinera, «ra un anciano in- 
capaz de acompañarlos, y el segundo, D. Marcelo Reboto^ de figura innoble 
y sin ningún concepto; y ademas que Castelló parieaba á las Infantas, y 
que el viage a Solau de Cabras tenia por objete la fecundidad de la Reina, 
Éste sitio, cuya descripción parece convida á verlo y disfrutarlo , es suma- 
mente iocómodo para la comitiva de un monarca; de temperatura estremá* 
damente calurosa desde las 7 de la mañana hasta las S de la tarde, y fres- 
ca en lo restante de la noche y mañana; solitario y sin .edificios; en una 
palabra, un valle esclusivamente para cabras, como escribió un individuo , 
de la comitiva de S. M., acampado en una barraca húmeda. £1 mismo aña- 
de, que al Rey le habia parecido un punto proporcionado para presidio. 
Sin embargo, durante la mansión de los augustos bañistas, este sitio podía 
compararse al lujoso campamento de Gerges, pues reducido á dos pequeños 
hogares en que se alojaron los Reyes, fué necesario formar barracas para 
toda su comitiva, que permaneció acampada durante su estancia en aquel 
sitio, del que hizo una descripción la Reina N. S», en los siguientes versos: 



Dos liogares reducidos 
Entre peñas sepultados, 
Dos senderos escarpados 
Sus paseos mas floridos^ 
Sü vergel, bojes tupidos; 
Chicharras sus ruiseñores: 
Aun el sol sus resplandores 
Solo escasos deja ver, 
Y cabras debieran ser 
Sus únicos moradores. 

^uién duda qué el miserable 



Que aqui encuentra su remedio 
Deja de mirar con' tedio 
Su aspereza interminable? 
Dios es igualmeoie amable 
Entre peñas y entre rosas, 
T con manos amori>sas 
Abre 0I hombre claras fuentes, 
Ya de gustos inocentes, 
Ya de curas provechosas. 

Aunque es áspero y fragoso. 
Mu en esU' tierra inculta 



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eSFJkNÓLA. 3*21 

antioQfstmds de Filero se ocapó el primero el Dr. Bivas ha* 
ciendo su análisis, que reetificó también con posterioridad 
Giménez. Lorenzo Lexalde determinó las enfermedades en 
que creia estar indicados, y por último, Ramírez escribió 
un tratadito acerca de este asunto en 4768, con el título de 
Examen quimieo^-médicQ^ de lo$ prmápios y virtudes de la$ 
nguas termales y baños de Filero, sumamente curioso. Gap- 
deviia escribió de los de PuertoUano y Pilar de Ghinchilla. 

José Lemos trató en 1788 délas irirtudes medicinales de 
las aguas de YiUairieja de Nules, y aunque li|^ramente de 
las de Busot, Navajas, Yellá, Montanejos, Toga, Beiius y 
Gbulilla, situadas en el reino de Valencia , y en el de Mur- 
cia de las de Archena, Alama, Huía y Azaraque. De este 
último manantial lo habia becho con anterioridad Francis- 
co Cerdan, asi como en 1797 lo pracüeó también del de Alba* 
ma D. Agustín Juan y Poveda. Se ocuparon del de Árdales 
Antonio Granados, Manuel Suarez y José Garcia y Fernán* 
dezde Castro, quien publicó nnos diálogos critieos acercado 
estas aguas, y de las de Espinoso del Bey , Paz Bodrignez. 

Trespalacios y Mier escribió de las de Arnedillo en 4799, 
y posteriormente Gutiérrez Bueno (1), habiéndose publicado 



La bondad dÍTÍna oculta Cuabto Dios hizo eo la tierra; 

ÜB terreno prodigioso: Cuanto en su ámbito se encierra 

Corre el pobre, el achacoso, A servirle es destinado: 

r De esta fuente á la virtud; Todo sigue esfe mandato 

Busca con solicitud Para su felicidad; 

So remedio en estas breñas; Mas su ciega voluntad 

Sos fraguras son risueuaa Sola y libre en su camino, 

Al amor de la salud. Contra el bienhechor divino 

Para el hombre fué criado Abusa su libertad. 

No el buscar una salud 
Que Dios nunca me ha negado, 
Otros fines me han guiado 
De esta fuente i la virtud: 
Busco en mi. solicitud 
La pública conveniencia; 
Sigo á una probada ciencia, 
T cumplo con mi debfer; 
Por mi no quedó que hacer. 
Obre Dios con su clemencia. 

( i) Este laborido farmacéotieo hiio ademas el atoálttis de las de Trillo, 
$aeedoB, MoUner «q el valle de Carranza, PaertolUno y otras hasta el nú* 
TOMO VI. - 21 



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322 MBDIGIÜÍA 

<^n el año de 1806 un folleto anónimo sobre estas termas, 
dado á luz en esta corte con el título de Ensayo sobre Uí$ 
aguas de. Amedillo. 

£1 sabio y laborioso Jnan de Dios Ayuda escribió á fines 
de este siglo uu escelente tratado que tituló: Examen de iai 
' aguas mediánales de mas nombre que hay en las Andalucías j 
en el que trata de los baños de Graena, Álhama, Alicun,' Ba- 
za , Aliseda, Marmolejo, Ferreyra, Portubus^ Maniha, Pa- 
terna, Alhamilla^ Casares, Árdales, Antequera, jaen j Mar* 
bella. Este tratado, arreglado á los conocimientos moder* 
nos, contribuyó notablemente al progreso sucesivo de este 
ramo, siendo digno ciertamente de ser leido por su buenór* 
4len, claridad y bastante exactitud, ya topográfica, ya ana* 
lítica. 

Hemos, pues, concluido «1 catálogo de la mayor parte de 
escritores que enriquecieron con sus producciones esta paró- 
te culminante de la materia médica en el siglo XVIII; el 
XIX se nos ofrece mas magestuoso en su marcha, de resulta-» 
dos mas f^nndos y lisonjeros, ora por haber hecho progre^ 
sivos y ostensibles adelantos la química, ora también por 
haber tendido su mano protectora y coadyuvado eficazmen- 
te el gobierno, persuadido al fin, como no podía menos, de 
su incontestable utilidad é importancia económico-política, 
'dictando la sabia y premora medida de la creación de pla- 
zas de médicos directores, como mas adelanté veremos. £m* 
I»ero, no obstante estos poderosos medios de progreso, de 
amentar es carezcamos*aun de una obra de este género ba- 
sada en los, actuales conocimientos médico-químicos, que 
abrace el prodigioso número de fuentes minerales que oro- 
tan en nuestro afortunado suelo, pues hasta ahora ninguno 
ha llenado con la estension debida este importante vacío. 

A principios de este último siglo hizo el Dr. Miljavilla y 
Fisonel el análisis de las aguá^ de Barcelona v sus inmedia- 
ciones, y el entendido químico D. Agustín Alcon dio á Inz 
nn tratado de las aguas termó-potables deBusot, en el reí* 
no de Valencia, que Contiene un análisis bastante exacto. 
Zeaorrote se ocupó del análisis químico de las de Gestona en 
una memoria digna de aprecio, por abundar en curiosas ob- 
servaciones. Antes que él habia hecho el mismo análisis, si 

mero de S%, siendo muy sensible no llegase i publicar la obra que sobre est« 
flb¡eto hablé prometido. Téaie el »r). de Aguas mtnen^les del Ditcioto. «!• 
Ballaoo. ' 



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£SPAÑOL\ 323 

Mea con bastante Imperfeccioii, Gfaavcnean , catedrático de 
física envergara. 

De las agaas de Panticosa escribió el militar Jayier de 
Gabanes, y el presbítero Bautista Figol de las de Toga. Hi-^ 
cierott análisis de las de Elorrio, á dos leguas de Durango, d 
Dr. Andrés Sánchez Toca, y posteriormente el farmacéutico 
Higiuio de Arenaza , habiéndole ya practicado Yiruegas á 
mediados del siglo pasado con bastante inexactitud, como 
era de esperar en aquella época. En el año de 1819 analizó 
el Dr. Bañares las de Fuensanta^ publicando en 1821 su di* 
rector D. José Torres una estensa memoria sobre las mismas. 
Finalmente otros varios publicaron escritos, que, bien 
por no ofrecer grande interés, bien por no hacer demasiado 
difuso j molesto este capítulo , dejaré de enumerar. 

Después de la larga serie dé trabajos sobre hidrología 
médica, que por orden cronológico hemos ido presentando 
á nuestros lectores, encaminados la mayor parte á desper- 
tar la curiosidad y el buen gusto á su^ estudio ; después de 
los asiduos afanes y desvelos de tantos esclarecidos y sabios 
médicos, que con infatigable celo hemos visto ocuparse en 
épocas distintas de tan útil medio terapéutico; después en 
fin de haber elevado justos y continuos clamores al gobierno 
desde el siglo XVIII personas sabias y celosas, y corpora- 
ciones respetables amantes del bien público , hubo al fin de 
fijarse sobre este asunto en el año de 1816 la atención del 
monarca, quien después de instruido el voluminoso espe« 
diente que tuvo oHgen en el reinado de Carlos III , decretó 
por último que la junta superior de medicina formase el 
reglamento para la dirección y gobierno de las aguas medi- 
cinales de España, que recibió su sanción en 28 de mayo 
de 1817. 

Medida tan bienhechora y sabia débia necesariamente 
producir los mas ventajosos resultados, ora cortando de 
raiz los reprensibles abusos de que hasta entonces se habia 
resentido ia<administraGion de este remedio, ora contribu- 
yendo con eficacia á que nuestros principales establecimien- 
tos recibieran un impulso y grado de perfección estraordi- 
nario, obteniéndose las debidas ventajas de estas fuentes de 
riqueza y vida, cual acontecía en Alemania, Inglaterra, 
Francia y otras naciones. 

, Asi sucedió en efecto, recibiendo este ramo, que se re- 
sentía de estremada incuria, un portentoso fomento des- 
de la instalaeion de las espresadas plazas. En número de 
31 fueron las primeras que se crearon, á saber; Molar, Tri- 



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S24 MEDXCilNA 

lio , NavalpÁtio, Sacedoa , Solaa de Cabras , Alcaatud , Bu*^ 
sot, YiUavieja, Archena, Fortuna^ Caldas de Mombuy, Es- 
parraguera y Olesa, Pantieosa, Tiermas, Albama de Ara- 
ron, Quinto, Marmolejo, Carratraca, Albama ^ Graena, 
Lanjaron, Araedillo, Aiange, Ledesma, Baños dcBejar, Ga[- 
das de Oviedo, Caldas de Beyes y de Cudüs, Cuidas de Tuy, 
Carvallo y Carvallino con Partovia, PuertoUano y Hervi- 
deros en la Mancha (1). 

Examinados imparcial y concienzudamente ios principa- 
4es escritos que ban yisto la luz pública acerca de las agú^ 
minerales, y trazado el bosquejo de las fases por que ban 
atravesado nuestras termas, concluiremos esta materia que 
<¥a prolongándose demasiado, baciendo notar que á pesar 
de nuestro reconocido atraso é incuria en este ramo, nos 
son bien conocidas desde tiempo inniemorial las especiales 
'Virtudes curatiTas de, muchas aguas de nuestra península, 
contando á la tez nuestra crónica con hombres eminentes, 
que en diferentes épocas han difundido sos juiciosas y sa- 
bias observaciones sobre este punto terapéutica. Y si bien 
es cierto que casi todos, particularmente basta el si- 
glo XYIIL lian adolecido de la falta de conocimientos quí- 
mieos, sanido es que este ba sido achaque común á to- 
dos los paises, basta que la luminosa antorcha de lamoder^ 
na química ba difundido su radiante luz en las investiga*» 
«iones de esta especie. 



^t) Posteriormente al fallecimteDto del ilustre y sabio aiitur de esta obra, 
luo sido muchos los trabajos Jiechos sobre las aguas minerales. No sieodo 
Auestro .objeio presentarlos aquí por completo , lo haremos tan solo en 
compendio, citando algunos de los escritos publicados para completar en 
cierto modo este capítulo. Medina y Estebes se ha ocupado de los bañon 
de Lanjaron; Ortl y Criado de los de Marmolejo; José Estebez de los de 
S. Diego; Martínez Serrano ha escrito varias memorias reunidas en su obra 
titulada: Inpesitgaciones hidrológicas^ que aunque poco ordenada, tibunda en 
buenas observaciones prácticas é interesantes noticias, que acaso recogería en 
parte de las emitidas por el célebre Morejon, con quien vivió muchos 
años, unido con los vínculos de una íntima amistad. D. Mariano González 
Oespo, laborioso director de los baños de Trillo, ha publicado varios escri- 
tos y memorias sobre algunas aguas medicinales; D. José Herrera y Ruiz^ se 
ha ocupado de los de Pantícosa; María del Castillo de los de Albama; Geno- 
vés y Tamarit de los'de Yillatoya; Abades y Rezano de los del Molar, José 
XfOpez de los de Bnyeres de Nava; Sánchez de las Matas de los de Arche* 
lia; Megias de los de Paterna; D. Mdnuel Ruiz -de Salazar de los de Ontaneda 
y Alceda; D. José María Serrano de los de Aihama de Granada; D* Juliau 
ViUaesoisa de los de Alange en Estrcmadur^» etc. 



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ls?irÑOLA. 325 

S 6.* , * 

Noticia de la primera aparición de la fiebre amarilla ek Espa- 
ña. Controversia sobre sü índole y naturaleza. 

Gamplióse al fio el fatal y triste presagio de Casan al pre- 
sentarse en Earopa la fiebre amarilla con el mismo faror y 
violencia con que se dejara sentir en Asia y América. Las 
islas Ganarías, la bella Italia y particularmente España, tan^ 
justamente celebrada por la suavidad y benéfica influencia 
de su clima, han esperimentade diferentes veces su mortífe- 
fero azoíe. 

En las mas hermosas j^ pintorescas provincias del medio- 
día de la península Ibérica, ha arrebatado á medio millón 
de sus hijos en el corto espacio de catorce años desde Ga* 
diz á Alicante, sumiendo en la horfandad y pauperismo é, 
muchos de sus moradores. 

No'me detendré en la circunstanciada aarracion de la his- 
toria de esta epidemia , desde que fué observada por la ver 
primera en varios climas americanos y cost'^ de la India; ni> 
entraré tampoco en la controvertida polémica de si fué á 
no constantemente endémica en aquellos paises donde reinft 
aun periódicamente. Hállese descrita en el libro de morhU^ 
popularibui de Hipócrates, como pretenden unos; haya rei- 
nado muchos siglos hace en la Nubia, Abisinia, Éjipto, «a<:L 
las costas orientales del mar Rojo , en el Senaar y otros 
puntos, como aseguran otros ; que fuese esta misma dolen* 
cia la que asoló á Atenas en la guerra del Peloponeso; que 
la padeciesen los ejércitos romanos en Siracusa j otros elim- 
inas calurosos; que fuese en fin trasmitida á Méjico, Yera* 
cruz, Garta^ena de Indias, Eiladelfia j la Habana, ó haya < 
sido endémica en estos mismos paises, presentándose espou^ 
táneamente siempre que en las estaciones concurren causas: 
locales favorables á su desarrollo; nada de esto trataremos 
de investigar, por no ser propio de este escrito, sin que los 
muchos que han tratado oe estas cuestiones hayan podido 
llegar á una solución completamente satisfactoria. 

La ealeníura d$ Statir, llamada aii 'par Ballet; el tifo tetero ^^ 
des de Sauvages y Gullen, la eloaes tcteíodes de Vogel, el «í* 
noeho icterodei de Will y Currier; la calentura pútrida tete-' 
rodes carolineme de Macbride; la causa trópica endémica dé> 
Moseley ; la calentura amarilla maligna de las Indias occiden^ 
talee de Makiltric : la denominada por Lind calentura rem^ 



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S36 . M£0lCinA 

t^nte biliosa de los países cálidos; por TíonMúc calentura ma- 
ligna amarilla biliosa; por Kuscu calentura biliosa remitente 
amarilla; por Ghisholm calentura maligna pestilencial; por 
'Labat calentura marinera; Ochropirapor Swediaur; calentura 
maligna por Bruce; tifo miasmático atáxico- pútrido amarillo 
por Bally, calentura gastro-adinámica por Pinel; gastro-en^ 
teritis por Broussais 7 los modernos; gastro-hepatitis por 
TommasiDÍ; thermo^adinámiea y thermo-atáxica por D. José 
Fernaudéz; vómito prieto ó negro por los españoles^ y por 
áltimo, la fiebre amarilla de Valentín^ cou cuya denomina- 
eion es conocida en todo el mundo , apareció en nuestro 
suelo en el siglo XVIII por los años de 1730 á 1731 , á pe- 
sar de creer algunos autores que desde el XVI se habia 
2a observado en Málaga, dominando desde aquella época 
asta principios del XIX en varios puntos de nuestras 
costas y a&os de 1507, 1582, 1649, 1681, 1730, 1764, 
y 1800. 

García de la Leña hace referencia en su obra con el nom- 
bre de vómito negro ^ de varias epidemias sufridas en Málaga 
desde el año 1^93 (1), y Clavijero entre otros, opina que 
dicha enfermedad apareció por primera vez eú nuestro sue- 
lo el año de 1725. Mas sea de esto lo que quiera ^ lo cierto 
y evidente es que en medio de tantos y tan encpntrados 
pareceres como se observan en los autores acerca de este 
punto , la mayor parte conviene en que en 1730 fué Cá- 
diz teatro de esta. epidemia nunca vista en* España, y que 
desde aquella ciudad se estendió y propagó á varios pun- 
tos de nuestro continente (^). 

Gibraltar, Barcelona, Pasages; Cartagena, Orihuela, 
Murcia y otros pueblos sufrieron alternativamente tan 
mortífera plaga , que los dejó asolados y llenos de pavura. 

En medio de este cuadro de muerte y desolación, en cir- 
cunstancias tan críticas y de {)rueba, los médicos españoles, 
siempre dignos, lejos ae imitar la cobarde conducta del 



Ít) Gonversacioneft históricas malagueñas, impresión de 1789. 
9) Creen los iQgleses y otros, que uno de los primeros autores flL"ft> dea- 
eribieron esta fiebre fué el Dr. Gamble, siendo asi que el portugués Juan 
Ferreyra de Rosa la dio á conoce? mucho antes en su tratado de la consti- 
tución pestilencial deFernambuco que publicó en Lisboa en 1694. La fiebre 
se presentó por la vez primera en Fernambueo por los años de 1687; reba« 
jando»' pues, siete años de la fecha de la publicación de la obra, en los que 
reinó en aquel punto, tenemos que se mauifestó en él cuatro años Aatei 
cpke en la Barbada, 



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española; 327. 

médico de Pérgamó y de segair el reprensible ejemplo de 
Sydenham ea casos análogos, manifestaron por el contra- 
río el mayor celo é intrepidez, volando siempre al punto 
donde el peligro era inminente, no obstante el pavoroso y 
general desaliento quQ infnndia- la epidemia, captándose 
con tan noble proceder el aprecio y universal estimaciob.. 
¡Rindámosles, pues, el justo nomenage de gratitud á que se 
hicieron acreedores por su acendrada filantropía! vt^ 

Suscitáronse entre los médicos regnícolas , con motivo de 
la terrible aparición de este mal, diversidad de pareceres, 
profundas disidencias y acaloradas disputas, ya sobre su^ 
origen, causas y naturaleza, ya acerca de su propiedad 
contagiosa. En su consecuencia, gran número de escritos ir 
folletos vieron la luz pública , unos sosteniendo con calor 
la idea del contagio, y^ otros impugnando tenazmente el' 

Í>arecer de sus antagonistas. Por desgracia se llevó á un 
álso terreno esta polémica ;, porque no siempre la sinceri- 
dad y buena fé sirvieron de antorcha, y porque. algunos* 
I)rofano6 á la ciencia , tal vez animados de un escesivo ce- 
o, salieron también á la pública palestra, adhiriéndose á^ 
una ú otra de aquellas opiniones (1). 

Gomo de la justa y concienzuda dilucidación de cues-, 
tion tan vital, pendia el que se ^tomasen ó dejasen de tomar 
estrictas y severas precauciones, y medidas coercitivas del 
mayor interés , para impedir 6 amenguar la propagacioiK 
del mal; de aqui el interés sumo que ha inspirado en todos- 
Ios jpaises y gobiernos, particularmente de Europa, el éxi* 
to definitivo de semejante contienda literaria, que por des- ^ 
gracia no se ha resuelto aun* 

Procuraremos presentar á continuación la serie de escñ* 

tos mas interesantes que sobre este puntó se dieron á la^ 

prensa en España, á fines del siglo XVlII y principios áék 

actual. , 

La cruel epidemia que por los años de 1730 y 31 habia^ 

E reducido, como ya insinuamos, tan funesto estrago en la 
ella ciudad de Cádiz y pueblos limítrofes, dejó sentir tam- 
bién su maléfica influencia en ia de Málaga el año de 1744 , 



(i) véase entre otros un folleto impreso en Madrid, defendiendo el ca« 
r&cter contagioso, con el titalo de Reflexiones acerca de ia epidemia que rei^ 
na en Cadiz^y medios de atajar los estragos de una peste. Aun cuando es de- 
creer que so autor no foera médico, contiene sin embargo alguna idea inte- 
resante. Hay ademas otro folleto del conde de Teba, que como vocal de ls« 
junta de sanidad de Granada, presenta á la misma, etc., ete. 



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32S MCDICUIA 

á consccueBcia del desembarco de anos estrangeros proee* 
denles de América, qae venian heridos del contagio. 

De orden superior se enviaron á aqnetia ciudad varios 
médicos para su atenta observación. Con este motivo se pu* 
blicaron algunas obras , entre las que merecen particular 
mención las sicruientes: D. Nicolás Francisco Bojano escri- 
bió: Crisis epidémica que $e padeció en Málaga en el año df 1 74 U 
D. Antonio Rubio imprimió otra, titulada: Análiái médica 
ée la epidemia^ etc, 

D. Francisco Revés Sahagun, á pesar de no haberla pre- 
senciado, se ocupó también de ella en una obra que lleva 
el título de Sinopsii eriltco-médiea sobre la evfdemia , ele. 
Según opinión de este autor no fué una verdadera peste, 
sino una epidemia maligna, aunque confiesa se habían pre- 
sentado el vómito negro ]^ demás síntomas característicos 
de la fiebre. Los sabios viageros D. Jorge Juan y D. An^ 
tonio UUoa, hablaron también de ella en su Relación hiitó^ 
rica del viage á la América meridional hecha de orden de S. M.j 
impresa en 1744. 

^ mandó asimismo en 17S3 emitiese su dictamen D. Juan 
José de Gastelbondo, médico de la ciudad de Gartasena de 
Indias , acerca de la penosa enfermedad qué diezmaha á la 
tripulación de la escuadra del Excmo. §r. D. Pedro de la 
Cerda, surta en aquel puerto , y en cumplimiento de este 
mandato escribió una obra titulada : Tratado del método eu-- 
rativo^ esperimentado y aprobado de la enfermedad de vómitO' 
negro epidémico^ y frecuente en los puertos de las Indias occi-- 
dmtales. 

Empero cuando se dieron á la prensa mayor número de 
escritos sobre esta enfermedad, y se suscitaron con vehe- 
mencia las rivalidades entre los médicos, originadas por la 
diversidad de pareceres respecto á su carácter contadoso, 
fué en la malhadada época de su reaparición en Cádiz y 
otros puntos de la península, que tuvo efecto á la con* 
elusion del siglo pasado. Ifos ocuparemos ligeramente de 
ellas. 

Distinguiéronse por sus profundos conocimientos y sana 
crítica, entre los sectarios ael contagió,, el entendido profe* 
sor Arej4Ha, médico honorario de cámara^ y el erudito 
D. Pedro María González, ayudante de cirujano mayor de 
la armada. Ambos escribieron sobre esta enfermedad : el 
primero en un tratado con el título de Breve descripción de 
la fiebre amarilla j etc.y y el segundo, en otro que tituló: 
Disertación médica sobre la calentura maligna eontagioia. 



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CSPAÁOLA. 329 

Estos son siu disputa los mejores escrito; qae se publica^ 
ron en esta época. 

También apareció un folleto anónimo, impreso en Cádiz 
bajo el epígrafe de Reflexiones sobre la epidemia padecida en 
dicha ciudad y etc., DO V un amante del bien público, que se 
supone fué D. Roarigo Armesto. Aun cuando no emite su 
opioion con franqueza respecto al contagio, parece incli- 
narse á la negativa. Imprimióse otro en Cádiz, defendiendo 
el carácter contagioso ae la fiebre , escrito por un profesor 
de aquella ciudad, y dado á luz por el presbítero D. Vicen- 
te Terrero. 

D. Carlos Francisco Ameller publicó en este año una obra^ 
en que prueba la propiedad contagiosa de esta dolencia, con 
el título de Descripción de la enfermedad epidémica que tuvo 
principio en la ciudad de Cádiz; y D. Carlos Gimbernat Ter-» 
tío del iglés á nuestro idioma otra referente al mismo asunto. 

Posteriormente D. José Ponce de León publicó su Idea ge-* 
neral de las calenturas ^ y en particular de la peste tf fiebre 
amarilla^ y mi desgraciado compañero Lafuente dio á luz 
su obra, digna de leerse, cuyo contenido se puede reducir 
á los puntos siguientes: 

I .^ La fiebre amarilla pierde enteramente su fuerza contar" 
giante dentro de una choza. 

2.® Media onza de quina tomada diariamente en una ó dos 
veces por la mañana ^ precave con seguridad de la fiebre, aun 
cuando se ande en medio del contagio, 

3.^ Seis ü ocho onzas de este remedio la curan y sofocan 
m dos dias ó tres de un modo que hasta ahora puede llamarse 
infalible^ con tal que se observen dos condiciones indispensa-- 
bles: primera^ que se ha de consumir y retener en el estómago 
toda la referida cantidad en el preciso término de las. primeras 
cuarenta y ocho ó cincuenta horas del mal; segunda, que se 
ha de empezar á tomar con la mayor aproximación posible 
desde el primer instante de su invasión , y sobre todo no per-^ 
diendo las seis ú ocho horas primeras^ 

Este hombre benemérito estaba tan seguro de su descu- 
brimiento, que no desistió de él hasta su muerte. 

Algunos años después de esta publicación, le dirigió > 
D. Blas Martínez un escrito manifestándole un nuevo mé- 
todo de precaver y curar la fiebre amarilla, que consistía 
principalmente en el reiterado uso de los ácidos minerales, 
dando la preferencia al sulfúrico, y en la dieta vegetal. 

Por e$te tiempo vieron la luz pública gran uúmero de fo- 
lletos. Citaremos entre otros el de CabanellaSt en que ado* 



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330 MEDICIKA 

ce machas.reglas y preceptos para evitar la reprodaccíon 
é importación de dicba calentura ; el de Yilaseca en que ha- 
ce reflexiones acerca de la que sufrió la tripulación de al- 
gunos buques ingleses estacionados en el puerlo de Mahon; 
y por último el de Santiago Vado, que lleva el título de JIfi 
modo de pensar iobre el contacto , en que al ocuparse de los 
medios que conceptuaba precisos para impedir la propaga- 
ción de la epidemia , aconsejaba como segura áncora el uso 
de fumigaciones, el ácido acético, etc. 

Entrólos autores referidos, se señalaron en esta reñida 
controversia por sus duras espresiones é invectivas D. Bar- 
tolomé Golomar y D. Mariano Lagasca. Acérrimo anticon- 
tagionista el primero , y enemigo declarado de los lazare-» 
tos, uno de los primeros baluartes de la salud pública; de 
ideas diametralmente opuestas acerca del contagio, y entu- 
siasta de aquellos asilos el segundo, no esperaban mas que • 
ocasión oportuna para rompeí" las hostilidades. Ofrecióse 
esta con el motivo de publicar Golomar una memoria sobre 
Ja fiebre que sufrió Murcia en 1811, en que trató de oscu* 
recer algunos hechos, usando á la vez de varios términos 
y dicterios indebidamente aplicados, con ánimo de depri- 
mir la opinión y buen nombre de muchos profesores que 
presenciaron aquella epidemia. Lagasca, justamente resenti- 
do de tan feo proceder, le contesto en un folleto, poniendo 
en claro sus falsas y caluminosas aseveraciones. 

Publicó ademas Lagasca un estrado de la obra de Don 
Tadeo Lafuente , que adicionó é ilustró con numerosas ob-> 
servaciones. 

Otro de los acérrimos impugnadores del contagio fué 
D. José Mariano Mociño , director de la espedicion botáni- 
ca de Nueva España. Escribió una obra , de la que tengo 
en mi poder un solo capítulo. No llegó á imprimirse esta 

1>roduccion , porque habiéndola sometido á la censura de 
a junta suprema de sanidad, ya por animosidade^ perso- 
nales, ya por otras causas que nos son desconocidas, dio su 
dictamen en estremo desfavorable al autor. Pasó después 
este. escrito á la real academia de medicina de* esta cortcf 
mas como á esta sazón sobrevinieran los acontecimientos 
políticos del memorable año de 1808 , que obligaron á emi- 

frar á muchos españoles , y entre ellos á los sugetos que 
abian de aprobar la obra , desapareció para siempre un 
trabajo muy recomendable, y cuyo autor habia espuesto sa 
vida á los inminentes peligros de una epidemia en pais es- 
draño, recogiendo datos para formarle. 



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ESPA^OU. 331 

Parece motivó este escrito el haber sido provocado á la 
liza sol)re el contagio por un íntimo amigo suyo. 

Hurtado de Mendoza cree que no es una enfermedad 
nueva, sino conocida va desde tiempo inmemorial: tampo- 
co la sui)one contagiosa. Ha publicado una monografia so- 
bre este importante punto de patologia, y hecho varias tra- 
ducciones concernientes al mismo. 

D. JoséMaria Salamanca, D. Bartolomé Mellado, Don 
Francisco Javier Laso,D. Gabriel Rodríguez , D. Rafael 
Beniz, D. Eugenio Francisca Arruti , D. Juan Montes , Don 
Antonio €ibat, y las academias de Barcelona ^ Cádiz, todos 
cscríbieron é imprimieron obras acerca del mismo objeto. 

£1 profundo examen y asiduo estudio que tuvo ocasión 
de hacer en Cádiz por los años de 1804, 810 y 13, el dis- 
tinguido profesor D. Francisco Flores Moreno, médico ho- 
norarío de cámara de S. M., le impulsó á publicar sus ob- 
servaciones en una obrita titulada : Ensaifo médico-práctica 
iobre el tifus ictei^odes, fiebre amarilla comunmente dicha. 

Opina que esta enfermedad es contagiosa y estraña á núes* 
tropais. 

Mi íntimo amigo y compañero D. Manuel Rodríguez, pu- 
blicó una memoria acerca de las obras del lazareto de Ma- 
hon, que abunda en reflexiones críticas sobre su estado; y 
Salinas y Gutiérrez dio á luz su Profilaxis [de la fiebre ama-* 
villa. Encomia las fricciones mercuriales como un podero- 
so medio de precaver tan cruel enemigo, cuya idea le había 
sido comunicada* por su amigo el Dr. Bobaáilla. 

Presentó en 1819 á la academia médica de Barcelona su 
socio D. Ramón Romero y Yelazquez, una Memoria sobre el 
contagio de la fiebre amarilla^ que fué preniiada con una me- 
dalla de oro. El Dr. Alfonso de María , dio á luz otra sobre 
la epidemia d^ Andalucía. No cree haya sido importada de 
la India , África ni América , ni tampoco la concede pro- 
piedad contagiosa. - 

Abundando en ideas semejantes , respecto de los dos es- 
tremos enunciados, publicó en Barcelona D. Francisco Sal- 
va una colección de trozos inéditos, ilustrados con notas. 

D. Juan Francisco Bahi, en el año siguiente , imprimió 
un folleto que lleva el título de Helacion médico-politica 
sobre la aparición de la fiebre amarilla. Se maniñesta entu- 
siasta por el método de Lafuente, para la curación de esta 
enfermedad, que juzga contagiosa en alto grado. Tradujo 
también una memoria del Dr. Palloni, precedida de ua 
discurso médico- práctico, demostrando ser errónea la opi« 



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332 MEbicinA 

nipn de los que suponen á la fiebre amarilla indígena en 
Barcelona. 

Vilaseca dio á luz unos apuntes sobre la curación de es- 
ta fiebre > en los que recomienda los calomelanos, como 
medicación eficaz. 

La junta de medicina de Mahon publicó una memoria, en 
que da noticias circunstanciadas dq las desagradables ocur- 
rencias habidas en el lazareto de aquel punto, y medidas 
adoptadas en tan críticos momentos. 

Con el titulo de Ensayo analüico sobre la naturaleza^ cau- 
sas y curación de las calenturas thermo-adinámica y fAermo- 
atáxica^ llamadas c<ilentura amarilla^ etc,^ publicó en la Ha- 
bana el Dr. Fernandez un tratado con esta nueva denomi- 
nación. 

Opina ser, entre otras, la principal causa del desarrollo 
de esta enfermedad, la acción intensa del calor sobre los 
sistemas muscular y nervioso. Teniendo, dice, estos siste* 
mas en nuestra economía mayor predominio é influencia 
por su mayor vitalidad, su respectiva lesión imprime á la 
enfermedad una esencia y forma especial, un carácter dis- 
tinto , una fisonomía , en fin , bien marcada , según la cual 
varían las indicaciones curativas. Siendo, pues, continúa, 
diferentes en vitalidad, naturaleza y propiedades estos dos 
sistemas ; también sus lesiones , aunque producidas por una 
causa común , tienen que ser diversas y exigir por tanto 
distintos medicamentos. 

Gomo consecuencia de su modo de ver esta calentura, 
propone para la curación de la thermo-adinárntca^ pl uso de 
los escitantes y tónicos apropiados al ^rado de debilidad 
del sistema muscular , dando la primacía á la corteza del 
Perú y raiz de árnica. En la thermo-atáxiea^ dice que exis- 
te también desde el principio estremada debilidad , si bien 
va unida á cierto grado *de irritabilidad; y para combatir 
estos dos fenómenos con buen éxito j cree ser muy prove- 
chosa la valeriana silvestre en cocimiento con el estrado 
de quina naranjada y la tintura tcbáica, etc. Es anticonta- 
gionista. 

El boticario honorario de cámara, D¿ José Antonio Bal- 
cells, publicó el dictamen que para la desinfección de Bar- 
celona habia remitido á la junta superior de sanidad de 
aquel principado, en que figuran como poderosos agentes 
para la destrucción de los miasmas mefíticos, el proto-clo- 
rnro de mercurio , el ácido nítrico, y el pernitrato de mer- 
curio. Hízolo asimismo D. Juan Llacayo, en ün opúscalo 



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espaSola. 333 

Íie tiene por objeto rebatir el sistema de Lagasca y de Don 
Qtonio Garcia, acérrimos antagonistas, como hemos dicho; 
fija el asiento de esta calentura en el sistema nervioso y apa- 
rato gastro'hepático, desechando como perjudicial el mé- 
todo de Lafuente, que con tanto entusiasmo habia acogido 
Lagasca. 

Varios médicos nacionales y estrañgeros, entre los que 
figuran los nombres de Piguillen, del erudito Salva, Duran, 
Gapmany , Galveras , Bocboux y La^sis , presentaron ua 
manifiesto al congreso, impreso en Barcelona en 1823, pre* 
tendiendo probar que la fiebre amarilla es endémica y epi- 
démica, pero no contagiosa, 7 que las medidas sanitarias 
adoptadas por el gobierno, ó han sido de poco valor, ó de 
todo ponto ilusorias. El ya citado Piguillen publicó ade* 
mas un opúsculo en igual sentido. 

En e^te mismo tiempo salieron también i la palestra Bahi, 
Graut, Bafael Steva, Golom, Merli , Gasacuberta, Mas y 
Nadal, con un dictamen que fué entregado ai gefe político 
de Barcelona, en que manifestándose por el contrario deci- 
didos partidarios del contagio, apoyan su opinión con ra- 
;zones de mucho peso. 

Por último, el célebre D. Manuel Casal, aunque muy li* 

Seramente, se ocupa de la cruel epidemia que na motiva- 
o este escrito. 

No le terminaré sin decir antes , que las numerosas y re-» 
petidas observaciones que he tenido ocasión de hacer sobre 
esta epidemia, desde su introducción en la península en es« 
te siglo, me autorizan á declararme contra la opinión de 
Sweaiaur y muchos otros , que dicen no ser contagiosa . y 
que jamás se propaga por el continente á mas de una 6 nos 
leguas dé distancia. 

Inniímerables y auténticos hechos qne dejo de referir 
por no hacerme pesado y difuso, Tienen á prestar un fuer- 
te é indestructible apoyo á esta opinión , desvaneciendo por 
consiguiente la idea de los que no la creen contagiosa, sos- 
teniendo que se propaga únicamente de un modo epidémi-^ 
co y por infección. 

La causa única y esclusiva de esa admirable variedad de 
nombres con que hemos visto se la ha designado , y de la 
fatal divergencia de opiniones acerca de su naturaleza y 
tratamiento, consiste, á no dudar, en la falta de conoci- 
mientos ideológico-clínicos. Asi es que desentendiéndose 
la mayor parte de los médicos de las estrictas leyes de un 
análisis escrupuloso y severo, han fijado unos w atención 



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33 i MEDICINA. 

en el primer período; otros en el segundo de su pérfida 
ealma; quién en el tercero; aisunos en el síntoma ictérico 
ó de amarillez, y no ba faltado quien la haya considerado 
solamente bajo el simple aspecto dé la disminución de calo- 
ricidad. 
De aqui dimanan las ideas de algunos anglo-americanos, 

Sue aconsejan tratarla con el plan antiflogístico, persuadi- 
os de que es una sinocal; de aqui el pensamiento de otros, 
de prescribir eméticos y purgantes, mirándola como una 
biliosa; de aqui la administración de la quina ^ creyéndola 
una intermitente perniciosa; de aqui por último, losan- 
tiespasmódicos y nervinos en unión con los antipútridos, 
considerando el infausto término de su último estadio. 

No ha faltado tampoco algún médico , que desentendién- 
dose de' todo esto, y tropezando en no menor escollo , alMin- 
donó la consideración sintomática de esta calentura, para 
suponer hipotéticamente en su contagio un veneno especial, 
análogo al arsénico, al sublimado corrosivo, al de los hon- 
gos venenosos , ó bien de una naturaleza acida alcalina, y 
prescribiendo por todo remedio los mercuriales , aceitosos 
y alexifarmacos. 

8i se quiere encontrar el verdadero método de curar esta 
calentura, preciso es renunciar á estas quiméricas ideas y 
gratuitas hipótesis, escuchando atenta y esolusivamente á 
la naturaleza, y siguiendo sus sabias inspiraciones (1). 

Pondremos ya fin á esta tarea , lamentándonos amarga- 
mente de que, no obstante los numerosos trabajos, tanto na- 
cionales como estrangeros, que sobre un punto tan contro* 



(i) Las tres comi&Moeft que ha enviado el gobierno de Francia en 1800, 
849 y 8a I, y las obras que en aquella nación se han publicado relativas á 
cada una de estas épocas, nada contienen que pueda ilustrarnos. Cuando 
las. comisiones de médicos franceses de z8oo y 819, arribaron á Cádiz, 
se había estingnido completamente la epidemia; asi es que sus escritos están ' 
basados en las noticias que pudieron adquirir de los profesores espafioles. 
Los retratos de. la fisonomia de esta fiebre , que se hallan en las observacio* 
nes de Parisset , impresas en Paris en 1890 , pertenecían á un profesor es- 
pañol. 

La de 189 1 pudo ver en Barcelona algo mas« pero aterrada por la muer- 
te de uno de sus individuos , el joven Mazet, no sé si tuvo toda la serenidad 
necesaria para estudiar el mal. Sin embargo, es en mi concepto, de las tres 
producciones de esta nación, la que mejor debe leerse. En ella se verá que 
sus redactores Valli, Fransoy y Parisset, confiesan de buena fé que la tera- 
péutica de la ñebre amariHa está aun en su inftincia. (Pag. 577.) 



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ESP AÍ^ OLA. 335 

vertido se han publicado , y ú pesar [también de la<( contí- 
noas observaciones, que por desgracia hemos tenido oca* 
sion de bacer^n nuestro propio suelo, tal vez malgastando 
el tiempo en estériles controversias y acaloradas disputas, 
desagradables muchas veces (1), y no pocas perjudiciales á 
la ciencia, se halle todavia la cuestión del contagio y plan 
curativo de la fiebre amarilla poco masó menos en igual 
estado de indecisión que en su origen. Seria de desear 
que inteligentes y hábiles profesores, rei^estidos de una dóc* 
ta y severa imparcialidad, y reuniendo los datos propios y 
ágenos dignos de tenerse en cuenta, fijasen de una* manera 
terminante cuestiones tan debatidas y esenciales. [Ojalá 
llegue el dia en que, no dando lugar los adelantos de la 
ciencia á dudas e interpretaciones especiosas, permitan la 
completa realización de esta idea! . 

Academias. 

En el año de 1693, se concibió el proyecto de la fundación 
de una academia espagírica en Maarid, debido á un fraile 
franciscano, ausiliado del cirujano de familia en el Buen 
Betiro, D. Cristóbal de Leoñ. Presentólo este en un memo^ 
rial á S.M^ acerca del cual se pidió informe á los pro- 
to-médicós , D. Francisco Henriquez de Villacorta y D. Ga- 
bino Fariñas. Se cree que Villacorta favorecía la fundación 
de la academia, y que Fariñis, menos inclinado á la in- 
troducción de la doctrina espagírica , pretendía que se exa-» 
minase á los sugétos y doctrinas que se hablan de ense- 
ñar (2). 

Por este tiempo era también médico de cámara de S. M. 
el Dr. Gamiz, quien sin duda protegía el pensamiento, uni«* 
do al condestable de Castilla D. Iñigo Melchor Fernandez 
deVelascoy Tobar, duque deFrias, mayordomo mayor 
entonces de S. M.; pues que en el catálogo de los individuos 



(i) Seguh testimonio de Currie, Williams y Bean'et, terminaron ua lite* 
rarío altereado sobre esta epidemia, con un sangriento desafio» del que ami- 
bos sucumbieron en Kingston el 29 de diciembre de 17 5o. 

- (i) Léase el papel intitulado: Desengaño de la real filosofía, y desen- 
gaíio de la medicina sanativa perseguida y triunfante. Idea de Fr. Buena- 
ventura Angeleres. 



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336 MBDIGISA 

que debían formar la academia, despaes del conservador 
que habla de serlo Garlos II, entraba el duqae de eonsal- ' 
tor, el fraile de fundador, asistentes el proto-medicato, y 
manipulador mayor el cirujano León, que presentó el me* 
morial. 

Poco tiempo después, un corto numero de profesores 
acreditados de Sevilla, impulsados por el noble deseo de 
saber, se congregaron en 1697, para conferenciar entre sí 
sobre la literatura médica, y puede decirse que este fué el 
cimiento de aquella ilustrada academia , como ya se ha ma- 
nifestado en la introducción al siglo XYII. 

Igual origen tuvo la academia matritense en el reinado 
de Felipe V por los años de 4732, en que trasladada la cor- 
te á Sevilla, había proporcionado á su real sociedad mu- 
cbos de los profesores ^e medicina, cirugia y farmacia mas 
instruidos de Madrid. Asociándose éstos, y conferenciando 
diariamente sobre el modo de dar impulso á las tres^ pro- 
fesiones, resolvieron, para conseguir mejor su designio, for- 
mar los estatutos de la que denominaron Tertulia literaria 
médica. 

En marzo de 1734^ consiguieron un decreto del obispo 
de Barcelona, gobernador del consejo, para que pudieran 
hacer uso del anfiteatro anatómico del hospital general de 
Madrid en los dias que el catedrático no lo ocupase. 

Alentados con esta concesión,' y viendo se aumentaba el 
número de sus individuos, determinaron impetrar del con- 
sejo que autorizase sus estatutos, los que tan luego como se 
restituyó á Madrid el soberano, fueron aprobados por real 
cédula de 43 de setiembre de 1734. Una noble emulación . 
estimulaba á sus individuos al esacto desempeño de su res- 

{)ectivo cometido. Nombraron presidente perpetuo, en ca- 
idad de primer médico del Rey, al Dr. José Cerví, del con- 
sejo de S. M. Congregados asi los mas esclarecidos profeso* 
res en conferencias ordenadas, disertaban y consultaban 
los casos prácticos de mas interés, á cuyos trabajos aña- 
dieron en 1737^ el especial é importante de la fornuicion de 
las Efemérides barométrico^médicas matriteñsesy que se publi- 
caron mensualmente, desde 1.^ de marzo de aquel año. 

En 15 de julio de 1738 tuvo á bien S. M. admitir bajo 
su protección á la regia academia , y concederla licencia 
para usar de sello y nombrar impresor para sus obras, se- 
gún consta de la real cédula espedida con dicha fecha en el 
Buen Retiro. En el año de 1797 dio á luz esta academia un 
libro de Memorias, dejando de publicar el segundo porcir- 



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cunsláQcias qae QO es del caso manifestar aqui; £1 pobH-s 
cado contiene las siguientes: 

Diser(a:cion químico-fisiológica sobre la respiración y la sangrre, 
eon9Ífleradas como origen y primer principio de la vitalidad de kxi 
animales, por el Dr. D. Ignacio María Ruiz de Luzuríaga* 

Apéndice: Paralelo de los esperimentos que publicó el Br. Gir* 
lanner, en el diario de física del mes de agoslo de 1790, en su me- 
moria sobre la irritabilitfad considerada como principio de vida en 
la naturaleza organizada, con los que pubKcó el Dr. Luzuriága en 
su Tentamen medicum indujúrale de reciproca atque mutua siste»^ 
maHs sanguinei et nérvosi actione, impreso eti Edimburgo, en 42 de 
setiembre de 17S6, por él n)ismo. 

Observaciones sobre el cultivo del arroz en el reino d^ Valencia^ 
y su influencia en la salud pública^ poi* D. Antonio José Gabanilles. 

Memoria sobre el azul oe Prusia, por D. Luis Proust. 

Memoria sóbrela mina de hierro llamada vulgarmente ptríía, 
por el mismo. 

Observaciornes sobre el influjo de la lu2 solar, espeeialmente en 
la purificación del ácido nilricp, para que las aguas fuertes de los 
enrayes de oro no sean puras, por D. Domingo Garcia Fernandez. 

Discurso sobre un punto de medicina forense, por J. B. S. A. P. X. 

Memoria sobre un medio de formar ártifíeiaimenle las aguas 
marciales, ^in que el hierro se oxigene nrse separe de ellas, pet 
D.Gregorio Bañares./ 

Observaciones sobre la quina, por el mismo. 

Resumen de las propiedades principales del platino, y trsos que 
de él pueden hacerse, por D. Francisco Chavaneau. 

Memoria sobre los electos que produce el álcali volátil en*lat 
sustancias animales, por el Dr. D. José Iberti. ' 

Disertación botánica sobre los géneros Tóvaria ActynophylUimy 
Araucaria y Salmia, con la reunión de algunos que Línneo publi*" 
có como distintos, por D. José Pavón. 

Disertación níédica' sobre el cólico de Madrid, por el Dr. D« Ig* 
nació Maria Ruiz de Luzuríaga. 
/ Memoria sobre la ratania, por D. Hipólito Ruiz, 

Memoria solire la legitima calaguala, y otrais dos raices que con el 
mismo nombre nos vienen de la América meridional por el mismos 

Memoria sobre la canchalaguar; su diferencia respecto de la 
centaura menor, y sobre el comercio que se hace de ella en el Pe- 
rú y Chile, por el mismo. 

Disertación sobre las funestas consecuencias del estado de ineiv 
cia del útero, después de los partos que llaman felfees, con los me- 
dios de precaverlas y curarias, por D. Juan Hirigoyli. 

Ensayo apologético en que se prueba que el descubrimiento áp 
hacer potable el* agua del mar por medio de la destilación, s« de- 
be á los españoles, y se propone un nuevo método para desalar 
dicha agua, por cl.Dr. D. Ignacio Maria Ruiz de Luzuriága.. ^ 

Memoria sobre aria diftealtad de respirar periódica^ qué mani- 



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SS8' • M EDÍCI35A 

fte^tUijel iñiujo áñ la lana en el cuerpo hamano, por el Dr. B* Aü-' 
Ionio F'ranseri, . » 

. Por ei año^de 1743, tavo igualmente origen en esta corte 
otra acadeinia denominada N. S. <ie la Esperanza, bajo la 
protección detSermo. Sr. Infante D. Luis, y lá Reina viada 
Poila Isabel Famésio. Fucrou sus fundadores D< Miguel Ro- 
árigu¿f,.D. pedró Bedoya y Paredes, D. JoséPuig, D. An- 
tonio jFerqandc?c de Lozoya/D. Isidro Caballero, D, Miguel 
d^ $an Hariin y B. Francisco Goozalez. . 

Animados estos profesores, daun celo qué les honra por 
los adelantos^ en nuestra patria de loa diversos ramos que 
ednstituyen láeieDeia de (iurar, se ocuparon con asiduidad 
de su cultito; habiendo dado á luz & mediados de este si- 
glo dos tomitós que abrazan tas siguientes disertaciones: 

¿Cur existentibus in tubo rntestinali lumbricis ut piurimuoi pru- 
ritos in aaribtts exciiélur? Responsid á placarissiaio viro Di), Dto- 
míbido Talia. La traducción, ai cas lellauo se halla en el mismo lirí 
bro, á continuaeion del testo latino, 

. . Disertaciotí iisico*médico^aii9tómlca,j^n respuesta de la pre§^un- 
ta hecha por la siociedad médica de la Esperanza: ¿Por qué siendo 
id recular domicilio de las lombrices el canal intestinal, produeea 
picazón en las narices? por el Dr. D. Ignacio Moguél^ la cual me- 
reció el premio en segundo lugar. ''•','• 
• -Complemento de la historia de lombrices, delineado de peden ,de 
la real sociedad médica dé la Esperanza,tporeÍDr* D. Míg^ael Ro** 
érlgttez;' -..-■"'• 

Oración inaugural .que el fír.. D.^ Antonio Fernandez [de Vi- 
Ihil^fernáíndo y Lozóya pronunció á su ingreso segunda vez de d¡- 
réélQj áéáiáxa sociedad médica en i 7,51; probando que la emula- 
ción generosa, como contrapuesta á lachvidia, es la que hace crecer 
y aumentar artes y eienóias. En elogio de la sociedad médica de la 
Esperanza y deeslaqbra, el Dr. D., Antonio Fernandez de Lozoy a 
formó un Parafraxis á loé eltganUnmo$ versos latinos qm^l ^udi- 
^o Urt D* íWbcíwjo Namirrete dio á luz p<fr npéndice de s/iá ejafe^q- 
iapáreñeHoacóml deseo del contí?rcÍO'liierario, en once fruU)8 que 
de i(t sociedad infáleetuetl se cogen, ^ 

' Oración iíiauj^urai én que el doctor D: Anlórtio Fernandez de Lo- 
zoya, el dia i4 de enera de i 754, al ingreso tercera vez dé direc- 
-tor,; procuró, persuadir que el saber,' solo porrser bueno, le ha de 
. ejenctlair con anliislo el estudioso, sin el menor respe tn á ios inte<^ 
reses del mundo. ! : . 

' Disaérfcátibde t»eris,natronibus mecanicis mutatñrun^ et deprasra- 
iotum appeleniittra fóeminarum. A. Joh. Málh. Van-Berhman; . 

Bisérlacipn de las verdaderas razones mecánicas de los apetitos 
invertidos y depravados en las preñadas; traducida al castellana 
ditóndon^e laiiaqiedjad^poF el Dr* 1^* Añ4«úrio Feí nandez dé tot&ya 



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Disertación íkico-^médiea. Respuesta á 1a preg^iinla qtie la real 
sociedad de médicos de la Esperanza ha propnesto á los doctos 
este año de 175^, [K>r I). Banion Brtrnet dé la Selva, presbítero y 

méditifK * * . 

Compendio ó estrado de algunas disertaciones <jue el año - 
de 1761 compusieron varios socios déla espresada aícademia. 

Disertación sobre las enfermedades que en mayor üúmero que eti 
las demás cercanias, acaecieron en la villa de Higuera la Rcaí) y un 
caso práctico especial por el Dr. P. Cristóbal Nieto de la Peña. 
- ' Historia de una jaqueca rara y m<irlal, comunicada' á la real so- 
ciedad por el Dr, D. Félix Anión. .. - ■ 

En. 1757 se eslablecló también en Málaga uoá academia 
titulada de ciencias iiaturaies y buenas letra», de la que ha- ' 
ce mención D. Manael Fernandez Barea, su fundador. Pa- 
rece ftíé aprobada por el consejo real, y en ella leyó el es- 
pesado Barea Abanas disertaciones, que!se imprimieron^ y 
de lascpie se hará mención eil la biografia dé este médico 
andaluz. 

; Varios médicas de Barcelona eu el reinado dp Fernán- 
ideYÍ,&oiicUaroi> la iCundamoa de un nuevo colegioi pre* 
«editando el plan de. estatutos que les fué negado entonces^ 
Posteriormente, ya eutiempo de Garlos III, redactaron las 
ordenanzas del colegio académjéo, cotinpuestas á imitaeioa 

' de las academias reales de España , y de los reales colegios 
de París y Londres; mas temerosos de que esta vez se des^ 
4probaéen 4ambieD,^ solicitaron y obtuvieron licencia para 
reunirse y conferenciar por decreto de 4 de mayo de Í770¿ 
£u I8;de diciembre de 1774, entabíé esta/corporaciofi so- 
licitud de titulo y protección reaU presentando al^fetto 

' auevos éstatutoSt'quefteiaprobarcH] eñ virtud de real cédula 
de 21 de setiembre de 1786. Mereció en el siguiente aí&o 
ípocsus interesantes :ira))aJDS, se la añadiese la cóncesion'de 
poder tu»ir sellb. Los escritos publicados por esta acade- 
mia consisten en doi^^tomos icapresós eñ 1798 que cójitieneá 
las siguientes mernorías: ■ , 

Discurso ¡naugutál sóbrela utilidad y néjcesidad de las acadeiniai 
de medicina práctica^ por elDr. D. Joaquín Bónells* 

Observación dé un télanos, pof él Dril). Pablo Balmes. 

Refltéxíones sobre esta observación, por el Dr. D. Luís Prats. 
. Observación de una enieritís; llia'cortraumál'ca, mortal en pocé 
xijias de treinta horas, porel mismo, . ; * , r . •; 

Reílex iones críticas á íá obsér vacioil ántecedénle, por el Df. Dbi 
Pablo; Balmes.- ,. ,.. . . .\ , , 

, Descripción de pna enrefmedad procedéníe de la tenia, gusano 
Ilamadp vol^arme^t^^pí soIüajtIqi su qrigéni efectos y métotoo mat 



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$eguro para eslei;miaarió, por el Dr. D. Buenaventura Casáis. 

Observación de una niña de cuarenta dias, atacada de^ una cóli- 
ca pictoBum por qI Dr> D. José Ig'n^cio Sampons. 

Reflexiones del Dr. D. Pablo Balmes sóbrela precedente observa- 
ción. • 

Discursos sobre el abuso de dar la quina en las calentaras, por 
e) Dr. D. Simeón Lligoña. 

. Disertación sóbrela utilidad de los vómitos en acunas enfermeda- 
des agudas de las mugeres preñadas, por el Dr. D. Vicente GrasseU 
Observaciones de un picado por la tarántula, por eÍDr. X>. Pedro 
Francisco Domenech y Amaya. 

.Memorial sobre la colocación de^un órgano en una de las salas 
éñ\ hospital de Vich, por los doctores D. José y Antonio Pascual. 

Observación de una mudez afono-espasmódica, por el D^. D. Jch- 
sé Sleva y Mas. ■ ' , 

- Reflexiones sobre la observación antecedente, por D. José Coll. 
Conclusión de la historia de la mudez afóno-esoasdiódica que 
padeció. una religiosa, por el Df." D. José Esleva y Mas. 

Observación Je una disuria hislérico-fibricosa, por el Dr. B. Jo- 
«é Coll. 

Observación de un vómito á veneno, por él Dr. 0. Lorenzo Grasset. 
' Observacion'y reflexiones sobre una asfixia producida pior el gas 
que resulta de la combustión , por el Dr. D. Vicente Mijavila y Fi-* 
/ sonell. 

Observación de una calentura pemphigodes de Hipócrates/ por 
el Dr. D Francisco Sampons, .. 

Discurso sobre el saludable y seguro método de hacer levantar 
de ía cama á los calenturientos, por el Dr. I). José Pascual. 
' 'Régimen dé las viruelas naturales por el aire libre, por el doctor 
B. Cayetano López Vizcaíno. 

Noticia de una epidemia observada en la villa de Ulidecona, 
principado de Cataluña, por el Dr. 0. Francisco Espada. 
: Descripción de la epidemia que^e padeció en la villa de Rosas» 
por el. ür.D. Francisco Suñer», 

i^.^Top^grafla del departsunento deslin^idp para l^smugerés en el 
road'hospjcio de Barpeloná, y epidenjias observabas en é\ en 1787 
y, Í7M> PÓT el Dr. D. Francisco galyá. 

Dlsserlatio de epidémica reb'riümintermillentium conslitullone ah- 
no 1784 grassanle in Algerizensi oppidojfligna vernácula villa AIzi- 
ri^in Valenünp Re<fí>o: auciore Pr* J). Franqisco Llansoí, corónate 
üie¿9^februariiann. 1792. ,. 

Descripción hislórico-épídémica, ó memoria sobre la epidemia de* 
calenturas intermitentes, observada en España el año de 1786, por 
el Dr^ p/Juán Tpvares, á quien fué adjudicado el accésit. ; 

'DfséfWcion sobré él programa propuesto por la real academia de 
Barcelona sobre las bárrelas, premiada por la misma: su .aulor et 
Dr/DJ "Francisco Piguihem. . 

'. Mepaoria en que se indican Jas causas génerates, parlículáres, 
predispó/ienles y ocasionales de las barretas, con los ^ sínípmas que 
acompañan á esta enfermedad, f el método curativo y'presérvalivto 



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\ 



EvSPAfiOLA. 341 

de ella, por el Dr. D. Ramón Ballesler; la que fué premiada con 
el accessil. . 

Memoria premiada por la real sociedad de medicina de París en 
4790, sobo-e las utilidades y daños de los purgantes, y»de la venlila- 
tion en las viruelas, por él Dr. I). Francisco Salva. 

Por úifimo, en el año de 4784 se estableció otra academia 
de cirugía en Valladolid, bajo la protección de la real so- 
ciedad económica de dicha ciudad, y sus estatutos fuerou 
aprobados por el consejo en Í794. Ignoro si imprimió algún 
escrilo» 

FOHDACIOTf DE LOS COIEGIOS DE CIRUGÍA. 

Las revoluciones en la medicinít esterna no han sido mas 
que gradaciones progresivas hacia la perfección. Escasan- 
ciertamente, lentas v oscuras en los pnmitivos y tenebro* 
sos siglas , han servido de crepúsculo con su luz débil y re* 
tnisa^para aclarar por su medio lo confuso, y asegurar lo 
dudoso en los sucesivos. Esto nos manifiesta que ha con* 
lado esta ciencia desde su origen con bases invariables, que 
no ha sido necesario destruir en cada época y volver á es- 
tablecer en otra, como ha sucedido á la medicina interna, 
. cueros constantes y opuestos sistemas la han hecho sufrir 
vicisitudes sin cuento. 

£1 carácter de la cirugía es tal, que un descubrimiento 
guia á otro, un hecho oscuro abre el camino al que lo es 
menos ; lo que es confuso y complicado en un tiempo, se 
aclara, simplifica y perfecciona en otro. 

Penetrado el catalán D. Pedro Virgili, que á la sazón se ^ 
hallaba de cirujano de cámara -de Fernando VI, de la impe- 
riosa necesidad de dar impulso á esta interesantísima parte 
de lá medicina, espuso á S. M. que el medio mas seguro de 
conseguir tan importante objeto, y de arreglarle difinitiva- 
mente de un modo conveniente y estable , era el de crear 
colegios especiales é independientes para su enseñanza. Ha- 
biendo oido con- gusto S. M. esta indicación, después de con- 
sol tarlo con personas de saber y probidad, y de haberse 
convencido del deplorable estado en que se hallaba tati útil 
dencia, eclipsada por la sombra (le la ignorancia , accedió . 
á los ruegos del espresado cirojanQ; rompió las cadena^ qué 
ligaban á esta profesión, y mandó que se estableciese nn co-^ 
legio de cirugía médica en Cádiz para servicio de la marl* 



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Slt ItfiUlGIllA 

na ; dé h»^ nalaralcs de Ultramar. Despaes se instalaron 
€M;ros^ como mas adelaHte veremos, ea Barcelona, Madrid^ 
Salamanca, Santiago, Burgos y M^álaga. A esta determina- 
ción coadyuvaron mocho las continuas y vehementes recla- 
maciones que hicieron por todas parles las sociedades aca- 
déinica^ médicas y fiairúrgicas. 

Las antiguas comunidades de círajanos seguían en el si- 
jglo XVÍlI lo mismo que en el XVI yXVU, esto es, comple- 
tamente desconceptuadas, en suma decadencia» \ sin apoyo 
del gobierno ni de las juntas de cirugía , por Imber dege- 
nerado de su primitivo instituto, y atenídose á un fejercicia 
estraño , indecoroso y repugnante. Desde 17C4 se prohibid 
¿ estas corporaciones la facultad de examinar á sus colegas, 
eonsintienoo ánicau^ente ai teniente de Barcelona que asis- 
tiera, pro-fórmula, á los exámenes de los latinos, pero sin 
tener voz ni voto. Por la ordenanza de >795 quedaron exi- 
midos del fodo^de esta boncurreneia , y aunque se^stable-** 
ció en ella un arreglo mejor de estas commúdades^ no ha- 
biendo TQnunciado sus individuos el anterior empeiío,. sé 
suprimieron, a I fin, por cédula de 6 de Mayo de 1804, d^de 
coya época no se pudieron verificar nuevas agregae¡o[)e&. A 

Ía verdad es bieu sensible que unas rcMnióues tan respeta- 
>les f)or su antigüedad, por el objeto primitivo y esencial 
de su institacion^ y- por el gran número de esclarecidos ci- 
rujanos que las constituyeron, quedasen aniquiladas y pros- 
criptas, cuando aun hubieran podido ser de grande uti- 
Udaé. 

.Con fecha 1 1 de noviembre de \7h8^ dio principio el co- 
tegiomédicQ-quirúrgico de Cádiz. de^Xmeí^o á la instruccioo 
de los f acuita ti vos'que hablan de^rvir en la marina bhU- 
tar. Fué dotado de un director , diez profesores, entre ellos 
un secretario, de cien colegiales internen, y de- todos, los 
medios necesarios, no solamente para la enseñanza de los 
alumnos en todas las partes de la ciencia deeurar,sino 
también para dar solidez y esplendor al establecimiento, A 
este efecto se Je puso bajo la iniíiediata jurisdirciou del mi- 
nisterio de marina, y se escogieron algunos jó\enes distin- 
guidos por su educación en las lenguas sabias, humanida-* 
des y ciencias físicas , que estando mas que medianamente 
versados en la anatomía , fisiología, medicina y cirugia, fue- 
l^n enviados por cuenta del gobierno á perfeccÍ4)narse«n 
Ús cortes estrangeras, debiendo emplearse dci^pues, de pro- 
fesóla ^n la misma ^cuela , como eu efecto se realizó cqü 
los que llenaron las miras del gobierao. ArregíajdOiel w^ 



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ESPAÑOLA, 143 

legio bajo el mejor plaa, j empezadas la$ lecdoaescon log 
mas lisonjeros auspicios, no han ^cesada deáde eaUmcesJo» 
-profesores de este literario establecimiento, de crear facíala 
tatiyos hábiles, de qae se han provisto las^ encoadras /l<« 
departamentos , las islas , las provincias de América y los 
pueblos occidentales marítimos, de la península. Reiteró 
S. M. á la cirugia las gracias concedidas, por telipe 11, ob- 
teniendo ios grados literarios si^s maestros y discípulos, ia9 
^Kencíones y privilegios de facultadínohle, y ia preeniinen- 
da de conferirse en el colegio el bachillerato en filosofía j 
cirngiavj la licenciatura á los que se matriettlaban en él^ 
-con el. mismo valimientQ que si fueran conferido£í én lasfa- 
cuUades mayores (I ). 

Viendo S. M. D. Carlos Til los. felices resiiltados qué ea 
pocos años hahia producido en favor de la cirugía de la i»i< 
mada el colero médico -quirur^ieo de Gádia,.y dcseaodo- 
dispeosar igual beneficio al ejército y á los pueblas, dispon» 
so en 1764, que eí lóismo que había dirigido aquella escue* 
la estableciera otra bajo iguales principios^ en Barcek)^ 
na, en unión coa su cirujano de cámara» D. Pedro Per^ 
chet. 

Luego que Yirgili hubo recogido en Madrid los. últimoa 
suspiros del Bey padre , pasó á la capital de Cataluña, én 
donde animado del ardor patrio, y adornado de un espíri*^ 
tu superior, auiso dar idea de la cirugia y de su nueva ;e$<^ 
¿uela, haciendo constr^iir á espensas del estado ün suntuo^ 
80 y magnífico colegio en lo interior del. hospital generáis 
en donde sobresale el anfiteatro anatómiop por sus buenas 
proporciones y la «comodidad de poderse comunicar iácil^ 
mente con las saláis de los enfermos, y recibir directamente 
los cadáveres. Tomóse al establecer esté nuevo giiíinasio 
de cirugía , la misma precaución de enviar cirujanos jóvc-^ 
nes de^ los mas dispuestos para su completja perfereion á 
París y LóndreSj con el objeto.de que sirviesen igoalmenl^ 
de maestresa su regreso. Fué dotado de un director, *que er^ 
el primer cirujano de cámara del Bey, de un vieedireótoar^. 
cirujano mayor de los ejércitos, de dos cátedráticbs, cira-^ 
janos consultores del mísmo^ y de tres ayudantes, entre lo» 
cuales uno era secretario. En 1795 se añadieron tres susti- 
tutos, encargados dé la secretaria, biblioteca, y dlseceioa 

. (i) . Eeal «nleu de s a de mayo de- r7S8; cap. 14 del regUment» ávt 
colegio de Btpcelaoa de 1760;, cap. 4 de las órdénd» del miimeí col«- 
fio .d« 1764. . ' 



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344 MfiuiciiSA 

aaatóitttca. Puesto )este colegio bajo la protección dé) 09? 
pilan general de la pro\ÍDCta, dotado de cineueiita aluni- 
Bos internos para el serTicio del ejercito, inTéstido de los 
nismos privilegios que el de €ádiz, y arreglado al plan nía» 
conforme que pudo concebirse, dio principio á ^u enseñan*- 
za, y llegó á producir gran número de cirujanos hábiles 
para los regimientoSr hospitales y pueblos de Cataluña, sia 
que havan faltado los suficientes para la cátíiara.de S. M. 
y real familia^ para proveer los nuevos colegios y para las 
plazas mayores del ejército en tiempo de guerra, habiéndoso 
redimido desde entonces la cirugía española de la vergonzo- 
sa necesidad de haber de recurrir á ios estrang«ros (I). 
Asegurado S. M. de los brillantes efectos que producía 
en la marina militar y en el ejército la instrnccion que se 
daba en los dos referidos colegios , y deseoso de que fuese 
estensivo.á todos sus dominios este beneficio ^ á propuesta 
del/duque de Losada, y representax^ion de sus cirujanos de 
cámara D. Antonio Gimbepnat y B, Mariano Bivas, ipandó 
eá el. año de 1787 que se estableciese en esta corte ün 
eolegio de cirugía médica, con la invocación de S. Cárlo9^ 
en memoria de su fundador. Es bien sabido cuánto puedo 
ia envidia cuando continuamente está en aceefio y sabe 
disparar á tiempo sus certeros tiros. Los esfuerzos que ha* 
bian puesto en práctica los enemigos de la cirugía para 
oponerse á la creacion^de los colegios de Cádiz, y Barcelo- 
na» hablan sido insuficientes, para lograr su. objeto^ pero 
esta vez estuvieron á punto de conseguirlo respecto al de 
' Madrid, valiéndose de diferentes }r especiosos prelestos^ 

3ue al fin fueron desestimados , verificándose la apertura 
e la nueva escuela después de distintas reales órdenes; 
Se echó maño paratsatedráticos de los maestros mas ins- 
truidos de las otras escuelas, á quienes sé concedieron 6,000 
reales mas de paga ; fueron creados trece practicantes in- 
ternos para el servicio de la enfermería de enseñanza, 7 
provisto el establecimiento de todo lo necesario, inauguro 
sus lecciones con general aplauso y contento de los aman- 
tes del bien público , desde cuya época se han instruido 
en este templo de la sabiduría esclarecidos facultativos, que 



i (i) ^-Real orden de «a de majo de 1758; reglameolo provisioQftl de i » 
de diotcflibre de 1760; ord. dadas en 4raojue2 i 19 de juaío de 17649 
w de 30 del mismo mei de 1795; y la cédala de 6 de mayo.de 1804. 



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csrAKotA. 345 

ftedíAiuguen por m feliz práctica ^u todoi» los pueblos de 
)a peivinsula (1). 

Los lÍHÓnjeros resultados de los planteles consagrados á 
la cirugía, escitaron tan general entusiasmo, ^ue movió á 
Carlos IV á esteader su iH^néñca* influencia mas directa- 
mente hasta los pueblos de Galicia , Castilla y reino de Leon« 
£n su consecuencia , á solicitud de la r^al juníta superior 
gubernativa de cirugía, y habiendo precedido varios infor- 
mes, dispuso S. M. en 1799, que sé estableciesen dos colé- 
§!osma8,nnoen Santiago de Galida j otro en la ciudad 
e Burgos, siguiendo la planta de ios ya creados, asi 
en cuanto á 4)rofesores, colegiales internos y enfermería^ 
como á biblioteca, anfiteatro anatómico, gabinete patológi- 
co; etc. Mas la esperiencia hizo ver en pocos años , así co- 
Bio lo habla manifestado ya respecto de Salamanca, en cuya 
univeri^idad hubo un colegio de cirugía poco antes de es- 
tablecerse los anteriores, que no eran estos .terrenos los 
mas á propósito para tales instituciones, á causa sin duda 
de circunstancias lócales. Por esta razón, y crevendo ob* 
4;etíer mejores resultados, se suprimieron las d.os últimas 
escuelas, creándose con sus restos otra sobre iguales bases 
y con los mismos profesores en la ciudad de Málaga -, en 
donde prosperó efectivamente; no habiendo tenido efecto la 
real orden de 4 de setiembre de 1824 paya que^ se estable - 
, ciese una mas en Valencia y otra en Zaragoza. 

Antes de esta época, en 1790, había S. M. comisionado 
al primer maestro jubilado del colegio quirúrgico de Bar- 
celona, D. Francisco Puig, para que pasase á Palma de Ma- 
llorca á instalar una escuela provincial de cirugía, que en 
efecto se estableció y continuó su enseñanza por medio de 
tres profesores,, hasta el año de IM? en que quedó supri- 
mida, en virtud de la nueva ordenanza. 

De todo lo espuesto resulta que desde 1748 hasta 1818, 
se crearon en la península siete escuelas de cirugía, nú- 
mero exorbitante si se* compara con la^ que existían en 
Francia, pero no tanto si se considera su grande utilidad y 
reconocido interés. Concluiré advif tiendo que ha habido 
bastante variación en cuanto al número de profesores áe 
cada colegio, modo de enseñanza, sueldos y ordenanzas 
respectivas, basta la cédula de 6 de mayo de 1804, que los 

-*■: • . ::: : ; 

(i) Real órdeo d« ai de mayo, y i3 de julio de .1768-ai de agosto 
de 1774-a.i de mayo de 1776-16 de junio de 177806 de mayo de 1779 
•iiS de á^t'Á de i78« y ai de febrera de 1787. 



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346 MEDICI5Á 

Bojetó á todosá un mismo plan, á escepciondel de Cadi2,qoe 
sena regido tdempre por distintos principios, y que ninguno 
de ellos ha carecido de anfiteatro anatómico y cadáveres 
para disecar, armamentario quirúrgico ma^ ó menos enri- 
quecido de inf^truníentos, cajas de apositos y maniquíes, 
asi para enseñar los vendajes como los partos, biblioteca 
y gabinete patológico; habiéndose cuidado de colocar estos 
centros de instrucción en la proximidad de los hospitales 
mas concurridos de enfermos , para poder imbuir á los 
alumnos en la práctica á la par de la teórica. 

S. 9.* 
Bbforma notable dkl proto-mbdicato en 1780. 

No obstante lo dicho en el tomo I, pág. 255 de esta^obra, 
referente á la formación del proto -medica to^ que suponemos 
no sin algún fundamento debida q los Bey es Católicos, pues* 
to que hasta esta época no mereció en realidad el aomhre 
de tal, cúmplenhs sin embarco consignar en este lugar, ea 
gracia de la debida exactitud histórica, que á pesar de ha- 
llarse envuelto en un denso velo el primitivo origen de esta 
científica corporación, vislúmbrase empero al través de éi 
su grande antigüedad, por varias dispo.«iciones alusivas al 
objeto quese hallan diseminadas en las leyes de partida del 
sabio rey D. Alonso, la« que acreditan que eiistian ya en los ~ 
anteriores reinados sugetos que ocupaban aauel alto puesr 
td. Pruébase igualmente su antigüedad por el contenido del 
cap 7.0 de las ordenanzas que se formaron por ios anos 
de 1 498, que dice: «E por cnanto nos somos informados y 
•sabemos cierto que en los tiempos pasados, á <^ausa de la 
•flaqueza de la justicia y gobernación de estos nuestros rei* 
•nos, se dieron y han dado cartas de exámenes y licencia á 
«hombres indoctos y no suficientes para usar de los dichos 
•oficios^ es nuestra mijrced y voluntad conformándonos 
•con el derecho comuf) y con las leyes de nuestros reinos, 
»que*cxaminená todos ios físicos y cirujanos y boticarios 
• y especieros, aunque primeramente hayan sido examinados 
•por otros cualquier alcaldes que hayan s^idodelos reyes 
»de i^loriosa memoria, nuestros antecesores.» 

Despréndese, pues, de la lectura de este párrafo, que 
desde muy antiguo habia alcaldes examinadores con real 
nombramiento, revestidos de algunas délas facultades pe- 
culiares de los proto-médicos posteriores, 
s Ta hemos visto que lo^ Beyes CatóUcoSi conocedores del 



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ESPAÍiOLA, 347 

lamentable eslado en que se hallíiba la ciencia de curar ea^ 
sus reinos de Castilla y Aragón, y lo mucho que á ello" 
contribuía la divergencia de prácticas en las diferentes pro- 
vincia>s, trataron de dar á todas uüh legislación conforme y 
arrieglada para resguardo de la salud de sus pueblos^ coa 
cuyo motivo reunieron todas las leyes otiles que existían di- 
seminadas sobre los tres ramos de la medicina bajo una so- 
la jurisdicción, que denominaron Proío-medicato^ según las 
pragmáticas de 1477,. 1491 y 1498. 

Posteriormente todos los monarcas dispensaron su pade«> 
rosa protección á e^te tribunal, haciéndole con frecuencia 
grandes y nuevas concesiones, llegando al punto de decla- 
marle esclusivo é independiente por la iíif luencja y gran va- 
limiento en la corte del distinguido médico de -cámara don 
José Cervi; hasta que en el aüo 1780, por mandato' de Car- 
los III, sufrió uita modificación notable é importantísima, 
que le dividió. ^n tres secciones ó proto-medicatos, titulados 
^egun las facultades que comprendían, proío-nieí/ica/o, pro- 
torcinjanato y proiQ'farmaceulieüio^ é iguales todos en ho-> 
noffs, privilegios y goces, sin sujeciou de; unos á otros, y 
bs4^) Ja presidencia de los primeros facultativos de cámara 
de las respectivas facultades. 

, Qüinceaüos después dispuso Cario* IV separar del pror 
io-medicato de Castilla á los cirujanos^ y crear la- real junta 
gubernativa de cirugía. Mas habiendo convenido mas tarde 
en que la medicina ^ cirugía eran una sola é idéntica facul- 
tad, se acordó reunirías en 1799 en una junta denominada 
de Iñfaeultad reunúla^ compuesta de los facultativos de cá- 
mara, que tomaron el nombre de li$kod. E$ta amalgama 
fué tan^ p*>co. durable, que el año siguiente se estableció la 
junta ,de eirugia^ fué creada la de farmacja, y cuatro anos 
después la de niediciña^ con escltiMva separación unas de 
otras, disolviéndose completamente el proto-medicato de 
Castilla, tas oc^irreticias políticas dC£^.klas en lo sucesivo 
dieron lugar eti el ano de 1812 á la supie^ijon de esins tres' 
juntas^ y al restablecimientodeaqtteUi'ibunalsegijn laplan* 
la <|e 1/80. Al. regreso de S, M. de Francia en 1814, supri* 
iftiose nuevamenleelproto-niedicato que babi* sido restar 
Mecido por las^cértes, y se reinstalaron las juntas guberna^ 
tivas dermedieina, cirugía y farmacia roiuQ exinlian ^os 
auosipiíitei^'^latitjeuales permanecieron hasta, el aña 1820, ea 
quefueron disueltas de ni]^vo,vblvienclcii el proto-medicato 
al estado del año. 12y el que dóiró únicamente el tiempo dd 
kcoAslitiicioRf puesen 182desiable<»6elrey la'finismftxñr-» 



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348 MEDICINA 

fanizacioD ea la ciencia, qae le babia dado á m vuelta de 
rancia. 

Prescindiendo de las numerosas causas de tantas y taa 
continuas ^variaciones de protor medica tos y de juntas, estas 
alternativas nos manifiestan, y ios hechos corroboran, que 
lio eran á propósito ni uno ni otro géucíro de gobierno de la 
eienéia de curar, para elevarla al grado de esplendor de que 
es susceptible. En ia introducción del siglo XIX, hablare- 
mos con alguna estension de todas estas vicisitudes, como 
asimismo de la^undacion de la escuela de clínica de Madrid. 

' §.10. 

TORMACION DE U« MO^TE-PIO ÉN MaDBIO DE VIUDAS Y 
PUPILOS DE LOS MEmCOS Y BOTICARIOS. 

En el año de 1780 fué aprobado por el consejo de Gasti" 
Ha el reglamento para tan benéfica y humanitaria institu- 
ción. Empero la falta sin duda de tacto y pericia de los que 
le redactaron , contribuyó á que en fSOO se publica-^ 
se* otro, reformando el anterior. Siinsuficíente babia sido 
el primero, no lo fué menos el que le siguió. ¡Triste y des- 
valida humranidad, cuan tardos y desgraciados son los hom- 
bres en proporcionarte los oportunos auxilios! Los escasos 
caudales con que contaba el monte, se distribuyeron á los 
contribuyentes, quedando exhaustas sus arcas en el año 
de 1823, sin que como prevenía el cap. !.♦> párrafo 14 del 
último reglamento, se dignase adoptar su iunta de gobier- 
no medida alguna reparadora. ¡Ojalá se buniese encargado 
esta junta de la historia de la medicina española que estoy 
escribiendo! ¡Ojalá hubiera reimpreso é ilustrado las infinitas 
y célebres obras de nuestros médicos, dignas dje eterna me- 
moria , que han llegado á hacerse sumamente raras, pan^ 
sando también en la redacción de un periódico científico! 
¡Y ojalá en fin que los productos de estas diversas publica- 
ciones hubieran servido para que las viudas é hijos de fa^ 
cultativos instruidos, y aun estos mismos en el caso de'im* 
posibilitarse, no se vieran precisados á ni^endigar su sustCB* 
to! Séale permitido á un médico que se interesa tanto mas 
por su profesión, cuanto mas abatida y humillada se en- 
cuentra, invocar el genio de ,un economista político, que 
afiance sobre bases mas sólidas é indestructibles ün regla- 
mento de esta naturaleza. ¿Podría acaso imitarse al sistema 
de seguros de incendios de esta corte? ( 1 ). 

(i) Gaando el autor «feribia estaa Unaa», aua no babia tenido efecto la 



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ispaHola; 349 

S. n. 

Epidemiología. 



No menos qae en los siglos qae preceden, tenemos qne 
deplorar en el que nos ocupa las desastrosas desgracias que 
sucesiva y casi cauttnuamente ha sufrido nuestra desventura- 
da Espafia, á causa de las mortíferas pestes y contagios que 
k han afligido y asolado crqelmente. 

Al poco tiempo de ser llamado á ocupar el trono español 
el animoso Felipe Y por defunción de su llorarlos II, se 
suscitaron sangrientas guerras, que trageron , como es con- 
siguiente, en pos de sí todo género de calamidades, y en- 
tre ellas las escaseces, seguidas de terribles pestes, que casi 
dieron principio con el siglo. Anotaremos las mas notables 
que nos refieren los escritores de aquel tiempo. 
- En 1700 la ocupación de la mayor parte del. reino por 
ejércitos beligerantes de diversas naciones, dio origen á una 
calentura .maligna exantemática y contagiosa, de la que re* 
fiere Escobar que habia oido decir á sus maestros, que fue- 
ron taatos los acometidos, que existían barrios cuteros y aun 
ciudades que carecían de personas sanas que les asistiesen. 
(Villailba, Epid. es(). tom. 2.^ pag» 93). La angina Destilen-^ 
cial invadió á los niños con tal furor al principio del siglo, 
que fueron pocos los que libraron bien de ella , á pesar de 
ser t;onocida desde muy antiguo (Bruno Fernandez en sus 
eb^ervactones nuevas, ^ pág. 5). ' 

En el año dé 1705 , apareció en Ceuta una epidemia de 
pebres malignas^ y el concejo de los ciento de Barcelona 
recibió aviso de que habia contagio en la de Túnez, por cü* 
ya razop adoptó al efecto algunas diisposieiones sanitarias. 
lBn4nayo del mismo año se dejó sentir en Málaga una pes-* 
tilencia^ y en agosto se declaró contagio en la isla de Cor* 
deña. 

En 1706 sufrió Granada uüa epidemia, aun no del todo 
maligna, según asegura, el Dr.' Fernandez Navarrete, en su 
pata lit. epiét. \ p. M. 

En 1708 y 1709 apareció en Sevilla y su comarca una epi* 
deíniade fieles maliftna», que poso en consternación» á toda 



fif.in tropea creación de la sociedad de socorras múUioH^qtie tan brillantes 
resúltiidoi ha dado en Qiieslrosdias en pro de U beueméHu clase mcdici.^ 



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8S0 MKDItlltA. 

la, Andalucía . Hubo divergencia de pareceres respecto á su 
cualidad contagiosa^ sosteniendo. los médicos sevillanos que 
no era , ni tenia viso alguno de CíHitagio ; nms dos médicos 
de Granada que pasaron á aquel {niuto de orden de Ja real 
€hai>ciUena, dieron sa diclámcn en sentido enteramente 
contiario; cuya diversidad de opiniones en asunto de tanta 
trascendencia obligó á recunir al proto medícato, elqufe 
convino con los médicos de Sevilla. Esta p<»lémiea dio mar- 
gen á que. se sacaran á luz escritos interesantes, de» una y 
otra parte. Señalóse entré los escritores graiHidhios el dóc- 
*tor D. Diego Villalou, n^dico de aejuell» ciudad, ©. &il- 
vador Leonardo de flores y D. Lui8 Enriquez, médico el 
primero de Sevilla y de Cazalla el segundo, salieron i la 
palestra con un folleto titulado Jotero sin pasión, £1 doc- 
tor Navarrete dké que perecieron en Grafiada treinta mil 
personas de resultas de esta peste , que fué gi'neral en casi 
todo el reino, y que duró hasta eJ aíjo de 17N. .,, 

£n l715.hiibo en Aguiiar deCampoó una eptdeinta de vi- 
ruelas, á la que siguió un contagio peM.ilencial de $0m>* 
iUlo^ que duró Msta fin de dicho .año. Eii el -siguiente, á 
cansa de las continuas y bruscas, variaciones qjnese advir- 
tieron en el referido pueblo, se desarrolló otra epidemia 
pleuritico' catarral^ semejante á las observadas por Daniel 
Senerto en 1580 y 8Í, por Toínás Willis ea 1660, y p4t 
Miguel Etmiilero en 1669. : ... 

£n 17 19 hubo en Asturias uña epidemia de, ictericiav Ja 
que invadió á la mayor partede sus hábitantiss; y enel 
siguiente se padecieron paperas , catarros^: virwflaí^ygrat^ 
ves fiebres epidémicas, según refiere el Dr. Casal en la íf«- 
tor'ia naturm y médica del prinvipado de Ásluriai^ pág 185 
y siguientes/ . 

. Otra epidemia de fiebres maliffnmy mas cruel atin que la ya 
citada del año de 4706, padeció Granada en el do 1722^ ia 
qué presenció el Dr. D. Francisco Navarrcte, según dice 
en su epístola latina. Por este tiempo Plasencia se hallaba 
también oprimida dé otra efiidemia seoiéjai^iftié* 

En Í724 estalló en Jach, Ubéda y Baeza, una fiebre. epi^ 
dériiica en estremo maligna y contagiosa, producida por 
una prolongada esterilidad > el hambre y todo géüer^de 
privaciones. Combatida en sú origen pdr las acertaidas dis«' 

Í posiciones qué se tomaron , y socorrida eu su mayor part€ 
a espantosa miseria de aquellos infelices eoo cuantiosas-su'» 
mas que proporcionó el piadoso Rey Felipe V, termin^ 
i|j¿y lu^egOj sin ctst^nficr sií tiránico po(^erá otras ciudades 



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ISPAKOLA; 851 

de España (Navarrete, pág. 66). Según refiere Casal/ gran 
número de niños en el principado de Ástarias padecieron 
eu este año unos catarros ferinos epidémicos, sumamente 
molestos. Lisboa esperimentó también una epidemia , que 
eailsó térribies estragos en ja parte baja de la ciudad, se* 
gun afirma Sánchez. 

En 1726 acometió al reiuo de Granada una epidemia de 
eatarros, que produjo innumerables iríctinias; privando do 
la'vida al propio tiempo á diez mil niños otra «pideinia de 
ciruelas. En Lebrija, villa de Andalucia, se esperimentó la 
lepra, cuya horrorosa enferihedad^duró hastael año de 1764. 

En 1727, según afirma Casal, fué epidémica la mania ó, 
locüraen el concejo de Piñola. A- la ciudad de Cartagena 
la afUgió^sfceaño otra epidemia igual á la de 1637 (Ro- 
doñ: relación délas epid., pág. 4). • 

En 1726 siifrió Valencia un contagio de. tabardillos^ dice 
Cassés y Xaló {Trid^^e escéptko, pág. 21 1 ). En esíe mispno 
año se padeció en todo el reino uu catarro peiigrosísiino. 
Pedro deBotundis escribió de esta enfermedad una obrita 
con eltítulo de Historia de un catarro ^ofpí;ftítvo.( Escobar). 
- En i7k9 el lugar de Yillarquemado , distante cuatro le- 
guas de Teruel, fué presa de una epidemia general (Villal* 
bá, tomjí2>, pág. 110)/EO Añover déTajo húlM) una. epi- 
demia pestilente, que terminaba en gangrena ó pai*ólidiis. 
. Valencia, Ara^n y grau parte de Castilla fueron invadi- 
das por est« tiempo dé una epidemia catarral (Rivera, tb*** 
mo 1.0, pág. 260 y siguientes). - 

Navarí-ete hace refereuoia de ua contagio catarral, qué 
en 1730 se esíendió con la velocidad del rayo por toda Eu- 
ropa hasta el 'Asia, el que no desapareció sino después do 
muchos años. En lá armada del Excmó. 8r. Pintado hubo 
en este mismo año una gran pestilencia, de la que sücum« 
bieron mas de dos ntil doscientas personas, ofreciendo la 
partíeulafidad de atacar tan solo á los que no hablan es- 
tado en Indias,^ según testimonio de D. Juan de Castell- 
hondo, medico de dicha armada. 

Como ya dejamos^icho en el capítulo que trata de la fie- 
bre amarilla, apareció por primera vez este cruelaiotey 
desoladora epidemia; que vino á aünfíenlár en nueslro fértil 
y templado suelo el catálogo de las infinitas y mortíferas 
enfermedades que le han devastado íen todos tiempos, por 
los años 1730 y 31, dando prí*!Cipio en el puerto de Cádiz« 
como asegura Pía va rrete, y estenaiéndose á otras partes deí 
€Ontíiien|e. £»ta epidemia presentaba entre atros »lntomag 



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V 
3oS HEDSGIIVA' 



dos miiy fútales y desconocidos basta entonces en Espa* 
ila, que eran manchas lívidas, ictéricas, seguidas de un vó-* 
nato negro^ que mataba prontamente. Los médicos españo- 
les conceptuaron á este mal de índole pestilente. Por man** 
dato de S. M. y á propuesta de su primer médico el doctor 
Cervi, pasó un profesor de Sevilla á indagar el orig:enj 
naturaleza de aquella epidemia, el que aseguró que no era 
peste: este juieio parece tranquilizó algún- tanto lia corte 
y aquella parte del reino. Por este tiempo atormentaba 
cruelmente una rerrt¿k dúen/^ria á las costas de Sevilla, 
3Iálaga y á casi toda la bella y feraz Andalucía. 
• En 17^3 hubo en Mallorca una epidemia catarral. 

En 1734 la escasez y carestía general de víveres prodtijo 
en toda la Andalucía y en otras provincias de España, un 
año fatal y lamentable por suj!» muchas enfermedades. Va- 
rios pueblos sufrieron una especie de catarro, tan dominante 
y periinaz, que duró cuatro años. (Escobar, pág. 227). Ber- 
. ga en Cataluña padeció una terrible epidemia oe calenturas 
malignas, complicadas con pleuresías, en lasque{>eligraba& 
mncbo los que hacian uso de las evacuaciones sanguíneas. 
Montalban en Andalucía sufrió también una enfermedad 
epidémica. 

En el otoño de 1735 y parte del invierno de 1736] infestó 
á Asturias una epidemia general de fiebres ardientes y perí- 
neumonias. La irregularidad que se observó este año en las 
estaciones, produjo una epidemia que corrió por gran nú- 
mero de ciudades del reino, desde el año de 1735 hasta casi 
la conclusión del siguiente, la que consistía en fiebres ma- 
lignas petequiales, que terminaban funestamente en gangre-- 
na y parótiaasi Hizo innumerables víctimas. 

Desarrollóse en 1736 en los barrios pobres de S. Boque, 
Cíilzada y S. Bernardo de Sevilla, una epidemia de tercia- 
nas muy peligrosas. Piquer habla de otra epidemia de dolor 
^ de costado, ocurrida en Valencia en los años de 36 y 38. 

En 1737 hubo en el colegio de las niñas de Mortterey una 
rara epidemia de hipos. 

La esterilidad, faltade frutos, carestía, hambre y miseria, 
fueron los seguros y fatales precursores de la epidemia de 
fiebres malijinas catarrales, que en 1 738 sufrió Córdolia, la 
que atacaba indistintamente á sugetos de todas edades, se- 
xos y condiciones. Ecija y varios otros pueblos tuvieron que 
llamentar igual calamidad, que se dejó sentir con mas vio- 
lencia y furor que en parte alguna, en RujaláDce, donde en 
|H>co mas de un mes perecieron mas de mil treinta personas.. 



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ESPAROLA, 35S 

En 1739 afligía á Córdoba, Málaga y otros puntos de An- 
dalucía la miseria mas espantosa, ala vez que una epidemia 
general diezmaba á sus habitantes. 

En 1741 manifestóse en Málaga una epidemia de vómito 
vegro , igual á la que padeciera Cádiz en los años anteriores* 
Poco tiempo después atacó otra á Ceuta con síntomas carac- 
terísticos de peste. 

En 1746, dice Marsilio Ventura, que asoló á Castilla una 
epidemia de vómito negro, la que ofrecía síntomas peculiares, 
tan distintos de los producidos por la fiebre amarilla ó vó-> 
mito prieto^ que no es posible confundirlas. Eran estos: fie- 
bre apenas perceptible en unos casos, en otros bastante vio- 
lenta. Por lo regular al tercer dia se ponia el rostro rubi- 
cundo; se inyectaban los ojos; el calor era acre; la sed nula^ 
moderada ó escesiva; había grande inquietud y á menudo 
delirio; se presentaba hipo, al que acompañaba un vómito 
casi continuo, y gran tensión en la región epigástrica, ad-,. 
quíriendo esta á la vez sensibilidad tan estremada, que no 
podían tolerar los enfermos el tacto del médico al esplorar 
dicha parte; los borborigmos eran frecuentes, y los vómitos 
y cámaras se asemejaban por su color al chocolate ó café 
negro. Algunas veces todas estas evacuaciones eran de san- 
gre naturalj pero cuando esto no se efectuaba , persistían 
hasta el día quinto, en el que morían los enfermos coil es- 
traordinaria inquietud. Seguíase en algunas ocasiones á los 
síntomas, dichos una ictericia que casi siempre era fa- 
vorable y crítica (Suplemento de la Medicina Europea del 
conde Roncali, pág. 470). 

En 1747 fue acometida Huesca de una epidemia de fiebres 
malignas catarrales, y Asturias de otra de ictericias muy 
benigna, apareciendo otra de paperas semejante á la ya ci- 
tada en 1720 , si bien con síntomas mas graves y alarmantes. 

En 175*3 invadió á la escuadra delExcmo. Sr. D. Pedro 
de la Cerda que se hallaba en el puerto de Cartagena de 
Indias,, la fiebre aviarilla ó vóinitonegrOy causando bastantes 
estragos en su tripulación. 

En 1760 hubo en Cartagena unas tercianas contagiosas y 
malignas, que se reprodujeron en el año de 1768 y siguien- 
tes, y causaron los mayores estragos en sus afligidos mora- 
dores (Rodpn, pág. 5). " 

En el año da 1761 apareció en Madrid una mortífera epi- 
zoitia dé perros que circuló por todo el reino; y en el 
de 1763 invadió otra á las gallinas, que hizo gran mortan- 
dad. 

TOMO VI. 23 



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35 i MEDICINA 

En 1761 la guerra de Portugal fue causa de que se ori- 
ginase una fiebre miliar epidémica , principalmeate en Es- 
tremadura , que hizo estragos considerables. 

En 1767 sufrieron Madrid y otras partes de España el ca- 
tarro epidémico, que se esleudió á casi toda Europa. 

En los años de 1779 y siguientes se aumentó de un modo 
cstraordinario en Cartagena el número de enfermos de ter- 
cianas malignas. 

En 1 781 padeció Pasages una epidemia , causada por el he- 
dor insoportable que exhalaban las sepulturas que existían 
en la parroquia de aquel pueblo. Una especie de fiebre ca- 
tarral epidémica que tuvo origen en las playas del mar Bál- 
tico, corriendo después por toda Alemania, Francia, Suiza 
é Inglaterra, afligió este ano á España y Portugal (Carlos 
Mertens, observ. méd, tom. 11, cap. IV). La perniciosa y ab- 
surda costumbre de inhumar los cadáveres en las iglesias,, 
habia producido en diferentes ocasiones graves epidemias, 
y en este año sufrían tanibien tan cruel azote diferentes 
pueblos de la .península, entre ellos Agramun y Villagrasa 
en Cataluña. 

Al fin de este mismo año, después de grandes trastornos 
atmosféricos, fué invadida Pamplona por una epidemia de 
calenturas, que se propagó á Oiite, Vericayu, Andosella, 
Mendavia, Tudela, Puente la Reina , Vidacurreta y otros 
pueblos, la que duró hasta el año de 1787. 

En 1783 se apoderó de Lérida una epidemia, que cundió 
por todo el Llano de Urgel, Campo de Tarragona, Manresa 
y otros pueblos del principado. Pasó á él para su socorro 
tie orden de S. M. Carlos III, el ilustrado profesor Masde- 
vall. Poco después atacó á Tortosa y una gran parte de 
Aragón otra epidemia, á la que también concurrió el es- 
presado médico, obteniendo muy buenos resultados con sa 
nuevo método curativo, que consistía en la mistura antimo- 
nial y una opiata antifebril. 

En 1784 hubo uña muy singular epidemia en Cádiz, que 
se denominó la piadosa por la circunstancia de no haber ne- 
cho ninguna víctima. Pastrana y la mayor parte de la Al- 
carria sufrió este mismo año una terrible epidemia de ter- 
cianas malignas y viruelas, que continuaron por bastantes 
años causando muchas desgracias [Villalba, tom. II. pág. 
454). • 

X En 1785 se desarrolló también en Córdoba otra epide- 
mia de teiTianas que cundió por toda la península. 
Si desoladoras y terribles nabian sido las anteriores epi- 



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mpa!$qla. . 35S 

demias padecidas en Cartagena, lo fué mucho mas ana la 
que acaeció este año, efecto de la escesiva estancación de 
aguas corrompidas en el pantano Armajal. Desarrolláronse 
calenturas malignas en itodos los habitantes del contorno^ 
que fueron en aumento progresivo en setiembre y octubre. 
Solamente en el hospital militar llegó á haber 1496 enfer- 
mos. Lérida padecia á la sazón una epidemia de viruelas^ 
en cuyo tratamiento emplearon los médicos de aquella ,ciu* 
dad con feliz éxito el método del Dr. Masdevall. 

En 479^, á consecuencia, según Yillalba, del desembar- 
que en la Habana de unas fragatas inglesas procedentes de 
América y Filadelña, donde habia reinado la fiebre ama- 
rilla, se contaminó la ciudad de tan cruel dolencia, esten- 
' díéndose al propio tiempo á la escuadra española y hasta 
muchas leguas del continente. Esta epidemia hizo perecer 
millares de hombres. 

Finalmente Cádiz^ Jerez y Sevilla, fueron presa en el últi* 
mo año del siglo de una cruel y mortífera epidemia qua 
introdujo la desolación y el espanto en toda la antigua Bé- 
tica. Sregun opinión bastante fundada, provino dicha epide- 
mia, que no fué otra cosa, según Villalba y otros autores, 
que la fiebre amarilla, del arribo á aquel puerto . de unas 
embarcaciones procedentes de puntos infestados. Solo en 
Cádiz perecieron 7292 personas. Con esta desoladora y ter- 
rible plaga terminó uno de los mas calamitosos siglos qa« 
ofrecen nuestras crónicas. 



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biografías. 



Francisco de Foiiscga Heuriqübz. 

Natural deMirandella, en la provincia deTrasos-montes, 
estudió la medicina en la ciudad de Goimbra , en donde re« 
cibió el grado de doctor. Fqé médico jurado de su pueblo 
natal, y habiéndose establecido después en Lisboa, llegó á 
serlo de cámara del rey Juan 5.o Escribió: 

i •* Pleurieo logia sive sintacma universale de pleuritide , et 
ipsius cur alione ^'in (¡ua dubia multa, ardua ^ difficUia y qum 
circa majora auxilia in acutorum morborum medela passim oc--^ 
curtunt , $ub pleurtiidis nomine lueulenter diloricantur , et ra' 
tionalicalamo dissotvuntúr ; deincepsque omnia remedia^ effiea* 
tissima , expertisnma , pro completa p/eurtttdts medieaiione 
ádamusim enuc/ean^ur , etc. Lisboa *, por Antonio Pedrozo 
Gairam, Í701, en 4.« 

Está dedicada esta obra aí duque de Gadavélense , mar- 
qués de Ferryra y aprobada por el Dr. Antonio Simoens á 
Silva, catedrático de la universidad de Goimbra y médico 
de cárifiara del rey. 

Fué celebrada en verso y prosa por los principales médi- 
cos portugueses de aquella época , cuyos elogios se hallan 
al principio de la misma. 

Todo cuanto se habia escrito desde la mas remota anti- 
güedad sobre la pleuritis, lo reunió este famoso médico 
portugués. Manifiesta en esta obra una grande erudición, 
citando en ella mas de trescientos autores de los de mas 
opinión y crédito entre los médicos. Hoy dia puede ser 
consultada con gran provecho de los prácticos. Merece el 
nombre de una verdadera monografi» sobre la pleuritis. 

2l* Aparium medicó-quimicum ^ ehiruvgicum ct pharma- 
C€u'ticumy ex var'ús practica medicinw floribus ^ seu ctiratio - 
nibuB et obtervationibus tám empirieis^ qnam rationálibus apri^ 
me confiatum: opui egregiiim, Amsterdam,1711| en. 4.* 



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358 MEDICINA 

Divide esta obra en cuatro centurias ^ qae comprenden 
varias enfermedades y los remedios que habia empleado 
para su curación; en una palabra, es el resumen déla 
práctica de Fonseca en el espacio de mas de cuarenta años. 

Pedro Cervér^. 

Médico de Monegrillo y discípulo del Dr. D. José Lucas 
Gasalete, que se jubiló en la cátedra de prima de medicina 
de la universidad *de Zaragoza \ en 1701. Escribió un papel 
con el siguiente título: 

Luz de la razón y rayos de la primera luz. 

£1 licenciado Zunzarren publicó contra este escrito otro 
qae sé supone irñpreso en Sangüesa, por Crispin de Zun- 
zarren , sin año de edición. El Dr^ Cervera hi2o su defensa 
patrocinando al Dr. Gaselete en el Enchiridion noves et anti- 
qua medicines dogmaúca pro euratione febrts fnalignw^ que dio 
á luz el Dr. Lougás en Zaragoza, donde sin diida se impri- 
mieron estas obras. (Véase á Latasa). 

Juan Münoz y Peralta. 

Estudió la medicina en la universidad de Sevilla, en 
donde recibió el grado de doctor, fué catedrático de víspe- 
ras en la misma, socio fundador de la regia academia sevi- 
llana, llegando á ser presidente de ella y médico de cáma- 
ra del rey Felipe V. Escribió : 

Triunfo del antimonio , y contrae-respuesta á la carta anónr-- 
ma aue contra la docta crisis del Dr, D: Diego Maleo Zapata 
produjo el triumvirato de la ignorancia^ la enmdiay la auda^ 
eia y la maíewlencia, Córdoba , por Diego dé Valverde y 
Ley va y Acisclo Cortés de Rivera , 1702 , en 4.o. 

El tilulo deesta obrita mjainiñesta desde luego el objeto 
que se propuso Muñoz y Peralta al escribirla j trata, en 
efecto, ae vindicar al erudito Zapata de las falsas acrimina- 
ciones que sus antagonistas le echaban en cara con motivo 
de la publicación de su crisis^ en la que con gran copia de 
razones prueba los buenos efectos del antimonio en cierta 
clase de males. (Véase la biografía de este médico). 

JüAK Ordoñez de la Barrera 

Presbítero y licenciado en medicina y cirugía ; cirujano 
de cámara de S. M. y socio fundador de la regia academia, 
sevillana. Escribió: 



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«SPAÍÍOLA. S59 

Progi*esoi de la regia acád$m%a seviltana y enehiridion de 
ñdvertenciüi , en que se manifietta el estado que reina «?i todas 
las ciencias i/ artes Jiberales en sus infancias ^ y lo adelantadas 
que están hoif por la industria y trabajo de los modernos, Cór- 
doba, por.Diego de Valverd¿ y Ley va y Acisclo Cortés de 
Rivera, 1702 , en 4.° 

La sociedad regia sevillana tuvo muchos émulos en im 

f principio, y entre ellos lo fueron algunos de los doctores de 
a universidad de Sevilla. Sostuvo cori estos polémicas y con- 
troversias literarias, y después verdaderos pleitos sobre la 
primacia en la presidencia de las consultas. Los clamores 
de una y otra corporación llegaron, hasta el trono; la deci- 
sión real recayó á favor de la academia sevillana , y este 
fué el objeto del escrito de Ordoñez dfr la Barrera , como 
también desvanecer la horrible calumnia que sobre los acá-, 
démicos pesaba , de que los rem,edios nuevos de que haciau 
aso, llamados entonces espagíricos, eran verdaderos. vene- 
nos y mataban á los enfermos á los seis meses ó al año. 

Manuel Pellaz y EspinosjL 

Natural de Ocafia, estudió la medicina en la universidad 
de Alcalá de Henares, en donde se graduó de doctor; fué 
médico titular de Ciempozuelos, Yepes , Huete y la villa del 
Moral; escribió los tratados siguientes: 

1> Defensa y verdadero manifiesto de la via curativa que 
tuvo en la asistencia de doña Mario: del Agtiil{i. Madrid, 'i 752, 
en 4.0 ' . 

Movióle á escribir esta disertación una disputa que tuvo 
con otros dos médicos, y trata en ella de sincerar su con- 
ducta práctica: como sus contrarios no contestaron, no sa- 
bemos de parte de quien estarla la razón. 

2. o Espejo verdadero de cúnsultcts y que con luz participada 
Me los principes de la medicina se manifiesta para utilidad de 
mucAoi.. Madrid, por Isidoro £olomo , mercader de libros, 
4708,én4.<* 

Esta obra está dedicada al conde de Valdeparaisó y apro- 
bada.por los doctores D. Cristóbal Rodriguez de Saayedra 
y D. Pedro Salas j Garcia , y dividida en tre§ discursos. 

En el primero manifiesta la utilidad délas consultas; en 
d sesudo el estilo y forma con que debe procederse en la 
relación de la enfermedad ; y en el tercero el modo como 
han de finalizar aquellas. 

Ademas de dar reglas generales del modo y forma eom# 



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360 MEDIC15A 

han de oondacírse los médicos cq las consultas, apoya la 
necesidad de estas, siendo los males graves, con máximas de 
los médicos y filósofos de la aiitigücdad, y da preceptos 
para indagar la esencia de la enfermeda;! , el órgano que 
padece, las señales mas racionales para conocerlo, su pro- 
nóstico y terminación. 

Es obra que aun lioy dia puede consultarse con prove- 
cho, sin embargo de ser mejor la de Cristóbal Francisco de 
Luque sobre el mismo objeló, y de la que ya heñios hecho 
mención, 

3." Escrutinio frebrilog'io^ prontunrio ó taller que de- 
muestra la individual naturaleza déla fiebre en común; ij con^ 
traída á la razan de maüqna: premene su mas arreglada cura- 
ción. Madrid, por Antonio Marín, 1729, en folio.' 

Consagra esta obra al Excmo. Sr. almirante de Aragón, 
marqués de Ariza, de la Guardia y Armuña, de quien á la 
sazoíi era médico, y lá aprobaron los doctores D. Francisco 
de, Alarcon y Salazar, catedrático de prima en la universi- 
dad de Alcalá de Henares, y D. Tomás Turbica y Oliver. 

La divide el autor en siete capítulos. En el primero pre- 
senta varias opiniones acerca de la esencia de la calentura 
maligna; en el segundo examina cual sea la pausa ó causas 
que puedan motivarla; en el tercero propoiie los signos 
mas especiales á que con el mayor cuidado aebemos atender 
para caracterizarla; en el cuarto refiere todo lo relativo 
al conoctmiento de la partfe afecta ; en el quinto se ocupa 
del pronóstico en estas dolencias; en el sesto propone la 
curación mas conveniente en su concepto; y finalmente en 
el sétimo aconseja los medios mas oportunos para reme- 
diar en cuanto sea posible los infinitos síntomas que sue- 
le n aconipañar á <3stas fiebres. 

Esta obra, aunque voluminosa y bastante erudita, no es 
de aquellas que pueden recomendarse con gran provecho á 
la juventud. 

£s el tratado de calentura maligna de menos mérito que 
escribieron nuestros españoles. La teoría que le sirvió de 
baseffoé la de los ácidos y los álkalis. 

Pedro Büireta. 

Escribió : Libro de medicina y remedios de las enfermeda^ 
des por orden alfabético. Madrid, 1703 , en 4.° 

Es un conipendio sucinto de medicina práctica seguido 
de varias fórmulas por el orden que espresa. Es obra de es- 
caso mérito. . ^ 



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ESPAKOLl. 361 



Pedro José Kodrigüez. 



Se ignora el pueblo de sa nacimiento. Entró en la Com« 
pañia de Jesús, y fué destinado al colegio de Gandia , eo 
cuya universidad estudió la medicina , y se graduó de doc- 
tor en esta facultad; después pasó á Sicilia y fué nombra- 
do censor y revisor regio de libros médicos de aquel reino 
por el tribunal de la inquisición; últimamcatc administra^» 
aor de la botica del colegio imperial de Madrid, en donde 
escribió; 

Apis H'tblea-j utilia pharmaca elavorandi perbrevis metho- 
dus^ neoreticorum usui valde acomódala. Madrid , por Diego 
ftlartinez, 1705, en 4.® 

El libro que publicó este médico español con el título de 
Abeja de Sicilia, ó método muy breve de componer los me- 
dicamentos útiles al cuerpo bumano , dispuesta para «1 uso 
délos boticarios principiantes, es una especie de farmaco- 
pea razonada, escrita en buen latin. Está aprobada por los 
Dres. D. Manuel Arias Fernandez, D. José de Arboleda y 
Ficbago y D. Federico Bottoni, médicos en esta corte; 

Comprende esta farmacopea la composición de algunos 
jarabes simples purgantes, alterantes, de los julepes, elec- 
tuarios, estrados, tinturas, fórmulas magistrales de laqain* 
ta esencia; de polvos; de espíritus y aceites destilados; de 
aguas compuestas; de ungüentos, ceratos y emplastos; todo 
en doce libros. 

MiGüEi. Jiménez Melebo. 

Natural de Sevilla , estudió la medicina en su universi- 
dad , y fué socio fundador de la real academia médica de 
dicba ciudad, familiar y ministro de la inquisición de la 
misma. Escribió; 

Traetatus de generatione el corruptwne , sivó de orluel tn- 
teritu{ juxta selectam m'agisque fandatamin philosopkia doe^ 
trinam; scilicet placilh Hypocratis ^ Galent, AvieencB y el aliO" 
rum principum medieorum sequendo, alque eorum resoluúo' 
nes ao impugnationibus vindicando: ut medid enint assertio^ 
nes tantorum in medicina prinápuñi sequi tenemur ; et philo^ 
sopüicas speculationes suas cum Plalone^ tolius pkilosophim 
paire (eujus ingeniun^ DiviNi nomine decoratum esl)\ et alíis 
preitantisiimis' anliquiiale et doctrina venerandis philbsophü 
conferendOj propugnabimus. Prwsertim ienUntias principum 



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362 MCDIGlflÁ 

médicinm cum ipio academia doctrintB primieerioi cui in iaetri^ 
na principe consonant , et cui primai in philoiophia deferí 
doetorum Aquila^ Sánctisimus Augustinus ^ concillare cona^ 
bitur; cum observationibus opporiunii nova luce et methodo 
ex recenti utriusque catus philosophi et medid philosophia rnu" 
tuatii^ etc. Sevilla, por Francisco de Leefdael , 4706, en 4.* 

Esta obra, que está dedicada al Dr. Zapata, y en la que 
ge baila una epístola gratulatoria dirigioa al autor pcir el 
Dr. D. Salvador de Flores , se divide en las seis disputas si- 
guientes: 

Disputatio 1 .* De ereatione et annihiíatione. 

2.' De generaúone, 

3.» De corrupHone, 

4/ De alteratíone. 

S." De rarefactione et condensatione. 

6,* De nutritione et augmentatione 

Por el título de las cuéstioúes que trata Melero , se ré él 
objeto que se propuso en esta obra ; pero lo hizo de uñ mo- 
do tan metafísico y oscuro , que prescindiendo de no ser 
su libro útil á losi médicos , tampoco lo es para los filósofos 
ni teólogos. 

Se conoce era bombre de imaginación y cultura, y es las* 
tima no empleara estas dotes para escribir sobre un asunto 
propio de nuestra facultad. 

Gregorio de Ra.do. 

T po Gerónimo como lo llama Yillalba ; tradujo del ita- 
liano al castellano un libro titulado : 

J)e la admirable facultad y efectos dé los polvos ó elixir vi^ 
tm^tiue Gerónimo .Chiaramonte y médico siciliano ^ imprimió 
en Florencia el año 4620, conocidos en esta corte por $1 
nombre de lac terree; en el que prueba el. autor concluy ente* 
mente ser estos polvos segurísimo remedio contra cualquiera 
especie de calentura y otro cualquier mal^ fündado,^en las 
esperienáas públicas hechas en Stália, Ñapóles y Florencia. 
MÍadrid, por Antonio Gonzales de Reyes , 1706 , en 4.o 

Bado declara en el prólogo de este libro lo que el autor 
oculta, que es la materia de que se componen estos polvos, 
como también el modo de hacerlos y algunas advertencias 
muy útiles para el uso de ellos. 

El traductor no fué facultativo ; pero se valió de los co* 
nocimientos y literatura del Dr. I), Juaa Félix Fernandez 
Caravaca^ médico dé la realfamilia, dú hospital de U ór- 



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KSPANOLi.. 863 

dea tercera y de cámara delExcrno. Sr. marqués de Astor-^ 
ga; del que trae en su obra traducida una disertación , ma- 
nifestando los buenos efectos que habia observado en su 
práctica con el uso de la magnesia calcinada, mezclada coa 
una corta cantidad del antimonio, diaforético. 

Como remedio'nuevo estuvo en boga ; pero á poco tiem^ 
po ocupó la magnesia un lugar poco preferente en la mate- 
ria médica. 

' ' .' ■ ■ í- 

Felix Palacios. 

Célebre farmacéutico en Madrid, visitador general de las 
boticas de los obispados de Córdoba, Jaén, Guadix y Aba- 
día de Alcalá la Real, socio de ta regia sociedad 'médico- 
química de Sevilla y examinador en el real protomedicato; 
escribió: 

1.® Palestra farmacéutica quimiccgalénicüj en la cual se 
trata dé la elección de los simples^ sus preparaciones quifnicas 
y galénicas 7/ de las mas selectas composiciones antiguas y tno- 
dernas usuciíes, tanto en Madrid como en toda Europa, descri- 
tas por los antiguos y modernos^ con las anotaciones necesarias 
y mas nuevas que hasta lo presente se han escrito tocantes áeu 
perfecta etáboráeionj virtudes y mejor aplicación de losenfer- 
mos: obra muy útil y necesaria para todos los profesores de la 
medicina^ riiédieos^ cirujanos y. en particular voticarios. Dedi^ 
case al Sr, Dr, D, Juan Hiqgiñs, proto-médico de los reales 
ejércitos^ etc.: su autor D. telix Palacios, etc. Madrid, por 
Juan de Sierra, 1725, en fol. 

Cinco ediciones se hicieron de está obra: la primera fué 
en 1706; la que yo poseo y tengo á la vista, es la de 1725. 
Las otras se publicaron en los años de 63, 78 y 92, todas 
en Madrid. 

No ños detendremos en un análisis circunstanciado de 
esta obra. Al principio se hallan cuatro láminas, que repre- 
isentan crisoles, hornillos, cápsulas, etc. , etc. , xjomo instru- 
mentos indispensables para las operaciones químico-farma- 
céuticas. 

Principia con un estensísimp discurso preliminar, en el 
cual muestra el autor susgrande3 conocimientos en las an- 
tiguas composiciones.de su arte y en los adelantos químicos 
qud hasta su tiempo se habían hecho en todas las nacioaes 
europeas. • . 

La divide luego en ciuco partes, eu las qué trata: ly^áe 
la farmacia eageaeral; 2.^ de las mistioaes^ a,<^ dejos tro- 



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364 MEDicmA 

ciscos; 4;® de las aguas destiladas; y 5.* de las calcinaciones. 

En todas estas matcriias, después de csplicar las operacio- 
nes científicas y manuales, nos presenta un gran número de 
recetas, siguiendo á cada una el método. 

Menciona á la pág. 650 de la edición que yo poseo, la 
preparación del fósforo, que es una copia litei^al del proce- 
dimiento pata obtener esta sustancia qué presenta Lemery 
en su Curso .quitnico, traducido anteriormente por nuestro 
Palacios, y al que también hace referencia { 1 ). 

Esta obra, una de las principales en su época, solo pre- 
senta en el dia él interés de la curiosidad científica, y es uno 
de los monumentos del antiguo lujo farmacéutico. 

La segunda obra que salió á luz á nombre de este autor, 
fué una dura y descomedida impugnación al Hipócraie$ de- 
fendido delDr. Boix; la cual, en sentir de algunos autores, 
y entre ellos el presbítero D. Francisco Hurtado y D. Vi- 
cente Jimeno, fué escrita porD. Diego Zapata. Sin embargo, 
hallándose esta obra suficientemente autorizada á nombre 
de este farmacéutico, hemos prescindido délas opiniolies de 
algunos de sus coatemporáneos, tal vez equivocadas, y la co- 
locamos en esta bibliografía. Su título es el siguiente: 

2.0 La farmacopea triunfante de las calumnias éimpostu^ 
ras que en el Hipócrates defendido ha publicado el Dr, D, Mi- 
guel Boix : 8u autor />. Félix Palacios, socio de la real socie^ 



(i) Es ya sabido que en x6oa el bol oñ'és Vicente Casciarolo encontró 
'el fósforo en la famosa piedra llamada de Bolonia, cuyo descubri- 
miento sirvió á Galileo para decidir la ^cuestión sobre si la luz era sustancia 
ó accidente. Licelo, Mencelio y algunos otros escribieron después la histo- 
ria de esta sustancia. Balduinó en su Jurüm aiirea, describió un fósforo in- 
ventado por él, que llamó hermético, Brand, en 1669 según unos, y en 1G77 
según otros, encontró casualmente rn la orina del hombre un fosfuro diverso 
de. los anteriores, vendiéndole áCrafft el secreto; y Knnkel, á quien debia 
este ultimo hacer sabedor de él, supo descubrirlo por sí mismo en fuerza de 
estadio y asiduidad, y tuvo. al Gn la gloria de que pasase á la posiei^idad coa 
tu nombre, llamándose /o{/óro de Kunkel, Boilc noticioso dei descubrimien- 
to, le halló también por sí mismo, participándoselo á la real sociedad de 
Londres en 1680. La acadq^iia de Paris hizo examinar á varios socios de au 
aeno todas las operaciones de los fósforos, y Du Fay en 1730 y Hellot en 
1737 descubrieron^ todos ios misterios con que hasta entonces los químicos 
hablan tenido oculta esta sustancia; p.articularmente DuTay halló muchos 
nuevos cuerpos fosfóricos; esplicó varios procedimientos, y trató magistral- 
mente todn esta, materia (Véase el abate Andrés en su obra Origen dt la li- 
/«r^iruha, tomo 8, {)ág.- 337 y siguientes). ' . 



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ESPAÑOLA 565 

dad de Sevilla , etc. Dedícaselal Sr. D. Claudio Burlete de la 
academia real de las cienciaSy doctor regente de la facultad de 
medidkia de Paris, presidente del real proto^medicato y pri- 
mer médico delReif N. S. D.Felipe V. Madrid, por Francisco 
Martinez Abad, sin año de impresión; pero las licencias fue- 
ron dadas á mediados del ano 1 713, en 8.^ 

En dos partes está dividida esta obra : en la primera trata 
de probar que era falso el título dellibro del Hipócrates de^ 
fendido^ pue3 que lejos de seguir á este maestro de la medi- 
cina, lo destrozaba dando por apócrifas sus do.ctrinas, y pro- 
curando establecer un sistema opuesto al de todos- los mas 
célebres espositores del anciano de Coos. Critica fuertemen- 
te la confianza que tenia én los esfuerzos de la naturaleza 
para sacudir los males; pues que ignorando lo que era esta 
naturaleza^ asi como sus medios y modo de obrar, se confe- 
saba partidario délo que no entendía, y despreciador de los 
recursos del arte oara combatir las enfermedades agudas, 
con gran perjuicio ae la salud humana. Le acrimina asimis- 
mo que en los desórdenes de estas enfermedades , esto es, 
en las diarreas, flujos, sudores, convulsiones, etc., fuese 
mero espectador de estos síntomas, sin que orocurase refre- 
narlos y dejase morir á los pacientes aguareando el socorro 
de la naturdezá. Por último, trata de manifestar que en to- 
da la obra de Boix no hay cosa que íio sea hurtada, y con- 
cluye combatiendo la secta scéptica, que en sentir de Pala- 
cios era la de aquel autor. 

En la segunda parte se ocupa de la farmacopea y de su 
necesidad en la medicina; dice que la antiiKítia que mani- 
festaba Boix por las composiciones farmacéuticas , ungüen- 
tos y emplastos , nacia de su ignorancia; alaba las confec- 
ciones de alkermes, jacintos y cordial gentil, asi como las 
composiciones de las pildoras y otros medicamentos para 
determinadas enfermedades; con lo que concluye ^u obra, 
dando en esto una, prueba evidente de su impericia,, pues 
que encomia composiciones tan monstruosas y desaprecia- 
bles. 

El estilo es descortés y acre, y su crítica, mas para irritar 
que para convencer, llegando á tal punto la exaltación de 
este larmacéutico, que reta á Boix en el colegio imperial pa- 
ra defender alli en pública palestra lo que llevaba escrito 
coatra su obra, en presencia de los doctores déla corte, el 
día que gastase señalar; ofreciendo probarle que ignoraba 
la filosofia democrática de Hipócrates, por cuya razón vitu- 
peraba la anatomía, y que no habia entendido la farmacia 



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366 MEDiGIHÁ 

galénica, ni tampoco la química, y que por esto la despre- 
ciaba (1). 

Esta fué la razón sin duda porque el joven Martin Martí- 
nez acudió á defender al anciano Boix, retando á su vez á 
los que maldecian de su juiciosa práctica v opiniones, como 
pucae verse al principio de la obra del aipócrates adarado 
del mismo Boix, 

Al ver la crítica mordaz de este farmacéutico asalta á la 
imaginación la desconsoladora idea,.de que no solo son ene- 
migos de los médicos sus mismos compañeros, sino tam- 
. bien ioH legos en una profesión tan difícil de conocer y pro- 
fundizar como lo es la medicina. Hay cosa mas ridicula que 
retar un boticario á pública lid á un médico anciano y es- 
perimentado como lo era D, Marcelino Boix! 

3.^ Curso quimieo^ en el cual ss enseña el modo de hacer 
¡as operaciones mas usuales en la medicina^ con reflex'wnes.so^ 
bre cada operación para la instrucción de los que te quieran 
aplicar á esta ciencia-^ escrito en idioma francés, por Nicolás 
Éemerif^ doctoren medicina^ etc, traducido en casieltano por 
D. Feilx Palacios, etc. Dedícase al Sr. Dr, D. Juan HiggmSj 
protomédica de los ejércitos' tf principado de Cataluña^ ete, Es' 
la tercera edición lleva todas las adiciones que el autor ha hecho 
hasta la nona edición, y algunas del traductor, Madrid, por 
Manuel Boman, 1721; en fol. 

No se debe estrañar diga el autor ser esta la tercera edi- 
ción de su obra, si se atiende á que hace referencia á las 
dos que anterior y furtivamente habia hecho de la suya, 
titulada, Florilegio teórico-prác tico , D. José Assin , á quien 
trata de impugnar por semejante proceder. 

Precede á la obra de Palacios un estenso y filosófico dis- 
curso del Dr. D. Diego Mateo Zapata, en alabanza de ella 
y de su autor. Trae después cuatro láminas, que represen- 
tan varios enseres farmacéuticos, aumentados, según él mis* 
mo dice, con los de' su Palestra química. Sígnese á estotin 
largo prefacio en el que se propone demostrar que el 'refe- 
rido Assin se habia apropiado el curso de química de Le- 
ñiery sin siquiera citarlo; y para probar su aserto, ana- 
liza varios párrafos de la obra de Assin, haciéndole veríno 
ha sabido usar de las voces con propiedad ni interpretar 
las ideas en su sentido genuino. £1 resto de la^obra es una 



([) Tóasela úllíma plana del prologo d« «sta obra qii« analizamos. 

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espáAolá. 367 

traducción dé la publicada por Lemer j, á la que aumentó 
er autor algunas observaciones propias. 

Pedro Acevedo. 

Aunque doctor y catedrático de la facultad de medicina 
de París, su apellido me hace sospechar que si no fué espa- 
ñol, era oriundo por lo menos de España. Escribió: 

i / Un discurso latino sobren la utilidad de la esperiencia y 
la vanidad de los raciocinios. París, 1707. en 12.® 

Esta oración la pronunció el autor el dia 21 de noviem- 
bre de 1706 en forma de discurso inaugural á la apertura 
de las escuelas de aquella universidad. Demuestra en ella 

3ue la esperiencia de que trata es muy diferente de la que 
icen tener los charlatanes , y finaliza su discurso haciendo 
el elogio de Fagon , primer méfiico de Luis XIV. 

2.* ¿Án in inflamationibus^ kermes minerale? París , 1733, 
en !.• 

Acevedo sostiene en esta obra que no debe emplearse el 
kermes, indistintamente en cualquiera inflamación, contra el 
parecer de Helvecio , y que 16 cree muy eñcáz en la de las 
amigdalas, usándolo con las precauciones convenientes. 

Boix y Moliner en su Bipóerates aclarado , desde la pág. 
273 hasta la 303, trae una carta.en español en alabanza de 
sus escritos, y otra en muy buen latín en el mismo sentido; 
tas dos del Dr. Acevedo; 

A5ÓNI0IO. 

En los primeros años del siglo apareció en Granada un 
cuaderno HS. que tenia por obieto afirmar que todas las 
enfermedades se curaban bebiendo desmesuradas cantidíades 
de agua natural, y previniendo que aunque sobreviniesen . 
achaques por ello, no se debia desmayar, sino al contrario, 
serian un niievo motivo para seguir bebiendo. Pasaron 
alguuos años y este mismo papel empezó á, circular de 
nuevo, ño yá manuscrito, sino impreso y con^sus licencias 
necesarias, y el cual llevaba por título: ' * 
Remedio universát del agua natural medicinaL 
Esta fué la centella que muy luego prendió fuego por 
toda la península y ocasionó el incendio de la mas ruidosa 
controversia que ha habido entre los médicos españoles. £1 
Dr. Navarrete para bien dé la humanidad y con el fin de 
servirá BU patria, eomo él mismo dice, se apresuró á de- 



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368 MBDIGIRA 

mostrar al público el riesgo que corríaa los desdichados 
enfermos qué por amor á la \ida se entregasen en manos 
de tan perniciosos sistemáticos. Ué aqui la pintura que nos 
hace de ellos, del método y gobierno ele aquella nueva prác- 
tica, que no ya en el \xx\¡iq sino entre los mismos médicos 
habiá hecho sus mas decididos partidarios. 

«Luego que es llamado el doctor y resuelve seguir esta 
curación, empieza á dar al enfermo dos ó mas cuartillos de 
agua fría en ayunas , lo mismo al medio dia, y otro tanto á 
la tarde, con letra abierta para añadir lo que quisiere entre 
el dia, cuando y á las horas que gustare ó estrechándole 
el orden por algunos días, en que le hacen beber cada dos 
ó cada tres horas, quitándole por entonces la comida; con 
prevención, que la que bebiere al irá dormirse es la mas 
segura, tln los dias subsiguientes se vá aumentando la can- 
tiaad. Si el enfermo pierde la gana de comer, Je diccu 
que es bueno; le cercenan la comida , ó se la reducen á 
solo caldo, dándole mucha agua fria antes, y mucha des- 
pués. Si le vienen muchos cursos , aunque vean una total 
relajación dicen que es bueno; y que aunque el estómago 
dé nmestras de total debilidad y enervación del ácido fer- 
mentativo, es bueno para beber mas. Si viene gran debilidad 
de pulsos, ó nervios, falta de sueño, impotencia en las accio- 
nes naturales vitales y animales, dicen que es baeiío, y que se 
beba mas. Si se hincha el hígado, el bazo, el vientre, las pier- 
nas ó el todo , dicen que es bueno , y que bebiendo mas se 
quitará. Si sobrevienen sudores frios, sincópticos, dicen que 
es bueno, y que se beba mas. Y finalmente, si se muere con 
ello (coíno na sucedido á muchos) dicen que fué porque no 
pudó beber mas, ó porque viéndose en el último estremo, no 
quiso beber en las agonías déla muerte. Y es cosa rara que 
aunque vean suceder los efectos contrarios á lo que buscan; 
y que en lugar de humedecerse latiabeza se pierda el sueño, 
en lugar de espeler el agua , se detiene la orina , etc. , insis - 
ten é insisten , y aun amonestados insisten! j». (!).>..... 



(t) Navarrete eú su obra El Nereo, pág. 5o. 



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ispañola. 369 

Cbistobíil o£ Boleda. 

Kataral de la villa de Tárrega, en el principado de Cata^ 
laña. Recibió el grado de doctor en medicina en la univer- 
sidad de Lérida, y escribió: 

Cuestión médico ^meral^ en que resoiutim y sólidamente $e 
4lisputa qué tiempo sea el oportuno para administrar la estre- 
ma-unáoñ-j y se defiende ser en el que ei médico ordena el ma- 
rico al enfermo, Sevilla, por Lucas Martin de Herniosilla. 
No empresa el año de su impresión^ pero la licencia está da- 
da en 28 de febrero de 1716. 

Después de la dedicatoria y aprobaciones correspondieo- 
tes, se hallan dos décimas de D. Sebastian Martin de Her- 
irera, y doce octavas de D. Juan de Enctso, en elogio del 
autor y de su escrito. 

Manifiesta Boleda en él la sagrada obligación que todo pro- 
fesor coatrae al recibir la investidura de tal^ de disponer se 
administre ei Santo viático á ios enfermos de dolencias graves 
que pueden comprometer su vida^ según sabiamente se pre- 
viene en la mayor parte de las sinodales de los diferentes 
obispados de España, y quiere que en seguida se adminis- 
tre también la eslrema- unción para que produzca la salva- 
ción del alma y la del cuerpo si conviene, como dice nues- 
tra santa madre la Iglesia. 

Miguel Marcelino Boix y Moliner. 

I(atural de las Cuevas de Vim-Roma, en el reino de Valen- 
cia. Fué alumno del insigne colegio de San Gerónimo de 
los trilingües de Alcalá de Henares, en cuya universidad 
estudió la medicina , y llegó á ser catedrático de cirugía en 
la misma, socio fundador de la real academia de Sevilla y 
médico honorario de cámara de Felipe V. 

En los primeros años que ejerció la facultad, conociendo 
lafalta que en muchas ocasiones podia hacerle la cirugía 

tráctica , determinó suspender por algunos meses la de 
I medicina y pasar al hospital general de Madrid á esta- 
tudiar aquella con D. Pedro López y D. Pedro de Castro, 
sus dos cirujanos mayores. Pero de esta acción tan digna de* 
alabanza le resultó un grande encono y terrible persecu- 
ción, pues tanto los médicos como los cirujanos, dieron en 
desacreditarle: los unos viéndole ejercer la cirugía decían 
que era buen cirujano , pero corto médico, y los otros le 

TOMO VI. 25 



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a70 MEmCINA 

alababan de buen médico, pero mal cirujano. Áñadíaseá e^ 
ta circunstancia el seguir nuestro Boix á Hipócrates en un 
todo respe,cto al tratamiento de las enfermedades , huyendo 
siempre del fárrago de recetas, y dando el debido lugar á la 
naturaleza, cosa que no acomodaba á los profesores oe aquel 
tiempo, que observaban un método diametralmente opues- 
to. De esto nació que el año de 1708 en que contaba 62 de 
edad y 44 de práctica, tomase la pluma y diese á larun li- 
bro, en el cual se propuso defender las doctrinas de Hipó- 
crates. Inmediatamente le impugnaron algunos médicos de 
los mas célebres de Madrid, como lo fueron.el Dr. Zapata 
con el nombre de D. Félix Palacxo$ en su Farmacopea triün- 
f.ante; el J>r. Corral en su Hipócrates vindicado; el Dr. Diaz 
en su Hipócrates desagraviado^ y el Dr. Leyza en su Censu- 
ra contra el Dr, Bóíx.'E&Ibí fué utia de las disputas médicas 
mas ruidosas que ocurrieron en este siglo, y que si bien fué 
sostenida con bastante literatura , se deslució, sin embar- 
go, por la acritud y enojo con .que impugnaron la obra de 
nuestro valenciano. 

No caredó este profesor de otros que saliesen á su defea^ 
sa. El primero fué D. Francisco Hurtado gue bajo el nom- 
bre de Dionisio Buarte^ dio á luz una obrita titulada, Cen- 
sura contra Leyzay la cual tuvo tanta aceptación, que ha- 
biéndose juntado la real sociedad de Sevilla para haber de 
salir á la defensa de uno de sus socios como lo era Boix, 
después de un maduro examen, resolvió que no era necesa- 
rio, en atención á que la Gsnsura de Hurtado era suficiente 
para persuadir que el libro de Boix estaba todavía por im- 
pugnar después de tantos escritos (Ij. 

No obstante esto, el autor publico otro libro en defensa 
de sus doctrinas, querrán las bipocráticas, como queda ma- 
nifestado, y que tituló Hipócrates aclarado. Pero esto mismo 
hizo volver á encender la disputa, puesqu» el referido doc- 
tor Diaz, imprimió dé nuevo una obra titulada Hipócrates 
entendido j y á la cual contestó el Dr. D. Gerónimo Monte- 
ro de Espinosa, con El Boixiano inexpugnable ^ que como 
se deja traslucir por su título, sostuvo el sistema de Boix, 
aatisiaciendo á la impugnación de sus contrarios. 

Por último, esta disputa acreditó Jas obras de Boix, y 



(k) Véase á Jimeno, tom. IT, foí. [99 y 193. 



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fueron aplaadida;;, no solo entre los médicos españoles^ sino 
también entre los de Paris, y entre otros por el Dr, D. Pe* 
dro Acevedo, español y profesor de medicina en las escae* 
las de aqnelia capital, el abad Rignon , Fagon, médico de 
calmara, Dofreny de Biviere y otros, y hasta la misma acá* 
demia de ciencias de aqaella corte. 

f^as obras de Boix son las siguientes: 

1.^ Hipócraiei defendido de loi imposturas y cahíínnia^ 
aue algunos médicos poco cautos le imputaUy én particulmr en 
la cuf ación de las enfermedades agudas , pues hasta ahosa to^ 
davia se ignora cómo las curaba: eon sola la exposición ó eo^ 
mentó del primer aforismo ; vita brevis, ars vero lohga^ etc; por 
el Dr. p. Miguel ílarcelino Boix y MolineTy ete.^etc: dirigido 
al Sr. ' D. Pedro Cayetano Fernandez del Campo Ángulo y 
TélascOy marqués de 'Mejoraday etc. Madrid, por Mateo Blan- 
co, 1711, en 4.® 

El objeto de esta obra es persuadir á los médicos que de^ 
jasen de purgar, sangrar y hacinar remedios en las enfer- 
medades agudas, que la mayor parte de las veces terminan 
por crisis, á menos que la plenitud ú otro síntoma indique 
por sí algunos de estos remedios; y que desistiesen de ser 
guir aferrados al sistema de Galeno, procurando hacerles 
entender, que tanto la medicina como la cirugía deben fun- 
darse en la observación atenta de la naturaleza, y que las 
enfermedades sou como las heridas, que con solo quitarles 
los cuerpos estraños é impedirles el aire, lo demás lo ha- 
ce la naturaleza. En una palabra , manifiesta que asi como 
el método de César Magato, del cual era partidario (1)^ debe 
seguirse en la cirugía; del mismo modo debe procederse ea 
la terapéutica médica. 

Conocido ya el intento de la obra, diremos que su parte 
material está dividida en nueve capítulos en la forma si- 
guiente: ' 

En el primero empieza comentando la primera parte del 
aforismo de Hipócrates mía brevis: en el segundo ars vero lonr 
ga: en el tercero oeasio prasceps: en el cuarto experimentum 
perieulosum: en el quinto judttium difieile: en el sesto non so- 
lum se ipsum prcestare oportet: en el sétimo sed et asgrum: en 
el octavo et asistentes, y en el noveno eí exteriora. 



(k) Mejor hubiera sido qoe dige»ed« nuestros Arcro é Hidalgo de Agüe» 
ro, que fueron antes que César Magato, los primeros en el método de cu- 
tu U» heridas por la vin séca. « 



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372 MBDICIWA 

Después de una larga y sostenida controversia, suscita^ 
da, como queda dicho, á consecuencia de esta obra, volvió 
el autor á tomar la pluma á ios 70 años de su edad, no pa- 
ra contestar á las personalidades y denuestos de algunos de 
sus émulos, sino únicamente para aclarar sus doctrinas, lo 
que con efecto hizo en la siguiente obra: 

2.° Hipócrates aclarado, y sistema de Galeno impugnado, 
for estar fundado sobre dos aforismos de Hipócrates uo bien 
entendidos, que son el tercero y veintidós del primer libro; por 
el Dr, D. Marcelino Boix y Moliner, etc; dirigido al excelen- 
tísimo Sr. D. Pedro Caijetano Fernandez del Campo^ eta. Ma- 
drid, por Blas de Villánueva, 1716; en 4/ 

Principia esta obra haciendo tres advertencias. En la pri- 
mera averigua el autor quién fué Hipócrates; en la segun- 
da inquiere qué libros de los cincuenta y cuatro que 
corren en su nombre, eran legítimos hijos suyos, y en la 
tercera descubre el ingenio y arte con que Galeno compuso 
su sistema. 

Con respecto á la primera advertencia, trae la historia de 
la vida de Hipócrates, en la cual recogió el autor cuanto se 
hahia escrtto de este griego. 

En cuanto al juicio universal de las obras de Hipócrates, 
dice Boix que todavia se ignoraba cuántos fuesen los li- 
bros que dejase escritos, y liaciéndose cargo délas razo- 
nes de los ique habian tratado de este asunto, considera co- 
mo obras genuiíias suyas, los pronósticos, los aforismos, el 
libro l.o 1/ 3.0 de las epidemias , el de aires, aguas y lugares, 
el del juramento, las cartas dii fin desús obras, y el libro de 
Lege, aun coando Galeno no lo noiiibraba, y Marciano y 
otros lo negaban. 

Por último en la tercera advertencia principia con la 
biografia de Galeno, y concluye con poner de manifiesto el 
ingenio y arle con que compuso su sistema, para hacerse 
principe de la medicina y embaucar á los mélicos con su 
teórica y práctica, logrando embelesar á sus discípulos cerca 
de 1700 años con sus ciemenlos, temperamentos, humores, 
sangrias, purgas, derivaciones, revulsiones, etc.^ en que se 
funda su sistema y terapéutica. 

Entrando después en el objeto principal que se propuso 
al escribir esta obra, la divide en dos partes: en la primera 
comenta la sentencia tercera del libro primero de los aforis- 
mos, en la cual fundó Galeno la primera columna de su sis- 
tema, que es la sangría. En la segunda comenta la sentencia 
2^ del libro 1.^ de los aforismos, que es la segunda columaa 



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£SPAÑOT:.A 373 

de la terapéatica del médica de Pérgarno^ cual es U fmrga. 

Probar que Hipócj^ates usó de pocos remedias ea las en- 
fermedades agudas^ contentándose con la dieta y dejando 
obrar á la naturaleza; probar asimismo que aquel griep:o 
uo hizo mención en sus libros de 1^ purga y sangria cuando. 
se debia aguardar una crisis favorable; que solo en los ca- 
sos especiales de plenitud ú otros accidentes se debia usar 
de las emisiones sanguíneas y de los purgantes^ pero no co- 
mo y cuando Galeno pretendía; es el objeto que se propuso 
Boix, asi en esta como en la primera obra que publicó. 

Concluye pues este libro comentando la. célebre bistoria 
de Fullon, y esplicando la turgencia en aquel mal por el es- 
eesivo síndrome de accidentes que se presentaron' en el mo- 
mento de establecerse la calentura, aprobando la conducta 
de Hipócrates en el fuerte medicamento que administró, é 
impugnando á nuestro Valles,. que al hacerse cargado este 
mismo caso confiesa que lo que intentó Hipócrates con Fu*» 
Uon, de ningún modo lo hubiera ejecutado él. 

Al final de esta obra de Boix se hallan varias cartas de til- 
gunos médicos parisienses en alabanza de ella. 

^Ojalá que el método, el estilo, el papel, la impresión, la 
oftografia,. y basta el mal gusto del retrato ó efigie de Hi- 
pócrates, puesta al frente de esta obra, no deslustrasen la 
belleza é importancia de sus muchas y profundas adverten- 
cias prá ticas! (I). 

Por último. airemos para concluir esta bibliografía, que á 
Boix se le debe considerar como á un consumado práctico, 
y uno de los mejores comentadores de Hipócrates;, pues 
aunque en realidad no comentó sino dos ó tres de sus afo- 
rismos, como también la historia de Eullon del libro sétimo 
de las epidemias, lo hizo con tanta claridad, y vierte en sus 
escritos tau numerosas y saludables máximas, que se le pue- 
de disimular lo humilde y desaliñado de su estilo y hasta lo. 
bárbaro de su latin. 

' Miguel Andrés Romero. 

Bíédico en la ciudad de Sevilla, escribió. 

Mem&rial antihéctico al tribunal de Apolo: su autor el doc^ 



(r) Lé^se e\ diario de lii «ratos de España acerca del juicio que ha d« 
formarse de las obraa de Boix. 



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371 mediciha 

líH* D. Miguel Andrés Romti*Oy quien con médico y debido e«ib 
solicita et mas conforme rumbo de curación en las habUtiales 
fiebres^ que con tanta frecuencia se esperimentan en esie clima 
de Set^illa. Dedícalo al Dr, D. Juan ]uuño% y Peralla^ catedral 
tíeó en la fctcultad médica en esta universidad^ etc., etc. Sevilla^ 
por Francisco de Leefdael, 1711, en 4.* 

Esta obra consta solo de 92 páginas* 

Define la calentara héctica diciendo qae «es un moví- 
»ttriento preternaturalmente desordenado, espansivo, y sin 
»intertnisiotí permanente de los humores circulantes ó ma- 
9sa sanguínea, inductivo de calor exedente , j sequedad 
iimorbosa.» 

El autor presenta la opinión de cada uno de nuestros anti- 
guos médicos en la materia, jr se inclina á creer que la causa 
eficiente de este mal consiste en una alteración de los princi* 

Sios constitutivos de la masa sanguínea, notando con lucas 
!oziqtte la sangre de los hécticos es mas disuella, mas fluida 
7 por consiguiente se coagula con dificultad. 

Con respecto al método curativo asegura desde lue^ que 
no puede darse uno que sea general á todos los individuos, 
7 mucho mas cuando esta calentura suele provenir de dis- 
tintas causas. En lo general aprueba las sanarlas , los re- 
frigerantes 7 humectantes, los aesobstruentes cuando haya 
Terdadera indicación, los sudoríficos en casos particulares, 
deteniéndose alaun tanto en el tiempo y modo de tomar los 
referidos antihécticos, y concluyendo con algunas ligeras 
consideraciones respecto de la elección de médico. 
No debemos detenemos n^as en este análisis. 

José Ássm T Palacio db Oiyooz. 

Farmacéutico en Zaragoza, individuo del colegio de bo- 
ticarios de dicha ciudad y visitador de las boticas de Ara- 
gón, escribió. 

t / Florilegio íheórico-prácticOj nuevo curso quimico en que 
H contienen cuatro reflexiones generales: la primera sobre la fí- 
sico-mecánica formación de los principios inmediatos ó próíci- 
mos de los mixtos; y las otras tres sobre los reinos mineral^ ve- 
getal y animal, con muchas curiosas nuevas operaciones quí^ 
micas, y sobre cada una su particular re flexión, etc. Ven esta 
segunda y nueva impresión le dedica Francisco Laso, mercader 
de libros, al doctísimo, novilísimo é tilmo, real tribunal del 
proto-medicaío de España^ etc. Madrid, por Antonio González 
de Reyes, 1742, en 4. o 



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BBPAtoliA. 375 

Ignoro caando se dio á luz la primera edidon deeita obra, 
que está dedicada al colegio de boticarios de Zaragoza. 

Si DOS hemos de atener á la terrible crítica que de esta 
obra bízo D. Félix Palacios (1), debemos considerar al au- 
tor como un simple plagiario. Nos abstenemos sin embargo 
de emitir nuestro dictamen, pudiendo fácilmente el lector 
comparar por sí la obra de Assin y ladeLemery. La de 
aquel es un compendio de química. 

Palacio ofreció también, según él mismo dice en el pre-i 
fació, otra obra mas lata, la que sin duda no llegó á publi-. 
car. Dice asit ...... para que prosiguiendo el literario curso, • 

»te ofrezca breyemente (como te doy mi palabra) obra mas> 
•dilatada, que con reflexión, cordura y tiempo esorita, lle- 
gue gran parte de tus insondables literarios deseos.» 

2.^ Eximen de la verdad en el tribunal de la razón.- Defensa 
de la triaca moderna en la mejor fábrica de ios trócheos de ví- 
boras ; respondiendo á la impugnación que hace la consulta en 
defensa de la antigua. Zaragoza, por loe bereder^B de Diego 
de Larumbe, 1724, en 4.» 

Con motivo de la cuestión suscitada por algunos farma- 
céuticos del colegio de Zaragoza, sobre si habia de supri- 
mirse ó no en la composición de la triaca magna la cantraad 
de pan pulverizado, que según la antigua fórmula eontema»; 
el autor sostiene en esta erudita disertación la conveniencia' 
de efectuar lo primero <;omo se practicaba en las boticas de^ 
esta corte. 

Francisgo Lbizai 

j 
. Ignoro las circunstancias biográficas de este autov. Solo 
sé que fué doctor en medicina» catedrático en la ubiversidadí 
de Alcalá, y que con motiva de las disputas que suscitó •el- 
doctor Boix sobre la interpretación de Hipócrates relativa- 
mente á la sangría y purga en las enfermedades agudas, fué 
de los primeros que impugnaren sus opiniones y sistema en 
un folleto que tituló: • 

Censura contra el Dr, Boix, 

No tiene afto ni lugar deimpresion. - 
' No fué el Dr. Leyza un gran campeón en esta contienda, 
de la que ya hemos hablado en la introducción á este siglo. 
Su obra no merece llamar la atención ni que nos detengat- 
mos en analizar sus argumentos. Criticó el Hipócrates defen- 



(i) véale M biograAa. 



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376 MEDIGISA 

dhto de Boíx,BÍn. perdonar los yerros dé imprenta; quéjase 
de que su autor no sif2;uiese la filosofía peripatética; le cea-- 
Mira gue hubiese hablado mal de los uialos médicos;, llam» 
priucipios firmísimos y ciertísimos de todas las cesas, la 
iríflldad, calor, humedad y sequedad; pretende demostrar 
las contradicciones en que cayó Boix en su obra, y este es 
sin duda el empeño esencial que se propuso en su Censura. 

Entrando luego en el asunto principal del libro de Boix, le 
arguye Leyza diciendo quesu oposición á lassangrias y pur-. 
gas dimanaba de que Hipócrates ño dijo que sangró ó pur- 
g6en todas las enfermedades agudas, y porque no lo espresó 
en muchos casos,, infería él que en todos debió abstenerse.. 

Con venia conBoixeaqueel médico debía ser el ministrode. 
la naturaleza; pero decía que no estaba conforme en el modo,, 
porque debía ser ministro con ejercicio, y no como entrete- 
nido* ú ocioso, refiriéndose á la medicina esrpectante de Boiiu 

£1 Dr. D. Francisco Hurtado combatió á este autoi: ei^ 
defensa de Boix, como á continuación veremos. 

Eraucisgo Hurtado. 

No sabemos si fué médico , pero al menos podemos ase- 
gurar que no fué estraño á las contiendas médicas , ni á los 
conocimientos de esta facultad. Nació en Madrid, se biza 
clérigo, fué hombre de letras, j la real sociedad académica 
de Sevilla le nombró uno de sus socios. Escribió una obrita 
que tuvo por objeto censurar la que dio á luz el Dr. D. Fran- 
csico Leyza combatiendo el sistema del Dr. Boix , y defen- 
der á este de la crítica de aquel. Pero habiéndola dado á 
loza nombre de Dionisio Duarte, tavo al fin que declarar 

Sie él era su autor, á causa de haberla atribuido el 
r. D^ Antonio Diaz del Castillo al P. Dr. Vicente Bamirez» 
cuya declaración se hallará en el elogio que hizo del doctOB 
Boix. al principio de su Hipócrates aclarado. 

£1 título de esta obrita es el siguiente. 

Censura de la apología del Dr, D. Franmco Leyza , y at;»«of 
de lo que han de observar los que hñ% de escribir contra el libro 
del Dr, D, Miguel Boix^ intitulado Hipócrates defendido^ stu 
autor Dionisio Vuarte, Madriá y por Juan Sasz, sin añode im- 
presión , pero es sabido que fué en 1713 , en 4.* . 

£1 Pbro. D. Francisco Hurtado en su censura contra Leyza 
sigue el mismo método que este; así es que critica igual- 
mente sus yerros, sus interpretaciones, sus opiniones parti- 
culares; aclara el testo de Boix y le defiende de la nota de 



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bspaSola. 377 

contradicdones, asicomode la de déj¡Sr abandonado al enfer- 
mo á iQfv esfuerzos de la naturaleza cuando la necesidad obli- 
ga al médico á prestarle sus auxilios. 

Concluye esta censura con unos avisos á los que trataf^ea 
de combatir el método de Boix , los cuales se reaucen á exi- 
girles que prueben con razones: que los libros de Hipócra** 
tes en que aquel funda si^doctrina^ no son legítimos ; que la 
calentura no es contraindicante de la sangría; que 1» calen- 
tura rio es indispensable instrumento para la terminación 
de la terciana ; de toda enfermedad aguda; que cuando 
ao baya plenitud en un tercianario ó enfermo de dolencia 
aguda no puede la sangría ó purga distraer é impedir la 
acción de la naturaleza y terminación; que las afecciones 
convulsivas , delirios ,. vómitos y otros accidentes , no son> 
propiedades que traen varios males, por cu va razón deben 
curarse sin atender á la principal enfermedad; que Hipó-- 
crates manda sangrar ó purgaren tercianas y enfermedades 
agudas; que en toda afección que tiene su terminación puede 
conseguir el médico que termine como y cuando él lo in- 
tente; y por último que en las varias cualidades de la san^* 
gre resultará, siempre buena crisis , sangrandabaya 6 ni> 
plenitud» 

Tal es en sustancia el objeto de esta obra, en la cual emplea 
el autor un estilo satírico y á veces burlesco. No contestó 
Leyza; peroalmisno tiempo que se imprimía esta censura 
daban al público las suyas los autores de que se bará men<^ 
cion después. 

Masuel Boduioo t Andiübza^ 

Médica colegial de la ciudad de Pamplona y su bospital 
general; escribió la siguiente obra: 

lÁtnra de Im prodigiosos baños de Thiermas : en que se epiío'' 
gan algunos de lo» mas cetebrados baños de España^ Franáay 
Alemania j Itatíayy la variedad de usar de ellos. Pamplona, 
por Juan José Ezquerro, 1713, en 4.** 

Está aprobada por D. Domingo de Goñe^ médico también 
del ilustre colegio die aquella ciudad^ y por elB. P. Fr. 
José Plasencia, lector jubilado. 

Se divide* este libro en tres tratados y cada uno de estos 
en varios capítulos. £1 primero empieza dando noticia del 
sitio donde brota el manantial de Tiermas; prueba luego 
que l^s aguas de estos baños se hallan dotadas de virtudes^ 
mas eficaces que algunos de los m^s celebrados de Espa&a^ 



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378 MEDIGtUA 

Fra,ncia, Alemania é Italia, que enumera; indica las pre«- 
cauciones que deben tomarse para hacer oso de ellos en 
las épocas convenientes; maniñesta las diversas faentes. que 
se hallan próxitnas al manantial de Tiermas; desenlie los 
puntos y oistancias que las separan, marcando lasindicmo*- 
nes terapéuticas de cada una de ellas; j por último, da no* 
ticia de los minerales que comunican á las aguas sus propie^ 
dades y virtudes medicinales, asi matiifiestas como ocultas. 

Concluye el primer tratado refiriendo las roudias dolen-* 
eias en que conviene su uso, entre las que cita la lúe ven6« 
rea, la melancolía, la hipocondría, la artritis reumática, la? 
perlesia, alferecía y convulsiones. 

El segundo lo consagra á tratar del uso que puede ha-r 
cerse, tanto de las aguas de este manantial, como de todas- 
las conocidas, presentando gran número de observaciones j 
preceptos prácticos acerca del régimen que hablan de gnar* 
dar los enfermos que se sometieran á su uso. 

En el tercer tratado espone el origen de los metales, su 
conocimiento por ciertas señales para poder indagar losqi^ 
componen las aguas mfnero>-medicinales , y ei^ptíea tanbien 
el origen de las faentes y la causa de la termaiidad ¿te algu- 
nas de sus aguas; 

Este libro, á pesar de resentirse de la escasez de conoei* 
mientes químicos que en aquella época se teoia^ es digno 
de encomio, ya por haber sido el primero que se dio á luz 
sobre las saludables aguas de Tiermas, ya también por laa 
observaciones prácticas que contiene. 

Domingo Trapiella y Mohtimator. 

Doctor en medicina y médico titular dé Yillacasfin, es- 
cribió. 

Llave de era medicinal de la salud humana formada eon des- 
velo, por el Dr. D'. ^mingo Trapielta y Mon$mMyor.Ihdieas0 
al Sr, D, Femando M(Uan%a Coreuera y GMh, ^gentil^kom-^ 
bre de boca de S. M.,y uno de los de su rBalco\íhsefo'de húcien^ 
da, alcalde mayor de la ciudad de Burg^os, marques f señor da 
la villa de Fueniepelayo. Madrid ^ por Éranetsoo AMonio ák 
Villadiego, 4713, en 4.0 

Aprobó esta obra D. Damián de Mayorga y ^uíman, Hté- 
dico que babta sido del Bey Garlos II , y á la sas^n cte Fe* 
HpeV, c^n grandes alabanzas, particdlarmente por su tí* 
tuio, lo que manifiesta que aun á principios del siglo XY III 
gustaba lo altisonaúte y pomposo de ellos, ooono dlgiínos al 



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ISfAVICCA. S79 

Iirincipiar el XVII. Por lo demás en este escrito se deja tras- 
ocir la tendencia de la medicina á sa sencillez y perfec-» 
ck>n 7 el. mal resabio qae aun quedaba del siglo anterior. 

Compadecido Trapiella del atraso y pocos conocimientos 
de los cirujanos romancistas, precisados á asistir como mé- 
dicos en los pueblos cortos de las inmediaciones, les formó 
esta obra, que se reduce á principios de patología, terapéu-^ 
tica y materia médica. 

Hállase dividida en tres tratados; el primero versa sobre 
las enfermedades, sus causas y síntomas ; el segundo sobre* 
el método curativo; y el tercero y último sobre algunas ob- 
servaciones prácticas. 

Poseia Trapiella el espíritu de Hipócrates y de Galeno^ 
Sus tratados sobre crisis é indicaciones son dignos de leer-* 
se. Tiene claridad y buen método, y á poco que se le quita- 
ra y añadiese, seria una obra digna, en su línea, aun de 
nuestros tiempos. 

AnxoNio Alvarbz del Gorhal. 

Ignoro el lugar de su nacimiento, pero según él mismo 
dice, estudió en la universidad de Alcalá, fue opositor á las 
cátedras de iSlosofia, medicina y anatomía en aquella escue- 
la, médico titular de las villas de Santorcaz, Illescas y Año^ 
ver, y últimamente de cámara del duque del Infantado. Es^ 
cribió; 

Bipócratei Vindicado y refíexionei méiie<u sobre el Rifóera- 
Uf díefendtdo; su autor el Dr. D, Antonio Alvarez del Cor^ 
rol, etc.; dedicado al Excmo. St. duaue del Infantado. Má« 
drid, por la viuda de Juan Garcia, 1713, en 4.o 

Esta fué la segunda obra que salió á luz combatiendo al 
Hipócrates defendido del Dr. Boix. Sin embargo, las doctrina» 
de Corral no distaban mucho de las de su impugnado, aun 
cuando el uno seguia á Galeno y el otro no. 

Examinaremos rápidamente en qué consistían las dife- 
rencias de sus pareceres, conviniendo ambos sin embargo^ 
en seguir á Hipócrates. 

En dos puntos principales disienten estos dos médicos, 
el primero en cuanto á las emisiones sanguíueasen las en- 
fermedades agudas , y el segundo en cuanto á la ocasión 
del remedio. Prescindiremos no obstante de otras parti-^ 
cularídades en que no convinieron tampoco, en obsequio 4 
la brevedad. 

Con respecto á la sangría, Boix la proscribía entine otsas 



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380 ICBDIGINA 

eüfermedadea en el dolor de costado; Corral eon viene eoo 
él en que uo era ueoesaria siempre en esta afección ; pero 
aüade que siendo el verdadero dolor de eonado una inflama- 
ción de la pleura f se debia eon doctrina de Hipócrates apelar á 
9lia. Lo mismo dice cou respecto á el sarampión y las vi- 
ruelas» en las qtie Boix se oponía á las evacuaciones de 
sangre. Mas ateinliendo Corral á casos particulares, quería 
que se sangrase al principio de la calentura, que consistía 
en la efervescencia ae la sangre,, sobre cuya teoría versan 
todas, sus doctrinas. 

Veamos cuales eran las ideas de Boix en cnanto á la oca- 
sión del remedio. CspUcaodo el aforismo de Hipócrates: Ars, 
lon^^ vita brevis, dice que era precipitada, que continuamen- 
te corría y desaparecía en un momento^ y que aun cuando en 
el libro de Arte aseguraba el griego, que si en soda enferme^ 
dad la encontrare seria curable^ los escépticos no reconocían 
este libro por de Hipócrates, y asi pues que esta ocasión por 
su precipitada fu^a no se encontraba, ni se podia saber en 
muchas enfermedades; Corral combate este sentir, primera 
asegurando que el libro de Arte uo era apócrifo como decia 
Boix, 7 ademas distinguiendo la ocasión en universal t en 

E articular, distinción que explica con doctrina de Galeno, 
aciendo ver que las de Boix eran unas exageraciones muy 
períudiciales á los enfermes, pues que abandonaba á la fati* 
gada naturaleza toda la gravedad de los males. 

Por último trata este autor en varios capítulos sobre 
otras doctrinas de Hipócrates que tocó Boix; entre ellas la 
historia de Metboo y la del hortelano de Dealces/Habla de Ift 
necesidad de la anatomía para el uso práctico de la medici- 
na, y de la utilidad de la química como auxiliar de la ciencia.. 
Tales son las materias principales de que trata esta obra. 
Su estilo es muy difuso, fatigosa la aglomeración de sus ci- 
tas, sus doctrinas las galéoicas en la mayor parte. Su discu- 
siou templada y juiciosa y la pericia médica que revela ha- 
cen conocer que su autor fue hombre estudioso y médico 
<íonsumado en su época. 

Antonio Duz del Castillo. 

Natural de Torrelaguua, colegial en el insigue de la Ma- 
dre- de Dios délos teólogos de Alcalá de Henares, y cate- 
drático de vísperas de medicina en su universidad. Es- 
cribió: 

1.^ Hipócrates desagraviado délas ofensas por HipóeraUs 



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KSPAÑOTiA. 38t 

defendido: en particular en la curación de calenturas agudas^ 
de dolor de costado y tercianas ; por el Dr. D. Antonio Diaz 
del Castillo^ etc.; diriaido al excmo, Sr. />. Francisco Ronqui- 
llo y Brizeño, Conde de Gramedo^ etc, Alcalá, por Julián Gar- 
cía Briones, 1713, en 4.*^ ? 

EfUa fué la tercera obra que salió al público en contra fie la 
del Dr. Boix, y aun cuándo en la introducción de eila dice 
el autor que si en el ímpetu del argumento se le escapase 
alguna frase poco decente, no era su ánrmo ofender al doc* 
tor Boix, á quien conocía y estimaba como mereciao sus 
prendas; y en otro lugar, que su únic>o designio era conde - 
nar la puniblo opinión de queá un miserable doliente se le 
debía estar observando desde la vergonzosa silla de la ocio- 
sidad, dejándole combatir con el mayor enemigo de su vi- 
da, cual es una enfermedad aguda; sin embargo el doctor 
Diaz, como dijo^ un escritor de f^u tiempo, deslució su pro* 
pía literatura impugnando el libro de Boix con marcado 
enojo, é introduciéndose en el vedado de la personalidad. 

Divídese esta obra del Dr. Diaz en ocho disputas, 
. En la primera examina la razón que tuvo Boix para la 
elección que hizo de los libros de Hipócrates; prueba que 
todas las obras que s(í le atribuían eran suyas , pues que en 
todas hallaba la conexlen^ que les negaba Boix, cuyos ar<^ 
gumen tos rebate. 

En la segunda disputa investiga el ai^tor qué cosa sea na* 
turaleza , y cómo curaba las enfermedades, para poder en- 
tender el «aíura omntuo sufficit. Prueba que si» bien la na- 
turaleza es docta para curar las enfermedades, no tanto que 
baste por sí sola á todas sin necesidad alguna del ausilio del 
arte. Ésta verdad nunca la negó Boix; antes por el con- 
trario, profesaba la misma opinión en la* materia. 

En la tercera disputa examina qué cosa sea medicina, y 
«nal el oficio del médico^ 

En la cuarta trata de si la calentura es enfermedad. De^* 
de este capítulo se empieza a marcar el carácter diferencial 
de las opiniones de ambos médicos: Boix decía que la ca- 
lentura por sí no constituía enfermedad, sino que era el 
iitótrumento de que se valia la naturaleza para sacudir los 
males; pero Diaz siguiendo el dictamen opuesto , combate 
sus argumentos, para probarle que la calentura era enfer- 
medad y que para combatirla se recurría á las emisiones 
sanguíneas y á los purgantes. 

En la quinta se ocupa de la indicación. 

£splica lo que se debía entender por indicación, contra- 



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382 MBDIGIHA 

indicaeiofii, coindicaeiones, impedimentoA y correpugnan- 
tes, para deducir luego cuál debe ser el medicamento útil, 
ó indicado, en oposición á Boix, 

En la sesta se estiende sobre la caracion de las tercianas* 
Prueba que en esta enfermedad son necesarias las sangrías 
7 la purga muchas veces en el principio, cuya doctrina era 
conforme ala mente de Hipócrates, Galeno, Avicena j 
demás clásicos autores antiguos, 7 á la de muchos de los 
modernos, según el modo como esplicaban dichas intermi- 
tentes y las causas que les asignaban. 

En la sétima entra en la msputa sobre la curación del 
dolor de costado. £1 autor se estiende sobradamente en de- 
mostrar que el dolor de costado con inflamación de la pleu- 
ra no se podía curar sin sangrías. Pero el Dr* Boix no ha- 
bla negado esta verdad; asi pues, se detiene especialmente 
á probar contra Boix y Próspero Marciano, que en los do^ 
lores de costado sin inflamación , provenidos de gran co|)ia 
de cólera , tenuidad de humores, acrimonia 7 cacoqaimia, 
no se debtan proscribir absolutamente las sangrías, en cier- 
tos 7 determinados casos que enumera. 

En la octava 7 última duputa habla de las calenturas 
agudas, cuya mayor parte pedían los remedios de sangría 
7 purga en el principio. 

Concluye , en fin, esta obra con un a{)éndice, en el que 
trata de investigar qué secta de filósofos siga el Dr. Boix en 
su escrito. Dice que este es una miscelánea de erudición, y 
que se parece á los del tenebroso Heráclito por las perpe- 
tuas contradicciones en que envolvía cuanto enseñaba. 

No merece esta obra que nos ocupemos mas de ella, y 
mucho menos de las invectivas 7 acrimonia de esta última 
parte. Su estilo, la aglomeración de sus citas, la pesadez 
de su narración, todo la hace de enojosa 7 cansada lectura, 
y solo puede considerarse como uno de tantos monumentos 
de nuestras contiendas literarias 7 científicas de los pasa- 
dos tiempos. 

No fué, sin embargo, la última obra que vio la lúa públi- 
ca en semejante disputa. £1 Dr. Leyza escribió también 
acerca de las emisiones sanguíneas, 7 genuina enterpreta- 
cion de Hipócrates, lo que hizo que viendo el anciano Boix 
que no hablan entendido algunos médicos ó no hablan que^» 
rido entender su Hipócrates defendido^ contéstase á todos con 
la obra titulada Hipócrates aelaradoy la que 7a hemos aña* 
lizado en su bibliografia, 7 que tampoco quedó sin réplica 
por parte del Dr. Diaz, quien no tardó en publicar su: 



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ÉSPA^OtA. 383 

9.* Hipócrates entendido ^ á beneficio déla doctrina de Ga- 
leno JtU ^el intérprete^ con cuya enseñanza se coñcilian mu- 
chas de las sentencias modernas , con las que enseña Eipócra- 
Jes y fratfkan sus discípulos; por el Dr, ü. Antonio Bia% del 
Castillo, ele; dirigido alexemo, Sr, D.JoaquinJosé Ponce 
de León Espinosa y Lencaster^ marqués de Zahara, etc., etc.j 
Alcalá, 1719, en 4.° 

Tam|)Oco haremos qd minueioso análiñs de esta obra. 
Prineipia criticando al Dr. fioix, porque habiendo tribata- 
do tan grandes honras á la memoria de Hipócrates en sa 
segundo escrito se mostraba tan poco decoroso para con ^a ■ 
leño. Trata en seguida del juicio particular que hizo de las 
obras del médico de Góos, comparándolo con el que habian 
formado los mas célebrest intérpretes de sus doctrinas. Gór- 
mente después el tercer aforismo-del primer libro, y hace 
algunas reflexiones sobre ú el verbo solvere de este aforis- 
mo se debe entender la sangría, y el moveré del aforís- 
mo 29 la purga. Bspone luego la teoría de doña Oliva acer- 
ca del suco nérvea, y se opone al sentir del Dr. Boix con 
respecto al calor innato y suco nutrício, con cuyo motivo 
habla del modo de hacerse la nutrición y de qué humor; 
dé la circulación de la sangre , y de la importancia de pu- 
rificar este liquido para que se haga mas á propósito y útil 
€n su ejercicio^ viniendo luego á tratar con algún deteni- 
miento de los scopos de la sangría, y mostrándose partida^ 
rio de Galeno y diametralmente opuesto á la circunspec* 
cion de Boix acerca de este importante auxilio de la me^ 
dicina. Trae después un comento al aforismo 22 del libro 
primero de Hipócrates; habla de la cocción, de la crudeza y 
turgencia é indicación de ios purgantes; opónese igualmen- 
te al Mentir de Boix en la materia, y sigue en un todo al co* 
mentador Galeno. Por último, examina la referida opinión 
de Boix sobre la esencia de la calentura, y concluye eom- 

{mrando el comento de la historia de FuUon con el que de 
a misma hizo Valles. 

Nada añadiremos á lo que llevamos dicho acerca del estilo 
del Dr. Diaz. £n esta obra, como en la primera, su pesada 
erudición y su galenismo, se hacen á veces insoportables. 
El Dr. D. Gerónimo Montero de Espinosa, fué el destinado 
para hacer enmudecer á los céntranos de Boix, moderando 
de paso el sistema de este médico, con lo cual respondió cum- 
plidamente á todos sas impugnaaores y muy particularmea- 
te al Dr. Diaz. 



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381 MEDlCItlX 

JüA9 DE BbRGEBAL. 

Se cree fuese aragonés, aanqae oriundo de Vizcaya. Un 
paisano j condiscípulo suyo <la de él las siguientes curio- 
sas noticias. 

Salió de las aulas mas que mediano latino con un buea 
numen poético. Estudió la filosofia en la universidad de Za- 
ragoza; pero movido del impulso marcial cuando ya conta- 
ba 24 años , fué á Barcelona y sirvió de aventurero en ei 
regimiento de Aragón, distinguiéndose por sa valor en aque- 
lla sangrienta guerra contra la Francia. Pasó después al 
servicio de la armada real, en donde no pudo mantenerse 
mucho tiempo por su ánimo inquieto y turbulento; basta 
que al fin, no creyéndose seguro en los dominios de Espa* 
ña, resolvió tomar parte en la famosa guerra de Hungría, 
favorecido por el marqués de Burgo Hayne, embajador del 
Rey católico en la corte del Emperador Leopoldo. Állt ma- 
nifestó estraordinari-a intrepidez, en términos de merecer 
el grado de coronel. En la escuela de tantos y tan grandes 
peligros, aprendió la eficacia del desengaño, y depuso al 
un el ejercicio de las armas, regresando á su pais. Al po- 
co tiempo tomó el hábito de San Francisco, y por pura hu- 
mildad no quiso sersino lego en su religión, dedicándose á 
la asistencia de los enfermos sus hermanos religiosos. Fué 
destinado de enfermero mayor á su convento de S. Francis- 
co en Zaragoza, en cuya ciudad esludió química y medici- 
na, y aunque se ignora si se graduó en alguna de estas cien* 
cias , ^e sabe adquirió bastantes conocimientos prácticos 
médico-quirúrgicos, como lo acredita el recetario que dejó 
escrito, y que por modestia no quiso dar á^la prensa; pero 
lo hizo D. Miguel Pascual, síndico del mismo convento, con 
el siguiente titulo. 

Recetario medicinal espagirico; obra postuma de Fr. Diego 
Bercebal, dedicada por el autír á los enfermos^ y encomendada 
á los religiosos enfermeros. Zaragoza, por Diego de Larum- 
be, 17l3,en8.« 

Esta obra no es otra cosa que lo que indica su titulo. 

Claudio Burlet. 

Doctor en medicina; nació en Bourges (Francia), en 1614, 
fué individuo de la academia de ciencias de París , médico 



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ESlPAflOf^A. 983 

de cámara del Oelfia de Fraacía, 7 últimamente de Feli- 
pe V, é individuo del proiomedicato. 

Permaneció muchos años en España^ y murió el 10 de 
agosto de 1731. 

Escribió varias disertaciones que se hallan impresas en 
las memorias de la referida academia de ciencias, 7 publi- 
có otras por separado, que son las' siguientes: 

I .° Non ergo diversa! pro diversis regionibus medendi leges. 
Paris, 1694; eu4.o 

2.0 Ergo ab aquw glackilis poiu raucitas. París, 4699; 
en 4,0 

3 .<» Ergo inierioris eorporis humani infida cogniiio ex ana- 
tome. París, 1693; en 4.® 

4.® Conclusión médica defendida en las escuelas- de Paris, 
sobre si el baño sea eficaz remedio para muchas enfermedades 
de los españoles^ en latin y castellano. Madrid, 1714; ua cua- 
derno en 4. <> 

Este erudito profesor se dedicó á averiguar diferentes 
juntos de la historia natural de nuestra península, j en el 
último escrito de que se ha hecho mención, da noticia de 
algunas de nuestras mas famosas aguas minero-medicinales» 

JtJAK VlGIER. 

Francés 7 doctor en medicina, gue habiéndose estable- 
cido después en Lisboa, ejerció allí su profesión con gran- 
de crédito. Se cree fuera pariente del médico francés tam- 
bién del mismo nombre 7 apellido, que floreció 7 escribió 
á principios del siglo XVII. La obra de aquel se titula: 

Thesouro apollineo , galénico , chimico , chtrurgibo , pharma- 
eeutico ou compendio de remedios para ricos et pobres. Con- 
tem á indiviauagam dos remedios simplices^ compostos et 
chimicos com as suas proporcionadas doses , postos em particu- 
lares clases pela distingao de capitulos dos achaques, que eos- 
turnad infestar ó corpo humano. Acrescentase huma breve ra- 
cinae ani da escola moderna sobre as causas efficientes: como 
et guando se deben applicar certos remedios. Últimamente for- 
mulas de receitas preciosas para os magnates et de menos pre- 
90 para os plebeos. Dividese em duas partes; á primeyra con- 
tém remedios para os achaques internos; a segunda para os ex - 
temos, etc. Lisboa, en la imprenta real desiandesiana , 1714, 
en 4.* 

Esta obra, dedicada al duque de Gadaval, á pesar de su 
título tan largo, retumbante .y altisi^noro, no es otra cosa si- 

TOMO VI. 25 



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*3S6 MT^mciNA 

«o una medicina doméstica, por 1q qqe oo merece-nos de- 
tengamos en so examen. 

Francisco Antonio Mallen. 

Catedrático de filosofia magna de la universidad de Osu- 
na, y médico en la ciudad de Lucena; escribió: 

Manifiesto médico contra la censura que dio el Dr. D. Anto- 
nio del Águila, médico de la villa de Baena, habiéndole cónsul^ 
iodo acerca de la curación que $e pretendia ejecutar en cierta se- 
ñora de esta ciudad de Lucena, año de 1715, eii 4.o 

No merece este folleto que nos detengamos en su análisis. 

Marcblo Iglesias. 

Fué médico titular de la villa'de Alcalá de Guadaíra, socio 
. de número de la real academia sevillana , y médico de fa- 
milia de la Reina; escribió; 

Verdad propugnada; disertación médico-práct tea que á Im 
erufücion del Dr. Alfonso Gómez Hurtado^ médico de la villa 
de Utrera^ hace, etc. Sevilla, por Juan Francisco de Blas, 
1716, en4.'> 

Movió á Iglesias á escribir este opúsculo , la idea de sin* 
cerar su conducta práctica en un caso particular. 

£1 Dr. Ortiz Barroso elogia á este médico, y atendiendo 
á la erudición y cultura de dicho profesor, debemos creer 
que Iglesias era hombre de provecho. 

Escribió ademas dos disertaciones , una sobre la nutricionj 
y otra sobre el origen de ¡as lombrices^ sitios del cuerpo /lu- 
mano donde se engendran, señales y curación de ellas; las 
cuales se hallan en el primer toii^o 4ll6 dio á luz la real so- 
ciedad de medicina de Sevilla en ¿i auo de 1736. 

Francisco Samponts y Roca. 

Natural de Barcelona , socio de la real academia mé- 
dico-práctica de esta ciudad , de la de ciencias y artes de la 
misma , individuo de la sociedad de medicina de París y 
catedrático de lá escuela gratuita de mecánica de Barcelona. 
Escribió: 

í .® Discurso inaugural, que con motivo de adoptarse el m¿r 
todo de enseñanza llamado technográfico en la escuela gratuita 
de mecánica de la real junta de gobierno del comercio de Bar- 
celona, dijo D. Francisco Samponts^ etc. Barcelona, por Dor- 
ca, 1716- 



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S.<> Análisis de las aguas minerales de Moneada, principa- 
do de Cataluña. Barcelona, por la viuda de Piferrer, 1792. 

3.® Análisis de las aguas minerales de Gava ^ principado 
de Cataluña. Barrcelona, por la viuda de Piferrer , 1792. 

i.^ Memoria sobre el protleum prof^esio por ia real ¡sotíié^ 
dad de medicina de Paris: Indagau gualas son las causas 

DÉLA EINFERMBDAD AFTOSA LLAMADA GOMVIIMimTE MuGUET^ 
MlLLET , BlANCHET , Á LA CüAL ESTÁN SüGETOS LOS WlRoS 
COTÍ ESPECIALIDAD CUANDO SE REUWEN EN LOS HOSPITALES 
DESDE BL l.o HASTA EL S.» Ó 4.« MES DE SU NACIMIENTO; 
GUAlLF.S SON SUS SÍNTOMAS, CUAL Sü NATURALEZA, SU PRESER- 
VATIVO Y MODO DE CURARLA. Paris, 1788. 

5.0 Observación de una hemorragia crítica que padeció un 
sugeto recien llegado de la Habana. 

6.0 Sobre el magnetismo animaL 

^7.* Obsermcion de un mucha^o de 8 afíos que íenúr tí a¿* 
domen abultado y duro como una piedra. 

8.^ Discurso sobre el origen y progresos del fueff^ de San 
Antón. 

Estos eseritós de Samponts se hallarán en las memorias de 
la academia médico -práctica de Barcelona , y los siguientes 
en las de la de ciencia^ y artes de dicha ciudad; 

4 .** Disertación sobre la esplicacion y uso de una nutna 
máquina para agramar cáñamos y linos ^ inventada por los 
Dres, Francisco Salva y Campillo y Sr. Samponts y Boca^ etc. 
Madrid, imprenta real, 1784; 

2.0 Plan topográfico de Barcelona y sus inmediado^- 
nes, 1786. 

3. o Disertación sobre la utilidad de un nuevo método de 
aplicar las fuerzas vivas i las máquinas de palanca^ 4788. 

£1 mérito literario de los escritos de este instruido médico 
catalán se prueba claramente con solo manifestar que todos 
ellos fuefon leídos en las academias de Barcelona y Parts. 
Todos revelan el claro talento y vastos conocimientos de su 
autor, principalmente la resolución del prohlema propues*^ 
to por la academia de París, la cual ademas de adjudicarle 
el premio ofrecido de 400 libras tornesas , le obsequió con 
el título de socio sujo. Samponts cedió generosamente la 
mitad de aquella suma á favor del hospital de niños es pó- 
sitos de la corle de Francia; cuyo desprendimiento y el 
haber merecido su memoria la aprobación dé tan ilustre 
academia, á pesar de las escelentes presentadas por algunos 
de los mejores profesores de Europa , contríboyeron muchd 
á aumentar su reputación. 



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3S8 MCOICtlIA. 

ÁNÓNIMa 

Tratado iobre si el sementero de arroz hecho en los campos del 
lugar de S. Mateo^ es perjudicial á la salud. 

Este anónimo se escribió en el año de 1716 j se halla MS. 
en la librería que perteneció al Dr. D. Ignacio Azpura, 
dignidad de arcipreste de Belchite y después á su hermano 
D. Juan que lo era de Daroca. (Véase Latasa). 

Alonso dK Ojeda. 

Natural de Osuna, en cuya universidad estudió la filoso^ 
fia y medicina; fué médico titular de la Puebla de Gazalla, 
en donde escribió: 

Pheniceaeerdady esj^licacion médico-chimica pharmacéutico- 

Í radica de los tres dubios de la historia conferencial al Dr. don 
Wancisco Josi Solier^ etc. Sevilla, por Juan de la Puerta, 
1716, en4.« 

Movió al autor á escribir esta obríla una disputa que tu- 
vo con Solier, médico de Marcbcna, sobre el diagnóstico, 
pronóstico y curación de la enfermedad que padeció Gris* 
tobal Morcado. 

Las continuas disputas que en todos tieo^pos se han sus- 
citado entre los facultativos, si bien han refluido casi siem- 
pre en descrédito suyo, en contraposición han servido de 
estímulo para obligarlos á escribir, «y con este mottvo han 
esparcido en ocasiones algunas ideas luminosas. 

Maisuel Poreas. . , 

IgQOíro las circunstancias biográficas de este profesor^ 
solo á6 que se estableció en Madrid , en donde logró tanta 
opinión y crédito , que no se ofrecía caso arduo de cirugía 
á que no fuese llamado en consulta, como lo refieren sus 
eontemporáneos. Fué cirujano de cámara del Rey FelipeY, 
cirujano mayor del hospital general de esta corte y exami* 
nador del real proto- medica to. Escribió: 

Anatomin galénico-múderna: dedicada al Apóstol de las 
Indias S.Francisco Javier^ Madríd, por Bernardo Peralta, 
1716, en 4.«, 

Esta obra, de riñas de 600 páginas y adornada con 19 lámi- 
Qa3» que representan la osteología , miologia , esplanologia. 
neurología , y angiologia, esculpidas por Matías Iraladel 



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KSPAf^OLÁ. $89 

son de bastante mérito artístico , aunque no tanto ni tad 
exactas como las de la anatomía de'uuestro Valverde , he-* 
chas en en siglo XVI portel célebre Becerra , como á su tiem* 
po dijimos. 

ElDr. Porras creyó hacer un servicio á los cirujanos 
romancistas publicando esta obra ; pero intercaló en ella 
cuestiones, impertinentes unas, é inútiles otras, y se valió do- 
ciertas voces oscuras y latinizadas, que sirvieron de motivo 
al sutil Martin Martínez para impugnarle en sus Noches 
anatómicas , que escribía en el mismo año. 

No es digno de alabanza en esta parte Martin Martínez, 
pues aparentando una caridad cristiana que desmiente en 
su critica , trata de disculpar á Porras de los defectos que 
halló en su obra , diciendo asi: a Habiéndose determinado 
»el Dr. Porras á escribir un tratado anatómico para los 
^mancebos de la cirogia, be sabido , que algunos trasladan- 
»tes y correctores de imprenta le han introducido mil absur- 
»dos, inconsecuencias, cuestiones inútiles y solo propias 
»de filósofos especulativos , términos estraños , para cuya 
ninteligencia necesitan los romancistas gastar mucho tiem- 
»po sin provecho , y otros disparates muy ágenos de la cor- 
sdura, esperiencia , é intención del Dr. Porras; y consi- 
i»derándole tan ocupado en la continua práctica que le han 
«traído sus muchos créditos en esta corte, me pareció justo 
•desempeño de la amistad que le profeso, defenderle de 
•estas imposturas, probando que todas las contradicciones 
Ȏ impertinencias que tiene el libro, no pueden ser suyas; 
•que aunque la voz es de Jacob , las manos son de Esaú, 
ñpero no tan disimuladas que no se den á conocer.» 

Se comprende bien que en la obra de Porras hubieraa 
aparecido algunas voces equivocadas por los copiantes é 
impresores , y que por las muchas ocupaciones del autor 
no hubiera podido corregirlas, y entonces era laudable que 
Martínez saliese á disculparlo haciéndole el particular obse^ 

3uio de sustituir las mas apropiadas y castizas ; pero como 
ice ademas que le añadieron inconsecuencias y cuestiones inú- 
tileSy propias solamente de filósofos especulativos ^^e deja cono- 
cer desde luego que la intención de Martínez fué tan solo 
combatir la anatomía de Porras , añadiendo la ironía á la 
crítica. 

Martin Mabtiiüez. 

ElDr. Martin Martínez, cuya vida y escritos vamos é 
presentar , fué uno de lot inédicos mas ilustrados del si« 



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390 UEüicijfü 

glo XVIII. Dotado do qd espíritu reflexivo y f^os^eanada 
común, gráúde iogenio, mucha erudicioo, v admirable ele* 

SQfiia y claridad eu el estilo, mereció sin nuda el titblo del 
^t4t7a de los ingenios, con que el gran literato Feyjóo lo en- 
salza en sur Teatro erUieo universal^ como á uuo dejos varo- 
nes mas esclarecidos de su tiempo. ¥ este concepto del re- 
ferido monge , del que participaron también otros muchos 
sabios, debemos considerarlo de gran peso, atendidos no 
$0(0. sos profundos conocimientos en artes y eieBcias, sino 
que su poco amor á los médicos lo hace testigo áe ma^^or 
escepcion en la materia. 

£n efecto , Feyjóo no se contentó con encomiar repetidas, 
veces en sus discursos los talentos de Martínez; aprobó al* 
ganas de sus obras, y lo vindicó tan satisfactor lamente de 
los Qtaqiues de sus émulos, que hizo enmudecer á sus mas im- 
placables enemíigos. Paró los golpes dirigidos á su reputa- 
ción y gloria, y destrozó sus plumas con crítica severa é in- 
flexibie(l). 

Martin Martínez correspondió en los mismos términos á 
la noble conducta de su amigo. A su vez defendió su Teatro 
critico de los ataques que le dirigieron ; se hizo intérprete 
de la mente de su autor, y procuró inclinar la opinión pú- 
blica á favor de aquella obra, á fin de que recibiera la acep- 
tación y aplauso que de justicia merecía. Empero es de ad- 
vertir que la íntima amistad y respeto que se profesaban, 
BO fué obstáculo para que Martínez impugnase al monge en 
defensa de su proCesion, y que este le replicase con tanto 
discernimiento y galante urbanidad, que bien pudiéramos 
presentar al mundo sus disputas como un modelo de anta- 
gonismo filosófico y de finura. 

T no es de admirar que hubiese entre estos dos grandes 
ingenios esa reciprocidad de afecto y mutua defensa, aten- 
diendo á que uno y otro eran consumados en literatura» 
profundos en ciencias, nacidos ambos para lustre de su épo- 
ca y cercados por lo mismo de espíritus envidiosos empeña-. 
dos en combatirlos. 

. Sin embarga, como ya hemos dicho en la introducción á 
este siglo, no carecen de defectos las obras de uno y otro, 
y contrayéndonos al Dr. Martínez, cayó en el imperdona- 



(i) Léase la aprobación apologética de este benedictino, en la que im- 
partía á D. Bernardo Lopes de Araujo. y Ascarraga, defendiendo á Marti- 
lléis la cual i« baila «I frente de au midicina sciptica^ 



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ESPAf^OLA. 3&f 

h\e error, entre otros ^ de tratar con demasiada aspereza j 
poco miramieulo el mérito literario de los profesores con- 
temporáneos» 

Empero veamos ios becfaos biográficos de Martin Marti- 
Bez, cuya vida se halla en la introducción al primer tomo 
de las obras del ya referido Feyjéo (1). 

i>Nació Marttnea en Madrid el i i de noviembre de 1684, y 
fueron sus padres Pedro Martínez é Isabel Pérez. 

«Desde los primeros.auos se dedicó á los estudios^ y pasé 
á la universidad de Alcalá de Henares^ donde se formó en 
los de medicina, que entonces se.enseñaba por las obras de 
Henriquez de ViUacorta. 

»De edad de 22 años se bailaba ya adelantado para al- 
canzar por rigorosa oposición plaza de médico del hospital 
general, cuya época coincide coft el añade I7©6, tiempo en 
(fue el estruendo de las armas y de las guerras civiles de- 
jaba en España poco logar á los esludios. 

»Tomó el grado de doctor en la misma universidad de 
Alcalá, y desde luego mostró grande aplicación á los estu- 
dios de la física ^ química y anatomía; y el grande uso de 
la lengua castellana^ de la latina y francesa le facilitaron 
el método de escribir correcta y exactamente^ y la inteli- 
gencia de la literatura moderna.. 

»Todo» los eruditos estrangeros y nacionales de la corte 
de Felipe Y, especialmente sus médicos primarios, hicieron 
gran aprecio de su mérito y prendas, no comunes en aquel 
tiempo; promoviéndole á todos los honores y empleos que 
habia en su carrera, á catedrático de anatomía , socio y pre- 
sidente de la* real sociedad de Sevilla,, examinador del real 
proto-medicato, y últimatneute médico de cámara de S. M. 

i»Por Icsaílos de 1720 empezó á poner por obra el ge- 
neroso y ntii4simo proyecto de reformar el estudio de ia 
medicina en las universidades de España y enseñar el ver- 
dadero rnétodo de adelantar y mejorar esta profesión par» 
sacarlas de la notable decadencia en que se hallaba. 

•Poseído de una grande afición á la anatomía, hizo mu- 
chas disecciones en el teatro anatómico del hospital gene- 
ral de esta corte, que aun existe, con objeto de^ar impul- 
so á los adelantos de la ciencia quirúrgica, á pesar de no 
ser cirujano, como lo dice él mismo en el prólogo de su tra- 
tado de esta facultad. 



(f) TMtro critico universal, Ibim I, p*g. 35, J 8. 



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9S1 MEMCIBA 

» Acompañaba á Martínez en sos primorosas díseceioites sí» 
ayudante disector D. Florencio Kelly, y ambos tuvieron 
irarias veces. la satisfacción de que el mismo Rey Felipe V 
asistiese á ellas, para ser testigo ocolar de la merecida lama 
que gozaba por su destreza y prolijo conocimiento de la es- 
tructura y partes del cuerpo bnmano./Pero por una de esas 
fatalidades que parecen innerentes á lodo grande ingenio, 
lejos de haber hallado recompensa y gratos estímulos á su» 
buenos deseos de hacer progresar su noble profesión , es- 
periuientó por el contrario no pocas persecuciPones de par- 
te de sus compañeros, que le hicieron enfermar, y al fin su- 
cumbir el dia 9 de octubre de 1 7^k & los 50 años de edad ( 1 J^ 
cuando empezaba á escribir unos comentarios al célebre 
Áreteo de Gapadocia (2). 

Por último, este sabio madrileño fué muy versado en las 
buenas letras, en la poesía y en la música. De uno j oiro 
dejó algunas composiciones en prueba de la estension de s» 
ingenio, á que anadia la pureza de estilo y la amenidad, que 
hacia recomendable su trato (3).» 

Los manuscritos que dejó esté médico fueron herencia de 
su hijo, llamado como él Martin Martínez, oficial de la con- 
taduría general de valores, los cuales se han perdido com- 
pletamente para el público. 

Poseemos su retrato, el cual se halla al frente de so Ana- 
íomia completa del hombre^ grabado en cobre, y es de fisono- 
mía franca y proporcionadas facciones. 

Estas son cuantas noticias he podido adquirir de Martin 
Martínez. Veamos ahora cuales son sus obras. 

1.^ Noche» anatómicas ó anatomia compendiosa^ su atUor 
el Dr. Martin Martinez, médico de cámara de S. M. , ew-pre- 
sidente de la regia sociedad de Sevilla^ profesor público de ana- 
tomia y examinador que fué del real proto-medicato, Ma- 
drid, 17 16, en 4.» Id. porMiguel Francisco Rodríguez, 1750, 
en 4.«>. 

£n esta última impresión se añadieron tres opúsculos del 
mismo autor, que antes corrían separados, y de los que da- 
remos razón por su orden de fechas. 

Esta obra es un compendio de anatomia, escrito espresa* 



(f ) Yéase la obra francesa titulada La Europa bajo ios Reyes de la 
sa de Borbon. Tom. III. 

(9) Feyjoo^ Teatro critico^ tom. I, pág. 38, $. %, 
(3) Id. id. id. 



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BSPAñOLA. 393 

mente para los cirajanos romancistas. Divídese en catorce 
diálogos entre maestro y discípulo^en los cuales enseña un 
carso completo de dicha ciencia. £1 objeto principal que mo- 
Tió á Martínez á escribir esta anatomia, fué aclarar la obra 
del mismo género del Dr. Porras, y purgarla de los absur- 
dos j cuestiones inútiles que se notan en ella^ y. cuyas in- 
consecuencias y estraños términos confundían á los estu- 
diantes, haciéndoles gastar mucho tiempo inútilmente. 

2.* Discurso físico sobre si las víboras deben reputarse por 
carne ó pescado en el sentido en fue nuestra madre la iglesia 
nos veda las carnes en dios de abstinencia : respuesta á una con-^ 
sulta que hicieron los RB, padres cartujanos, para en vista de la 
resolución poder usar las víboras á lo menos como medicamento^ 
lo cual en caso de reputarse por carne, les seria vedado, según su 
laudable costumbre, Madrid y mayo 4 de 4723, en 4.<» 

Este opúsculo lo escribió el autor en agosto de 1721. Su 
objeto es el que manifiesta la portada; su opinión en lama* 
teria fué que perteneciendo las víboras al género de los rep- 
tiles, podían los padres cartujos sin escrúpulo de concien- 
cia hacer uso de ellas sin contrairenir á su inviolable cos- 
tumbre. 

3 ® Observatio rara de cor de in monstroso infantido ubi obi- 
ter et noviter de motu cordis et sanguinis agitur^ a doctore Mar^ 
tino Martínez, honorario medico reaiw familice, regii protomc'- 
dicatus ewaminatore, etc., etc.: ad fllustrisimum Dominum Jo^ - 
sephum Cerviz patricium parmensem ordinis ecuestri, philoso-' 
phice et medicince doclorem collegium in celebri universitate 
Parfurn, professorem primarium Philipi V> BegiSj medicum 
cubículartum^ et ElisabethcB Farnesiw, Hispanxarum Beginm 
Archiatrum prothomedicum^ et regia hispalensis acadimim 
icientiarum socium et ex-presidentem, etc. Madrid , j5 de ju- 
nio de 1723, en 4. <> 

Tomó ocasión Martínez para escribir esta obritade motu 
cordis, áe\ curioso caso que se presentó á su inspección y exa- 
men de un niño que nació en la calle del Molino de Viento 
de esta corte, el día 13 de enero de \ 707, con el corazón fue- 
ra de la cavidad natural y desprovistovde su pericardio. Co- 
mo se deja conocer esta monstruosidad llamó la atención de 
cuantos profesores acudieron á observarla, y cada cual juzgó 
de diferente manera, creyendo unos que seria un erau aneu- 
risma de la aorta , atendidos sus movimientos de contrac- 
ción V dilatación, y suponiéndola otros una masa carnosai 
dotadla de la irritabilidad propia del centro circulatorio. 
Martínez, observando que aquella carnosidad quesalia por 



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394 MBDIGIRA 

fuera de la parte anterior del pecho, no podía sufrir la pre-* 
sion sin que se alterase el movimiento circulatorio con inma- 
nente peligro de sofocación^ conoció^ desde luego que era 
el corazón. ¿Pero cual seria la conformación especial de los 
órganos torácicos de aquel infante? ¿habría dos corazones? 
La autopsia cadavérica del niño, que sucumbió á las poca» 
horas, demostró todas estas particularidades^ asi como ei 
certero vaticinio de Martínez. 

£s digno de feerse semejante caso monstruoso, que nos re^ 
ftere con sus curiosas particularidades, ; lo mismo puede 
decirse de todo este tratadíto, el cual mereció que el baroa 
de Haller lo insertante en sus disputas anatómica» (1). 

( I ) Carta defensiva, que sobre el primer tomo dtl teatro crí- 
tico universal que dio á luz el Bmo. padre maestro Fr, Benito 
Feyjóo, le escribió su mas afimnaao amigo el Dr. D. Martifk 
Martinez^ médicor decámaradeS M.\ etc., etc, Vk&dridy i.'' de 
setiembre de 1726, en 4." 

Con motivo de haberle pedido parecer Fr. Benito Fcyjóo* 
sobre su primer tomo del Teatro critico^ escribió Martínez es- 
te librito, en el eual se propuso ser imparcial, constituyén- 
dose en aquel estado de indiferencia que exige la verdadera? 
critica. Asi desempeñó el autor su cometido, examinando 
eada uno de los discursos del benedictino con notable crite> 
río, esplanando sus ideas j sin dejarse llevar de la amistad 
que le profesaba, oponiéndose á su sen>tir en determinados^ 
casos con mucho tacto, moderación j delicadeza^ 

Son dignos de leerse los artículos que versan sobre la as* 
trología, haciendo ver por donde falsea su» impugnación & 
Descartes spbre la- fábrica del mundo, y especiatmeute las- 
pruebas que aduee sobro la escelencia de la medicina, en opo- 
sición á las ideas de su amigo Feyjóo, que consideraba al 
pueblo estvaviado en su ciega confianza hacia los médicos» 
Gomo se deja conocer, Martin Martínez no pudo eximirse de 
contestar á un asunto en que tanto se interesaba el honor de 
la profesión. Asv lo hizo, probando con doof riñas sagradas é 
histonas profanas el respeto j consideraciones que se deben 
al médico; haciendo ver la suma de conocimientos que nece- 
sita poseer, la gloría que nadie puede quitará la medicina 
de no necesitar de ninguna de las facultades mayores par» 
su ejercicio, y sí las demás de ella como su aukiliar. Por 
último concluye Martines esta interesante impugnación,, es-^ 



(i) Tomo s, pág. 973, •dicion dé Gotiofi. 



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ESPAf«CHLA. 395 

Íoniendolos obstáculos qae se oponen á las reglas que daba 
e^'jóo para la elección de médico, y haciendo observacio- 
nes sobre el discurso de este acerca del régimen de los sanos. 

Recomendamos al lector esta obrita, igualmente que la ré- 
plica que le dio re.yjóo, el cual las colocó en su Teatro critico. 

5.0 Medicina scéptica y cirugia moderna, con un tratado de 
operaciones ehirúrgicás^ tomo primero que llaman tentativa mé- 
dica; compuesto por el Dr. Martin MartineZy ¿te. , etc. Ma- 
drid, naj, e?i 4.** Id. 1727, en 4.^ 

Esta obra fué la segunda que dio á luz el autor después 
de su Anatomia compendiosa. Salió al público el primer to-* 
mo en eu 1722 y el' segundo en 1725, en cuyo intermedio 
imprimió los opúsculos de que ^a hemos hecho mención, 
como igualmente el Examen de cxrugia^ de que hablaremos 
después. 

En la 2/ edición de este primer tomo de la medicina scép- 
tica se le anadió una apología de Feyjoó , la cual es muy dig- 
na de leerse, no solo por el elogio que hace de Martin Marti- 
Bez, sino por la valiente y erudita impugnación que dirige 
al Dr. López de Anmjo y A^carraga en su obra titulada 
Centinela médico Aristotélica contra scépticos, en la (]ue criticó 
descomedidamente la medicina scépttca de Martínez como 
veremos en otro lugar (1). 

El objetó de esta obra es probar que todas las conclusión» 
oes, argumentaciones, ergos y vociferaciones de las aulas 
eu la llamada tentativa escolástica^ eran completamente inú- 
tiles y aun perjudiciales al que se dedica alas ciencias mé^ 
dieas, las cuales lo que necesitaban era observación, práctica 
y esperiencía. 

£1 estilo que eligió al escribir la obra fué el mas sencillo; 
un diálogo entre tres doctores médicos, un galénico, un quí- 
mico y un hipocrático escéptico,.que representa al autor, el 
cual emite su sentir ingenuamente acerca de los puntos que 
se debaten. 

Diez y seis cuestiones abraza este primer tomo de la me- 
dicina escépiica. 

6.® Medicina scéptica^ tomo segundo. Primera parte apo- 
¡ogemüf en favor de los médicos scépticos. Segunda par te, apoma- 
thema contra los médicos dogmáticos en que se contiene todo 
el acto de las fiebres. Compuesta por el Dr. D. Martin Marti- 



(f ) Yéasc la biografit de Lopeí de Aretijo. 



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396 IIEOiGllfA 

nez, etc. y dedicada al Exemo. Sr. Marqués de Santa Cruz y 
de Bayona^ etc. Madrid, 1725, eo 4.^ Id 1727, en i.» 

En, dos partes se divide este tomo: la primeFa, denominada 
apologemay es una refutación vigorosa de la impugnación que 
hizo ai primer tomo de esta obra López de Araujo. 

Principia Marlinez probando á Araujo, que ignoraba la 
historia de los filósofos escépticos y sus opiniones ; que la 
Sagrada escritura, Santos padres y espositores estaban á fa- 
vor de la física escéptica. Prueba asimismo ad hominem con 
lugares del mismo Centinela y que nada físico se sabia; que 
la filosofía de Aristóteles era mas conducente para la teolo- 
gía que para las ciencias de observación. Arguye con fuer- 
tes razones que nuestros sentidos son falaces ;*^ replica á la 
impugnación que le hizo el referido Centinela y destruye 
sus razones contra los errores de los sentidos. Finalmente 
prueba que la lógica artificial es simpliciter inútil para la 
medicina , y asi ni aun secundum quid necesaria. 

La segunda parte de este mismo libro que llamó apoma- 
thema versa sobre la esencia, definición y divisioh natural 
de las fiebres. Se opone á que la esencia de ellas consista 
en el calor, ni en la fermentación preternatural, como que- 
ría Avicena y defendían sus sectarios ; prueba que su divi- 
sión general, según se daba en las escuelas, no era esacta; 
refuta la esplicacion escolástica de los tiempos de las.fiebres; 
habla de las efímeras y de su curación en general ; impugna 
el célebre sistema dogmático de la fermentación del doctor 
Juan Astruc, médico de rey de Francia; trata después de 
las fiebres pútridas y método curativo en general, comba- 
tiendo de paso el método de Avicena y la teoría del doctor 
Enriquez de Villacorta, y concluye con la teoría y curación 
de las fiebres héclicas contra galénicos y avicenistas. 

Martínez trató de aumentar esta obra, que hemos analiza- 
do, con otro tomo, según se deduce de sus mismas palabras 
en las últimas líneas del 2.® tonio, en donde dice, hablando 
del método curativo de las fiebres hécticas, que sobre dicho 
particular trataría mas de propósito en su tomo de práctica^ 
si Dios se dignaba concederle la vida. No sabemos si entre los 
piipeles inéditos del autor existiría este, y se habrá perdida 
como otros del mismo ingenio. 

Ai final del primer tomo de esta misma obra de medicina 
escéptica colocó* Martínez un tratadito de cirugía, del cual 
DO hemos hablado hasta ahora, que lo haremos rápidamente. 

7.0 Cirugia moderna, tratado de operaciones quirúrgicasi 
9ompuesto por el Dr. D. Ifartin Martinez. etc. 



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BSPAÑot\ 397 

Se imprimió este tratado separadamente en Madrid y en 
el mismo año de 17^2 en que salió á luz el primer tomo de 
la obra , á cuyo final se jncluyó igualmente. 

La intención del autor fué que los principiantes pudiesen 
en poco tiempO) con mas ahorro y menos confusión, imponer - 
se en la cirugia moderna y en sus remedios , asi como tam- 
bién en el curso de operaciones, y como lo dedicó csclusi- 
Yamcnte para los cirujanos romancistas, reservó la fisiología 
y patologia escéptica para esplicarlas en el teatro anató- 
mico del Hospital general á los cirujanos ya consumados 
en el arte, como asi lo espresa en su relación al que leyere, 

Esplicado ya el objeto deestetratadito, solo diremos aue 
está igualmente escrito en estilo dialógico entre un galé- 
nico, un químico y un hipocrático cscéptico, y que no des- 
merece del conjunto de la obra de que forma parte. 

8.0 Examen nuevo de cirugía moderna; compuesto por el 
Dr. D. Martin Martinez^ etc. 

No se debe confundir este libritocon el anterior, de que 
ya hemos hablado, aun cuando ambos tratan de una misma 
materia. £1 anterior está escrito en diálogos siguiendo el 
mismo estilo de la medicina scéptica ; este lo esta en pregun- 
tas j respuestas, j es una obra testual para el uso de los es- 
tudiantes en cirugía. 

No sé á punto fijo que año se imprimió la primera vez; 
pero no cabe duda que salió á luz antes del 2.» tomo de la 
medicina scéptica ea 1726 j como se colige por las palabras 
que el autor emplea en el prólogo. 

De las ediciones que conozco consta que se hicieron varias 
impresiones, y que fué corregida y enmendada: la que tengo 
á la vista se titula: 

Examen nuevo de cirugia moderna^ nuevamente enmendada 
y añadida con las operaciones quirúrgicas; compuesto por el 
Dr, /). Martin Martinez^ etc.; y ahora añadido por un curioso: 
dedicado al grave y doclisimo tribunal del real protomedicato; 
tercera impresión. Madrid, por Juan de Zúñiga, 4743, en 8.* 

Antes de esta se hizo otra edición en 1732. 

9.<> Anatomia completa del hombre con todos los hallazgos^ 
nuevas doctrinas y observaciones raras hasta el tiempo presente^ 
y muchas advertencias necesarias para la cirugia , según el mi- 
todo con que se esplica en nuestro teatro de Madrid; por el 
Dr. D. Martin Martinez, etc. Madrid, 1728, en 4.o Id. 1730, 
en 4. «Id Í788,eji4.« 

Estas son las ediciones que he visto : sin embargo hay 
otras mas cuyos años ignoro. 



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398 mniGTifA 

Esta obra ^ una de las mejores qae se han escrito en la 
materia. Ella ha servido de testo por muchos años en nues«- 
tras escuelas, hasta que fue sustituida por la de Lacaba, 
y esta últimamente por las de los anatómicos franceses. 

Al principio se halla el retrato del autor en la edición 
que tengo á la vista de 1788, y una lámina que representa 
el teatro anatómico del Hospital general. Ademas está ador- 
nada con otras veinte y dos, que figuran ios órganos internos, 
arterias, venas y nervios. 

Martin Martinez hizo un señalado servicio á nuestras es* 
cuelas con la publicación de esta interesantísima obra, ya 
que la anatomia, cuyo estudio es la base de los conocimien- 
tos médicos y quirúrgicos, habia decaído considerablemente 
en las universidades del Reino, á causa tal vez de esas estériles 
disputas, en las que tanto tiempo se perdió, y que estacio-* 
naron los progesos de la ciencia. 

El autor empieza probando la necesidad que tiene el mé- 
dico de saber bien la anatomia para conocer mejor las en- 
fermedades; procura en cuanto puede e!?citar la afición á 
dicho estudio, y se lamenta del abandono en que y acia. 

Divide su obra en cuatro tratados jr doce lecciones, en 
}as que , principiando por las generalidades, sigue con las 
parles continentes y contenidas del vientre; órganos de la 
generación del hombre y de la muger, del pecho, cabeza, 
sentidos estemos, huesos, músculos, vasos y nervios. 

Sin embargo de que en esta obra se enseña cuanto se sa- 
bia de la fábrica humana, no es tan metódica como las que 
le siguieron después; pero tiene la particularidad de que al 
paso que esplica un órgano, lo hace igualmente de sus fun- 
ciones; de manera que bien ppdemos decir que e« al mismo 
tiempo un resumen de fisiología. 

Tiene también esta obra la rara particularidad de con- 
signarse cñ ella los casos monstruosos, ya por vicio de la 
organización por aumento 6 defecto, ó ya por alteraciones 
sufridas por causas moi'bíücas ó inapreciables, cuya cir- 
cunstancia la hará siempre curiosa y digna de cónsul- 
tai'se. 

Por último, diremos qtie dicha obra ef^a escrita en esti- 
lo claro, sencillo y ameno, y que no se olvidó el autor de 
consignar en ella cuantos inventos, observaciones v siste- 
mas corrían en aquel tiempo, siendo tl>do ello el froto de 
9US esplicaciones anatómicas en la cátedra que desempe* 
tiaba. 

10 Filoiofia seéptica^ extracto de la física antigua y mo^ 



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CSPAÜOLA, 899 

ierna^ recopilada en diálogos entre un arhlotélico, cartenano^ 
gasendisla y seépüco^ para instrucción ie la curiosidad españo* 
la; por el Mr. M, Martin Martínez, ele; dedicado ala ilustre 
docta socieilad de Sevilla yásu dignísimo presidente el doctor 
M. José Cervi^ caballero parniense, catedrático en la eminente 
de aquella insigne wiiversidad, primario del rey y reinan pro^ 
to^médice primero de Cc^iilla^ Cataluña y (o$ ejércitos del 
mnsejodeS» Jtf. eíc.j Madrid, 1730, eu 4/ 

Eaesta obra» como en la medicina seéptica, fué el objeto 
del autor probar de una manera.incoacusa, que nada cono- 
ce er hombre fisicaraenle, sino por medio áe la percepción 
que le prestan los sentidos ; mas como estos no pueden pe- 
netrar la esencia de las cosas físicas, y las especies que per- 
ciben son muchas veces engañosas, de aqui el no poderse 
asegurar de la verdad y naturaleza de las cosas materiales. 
Por lo tanto si algún conocimiento adquiere el hombre de 
sus propiedades y naturaleza, lo debe únicamente á la ob- 
servación y la esperieucia. 

Prueba que la lógica, la física y la metafísica, como se 
^enseñaban en las universidades del reino, no servían para 
saber curar á los eufermos, y sí solo para perder el tiempo 
iuútilmente. 

Esplica los sistemas de Aristóteles, Descartes y Gassen* 
do; prefiérela filosofía peripatética para los estudios teoló- 
gicos por estar mas eu armonía con la teología escolástica; 
juzga que para los de medicina es ritas útil la corpuscular, 
aun cuando los modernos no hay^n hecho otra cosa que 
mudar de voces óésplíear con alguna mas claridad el con- 
<eepto, peip descubriéndose siempre la oscuridad é ignoran- 
cia de ios fenómenos naturales. 

Divídese esta obra en las materias siguientes: 

Principia sus diálogos hablando de la historia de la filo- 
sofia; trata de la materia prima, de la forma, de la esencia 

f' existencia del cuerpo natural; de las causas ó principios 
lamados elementos; de las generales afecciones del cuer- 
po natural, de las cualidades particulares; .del mundo y del 
cielo; de los cuerpos celestes y los meteoros, concluyendo 
6US dos últimos diálogos con la cuestión de si los brutos tie- 
nen alma sensitiva, y con una apología scéptica contra la 
apolog;ia escolástica del Dr. Lesaca^ ó sea la impugnación 
que hizo este de su medicina scéptica. 
. Martin Martínez escribió ademas varios papeles apologé- 
ticos en defensa de sus obras y las del P' Feyjóo; los cua- 
les, como ya hemos dicho, recogió su hijo del mismo nom- 



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400 ilEDiGlRA 

bre j no han visto la Iqz pública. Entre ellos se hace men- 
ción de ana obríta cayo título es: Juieio final de laastrolo^ 
gia(\). 

Por fin conclayamos esta biografía manifestando qoe 
MartineE provocó una ruidosa contienda entre ios médicos 
y aullen el seno mismo de la sociedad sevillana, de la que 
era miembro, por haber combatido eo el segundo tomo de 
su medicina scéptica las opiniones de los químicos acerca- 
de la fermentación producida por el ácido y el álcali, y la 
de los médicos que consideraban las calenturas como efecto 
de 14 Itwha entre estas dos sustancias. 

Fr. TohAlS Guerrero Bivadbnetra. 

Escribió la siguiente obra: 

Virtud de las yerbas y sus aplicaciones^ hecha por el P. Prior 
apostólico Fr. Tomás Cuerrero, etc. Dedícalo al patriarca dé- 
los pobres el Sr. San José y á su querida esposa María Santi^ . 
^ sima , etc. Ño tiene año ni lugar de impresión; pero por el 
carácter de la letra revela que pertenece al siglo XVIII, 

El oMeto de esta obra es hablar de las yerbas medicina- 
les maíi usuales y conocidas, de sus preparacioces y aplica- 
ciones, con la mira de que los pobres del campo pudiesen 
hacer uso de ellas en sus dolencias. 

fRANCfSGo Manuel de Herrera Carrasco* 

Estudió la medicina en la universidad de Salamanca, en 
la que se graduó. Fué opositor á las cátedras de filosofia y 
medicina de la misma, y se estableció después de médico ti- 
tular en la villa de Aguilar de Campóo, en donde escribió 
la siguiente obrita: 

Satisfacción pública á una poco secreta calumnia sobre la 
cuasi universal constitución pleurítico-catarral del año de 1716. 
Valladolid , imprenta de la real chancilleria, 1717, en i.'* 

Habiendo Herrera emitido su parecer en una consulta por 
escrito, sobre el plan curativo que en concepto suyo debia 
seguirse en la epidemia catarral de que hace mención, fué 
contestado por el Dr. D. Bernabé Rodríguez de Tejada^ con 

([) véase 9ñ el primer tomo del Teatro criUco de Feyjóo el catálogo de 
las obras de Murtmez, pág, 36, S7 y 38. 



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ESPAÑOLA. 401 

una impugnación latina, lo qae dio margen á que nuestro 
Herrera, algo resentido, tratara á su vez de combatirle eu 
este escrito. 

Hace una ligera descripción topográfica de la villa de 
Aguiiar, y termina su obrita presentando una larga y mi- 
nuciosa relación de los enfermos que hablan sido curados 
con sangría ó sin ella, por cámaras ó sudores (1). 

JuAif Martin Lessaca. 

Estudió la medicina en la universidad de Alcalá de He- 
nares, en la que se graduó de doctor, llegando á ser cate- 
drático de vísperas de lá misma. Desbues se estableció de 
médico en la ciudad de Toledo, y lo fué del deán y cabildo 
de su iglesia. Escribió: 

Formas ilustradús á la luz de la razotij con que responde á 
los diálogos de D. Alejandro Avendaño; y á la censura- del 
Pr\ D. ÍJiego Mateo Zapata: por el Dr. D. Juan Martin Lesr 
sacá^ etc. Madrid, por Juan de Ariztia , i7l7 , en 4.o * 

Esta obra, dedicada ai deán y cabildo de la» iglesia de To- 
ledo, es una defensa de las doctrinas filosóficas de Aristóte- 
les, de quien Lessaca fué acérrimo partidario, y uñares-* 
puesta á los argumentos de Avendaño y Zapata. £s pesada, 
causa tedio y fastidio su lectura. 

' Es lástima que este catedrático de Alcalá no empleara sus 
talentos en escribir de medicina práctica, ó de cualquiera 
otro ramo de esta ciencia ó sus auxiliares. 

Fbarcisco Legbós. 

Químico y oculista, y aunque francés, establecido en Ma- 
drid por muchos años. Escribió: 

Tesoro demedicina en qu& se enseña el modo generalde estraer 
las esenciaSy sin alterar sus virtudes , y que son buenas para la 
prolongación de la vida. Madrid, por Francisco M:artines 
Alao, 17l7,en8.« 

En esta obra, que está dedicada al cardenal Alberoni, y 
aprobada por los Dres. D. Manuel Antonio Nuñez y Don 
•José Suñol , se manifiesta el autor partidario decidido de 
las ideas estravagautes de Vanheimout y Paraceiso. AI fi* 



(t) TéaM U epidattiolofía de TilMbe» Imd. II, pág^i p!7 7 9^* 
TOMO VI. X 



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»9l de i5lld>$e hallae^jr^rato deXegrós, con jijín globo ocur 
lar ea la i^aao y la aguja par^ ¿atraer la catarata , en acti*- 
tud de verificarlo. 

FmnciscíO La RivE. 

Francés : fué ctrujano ()e los ejércitos del Bey cristianí- 
simo durante algunos años, y desf)ues se avecindó en Ma- 
drid, en donde adquirió grande crédito, principalmente pa- 
ra el tratamientode mal venéreo y hernias. A instancias 
de varios amigos á quienes babia curado deal^uuas de las 
referidas doleqcias, nió á la preasia un tratado , cuyo títur 
.loes: . 

. Relaci9n.de muchos casos raros de diferentes curas de im- 
j>ortanciay y noticia de la singular habilidad, ciencia y espe-- 
rtenciade D. Francisco La Biw^etcJilQdridj 1717, eu^.» 

Al final de este libro se^ b^lU una c^tiflcacion muy ho- 
.norífipa enfavoyr de%a/Rive» del duque de Yaadoiüa, ce)a* 
branda su gran destreza y habilidad en la cirugía. 

JüAH SlMOJ!( FeRIHAIIDEZ toZAKO^ 

Boticario en Sevilla y socio de la regia sociedad médico- 
química de la misma. Escribió: 

Papel apolof^ticQ en honor de la (acuitad farmacéutica, vin- 
dicada de las saetas que la temeridad l^. fulmina en la tasaciom 
de una receta médica, etfi. Sevilla^ por J.uan de la Piier-^ 
ta, 1718, en A.*» 

No merece este foUeto miQ hableoiii^s de él: se reduce á 
vindicarse el autor ,' por haber pedido veinte pesos por una 
reoe1;a, cuando otro 1^ biso por cincuenta y dos reales y 
medió. £ra una fórmula monstruo, que constaba de veinte 9 
.|]^as siiistancias simples y tson^puestas, entrando en ella la 
piedra bezoar, las perlas preparadas, el magisterio de crá- 
i^eo humano , el de la uña de la gran bpstiai y oirás aaá* 
logas. 

FRADíGISGO SqAREZ IXB BlYERA. 

Nació en Salamanca y fué doctor de aquella universidad. 
Becorrió machos partidos de (íastilla y vino por fin álíi 
cSrté sobre el año 1722, llamado porD. Luis de Miraval, 

Sobernador del consejo de Castilla y embajador de Holan- 
a, llegando por último á ser médico de cámara con ejerci- 
cio en el reinado dq F^e Y^ ^a el afto 4733.. ... 



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JEsGiibió un gran número de obrft» que . Roche hace as- 
cender á 40 Yolúmenes. Yo he leidó muchas, y veo que al 
pasó que tenia una irasta erudición, carecía dé critica, del 
fálento de .escribir, y que su credulidad era tal, que impug- 
nando á lois m^#oos mágicos y crédulos, conservó sin em- 
bargo la creencia (^e los duendes y las brujá^, las enferme- 
dades causadas por los demonios y una jpolifarmacia estra- 
Yagaute. 

Él fondo de su doctrina era ^aléniqa y á cada paso llajtaa 
su maestro á Galeno; pero modificó el galenismo con la doc- 
trina del ácido y el álcali, pues establece que todas las en- 
fermedades dependen de un ácido de naturaleza específica, 
que se fija ja en uno, ya en otro órgano, y que el modo de 
obrar de los remedios es por una atracción ó neutralización 
.alcalina que se opone á la causa acida de las enferme- 



Elogio los remedios químicos alentando á los españoIes^ 
al e&t^dio de la botánica y química. He pensado algunas ve- 
ces, fii cuando esti^ivo de médico en Segovia encontraría por 
casua^Udad las láminas que dejó abiertas en bronce Andr^ 
Laguna antes de síi mueite, y las aprovecharía para hacer 
ja t€;rcer^ imiprei^ipn del Dioscorides que aquel segoviano 
tradujo del original griego. 

En medio. de todo lo que llevo espúesto, Eivera fué atre- 
vido en la práctica; usaha el sublimado corrosivo en dósí^ 
coQsiderables; prescribió antes que StoU el emético en la 
hemotisis; era muy partidario de las sanguijuelas para la 
curación de la hipocondría y^el escorbuto , y mandó grabar 
una lámina, para hacer concebir mas fácilmente la acción 
mecánico-fisiológica de estos insectos y la succión que ef^Cr 
iuaban en \os ramos venosos de la vena porta y caba des- 
cendente. Usó con valentía del opio en los cólicos, y con no 
menos atrevimiento^consejaba los cáusticos mas poderosos 
en cierlas afecciones cutáneas. Rivera en fin ofrece un con- 
junto de erudición vasta, falta de método y orden, difusión 
pesada y ridículo, y de grandes miras prácticas que forman 
un singular contraste. 

JlJ[é íiqui el c^tál<?(go de gus obras : 

l.o Clavicula regüiina^ dedicada al real próto-rneíjíicalo: §u 
autor Dr. />. Francisco Suarez de mvera^ etc. ífadrid^ por 
piego Martínez, 1718, en 4.^ 

! No cansaremos al lector con el análisis de esta obra: lo 
/estrayagante dé su título concuerda con lo enredoso de las 
Pjifiterias que contiene. Sin embargo el otyeto princip9l,que 



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ÍÚh HBDICIHA 

M propnM el aator f aé el de preconizar las Tirtades del Ti- 
no emético, asi como defender al antimonio de la nota de 
remedio venenoso en qne muchos médicos le tuvieron. 

2.* Febrilogia quirúrgiea : su autor el Pr. D. Franáscú 
Suarez de Rivera j etc ; dedicada al Excmo. y Rmo, Sr. 0. Car- 
los de Borja y Centellas, etc, Madrid, 17:10, en 4.® íá.añadi-' 
da y corregida^ 1731, en 4/ 

Ya hemos dicho anteriormente que las doctrinas de este 
médico eran las galénicas. Sin embarco, la idea qne llevó al 
escribir este tratado fué laudable, asi como la de impugnar 
en el prólogo el bárbaro latin de que solian usar los ciruja- 
nos de su tiempo. 

En el curso de sus esplicaciones emite algunas buenas 
máximas, observaciones juiciosas, j recomienda ciertos pro- 
cedimientos prudentes en detenuinadas afecciones, dignos 
de leerse, entre ellos ta música como medio terapéutico de 
reconocida utilirlad (pá^. 193 v siguientes]. 

3.0 Cirugía natural infalible: su autor el Dr. D. Francisco 
Suarez de Rivera^ etc^ medico .titular que ha sido de las villas 
de UtagrCj de Tornavacas, de Garganta de Olla^ del imperial 
monait'erio de S. Gerónimo de Yuste^ de la villa de Jararz, de 
la villa del Barco de Avila, de la coronada vitla de Medina del 
Campo j del hospital general de Simón Ruiz, de la noble ciudad 
de Segovia y al presente de la villa de Piedra-hita. Dedicase á 
la antiquísima villa de Piedra-hita. Madrid, por Juan de 
Ariztia, 1721, ^n 4.° 

Esta obra es mas propia para mover la risa, que para un 
estudio científico. 

4.0 Al canismoantigálico^ ó margarita mercurial j su au- 
tor el Dr, D, Francisco Suarez de Rivera, etc. Dedicase alM. P. 
S. consejode Castilla. Madrid, por Juan Ariztia, 1721, en 4.» 

Sostiene el autor que las preparaciones mercuriales eran 
el remedio mas adecuado en las afecciones sifilíticas, no 
obstante que era indudable se debian propinar antes reme- 
dios mas benignos, y foIo en el caso de no aprovechar éstos, 
era cuando debia apelarse á los mercuriales. 

6.® Resoluciones de consuUas médicas^: su autor, etc. Dedi- 
case al Excmo. Sr. D. Luis de Mirabal, gobernador y presiden- 
te del real consejo de Castilla. Madrid, por Antonio González 
de Reyes, 1721, en 4.0 

En el eslenso prólogo doctrinal que presenta el autor al 
frente de esta obra, refiere las virtudes de sus secretos me- 
dicinales sin manifestar sus composiciones. Poco provecho 
podemos sacar de su terapéutica, en la cual amontona las 



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ESPAÑOLA. 406 

sastancias, hasta el punto de no tener niida que envidiar i 
la farmacopea arábica. 

6.*^ Cirugía melódica y química reformada, «u autor y etc. 
Dedicada á la mlla de Medina del Campo. Madrid, por Fran- 
cisco LasOy 1722, en 4.<> 

7.0 Tesoro médico ú observaciones medicinales reflewiona- 
dasj su aulor, etc. Dedicada al Sr. D. Juan HigginSj médico 
del Rey y de su consejo^ etc. Madrid, por Francisco del Hier- 
ro, en 4.0 

No tiene año de impresión, pero según las licencias j 
aprobaciones, salió á luz en 1723. . . 

No merece que causemos á los lectores con.su análisis. ^ 

8.® Reflexiones anticólicas ^esperimenlos médicos^ prácti^ 
eos, químicos, galénicos; quinta esencia de los remedios contra 
la cólica ej)idémica, endémica^ y respuesta á la breve reflexión y 
crisis médica que sobre el dolor cóUco sacó á luz el JDr. D. Vi- 
cente Boyvia, médico de esta corte, su autor , etc. Dedicada al 
Sr. marqués de las Orniazas, caballero del orden de Calatra- 
va, etc. SÍadrid, por Francisco del Hierro. 

Nó tiene año de impresión, pero según las licencias se 
imprimió en 1723. 

Rivera escribió esta obra á ccnsecuencia de la que publi- 
có Boyvia con el título de Reflexión y crisis médica sobre el 
dolor cólico , en la cual asegura la eficacia de un remedio.de 
su invención. 

9.® Escrutinio médico ó medicina esperimentada : $u autor * 
etc. Dedicado al Sr. D. Juanüiggins, «^c. Madrid , por Fran- 
cisco del Hierro, en 4.' ' 

No tiene año , pero consta por las censuras que se iníprí- 
mió en 1723. 

10. Medicina ilustrada química observada , ó teatros fár- 
maco ' lógieos^médiQQ' prácticos-químico- galénicos : su autor ^ 
etc. Dedicada al Excmo, Sr. marqués de Sobraso , primoqénito 
de los Excmos. Sres, condes de Salvatierra , etc. Madrid , por 
Francisco del Hierro, 1725 j en 4.* ,. 

Esta obra fué una de las que valieron al autor muchos 
aplausos, y al frente de ella se bailan varios versos lauda- 
torios. 

Se propuso probar en ella la grandeza de la profesión 
médica, en contraposición de los que dañinamente tralabaa 
de rebajar su esplendor. 

1 1 . Manifiestas demostraciones de las mas seguras y suavei 
curaciones del morbo gálico: su autor ^ ete, Madrid ^ 172&, 
en 4.* 



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406 ItEDIGÍNA 

Nos abstenemos de ócapar inútílmeále el tiempo en hú^' 
blar de esta producción. 

' Í2. Teairo de Uí salud ó ésperimentós médico^. Su autür^ 
ett. Dedicada al Smo. Cristo de la salud ^ ato en el coúvento 
de S. Norberto de esta corte, Madrid , por Francisco del Hier- 
ríi,1726,en4.« 

'' És tina coleccioii dé reteedros qfae se vendian ttíiñó éspe- 
(^ífic<y^ para muchas dolencias. 

13. Medicina invencible legal, o teatro de fiebrei inter^ 
rkitenlés cotnplicadas t su autor, etc. Dedicada á Marta Santí^ 
sima de los afligidos^ sita en el convento de S. Jqáquin de esta 
corte. Madrid , por Francisco del Hierro , 17S6 , en 4.** 

Está obf ai es lín tratado dé fiebtes iníet*Mite¿tes, en el 
qne espone sus causas, síntomas, tratamiento, etc. Es una 
de las mejores que escribió el autor. 

Í4. Templador médico de la furia vulgar^ en defensa del 
Dr. D. Martin Martínez, del Rmo. P. M. Fr. Benito Geróni- 
nio Feyjóo, de la medicina y dé los médieot doctos. Asimismo 
contra el discurso (^ue de la medicina dio á luz dicho Rmo. Pa-- 
dre, en el tomo pr%mero de su Teatro critico universal , yeon- 
ira los malos é intrusos médicos. A los gloriosos médicos már^ 
tires S, Cosme y S. Damián, protectores de la medicina. 

Salió á luz este folleto el tíia 29 de octubre de 1726. 

Está reducido á afear los dicterios que se babian lanzado 
contra aquellos dos grandes hombres, proponiéndose de- 
mostrar que cuanto nabia escrito el P. Feyjóo de los mé- 
dicos y la medicina, se dirigía únicamente contra los ig- 
norantes 7 embusteros, y no contra la yerdadera medi- 
cina apoyada en la observación y esperieneia. Sin embargo, 
combate Rivera la incredulidad de Feyjóo acerga de la me«- 
dicina racional. 

Esta obra hizo que el P. Feyjóo dirigiese á su autor una 
atenta carta, á la cual replicó con la siguiente obrita: 

15. Medicina cortesana satisfactoria del Dr. D. Franeisco 
Suarez de Rivera, en respuesta á la honoratisima carta que el 
P. M. Fr. Benito Feyjóo escribió al autor, con el título: Al 
Dr. Bivet-a. 

Está fechada en 24 de diciembre de 1726. 

Impugna Bivera en esta obra todas las aserciones del 
P. Feyjóo, en réplica al Templador médico. Muéstrase en 
esta ocasión buen crítico, al pasó que corte.sano, juicioso, 
ierudíto, llenó de conocimientos nada vulgares , prudente é 
impárcial. Por lo tanto es digna de leerse. 

46. Cirugia sagrada; método esperimental racional; qne 



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ESPAÑOLA. f(ff 

Contra la prajtn&Htá áp&linea del Dr. ff/Api&kiú V^neittd 
Portichuelo y Zéa^ sacó á luz su autor el Dr. D. Franctaéo 
Suarez de Atvera, etc. Dedícase al Excmo. Sr. ducjue dé Ál^ 
búrquerqüe , marqués de Cuellarj etc. Madrid , por Franciéco 
del Hierro, 4726, en 4.« 

£9 tmáobra apologética, eneoñtra de la qne escribió^ 
Zea , de ninfrtin interés en la actaalidad. 

17 Escuela médica convincente triunfante^ scépiica^dogmá^ 
tica, hija legítima de la espertencia y la razón: su autor, etc, Z>é- 
dícaseal Éxcmo.Sr. marqués de' Cuellar, ^te. Madrid, pfor 
IVancisco det Hierro j 1727 ^ en 4.* 

7(ada se encuentra en esta obra qne merezca especial 
iríención. 

18. ' Medicina elemental experimentada y acrisolada en ét 
teatro de ta verdad desriuda: su autor, ')etc. CoMiene cinco tra^' 
fados: el flamero declara haber en el mundo los cuatro ele-^ 
mentos; el segundo de tú iierra'j el tercero del agua; el cuarto 
del «tre^ el quintó del fuego. Dedícase á la señora doña OH--*' 
va Shbuco de Nantes y Barrera, filósofa española^ etc. Madrid,* 
por Francisco del Hierro. No tiene año , pero aegnn las' 
aprobaciones sfe irtipiimió en 1728. 

No debemos detenernos en está obra , ño obstante qüeTiay' 
aíg^ünos capítulos qde ofrecen algún interés, principalmen- 
te los que versan sobf e las virtudes medicinales de las aguas, 
y con especialidad las de Arnedillo. - 
' \9. Teatro (fuirúrgico anatómico del eiierpo det hombre 
viviente , objetó éela cirugía y mediípina. Madrid, Í729,eiá 4.^ 

Es un tratado dé anatomía y fisiología de escaso mérito.' 
Por ló tanto nos abstianemos de hablar de él ; • 

201 füláve médico ^quirúrgica uñivétÉál y dicciúnérié 'médi-^ 
eo-quirérgico ^ anatómico, niineralógicó , bótánióo , '%9Ólógic0y 
fflrmacéutico,^ químico, his torito -poli tico: su autor, etc. Dedi-^ 
case al Sr. D. Yieente Espinóla ZeníwHóíi, étt. Madrid ^ poi; 
la viuda de Francisco del Hierro , 1730, tres tomos en 4»* '• 

El penéarrtiento de Rivera áléscriW resta obra fué gigan- 
te; ella solo debió ser lá estatua de Fidias, ia que cTcupa*- 
i*á la mayor parte de sns mejores años , y laque si se hü-» 
biera (Jedic?ido á ella esclusívamerité , btíbicrá sido de tnsé 
ntifidad que esa inmensidad de volúmenes que dio á luz con 
tan poco provecho para la ciencia. Rivera conoció que unirf 
obra dé esta^Tiaturale¿a era en estremo útil y necesaria; pe- 
ro desVanefcíxla ^tl cabera con la aglomeración de' material* 
dfe quie'ge^ó^tiAó' tratar- iVo pudo dáff á bu dicdonariój ni 
toda la estension que requería, "ni toda lü multitud 'dé>hía^' 



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4Qt MPDfClHA 

ferias qoe intentó; nt consigoió haeer masque priBcipiarlo^ 

Gesto qoe se quedó en la letra G, siguiendo el orden alfa- 
tico. 

Adornó esta obra con un gran número de láminas per- 
fectamente grabadas, las cuales representan otras tantas 
plantas j flores. Ciertamente hubiera llegado á ser de mu- 
cho mérito, en el caso de haberla podido concluir. 

21. Rcilauraeion de la medicina antigua $obre suimayo^ 
res remedio». Madrid, 173 1 , en 4 .® 

Es un^ d^ensa de los dos remedios heroicos de la medí-* 
ciña, las purgas y sangrias, tan combatidos en aquel tiempo 
por algunos facultativos. 

22. Quinta esencia médiea'^ tesorofráetieoaue contiene los f un.'' 
damentas médicos, en donde se demuestran la materia ile pulsos 
enéstampas finas; elmodo decomuniearse el alimento por ayudas, 
y otras muchas cosas de ^ande utilidad. Madrid, 1732, en4»o 

Hállase dividido en cinco tratados en la forma siguiente: 
l.<>de fisiología; 2.* de patología; 3.® de semeiólica,eQ 
donde presenta algunas láminas bastante ingeniosas; 4^ de 
higiene, y 5.*" de terapéutica. 

23. Remedios de deplorados , probados en la pisdra lidio de 
la esperieneia: su autor^ etc, ; dedicado al Exemo. Sr. D. José' 
Patino, Comendador de Alcuesca en la Orden de Santiago^ eic 
Madrid, por Alonso Balbás, 1732 , en 4.* 

El objeto del presente escrito, bajo el punto de vista bu- 
manitano , no puede ser mas propio de la misión de un mé- 
dico; mas sin embargo, sus laboriosas composiciones fárma* 
céuticas,la simplicidad insignificante de otros remedios, 
las sustancias inusitadas de muchos, la rareza y estravagan- 
cía de algunos que refiere como de gran virtud en casos es- 
peciales, hacen que miremos á esta obra como una de las 
mas caprichosas que escribió el autor. 

94. Ilustración y publicación de los diez y siete secretos del 
Dr. Juan Curvo SemmedOy confirmadas sus virtudes con mara-^ 
biliosas observaciones: su au/or, etc. Dedicada al Efnmo. y 
Rmo, Sr. /). Carlos de Borja y Centelles Ponce de Leon^ pres- 
bítero Cardenal de la Sta. Iglesia de Roma, etc. Madrid, por 
Domingo Fernandez de Arrojo, 4732 ,en 4.* 

Esta obra tiene cinco láminas grabadas en cobre. No me* 
rece que nos ocupemos de ella. 

95. Secretos médicos estraordinarios descubiertos en la ej- 
áula de la esperiencia.Su autor ^ etc. Dedicada al Dr. D. José 
Siiño/, médico de cámara, etc. 'Madrid, por Domingo Fernán* 
dez de Arrojo ^ 178 3, en 4.« 



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No bay'para que detenernos en la gerga ridicula y en es-^ 
tremo estra vagante que contiene esta obra. Remitiremos ^l 
lector al original donde podrá entretenerse un rato* 

26. Pedacio Dioseoriaes Anazárbeo, anotado por el Doctor 
Andrés Laguna ^ médico dignísimo de Julio llly pontífice 
máximo, nuevamente ilustrado y añadido, demostrando las-^ 
figuras de plantas y animales en eslampas finas y dividido en 
dos tomos: su autor el Dr. D. Francisco Suarez de Rivera, etc» 
Madrid por Domingo Fernandez de Arrojo, 1733, dos tomos 
e n folio. 

Al frente del primer tomo bailará el curioso el retrato 
d e Soarez de Bivera en buena lámina 

£sta obra, que es una ilustración al Dióscorides , sobre 
la que habia hecho nuestro Laguna, presenta primera--^. 
mente el testo del autor griego, en seguida las anotaciones 
de Laguna y después las ilustraciones del autor, sin olvidar 
la sinonimia de las plantas en un gran número de lenguas. 
Pero lo que yo hallo en ella de mas mérito son los grabados 
de las plantas y frutos y la exactitud de sus dibujos, lo» 
cuales como ya he diclio en otro lugar, sospecho que seriad 
los mismos que dejó abiertos Laguna y que Rivera saca*v 
ria del olvido^ Mas sea de esto lo que quiera , no hay duda 
que este infatigable escritor completó la obra de Dioscoride» 
"que tanto aplauso mereció á nuestro Segoviano, enriquecién- 
dola con grabados y doctrinas. 

27. JUaracillosos inventos fisico^médicos de. naturaleza y 
arte: su autor, etc. Dedicado al limo. Sr, D. José Rodrigo fy 
VillalpandOyMarqués de Compuerta, etc. Madrid, por Domiu- 
go Fernanííez de Arrojo , .1734 , dos tomos en 4.* 

No ofrece cosa particular digna de mención. 

28 Manifestación de cien secretos del Dr. D. Juan Curva 
Semmedo esperimentados é ilustrados por el Dr, Rivera:;, pre- 
viniéndose que esta obra no contiene secreto alguno de los \7 de 
Curvo que di al público el año pasado de lld2. Dedieado á la 
Excma. Sra. Dona Am Catahna de la Cueva y de la Cerda^ 
Marquesa de los Ralbases, etc. Madrid, por Domingo Fernán* 
dez de Arrojo, 1732, en 4." 

29. Amenidades de la magia quirúrgica y médica natural. 
Su autor etc. Dedicase al I limo. Sr. D. Andrés de Orbe y 
Larreatégui, Inquisidor genera/, etq. Madrid , por Dominga 
Fernandez Arrojo, 1746, en 4.** 

Tampoco debemos detenernos en esta obipii, en la que £ 
la vez que combate algunas credulidades del vulgo , cae ea 
otras DO menos risibles y estra válgante». . «> 



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ItO MEDIGIVA 

30. Colettánea ée selectísimos secretos médicos y ehSrúrgicos; 
su autor, etc. Dedicase al benignisimo lector ^ etc. Madrid , por 
Maimel de Moya, 1737, en 4.* 

No es mas que una colección de recetas colocadas por ór* 
den alfabético escritas con el tin de que los pobres se titilí^ 
zaseil de ellas en sus enfertnedades. Son notables estas re«- 
cetas^asi como todas las del Df. Bívera, por el número de 
ingredientes que entran en su composición. 

3 í . Clave botánica , ó medicina botánica nuem y novísima. 
Madrid, i738, en 4.« 

Arguye sobre la necesidad de saber bien la botánica para 
ser buen médico. Carece de mérito. 

32. Academia chirúrgica racional dé irracionales; su autor ^ . 
etc. Dedicase á la muy noble y siempre leal ciudad de Sala- 
manca. Madrid , por Manuel de Moya, 4739, eú 4.* 

Esta obra es propia solamente para reir. Recomendárnosla 
pnes como remedio moral contra el fastidio. 

33 Breviario médico y quirúrgico de nuevos y raros secretos. 
Madrid, 1740 , dos tomos en 4.® 

Los que gusten enterarse de composiciones y remedios 
estrambólicos, de las vulgaridades mas ridiculas, de loses- 

Eecíficos aconsejados por la ignorancia y la superstición, 
usquen esta obra, con la cual quedará satisfecha completa- 
mente su curiosidad. 
Nada mas añadiremos sobre ella. 

34. Anatomia quimica inviolable y memorabk. Madrid, 
4743, en 4.^ ' 

Nada diremos tampoco de esta obra para no perder el 
tiempo. No contiene cosa alguna digna de leerse. 

35. Cánones particulares de cirugía con que se libertan 
inuchos deshauciados si al sagrado de sus fuentes se refugian; 
su autor, etc. Sacrificase á la magestad del divino y máximo^ 
Jesús médico , infante, hijo de Dios, etc. Madrid, por Manuel 
Moya, i754, en 4.* 

Ésta eí? una dé las mejores obras que escribió el autor. Des- 
pués de sentar por principio que la esperiencia es el funda- 
mento de la medicina , pasa á tratar de cuando convienen las 
fuentes y cuando no deben los médicos bacer uso de ellas* 

He presentado todas las obras del Dr. Rivera que poseo. 
Ademas de estas escribió otras, de las cuales no puedo traslar 
dar aqui sino sus títulos, y todos juntos ascienden á cuarenta 
y cuatro. jNúmero prodigioso por cierto! Todo ese fárrago 
fresado y a veces indigesto de doctrinas galénicas mal ámal- 
p;amadas con los deseabr»ttientos líiodérnos y con üdá poli* 



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S&PAÜOLA. 4Íl 

farmacia exagerada, es mas carioso por sus títulos retom- 
bantes^ que por su estilo, doctrinas y niétodo, ui auu por la 
gracia en el decir. Sin embargo no es tan general esta fal- 
ta de gusto en el autor que no aparezcan en alguna parte 
las buenas ideas de úú médico, que sea como quiera, fué 
hombre de inmensa lectura, y de mucho ejercicio práctico; 
siendo innegable que gozó de gran crédito y reputación aun 
entre los mismos profesores. Asi pues podemos comparar sus 
Volúmenes á una selva enmarañada y llena de abrojos , en 
donde se suelen encontrar de cuando en cuando algunas 
delicadas flores. Concluiremos, pues, presentando los títulos 
del resto de sus obras. 

36. Níievat maravillas del arte química sobre las maravillas 
de naturaleza. 

37. Medicina práctica cautelosa. 

38. Sagrada áncora natural y artificial contra el oprobia 
de los médicos y azote de los enfermos. 

39. Laberinto filosófico-médico de morbos complicados. 

40. Medicina mágica natural. 

'41. Philosophia compendiosa aristotélico^cartesiana. 

4Í. Cirugia triunfante demostrativa, 

Ésta obra la escríoió contra el Dr. Monrara y Boca asi 
como los anónimos siguientes : 
.43. El auirúrgo Pradillo. 

44, El hachiflerato Cavero. 

Francisco Solano de Luque. 

Las noticias históricas que tenemos dé este médico auda* 
luz soto de las mas interesantes y satisfactorias para los ver- 
daderos amantes del honor literario de nuestrii nación. Va- 
mos pues á hacernos cargo del talento observador de este 
granae hombre por medio de una crítica imparcial; le exa- 
minaremos en su esquisita facultad táctil, en su elevado cré- 
dito entre los estrangeros, en su humilde y generoso carác- 
ter, y no olvidaremos tampoco esa lamentable indiferencia 
ó menosprecio con que en un principio fueron recibidas 
sus ideas sobre el pronóstico de las crisis por el pulso, por 
los mismos profesores de su patria, que debieron ser los 
primeros, antes que los estraños, en honrar su talento. Es- 
cucharemos también las amargas quejas de nuestros erudi- 
tos escritores por semejante despego, y notaremos de paso 
que los dos principttles que Henos dé noble emulación die- 
fbn á conocer én ^u patria la vida de Solano de Luque y 
éncomiat^ii m descubrimieufo^, fueronr edtf ttfios á la eieu^ 



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ití MEDIGIIÜA 

cia, el eraditíBimo Feyjóo y D. Juan Luis Roche. De estos 
voy á valermo para foVinar esta biografia con presencia de 
las obras de Solano y del estrado que- hizo de una dé ellas 
el ilustrado Dr. D. Jaime Nihel. 

Nació Solano de Luque el afio 1685 en la ciudad de Moa- 
tilla, a seis leguas de la de Córdoba. Hizo sus primeros es- 
tudios de gramática y íitosofia en el colegio de jesuilas de 
su mismo pueblo. A los 19 anos de edad en el de 1704, pa- 
só á Granada á cursar medicina, y tres años después se 
íl^raduó de bachiller e^n aquella universidad. Siguió la prác- 
tica con D. José Pablo Fernandez, el cual era hombre muy 
grave, de carácter áspero, partidario acérrimo de Galeno y 
enemigo inexorable de las nuevas docti^iaas á favor de las 
cuales no admitía reflexión alguna. 

En este tiempo, pues, joven de 22 anos, rodeado de los 
impedimentos consiguientes á su inesperiencia v de los obs- 
táculos que siempre opusiera su maestro al desarrollo de 
su ingenio, fué cuando nuestro Solano, ayudado l«in solo 
de Su talento y de un tacto esquisito, empezó á hacer por 
sí mismo sus primeras observaciones sobre el pulso dicrotOy 
que muy luego le proporcionaron descubrimientos de tanta 

§ loria para él, como de interés general para, el mundo mé - 
ico: Terminados sus años de práctica, se graduó de médico 
el de 1709, y mas tarde tomó la borla de doctor; pero ya 
esle genio observador había llamado la atención por sus 
famosos pronósticos, y á esto sin duda debió un pequeño 
partido en la villa de Illora, lugar de muy corto vecindario, 
cerca de Granada, á donde fué de médico, titular á ejercer 
la profesión. AUi mismo tomó estado el año de I7í2 á 
los 27 de edad, casándose con doña Josefa Navajas y Victo- 
rio, natural de la villa de Rute, de la que tuvo quince hijos, 
siete varones. Dos de estos siguieron iJa misma carrera gue 
su padre; pero de todos ellos no vivieron mas que dos hijas 
V Ires varones, uno de los cuales fué el médico de quien mas 
adelante nos ocuparemos. 

Ya la fama de los portentosos pronósticos de Solano, y 
desús grandes curaciones, cundía de pueblo en pueblo, pe- 
ro sin salii* aun de los pequeños lugares del reino de Gra- 
nada y de alguno que otro de la provincia de Andalucía, 
ComoRiite, Loja, Iznajar y otros, en donde se solicitaba con 
anhelo su presencia; pero en las grandes poblaciones no se 
sabia que existiese aquel observador, que estudiando de 
continuo la naturaleza de las fiebres, la causa de las crisis, y 
^plorando el pulso constantemente, preparaba ana teiii 



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kspaSqla. il3 

resolución en las ideas, que habia de dar el último golpe 
mortal á las antiguas teorías de Galeno y á las de los médi- 
éos árabes. Sin embargo en el año de 17 17 la ciudad de An- 
tcquera tuvo el acierto de llamarlo para que fuese uno de 
sus médicos de número, y al año-siguiente imprimió su pri- 
mera obra sobre el origen morboso. 

Seguia entre tanto nuestro Solano corroborando con la 
repetición de observaciones su descubrimiento, y ya era tan 
asombroso en sus predicciones y en la oca^^ion de los reme- 
dios, que sin vacilar, después de esplorado el pulso, indicaba 
los movimientos críticos que hablan de suceder, por cursos, 
sudores, hemorragias, ó el término fatal del enfermo, con la 
circunstancia de que rara vez faltabari el dia y hora en que 
los pronosticaba. Mas á pesar de todo continuaba ignorado 
el nombre de Solano en las capitales de provincia, y sin 
propagarse 'por ellas su descubrimiento; y si á los oidos de 
-algunos médicos llegaba esta noticia, referida por los mis- 
mos á quienes habia curado ó por sus familias, contenta* 
banse con despreciarla como cosa imposible, pues que á 
ser cierta, decian, babia que borrar de la medicina la ma- 
yor parte de sus dogmas. 

Pocos años después resolvió imprimir sus observaciones 
. sobre la predicción de las crisis por el pulso, cuya obra ti- 
tuló Lapis Lidos Apotinis-y pero tuvo que sufrir una gran 
demora en su' publicación á causa de la resistencia que le 
opusieron ciertos espíritus malévolos. Asi es que desde el 
año de 1722 en que fué presentado el original, solicitando 
las censuras para su impresión, hasta que salieron las últi- 
mas licencias en 1739, pasaron diez años sin que viese la luz 
pública. El eruditísiuio Feyjóo, notando esto mismo, y que- 
riendo con justicia salvará la nación española y á la facul- 
tad médica de tan odioso atentado, dice en el lomo 5.*^, car- 
ta 9 , pág. 278: «esto pudo ser únicamente obra de cuatro 6 
»seis medicastros de la corte, que también aqui los hay co- 
»mo.en las provincias mas remotas. ...x> 

No obstante, publicada al fin la obra, no pudo su autor 
adquirir el merecido crédito; se la miró con desdeñoso des- 
pego; apenas tuvo compradores, y los hombres mas sa- 
Diosde nuestras escuelas ignoraron por mucho tiempo su 
existencia. Asi el ya citado Feyjóo, aunque lleno de pruden- 
cia, se queja de esto mismo, al confesar que la primera no<- 
ticia que tuvo de Solano fué la que le comunicó su amigo 
Torres desde Paris, cuando ya corría la fama de su nombre 
por casi todas las naciones( de Europa. Con no menos seúti- 



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miento se qaejf^a también otros varios autoises 4^ s^^aat^ 
abandono respecto de las laminosas observaciones dé Sola- 
no, las que dejo á la consideración de los lectores por no ser 
difnso (1). Veamos ahora por qué casualidad no quedó se- 

Íiültado para siempre en el olvido el descubrimiento de Sor 
ano. 

Hablan pasado cuatro ó cinco años de publicado el L($pu 
Lydos ApoUnis^ cuando un curioso y entendido médico iriaa- 
des, natural de Lemerie, que estaba en Cádiz, el Di*. D* Jai- 
me Nihell, con la noble y generosa ambición de encontrar la 
verdad y tocar con sus propias manos la importancia de lo 
que haBia leido en aquella oora , resolvió desde luego con- 
sultar con el autor. Para ello pasó á Antequera, donde resi- 
día nuestro Solano, y se presentó en su casa el dia 17 de se- 
tiembre de 1737. Era Solano de un carácter amable y fran- 
co, y sobre todas sus virtudes sobresalía la de una moral, tau 
cristiana, que jamás ocultó la verdad á nadie, ni desdcüó co- 
municar sus conocimientos á cuantos se lo demandaban, y 
esto lo ejecutaba no solo con sus mismos compañeros, sino 
con los practicantes de medicina, jbou los eslraños á la cien- 
cia y hasta con los barberos. Véase en prueba^de ello como 
se espresa en varias partes de su obra: tiEn cosas ^ dice ^ del 
bien común, jamás por el aura popular ni por interés alguno 
oculté cosas que pudiese utilizar el público,» Asi, pues, recibió 
la honrosa visita del profesor Nihell, no solo con aquella 
bondad propia de su carácter, sino también con toda la cor- 
tesanía hija del país en que nació, y desde luego le llevó 
consigo al hospital de S. Juan de Dios, en donde inspeccio- 
naron el primer enfermo, cuya relación voy á trasladar 
aguí, omitiendo todos los demás .casos y observaciones que 
hicieron aquellos dos profesores durante dos meses que per- 
manecieron juntos (2). 

«Era este un joven de 22 años , y habiéndolo pulsado .uno 
de los pasantes de Solano , dijo: ya llegó el caso de que el 
Sr. D. Jaime vea y toque lo que viene buscando. Con esta 
noticia llegó Solano á pulsarlo, y reconociendo un pulso di- 
troto en todas las pulsaciones, y que el segundo golpe ó re- 



(i) Eocbe ge Uneola dicMiido «que esta eontinua desgracia de nuestros 
héroes, dus da facultad para imaginar, que sí.GoIod hubiera sido compatriota 
nuestro, aeaso jamás hubiese tenido efecto por los españoles el desfubriniifo» 
to de las Indias...» 

(a) Véase la obra postuma de Solano donde se hallaran. 



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i^zo 4?' Id arteria era parvo, éijo á Ifib^U qoe lo pulsas^í 
^ luego que se hubo informado , le previuo que siempre que 
tocase eu los enferoios pulso semejante, tendría cierta san- 
are de narices dentro de las %h horas» peroc[ue seria poca. 
Maravillóse del pronóstico, y aunijue replicó que mirase 

Sie no se hallaba en el enfermo ni rubor de megillas , ni 
evacíon de alguno ó ambos hipocondrios , ni cargazón de 
cabeza , ni pulsaciones temporales, ni otro alguno de los 
signos que se hallan escritos como precursores de xlicha 
hemorragia , le respondió Solano , que no obstante esperi- 
mentaría cierta la sangre pronosticada. Aquel diaá.las 12 
volvió Nihell á pulsar al enfermo, y lo bailó coa el mis- 
nio pulso : á la tarde, como á las 4, practicó la misma dili- 

Sencia« y al anochecer ejecutó lo mismo, y no halló nove- 
ad. Pasó el enfermo la noche sin mutación alguna , basta 
que á las 4 de la mañana dio tres ó cuatro estornudos, ar- 
rojando ^n ellos dos grumos grandes endurecidos, y al pa- 
recer suyo y de los enfermos vecinos, ensangrentados ó de 
sangre coagulada; tras de lo cual vinieron siele ú ocho go- 
tas de sangre, las que recogidas en un pañuelo, manifestó 
el enfermo por la mañana. Pasmóse D. Jaime, y mas cuan- 
do yió que por subsistir el mismo pulso, pronosticó Solano 
mas sangre para la tarde de aquel día, y cuando volvieron 
á visitarlo bailaron el pañuelo con cerca de una docena de 
manchas de sangre, unas grandes y otras pequeñas. Sub- 
sistiendo la bipulsacion con menos celeridad, volvió Sola- 
no á pronosticar mas sangre aun para la tarde del dia si- 
guiente, y habiendo pasado Nihell á la caida de-la tarde de 
este dia,. halló en efecto dos manchas nuevas, con loque 
quedó enteramente bueno aquel joven, y habiéndolo regis- 
trado el referido D. Jaime, haciéndole que se sonase con 
iuerza varias veces, no salió el menor filamento sanguíneo, 
con lo cual, y dándole una limosna, lo despidió (1).» 

Curiosa es á la verdad la lectura de todos los casos que 
observó el eruditísimo Nihell, como le llama Van-Swietem 
en la práctica que siguió con Solano en Antequera. Cercio- 
rado, pues, de la verdad que fuera buscando, no tardó aquel 
caballero Irlandés en corresponder como hombre de honoo* 
y verdadero amante de la ciencia, á las grandes muestras 
de aprecio que había recibido de nuestro español por ha- 
berle abierto los tesoros de sus luces en todas y en cada 

(i) Obser\aciooc8aobre el piiUe, pág.. aS. 



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U6 ^ M]S1>IC11IA 

una de sqb observaciones. Asi íué^ que habiendo luego pa--» 
sado á Londres, coniuiiieó al momento la noticia á los de- 
más médicos de aquel reino, presentándoles ademas un com- 
pendio que hito en lengua inglesa de las doctrinas de su 
amigo, como el mas opimo fruto que habia recocido en su 
viage á España (I). Su obra, traducida luego al latín por Gui- 
llermo Noortwyk, corrió con admirable prontitud por casi 
toda Europa^ reimprimióse en corto tiempo varias veces; se 
hicieron repetidas ediciones en diferentes puntos; ^e tradujo 
á muchos idiomas^ y no hubo sabio que no se apoderase con 
laudable avidez de tan importantes noticias, y asi el nom» 
bre de Solano voló al par de los elogios por casi todo el 
mundo civilizado. Van-Swieten, Trevoux , Mons, Lavirott, 
Noortwy h y otros muchos, fueron los resortes de que se va- 
lió una providencia bienhechora para que no fuese sepul- 
tado el descubrimiento de Solano en la misma patria en que 
naciera. Dolor causa decirlo; pero la verdad histórica lo exi- 
ge: en tanto que aquellos sabios llevaban á las aulas estran- 
geras el referido descubrimiento, y se dedicaban á observar 
en la práctica la verdad de los hechrs que veian confirma- 
dos, aormia España aun en la desidia y sin que se leyese 
en ella la obra de Solano. Por esto la ñisioria de la medt- 
eina Española ha contraído la imprescindible obligación de 
inmortalizar en sus páginas el nombre del profesor Ñihell, el 
que dio á conocer al mundo médico las ideas de nuestro com- 
patriota, y asi lo verifica, rindiéndole el tributo de aprecio 
é que se hizo acreedor, como igualmente al l)r. D. Manuel 
Gutiérrez de los Rios, médico en Cádiz, que en su Idioma de 
la naturaleza, hizo el gran servicio á su patria de dar á co- 
nocer de nuevo las doctrinas de So]ano. 

Por último, en Cádiz fué donde empezó á cundir la noti- 
cia que esparcían algunos ingleses del gran mérito de Sola* 
DO, y aquella ilustre ciudad trató de hacer un acto de jus- 
ticia que siempre la honrará, procurando traerlo de Ante- 
3 ñera á su recinto, y señalándole una buena renta; pero 
esgraciadamente no llegó este caso. A poco tiempo de sa- 
lir Nihell de España, Solano,. que habia quedado en el me- 
jor estado de salud, falleció el último dia de marzo del 



(i) Si todos los estrangeros que víeneD á España se dedicasen cada aoo 
eo su respectivo ramo ó ejercicio, k un estudio filosófico é imparcial como 
lo hiio este irlandés, no se darían al público tantas pueriles necedades co<- 
Itto vemos impresas con harta frecuencia en otras nacionss. 



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ESPAftOtA. 417 

afio (738 á las cinco de la mañana, siendo de edad de53 años» 

Todos los honores y consideraciones gue gozó durante su 
vida fueron el título de médico honorario del rey y de su fa- 
milia, el de catedrático sustituto de la universidad de Gra- 
nada, y el de socio de la real academia deSevilla. Su nu- 
merosa familia quedó pobre, y si bien la había proporcio- 
nado con su talento medios para mantenerla con la mayor 
decencia, después de su muerte se socorrió con las alhajas 
de oro y plata labrada que dejó , y el coche que mantuvo. 
Su hijo D. Cristóbal Solano, que ya lograba la misma for- 
tuna en sus curaciones, falleció poco después que él; pero 
el Dr. Pedro Solano, médico también, vivió para honrar 
8u memoria. 

Las obras que dejó son las siguientes: 
v 4 .0 Origen morhóso común y universal , generante de los 
accidentes todos según la irrefragable doctrina del grande JBí- 
pócrates ; esprimida por el trabajo del Dr, D. Francisco Solano 
de Luque, catedrático sustituto que fue en la insigne é imperial 
universidad de Granada^ socio de la real academia de Sevilla, 
médico y vecino de esta ciudad de Antequera. Dedicado i el 
Sr. D. Pedro Jacinto Buiz Diaz de Narvaez^ conde de Bova^ 
dilla^ etc. Málaga , por Juan Vázquez Picdrola , 1748, en 8.* 

Aprob-aron esta obra D. Alonso Francisco Sánchez y 
Zea , y el Dr. D. Francisco Antonio de Herrero y Panlagua, 
médicos de Sevilla. No seimprimió antes por carecer de medios 
el autor ^ cuya circunstancia parecerá increíble y contrista el 
espíritu cuando se lee en el prólogo. 

Puede considerarse este escrito como un comentd del li- 
bro de los flatos de Hipócrates, ó sea una enumeración de 
las enfermedades crónicas producidas por desarreglos en la 
digestión ó del aire introducido en el cuerpo. 

Divídese en cuatro partes. En la primera habla de la esen* 
cia del flato y de sus causas ; en la segunda trata de sus 
diferencias ; en la tercera toca la cuestión de si conviene 
sangrar ó purgar en semejantes accidentes; y en la cuarta 
trae los medicamentos mas convenientes para su curación. 
El autor se hace cargo también dei las doctrinas antiguas 
) modernas sobre el mismo asunto; reprueba erinmode- 
rado uso del chocolate como ocasional aeL desarrollo fla^ 
tulento; examina dicha afección en todas sus fases, asi en 
uno V otro sexo, como en las edades , y por último espone 
la serie de males que engendra, según las circunstancias 
individuales y accidentales. 

En su terapéutica aconseja que se usen pocos remedios, y 

TOMO VI. 27 



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418 MEDIClflA 

entr0 ellos recomienda la dieta como principal ; reprueba 
las composiciones farmacéuticas por la sensible alteración 
qne proaacen en los eafermos, creyendo qae el medio mas 
simple j menos repugnante es el agua pura ó acerada. 
Aprueba las emisiones sanguíneas en ciertos casos de acci- 
dentes sofocantes, producidlas por esta misma afección; trae 
entre los casos prácticos que renere el de una muger que curó 
de un asma flatulento con solo el vitriolo liquido de Marte. 
Aconseja para tos hécticos los baños de tierra, fundado en 
una analogía poco esacta ; pues dice que asi como para pu- 
rificar las ropas se las entierra , del mismo modo se purifi- 
caban tales enfermos. Para las erisipelas usaba de la emul- 
sión de bellotas hecba con aguardiente común. En fin esta 
obra , aunque con algunos defectos , descubre sin embargo 
un buen espíritu filosófico y rasgos que acreditan ser propios 
del que á los pjocos años empezó á dar testimonios auténti* 
eos y pruebas irrefragables de su claro talento. 

S.® Lapis Lydos Appollinis^ método segura y la mas útil^ 
asi pm^a conocer , como para curar las enfermeaade» agudas; 
venerada de los antiguos , aunque no practicada , por no adver^ 
tida de los modernos, y ahora demostrada con innumerables espe- 
riendas , observadas por el celo y diligente cuidado del doctor 
Francisco Solano de Luque, médico honorario del Rey nuestro 
Sr. en su real familia, catedrático sustituto, que fue en la %m^ 
mrial universidad de Granada, y socio de la regia sociedad 
jisico-médica de Sevilla, Madrid , por- José González ,1731, 
en folio. 

Ya hemos dicho arriba que la doctrina de esta obra se re- 
produjo en varias esposiciones, y fue muy luego conocida 
por casi todos los paises civili