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Full text of "Historia crítica de Jesucristo, ó, análisis razonado de los Evangelios"

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HARVARD COLLEGE 
LIBRARY 





FROM THE LIBRARY OF 

JEAN SÁNCHEZ ABREU 

(CLASS ÜF 1914) 

September H, 1918 











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HISTORIA CRfnCA ., 



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3ÍLL¿tori^nrr, 



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HISTORIA CRÍTICA 



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ó 

anAusis razonado 

DE LOS EVAJyeEUOS. 

OBRA ATRIBUIDA AL BARON' DE IIoLBACH. 

TftADVaOA Z>BL VAAUCBS POft W BX-IISUITA. 



Ecoe liomo. Ved aqui el hombre. 



SEVILLA: ^^^ (^ 

EN LA IMPRENTA NACIONAL. 



4838. ^ 

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Digitized by-V 



NARWI» COLIEOE LiBMRV 

FflOtl TH€ LÍBBARY OP 

ÍEAII SÁNCHEZ A6REU 

SCfT. 14. 1918 

TRANSFERREO 10 
liAltVARD DiViNiTY SCMOOL 



P^idet me humani generís cujas mentes et 
aur^s t alia ferré potuerunt. 

Me avergaeoso del línsge homano cujchi 
entenclimientos y oidos pudieron sufrir tales 



5. A6USTW. 






Ahdovfp-' arvard 
Theoloükal UBRARY 

Cambi^iij<j£. Mass. 



rr.rr.cT rt r':tr': 



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I ADVERTENCIA 



Entre las varias obras que hemos 
leído déla clase á que pertenece la pre'- 
senté j ninguna nos ha parecido que 
trata la materia con el método y fuer-^ 
za que la que ahora damos al público. 
Una curiosidad j que en nosotros ya 
es vicio j hizo que nos entretuviésemos 
algunos ratos en traducirla j é insen^ 
siblemente llegamos al fin j cuando 
otros con igual motivo j pero que na- 
da entienden de la lengua francesa • 
manifestaron uñ vehemente deseo de 
tenerla, Jlsí es como nos determina^ 
mos á complacerles , y para no ha* 
cerles desear un presente de tan corto 
mérito j como puede ser el de nuestra 
versión j ni aun nos quisimos entreten 
ner en darla la última mano* No po* 
demos tener la satisfacción de instruir 
á los helores acerca del autor de Id 



6 ADVERTENCIA 

Critica de^ J. C* pues aurnfue sabenum 
que se atribuye generalmente al Ba- 
ron de ffolbachj nos parece, temeridad 
aserrarlo hasta que tengamos pruh^ 
bas mas positivas. El mérito de la 
obra es conocido de los sabios , para 
los cuales no se ha hecho este trabajo, 
porque ¿ cuantos habrá que merezcan 
este titulo entre nosotros , que igno- 
ren el idioma de Rousseau? Éntrelos 
indoctos no puede tenerle^ ni nosotros 
ños empeñaremos en demostrarle ; ni 
sabemos sij aunque lo intentásemos ^ 
saldríamos con nuestro empeño. Sin 
embargo j porque no parezca que pa^ 
ra nadie escribimos j dividiremos am^ 
bas clases en otras tantas subdivisio- 
nes : es decir j que entre los sabios tos 
habrá de tal gusto que prefieran leer- 
la en su idioma vulgar ó patrio ^y en- 
tre los indoctos , asi como se hallará 
una clase muy numerosa que por so^ 
to el título no la tomará en la mano j 
iio dejará de haber otra^ bien que mw 
cho mas pequeña , que quiera emplear 
algún rato en ver las objeciones que 
pueden hacerse á ciertas cosas , que 
cree fuera de toda posibilidad que 
exista mortal capaz de ^r^M9Mf^g^\(ps : 



DUr. TlVipUCTOB. 7 

y en fin todas^ia podrá darse con al--, 
gunos j aunque raros j quos aequus 
9mavit Júpiter , que la lean con el an-- 
4ra de descubrir la \ferdad. Confesa^ 
mos en honor de ella, que no somos^de 
la opinión del autor en todo lo que 
dice; pero no podemos negar ^ funda-- 
dos en el mismo principio, que se en-- 
cuentran en el contesto de la obra re* 
flexiones tan poderosas j que nuestro 
limitado alcance no las ha hallado so-- 
lucion alguna» El estilo del autor es 
algo duro y descarnado j jr general* 
mente es de aquellos que se dicen j are- 
na sin cal j^ cuantos hayan hecho es* 
periencia ensayándose en traducir , 
conocerán la dificultad que ton esta 
circunstancia se nos habrá acrecenta- 
do. Es cierto que para superarla en 
parte j nos hemos tomado alguna li* 
b^tadj no atándonos servilmente á la 
letra , sino que siguiendo el precepto 
de S. Gerónimo , hemos cuidado mas 
de dar el sentido que las meras pala* 
bras. . 

. Puede que sea vanidad j porque no* 
sotros tenemos alguna ; pero nos pa* 
rece que esta conducta no nos ha de 
acarrear yituperio ^ sino que s€ nps 

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S iDVE&TracU 

ha de estimar por muchos^ y aun ían^ 
ia dosis nos asiste de dicho inicio; que 
agoramos que se ha de preferir den*^ 
tro de no mucho tiempo la traduccioh 
al original. Sin embargo de lo dichoj^ 
concedemos que no éramos capaces de 
haberla compuesto originalmente j y 
con esto se notará que si somos vani- 
dosos, también somos francos. Para 
apoyar nuestra predicción j porque no . 
nos creemos inspirados j la hemos j no 
se sabe si adornado j ó recargado j con 
mas de doscientas notas que para que 
no se atribuyan á otros j se distinguen 
con números romanos , siguiendo la 
numeración por toda la obra. Nuestra 
intención era que dichas notas fuesen 
hres^eSj saladas j satíricas y picares^ 
cas / sin embargo^ conocemos que co^ 
mo el hacerlas breves es mas fácil que 
sacarlas satíricas j tendrán de lo se^ 
gundo menos que de lo primero j si se 
esceptua la de las aguas de los celos ^ 
que es historial ^ y alguna otra; é 
igualmente sucederá lo mismo en las 
otras dos cualidades j es decir j que 
tendrán menos sal que picardía j por- 
áue en el compuesto que se llama hom^ 
ore entra menor dosis del primer sim^ 

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VEL TAÁBUCTdft. 9 

pie ¿¡ue del segundo. Por esta misma 
causa j habríamos podido derramarlas 
con mas profusión ; pero ademas de 
que habría engrosado el tomo y se nos 
figuraba seria lo mismo que si á un 
plato de arroz con leche se le cargase 
una libra de canela. En fin j para que 
alguna vez se diga la verdad neta en 
una advertencia preliminar j hemo^ 
consultado mas á nuestro genio que al 
de todos los demás , y esto es lo que 
juzgamos que han practicado cuantos 
han escrito j pero que no han tenido 
tanta franqueza como nosotros. 

Opinamos j que si algún día llegad 
propagarse la ilustración , época qué 
no creemos tan distante como el esco- ft- ^r / 
cés CrsÁg^será esta obrita sumamente ^¿^^^ 
estimada j y aun nosotros seremos ha-^ }ictéL allí 
hidos por medio-profetas j puesto qué •^^^ ji 
ni dudamos predecirlo^ ni que deje de 
cumplirse. Decimos medio-profetas , />*^«*^^^^ 
porque no nos atrevemos á fijar el dia 1(2% 
ni la horaj diém ñeque horatn ; perú 
acá en nuestro caletre pensamos qué 
no ha de pasar , si es que llega j de 
las setenta semanas , ó la Daniel. En 
una palabra , para espresar nuestro 
modo de opinar^ decimos qtf^J 



40 . AmruTBKiA 

do rído el periodo de la Gran lejy esr 
to es la Natural^ de unos dos mil años^ 
antes mas que menos , jr el de la Ley 
cscfita y de otros dos mil, anles menos, 
que mas j será también el de la Ley^ 
que aunque se llama de Gracia , ha si^ 
do la mas cara , de otros dos mil, pi-- 
co mas ^ pico menos , ó quizá, quizá 
oabalitos. Querrán saber los curiosos 
cual será la Ley que suceda á esta; y 
nosotros que no nos haremos rogar 
tanto como doncella que tif^ne buena 
voz y sabe cantar , para que lo haga, 
diremos lo que nos da el corazón , y 
es que la sucederá la Natural , ayudas- 
da de la mas acendrada filosofía Jlmen. 
Protestamos que al decir esto no 
aseguramos que acertarémaU^ sino que 
^ ^ . solamente enunciamos nuestro pare- 
,^ cer, así que , si por desgracia errar 

* * -i»cA mos, este error no deberá nunca ^e^ 

• • • V ferirse á la Divinidad, pues aunque 

^..m creemos firmemente que es el espíritu 
* * ^ el que nos inspira, no estamos ciertos 
de que sea Santo» 

Como no hay cosa mas horrible á 
nuestra idea que el Ateísmo , adverti- 
mos que desaprobamos altamente cuan-- 
tQ tienda á tan bárbaro sistema ¿ pues 

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DBL TRADUCTOR V 4f 

üue tada- persona sensata conocerá que 
najr gran diferencia entre seguir ó.no 
sesuir cierta f determinada Religión, 
ó Heligionesj j no creer en un Ser 
supremo , autor de cuanto existe. Sin 
esta declaración j penetrarían nuestro 
dictamen en esta parte j los que con el 
coteJQ del original con la copia viesen 
qjLíe hemos suavizado no pocas espre- 
sienes que pudieran dirigirse á seme^ 
jante absurdo ; pero el convencimiento 
d(s que no todos estarán en disposición 
de hacer la comparación , y nuestra 
delicadeza en este punto , nos impelen 
á esta confesión. 

, Para satisfacción de los lectores , 
indicamos que hemos confrontado las 
citas casi siempre ^f que no, pocas ve^ 
cestas hemos rectificado j lo que no rfe- 
cimoi por rebajar el mérito del jiutor 
original y elevar el nuestro ^ cosa que 
no puede objetarse á personas que nx> 
quieren manifestar óu ambición á la 
gloria; sino porque es la verdad j jr 
verdad qUe cualquiera puede averiguar 
por si mismo á poca costa. 

Como en esta clase de obras los ni-- 
miamente escrupulosos no dan autori^ 
dad á los testos mismos de /g " 



4Bi ADVERTEStCIA DEL TRADUCTOR* 

Escritura j cuando ven que tienen (í/-' 
guna variación^ aunque sea leve j y en 
Iq literal y no en el sentido; defecto qi^e 
ponían algunos á las citas del Autor: 
nos hemos valido de la traducción del 
P. Scio j á la cual no pondrán tacha 
los creyentes. Asi j siempre que se 
vean los versículos numerados y las 
palabras que se citan de letra bastar^ 
dilla j son tomadas exactamente de di^ 
cha traducción j y aun de su última 
edición del año 4816^^ esto con tan- 
to rigor j que aun van con la propia 
ortografía. 

Concluimos pues con decir que asi- 
como los Misioneros Capuchino-Apos- 
tólicos afirman que dan por bien em- 
pleado su trabajo y si ganan una sola 
alma para la cruz , también nosotros 
no daremos por perdido el tiempo , si ' 
reclutamos algunos hombres á la razSa. ' 



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PREFAOO. 

^1 m9m 



Al. pam que los ETangeltes andan aa 
manos de todos, no hay cosa mas rara 
que encoQÜratf cristianos qae estén bien 
instruidos en la historia del fundador de 
au Religión ; y mas raro es aun et que 
entre los que han leido esta historia se 
encuentre <|uienhajra tenídoetrevimien* 
to de examinarla oon sereoñdad. Yo con¿ 
vengo en qué la ignorancia en los unos ^ 
y la &lta de reflexión en los otros, acer-^ 
ca de un objeto que miran como infi^ 
nitamente importante , podrá dimanai^ 
del fastidio que debe causar naturalmen* 
te la lectura del Nuevo Testamento : 
poique en efecto reina en esta obra u» 
desorden, una oscuridad y una barba-" 
rie de estilo , capaces de hacer perder 
el tino á los ignorantes , y de desviar de 
su lectura á las personas ilustradas* No 
hay historia antigua ni moderna, que 
no tenga mas método y claridad que la 
de Jesucristo , y no parece que el Espw 

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ñn^ PABFACIO* 

ritu SantóVqúe ke supóiíe el autor j ria"^ 
ya DO digo escédido, pero ni aun igua* 
i^do á muchoíí faidtoriadoTes Profanos/ 
cuyos escritos no son de tanta conse- 
cuencia para el género luimano. 

Nuestros Teólogos convienen en que 
los Apóstoles eran u^os hombres grose- 
ros é idiotas ) y tampoco iiaUamos se- 
Sfiles de que el Espíritu divino que ka 
inspiraba ^ se tomase el traba[o de en** 
mendar en ellos estos defectos persona^ 
les. Por el contrario, mas: bien parece 
que los adoptó él missio, y que seaco^ 
modo á la cortedad de sus luces y de-^ 
bilidad de sus órganos y inspirándoles 
linas obras que carecen del juicio , del 
método y de la, precisión que se notan 
eñ varios escritos humanos. Asi es qae 
los Evangelios qos presentap un haci-( 
namiento confuso, de prodigios , deana*^ 
crottismos y de contradicciones , en el 
cual se pierde la crítica, y que baria He- 
aechar con desprecio á otro cualquier 
libro. 

Por medio de misterios es como se^ 
dispone á los espíritus para que respec- 
ten la Religión de los que la enseñan y 
y la oscuridad que cubre estos escritos 
da lugar á que sospechemos que na se» 

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PnEFACIO*^ i 5 

ha esporoido sin desigbid. En materia 
de Religión , nunca conviene hablar con 
ciaridi^dy porque, según parece, las ver- 
dines sencillas j fáciles de comprender 
no hieren tan vivamente la imaginaciotí 
de los hombi^es, como los oráculos am-* 
biguos y los misterios inaveriguables:. 
Por ottti parte , Jesucristo , aunque vi- 
.n6 espresamente para ilustrar al mun-^ 
dó ^ debia flier para el mayor número 
de los hombres una piedra de tropiezo 
6 de escándalo. Todo anuncia en el 
Evangelio ei cortísimo número de es* 
cbgidos, la suma dificultad de lasalva*^ 
don , j el peligro de discurrir , esto 
és^ de hacer uso de nuestra razón : en 
tiba palabra^ todo parece que prueba 
que Dios no ha enviado su muj amado 
Hijo á las tíaciones sino para tenderlas 
un lazo, y á que no comprendiesen una 
palabra de la Religión que quería dar- 
las.'Se diria que el Eterno no se pro* 
puso mas que sumergir á lo,s mortales 
en las tiniebUs , en la perplejidad ^ en 
una entera desconfianza de si mismos , 
y en dificultades continuas que les obli* 
gasen á recurrir á cada instanteá las lu- 
ces infalibles de sus sacerdotes, y estar 
siempre bajo la tutela de' la Iglesia. Sus 

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imXMCJW^LV» 



ministros^ > conloas iio^drío^goscan 68^ 
^iu^Lvameate el privilegio d^ entended 
jesplicar Jas Santas Escrituras, j ntiH 
gun mortal, puede prometerse alcanzas 
|a felicidad de la otra vida > si no tiene 
liácia sus decisiones toda la sumisioii 
gue exigen. 

.; .En consecuencia de esto^ le. es abso^* 
lutameate prohibido al común de loa 
hombres el examinar su , religión ; .^n-» 
%as bien con la inspección sola del Evan- 
gelio, todo cristiano debe estar conven* 
^(\o ^e qufi es un libro divino, que 
cada palabra que contiene está inspira^ 
(la por el Espirita Santo (i); y que U» 
Interpretaciones que la. Iglesia da á esta 
pbra celestial , son dictadas igualmente 
por el. Altísimo* En los primeros sigloe 
jdel cristianismo , los que abra^ron la 



(i) £1 aetitir de la mayor parte ele los Teólo^ ei 
6ae el Espíritu Santo ha revelado á los Escritores Ságra- 
los hasta la ortografía de las dicciones qne han cinfpliea<* 
do, y hasta los puntos y conoas ; pero aunque suponga- 
inos la verdad de está inspiración en los autores sacros^ 
todavía no seria siificiente » porque era menester <me tU'* 
viésemos una seguridad semejante , de que todos los co- 
piantes y todoslós nionges de los siglos de la ignoraan 
cía , que nos han transmitido tales escritos ii'Spiradoe i 
no han tenido la mas mínima equivocación al copiarlos: 
ds bien sabido que una coma ó un punto fuer* de su liti* 
bastan para alterar tateranent* un pawge* 

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religión 4^ Jesús eran gantes de la hez 
del pueblo , y por consiguiente muy 
sencillas «poco instruidas, y 'muy dis- 
jDuestas a creer toldas las maravillas que 
querían anunciarles. £1 mismo Jesucriá^ 
to en su predicación no se dirigió sino'á 
hoknbres groseros j no quiso eatendersíe 
«no con* géñté de está, laya ; se negó 
siempre, á obrar milagros en presencia 
de^ personas ilustradas, y declamó in- 
cesá^teníente conÍ;ra tos sabios, los doc- 
tores y los ricos, en una palabra con- 
tra ibaoVáqúéjIIos éh qm ño podia 
hallar la docilidad que se requería para 
ado)>tar^sus riiiixiinás. Si'eñíipre le vemos 
elogiar ía p6)>i^eza dé ^úfritu , la séniü- 



'}<.:) ü¡y 



íiicüTca \k te e» 
ridad en S. Mct. 



Jiy'^tñ eFectoV. Vemos qué Jesucristo íi 
^á'iái diéculiot y j[ ebn pbtiiaularidí 
cap. XXI.» , yciá:' ají , %%-^y en S. Marc* cap. XVI , 
vci/. 16/ ' ', '''.■'.■*'■.■.■ ^ * * '! 

a f . Ék vtt*i(i¿ of di¿o^ yu« si tuuiéreis fe y no 'dk- 
-daréU.ny ^ dférti$ á esn^nmhte,,^, tpikauy: tc^táte kn 
tljnar será hecho. 

' ii. 'l*Wai laf cosas^t^tíe pidiereis, tréftndo iés 
Undr&9.> «$.4 Jlí«ív. • ) • . ' ! ■• • 

i6r £1 ^ue crejrere ffuer$ bautizado, será salíH>^ 
$. More. • • '• ■ ' •■' V 

De atfai es que muchas sectas cmstianas » fondad^^- (A 
estas espresiones , creen que la fe sola sin obias ^*^ 
para hacer salVoSt^ 

To»«« »♦ ; ' . ; «„l;,Goógle 



48 P&EFACIO» 

Sas discípulos I y después los minis- 
tros de la Iglesia, han seguido fielmente 
sus huellaSi y han representado siempre 
á la fe, 6 la ciega sumisión como la pri- 
mera de las virtudes , como la disposi- 
ción más grata á la Divinidad y la mas 
necesaria para la salvación. Este prin* 
cipio ha servido siempre de base ¿ la 
Religión cristiana , y sobre todo al po- 
der del Clero. En consecuencia de esto, 
los pastores que sucedieron á los Apósr 
toles, pusieron el mayor conato en^par- 
tar los Evangelios de todos aquellos que 
no estuviesen iniciados en. los misterios 
de la Religión : y asi es que no se ma- 
nifestaban estos libros sino á las perso- 
nas cuya fe estaba bien ésperimentada, 
es decir y que se sabia estaban dispues- 
tas de antemano para mirarlos como di- 
vinos. Este mismo espíritu misterioso 
ha durado basta nuestros dias en qufs )a 
kctura del Evangelio ha estado probi* 
bida al común de los cristianos , espe- 
dalmente de la comunión romana , cu- 
yo Clero es el que está mas ducho en 
esto de gobernar i los hombres. El Con* 
cilio de Trento ha decidido de la mane- / 
ra mas auténtica , que solo á ¡a Iglesia ' 
pertenece esclusivamente juzgar del 

Digitized bf VjOoy It: 



nsricio. 49 

verdadero espirita de las Escrituras^ 
é interpretarlas (3)^ 

Es verdad que ia lectura de estos li- 
bifbs santos es permitida y aun reco- 
mendada á los Protestantes ; es decir , 
á unos cristianos que desfuesde bastan«- 
tes siglos se han separado de la Iglesia 
Komana ; y aun se les manda que exa- 
minen su religión. Pero la fe debe pre* 
ceder á esta lecbion y acompañar á este 
examen; de suerte que un Protestante 
está obligado i creer que el Evangelio 
es dÍTÍnO| antes de leerle, y que el e3^- 
men que hace no es de ningún valor sí 
no encuentra en él todo cuanto los mi- 
nistros de la secta han determinado que 
encuentre. Sin esto será mirado gomo 
un impío f y quizá castigado de su cor^ 
tedad de luces. 

De lo antecedente es preciso concluir 
que la salvación de los cristianos no es- 
tá ciertamente anexa á la lectura ni á la 
inteligencia del Evangelio y libros sa- 
cros^ sino á la firme creencia de que ta- 



is) Véase el Concilio Tritkntino, ses. IV. El car- 
denal Pallay^cini , en su Historia de dicho Concilio f 
coita toda la dificaltad , diciendo que toda la Je de los 
cristianos no se funda nías oue en im solo artieuh / d 



20 PREFACIO» 

les libros son entei^mente dipino$.^ Si 
por desgracia la lectura ó el examen qu« 
66 hace de ellos no concuérdan con las 
decisiones , interpretaciones y coméii^ 
tarios de la Iglesia (es decir, de lossa^ 
oerdotes, que colocados á laoabezade 
cada secta arregla^ el método partieu^ 
lar de leer y entender las^ Escrituras)^ 
se corre riesgo *de perderse y ^le incur- 
rir en la eterna condenación. Es preoi*- 
so pues (par<i que nos entendamos) pa- 
ra leer el Evangelio , principiar pcñr ta- 
ller fe^, ó lo que es lo mismo , entrar .á 
•su Jeclura predispuestos ya A ereericíe- 
*gamehte todo lo^ c[ue oonlrene ; y> para 
encaminarle ^ ta^mbien es-prebisá la fe, ó 
*lo que es lo mimnro > hallairse firmemei»- 
-te reisueltos á no encontrar en él cosa 
que no sea santa y adorable : y en ñmíy 
ipara- entender el Evangelio , aun se ne- 
cesita la fe, o lo qiiees 16 mismo«^ una 
][>ersuacion firme: de que imestroa sáceü- 
-dotes no puedep engáñafseí pinas , ni 
•^qUerer engañar á lo& deímas ien el modo 
de esplicar el libro que leemos. « Creed 
sobre nuestra palabra ( nos dicen ) que 
este libro es la obra del mismo Dto« ; 
solo con dudarlo seréis condenados etel^- 
namente. Dios se nos ha revelado papa 

Digitized by VjUOy H¿ 



queso le comprendamos (A). Lñ gloria, 
de Dios es ocultar su palabra ^ ó mas 
bien : habiendo hablado su divina M a-^ 
geltad de una manera ininteligible , ¿ no 
«s ha dado á entender que quiere que 
as re&rais á nosotros , que somos ios 
confidentes de sus mas importantes se- 
cretos ? Esta es una verdad de que no 
os es licito dudar y puesto que nosotros 
perseguimos en este mundo cruelmente 
y condenamos en el otro perpetuamen- 
te á todo el que se~ atreve á recusar el 
testimonio que os damos de nosotros 
mismos.» 

Por inexacto que pueda parecer este 
razonamiento á los profanos , es muy 
suficiente para todos los cristianos cató- 
licos. De aquí proviene que ó no leen d 
Evangelio» o si le leen, no le examinan; 
y si en algún tanto le examinan, es coa 

{^) Proverbios de SaUmon, cap. XXV. Sobr« esta 
máxima tan odiosa como indigna d« la Divinidad te fun» 
dan todos los misterios. ¿ Qué derecho asiste á S. lusti' 
no para ecbar en cara a los paganos la impiedad de uno 
de sus poetas , que babia dicbo que los Dioses se en- 
tretenian la mayar parte del tiempo e/i encañar á la^ 
hombres? ¿Toda la Biblia es otra cosa míe un lazo 
coniinuo armado al entendimiento bumanot ¿La mis- 
ma conducta de Cristo , aun según la narración de \qb 
Evangelios , no es también un lazo dispuesto á los Ju- 
díos , á fin de que oysndo no entendiesen , y q«« vieii- 
do noxreyesett ^ Mesías? 

Jígitized by VjUUy ItT 



:22 PAKFACIO* 

ojos preyenidós, y con la resoludonde- 
ddida de no hallar en él sino lo que di-- 
ga conformidad con sus preocupaciones 

}r con los intereses de sus guias. Con fe- 
es temores y perjuicios y un cristiano 
se cree irremediablemente perdido, asi 
que tropieza en los libros santos con al- 
gunas razones para dudar de la veraci- 
dad de ^sus sacerdotes. 

Con semejantes disposiciones y ¿ qué 
estraño es ver á los hombres perseverar 
en su ignorancia, y hacer mérito de re- 
chazar Tas luces que la razón les presen- 
ta? He aquí como el error se perpetúa^ 
y como los pueblos yendo á medias con 
los que les engañan , depositan en unos 
hombres charlatanes é interesados la 
mas ilimitada confianza en la cosa que 
miran como la mas importante á supro^ 
pia felicidad. 

Sin embargo , las tinieblas esparcidas 
. por tantos siglos sobre el espíritu hu- 
mano comienzan á disiparse ; y á pesar 
de los esfuerzos tiránicos de sus guias 
suspicaces , parece que el hombre quie* 
re salir de la intancia , en la que tantas 
causas reunidas procuran con todo co- 
nato retenerle. Por lo menos la ignoran- 
cia en que el sacerdocio nutria i los 



mBFAcio. 2S 

ptteUos crédulos / ha desaparecido para 
un gran número de personas; el despo- 
tismo de los sacerdotes ha decaído en 
cauchos estados florecientes ; el saber ha 
hecho que los talento^ 6ean mas libres^ 
jr muchos comienzan ya á avergonzarse 
de los ignominiosos hierros en los cuat- 
íes el clero ha hecho gemir por tanto 
tiempo á los Reyes y á los pueblos. £a 
«na palabra ) el entendimiento humano 
|>arece que hace «n todos los paises es- 
fuerzos , mas ¿ menos vigorosos ^ para 
«quebrantar sus cadenas. f 

Sobre estos supuestos , hemos de exa«- j 
minar sin preocupaciones la vida de Je- ; 
^ttcristo. rara ello no tomaremos loa 
hechos sino de los mismos Evangelios^ ^ 
esto es 9 de las memorias respetadas 
V confesadas por los doctores de la Re- 
ligión cristiana i únicamente nos permi- 
tiremos emplear los socorros de la crí^ i 
tica para dar alguna claridad á estos he-^ 
ches. Espondrémos del modo mas sen- 
cillo la conducta , las máximas y la po- 
lítica de un Legislador oscuro^ que des- 
pués de su muerte adqnirió una cele- 
ridad á que es de presumir que no as- 
piró en su vida. Consideraremos en su 
«cuna á una Religión^ que destinada des- 

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2* PREFACIO. 

de luego al populacho mas soez de la 
Dadon mas abatida y mas crédula y mas 
estúpida de la tierra , llegó á ser poco ^ 
poco la señora de los Romanos^ la an-^ 
torcha de las naciones y la soberana al^- 
soluta de los Monarcas europeos , la ár-' 
l)itra de los destinos d^os pueblos y la 
causa de la amistad ú odio (}ue tienen 
entre si y y el cimiento en cjue* estriban 
^U3 alianzas y sus guerras. \ 

1^ Veremos un artesano, entusiasta me- 
lancólico , y juglar no muy diestro > sa- 
lir de un taller para seducir á hombres 
de su estofa y frustrarse todos sus pro- 
yectos ; ser castigado cómo perturbador 
de la tranquilidad publica , y niorir en 
I una cruz; y no obstante todo esto > lle- 
gar á ser después de su muerte no solo 
el Legislador sino el Dios de una multi- 
tud de pueblos, y el objeto de la adora- 
s,cion de seres preciados de inteligentes. 
Es creible que si el Espíritu Santo 
hubiese previsto la brillante fortuna que 
habia de hacer con el tiempo la Reli- 
gión de Jesús ; si hubiese podido adiyi* 
nar que debia llegar un día en que la 
abrazasen los Reyes , las naciones civili- 
zadas y los sabios ; y si sospechara que 
esta Religión podia ser exami|j|i^^pa- 



PREFACIO. 2d 

llzáda, j^Iscutida y aun criticada por 
hooíibres de alguna lógica ; es creíble , 
^^epito y que nos habría dejado acerca de 
la vida j doctrina de su fundador rae* 
znorias menos informes y hechos mas 
bien detallados, pruebas mas auténticaS| 
7 en una palabra , materiales mejor dis- 
puestos que los que tenemos. Habría 
Erobablemente elegido escritores ma^ 
ábiles que aquellos á quienes inspiró , 
para transmitirnos los discursos j aren^ 

Es del Salvador del mundo : le habría 
cho al menos hablar j obrar .de una 
manera mas digna de un Dios ; hubiera 
puesto en su boca un lenguaje m^ no- 
^ ble y mas claro y mas insinuante y j per- 
suasivo i y en fin y se hubiera valido de 
medios mas seguros para convencer la 
razón rebelde y confundir la incredu- 
lidad. 

Pero nada de esto ha sucedido : eL 
Evangelio jip eg mas que un r omance 
oriental , f astidioso para toda personíi 
Jelentido, y^q^ uq paificedirigiáo^- 
Do^á los i gnorant es^ estúpidos y_ gentes 
3e la he z del puebl oj los únicos á g uie- 
nes^podi á seducir( 5)' 

(5) Víctor áe Tunex nos enseña que en el VI tíglo 
«1 cflipcrtdor Aumusío biw corregir l^fzSj^SKlWie 



S6 PREFACIO. 

. La crítica no puede hallar en ¿1 ni 
unión en los sucesos^ ni conformidad en 

Jas circunstancias I ni consecuencia en 
os principios j ni en fin uniformidad sil- 
fiina en las narraciones. Cuatro hom* 
res groseros y sin letras pasan por los 
verdaderos autores de las memorias que 
contienen la vida de Jesucristo , ¡ y por 
solo su testimonio se creen obligados 
los cristianos á admitir la religión que 
profesan , y á creer sin examen los he- 
chos mas contradictorios 9 los sucesos 
mas íncreibles^ los prodigios masestu*- 
pendoSj el sistema peor trazado , la doc- 
trina menos inteligible , y los mas cho- 
cantes misterios i 

Y aun concediendo que los Evange- 
lios que tenemos sean de los autores á 
quienes se atribuyen, es decir, que ha- 
yan sido verdaderamente escritos por los 
Apóstoles ó sus discípulos^ ^no parece 
lC[Ue por lo mismo debía sernos sospe-r . 
<^bo5o su testimonio^ unos hombres^j- 
qi^e desdé luego nos pintan sin instruc- 
ción j sin talentos, ¿no pudieron enga^ 



«om5 obras compuestas por necios ó ignorantes. Mes-^' 
sala ConsuUj Anastasio Imper atore jubente , Evangóm 
Jia, tanquam ab IDIOTIS tvan^elistis composita j r/^ 
frehetuuntur H emendatuur 

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PAEPiCIO. SIT 

iSarae? Xjnos eñtsisia^tes , unoé fanáltcos 
demasiado crédulos^ ¿no pudieron muy 
bien figurarse haber visto cosas que ja<- 
^as han existido , y ser la burla de la 
seducción? Unos impostores fíiertemen- 
te unidos á una secta que les daba de 
eomer, y que de consiguiente estaban 
interesados en sostener , ¿ no pudieron 
también atestiguar milagros ^ cuya fiíl- 
sedad conocían ? Ademas ^ los primeros 
cristianos ¿ no pudieron por una pia 
Jraude añadir después ó quitar cosas de 
importancia en las mismas obras que se 
atribuyen á los Apóstoles? Ello es cier- 
to que Orígenes se quejaba ya en el si- 
glo tercero de la corrupción délos ma- 
nuscritos. Dice pues : ¿ qué diremos de 
los errores de los copistas y de la te-- 
meridad con que se atreven á corregir 
el testo? ¿qué diremos de la libertad 
de aquellos que se meten á interpolar 
óá oorrarpor solo su capricho? 

Todas estas dudas motivan ciertas 
prevenciones legitimas contra los suge- 
tos á quienes se atribuyen los Evange- 
lios y y contra la pureza de su contes* 
to* Es también muy difícil asegurar con 
algún grado de qertidumbre , si efecti- 
vamente e$tos Evangelios son de los au« 



28 PüEPÁCfo. 

tores i quienes se apropian. En efecto ^ 
la tradición y la historia nos prueban 
que en los primeros siglos del cristia^ 
nismo hubo un gran número de Evaif- 
gelios diferentes unos de otros, j com- 
puestos espresamente para el uso res*» 
pectivo de varías Iglesias y de diversas 
sectas de la Religión cristiana. Esta es 
una verdad reconocida por los historia- 
dores eclesiásticos mas acreditados (6). 



(6) Véase á TUiemont, tomo II, pág. 47*a57»4tt. 
San Epifanio , Homil. XXXiy. £1 célebre HenriquA 
DodweÚ 9&TmK que hasta el reino de Trajano ó de 
Adriano , es decir , mas de cien años después \de JesU'- 
cristo , no se hizo la colección ó canon de los escritos 
^né componen el Nuevo Testamento. 

Estos etcritot faabian permaneeido por todo el dicho 
tiempo precedente esoondldM en los archivos de -las Isle- 
•las , manejados solamente por )os sacerdotes que podían 
luiccr de ellos k> que querían, y. H, Dodwelli Disser^ 
tationes in Irenceum^ pág. 66^ siguientes. (Puede tam- 
bién a^re^arse la obra profunda de Mr. Freret ,' publi* 
cada en 1^66 con el titulo de Examen de los Apologis^ 
tas de la Religión Cristiana,) Por otra parte , es cosa 
aveiíguada que entre los Doctores de fot primeros srglos 
del cristianismo se hallaban muchos piadosos falsarios » 
que para hacer valer su causa, han supuesto y for¡ado 
Evangelios , Legendas , Romances , Oráculos de Sibilas» 
y tn una palabra , obras donde esuban tan claras la lo- 
cura y la falsedad , que la Iglesia le vio obligada á de* 
«aprobarlas. Para convencerse de eikte liecho» no hay mas 
que pasar la vista por la obra titulada Codifx Apocrf" 
phus Nwi Testamenti, publicada por /. A. Fabricio , 
«/i Mamburso , i7i9. La moda de hacer romanees evan« 
|i;élicos no .parece haberse acabado enteramente en la 
Iglesia Romana. Un jesuíta llamndoel P. Gerónimo Xa- 
¥i$r , llisioiMr» tn P«ma , ha «onputstQea Uufpxa j^t" 

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^Ba mujr Terbsímil que lo& que cdmpor 
nia» estos Evangelios, con la mira de 
darles mas^ autoridad 9 los atribuyesen á 
Fos Apóstoles ú á sus discípulos que na 
Jiahrían tenido en ellos la iOenor parte. 
Una ve2 adoptada.estoidea por los crie^ 
.iianois pimples y <u^ulos,.¿ quien quir 
ta que pasase de edad en edad como mr 

.jtfi^a inia.Hiftor}t rnlicMla de Jtm»f áb lU' Madre» j^.^ 
S. Pf dro , que se publicó en latín j en persa con este 
título : Msioría Qhrúti Pérsica, in-\ ® , LugduniBa- 
ta**oru^,'i^$9> Todo el faundo conoce la IjUAoriad^ 
pueblo de Dios , publicada por el Padre Berra jer. 3c 
«abe que en -el siglo XTIl los FraileS' Menores tata^ii^ 
.^onop /m 'libro intitulado Eyafiff^lip f\em^ ,£n una^^ 
la^ra , en todos tiempos las'cristianos., sean ortodoxos é 
«éan héf éges , «e ' bán oeiipado pkidofamej;fte'«n^ en^áftJir 
Á Jos incafUbi. Algunos, pasaron b^t^ suppnex <9u)r^|M 
á liesus':, tal'^4 'la carta que tenemos de el^, escrita '$L 
^ejr jiUgáró^ Paedese «locár Utnbien de-^asA, .q4é ahi- 
torc«< aprobados pot la Iglesife , coik^A S. Clemente ;£^ 
mano, San Ignacio Mártir, San Justino y San Ciernen* 
te Alejandrítió , han citado ráriós palagei qne' no seioií- 
.citentran en ninguno, de los cuatro Evapgeltos admitidla 
al pr'eseute. Lt^ego que se estableció la Religión Crlstid- 
tia i y )a4áopaai^n ¡Personas , no tan estúpidas oomo l*s 
primeros partidarios; los ge fes de la Iglesia » temiendo 
^áér en un absoluto desprecio , bicieton nü apartado 
-«Átre las eoleocíibnea.dc fábnlm de que ettaban iminéa* 
dos, y declara^'Qn por apócrifas las obras que cr^jercp 
podían desacreditar á los autores respetables a qnicnfes 
-ae atributan. N9. obstante 9 ^ta» pbr&s, Ifabían aido «« 
loa tiempps precedentes admitMas y ciuidas^ por Docfó*- 
res menos delicadoi por lo visto , que sus- sucesores. Sé- 
•tntejantes escritos^ algunos denlos cuiile9 a«n permaneoe*, 

ͻrueban el descaro de los que los forjaban , y la debi- 
idad de los primeros cristianos á quienes presentaban 
^ tales romances* 

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so Muuatí: 

dudable > j que oorríese después oomo 
eyidenle, en particular en tiempos en 
que ja era imposible comprobar ni los 
autores ni los hecbos que referian ? ^ 
Sea como quiera y entre unos cin^ 
cuenta E^ngelios que inundaron el 
cristianismio en sus principios, la Iglesia 
t:ongregada en el Concilio de Nicea esh 
cogió solo cuatro j y desechó los restan- 
tes cómo apócrifos y aunque no conté- 
nian cosas mas ridiculas que los elegir 
dos. Asi pues, al cabo de tres siglo» 
(esto es el año 325 de la era vulgar) 
decidieron los obispos , que estos cua- 
tro £vaogeIios eran los únicos que se 
debian admitir como verdaderamente 
-inspirados por el Espíritu Santo. Un 
milagro les hi2ó descubrir esta impor- 
tante verdad : y á bien que se necesi- 
taba > en un tiempo en que era tan dij- 
ücil la tal averiguación por la distancia 
del de los Apóstoles. Se colocaron (dif 
cen) mezclados unos con otros los li- 
bros apócrifos j los libros auténticos al 
pie de un altar , y los Padres del Con- 
. cilio se pusieron en oración para alcan- 
zar del Señor que permitiese que los li- 
bros falsos ó dudosos quedasen debajo, 
mientras que los libros que fuesen ver- 

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PRBFAGtO« Sf 

peladeramente dictados por el Espíritu 
Santo subiesen por sí mismos & colocaP' 
se sobre el altar i lo ' que sucedió pun- 
tutilmente. ¡ Este es e) milagro del cual 
depende toda nuestra fe ! ¡A este milar 
gro deben los cristianos la seguridad dé 
poseer los Evangelios puros y verdade- 
ros y las memorias fieles para la vida 
de Jesucristo! ¡De aquí es donde úni«* 
camente les es permitido sacar los prin- 
cipios de su creencia y las reglas infali- 
bles que deben observar rigorosamente 
si quieren conseguir la salvación eter- 
na! 

De lo anterior se deduce necesaria- 
mente que la autoridad de los libros que 
sirven de base i la religión cristiana se 
funda solo sobré la autoridad de un 
Concilio 9 esto es, dé üria congregación 
de sacerdotes y obispos. ¿ÍPero estos 
obispos y estos sacerdotes^ jueces y par- 
tes, en este negocio, en el que estaban 
tan visiblemente interesados, no hanpo-- 
dido engañs^rse ni engañarnos? ¿Elstá de- 
mostrado el suceso del milagro apócri- 
fo , que les hizo distinguir los Evange- 
lios verdaderos de los falsos ? Y no es- 
tándolo, como asi es, ¿ liay algún otro 
signo capaz de hacer conocer distinta- 

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52 . PREFACIO. 

Urente los escritos que debían admitírse|i 
jr los que debían desecharse? 

psí J^lésia congregada en un GoncHip 

general; nos dirán^es infalible : enaqge- 
a ocasión les aospira el Espíritu Santo; 
j de .consiguiente sus decisiones deben 
ser miradas conio las del mismo Dios. ; 
' Si les preguntamos ¿en donde está lá 
prueba dé ^ue lá Iglesia goce de ésta 
infalibilidad ? nos respañderán .que el 
evangelio 16 ¿^segura asi ^ y que Jesu- 
V;ristó ha prometkío foroialmente asistir 
á su Iglesia con isus luces hasta la cou; 
suínacion dé los siglos. A esto replica- 
rán los incrédulos que la Iglesia .q sus 
zníniislrps soiilo^ que se cqncecíen , estos 
¿érécbos asi mismos, puesto que su au- 
toridad es, lá sola' que, establece la aur 
tenticidad de los libros en que su pro^ 
pia áutoriíi^cl se baila establecida > lo 
cual es un círculo vicioso. En una pa- 
iabrgí, venimos á parar en que una asám- 
jblea de obispos j sacerdotes ha decidi- 
do que los libros que les atribuyen uiui 
autoridad infalible han sido divinamen- 
te inspiradas*' , 

A pesar de tan seria decisión, ^^ 
dándonos aun algunas dificultades acer- 
[c^ déla ai^tcntícidad de los Evangelios, 

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PAEFAGIO. . S3 

en piiiúer lugar y se podría preguntar : 
¿la decisión del Concilio de Nicea , com« 
puesto de 348 jobispos, debe ser mira- 
da como la de la Iglesia universal 7 ¿To- 
dos los individuos que componian esta 
reuñioo estuvieron enteramente acordes 
entre sí? ¿No hubo disputas entre estos 
liQmbres inspirados por el Espíritu San- 
to? ¿Su decisión fué unánimemente ad- 
mitida? ¿La autoridad secular de Cons- 
tantino no tuvo mucha parte en la ad- 
misión de los decretos de este famoso 
Concilio ? Y en este caso y no habia lu- 
gar de sospecliar que el poder tempo- 
ral habia contribuido mas que el espi- 
ritual para decidir de la autenticidad de 
los Evangelios ? 

En segundo lugar 9 muchos teólogos 
convienen en que la Iglesia universal y 
aunque infalible en el dogma, puede 
errar en los hechos : es asi y que vemos 
que este caso de que se trata depende 
de. los hechos; luego.. •• Efectivamente, 
antes de decidir si los dogmas conteni- 
dos en los Evangelios son divinos, era 
menester saber y á no quedar duda , si 
los cuatro Evangelios en cuestión fueron 
en la realidad escritos por los autores 
inspirados á quienes se les atribuyen ^ 
Tomo i* oigiSdbyVjuu^it: 



3)1 PREFACIO* 

lo que es seguramente un hedio« Era 
menester saber ademas y si estos evan*» 
gelios no se habían famas alterado^ trun- 
cado, aumentado, interpolado, 6 falsifi^ 
cado entre las infinitas manos por donde 
han pasado en el discurso de tres siglos; 
lo que es también un hecho. ¿Los Padres 
del Concilio pudieron salir fiadores , j 
responder de una manera infalible, de ki 
probidad de todos los depositarios de 
estos escritos, y de la exactitud de todos 
los copistas? ¿Estos^Padres pudieron de- 
cidir sin apelación, que durante un espa- 
cio tan dilatadode tiempo , nadie Ínter* 
caló en estas memorias cuentos maravi- 
llosos, ó dogmas desconocidos á los mis- 
mos que se suponen sus autores ? ¿ La 
misma Historia eclesiástica no nos en- 
seña que desde el origen del cristianis- 
mo hubo cismas , disputas , heregías y 
sectas sin numero ; y que cada una fun- 
daba igualmente su opinión en testos del 
Evangelio? En el tiempo mismo en que 
se celebraba el Concilio de Nicea , ¿ no 
hallamos á la Iglesia entera dividida acer- 
ca del artículo fundamental de la Re^ 
ligion cristiana , quiero decir acerca de 
la divinidad de Jesucristo ? 
Mirando pues la cosa de cerca y veré- 

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\ 



j9iaB<{uee} Concilio de Nicea fué el ver»» 
dadero fundador de la Religión cristia* 
na 9 que basta él andaba errante y á la 
aiñentura ; porque ni sabia á punto fijo 
á que atenerse ; ignoraba si Jesús era un 
Dios, no tenia Evangelios conocidamen- 
te auténticos 9 y la faltaba una ley se- 
gura y un cuerpo de doctrina á que ate- 
nerse. Un número de obispos y sacer- 
dotes, muy pequeño en comparación 
de los que componiañ toda la Iglesia cris* 
tiana, y aun estos pocos obispos no con«» 
formes entre ^ , decidieron de la cosa 
znas esencial para la felicidad de las na- 
cuones. Decidieron de la divinidad de 
Jesús ; decidieron de la autenticidad de 
los Evangelios; decidieron que , según 
estos mismos Evangelios, su propia au* 
toridad debia mirarse como infalible : en 
una palabra, decidieron de la FE. Sin 
embargo , sus decisiones hubieran que- 
dado sin fuerza, si no hubieran sido apo- 
yadas por la autoridad de Constantino: 
este principe hizo que prevaleciese la 
opinión de los Padres del Concilio, que 
supieron por cierto tiempo atraerle á su 
partido (7) ; y que entre la cáfila de 

(7) Ita Historia eclesiástica nos manifiesta qne Cons* 
umino después persigaíi^ i 5aa Auinaiio>l« áetícitá 

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S6 PREFÁCÍOÍ 

Evangelios y de escritos que inundalmif 
al cristianismo , no dejaron de declarar 
por divinos á aquellos que juzgaron mas 
conformes á sus opiniones particulares , 
6 á la facción dominante. En la religión, 
como en otras cosas y la razón del mas 
fuerte es siempre la mejor. 

He aquí en ultimo recurso, que la au- 
toridad dé un Emperador es la que de« 
cide de los puntos capitales de la Reli- 
gión cristiana. Este Emperador, muj 
poco seguro de su misma fe, decide has« 
ta nueva orden, que Jesos es un Dios, 
consustancial á su padre, y hace qué 
sean admitidos los cuatro Evangelios 
que tenemos entre manos. Asi pues , eit 
estas memorias adoptadas esclnsivamen- 
te por algunos Padres del Concilio de 

¿ Tréverif y murió AriiaDO : su hijo Constantino vivió 
y murió también 'en el Arrianismo. Aun mas , el P. Pe^ 
tavio, jesuíta , bien como otros sabios, ha ereido qu^ 
antes de dicho Concilio de ^icea la Iglesia era Socinia'- 
na, ó Arriana ; por lo menos es constante que ta paU* 
bra consustancial , q^ue fué adoptada y consagrada por 
este Concilio habia sido proscrita y condenada por el 
Concilio de Antioquia, que se tuvo contra el fa«> 
moso Paulo de Samosata. Pero nuestros Doctores tie- 
nen el recurso de decir con S. Agustin , que los mismos 
amigaos concilios generales son corregidos por los con^ 
cilios posteriores: Ips^plenario concüia priora á pos^ 
lerioribus emendanlur : ó bien nos dirán con el carde- 
nal de Cusa , que la Iglesia mudando de parecer , nos 
obliga á creer que Dios también le muda» [De tal mo- 
do juega el clero con los ciistianosl 

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IKoeay atribuidas por ellos áunos Após« 
toles^ó según quieren, á unos testigos 
libres de toda tacha » inspirados por el 
ESpícitu Santo y y propuestas por ello^ 
como lo que debe servirles de regla á 
los cristianos : en estas memorias ^ re* 
petimos y es donde vamos á buscar los 
^lateriales para nuestra historia* Noso-< 
tros las presentaremos con fidelidad; 
compararemos j confrontaremos las nar- 
raciones, mudias veces discordantes, que 
contienenf y veremos si los hechos que 
nos presentan son dignos de Dios, y 
propios para procurar á los hombres las 
ventajas que de ellos esperan. Este exa- 
men nos podrá poner en estado de juz- 
gar sanamente de la Religión cristiana ; 
del grado de confianza que puede teper* 
se en ella; de la estimación que se debe 
dar á sus dogmas y lecciones; y en fin, 
de la idea que nos podemos formaV de 
Jesús su fimdador. 

Aunque para componer esta historia 
nos hayamos impuesto lá ley de- no va- 
lemos mas que de los Evangelios, es áer 
cir , de los materiales aprobados por 1^ 
Iglesia^ sin embargo no nos lisonjeamos 
de que agrade á todos, ni siquiera de que 
la Iglesia misma adopte nuestro tra^^ba- 

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iS PREFACIO* 

jo. Xas confrontaciones que hemos de 
hacer^ las interpretaciones que tenemos 
que dar , y las reflexiones que nos ve* 
remos obligados á presentar á nuestros 
lectores, no serán siempre (j lo Sentid- 
inos) enteramente conformes á las mi* 
ras de nuestros guias espirituales , los ^ 
cuales son por la mayor parte enemigos 
natos de todo examen. 

Si se nos objeta que nuestras ideas se 
oponen á las decisiones de los Concilios, 
de los Padres, jde la Iglesia universal; 
responderemos, que aun ^egunlos mis- 
mos libros sagrados la resistencia n opo- 
sición no siempre es un crimen , y esto 
lo apoyaremos con el ejemplo de un 
Apóstol á quien la Religión cristiana es- 
tá muy obligada , ¡ que digo obligada I á 
quien únicamente puede decir que debe 
su existencia. Pues este Apóstol se alaba 
de haber resistido en su cara^ porque 
merecía reprensión j al grande S. Pe- 
dro j este gefe visible de la Iglesia , es- 
tablecido por el mismo Jesucristo para 
apacentar su rebaño j cuya infalibilidad 
es por lo menos tan probable como la 
de sus sucesores , y como la de la Igle- 
sia congregada en un Concilio ecumé- 
nico. 

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piusFACxd. 39 

. S¡ se nos tachín 4.e innovar ^ nos escu* 
daremos con el ejemplo del mismo Je<^ 
flucristo y que fué mirado como un No- 
v&dor por los Judíos tan encaprichados 
por su antigua lejr^y que fué el mártir 
de la reforma que quiso introducir. No 
obstante, declaramos altanaente que n(> 
tenemos deseos de imitarle en este pun- 
to : queremos predicar sí , pero hasta el 
martillo esclusivamente. Si la doctrina 
que se presenta no agrada , como el aur 
tor no opta á ser tenido por divina- 
mente inspirado , deja á cada uno en ple- 
na libertad de desechar ó admitir sus re- 
flexiones y su modo de mirar las cosas. 
No amenaza con tormentos eternos á los 
que resistan á sus argumentos , ni tiene 
bastante crédito para prometer el cielo 
á los que se rindan. No pretende ni su- 
jetar ni seducir á los que no piensen co- 
mo él i antes bien , solo querria tran- 
quilizar el espiritu,, dulcificar la hiél y 
calmar las pasiones de estas personas 
celosas ) dispuestas siempre á atormen* 
tar á sus semejantes por opiniones que 
no son igualmente convincentes para toa- 
dos. Se propone hacer sentir la ridicula 
crueldadde aquellos hombres sanguina- 
rios que persiguen con el último rigor 

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Ifíi PREFACIO. 

á SUS Iiertnanos , por tinos dogmas que 
no comprenden mejor que ellos. Se atre- 
Te á lisonjearse que los que lean este 
examen á sangre fría , reconocerán que - 
es posiblií dudar de las inspiraciones de 
los autores evangélicos ^ y de la misioa- 
divina de un charlatán de Judea , sin' 
dejar por esto de ser hombre de bien y 
racional. 

A los que puedaií irritarse contra es* 
ta obrita y les suplicamos que paren la 
consideración en que la fe es un don del 
cielo; que la pobreza no ^pecado; y 
que si los Judíos no dieron crédito á las 
maravillas del Cristo, de que fueron tes- 
tigos y debe ser disimulable dudar de 
ellas después de diez j ocho siglos, ma- 
yormente viendo que estos prodigios son 
referidos por escritores á quienes el Es- 
píritu Santo no tuvoá bien inspirar uni- 
formemente , ni poner de acuerdo á los 
unos con los otros. 

En fin, los devotos ardientes tendrán 
la bondad de moderar por unos mo- 
mentos su santo furor , y de permitir 
que la dulzura tan recomendada por su 
divino Maestro ocupe por un rato el lu- 
gar de ese celo amargo y ese espíritu de 
persecución que tantos enemigos atrae á 

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la Religión crísliena y á suflrBbcboírtBi 
Que traigan á la memoria , que si es á 
la Ducienie mansedumbre i lax[ueCris-« 
to promete la posesión de la tierra jes 
de tender que poco á poco el orgulio^ la 
intolerancia j la humanidad do hagaor 
detestar á los ministros de Ja Iglesia.^ y. 
Tenga á quitarles el imperio, qua tienea 
sobre los espíritus , que tan dnloe les 
parece. Si quieren reinar soblre hombres 
razonables ^ es nienester que les de-* 
máestren razones , luces j j sobeo todo 
virtudes mas útiles que las. de: que éi 
Evangelio ka infestado por tanto tiem«* 
pa á' la sociedad. 

- : Jesu» dijo del modo mas terminante; 
Bienaventurados los pacíficos jr man^ 
sos j porque elios poseerán la tierra t 
cumplan este precepto, ano ser que con 
mis interpretaciones intenten persuadir 
que esto significa que es menester per* 
seguir ^ esterminar y degollar á los qu& 
se trata de atraer. 

Si fuese lícito citar la máxia[ia de un 
profano al lado de la del Hi}o de Dios, 
traeríamos aqui la del profonído Maquia « 
velo, que dice: Los imperios se sostienen: 
por los mismos medios con que se esta^> 
blecen. Parece que á fuetza de dulzura^de. 

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1^2 PREFAaO. 

pacieneia j de agasajos Uegarmí los dis* 
GÍpulosdeCEÍsto en los principios á ka* 
étt adoptar la Religión cristiana : ni sus 
sucesores usaron tampoco de yiolenctai 
sino cuando se vieron apoyados por ti** 
ranos devotos. Pasado aquel tiempo, el 
Evangelio de la paz ha sido la señal de 
la guerra : los discípulos pacatos de Jci* 
aus, convertidos en guerreros encarni-. 
zados , se trataron mutuamente como 
Z>estias feroces } j la pobre Iglesia se lia 
visto continuamente destrozada por las 
disensiones^ los cismas j las facciones 
mas eradles* Si el espíritu primitivo de 
paciencia j de dulzura no torna pronta- 
mente pora socorrer á la Religión, cor- 
Fe riesgo de que esta se haga el objeto 
del odio de las naciones , que ja empica 
zan á conocer cuan preferible es la mo- 
ral á dogmas oscuros 9 jr que la paz vale 
mucho mas que los sacros furores de 
los ministros del Evangelio. 

No estará demás nada de cuanto se 
. les diga para exhortarles con viveza á 
la moderación , aun por su propia uti- 
lidad. Ellos deben imitar á su celestial 
modelo, quien nunca se valió del poder 
de su Padre para acabar con los Judíos^ 
de quienes tenia tan graves motivóos de 



mirido. H^ 

queja; nohkodesoender del cielo ^¿rcitos 
para establecer su doctríoiaj y mas bien 
pufino entregarse á sí mismo al brazo 
secular , que entregar á este á los in- 
crédulos, á los cuales ni sus milagros ni 
éus discursos valientes podian persua- 
dir. Aunque era depositario del poder 
del Altísimo; aunque evidentemente ins* 
pirado por su Espíritu Santo ; aunque 
tenía bajo sus órdenes á todos los ánge- 
les del paraíso y no vemos que hiciese 
grandes progresos sobre el entehdimien-> 
to de sus oyentes, pues les permitió que-* 
dasen etksu ceguedad j aunque solo ha- 
bía venido para iluminarlos. No duda- 
mos que una conducta tan sabia y pru- 
dente tuviese por objeto dar á entender 
á los Pastores de su Iglesia (á los cuales 
no entendemos que les delegase un po- 
der de convencer y de convertir , marf 
eficaz que el que había tenido él mis- 
mo), que no es la violencia con la que 
fie amansan los entendimiehtos y se les 
dujeta á cosas increíbles , y que no está 
en el orden ni en la equidad obligar por 
fuerza á comprender lo que sin la gracia 
de arriba no les seria posible compren- 
der á los mismos que lo pretenden , si- 
no muy imperfectamente* 



Pero y«es tiempo de terminar el Pre-« 
fació y quizá demasiado largo> de una 
pbra que aún stn preámbulo podrá íq^ 
comodar bastai^te al Clero j y poner Ue 
mal humor á los devotps y sobre todo 
á las devotas. £1 autor., haciendo jusfti-* 
cía) cree haber dicho bastante para con« 
ceptuarse con derecho á prometerse qfue 
le ataque una sube dé escritores^ obli-*^ 
gados por razón de estado á rechazar sus 
dardos, j i .defender bien ó mal una 
c^u^ que les es tan interesante r espera 
irer después de su muerte w libro cruel-^ 
mente denigrado y su reputación d^e-, 
datada I y sus argumentos heqbos triza» 
ó tijereteados* Entonces oirá . como la 
traftán d^ íii^pio, de hlasfemo , de ^n^ 
tecristoj y tendrá ^X disgusto de verse 
cargado con todos < los títulos que Jqs 
aulladores de Israel acostumbran pro^ 
digar á Jos que. les inquietan^ No por eso 
dormirá, menosj; pero como podrá muy 
J^iqn suceder que su sueño le impida en-, 
tonces contestar , cree de su deber ad^ 
vertir desde ahora á sus piadosos anta^ 
gqai&tas, que des {vergüenzas no son ra* 
zones. Aun pasa mas adelante: por este 
que les debe servir de codicilo, les lega 
un aviso caritativo que les será muy 

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iútil y á pesar de que los defensores de la 
Religión no suelea hacer de él el debi- 
do aprecio. Esto es , que sí en sus sa- 
bias refutaciones no consiguen resolver 
enteramente las objeciones que se les 
hacen , nada habrán íiecho en pro de su 
causa. Los defensores infalibles de una 
Religión en la que se asegura que todo 
es inspirado por Dios, están precisamen- 
* te obligados á no dejar un solo argu- 
mento rezagado y y persuadirse también 
que dar una respuesta á un argumento 
no es desacerle. No pueden echar en^ ol- 
vido que una sola falsedad, un solo, ab- 
surdo, una sola contradicción, una equi- 
vocación no mas , bien demostradas en 
el Evangelio , basta|:án para hacerle sos- 
pechoso , y aun para echar por tierra la 
autoridad de un libro que debe ser pei:^ 
feetisimo en todos sus ápices , si es cier- 
tamente obra de un Ser infinitamente 
perfecto. En fin , siendo un incrédulo 
un puro hombre y no mas , podrá al- 
gunas yeces discurrir mal; pero á un 
Dios, ni á los órganos que este Dios es- 
coge , no se les puede permitir contra- 
dicciones ni desatinos. 



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HISTORU CRITICA. 



DE 



JESUCRISTO. 



CAPITULO PRIMERO. 

Cuadro que representa al pueblo lu- 
díof á sus Profetas. Examen délas 
profecías relatiws á Jesús. 

Si echamos una ojeada, por ligera'que 
sea, sobre la historia de los Judíos, tal 
como sus mismos sagrados libros nos la 
han transmitido, nos yerémos obligados 
á reconocer que este pueblo fué siempre 
el mas ciego, el mas crédulo, el massu^ 
persticioso y el mas insensato de cuan- 
tos han aparecido sobre la tierra. Moisés, 
á fuerza de milagros 6 prestigios , llego 
á subyugar á los Israelitas; y después 
de haberlos librado de las cadenas de 
los Egipcios, los puso en las suyas. Es- 
te legislador famoso no se propuso en 

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U8 HISTOHIA CRITICA 

verSad , en los escritos é institaciónesr 
que se le atribuyen , otra cosa que suje- 
tar á los tiebreos ásiis miras toda su vi- 
da, y hacer de modo que después *de 
sus dias fuesen esclavos de su familia y 
de su tribu. £n efiecto, es bien claro que 
toda la economía mosaica no tuvo otro 
blanco que entregar el pueblo de Israel 
á las estprsiones tiránicas de los sacer- 
dotes y levitas , á quienes la ley , pro- 
mulgada á nombre del Eterno , autori- 
zaba para que devorasen al resto del 
pueblo y y para que le destruyesen bajo 
^^ y^go insoportable. En una palabra, 
parece que el pueblo esco|^do de Dios 
fué solo destinado á ser la presa del sa- 
«^Hqcíó ; á satis&cér su avaricia y am- 
Jbicion ; y en fin , á ser el instrumento 
■^ la. victima de sus pasiones. 
^ A consecuencia de su misma ley y de 
H política de sus sacerdotes , el pueblo 
4e Dio^ peróaaneció siempre en una ig^ 
jyoxraneia pr<^unda, en una superstición 
.yil^ en una. insocial y feroz aversión ha- 
cia lo^ demás hombres, y en una into- 
lerancia bárbara y sanguinaria de todas 
las demás religiones. Asi es que todos 
los pueblos vecinos de los Hebreos fue- 
loa 0U9 enemigos; y siesta nación santa 

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rfáé el objeto del amor del Todopodero- 
M í lo filé del desprecio y horror de to-* 
(dos' (mantos tuvieron motivo de cono- 
cerla. Gracias á «us instituciones religio- 
ias y al cuidado de sus sacerdotes , e^ta 
nación salvage jamas pudo civilizarse : 
i siempre se mantuvo sumida en la mas 
-crasa ignorancia , v nunca tuvo otro im- 
pulso que el del fanatismo^ ni otra ap- 
titud que para hacerse daño á sí propia 
*y servir á ciegas al furor de sus sacer- 
-dotes, adivinos é inspirados, que saca- 
ban partido de su credulidad para ma- 
nifestarle prodigios y avivar su deli- 
rio (4). 

Bajo la conducta de Moisés y de los ge- 
nerales ó jueces que le g<^rnáron después 
de él^él pueblo judio solo se distinguió 
por sus asesinatos ) por sus guerras 
injustas, por sus crueldades, usurpa- 
ciones é infamias ; todo lo cual se les or- 
denaba en nombre del Eterno. Cansado 

(i) Josefa mismo nos dice la idea que pe teiua dc^ ta 
nación : te decía pues que los Judíos eran los mas es- 
túpidos de los bárbaros , y que no habían im^eníado ce- 
ta alguna útil d la vida, y. Joseph. c. Appion, a° {y 
el libro publicado poco después con este titulo: Opi^ 
mone» de los antiguos acerca de los Judíos ). ¡ Y esto 
. no obstante, aun se encuentran sabiofttan obcecados que 
pretenden que los Griegos tomaron grnn número ue 
IfkM (ilos^fieas y t^iógteas dtf kw Judíos ! 

Tomo i* oigitizd^yv^oo^it: 



2(0 .« mSffOUil GftÍTttU M 

del gobierno de sus^AacerdotesI^) (|iié;do 
le atrajo sino desgracias y derrotab ^aa- 

Írieatas I pidió esto piiehljo;^ reyes ;» pelt> 
>ajo el dominio detelios^las dispUtasten- 
ttre el sacerdocio y el imperio^ desgarra- 
ron continuaoüente el estado^ La aupeni- 
ticion quiso' imperar ala política^ y ías 
profetas y .saeerdoles pretendiero»^ rei- 
nar sobre . los re jres«. . Estos) fueron deaf- 
icbados delSeñor, jde coAsignientbdss- 
conocidos y combatidos pot suai)i:opÍ0S 
vasallos 9 siempre^qoenofueroa bástala 
•te sumiso&á los qu^se decían interpre- 
tes del . cielo; Apoderados . ^el .espíritu 
de la nación los fanáticos é impdstQiiQS 
estutieron muchas veces, ^óximos :á le- 
vantarla y escitar en^u seno las mas 
terribles feMoluciones. vLas intrigas de 
los pro&tas fuepoii las que. quitaron i¡aí 
corona i Siaul.y la ti'aspasarpn i Da- 
vid, este, hombre según el aorazoftde 
• Dios j es decir » tajp adicto á Jas. vofaii^ 
tades de los sacerdotes. Los profetas fue- 
ron los que para castigar la deserción 
de Salomón en la persona de su bijcKy 
causaron la división de los reinos de Ju- 
dá y de Israel. Los profetas fueron kis 
que sembraron la discordia perpetua en- 
tre ambos reinos} .los que debilitaron 



«w^4Q)«n(»,}¡U8quplo9;d9«K))iiroii con 

i{a^JÓ9iCpi|da^roB á su taUíi ruipa, 4 
la, díspec^io» entera de aii9 Jbabitá'ntedi ^ 
y ála4arable)CautmdadeKilre.l06 AM^ 
Jríos. í . 

I Tantas, calamidadea no abrieron lof 
:OJo»*de los Judias y 7 ae obstinaron en 
¿bísconQoer. el verdadero orígetn de sué 
knaleA.. Q^tituidoa i sus bogaras por Ik 
boQdádfde! Giro > se gobernaron nueyi^ 
mente ppr Aaoerdotea y profetas j cnjaa 
m^xiinaa lestbicieron turbulentos y U$ 
atrajeron el odio de los soberanos que 
1m 4o|uzgaro¿.;.*.yl¿un loa príncipes g:ne« 
gos.. trataron oon la mayor' dureza 4 
un- pueblo al cual loa oráculos de sua 
profetas y áus promesas habían hecho 
Áempre rebelde é indomable. £n fin ^ 
ebte pueblo vino á ser presa de los Ro^ 
inaaósi, cuyo yugo arrastró bramando^ 
le^antañdbse contra ¿1 algunos impos** 
tor^a ien repetidas yécseÁ, por jo. cual 
hostigados los Romanos de sus repetí- 
das sublevaciones acabaron de destruirle 
enteramente* 

Tal es en breves palabras la historia 
del pueblo judío. £1 es el mas memora^ 
ble ejemplo de las desgracias q¡i^,fíy^fj^it 



B2 KtsTORiá CKm<:A 

den acarrear lá mipeirstíúióii y d ^fiíM^- 
tismó. En efecto , es evidente que Im 
rerolucionés continuas ^ las guerras ^más 
sangrientas, jrla destrucción total de es* 
ta nacién, nóban tenido otra Causa qu^ 
su ilimitada credulidad , su absoluta su^ 
knision á los sacerdotes , su entusiasmo 

?r furibundo celo, inflamados por los 
nspirados. En una -palabra^ al leer la 
Biblia y es preciso convenir en que<%l 
pueblo de Dtds , merced á la^ maligni^ 
dad de eús guias espirituales, ha sido 
sin contradiccioní el pueblo mas desgra^ 
ciado de cuantos haliabido (2)« * < 
Entretanto las^pMsotfas^mas solem^ 
nes de Jehovah parecian aseguk^r á'ca^ 
te pueblo un imperio floreciente y po*^ 
deroso. Este Dios habia hecho una alian^ 
za eterna con Abraham y su posteridad} 
y á pesar de eso, los Judíos, lejos de 
recoger el fruto de esta alianza , lejos de 
gozar de la felicidad que les habían he- 
cho esperar, vivieron siempre en el iu'^ 



(a) El autor ha probado todas ettai verdades en una 
obra titulada el Espíritu del judaisfm , que paede mí* 
rarse como la introdnccion de eiu. £1 ejnperador Inlta- 
iio , en su Discurso contra los cristianos , conservado 
|»or S. Cirilo» compara la triste situación del pueblo 
íiidio tan favorecido por la provideiKÍ«|'€OB fl talado 
Sorcciente de lai otiat íiacioues. . ..<.<,,.. 

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DE )mmixuHkf cJtíh u 9S 
SKrtimiQ^ y fii4riui:, «(iPf^iiA qUe todatf 
las naeianes ; el juguete ck revpluqiooea 
espantosas. :Sb embargo y tamañas des-; 
gracias, to, juidieroQ hacerle» nia4 aeosa- 
toa} ^ h( esperiencia de tantos siglop mo 
Iros impidió; solverse á fiar eo oráculos 
tantas ieeees.4e9meotid99« Cuanto maa 
djssgracáade^ls^. yetan, mjss se pl^tina^ 
iMUiíen su cFedulid^4} y;aaa la destruc* 
Gjoii d^ sa naeiop no. ríes hiw dudar ni 
del la bondftdde au Jf j,iOÍ de la sabi<« 
dttria de ra3>ípMitupioQ!^s,| ni de la ven 
racidád delcis ÍQ«piifidpa!y,.que sé suscin 
tabait unos en pos de. otros, jr^i para 
ataeawiafjies 49 nombre, del, .Sej^or , ya 
para reanimar su^ frivolas fsspera^^as* . 

- Goo Venqtdert fii^rt^mei^tedie qiie ellos 
^Mü la naoioki santa y escpgiíjU por e) 
Áltisimo^.jyi la única digiia ¡de sus &to* 
res , i pemr de todas sm miserias se per* 
4uadiaaí siempre estos Jndiosi que su Dios 
no podía haberles i^bandoiladQ; y añ 
esperaban 9on cQi)siaiM:ia.laces?iBÍoa,de 
sus pena^ ^ y se prometían una libertad 
que oráculQNl oscuros les j^ací^ni^ardaft 

- Cimentados en estas nociones fantás* 
ticas se ei»coiitraban á toda hora dis* 
puestos á escuchar atentamente á cual- 
quier hombre que se .anunciaba como 

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' ría MíüetíUíi stii^e^peraina^r-^egiiim^ A 
todo él qUe^téhia él'fieéri^tó ¡yir 4iabÍ4i 
Kdad áendtiiirairles por medf& die ftes^ 
tigtü^', qursti^tfipidise fear bdóia mií^é 
éótúó ' tnitág^oái y ^^^^ cd^aár^btenatUiJ 
ráiés y'áignoi(1iifaIib)e8^d«l'p¿<4k^i*dt'ñl> 
nbt DrspuéklM^á Véif i¿^ níiaraviltoso iMft^ 
fáf éh l(]l¿> MY^ékos inid6 ^nattirales ; 'cMÍ'^ 

eh ^pt^bpdVéibn^d^ étfghnat^dá^f y>pcid)iif 
tebe'r^s&güfidad'díe hacera ^isló WbilM 
liáUfidáHos"^ é^péctahnienll} ' entre* el ^b-^ 
puIachbS' %ufe ien 'iddás páfited >dat<eeie' #q^ 
eapert^cia ydé Ittoés. u . i j 
"^ Eti'hiedto'dé Utí p1:teUóíde<ta^natu- 
l-aIe^a íy'iAé tal Mérte prédispiMétoí, lifift^ 
rt^ó^ ptíéáel ][MírsbDag6*dirya lii^onae9^ 
cribííifos. ^Biéii T^otito enéoMró' secta-; 
ífios' eatré^ Ida h¿mbré« di9 la hez del, 
jMíieWo'j y ítkVdtecído por elloa predicó 
a'^ás éM)íihi^d^iios''la reforma de sus 
¿áslutklbMVJ Ob^ prodigio» / y se dijo 
éi ÉHs>íadó déla Divinidad 9 fundando^ 
aobre todo su misión en prediccionea ta- 
ga9 , ósctrra^ y ambiguad y conteiíidas en 
los libtos santos de los Judíos ; aplican* 
ttola^r á 6Í misflit); difo aue era el Mer 



siml ol£aviado!, el líbeirtadof deJ^cael^ 
que taaiosiaigloS'litciaieva el «objeto da 
lajésQenahaá«d6;latMGÍoa% Scs disdpa* 
los , sus partidarios y .-y dwpües búa su*> 
ceaoie9y>encoiitTák*¿fll)eliíuédio,de aoo- 
modaiT • áisa > fiÍsieal¡ro üasi labügüas 'ptjofe*' 
<Haa. qaeálepoa'piarceiaD i^óbTenürle. Lo^ 
cristianps'diicimiyiUeáoa 4^ fií; tuvieron 
Im ifestdif» de< ver aliiiodádotí de sá r^li** 
gíon aéuaiebdb deLin<oiAaaias<claix> en tio-*i 
ckxdliiuilsgaw Tedtaiáieiltb|iyv áuuf d<>ctiik| 
vésy áib»ra\dé>akgovias', dévfigniw ^^iii^ 
terpretac&Qoí^aríf 'domeftiaríoss ^ies- hicie<>t 
rea)iér6B:éé4pDo!Bipviácion míoIib^ todo 
#aiHito itedÜM^snta^a qw^ ^viesen* Cualido 
loft*jfia^a^es'áoin)Bdo»^'la letra.no^se prea^f 
tidMiir>éisos*iiáíiBai/p«liiiiGÍBa:8upoDÍan en 
máfiáymúBenáAii^dobtip^yyi pveteodian que 
iia^ff Vl«i^ désMa \enle»dér diieralmente) 
ffíiio>tdbHricp ua Méniii^odwístíco \, • alegá^ 
rico yiespirituaLi £h ijen^ecúencia , pa«> 
ra> ei^iofiB 'ésbis píretemüdas prediocío* 
pes^ ¡séi^pstíMxiyótmdcbáa.'Vfoea.ttB nom*- 
kre 4 atro^ise deseché' ^1 sentida litera^i 
pata adoptar- ^l figurado 9 se oanbió la 
aiguificadion Blas natural deiaa palabras; 
se aplicaron pasages idénticos á sucesos 
opuestos ; se :quitarx>n los nombres de 
algaaostpersoiiages.tiiaramente desigoa? 

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56; .! mtatwMá ckítksí í 

dos, j^iá poner eal áo Jugar. el .de Je^>. 
sus ; j en fin , no se avergonaóroH de • 
hacer el abuso vmm chocante de Jos prin* . 
oipios del lenguage. . ^ 

£1 espituloIU del Génestsnosrofireoe» 
un ejemplo del modo que>teniaaiJos«doo«i 
tores.de la religión cñstíana , de alegoi*> 
Bisar los pásages'de la Escritura ,( es de«} 
6¡r, de darles toroaebto para^ aplicailos. 
¿ Jesucristo^ En Ü y dice Dios iá< la> ser*» 
«ente oon vencida de lialieirrsedufeido^á) 
la muger: Za simimté d¿ la mugev<iei 
quebPixrá Ja ca¿^a. >Esta^ proSBcia pat 
rece tanto mas difícil de^plicaB á Jeau^t 
cristo j cuanto que est¿ eejg|iMda'de esta» 
palabras: Y tú le morderás^ e^ takmm 
Es bien difíeil cootprender oomo eaM . 
simiente de la muger deba, entenderse 
de Jesucristo. Si era^e/ fdfo de 'JMosá 
el mismx) Dios , no podia ser producido 
por ia simiente de la muger j y ^si era 
solo Aoüf^re^ no se le vé designado de 
una.n»anera particular en estas .palabraa^ 
Jpuesto que todos los hombres sin es^ 
cepctoñ son producndos de la sirmevUe 
de la muger^ Según nuestros intérpre* 
tes , la serpiente es el pecado 9 y la ^í* 
miente de la muger que le destruje , es 
Jesús encarnado en el seno de María» 

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M Hmtkwto^ a» t. 57: 

£ili0rinp •bátante^ después de la Tenida 
de Xesiisristo el pecado figurado por la 
serpiente. ^abmt» siempre; con qne bien 
se podría coneloir que Jesucristo no le 
ht destruido^ y que por consiguiente la 
prediccíc»! ni literal ni alegóricamente 
se ha yerificado* 

£a ^1 capitulo XXÍI del Génesis,. 
Dios promete á Abraliam) que todas las 
naciones de la tierra serán benditas 
mjsu descendencia* Los Hebreos Ua* 
mia bendiciones las que nosotros pros- 
peridades ; y si Abraliam y su deseen* 
denoia |^aáron de una felicidad consten- 
te , no fué sino por muy poco tiempo. 
Al o(mtrario> los Hebreos pronto lie* 
garon á ser esclavos de los Egipcios , y 
después, como se ha visto, el pueblo 
mas desventurado de la tierra. Por esto 
los cristianos dieron un sentido místico 
á este profecía y y pusieron el nombre 
de Jesucristo en lugar del de Abraham. 
^n él, pues, serán todas las naciones ben- 
dites, y las ventajas de que. gozarán se- 
rán persecuciones , calamidades y des- 
gracias de toda especie ; y sus discípu- 
los , asi como el Maestro , sufrirán los 
mismos dolorosos suplicios. Vemos pues 
aquí^ que según nuestros intérpretes la 



SS: j vtmoMk tHhncá ^ 

pUabva heúdicvímes ha tanlUidofiehllM 
nmente' de sentido , no sygnlfioafido' d¿» 
modo ti^no prqsperidades j sitio f¡pr- 
el contrariólo ^ue pn el'knguage oitii*^- 
naríb maiScéenes', j infortunios , tor^ 
nientos ^: tui^odeíici^s ^ >divÍBÍooes,'>gfMtH 
ras de relidon , y en uivai psilálüra ik}¡ÍM 
h»eaíafkidádes c6n queíias naciones cris- 
tianas han sijdo' contínuameiite bendüdi 
desde el estabieoimientd dé la iglesia (S);^ 
- Pero donde los cristianos creed 'vW 
mas fórmalmenteanunciadó i Jestiet4«M 
^ to/es en «1 capítulo XLtX 4^1 C^nesisj 
donde el patriarca Jacob protiíete «el po^ 
dep soberano; ¿ Judá. E^ cetro (dicél 
no será quitado de JudÁ ^fd: el* légéÁ 
k^or d$ sus pies^ hasta tfue Silhó ^Añ 

fUj y cerca de ü se reunirán lús pue^ 
ios* Aá es como muchos interpreten 
traducen el versículo 4 0^ de dicb^ tu^ 
pítulo. Otros empero han traducido í^ 
La autoridad estará partí síemprÁ ek 
Judáj€fuando el Mesías haya venidol 
Otros leen : La autoridad estará' en 
Judá ; hasta que el Emdadú reciba en 
Silhó el poder soberano. Oíros lo en- 
tienden de esta manera : ti pueblo de 

(3) Veaic el eap. XVK d« U pi-esentt ohi-a* 

* [íigitizedby^^UUyit: 



I 'tét0tá \^ ia afiiceiim ' hásia que 
€i En¥Íado *M ^Seriar v)gnga á termi^ 
nflirii»;' y otfos^iv^; hasta que la 
céudáé dé Slihó sea destruida. 
* TañtÉ' vnnedad en la0 tráducdones dé 
m MiMho teáU^ ya AehehiueermayéOB^ 
pechM» edta'prof«cui.x49 Se té qué n& 
^ »pottUe detenáifiar la ¿ignificatíion^de 
l¿phlii»^Sílhój iii^i>e¿> di es el noin- 
Inre de «itt"tiombré> óde baa oiudá^. 5IS 
S«tá probado por los libitM satttos y ad-< 
Mitídos fgü#Itnente pot- los omtianos^ 
que el podei^ Boberanor iBalíóde Judá^ 
püeslo que ée estidgaió durante la can* 
tiVidtfd- de Babilonia , sin ^que se hay» 
reslabl^ddo deapnea; Si 8Í9 pretende que 
Jenus vino i restwleGer el {K)deT de luda 
diremos que pdr «1 oontrari<^> en el úem^ 
po de Jesús Judá estuvo^' sin amtdridadi 
puesto que la Judea estaba ' sometida á 
ios Romados. Pero á faltarle todo, nues- 
tros docto^ea^ aun tienen d ¡recurso de 1» 
alegoría; Según ellos, «1 |>odef<de Judia 
filé el poder espírituial de Jesucristo s^ 
bre los cristianos desighad^ por Judá. 
Estos miamosdoetore» ven igualmen- 
te á Jesucristo anunciado' por Balaan, 
que no obstante solo em un falso pro- 
feta. Ved como se esplioa en ei capitulo 



os ^i .vMrQV^qftrnQiL I 

he ü^gadú'á la prio/jeti^ j Ick C¥^ k^ 
concdfidoy parido \un.kijQ. li^k pf>^ 
la Ampie kdtura de e^le testo, psireop ¿»f 
In yictom 4 1q6 ioQré4ulo8.qMe prstenr 
4en qii^ efln :proffieíft 4^ oíoguiia J^^^ 
nera ea «plicaUo ¿ JesMcmiQ ^ Pflro. \q^ 
.teólogos tieqw «^l idf«e(ibo<fiH;lu4yo 4iP 
hacer láa IpMrpreMiQÍpile^ dd IV^Q vo^ 
£ivora)>W á ^a$. 9ur9#.- 3ÍP, wntw fi ;^o- 
to.de Sm;Mi«w> quQ fn^.divipmmtf 
Ui8píradop€Qiw>,la0;|)fidjr«A:^^^ cWoílíff 
de Niúea y io 4ecidí4roB cj^tp* Mp ^pel^ 

.. GoQtí«u«||dQ>lailie€t^fr^4^ Isaías^ ^ 

eopueatraotroi p«B^|^.fai(Qrab}^ Á s^x%^ 

hw partidoi.: Uñ: niño-nw hafnacidq^ 

dipe el Piwbia^^efr^imiAi^ilf^rá^ 

do, sobre sus ,he9fbro$^> Sí el pifip o íhí* 

£iota .firof«tÍ9»dO|K>if I^aiaa m<4Q <n ^9 

tiempo , pp* M'pwdeidecñr quei f^l Prpf 

&la;íiablgi deJeimsmatoitqMe napíó, pur 

í^hoa 4ig)«8|499pi|ea : ademaa dfs qu^ ejl 

naoiaiieoto d^ JeíM> habU^d^ deaucer 

der tastos a69adeápiiefl y no podU ser 

tma^epal pAm AtCha9áqui^n ta^tp y tai| 

de efrea^esteáijMihao $us enepiigcia. l^a^ 

<to opoaieii loa incrédulos ; ' pero se . le^ 

'Kfl|>«ade.qae^s.Ffpf^t^ habiabaa d^ 

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^^ sycesés.! fiUtaroa^ cokna m- {mAm^ú 
«pretéritos é pr^epteá : roeiipuieBta á. Im 
^UQ mIo lalta fundarae en pruebas. Añár 
4^se.<|iie «inacimieoto del Ujo de laaiaB 
hq era maa que figura deldeJesttcrbto^ 
.á quieo por otra pavte se asegura qu^ po- 
día CQuvenirúuieameote^ei Amúniaso^ 
bre Iq4 hombres. j de que allí se haUa; 
eu: auya cirpun^anfiia Ten claramente 
ittdioadaJa orixdE.qfieJesacrísto UeTÓsoí» 
hm jsm hombros canii»ancU>al Calvario. 
, ¥é aquí xomo. ño^atrosi inÍeippi)eM 
^eipeí^ la felicidad de tw ei s^gno de l{i 
donunaGion y ó del imperio ^ eo una, oot- 
sal que* parece á^losiojos menos iluminad» 
díost^gnoi de¿ suplkto , de de bi H d ad j df 
esclavitud. . . .1 

; Podémba bfasertarien lootasecuemnli de 
lo antecedeilté., ique )sn» el sistema de loa 
eritft^ittDos iBoi ihari^ necesidad alguna de 
que uáa.frofecíatenga relajón en todas 
sasipartesicon el.afiuuAo 4 v hecho áque 
m\ apiieaw «Los autores^ ^ai^radoa no to^ 
m^n ypara citar uo^ pro&oia mas que «^ 
pas^e y . una frase aislada 9 y an» i las 
"▼«oaa nna sola palabra que se puedli 
adaptar i la materia que tratan^ sinpav 
rar^e ep que lo'qtae precede ó subsigue 
i la xsifta que trnonN^ ten|^. ó 00 rekcion 

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con las cosas de que hablan, ká temos 
4|ué en el ejemplo presente queriendo. 
& Mateo dtar á Isaías y aplicar una pro^ 
lecía á Jesucristo » no toma de el pro'fe<^ 
,ta sino estas palabras aislsdas : CM^ 
Mr gen & una foseen muger concebirá, 
etc. porque ño le hacen al caso mas. Sé^ 
gun este evangelista ^.Ma^ía virgen ha« 
bia concebido ; por oti a parte, Isaiaa 
babia dicho que una joven soltera óúná 
Xttuger conoe&ria : luego concluyo al ins- 
tante , la concepción de Jesucristo se 
profetizó por Isaías. Tan vaga y peqné^ 
Aa sem^anza bastó á S. Mateo y á to^ 
dos los cristianos paraioreer que su W 
;|pslador estaba visiblemente designad» 
en esta profecía. 

Siguiendo tam estreno niétodo han ale* 
gado también la autoridad de Ismés pe^ 
jra probar que Jesna em >el Mesías pro^^ 
anetido ¿ los Judíos. En el cap. L, dea*- 
cribe este Profeta del modo mas pateti^ 
oo las de^;[racias y tormentos de su com*- 
fMiñero Jeremías , y por mucho tiemp» 
ae han afanado para aplicar al Cristo esb* 
ia profecía. Le han visto espresamente 
abalado en el varón de dolores, deque 
habla Isaías en dicho pasaje, que han 
mirado, mas bien cpmo nna narracioa 

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BE SBSOCXiSTO* CAP. I. 6S 

Bú y dreoMsslMmcassdtL de la pasión de Je* 
ras y que como una predicción : la sana 
crítica empero ha hecho reconocer que 
en dicha historia solo se hablaba de Je- 
remías. No le haoe: para no privarse de 
los recursos de un pasaje ta^ útil, deci«* 
dieron , que en cuanto á profecias pueda 
tener cabida la relación indirecta j me- 
dio por el cual conviniendo en que la 
descripción de Isaías tenia á Jeremías 
ppr objeto inmediato ú directo j se pu- 
so por principio que Jeremías era la 
figura, de Jesucristo. No quiere decir 
estoque haya conformidad entre la vi- 
da de uno j otro, sino que en la reli^ 
gton cristiana 9 para la correspcmdencia 
délos paralelos^no se necesita una con* 
ffNwi^ad acompañada de las debidas 
correspondencias. 

Esta manera de discurrir, peculiar de 
la reUgion cristiana, siempre le fué muy^ 
¿til. Sai^ Pablo especialmente, asi como 
la mayor parte de los primeros predi- 
cadores del cristianismo, j después los 
padres y doctores de la Iglesia , se sir^ 
vieron con suceso de tan raro métoda 
para probar su sistema. Según ellos, to- 
do en la ley antigua era imagen de la 
nueva \ los personajes mas célebres del 

Tomo i» Digitizt^by^iou^it: 



ñS HliTOAIA crítica 

Antiguo Testamento figuraban proftlU 
camente á Jesucri^ jása Iglesia, jábet^ 
asesinado por su bermaDO > fué figura 
proiética de Jesús entregado á la inner^ 
te por los Judíos. £1 sacrificio de Jsaae^ 
que no se consumó, fué imagen del ((u€ 
se consumó en la cruz. Las bfstoríasy 
predicciones que habian tenido visible* 
mente por objetó á Abraliam , Isaac y 
Jacob , á Moisés, Josué, Samoel , Dayid> 
Salomón , Jeremías, Zorobabel, y otros 
antiguos , se aplicaron á JesuGristo, Sa 
muerte fue representada por ia sangre, 
de los cabrones á machos de cabrio j jr 
toros* En una palabra , á favor de s^a 
alegorías, toda la historia antigua de los 
Judíos no sirvió mas que para aauociar 
los sucesos de la vida del Griáto, 'y- la 
historia del establecimiento de su rdí* 
gion. 

Gobernándose por este estilo , es fá- 
cil enoontras en la Escritura todo lo que 
se necesite. . 

En vano seria discutir aqui la famosa 
profecía de las setenta semanas de Daniel» 
«n la que los doctores cristianos CFeen 
ver la venida del Cristo ciarísimament^ 
anunciada. Es cierto que si Daniel ó sus 
editores hubiesen tenido el cuidado de 

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1)8 JESUCRISTO, CAP. t. 6T 

especificar la naturaleza de estas sem a^ 
jnas j habriap escusado no pocas fatigas 
á los intérpretes ; y entoúoes esta pre^ 
dicción iiubiera podido ser un gvscn re- 
curso para la i^^ligion crístiafna. Ello es 
que Ips. críticos mas hábiles se. ven .ba^-^ 
tante perpÍ^oS| cifando sie trata de fijar 
el principio ó el fin de estas setenta se* 
manas. Es cierto también que nui|ca &0 
han podido avenir ni concordar entre sí 
acerca de la data precisa , que falta aun^ 
al grande suceso de la Tenida del Mesías: 
Se sabe que los Judíos usaban de sema^ 
Has de dias , semanas de semanas , y se- 
manas de años y y solo por una aventu- 
rada Gotíjétura se adelanta la Biblia d^ 
Lovaina. á decir que las semanas deque 
habla Daniel son de añ03. Sin emhitgó, 
esta suposición nada aclara el asunto ^ 
porque el cálculo de la tabla cronoló- 
gica, que los doctores de Lovaina han 
pul>lrcadO| no nos da n^a&que 3^5 años 
corridos entre el tiempo en que hacen 
principiar sus semanas^ y el de la muer- 
te de Jesús» No faltan críticos que ha- 
yan creído que esta predicción se aña- 
dió , después del suceso , al testo de Da- 
niel , en favor de Jonatas Maccabeo ; y 
lo que mas nos da á entender el poco 

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68 HÍSTORIiL CRÍTICA 

fundamento de la tal profecía de Daniel, 
es el número portentoso de comentarios 
qae se han hecho sobre ella (k)' 

Esto supuesto, sin detenernos mas en 

{^rofecias ininteligibles á los mismos que 
as citan ei^ su favor , pasemos á la vi<- 
da de Jesucristo , y veamos si es mas á 
proposito para confirmar al bristiano en 
su religión. 

- (4) 'El eétdhié jiMónio CóUim eon^iuo en Iñ^éé 
dof obisf ooríosaa ▼ profnodaí, en lai oíalM*^ proba- 
do con la mayor claridad que ninguna de las profecías 
del Attfcigno Teetamento se poede aplicar litersloMnte á 
Jesús.. (I<Ío hace mucho que le publicó en francés un es- 
tracto dé estas dos obitu de Collius , 'bajo el titulo de 
Examen de las profeeias ^ite éírven dejfundamemo á 
Ja Jieligwn criitiana. Iióndres , i76S, en S*. ) Tener 
tnos Cambien muchos escritos sólidos compuestos por los 
' Jodio», T entre otros , dos ttatudás que el noo se iati^ 
tnl4 : Idíer Nizzachqn t^etusí j el otro Mujwnen fidei, 
que át hallan en la colección titulada Tela Ígnea Sata- 
nor^ pubHcadn por Wa^enseil, en nñ Tolónien en 4^> 
AlUjrf, 1^1. Se puede agregar otraobiaque tiene p^r 
titulo : PÍalipi á LinAorch; de veritate Beligionu ■cris»' 
tüuioB ondea eolUuio. cum erudito JiuL in i{^. En. fin. se 
encontrará el sentido natural de las profecías judaicas 
en un tratado curioso del Judío haac Orobio , en el 
que esta matertai está sabiamente manejada. Titúlase di» 
cha obra , de la que^ existen alg^unos manuscritos, hráel 
i'engado, 6 esposicióji natural de las profecías que !«■ 
eiistíanos aplican á Jesus (en francés}. 



dby Google* 






CAPITULO n. 

Nacimiertío de JcsucrUto. 



Todas las profecías consignadas en ios 
libros santos i ó esparcidas entre los Ju- 
díos por tradición , se cóniormaban ea 
hacerles esperar llegaría un tiempo c;n 
que recobrasen el, favor del Omnipoten- 
te, porque Dios les liabia prometido un 
Libertador 9 un Enviado , un Mffsiqs^ 
qne restablecería el poder de Israel. £^- 
te Libertador 6 Salvador debia salir de 
la raza de David, príncipe fegun el is^ 
razónele DioSj tan sumisq á los saoer* 
dotes 7 tan celoso por la;religion. Sin 
duda que. para recompensar la devoción 
y docilidad de este santo usurpador >lp8 
profetas y sacerdotes colmados de sus 
benefidos le prometieron, en nombre 
del cielo , que su familia reinaría ^em- 
pre. Aunque esta célebre predicción se 
desmintió posteriormente en la cautiví- 

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70 ' HÍáVORIÁ CRÍTICA ' 

dad de Babilonia y en los tiempos que 
la siguieron , no por eso lo^ Judíos de 
entonces dejaron de seguirían crédulos 
como sus antepasados, ni de permanecer 
en la misma esperanza , persuadiéndose 
que era imposible qufe sus profetas y adi- 
vinos hubieran podido ó querido enga- 
ñarlos. De consiguiente se imaginaron 
que sus oráculos pronto ó tarde debian 
' verificarse , y que al cabo se yeria á un 
descendiente de Dayid reponer á la na- 

• cion en su esplendorr \ ; ' ''■ 

Para conformarse con estas predic-* 

eiones populares y los eiscritdtés dé ios 

evangelios tuvieron buen cuidado dé te- 

^ |er una genealogía á Jesñcristo , pcrt me- 

* díb de lá éual pretendiah ' jprobar que 
' descendía por linea recta' de* ífevírf^ y 
^decóiisiguiéiíiíeque yapoif su nacimien- 
^td tenia uá 'derecho á of>üír & Ik cüali- ' 
"dad de MeSttas. Sin embiirgo ^ la -crítica 

^ Bp 4ra dejado dé háder su oficio éfi la tal 
genealogía , porque á los que no tienen 
fe les ha sorprendido no poco que el Es- 
pirita Santo la haya dictado de distinta 
manei^a'^á loa dos evangelistas que nos 
)a han referido. Efectivamente y como 
se ha observado ya infinitas veces, la 
genealogía dada por /Sa/r Mateo es muy 

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4i^¥*9Qt« d0 la d^ .Sa/i Ifúcas , diferen* 
jqia qae ha puesto á los iotérpretes. cris- 
tiano^ en |;randes apuros , de los cuales 
toda su sutileza do les Im podido sacar,. 
Dicennos que una de estas genealogías 
«s la de Josef ; pero aun cuando supon* 
gamos que este Josef . ei| de la raza de 
David j un cristiano no puede creer que 
fuese el verdadero padre de Jesucristo , 
porque su religión le obliga á <^reer fir- 
enemente que Jesús ^s el rMjo de Dios» 
£n esta saposicioi|del>erémos,degir. que 
ambas genealogias^, aunque disqonfor^ 
m^s ^ son lá% de Haria > y entonces el 
£spíritu Santo se lia engañado en una 
ide estas gepealoigías y y üqs mcrédulos 
tendrán siempre ocasio«i para qt^ej^rse 
de Ja popa exaf^titud de los autores á 
.quieqes^eha dignado inspirar^ Asi pues, 

{>or cualquiei^ lado que »fi mire yU^^^de 
as 4q9 genealogías de los eyangeliosre- 
isul tata; defectuosa é incompleta ^ y .la 
descendencia de Jesus débilmente ates* 
;tiguada : sie^o asi que este era un púa- 
Jto que mereoÍA alguna atención 5 si se 
reflexiona que con relación á los Judíos, 
sobreesté nacimiento ilustre debian fun- 
darse evidentemente los derechos del 
Mesíaer. 

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72 HI6T0&U CMtieá 

Sea como qaíera , pasaremos á éxa« 
minsHT la serie de los acontecimientos 
que precedieron y acompañaron al na- 
cimiento del Cristo ; acontecimientos 
que solo un evangelista nos ha conser- 
vado, porque los demás háii pasado rá- 
pidamente por unas GÍrcuns¿8incia8 tan 
maravillosas como importantes. San 
Mateo j satisfecho de su genealogía, ha* 
bla muy poco del modo sobrenatural 
con que Jesús fué formado en el seno de 
su Madre. La palabra de un ángel visto 
en un ensueño basta para asegurar á Jo^ 
sef acerca de la virCiid ds su esposa , j 
adopta al momento al infante que Ueva 
en su vientre sin la menor dificultad* 
•San Marcos no hace iki^ncion alguna 
de esta memorable aventura , y San 
Juan que hubiera podido adornar éste 
suceso á vuelta úe su teología niistida y 
platónica , ó más bien embrollarle de 
tal modo que quedase al abrigo de los 
ataques de la crítiGa ^ ü6 dice lina pala- 
bra: con qué solo nos vemos reducidos 
á valemos de los materiales que nos su- 
ministra San Lucas. He aquí lo que 
resulta de la narración de wie evange-- 
lista. 

Isabel ó Elizabeth^ parienta dte Ma- 

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DI nBKKMiiOf CÉ3i tí. t% 

i4a y muger de i|n sacerdote llamado 
Zacarías (I); se hallaba en el sesto mea 
-de sil peñado; 

26.' aCuaníío el ángel Gabriel yué 
eimado de Dios á una ciudad de Ga-* 
Jilea j llamada NusíCN^eth, 

27» já una virgen desposada con un 
varón...* de la casa .de JDupidj jr esta 
virgen se llamaba María. 

28« Y habiendo entrado el ángel é 
donde estaba j dijo :■ Di9s te guarde^ 6 
llena de gracia: d Señor es contigo j 
y tu eres bendita entre las mugeres. 

29. Y cuando ella esto ojrój se tur- 
bó cotí las^palcdiras de &^ f pensaba 
^ue safuúácion ftte^ estw. 

SO. El ángel la dijo : Notemos Ma- 
ría j porque hashalíado gracia delan^ 
te de Dios : * 

34; Üeoquij concebirás en tu seno 



{i) A]gfi«oi eríticot lian deducido de este parentes- 

«o de Elizábeth con la Virgen MaHa , que eita no era 

^ la li«<ja de David 9 porque EUzabe^b» para casar co|i 

un sacerdote , debía ser de la tribu de Levi , sabiendo- 

'ae que entre los JiídSoi no Se casaban sino óida uñé en 

~tm tiibu. En «stf i4|aso, María, que era su parienta » dt-> 

bia ser también de la tribu de Levi, y no de la de Ju-- 

gld, dtltL cual era David. Ademas, San Agustín nosdi- 

xe que en su tiempo en muchas obras , á las que él «a^ 

lifica de apócrifas y sé leia : María de la tribu cU Levi*^ 

V. lib, a3 , contra FauHum, «ap. 9. 

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f parirás uH hijo águiériipondr4sp^ 
¡nombre Jwuím í : ■ , 

34. Entonces.... dijo Mariqt í^á^r 
\giel : ¿ Como seré elHo? poríftf^ifO:^co- 
-nazco vartm* 

35. El á/ig0l let respondió : fH Esi- 
fHriíu.Sfinto s^endrá sobre tí^^jr /^.,ca- 
ihrirá^cpn w sombra la s>irUf4, 4^ 4 Ir 
tisimo. Y por,e$Q el Santo qufi nacerá 
\dé ti seitú llám0d(y Hifo de Pios^ 

\. .38. Dijo pu^ M<(tia,^He aqi4 la 
^rm del Sefí^; 'qití^M h^gA en mí 
según vuestra pakihnf, Y í/v áfigel se 
-apartó de ^/^a^» cwakkj^.ií^ tesjto , y 
«M^. Jo que n^d^ kkoe^^ mar^^Upso; 

No hay nos» m^e íbcacíU» .(|ue esU* 
-Aá^raeioD^ y por poco que sfi t^f^mone 
^oobre^u QC^teoidOi se yerádfflap^recei* 
lo maravilloso. Encontraremos 4¡l (y e^ 
to^estbudíiWe^ , qwe ^^ tu^oi d w><yor 
cuidado en no herir el pudor de las per- 
sonas jóvepes que pudiesen leerla. Un 
ángel entra ép la habitación; de Maria^ 
'cnyo esposo estaba ausente^ y la salu*- 
•da I esto es,, le faiace un cumplido á es- 
tilo del país, que traducido segnn elge^ 
BÍo del nuestro podria ser equivalente á 
este : jA nuestros pies j amadísima Ma- 
ría \ ¡Qfié objeto tan adorable soispa- 

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Ta'vUt i qué atruttiws j 4fue gracias 
JOS adóthan I Seguramente á mis ojos 
^s fa mas bella de ias mugeresí Vues^ 
tros encantas justifican mis paia»- 
bras. 'Coronad pues mis ardientes dé* 
seos.... No temáis el resultado de' sñies-- 
itra condescendencia.^.. Si es^ por smes- 
tro marido j éi es uín^ ignorantei, al 
cual por medio de apariencias y en 
sueños se le puede hacer éreer cuanto 
se quiera. El es tan buen hombre^ que 
' mirará j en caso, vuestra prehez co^ 
rno efecto de un milagro del Jltisimo: 
adoptará vuestro hijo j y todo saldrá 
perfectamente^ María, asegurada con 
estas palabras, y poco acostumbrada á 
recibir iguales dumplidos. de su esposo, 
lie responde: Pues Biert^ me rindo j y 
contando con sfuestraluibilidad y pro-- 
mesa , disponed dé mi como gustéis. 

Nada hay mas fácil que separar de 
esta relación de San Lucaá lo prodigio- 
so que nos pudiera embarazar. £1 acon- 
tecimiento de la preñez de María entra 
en el orden natural de las cosas ; y , sí 
en lugar del ángel colocamos un joven, 
elpasagedel evangelista nada tfene de 
¡ncreible (2). 

(ü) La eualidad de áng^ qitf et f tañgelMt» 4a • Go^ 



Bfet^tivamentej» no iian gjtadoiloc^ 
«09 quQ han creído que d ángel Gabrid 
no fué otro que un amante de Maria^ 
•que pproyfichandose de la ausencia de 
Jósef iialló el aecreto de declarar. y aa* 
tisfiícer 6U p^a^A. 

Ko\nosvde(endrémo8 en formar conr 
'letmsaa acensan dd verdadero nombue y 
i. ^T -^" .v^T • ' •• •. . • ^ .' 

> Srid i iro nof 4vM'¿eteiier , p^rqn^csts dífienltad , bien 

fácil de dUolvePy rueda. únicamente fobre la sinonimia 

de tas palabras Ángel, Dios, tfombre. Vemos q«e Je. 
-mr unas yeces e* Uamade el hijo de DipSj j otros é/v4r- 
Jo del hombre* .Igualmente ios jueces, Iqs pnncipes t 

ios grande son llamados Dioses en machos pa«ages & 
'la Escrt^ufá. Vtase el EkoHo, cap* aa^ versículo últi" 

mo^ salmo 8r , vers. 6. Los, Patriarcas y Moisés creian 
|<pie Dtos se les mostraba en sus visiones ; y sin embár- 
igo.San Pablo, en su ep^'stola á los Hebreos ^ (cap. 9. t. 

a) nos asegura ^ue solo los ángeles, y no. l>¿>f. fueron 
flos que promulgaron la ley y hablaron á los Patriárctft. 
'^n,el Niap^9 Testamento los JOoctores soto llamados 4n^ 

felés. £a un|i palabra,, los nombres de Diqses , de ¿í/i- 
¿/e# y'de saMos , eran unos títulos que se coñéedian 
y ai|n apropiaban sin gran consecuencia , tomo el mí^ 
mo Jesucristo advierte ^n ISan !luan , cap. X¿ t« 34't 
' siguientes.] Todo tó. cual nos pavece suficiente para es* 
.]^kar el pásage d^ San Lucas, donde dice: Lo Smdo 
^ue nacerá de vos será llamado el hijo de Dios , y lo 
Hfiaravilloso de la |»labrsi,(i/i^e/ desaparecerá foraosa- 
mente. Según el eTangelio apócrifo de la Natividad de 
María (que el P. Gerónimo Javier adopta' sin embargo 
én todas; 8Q8 partes ).. María fué consagrada al Señor j 
educaáa en^l.TempIo, de donde no salió basta la edad 
'de 1 6 anos.' ¿Quien sabe si su preííez fué nn efecto de 
alguna mtriga de Ijos sacerdote9 que la hiciesen oree» 
-que era Dios quien la habia puesto asi ? V. Codex apo^ 
<:r^ph, n. T, , pág. i9 jr sigüienUs. Véase nuestra nou 
-BuiiierO«««« 

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DE JftSOOftlSTO , CAl^; 11. tf 

calidad dei amante de María. Los Judíos;* 
cajo testimonio d^ parecer sospecho-^ 
80 en esta ocasión > aseguran y como di* 
remos adelante y que este amante favo-" 
rectdo fiíé un 8<^dado ( parece que los 
militares tuvieron siempre cabida en el 
oórazoa de ks hermosas), añadiendo 
que de. su trato coii la muger de Josdf 
nació el Mesias; que el esposo irritada 
dejó á su infiel esposa y y se tetiró á Ba^^ 
bilonia; y que Jesús con su madre pa*t 
80 á Egipto, donde aprendió el oficio 
de mágico que vino á ejercer después enr 
.Judea (3)¿ 

' ^eBiSe lo que se quiera de estas histo^ 
rias , ó si se quiere fábulas rabinicas , es 
müjr cierto qué la narración de San Lu- 
cas y si no se la despoja de lo maravi-» 
lioso , presentará siempre álos incrédu-* 
los dificultades insuperables. Pregunta* 
rán ¿como Dios siendo espíritu puro 
ha podido cubrir á una muger con su 
sombra , y escitar en ella los móvimien* 
tos necesarios para la producción de un 

(3) Los que quieran tener la curiosidad de ver la 
historia y las fábulas que los Rabinos han compuesto 
- acerca de Jesús, las hallarán ch un libro hebieo ( tta« 
ducido al latín ) que se titula Toldos Teshu , inserto en 
la colección publicada con el titulo de Tela ígnea Sa* 
tance, por Wagcnseil, en 4**» i68i , en AUot^ 

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niño? Pre^nt^ráa ¿como la natúraléto 
¿ivina ha podido conibiDarse oonlapa^ 
turbieza de; Ja mug^r ? y dirán que loáa 
lo dicbp e$ indigoQ del podier, magesn 
tad y santidad del SA Supremo , quQ 
xio {tieiie i>epesidad;de emp^ac^ mediba 
Un náíc^\o^coimÍQdtpenÍie»pQrñ(ohtÍT^ 
la salud djel género bumanov' Y aüneo) 
^1 supuesto ps^reíe que el Todopodero-. 
ap habría podido tomar Otróanobedioa 
para hacer entrar á Jesuerislo en él aé-^ 
no maternal, y en fia kabria podido ha^ 
ferie apat'eeer (eii lá .tierxa sin necesidad 
de que tomase carne en el vientre d^ 
uim muger Qi); pero es nec^aario^ue 

(4) liOs teólogos* Kan agitado lo cae^t^on de J $í «9 
la concepción del Cristo la Virgen Maiía emiserit se^ 
tnen ? (había despedido semen. ) Según M. de Ttllemont, 
^mo U, p. 5, los Gnóstico* 9 liereges qiM vivían en 
tiempo délos Apóstoles, negaban ya que el Verbo hubiese 
encamado en t\ seno de yna muger , y decían que nt^ 
había tomado mas que un ouevpo aparente, lo que debí» 
destruir el milagro de la Resurrección. Basílides sostenía 
igualmente , que Jésui no habla encarnado. V. Tilte*- 
moni , tomo IX, pág. aai ; San Epiph. advere hcer* ; 
Theodoreto haeret. fabulce f líb. 1" , pág. i9S. LacUn- 
cío, para probar qué el espíritu de Dios pudo fecundar 
á una virgen^ cita el ejemplo de las yeguas de Xracta» 
y de otras hembras fecundadas por el viento. V. Insti- 
tuz. dwin. 1. IV , cap. 12. Y sin embargo, este mismoi 
Lactancío, echando en cara á los Paganos que sus Dio- 
ses habían necesitado mugeres para engendrar , les había 
dicho : Quid igitur opus est sexu faemineo cum Deus » 
4jui est omnipotens , sine usu et opera Josnúnce possít fir 

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DE jfesocftcstavttr. n. 79 

faaja maraTÍUoso en todos loa itmiAtH 
ees y sobre todo en las- retigiones. Suim-* 
pre se ha ^ dado por supuesto <{ue los 
grandes hombres han nacido de i^o mo« 
do estraordi^ario. Entre los paganosy 
Miners^a salió del eembro de Júpiter > j 
Saco fué conservado en el muslo de es-f 
te mismo Dios. Entre los Chinos» el 
dios i^í^. fué «engendrado por una virgen 
fecundadla por un rayo del soL Entro 
los cristiañGis pues y Jesús nace de una 
virgen fecundada por obra del EispiritU 
Santo 9 Redando ella virgen después dd 

líos procreare ? (¿Que necesidad liabU del s^xofeme^ 
niño, cu&ndo Dios, siendo omnipotente, podia sin valer- 
•e de mugér proerear hijos? ) V. Lactancio^ ihiá, li$> I, 
cap, S. ¿ Qoe cosa mas indecente y ridicula que los cues- 
tiones teológicas que se haíi suscitado con motivo del na-* 
ei miento de Jesuefíno? Muebos doctores, para salvar 1a 
TÍrginidad de Marta , han pretendido que Jesús no ha* 
bia solido al mundo como los demás hombres , apertct 
vultHÍ (abierta la matrit 6 el ulero ) , sino mas bien per 
yuluam ^iusam ( cerrada la matriz^ ; pero Juan Scoto, 
por el contrario , miraba esta opinión como muy peli- 
grosa, viendo que de ella se deduciria que /e«urr¿fZo' no 
halda nacido de la Virgen , sino solamente salidi». Un 
monge de.... llapnado Piolomeo de Luque , pretendió 

r? Jestie habia sido engendrado cerca del corazón de 
Virgen , de tres gotas de su sangre* V. Bibliot, In^ 
glesa, tom. n, pág. 354 J^ 55. fl gran »fo/i Tomas 
de Aquino ba examinado la cuestión át.¿ si Jesucristo 
hubiera podido hacerse hermnfrodita ? ¿ si habriapodi" 
do ftacerse del sexo femenino r Otros ban llegado á ven- 
tilar ^ si Jesús hubiera podido encarnar en una yaca ? 
¡Cuaotos aluurdos no pueden nacer de uno, particular- 
mente en la lecunda invettcion de lo» teólogos I 

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e^ ^ra. Inoapaces los hdmbres de ele^ 
varse hasta DÍQ3 ^ le lian heoho deseen-* 
det* á su propia naturaleza , y láste es el 
origen de todas las encarnaciones en j9, 
creencia está e^sparáda en todo el orbe* 
A. pesar de tantas mai^avillas como 
precedieron al nacimiento de Jesús y se 
termina por un suceso muy natural; es- 
to es y que. aji cabo de nueve meses su 
madre pare como las demás } y dfespuea 
de tantos sucesos increíbles y Sobreña* 
turales. el.bijo de Dios viene al mundo 
cerno todos los hijos de los hombres. 
Esta conformidad en el nacer, hará sos- 
pechosa igual conformidad en las causas 
£sicas que produjeron al hijo de María* 
Porque, á la verdad , parece que lo so- 
brenatural debef producir sobrenatural, y 
que de agentes materiales deben resul- 
tar efectos físicos ; y siempre hemos vis-* 
to sostener á los escolásticos que la cau-- 
sa jr el efecto deben ser de una misma 
naturaleza. 

Puesto que según los cristianos Jesús 
era hombre y Dios á un mlsmb tiempo, 
dirán los incrédulos , era necesario que 
el germen divino , traido del cielo para 
ser depositado en el seno de María , con- 
tuviese la diviaidad y el cuerpo futuro 

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Aetciu^ >de,'vI3|íqs jUnUo^mté^ /( J^.^uk 

«i lo\ miitoA y qwra hablar tdii^ofi^a di 

los teólogos y la uuiím.iiiposiátitíti deja^ 

dfl0'dftlwik»a «n.Jottusmto hardihido 

tVeñfiearse Aatés de sU oacimiieQfto y W 

Iklraa boufiittdida» éü el áena toaierao. 

fia eale caacn » no ae coMiba /fá^lmento 

00016 hm podido la naUaraloaa. dtviaa 

per maae oer eotorpedda y eo abaolulm 

ifiaiecído todo isl^tiempo de la pi!ene£>dB 

MatrÍAi) ¿flhMto tal iputitú y que leita . ti0 

lnvo^íaimeaor adyertenofat ^oercá del 

4ídsajiQ dojba ialii«it>raiiiieQflo i^ cofilo lo 

{yriuslñ f lijpisinQi&m íiuooiíjj püd» 4ÍM 

mi¡6l.qap'..:S?'> í:' :.! :j uu \vt o. ,. 

de Cesar-^AugusíOj paita iqu^fíéíe emt 

i S* Sitíanutodós^ a'€m/>jS¿^iron(fit^aiif \ 
iSit€ÍU(^adk*ik4 < ' - ' '. <i tí;. .A- -i-: v^!> 

.S« y JÍMt^/partíó dé la\ciwkiá\de 
íNa^€üfñihé¿.iéyid citíuladdi Í^Qvi^lque 
Me' llama B^hlehem.^i^^ j .rs.-.) J ík /. ii 
« A. ParaempadmnáráécothiueÉpoír ' 
>M» Mkrik que estaba pteñada» . - i > 

5« JT ¿Hondo alü i aeont$oíó Kúue se 
cumplieron, los dios en que hahiéi ,d0 
parir. 

6. TparióásuBijoprínidgénUo^Y 



h 



8S .' tflát«>|llÁM(atÍTlttE : / 

ie snwUvió en pahal$s ^ fie reeosé(fim 
un pesebre í porque np^habut^ i lugar 
para eUosen el mesonn^^ . ; ...;.$ 
i BieniolaráiüBiite ino9 pvMbii'erte'ré^ 

j que ú Espíritu Sanie j ^e>habí» hé'i- 

no w (nifO'diej advwtÍTlá antena de. un 
«bobtebimienk) 4a¿í i«i^terésante^{>av««lk^ 
y de tfltit;af cottsecfustida'pi^i^atodo^lii- 
wige'bumapo. ademas y tritesnid^ rki liAf* 
kaansda¿de<lesu€f tató<sujdta é todos hik 
«coidecvtes <ábitiuestrá «mUivalcoíi ^ p«dM^ 
raij1iab0r{pL€ílieoíd^ eiiáicii?fítíí|^^ei]»pp«iif 
dido en un tiempo tan criticq^pan «n 
«iiá¿lre;'¿Y i^omo compciftipdc»* <fué^ésta 
madre h^ji'a ;e5tad6 . e& vqnaiv jgiKMráiiehí 
total de la ppolímidad <M VíttsÁnt^ éew^ 
taEiib*raso , y que el £te»no> baya, podi- 
do abandonar de tal maneja- él precioso 
niño que él^babiá depoátado en su seno? 
Üguna^circkinstanciásdela narración 
de San Lucas añaden nuevas clifícultadea^ 
-Hablase ati eliade un empadronamiento 
ordenado por Gesar-Aligirsto y ^beobo áA 
que no se^ baila menoion en ningún bis* 
toriadar , ni judio ni profeno (5), 

(5) Paede afiadírse aun que SanXucas afirma ^uee*> 
le pretendido empaárotutmkrAo m hxáo l)a|o Qmrino 6 

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DE 4^BSUGRI8ra, CÁP^ If. Af 

. Nx> 80i*pteiid.e menos yer al hijo de 
Dios nacer en la pobreza , no teoer mas 
ya^lo que un c^stablo > ni otra cuna que 
«io pejiebre ; y eH fin ^ que en la edad 
jDOtas tierna y en Jia esiacion mas riguro^ 
sa se halla espue^to á las mayores mi*- 
^iertaS. Sin embargo y no podemos negar 
4|ue nuestros teólogos han eucontrado 
^medios de responder á todas estas difi^ 
icuUades , diciendo : que un Dios en to- 
do justo, queriendo aplacarse á sí mis- 
4010 y destinó desde ab cetento á los tor» 
mentos á su hijo ioocentisimo , á fin de 
'tener con e^to un motivo de perdonar 
mi género humano delincuente , y que 
(había incurrido en su odio por una falr 
•ta cometida por Adán ; falta en que sus 
'desceodientes no habían tenido parte alr 
guna. De ^Ui^rte que por un ei«cto de 
Wia justicia , de la cual no le es povibte 
al hombre formarse la menor idea , se 
.halla un Dios 9 esencialmente impeca- 

JCirémo y «tcndo ast qpe ya está probodó (¡ue f|ut«ii «i^* 
tonoes gobernaba la provincia era (¿uintilio Varo. 

Loi predicadores y escritores ciistiár.os bucen notar 
con" afeetaoiofi y énfasis que w cerró el templo de Jand, 
y que reinaba Ona profunda pax en toda la tierra cuan- 
do nació Jesucñsto ; peí o en una obrita que se publicó 
en i7oo, se prueba la falsedad de este bedio. Fease á 
Bernard, Nauuelles de la Bépub, des lettres ( Nwedu- 
'des éh la Btpübtica, liiena'ia) , tomo iL* 



ble, cárgadb coa todos loü delito^ é ini- 
^uidades del hombre, y^débé enterah 
mente espiarlos para desat*ámr k, cóletiá 
de un padre infinitametítebiiéno, á quien. 
ni ha ofendido ni podido ofender te^ 
niendo la misma esencia. ' 
' Por lo mismo nuestros buenos doctor- 
res añaden que Dios quiso que acomp^^ 
fiasen al nácitíiiento de su hijo las tnis^ 
jnsíé circunstancias y accidentes que ál 
de lo^ demás hombres j dicÉfn-, éd -cul^ 
-pable antes de nacer, puesto que los hf- 
jos están obligados á pagar lafs deudáb 
de sus padres; luego el hombre padece 
justatnente , ya como pecador él mismtl 
y ya Como cargado del pecado de sk 
primer padre. En esta suposición, ¡qué 
cosa mas consoladora para nosotros que 
Ver á un Dios, esto es, á la inocencia» 
'á k santidad misma , padeciendo en nñ 
establo todos los males an^os á la indi^ 
gen0iaí ¿Y como hubieran tenÍdo> lo6 
mortales este consuelo , si Dios hubiese 
•permitido que su hijo naciese en él esh 
pltindor y en la abundancia de los bie- 
nes de la vida ? Por último , si el Cristo 
inocente no hubiera sufrido y padecijdo^ 
•el género humano, incapaz de satisfacer 
la deuda que contrajo Adán . habm e»* 

' )¡gitizedby^UUglt: 



1^0 étiduikio pa^a BÍempr/» 4el paraíso, 
, Por lo que haoe al viage tan peaoao. 
que tuvp que :hacér María en circuns* 
taiipias tan.cnticaa , es un suceso que es- 
tábil previsto por la sal^duria eterna, 
qiie había det^rmioado que el (pristo ña- 
fíese éa Bethlehem, y qo en Nazareth. 
Esta circunstancia ers^ precis^: había sin 
4o predioha, y d^bia infalible^mente cum- 
plirse. J>fo: obstante , aunque estas pe^h 
Euestassoa muj splíd^aa para todos aque«- 
í^ que. han. recibido la fé len sufíciente 
dpsis, no parece que llegan á convencer 
¿ los incrédulos. Estos claman contra 
la injusticia de hacer padecer á un Dipf 
inocentísimo y cargarle d^ todas las iní*- 
quidades de la ;tierra : no pudiendo en-r 
|:eodei: porque principios de equidad h^ 
podido el Ser Supremo .h^cer al li^agq 
Jiumaup responsable de la falta cometió* 
áú sin su conocimieotp y sin su concur7 
reacia pipr.^ p^tner pa^re.; Preteqdea 
que seguq r^gWde rec^{usti(na..lp^ hj-T 
JQs4ien^«.d^rjecho. á.r^en.uaciaf i la Jict 
;rencia de sMs.padr^^^ , quando no estaa 
en estado de, pagar las deudas que estof 
han contraído ; y en fin ^ á los tales iiir 
crédulos les parece qu^4i conducta qu^ 
la teología cri^iana atribt^jfea la.D^yi^ 

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M HftroRTA ahuíá ' ^ 

nidad y es muy ÍD|urid9ti 4 la DiVinidad^' 
jiorque. la representa Coma impIadaUe, 
cruel j tirana; y concluyen que mbs* 
pro pío era déla sabiduría de Dios evitar 
que el hombre pecase y que permitirle 
pecar, y hacer después tnorir en tormén»' 
tos á su único hijo para que espiase el 
pecado del hombre. 

Siguiendo el mismo asunto del viage 
de Bethlehem j decimos que no es fácil 
adivinar su necesidad , puesto que el la- 
gar donde debia nacer el Salvador tlel 
^undo era del todo indiferente para la 
salvación del humano linage. Si es por 
la profecía que pronosticaba la gloria de 
Bethlehem por baber dado al mundo al 
Conduótor 'de Israel j no presenta con* 
Venir con la mayor claridad á Jesús ^ 
<}tte nació en un establo fuera de la villa, 
y que fué desechado por el pueblo á 
quien debia conducir. Es verdad que loa 
profetas habrán anunciado que Jeras «a* 
Ceria* én la pobreza'; pero no lo eí me- 
bos que en otras psrtes anunciaban ' al 
Mesías de los Judíos como un principe> 
un héroe 9 un conquistador, fefa preciso 
pues saber á cual de estás dos profecías 
debemos atenerlos. Ya veo que nues- 
tros doctores no dejarán de dccirnoii 

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q«»4a8<preáiccioBés qaé dicen qvm Jesús 

ii4q^ría y vivirla ea ia indigencia ó ba- 
]em?j deben ser tomadas á la letra ó li^ 
t6ra/^e/2¿ej,y lasque anuncian su poder 
y su guiaría , deben entenderse alegóri^ 
ca/7ie/i¿€ /^p^ro también veo que siem- 
pre nos saldrán al encuentro los incré- 
dulos^ y dirán que coo tales esplicacíones 
se hallará en la sagrada Escritura y en 
los divinos oráculos lo que se necesite; j 
por último, que la Escritura es para los 
cristianas lo que las nubes para los mu* 
chachos, los cuales creen ver en ellas to-* 
das las fi^uraa que se les antoja (6). 

f6) El Pr^oto-^vangelio , atribuido á Santiago , re- 
fiere circuiistancrás curiosas y rídfcúlat, que no quisie* 
ron tocar n ingrimo de nuestros cuatro evangelistas «a^ 
atónicos j á pesar de que no tienen nada que pudiese es* 
candalízar á las gentes de una f(í robusta. Este Prot^^ 
€van^elio nos cuenta , entro otras cosas , el enfado ds 
Josef af ver á su muger embaraxada, y qu« la cch6 ep 
cara su libertinage indigno, según ÍSI> de una virgen 
educada, baÍQ In vnqvedijaia inspección de los sacerdotes. 
Maria sulo se depende con sus lágrimas » y protesta sv 
inocencia^ y jura en nombre del Dios vivo (¡ue ignora 
de donde la na venido aejiiella criatura. Sin duda en tal 
turbación se olvidó de U aventura de Gabriel; pero este 
ángel no falta á la nocbc siguiente , y se aparece para 
sosegar en sueños á Josef. Este pensó en sincerarse con 
los sacerdotes , quienes le acusaron de baber engendra- 
do QOitel nmo despreciando el voto de virginidad de M*- 
ría. Después los tales sacerdotes hicieron beber á los dot 
esposos el agua del celo (i) , es decir un brehaj* , qu« 

(i) La a^ua de los celos. He aquí lo que se dioc ^ 

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Q\^ 4^ esto el sumo ¡sacerdote les declaró inocentes. 
* ^eüeresfe taáibwQ' e^ el 'miaknó ét^angélió^ due déspoé4 ' 
4e^íia))eii iHiri4oi4^'^z4i conyo S<ilofn9^9 quisiese , croe* j- 
^^laf partera que la aseguraba qae la parida quedaba víf'* 
K^p , pliso' )á mano sobre Márla i^ara' . asegurarse ; pera* 
ni fqipmeiit(> amella fiMino tenteraria síntié aVratarspy^sii» 
(Tnhargo de lo cual se curó asi que tomó en sus braxof* 
al'tiiño Jcsuf. KÚodek aprécr^ph, Jv, .Ti tom, J, p^* 

Si^X ^i^i*kineM3ihasutla.ii}r. ■■ r ■[•.'■ ' 

Vei-s* 1 1 . Y habló el Sefior á Moisés diciendo (u) ' 

' ' TÍ « Habla á los ^ijos dé Israel j k» dii^s ^' ct* Sf^jHm 

fuja inuger se esp^aviqre » y de^r^^ai^ ^ fy i^^rido,. 

iS., Durmiere con otro nombre, y el marido no pun 
JKcre hallar por sff este hecho , «¡no qué «ná ocwlo el 
fldult^vio, j no puede ser convelicÍ4^a ^ou f^stigf^rpo^* 
que fi> fu' bailada en estupra (111). . ^ 

~ 14. Si el espit^to de eelos estitrialare «1 «larídé'cdli^ 
|p:i sijimuger, que ^ ha sidp a]EtiaficUli|d^ , ó M a<:u<^ 
anda por una falsa sospecha , ' 

i5.. La lleyará al sacerdote ^ y davi- por ella cn.bfiren4 
4a l^ décima parte de un sato ( iv; de harina de cebadal 



'i\ capitulo quinto deí' libro canónico de tos I^úmeros» 
acerca de este asmi^o, y según 1^ traducción lite ral del 
- P, Scio: 1^ ^ 

(u) I^ótese que cuando Dios habló k, Moisés» le dijo 
Vlgo, lia sagrada Escritura siempre «e esplica con pre- 

()ii) Al adulterio Te llama estupro* I^Q por eso se de^ 
/ tienen los comentadores, j esplican este lugar con su 
^ jApostumbradQ magisterio, diciendo, ^stuprp , égto es, 
adulfer^^ Es metonima , una especie por otra : t. g . si 
hablando de vencejos ^ se me escapa )uego decir bueyes^ 
^^tá^ompuesto con poner una no^ita que diga , Buey, 
«filo es, yenccjq. Es metonimia, una especie, por otra* 
1 Que mas da ? 

(iy) Sato, medida de áridos, dicen los comentrdo* 
res. 1 Y por qué ? porque no se la encuentra en chldos. 
^Qae medida? la tercera parte de un epku ^y un ephí? 
Muu medida que coutenia 4q« laiugs m9» que el 40X9% 
^Míed^moi enieradoi, 

¡gitizedbyGoOglf 



^0^ ^xmmu^ Ml^rf, ,c)li| aceita » m pondri mosma m<n 
ciento (t) ', poique «4 •acri¿<;ip 4e oelos , j ofr«nda pom 
desauhrir iw fduliecio. 

. .16. £1 sAcer4ot/B pue« U ofrecevá, 7 .pondrá delante 
del Señor : 

. Ii7. Y, donará átX agu^ santa (vi) en up vaso de bar* 
roy y echará en ella an- poquito de tierra del pavimcii« 
lo del tabernáculo (yu)r^ 

18. Y liie^o que la mqger te pretent^ire delante del 
Señor , la descubrirá la cabim , j pondrá sobre susmi^ii 
Qos de ella el sacrificio de recoidacion , y la ofrenda 
de los celos : y ^1 tendná las aguas muy amargas (yui) 
fobre las que pronunció (il^) con e^cracion las maldi* 
cionest - 

. i9« Y la juramentará y dirá > si no ha dormido con^ 
tlgo hombre estrafio , y si no te has amancillado « de-« 
sampqrando el tálamo ^e\ marido , no te dañarán estaf 
aguas muy amargas « que. he cargado de maldiciones (x), 
. ao« Mas si te has apartado de tu marido , y ha« sido 
amancillada , y te has echado qod otro hombre; 

ai* Estarás sometida á estas maldiciones ; el Señor te 
ñonga pan maldición y escarmiento á todos en su p^e- 
pío ; haga que se pudr^ tu . musío , y qi|e hinchándose 
tu matriz rebiente, 

aa. Entren (%\) las aguas de maldición' en tu vientre^ 

(y) Ni pondrá encima incienso , La casual ; porque €9 
ofrenda para descubrir un adulterio, ¿ Y como era po- 
sible descubrir un adulterio poniendo incienso encimff 
de un sato de harina de cebada ? 

(vi) Jgua $anta; Eko es , ago» hmáHa^ j no hay 
metonimia. 

(vn) Los polvos de la Madre Celestina. 
' (viti) ^^MM mu^amar|fai.. Amargnisíinas, dice siem« 
pie el testo. No serian muy agradables seguramente , pe> 
ro bien podían no ser amargas en grado superlativo. 

(iz) Pronuncio. Esto es, pronunciará. £s enálage^ un 
tiempo por otro. J^o lo ha dicho Scio : pero debió d»* 
cirio. , 

(k) Sin embargo , eomo no tuvieran mas que maldi* 
Otones , aun no estarían de tan mal sabor. 

{xx) Si se las hacian beber ^ ¿ no habian de eptrar tu 
«I vícntns ? pur fircri», 

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ta • nWrotdk úñiftcÁ 

é hirtcbandose la mottis fe pucFñi tu iiiiii1o"(ih), y Yé' 
innger responderá : Améti , amen (zui). 

33. Y el sacerdote escribirá en tm libro estas maldí-' 
Piones, y las borrará éon lat' a^rnai moj amargas 'c[at 
carg^ó de maldiciones (xit), 

2^. Y se las da^á á bel)er. Y enando las hubiere be- 
bido del todo (xt) 

25. El sacerdote támara de la mano de !a mnger el 
sacrificio de los celos ,' y lo alzará delante del Señor , j 
lo pondrá delante del altar : pero con tal qae ánteí, 

36. Tome un puñado (xvi) del sacrificio de aquello 
f{oe se ofrece y lo queme sobre el altar : y asi dé á be- 
ber las aguas amarguísimas á la muger. 

a?. Las cuales después que bebiere, si ha sido «mai»-' 
ciliada, y por haber despreciado á su marido rea de 
adulterio, la penetrarán las aguas de maldición, é hin- 
chándosele el vientre, se pudtirá su muslo : y la mugef' 
será *en maldición y escarmiento á todo el pueblo. 
* 3$. Pero si no hubiere sido amancillada , no recibi- 
rá daño y producirá hijos. 

39. Esta es la ley de los celoi , etc. - * 

fisto dice In Escritura en este pasage tan fi1«s^co y 
admirable, j Qub lástima que no nos hayan quedado los 
anales de las que rebentaron ! Pero los Hítshreos to vieron 
4an poca consecuencia , que ni un solo hecho de esta 
dase nos han suministrado. ¿Será que en tanto «.siglos 
no hubo una adultera en toda Judea, ó que los Hebreos 
vo esperarían á que bebiesen con tanta parsimonia un 
'Jarro de agua con tierna inmunda y raeduras de mal- 
'dtctones ? 



(xii) Si á todas las adúlteras les sucediese, la friolera 
de podrir seles el mosle^ ó htncharselcf'la matriz y re- 
-lientar, yo aseguro que no tendrían los maridos • tentos 
•«o.... i dados. 

\ (xni) ;Con que miedo responderia !.... por sí acaso^. 
* (xiy) Ademhs del polvo echaba las aaaldiciones en el 
agna , raídas según dicen eo un pergamino «londe esta^ 
han escritas , ó de una tablilla encerada ó embetumada, 
«pe de raalqntnr modo no dejarian.de hacer iteía bebida 
agradable , que con mon llama el autor brtbaj^ 

Í\y) Sin deiar una gota , basta las heces, 
xyi) rio tomaiia «aucho y porque ara para quenarlo* 

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CAPITULO III. 

\Adopa(¡ión de los Magos y de los 
Pastores. Degollación de los mo^ 
centes;y otras circunstancias qiié 

■ siguieron al nacimiento de Jesu-^ 
cristo. 



De los cuatro Itístoriadores de Jesui 
admitidos por la Iglem , dos no hacen 
mención de los sucesos de que vamos á 
kablar €n el presente -capítulo ; y loa 
dos restantes qua $on Sian Mateo y Saft 
Lucas , que nos los han transmitido^ no 
están de acuerdo uno con. otro 'en. cuan- 
to á las circunstancias. Las mas die^troa 
eocñéntadores y por ^sqi»e han traban 
|ado, no han^saibidoicomo conciliarlosi; 
{tanta diferencia se halla en sus, ñarra* 
cienes! Esítas dife rendas son bi^rUiaien-* 
te menos sensibles cuando releen loa 
evangelistas unos.despues de otro^^ ó sin 
reflexión ; pero no pueden knenos de 
aparecer de bastante bulto cuando se 
(ieoe memoria) ó cuando se t^oU el tra^ 

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bajo de compararlos. He aqu! por qué 
hasta el pr^^^ntq qo se ha podido acá* 
har uaa Concordancia de Ibs evange- 
lios, que merezca la aprobación general 
lie ht Iglesia; y aquellas coya impresión 
«e ha perihitido 9 no han sido universal* 
i^i^te adoptadas, .aunque nada se ha 
encontrado en su contesto que sea con- 
trarío i la fe. Acai>o será efecto de una 
sabia política el no haber quTerido los 
gefes de la Iglesia aprobar ningún siste- 
ma en esta parte. No habrán podido 
tneaW de^ aohtócfgr laí im|io9Íbflidad í de 
co»cí]ÍQnreiaGÍoaes^tail discordantes (mndm 
las'd» los cuatro evangelistas ^ á los ena^ 
iei el Espíritu SañtO' y^^iz» por ejérci» 
ter^ la fé de los fieles ^ les inspiró' tan di^ 
«Tersamente. 

--San Mateo, que según laopiniottcb** 
nufl escribió el» primero la' historia de 
J«sus y iifií^nM iqueiipoeo; después de ^htt** 
'het naeidoy y «uandó aun estaba ^e\ 
«tabloide BelIlleHei» 9 unos Magos^ vi^ 
nieron del Oriente á Jerusaiem ^ y se 
informaron del pa?age en que habla na*^ 
«ido el Rey de los Judios^ cuya estrella 
habían ellos observado en su tierra. He* 
itodés , que 'reinaba entonces en Judea ^ 
enterado del motiva de ;^u vím^^ cíoa* 

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BE |BQII<aM8W ^ CáKí III* M 

#ulta á,kip doQlove»4e la j[e^$ j JhaUéi^^ 
do sabido! que; el Chisto . tfobici nacer en 
JBeiiileb^tny dg lioeaeiaiáloiiMiBigMipar 
ra ' (|ue ;Vay an , «ll^ » jf i loa :Miearga/ se int 
¿KOiaf^ lep^tawieotfe ide !e$ta lúao ^ i fis 
4q <|ue él oyciifiOAó pueda. ir luego á adof- 
trarle^(4)< ... ../,:(. i . -i « 
. Paripé ¡pQr la; wrniiáon)de4&ai:Mar 
4«a, que i^ quailo^ Hagosif»^ a^rtairoa 
4e Hei7o4c^9^to[t>aiion.dl ioamn^ de Beibr 
iebeoi > Ifigac o(^f mn^ridíata^te df Jéneh 
^laai« ^X á;4^i^ii.iio^;«oi?praa(ie.que 
^te :pFÍ«cíjp^ (iH^r4ídfe8)í, i.^ne|,tafiito¡$f 
;<Mr^á¡cQn il?ijll^^da,fl Í4%M4tgM> pory 
queí W.li^biskp» tr!*|d^(íii,:iiiii«v^ delíitadii- 
jq[iieQtQ.KÍe:mii Rey» 4e^Jftst.j4édí<M^.«to 
jiubiefe t t^^^adQ vA^gmñ^r preaatiicÍQaif 
{D^vn i¿5íihtí.á(i?isus ,piíftpi^» i^qiliii^to^eaij 
Jas d^ ínflela 1)1 flapiAH^.,$)^.al ^vmgtí» 
j>0s pi^^nlia; q^i^p^.p^iH^taie^ la mayair 
jpopstflrl^íPipin jpooi^t^ grap.supQ^o ? ^Uq 
Xtai^ i QP|?4io(9> ^)3 Q^gu^v^f ^ jaciláiente 
x|i?i la wí<Wi • d^ hwbp!, «o 1 necesicM 
xU refei:it;¿ii$,á.uno« d^onpcido^ qUeiiH» 
^jecatarpo ^u pomisípn ? ;£Up.es qae:k# 
jaeñp^e^ }Vf agoa qo viüelven , J Josef Ú^ 
ne sobra4p tiempo de buir wa $u per 
^^eña £^ioUia. Herodep permanece tran» 

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991 HtátORÍAr CHii^lCfÁ '" 

quiió ya de«iifc mmeolMd^^ trotes y 
t^ttrtoctoit ' Téhtfmente y y 'fisolo después 
de uo9'tará(|iiáa ipMO^^erosknil «e etifn- 
rsce y rteuntdd' Il^ber sido eúigafiddo: 
•ntoooes €6 cüainrdo para asegurar «ueo*^ 
•romi i nv^ftéai'^l áe^isúM^ g^neinail d^ los 
niños de Bethiebem y de las aldkaa del 
tHJritwnb: í^Qoi^ii '^r^stihiiriá dOiidiicta 
«emejaiíjKeén^'tili soi>€ÍrDno celósq^sos^ 
-plsiotioso ynóvuél hasta iiíl estl^ifio ? Erte 
<3h*íncipeá-k'ptlM0rd notiltía )]labia|tti]!- 
tltf<^i'lord|^orifSid«f laíléy, y á le spirin* 
i0ipafes)d«^^fiia<^|dlij ^sii p^f'ecei^ibkbía 
t3i)ii6rtis^^^«l iroBop e^jiamdo loa 
«Magbií vy^^^a^AT-ft^fe^ éM Bethiebem 
«fojiHdé ¿abisF^fibosií* etlMíeafo^: sin eacbar^ 
^o :, { JHe^odf smá^ii* hace* por su * propia 
tratiquii^^dú ¿^CkitMble^ «stü>?^'él dablí 
«siíécbto á' las'^fedás , de lóá ' Jiidios , 6 
«o : eft el )^itíáet^'€|iády débi^ if-'é! mist- 
9no con t}¿dtf^átl^otee^ á-Bétblebem á 
rendir hometltekge ^' Sálvadf^i^ áé lá lia^ 
•bíon; en el-seguüdó-, es ttn'ábátardo ha^ 
«er á Herodes' ordenar nn degüello gé*- 
'néra') de los oinés , solo por, Una sospe^ 
cha -que s^ 'fundaba en ana predicción 
ién qbe ttó ereiá absolatam^nde. 
• Sea como quiera, aquel Rey no moii* 
' ta en cólera sino después de muchos me- 

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DB omiiqi^siio, <mif ni. 9$ 

11^3, jr ,d^fi{íta4fs Jiaber a9¡4<> et» la cu^Rr 
ta:que ló& Afa§^ se. habiao biurlado ele 
éi y que si6<ha|>i^a..mikrcba4o por ptro 
(Cfatuiqo. ¿ P^rQ como ;iu> »i|pp por el mis^ 
ti|P coq4ucU> la luúá^ <1^ J^^sacpauMAf^ 
(io de Jps^f jr d^ f u mnlre^ áeodq^^u^ 
I9U retirada -parep^ debía 3er iK»tada ea 
uto iMgar í^^ p^qu^nb cpmp Bethleliem^ 
^^rp no§ dir^f^ queeri e^ ocasión Dio^ 
^ümitjkí qpé HL^rpJGiWijSí #pg5t3e* Sia eipp 
ÍW^gí^ 3» p.a«*'«W Instante dHW fl"^ «1 I>icij 
de ]3enigaidai4.ip6^tpaMi^ ;q^^t ^^^PJT ^V^ 
U^, mi^9i^P9 .í^abjúiiites .coDtribuj^n;, (i 
OQCiliar una p€^^ cuyo secreto debía. cos- 

t|«- laiürídl^ 4j tftd^* ^W^í ^W^' Y ^i, pajrfi 
í^tfi í«, r§c|irf.ei;í*.nwl,agr,o?, ¿op ppdifi 
el Dios omnipotente ^^ly^aif lavida d^ 
Au bjjoipPt: ^tra yia odas dulce ;qu^ el 
4c^^Up. íi»Mtil d^ .un sin námero de 

\. Por otra piarte^ alguna^^ flí^cultades 
piiedep p/ilecers? en tan. barbara ejecu- 
4ÍOQ. H^rode^ uo era dueñp, absolutp 
i^i Judea 9 los jE^pmanos pp le babrian 
jpermitido ejercer impunemente tama-- 
«kas crueldades; y ni aun sé yo si el pue- 
blo, judio ^ persuadido del nacimiento 
de s^ Mesías » se lo bubiera tplerado. 
Un rey de Francia, mas absoluto que 

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ilü réyelftíél^'dé f uUék qué^di^ 
lüs Rorimno^ > tío Se¥ía^fa6J¿ddó iri' ilíé^ 
'se 6rtléh ^í^éáhigt&^Mñ á kús- Ga^rdiiátf 
Siiitofs (jiie^ftiéí^n' á degdltar á todbft'léé 
Hilpft de Stireda ó S. Gbdio ; s<>]o |>iiH 
<j[Qé ttes esttahg^fóú -inóógtiito» ^^le bi^ 
'¿ieSén dicho', 'al pa^l* poir - VérabUeÜ) 
tjtié enire lo^ 'fifífiOfl^^nacido^-eá clstM át^ 
^deas liabisi hbi^ 1[}4ié s^un las Ptrgt^lS'dé 
Üáa^tfólc^i^'j'édrcfária 'estadía! de^tínad^ 
% k^r árgfáki^iW^i-éy'dé Pi*á«^üÉ; Eti loa 
%!^6u¿oi9í tiWnt^^ éá qué Üá áif^ologiá ^ 
kahk th bogá^'sé^^ Habría cóatM^lado éoá 
Büsrcaf al iafante ^a^jyé^ibdáá^y ^y le 4ia^ 
'britín reíegádi), áái'^se qüi¿i% heohdíitfei 
^T, péi*ó sm ééttpfelídl^r Ü dtrév iúú^ 
•centén feri «¿'j<roscrí{)CH>». *' ' 1 '* 
' Podemos oponed ademas á <\H nelaciétt 
'4é San Matdo eláil^eio def' ÍM átm¿á 
evangelistas , y sobre todo el- d^ hteo¿ 
iriadbr Josefo. Esié qUé 'l#iÁá niotWoa 
']bara odiar á 'Herodés , b6 habría <>ttli^ 
^tído üu hecho tan propio para hacetle 
aborrebitáe'/cORió era la degellacionde 
los inocentes. Pilonf igualmente guardn 
tm silencio profundo acerca de esta a€» 
^cion de Herodes^ y no es laoil de acer* 
-tar la razón que tuvieron estos dos c^^ 
lebres historiógrafos^ para lu^eirsecoi^ 

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OB jfisócutflTd y' CAP. nu 97 

* Tenido en callar un suceso tan ruidoso. 
Asi que podemos concluir que esta de- 
gollación es una; fÜbuta , que por otra 
parte no puede cortcordarse con los de- 
talles de la vida de Jesucristo que nos 
dan los otrosí evangelistas. Parece que 
San Mateo inyentó este cuento para te- 
ner ocasiofi de -acomodar una antigua 
profecía,. ¡'(al era su gusto, dominante! 
Pero aun en ^esta misma apUcadon se 
engañó enteraímente. Dicha profecía apli- 
cada p/ori él evangelista al degüello de 
los inocentes ^^éstá sacada de Jeremías , 
j rio ímbó úri Judio que no la enten- 
diese dé la cautividad de'Bkbiionia. Ved 

; aquí lo)5 términols enVque está concebi- 
da en el fcebrteo: El Séhor ha flicho , 
90Z dé lamentaciones' 'j^ de' gemidos y 
de llantos amargos hti sido oída de íó 
aiiOj dhRackel que Itorábd sus hijos-, 
jr há rehusado ser consolada sobre ellos j 
porqué jra no los tenia. El versiculo 
que sigue es tan claro , que no es fácil 
isoncebir como San Mateo se ha atreví- 
do á acomodar su sentido á la degolla- 
ción de Bethlehem. El Señor diccj con- 
tinúa Jeremías , reprime tu wz de llau'* 
tos y tus ojos de lágrimas j porque tw 

ebra tendrá su salario j y tus hijos 
Tomo i Digitiztjrby^^uayit: 



voli^erán de la tierra del enemiga. Pue^ 
de haber cosa mas claramente desiguál- 
ela qae la vuelta de la cautividad ? Bien 
se vé que en estas palabraf citada» no 
se Uace mención «Igupad^ Rama j d^ 
que habla el evangelista ^ sino de ^ 
montañas de Samaría y dondjs Ips Isr^.** 
litas deben plantar de nuevo sus viñaa 
4^spues d^ .haW vuelto á su pais» 

Pí^ra qu^.se cumpla ptfa profecía, 
hace el mismo San Mateo viajar á Je- 
j)us hasta Egipto. Este yiage fmsy se- 
^un él 9 ó por mejor decir , la vueltsi 
de este vidgp se habia pre^iciu) pof 
Oseas en. est^s- palabras : De jEgipío lla-^. 
mé á mi hijo ; siendo evi4ei^f ^q«e en 
este pass^e solo se trata de la 'Ijbísrl^ 
de los Israelitas de la servidumbre egip^ 
cia por ministerio de Moisés. 

Por otra parte , el viaje y estancia dei 
Jesús en Egipto no se componen en nin* 
gun modo con las circunstancias que 
San Lucas cuenta acaecieron en la ip- 
fancia de Cristo. Dicho evangelista nos 
dice que fué circuncidado Jesús al cabo 
de ocho dias (2), y que habiéndose cum- 

(a) £1 evangelio de la Infancia de Jesús nos dice que 
•u prepucio fu4 colocado en un vaso de alabastro j eja- 
balsamaÜQ. Algunos auU>rei&finnaii qiie dte dirino pre-^ 

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DE/£SVbHlSTO^ CAP. III. 9t 

.plido é)i tiem^pa da la puFificadoo de 
María i segvia la ley de Moisés , Jósef y 
su madce le lleyaron á Jerusalem para 
ofrecerle al Señor , len virtud del pre« 
£epto que prescribía consagrarle los pri- 
jnogéaitos.jr lis^cer una ofrenda por elloa»^ 
Cuenta ademas y que con esta ocasión el 
decrepito Simeón tomó al niño en sus 
'brazos , y declaró en presenda de todo 
.el pueblo que asístia á la ceremonia^ 
.que este niño era el Sahador de Israel. 
Una viaja profetisa , que se llamaba 
/Aupa y dio este mismo testimonio en al- 
ta voz y y habló de él á todos los que 
.esperaban la redención de Israel (3). 
Pero i coma es que todos estos discursos 
.y pláticas que se yerificaron con la .ma- 
yor publicidad en el templo de Jerusa- 
lem donde Heredes residía , fueron ig- 
norados de un Principe tan sospechoso 
(xvii)? "¿No eran mucho mas capaces de 
escitar sus zozobras y aguijar sus celos, 
que la llegada de unos astrólogos á,e 

pucto se venera auti en Roma en la Iglesia de San Juan 
de Letian. Véase Cod. apocr.^íf. T. rom. 1» pág» i7i. 
' Sin embargo , la cíudácl ele Amberes disputa á Roma el 
honor de poseer esta alhaja. 

(3) V. á .San Lucas cap a° , vcrs. aS y sig* 
(xvn) Bien focil es h respuesta : por milagro, 

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400 HIStORfA CRÍTICA 

Oriente ? Lo cierto eé que nos iJice que 
Josef y María , que habían yénido á Je- 
rusalem para la presentación de Jesús y 
purificación de su madre y se vuelven á 
Bethlehem , y desde aquí , en vez de re- 
gresar á Nazareth, se marchan nádame- 
nos que á Egipto. 

Por el contrario > San LucaB dice po- 
sitivamente que , cuando lo hubieron 
'todo cumplido conforme á la lef^ del 
Señor j se volvieron á Galilea á sueiw- 
daddeNazareth {%). ¿Pero en que tieni- 
po- cumplieron los padres de Jesús lo 
que les estaba mandado ? ¿ Fué antes de 
ir á Egipto , ó después de haber vuelto 
:^4Íe este pais, donde, según San Máteo^ 
'0e habian refugiado para sustraer se á la 
crueldad de Heredes? ¿La purificación 
de la Virgen y lá presentación de su 



(4) Scaí Lucas ib. u, 39. Los antiguos compositores 
. ele evangelios que enjergaron el de la Infancia de Jesús, 
que se atrirbuye al apóstol Santo Tomas , nos han con- 
servado los innumerables milafi^ros y les ottos pasatiem- 
pos del pequeño Cristo. En él se le representa repetidas 
veces como un muchacho mal intencionado , y aun lle- 
ga á quitat )a vida á sj^s compañeros cuando se descon- 
. tenta de ellos. Este evangelio de la Infancia ha sido de- 
sechado como otros muchos , aunque no contenga cosas 
que deban parecer increibles á las personas que tengan 
una fé bi^stantc robusta para creer en los cuatro que s« 
tienen por canónicos. ' K Codex apoer* N. T* tom. /> 
P^§" 199 y sig; 

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DE JfiiUCRtSTO, CkP. tñ. 40f 

Hijo en el templo sucedieron antes ó 
después de la muerte de este Principe 
tan perverso (xviii)? Pero según el Le- 
yitico , la purificación de una madre que 
había dado á luz un hijo , debia áfec- 
tuarse después de treinta dias(xix). Asi 
vemos cuan difícil es conciliar la huida 
á Egipto y la mortandad de que habla 
San Mateo , con la relación de San Lu« 
cas y que nos dice : » que y cumplido to- 
» do lo que mandaba la ley y Josef y 
» María se volvieron á Nazareth su ciu- 
» dad, de donde ( añade ) todos los años 
» iban á Jerusalem para celebrar la Pas- 
))cua.)) Si adoptamos la historia de los 
dos evangelistas y [ en que tiempo colo- 
caremos la venida de los Magos de 
Orieate para adorar á Jesucristo , la có- 
lera de Herodes, y la degollación de los 
inocentes ? ¿ No nos da est#lugar á con- 
cluir y Ó que está defectuosa la narracioa 
de San Lucas, ó que San Mateo quiso, 
engañar á sus lectores con fábulas in- 
creíbles? Cualquiera de los dos partidos 

(xvi ii) ¿Quien sabe si no sucedieron antes ni después? 

(xix) He aquí un pobre hombre que, de que una co- 
sa ac mande por una ley , deduce que se cumplió eiao« 
lámeme con ella. 

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402 tíisrortik Crítica ' ■ 

que se tome , vendrá á recaer la falta 
en el Espíritu Santo que inspiró á am- 
bos, (xx). 

He aquí un hecho sobre el cual nues- 
tros dos evangelistas no están mas acor- 
des; San Mateo, como dejamos indica- 
do , hace venir á Bethlehem desde lo 
interior de Oriente unos Magos ó per- 
sonas de consideración , para adorar al 
niño Jesús y ofrecerle presentes ; pero 
San Lucas , á quien no arrebata tanto lo 
maravilloso , hace -«dorar á este infante 
A unos simples pastores que estaban 
guardando su rebaño durante la noche, 
á los cuales un ángel les vino á anun- 
ciar el 'grírn suceso de la natividad del 
Salvador de Israel. En fin , el segundo 
evangelista no habla ni de la aparición 
de la estrella , ni de la venida de los 
Magos, ni dfrla crueldad de Herodes 
(xxi)j circunstancias dignas de ser nota- 
das por San Lucas , que nos asegura ha- 
berse informado tan cuidadosamente de 



y(»x) Yo no opino asi, y me guardaré hiende pon^r 
faltas al £sp{titu Santo; lo que mas bien creo, es que 
no inspiró á ninguno. 

(xxí) ¿ Y que obligación tenían los evangelistas de 
ser tan paileros unos como otros ? 

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OB itsacKtaro, cap. m. 4 OS 

C6(!ó cuanto podia concerair á Jesu- 
cristo. 

Sea de esto lo que quiera , los padres 
de Jesús , ó bien después de su vuelta ¿l 
Egipto , según San Mateo , ó bien des- 
pués de la presentación en el templo^ 
como quiere San Lucas, van á vivir á Na- 
zareth.El primero, según su costumbre^ 
vé en esto el cumplimiento de esta pre- 
dicción : El será llamado Nazareno. 
t^or desgracia no se encuentra en toda 
la Biblia tal profecía (xxn) y ni se puede 
adivinar quien la hizo ; y solamente sa- 
bemos que Nazareno entre los Judios 
dignificaba un bigardo , un hombre ja- 
parado del mundo j y que Nazareth era 
una pequeña población, habitada por 
miserables > y tanto que su pobreza se 
habia hecho proverbio, llamando Nazu- 



(xxit) I Y qae todo iia de «star «n la Biblia ? Cuan-^ 
do lot evangelistas se valen de alguna profecía, ^ dicen 
acaso que está en ella ? Solo dicen : jorqué escrUo e$^ 
táj lo que dijb el profeta^ ó. cosa asi ; pero ni indican 
el nombre del proteta , ni citan donde se halla escrita. 
Exigir esto , es ya mucha gollería. Si no se encuentra 
en los libros que nos han quedarlo , estará en los que se 
han perdido , ó se escribiría en alguna membvanita que 
pereceria fortuitamente , ó quizá en alguna hoja de ár- 
Í>ol , que se llevana el viento. En fin , ó no se esciibiría 

L vendría por tradición de boca en boca,.», como los 
Mtezos. 

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^OH' HISTOKU CRITICA 

renos á los mendigos , yagamundijifir y 
gente sin domicilio (5). 

Hemos visto en el curso de este ca- 
pitulo la poca armonia que hay en el 
juodo con que estos dos evangelistas re- 

(S) Es importante considerar que los primeros cris- 
tianos eran •llamados iV<z£are/io«. También se les encnen- 
tra designados con el nombre de Ebioñitas, que se deri-> 
ya de una palabra hebrea que significa un menditio , un 
miserable , un probrete. Se sabe que en el siglo XVI 
San Francisco y Santo Domingo 9 qué se propusieron 
renovar el cristianismo primitivo , fundaron órdenes á/^ 
fi'ailes mendicantes , destinados á no vivir sino de limos- 
HQ , esto es 9 á ser verdadaros Nazarenos , y á sacar no 
pequeñas contribuciont-s de la sociedad á la que estos 
vagos no cesaban dé perturbar. Salmerón, para ensaliar 
la dignidad de los frailes mencUcanies , pretende que' el 
mismo Jesús mendig^ó (xxui). 

rio será fuera de propósito hacer algunas reflexiones 
acerca de los Nazarenos ^ que acaso darán alguna luz á 
)a historia de la religión cristiana . Es sabido que se dí6 
el nombre de Nazargnos á los Apóstoles y á los prime« 
ros Judíos que se convirtieron* Los Judíos los miraban 
como heréticos (ntiniam) escomul gados , y según San 
Gerónimo los anatematizaban en todas sus .smagoga» ha-, 
jo dicho nombre de Nazarenos. V. S. Gerón. Epist, á 
S. Jlf^ustin, Y al mismo sobre Isaías j cap, V, x'ers, 18^ 
Ijos Judíos llaman aun al presente ¿Vazare/io.f (JNozerim) 
(xxiv) á los cristiano» á quienes Iq» Árabes j los Persas 



Íxxin) O para rebajar la de Jesús. 
XXI v) En latín Na%nrem^ y con poca variación Na.» 
' zaroni. Si mudásemos laNcnL, j)odrán haber dado 
Yiombre á los que en muchas paites del Lacio moderno 
ie tienen por los mas infelices de la República: como si 
dijéramos en Madrid^ después del año de 181a de fú- 
nebre recordación , de la partida de la manta. Etimolo* 
gías hay mai disparatada* aun. 



y Google 



DB JESUCRISTO* CAP. in. . AO^ ;^ * 

fieren las circunstancias que aóompaña- ; ^' 
ton el nacimiento de JesUs: examinemos i 
ahora cuales han podido ser las miras 

llaman Nazari. Los primeros Jadíos , convertidos por 
Jesús y por sus Apóstoles , na eran mas que Judíos re- 
formados , pues conservaban la circuncisión y los otrot 'p r 
usos de la I.ey de Moisés. Nazarcei j dice San Geróni» 
mo ita Christum accipinnt, ut observaciones lejis ifete- " "^ . 
ris non anuttant. Los Nazarenos de tal suerte reciben á 3 r 
Cristo, que no pierden la observancia de la ley anti- 
gua. En esj:o se^aian el ejemplo de Jesús , quien ( cir- [Z 
cuncidado el mismo y judio .toda fiy vida) (zxv) habíi^ I .: 
varias veces hecho entender que era menester respetar y t ^ '^ 
observar la ley. No obstante , los Nazarenos ó Ebiom^ p -^ 
tas fueron luego anatematizados por los otros cristianos» ^ 
por haber unido las ceremonias legales con el evangelio ^ ~^ 
del Mesías. San Gerónimo hablando de ellos y de los ^^ ^ 5 
discípulos de Ceríntlo, dice : Qui ( Ebioncei et Cerint'^ ^ r . 
hiani) credeates in Ckristo , propter hoc solum á pa-- '^ 
tribus ananthematizati sunt > ^uod Legis ceremonias ^ 
Christi eimngelio misaurunt. Sic not^a conjessi sunt, ut '^« 
uetera non cunitterent, V. Hier. in epist, ad August, r 
Parece que conduciéndose los Ebionitas y Nazarenos con- Z. 
forme á las intenciones de Jesús y de sus Apóstoles , no - 7 
debían tampoco después ser tratados de hereges. Pero en 1 
el cap. ^1 ae verá la verdadera causa de esta mudanza, d«- " ^ 
bida evidentemente á San Pablo, cuyo partido prevaleció Z 
sobre el de San Pedro , sobre el de los demás Aposto- £ ^' 
les, T <l ^ l<^ Nazarenos ó cristianos judaizantes* ^ Z 
Asi San Pablo corrigió y reformó el sistema de Jesu- ^ ' 71 
cristo , que solo habia predicado un judaismo reforma- 
do. Este apóstol de los Gentiles llegó á hacer é su Maes- ^ 
tro y á sus antiguos cofrades como hereges ó malos ;:: 
cristianos. [ He aquí como los teólogos se toman á veces ' «- 
la lil>ertad de rectificar ¡a religión del Salvador (xxvi) ^ 

XX v) Hasta las ufías. j^ /' ' . ^» 

xxvi) ¿ Y por qué no^^rta de tratar de endereaarlo »: 

que no va derecho ? 

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4M .' ^mtóRiA cfcm^ ' 

de estos dos escritores en contar con tat 
diversidad los hechos que acabamos de 
esponeñ Ello es imposible (x?¿yii) que 
Jesús , como dice San Lucas , haya mo- 
rado constantemente en Nazareth has- 
la la edad de doce anos , si es verdad 
que poco tiempo después de su naci- 
miento fue trasladado á Egipto, donde 
San Mateo le hace permanecer hasta la 
muette de Herodes* 

Conviene observar que, aun viviendo 
Jesús j se le echaba en cara su mansión 
én Egipto (6); sus enemigos pretendida 
que habia allí aprendido la magia , á la 
que atrlbuian los prodigios ó habilida- 
des que se le veian practicar. Es muy 

tfat adoran! Vot lo demás, los Nazarenos tenían un 
«vangelio en hebreo , bien diferente de los míe noto- 
tros conocemos» y qne se atribuye áSan Bernabé (xxviii). 
y, Toinnd, en su obra inglesa publicada con el título 
che N/tzareno. Londres, i7i8, 8*: Según este evangelio 
los INazareno) no creían le divinidad de Jesucríste. Vea« 
se la ñola 3 del cap. XVII de esta obra. 

(xxvii) Para Dios nada hay imposible. Un refrán» 

(6) ti evangelio de la Infancia de Jesttcristo, de 
<}ue ya se ha hablado , lleva á la sagrada familia por el 



. (xxvm) Probablemente tan verdadero en todo , y 
<jtte , por mas que digan, seria dictado por el mí^mo es- 
píritu. 

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DE /esuchisto , CAP. ni. lot 

Verosímil que San Lucas para quitar lo- 
do pretesto á estas acriminaciones , qui- 
so pasar en silencio el viage á Egipto^ 
que hacia tan sospechoso á su héroe ; y 
en su consecuencia Je fija en Nazareth , 
y le hace concurrir todos los años con 
sus padres á Jerusalem. Sin embargo, 
la precaución de este evangelista fue inú- 
til ; porque San Mateo , que habia pu- 
blicado su evangelio antes , habia ya de- 
jado fundada la opinión del viage y mo- 
ldada de Jesús en Egipto. Orígenes diá- 
íputando contra Celso no lo niega ; de 
lo que se deduce que los doctores cris- 
tianos no dudaron de este suceso, y que 
á pesar del silencio de San Lucas se 
atuvieron al testimonio de San Mateo. 
Hemos desembuelto ya los motivos que 
pudieron guiar á estos dos escritores. 

Egipto ) 7 1& bace ir de lugar en lagar milagreando lo su- 
ficiente para poder subsistir y aun pasarlo bien (xxiz). 
£1 agua de que María se servia para lavar su hijo y cu- 
tnba los leprosos y los poseídos (xzx) ; la presencia del 
niño Jesufl derribaba los Ídolos etc. K Codex apoc, tom. 
J,p. 182. 



(xzix) Mi mas ni menos qne los engaña-'mucbachos 
van de Ceca para Meca haciendo sus habilidades etc. 

(xxx) Que sabemos si el escreménto de los niños cu- 
rará la lepra ; y tal puede ser , que hu} en de él los dia- 
blos como del olor del hígado quemado de £Í^¿fM(Pj'¡^* 



408 mstoRiA CRÍTICA 

Goo venían, los Judíos generalmente 
en la esperanza de un Mesías ó de un 
Libertador ; pero las dirersas clases del 
estado , asi como habían tenido sus pro- 
fetas y así también tenían sus señales par- 
ticulares para reconocer á este Mesías 
(xxxi). Los grandes, los neos, los sabios 
y personas de educación ni siquiera sos* 
pechaban que el Libertador de Israel 
debiese nacer en un establo, y salir de 
la hez del pueblo* Por el contrario , 
ellos aguardaban seguramente su líber* 
tad de un príncipe , de un guerrero , Ue 
lin hombre poderoso , capaz de impo* 
jner á las naciones enemigas de la Judea 
y quebrantar sus cadenas. 

Ál contrario , los pobres que no me- 
nos quilos grandes y ricos tienen su dó* 
sis de amor propio, se lisonjeaban de 
que el Mesías nacería en su clase (xxxii). 
£n efecto , su nación y las coiúarcanas 
suministraban bastantes ejemplos de 
grandes hombres nacidos en el seno de 
la pobreza* Añadíase á esto que los ora* 

(xxxi) Siempre lia sido lo mismo. Los ricos nunca 
bao tenido el mismo Dios que los pobres. 
• (xxxii) Los ricos por tu regular se han equivocado 
en cnanto á las cosas espirituales y de la otra vida ; pe- 
ro en cuanto á las cor|)oralcs y de las presentes, los quo 
se f.... son lus pobres. 

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culos cop que sé embaucaba á esta na- 
ción (xxxiii) eran tales , que cada fami-* 
iia se creia- con derecho de participar 
del honor de dar al mundo al Mesias, 
'bien que la opinión mas común fuese la 
de que debia salir de la raza de David. 

Esto supuesto^ bien podían creer unos 
pastorcilios y oirás personas de la pie* 
be , que una muger que habia parido en 
•un establo de Bethlehem habia dado á 
luz al Cristo (xxxiv). Nada tiene de es* 
trañp que María , con la mira de concia 
liarse interés , dijese á los que iban á 
Terla, que descendia de los Re jes; y 
se sabe que este es nn medio bastante 
poderoso para escítar la compasión y el 
asombra del bajo pueblo. ;£sta especie 
de confianza y el recuerdo confuso de 
algunas profecías que hablaban de Beth- 
lehem > patria de David , bien pudieron 
/bastar para herir la imaginación de aque*- 
Uas gentes crédulas y poco delicadas, 
acerca de examinarlas pruebas de lo que 
^e les contaba. 

San Mateo , según aparece de su his- 
toria y tenia la cabeza atestada de pro- 

Jxxxiii) Anfibológicos como todos ,* cuntido menos» 
xxxiv) ¿.Y que dificultad habia? ¿ Acaso Cristo si^ 
ica mas que Ungido í 

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i id ^ msTQUk c&irxcA, • 

fecías y preocupacionea populares} o ¿ 
lo menos contaba hien sobfe la credur 
lidad de sus lectores (xxxy). Al Gompot- 
ner su historia romanesca 9 para llenar 
el vacio de treinta años en la vida d^ 
Jesús , pensó en hacerle viajar á EgiptQ 
(xxxvi) y sil! preveer las objeciones que 
se podrían hacer . con motivo del des^ 
precio de la sant^ familia en llenar^ loa 
beberes que les imponía la Uy , cua^l^ 
aran la pre$ei](taqioQ del niño en, el tQm>- 

Ído y la purifícaqíon de la madre , y cel- 
ebración de la Pascua : ceremonias to- 
das que solo se podian lucerifn Jerusa- 
lem i y acaso para justificar este viag^ 
y estos descuidos j hizo Sau Mateo ínr 
tervenir la profecía de Oseas ^ relativa 
á la llamaíla de Egipto , de que hicimos 
mención.. Quizá también para justificar 
la permanencia de Jesús en Egipto y nos 
cuenta la cólera de Herodes y la fábula 
de la degollación de los inocentes y que 
hace se ejecute por orden de este prínci- 
pe , cuyos crimines le habian hecho por 
.otra parte tan odioso á los Judios como 
. á los Qstrai^erQS. ¿ Que maldad no m 

(xxxv) Y ito Te saTió mal la cnenca.. 
(xxxvi) £n tal vacio , bien 'pudo hacerle yiayKV á las 
CasitérideSy y aun al planeta Mercuri^ 

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DE JEfUCaiSTOi CAfi HI. 9 1 1 

arnera de un hambre que ha Helado % 
ser célebre por mi infamia 7 ' 

San Lucas para eludir como se ha via;- 
tO| que ae le objetase la pérdida de tiem^ 
po que aparecía en tan durable oom^ 
inútil viage^ nada hablo en él i pero s«i 
ailencio no destruye^ au nealidad: Era 
menester para esto apartar de $u héroe 
toda sospecba de^ magia f pero ni le^ha 
purificado de esta nota , m dé otras^ act|>* 
^Aciones no nienos graves que se leha^ 
cian acerca de su nacimtentb. 

Celso, médico célebre, que vívia eft 
el siglo segundo del cristianismo (xxxvii)^ 
y que babia recogido cuidadosamentf 
todo lo que se había publicado contra 
Cristo y asegura que era el fruto de uu 
aduUeiio* Orígenes mismo (xxxvni) ^ en 
su libro contra Celso , nos ka conserva*» 
do esta acusación , pero no nos han trans-s 
mitido las pruebas en que se apoyabsii 
Los incrédulos 3on los que han p^ocu^ 
rado suplirlas , fundando la opinión de 
Celso en que : 1 ^ según el testímoaio 

(xxzvii) Pero berege.... esto ta , hombre sabio. 

(xxxviu) Si se descuida un poco, buele también ár 
«bamusca. Sin embargo de su erudición , le tengo por 
loco> yo bien sé por que. Fué de una virtud emineiUe^ 
pero que no ha tenido muchos imitadores. 



jdel mismo SafiMatóo, parece ítidüdffl* 
ble que Josef, esposo de María, se^dis* 
^ustó de la preñez de. su muger (xxxix) , 
en la que Le constaba no haber tefiido 
parce alguna; y eü consecuencia de esto^ 
formó el proyecto de abandonarla se^ 
cretamente y sin mido , (xl) resolución 
de que le desvió un ángel , ó ai w quiere 
un eiisue&o^ é inas bien la -reflexión^ 
que entre ios Judíos pasa pór< efecto de 
«ma in^racion divina. Sim .embargo, 
este proyecÁD. debió de traslucirse , ■y di-* 
¿vulg^ulo dión^otiVó á quéideeUo se mo- 
tejase á Jesúa« San Lucas empero > mal» 
prudenie'qiiié San Mateo., no sé atrevió 
ni á mencionar el enfado de Josef, ni la 
conducta pacifica que: siguió (xli). Ade-^ 
mas , aunque Joséf tomó su partido en 
cuanto á la aventura die : su esposa , no 
se le \é volver á preseatarae en la esce-' 
lia (xLu) desde que Jesús aparece en ellaT 
Aunque en ninguna parte se nos dice 



(xxxix) ¡ Caramba !lo mismo baria yo* 

(xl) No karia yolo m¡smo,J<, f»»./' .íw i:- ' ' >» 

(XLi) Hito muy bien tM>mo fa&j vifíasiy ñ. loi demat 

le hubieran imitado , nos escusabau abora estas murmu* 

Iliciones qUe Dios nos perdoné. 
'(xLii) Ni bace («tita. Biencjue para el papel que había 

becbo en ella^ mas valia que no hubiera salido de entie 

bastidores. 



dby Google 



DE imükMM'm V ckp: iii. 4 4 S 

aosafdlgiitiá ^de la muerte de este sattlo 
Tarcm, es< presumible que nunca miré 
con bnends ojos á su hijo putativo (xLin)^ 
j que abandoia» totalmente á su mu* 
chacho y á ouy o nacimiento sabia no ha* 
ber contribuido en manera alguna (7)« 
Gaaado á los treinta añas Jesús y su 
madre asisten á las bodas de Gana y nada 
se bábla de Josef. Si se admite la histo- 

(zLuí) 6agunraente i «I» tónneiitcs .lo creo yo. 

(7) San Épifbnio , en el libro primero de ¡as herc' 
giíu , iu)f dice que Josef era bastante anciano cuando 
casó con la Virgen \ y aun añade que era viudo y padre 
¿le seis hijos qae hnbia tenido en sú primera muger. Se- 
gún el ProtP'evan¡^tlio atribuido á Santiago el nienoi> 
costó bastante trabajo que el buen hombre se determi- 
nase á casarse con María , cuya edad le causaba miedo 
(xLiv) ; pero el Sauío Sacerdote le hizo entrar en n»on» 
quizá porque le pareciese Josef el hombre mas á propó- 
sito para sus miras. V. Códex apocryph. N. T. tom. I, 
pág 88 , etc. Parece que esto anuncia aiguna inií-iga sa* 
cerdotal , como hemos notado arriba. J-».. cia <•' 

' ! ■ t ■ " ■ ' ' ' V 

(xt.lv) Ella una doncelHla de trece años , de buen 
talle, pió pcqoefío , carnes tei:$aís« hermosos y abultados 
pechos, bella garganta, pequeña boca, perfecta nariz , y 
aunque trigofeña con unos ojuelos de paloma, y tuda 
llena de gracia ; y el uu , viejo con sesenta años a la co- 
la cuando, menos , y que de consiguiente podía ser su 
abuelo , ojos chicos y hundidos , sin dientes , todo cano, 
hispido: descarnado, cargado de espaldas, con el cutis 
calloso, y en fin hecho un carcamal.... ¿T<io le hubia Je 
causorf miedo? Al mismo San Cristóbal se le cauíaria», . . 
y aunque fuera el de' Sevilla. 

Tomo i. 8 p^^^j^ 

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4H HISTORIA CmfTfCA 

m que trae Sao Locas de la dispota qoo 
tuvo Jesús coo ios doctores de la lej 
en el templo de Jerosalem, bailaremos 
una nueva prueba de la indiferencia j 
frialdad del padre presuntivo para con 
el bip putativo y puesto que se «ácueo- 
tran al cabo de tres dias , y ni aun se 
dignan bablarse (xlv). 

2® Si juntamos á estas presunciones 
testimonios mas positivos y de una alt^ 
antigüedad, que confirman las sospe- 
chas que se teoian acerca del origen de 
Jesús , se podrá formar una prueba con- 
vincente para aquellos que renuncien i 
la preocupación. El emperador Juliano 
igualmente que Celso (los cuales habían 
examinado detenidamente todos los es- 
critos en pro y en contra de la reli- 
gión cristiana y de su autor, que sub- 
fiistian en su tiempo) nos representan á 
la madra de Jesús como una prostituta 
(xLví) que vivia con sus desordenéis y y 
que fué abandonada por su esposo. 

Desde el principio del cristianismo, la 



(zLv) Es que á veees es muy retórico el silencio. 
Que no cabe lo que siento 
£n todo lo que no digo. 

XJV POSTA* 

(zLTk) To me escandaliso.^ ^ -fol 

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DE JESüCftlSTO f CAP. If !• 4 1 S 

$Hítá*áe lod jéntidicomaritas (jIclyiI) ínt- 
ro á Jesús como uu hijo bastardo ; ji^ 
en las obras de los Judíos es tratado de 
liijo adulterino. En fin , no hace mu-* 
cho que Helvidio (xlviu), sabio critico 
protefilante , ha defendido con otros mu* 
chos 9 no solo que Jesús era fruto do 
una intriga criminal ^ sino que María^^ 
después de repudiada por Josef , tuvo 
otros hijos de diferentes maridos. 

No le faltaban i la verdad á María ra** 
zones poderosas para alejarse de Josef 
y huir á Egipto* con su hijo. Una tra* 
dicion coactante entre los Judíos nos 
asegura que ella emprendió este viaje 
para sustraerse á la persecución de su 
marido y quien hubiera podido entre* 
garla al rigor de las leyes , á pesar de 
todas las visiones noclurnas de que sé 
valia para apaciguarle : se sabe que efii 
este asunto los Hebreos no sufrían chan- 
zas (xiiix) 

Por ultimo; encontramos en el Tal- 
mud el nombre de un Panther^ ape-' 

(xLvn) Que palabra , ¡ santos tiámenes ! no digo yo 
de pié y medio , sino de dos varas , qne bacea 6 pies. 

(zLTiii) Olrolierege. 
(xux) y hacían bien. 

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44 S ' «iwoRU csáttcA '^ 

IHdado Bar-Panther (l) y eoloc^rdd m 
el número de lt>s amantes ó sea mam 
dos de la Virgea. Si este becbo es oiertc^ 
resultaria que María repudiada por Jo^ 
sef ; ó después die su fuga y se liabfa <ca-» 
sado con Panther , soldado gitaiío (u)i 
su amante favorecido: j el Terdudero 
padre de Jesús. San Juan Datnaséeno ba 
creída reparar la nota que esta anéqdo^ 
ta podia causar á la reputación de Msh 
ría, con decir que los apellidos de Pant- 
her ó Bar^Panther eran her«dilarii>s 
en lafamiliftde María^ y de consiguien* 
te en la d^ Josef (8). » 

Pero contra esto tenemos algutifeps co- 
sas: 4*^ ó María no era parienta de Jo- 
sef , ó no era prima de Isabel^ casada 
con un sacerdote , y por consecuenoiai 
de la tribu de Leví (ui). 2<> En tiingu-^ 
Ba* parte de la Biblia se eocuent;ra tal 

(l) Este Panther-^ar-Panlher wrin copají de éspem^ 
tar á cuatro S. Josefes , aunque fuesen carpinteros y vi- 
niesen cMi sus eácoplos y mozos. 
. (hi) Militar y gitano, ay que no e«nada!: 

(8) San Juan Damasceno , de la Fé ortodoxa , ]ib. 
IV , cap. (tin). 

(lii) Bien podi§ no ser ni lo uno lo otro. 



(luí) San Juan Daniascen9 era un pobre hombre. 

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BE lESUeRIiSTOy cü»;; dll. 447 

nombre de' Pánthei: efUreJos idescen* 
dieoteftde 0»vid ; y ai eat^ era un patro* 
liiciiico>dc^>Q3ta faoiiiia, erii fuei;$a ha-* 
Jlárle en^lgiüoa parte , ^ no ser que su- í i{ 
poagamos que el Damascenp* lo supo por 
uua rqvelacton par tíeúlai* .(wv) : y 3?. el 
noiübi^. PaAther de '.ningún modo eá> 

, , ,Se nos dirá lacaio. que ^stos rumores, 
ÍDJurío$o$,á Je$us.y ásu madre , «on caí- 
l^mni^s inxreutadas/ por los^ eneóiigos de 
la rdigion cristiana (lv), ¿ Pero coma 
juzgaif* d^rUft pleifo' si. no s.e exami/jan 
las piePftf de. los do3* «ontrarío^? Ade- 
mas die qoe estaá aorimip^i^ionea son- tan 
antiguas ;.qu<í ya .se echatoá en cara 4 
Jos críatianvos desdéíel<br(g^^ mbnio do. 
su:religit¡)n, yi§$tas nunoa l^is ban rt^ban 
tido coasalídez; Auo ep ;^ida de. ití^ns 
vhaiO^ qiue í^ft.cOn.tempQMnebs^mira- 
bdu .au^^r prodigios como e^feotoiK de. U 
mágiaví corno ' prei^tígios del deiponio^ 
<;omo afectos, d«l poder de B^elzebuth, 
ó como. babiÍMlades de mucha cWstresta* 
Loa pArieni<:s rmismos ' de' Jesús -esitabaa 

ÍLiv) Por nlgun espíritu. 
Lv) Ya se vé , sus apn5ÍoDndo9 hflrto liannn con ca- 
lla^'iá*. Pues no tallaba mas uno que yo pubHcase mU 
«hanchanamanchas; , ,.,..,.,. 

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M9 ': tíSTÚHtk CMTtCJL 

en esta creencia , y le tenían bor un im- 
postor (lvi); verdad que ^ liallá con* 
dignada en el evangelio y donde veremos 
mas adelante que quisieron arrestarle. 

Por otra parte , Jesu» no habló ¡amas 
una palabra ni de su infancia^ ni aun 
del tieokpo que precedió é su predica- 
ción y lo que da lugar á creer que no le 
gustaba recordar circunstancias que no 
daban m^ücho honor á su madre (lvu)! 
i quien bien pronto veremos que la per^ 
dio el respeto. 

Los evangelistas del mismo modo pa- 
san muy ligeramente por los primeros 
años de la vida de «in héroe ^ puesto que 
^an Mateo le hace volver de Egipto in 
alo témpora j sin fijar época alguna ^ 
dejando á sus comentadores en elem* 
barazo de averiguar á ojo si^ntoncea te^ 
nia dos ó diez años. Aun el término dé 
diez años se inventó á placer, y para que 
«0' adaptase al suceso de la disputa que 
tuvo con los doctores en Jerusalem , y 
que San Lucas coloca en el duodécima 
año de su edad. Fuera de e«te caso > taH^- 
Jto en uno como en otro evangeliza, Jt- 



(lvi) y sua parientes paicct que debían conocerle. 
' (lviij ^i á el tampoco. 

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DE JwiyüisTO^ CAP. iir. 449 

a»ñ 4eánp»ri90e.dQ k esce^aa para no vol- 
rejr ó pi^^eotarae (juyxn) tia&ia la edad 
de trelaca años (9). . 
' E^' 3án)ii{x]ente difioU averiguar 1» 
q^iie^ hü^o. Jba$ta tal r dad. Si creemos á 
San Lucas y permaneció en Nazareth; pe* 
Xó por oti^a parte % se puede creer mas 
biea ({ne^túvo en muy distinto para- 
ge para aprender el papel que debia de-* 
sem penar con el tiempo. En efecto, si 
lmbb«e (j^abitado de continuo en Naza- 
reth , los vecinos de esta pequeña ciudad^- 
le hffbrian conocido perfectamente ; pe- 
ro bien lejos de eso > se sorprendieron 
cuando le ven de pronto á la edad de 
treinta años , como^ que quieren cono- 
certcy y se preguntan unos á otros: ¿No 
i^s este el hijo de Josef (1 0) ? Pregunta 
bien ridicula en boca de personas que 
hubiesen estado viendo á Jesús habi- 
lu dmente dentro del recinto de tan pe- 



(lvui) ¡Que eatre-acto tan diUtado! ni lot de Calf 
deron. 

(0) Acaso Tesus pasarin una porción considerable dt 
•ti TÍ la entre los Ecenios contemplativos ó Therapeutns, 
qae can una especie de tnonges judíos muy entusiastas, 
que TÍ vían en las cercanías de Alejuiidtía de Egipto, de 
los cuales parece haber bebido Cristo su doctrina severa 
y verdaderamente monástica. V. el capít..XVIÍy ñola 1 
de esta obra. . 

(lo) Suu Lucas, cap. IV, vers. \% 

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quefla población. Eslaí cán&iám^tífA hú* 
detuvo á San Justíiid para decir '^lié^se 
hizo carpintero en el talfer A& ¿Ui^ta^ 
tivo padre, y que trabajó* ^n luí cons- 
trucción de botes j aperos Áe labratip 
za(41). . i ¡ lu.'í 

Pero este oficio no debíó> eots^i^edit 
pormuóho t^mpo á un hómbrií>eA el 
cual notamos un espíritu ámbito y ttftv 
bulento. ' . *. . 

Vale mas que dejemosaqui 4 Sftn»«IJii<l 

(i i) Véase á San Justino Mattír eri*si&'ti>bta€ld cota* 
tra Tiyfon. El evangelio de la Infancia 'refiere icntrc 
otra^ cosas , que Jesús de pequeñito se divertía en liacer 
pajaritos con barro {^i^) i á lob cuale» dab^ vida j des^ 

Eues los echaba á volar. El mismo libro dice que f Z Mr 
ia mas que su maeslro'de escuela, á'quien quito la vi- 
da ui) di a pot haberle castigado por no h&bér querido 
repetir las letras del alfabeto. Se vé en él, que Jesús ayu- 
daba á Josef en sus trabajes, y que agrandaba los ma- 



(lix) Por eso valdrían tan bai«to los pájaros en sn 
tiempo > pues el mismo dijo que se vendían á ochavo. 
Yo, si hubiera sido de su madre, le habria dicho: hijo, 
¿por que en vez de entretejerte en htHcct cosas inútiles 
para nosotros que estamos hechos unos iiegios , íin le- 
.vantar cabeza no haces gallinas i pidiones, ovejas, ca- 
britcs , etc. para nuestro alimento y el de álguBos de la 
ihuiilia que están en la mayor indigencia, puesto que * 
debe costarte el mismo trabajo ? 

Ko se yo lo que hubiera respondido á esto el hijo de 
píos; lo que sí sé, es que no consta no solo que hi- 
cieífe niin gallina pero ui un huevo, y prefetia mai^e- 
ueise de Ib agei^Q. 

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\ 



I DB msmcKíñTOy . ca. iii. 4 2f 

I Cfii8 pam ¡i9g«iiri 4 Sin M«¿fto^v ^jn^ <^Io* 
cai ei jbatttiswottde/ Juaa'*inmedi«tainen- 
te después tío su yuella^de! figipíto, y 
)e haceá JesUhi^omQiiSfir al ioí^tanle su 
Ba»}(m; porque »c'teírtámente esta es ki 
época donde é^beléomenzar la TÍda de 
Cristo.' Sin: emba^rgo , pata j^ue el lector 
no pei^diese: nada de las memorias evan- 
gélicas «qae.rio^ sirven de testo , hemos 
creidb que )no: dejbiamt)s «piasar por alto 
las circuñstiinciás..qLie acabamos de ano-? 

\ tár ) porqué e^tosipteliininards son pro- 
pios pái^aíjcoto^nícar alguna luz sobre 
la pei!soi}a,y)atí^i«i»es d^ nuestro héroe. 
jMemais ,. elLÍptervalo que se enmientra ^% • 
epirei el na^ioúento y la {|¡; ^fljc4 on de /B5L£2 
Jesas no es la par4^ de su historia que 
í , • ' ' . ' f 

aeros que sallan cortos, ó estrechos (i<;cj. Todas estas im- 
pertinencias no ion mucho m<is increíbles que tantas 
peras- mgriivi)las reíeiidas- en los evangelios admitidos* 
y. Codex npocr, JV. 71 tom» J , p4g, 1.98, j^ tonu JI, 
pág. 424-441. , 



(lx) Asi San Josef se podia ahorrar tomar medidas. 
Ademas nos da á entender que el Santo Teria ya muy 
poco , porque cuando después de cerrado un madero sa- 
lid tan corto que había qué álav^arle por, milagro , la 
medida no estaria tomada con mqcha exactitud. Y en 
este cnso ; ¿ por que el hijo , ó lo que fue»e , no tomaba 
bien las medidas , lo que era mas fácil que agrandar aa 
leño? O sino, ^ por que no hacia que viniese 3'a for- 
mado el artefacto desde el monte? 

JÍgitizedbyVjUUyit: 



4S2 HISTORIA mtÍTfCJI 

ofrece menos materia á It crítica y j no 
podemos admirar bastante cuanto ha 
influido en la conducta de los evange- 
listas. San Mateo 9 como se ba yisto^ 
para dar cuenta de la ausencia de trein* 
ta años, bace irá su Maestro basta Egip- 
to j de donde le trae en un tiempo in- 
determinado. San Lucas, que compiló 
después sns memorias , viendo que el 
viaje á Egipto daba motivo á que se 
atribuyesen á la magia los milagros de 
Jesús, le bace quedar en Galilea, é ir 
y venir todos los años á Jerusalem ; y 
para fijar mas , según él cree , su mo* 
,. rada en el pais, dispone que á la edad 
^-*2J*i de 4fi<í^ J^SIqS ^ 1^ encuentre en la ca*^ 
pital en medio de los doctores dispu« 
tando con ellos. SanMarcosy San Juan, 
aprovechándose quizá de la critica que 
loados anteriores babian esperimentado, 
hacen caer al Mesías de las nubes , y 
desde luego le ponen á trabajar en la 
grande obra de la salud de los hom- 
bres (lxi). 

(lii) a U Terdad » no había medio mus (acil d« lalir 
de la dificoltad. Tanto monta cortar como devalar, de» 
cía Alejandro , que también fué un Mesías. ¿ Por que no 
les vendría á las mientes Hacer con los tres años lo que 
eon loa treinta ? Do/uie iba el mar, que se fueeen las 
arenas. 

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DE iBSüCftISTO f CAP.ltl* 4 39 

Asi es como combinando y compa- 
rando las relaciones diferentes > se podrá 
llegar á descubrir el verdadero sistema 
de los evangelios , en los cuales , sin al« 
terarles en nada ^ encontraremos mate- 
riales para tejer la vida de Jesús , con 
sola el sencillo trabajo de reduxur lapar* 
te maravillosa á su justo valor. 



dbyGo0gIe 






. GAPIXÜLO IV., i 

Bautismo de\ Jesucristo* Su eát&i^ 
• cid ertel'deMrté.* Prmcipió de 
' sü pfMipác^f¿y db:^s mücé^f^óst 
Bodas de Cana. ^ ' 



Después que los Romanos subyuga- 
ron la Judea y los supersticiosos habi- 
tantes de este pais , impacientes de ver 
la venida del Mesías ó Sahador tan 
prometido por sus profetas , parecían 
querer apresurar la lentitud del Eterno 
con la vehemencia de sus deseos. Esta 
predisposición en sus ánimos hizo bro- 
tar algunas imposturas , revoluciones y 
turbulencias , á cuyos autores castigaba 
el poder Romano de un modo capaz de 
desanimará los apasionados de tales no- 
vedades , ó á lo menos de disiparlos con 
la mayor prontitud. Hasta la época en 
que vamos á entrar , y que el evange- 
lista San Lucas fija en el décimo quinto 
ano del reinado de Tiberio y ninguno de 
los que Iiabian querido pa^ar por Me- 



siásí.y habtÜ pDdklp salir con ella; por¿ 
que ala yerdad-^iMiTa lleD^r.este |papei 
hubiera sido ' necesario fueraas^ superio-** 
res á las qué toda la Jadea podía opo4 
ner ellos, vencedores de la tierra. Fué 
meneater , por lo mismo recurrir á la 
astucia^ .emplear lo^ prestigios y lasarr 
teríaa á faUá déla fuerza. ,. para lo cual 
era muy iniportante €om>oer. el! carácter 
de' la hacioa juáia , afectar un gran res-^ 
petorjaaeia.sus'lej^s yicositumlires á las 
cualestenia la nias.profiiBda veneraciony 
teiiert mucha habilidad piara aprovechar* 
se de las pró&cíajs en que^ estaba imbuí* 
da ; y , en fin, moverlas^ pasiones y avl* 
v^arla iimagtnádon .de na pueblo de su* 
3?o fanático y^crédido^ Pero; todo e¿it6 
debía hacerse á la sordina y porque en 
preciso evilajp eb<hapQerae 'sospechoso, á 
los ^Romanos j j^ .gestar siempre alerta 
eontra los sacerdotes, loa doctores y laa 
personas instruidas , capaces de penetran 
y trastornar sus idesignios* A n^e efec-^ 
to , era mury :e8encial cómenizar por ha- 
cerse algunos séeuáces: y . cooperadores, 
y en seguid^ fói*márse uii partido en el 
pueblo , á fin^de que le sirviese de apoyo 
contrarios grandes. La política exigía 
que el héroe sq manifestase muy raras 

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426 ««STORU cmmcn. 

veces en la capital ; qué' predicase qqpIós 
batnpos; y que bieiepe' odiosos al po^ 
pala¿bo los sacerdotes que devorabaa 
la nación ^ los grandes que la oprimían^ 
y los ricos á quienes debía tener envidia. 
La prudencia pedia que bablase coi» pa^ 
labras oscuras y en parábolas ^ para no 
alarmar los ánimos; y en fin no podiá 
menos de hacer miIa]gros, que siempre 
han sido mas á propósito que todas laa 
arengas del mundo para seducir en lo* 
do tiempo á los devotos ignorantes , di»^ 
puestos á yer el lado de Dios en todas 
aquellas obras cuyos principios y oaii^ 
sas no pueden descubrir* 

Tal fué 9 como vamos á ver^ la con« 
ducta del personage cuya vida .exami«> 
namos. 

Ya sea que se suponga que estuvo en 
Egipto para adquirir allí los talentos ne^ 
cesarios á sus miras, ya sea que hubie>» 
se permanecido en Nazaretb , es eviden* 
te que Jesús no ignoraba las di.spo^icio- 
nes de sus conciudadanos ; y como sa-» 
bia cuanto efecto hacian las prediccionea 
en el ánima de los Judíos , se escogió 
un profeta > un precursor en la per- 
sona de su primo Juan Bautista. Éste, 
verosímilmente de acuerdo con Jesús j 

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predicaba la penitencia / bautiaaba á la 
ribera del Jordán, y anunciaba la venida 
de un personage (lxii) major que él, 
diciendo á los que le escuchaban : 

ii. Vo en verdad os bautizo en 
agua para penitencia ; mas el que ha 
de venir en pos de mi (lxiii)^ mas /uer^ 
te es que yo , cuyo calzado no soy dig* 
no de llevar : él os bautizará en espi*- 
rita santo y en fuego (\). 

Después vino Jesús á bus<^r á Juan^ 
para convenirse con él, ó si se quiem 
para recibir el bautismo de su mano^ 
El segundo , según San Mateo , puso al- 
gunas dificultades y se resistió un tanto 
cuanto, sosteniendo que 'bien lejos de 
ser digno de bautizar á Jesús , este debia 
bautizarle á él (2) ; pero por fin cedió á 
las órdenes ó instancias del Cristo , y le 
confirió este sacramento : sacramento 
del cual el inocente hijo de Dios no po- 
día tener necesidad alguna. 

(lxii) Ni m9s ni menof que los bftücloret anuncian 
la venid*! de un personage Real. 

(ixiii) En pos van los lacayos > j también suelen ser 
mas fuertes que los que van delante. Apuesto áque es- 
tos no llevaban el calzado de aquellos sino con mucha 
repugnancia. 

(i) San Mateo, cap. III, y. ii. 

(a) 8. Mat. cap. III, ▼. 14. Los Judíos tenían |a 
costumbre' de bautizar todos los^roMÍ¿roi que haciab. £1 

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928 HfSrORíEáL CRÍTICA ' 

; Es saniamente probable que en esta 
entrevista se convinieraii las: das pa* 
rientes^en lo que babiaa i;Lebacer , y que 
tomaran sus. medidas para qué tuviesen 
efecto sus planes; y los dos predicado- 
res ^iquer cada XLuo tenía su ambicionci* 
Ha y se< repartieron la* tnision. San Juan 
cedió el primer papel á Jesús ^ á quieá 
juzgó mas apto para desempeñarle con 
suceso , y se contentó con ser su pPe^ 
cursar j predicar. en^.dasievtOj (lxiv) 
reclutarle : secuaces i^ y prepararle la^ 
caminos; todo á consecuencia de una 
profecía de Isaías^ que había dicho: 
Preparadlos caminos del Señor, ««•* 
derezad. sus sendas en la soledad. Pro- 
fecía muy oscura y vaga , en la que sin 
embargo han creído fY6r designados con 

hcauiamo erase^un nUm qbh renegeradon propia para 
hacer del bautizado un hombre nuevo , y tanto , que des- 
pués podía casarse aunque fuese con su madre. Pero San 
Juan y Jesús quisieron bautizar ó rfinegerar. (txv) á los 
mismos Judíos , pretendiendo que la regeneración les em 
tan necesaria como a los prosélitos. F. Bernard, Nufi- 
vas de la Repuhlica dé las Letras , ionu 3i , pág. 366* 

(lxiv) Quizá por eso se han perdido sus sermones. 



t (lxv) Lo mismo pretendió Bouaparte , que se Uamó 
por m^l nombre Omnipotente* 



y Google 



DB lESUCHISTO ) CArP» IV. 4 29 

toda claridad al Mesías y á Áu tanto 
precursor (3). 

Uaa vez concertados los dos misio- 
neros, Juan tuvo buen cuídadp de de- 
cir, á. los que veuian á oírle ; que era 
tiempo de. hacer penitencia para apla- 
^car al cielo; que la venida del Mesías 
no estaba disrtante; y en fín que él yat 
le habia visto» Asi que los sermones de 
Juan metieron algún ruido , los sacer- 
dotes de Jerusaleoí ^ que velaban sobre 
todo cuanto podia interesar á la religión, 
quisieron instruirse de sus miras é in- 
formarse de su persona. Para eí<te efec- 
to le enviaron unos emisarios que le hi- 
cieron varias cuestiones; preguntáronle 
5Í él era el Cristo j ú Elias j ó algún 
profeta Q^)j y Juan contestó que no 
«ra nada de todo esto. Solo cuando se 
le preguntó que quien le autorizaba pa- 

(3) Isaías, cap. XL> y. 3. 

f4) Erd una opinión recibida, entre muchos Jad -os, 
que Eliqs dcbia aparecer antes que el Mesías, ^i es es- 
trafto , porque aun hoy día los cnstiauos creen que la 
yeritda de Elias dehe preceder á la qae Jesucristo ha de 
hacer para juzgar al mundo* Véase el tratado : Dicta-' 
menes de los Padres sobre In segurula venida de Elias. 
Los mas aferrados en esta opinión son los Jansenistax,' 
que como los primeros cristianos tienen Ja cabeza ates- 
tada de ideas fanáticas y lúgubres del próximo fin dcj 
mundo. 

Tomo i. ' ' )ig,t,ze9y^ougit: 



430 HISTORIA tmÍTICA 

ra bautizar y predicar ^ declaró qué eiii 
el precursor del Mesías. Este paso que 
dieron los sacerdotes no podia menos 
de añadir pe^o á los discursos de Juan^ 
y debía naturalmente escitar la curio- 
sidad, de un pueblo reunido para oirle. 
4.SÍ es que al otro dia fué de tropel al 
parage en que este predicador bautiza* 
ba ; y él aprovechándose de tan bella 
conjuntura , y viendo venir á Jesús 
(lxvi) , esclamó : 

29. He aquí el cordero de Dios ; he 
aquí el que quita los pecados del mun^ 
do. 

50* Este es aquel dé quien yo dije: 
en pos de mi yiene un varón que Jué 
engendrado antes de mi j porque pri- 
mero era que yo (h). 

Aquí conviene observar que el autor 
del evangelio atribuido á San Juan , co* 
nociendo que era importante evitar to- 
da sospecha de colusión entre Jesús y 
su. precursor , hace declarar al Bautista 
por dos veces i que no le conocia antes 
de bautizarle y sino que Dios le habia 
revelado que aquel sobre quien viere 

(lxvi) ; IStia \enicla sería por casualidad í por con- 
vención? r¿.>-,MjL c4-frni.f.x cr, c' nirct- ;¿ 
(j) V. S. Juan, cap. I. 

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DE /BSUCAXSTa^ CAKIV. 4 3l 

descender el Espíritu mientras el Bau*- 
lismo, era el hijo de Dios. Sdn Juan dice 
que el Bau^ta no le conocia^y San Lti* 
cas que era su primo: ¿será esto creibJe? 

Juan era estimado del pueblo ^ á el 
que un género de vida austero y estraor- 
dínario seduce con facilidad ^ porque no 
podia sospechar que un misionero , tan 
desprendido de las cosas de este mundo^ 
fuese capaz de engañarle. Crejó pues 
sobre su palabra , que el Espíritu Santo 
en /arma de paloma habla descendido 
sobre Jesús j y que este era el Cristo ó 
el Mesías prometido por los profetas. 

Mas adelante veremos aun á San Juan 
Bautista afectar que no conoce á su pri* 
mo Jesús , y que disputa con algunos de 
9US discípulos para saber quien es. Jesús 
entonces les responde , (( que no tienen 
que hacer mas que contarle á Juan los 
milagros que obraba , y que con e^ta 
sefial su maestro podrá conocerle (6). » 

E^orsü parte, Jesús se habia asociado 
nn discípulo ó confidente, qué á la sa* 
zon se llamaba Simón j y que después 
Sé llamó Cefas 6 Pedro ^ y que habia 
sido discípulo de Juan. Apenas se ar- 
te) V. el cap. XI dt esta otr«. ^ ,,Google 



152 HISTORIA. eiUTlCÁ 

regló con el Mesías , cuando reclutó.á 
su. hermano Andrés á la nuera secta. 
Estos dos hermanos eran^ pescadores; 
no gustaba, según vemos, nuestro héroe 
escoger su gente entre lo» grandes del 

Los progresos de Juan Bautista y la 
' adhesión del pueblo hacia él alarmaron 
á los sacerdotes: se querellaron altamen- 
te , y Juan fué preso por orden del Te- 
trarca Herodes , quien , según San Ma- 
teo , le hizo cortar la cabeza por com- 
placer á' su cuñada Herodias ; pero no 
vemos que los que han escrito su vida 
le hayan echado en cara, el suplicio del 
precursor. Parece que después de $n 
muert§ sus discípulos se ag^regaron.al 
Mesías cuyo advenimiento habia anun- 
ciado , y que reciprocamente habia da?- 
do en su favor los mas brillantes testi- 
monios á presencia del pueblo. En efec- 
to I Jesús habia declarado altamente que 
Juan ^ra mas que hombre y y que no 
habia nacido ningún hombre que fue- 
ra mas que él. 

Sin embargo, temiendo quizá ser com- 
prendido en la desgracia de su precur-- 
sor j dejó sus dos discípulos en Jerusa- 
lem ^y se retiró al desierto donde es- 



D8 JWéVCiUTOj CÁT. tv. 433 

taTO cuarenta días. Se pota que durante 
1^ prisión de Juan j Jesús no pensó en 
librarle > ni hizo milagro alguno por él^ 
y después de su degollación no habló de 
él sino muy poco , absteniéndose de ha- 
cer su elogio :. no tenia ya nece^dad , y 
quizá quiso dar con esto una lección á 
los que sirven de segundos á las miras 
de los ambbiosos , y enseñarles que no 
deben coatar mucho con su reconocí* 
miento. 

• Gomo hubiera sido muy mala salida 
dar por motivo del retiro del Mesias el 
temor , el evangelio nos dice que fué 
Uewido por el Espíritu^ que le trans«» 
portó al desierto. Parecía regular que 
el Cristo superase á su precursor'^ y 
ttevandó este uqa vida muy austera , no 
manteniéndose sino de langostas jr miel 
silvestre^ para escederle, nos dice el 
evangelio que Jqsus no comió, cosa al* 
~guna en todo este tiempo , y que en el 
último de los cuarepta días teniendo 
bambre , los Angeles se apresuraron á 
sentirle (lxvh). 

Luego para dar i entender la impor* 

(lívii) Sin embargo, no veo yo mucha prisa en de- 
jar i un hombrt ireíiita y nueve días j ua poco y sim 
probar bocado. 

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454 visTOKíA cafncA ' 

tanda de su misión, el dafio que cmt 
ella iba á causar al imperio de Satanás^ 
y las infinitas ventajas que debia procu- 
rar á los que le creyesen , Jesús á su sa-- 
lida del desierto dijo que el diablo le 
babia tentado ; que le había hecho las 
ofertas mas lisonjeras para obligarle i 
desistir de su empresa; jr, en fin, que 
le habia prometido la monarquía del 
universo , si renunciaba el proyecto de 
redimir al género humano. La fuerte 
repulsa que dio á todas estas proposi- 
ciones manifestó un deseo sobrenatural 
de trabajar en la salud del mundo ; y 
los que s[upieron estas relaciones se de- 
bieron llenar de asombro, penetrarse 
de un sumo reconocimiento , y arder en 
celo por el predicador. £n efecto, el 
número de sus secuaces y oyentes se au«* 
mentó en gran manera* 

San Juan evangelista , ó el que escri* 
DÍó bajo su nombre, cuyo objeto prin^ 
cipal parece haber sido establecer la di- 
vinidad de Jesús, no ha hecho mension 
alguna ni de su arrebato , ni de su estan- 
cia en él desierto, ni de su tentación: 
sin duda creyó que todo esto era muy 
perjudicial (txvin) para la doctrina que 

¿i^viu) 'Strguramente ser ariebaiado pur an etinnta 

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DE J^UCai8Tp| GAP. iv . \ 3^ 

¿l^qitefia sentar. San Mateo , San Mar- 
qp^ y San Lupas i^aeotan este risipto y 
la,s teatagiones qae le siguieron y de una 
manera indifereote todos ,. pero suficien- 
te. para hac^r ver que el poder de Sata^ 
oa» era superior al del Mesías* Porque 
en efecto él le transporta, contra su yo- 
l^Dtad sia duda , hasta encima del pi- 
náculo del templo 9 y por un nailagrp 
asoiubroto 1^ hace considerar desde aque- 
lU altura todos los reinos del orbe y sin 
exceptuar aquellos cuyos habitantes eran 
antípodas de la Judea. ¿Luego , según 
ios evangelios ^ el Diablo obra niaravi* 
Uasque er^ nada ceden á las de Jesús? 
La huida y ausencia de. Jesús le hi<^, 
cieron. perder por algún ti^nipo sus dos 
primeros discípulos Pedro y Andrés i 
porque la necesidad de proveerá su pro- 
pia subsistencia leis obligó á volver á siv 
primer ejercicio de pescadores. Como 
su Maestro no se atrevía por entonces $1 
permanecer en Jerusalem , se retiró á la 
ribera del mar de Galilea,^ y allí Iqs en- 



á un desierto: después ser conducido por otro cotno ¡">€- 
lota á lo mas alio del temido « y tener hambre, no eran 
cosas propias para denaostrar la divinidad que él quería 
cimentar : residía esencialmente en el personage á quien 
»acedieron ^ y. eaio por ccüuíeiion de él miamo. 

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456 msTüKtA crítica- 

contra. Seguidme j les dijo , dejad pues-^^ 
tras redes de pescadores de peces , yo' 
os haré pescadores de hombres. Verosí-^ 
mil mente les daría á entender que las* 
meditaciones que habia hecho en su re-*^ 
tiro le suministraban medios ^ seguros' 
para subsistir sin trabajar á costa dé la' 
credulidad del vulgo. Los dos hermanos 
le siguieron sin tardanza. 

Sea que Jesús fuese echado de Naza- 
reth por sus conciudadanos y ó que él 
de su voluntad se marchase , vino por* 
aquel tiempo á habitar dé asiento á Cap-- 
harnaum jcrnáad marítima , situada en 
los confines* de las tribus de Zabulón y 
de Nephtalij y su madre, viuda ó se- 
parada de su marido y le siguió: á ia 
verdad que podia ser muy ütil á J^suSí 
y al pequeño número de discípulos que 
yivian en su compañía. 

He aquí el tiempo en qu« nuestro hé- 
roe , ayudado por sus discípulos , se pu- 
so á predicar. &u predicación en un prin- 
cipio ) asi como la de Juan j consistia en 
decir : Haced penitencia porque el rei- 
no de Dios está cerca. Ninguna época se 
halla efectivamente mas propia que es- 
ta para fijar la de la üiision de Jesucris- 
to. Hemos vifito que Juan empezó á 

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pñídu»r.«l aoo'déennio quioéo^delrei'^ 
sado 'de Tiberio;: eb este oósmo año filé 
SU' «lirevista oan'JtsojyfpxifehiÉo baiH 
lizár por él; y enceste ndsmor^ñOyJba- 
oiai su fin y es ooaodor'Jtuio. desapal^ecej 
Deí^pms de éstojJ^iBs se £bé)(Lxix) al 
dbsieHor, de i el que Mlió>para TÍvir c<hí 
su Btadre en la cüodiid tie Gapkanrimim^ 
y en ella pepmráscióipocp tieaipo^ por^ 
^pe >la ' Pasdua ' se? aproxinialMi y y pan 
celebrairki ' pasó á J^rieálsm* A^i' q«a 
laMMOtros podemoflf fijar lár/predicadon 
de Grbto en eliéQo^décímé> jestp de Tin 
berío y que es^ei ét^ep fiástem» qvie 'pre'!*» 
senta el evabj^lní^ £1 ^celcObjró tres ve^ 
ees la 'Pascua antes 'de:8UfiDuerte,'y la 
opink>n eonaun ee-^elsu prec|icac3k>n 
daró tres años ^ esto es^s kMta.el dáoiíao 
nooo', del mismo EnUperador. ' m 
' Los rumores esoilados povbeM»ulis-f 
mo y predieacioa de San Juan , y los 
teslímonie» que este liabia dado en pro 
de Jesús , se baÍNati disipado con la pri-^ 
sion y muerte del Precwríor y conla 
huida del Mesías; empero este cobró» 
nuevo ánimo, y creyó deber con la ayu- 
da de sus discípulos hacer otra tentatí^ 

(lxix) o le llegaron. 

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4;S8 . vtn^fiiA ouneit t 

Ta; DetnMÍado eoBOcido ó.desacredita^ 
¿o en Nazarethj dcspreoiada de sus 
pariente» , que a^tta toda aparíeocta aa* 
bian. i que aienerae acerca de ¿1 y deja 
nuestro campeon,e8t»4»udad ingmta |Wh 
ta eatab)ecci!se> eomo.se ha diehio, ea 
Capharnaum el afie décimo ,ae$to de 
Tiberio* Aquí fuélidonde dkS priacipio 
á ^u misión , predicando á< algunos in« 
felices, pescadores diente de esta I calan 
ña ; pero pronto vio que «ra a<][iiel lí*> 
mite muy esirecho> pera ella. Sin eam 
bargo y para darla mas brillo , }u9í^ qué 
debia hacer un milagro , ó lo que es. lo 
mismo en el lengua^ délos Judíos {ixs)f 
algua golpe capaz de asoñibrar al vulgos 
y he aquí que la ocasión se le viene á 
la mano* Unos, vecinos de Cana y per» 
quena aldea de la Galilea superior, dia^ 
(ante como, unas quince leguas de Cap^ 
harnaum , convidaron á Jesús y á su 
Madre á sa boda. . Los novios sin. duda 
eran pobres , aunque San Juan 9 el único 
que refiere este hecho, les da el nombre 
de Maestresala; y á pesar de esta cir« 
eunstancia, nos dice que les faltó el vino 
en el momento en que ya los convidados 

(lxz) y en el de mochos que ao lo 109. . 

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DB SMMocunrm , CM9L tr. 4 S9^ 
ertibuii «legrai : los cántaros fmes se ha:^ 
Uaron vacíos. María que conocía el por 
der ó la habilidad de su bí^ ^ se dirijo, 
á él j le dice con un tono peoetranie:. 
No tienen vino ; peto Jesos le respondo 
oon muoha aspereza^ y de tal modo que 
denotaría en cualquier otro hombre ya 
calentado por el rioo: / Mugerl ¿que 
hay entre tij entre mi? • i 

No obstante y parece que aun sabiai 
bien lo qne bada 9 pues podo convertir 
el agua en vino (lxxi)^ j tal que pare» 
oíó este vino milagroso' mejor que iel 
natural que liabian bebido anles* 

Este primer milagro de Jesús se huso 
én presencia de no pocos, testigos , pero 
ja cuando estaban algo beUdos ; y e} 
testo no nos esplioa si ciertamente al ai* 
guíente día siguió la misma admiración^ 
cuando podian haberse disipado los va* 
pores de la víspera. ¿Quien sabe si esto 
milagro se hizo de acuerdo con el Maes*^ 
^resala? En una palabra ^ los íncréduloa 
á quienes no se \t& persuade tan fácil- 
mente como á unos pobres aldeanos me- 
dio beodos I no ven en esta mutación 

(lxxi) ¿ Quien es el qae no ha visto á los que van 
|»or ios lugares haciendo habilidades , convertir el agu* 
no solo en víuq sino eu todo género de lícoies? 

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del' atgua -eo yiñó un moliya rafiñiato 
para convencet se de la omnipotencia de 
Jesús. Obsefviaii pues^ que para esta» 
opisracioQ sje'sirVió' del' agua, y qoede 
esto se podia sospeehar que no hizo mas 
quf» Q^a GDfai{>oacÍQa 9 de^aoukl podía * 
como otros muchos, poseer el secreto»; 
En eipcto , lo uttsíno podia habeHe eos-' • 
tado criar el vino ^ \hacer que los cánA 
tarbs^ (fcúe estajean' vacíos, se hallasen de 
i^jiente Henos^jsiii ^cbar agua (líxh),^ 
€fm hacerla trarnsmntaQÍon real de agua 
én virfo: y,á lo meaos habiéndolo hecho • 
asi, hubieva ditípado la idea de ¿o ha** 
ber hecho nfúis que: xMÚSk mezcla. ; ' 
' De cualquier mo4o'qu¿ hiciese aquel 
jirodigio, lo cierto es qué él nó defó de 
censar impresión sobré los que le vie«> 
ron ú oyeron hablar de él; y. que su 
antor se aproyechó para dilatar su mis- 
tión hasta la capital áe Judea. Díó tiem- 
po á que su milagro se espalrciese bas- 
tante; y para dar lugar á ello, se reti- 
ró con su níadre, sus hermanos y dis- 
dpnlos A Capharnaumj donde se que- 



. (X.XZ11) A un poder infiDÍCo ao hay dada ^ue todo 
le era ígHal 

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DM . jmDCfUSTO) CAP. ly. 4 ñ4 

do hasta que la fiesta de la Pascua], 
que estaba cerca , reuniese en Jerusalem 
una multitud de gente del vulgo ante la 
cual se prometía obrar muchas maravi* 
lias. 



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9%i HurroRiÁ eftím»i 



CAPITULO V. 

J^iage de Jesucristo á Jerusalem. 
tendedores arrojados del Tem- 
plo. Conferencia con Nicodemus. 



Habiendo llegado hasta Jerusalem la 
fama del milagro de Cana por medio de 
los que de Galilea fueron allá j paso 
Jesús á aquella ciudad en compañía de 
algunos de sus discipulos cu jo número 
no sabemos. Era, como dejamos anun- 
ciado , el tiempo de la Pascua y y por 
consiguiente época en que se hallaba re- 
unida casi toda la nación en la capital. Es- 
ta era una ocasión muy favorable para 
obrar milagros , y asi San Juan afirma 
que Jesús hizo un sin número de ellos, 
fiin especificar ninguno. 

Muchos (nos dice el mismo Santo )v 
de los que fueron testigos del poder de 
Cristo creyeron en él ; pero sin embargo 
Jesús no se fiaba de ellos. He aqui la 
razón que da : porque conocía á todos. 

25. JT porque él no había menester 



DE iESUtMM'WOy GáP« Y. 4k% 

que alguno le diese testimonio del honh- 
ore : porque sabia por si mismo lo que 
había en el hombre (i). 

£a una palabra , lo sabia todo , ex- 
cepto el medio de dar á los que veian 
sus prodigios , las disposiciones que 
exigía. 

¿ Y como conciliaremos en estos nue- 
vos convertidos la fé en Jesucristo y con 
las malas disposiciones que conocia en 
ellos ? Y si él conocia é fondo las dis^ 
posiciones tan poco favorables de estos 
testigos de sns milagros ^ ¿ á que obrar^ 
los en vano ? Esta es una inconsecuencia 
del escritor , que no se debe- imputar i 
Jesús : mas vale que en cuanto á esto 
nos apartemos de San Juan, que creer 
que su sabio maestro hiciese milagros 
sin designio , ó solo por divertirse. Por 
otra parte, nuestro héroe hizo en esta, 
época una acción que bien vale por un 
milagro y y- que demuestra un brazo to-* 
do poderoso. 

Según una costumbre antigua , los 
mercaderes y vendedores se establecian, 
especialmente durante las festividades 
solemmes y bajo los pórticos que rodea- 

(i) San Juan, cap. n. D.tzedby Google 



^^h . . HÍ8TORI4 OtfTlCJL 

ban él templo , y prop¿Krcionaban á ios 
deyotos las/víctimas y ofrendas que po- 
dian ofrecer al Señor según los precep- 
tos .kgalesL' AdeoíiajS, para comodidad 
de los Judíos que acudían allí de todo 
.el reina, y aun. por su. propio interés, 
habian permitido los sacerdotes que los 
cambiantes colocasen allí sus bufetes. 
Jesús , que siempre se manifestó poco 
favorable al sacerdocio , se irritó con 
esta costumbre , que, biea lejos de ser 
criminal, se encaminaba á facilitar el 
cumplimiento de la ley Mosaica. A con- 
secuencia de esto , hace un látigo de cor- 
deles , y desplegando un brazo vigoroso 
fiobre estos mercaderes , los tira por el 
suelo , espanta el ganado y trastorna los 
mostradores , sin que nadie en aquella 
sorpresa y espanto se opusiese á seme- 
jante. hecho, antes por el contrario se 
podría sospechar que la multitud no 
llevó á mal este desorden , y ^que se 
aprovechó del dinero y efectos que nuesr 
tro héroe derramó en este acceso (lxxui) 

(l3(xiii) Un hombre mal \estido que forma un látigo 
^e unos cuantos cordeles, tercia la capa, y á guisa de 
cochero empie^ furioso á dar latí gatos á troche y mo- 
che , derribando hombres , mesas y ganados , ¿no es una 
pintura cómico-trágica , la mas propia para rcpreseuwr 
al hijo de Dios Eterno? ^ ,.,.,.., ^ 

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DE JESUCRISTO, OAP. V. 4S5 

de celo. Es regular que los discípulos 
jio despreciasea esta ocasión^ y su Maes* 
tro pudo por este medio, sobre todo si 
<:oino es presumible estaban avisados, 
3umÍQÍstrurles con que repararse del sus-^ 
to ea todo el tiempo de su estancia ea 
la capital. ¡ Que mas ! aun vieron en es* 
te suceso el cumplimiento de una pro- 
fecía del Salmista, que anunció que el 
Mesías seria desdorado del celo de la ca- 
sa del Señor: profecía que.se verificó 
ciertamente en el al|)oroto que el Cristo 
causó en este momento. En cuanto á 
los mercaderes , no parece habían com-^ 
jprendido el sentido místico de la tal 
profecía , ó al menos no se esperaban 
verla verificada tan á su costa ; y aun- 
que en su primer aturdimiento no se 
opusieron á los ataques imprevistos de 
un hombre, que les pareció ün frenéti» 
co , luego que volvieron en sí , se que^ 
reliaron en forma ante los magistrados, 
del grave daño que habían recibido. Es- 
tos creyendo comprometer su autori- 
dad castigando á un hombre con el cual 
era cómplice el pueblo ó un fanático cu- 
yo celo podia ser aprobado por los su- 
persticiosos , no quisieron por esta vez 
usar de rigor con él , y se conteutarou 
Tomo i. DigitilJfyVjuuyit: 



446 UIüTORIA CIÚTICA 

con disputar á Jesús algunos j para sa« 
ber de él con que autoridad obraba. 
¿ Por que señal ó milagro j le dijeroo^ 
nos pruebas que tienes derecho de ha^^ 
cér estas cosas ? A lo cual Jesús respon- 
dió : Destruid este templo j y yo lo ree- 
dificaré en tres dias (lxxv). Los Judíos ^ 
no tuvieron la menor tentación de ha- 
cer la prueba y le tuvieron por un loco, 
y se marcharon encogiéndose de hombros. 
Á la verdad , si le cogen la palabra , le 
ponen en un grande embarazo, porque 
no era del templo de Jerusaleni del que I 
hablaba , sino de su propio cuerpo : mi- ! 
raba solo á su resurrección j dice San 
Juan, que debia verificarse á los tres 
dias de su muerte. Los Judíos no tuvie- 
ron bastante talento para acertar este 
enigma , y los discípnlos mismos no pe- 
netraron su verdadero sentido sino mu- 
cho tiempo después, esto es, cuando 
pretendian que su Maestro habia resuci- 
tado. No se cansa uno de admirar la 
' divina Providencia , que queriendo ins- ! 
truir, iluminar y convertir el pueblo 
judío por la boca de Cristo , no emplea 

. (i.ixy) ¿Quien DO ve la oportunidad déla iespu«s|«? 

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DEJESDCKiSTOy CAP. V. ^k7 

maa <)ue figuras, alegorías, y ^ogógrí- 
fos totalmente inesplicables é ininteli- 
gibles aun para Jas. personas mas inge- 
niosas y ejercitadas. 

No obstante que Jesús podía resuci- 
tarse , no quiso emplear este poder ma« 
ravilloso para escapar de las manos de 
los Judíos y que estaban dispuestos á 
prenderle y castigarle como á un per- 
turbador de la tranquilidad pública; si- 
no que creyó mas conveniente, mas sa- 
bio escurrirse sin ruido , y ponerse por 
medios comunes y naturales á cubierto 
de las persecuciones de aquellos á quie- 
nes pudo irritar su brillante espedicion. 
Se retiraba de Jerusalem por la nocbe, 
y en una de ellas cierto Fariseo j de- 
voto á deseoso de instruirse , fué á bus- 
carle á su retiro: su nombre era iVica- 
demus y uno de los doctores ó miembro 
del consejo ó Sanedrín , rango que no 
siempre exime de la credulidad. 1 . Maes- 
tro ( Rabbí ) , le dice , sabemos que eres 
Maestro sfenido de Dios : porque nin- 
guno puede hacérnoslos milagros que 
tu haces^j si Dios no estuviere con él. 

Parecia que esta era una ocasión muy 
favorable á Jesús para declararse , y con 
una palabra podia decidir de su divini- 

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4US HISTOHIik CRirlCA 

dad y descubriendo á ebte senador tan 
bien dispuesto, que él era Dios; pero 
nada menos que eso, evita toda res- 
puesta directa , y se contenta con decir- 
le : 3. En verdad , en verdad te digo 
que no puede ver el reino de Dios sino 
aquel que renaciere de nuevo (lxxvh). 
El prosélito admirado le replica , «que 
es imposible que un hombre ya viejo 
vuelva á nacer , ó entre de nuevo en el 
vientre de su madre. » A lo cual satis- 
face Jebus con estas palabras : 

5. En verdad , en verdad te digo 
que no puede entrar en el reino de 
Dios sino aquel que fuere renacido de 
agua y de Espiritn-Santo (lxxviu). 

A la cuenta Nicodemus se quedó tan 
en ayunas como antes , lo qtie no de- 
jarla de conocer Jesús ; y por tanto para 
convencerle mas ^ añadió : 

6. Lo que es nacido de carne j car- 
ne es : y lo que es nacido de espíritu^ 
espíritu es (lxxix). 

7. No te maravilles porque te dije: 
os es necesario nacer otra vez. 



(txxyii) Eftto si que es responder adecnadamenic. 
(LxxvnO Yo no sé que mas claro lo quería el buen 
lioribre. 

(kxxix) ¿Si beiían a«i las razones de Pedro Grullo? 

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BE JESUCRISTO » CJLP. V, AM 

8« El espíritu donde quiera sopla 
(lxxx) , jr oyes su voz , mas no sabes 
de donde viene ni adonde va : asi es to- 
do aquel que es nacido del espíritu. 

Sin embargo de la precisión y clari- 
dad de todas estas instrucciones divinas 
(bastante parecidas á los discursos de 
nuestros teólogos) (lxxxi) , NicodernuSj 
cuyo entendimiento estaba sin duda em- 
l)otado , no pudo -entenderlas y y asi le 
dice: ¿Como puede hacerse eso? Al 
oírle ,. Jesús ya enfadado , ¿ como? le 
dice: tú eres Maestro en Israel ,, ¿y 
esto ignoras? 

M.^ En verdad j en verdad te digo 
que lo que sakemos ^ eso hablamos 
(hxxxn) j f lo que hemos visto ates- 
tiguamos j f no recibís nuestro testi- 
monio. 

A 2. Si 05 he dicho cosas terrenas 
(lxxwu) f no las creéis : ¿ como cree* 
réis si os dijere las celestiales ? 

i 5. y ninguno subió al cielo j sino 

Ílxxx) ¿Lnepo también por la popa? 

Plxxxi) Como que es su modelo ínfaliblc- 

^Lxxxn) Esta sí que es habilidad, [ hablar lo que le 
sabe ! Esta bal>i1idad también yo la tendría. Otros tie- 
nen la de no saber lo míe hablan. 

(lxxxiu) ¿Terrenas? ¿ pues que el reino de DioJ j 
«1 £ipíritu Saúto son cosas tenenas? 

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í 5Ó ttlSTORIA CRÍTICA 

el (¡he descendió del cielo j el hijo del 
hombre que está en él cielo (2) (lxxxiv). 

Hemos querido copiar este diálogo 
curioso 9 como mía muestra de la lógi- 
ca de Jesús , tanto mejor cuanto que él 
ha servido de norma al modo de razo- 
nar de todos los doctores cristianos. Estos 
tienen la costumbre de esplicarlas cosas 
oscuras por otras mas oscuras aun y mas 
ininteligibles, y acaban todais sus dis- 
putas refiriéndose á la decisión de su 
propio testimoniio , es decir , á la autori- 
cliad de la Iglesia ó del ClerOj encargado 
por el mismo Dios de determinar lo que 
los fieles deben creer. 

Lo restante de la conversación de Je- 
sús con Nícodemus es en el mismo tono 
y con la misma claridad. Cristo habla so- 
lo, y parece que con la fuerza de sus ra- 
zones (apó la boca al dócil senador, que, 
según todas las apariencias, le dejó yen- 
do ya plenamente convencido. Asi es 
como una fe viva disppne á los escogi- 
dos á someterse á las lecciones, á ios 
dogmas y á los misterios de la religión, 
aun en las cosas y relaciones que care- 
cen de sentido. 

!'^) San lunn , cap. III. * 

t»xx.v) Esta >i que e> jerga. o,„„,,,GoOgle 



DE JESUCRISTO, CAP. V. 45f 

' No se vuelve á hablar de Nicodlemus^ 
j asi no sabemos si dejó su empleo pa- 
ra alistarse en el número de los üiscí^ 
palos de Jesas , ó si se conteqtó con su- 
ministrar en secreto algunos socorros i 
Jesús y á su tropa y en recompensa de 
las luminosas ideas que le había comu- 
nicado. Da lugar á creer que asi fuese, 
el ver que San Juan hace que vuelva 4 
pareeer en la esceua después de la muer- 
te de Cfisto, trayendo cien libras de 
aloes y mirra (lxxxv) para embalsamar 
su cuerpo , y para que acompañe á Jo^ 
sef de Arimathea á enterrarle : lo que 
prueba que de la platica que tuvo con J[er. 
sus 9 salló mas hábil teólogo que habia 
entrado. Débese creer qué en tal oca- 
sión el Mesias le concedió una gracia 
eficaz ó suficiente ^ sin la cual era ab- 
solutamente imposible que comprendie- 
se cosa alguna de tan sublime teología. 
. A pesar de todo ^ es preciso convenir 
que la imposibilidad de concebir la doc- 
trina de Jesucristo da á los incrédulos 
un pretesto plausible para negar que 
sea divina ; porque ios simple» ne pue- 

(lxxxv) Cuitlado qii« «on cerca <íc cuntro arrobo» ^e 
bátsamo , que no e» una friolera. ¿ Si aquella eomposi-» 
cion y en tól dosis tendría virtnd icsucilativa? 

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Í52f mstORiA crítica 

deo cotiíprender que un Dios, que vino 
solo para instruir á los hombres , no se 
esplicase ni una sola vez con claridad. 
Ello es que ningún oráculo del paga- 
nismo se sirvió de términos mas ambi- 
guos que los que escogió el misionero 
divino para iluminar á las naciones, y 
en este caso podemos concluir , que 
•Dios hizo estudio de poner obstáculos á 
sus mismos designios , y que tendió un 
lazo inevitable no solo á los Judíos , si- 
no á cuantos leyesen el evangelio, para 
sacar de él las luces mas importantes á 
SVL salvación : conducta sumamente in- 
digna de un Dios bueno , de un Dios jus- 
to , de un Dios lleno de promisión y sa- 
biduría. Con la fé, empero, se llega á 
conciliar todo esto y á comprender que 
Dios nos ha enseñado á hablar $in que- 
rer que se nos entienda* 

Poco después de esta entrevista , sa* 
lió Jesús de Jerusalem , cuya morada 
se habia hecho peligrosa para él , y em- 
pezó á recorrer las campiñas de la Ja- 
dea j donde estaba mas seguro. Es pro* 
bable que el escándalo que habia dado 
en la capital, donde á la sazón habia 
tant;> gente reunida , le habia dado á co- 
nocer á muchas personas de todas par- 



BB JlStrCRISTO^ CAP.' T. AS9. 

tes :' por esto no dejó de hallar partida- 
rios en la misma campiña. ¿Pero en qiie 
se ocupaba entonces? San Juan nos dice 
en el cap. III, que bautizaba; y poco 
después nos refiere en el IV , que no 
bautizaba j sino que sus discípulos lo 
hacían por él. 

En lo que no ha j duda , es en que 
después de esta época dejó la Judea pa* 
ra pasar á la Galilea. Seria quizá para 
ponerse mas á cubierto de los que le 
buscaban , ó por prevenir el cisma que, 
según el evangelio, estaba para brotar 
entre los Judíos bautizados por Juan , y 
los que Jesús ó sus discípulos babiau 
bautizado por sí. Jesús conoció desde 
luego que la prudencia exigía alejarse 
para dejar el campo mas libre á un hom- 
bre á quien conocía que todavía pedia 
ser muy útil á sus intereses, y que como 
vimos no ambicionaba mas que el según* 
do papel. JEfectivamente se esperimentó 
muy luego , que el Cristo hacia mayor 
número de prosélitos, que su primó 
(lxxxvi) , y esta circunstancia había tal 



(txjxví) E» qnf este no tenía h habilidad de mila* 
gieai. £ia An dudo un,... saUagt. ,^,^,,,^^ou^i^ 



45tf HfSTORIJl CRÍTICl 

Tez con el tiempo causado alguna des- 
avenencia entre ambos. 

Jesús dirigió pues su marcha hada 
h Samaría j á donde le seguiremos^ 
pata luego volver con A á Galilea* 



dby Google 



DE JESUCRISTO^ CAP. VT. 45S 



CAPITULO VI. ^ 

A{^entiira de Jesús con la Samari-- 
tana } su viaje y milagros en el 
pais de los Gerasenios. 



Observaremos aquí , qu€ en el exa- 
men de la historia de Jesús seguimos el 
orden de los hechos m^á generalmente 
recibidos , sin que salgamos garantes da 
que hayan precisamente sucedido en el 
mismo orden que los colocamos. jLas 
faltas de cronología nonos parecen de 
importancia cuando no ioíluyen en la 
naturaleza de los sucesos ; y por otra 
parte, los evangelistas, sin fijar época 
alguna, se contentan con decir en aquel 
tiempo j lo cual en este tiempo en qufe 
nos hallamos es una escusa suficiente pa- 
ra no dar una cronología exacta de loa 
hechos que recapitulamos. Para dar á la 
materia exactitud y precisión , se nece- 
sitaría un trabajo inútil y superíluo ; y 
al cabo solo probaría que la historia de 



456 . HISTORIA CAÍriCÁ 

Jesucristo , dictada por el Espíritu San- 
to^ está mas incorrecta que la de los hom- 
bres célebres del paganismo, aun los de 
una antigüedad remota. Y tal vez llegaría 
áconvencernos de que los escritores ins- 
pirados de esta importante y divina his- 
toria se contradicen á cada paso , ha- 
ciendo obrar á su héroe á un mismo 
tiempo en lugares diversos y aun bien 
distantes unos de otros. En fin, este tra- 
bajo tan penoso no nos enseñaría cual 
de los evangelistas era el qué debíamos 
seguir con preferencia á sus compañeros, 
tn vista dé que á los ojos de la fé (lxxxvh) 
todos tienen razón. Ellugar y el tiem- 
po no cambia la naturaleza de los he- 
chos, y estos son los que han de fijar 
íiuestras ideas acerca del legislador de 
los cristianos. 

Iba un dia caminando Jesús, según 
todas las apariencias en el estío, fatiga- 
do con él calor y el cansancio, y lleno 
de sed , cuando llegó cercan de Sichar, 
del país de Samaría j en donde le suce- 
dió una aventura estraña. A la salida de 
esta villa se veía un pozo , conocido con 



(Lxixyit) ' Debe negarse el lupoesto. La íe ha de ser 
Ci«ga. 

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DB lESUeRISTO, CAP. Vi. ñ &7 

el nombre de la Fuente de Jacob. £1 
Cristo y que Tenia cansado , se sentó al 
borde del pozo , á esperar la llegada de 
sus díscipuios que babian ido á buscar 
provisiones. Era cerca de medio dia 
cuando una muger vino á sacar agua de 
dicho pozo ó fuente , y Jesús le pidió le 
diese de beber ; pero la Samaritana , que 
reconoció en el porte del que hablaba, 
que era Judío y se admiró de su deman- 
da y porque no habia ningún comercio 
ni trato entre los Judíos ortodoxos y los 
Samaritanos: esto es, según la costum- 
bre de los partidarios de los sectas di- 
ferentes , se detestaban entre sí cordial- 
mente. £1 Mesías , que no era tan escru- 
puloso como los Judíos ordinarios, em- 
prendió la conyersion de esta muger he- 
rética , por cuyo sexo y profesión siem- 
pre le hallamos fácil en todo el curso 
de su vida. Asi es que á vista de su asom- 
bro la dice : 

i 0. Si supieses el don de Dios j y 
quien es el que te dice: dame de beber; 
tu de cierto le pidieras á él , y te da- 
ría agua wVa. 

La Samaritana , que no veia que Je- 
sús tuviese vasija alguna , le pregunta: 
¿Donde tienes el agua viva? Entonces 

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458 HISTORIA CRÍTICJI 

el Mesías tomando un tono místico , 
responde : 

13, Todo aquel que bebe ée esta 
agua j voheráá tener sed; mas el que 
bebiere del agua quejo le daréj nun-^ 
ca jamas tendrá sedj 

A k. Pero el agua que yo le daré, se 
haráen él una fuente de agua que sal- 
tará hasta la ^ida eterna. 

Nuestra aventurera , que era una mu- 
ger de mala vida y le pidió de esta agua 
marayillosa , para ahorrarse de tener 
que acudir allí á sacarla en adelante. Je- 
sús , que por la conyersacion pudo des- 
cubrir el ejercicio de la tal muger^sesale 
de la dificultad diciendola que vaya , 
' llame á su marido , y que vuelva con él 
al sitio ; contando quizá escurrirse así 
que ella se marchase ; pero no lo hizo 
asi^ antes bien se puso á contarle su vida, 
dándole algunos detalles por los cuales 
vino en conocimiento de varias cosas 
que le pusieron en proporción de hacer 
del adivino. En su consecuencia , y des- 
pués de haberla dado pié á una larga 
conversación , la dijo «que habia tenido 
cinco maridos , que á la sazón no le te- 
nia , y que el hombre con quien vívia no 
era mas que un amante* Con esto la 

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DE iZavCBSSTO, C4P« Ti. 4 59 

muger tiene á Jesús por ud mago ó un 
profeta : él no trata tampoco de contra-- 
decirlo , antes bien conoto no temia ser 
apedreado ó castigado en este momento, 
se animó á declarar por primera vez 
que era el Mesías. 

£staban en esto , cuando la vuelta de 
los discípulos de Jesús puso fina la con « 
versación : estos , ya sea porque tuvie- 
sen noticia del oficio de la que le estaba 
bablaodo , ó sea que fuesen mas intole<- 
rantes que su maestro , se escandaliza* 
roa y sorprendieron de la confianza : no 
obstante ninguno de ellos se atrevió á 
criticar la conducta de Cristo. LaSam»- 
ritana por su parte y al ver aquel séqui- 
to y llegó á creer que en efecto era un 
profeta ó el Mesías y y dejando su cán- 
taro , corrió á Sichar á decir á sus ba^ 
hitantes : 

29. J^enid y wd á un hombre que 
mA dijo todas cuantas cosas he hecho; 
¿ si quizá es este el Cristo ? 

Lios tales habitantes maravillados se 
reúnen, van á salir al encuentro de Je- 
sús y y absortos de oirle perorar, quizá 
porque no comprendían una palabra de 
«QS discuf'sos , le invitan á que se quede 
alguü tiempo con ellos. A^ pesor de sus 

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4d0 HISTORIA CRITICA 

instaaeias , solo se quedó dos dias , en 
los cuales no hubo que tocar á las pro- 
misiones que tenian compradas y porque 
la tropa vivió durante este tiempo á espen- 
sas de estos herejes , satisfechos sin du- 
da de agasajar al Salvador y á su gente* 

Todo lo que pudiera haber de mará- 
TiUoso en este suceso, rueda sobre ha- 
ber adivinado Jesús que la Samaritana 
habia tenido cinco maridos, y que vi- 
vía en la actualidad amancebada. Pero 
lesus pudo muy bien haber descubier* 
to estas circunstancias , ya por la mis- 
ma conversación de esta mugertM par- 
lera f ya por la fama pública , y ya en 
fin por otros muchos medios sencillos y 
naturales. 

Los incrédulos no dejan de kálbr 
motivos para criticar esta historieta de 
San Juan ^ en la que , dejando aparte lo 
milagroso , atacan su veracidad históri- 
ca. La historia nos atestigua , que en 
tiempo de Jesucrií^o la Samaría estaba 
poblada por colonos de diversas nacio- 
nes y que los Asirlos liabian trasporta- 
do después de la destrucción del reino 
de Israel; y estas naciones no parece 
creible que estuviesen en la espectativa 
del Mesías , en la que les hace vivir San 

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DE JESUCRISTO y CAP« Tt. i 61 

Juaa. Los paganos é idólatras no debían 
tener nociones tan claras de un suceso 
privativo de los Judíos ; y si los Sama* 
rítanos eran igualmente descendientes 
de Jacob j no verian bien en boca de la 
Samaritana estas palabras : 

20 . Nuestros padres en este monte 
adoraron j y vosotros decís que en Je* 
rusalem está el lugar en donde es me^ 
nester adorar. 

Y también seria absurdo hacer decir 
á Jesús : 

21 . Ni en este monte ^ ni en Jeru* 
salem adorareis al Padre. 

22. J^osotros adoráis lo que no sa-^ 
beis. 

Lo 1 ^ porque la ley de Moisés jamas 
prohibió adorar á Dios en cualquier lu- 
gar. 

Lo 2^ porque^ aunque las costumbres 
de los Judíos en tiempo de Jesús que-* 
rían que solo se sacrificase en el tem- 
plo de la capital, ios sitios para la ado- 
ración y para orar estaban ai arbitrio de 
cada uno. 

Lo 3® porque no es verdad que lo» 
descendientes de Jacob no conociesen al 
Díqs que adoraban^ el cual ev^Jeho\>ahj 
el Dios de Moisés y de los Judíos \ á ine-» 

XOBIO I. DigitizedbyVjUUyit: 



462 HISTORIA citmcÁ 

nos que no se pretenda que eítos tam« 
poco le conocian ni Rabian lo que ado- 
raban : en cuyo caso, aun después déla 
misión de Jesús, los cristianos mis- 
mos no tienen que echarles en cara. 

Y lo h^ parque las palabras de Jesús 
én está ocasión parecerian insinuar que 
él quisiese abolir la adoración del Padre 
y el Hijo, cosa que sin la fé podria des- 
truir el dogma de la perfecta unidad dé 
Dios. En fin, ño parece haber sido buen 
profeta asegurando que el padre no se- 
ría adoi*ado ni en Jerusalem ni en el 
monte ; porque este padre no ha dejada 
ni un momento de ser adorado después 
de diez y ocho siglos , por los Judíos , 
por los cristianos , y en seguida por los 
Mahometanos* 

Si. á esto se dice que la Samaritana era 
Gentil y entonces es mas inverosímil su* 
poner que ella pudiese teñera Jesús por 
el Mesías , á quien no debia conocer ni 
esperar. Añádese á esto , que los Sarna- 
rítanos creen en Jesús sobre la palabra- 
de una ramera : credulidad de que solo 
podian ser capaces los Judíos ó los cris* 
tianos. 

Habiéndose pasado los dos dias , y 
quedando los vecinos de Sichar sufi* 

Digitized by VjOOy H¿ 



DE lEBUCRISTO , CAP» Ti. 46S 

eientetnente instruidos , según piadosa* 
mente debemos creer, Jesús dejó suciu«» 
dad f y acompañado de sus discípulos 
toma el camino de la Galilea superior 
ó alta. No juzgó á propósito entrar en 
Nazareth su patria, en atención á las ma* 
las disposiciones de sus paisanos , apli-*^ 
candóse aquel famoso adagio : Ninguno 
es profeta en su patria (4). 

No era así en el resto de la provin« 
cía , pues luego que el pueblo supo la 
venida de Jesús, nada omitió para re- 
cibirle bien ; y San Lucas asegura que 
era estimado y honrado de todo el mun- 
do (2). Estas buenas gentes sin duda ha* 
bian visto las maravillas que habia obra- 
do en Jerusalem durante la fiesta de la 
Pascua (S). En reconocimiento de estas 
disposiciones tan favorables , y de la fé 
que encontró entre los Galileos, Cristo 
no se contentó con instruirlos , sino que 
comprobó su agrado con una multitud 
de milagros. Considérese si el número 
de ellos seria grande, cuando San Mateo 
dice ragamente que andaba.... sanando 

(t) S. Jaan ca|Jt. IV. 
(a) S. Lacas, cq>. IV. 
($) 8. Lucai,,cap. IV. ^r^^'^T^ 



46% HISTOaiA CRÍTICA 

toda enfermedad jr todadoknda en el 
pueblo (h). Bastaba presentarle los en- 
fermos de cualquier enfermedad : los lu- 
náticos, cu j^ o número era grande enes** 
te pais y los locos , los hipocondriacos y 
los poseídos no tenían mas que hacer 
que recurrir á él, y su curacionjera 
cierta. 

Esta multitud de milagros , que asi 
llamaban á las curas que hacia Jesús , 
atrajo á su lado una turba de ociosos y 
vagamundos , tanto de la Galilea como 
deJerusalem, déla Decá polis , de la 
Judea y del pais del otro lado del Jor- 
dán. En esta viajata fué donde hizo .la 
adquisición de dos discípulos famosos, 
á saber : los dos hijos del ZebedeOj Ua- 
mad<5s Santiago y Juan. £1 primero, 
aunque no sabemos que supiese leer , 
compuso después algunos tratados mís- 
ticos que son aun reverenciados de 
los cristianos ; y el segundo j que era 
buen mozo, llegó á ser el favorito de su 
Maestro , y recibió señales de una ter- 
nura distinguida. Se hizo por fin un pla- 
tónico sublime, y en reconocimiento del 
cariño que le tuvo Jesús ^ le deificó' en 

(4) S. Mateo cap. IV. n^ ^T^- 



DB 1E8IK&UTO p CAP* VI. A 65 

el evangelio j epístolas que tenemos ba- 
jo su nombra. ^ 

La &ma y recursos de Jesús se ha- 
bían aumentado de tal modo en Galilea, 
que no tenia que hacer otra cosa que ha- 
blar para acrecentar el número de sus 
discípulos : así es que no hubo menes- 
ter mas que llamar á estos dos para que 
se le agregasen. Pero , no obstante, que- 
riendo descaDsarde las fatigas de la pre-* 
dicacion y de los milagros, resolvió de* 
jar las ciudades para ir á las orillas del 
mar. Conoció que conviene no dejarse 
ver ni por mucho tiempo , ni de mujr 
cerca , sino hacerse desear y no esponer 
su crédito. £1 vulgo y ansioso de oir las 
maravillosas doctrioas de Jesús , le si* 
guió; pero él, sofocado por el tropel, 
vio por fortuna dos barcas, y se metió 
en la una que cabalmente pertenecía á 
Simón Pedro , el primero de sus discí- 
pulos , y desde allí aren,8[ó á la multi- 
tud que se atropellaba. ¡He aquí el bo- 
te de un pescador convertido en cátedra 
donde la Divinidad daba sus orácu- 
los! 

Los Galileos no eran ricos , y el nu- 
meró de los que se agregaban á Jesús se 
aumentaba : en su consecuencia vemos 

JÍgitizedby^UUyit: 



á sus cuatro primeros apóstoles trabajar 
a su oficio de pescadores y mientras qua 
el Mesías permaneció en esta provincia. 
£1 dia que predicó en la barca fue dea* 
graciado para ellos, y la noche anterior 
no les habia sido tampoco mas favora- 
ble. Jesús , que sabia mas de un oficio ^ 
crejó que debia hacer algo por unas 
gentes que le manifestaban tan celoso 
afecto. Asi pues, luego que cesó de área* 
gar f y que las turbas , según todas las 
apariencias , se babian marchado , dijo 
i Simón que entrase en mar alta y echa*^ 
ae su red. Simón se escusa , diciendo 
que ya la había echado por muchas Te- 
ces , pero en balde : mas Cristo insiste. 
Entonces dice Simón con mucha gra* 
Tedad : La echaré sobre vuestra pala-- 
bra. En esto > por un milagro estupen* 
do se rompe la red por tidas partes , 
Siman y landres no pueden traerla, por 
lo que llaman en su ayuda á sus cama* 
radas, y sacan tanta pesca que tienen 
para llenar dos barcas. Estos pecado* 
res se sorprendieron de tal suerte , que 
Pedro tuvo á su maestro por un mago, 
y le rogó que se apartase de él. Jesús 
empero le sosegó, y le prometió que no 
le volverla á causar iguales sustos, por* 

Digitized by VjOU^lC 



DB lUüCBJSTOp CM9. YU 467 

que de allí en adelante no había de- pes- 
car peces. 

£1 Mesías ) hallándose cerca de Cana, 
creyó debía entrar en ella atendiendo á 
que antes había hecho allí un milagro; 
y un oñcial de Capharnaum j cuyo hi- 
jo estaba con calentura j vino á Gana 
para esperimentar los remedios de Je*- 
sus, cuya eficacia ponderaban. Ya á bus- 
car al médico j y le ruega que venga con 
él á su casa para curar á su hijo ; pero 
nuestro Esculapio, que no quería obrar 
en presencia de personas ilustradas , se 
deshizo del importuno de un modo que 
no le comprometiese 9 en caso que no 
saliese de lo mejor. F'e^ le dice , tu hi- 
jo vive jr está sano. Este oficial sabe, al 
, retirarse á su casa , que la fiebre , que 
quizá era intermitente, habia dejado á su 
hijo; con lo que no fué nece«»ario mas pa- 
ra clamar : milagro, milagro (lxxxvui), 
y para convertir á toda la familia. 

Después de haber recorrido la costa 
y estado algún tiempo en Canáj volvió 
Jesús á Capharnaum j donde como he- 
mos dicho , habia fijado su morada. La 
famiha de Simón Pedro se hallaba esta- 

Ocxxxviii). ¡ Ni como podía cararsc una calentura fi- 
no por milagro f 



468 HrsToniA críticjl 

blecida en aquella población , circuns- 
tancia que unida al mal trato de los ha- 
bitantes de Nazareth determinaría al 
Cristo á escoger esta habitación. -Efec- 
tivamente , parece que era aborrecido 
en la ciudad en que se educó , pues así 
que quiso predicar trataron de despe- 
ñarla; por el contrario , en Caphar- 
naum eia escuchado y admirado, y allí 
predica en la sinagoga , esplica la Es- 
critura , y les demuestra que en ella es- 
tá anunciado él mismo. 

Un sábado y estando en medio de su 
predicación, le traen un poseído que 
empieza , quizá de acuerdo con él, á 
gritar con toda su fuerza; Déjanos en 
paz (lxxxix) ; ¿ qué tienes tü que ver 
con nosotros , Jesús de Nazareth? 
¿ Has venido para perdernos (xc) ? No- 
sotros sábenos que tú eres el santo de 
Dios. El pueblo espantado esperaba el 
fin de esta aventura , cuando Jesús , se- 
guro de su éxito ,^se dirige no al hom- 
bre sino al demonio que le posee , y le 
dice : Calla jr sal de este hombre; Al 

(txxitx) No deja de ser tan gracioso como edificante 
el oír cjiíe los demonios pidan la paa. 

(xc) Xy^i suerte que 1a5 pobres diablos quedaban pcr- 
didui kl salían de acmcl hombre. 

* Jígitizedby^iUUyit: 



DB JESUCRISTO^ CAP. TI. 469 

punto el espíritu maligno tiró al suelo 
al poseído > le causó horribles convul- 
siones y y desapareció sin que nadie le 
viese. 

Los médicos , y en particular los que 
tienen noticia de los paises orientales , 
no admiten milagros de esta especie f 
porque saben muy bien que las enfer- 
medades que en tiempo de Jos Judíos 
se tenían por posesiones diabólicas j son 
originadas de los desarreglos que pro- 
duce en el cerebro el esceso del calor, 
£stas enfermedades eran frecuentes en 
Judea j país en el cual la superstición y 
la ignorancia habia impedido que la me- 
dicina hiciese progresos; asi es que fue- 
ra de este reino no se veían poseídos. Por 
esto la incredulidad le quita á Jesús un 
gran número de milagros, sin embargo, 
aun quitándole los endemoniados , le 
quedan suficientes. 

La mayor parte de los energúmenos 
que se encuentran aun entre nosotros 
son hipocondríacos, maniáticos, muge- 
res histérioas , melancólicos ó personas 
que padecen vapores ó espasmos; ó bien 
impostores, que por ganar dinero, in- 
teresar en su favor álos simples, y pro- 
porcionar á los sacerdotes algunajgiues- 



470 HISTORIA CaÍTICA 

tra de su poder , consienten en recibir 
al Diablo , para que los sacerdotes ten« 
^ gan la gloria de echarle : no hajr pose- 
sión entrie nosotros que sea capaz de re«- 
iistir á una buena paliza (xci). 

Los milagros apacientan el espíritu á 
la verdad) pero el cuerpo necesita otros 
alimentos; y entre tanto que se había 
concluido el de que acabamos de hablar» 
llegó la hora de comer. Salieron de la 
sinagoga , y Jesús fué convidado á co« 
mer en casa de Simón Pedro, donde y 
según parece, estaba todo dispuesto pa- 
ra que tuviese ocasión de hacer otro mi- 
lagro» Porque'' tanto la suegra de Simón 
no se halla enferma , cuando mas se la 
necesitaba para guisar la comida ; y Je- 
sús y que tenia el talento de curar con 
prontitud i los parientes de sus discípu- 
los^ la toma de la mano y la hace le- 
vantar de la cama : sale en efecto ente- 
ramente sana , dispone de comer, y aun 
sirve á la mesa á los convidados. 

En el mismo dia , á eso del anoche- 
cer , le traen á Jesús todos los enfermos 
• 

' (sci) T eito al que ea el evangelio. To foj testigo 

de que para sacar del cuerpo de las mugeres, porque to- 
'- das ^jfi tienen?, vale mis una lurra de palos que cien 
»il ezorcisiDoa. E« piobado. , .v. .«,,.^ 

, ■ Jígitized by VjUUv IC 



df GapharDaum , y cuantos tenian dia- 
blos (xcii) , á los cuales curaba , segua 
San Mateo y con palabras y y según San 
Lucas poniendo las manos sobre cada 
uno de ellos. Muchos demonios, salien* 
do de los poseídos , cometian la impru«* 
dencia de hacer traición al secreto del 
médico y y testificaban á yoces que él 
era el Cristo , el hijo de Dios : indis- 
creción que desagradaba mucho á Jesus^ 
que quería ó fingia querer guardar un 
incógnito. Por esto , San Lucas nos di- 
ce que él los reñia^jr no les permitía 
hablar aquellas cosas j porque sabian 
que él era el Cristo. 

Acerca de esto , es preciso notar que, 
según los trtólogos cristianos , el hijo de 
Dios en toda su conducta no tenia otro 
objeto que alucinar al Diablo , y ocul- 
tarle el misterio de la Redención ; pero 
Temos que á pesar de esto Jesús nunca 
pudo lograr el engañará su enemigo de* 
masiado astuto. Por el contrario,. cm to« 
do el sistema evangélico el Diablo es mas 
hábil y mas fuerte que Dios padre y que 
Dios hijo; y por lo menos nadie puede 
negar que no cesa de trastornar sus pía* 

(zci) Vaya qae lot CapharnaítM debían «star dadoi 
• i«.» diablas. t í.íM>ii- 

Digitizedby VjUUyiC 



472 -mSTORIA CRÍTICA '' 

nes con snceso , y que acaba por redu- 
cir á Dios padre á la durísima necesidad 
de hacer morir á su amado hijo para re- 
parar el mal que Satanás habia causado 
al género humano. Resulta pues que el 
cristianismo es un verdadero mam^f^eiV 
mOj en el cual la ventaja está siempre 
de parte áe\ mal principio. Este, por 
el grande número de partidarios que aua 
boj se atrae y hace visiblemente inútiles 
casi todos los proyectos divinos. 

Si el Diablo sabia que Jesús era el 
Cristo y lo debió haber aprendido des- 
pués del retiro del desierto , porque en- 
tonces ie hablaba en un tono que daba 
bien á entender que no le con ocia. Inú- 
til es cansarnos en examinar en que 
tiempo el Diablo adquirió este conocí* 
miento > porque , sea cuando se quiera , 
no podia menos dé ser con permisión 
divina. Concediendo Dios al Diablo. el 
conocimiento de su hijo y ó quiso , ó no 
quiso que hablase de él : si quiso , Jesús 
hizo mal en oponerse ; y si do quiso , 
¿como es que el Diablo pudo obrar con- 
tra el poder de Dios? ¿Poiqué Jesús 
oculta con su designio su cualidad, sien- 
do asi que el conocimiento de ella bas- 
taba para obrar la salvación? jY por- 

* Digitizedby Vjí^Uyie 



qué la manifiesta el Diablo que tanto 
ínteres tenía en ocultarla? Luego el Dia- 
blo contra su mismo interés, j aun con- 
tra la voluntad del Todopoderoso , ha- 
ce conocer la cualidad del Cristo. Por 
último y ú Jesús efectivamente no que- 
ría que el Diablo le descubriese , ¿ por- 
qué esperaba á mandarle callar, después 
que ya lo babia publicado ? (xcni). 
. Mas bien nos hace creer la conducta 
que observó el Mesías en estas circuns- 
tancias, que no atreviéndose á tomaren 
público la cualidad de Cristo ó de hijo 
de Dios , no se enfadaba interiormente 
de que los diablos , que estaban á sus 
órdenes, divulgasen su secreto y le evi- 
tasen el ^trabajo de, hablar : ademas de 
que: le era mucho mas ventajoso sacar 
esta confesión de la boca de sus enemi* 
gos. 

. Para no perder el crédito con los hom- 
bres 9 es menester evitar que se harten 
del sugeto, y Jesús no ignoraba esta 
máxima. En su cumplimiento^ al otra 
dia de haber obrado tantos milagros en 



(xciii) Trabajo le mancío al qae Conteste á estos ar- 
gumentos con razones convincentes. . 

Digitized by VjOOQIC 



471 HrsTOniA cumcÁ 

Gapharnaum y salió antes de amanecer , 
y se retiró al desierto (xciv). 

Todos los legisladores han amado el 
retiro : en él eá donde han tenido ins- 
piraciones divinas 9 y cuando salían de 
estos asilos misteriosos , era cuando ha-^ 
cian milagros propios para fascinar los 
ojos del vulgo ja maravillado. Se sabe 
que es bueno tener un poco de recogi- 
miento para pensar uno en sus negocios. 

A pesar de su fuga , los discípulos de 
Jesús no le perdieron de vista ; le aco- 
meten cuando se creía solo, y dioien que 
le buscaban por todas partes. Efec- 
tivamente habia aun bastante número 
de enfermos y de endemoniados en el 
país y pero esta consideración no le mo-* 
TÍO á que volviese á Gapharnaum : el 
pueblo enmendó esta falta, yendo i bus- 
carle á su escondrijo. 

Para desembarazarse de tanta gente, 
empezó á correr de nuevo la Galilea, 
en donde continuó curando enfermos j 
echando diablos, que es cuanto el Evan-^ 
gelo nos dice. En las ciudades por don- 
de pasaba , se detenia poco ó nada , y 
debía hacer sus arengas andando, puesto 

(lar) ¡Que amigo era el Señor dt los detMitoftl 

« Digitizedby Vj(JUyi(¿ 



DE JEBVCtJaJO, CAF. Ti. 47S 

que en brevísimo tiempo se halló bas- 
tante internado en las costas de Galilea. 
Aumentándose incesantemente la turba 
que le seguía con la concurrencia de los 
ociosos y babiecas que producía cada 
lugarcillo , se vid nuestro predicador á 
punto de ser sofocado ; por lo que dio 
orden á sus discípulos de pasarle al otro 
lado , al territorio de los Gerasenios. 

Cuando saltó en tierra , vino á él un 
doctor de la ley ofreciéndose á seguirle; 
pero Jesús desde luego comprendió que 
no podia serle de provecho un doctor , 
porque seguramente hubiera figurado 
mal entre aquella tropa compuesta de 
pescadores y gente baja ; que tales eran 
las personas de quienes había el Mesías 
formado su corte. Este le dio á enten* 
der que después se arrepentiría de su 
determinación , y que no podia conve- 
nirle su género de vida : porque el hijo 
del hombre j le dice y no tiene donde 
reclinar su cabeza. 

No quiso permitir i sus discípulos 
que se esparciesen por las tierras de los 
Gerasenios, á pesar de que era la patria 
de algunos de ellos. Uno le pidió licen- 
cia para ir á cumplir con los últimos 
deberes hacia su padre ; otro quiso ir á 

Digitized by VjOU^ ItT 



476 . HI8T0IUA crítica 

ver á su familia : á uno j á otro se la 
negó seriamente. Ai primero le dio por 
respuesta : d^a que ios muertos entier- 
ren á los muertos (xcv) ; y al segundo : 
todo el que habiendo puesto mano al 
arado s^uehe la cabeza para mirar 
atrás ^ no es apto para el reino de los 
cielos. 

Los incrédulos hallan en estas res* 
puestas una prueba de la dureza de su 
carácter y del espíritu despótico y es- 
clusivo de Jesús , quien bajo el pretesto 
del reino dé Dios obligaba á sus discí- 
pulos á faltar á los mas santos deberes 
de la moral. Pero los cristianos ^ dóciles 
á las lecciones de su divino maestro , 
que no se atreven á examinar, hicieron 
consistir la perfección en un total des- 

Í^rendi miento de los objetos que según 
a naturaleza deben serles los mas que- 
ridos. De consiguiente , el cristianismo 
parece proponerse el separar los hom- 
bres entre sí, aislarlos, y quebrantar lo» 
lazos que debian unirlos ; porque, según 
las máximas del Cristo , solo una cosa 
kaf necesaria ^ y es el adherirse á él 

(xcv) Si los muerto* no se liubieseti de enterrar sino 
|)oi- otros muertos, ¿cuantos siglos hace que no habría 
vivos ? ; Que mániraa tan e«celeate de policía ! 

Digitized by VjUUy H¿ 



ésclasit^aipieale., Máxima muj '6til par» 
ípeiire^Rel'cidoy pero mujr propia p^ 
ra. d^atiruír toda sociedad ^a la tierra 
(xpVi). :. . 

. Deapaea.que nuestro Misionero pasp 
algiia tiempo .ea. el país de ios Geraaer 
nio^i donde pareoe q^e permaneció d^ 
Mcógaitp , mi .di^ ) ja 4 la caida de <}fi 
ti^rde, se, hizo .pasar :á la orilla opuestii 
del lago después de haber despedid.p ni 
paeblo y que ^ aunque se habia reunido 
allí para oírle y no le predicó absoluta* 
mente. Jesús que se hallaba fatigado se 
duerme , cuando una tempestad furiosa 
acomete la barca en que iba y y sus dis- 
cípulos asustados , en la persuacion de 
que su maestro tenia mas poder des- 
pierto que dormido^ le llaman y le ma- 
nifiestan el -prfigtti'^^STJVii); Esta accioa 
W valió' serias reprensiones acerca de 
su poca fé y mientras las cuales fu¿ ce«* 
diendo la borrasca ; y en seguida Jesús 
en tono de amo mandó al mar que se 
sosegase y y al punto fué obedecida esta 

fxcvi'] St cien arios *nU¡tf ¿e ntídet San loaquín f 
habieran los bombrres segoido tal doctrina > ¿ habría- iki« 
cido el Mesías ? 

(xcvir) A la rerdad , si era liííó de Dios ^ y sal>ia da 
eonsi guíente lo que estaba •ocediendo , ¿& qu« le des«» 



^7^ ' rta^oRfÁ bfáriek 

^Vdfen. Sin éÉribargo de e&Hé prodigio, 18 
-féidelos discípulos aut» estuvo por mtt^ 
Jdio ticftíípó vacilante. Quicá' h teínpes^ 
tad de que el Evangelio nos hace uña 
'descripción tan ^pbmj3^sá'Vilio fcié ^nas 
ijúe ün ventisco tjue sé'apatíig'eió por sí 
•miámo. Inihéliia€étiiént^^a*^gres6 Jtfsus 
^ill país de los Gei^aíenkMSy «Ih hábét pi^ 
^dicádo üi becl^ iiüilafiftoái'la pai'te d¿ 
ÍÉllá. ^ 



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WS JSSOCAtSTO , CAP. Vlf . 4 79*" 



CAPITULO vn. 

Jesús sana á los endemoniadas. Mi- 
lagro de los puercos. Prodigios 
obrados por el Cristo hasta eljin 
del primer año de su misión. 

HiBiENDo Jesús desembarcado otra vez 
en el territorio de los GeraseníoSi tomó 
una senda por la que nadie pasaba ja 
hacia mucho tiempo ; porque dos en- 
demoniados y que habitaban en los se- 
pulcros de aquellos contornos , hacian 
muy peligroso aquel sitio (xcvm). Ape- 
nas se presentó el Cristo , cuando Joa 
dos furiosos corrieron á su encuentro ; 
pero como entendía bien esto de ener- 
gúnnenos, al instante que los vio se pu- 
so á exorcizarlos, para echar de ellos el 
espíritu inmundo. A pesar de su sabi- 
duría divina , se esplicó en esta ocasión 
coa bastante impropiedad , porque no 
era un diablo solo sino toda una legión 

(«KOTiii) Pregunta mi curiosidad : ¿ de que se mante- 
lúaa los doi imelioei en lo» tepidcros ? ¿ eran gutauoi?- 

Digitized by VjUUy It^ 



480 .. HTSTOJUA CRÍTICA . 

de diablos con la que tenia que liaber>' 
las. Uno de ellos riéndose de la equÍTO« 
caciou del hi)o de Dios que le pregun- 
taba su nombre , le respondió : legión, 
esjni nombre j porgue muchos somos^ 
pintonees Jesús capibia de baterías, j ya 
iba á desalojarlos y cuando los diablos, 
empeñados eo quedarse en el pais ó con 
muy poca gana de volver á los infier- 
nos , propusieron capitular. Uno de los 
principales artículos «ra , que de salir 
de los cuerpos de los poseidos babian 
de entrar en una piara de puercos que 
pasaban por la pendiente de una .colina 
que estaba cerca. Jesús quiso por esta 
vez conceder algo á petición de los dia- 
blos y y no usar con rigor de su auto- 
ridad. Ni él y ni los suyos , ^ á fuer de 
buenos Judíos , comían cochino; y así 

Í*uzg6 que este animal , prohibido por la 
ey de Moisés , pedia servir de acogida 
i todos aquellos diablos. Consintió en 
el trato, y en virtud de él salieron los 
demonios de su antigua posesión para 
entrar en los puercos, los que teniendo 
el diablo en el cuerpo se estremecieron 
ó se espantaron naturalmente, y corrie- 
ron á precipitarse al mar, en el que se 
ahogaron cerca de dos mil. 

Digitized by VjOOy H¿ 



DE J^SÜCRÍSTÜy CAP. >U. ^ Sf 

V 8i una legión de diablos se compooia 
áel mistao número que la legión Roma** 
ha , debemos contar que eran seis mil 
los diablos , y que según buena cuenta 
tocaban á tres diablos por cerdo : nú* 
mero suficiente para determinarle al sui-* 
cidio. ' 

' Autores muy graves nos dicen que 
Jesús nunca se rió ni aun se sonrio (4); 
pero es bastante increíble que el hijo de 
Dios conservase su seriedad después de 
haber concluido se n^ejan te travesura. 

•Sin embargo , no pareció cosa de rififa 
álos porquerizos , quienes tuvieren este 
bello milagro por tan poco divertido ^ 

' (i) Mr. Fleury, tú fas Costumbres de los crisiup^ 
nos ,péL%. 1 4 do la edición frátiqesa 4e. i7oi , d^ce h»^ 
blando de Jesús , estas palabras notables : Era muy se^ 
iHo. Se le vé llorar en dos ocasiones ; pero no se dici 
que se haya reído jamas, i ni aun (jue ¡^ sonriese dul- 
cemente, como nota San Crisóstomo. Como los hom- 
bres están acostumbrados á mirar á Dios como un s«r 
riguroso y <{ae no entiende de cbancaa, exigen miKb^ 
gravedad de todos cuantos vienen de su parte. Cuanto 
mas triste es an9 religión , mas agrada á loe hombret, 
pOHfue gU3tan tener miedo; y asi los reformadores, si 
han de nacer algo , es preciso que tengan siempre un es- 
tertor austero. Los devotos prefieren an confesor doro y 
áspero á otro de buen genio : un predicador que bacA 
temblar, siempre tiene mucbo séquito — \josJansenis^ 
ttts sotí unos reformadores, que se esfuerzan en reducir 
á los cristianos á su tristeza primitiva > y que saldrían 
CQU resucitar el fanatismo de loa iiempos apostólicos, 
«i el mundo no hubiese vAfiado* 

* '~ Jígitizedby Vj(JU^H¿ 



48S . HISTOAZA CmÍTICiL r 

que fueron á lamentarse á 8U8 anoboa, 7 
corrieron por la ciudad : asi que lo su* 
pieron los dueños del ganado , lejos áfi 
convertirse, Be querellaron de un pro» 
digio tan costoso para ellos , y preten- 
dían que este suceso interesaba al pú- 
blico. A consecuencia de esto , los Ge* 
rasenios salieron en cuerpo á oponerse 
á que Jesús entrase en su ciudad ; y i 
falta de fuerza , le rogaron que cuanto 
antes saliese de todo su territorio. / Hfi 
aqui el efecto que produjo el milagro 
de los puercos ! 

Este memorable acontecimiento debe 
ser cierto porque lo atestiguan tres evan* 
gelistas y aunque varian en algunas cir* 
.cunstancias^ San Mateo, por ejemplo, 
nos dice que eran dos los endemoniados; 
y San Lucas y San Marcos, que solo era 
uno , pero tan furioso , que según este 
último no se le podía atar ni aun con 
cadenas (xcix). Lucas sabia que el De- 
monio le llevaba muchas veces á los de- 
'siertos; y San Mateo tenia noticia que 
pasaba dias y noches en los sepulcros y 
en las montañas vecinas. 

Los inoi'édulos pretenden encontrar 

(xtiv) ¿ Qu« hombre feria ««te, á quien ni Uf cade» 
1UU mas fuci tes podían sujetai- ? 

Digitized by VjUUy H¿ 



e^rorfs 9apitale$ y signos evúleotea de 
fiikedad en ^sta relación por otr^ parto, 
bien ridic^^a* 

. i? Xie3 sorprende ver i los diablos , 
que según los cristianos están condena-, 
dos á tormentos sin jGiti.enlos iofiernos, 
s^lir de ellos para apoderarse de los ha- 
bitantes del mundo. . t 
2? Les es también muy estrago que. 
el Diablo ruegue al hijo de Dios^ siendo, 
de fé filtre los cristiaaps , que par^i ro-, 
g^r ú orar es menester la gracia ; y que 
sJl los condenados no pueden suplioiar u^ 
QT^r^.pon mayor rason debe ser negada^ 
esta gracia á los gefes de los condenados», 
. 3? Se escandalizan de un milagro por 
el que Jesús hace bien á dos poseídos eil 
perjuicio 4e los propie(,arios de dos n¡)iÍ[ 
^erdof I que por lo menos deben com- 
putarse en veitjite .mil escudos de oji^fr 
tr^ fi^oneda; \o que no padece muy coijV; 
forme á las. reglas de. la equidad* 
. . Hi^ J^mpoGo es íácil comprep4er, co;^ 
yno. los Judíos 4 l^^ cuales^ su ley iiispi-»^ 
raba hor(*pr á los puercos» tetn^n tac^ 
i'uertes manadas de, unos animales que 
entre ellos de casi nada servían, y á I04 
cuales ni aun tocar podían sin luccrse 
inmundos. . - . , 

Digitized byVjOOQlC 



48%' •' ÉiarckiA CRÍTrcA ' ' 

•"5* Les parece mu jr.incieceDté ,á! hijo" 
de Dios hacerle entrar en composición 
con ios diablos; ridiqula su entrada en- 
Jos puercos ^ y en fin injusto que entren 
en puercos que 6ran ágenos. ' 

Nada se vuelve á decir de lo qne les 
sucedió á los diablos después de su caída 
en la mar; pero se puede presumir que* 
después de salir de los cochinos entraron 
en los Judíos , para proporcionar al Sal- 
vador el placer de echarlos de nuevo: 
porque seguramente las curas de los en- 
diablados eran de todos los milagros los 
que hacia en mayor número , y en los 
que estaba mas diestro. 

En cuanto al energúmeno sanado por 
Jesús y penetrado de reconocimiento faá* 
¿ia su médico á quien quizá conocia de 
antemano, iqüiso seguirle , seguil San 
MaiH^os; pero previendo que su tes ti* 
íhonio seria sospedioso si él iba en e| 
séquito del Mesías , este preíitió qué 
fuese A anunciar á .su familia las merce* 
des qué había recibido del Señor» Era 
natural del pais de la Decápolis , que^ 
como hemos visto , estaba muy dispues- 
to á creer fácilmente ; y asi luego que 
nuestro hombre contó áu aventura , to- 
po el mundo se llenó de admiración. 

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Sa docilidiBid M creerá sib baber iiUto 
nada , es bien iiiférefite del oaráder d« 
los Geraseniós^ que siendo testígos ocu*- 
)áf es del prodigio no solo nú ;¡e admi-» 
^ ran ^ sino qoe rehusan impolíticamente 
á su autor ía entrada en- su ciudad* Fre* 
caentemente véttios en él «Tangelio, qué 
ser testigo de un milagro es una raao& 
pera no creerle. 

La dureea é^ incredulidad de los Ge- 
tasenios, y sobre todo la súplica que 
hideron al Mesías de ^ne no entrase en 
el .pueblo 9 le obligaron á, volverse á 
embarcar con stt tropa para volver á 
Galilea donde fué bien recibido. ISÍo se 
dice sin embargo si predicó ni, si hizo 
milagros ; ni menos se sabe cuanto tiem-- 
po se detuvo alHv Los amigos de Jesua, 
los parientes de sus discípulos. y su mar 
idre recibían de tiempo en tiempoi las 
nuevas de sus prodigios , qué ellos té- 
mían la atención de esparcir, y él por 
BU parte supo que le deseaban , contesto 
regre$ó á Capharnaumi Apeoas ^se «upo 
BU llegada, cuando el pueblo siem^pre 
ansioso de sermones y de milagros se 
agolpa junto á él ; ni en su oaaa> ni en 
el espacio que había delante.de su puer- 
ta , podían caber las turbas : necesitaba 

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•egárarmenlie dU». b yoZ'4e lin esféM^, 
paraiíaceraa entender de I09 últimos^ 
y. quizá' los ocioMS. cooUtotoa con ir e^ 
éu seguímiettto > 8Ío saber, por qu^^ %pi 
se €ittiabaa ouicbo de oirle» . 

Los Fatiaeoa , i qui^n^^ coi»fD|saba 4 
tliacer sombra el tplaiiaA 4« J^us , den 
4winiiuiron wtt por «i oiisinos si lo qiK 
se decía de él era verdad* Para de^fi-r 
-gaAarae , los'dóctores^de Galilea , que 00 
«raiii de los admiradores de nuestro 
ilisíoneco y Ittéroii a buiscarle } le ojerofi 
«predicar,, y selíeroD de .6U« seroionM 
anas prevenidos cootra q1| y basta «as 
mismos milagros no los pudiei^Qn.con* 
«vertir; y eso que nos dice San I^uc^s; 
'La ifírtud del Señor obraba en su prs^ 
Mncia para la curación de las.en/er^ 
-medad^s. 

< • Pero como ya bemos no(ado > los mí- 
4agros del Mesías no parece qne s^ bir 
'cieron sinO' para convencer i los qu^ 
«no loa veían!; y por esto aquellos mila- 
(groa son creídos ai presente por persor 
ñas que no querrían cieer los que boy' 
?ee bicieses: en su presencia. Eo Paris^ 
:todo el mundo cree en los milagros d^ 
Jesús , y bay muclios que dudan de los 
.^e han heciio lus J¿tnsem¿>tas, de alr 

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l^aoB'de los cuáles kan' sido testigMi 
, Guatra hombres quf llevaban un. pa» 
ralitico en su cama , no podiendo abríii^^'' 
)^' para entrar basta donde «s(aba Je- 
MUS j discurrieron encaiamarse con 8« 
carga sobre el techo de la casa y y abrir 
eii él ttn agujeno para descolgar al e«^ 
fermo en su lecho á los pies del médif* 
co. La oouírrenóla .le pareció nueva é 
SBgentosa^ y diidgiendose al enferaiO'i 
h&nbre, le dijo , p^donados te son 
tus pecadas. '^E^M. absolución 6 remif 
ñon fué pronohciadtt Án duda para tfom 
la ojesen los doctores emisarios, qué 
se eseandalifiárón mucho. Entoñoea Je» 
sus adiv^inanéo sus disposiciones por «í 
entendimiento y les dirigió estas pala*** 
-bras: ¿ijue pensáis ^ en vuestros cora- 
zones? ..'••'!> 
' 23. Qjial es mas fácil j decir: per^ 
donados te son tus pecados ; ó decir: 
levántate y anda (c) P 

Esta cuestión propnesta con intrepl** 
dez en medio de un pueblo fanático y 
preocupado , no dejaba de ser embara*- 
«osa 9 y asi loe doctores no tuvieron a 
bien responder. Jesús aproyechándose 

(c) Decir por decir , tan fácil encuentro yo uno co- 
mbo oCit). "" 

• JÍgitizedbyV^OOyit: 



48t r ^mm|to^MA €íím&L i 

fttttoflcdsdé su difioiiltady j aéguro di 
flu papel 9 dijo al paralítico i levántate, 
toma tu lecho jf vete á tu casa. 
" Esíe. prodigio' Ueaó de a&¿>mbro los 
jeapírítus^ e hizo ^obre todo temblar á 
nuestro» doctores espías^ con lo que el 
valgo gritó : hasta hof no hemos visto 
maravillas* .... . i 

*' Aunque ^ aegunse dice y los doctorea 
M qaedaron pasmados , no/ por esto sé 
convirtieron; y á pesar de la, cura del 
paralitico no .creyeron en la absorción 
^ue le concedió Jesús; Podemoa muy 
rneursuponer que en este milagro kul^ 
circanslattciás.que le hicieron. sos pecho*? 
«o, y aun el £vaogelLo<^siDk). puede 
^e nos dé tu^ en el isuuto.- 
- .. ObserTaremos preriamenteqne cuasir 
do un hecho mismo es contado con va- 
•liedad .por diferentes autores, iguales en 
autoridad y hay motivo para . dudar de 
él ; ó al menos tenemos derecho para 
'dijidaí' que haya sucedido del modo que 
1^ supone. Este principio de critica de* 
¿eria ser tan aplicable á las narraciones 
ide los autores inspirados, como á las 
de los denlas escritores» San Mateo nob 
dice solamente que le presentaron á Jesús 
un parafltico; y que le curó, sin hablar 

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üoft palabn de k estrafla drcoDatimcfai 
de la abertura del techo, y demás ador<^ 
nos con qoe San Mareoa j San Lucaa 
enriquecieron su historia: luego teñe-» 
mos facultad' para au^nder nuestra 
ereencia oon respeto á este 'hecho y 6 ú 
k> menos pam ¡creer que no pasó como 
le cuentan algunos de los evange^ia^ 
tas(2>. •/./;• 

En segundo lugar , Marcos > Lncftia 
qne'cnentan qtíe subieron al enfermo e4 
au lecho hasta U mas altvde ]|ji teasa '^ñ 
que estaba el^Grtsto y habienddllo^dichb 
antee que era tanta la gente'V'que loa 
que le Uevahali no habían podido abrir^ 
se paso , SQponen , sin asesarle , otro 
gran milajgré } porqne en efecto- está 
d'peraeioft ;s«tpoae> due los que UerabM 
el entfermo se abnefon paáo^ porqél^ 
ellos Hegaron , sin saber como , hasta 
Kis jparedes de la casa y y subieron , Sili 
aabéH»e>por donde , cargados con el en^ 
feñofO' y coa su caina basta encima del 
tejisdori Lucas dice que hicieron un4 
abertura en dicho tejado y y en- este ca<^ 

$o parede que- el pueblo debía Yerlos^ 

' ' - i 

(») Covníárefife eit esta Irictoriv á San Mateo en d 
cap. IX, á San Marco» «n «I cap. Y « y á San Lucftij^ 



j principifelmeate todos los icpua ocapt^ 
bao la casa , que estabao coo la inayoi . 
atención oyemio las platicas de Jesosi 
debieron oir:et ruido que. harían unos 
bombres cargados con un enfermo en m 
j^áma) pam-. subirle sobce .un> techo, j 
mas para romper en el un agujero por 
el que t cupiese; todo. Esto operación ,enk 
auu mas difícil si el techo , en yez de 
iMtar cubierto de Jtejas^^erb: un terrado; 
y á la tiPrdád las caaas de los orientalea 
I9sl;aba9i|r aun estaa en el diaioubiertaa 
de estfSoffiddo. Tedas ejstte. dáficaltadeV 
dato motiy^atsuficientes. para dudar dk 
e#te ;gráu m^agró y el.Gual.se hará ma$ 
?irfrosÍEB¡il. si euponemoa que di enfermo. 
Ae haUabüi de antemano *er| la casa de Je* 
ws;,: ddtkdie estaba ja todoc |Hr)e?enídoi^ 
estoeiST, qtifSM hiüo bajar pot una tram^ 
fu» á ua pavalitioQ que , debia > sfBgura-^ 
llieqte curarse por órdén d«L Afe8Ías« 
Esta; eacena ^dia parecer mara^Uisat 
i Uq popuJaobo dispuesto i ver pmdi-* 
gips en tódisi^ partes; pero nd admiró 
tanto, ¿ los doctores que habian tenida 
paf9 ob^ei^ar de oerca la.conduota' de 
nuestro aventurero. Bien conocieron 
(ellos que era peligroso* contradecir á los 
fanáticos poco racionales ; pero no poi? 



«Éif f^íerab mayor crédk»i«l joilupo 4% 
-^iie 4iabiao «ido teatígos* ^ , 

i'^ Poc&s: diaa deapoes ma^Aó Je9w4 
'prodicar á lo lar^o de latosta» y a| p^ 
•O'Ttó'en uña oficina dt. ro^goardo 1 it/fir 
iüeb'y «no deJoaeomjstOAadoa^ V^Mr 
-tabf sentado al mostrador* &i preaem^p 
l^stó al Mesías^ y le.lbmó: €o« lo jQiifl4 
m|eftti*o aseiiitíata . iolmllerQOr df [ó «t 
f»6e9lo . pato se^irle , deapoea de i.hal)^ 
^dojuavgrancoiiiiiie iJtmi$ já.Wge^t- 
itti'enpéate eoiayiAeipmorá^la.iDeiii is§» 
el Mesías publíoímoaQ, gUMrda^i y i^Ust^ 
Remallas deí ¿bala tiota {ti};^ y los {^ri- 
;seok'3/)ídoctoi» : ^ue espíiihaiiii jite^^ii^Y 
vinieron e.<$presamente i casa de Mateo 
para asegurarse de este hecho. Ocupado 
^q«iel ek kr «ooMla ^ bo -.ae. acordó por 
'él .pronto que lé observabais , haita que 
las obóvertaeiénea' que llegaron á sm 
jgíidos escita ron sü íilteiicfofi : estás erah 
la^de los doctores tjue echabaB.en caira 
%' los discípulos el que bebiesen y cd^ 



• (^) Entre \o$ BomaQOi, eran IcM anrencladortt é co|> 
'bfWDTes de W «lerecVoe públicot. , , 

' (d) Nada de estraiío tiene esto, porque cada cuat có|i 
-ati «ada cual: cada><»feja , etc. Mas se esU'añai ia que ^* 
••re dios se hubiesen encontrado personas de supok^*- 
cion.... Pero no hubo este peligro. , ,,, ,/,,^ 



I9f ^ruammk -nímA : 

teiesén eon -gentes de tan mak re^nl^- 
cíon. « ¿ Gomo és y \és diriaa ^ que vueir 
tro maestro', que tonto recomieiMta la 
virtud y la sobriedad , la peníteiuiá ^ se 
atreve á presentarse en público tKm/taa 
mata compañía 7' ¿Gomo se faiaíiiaraa 
<con los J^ríbokles^ monoj^oliátasiy )prédr^ 
«óMs «cayas-estic^rsiones é injo^ticiafl hf 
liac^n tan odiosos ú la oálBÍoa:? ¿cBorqoe 
1Hev9t üoii^gio múgeras 4a mai "^ivir^ Ai^ 
les cbmo 'Susana y 'esta JiMfía] í qais Je 
iicoiÉipaflafrsm' cesar, 3r\mi& lio le.'id>atth 
ídéiían; un momento {fi)U !. i ^ . i : h 
' Los dísdpálps sorpváidídQís Gen estap 
cieitionívéneíoáe» no aopieixm; ctínteatar 4 
.^ •»• ' •:• I.'.:-. ;- . . .. : .r..; . , ' y f 

<>•-;■ .---•• '- • !•.•: '.v;s.. .; 

't f}) < kúnqtn lé«bi%M tan MÉS(';«Ky4ej»b» ie.aeiiHf 
4^áaf<»|>pr|Ias xnu^ereí; j áflf rfv4<^^ los ipclancólicot 
no soo los menos susceptibles de esta* déblHáatl.' ItfsrrAi 
Wi^dáleAft íé^á^fr to4»<MioiiV9é«é «1 m^Moi ^ .i|i 
^4cv|Has^ afeiS^uosay, .^ jl^ las ^pugeres desarregladas» á 
quienes su tempefí^niento determina comuntanente iftt^ 
tTtpit§é6 It^maíth'Ooik tMUyniúot dvspuw 4^ M pHt 
Tari^OR, 99«po.ie'babiai^ entregado ante» al viundo t,i& 
«US amantes.' Los jUi^Bñiii pi^'eténdtaví <|utK fai Magdi^ 
lena había tenido con el Mesías relaciones poco iiiocen* 
tes. y, la C^isliada , tom, J^. La Facultad de París de- 
cidió eón la itiájor ^t'üvledad, «n t6it>, que ^aHf¿7 Aft»^- 
éaUna, Maria ^ hermana dt )LaMro , y Jllarr£ri.ltteiQri¿» 
san:!) no eran mas que una sola muger ; pero después 
la Sorbona mudó de ^arfeóet* i y abol-a pretdhdt que ton 
tres Mhrias distintas. Píense á Bernm^» Numa$ dt Im 
Jtepública littraritt^ tom. XXI» fmg, lao,/- «i tom^ 

XXXII, páf¡. l40, D,g,t,zedby^.UUC5lt: ' 



DE JisüciasTo, GAP. Tin 495 
pen> Jesús ^ 6Ía desconcertarse, les res^ 
pondió coD este proverbio : a Los sanos 
m necesiian de médico j sino losenfer^ 
mos.Yi Y en seguida les cita ua pasaje de 
la Escritura , que no se encuentra ea 
parte alguna. Jí prended^ les dijo, que 
cosa es misericordia : quiero s y no' 
quiero sacrificio. Parece que los doc- 
tores no se dieron por vencidos , por- 
que Jesús paso á decir : que ¿I no nabia 
venido á llamar á los justos á lapeni^ 
tencia j sino á los pecadores. Y si esto 
era así , ¿ porqué desecha $ los Fariseoa 
y doctores , á quienes llama sepulcros 
blanqueados ? O los adversarios de Je« 
sus eran justos ; j entonces*... nada de- 
cimos; ó eran pecadores, y en este ca- 
so él habid venido para traerlos á pe- 
nitencia , y por consiguiente no depia 
escluirlos. 

Por mas que Jesús paliaba ó justifi-^ 
caba con sus ciertas razones la conducta 
que tenia , se esparció tal cual era. Los 
discípulos de Juan que la supieron , y 
quizá con alguna envidia , le pidiéronla 
razón de la gran diferencia que se nota- 
ba en su género de vida y la de sus dis- 
cípulos , con respecto á la del Bautista 
y los suyos. «Nosotros ayunaAios , vi* 
Tomo i. Digitl^Sby^iuo^it: 



f91^ nrsToniA CMtícA 

nieron á decirle j mientras que voso^ 
tros os dais buen trato y coméis bien. 
No.sotros practicamos la austeridad y 
vivimos en el retiro, mientras que vo* 
sotros vagueáis continuamente de aqui 
para allí y frecuentáis las casas de per- 
sonas infames , etc.i) La reconvención 
hacia alguna fuerza , pero Jésus se eva- 
dió muy bien diciendo : 

15. ¿ Por ventura pueden estar tris- 
tes tos hijos del esposo mientras que es- 
tá con ellos el esposo ? Mas vendrán 
dias en que les será quitado el esposo ^ 
y entonces ayunarán. 

1 6. Ninguno echa remiendo de pa- 
ño recio en vestido viejo / porque se 
Ueva cuanto alcanza del vestido j y se 
hace peor la rotura. 

' i7» Ni echan vino nuevo en odres 
viejos. De otra manera se rompen los 
odres , y se vierte el vino j y se pier- 
den los odres. Más echan vino nuevo 
en odres nuevos j y asi se conserva lo 
uno y lo otro. 

Luc. cap. 5** , V. 59. jT ninguno que 
bebe de lo añejo quiere luego lo nuevo, 
porque dice : mejor es lo añejo. 

\á>s discípulos de Juan na4a tuvieron 
que replicar sin. duda á razones tan pro- 

4 , Digitizedby Vj(JUyH¿ 



DE JESUCRISTO , CAP. Til. 4 95 

fiíndas.y convinceutes. Aparece que Je« 
.sus y cuyo ejemplo es seguido por nues- 
tros modernos doctores , salía fácilmen- 
te de cualquier dificultad á &vor de 
^algun enigma y logogrifo , ó un confuso 
galimatías { argumentos todos muy pro-* 
pios para cerrar la boca á los que no 
tienen humor ni paciencia para dispu- 
tar eternamente sobria cosas ininteli- 
gibles. 

Este hecho nos prueba que no eran 
los Fariseos y doctores los únicos que 
se escandalizaban de la conducta de Je- 
sús y de las personas con quienes se aso- 
ciaba : verdad que está confirmada po^ 
el Evangelio Qi), Pero esta misma con<* 
ducta de Jesucristo da conocidamente 
la victoria á los Jesuítas y á los que 
siguen la moral laxa y suministrándoles ^ 
armas invencibles contra los JansenU- 
tas y Rigoristas modernos. Debemos 
ademas advertir que las acciones y las 
palabras de Cristo en esta ocasión au- 
torizan y justifican lo que hacen y di- 



(4) V. S. Mat. cap. TX , S. Marc. cap. 11 , y S. 
Loe. cap. V ; y particiklarinente la epístola atribuida á 
S. Bernabé , en la que este apóstol dice formalmente, 
^ue loí apóstoles que el SeJior escosió eran hombret 
perversos é inicuos sobre toda maidaa. 

iígitizedbyV^OOyit: 



496 HISXOEIá CttirlCA 

cen nuestros santos conductores y y so^ 
bre todo nuestros señores los obispos, 
quienes luego que se les reconviene con 
su mala conducta, nos cierran la boca 
con decir que es menester hacer lo que 
ellos dicen , j no hacer lo que ellos 
hacen. 

Es preciso confesar que la oposición 
que se encontraba entre la conducta de 
Jesús jr los principios recibidos entre los 
Judíos , y aun en su misma doctrina , • 
exigía grandes milagros para probar su 
misión ; y esto no lo desconocia nues- 
tro Misionero, cuando los prodigios eran 
sus mas fuertes argumentos. A la ver* 
dad son los mas propios para convencer 
al pueblo, porque este nunca se pica de 
. lógico, antes bien se halla dispuesto á di- 
simular cualquier cosa aun hombre que 
hace á su vista maravillas, y que posee 
el Secreto de dominar su imaginación. 

Después de haber dado este tapabo- 
cas á los discípulos de Juan, vinoá ver- 
se con el Salvador el gefe de una sina- 
iPZ^'i y le suplicó que fuese á imponer 
las manos sobre su hija de doce años de 
edad \ la cual , según San Maleo , estaba 
muertaj y según San Marcop y San Lu- 
cas solo estaba bastante e^krma : di- 

Digitized by VjUUy H¿ 



DE JESUCRISTO, CÁF. Vil. 497 

ferencia que no deja de. ser dú alguoa 
consideracioa (cii), Je&us' accedió , y 
mientras caminaba hacia la c^sa , nues- 
tro héroe se eoiifrdecló de tal manera que . 
salía una virtud de él ^ que coraba á 
cuantos se hallaban en su atmósfera. 

No haremos reflexión alguna acerca 
de la natnraleza de esta virtud ó tranS" 
piracion dkvina, y solónos limitaremos 
á observar que fue bastante para curar 
repentinamente á una muger que hacia 
doce años padecia un flujo de ^ngre ; 
cujra enfermedad sin duda verificaron 
los testigos tanto como su curación. Con 
este motivo echó de ver el Cristo que 
había salido de él una buena dosis de 
virtud (ciu) ) y en su consecuencia se 
vuelve hacia la hem(^rroísa (civ) á quien 
sus discípulos habían apartado con as- 
pereza^ y viéndola prosternada á sus 
pies la dijo : ffijaj ten confianza^ tU 
fé te ha salvado. 

La pobre muger, á quien habían ater- 
rado los tales discípulos , coatenta con 



(cu) La diferencia no ea gran cosa: nada mas q^e 
hk de txUiir ó liaJser eicistido. 

(ciii) Esto es , se desvirtoó considerablemente. 

(ctv) Esta palabra cf gtiega , y sigaifítfa la que padc 
ce flujo sanguíneo. DigtizedbyV^uqyit: 



498 HisToairA crítica 

escapar de entre ellos á tan poca costa, 
confesó á voces que había sanado. 

Asi que nuestro Milagrero llegó á ca- 
sa de Jairo ( que asi se llamaba aquel 
gefe de la sinagoga ) ^ le Vinieron á avi- 
sar que su hija acababa de morir, y ya 
hallaron la casa llena de músicos (cv) 
que tocaban un concierto iúnebre á es- 
tilo del pais. Jesús, que por todo el ca- 
mino habia hecho desembuchar al pa- 
dre de la muchacha enferma cuanto po- 
día convenirle , no se aturdió con la no- 
ticia ; hace ante todas cosas despejar la 
habitación , y entrando solo la resucita 
con algunas palabras. 

En hechos históricos deben preferir- 
se dos escritores concordes á un tercero 
que los contradice. Aquí Lucas j Blareos 
afirman que la chica no fótaba muerta, 
á lo que se agrega que el mismo héroe 
debilita su. victoria ; pues cuando le di- 
cen que estaba muerta , les responde 
que solo estaba dormida (cvi). 

Ademas , el padre habia instruido al 
médico del estado de la mozuela, y es- 

(cv) No parece que se descuidaron los seiSores mósi- 
COS. ¡ Que antiguo es andar á la husma! 

fe vi) O si se dice que efttabn mueita , faltó á la ver- 
dad el que dijo que cía la miioia \CAdad.y^<J^yit: 



DB1B8UCEISIO, CAP. Vil. 499 

tey mas diestro que los demás en lo que 
podía ser, no crejró que en efecto esta-* 
ba muerta. Por esto entró solo «n el 
-cuarto doude estaba , seguro de hacerla 
volver si no era mas que un accidente ; 
y si .en efecto la hubiese hallado difun- 
ta ^ no le faltaría que decir al padre. "^ 

Sea lo que quiera, Jesús no quiso que 
este milagro se divulgase , y prohibió á 
los padres de la niña el contar lo que 
pasó : quizá porque temió que este mi- 
lagro escitase mas y mas la indignación 
ó el furor de los Judíos de Jerusalem á 
donde iba á trasladarse pronto para ce- 
lebrar la Pascua. La relación de este pro- 
digio confirma la idea de que el hijo de 
Dios aprendió en Egipto la medicina , y 
que eñ particular conocía las enferme- 
dades espasmódicas de las mugeres: ni 
es menester mas para que el vulgo ten- 
ga á un hombre por un hechicero > ó 
que hace milagros* 

Puesto y^ Jesús á hacerlos de oficio» 
no paró aquí y sino que según San Ma- 
teo (el único que cuenta los tres mila- 
gros de que vamos á hacer mención ), 
dos ciegos que le seguian empezaron á 
gritar : Hijo de David ^ ten piedad de 
nosotros* i 

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200 SIATORfA GaiTOCA. 

Aunque Jesús, en cuanto Bios^ M- 
• píese Ips mas ocultos pensamientos' 4e 
ios hombres^ deseaba ser asegurado vet- 
haluiente de la disposición de los enfer- 
mos que asistía : y asi les preguntó si 
tenian bastante fe, 6 si oreian sinoerdír 
mente que ^1 podía hacer lo que le pe- 
dían. Nuestros cieg^ re^pofijliercNi que 
si y y entonces tocándoles los ofos les 
dijo : que os sea hecho según s^u^sira 
fé ; y los ciegos vieron al ir>staáte. 

No es poñbie conciliar la fe tan pron< 
ta y viva de estos ciegos con la pooa 
docilidjad que manifestaron en seguida. 
Su médico , qué podia tener buenas ra- 
zones para no querer ^Kt conoddo, les 
prohibe espresamente hablar de su cu- 
ración ; y lo primero que hacen , es djh 
vulgarla á porfía por todo el pais. £1 
silencio de los que fiíeron^testigos de es- 
te gran milagro no es menos estreno que 
' la indiscreción de los ciegos que fuerQn 
el objeto. 

El milagro mas grande que yo en- 
cfuentro en todo, es, el endurecimiento 
de los Judíos , el cual fué tal , que tan- 
tos y tantos prodigios^ obrados unos 
tras otros y en el mismo dia, no fueron 
capaces de convencer á uno solo de los 

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DE ÍEÉÜe9i1StÓ y tkiV TU. 204 ^ 

doctores. Sita embargo , Jesús, lejos de 
desanioiarse, quiso aun mostrar un vis-p 
lumbre de su poder : trajerou á su prer 
sencia á un mudo que< estaba tamrbien 
endemoniando, y ?íesus b^cbó al Pecaó- 
nio y y el mudo empezó á hablar. 

A v¡3ta de e$té ijjilagrq, el pueblo «ei- 
gun coslumbre' se llenó de asombro > 
mientras que los doctoi-e^^ eintre lo& cuat- 
íes liabia también sus exorcistas , nó 
TÍeron en él cosa que les sorprendiese. 
Solo le echaban en cara que hacia sus 
exorcismos en el nombre del Diablo, lo 
que en efecto era caer en una manifies- 
ta contradicción. Esta jio probaba la 
divinidad de Jesús, y si que los Fariseos 
no siempre raciocinaban bien , y que se 
contradecian , como les sucede á los su- 
persticiosos y crédulos. Guando los teó- 
logos están disputando , se taota que los 
de diferente partido disparatan, y que 
se destrujfen entre si mutuamente (5). 

(5) Dom LatasU, celebre Benedicto del partido Mo - 
linicta , ha escrito algunas cartas contra los pretendidos 
milagros del diácono París atribuyéndolos al Demo- 
nio. Su celo ha sido recompensado con una mitra ; pero 
sus partidarios no han reflexionado que los argumentos 
de que este roonge se ha servido para combatir los mi- 
lagros de un Jansenista , desttuian al mismo tiempo los 
de Jesús, que aun son menos atestiguados quecos át Pa- 
rís , de loi cuales mucht» que tcdavia ^gi^byííj^git: 



202 HI8T0BU CUTICá 

nocidoi» creían ^ pretendían liaber f ido teatigoe oeelarHr 
Ko bace macho que un minUtro Suizo y protestante bi 
atacado igualmenie los milágroi de Pitágorai , de Apo- 
lonio de Tia^a , j del ferafico San Francisco , de una 
manera que destruye á nn tiempo todos los que. se le- 
yeren en el ETangelio, Véase el libro que se intitoia: 
J}e ndraeulis yuof Pjrtaepra , ele, tribuuntur, libellut, 
auctore PhUeuuíkero Hdi^etio. Duaci, f734 « i/i-S.* (£1 
fiímoso Wofjlfton ka compuesto en ingléa una obra^po- 
co ha traducida en francéi , con el titulo de- Discuno 
soBré lo9 müogros de Jesucristo j en a volúmenes^ i769 
en la que el autor prueba qae»attn«egnn]oe Padrea de k 
Iglesia, iodos los milagros de Cristo no aon mas qoe alc- 
gorias). Adición del Editor francés. 



y Google 



1>B JESUCRISTO « CAP. TIll. 205 



CAPITULO vin. 

De lo que hizo Jesús mientras eS" 
tus^o en Jerusalem^ esto es en la 
segunda Pascua de su misión. 

NuESTKo doctor acababa áe cumplir 
con bástanle gloría el prímer año desu 
misión f y se dirigid á Jerusalem con la 
mira de probar fortuna ^ ó de recoger 
el fruto de sus trabajos , ó en fin con la 
de hacerse un partido en la capital, que 
esperaba conquistar después de haberse 
hecho partidarios en las campiñas. Efec* 
tivamente, podia creer que el ruido que 
hablan hecho los milagros que habia 
obrado en el año anterior en Galilea , 
produciría un buen efecto en el popu- 
lacho de Jerusalem ; pero lo cierto es 
que produjo efectos contrarios á los que 
Jesús esperaba ó preveia. Parece que la 
Jegion infernal que habia hecho entrar 
en los puercos de los Gerasenios , habia 
ido á encastillarse en las cabezas de los 
habitantes de esta ciudad. Mas ilustra- 
dos y menos crédulos que lo9 4f by 



¿eas ROS los pinta el Evangelio endare- 
cidos hasta el sumo grado. En vano 
Cristo ohxó á su vista uoa multitud de 
prodigios capaces de confirmar los que 
&e les babia Gontadó; eü vano empleó 
su retórica divina para probarles lo mas 
claro que le fué posible la divinidad de 
su' inision : todos estos esfuerzos no 
sirvieron mas que para aumentarla có- 
lera de sus enemigos ) y liaoerles con- 
cebís el designio de castigar á un hom<- 
bre á quien se: obstinaron en mirar co- 
mo á un charlatán é impostor peli- 
groisob . 

£s verdad que sos adversarios le co^ 
gieron en algunas falta», pues le vieron 
violar los preceptos de tina ley sagrada 
para ellos , y de la cual babia proaier 
tido no apartarse jamas. No pudieron 
laenos de mirar estas violaicicoes conftO 
una heregia ; porque nunca les pudo ve* 
iúr á Im mientes que un Dios se sobre- 
pusiese á las reglas que él mismo babia 
determinado, y que usase el derecho 
<le trastornarlo todo* Eran Judíos > y 
por consiguiente obstinadamente ape* 
§ados á susleyea divinas, y no debian 
s<tpe«ier que un verdadero enviado de 
Dios bóllaselo que estaban acostumbra* 



DE IftSüCKttfTO ) tk9, YITU 2Dl( 

dos á reyerenoiar como sagrado y mu j 
agradable al Dios verdadero. 

Tantos obstáculos no arredraron á Je«> 
sus : él quiso á toda costa tentarlo to* 
do , y aunque sin milagro pudiese pre* 
Teer poco mas ó menos cual seria el fin 
de su empresa, se determinó á veiícer ó 
morir ; á ver si la fortuna favorecía su 
atrevimiento; y en fin á hacer un papel 
brillante, antes que consentir sepultarse 
en el olvido y la miseria , en el rincón 
de algún lugarucho oscuro de laGalilea^ 

A su llegada á Jerusalem , dedico sus * 
primeros cuidados á favor de los enfer*- 
mos pobres ; los ricos ya tenian sus m^ 
dicos. Parece que á la sazón habia en la 
ciudad y muy cerca de la puerta de las 
ovejas, una fuente ó Piscina famosa, de 
la cual sin embargo, esceptuando el 
Evangelio , ningún escritor ha hecho 
mención, aunque por sus rarísimas pro» 
piedades mereciese muy bien que ^e hu- 
biese transmitido á la posteridad. Ei*l^ 
un vasto edificio al rededor de el cual 
corrían cinco magníficas galerías, y ade- 
mas el estanque de agua que se eniier- 
raba en él tenia las propiedades mas ad- 
jTiirables , bien que solo conocidas de 
los estropeados y mendigos, los cuale» 

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S06 HISTORIA crítica 

las sabian sin duda por alguna reyela- 
cion particular. Debajo de estas galerías 
88 veian consumirse un sin número de 
infelices que esperaban con paciencia un 
milagro. Dios y dando al agua de .e¿>ta 
Piscina la virtud de curar todos los ma- 
les, la habia puesto una condición (cvii). 
• £1 primero que podia echarse en ella 
luego que un ángel la enturbiaba^ loque 
no sucedía sino de muy de tarde en tar- 
de, era el único que disfrutaba el privi- 
legio de curarse. £1 gobernador de Je- 
rusalem j que debió ignorar la existen- 
ci^ de esta maravilla , no habia estable- 
cido policia alguna en esiie parage. El 
mas fuerte , el mas ágil de los paralíli- 
eos 6 de los enfermos» el que tenia ami- 
gos siempre prontos para tirarle asi que 
acababa de revolverse , arrebataba-, j á 
las veces injustamente, la gracia de ver- 
se libre de todas sus dolencias (cviu). 

Un. paralitico, entre otros, estaba allí, 
y hacia treinta y ocho anos , sin que hu- 
biese habido una buena alma que tuvie- 

(cTu) ^ Condición que casi reducia toda la yirtud ¿ 
poco mái de cero. 

(cviii) Pregunta curiosa: si dos enti«ban los prime- 
ros ,. pero en un instante mismo , ¿ cual de ellos que- 
daba sano? 

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DB nsocusTo I ciK rni. 207 

•e k caridad de prestarle una' mano ati« 
ailiadora para bajar al agua. Jesús , que 
le ve tendido en su lecho , le pregunta y 
¿si quiere ser sano? (cxi). 

Síj le responde, pero no tengo hom-- 
hre que me meta en la Piscina cuando 
el agua fuere revuelta.... 

Jesús le dijo : levántate j toma tu le- 
eho j y anda. 

Aquel infeliz , semejante á muchos de 
nuestros pordioseros que fingen por mu- 
cho tiempo males que no tienen , con la 
mira de enternecer al público , y que 
en esta ocasión pudo ser ganado con po- 
ca cosa ; este infeliz, repito, no aguar- 
dó á que se lo dijese dos veces, sino que 
á la primera orden de Jesús cogió su ca« 
ma á cuestas , y se marchó. 

Entre los Judíos , lo mismo que en- 
tré nosotros, no se mudaban muebles 
el dia de 'fiesta. Esta cura se había he- 
cho en sábado , y habiendo encontrado 
á nuestro paralítico un hombre de la 
ley , le reprendió porque violaba los 
preceptos de la religión , cargando con 
su catre. El transgresor no tu^o otra 
escusa que dar , sino que el que le ha- 

(au) PreguMU propk d< un Dioft 

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S^S /. míjmyKiA carmut 

bia da4o )a 6sJu4> le faabiá anudado al 
mismo tiempo que cargase oon su ca- 
ma. £1 doctpr 69 informó dd que le ha- 
bia dado sepaejatite orden y pero á lo 
que parece el enfermo no lo sabia; Je- 
sús no se habia dado á conocer ; y como 
si la acción bubiera sido la mas triTÍal, 
no se. curó el agraciado tampoco de in- 
quirir quien fuese el autor del milagro^ 
(ex)* La cosa quedó por entonces asi} 
pero habiendo Jesu^ encontrado algún 
tiempo después al paralítico., se dio á 
conocer á él , y con este motivo les di- 
jo á los Judíos el nombre de su curan- 
dero* Estos se irdtaron de tal suerte, 
que dei>de aquel momento formarotí el 
projeclo de liacer morir á Cristo , por- 
que j según dice San Juan , hacia éstas. 
cosas en sábado {^). 

A pesar dé esto , nos parece poco ve- 
rosímil que fuese esta la verdadera cau- 
sa de la rabia de los Judíos ; pues , por 
mas escrupulosos que los supongamos,. 
es de presumir que sus médicos y ciru- 
janos no dejarían de asistir á los enfer- 
mos en sébado» Yo mas bien creo que 

(ex) Hágase el milagro , y hágale Pedro ú hágale 
Pablo. 
(i) San Juan cap. V, 

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IXB JMUCRTíjTO , CAP. VIH. 209 

'Iw Jadfos llevaban á mal que Jesús ^ no 
contento con hacer sns curas, mandase 
ademas á las personas á quienes curaba 
que quebrantasen el sábado , llevando á 
cuestas la cama , lo que era según ellos 
una obra servil: ó quizá estos incrédu- 
los no miraban los milagros del Salva- 
dor sino como prestigios é imposturas, 
j á él mismo como un loco que podia 
escitar en el pueblo alguna conmoción. 
Habiendo sabido Jesús que los Judíos 
estaban dispuestos con él acerca del su- 
ceso del sábado , y que le acusaban de 
profanador de este dia, trató de justiiS- 
éarse. Hizo con este motivo un bello 
discurso , pretendiendo probar que él 
era hijo de Dios, y que su Padre, que 
estaba continuamente en acción , le au- 
torizaba á no descansar el saldado. Puso 
cuidado no obstante en no esplicarse 
con claridad en cuanto á la filiación ; 
dejaba entrever con medias palabras la 
eternidad de su Padre , pero no le nom- 
l>raba Dios: los Judíos empero, que no 
dejaron de comprenderle, estrañaroit 
suncho esta pretensión (2). 

Cambió en seguida de armas, y se 



210 HISTORIA CRITICA 

valió de la necesidad coa que obraba^ 
diciendoles : 

i 9. En verdad j en verdad j os digo: 
que el Hijo no puede hacer de por sí 
cosa alguna j sino lo que viere hacer 
al Padre (cxi) : 

20. Porque el Padre ama al Hijo 
y le muestra todas las cosas que él 
hace: y mayores cosas que estas le mosr 
trará. 

Por estas palabras parece que Cristo 
destruye su propia eternidad y su ciea* 
cia infinita , puesto que se anuncia co- 
mo susceptible de aprender alguna cosa, 
ó como el Mico de la Divinidad. Para 
mover á aquellos incrédulos , á quienes 
su jerga enigmática no podia convencer, 
declara que de allí en adelante el Padre 
no se mezclaria en juzgar á los hombres, 
cuyo oficio habia encargado al Hijo ; y 
aunque es verdad que los Judíps espe- 
raban un juez 9 ni por eso se dieron por 
vencidos. Entonces , á falta de argumen- 
tos demostrativos , como nuestros pre* 
dícadores, tomó Cristo el partido de 
intimidar á su.h ojentes, sabiendo que 

(cxr) ¿ Cuando vería el Hijo al Padre liacíendo latí • 
gos de cordeles, y tirando por aquellos suelos mesas, ar- 
cas , sillas , hombres y ganados ? 

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DB JESucaisTO , CAP. yiii. 24 4 

el miedo impide siempre el uso de la 
razón. Rizóles creer que el fio del mun- 
do estaba cerca , y esto debió aterrar* 
los. 

£1 testinipnio de Juan Bautista había 
facilitado , como hemos visto , lo^ pri- 
meros progresos de Jesús ^ pero, debili- 
taba por otra parte la fuerza de este tes- 
timonio la oposición que se notaba en-, 
tce la conducta de s^mbos : asi es que 
nuQstro Misionero ya pretendip que na 
le j;iece5¡taba , y aun pasó á amenorar 
su valor. 

35 . El era una antorcha^ les dice,... 
jr vosotros quisisteis por breve tiempo, 
alegraros con su luz. 

56. Pero yo tengo mayor testimo^. 
nio que Juan (cxii). 

Aqui acude á sus pbras , las cuales 
dice que son una prueba infalible de su 
misión divina. 

No se acordó en este momento que 
hablaba á gentes que no miraban sus 
obras maravillosas sino como prestigios; 
por la cual lo primero que, debía pro- 
Í)ar era^es.t^s mismas obras., que los Jut 
dios no creian , á pesar de verlas. Este 

(cMi) San Jaan cnp. V. n ] 

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243 crsTonrA critica 

modo de discurrir ha sido adoptado des-' 
pues con suceso por los doctores cris- 
tianos y los cuales y asi que les ponen aK 
guiia duda ú objeción contra la misión 
de Jesucristo, se agarran á sus obras 
portentosas que fueron capaces de con- 
vencer á aquellos mismos de quienes se 
nos dice que fueroii testigos ocula- 
res. 

Entre las pruebas de que se sirve Cris- 
to para exaltar su misión propia , nos 
presenta una que no se dirige menos que 
á destruir la de Moisés , y aun á hacer 
que se le tenga por un impostor , por- 
que dice : vosotros no habéis vido nun- 
ca, la voz de mi Padre, Siendo asi que 
toda la ley judaica estaba fundada úni- 
camente en la voz de este Padre, de 
quien Moisés era intérprete. Todavia 
nuestro orador , después de haber casi 
destruido la autoridad de las Escrituras, 
apoya en ellas mismas su misión , que 
estaba según él profetizada. Temed , les 
dice , al Padre. 

^5. No penséis que os he de acu- 
sar delante del Padre; otro hay que 
os acusa , Moisés , en quien vosotros 
esperáis. 

*6. Porque si creyerais en Moisés^ 

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DEJBSÜCRlSTOy CAP» VIII. 248 

también creeríais en mi; porque él es^ 
cribió de mi (cxuO- 

Y antes había dicho : 

m. Yo vine en nombre de mi Pa^ 
dre, y no me recibís : si otro viniere 
en su nombre , á aquel recibiréis. 

El auditorio no parece quedó conver- 
tido con este sermón^ antes halló su 
contesto inconexo , contradictorio y aun 
blasfeme ; en una palabra , todo él se 
escandalizó. El temor de la proximidad 
del fin del mundo no les impidió el no- 
tar las inconsecuencias del orador , que 
ja quitaba y ya daba á^su Padre la cua- 
lidad de juez de los hombres ^ que el 
se había apropiado; y por otra parte, 
no parece que los Judíos tenian rezelo 
alguno acerca del fin del mundo , que 
tantas veces se habia anunciado y había 
salido falso el anuncio. Sus sucesores 
que han visto subsistir al mundo tantos 
sijjlos y á pesar de la predicción formal 
de Jesús y de sus discípulos , fundaron 
su repugnancia á recibir su doctrina y en- 
tre otras cosas, en la falta del cumpli- 
miento de esta profecía. Por último , los 
incrédulos concluyen de este discurso 

(CXlll) SaU Juan cap. V. OigtizedbyGoOgle 



,21)1- •'' «istoim ckÍTícA 
sublime , que le es muy difícfl á un im- 
postor hablar por largo rato sin con- 
tradecirse. ^ * 

La ineficÉicia dé esta ar^ágá hizo co- 
nocer á' Jesús, que en vano acddiria á 
los milagros para atraer á su partido á 
"los Judíos de Jérusalem , y por esto de- 
jó de hacerlos, á pesar de que la cirduns- 
' tanciá de la fiesta pascual le suministra- 
ba una bellísima ocasión. Parece que 
enteramente le exasperó la incredulidad 
de estos desgraciados', que tío sfe presen- 
taíban dispuestos de modo alguüo á ver 
las grandes 'cosas que él habik hecho Ver 
con fruto á lo^'Galileos. Para ver mila- 
' gros es menester pna simplicidad que 
' es ma$ escasa con muclió'en una capital 
' que €n' Jas aírféaé'; y $i ^él' populacho, 
* como- en todas píírtes ,^fe$ta bien dispues- 
to aun en las'grandeá poblaciones, no 
. faltan magistrados y pprsonas instruidas 
que oponen 'couiuhhiente un dique á la 
credulidad («7.. ^ 



(4) Heonoi visto en naettros días al vulgacho correr 
á ver los" milagrds dcAr. París ^^ y creerlos; hemos vis- 
to personas de fiase dUúngqjda j mugere^ de calidad 
atestiguados en público , y estar persuadidas de su ver- 
dad ^ pero también hemos visto que estos mismos niila- 
j;ros no han podido vencer la ineicdulidad del clero Mo- 
linisu , del gobierno y de la policía. Eslos , como todos 



DE |E8UCKMtO, CAP. VHÍ. 24 5 

Lo mismo sucedió á nuestro Tauma- 
turgo «n Jerusalem , y quizá desesperó 
de la salvación de estos incrédulos. Así 
es que el poco tiempo que iparó en esta 
ciudad y no guardó mas consideraciones 
con ellos, y los llenó de injurias; pero 
n'o parece que esta conducta le produ- 
jese muchos prosélitos , aunque después 
sus discípulos y sus ministros los sacer- 
dotes hayan pretendido . adelantar por 
este niedio y por las obras. 

En este viage no hizo fortuna el Sal- 
vador; sus discípulos tampoco tuvieron 
buena vida , y aun se vieron reducidos 
á repelar el trigo en las cercanias de la 
ciudad , operación en que les atraparon 
ün sábado. La infracción de la ley pa- 
reció á los Judíos mayor delito que el 
robo , y se quejaron á su maestro ; pe- 
saben , consiguieron acabar con los milagros del TodO" 
poderoso j y es bien conocidq ti epigrama que se puso 
encima de la puerta del cementerio de San Medardo : 

De par le Roi , defense d Dieit, 
De faire miracle en ce lieu, ^ 

Manda el Rey que en este sitio 
Dios no vuelva á hacer milagros. 

Dios fué obediente , y no hizo ya mas milagros para los 
Jansenistas , sino á puerta cen'ada y ^n los desvanes de 
la calle Moufetard. 

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2f6 HISTORIA CRÍTICA 

To en yáno y porque no obtuvieron sa- 
tisfacción alguna. La única que dio álos 
Fariseos , fué comparar lo que babian 
bec|io sus discípulos con lo qu^e babia 
ejecutado David, el cual en un grande 
aprieto , comió ¿1 mismo é hizo que su 
tropa comiese de los panes de propo^i-- 
don j €11 JO uso reservaba la ley á solos 
los sacerdotes (5), añadiendo ademas que: 

27. El sábado fué hecho por elhom" 
bre j y no el hombre por el sábado. 

28. Asi que el hijo del hombre es 
señor también del sábado (6). 

Los críticos han notado en muchas 
circunstancias de la vida de este Hom- 
bre Dios j que su humanidad estaba mu- 
chas veces sujeta á equivocarse. Por ejem* 
pío , en el caso de que hacemos men- 
ción, da el nombre de Abiathar al Gran 
Sacerdote que permitid á David comer 
los panes de proposición , sin embargo ' 
de que el Espíritu Santo nos dice en el 
primer libro de los Re jes, que este Gran 
Sacerdote se llamaba Achimelech* Es- 
te error bien poco querría decir , si hu- 



ís.) Véase el primer libro de los Reyes > ¿ Samuel, 
cap. XXI. 

(O) Vpa»c San Mateo c«p. XII ^ San Moicot cap. II9 
y Síin Lucas cap. VI. 

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DK JE6UCIII8TO , CA9. TIH. 24 7 

hiese iucorrido eo el un hombre ordi<* 
Darío; pero no deja de causar mucho 
embaraso , cuando ae nota en un Homr- 
bre Dios ó un Dios hecho hombre , á 
quien debemos suponer incapaz del mafl 
leve descuido. 

En esta ocasión vemos que Jesús ^ 

f>ara justificar la ratería de sus discipu* 
oS| hace presen te que los sacerdotes mis- 
mos violaban el sábado, sirviendo á Dios 
eu el templo enaal dia ; lo que^ según 
los principios de nuestra teología, se 
llama confundir visiblemente l|is obras 
serviles con las espirituales (oxiv) ; es 
tener la misma idea de un latrocinio 
que de la ofrenda de un sacrificio : y es 
reprender á Dios de no haber sabido lo 
que hacia, mandando á un mismo tiem- 
po la observancia j la violación de ua 
dia que habia consagrado al reposo. 

Por lo demás, los doctores justificaa 
el hurto aprobado por Jesús , diciendo: 
que como Dios , era dueño absoluto de 
todas las cosas \ pero en este caso pare- 
ce debia haber procurado mejoY vianda 
á sus amados discípulos. Porque á la 
verdad , tan dueño era , y tan poco le 

fcxiv) Aposiab» YO veinte contrt cirrco á que duu* 
tros teólogos no kabiian tenido ette desltm 

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l^ft HfBtORIÁ CRÍtlCA 

contaba piHar de la mesa, de alguñ rica 
asentista de Jerusalem , ó de la del su- 
fiío sacerdote que vivia á espensas de 
Dios su paidre , como permitir á sus dis- 
éípiílos forragear (cxv) en los campos 
de los pobres habitantes del pais. A lo 
inédos estaba en d orden que probase 
primero esta soberanía sobre todas las 
fechas , y se la demostrase á los Judíos, 

2tie no sabiendo tan importante verdad 
ebieron escandalizarle del hurto que 
tí hijo de I>íos autoriza ba. 

De aquí habrán sacado los dócftored 
itristianos el principio de que todo per- 
tenecía á los justos ; que les era per- 
iriitido apoderarse de los bienes de los 
injustos y malvados ; que e) clero tenía 
derecho de etihar contribuciones á los 
JjTleblos ; y que;eí Papa pódiá distrituit 
coronas. De'ariuí el principio en que se 
apoyan las aecioÁes que los incrédulos 
miran como b&ras tantas usurpaciones 
y violencias Cometidas por los cristianos 
con los habitadores de las Américas. De 
tionde se vé cuan -importante es para 
los cristianos no apartarse del ejemplo 
que les dio Jesucristo en este pasage del 

(cxv) Se vé que los trataba como bes^ía^^g]^ 



DEJÉSUCKriTO, CAP. YUI. 21 ^ 

Evangelio , y que sobre todo es muy 
interesante -al poder del Papa y á los 
derechos *del clero. 

S3 obstante, pretensiones tan bien 
adas no hicieron mella en el espí- 
ritu carnal -de los Judíos, y persistieron 
en que no era lícito el hurtar, y menos 
en dia sábado ; y no reconociendo la 
estension, de los derechos de Jesús , le 
^considerardn como un impostor, y á sus 
«discípulos como unos bribones. Se per- 
suadieron que era un hombre peligroso, 
que bajo el pretesto de reformar á los 
hebreos no lirába mas.que á trastornar 
sus leyes , hollar sus preceptos , y des- 
"truir su religión. 

Convinieron pues entre sí, en que era 
^menester reunir las pruebas qtie habiti 
contra él (cxvi), acusarle, y hacerle ar- 
restar; pero nuestro héroe, que olió sus 
designios, los previno marchando de 
'Jerusalem. 

(cxTi) Esto el , liacerle la sumarla. 



dby Google 



220 HtSTORU CKÍTÍtA 



CAPITULO IX. 

Nuevos milagros de Jesús. Elección 
de sus doce apóstoles. 



Lu£Go que Jesús se puso á cubierto 
de la mala voluntad de sus enemigos j 
volvió á hacer milagros con la mira de 
dar nuevas pruebas de su misión. La 
esperiencia le enseñó que para ganar la 
capital era menester aumentar sus fuer- 
zas en las cercanías, y hacer en loscám-^ 
pos un gran número de partidarios que 
pudiesen en tiempo y sazón ayudarle á 
vencer la incredulidad de los sacerdo- 
tes p de los doctores y de los magistra- 
dos , y ponerle en posesión de la santa 
ciudad j que era el objeto de sus ansias. 

¿ Quien lo creerá 7 Aun estos nuevos 
prodigios no produjeron un grande efec- 
to : porque quizá los Judíos que se ha- 
llaron en Jerusalem durante la Pascua, 
al volver á sus casas , prevendrían á sus 
conciudadanos contra el Señor. Si haJló 
ti secreto de hacerse ddi^i^ji4^,pue' 



blo de los lugares por donde pasó des* 
pues de su salida de la capital , tuvo 
también el disgusto de encontrar siem* 
pre quien le contrariase , en los Fari- 
seos y doctores que habia en . aquellos 
mismos lugares. El hecho siguiente evi- 
dencia hasta que punto estaban preocu- 
pados. Jesús entra en la sinagoga de un 
lugar cuyo nombre no dicen , y en ella 
encuentra , se cree que por casualidad , 
un hombre que tenia ó que decia tener 
una mano seca. La vista del manco , 
que podia ser algún mendigo tunante ja 
conocido y y la del curandero ó mila- 
grero, llamaron la atención de los doc- 
tores, lie observan de cerca , y dicen : 
Feamos si cura á este hombre en sá^ 
bada. Viendo que Jesús seguía en la inac- 
ción, le hicieron algunas preguntas acer-* 
ca del sábado, del que en tantas ocasio- 
nes habia hecho poco caso. Este era , al 
parecer , uno de los principales puntos 
de su reforma , porque conocería como 
nosotros la utilidad que re&ultaría al 
público de que se quitasen algunas fies^ 
tas. Los doctores en fin le preguntan : 

¿ Es licito curar en los sábados ? 

Cristo tenia costumbre de responder 
á una cuestión por otia, porque la ló- 

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^Z^ HISTORIA CatTICA 

gica no era mujr coaocida del ptteUo^ 
judaico. Así les replicó : 

k. ¿Es lícito evt dia de sábcfdú ha-, 
cér bien ó. mal? ¿ salvar la vida ó qui- 
tarla (cxyii)? 

Esta cuestión confundió á los docto- 
res y según nos dice San Marcos ; pero^ 
Ío no veo por quQ y á no suponer á loa» 
udíos. cien vepes mas estúpidjos.4e Iq 
que eran.; pi^es dicUa pregunta no e^a% 
al caso. Según toda apariencia, no estsi*, 
ba prohibidlo ent?e ^llos sino el entr«*^ 
garse á ocupaciones serviles j pero no^ 
el llenar los deberes ms^s importantes de 
la moral en el sábado. ¿Quien ha de pre- 
sumir que una partera, por ejemplo, pQ 
habia de ejercer su ministerio en el sá* 
bado como en cualquier otro dia? (4)^ . 
Jesús continuó sus repreguntas , y le^ 
dijo : «que si le^ caia una oveja en ui^ 
hoyo en dia de sábado , ¿si no la saca- 
rian ?» Y de esto , sin ' aguardar la res- 

Tcxvii) Véase San Marcos cap. III. 

(i) Véase el capítulo XIX , una nota sacada del 7a/- 
mudy ^e pruebq era perqútido ungir ó dar untaras é 
los enfermos para aliviarlos. Los Esenios guardaban el 
sábado con tal rigor , que rio satisfacían en él á la« tie- 
cesidades nías precisas de Ija vjda ; y acaso e^o dio mo- 
tivo á las reconvenciones que hacían á Je^us , que había 
restablecido esta coslumbre ridicula de su propia autori- 
dad. 

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DE XBSUCaiSTO, CAP. IX. ^23 

poesta f condujo exactamente que ert^ 
permitido hacer el bien en sábado. Y 
para mayor prueba dijo al enfermo^ qu^ 
quizá estaría apostado para esta escena 
en la sinagoga. 

Levántate en medio y estiende tu 
manOj y al punto aquella mano se pu^ 
so cómo la ot,ra. 

Viendo Jesús que este prodigio 0,91 
moyia aquellos corazones^ lanzó uns^ n;i- 
rada fulíosa sobre la turba , y ardieod<^ 
en santa cólera salió al instante de ui| 
lugar tan detestable. 

Yo creo que en esto obró con $ab¡^ 
duría^ porque los malditos doctoras fuer 
ron al punto á tener consejo con los ofi- 
ciales de Heredes , á fin de hallar los 
me(<lios de perderle* Jesús , que lo 5up<^ 
por medio de sqs apasioi^ados, ganó 1% 
ribera del mar por donde le era masfár 
cil escapar; j sus discípulos , muchos 
de los cuales entendian de marioeríai le 
siguieron. Una multitud de pueblo, m^f 
crédulo que los doctores , s^ apiñó a( 
rededor de él , al ruido de sus porten- 
tos; de suerte que se le agregaron oyen- 
tes de la Galilea, de Jerusalem,de Idu- 
mea, déla otra parte del Jordán, y has* 
ta de Tiro y Sidon. Este tropel le ofre- 

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22)^ HISTOHU CRÍTICA 

ció un prelesto para mandar á sus dh" 
cípnlos que tuviesen pronta una barca , 
áfin de que no le oprimiese lamutti^ 
tudj ó mas bien para escapar en caso 
de persecución. 

En esta ribera tan favorable i sus de- 
signios , hizo Jesús sin estorbo un gran 
número de milagros, y curo una infí^ 
nidadde gentes desconocidas: al menos 
es preciso creerlo piadosamente sobre 
la palabra de San Mateo (3). Todos es- 
tos prodigios se obraron en los enfer- 
mos, y con particularidad en los ende- 
moniados. Estos f asi que columbran al 
Salvador desde lejos, se prosternaban 
delante de él ; rendian, homenage á su 
gloria, y le aclamaban el Cristo y mien- 
tras que él siempre Heno de modestia 
les mandaba con amenazas que no le 
descubriesen: todo para que se cumplie- 
se una profecía que decia de su persona: 

(cxvui) 49. Ño contenderá j ni i'o- 
ceará j ni oirá ninguno su voz en las 
plazas (M). 

Profecía que sin embargo se vio des- 

(3) V. S. Mateo > cap. XII , y S. Marcof , cap, Vil 

Ícxviu) ^S. Maceo, cap- X 11. 
C I«i«, cop. XUI, Y. • , ».„,„,,, Google 



DE IBSUCRlStO ) CAP. IX. ^-225 

mentida varias veces por sus continuas 
disputas con los doctores y los Fariseos, 
por el estrépito que causó eri el templo, 
en las calles de Jerusalem y y en las si- 
nagogas de las cercanías. 

No se puede ver cosa mas chocante 
^ué la olütinacion del Diablo en reco* 
nocer á Jesücrii»to y en confesar su di- 
vinidad y y el. tesón de los doctores en 
desconocerle^ á pesar de los esfuerzos 
jqué hacia para hacer callar al uno , y 
para; reducir á los otros. Es evidente que 
el .hijo de Dios no vino al mundo sino 
pará'tmípedir á los Judíos que se apro- 
vechasen de su venida , y que recono- 
ciesen! Íqs' títulos de sumisión : y se po^ 
dría decir^ que solo se ha mostrado pa- 
ra recibir los homenages del: Demonio, 
porque no vemios sino á sus discípulos 
y.á áata ñas proclamar altatuente la cua* 
lidad del Cristo. 

Guando Jesús se cansó de predicar, 
de curar, y de exorcizar, deseó estar so- 
lo algUQ tiempo para pensar en su situa- 
ción y en el estado de sus negocios ; y 
á fin de gozar lin poco de libertad , se 
marchó á una montaña donde pasó to« 
da una noche. £1 resultado de sus re- 
flexiones solitarias y oraciones fué el de^ 

Tomo i.' . Dgti^yv^uuc^it: 



226 HISTORIA CRÍTICA 

terminar que necesitaba un cierto nú- 
mero de a^istentes^ porque no pedia ya^ 
sin llamar la atención del gobierno^ con- 
tinuar sus marchas con una tropa taa 
numerosa como la de los vagos que traía 
ttras de sí» 

Al otro dia pues llamó á sus discípu- 
los^ ó al meno& á los que.ju^ó mas á 
propósito y más dignos de su confianza, 
y fijó doce para que le rodeasen (5). Es* 
to dice San Lucas ^ pero Marcos iD&hma 
que escogió. sus doce apóstoles para ea* 
.viarloB en misión. Mas como el mis- 
mo Jesas nos asegura que los eKgió pa^^ 
ra estar cerca de élj y como los após^ 
toles, contentos con mendigar y buscar 
las provisiones para ellos y para su 
maestro y no Incieron misión alguna en 
vida de Jesús, á lo menOs fuera de la 
Judea, nos atendremos al dictamen d^ 
primero. 

He aquí los nombres de estos apK)S~ 
toles : Simon-Pedro > Andrés j MateOj 
Simon-Zelotes j Santiago j Felipe j To- 
mas ^ Judas j Juanj Bartolomé y otro 
Santiago, y Judas Iscariote , el teso* 
rero de lá tropa« 

(5) Véase San Lucas, cap. VI, San Marcos j cap, 

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DE JSaOCRIOTO! 9 fUtT» IX. %2t 

.i^6flHft¡it6 tema dbero qUeidar i bus 
diisctpülüs ;parti «nifiarlos á su 'miai^ny 
y á$Í7leati«o€»rgó que fiíesen á buscajp 
fortuDd^; Niaidhstatnt^tUvo cuidado de 
faácérle&lpahticipes^ de • sofi seciletos , ,d!e 
€nseñárle^ieL'^k:rte.de biacer milagros y.áé 
darles r^ecetaapara curas enfermedades 
-j éspelap d^mabios 'ycy en .fin les /cañbf^ 
nJcó- el pod^n^da flefdbiuli^ilQs. pecado^ í, 
, y de olor ¡y ^6Aator/áliiodiUrQ^eiicps>f 
lou pf*arí)^a¿¿ft'a£ liOqji^ ki biértamén^ 
•BO earit[uéiiéro«i>árlóbriap05to]es, )á J9 
garios .bai| Yalido ^nqueitafi mitfecisaai á 
sus sucesores. Parfti0$tób>lal>graseni>ciz)' 
yado se ha convertido en báculo j en 
bastón de generalato^ cuyo poder se 
hizo sentir de los mas poderosos sobe- 
ranos de la tierra. El saco y las al/or- 
JOS de los apóstoles los convirtieron en 
tesoros , beneficios^ P^í^^^fíf^doSjf pin- 
gües rentas. Él permiso de mendigar 
Ija llegado á ser el derecho de exigir los 
diezmos, de devorar las naciones, de 
engordar con la sustancia de los infeli- 
ces , de gozar del derecho divino ^ ó de 
la facultad de saquear la sociedad y de 
perturbarla impunemente. £n una pala- 
bra, los sucesores de estos primeros mi- 
sioneros enviados por Jesucristo, se^ hir 

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SÍ28 m^^roim eniTfu >^ ' 

cieran mendioatites' que «e a^zumii ton 
^I privilegio /le coütündir á ' todos los 
que rehusaren i hacerles limosmas'y óbe^ 
decer sus manddtCMs; Mu¿hcís'l)alI'pebsa- 
d;o que Jesús no se acordó de ¡la subsis- 
téncia>de los luinistrosde^sü^i^ltsiá; péc- 
aris» si exaininamos con atfeíicio^nelEvatí* 
gelro y los Hechos d¿Jos ofiósiólesjhíí' 
jílarefnof ef}ieUostl<)rfundaménio.i de las 
riquezas^ díe. la «le vsicton y iji^irn del des- 
pbtísmd' del ¿lero^ií^yandóbalguno^ im- 
))b¿tores' ideai^i refytákB» ^ ^ •■ fundan' nue- 
ksíBiseetas^} solo j^sipob isu provechoíj 

. .) . 'i •. :.'\ fi!) oí j.'. /.. ) . f-i -' \\ 









«' : w* 



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DE #8s0QiUSTOrv. eUi X. 229 



: CAPITULO X. 

Sernto^ de la Montando Resumen 
de la moral dó JesUs. Úbsei^a" 
* ciúhes sobre esta misma moral. 

Et miedo de ser. preso obligó jíL Je- 
sús á abandonar las poblaciones, y ea 
iespecial las oiudades donde tenia niu- 
choá enemigos, y por lo. mismo el cam- 
po se Uispo su continua morada- : el po- 
pulacho enternecido corr sus sermones ., 
y particularmente algunos devotos j de- 
votas á quienes habia convertido, pro- 
veían á la subsistencia del hombre di- 
;yino, y á U de su comitiva. Obligados 
á andar siempre errantes, á internarse 
en. las montanas y desiertos, y á d^r- 
ipir at rfiso, los Apóstoles no debiaa 
estar cpn,^eo.to.i de su sujerf^e^ pues aun- 
que se gOmp'are este. géppcfy^de, vida coa 
la .que habiim dejado, dehia hacérseles 
mas dura, disgustarse de eíla,.y mur- 
murar. No obstante qtie la sociedad y 
compañía del divino Mesías debia pro- 
porciooaiies un sin fiu de S5iS^(§?BÍt: 



rituales , estos üóinbrés carnales aspira- 
ban áotra cosa \iifiéndo^e áel. En efec- 
to , ellos se habían prometido empleos 
de importancia, riquezas y poder, en 
el reino queii>a á establecer: po't ló^ue 
•á veces. lé costaba tanto trabajo ^ conte- 
nerlos como el convencer á los Judies, 
rebeldes todos á sus milagros y á sus be- 
llos argumentos. La medida de su am- 
bición y bienestar era la única regla de 
safé. Para prevenir sus miirmurnciobes 
y afcostumbrarles á la vida frugal , qué 
"nuestro misionero preveía habia de du- 
'i^ár aun por mucho tiempo, les tuvo un 
'discursó acerca de la verdadera felicidad: 
este es el que se conoce con el Hombre 
"de Sermón del Monte^ referido bor Sai 
Mateo al capituló V. : i ^ 

' Según nu¿¿tro orador j fa veirdáderá 
felicidad co'nsikte en la pobreza de kspi* 
rita ^ efe db'crr , en la ignorancia , en el 
'total despreció de una cieti'ciál altanera 
que enseña á l*aciocinar , y 'que priva 
íal hombre'd'e h sum'isiotí ciega, nece- 
saria para dejátse llevar. En uña pa- 
labra , en está ocasión recomendó Je- 
sús á sus Apóstoles , y al pueblo que le 
escuchaba, la estupidez que tan útil era 
á sus miras, una docilidad piadosa que 



DE J99iie&i«ro9 cAVi %. 231 ' 

hace -se erea todo fiin examinar nada ; y 
les asegura ^n fin que el reino de I09 
cielos será la recompensa de tc^n feliz 
disposición (cxix). Este es el sentido qu« - 
la Iglesia ha dado siempre á estas pala- 
bras de Jesús ; 

5. Bienas^enturados los pobres de 
espíritu j porgue de ellos es el reino 
de los cielos. 

Entre los Apóstoles habia algunoscu- 
yo carácter impetuoso podia perjudicar 
á-Ios progresos de la secta ; y es de pre- 
sumir que unos hombres groseros y sin 
educación serian impolíticos y ásperos 
en sus modales. Jesús les da pues á co- 
nocer la necesidad de ser agradables , 
corteses y sufridos, para ganar proséli- 
tos (cxx) y conseguir sus fines ; y les re- 
comienda la tolerancia y la moderación, 
como medios de insinuarse en los áni- 
mos y de adelantar en el mundo : en una 
palabra , como el camino mas seguro de 
hacer conquistas. Este es el sentido de 
estas^ palabras : 

(cjtix) Por eso , solo cuando muere un niño 6 nn 
fétuo en quienes nunca rajó la luz de lá razón, es cuan- 
do oímos tocar las campanas á gloría. 

(cxx) Esta es juslamenie la doctrina cj.uc tanto hasc-^ 
cuido la compañía de Jesús. » .^í.«,,.^ 



2S3 HISTORIA CllÍTlCA 

h. bienaventurados lot mansóSjpór^ 
que ellos poseerán la tierra (cxxi). 

Queriendo en seguida inspirarles áni^ 
mo y consolarles de su situación mise- 
rable, les inculca que es una fortuna vi* 
vir en la aflicción y en las lágrimas, co- 
mo medio seguro ^e espiar nuestros de- 
litos. Les promete que sus disgustos no 
durarán siempre , que sus llantos serán 
enjugados , que su miseria cesará , y su 
hambre tendrá *fín (cxxti). Estos con- 
suelos y promesas eran sumamente ne- 
cesarios á los Apóstoles contra todos los 
accidentes que les podrían sobrevenir en 
el curso de sus empresas; mayormente 
jendo en pos de un gefe sin riquezas y 
sin poder, incapaz de procurarse ni á 
si ni á los otros ninguna de las satisf^c* 
Clones de la vida, 

Jesús, con el objeto sin duda de sua- 
vizar la suerte de sus Apó>$toles, encar- 
ga mucho al pueblo que- le escucha , la 
misericordia; estoes, le exhortará; que 
dé pruebas de la piedad de qué tafnto 
necesitaban él y los suyos. En general 
^ muy fácil conocer que el Mesías te- 

(cxxi) Es bien notorio qne los que poseen 0ias co« 
moilidades eii la tieija son los mansos. 

(cxxii) A lo menos cuando imiiiesen. ^ i 

■ ¡g|tizedbyL.OOgle 



nia el mayor inti^res en predicar la ca-* 
ridad á su auditorio : él «no vivía sLbo 
áé íimo^na j y tanto £^ subsistencia co- 
mo suíf' prog^resos pendian visiblemente 
de la generosidad del público j y de los 
beneficios dé las buenas alonas que es- 
cuchaban sus pláticas. 

Recomienda ademas nuestro Predi- 
cador la paz y la concordia : disposicio- 
nes las mas necesarias en una secta na- 
ciente ) débil y perseguida ; pero quese 
kicieron inútiles , luego que de una vez 
llegó á ser bastante fuerte para dar la 
ley. 

Después fortalece á sus discípulos con-* 
tra las persecuciones que debian esperi-' 
mentar , hiere su amor propio , y lea 
pica en la vanidad diciéndoles ; 

4 3. Vosotros sois la sal de la tierra^ 
la luz del mundo. 

Y les hace creer y sobre todo y que 
son los sucesores de los Profetas , es- 
tos Jiombires tan venerados de los Ju- 
dios^; y que, para participar de su glo- 
ria, deben arrostrar los mismos traba* 
jos que aquellos ilustres antecesores es- 
perimentaron eq otro tiempo. Por últi- 
mo , les hace considerar como una feli- 
cidad digna de los celestiales premios^ 



239 . msrowuí cumc^ 

ser aborrecido » perseguido y despi^eciá-* 
do, infuraado , y eo una palabra prtva-^ 
do de todo lo que se cree comuomentt- 
que coostituye el bienestar délos hom- 
bres* 

• Después, de haber armado asi á &us 
discípulos contra los infortunios que de- 
bían acompañar su misionase dirige mas 
particularmente al pueblo^ y le presen- 
la una nueva moral, que, no siendo 
totalmente opuesta á la judaica , se po- 
día conciliar muy bien con ella. No era 
todavía tiempo de abrogar enteramea* 
te la ley de Moisés : las grandes mudant 
zas asustan á los hombres , y un misio- 
nero aun débil no debía pretender mas 
^tié la reforma de los abusos , sin tocar 
ai fondo de la ley. Asi que Jesús se con*| 
tentó prudentemente con hacer ver. que 
esta ley pecaba en algunos puntos , ea 
que él se proponia, perfeccionarla. ¡Tal 
es el idioma de todos los reformadora^ 
Jesús declara formalmente al pueblo : 

4 7. Que no ha i^enidopara destruir j 
sino para cumplir la ley. 
' Afirma que en el cielo se fijarán los 
asientos de los bienaventurados , en ra- 
son de la observancia mas ó menos ri- 
üorosa de todos sus ápices ; y asegura á 

" * DigitizedTyVjUUglt: 



BE JHaWMStÓ y €AK X. fiSS 

ios Ojéenles, que ni ¿1 ni sus doctores 
atentan'contra e^d ley que piensan prac- 
ticar fielmente. Se pone pues á espli* 
caria ; y como todos los reformadores 
«e pican de rigorismo y aspiran á una 
perfección sobrenatural y divina^ él se 
sobrepone ¿la ley, como manifiestan 
sus maravillosas instrucciones. Helas 
aijuí eú sustancia : 

' «Oísteis que fué dicho á los antiguos: 
no matarás; porque el que mate será cas- 
tigado de muerte. Pues yo os digo que 
esta prohibición y este castigo debe es* 
tenderse al eriojo , puesto que es el que 
conduce á dar la miMrte al prójimo. Vo- 
sotros no castigáis eKidulterio hasta que 
está consumado ; y yo os digo que en 
este punto solo el deseo es tan culpable 
como el hecho. Diréis quizá, que el 
hombre no es dueño de sus pasiones y 
deseos , y que todo lo mas que puede 
(cxxii^) es no consentir : yo convengo , 
pero sabed que no tenéis ningún poder 
ui sobre un cabello de vuestra cabeza (1 ). 

(cxxtii) T Dios sabe cuanto suele costar esto- 

(i) No parece que Jesús sabia aun bastante teología 
para conciliar e! libre al\^drio cotí los decretos dñ'úif)s. 
JEs, cierto cjuc después se ha suplido esta falta con !o« 
dojfmas odiosgs de la predestinación y ^%^^^,^^Í^J\Í¿' 



Las peniteacias , los saorifijcíos^ la^ etH 
piacioaes qü« los saocrdotes os impo* 
neo y no soa capaces de. procuri^os el 
perdón de \uestros ^cados : el úiíieo 
medio de prevenirlos ó repararlos es el 
siguiente. ¿ Esta ojo ó algún <xlró miein* 
bro tuyo el que te ha escandalizado ó 
incitado á obrar ra^l? Sácatele^ arrán* 
cátelo, córtate el tal mieuvbrO) y ♦arró- 
jale lejos de tí. Porqué mas os conviene 
perder uno de vuestros miembros , q^ie 
el que vuestro cuerpo entero sea echado 
en la Gehcnna ó en el inñerlio.)» 

Sí Moisés inspirado por la Divinidad 
hubiera conocido este infierno ,6 est¿ la- 
gar destinado á hader sufrir á los hom* 
bres tormentos eternos , no habría ée^ 
jado de amenazar á los Judíos con él } 
pero él ignoraba absolutamente el. dog^ 
ma importante de la otra vida (2),fAj5ȟs, 

caz que hacen de Dios t\ mas estravag^aiUc y cruel áé 
loi tiranos ; piies que suponen que casLisá c^ternamenie 
á aquellos á quienes niega los medios f aun )a vctlUHtt^ 
de «airarse. Pero en recompensa «stos dogmas han abier- 
to un vasto campo á lus disputa:* escolásticas. 

(2) Sorprende seguraoumte que Moiws y los'antiguof 
Hebreos no hayan hecho mención del dogma de la vida 
futura, que huce hoy uuo de los arliculos mas impor- 
tantes de la religión cristiana. Salomón babia de la 
mucite de los houibies, cooiprwá/ulola d Li de los bru" 
tos. V. el Eclesiástico. Es cieito que algunos Piofetai 

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DE JESUCRISTO, CAP.' X. SS7 

coiitilíaó y ¿(MI mu^há facilidad del pei^ 
miso de di^otv^ios, y por un pequeño 
s^Qtivo ré|>udiaiflf á Vuestras mugeres ; j 
yci'OS digo qul9 n0 Jas debéis repudiar , 
sino cuáfndo Jas Iiubiereis sorprendido 
en »duJterio'(óxxiT). También es mnj 
eirUf^i apedreai^as por' esta falta, porque 
es necesario' tener alguna dünsideracioá 
oi^h' 1^ flaquezas dpi 'sexól» < 
^ Pare¿eíqne^Je3u8, cuyo origen ¿ según 
Timod, era algo eqtííiFoco^; tenia razones 
parlíitcuiai^ para querer que se tratase 
á'ios iacfóiter^'isdti mas oojimiseracioh* 
itídepen^i^íitefÉfentlg d« Marfesü hjadre^ 
de quien jf o^ef* sé babiá sepatádo> tenia 

«\íu . \. .'-. ■ ' \ V." . ''.V. . • . • ' 

; 

línTi 'fiabiadoT cié tín tug^ar Ifainado CKeol , que $c 6a Ira- 
4ttttStítx. por ikfltí^^,^xb «s sabido queittícha palabra 
•ÍRTiificakSenciUapienie el ^i'/^/i/cro.. También ae ha ti^- 
duciao la dicción 'hie'biea' Topfiet *por ^Infierno ; pero, 
i>[ea. eUsnitfaclóv soto detigut un lugar de toplicio 6 
tormenp, que bs'^Vl cercii de Jerusajem , en e] que ifi 
castigaba á \oi itialhec1)o(é$ , 5 stí qoemal^an lus cadáve- 
«et. Uuia deipiws;de)lac¿Qotiyi^advde Babilonia np co- 
nocierpñ los Judíps.el dp^ma de la vida futura y de una 
résuTretfclon., el'cüdt le tofoaVoTí de Tos Persas , discí- 
1>u]o9 4f i^rovr^rro* :£|i Uf 9ipo. 4e Jeso». ««te dogma no 
e&taba aun recibido generalmente \ pues los Fariseos le 
admitían, y los Saduceos le despreciaban. Véase una 
6bra traducida del 4n|;Ies, y publicada poeO hace con el 
título de el Infierno destruido, e/2-13®» Londres, i7G9. 
( Kota del Editor francés }. 

• foxxiv) Jeius , ^auaique médico , nO gustaba usar de 
loi praservativos.... ¡ y como uo fuá casadi> !«.*• 

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858f Hwspo^it^i qaiiTi^A .^ít 

muestro, prédicadoi? -é $u J^do teugerm 
cuja conducta na4a (jabía tenido» dei^t 
reprensible s^níe$ d^ fiu .coa]?^r§¡oa: -(3)$ 
Y por otra parte ^ I9 indulgencia que 
predicaba debía gaoaHe el cora^oa. d¿ 
todas las múgeres a^e le e^quchabao^* > 

Después qoutínup <el Mfo^s coa Ipooa 
diferencia eu^esr^p» términos : . .: ir) 

(c Dios os (fb^üa : proütetido:; e«i Qt*ó 
jtiempp bepdÍQÍoi%es,:¡proftp?ridaidieiá y 
;gíoria j. jiero ja ha ii^Ywado w« pf^^wpr 
sas jha mHd9d<^def>are(;er. jQoniaai^m^ 
Jira fuii^teW J 30tó,auu«lp«eMi<j>;m*»íiir 
feliz, p^a^.*^40 yi)«l «ftas;d«ií^eeta(W^ 
de la fifirv^i^ q§ pi^^i;^s$«rt qut /^Quípsui» 
que prometimientos, tan pomposos solo 
eran unas ^erasajág^prías. J^si, qu^ Ojf 
conviene una moral huiniltante, qovte^ 
pendiente^ yu^^trp g.^n¡i6,' á Vuestra. sif 
(tuaeion y. á^ vueíifra niisería ; y ú á la 
verdad no os proQur^'mngil.u i>ienestar 
-en este muiado') 'debeis>ie6peraif' que os 
lo proporcionará en el o¿ro : ylas hu- 
millaciones y bajesas i^ue ^es menester 

(3) Adena»» de Maria Maf^ehle^m, que era una eor^ 
tesana, iba ea la compañía ele Jeftu4.j>»oa vú Jwiria, miv- 
ger de Chusa, inlcmUnte del rey Heredes, la cual , se- 
gún la tradición, robó y abandonó á fu marido para 
seguir al Metíag y asinirle con sus biene*. V^asc. « Sa^ 
Lucas , cap. VIU. : 

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DEJESOCRISTOy GáP. X. 259 

que hagáis y son las mas seguras sendaí» 
para llegar á uiía gloria de que ni vor 
sotros ni vuestros padres pudist^s go- 
zar. Sí alguno os da una bofetada en una 
mejilla; presentadle la otra al instan^ 

«No litiguéis; los curiales os arruinar 
rán, y por otra pártelos pobres nunca 
tienen razón oontralos ricos. Dadlo que 
os demanden^ y. no neguéis nada de lo 
que tepgais : contando con la práctica 
exaota de. este precepto i importante , es 
como envió yo á iuis discípulos por el 
snundo sin plata .ni provisiones (cxxv)a 

« Yo no os liare una descripción cir«- 
cunstanoiada del paraíso , porque basta 
que sepáis que aUi estaréis perfectamen^ 
te bien ; pero para llegar .á él es necesaf 
rio I ser mas que hombres : es precia^ 
amar á los enemigos, volver bien por 

> (4) tíe aquí' lo i\íxt uu' burlón lio dlthotktxi ca c!« «t^ 
te precepto : Cuando te den un bofetón en un carrill9^ 
es menester ^ue al instante presentes él ' otro : aste et 
un secreto muj' seguro para ser admitido en el Parea*- 
^o , Y ecliado de tu regimiento. Véase la Teología ¡tor^ 
tátil, 

(cxxv) Ya se Vé , como tenían poco que perder , no 
«s estraño que se espusiesen á cumplir con esta contH- 
cion , si los (lemas por su parte la obedecían. Sin em- 
bargo , ni las Escrituras ni la tradición nos ban da<lr> 
ejemplos de esta deferencia. , , ,* ^ , . i- 



mafl ^ no acordarse de mngUBá nvioera 
de los ultrajes que nos haoen , bendectjr 
la mano que hiere , y no decir una pa^ 
labra ociosa é inútil, porque una ^ola 
puede echamos al infierno..'. Tened una 
carada risa cuando ayunéis, y. viviá 
sin precaucioni ni previsión élguna^ y 
sobre todo' no alleguéis tiada^ porque 
escitareisia .cólera 'de mipadre; ^oipeñ^ 
«eis en el dia de nianana/^ y::vividr;áD}Ciy 
ced de la. pno videncia^ coma Lois: pájaros 
que no ciiidan ni de sembrJEkP, ni /déiser 
gar, ni de entrojar. :Despvendeos de toa- 
das las cosas terrenas , y buscad aolo ¡el 
reino de Dios^ que mi^ diseípnlos os 
Tenderán por :Vueslra3limoftÍ9as. £s ver- 
dad que este proceder; os iffiJ^drá ¿ cons# 
tituir también á vosotros en la miseria; 
pero no importa, mendigareis á vues- 
tro turno, y Dios proveerá entonces>á 
vuestras necesidades : pedid , y se os 
dará. ¿Los vígaVdos no encuentran, des- 
de que damos nuestros divinos precep- 
tos , de que vivir á espensas de los ia* 
felices que trabajan y se afanan sin ce- 
sar ? (5). Mis discípulos y yo somos un 



(5) Véase la «ota -del clip. Ill, que habla de lo» iVo- 
zaivnos, Toila la doctrina de Jesui es favorable á los 

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« dfcmplo de que sin trabajar se sale <del 
disíf-y ^ue (>o ?c mtierTae hambre ; j 
si auestro modo de vivir desdice algún 
tanto de mis lecciones, es utenester sa^- . 
ber que no es licito juzgar á nadie j y 
menos condenar á vuestros maestros y 
doctores* No os toca gobernar : ese ctii« 
dado me está reservado, y á aquellos 
enqnieneS'le deposite; j como el rnaes^ 
tro es siempre superior al discípulo y á 
mi es á quien debéis oir esclaávámen- 
te. Puesto que me llamáis maestro, y lo 
SQjTj es forzoso que' hagáis lo que <os di^ 
go. La práctica déla moral que jo pre-> 
^coes muy difícil j. aun imposible pa«* 
Ira mndios; jpero el camino ^nclvd y 
ameno es el <|ue guia >á la perdición : 
para entrar en el cielo , es menester ser 

mendigos, tanot y vagamandos. Kuestros sacar JdUi acftf 
guran que lo& bienes de la Iglesia son e\ patrimonio da 
los pables qua son. los miemhnos de Jesucristo; j eatni 
ellos jo«i Jos depositario», y disyibuidotés r.yua «e dffcaitj 
de las limosnas, tienen bijen cuidado de predicar la ca- 
ridad. En consecuencia de esto ^ en loa {Miiaes bien de- 
votos , los legos pusilánimes kacen grandes donaciones 
¿ los monges\ y legatos á- los 'haepittAe» i'', estalalepitlqs 
mas bien para «L provecho cb tos administradores qnrrl 
de los desgnusíados ; ademas de que por otra phrte é»ió^ 
establecimientos convidan á la t>cto8Ídad. tJn boan i|»u«* 
bierno no baria tantos pobi*es, eastisaria á los pordio^ 
aeros de profesión, les obligaría á trabajar cuando pue ^ 
deo , y proveería 9 la subsistencia de los verdaderameiif* 
le necesitados é im}H>sibi litados* ^ , 

Tomo 1. oigtóbyv^oogle 



t%t ■ISTOHfá crítica i 

tan perfectos como mi Padre óelestialjf 
ts decir cornea múima Divinidad. 
. Cuidado que estéis prevenidos contra 
mis enemigos , esto es j contra cuantos 
enseñen una doctrina diversa de la miat 
tratadlos como lokos , pues son falsas 
profetas. Ko u6eis con ellos de indul-» 
gencia y lii les tengáis el menor mira*-* 
miento : no se entiende con ell<»s elsev 
humanos , tolerantes jr pacíficos.» ' 

En el discurso de su ¡nedi^acion lea 
ensenó una breve fórmula dje orar ,' co^ 
nocida éntreles cristianos con el nom^ 
bi*e de Oración dominical (6). «Aunque 
el hijo de Dioá se h« ja mostrado en ea« 
to enemigo declarado de las oraciones 
iai^gas , la Iglesia de Cristo está plagada 
de bolgaaanes que á pesar de su deci- 
sión creen que no pueden hacer cosa mas 
agradable á Dios 9 que pasar todo el' 
tiempo en murmullar *entre dientes, ó 
cantorrear á vocea ciertas jaculatorias f 



, fS) Mr. Batnagt nos reSere qne lok Jvdioi títnaii 
mi» omcioneita, dícba Kádesh, en la qtie dicen á tXot: 
iO Diot ! pwstro nombre tea exaliado y 9antifitado,„', 
kaeed tfUé reine t^estro reino, etc. y que etU wnTi^a 
«• lo mas antigua que se h« come* vado de loe Judíos: 
de lo cuol resuiu que Jesús es un plagiario^ j no el au* 
tor del /'oler /io«ier.. Véase Ba4nage, Historia de loe 
Judióte tomo VI , pág. 374« 

, , Digi4izedby Vj(JUyH¿ 



preces, la» mas veces en una lengua que 
DO entienden. Parece que en esto , como 
en otras varias cosas, la Iglesia lia rec** 
tíficado las ideas de su divino fundador. 

Sao Mateo nos dice que concluido el 
dtscurso.de que acabamos de dar un es^ 
traéto, 

. 28...« se marañllnhan las gentes de 
su docírina. * 

29. Porque los enseñaba eomoquieA 
tiene autoridad^ f no como los Éscri*- 
has de ellos y los Fariseos. 

Estos quizá hablaban de una manera 
mujr sencilla, j por, consiguiente menoa 
adniirable.para el vulgo, el cual se ma- 
ravilla tanto mas cuanto menos puede 
comprender y ejecutar lo qqe s( le di- . 
ce. Por esto el sermón de Jesús no tuvo 
entonces opositores , y después acá eá 
cuando ha dado materia abundante á lai 
disputas de nuestros casuistas j teóIo«> 
gos. Estos han distinguido fútilmente 
entre las cosas que solo eran de conset 
jo , y las de precepto j es decir , que se 
deben observar rigorosamente. Yen efec- 
to , bien pronto se hecho de ver que la 
moral sublime del Hijo de Dios no cou'» 
venia á los hombres, y que su obser-^ 
manota literal iba á destruir necesaria^' 

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JMJl HI8T0RI4 CatTiCA 

mente la sociedad. Fué pue» iodiapema* 
ble reformarla, y recurrir á está distin* 
cion maravillosa , para poner á cubier-* 
to el bonor del legiólador divino, y coa^ 
ciliar su moral fanática con los deberes 
y necesidades del Rumano linage*. 

Sin embargo , esle discurso nos.ofre* 
ce dificultades que parecerán siempre 
difíciles de resolver á los qvie están acoar» 
tambrados á reflexionar sobre todo lo 
que leen« Dicen lo primero , que es rí^ 
dículoy aun ageno de verdad decir qM 
ae va á cumplir una ley, al mismo tiem- 
po que se propone y aun se pasa á que* 
brantarla , mudar , añadir ó quitar pun* 
tos esenciales. 

¿Y porqué esta ley, después de Jesus^ 
filé enteramente, abrogada por San Pa- 
blo y sus adlierentes , los cuales hide* 
ron un cisma con los secuaces cristianos 
del judaismo? ¿Porqué los cristianos 
tienen al presente tanto borror al dicbo 
judaismo? Horror que no se entiende 
cuando ^se trata de los privilegios y pre* 
tensiones del clero : artículos en que 
nuestros saoerdotes cristianos son. bas- 
tante Judios , y que los tomaron astu- 
tamente del Les^itico ; todo para suplir 
el descuido del Salvador > que en su 

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Erangeliono se habia ocupado ni en loa 
intereses 'temporales de sas derechos dU 
i^nos j ni en su gerar^f^ía sagrada. ¿Coa 
qué derecho los señores inquisidores 
(tan cristianos) de España y Portugal 
queman á los acusados ó convencidos de 
judaizar j esto es , de guardar las cerer 
monias de una lejr que Jesucristo decla- 
ró no quería abolir, sino cumplir? ¿Con 
qué facultad los doctores de los cristia* 
nos los han dispensado de la circunti* 
sionj y les permiten comer tocino^ per- 
mies , embuchados , liebre ^ etc. ? ¿ Por* 
qué el Domingo ^ ó el dia del sol entró 
los Gentiles ) se ha sustituido al Sabath 
6 Sábado? 

2? Parece muy injusto castigar con 
la misma pena al hombre que se enco« 
leríza que al que mata; porque bien pue*> 
de vn hombre arrebatarse de la ira y 
después sosegarse y o reparar á breve ra* 
to la iojuria cometida ; pero es imposi* 
ble volver á la vida á un hombre á quien 
se 'Ia han quitado. 

S^ La restricción del divorcio al so- 
lo caso de adulterio es una ley bastante 
dura y perjudicial á Ja felicidad de los? 
matrlhionros. Por otra parte, en lo re- 
gular és bien difícil convencer á on« 



Mé: HISTORIA c^nei: ^ 

lai^eF de adultem , ponjiie ellas toman 
sieinpré sns medidas pra evitar que las 
sorprendan (cxxvi). ¿No es demasiado 
odioso y aun arriesgado vivir con una 
¡iersona que nos causa i^ozobras y sos- 
pecha^ continuas? 

h^ Es absurdo hacer un pecado móiv 
tal del deseo ) sin suponer la en/erd /i«> 
bertad.del hombre ^ sobre cuyo impor- 
tante asunto no se esplicó Jesús bastan- 
temente. , antes por el contrario y dé su 
discurso se deduce la nó libertad del 
hombre j. quien no puede disponer- nii 
de un cabello de su cabeza.^nVúAoy 
en varios. lugares ) se declara contra la 
libertad del hombre , que compara á un 
vaso en las manos de un ollero ; y San 
Agustin dice : que el hombre no es due* 
ño de sus pensamientos^ 

5^ Es un remedio harto éstraño cor- 
tarse ó arrancarse un -miembro todas 
las veces que n^os sirve de ocasión de 
pecar y y está en contradicción mánifiesH 
ta del precepto de no atentar á nuestra 
vida. Orígenes es muy vituperado por 

(cxxvi) Me parece que habrá muy pocos que no es- 
tcn persuadidos de que hay muchas adúlteras, y sin em- 
l>3rgp son muy contadas las veces que se «ha cocido al 
adáltero encima de su córonlice« i Que útil seria la red 



M ilSOCÍMTO f CÉ9.T X. 9IT 

loé BiiMios cñstiaaos » por JMbCTie he* 
cho ana operacíoii qué juego sin duda 
necesaria para conservar su castidad^ 
Siendo un príoeipio que no son los 
miembros sino la voluntad la que peca, 
es muy. e»tFano que diga que se evitará 
la condenacioa del cuerpo entero pri- 
vándose de una parte. ¿Que seria de tan. 
tms prelados y eclesiásticos libertinos . 
si para^gar los estimules de la carne 
y reparar el escándalo , se les pusiese ea* 
Ja cab^a seguir el consejo de Jaucrís* 
to (cxívu) ? 

«6^ La prohibición de una juisla de^ 
feosa de su persona y de su» derechos . 
contra un agresor ó un litigante injusto, . 
es un trastorno de las leyes de todn 
sociedad. Es abrir la puerta á las ini* 
quidades y á los crímenes^ y hacer en* 
tera mente inútil el ejercicio de la |usti*« 
cia. Con tales máximas no subsistiría- 
una sociedad^ diez. años. 

7? El consejo ó precepto de no po- 
seer nada y de nó allegar nada , ni pen- 
sar en el dia de mañana , seria el mas 
dañoso á las familia!?. Un padre v. g. es* 
tá obligado á proveer á la subsistencia 



JÍgitizedbyVjOOQlC 



de $119 hijos. Máximas fiem€JaiiteB:'aoIo- 
pueden convenir á ciertos holgazanes se— 
guros de vivir á espensas del público^. 
es decir , á los curas y monges que tíe- 
nen odio al trabajo. 
i 8^ Se vé que las promesas que hiza 
Moisés á lojs Judios por inspiración de 
la Divinidad y no se verificaron á la 
letra y j solo son alegorías. Pero no era 
de la boca del Hijo de Dibs , d^quiea 
debian saber los Judíos esta verdad fa- 
tal; porque engañados una vez por la. 
Divinidad misma , debieron ya temer i 
volver á serlo por otro ens^iado. Como 
Jésusyles habia hecho pro nxesas Moi- 
sés ; como Jesús y habia confirmado Moi- 
sés sus promesas y su misión con rnila** 
gros y y sin embargo y salen - falsas estas 
promesas, j no son al cabo mas que 
meras alegorías. Esta idea pues debía 
orear presunciones poco satisfactorias de 
las promesas de Jesucristo (7)* 

. (7) Todos Io9 CTÍit¡i|no« del primer líglo etp^vaWiB* 
fobre la palabra del Cristo y sus Apóstoles, ver muj 
pronto el fin del mundo-, que dura si ti embargó tbda- 
via. Aguardaban la venida 4el Salvador en las miims, 
y ya contaban con que iba á establecer sobre la tierra 
uh rdno que duraría mil afios. Muchos Santos Padres, • 
■^ entre ellos San Ireneo , creyeron firmemente esta fá- 
bula sacada de la edad de Oro 6 del reino de SfUurno, 
I« Iglesia , Ittfgo que vi6 qu^ Ul^ rei«o ua licg!«ba , ma* 

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DB ílíáVíáiU^, CAP.' X. ÍM 

i !9**©ecir qüé^i méneHér ser pobre 
deespiritUjy en iséguida que es menester 
ser perfecto j como el Padre celestiat 
es perfecto j para Mitrar en el Cielo j 
es hacer de Dios un ser estúpido , y dar 
á los aleos la solución de todo dmal 
que ven sobre la tienra ijetí fin es pre- 
tender que para entrar en et paraiso es 
preciso ser necios. ¿ Pero el hombre es 
arbitro de ser tonto ¿ entendido? ¿de 
ser agudo o mentecáno ? ¿ crédulo ó in- 
erédalo ? ¿ La santa simplicidad 6 ne- 
cedad de la (é no es un un don qtTe Dios 
concede al que le place? ¿y no es injus- 
to condenar á las personas de talebto ? 
Por último , en este bello sermón en- 
cariña Jesús que no crean á los falsos 
profetas j y dice que por)las obras se 
les conocerá ; mientras que por otra 
parte los sacerdotes* (7 el mismo Cris- 
to) nos repiten que lo que conviene , es 

d6 de opinión «otno én otru muclias cosas > y declaró 
i, los Milenarios por heregesrlNo se ha borrado « empe- 
ro, la descripción poética de la abundancia y bienes 
carnales que debia' ^oducir aquel reinado* ^eirse á Ti* 
lUmont, GnnQ II, pég. 3oo. Al mismo tiempo no se 
concibe como se puede concilar la piediccicn del pió- 
aiaaofia del mando, hecha por Jesnciisto; con la ig- 
norancia en que nlBrma estar acerca de la duración del 
mi^mu mundo, según San Mateo, cap. .Xllly veis. 32;* 
igttOMncia bien esiraáa en un Dioi. 

k yh$ÉÉiUdri^ ; V>in;^ d¿y'i&ii^ ^(^loji^^ 



|8a BffiiOBtA aun«4 I 

¿oc^r h que dicen ^ pero flo imiterlef 
611 /o ^ae hacen j siempre que sa coa- 
duct^ se. halla en oposición con 3us má* 
xinias. Según e^to , . era , menester otra 
señal distinta de si|s obras, para recono- 
cer á los profetas falsos ; ó sino y los 
fieles se verán reducidos á creer que el 
cíero está Heno de profetas embusteros. 

Asi discurren los inc/édulos j es decir 
todos aquelloa que no han i:ecihido del 
cielo la pobreza de espíritu, .tan oecesa* 
tía p^ra no yer las incoosecuenciiis ^ lo» 
Contra«iprincipios é inconvenieotea. sin 
numero que se siguen inmediatamente 
de i^ moral de Jesucristo; e.sta moral 
que les parece una obra maestra á los 
cristianos dóciles, esto es iluminados por 
la fe, y que fué tan admirada p^r los que 
la oyeron recitan No sabemos si fueron 
machos loa oyentes, á quienes afectó 
de tal suerte que 1^ fljguiesen á la letra; 
porque admirar una doctrina y creerla 
yerdadera y divina ^ es una cosa mas id* 
cil que practicarla/ ¿Cuantos hay que 
aprecian mas las virtudes evangélicas 
que son sublimes en teoria y que las vir- 
tudes humanas y sociales que la razoQ 
DOS manda seguir? 

Asi no es entraño que la moral sobre-' 



i;atiirij y^tupenda de Jesús Iqese aplau-^ 
dida por los que. la.qyeFOQ^ mayor'- 
toejite dirigiéndose á los pobres , á la 
hez del pueblo , á^ los miserables. Upa 
moral austera y estoica debe agradar á 
los desdichados : ella transforma en vir* 
t)^d su situacioQ habitual, lisoDJea su 
9rgullo , les envanece en su miseria , loa 
endurece contra los reveses de la suerte, 
y les persuade que asi yaleii mucho mas 
que los rico tes que los maltratan j y 
que la Divinidad , que parece se com- 
place en ver padecer á los honibresi pre^ 
fiere estos desgraciados á aquellos que 
disfrutan felicidades* 

£1 vulgo por otra parte se imagina 
que los que tienen la facultad de com<- 
batir sus pasiooes, de despreciar lo que 
los hombres buscan , y de privarse de 
los objetos que escitan los dedeos de loj( 
demás, son unos seres estraordjnarios.que 
ao soIq son queridos preferiblemente da 
Dios, sino dotados por. ¿1 de graciasso- 
brenaturale^ , sin las cuales no parecen 
pasibles los esfuerzos que se les ve ha- 
cer. Por esta causa , una moral rígida y 
que tiene algo de insensibilidad agrada 
comunmente á las gentes del pueblo, im- 
pone á los ignorantes , y e^¡^;lf^g^- 



i^i mSTOEIA OUTICA 

raciott ele los incautos. Tampoco tienen 
úá gran motilo de odiarla los que se^ 
tocnentran en una situación mas dicho- 
tía i ellos la admiran , seguros de hallar 
el secreto de eludir su practica á favor 
de .sus indulgentes guias , porque se sa- 
be por esperiencia que solo un cortísi- 
mo Damero de fanáticos la signen á la 
letra (cxxvni). 

Estas son sin duda las disposiciones, 
qué indujeron á tantos á recibir la doc- 
trina de Jesús. Sus máximas hicieron 
brotar una multitud de mártires enca- 
prichados^ que con la esperanza de abrir- 
se un camino seguro para el cielo lle- 
garon á endurecerse contra los misnros 
suplicios y tormentos. Estas mismas 
máximas prodnjerod los penitentes de 
todas clases^ los .solitarios , los anaco- 
retas f los cenobitas y los monges , que 
envidiosos unos de otros se hicieron cé- 
lebres á los 0J9S de las naciones y por 
sus austeridades, por su pobreza volun- 
taría y por su renuncia total de los be- 
neficios de la naturaleza; y por una guer- 



icxxnii) V «on estp» rpizi wlo ei^Jp^^^Jí^^Ie 



M IB^ICaiSTO^ GAP» X. i2$S 

ra contínoa contra lasincUiiacioBes maf 
hg^úam y mas dulces (8). 

£d una palabra , los consejos y pre^ 
ceplos evangélicos han llenado el mun- 
do de upa mtiohedumbre de frenéticos, 
4SoemigoS'de ei miamos ^ y enteramente 
inútiles á los demás. Estos hombres porr 
téntosos fueron admirado^, respetados 
y venerados como santos por sus con<^ 
ciudadanos ; y estos &ltos de aquellas 
Ifracias y es decir del entusiasmo necesa* 
río para imitarlos (cxxix), ó para seguir 
Üleralmente los consejos del Hijo de Dios 
recurrieron á su mediación para obter 
ner el perdón de sus faltas ^ y la indul- 
gencia del Todopoderoso y á quien su- 
|K>nian irritaba la misma impo.sibilida4 
que les asistía de pclder dümplir estrecha- 
mente con los preceptos de su Hiío. Todo 
el m wido conoce que estos precept0S| sí 
se siguieren con rigor j acarrearían la 
mina entera de la sociedad ; la que si 
se sostiene , es pprque la mayor parte 

($) Para tmtf una idea Tvrdaderat de la meial erii- 
tiaoa y según se ha enseilado por los doctores mas céle-^ 
l>r«a , basca leer Ta obríta del sabio Mr. Barherrae , pn^ 
blieada con al tituío de Tratado de la moraíde las Pa^ 
dres , en»S¿* , Amsterdam , i7a8. 

(cxxix) Mas vale que no lo liajuii tenido. ¡Pobres 
ém noa » si uil aconteciera ! 

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de los eríjanos , tiiiMvrlindO'Cdiiio di^ 
vina la doctrina del Hijo de. Dioft , tk 
deMartarde sti práctíew j sigue h incli- 
nftcioa de la naturaleza , aan coa peli'- 
gro de cotidétoarse eternamente. 

Efeetivailieiite, en el Evangelio ame^ 
Haza Jesús con' castigos sin fin á los que 
no'obede^añ sus^ mandatos , y esta doo- 
trina espantosa no^ tuVo eontradiotOre$ 
en la asabiblea : Ibs: supersticioMS gug«> 
tan átetnpre iié temblai', j loaqUe ma$ 
les atefran son mejor- escuchados. Eütá 
era sin* dada la ocasioii' de establecer ceé 
solidez el dogma ' d6'dM e9plrituaiidad 
úel alma jr de su inmúrtalidad. 

El Hijo de Dios, debió esplícar enr 
tonces á los Judíos 'poco instruidos e$ 
esta materia , como ntob parte del Kom* 
fore padecería en el infierno , mieütras 
que la otra' parte se pudríria en la tíer* 
ra. Pero no parece que nuestro predica* 
dor supiese los dogmas que después en- 
seño ¿ulglesia , y que np tenia ideas cla- 
ras de \^, espiritualidad j de la que no 
habla sino oscuramente. Temed, dice una 
yez , al qué puede echar vuestro cuer^ 
pojr i^uestra alma en el infierfio ; pa- 
labras que no serian muj inteligibles 
ea un idioma en que el alma se tomaba 

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pfl^r la fam^e 6 lo qlié constituye Ui 
vida (9)^ Hasta mucho después de Jé- 
Bucristo^ ouaíndo moctkoa Platónicos abra- 
zaron su religión , no llegaron ábaléersé 
dogmas la espiritualidad é inmortali- 
dad del albia. Antes de ellos , los Judfós 
no teman mas que nociones vagas acer*^ 
ca de tan importante materia ; pues ve- 
mos que los doctores de los primeros 
siglos nos hablan de Dios y del alma 
como de. sustancias materiales ^ aunque 
mas sutiles que los cuerpos comunea 
(4 0). A los metafísicoa posteriores esta^ 



(9) En el Levitico, cap. XVII, te dice varías veeea 
qae «¿ alma está en la sangre. San Pablo embrolla aun 
mas la caeition de la inmortalidad del alma. En la epís- 
tola I á los Tesaloniccnses , no se contenta con hacer el 
hombre doble, sino que le hace tiiple, diciendo qoe at 
compone de cuerpo , de alma, j de espíritu; entendién- 
dose que el cuerpo j el alma son mortales, pero el espi^ 
ritu inroorta). En eoanfto á 1n Resurrección , los sabioe 
han demostrado que la que admitían los Fariseos no era 
otraeosa que una transmigracionde las almas, semejante 
á la que enteiSó PUagoras, pero no una Resurrección tal 
como la délos cristianos. V. Prideaux, Historia de los 
Judíos , tom. IL 

(i o) S|in Ireneo dice que Dios es nn^ue^o. Offgenet 
adopta el parecer de los Pitag^rícos , que Dacian át la 
Divinidad uu fuego sutil ó una materia etérea. Tertu- 
liano dijo espresamenle que Dios es un cuerpo. £n el 
Concilio de Elvira, se prohibió encender cirios en loa 
cementerios , de miedo de espantar las almas de los San^ 
tos. En el siglo IV , aun no estaba decidida la espiri- 
tualidad del alma , puesto qa« hubo una gran disputa 

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jjtfa ¿nicameiiite n^squyaído darnos delaU 
jna ideas tan sublitS/es , que Diiestro es^ 
j>¡rítu se pierde cuantas Teces quiere 
«examina^rlas* 

entte los Monget de Egipto acerca de « DUm eni incor- 
póreo ó corpóreo. M. de Beausobre ( en sa Historia del 
'ilapiqueibino , totñ^ I, psg* ac7) hace ver^que éntrelos 
pri;neros Padres.. del crisúanUmo , cada uno ae forjaba 
de'Dios T del alrpa sus ' ideas particulares , conformes á 
Üa iéeta álosófioaleúcfue kabía'sido edocacté» Cn Pia» 
fónico h^cia á Dios sin cuervo ; un Piftn^órico U hacia 
uñjue^o inteligente , una luz dotada de entendimiento; 
y un Epicúreo le ¿acia on jernüitéHiA^ on auimal in^ 
mortal y bienavcptui'ado. Muehos doctores á quienes la 
Iglesia venera , tendrían noy biep que baccr si no se re 
«tactabao proQtiiincnte de su errores; y el mismo Moisés 
•e vería espuesto á ser^qurroado por la Inqui«iciun« no 
Aolo como Judio , sino como Materialista, 



iriH DEt TOMO PBlMElOb 



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.HIjSTORIA Cm'ílCA . 

DB 



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HISTORIA CRÍTICA 

6 

ANÁLISIS RAZONADO 

DE LOS EVAPrG£UOS# 

OBR^ ATRIBUIDA AL BARÓN DE HoLBACH* 

TAADVaDA DBL PAARCB9 POf US XX-IBSÜITA. 



Ecoe bomo. Ved aqui el hombre* 
S. Joan ^cap, i9^v. 5. 



TOMO SEGUNDO. 



^y?^ V V,í^ 



f.;. / 



SEVILLA; $^JÚU 

EN LA IMPRENTA NACIONAL. 

<0»*i * i>ii> 

4838* n T 

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HISTORU CRÍTICA 

DE 

JESUCRISTO- 



CAPITULO XI. 



jáccumes y parábolas de Jesiis. 
Atentado de sus parientes con^* 
tra él. Kiage que hizo d Naza^ 
reth ^ y sus resultas. 

> 

Aunque el endurecimiento de los doc- 
tores de la ley y de los principales de 
los Judíos oponía continuos obstáculos' 
á los progresos que el Cristo se hábia, 
prometido^ no por eso cayó de ánimo} 
recurrió de nuevo á los prodigios, como' 
un medio seguro de captar la benevo- 
lencia del pueblo^en el cual vio que dé- 
bia fundar sus esperanzas. Este pueblof 
era muy propenso á las enfermedades 
de la piel, como son la leprM^^^^^^f^ 



6 HtSTORlÁ CRÍTICA 

TUtjlo que DO se puede dudar , á visti 
de las precauciones que la ley mosaica 
ordena para precaverse de dichos males: 
y a¿í para confirmar su reputación mas 
y mas , resolvió Jesús emprender la cu- 
ración de esta clase de enfermedad fas- 
tidiosa de que sus compatriotas estaban 
inficionados. 

Según San Lucas , un lep^pso vino á 
echarse á sus pies y le adoró , diciendo- 
le : ((que habia oido hablar de él como 
de un hombre de acierto y habilidad , 
que le curaría si formaba empeño eu 
ello (4).» 

. ' Hasta este tiempo Cristo no habia 
mandado á ninguno de los que habia sa- 
nado, que fuelsen á presentarse á los sa- 
cerdotes para hacerles la ofrenda pres- 
crita en semejantes casos (2) ; pero en 
esta ocasión creyó conciliarse su favor 
iCPn esta señal de deferencia hacia ellos^ 
y exigió del leproso curado que cum* 
pliese ccm lo que estaba mandado ^ en- 
cargándole el secreto acerca del nombre 



(i) V^ase San Lucaí , cap. V, San Mateo cap. VIII, 
y San Marcos , cap. P. 

(5) -Véase el LeviticO) cap. XIV, y ^a» Mateo# 

***** '^**** Digitizedby^iUUyit: 



4el m^ico ; secreto qae no Íb¿ mejor 
guardado, que los demás. Jesús olvidaba 
sia duda en .estas ocasiopes^ que iio bas* 
taba imponer sileacio á aquellas perso-. 
ñas á quieoes curaba, siúo. que tambiea 
era necesario cortar la lengua á todos 
los espectadores ; á menos qi^e no se di* 
ga que los tales milagros se hacian á 
puerta cerrada , sin mas testigos que el 
Salvador y sus discípulos, ó en fin que 
no hubo tales milagros. 

Sea lo que quiera, la indiscreción del 
leproso fué causa de que Jesús , según. 
San Marcos, no se atreviese á presentar 
en público en aquella ciudad (3), lo cual, 
da que sospechar que los sacerdotes na 
llevaron á bien la cura que acababa de 
obrar. En consecuencia se retiro al de- 
sierto (k) , donde se internaba á medida 
que le seguían. En vano deseó el pue- 
blo oirle; en vano los enferbios que cor- 
rían tras de él le demandaban que les 
sanase : porque no permitió que esta vir- 
tud divina que podía curar todos los 
males, saliese por entonces de él. 

Después de haber permanecido ,en el 

(3) San Marcos , cap. I. 

(4) Sdü Luca» , cap. V# 

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S '"Éiíéré3^A CRÍTICA 

desierto alguti tiempo para éfatrégárse a 
meditar en su estado > volvió á parecer 
ea Gapharnaum. £1 criado de tin Cefi" 
turion romano^ muj querido de su amo^ 
ae hallaba casi á los últimos de un ata- 
ijue de parálisis (5). Este pagano creyó 
que Jesús podría curar á su esclavo; 
pero en lugar de presentársele , como 
estaba en el orden , envió al Salvador 
tinos senadores judíos. Por desagradable 
que fuese esta comisión para unas per- 
sonas á quienes el Centurión no tenia 
derecho de mandar, y que por el hecho 
de ir diputados á Jesús parecia que re- 
conocían su misión, no dejaron por ello 
de desempeñarla bien. EU Mesías, orgu- 
lloso de que un Gentil se dirigiese á él, 
ae puso al punto en camino ; pero el 
Centurión envió algunos de su familia 
para decirle : (c que no era digno del ho- 
nor que quería hacerle' de entrar en su 
dasa , y que bastaba que dijese una pa- 
labra para la curación de su siervo.» 
Jesús asombrado esclamó, que no había 
encontrado tanta fé en todo Israel; y 
OOn Una sola palabra, si creemos al E van^ 
gelio, obró la cura. En seguida luso en- 

{5 S. Miit60}eapiVnii 

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DE JÉSÜCHIáTÓ^ CAP. xí. 9 

tender á los Judíos, que si permanecida 
en su dureza de corazón ( única enfer- 
medad que el Hijo de Dios no pudo ja- 
mas curar, aunque solo á eso habia ye- 
nido ) y les serian sustituidos los pueblos 
idólatras en la herencia del cielo ; y que 
Dios y á pesar de sus promesas, abando- 
naría sus antiguos amigos para siempre. 
Sin embargo , el Evangelio no nos dice 
que este Centurión tan lleno de £é se 
convirtiese. 

Al dia siguiente á esta cura maravi- 
llosa, salió Jesús de Capharnaum, y lle- 
gó á Naím j pequeña ciudad de Galilea, 
distante veinte leguas de la primera, ca- 
lialmente á tiempo de hacer un bello 
milagro. Una pobre viuda acababa de 
perder á su hijo ; ya le Uevabah á la 
sepultura, y la madre desconsolada se» 
guia la procesión íjinebre, que acompa- 
ñaba mucha gente, Jesús se mueve á 
compasión (cxxx), se arrima al féretro, 
y pone en él la mano. Al punto los que 
le llevaban se paran , y Cristo , hablan- 
do con el difunto , le dice : mancebo ^ 
á ti digo j levántate j jro te lo mando ; 

(czxx) Aquí tehemos un Dios movido A compañón 

190X una ciicun»i«nciaMu]puíTÍita, , ,...<,,.. 



10 HISTORIA CRÍTICA. 

y al instante el muerto se incorporo ea 
el ataúd. Este fué un milagro que es-' 
panto á todos los espectadores , y no 
convirtió á ninguno. ílay que observar 
que solo San Lucas cuenta este hecho ^ 
que si estuviese mascón testado, podría-^ 
mos sospechar que la madre afligida se 
compuso con el hacedor del milagro (6). 

Algunos historiadores dicen que Juan 
Bautista vivia aun en. esta época, y otros 
quieren que hubiese muerto antes : de 
los primeros son San Mateo y Saa Lu- 
cas , que hacen yenir en esta ocasión á 
los discípulos del Precursor j para pre- 
guntar á Jesús de parte de su Maestro : 
¿ eres tú ^l que ha de vertir j ó espera^ 
mos á otro ? 

La respuesta que les dio el Mesías fué 
hacer milagros á trompón en su presen- 
cia , curar enfermos ,,echar demonios, y 
dar vista á ciegos; y después di}o á los 
enviados de Juan : id , f decid á Juan 
lo que acabáis de ver y oir (7). Con 
este motivo hizo el elogio de su primo> 
para lo cual tenia sus razones, como de* 

(6) San Lacas , cap. VII. 

(7) Véase á San Mateo , cap. XI , y San Lucaí t 
cap, VII. 

Digitized by VjOOy H¿ 



BE JESUCUSTO) CáP. XU 4f¡ 

|amoa dicho en el cap. IV. de esta His» 
toria , en estos términos : 

11, En verdad j os digo que entre 
los nacidos de mUgeres no se leseante 
majror que Juan el Bautista* 

Y en seguida , aprovechándose el pa** 
negirista de esta circunstancia, dirige sus 
invectivas contra los Fariseos y docto^ 
reSj que desechaban igualmente su hau* 
tismo y el de Juan ; j compara estos 
incrédulos. 

ji unos muchachos que están sen-* 
tados en la plaza ; y gritando á sus 
iguales j 

Dicen : os hemos cantado con Jlau-* 
tas j y no bailasteis ; os hemos ende- 
chado , y no llorasteis : 

Sin que se nos diga si este guirigay 
convirtió á los doctores (cxxxi). 

Nuestro arengador compara después 
su conducta con la del Precursor, di« 
cienrio : 

f^ino Juan , que no comia ni hebia^ 
y no le creisteis (8). 

Yo bebo j yo comoj y soy aficionan -^ 

(«XX i^ Aunque no s€ cl¡C€> cualquiera conocerá que 
no era fácil lesifttir i razones tan poderosas y convin- 
fentes. 
• (9) SanMaUo, cap, XI,}I'«M,í„fSe;Jft,>^it. 



i% HUTORIA CRITICA 

doálá buena mesa, y también me de^ 
sechan , bajo el pretesto de que sof un 
beodo j un glotón j jr que trato con 
hombres y mugeres de mal vivir. Sin 
embargo da á entender al pueblo que le 
liasta su Yoto, y parece decirles en cier- 
to modo : cuento seguramente con yo- 
flotros y que sois bastante pobres de es-» 
friritu para que podáis notar la irregu- 
laridad de mi conducta , pues mis pro- 
digios os deslumbran y os hacen pasar 
por todo. No reflexionáis y y sois en fin 
los hijos de la sabiduría, ella será ju$^ 
tificada por vosotros (9). 

Después de esta plática , derto Fari* 
seo en quien, según se deduce de su con- 
ducta posteiior, no habia hecho mella ^ 
convidó al predicador á comer. En su 
convite y usó con él de tan poca polití-' 
ea , que ni hizo que le lavasen los pies, 
ni le diesen perfumes, todo contra el es* 
tilo establecido entre los Judíos, aun 
para las personas poco distinguidas. 
Aunque el amor propio de Jesús se ofen- 
diese de esta omisión , no por eso dejó 
de sentarse á la mesa (cxxxii) i y mieo- 

(5) San LucM , cap. Vil. 

(cuxu) Un hombre que vi vía á eoitilla agena no 
podía desperdiciar ninguno de ctlot eoi^i^^^f^n^ua 



DB JESUiOUSTO y CJLP^ XÚ 4 9 

Oras colnia y una muger' pública 1^ lava 
los pies •con sus lágrimas, se los limpia 
con sus hermosos y largos cabellos , y 
en seguida esparce sobre ellos un pre^- 
cioso po'fume. £1 Fariseo no compren» 
dio el misterio ; tan estúpido como in<* 
crédulo y pensó que Jesús ignoraba el 
lejercicio de aquella * muger y pero s« 
equivocaba torpemente : la cortesana de 
que se trata y toda su familia estabatt 
intiasuimente enlazadas con Jesús. San 
Juan nos dice que se llamaba María 
Magdalena , y que era la hermana dé 
Marta y de Lázaro j personas muy co^ 
nocidas de Cristo y y que y como veré* 
píos presto y estaban en perfecta inteli^ 
gencia con ^ ; y en especial la primera 
profesaba al Hijo de Dios el mas tiern<| 
afepto. 

, Esta aedon de la eoriesana no Uirbó 
á Jesús; interpi^tó su amor^ los carifio^ 
queie baicta y y los besos que le daba , 
de una manera espiritual; y r^ coln'ando 
au toíM\dé inspirada j la despulió di^ 
óéodola que sus pecados la eran perdo« 



U ti^ta^n con á«ipttrt<^« VemjM qaé yvt» yfcm m iie« 
gó cuando le llamaron á Hacer milagros j pero, ctiafido 
& invUanm á comer , nunor. i < .< u > i ¡- ^ 

' ' Jígitizedby VjUUvIC 



4 i- msTontk CXÍ7ICA 

nado» en fuerza áél xttucho amoi* que le 
babia manifestado. San Lucas nos dice, 
al capitulo. í»guiente á esta narración , 
que el Salvador habia libradaá e^ta n^u^ 
ger de siete demonios; y. un servicio de 
esta ckae nlérecia bietí su reconocí mieÁ^ 
to. ¿Qiéien isabe si el Cristo se valdría 
Áe es4e n^edio. indirecto para reprender 
al Fariseo la impolítica que babia usado 

pQá él? . ; 

• Los parientes de Jesús, informado* 
del ruido que tnetia y y xezelando que 
no llevaría. una vida. del tado inocente 
eatre la gente >que>lu.¿áoompafiabá ; ó 
por miejór decir, temielido qué sui pro^ 
ceder no Jes trajese algunas desgracias ^ 
i^iaieron desde iNasareth .á:Gapl1arnaua^ 
pura- apodtftarse de su perdona y arres^ 
tarle. Da esto lugar i creer quetenvdtt 
miedb.deservilvi^eltós en sú desgracia^ 
y querían mas bieurentergavíe delacói'^ 
reccibn de su paríesite^íque vevle entre-^ 
gado á!la. justicia.: suceso que mas pres* 
to óiirias takxki preveían babia de-'SUce-^ 
der« En primer logar^ dtvtilgaribií que 
Jesús era un insensato y cuyo entendi- 
miento estaba trastornado: yJesus^que 
supo su llegada , y aun el motivo db sa 
viage ; se encerró en casa y dispuso ua 



BE lESüCRfSTDy CAP. Xr. 4 ti 

wlagro para cubado se manifestasen. El 

pudalo que lo traslució , ó que fué pre^ 

Yenicto por los emisarios del Mesias, cor* 

rió de tropel á buscarle. Guando los pa^ 

ríen tes se presentaron , se trajo un en^ 

demoniado ciego y mudó : entonces Je^ 

sus le exorcieó y quedó libre el poseso'/ 

j el pueblo atónito. 

' Viendo los doctores con dolor la 

credulidad de aquella canalla, preveían 

laa resallas^ y los parientes del Salva- 

dor, poco movidos con este milagro, les 

prometieron hacer todos los esfuerzos 

posibles para librarles de un hombre tan 

|>eligro6o. Es hechicero j 'décian unos; 

es |in proveía ^ decian otros; quien*, 

que era menester probarle i j en fin , 

^nn 4ifiadieron algunos á pesar del graA 

milagro que acababan de ver : 

• Pidámode un signo en el aire. ¡O 
Dio» ! esclamaban los Nazarenos ^ ni es 
liecbicero ^ ni profeta ; nadie le conoce 
cónto nosotros : él es un pobre mozo á 
quiease le ha trastornado el juicio. 

Todos estos dichos eran contados á 
JesvLs^ y no respondía sino con parábo^ 
las jé invectivas : de la acusación de he^ 
chicero se purgaba, diciendo que era 
iatt4itA|Bente absurdo creer que echaba 

Dlf tized by VjUUy l(¿ 



48 . BI8T0EU enmcii ^ 
los demonios con poder de los mismoü 
demonios. £a cuanto ája acusacicHi de 
locura^ la repelía con decir que todo 
b\ que hablase mal de su espíritu no tea* 
iiría perdón , nji en ^te mundo ni en 
.el ptro ; pprque no es posible entender . 
»de otra manera el pecado contra el Esr 
pirita Santo. 

Se aprobó el parecer Át pedir una 
señal 9 y para ello diputaron algunos-; á 
Jesús; pero en lugar de ui^a señal nueh 
Ta ^ el aire^ él les dio lina vieja en él 
agi^a. Envióálos ourío^QS ^ Joñas , j 
Afirmó que 09 se les daría otra¿ 

Porgue a^i^ c&mo Joñas esiusH> tres 
dias y tres noches en pl vientre d» Us 
Ballena^ asi el hijo del hombre estará 
pres dios y tres noche$ en el seno de 
la tierra» a 

' Los Judíos que ni eran bechi^rós ni 
profetasi no comptendieroii una palabra 
de todo esto. Jesús á quiet) los milagros 
no le costaban nada cuando todo estaba 
'dispuesto :para hacerlos , no sé ayentu* 
raba á obrar^ ^de repente ny en presen- 
cia de personas bastante finas paraexa- 
ininarlós : de consiguiente , en la pre« 
senté ocasión pagó con una respuesta 
ininteligible á estos buenas Judios^.i loi 

Digitizedby Vj(JUyH¿ ' 



DB JESDGRI8Ta> CAP. XI. 4 7 

Chales estaba en su mano convertirlos 
para sieaipre. 

Esta repulsa de hacer un milagro en 
el aire hizo creer que nuestro hombre 
se daba por vencido , con cuyo motivo 
se suscitaron algunas chanzas : el Hijo de 
Dios se irritó, y lanzó contra los Judíos 
iavectivas proíeticas. Comparó la con* 
ducta de la Reina de Sabá con la de 
ellos ; se alabó de ser mas grande y 
mas sabio que Salomón ; y les ame* 
nazó castigarles > con privarles délas 
luces que derramaba en su pais y que 
sin duda habría iluminado mas, si hu« 
bíese coo3entido en hacer el milagro 
que le pedían. Pero es de creer que ai 
Mesías le pareció que hacer un prodigio 
en el aire era mas difícil que ejecutarle 
en la tierra , en la cual le era mas ace- 
quible disponer las cosas que no en lo 
alto de la atmósfera , donde no tenia 
nadie con quien avenirse* 

En tanto , la madre de Jesús había 
ido á reunir los hijos y parientes para 
apaciguarlos y reducirlos á que djesis-* 
tiesen de sus persecuciones. No adelan- 
tó cosa de provecho con ellos, y aun 
tornaron con el designio de recoger al 
misionero; pero como habia mucho ^ro-^ 

Tomo íi. ' " Dig^dbyoOóyit: 



48 HISTORIA CRITICA 

peí en su contorno, no pudieron abrir» 
se paso para llegar á donde estaba y j 
solo se anunciaron, jíquí estáitj le dijo 
uno j tu madre y tus hermanos que te 
buscan ; pero sabiendo el objeto de su 
visita , que s<fguramente no estimaba ^ 
renegó de unos parientes tan perversos^ 
y respondió : ¿Quien es mi madre , y 
quien son mis hermanos? No conozco 
otros parientes que los que escuchan mi 

{)alabra y la guardan : y estendiendo 
a mano hacia el pueblo, estos son jmdL*- 
dio, mi madre f mis hermanos. El 
pueblo lisonjeado con la preferencia to- 
liió al que la hacia bajo su protección ; 
y la intentona de su familia se volvió 
contra ella y la sirvió para su coniü- 
sion (10). 

Libre ya de esta peligrosa aventura , 
nuestro héroe tetniendo ser sorprendí-» 
do , ó desconfiado quizá de la constan* 
cia del pueblo y que á pesar del placer 
que le causaban las habilidades que le 
veian hacer, podía al 6n cansarse; nues^- 
tro héroe , repito , creyó de su obliga- 
ción buscar su seguridad fuera de la ciu-* 



(t) Véñse San Mateo, cap. XII, San Marcos » cap. 
m , y San Lucas , cop. VUi y IX. . 

Digitized by VjUUy l(¿ 



DE JEiSüCRiSTOy C4P. XI. 4^ 

dad (1 1 ). Salió pues con sus doce apos* 
toles, las mugeres de su comitiva , Ma- 
ría su madre, Juana y Magdalena, que 
ayudaban con sus bienes á la compa-- 
ida. ' Al menos podemos creer que la 
última , que antes de ser de Jesús , ha-»' 
bta comerciado con sus gracias , estaría 
rica en alhajas y en dinero : y esto hi- 
zo muy importante á la &ecta su con- 
versión , y particularmente para el ge- 
ie y que á menos de ser cruel no podia 
dejar de pagar tanto amor con algún ca- 
riño. 

La persecución que habia empezado 
á sufrir Jesús , interesó al pueblo en su 
favor según todas las apariencias, y le 
concilio algunas atenciones. Una multi- 
tud de populacho, atraido por la cu- 
riosidad , salió de los lugares y aldeas 
cercanas para verle, luego que supo el 
camino que llevaba ; y para no ser atro* 
pellado , tomó otra vez el partido de 
meterse en una barca. Desde ella se pu- 
so á predicar ; pero acordándose de los 
sinsabores que le liabian traido sus pro- , 
fecias anteriores , creyó no debia espli- 
carseen adelante tan á las claras, y pfe- 

(11) San Mateo , cap. Xlll. ^ ;^^ ,,Google 



20 HISTORIA CKÍTICA 

firió hablar en parábolas j siempre 5ua- 
jceptibles de dos mentidos» 

De estos enigmas se esparcían espli- 
caciones, sin duda por medio de los 
apóstoles , á los cuales se los descifraría 
en particular (1 2). 

Aun asi parece que ya impacientado 
de su poco fruto , les declaró un día 
francamente que mudaba de designio 
acerca de los Judíos , y que abandona- 
ba su conversión j y que por esta razoo 
íes hablaba solo en parábolas , á fin de 
que viendo no vean j y oyendo no oi- 
gan, no sea que lleguen á convertirse, 
f que le sean perdonados sus peca- 
dos (4 3). 

Es menester confesar que es suma* 
mente diiícil conciliar aquí la conducta 
de Dios con ella misma* Si uno no te- 
miese hacerse sacrilego esponiendo sus 
conjeturas humanas acerca de la con- 
duela de Jesús , ¿ no se podrá presumir 
que tuvo realmente el designio de dar 
leyea álos Judíos, pero que viendo des- 
pués el poco fruto que sacaba , y que 
empezaba á ser despreciado pn su pais, 
Resolvió buscar fortuna en otra parte y 

(i«) San Marcos, cap. IV, v. lo. 
\ií) San Marcos, cap. IV, y. i a. 

Digitized by VjOOQIC 



DE JESUCRISTO^ CAP. XU 24 

conquistar otros vasallos? ¿Y qué esto 
serta regularmente lo que confió á sus 
discípulos en esta entrevista secreta , 
empezando por prepararles á esta nove- 
dad ; pero que su suplicio impidió todos 
sus designios j que no fueron ejecutados 
hasta mucho tiempo después por sus 
Apóstoles f los cuales se acordarían de 
esta desconfianza? 

No entraremos en el detalle de todas 
las parábolas de que se valió Jesús para 
presentar á los Judíos su maravillosa 
doctrina, ó para predicar sin ser enten^ 
dido, porque esta discusión seria suma- 
mente enfadosa ; y en su lugar aconse- 
jamos á todos los que tengan afición á 
esta clase de apólogos j que lean .mas 
bien las fábulas de Esopo y de la Fonr 
taine j seguramente mas ingeniosos é 
instructivas que las de Cristo. Sin em- 
bargo, en favor de las personas que de- 
sean consultar l»s parábolas ó apólogos 
del Evangelio , citaremos aqui los pa- 
sages donde se pueden ver cuando se 
quitara. 

La parábola del Sembrador se en- 
cuentra en San Lucas , capitulo VIII; 
versículo 5^ y sig. » 

La de la J^ela debajo d§,. 



22 HtfiTORlA CHÍTICA 

Qn el misino capítulo, al versículo 4 6« 

La de la Cizaña ^ en San M^teo y ca- 
pítulo XIII, al versículo 2k. 

La de la Semilla j en S« Marcos , ca- 
pítulo IV , versículo 26. 

La del Grano de mostaza ^ en Saa 
Mateo, capitulo XIII, vers. 51. 

La de la Lewidura , en S. Mateo, ca« 
pítalo XIII, V. 53. 

La del Tesoro escondido, ib. vers. A*. 

La de la Perla, ib. v. ^5. 
. La de la Red arrojada , ib. y. tt7. 

La del Padre de Familias, ib. v. 52. 

Poco tiempo después Jesús , noticio- 
so quizá de que sus hermanos y primos^ 
no estaban en casa á la sazón , pasó á 
]Nazareth acompañado de los Apóstoles; 
ó bien por probarles<jue no era tan lo- 
co como le querían hacer, ó porque 
esperaba tratar con su familia y ganar- 
la hacia sí. Llega justamente en sábado, 
y se dirige á la sinagoga , y el ministro 
Je presenta con toda urbanidad el libro. 
Le abre , y precisamente lee este pasa- 
ge de Isaías : 

^ El espíritu del Señor ha reposado 
^obre mí, y por esto me ha consagra- 
do por su unción. 
. Cerró el libro , se vplvió al ministró, 



DE JESUCRI8T0> CAf»< II. 3S 

y ae sentó. En seguida se aplicó á si mis- 
mo este testo del Profeta , en que ade* 
mas se liace mención de milagros; y 
halIándOiSie presentes, fuese casualidad ó 
fuese cuidado I algunos Galileos que ha- 
bían visto los prodigios que hizo en su 
tierra, no tardaron en darle crédito. 
Mas los Nacáreos, que conocian ai hé- 
roe y se admiraron de su tono magistral 
y decisivo, y decian unos á otros: ¿No 
es este el carpintero , é hijo de Josef 
también carpintero í ¿Su madre riQ se 
llama María ? ¿ Sus hermanos y her • 
menas no viven entre nosotros ? ¿ De 
donde le viene tanta sabiduría? ¿Co- 
mo y por que medio obra las maravi- 
llas que nos cuentan ? 

. Jesús, ofendo estas pUticas, conoció 
qiie no era aquel sitio á, propósito para 
hacer sus milagros; pero echóla culpa 
de su inaiccion á la mala disposición de 
5US compatriotas, áN quienes aturdían 
l^s ponderaciones que oian de la sabi-- 
duría de un hombre cuya conducta pa** 
ra ellos era tan equívoca. Yo veo ^ les 
dijo , que me aplicáis el proverbio que 
dice : medico , cúrate á ti mismo , y 

que para probaros la verdad de los mi* 
lae;ros que os h^o contado de uní, que- 



iU^ nntOKIk GRÍTÍCÁ 

riáis que hiciese alguno delante áe to* 
sotros j pero yo sé que mi trabajo seria 
supérfluo é inútil en esta ciudad^ pues 
estoy muy convencido de la verdad de 
este otro adagio: ninguno es profeta 
en su patria. ' ' 

Para justificarse , se vale de ejemplos 
que dan que sospiechar también de los 
mi [agros de los profetas del Ahtiguo' 
Testamento } á lois <;uales ya el mismo, 
refrán citado les hace muy poco favor. 
Cita el de Elias ^ que entre todas las 
viudas de Israel nd encontró una mas 
digna de un milagro que la de Sarepta^ 
que era en el pais de los Sidonios. Y 
cita el de Elíseo^ queá pesar de hallar- 
se la Judea llena de leprosos j despre- 
ció á todos sus compatriotas^ y curó 
únicamente á Naaman^ que era Siró é' 
idólatra. 

' Esta arenga , que insinuaba la repro- 
bación y perversidad de sus oyentes , 
les puso de mal humor ^ y escitó su ira 
de tal suerte, que sacaron al orador fue^ 
ra de la sinagoga , y le llevaron á lo 
«lito de una montaña coala intención' 
de despeñarle; pero túvola felicidad de 
escaparse, y evitar asi el agasajo que le 
preparaban sus paisanos. 



DE jksüCftlSTO , CAP. XI. 25 

San Mateo , hablando de este viage á 
Ifazareth y dice que su Maestro no hizo 
allí muchos milagros , á causa de la in- 
credulidad de los habitantes ; pero San 
Marcos dice positivamente que no hizo 
ninguno , lo que es mas verosímil (4 6). 

Nuestros intérpretes y comentadores 
iluminados creen que, Jesús no escapó 
de las manos de los Nazarenos sino por 
un milagro; ¿pero le hubiera costado 
ínas hacerte para coriverEirlos , y pre- 
venir asi sus deseos criminales? Esto era 
todo lo que le pédiari , y entonces no sé 
habría visto en la necesidad de hacer el 
tnilagro segundo para salvarse y poner 
su persona en cobro. Parece que Jesús 
obra sus milagros en vano, y deja de 
ejecutarlos cuando serian decisivos. 

f Td) Coin|iárense en este heclio San Mateo al cap. 
Xllly San Marco» al cap. VI, j San Locos, al cap. 1V« 



dby Google 



26 . HI9T0RU CIÚTICA 



CAPITULO xir. 

Misión de los Apóstoles. Instruccio- 
nes que Jesús les dá. Milagros 
que obró hasta el segundo año 
de su misión. 



Descontento de su espedicion á Na- 
9sarethy pasó Jesús á la GaliJea superior; 
que liabia ¿»ido el teatro de sus inaravi* 
Uas ; y asi encontró á lo$ habitantes de 
aquella provincia con mejores disposi- 
ciones en.su favor. Notó que la necesi- 
dad de proveer ásu subsistencia retenia 
á muchos en casa y atendiendo á su tra- 
bajo que debian abandonar si habían de 
ir á esciicharle ; y esta reflexión le obli- 
gó á dispersar á sus Apóstoles dedos en 
dos por todo el pais. Por otra parte, se 
determinó á adoptar este medio por ver 
que sus predicaciones solas y aun sus 
milagros no multiplicaban mucho los 
prosélitos; y ademas las empresas con* 
tínuas de sus enemigos le hacian cono- 
cer la necesidad de engrosar su partido. 

Parece que Jesús había enviado antes 

Digitized by VjUUy H¿ 



DE JESUCRISTO, CAP. XII. 27 

Biucfaos de sus discípulos á misionear ^ 
quedándose con solo los doce Apóstoles; 
pero como estos predicadores eran aun 
muy novicios, es fácil conocer que ade- 
lantaron poca cosa, que sus trabajos tu- 
vieron corto fruto, y que en fin dieron 
f;on diablos tan cabezudos , que no hi- 
cieron maldito caso de todos sus exor« 
cismes. Sin embargo , estos malos suce* 
sos nopodian achacarse á lo que sepre- 
tendia, sino á su poca fá; lo que no de- 
jaría siempre de perjudicar á la previ- 
sión de su Maestro. ¿Porqué pues en- 
riaba á perder el tiempo á unos Misio- 
seros cuyas disposiciones no tenia bien 
conocidas? Por otra parte, ¿no consis- 
tia en él solo el proveerles antes de to- 
da la cantidad de íé necesaria para su 
•viage? 

Pero, íea como quiera , los Apósto- 
les que no se apartaban de su Maestro, 
que le veian continuamente obrar, que 
estaban en el secreto, y en una palabra, 
que tenian la fé de la primera mano; 
los Apóstoles , repito , estaban en mejor 
ahtitud de trabajar mas á satisfacción 
áe\ público. Asi Jesús, resuelto decisi- 
vamente á dar la últimci embestida , re* 
novó todos sus poderes, y les dio sus 

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28 HISTORIA CRÍTICA 

instrucciones , que bien consideradas sé 
reducian á decirles : «No vayáis á laS 
naciones Gentílicas y porque los Judíos 
nos harian un crimen de este porte j 
me le echarian en cara ; pues , aunque 
yo les ke amenazado de abandonarlos, 
es méne.ster antes hacer una tentativa 
con ellos, y asi solo predicareis á lod 
Hebreos. La penitencia supone sobrie-' 
dad y medianía de bienes , y de esto se 
deduce la inutilidad de las riquezas. Yo, 
como sabéis, no tengo dinero que daros, 
y asi es menester que os valgáis como 
podáis (cxxxrn); Dios lleno de bondades 
proveerá, y pues cuida de los pajaritos, 
también cuidará de vosotros (cxxxiv). 
((Tened entendido , que seréis mal 
Irecibidos , escarnecidos y perseguidos ; 
pero tened ánimo , porque el fin es sa- 
lir con nuestro intento. No enmudez- 
cáis ; predicad recio y sobre los techos 
lo que os he dicho en secreto. Decid á 
todos que yo Boy el Mesías , el hijo de 
Di vid , el hijo de Dios; ya no debemos 
tener consideraciones ni miramientos : 



(cxxxiii) Aqaí se encsirgó la ingeniatura , y Á fé que 
c»te encargo es ano de los que mejor han cumplido* 

(cxxxir) QueUmbitn$o¡sp«janwo.^y^^,^. 



DE JE8UCAI8TP, CAP* XII. 29 

es preciso vencer ó morir y y asi fuera 
miedo y cobardía. 

«Aunque os. en vio como ovejas en 
medio de los lobos , persuadid á las gen- 
tes sencillas^jue estáis bajo la salvaguar- 
dia del Altísimo que vengará cruelmen- 
te los ultrajes que se os bagan, y recom- 
pensará abundantísimamente á aquellos 
que os sirvan y complazcan. No seria 
justo que hicieseis la guerra á vuestras 
espensas y sino que los afortunados 9 cu* 
jas almas vais á salvar, son los que^e- 
ben proveer á las necesidades de vues- 
tros cuerpos. No llevéis oro y ni plata , 
ni provisiones, ni vestido que mudar 
(cxxxv). Coged un buen garrote , y par- 
tid en gracia de Dios. 

« No cesareis de predicar en vuestra 
marcha que el reino de Dios está (rer- 
ca : hablad del Jin del mundo j porque 
no hay cosa que asuste mas á las mu- 
geres y á los cobardes y poltrones. En- 
trando en las ciudades y lugares, infor- 
maos bajo cuerda , de las personas mas 
crédulas , mas limosneras y mejor dis- 
puestas hacia nosotros, y saludadlas afa- 
blemente diciendo : la paz sea en esta 

(cxxxv) Como no lo robasen , no s^ yo como lo ha- 
hiaa de Uevar , auntjue qui&ieían. 

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50 HISTORIA CRÍTICJL 

casa. Pero esta paz que les procarat-eÍ4 
y deseareis no será uias que alegórica^ 
porque mi doctrina es á propósito para 
introducir la discordia y la división eii . 
todas partes. £1 que se determine á se- 
guirme , es menester que abandone á su 
padre , á su madre , á sus parientes y á 
su familia ; porque lo c(ue necesitamos^ 
son fanáticos y entusiastas, que apegán- 
dose únicamente á nosotros no reparen 
en hollar todas las consideraciones hu- 
manas (cxxxvi). Yo he s^enido á traer 
la espada y no la paz. 

«Gomo una conducta de esta natura- 
leza puede enredaros con vuestros hués- 
pedes , debéis mudar de lugar á menu- 
do. No os fiéis en el poder que tengo 
de resucitar los muertos , y asi lo mas 
seguro para vosotros es conservar el in- 
dividuo : si os persiguen , tomad las dé 
Villadiego. Al salir de las ciudades y ca- 
sas rebeldes , sacudid el poho de vues" 
tros píesj y aseguradles que han incur-í 
rido en los mismos castigos que Sodo* 
ma y Gomorrha. Declaradles de mi par- 

(cjKxxvi) Buen «jemplf» de esto es San Gerónimo, 
que tendiéndose su anciano padre en el umbral de la 
puertt para que no le abandónate el hijo , noarchándoie 
ni desierto , le pisoteó y se fue corriendo, ségun él mifr- 
mo se alaba. 

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BE JÍSVCRISTO, CAP. XII. . 51 

te 9 que la venganza divina está siempre 
pronta á caer sobre ellos, y que los mo- 
radores de las ciudades nombradas se- 
rán mas suavemente castigados que los 
que se atrevan á resistir á vuestra mi* 
sion. Que el grande y último dia no es- 
tá lejos y pue.^ os aseguro que antes que 
acabéis de recorrer las poblaciones de 
Israel, vendrá el hijo del hombre (4).» 

Tal es el sentido y el espíritu de las 
instrucciones que Jesús dio á los ApoJif 
toles. Encargándoles divulgar su secre- 
to , les da una comisión que no se atre- 
vió, á pesar de su omnipotencia , á de- 
sempeñar por si mismo ; porque es pro- 
pio de un gran político tener instrumen- 
tos que obren por él , sin verse espues- 
to á comprometerse en persona. 

Pero dejando estas bagatelas, nos pa- 
rece muy estraño que el Hijo de D¡o¿ 
haga anunciar la paz y la caridad ^ y 
que diga al mismo tiempo que trae la 
guerra y la desa\^enencia. Cosas tan 
contrarías solo un Dios las podio con-' 
ciliar. Y á la verdad los Apóstoles, y 
mucho mas los sucesores de su santo 



(i) San Mateo , capítuloa IX y X } San Marcos, cap. 
'Vi \ San Laca«^ cap. Vlll y IX. j 

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59 HISTORU CRÍTICA 

ministerio, han ^cau^ado en la tierra. tor* 
bulencias y divisiones superiores á las 
de todas las demás religiones que l^s 
habían precedido. Les incrédulos y que 
$in embargo se refieren á la historia .de 
la Iglesia, notan quela¿u6^a nuevac\\ie 
aquellos vinieron á traer á los hombres, 
ha sumergido al género humano en la 
sangre y en las lágrimas. 

También pore^te discurso vemos que 
Jesús cargó á los pueblos la subsistencia 
de sus Apóstoles , de cu jo e^^rgo se 
han valido tan bien s\xp sucesoria, que 
se han creido autorizados para ejercer 
sobre las pobres naciones Jas estorsio- 
nes mas crueles por muchos siglos con- 
tinuos. ¿ El Omnipotente no habría he- 
cho mas respetables á sus Apóstoles , si 
los hubiera constituido impasibles y 
esentos enteramente de las necesidades 
naturales ? A lo menos , podemos creer 
que esto hubiera dado mas peso á sus 
predicaciones sublimes y á las de sus 
infalibles sucesores. 

Los criticos pretenden que era una 
falsedad decir , diez y ocho siglos hace, 
que el fin del mundo estaba cerca ; y 
mucho mas asegurar que el Juez supre- 
mo vendría antes que los Apóstoles tu* 

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BE JISOCHUTO y CA7. KIl. 35! 

'neseñ'' lugar dé recorrer toda& las etut 
dádes de IsraeL í: -r 

, £a creibie que ademas de eata^nin»^ 
tracciones públicas/ Jesús dio otras ocujt 
tis á sus linas £8lv6rito9. Partieroa pues 
espera cizadoi en las limasiiáa q.ue . iban 
á recibir de los Judíos , de tos cuálea el 
mayor número era ya reprobo inpec-j 
fó/^6i^ para el mismo que los enviaba I 
Después de todo > parece queimudó dd 
pian t pues reservándose jiasci^dadjés^ 
JDO dejó i los Apóstoles mas (|ue.las aí? 
deas. (2), ) . 

: Iban, de una en pira gritando t Oid Id 
buena mfe^a ; el mufu/o se va á acá-^ 
bar, y. haced penitencia::,, oradj aju^ 
nad ; dadnos dinero y provisiones por 
haberos enseñado este importante se^ 
creto. 

Lo mas que se nos dice después, es 
que curaba muchas enfermedadies apli- 
cando no sé que aceite j y sin duda ha- 
brían hecho mas bellas cosas aun^ si el 
Paracleto hubiera venido ; pero por ííu 
falta á pesar dé las instrucciones del HiJQ 
de DtoS) el entendimiento de los Após-> 

(a) San Lucas , eap, IX , San Mateó ^ eap. IX » y 
San Marcos , cap VI. . . ,' 

Tomo ix. Digitizedbytoo^it: 



WP mStOUk CKÍTICA; . 

tdles eslaba aün¿ en tinieblas (3)úNot€« 
IDOS que estos misioneros y con su bál:^ 
stímo (cxxxyti)'y: sus^brilbntes areagias, 
faíciesen inuclias^coÁrersiones. 
^ L^S' incrédulos se obstsnaa.en suopi* 
liioii , TÍjOndo que Jesucristo y en las ínS'^ 
iruccíones á' mis Apóstoles., les: manda 
pneoisamente <{uie solase dediquen á la 
coií¥eraioii*de los Judíos, iprabibiendo-. 
kb fópfifáltiif^nte predicar á los Gentiles. 
Dicen queiiÁ Dios, por esencia. bueno, 
M poÜid }iacei*> dístincipii dé personas; 
que el Padre común de todos los boro-' 
brés debía tuanifeistir una rternhra igual 
hacia todos'sns hijos ; que. al que «s tp^ 
dopoderoso l0'm>ismo le costaba c^uver*^ 

' fS) San Maríets, capitulo Ví. A^ui (csaorxtoit odvl»-. 
tir que los Judíos acostumbraban untar á los enfermos 
con aceite mezclado con vino. Tenemos una piiíeba de 
Mtoen el Talmud d« Jetiicclem , que trae an )KJiníso 
dado por Rabbí Simeón, hijo de Eleazar, á Rabbi Mieri 
para que mezclase el vino con el aceite pirr ti untar a los 
€nfermos en sábado. Qtro e)eiit>(>)o igual m: cncueiiira«n 
cl Talmud de Babilonia. V. Beracoth , fel. 3, col. i , 
y el Maazarjcheni , fol. 53 , tol. Bij hyJoma/fol. 77 
€ol a. Santípgo, que era jVa9«rvAP óicfiátiatio judai- 
sante, ho transmitido este uso hebraico á la Religión 
cristiana. Véase su Epístola, cap. V. Tal ei ^ origen 
del sanio crisma y del .sacraixici|to de la fstremU'-unciont 
qoe los católicos dan á los moribundos. 

(cTxxvii) Parecido al de Fierabrás , y al de la alca« 
sa del encantado' Manchégov que en todas partes y tu 
lodM lai cosos veia aventuras iacreibles« 

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tir y salvar á todas las tiacioneé; que 
ttn Dios j qué solo ama á un país y es 
puramente un Dios local) j no puede 
ser él Dios del universo i que un Dios 
parcial ^ esclusivo > injusto > que no tie* 
líe otra regla en su elección que el ca- 
pricho) no puede ser ni perfecto , m pop 
consiguiente modelo de perfeccién« Equ^ 
una palabra,' todos los que carecen de 
la dicha de ser cegados santamente per 
fa féy no' cÓQipreñden como el dueño 
justísimo y sapientísimo de todos lofc 
pueblos de la tierra baya podido asrar 
privativamente al pueblo judío i cuando 
su infinita presciencia le debió ínslrnir 
de que su ternura y sus favores espe^ 
dales áerian enteramente inútiles par^ 
aquél mismo pueblo , el mas duro é iu'* 
domable. 

Añaden que no (ué muy á proposito 
que el Hijo de Dios esdamase : 

¡ \^f de tlj Corpzain! ¡af de //> 
Seth^aida! que si en Tiro y en Sidon 
se hubieran hecho ^ las mai^avillás tjiie 
han sido hechas en vosotras , ya rnu^ 
cho ha que hubieran hecho penitencia 
en cilicio y en ceniza. 

Porque , en efecto , ¿ no hubiera sido 
mejor haber ido á predicar á ésta^ ot' 



80 . QWQ9IA CRÍTICA^ * 

dades tan dóciles donde el, Me${as teniai 
evidente segujridad de sacarfrutp^ que 
empeñarse ea.f>redtcar i 1<^ Judíos, c^pn 
los cuales sabia de po/sitivo que nada 
habia de adejantar ? . . 

Jesús y quedándose solo, jrecorriópre- 
dicaiido niucbas ciudades de la Galilea ; 
pero. destituido de la asistencia 4e sus^ 
amados confidentes , no. bizo milagro 
aJ^uno. 

* Hasta aquí no vemo& que , los magis-^ 
triados ni los grandes bicitsen a)to en la 
conducta de Jesús,, antes bien y. según 
todas las apariencias , despreciaban á 
un bonibre á quien consideraban como 
un vagamundo ó un logo nada temible; 
j aunque es derto que se dice baberse 
asociado á los Fariseos algunos oficiales 
de Herodes para perderle , parece qu^ 
esta liga no intentó cosa alguna. £1 
nuevo Misionero no debia en el fondo 
dar sotabra sino á los sacerdotes y álos 
doctores de la ley, contra los cuales 
declamaba con el mayor descaro. Con 
estas invectivas se ha'cia querido del pue- 
blo > que va bacia mucho tiempo esta- 
ba cansado de Jas estorsiones de estas 
aánguíjuelas públicas , que chupaban im- 
píamente á la nación , que trataban á Iqp 

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pobres con soberbia ; j que , como lo 
prueba la parábola del Sacerdote y del 
Samaritano , Dada tenian de caritativos* 
En ninguna parte habia mas sacerdo- 
tes y doctores de estos que en Jerusa* 
lem ; por lo cual , como liemos visto, 
era esta capital la menos dispuesta á 
escuchar *á nuestro Predicador. Puede 
muy bien ser que los sacerdotes fuesen 
la Verdadera causa del odio y menos- 
precio que le tedian en aquella populo* 
sa ciudad. 

> Por una contrariedad bien estraña y éi 
espacio mas oscuro de la vida de nues- 
tro Héroe es aquel en que adquirió mas 
celebridad- Jesús era totalmente ignora- 
do en la corte de Herodes y cuando á la 
cabeza de su tropa , y rodeado de un 
inmenso pueblo , espefia depfionios, dan 
ba vista á los ciegos, habla ^ ;: á los mu- 
dos f arrojaba á los vendedores del tem- 
plo, y aun resudtaba á los muertos; y 
cuando pasaba una vida oculta eh Gali" 
lea , y cuando durante la. misión de sus 
Apóstoles se hallaba solo y sin séquito 
predioaado la penitencia, entonces sa 
farna , predicando hasta el trono , esct<r 
ta en el Monarca el deseo de verle. Se- 
gún San Lucas .^ un rayo de luz hiere el 

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S8 RtsToau caiÍTicÁ 

corawn de Herodes , y la duda se^a^ 
dera de su espíritu , y dice : Yo he </e- 
gollado á Juan ; pero sin duda ha re- 
sucitado de entre los muertos j y por 
eso hace tantos milagros : porque sino 
¿quien puede ser este de quien se cuen- 
tan tales cosas? Es menester wrle.... 
y en consecuencia enyió . algunos de sa 
parte á Jesús. 

Si la naturaleza le hubiera dado de*- 
Techos incontestables al trono de Judea, 
podria rezelar que estas pretencionea 
eran para él un motivo suficiente para 
no ponerse en manos de un Principe 
usurpador de su corona ; pero Jesús no 
podia ignorar las circunstancias de su na* 
cimiento , y sabia ademas que ya hacia 
largo tiempo que la familia de David 
cayera del imperio. Otra causa sin duda 
le movió á negar á Herodes su vista y 
mayormente si observamos que esta en- 
trevista del Hijo de Dios podía no solo 
contribuir á la conversión de este Prín- 
cipe y de toda su corte, sino á la de to* 
da la Judea , y quizá de todo el impe- 
rio romano. Un milagro solo de conse- 
cuencia, que hubiera obrado delante de 
toda una corte, reconocido y atestigua- 
do por personas de tanto pe&o y seria 



•ifadüida aia$ efic99 que lo$ to9timot»ioA 
80speGbo;üOd de todos los paisanos y va- 
gamundo» de la Galilea. Pero lejoa de 
hacer taoto bien \ Jesús se retira á ua 
desierto asi que sabe el designio de este 
Monarca (5). £1 Grieto » que é las veces 
pronunciaba las maldiciones mas terri- 
ble)» contra los que le d^soian , se des- 
deña de ir á un Soberano que le llaom^ 
y se esconde en un bosque ^ en ve? de 
trabajar en su conversión,- £1 Mesías ea 
fin y que nO babia tenido la meppr difi- 
cultad de. ir á casa de uci Genliunon par 
la curar á un esclavo (cxxxyi\i)y. rehuw 
visitar á un rey para curarle de su cer 
guedad y para traer á éi todos sus súb^ 
ditos f objeto para el cual babia sido.ei* 
pecialmente enriado. 
'. Los teólogos esplican estas contradice 
eiones , remitiéndonos i los inapeables 
decretos déla providencia (cxxxix); pe-* 
ro los no-crédulos pasan á decir que 
Jesús y que tenia bastante habilidad para 

(5) San Mauo , cap. XIV. 

(cxxxviii) Y esclavo que ni por eias consta qne m 
convirtiese* 

' (cxxxix) Divinamente. ¿Quien es el mojo que 
tMtt á pruebas tan i]:rtfra^ables f 

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%6 •• ' HíM^ÓMA CfRÍTtCA 

hlaícer maravillas é viáta de un piieMor 
jgnbmnte^ no se atrevió á comprome- 
Cerse delante desuna corte ilustrada ; y 
ékñi cafdí se vé uno tentado á creerlo por 
él modo; con que se portó delqntede sus 
fuec^ y cuando en su pasión se vio pre* 
ctsado á^ompareoer en su presencia. ' 
" Entretanto la misión de los A'pósto- 
les espiraba. En poco tii^Hipo recorrie- 
ron la Galilea, y parece por la merien- 
da que Jesús va á dar á todo el pueblo, 
que lá predicación de los misionel^os ha- 
bia proporcionado una abundan te cose- 
éh^. Llegan los Apóstoles ^cargados coa 
hiS'limosnas de los Galiieos^ á donde 
editaba su Maestro ^ el cual ya se aburría 
portanla gente como le cercaba. Así' 
pues, para estar con mas desahogo, se 
líietió con los suyos en una barca , y se 
hfjeo conducir á el otro lado del mar de 
Galilea. Aquí fué donde en un sitio so- 
líUrio le dieron cuenta del resultado de 
bú Qiision , se tofñaron las medidas pa*^ 
ra lo porvenir, y sobre todo se pusie-* 
ron las provisione;^ á buen recaudo. 

Los que vieron á Jesús embarcarse, 
creyeron quizá que iban á ser priva-^ 
dos de la diversión de verle l^cer pro« 
digios, y dieron Ja vuelta al lago; los 

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DB jjurvcRtsTO) cAPr xn. M 
^ouaihea^á pesar de ir por tierra , llegar 
Tofi^ i la pa-rte opuesta antes que llegase 
Jesús en su bote. Allí les predicó , lea 
hizo milagros, y curó enfermos; loque 
duró li9sta bien larde. Entonces los ciis*^ 
cipulos le aconsejaron que despidiese al . 
•pueblo para que se retirase del desierto 
^n don^íe se hallaba, j fuese á alojarse 
y buscar víveres á las aldeas circunve* 
4:inas. Nada contestó en punto al aloja- 
miento, porque seguramente en toda la 
.multitud babria pocas gentes acostum- 
J^radas á dormir en buena cama ; ademas 
de que las noches no serian muy friaa 
en aquella estación y en aquel clima. 
Queriendo pues divertirse con el emba- 
razo de los que le hablaban , que igno* 
rabaa los recursos que le habia propor- 
4:íonado la cuesta de sus Apóstoles : No 
^s necesario j les dijo , que vayan á las 
aldeas j dadles \H)sotros de comer. ¿Qué 
decís. j le respondieron , iremos á com^ 
prar doscientos denarios de pan para 
darlos de comer? Felipe j que no te- 
nia parte en el secreto (porque en los 
negocios de mas entidad solo se valia 
Jesús de Pedro j Santiago y Juan ) , 
Felipe, repito; le hizo presente la im- 
posibilidad de juntar pan suficiente pa- 

* Digitizedby^iUÚglt: 



hí HtSTOlUA CRÍTICA 

tB tanto número de personas ; mas lesas 
se dirigió entonces á Pedro y y le pre* 
guata : ¿ cuantos panes tenéis ? No en- 
contraron ninguno , lo que es tanto mas 
estrañOy cuanto que se habian retirado 
. alli para coqier. Un Apóstol dice á su 
Maestro : aquí hajr un muchacho que 
tiene cinco panes de cebada y dos per 
^es. Jesús hizo que se los trajesen , y 
mandó que hiciesen que la turba se sen- 
tase en pelotones de á ciento y de á cin- 
cuenta personas ; y esta disposición dio 
•á conocer que babia cinco mil hombres, 
porque no sé contaban las mugeres y 
fes niños. Luego que toda la gente se 
sentó sobre la yerba , Je^iB j según la 
costumbre de los Judíos , bendijo los 
panes y los peces, los hizo trozos y 
\o% dio á los Apóstoles , quienes los dis- 
tribuyeron al pueblo que comió cuan* 
lo quiso ; y aun sobraron de toda esta 
comida doce canastos colmados. Los 
convidados llenos de admiración decían: 
verdaderamente es este un profeta 
(cxl); es el profeta que dé>e s^enir al 



. Tcjil) . Et nos ba dailo pan y peces ; luego «§ »n ▼»" 
dadero profeta, el prof«ti que ha de venir. ¡Consecue»* 
cía legítima ! 

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DE JBSOCKttTOi CkWk Xll. Ht 

mundi» (6). Lo que traducido ea leor 
guaje ordinairio quiere decir : 

El verdadero Jnfitrion 
Es aquel donde se come. 

Los Apóstolea no hablaron una palabra. 
Algunos críticos se ban atrevido á 
pouer duda en la verdad de este mila- 
gro, fundados en las imposibilidades qu^ 
presenta : como si la imposibilidad de 
ias cosas pudiese perjudicar á la reali- 
dad de un milagro , cuja esencia cou'- 
«ste en producir cosas imposibles. 

Sin embargo , si atendemos á la nar- 
ración que acabamos de hacer, y que 
se ha sacado de los evangelistas que no 
e^tán muy acordes acerca de estas cir- 
-cunstandas, veremos que este milagro 
no presenta nada de imposible, con soí- 
lo que atribuyamos un poco de saga* 
cidad.al hijo de Dios, que conoció en 
esta ocasión que no podia hacer mejor 
nso de las provisiones que babian jiin* 
tado sus Apóstoles, que repartirlas á una 
muchedumbre famélica ; pues sabia que 

(6) V¿as« San Marcos , cap. VI , v. 3i, 37 , 3S, 39, 
4o, 4i ; San Mateo > cap. XIV, v. i8, etc. ; j Sfeil 
*Mm , cap. VI. 

> Digitizedby VjUUyit!' 



M RistORU úninck 

ton esto ganaría su favor. Es regular 
que también los Apóstoles tuviesen al> 
gunas redadas de pesca cogidas poco an- 
tes para el caso. Este refresco debió pa- 
recer milagroso ala gente que sabia que* 
Jesús no tenia bienes y que viviade Jas 
Jimosnas. En consecuencia vemos que 
quiso proclamar Rejr i un hombre 
que le había regalado tan bien. Aquella 
^eomida le renovó la idea de un Mesías, 
bajo cuyo imperio reinaría la abundan- 
cia : no fué pues necesario mas para que 
una porción de miserables creyese que 
el Misionero , que con tanta abundancia 
iés había dado de comer y debia ser el 
ivombre estraordinario que la nacioD 
«guardaba. 

- Mas probable se hará ^este milagro 
aponiendo qure los Apóstoles en su cue»* 
ta habían recogido y como es natural , 
gran cantidad de pan, y que ademas no 
dejaron de pescar atravesando todo el 
lago. Jesús les tendría dado el santo, de 
suerte que llegada la tarde ya estarían 
ks cosas preparadas sin que el puebid 
Jo notase, y que de consiguiente fué ali- 
mentado con provisiones reunidas por 
medios muy naturales. 

Aunque los de Galilea quisieron adat 

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BE lE80CftISTO> OAP^rXI. It5 

mar Rey al Cristo^ este no. \iitg&Á pro^« 
pósito. aceptar un honor qne era inca* 
pas de sostener. Agotadas sus provisión, 
nescon la galantería que acababa de ha-? 
cer f le pusieron en la imposibilidad de 
repetir esta clase de convites; j aunque 
la. conducta de este dia pudo conciliar^ 
le^ mas que todos sus milagros^ el efeci 
to délos mendigos y h,olgaz£mes j yago^ 
del país y el estado de sus cosas (q fora^ó^ 
á renunciar á este medio. 

Jefus coronó el segundo año de su 
misión con esta acción c^paz de adqui- 
rirle el amor del vulgo^ pero al mismo 
tiempo la mas propia para escitar la in- 
quietud de los magistrados. Este golpe 
ruidoso debió ciertamente alarmar las 
autoridades que previeron que la cosa 
podia hacerse seria, mayormente con 
el designio que habian manifestado los 
Galileos de proclamar Rey al autor. Los 
sacerdotes se aprovecharon verosíniil- 
mente de estas disposiciones para per- 
der al Cristo y que siempre intentó ga- 
nar al pueblo á fín de servirse luego de 
él para subyugará los grandes. Un pro- 
yecto de tal clase quizá hubiera tenido 
algún éxito , si la Judea y como en otro 
tiempO; estuviera gobernada por Reyes 

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Jl^ HÍHtÓMA CKiffCÁ 

de la nactOD. Estos , como tíos dice la 
Biblia j dependían casi siempre de los 
sacerdotes , de un profeta ^ ó del prime* 
roque llegase 9 que con predicciones , 
declamaciones y piodigios sublevaba la 
tiacion hebrea y aún dísponia de la <,o* 
fona ; pero', en los tiempos de JesuS) e\ 
poder de los Romanos nada tenia que 
temer de los esfuerzos de la superstición 
pidaica. ' 









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in JESDCUtTO) CAT. Xfll. HT 



CAPITULO XIII. 

Jesús vuehe á Galilea cerca de ¿» 
tercera Pascua de su misión. Lo 
que hizo hasta que salió de allL 

Li8 «spresiones de San Juan, q«eno9 
dice que sabiendo Jesús que los cobvi-* 
dados á loa cuales trató tan liberal men- 
te habían de venir para arrebatarle ,' 
y hacerle Rey j huyó otra vez al mon^ 
ie ü soio , prueban que se retiraron asi^ 
que se acabo la pitaozaé Esta observa-' 
eíon va á ^rvirnos para fijar en lo po^ 
sible la marcha del Mesias y darnos ra- 
zon de su conducta. 

Guando los diacipulos dijeron i su 
maestro quepodia despachar al pueblo/ 
era ya por la tarde , j los preparativos 
del banquete debieron oonsnmir no p^-^ 
oo tiempo. La distribución de los vive*-' 
rea entre tanta gente pide algunas lloráis: 
(X>nqae la merienda debió acabarse bien 
cerca del anochecer y después de lo cual 
despidió Jesusa sus convidados. Sin duda 
fue de noche « cuando supo el .desienf 

* JígitizedbyVJTJUyit: 



%9 «' HiaTORIA CRitlCÁ* 

que tenían de levantarle por Rey ; y 
hasta que no tuvo esta noticia , no to- 
mó la resoluoion^ de esconderse en una 
montana, después de haber enviado á 
«is discípulos á Gapharnaúm. Estíos pa» 
ra ir alU tuvieron que andar CQst^et^do 
bastante tiempo j y viéndoles Jesu^ ma- 
niobrar, mudando' de pronto de pare- 
cer, se fué á juntar con ellos, y se hizo 
^ondiiscir á Qenezareth al nortedei la- 
go. Los discípulos , al verle llegar ino^^ 
pinadamente, j^ de súbito, cuando' le 
qyehn metido dentro de. la moatafia i 
tuvieroa naieda, y pensaron que era 
tma fanUuma*, porque las fantasmas 
eiran niuy, conocidas en Jadea (cxu)^ 
A£rnaironse eidí esta idea luegoique vie-f 
rQi| que.3U sombra sé acerceüna al bote , 
y Simón Pedro^al mirar que séaproxi'f 
ipiah» ,<oQ dudó que le veia andar sobre 
laságuas* Quiso él también haqerlo mi»4 
mo paras^lirle.al encuentrb, y sintió 
que se bündia^: entonces Jesús le cogió 
de la OMi^o , y le sacó del peligro en que 
se le figuraba hallarse j y habiéndole re« 
prendido su cobardía , subió á la barca* 

(cxii) Ta se ye, cada uno es muj conocido cu su 
pasa. . • : - 

Digitizedby VjUUyH¿ _ 



Todos los Apóstoles que no se ac^mira* 
rbn del mifógro de los cinco panes , m 
asombraron de este ; se llenaron de 
miedo , y ya se sabe que el miedo dis- 
pone á verlo y creerlo todo. He aquí 
porque en medio de su turbación con- 
fesaron unánimes que era verdadera^ 
mente él Hijo de Dios (1 ). 

Mandó que le condujesen á Geneza** 
rethy'y Jlegó á esta ciudad entrado el 
día. En ella le reconocieron muchos de 
los que disfrutaron dt:l pan mulhplicaí» 
do , que no dejaron de contarlo á su 
llegada á los demás. Presentáronle losr 
enfermos y é hizo un sin número de cu^ 
fas ; sobre lo cual no podemos menoa 
de estrañar y admirar la féde los Ga*^ 
lileos^ que esponian en todo tiempo sus. 
enfermos en medio de las calles , y la. 
Condescendencia de Jesús que les curaba 
incesantemente. 

Los de la cena maravillosa de la vis*- 
pera , á quienes sus negocios llamaban 9 
sus casas, volvieron á ellas; pero la ma* 
yor parte , es decir las personas que na-, 
da tenian que hacer ; asi que vieroa la * 



(i) San Mateo , cap. XIV , v. 3o, 53 , 35 ; .S. ^ac- 
«os , cap- VI , y. 5^ , 55 , 6ó ; San ^uan, ¿rap.... 

Tomo \u DigáedbyV^^^uyit: 



fio» .. HI8T0ai^ 4»lTM%i 

barca 4e Jesq« dirigir &n rumbo bácia^ 
Gapharnaum ^ se encaminaroa por tier-* 
pa á esta ciudad. Algunos boteciUos de 
Tiberiades abordaron al mismo tiempo; 
pero ninguno conducid al Cristo y ni le 
babia visto alguno , porque liabia bccho 
mi travesía por la noche. No obstante^ 
esta turba^ esperaba siempre con la con- 
fianza de ser aun regalada gra¿¿J^ cuan- 
do se supo < n Gapharnaum que nues- 
tro hombre estriba ja al otio lado 
de la ribera. Al punto, todos aquellos 
ociosos marchan para ir junto i él, y en 
efecto llegan unos por mar y otros por 
tierja (2). ^ 

, Nuestros parásitos^ en lugar de en- 
contrar una merienda servida sobre la 
yerba, fueron regalados con un sermón; 
y Jesús , que no tenia medios de hacer 
^1 gasto á una corte tan numerosa, les 
habló asi : 

26. En verdad j en verdad os digo: 
que me buscáis no por los milagros 
que visteis j mas porque comisteis del 
pan y os saciasteis. 

Trabajad para la vida etnna..** 
Aquellas gentes , cujas ideas no se 

(a) San JuaO) cap. VI. ^ 

.^ DigitizedbyVjOOQlC 



estendkia mas allá de la vida preaeote!^ 
no comprendieron lo que Jesús quisa 
decirles^ y le preguntaron ¿ (fué habían 
4e hacer ? Entonces les dio á entender 
que debían hacerse sus discípulos , pued 
él era el Mesías. Después de todo esto> 
I Á quien no sorprenderá ver que. toda-* 
vía liacen al Cristo esla pregunta 7 

30. a Pues (fue milagros haces jpa^^ 
ra que te creamos. ¿Qué haces de es*^ 
tt^aor diñaría? Nos alegarás la merien" 
da que nos has dado por una s^e%} ¿pe* 
ro qué es esto en comparación de la 
que sucedió á nuestros padres, que sa 
aumentaron del maná en el desierto 
por espacio de cuarenta años ? ¿ Qué. 
tiene que s^er uno con otro?» 

De e^to se deduce que Jesús en vaiH> 
quiso atraer á los Galileos á su partido* 
á los cuales solo hubiera reducido la 
continuación, de la milagrosa comida^ 
Jesús les hizo presente que el pan coa 
que Moisés babia alimentado á su» pa-r 
dres no era el pan del cielo ^ que es el 
único que puede nutrir enteramente i 
tripas s^aclas no oyen , ellos le dejaroi^ 
perorar cuanto qui-^o , y luego que aca-v 
a6 , le dijeron : «Pues bien , dartos dér 
ese panuque con tal que tenga esa^.coii' 

Digitized by VjUUy H¿ 



É% msroMk crítica 

dieíones que dices , poco nos impd^ta 
que sea el pan que se quiera ; pero io 
que si nos importa, es tenerlo continua* 
mente. Compro métete á dárnosle toda 
]a vida y y entonces estaremos á tüsór* 
denes.» 

Es creíble que si Jesús tuviera en 
aquel momento los recursos que antes^ 
se hubiera formado á poca co^ta un pe- 
queño ejército, que el gusto y seguridad 
de tener que comer sin trabajar hubiera' 
engrosado en poco tiempo; pero Je¿ius 
estaba faltó de todo. Estas gentes se en- 
tregaban á él con sola la condición de 
que les suministrase pan. .. La propo- 
sición era precisa y ui gente j y Jesús se 
evadió tan mal de esta dificultad , que 
los mismos Apóstoles Jo estrañaron , 
pues les contestó que él mismo era el 
pan ; que su carne era una verdades 
ra comida j y su sangre una verdades 
rq, bebida ; que para conseguir el cied- 
lo era menester comer de este pan j de 
esta comida , y beber de este vino des^ 
cendido del cielo ; y que solo á los que 
le conociesen, los resucitaría para 
conducirlos á los eternos festines* 
Aquellas buenas gentes, como de un ta- 
Unto embotado 7 no comprendieron pa^ 

DigitizedbyVjUUVlC 



BE J1SSC[<ÍAISTO| Ck?,Xl\U S3 

4abra de esta \ergaL misteriosa, inventa** 
4la £x pro/eso para extraviarlas.. Vien- 
<do que ni por eso se movian , les dijo., 
•« que para seguirle era oaenester una vo- 
iCacion particular ; y supuesto que ellos 
410 estaban preparados, era señal de que 
na eran llamados (3).» 
I Así es que en esta ocasión no fueron 
«Luchos los reclutas que hi^o el Salva- 
dor; por el contrario y los Judios sein* 
•dignaron de que él pretendiese haber ba- 
jado del cielo , porque decían : nosotros 
<:onocemos á su padre f á su madre ^ 
y sabemos donde ha nacido. Los rumo- 
res de estos sucesos , que llegaron hasta 
Jerusalem , irritaron dé tal modo á loa 
sacerdotes , que resolvieron su muerte 
(4) ; pero el Hijo de Dios burlaba sus 
pesquisas y designios con marcha» y 
contramarchas diestras que inutilizabaa 
su vigilancia (cxlu). Donde le querían 
atraer , era á la capital ; pero Jesús no 
fué allá la última Pascua ; y sin embar- 

(3) Véase San Juan , e«p. VI , ▼- i6 , 3» » 34 > 37t 

(4) Véase San Juan .oep. VII. 

(ctLii) Mi ma« vX meno« que flborn el cura Merino» 
hombre que, según dijo un Si*. Mifíistio de la gueria«l 
Co Dffreso hace algunos años, es inhallablq» ,,,,,,,,^ 



)S4- HistORíi (Critica. 

go de que se alejó de la ciudad /no iín» 
pidió que supiesen sus pasos aun los más 
ocultos, de lo cual dedujo que entre sus 
discípulos babia algunos bermanos fal^ 
«os. No se engs^ñaba á la verdad ; pero 
'el temor de ser vendido en un pai.s donv 
de ya comenzaban á faltarle recursos ^ 
j)or no haber querido dar de comer al 
populacho y le hizo disimular basta lie** 
|;ar á sitio mas seguro. 

Fué á dar una vista á su casa á Gap* 
iiurnaum , donde repitió la misma plá- 
stica que habia predicado inútilmente á 
ios dti Galilea ; pero no hubo uno siquie* 
4'a que quisiese contentarse con no tener 
otro alimento que su carne y su san* 
gre^ Los mas confidentes suyos sabian 
por esperiencia que les daba otras vian. 
das y pero los demás discípulos dijeron 
que ellos nopodian subsistir con man« 
jares misteriosos, y se despidieron (5). 
'A falta de poder hacer otra cosa, el Gris* 
i;o se vio en la precisión de dejarlos par* 
tirr 

Habiendo Jesús echado de ver la de- 
serción de la mayor parte de su tropa , 
seJncomodó; y en el dolor de la pér« 

(5) Sqh Jua>i , cop. VI , t. 37 , e^ t^ht^^Uoogh 



DE iEsxjCRi^ro/ CÁ^*'- xni. ^% 

dida que acababa de sufrir , pregunto á 
los doce : 

68. ¿ r s^sotros queréis también 
iros ? 

69. V Simón Pedro le respondió: 
¿ Señor j á quien iremos ? Tú tienes 
palabras de vida eterna. 

70. V nosotros hemos creido (cxLiii) 
f conocido que tií eres el Cristo j el 
Hijo de Dios vivo. 

Así Jesús se aseguró, lo mejor que 
putlo , de la fidelidad de sus Apóstoles'. 
No obstante vemos que , á pesar de s(l 
ciencia infinita , conserva siempre en su 
compañía al infame Judas j sin embar- 
go de ver que le habia de entregar trai- 
doramente á sus enemigos. 

Parte otra vez á Galilea, á donde Ib 
siguieron sus Apóstoles, aunque su últi- 
mo sermón , y sobre todo el haber re- 
husado seguir dándoles de comer, ha^ 
biu indispuesto á los Galileos. En efec- 
to , el recibimiento que le hicieron fué 
bastante frío, y la llegada de alguno^s 
Fariseos y doctores de Jerusalem acabó 
de echarlo á perder. Habian sido dele^ 

(cxLMi) Nótese que antes le creyeron t\n» le cono* 
<ie»en ; y ademas , que |>regQntandQ el Señor i d^ce y 
Jolo responde uno. 

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:2H) HlfTOllXA CAITUU 

jg<ii}o9 por lo^^efes que tenían «n la ca*' 

Jiital ^ para instruirse mas á fondo de 
a Conducta de nuestro botnbr-e^ y pa^ 
fá que el pueblo se guardase de él, Na- 
idie ignora á que punto lleTaban ]os Ju- 
,Wios la observancia de sus ceremonias 
legales ; y .sin embargo > á pesar de to- 
das sUs protestas de su adhesión á la ley^ 
jfjesus j sus confidentes no observaban 
ninguno de sus preceptos. Una de las 
«i)o$a& que les chocaron á los Judíos, fué 
el qne comiesen sin lavarse las manos, 
^ satisfizo á este cargo con decir : «que 
jnas valia violar las tradiciones , y des-* 
preciar las ceremonias que ofender á 
JDioS). quebrantando sus mandamientos, 
(Sdmo hacian los doctores.» Llegó á en- 
^ñar ^ contra lo que espre^amente decía 
Ja ley ^ qué 

. A 1 é No mancha al hombre lo que 
entra por la boca : lo que sah de la 
hoca j eso mancha al hombre (cxliv) : 
Jo que prueba que ni el Cristo ni sus 
discípulos eran escrupulosos. Después se 
Mteiidió en invectivas contra los docto- 
Jes á los cuales llamo hipócritas igno- 
rantes j y ciegos que guiaban á otros 

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)chgos..^ SU: arrebato , no advirtió que 
el ts^l cumplimiento no ofendía menos 
al pueblo que ásos guias. Estos le con- 
servaron un encono profundo , pero el 

.populacho no dÍQ en eiio, ni Jesús le 

.dejó tiempo de reflexionar ; pues le hi- 
zo un helio di curso para probar qu« 
los doctores de la ley y los sacerdotes 

.eran los mas malos de los hombres, los 
menos caritativos ; y en fin ^ que nadie 
podía ser dichoso ni en este mundo ni 
en el otro , sino haciéndose su discí- 
pulo. 

Los que ya lo eran, vinieron á decirle 

.que no estaba segura su vida eo el pa- 
rage en que actu«Imente habitaba; y 

,con tal noticia salió muy de prisa de 
allí, y se dirigió á las fronteras de Ti- 
ro y Sidon. Su designio era el de vivir 
oculto en una casuca de esle pais , á la 
que se habia retirado; pero con la fama 

.que ya se habia adquirido, le fuéimpo- 

.íjible permanece'r por mucho tiempo m- 
cógnito* El secreto de su reliro se divul- 
gó , y como no hay mal que por bien 
nú {^erigUj esta, especie de traición le 
proporcionó la ventaja de hacer un mi- 
Jagro para los Gentiles. Una muger Ca- 
nanea vino á buscarle de buenaÉ á pri-* 

Digitized by VjUUy ItT 



98 niñTOiiik CRITICA 

meras para pedirle que tuviese á bieii 
librar á su hija de ua demonio (cxlv) 
que la atormentaba. Jesús nada respon- 
dió por el pronto, ella por6ó, los Após- 
toles interoedieron por ella, j aun ins- 
taron á su Maestro que la concediese 
(o que pedia : todo para hacerla callar, 
porque daba voces, y podía descubrir 
que era el Mesías. E^te se resistió di- 
ciendo «que no habia sido enviado á 
los Gentiles, sino á los Judíos» : se le 
instó de nuevo, y le respondieron á una 
comparación con otra. Kindióse á tan- 
to porfiar, y la muchacha se vio libre 
del diablo, ó délos vapores que la aho- 
gaban (6). 

Todos los progresos de Jesús en este 
país se redujeron á este milagro. De allí 
pasó á la Oecánolis , donde se grangeó 
alguna consideración por haber curado 
á un hombre mudo y sordo , pronun- 
ciando la palabra efetá j metiéndole 
después los dedos en las orejas , y un- 
tándole con saliva debajo de la lengua. 
Con esto hizo una provisión mas que 

(cxlv) No era esta de las peores cuondo no tenia mai 
xfkt uno. 

. (6) Véase Snn Mateo , cap. XV , San Marcos , cal». 
Vil , y San Juau , cap. Vlí. 

Digitized by VjUUy H¿ 



DE jksütRXSTÓ y CAP.' XIll. ^ 

'mediana de limosnas , y por añadidum 
'obró un sin fin de milagros en los en* . 
férmos, cojos y estropeados. Tenia ln / 
costumbre de escaparse asi que su om^/ 
nipptencia milagrosa comenzaba á m6^\ ^^l- - 
ler algún ruido , y en su consecuencia^ ^^<»» 




se k*etir6 á una montaña que distab^*^^ ? ^ 
tres jornadas del lugar en que había obran ^ ^7^ 
^áo tantos milagros (7). El pueblo le sír\ 5^.^ ^ 
■gue de tropel á su retiro, y esto sinco-i '; ^ 
írner ; pero ya entonces el Cristo , car* €•*' ]* 
gado de provisiones y del dinero que i ^'^j 
sus milagros liabian producido, se vió**^ í *; 
de nuevo en estado de VQÍver á poner- 5 ^ > 
les la mesa. Como si nada supiese, pre- V¡fl ^ 
gunta Á sus Apóstoles ¿ cuantos panesc-,^ ¿ ^ 
tenián? y ellos respondieron siete. En-* 3 1 
tonces manda á la muchedumbre quese<4L*V^ 
'siente en el suelo (cxlvi) , toma los p«-*J % ^ 
ties, y los bendice como igualmente unoa 5 > ¿ 
pocos pececillos. Los fueron repartiendo-* í ^ 
á cuatro mil hombres sin contar las mu- ^í¿ 
geres y los' niños , todos los cuales se,,^ ^ 
hartaron , y de las sobras se llenarotí ^^^ 
siete canastos. Este milagro parece una ^. ^t 

' (7) Véase Ssin Mateo , cap. XV : t San Marcos, cop* > 

(cxi.vf) En el santo suelo, porque lo que es lillas ni ^ ,i^ 
|)or milagro las balMria* 



Digitized by VjUUy H¿ 



n 




60 , RISTQRU CRITICA 

repetición del que dejamos referido po« 

co antes; bien que S. Juan Crisóstomo 

dice que Ja diferencia del número de 

ctístas prueba invenciblemente que son 

diaintos (8). 

^ J'^^ y ^^^ cuando asi fuese , solo nos daría 

l^i - fniargen á creer que no encontrando ya 

^^O % /jesús retiro seguro en su pais, quiso 

:A ^\^ I »»"n por esta vez sacrificar las provisio- 

' ? R^* I nes y caudalejo que le babian produci- 

l.éo SU4 milagros: cooocia la precisión 

de ganar al pueblo de quien necesitaba, 

^f^y. era generoso cuando tenia algunos 

^ medios. No podian olvidar que le ha- 

Ji^ian. prometido seguirle qon tal que les 

^diese la manducatoria. 

. Los Evangelistas, acalorados con la 

^;^^»^rrX^ ¡dea de su milagro, olvidaron otro que 

t > £* oo merecía pasarle por alto. Porque 

^ ^ ¿tan poco estraño les parece que cuatro 

V* mil hombres, sin contar las rougere^i y 

g S^ muchachos, siguiesen á Jesús por tres 

# ^ ^^dias sin comer ni beber? Ademas, en 

y/\J^un desierto ¿de donde vinieron los ca- 

^^ ^ Hastos de que se sirvieron para recoger 

los mendrugos? Quizá caerían del cielo. 

Pero entonces, ¿por que no cayeron 




u 




(8) 



Homilta XXIV sobre San Matoi»^^^T^ 

i¡gitizedbyV300QlC 



DB JESUCRISTO , CAP, tlll. 6ft' 

los peces y los panes 7 Y en los otros 
tre¿» dias que necesitaron para su vuel- 
ta ^ ¿ con que se mantuvieron ? Con otro 
milagro (cxL^u). 

En Hn , en todo este negocio hubiera* 
sido mas breve hacer que el pueblo no' 
hubiera tenido hambre, ni otras nece-» 
fiidadés ; y mucho mas breve todavía, 
que por un efecto de la gracia eficas* 
hubiese convertido de una vez á todos 
los habitantes dé la Judea , y evitaba el' 
embarazo de las comidas, de las buidas 
y de tantas marchas y contramarchas 
que debian terminar al cabo de una' 
manera tan trágica para nuestro héroe 
romancesco. 

Los Fariseos y Sedúceos no perdian 
de vista á Jesús ; y asi que supieron que 
habia ido á lo interior del reino , íue- 
ron á buscarle. Puédese presumir que 
los Evangelistas les hacen mas malos de 
lo que eran en realidad , representán- 
doles tan encarnizados contra el Cristo 
j tan empeñados en perderle. Pues que 
I era tan dificultoso arrestar á trece hom- 
bres ? A pesar át todo , estos Fariseos 

(c»ivii) Eítá visto que á loi Apóstoles v Evnn^eüt- 
ias leí era ma^ ftcil baeer milagros que Ailofiixoaai. , ,, ,,,,,^ 



Oí& AtSTOntA CRITICA 

tan perversos se acercan á Jesús e^ta^ 
Tez con mucha política, y le pidieroo. 
un milagro. Vinieron á decirle : Tú ha- 
ces prodigios á docenas á vista de miles 
de personas, que aun según tu misma 
Qonfesion no creen en tí; danos pues 
una muestra de tu habilidad estupendaí 
y seremos menos tercos que ese vulgo 
de quien tanto te quejas. Ten esta con-- 
descendencia con nosotros.» £1 Salva^ 
dor fué inexorable y constante en re- 
mitirlos á Joñas : esta repulsa no dejó 
de chocarles; pero el' Hombre-Dios les 
dirigió sendas invectivas , y com^ la 
presencia de estos observadores incó- 
modos hacia su poder inútil , les dejó 
para restituirse á Bethsaida. . 

En el camino le suplicaron sus Apóst- 
toles les diese la razón de la negativa 
de hacer un milagro á vista de unas 
gentes que se lo pedían tan cortesmente; 
y entonces Jesús les dio á entender, por 
medio de una figura ^ que no podía 
obrar delante de sugetos tan ilustrados^ 
diciéndoles : 

Mirad ^ y guardaos de la levadura 
de los Fariseos y de los Saduceos > y 
de la levadura de Herodes. 

Nuestros pobres hombrea j que no Iia^ 

Digitized by VjUUy H¿ 



/ 

DB JESUCRISTO , CAP. XTII. 65 > 

bidn tenido tiempo de hacer su' proTÍ- 
sian de pan , creyeron que sn Maestro 
les reprendía por su descuido. Otro que 
no fuera Jesús se habría reido del quid-- 
proquo ; pero el estado de sus cosas le 
tenia de mal humor y y asi los trató con 
mucha aspereza (9). 

Al entrar en Bethsaida le presentan 
un ói^o y y le curó poniéndole saliva 
en los ojos, remedio que produjo nn 
divertido efecto. Yo veo los hombres 
como árboles j esclamó el hombre; pe- 
ra> Jesús le tocó con las manos , y en- . 
tonces ya vio de otra manera (1 0). 

Este milagro salió vano, esto es no. 
le produjo ningún recluta al Mesías;, 
marchó á probar fortuna á las aldeas 
de las cercanías de Cesárea de Filipo.' 
£n el camino preguntó á sus Apó^^toles' 
que pensaban de él , y le dijeron que 
unos le tenian por Elias y otros por Jí»- 
remias j ele. Pedro fué el que contestó 
en alta voz que él le reconocía por el 
Qristo\\\): confesión que le valió des*^ 

rS) San Mateo , cnp. XVI , San Marcos , cap. VHIj 
y San Lucas, cap. XI f. 

(lo) San Marcos, cap. VIII ^ v. ii, a6. 

fi i) San Mateo , cap. XVI , S. Marcos, cap. VIIÍj? 
S%n LacM cap. IX. 

* DigitizedbyV^OCD^ie 



6* HIStORlA CRÍTICA 

pues el bohor de ser puesto á la cabeza 
del sacro Colegio y y ser declarado gefe 
de la Iglesia. 

Cristo , aunque soberano en el cie- 
lo, no poseía cosa alguna en lá tierra, 
y asi no podia dar nada; pero recom- 
pensó á sus Apóstoles^ asegurándoles el 
jJrivilegio espiritual de salvar ó conde-* 
nar á su voluntad á todos los demás 
hombres , y prometió á Pedro la plaza 
de Portero del cielo j plaza que llegó i 
ser tan lucrativa para sus sucesores. Les 
«dcargó mucho el silencio acerca de loa 
ascensos que acababa de hacer; pero qui- 
t& el traidor Judas , poco satisfecho de 
su destino, no guafdó el secreto, 

A pesar del voto de Pedro , no po- 
dia Jesús apartar de su imaginación un 
instante el resultado que podia tener la 
cólera en los sacerdotes. Se veía vitu- 
perado y desechado de todas partes , y 
presumia con bastante fundaniento , que 
si todas las provincias le cerraban las 
puertas, como los Gentiles no habiao 
de recibir por legislador á un Judio ar- 
rojado de su pais, tendría que volver 
tarde ó temprano á Jernsalem , donde 
debia temer ser el objeto de muy terri- 
bles aventuras. Por otra pif ^e <^ Jp^ Ro- 



DE JSSDCUSTO > CiP. XÚl. 0$ 

inanos dueños de la fuerza armada da 
que los Judíos po podían díspooer , ha- 
bfiao hecho cesar muy prestóla misioa 
de UQ hombre á <|uícb pudieran mirar 
como un loco ó como un pertui4>adoi^ 
de la tranquilidad pública , si bul^iese 
vuelto hacia ellos sus baterías» afecti- 
vamente f es creible que 1^ n^isipn de Jis- 
SMS no duró tanto tiempo en Jijidea si«^ 
DO porque los {lómanos po jlevabaa^ 
muy á mal que un pueblo inquieto y 
. turbulento se entretuviese en ir tras un 
hombre de la estofa 4e /e^^us^esto iCS 
de un Mesías , á cuya aparición dieíoi^ 
lugar las preocupaciones de la pación. 
Seguros de poder en fil momento que 
les diese la gapa aniquilar i los que hir 
jciesen empresas de alguna considera«^ 
x^ion^ se les daba bien poco de lo que 
Jiacia en el campo un puñado de vaga* 
mundos i nada temibles 4 su autoridadl 
^apoyada de legiones tan guerreras. 

La situación del Hijo de Dios debro 
alarn^ar á los compañeros de su fortu* 
na , por estúpidos que los supongamos; 
y asi le era forzoso inventar i^edios de 
reanimarlos, al menos á los incautos é 
ilusos que creian de buena té en suspro-^ 

mesas. No les ocultó el ma] .estado d^ 
Tomo ii. ' 'oigitizgbyCuu^it: 



C9 . H&KOmU XRÍTICá 

Jas negocios y la isuerté que pbdta . ter 
Boer .y y aun la muerte que le auienasa- 
Im. Para prepararlos en este caao ^ les. 
anunció que aun scuando auíriese eLúl-» 
timo suplicio 9 no debían • desanima rse, 
porque á lo3 tres dias saldría triunfante 
del sepulcro* Mas adelante' verehios el 
uso que. los Apóstoles hicieron de esta 

Eredjocion de su Maestro , que. al oír*- 
rdebió pareceriestan necia coma- inn 
creíble^ < . 

; Para seguir sosteniéndolos y esforzar 
ao fervox , le& hablaba á cada paso de 
la hermosura del reino de su Padre:;. pe* 
ro lea advertía ai mismo tiempo que 
para llegar á él era necesario áo aflojar 
un instante f amarle de coi^zon , y en 
fin .consentir en padecer con él. Éstos- 
sermones fúnebres seresenlian de la si-* 
tuacion del orador, y eran mas propios 
j^ara debilitar que para esforzar el ánimo 
de sus oyentes. En este conflicto , nada. 
le pareció mas á propósito que presen- 
tar ¿ sus discípulos una ráf igá de la glo- 
iria de que tantas veces les hahia hecho 
mención : á este efecto , les dio el brí- 
liante espectáculo de su Transfigura- 
eionj de la cual sin embargo no hajr 
que creer que todos los Apóstoles fue-i 

, Digitizedby VjUUyUi 



P9t^ tc^tigo^i ^Solamente adnoitio^ tresí^ á 
saber; Pedro y Diego y Juan j sus ínti-. 
lk)ps d^nfideDtes > y .á estos mismos les 
encargó el roas riguroso silencio* 

Esta esceoa se representó , á lo que 
^iceri) en el monte Thabor. Aili apa- 
reció. Jesos, despidiendo rayos de luz y 
iftqompafi^do de otros dos camaradaSf 
que los Apóstoles tuvieron por Moisés, 
jf Elias j fi quienes es muy regular que 
liunca liulpiesen visto (lí). Una nube 
que sohri» vino escondió los tres cuerpoíj 
lun\ÍK)Ofios ; y cuando ya no se vio á. 
pad(ie> se oyó una voz que dijo : este eS, 
tni Hijo muf amado* 

Mientras se daba este relumbriantfe^l* 
pectáculO) doi mian los señores Apósto- 
les, lo cual da lugur á algunps paia 
crt^er que todo Fué sueño. 
; En tanto, los otros Apóstoles que .^^ 
vieron esta decoración, sino quese que-\ 
daron al pie de la montana > qi|i¡>ieroa 

- (ta) Téofílactó ásegurü <jüi» fcti !• 3r>'*jn>^í}Wvicib»> 
Jos Apóstoles reconocieron á Moisés y á, Elíos , no en 
loa rostros que nanea bobifin >istOj sino en W coftver- 
Micloii (caiiVUl). ...» 



(c»Lvui) I Ah , los «acííTon por el tabí» \ 

Al buey por a ^ta..,, ,,^,,^^^^^Google' 



6B ' rflSf 6R1A CllItlCA 

hacer un ensayo dé su poder sobreña-^ 
tural en un lunátiqo poseso; pero él dia** 
h\ó hissodoá higas en sus exorcismos. £^ 
padre del enfermo^ a^i que tío ai maes-^ 
fró bajar del monte , le presenta su hijo, 
y cohio mas diestro le sonó -al instante. 
Después Jes dio una reprimenda acercal 
de su torpeza ^ y añadió que el no sa- 
lirles bien sus empresas con^iistia en sil 
poca fe, un granito de la cual según él 
bastaba para mudar los montes de una 
parle á otra ; y en su consecuencia les 
encomendó muy particularmente ]a ora* 
cion y el aj.uno , como la t^eceta m^s 
fiegura para echar <)iertos demonios maa 
rebeldes que los otros (18). 

£i pueblo se resistía á creer en sus 
]f>rodigios; luego los diablos de que es- 
taba poseido no podian ser echados por 
ninguflfo de los medios hasta entonces 
escogitados por el Mesías. Crejendo aca- 
so sacar algún partido de los fofasteros 
que las solemnidades arrastraban siem- 
pre eagran número á la capital, deter- 
minó pasar á ella en ^ecreto , para asis- 
tir á la fiesta de los Tabernáculos. Agi- 



(rí) San Mafrf», enp. XVJI j S. Uartot , em. IX: 
fioii Lucos, cap. JX^ XVU. 

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fUdo porlos mas desagradables presea* 
Ijmientos, atravesó la Galilea ; se espli*- 
^ba acerca de sus temores de un modo 
enigmático y tan oculto á sus Apóstoles, 
que nada entendían, pero que viendo 
serio y melancólico á su maestro , se 
conformaban con su humor (14)* 

Al llegar á Capharnaum, lugar de su 
residencia ordinaria, los comisionados 
para cobrar ^os derechos le tuvieron por 
un forastero y y m aun conocieron á 
Mateo, su a n ti j;uo cofrade : y asi le exi« 
gieroa el tributo. Jesús , que era del 
pais, creyó impertinente que se le obli-^ 
gase á pagar; pero sea que sus razones 
no fueron atendidas , ó que ¿1 no quiso 
ser conocido , envió á Pedro á buscar 
una moneda de treinta sueldos en la 
boca de un pez, ó lo que es equivalen- 
jte, á pescar uno que veudido valió. es- 
ta suma , para pagarla. 

Los Apóstoles llegando a comprender 
por los diicur^os de Jesqs, que su rei^ 
no podía estar aun muy dictante , se 
divirtieron en disputar eiilie si la pri- 
tuacía y los rangos que hablan de ocu-» 



' t«4) Sin Mateo , «np. XVIl, y. ai -, S<m Mareo*^- 
¿ap. IX, V. 39, 3o; Sau Lucas, cap. lX> v. 44 > 44« ■* 

)¡gitJzedby\^UOglt: 



^Jfd •' "hWtowX crítíca 

par en este imperio futuro (cxux) qtiír 
se les había anuticiado , bien que oscu- 
ramente: hecho en que les han imitado 
parftíctamcnte sus sucesores. El Salva*^ 
dor toma ocasión de su disputa , para 
encajarles un buen sermón acerca de la 
humildad. Llama á un niño , le coloca 
en medio de ellos, y les declara que es^ 
te niño es mayor que todos ellos. Esté 
sermón, de que nuestro clero se ha 
aprovechado tan bien , contiene lindas 
parábolas , y enseña escelentes medios 
para llegar al cielo y no adelantar cosa 
alguna en la tierra ; pero como todas es^ 
tas cosas no son mds que repeticiones 
de lá doctrina del sermón del monte , 
remitimos allá á los lectores(1 5). 

Jesús no hizo milagros mientras se 
detuvo en Gapharnaum, donde le im- 

Eortaba no dar mucho que decir. Sus 
ermanos y parientes, que segun todas 
las apariencias estaban de acueVdo coa 
los sacerdotes , fueron á buscarle para 
persuadirle que saliese de su madrigue- 

• (cxLis^) Ni mas ni menos que Sancho , cuando pidió 
al. de la tris te- figuración » cjue cuando ganase U ínsula» 
le hiciese ^obernadot, 

• (i5) San Mateo, cap. XVIII ; S. Mareoí, c»|>. IX j 
6^a XiQQüi f cap. IX« 

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DE jjBsocu^TO) ciP. xnu 71 
ra y fttpse por la Judea á mao¡fe3ta*B 
h$ habilidades que poseía* Ademas de 
que la grao fiesta debia llamarle á Je«* 
rasalem , doade no le podia íaltar oca- 
sión de señalarse (1 6). 

Ua tODO tan irónico dio á conocer al 
Mesías que se maquinaba contra él , y 
entonces la eterna verdad se evadió de 
sus importunidades por medio de una 
mentira (cl). Fué asi , que el Hijo de 
Dios dijo á sus hermanos que marcha- 
sen á la fiesta , que en cuanto á él j no 
iría seguramente (1 7). Y á poco de ha^ 
ber dicho esto y se puso en camino para 
Jerusalem , pero con el mayor sigilo y 
por caminos escusados , esto es y de ta* 
padilla. Al paso no dejó de curar diez 
leprosos y entre Iqs cuates solo se en- 
contró uno , y este Samaritano , que 
mostrase algún reconocimiento y grati- 
tud á su medico. En premio de su fé, 
hi fueron perdonados todos sus delitos 
(1 8). Sin embargo de este milagro y de 



(i 6) Véase San Mateo, cap. XIX ; San Marcott eap^ 
Jí ; y San Juan , cap. Vil. 

(ct.) Eütas se Ilnmnn mentiras piadosas. ¿Cerno quer- 
rán fas naciones que lo» reyes no mientan, si ven ti 
ejemplo en el Rev de los leyes? 

(i7 ) San Juaií , cap. Vil , V. 8. 

(18) Vca»« San X4ucas , cap. XVIII > ▼• U 7 iig* 

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fí BistORiÁ adnck 

ésta absolución^ lod incrédulos no Ten 
t(ue al Cristo selebayaabsuelto de ba-^ 
ber echado esta mentirilla; y les pare* 
ct^ Sumamente escandaloso que el Hijo 
de Dios , á quien su omnipotencia ofre* 
¿ia tantos otros medios honrosos de 
obrar á las claras , recurriese á la astu- 
cia y al engaño para evitar las embos«> 
cadas de sus enemigos. En fin , la con* 
dücta de Jesús en esta ocasión no pue** 
de esplicarse sino diciendo que lo que 
lo que^ parec\9L embuste á los ojos car- 
hales ^ es verdad en el Evangelio* 



J t r ii.i iW i f» . 



dby Google 



DB iBSUCmSTO , CAP. XIV. T5 



CAPITULO XW. 

Jesús se manifiesta en Jerusalern. 

Se ve obligado á salir. Resurrec-- 

cion de Lázaro. Entrada triun-- 

Jante del Cristo. Su retiro al jar ^ 

din de las Olivas. La Cena. Su 

prisión. 

Nuestro Héroe , que había determi- 
nado no presentarse en público en Je- 
rusalem, mudó bien pronto de parecer 
asi que se instruyó de la diversidad de 
opiniones que dividia la capital acerca 
de su persona (1). Desde luego se ima- 
ginó que su presencia y sus sermonea 
fijarían de una vez la inconstancia del 
pueblo y Jas dudas de los que mas char- 
laban. Se engañaba miserablemente ; y 
el que recomendó á los demás repetidas 
veces la astucia de las serpientes j no 
la tuvo en la presente ocasión. Pero 
también y ¿como hacer revocar los in- 
mutables decretos ?£1 mundo no habia 

íi) San Juan , c^p, VIL ^^^^^ ,,GoogIe 



;T^ . ■ ' HfSTORZA CRÍT104 

sido criado sino para que el hombre 
pecase; y el hombre no babia pecado 
sino para que Cristo , con su muerte, 
tuviere la gloria de redimir este mismo 
jpecado. 

Si en Jerusalem se hablaba muy mal 
de Jesusy también se decía mucho bien, 
y la alabanza es un lazo en que hasta 
'el mismo Hijo de Dios vino á caer. Muy 
confiado en reunir todos los votos, su- 
be al Templo y predica en él. Pero 
¿cual debió sersu sorpresa, cuando lue- 
go que se empezó á oir su voz, oyó sa- 
lir de entre la multitud gritos de rabia, 
y que le acusaban de estar él también 
poseido de Satanás? A pesar de la gri- 
tería que reinaba en el auditorio, con- 
tinuaba hablando ; y no sabemos si hu- 
biera llegado á conseguir superar las ma- 
las disposiciones de la turba, si una 
tropa de soldados no viniera á inter- 
rumpirle precisamente en lo mas fer- 
voroso de su sermón. Hablaba pues de 
su Padre celestial, y este acontecimien- 
to nos ha hecho perder un tratado su- 
blime de la Divinidad. Con todo, los 
soldados no parece tenían designio de 
'prenJerle ; solo querían imponerle si- 
lencio, y así le fué fácil esquivarlos. 



DE JÉátrCRtSTO, cap:' XIV. ^7$ 

i' No dbstartte, Jesús, cayo humor «e 
^mostró vengativo y turbulento , picado 
tleestíi injuria, continuó sUs invectivas 
contra los sacerdotes, los doctores y los 
principales de entre los Judíos. Juntóse 
un consejo sobre lo que se debia hacer 
acerca de este hombre , y los votos se 
reunieron en que se debia lanzar un de* 
»creto contra él , y juzgarle por contu- 
maz Sólo Nicodemus, de quien habla^^ 
mos arriba , tomó su defensa , y pro"- 
puso á sus compañeros que le 03'esea 
antes de condenarle t á lo cual le con* 
testaron , que nunca había venido cosa 
buena de Galilea j es decir, que su 
cuente no podia ser mas que un vaga^ 
mundo. 

Supo Jesús, en su retiro del monté 
de las Olivas, que se habia sobreseid<> 
*en su juicio; y con esto se reanimó , y 
volvió á parecer en el Templo al otro 
dia por la mañana desde muy tempra* 
no. Los doctores y senadores fueron un 
poco mas tarde, y le trajeron una mu* 
ger acusada de adulterio : crimen por 
«1 cual í según la ley, debia ser castv^ 
gcida de muerte. Nuestros doctores, que 
debían saber la conducta que observa- 
ba , y que traía en pos de sí mugere# 

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J-^ ' HIOTORU CRÍTICA * 

de no muy buepa opinión, quisieron 
con esto armarle un lazo. Bien pudo 
Jesús zafarse, habiendo dicho sencilla* 
.mente que él no era juez, y que deconr 
siguiente no le tocaba juzgar^ pero qui- 
so también meter su cuarto á espadas. 
Se puso á escribir en la arena , y conr 
cluyó prudentemente que para juzgar á 
otros es menester estar exento de todo 
delito; volviéndose á los doctores , les 
dijo : El que de, entre vosotros esté 
exento de pecado j tírele la primera 
piedra. A estas palabras nuestros doc- 
tores se encogieron de hombros y vol- 
vieron las espaldas (cu). Quedó solo Jer 
.sus con la muger adúltera , á quien no 
hubieran los Judíos tratado con tanta 
suavidad) si fuera realmente culpable; 
,y dirigiéndola la palabra , la dice : Pues 
4j[ue nadie te condena j yo tampoco te 
condenaré : vete , y no peques ya mas. 
Habiendo escapado bien de esta prue* 
ba, Jesús se creyó seguro; y por un 
efecto de su descoco natural , volvió á 
predicar en el templo ; y no habló roas 
que de sí mismo. He acjui su mas va- 



fcLi) Es regular que á mis señores ^octorei les ti* 
^¡ki'host también la concie'ncia. 



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DE JESÜCM8TO, CAP. XIV. 77» 

lienté argumento.' «Vosotros tenieis por 
prueba completa la que d&n dos testi^' 
gos. Ahora bien, yo dojr testimonio def 
mi Padre , y mi Padre lo da de mí ; 
luegd debéis creerme.» Lo queeqaivale 
i decir : mi Padre me prueba á míj y 
yo pruebo á mi Padre. Los doctores ,* 
poquísimo satisfecho de este circulo w- 
cioso i lé hicieron varias preguntas con 
la mira de' ir directamente al asunto, y 
)a primtíra fué : ^^í¿/c/i eres? 
' 25* Jesús les dijo : Ei principio ^ el 
misino ífue os hablo (cLrr). 

26. Muchas cosas tengo que decir 
de vosotros ... ei que me envió es ver- 
dadero; y yo lo que oí de él ^ eso ha^ 
hló en el mundo. 

Los oyentes, sin duda, estaban impa- 
cientados con estas respuestas tan am* 
bíguas ; y Jesús , para acabarles de vol- 
ver locos y les anadió que le conocerían 
mejor luego que le elevasen en un palo. 

Nuestro Héroe no dejó de indicar en 
esta conferencia sus grandes miras : les 
daba á entender, pero con palabras muy 

(cLii) Jesu9, para «tpliearles «ate^óiicamente qaíen 
era, le* dke que es... el que les está hablando. May 
«erios debían ser los Judíos cuando no saltaron la car* 
«rajada. , oigitizedby^uuyit: 



7* _',m^TpWA CIÚTICA.. M 

oscfiráSpquetqtikjr no seiiQ impoBpyf 
sacudir el J'.ugo de .)o9 Bomanos^ pisiq 
ya fúe^ por; lui^d^ á Joa castígoft , yík 
pdrqu^DQlcreyeseb que él pudwe dbrar 
tamaña revolución ; bicitron que no lo 
eintendian» Enfadado «1 Tcr á iofi doc"» 
torjes y Fariseos ten 'lerdos y tei^aces^i 
ks lUmá hijos, dd Diablo j le^.aisegutó 
que era.jn;»$:\i^|óiquet ^íbráha^ i ^y eri 
ftn $e desató tanto: ^ .que lel/pu^Upiqui-í 
fió apedteark»^ Jciiiusy advirUexMlO. eq-i 
tqnges MI error > ^e escufalullóeptre la 
turba, y aproteobó él ptimer lupmeiitq 
p^ra'feiM)^pai:- .; .. 

• Ya bacías A)guo liem^.qiie esca^^hí^ 
lo$;in¡lagrti^,;,y\vel fervor delpti^Up de 
iba enfriando notableWeote. Era tiem-t 
po pues : de reantoi^rl^) y asi hizo urio^ 
que fué 'Curarla u» ciego de oacimi^tito 
con un poco de polvo desleído en un 
salivajo. Era el ciego > é lo que paiec6| 
un pordiosero ñau j conocido, de quien 
BO se sospechaba artificio alguno, y des' 
pUea que recibió la vista no le. querían 
reconocer , lo que produjo upa conside- 
rable diminución en sus limosnas. En 
i^ambio de esto quizá consegoiria el dis- 
cipulado, y aun alguna* legendas di* 
cen que después de la iliuerle de Jesús 



TiBO á lasGalias, donde llegó á serobts^ 
po , es decir , inspector j empleo que 
necesita buena vista. 

£ste prodigio metió algún ruido y lle^^ 
gó á noticia de los Fariseos : de resultasf 
el mendigo sufrió un pesado interroga** > 
lorio 9 ^1 cual contestó , confesando en- 
alta voz que uno llamado Jesús le había 
curado con un barro de su composidoa^ 
y algunos baños en Siloe. Es preciso» 
confesar en honor de la verdad, quel^^ 
mala voluntad de los Fariseos S€f esce-- 
dio en .esta ooasion ; pues hicieron at> 
módico un crimen de haber confeccio- 
nado su ungüento en sábado ^ y en su^ 
consecuencia formaron el provecto de* 
debcomulgar á todo el que se adhirieseí 
al tal <:urandero^ ' 

Esta determinación dio cuidacko á Je-'^ 
sus, porque era terrible el poder de una» 
escomunion entre los Judíos. Ello ei|^ 
que en todos sus planes se veia atajado, 
ni se ati^evia ja á predicar en Jerusa- 
lem > ni á manifestarse en otro lugar : 
¿e suerte que hasta sus mismos mila*. 
gros se volvinn contra él. Le costó bas- 
tante trabajo escurrirse déla capital,, 
fuera de la cual á no mucha distancia 
tenia un asilo j aun una sociedad , en 

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40 ■ HraroRtA ciime4 

Bethama donde su amigo Lázaro p6* 
fieia una casa. Tomó el partido de reti- 
rarse á ella ; pero aunque era un casti- 
lio 9 no obstante la tropa que le acom- 
pañaba podía estorbar al huésped y y asi 
dispuso enviar setenta y dos de sus dis- 
cípulos en misión á Judea. Esta vez les 
dio amplios poderes, pues á su vuelta 
les vemos gloriarse y complacerse entre 
ellos de la fctciiidad y práctica que lia- 
bian adquirido para echar demonim. 

Apen^s llegó el Señor i Beíharda f 
cuaqdo dispusieron un convite para re- 
cibirle cojipo coQVénia ; pero la voJup^ 
tuosa MiBgdalena, satisfecha con apaceii-« 
tar su vista en su amado Salvador , de-> 

Í'aba que Marta su hermana trabajase en 
os oficios de la cocina , y estaba muy 
fient<id€|^junto á él^ devorándole con los 
ojos (2). Marta se llenó de enfado y 
i^uizá de celos, y vino á reñir á su h^jr^ 



(a) Un eseí itor moderno nos diee que Jems era muf 
hermoso, Tenenaos un ))equeño tratado en latín de la 
belleza singular de Cristo', compuesto por un Minimo 
limado Pijart , que te imptím»6 con este tkoYo : tfe 
singidari Christi Jesu p, N. SalvatorU pulchritudine. 
Parisiis , i65i , e/t-ia. En la carta supuesta de Leatu-^ 
lo d1 Senado romftn» , se halU una pintura exacu de la 

SBrsona de Jesús. V. Codex apoeryph, tomo \y pág*3oi* 
in embargo , otros 'lian eieido' ^ue Jctuf M ¿aíiia dado 
«na cara fea por liumilikid^ 

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DE JESUCRISTO ,' CAP. XIV. 8f 

fíMi^' Magdalena ; pero el tierno Me*- 
filas tomó su defensa , diciendo que ha*' 
bia escogido el partido mas ventajo*» 
10 (cLiii) ; en fin el hermano Lázaro ^> 
que sobrevino j mandó poner la mesa J 
terminó la disputa (3). ~- 

. Sin embargo j esta pequeña alterca-- 
oion fue causa de que el Salvador no se 
detuviese mucho tiempo en Betbania ^ 
de donde salió con pretestó de haberle 
convidado á comer un Fariseo , quien 
solamente lo hizo por curiosidad. £1 
Mesías, como siempre, no se hizo de 
rogar; pero nuestro Fariseo tuvoJfir*mts* 
ipia impolítica que el de marras, de no 
dar lavatorio á su convidado , lo que le 
costó un sermón no mujr ligero acerca 
de la limosna (cuv) , atestado de com** 
paraciones > que pasaremos por alto en 
suposición de que este orador se repe<» 
tía á menudo, y que este convite nopa^» 
lece sino duplicación del anterior. 

Desde esta época hasta la (¡esta de la 
dedicación del Templo; anduvo errat^to 

, (ct|it) ' Yo to creo , y es regular qae tfimpoco Jejuf 
9é tirase á lo peor. 

j(3) San Lucas> cap. X, t. i, i7, 38, 4^1 y ^^V' ^^*' 
^clit) X<a limosna y pl no habei* tefii4o ía f:oi'XesÍ9 ^# 
«]u< le lavasen los pies , seg;un el estilo , son i:o«PS su-» 
IRiiizieiite análogas. 

Jomo u. oigitizec^^ooyie 



82' HurrORU ceítiga 

nuestro Héroe por los con tornos dp Je- 
rusaiem con sus discípulos^ á los cuales 
hablaba continuamente de las grandezas 
de su reino imaginario, y de lo que era 
necesario hacer para entrar en él. En 
este intervalo, según San Lucas, y se- 
gún San Mateo en el Sermón de la Mon- 
taña , enseñó á sus discípulos una corta 
oración j llamada después Dominical j 
que los Cristianos repiten hasta el fas» 
tidio con mucha devoción , á pesar de 
no hacer ningún favor á la Divinidad á 
quien acusa de inducirnos en la ten' 
tacion. 

En tanto se iba pasando el tiempo en 
Taño ; la escasez de los milagros y ser* 
mones causaba la de las limosnas : y así 
Jesús se determinó a predicar otro ser* 
mon en una aldea. El á la verdad pro* 
dujo la admiración en el pueblo, que 
admira con facilidad; pero lo que es 
efecto, ninguno. Al fin de la misión de 
Cristo, no vemos que la multitud cor- 
ra tras él , pues hasta para hacer un mi- 
lagro' necesita llamar á los que quiere 
^nar. Hacia ya diez y ocho años que 
una vieja de la dicha aldea andaba muy 
corcobada : según la creencia vulgar , 
era el diablo quien la tenia en aquella 

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DE JKSüCRZSTO ^ CÁK XIT. ÁS 

postara tan incómoda. Jesús la llama j 
la dice en alta voz : Muger, libre eres 
de tu enfermedad. La pobre vieja hace 
grandea esfuerzos para e Láe ^ c g a rse , lle«> 
ga con pasos de tortuga á donde estaba 
el Salvador ; este la impone las manos^ 
' y al punto empieza á andar como una 
muchacha de quince años. Esta vez no 
dijo una palabra el Diablo al marchar*- 
ae y sobre io cual podemos observar que 
el Diablo seguia siempre la opinión de 
los espectadores de los prodigios del 
Mesías , y se conCbrmaba perfectamente 
con ellos , para reconocer 6 despreciar 
al Redentor. Esta conducta uniforme de 
los mirones j de los endiablados pudo 
también ser el resultado de la deseo*' 
munion lanzada contra aquellos quetu^ 
viesen á Jesús por el Mesías. 

La reputación del Bautista no se ha- 
bía estinguido en las riberas del Jordán, 
y asi para renovar el fervor- primitivo, 
ó acaso para ver si se le agregaban los 
discípulos de Juan su precursor , que 
habia dado testimonios tan lisonjeros de 
su persona , dirigió hacia ellos sus pa* 
sos : su tentativa también le salió vana^ 

No adelantó mas en la curación de un 
hidrópico , que se halló casualmente en 



S% . HISTOIUA ClUTieá 

casa de un Farbeo que dio de comer al 
Salvador. Se admiraban sus curas, pe«- 
ro ^^^JSJ^jiS^ ^ perder coo sus dis* 
cursos bwttPf iwyaun escandalosos para 
la mayor parte de sus oyentes. 

Por ultimo recurso, prueba á atraer- 
se á su partido los Publícanos , Alcaba- 
leros y gentes desacreditadas^ pero es- 
tos eran muy débiles apoyos, y su tra- 
to le bizo perder la poca estimación que 
aun tenia entre otras personas (k). 

La vista del suplicio ha hecho dife* 
rentes veces perder el brío á los héroes 
mas animosos. El nuestro, pues, agita- 
do por una multitud de ideas funestas, 
imaginó que no habiendo cosa mas apre- 
ciable al hombre que la vida , ni mas 
dificultosa que volver á ella después de 
peixlerla , no podia menos de declarar» 
4se en su favor el pueblo de Jerusalera, 
¿ pesar de todas las amenazas de los 
sacerdotes , si llegaba á persuadirle que 
tenia el poder de resucitar los muertos. 
Lázaro j el amigo intimo de Jesús, le 
pareció á este el hombre mas á >pro«> 
pósito para ofrecer al público el espec- 
táculo de un muerio resucitado. Cuan- 

(4) San Mateo; cap. XIX; San Marcos, cap. X; 
San Lu«»Sy cap, XIII y tigmtntn, 

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DE jBsixmíaTo ^ cjlP. ^nr. 85' 

do todo estuvo bien amasado , Cristo 
se encamina hacia Betha nía y y entonces 
Marta y Magdalena envían personas que 
le salgan al encuentro^ para decirle ea. 
público que su hermano estaba muy 
malo. ÉL esto no les responde Jesús; pe- 
ro levantando la voz ; dice : 

h.... Esta enfermedad no es para la 
muerte ^ sino para gloria de Diosj pa- 
ra que sea glorificado el Hijo de Dios 
por ella. 

Esto, ya era decir alguna cosa. 
,£n lugar de ir á Bethania ó dirigirse • 
á algún otro punto , se queda dos dias 
en una aldea cercana sin hacer nada 5 y 
en seguida , dice á sus Apóstoles que es 
menester volver á la Judea, sin embar- 
go de que estaba en ella. Quizá quiso 
decir la capital ; y por tanto le hicieron 
presente que seria ^falta de prudencia ir 
allá, puesto que pocos dias antes le que* 
rían apedrear. Se penetra que solo pre« 
tendió con esta simulación que los su-* 
yos le rogasen no abandonar á Lázaro 
en su enfermedad , porque las palabras . 
inmediatas no manifiestan mucha gana 
de ir á Jerusalem. 

1 1 . Lázaro nuestro amigo- duerme; 
mas wy á dispertarle del sueho^ . 

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80 m$vúKik ciiTicA 

£o fin les dice abiertamente : Láza- 
ro es muerto; 

V por vosotros me huelgo no haber 
estado allí para que creáis. 

Los dos dias que se detiene en una 
aldea y junto con el largo espacto que 
debió emplear en andar cerca de media- 
legua , se convierten en cuatro dias 
que hacia ya que Lázarro habia muerto, 
según dice el Evangelio. Llega al cabo 
á casa del difunto j al cual habian pues- 
to en uAa gruta cerca de su casa y y no 
en un sepulcro fuera de la villa, según la 
costumbre de aquel tiempo. Después de 
haber hecho algunas preguntas á Marta 
acerca de su fe , le dice que su hermas- 
no resucitará. 

Sí , responde ella , pero será el dia 
del juicio. Por último , nuestro Tau- 
maturgo afecta que está vivamente con- 
movido y brama , gime é invoca el so- 
corro del cielo ; hace que le guien á la 
caverna (clv) , manda que Ja abran, lla- 
ma á gritos «i Lázaro ) y le ordena que 
salga. £1 muerto, á pesar de estar He- 
no de fajas y ligaduras , y bien amor- 

(clt) £f muy éstrafSo qne el que tenia poder para 
Msncitar un muerto , no tupiese ir« ¿ U bóveda donde 
le habiaii poHto , tin laxorillo. ^ 

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DE 1EA17CAISTO1 cAFír xir. 8T 

tafadó én sus lienzos , anda coa desem-^ 
barazo , y viene á que lo desaten de- 
lante de testigos hasta la entrada de la 
-cueva (cLVí). 

£s preciso convenir en que ningún 
milagro se hizo con menos destreza que 
el presepte. En vano San Juan (6) (el 
Único evangelista que hace mención de 
un prodigio que debió ser tan ruidoso) 
^poy^ au narración con la presencia^de 
los JudÍQSí, porque él destruye su pro** 
pía obra no haciéndolos v^nlr^ hasta 
después de muerto Lázaro , para con^ 
solar á sus hermanas. Era necesario que 
le hubiesen visto morir, ya muerto^ 
embalsamado j y que ellos mismos sin* 
tiesen el olor de la corrupción ; y ea 
fin y que hablasen con él después de sa* 
lir del sepulcro (7). Los incrédulos que 
han tratado de los milagros , han ago- 
tado los tiros de su critica contra este: 
querer examinarle , seria repetir cuan- 

(cLví) Es bien seguro que un vivo no tendria la ha* 
l)í)¡rlad qne el (al difunto, 

(6) Áin Jiion , cap» XI, Se conserva en Vandoma^ 
en el monasterio de la Sontísima Trinidad , la Santa 
Lágrima quo Jesús vertió llorando á su amigo Lázaro* 
tAr, de mera , que se atrevió á escribir contra la ao* 
teuticidad de esta reliquia, tuvo caucho C[uc inirir ám 
los PP. Benedicluios. 

(7) San Maicof» cdp. X. 

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B8 Hii^aTA citrriéá - 

iú ellos han dicho. Los Judíos halhuroü 
tñ él caracteres tan manifiestos de sa» 
^rchería^ qvíe ^ lejos de oóavertirse, 
tomaron con este motivo las medidas 
nías serias contra JeSus ; el cual temen- . 
do aviso se retiró cerca del denerto á 
tina ciudad llamada Efrerij donde se 
estuvo con sus disci{)ulos« Se enviaron 
órdenes á las ciudades y aldeas para 
que no le diesen asilo , y á los habitan^ 
tes para que le entregasen á los magis* 
Irados: de suerte que su gran milagro 
le Valió una proscripción general. En 
efecto j habiéndose presentado á las 
puertas de pn lugarcillo de Samaría^ le 
negaron la entrada ; y en Jericó no le 
permitieron detenerse^ aunque dio la 
TÍsta a un ciego (8). Se vuelve á Betha^ 
nia^ donde fué recibido ^ no por Laza-* 
rOj que quis&á habría tenido que poner'* 
se en salvo por haberse prestado á ta* 
maña impostura^ sinq por Simón el Ler 
proso j como asegura San Mateo. En 
(ruadto á Lázaro y no Vuelve á parecer 
mas en la escena (9). 

. (8) S. Mateo cap. XVI ^ v. 6 , dice que fueron ¿o$ 
\íH ciegos á quienes dio vista* 

(9) Véase acerca de la resurrección de Lázaro 9 loa 
diictítsos iobije los milagros ^ por ffolsto/U Una legcn-> 

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DE jfcsUCRrtTO,' CÁP.'XIV* 83^ 

Esta i^epülsa y desprecio general del 
■Cristo puso á los Apóstoles en la má-^ 
yor consternación; y para animar su 
qonfíanza hizo que se secase en veinte 
j cuatro horas una higuera , para cas^ 
tigarlá de no llevar higos en una esta-« 
cion en que no era posible que los tu- 
viese , esto e$ , en el invierno ^10), To- 
da& las acciones del Mesías ^ hasta aque- 
llas que parecen necedades á los ojos 
de los hombres comunes, tienen un men- 
tido sublime á los ojos devotos ilustra-* 
dos por la fé (cLvii). Sí nosotros tuvié- 
semos los ojos iluminados asi, vería-* 
mos al instante en el milagro de esta 
higuera, representado con toda clari- 
dad aunque simbólicamente, uno de los 
dogmas fundamentales de la Religión 

fta (según Boronio) ategnra qae el amigo Láxaro v\nó 
después á predicar la fé á los Provenzales , y que fué el 
primer obfspo de Marsella. Por loque hace á la Magdas 
lena , se retiró > tegua caentan , á llorar sus pecados y 
la muerte de su amante á un desierto de la proyincía 
llamada el Santo Bálsamo; y ;Marta , como todo el 
mundo sabe , está enterrada en Tarascón» 

(lo) San Marcoi , cap. Xt. 

^ (cLvu) ¿Como puede la fé iluminar los ojos , cuan** 
do su esencia es la ceguedad , y su emblema vendar los 
de todos los creyentes , asi como ella tiene los sujos ? 
Yo no sé eomo &e le escapó ésta observacioa al autor 
de esta ciitica. Ella si que puede llamarse con propia^ 
dad I ciega aue uuia á otros ciegos. ^ . 

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^0 HISTORIA CRÍTICA 

cristiana. Bajo este puoto de vista ^ la 
higuera maldita es el major número 
de los hombres , á quienes , según nues^ 
tros teólogos y el Dios de las misericor* 
dias maldice y condena ^éi los fuegos 
eternas por no haber tenido ni la Jé ni 
la gracia (clviii) , que no podian ad* 
quirir por si mismos, j que este Dios 
bondadoso no quiso concederles. De es* 
,to resulta que el paso ridiculo de la A¿« 
güera del Evangelio está destinado á 
representar uno de los doga)as de la 
fteologia sublime del cristianisaio. 

Mientras que Jesús instruía asi á sus 
discípulos por medio de figuras y pa- 
rábolas tan ingeniosas ; se trabajaba fuer* 
temente en Jerusalem contra él. Del 
mismo Evangelio podemos deducir que 
el Sanhedrim estaba dividido en este 
punto: se le queria castigar, pero no 
de muerte. El dictamen de la plurali- 
dad era que se le arrestase sin ruido, 
después de lo cual se pensaría en el cas- 
tigo que debia dársele^ pero no falta- 
ron algunos sacerdotes mas exaltados, 
que quisieron que se le atrajese á la ca- 
pital y se le hiciese asesinar en el tu- 

(cLviii) QiM son los hieoa. ^ t 

^ ' ^ • ■ Digitized-byCOOgle 



BE aCfüCMBTOí eAP. xiy. 9i 

inulto de la ie&tividad. Todo esto prue^ 
ba que no estaban seguros de que el 
pueblo ho se interesase por él , y aun 
quizá no iban muy descaminado:^ ; pues 
lo que hizo una porción del pueblo á 
8Ü entrada en Jerusalem , prueba que 
habría sido peligroso obrar abiertamen^ 
te. Bap este plan , prometieron secre-» 
mente uoa recompensa al que entregase 
á Jesús y y pronto veremos que uno 
de sus mismos Apóstoles vendió á su 
Maestro por muy poco dinero. 

Es creíble que Jesús antes de entrar 
en Jerusalem se hiciese anunciar por los 
amigos que podia tener allí > y estos hi* 
cieron los esfuerzos posibles para hacer 
brillante su entrada en la capital. Por 
lo que hace á él , queriendo aparentar 
modestia en medio de su triunfo y ó por 
mas no poder , escogió para su cabal-^ 
gadura un jumento en que nadie habia 
montado todavía. Sus discípulos de sa. 
orden se apoderaron de i^na asna y un 
buche : como estaba en pelo , pusieron 
aquellos sus capas en vez de silla sobre 
el lomo del borrico. La tropa avanzó 
en buen orden ; el pueblo , que siempre 
gusta ansiosamente diveitirse t||íL con 
¿1 mas pequeño espectáculo, corrió á 



92 HnroRU cadnck 

ver este ; y se puede conjeturar que ai 
algunos pocos rindieron homenages sin-* 
ceros á semejante triunfador , el major 
número solo aplaudió con silbidos tao 
ridicula farsa (4 'I). 

£1 magiatcado , temiendo a^gun rui- 
do , quiso imponer silencio al popula-^ 
cho 9 al cual los discípulos faabian dado 
el tono. Se dirigió al mismo Jesús, quien 
contestó que las piedras hablarían an-* 
tes que calasen los amigos que le ^'- 
ban aplausos: palabras que en otro equi-, 
váiian á una amenaza de levantamiento 
en caso de querer emplear la autoridad. 
Esta comprendió que no era prudente 
atacar á Jesús en aquel momento. 

Asi que entró el que triunfaba en Je* 
rusaiem , se puso á llorar y á predecir 
su ruina ; y se sabe que el anunciar ca- 
lamidades ha sido siempre un medio 
seguro de conciliarse la atención del 
vulgo. Las personas de calidad , que no 
sabian la causa de aquella reunión de 
gentes ál rededor del Salvador , pregun* 
tabdu ¿que era aquello? y se les con-^ 
testó : Es Jesús de Nazareíh y es un 
profeta de Galilea* San Marcos nos ase- 

. * (ii) T^ Mal. cap. XXI; S. Marco*, cap» XI j S. 
Luc. cap. XIX ; S. Juan , cap. XX. V-___t^ "' 

l r J » r jigiti.edbyCOOgle 



DB IBSOCálSTO I CAP. XIT. 93 

gúni que en esta circunstancia dedaiva 
para el Hijo de Dios y dio aun por se- 
gunda yez al pueblo, el saqueo de las 
mercancías eSpuestos Í.*Ifi venta en el * 
atrio del templo (4 2). La cosa es bas- 
tante cr^ible , y en esta ocasión mas ne- 
cesaria que en la primera. 

Jesús aprovechándose del tnmulto cu- 
ró un montón de ciegos y cojos y y en 
tanto que se obraban estas maravillas , 
gritaban por algunas partes Hosannah 
(4 3). Se le dijo al autor de estas acia* 
madones y de este alboroto , que le hi- 
dese cesar , pero nuesto hombre ya na 
veia límites : conoció sirque eramenes* 
ter sacar partido del entusiasmo popu- 
lar, y que seria un disparate querer apa- 
garle. Por otra parw, l^ncertidumbre 
del resultado le tenia en una confuten 
que no le dejaba ver ni oir cosa alguna. 
Algún muchacho miedoso y y y^ amaes- 
trado por la tufba de adherentes, se du- 
Bo á gritar en el momento de esclai^r 
Jesús : Padre j sálvame de esta hora ; 
y este grito del muchacho ^e tomó por 
una voz del cielo que respondía al Pro-« 

(lü^ Son Marcoi* cap. XI. 

ri3) San Mauo , cap, XXI, t. i4 ; San Juany cap» 

XII, V. a7. Digitizedby google • 



9% ntSTGtitk CRÍTICA 

feto. San Juan añade que los discipoIoB 
habían becbo Taler entre el pueblo el 
famoso milagro ^eja resurrección de 
Lázaro , que mmwSCo por personas que 
se decían testigos de vista , debió hacer 
g^rande impresión en la canalla aturdir 
da. En con.^ecuencia de todo, no sedu*- 
dó que la voz del cielo, que babian crei- 
do oir y fuese la de un ángel que daba 
testimonio de Jesús : este aprovechan*' 
se diestramente de la oportunidad > les 
dijo: 

SO.... No ka venido esta voz por mi 
causa j sino por causa de vosotroS'{cL\Ts)k 

De aquí tomó pie para arengar al pue*- 
hlo ; y venderse por el Mesías ; pero 
echó á perder su prédica con espresto-^ 
Bes que maniüCstalria turbación áe su 
espiritu. En una palabra, parece que 
nuestro hombre no supo sacar de esta 
circunstancia toda la ventaja que le ofre* 
cía } pues con la mayor secatura se re^» 
tír# á Bethania , donde pasó ]», noche 
con sus discípulos. ^ 

En general, este personage es un su- 
géto Capaz de volver tarumba á cuai^ 
quiera , pues se ve en su conducta una 

(cLu) Aqtñ se «cuctda uno d» la comtdU fi Adivi-^ 
no por easualidad, 

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DB JídüCRÍSTO f CAP. XlY. P^ 

mezcla inconcebible de audacia y de de* 
bilidad. Acostumbrado á hacer sus ha- 
Bilidades en los campos y entre gentes 
groseras 9 no supo jamas conducirle en 
la ciudad, ni adelantar nada contra ené^ 
migos mas ilustrados : por lo cual ve* 
mas que pierde enteramente el fruto de 
esta memorable jornada prevenida tan 
de antemano, y ni aun vuelve á entrar 
en Jerusaiem sino' para ser juzgado. La 
melancolía y el temor le habían quita* 
do de tal suerte su presencia de ánimo, 
que fué necesario que sus discípulos le 
recordasen que era tiempo de celebrar 
la Pascua. Le preguntan en seguida 
¿donde quería que le preparasen la ce- 
na? y les responde que en la casa de^ 
primero que se les praporcionase , lo 
que ejecutaron puntualmente* Les dis- 
pusieron una sala , en donde se junta- 
ron con su Maestro , que siempre ocu- 
pado en sus tristes pensamientos les dio 
á entender que esta Pascua seria ve« 
risímilmente la postrera que celebraría 
con ellos. Las pláticas que les tuvo fue- 
ron todas lúgubres, y quiso lavarles los 
pies para enseñarles que la humildad 
era esencialmente necesaria, cuando uno 
es mas débil. Habiéndose puesto á co- 

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99 ^ HISTORIA ORÍTIC4 

jmvy les dio á entender que ressi^kiba 
que uno de ellos le era traidor. Mo era 
estraño que sus sospechas recayesen 
principalmente sobre Judas : su traza , 
sus idas y venidas i cas^ de los sacer- 
dotes, que no se le pódian ocultar del 
todo, las confirmaban. Como el tal Ju- 
das era el tesorero , quiso decirles que 
quizá la cena aquella se pagaría con el 
precio de la traición , y para hacerlo 
de un modo emblemático , prorumpió; 
Tomadj este es mí cuerpo ; y en segui- 
da les alargó la copa diciendo y qu^ 
aquella era su sangra- que iba á ser 
derramada pQr ellos. 

Judas comprendió presto el sentido 
del enigma, se levantó de la mesa y es- 
capó; pero los otros Apóstoles nadu 
comprendieron. He aquí el enigma ú 
emblema sobre el cual los doctores han 
levantado después el famosisimo dogma 
de la transustanciacion : por el , obli- 
gan á creer á seres dotados de razón , 
que á la voz de un sacerdote el pan se 
jiiuda en verdadero cuerpo y verdadera 
sangre de Jesucristo. Se han tomado á 
la letra las espresiones figuradas de nues- 
tro Misionero, y se han servido de ellas 
para forjar un miUeriOj ó mas bien el 

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DE JB8UCtISTO| CAP. XIV. 97 

JHBgo de cubiieies mas curipso que han. 
podido ioventar los sacerdotes para en- 
gañar á los mortales (4tt). 

Al salir de esta cena y nuestros cqa,- 
TÍdados se retiran con su Maestro al 
monte de las Olivas^ donde ise creyeron 
seguros. No lo crej^óasi él mismo, pues 
apenas el Hombre*Dio& entró en el jar- 
din de las Olivas 9 cuando se apodero 
de él un mortal espanto : llora como 
un niño> y sufre. jra las angustias bor« 
riblcs de la muerte. Sus Apóstoles rnaá 
tranquilos se entregan al sueño; pera 
Jesús <|ue tetnia ser sorprendidovleq ha- 
ce esta reconvención amorosa : ¿no po- 
déis velar siquiera una hora conmigo? 
Judas, á quien habia visto marcliar sin 
despedirse , y que aun no habia vuelto 
á la compañía) tenia en terribles inquie- 
tudes á Jesús : cada instante duplicaba 
9U temor. Nos quieren decir que bajó 
un ángel en este momento á fortalecer- 

(14) Injustamente los protestantes echan en cara á 
los catóticos el dogma de la transíistanciacion : porque 
los que creen que Díoa se ha heeho carne , no Temo» 
por que han de ridicoliiar á los que dicen que Dios se 
£a hecho pan. Si el dogma de la transustanciation es 
nna locura, es una locura bien antigua en la Iglesia , y 
á^ae praeba la credulidad prodigiosa de los pi ifnefoa fíe- 
les. San Pablo , S. I finado mártir y S. Jreneo habláis 
¿U este misterio absurdo como los CiióUcos-UomaoQSc . 

Tomo 11. OigJedby^UU^rt: 



98 HISTORIA €RÍTÍCA 

le, y sin embarga le viene un copioso 
sudor de sangre, loque denota una 
gran cobardía (clx). 

Este estado tan violento del Salva- 
dor parece sumamente estraño al enten- 
dimiento de todos aquellos cuya fé no 
les ha allanado enteranvente cuantas di- 
ficuliades presenta el Evangelio. Les 
aturde el ver tanta debilidad enunDios, 
que sabia desde la eternidad que estaba 
destinado á. morir por el rescate del gé-^ 
ñero humano. Bien que á esto dicen : 
que Dios Padre, >sin esponer á su ama- 
do Hijo inocentísimo á tan crueles tor- 
mentos, podia en sola una palabra per- 
donar á los hombres culpables , hacer- 
les mas conformes á sus miras , y disi* 
mularles sus falt»s. Opinan que la con- 
ducta de su divina magestad hubiera 
sido mas sencilla y generosa , dándose 
por satisfecho á menos costa , por una 
manzana comida cuatro mil años antes. 
Pero los caminos del Señor no son los 
délos hombres, ni la Divinidad debe 
obrar de una manera natural y fácil de 
comprender. La esencia de una Religión 

(cix) ; Si habiendo bajado un Jngel á confortar á 
Jesús , sudó «angre ; si le liubiera faltado »te refuerzo i 
que habría sudado? 

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DB JB99CRI9T0| CAP. XIV. 99 

consiste ea que los homl^reft do puedaa 
entender [amas ni una palabra 4e la con: 
ducta divina ; porque e¿$ta proporcioosi 
á sus guias espirituales lsi satisfacci^i 
de espiicái'sela.... por el dinero. 

Ij\0 cierto es que el Hombre-Dio^^ al 
acercarse su muerte > dio muestras d^ 
una debilidad tan grande , que mucbos 
hombres ordinarios se habrían avergon* 
zado de manifestarla igual en semejan tes 
circunstancias. En tan Lo > el pérfido Jur 
das , que veoia á la cabeza de una maní- 
ga de ardieros, avanzaba hacia donde es<» 
taba Jesús 9 cuyas guarí das conoct% muy 
bien. Un beso (clxi) era la señal por la 
que los satélites debian reconocer al que 
Uevab^m orden de prender* Ya el Cris^ 
to veia acercarse las linternas quealum<* 
braban la marcha de aquellos esbirros; 
entonces hace de la necesidad virtud , y 
se presenta con valor á la tropa. ¿A 
quien buscáis? les pregunta con un to* 
no firme : á Jesús, contestaron; y él les 
dice : fo soy. Judas entonces con el ós« 
culo confirma esta confesión heroica^ 
X^os Apóstoles^ que despiertan al ruido^ 

(cLxi) Los inquisidores tftmbien pedian perdón á lo$ 
cfue hacían quemai' , y el verdugo ( que iodos so9 unos) 
l^ce lo mismo. 

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400 Ur«TÓRlA CHitlCA 

Tienen á socorrer á su Maestro ; y Pe^ 
drO| el mas celoso de todos ellos^ corta 
de un sablazo una oreja á Maleo, cria- 
do del Sumo Pontífice. Viendo Jesús la 
inutilidad de la resistencia , le manda 
meter la espada en su vcüna, apaña la 
oreja á Maleo, que pagó con el susto, jr 
ise entrega á los que yenian á pren- 
derle. 

Cuentan que la patrulla que yino á 
la prisión tuvo que retroceder al prin- 
cipio; y aun yo encuentro que en este 
liechonadá bay de imposible. La noche 
estaba tnu j oscura, y los soldados vien- 
do confusamente á \os Apóstoles sin sa- 
ber cuantos eran ^ pudieron temer que 
eran muchos mas y que los cercasen ; 
pero luego que se aseguraron , evacua- 
ron perfectamente su comisión. 

Mientras que ataban al Hijo de Dios, 
este ruega al comandante de la partida 
que no molestase á los Apóstoles, loque 
obtuvo muy fácilmente (clxu) , porque 
no buscaban si no esa él. San Juan bue- 
namente cree que Jesús hizo esta supli- 
ca para cumplir una profecía ; pero tam* 
bien pudo ser porque conociese que ni 

(cLxii) ^o lo habría obtenido con tanta fecilidad de 
loft Alguaciles del Santo Oficio. 

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DB jEficcmsro% caf. :Xit. 40t 

le -era útil, dí sería juato envolver en 8U 
pérdida á unos hombres cuyos socorros 
pudieran aun servirle de algo : porque» 
en fin , mas le podian favorecer libres » 
que presos en la cárcel (cjuxiu). 

JCLuii) i Y cfuien sabe lo que padíftron haber can- 
o si los nubiescn xampado en chirona? Si todos hu- 
yeron á puto el postre y y el mas valiente renegó de él 
un moniOD de veces » sin que les llegasen al pelo d« la 
ropa , ¿ qué habrian hecho asi que los maniatasen ? 



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4(ii HiáVotiiA crítica ' 

CAPITULO XV. 

Cansa y séntericia de Jesus.=s: Su 
suplwiü y su muerte. 

* Cuando ya los eneiDÍgos de Jesús le 
tuvieron en su poder, no se vieron me- 
nos perplejos que antes; porque la na- 
ción Judía , desde que los Romanos la 
hablan sujetado, no tenia el derecho de 
condenar á muerte. En cualquier tiem- 
po , antes de dicha conquista, bastaba 
que. el sumo sacerdote pronunciase la 
sentencia de un acusado, para llevar al 

})atibulo á quien hubiese delinquido en 
o mas mínimo contra la religión. Los 
Romanos, mas tolerantes en este punto, 
raras veces castigaban de muerte en es- 
tos casos; y ademas, para quitar la vi- 
da exigian fuertes pruebas contra el reo» 
jínás , suegro del Sumo Pontífice 
Caifas y era tenido comunmente entre 
los Judíos por un hombre muy sagaz y 
entendido ; asi pues le condujeron á su 
presencia en primer lugar. No sabemos 
lo que pasó en esta primera escena de 

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DE 3faVCKl$T0 f CAP» XV. 4 OS 

JU sangrienta tragedia del Cristo : es ai 
de presumir que en ella sufriría un lar- 
go interrogatorio cuyo cpn testo ignora- 
mos. 

Desde la casa de j^nás le llevaron á 
la de Caifas , personage el mas intere* 
sado por su empleo en perder á todo 
novador en materia de religión. A pesar 
de esta circunstancia , no vemos á este 
Pontifice obrar con pasión y antes trata 
el negocio jurídicamente y como hom- 
bre quQ sabe su o&cio. « ¿ Cuales son tus 
discípulos y dice á Jesús , cuantos son y 
como se llaman ?)) Jesús nada le respon- 
, de. « Al menos es plica me tu doctrina : 
¿á qué fin se dirige? tú debes seguir un 
sistema, esplícanosle.» Contestación : Yo 
■he predicado en público : no me pre-- 
gantes á mí j pregunta á los que me 
han oído, 

A tal respuesta y uno de los oficiales 
del gran Pontifice dá un pescozón i Je^ 
6US , y le dice : ¿ Jsi respondes al Pon- 
tifice? La reprensión ciertamente fue 
muy dura y pero también es menester 
convenir en que la contestación no era 
bastante respetuosa para una persona 
constituida en la mas alta dignidad ecle- 
siástica de la nación y y que tenia auto- 

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AOJt mSTORIA CRÍTICA.' 

ridad y derecho y poder para hacer laá 
preguntas que creyese convenientes pa- 
ra sacar al reo la confesión. Ademas ^ 
no parece la interrogación tan fuera de 
propósito, porque Jesús debia estar mu- 
cho mas enterado de su doctrina que 
los paisanos de la Galilea ó de la Judea, 
delante de los cuales la habia predica- 
do de una manera casi siempre ininteli- 
gible. Era natural suponer que él mis- 
mo podia dar cuenta de sus verdaderos 
sentimientos y opinión , y de aquellas 
eternas parábolas, mas bien que un po- 
pulacho ignorante, que si las habia es- 
cuchado varias veces , no las habia en- 
tendido ninguna. En fin, solo Jesús po- 
dia poseer el secreto de reunir etl un 
sistema los principios sueltos y disemi- 
nados de su doctrina celestial (4). 

CaifáSj no pudiendo sacar nada del 
acusado , esperó qu^ llegase el dia y se 
juntase el consejo, para continuar su 
pesquisa. Luego que se verificó , el Me- 
sías comparece ante el Sánhedrinij es 

(i) Han notado algunos con aorpreía que el Cristo 
en etita ocasión se olvidó de poner en piáctica el bello 
consejo que babia dado en el Sermón del Monte , de 
alargar la otra mejilla , cuando ae recibiese un bofe- 
tón. ¡Tan cieito e& que los piedicadoies 00 bacen iiein- 
pre lo que predican á los demás ! 

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DE /ESDCRKTD y CAF.: XT. 405. 

dedr , ante el tribunal mas respetable 
-del reino. £t Evangelio nos representa 
á los sacerdotes y á los principales de 
los Judíos j ocupados toda la nocbe en 
que Jesús fué arrestado > en buscar j 
sobornar testigos falsos contra él. Pre- 
sentan dos sugetos á quienes se les da 
tal dictado, pero con la mayor impror 
piedad. é injusticia, porque ellos depo- 
nen un hecho que refiere el Evangelio 
mismo. 

Nosotros le oímos decir (afirman) 
que destruiría el templo j y le reedi^ 
Jicaria en tres días. 

No hay mas diferencia que la de que 
Jesús dijo : destruid este templo j J Jfo 
le reedificaré en tres dios (2). 

Los simples que fueron á declara r> 
ignoraban queen aquella ocasión hablaba 
en estilo figurado. La equivocación sin 
embargo era muy disimulable en ellos^ 
puesto que según el Evangelio los Após- 
toles mismos no llegaron á penetrar el 
verdadero sentido de estas palabras has- 
ta después de la resurrección del que 
las dijo. , 

Esta deposición sin embargo no po- 

(a) V. S. Mal. cap. XVI, S. Marc. cap. XIV } y 
S. Juan, cap. 11. y 

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406 RISTORii. CRÍTICA 

día dar causa para condenar á Jesús ¿ 
muerte, porque, por malvados que se 
les considere á los Judíos , nunca lle- 
garon á castigar con pena de la vida á 
los locos ; y estas palabras del Cristo 
no debian atribuirse sino á efecto de un 
delirio : asi es que el sumo sacerdote se 
contentó con preguntarle si tenia que 
alegar alguna cosa , y como el acusado 
se negó á hablar , no insistió mas en 
esto. 

Pasa después á hacerle cuestiones mas 
graves y le dice : ¿ Eres tú el Cristo ? 
¿y que responde á esta pregunta nues- 
tro hombre ? 

.... Si os lo dijere, no me creeréis: 

V también si os preguntare , no 
me responderéis , ni me dejaréis ir li- 
bre (cLXiv). Mas desde ahora el Hijo 
del Hombre estará sentado á la dies- 
tra de Dios. 

Luego tu eres el Hijo de Dios j le 
arguye el sacerdote : tú eres quien lo 
dices j replica el acusado. « Pero no bas- 
ta que lo digamos nosotros ; tú eres el 

(clxit) ¿a q[ue manifiesta el Hijo de Dios que si su- 
piera que le habian de dejar Ubre le conleataria , y cou 
esto el deseo de que le dejasen , si él se había entregado 
voluntariamente^ y tenia el poder de libeitarse como y 
cuando le plugiese? 

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DE JESüCBfótO , CAP, XV. í OT 

que debes responder. Vaya , dínos, 
¿eref el Cristo? Yo te conjuro por el 
fíios divino que nos digas claramente 
si eres su Hijo* )) 

f^osotros decís que yo soy , respotí-- 
dé Jesús; y el Hijo del hombre (esto 
«9 el Hijo de Dios) {tendrá un dia so* 
hre las nubes del cielo. A pesar de es- 
tas respuestas tan embrolladas, biea 
entendieron los Jueces que se hacia Hi- 
jo de Dios. Ha blasfemado j esclama- 
Ton á una voz, y conclnyeron que se 
habia hecho reo de muerte (3); juicio 
muy válido según las leyes de les Ju- 
díos, y que aun dí'be parecerlo i los 
cristianos , cuyas leyes sanguinarias cas* 
tigan de muerte á los que el clero acu* 
sa de blasfemos. 

No tienen los católicos derecho para 

(3) Un Magistrado mu jr devoto lia e»crilo, legun dU 
ceii , una memoria para probar que en el proceso de Je* 
•ucristo hubo treinta y dos nulidades , siguiendo las 
drdeoaBzai criminales de Luis XIV (ci.xv). 



(cLxv) Esto consistirín en que Caifas no leería estatf 
ordenanzas , ni las babria visto impresas en la imprenta 
estereotípica, ^o habría hallado tales nulidades , si- 
guiendo la jurisprudencia de la Inquisición, que quiere 
que se quemen vi\os y á fuego lento los blasfemos. S. 
Luis se contentaba con hacerles atravesar la lengua coa 
•w bierro ardiendo» 

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i 08 HISTOIUA CRlTieA 

.vituperar la conducta de los Jadids , tan 
frecuentemente imitada por sus tribu- 
nales , asi eclesiásticos como seculares. 
Por otra parte y si era preciso que el 
Oisto muriese ; si él lo quería a^ ; st 
Ja reprobación de los Judíos estaba re- 
suelta ; Jesús obraba consecuentemc^nte 
para mantenerlos en el error. Y si est^ 
jera el designio de la divina Providencia» 
¿ á qué predicarles ? ¿ á qué hacer mila- 
gros á la vista de todo un pueblo, si so- 
Jo un pequeño número de hombres se ha- 
i>iade aprovechar? ¿Jesús tenia unavo^ 
luntad verdadera de salvarlos 7 En este 
caso, ¿porque no convence á toda el 
Sanhedrimde su poder? ¿por qué no 
rompe sus prisiones ? ¿ por qué con una 
sola palabra no muda aquellos corazones 
lercos? ¿ Tenia voluntad de perderlos? 
¿ Por qué no los deja muertos de repente? 
2 por qué no los arroja súbitamente á los 
infiernos? (clxvi). 

No pudieron los Jueces compretider 
como un hombre acusado ^ que no po- 
día escaparse desús manos, era el Hijo 
de Dios ; y asi le condenaron , ó por 
mejor decir , declararon que era digno 

i (cLxvi) Mo sé yo que reiponderán á estas pregunti* 
lUs lus apologistas de la Religión ciifttiana* 

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DE JESUCRISTO) CAP. XV. 409^ 

^e la pen«i de muerte, pero ni lampoco 
esto definitivamente, puesto que era 
menester que la sentencia fuese aprobar 
da y ejecutada por los Romanos, sobe*; 
ranos de la nación. Esperando esta con* 
fírmacion , Jesús fué tratado de la ma-- 
nera mas cruel por los Judíos , á quie^ 
fies el celo religioso , como sucede i io$ 
cristianos, permitia ó mandaba ser in- 
humanos. 

En esta noche , y en la mañana del 
dia siguiente tan cruel y funesto para el 
Salvador del mundo j es el tiempo en 
que debemos colocar la negación , re^ 
petida por tres veces, del señor San Pe* 
dro, este ge fe délos Apóstoles, por 
tuya firmeza habia hecho particular ora- 
ción su Maestro. Sus camaradas, llenos 
de miedo , se habian descarriado y dis- 
persado ya en Jerusalem, ya en las cer- 
canías : la mayor parte de ellos habrian 
hecho otro tanto que San Pedro (clxvii) 
si se hubiesen hallado en el mismo ca- 
so, y á lo menos este tuvo el mérito de 
no alejarse de su Maestro. El le negó ^ 



^ (cLxvii) Lo menos. Porqae San Pedro , ya en la ac- 
ción del chafarotazo, ya en esta , manifestó mas adhe- 
jíon é intrepidec que todos los demás. 

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440 HISTORU güítica 

C8 cierto; ¿pero le Iiabria sidoma^ útJi 
sí j confesándole públicamente ; se hu<^ 
biese visto enredado en su suerte ^ tit^ 
poder de modo alguno favorecerle 7 

£1 Sankedrim se trasladó al palacio 
de PilatOy gobernador por losRomanoSi 
á fin de que confirmase la sentenciad y 
Jesús también fué .conducido á ^u pre-* 
sencia. Filato conoció desde luego quQ 
este era un asunto en que el fanatismp 
y la locura tenían la mayor parte ; y 
mirando con el mas alto desprecio ui| 
negocio tan ridículo, manifestó no que^ 
1 er mezclarse en él , y asi les dijo á los 
magistrados : Juzgadle vosotros. Vien- 
do esto , ellos mismos se convirtieron 
torpemente en testigos falsos : su celo 
fanático les hizo creer sin duda que tor 
do era licito contra un enemigo de la 
religión , é interesaron al poder sobe- 
:irano contra él. Acusaron, formalmente 
á Jesús de Jiaber querido hacerse Rey 
de los Judíos j y de haber pretendido 
que lio se debía pagar el tributo al 
César. Aquí se vé palpablemente el ge- 
nio del sacerdocio y que para perder á 
sus enemigos no se para en la elección 
de los medios , y sobre todo se esfuerza 
tn hacerles sospechosos al poder tcm- 

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DE JESUOMJTO | CAP. XT. 41 ^ 

poral , á fin de empeñaile^ por su pro- 
pio ínteres y á vengar sus propias inja- 
rías, ó á contentar sus pasiones TcLXvni). 

Piiato ya no pudo desálenla acusa- 
ciones tan serías y y sin embargo , no 
persuadiéndose que aquel hombre que 
le presentaban hubiese podido concebir 
proyectos tan ridículos , empieza á ha«- 
cerle su interrogatorio y le dice : ¿ Eres 
tu el Rey de los Judíos ? y Jesús á su 
vez le pregunta por^ su parte : ¿ Dices 
eso de tí mismo , ú otros te lo han di^ 
cho? 

« i Qué me importa , dice Piiato , que 
tú pretendas hacerte Rey de los Judíos? 
No me pareces hombre de dar cuidado 
al Emperador mi amo. Ni soy de tu 
nación^ ni cuido de vuestras tontas apren- 
siones. Los sacerdotes de tu nación son 
los que te acusan , sé á lo que debo ate- 
nerme en cuanto á ellos ; pero á ti te 
me traen como un reo y te entregan en 
mis manos : con que en fin dime : ¿qué 



(cLxviii) No puede darse un retrato mas propio de 
los serviles Finuesistas y Merinados de hoy día. Loa 
que atacan á sus pingües canongi'as , dicen que atacan á 
los tronos y aun á los altares , esto es > ¿ Dios y al Rey; 
y en parte no dicen mal , porque para los tales canóni* 
f os su Aey y su Dios es la canougia. 

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442 s HISTORIA cnrriCA 
lias hecho?» Jesús podia salir de ta di- 
ficultad ; pero en la turbación eu que se 
halla , gasta el tiempo en correrías , y 
l^os de )^Qetrar jas disposiciones favo- 
rables de Pilato, que le quería librad, 
le sale con que su reino no es de este 
mundo ; que él es la vendad^ y otras 
sandeces de este jaez. £1 Gobernador le 
}>reguDta que cosa es la verdad , y el 
Salvador no sé. digna responderle y aun- 
que la pregunta merecía ciertamefiie una 
respuesta categórica. 

Pilato , poco asustado de los planes 
de Jesús y declara que no halla en él 
nada que lé haga merecedor de la 
muerte ; y esta declaración y aunque 
justa « hizo redoblar los gritos die sus 
enemigos. Habiéndole dicho entre otras 
cosas , que Jesús era Galileo y se vale de 
esta ocasión para desembarazarse de la 
gurrumina y y le remite á Herodes^ de 
cuya tetrarquía era aquella provincia. 
Ya hemos visto en otra parte y que este 
Príncipe había deseado ver á nuestro 
Héroe; porque tanto no se le cumple este 
gusto. Sin embargo, concibe de él el mas 
alto desprecio al ver su tesen en negar- 
se á contestar á las cuestiones que le ba- 
cía , y le volyió á enviar á Pilato , Ves- 

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tklo €00 una tuaíca blanca en señal de 
irrísioii (cuux). 

Con todo^ el Presidente no viendp 
eni Jí^stts 'UÍngun crimen capital , quiso 
aal vidrie i y aun el ensueño que su mur 
ger supersticiosa tuvo aquella misma 
noche le interesó en favor de nu^trp 
Misionero (k). 

Pilato repite i los Judíos ^ gué no enr 
contraba cosa en aguel hombre que le 
hiciese digna de muerte. A lo cual el 
pueblo seducido gritó : Quítale^ quita- 
hfj se empeñóenque se le crucificase. 
Entonces^ Pretor imaginó un nuevo 
medio para librarle. Yo acostumbro, 
como sabéis j les dijo, perdonar todos 
los anos j qan motiw de la festividad, 
,<£ un criminal^ suponiendo que Jesm 
lo es., fQ quierq que sea perdonado. 
Auménts^e J^ gritería y el desorden , y 
.pidená voces que un salteador^ llamti^* 



• (caaxilc} En «quellá fidita te hacia lo <}ae en el ear-^ 
.lUiYtl entre nosotros, y asi le vislió de máscara. 

(4) Juan Malela y otros fabricantes de legendas nos 

• ¿icen que la muger dePilatdse llamaba Proela,.6 Pro* 
éula. Han hecho de ella una S^nia» y no han faltado 
autores católicos que de PUáto han hecho también an 

.'dristiano y mártir» Otros asedaran que Nerón le kiso 
matar por hnber contribuido i la muerte del Ciisto. En 
fin , otros añrman que' Pilato fué desterrado á Vieoa en • 
-€l Delfinado , y se nula A si nusmO'. i 

Tomo U- D,ggedby^.UU¿5lL 



áo Sartabásj ^b^ésé ¿sfa^^gi^^^^^ 
preferencia á Jesús, cuyiy'sttpiidiü'Cdft^ 
tinuarotí pidiendo óon \t^ t^urnto: 

Todavía (Jiii to el Rotoátfó* »vtÉ*fc|f¡^pd*- 
dfa éalmar el furor- dé^'^n'pc^pídaebo 
l)árbato j 'feíiátibo^ y.aiinque cdti do- 
lor h¡2o que azotasen á Jesús le iu'ándó 
vestir de un modo ridktilo , coronir 
con c'spinas y ponerle tina Caña por' ce- 
tro ; y de esta manera lé manifebtó al 
'pueMó yíiciendó : « Aki T£i^b15 A tóEsmb 
HOMBKE. ¿No efitáis< contentos todavía? 
Ya veis que pot* cbmpladero^, lo he 
puesto de la conformidad en que está. 
Sed menos fiel'ds, y no lleV€$9 tal al ex- 
tremo vuestra ferocidad de tfgtes coir- 
• tra un infeliz y desvalida inocente , que 
eh d estado en 'que sé encuentra , en 
vez de hacemos aómbk'á, éñ 1^ de 5er 
•objeto de vuestro odio, 'enVidfia y en- 
carnizamiento , dé^ ¿ferio d^''c6iíte¡«e- 
ración y lástima. » 

A los ^eerdote;s 9 cuyo carie tePres el 
de no perdonar fadnca , ttada movió eér 
te espectáculo, capaz de entemect^r las 
peñas, y solo piidb iájiigar sti sed tabíb- 
« aá la muerte de su enemigo. Viendo que 
no ^alián con la suya , mudaron bate- 
ría; y tratar(Hi.de intimidar al Gober>* 

^ ^ Digitizedby VjUUyUi 



BC JESUCRISTO y Ci.P^ XV. 415 

nador ; hacíéodole entender <j[ue si de- 
jaba vivo al acusado, hacia traicipn á 
los intereses de su amo. Eotooces Vir 
lato y temiendo los efectos de la rabiosn 
venganza del sacerdocio, entregó á Jer 
sus á los Judíos , les peroaitió desfogar 
en ^1 su furor y ejecutar sus designios; 
p^ro declarando al mismo tiempo que 
él se lavaba las manos (clxx) , esto es, 
que era contra su parecer el quitarle U 
vida. No es fácil comprender como ua 
Gobernador Romano , que ejercía eil 
pqder soberano ea Ja Judea , se rindió 
tan fácilmente á la voluntad capricho^n 
de los Judíos ; pero no es meno^ incom- 
prensible que Dios haya perixiitido que 
este buen Gobernador ae hiciese por sa 
debilidad cómplice de la muerte de »u 
amado Hijo (5). 



(otxx) -¿ Si ^tisana Píláto que con solo lavarle' Tá»^ 
mano9 ce compensaba «1 quitar la vida á un inof^ente ?, 

(5) á. tustiiio, Taclano j Atenagoras, Lactancio, etc. 
han ethádo en ¿ara á los paganos sus dioses , p6K]u<e 
muchos de elIo9, según sus poetas, habían esperiinenu^- 
do persecuciones y malos tratamientos ; ¿ pero les estaba 
^len poner lemejintes tachas á aquello*» dioses , á'uncM 
hombres qi^e adoran un Dios crucificado? Los partida- 
rios de una religión notan muy bien las ridiculeces de 
BUS adversarios « y nnnca ven Ins de su propia teli'- 
gion. Lactancio pregunta asi á los Gentiles : ¿ Es po^ 
sibU reconocer por Dios a un homh'e arrojado , precia 
íado á huir j' Jbr%(tdo á esconderse ? Nadie har toa 

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416 HISTOAIA GüitlCá 

Jesús abandonado entonces á la (tíríá 
de los devotos , recibió de nuevo los 
tratamientos mas crueles. Pilato , para 
humillar á estos bárbaros ^ quiso que 
el rótulo que se pusiese en lo alto de la 
cruz á la que fué clavado y dijese que 
era su Rey : nada pudo moverle á cam- 
biar esta resolución. Lo que he esvritOj 
he escrito , respondió á ios que le pe-^ 
dian ahincadamente que variase esta ins- 
cripción tan deshonrosa para la nación. 
De paso obsérvese que esta inscripción 
está espresada con variedad en los cua* 
tro Evangelistas. 

Los Judíos trataron á Cristo como 
Rey destronado , haciéndole sufrir los 
ultrajes mas sangrientos ; y aunque di- 
jo que podia hacer venir , si quería y /e* 
giones de ángeles para su defensa , no 
lo creyeron , á pesar de su característi- 
ca credulidad: nada contuvo su cruel- 
dad religiosa (cLxxt) escitada por los sa- 
cerdotes. Le hicieron que tomase el 
camino del Calvario , y viendo que 
el Cristo no podia con el peso enorme 

loco en el mundo , díoe muy ufeno , porgue el <fue hu- 
ye é se esconde da á entender ^ue teme la violencia ó 
la muerte. V. Lactant. Inst. divin. lib. I, cap. i3. 

(cLxxi) Que pudieratnoa llamar crueldad piadosa, 
amiié^icaiiientc. 

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DB mUCSOSTO , CAP. xv. 447 

de U cruz'y se la cargaron á uii tal «Si- 
mo/i ;» mas vigoroso j sano ; pues el in- 
feliz ysí débia en efecto estar muy des- 
fallecido con tanto como habia padeci- 
do en toda la noche y la mañana. 

En fin Jesucristo fué puesto en cruz, 
suplicio ordinario de los esclavos , y en 
ella no resistió largó tiempo á los do- 
lores de la crucifixión. Después de ha- 
ber invocado á su Padre , y dádolé 
amargas quejas de que le habia desam- 
parado , espiró entre dos ladrones fa- 
cinerosos. Acerca de esta circunstancia 
se nota que el Espíritu Santo que íns^^ 
piraba á S. Marcos, hace morir á Jesús 
á la tercera hora , estofes, á las nueve 
de la mañana ; mientras que el Espiri- 
ta Santo que inspira igualmente á S. 
Juan 9 le hace morir á la hora de ia ses- 
ta , esto es , a las doce (6). Tampoco es- 
tá el Espíritu Santo mas acorde acerca 
de los salteadores que fueron crucifica- 
dos con Jesús. San Mateo y S. Marcos 
lM>s dicen que ambos le insultaron y le 
dijeron injurias ; y S. Lucas asegura que 
solo uno le injurió y y que el otro re- 
prendió á su camarada de tal insolencia 

(6) V. S. Marcos , cap. XV , ▼• aS ; y S. Juaiii cap. 

X.XyV. 14. ^ Digi'edbyVjUUyit: 



4a 8 HrsTóRML cníticÁ 

roga^idío i Jesús qire se acordase de él 
cuando estuviese en. su reino' (7) Nues- 
tros intérpretes , empero , tienen mil se* 
cretos para probar que él Espíritu San- 
to no se contradice jamas , aun cuando 
habla del modo mas contradictorio ; y 
los ^ue tienen suficiente fe , se pagan 
dé .sus razones, £stas sin embargo no 
hieren tan- fuertemente á los espíri- 
tus fuertes que tienen la desgracia de 
raciocinar. 

Los remordimientos de Judas ven- 
garon bien pronta á Jesús dé este trai- 
dor : restituyó á los sacerdotes losím/i- 
tu dineros que le liabian dado , y fué á 
ahorcarse al momento (8). Ségun San 

.(7) S. Mat. cap. XXVII, v. 4I; S.Marc. cap. XV, 
V. 33 ; S. Luc. qap. XXI^ » v, 'á9. Se dice que lesas 
al morir giitó así , / Eli! ¡ Eli ! / lammá Sabhaciani ! 
palabrM con que se quejó á DIoS' sü ^adve d« haberle 
abandonado : queja que seguramente no sienta bien en 
la boca del Cri&to, que denia saber todos estos aconte- 
cimiento» ,'y que el papel que hacia eiíü de «cnerdo- con 
su Padre desde- toda la fe^rnidad. A no ser que supon- 
gamos que esta esclamacion fue una ficción paia enga- 
fíar á los'espectadoreií; lo que también seria muy poco 
digno de un Dios , que por esencia debe ser la misma 
verdad. 

-(8) Según el evan^liodela Infancia de Jesús, pap. 
XXX , Judas estaba poseído del diablo desde su infan- 
cia , y quería morder á todo el mundo en sus accesos de 
diablura : en efecto, diz que un día mordió en un cos- 
tado al pequeño Mesías^ que echó á llorar: por último. 
Satanás salió de el en figura de un Pg<^r|jc^yií^h»WiJf- ^^ 



DE jp^vcfiffrp ^,cfiu,xv. f i 9 

¡ff^Hteqfh venta de^^usppr treinta df- 
i^f:(i^. estaba pro£^tízá4a.^pQr J^,reiniaS| 
j()SJii embargo no se encuentra, M ore- 
¿ip(4^<^^i^^os escritos.de este Proieta^ 
JCualquiera sospecharía de esto que los 
JEiVangelistaSy po> contentos con aplica^ 
«de^cualquier manera í^s profecías exís- 
Igptea.eri el antigupl^'estamentoi^ se to* 
iH^^^ la libertad ¿ie, sacarlas de su ca* 
l^^^> y. forjar las á. fi(u. medida. Nuestros 
Jlil^i^e^ /ipté^pcetes no. se han a^scadp 
l^r es|o, y una;C^guedad sauta impe- 
<dii!i:4^pipr^ jt^^e^ $ej. pQr9Íbai^ lales.ba^- 



., J^lijgyangelif^fio^flp^ruy.ede que á I4 
JXMíertQ 1 4js^' Crispo la| naj;urale:5a enterji 
Jt0iQQj p^j^te :en. este jgra^ suc^sq. ^n. ^ 
Jí^5>p^i^q,eflfl^e,^gp¡rx^^^^ V» fclíft- 

J^it^fqlje sol; s^^siptid tin espjaatos^ 
:.ter^etQ9tp'í .machios, '^ptos ,persop^g^s 



|.cnstianoi« 



djpj; ^ppcrjjfh, N. T, , lotn. í| pá|. i^. Lo».c 
pertí con' alguna punta 'dfe íi^é^í¿\ tíkot^ b»»\, 
tdrii«flp9 i porque dicen ;qiif;ainí«JI:if|aiji^ h«^^vf^ ^f^ 
cumplimiento oT mistcírto de la Redención: idfea que no 
♦s enteramente fuera de raion. Porque á la verdad, ¿ co- 
jYU>'h|\,d6 ser merecedor de la»ito horror y .cpítígQ un 
}iombre que , vendiendo á sts Maestro , ño iera otra cosa 
que el instrumenio de la «alud del 1iní\-ei*o, y el ejcT 
cutor de los infnlíble.5 decretos dé Dios 'mismo? Eitr 
íiercges tenían su evangelio atribuido á un' Apóstol, tv* 
to es á Judas. V., San Ireneo» lib. I, cohtra hoeres^ 
cap. 35. 

DigitizecJ by VjUO^fc 



ñid fiíSTOM A crítica 

salieron de sus sepulcros á pasearse en 
las calles de Jerusalem. Solo los Jodies 
estuvieron ciegos para no ver nada dé 
todo esto , y asi es regular que todos es^ 
tos prodigios solo pasaron en la únagí- 
nación de los discípulos de Jesús. Pri- 
meramente , en cuanto al ecKpse de que 
habla el Evangelio, es un prodigio, m^- 
concebible, y que no podia suceder sin 
un desorden general de la máquina dd 
orbe. Un eclipse total de sol en el pie» 
nilunip, tiempo en que se fijaba laeer 
lebridad de la Pascua entre los j^éiúSf 
es el mas imposible de todos losmilar 
gros: y asi vetios que nii)gun autor con* 
temporáneo ha ' becbo mention de se** 
méjatite eclipse, -á pesar de W un fe- 
nómeno digno de transmitirse á la pos^ 
Wídad (9). Los pócb crédulos preten- 
den que no hubo Otra cosa eclipsada qué 
el entendÍDQÍento de los que vieron estas 
maravillas, ó la' buena fé de los escri- 
tores que las han atestiguado. Acerca del 

^ (0) Algonoi ootore« quieren que dicbo eclipse haja 
lido referido por Tallo , e«cr¡tor que nadie conoció , y 
por Flemón, cuja* obras no subsisten , t solo es citado 
for Julio africano 9 autor católico del siglo III. T auft 
todo lo que dice Fle§on , se reduce á que en el afio 
cuarto de la olimpíada aoa bubo tjn eclipse eonticlera* 
ble ^ j esto no tiene nada de imposible. 

' Digitizedby Vj(JUyH¿ 



temÚoT'de tierra, sospechad "que 1m 
pobres Apostolea líenos de miedo y ter* 
fór á vista de la suerte de sü divino 
Maestra; fueron los úúicos qué le ein-^ 
tierón ; j entonces la cosa no se ptette»'^ 
ta tan inverosímil, . ' 

Asi qué Jésds murió , ó le créyet'éa 
inuerto de una herida que - le hití^ótt 
en el costado , de la cual sali6 sátígk«e y 
ixTt pus blanquecin^o qtie iAé tuvo p6r 
agua; embalsamaron su cúerpoy le^atribr* 
tajaron y le pusieron en un Sé^ldl-dt'to-' 
do lo qué se ejecutó el viernes' por la 
tarde (40). El 'hábiía ^dadó á^ éntMder 
liiucHas vecé^ (}Ué resucitáijía; é los tres 
dras, es decir, pasados tres dlási jr %x^^ 
noches; y sin embargo/ al DoHiuigd 
muy temprano^ ya el sepulcro d^hde 
fá^ puesto se halló vacío. Jjys'-ixx^tók 
Siempre tercos iio creyeron pw ésto quer 
Jesús hubiese resucitado^ sino* que tu^ 

, ^ (lo) B\ el sqpljcio d^ Jesús está probado por el Evan- 
gelio , algunas circunstancias pueden hacernos' ^dartjut 
Éioritscen (¡¡X Mto. AlUsedice.quc^'VO laquebraotaKHa. 
^^.pieruas según la costumbre, y que sus amigos obtu- 
vieron licencia pora Uevai-se el cuerpo. ' SÍ aun estaba 
con vida, bien pudieron curar «us Uagaq^ y de- este mo- 
do volverle á la vida , al menos por algunos días. Tam- 
bién es bueno observar que se le puso en uñ monvmeii'» 
to noevo, del cual los discfpulps podrían sacaile á tienta 
po. No obstante bemos preferiiio seguir la opinión vul- 
gar de suponer que Jetiii muiió verdaderamente. ' 



yi*r^p«p íii« iMitfiral e\ que hlfkifí^ 
i^Itli4o ^ su;p«la})r9 y ó que sus disGÍ|iU7 
)m jettpQpjtraKo» medio die hurtarle : jío 
CI19} fifudo; h^cer^e sin ipilagro , b^n á 
«ftW/Í¥er¿«,,; Q Hipa, corrrpip piando ,lo3 
guardas que los sacQf4ptea J/ Fañseof 

pwVwto:>ló^r\,6p pferi^típf rfiíie?:íá, Comp 
?i^fh»0 *<iiTOÓÍiirtQr0s.»n ^RíCf aegocio, 
M^I^Qi4Í9^ (|«^e ;f)i^^tj^$$4 Iqs:f^i|^iiiela4 
poTííiiPjMjfr íwidí^ ciiwfta ^^l^o, cui- 
dadfbfirffiílfi'il f^QSAiqilf^ 0^ en- 

i:*rgndo>iidÍ¥§f*aTOehte y {JT ¿qlo íi^é. upa 
^¿í»4^|afípnpí^f^tí)fi*VQr4e|lps.t?nípi^ 
kí J«d|(* yh^ifm¡é€¡í,mVf\pipei Jla, paipcie-? 
ron vdíiíílo^ :f^é>. (^^iiD^ijp^ MqI^^, 
tiM»!¿ff«^f oí4e^ iosi/,rt0Oi¿r^^ y, designi^ps 
dbfi^i^Ó4(P^« ,;notepoílé^»4jV^Qar/iw 
lfe^tnaá.pe;:$UjacÍir/á¡rf?íngun; j|ai9Í,Qnal, 

sucitado. Sin embargo , como vamos i 

dó.desj^üíes ana secta bacante tpoderosa 
para sulyrugar ppcp apoco ál iiWpjBrio 
Romanóy «na gran poreiondel orbe ter- 
ráqueo (1.1). ,' . 

(n) ■'¡$0 eseUraño que un QinUiI «lúdase de. la r»- 
suiTecciott dei CpMto<y«euiiudo d«sd« los uriBoero» iiem- 

lígitized by VjOU^lt! 



DE JltStiCÍUSTd ; íCAF^. 5CV. 423 

* Sin duda el suplicio de Jesüs hizo po- 
quísima sensación en el mundo , y sus 
¿v^nti^raá metieron bien poco ruido, 
cuando ningún historiador, si esceptua* 
mos Iq^ Evangelistas, hace ni de uno ni 
de otras ^nieivcion alguna (4 2). 

"I ' '■ • ■ 

pM de 1h<Igle8Í« )oc «Grífltiinos ,no solo no la «rey^ron^ 
siiiq> iyuv istkpti4^'^/^'<<''n'*PO*^C2)a idr&¿^'Pios «cu ]« 
de muerte, negaron que su divino Maestro hubiese ñmer-^ 
to. En 811 consecuencia , los sectarios de Basilides ase- 
guraban que Jesas en su pasión habia tomado la figura 
de Simón Cirineo , y dádole á eua la suya, bajo la 
cual dicho Simón baldía sido crucificado en su lugar ; y 
que el Cristo haciéndose invisible entretanto, estuvo mi- 
rando la tal operación y riéndose de su perfidia. V, 
San Ireneo , lib. /, cap, juS. S. Epiph. hieres -XXIV^ 
núm, 3. Los Cerintianos 6 discípulos de Cerinto , qn« 
fueron contemporáneos de los Apóstoles, v los CarpO" 
cracianos , negnbnn igualmente que Jesas hubiese sido 
crucificado en realidad. Otrorpnrtenditm que el traidor 
Judns fué n¡u.st¡cindo en vez de su Maestro. Todos estos 
sectarios miraban al Cristo como un puro hombre 7 no 
como un Dios : con que aquí tenemos cristianos contem- 
poráneos á los A|>óstoles, que, aunque eran hereges, 
creían en Jesucristo, y negaban su muerte* V. M* dm 
Tillemonty lorn. IJ,p4§. aai. S, Epiph. Hoau 34» 28, ' 
3o. Teodoret, hoeretic. Jab, lib. L 

.{11) El célebre Blondel, Lefevre de Sawnnr, j oíros 
«^bíos críticos han demostrado , que el pasage del histo- 
riador Josefa, en que habla con elogio de Jesús, ha si- 
do conocidíamente introducido en el contesto de su obra* 
por una pia fraude de los cristianos. Este engaño está 
ya evidentemente demostrado en una «scelente diserta- 
ción manuscrita de Mr. el Abate de Longuerne , que el 
mismo autor me comunicó. Si fuese ciertamente de Jo- 
sefo ¡a autoridad que se cita , era preciso decir , que ¿ 
menos de ser el hombre mas inconsecuente y loco debía 
liaberse hecho precisamente crisüino. ,g,,edby^uu¿5it: 



42Y BISTORU GRÜTICA 

Lo« ¿IcTOtOi falsario»» que forjaban los tdulos & la 
vctigioo cristiana , tuvieron cuidado de suponer con la 
taísina buena £é dc$ dirías de Piloto, dirigidas al em- 
perador Tiberio, en las cuales este gobernador idólatra 
Labia de Jesiis, de sus milagros y de su muerte , cuál 
pudiera hacerlo un Apóstol. También nos ha quedado 
^n otro testimonio tan auténtico como aquellos, en una 
eai-ta de im tal Leñado al Senado Romano. Aunque es* 
tas piexas supMntadas estén hoy desechadas por la Igle- 
sia, eran adoptadas por los cristianos del tiempo de Ter- 
tuliano, que se remite 4 ellas en avL^Jftologético , cap. 
'V,T. »f. Estas cartas se hallan KAtrgras en el CoJtM 
wpttcrjrph, Kori Tcktamenti, tM». I, pag. ^^98 y ng. 



I ■ . > III 



dby Google 



DB IÉftUCR][[STdy CAP* XVU 4 Si 



CAPITULO XVL 

Resurrección de Jesús* Su conduc^ 
ta hasta la ascención. Examen 
de las pruebas de dkha Resur^ 
reccion. , 

La historia de un hombre ordinario 
acaba comuhmente con su vida. No su^ 
cede asi con la de un Hombre- Dios, qué 
tiene el poder de reisucitarse^ ó cuyos 

})artidarios logran la facultad de hacer* 
e revivir á su antoj^. Esto es lo que sé 
verifica con la de Jesús : gracias á sus 
Apostóles y Evangelistas , le vamos á 
ver hacer todavía un papel considera^ 
ble y aun mas allá de la vida. 
. Asi que prendieron á Jesua, los dts* 
cipulos y como hemos iristo , se disper* 
saron por Jerás»lem y sus alrededores; 
menos Simon^ Pedro j que no le perdió 
de vista durante su interrogatorio cota 
el Sumo Sacerdote. Este Apóstol y aun^ 
que no fuese sino por su propio interés^ 
ansiaba saber el resultado. Asegurado^ 

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426 HtSTCI^IA; CRÍTICA, : • 

Í)or sí mismos, viendo que Jesús no Íes 
labia mentado, en sus declaraciones , se 
juntaron lós (Íisc(pul(^, concei^taron sus 
medidas; y viendo ja muerto á su Maes- 
tro y Ó reputado por tal , quisierqn á lo 
inenos sacar partido de las nociones que, 
aunque confusas, les habla' dado en su 
hiision: Vei*|ados yá hacia tiempo ^pa- 
sar una vida errante bajo sus órdenes, 
tt subsistir á espensas del público; á vi- 
^^i^ de sus predicaciones, de sus exor- 
cismos y^. de sus milagros ; ¡resolvieron 
continuar en lel ejercicio de una,prpfeT 
«ion inuqbo mepos .penosa y mas lucrar 
tí va que su primer oficio. Habiqn efecr 
tivamente f^sperimentado que era mejor 
pescar hombres que pepes* Pero ¿cc^mo 
los discípulos de un hpmbre qi))^ ac^r 
babade;Seir ajusticiado por impo^or y 
I)Usfeai^Oi 9 podían hacerse escuchar 7 ^o 
liabia otro miedip , que publicar que s^ 
Maeirtrid > 4>or ud efecto de su ominipo^. 
l^ocia , iiabi^ndo ,en vidía resucitada 4 
^otros , 4e. hs|l>ia también re^ficitado á ú 
^ismo ) 'dsspoes de habi&rle ^litada U 
fVida, Por otra pa^rt^, el Ev^pge^lio afitr 
490 que Jesús lo liabia anunciad(^ ; er» 
.necesario pues que se cumpliese la pror 
.fecía. Por este medio, el hopor del l^aQír 

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DE jfesüChMTd, ci**'xiy. Í2F 

tW y dé lbsdiscípul<yááaqtíiri¿íiihíniiei 
Vo lustré ; y' laí seeta j lejes de V«iift6<e8M 
tíngirldsr o désprédada, póáh, hacerse 
tauevoá partidarios enAihá Aáicion taift 
crédula;" - ■ -. r ''. .... ..(• •.(>. ', 

A coniéctíénda de eálíé écaéfá^lmuétí^ 
tros buenos Apóstoles , lo priAierd ^qtik 
tuvieron que haéer fué el prdcurat Vjuc 
cuanto antes desapareciese mueíto-ó'^* 
To el cuerpo de su Maestro , 'qu« si hu»- 
biese quedado én él sepulcro, s^ia utl 
testigo contra ellb^.- Sin aguardar «jquie^ 
i*a i que los tres citas f la^ tres Hocheh 
de lá pretendida predicción se conduje 
y'esen , desaparece el cadáver al'segun- 
do diá : y á la iegunda maftana déla 
inuerte del SalVador ,'este, vencedor de 
ella /se encuentra resucitado 0).* ' ' 
' Sí el Oriáto no Iiabia tiluerto efecti- 
vamente éii el suplicio, éú resutreecion 
)io tiehe iiada de milagrosa; y si ei^ rea^ 

(i) Los antiguos fabricantes de «vangelioft hícievon 
^ñó qbe afribuyét-ónl ¿ IÑicodBmus i tnai cuaI «e ' n^t 
cueoUi^ IDA nudamente ^ que ocji^p^ ^1 Ciisto el tiempo, 
deade que' murió hasta que resucitó J su'vla'ge'a los in^ 
ñevñe§ \ lo HiiJertád déiloa: paiúnipa* ^^ derrota :dc- S^ 
t«nás, etc..Xodpt e$t09 detalles sfi ven oonfírmados por 
dos muertos resucitados ', que vienen esprésañicnie del 
<AtM&'uibnd6 'para instruir á Anas ^ Caifií^n y 1<M docte- 
res de Judea. K Codex apocrjph» N. T* tom. I, pá^. 
a 38^' si^, 

Digitized by VjUUy It^ 



^ Iklad 110^21 .muerto I la c«velpis|'ei| qat 
depostf^ron, 4Ú. cuerpo, pudp may.bu;ii 
lener lilgMCMt salida s^qceta pqr (jotadese 
pudú^se eAtrai? jr.s^il^^sia estorbarlo 1^ 
enorme piedra coa que se afectp cerraf 
su Mtr4dai y delaate^de la dial se co- 
locaron los guardas. 
' Así el cadáver pudo ser quitado, sea 
|M>r fuerza ji d sea por astucia. Tampo; 
oo es impoa^iJile' que no se colocase el 
cadáver én ^1 sepulcro en cuestión. De 
cualquier manera que fuese^ estendieron 
la noticia de que Jesús ^labia resucitado^ 
y iio se ouidó de buscaü* su cadáver. 

No hay cosa mas importante paraun 
cristiano que saber á que atenerse acer- 
ca de la resurrección de Cristo. San 
Pablo dice, y conrazpn, que. .(¿ Je- 
sús no ha resuciíadq , ui^estra espe-^ 
ronza e^ vana^. En efecto, sin este mi* 
lagro de la omnipotencia , destinado á 
manifestarnos la superioridad del Cristo 
sobre todos los demás hombres, 7. el 
ínteres que la Divinidad tomaba en sus 
acciones , este Cristo ,no debe parecer á 
nuestros ojos mas que como un a vento* 
rero > un fanático impotente , c^astigado 
por haber hecho sombra á los sacer- 
dotes de su pais. 

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PE JESUCRISTO > CAP. tvl. 42^ 

Por tanto j es necesario examinar se^' 
ñámente un hecho en que estriba toda 
la creencia del cristiano. Lo primero^ 
es necesario asegurarnos de la calidad 
de los testigos que nos atestiguan el su* 
ceso y y es menester averiguar si los ta* 
les testigos eran bastante ilustrados ; sf 
estaban exentos de toda pasión, preocu- 
pación é interés : j en fin , si están en* 
teramente acordes entre sí en las decla- 
raciones que nos dan , tanto en lo prin-* 
íÁpíiy como en las circunstancias que 
nos cuentan* Estas son regularmente la5 
precauciones que se toman de ordinaria 
para descubrir el grado de probabilidaa 
ó de evidencia de los hechos que se noa 
refieren. Estas mismas precauciones sont 
muchísimo mas necesarias cuando se 
trata de examinar sucesos sobrenatural 
ies^ Sobre el testimonio unánime de los 
historiadores, creo sin dificultad que 
Cfésar se apoderó de las Galias ; perd no 
son para mí tan demostradas las cir-^ 
cunstancias de su conquista y cuando las 
veo contadas únicamente por él mismo 
ó por los SUJOS. Estas circunstancias así 
referidas llegarían á hacérseme increi-^ 
bles, si. encontrase en ellap prodigios o 
hechos, enteramente contrarios al orden 

XOMO U. Digitize^y^OU^^lt: 



430 HISTORU CRÍTICA 

de la naturaleza , porque rezelaria ^ue 
babiau querido engañarme : ó si juzga- 
ba mas favorablemente de \oá autores 
que nos transmitían estos hecbos^ los 
mirar ia como entusiastas ó locos. 

Supuestos estos principios que tiene 
universalmente adoptados la sana críti- 
ca 9 veamos aborá quaies ban sido los 
testigos que nos afirman el becbo mas 
maravilloso , y por consiguiente menos 
probable, que la b¡MoHa puede otrecér. 
Estos son los postóles. ¿Paro quienes 
son los Apóstoles? Los partidarios de 
Jesús. ¿Y estos Apóstoles, eran bombres 
bastante ilustrados? Todo nos prueba , 
por el contrario y que eran bombres ig - 
Dorantes y groseros, y que una credu- 
lidad sin limites formaba su cárá<iter. 
A pesar de esto , ¿ vieron .por sus mxsr-. 
unos ojos resujpitat* á Jesús ?. No ; nadie 
ba visto por sus propios ojos este! gran- 
de milagro^. Los Apóstoles no ban yísío 
á su Maestro salir d^l sepulcro^ j solo 
han vÍ6to que este estaba desoeupado : 
lo que np «s suficiente prudba de que 
bubiese vuelto áia vida. P«ro los Após- 
toles ^ nos dirán ,: le vieron d^sptíes , y 
conversaron cqn 41} y ademas se mani- 
festó' á mugeres que le cono<^«n mujr 

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DEJEiOCHISTOy CAP* Xvl. 434 

hi^h. ¿Y estos Apóstoles y estas muge* 
res yierotí bien? ¿Su imaginación ente- 
Idamente libre de preocupación no les 
hizo ver lo que no existia ? En fin , ¿es 
evidente ique su Maestro estuviese real* 
mente muerto cuando le colocaron evt 
el monumento? 

. £n segundo lugar, ¿dichos testigos 
estaban libres de todo interés? Antes 
parece que los Apóstoles y discípulos de 
Jesús estabah particularmente interesa- 
dos en.la gloria del Maestro á quien ha- 
l^ian seguido en todo elóurso de su mi- 
sión» Sú$ intereses se identificaban con 
los de una persona que los proporcionó 
j a^n-ptídia proporcionar vivir sin tra- 
bajar; y que muchos de ellos esperaban 
J^úeá^mente particulares reoompensas. 
^fí su especial adhesión hacia él , en las^ 
gracias y distinciones que les concede-- 
ria en el. reino, que debia establecer. Es 
verdad que viendo estas esperanzas des- 
truidas por la muerte/ o verdaderamen- 
te sucedida ya , .ó próxima de su Gefe , 
algunos de estos Apóstoles cayeron de 
ánimo, persuadidos de que toddise ha- 
bía acabado; pero otros menos pusilá- 
nimes dijeron y que no convenia echar 
la soga tras el caldero; y que aun pu- 

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452 nisroaiA crítica 

diera cacarse algún provecho délas im- 
presiones que la predicación del Cristo 
y sus prodigios dejaban hechas en el 
pueblo. QuÍEá ellos se creyeron que yol*- 
Mena á parecer su maestro^ó sí le supo* 
9Ían muerto, acomodar algunas palabras 
suyas á anuncios de su resurrección ; 
y de esta suerte convinieron en que de* 
bia Ji^cerse correr la fama de su resur^ 
Facción efectiva > decir que le habían 
visto y y añrmar que Jesizs liabia salido 
tríun¿iate del ^pulcro : todo lo cual 
podia parecer créible en un personage 
que se habia manifestado capaz de resu- 
citar á otros. Conociendo el jQaco de lasi^ 
gentes con. quienes tenian que haiberlas,. 
bien pensaron que el pueblo^ estaba pre« 
parado por los antecedentes á creer la 
maravilla que se le queria anunciar. En 
fin y se persuadieron á que si habían de 
continuar predicando la doctrina de su 
Maestro, era forzoso suponerle resuci- 
tado y porque , de lo contrario , ¿ quien 
habría querido oiría? De consiguiente' 
decidieron que se veían obUgados , ó á 
predicafla resurrección de Cristo, 6 á 
morir de hambre; y quisieron arrostrar 
despechados Los castigos y hasta la muer- 
te , que no dejaron de preveer, maa 

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bE JESUCRISTO) CAP. XVl. 1 3ÍÍ 

bien que reDunciar á una opinioD y é 
séase doctrina , de la que dependía al>- 
flolutamente su subsistencia diaria y sa 
bienestar. De lo anterior deducen los 
incrédulos, que los testigos de la resur^ 
reccion del Cristo estaban muj intere- 
sados en sostener este hecho , y que no 
se detuvieron en otras consideraciones ^ 
porque quien nada tiene j nada a^n-- 
tura. 

En tercer lugar , ¿ los testigos de k 
resurrección del Cristo están conformes 
entre sí , en sus declaraciones y dichos? 
Mas aun ¿no se contradicen á sí mismos 
en las relaciones que nos hacen? Ni lo 
uno ni lo otro. No obstante que Jesus^ 
según algunos Evangelistas , hubiese 
anunciado de la manera mas terminan* 
te que debia resucitar (2) , San Juan no 
hace mención desemejante predicción, 
ó al menos declara formalmente, que 
los discípulos de Jesús no sabian que 
debia resucitar de entre los muertos 
(5) : espresion que denota en ello» una 
absoluta ignorancia de este grande acon- 
tecimiento , que se dice tan claramente 

(a) San Mateo cap. XXVI, v. 32* San Marcos, cap. 
XlV,v. a8. 

(3) San 5aany cap. XX > v. 9w ¡gtizedbyVjUuyit: 



^SA- mSTORU CRÍtICÍL ' 

anunciado por su Maestro. Esta auto- 
ridídd de San Juan podría darnos que 
sospechar que las predicciones del Cris- 
to hdíydinúáo piadosamente inventadas 
xnucho tiempo después , é interpoladas 
en adelante por oíxdL fraude pia en el 
testo de los otros tres Evangelistas ; 
porque no puede darse cosa mas clara^ 
* que la manera con que San Mateo ha- 
bla de esta predicción : supónela tanco* 
nocida del pueblo , que asegura que los 
sacerdotes y los Fariseos fueron á bus^ 
car á Pilato para decirle : . 

4 3. Señor ^ nos acordamos j que di^ 
jo aquel impostor j cuando todasfía es* 
taba en vida (clxxii) : Después de tres 
días resucitaré (tt). 

Y sin embargo 9 en ninguno de los 
Evangelistas se halla un pasage en que 
la tal resurrección sea anunciada de un 
modo tan público y terminante. El mis- 
mo San Mateo no. refiere masque lares- 
puesta que dio Jesús á los que le pediaa 
, una señal, que fué remitirles á [WO] Jb- 
nás que estu\^o tres dias y tres noches 
en el nentre de la ballena j y entonces 

(cLxxii) Es de notar aquí j que habló cuando estaba^ 
Vivo. 



(4) S. Mateo cap. XX Vil, ▼. 6| 



íffizedby\^OO^lt: 



DB JtSUCRtSTOy CAP. XVI. 'I S5 

les añadió , que así estaría el hijo del 
hombre tres dias y tres noches en el 
corazón de la tierra (5). 

Ahora biea : habiendo muerto Jesús 
«I viernes por la mañana , á las nueve 
ó á las doce , y resucitado el domingo 
antes de amanecer, no es verdad que 
estuviese, como ya dejamos notado, tres 
dias y tres noches en el corazón de la 
tierra. Ppr otra parte, el modo coa 
que Jesús se esplica en esta profecía 
que reSere San Mateo , no es tan per- 
ceptible á primera vista, para que los 
sacerdotes y Fariseos concluyesen in- 
mediatamente de una proposición tan 
oscura , que Jesús debia morir y resu- 
citar, y haberse alarmado tanto; á me- 
nos que no se nos conceda que eo esta 
ocasión ios enemigos del Salvador reci« 
bieron por una revelación y gracia par* 
ticular el verdadero sentido de tanmi^* 
terioso anunció* 

San Juan nos dice que luego que Je- 
sús fué bajado de la cruz por Josef de 
Arimatea , Nicodemus trajo , para em- 
balsamarle , una composición de aláeB 
y mirra , de cien libras de peso ; que 

(5) Si.li Mateo ca^ XU , y. 4*. -^.^..^Googlc 



4 S6 HISTORIA CaÍTICA 

ea seguida tomó el cuerpo de Jesús , le 
lenvolvió en una sábana, cubriéndole to- 
do de aromas > seg«in la costumbre que 
fie observaba entre los Judíos en syusce- 
iremonias funerales , y le puso en el se- 
.pulcro (6). Aquí le tenemos ya embala 
samado , amortajado, y enterrado : á lo 
cual añaden San Mateo , San Marcos y 
San Lucas y que esta embalsamacion y 
sepultura se hicieron en presencia de 
María Magdalena , y María , madte del 
sepultado > las cuales sabían lo que Ni- 
codemus había hecho. Y á pesar de es- 
lo , San Marcos , olvidando pronto lo 
que dejaba indicado , nos dice que estas 
muge res 

4. Compraron aromas para ir á 
embalsamar á Jesús ; y & este efecto j 

2. Muy de mañana el primero de 
los sábados s^ienen al sepulcro j salido 
ya el sol (7). 

San Lucas pues jpierde la memoria 
absolutamente cuando nos cuenta que 
estas mugeres se dan prisa á madrugar 
para ir á embalsamar un cadáver que y 
según San Juan, tenía ya cien libras de 

(6) San Juan , cap. XIX , v. 39 , í{0. 

(7) San Marcos f cap, XVI. 

'^ DigitizedbyVjOOQlC 



BE JESUCRISTO , CAP, XVI. 4 37 

. aromas , y estaba encerrado en un se- 
, pulcio , cuya entrada cubría una enor- 
me losa; ellas -se hallaron tan embara- 
zadas con estas dificultades, como los 
incrédulos con las contradicciones é inr 
consecuencias de nuestros Evangelis- 
tas (8). m 

Hay mas : estas mugeres que temian 
que la tal piedra les fuese de un grande 
obstáculo , no temieron el de l^s centi- 
nelas y que San Mateo dice estaban co- 
locadas á la entrada del sepulcro. Pero 
por otra parte, si estas mugeres sabian 
que Cristo habia de resucitar a} cabo de 
tres dias , ¿ qué necesidad habia de em- 
balsamar tanto su cuerpo? ¿O supon- 
drán que Jesús ocultó á su madre y á 
, su tierna Magdalena un suceso que nos 
aseguran haber anunciado públicamen- 
te , y que era tan notorio no solo á sus 
discípulos, sino á los. sacerdotes y Fa- 
riseos , cuyas esquisitas precauciones nos 
refiere San Mateo ? 

Este Evangelista dice ; que fundaron 
estas precauciones en el temor que te- 
nian los sacerdotes de que 

6ÍJ. Viniesen sus discípulos j lo hur- 

(8) San Lucas, cap. XXÍV. Dgtzédby Google 



438 HISTORIA CRÍrrCA 

tasen jr dijesen á la plebe : Resucitó de 
entre los muertos ; error ^ dicen, que 
seria peor que el primero. 

Sin embargo de tantas prevenciones. 
Temos á las mugeres y á los discípulos 
rodear incesantemente el sepulcro; ir jr 
venir con libertad , y presentarse para 
embalsamar por dos veces el cadáver. 
Es menester convenir que todo esto so- 
brepuja la humana inteligencia (9). 

No es mas inteligible la conducta de 
los guardias apostados al rededor del se- 
pulcro- á petición de los sacerdotes. Se- 
gún San Mateo, estos guardias aterrados 
con la resurrección del Cristo , corrie- 
ron á Jerasalem para decir á los sacer- 
dotes : «que el Ángel del Señor había 
descendido del cielo , y había apartado 
la piedra del sepulcro; y que á su as- 
pecto por poco no caen muertos de mie- 
do (cLXXin).» 

. Al instante los sacerdotes, no dudan- 
do un punto de la verdad del cuento, 
les persuaden á que publiquen que los 
discípulos de Jesús habian hurtado su 



(9) San Mateo , cap, XXVTív 

(cLxxiii) £« regular que esta haznfta se les nnotase en 
su boja tle servlcioi » [uia que ea adelaatc les fuese útil 
para sus ascensos. oigitizedby^^uu^it: 



DE JESUCRISTO , GAP. XVU A S9 

cuerpo por la noche, mientras estaban 
durmiendo ; les dan una gran suma de 
dinero porque lo bagan asi , y prome- 
ten componerlo con el Presidente, si 
quisie^ie castigarlos de su descuido (1 0). 

£n esta misma declaración se obser^ 
va que los guardias no dicen haber vis-* 
to á J^sus resucitar , y solo afirman ha« 
ber visto que, 

2. Un jingel del Señor descendió 
del cielo jjr llegando revohió la piedra. 

Asi pues esta historia anuncia mas 
bien una aparición que una resurrec^ 
cion; la cual se podría muy bieii espli- 
car, si se dijese que en medio de la no^ 
che, mientras que los guardias estaban 
dormidos, los partidarios de Jesús pu- 
dieron venir con hachones encendidos 
á franquear el sepulcro á viva' fuerza, 
y espantar á los soldados sorprendidos; 
los cuales en medio de esta turbación 
pudieron figurarse que una potencia so- 
brehumana les habia arrebatado la pre- 
sa délas manos, y aerarlo después pa* 
ra excusarse. 

No hay cosa mas estraña que la con- 
ducta de los sacerdotes que creen al 

(to) San Moteo j cap. XXVIH. Digit¡zedbyGo9gIe 



ISO HISTORIA CIIÍTICA 

instante lo que les cuentan los soldado», 
y de consiguiente dan asenso á un mila- 
gro que era muysuñcieote para conven- 
cerlos del poder de Jesús ; y lejos de 
convertirse con este prodigio que creen 
* firmemente , dan mucho dii^ra á los 
soldados para inclinarles á decir, no co- 
mo sucedió la cosa, sino que los discí- 
pulos de Jesús habian venido de noche 
para arrebatar el cuerpo de su Maestro. 
Los guardias, que debían estar mas 
muertos que vivos por el terror de tal 
espectáculo, admiten el dinero para con- 
tar una mentira, de la cual el Aogel 
del Señor pudiera muy bien castigarles^ 
y liacen traición á su propia conciencia» 
Los sacerdotes Judíos son tan perversos 
y al mismo tiempo tan tontos, que se 
fian de que unos hombres que habian 
sido testigos de tan terrible milagro, 
fuesen constantes en guardar acerca de 
él un profundo y perpetuo silencio* Y 
por último , ¿ de que servia un milagro 
que ninguna impre*8ton debia hacer , ni 
en los soldados que le vieron^ ni en los 
sacerdotes que le creyeron por la rela- 
ción de estos soldados? Si se hubiesen 
convencido efectivamente los sacerdotes 
de la realidad del milagro , ; no era na- 



DE JEStfClWSTO , CAÍ. XTl. 4 S < 

tural que reconociesen á Jesús por el 
Mesías , y que le buscasen 'para hacerse 
mis mas celosos discípulos , y concurrir 
con él para librar en su país del jngt> 
de ]os idólatras? 

También el jíngel del Señor echa á* 
perder esté prodigio del Cristo, espan-^ 
tando de tal suerte á los soldados , que 
escapan y huyen sin haber tenido tiem- 
po de presenciar la resurrección de Te- 
ses, que era el objeto de tan pomposo* 
aparato : en lugar de esto, el Ángel po-* 
co diestro arroja de allí á los guardias, 
que debian ser testigos de tan estupen- 
da maravilla. * 

El resultado de lo dicho es que la re- 
surrección del Salvador no fué vista por 
iiadie. Sus discípulos no la vieron ; los 
soldados que guardaban el sepulcro no' 
la vieron; y los sacerdotes y Judíos so-' 
lo oyeron este memorable acontecimien-* 
to de personas que tampoco le vie-' 
ron. 

Solo después de su resurrección se' 
dejó ver Jesucristo. Pero , ¿ á quien se - 
manifestó? A sus discípulos interesados 
en publicar que había resucitado; á mu- 
geres que al mismo interés juntaban ua 
espíritu débil, una imaginación ardka-- 

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J 



4tt2 HISrORIá CRITICA 

te y y una cabeza dispuesta á fonnarsá 
fantasmas y quimeras. 

Estas pocas reflexiones bastan para 
bacernps juzgar de todas las pretendidas 
apariciones de Jesús después de su re- 
surrección : apariciones sobre que no 
están de acuerdo los Evangelistas. Sao 
Mateo nos dice que Jesús se apareció á 
María Magdalena y á la otra María, 
mientras que San Juan solo hace men- 
ción de María Magdalena j y nada 
mas. 

San Mateo nos dice que Jesús se apa- 
reció á Us ^(ys- Marías en el camino» 
cuando ya volvían del sepulcro para 
contal* á ios discípulos' lo que habían 
visto ; y San Juan nos cuenta que Ma^ 
ría Magdalena j después de haberes- 
lado en el sepulcro, fué á llevar la nne- 
va á los discípulos, y volvió en seguida 
al mismo sepulcro > donde vio á Jesús 
con los Angeles* ^ 

San Mateo dice que las dos Marías 
abrazaron los pies del Crista ; y San 
Juan afirma que prohibió á la Magda-- 
lena que le tocase. 

San Mateo dice que Jesús mandó á las 
]^aiias que dijesen á sus discípulos que 
iba á Galilea; y San Juan refiere que 

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DE JESUCRISTO I .C1P« XVI. \hi* 

ordenó á María que les dijese que iba á 
la casa de su Padre j es decir al cié- 

lo (CLXXIV). 

Ésto nos parece que basta para uoa* 
nifestar lo acordes que están los Ey^n- 
gelistas sobre las apariciones de Jesús á 
)as santas mugeres. 

. Lo mas particular es que los Apósto- 
les mismos^ según San Marcos j ñoqui*-, 
sieron dar crédito á esta aparición de 
Jesús á la Magdalena^ y según San Lu- 
cas j trataron .de sueños todo cuanto les 
dijo délos Angeles. En fin, según San 
Juan^ la misma. Magdalena no crejó 
por el proqto haber YÍfl[to ásu. adpra- 
ble Amante, á quien tuvo por hn Jar" 
4irtero (4 1 ) (cjlxxv). . 

.No hay que buscar mayor certidum-', 
bre en la aparicign de Jesns á- San Pe* , 
dro y á San Juapr ]p!lS|tos dps Apóstoles ^ 
lie dirigieron i^l, ;íiepulci|o,.pero j?o vie-j 
r<on á su Maestro ; y según ;^^ mismo San 



(cLXxiv) En estas contrariedades de los Evangelistas, ' 
es preciso que algunos mientan.,*, ó todos- 
fu) V. S. Mateo cap. XVIII ; San ^Ju^ñ ^ cap. XX, 
Sah Laf»f, cap, XXIV \ San Mareos, c¿ip^ XVI. 

* (ctxxv) En los tVa/jes de, máscara, siempre ba i«o¡-» 
^ lajTOtito* e). de j%i diñara* 

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4)|ft HISTOllIA CRÍTICA 

Jaan, na vio él'nt á Jesús ni á los ¿a-^ 
gele's. 

Del contesto.de San Lucas sé Sedu-» 
ce que estos Apóstoles Hégárón después 
que los ángeles hablan desaparecido ; f 
del de San Juan^ que vinieron antes S^ 
su aparición. Luego nuestros testigo» 
tampoco están conformes acerca de es- 
tos ángeles, que no parece fueron vis- 
tosí sino por aquellas simpfes naugeres, 
á quienes dieron el cargo de anunciar á- 
lóíS' discípulos la resurrección de Jesns* 

San Mateo solo hace mención de un* 
ángel 9 que San Marcos llama un man-* 
cebo; y Sáii Juan asegura que eran 
dos. 

Se dice que Jesús se ínamfesto á 1o9 
dos discípufbs de Emaus y llamados Si- 
liton y Ctlsofds j pero estos no le cono- 
den, atraque hablan Vivido femiliármen-' 
te cói^ él , y '.. van mucho fáémpo en so 
compañía síú '^áiqtíiérá" presumir qne- 
era 9u Maestro : olvido que no deja de 
s^r bien estraño.f Es cierto que dice San 
Lucas que^tti ojos estaban como eer-> 
rodos ; p^ro rl na «s muj chpcaiUe que 
Jesús se mostrase para no ser reeonoci-- 
do? Reconócenle al eabo^ peraal me- 
mento temiendo qui^á^ser visto muy de» 

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DE JESÜGKÚTO '^ Ck^. ICYl. 4)í& 

ctrcaí) -desaparece e\ fantasma {ctíúLsi)y^ 
y laii discípulos coireti 4 anunciar estii^ 
noticia á sus hermanos reunidos en Je- 
rusaiem y donde Jesús llegó tan pronto- 
como ellos (CLXXVII). ' 
San Mateo , San Marcos y San Lucas, 
concuerda» en decir que cuando losdis- 
dpulós fueron instruidos de la resurrec-^ 
cion de su Maestro y le vieron por la* 
primera y última vez ; pero el autor d^ 
los Hechos de los Apóstoles, San Juaii^ 
j San Pablo lo contradicen^ porque nos 
hablan de otras varias aparicidües suce^ 
didas posteriormente. « : > 
: San Mateo' y S. Marcos nos etísefiáii' 
que los dÍ8ci]^ulos recibieron orden de 
ir á reunirse con Jesús i, Galilea; y S; 
Lucas y el ^utor de los Hechos dé lo$^ 
Apóstoles 9 que es uno mismo > dice que 
¿ los discípulos se les mandó no salir dé' 
Jerusalem. ...» 
En. cuanto á la últiúaa aparición de 
que acabamos de hablar, San Mateo la 
coloca sobre una montaña de Galilea j 

(cLxxvi) Como le fué tan mal la vez que le cogte- 1 
ron, aan siendo espíritu puro , temería que le volviesen^ 
¿.atropar. * » 

(cLZxvii) Ko es estraSo que llegase tan presto , mai 
lo es que tardase tanto, Digitrzedt^\^i¿)U^it: 

Tomo u- 10 ^ 



ÍWfr .' HISTORIA G&ÍtICA 

en la/]ue Sesw liabia fijado la dta paní ^ 
la tarde del día en C[ue resucitó ; y San , 
Lucas nos avisa que esta aparición se* 
bizpen Jerusaleoí,. añadiendo que á.po* > 
Có subió á los cielos^ desaparéciendaj 
para siempre. ¿ Y quien creerá que el 
autor délos Hochos de los Apóstoles no 
es de este mUmo parecer, siendo el mis** 
mo San Lucas ? .Foies no , porque dice^ 
que aun permaneció Jesús cuai^ata días 
qpn sus discípulos. para enseñarles. 

Resta tratar de dos apariciones de 
lesm a sus Apó^tole^ : la .primera , en 
que no se halló dornas, y. no .qüisq creer 
á los que IC: aseguraban haber Tisto ásu 
Maestro ;^,j la segunda, en la que el mis- 
ipo Tomas vio y mconoció al JVlaesfcro 
qu0 le mostró sus llagas^ Para hacer 
Hias ruara villpsa una de esUs .aparición 
1^$ j añadan que Jesús se halló en me-» 
dio de sus discípulos , sin embargo de^ 
estar cerradas todas ías puertas. Pero 
esta circunstancia no debe parecer estra- 
jia, cuando se sabe que el Cristo des- 
pués de su resurrección tenia un cuerpo 
inmaterial 6 incorporal (clxxviu) , que 
per consecuencia podia abrirse paso por 

(cLi^xvui) ígto C8 , un cuerpo lin cuérpiioQle 



filt ÍDBIJCRISTO, GAP. KVt. iftT 

)a. síenor rendija ) jr por ésto le tuvie* 
roa lots discipulos por un espiriíu. Es** 
teespiriáu ieáia llagas , era palpable y 
eomia(cj:iXxix)« Mas todo esto seria qui- 
zá/iantásúitc , y ests^s apariciones^ pu- 
ras ilusioiies de los sentidoSi 

Sen Juaá habla de mubhas aparicio-» 
Hes de Jesús á sus discipulos, de que 
no faaee» la mas miaima mención los 
etros Evangelistas y y así •, ó su testimo-» 
laio destruye él de los demás., ó el de 
tastos destruye el suyo (clíxx) 

' £n cnanto á las apariciones de Jesus^ 
deque San PaUo hace meocion, es bien 
eierto que no ; las haj^iii visto^ ni las sa-^ 
bia sino de oidas: por lo cual notamos 
que habla de ellas de una minera poco 
exacta. Por ejemplo > dice entre otras 
vosas, que Jesús seaparebíó á los docej 
siendo evidente que por muerte de Ju-^ 
das (cLXxxi) habia una pl'aza vacante en 
líl Colegio Apostólico, que por lo mis- 

(cbxjcix) $íseflor; era ríe carAe- y íhucjo como loé 
laem'as, peio los áemas no entran tan aina en un sníoPf 
Otando todo bien ceiradu. Esto sólo ^es de duendas* 

ÍCLxxx) Ó todos se destruyen red i)ioca mente > j cí 
lo mas cierto. 

(tctkxki) O por dscenso , Jjorqiic se. díte que murió 

«ieyado. DigtizedbyVjOO^HÍ 



449 filSTOIlU CRÍTtcat 

Bio nó coBStaba masque, de anee. Attn*^ 
que no son muy de bulto estés inei^c** 
títudes, siempre sorpreodeft eH un au^ 
tor inspirado^ y podian liacer^sospecho^ 
so lo que refiere después^ dé una apá*^ 
ricioa de Jesús, á quinientos de los her^ 
manos (4 2). En cuánto á él ^sabemos* 
que nunca Vio i su Maestro , sino en 
una prisión. Quizá les sucedió esto mis* 
mo á los^ Apóstoles j discípulos ^ sobjíe 
cuyo testimonió se funda la resurreccíoi» 
de Jesús. Todos eran JudíoS) entusias- 
tas > profetas (cLXXXu)/ y por coosi'^ 
fíente sájelos á soñar^ aun testando de»^ 
piertoij. Este es el juicio mas &vorable 
que^ según los itiorédulos^ se puede ha- 
cer de los testigos que tíos declaran Isi 
resurrección delSalvador^ sobre la cual 
está únieaitnéKiie* exmentada kiilieligiom 
cristiana* 

Parece cierto y por la tiatnraleza de 
los testigos que acabamos de examinaj"^ 
que la Providencia ba descuidado abso- 
lutamente dar áu^n suceso tan memora- 
ble y de tanta consecuencia , . la auten- 
ticidad que exigia. Dejando aparte la (éy 

f I a) 5. Pablo , Epist. I. á Tos Galatas , cap. XX. 
{oLMxxii) O mienarÍQ*^ que YÍcRtn á ser ainénU 

m06. Digitizedby Vj(JUyH¿ 



BE JESpdRiaTAy CAP» XVf • i 49 

que no hace escrupuloso^ en' laB pruer 
i)as , DO hay hombre que creyese auqi 
los hechos paas naturales sobre docu- 
lientos tan defectuosos , sobre pruebas 
<tan débiles, sobre relaciones tap coqtra- 
dictprias, y sobre testigos tan d^fectuor 
sos como |ps que nos suministran los 
Evangelistas, acerca id^l suceso nías mar 
rayilloso é increíble de cuantos podían 
suceder en la serie de I09 siglos. Inder 
pendieptemente dú ii^er^ visible qtifi 
«stos historiadores teman en hacer Qreer 
la resurrección de su H^esJLrp , y que 
debía j% tenernos sobre aviso coplrpí 
^Uos^ p^iV^ceque no tuvieron otro £0 
aJt escribir 9 que contradecirse los upas 
fl (os otros ^ y debilitar recíprocamente 
sn autoridad^ Eneste caso, nodudamop 
que es necess^ria toda la gracia del Allí;- 
<siino para abrazar sin examen unas re- 
Jaciones ea las que no se encuentra mas 
que un tejido de inconsecuencias, de 
^contradicciones , de hechos inverosímil 
les no probados, y de absurdos capaces 
.de quitar toda confianza á la histpria. 
,A pesar de lo dicho ^ los cristianos xt^ 
dudan un momento de la resurrecciqn ; 
y su creencia en este punto está funda- 
dü sobre noa roca á su parecer^ pera 

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A 50 HirstORIA ORltl^ 

en el de los incrédulos, etí preocupa^ 
cióríes y presupuestos qiie li^unca exami* 
naron , y á que, desde lá mas tierna 
edad , batí cl'<>d(i sus guias espirituales la 
más grande importancia. Lo primero 
que les enseñan, es inmolarla razón, 
«I juicio, y el entendimiento en el altar 
de la fe ; y una vez logrado este sacri- 
íiáo , no^es-dhfícil conseguir de ellos que 
admitan sin examen los absurdos mas 
"Visibles como verdades de que no esr Mr 
cito dudar (CLXXXUi). 

En vanó las personas ísensatas protes- 
tan contra éstas pretendidas- terdades; 
'en vano una sabia critica se levanta con«^ 
tra testimonios interesados y conocida* 
mente sugeridos por el entusiasmo y hi 
impostura j y en vano la Irumanidad feé 
irrita contra (as guerras, las carnicerías 
y horro i<es infinitos, que lastiecjas dis- 
putas acerca de dogmas di^pak^atados han 
causado en la tierra. ' ' ' . 

A todo'^e les tapa la boca, diciendo- 
les^ue está escrito : - • 

49. Destruiré la sabiduría de los sa- 
biosj y desecharé la prudencia de los 
prudentes, 

. (.cf,xxxiii) Por esp fíxof Rousseau, que la fé de la la^ 
yor j>arte de los c¿e\entQ$ (9 irna fé de geojgraQiú 

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BE j£STJClinT« 9 CAP. ^VI. 4 5i 

^ 20, I En donde está el sabio? ¿ en 
donde el Escriba ? ¿en donde el escru- 
tiñador de este siglo? ¿Nochizo Dios 
loco el saber de este mundo ? 

24 . Y asíj por cuanto en la sabidu- 
tia de Dios j no conoció el mundo á 
Dios por la sabiduría ; quiso Dios ha- 
cer salvos á los que creyesen en él', 
por la locura de la predicación (4 5). 
Gon esclamaciones tales contra la sabi* 
daría y la ra^on , han 11/gado los faná'» 
ticps y embaucadores á desterrar de A$l 
mayor parte del mundo el talento > y á 
iormarse esclavos ^ que hacen consistir 
su mérito en someter la razón á la fé > 
es decir y de apagar del todo un fanal 
sagrado que nos guiaría' seguramente ^ 
para eslrayiarnos en lasünmensas tinie* 
b)as que nuestros guias interesados kan 
sabido esparcir en los entendimientos. 
•Degradar la razón ^ es ultrajar al Ser 
Supremo que nos la ha dado , y es en- 
vilecer al: hombre r-educiéndole al es^ 
tado de briito; ^ 

'. Estas refiecCiones bastan para cono» 
eer ¡el grado dé credibilidad que ttier«* 
ee el dogma de la resúrrecrion d¿ Jesli* 

(i3) San. Pablo , Eimt. I a lof Corintioi , t. i9 f 

fíjguieuUt. 

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45i A unToniA CRÍTICA i 
oriajto : dogma ^ue solo está atestiguado 
por hotnbres cuja subsistencia depen- 
lüa de este absurdo romance ; y como la 
iniquidad se desmiente á si misma, es* 
tos t'e^tigos mentirosos no pudieron con- 
formarse, en sus deposiciones ¡(clxxxit). 
X)ícennos que Jesús babia profetizado en 
púbUco su/ propia resurrección : en pú-^ 
blicoy.pues, debió haberla verificado* 
Debió haberse presentado , no en secre-^ 
tjQiá.sus discí|kiIos Cuyo testimonio no 
{iodia d^)ar de ser sospechoso f sino pa^ 
);«Qtemente á los sacerdotes, á los Fari*^ 
9eós 7 á los doctores y personas ilus- 
tradas y mayormente habiéndoles dada 
¿.entender nque no les seria dada otra 
4eñaLy> De lo contrario, ¿no es confe-' 
Mr la falsedad de su misión , rehusarles 
fl único signo por el cual el mismo Me- 
sías habia prometido solemneniente pro- 
bar la verdad de esta misión ? ¿ Está 
iimdado en razón , exigir de los Judíos 
que creyesen sobre la palabra de sua 
discípulos un hecho de que él pudo ha# 
berles oonvencido cod ná )propios ojos? 
Eüi.fin , ¿ como es .posible que las per*) 
sonasilustradas del presente siglo creaa 

7 (tVTíJV^iy) . . Mayoimcnle cuando pudieran jontai-se pa- 
ra cscvíbirlns. 

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DE IBOTCRISTO, Cklfi XVU 453 

; di cabo de ídies y- nueve , solo por. los 
• testíxnonios discordantes de cuatro 
' Evangetisias interesados ^ fanáticos ó , 
'mentirosos^ un liecho que en su tiempo 
rDO pudienoh hacer creer mas qué á un 
> puñado de imbéciles , incapaces de re- 
flexión y raciocinio.) amigos de porten- 
tos , y de muy limitados alcances para 
evitar los lazos que se tendían ásu sim* 
plrcidad? Un Gobernador romano, un 
Tetrarca , un Sumo Sacerdote judío, 
^convertidos . por la aparición de Jesu- 
cristo, hubieran hecho < mayor impre- 
sión en un hombre de talento , que cien 
^apariciones liíechas en oculto á discípu* 
los escogidos por él. £1 Sanhedrim de 
Jerusalem , convertido á la fé ^ habria 
sido de mayor peso para nosotros, que 
toda la canalla oscura á la cual los Após- 
toles llegaron á hacer creer sus mará- 
-villas increíbles , y á persuadir que ellos 
habian visto á Cristo , vivo después de 
4511. muerte. 
I Si las apariciones de Jesús i sus A}^s^ 
toles no fuesen fábulas inventadas por 
la astucia , ó adoptadas por el entusias*^ 
mo y la ignorancia , jcomo adivinar el 
motivo de estas visitas nocturnas ó clan- 
' .dentinas? Porque en ¿fec.tp, impasible 



'^r^*ft%*i-* 



4 5% / msroaiA critica 

ja > restablecido eo todos los dereebotf 
de su soiíeraaa omnipotencia , ¿ qué te- 
nia todavía que temer de los Judíos? 
¿Recelaría que le rolviesea á quitar la 
iFÍda? Y solo con hacérseles presente, 
¿no podía lisonjearse de convertirlos 
mas (Yertamente qué antes, con todas 
sos prédicas j milagrótea? 

Per<) los Judíos ) nos dirán y se ha^ 
hían hedbo indignos , por su resistencia 
, tenaz, de ser adn^itidos á la- conversión. 
Los designios de la> Providencia habían 
cambiado j y Dios yá no quería que los 
Judíoa se .convirtiesen^ Sin embargo^ es- 
tas respuestas soa otras tantas injurias 
y ultrajes ala Diviiiidad. 

4? ¿Cómo es posible que los hom*- 
bres resistan á la vokrntad determina- 
da de un Dios? ¿No es echar á rodar el 
todo- poder (clxxxv) divino , preten^ 
der que el hombre puede oponerse vic- 
toriosamente á sus designios? £1 hombre 
es libre, nos replicarán ; ¿ pero un Dios 
que lo sabe todo, no debería preve^r 
que los Judíos abusarías de su libertad 
para oponerse á sus ibtenciones divinas? 

(clxxxv) ¿Por <]ué no (>odr«n^>s adoptar en castc* 
llano esta vop, ea lu^ar de onüiíftQtencia , que es ptt« « 






DE jtsominéyeAfy'xYU 481^ 

Yen eisite 4casG , ¿áqtié^ríViatW á:«^U 
Hijo;(cLxxixvi)? ¿á quíí iittóerié ^friréa 
' halde un suplicio inüaie y pruel ?- ¿Por 
^ué no lé en?ió cliredíaiiieDte á donde 
bailase persotías preparadas á escuchar^ 
le j obedecierle (clxxxvii)? En fijof, de- 
cir que las miras de laProvidelicia<}am«^ 
bíaron , ¿no es destruir ' enteramente lar 
uimutabilidad de Dios? 

Resulta de todo y que por* oualqiiiep 
lado que se iniren las cosas, cendremos 
a parar en que la resurrección del €!ris^ 
to,l^os de estar fundada en pruebas 
sólidas^ en testigos irrecusables, én aa- 
toridades 4%nás de todo 'respeto', soíq 
la venios establecida sobre la falsediady 
la astucia 9 que asoman iail través de ca- 
da página dé las contradictorias relácio** 
nes de los que han pretendido dar* tes- 
timonio de ella. / . 

DesDues de haber hecho revivir á sú 
héroe y haberle presentado á sus discí- 
pulos fieles, era indispensable hacerla 
desaparecer de repente > estofes, enviar-* 
le al cielo (cLXxxvm) para concluir 1» 



fcLxxxvi) Al matadero. >^^'*í«'^ 

ÍCLxjixvii) V. g. á Tiro y á Sídon. 

(cLx^xyiii) Las gentes delicados en \tt de ei>Tͻr i- 
«no á paseo , cuando habla algún despropósito y , ú cot« 
«i , le dicen : i^aja V, al cielo» Ore^ rv*t»- tuíí'a -M4r'' 
c^oaM era, a cUI Mtdluhrr , €/éa^ ^'^y^y-c wn i*^^ 

/ > ' . o . ..I.. . 



Mt$ . 'BISTQRU.ClUTtCjk^ ! 

nótela. Empero nuestros novelistas nó 
están, maa gooformes acerca de esta de* 
Qa|)larÍQton que en las demás cosas ; por¿ 
que no concuerdan ni en el tiempo ni 
ca:d; lugar en que Jesús suhid al cielo. 
- . S^n Marcos y SanLucaa alSrman^qué 
asi. que se apareció á los once Apóstoles 
citaiido estos estaban á la mesa y les ha^ 
hláy subió al cielo. San Lucas añade 
también:, que lea condujo fuera de Je- 
vnaalete hac^ Betaniaj y alzanda su 
man^ ¡os bendijo.^., y fué llei^ada al 
cidoh San Lucas ^eü algu« modo, da á 
•0lender quie Jesús ascendió al cielo en 
Galilea , donde.dtjo que les precedería; 
y bdemks, cbmo sí hubiese visto lo que 
pasaba allá ari^iba , le coloca á la dies- 
tra de Dios)< quien desde entonces lece-i 
dio el lugslr preferente (45). 

San Mateo y San Juan nada hablan 
de h ascensión ; y si ños referimos á 
ellos, podríamos^ presumir. que Jesús es^ 
tá aun en la tbrra ; porque , según el 
primero , en las últimas palabras que 
¿irigió á sus discípulos y les dijo : 

(i5) La fa1>uia'^e la J$cension del Cristo está TÍti- 
Üleviente tdmada ic las de JiónuUo y de Julio César , 
•fuff.Iiactancio i-idicttHwianio. V. LQCtanU divin. lib* 

ÍS'9nf\^'\b. .' • ■^xV, ... 

■"V. ,\ ,. , " ' :. ,.:., V \ * Jígitized byOUOyi 



BE JifiátíCllfSTd> fciPi'ÍCVÍ» iW 

í 20* Mirad que yt^'^útajr ' con ye^o- 
tros todos hsf días ka$M lá coniüjtnd^* 
don de dús siglos. • " ' * ^ *' .♦.»..<{ 

Para fijar nuestras ideas, S.Laca9)iÍ^ 
viene á dar á entender que Jesús subió al 
cielo muy poco tiempo dlespiíesde' s^>é- 
surrección } jr el misinio: S. tucas, en ím 
Hecko$ de los Jpóstote^j ms dice ^f5^[ 
perman^jcio , cuar^iHa dios después . i¿t4^^ 
su resurrección con sus ainados disúi-^l 
putos 1^ lé sola puede sacarnos de e&^ 
tas dificultades.' San' Juaii guarda ucipto-* 
¿indo sileacüo! acerca de esto, y nosñíerA 
ja en la incerfídümbre acerca del. tiéin-^^ 
po que Jesús estuvo en la t^terra diéspue»^. 
de sü resurrección. M^utttísíncrédúlpéí^j 
a vista del estilo romancesco ^ qvie teimoL*^ 
por todo él evangelio dé esjte Apósl:<i.l.¿! 
se persuadieron , por «I modo don que» 
termina sü historia, que quiso al^rir: 
puerta iVanca á todas las consejas ^ue se- 
contasen en ló sucesivo acerca de Jesu* 
cristo. He aqui como termina su nar- 
ración : 

25. O trhs muchas cosas hay que hi-- 
zo Jesús : que si se escribiesen una por 
unay me parece que ni aun en el mun- 
do cabrían los libros que se habían de 

escribir • ■ Digitizedby^^OU^lt: 



458^ «HTORf^ CüÍTfcá. .- 

- Cj^n.este íSober^io ♦ hípíiá)Oltf. d* fifi? 
c4,4Ucífulq;TO^ ^ui^ricío; al tomanceí 
platónico que compuad 4i9 . aki - Maea*^ 



u 



un 



tenidas en los dir<|renres evangelistas pub?icá(los j adop- 
líMm ^<M> ^Vem» seétai^'áftl cri¿tian¡sH30<;'y es^a) f%¿u-^ 
l8«, prpftbañ: no.mf nos ]tf^|^ar4í<f ^ ^eflv:aro^> de loa fal-' 
•arío« que compilabafi tales novelas, que^ la famosa( 
eWttpides de los áiférioé s^ctftríbs á qdíehe» ^é las haciotf <. 
tensar. Tapbioa. «lertc^ alguna obi^rv^^íiwi 'fi\^ que ^W 
los HecKos de tos Apostojfis, que como íiemoe indicado 
cstáA ehci-itos pórtSáh'ljúioas,' 'TJo^e 'había ton álguntf 
c^lii;a«ioiv, tino di^^s^rJ^ílo su ix^e4roj^j.«^^ aadar; 
•e 3}.ce'ni'de losVuéesos,| ni de' la suerte Se 3us bermas, 
mtoÁJffÓ^bdn faU&tío'^éiVéltfros qué \tán «lip^do dígñáf-- 
m^plf, estd ,UXi\ ; ,t^\, e^ ,< . eittrft ofiroi » cierto. ^¿f¿ui5 y 
qucTíbs lía 'lransi/iíti<jb en nueve libros 1:^ Hisiorid 
jipMPdficat pekt'jidtii. lltfftii dé ctieutAs f pfttrimas, por'^. 
tentof .y< absarxfos *,^^f¡ ^ fl^lesyi n^i«io& se «revó obU-r 
gSáá'adesechartos, va'iílí tiempos en que. sus hijos, noí 
imáW' Ib sisopl iétiíd -áa \Uü' prí meró^ ' flelei . If o« obetan-r' 
te ,rloi siglos d^ i^norftifci^.qiie sutedierftn bitíeronrt*. 
nliceV fá antiguá'p'rimitiva ciédulidad (clxjcXix) , j nc^' 
eHaftfaron'hoi9l^res:^:ó Íd^b11^)S talinti'dbs , tfcle resuci' 
tai^i^i, piadpsafDf i^te |f:^. fábuli^s y tcad^ioiies. de. aquello» • 
Tífejdí'i'ómíl'neeiry éísllis s^A las memorias que tenemos 
•cereB : (^ Ip< i^l^Oale»»: : Algunos frdgmehtos puedétt ' 
verse al fin -del ton^o )° del* ya .citado Codex Apocrjrph4 



(oLxzzix) ^sto es[« gi:ander tragadera»^ 



,y Google 



DE JE^CMSTO , CA^. XVII, 459. 



CAPITULO XVII. 

Reflexiones generales sobre la vida 
de Cristo. Predicación de los 
j4 póstales. Cons^ersion de S. Pá- 
hio. Establecimiento del Cristia- 
nismo. Persecución que sufre. 
Causas de sus progresos. [ 



La lectura sda de la vida del Gri&tOy 
tal como acabamos de presentalla^ sa.-*. 
oada de los instrumentos nli»'&Q0s<{ue 
ftiiraii los crifitian^s como incpinadpa pojrí 
Dios^ deberla- bastan para >quií aé.desej%^. 
gañasea todas las perdonas qae Tabiocin 
nan. Pero -es propio de la suporstieroil. 
impedir el raciocinar y aun piensar; an-». 
tes por elcon^trarioy eíia perturba lara-r 
zon, destruye el juicto^i llega á bacer 
dudar de las verdades mas sensibles, 
hace un mérito en ¿>us esclavos el no 
examinar nada, y el referirse ciegamen- 
te á las palabrasde aquellos que los do* 
minan. Por esto juzgo á propósito po- 
neiles delant¿í de los ojos dé algunoa 



460' :: majoKii <mmcA ^ 

lectores X <pé no habrán podido sftcai«- 
las del examen que dejamos hecho ) las 
consecuencia^ que parecen ófrééerse na- 
turalmente de él ; y ayudarles asi á for- 
mar ideas, razonable^-iiel Cristo á c^ieA 
adoran, de sus discipalos á quienes re- 
verencian, y délos libros que están acos- 
tumbrados á respetar como sagrados. 

El examen que hicimos del orígeffde 
Jésus /del>e.al menos hacérnosle dudo* 
so. Halla nios que el Espíritu Santones- 
tá discorde en este artículo tan intere- 
sante de la vida del Cristo, pues ins- 
pira dós'¿eiiéálogías muy diversas á dos 
Evangelistas. A pelsar de un descuido 
tan. garmffll y á pesar del parentesco de. 
ík Yirgba IVjíiairía con; Isabel > muger del 
sacerdote Zaparías^ no) levaxttjarémos ca^ 
ramillos tooaote á.este asunto. Conce-^ 
dererúos^^uew María pudp ser de la ra-* 
za: de David : .muchos ejemplos nos de- 
muestran que vastagos de ramas mucha 
mas augustas lian venido á caer en la 
miseria. Supuesto este principio > sea 
que 'María, esposa intacta de Josef> se 
entregase ai Ángel voluntariamente} sea 
que sencilla ó gazmoña haíya sido ^n-. 
ganada por este Ángel, ó mas -bien aman-^ 
te, soldado ó sacerdote ,^4^^^í^íesen- 



M Jttccktsro f ^kv. XVII. 464 

lo^í^apel de Ángel (cxc), es cmUe 

3Ue :déa[íuejt instruiría á so Hijo acerca 
e su.liááge^ y quizá de las circunstan- 
cias; ¡tb^ravíllosas quepodian^ justifican- 
do á la madre , encender el entusiasmo 
i su hijoi De este modo Jesús pudo es- 
tar persuadido , desde muchacho ^ de' U 
nobUza d^ su estirpe , y de las circuns- 
tancias rso'as de su natividad. Estas ideas 
pudieron inflamar su ambición > y poco 
á poco irle imbuyendo la idea de que 
él ibra un-penonage que debia por cier- 
to defino inevitable hacer un gran pa^ 
pelren su pais. Preocupada su fantasía 
con estas nocí oneb sublimes , acabó de 
enqáprichsírse j/embriagarse , por decir- 
io :a$í |[ mas y mas'jeti : ellas ^ )ejendo y 
r^^ando las prcfecíaa oscurísimas^ y 
e^^diwdo las tradiciones esparcidas fin 
M| t-ierra..¿ Quien ;áab¿ si nuestro u^v^^fi- 
tarem se encalabrinó en tal grado, que 
él mismo se persuadió que realmente era 
llamado por la Divinidad > y designado 



(cío) Míen notorio es t\ caso AicedMn «n Ift&mfi enn 
la honesta Paniina , esposft <lel ílu<itre Sntornino , á U 
cual disfrutó por toda uoa noche el joven Decio-Mundo« 
fingiéndose el dios Annbts i lo que consiguió por medí» 
áe lo» saeerd«ief de Ists , y «n 'el misino templo de ««ta 
ji)ifiiiidad» ¡Picaro mundo I 

Tomo u, ,." ■„ ■ 'ite..,.^,uogii; 



462 • HISTORIA CKITICá' V ^ 

por los Profetas (dcci) parb ácr el rcforí^ 
mador f el caudillo ^ el Meiías de Israel ? 
Ep una palabt'a > él fué un visionario > 
^ encontró otros que dieron crédito á 
«^9 visiones y ensueños. 
. Oti;» causa pudo agregarse á tractor* 
tí^v el . celebro de nuestro Misioaero» 
Muchos sabios creen, con no poca Tero- 
^militud , que Jes^us bebió so moral y 
su saber 7 tal cual era ^ entre uha és- 
|>eoie deMonges o Cenobitas |üdi08^ ila« 
2^doa Terapeutas ó Edsenos-^-yk la 
A^rdad hay una gran, conformidad en- 
t,v¿U> que Filón noa (fice de estoy piar 
<doso^ entusiastas V y los preceptos mas 
«ul^liaies de mrestroMiéroe» Los jPer*a^ 
peutas dejaban padpey madre y bi^os y 
^!^nes.> para vacar á ia contemplación; 
iBsplicabaí» la Escritura de una maíxera 
alegórica y nunca hacían juramento ^ tí- 
ririan en comuh j y sufrían con coñstati^ 



(exGi) Otrns cosa» hay ma» hnposiBles* ¿3^o eitamos- 
▼iendo en el día á un Rabadán , el M^vio de nuestro*^ 
días , que cree firmemente que es el fénix de los poetas^ 
^ue vienen ex-pi*ofe$o á verle- y hablarle partena^» dr 
minos extraños ^ que ambieíooaii iu correspondencia y 
amistad los Embajadores ^ Potentados y Principes; y en 
fin , que los Emperadores del norte le han condecf>r9»dé> 
«Qa iiksigni»! de su* ma» bAn&rificas óidenet , y q«e tie^*- 
nen colocado su retrato en tus bibliotecas >y «¿udio»?^-* 



wa>Io¿ males dé la vida , mliríendtf coií 
alegría (4). ' i ; ' ' 

I jDe lo- dicho se podrá deducir , ó qué 
Cristo había sido Terapeuta antes de su 
predicaciiOQ', ó que abrató su^ doctrlnav 
-. Viéodese entre un pueblo' ignorant^^ 
j auperstioiosof ^ñempre entretenido cóti 
oráculos j promesas, pomposas > mise^ 
rabie á la 8Msan,y bramatído bajo el 
yugo de los SlcHaiaiios y y lisonjeado con 
la'6specauz«ide un libertador que le res-^ 
títuiria su: perdida hoiiríi: nuestro £nr 
túsiasta eúcoolvi sin ^müchW dificultad 
pyentes > y j^o¡co á poco partidarios. Lo$ 
hombres ipordo' regular éstatt natural^ 
B&ente dispajssiíos á esctichtfl* j á f^reér k 



Ti)' V¿asc ñ^Pilofi, déla Vida con^enwlcttw^l Jj9S 
ptiBkévok t^aárés dé la Igtesia , al ver ja" conformidad ''qa'e 
^ encuentra entre 1m flOst4imbrei qoe ifUon. Btrilmyeá 
los Terapeutas , y las'^e los cristianos del primer siglo» 
lio*dud&rOn tfue' íaesétí éstos los qué aquel sabio Judít> 
quiso describir baJQ el nombre - 4« T§re^éutas ó Ess0'- 
híos. Es cierto que en tiempo del historiador Josefo te 
«dntaban tres seetas en Judea: los Fariseos , los Saduceoi, 
y los Essenos ó Esseos. Después de este escritor, eo BÍor> 
|runa parte se hace mención de los últimos ; de lo cual 
lían concluido al({aoos doctos , que los Essenos ó Tera- 
peutas se confundieron después é incorporaron con los 
{)TÍmeros cristianos; los cuales, como todos lo confirman, 
pasaban una vida enteramente conforme á la de aqueUoa. 
V^ase Le Clere , Bibliot. unwers, ton». I Vt pági» ada) y i 
^rnar^dj NouvelUs de la 'ñépubl. des lettres, tom. 
:?PjXV., pág.'5o3t ■. . \ ' • •' ' ' \ 

¡gitizedby Google 



)os que les prometen el iérmino de sn0 
miserias; porqne las desgracias .hacen ál 
hambre timi(L6^r)0>'édulo «y propendo i 
ln supersticipn^ Vn.fanáíico hsíce siem-' 
pre conquis|:a$;.eii una nación 'infeliz: do 
es. pves un.jóii.Ugro que Jesuflkse forma- 
se algUQ p9f tí4o en puco tiempo , prin* 
cipal mente eon. e) populacho que éa to^ 
ápst los paiis^. es fácil .de ser seducido^ 
. Nuestro. J[i;4rQe conocÍA blIUco^de sus 
€0^ciudadai|6$ ;., pecésijbabdiu;.pirodigios^ 
y los hizo. Estúpidos y ebterameote ignóh* 
rant(8s en Ui9i_Qu$oCíias oataralses^ en la 
medicina y: e^.^los recursoiS del artificio-, 
tpyieron fódlmente pon inulagros ope^ 
raciones s^np¡Ua9, y eUñbuy^on al de^* 
do de Dios efectos que solo eran resul* 
lado de los conocimientos que JesMS .pu- 
4o haber ' adquirido en los treinta años 
que precedieron á su predicación. No 
hay cosa en el mundo iQas cqmun que 
ver reunidos el entusiasmo y la astucia: 
los devotos mas sinceros se permiten Án 
«serúpulo fraudes , que llamsín piadosas j 
cuando se trata de proteger lo que lla- 
man la obra de Dios j ó de adelantar la 
Religión. Ejemplos recientes podrán 
convencernos de que la alianza de la 
piedad y de la astucia^ no es incompa* 

Digitized by VjUUy H¿ 



. DE jBioeiusTOy ^kp. levit. 465 

^Ip. Se há vUto á todo P^tis «orrer 
para Ter- mUargfbs , curaciones , y con* 
iwirioiiexi^ y para oir predicciones , ^lüe^ 
Bo eran ^oira•cosa que fraudes , im^-» 
ginadas por;bu^Das almas , con el fia 
de apoyar un partido que báatizaban d^. 
oausd de Dios* En fio, ivo hay apienas 
un de?t>to oeloso que no piense que es 
permitido elcrímen enando Jo piden los 
ilileresesde la lleligion# £t>«lla, como 
^ú ti \tie^oi y sé empieza par bobo jr sé 
acaba ponJullÁro. • G^ru^If 

'.CoDsidcárabdío atentaknente las cosas,' 
y pesando olas eireun^tafncias y patir*-^ 
cübTÍcUicl^tide !Ja¿ vida de ^ Jesús/ nos 
persuadiremos tque eáte< hombre pudo^ 
ser ida^onü^/co > que se persuadió éfec^ 
tivamente ió&pi'rado , favorecido del cié-' 
lo.fenTiadosK 6a Dación'; encuna palabra,' 
uia:.A/gxÁ2>9y'qa& para apoyar su miúon 
divina íio'tavo'dificukad en emplear los 
firaude» mas: pro píos para^ sacar parti- 
do de on pueblo , para el cual era pre- 
cisó hacer milagros. Sin ellos, los mas 
inertes diiscursos , las .arengas mas elo- 
cuentes, los preceptos mas sabios, los 
consejos mas prudentes, y los prÍDcipios 
mas demostrados jamas huhrieran podido 
convencerle. En fin, una mezcla bien 



s^gi^dn á&tíit(MÍasmo y4t astucia pá^ 
3;eoe.cQa3titiiiir el oai^áet-^.ide. Jesús; «jn 
^8i^ ^s*Qid>almeate el. carácter de*ca6Í tc^» 
do3>lo9 areidureros, eapirituales ique dst 
«nigeo 6Q yeforaiadorcayió'que'^e bacen^ 
geíasde isectai . . ^ *;•..' 
. Eíectiyamettte^Je vetnoa durante «i> 
misión pradiof i> inoesantecdeuteel reino* 
de h\x Padre ^ j^ «pojar sus^ sermones coa 
marayiUas. Al fcameozarisu prédicacioQ>- 
liabla con mud9a. reserva* de 9uj^Udad'' 
de Mesías y de Hijo de Díósr^ ji^de Hij^* 
4e David. TÍQneilasagaciflad;;íie!)iio ciar- 
se por tal; pero pes'mite que 6Íte«8ecre-9; 
to salga de la booá del dKa3E>lay>ial'Cuktl'^ 
tiene el cuidado deiimpoittrielás.«iirasi 
Teces silencio V después de ^háberxhabla'^:^ 
do de un modo betstante intel^ible para t 
que hiciese ioipresion en Jbs .oyentes*. *' 
Así y con el) auxilia de &JiSiposesos j áe < 
aus ener^menoSió de sus coiivu1sívos>.j 
se forja una percipn de testímonios á stt - 
favor 9 que en su boca habrían sido muy 
sospechosos, ó quizá le conciliarian odio. > 
Nuestro hábil operador cuidó siempre 
de elegir el terreno para hacer sus mi- 
lagros» Le vemos rehusarse constante- 
mente á obrar sus maravillas delante de 
T^ersonas á quienes debia s,upí)®ef ji^s- 



VE ififiüClUSlty/ CAÍ». XVII. I 67 

puntas ¿ critii^arlds. Si hjzo algaaos'eit 
las sinagogas ó delante de doctores » fué 
ooo lü satisfaccioa de que el populadlo, 
laekios difícil ^ y ^lae daba crédito á sus 
prodigios.) tomarla sflu partido, y le de^ 
ÜHideFia ioootra los malos intentos de 
unos* espectadores «más iJu6trados (2). 

..LosíAipostoDes! del Cristo parecen loa- 
ker.sido hccabres de íaruísma laya qt»^ 
«1 Maestror^ ei décÍ7'^ ó entusiastas >cré«> 
dulos>ly «0i))aiftcad6s., á unos .astutos pe» 
villanesv, ó^ipiiaiá las«yecés uno y otro; 
£s< fácil >de ^crear que Jesús y q\ie cotio ^ 
€Ía los iiounbrés'y no 'admitiese á su mas 
iníimfukiiifiariza'siqx) á aquellos en quie«- 
oesradiríiitíase la xnas ssmisa credulidad-, 
«lamasaátuta picardía. En las ocasionea 
ma^' importantes^ como en el milagr# 
Áfí\Á multiplicación de los panes ^t¡t^ 
la transfiguración, j etc. se vé que ii# 



(á) *Por esto no hace muclio* años que se vieron tH 
9aría obrarse varkis milagros en 'él -sepulcro del diácont) 
faris, ei> presencia de su getos instruidos « pero que iv> 
sé atreviaa á criticarlos ni á .contradecirlos ; temiendp, 
con fundamento, ser maltratados por un populacho obs- 
tinado en ver. pro<l¡^Í3s, y al cual los impostores no hif- 
bieran dejado de azuzar contra cuantos hubiesen pretcu- 
dido no ver mas que no^irafiaf. ' El autor de esta obriUi 
pensó pasarlo muy mal con el vi^lj^scho .en el ce4uenter«o 
de S. Medardo , por haber tenido la temeiidod de reiise 
«1 ver luft cabriolas del«bad Beckeránü, . ,,, ,,,' ^ - 

Jígitizedby VjUUVIC 



468 xisixifiíik cainiu i 

Be sirve mas que de tres y á saber : Pe< 
droj Jacoho y Juan. " , . 

Los discípulos y ádberentes deiJesus 
le eatuvieroa ixüiy - umdos i i&eí ípor : los. 
lazos del ioteresr^ sea por io^ de hiere*- 
dulidad. Lqs mas as tutos cdnocíerotiqae 
mejoraban su iEbrtuna^ al ládo^deua^ 
hombre que piosela la Jiabilidad^ de im- 
poner al ;vulgoi, y de propoccionarleá. 
Ja subsistencia á cuenta de lo&jdev^toa 
caritativos. Unos infelices (|)eaGaderés9 
precisados aoies á mántenepae ^eoD' un 
.trabajo tan. penosa já veoes i^aáby trie* 
roya que les era mías Tentajóaonabrimar* 
aé :á un misionero , qiieLsia iirabsf a: ilea 
facilitaba pasarlo: mediíanaméntei f;Los 
mas crédulos . x^onfiabah; eli ibaeer ! unn 
|>rUlante fortuna^ y aun ^!€onri?guir 
piie;$tos eminentes en el nuóvó reina ^ae 
cfleiau, que su gefe . iba á >eat^leoer. : . 

Las esperanzas y el bienestar de unos 
y otros desaparecieron con la niuerte 
de Jesús, Los mas pusilánimes cayeron 
enteramente de ánimo y abandonaron 
la empresa ; pero los mas diestros y ar* 
teros creyeron que no debian dejar la 
partida, inventaron la fábula de la re^* 
savrecciorij á favor de la cual aségur 
rsirpn el honor de &tt Maestro y su pro* 

Digitized bylj(UUy l(¿ 



fk lÜÜiÜaá; 'Por iú detnaft , no parece 
^ue los Apóstoles iiayan' loreuio jaaiaifr 
cofc miDcendad ;qDe 'SU Maestro fué un 
Bwr; 'pues íotyHeohos de ios Jpósib-^ 
Jesi pmjfóbaii iáivendibiemente ioi contra*' 
rí«t. 'El misiho iSlr<f7ki»-*P^c/r ha- 

bía reconocido» en vida i Jesús por el 
Hifoée Dios^ i^iW^ declara en .su primer 
jernKm'-qué es nnrhombre , diciendo : 
.'íi2^..v'F!áronef de Israel^ escuchad 
estas palabras ; Jesús 'Nazar^eno j, va- 
tion^robado poi* Dios entre nosotros. .. 
'í:;;c; -i/ aíí6 ib ' matasteis j crucijicán^ 
dolé.s..^"/'- ' -^ -'•'^•- • ' -1 ^•^• 

\ál cucU^Di&é hí» resucitadü^..: 
i fiste* paátigyi^ d«íi|üestra^ claramente 
4|úb el Prif¿cipe^4^'tos Idpiástoies ó neí 
Bedírev'íó á ave'nlur&i rv d t)orwpo el dog>- 
ina'de la diviíñdad> de J6áu¿>^ ^iie fué 
Mi^eá>tádd después por el interés del 
Ci^m y y adoptüdi» por la necedad de 
los cristíanoj, eópya^credúlidad jamas S6 
espantó de l¿i^n}A;ti abultados absurdos;' 
j este mhsmo ínteres y esta tiecedad ba 
perpetuado el dogma hasta nosotros. A 
fuerza de repetir unas mismas cosas por 
Muchos afios á los hombres ^ se consi- 
gne, de ellos hacerles creer ias fábulas 
mas ridiculas : se sabe que la relígi^ 



470 • HisTOftUcunu* I 

i de los hijos no es mats que el efeok» cbf^ 
^^^* V ¡a nepedad de hs padrt^. (fiy .^^ 

. Sin embargo, parece que los Aposto^ 
le^ pr¡,vado^dé lo» cotídejos de su M«e&V 
tro no xlebian haberi llegadKÍ .jamaa ^ ^^ 
tablecer'^ti d^ictrinay^i no¡httbieseti ten 
nido ^cspuei de au' muerte poderosos 
refuérzaos ,.. y no.se hubieran asociada 
sagazmente .á hombi^s^mas hábiles que 
ellos, y mas propios, para la emptesa. 
SajuDtaiion á deliberar 4icercá de jsu» 
intereses comunes, yOentoncea fiíé^aofi 
do désceiidió sobre ellosv el Espíritu San- 
to \ es decir, que se concer taren, belUn 
menteaoerca.de lois m^cUodVie aubsblir 
y progcesái?, hacer prossélitos, y autni^a- 
tar el oáoiérp de susv'pactidfirios ,i á ü.^ 
de ten^Di^, gasantiía;»» /Qra posible^ 
contrarios - ataques deióa ^acerdotlss. y 
grancUatle.la^ nación, i'Jos< cuales debía 
precisamente kiesagrad^f la nueva ^Qtai^ 
Estos ^r}o con ten tos I con haber hecho 
morir, á JesuS, tuvieron. la imprudencia» 
de perseguirla sus secuaces; obligaron 
a Heredes áque hiciese quitar la vida á 
Santiago^ hermano del Cristo , é hicie-r 
ron que apedreasen á Estfíi^an j que tu^ 

(3) Véanse los Hechos de los Jpóstoles , cap.» 11, • 
¥?,'áa , ele. y la segunda nota de %¡*igj45%^it: 



DE J*&ÍJCÍlftTé' / iif.'bí vti. ^ t í 

vola !áéiigva«Ía de dáei* éh isus 'mftnOi*. 
JSstóá í^a¿eíd6teís y <W6floi*es noconodfe- 
ron qW9 lú'í^ersecuciünós el medio m᧠
iéguró ]d»'p!*opag8r toay y 'mlito^^ epífita 
tástíSO)' y que sietííjjre se d& impotfafi- 
táaal partido que sé^petsi^ue; ' ^ *, 
* Este íe^lritu terrible ¿e* per áecud'oii, 
inherente ^ttt ulero y húáirVíó mas? que 
1k -ettgrosat'la *secta* pfeUsifígtíida. Los tóa^ 
ios tratainrérito$, las^prrsrófteá y feaíBti 
los 'Swplteios» hacen áiém prií á los seCla^ 
rios tnató'^Ráfceis, y Wegafrí»^»'sér objetos 
dbl miyúrirkefés para l<>á' que- los veri 
padecer':' los totmetiWs ^ieíopíre dart 
toot¡vo»(y «coii' razo») de* que se lengsl 
gran cOiftpasíon de ' aquel" qué lob «ft* 
fpe (éxcii). IV)dofoDátíícó'ií quien seíw*'^ 
tiga , puede estar Seguró dé '(^ue'ballaí^á 
apasionados crédulos' que Ife* socorran jf 
persuadidos de que fcol6 pdt- la reíigiort 
es castigado. - "^ 

-^ E^a perseisiícien s&óérdotal hizo xio- 
mooer á los nuevos sectarióS^ qUe lesera' 
importante unir sus intereses y füerías;: 

que em menester evitar todo motivo de 

• > 

' (cxcii) Asi los servilei lian tcnitlo gran compasión 
ele Vinuesa , que meditó á sangre fiia ascsinav á toda • 
España; y aun si ellos venciesen , haiian de cl.un.mai,- 

^. ■ . I ' ijgitized by VJVJLJVIV^' 

f jr canonizado. o 



47? . HI8T9MÍ CBÍTIC4: r 

querella y y « cnanto jMidiese cifusat la 
división; y ae, detexminarcüi á.oriyirefe. 
ooa «pert'ectja M/tío/i y €0H€0n4iü^ 

Í4>$ Apó.stQlQ#;, coostituidoa gefes da 

]fl.a(H:ta» nQ|ec|^i;(^0 6n olvido ^aqs pro» 

|>ios intereaes^ U^ao délos primeros me* 

dÍ0B)que el Efpiritti Santo, les inspiró ^ 

faé el de aprovecharse de) ff$rvY>r.4e lal 

almaíi devc^^s par^ obligiirlaf; i * poner 

sus l>ienes en (cmqíuiiI , . y ilm A^póstole^ 

fuerofi losfckpof»tari^ de es^óa b&enea» 

Tuvieroa. i ;^i|0 ordenes ToínóJírcxf ó sir* 

fd^ntes y ooaocidiO^ bajo ei^lnombre de 

diáconos , que estaban encargados de la 

distribución . dé< U^ liqfiwoa»/:^ ea mMjc 

r^ular que! t&\^\grandes sc[¿^Qs^ no se 

olvidasen da 9pf |>j9rsona$ éH .las distri^ 

):(t^PÍbn^&* : ^ab(^i3is que . la . ley! de pooec 

sus. bienes, ep comunidad, so observaba 

^ti sumo rigor» ^ pues vemos en los 

/fechos de los yapárteles á Ananias y 

Safira heridos de muerte Repentina por 

o^aqion y aplica ^deS^n- Podro , sola 

porque tuvieron la temeraria. osadía de 

retener una corta porción de su hacieo- 

da propia : conducta que parecería tan 

injusta como bárbara en cualquier otra 

persona que no fuese un apóstol de «/e* 

SUCriStO» Digitizedby^UUyit: 



BK jííéueiii^Oy CAP. xnu kit 

Es precisó conyetiir en que la leyMqiie 
obligaba á los ricos á meter todos sus 
lítenes éá la masa comuu , era de mu^ 
toba importancia no solo para la conser^ 
yacion de los Apóstoles , sino para áü^ 
mentar su secta y hacer prosélitos. Los 
|>obr es debieron correr á alistarse en un 
partido eá que los ricos ^cbntraian la 
obligación' de poner M nie%U pai^a los 
que nada lenian. Un instUtíto de está^ 
clase podia mujr bien/siti ^ilagroá, for-^ 
talecerla fiS*y anmentat cádádia-el''n¿- 
mero dé Ibis fíeles (cxdiii). üi€ e^ ^'W*tiA>vw rn^^^i 

' 'De cuántos' reclutas hizo la naciente 
eeéta, ninguno fué de mayor Cdnse^ 
cuencta para ella que 5(zWo ^ taacéte^. 
bre después con el nombre de Pablo. 
Hios hechos y los escritos que se Iéa(ri« 
buyen^ nos le presentan como un hom-* 
bré ambicioso , activó intrépido , perti- 
naz, muy susceptible del entusiasmo, 
y capaz de inspirarle á los demaa. Ocu* 
pado primeramente en el oficio de ha- 
cer tiendas de campaña^ parece que 
después $e puso á servir á Gamaliel ^ 
doctor de la ley , y qué no dejó de ha- 

(cxctiO Be mi té decir qde sí aliora hubiese una 
asociación de esta naluralezn , no sería et último á íns- 
¿ril>¡rsiif en ella. Ahí es nadar.... an refef:COi¡d geueral^ 

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c/^r no tablea ^ery^qqs 4 jos J[u4ÍA% Qjrrlas 
pjsrsecucione^.jq^ijLe, hÍQÍQ;*Qi;iL;Si|fi;i^ á |p# 
ppqaerQS,Grístiaap& (cxciv}. ISTp pbstaq-f 
te los AppstQieSi cono.ciendo la ú^til qu^ 
ppdia $^f ,al partido un hofnhre ^el car 
irácter^.de S^^fo ,,^t ^provecharpn 4? 
9ÍQi;|,o disgus^p.^que hábÍ2^ tefiido, para 
^f g^ncharle .e^^isept^. El cpn^intíó de 
buena, g^na i.^cprn^rendiencip. que con b 
9j,udade ^vi.^lepto, superjlpra} de sxxn 
<^^rf^^^j P94ria fácilmenJLe lograr po*; 
Ogr^q ,á, Ja CR^z^ fJe.wa partidfí,.j€^ ^\ 
..^xouíft|.*sabia cotrK>.iia(;er&e npcesarip, , 
«jj^n^^pezo .persua^ieq^O; que. sp. con- 
y«r/iip)i habi«^,sidci obfa^de^;UJ^, milag^rpí 
y q^ePios .i;q^TnaJe hab^aJilaHi^ia no-r 
ii[^irialtneu(;e. ^a . $egU¡/i^ sp .hizo, bauti<¿ 
zar. en Dan^a^cp ;; vino .á [reunirse, a los 
App^toles á J^riisaiem ; 3e jhi^p agregar 
á su cplegro , , ijr hi^n píQnto4^fS á x:p- 
npQier su talento (^). Comenzó á predi- 
car de Cristo jf de.su resurr,eccion , y 

(cxc«v*i Al fin del cap, VII de lot Hechos de ios 
jipéstoíés y' se hallar una pto^ba positiva d^ "esto; poes, 
mí^nira^ «pedreabon'ft .Si|ii ^stevantiiluvo le^ capai de 
ros que le ran rii rizaban , y se estaba a^iiti^ndo eñ ver 
como le llenaban dé pcd£iída9. - *, 

(4) Véanse los Hechos de los Apóstoles , cap. IXj 
£t autor lia compuesto una obra con este titulo : JSssai 
¿le crüi(j/ue sur la vie ei ¡es écrits de ^int^Paúí , En-^ 
siíjo crítico sobre la i^ida'^.escrUóii' ¿e Sa^/f Pa6lof qué 

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2 trába|ar en ganarle almas; Sur ícelo Te- 
faemente no tardó en suscitarle disen<- 
Qione^ con los Sacerdotes irritados de 
I» cénducia de. e^té apóstata j pero sus 
f^ersecucione» ie*kicieron mas estimádé 
ée'su partido >*del que desde entonce 
fué el alma y et principal recorte. 
- st Desechado y maltratado de los Judíos^ 
comprendió que quizá no le seria Ten-*> 
lajóso atenerse áellod solos ^ y que le 
eerí^ mas útil estender sus conqnistae 
Mrtre los idól&|tras. Sabia bien por es- 
pemencia' que el populacho se p*arecé^ 
listante en las supersticiones $i qu^ ea 
todas partes és curioso y se alampa por 
maravillas} qoe eo'lódaa partes es muy 
propenso al fenatism^^ apa^íietiado á 
las novedades y y fádl de embaucar. D^ 
modo que ehcbtiseeiiiencia de su* modo 
de pensar, San Pablo tan pronto pre«» 
dícába á los Jadios /y tan pronto a) 
menor desden, de estos , se dirigia á los 
Cantiles y entre los cuales na dej^ó de ha-* 
(Cer reclutas. 

Jesús nacido en el centro del judais- 
mo, y que conocia perfectamente el 

^íitñn mirarse como jxn compleuaento de eBta. En eYl» 
Be encaentran el espirita y carácter del JpQitol de ha»: 
¿ioíts, ' ■• *. . 

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A7^ . IWTpIHArCMTJGAT r 

apego aue aus conciudadanos, teribd á 
ia ley aA Moisés j. ba&ila dedUradiüsienit 
pre altamente , qne veniaá cumplirla 
j no é. destruirla. Soa primeroa A?póa* 
toles y que como ¿l.enlal adiós ^ ae mos^' 
trarop i^n- todi^ :ocas)obe3 nhiiy adi€t«a 
á las cepemoúiaa di^ fU Tej[¡gH>0 ; .jr asi 
DO llevar/On á bi^n cfuei. Pablo m «om« 
panero; no somelíeíse ¿-.Jos prosélitos^ 
que hac^a .entonces ^otre-Uos Genliléa^ 
i las práó^icas. jtidaipas.^ Pablo enpero 
tenia mir^aiá |nas vastas qdé loa dema# 
Apóstol^ , y no queijia. espantar ni eicaa* 
perar. i. Ips puéjirosi^n vestid os csoniusosf 
tan; i^epalodps como Ja: circuncisión y 
la abstv^encía de d^te)rrotiiada& viafidaa* 
Para Qf^n3eguir, mejóri m^ fines ^.crejo 
que dabia' despreciar ^s^os usoa^ que 
tratabaj . de • bagatelas, mientras : que! aua 
copa pañeros Us miraban oodao muy esen- 
ciales :(5)4 Pablo fjjíé,á verse con ellos 

(5) Los primero^ proietítos qi^e fiícíeron íw'Ápósío^ 
ÍH «iitne los Jadióte como instnofeittfoA tn otra jMirtt , M 
llamaron Nazarenos ó Ebionitas ; estos creyeron en Je* 
aiis , sin renunciar por eso á la ley ele Moisés'^ y asi mi- 
raban K Sao I^ablor como hérétit óoiño tipóttata» Esta be« 
cho, confirmado por Eusebio, Orígenes y San Epífiíaio/ 
es mdy i propósito Para foi^tñar una idea eiactadet eria<« 
tianismo primitivo, que vemos dividido i^n dos sectas de»' 
dex^ue San Pablo entró en é\, £n. efecto # este antro 
A^i^siol no tardó en separarte de sas compaftero», t P'^^ 
dlcar una ducbrina diferente de la de csio») niínanao m»-^ 

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DE JESUCRISTO , CAP. XVU. A7f 

í>^«^)iacerlos entrar én ratón ; y en esta oca- 
sión fue cuando se las tuvo con San Pe^ 
dro , que no quería ceder acerca de unos 
artículos que á sus ojos eran tan impor* 
tan tes. 

Este altercado produjo un verdadero 
cisma. Pablo dejó á sus compañeros pre- 
dicar el Evangelio á la judaica , ó de la 
circuncisión y mientras que él, sin ha- 
cer caso de elfos , se marchó á predicar 
el suyo al Asia menor y á la Grecia j ya 
á los Judíos Helenistas que halló esta- 

toramente «I jiidawmo que San Pedro, Santiago y loi de- 
más gefes de .la Iglesia insistían en respetar. Sin embar- 
'^o, óomo San Pablo hizo conquistas entre los Gentiles y 
;sa partido venció : el judaismo fué proscrito >del todo, y 
«1 cristianismo se hizo una religión enteramente nueya, 
«le. la que el judaismo no babia sido mas que una figura 
(cxcv). De este modo San Pablo mudó enteramente el 
sistema religioso de Jesucristo , el cual solo se había pro- 
puesto reformar el judaismo; pues hizo públicamente 
■ profesión de la ley de Moisés , y declaró altamente /la- 
¿ter venido para cumplirla, y no para aboliría. Los prin- 
eípaleí Apóstolei siguieron la conduela de su Maestro» 
y se manifestaron constantemente adictos á la ley y á 
los BS09 de sus padres ; pero San Pablo , á^ pesar de todas 
«as protestas, siguió un rumbo opuesto. Él manifestó ün 
gran desprecio de los preceptos legales , á los cuales ob- 
servamos sin embargo que se sometió él mismo alguna 
vci por política; pues vemos que circuncidó á Timoteo, 
y que practicó varias ceremonias judías en el templo Tc- 
rosolimitano* 



. (czcy) Aun menos una sombra. 

Tomo n. ' DigtizIS? Google 



'478 HISTORIA CRÍTICA 

Wecidos allí , ya á los idólatras griegos^ ^ ' 
cuya lengua sabía él ^ jr no los demás 
Apóstoles (cxcvn). Su misión tuvo bri- 
llantes sucesos y tanto que escedió á la 
de todos sus cofrades : fué seguramente 
tal , que con razón se puede mirar á 
Pablo como el fundador de la Relígíoa 
cristiana según eslá en el día. 

I^o contento con desacredicar la ley de lAoÍMS, pre« 
dtca San FnMo un Evangelio peculiar (cxcvij ; pues di- 
ce en su Epístola á los Galotas , cap. I, versículos ii 

y »2- 

II. El Ei^angelto que jro os he predicado no et se- 
gun hombre : 

13. Porque yo ni lo he recibido ni aprendido de 
hombre , sino por revelación de Jesucristo, 

En seguida habla de sus desavenencias con los demM 
gefes de U secta, por las cuales pasa tan ligeramente m 
discípulo San Lucas en los Hechos , que son mas bien 
Hechos de San Pablo que Hechos de los Apóstoles. Pa« 
rece indudabtv que se malquistó con sus hermanos, acér- 
rimos partidarios de la circuncisión , y fundadores de 
los Nazarenos ó Ebionitas, es decir, los Judíos refor- 
mados y convertidos á Jesús. Estos tenían sn Evangelio 
que no se conformaba con el de Pablo , porque combi" 
naba la ley de Cristo con la de Moisés. Mas bien se 
convienen San Ireneo, San Justino , San Epifanio En- 
sebio , Teodoreto y San Agustín , en decir que los Ebio' 
Hitas , ó Judíos convertidos , miraban á Jesús como un 



(cxcvi) Esto es, á luí, como dice el orig^inal; y co- 
mo decía ]S.'ipoIeon, gefe de eierta secta, que tenia su 
política d lui ó peculiar, asi San Pablo tenia su Evan- 
gelio d lui, 

(cxcvti) Esto es muy estraño , babiendo el Espíritu 
Santo llovido lenguas sobre los Apóstoles > y tantas qua 
se pudieron poner á aparejeros. , .v. .«,,.^ 



DE JESüGttIST0>; GAP. XYU. 4 79 

Ea 'efecto , si nos referimos á los Her 
chofl :de ríos Apóstoles y veremos en este 
nüey:o predicador una actividad , un ar- 
dor^ ¡una veheiuenoia, en fin. ua^ entu- 
siasma propio para: comunicarse á los 
demais^*- Asi es que ios misioneros que 
foriná ' esparcieron la doctrina á. gran 
idistaneia > ly de esta; suerte el Evangelio 
del Apóstol de iQs GenGes prevaleció so- 
bre rf Evangelio deio3 Apóstoles judai- 
zantes, y se vio en muy poco tiempo 
-una multitud de cristianos en todas las 
-provincias del Imperio Eomano. . 

Los principios de laüiueva secta te- 
nían sin duda sus atractivos para los 
pueblos miserables y abrumados por ti- 
ranos y opresores de toda especie. Sqs 
máximas, que se;dirígián á introducir 
la igualdad y comunidad de bienes,; de- 
bían seducir á unos infelices vilipendia- 
dos ; sus promesas lisonjeaban á los po- 
bres fanáticos , á quienes se les anuncia- 

puro hombre , hijo de Josef y de Maria , á quien solo 
se le dio el nombre de Hijo de Dios , á causa de sus 
virtudes. Según esto , parece que San Pablo fué quien 
edificó á Jesús j abolió el juctaismo « y que haciémlose 
mas fuertes los Paulistas consiguieiOn la victoriíi «obro 
los Ebionitas ó discípulos de los Apóstoles , y los tra- 
taron de heredes. De aquí se deduce que no es la Relí^ 
gion de Jesucristo, sino la de San Pablo, la que subsis- 
te entre nosotros. 

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480 HISTORIA CIUTICI - . 

ba el fin de un maoido perverso , la prc>* 
xima Tenida de Jesús , y de un reinado 
en que la abundancia y la dicha serian 
perdurables. Para ser admitido al goce 
de estos prometimientos, solo se les exi>- 
gia á los prosélitos creer eri Jesucristo 
^y recibir el bautismo. £n cuanto á los 
preceptos y costumbres austeras del 
cristianismo primitivol^ no lo eran tang- 
ió que arredrasen á unas gentes kechas 
ya por hibito á sufrir necesidades, y á 
que les falt<isen no solo las comodida- 
des y sino aun á veces las cosas más ne- 
cesarias á la vida» ^s dogmas ^ que en 
aquel tiempo no eran en gran número, 
fueron adoptados por hombres ignoran- 
tes, amigos de prodigios, y.á los cua- 
les su mitología les preparaba ¡Cira ad- 
mitir las fíbulas de los cristianos (6). 

(6) To^as \m supersticiones tienen cíeTtas semejan* 
zas y afinidades entre sí , y el paganismo no es el que 
menos tiene con el eristianismo. Ellos tenían crdculos, 
sibilas j predicciones; su mitolcgia les presentaba dioses 
destronados y reemplazados por otros : en ella veían di- 
. vinidades perseguidas , desterradas j j" aun muertas. 
Toles eran un Osiris , á quien mató Tifón, y luego 
resucitó ; un Jpolo desterrado del cielo ] un Adonis 
muerto por un javftlí > etc. Ademas, en muchas cosa» 
encontraban bastante conformidad : entre Esculapio y 
Jesús , y. g. el Dios pagano era liijo de Apolo y de la 
doncella Boebias , é bizo como Jesús una multitud de 
curas milagrosas ; fué castigado con un rayo enviada 
por Júpiter, por haber hecho fl/^M«flf (Y^jj^cibi»/ y 



DE JB^JCRISTO y CAP. XTlI. 4 81. 

Para colino de todoesto^ los predicado-^ 
res les hacían milagros' que no les daban 



ilespae^ de su mnérte se fa¿ « reunir á sa,Padre^l)ios^ 
hos mismos Padres de la Iglesia ban hallado admira- 
bles correspon ciencias entre Jesús y Prometeo: este es 
llamado Im sabiduria del Padre, y fué atormentado por 
orden y,disponclon de Júpiter , por haber salvado al 
faenero humano (fxt iba á ser precipitado en el Tártaro, 
Suidas añade , que se daba á Prometeo un epíteto que 
significa el que ha muerto por el pueblo. Fué crucifica- 
do en el monte Caucaso, y Tertuliano boce mención dé 
las cruces que se encontraban allí ; en fin, su sangie pro-v 
dujo una planta que bacia invulnerables. Véase el tra" 
todo de M, du Rondel, intitulado : De la superstición* 
Amsterdam, 1686 , en-18*^, pág. *f iS i<8. 

£1 mismo autor observa que los paganos tenían tam' 
bien idea de la JYinidad. un mismo Dios se llamaba 
Júpiter en el cielo , Mercurio en la tierra , y Pluton e& 
los infiernos. Ibid. pág. 106. Mercurio se llama en 
griego Hermas , que quiere decir faraute ; y en fin este 
Í)ios , liiio de Júpiter, es llamado- muchas veces la po" 
labra ó el verbo intérprete. El: misterio de la Trinidad 
se debe á Platón , quien de la bondad, de la sabiduria 

Ldel poder de Dios , ba hecho tres hipóstases , esto es, 
i personificado estos atributos divinoi. Véase PlatO' 
nisme devoilé, pág. 65: el Platontcismo descubierto. 

Por último se sabe que los Gentiles admitían un i/i« 
Jierno ó tártaro tín juicio último ^ ángeles buenos y án- 
-geles malos , 6 demonios , metamorfosis ó encarnado^ 
nes ; y en un una palubra , otras mil fábulas análogas á 
las de los cristianos. Muchos de sus filósofos habían crei- 
-do el fin del mundo ; doctrina que según Lactancio « fa- 
yoreció no poco á los predicadores del Evangelio (cicviu). 



(cicviti)- Esta nota está llena de erudición « y no te- 
nemos que añadir, porque de hacerlo seria preciso com- 
poner otro tratado : cosa bien snperflua , cuando Dupv' 
be dicho eaanto cabe en el asunto. 

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482 HISTORIA CRlTTCA 

lugar á dudar de los que se decia que 
faabia obrado el Mesias. 

A este efecto y diferentes misioneros 
tuvieron cuidado de componer á por- 
fía romances ó historias de Jesús, en 
los cuales derramaron profusamente 
milagros , propios para conciliar el res- 
peto hacia un héroe para el que tenian 
ínteres en escitar la veneración de los 
fieles. Asi se formaron regularmente ias 
diversas compilaciones que conocemos 
con el nombre de Evangelios j en las 
cuales , al lado de hechos sencillos que 
pudieron suceder realmente , vemos 
;muchos que no pueden parecer creibles^ 
sino á gentes entusiasmadas ó necias. 

Estas historias , escritas por diferen- 
tes manos y apoyadas en tradiciones po- 
co uniformes , y por autores de carac- 
teres diferentes , salieron con poca ar- 
monía : de aquí han nacido las enormes 
discrepancias en las relaciones de nues- 
tros Evangelistas , que hemos notado en 
el curso de esta obra. Hubo al princi- 
pio, como queda anotado /muchos mas 
Evangelios , de los cuales el Concilio de 
Nicea escogió cuatro ^ á los que dio la 
sanción divina. 

No decidiremos nosotij^s^lya^^gi es- 



M jfi$UCRr^TO , CAP. XVIT. 4 85 

tos Evangelios son verdaderamente de 
los autores á quienes se les atribuyen^ 
ni si la opinión , que les hace este honor 
está únicamente apoyada en su origen 
en alguna traidicion verdadera ó falsa, 
subsistente al tiempo del dicho Concilio 
de Nicea , ó que los Padres de este Con- 
cilio tuvieron interés en acreditar. Lo 
que podemos notar de paso , es qué di- 
fícilmente se puede uno persuadir, sin 
la fé, que el Evangelio de San Juan , 
tan lleno de ideas platónicas sea obra 
del hijo del Zebedeo , un pobre pesca- 
dor que quizá no sabría escribir ni leer^ 
y que no pudo conocer la filosofía da 
Platón (7). 

(7) Desde la cuna del cristianismo seencueptran per- 
sonas que han negado la autenticidad de los Evaogelios. 
Marcion decia que estaban atestados de falsedades ; los 
jáhgios V Teodocianos desecliaban con patticulatidad el 
de San Juan , que miraban como un tejido de mentiras* 
Véase á Tillemont y Mémoii^es (Memorias), tom* II, 
jfág. a57 , y á San Epifanio ^ Hceres. 5i ; Tillemont , 
tom. Iljpág. 43B. San Agustín, en sus Confesiones, 
lib. Vil, cap, IX, dice que halló en los Platónicos lo- 
do el principio del Evangelio de San Síuan. Orígenes, 
contra Celso, dice que-cste pagano echaba en cara á Je* 
sus haber robado de Platón las mas bellas máximas de 
que le honr^ el Evangelio; tal es entre otras la que dice: 

25. Mas fácil cosa es pasar un camello por el o/« 
*/fe una aguja, que entrar el rico en el reino de Dios 
(cxcix), 1, 6. 

/jcxciz) San Maceos • can. X. ^ t 

^ •' ' * DigitizedbyLiOOgle 



464^ HISTORIA CRÍTICA 

• Sea lo que quiera , observamos que la 
filosofía mística j maravillosa de Platoa ' 
se introdujo muy presto en el cristianis- * 
mo. Esta religión debió convenir por 
muchos motivos á los discípulos de una 
filosofía exaltada ; y por otra parte , es- 
ta misma filosofía confusa era muy á 
propósito para amalgamarse con los 
principios oscuros de la secta cristiana. 
£^ta analogía transmitió á la religión 
evangélica las nociones de la Espiritua- 
lidad j de la Trinidad j y del Logas 6 
J^erboj asi como una porción de cere- 
monias medio mágicas y teürgicaSj que 
en manos de los sacerdotes cristianos se . 
transformaron en misterios ó en sacra- 
mentos. Leyendo á Porfirio á lám- 
blico j y sobre todo á PlotinOj sor- ' 
prende verles hablar en muchas cosas, 
en el mismo estilo que nuestros teólo^ 
gas: 

' Estos puntos de contacto atrajeron á 
la fe á varios Platónicos j que hicieron 
gran papel entre los doctores de la Igle- 
sia j de cuyo número son entre otros 
San Clemente de Alejandría, San Ireneo» , 
San Justino mártir, Orígenes, etc. En 
una palabra , el platonicismo puede mi- 
rarse como la fuente de muchos dogmas 

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DE jEsucmsTO, CAP. ivii. ñSÉ 
jprihcipales y misterios dé la réÜgion dé 
Cristo (8). 

También podemos creer que la mo; 
ral rígida, severa y fanática de los cris- 
tianos , no dejaria de disponer en favor 
de su secta á un gran número de Es- 



, (S) A los que duden de esta verdad « les bastará , pa* 
ra que se convenzan, leer las obras de los discípulos de 
Platon, qile todos fueron supersticiosos y Teurgistásj 
Cujas ideas son muy análogas á las d<; los .cristianos : su»/ 
escritos, pues 'están sembrados de recetas para hacer ba- 
jar á los Dioses y á \oi buenos gen iosv y para ahuyen- 
tar los malos, etc. (ccj Véase el ^ituáo Platonisma 
descubierto, compuesto por un tal Souverain , de la 
flecta de los. Socinianos ', é impreso en Colonia , en 1 7oo 
««-8** Tertuliapo reprende, á los hereges de su tiempo de 
haberse estravíado por querer introducir el Platonismo, 
^ Estoicismo y la Dialéctica (cci) en el cristianismo- 
fccii). yiderintj dice, qui Stoícumj et Platonicum, et 
VialecticumcJiristianismumprotulcrunt. Allá se las ha- 
yan los que han hecho un cristianismo estoico, plaióni-. 
co y dialéctico. Véase á Tcrtull de Pncescriptlon» ndu,^ 
hceres. cap. III, Esta mezcolanza de lado/rtiínn iniute- 
ligible de* Platon con la dialéctica de Aristóteles hizo a. 
la teología tqn insensata, tan quisquillosa y tan llena 
Áe fuef^os-fatuos. El Cardenal Pnllavicini convcnií» en 
que , sin Aristóteles , hubieran, ios cristianos tenido 
muchos menos artículos dejé. 



(ce) En una palabra, '6ri//Vrzaj. 

(cci) La dialéctica era lo que les hacía sombra. 

(ccii) ¿Y no podian quejarse tnmbirn los Plaíónico» 
de que habían los cristianos inlroducido el ciislianitino 
«d el platonidsrao ? „g,,,, ,^ v.uu¿^it: 



ñSa HISTORIA CRITlCik 

toicos , acostumbrados ya á tener por 
mérito r^ ro el despreciar los objetos aa« 
diosamente deseados por los demás hom- 
bres^ á privarse de los placeres de la 
vida ) y aun á desafiar á los dolores y 
á la muerte. En efecto , vemos que ea 
la religión cristiana ha sido común ha- 
llar hombres imbuidos con entusiasmo 
en semejantes máximas : segurametite 
este modo de pensar , ó llime^/izna" 
tismoj era muy necesario en los prin^e- 
Tos fíeles, en medio de los reveses y 
persecuciones que esperimentaron pri- 
mero por parte de los Judíos , y des- 
pués por los Emperadores y grandes, 
escitados por los sacerdotes Gentiles. 
Estos, según la costumbre del sacerdo- 
cio de todos los países , hicieron la guer- 
ra mas cruel á una secta que atacaba 
directamente á sus dioses , y amenaza- 
ba á sus templos con una deserción ge- 
neral. Empero el universo por otra par- 
te estaba ya harto de las imposturas y 
estorsiones de tales sacerdotes , de sus 
sacrificios tan costosos , y de sus orácu- 
los embusteros. Sus picardías habian si- 
do descubiertas mas de una vez , y ade- 
mas la secta naciente presentaba á los 
hombres un culto menos gisp^q^g^o , y 



M m&VCAWTQ 9 CA3?. XVIT. i 87 
^ue sin hablar tanto á los ojos^ como 
el caito de los ídolos > era mas propio 
^e este para emplear la invaginación y 
escitar el entusiasmo. 
' £1 cristianismo tenia la ventaja de li- 
sonjear y. consolar á todoa \os afligidos^ 
y desdichados ; ,coloca))a á todos los 
hombres en una misma linesi ; deprimia 
á los ricoa, y de consiguiente se anun- 
ciaba como destinado con preferencia. á 
los. pobres 9 qiie. siempre es el numeroj 
mayor. Entre los Romaqps^ los escla- 
vos estabaní en cierto modo, escluidos de 
lá religión y y > parecia que Iqs dioses 
no hacian ca90 ó despreciaban los hp-» 
uienages de unos ser^s degradados ; y 
los pobres no sis hallaban qon medips 
de satisfacer la avaricia de los sacerdo- 
tes Gentiles , los cuales , asi como los 
nuestros jti^dñ hacían de balde. Asi que 
los esclavos y los miserables debian afi- 
cionarse á un sistema de religión^ según 
el cual todos los hombres son iguales 
(y deben serlo) á los ojos de la Divi- 
nidad, ante los cuales los desgraciados 
tienen mas derecho á los favores de un 
Dios que padeció y fué despreciado , 
que los dichosos del siglo. 

Los sacerdotes del paganismo em- 

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piezan á inquietarse de los progresos i^^ 
pidos de la secta , y los magistrados se 
alarman con las juntas dbndestinas que 
tenían los cristianos. Llegan á oreerloa 
enemigos de los Emperadores , porque 
se negabanr constantemente á ofrecer 
á los dioses del pais sacrifícios por su 
felicidad ; j en fia el pueblo, ñempre 
fanático en estremo , los tuvo por ene* 
migos de sus dioses, porque no queríaa 
tomar parte en su cuitó. Los marcó des<» 
de luego por ateos é impíos ^ porque na 
concebís^ cuales podían ser los objetos 
invisibles de su adoración ,,y porque le 
hacían sombra aquellos misterios que 
íbau á celebr'ar con el mayor secre* 
to (9). Los cristianos, objeto ya del odio 



' (9) Se puede vef en lu% Jpokygfas ¿v San Justioo^, 
«le Tacíano , de Atenago»as, de Tertuliano y de Arno- 
bio . que s* imputaban á los cristianos los dellto's faias 
abominables. Decian que se coiziíqii los niücs; ijue eran 
iiieligiosos y sacrilegos , j que cometían obscenidades é 
incestos en sus asambleas nocturnas. Cantaban que te<* 
nian un perro^ af advi á un candelero j y -que cuando le 
ilejiba caer y se apngiba la luz, se mezclaban camal- 
mente los sexos; y aun los hombres con los hombres, 
4tc. Estos cuentos» esparcidos entre el. pueblo , le irrU 
itaban sobremanera con:;ra los criütianos , á quienes mi« 
rabnn como la causa de la cóleía de Vos dioses y de to- 
das lis calamidades públicas; en consecuencia de eato , 
vemos que , aun bajo los Emperadores mas suaves « el 
furor del pueblo encendía las persecuciones. 

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BE JBSUGRZSTO^ CáF. XVll. ^ 89 

público , pronto fueron SM;Vícftimas : 
los persiguieron terriblemente, y la pe^t 
«ecucion ^ como sucede siempre , les lú^ 
zo muy tenaces. 

- El entusiasmo , á guisa de fuego vo- 
-ras^iba tomando mas cuerpo en losáni* 
mo3 t ya se hizo objeto de gloria la re* 
^istencia á los tiranos } se pasó lüasta de^ 
«aliarles y á sus tormentos-; y por últi- 
tno, se acabó por creer que la. mayor 
de las felicidades era la de perecer bajo 
sus golpes. Por este medio , se lisonjea- 
ban de asemejarse al Hijo de Dios, y s^ 
persuadian que. muriendo por su caus^t 
estaban seguros de reinar con 41 ^A lo# 
«ielcs. 

- A consecuenoia de estas idea^ fanáti*- 
cas y que adulaban su vanidad, el mar-- 
tirio se hizo el objeto de la ambición de 
iin sin número de cristianos. Ademas de 
las recompensas celestiales que creían 
'aseguradas infaliblemente á los que su«- 
frían con perseverancia y morían por 
la fé , se veian los mártires muy esti- 
mados y respetados y esquisi taimen te 
cuidados durante su vida , y les eran 
decretados honores casi divino& después 
de su muerte. Por el contrarío , en la 
sodedad cristiana los que tenian I9 de- 

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490 ■ ttisrbRU CKhick' • 

bilidad de sucumbir á los tormentbí^ y 
de renunciar á su religión , eran infa* 
madosy despreciados públicamente , y 
mirados como infames. Tantos motivos 
reunidos contribuían sin duda á exbal- 
tar la imaginación de los fieles, ya bas- 
tante conmovida por las ideas del pro** 
jimo fitt- del mundo, de la segunda ve-- 
nida dcí Jesucristo, de su reino afor- 
tunado , y en una palabra , por toda» 
las nociones fanáticas de que abundan 
los escritos de los cristianos. Asi es qu« 
corrían 9 legres á los suplicios > se glori- 
ficaban de sus cadenas, y se pretendía 
el martirio como xm favor especial ; y 
á veces^ por un celo enteramente ciégOy 
llegaron á provocar el luror de sus per- 
seguidores. Los magistrados, con soa 
proscripciones y tormentos, no báciao 
otra cosa que avivar mas y mas el en*" 
tusiasmo ardiente de los cristianos, cur 
yo valor por otra parte estaba sostenido 
y aun escitado por los gefes de la secta, 
los cuales mostraban siempre los cielos 
abiertos para los béroes que consentían 
en sufrir y perecer por su propia causa, 
que hacían mirar á aquellos pobres fa- 
nánicos como la causa del mismo DÍQs« 
Un mártir nunca es otra cosa que la 



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BE JÉSÜCfllStO , ClP. XVlU 491 

víctima de un sacerdote entusiasta ó 
embaucador 9 que logró seducirle (1&). 

Los hombres siempre están en contra 
de los que se valen de la violencia ; su- 
ponen que son injustos, y que aquello» 
á quienes se violenta, tienen ta razoa 
de su parte : por esto , las persecucio- 
nes darán siempre partidarios á la cau- 
sa perseguida. Las de que hablamos al 
presente no sirvieron sino para confir* 
mar mas y mas á los cristianos en su 
religión. Los espectadores de sus tor- 
mentos se interesaban por los que los 
sufrían : de aquí pasaban á concebir un 
deseo de conocer los principios de una 
secta que se atraia tan crueles trata- 
mientos , y que daba á sus individuos 
un valor que parecia sobrenatui^al ; lle> 
garoñ á imaginarse que semejante reli- 
gión no podía menos de ser lá obra de 

(lo) Mártir en gncgo sígnifiísa testigo; pero á éé^ 
cepcion de lo» Apóstoles ( cuyas acciones solo nx>s han 
sido transmiiidas por compositores de Legendas) , ¿qué 
testimonio podían dar de Jesús unos liombres qne tiun^ 
le habían visto, y que no podían, conocerle sino por las 
relaciones que les oacian los predicadores , que no de- 
bían • lo mismo que ellos sabían , roas que á una tradi- 
ción bastante sospechosa ? Un mártir no es por lo co- 
mún otra cosa que un necio , engañado por otro necio* 
que fué engañado también por un bribón que tuvo el 
objeto de fundar una secta , y que por lo regular íué 
icastígado por su proyecto. 

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492 HI^TCtRU CRÍTICA 

un Dios : sus .secuaces s^ ^e^ pres^nia-^ 
ron como hombres estraordlnarios ; su 
entusiasmo llegó á hacerse contagioso ^ 
la violencia contribuyó á darle mas vi- 
gor y estension ; y en fin , según el len- 
|[uage de un doctor de |a Iglesia ( gue 
,tieqe en esto razón ) > la sangre de los 
rnártires vino á ser una semilla Jecun- 
da de los cristianos. 

Se quiere hacer pasar esta propaga- 
ción del cristianismo por un niilagi:o 
evidente de la omnipotencia divina, sien- 
do asi y que solo se debió á causas na- 
turales é inherentes al espíritu humano, 
cuya propiedad es de adherirse con te- 
son á su modo de pensar, resisti^'se con- 
tra la violencia, gloriarse desús fuerzajs, 
admirar el valor de los demás, y en Qp 
interesarse por los que le manifiestan. 
Un poco de reflexión bastará para co- 
' nocer que la obstinación de los márti- 
res, lejos de ser un signo de la protec- 
ción divina á su favor, ó de la justicia 
de su causa , no puede mirarse sino có- 
mo el efecto de una ceguedad causada 
por las lecciones reiteradlas de sus sa- 
cerdotes fanáticos ó embusteros (H). 

(ii) El sabio H. Dodwell ha escrito dos dUertacío- 
nes curiosas sobre los mái tires : en la primera , prueb» 

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iáí íeTsücristo , CAP. xvií. 4&á 

¿Pfíede darse toiíductá tnás estravagan-^ 
te que la dé üri Soberano ^ que, pudien- 
áo esterider su^ domiñioiá á sil voluntad 
y sin efusión dé sangré i prefiriese ha- 
tería por medio del degüello dé sus mas 
fieles súbditósí 

¿Y no es envilecer hasta ío sumo ía 
sabiduría y bondad divina, asegurar que 
lili Dios ^ á quien todo es posible , entre 
tan infinitos medios como podía escoger 
para establecer sii religión j nof haya 
querido echai' mano de otro j (Jué del 
de hacei' sacrificar á sustübs amados 
amigos píoi^ el furor de sus ma^ crueles 
y odiados eriemigois ? ¡ Táks son las »o* 
ciones que el cristiaínismó vnos süminis*^ 
tra ! Pero es' muy fácil vét qué ellas soa 
Itonsecuencias ' necesarias del absurdo^ 



^ué no han sido' en tanto náEnero^xómo se piensa co- 
munmente } y en la segunda , demuestra que su cons- 
tancia ha podido ser con.^ecueñcia de causas muy natu*» 
rales, y,- Vodwell. Dissertationes CjrprianicoB, in-h^ 
OxonicB , 1684* Sin embargo^ no se puetle negar que el 
frenesí por el martirio nof iuesé una' epidemia entre los 
primeros cristianos < enfermedad contra la cual sus m¿-> 
dicos espirituales se vieron obligado» á oponer remedios, 
viendo qué aquellos infelices se hacían reos culpables de 
suicidio (cciiO^ 



(cciii) i Y que es todo mártir» sino un suicida? 
Tomo n. Dgjz^by^uuc^it: 



49^ HlfrontA CRÍTICA 

fundamealo sobre que la religión crí9-^ 
liana está cimentada : esto es, que ua 
Dios justo DO ha querido elegir ningún, 
otro camino para rescatar á los hombrea 
pulpables > que el de hacer crucificar si 
su muy amado Hijo inocente. Según es^ 
te principio, ¿^^'^ tiene, de estrañoque 
un Dios (aa 6Ín razón haya querida 
convertir á los paganos sus enemigos 
^on la matanza de ios cristianos sus hi t 
jos? Auqque estos absurdos subsistan^ 
los. que carecen de la santa ceguedad de 
la fe, no pueden comprender como ha^ 
hiendo todo j^l Hijo de Dios en perso-* 
lia vertido ^u; sangre por el rescate de 
los hombres^ a.Q 1^^ ^i^P suficiente esté 
sacrificio, y que para obrar 1^ conyer- 
;ion del mundo se haya necesitado ai^i^ 
la sangre de un sin número de mártires, 
cuyos méritos eran sin duda muy infe- 
riores á los de Jesucristo. Es verdad que 
para resolver estas dificultades, nuestros 
teólogos nos envian á los decretos eter^ 
tíos , cuya sabiduría no nos es permiti- 
do escudriñar. Ello á la verdad es en- 
viarnos bien lejos , pero á pesar de la 
solidez de esta respuesta, los señores in- 
crédulos persisten en decir que su en- 
tendimiento limitado no puede hallar 

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0B jEsixausTOy cáp. xwíL 49S 

lastícia, ni sabidnráy ni bondad ea 
unos decretos, aooqne sean e&emos, que 
eligen semejantes TÍas para obrar la sa* 
lud del género hamano. 

Las persecaciones no faeron el único 
medio que sirvió á propagar la religión 
de los cristianos : sus predicadores ce- 
losos por la salvación de las almas , ó 
mas bien codiciosos de estender su po- 
der en la opinión de los hombres y de 
acrecentar su parlido , habian heredada 
de los Judíos la pasión de hacer prosé- 
litos (12). Esta pasión era muy propia 
de unos fanáticos orgullosos, que se ha<* 
bian persuadido que ellos solos gozaban 
esclusivamente del favor divino ; pero 
desconocida á los paganos, que dejaban 
á cada uno adorar paciBcamente á sus 
dioses, con tal que su culto no pertur- 
base la tranquilidad pública. 



(i a) Las mUioaet no tienen otro objeto que estén* 
der el poder de los gefes de la Iglesia. El Papa envía 
entusiastas 6 bribones basta las estremidades de la tier- 
ra , para recl atarles vasallos. Los misioneros no dejan 
de bacer allí su negocio « y mas si saben conducirse. La 
insolencia y la imprudencia de los Jesuítas ban beclio 
proscribir la reliffion citstiana del Japón , de la Cbína^ 
etc. Nuestros misioneros son bien recibidos en todas 
partes al principio i y por lo regular no se baecn már- 
Ifres hasu qué desplegan sus veidaderot designios. 

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196" HISTORIA CRÍTICA 

Por un efecto del celo de los iní^o- 
neros cristianos , se les vio ', á pesar de 
las persecuciones y peligros , esparcirse 
con un ardor si» igual por donde quie- 
ra que podían penetrar, para convertir 
idólatras y atraer las ovejas descarria- 
das al redil de Jesucristo, Esta actividad 
debió compensarse con los resultados. 
Ellos buscaban aquellos^ hombres' que 
desechaban los sacerdotes idólatras , y 
los buscados se llenaban de satisfaccionc 
de ser el objeto de los cuidados y aten- 
ciones desinteresaidas de unos persona- 
jes, que í^oTo por puro cariño y afecto 
entrañable hacia ellos iban desde taii le- 
jos á buscarles-, y llevarles el consuelo, 
arrostrando grandes peligros. A conse-^ 
cuencia de estas disposiciones^ los escu- 
charon con aficiorr; manifestaron reco- 
nocimiento á hombres tan caritativos , 
y se maravillaron de su doctrina é ins- 
trucciones : muchos adoptándolas se de- 
jaron guiar por ellos , hallando que al 
fin su Dios y sus dogmas valían por lo 
menos tanto como los que dejaban. 

De este modo, sin que se exijan gran- 
des milagros, vino el cristianismo á for- 
mar colonias j mas ó menos considera- 
tles, en todas las part|g,,j^¿§?perio' 



DE JESUCRISTO; CAP# Xvíl. 197. 

liomano. Estas se gobernaban por los 
Inspectores ú obispos j los cuales, en 
medio de los peligros de que estaban 
cercados^ trabajaron con mucho tesón 
y sin descanso en aumenUr «1 número 
de sus discípulos, es decir, de los es- 
clavos sacrificados á sus santas volun- 
tades. El imperio de la opinión fué 
siempre el mas ilimitado ; y como uo 
hay cosa que tenga mayor fuerza sobre 
los corazones vulgares q^ue la religión , 
los cristianos tuvieron siempra una su* 
misipn sjn limites^ 4»?!^^ p^'íncipes espi- 
^rituaJes^*^ á las leyes délas cuales lle- 
garon á' ¿^ersiiadivles^ '^iíé* dep^ 
eterna felicídod; '^'Asi«^niM»trbs mkioñQ- 
ros convertidos y a en oh^spps^ ej^rcieronj, 
»con voluntad y consentimientb'de íuS 
discípulos , una magistratura espiritual 
sobre ellos, y una jurisdicción sagrada, 
^ue les constituyó superiores á los de- 
mas sacerdotes, y aun llegó á hacerles 
respetables y necesarios al poder tem- 
poral. Los príncipes se han servido en 
todo tiempo con provecho de la reli- 
gión y de sus ministros, para sujetar á 
los pueblos á su yugo. Los impostores 
y los prestigios son inútiles á los re- 
jres que gobiernan con equidad ^ perf 

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498 HISTORIA CRinCA 

son de la mayor utilidad para los dés- 
potas (1 5). 



(i 3) V^ase el Cristianismo sin máscara, cvm/ntestQ 
enjrancés por M. Bmdani^er, jr publicado tn i766» en 
6* cap, Xy, V el Contagio sagrado , obra tradacida 
del inglés de TrenchardA franoét^y publicada en i768» * 
CD doade le vé la odiosa influencia de la tnpenticioa 
•obre el gobierno (ociv). 



(cciy) Aunque este capítulo es algo pesado , ^ está 
eémbrado de Tefle^ionet , que si todas no tienen ^goat 
tmxtA p haj muchas que son á nuestro entender incoa* 
trastables. ^ f i 



dby Google 



INB JB^ÜCMSTO, tkV. xViii. 4 99^ 

CAPITULO XVIII Y ÚLTIMO. 

Cuadro dét Cristianismo des de Cons- 
tantino hasta nuestros tiempos. 



Al cabo de tres siglos, vemos al cris* 
tianistno^ acrecentado pdr todos los me* 
dios ya espuestos ^ componer un partí* 
do^e infunde temor al mismo impe-^ 
rio Romano, tanto que el poder sobe-^ 
rano conoció la imposibilidad de aho«- 
garle 9 porque los cristianos, disemina* 
dos en número escesivb por todas las 
provincias, formaban una liga imponen-* 
te. Entre ellos , unos gefes ambiciosos 
se arrancaban mutuamente el derecho 
desgobernar y dominar los restos de 
una república esclavizada , y cada uno 
procuraba fortalecerse y aventajarse á 
sus rivales. En tales circunstancias fué, 
cuando Constantino j para aumentar 
sus fuerzas primero contra Majencio y 
después contra Licinio j creyó que de* 
bia con un golpe de política atraer á su 
bando á todos los cristianos. A este efer 

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200 BI5T0KIA CRÍTIGA 

to, empezó por favorecerlos y dístiu* 
guirlos I y esto le proporcionó reforzar 
¿sus ejércitos <coa todos los 3olda(los de 
esta secta numerosa. Él ^ en reconoci- 
miento de las ventajas que le habián 
procurado , abrazó ^l cabo esta religíoa 
que se había hecho tan poderosa por sa 
estension , y honró , distinguió y enri- 
queció á sus obispos j seguro de ganar- 
los en £>vi favor con |as liberalidades que 
les hacia , y con lo mucho que favore- 
cía á sus pastores j con cuyo auxilio 
se prometiaí disponer de todo el reba-» 
ño(1). 

Por esta revolución política tan fa-* 
vorable al Clero, los antes tímidos ge^ 
Ses de los cristianos , que hasta enton** 
ees no hablan reinado mas que á la sor-» 
da y en el silencio sobre los espíritus , 
se levantaron del polvo y se hicieron 
bombres de importancia. Favorecidos 



(i) Es constante qne Constantino , á pesar ' de ]o« 
elogios que hnn hepbo de él los cristianos , era un prin- 
cipe abominable : manchado con las muertes de su mu* 
ger , de su hijo y de su colega, anduvo buscando en la 
religión pagana medios 6 ceremonias para la espiacion 
de tantos crímenes , pero en vano ; solo las halló en la 
religión cristiana. Sí acaso fué cristiano de bueno fé, su 
ejemplo no servirá, como el de otros muchos , sino pa- 
ro probar que se puede ser á un mÍ6mo tiempo mny de- 
jvoto j muy perverso. 

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DE JESUCRISTO, CAP* XVlll. 20i 

por un Emperador déspota , y cu jos 
intereses se hallaban ya unidos con los 
suyos /bien pronto hicieron uso de su 
nuevo crédito para vengar las injuria* 
recibidas , y para tornar á sus enemigos 
con usura ios males c^ue les habian cau*-. 
;5ado. 

La XAudanza sucedida en la fortuna 
de los cristianos les hizo olvidar muy 
pronto las máximas dulces y tolerantes 
de su Legislador^ Sin duda etitendieron 
que estas máximas ^ hechas solo para 
desgraciados destituidos de todo poder,, 
no podian «convenir á unos hombres que 
se veian ya apoyados por los mayores 
/soberanos. De consiguiente atacaron los 
templos y dioses de los Gentiles ; sus 
adoradores fueron escluidos de los em- 
pleos (ccv) ; y en fin el Señor no repar- 
tió ya sus mercedes, sino á los que con- 
sintieron en pensar como él , y en jus* 
tifícar su mudanza, imitándola. De esta 
manera , sin milagro alguno, la corte se 
hizo cristiana , ó al menos fingió serlo y 
y los descendientes de los cortesanos 
aduladores hipócritas fueron cristianos 
de buena fé (2). 

(ccv) Es decir , qiiednron cesantes » pero sin suélelo 
(2) Está demostrado que Constan tiau^¡j^|ji\^yÍ5Aj<^ 



202 RISTQRIA CRÍTICA 

Macho antes de Constantino tiabia 
sido desgarrado el cristianismo por las 
disputan j keregias j cismas y animo- 
údades y que nunca faltaban entre lo$ 
fieles (5). Los parciales de los diferentes 
doctores se habían prodigado injurias 
y anatemas , y se habian tratado muy 
mal; pero todo liabia quedado entre 
ellos ^ sin que sus querellas resaltasen 
én público. Las sutilezas de la metafísi- 
ca de los Griegos , introducidas en lá 
religión cristiana y habian hecho brotar 
una infinidad de quisquillas^ que no ha- 
bían tenido hasta entonces bonsecuen- 
cías de consideración. Todas estas re- 



» mas TeodoÁo , se valieron de las mayores v¡<v- 
, -.j pam destruir el paganismo. Para convencerse d« 
«ta verdad, no hay mas que leer el Código íeodostano, 
cn^» Xf^, til. Xl de pagams sacrificiis tí templis. 

(5) San Ireneo, que vivía en el a" siglo de la Igle- 
•»„ va refutó vacias heregías ; pero* S. Epifanio , ' que 
«Ma'il>ía en el 4* de ^* «ra cristiana , nos da razón de 
ochettía herejías ó sectas que dividían á los cristianos. 
Hespue» se vieron pulular lieregías en la Iglesia de Dicw 
á cada instante , lo que no debe estrañarse , porque en 
vfiav obras tan oscuros y contradictorias , como las del 
Testamento , cada uno encontraba todo cuanto neeesita-* 
k) para apoyar sus sistemas y doctrinas, por mas opuc»- 
tas y dt&paratadas que fuesen (ccvi). 



(cevt) Lo eterto es, que no hay herege que no m ha* 
yií ^¡úHo ^t luA üantas Escrituran. ^ ,^,^,^„^ > 

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DE JÉSUCKI8T0, CAP. XYUf . SOS 

yertas estallaron en el reinado de Cons- 
tantino^ y los obispos y campeones de 
ios diferentes partidos intrigaron lo po- 
sible para atraer á su lado al Empera- 
dor j para servirse de él á fin de con«' 
fundir á sus contrarios (ccvii). Aun por 
este tiempo , una parte muy considera- 
ble de los cristianos , siguiendo la ban- 
dera de Arrio ^ negaba la divinidad de 
Jesucristo. Poco práctico aun en los 
principios de la religión que habia abra- 
zado no mucho tiempo antes, quería 
decidir la cuestión el Emperador ; pero 
no atreviéndose, la remitió al fin al jui- 
cio de los obispos. Los congregó en la 
ciudad de Nicea , y la pluralidad de los 
TOtos decidió y sancionó el símbolo de 
la fe: en aquel dia Jesús quedó he- 
cho un Dios consustancial á su Padre , 
el Espíritu Santo fué también un Dios 
procedente de los otrgís dos , y en fin 
estos tres Dioses combinados no com- 
pusieron mas que un solo Dios. 
' Gritos tumultuosos hicieron pasar es- 
ta decisión ininteligible , y la sanciona- 
ron como dogma sagrado , á pesar de 
las reclamaciones délos déla oposición j 

(ccTii) Estos hombres ¿ pot qué no recai-rian á 1 



SOk VISTORTi CRITICA 

4 los cuales taparon la. boca, á falta ám 
razoQes , con tratarles de blasfemos j 
herejotejs. Los prelados , cuyos pulmo* 
nes eran mas robustos^ se declararon 
ortodoxos : el Emperador que no en- 
tendía el fondo de ladisputa^^e arrimó 
á su partido por entonces^ y le aban^ 
donó después 9 dando tar> presto. oidos 
á los obispos de un partido como á loa 
del otro. £n eíecto , la Hi^^toria ecle- 
siástica nos enseña que Constantino, que 
se adhiere ahora á la;decision del con- 
cilio de Nicea , hí^o «sperímentar sua 
golpes alternativamente , ya á los orto^ 
doxos jr ya á los heresiarcas. 

Es decir que después de muchos a£i0a 
y aun siglos jde disputas se convinieroi^ 
los obispos de la crist^iandad en reccmo- 
cera Jesús como verdadero D¡os«Co«^ 
nocieron pues cuan importante les era. 
tener un Dios por fundadorde su secta,» 
para hacer mas respetable su .autoridad^ 
porque en efecto pretendían que esta, 
autoridad se derivaba de los Apóstoles, 
que la recibieron inmediatamente deje--* 
sus, esto es y del mismo D¡os« Esta es 
una opinión , que seria sacrilegio dudar 
de ella en el dia , sin embargo de que 
muchos cristianos no están enteramente, 

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DE JÉSUCRISTCr, CAP. XVIIÍ. 20^ 

úonVencidos ea cuanto á este articulen 
aun hoy, y sé áti'even á apelar á la de- 
cisión de lá Iglesia universal (S). 
' Los obispos congregados eri Nicea de*-- 
cidierotí igual riiefnte de la átitenticídad 
dé los Evangelios y delosdenías libros 
compuestos para*servir dé regla á los 
cristianoSr A estos doctores , cómo de- 
jamos indicado j es á quienes son deai* 
dores los cristianos de su fé ; fé que sitt 
embargo fué alterada y trastornada des - 
jpues por las: continuas disputas , here- 
gías y guerras , y aun por las mismas 



(4) A escepcion de los ingleses , to.dos los cristianot' 
protestantes desechan el episcopado, y le comsideran cc- 
ftad Qn. poder usurpado.. Entre ios católicos, los jhinse» 
nistos son de la misma opiniou »• y esta es la ^'erd.ndcra 
causa "deT odio que les profesan el Papti y lo» obispos, 
8aDr Gerónimo parece ladearle- al dictamen de los Jan- 
senista»; pero- no pbstantc, vemos <|rie S» Pablo desde 
los primeros tiempos «e esfortó en elevtfr la dignidad 
episcDiiQl* San Ignacit^ de* Amioquia , discípulo' 4e lo* 
Apóstoles^, indica en sus epístolas la alta idea que los 
cristianos debían formarse de un obispo ^ El autor de 
las Constituciones apostólicas y ^^bra- de muy remota 
. antigüedad, declara abiertamente «n el lib, J, cap. 2» 
4ue un obispo es un Dios sobre la tierra , <!"* V^^ *** 
misma dignidad «stá constíiuido para mandar á todoc 
los demás hombres, á los sacerdotes, á los re} es y á los 
magistrados^ Aunque estas' Consíitueioyies están reputa- 
das por apócrifas, los obispo» han conformado mas biem 
con ellas su conducta que con el Evangelio cnnónico , 
en el cual Jesui , lejos de asignar el rango y privilegio* 
de los obispos , dice que en su reino no haj primero* 
m últimos, p.g.^,.^^, ,y ^^uuy it: 



206 ntsTOKiA crítica. 

congregaciones ó asambleas de obispow^ 
que mas de una vez anularon del todo 
lo que otras congregaciones anteriore9 
de obispos habían sancionado del modo 
mas solemne. En una palabra , desde 
Constantino hasta nosotros , solo el ín- 
teres de los gefes de la Iglesia fué la me- 
dida de todas sus desiciones , y la re- 
gla por la que establecieron ciertos dog- 
mas, muchos de ellos enteramente ig- 
norados de los mismos fundadores de 
la religión. £1 universo llegó á hacerse 
el anfiteatro de las pasiones , de las dis- 
putas j de las intrigas y de las cruelda- 
des de estos gladiadores sagrados y que 
se trataban unos á otros con el mas bár- 
baro encarnizamiento. Los soberanos 
temporales j unidos por interés con los 
gefes espirituales j n obcecados por 
ellos y se creyeron siempre obligados á 
tomar parte en sus furores. Parece que 
los principes no tenian la espada sino, 
para degollar las victimas que les seña- 
laban los sacerdotes que se apoderaban 
de su espíritu ; y se persuadían de to- 
das veras que servían á Dios , y aua 
trabajaban por la felicidad de sus esta- 
dos , contentando todas las^pasiones de 
estos sacerdotes que se habían hecho 

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DE JBSUCniSTO, CAP* X\l\í. S07, 

los mas orgullosos , los mas vengativos» 
ios mas avaros y los mas pervei^os da 
los hombres. 

No entraremos en el detalle dé todas 
las coatíeodas que la religión cristianai 
movió en la tierra , y solo diremQs que; 
fueron continuas , j que . á veces pro* 
dujeron consecuencias tan deplorable ^ 
que las nacipnes tuvieron mas de cien 
veces mplivo para echairinenos el pa- 
ganismo pacifico y la tolerante idolatru 
de sus autepasados. . 

El Evangelio ó la buena , puesta fue la 
diyísa del crimen ; y la cruz y la ban^ 
dera bajo la que los frenéticos se reu- 
nian para regar ó inundar de sangre 
la tierra. Nadie oyó la voluntad del 
cielo, y se disputaba. y porfiaba sin £a 
sobre la tierra y acerca del modo de es- 
plícar ios oráculos que la Divinidad mis-* 
xna fiiabia bajado á revelar á los morta* 
les. Siempre fué forzoso elegir un par- 
tido en las disputas mas eoiibroUadas e 
ininteligibles, porque la neutralidad era 
mirada como ieú piedad (ccviii). El par- 



L (ccviii) Eso aunque la neatralidad no fuese «r- 

^ mada. 



dbyV^OOgle 



508 RÍSTOMÁ CRÍTICA 

tido que abrazaba el príncipe (ccix), ésS 
era declarado siempre por ortodoxo j y 
por taato se creia Con derecha de ester- 
mínar^odos los demás i los ortodoxos 
(ccx) en ía Iglesia siempre eran los que 
tenían la fuerza y el poder de dester- 
rar ^ encarcelar y destruir á sus adver^ 
Jíarios* 

» Estos mismos obispos^ á quienes el 
poder de un Emperador había sacada 
del polvo , bien pronto se révelaroBi 
contra sus amos y se levantaron á ma-- 
yores : so A prefesto de conservar su 
poder espiritual quisieron ser absolu* 
menté independientes; del Soberado y de 
lás kyes de la sociedad ^ Prelendiéroa 
ádenras, que siendo los príncipes sub- 
ditos dé Jesucristo j debían someterse á. 
h jurisdiccidii dé los que le répresentaa 
en la tierra. De éste modo ^ los preten- 
didos isucpsores de unos pobrésí pesca- 
dores de Judea , á quienes Constantino 
Se dignó tender la mano , se abrogaron 
el derecho de reinar sobre los reyes ; 

(ccix) Eíáto élS, aquel príncipe que era ina* poderoto: 
Re supone. 

(ccx) Ortodoxos ,■ para que nos eutendamos , se lla- 
man los qtie tienen razón en todo lo que peileni-ce á 
la fé, que- va saben todos qne es incompatible cou la 
razón. 

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DE JESUCRISTO, CAP. XVllí* ¿09 

\de este modo el reino de los cielos sir* 
^ió para conquistar, los reinos de la 
tierra. 

Hasta este tiempo , según hemos vis- 
to^ la secta cristiana esparcida por todo 
el Imperio se habia gobernado por obis- 
pos ó gefes, independientes los unos de 
los otros , y todos perfectamente ¡guan- 
íes en jurisdicción : lo que hacia de la 
Iglesia una especie de república aristo- 
erótica. Empero muy prestó su gobierna 
pasó i^monárquicoj y aun á despótico. 
El respeto que siempre se conservó ha- 
cia Roma, capital del mundo , dio cier- 
ta superioridad al obispo ó gefe espiri- 
tual de los cristianos establecidos en di- 
cha ciudad (5). 



(5) Ademas de esto, en Roma habitaban los cristia- 
nos my ricos, y de consiguiente la iglesia Romana ha*> 
cía cuantiosas limosnas á los fieles de las provincias; sa 
obispo era el roas opulento , pues aún en tiempo de loi 
Gentiles , la Silla de Roma*^ era el objeto de la ambi- 
ción y debates de los sacerdotes , i^ae se disputaban el 
rebaño de Jesuctisto (ccxi). 



(ccxi) ¿ Si seria para apacentarle ? ¿ ó para esquilar- 
le r..,. jó para desollarle? • •• 
Tomo u. DK|,|dby^.uu¿5it: 



StO BtSTGtilk CKÍTICA. 

£d esta atención , sus compañeros* le 
manifestaron repelidas Teces cierta d||^ 
ferencia, y le consultaron en varias oca* ' 
stones. No necesitó mas la ambición de 
los obispos de Roma para apropiarse el 
derecho de juzgar á los demás co-epís- 
copos j y para declararse por último los 
monarcas de la Iglesia cristiana. Una 
tradición bastante apócrifa babia hecbo 
viajar á San Pedro á Roma ,' y supo* 
Bia que este gefe de los Apóstoles ha- 
bía establecido alli su silla pontificia^ 
£n consecuencia de esto y el obispo ro- 
mano pretendia liaber sucedido en to- 
dos los dereclios de Simon-Pedro,(ccxit) 
á quien Jesús , en el Evangelio , habia 
confiado mas particularmente el cuidan- 
do de apacentar sus ovejas ; y tomó los^ 
pomposos títulos de sucesor de S. Pe- 
dro , obispo universal , y en fin el Áe 
fricarlo de Jesucristo (6). Es verdad 

' feciH) ¡ O Pcdro-Stsnon } ¿ Qué mat éé ? 

(6) Mucbos autores bcn negado, con bailante fon- 
dftmento, que San Pedro haya puesto jamas el pie en 
Roma. En los Hechos de los Apóstoles^ no se bace Boen- 
eion de este viage ; j este silencio nada favorece á la 
tradición , á menos (]ue supongamos- que San Locas ba 
omitido bablar de San Pedro , que era Nazarenb ó 
Sbionha , p« a bacer á 8aa Pablo su maestro el heno» 

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DE IBSUCRISTOy CAP. XVllU 211 . 

^e estos títulos le' fueron contestados 
repetida«i veces por los ^obispos orienta- 
les, demasiado fieros para doblarse ba- 
jo el yugo de sus iguales ; pero poco á 
poco, á fuerza de artificios , de intrigas 
y á veces de violencias, los que ocupa- 
ron la silla de Roma, siguiendo siempre 
su proyecto con calor, vinieron á cabo 
de hacerse reconocer en el Occidente 
por gefes de la Iglesia cristiana. 

Dóciles y sumisos al principio para 
con los Soberanos, cuyo poder temían^ 
>bien. pronto se les sobrepusieron y aua 
los patearon j luego que vieron bastan- 
te asegurado su poder sobre el espíritu 
de los pueblos devotos y fanatizados 
por la superstición. 

Entonces arrojaron la máscara ; die* 



de la converfion de aquella capital. V^ase lo que se ha 
dicho arriba acerca de las desavenencias de San Pablo 
con los Apostóles judaizantes. A- la verdad, si' San Pe- 
dro hubiera estado en Roma, su Evangelio hubiera te- 
nido que ceder al del Apóstol de los Gentiles » mas có- 
modo para estos , por cnanto les ahorraba la circuncv* 
sion. Asi podemos presumir que San Pablo fué el pri- 
mer Pontífice. Véase Histoire des Papes , tom> L Let- 
tres et monumens des Peres apostoliques^par Jbraham 
' Ruchat, í/i-8». Leyd, i73?. Fr, Svanheim filii , dU- 
een. ly. hu^duni Batav* i679« . 

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242^ HISTORIA CRITICA 

ron á las naciones la señal de la rebe-^ 
lion; animaron á los cristianos unos, 
contra otros parasu mutua destrucción; 
sublevaron ios pueblos; precipitaron á 
los monarcas de sus tronos; hicieron 
que solo por los intereses de su orgullo 
corriesen rios desangre: á los Príncipes 
débiles les hicieron vil juguete de sus 
pasiones j y en fin, unos eran sus \ícti- 
nias, y otros sus verdugos. Loa sobera- 
nos, hechos ya vasallos SUJOS, ejecu- 
taron temblando las sentencias, que el 
cielo, habia pronunciado contra los ene- 
migos de la Santa Sede , que ya se ha- 
bía constituido la arbitra de la fe. Ea 
una palabra, estos Fontifi.ces inhuma- 
nos inmolaron ásu Dios cien veces mas 
victimas que el paganismo habia sacri*^ 
ficado á todos sus Dioses. 

Después de haber conseguido subyu- 
gar á los obispos con la mira de pon* 
sjervar y establecer su imperio sobre los 
pueblos, el gefe de la Iglesia inundó los 
estadosc de todos los Principes de ¿u 
creencia , con una multitud de sacerdo- 
tes subalternos y de monges que le sir- 
vieron de espias y de emisarios; y en fía 
fueron los órganos de que se valió para, 
manifestar su voluntad hasta en los pai*- 

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DE JESUCRISTO , CAP. XVIlf . 21 5 

ses remotos I y ser los ministros tle su 
ambición. 

De este modo y las naciones se inurt*- 
daron de hombres inútiles ó pernicio*' 
IBos. Algunos de ellos y pretestando ten- 
der á la perfección cristiana^ admiraron 
al vulgo con tin género de vida frenéti- 
ca: se negaron á los placeres de la vi- 
d<a; renunciaron al mundo, y se este- 
nuaron en el rincón de un claustro, es- 
perando la muerte que una vida tan 
desagradable debia hacer apetecible. Se 
les puso en la cabeza que agradaban á 
Dios, ocupándose esclusivamente en ora- 
ciones j contemplaciones estériles y va- 
nas , haciéndose á si mismos víctimas 
de un fanatismo destructor. Estos in« 
sensatos , á quienes admira y venera el 
cristianismo , pueden mirarse como las 
victimas del alto clero, que en nada 
piensa menos que en imitarlos (7). 

{7) La Religión cristiana léonclena el suicidio; perd 
*al^mi«mo' tiempo reverencia con admiración, como uno« 
modelos de perfección y como personas dotadas de una 
gracia celestial , á hombres y mugeres qne con sus peni- 
tencias y anfteridades imprudentes acortan conocida- 
mente sas dia». Los religiosos de la Trapa acnbait en 
pocos años por morir tísicos. ¿ Porqué pues ha de ser 
mas criminal matarse de un golpe , que trabajar diex 
años en su destrucción ? Si los hombTe|g¡ ¡fij^^^íj^mVf 



24* HISTORIA CRÍTICA 

Sin embargo fueron pocos los llama- 
dos á esta perfección sublime j pues el 
mayor número de los monges • mas in^ 
dulgentes consigo mismos^ se contentó 
con renunciar al mundo , vegetar en. el 
retiro , consumirse en una ociosa abun- 
dancia , y vivir en la holganza a espen- 
sas de las naciones que trabajan* Si a^ 
gunos de ellos se entregaron al estudio, 
710 se ocupaban por la mayor parte si- 
no en las vanas sutilezas de una teolo- 
gía ininteligible, propia para escitar tur- 
bulencias en la sociedad y fomentar la 
discordia. 

Otros mas activos se esparcieron por 
el mundo; y bajo él pretesto de anun- 
ciar el Evangelio 7 se anunciaron á sí 
itismos y predicaron los intereses del 
clero , y sobre todo la sumisión debida 
al Sumo Ponlíñce romano , que fué 
. siempre su verdadero solierano. *En 
efecto , estos emisarios no tuvieron otra 
patria que la Iglesia, otro superior que 
el Papa, ni otro interés que el de per- 



guíentes, advertí rían' caan ridículo es formar causa a nn 
suicida y hacer arrastiar su cadáver por las callesy mien- 
trjis que se mira á na monge frenética ó á una nuicba- 
cha faiíaúzada, como santos de los i^f^^pa^^^df^Dios. 



DE JESUCRISTO, CAP. XTUl. 2f 5 

turbar el estado para hacer valer los 
derechos divinos del clero. Fieles en es- . 
ta parte al precepto de Jesús , llevaron 
el hacha j sembraron la discordia, en- 
cendieron las guerras y las sediciones : 
«líos tocaron el alarma contra los prin- 
cipes poco agradables ó poco adictos ai 
soberbio tirano de la Iglesia; ellos em* 
puñaron muchas veces el cuchillo sa- 
grado del fanatismo para envainarle en 
^1 corazón de los Reyes : en una pala- 
bra , para hacer prosperar la causa de 
VioSj justificaron los crímenes mas atro- 
ces , y pusieron en convuldon toda la 
tierra. 

Sí , tales fueron especialmente en los 
últimos tiempos las máximas y la con- 
ducta de cierto orden religioso que, pre- 
ciándose de caminar sobre las huellas 
de Jesús j tomó el nombre de su socie^ 
dad. Consagrados ciega y esclusiyamen- 
te á los intereses del Pontífice de Ro- 
ma , no parece que habian venido al 
mundo á otra cosa que para ponerle to-* 
do en sus cadenas. 

Ellos corrompieron la juventud, de 
cuya educación trataron de apoderarse 
«sclusiyamente ; pusieron todo cona- 
to en renovar la barbarie de los siglo^ 

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: t 



SI 6 HISTORIA CRÍTICA 

tenebrosos : sabiendo que el mas fuerte 
apoyo de la superstición es la escasez ó 
pobreza de espíritu j eüto es , de enten- 
dimiento, predicaron como virtudes la 
estupidez y sumisión ciega, ecliaron á 
perder las costumbres , y las sustituye- 
ron vanas prácticas y supersticiones ^ 
que siendo compatibles con todos los 
"vicios podian bastar para acallar los re* 
mordimientos del crimen. Recomenda- 
ron la esclavitud y la sumisión ilimita- 
da á los príncipes que fueron por su 
parte sus esclavos , y que consintieron 
en hacérselos instrumentos de sus ven- 
ganzas persWiales; predicaron la rebe- 
lión y el regicidio contra los príncipes 
que se resistieron á doblar la cerviz al 
yugo odioso del sucesor de San Pedro, 
que tuvieron el descaro de declarar in^ 
falible j y cuyas decisiones pusieron 
sobre todps las de la Iglesia univervii* 
En una palabra , con su auxilio , el Pa- 
pa llegó á ser no solo el déspota, sino 
aun el verdadero Dios de los cristiar 
nos (8). 



~ (8) En el tiempo en que el autor escribía , «o podía 
\ prcvelr qtie los Jesuítas ; de quienes habla , lerisn ar- 



•Digi 



itizedby^iUUyit: 



DE JESUCRISTO, CAP. XVIlt. ZiT 

, Hubo 8¡h embargo algunos hottibres 
que osaron protestar contra las violen- 
cias, las eátorsiones y usurpaciones de. 
€sle tirano espiritual. Hubo Soberanos 
que para defender sus propios derechos, 
se atrevieron á luchar contra éf; pero 
en unos tiempos de tanta ignorancia , 
siempre fué desigual el combate entre 
el poder temporal y la fuerza sagrada 
de la opinión. Al fin unos predicado- 
res, descontentos del Pontífice, abrie- 
ron los ojos de algunos pueblos, pre- 
dicaron la reforma, y echaron abajo 
ciertos abusos y dogmas que les pare^- 
cieron muy chocantes. No laltaron al- 
gunos Piíncipes que se aprovecharon 
de esta ocasión para romper los hierros 
que los habian abrumado; y sin renun- 
ciar al cristianismo, que miraron como 
lina religión divina, renunciaron al cris- 
tianismo romano, que veian solo como 
tina superstición corrompida por la 
avaricia, por el ínteres y por Jas. pa- 
siones del clero. Contentándose con so- 
lo mondar asi algunas ramas del árbol 



Tojaclos con ignomíuia aun de aquellos mismos paúes 
en lo» cuales parecía que tenían mas bien cjmcntaclp su 
poder, Píota del Editor francés. 

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/ 



218 HISTORIA CRÍTICA 

podrido (que pudieran haber conocido 
por sus frutos tan amargos), nuestros 
reformadores no penetraron que los 
principios mismos de una religión fun- 
dada por el fanatismo y la impostura 
debían necesariamente producir á me- 
nudo fanáticos y embaucadores. No vie- 
ron que una religión esclusiva, que pre- 
tende gozar primitivamente la aproba- 
ción del Todopoderoso , debia ser por 
esencia arrogante y orgullosa, y hacer- 
se al fin tiránica, intolerante y sangui- 
naria. Por último, no vieron que la 
manía del proselitismo , que el preten- 
dido celo por la salud délas almas, que 
la pasión de los sacerdotes por domi- 
nar y reinar sobre las conciencias, de- 
bian tarde ó temprano causar grandes 
tótragos. 

En efecto, el cristianismo reforma- 
do ^ preciándose de asemejarse al cfis- 
tianismo puro de los primeros siglos de 
la Ig4esia , produjo unos predicadores 
íicalorados , hombres que se decian ilu- 
minados j y perturbadores público?, que 
a pretesto d^ restablecer el reino de 
Cristo j hicieron renacer las turbulen- 
cias, las matanzas, las revoluciones , y 
en una palabra los mas hc^at^eg^^pon- 



DE JESUCRISTO, CAP. XVIII. Í4 9' 

tinuos desordenes. Los Príncipes cris- 
tianos de todas las sectas se crejeron' 
obligados á sostener las decisiones de 
sus doctores , cualesquiera que fuesen; 
miraron como infalibles las opiniones 
que habian adoptado , y las hicieron 
Taler con el hierro y el fuego; y por 
último , estos Príncipes formaron una 
liga con algunos de sus sacerdotes para 
declarar y hacer la guerra mas horrible 
y sangrienta á todos los qué no eran de 
su opinión (9). 

Pero donde mas se vio reinar el es- 
píritu intolerante j seductor y persegui- 
dor, fué en los paises que quedaron so- 
metidos al Romano Pontífice. Aquí fué 
donde los sacerdotes , criados en las má* 
ximas de un despotismo espiritual , se 
atrevieron con mayor insolencia á tira- 
nizar los espíritus. Llegó á tanto su im- 
prudencia, que sostuvieron que el Prín* 



(9) Los Protestantes han persepiido como los Roma* 
nos. Cahino hacía quemar á Serveto en Ginebra , al mis- 
mo tiempo que se quemaba á los Calvinistas en Paris. 
Los Anabaptistas cometieron escesos inauditos en Ale- 
manía . La Liturgia anglicana fué causa de que Carlos 
I, que quiso introducirla en Escocia , íiiese degollado; 
j en Holanda , los Gomaristas perseguían con ardor á 
\<i% Jt miníanos 9 " Digtizedby^^uuyit: 



220 HISTORIA CRlTICl 

<ápe no podia , sin hacerse reo de im-- - 
piedad j dispensarse de tomar parte en 
sixs diiiputasy y de sus furores , y aun 
derramar la sangre de sus enemigos. 
Contra los preceptos formales de Jesu* 
cristo, los enviados de su Lugar* tenien- 
te ó fricarlo predicaron á voces en su 
nombre la atroz venganza del rencor y 
el degüello (10). Sus gritos intimidaron 
á los priismoí Soberanos; y aun los me- 
nos crédulos temblaron á la vista de su 
poder, poder que no tuvieron ánimo 
para reprimir: una política llena de su- 
perstición y debilidad les hizo creer qufe 
era interés del trono unirse para siem- 
pre con «stos frenéticos inhumanos y 
turbulentos. De este modo los Prínci- 
pes sometidos al clero y haciendo causa 
común con él , no fueron otra cosa que 
l^s esbirros de sus venjjanzas crueles , y 
los vilis ejecutores de sus caprichos. De 



(«o) El Evan«;«1¡o w conlmdice á enáa fwwo, y hite 
á dos palos cuando habla de la tolerancia , lo qae ofrc> 
ce bastante comodidad á Io9 teólogos para sostener el 
partido que les tiene cuenta. Mientras que son los mat 
ctébili's , se valen de los que recomiendan la dulzu*a y 
suavidad ; pero asi que adquieren alguna soperiorídatÚ 
Ae eseudan con los testos que están en contrario sentido 
á los anteriores, para destrozar á sin |ft4e^^ft?íM^4^lt: 



DEJESUCRISTO^CAP. xviir. 22f 

este modo 9 estos Príncipes ciegos traba- 
jaron en sostener un poder que era su ri- 
Tal. De este modo los Príncipes de¡ talen- 
to limitado uo conocieron cuanto perju- 
dicaban i su propia autoridad entregando 
sus vasallos á la tiranía y vejaciones de 
un enjambre dé hombres que tenian in- 
terés en sumirlos en la ignorancia , esci- 
tar su fanatismo , hacerse dueños de su 
espíritu, dominar sus cooiciencias j y^ 
en una palabra , formar de ellos unos 
instrumentos para servir á su orgullo, 
á su avaricia , á su ansia vengativa y y á 
su tenacidad. Por esta política tan in^ 
digna , en los estados mas sumisos al 
dominio espiritual del Pontífice Roma*- 
no, la libertad de pensar fué proscrita 
con furor, la actividad fuertemente com- 
primida, la ciencia duramente castiga- 
da, la industria aniquilada por la rapa- 
cid<id sacerdotal , y las costumbres des- 
preciadas, ocupando su lugar las mas 
fútiles practicas : las naciones vegetaban 
en el enbruteci miento , y los hombres 
mejores no tenian otras virtudes que las 
monásticas, tan penosas para ellos mis- 
mos como inútiles á la sociedad (^1)* 

(ii) El labio abad Flcury conviene en csiaf veida 

. DigitizedbyVjOOyiC 

I ^ 



S22 HISTORIA CRÍTICA 

Ya no tuvieron otro impulso que el que 
les prestó el fanatisaio , ni otro saber 
qup la gerga teológica: su talento no 
tuvo otro pasto que interminables dis- 
putas sobre sutilezas misteriosas, indig- 
nas de ocupar á seres dotados de razón. 
Estas ocupaciones sin provecho absor- 
bieron el discurso de algunos genios pro- 
fundos , cuyas tareas habrían sido se- 
guramente útiles si las hubiesen emplea- 
do en objetos de una utilidad real. 

Las naciones se empobrecieron por 
mantener en la abundancia , eü el lujo, 
y tal vez en la crápula , á ejércitos en- 
teros de monges, sacerdotes y Papas, 
de los cuales no sacaron provecho al- 



eles en su trntado de las Costumbres de los cristianos i 
parte V, § LIV , donde dice <jue los cristianos deben oh- 
servar exactamente lo que se practica en los monaste^ 
ríos mas arreglados , para <¡ue se vean ejemplos vivos 
de la moral cristiana. Por su misma confesión , vlK cris- 
tiano es un verdadero monge : es asi que iin monge es 
un ciudadano muerto para la sociedad : ergo, ¿ que se - 
ria de un pata en el que todos se empeñasen en seguir la 
perfección cristiana á que cada uno debe aspirar? Ho 
habria en él ni mercaderes , ni casados» ni.... (ccziu). 



(ccxm) ¡ Que lástima que sui abuelos no habiekea 
formado el tul empeño ! 

Digitized by VjUOy l(¿ 



BB JESUCRISTO^ CAP. XVIII. S'ZS 

ii ^no» Con el pretesto de procurar el 

estipendio á los intercesores con Dios^'^^rij»? ♦ 

* se dotó ricamente á una muchedumbre ^ • .^ 

de holgazanes , cuyas oraciones y deli- : . . 
rios no alcanzaron mas que la miseria '^^^'f/ 
y las diseneiones. La educación y confia- -'fh »t*. 
da en toda la cristiandad á sacerdotes^tl^^id^; 
ó ignorantes ó perversos^ no sirvió ma»^^^^^ . 
que para formar superticiosos, despro- '^^^ ^ 
vistos de las cualidades necesarias á ua^^v***^'^ 
ciudadano ; porque la limitaron preci- •^^ 

sámente á inculcarles hasta el í^s lidia •* ^ 
dogmas y mas dogmas , misterios y mas • ^ 

misterios, sin que hubiesen podido ja- /íi^t'^f'.t 
mas comprender una palabra. Predica- -|\..%«' 
ron sin intermisión la moral es^angé^ ^1*1* «^ 
lica j esta moral que todos admiran y^N4W»ir^»> 
que casi nadie practica ^ por ser incom- ^ji^^ ^ 
patible con la naturaleza y con las ne- • 

cesidades de los hombres en general j * ^ «•» 
perp ella ni impuso á las pasiones, ni ^mmm9\ 
fué jamas capaz de detener sus ín^P^tüs^i^^J^ 
desarreglados. Si alguna vez se vio prac- ^ • * 
ticada esta moral estoica , lo fué única-**»* • •^i 
mente por algunos fanáticos débiles, o fi«|t%# 

ardor de su celo hizo l^^^W^ífe-JííSij^ . V 

sos para la sociedad. Los santosaCTrcrR- ^* -^ >l 
tianismo fueron pues ó los mas inútiles^ 

Digitized t;:^VjOUy H¿ 



22'í HISTORIA' CRÍTICA 

^ Ó los mas perversos de los hombres. ^ 

J* \ml4u(X . Los Príncipes , los grandes , los ricos, 
> , !> ^^ y aun los mismos gefes de la Iglesia, se 
*^^"T!T^^ creyeron dispensados de la práctica ri- 
hfi^^ garosa y literal de los preceptos y de 
I#fi4^n^ Jos consejos que Dios mismo había ve- 
}^h¥^í%^ nxáo á dar, y dejaron la perfección cris- 
hiiÜ/9úHJ^ liana para cuatro miserables monges á 

^ ^ los que parecia propiamente destinada. 

»4M«^«* Unos conductores fáciles allanaron á los 
^* demás el camino del paraiso; y sin mor- 

> ^^ ^^V^ tificar las pasiones, les persuadieroa 
• w (ccxiv) que les bastaba presentarse pe- 

«liütlAi^ lídJicamente á confesarles sus faltas , á 
^1 JL * humillarse á sus pies, cumplir las pe- 
'**^ nitencias y practicas que les quisieron 
imponer, y sobre todo hacer grandes 
limosnas á la Iglesia, para obtener del 
Criador la remisión de los ultrajes he- 
chos á sus criaturas. Por este medio ^ 
en las provincias mas cristianas servio 
f|L^^que los pueblos y los Principes unían 
J^ ^ la devoción con la escandalosa deprava- 
\§k,9 •iM^cion de costumbres y aun con los crí- 
menes mas atroces. Se vieron tiranos 



fccxiir) Y prfinto. Ko , no necesitaron milagros para 
tilas conveii»ionef, 

Digitized byXjOOy H¿ 



DE JfiiuCRISTO, CAP. XVIII. 225 

áfevotós, adúlteros devotos opresores, 
ministros inicuos, cortesanos inmorales, 
y aun salteadores facinerosos devotos: 
y sé vio en fin á ios picaros de todos es-* 
tados manifestar mucho celo por una 
religión , cuyos ministros prometian es- 
piacionés iáciles aun á aquellos que 
violaran los más positivos y terminan- 
tés mandamientos (12). 

De este modo , por el diligente cui* 
dado de los guias espirituales de los cris- 
tianos , 1^ concordia fué desterrada de 
los estados; los Príncipes cayeron ea 
la esclavitud ; los pueblos fueron engaña-, 
dos j la ciencia Sofocada ; las naciones se 



(la) Se dice y «e repite toáoslos dias que U Religión 
es.ouyreno; perO;no'es menester maa que un poco de 
reflexión para convencerse que esta Religión , ni entre 
loi grandes ni entre los chico» , á nodie contiene ( ni aun 
i los sacerdotes que la predican y que viven de ella).. 
Los pueblos mas devotos de Europa , tales como los Ita- 
Itanút, los Españoles y los Portugueses, son los que mas 
•e distinguen por su gazmoñería , y por la corrupción de 
sus costumbres : el clero mismo les da el ejemplo de la 
crueldad , de la perfidia , y de la mas desenfrenada li- 
cencia. Para contener 4. los hombres , no 8¿ yo que se 
necesiten fábulas ni patrañas. Buenas leyes, buena eñ.a' 
cacio'i^ una razón bien cultivada , talentos, luces, bue^ 
nos ejemplos , recompensas y castigos equitativos y opor- 
tunos, esto es lo mas conveniente. Como no se oponen 
á Um desórdenes de las pasiones de los hombres sino quif 
meras , estas nunca son capaces de vcncqr sus inclinacio- 
nes violentas. 

Tomo U. Ogtzedly^UUC^lt: 



22& HISTOlirA CRÍTICA , 

Tieron reducidas á la miseria} la Terdft**' 
dera moral sé desconoció V y los mas^ 
devotos cristianos eran por lo cómua 
los mas desprovistos de talentos y yir- ' 
tudes útiles á la sociedad. 

¡ He aqui las ventajas decantadas que 
la religión del Cristo ha traido $pl)re la 
tierra! ¡ He aquí' los efectos que vemos 
resultan del Evangelio ó de la buena 
nueva que -el mismo Hijo de Dios ba 
venido á anunciarnos personalqiente ! , 
Si hemos de juzgar por los frutos (es- 
decir por la misma regla que el mismo • 
Mesías ños ba dado),. dicen los incrédu- ♦ 
Ips , el cristianismo es el *que fué figu- 
rado alegóricamente porla higuera maí- 
dita. Sin embargo, los que tienen fé 
nos aseguraQ.que este árbol produci*^ 
rá alguri dia sabrosos frutos eft el otro 
mundo. £s menester pues esperarlos con 
cachaza , porque todo nos prueba que 
los grandes bienes que esta religión nos 
promete, muy poco ó nada se hacen 
sentir en este mundo en que estamos. 

No somos nosotros, de modo alguno 
del modo de pensar de ciertos ateos que 
llevan su incredulidad hasta pensar que 
si existe un Dios verdaderamente celoso 
de sus derec^ios , apenas habrá castigos 



DE JEÍSÜCRISTO, CAP. XVllI* 227 

eoit que recompensar á unos mortales^ 
tan impíos^ que le asociaron un Judío^^ 
un hombre charlatán , y q»e á este le 
tributaron los mismos honores que á su 
deidad. 

Debiendo ofender á la divinidad , que: 
es la misma bondad ^ las acciones que se 
hacen contra sus criaturas, no puede 
menos de irritarle la conducta odiosa de 
tantos cristianos que bajo el pretesto de 
devoción y de celo se crieed autorizados 
para quebrantar los deberes nías sagra- 
dos de la naturaleza , de la cual ninguno 
puede, ser autor sino Dios. 

Es sumamente difícil , añaden nues- 
tros incrédulos calcular la duración de 
las estra vagancias humanas ; pero sin 
embargo se lisonjean deque el reino de> 
la mentira y del error acabará tarde ó 
temprano para dejar lugar al de la ra- 
zón f de la verdad (4 5). No desconfían 



(i 3) Un Escocés publicó en Londres, en t699,un, 
libro con este título; loh. Craigíi, Scoti , TTieologice 
Christiance Principia mathtmatica (Principios matemá- 
ticos de la Teología Cristiana , por Juan Craig , natural 
do Escocia) , en el cual quieie probar que todo lo que 
está fundado sobre el testimonio de los hombies» cea 
inspirado ó no lo sea , no pasa de probable ; y que eslA 
probabilidad se disminuye á proporción de la distancia 
del tiempo en que vivían los testigos en que $e funda la 

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228 HISTORIA CRÍTICi. 

de que las naciones y los que las go- 
biernan conocerán un dia el perjuicio 
de las preocupaciones ; se avergonzar 
rán de haber prostituido su incienso á 
objetos despreciables ; llorarán la san* 
gre y los tesoros que les han costado 



tal creencia. Según estos piinctpios forma un cálcala 
algebraico, por el cual ¿segura que la probabilidad de 
la religión cristiana duraría aun i454 años, después d» 
los cuales se reducirá á cero. Pero él presume que el 
juicio finol sucederá á tiempo que pueda impedir este 
«elipse total de la £é. Sea lo que se quiera de estos cál- 
culos ó conjetuias,. puede aplicarse en mi juicio > á la 
religión del Cristo, lo que Lactancio decia de la reli- 
(«iou pagana^ en laque Júpiter habia destronado á su padm 
Saturno. « yídeo aliiun Dewn fuisse Jiegem prinús um" 
poribus , alium consecuentibus. Potes t ergo fíerij ut 
atiits ^it postea faturus, Sienim regnumprius muta" 
ttim est , cur desperemus etiam poseeríus posse mutari? 
{ £«to es, veo que un Dios fué Rey en los primeros tiem- 
pos , y Olio en los subsiguientes; asi bien puede suceder 
cíoe liaya olro después. Pues si el anterior reino se mu- 
dó , ¿ f)or que hemos de petder la esperanza de qui ^tte 
posterior pueda mudarse ? ) Véase á LactanU Jnatitut. 
íii\>in. lib. I, cap. ii. Si Dios se fastidió de la religioi^ 
judín , ¿ por que no se podrá también fá^tidi^r de 1« 



\>i 



(ccxv). 



(ccxv) Lo cierto es , que sí fastidiosa es una , no lo 
es liicrios la olra. 

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DE JESUCRISTO, CAP« XVIIl. 223 

Unas patrañas y visiones que tanto da-^ 
fio ban causado; y al. fin se llenarán 
de rabia y dé haber sido el ludibrio y 
las víctimas. de unos compiladores, de 
romances destituidos de verosimilitud^ 
y que no tienen fundamentos mas só-* 
lidos que la estupenda credulidad de 
loa pueblos y y el estupendo descaro de 
los que las predican. Estos mismos in"-^ 
erédulos «e atreven ' á columbrar un 
tiempo en que los hombres , mas pru- 
dentes^ ya , por su propio interés re- 
conocerán la locura verdaderamente 
bárbara de i odiarse , atormentarse y 
degollarse solo .por dogmas oscuros y 
por opiniones y ceremonias ridiculas 
y pueriles y indignas, de {lombres dota* 
dos de rázofa j^y. sobre las cuales es im-. 
posible: que jamas se pongan de acuet* 
do. 

Estos'infíeles pasan tan adelante con 
su temeiú dad, que juzgan muy posible, 
que lo« Príncipes y los subditos se dis- 
gusten al cabo de una religión tan gra- 
vosa para los pueblos , y que no pro- 
cura:! ventajas sensibles sino á los sa- 
cerdotes de un Dios pobre y crucifica- 
do. Se imaginan que una vez desenga- 
ñados los legos profanos peáí,49o(9^\. 



Vi.^ 



230 msTOBU cHÍricA 

bien reducirles á la vida frugal de lotf 
Apóstoles , ó á la de Jesús á quien de-^ 
ben proponerse. por dechado;. ó que á 
lo menos podrán obligar á los minis- 
tros de un Dios de paz á vivir mas so-r 
segados y pacifíeós, y á emplearse ea 
alguti oficio mas honrado que el de em- 
baucar y desgarrar la sociedad que loa 
«Jimeota. ; ^ 

Si se nos pregaotase que se* podría 
sustituir á. una religión que en todosí 
tiempos DO ha producido s^no efectos 
¿mestúitmos á la felicidad del género 
humano 9 encargaríamos á loshembréá 
que cultivasen su razón con el posible 
esmero^ que jelLai:'les procaraDá su bren-* 
e^tar, mejor quellos sistemas absurdos 
y IJenos de emhasles ^'y les hará co- 
nocer todo el precio de la Terdadera 
virtud (ccxvi). En fin , para concluir , 
fes diremos con Tertuliano : ¿A- fué 
/aligaros tanio :por buscar una lejr 
sobrenatural^ cuándo tenéis la que ex- 



(ccxvi) Yo les predicaría la religión universal , tAo 
es la de todo» los filósofos y sabios de tollos los paites / 
de todos los siglos , de la que icndiexnos lugar de ha- 
iitbr en otra ocasión. 

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DE JESUCRISTO, CAP. Xvíll. 2^5 J 

común al mundo entero j y que se 
halla grabada en las tablas de la Na- 
turaleza? (1*). 

(i4) V* Tert. de Corona militü. 



FIN. 



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^X I.ÓS GAPÍtULOS COHTEHIDOS BK XL TOMO PRIMBAO. 



raginas. 

AOYERTBRCU 3ÚIL ÜEADlJrCTOK* 'I . / .. * • . .; 5 
^EáfiFAcio«.> ; •' .' • Jj .*. . ♦.! .. • . .. 15 
Cap. i.' Oiadro que représenla. al pue- -. ^ 
blo Judío' ;^ á. saá Profetas. Etámen 
de laa {úrAfiMiaa.réletiyas á Jésn*. * > ^7 
Cap. II. Nacimiento de Jesucristo. . . 69 
Cap, III. Adoración de los Magos j de 
los Pastores. Degollacioa de los loo- 
ceotes, y otras circiinstancias qae 
sjgnieroaal nacimieoto deJesocristo. 91 
Cap. IV. Bautismo de Jesucristo. Su es- 
tancia en el desierto. Principio de 
su predicación y de sus milagros. 

BodaisdeCaná 124 

Cap. V. Viage de Jesucristo á Jerusa- 
lem. Vendedores arrojados del Tem- 
plo. Conferencia con Nicodemns 142 

Tomo 1. 17 

DigitifeSbyV^OO^lt: 



45* 

Cip. Y!. ATentara ie Jesos con h fti- 
maritana ; sn riage 7 milagros en el 
pa» de los Gerasenios. • .... 155 

Cap. vil Jesas saaa á los endemooia* 
dos. Milagro de Ips puercos. Prodi- 
gios obrados por el Cristo hasta el 
fio del primer año de sv^sion...... 179 

Cap. VIII. De lo qae hiso Jesns mien- 
. tras estaro en Jernsalem, esto es en 

la segaoda Pascua de su misión 5M)5 

'X^Ap. IX. Noeroft ' milagros .de /Jeras* 
' Elección de sos doce Apóstoles. .^.^ 2S0 

Cap. X. ScrmOn de la Montaña* Resii-» 
meo de lá motfat de Jesnsu Obserra* 
cienes sobré está misma 'morafkf.Á.— ' S29 



riK OBL IirDIGE. 



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fS5 

índice. 

M LOf eArÍTüLot coutshidos nr el tomo fXGUvDo, 

r j : * í 

. • . :• \ . ' ■ • . ■ ) 

. ',•.'..• '« • Páginai. 

Cap. XI. Acciones y parábolas de Jéstis. 
Atentado de^ sus parientes contra éí. 
' Viage- qae hizo á Nazareth , j sus 
restiítas. . ' . . . . . ... 5í. 

Cap. XII. Misión'' de los Apóstoles*. Ins- 
^trifccibD^s que' Je'SQs les dá. Blíia- 
gros que obró basta el segando año 
de su misión 26 

Ca^. XIII. Jesús vuelve á Galilea cer- 
ca de la tercera Pascua de su mi- 
sión. Lo que bizo hasta que salió de 
allí 47 

Cap. XIV* Je&us se manifiesta en Jeru- 
salen). Se ve obligado á salir. Resur- 
rección de Lázaro. Entrada triun- 
fante del Cristo. Su retirada al jar- , 

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236 

din de las Oliras. La cena. Sa pri- 

»»<>° 75 

Cap. XV. Causa y sentencia de Jesús. 

Sa suplicio y su muerte 102 

Cap. XVI. Resurrección de Jesús. Sa 
conducta hasta ia Ascensión. Exi- 
men de las pruebas de dicha Resur- 
rección.; 125 

Cap. XVII. Reflexiones generales sobre 
la vida de Cristo. Predicación de loi 
Afíóstoles. Conrersionde San Pablo. 
Estahleeimíento del Cristianismo. 
Perseqncioaes que sufre* Causas de 
sus progresos. . . ...... 159 

Cap. XVIII T ÚLTIMO. Coadro del Cris- 
tianismo desde Consta njtioo hasta 



nuestros tiempos. 



F19 DEL IIÍDICE. 



199 



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by retainmg it beyond th© Bpecifled 
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