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Full text of "Historia de Cataluña .."

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Híavhwc'ti Collegr l,ttirars. 

FROM THE 

SALES FUND. 



Kstahlished under the will of Frangís Sales, Instructor 

in Harvard CoUege, 1816-1854. This will rcquires 

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lustrative of Spanrsh history 

and Itterature." 



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OBRAS 



DE VÍCTOR BALAGUER 



TOMO XIX DE LA COLECCIÓN 
Y UNDÉCIMO DE LA HISTORIA DE CATALUÑA 



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OBRAS DEL AUTOR 



PUBLICADAS EN ESTA COLECCIÓN. 



^^ Poesías catalanas. (£/ libro del amor, — El libro de la fe, 

— El libro de la patria. — Eridanias, — Lejos de mi tierra. — C//- 
timas poesías.) — Un tomo, que forma el I de la colección, 6 
pesetas. 

Tragedias. Original catalán y traducción castellana. 
{La muerte de Aníbal, — Coriolano. — La sombra de César. — La 
fiesta de Tibulo. — La muerte de Nerón. — Safo. — La tragedia de 
Llivia. — La última hora de Cristóbal Colón. — Los esponsales 
de la muerta, — El guante del degollado, — El conde de Foix. — 
Rayo de luna,) — Un tomo (II de la colección), 8 pesetas. 

Los Trovadores. Su historia literaria y política. — Cuatro, 
tomos (III, IV, V y VI de la colección), 30 pesetas. 

Discursos académicos y memorias literarias. [Discursos 
y dictámenes leídos en las Academias y en los Juegos Florales. — 
La corte literaria de Alfonso de Aragón. — Un ministerio de Ins~ 
trucci&n pública. — Fundación de la Biblioteca de Villanueva y 
Geltrú. — Cartas literarias, — El poeta Cabanyes. — Ideas y apun- 
tes^ etc., etc.) — Un tomo (VII de la colección), 7 pesetas 50 
céntimos. 

El Monasterio de Piedra. — Las leyendas del Mont- 
serrat. — Las cuevas de Montserrat. — Un tomo (el VIII 
de la colección), 7 pesetas 50 céntimos. 

Historia de Cataluña. — Tomos primero á décimo de 
esta obra, y IX á XVIII de la colección, á 10 pesetas cada 
imo, 100 pesetas. 

(Esta colección es propiedad del autor.) 



VÍCTOR BALAGUER 

DR LAS Reales Academias £spa5}ola y or la Historia 



HISTORIA 



DE 



CATALUÑA 



TOMO UNDÉCIMO 



MADRID 

IMPRENTA Y FUNDICIÓN DE MANUEL TELLO 

IMPRESOR DE CÁMARA DE S. U. 

Don Evaristo, 8 

1887 




fJaiii JL(A\\(A. 



HISTORIA DE CATALUÑA 



LA HEROICA PUIGCERDÁ 



LA HEROICA PUIGCERDÁ. 



I. 



Vamos á decir en este escrito cómo ha conquistado 
]a villa de Puigcerdá el blasón de heroica, no pudiendo 
menos de hacer observar preventivamente que este tí- 
tulo se le dio hace pocos años, con motivo del sitio que 
sostuvo contra los carlistas en 1837, cuando ya la histo- 
ria la llama repetidamente heroica en sus páginas por 
altos hechos de más ó menos remota antigüedad. 

Puigcerdá, en efecto, fígura brillantemente en nues- 
tra historia de Cataluña desde sus primitivos tiempos*. 
A cada paso se tropieza, registrando antiguas memo- 
rias, con recuerdos memorables de aquellos célebres ce- 
retanos, que fueron los últimos en ceder á las águilas 
romanas. 

Colocada se halla esta villa en lo más alto de las 
montañas y en el centro del llano de la Cerdaña, sobre 
la línea divisoria de las dos partes modernamente sepa* 
radas y llamadas de España y Francia. La loma en que 
se eleva se llamó Puig-Cerda, del nombre topográfico 
latino Moiis Ccretanice. Algunos autores dicen que se 
llamaba, en tiempo de los romanos, Poditim cereianum; 
otros afirman que era la capital de los ceretanos, lla- 
mada Augusta. Lo positivo es que antes de tener cual- 
quiera de estos dos nombres, ó los dos á un tiempo, 
fué con el nombre de Ceret, según parece, una fortale- 
za inaccesible é inexpugnable para los romanos, que 
sólo hasta el año 38 antes de Cristo, pudieron apode- 



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8 VÍCTOR BALAGUBR 

rarse de ella, en la época del triunvirato romano, y ha- 
llándose de legado en Cataluña Cneo Domicio. 

Por largo tiempo y con esa ruda é inquebrantable 
fortaleza peculiar á los montañeses, resistieron los ce- 
rétanos á los invasores. Los triunfantes estandartes de 
Roma, en todo el mundo entonces conocido domina- 
dores, hubieron muchas veces de retroceder vencidos al 
divisar los robustos torreones de la ceretana Puigcer- 
dá, sobre los cuales notaba al viento la bandera de la 
independencia ibénca. Mucho costó á Cneo Domicio 
sujetar á los ceretanos, ya ^ue, rechazado una vez, tu- 
vo que volver otra y otra y otra contra ellos, siempre 
con numerosas fuerzas y con más selectas huestes. Con- 
siguió, por fin, vencerles, y éste fué ya el último es- 
fuerzo que hicieron los pueblos catalanes por recobrar 
su inc^pendencia. Desde entonces, y vencidos los indo- 
mables ceretanos, destruido con Puigcerdá el último 
baluarte de la independencia, Cataluña quedó opresa 
bajo el yugo de hierro de sus dominadores. Con el oro 
robado á los ceretanos en su conquista, compró Cneo 
Domicio el triunfo que obtuvo al regresar á Roma. 

Siempre desde entonces ha sabido mantenerse la an- 
tigua capital de la Ceretania, á la altura en que la colo- 
caron sus luchas heroicas con los que supieron hacer 
del mundo una vasta nación {orbis rofnanus). 

Su excelente posición estratégica debió convertirla en 
un punto de gran importancia durante las guerras y 
acontecimientos por los que vino á suceder la dominación 
goda á la romana, y también en los que alteraron aque- 
lla monarquía, hasta que cayó con su último rey Rodri- 
go bajo el alfanje del islamismo en las llanuras del Gua- 
dalete. Nada puede especificarse relativamente á aque- 
llas épocas, y se ignora lo que fué de Puigcerdá durante 
la reconquista. No obstante, conviene consignar que por 
aquellos alrededores, en aquella comarca, quizá en la 



HISTORIA DE CATALUÑA — ^LA HEROICA PUÍGCERDÁ 9 

misma antigua Ceret, aparecieroiit como sí hubiesen 
brotado de las entrañas de la tierra» aquellos primeros 
independientes, á quienes se ha dado el nombre de Va- 
rones de la fama. Es justo hacer observar^ para gloria 
de los ceretanos y manifestación de los inmutables de- 
signios de Aquél que dirige los destinos del mundo, 
que en el país donde estuvo el último baluarte de la in- 
dependencia en tiempo de los romanos, estuvo también 
el primer baluarte en tiempo de la reconquista. 

Puigcerdá debió desaparecer en el huracán de aque- 
llas guerras. En las entrañas de la tierra, bajo los huer- 
tos y campos cultivados que hoy rodean á la villa mo- 
derna, existen aún los cimientos robustísimos de las 
murallas formidables que envolvían á la antigua Au- 
gusta. 

Fué reedificada en la última mitad del siglo ^i por 
Alfonso el Casio de Aragón, con el nombre de Puig' 
Cerda, cerro de la Cerdaña ó de la Ceretania; y tales 
privilegios y franquicias concedió á sus pobladores, qué 
á los pocos años hubo de darse mayor extensión á su 
recinto, llegando á ser bien pronto una villa de más de 
600 vecinos. 

Después de haber formado parte esta población del 
reino de Mallorca, por ser el rey de estas islas conde de 
Rosellón y de Cerdaña, quedó incorporada, á la Coro- 
na de Aragón en tiempo de Pedro el Ceremonioso, pa- 
sando á formar parte del Principado de Cataluña, y se 
asegura que en los cuatro primeros siglos de su restau- 
ración sostuvo más de doce ataques y asaltos, sin ha- 
ber sido jamás tomada á fuerza por los enemigos. 

Llave de cuatro vías que la ponen en comunicación 
con Perpiñán, Tolosa, Barcelona y Lérida, debió aún 
ser de mucha más importancia en las varías guerras de 
España y Francia; y efectivamente, ha figurado en ellas 
siempre con esplendor, pues más de una vez han ido 



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I O VÍCTOR BALAGUER 

poderosos ejércitos franceses á estrellarse al pie de sus 
murallas. 

Ya el autor de estas líneas en otra obra refiere las 
glorias de Puigcerdá anteriores al presente siglo. No se 
trata aquí de repetirlas^ pues sólo pretende el autor en 
estos artículos ampliar ó decir lo que en la indicada 
obra no ha podido tener cabida. Vamos, pues, hoy á 
relatar solamente el hecho por el cual conquistó su tim- 
bre de heroica; timbre que, por otra parte, ya había sa- 
bido ganar antes que oficialmente se lo dieran, y esto 
es lo que veremos en el próximo artículo. 



II. 



Ardía en Cataluña, como en toda España, aquella 
desastrosa lucha fratricida que se conoce por la guerra 
de los siete afios, y que un noble español, el general Es- 
partero, había de acabar con un abrazo fraternal, hacién- 
dose acreedor á la gratitud de todos de todos los que 

no son ingratos. 

A la muerte de Fernando VII en i833, los absolu- 
tistas se declararon por el hermano del rey difunto, 
D. Carlos de Borbón, y los liberales ampararon el de- 
recho de Doña Isabel II, niña todavía. Fué una lucha 
encarnizada y terrible. Fué aquélla una guerra de fue- 
go y de sangre. Poco podía esperar el partido liberal, 
después de tantos esfuerzos, de tantos sacrificios, de 
tanta sangre pródigamente derramada en los campos 
de batalla, lo que había de suceder después. 

El día 17 de Noviembre de 1837 una hueste carlista, 
mandada por el tristemente célebre Tristany el canó- 
nigo, invadió la Cerdaña. El 18 recibió refuerzos, jun- 
tándosele, entre otros, el cabecilla Pep del OH con su 
terrible batallón; y el 19 hizo un reconocimiento sobre 



É.' 



HISTORIA DE CATALUKA — LA HEROICA PÜIGCERDA 1 1 

la pla2a de Puigcerdá, como indicio de que se apres- 
taba á sitiarla. Puigcerdá esperaba ya ser atacada des- 
de el instante en que se supo que la Junta superior gu- 
bernativa del partido carlista, el intendente Lavandero 
y otros personajes acompañaban al cabecilla Tristany. 

Entre su ejército de reserva y el de ataque contaban 
los carlistas 6.000 hombres, y la villa no tenia más tro- 
pa que dos compañías del regimiento provincial de Gua- 
dix, ni otros defensores, á más de éstos, que su escasa 
milicia nacional y sus habitantes. Se comprometieron, 
sin embargo, á resistir hasta el último extremo, á pe- 
recer envueltos entre las ruinas antes que rendirse, dis- 
poniéndose á tomar parte en la defensa la población en 
masa, de todo sexo y de todas edades, pues que hasta 
se organizó apresuradamente una compañía de niños de 
doce á quince años, á los cuales se armó con carabinas. 

Comenzaron los carlistas el 20 á poner sitio á la pla- 
za, y ocuparon en los tres días inmediatos los puntos 
á ellos más próximos, cerrándole por este medio toda 
comunicación con el resto de la Cerdaña y con Fran- 
cia. El 24 quedaron terminadas las baterías que de no- 
che pudieron construir, casi á tiro de pistola de la vi- 
lla, y en la tarde de aquel mismo día comenzó un fuer- 
te y repetido bombardeo que hizo llover sobre la pobla- 
ción, en tres días que duró, 276 balas de á 36 y otras 
de inferiores calibres. 

Estas ventajas no las consiguieron, sin embargo, fá- 
cilmente los carlistas. Los defensores de Puigcerdá se 
mantuvieron constantemente en las aspilleras, de no- 
che y de día, á pesar del crudo rigor de aquel clima, 
haciendo un fuego continuo, mientras que, por otra par- 
te, los más distinguidos cazadores del país fueron des- 
tinados á situarse en la torre de la iglesia, punto desde 
el cual, con certera puntería, diezmaban á los artilleros 
carlistas, de tal manera, que no pocas veces consiguie- 



12 VÍCTOR BALAGUBR 

ron hacer suspender el fuego de los cañones y del obús 
que dirigían contra la plaza. Dicese que entre estos ca- 
zadores se distinguió un sacerdote de grande arrojo y 
puntería notabilísima, llamado D. Vicente Degollada, 
el cual ha dejado fama en todo aquel país. 

A pesar de los esfuerzos heroicos de los defensores 
de Puigcerdá, quedó por fin abierta y expedita la bre- 
cha, rivalizando entonces la guarnición, la milicia na- 
cional y los vecinos en hacer toda clase de esfuerzos y 
sacrificios para cerrar aquélla, y burlar con su constan- 
cia la frenética obstinación del enemigo. Por dos veces, 
en dos noches seguidas, probó éste el asalto, pero fué 
rechazado á la bayoneta con pérdida considerable de 
muertos y heridos, quedando en poder de los sitiados 
las escalas y herramientas de que al intento se habían 
provisto los carlistas. 

Durante aquellos días de prueba, no flaquearon ni 
un momento los defensores de Puigcerdá, ofreciendo y 
legando á la historia el mismo ejemplo de alto patrio- 
tismo que en antiguas edades, y en situación parecida, 
dieron sus valerosos antepasados. Serenidad, valor, de- 
cisión, fortaleza de alma, prontitud para el ataque, fir- 
meza para la defensa, resignación para el sufrimiento, 
de todo dieron relevantes muestras aquellos bizarros 
moradores de la capital ceretana, soportando con la 
misma impasibilidad el fuego del enemigo que las fati- 
gas y las privaciones del sitio. Digna de todo elogio la 
milicia nacional, que durante aquellos desastrosos siete 
años prestó en todas partes grandes servicios á la cau- 
sa de la libertad, compitió con la benemérita guarni- 
ción en arrojo y en bravura. Sin distinción de catego- 
rías, sexo ni edad, todos los habitantes trabajaron á 
porfía en coser y llenar de tierra los sacos hechos con 
las sábanas que al intento y gustosos ofrecían, y que 
fueron colocados en las brechas con los colchones, sacos 



E CATALUÑA — LA HEROICA PUIGCERDÁ I3 

objetos que ellos mismos suministraron 
sí, y á costa de algunas victimas, una 
por los dos lados de la puerta de Francia, 
que acababan los earlistas de derribar. 
Lción de la columna de Carbó, entre cu- 
icíales iba el general Prim, produjo el 
del sitio, que verificaron los carlistas en 
del 28, habiendo incendiado antes tres 
abían servido antes de asilo en las inme- 

plaza, y al abrigo de las cuales ofendie- 

sus defensores. La división de Carb6 
erdá al anochecer del 28 de Noviembre, 
er sostenido ocho horas de fuego con la 

y en ella permaneció hasta que fué re- 
^cación, y municionada y puesta en nue- 
ifensa la villa. 

> memorable y esta valerosa defensa, las 
biemo dieron á Puigcerdá el titulo de 



escritos y publicados los dos anteriores 
periódico de Barcelona, recibió su autor 
rta de un buen amigo suyo, joven de 
6n, acompañándole los documentos que 

¡ben: 

OR Balagüer. — Muy señor mío y de mi 
sideración: Recuerdo haberme V. dicho 
licar un artículo sobre la heroica Puig- 
lo el sitio que sufrió en 1837. Así no 
mplacerá á V. el tener una copia de los 
intimándoles la rendición, dirigió á los 
íe mossén Benet. 



14 VÍCTOR BALAGUBR 

• Yacían ambos olvidados entre papeles inútiles, y 
exhumándolos y dándolos á conocer, me han propor- 
cionado no poca satisfacción al ver el interés con que 
son leídos, principalmente por los que presenciaron 
aquellas angustiosas jornadas, y que me han contado, 
con este motivo, detalles interesantes. 

•Según dicen, ninguno de los dos oficios obtuvo con- 
testación, y el portador de un tercero fué rechazado á 
balazos. 

• Poseo la relación del sitio manuscrita por uno de 
los jefes de la milicia nacional, fallecido recientemente; 
pero no creo que contenga ningún pormenor que no co- 
nozca V. ya. Si supiese cuáles son los que V. tiene, 
podría recogerle quizás algunos nuevos, entre los mu- 
chísimos que refieren los testigos y actores. 

•Tengo un vivo placer en repetirle mi profunda gra- 
titud por las inmerecidas bondades de V., y en ofrecer- 
me, aunque indigno, su sincero amigo y afectísimo ser- 
vidor, Q. B. S. M. — José María Martí. 

•Puigcerdá i.° de Marzo de 1866. • 

COPIA EXACTA DE DOS OFICIOS EXISTENTES EN EL ARCHIVO 
MUNICIPAL DE LA HEROICA VILLA DE PUIGCERDÁ. 

^Ejército real de Cataluña. — 2/ Comandancia general. 

• Vencido el dificilísimo obstáculo de trasladar la ar- 
tillería al frente de ese pueblo, prueba más positiva no 
puede darse de que vengo decidido á tomarlo á toda 
costa; y aunque los preparativos que habrán Vds. ob- 
servado lo indiquen, y no puedan equivocarse, lo anun- 
cio á Vds. para que reflexionen y conozcan á lo que 
los expondrá la más corta resistencia que opongan. Paz 
y unión á los demás pueblos fieles de este Principado, 
ó dejar de existir cubiertos de escombros; no hay otra 



'*■ 



HISTORIA DE CATALUÑA — LA HEROICA PUIGCERDÁ 1 5 

alternativa: las ventajas que les ofrece lo primero está 
en Vds. el conseguirlas; mas si permiten que el fuego 
de la artillería se rompa, ¡mi corazón se conmueve al 
sólo pronunciarlo! será tan cierto como inevitable lo 
segundo. 

•Dos horas doy á Vds. de tiempo para que decidan 
de su suerte, y pasadas que sean, no tendrán ya lugar 
para Vds. mis buenos deseos. 

•Campos de Puigcerdá, á las doce de la mañana del 
día 23 de Noviembre de 1837. 

»E1 general segundo cabo, — Benito Tristany. 

•Señor jefe militar y ayuntamiento del pueblo de 
Puigcerdá. • 

^Ejército real de Cataluña. — 2.* Comandancia general, 

•Señor gobernador y ayuntamiento de Puigcerdá. 

•Si el deber militar ú otros motivos os ha impulsa- 
do á defender la fortificación de esa villa, como lo ha- 
béis hecho hasta hoy, el mío es el de anunciaros que si 
esperáis ser socorridos por fuerzas de vuestro partido 
que hayan de venir, en vano confiaréis, pues que es- 
tán tomadas las disposiciones convenientes para impe- 
dirlo. 

• Bien habéis visto que, hasta aquí, mi ataque ha 
consistido únicamente en aparentes tentativas, y espe- 
ro no daréis lugar á que ponga en movimiento los re- 
cursos que me acaban de llegar. Deseo conservar la po- 
blación, vidas de sus habitantes é intereses, como tra- 
tar la guarnición con toda la consideración á que se 
haga acreedora; pero si no accedéis brevemente á lo que 
os propongo por esta segunda y última vez, en este in- 
esperado caso, el gobernador, ayuntamiento é influyen- 
tes de Puigcerdá, serán responsables á Dios y á los 
hombres de los estragos consiguientes á una infundada 



l6 VÍCTOR BALAGUER 

cuanto temeraria continuación en la defensa, y no el 
general segundo cabo, — Benito Trisiany. 

•Campo, á las puertas de Puigcerdá, 27 de Noviem- 
bre de 1837. 

•El concejal encargado de la custodia y conservación 
del archivo, — José María Martí. 

• Puigcerdá i3 de Febrero de 1866. • 



IV. 



Con motivo y á consecuencia de la publicación de los^ 
dos artículos sobre Puigcerdá, un estimable y reputada 
escritor catalán, el Sr. D. Luis Cutchet, dióáJuz en el 
mismo periódico en que la vieron aquéllos, un escrito 
que nos hacemos un deber de reproducir y copiar hoy 
en estas páginas. 

Dice asi: 

• UNA ACLARACIÓN. 

•Al consignar hace algunos días un distinguido co* 
laborador de este periódico las glorias de la heroica 
Puigcerdá, no hizo mención en el segundo artículo, de 
seguro bien involuntariamente, pues tiene bien probada 
su imparcialidad como historiador, del admirable valor 
desplegado en el último sitio de aquella noble villa por 
una compañía de jóvenes de Bagá, que estaban allí re- 
fugiados por haberse apoderado de sus hogares los car- 
listas, á cuya causa no habían querido adherirse, co- 
rriendo por su constancia gravísimos peligros, y su- 
friendo como buenos toda clase de privaciones. Con el 
mayor gusto diremos, pues, hoy nosotros que aquellos 
beneméritos baganeses, tan llenos de virtudes en la 
paz como de ardimiento en la guerra, secundaron con 






HISTORIA DE CATALUÑA — LA HEROICA PUIGCERDÁ IJ 

toda bizarría los esfuerzos de los bravos habitantes de 
la capital ceretana, acudiendo ganosos á los puntos de 
la muralla y ó mejor mala tapia, en que más terrible 
era la lucha , y mostrando una generosidad sin limites 
en el ofrecimiento de su sangre y de sus vidas. Cuan- 
tos recuerdan en Puigcerdá aquellos días de verdadera 
prueba, durante los cuales ricos y pobres vivieron vida 
común, en alimentos como en sangrientos azares, re- 
conocerán la verdad de nuestras palabras con respecto 
á aquellos hidalgos hijos de Bagá, que al antiguo valor 
catalán reunian, según ya hemos indicado, las más ele- 
vadas cualidades del pacifico y laborioso ciudadano. 
Fraternal hospitalidad encontraron en Puigcerdá los 
baganeses, pero supieron mostrarse merecedores de 
ella, viniendo á ser, desde aquel memorable sitio, dig- 
nos hermanos de armas de aquéllos á quienes ya mira- 
ban justamente como hermanos de creencias. Crudos, 
muy crudos eran aquellos días de la guerra civil; pero 
si se presenciaban á menudo terribles escenas, si mu- 
chos daban á la sazón rienda suelta á feroces instintos, 
también brillaban en todo su esplendor los más nobles 
sentimientos. Aquélla era época de furor, de odios y de 
sangre, pero lo era igualmente de la más alta virtud, 
de los sacrificios más sublimes. Los resortes humanos 
para el bien y para el mal estaban fuertemente tendi- 
dos, pero la parte que de ángel tiene el hombre no ce- 
día en influencia y poder á la que tiene de demonio. 

• Había, sin duda, espectáculos de caribes y dolorosí- 
simos martirios, como los habrá siempre en todas esas 
espantables luchas en que los hijos de Adán tratan de 
exterminarse unos á otros; pero al mismo tiempo se oía 
predominar, por lo común, la voz del deber y del ho- 
nor. Bramaba desencadenado el huracán de todas las 
malas pasiones; pero las pasiones buenas tenían, sin em- 
bargo, suficiente fuerza de resistencia, porque en medio 

TOMO XIX 2 









1 




j-jr.n. -nsT-x, zrx~J-Jt tes. n«t. 

^Kftrr-^,,\(L r át rr~ — .^ ^t-t ¿ — - ^^^J ^ SIS iHTie- 




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■/f./j -ií '^.'.- .n-,',rí:^ para Ic'S g^bemair-s, es Icsio lo 
r.'.-a;,'.; 'i.^X.r.y.i'-rA'.^^ ac-tl^a por su cinisn^o mis 
y.'f,-/* i/ití.\ziL'Í'> it hip-xn-ciía cñcial, silo dagríx- 
If/,':;,'»: >:'■/■ a. \,\;\ de bajeza, de servijsino y dcscrei- 
M.l'í, ti.h'.i'.UHTAti de esta vjerte el ongec de las ver- 
Akhi^ fiini/.UK vítale» del país, y precipitándolo, de 
i'la en t^ída, hasta los más lóbregos abismos de la 
íiihiirn y la ignorancia. Entonces, para los gobema- 
», I'í in¡>)mo que para los gobernantes, no queda ya 
<o que un culto, el del deleite: todos, ó casi todos. He- 
n á ftcr al (in presa del monstruo llamado Sensualis- 
), eterno padre de la indignidad y la impotencia, 
irikformador seguro de naciones de hombres en reba- 



HISTORIA DE CATALUíÍA — LA HEROICA PUIGCERDÁ 1 9 

ños de eunucos que vienen á ser el ludibrio de los pue- 
blos viriles de la tierra. 

» Y he aquí cómo puede haber, y hay, en efecto, épo- 
cas más calamitosas que las épocas de guerra civil, la 
que al fin y al cabo supone vida, por formidables que 
fueren las condiciones en que ésta tiene que manifestar- 
se; pero los periodos á que acabamos de referirnos son 
negación de vida, son postración y podredumbre. Du- 
rante una guerra civil, hay en cada partido una fuerza 
4e acción, hay una bandera, un símbolo, principios 
que cuentan con creyentes, por más que en alguna de 
las enseñas haya de estar más particularmente repre- 
sentado el error que la verdad; pero lo repetimos: á lo 
menos todo esto es signo de vida, mientras que una paz 
interior de descreimiento y de inmoralidad, no es más 
que corrupción y muerte. 

»No son por cierto exagerados los prodigios que se 
atribuyen al poder de la fe, poder tanto más incontes- 
table, cuanto que la misma puede obrar maravillas aun 
descansando en una base falsa. El islamismo no es, á 
buen seguro, una religión verdadera; pero movidos de 
su ardiente entusiasmo, es decir, de su fe, los primeros 
hijos del Koran llevaron á cabo grandes cosas. La fe 
hasta resucita á los muertos, como la falta de fe vuel- 
ve cadáveres á los vivos. 

•Véase, pues, cómo pueden venir para un pueblo 
días más funestos que aquéllos en que se divide en dos 
parcialidades, proclamando cada una su principio, y 
defendiéndolo á la luz del sol con las armas de los 
fuertes. 

9 Bien comprenderá el lector que pudiéramos exten- 
dernos fácilmente en consideraciones referentes á este 
tema; pero hemos dicho ya lo bastante para dar á co* 
nocer nuestra humilde opinión, que cada uno acogerá 
como mejor le parezca. Por lo demás, al tomar hoy la 



:;s¡iiíz ít fx-í-iÉa ?:-_n3. prrccc^sDizcas tan 
az.', y. ':jí-=j-.i r^=7Lc-: li ^ — •~^- ie ataa ií- 
".ríar ei '-t-"""-"- xrrjdn tctsQói a i^Z- en 
na ca^'-til i; la C«r-3a5i per >a hr ?5 ás Bagá, 
ííi: «síar la^ «f_r:s, ;r:~ : j: «sü^i'ts =cooti:cs, 
CTcaíi; =ic;:r :pe per j:* p— " -. ~^ '■»!- i>g-t ttpí- 



\ DE CATALUÑA 



XLER CASANOVA 



{ 



1 



4CELLER CASANOVA. 



Diciembre de 1713 tomaba posesión 
:eller en cap de Barcelona el ciudadano 
, ó Casanovas, como quieren otros. En 
} circunstancias entraba á ocupar aquel 
y valor y patriotismo se necesitaban 

laba ya Barcelona por las tropas de 
mzaba ya á considerarse como perdida 
is III, el emperador de Austria, abra- 
empeño por los catalanes. Pero á bien 

no se batían precisamente por Carlos, 
rtades amenazadas, por sus derechos 
mecidos. Al aparecer Carlos, el archi- 
itorío catalán, el Principado casi en 
i sostener sus derechos contra los de 
:e, sosteniéndolos, sostenía los suyos 
i causa de Carlos iba unida entonces 
le Cataluña. 

le fué aquella lucha, conocida en nues- 
:1 nombre de Guerra de sucesión; pero 
ue Carlos, por muerte de su hermano, 
ür la corona imperial, y abandonó á 
: no por esto desistieron. Entregados 
:rzas, sacrificados por la diplomacia, 

el que habían alzado rey, solos para 
Vf que contaba con el apoyo francés. 






%&:íí^r¿;xia c^cx. %.''j^xj^¿. ^z^tts^ ^Tr'iT7',i en € 5e Jc- 
iío de 1713 p::^ li J -::tai ¿£ Et3íZ-j% gsiig^Vü 5e Caía- 
1-^ña, e*, i inás ce Iz iStiLsa ¿c I2 fis^zá 5^1 «zpea- 

el fnar-ttcen»» íibna de ¡a tiránica cpresicn cea que 
cruelrner.te ae pretendía sir etan:as a! yiigc de ciia vio- 
lenta escIa^Tfjd. • 

Pocas veces se había \'isto uzisl nanfn tan icdigoa- 
mente sacríñcada como fué Cataiuña por la diploma- 
cia^ ni una ciudad como Barcelcca que tan heroica- 
mente y con tan sublime resi^nacicn haya sabido la 
cuesta de su Calvario. Adictos á sos libertades, que 
probaron amar más que á su vida; fieles al rey qne se 
habían dado y reconocido, rechazaron los catalanes el 
indulto que se les ofrecía si abandonaban su actitud 
hostil sometiéndose á las leyes de Castilla. Mantuvié- 
ronse firmes y denodados, y no hubo medio de doble- 
gar y vencer la tenacidad de los pronunciados, sin em- 
bargo de que «caían sobre ellos la llama, el incendio y 
el suplicio, • según frase escrita con asombrosa sangre 
fría por el cortesano marqués de San Felipe. 

En tal situación, y cuando las tropas de Felipe V 
eran ya dueñs^s de casi toda Cataluña, cuando Barcelo- 
na comenzaba á verse estrechamente sitiada, fué cuan- 
do el ciudadano Rafael Casanova salió elegido para 
ocupar el honroso, pero peligrosísimo puesto de conce- 
ller en cap. 

De suma gravedad y de alto compromiso eran las 
circunstancias en el acto de vestir este ilustre ciudada* 
no la purpúrea gramalla; pero no por esto hubo de arre- 



% _ 



HIST. DE CATALUÑA — EL CONCELLER CASANOVA 25 

ararse. Con la ñrrne convicción de sacrificar su vida^ si 
«ra preciso, en aras del pueblo que le llamaba al frente 
de sus destinos, Casanova ocupó el sillón de la presi- 
dencia entre los concelleres y empuñó el bastón de man- 
do como coronel de la milicia ciudadana, que estaba ya 
en armas y bajo pie de guerra para atender á la defen- 
sa de la ciudad. Su actividad, su celo, su patriotismo, 
su decisión no se desmintieron un solo instante, y en 
iodos los tristes momentos de prueba porque pasó en- 
tonces Barcelona, siempre ésta vio -descollar la serena 
é imponente figura de su conceller en cap, acudiendo el 
primero al peligro, dando el primero el ejemplo, siendo 
el primero en el consejo, en la vigilancia, en el camino 
de la rectitud, de la lealtad y del patriotismo. Durante 
los nueve meses que desempeñó su cargo, hasta llegar 
el día en que cayó gravemente herido defendiendo como 
soldado de la libertad los muros de Barcelona, prestó 
innumerables servicios, que á grandes rasgos procura- 
remos trazar. Fué para Casanova aquel período una 
continuada serie de sacrificios, y era ya ocasión de que 
por medio de un público testimonio, como felizmente 
acaba de hacerse, se evocase del olvido en que yacía 
el nombre de aquel ilustre ciudadano, consagrándose al 
par un recuerdo de gratitud al patriota conceller. 



II. 



El Diario del sitio y defensa de Barcelona, correspon- 
diente al 1 1 de Diciembre de lyiS, se felicita de haber 
quedado al frente del gobierno de la ciudad, desde i.^ del 
flies, los concelleres Rafael Casanova, Salvador Feliu 
de la Peña, Raimundo Sans, Francisco Antonio Vidal, 
José Llaurador y Jerónimo Ferrer. «Hallándose como 
se hallan todos, dice, siguiendo la justa causa del rey 




ÜÍ 




«^ 



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^ t;sa rtz y» i :, t¿é ^ ú ¿D» faoitseiv 
ec ktf ; :¿cbas de aq^ej prc> 
y á la p n;ici>úji y tino cea 
'm^tm% y V^sjÓ sos ^^-y^^»* 
vkt^>ría icaiitíma alcanzada á la rista ád pucitD de 
Barcelona en 24 de Fefarcn> de 1714. Hafasécdose ob- 
servado en dicho día que, á cacsa de dcrta cvohicióo, 
se haUa desmembrado d cordón de los boqccs cnemi- 
%€3% que por la parte del mar formalizaban d sitio, de- 
ddí//se hacer salir la fragata dd corond D. Scfaastün 
Dzlmzu, al mando del capitán Esteban Magriñá; la dd 
espitan D. Antonio Martínez, mandada por D. Juan 
l^utísta LuneH, y con ellas catorce lanchas, bien pro- 
vistas y tripuladas. Del sureglo y direodón general de 
la empresa se encargó d conceller Casanova, d cual, 
mientras duró el combate, permanedó en el muelle 
dando las oportunas órdenes, enviando prontos socorros 
y velando por la seguridad de los combatientes para que 
nada les faltase. Roto el cordón enemigo, entregáronse 
á la fuga los buques contraríos, dejando en poder de 
los audaces marinos barceloneses dos navios, el uno de 
ocho cañones y el otro de cuatro, y trece grandes bar- 
cos cargados de todo género de municiones, pertrechos 
y viveres. No combatió personalmente el conceller 
D, Rafael Casanova en esta acción; pero cúpole no 



HIST. DB CATALUÑA — EL CONCELLER CASANOVA 2/ 

poca parte en la victoria por el acierto con que supo 
atender á los preparativos y dirigir todas las operacio- 
nes que estuvieron á su cai^o. 

Proseguía el sitio cada vez más crudo y más apreta- 
do. Empero no desmayaban los barceloneses. A instan- 
cía y propuesta de Casanova, dieron á luz los conce- 
lleres un manifiesto 6 carta-circular despachada á todo 
el Principado, que lleva la fecha de i3 de Abril. En 
este manifiesto, que es un documento histórico impor- 
tante, los concelleres de Barcelona participaban á las 
ciudades, villas y lugares de Cataluña la justicia de su 
causa, el derecho y la buena razón que en su favor mi- 
litaban, la seguridad que tenian de prolongar la defen- 
sa de Barcelona, la esperanza que fundaban en el por- 
venir y la firme resolución en que se hallaban de soste- 
ner con todo empeño su bandera, manteniéndose fuer- 
tes en la capital del Principado. 

Pero iban llegando provisiones y refuerzos al campa- 
mento del duque de Pópuli, que era el general coman- 
dante del sitio, y arribó también procedente de Fran- 
cia, á mediados de Mayo, un convoy que desembarcó 
'duchas piezas de artillería y una cantidad considerable 
de bombas, balas, municiones y pertrechos. En estas 
circunstancias, los concelleres decidieron celebrar un 
consejo general de guerra en la casa de la ciudad, y 
fueron convocados para el i6 de Mayo todos. cuantos 
debían tener voz y voto en la sesión, desdé el coman- 
dante general D. Antonio de Villarroel hasta el último 
coronel. Sólo dejaron de asistir los jefes que estaban de 
servicio ó se hallaban enfermos. 

Abrió la sesión, y llevó la palabra en nombre de los 
concelleres nuestro D. Rafael Casanova, el cual, en 
un discurso muy intencionado y lleno de patriótica en- 
tereza, manifestó que la ciudad deseaba oir el parecer y 
voto de sus capitanes en aquellas circunstancias, abrien- 



* ■ 

f.'v 



1 8 VÍCTOR BALAGUBR 



i de todo había convicción y fe. Toda guerra es una ca- 

V, lamidad, y en las guerras intestinas la calamidad es 

^•. ; mucho mayor, porque sea cual fuere el éxito de los 

r combates que entre conciudadanos se traban, nunca 

V. puede dejar de afligirse la común madre, la patria. 

' Cualquiera batalla de guerra civil anubla corazones en 

todas las familias, por poco numerosas que éstas fueren, 
pues en ambos campos hay parientes, hay amigos. 

»Y sin embargo, tristes y todo como son esas épocas 
de fermentación y de contiendas á muerte, nos atreve- 
mos á preferirlas, sin vacilar un momento, á tiempos de 
frío indiferentismo para lo verdaderamente grande y 
noble, á tiempos en que toda creencia esté muerta, me- 
nos la creencia en el oro, febrilmente codiciado para 
emplearlo tan sólo en goces de materia ó en envene- 
namientos del alma. En la historia se encuentran á ve- 
ces esos períodos de bestial desenfreno , que Dios per- 
mite, cuando por la justicia del mismo ha de ser dura- 
mente castigada alguna nación en este globo. Seme- 
jantes tiempos son fáciles de conocer por síntomas ca- 
racterísticos, infaliblemente precursores de cataclismos 
sociales. Entonces la clase gobernante, en vez de ser 
espejo de costumbres para los gobernados, es todo lo 
contrario: distinguiéndose aquélla por su cinismo más 
ó menos barnizado de hipocresía oficial, sólo da gene- 
ralmente ejemplos de bajeza, de servilismo y descrei- 
miento, inficionando de esta suerte el origen de las ver- 
daderas fuerzas vitales del país, y precipitándolo, de 
caída en caída, hasta los más lóbregos abismos de la 
deshonra y la ignorancia. Entonces, para los goberna- 
dos, lo mismo que para los gobernantes, no queda ya 
más que un culto, el del deleite: todos, ó casi todos, lle- 
gan á ser al fin presa del monstruo llamado Sensualis- 
mo, eterno padre de la indignidad y la impotencia, 
transformador seguro de naciones de hombres en reba- 



HISTORIA DE CATALUfÍA — LA HEROICA PUIGCERDÁ 1 9 

ños de eunucos que vienen á ser el ludibrio de los pue- 
blos viriles de la tierra. 

•Y he aquí cómo puede haber, y hay, en efecto, épo- 
cas más calamitosas que las épocas de guerra civil, la 
que al fin y al cabo supone vida, por formidables que 
fueren las condiciones en que ésta tiene que manifestar- 
se; pero los periodos á que acabamos de referirnos son 
negación de vida, son postración y podredumbre. Du- 
rante una guerra civil, hay en cada partido una fuerza 
4e acción, hay una bandera, un símbolo, principios 
que cuentan con creyentes, por más que en alguna de 
las enseñas haya de estar más particularmente repre- 
sentado el error que la verdad; pero lo repetimos: á lo 
menos todo esto es signo de vida, mientras que una paz 
interior de descreimiento y de inmoralidad, no es más 
que corrupción y muerte. 

•No son por cierto exagerados los prodigios que se 
atribuyen al poder de la fe, poder tanto más incontes- 
table, cuanto que la misma puede obrar maravillas aun 
descansando en una base falsa. El islamismo no es, á 
buen seguro, una religión verdadera; pero movidos de 
su ardiente entusiasmo, es decir, de su fe, los primeros 
hijos del Koran llevaron á cabo grandes cosas. La fe 
hasta resucita á los muertos, como la falta de fe vuel- 
ve cadáveres á los vivos. 

•Véase, pues, cómo pueden venir para un pueblo 
días más funestos que aquéllos en que se divide en dos 
parcialidades, proclamando cada una su principio, y 
defendiéndolo á la luz del sol con las armas de los 
fuertes. 

•Bien comprenderá el lector que pudiéramos exten- 
demos fácilmente en consideraciones referentes á este 
tema; pero hemos dicho ya lo bastante para dar á co- 
nocer nuestra humilde opinión, que cada uno acogerá 
como mejor le parezca. Por lo demás, al tomar hoy la 



20 VÍCTOR BALAGUER 

urna no lo hemos hecho con el ánimo de ventilar nin- 
ina cuestión de filosofía política, proponiéndonos tan 
lo, y esto lo hemos cumplido al principio de estas li- 
as, recordar el brillante servicio prestado en 1837 en 
antigua capital de la Cerdaña por los hijos de Bagá, 
lepueden estar tan seguros, como lo estamos nosotros, 
; que por nadie mejor que por los puigcerdaneses mis- 
os será más noblemente apreciado este recuerdo.* 



r 



HISTORIA DE CATALUÑA 



EL CONCELLER CASANOVA 



r 



HISTORIA DE CATALUÑA 



DEL BANDOLERISMO 



Y DE LOS BANDOLEROS EN CATALUÑA 



TOMO XIX 



BANDOLERISMO 

BANDOLEROS EN CATALUÑA. 



: algunos años mi Historia de Cata- 
capítulo II del libro X con las si- 
confesar que habrá quien achaque á 
Q que no es otra cosa en mí que fuer- 
¡nto. ¡Vindicar á los bandoleros! ¡Ha- 
camino hombres de partido, agrupa- 
era política! Empresa es, dirá alguno 

;tivamente á presentar bajo una nue- 
lad resplandeciente de una nueva luz, 
italán de últimos del siglo xvi y prín- 
1 inquietarme porque en desagradecí- 
;ue lo poco que hacer yo pueda en 
patria, pues común cosa es desobligar 
on sembradura de afectos cosechar 
lido decir á hombres que pasan por al- 
)r más de algo tenemos todos, que eso 
lalatuis es cosa moderna, pues jamás 
ios habían hablado de libertad; que 
irona de Aragón, sino coronilla; y que 

y escribimos en este sentido acerca 
pasadas, pertenecemos á una escuela 
tar las faltas de los reyes?.... Pues á 

y predican en público, desconociendo 



36 TÍCTOR BALAGUER 

por completo, de raíz, la historia de Cataluña, no les 
quiero yo por jueces, que harto tienen que hacer con 
juzgarse á si mismos antes que á los demás. 

•Puedo andar equivocado en lo relativo al bandole* 
rísmo de aquella época, pero un buen fin roe guia. De- 
seo que se haga la luz en este punto, por desgracia 
harto confuso y oscuro de nuestra historia, y no veré 
con desplacer, sino muy al contrario, que haya quien 
me contradiga si con mejores datos y más lógica me 
convence. Busco la verdad, y á quien la busca su ha- 
llazgo no puede ofenderle, sino más bien llenarle de sa- 
tisfacción y júbilo. ¿Cuándo se ha visto que un hombre 
se enoje al dar con el tesoro que busca? Lx> que deseo 
es que se rebatan con argumentos mis argumentos, con 
razones mis razone^, con datos históricos justificados 
mis justificados datos históricos; que esta obra no la 
escribo yo solamente, como tantas otras, para sustento- 
mío y deleite ajeno, sino para inquirir la verdad, que en 
cosas de historia de Cataluña andaba y anda aún bas* 
tante desconocida y desarrapada, y para desabusar í 
aquéllos á quienes emponzoñaran las detenidas lectu- 
ras de ruines cronistas cortesanos. Y si, por otra parte,, 
soy yo el engañado, por muy contento me daré en re- 
conocer el engaño, que guiarme quiero por el espíritu 
de la verdad y la justicia, y vengan éstas de donde vi- 
nieren, con gozo he de acogerlas y saludarlas.» 

Esto dije entonces, y esto repito ahora al completar 
con nuevos datos, con más ampliación y con más abun* 
dancia de noticias, lo que escribí sobre los bandoleros 
catalanes en mi citada obra. 

Vamos ahora al asunto, yendo á buscar su origen 
donde creo que debe buscarse. 

Sabido es de cuantos conocen un poco nuestra histo- 
ria, lo que fué y lo que significó la famosa guerra de las 
Gcrmanías en tiempo de Carlos V. 



J 



HISTORIA DE CATALUÑA — DEL BANDOLERISMO 37 

Mientras que en Valencia y en Mallorca, por los años 
de i520 y iSzx, ardía la tierra en desastrosas luchas, y 
«ran teatro aquellas fértiles comarcas de la guerra lla- 
mada de las Germanías, verdadero combate de la de- 
mocracia con la aristocracia, vióse á Cataluña agitarse 
inquieta y desasosegada, traduciéndose su malestar in- 
terno en sacudimientos exteriores, que no llegaron á 
tomar el carácter de sublevación formal y general por 
la prontitud con que se acudió al remedio, por la pru- 
dencia de los gobernantes populares y por el mismo 
refrenamiento de la nobleza, que no abusó de su posi- 
ción como en Mallorca y en Valencia. 

Sin embargo, es un hecho positivo que los concelle- 
res de Barcelona escribieron en i52i al emperador» 
pidiéndole les fuese enviado cuanto antes virrey para 
sosegar á los turbulentos que querían levantarse en de- 
manda de apoyar á los sediciosos de Valencia. (Manus^ 
^crito de Bruniquer, cap. XXXVI.) 

No puede con más claridad marcarse el carácter po- 
lítico de la agitación reinante entonces en Cataluña. 
Probado dejo en mi Historia de Cataluña, que los 
sediciosos de Valencia eran los liberales, partido de cuya 
-existencia, por masque se pretenda lo contrario, no pue* 
de dudarse, pues le vemos levantar varias veces y en 
distintas ocasiones la cabeza, ya en Valencia, ya en Ma- 
llorca, ya en la misma Barcelona, donde alguna vez 
ganó las elecciones municipales. Este bando, como se le 
llamaba entonces, este partido político, como diríamos 
ahora, apareció en la Corona de Aragón, y más princi- 
palmente en Cataluña por primera vez, cuando gobier- 
nos desatentados, mejor que monarcas poco cautos, per- 
mitieron que aires impuros é infectos de absolutismo vi- 
niesen á turbar la serenidad del pueblo catalán y la lim- 
pieza de su atmósfera política. 

En Diciembre de i520 existía en Barcelona un cen- 



VÍCTOR BAL\GI:ER 

idoT y se preparaba algún movimiento, pues se 

pasquines y carteles en varios sitios públicos, 

[o á las armas, y señalando el día en que debia 

gar la sublevación. 

521 hubo pronunciados sfotomas de trastorno 

ma, donde el pueblo se amotinó pidiendo rebaja. 

:hos y queriendo entender en la distribución de 

uestos. 

1 mismo año i52i, y por el mes de Abril, el 

)io barcelonés recibió un mensaje de los Comu- 

; Castilla invitándoles á secundar el movimien- 

bien los concelleres escribieron al rey solicitan- 

:onsejos para lo que debían hacer en este caso, 

le respetaron y trataron como amigo y correli- 

), según diríamos ahora, al mensajero de las 

idades. 

:riormente, entre el infante D, Enrique, el con- 

lódica, virrey de Valencia, y los concelleres de 

na, mediaron cartas, acusando los dos primeros 

icipio catalán de favorecedor más 6 menos ocul- 

s Germanias, y tratándose éste de disculpar, si 

ri dignidad y decoro y de manera que ciaramen- 

entrever al fíno observador la verdad del hecho. 

>do esto existen las pruebas y los comprobantes 

chivo municipal de Barcelona. (Véase el apén- 

m.I.) 

n hay más. A fines de i52o se hallaban de tal 

sobrexcitados los ánimos en Barcelona, que es- 
I grandes disensiones en la ciudad y se dividió 

dos bandos, uno de los cuales se llamaba de la 
y otro del Arrabal. No una vez, sino varias, 
1 estos bandos á las manos, y el día de año 
1521) los concelleres, el veguer y otros oñciale» 
1 grandes dificultades y se vieron en muchos 
para apaciguar un motín que estalló en la plaza 



LUSa — DEL BANDOLERISMO 39 

en Barcelona á tiempo que el 
:n Gerona, donde el pueblo se 
ayle real estaba en Moya, hont 
ega, según palabras de la carta 
oncelleres explicándole los su- 

tra nota de la Rúbrica de Bru- 
ES escribieron al emperador pi- 
lo un virrey, pues turbaban el 
de Valencia. 

1 los otros que hallará sin duda 
uien con más detenimiento é 
prueban que realmente los su- 
s despertaron algún eco en el 
guro no cobró la cosa mayores 
i aquellos momentos el levan- 
,al como se efectuó en Valencia 
. razón de ser en Cataluña, 
ser, porque aquí ios plebeyos 
Q legitima, y los nobles no se 
con las demás clases de la so- 
las pretensiones que demostra- 
os; pues si algún abuso ó exce- 
a y severamente castigado por 
' cumplir aquellas democráticas 
i cuales al mayor potentado era 
ebeyo. 

:itarse un caso sucedido en esa 
manías. El día 4 de Agosto de 
a nobleza, D. Gaspar Burgués 
;l, como le llama el Dietario, 

1 escrila por los concelleres al empera- 
1521. que se balU en el libro de Carias 
eote al citado afio, del archivo niunici- 



o VÍCTOR BALACUBR 

ii)ó, al frente de una partida armada, una casa del 
íno pueblo de Sania, llevándose á una doncella, hi- 
tel conceller Juan Gualbes. Inmediatamente el Con- 
) de Ciento mandó pregonar la cabeza del raptor, 
^riendo 3oo florines á quien se apoderase de él, y 
)uso que saliese el veguer en su busca con una par- 
i de 200 hombres. La hija de Gualbes lué devuelta 
i Eamilia, y el raptor cayó en poder del somatén al- 
o contra él; pero reclamó el privilegio de estar ton- 
udo ó ser clérigo, y hubo que entregarle al tribunal 
siástico <. No he podido averiguar lo que fué del 
it-CIiment; pero vista la enérgica actitud tomada 

el Consejo, es de creer que hubieron de quedar sa- 
»:has la moral y la vindicta pública. 
)e todos modos, siempre es preciso hacer constar 

reinó cierta agitación y cierto malestar en Catalu- 
mientras duró en Valencia y en las Baleares la gue- 
de las Germanías; y no deben perder de vista los 
ores, pues importa mucho al objeto que el autor se 
pone, que pocos años después comienza la época de 
bandoleros en Cataluña, Y es época ésta en la cual 
ré un poco la atención, ya porque se ha hablado 
o Ó nada de ella, ya porque tengo algunos datos 
ta el presente desconocidos é inéditos con que po- 

ilustrarla, y ya, Analmente, porque en los bando- 
« de Cataluña, aparecidos poco después de haber 
umbido el pendón de las Germanías, se ve clara- 
nte, en mi pobre juicio, un colorido 'politice que se 
dibujando á medida que el poder centralizador de 

•A 4 de Agost 1520 Gaspar Burgués y de Saat Climeal, doüseU, 
ent armada de baílenles y spasas eatTá eu ana casa de Sanü y Tor- 
Iment sen porti una donsella, (illa de Joan de Gualbes, conceller, y 
insell delibera donar premi de 300 Dorias á quil pendria y 300 ho- 
armali auoldejati qui anusen ab lo Veguer pera pendre!, ele, 
tsucrüa di Bruni^utr, cap. XXXV.) 



HISTORIA DE CATALUÑA — DEL BANDOLERISMO 4 1 

Castilla iba absorbiendo nuestras libertades é iba aquí 
despertándose la ambición política de la nobleza. 



II. 



Caida la bandei^a de las Germanías^ y esparcidos por 
las torres de las ciudades y encrucijadas de los caminos 
los miembros y cabezas goteando sangre de aquel Vi- 
cente Perís, tan heroico en su muerte; de aquel Guillen 
SoroUa, tan enérgicamente entusiasta; de aquel Juan 
Caro, tan conciliador y digno de premio, en vez de vi- 
tuperio; de aquel misterioso rey encubierto^ que podía 
ser de ruin origen, pero que era de hidalgas prendas, y 
de aquel Odón Colom de Mallorca, á quien con inicua 
muerte se pagó la nobleza de su conducta; roto, pues, 
•el pendón de las Germanías, é inaugurada una época 
de terror para los demócratas, éstos hubieron de ceder 
el campo y desaparecieron por el pronto. 

Las guerras contra los franceses, que comenzaron ya 
en 1 521, y contra los turcos en seguida, tuvieron el 
privilegio de cautivar la atención, no sólo de estos rei- 
nos, sino de todos los de Europa, y en ellas se inaugu- 
ró el degolladero á donde con el tiempo habían de ir á 
hacerse matar millares de iberos, regando con su gene- 
rosa sangre un suelo extraño, para conquistar nobilísi- 
mas glorias que no trajeron al fin y al cabo otro resul- 
tado positivo á España, que el de una nueva página en 
su historia. 

Pero comienzan á ceder las guerras después de aquel 
funestísimo desastre de Argel en 1541; se habla ya de 
paz, que luego se firmó en Crespi por Setiembre de 
1544, y coincide con la paz la aparición de los prime- 
ros bandoleros en Cataluña. La primera noticia que 
hallo de ellos es del 1543, en los AnaXe% de Feliu de la 



VÍCTOR BALAGUER 

Habla este autor de turbaciones promovidas en 
y dice: «Por este tiempo inquietaba á los pue- 
Cataluña grande número de los que, faltando la 
quedan sin empleo, y le buscan en daño ajeno; 
sucediesen escándalos todos los días, encargó 
y á Miguel Bosch de Vilagayá levantase gente 
rseguirles, y ejecutádolo llegó á i3 de Abril con 
US soldados á Caldas de Montbuy, en cuya villa 
gunos de los delincuentes: quiso prenderles; tra- 
cuentro; murieron algunos de ambas partes, y 
tros mosén Bosch, Llegó el aviso al virrey: sa- 
íarcelona, seguido del somatén; persiguió á los 
ndos hasta sacarles del Principado; retiráronse 
i á Francia; murieron algunos en los encuentros, 
le hicieron prisioneros los del somatén pagaron 
>res con la vida en las horcas de Barcelona. * 
ie la Peña, lib. XIX, cap. VI.) 
dice Feliu, y lo hallo efectivamente confirma- 
ique con menos detalles, en los dietarios de la 

uite todo aquel año prosiguieron las turbaciones 

duna, sin que ni el somatén levantado ni la ac- 

rsecución llevada á cabo por el mismo virrey en 

i hubiese logrado exterminar á los que tenían en 

el país. 

la comenzado ya, con las alteraciones de 1543, la 

le los bandoleros. 

:8 de Julio de este año perecieron en las horcas 

:elona i5 bandoleros con su jefe, al cual los die- 

laman el Moreu Cisteller. (Dietario de 1543, en 

ivo de Casa de la ciudad.) Probablemente serian 

indoleros de la partida que habia dado muerte á 

ie Vilagayá. 

s castigos fueron inútiles. Aunque sofocado mo- 

leamente, no tardó el bandolerismo en volver á 



HISTORIA D£ CATALUÑA — DEL BANDOLERISMO 43 

■ 

alzar la cabeza^ pues que á principios de 1544 se halla 
otra vez el país en agitación, y se dice que los mals ho- 
mens se habían hecho nuevamente fuertes en Caldas de 
Montbuy, la cual villa parece haber sido por largo tiem- 
po el cuartel general de los bandoleros. 

En Febrero de este año de 1S44 se levantó somatén 
(Dietario municipal) para perseguir á los que tenían al- 
terada la tierra; pero no debió dar gran resultado, pues 
consta que á i5 de Abril salió el virrey en pei*secución 
de Antonio Roca, á quien se llama famoso bandolero. 
Con el virrey no sadió — y es cosa digna de notar — la 
bandera de Santa Eulalia, señal de que el poder civil no 
quiso mezclarse en ello. Le acompañaban sólo dos de la 
Rota y muchos caballeros. (Ai^de Abril de 1544, dice 
el Manuscrito de Bruniquer, cap, XXXV, lo virrey ab 
los de la Rota y molts cavallers anaren d Caldas de Mont- 
buy en persecució de AíUony Roca, famós bandoler.) 

No me ha sido posible averiguar qué éxito tuvo esta 
expedición; pero tampoco debió ser muy satisfactorio, 
cuando se halla que á 26 de Enero de 1545 se levantó 
somatén general en toda Cataluña. (A 25 de Janer so- 
maten general per tota Catalunya, dice el Dietario de 
aquel año.) Lo mismo que en lo tocante á la expedi- 
ción del virrey, callan los dietarios el resultado obteni- 
do por este somatén; y adviértase que la circunstancia 
de haber sido general en Cataluña, hace creer que los 
bandoleros se habían extendido á varias comarcas. 

Son escasas y muy concisas las noticias que los ma- 
nuscritos de nuestros archivos nos proporcionan tocan- 
te al punto que nos ocupa. Sin embargo, esta conci- 
sión, este silencio mejor, no basta á ocultar la impor- 
tancia del bandolerismo. Tenía éste jefes aguerridos y 
contaba con huestes disciplinadas, favoreciéndole algu- 
nas villas y poblaciones más ó menos abiertamente. 
El jefe principal era Antonio Roca. No he podido 



44 VÍCTOR BAI^GOEK 

adquirir ninguna noticia de él; pero debió mover gran 
mido cuando los dietarios le llaman unos /omaso y otros 
ccUbrCf y cuando en las Memorias de Felipe de Gemi- 
nes (tomo II de la traducción castellana, pág. 54) se 
dice que burló la persecución del virrey y se atrevió á 
desafiar ciudades tan principales como Barcelona, Gerona 
y Lérida. 

Luego ese hombre, cuyo cuartel general estaba tam- 
bién en Caldas de Montbuy, traía una hueste á su dis- 
posición. Parece que su influencia y popularidad eran 
grandes en el país, y sin embargo de que carezcamos 
de detalles para poder apreciar debidamente su impor- 
tancia, todos los datos inducen á creer que tenia mucha 
y que había libado á inspirar serios temores á los go- 
bernantes. Demuestra claramente la importancia de 
este bandolero una nota que se lee en un dietario del 
archivo de Puigcerdá^ seg^n la cual, á i3 de Setiembre 
de 1544, entró Roca en Cerdaña al frente de tres mil 
hombres, retirándose después de haber incendiado las 
poblaciones de Via, Ro y Rajanda. 

Antonio Roca acabó por caer en poder del virrey. Se 
había retirado á Francia^ y las autoridades de aquel 
país se apoderaron de él, entregándolo á los gobernan- 
tes de Cataluña. Con referencia al 26 de Junio de 1546, 
se halla la noticia de haber sido sentenciado á muerte 
(Rúbrica Bruniquer, cap. XXXV, sacando la noticia de 
un dietario particular); y si bien esto y el no hablarse 
en los dietarios de otros sucesos pudiera hacer creer 
que se había conseguido dar un golpe de muerte á los 
bandoleros, hallo una prueba de que éstos se mantenían 
firmes en el país, y de que el bandolerismo proseguía 
en campaña durante el 1547, ^^ ^^^ ^^^ acerca de la 
administración del Hospital general, la cual dice que á 
17 de Enero de 1547 nombraron los concelleres admi- 
nistrador á Juan Luis Lull, porque Ramón Dusay es- 



DE CATALUÑA — DEL BANDOLERISMO 45 

lausa de los bandos. Y aun está la nota 
! manera, que no parece sino que el Ra- 
UDO de los bandoleros, 
ómo dice: 

er de 1547 perqué Ramón Duzay per s(t 
iia enléndrer en la administrado del Hos- 
rso durant sa absencia feren administrador 
1. {Manuscrito Braniquer, cap. XXXIII.) 
Iven los dietarios á hablar de bandole- 
I claramente á entender que en todos 
abían tenido alterada esta tierra, 
laber salido el virrey con grande hueste 
ríl de i55o, después de haber llamado 
ral, dirigiéndose á las comarcas de Ur- 
:ce que los bandoleros habían sentado 
18 reales, y en l553 hubo necesidad de 
maten general en toda Cataluña. (Bru~ 
.XV.) 

o dio esta expedición? El mismo silen- 
No se dice: ó al menos, no he sabido 
lis investigaciones. 

bar^, que la cosa iba poniéndose sería 
.os bandoleros tenian dominada á Cata- 
n con el apoyo de muchas poblaciones, 
o á poner en campaña huestes organi- 
tadas. ¿Y eran estos hombres meramen- 
imino real? 



el año i553 continuamos viendo á los 
unpaña. No consta quién era su jefe, 
io que eran muchos hombres y que se 
i fuerza ó por avenencia, de varias po- 



4 5 VÍCTOR BALAGÜER 

blaciones. Ya no eran partidas sueltas, eran compañías 
de bandoleros^ y creo que esto da algo que pensar. 

Algún disgusto general debía haber, algún malestar» 
alguna llaga existía en el fondo de todo, cuando se iban 
formando, creciendo, organizándose y reemplazándose 
aquellos cuerpos numerosos de bandoleros, cuyo origen 
se halla en Cataluña á poco de haber sucumbido en Va- 
lencia y en Mallorca la causa de los agermanados, y en 
Castilla la de los comuneros. 

El último somatén general de i55o no debió produ- 
cir gran resultado. Hubo, según ya hemos dicho, nece- 
sidad de levantar otro, general también, y éste, como el 
anterior, estuvo muy lejos de acabar con los bandole- 
ros, que prosiguieron su vida ordinaria. 

Se creyó entonces, sin duda, por el poder centraliza- 
dor de la corte, que debían tomarse varias medidas para 
acabar con los trastomadores de la paz en Cataluña, y 
vino de virrey en i554 el marqués de Tarifa. 

Ya hubiese recibido instrucciones para el caso, ya 
quisiese obrar bajo su responsabilidad, es lo cierto que 
tomó enérgicas medidas, sin más consejo ni dictamen 
que el suyo propio. Sin entenderse de leyes, libertades 
y constituciones de Cataluña, las cuales serían para él 
trapos viejos y papeles mojados, comenzó por sí y ante 
sí á levantar somatenes, armar gente y derribar casti- 
llos y masías, bajo pretexto de que en ellos eran ampa- 
rados ó se refugiaban los bandoleros. 

El país se alarmó, y levantóse un grito de indigna- 
ción general, no contra los bandoleros, sino contra el 
virrey. Los concelleres escribieron al rey una larga car- 
ta quejándose de los desafueros cometidos por el mar- 
qués de Tarifa, y pidiéndole nombrase otro virrey. (Ar- 
chivo municipal: Cartas comunas. Volumen correspon- 
diente á este año.) 

Alarmóse también la diputación, y convocó á junta 



HISTORIA DE CATALUÑA — DEL BANDOLERISMO 47 

de los tres estados ó Brazos, resolviéndose en esta asam- 
b lea acudir al virrey y representarle que lo mandado 
por él era contrarío á las leyes, pragmáticas, constitu- 
ciones y privilegios de Cataluña. {Dietario del archivo 
de la Corona de Aragón.) Fué la embajada con esta mi- 
sión, pero se volvió como había ido. El virrey se negó 
terminantemente á revocar la orden. 

Serio amenazaba ser el conflicto, y sii gravedad su- 
bió aún de punto cuando á 9 de Noviembre salió el vi- 
rrey de Barcelona para Perpiñán, llevándose consigo 
la real Audiencia. Las cosas hubieran podido parar en 
mal^ si en la corte no hubiese habido más prudencia que 
la que manifestó tener el marqués de Tarifa. El prin- 
cipe gobernador D. Felipe dio orden para que el virrey 
y Audiencia volviesen á Barcelona, y se procuró matar 
el asunto. 

Pero el marqués de Tarifa continuó en su cargo de 
virrey, favorecido por la corte, y con dejarle á él en su 
puesto, se demostró bien claramente que había sonado 
la hora de entrar á saco el código, hasta entonces in- 
maculado, de las constituciones catalanas. 

Por algunos años no vuelvo á encontrar noticias de 
bandoleros. 

Sólo al llegar á i565 hallo que corría el país Barto- 
lomé Camps, á quien se llama bandolero famoso, con 
lo cual se prueba no ser aquel año la vez primera que 
se presentaba, y de quien se dice que residía comunmen- 
te en Caldas de Montbuy, villa que parece ser realmen- 
te el foco y el baluarte de los bandoleros en el siglo xvi. 
Bartolomé Camps fué perseguido, preso y ajusticiado 
en Barcelona el 4 de Junio. {Fou sentenciat á /[de Juny 
de 1 565 Bartomeu Camps bandoler y ladre f amos, dice el 
Dietario del archivo municipal.) 

En este año mismo de i565 hubo grandes alteracio- 
nes y disturbios en Cerdaña. Los bandoleros domina- 



fS VÍCTOR BAUtGDER 

n por completo aquella tierra. El i ." de Setiembre de 
uel año Il^ó á Paigcerdá el virrey príncipe de Mélito 
n su esposa, y maodó quemar muchas casas eo el 
He de Querol y derribar dos en Puigcerdá, per rahó 
las bandosüats. Hizo firmar á los pueblos la uniÓD 
ntra los bandoleros, y díó orden para que fuesen en- 
cadas á las llamas algunas casas de Ribas y algunas 
isias de aquellos contomos. Consta todo esto en el 
:hÍvo de Puigcerdá. 

Por aquellos tiempos sucedieron en Cataluña cosas 
e dejo mejor explicadas en el cuerpo de mi Historia, 
Esentándolas bajo un ponto de vista distinto de como 
I presentan los historiadores y los analistas generales, 
ly quien pinta aquellos sucesos de un modo diverso de 
mo pasaron, y cuando as! se escribe la historia, no es 
da de extrañar que en otros asuntos se nos oculte lo 
rdadero. 

Es imprudencia pretender apoyarse en nuestros ana- 
tas como en artículos de fe, para combatir lo que la 
itica histórica va descubriendo y desterrando. Nunca 
luz artificial será la luz del sol. Según qué autores 
lean, los agennanados de Valencia y de Mallorca, 
r ejemplo, no fueron otra cosa que miserables bando- 
os encenegados en los crímenes. Según á qué otros 
tores se lea, los bandoleros catalanes no fueron sino 
ndidos sin ley y sin conciencia, ladrones de camino 
ti, lloares di pas. Y sin embargo, hay pruebas bas- 
ites para creer y para afirmar, en épocas determina- 
B, que los bandoleros catalanes, fuesen más ó menos 
mínales, llevaban la misma idea y enarbolaban el 
smo pendón que más tarde hombres políticos trata- 
1 de levantar y llevar á cabo. 
Pero hablar de idea política con referencia á bando- 
08 es un sacrilegio á los ojos de algunos, que sólo 
isieran que la historia fuese la mitad de la verdad, y 



HISTORIA DE CATALUÑA — DEL BANDOLERISMO 49 

aun esta mitad encaminada á servir sus intereses parti- 
culares. Los documentos oficiales, dirán éstos, hablan 
de los bandoleros como de unos meros ladrones. Pues 
qué, ¿hablan, por ventura, los documentos oficiales rela- 
tivos á la Inquisición, de haber sido ésta mal recibida en 
el país y de haber sido arrojados los inquisidores de al- 
gunos pueblos á pedradas? 

No, no es en las alocuciones de los virreyes donde 
debe irse á buscar la verdad tocante á los bandoleros. 



IV. 



Y digo esto, porque en i568 vuelve á encontrarse no- 
ticia de partidas armadas que corrian los pueblos, y co- 
mienza á hablarse ya de un hombre llamado el Moreu 
Palau, como de un jefe de bandoleros. 

Hubo necesidad de levantar un nuevo somatén, y se 
halla en el Dietario que á 14 de Junio de dicho año los 
concelleres y los diputados enviaron embajada al virrey, 
que lo era entonces el principe de Mélito, exponiéndole 
sus quejas y sus protestas por haber hecho derribar ca- 
sas y castillos, d iitol que recaptavan bandolers. 

Los lectores irán notando, supongo, que en toda esta 
cuestión de bandoleros se ve siempre al poder civil en 
lucha con el poder militar. Añádase á esto el silencio 
significativo, expresivo, de los cronistas que con el ma- 
yor celo y la mayor puntualidad, sin embargo, se con- 
sagraban á ir anotando día por día todo lo notable 
que ocurría en Barcelona y en el Principado, apuntan- 
do hasta las fiestas más insignificantes y los aconte- 
cimientos de menor monta. Respecto á los bandole- 
ros, no se hallan más que ligeras noticias, notables y 
expresivas por su laconismo. ¿No significa algo todo 
esto? 

TOMO XIX 4- 



VÍCTOR BALAGUBR 

9 bandoleros continuaban en iSyi. No hablaban 
los los dietarios; pero por cierto documento, á qae 
entalmente se reñere nuestro analista Feliu de la 

al ocuparse de otro asunto (Anales, lib. XIX, ca- 
3 X), se ve que en i5yi Antich Zarriera, caballe- 

la Orden de Santiago, fué nombrado por el virrey 
ataltiña, á nombre de S. M., coronel de un regi- 
to, para librar al Principado de las sedicioius de 
entos hombres qfie U perturbaban. Naturalmente, 

3.00 hombres serían de los llamados bandoleros. 

cuántos llegarian en número, esos 3oo hombres 
sados por los documentos oficiales? No se sabe ni 
>dido averiguarlo. 

1 los dietarios y papeles de iSyS consta, siempre 
¡1 mismo laconismo, que á 3i de Marzo fué hecho 
>nero en Igualada el famoso Moreu Palau, que ve- 
a figurando desde los anos anteriores en la linea 
indoleros célebres. Fueron presos con él 63 de sus 
laneros. 
. Rúbrica de Bruniquer, de donde saco esta noti- 

10 da más detalles. Se ignora si hubo combate para 
lerlos; si la población de Igualada tomó parte en 
vor; si el Moreu Palau y sus compañeros fueron 
nciados ó solamente desterrados del país. 

n datos aislados todo& los que encuentro tocante á 
asunto de bandoleros; y si bien no tienen interés 
uno por separado, juntos, y con esa extraña conti- 
id con que se van sucediendo y reproduciendo, 
)an, por lo menos, que había cierto malestar en el 
por alguna causa producido, 
spués del Moreu Palau viene Montserrat Poch. Eü 
Orias del iS/S se habla de éste como de un sedi- 
muy atrevido y audaz, si bien no se particulariza 
'm hecho. Tuvo también, por lo que parece, su 
el en Caldas de Montbuy, y durante todo aquel 



CATALUÑA — DEL BANDOLERISMO 5I 

¡ente de 1576 estuvo por él la tierra 
s alteraciones. En la Rúbrica de Bru- 
ue en 1576, á 2 de Octubre, fué sen- 
: Pock, bandolero famoso. No he po- 
los. 

de este bandolerismo continuo, ince- 
tiabia una idea política, á mi no me 
y luego citaré comprobantes en apo- 
^n;~ pero que también á la sombra de 
e lanzaban á correr el pais compa- 
res y facinerosos, sin más objeto que 
, lo tengo asimismo por muy cierto. 

sido y será siempre. ¿No lo hemos 
I civiles de nuestra misma edad? 
: sentaran por aquel tiempo las ba- 
le la llamada Unión 6 Santa Unión, 
lirse las ciudades y villas para ex- 
■ones; pero esta Unión, por dificul- 
-ticularizan, tardó mucho en llevar- 
principios del siglo siguiente no co- 
llados, y leyendo lo mucho que se 

particular , no parece sino que los 
i de llevarla á cabo iban retardando 
;ual si hubiese una causa secreta que 
ar sin efecto la Unión. La causa se- 
3Íen ser el no avenirse á perseguir 
un cuando se quisiese exterminar á 

fijándose bien, se ve que aquéllos 
:os otra, aunque de las dos quisiesen 
;l virrey y los delegados del poder 

que eran los que con más ahinco 
r á cabo esta Unión. Léase con al- 
todo lo que sobre este particular 
a de Bruniquer, dietarios y acuerdos 
:1 Consejo, existente todo en núes- 



¡3 VÍCTOK BUjWCCX 

' arduTO mtmicipal, y de s^cro qut qoieo con cní- 
lololea, acabará por tecn-Iz misma convicciÓD que 
uitor de estas Uceas. De todos modos, la VnicH, de 
cual se scntaroa ya bases en 1576, no se realizó has- 
1606, como Tamos luego á ver, es dedr, hasta pa- 
los treinta años, un tercio de siglo después. Bien sig- 
ica algo este dato. 

Bl bandolerismo no desapareció, antes cobró mayor 
Tza. Desde 1576 á iSgz se habla vagamente de un 
e Ibmado el iíinyó (Memorias de Felipe de Comines, 
Far citado), y se ve que existían grandes compañias 
bandoleros, anmentando ó decreciendo en número é 
portancia, según las cimmstancias. (Acuerdos del 
nsejo de Ciento en el archivo municipal.) 
Pero llegamos ya á la ^loca en que vemos al bando- 
ísmo tomar serías proporciones: á la época célebre, 
ro muy desconocida aún, de los narros y cadells. 



V. 

Algunos años después de publicada mí primera edi- 
in de la Historia de Cataluña, donde reuní sobre 
bandolerismo todos los datos que entonces habían 
gado á mi noticia, los azares de mi atormentada vida 
t llevaron en 1866 á Cerdaña. Allí trabé relaciones 
imas con D. José María Martí, persona á quien co- 
cía poco de trato, pero mucho de reputación y nom- 
s. Marti, sobre ser una persona de profundos conoci- 
entos, es una especie de crónica encamada en la 
rdaña, á la cual ha prestado importantísimos servi- 
19, ya con el arreglo del archivo de Puígcerdá, ya con 
hallazgo de manuscritos y lápidas, que son dos gran- 
s elementos para facilitar la historia de un país como 
uél. 



\1 



' tÉ.*íW? 



u- 



HISTORIA DE CATALUÑA — DEL BANDOLERISMO 53 

Díjele que iba en busca de ciertos datos sobre el ban- 
dolerismOf que, según vagas noticias mías, había sido 
muy poderoso en Cerdaña, y púsome delante un ma- 
nuscrito tan curioso como notable, tan notable como 
importante. 

Es un Dietario que se conserva en el archivo de 
Fuigcerdá, comentado á escribir por Juan Onofre de 
Ortodó, notario de dicha villa, el año 1584. Tiene este 
Dietario unas cubiertas de pergamino, en el centro de 
las cuales hay el escudo de Puigcerdá; encima se lee: 
Dietarium fidelissime ville Podis Ceretani, y debajo: Sola 
virtus expers sepulcri. 

Los datos que hallé en este libro completaron mis 
noticias y afirmáronme en mis opiniones. 

Se ve de una manera clara y evidente que la Cerda- 
na fué el país clásico de los bandoleros y del bandole- 
rismo. Por espacio de muchos años fueron los bandole- 
ros reproduciéndose, llegando á tener verdaderos ejér- 
citos; contando con villas y castillos; teniendo á su 
frente nobles, caballeros y hombres de arraigo en el 
país; poniendo sitio á poblaciones importantes, y bur- 
lándose del poder y de las medidas tomadas por los vi- 
neyes. 

Procedamos por orden. 

Ya hemos visto que en i565 el príncipe de Mélito lle- 
gó á Puigcerdá, tomando varias medidas para extirpar 
el bandolerismo. 

Por el Dietario de Ortodó vemos que éste continuó 
triunfante. 

En 1 568 se nombró en Puigcerdá un consejo de 
guerra para resistir á los bandoleros, que, aliados con los 
hugonotes de Francia, infestaban el país. 

En 1570 se acordó comprar banderas para los regi- 
mientos, y formar unió contra 7s mals homens. 

En 1573 se ve tomar serias providencias, á ñn de 



' • \ 



• «Vi 



f- 



vi 






54 VÍCTOR BALAGUER 

proveer la viUa de Puigcerdá de arcabuces, picas y pól- 
vora para los hombres de armas defensores de dicha vi- 
lla, y en 1575 se halla que el consejo de Puigcerdá ob- 
tuvo permiso para batir 3.ooo ducados de oro, llama- 
dos tnenuts, á fin de reparar las murallas de la población» 

Se halla que el mismo año, en virtud de la unión 
formada, se dio facultad á ciertas Bprsonas para expul- 
sar á los bandoleros. 

Con referencia al i.^ de Enero de i58o, consta que 
el veguer de Puigcerdá tenía presos en el castillo d cua- 
tro bandoleros de la compañía de Tomás Banyuls^ señor de 
Liertif y que, sabiéndolo éste, con más de setenta bando- 
leros sorprendió el castillo y se llevó los cuatro presos» 

El II de Mayo llegó á Puigcerdá el virrey de Catalu- 
ña, que lo era entonces D. Francisco de Moneada, y 
para castigar á los culpables por la dicha sorpresa del 
castillo, hizo ahorcar á Tomás Pertils y al soldado 
Riera, y desterró al alcaide Muntallá por no haber 
dormido aquella noche en el castillo. 

Siguiendo el Dietario de Puigcerdá, fué año de ban- 
doleros el de 1 58 1, distinguiéndose señaladamente To- 
más de Banyuls con su cuadrilla, que fué á poner sitio á 
Oleta. Acudió mucha gente, de orden del virrey, por la 
parte del Rosellón y Cerdaña, con el gobernador Misser 
Osset, doctor del real consejo, y muchos caballeros y 
vegueres. Hubo, según parece, varios encuentros, se 
levantó somatén, y el de Banyuls con su gente, france- 
ses y catalanes, que por lo visto eran muchos, se fue- 
ron á Francia, mientras que Misser Osset, después de 
haberlos perseguido, regresó á Oleta, á cuyo lugar 
mandó prender fuego. Fué esto por la Cuaresma de 
i58i. (Véase el apéndice II.) 

Según todas estas noticias, tenemos á un noble de 
cap de cuadrilla f de jefe de bandoleros. La partida alza- 
da por Tomás de Banyuls, ¿llevaba intenciones de robo? 



r 



HISTORIA DB CATALUÑA — DEL BANDOLERISMO 55 

A otro noble comenzamos ya á ver figurar este mis- 
Tno año como cap de cuadrilla también. 

Efectivamente: según el citado Dietario de Puigcer- 
dá, durante el mes de Diciembre entraron por el valle 
de Querol 225 franceses, hugonotes y otros» reclutados 
por Galcerán Cadell. Esta partida de bandoleros entr6 
en Cerdaña á son de guerra, cometiendo varios desafue- 
ros y corriéndose hasta la Seo de Urgel. En el campo 
de Lies tuvieron una refriega con los que les perseguían, 
muriendo algunos de ellos y perdiendo un mortero que 
llevaban, volviéndose á Francia. El virrey envió á Misser 
Oliva y Misser Fermín Sorribes para pacificar el país, 
consiguiéndolo éstos por el pronto, dando carta de guia- 
je ó salvo-conducto á algunos bandoleros y desterrando 
á Galcerán Cadell y á otros. (Véase el apéndice III.) 

Tenemos, pues, á otro noble en campaña de jefe de 
bandoleros. 

Debe ser en esta época cuando la parcialidad que ca- 
pitaneaban los nobles Banyuls y Cadell comenzó á to- 
mar color político, y cuando comenzaron también los 
bandos de narros y cadells^ que tan famosos debían ha- 
cerse con el tiempo. 

Era la de Cadell una familia ilustre de la Cerdaña, 
originaría de Puigcerdá, que ha dado un número consi- 
derable de personajes distinguidos á la historia. Se ti&- 
ne ya noticia de Raimundo Cadell, jurisconsulto de 
Puigcerdá, que obtuvo un privilegio de Ñuño Sancho, 
señor soberano del Rosellón y de Cerdaña, el 3 de los 
idus de Abril de 1222. (Véase el apéndice IV.) 

Los Cadells eran señores del castillo de Arseguel, 
cuyo lugar existe aún en Cerdaña, lo propio que una 
torre que se llama de Cadell, y tenían por escudo de ar- 
mas tres cachorros de oro. 

Prosigamos ahora recogiendo notas del Dietario de 
Puigcerdá, 



56 



VÍCTOR BALAGUER 



En 1588 encontramos á otro Cadell en campaña. Fué 
la de los Cadells una familia en que parece que los je- 
fes de bandoleros se fueron sucediendo de padres á 
hijos. 

•A 7 del mes de Noviembre de 1588^ dice el Dieta- 
rio en cuestión, del cual traduzco al pie de la letra esta 
nota, entendiendo el señor virrey D. Manrique de Laxa 
los estragos que hacían los bandoleros de la parcialidad 
de Mosén Jonot Cadell de Árseguel en la tierra de Cer- 
daña y otras partes vecinas, envió al magnifico Misser 
Francisco Ubach, doctor del real Consejo, á esta villa 
de Puigcerdá para asentar la unión y dar remedio de 
justicia á la tierra, y también envió á Misser Enrich á 
Lérida, y á Misser Mur á la Seo de Urgel para el mis- 
mo efecto. Aquí ha hecho mucha justicia el citado Mo- 
sén Ubach, persiguiendo á los bandoleros y sitiándoles 
en Árseguel, en cuyo sitio mataron al miñó de«Montella 
y al miñó de Capsir, y alzaron somatén y acudió toda 
la tierra, y también Misser Mur con los de la Seo de 
Urgel, y también acudió Bañuls con 3oo hombres. Du- 
ró el sitio siete ú ocho días, y levantáronlo por no po- 
der resistir el mal tiempo y el frío.» 

De esta nota se desprenden varios datos importantes, 
pues á más de venirse en conocimiento de que los, ban- 
dos se habían extendido por Lérida y la Seo de Urgel, 
se ve que Juan ó Jonot Cadell estaba al frente de ima 
parcialidad numerosa, y que en su castillo de Árseguel 
se hacia fuerte contra los que le combatían, saliendo 
vencedor por el pronto en la contienda. 

Otra particularidad de esta nota es la de que parece 
que esta vez la cuadrilla ó la fuerza del bandolero To- 
más de Ban}ails, que se componía de 3oo hombres, 
apoyó á Misser Ubach contra el bando Cadell. ¿Es que 
la parcialidad de Banyuls representaba un partido con- 
trario á la de Cadell? ¿Y qué partido representada Ba- 




HISTORIA DE CATALUÑA — DBL BANDOLERISMO SI 

nyuISf cuando las fuerzas del gobierno no tenían incon- 
ireniente en unirse con él, siendo asi que antes le ha- 
bían perseguido? 

Otras noticias del mismo Dietario prueban que el 
país de Cerdaña continuó siendo teatro de bandoleros; 
pero todas estas noticias son breves, llenas de misterio, 
notables por su laconismo, é importantes, más por lo 
que callan que por lo que dicen. 

Asi, por ejemplo, hallamos que en iSSy hubo gran- 
des disensiones de partido y de balido en Puigcerdá, sin 
detalle alguno, y que 6.000 hugonotes pretenden, en 
Diciembre de i588, entrar en Cerdaña, apoyados por 
los bandoleros, sin poder conseguir su objeto. 



VI. 



Vamos ahora amontonando datos, y acudamos otra 
vez á los archivos de Barcelona. 

Hallo que en 1592 surgían grandes y transcendenta- 
les desavenencias en el seno de la diputación con moti- 
vo de las medidas tomadas para expulsión de bandole- 
ros. Creyóse necesario reunir junta de Brazos, y hubo 
grandes contiendas, dividiéndose en fracciones, formán- 
dose en mayorías y minorías, aceptando unos por ca- 
beza ó jefe á un diputado, otros á la diputación y otros 
al Brazo militar. Los concelleres se retiraron del par- 
lamento, manifestando querer permanecer independien- 
tes. (Véase el apéndice VI.) 

¿Cómo tanta agitación, tanta reyerta y tantos dis- 
turbios, si sólo se trataba de perseguir á bandoleros 
verdaderamente bandoleros, á ladrones verdaderamen- 
te ladrones, á criminales verdaderamente criminales? 

Lo cierto es que estas luchas y disensiones existie- 
ron, y no pueden ocultar los dietarios la agitación rei- 



58 

nante entonces en el pais; lo cierto es que había gran- 
des tiirfaaci<xies en el Principado y no salió la bandera 
de Santa Eulalia; lo cierto es que por entonces se halla 
esta nota sola, única, lacónica en el Dietario: 

•A 26 de Setiembre de 1592, el virrey dio aviso á 
los concelleres de cómo halna mandado sitiar el casti- 
llo de Arseguel, porque Cadell se hacia fuerte en 61 con 
otros bandoleros, y filé tomado y derrocado.» 

Ahora bien; ya hemos visto que Cadell era un noble, 
y no podía ser un noble tan oscuro ni tan vulgar cuando 
dejó nombre á toda una facción que vivió largos años y 
por él se llamó de los Cadells; por fuerza algo debía ser^ 
algo debía representar, cuando tanta excitación se pro- 
movió, particularmente entre la nobleza, al tratarse de 
su persecución. 

Gracias á una nota del Dietario de Puigcerdá, corres- 
pondiente al iSgS, donde por incidencia se refiere algo 
del 1592, me hallo en el caso de poder completar d va- 
cío que se observa por su laconismo en el Dietario de 
Barcelona. 

Efectivamente, he aquí lo que se desprende y se sabe: 

Desde que Jonot Cadell apareció como jefe de ban- 
doleros, éstos hubieron de tomar gran incremento. El 
Dietario ceretano dice que se había hecho tan fuerte, 
tan poderoso y tan temido, que no había manera de vi- 
vir tranquilo en las tierras de Cerdaña, de Baridá, Ur- 
gellet ni casi en Cataluña. Constantemente había en el 
castillo de Arseguel un cuerpo de 200 bandoleros, quie- 
nes, en sus frecuentes excursiones, saqueaban, no sólo 
casas, sino que hasta entraban en villas amuralladas y 
poblaciones de muchos habitantes, estando apoderados 
de todos los pasos y puertos de la Cerdaña» 

D. Bernardino de Cárdenas, duque de Maqueda^ vi- 
rrey que á ia sazón era del Principado, determinó aca- 
bar con aquel foco de bandolerismo, y comisionó, con 



•ALUSA — DEL BANDOLERISMO Jg 

Juan de Querait, gobernador de 
lón y Cerdaña, el cual fué á po- 
Arseguel con una hueste com- 
:rdaña, de gente de algunas ve- 
/ de 200 castellanos, de quienes 
te ArgensoJa, caballero famoso y 
i de Flandes.» 

e Puigcerdá, el sitio del castillo de 
92, como dicen las notas de Bru- 
,80 el día de Santa Tecla, que es 
'. año iSgS. 

nes dur6 el sitio, teniendo lugar 
y muertes de sitiados y sitiadores, 
o de víveres y sobre todo de agua, 
6 una noche el castillo, dejándolo 
tiadores. Lo particular del caso es 
se dicho castillo estrechamente si- 
üló medio de salir libre con toda 
componía, al decir del Dietario, 
do Felipe Querait, compañero de 
11, de los bandoleros de Arseguel, 
le aquellos contornos con sus mu- 

•seguel se refugiaron en el conda- 
ludieron llegar sin tropiezo guía- 

del país, y entonces, por orden 
]uemar y asolar el lugar de Arse- 
Cadell todos sus bienes. 
[ue parece, muri6 á poco tiempo 
c; pero cinco años después, y ob- 
:s es dato digno de la mayor ob- 
jeltosá su familia, por acuerdo de 

en 1 599 en Barcelona, todos los 
íido confiscados. (Véase el apeo- 



VÍCTOR BALACUER 

;rminemos ahora con los demás datos que he podi- 
¡coger referentes á noticias del siglo XVI. 
: halla que á lo de Noviembre de 1594 partió Juan 
, sindico de Barcelona, para la corte por el agravio 
aber sacado de Cataluña & Pedro de Mury de Na- 
j y á otros cabecillas. (Y altres caps, dice la Rúbri' 
runiquer en su cap. XXXVIII.) No queda duda 
ssta noticia, que el Pedro de Mur era jefe de bando- 
i, y por consiguiente, tenemos á otro noble en cam- 
, y de cap de cuadrilia, sin contar los altres caps de 
ella nos habla. 

jr fin, y para terminar con las noticias referentes 
,e siglo, en iSgS hubo de nuevo grande alteración 
as tierras de Cerdaña. Una hueste de 3.cx30 fran- 
), mandada por M. de Durban y por el vizconde de 
mrt, atravesó la frontera penetrando en son de 
ra. Iba guiada por los muchos bandoleros natura- 
ie Cerdaña que se habían recogido en el condado 
oix con Jonot Cadell, después de la calda de Ar- 
el. Parece que el país en masa se levantó contra 
ivasores, acudiendo gentes de todas partes, según 
e verse en el apéndice núm. VII, y después de va- 
escaramuzas y encuentros hubieron de volverse á 
cía, rechazados vigorosamente de todos lados, con 
ida de 700 hombres. (Véase el apéndice VII.) 

VII. 

principios del siglo xvii hallamos ya dibujándose 
mente en nuestra historia las parcialidades de »a- 
/ cadells; pero si bien se ve su importancia, si bien 
can sus efectos, reina sobre estos bandos la más 
ntable oscuridad. 
;ruparé, sin embargo, cuantos datos pueden ser- 



HISTORIA DB CATALUÑA— DEL BANDOLERISMO 6 1 

vimos para esclarecer este período de nuestra historia^ 
cuantas noticias he podido recoger en archivos y libros 
con el fin de hacer la luz en esa especie de caos. 

Comencemos por los dietarios y hojeémosles hasta 
1616, época en que se supone dieron ñn estos bandos, 
aun cuando no fué asi, pues les hemos de ver reprodu» 
cirse más adelante todavía. 

A principios del siglo xvii los bandoleros eran pode» 
rosísimos y tenían á toda Cataluña en agitación y en ar» 
mas, pues se halla noticia de ellos en Rosellón, en Cer- 
daña, en Urgel, en Vich, en el campo de Tarragona y 
en el llano de Barcelona. Los dos bandos se daban en- 
carnizadas batallas, y á su sombra, y protegidas por 
unos y otros, vivían regimentadas compañías de ladro» 
nes. Tratóse entonces de realizar la Unión, y á 23 de 
Diciembre de i6o5 volvieron á sentarse las bases de 
ella (Rúbrica Bruniquer, cap. XXXV), tocándose ya 
sus efectos el 1 8 de Marzo de 1606. En dicho día su- 
cedió en Barcelona un gran alboroto entre unos de la 
Unión y ciertos hombres recogidos en una casa junto al 
Hospital. Se tocó la campana; acudieron allí los de la 
Unión; defendiéronse los otros cuanto les fué posible, 
y por fin se les prendió en el convento del Carmen, á 
donde se habían retirado. «Fué cosa notable lo de aquel 
día (dice la Rubrica Bruniqtur, cap. XXXV), y fué el 
primer efecto de la Unión, » 

A 10 de Noviembre de 1612 celebróse Consejo de 
Ciento para tratar de la persecución de ladrones y ban- 
doleros, y decidió la ciudad hacer 25 soldados. (Acuer- 
dos del Consejo de este año.) 

A II de Julio de i6i3 otra vez Consejo de Ciento 
para tratar de la muerte del conde de la Bastida, á 
quien los bandoleros mataron viniendo de Montserrat,. 
donde estaba el príncipe de Saboya, del que era grai^ 
privado. (Acuerdos de este año.) 



62 VÍCTOft BALACOBR 

A g de Noviembre del mismo i6i3 otra vej 
para tratar de persecución de ladrones y baní 
la ciudad ofreció- hacer y pagar Soo hombre 
saliere el virrey por la veguería con somatén 
(Acuerdos de este año.) 

A 21 de Octubre de 1614 se decidió que 
conceller en cap como jefe de los Soo hombre; 
dos de este año.) 

Leyendo las sesiones celebradas por el Ci 
Ciento en 13 de Octubre de 1614 y en 15 dt 
i6z5, se viene en conocimiento, á pesar de lo < 
es su lectura por hallarse el papel muy malti 
que los bandoleros eran dueños de todo el lian 
celona, y llegaban hasta las mismas puertas 1 
dad, contándose varios robos, homicidios y t 
de personas acaecidos en Sans, San Quirse y 1 
blos vecinos á la capital. 

Nada más he sabido hallar en los archivos 
tra ciudad. Vamos, pues, á buscar noticias 
fuentes. 

Por los años de 1606 daban mucho que hace 
y campo de Tarragona los narros y cadells, 
que en aquella comarca hubo encuentros y refi 
carnizadas entre ambos bandos. En 20 de Juni 
citado se celebró una concordia ó compromiso, 
tres años, entre las ciudades de Tortosa, Reí 
muchas universidades del Principado, cuyo < 
la persecución y exterminio de ladrones y b 
que infestaban el país, prometiéndose por cae 
los criminales que se cogiese, 100 libras al ap 
satisfechas de los fondos de las mencionadas 
dades, cuyas disposiciones fueron acordadas t 
sa, y su reglamento impreso en Barcelona coi 
de CoTislitucions de deners, cincuankners y cenUnt 
les de Rius, cap. IX.) 



CATALUÑA ^DBL BANDOLBKISUO 63 

OS archivos de Vich consta que en 
;e6 la Unión, pero no tuvo lugar has- 
:ué necesario hacer por «los muchos 
dicha comarca de Osona ocasionaron 
búlenlos señores y los atropellos de 
Historia de Vich, pág. l54.) 



Fontanellas de Vich, hoy de Abad, 
particular y en él unas notas, de las 
ácilitado copia. Las traslado, tradu- 
lán textualmente, permitiéndome sólo 
laiabras para fíjar la atención de loe 

las y Fradell, en el año i6i3, fué ca- 
s dos compañías de tercios catalanes 
ich. Et dia 23 de Setiembre de dicho 
mpañia, unido á otros tercios cátala- 
trances» de la villa deManlleu. A los 
614, con su compañía y 12 caballos 
al D. Francisco Galvó, fué á convo- 
, entre ellos un coronel y cuatro ca- 
pañoUs habían hecho prisioneros en 
26 de Agosto de 1614 asistió al sitio 
Abella, donde se había hecho fuerte 
ligueletes afrancesados, cuyo coman- 
Moncau de Tagamanent. Duró el si- 
noche, defendiéndose valerosamente: 
as ocho de la mañana, después de ha- 
xh&, entraron por asalto gritando di- 
otros ¡Viva España! y eUos se retira- 
torre que había muy fuerte, les inti- 
liesen, y no lo quisieron hacer si no 



i aseguraba la vida: entonces continuó el combate 
encarnizado que nunca, y comenzaron á abrir una 
para volar la dicha torre, y trabajando en la mi- 
'eron ruido encima, y temiéndose que ellos no hi- 
1 una contramina para desbaratarles los trabajos 
intimó de nuevo que se rindiesen, que se les con- 
fia quince días de vida; y no habiendo querido 
ar, se puso un barril de pólvora en la mina y se 
ió fuego, y se voló la torre, de la cual se destru- 
ías tres cuartas partes, y los colgó á todos me- 
1 capitán y á otros cuatro que fueron conducidos 
celona, donde arrastraron vivo al capitán Monean 
licieron cuatro cuartos, y su cabeza fué puesta á 
osíción pública, y los otros cuatro sentenciados á 
e.» (Del citado Dietario particular de casa de 
nellas.) 

lector habrá comprendido toda la importancia de 
ícia que se acaba de trasladar, por lo cual sólo 
:rmit¡ré algunas ligeras observaciones. Aquí no 
lia ya de bandoleros, ni de ladrones, ni de narros, 
zadells, sino de franceses que se habían apoderado 
villa de Manlleu, de otros franceses á los cuales 
lía hecho prisioneros en Puigcerdá, y de miguele- 
■ancesados, cuyo comandante era un hereu del país. 
', entre todo aquel rebullicio de bandos, de bando- 
de agitadores, de facciosos y de ladrones, exis- 
partido de afrancesados, es decir, un partido que 
:reer quisiera ya en 1614 lo que alcanzó algunos 
nás tarde, después de la revolución del 1640, 
) se negó la obediencia al monarca español por 
cador de las libertades catalanas, y se proclamó 
de Barcelona al rey de Francia, 
t sigamos adelante. 

ero, en su Cruzca Provemale, pág. 134, habla de 
y cadeUs, pero sólo para decirnos que guerra (es 



HISTORIA DE CATALUÑA — DEL BANDOLERISMO 65 

decir, gnerro 6 ñerro, de lo cual se originó niarro, y por 
fin, narro) era el nombre que se daba á una facción, la 
cual fué muy célebre y estrepitosa en Cataluña por 
aquellos tiempos á causa de los dos bandos llamados 
fierros y cadells, ó sea lechones y cachorros. 

D. Diego de Clemencín, en sus notas y comentarios 
al Don Quijote, es más extenso que ningún otro autor 
acerca de estos bandos. Dice (y téngase entendido que 
lo dice con referencia á notas comunicadas por D. Pros* 
pero de Bofarull, cronista y archivero de la Corona de 
Aragón) que no se ha podido hallar ningún documento 
que dé noticia del origen y objeto de estos dos bandos; 
pero que parece, no obstante, que en su principio iuvieroit 
objeto político. Clemencín añade que los cadells tomaron 
este nombre, equivalente en castellano á cachorros, por 
habérseles comenzado á dar con alusión al escudo de 
armas de su jefe Juan Cadell, señor de Arseguel, quien, 
según ya sabemos, tenia por blasón tres cachorros de 
oro. Los cadells, en correspondencia, llamarían á sus 
contrarios narros, niarros, ó más bien ñerros, que es lo 
mismo que porcell en catalán y lechón en castellano. 

Tenemos, pues, que hay ya quien dice que estos ban- 
dos tuvieron en su principio origen político, y no se olvide 
que lo dice con referencia á un sabio anciano que vivió 
y murió entre los papeles de la Corona de Aragón. Voy 
yo ahora á dar nuevas pruebas de que no se equivoca* 
ron en sus sospechas y apreciaciones ni D. Próspero de 
BofaruU al comunicarlo, ni al publicarlo D. Diego de 
Clemencín. 

Abramos la obra de D. Francisco Manuel Meló, es- 
crita en 1644, y hojeando sus primeras páginas halla- 
remos (jpe dice en el párrafo 71 de su lib. I: 

«Son los catalanes (por la mayor parte) hombres de 
durísimo natural; sus palabras pocas, á que parece les 
inclina también su propio lenguaje, cuyas cláusulas y 
TOMO XIX 5 



r.es soc brerísimas: en bs ¡n;nrias mnestiaii gran 
ciecto, y por eso son iccliíaio» í venganza: esü- 
nucbo sa hocor y sn palabfa; do menos su cxen- 
por lo que adre La mJs nacicna de España, son 
£fáeiu liberíid. La ticira, abuodante de asperezas, 
. y dispone sn ánimo vengativo i terribles efedos; 
cqueña ocasión el quejoso ó agra\-iado dqa los 
os, y se entra á vivir en los bosques, donde en 
)uos asaltos fatigan los caminos: otros, sin más 
'm que so propia insolencia, signen á estotros: és- 
aquéllos se mantienen por la industria de sns in- 
1. Llaman comunmente andar en trabajo aquel es- 
de tiempo que gastan en este modo de vivir, como 
rial de que le conocen por desconcierto: no es ac- 
etre ellos reputada por afrentosa, antes al ofendí- 
udan siempre sus deudos y amigos. Algunos han 
por cosa política fomentar sus parcialidades por ha^ 
poderosos en sus acontecimientos civiles; con este «Mi- 
au conservado siempre entre sí los dos famosos bandos 
iros y cadells, no menos celebrados y dañosos á 
tría que los guelfos y gibelinos de Milán, los pa- 
médicis de Florencia, los bcamonteses y agra- 
eses de Navarra, y los gamboynos y oñasinos de 
tigua Vizcaya. • 



IX. 

' creo que pueda decirse más claramente que en los 
! y cadells había una idea política. Pero por si no 
se la autoridad de Meló, tengo á mano otra, que es 
rancísco de Gilabert, cuyo autor escribía por los 
i6i3, es decir, durante la época misma de los 
)Ieros, y publicó su obra en 1616. Y D. Francis- 
: Gilabert no puede ser sospechoso; primero, por- 



1 



—DEL BANDOLERISMO 67 

ra en cita, que es el «Discurso sobre 
cipado de Cataluña y inclinación de 
)n el gobierno parece han menester,* 

remediar los males que con los bañ- 
il país; y después, porque es un autor 
icionado al pueblo, ya que en su ci- 
5¡do al principe D. Felipe, no vacila 
fo 78) «que uno de los daños que el 
ríncipado padece es estar en manos 
5,* proponiendo á renglón seguido 
¡ería gran parte remedio del mal el 
is en el Consejo, las cuales «fuesen 
lleros de capa y espada. * 
tra que no se sospeche del buen Gila- 
; procedencia liberal, por ser quien es 

él. 

se supondrá atendidas sus ideas, se 
ir tan claray terminantemente como 
dea política en los bandoleros; pero 
a ocultarlo, no es el cuidado tal que 
leje entrever. 

ntc que «las bandosidades que de or- 
rincipado, son efectos propios de áni- 
lores de su honor» (párrafo 3o). 
'or la mayor parte, los que levantan 
; licenciarse para tan feo acto como 
nen primero sus haciendas, siguien- 

sus pundonores; pareciéndoles que 
i su honra hecho, es sólo el que pide 
en por ninguno el de robar, pues no 
:n codicia, sino en necesidad por des- 
engendrada, de lo cual se sigue, que 

salen los robos, y as!, cesando ellas, 
:ba también el no robar por codicia, 
experiencia que, aunque han hecho 



63 VÍCTOR BALAGUEK 

muchos y crecidos robos, oioguno con ellos se ha reti- 
rado para gozarlos: lo que da clara pmeba que do rob6 
por codicia, pues si por ella fuera, retirárase á gozar y 
conservar lo robado* (párrafos 41 y 42). 

He aquí, pues, al noble Gilabert vindicando á los lla- 
mados Irandoleros y ladrones, y es de suponer se tenga 
por un poco autorizada su voz. 

Pero hay más todavía. 

En los párrafos 60 y 61 dice, hablando de persecu- 
ción de bandoleros y de salir el veguer contra ellos, 
•que aunque el somatén le dé gente (al veguer), es des- 
pués de ser tan público lo que ha de hacer, que asi por 
ser la gente popular enemiga del secreto, icomo por ser 
banderiza, * queda el delincuente avisado antes que aco- 
metido. * 

Tenemos confesado ya por un autor de la época que 
el pueblo era banderizo, y que favorecía á los bandole- 
ros, pues le advertía el peligro. 

He aquí cómo se expresa el mismo autor en el párra- 
fo 71; «Tengo por cosa necesaria el quitar de la «mili- 
cia» de este Principado la correspondencia que con la 
gente inquieta tiene; ésta procede de diferentes causas, 
•no de las que el vulgo publica,* pues no es tanto que- 
rer inquietar la tierra, cuanta necesidad para defensa de 
la gente rufn.* 

Luego el vulgo publicaba de los nobles que querían 
inquietar la tierra, ya que Gilabert trata de sincerarles 
y excusarles por la necesidad que dice tenían de salir 
en su defensa contra gente ruin. Y aún se demuestra 
esto más claro en el párrafo 161, donde se dice termi- 
nantemente «ser errónea la opinión que en común se 
tiene de que «los caballeros son causa del daño de este 
Principado,* y «que su remedio está en su castigo de 
ellos. ■ ¿Se quiere expresada con más claridad la idea? 

En vano Gilabert dice y repite que si los caballeros 



CATALUÑA — DSL BANDOLERISMO 69 

á armar gente, era por vivir en sus 
las y mal muradas, que pueden cua- 
LS,> siendo forzoso tener medios para 
Siempre quedará demostrado por su 
palabras que había en el pueblo dis- 
>bles, y bien claro se ve que existia 
ios y otro en favor, 
dicho es suficiente prueba. Y final- 
dar otro párrafo del mismo autor en 
a evidentemente el malestar de este 
re los mismos nobles, producido por 
la corte. 

ste daño (el de los bandos) de otra 
laniñesta, y es por los pocos oficios 
'a dar á caballeros de capa y espa- 
•por repartirse los de su real casa 
poco loa de este Principado en él 
así desconfiados de ella, cada cual 
ue ha de acabar su vida en la vere- 
3nio tiene: y como la mayor felici- 
le alcanzar sea ser respetado, toma 
□ el tener amigos que en la ocasión 
lyuden; y para esto toman sus amis- 
e que en caseríos vive, por la fací- 
ican á cualquier mal hecho, lo cual 
sna gana por tener alguna persona 
padrine en sus trabajos de cárcel ú 
también para que con su sombra 
ler y facilitar sus venganzas: y asi 
i partes corre razón de estado para 
in facilidad se conforman y se ayu- 
en el villanaje atrevimiento y en la 

tos datos y cifras habrán sido bas^ 
convicción al ánimo de los lecto* 



^ 



70 VÍCTOR BALAGUER 

res. Cuando no otra cesa, demostrarán que no obré con 
ligereza, sino con detenimiento, al escribir hace algu- 
nos años una obra dramática que fué ruda y aristarca- 
mente atacada por hombres de cierta escuela escolás- 
tico-política, suponiéndola hija de una exaltación febril 
y propalando que el autor compraba aplausos con el 
sacrificio de la historia y con hacer un héroe de un ca- 
pitán de bandidos y ladrones. No: aquella pobre obra 
mía, titulada Don Juan de Serrallonga, y referente á la 
última época de los narros y cadells, es la expresión de 
una idea, vertida mejor ó peor, pero con un objeto, con 
un fin, con un plan. El drama puede ser malo. Sin em- 
bargo, no es hijo de una impresión ligera, sino de un 
estudio detenido de la época á que se refiere. Por esto 
deploro que' se viese precisado á ir al teatro y á la pren- 
sa después de haber andado con él á tijeretazos la cen- 
sura, y por esto deploro que, no sé por quiénes, se le 
hayan escrito segundas partes, cuyo mérito no trato de 
calificar, pero á cuyos autores r^o ha guiado de seguro 
la idea que á mi me impulsó á poner en escena á Don 
Juan de Serrallonga. 

No cabe duda, en vista de los datos y antecedentes 
presentados, que tenían una idea política los narros y 
cadells, y no cabe duda tampoco que de estos bandos 
había visiblemente uno, que sólo podía ser el de los na- 
rros, sostenedor y continuador de la misma ó parecida 
causa proclamada por los agermanados de Valencia y 
de Mallorca, bando de afrancesados, como hemos visto 
que le llama un dietario, debiendo advertir que la pa- 
labra afrancesados no tiene más significación en aquella 
época que la de anti-casiellanos ó enemigos de las ideas 
políticas del poder central de Castilla. En nuestro len- 
guaje de hoy llamaríamos á estos dos bandos absolu- 
tistas y liberales; en el de aquel siglo se les llamaba á 
los unos narros 6 fierros, como equivalente á decir cosa 



ILUSA— DBL BAKDOLBIUSMO 71 

ilde esfera, de escoria de pueblo. 
:o, fundado, no en conjeturas y 
echos y en datos. Que más diga 



. y 1609, los narros tenían ya á 
jre bandolero llamado vulgar- 
:uyo nombre debe en gran parte 

la fama de que hoy continúa 
:, en un brillante episodio de su 
es hace aparecer á Roque Gui> 
luy hidalgo y noble. 
4, Cervantes lleva á su héroe 
la, y hace que cerca de esta cJu- 
« Roque, como te llama tres 6 
doleros. Al decir del autor. Ro- 
es de treinta y cuatro años, ro- 
íana proporción, de mirar grave 
ntaba un gallardo caballo cuan- 
¡uijote, y vestíala acerada cota, 
a parte.) Según le presenta Cer- 

misma época, Roque Guinart 
on las damas, cortés con los ca- 
os enemigos, inñcxible con los 

valiente, generoso y magnáni- 
esalta el jefe de los narros en la 
;o de Lepanto. Roque Guinart, 
ijote, «no hay limites en la tierra 
-esenta como protector de damas 
cia, y se ve á los caminantes que 
spedirse de él admirados ade su 

disposición y extraño proceder, 
Üejandro Magno, que por ladrón 



72 VÍCTOR BALAGUER 

conocido.* Por lo que refiere Cervantes, ui 
graciada que se le presentó á contarle cuita 
halló en él protección y consuelo; una fami 
y unos capitanes detenidos por los suyos, i 
libertad después de haber satisfecho cierto 
unos peregrinos que con ellos iban, les regi 
arrebatarles su poco peculio, dando á todc 
conducto para los mayorales de las otras ( 
bandoleros que pudiesen hallar en su cami 
no topar con otro impedimento. Finalmen 
Don Quijote separarse del gran Roque, desp 
escrito éste á sus amigos de Barcelona rec 
les el ingenioso manchego, y advirtiendo en 
■se diese noticia á sus amigos los narros p 
él se solazasen, que él quisiera que care 
gusto los cadells, sus contrarios.» 

Todo es, naturalmente, novela pura; pe 
biera atrevido Cervantes á pintar con est' 
Roque, si las hidalgas prendas y nobles rasg 
le hubiesen favorecido á los ojos de sus conté 
A más, la aventura de los capitanes y pere 
todos los visos de ser cierta, y por ñn, la c 
supone haber escrito el bandolero á sus am 
celona, prueba que en esta ciudad había na-, 
como los habia en el campo y en la monta 

Focas noticias se tienen malaventuradan 
célebre caudillo de narros, á quien Cervant 
tan galán, tan noble y tan hidalgo. He aqu 
da el bibliotecario D. Juan Antonio Pellicc 
tas al Quijote. 

Dice este autor: 

■Los bandos, pues, que andaban en tier 
Quijote eran de los narros ó niarros y cade 
los que seguían el bando de los niarros era 
nart, como le llama Cervantes, aunque cor 



LTALUSa— DEL BANDOLBBISUO 73 

íuiñarte, según se comprueba con 
ludiendo á este Roque, usó Don 
anate contra Roque de Figueroa, 
;1 siglo pasado, en esta copla ri- 

ensí tan falso hallarte, 
á mi piedra de toque, 
I á bandolearte; 
es tú me guitias, Roque, 
ISO, Roque, /ui'Aor A. 
(Biblioteca real. est. M, cúd. 30.) 

, un poeta que andaba en la corte 
lias y estrafalarias, á quien pusie- 
Bo: 

su vida dijo cosa 
fuese UQ disparale. 

I de este bandolero era Roque, ni 
li Guiñart, ni Guiñarte. Su nom- 
leros eran los de Pedro Rocha Gui- 
abreviar, le suprimió el nombre 
ió el apellido Rocha en el nombre 
apellido Guinarda en el de Gui- 
arte. Este nombre verdadero cons- 
le los vecinos de la villa de Ripoll 
III quejándose de los excesos y 
eñor de vasallos, y en que se ha- 
moso bandido, grande y especial 
ros cargos que le hacen, le acusan 
menta á gente facinerosa y recoge 
I de su casa á Pedro Rocha Guiñar- 
salteador de caminos, y como tal, 
igo público por V. M., al cual y 
ly de ordinario en algunos lugares 



vr^ 



^ 



74 VÍCTOR BALAGÜER 

•suyos, de donde salen á robar, y cometer otros insul- 
»tos y delitos é homicidios, volviéndose á recoger á los 
«dichos lugares, como está probado y averiguado en la 
•regia corte del Principado; y con el favor del dicho 
o señor, algunos salteadores de la dicha cuadrilla han 
«tenido atrevimiento de asistir públicamente en unas 
«ventanas de cierta casa de la plaza de la dicha villa 
»de RípoU en unas ñestas que en ella se hicieron; y por 
«ocasión de un pleito que el dicho trata con los vecinos 
«de la dicha villa, vino algunos pocos días há á ella con 
«junta 6 escuadra de más de 200 hombres, y entre ellos 
«muchos ladrones y asesinos é salteadores de caminos, 
«y pregonados por enemigos de V, M. y perturbadores 
«de la paz pública, los cuales, divididos en cuadrillas, 
«con pistolas y otras armas ofensivas prohibidas, fue- 
«ron por la villa haciendo amenazas y agravios á los 
«vecinos de ella, injuriándolos con obras y palabras, y 

«tomándoles por fuerza sus frutos y hallándose tan 

«injustamente oprimidos de su señor, acudieron al du- 
«que de Monteleón para que, en nombre de V. M., le 
«secuestrase la jurisdicción de la dicha villa, presen- 
«tando petición, y pareciendo á los doctores del real 
«Consejo de V. M. ser justo, cometieron el negocio al 
«Dr. Miguel, juez de la regia corte, y habiéndolo el 
«dicho señor entendido, amenazó á los dichos vasallos 
«que haría que el dicho Rocha Guinarda y sus compa- 
« ñeros les quemasen sus casas, haciendas y personas si 
«no desistían de aquel recurso y remedio que habían 
«intentado; y temiendo la ejecución de las dichas ame- 
«nazas, no se atrevieron á proseguir en el pedir su des- 
«agravio é injusticia. « 

Este recurso que Pellicer halló entre los manuscritos 
de la real biblioteca, «se hizo, dice, como se expresa en 
él, en tiempo del virrey, duque de Monteleón, D. Héc- 
tor Pignatelli, á quien se remiten los querellantes; y 



J 



ALüSA — DEL BANDOLERISMO 75 

se colige que se presentó entre 
Dg, porque este tiempo duró su 

itvoca en la cita de esta última 
el duque de Monteleón sólo fué 

prosiga Pellicer: 

la vida Roque Guinard, 6 por 
>cha Guinard, por los años de 
o primero del celo con que un 
les, llamado Pedro Aznar, ha- 
n el mes de Abril del citado año 
srtirle. Dícelo expresamente en 
íscos, cap. XVI, fol. 54, por es- 
:1 reino ha discurrido por él estos 
moso, llamado Roque GtUnart, á 
bizarría alabada de su persona, 
ratar de su salvación.* Consta lo 
io de D. Diego Duque de Estra- 
)s Comentarios de su vida (Biblio* 
174, pág. 149), lo que le habia 
ue hizo por Cataluña el mes de 
ce: «Había en aquel tiempo mu- 
:ino de Cataluña, y entre ellos el 
ro, con 200 bandidos, y el capi- 
ileroso y galante mozo, con i5o, 
ice comunmente, roso ni be 11 oso; 
rata) me dijo no tomase postas, 
unos carros de lana que iban con 
labían ajustado muchos arrieros, 
ites, que la comitiva pasaba de 
ts, porque entre la lana llevaban 

eses secretamente Llegamos 

Eia en la boca, teniendo aviso de: 
¡ros; alli llegan; allá nos aguar- 



« 

76 VÍCTOR BALAGUBR 

vdan En el camino de Barcelona hallamos muchos 

i bandidos paseándose por en medio de los lugares, hom- 
ibres feroces^ y aunque asalvajados, galanes de armas y 
•tahalíes, de quien no tuvimos pocos sustos.» En estas 
escuadras ó cuadrillas dice D. Francisco Gilabert que 
había muchos franceses, especialmente gascones, por la 
vecindad de la tierra y facilidad de volverse á ella. 
(Discurso sobre el Principado de Cataluña, páginas 6, 
iiyi5.) 

»En medio de esta vida tan facinerosa, observaba 
Roque Guinart con los suyos la justicia distributiva^ y 
usaba con los demás de compasión, como dice Cervan- 
tes, y lo experimentó Don Quijote cuando cayó en sus 
manos el año de 1614, en que escribía nuestro autor su 
segunda parte, como se colige 'claramente de la fecha 
de la carta de Sancho á su mujer Teresa Panza, escri- 
ta en el castillo del Duque á 20 de Julio de i6i4.> 
(Cap. XXXVI.) 

Concluye diciendo Pellicer que sin duda Roque Gui- 
nart acabó por caer en manos de la justicia; pero por el 
citado historiador Meló vemos que no fué así, pues dice 
éste hablando de los bandoleros catalanes (párrafo del 
lib. I): «Ya de este pernicioso mando han salido para 
mejores empleos Roque Guinart, Pedraza y algunos fa- 
mosos capitanes de bandoleros, y últimamente D. Pe- 
dro de Santa Cília y Paz, caballero mallorquín, hombre 
cuya vida hicieron notable en Europa la muerte de 
325 personas, que por sus manos é industria hizo mo- 
rir violentamente, caminando veinticinco años tras 
la venganza de una injusta muerte de su hermano. 
Ocupóse estos tiempos sirviendo al rey católico en 
honrados puestos de la guerra, en que ahora le da al 
mundo satisfacción del escándalo pasado, i 

Suerte igual debió ser, sin duda, la de Roque Gui- 
nart, quien sería enviado como capitán á las guerras 



LLUÑA — DEL BANDOLERISMO 77 

las, el nombre de este famoso 
¡nos no he sabido yo hallarle en 
s y manuscritos que he hojeado, 
a tampoco de narros y cadells; 
i prueba de convencimiento pa- 
1 causa política en aquellos ban- 
' que poderosos caballeros apo- 
i también hubo nobles que íavo- 
lados, y- en Cataluña la causa 
ntada, á mí juicio, por los «a- 
y muy poderosos nobles en sus 

fama de Roque Guinart fueron 

t poesías catalanas que existe ea 
)na hay, sin nombre de autor, el 
ido á Roque Guinart, que me 
; traslado al pie de la letra, con 
los é incorrecciones que noté en 

IRT, GRAN BANDOLER. 
SOSETO. 

< del Monseny. val«ro9 Roca, 
a del Monseny baíxara, 
1> fortaleza rara 
ría tota es poca. 

>p de las balas toca 
1 úao ta\% la cara, 
uigne nos repara 
ni traidora sora. 
ñncipat fas que badalle 
: de son. qui persegueixes 
lebre paráosme, 
judici mire y calle 
a, que ho niereixes 
ilart del cristianisme. 



VÍCTOR BALACUER 

steríormente, en un cuaderno de poemas catalanas 
e publicó como suplemento á la colección de poe- 
leí Dr. Vicente García, rector de Vallfogona, ha- 
te mismo soneto atribuido á dicho autor, bajo el 
< A un Jamos pillart anomenat N. Roca, y con al- 
i variantes, entre ellas las de estar corregidos los 
s quinto y sexto de esta manera: 

A ningu de tis balac lo cap foca 
Lo qual no 't v«Jb, sbo luig U cara. 

es 6 no de García este soneto, averiguarlo puede 
tenga más datos. De todos modos, si el soneto no 
fo, está fuera de toda duda que le pertenece la si- 
te décima que se lee en su poesía Desetiganys del 
y la cual revela lo populares que eran en su ¿po- 
ríncipios del siglo xvii) los bandos de narroí y 
s. 
se así: 

Cuant lo Evangeli canEaban 

En la iglesia antigua ment. 

1..0S nobles incoatinent 

La «pasa deseavaynabau. 

Y ab asso significaban 

Quetenian á parell 

De moric peleant per ell. 

Mes ja aquella gallardía 

Tota sen va vuy en día 

£» itr nytrre i ¡ir eaáiU, 

la valí d' Aro existe también un proverbio ó di- 
ulgar, el cual prueba que los bandos de que esta- 
hablando se habían extendido por aquellas co- 
is. 
:en los de aquel país: 

A Sania Crislioa nyeiroi, 
A b valí d' Aro cadells, 
A Calonje roba-sogas, 
A San Feliu ganxoaelli. 



.Ut3A— DEL BANDOLERISMO J^ 

todos estos datos los que con 
to del siglo XVII me pude pro- 

0, sin nombre de autor, reñ- 
Isona, parece que por aquella 
es llamaba cabelludos, y que te- 
ue era ¡A cam, d cam! mientras 
: grito de guerra ¡Via f ora ñe- 
> se dice que el duque de Car- 
3 de los cadells, y que uno de 
: este bando se llamaba Mala 

)lar de bandoleros hasta 1616, 
eres de Barcelona habían, sin 
embajada al rey; pues éste les 
)ctubre de dicho año, diciendo 
idores por las pretendidas que- 
ca de haber procedido contra 
D era a^, antes con su gobier- 
ierra. (Volumen de Carias de 
Iquer, cap. XXXVIII.) 
con otra que debe constar aún 
leí señor barón de Segur, don- 

^Iburquerque, virrey y capitán 
indó arrasar el castillo de Se- 
haber tomado D. Miguel de 
en las contiendas de narros y 
seguro y acogida á alguno da 
ice de un memorial elevado al 
ipe de Calders. 

an que en aquella época vol- 
zí los bandos de narros y ca- 
a apenas dicen de ellos las me- 
:io extraño, pero fácil de com- 



8o VlCTOB BALACDER 

prender si el lector se fija eo nuestra mísmi 
contemporánea, ya que muchas veces ha suc 
ber partidas armadas en el campo con una i< 
bandera política, guardando sobre dio sepul< 
cío la prensa periódica. 

Los bandos debieron dar mucho que hablar 
más que hacer, cuando Feliu de la Pega, en £ 
(lib. XIX. cap. XIV), nos dice que «á lO de I 
de 1617 (y no 1616, como escribe Pellicer en 
al Quijote), se publicó el jubileo plenísimo, 
por el papa Paulo V, á petición de los dip 
toda la provincia, y en desagravio de las ofen 
órdenes ejecutados en ella por los bandoleros 
lidades de los narros y cadells, quietados poi 
grande apücadón del duque de Alburquerque, 
virrey del Principado: bendíjose la provincia; 
se procesiones, é imploróse el favor y miseríi 
Señor en el discurso de las dos semanas qi 
jubileo, para que usase de piedad con la prov 

Sin embargo de esta fiesta para solemnizt 
fiesta que bien pudo tener más de oficial qui 
cosa, es lo cierto que los bandos no se aquí 
desaparecieron los bandoleros. 

Existe de esto una prueba terminante en 1 
dos del Consejo de los Ciento, celebrado á 9 
de 1620, en el que se deliberó enviar embají 
rrey por haber éste mandado derribar castillo 
cometiendo otras infracciones de constitución 
texto de ser refugio de mals horneas. (Acuerdos 
del Consejo correspondiente á este año.) 

Otra noticia puedo añadir á ésta, y es la de 
de Febrero de 1627 se celebró Consejo de Ci' 
tomar acuerdo sobre la demanda hecha por el 
objeto de que se le ayudase á la persecución d< 
doleros que infestaban el país. 



LUNA — DEL BAHUOLBRISMO 8l 

levo á los bandoleros en campa- 
i á los narros y cadells, que do 
ffisar del jubileo de 1617. 
>n somatenes, si se persiguió á 
esultado dio esta persecución; 
lor aquellos tiempos, es decir, 
uando campeó la &mosa parti- 
ade Serrallonga, personaje que 
y hablar á la tradición, al dra- 
rónica. 

XI. 

laje de que voy á ocuparme se 
srrallonga, y era noble. Según 
un labrador y un bandido vul- 
y Serrallonga. 
nsta por el proceso de que lue- 

corría ya el país en 1621, no 
a i633, por lo cual se ve, á 

mencionados en los capítulos 
uy bien celebrarse en 1617 un 
[esaparición de narros y cadells, 
impidió que los bandos conti- 

a ese Serrallonga, cuya memo- 
en el campo de Vich?..,. ¿cuyo 
y se menciona á cada paso en- 
1 famoso ladrón y bandolero?.... 
icuerdo en cuentos, romances y 
: le presentan con ciertos rasgos 

tratar de averiguarlo, 
aún se conserva en Vich, y yo 
1 ciudad de labios de personas 



82 VÍCTOR BAJLAGUBR 

de distintas clases el año que fui á ella para asistir á la 
traslación de los restos de Balmes, es la siguiente: 

D. Juan de Serrallonga fué un caballero noble y 
principal que tenia su casa en el pueblo de Caroz, si- 
tuado en el corazón de las Guillerias. Pertenecia al 
bando de los narros, y estaba enamorado de una dama 
llamada Doña Juana de Torrellas, cuya familia, muy 
principal en Barcelona, era adicta al bando de los ca- 
dells. Por celos ó por otra causa^ D. Juan tuvo una 
pendencia en Barcelona con un caballero, y le mató, 
viéndose obligado por esta muerte á salir de la ciudad, 
comenzando entonces su vida de bandolero. Cierto dia 
de Carnaval penetró con algunos de los suyos en la ca- 
sa de Torrellas, y se llevó á su querida Doña Juana^ que 
desde entonces acompañó siempre á su amante en la 
vida de bandolero, viéndosela constantemente á su lado 
vestida de hombre, con pistolas al cinto y el pedreñal en 
la mano i. Un día Serrallonga fué cogido en el ce- 
menterio de Caroz, orando junto á la tumba de su pa- 
dre, por el capitán D. Sal vio Fontanellas, de Vich, de- 
jándose prender sin oponer la menor resistencia. Admi- 



1 Los pedreñales eran una especie de arcabuces pequeños, llama- 
dos asi porque no se les daba fuego con una mecha, como al arcabuz, 
sino con pedernal, ó sea con una llave tosca de fusil. Covarrubias dice 
que el pedreñal era el arma de los bandoleros y foragidos catalanes. 

De seguro se puede decir que fué esta arma el primer perfecciona- 
miento del arcabuz ó el primer paso dado para llegar al fusil moderno. 

Felipe III mandó publicar una pragmática contra el uso de los pe- 
dreñales en el Principado catalán, y de esto resultaron serias y ruido- 
sas contestaciones entre la diputación y el virrey. La causa llegó á to- 
marse con empeño por ambas partes, y la diputación, según puede ver- 
se en los dietarios de aquélla época que se conservan en el archivo de 
la Corona de Aragón, representó enérgicamente al rey, é hizo varias y 
repetidas gestiones en favor del uso de los pedreñales. 

También protestó contra esta pragmática por medio de un discurso, 
que mandó imprimir, D. Francisco de Gilabert, escritor ya citado. 



ITALUfiA — DEL BANDOLERISMO 83 

que un hombre tan osado y tan 
: de aquel modo, le preguntó la 
rallonga que, estando rezando so- 
padre, había tenido una visión y 
:1 autor de sus dias mandán4ole 

recogida por mi mismo; pero con- 
ue hallo difícil averiguar si es ésta 
iró la comedia antigua del catá- 
is la comedía la que inspiró la tra- 
í muy bien ser, atendida la fama 
oca dicha comedia, 
tima á mediados del siglo xvil, y 
muy poco tiempo después de la 
1, y bajo la influencia próxima de 
30r tres ingenios acreditados de la 
Coello, D. Francisco de Rojas y 
vara. Hicieron los tres poetas con 
media lo que con Roque Guinart 
ioie. No presentan á Serrallonga 
rabie y como un foragido vulgar, 
bandolero, á cuyo carácter dan 

es posible; y aquí digo yo de es- 
: dicho de Cervantes con Roque 
algún fundamento debieron tener 
allonga como un noble, si no lo 

de bando, si era sólo un misera- 
caudillo emprendedor, generoso, 

era únicamente un hombre vul- 
caminos. Y cuenta que la come- 
jy pocos años después de la muer- 
s que por los años de i65o se sa- 
)nio Coello, otro de sus autores, 
^tos y los que habla recogido re- 
ells, me propuse hace cinco años 



84 VCTOR BALAGUER 

escribir un drama sobre este asunto, poniendo también 
en escena á D. Juan de Serrallonga. Mi objeto princi- 
pal no. era el de este personaje, sino el de los narros y 
cadelk; el de hacer ver que estos bandos habían repre* 
sentado en nuestra historia un papel político; el de po- 
ner en escena, por medio de un cuadro sintético, la lu- 
cha política de dos ideas que habían tenido su teatro 
aquí en Cataluña como en otras partes, Y mejor que 
Juan de Serrallonga hubiera yo aceptado como perso- 
naje dominante, por más propio, á Roque Guinart, si 
no me lo hubiesen impedido, por un lado, Cervantes, y 
por otro, un autor compañero que acababa de escogerle 
para personaje de una de sus novelas. Me fijé, pues, en 
Serrallonga, y calqué mi drama sobre la tradición y so- 
bre la comedia antigua, sin más punto de contacto con 
esta última que el haberse basado ambas producciones 
en la historia tradicional de Serrallonga. 

El drama hizo algún ruido; tuvo un éxito que yo el 
primero no podía ni debía esperar, y aquella especie de 
miserable crítica mordaz y venenosa que siempre le- 
vanta la cabeza cuando hay que amargar un triunfo, se 
cebó arístarcamente en mi pobre obra, sin reparar que 
era una vindicación de historia, y no una simple vindi- 
cación de personaje. Esta crítica no leyó, ó no quiso 
leer, el prólogo puesto por mí en el drama impreso; no 
vio ó no quiso ver la idea fundamental, la idea históri- 
ca y política del drama, y lanzó un grito de indignación 
y de anatema contra el osado autor que se atrevía á 
convertir de buenas á primeras y por su simple capri- 
cho á un capitán de ladrones en un héroe político. Po- 
co se acordaba entonces la crítica 1 de que Cervantes^ 

1 Recuerdo, entre otras cosas, que un periódico, el más impor^ 
tante, dijo magistralmente que en Caroz, pueblo que yo decía ser de 
Serrallonga, no existía memoria de éste, ni casa, huella ni lastro en que 
pudiese apoyarse la memoria de aquel bandolero. Y debe saberse que 



P"'"* 



TI" ,-- - - _,^^^ , , ■' ¡i.-r W'7,f.-t'-f 



HISTORIA DE CATALUÑA — DEL BANDOLERISMO 85 

Coello, Rojas y Vélez habían admitido como persona- 
jes de sus obras á Roque Guinart y al mismo Serra- 
Uonga. 

£1 cargo más grave que se me hizo^ el único que po- 
día ser un verdadero cargo, era el de que existia el pro- 
ceso formado á Serrallonga, y en él figuraba éste como 
un ladrón vulgar y ordinario, como un salteador de ca- 
mino real. 

Yo ignoraba entonces la existencia de este proceso 
original, que estaba en poder del historiador D. Juan 
Cortada. Facilitóme este señor el proceso, y, aún más, 
me dio y tengo en mi poder un extracto minucioso del 
mismo, que algún día se publicará. El proceso no está 
realmente muy de acuerdo con la tradición y con la co- 
media antigua; pero lo está perfectamente con el punto 
capital de mi drama respecto á ser un bando político el 
de Serrallonga. * 

He aquí cómo se expresa D. Juan Cortada en el ex- 
tracto y resumen de este proceso, advirtiendo que lo 
copio al pie de la letra del manuscrito suyo que obra 
en mi poder: 

tEn esta declaración (una prestada por Jaime Malian- 
ta, alias el fadrí de Sau, otro de los bandoleros de la 
cuadrilla), está descrito el gracioso lance ocurrido á Se- 
rrallonga; quien habiendo ido á Francia, muy bien re- 
comendado por el abad de Bañólas d personas notables de 
aquel reino, que lo recibieron muy bien y lo tuvieron unos 
días en sus casas, al volver á España fué robado dentro 
de Francia mismo por algunos jóvenes que le quitaron 
40 libras en dinero, el pedreñal, el cinturón, las bolsas 
de las municiones y dos sortijas de oro; pero tuvo tan 



en Caroz existe una casa llamada de Serrallonga, y en su puerta un es-^ 
€ndo que se supone ser el de la familia, y en esta casa un descendiente 
4Íe aquél. 



VÍCTOR BALAGUER 

que por los manejos del señor de Anyer, 
icomendado, le fué devuelto todo menos 
que no pudieron coger al ladrón <iue de él 
derado. De esta segunda declaración de 
leduce que Serrallonga y sus principales 
: metían con mucha frecuencia en Fran- 
persecución que suMan era muy viva, y 
t recoger dinero de cualquier modo que 
la persecución amainaba. 
r sus viajes contaban con muchos valedo- 
ispedaban y hacian acompañar hasta la 
néndoles luego á la vuelta y proporcio- 
to necesitaban. Todos estos amigos y (&• 
itán citados en la segunda declaración de 
la cual resultan comprometidas un crecido 
rsonas. 

ista declaración siguen las de Guillermo 
tvells, de Pedro Juan Pales y Jaime Mas- 
me Viola, las cuales son una conñrmación 
de Malianta, pues en ella se refieren la 
e los delitos que se relatan en ésta, 
^o la tercera del mismo Malianta, que es 
lente interminable, y en ella da noticia de 
-ie de crímenes de la misma naturaleza 
ados antes; y además expone noticias cu- 
ín bastante luz para comprender que Se- 
ba muy relacionado y contaba con amigos 
;s y aun en clases distinguidas. Además 
ués de leer atenta y concienzudamente 
^n, nos parece que no puede ya caber du- 
uadrílla de Serrallonga no era cuadrilla de 
sinos en la genulna significación de estas 
la partida de los sectarios políticos llama- 
nyarros, en que figuró el famoso Roque 
:e sostuvo una lucha prolongada y san- 



ORIA DE CATALUtiA — DEL BANUOLBRISMO 87 

otro bando llamado de los cadells. Estos ban- 
ron en su apogeo á principios del siglo xvii. 
tos comenzado á examinar el proceso que 
a vista, en la persuasión de encontrar nada 
i hechos de unos cuantos salteadores de ca- 
. clase vulgar, y comparables con los Rajo- 
rocas, Tetm y otros de la misma calaña; mas 
lo que resulta de dicho proceso y que verán 
:tores, nos hemos visto precisados á rectiñ- 
licio formado a priori, y á creer que Serra- 
m cabecilla político, y que los robos tenian 
vivir, allegar dinero y tener hombres á su 
' que los asesinatos todos, á excepción de 
ometidos en el acto del robo por la resisten- 
ibados, eran muertes de personas del bando 
íjecutadas, como de algunas de ellas ya 
istancias de los amigos y valedores de Serra- 
vez algunos de los que componían la nume- 
Ja de éste no eran más que ladrones vulga- 
sstaban en el secreto de Serrallonga, ni les 
de los bandos de cadells ni nyarros; mas 
3 habia que estaban muy en autos, como, 
>, el Fadri de Sau, ó sea Jaime Malianta, de 
a é interesantísima declaración nos vamos 

este hombre la comisión de seis robos más 
antes habia declarado, ejecutadas unos en 
ales y otros en casas solares; delata otros 
:05, y nos da noticia de la captura de seis 
ás, de quienes exigieron cantidades de dine- 
iscate. De esta declaración además se dedu- 
)biemo perseguía esta cuadrilla activamen- 
paso que los alcaldes de algunos pueblos 
con valor y constancia los intentos del go- 
:abar con la cuadrilla, otros alcaldes la pro- 



VfCTOR BALAGUKK 

descaradamente; lo cual se explica con la mayor 
12, por la diferencia de bando en que estas distin- 
orídades militaban. De la sola declaradón de 
ta resulta que seis veces tuvieron niego con la 
leí rey, segün se llama á sus perseguidores; que 
ti brava y prolongada resistencia, y que el mis- 
larante, Serrallonga y otros compañeros, fueron 
varías veces. Esta resistencia la prueba además 
lencia extraordinaría con que procuraban que los 
es proporcionasen pólvora y pilotes ó balas, de 
se ve que no hacian gasto ninguno sino para re- 
las gentes enviadas para perseguirlas, 
uiendo más bien el orden cronológico de la de- 
in que vamos resumiendo que el orden de ma- 
:ontenidas en la misma, iremos apuntando las 
noticias que más han llamado nuestra atención, 
ienen interés más grande, ya histórico, ya dra- 
. La joven Margarita Severa que Malíanta cogió 
maitines en la Noche-buena de 1626, según lo 
:, y que la llevó consigo, convirtiéndola en su 
, fué en compañía de los ladrones de cinco á 
ises, y se acostumbró tan bien á la vida airada 
s, que á poco tiempo ya la encontraremos vesti- 
lombre, con capa y sombrero chambergo ador- 
m plumas de colores, formando parte de la cua- 
y asistiendo, como espectadora, si no como ac- 
los robos y otras fechorías, 
no dos pruebas concluyentes de que no eran 
;nte ladrones, sino partidarios políticos, citare- 
ctualmente dos trozos de la declaración de Ma- 
Dice en el uno que en el robo tal asistieron Se- 
ja, él, fulano y el ladrón Pedro Sala, que se Aa- 
con los cadells, y entonces había vtéelto con nosotros; 
as hojas más adelante dice que fulano, llamado 
f del Esquirol, preguntó á Francisco Moner, 



r 



HISTORIA DE CATALUÑA — DEL BANDOLERISMO 89 

compañero mio^ quiénes éramos^ y diciéndole Moner 
quién era yo, dicho Roig dijo que quería aconnpañarnos 
hasta que estuviésemos fuera de peh'gro aunque supiese 
perderse, y nos fuimos directamente al Esquirol y pa- 
samos juntos por en medio del pueblo, llevando Tu- 
trích Gomes un bastón de rey corto en las manos como 
comisario (comisarios eran, según las declaraciones, 
los jefes de las partidas que seguían la cuadrilla), y di- 
cho Roig nos acompañó media legua más allá del Es- 
quirol, diciendo que bastaba que fuésemos nyerros, y 
vi que dicho Roig iba armado con dos pedreñales 
cortos. 

»Esta declaración contiene muchas noticias que bas- 
tan para formamos una idea de la calidad y quilates de 
las personas que componían la cuadrilla, y en particu- 
lar de su capitán Serrallonga. Se ve que usaban plumas 
de diversos colores en los sombreros; que gastaban ropas 
de mucho lujo, con bordados, guarniciones de tercio- 
pelo, canutillo de oro y plata y otros adornos de valor 
y gusto, cinturones de terciopelo carmesí con planchas 
de plata, sortijas, y en particular Serrallonga, que se 
mando hacer una, y la usó de oro, con muchas piedras 
rojas (dice Malianta), que no podían ser sino topacios. 
Usaban algunos de ellos alpargatas, pero muy rara vez, 
cuando con grande frecuencia encargan las compras de 
zapatos y calcetas; llevaban capas, y estrenaban trajes 
con frecuencia. Es verdaderamente pasmoso el número 
de valedores y protectores con que contaban, habién- 
dolos de clase rica, y aun personas de alguna impor- 
tancia, y que era imposible que se rozaran con ellos si 
hubieran sido meramente salteadores de camino. En 
todas las grandes y ricas casas solares tenían la puerta 
abierta y la mesa puesta de día y de noche; los heridos 
^eran ocultados y cuidados con esmero; los distintos ci- 
rujanos de Vich fueron espontáneamente á curarles he- 



g/O VÍCTOR BALAGUER 

ridas y enfermedades, sin recatarse de los demás iadro* 
nes, ni de los habitantes de las casas en donde los he- 
ridos se hallaban; tenían aviso s^^nro y anticipado de 
cuándo salía la fuerza armada en su persecudán; los 
mismos amigos y valedores no sólo les llevaban la co- 
mida al bosque y comían con ellos, sino que iban en 
su compañía uno, dos 6 más días, aunque no tomaran 
parte en sus fechorías; siempre hallaban gente dispues- 
ta para llevarles á componer las armas á la ciudad de 
Vich, de donde recibían cuanto habían menester con 
una frecuencia extraordinaria. Los dueños de las casas 
solares les ofrecían sus casas y servicios, y se los pres- 
taban con la mayor lealtad, y casi ingeniosamente, 
como lo hizo uno que, teniéndolos en su casa á tiempo 
en que supo que llegaba la fuerza armada que iba en su 
busca, les aconsejó que salieran y se refugiaran en un 
bosque suyo, y apenas la cuadrilla lo hubo ejecutado, 
el amo hizo marchar tras ellos por el mismo camino 
un rebaño de cameros para que borrara las pisadas que 
los ladrones podían haber dejado impresas en el suelo. 
¿Ha sucedido esto jamás, ni puede suceder con ladro- 
nes vulgares? A éstos se los teme y se les da de comer 
por miedo y de mala gana; pero aquí vemos gusto y 
oficiosidad en hacerlo; se nota una especie de alegría 
en la casa cuando llega la cuadrilla: ancianos, jóvenes, 
mujeres, todas las edades están representadas entre 
sus valedores, y aun hay personas de alta clase, como 
indudablemente lo era en aquel entonces el abad del 
monasterio de Bañólas, que los recomendó muy bien 
en uno de los viajes de Serrallonga á Francia. Se ve 
un deseo grande, un gusto, un empeño en servirlos, en 
proporcionarles cuanto necesitan, y en ponerlos á salvo 
de sus perseguidores; y todo eso dura doce años, sin 
que los valedores se cansen, sino yendo cada día en 
notable progreso. 




HISTORIA DE CATALUÑA — DEL BANDOLERISMO QI 

» Mucho más podríamos añadir á lo dicho para que 
no cupiese duda de que si Serrallonga y sus compañe- 
ros robaban y mataban, el alma de todo eso era el sos- 
tenimiento de un bando político, por más que los me- 
dios empleados para ello fueran ajenos del objeto prin- 
cipal que se proponían los caudillos.» 

Hasta aquí Cortada. Y siguiendo el curioso extracto 
del proceso hecho por el ilustrado y concienzudo escri- 
tor, se ve que en las muchas veces que Serrallonga es- 
tuvo en Francia, siempre volvía á Cataluña por falta 
de dinero y con ánimo de recogerlo entre sus deudos y 
amigos, advirtiendo que esas permanencias en Francia 
eran á veces de cuatro y seis meses; que allí tenía re- 
laciones con personas principales, como los señores de 
Viver y de Anyer, quienes le daban amistosa acogida 
y le aposentaban en sus propios castillos; que recibía 
muy á menudo regalos de gente de calidad, quienes le 
enviaban ya un pedreñal con ñecos de seda encamada 
y borlas de oro, ya una xarpa bordada en plata y seda; 
que era protegido del abad de Bañólas y de mucha 
gente principal del país, pues causa verdadero pasmo 
ver la multitud de casas de campo y rectorías del pue- 
blo en donde era bien recibido y agasajado, dispensán- 
dole generosa protección, dándole avisos y noticias y 
facilitándole cuanto deseaba; que vestía con elegancia 
y era su traje el de un caballero, pues llevaba sombrero 
negro con corchetes de plata, ropilla con valona, capa 
roja y alguna vez blanca, medias de estambre de varios 
colores y zapatos, no usando jamás alpargatas; y por 
ñn, que en cierta ocasión, estando con su cuadrilla en 
acecho al pie de Moneada, llegó un coche en el cual 
iban la condesa de Erill y el abad de Erill, quienes tu- 
vieron una larga conversación con Serrallonga, despi- 
diéndose luego y acompañando éste con los suyos un 
trecho el coche de la condesa para hacerle cortesía. 



VÍCTOR B A LAGUER 

OS son todos estos que pueden dar algo que pen- 
luantos crean á Serrallonga un ladrón ordinario; 
3S modos, para mi vindicación contra las criticas 
fui objeto, basta que una persona tan autorizada 
toria como D. Juan Cortada, distinguido cate- 

> de esta asignatura en la universidad de Barce- 
laya dicho terminantemente, con el proceso á la 
que Serrallonga fué un cabecillu político, y sus ro- 
ían por objeto vivir, allegar dinero y tener hombrea 
voción, y los asesinatos iodos fueron muertes de per- 
'el bando contrario. 

> del proceso no consta realmente, sino muy al 
rio, que Serrallonga fuese noble. «El martes 15 
s de Noviembre del año i633, en Barcelona, d¡- 
\ autos, ante dicho magnífico Pablo Guiamet, re- 
pareció Juan Sala y Serrallonga, labrador, etc.» 
¡rmítaseme decir de paso que debió ser preso sólo 
ocos días antes de tomársele declaración; pues 
ue á 19 de Octubre se expedían aún órdenes ter- 
;es para prenderle ', dato que no deja de ser im- 
te y que da que pensar. 

1 el archivo de la Gmma de Aragén consta lo siguiente; 

•Lo Duch, etc. 
e amat de la Real Majestat. Hans ha causst viu pesar lo alrevi- 
Serrallonga que aprcs de tantes diligencies íeles en sa peraecu- 
;cesiu gasto de la ThesoreHa Real, desfeta del tot sa cuadrilla 
ut un (ant gran delincuent conservarse en aqueixes part y 50I 
iga vestida de home exir en camins Reala y fer los robos que 
ara evidencia de la tollerancia y descuit del ordlnaris, podent 
Iclla donar locha que alce quadrilla y cause los mals y afliccioDS 
an expeiimenlat. desitjanl prevenirlos, Iractat en lo Real Con- 
ni resolt fer apretades diligencies en sa periecudó en totes les 
; ha paregut convenir y pera dispondrerles en aqueixos dislric- 
iureus esta pereque cohoperant en ella procureu dispondrerla 
11a mes eflicaz prenént inteligtncias y coiresponentvos ab Don 
:iaríana al qual escrivim ab la mateixa conformilal. Diem per 



A DB CATALUÑA — DEL BANDOLERISMO 93 

pucs, según el proceso, que Serrallonga no 
sino labrador; pero en el mismo proceso 
L vestido como aquéllos, que tenia rela- 
sonas de clase, y que trataba á los suyos 
ogancia y superioridad, como se nota en 
ñones, dispensándole todos los de su cua- 
ores atenciones y respeto. 
Doña Juana Torrellas de la tradición apa- 
ceso como una mujer llamada Juana Ma- 
, á quien Serrallonga robó un día, Ueván- 
, y siendo de entonces más su compañera, 
tdvirtir asimismo que en todo este proce- 
misterio impenetrable, y que las decla- 
an como arrancadas por el tormento, y 
ista qu£ punto se puede hacer confesar así 

la mentira atormentando á un hombre. 
, en su declaración, conñesa que robó á su 
pero no.expl¡ca de dónde ni cómo; des- 
os de sus valedores, todos ellos personas 
iéndole cada una de estas declaraciones 
r el tormento; y no contesta á la pregun- 

cogió, en dónde y cuándo, que le hace 
cipio de su declaración, 
ón valiera, ya sabríamos que fué preso en 
de Caroz, orando sobre la tumba de su 

09 dipongau molt de proposit en esta factio que tant 
de Sa Majeslat y benefici publich de la provincia que 
particular y nos obligarÁ á U estiniaci^ que mereix. 

1 á XVim de Octubre de MDCXXXIU.— El Duque 
ardona. — V. D. M. Sala Regeni. 

—Manuel Pérei. 
ibili Ludovico Descallar. 
xpedita directa Nobiti Hichaeti de Clariana. 
xpedita directa Michaeli Johanni GranoUach* et de 



94- VÍCTOR BALAGUER 

dre. En cuanto á quién le prendió, nos lo dice un tí- 
lo de nobleza expedido en Barcelona á 21 de Enero 
1709 por Carlos III {el archiduque), á favor de Fran- 
co y José Fontanellas y Pradell, en cuyo titulo se 
:e ser éstos biznietos de SaJvio y José Fontanellas y 
adell, quienes, entre otros servicios, prestaron el de 
snder á Juan Serrallonga, siendo causa esto de que 
pinos de los secuaces de dicho bandolero matasen 
;go en venganza al citado Salvio > . 
Tenemos, pues, dejando para otra ocasión y para 
■& obra el profundizar en el proceso original, que Se- 
illonga era del partido de los narros, como parecen 
lo del de cadells el Fontanellas que lo prendió y los 
:ces que lo sentenciaron; y que este famoso bandolero 
cia frecuentes viajes á Francia, siendo el agente mis- 
ioso de una sociedad política, en la cual figuraban 
rsonas muy elevadas, puestas por Serrallonga en co- 
spondencia, con otras muy principales también del 



Este litulo, cujra copia debo á la amabilidad del descendiente de 
i ramilia. dice así: 

y teniendo présenle que Francisco y José Fontanellas y Pradell, ve- 
>3 de nuestra leal f muy constante ciudad de Vich. é hijos legítimos 
llurales de José Fontanellas y Pradell. difunto; nietos de otro de 
mismo nombre y biinittos cié Salvio Fontanellas, que obtuvo del 
no. Sr. D. Felipe III de Castilla y II de Aragón, de eterna me- 
ia, el titulo de ciudadano honrado; que su casa y familia fueron 
decoradas con igual gracia hace ciento y más aflos. y que en lodo 
ipo han manifesl.ido su fidelidad hacia nuestros anales predecíso- 
y que los sobredichos Salvio y José Fontanellas y Pradell concu- 
"on á la expulsión de los facciosos que perturbaban la tranquilidad 
lica en Calalufla, hasta prender y entiegar en manns de los reales 
istros á Juan Serrallonga y á Jaime Serra, alias in Tul, lo que fué 
a de que aiRunos de sus secuaces, ¡j-uiados de Un espíritu maligno, 
isen á dicho Salvio, según puede inferirse de la alevosa muerte que 
eron, y no obstante lo cual, José Fontanellas y Pradell, nielo de di- 
difunto, se dedicó con más ardor al real servicio, etc.. etc. ■ 



CATALUÑA — DEL BANDOLERISMO 95 

1 histórica, y cuáles sean las conjetu- 
eden deducirse, claras las verá el lec- 
:ircunstancias y crisis porque estaba 
ncipado, y teniendo presente lo que 
;8, conforme queda dicho, el llamar- 



.tos que, á costa de no pocos afanes 
livos públicos y privados, he podido 
1 bandolerismo y á los bandoleros de 

nparcial podrá, sujetándolos á la cri- 
1 lo que valgan y deducir las conse- 
mientes estime y acertadas crea. 
3cas observaciones me toca hacer y 
adir, ya que transcendentales suce- 
iiestra España vinieron en su día á 
ea reclamando para otra mis pobres 
£ndome por el momento completar 

1 dietarios se concluye de hablar de 
comienzan las turbaciones de Cata- 
osas turbaciones que dieron origen á 
640 y á la guerra llamada de los se- 

una revelación para el historiador? 

;1 bandolerismo, por condenable que 

ia de un malestar secreto y aspira- 

orar de estado? 

ly en la historia de España sucesos 
que merecen fijar la atención y la reclaman muy dete- 
nida y diligente por parte de aquellos escritores que con- 






g6 VÍCTOR BALAGUBR 

sagrarse puedan á una época determinada con tíempo, 
holgura y medios, ya que no es posible en historias ge- 
nerales descender al estudio especial y á los detalles 
minuciosos de un acontecimiento dado. 

Las Comunidades de Castilla, las Gertnanías de Va- 
lencia, los alzamientos de Cataluña contra D. Juan 11, 
D. Felipe IV y D. Felipe V, y otros y otros sucesos 
de los reinos que hoy forman la nacionalidad españo- 
la, reclaman historiadores particulares que, allegan- 
do datos de inapreciable valia para la historia general, 
puedan estudiar causas, investigar orígenes y descubrir 
y publicar documentos con que se vean las cosas á la 
luz clara y transparente de lo cierto, enmendándose asi 
juicios equivocados y errores profundos que, por falta 
de datos suficientes, pueden llegar á ser históricos, y 
perjudiciales, por ende, á la sagrada causa de la verdad 
y de la justicia. 

En la historia política, en la historia de la vida de 
los pueblos y del progreso humano, yo creo, por ejem- 
plo, que Cataluña ha sido en España la vanguardia de 
las libertades públicas; pero esto, que es, en mi opinión, 
verdad inconcusa, no lo es ciertamente para todos, que 
á muchos cabe duda de ello, y yo la respeto, á causa 
de no haberse historiado ciertos sucesos con la exacti- 
tud debida, ya sea en unos por falta de datos, ya sea en 
otros por falsedades convenientes á interesadas miras. 

Yo condeno y condenaré toda mi vida los excesos á 
que á veces se entregó Cataluña en determinados perío- 
dos de sus turbaciones, obedeciendo más al impulso de 
las pasiones que á la serenidad de la razón, y por esto 
condeno el bandolerismo que de narrar acabo como es- 
tudio y dato histórico; pero, en cambio, siempre veré 
en las revoluciones de Cataluña el alto espíritu y el al- 
to fin que se proponen los pueblos grandes y varoniles 
al acometer empresas adelantadas á su siglo. 



ir ■'■ 

I HISTORIA DE CATALUÑA— 'DEL BANDOLERISMO gj 

> 

Aun cuando en la relación de ciertos sucesos se ha- 
llen hechos dignos de oprobio y anatema, no hay que 
culpar por ello á la nación; que no es bien que paguen 
todos la falta de alguno, ni el desvario ó el crimen de 
[ unos pocos debe ser mancha en la clara fama de la co- 
I munidad. En cambio, también en estos sucesos se ven 
descollar altas virtudes que ya quisiera yo ver imitadas, 
ciertamente, por los que hoy tanto hablan de ellas y 
tan poco las practican. 

En las grandes épocas de Cataluña hay algo que los 
historiadores debieran tener especial cuidado en hacer 
resaltar. 

Un gran amor á las libertades, pero un profundo res- 
peto á las leyes. 

Un gran sentimiento democrático, en el verdadero y 
recto sentido de esta palabra; pero al propio tiempo un 
gran sentimiento monárquico y un exquisito respeto á 
los reyes, hijo^ no de la adulación y del servilismo, sino 
de la conciencia y de la dignidad. 

Un perfecto conocimiento de los derechos, en defen- 
sa de los cuales eran extremados los antiguos catalanes; 
pero asimismo un religioso cumplimiento de los debe- 
res, en cuya escrupulosa obediencia eran puntillosos. 

Muy de desear fuera que en nuestros tiempos no se 
echaran al olvido estos eternos principios que tanto y 
tan característicamente resaltan en la historia del pue- 
blo español todo. 

Sin esto, tal es mi humilde opinión al menos, sin el 
sentimiento monárquico, en España, donde no hay cos- 
tumbres, ni tradiciones, ni virtudes republicanas, no 
habría jamás orden ni justicia. 

Sin esto, sin el respeto profundo á la ley y á la auto- 
ridad, sin el conocimiento y el cumplimiento perfecto 
de los deberes, en España, donde las costumbres son, 
sin embargo, democráticas, y donde el espíritu que en 

TOMO XIX 7 



*/ 



VÍCTOR BALAGUER 

eblo se encama es eminentemente liberal, no ha- 

unca libertad. 

r mala ventura, y con dolor lo consigno, la prác- 

ie aquellas altas virtudes de los tiempos antiguos 

:ne en los modernos la misma aplicación para to- 

tiay en el día quien por libertad entiende licencia, 

emocracia demagogia, y quien, predicando la cx- 

cia de los derechos, niega, ó por lo menos olvida, 

ligación de los deberes. 

esto es ser liberal y demócrata, yo confieso humil- 

nte que no eran esto nuestros antepasados, ni soy 

to tampoco. 

no, como mis padres, la libertad que en las sereni- 

i del cielo es compañera inseparable del orden y 

justicia, del deber y del derecho; pero aborrezco 
ndamente la libertad que desciende al fango de las 
i y se revuelca en el cieno de la orgia. 

ramera no es la dama, como la licencia no es la 
ad. 

APÉNDICES. 



APÉNDICE I. 

el Manuscrito de Bntnigiier, que existe en el archivo 
( Casas consistoriales, tomo II, cap. XXXVI, se en- 
ran, referentes á éstos y á otros sucesos de la misma 
, los siguientes párrafos, donde se extracta y resume 
i con mayor extensión se baila en los dietarios, acuer- 
el Consejo y copiadores de cartas: 
A 14 de Desembre 1520, scriuhen los concellers al 
om lo dilluns avans en la matinada eren cstat trot>ats 
en alguns lochs per la ciutat cartells; contenint con- 
> deis pobles, asenyalant jornada, y segons ab letra 



[ CATAHIÜA — DEL BlNDOLERISMO 99 

[, era asignat lo dia de Sant Thomas, 
i apres nos conegué nengun moviment.» 
1 1531, scriuhcn ais de Gerona en rcs- 
cions seguides en aquella cíutat y ab 
/eu que era perqué volien teñir que veu- 
ons y ques devian levar drets, empero 

virey, tots los moviments, y rumors 
larcelona, Gerona, y altres parts de Ca- 
leta.» 

Ide 1521 scríuhen al rey com perpropi 
ie dit una deis de la Junta del regne de 
sn Valladolit (á qui nosaltres diem los 
no havian volgut capturar lo correu per 
ni fer dany ais mercaders catalans en 
lajestat ves la resposta volía que fesen. » 
t de 1521, havent lo infant D. Enrich 
ZTit ais concellers ab paraulas molt sen- 
inculpantlos de actes de inñdelitat, li 

ab moltft gran prudencia, ab la cual y 
e scríuhen al compte de Módica, se veu 
itilla se eran alzats y Mallorca estava 

'de 1 522 scriuhcn al rey y li donan rahó 
nscommocionsdeMíllorca delspobles 
lomens, y que estos se eran retiratsá 
iiian asseCiaCs per térra y per mar, y 15 
al virrey que era á Tarragona, com era 
de Mallorca, trames per los jurats y 
a 5a Senyoría, gobernador, deputats y 
s, ab un frare, que segons fama ana per 
a, ab un christo en la mia, conmovent, 



t añy han regnat molts bandolers y se- 
I de Banyuls ab sa codrilla, lo cual as- 



00 VfCTOR DALAGUBR 

aba á Oleta y vingwé molta gent por ordrc del virrey 
la part de Rosselló y Cerdana en que hi era lo gober- 
ior Nisser Osset, doctor del real consell y molts cava- 
s y veguers y arseñaladament lo veguer y un cónsul de 
ñls, pero no fcren res, ans he al moltes bregues y morts 

1 se s^uiren deis bandolers persso no desampararen lo 
:h, fins que lo somaten los bagué deixats, y á les bores 
le Bañyuls ab sa gent, franceses y catalans, que'n tenia 
Its, sen anaren en Fransa y lo dit Misser Osset torna á 
!ta y crema tot lo lloch y la vila ab llettes del virrey 
! manabe se fes dita persecució contra los bandolers, y 
tá mes de <400t durats. Al ilibre deis Consells se pot 
irer largauient. Ass6 ere en la Coresma del añy 1581. 
aá la persecució del dit Bañyuls per cuant lo duch de 
rranova en aqueix instant entra virrey de Cataluña, y 1» 
ipte de Aytona entra per virrey de Valencia, lo cual 

vingut en Perpinya sois per la dita persecució.» 
(Dietario del archivo de PuigCLrdá.) 

APÉNDICE III. 

1681. 

Aixis matéis en lo dit añy, en lo mes de Desembre, en- 
:en per la Valí de Carol 325 franceses, hugonaus y al- 
i, los cuals babia enviats á cercar Galceran Cadcll, los 
is pasant per los llochs rebaben lo que podien y s'mcn- 
¡n 50 moltons de la vila y devallaren fins á la Seu de 
fell y assi vingueren los Ripollesos á vaicinos si fos 
iter, y tambe habien avisats á altres circnmvehins, ha- 
rén á Lies una brega y niorinenlhi ciiatre ó sinch deis 
:onaus, y prenguerenlos tin morter que portaben, ysen 
laren per la val! de la Losa, y !o virrey enviá Misser 
va y Misser Fermin Sorribes per pasificarho y trague- 
ab guiatge molts bandolera, y Galceran Cadell y altrc» 
lesterro, y aixis ho remedia.» 

(Diílaria de Piiigcerdá.) 



CATALUÑA — DBL BANDOLERISMO 101 

APÉNDICE IV. 

Ht! t M. Marti, ile PuigccriU. 

II, originaire de Puigcerdá, á fourni 
ble de personages distingues, et la plus 
ui en soit faite, á mft coonnaissance, 
I Cadell, j utiscoiisult de Puigcerdá, qui 
portant diverses franchises accordées 
Scigneur souverain de Rousillon et de 
ides d'avril 1222. — Un acte de 1229 
ommuniqué á mon dernier voyage), 
;rdá, R. Katdli, R, so» fils et Caleüi 
me Cadeli), Se trouve cnsuite le nom 
jsieurs fois dans des actes de la Cer- 
I, et ce nomestainsi e'crit: Sig-{-num 
is un documcnt de l'an i265,CeGui- 
'5 ¿tait sans doute celui de 1229, et| 

qualiñcation, ü est clair qu'il devait 
portant le méme nom que lui, et qui 
í de Margante décédée en 1300. Cc- 
ription, eut aussi un fils du nom de 
'en trove aucune trace dans les actes 
, sauf la mention faite en 1315 d'une 
erois, et confrontant ín tena Giiilletmi 
robable que les documents que vous 

Puigcerdá pourraint eclaircir com- 
stion, beaucomp mieux que je ne puis 
i que j 'ai a ma disposition ne concer- 
les de la menie famille Cadell de Puig- 
rent. Tune la seigneurie d'Espira en 
íUes de Pruilans, Arceguel et Arau- 
( la généalogie de ees deux brances de 
tne foucnit pas d'antres prénoms que 
srre, Raymond, Guido, Jean, et jao- 
* et XIV ' siecles, et je u'y trouve rien 
(pliquer si les débrís d'osssmets bu- 



a 






1 02 



VÍCTOR BALAGUER 



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«-• 



L»"I 



^&' 



mains que vons aves trouvés derriére la pierre de Tins- 
criptiont se rapportent á deux enfants de Guillaume et de 
Margar ¿te Cadell.» 

La copia de la anterior carta me fué facilitada por el 
Sr. Martí, junto con las siguientes interesantes notas: 

cLa lápida de que se hace mención en el anterior escri- 
to, se encuentra empotrada en el muro, detrás de un altar 
de la iglesia parroquial de Puigcerdá. No la descubrí yo, 
pues que me participaron su existencia, hace ya diez ó do- 
ce años; pero ninguna de las cuatro ó seis personas que de 
ella tenían noticia sabía cuál era su objeto. Gracias á la 
curiosa inscripción que contiene, me fué fácil saber la per- 
sona para la cual había sido labrada, y en qué época. Al- 
terada, al difundirse esta noticia, se decía en toda la po- 
blación que yo había encontrado un eos sant. 

•Queriendo poseer una copia del hermoso relieve que 
figura el acto del entierro de la cMargarita,» ensayé un 
vaciado en yeso que, por las pésimas condiciones del local, 
no me dio buen resultado. No satisfecho, obtuve del señor 
párroco el permiso de arrancar la piedra, encontrándose ^ 
con sorpresa mía, dentro del tosco nicho, además de algu- 
nos restos de una persona mayor, los cráneos de dos cria- 
turas. Obtenido el molde, yo supliqué que se permitiera 
colocar la lápida en paraje más visible, pero el señor pá- 
rroco se opuso, y ahora vuelve á estar situada en el mismo 
incómodo sitio. 

iPara que me aclarara aquel inesperado hallazgo, y al- 
gunas palabras de oscuro sentido de la inscripción, escri- 
bí á Alard, el cual me dio sobre ella y sobre la familia de 
la sepultada todas las noticias que V. vio en su carta, y 
de las cuales copio las que se refieren á la segunda, pK)r 
creer que son las únicas que á V. interesan, y con el fin 
de ahorrarle trabajo y la molestia de tener que remitirme 
nuevamente aquel escrito. 

• Queda en dicha inscripción una palabra, que ni la vas- 
ta ilustración de M. Alard, ni los raros especiales conoci- 
mientos de M. de Bonnefoy, pudieron explicar; pero que 
no perjudicando á la lectura general de la composidón 



ik. 






-) 



HISTORIA DE CATALUÑA — DEL BANDOLERISMO IO3 

poética (¡mala gttanyat noml), no tiene interés más que para 
el paleógrafo, ninguno para el historiador. 

•Para que tenga V. una idea de ella, he aquí la copia 
de la inscripción: 

Borde superior, 

Mitis, munífica, — proba, provida, mente púdica, ^ 
Gaudens, pacifica — pia, prudens, mori, árnica, 
Ritu sortita — quondam sermone perita. 
Tu Margarita, — ^jam requiescis ita. 
Uxor Guilleliui Catelli — fueras juniorts 
Mater Guillelmi Catelli — frantrisque minoris. 

Borde inferior. 

Pro te poscentes — venían sunt suscipientes 
Christum donum erum(?) — fore quadraquinta dierum, 
Dum contempsisti — mundum funere tiisti. 

Anno Dei M.CCC.VIIl idus julii obiit Domina Margarita. Hic jaset, 
requiescat in pace. Amen. 

APÉNDICE V. 

AÑY 1588. 

«Al 7 del mes de Novembre de dit añy entenent lo Se- 
ñor Virrey D. Manrique de Lara los maleficis feyan los 
bandolers de la parcialitat de Mosen Jonot Cadell de Ar- 
seguel en la térra dé Cerdanya y altres parts circumve- 
hines, envia lo maniñch Misser francés Ubach, doctor del 
Real Consell á la present Vila pera fer fermar la unió y 
per donar remey de justicia á la térra y també enviá á 
Misser Enrich á Leyda y á Misser Mir á la Seu d'Urgell 
per lo mateix efecte. Assi ha feta molta justicia lo dit 
Mosen Ubach perseguint los bandolers assetiantlos en Ar- 
seguel en lo cual siti mataren lo Minyó de Capsir y lo 
Minyó de Montellá y alsaren somaten y acudit tota la tér- 
ra y també Misser Mir ab los de la Seu de Urgell, y tam- 
bé hi acudi Banyúls ab 300 homens. Dura lo siti set ó vuit 
diesy alsarenlo per no poderhi estar per lo temps tan mal 



VÍCTOR BALAGUBR 

La Vila y la térra han fermada la unió per temps 
añys.> 

(Dielaria de Puigcerdá.) 

APÉNDICE VI. 

II de Abril de 1593 scrihucn al rey los coacellers 
sr expulsió dea ladres á títol que feyan torb al Ge- 
havian feta junta de Brassos y entre dit Consistort 
jrans alteracions en sos parers, y que los un s'eran 
s en la Deputació y los altres en casa de un depu- 
que los del bras militar se eran ajustat á la Seu, y 
3 concellers essent estats consoltats ab etnbaxadas, 
n voigut resoldrers en nengun parer sens darne rahó 
'.» {Manuscrito Brutiiquer, cap. XXXV.) 
16 Setembre 1592, lo virrey dona avis ais concellers, 
ivta fet assetiar lo castell Darcegol, perqué Cadell 
L fort allá ab altres bandolera, y fou prés y dcrrocat.» 

APÉNDICE Vli. 



;loría de Nostre Senyor Deu Jesus-Crist exaltació 
nvictísíma nostra fe católica, Uahor, honra y fama 
ael. Nació de Cerdanya, sería no cosa deguda se po- 
oblit k tant famosa victoría ^tingueren los de la 
i Fuigcerdá y térra Cerdanya ais 22 del mes de Maig, 
la Nativitat de nostre Redemptor 1598; divendres 
leí solemnissim día de Corpus contra de 3.000 fran- 
) mes, deis cuals era Capitá Mossur de Durban en 
nya del Vescompte de la Cort Mossur Casáis, ab 
iltres cavallers francesos, guiats per molts bando- 
Eiturab de esta térra de Cerdanya, los cuals se eran 
ts en lo comptat de Foix, després de la ruina y des- 
I maná fer sa Magestad per lo Excelientisim Duch 
jueda, Virrey de felis recordado y digne de tal car- 
el Castell de Arseguel. térra de Baridá, en lo cual 



105 

or de aquell qui lea hores era Mos- 
:al manera que s'podia viure en la 
rra de Baridá, Urgellet ni casi en 
redits bandolers se recutlian en Ar 
> f2O0,> cossejaban y robavan de 
lassos de Cataluña, y encara vilas 
nolt numero de gent, puis que fou 
ivehirnos de un Virrey cual conve- 
lí: era lo predit Duch de Maqueda, 
ya D. Bernardino de Cárdenes, lo 
. y fidelitat del Sr. D. Joan de Que- 
jmptats de Rosselló y Cerdanya, al 
mena aquesta empresa ajudat espe- 
Cerdanya y seo un daría m en t de al- 
taluña y de 200 castcLlans feu des- 
lieras liabia en Barcelona, de las 
ileros Argensola Cavaller famos y 
e Flandes que Vuy per sas hasanas 
idor deis Comptats del Rosselló y 
le dit castell de Arseguel aprés de 
- espay de un mes, que coniensá lo 
e es á 22 desembre del añy 1593, y 
s Uargas escaramusas y haber mor- 
ía part y altre, fou nostre Senyor 
i may plogue per la cual cansa fou 
lell y á un altre cavaller qui s'era 
, nomenat Felipe Queralt en com- 
iolers de Arsagucl y de molts pa- 
s muUers y familias, una nit anas- 
ch de Arseguel y deixailo tot sol á 
nian assetiaCs, los cuals com habia 
o sitl en una térra tan fragosa ab 
lits y ab la industria y practica de 
nt guíats y portats dins lo compUt 
Mosen Jonot Cadell aprés de ha- 
mat lo Castell y assolat lo lloch de 
es Corts de Barcelona añy 1599 li 
e li habia conñscat, de tal manera 



io6 



VÍCTOR BALAGUER 



que los del dit francesos del comptat de Foix, guiats per 
alguns deis dits bandolers se eren retira ts en dit comptat 
de Foix entre los cuals se asseñalá molt Cua de Llop, na- 
tural de la Valí de Querol, Barrabam de son nom dit Mas- 
ferrer, natural de Sareja, Vicens Jasquer de Querol y 
molts altres de Cerdanya, Baridá y altres parts, entraren 
per la valí de Querol y descubrils la torre Cerdana y tira 
la Artillería, y com veren foren descoberts no gosaren pa- 
sar per la Valí de Querol avall sino com foren á Porta 
prengueren per de sobra á ma esquerra y caigueren sobre 
de Fanés y aquí comensaren á cremar y saquejar y roba- 
ren casa de Floquet de fanés y los bestiars de aqueix Uoch 
y sen portaren á Tomás de Rabia alias floquet y á son Fill 
Guillem y matarem á un parayre de Puigcerdá que per 
sobrenom se deya lo Sor de la Sclamonda, y de aquí par- 
saren á la costa de la Sacratíssima Reyna de helloch y á 
Dorras y aquí feren grandissimis estragos robant glesias, 
portantsen lo Santissim Sagrament y tot lo que trobarcn 
per las casas, y de aquí pasaren á las Caldas ahont troba- 
ren grant resistencia en lo Hostal de la casa Grant per 
raho de un monjo qui estaba en dit tempsen ditas Caldas 
anomenat Fra Pujol natural de RipoU y net de Mossen 
Sans de Puigcerdá, del ordre de Nostra Señora de Mont- 
serrat, lo cual ab adjutori de alguns fadrins tenia en sa 
companya resistí valerosament, y mataren alguns de dits 
fadrins á alguns deis dits francesos, y ells cremaren lo 
porcho del Hoste de las Caldas y apréssen pujaren al ser- 
rat de sobre Vilano va y volgueren pendre lo port de Ca- 
banas de sus Angostrina y no pogueren perqué ja-hi-foren 
alguns de Llivia y ab mosquet que tenian los ho vedaren, 
y á les hores se posarent en lo serrat sobre Vilanova y 
aquí feyan eos de guarda y á tropas eixian á escaramussar 
ab Mossen Joan de Codol, señor de Ur y Flori, lo cual deis 
primers acudi á Vilanova y á les Caldas ab alguna gent de 
la Vila de Puigcerdá y aquí resistiren valerosament á las 
grans cargas donaban dit francesos cridant Bandoma Ban-- 
dorna, fins que arribaren tota la gent de la térra y Valí de 
Querol y donaren brega á dits francesos, en las cuals bre- 



. CATALUÑA — DEL BANDOLEIUSMO I07 

:argas deis primers morí Mossen Fran- 
isi á las derrarias Felip y molts de na- 
its francesos la nit se acostaba, se retí- 
la de Vall=:marans ahont dormiren la 
grant fret hi feíi iVolento axis nostre 
I molts y apres sen tornaren per Pimo- 
baratats per los Carolaus primerament, 
i de la vila de Piiigcerdá y apres los de 
/A de tal manera entre morts, presos y 
ña cuant ferent ressenya en Fransa los 
)mens. • 

(Dielario de PuigcerJi.) 



A DE CATALUÑA 



AS DE FELIPE V 



DE FELIPE V. 



I recibió el Consejo de Ciento 
del rey Felipe V, anunciando 
ie la corte el i6 de Agosto in- 
rcelona con objeto de convocar 
el convento de San Francisco, 
antecesores, y también con el 
!a princesa María Luisa de Sa- 
ajustado casamiento. 
: V de Borbón ocupaba el tro- 
'., cuarto, degenerado y último 
:1 trono de Fernando y de Isa- 
de haber casado en primeras 
>a francesa y en segundas con 
Listria, moriasin hijos el i.°de 
adhesión á la casa de la cual 
fluencia de su segunda mujer, 
riencia, decidirle á llamar al 
riaco; pero no fué así. Los es- 
supo suscitar junto á su lecho 
)rtocarrero, arzobispo de Tole- 
:sesde la Francia, obligaron á 
sus más caros deseos para tes- 
ie su hermana y de Luis XIV, 

i los Borbones á ocupar el tro- 
aquel circulo de intrigas, de 



112 VÍCTOR BALAGUER 

enredos y hasta de crímenes puestos en 
gurar la sucesión del débil Carlos II, ( 
reinar en España ni dar un heredero á 
se consultaron mucho los intereses priv 
personales, las ambiciones de los repi 
partido austríaco y del partido francé: 
consultada jamás la voluntad del país. ¡ 
tereses de éste no se tratara más bien q 
de Francia ó de Austria! 

Luis XIV, aunque ligado por pactos 
tratados anteriores, supo prescindir d< 
compromisos, y aceptó para su nieto el 
jou el trono de España. El 24 de Enei 
cañones de Fuenterrabía y de Irún an 
españoles la llegada de su nuevo monat 
tro también en el país la más terrible y I 
sa de las guerras: la guerra civil. 

No dejaban de conocer los consejeros 
pe y el mismo Luis XIV que, al pisar < 
pañol el nuevo monarca de la casa de Bi 
de poner su pie sobre el suelo de un voi 
reventar. El emperador de Austria, qu 
para su segundo hijo Carlos el trono 
podía permanecer impasible; las demá: 
tranjeras dejaban traslucir su desagrado 
lio de la Francia; el príncipe de Darms 
acababa de ser de Cataluña, al dimitir 
embarcarse en Barcelona para Alemanií 
voz, á cuantos fueron á despedirle, que 
con nuevo rey á la capital del Principad 
ban á correr sordos rumores, principalm 
ña, presagio de la tormenta que iba á d 
la nueva dinastía. 

Felipe V quiso atraerse el cariño de lo 
sando á celebrar Cortes en Barcelona y 



LUNA— LAS BODAS DE FELIPE V II3 

-incipado; pero no tuvo tacto para 
), pues se vi6 claramente en sus 

deseo de ir coartando las grandes 
os que de época inmemoriai goza- 
r á los fueros y á las libertades, era 

pais. Los catalanes que en tiempo 
ipe IV se habían alzado como un 
icilando en arrojar solemnemente 
reyes conculcadores de las liberta- 
iendo á la elección de nuevos mo- 
de titubear en hacer lo propio con 
faltaba en lo que para ellos era sa- 
•cto, sucedió, y con su constancia 
L:hos años y con su heroica y famo- 
ina, demostrar supieron los catata- 
do que no en vano se atenta á las 
lidad de un pueblo, 
il punto de que hoy nos vamos á 
es notas, sino de lo acaecido en los 
Eitrimonio de Felipe, para lo cual 
r el velo que oculta los secretos de 
storiadores hablan con misterio de 
das en Figueras el dia de la boda 
njou; y como no refieren el suceso, 
ioso, vamos hoy á relatarlo noso- 

cierto historiador coetáneo de los 
:ro libro raro y poco conocido que 



lespués de haber aceptado el trono 
< en dar una reina á la España, y 
políticos enlazarle con una prince* 



\'^ 



114 VÍCTOR BALAGUfiR 

sa de Saboya, con lo cual contribuía á quitar un aliado 
á las potencias enemigas de Francia. La elección reca- 
yó, pues, en la hija segunda de Víctor Amadeo, María 
Luisa Gabriela, hermana de la que había casado con 
otro príncipe francés, el duque de Borgoña. Las nego- 
ciaciones para esta boda, entabladas desde principios 
de 1701, fueron retardándose á causa de las continuas 
vacilaciones del duque de Saboya; pero, al cabo y al 
fín, el II de Setiembre de dicho año, el príncipe de Ca- 
rígnan se casaba en Turín, á nombre y por poderes del 
rey de España, con María Luisa, que acababa de cum- 
plir entonces trece años. 

Después de haberla llevado al castillo de Racconigi, 
residencia veraniega de los príncipes de Carignan, don- 
de hubo grandes ñestas, Manuel Filiberto acompañó á 
su sobrina, seguido de toda la familia real, hasta el pie 
del collado de Tende, en cuyo punto la joven reina to- 
mó el camino de Niza, puerto en donde la aguardaban 
las galeras españolas. 

Por su parte Felipe V retrasó su viaje, pues á pesar 
de lo que tenía escrito á los concelleres de Barcelona, 
no salió de Madrid hasta el 5 de Setiembre, llegando 
el 16 á Zaragoza, efectuando el i.** de Octubre su en- 
trada en la capital del Principado, prestando el 4 su ju- 
ramento á los fueros y libertades del reino, y abriendo 
el 12 las Cortes con un discurso ó proposición que no 
fué, por cierto, del agrado general. 

Contaba Felipe esperar á la reina en Barcelona, pero 
supo que había decidido proseguir su viaje por tierra, y 
fué á recibirla hasta Fígueras, á cuyo punto llegó el 2 
de Noviembre, teniendo lugar en aquella villa las esce- 
nas que luego relataremos. 

Al separarse de su familia en Tende, María Luisa se 
dirigió á Niza, desde cuyo punto comenzó con su abue- 
la una correspondencia bastante seguida y que no se 



rÑA — LAS BODAS DE FELIPE V II5 

;o antes de su muerte. Esta co- 
deser interesante, aunque se re- 
}sas íntimas y de poco valor para 
conocer por completo á la reina 
stoel carácter de la mujer ■. 
j biógrafo, la condesa de la Ro- 
; talla pequeña, pero había en to- 
^ancia notable. Sus cabellos eran 
i negros, llenos de fuego y de vi- 
i conservó largo tiempo una ex- 
muy inteligente, una agradable 
y de gracia pueril. Su tez era de 
orno su hermana la duquesa de 
;jillas muy gruesas, talle airoso, 
s encantadoras. En una palabra, 
ganaba mucho en ser vista y oida, pues que sus retra- 
tos no dan masque una mediana idea de sus encantos, 
mientras que su persona estaba tan llena de atractivos, 
que cuantos hablaban con ella se deshacían en elogios. 
Hay que añadir á esto que en María Luisa había to- 
da la iniciativa, vivacidad y resolución que faltaba en 
Felipe, el cual era de carácter tímido, débil y frío. Por 
esto la joven princesa de Saboya, desde el primer año 
de su casamiento, escribía áLuis XIV: iSapUco enca- 
recidamente á V, M. que se valga de toda la autoridad 
que por tantos motivos tiene sobre el rey mi esposo, 
para hacerle que de una vez para siempre se acostum- 
bre á decir con tono resuelto quúro 6 no quiero, á fin de 
que pueda imitar á V. M. * 

Al llegar á Niza, hubo María Luisa de separarse de 
sus damas piamontesas, entrando á formar parte de su 



1 Esta correspondencia ha sido recientemente publicnda por ta 
íofXlttí de la Roca con el tituTo de CorrtipendenñB inédita di ¡a duque- 
— di Btrgfña y de ¡a rema di España. 



Il6 VÍCTOR BALAGUER 

servidumbre otras damas francesas, conforme lo habia 
dispuesto Luis XIV, quien á la sazón mandaba en todo 
lo relativo á España mucho más que el rey Felipe V. 
Este fué el primer disgusto serio que tuvo la princesa 
saboyana, y sólo con lágrimas y sollozos se separó de 
sus damas, particularmente de una que le era muy que- 
rida y que cita frecuentemente en su correspondencia 
llamándola siempre la pequeña Verwet. 

En Niza encontró también á la princesa de los Ursi- 
nos, que la estaba aguardando, y que habia sido desti- 
nada para ocupar el puesto de camarera mayor de la 
reina de España. La celebridad que adquirió esta mu- 
jer, y lo mucho que hubo de influir en la política, nos 
obligan á decir algo de ella. 

En cuanto Luis XIV tuvo arreglado el casamiento 
de Felipe V, sintió la necesidad de prevenir la influen- 
cia que podía conquistarse sobre un príncipe poco ex- 
perimentado una princesa que acaso el duque deSabo- 
ya habría preparado para servirle á él, mejor que á la 
nación sobre la cual iba á reinar. Luis XI V y su astuta 
consejera, Mad. deMaintenon, pensaron también que no 
era menos urgente poner al joven monarca en guardia 
contra las insinuaciones de un consejo demasiado espa- 
ñol, que trataría sin duda de apartarle de una unión 
constante con la Francia, unión en la cual el rey Luis 
apoyaba su supremacía. 

Para llenar las miras del gabinete de Versalles, se 
necesitaba un ingenio sutil, un espíritu despejado é in- 
sinuante, propio á conciliarse el afecto de los españoles, 
tan difíciles de engañar y más difíciles de seducir. La 
de Maintenon, que era maestra en sutilezas, propuso 
un personaje de su elección, María Ana de la Tremoui- 
lle de Noirmontier, viuda en primeras nupcias del prín 
cipe de Chaláis, y en segundas del duque de BraccianO) 
principe dé los Ursinos, llenaba todas las condiciones 



UÑA — LAS BODAS DE FEUPE V 1 1 7 

mplimiento de los proyectos con- 

;8, la escogida. 

én era esa dama que tan célebre 

gando un día á elevar sus miras 

español. 



cesa de los Ursinos fué la novela 
i, la más sembrada de pasiones y 
i hubo galantería más expansiva 
de la Tiemouille, y jamás le hizo 
ina ambición que no tenía limites. 
)n quienes tropezó á su paso y de 
¡dad de emplear el crédito, fueron 

sus amores no durasen más que 
s; y como la princesa de los Ursi- 
vida, por espíritu de intriga aún 
d, fácilmente se puede formar una 
ncJatura de adoradores que tuvo, 
isfacer sus deseos ambiciosos y su 
;nto. 

con Blaise de Talleyrand, su pri- 
^ cortejada durante su viudez por 
; rica y poderosa con el duque de 
idependiente y libre en sus accio- 
s Ursinos había podido conocer la 

humano bajo todos sus aspectos, 
ngenio, curiosa, de ardiente ima- 
n desmedida y sin otra debilidad 

de sí misma, María Ana de la 
:establemente una de las primeras 
!)emasiadD lo sabía ella; ella que, 
nás graves acusaciones, llamada 



Il8 VÍCTOR BALAQUER 

como culpable por Luis XIV, consigue 
hacerse absolver, sino que se la solicitasi 
España, donde ya había estado cuando 
trimonio, con una alta posición que le p 
A todo. 

Cincuenta años tenia, nada menos, cu 
da para esta misión, y á pesar de semejai 
lia nueva Lais era encantadora y poseí 
ducciones de su sexo, al decir de los escri 
ráneos. «Sus facciones, dice un autor, 
sus ojos, sobre todo, os inundan de un; 
luptuosidad que parte como un rayo de 
pila; su voz, más dulce que la de las si 
hasta el alma: unid á esto un talle de nii 
de Hebe, la movilidad de caderas atribu 
una flexibilidad de pasiones y de carácter 
tarse á todo. He aqui, de pies i cabeza 
de los Ursinos, y Mad. de Maintenon de 
tido varías veces: Si yo no fuese Prancis 
quisiera ser María .\na de la Tremouillt 

Tal era la mujer que María Luisa eni 
dispuesta á ser, por orden de Luis XIV, 
y, según sientan muchos, su rival. 

La joven reina de España se embarca 
en las galeras españolas que la esperaba 
de Niza, y después de haber descansad 
Tolón, fué á desembarcar en Marsella, 
guir su viaje por tierra, á causa de lo mt 
cieran sufrir el mareo y el mal tiempo 
hubo de esperar el permiso de Luis XIV 
por tierra su camino, y si el lector se a 
un permiso tan sencillo como el de un 



1 La condesa de la Roca: Certapondcncía ini 
Eifaña — Toucharil I^afosa: Oíniras del eje de 6iii¡ 



TALUÑA — LAS BODAS DE FELIPE V II9 

do al rey de Francia y no al de Espa- 
urante los primeros años del reinado 
rbón, todos los negocios de la corte y 
ban dirigidos por Luis XIV. Las ór- 
ersalles, no de Madrid, y séloá pre- 
ra sumisión y dependencia era como 
1 concedía á su nieto el dinero y los 
lia absoluta necesidad para sostener- 
no tardó el Austria en venirle á dis- 
te. 

permiso solicitado, y el 21 de Octu- 
11a María Luisa, para llegar el 2 de 
ntera española. 

i folleto impreso en Barcelona con la 
tas que luego se celebraron, el rey 
a llegado la vispera á Figueras, qui- 

su esposa con el deseo de conocerla 
icido, y vistiendo un sencillo traje de 

caballo y fué al encuentro del coche 
ca de la Junquera. Acercóse al ca- 
tándole , departiendo con la reina y 
los Ursinos hasta llegar cerca de Pi- 
unto se separó de ellas, altamente 
; venía para ser su esposa. Si María 
le sospechar quién era aquel caballe- 
:sa de los Ursinos, que conoció per- 

y sirvió de mucho á entrambos en 
lella primera entrevista, 
eras, y al bajar del coche la reina, el 
dias ratificó el casamiento con poca 
pronto los regios consortes se senta- 
3. cenar. Entonces fué cuando tuvo 
que nos hemos referido, y cuyo co- 
: al historiador Saint-Simon, que la 
lera deliciosa. 



I20 VÍCTOR BALAGUBR 

Los esposos eran servidos á la mesa p 
de los Ursinos y por las damas de palaci 
dispuesto que la comida se compondría 
manjares guisados á la española y de lai 
dos á la francesa, acaso con el objeto d 
susceptibilidades nacionales é inaugurar 1 
tica de ambos pueblos. Pero esta mezcla 
hubo de disgustar á las damas encargada 
y á varios señores españoles que con el 
confabulado, quedando decidido en aque 
ningún plato francés llegase á la mesa. A 
efecto. Bajo un pretexto ú otro, con el a< 
unos platos eran demasiado pesados y oti 
calientes, las damas de la servidumbre d 
damente ó al acaso caer todos los pial 
francés, rompiéndose los unos y volcand 
de los otros, de tal manera que sólo los n 
ñoles tuvieron la buena suerte de llegar 
mesa. La afectación y el embarazo de las 
masiado visible para que pudiese queda 
sin embargo, así la reina como el rey tu 
dura de hacer que nada habían advertido, 
por su parte la princesa de los Ursinos, alt 
brada, no desplegaba los labios. 

Pero no estaba aún todo terminado. 

Dejemos ahora que hable el historiador 

■Después de aquella larga y enojosa 
maligno cronista, el rey y la reina se re 
tonces lo que se habla contenido mientra 
mida, estalló. La reina se puso á llorar, 
ña que era, lamentándose entre suspiros 
la ausencia de sus damas piamontesas. 
que no llegaba á catorce años, se creyó p 
nos de damas tan altaneras, y cuando fu 
acostarse, dijo clara y netamente que no 



USA — LAS BODAS DE FBUPB V 121 

país. Se hizo cuanto fué posible 

el asombro y la confusión fue- 
se vio que no había medio de re- 
e había desnudado }'a, estaba es- 
princesa de los Ursinos, apurada 
le v¡6 obligada á ir á decirle lo 

manifestó muy resentido y p¡ca- 

igó por espacio de tres días. Has- 
do convencer á la reina, que por 
¡da conyugal con su esposo. 
:ena, que parece tener mucho de 
: tener algo de seria, y en aquel 
L proscribir de la comida de bodas 
ie ve ya despuntar el odio de cier- 
ancia y se divisa el horizonte po- 
s. 

n los reales consortes á Barcelo- 
lidos con ostentación, celebrando 
¡tas por su llegada. Sin embargo, 

1 una cosa: entusiasmo popular, 
idensando en el horizonte políti- 
a sordamente á lo lejos. Todo el 
ntecimientos próximos, y estaba 
dos que la dinastía, si llegaba á 
la sólo después de una larga y 



:A de CATALUfjA 



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Vr 



1^6 VÍCTOR BALAGUBR 

hitantes de Cervera, por ser en esta ci 
mente halló Felipe partidarios catalai 
Desde antes de comenzar la guerra 
centro 6 una junta secreta que, ent 
s, se componía de Jaime Puig de Pe 
Puig y Surribes, su hijo; Antonio C< 
u, Carlos Regás, Miguel Mas, de Ro 
.ch, también de Roda. 
Este último, que era vulgarmente c( 
xh de Roda, á causa de tener una ma 
el término de aquella población, de 1 
i uno de los más entusiastas partidar 
e, que simbolizaba para él la causa i 
talanas, y uno también de los hombr 
io y más popularidad que habia en e 
La junta que secretamente se babia 
ch se entendía particularmente con ei 
Darmstad, landgrave de Hesse, que 
la época de Carlos II, habia sido vii 
, donde había dejado muchas y profu 
principe Darmstad era uno de los h< 
iñanza del archiduque Carlos, y fué i 
6 para decidirle á venir á Cataluña, d 
. inteligencias le respondían del bu< 
isa. 

El príncipe, para entenderse con la 
;nte organizada en Vich, enviaba su c 
ina dama de Barcelona, que habia e 
lorosas relaciones, y esta dama, por 
litan llamado Xirola ó Virola, remit 
conspiradores vicenses, quienes á su 
I capitán y la misma dama, mandaba 
príncipe del estado de las cosas. 
Don Francisco de Velasco, que era \ 
ia por Felipe V, tuvo conocimiento d' 



CATALUÑA — BACH DB RODA 1 27 

ípal del bando austríaco, y fácil le 
i eran los pdncipales partidarios 

luscar para que se presentasen en 
iciendo ellos cuál era la intención 
n y permanecieron en sus casas, 
¡es mandó formar causa por des- 
' crimen de conspiración, pero con 
ii cosa que hacer adelantar el mo- 
ses, con las personas citadas al 
Yertamente al campo, levantando 

:i. 

ra los pronunciados un cuerpo de 
.gosto de 1705 fué destrozado en 

por los sublevados, 
luerte un nuevo refuerzo enviado 
3as hallaron seriamente defendido 

tuvieron que volverse, después de 

una nueva derrota. 

ics, la de la riera de Granollers y 

donde hizo sus primeras armas 

listándose gran renombre por su 

dez. 

is de la primera acción, el 24 de 

e las potencias aliadas desembar- 

1 Besos y Mongat el ejército que 

usa del archiduque, mandado por 

nde de Peterboroug y por el prin- 

Vich fueron de los primeros en 
acudir á ponerse á las órdenes de Carlos III, y hay 
quien asegura que éste les conñó la guardia particular 
de 8U persona. 

Lo cierto es que se formaron y organizaron inmedia- 
tamente dos fuerzas: una de tercios de Vich, cuyos 



128 VÍCTOR BALAGUBR 

irincipales jefes fueron Puig y Surribes, Oms, ArÍKll 
' otros; y otra, llamada de fttsileros de Roda, í cuyo 
rente se pusieron Francisco Bach y Miguel Más. 

Estas dos fuerzas prestaron grandes 6 importantes 
ervicíos durante el sitio puesto por Carlos III á Bar- 
elona, en cuya ciudad entraron triunfantes con ¿1. 

Estas mismas fuerzas fueron de grande utilidad y se 
eñalaron muy especialmente cuando más tarde Barcc- 
:>na fué sitiada por Felipe V, que vino contra ella al 
rente de un ejército castellano- francés. 

Las crónicas del tiempo citan á los fusileros de Roda 
' á su jefe Bach con grandes elogios. 

No seguiremos á Bach durante su carrera militar, 
ues necesitaríamos mucho papel y tiempo, á bien que 
Eimbién la historia le pierde de vista muy á menudo. 

Sólo se sabe de él que, durante aquella sangrienta 
■uerra de tantos años, fué uno de los partidarios mis 
leles, más celosos, más adictos y más desinteresados 
ue luvo la causa del archiduque. 

Por amor á la patria y á las libertades del pafs habia 
mpuñado un arma, y no se sabe de él que tuviera más 
eseo que el de salvar ambos grandes objetos, pues no 
onsta — al menos no ha llegado á nuestra noticia — que 
btuviese ningún empleo ni se le diesen honores algunos. 

Parece que durante el triunfo de las armas de Car- 
)s III, Bach se retiró á su casa y heredad, volviendo 
ólo á salir de ellas en 1709, cuando las huestes de Fe- 
pe V volvieron á invadir la Cataluña. 

Cuando ya la causa de las libertades catalanas podía 
arse por perdida; cuando en 1713 fuerzas considéra- 
les habían caido sobre Barcelona, á la cual tenían en 
strecho sitio, parece que Bach era uno de los que te- 
lan sublevado aún el llano de Vich, haciendo jncrei- 
les esfuerzos por levantar el país en favor de los bra* 
os que como leones se defendían en Barcelona. 



ATALUÑA — BACH DE RODA J2g 

sabe de él. Desaparece después, 
encuentra más que para citar su 

)na, el recuerdo de su muerte se 
nalmente por una bellísima can- 
cnza con estos versos: 

leu ciutflt de Vich. 

t penjñ un caballer 
>b1« de h plana. 
lOm li diuhen Bnch, 
de Roda estaba. 

dito a esta canción, Bach, sen- 
el gobierno triunfante de Feli- 
un amigo que con un pretexto 
donde estaba oculto, y llevado á 
e un caballo. Una vez en Vich, ■ 
nbla llamada de las Devalhilas, 
o por el Piiig de las Guardiolas. 
dos el llamado Pagés de Puracols 
distinción que se habían señala- 
tra Felipe V. 

Bach de Roda en la horca no ca- 
conñrmada por la historia; pero 
de que sea verdad lo que dice la 
., según la cual, apenas acababa 
lo llegaba el perdón que el rey le 

e de esta mísma canci6n publi- 
Maniiel Milá en su Romancerillo 

r que el traidor amigo que ven- 
fué el antiguo capitán Xirola ó 

fidente de quien se valieran los 

blevación, — respecto del cual, en 



efecto, se tienen indicios de haberse 
pe V durante la guerra. 

ales son ]as noticias únicas que 
ir acerca de este personaje, sobr 
rama el poeta catalán D. Fran 
i realmente una de las nobles y 
quel tiempo pródigo en nobles 
nártires de la patria, y bien ha 
gerla para ponerle el marco de 



r 



HISTORIA DE CATALUÑA 



UN EPISODIO 

DEL SITIO DE BARCELONA EN 1705 



EPISODIO 

BARCELONA EN I705. 



i cuando estalló la primera chis- 
i lucha que debía llamarse gue- 

habfa venido á ocupar el trono 
por su abuelo Luis XIV con 
célebres como impoUticas, de: 

leral, no eran afectos al nuevo 
:cho y la justicia estaban á fa- 
los de Austria, mejor que en el 
lipe V). A más, con el primero 
de guardar y conservar íntegros 
que con el segundo corrían peli- 
a Felipe V adiestrado por su 
ras indicaban sus primeros pa- 
: quitar de en medio, como cosa 
ades de Cataluña, 
ipado D. Francisco de Velasco 
los primeros síntomas de des- 
rales de este país. 
la conspiración contra el duque 
o se llamaba á Felipe V) estaba 
; se hallaban los principales je- 
I, los Puig de Perafita, los Puig 
la de ^íanlleu, los Regás, los 



134 VÍCTOR BALAGÜER 

Bach de Roda y otros que seguían 
dencia con el príncipe de Darmstad 
Cataluña y partidario decidido del : 

No ignoraban los vicenses que se 
liga europea, en la cual entraban Ai 
Portugal, para impedir que el nieto 
rey de España; no ignoraban tampo 
cidido que el archiduque Carlos, pi 
los III de España, saliese personaln 
menos ignoraban aún que, habiendc 
consejos del pretendiente la opinif 
Darmstad, se había resuelto presen 
de los aliados ante Cataluña, desemt 
la corte en Barcelona. 

Sabedores de todo esto, y de acue 
los vicenses se lanzaron resueltami 
zando bandera por Carlos III al grí 
berlades catalanas! 

Este fué el primer movimiento q 
vo lugar á favor del archiduque, y 
que á los partidarios de éste se les 
del pais el nombre de vtguetans ó vif 
de entonces fué conocido el partido 
cuerdo de haber sido los de Vich lo 
nunciarse. 

A los del bando de Felipe V se le 
butiflers, palabra intraducibie en ca: 

Otro día diremos por qué. 



La armada de los aliados, con el 
al frente, se presentó á últimos de . 
te las playas de Mongat, desembari 



HIST. DE CAT. — ON EPISODIO DEL SITIO DE BARCELONA 135 

tes y 260 caballos, que acamparon por el momento des- 
de la orilla del mar hasta el pueblo de San Andrés de 
Palomar. 

Los catalanes partidarios del pretendiente fueron á 
prestarle su homenaje y á engrosar las ñlas de su ejér- 
cito. 

El virrey Velasco se encerró en Barcelona con Jas 
pocas tropas que tenia, y el ejército aliado fué á poner 
sitio á esta ciudad, en cuyo seno contaba con numero- 
sos é inSuyentes amigos. 

Las fuerzas aliadas venían bajo el mando del gene- 
ral inglés conde de Peterborough, que es principal- 
mente de quien voy á ocuparme y á quien consagro hoy 
este recuerdo. 

Era lord Peterborough uno de esos hombres extraor- 
dinarios cuya vida tiene algo de novelesco. Hablando 
de 61 Voltaire en su Siglo de Luis XIV, dice que en to- 
do se parecía á esos héroes que la imaginación de los 
españoles ha hecho protagonistas de tantos libros. 

La verdad es que el conde de Peterberough era sin- 
gular, excéntrico, caprichoso, de raras costumbres, pero 
siempre valiente y héroe siempre. A los quince años 
había partido de Londres para ir á hacer la guerra á los 
moros en África; á los veinte años, de regreso í In- 
glaterra, fué el primero en comenzar allí la revolución 
contra Jacobo II, formando un núcleo de partidarios 
del príncipe de Orange y pasando á Holanda para jun- 
tarse con el mismo príncipe, cuando tuvo su plan com- 
binado y sus partidarios dispuestos: sólo que por temor 
de inspirar sospechas sobre la causa de su viaje, se em- 
barcó para América, dirigiéndose luego al punto que 
deseaba en un buque holandés. 

Cuéntase de ese hombre extraordinario que más de 
una vez había perdido y restablecido su fortuna; que 
fué el principal promovedor y el agente que con más 



VÍCTOR BALACUHl 

ontríbuyó á que la Ingl 
poyar las pretensiones d 
)so y pródigo, vino á C 
; á sus costas, y que, 
enia de su propio pecuü 
ibre toda. 

1 hombre que mandaba 
as aliadas, y él fué el h 
i contar. 



r acontecimiento notabl 
asalto del castillo de Me 
a que el conde de Pete 
arse por sorpresa del ca: 
micará nadie su plan, n 
) las precauciones nece; 
' el 13 de Setiembre p 
lestacamento de 1.200 I 
ites de ponerse á su fn 

de Darmstad, á quien p 
u cooperación, 
le desde tiempo antes es 
izaban su palabra, mirái 
en aquel momento to( 

Peterborough se dieror 
[uellos dos valientes, t\ 
I cual uno no había de 
I de! castillo se efectuó, 
o funesto para los sitiad 
de alarma de Montjuich 
e envió un refuerzo al c 
ados hubo de retrocede] 



ISODIO DEL SITIO DE BARCELONA I37 

íieridos y llevándose el cadáver del 
id, á quien una bala de cañón dejó 

suceso, á los cuatro dias, el 17 de 
lio de Montjuich se rendía á los 

ó en seguir la misma suerte, 
Velasco mantenerla por más tiem- 
blación hostil, á Montjuich enemi- 
í por completo sublevada. 



cuando se iba á dar á la ciudad el 
iba ya formada la fuerza que debia 
^elasco pidió capitulación, que se 
e, entrando en Barcelona los alia- 
nado conde de Barcelona y rey de 

medio, y mientras se estaban pac- 
i capitulación, tuvo lugar la anéc- 
;ido á contar. 

1 en que se debía firmar el tratado, 
mpañía de los sitiadores tuvo me- 
n Barcelona por la brecha, gracias 
3arte del pueblo catalán, que casi 
1 por la'tausa de los sitiadores. 
' grande estruendo se promovió en 
ú pueblo amotinado corría á inva- 
endo en libertad á los presos y en- 
is las casas de los más conocidos 
! V, los soldados de la hueste sitia- 
o por las calles como audaces ven- 
ilgunas casas, se entregaban á to- 



138 VfCTOB BALAGUER 

dos los desórdenes, y de todo se ap< 
llándolo todo. Oro, mercancías, joya! 
caía en sus manos. 

Barcelona presentaba el aspecto de 1 
da por asalto. 

El virrey Velasco iba á perecer con 
pero pudo refugiarse en el monasteri< 
en donde se hizo fuerte, enviando un r 
de Peterborough para pedirle cuenta 
de aquella violación del derecho de gt 
invasión de las tropas aliadas en Barcel 
te cuando se estaban pactando las basi 
ción y se había mandado suspender p 
hostilidades de una y otra parte. 

Lord Peterborough acudió á confer 
rrcy. 

— Nos estáis vendiendo, le dijo Vela; 
pitulamos de buena fe, y vuestros so 
por la brecha, se entregan á los más 

— No son mis ingleses, respondió Pt 
los alemanes del príncipe de DarmstE 
et asalto de Montjuich y cuya muerte 

— Pues qué, ¿no sois vos el que n 
no podéis por lo mismo impedir estos 

— Sin duda, pero no veo ahora más 
salvar la ciudad y de detener á esos 
obra de destrucción. Dejadme entrar 
en Barcelona, y os respondo de todo. 

— Pero, general, ¿quién me garant 
dlciones verbales de nuestra capitulai 
tadas? 

—La palabra de un oñcial inglés, 

— Ya; pero en la guerra... 

^En la guerra, como en otra parte, 



SL StriO DB BARCELONA I39 

glés no ha violado nunca la 
aré en la ciudad, recorreré 
:den y me volveré con todos 
ito para ñrmar mañana la 

»n un acento tal de verdad 
al peligro que se corría, per- 
zo abrir una de las puertas 

su tropa y halló á los ale- 
be de la ciudad, saqueaban 

Barcelona, apaciguó el tu- 
aqueadores el botin que se 
[uesa de Pópuli en poder de 
róxima á ser deshonrada, y 
r las armas en la misma cu- 
jderado de ella; salvó tam- 

duque de Pópuii, que tenia 
is á él pudieron librarse los 
Risbour, amenazados por la 

;1 desorden, restablecida la 
}s soldados invasores, fusilá- 
is todos, el conde Peterbo- 
la cabeza de ella salió de 

tras él. 

aba la capitulación, con las 

ra el ejército sitiado que de 

'enidas. 



.TALUÑA 



BRIHUEGA 



tblamos de un inglés, 
1 brillante rasgo épico 

gura en las págjnas de 
blar hoy también. 
■ algo más de Peterbo- 



en Cataluña este no- 
más bellas ñguras de 

¡ó marchar sobre Bar- 
lotícia de que en esta 
su corte, 

de 1706 se presentaba 
lército franco -hispa no, 
escuadrones, al man- 
ía por general en jefe 

capital del Principa- 
da al conde de Peler- 
os sus talentos milita- 
r los caudillos catala- 

st escuadra aliada; des- 
mandaba el conde de 
o á levantar con pre- 



144 VfcrOR BALACUBR 

cipitación el sitio, abandonando en su 
veres, artillería, bagajes y i.5oo herido 
humanidad del conde de PeterborougH, 

Libre por el pronto de enemigos Car 
dio á marchar á Madrid por Aragón, 11 
á lord Peterborough como general en ji 
dó ya éste en separarse del lado del mo 

Habíase originado una violenta riva 
otro general inglés, el conde de Gallow 
soltó que Peterborough, irritado un día 
didos sus consejos para servir los de si 
misión del mando y abandonó la guerra 
causa de Carlos III, retirándose á Inf 
apareciendo para siempre del teatro de r 

Con él pareció eclipsarse la estrella 
pues con la ausencia de Peterborough i 
reveses y los infortunios. 

Varios generales se sucedieron en el 
visión inglesa hasta la llegada de lord 
es de quien vamos á hablar. 

Pasaba Stanhope por ser, y era, en el 
mejores generales de su siglo. 

La noticia de su nombramiento y de : 
bo fué recibida con júbilo por los cat¡ 
partidarios todos de la casa de Austria, j 
entonces no le faltaban al ejército de d 
generales, entre ellos el alemán Guido 
lord Stanhope era una figura sobresa 
nombre y reputación se fiaba mucho pa 
el crédito que iban ganando por su non 
los generales franceses de las huestes c 

Llegó lord Stanhope á Barcelona p 
fama de su gloria, y fué recibido poco 
triunfo. 



■EL ASALTO DE BRIHUSGA I45 

ica habla de cu llegada con 
cluye con las siguientes lineas 

ígado en compañía de otros 
! un joven paje que ha llama- 
r su gallarda presencia y por 
r.* 

e gallarda presencia y de orí- 
ma mujer. 

5 de incógnito por París, en 
i tomar el mando de las tro- 
, conoció en aquella capital á 
ides parísienses, como tantas 
Irte de Luis XIV. 
ducie, y era una mujer bella, 
;a de fausto y de lujo, de in- 
te vida aventurera, 
tanhope, y apresuróse Emilia 
ue su amante le hizo de acom- 
a de hombre. 

larda presencia que acompa- 
mdo llegó á Barcelona, 
do de la división inglesa; es- 
/ singularmente en la batalla 
¡huyó poderosamente al tríun- 
mpo por la bandera de Car- 
victoria llevó á este monarca 
de Madrid. 

talanes entró el 27 de Setiem- 
; España; pero sólo algo más 
í. 
imente fatal para la casa de 

elipe V un poderoso refuerzo 
1 duque José Luis de Vendo- 



VÍCTOR BALACUER 

causa de los Borbones se rea: 
ino era hostil á Carlos III, y 
le se retirase otra vez á Barcelí 
erdadera, la ciudad que siempí 

fiel, y que, por su causa, tan i 
;riñcios venia haciendo, 
prendió, pues, el archiduque h 
nuevo el camino de Cataluña 
ona, donde llegó el i5 de Dici 
s de Carlos III debian aband 
l1 alemán Guido de Starembei 
<rd Stanhope, que sólo se hal 
er la retirada de su rey. 
}, por desgracia, la discordia ■■ 
;re aquellos dos caudillos, y, p 
n, la traición vino á completai 
zado la discordia, 
mdo Staremberg y Stanhope s 
aprendiendo su movimiento de 
;lés cometió la gravísima falta, 
; estaban, de quedarse algo ati 
e retaguardia, compuesta de oc 
, un regimiento de dragones, 
ma nación y otro de portugués 
6 de Diciembre de 1710 entr 
ega esta división de retaguat 
ope hacer noche, creyéndose 1 
iña abierta. 

huega, que es una villa situad 
ilajara, era entonces un lugar 
iro antiguo, ó dicho con más 

y con un castillejo de no mi 
I, incapaz por estas circunstan 
mpo si era combatida por fuer 

creía Stanhope tener que defenderse allí, ni crda 



r^' 



HIST, DE CATALUÑA — EL ASALTO DE BRIHUEGA I47 

ser allí atacado; pero era porque, habiéndolo previste 
todo, no había previsto que la traición pudiese velai 
junto á él. 

No recordaba que junto á él se hallaba una mujer, j 
una mujer ultrajada. 

El paje de gallarda presencia y de singular vestimen 
ta, según el Dietario de Barcelona, se habla ya conver 
tido en una mujer al llegar á Madrid. 

Luego que estuvieron en la corte de España, Emilia 
de Mucie, que hasta entonces había seguido por todaf 
partes á su amante vestida de hombre, recobró sus há- 
bitos y costumbres, volviendo á usar su traje mujeril j 
comenzando una nueva vida de disipación y fausto. 

Parece que Emilia sólo guardaba dudosa ñdelidad i 
Stanhope, y parece que éste, que comenzaba á tenei 
sospechas acerca de la lealtad de su querida, sorprendió 
en Madrid una intriga galante de Emilia con un oficia] 
del ejército. 

Irritado y celoso lord Stanhope, mandó castigar al 
oficial é injurió públicamente á Emilia de Mucie, i 
quien trató, delante de toda la oficialidad reunida, come 
á una intrigante y á una aventurera. Sintióse herida 
en su amor propio la cortesana, y como estas heridas 
son profundas en el corazón de las mujeres, juró ven- 
garse. 

Al siguiente dia Stanhope lo habla olvidado todo, y 
su amor hacia su querida habla vuelto á ser el mismo. 
No pasaba, sin embargo, lo mismo en Emilia. 

Desde aquel día la cortesana buscó medio de enten- 
derse secretamente con el duque de Vendóme; desde 
aquel día el general de las tropas de Felipe V tuvo un 
espía fiel y un auxiliar seguro en aquella mujer; desde 
aquel día, sin saberse cómo ni por dónde, muchas ope- 
raciones, muchos planes, muchos proyectos del ejército 
austríaco llegaban á conocimiento del caudillo del ejér- 



148 VfCTOR BALAGUBR 

:o borbónico, que sabía perfectan 
aquellos avisos. 

En semejante estado las cosas, se 
las tropas de Carlos III, y lord S 
in abierta con Starembei^, se ri 
ente, ó imprudentemente también 
noche en Brihuega el 6 de Dicien 
Es de creer, sin embargo, que es 
ibiera tenido ningún fatal resultan 
ílipe V no hubiese recibido aviso 
nte aquella noche podía fáciiment 
los ingleses, separándoles del geni 
En el aviso se le indicaba además 
procuraría que los oficiales ingl 
los placeres de una fiesta, y que 
ia caer de sorpresa sobre ellos, si 
anes. 

Ya se comprenderá que fué Emilij 
Todo salió á medida de los deseo: 
aidora beldad. 

Durante la noche del 6 al 7, el ; 
ñas pasó por orden del duque de 
pueblo de Torija con toda la cabí 
iros, cortando así las comunicaci' 
lardia austríaca y el resto del ején 
Mientras tanto Vendóme, con lo 
is, entre las cuales iba el mismo I 
, á favor de las sombras de la n 
udencia conveniente, hacia Brihu 
La cortesana no le había engañad 
Tenía lugar una improvisada tiest 
izara y los clamores de júbilo, lleva 
isa, llegaron á oídos de los solds 
le en silencio y á favor de las tinii 
rihuega como si fuesen un ejército 



r^ 



vv-'.-T^^í^" 



HIST. DE CATALUÑ'A — EL ASALTO DE BRIHUEGA I49 

La población^ ya lo hemos dicho, no tenía más mu- 
rallas que unas simples tapias, y los descuidados centi- 
nelas no advirtieron el movimiento del enemigo, pero 
la operación de éste no terminó hasta que rasgueaba el 
alba. 

La luz del dia 7 de Diciembre nació para advertir al 
general inglés que estaba cercado por todas partes. 

En cuanto á Emilia de Mucie, había desaparecido, 
yendo á refugiarse en el campamento de Vendóme. 

Stanhope se vio perdido, pero se dispuso á hacer una 
desesperada resistencia. 

Tal fué ésta, que de ella hablan con admiración las 
mismas crónicas de los partidarios de Felipe V. 

Conociendo el caudillo inglés que no podía salir sin 
mucho peligro y sin comprometerse en acción, se for- 
tificó en Brihuega lo mejor que pudo; pero se hallaba 
sin artillería, sin víveres y sin municiones. 

Calculó, sin embargo, que podría sostenerse por es- 
pacio de dos días, y por distintos puntos envió seis 
hombres de los más esforzados que tenía en su división 
á Staremberg, avisándole del peligro en que estaba, y 
didéndole que si por todo el día 9 no era socorrido, se 
vería obligado á rendirse. 

El día 7 lo pasaron por completo batiéndose, pero 
sin que los sitiadores obtuviesen ningún resultado favo- 
rable, y sin que produjesen gran efecto las piezas de 
campaña con las cuales se batía el muro. 

El 8 la villa fué atacada y asaltada por dos partes. 
I La acción fué de las más sangrientas que habían te- 

' nido lugar en aquella guerra, pues todos los soldados 
1 eran veteranos. 

' Los oficiales ingleses eran excelentes: Stanhope, ya 

lo hemos dicho, uno de los generales más acreditados 

de su siglo; y su segundo, el teniente general Carpen- 

I ter, era de un valor extraordinario y uno de esos hom- 



150 VÍCTOR BALAGÜER 

bres raros que son naturalmente audaces é intrépidos 
y que, dominados del deseo de la gloria y del amor de 
su nación y de su causa, desprecian la vida y no cesan 
hasta triunfar ó morir abrazados á su bandera. 

Los ingleses no tenían cañones , y hubieron de ser- 
virse de todos los medios de defensa. Al lado de los 
muros hicieron fosos anchos y profundos; aportillaron 
las brechas con leña y piedras; hicieron cortaduras en 
las calles; en una palabra, no omitieron ninguna dili- 
gencia, y se dispusieron á pelear con desesperación para 
salvar sus vidas, dando tiempo á que les llegase el so- 
corro. 

Las tropas de Felipe hallaban una dificultad á cada 
paso que daban, y muchos morían en la demanda. 

Llegaron, después de grandes pérdidas, á salvar los 
muros, pero se encontraron entonces con que Stanho- 
pe y los demás oficiales les disputaban el terreno á pal- 
mos con las bayonetas. 

El combate duró hasta la noche, y entonces se hizo 
más sangriento, porque los ingleses, conociendo mejor 
el terreno, herían con más acierto, hasta que, puesta 
la artillería en las calles, disparaba con bala menuda, 
y les obligó á retirarse á la torre. 

Dos horas después de entrada la noche, cesó el com- 
bate. 

Stanhope, desde lo alto de la torre que ocupaba con 
sus tropas, pidió capitulación en términos tan arrogan- 
tes como si estuviera en la mejor fortificación y provis- 
to de todo para su defensa. Quería salir libre con sus 
soldados y con todos los honores que se conceden en la 
guerra á las tropas que se defienden con valor. 

Merecía que se acordase su petición. Es casi s^uro 
que en la historia de España no hay ejemplo de que st 
haya hecho mejor defensa en un pueblo de semejante 
fortificación. 



5a — EL ASALTO DE BRIHUKCA 151 

sndome, picado por lo mismo, há- 
dente, no quiso oÍr en su corazón 
'enganza y del amor propio, y res- 
e si no se rendía dentro de una ¡lora, 
cuchillo. 
por no sacrificar á tantos hom- 
ciertamente de mejor suerte, ce- 
la necesidad, y se rindió á dis- 

pe V hicieron 4.800 prisioneros, 
untaron los generales Stanhope, 
na infinidad de oficiales. 
on 5oo muertos y otros tantos lie- 
:ia costó á Felipe V más de 2.000 
la pérdida de algunos bravos ofi- 
jés de Rupelmond y D. Gonzalo 
lomé Urbina, coronel el primero y 
is, muertos al frente de sus com- 

¡^ tuvo aviso de la apurada situa- 
orrió en su auxilio; pero ya era 

itó batalla en los campos de Vi- 
sta jornada no fué del todo perdi- 
^l resultado fué tal, que bien puede 
mpos de Villaviciosa volvió á re- 
orona que había caido ya de su 

o funesto que tuvo la venganza de 
ausa tan heroicamente defendida 

;neral pasan por alto este inciden- 
palabra de Emilia de Mucie, pues 
L la gravedad de la historia dar por 
ias á grandes acontecimientos. 



152 VÍCTOK BAL«CUBR 

Sin embaído, todas las noticias qut 
podido procuramos están contestes 
como real y positiva la traición de la 

Podrán abrigarse dudas sobre el t 
cierto, y sobre esto no puede caber 
pues recientes investigaciones hecha; 
de París nos lo han demostrado de 
tente, — es lo cierto, repetimos, que Fi 
y Luis XIV de Francia aseguraron 
querida de Stanhope. 

Por algo serla. 

Emilia de Mucie se retiró mástardi 
de se sabe que murió en 1722. 



CATALUÑA 



AS DE ÁLVAREZ 



DÍAS DE ÁLVAREZ. 



que hayan adquirido más legí- 
na, á la inmortalidad. El sitio 
ranceses á principios de este sí- 
popeya, y el nombre de su in- 
¡)re D. Mariano Alvarez de Cas- 
3 quiera que se hable de patria, 

emos dicho. La posteridad re- 
pasmo, los hombres lo citarán 
itoria lo narrará con asombro. 
es de la historia, es una de las 
de Gerona. Tan sangrienta fué 
itinos modernos, los gerunden- 
los horrores de un sitio prolon- 
I frente, ellos, un puñado de hé- 
ales del imperio y á las mejores 
ites de dos siglos la defensa de 
y acaso encuentre un poeta que 
:ontrado el sitio de Troya, como 
iquista de Jerusalén. Es la mo- 
¡Magníñca, gigantesca lucha la 
ensa que unos ruinosos muros, 
echo de sus ciudadanos, sin más 
}ue la tumba, el incendio y los 
< impasible á 40 baterías vomi- 



156 VÍCTOR BALACUER 

tar sobre ella 60.000 balas y 20.00G 
das, es decir, una verdadera tempe! 
hierro. Mientras en Gerona quede un 
piedra hablará á la posteridad de su 1 

El 10 de Diciembre de 1809, hall; 
fermo de gravedad, y habiendo teñid 
te, que ceder el mando, capituló Ge 
te. Al poner el pie las legiones íranc< 
ton de escombros, cuya conquista le 
20.000 hombres, hubieron de quedi 
la vista de aquella guarnición, que 1 
pectros que de hombres; de aquello 
extenuados por el hambre y devon 
habían podido, sin embargo, hallar 
para resistir uno tras otro los más 1 

La humanidad y el respeto que e: 
ben prestarse al valor y la desgracii 
varez hubiese sido tratado con las 1 
ciones; pero no fué así. Para Alvare 
roismo, debía venir el martirio. 

Registrando libros y papeles viejos, 
caer un dia en nuestras manos un ■( 
to sucedió al excelentísimo señor ter 
Mariano Alvarez de Castro, gobema 
Gerona, desde que quedó prisionero 
hasta su fallecimiento en el castillo 
de Figueras, escrito por el capitán i 
dante que fué de dicho general dur 
Francisco Satué.» 

Este maniñesto nos pone en el ca: 
nos hechos, que han sido pasados pi 
ria, y vamos á hacerlo con referenc 
y bajo la responsabilidad de su autc 
como compañero de cautiverio que f 
varez. 



>S ÚLTIMOS DÍAS DE AlVARBZ l¡7 

ir de Gerona se le hizo expiar su 
liese sido un crimen. Los france- 
;s inexplicable el hecho, no guar- 
eración á aquella ilustre victima 
rovidencia quiso, sin duda, que á 
guíese el sufrimiento del mártir, 

1 y más duradera fama de aquel 

: habia visto acometido muchas 
a, de la ñebre terciana, no quiso 
10 ni abandonar los gravísimos 
daban, hasta que, aumentándose 
últimos días del sitio, y habiendo 
¡vos que se le suministrasen los 

2 separarse del mando el día 9 de 
daba prisionero de guerra por ca- 
:ituaci6n tal, que no tenía 20 du- 
estado de miseria en que se ha- 
ar de Gerona, varios de sus amí- 
inónigo D. Vicente Jiménez, le 
3S auxilios, facilitándole una can- 
ales con que pudiese subvenir á 
ón y demás que no podían menos 

ic dicha capitulación, entró en la 
igereau, Alvarez le mandó hacer 
absoluta postración de fuerzas en 
estándole que esperaba se le per- 
jmo para ello se hallase en dis- 
;cer á un pueblo de la marina. 
ronto que el mariscal accedía á 
tendió finalmente y dijo que iría 
; podría restablecerse. Dióse or- 
para que nadie de su plana mayor 
irle, y sólo se permitió permane- 



158 VÍCTOR B 

;er á su lado al edecán Satué. A más. 
seguridad, se puso una guardia en la 
niento del general, y para observaí 
;uarto un subalterno, que fué relevadi 
}or un sargento de gendarmería y ést 
ne. Los tres ó cuatro primeros días 
irisitasen á Alvarez algunos sujetos; 
:ión de los facultativos, á nadie de lo: 
ie permitía la entrada en el aposento. 

La única muestra de deferencia qi 
leral español fué la de recibir de pai 
!)ernador de la plaza, con un recade 
aarrilito de vino generoso , un cuarto 
ives muertas, expresándosele que p 
:ésitase. 

Habiendo Alvarez convalecido un 
lias de la entrada de los franceses t 
salir para su destino, y solicitó del g( 
]ue le facilitase algunos caballos del 
i fin de partir á Figueras con el coc 
:ual se lo había ofrecido. Satué hizo p 
leí general á uno de los edecanes del 
no surtió ningún efecto la demanda, a 

En la noche de zi de Diciembre se { 
amiento de Alvarez el corregidor fra 
ayudantes y gendarmes, y le dijo que « 
ii rey D. José debía ir preso á Franci 
:sta intimación con expresiones insu 
]ue Alvarez, incorporándose en la c 
iltivo, á pesar de su decaimiento, cor 
tedes unos impostores: todas esas son 
]ue se valen los franceses para encí 
mortificar é incomodar á aquél á quie 
Hacer rendir ta espada. Me llevarán f 
ia suerte lo ha dispuesto así.* 



S ÚLTIMOS DÍAS Db ÁLVAREZ 159 

e aquella respuesta el corregidor, 
general, los cuales fueron escru- 
3S, apoderándose de sus dos sa- 
ue, sin embargo, le fué devuelta 
rchó diciendo á Alvarez y á su 
dispuestos para partir entre once 
la noche. 



hora citada, el general y su ayu- 
Gerona en ilna calesa ó cupé ce- 
endarmes. Al llegar al inmediato 
icieron detener más de una hora 
siderable número de religiosos 
noche salían de Gerona con des- 

igueras el 22 de Diciembre, en- 
-de, y en seguida los prisioneros 
lio de San Femando, alojando al 
1 de los jefes de la plaza, en el 
nebíes que una madera de catre 
ipé, una mesa y algunas sillas, 
la visita de un edecán del maris- 
á ofrecérsele en nombre de éste, 
la debilidad de Alvarez, y sobre 
i debida á un prisionero enfermo, 
:unstancias y categoría, sufría el 
ücado continuamente por las pre- 
idor del castillo como de los ofi- 
La contestación de Alvarez era: 
!S de honor, hubieran hecho en 
Su serenidad, su resignación, su 
ieron mella en un joven oñcial 



i6o víc'i 

francés, el cual, no pudiendo meno! 
comedimiento y la descortesía de 
acercó una vez á Satué, y le dijo e 
ral: — »Es bravo ese hombre.* 

A las dos de la madrugada del 
sioneros de Figueras, y prosiguier 
ñán, á cuyo punto llegaron á las si 
che. Sin permitirles á Alvarez-y á 
la calesa, fueron conducidos á cas 
de allí en derechura al «Castillet. ■ 
fué un aposento estrecho, en el que 
bles que una cama pequeña, un col 
pedazo de liento ordinario, una fu 
sillas, cada una de su clase, y una 
vare2 se vio en aquella indecente 
bastante calor al comandante de la 
acompañaba: — <¿Es este sitio corn 
general? ¿Y son ustedes los que se 
ros?» — El comandante le contestó < 
insultante frase: — Palentia vobis nea 
de este latín, pretextando que estab 
prisión, se apoderó de las armas de 
En vano el edecán Satué procuró ha 
injusticia de su proceder al privarle 
les daba la capitulación de Gerona, 
habían concedido indistintamente ; 
de la plaza. Sin hacerse cargo de es 
ciones, y respondiendo que él era se 
guardarles las armas, retiróse el co 
darmería, dejándoles entregados á I 
caide desatento, que les hizo pagar 
cío la pobre cena que les suministi 
de un gendarme importuno que, : 
placía en no dejar dormir al genen 
presentándose frecuentemente con 



-LOS ÚLTIMOS DÍAS DE ÁLTAREZ l6l 

:rles y asegurarse de que no habían 

4, el mismo comandante de la vfspe- 
)s prisioneros una media ñliación, é 
20 recaer la conversación sobre los 
le la guarnición de Gerona, dándo- 
mente odiosos, y di cien do les que se 

21, entre ellos un edecán de Alva- 
n sido cogidos ii y los habían de- 

á pesar de que cada vez estaba más 
lenetrando la dañada intención de 
contestó con aire festivo: — •¡Vola- 
béis cogido, y pif!* £1 hecho era 

cedimientos determinaron al gene- 
ta al mariscal Augereau, en la que 
lumano é indigno con que se le tra* 
largamente de haberse faltado á lo 
i de permitirle convalecer en Figue- 
on este motivo algunos auxilios del 
: mandaba el ejército de Cataluña, 
ida al referido comandante, quien 
ro probablemente no llegaría á su 

il pasó una noche malísima, prin- 
sbre que le entró, vióse obligado í 
ana siguiente muy temprano, pues 
itar dispuesto á salir á las diez con 
É? l^ ignoraban, 

se presentó el mismo comandante 
nos gendarmes, é hizo salir del Cas- 
as, los cuales vieron la tropa tendi* 
jete á un lado, y á la vista de un 
por su manera de mirarles, les pre- 
siento funesto. Marcharon hacia la 



l62 VÍCTOR BALAGUER 

muralla, apoyado el general en su i 
criado que le hablan permitido lleva 
gendarmes con espada desnuda. Alv 
débil y apenas podía andar; pero se a 
rada fría y severo continente, domina 
sufrimientos con aquella su caracterls 
luntad. Todas las apariencias indicab; 
fusilados. Los religiosos que hablan 
Gerona les seguían en dos ñlas. 

Así estuvieron por algunos minuto 
sería su suerte, hasta que observando 
ba los religiosos por sus órdenes resj 
neaba, dedujeron que todo aquel apar 
reducía á una revista. Terminada ést: 
dijo que desde aquel día se les abonar 
stoneros, y fueron conducidos á su en 
modo que fueron sacados de él. 

El día 26 de Diciembre, el gener 
fueron trasladados á un calabozo del 
donde los encerraron con dobles puertas. Parecía que 
aquellos inhumanos estaban empeñados en apurar el 
sufrimiento del general, vengándose á fuerza de multi- 
plicados martirios de la heroica constancia con que ha- 
bía sostenido la defensa de la inmortal Gerona. 

Triste y sombrío era el aspecto del nuevo calabozo. 
Una bóveda larga, sin otra luz que la que penetraba por 
una pequeña claraboya en lo más elevado de ella; un pa- 
vimento formado de piedras de punta que lo hadan so- 
bremanera incómodo y desagradable; una cama la más 
indecente y dos sillas desvencijadas; un alcaide desco- 
medido, avaro, tosco en sus expresiones y brutal en sus 

modales Esto era lo que se daba en pago al defensor 

de Gerona. Era necesario tener toda la firmeza de su 
espíritu para no sucumbir á tantos males reunidos, par- 
ticularmente hallándose en una casi total postración de 




HIST. DE CAT. — LOS ÚLTIMOS DÍAS DB ÁLVAREZ 163 

fuerzas por los continuos crecimientos de la fiebre que 
hacía ya muchos días le consumía. 

Dos veces todas las noches se visitaba á los prisio- 
neros por el mismo alcaide y por un gendarme que, 
aplicándoles siempre la linterna á los ojos, y recono- 
ciéndoles con particular estudio, parecía tener orden de 
certificar de su existencia y de la identidad de sus per- 
sonas. 

Así permanecieron Alvarez y Satué, sujetos á este 
trato brutal y á esta triste situación, hasta el 6 de Ene- 
ro de 1810. 



III. 



Al llegar la noche del día citado, hizose vestir preci- 
pitadamente, á deshora, al general y á su ayudante, y 
sacándoles del calabozo, les metieron entre filas de una 
gran escolta que esperaba. Allí estaban también los re- 
ligiosos. El comandante de la escolta mandó cargar, 
previniendo en voz alta que el que intentara huir sería 
fusilado; hizo adelantar á Alvarez y á Satué, y les man- 
dó subir á un coche que se había alquilado por cuenta 
del general. Este pidió su espada al comandante de la 
gendarmería, pero su respuesta fué: — «Está delante, 
ya se os dará. » 

Sin embargo, no fué así. La espada no fué devuelta 
á Alvarez, y sólo después de su muerte pudo recobrarla 
el ayudante Satué. 

Después de haberse detenido los prisioneros en Sal- 
ces para tomar algún alimento, llegaron, anochecido 
}ra, á Sitgán, y les hicieron entrar en una caballeriza, 
en la cual había una pequeña estancia de angosto y re- 
ducido espacio, sin otra ventilación que la de una aspi- 
llera en lo alto sobre la izquierda, llenos paredes y te- 



164 VÍCTOR BALAGUB 

cho de telarañas, y con unas tres 
En aquel inmundo sitio fueron ei 
Alvarez y su edecán con el criado, ! 
6 banco donde poderse sentar. 

Hubiera estado seguramente el ] 
aquella noche con la incomodidad 
prender, si el cochero que lo habi 
compadecido de él, no hubiese arbi 
troducirse en la estancia, bajo pr 
qué es lo que quería para cenar, 
hombre á la vista del trato cruel (\ 
neral valiente y desgraciado, se a 
en la estancia un catre de tijera c< 
y buenas sábanas, y además una r 

Mientras el general y su edecán 
nelas permitieron asomar á varía; 
la curíosidad llevaba á ver á los p 
la atención de éstos una señora, 
pal por las consideraciones con qu 
trada. Pero apenas aquella dama 
presos, cuando sorprendida por el 
miento á que les veía reducidos, ] 
y se salió precipitadamente de la e 

Por la mañana del 8 de Enero 
Narbona. Era inmenso el gentío qi 
sioneros á mucha distancia de la 1 
entraron en ésta con numeroso acó 

El general y Satué fueron lleva 
dijeron había sido de estudios y par 
les encerró en ella poniendo centin 
mes de plantón; pero las habitacic 
la que destinaron para ellos bastar 
Fué aquél el único punto donde el | 
tras de consideración, pues fueron 
y á compadecer su suerte. 



r 



HIST. DE CAT. — LOS ÚLTIMOS d!aS DE ÁLVAREZ 165 

Cuando en la mañana del 9 se preparaba para prot 
seguir su viaje, se presentaron de improviso un oñcial 
de gendarmería, el capitán comandante de la escolta, 
dos ó tres oficiales más y algunos gendarmes, y abrien- 
do un pliego, dijo el jefe de más categoría: 

— El genera] Alvarez debe volver y el edecán no. 

A esto contestó Alvarez: 

— ¿Con que me hacen volver? Bien. Mientras no me 
vuelvan al castillo de Perpiñán, llévenme donde quieran. 

Desde aquel momento Satué, separado del general, 
ignora lo que á éste le sucedió, y suspende la relación. 
El edecán fué llevado á Embrún con el criado de Alva- 
rez, y de allí á Nancy, donde supo la muerte de su ge- 
neral, no regresando á su patria hasta 1814. 

Se ignora á punto ñjo lo que sucedió al general Al- 
varez hasta su muerte, y he aquí lo único que hemos 
podido rastrear, tomándolo de varias relaciones que pa- 
recen verídicas, entre ellas la de D. Sebastián Bata^ 
11er, ecónomo de la parroquia de Figueras, que fué 
quien tuvo la triste misión de enterrar al héroe de 
Gerona. 

Desde Narbona, Alvarez fué conducido otra vez al 
Castillet de Perpiñán, y de allí al castillo de San Fer- 
nando de Figueras, donde fué miserablemente encerra- 
do en una especie de oscuro aposento, oculto en el 
fondo de las caballerizas, como si no se hubiese encon- 
trado otra habitación más digna para el defensor de 
Gerona. 

Se ha dicho y asegurado que un centinela, colocado 
en la puerta, tenía la consigna espantosa y horrible de 
herirle con la bayoneta cada vez que le viera entregar- 
se al sueño. Asi lo dice el vulgo, apoyándose en la tradi- 
ción; pero, afortunadamente, para honra de la humani- 
dad, la historia lo refiere como una fábula. Lo cierto 
es que Alvarez, solo, abandonado, acabó su vida en 



l66 VÍCTOR BALAGUER 

aquel miserable calabozo, entre hon 
tos, muriendo envenenado. Unos creí 
neno un oñcial francés, compadecid< 
sufrimientos y de la heroica resignaci 
portaba; otros aseguran que el vene 
él le fué dado por orden superior. 

Según se desprende de la certiñcaí 
citado ecónomo de ia parroquia de F 
tián Bataller, fué éste avisado en la 
Enero de 1810 para que pasase á e 
del general Alvarez, y á las tres de I 
iglesia con tres capellanes y dos moi 
tante que la costumbre era recibir el 
á medio camino del castillo, no pud< 
ñor en aquellas tristes circunstancia; 
dice, que pasar adelante entrando 
cruz alta hasta llegar al sitio mism 
cadáver, que era el en que había mi 
cantaban los responsos, presentáronse 
castillo, Guillot, y algunos oficiales 
acompañaron el cadáver hasta que ft 
gados á la iglesia, se le hizo la entr 
y dirigiéndose después al cementerio 
manes que le llevaban encima de una 
sin caja, intentaron quitarle la sában: 
vuelto; pero viendo el cura Bataller 
humano no hacía sensación al genei 
oficiales, levantó la voz y díjo: 

— ¿Cómo es esto? Hasta las fieras 
veres. Si ustedes le quitan la sábana 
con mi capa pluvial. 

Y como conocieron que el cura estaba dispuesto á 
ejecutarlo, dejaron la sábana, y en esta disposición, si. 
caja y sin más ceremonia, fué enterrado. 

Más tarde, en 1814, fueron exhumados los restos d 



ÚLTIMOS DÍAS DE ALVAREZ 167 

loy descansan en una modesta 
:rona; urna que se trocó en un 
■■ lleva adelante, como debiera 
lacional iniciada hace un año 
D. Salustiano de Olózaga. 
e Alvarez murió, se mandaron 
litan general Castaños, en i8i5, 
impidiese su entrada, y una ins- 
tfuríó envenenado en esta estan- 
te 1810, victima de la iniquidad 
1 gobernador de Gerona D. Ma- 
, cuyos heroicos hechos vivirán 
oria de todos los buenos. * 
) rincón de las caballerizas del 
el héroe de Gerona, es hoy reli- 
todos cuantos van á Figueras. 
la sin ir á ver los lugares en que 
uel sitio de martirio es hoy un 
e de la victima es una gloria. 



de cataluña 
anIa nacional 

V DE 

5 EN CATALUÑA 



ERANÍA NACIONAL 
ORTES EN CATALUÑA. 
I. 

volúmenes sobre el asunto que hoy 
nuestro intento es sólo reunir al- 
ácilitar el estudio de aquéllos que, 
ks conocimientos, pueden dedicar- 
materia. Para esto vamos á alle- 

decir algo del sistema representa- 
onalismo, en el modo como debe 
losotros lo entendemos al menos. 
1 rigor, llamarse sistema represen- 
enlace de principios, al orden de 
reunión, discusión, deliberación y 
iresentantes, la verdad es que sólo 
le institución representativa á la 
; el elemento popular. El comienzo 
itario debe fijarse en el momento 
se popular representada por sindi- 
iputados, con poderes ad hocy con 
sentarse en los escaños de los Con- 
Dntribuir á la formación de leyes, 
■rno y destino de las naciones. Y 
^arse, y sólo así puede ser, por* 
grandes intereses sociales de un 



172 VÍCTOR BALAGUER 

páis, el más grande es del pueblo, 
única clase que se sostiene á si mtsr 
tener á Jas demás, teniendo condicio 
pendiente y propia, están reconcentra 
ción, el movimiento, la fuerza, la v 
trico de la nación. 

El origen y cuna del sistema rept 
lian en la Península ibérica. No ha 
modelos de parlamentarismo fuera d 
cen algunos, poco conocedores de 
abundantes los tenemos en ella. Los 
que pueden presentarnos los extraños 
vez, nacieron de haberse inspirado en 
tes de las nacionalidades españolas. 

Pudiéramos apelar á muchas y gr; 
en prueba de este aserto; pero limiti 
que dicen los inmortales legisladores 
notabilísimo discurso preliminar leídc 
presentar la Comisión de Constitucii 
ella. Después de decir la Comisión, e; 
rrafos de aquel luminoso y excelente 
nada ofrece la Comisión en su proyec 
consignado del modo más auténtico 
diferentes cuerpos de la legislación e 
algunas líneas más abajo, *que sólo I 
la urgencia del trabajo y la impacienci 
por ver terminada la obra, le impidie 
dos los comprobantes que en nuestroí 
tran haberse conocido y usado en I 
comprendía en el proyecto de Constit 
bajo, dice textualmente el preámbulo, 
y difícil, hubiera justiñcado á la Coi 
de novadora en el concepto de aquéll 
sados en la historia y legislación an< 
creerán tal vez tomado de naciones e 



B LA SOBERANÍA NACIONAL, ETC. I73 

:o de la reforma, todo lo que no ha 
Igutios siglos á esta parte, ó.lo que 
la de gobierno adoptado entre nos- 
guerra de sucesión.» 
nuestros legisladores de Cádiz, te- 
día pudiese hacérseles el cargo de 
o fuente, á las modernas constitucio- 
:en de antemano la protesta solem- 
leer, y rechazan el cargo, poniendo 
lanantiales en donde fueron á beber 
trinas de constitucionalismo senta- 
nmortal del año iz. Y estas fuen- 
ales, en admirables páginas nos lo 
antiguas constituciones de las na- 
das, hechas en Cortes, donde había 
i, real y efectiva representación del 



confesado por loa mismos legislado- 

fueron á inspirarse en los articu- 
¡ón francesa de 1791, como algún 

1 y escrito, sino en los antiguos c6- 
e dormían el sueño del olvido en el 
trchivos. Otro cargo se les pudiera 
uyentes de Cádiz, más acertado y 
copistas de la Constitución france- 

) con todo el respeto que tan altos 
deben merecernos. 
vn aprovechar muchas grandes y 
ibia en nuestras constituciones anti- 
daron de lo que había en ellas y en 
ta y terminantemente consignado 
lemnidad de tos derechos que cons» 
lía, por ejemplo, para contener la 
> sus limites jurisdiccionales, para 
trca y á sus delegados, en cuantos 



174 VÍCTOR BALAGUER 

actos suyos se denunciasen como coi 
á la libertad y á la soberanía de la i 
Ya que nuestras constituciones ti 
ya que sobre ellas, y no sobre ningv 
saron la del año 12, ¡lástima grande 
ran quizá lo más importante en ella 



En el mismo preámbulo citado : 
amargamente nuestros constituyen! 
la ignorancia en que intencionalme 
curado dejar al país con relación á 
cosas é historia política. 

■La Comisión recuerda con dolor 
bierto en los últimos reinados la im[ 
nuestras Cortes. Su conocimiento es 
á los sabios y literatos, que la estud 
píritu de erudición que con ningún 
gobierno no había prohibido abiert 
el ningún cuidado que tomó para { 
blico ediciones completas y acomedí 
nos de Cortes, y el ahinco con que 
quier escrito que recordase á la ns 
fueros y libertades, sin exceptuar la 
de algunos cuerpos del Derecho, de 
ron con escándalo universal leyes bt 
causaron un olvido casi general de 
Constitución , hasta el punto de mil 
cooñanza á los que se manifestaban 
guas de Aragón y Castilla. La lectu 
monumentos habría familiarizado i 
ideas de verdadera libertad política 3 
da, tan defendida, tan reclamada poi 



A SOBBRANÍA NACIONAL, ETC. I75 

aérgicas peticiones en Cortes de 
lino, en las cuales se pedian, con 
e hombres libres, la reforma de 
[erogación de leyes perjudiciales 
tvios. 

a del anterior reinado había sa- 
lodo el gusto y afición hacia núes- 
ones, comprendidas en los cuer- 
española, descritos, explicados y 
icrítores nacionales, á tal punto, 
ie sino á un plan seguido por el 
e ignorancia de nuestras cosas, 
10 pocos que tachan de forastero, 
¡o y subversivo lo que no es más 
Ha de hechos históricos referidos 
as, Anglerias, Marianas y tantos 
/es autores, que por incidencia 6 
m solidez y magisterio de nues- 
e nuestras leyes, de nuestros usos 

ira en el año de iSiz punto de 
¡tros hombres de Cádiz, se lamen- 
is frases, en nuestros tiempos, el 
Salustiano de Olózaga. En su Caí- 
■agonesa, después de decirnos que 
España no se ha escrito todavía, 
verdad, mientras no sean conoci- 
dos los muchos documentos que yacen entre el polvo de 
nuestros archivos, añade que los castellanos, en tiempo 
de Felipe IV, fueron á arrancar sangrientamente á Ara- 
gón la libertad -que ellos habían perdido, y manifiesta 
que más tarde, no sólo toda España perdió su libertad 
sucesivamente, sino que se ha procurado cque perdiera 
también la memoria de ella, y el conocimiento de sus 
uitiguas leyes fundamentales.» Y á propósito de esto, 



176 VÍCTOR BALACUER 

sienta que en los archivos está la va 
han conocido, dice, que no pudieron 
ella supieron ó adivinaran algo, y que 
figuraron horriblemente los únicos á 
mitido escribir y comentar, á gusto de 
ban, los hechos públicos de los siglos ; 

Y efectivamente, parece increíble qi 
to se haya borrado la memoria de r 
cosas. Hoy se ve á hombres que pasa 
y que en realidad lo son, ir á buscar 
países extranjeros ejemplos de parlai 
mejor y más abundantes y más puro: 
sa. De tal manera la pesada atmósfen 
que desgraciadamente se ha cernido s 
tanto tiempo, ha interpuesto un velo 
lo pasado y lo presente; velo tras de 
los ricos tesoros de las libertades p; 
importantes y patrióticas del sistemf 
Los antiguos cronistas é historiadores 
monarcas absolutos, 6 miseros cortesí 
escrito la historia en el sentido que p 
su real amo y señor, y en su afán de 
moda llamar provincialismo, llegaron 1 
cumentos para destruir la verdad histó 
escribir, no en sentido nacional, sim 
elusivo. 

Pero la verdad acaba por salir triui 
llar con luz más radiante y pura á trai 
tras de los cuales la quiere hacer des: 
levantan do quiera escritores independ 
de patriótico entusiasmo evocan los g 
antiguos para que puedan servir de 
ejemplo á los modernos, y que al rehs 
ria de las antiguas gloriosas nacioni 
resucitan los grandes monumentos de 



BRANÍA NACIONAL, E: 

hora en que se es 
1 importante, por 



;nia representativc 

1 buscar no sólo ; 

de nuestros grande 

^tros edificios moi 

ios que habían peí 

as entrañas de la ti 

flor de ella y avet^ 

ellos que, cegados 

guUo de la ciencia, creían que lo antiguo era 

y miserable, y sólo hallaban grandeza, honda 

nalidad en lo nuevo. En nada se parecen nue 

ficios modernos á los romanos; sin embarg 

construido sobre ellos como base, como punt' 

yo. Lo propio sucede con las instituciones poli 

nada se parecen á las romanas, y sin embaí 

base, como punto de apoyo, parten de aquéllí 

tros ediñcios modernos se han alzado sobre I 

qne dejó el pueblo romano esparcidas por la 

tierra, como nuestro sistema representativo a 

entre las ruinas de sus instituciones políticas. 

Omnipotente y poderoso era aquel pueblo 

había propuesto hacer del universo todo un m 

mano, y al cual hoy aún, y siempre, habremc 

ver los ojos para buscar en él ejemplos, asi d( 

virtudes y de grandes heroicidades, como de 

monstruosidades y de grandes crímenes. Est 

TOUO XIX 



178 VÍCTOR BAIAGUE 

i dominar á España, dejó arraigí 
ina institución, planta lozana que 
ndando el tiempo, en árbol i^ígan 
' frondoso follaje. Al quitamos los 
IOS dieron con esa institución el 
estaurador de una nueva libertad 
la que la antigua, principio y fun 
lies y grandes empresas. Queremt 
>io, que durante ciertas épocas 1 
lecirse, el gobierao único de los p 
^rca Santa, hasta en los tiempo; 
ibsolutismo, ha conservado en si 
lemilla de la idea representativa. 

La dominación romana desapar 
lacer lugar á otra dominación, á 1 
uínas de la antigua sociedad se 
¡splendorosa una sociedad nueva 
rozos yacían por el suelo los miseí 
' de madera de los antiguos romai 
olio de los Césares se alzaba tríi 
[usto, aquella horca infame y def 
íd pendón de gloría y en símbolo 
usticia. 

Conspiraron á un tiempo conti 
uerza. Eran representantes de la 
os hombres de la Cruz y de las c 
lombres que habían ido á hundir 
a tierra para organizarse, y que d 
lores de una nueva sociedad, sin 1 
lue el Evangelio bajo el brazo, y 
a horca de los romanos, padrón c 
le muerte, convertido por ellos ei 
tención. Los representantes de la 
lombres del Norte, á quienes lo: 
laman godos, pero á quienes con 



r 



HIST. DH CAT. — DE LA SOBERANÍA KACIONAL, ETC. 179 

dea y Ortiz de la Vega llaman septentrionales. Los 
cristianos hacían la revolución por la propaganda pací- 
fica; los septentrionales, por el hierro; aquéllos, en nom- 
bre de esa trinidad sublime que se llama libertad, 
igualdad y fraternidad; éstos, en nombre de esa trini- 
dad horrible que se llama el odio, la venganza y el ex- 
terminio. La fuerza fué la que derribó; la idea, la que 
construyó sobre las ruinas. 

Allá iba con unos y con otros ese móvil misterioso y 
supremo que, con apariencias de casualidad á veces, 
viene rigiendo desde el principio de los siglos los desti- 
nos humanos, señalando á cada hombre su misión, á 
cada época su camino y á cada idea su norte, y ese 
m6vil supremo quiso que de aquel día en adelante fue- 
sen cabeza los hombres de la idea, y brazo los hombres 
de la fuerza. 

Entonces fué cuando la España, que había sido de 
los romanos, pasó á ser la España de los septentrio- 
nales. 

IV. 

Pero sucedió entonces una cosa singular y que me- 
rece fijar la atención. La España, que con los romanos 
había acabado por hacerse romana, con los bárbaros no 
se hizo bárbara. Existía ya en ella el- germen de la 
doctrina predicada por los Apóstoles de la Cruz; había 
acampado en ella el ejército de los soldados de la idea, 
y éstos pudieron más que los soldados de la fuerza. En 
vez de amoldar los conquistadores á sus usos y costum- 
bres á los conquistados, los conquistados civilizaron á 
los conquistadores. 

Comenzó entonces á levantarse el edificio de la nue- 
va sociedad y de la nueva civilización. Puestos de acuer- 
do los representantes de la idea y los de la fuerza, que 



VÍCTOR BA LAGUER 

:ntonces los altos dignatarios 
reas de los septentrionales, ecl 

los cuales se habia de elevar i 

libertades públicas. 

cabe la menor duda que la 
econocida en el Fuero Juzgo; 
tampoco que en los concilios 
men que habla de dar más tai 
[>Ieas nacionales; pero la verdE 
;e que en estos concilios estuvi 
representativo. En ellos lo en 
[uienes asistían atl! por derecl 

muy poco los nobles, y nad; 
o, el cual era llamado para hac 
. Pero alli, sin embargo, y hí 
sminiscencias del municipio ro 
leí sistema representativo futí 
:o si en los concilios no se en( 
na representativo, pues que en 
r nosotros el dominio avasalla( 
nos á dónde hubiera ido á parí 

hubiese venido la invasión ár 
;n cuenta que es una idea aveí 
incontrarse en otras asambleas 
tuvieron lugar en igual tiem 
s nos faltan, desgraciadamentt 
preciar. En una asamblea ge 
no-romanos, según la llaman 
sangrienta revolución que 
:a, fué proclamado rey aquel 1 

dado que hablar á la historia 
ísta proclamación en toda regí 
ntes del clero, nobleza y puebl 
es sólo una idea que aventurar 

todos modos, si aquel D. Rot 



HIST. DE CAT. — DE LA SOBERANÍA NACIONAL, ETC. l8l 

pueblo, hemos de reconocer que Dios no aprobó aquella 
vez la elección popular. En los campos de Guadalete 
perecieron para siempre aquel rey, aquel trono y aque- 
lla corte, y los árabes triunfadores invadieron la Espa- 
ña como un torrente desborciado. Si aquellos nuevos in- 
vasores de la patria se hubiesen presentado algunos si- 
glos antes, hubiera de seguro bastado la menor de nues- 
tras antiguas tribus ibéricas para volverlos á arrojar al 
mar de donde salían. Pero ya no había nacionalidades 
en la Península^ y ya no había patria, por consiguiente. 
Roma^ queriendo fundir en una las nacionalidades, las 
había matado á todas, y la dominación de los septen- 
trionales continuó en este sentido la obra de Roma. Ya 
aquí no había patria, y donde no hay patria no hay hé- 
roes; sólo existen esclavos. 

Únicamente en algunas ciudades hallaron resistencia 
los árabes, y vióse entonces á muchos hombres de co- 
rsusón verdaderamente ibero, restos de las antiguas ra- 
zas, entre quienes vivía como un recuerdo santo y un 
culto sagrado la memoria de las muertas nacionalida- 
des, refugiarse en los Pirineos, como van las águilas á 
las montañas á procrear sus aguiluchos, para allí espe- 
rar el momento propicio de arrojarse sobre aquellos nue- 
vos conquistadores de su país. Dios debió elegir la in- 
vasión de los árabes como una ocasión suprema para 
revalidar, con mejores fundamentos, la obra que Roma 
se había encargado de destruir. Dios, que rodeado de 
las sombras impenetrables del misterio, señala con su 
dedo el camino que han de seguir la civilización y el 
progreso á través de los siglos y de las edades, quiso 
que nuestra sociedad pasara por aquel último tamiz 
para que brotara en cada pueblo ibero una nueva na- 
ción purificada por el hierro, por la sangre y por el fue- 
go, como la raza humana toda entera se había purifi- 
cado un día por el agua del diluvio; una generación vir- 



l82 VÍCTOR BALAGUER 

gen, una raza independiente y libre, < 
tiana por su origen, esencialmente i 



La invasión de los árabes hubo dt 
cepto beneñciosa. Las nacionalidade! 
midas, despertaron al choque, como 
nal al sentirse herido por el acero y i 
entrañas. Los esclavos volvieron á s 
Jas nacionalidades volvían á tener pa 
vía á tener historia, y los que sólo h 
sas de los concilios de Toledo, iban é 
mo ciudadanos en los escaños, desde 
les no debian tardar en proclamar s 
leyes y hacer reyes. Fueron entoi 
unos tras otros, los astures, los vas 
los aragoneses, los navarros, y cada 
do del letargo, suprimió los siglos q 
lanzándose por sí solo y por su proj 
conquista. Las nacionalidades volvía 
No eran los godos los que levantaba 
como malamente se ha escrito y m 
ha creído. Eran catalanes, astures, 
ses, vascos y navarros; es decir, naci 
que estaban unidas por un lazo común de fraternidad y 
de raza. Combatieron todas á un tiempo, es vei-dad, 
para felicidad común y para arrojar al común enemigo 
de la común patria; pero cada una en su casa, cada una 
en su país. 

En este momento de la historia es cuando hay que 
ir á buscar los orígenes de la patria catalana. 



En 711 fué cuando los árabes invadieron á Españay 
tuvo lugar la rota famosa del Guadalete, pero hasta dos 



3BbranIa nacional, etc. 183 
, no penetraron en Cataluña. 
na tras otra, de Lérida, Urgel, 
:h, Barcelona, y, siguiendo la 
rías y Rosas, hasta llegar á los 
ieron por el pronto, 
isistencia la mayor parte de es- 
uchosde sus moradores fueron 
iidades y asperezas de ios Fin- 
aron con sus mujeres, hijos y 
.ra creer que allí formaron un 
ente, y que, continuando en el 
os y costumbres, eligieron un 
incipe ó un rey, llámesele co- 
mentos incuestionables por los 
I 736 aquel grupo de hombres 
*irineos, tenía á su cabeza un 

Tiontañas, cuyo centro de re- 
ne era el Canigó, no tardaron 
ores de su país. El primer le- 

árabes, de que hay memoria 
ué en 724, once años después 
las tarde del alzamiento de Fe- 
si bien esto es lo que probado 
ler que la guerra de la recon- 
ito como los cristianos se hu- 
seno de las montañas á donde 
isilo. 

escritas de aquella época, y hay 
erdos tradicionales que nos han 
toríadores. Por estos recuerdos 

los árabes y los proscritos de 
'iva siempre, y que consistía en 
, avances y retiradas; guerra 
lontañeses, hasta que comenzó 




184 VÍCTOR BALAGUER 

á tomar un carácter más organizado en 754 con la apa- 
rición de Otger y los que han sido llamados los nueve 
varones (y no barones) de la fama. 

Otger fué el Pelayo catalán. Los antiguos cronistas 
se han devanado los sesos para darle noble cuna y ha- 
cerle descender de ilustre prosapia; pero Otger no pu- 
do ser, no fué otro que un jefe de los independientes^ 
de los proscritos de las montañas, de los cristianos 
del Pirineo. No hay en él otra noble cuna ni otra ilus- 
tre prosapia que su valor, su patriotismo y su grande- 
za; tres títulos que valen más por si solos, á los ojos de 
la critica histórica, que todas las genealogías imagi- 
narias ó reales de los cronistas. 

Mientras Otger y sus compañeros llegaban á formar 
una hueste temible, y bajaban con ella á poner sitio á 
Ampurias, aparecía otro núcleo de independientes en el 
Valles. Nuestros recuerdos tradicionales hablan de un 
puñado de cristianos que se mantenían fuertes en el 
castillo de Egara, hoy Tarrasa. Es fama que los biza- 
rros Caballeros d& Egara, que así son conocidos en la 
historia, no sólo resistieron en aquel castillo cercos y 
asaltos, sino que dieron improvisadas acometidas con- 
tra los pueblos vecinos en que estaban los árabes, me- 
tiéndose de continuo con ellos en escaramuzas, cerrán- 
doles el paso, cogiéndoles precioso botín y rompiendo á 
menudo sus huestes. 

Se dice que Dapifer sucedió á Otger en el'mando de 
los independientes, y luego á Dapifer, Seniofre 6 Senio- 
fredo; y como hay quien en este caudillo halla el tron- 
co de los condes de Barcelona, se agotan todos los re- 
cursos para probar que Seniofre era de estirpe carlovin- 
gia. Aquellos caudillos primeros de los independientes 
eran de la tierra catalana, jefes valerosos á quien sus 
hechos de armas y no sus títulos de nobleza ponían al 
frente de las huestes cristianas. Tan ridículo es buscar- 



LA SOBERANÍA NACIONAL, ETC. 185 

s, como hablarnos de los milagros 
;es acaecidos, suponiendo que los 
ierra para combatir entre los cris- 
::tona. Allí no hubo más nobleza 
, ni más milagro que el de un po- 
zándose á la reconquista de su país 
s ejércitos de valientes invasores, 
[otholaunos, ó sean ¡os catalanes, 
istante ni tenían fuerzas suücien- 
aÍ8 á BUS enemigos. Hubieron en- 
< á los condes de la frontera, y en 
etraron en Cataluña cuerpos de 
: los cuales llegaron á apoderarse 
rites como Gerona, Vich y Urgel. 
atable fué la toma de Barcelona en 
, después de un glorioso sitio, se 
^udovico Pío, que mandaba las. 
res. Ludovico Fío, monarca fran- 
lO, había entrado en Cataluña, no 
sino para ayudar á los naturales 
da patria. Importa mucho dejar 
consignado; importa mucho ha- 
cobro de Barcelona se debió, no 
tanto á las armas del monarca franco, como á los es- 
fuerzos de los proscritos de las montañas y de los Ca- 
balleros de Egara, que fueron todos á juntarse bajo los 
pendones de guerra de Ludovico, cuyo auxilio y apoyo 
habían reclamado. 

Es conveniente para nuestro objeto fijar bien esta 
circunstancia y levantar acta de ella, porque el sistema 
parlamentario catalán está estrechamente ligado con la 
época de la independencia del condado de Barcelona, 
y hay que desvanecer los errores que torcidamente han 
esparcido autores antiguos asalariados, suponiendo que 
Cataluña fué provincia del imperio franco. No fué asi. 



1 86 VÍCTOR BALAC 

Los emperadores franceses no t 
en Cataluña, y sólo se les adtni 
res con las condiciones establecí 

veremos. 

VI. 

Existe una prueba patente, qi 
para hacer constar la indepenc 
y para demostrar que los empeí 
cieron aquí un protectorado. Es 
man preceptos y otros privikgioi 
cas franceses Carlomagno, Luí 
Calvo, En estos documentos, i 
Ludovico Pío, se encuentra el 1 
na del Derecho y de la Constiti 
luna, la primera piedra que hu 

alcázar de su independencia y públicas libertades. Pero, 
ante todo, hay que hacer aquí una observación, que 
debe tenerse muy presente para nuestros estudios su- 
cesivos. En Cataluña, lo propio que en Aragón, las 
palabras fuero, privilegio y franquicia oo tenían el sig- 
nificado que posteriormente se les dio y se les da ahora, 
suponiendo que ellas entrañan merced de rey, y que los 
derechos conocidos con estos nombres fueron debidos á 
la liberalidad ó longaminidad del monarca. En Aragón 
y en Cataluña hubo fueros, privilegios y franquicias 
antes que reyes, y más particularmente aún en Cata- 
luña, donde jamás los reyes fusron conocidos oficial- 
mente como tales, sino sólo como Condes de Barcelo- 
na. Se solía llamar /weros á las leyes civiles, privilegio: 
á lo que hoy llamamos artículos de la Constitución po' 
lítica, y franquicia era sinónimo de libertad. En Cata- 
luña, home-franc (de la palabra franquesa, franquicia] 
quiere decir hombre libre. — R^na, Reyna, detía el 



HIST. DECAT. — DE LA SOBERANÍA NACIONAL, ETC. 187 

Conde de Barcelona y rey de la Corona de Aragón, Don 
Alonso III, á su esposa Doña Leonor de Castilla, la 
cual se quejaba de que aquí no pasasen las cosas como 
en aquel país; el nostre poblé esfranc, é no es assi subjecte 
com ho es lo poblé de Casiella, Es decir: nuestro pueblo es 
libre y no está sujeto como el pueblo de Castilla. 

Dicho esto, que debe tenerse muy presente para lo 
sucesivo, volvamos á los privilegios de los emperadores 
francos. 

El de Carlomagno está fechado el 4 de las nonas de 
Abril de 812, once años después de haber entrado en 
Barcelona su hijo Ludovico Pío; pero ni es tan extenso, 
ni tan explícito, ni tan importante como el que dio Lu- 
dovico en 816, confirmando el de su padre. En este 
documento se reduce ya á escrito el pacto entre los ca- 
talanes y el monarca francés, y bien puede ya dársele 
el nombre de privilegio 6 Constitución política. Carlos 
el Calvo confirmó en 844 el pacto, ó sea la Constitución 
política de su padre. 

Por estos documentos importantes, que obran en el 
archivo de la catedral de Barcelona, se ve que los ca- 
talanes pidieron el apoyo de los monarcas franceses, 
no porque dependiesen en manera alguna de ellos, sino 
como una nación solicita el auxilio de otra contra los 
enemigos que la oprimen; que, entrada Barcelona por 
Ludovico Pío, se pusieron bajo su protección y la de 
sus sucesores, pero con la condición de conservar sus 
leyes, privilegios y franquicias como hombres indepen- 
dientes y libres; que tenían ya los catalanes leyes y cos- 
tumbres propias, las cuales se comprometieron á res- 
petar los emperadores francos; que hubieron de quedar 
muy limitadas las facultades de los reyes de Francia en 
este país; y, por fin, que estaban ya constituidos ó eran 
conocidos los tres Estamentos, eclesiástico, militar, y 
popular ó real, que más tarde habían de llamarse Bra- 



llamos ci 
) se dejai 
is de] obi 
eneral, y 

le dar reci 
ero, nobl 
e seguro 
ro p£Ús, [ 
ro no ha; 
1 descend 
ncontrar i 
, bastante 
la gloria i 
e laclase 
; nacional 
, y much( 
ente ae l\; 



os conde! 

}r los emperadores francos, pero eran sólo 
nadores, especie de caudillos militares ó 
¡ados para la defensa del pais. Hasta Itc- 
hallamos un conde soberano; pues si bien 
: algunos de los condes anteriores á esta 
n de declararse independientes, ninguno 

'/elloso fué el primer conde soberano de 
875, y lo fué por aclamación de los ca- 
je gobernaban por las leyes electivas del 
Eligióle el pais por medio de un acto de 
ional. Algunos historiadores pasan como 
las al llegar á este punto; pero hay que 



LA SOBERANÍA NACIONAL, ETC. 189 

O fué proclamado por voto de los 
por elección popular, cuando el pri- 
lo fué por elección de los caudillos 

pues, aquí tan antigua la índepen- 
irania de la nación, 
e aquellos tiempos escasean, no te- 
iVsambleas nacionales 6 Cortes du- 
le nuestro primer conde soberano; 
indadísimos para creer que Beren- 
go, el cual gobernó desde ioi8 has- 
Qhas veces Cortes para arreglar los 
. Hallamos también que este conde 
le consta haber jurado las franqui- 

los barceloneses, cuyo juramento 
de San Juan de la iglesia de Santa 
llalla, de Barcelona. Existe un pri- 
6n política de Ramón Berenguer el 
asegura, así á los seglares como á 
confirmación de todas sus franqui- 
tos libremente, sin censo alguno, 
)or su parte los barceloneses á guar- 
xiliarle contra sus enemigos. ¿ Fué 
gado á consecuencia de unas Cor- 
creerlo as!. De todos modos, cuan- 
:e si debió de ser, tenemos al conde 
ilemnemente guardar y hacer guar- 
^□stitución política del país en el 

¡an en los datos que acabamos de 
ó pasarlos por alto, aseguran, sin 
incipios de Representación nacional 

^ y elevados á derecho constitucional 

por D. Ramón Berenguer en las verdaderas Cortes de 
¡arcelona de 1068, y efectivamente es así. En estas ca- 
bres Cortes, que no fueron precisamente en 1068, sino 



190 VÍCTOR BU^GUB 

que, abiertas en 1069, no termin 
compiló y estableció el Código de 1 
consignado de hecho y de derecho 
ranos de Barcelona, y luego com 
Aragón, no podían legislar ni form 
tatuto de interés general sin concui 
Los autores hacen observar que e 
hasta el punto de que, no habiend 
habiendo asistido á esta legislatura 
los condados de Ampurias, Besalú 
tiguos jurisconsultos de Cataluña 1 
de los Usatges, sin embargo de esta 
tenía fuerza y vigor legal en aqu» 
circunstancia mencionada. De ac 
una práctica altamente liberal y 
trina eminentemente constitución! 
han dispensados del cumplimiento 
Cortes aquellos estados que en ella 
tación. 

Han supuesto algunas que estaí 
de 1069 á 1071, convocadas por 1 
Viejo para dar fuerza de ley y re 
«staba recibido como uso (Usatge, 
ción en el Estamento popular. I 
principalmente los que tal sientan 
bres de tas personas que aparecer 
la sanción con el conde de Barcelí 
Almodis. Si en este dato hubié! 
caeríamos entonces en un error 
pues habríamos de suponer que sí 
á aquellas, Cortes, y que no s6l( 
tación del Estamento popular, pe 
tampoco. 

En los veintiún nombres de lo 
no aparece ningún eclesiástico, ni 



DK LA SOBBKANfA NACIONAL, ETC. I9I 

ntante del estado llano, sin embargo 

8 cabe alguna duda. Pero es preciso 

ue, como ya advierten nuestros anti- 

juellos veintiuno fueron sólo una co- 

. por la Asamblea general para que re* 

res y leyes, y los presentase después 

para su aprobación á las Cortes. En el preámbulo de 

este Código se consigna que, después de redactado por 

la indicada comisión, fué aprobado laude et consilio pro- 

borum hoininum. 

No puede quedar la menor duda de que el Estamen- 
to popular estaba representado en aquella Asamblea 
nacional, ni tampoco de que allí tuviese su representa- 
ción el Estamento eclesiástico, al cual, por otra parte, 
se ve comenzar en Cataluña la idea del Congreso re- 
presentativo. Los compiladores de los Códigos, los ju- 
risconsultos más entendidos en las leyes catalanas, los 
cronistas más importantes, todos están conformes y 
contextes en decir que el conde D. Ramón Berenguer el 
Viejo celebró verdaderas Cortes y formó los usaiges con 
intervención y consejo de los obispos, prelados y otros 
eclesiásticos, barones, nobles, caballeros, ciudadanos y 
hombres de villas. 

Asi, pues, cuando no se quieran encontrar, que bien 
se puede, los albores del sistema representativo de Ca- 
taluña en épocas anteriores, hay que hallarlos sin va- 
cilar en las Cortes del 1069 á 1071. 

VIII. 

Desde 1071 no hallamos que volviesen á celebrarse 
Cortes en Cataluña hasta ii25, en época de D. Ramón 
Berenguer III el Grande. A estas Cortes 6 Asambleas 
parece que no asistieron más que eclesiásticos y nobles, 
pero también debe advertirse que, más que Cortes, fue- 



U SOBERANÍA NACIONAL, ETC. I93 

que se ha sentado ai decir por al- 
letable y digno de crédito por otra 
ne I el Conquistador se debe indti- 
imiento definitivo del derecho de 
a clase popular. Se ha dicho que 
:1 derecho vacila, y no es asi, pues 
lo concurrir á todas las legislatu- 
ando sólo en duda si asistió á las 
en 1200. No está probado que á 
tampoco consta que dejara de con- 

se reunieron en Lérida el ano 1214 
, D. Jaime el Conquistador, asistie- 
:ada una de las ciudades, villas y 
:on poderes bastantes para consen- 
;e acordase, y en todas las legisla- 
: aquel gran monarca aragonés el 
amado á ocupar su puesto, 
catalán tenia ya reconocido por in- 
da costumbre el derecho de repre- 
ipre fué llamado, con rarísimas ex- 
Cortes de 1071, no quedó, sin em- 
ncionado hasta las Cortes de Bar- 
idas por Pedro d Grande. En ellas 
nción á los capítulos presentados, 
$ tenia un carácter tan esencial- 
iieron, por decirlo asi, la base de 
ana y la consagración del régimen 
liberal que vigente estuvo en Cataluña hasta la san- 
grienta guerra de sucesión á principios del siglo pasa- 
do. Estaba ya anteriormente reconocido el derecho de 
las Cortes á legislar con el rey; era tradicional é incon- 
mso en el estado llano el derecho á formar parte de las 
Cortes; pero este derecho no se ve sancionado por ley 
paccionada hasta I263, y de esta época arrancan las 
TOMO XIX 13 



194 VÍCTOR E 

primeras leyes conocidas sobre el 
tivo catalán. 

IX. 

Fueron importantes bajo much 
tes de 1283. Ya D. Jaime el Con<¡ 
bía convenido en partir el poder leg 
estableciendo que tenían derecho i 
tes los ciudadanos y hombres de 
sonas por su posición social eran 
rar en el Cuerpo representativo; p 
de 1283, presidida por Pedro el C 
que en lo sucesivo sería necesario 
los prelados, barones, caballeros 
taluña, ó de la mayor parte de elli 
para hacer constituciones ó estí 
las leyes de Cataluña fuesen pai 
fuerza de contrato, es decir, que el 
ni derogar ninguna sin concurso y 
las Cortes; y que éstas debían ser 
años dentro de Cataluña en la épo 
cíese, no impidiéndolo alguna just 

Como esta última disposición 
rey á poco de aprobada, en las 
de 1291 se reiteró la ley de 1283 
gatoria la reunión anual, y no pe 
gar causa alguna que evitase la 
tres Brazos, dejándosele, sin eml 
elegir la población donde deberíar 
dó, empero, en conocerse que esta 
graves inconvenientes, y en las G 
celona se acordó que la apertura 
gislativa se veriñcase todos los í 
lado, debiéndose reunir las Cor 




HISr. DE CAT. — DE LA SOBERANÍA NACIONAL, ETC. I95 

€n Lérida alternativamente, á no ser que el rey cre- 
yese conveniente elegir otro punto, en cuyo caso de- 
bía señalarlo y anunciarlo con dos meses de antici- 
pación, advirtiendo que si el monarca estaba ausente ó 
enfermo, 6 las Cortes no podían celebrarse por cual- 
quier otro obstáculo, deberían precisamente reunirse á 
los treinta días después de haber aquél desaparecido. 

Los tres Brazos que componían las Cortes catalanas 
se intitulaban más técnicamente Estamentos, eclesiásti- 
co, militar y real, y sólo tomaban el nombre de Bra- 
zos cuando, después de convocados, hablaban ya en las 
sesiones y deliberaban. En los tres Estamentos se com- 
prendían indistintamente nobles y plebeyos. 

El Brazo eclesiástico lo componían su presidente nato 
el arzobispo de Tarragona, los obispos de Barcelona, 
Lérida, Gerona, Vich, Tortosa, Urgel, Solsona y Elna 
(en el Rosellón), los síndicos de los cabildos de las ca- 
tedrales, el Cástellan de Amposta, el prior de Catalu- 
ña, los comendadores de las órdenes militares y los 
abades y superiores de los monasterios. 

El Brazo militar ó sea el noble, lo componían todos 
los nobles de Cataluña, desde el duque de Cardona, 
presidente de Brazo, hasta el último hombre dtparatje. 
Formaban parte del mismo los extranjeros si poseían 
feudos 6 jurisdicciones territoriales en el Principado, y 
los ciudadanos, así nobles como plebeyos, ya fuesen 
comerciantes ó simples artesanos que poseían tierras 
jurisdiccionales* 

El Brazo real 6 popular lo formaban las ciudades to- 
das del Principado y las villas de realengo, teniendo la 
presidencia Barcelona. Todas, así ciudades como villas, 
enviaban sus respectivos diputados con el nombre de 
síndicos. Barcelona enviaba cinco por lo regular, pero 
no tenía sino un solo voto, como las demás. 
Las Cortes eran nulas si se excluía de ellas algún Brazo. 



196 vfCTOR BALACI 

Las Cortes eran convocadas p 
reformas hacederas en el país, y 
cesarías y convenientes á la cusí 
tud de la nación. 

Todos los que tenian derecho < 
tes podían presentarse y exigir si 
do por descuido ó por malicia no 
mente llamados por cartas reales 

Por lo que toca á los procura<J 
tados de las ciudades y villas, ei 
gidos á cada nueva convocatoría 
más antigua que hemos podido 
elección es de Diciembre de 134 
tulado Rúbrica de Brunigtier, que 
vo de las casas consistoriales de 
ei lunes 4 de los idus de Diciem 
concelleres y Consejo de Ciento, 
Palacio Real con muchos jurados y muchos de los otros 
ciudadanos y habitantes de Barcelona, eligieron síndi- 
cos á dos de los concelleres y á seis otros ciudadaoos 
para concurrir á las Cortes que el rey había convocado. 
Después de esta noticia, á cada paso se encuentran en 
la citada Rúbrica notas referentes á elección de los ín- 
dicos de Cortes, elección que siempre consta hecha en 
público, en la plaza y escaleras del Palacio Real, y siem- 
pre según la forma acostumbrada. También consta que 
á los pocos días de su elección, los síndicos debían pre- 
sentarse á jurar en la plaza pública, delante del pueblo 
congregado para el acto. 

Se ve, pues, por estas noticias, que los representan- 
tes del pueblo eran verdaderamente tales y elegidos por 
voto libre y espontáneo de sus representados. 



K SOBUtANfA NACIONAL, ETC. I97 

X. 

b sindico, es decir, para ser ele- 
an más condiciones que ser ca- 
blación que lo elegía, y estar ha- 
larte de la corporación municipal; 
stas condiciones la prole de los 
da y tan fatal para el país, no po- 

. diputados cobraban honorarios, 
Idos por día, según consta en esta 
s al pie de la letra de la Rúbrica. 
1420, Ramón de Plá, uno de los 
de 35i libras catalanas por sus 
L razón de 3o sueldos por día, se- 
á los síndicos de Cortes extraci- 

\s antiguas Cortes catalanas pue- 
' dechado y ejemplo de patriotis- 
or al trono y al pueblo, de hidal- 
clones, de cuantas virtudes sod 
nbs representantes del país, que 
presentaban en los escaños del 
u autorizada y desinteresada voz. 
el diputado que no cumplía como 
manifestaba indiferente á los ín- 
'nio de sus conciudadanos, blan- 
precisado á abandonar la ciudad. 
. )rtes los diputados, prestaban el 
juramento solemne de no admitir empleos ni honores 
para ellos ni para los suyos, no sólo durante el tiempo 
de su mandato, sino hasta cinco años después de ha- 
ber cesado en sus funciones. La diputación ó General 



198 vfCTOR BAL 

e Cataluña, cuerpo casi sobe 
nela avanzado del pais, y an 
enciados los sindicos al volv 
ae, durante cierto número d 
>re8 hacerles todos los cargí 
1 buen 6 mal desempeño de 
ais era inexorable para con 1 
ido. Probado el cohecho, se 
)s ciudadanos honrados y q 
)da clase de empleos y hono 
Recordamos haber leído qu 
mperador Carlos I, este mor 
co brocado á un representan 
lo á tomar asiento en las Co 
ido catalán, que había prests 

aceptar dádivas ni empleos 
erdadero compromiso de delt 
ir á lo que tan solemnementi 
ar un desaire al emperador, 
ieza de brocado que le ofrecí 
alarla á uno de los templos c 
: destinase al uso y servicio 1 
enes veneradas por los catah 

En otra ocasión, en tiempo 
os catalanes que se hallaban 
ccedieron á que el monarca 
ausa de haberse declarado la 

1 regresar á esta ciudad fuere 
os por hatwr tenido miedo á 1 
u consentimiento á que el n 
ntes de haber contestado á c 

Ejemplos como estos abunc 
a historia, y prueban cuan a 
e nuestros mayores y cuái 
uestro suelo las verdaderas p 



-DE LA SOBERANÍA NACIOtUL, ETC. igg 

ionaríos y empleados, como gobema- 
scal, almirante, etc., estaban absolu- 
s de las Cortes, siendo las únicas im- 
que habia. Al contrario de lo que hoy 
antiguos políticos creían deber alejar 
>s altos funcionarios que podían fal- 
ición, seduciendo, oprimiendo, vejan- 
nalamente. 

de Barcelona tenían un Consejo con 
;iaban y se ponían de acuerdo para 
ave, dificultoso ó delicado. Llamába- 
la veinticuatrena de Cortes, por for- 
dadanos, que eran elegidos al propio 
iputados, solamente para dar á éstos 
'O de sus luces é influencia. Venía á 
.0 la veinticuatrena de Cortes, lo que 
m sido los comités políticos para los 
cada partido. 

XI. 

fortes el día señalado con la que en- 
L «proposición del rey, * y hoy se llama 
roña. En esta proposición ó discurso, 
ba de los motivos que le habían preci- 
las Cortes, de lo que esperaba de ellas 
enerales del reino, contestándole por lo 
po de Tarragona con palabras de mera 

:z que Juan II celebraba una solemne 
:s en Barcelona, y por ley 6 capítulo 
rminantemente prohibido, á cualquie- 
larse en el estrado que sustentaba el 
el rey, mientras que éste pronunciaba 
1 cual abría la legislatura. En tanto 



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adei 



-DB LA SOBERANÍA NACIONAL, ETC. 20I 

;us derechos y franquicias, y deposita- 
os una parte de su soberanía al con- 
: hacer sus leyes. 

ii6n de las Cortes se reducía al discurso 
■testación de la Cámara. 
, quedaban nombradas las diez y ocho 
por la parte del rey y otras nueve por 
irazos, que debían formar lo que hoy 
isión de actas. Estas diez y ocho per- 
nbre de habilitad&res, examinaban las 
gales de los diputados y los poderes 
ver si estaban en regla y dar su dic- 

]a Asamblea, elegía el rey á las per- 
I nombre y representación habían de 
lia, y á éstas se daba la denominación 

I deliberaban en común, sino cada uno 
XTO al objeto de entenderse entre si, 
nombraba seis tratadores de Brazos, y 
y ocho, conferenciaban y se ponían de 
> luego los asuntos á la discusión de 
Brazos. En Éstos, después de amplia 
laban los acuerdos por mayoría abso- 
el Brazo militar, donde era necesaria 
itos para que hubiese decisión, pues el 
o individuo paraba el Brazo. 
' los Brazos las proposiciones de los 
vahan á la reunión general de los mis- 
aban ya previamente aprobadas por 
icular y se habían ampliamente discu- 
>frecían al debate en ta Asamblea ge- 
mayor motivo, cuanto que llevaban 
ación de los iraiadores del rey. Para su 
va aprobación se aguardaba á celebrar 



02 VÍCTOR BA 

Última sesión, que era 11 
juraba todo lo hecho y 1 
las las Cortes hasta que 
toda religiosa pompa y ] 
prestado este juramento. 

XI] 

)os circunstancias muy in 

' que hacer observar, trati 

as. 

.a primera, que hasta de 

3 lo que debían tratar las i 
per prestado el rey el jura 
xdar las Constituciones h 
3S de Cortes, no se le otoi 

que en los piimeros tien; 

cierto, consistiendo sólo < 

}8ta del Principado. 

At segunda, que el subsidi 

Cortes, como el rey no á 

lalquiera de los tres Brai 

t particulares, de las inju! 

iedades que él ó sus oficia 

desde la legislatura anterí 

lobre este punto fueron sii 

nes. 

ín 1264 se negó al rey D 

ilio que pedia contra los 1 

ese los agravios que se reí 

cometidas por él y sus of 

L D. Pedro el Grande le m 

]ue pedia para la guerra, si antes no retiraba der- 

órdenes que había dado contrarias á lo prevenido en 

Constituciones. 



r' 



HIST. DE CAT. — DE UL SOBERANÍA NACIONAL, ETC. 2O3 

En tiempo de Alfonso, el conquistador de Ñapóles, 
las Cortes se negaron á servir á este rey con el subsidio 
que demandaba, si antes no venia de Ñapóles á respon- 
der de ciertos cargos que se le hacían, y aun acordaron 
que el subsidio no le fuese dado hasta seis meses des- 
pués de su regreso y de haber satisfecho los agravios 
para ver si sus ofrecimientos eran cumplidos. 

En 1396, el Parlamento que celebró la reina en Bar- 
celona pasó á hacer algunos actos de consideración, 
sin intervenir los síndicos de Earcelona, quienes, por 
causas especiales, no se habían presentado aún á tomar 
asiento en el Congreso. Diéronse por agraviados los 
diputados barceloneses, y se deliberó que no se presen- 
tasen en el Parlamento ínterin aquellos actos no fuesen 
revocados, como así tuvo que hacerse en i6 de Diciem- 
bre de dicho año, pasando entonces á ocupar su puesto 
losáiputíLdos (Bruniguer, tomo II, pág. 289). 

En 1437, la veinticuatrena de Cortes deliberó y di6 
instrucciones á los diputados para que no permitiesen 
que se procediese á hacer ningún acto de Cortes, como 
antes no fuese reparado un agravio que habia recibido 
de parte del gobernador de la ciudad de Gerona (Brtir- 
niquer, lugar citado). 

Los anales parlamentarios de nuestro país están lle- 
nos de casos de esta índole, y consta en diversos é im- 
portantes casos la ñrmeza con que en este punto obra- 
ron siempre las Cortes catalanas. 

£1 derecho de quejarse y ser desagraviado, no se li- 
mitaba á los Brazos 6 diputados. Cualquier catalán, 
aun de la condición más humilde, tenia derecho de acu- 
dir en queja b greuje alas Cortes pidiendo remedio y 
justicia contra la autoridad, oñcial ó empleado que le 
hubiese ofendido arbitrariamente, aun cuando fuese el 
mismo rey (Encara sia lo smyor Rey). 

Por lo mismo, todas las legíslatun^ comenzaban por 



204 VÍCTOR BAJ 

nombrar una Comisión, que 
greujes, la cual se acostumb 
ocho personas, elegidas la n 
mitad por las Cortes; esta C 
dar informes sobre cuantas q 

En cuanto se reunían las Ci 
todos los empleados reales ex 
que, sujetos á un juicio de re 
comisionados de veguería nc 
Cortes de legislatura á legisl 
su conducta oñcial en el desi 

■ Unas Cortes, ha dicho u 
con verdadera iniciativa en t 
Jación y del gobierno, que pi 
residenciar al monarca y á. to< 
tos actos suyos se denunciab 
diendo su remedio y reparací 
revocar los servicios otoi^^adc 
ciaba antes de llegar el térmi 
tivos), ó por anular todo lo 
negaba la regia sanción á sus 
dentro de si más elementos < 
macla parlamentaria que toe 
han conocido en el siglo que 

Conforme observa otro aut 
les de las Cortes con el rey i 
Clones y actos ó capítulos de 

catalán Ripoll diferencia la Constitución del acto de 
Cortes, diciendo tque la Constitución se hacia por el rey 
y los tres Brazos juntamente, usándose la fórmula 
tuimus et ordinamus, mientras que los actos ó capil 
eran peticiones que elevaban uno ó dos Brazos sej: 
damente al rey sobre intereses particulares del Bra 
La fórmula de esta concesión era: Plau al setiyor 
(Place al señor rey). 



lE LA SOBERANÍA NACIONAL, BTC. 205 

íes se consideraban como leyes pac- 
os antiguos jurisconsultos están con- 
ita fuerza y vigor; y como una de las 
iciones para no bastardear el texto y 
!S es su interpretación auténtica, las 
10 quisieron que esto fuese facultad 
e apropiaron esta interpretación con- 
autoras de las leyes, y acordaron que 
ribución debía residir en los Brazos, 
las interpretaciones á una comisión 

xm. 

lodfan celebrarse en pueblo de menos 
n lugar alguno que fuese casa de rey 
mada. 

e Bruniquer se lee: f En 24 de Marzo 
3 la reina celebrar las Cortes en el 
n, los concelleres escriben á los sin- 
1 por ser casa de rey, y á 26 les es- 
y á 28 escriben que cuando el rey 
ecibida información de médicos con- 
os de la corte, van los Estamentos 
mde está el rey á celebrar el acto, y 
rey debe ir al apartamento de los Es- 

esto, dice un autor, muy entendido 
lo que se roza con el parlamentarís- 
:uanto á las relaciones oñciales entre 
, éstas llevaban siempre ventaja; por- 
an las muestras de política y cortesa- 
aba presente, es lo cierto que nunca, 
ni en comisión, se presentaban en el 
^te iba para todo en persona á las 



VÍCTOR 

¡: son muy contada; 
lan en palado, y s6 
nes como cuando, i 
cesión ni testamenti 
re del sucesor para ( 
i Cortes llevaban es 
, permitían que la sa 

te fuese otorgada e 

ie aquéllas. Asi es qi 

te la legislatura de 

istanctas del momen 

ición de un capitule 

: á levantarse de su cama á las doce de la noche 

rasladarse al convento de San Francisco, donde 

irtes celebraban sus sesiones, al objeto de sancío- 

jurar aquel capítulo. 

grande importancia, de suma transcendencia y 
íl interés para el parlamentarismo era un prívi- 

> facultad de las Cortes catalanas. Habia obliga- 
e considerarlas reunidas y con ocultad de delibe- 
tomar acuerdos hasta seis horas después de di- 
s por el rey. A nadie puede ocultarse la transcen- 
L de este derecho de prórroga, altamente favorable 
la causa del constitucionalismo, y sabido es que 
isaron las Cortes de Lérida en 1460 para inten- 
libertad del príncipe de Viana. 

poderío é influjo de este Cuerpo legislativo llegó 
I tan alto, y tan respetado se vio, que fué la admi- 
de las naciones extranjeras y dio fama merecida 
iluña, que era reconocida do quiera como suelo 

> de parlamentarismo y sistema constitucional. 
Cataluña no existía la fórmula aragonesa de » 

on; pero venía á ser lo mismo. Los condes-reyes 
n reconocidos y admitidos como tales, hasta que 
1 prestado solemne y público juramento alas cons- 



DB LA SOBERANÍA NACIONAL, ETC. ZOJ 

ides del pais. No se olvidaban jamás los 
ir la solemnidad del juramento si por 
te el conde-rey la retardaba; y Ueva- 
politica hasta tal extremo, que á Don 
Antequera, el rey aclamado por sen- 
ees de Caspe, se le obligó á prestarlo 
s aates que ellos prestasen el suyo de 

iglo XVII ha escrito: «Era la ley perpe- 
s de Barcelona fuesen tenidos á jurar, 
odas las leyes de la tierra, ordenanzas 
utos y privilegios, así generales como 
to antes que los subditos les presten ó 
aramento de ñdelidad, pleito y home- 
iie si antes que la real majestad haya 
e los subditos le prestaron el juramen- 
lera nulo, se tendría por no hecho y de 

a ha dicho el autor de estas líneas que 
ü, por espacio de siglos, tuvo un tem- 
estaba asegurada contra cualquier ata- 
nos patricios, mirando en ella el ele- 
idad, el porvenir, el bienestar, en una 
del país, habían tenido buen cuidado 
ididas para que fuese indestructible y 
ese atreverse á ella ninguna clase de 
:1 rey, que es la tiranía; ni la de los 
oligarquía; ni la del clero, que es la 
^ pueblo, que es la licencia. 



resa y terminantemente prohibido al 
tes, el otorgar privilegios generales ni 



208 VÍCTOR B&LAi 

especíales en contra de lo dispi 
acostumbraba renovarse esta pi 
latura. 

Los diputados ó representan 
su cargo el vigilar que las disp 
las Cortes se observasen y no 
por el rey ni por sus oñciales. . 
latura se nombraban comisione 
las veguerías (lo que hoy Ilamí 
garan é informasen si eran cun 
mados por la Asamblea nacioni 

Un autor ya citado, el Sr. N 
que en varias leyes de nuestras 
el juicio por jurados, sobre cuj 
veniencia ó posibilidad tanto se 

Finalmente, estudiando la hi 
guas Cortes, constituciones, lej 
encontrarán reconocidos, respe 
Cataluña muchos derechos y muchas libertades, que 
sólo á costa de mucha sangre y de muchos sacrificios 
hemos logrado volver á conquistar en tiempo modemo. 

No hablemos ya del derecho de petición, reunión } 
asociación, que eran tan latos como permitían las cir- 
cunstancias y costumbres políticas de aquellos tiempos; 
en cuanto á la libertad de imprenta, folletos politicoi 
se imprimían entonces cuya reproducción no ha sidc 
hasta ahora permitida; en cuanto á la libertad de ense- 
ñanza, bastará decir que cualquiera tenia derecho i 
abrir cátedras; y en cuanto á tolerancia religiosa, re- 
cordar que en las Cortes de I283 se confirmaron todot 
los privilegios, franquezas y libertades que tuviesen lot 
judíos y sarracenos en cada lugar de Cataluña, permi- 
tiéndoles el ejercicio público de su culto. Ya antes d( 
1268, por medio de un documento que el autor de esta 
lineas ha trasladado en otra obra, D. Jaime el Congms 



LA SOBERANÍA NACIONAL, ETC. 2O9 

gracias á las aljamas de judíos, per- 
ar, adornar y ensanchar sus sina- 
iterios particulares y dejarles en 
rmones de los frailes, comprome- 
■ sus sucesores á no hacer innova- 
:llas disposiciones sin que previa- 
V juzgados conforme á derecho, 
s ideas que brevemente nos hemos 
en estos escritos, sobre lo relativo 
is, debemos consignar que los di- 
bles. «Kunca falta en los principes 
:ntar su hacienda, decían nuestros 
je dejar de ser la ley el freno de 
; njmca les faltan tampoco adula- 
ligos de las libertades públicas, y 
debe dejar ocasión de servir exciu- 
i en daño del Estado; nunca, pues, 
res de la libertad; y para que éstos 
er que sean inviolables, siendo de 
violabilidad no es en beneficio de 
ados, sino en beneficio del mismo 

nás ningún pais en que tan termi- 
ido y reconocido estuviese el dere- 
lacional. Si alguna vez, que pocas 
del constitucionalismo catalán el 
i su solemne juramento de guardar 
leyes, faltando de este modo al 
no bastaban las respetuosas y re- 
inifestaciones que hacían para vol- 
l1 extraviado príncipe, no vacilaban 
á la cabeza del pais, en aclamar á 
ircelona, y en jurarle fidelidad des- 
ado las leyes, constituciones y li- 



210 VÍCTOR Bt 

Asi sucedió en tiempo de 
y de Felipe V. En nombre di 
seyó del trono á estos tres pr 
res de las leyes y violadores 
si bien es verdad que sucuml 
y si bien lo es que los tres m 
el trono, de] que se les había 
patria, también lo es que sol 
cruda y sangrienta guerra, d 
supieron demostrar á cuántc 
tereza y su amor á la libertai 

El cronista Pujades dice ei 
con esta frase podemos dar p 
tículos: <E1 servir de los cal 
no es servir, sino co-reinar.* 



dría de CATALUÑA 



EL CASTILLO 

.BALLEROS DE EGAEA. 



1. CASTILLO 

3ALLEROS DE EGARA. 

I. 

importantes resultados á los estu- 
oderna. Ninguna duda puede ca- 
, de que Tarrasa fué la antigua y 
siendo quizá la misma que Ptolo- 
' la que, sin duda por error ó equi- 
antes, se ha llamado en diferentes 
ara. Exabra y Exatera. 
Egara de todos era sabida. Nadie 

eustido una Egara, á la que Ro- 
:cho municipio y Roma cristiana 

discordes andaban los autores en 
je un dia se levantara: así es que 
onian en Narbona, otros la situa- 
>tros, finalmente, en Egea de los 

celoso y docto cronista D. Jeró- 
lizá el primero que, sacando á luz 
ionio de las piedras escritas, pro- 
. traducción de unas inscripciones 
lápidas, que Egara había existido 
' se levanta San Pedro de Tarra ■ 
ie él á robustecer esta opinión, con 
lad, los F16rez, los Masdeu, los Fi- 



214 VÍCTOR BALAGUEl 

Ninguna duda queda ya del lugar 
taada Egara; pero si bien los citado 
afortunados en demostrar esto de i 
les sucedió lo propio en averiguar s 
y ruina. Su historia yace oculta en 
blas amontonadas por los siglos bar 
d6? ¿Quién la destruyó? Se ignora ( 

Pujadas colige, de una carta de i 
te al año 978, que esta ciudad no f 
neral pérdida de España, cuando I; 
ros, y cree que debió conservarst 
como Barcelona. Sin embargo , h 
contextes en citar aquella época co 
ción de Egara. Asi lo asegura, ent 
unos Anales manuscritos que hemí 
hojear ). Para este autor no quec 
los moros, en la pérdida de España 
Tarragona, pasaron adelante conc 
blos hasta llegar á la ciudad de E 
tan fuerte defensa y resistencia de 
antes que entregarse prefirieron, ci 
perecer entre los escombros y ruím 
tiva. Destruida hubo de quedar en 
salvándose sólo su fortisimo é in 
como luego veremos, y desde aqu 
era Egara arrasada se llamó Terr 
marón el nombre de Terrasa ó Ti 
modernas que hoy se levantan en 
ocupado un día por la floreciente I 

I Mmioria di la antigua ehidaá de Eg- 
en el lugar donde lo está la villa de Tatrasa 
pertenecientes i la historia eclesiástica y i I: 
muy particularmente á CataluGa, por D. Jo! 
nuscrito se halla en poder del ?r. D. Miguel 
diputado provincial por el partido de Tairasi 



— LOS CABALLEROS DE EGARA 215 

sulenta ciudad la de Egara, no ca- 

srias que de ella se conservan. FÍo- 

lutes de la venida de Jesucristo, 

npo de los fenicios, según parece, 

de quienes heredaron sus naturales la industria en la 

fabricación de sus manufacturas. Fué capital en tiempo 

. de los cartagineses, y municipio en la época de la do- 

l minación romana. 

'■'* Su posición, en medio de un suelo poco fértil, pare- 
I * cia destinarla únicamente para la industria y fabrica- 
ción; as! es que, desde tiempos antiquísimos, sus mo- 
radores se dedicaban con preferencia á la industria de 
lanería, habiendo sido siempre muy celebrados sus arte- 
I foctos. 

A esto pudo muy bien contribuir la protección que 
le dispensaron los emperadores romanos. Sus produc- 
tos eran tenidos en grande estima y exportados á las 
costas de Francia y de Italia, especialmente á Roma y 
1 á Sicilia, donde los nobles se preciaban de vestir sus 



Algunas lápidas que de la época romana se conser- 



' manufacturas. 
Algunas láp 

I a vau, prueban la importancia y esplendor de la antigua 

población. 

I I Pero lo cierto es que reina una lamentable oscurí- 
■ dad en lo que atañe á la historia iRilitar y política de 

Bgara. Sólo tenemos alguna mayor luz tocante á su his- 
toria eclesiástica. En tiempo de los godos fué silla epis- 
copal, y no cabe la menor duda que su iglesia catedral 
estaba donde hoy se hallan las tres iglesias de San Pe- 
dro, Santa Maria y San Miguel, las cuales se edi&caron 
de las ruinas de aquélla. 

Se sabe haberse celebrado en su recinto un Concilio 
el año 614. Fste Concilio, que parece fué nacional, con- 
firmó las decisiones del de Huesca, celebrado en SgS, 
, doade se establecieron dos cánones, uno de los cuales 



VfcTOR BALAGUEI 

le los sacerdotes, diáconos y 
el celibato, y el otro, que tod 
1 ánodos. Fué presidido este 
itano Eusebio, y asistieron, ' 
Barcelona, Zaragoza, Geron 
Lierza de grandes trabajos de 
obre todo, á un importante n 
el convento de padres Recol 
rado saber que ya en 3i3 bab 
ueron 25 los que ocuparon sui 
dicha época hasta 684, por 
entius, 3i3; Literinus, 35o; 
zo; Iríneo, 465; Faticlus, 4; 
s, 5i2; Taurus, 5x3; Nebrídií 
oannes II, 586; Sofronio, ' 
i, 597; Ilei^io, 599; Celias II, 
tus, 633; Godon, 643; Bací 
('Ícente, 655; Juxtus, 670; Jí 
habiendo memoria de más 
; acabó Juan III, hasta 928 
ilio, benedictino de Monserra 
extinguida la Sede por la im 
ña á principios del siglo viii. 
da ya dicho que la tradición s 
ira fué destriUfla por los mon 

sus naturales una vigorosa 
vasores. Hasta hja la tradicit 
niéndoia en el de 714, según 1 
tas del Dr. D. Segismundo 
lies se nos ha facilitado copia 

on con la ciudad de Egara hasta dejarla arrasada 
rasa), no sucedió lo propio con el castillo, forti- 
Imenar, baluarte inexpugnable, donde se reftigia- 

1 héroes de la independencia catalana, conforme 
á ver. 



C&T. — LOS CABALLEROS DE ECABA 21? 
II. 

e Cataluña los moros, muchos habitan- 
D al yugo de los invasores á ñn de no 
hogares, mientras que otros muchos, 
razÓQ en el fuego del patriotismo, co- 
arse en los Pirineos con sus mujeres, 
tesoros, para esperar la aurora de un 
y criar allí á sus hijos, educándoles en 
: amor á la religión del Cruciñcado, de 
de sus padres y de odio á los invaso- 
Los grandes valles de Cerdaña, Aran, 
s, llenos de espesos bosques, de frago- 
ie ignoradas cuevas y de ásperas que- 
in un asilo seguro á los proscritos. Re- 
mo los aragoneses en Uruel y en Cova- 
8, fortaleciendo su espíritu con el aire 
se respira en las montañas, robuste* 
bros con las fatigas, las necesidades y 
iraron á que llegase el día en que poder 
ito sobre aquellos hombres de extraña 
la religión y de extraños usos, que ha- 
país. 

de Egara y de sus inmediaciones, no 
ad de ir á ampararse de los Pirineos, 
de Egara les ofreció á todos uo asilo 
refugiaron también con sus mujeres, 
esoros, los que hasta el último trance 
udad, y muchos habitantes del Valles 
vecinos, arrojados de sus casas por los 
gara y de los Pirineos debía partir á un 
' grito de patria é independencia, 
a el nombre de los caballeros de Egara 
ue en aquel castillo s^icieron fuertes 



218 VÍCTOR BALAGt 

y temidos, consiguiendo que jam 
pendón de la cruz en sus almena 
fortaleza un baluarte inexpugnab 
trellaron siempre las muslímicaí 
los bizarros caballeros de la patri 
piedad debiera llamárseles, no só 
castillo cercos y asaltos, sino q 
acometidas contra los pueblos vt 
los moros, metiéndose de contini 
muzas, cerrándoles el paso, «^ 
tines y rompiendo á menudo sus 

Asi se mantuvieron, según tra 
ochenta años, sucediendo los hiji 
redando los menores la inquebr; 
fortaleza de sus mayores. 

No faltará quien ponga en di 
por espacio de tantos años de un: 
un país ocupado casi totalmente ] 
misma tradición se encniga de e: 

Varios sitios se ví6 obligado á 
Egara; pero .siempre los moros, ' 
esfuerzos, acababan por levantar 
Barcelona ó á otra de sus plazas f 
ees ciertas épocas de respiro á lo 
que aprovechaban aquellos momt 
muras y proveer la fortaleza con i 
nes vecinas, cuyos habitantes, al i 
morisma, no habían renunciado 
manos, siempre que para ello se I 

Cuéntase que una vez el sitio ] 
moros duró muchos meses. Ya qu 
por la fuerza á aquellos bravos, si 
hambre. Llegó un día en que el ; 
tiadoras, creyendo que los egareí 
nuados y desfallactdos por el han 



HIST. DE CAT. — LOS CABALLEROS DE EGARA 21( 

lamento ofreciéndoles honrosas condiciones de capil 
lacién. Las condiciones fueron rechazadas, y el emt 
jador moro pudo enterarse por sus propios ojos de t 
los almacenes estaban llenos de víveres y los estab 
llenos de ganados de todas clases. La abundancia i 
naba en el castillo. E) parlamentario no pudo menos 
mostrar su asombro. Los sitiados le llevaron á la ca] 
lia del castillo, y enseñándole la imagen de la Virgí 
esplendentemente rodeada de luces, le dijeron: 

— No os admiréis sí, después de tantos meses, se ha 
tan bien provisto nuestro castillo. Todo se lo deben 
á la Reina de los Cielos, que está obrando para nosot: 
este milagro. 

Sin embargo, allí no habia más milagro que el 
patriotismo. A fuerza de grandes trabajos y de mucl 
penalidades, los sitiados habían abierto una mina ó ( 
mino subterráneo que iba á salir á dos ó tres horas 
distancia, en un punto completamente ignorado de 
conquistadores del pais. Por aquel conducto recibían 
provisiones y las tropas de refresco que á veces les ( 
viaban sus hermanos de los Pirineos, con los cuales 
taban en constante comunicación. 

Asi cuenta la tradición que por espacio de ochei 
años se fué sosteniendo el castillo. Lástima grande ( 
la carencia total de documentos y memorias escri 
haga reinar tan profunda oscuridad en los anales 
aquellos tiempos. Ni sabemos los nombres de los I 
roes egarenses, ni cómo se gobernaba aquel pueblo : 
refugiado, ni cuáles fueron sus hechos. 

Sólo una cosa sabemos, y está afortunadamente ci 
firmada por un documento auténtico que viene en a 
yo de la tradición para que no pueda cabemos duda 
haberse mantenido inexpugnable el castillo de Egi 
durante el periodo de la invasión muslímica. 

Más de tres tercios de siglo hacía ya que imperal 



220 



VÍCTOR BALAGUER 



en nuestro país las armas de los musulmanes, cuando, 
puestos de acuerdo los catalanes de Egara ó Tarrasa 
con los que vivían libres en los valles pirenaicos y los 
que gemían cautivos en Barcelona, decidieron ponerse 
bajo la protección de Ludovico Pío, hijo de Carlomag- 
no, ofreciéndose á reconocerle bajo ciertos pactos y 
condiciones si les ayudaba á arrojar de esta tierra á 
los invasores. Así consta en los preceptos de los empe- 
radores francos, citados ya por nosotros en otra ocasión 
y existentes en el archivo de la catedral de Barcelona. 
En este documento, fuente primera de la historia ca- 
talana á datar de la época de la reconquista, la existen- 
cia de los caballeros de Egara está reconocida en aque- 
llas palabras de gothos sive hispanos intra Barchinoftam 
famosi nominis civitatem vel Tarrasium casUllum, etc. 

Llamado, pues, por los defensores de Egara vino 
Ludovico Pío, al comienzo del siglo ix, á poner su cam- 
po sobre Barcelona, pasando los bravos catalanes que 
se habían mantenido fuertes en Tarrasa á ayudarle en el 
cerco y conquista de la que debía ser muy luego corte 
y cuna de los condes barceloneses. 

Tal fué el origen que tuvo la guerra de la reconquis- 
ta y de la independencia catalana. Veamos ahora lo que 
hoy ha quedado de aquel castillo célebre, cuna de he- 
roicos al par que desconocidos varones. 



III. 



Así en Aragón como en Asturias, grandiosos monu- 
mentos que atraen al viajero y fijan la atención del ar- 
tista, indican el sitio que fué cuna de la patria indepen- 
dencia. En Cataluña sólo señalan este lugar unos pare- 
dones ennegrecidos que se van desmoronando. Lo que 
se enseña en Tarrasa al forastero como castillo de Ega- 
ra no es más que un resto escuálido, imperfecto y re- 



—LOS CABALLEROS DE EGARA 221 

élebre propugnáculo, donde acre- 
nstancia fuertísima nuestros incli- 



neas acabamos de visitar los restos 
rtaleza. Apenas queda nada, 
ínas se levantan á orillas del pin- 
lado Valle del Paraíso, y por lo que 
: conservan algunas paredes negras 

esparcidas acá y acullá, se ven las 
saeteras, algunos restos de ven- 
arranque de muro. Es ya imposi- 

de las murallas coronadas de al- 
rreones y flanqueadas de torres cir- 
ios que dicen ser vestigios del foso, 
rada dos hendiduras ó largos tra- 
5 pared que, al decir de las gentes, 

estuvo el puente levadizo. Sin em- 
)s pareció que nada de esto debía 
idía estar el foso ni allí tampoco el 
no este castillo 6 la parte que de 
iterio de cartujos en el siglo xiv, se- 
iebió sufrir grandes alteraciones á 
ara su nuevo objeto. Lo que hoy se 
el monasterio más que del castillo, 
su interior, he aquí lo que puede 
aya parte superior corre una gale- 
npida por recientes hundimientos, 
rada y compuesta de veinte toscas 
e columnas de iguales bases y ca- 
que conducía á esta galería debió 
a, pero es sólo un montón de es- 
DS cuales se trepa para ir á contem- 
TÍste aspecto que presentan aque- 
cen aún en pie los cuatro paredo- 
lario 6 capilla, hoy convertido en 



332 TfCTOR B/ 

:orral de conejos. La piedra 
sóveda, y en la cual se distii 
[nuy buen dibujo representan 
izotado por dos sayones, sir\ 
as gallinas. 

Muros agrietados, arranqu 
uas destrozados, ventanas ro 
ligios de almenas y de torres 
;ados por modiücaciones hei 
7 escombros, he aquí lo qm 
valuarte de la milicia cristia 
:odas partes en el interior c 
lando de un modo lúgubre y 
lesiertas galerías como si lat 

En un ángulo, y en una r 
;lada con restos antiguos, viv 
:uidado está la conservación 
pertenecen hoy á los señores 

Idea muy equívoca tendrí 
Je lo que era el antiguo casti 
tes en el día. La fortaleza di 
lebía extenderse en vasto rae 
i las ruinas, y de seguro qu 
abrador remueven hoy tierr; 
:imientos del castillo. 

La tradición, única antorc 
jiparse un tanto las tiniebla 
isunto, nos dice también que 
le profundos fosos, los cuales 
lo convenía, y que en cada 
ina fuertísima torre, de las 
iestruida por un rayo, y la; 

1 Cuando vishú el autor est« casi 
a en que se escribieron estas lineas.- 



-LOS CABALLBROS DE EGARA 233 

mandadas derribar hasta la mi- 
zar ruina, por el marqués de Sen- 
habia ido á parar el edi&cio. 
3, tradición, recogida de boca de 
itor de un viejo manuscrito, que 
vino una gran tempestad, ácon- 
la Riera de las Arenas, vecina á 
nadre, inundando los campos de 
Pedro, y dividiéndose en dos bra- 
esia de San Pedro, abriendo dos 
:olaterales que luego vinieron á 
ribando con la avenida gran par- 
itiguo castillo. Este barranco es 
ó y continúa llamándose todavía 

sufridas por el tiempo acaban de 
lente, y, imido esto á la carencia 
itas, hace que no pueda formar- 
: era el antiguo castillo, el cual, 
ner gran extensión y abrazar un 

emos de haber servido este edifi- 
cartujos se deben al Dr. D. José 
:n su libro titulado Primer instttu- 
: de la Cartuja, impreso en 1792. 
>or los años de 1344, habiendo 
lesión de D. Ramón de Calders 
Doña Blanca de Centellas, hija 
lo de Centellas, señor de la villa 
Alemanda, su mujer, de la casa 
iirra, deseosa de ofrecer parte de 
)lvtó fundar una Cartuja, y para 
e poseía en Tarrasa y era el mis- 
le tantos años se habían mante- 
ros de Egara. 



VÍCTOR SALA' 

el deseo de 
¡ de grande! 
se con serval 
los batallad 
:o asilo de í 
idación el V 
>o, por habf 
a hablado y 
repentinanit 
il que el vul 
■dís. 

años la nob 
)lo durante > 
os cartujos; 
a desarrollo 

Montealegr 
igustinas, > 
lidas las órd 
uelve á sabí 

de los man 
■ecientemem 

ticias que, 
emientes al 
icia. De es 
Ividadas y c 
ios, arranca 
Cataluña i. 



« d« D. Segisn 
lio Rodú. se \i 
dal; D. Felipe 
IOS los han faci] 
évenlts estas I 



* 



^r^ -t; 



HISTORIA DE CATALUÑA 



EL REY D. JAIME 



Y EL OBISPO DE GERONA 



TOMO XIX 15 



EL REY D. JAIME 



Y EL OBISPO DE GERONA. 



I. 



Es un hecho cierto y positivo, por más que haya 
autores, veridicos en otros puntos, empeñados en ne- 
garlo, que, á principios del año 1246, el rey D. Jaime 
el Conquistador mandó cortar la lengua al obispo de 
Gerona, Fr. Berenguer de Castellbisbal. En vano cier- 
tos cronistas han procurado hacer que se olvidara este 
suceso negándolo, refutándolo 6 falseándolo; pero todos 
sus esfuerzos han sido inútiles. La verdad acaba siem- 
pre por abrirse paso. 

Zurita se vio obligado por la censura oficial á borrar, 
en su segunda edición de los Anales, el pasaje que rela- 
tivo á este suceso habia impreso en la primera; Abarca 
escribió largas páginas tratando de demostrar la poca 
consistencia y la falsedad del hecho; otros autores, cor- 
tesanos de la mentira, han lanzado los rayos de su ira 
contra los que, apóstoles de la verdad, han intentado 
poner este suceso en claro. Sin embargo, hoy no puede 
caber ya la menor duda. La critica histórica demuestra, 
con severa lógica, que el hecho es indudable. 

Lo que todavía está oculto bajo un velo hasta ahora 
impenetrable, es la verdadera causa que impelió á 
D. Jaime á hacer cortar la lengua al obispo de Gerona. 



vfCTOR BALAGUER 

ce como lo más cierto, que i 
ae el rey le habla coañado en s 

quiso el monarca castigarle 
pecado; pero se ignora en qi 

pues aun cuando algunos h 
lo por el obispo fué el matrimí 
n Doña Teresa Gil de Vidau 
ilace no pudo realizarse hast 

de la muerte de la reina I 
os que vayan tampoco más ac 

que la revelación del obispe 
! D. Alfonso, primogénito di 
itribuci6n de la Corona que el 
ida. 

lecho es que el rey mandó 
i á Fr. Berenguer de Castelil 
lespués de esta sangrienta mi 
no Pontíñce, dándole cuenta 

tenido para proceder tan c 
I y pidiéndole ser absuelto. E 
conocido; pero sí lo es la co 
ncio IV, dada en Lion, de I 
las de Julio del año III de si 

de 1246), la cual transcribe 
sacándola de la librería VatJi 
Epístolas del papa Inocencio, 
que transcribimos por ser el : 

la noticia, dice asi, traducido 
ocencio, obispo, siervo de lof 
: Aragón, espíritu del más sí 
leídas tus letras, ocupó nuest 
) asombro por la enormidad 
¡aban; pues afirmaste que nu 

Berenguer, obispo de Geror 
Ma alcanzado tanta autoridí 



BlPlii. --^'' 



HIST. DE CATALUÑA — EL REY D. JAIME 2 29 

jera tenido como el más honrado entre los mayores; 
pero que después, como tú añades, siendo traidor con- 
tra tí, tuvo la osadía de revelar cosas que tú le habías 
descubierto en el fuero de la penitencia, y también ha- 
bía armado contra ti otras muchas y graves máquinas, 
por lo cual le mandaste salir luego de tu reino; y ha- 
biendo él alcanzado allí la dignidad episcopal, tú, en- 
cendido con el calor de la ira, le hiciste prender y con 
mandato sacrilego quitarle parte de la lengua. Asi nos 
pedías que mandásemos salir de tu reino á dicho obis- 
po, y á tí y á los partícipes en consejo, ayuda 6 ejecu- 
ción, se diese la absolución de tan gran delito i. 

Hasta aquí el primer capítulo de la epístola. La suma 
de los otros consiste en decir: que concede al rey Don 
Jaime la grandeza de sus virtudes y hazañas, manifes- 
tándole el amor que por ellas y las de sus predecesores 
le tiene el Papa sobre los demás príncipes católicos, y 
que en esta medida era el dolor del escándalo con su de- 
lito ocasionado; que no debía su real prudencia haber 
creído ligeramente en delito tan inverosímil de su con- 
fesor, y no fácil de probar, ni cuando se probara podía 
ser castigado del rey, sino del mismo Papa; que no es- 
taba el rey en disposición de recibir la absolución, pues 
le duraba el rencor contra el afligido obispo; y que, por 
fin^ le exhortaba al arrepentimiento de sus culpas, y á 
que, conforme á los saludables consejos que le daría el 
penitenciario Fr. Desiderio, que le enviaba, satisfacie- 



1 £n el cuerpo de esta Historia de Cataluña insertamos algunos 
párrafos de esta epístola. £1 cronista de Gerona, en su obra Gerona his^ 
iórko-monununtal^ con una ligereza que no queremos califícar. tachado 
falsa la epístola citada por nosotros. "Permítasenos, dice, dudar, no di- 
remos de su autenticidad, sino de su existencia, Ínterin no podamos leei- 
la por nuestros propios ojos. . Puede leerla cuando guste en Odorico 
Rainaldo, y traducida del latín en la Historia de Públet^ por Fínestres, 
lomo Il,pág. 277- 



V/CTOR E 

ios y á la Iglesia para no perder el reino eterno 
istcrilega tiranía de aquella sangrienta ejecución. 
as cosas se deducen del contenido de esta epis- 
itre ellas, que Fr. Berenguer reveló un secreto 
esión; que la revelación de este secreto fué an- 
su nombramiento de obispo y, por consiguiente, 
r á los amores del rey con Doña Teresa Gil de 
a, y también á los sucesos que dieron margen al 
miento del príncipe D. Alfonso; que D. Jaime, 
desterró al fíaíle por la revelación del secreta, 
r estar urdiendo tramas contra él y por acaudi- 
zi alguna parcialidad ó algún bando que ponia 
Üictos al reino, y que no se lanzó el monarca á 
: por sí y ante sí la captura del obispo y su bár- 
utilación, cediendo sólo á los impulsos de su co- 
no que tomó consejo de los barones que le ro- 

ible fué la sentencia: bárbara y cruel, más que 
;; pero criminal y gravemente criminal anduvo 
rdote indigno que ante Dios y ante los hombres 
de aquel modo á la santidad del Sacramento, 
glesia no tenía perdón para el rey que mandaba 
tr la lengua al monje por haber revelado un se- 
le confesión, tampoco debía tenerlo para aquel 
y que más adelante castigaba un delito político 
cer beber á los reos el plomo derretido de la cam- 
ue les llamaba á consejo. 

II. 

aria el sencillo documento de que hemos dado 
en nuestro anterior artículo, para dejar sentado 
b^erdad irrecusable el suceso de haber mandadt 
D. Jaime cortar la lengua al obispo de Gerona 
relación de secretos que le había descubierto e 



HIST. DE CATALUÑA — EL REY D. JAIME 23 1 

monarca en el fuero de la penitencia. Sin embargo, por 
sí acaso esto no bastaba, Finestres^ en su Historia de 
Poblei, apéndice á la disertación XI, tomo II, nos da 
importantisimos detalles, que comprueban y particula- 
rizan el trágico acontecimiento, copiando varias es- 
crituras que extrae del proceso de reconciliación del rey 
D, Jaime, cuyo proceso parece que se conservaba en el 
archivo de dicho monasterio. 

Por estas escrituras se ve que, recibidas las letras 
exhortatorias del Papa, avínose el rey á seguir los con- 
sejos de su penitenciario Fr. Desiderio, haciendo pú- 
blico el reconocimiento del delito cometido y el propó- 
sito de satisfacer á la Iglesia, con escritura que otorgó 
en la ciudad de Valencia el 5 de Agosto de 1246, la cual 
comienza asi, traducida del latín: 

•Nos Jaime, rey de Aragón, por consejo y exhorta- 
ción de Fr. Desiderio, penitenciario del señor Papa, 
reconocemos habernos excedido gravemente en el he- 
cho de la mutilación de la lengua del obispo de Gero« 
na, y haber enteramente ofendido á nuestra madre la 
Iglesia. Por tanto, doliéndonos de lo hecho, contritos 
y humillados, pedimos perdón á Dios y al Sumo Pon- 
tiñce, su vicario en la tierra, t 

Sigue ofreciéndose á pedir perdón al ofendido obispo, 
á levantarle el destierro, y, en satisfacción del delito, á 
construir un hospital, á terminar la abadía de Benifazá, 
de la Orden cisterciense, ya comenzada, ó á dar algu- 
nos réditos á la iglesia de Gerona, según lo que al Papa 
le pareciera mejor y más conveniente. También se ofre- 
ce á reconocer su culpa en junta de prelados, nobles y 
ciudadanos de sus reinos. 

D. Jaime envió este documento al Papa por conduc- 
to de Fr. Arnaldo de Peralta, obispo de Valencia, al 
que nombró para este caso su embajador, y lo acompa- 
ñó- con una carta, que también traslada íntegra el cita- 



232 V1C1 

do Finestres, en la cual protesta de su 
to, manifestándose dispuesto á hacer c 
ordenare en desagravio de su enorme d 
por pedirle la absolución. 

A estas cartas contestó el Sumo Po 
fechada en Lión, á 10 de las calenda 
año IV de su pontificado (22 de Setii 
comisionando á sus legados Felipe, ob 
se, y Fr. Desiderio, para que en su r 
sen al rey luego que hubiese dado satif 
sia y al agraviado obispo. 

Los legados del Papa presentaron la 
cas al rey en la ciudad de Lérida, dor 
hallaba, y D. Jaime, antes de recibir la 
en la iglesia de religiosos franciscanos 
el acto de perdón y reconciliación con 
roña, como es de ver en la escritura q 
ducida: 

■ Antes de nuestra absolución, delar 
mos y venerables y discretos varones ol 
se y Fr. Desiderio, nuncios del Sumo 
gregada toda la multitud, asi de prelado 
en la ciudad de Lérida, en la casa de Ii 
res, perdonamos de puro corazón al ob 
sobre todas las cosas por las cuales ha 
nuestra ofensa, y al mismo damos en ; 
seguridad. Dada esta escritura en Lé: 
calendas de Noviembre, año 1246.1 

Concurrieron á este acto público, á 
de Camerino y Fr. Desiderio, legado: 
arzobispo de Tarragona, los obispos de 
gel, Huesca y Elna, muchos magnates 
Cataluña, y varios ciudadanos principa 

Luego que el rey hubo firmado el 1 
procedieron á absolverlo los legados po 



I CATALUSa — EL REY D. JAIME 233 

ncia que hubiese de terminar el mo- 
la, dando para la f Jbrica de su igle- 
plata, y bienes suñcientes para que 
se en él hasta 40 monjes, en vez de 
edificara; que completase la dotación 
1 Vicente de Valencia, hasta que tu- 
il de 600 marcos de plata, y que fun- 
lapellania perpetua en la catedral de 

lel suceso que tanto escándalo hubo 
, y que á tan diversos y contradictor 
ado lugar después. 

^„ u\ obispo gerundense, Fr. lierenguer 

de Castellbisbal, se sabe que falleció fuera de su dióce- 
is, en Ñapóles, el año de 1254. 



CATALUÑA 



lE POBLET 



•BLET. 



lisíma amiga 
'oblet, hace p 

isar en V. P( 
lé profunda, t 
s á las de mi 

, . b >.. papel mis im 

siones y recuerdos- 
Al llegar á mi casa de Madrid, de regreso de aq 
venturosa excursión, busqué con afán algo que n 
daba haber escrito sobre Poblet, allá por los añc 
i85o nada menos. No sin dificultades alcancé un e 
piar, y con viva curiosidad y mayor emoción pú; 
á leer, á devorar mejor, las páginas que escribí 
treinta y cuatro años. 

Pareciéronme detestables, lo digo en crudo, y 
cebí en el acto la idea de modificar aquel trabaj 
más bien escribir otro nuevo. No será mejor que i 
probablemente, así lo temo; pero probará, cuando 
nos, qué conozco mis errores y busco la enmienda 
Deseo amparar esta nueva obra mía con el noi 



238 VÍCTOR BALAi 

de V., mi noble y bondadosa amiga. Quiero que el pa- 
bellón cubra la mercancía, y que su nombre, por ser de 
tan ilustre y discreta dama, salve la obra. 

A más, ¿cómo no dedicar este escrito á la que fui 
nuestra compañera y tomó parte en la excursión; á la 
que, abandonando las delicias y comodidades de su es- 
pléndido y suntuoso hogar, no vaciló en acometer las 
fatigas y molestias de un viaje penoso y verdaderameo- 
te anormal en la estación presente? 

¿Recuerda V., amiga mía, cómo surgió la idea de 
nuestra expedición? 

Habiamos inaugurado ya nuestra Biblioieca-Musto de 
Villanueva y Geltrú, y para honrar al ilustre académi- 
co D. Manuel Cañete, gloria de nuestras letras, que 
había asistido á la ñesta en representación de las dos 
Reales Academias Española y de la Historia, su her- 
mana de V., ese ángel de amor y de bondad que se lla- 
ma la marquesa de Casa Sama, nos habia reunido á to- 
dos en su hogar patriarcal y en torno de la mesa ben- 
dita donde su noble esposo tiene el placer indecible de 
ver congregada su numerosa y querida familia. 

Conozco bien, V. lo sabe, aquella casa de beodición. 
No soy en ella el huésped. Soy el amigo, el miemlm 
de la familia que es siempre esperado con impaciencia, 
recibido con alegría, despedido con pena. Conozco bies 
aquella casa. Se me imagina que es la mía, y al entrai 
en ella, sobre todo cuando llego con el ánimo afligido, 
me parece respirar los aires de paz y de serenidad que 
dan vida al cuerpo y salud al alma. 

Aquel excelente, y llano, y modesto marqués de Casa 
Sama, que á tan gran corazón reúne tan agradable tía' 
to; aquella bondadosa señora tan amante de sus hijo! 
y tan devota á los suyos; aquellos hijos tan tiernos 
respetuosos para con sus padres; aquel hogar de ta 
sencillas y patriarcales costumbres, que recuerda 1 



.uSa^i.as ruínas db poblet 239 
tradicional y antigua llar catalana; aquella serena tran- 
quilidad que se respira y siente al entrar en aquel tem- 
plo de familia, todo esto me atrae y fascina de tal ma- 
nera y con tan poderoso encanto, que sólo me resig- 
no á mi tempestuosa vida política de Madrid, para 
considerarme con derecho á gozar del placer inefable 
que siento cada verano al llegar á aquella casa, r^ue Dios 
bendiga. £s algo parecido á lo del viajero que tras de 
un largo y penoso viaje á pie por abruptos y áridos ca- 
minos, bajo los rayos de un sol abrasador, llega de pron- 
to, sediento y fatigado, á una fresca y apacible fuente 
donde arroyos murmurantes le brindan al descanso, y 
árboles frondosos le ofrecen el regalo de su sombra. 

Pero vuelvo á anudar el hilo de mi relato. 

¿Recuerda V., repito, cómo nació la idea de la expe- 
dición? 

Estábamos á 28 de Octubre y en torno de la mesa de 
los marqueses de Sama. 

Manuel Cañete hablaba de nuestro viaje de regreso á 
Madrid, y deploraba no tener tiempo para ir á visitar 
las ruínas de Poblet. 

— Pues es preciso tenerle. Poblet vale la pena, — dijo 
OQo de los comensales. 

—¿Y si fuéramos á pasar la próxima noche de difun- 
tos en Poblet, junto á las tumbas de los reyes de Ara- 
gón?— dijo alguno, no sé quién. 

¿Fué V., señora mía? 

La idea brilló como un rayo de luz. Tan excelente 
hubo de parecer, que se recibió con un grito unánime 
de aplauso, y se impuso como se imponen las cosas que 
llegan al alma: sin discutirse. 

La expedición quedó arreglada aquella misma noche, 
y comprometidos los expedicionarios, de los cuales, con 
gnm coBtentamiento de todos, se decidió V. á formar 
parte. 



24*» VÍCTOR BALAGUl 

No he de olvidar fácilmente aqi 
años, y lo recordara aún. 

Recuerdo cómo fuimos en numi 
cibir el hospedaje con que nos bri: 
ciano D. Miguel Clavé, ofreciénd< 
po junto á las ruinas. Recuerdo q 
su avanzada edad acompañarnos, i 
los honores de la casa en su nom 
á su ilustre yerno D. Casimiro Gi' 
nado de su hijo, gallardo y exceleí 
dispensarnos una hospitalidad tan 
tan suntuosa, que no parecía sino 
gar á unas ruinas, habíamos llega 
lentas mansiones feudales de otras 
sentarse grandes comitivas, inopit 
to, encontraban cómodo albergue 
para todos. 

Recuerdo también todas las sor 
cantos de aquella hospitalidad am 
á nadie, como si nos halláramos < 
losa y abastada. Y recuerdo, por fi 
nes á las ruinas, nuestra misa soh 
por el P. Llanas en la solitaria 
nuestros paseos por el monte á la 
tes arroyos, y nuestras fraternali 
con el discreteo de animados coloq 
V. como reina, y señora, y dam 
mientos. 

Pero por gratos que estos recue 
que á todos domina y supera á tot 
gada á Poblet. ¿No es verdad, sen 

Eran el día de difuntos y poco a 
che cuando por vez primera penei 
La noche estaba oscura y borrase 
al día, y ráfagas violentas de aii 



HIST. DE CATALUÑA— LAS RUINAS DE POBLET 

berír nuestras ñ%ntes, atizando la llama de la: 
chas con que los guias alumbraban nuestro cam 
avanzado de la hora; las sonsbras y misterios d 
che; las grandes masas negras de los montes > 
que parecían á través de la oscuridad abalanzan 
nosotnss; las siluetas de los muros y de las toi 
bajándose confusamente á nuestra vista; el he]a< 
to que llegaba de las ruinas como para trae 
humedad y la frialdad de los sepulcros; la misn 
Jante llama de las antorchas, que sólo parecía lu 
que pudiéramos ver mejor las tinieblas: todo es 
do á la santidad y tradición del día, nos ímpre 
de una manera singular y desusada. 

Los que pocos momentos antes, congregad! 
triclíneo de la casa Clavé y en tomo de la abi 
mesa del huésped, saboreando el aromático café 
gftimo veguero, nos entregábamos á todo el bi 
expansión del regocijo, íbamos entonces, mud 
lenciosos, recogidos y encerrados en nuestros 
mientos, avanzando paso á paso y acercándon 
temor más aún que con respeto, á aquellas mí 
nos atraían con la ardiente curiosidad que insp 
lo desconocido y todo lo misterioso. Si alguier 
ees, desde cualquiera de las apartadas Masías, > 
vemos pasar á semejante hora de aquella noch' 
Ituitos, silenciosos, envueltos en nuestras cap 
entre la doble hilera de guias con sus encendid 
debió creer que los muertos, salidos de sus tumi 
daban vagueando por el monte á la luz de fue 
tuos. 

De esta manera llegamos á la puerta del mon 
y alguno hubo de asombrarse no encontrando 
de pie, y vivos dentro de sus enmalladas cotas 3 
armaduras, á los nobles caballeros catalanes 3 
neses que, despertando de su sueño de siglos y i 

TOMO XIX I 



24a VÍCTOR B» 

nando sus lechos de piedra, 
]ir que los profanos invadier 
lescanso eterno de los reyes 
tno habían de presentarse á 1 
inermes y curiosos, si un día 
bas que, blandiendo la tea ir 
:ida, fueron á profanar las 
allí dormían? 

La oscuridad era profunda 
la puerta que diera un día i 
del rey D. Martín, dos encoi 
mánica que comunica con el 
itrás nuestros guías con las : 
medio de las más profundas 
retroceder ni avanzar. 

No podíamos explicamos 1 
íbamos ya á llamarlos, cuan' 
:er una luz roja; y entonces, 
xanas de la tierra, por sobre 
íiechicería, se presentó á nu< 
jerbio, esplendente de luz y 
neante como en medio de ui 
ravilloso y monumental ciau 

Todo era obra de un rojo 
le nuestra comitiva mandar 
lernos. 

No recuerdo haber tenido 1 

Así apareció á nuestros oj 
no por arte de magia, aque 
le personas vieron y con ocie 
:a, cuando el pincel de un ar 
eatro para la magna escena 
jcrío. Así es como se nos 
:Iaustro del siglo xui con tod 
le arte; con sus esbeltos pila 



JNA — LAS RUINAS DE POBLET 243 

iteles, y rosetones, y calados; con 
en mitad del patio; con los lien- 
enos de severos sepulcros; y allá, 
Ella en arco semicircular que daba 
estancia donde los Monjes Blan- 



• y de los fuegos de Bengala reco- 
las ruinas de Poblet, y todo lo vi- 
prisa y de pasada; que, aun cuan- 
3 más detenida visita para la ma- 
uz del día, no queríamos perder 
: aquella noche. Y era que, domi- 
>s retornos de añejo entusiasmo 
nos, no ya un deseo, sino una ne- 
isitando las ruinas de aquella ma- 
i, con el misterio, á la luz de las 
nugir del aborrascado viento, que 
TÍas y en las estancias, remedaba 
uosos cantos de los monjes en el 
, „ ¡s gemidos de víctimas infortuna- 

das, y otras, por ñn, los descompasados gritos de mu- 
^ cbedumbres entregadas á la orgía de las bacanales, 
como si quisiera asi familiarizamos con los secretos de 
las tres épocas más caracterizadas del cenobio cister- 
ciense. 

¡Qué expedición la nuestra, señora míal No ha visto, 
no, ciertamente, las ruinas de Poblet quien no las haya 
visto como nosotros, á la luz de las teas, al rumor de 
la tempestad y en la noche de difuntos. 

Entramos en la capilla de San Jorge, joya preciosa 
del arte gótico, donde doblaban los monarcas su rodilla 
f antes de penetrar en el recinto; descendimos á la igle- 
sia de Santa Catalina, que tiene algo de cripta, manda- 
da edificar por el conde de Barcelona, D. Ramón Be- 
leoguer IV; pasamos por junto al que fué palacio aba- 



244 VÍCTOR BAL 

cíal, del que casi sólo queda i 
con ventanas sin postigos ni ce 
cuencas de ojos sin pupila; ati 
tral, abierta entre dos torreont 
jambas y dinteles se destacan i 
y Cataluña, y la tradicional fa 
nos sentamos á departir unos 
junto al saltante surtidor qui 
centro vertiendo el agua por 
cadas y mudas, sobre labrada 
destruidas y rotas; visitamo! 
lenta aún en sus tres naves, < 
das, en sus ventanas, coluí 
opulencia del arte; penetramc 
donde entre códices precióse 
valia, se guardaban todos ai 
biertas, afanosamente buscad 
con las armas y el nombre dt 
los legó al monasterio; subin 
yantar por el rey D. Martín, 
de éste antes de habitarlo y f 
su muerte, pareció destinar I 
y eternas soledades; atravesa 
ríos de los monjes, y bajamo: 
llamada Iglesia Mayor. 
¡Qué grandeza aún y qué i 
La luz y el aire penetran a 
recieron los cristales de color 
ventanas modiñcaban las luc 
eos altares que la poblaron, < 
llamas; desnudos y agrietadc 
ros; los murciélagos anidan e 
dos de sus columnas; ya no i 
les sillones de su coro; los re 
sacrilegamente profanados, ; 



U.UÑA— LAS RUINAS DE POBLBT 3^5 

:os, la imagen venerada de la Virgen, 
is espadas desnudas no custodian la 
icienso en aromatizantes oleadas no 
ar las bóvedas; ya el órgano no llena 
i el espacio; ya no resuena el pausa- 
to de los monjes. Todo está desierto, 
lo está profanado, y, sin embargo, 
ajestad y grandeza; todavia el ánimo 
;e, impresionado por el sentimiento 
tres airosas naves de aquel templo y 
forma de cruz latina, con sujeción á 
e1 artíñce, como si hubiese querido 
prever que, aun desapareciendo todo, imágenes, cruci- 
fijos, emblemas, reliquias, leyendas, lienzos, esculturas, 
lodo, allí debia permanecer siempre, mientras quedase 
en pie un solo palmo de muro, la santa forma de la cruz 
de nuestro Redentor divino. 

Por instinto ¿lo recuerda V.? fuimos á agrupamos 
todos junto al sitio donde existen los destrozados se- 
pulcros de los reyes de la Corona de Aragón, que allí 
pensaron dormir su sueño eterno, rodeados en muerte, 
como lo fueron en vida, de sus proceres más altos y 
más renombrados barones. 

Efectivamente, alli se leen aún, en aquellas rotas lá- 
pidas; allí se ven aún, en aquellas mutiladas estatuas 
que andan á trozos por el suelo, los nombres y los he- 
chos, las efigies y los trajes de cien nobles caballeros, 
de la Corona de Aragón que, al estremecer la tierra 
bajo la uña de sus corceles, extendían por todo el uni- 
verso mundo la fama de sus virtudes y de sus hazañas. 
Esparcidos por los claustros y las capillas estaban los 
panteones y monumentos fúnebres de algunos condes 
de Üi^el, la ilustre familia que por lo alto y antiguo de 
su nobleza rivalizaba con la casa de Barcelona, y que 
fué á extinguirse desastrosamente en el castillo de Já- 



24^ 

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-LAS RUINAS DE POBLET 247 

;bres privilegios de la Unión, 
er reyes: allí D. Femando de 
quien hubo de dar derecho y 
aspe, acto el más alardoso de 
registra nuestra historia: alli_ 
mquistador de Ñapóles y res- 
quien se duda si fué más agu- 
ida, y que suspendió el saqueo 
o patria de Virgilio; allí Don 
r sembrado tantos vientos re- 
, provocando el levantamiento 
palabras imprudentes de la ira 
rie: allí D. Martín el Humano, 
ijos abrió ancho campo á los 
"fin, entre todos el primero, 
, de quien todo lo que de más 
, dicho con sólo pronunciar su 
imorable en las eternidades de 

lescansaban sus esposas y sus 
icipes; á sus pies las familias 
le la casa real; en tomo y por 
de las naves, las damas y ca- 

dejaba de ser ciertamente sin- 
icontrar en aquel sitio, unidos 
erte, á muchos que durante su 
toda la crueldad de sus odios 
anes y sus bandos. Así se vela 

la soberbia castellana esposa 
:liz é infortunado príncipe de 
uien tan fieramente persiguió 
o hubieron de dar yerbas, se- 
Igunas pobres reinas junto á 
ie su corte que les habían ro> 
y la paz del tálamo; as! se en- 



248 VÍCTOR BALAGUER 

contraban, mirándose aún con ira; 
ojos de piedra de las estatuas ergui' 
soleos, los caudillos que con sus b: 
turbado cien veces la paz del reino. 

Aquello era un pueblo de sepulcr 
muertos. Allí estaban todas las gra 
en el sejio de todas las majestades 
allí también, en medio de aquel si 
soledad; allí, donde todo estaba ft 
allí, en el seno de toda aquella mu( 
bargo, algo que vivía con toda la e; 
vida poderosa, algo que hablaba coi 
las tempestades y de las multitudes, 
mado, parlante, prócero: la hístori; 
Aragón, que allí se hallaba con sus 
res, con sus libertades y parlamente 
capitanes de épicas hazañas, sus ju 
de romanas virtudes, sus leyes don 
de las pasiones, sus flotas domeñan* 
mares, y su progreso y su civilizacíi 
la eternidad de su gloria. 

Largo espacio de tiempo perman 
dad de aquellas ruinas, vagando uní 
por entre los escombros, agrupando 
que acertaba á cautivar nuestra atei 
ra de las maravillas del arte que allí 
ya nos entretuviera con las legenda 
las históricas gestas que recuerdan 
lias expoliadas tumbas ó de aquellai 

Fué entonces cuando, entre divi 
sos, oímos contar á un compañero i 

Pero no, no puede ser, debo habc 
verdaderamente contar? ¿Fué engaf 
oídos, 6 ilusión ahora de mis recuei 

¿Será cierto lo que nos contaron? 



TALUNA — LAS RUINAS DE POBLBT 249 

ado? ¿Es cierto, es verdad, señora? — 
'¿eS' cierto, es verdad lo que junto á 
ras, á la luz de l.is teas y en la noche 
i contaron? 

Edgardo Foé en sus fantásticos cuen- 
i alemanas con sus sombrías y deli- 
oyeron contar, ni escribieron jamás, 

os monjes habían desaparecido arras- 
Lcnta revolucionaria, ya las llamas del 
evorado los altares, ya Poblet habla 
;o; pero todavía estaban allí, respeta- 
:ólumes, las sepulturas de los reyes 

no una hueste; una facción de migue- 
repente para vivaquear en aquellos 

s que alli acampaba, la tropa estaba 
y de concierto general y común acuer- 
>s pasar la tarde entregados al ínocen- 
;go de los bolos. 

1 sitio elegido. Las sepulturas fueron 
ertos convidados á la ñesta. Los su- 
vestimentas, las cotas de malla, los 
erte, todo quedó esparcido por el sue- 
e poca monta, abandonado, 
inteón de la derecha hallaron un es- 
ira realmente el de un gigante: el de 
agón. 

al atrio y colocáronle de pie, á la puer- 
2ado de brazos, con un fusil en ellos, 
h'igilancia para que nadie fuera osado 
1 juego. 

^tre bulla y algazara. 
Ds reyes de Aragón y de sus magna- 



VÍCTOR BKUi 

n de bolos. Los crár 
^ de sus barones sirvieron 
asi fué como durante la 

de verano, se concertaror 
e sus ocios los descendient 
¡uellos almogávares, que 
latar los suyos conquistai 
a y Cerdeña, y Constantii 

de Aragón. 

aquí termino ya, señora r 
ndole me permita ponerla 
) entregar al público bajo 1 
n discreta dama y tan cari 

II. 

L> leyenda de ] 

ómo, y por quién, y de t 
dioso monasterio de Poblel 
y de extraños, maravilla d 
: ruina y recuerdo vivo d< 
. quién debió su grandeza] 
todas estas preguntas coi 
idera leyenda con su histo 
/ con su crónica también ' 
Tmítase, pues, al historial 
lisión, deje campo al ley 
i, que recorres las ruinas { 
ano para que él te cuente 
idición ó la historia de los c 
(jos ó más te impresiona! 
ti, no para los eruditos ni ] 
;lla dama, la que lees esta 



TALUÑA — LAS KUINAS DE POBLET Z5I 

na y manera que hacerlo solía el viejo 
:motas mocedades, 
s del siglo XII. 

^turana se elevaba sombrío y negniz- 
nencia, dibujando en la sombra, á la 
el alba, su triple línea de almenas y 
es. Las tinieblas, que parecían reti- 
nte ante la proximidad del astro diur- 
m aparecer el castillo en toda su im- 
¡a majestad. La fortaleza se destacaba 
gigantesco buitre posado sobre una 

a una hermosa mañana, una de esas 
: Mayo, llenas de perfumes, ricas de 
is de poesía, como sólo las conocen 
tan en países meridionales. La prime- 
ara flotaba por encima de las tinieblas 
disipar, como flota un velo blanco so- 
; luto; las flores más maravillosas de 
:nso, perdidas entre mares de verdura, 
lente sus húmedos cálices; la brisa acá- 
das yerbas que se mecían amorosas 
os; los árboles balanceaban sus cabe- 
5, y los céspedes extendían sus pere- 
de terciopelo, sobre las cuales, á la 
crepúsculo, llueven á millares esas 
:as de rocío que aparecen como puntas 
re tapices de esmeraldas, 
en calma. Sólo se oía el paso monó- 
i sarraceno que velaba en el muro, y 
oso del viento acariciando el follaje. 
L, pues, en que el silencio podía hacer 
ivcrso todo yacía en profundo sueño, 
; la torre del Norte se abría cautelosa- 
)a80 á una mujer envuelta en un man- 



252 VÍCTOR BU 

to blanco como la nieve, que 
á lo largo de la muralla. 

No tardó en salir del prime 
netrar en un ameno circuito ( 
se elevaba, poblado de árbol 
mujer avanzando por aquel d< 
rapidez. Cualquiera, al verla 
tantes pliegues de su blanco í 
murante ramaje, y deslizarse 
ranjos y cimbreadoras palma 
una ondina retardada que, so 
matinales, corría presurosa á 
ñeras, para con ellas sumei^ii 
tal y de plata. 

El sitio que atravesaba erf 
sitio: magniñco jardín orient: 
encanto, al suelo de Cataluü 
perdido de su espléndida y eni 
dores caprichosos dejaban cae 
surro sobre marmóreas concl 
rando; bóvedas de follaje deja 
rayos del sol; senderos de fina 
elevarse á sus costados murai 
donde la rosa y el jazmín enU 

Un reyezuelo moro, como t 
España, Almira Almuminiz, 
hecho brotar aquel delicioso 
una árida montaña, para que 
vorit'as les faltara nada en Ca 
africanos. 

Al extremo del jardín se al; 
de pórfido y de mármol, plací 
á cuyo alrededor crecían espe! 
preses artísticamente éntrela 
este pabellón, y después de h; 



iTALURa — LAS RUINAS DK POBLET 253 

e no la seguían, empujó la primorosa 
[ue le cerraba el paso, y penetró atro- 
el interior. 

acostado en unos cojines de escarlata 
ro, se levantó al verla; ella entonces 
■noz que la cubría, y una mujer, supe- 
a á toda idea, espléndidamente vestida 
según la usanza árabe, apareció á los 
e del pabellón. 

iste hoy, Anhuba — dijo éste dando un 
lia mora; — demasiado quizá. Mira: el 
no una mancha de sangre en el hori- 
eñalando por una ventana el espacio, 
ozco que he tardado — añadió con voz 
quien el desconocido había llamado 
i me sorprendió en mi estancia, y por 
lecirte que te amo. Te lo dije ya, Ro- 
;ho. Pudieran sorprenderme. 
■s. Todo está preparado para nuestra 
igo. 

:he, á la hora en que las tinieblas ha- 
mitad de su carrera, te esperaré aquí 
abellón, y con la ayuda de Dios aban- 
itio infame. 

s me hacen feliz, Rodrigo mío y, 

iblo y vacilo Un secreto sobresalto 

ón. 

imada mía. En el extremo del jardín 
echa, cubierta ahora con espesos ma- 
facilita seguro paso á la montaña, y, 
sta, el cauce del torrente nos condu- 
>nada, sin ser vistos, hasta las prime- 
;bIecÍto de Ullés. Una vez allí, mira: 
Jicar por tres veces seguidas á mis la- 



254 VÍCTOK BALAGUER 

bios este silbato de acero, y poco tardare 
nuestras órdenes, dispuesto á servirnos 3 
lugar seguro, al hombre más activo, ra 
más práctico de la comarca. 

— ¿Y quién es ese hombre? 

— Un pobre cazador que se llama I 
hace ya un año, cuando me hallaba con 1 
te guerreando contra los moros de T 
suerte de librarle de un mal paso en qi 
gado su vida, y entonces el agradecido c 
presentándome este silbato; «Pobre soj 
llamo Poblet, y habito en el pueblo de 
día quisiera vuestra mala suerte, D. I 
hallarais por aquellas cercanías en algíi 
do, rasgad el aire tres veces con el ag 
silbato, y aun cuando pasen años, cora 
amigos estén en disposición de oirio, un 
liarán con la rapidez de la flecha á VU' 
tomé, y prometí apelar á sus servicios s 
sión. No sabia entonces que bien pronti 
ses, una miserable emboscada debía hi 
manos del régulo de Ciurana, y que tra 
tan cerca de los lugares que recorre lit 
dor, debía languidecer diez meses, ata 
del esclavo, y sentir crujir mis huesos t 
un perro de Mahoma. 

Y el noble Rodrigo inclinó su cabeza ; 
te entre las manos. 

—¿Y yo? — dijo tristemente Anhuba. 

— ¡Ah! sí — exclamó entonces apasi 
cristiano; — por fortuna Dios me ha env 
ga carrera de sufrimientos y martirios 
consolarme y templar mis penas. 

— Esta noche seremos libres, amadi 
joven mora tratando de apartar las ideas 



A — LAS RUINAS DE POBLET 255 

: Rodrigo; — esta noche cruzare- 
jertad, uno en brazos de otro, y 
la nos encuentre ya ante un altar 
ianos, cuyos dulces preceptos y 
ensenaste tú á venerar. Anhelo 
;o mió: cada momento que pasa 
eseo que la religión de mi ama- 
lor y de esperanza, puriñqde mi 
bautismo, como sus preceptos, 
tus labios, han puriñcado ya mi 
ahora en el caos de la idolatría, 
na serás mia; mañana bendecirá 
la altiva favorita del orgulloso 
mpañera del cristiano caudillo. 
ma ya en toda su pompa. Vete, 
iba. 

mado mío. 

idosc en su manto, se deslizó li- 
1, después de haber rozado con 
amante esclavo, 
ihuba, Rodrigo abandonaba á su 
irtiendo en dirección opuesta, 
lanto de la favorita había des- 
las palmeras del jardín; cuando 
de] todo los pasos del esclavo, 
a escena extraña junto á aquel 
io, poblado un momento por el 
dos amantes. 

no podía ser ciertamente causa- 

ó sentir en lo más espeso de un 

matorral vecino, cuyas ramas se agitaron lentamente 

dando paso á una monstruosa cabeza de negro Tras 

de la cabeza apareció un deforme cuerpo de enano. 
Hubiérase dicho un demonio brotando del seno de un 
monstruo. 



256 VÍCTOR Bit 

AI hallarse fiícra del matoi 
como pudiera haberlo hecho ' 

sus miradas por todas partes; interrogó el silencio y U 
profundidad de las matas, y, seguro de que nadie leí 
veía, se lanzó presuroso tomando la misnoa dirección 
que Anhuha. \ 

Dos horas más tarde, el señor de Ciurana y de todos 
aquellos alrededores, el rey moro Almira Almuroiniz, 
el más constante y más implacable perseguidor de losi 
cristianos, hallándose en su estancia y sentado sobre 
opulentos cojines, acertó á volver casualmente la cabe- 
za, y vio, no lejos de la puerta, á un hombre respetuo- 
samente encorvado, de tal manera que casi tocaba con 
la cabeza el suelo. Largo rato hacia ya que estaba en 
semejante postura sin desplegar los labios para no tur- 
bar el recogimiento de su poderoso señor. 
— Levántate, Hadkahadji, — dijo el régulo. ^ 

El negro se incorporó. ^1 

— Dime — prosiguió Almira Almuminiz, — ¿quénotí-%^« 
cias traes á tu señor? ^¿ 

— El cristiano y la favorita — dijo el negro con voz^*^ 
sorda, — se han visto hoy, como ayer, como anteayer,! 
en el pabellón del jardín arromper el alba. P 

— ¿Pudiste oir algo de su conversación? ' 

— Una VC2 me acerqué á rastras hasta la puerta iie^ 
cedro, y distinguí perfectamente la voz de Aohuba. 1 . 
—¿Qué decía? pT" 

— Hablaba en la lengua de los cristianos. >^ 

— Que ese perro esclavo le habrá enseñado. ¿Irá tam- V 
bien mañana Anhuba á la cita? 
— Probablemente. 

Almira Almuminiz sacó un puñal de su cinto, y arro' 
jándoselo al esclavo le dijo: 

— Cuando vaya Anhuba á la cita debe encontrar ui 
cadáver. Por hoy nada más — añadió, viendo que el nf 






JA— LAS RUINAS DE POBLET 257 

dando sin duda más órdenes; — 

se ha de hacer con Anhuba 

regale. 

ilvaje gozo resplandeció en el 

[ue recogió el puñal, retirándose 

e, á hora ya muy avanzada, se 
la mañana una pequeña puerta 
o, saliendo por ella la misma 
ito blanco envuelta. Tomó igual 
el alba, y llegó á la puerta del 

lí para respirar y reponerse un 
L carrera. 

más profundo, un silencio de 
lo por el monótono compás del 
nchas de mármol, y por la voz 
) de la noche ¿umbando entre 
la Anhuba por la calma que en 
pujó la puerta de cedro y ade- 
lantando la cabeza en las tinieblas, dejó escapar de sus 
labios, como un eco débil, el nombre de Rodrigo. 
Nadie contestó. * 

La joven repitió el nombre con voz más alta. El 
mismo silencio. 
— No ha venido aún, — pensó la bella mora. 
Y entró en el pabellón. Sobrecogida de miedo, trému- 
la de ansiedad, Anhuba dio algunos pasos en las tinieblas 
para sentarse en los almohadones que habia en el cen- 
tro de la estancia, y esperar allí la llegada de su aman- 
te. No tardó en hallar el asiento; pero al ir á dejarse 
caer en él, su mano tropezó con otra mano helada como 
un mármol, que descansaba sobre los blandos cojines. 
Anhuba retrocedió despavorida, no pudiendo conte- 
ner un imprudente grito. 

T<»IO XIX 17 



258 víc 

Alguien había allí, 
grito de la mora nadie 
en el mismo aterradoi 
se quedó clavada en e 
00 sabiendo á qué atri 
la habia estremecido: 
ó á una espantosa real 

La luna, que en aqi 
un grupo de nubes in 
sus abiertas ventanas, 

Un hombre aparecíi 
bre tendido en el diva 
te, caídas las manos 
abierta en el pecho; i 
dáver de Rodrigo, 

Anhuba quiso gritai 
filé imposible; pero su 
sus piernas, y cayó d 
pálida como una muei 
sensible en aquellos w 
biese herido. 

Medio tendida en e 
to. Poco á poco la vi 
calor á su corazón, el 
viosa agitó por un br 
puso repentinamente < 
sorte. 

Y se puso entonce: 
vida, convulsa; sino t< 

— Nuestro amor ha 
paso y extendiendo si 
pobre mártir, has reg 
mi libertad. Pues bien 
mino que me traza la 
brecha ha sido abiertí 



UÑA — LAS RUINAS DE FOBLBT 259 

e tu silbato Yo atravesaré esa 

ese cazador 

: hacia la puerta, y ameimzando 
añadió: 

Ciurana! Tu antigua favorita ha 
dirte cuenta de la sangre de su 
ina hueste de cristianos. 
L la frente el cadáver, registróle el 
e del silbato, y recogiendo un pu- 
el mismo que debió servir para 
, salió del pabellón y no tardó en 
Itdad de las sombras, 
jara atrás el castillo; rato hacía 
(lino indicado por su amante, la 
a ventura, sin que supiera á pun- 
a, dónde encaminaba sus incier- 
;o, tenía confianza en Dios, en el 
guía andando, venciendo las con- 
), murmurando entre dientes una 
plegaría que le había ensenado Rodrigo. 

LI^ó un momento, no obstante, en que, rendida por 
la emoción y la &tiga, sin fuerzas casi, Anhuba se de- 
tuvo para tomar aliento y se apoyó en el tronco de un 
árbol. Se hallaba en un paraje salvaje y solitario: la 
luna beria una masa imponente de árboles que se alza- 
ba no lejos de ella; todo estaba desierto; el viento zum- 
baba con eco triste entre las ramas, y algún pájaro noc- 
turno iba de cuando en cuando á pasar por junto á la 
joven, haciéndola estremecer. 

Repuesta ya algún tanto de su fatiga, la pobre joven 
siguió su camino; pero no hubo de tardar en conven- 
cerse de que se había totalmente extraviado. Se hallaba 
en el centro de un fragoso bosque, y ningún sendero, 
ni indicio de él, se ofrecía á sus pasos. En esto, ya el 
alba comenzaba á sonreír. 



26o vfcTOR BALAGUBR 

Anhuba tuvo miedo, y pensando <] 
cerca del pueblo de UUés, cerca de 
zador, llevó por instinto el silbato ; 
escapar, promediados por naturales i 
disimos silbidos. 

En seguida esperó. 

Focos momentos después, un grav 
ba en el bosque, y saliendo de entre 1 
bre con la primera luz del alba apa 

No era el cazador, era un ermit! 
caía sobre su pecho, burdo sayal le 
cuerda ceñía su talle, un palo corvo 
AI ver aparecer aquel hombre, que 
caba, Anhuba se hizo atrás. El errr 
se detuvo también á. la vista de la i 

Sin embargo, no tardó esta últiir 
hombre que tenía delante era uno di 
ceretas que, para cumplir un voto 
iban las más de las veces á sepulta 
de los montes para pasar su vida 
penitencia. Así es que, recobrando: 
mer movimiento, se arrojó á los p 
Dios le deparaba y exclamó: 

— iSanto varón, si sois un cnvia 
radme! 

— Pobre puede ser la protección de un cenobita, hija 
mía — dijo con pausada voz el solitario; — pero antes, 
explicadme esos silbidos que rasgaron el aire 

— Yo los di, — dijo la joven. 

— jVos! 

— Sí; para llamar á un cazador que debe habitar no 
lejos de aquí: el cazador Poblet. 

— ¡El cazador Poblet! — exclamó lleno de asombro el 
ermitaño. — ¿Y qué os mueve á vos á ir en busca del 
cazador Poblet? 



— LAS RUINAS DE POBLBT 261 

I con expresión ingenua toda 
1 favor de que gozara un tiem- 
; cómo conoció al cristiano es- 
go; cómo'füé iniciada por éste 
gión; cómo debían partirjun- 
al encuentro del cazador, y 
ido en busca de su amante á 
rándose sólo con un cadáver, 
aun el juramento de venganza 
o cuerpo de Rodrigo. 
ido su relación, el ermitaño, 
do, le dijo: 

a! Ante vos tenéis el que bus- 
o que la joven hacía un mo- 
:azador, es hoy el ermitaño 



tido en oración en mi solitaria 
s os ha traído, oí la seña y co- 
de dar un día al hombre que 
presurado á acudir. Juzgad de 
■to á una mora, 
i? — preguntó la joven, que no 

cazador convertido en ermi- 
listoria que, á mi vez, voy á 
1 retirado tarde á mi humilde 
bajo de la jornada, y apresu- 
idos miembros en mi lecho, 
íscanso. Acababa apenas de 
pulsos de una gran soñolencia, 
de un trueno cercano me des- 
claridad vivísima y espléndida 
ion. Incorpóreme asombrado: 



uave aroma 
oro de voces 
atural tenía 1 
o, y con las r 
elo, con el ce 
icida, cai de i 
aba hacer un 
Una voz resi 
do de la flech 
:mbargo, peí 
sola palabra 
— en la cueví 
e llegar en qi 
de las casas d 
¡da por el Sei 
let, y bendice 
etunibó entoc 
iguióse el ar( 
lé con la fren 
Uciendo con t 
i que se habii 
ales mensaje! 
a. Al síguiec 
a cueva de I 
egado al ayu 
ado instante 
■no. 

es6 de hablar 
á aquel hom 
elegido por 1 
ablet interruD 
-Seguid mis [ 
'a. 

nhuba se dÍ8[ 
>n de nuestro! 



LUNA— LAS RUINAS DE POBLET 263 

il sol doraban ya las copas de los 
internado en el bosque el anacoreta 
mora, cuando repentinamente el 
los los aullidos de una jauría. 
oven deteniéndose, 
xclamó Poblet volviendo tranqui- 

rros del rey de Ciurana que aullan. 
ido mi desaparición del castillo, y 
la lanzado sus mastines en mi bus- 



ianza en Dios? — dijo, 
labéis, padre, lo que son los perros 
ó la joven. — El rey los tiene acos- 
fuesen ñeras, á destrozar cristia- 
del hombre en el bosque; dan con 

la, y 

-interrumpió Poblet. — Por ñeros 
mderse tranquilamente á mis plan- 
Antonio, los mismos leones cava- 
huesa donde enterró á San Pablo, 
conñanza y seguridad las palabras 
íiuba depuso su zozobra y le siguió 
^nación. 

/a de Lardeta, sin haber dejado de 
claros, más distintos y próximos, 
ría. Un murmurante arroyo roda- 
ueva sus olas de plata, como si una 
.hiera alli colocado para apagar la 

sitio, Poblet se acercó á un árbol, 
r, formando con ellas una cruz, la 
lOCOs pasos de la cueva. En seguí- 
mora, 



264 VÍCTOR BAL 

— jDe rodillas, Anhuba! — 1 
La joven cayó de rodillas ji 
El anacoreta se acercó, murm 
diñóse hasta recoger con el hi 
ción del agua cristalina que á 
caer sobre la cabeza de la n; 
palabras que Anhuba no com] 
ceremonia, Poblet dijo á su 
lemne: 

— Dios te ha admitido entr 
tiana. De hoy en adelante, 
mártir barcelonesa. ¡Levántat 

Y ia joven se levantó, lien: 
plandeciente el rostro de alegí 

Terribles aullidos sonaron 

— ¡Ya están aquí! — gritó la 

indecible expresión de terror, 

cia el solitario como para es< 

ya están aquí, pero me matan 

Poblet extendió el brazo y í 

— Tranquilízate, hija mía,- 

do la cruz que pocos momentoí 

las ramas:— basta esa cruz pai 

Acababa apenas de pronunci 

la vega de Lárdela, en medio 

cueva que habla tomado su m 

mente invadida por una multit 

á caballo. Al frente de los san 

rey de Ciurana montado en ui 

rria el suelo con sus crines. 

— Allí está — gritó Almira 
su favorita. — ¡Adelaotel 

Y hombres, caballos y per 
tiempo. 

La joven arrojó un grito, ( 



— LAS RUINAS DE POBL 

itra el ermitaño, qu 
ina linea; pero ¡oh p: 
: ramas, los perros s 
on impedidos de avaí 
lana. Sólo el rey d 
ir adelante, y, trof 
o á su jinete, 
levantó rugiendo de i 
amó. — ¿Quién me 

nquila de Poblet. 

;ú? 

&o, un pobre siervo 

moro. — No hay más 

esdén. 

dazar vivo por mis 
rana exasperado. 
zos á la jauría, perc 
suelo; el mismo re 
Almira Almuminiz 
idos sus puños y an 
:xclam6 profiriendo 
femia: 

— ¡Perro infiel, toda esta vega diera por tt 
una hora en mi poderl 

— Moro — dijo entonces Poblet, — acepto ti 
Prométeme la vega, júrame que dejarás par 
salva á mi compañera, y me entrego á ti. 

— [Por Alah te lo juro! — exclamó el mor 
siaba por de pronto hacerse dueño á todo trac 
lítario. 

— Eulalia — dijo entonces Poblet volviént 
la joven, — tu misión te llama á otra parte. I 



266 VÍCTOR B 

te al sitio donde la fama te 
Barcelona: preséntate á él, 
le esperan, que sus dominadores ios moros son aeoues, i 
y que un puñado de valientes basta para arrojarlos dep"^ 
sus riscos. Corre, no te detengas; no vuelvas sin traerl 
contigo una hueste de héroes; piensa en la sangre del 
pobre mártir que clama venganza. Parte, y, escudada 
por esa cruz, atraviesa sin miedo por entre esa turba 
de infieles, ¡Dios va contigo! i _ 

En seguida el anacoreta arrancó del suelo su tOEca> /I 
cruz, y se la di6 i la joven. iSi* 

— Y ahora — añadió, — avanza, rey de Ciurana; perof 
antes abrid, abrid paso á la que sigue su camino escu- 
dada por la protección de Dios. | 

Sobrecogidos los moros, hiciéronse respetuosamentCi 
á un lado cual si á un poder desconocido obedecieran, 
y fué entonces de ver cómo, con reposado ademán, con 
serena frente, con tranquilo paso, con la sonrisa en los 
labios y alzando la tosca cruz de ramas, pasó por entre 
toda aquella turba de hombres feroces y desalmados 
rracenos, la mujer que un día reinara en el corazón de 
su rey, sin que uno solo se atreviera á estorbarle el 
paso, sin que un solo brazo se adelantara para detener- 
la en su camino. Almira Almuminiz mismo se callaba,| 
pareciendo lleno de estupor y siguiéndola con su mi- 
rada. 

Cuando ya la joven hubo desaparecido; cuando todi 
aquellos hombres comenzaron á moverse, asombrados 
de no haberse sentido con fuerzas para detener 
mujer indefensa, Poblet dió un paso y dijo sosegadaj 
mente: 

— Aquí estoy, rey de Ciurana: cumplida está mi p>',' 
labra; cumple la tuya. 

— Lo único que tú mereces, perro cristiano — excti 
mó rugiendo de cólera Almira Almuminiz, — es qut 



el 

i 



r 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 267 

maniatado como el más vil de los esclavos, te lleve á 
mi castillo de Ciurana, y te haga pudrir en la más pro- 
funda de sus mazmorras. 

Y á una seña de su caudiflo, varios sarracenos se 
arrojaron sobre el anacoreta, que se dejó atar sin opo- 
ner la menor resistencia. Asi fué llevado al castillo y 
hundido en un calabozo subterráneo. 

Al siguiente día un azorado servidor se presentaba al 
rey moro y le daba parte de haber desaparecido el soli- 
tario durante la noche. 

Almira Almuminiz recibió la noticia con asombro: 
quiso enterarse por sus propios ojos; bajó á la mazmo- 
rra; la registró, y, no pudiendo ya dudar de la verdad, 
montó precipitadamente á caballo, y seguido de algu- 
nos pocos sarracenos tomó á escape la dirección de la 
vega de Lardeta. 

Allí, sentado en el umbral de la cueva, pacífico y 
tranquilo, estaba el anacoreta que, como la vez prime- 
ra, al ver á los sarracenos dirigirse á él, formó otra cruz 
con dos ramas fijándola en el suelo. Quisieron avanzar 
los infieles, pero cuantos lo intentaron fueron á rodar 
por tierra á pocos pasos de la cruz. 

— ¿Qué es eso, y qué poder mágico te auxilia? — gri- 
tó el régulo de Ciurana. 

— No es ningún poder mágico: es Dios, que protege 
á su humilde siervo. Prométeme, como hiciste ayer, 
que me harás donación de la vega, y volverás á tener- 
me en tus manos. 

Prometióselo Almira Almuminiz, y entonces Poblet, 
pasando por delante de la cruz, se dejó atar y conducir 
al castillo, donde, nuevamente olvidado de su promesa, 
mandóle el moro bajar á una profunda mazmorra, de 
la que no se partió hasta ver al solitario sujeto á una 
argolla por una firme cadena, y hasta después de ha- 
ber mandado que dos guardias velaran toda la noche 



VÍCTOR BALÍ 

tancia. Cuando 
, se salió diciér 
hoy te escapa! 
testó. ■ 
nte, el anacer 
se durmieron, 
irendido de la : 
abierto por sí í 
nueva el régul 
I voy á aherroj. 
capa, creeré er 
r darle hé la ve 
I profeta. 
ué maniatado e 
6 en su cueva; 
quedándose ai 
3 como la prin 
bores de la mí 
:a al solitario, 
teriores, por nn 
mbro lo que sii 
lé miedo de aqi 
idormeciendo é 
TOS y cenojos 
o, y por tres vi 

:s comprendió y admiró en secreto toda 
sa religión que sus padres y su país U 
' á aborrecer. Lo cierto es que, subien- 

en tanto que le ensillaban un corcel, 
le prisa algunas lineas en un pergamino 
so en su cinto. Pocos minutos despnís 
lo, y no acompañado de lucida hueste, 
anteriores, sino solo y sin armas, bajó 

Lardeta. 



UÑA — I^S RUINAS DE POBLET 269 

jeva se hallaba, como de costum- 
ibral de su mansión. 
1 rey moro acercarse sin tropiezo al 
mosdejó el pergamino, diciéndole: 
blet. De hoy más serás sagrado 
in del rey moro de Ciurana escuda 
n el territorio de que es este per- 
la ción. 

!g6 el pergamino y leyó la dona- 
a hacia el régulo de Ciurana, ce- 
ardeta con sus montañas y tierras 



: este documento se guardaba en el monus- 
y lo copia traducido al castellano de esta 

piadoso apiadador. y la »alvaci¿n <le Dios 
la honrado, sobre ¿1 y los suyos, y loores á 
iaci6n del honrado rey Almira AlmuminU. 
( con su .-lyuda á vos el ermitallo Foblet, 
ida de Lardtta. Esfuérceos Dios y ayúdeos, 
y os faga cercano i su misericordia la grande. En lo cual vos fuisteis 
preso en la villa de los Moros en el tiempo de la guerra, y por vuestra 
dignidad y gracia, que Dios os quiso facer, fuisteis vuelto á vuestra er- 
mita. Por ende yo el dicho rey Almira Alinuminiz, vos fago gracia de 
todas eslas Montadas y Tierras, qoe son en esta partida para vos, y 
para quien vos querréis indistintamente, sin ninguna levocaciún. Y que 
ningún Moro sea osado de ir contra la dicha mi Donación, so pena de 
la vida. Otro si: vos aseguro que ninguno de los mios, ni menos otros 
Itoros que sean, no sean osados á damnificar vuestra persona ni cosas 
vuestras. ¥ asi lo lirmo con firma honrada, y juro á Dios de no ir con- 
tra lo que vos he prometido. E pongo A Dios por testigo, aquél que no 
hay otro Criador sino él. Fué fecha la dicha Escritura á veinte días del 
mes de Febrero. aBode la era de Mahoma DC.XIllI. afios (1120 de 
Jesucristo)., 

Aun despojando de la leyenda la parte de milagros y alguna otra, pa- 
rece, en efecto, positivo que existió un ermitaSo llamado Poblet, del 
que tomó nombre el monaslerio. 

A favor del seguro que se acaba de leer, reuniéronse á Poblet algu- 
nos compaBeros; pero como no tardaron en ser perseguidos por vasa- 



VÍCTOR BAl 

ira Poblet de la veg 

;Íendo en ella un c 

1 de San Salvador 

do. No se pasó mi 

dos ó tres amigos i 

da, y sepultarse, ci 

sierto, 

I años se pasaron a: 

;ompañeros: 

os, hermanos mío; 

conde de Barcelor 

Ciurana vean ondi 

olitaríos oraban, o: 
:1 conde tardaba en 
le de un sábado, es 
:ron bajar del cielo 
eda que habia á co 
:nte. Llamóles la £ 
sus preces. Tres e 
¡plandor, cerniendo 
6veda de follaje que 
I de algunos minu 
lesaparecieron con 
esentado; pero cas: 
naco retas veían sal 
res blancas formas i 
lene i os as y graves. 

moro de Lérida, consigu 
firmase con nuevo docui 
la; confinnación que les s 
á lo cual di6 grande enif 
^ al aiTOJar á ios moros i 
que dice la crítica histú 
jerza todo lo demás de 1 



-WSa— LAS RUINAS DE POBLBT 271 

es fantasmas. Eran tres mujeres, 
ose, é iban ¿ pasar por delante de 
is sin dirigirles la vista que no le- 
i no haberlas detenido la voz so- 

s doncellas á semejante hora por 



ra Dios las pobres almas extra- 



13 hermanas. 

ar con el ejército del conde, con- 
Tortosa. 

áadas, Dios todopoderoso — excla- 
on efusión sus manos al cielo; — 
oídos. Los héroes catalanes vie- 
iríoso estandarte en Prades y en 
^ ellos Eulalia, habéis dicho? ¡Ver- 
dad, doncellas? 
— Eulalia viene con ellos. 
— ¿Eulalia, la mora un día y hoy cristiana? 
— Sí, Eulalia, favorita un tiempo del rey moro, y 
hoy la noble cristiana que, enarbolando por pendón una 
sencilla cruz de ramas, ha reunido en tomo suyo un 
ejército de doncellas para conquistar con la persuasión 
y el ejemplo á los inñeles, antes que el conde les con- 
quiste con las armas y la guerra. Adiós, pues, herma- 
nos. A Ciurana vamos, que allí nos envía Eulalia, 

— Adiós, pues, doncellas; pero atended, que en Ciu- 
rana está la muerte. 



Aoñttn 
Id, puc 
as tres 
s^adas. 
¡a misr 
ias prin 
ieréis V 
la. 
ieremo! 

efecto; 
t, Alm 
cceptos 
cuchabi 
rrar su; 
espirar 
is cuerj 
uella ni 
lundo a 
eros cr 
lo de h 
ballero! 
3s &e e? 

conde 
que un 

religic 
rdeta, 1 
lero la : 

ejétciti 
igre de 
seguid( 
indo la 

habla 
^rupadc 
ita un 1 



i — LAS RUINAS DE POBLET 873 

pro de la santa causa con las 
f de la dulzura. 

emos á encontrar permanecía 
scursos de los caballeros sobre 

debia para el ataque de Cíu- 

ando de pronto, adelantándose 
lán, en cuya frente brillaba el 
e de Barcelona: 
ido el castillo de Ciurana, y el 
„. X ya en su torre el pendón cris- 
tiano de Vifredo. 

— En feudo lo tendrás, Ramón de Cervera — contestó 
Ramón Berenguer IV, — sí al primer albor de la maña- 
na veo ondear en su torre mi bandera. 

— Lo veréis, señor, ó habré muerto en la demanda, — 
exclamó el aguerrido joven. 

— Y yo con él, señor, — exclamó entonces Eulalia con 
voz dulce. 

— ¡Pues bien, id, y que Dios os guíe! — dijo el con- 
de, — Yo, en tanto, me dirijo á la vega de Lardeta para 
cortar la retirada á los inñeles. 

Ramón de Cervera mandó tremolar su pendón y to- 
car al arma. 
— Aquí los míos — gritó. — [A Ciurana! 
Y la mitad del ejército se precipitó tras sus huellas y 
las de Eulalia, gritando como ellos: 
— ¡A Ciurana! 

La guarnición no pudo ser sorprendida, como espe- 
raban. Almira Almuminiz fué advertido de la llegada 
de los cristianos, y los esperaba á pie firme, tomadas 
todas las precauciones de defensa. La lucha fué,' pues, 
encarnizada; el combate horrible, aumentado su ho- 
rror por la oscuridad de la noche. Allí donde era ma- 
yor el peligro, alli estaba la espada del valiente Ramón 
Touo XIX 18 



A — LAS RUINAS DE POBLBT 

s rodeada de luces y velac 
in á sus pies, enarboland 
1 Redentor. 

se hizo algunos pasos at 
Dándose con él todo el ej( 
:as comenzaron á enton 
;o, solemne, lleno de uní 
ban un tinte inefable de c 
¡r de religiosidad, las so] 
el silencio y la santa coi 
ito de prosternados hérot 
notas del canto de perdei 
cuando un puñado de gi 
:ó en el valle llevando á ; 
aba su cruz. 

i! — gritó la joven arroja 
ra es Ciurana. La mitad 
guarnición ha perecido, y la otra mitad está prisi 
con su rey Almira Almuminiz. 

El gozo resplandeció en el semblante del cond< 
llamando á los anacoretas les dijo: 

— Ya lo veis, Ciurana es nuestra. El pendón a 
tremola en las cimas de estos montes. En memo 
este suceso, y para corresponder también al st 
consejo que acaso quisieran darme con su aparicit 
tres íuces misteriosas, deseo fundar aquí un moc 
rio cual otro no haya en la cristiandad. Este moi 
rio llevará tu nombre — añadió, dirigiéndose á Pob 
ya que eres el primer ermitaño de esta comarca, ; 
de ahora lo elijo, con todos mis sucesores, en vida 
recreo y en muerte para descanso. 

Estas palabras produjeron grande emoción de 
«n los solitarios. Habíase cumplido la predtccit 
Poblet. Dios le habia destinado para dar nombre a 
nasterio. 



276 VfcrOR BAL 

Eulalia se adelantó. 

— Señor — dijo, — Ciurana 1 
huestes cristianas, y mi voto : 
pañeras y yo desearíamos ret 
tros días con las religiosas de 

Dióle el conde su permiso. 

Al día siguiente Ramón Be 
del castillo, y Eulalia, la Anl 
se retiraba al fondo de un cía 
entregada al llanto, á la penít 
recuerdos. 

También al siguiente día 
para la edificación del monast 

Tres años después, la erm 
en una iglesia de regulares di 
retablo á usanza de la época. 
Virgen de la Humildad. Al p 
mo conde hacía levantar otra; 
advocación de Santa Catalin 
Esteban, en memoria de las tr 
vieron la noche del asalto de 

Cuando ya la obra tocaba : 
D. Ramón Berenguer IV, á q 
nicas el Santo, víó alzarse ma 
ficio que debía ser un tiempo 
gloria de los monarcas arago 
llamar á algunos virtuosos sol 
ran la obra por él tan santame 
ees recordó asimismo sus ya s 
de introducir en sus estados h 

Existia por aquellos tiemp( 
pueblos veneraban y á quien 
un hombre que era la más fin 
de esa Iglesia que lo mismo 
res que soldados; un hombrí 



A — UIS RUINAS DE POBLET 277 

nía á la sombra del claustro la 
la ñor de las familias; un hom- 
1 abadía de Claraval, y con la 
iba enviando huestes de Mon- 
rtes y conquistándose el apoyo 

Bernardo. 

;. Un mensajero partió un día 
para Claraval con una misión del cuarto de los Beren- 
guers, suplicando á San Bernardo le enviase algunos 
religiosos de su orden para fundadores de aquel nuevo 
edificio que á su costa y gastos estaba levantando. Oyó 
Bernardo el mensaje y accedió. Trece monjes del Cís- 
ter fueron elegidos por él; confirió la dignidad abacial 
á uno de ellos, y desde el monasterio de Fonfreda, en 
Narbona, mandóles á Cataluña, donde, junto con los 
piadosos anacoretas y con Poblet, formaron comuni- 
dad y vivieron bajo reglas cistercienses. 

A contar de esta época, fué siempre en aumento el 
monasterio, que comenzó á llamarse de Poblet. Cedió- 
les el conde todas las tierras circunvecinas, y para que 
los monjes viviesen -con toda tranquilidad y cual reque- 
rían su instituto y su grandeza, permanecieron en la 
vecina montaña de Ciurana los vasallos de Ramón de 
Cervera, sirviendo siempre de atalaya y defensa del 
monasterio en memoria del que fué su señor y del que 
un día, junto con el conde de Barcelona, libertó á todo 
aquel país del yugo sarraceno. 

La religiosa casa que acababa de tomar nombre del 
humilde ermitaño, no tardó en ser uno de los más fa- 
mosos y opulentos monasterios de España. 

Cada día fué creciendo en suntuosidad, en esplendor 
y en magnificencia. 

i Asi eran llsmados vulgarmente los monjes de U orden del Cister. 



[II. 



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A— LAS RUINAS DE POBLET 279 

s; ya no existen los tesoros sin 
su iglesia y sacristía; violadas 
manos impías removieron los 
:s como en ellas descansaban; 
i artísticas de que era deposita- 
ra perderse, algunas para ir á 
tras, por fortuna, para conser- 
50S nacionales, no pocas ¡ver- 
ser ostentadas hoy con orgullo 
.; sólo curiosos viajeros 6 erran- 
Ter, alegres ó silenciosos, sus 
almente, el suntuoso y monu- 
biera el homenaje de los pue- 
isto á estos mismos pueblos Ic- 
os sus albergues y sus casas de 

embargo, era sólido, y como 
de los siglos, ha resistido el de 
!0. El viajero-peregrino, á quien 
de ruinas habla más alto que 
la tierra, recorre con los ojos 
i pasadas; ve momentáneamen- 
jestuoso y lleno de vida, el edi- 
y lo recorre, y contempla sus 
lele como en sus tiempos de es- 
lagniñcencia y suntuosidad de 
ida á ser una de las más ricas 
», que tantas, sin embargo, y 

to de Poblet estaba encerrado 
ro. El rey de Aragón, D. Pe- 
mandó convertir el monasterio 
I, si llegaba á verse alguna vez 
T defendidas las cenizas reales 
is. Tenüa, pues, el monasterio 



28o VÍCTOR BALA 

todo el aspecto de una gran foi 
una población feudal, guarnec 
por doce torres, coronado todc 
ladronería. 

Atravesado el primer muro, 
en él se abre, y siguiendo una 
lie de álamos, el viajero se ene 
donde, á derecha é izquierda, s< 
oes ocupadas por o ñ cíales de t< 
formando también parte de aq 
sos ancianos, el dormitorio y 
sos, el hospital, las bodegas, le 
caballerizas, corrales para gar 
tes, pozos para conservar la n 
cén de los picapedreros, moli 
molinos de aceite, lagares, en i 
podía necesitar una población i 

A roano derecha está la capi 
ge. Es una hermosa joya de 
Estaba dedicada á la Virgen de 
y fué costeada por D. Alfons 
conquistó la ciudad y reino de '. 
un retablo de piedra con rico! 
para el culto. Esta capilla ha 
taurada por la Comisión de me 
cia de Tarragona, que también 

conseguido restaurar otras partes del monasterio; pero 
la Comisión no tiene más fondos que los que puede &■ 
cilitarle el Gobierno, y cuan escasos son éstos y con 
cuánta fatiga se alcanzan y se cobran, sabido es de 
todos. 

Volviendo ahora á la capilla de San Jorge, se me 
ocurre decir que, restaurada como se halla, está ya en 
disposición de abrirse nuevamente al culto. Pero es muy 
de temer que esto no suceda, ó tarde mucho al menos; 



-LAS RUINAS DE POBLET 23l 

uando haya vuelto ya á co- 
pasa desgraciadamente con 
muchas cosas en nuestra patria. Algo mejor seria ceder 
esta capilla en patronato á cualquiera de los grandes 
propietarios de aquellos alrededores, con el encargo de 
su custodia, conservación, arreglo y gastos consiguien- 
tes al culto. Así, todas aqueilas vuisías, todas aquellas 
casas de campo, y las muchas familias que viven por los 
contornos, tendrían lo que hoy no tienen: un lugar de 
oración y un templo donde poder asistir al santo sacri • 
ñcio de la misa. ¿Qué mejor sitio para esto que la her - 
mosa y gótica capilla de San Jorge? 

A la izquierda de la plaza se encuentra la antigua y 
primitiva iglesia de Santa Catalina. Su fábrica, de cons- 
tnacción románica y de mediados del siglo xii, consta 
de diez y ocho varas de longitud y doce de anchura, 
siendo una de las tres que mandó levantar el conde de 
Barcelona, D. Ramón Berenguer IV, cuando arrojó á 
los moros de aquella comarca y convirtió en templo la 
ermita del pobre anacoreta. La iglesia de Santa Catali- 
na es toda de sillería, y por la disposición del terreno 
parece como tener algo de cripta. 

En la plaza de que se viene hablando están los restos 
de una capilla consagrada á la Virgen del Ciprés, Tomó 
este nombre de un árbol secular de esta clase que se al- 
zaba á su puerta, y que se suponía haber visto acampa- 
da á sus pies la hueste del conde de Barcelona D. Ra- 
món Berenguer IV, y sostenida de su tronco la tienda 
de este conde, lo cual, si era dudoso por lo tocante á la 
suposición, era bello por lo concerniente á la leyenda. 

Junto á la capilla de San Jorge se levanta todavía la 
majestuosa portada de piedra, que se llamó la Puerta 
dorada, por hallarse revestida de recias planchas de bron- 
ce dorado, con relieves, cosa que le comunicaba gran 
aspecto de esplendor y magnificencia. 



A'— LAS KUINAS DE POBLET 



irande. — El aula capilular.~EI re 

Martin El claustro de San Esteb 

iblioteca d« D. Pedro d« Aragón. 
irígioal de la crónica de D. Jaisic 



:cha daba paso á la iglesia 
hoy ya no existen, se hall 
de bronce prímorosamenti 
culturas y relieves. A cada 
unas, están los santos patr 
:nciina, y en una homacin 
Es una portada de jaspes, 
ina época de mal gusto, 
la entrada de la izquierda; 
'eal y daba paso á la clau 
irotegida por dos torreone 
almenas, y defendida poi 
superior. Sobre sus pared 
■■ Aragón y Cataluña, con el 
lime. En lo alto y en el c 
entana. No parece la entra 
Je una fortaleza, y esto era 
eda, desde que D. Pedro ] 
r los muros, cuya obra se 
ndo el 1367. 

aduce directamente al cía 
' su robusta y románica bó 
izquierda el pasadizo que o 
is dependencias, y á la de 
srtada en que comenzaba 
acio llamado del rey D. M: 



284 VfCTOK BA] 

Junto á la escalera, sosteni 
sus robustas bóvedas, se hal 
bodega del monasterio. Es u 
Ion, construido, de seguro, el 
destino debió ser muy distint 
tuvo. 

El distinguido padre escuh 
que era uno de nuestros con 
que con este motivo escribió 
artículos en el Diario de Vi 
asienta que esta grandiosa pit 
refectorio de legos, converse 
benefactores, como lo indicaí 
cocina, su grandiosidad soq 
del siglo XIII y las evidentes 
sufrir para su moderno desti 
que esta pieza tuviera comuí 
la cual hoy se halla separad 
moderna construcción. 

Al finalizar la bóveda de U 
diosa portada románica da en 

Cuando por vez primera se 
Roberto el Diablo, en el gran ■ 
lona, el artista encargado de i 
vo el acierto y el buen gusto i 
Poblet para la escena del cem 
entonces; muchos años han pa 
si fuera ayer, el efecto maravi 
blico. 

Y es que el claustro mayo 
dera maravilla. 

Su fábrica pertenece al sig 
buen gusto, por la elegancia 1 
lleza de sus ojivas, por el ca 
setones. 



JÑA — LAS RUINAS DE POBLET 285 

es, si no me engaño, el primero 
I ocupado de aquel claustro, ob- 
lienzos llamaba más particular- 
misma observación hace el Padre 
esto debido á que la construcción 
pertenece por entero á la época 
e las restantes fueron construidas 
1 de la primera época. 
lista D. Eduardo Toda tiene en 
#í, una hermosa página descri- 

io, y frente al refectorio, se levan- 
ico, que se supone ser de cons- 
lustro. Había allí un surtidor que 
mde altura, cayendo sobre una 
ta y una fuentes, 
paredes del claustro se ven an- 
[orma de osarios unas, otras de 
guardaban los restos de nobles y 

de todo esto se hará especial 

1 que más adelante se consagrará 
los sepulcros de Poblet, y quié- 

scansaban. 

as y mejores piezas que comuni- 
, sin disputa, el Aula capitular, 
mstancia de ser una de las mejor 

una puerta de arco semicircular, 
molduras, elevándose á cada uno 
ar, mejor podría decirse un haz 
Dlumnas. La puerta está en me- 
artidas por un pilar que sostiene 

dos graciosas ojivas y un bello rosetón, que ostentaba 

en otro tiempo cristales de colores. 

Unas cuantas gradas permiten bajar á su sala, que 



-LAS RUINAS DB POBLET 287 

US lápidas sepulcrales revela 
:, entre otros, los abades Pon- 

Oliver, de quienes se ha de 
ento más adelante, 
iustro está también el refec- 
!nto treinta y dos palmos de 
ho de anchura. Un banco de 
nadera labrada, corre por su 
úlpito donde el monje lector 
sa lectura la comida de sus 
ncioso del agua que manaba 
ntro de la estancia, 
austro, sobre los grandes de- 
le bodegas, se eleva el ediñ- 
:n 1397 por el rey D, Martín 
¡o monarca, no muy ventu- 
\}ía. manifestado el deseo de 

del claustro, escogiendo el 
1 esta resolución, que no le 
rcunstancias. 
do ser, en efecto, la de refi- 

verdad sea dicho, la fábrica 
I levantar no tenia nada de 
las sus trazas eran las de un 

a errado ciertamente, que el 

es la joya más rica y esbelta 

. No parece sino que los ar- 

abajaban más para su gloria 

que para su lucro: tan admirables son las labores que se 

;n en sus portadas y ventanas, en sus frisos y en sus 

lénsulas. Verdadera joya de arquitectura y escultura 

ivales, asombra por la riqueza de sus detalles, por la 

;rfección de sus lineas, por el gusto de sus molduras, 

>r la delicadeza de sus trabajos, por la grandiosidad, 



en ñn, de sus sunti 
partamentos. No sé 
ha dicho, y ha dich< 
jadas con más arte ; 
pueden trabajarse ] 
bellas y correctas 1! 
le tan artística esl 
ventanas del palacic 
jue se abren sobre 1 
]ue rivalizar puedaí 
perfección y riqueza 

A juzgar por los 
partamentos que aú. 
Ugunos, se compreí 
sjecuciÓn de la obra 
:o plan. íLástímagí 
ra, si terminarse del 
menzados! 

La muerte del rej 
interregno que sucei 
;n agitadas revuelta 
roña de Aragón, no 
acio quedó inacabaí 
:iempo de Felipe II 
:inuar sus obras, y 1; 
la fué la de su nue\ 
10 r lo poco que se h 
nala dirección con < 

La galería del cía 
a Real, comunicat 
nonasterío, que me 

Existe todavía, ai 
¡ante á su ruina, ur 
Esteban, por estar c 
)re, otra de las treí 



ÍLVSa — LAS RUINAS DB POBLET 2S9 

:do de las tres misteriosas luces que 
;gún piadosa tradición ya referida, 
imitivo, sino el que se reedificó por 
expensas de D. Fernando I. Aún 
motos de su fábrica el escudo de las 
agón y el de León y Castilla, por 
jeonor, esposa del citado D. Fer- 

tro estaba la enfermería de los reli- 
iglesia de San Esteban las Cámaras 
< construido á mediados del siglo xiv, 
imento destinado á estancia de los 
el monasterio con su visita, 
istro de San Esteban, se entra en 
rquitectura que hace frente á una 
rias habitaciones, reservadas unas 
08 y otras para dormitorio de los 

i fué locutorio de los monjes, y se 
penetra en las estancias que estaban destinadas á bi- 
blioteca. Son dos grandes salas que reciben la luz por 
anchos ventanales. La primera, dividida en dos naves 
por cuatro columnas que aparecian pintadas de jas- 
pe, y que ha sido recientemente restaurada por amena- 
zar ruina su bóveda, estaba destinada á guardar la bi- 
blioteca que por los anos de 1673 regaló al monasterio 
D. Pedro Antonio de Aragón, hijo tercero de los duques 
de Cardona, embajador que fué del rey católico cerca 
del Papa, virrey y capitán general de Ñapóles y pre- 
sidente de las Cortes de Aragón y del Consejo de Esta- 
do. La biblioteca regalada por este ilustre personaje 
constaba, según Finestres, cronista de Poblet, de 3.75o 
volúmenes; según otros más modernos, de 4.322, nú- 
mero, de todos modos, muy respetable para la época. 
La colección se componía de libros, impresos muchos 

TOUO XIX IQ 



¡90 VÍCTOR BALAGUER 

ellos en Venecia, Roma y Ñapóles, y gran parte en 
isterdam por la célebre casa de los hermanos Elze- 
, al renacimiento de cuyos tipos hemos asistido en 
:stra época; de un número considerable de papeles 
íticos y manuscritos sobre sucesos referentes á Ná- 
es, durante los virreinatos españoles; y, particular 
specialmente, de los dietarios correspondientes al 
upo en que Ñapóles fué gobernado por el duque de 
nteleón y el donador de la biblioteca; gran tesoro 
a la historia, miserablemente perdido. 
estaban los libros repartidos en treinta grandes es- 
tes de ébano, muy bien labrados, con cristales de 
necia, y lucían rica y uniforme encuademación, todo 
xpensas del D. Pedro Antonio, cuyo retrato y el de 
esposa, Doña Ana Catalina de Lacerda, fíguraban 
lidamente en el sitio más visible de la biblioteca. 

encuademación de los volúmenes era de piel roja, 
i cantos dorados, y dorados también en las cubiertas 
:scudo de armas y el nombre del donador, D. Pedro 
Aragón. Esta última círcunstansia ha hecho que mu- 
ís, con poca discreción y gran Ignorancia de épocas 
Licesos, creyeran que pudo pertenecer aquella biblio- 
1 á uno de los Pedros aragoneses. Perecieron estos 
íímenes cuando los varios incendios y saqueos de 
)let, y los pocos que esparcidos quedan son buscados 

grande afán y curiosidad por los bibliófilos. A in- 
mtes pesquisas, y también á la casualidad, debe el 
or de estas líneas el hallazgo de algunos que, como 
Estra, depositó en el instituto de Villanueva y Geltrú. 
Contigua á la biblioteca que se llamaba de D. Pedro 
dragón, estaba la primitiva de! monasterio, que cen- 
ia sobre 8.000 volúmenes al sonar la hora de su 
la. 

^illanueva, que tuvo ocasión propicia de examina 
bas bibliotecas, menciona, en el tomo XX de su Vü 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 29I 

je literario, muchos libros importantes que allí existian. 
Merced á este literato eximio, el curioso puede tener 
conocimiento de la verdadera riqueza que allí existía en 
libros impresos, en manuscritos, en códices, en docu- 
mentos literarios é históricos. Los monjes de Poblet, 
gracias á su celo, á sus adquisiciones y al donativo es- 
pléndido de D. Pedro de Aragón, tenían una de las más 
ricas y escogidas colecciones de libros que á principios 
de este siglo existian en España. 

Se supone que, entre las preciosidades de la bibliote- 
ca de Poblet, había el original y autógrafo de la cró- 
nica catalana de D, Jaime de Aragón, escrita por el 
propio monarca, y por 61 mismo legado en depósito al 
monasterio, según voz común en tiempo de Villanue- 
va, aun cuando éste conñesa haberle buscado inútil- 
mente. 

El archivo de Poblet, situado en un departamento 
del piso superior, era también un verdadero tesoro de 
datos y noticias para la historia de Aragón y Cataluña. 
El monje-archivero estaba considerado como notario 
real y escribano público, por privilegio del rey D. Pe- 
dro II de Aragón. 

Bran en número infinito los pergaminos y documen- 
tos que allí existían, y puede juzgarse de lo que debía 
ser aquel grandioso archivo y atesorar aquel inmenso 
depósito, con sólo decir que nuestra Real Academia de 
la Historia posee hoy 20.762 documentos, á más de 
una importante colección de procesos formados con 
motivo de las alteraciones y movimientos de Aragón 
en iSgi, todo procedente de aquel centro y salvado 
milagrosamente del saqueo ó de las llamas en que los 
demás libros y manuscritos perecieron. 

Para que pueda ser útil á los curiosos é investigado- 
res, publicaré en Apéndice, al fínal de esta obra, la 
nota de todos los documentos que pertenecieron al mo- 



192 VÍCTOR BALAGUER 

iterio de Poblet, y que hoy están bajo I; 
A.cadeniia y del Archivo histórico. 



V. 

La iglesia mayor. — La sacrülla. — El tesoro de Poblet. 

Pablo Piferrer, escritor insigne á quien quisiera te- 
' ocasión de citar á cada paso, decia que el edi6cio 
s notable de Poblet, y el que más belleza contiene, 

sin disputa, su iglesia mayor. 
Grandiosa es, en efecto, y cosa magnifica debía de 

en su tiempo de esplendor y gloria. Hoy se neccsi- 
gran esfuerzo de imaginación para comprender lo 
: fué, aun cuando bi^ puede juzgarse su pasado por 

restos. 

L,a iglesia mayor de Poblet, última de las tres que 
edificaron en memoria de las luces milagrosas, re- 
nta á la época de la fundación del monasterio por el 
ide de Barcelona, D. Ramón Berenguer IV. 
Echó este príncipe sus cimientos, pero ni rastro que- 
ya de la primitiva iglesia. Sólo se sabe que era muy 
[ueña y que tenía un altar único con la imagen de la 
'gen en medio de los santos, apareciendo pintados al 

del retablo, como en adoración, los nueve primeros 
njes del cenobio. 

ÍAS necesidades de la creciente comunidad hicieron 
! D. Alfonso, hijo del conde Ramón Berenguer, 
ra nueva planta á la iglesia y comenzara con ampli- 

y grandiosidad la nueva fábrica. 
Is toda de sillería y tiene la forma de cruz latina, 
nada por la gran nave y el crucero, y dos naves la- 
iles muy bajas y estrechas. Su longitud, desde ia 
rada al remate, es de ochenta y tres metros; su ele- 



kTALUÑA — LAS RUINAS DB FOBLET 293 

cinco en la nave central y veintidós 
u anchura es de veintidós, excepto en 

llega á treinta y seis y medio. Siete 
rodeados de agrupadas columnas, di- 
: las menores y sostienen los arcos de 
íedas. 

\ iglesia estaba ocupado por el coro, 
enian grande majestad, siendo nota- 
turas, elegancia y riqueza. La puerta 
piedra con primorosos remates, y os- 

de Aragón con las divisas, á sus la- 
?rancisco Oliver, que gobernó por los 

de este coro, ni vestigio siquiera; pero 
10 con el altar mayor, del cual se con- 
itos, suñcientes para apreciar su mag- 
odo de alabastro , formando cuatro 
esculturas con las imágenes de santos, 

de la Pasión de Jesucristo, con los 
ina Virgen de gran tamaño, cobijado 
iñco pabellón que comunicaba al altar 
y grandeza. Se terminó la obra en 

España el emperador Carlos V, y 
onasterioD. Pedro Queixal. 
3ta obra hubo de costar grandes dis- 
¡nero al abad Queixal, contra quien se 

comunidad, acusándole de relajador 
regular y disipador de los bienes del 
ublevación triunfó: fué encerrado el 
le una de las torres, y dos monjes pa- 

portadores de las quejas y acusación, 
ngularmente la de Finestres, el cro- 
a explican el misterio que se nota en 
:en que por orden del general del Cís- 
él abad de Santas Creus, D. Bernardo 



294- VÍCTOR BALAGUl 

oirá, quien presidió el tribunal ( 
e de i53i, y en pleno capítulo, 
. Pedro Queixal, privándole de I 
lie á reclusión perpetua. 

Diez y siete capillas adornaban 
>side del templo, siendo algunas 
a, ricas todas en altares, en es 
¡ro más ricas aún en urnas y se 
ircidos por las capillas, estaban 
las nobles familias de Cataluña 

A un lado y otro del crucero, ei 
tro, sobre un enlosado de márm 
taban los panteones reales, la 
ás vistoso adorno del templo, q 
tulo aparte, pues es asunto que 
pecial detenimiento. 

A las grandezas de este templ 
■gano, obra de mucha escultura 
10 de los mejores de Cataluña; 
rio conocido por el nombre de i 
^fícos altares de mármol, y el lian 
insistente en una preciosa capill 
il altar mayor, en la cual, confon 
rcienses, estábala reserva del S; 

Queda ya dicho cuál es el estad 
as paredes están desnudas y agí 

del altar mayor aparece roto y 
!S están vacíos, mutiladas las es 
os, y en algunos puntos la bóve 

1 manera, que llega ya á ser p 
into comprendido entre la puer 
3. En el atrio del templo se gui 
stos de los antiguos altares, y & 
s, y amontonados en el que fu 
ferentes fragmentos, sepulcros 



r'- 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 295 

lumoas y capiteles, trozos de estatuas, objetos varios 
que con solicitud se han recogido, evitando que desapa- 
rezcan, como ha sucedido durante su tiempo de aban- 
dono con muchos de ellos, que son hoy adorno princi- 
pal de Museos extranjeros. 

También era obra grande la sacristía, y digna del 
monumento. Al ediñcarse la iglesia se construyó la sa- 
cristía conocida con el nombre de antigua, pero no tar- 
dó en ser pequeña para guardar los objetos de culto que 
las necesidades del mismo y la piedad de los fieles iban 
acumulando. Hubo pronto precisión de construir una 
nueva, que se levantó en el crucero del lado de la Epis- 
toJa, Es un salón espacioso, perfectamente cuadrado, 
de cien palmos de extensión y ciento cincuenta de al- 
tura, con una cúpula octagonal. 

Su puerta tenía aspecto de grandiosidad, fabricada 
de piedra jaspe, con vivos remates de escultura, que nc 
por pertenecer al género plateresco dejaban de ser df 
muy buena y entendida ejecución. Sobre pedestales y 
animadas á sus costados se veían la estatua de Don 
Bartolomé Conill, abad de Poblet, y la de Fr. Pedrc 
Marginet, monje que fué de la casa, y acerca del cual 
se refieren muy curiosas y entretenidas consejas. So- 
bre la puerta figuraba el rey D, Jaime e¿ Conquistador, 
vestido de cogulla, con Ja corona real y el cetro. 

El interior de la sacristía era espléndido. Una vasta 
cómoda de nogal ocupaba las paredes en toda su exten- 
sión, y encima de ella descansaban grandes armarios 
esculturados, ostentando transparentes cristales de Ve- 
necia. En el centro de la estancia había otrariquisima 
cómoda, y diversas hornacillas abiertas en los ángulos 
ostentaban imágenes y estatuas de primorosa labor, 
siendo algunas de ellas verdaderas joyas de arte, como 
una que pude adquirir y deposité en la Biblioteca- Museo 
de Villanueva y Geltrú. Los lienzos de pared que per- 



I • 



296 VÍCTOR BALAGÜER 

manecían libres estaban cubiertos por tapices y paños 
de raso, de los cuales poseía el monasterio una riquísi- 
ma colección, algunos de ellos con los escudos de ar- 
mas de su donadores. Terminaban la decoración gran- 
des cuadros» debidos al talento de famosos pintores ca- 
talanes, sobresaliendo los de Viladomat, Juncosa y 
Flauger. Aún hoy existen en lo alto de la cúpula tres 
lienzos, que con dificultad se divisan colocados á tanta 
elevación, y que se dice ser obra del primero de los ci- 
tados artistas. Para ayudar al decorado de la sacristía, 
colgaban de la bóveda suntuosos cortinajes de raso y 
terciopelo con bordados de oro y plata. 

Las riquezas que allí se guardaban eran incalcula- 
bles. Finestres ocupa todo un capitulo sólo para enu- 
merarlas, y con bastantes detalles habla de ellas tam- 
bién D. Eduardo Toda en su libro recientemente pu- 
blicado. 

Como cosas de precio y joyas de valor figuraban en 
primer lugar, y en gran número, vasos sagrados» cáli- 
ces, custodias, aderezos de altar, imágenes de santos, 
relicarios, blandones, candeleros, etc., objetos todos de 
oro, de plata, de marfil ó de ricos metales, cuajados de 
piedras preciosas, siendo de notar que algunos de ellos 
eran de obra mucho más rica por el arte que por sus 
diamantes ó esmeraldas, zafiros ó turquesas. 

Gran tesoro era también el que allí se guardaba en 
colgaduras y ornamento, frontales, capas pluviales, ca- 
sullas, dalmáticas, gremiales, estrados, mitras, tapices, 
paños de túmulo y de pulpito, alfombras, etc., todo 
vistosamente aderezado con relieves y bordaduras de 
oro y plata, figurando ya caprichosos dibujos, adornos 
y flores, ya escudos de armas y pasajes, ó escenas de la 
Historia y de la Biblia. 

Finestres dice que eran tales las riquezas y profu- 
sión de oro y plata, que llegaban á fatigar la vista. 



ALONA— LAS RUINAS DE POBLET 297 

ie mérito y valor que existían en el 
iebe hacerse especial mención de al- 
er ya desaparecido dejan de merecer 
: libro, destinado á consignar lo que 

es hoy el monasterio de Poblet. 
inta Juana, condesa de Ampurias é 
Iro IV, había una cruz que era una 
arte, según se supone. 
s sobresalían unos con pasajes de la 

donativo del infante D. Enrique de 

y enseñaban una rica dalmática per- 
ime el Conquistador, que éste vestía 
monias, y dos cetros de plata dora- 
:iosas de los monarcas aragoneses, 
que los reyes, principes y magnates 
in de ellos había de ser más esplén- 
1 tesoro de este monasterio ostentaba 
>Ídas á la liberalidad de D. Jaime I 
ro IV, de Jaime de Mallorca, de Al- 
ndo el Católico, en una palabra, de 
llegó á superar en sus dones y ofren- 
Antonio de Aragón, de quien ya se 
eneroso donador de la biblioteca, 
to de Aragón aparece en las crónicas 
un verdadero enamorado de Poblet. 
ciertamente, con el donativo esplén- 
a, ni tampoco con haber contribuido 
lomo del altar mayor, ni mucho me- 
cuantiosas sumas en varias épocas, 
rdaba de él un aderezo de difuntos, 

^ _.icarecimiento, que se ostentaba en 

los funerales de los reyes; una urna de plata guarneci- 
da de coral; una custodia de plata con pie y ramas de 
oro; un frontal del altar mayor de lapis-lázuli, ágatas 



2gS VfCTOR BALAGUER 

y jaspes, con adornos de plata y bronc 
des blandones de plata maciza; un o 
formado por un peñasco, en el seno Aé 
Verónica, y en lo alto una primorosa i 
vador; una custodia de oro con doce n 
muchos relicarios de oro, plata, ébano 
dando reliquias de santos. 

Y todo esto no era más que una peqi 
regalos debidos á la inagotable muniñc 
dro Antonio de Aragón. 

Eduardo Toda, que hizo detenidas 
en Poblet, habla también de un depósi 
el nombre de Armario de las espadas, d 
vahan las de los reyes y varones allí er 

También poseía el monasterio ricos 
y plata en su refectorio y en el palacio 

Nada queda ya de tanta riqueza. E 
el mismo monasterio dispuso de cierto: 
rito, á los que no daba más valor que e 
tenían, y asi se ve al abad D. Antonio 
mandar fundir muchas imágenes y oí 
sólo porque eran de modelo antiguo. 

Cuando sonó la hora de la ruina y del 
esas joyas desaparecieron, destrozadas 
precio. Sólo queda algo de tanta riquez 
de Tarragona y en las iglesias de San '. 
Espluga y Vimbodi. 

VI. 

Las sepulturas reales.— El panteón de la cas 
El prehoBi vmculadar. 

Queda ya dicho que la mayor riqueza de Poblet es- 
taba en sus sepulcros. Era aquélla una verdadera ciu- 
dad de muertos. 



TALUÑA — LAS KUINAS DE POBLET Z99 

lasterio de RipoU fué destinado á pan- 
de Barcelona, así Poblet fué el de 
n hasta que se unieron las dos Coro- 
istellana. Por esto alguien dijo, con 
bastante verdad, creo que fué primero Villanueva, que 
Poblet era el Escorial de Cataluña. 

Ya se ha dicho dónde estaban las sepulturas reales, 
en la iglesia mayor, á uno y otro lado del crucero, en- 
tre el presbiterio y el coro, formando un recinto, espe- 
cie de departamento cerrado por una puerta coronada, 
cuyas hojas de bronce sólo se abrían para dar paso á 
ia muerte. 

Sostenido por robustos arcos se alzaba el panteón de 
los reyes, en medio de singular grandeza, y correspon- 
diendo su arquitectura al estilo gótico, que era el do- 
minante en Poblet. Entre grandes cuadros ó compar- 
liroentos de mármol, donde figuraban escenas y pasajes 
bíblicos; sobre bajos relieves en que se veían los hechos 
más notables de la vida de los reyes; en compañía de 
estatuas que dentro de sus nichos de piedra asemejaban 
piadosos varones, envueltos en sus mantos de anchos 
pliegues y entregados á la meditación y al dolor; bajo 
primorosos doseletes de artísticos calados y suntuosas 
bovedillas azules con estrellas de oro; en medio de toda 
la magnificencia del arte que allí había amontonado sus 
bellezas, aparecían las admirables urnas góticas de los 
reyes, alumbradas cada una por tres lámparas de luz 
eterna, que al reflejarse y descomponerse en los pintados 
vidrios, puestos allí por el arte de la Edad medía para 
mayor realce y ornato, comunicaba color y hasta pare- 
cía dar vida y movimiento á las estatuas yacentes de los 
monarcas en aquella opulenta necrópolis sepultados. 

En el panteón correspondiente á la parte del Evan- 
gelio, yacia el rey D. Jaime I el Conquistador. Dos es- 
tatuas tendidas adornaban su sepulcro, representándole 



3O0 VÍCTOR I 

una con sus insignias y vestiduras i 
la cogulla cisterciense por haber mi 
caminaba á Poblet, donde quería i 
profesión de monje que hizo al abdi 
■ Pedro. Los restos de D. Jaime, des 
ción que se reñere en el primer capí 
también todos los adornos y escul 
fueron trasladados á Tarragona, en 
vanta hoy, más aparatosa que artist 
aquel monarca entre los grandes el t 

Cuatro estatuas se veían en el se| 
de D. Jaime. Eran la de D. Pedro 
y las de sus tres esposas Doña María 
Leonor de Portugal y Doña Leonc 
tres con traje real y diadema. La de 
en hábito de diácono; pero el esculti 
se aviniera con el traje y aun cuan 
de notarse algo de notoria irrevere 
nada critica, tuvo la singular idea di 
el puñal que, como es sabido, no se 
su cinto. 

El tercer panteón del lado del Ev „ 
tinado para el rey D. Martín elHwnafto, y así, en efec- : 
to, lo decía el epitaño. Se lo había mandado labrar Q 
mismo, en vida, igual al de sus predecesores; pero á su 
muerte sin sucesión, ardiendo el país en bandos y en 
disturbios, nadie pensó en trasladar sus restos, que hu- 
bieron de quedar depositados en Barcelona hasta me- 
dio siglo después de su fallecimiento. Sin ni siquiera 
borrar su epitafio, el sarcófago sirvió para su sucesor 
D. Fernando I el de Anlequera, aquél á quien elevó al 
trono el Parlamento de Caspe. En el sepulcro, pues, de 
D. Martín yacía D. Femando, que estaba representado 
por dos estatuas, una armada de punta en blanco, otra 
en hábito de diácono. Junto á estas estatuas se vda 



TALUNA — LAS RUINAS DE POBLET 3OI 

)sa la reina Doña Leonor, que tam- 
illi, pues al quedar viuda profesó en 
:dina del Campo, donde se habia re- 
:nteiTaron. 

del recinto que nos ocupa, y en el 
to al presbiterio por la parte de la 
Epístola, estaba el sepulcro de D. Alfonso 1 de Cata- 
luña y II de Aragón, hijo del conde de Barcelona Don 
Ramón Berenguer IV, fundador del monasterio, y de 
Doña Petronila de Aragón, hija de Ramiro el Monje. 
Dos estatuas habia en su sepultura que lo representa- 
ban: una con el hábito de diácono y ceñida de laurel, 
sin duda por haber sido aquel rey famoso trovador; 
otra con la cogulla cisterciense, hábito con que quiso 
ser sepultado por la mucha devoción que tuvo á la Orden 
y al monasterio de Poblet, al cual legó su corona real. 
D. Juan I, y sus dos esposas Doña Matha ó Matea 
de Armeñach y Doña Violante, hija de los duques de 
Bar, descansaban en el panteón segundo de la Epís- 
tola, y allí se veían sus tres estatuas de alabastro, la 
del rey con dalmática y diadema, insignias reales que 
llevaba también la de su segunda fnujer Doña Violante, 
pero no así la de Doña Matea. Esta aparecía con una 
modesta guirnalda de flores en las sienes y su corona 
de reina en las manos. 

El tercer sepulcro del lado de la Epístola era quizá 
el más rico y ostentoso, guardando los restos del rey 
D. Juan II y de su esposa Doña Juana Enríquez, hija 
del almirante de Castilla. El monarca estaba represen- 
tado por dos estatuas: una con rica y lujosa armadura; 
otra con el manto real guarnecido de pedrería. La de 
Doña Juana figuraba vestir un suntuoso traje y ceñía 
corona. 

Inmediato al panteón real del Evangelio, y arrima- 
do á la pilastra, se alzaba un mausoleo de alabastro 



302 VÍCTOR BALAGUBR 

enriquecido con numerosas escultu 

morosa imaginería, como dice Fine 

lo suntuoso y espléndido de la obra 

pulcro en una urna con una magnt 

de corte, arrodillada sobre un alm 

sus pies cetro y corona y cobijada ] 

y de púrpura. Mandó elevar este n 

de Ñapóles D. Pedro Antonio de Ar 

de Foblet, para guardar los restos di 

que desde 1458 hasta 1671 estuvier 

convento de padres dominicos de í , 

de virrey en esta ciudad el referido D, Pedro Antonio 

de Aragón, doscientos trece años después de la muert 

de D. Alfonso, fueron llevados á Foblet los despojo 

mortales del egregio monarca, conquistador y literato 

y guardados en e¡ sepulcro que á su memoria erigió ( 

ilustre citado miembro de la casa de Cardona. 

En frente de esta sepultura se alzaba otra en un todi 
semejante, mandada erigir también por el mismo Doi 
Pedro Antonio de Aragón al infante D, Enrique, hei 
mano de los reyes D. Alfonso V y D. Juan II, grai 
maestre de Santiago,, conde de Ampurias y primer di 
que de Segorbe, fallecido en 144S á consecuencia d 
heridas que recibió en la batalla de Olmedo. 

Por lo que toca al rey D. Martín el Humano, ya seh 
visto que su tumba hubo de servir para su sucesor en e 
trono D. Fernando el de Anteqiiera. Cuando D. Martíi 
fué trasladado á Poblet, en 1460, cincuenta años des 
pues de su muerte, quedó depositado en uno de los pan 
teones de la casa de Cardona, donde estaba á mediado 
del siglo pasado, en época del cronista Finestres, quiei 
dice que sus restos se guardaban en un arca de mader 
guarnecida de terciopelo negro, perseverando con la mis 
ma incorrtiptibilidíid y entereza con que se le descubrió ei 
el año de 1460, al hacerse la entrega de su cadáver. 



CATALUÑA— LAS KDINAS DE POBIET 3O3 

OS en hablar de los panteones de la ca- 
que acaban de citarse; pero antes im- 
ra que el lector pueda formarse aproxi- 
aquella ciudad de muertos, que en las 
i reglas, ó á su alrededor, en sepulcros 
su riqueza aun cuando no por su tama- 
[1 muchos infantes y principes de las fa- 
Así, por ejemplo, en la tumba del rey 
leron depositados los restos de doce in- 
diversos reyes de Aragón, que yacían 
le madera. Con D. Juan I estaba su hi- 
: Fox; con D. Juan II su hija también 
i Marina; y en sepulturas aparte, ricas 
1 estatuas yacentes, varios príncipes y 
eciendo particular atención entre los 
que se levantaba en el brazo izquierdo 
ndado fabricar por el rey D. Martín. 
;ste sepulcro sobresaliera entre los de- 
esplendidez y riqueza; al contrario. Ca- 
ros, si en algo se distinguía, era por su 
estia; pero el pensa'dor no podía menos 
! con cierta emoción, ya que con los 
se depositaron fueron sepultados tam- 
i restos y las postreras esperanzas de 
Lronil de la monarquía aragonesa que 
:mente vive en la historia. Yacia allí 
leí primogénito de Aragón D. Martín, 
lya temprana muerte, acaecida en 1399, 
is, incertidumbres y últimas disposido- 
■buelo, D. Martín el Humano, dándose 
por medio de un acto grandioso de so- 
1, aunque no tan justo y afortunado co- 
Parlamento de Caspe llamase al trono 
lina, 
el panteón de la casa de Cardona. 



304 VÍCTOR BALAGUBR 

Era fábrica de gran importancia y 
tuosídad, mandada erigir, mientras co 
1660 y siguientes, por D. Ramón Lu 
dona, duque de Segorbe y de Cardona, 
los arcos que sostenían las sepulturas 
éstas, por consiguiente. Mandó el duqi 
bos costados los arcos con una rica pa 
traidos de Sarreal, sirviendo como de 
panteones reales, aunque de estilo dif 
asi espacio bastante para contener los 
tepasados. Las dos puertas que mii 
mente á cada lado del crucero estaban 
tro compartimientos, separados por 
mármol blanco sentadas, en pedesta 
pilares, ostentándose en el centro una 
corada con una corona ducal. Las fací 
pondian al interior de la iglesia fo 
cuatro cuadros cada una, figurando 
episodios de guerras, detalles de entie 
escudos de la casa de Cardona. Era fí 
realizada por dos escultores hermanos 
Manresa, Juan y Francisco Grau, cuj 
cados del olvido por Finestres, mere 

Dentro de estos panteones de la cas 
Cardona yacían también en arcas de 
reinas, príncipes é infantes, entre ellos 
cho, el rey D, Martín, á quien, sin e 
levantado un palacio en Poblet, Poblé 
rente que le usurparan su tumba. La 
abrió también las puertas de sus moi 
para dar hospitalidad á las reinas Don 
mujer de D. Martin, y Doña Beatriz 
fué reina de Hungría; y á los príncipe; 
gón, hijo de Fernando el Católico, en s 
monio con Jermana de Fox; D. Alfonsí 



TALUÑA— LAS RUINAS DE FOBLET 3O5 

"). Pedro, hijo de Fernando 1, que mu- 
e Ñapóles á la vista de su hermano el 
', el cual, al verle caer, exclamó entre 
to el mejor caballero qtie salió de Espa- 
chado D. Carlos, principe de Viana, 
e alzarse en armas Cataluña, ampa- 
echo, y á quien poco faltó, después de 
ler venerado en los altares i. 
los Cardona guardaba, en número ex- 
nerto, los restos de muchísimos miem- 
ustre familia que á tan alto grado Ue- 
iialenza. Los despojos dé aquéllos que 
tes de terminarse la obra, lo cual fué 
por los años de 1664, y estaban en distintos puntos, 
fueron piadosamente recogidos y trasladados i. Poblet 
en ostentosa procesión y ceremonia de que conservaban 
gran recuerdo los anales del monasterio. Erigido ya el 
panteón, eran depositados en él todos cuantos indivi- 
duos de la casa de Cardona iban falleciendo, habiéndo- 
se designado, entre tan conspicua ayuntación de muer- 
tos, un puesto de honor y un sitio escogido para el ena- 
morado de Poblet, aquel D. Pedro Antonio de Aragón 
tantas veces citado en estas páginas, á quien era deu- 
dor el monasterio de regalos valiosos, pero entre todos, 
aun siendo de gran precio, ninguno como el de su esco- 
gida y selecta biblioteca. 

Sólo un sepulcro de los de Cardona estaba apartado 
de los demás, compitiendo en lujo y esplendidez con los 
mausoleos de los reyes, como que encerraba á uno de los 
más insignes varones de nuestra historia, á aquel que 



1 En 1542 un ligado apostólico di6 licencia para separar del ca- 
dáver de D. Carlos de Viana un brazo que se guardaba con veneración 
en la sacristía de Foblel, y un dedo que como reliquia conservaba la igle- 
na de San Vicente, en Valencia. 

TOMO XIX 20 



3o6 1 

era conde entre los i 
hom vinculador, seg 
capitán, esforzado i 
defensor de Gerona 
y de Francia, en ti 
món Folch, en fin, 
este nombre. Murió 
pulcro, que más tan 
do, y en donde pe 
traslación de sus res 
erigir D. Luis Ram 
Cardona. 

Levantábase este 
que subía de la ¡gles 
destal adornado con 
urna enriquecida coi 
tos, sobre la cual ai 
tesca, la estatua del 
Un epitafio latino re 
des y hechos heróicc 
era ciertamente mái 
piedra se leía en la 
solo dístico: 

Cuniíiíut hic i> 
Jtfgiitts t¡ 

Pendientes del se 
del dístico latino, ap 
castellanos, que mej 

primeros, siguiendo el elocuente laconismo del primer 
epitafio: 

A quien esta (umb» esconde 
por ser varón deiu ley, 
entre los reyes es conde 
y entre los condes es rey. 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 
Por hazafla sefialadn 
Rano el conde esta corona. 
. por áíi que<U coronada 
la real casa de Cardona. 



£1 cementerio común.— El monje misterioso.— La capilla de 
dej de üigel.— El par.lec'm de esta familia, — Dofia Leonor 
gÚD, la triste. —La casa de Cabrera. 

Fatigado estará el lector de tanto como de n 
se viene contando; pero hay necesidad absoluta 
biar más aún, si este libro ha de corresponder á 
jeto. Considérese que, en medio de las grande 
Poblet, su Necrópolis era su mayor grandeza, y 
ella estaba toda la historia de la Corona de A 
Con sólo entrar en Poblet y detenerse un me 
ante cada mausoleo, leyendo los epitafios y fij 
en los hechos del difunto, el curioso podía sa 
templo enterado á grandes rasgos de lo más sal; 
culminante de nuestra memorable historia. Por < 
más de lamentar la ruina y desaparición de a< 
monumentos. El arte puede restaurar ó levan 
nuevo el edificio; pero ¿cómo volver á reunir ai 
tumbas desaparecidas ó aquellos restos perdido 
siempre, que el genio de los artistas y el resp 
las familias y de la posteridad hablan ido allí a 
lando, á través de siglos y generaciones, para g 
manifestación de las artes y monumental archivi 
historia? 

En el antiguo cementerio de los monjes, qii 
detrás de la iglesia, y en el claustro, se ven ai^ 
chas sencillas urnas de piedra, á modo de ataú< 
tenidas por columnas ó empotradas en el muro, 1 
muñes en la Edad media. Aunque al parecer i 



308 VÍCTOR 

mes muchas de ellas, todas fueroi 
fañadas un dia en busca de imagí 
guardaban los restos de honrados ■ 
jurados y concelleres que de Lérii 
la misma Barcelona, de diversas 
á Poblet la piedad de las famiUas, 
ascendientes, después de una vida 
sagrada al hogar y Ja patria, fues< 
eterno en la tierra bendita de P 
amparo y custodia de la Virgen, a 
sitio en tomo de sus reyes todos 
columna de su trono ó esplendor 
pes, barones, magnates, caballero 
nos, como si fuese aquel sagrado 
Cataluña. 

Entre estas tumbas de que ve 
hay muy curiosas y dignas de fi 
cuando sólo descuellen por su exi 
la artística forma que sabía darl 
que con ninguna otra se confunde 
taño, revelando el nombre del difi 
y profesión de ciudadano, mercadi 
según costumbre de los tiempos, 
sa, un emblema, un escudo, una 
pueda dar motivo á descifrar ó sos 
personaje allí sepultado: así, por i 
culpida en una lápida, indica que 
Espada, que por antiguos manusí 
enten-ado en el cementerio de los 
dan á conocer á los individuos de 
atributo profesional revela el art 
funto. 

¿En qué urna de éstas 6 en qui 
cementerio descansaba cierto mis 
después de la célebre batalla de M 



LUMA — LAS RUINAS DE POBLET 309 

a bajo la inmeasa pesadumbre de 
rofe, se presentó á tomar el hábito 

sólo al abad el secreto de su nom- 

1 referente á este personaje, que de- 
cíerta importancia, y sin duda muy 
o, por lo que se trasluce. Cuanto 
constaba en antiguos manuscritos, 

pocos días de la batalla de Muret, 
ta que D. Pedro de Aragón el Ca- 
provenzai perdieron, el primero su 
>u independencia y libertades, pre< 
de Poblet un caballero, que tal pa- 
lura y arreos. Jinete y caballo lle- 
' fatigados, como quienes venfan de 
peligrosa jornada. Pidió el caballe- 
ad, que al parecer lo era D. Pedro 
cuando en esto no andan claros los 
errados entrambos en ila celda aba- 
cia], tuvieron lai^a y detenida plática. Ya el caballero 
no volvió á salir del monasterio, y poco después con- 
taba la comunidad con un nuevo monje que nadie sa- 
bía quién era, ni cómo se llamaba, ni de dónde había 
' venido. Retraído, huraño, sin hablar ni comunicarse 
con los demás hermanos, recatando el rostro cuando 
podía ser visto de gente forastera, el monje miste- 
rioso vivió algunos años en el cenobio, extraño á todo 
' y á todos, y sin más trato que el de haberse llegado á 
conferenciar con él un día, y en secreto, el magnate 
D. Pedro Abones, á quien las Cortes de Lérida de 1ZI4 
habían nombrado gobernador general de Cataluña du- 
rante la menor edad del rey D. Jaime I. 

Cuando murió el monje misterioso, mandáronse 
quemar sus papeles, ropa y muebles de su celda por 



310 VÍCTOR BALAGUBR 

orden expresa del abad, que lo era á 
món de Hostairích, y fué enterrado, i 
como recóndito, dentro del cementen 
La circunstancia de haber llegado al 
días después de la batalla de Muret, t 
estuvo y tomó parte, siendo quizá tai 
de la infausta noticia, puede hacer p 
guno de los capitanes de D. Pedro, t 
sabido salvar á su rey ó morir con él, 
vergüenza en el fondo de un claustre 
zá, alguno de aquellos caballeros y ti 
venza, que, tras de la fatal jornada c 
toda esperanza, abandonaron para í 
viniendo á buscar en Cataluña amiga 
norada tumba. 

Referido esto, que por lo curioso \ 
nuestro relato, volvamos á seguir la ( 

La casa de los condes de Urgel, ta 
mada, que por ser originaria de los ci 
na no reconocía superior, tenia en Pe 
cros, principalmente en la capilla de 
gelios, llamada también de los conde 
tar á cai^o de esta casa, que erigió ei 
miento. 

Entre los muchos miembros de es 
pultados, estaba Armengol VIII de ' 
Elvira, condesa de Subírats, que mur 
cual las leyendas, y sobre todo las caí 
vadores provenzales, presentan com 
mas más hermosas, gallardas y galai 

También tenía allí humilde y pobi 
Doña Leonor de Aragón, hermana d 
mo conde de Urgel. 

Las crónicas de Poblet hablan la 
señora, y hay que consagrarle unas Ij 



ÍLUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 3II 

: todos los transcendentes sucesos que 
rte, sin hijos, de D. Martín el Hu- 
« los pretendientes al trono vacante, 
Lamente, con más derecho y justicia 
de de Urgel, que era también el que 
y más adictos contaba, singularmen- 
les.. No hubo, sin embargo, de reco- 
imento de Caspe, cuyo fallo convi- 
todos los pretendientes, deponiendo 
, suspendiendo los otros las hostili- 
do D. Fernando el de Antequera, 
le de Urgel, que contaba con el amor 

á quien su madre Doña Margarita 
a á cada momento: Hijo, ó rey ó nada, 

fallo de los jueces de Caspe, é in- 
), se levantó en armas. Tan infieles 
10 la justicia. D. Jaime, preso en Ba- 
osefdo hasta de sus estados de Ur- 
istillo de Játiva por su victorioso rí- 
\llí estuvo prisionero algunos años, 
astradamente, por mandato, según 
cupaba el trono que á él pertenecía. 
le Urgel una hermana. Doña Leonor 
al su padre dejó heredera de la baro- 
eudo de Balaguer, á falta de sus her- 
rey D. Femando desposeyó de sus 
ho conde D. Jaime, poseía Leonor, 
íT ó villa de Menargues, lo cual no 
se lo vendiera al monasterio de Po- 
Doña Leonor que á la caída de su 
nelu di ble mente la suya, y se apresu- 
;redera universal, por escritura del 4 

á Doña Cecilia de Aragón y Cabré- 
la sido de D. Bernardo de Cabrera, 
1 Sicilia y vizconde de Cabrera en 



313 VÍCTOR BALAGUEl 

Cataluña, la cual puso pleito al rey 
Poblet sobre el dicho lugar de Men; 
entonces, desentendiéndose de la in 
cilia, mandó proseguir el proceso di 
beldia contra Doña Leonor, á quiei 
bienes por suponerse que había reca 
men que su hermano. 

La infeliz Doña Leonor se vio e: 
de todo, abandonada de todos, sin 
sin hogar, sin patria, y la descend: 
de los reyes de Aragón, que habían 
do con la fama de sus hechos y la 
riquezas, se encontró de pronto tan 
tan falta de recursos, que hubo de 
pública el amargo pedazo de pan c( 
necesario sustento: grande ejemplo 
gratitud. 

Pero aún no paró en esto su mis< 
guardaba el cielo mayor humillaciór 
Por alguna misteriosa serie de suct 
sido fácil averiguar — pues que las c 
las memorias que de aquella infeliz 
citan los hechos como si tuvieran 
ahondar en ellos; — por alguna mis 
cesos, repito, Doña Leonor vino á i 
Fr. Pedro Cerdán, su confesor, dÍ! 
San Vicente Ferrer, de aquel San ^ 
ron eminente, es verdad, apóstol e, 
justicia se venera en los altares, pi 
fin, no pareció ciertamente haber e 
piraciones del cielo ni á las del derec 
influyendo contra el conde de Urgel 
te como lo hizo, cuando e] parlamet 
sejada por Fr. Pedro Cerdán, Doi 
abandonar el mundo y retirarse á u 



LüSa — LAS RUINAS DE POBLET 3I3 

ta, distante una legua de Poblet, en 
-eíble abstinencia, descalza, vestida 
levota imitadora de la Magdalena, 
unida en 1430. 

Poblet, precisados á guardar silen- 
i de la vida de Doña Leonor, subsa- 
irzado con grandes alabanzas á la 
tir; dicen que murió en olor de san- 
nerable, y cuentan que Fr. Pedro 
nita de quien falta aún hablar, vio 
a de Leonor conducida en triunfo 
)teosis arrancada tal vez á la con- 
historiadores obligados á hacerse 
lerta por impedirles ocuparse de la 
:nsura de su época. La triste Doña 
la de limosna, en tierra llana, al 
i capilla que sus ascendientes ha- 
mtar y engrandecer con sus rique- 



capilla panteón de los señores de 
le Ager, emparentados con la casa 
i de su título. Raza turbulenta que 
nactiva, fué la de Cabrera. Núes- 
tas están llenas de sucesos referen- 
ladora, para la cual no había punto 
ni tregua, siempre en actividad de 

en lucha abierta, cuando no con 
patria, con sus vecinos y con sus 
condes de Barcelona y reyes de la 
Varios de los Cabrera sepultados 
sus lechos de piedra desde el mis- 
i donde encontraron su muerte. 
jue tenia sepulturas en Poblet era 
lera entre las que llamaban de los 
»»a, tan esclarecida y alta que, por 



314 VÍCTOR BALACUER 

ser quien era esta familia y por tcne 
mo murió uno de sus individuos allí 
más detenido comento y capitulo ap 



Las sepulturas de los Moneadas.— El caballei 
casa di? Moneada. — Los varona de la fama.' 
Glorias de los Moneadas. • 

Merece, en efecto, muy especial i 
Moneada que, con la de los condes ¿ 
pues reyes de Aragón, y la de los co 
mó el núcleo y la fuerza de aquel < 
sobrecrecientes glorias por todas las 
todos los mares surcados, palidecía ( 
principales monarcas y más primada 

No era realmente en Poblet dond 
cada tenía su panteón. Era en San 
monasterio cisterciense, rival de Pol 
alteza, sobre cuya historia, maraví 
recuerdos se me hubiera ocurrido dei 
to hay que decir no estuviera ya en 
mente publicado por D. Teodoro C 

1 Se tilula esta obra SANTAS CRItUS, ¿et 
famúiú mimasltria y neliciai hiilóricaí re/ermlt. 
y dtmás ptrmnas nelailis ^cpu¡lada¡ en tu rtem, 
Hanuevfl y Gcltrú, estabkcimienlo lipográñco 
Es un libro verdadera mente imporlanle, que at 
se estudia con mas provecho, en el que su au 
conocido y reputado en la república de las Ictl 
gran valla, ha sabido reunir con arte, discreciún 
lislico, hist/irico y legendario tiene aquel grandi 
siempre en Cataluña al par de Poblet, Y tan es 
Ire loi catalanes como frase usual y vulgar la di 



LUNA — LAS RUI» AS 

rio, á cuya fui 
Moneada, era i 
es de esta casa s 
í de Aragón Pedí 
I á la de aquel oí 
.áuria. 

doñeadas sólo t< 
una de DoRa i 
cada, capitán fai 
Horca, esposa qi 
de Urgel. Su se 
1 divisas de Urgí 
ilumnas, se hall; 
le Cristo, en la 

pilla, y al lado d 
ivisas de Ui^l ; 
bastro, veíase el 

primera mujer d 
e D. Jaime, 
ura .de los Monc 
rio de los monjes 
e tierra y encaj; 
la de San Berna: 
:tavo, sin inscrii 
>, yacen los resi 
1, cuya trágica i 

suceso que hast 
3r lo extraordini 
. ser tal vez una 



SíHlat Crttu, como 
r can esta frase á que 
lo demás, fortuna ha 
bil y tan completo en 



6 VÍCTOR BALAi 

s maneras un hecho y un ej 
familia y retratan una époc 
ii escena que voy á contal 
y oscura noche de Novieml 
ia de Santa Coloma de Qr 
bajaba al río Besos desde el 
n hombre envuelto en una 
an los almogávares, se hali 
m la cabeza apoyada en un 
dormía. Nada de esto, sin 
raba. 

lalquiera que hubiera podid 
curídad que reinaba, hubié 
Drarse bruscamente, avanzí 
iterrogar los ruidos de la 
i uno que le fuese familiar; 
len no le hubiese dado el i 
se hasta tenderse en tieiTa 
laneciendo así más de un i 

de estatua yacente. 

cabo de este tiempo se lev 
ndo el árbol junto al cual 
lanecido, fué á situarse en i 
ios minutos después un mi 
iimores de la noche. Bra e 
candóse fué poco á poco hai 
icstro hombre misterioso, 
r de entre las sombras la si 

el que avanzaba vio tamb 
aridad de I9S estrellas, dit 
1 del camino, pues que, inc 
;i caballo, gritó con voz ro 
¿QSién anda ahí? 
Un hombre que desea hablí 



líIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DK POBLET 3T7 

BI jinete tiró la rienda y detuvo su caballo; pero al 
propio tiempo que se inclinaba de nuevo, como para 
descubrir mejor al que acababa de hablar, su mano de- 
recha buscaba bajo la pellica en que iba envuelto el 
pomo de la daga, compañera inseparable entonces de 
ios caballeros, daga pequeña y de agudísima punta que 
servía de arma arrojadiza á quienes, como el jinete de 
que hablamos, sabían dispararla con certero tino y á 
gran distancia. Quizá el de la manta notó este manejo, 
pues hizo un movimiento como para adelantarse, dete- 
niéndole sólo la voz del jinete. 

— Di cuanto quieras sin avanzar un paso, 6 te arrojo 
mi daga; y por la sangre de Cristo Nuestro Señor, que 
no erraré de una pulgada tu corazón. 

El desconocido, que había dejado caer el embozo de 
su manta, se cruzó de brazos, y dijo, mientras una son- 
risa indeñnible asomaba en sus labios: 

— ¿D. Hugo de Moneada tiene miedo? 

— ¡Villano! — gritó el jinete. — ¿Cuándo has visto ó 
has oído decir que hubiese temblado un Moneada? Per- 
donóte tu insolencia en gracia de que me digas pronto 
lo que de mí deseas: pero antes de todo, comienza por 
decirme tu nombre, ya que sabes el mío. ¿Quién eres? 

— Soy Farech el almogávar. 

— ¿Y qué es lo que quiere Farech el almogávar de 
Hugo de Moneada? 

— Una sola cosa Su vida. 

D. Hugo se ¡rguió sobre la silla de su caballo, y sus 
ojos centellearon en la oscuridad. 

— ¿Mi vida dijiste, perro almogávar?..,. ¡Mi vida! ¿Y 
para qué necesita mi vida un miserable como tú? 

— Porque la palabra de un villano vale lo que la de 
un caballero, y he prometido mataros. 

— ¿Y á qué perro judío ó moro has prometido la vida 
de un Moneada? 



3l8 VÍCTOR BALACUBR 

— Al vizconde de Rosanes. 

Al oir Moneada el nombre de su 
encarnizado, lo comprendió todo. E 
delante era uno de esos, nacidos en 
cho, que en aquella época alquilaban 
á los caballeros para desembarazarle 
migo demasiado poderoso ó demasiad 
verse con él ellos mismos: as! es que, 
go oyó el nombre de su enemigo, 
con la rapidez del rayo, desenvainó 
con ímpetu al almogávar, clavando 
con furia, el aguijón en los ¡jares 
hacerle saltar por sobre el cuerpo d( 

La daga partió, en efecto, disparí 
D. Hugo, pero fué á clavarse en el ; 
se apoyara Farech; el caballo saltó, 
cima de un cuerpo, pero no de un ci 

También el almogávar lo había c 
su vez, y con la misma presteza qui 
D. Hugo, se tiró al suelo para evit 
pasar el caballo, que, á mantenerse 
derribado de seguro. Fué, sin emb; 
neo el saltar D. Hugo por encima 
el ponerse de pie el almogávar, emj 
bailo, montar en grupa de un botí 
con una de aquellas correas de que i 
tos los almogávares para sujetar su: 
nar á sus enemigos, teniendo alguní 
dad, y Farech era de este número, 
un lazo. 

Cuando D. Hugo quiso hacer un 
sistencia, estaba ya atado. 

El almogávar paró el caballo, api 
Hugo de la silla con la misma facili 
becho con un saco de plumas, y lo d 



ISa — LAS RUINAS DE POBLET 319 

lado, y por otro la rapidez de la 
alizado la lengua del caballero. 
: que los villanos, al dar una pala- 
Sois mío ya. Rezad vuestras ora- 
con Dios. Vais á morir, 
muerte al de Moneada. La'habia 
y muy de cerca en los campos de 
zó, sin embargo, como un rayo 
ndo cara á cara al almogávar, 
—¿cuánto te dieron por mi vida? 
ie morabetinos el casco i. 
ibieran llenado cinco veces lo me- 
ló hacerte valer. Yo te lo llenaré 
10 me salves la vida, 
'. Hugo. DI mi palabra, y me han 
nte. 

, diez veces. 

ento; aunque me dieseis, construí- 
castillo de vuestro hermano el Se- 
arriba. 

lió que no había dado con un ase- 
nso á morir. 

javar se había, sin embargo, nu- 
guió en el rostro de Farech la im- 
ientos, y esperó. 

3 de un instante el almogávar: — 
itaros, porque sería deshonrarme. 
y he dado mi palabra; pero puedo 



Je de Rosanes luego de haberos 
uminó el semblante de D. Hugo. 



320 VfCTOK BALA( 

El placer de la venganza le hací; 
te. Los hombres de aquel siglo 
— Que me place — dijo. — H 
sabe Oíos, matarle por mí pro| 
combate; pero ya que esto no p 
ta. Te llenaré cinco veces tu ca 
— No seríajusto tampoco, y n 
—contestó con cierto tono de Í 
que por lo visto entendía el he 
cobraré sencillamente por su vi 
vuestra; y sale ganando, que e 
acomoda el precio? 

— Me acomoda. Falta ahora i 
del contrato. 

— Son muy sencillas. Vais á 
de honor de volver á este siti( 
solo y sin armas. Ahora os ! 
taréis en vuestro caballo, os llej 
ron, vuestro hermano, y volven 
nido. En cambio, yo os daré ; 
que antes de tres días habrá mu 
sanes. 

— ¿Puedo estar seguro de qui 
— -Como yo lo estoy de que i 
réis la vuestra, volviendo á este 
ras, solo y sin armas. 

—Mi palabra tienes, almogav 
—Y vos tenéis la mía, D. Hi 
Farech aflojó la hebilla de la 
caballero, y ya ni uno ni otro st 
Extraño contrato, ¿no es verd 
Y, sin embargo, uno y otro 
cumplieron al pie de la letra. 

A las dos horas estaba de vuei 
ció estipulado; á los pocos insl 



:aTALUNA — LAS RUINAS DE POBLBT 32I 

is después de esta muerte, los servido- 
de Rosanes, que tenía su castillo cer- 
viendo que su señor tardaba en volver 
había partido muy de mañana, fueron 
sque y le encontraron bañado en san- 
I pie de un grupo de álamos. Junto á 
1 ensangrentada azcona de almogávar. 

le contado, tal como me la contaron, 
oncada que yace en la tumba del ce- 
nonjes, permitido me sea decir algo de 
amiiia, cuyo nombre no se puede citar 

) hablar de esa raza de héroes? ¿Qué 
notable, qué gran hazaña, qué gloría 
i que no vaya unido el nombre de un 

o en los Moneadas el titulo de senescal 
ervian á los condes de Barcelona más 
; como subditos, siendo frecuentes en 
:asiones en que por agravios recibidos 
ndones contra los condes, sus señores, 
nente con ellos, corriendo sus tierras y 
) homenaje. 

Katalon, según cuentan las tradicio- 
habia sido de Carlos Martel, empren- 
L de Cataluña, nueve estrenuos varones 
letieron con él la empresa, siendo, por 
lución, apellidados de la fama. Entre 
nes se hallaba, ñgurando en las cróni- 
nero, Naufer, Napifer ó Dapifer de 

;en la casa de este nombre en Catalu- 
s comienzan, pues, á figurar en el pri- 
luestra historia, en el primer albor de 



322 VÍCTOR BALí 

nuestia independencia. Más ar 
raza que la de los mismos com 
fer es una grandiosa y soberbi 
de la reconquista, y cuando O 
último suspiro ante las muralla 
legó á Dapifer Ja continuación 
venganza. Tomó Dapifer el m 
de hazaña en hazaña, de glori 
pendón triunfante de la cruz s 
subyugada Urgel. Debía aún 
casa de Barcelona, cuando e 
Moneadas de conquistar ciudad 

Y ahora, sabido ya el origer 
varones catalanes, vamos á in 
sobre lo cual hay varias opinio 

Es una de elias la de que Dai 
to, según costumbre de entonce 
naque servia de muro, empaliz 
cristianos competidores y sus e 
pónese que con motivo de esta 
mar al monte de los Pirineos, 
campo, monte caienato, y al sen 
to, el capitán de MonUcaíenato, 
nato, cuyo nombre, corrompié 
Moneada andando el tiempo. 

Otra opinión, que no se aparl 
la anterior, asegura que Dapifi 
ticado en la montaña de Canig 
llamada Canaca 6 Caco, vinien 
Dapifer de Montecaco ó Montes 
dose se convirtió en Moneada. 

Cuando la conquista de Barc 
á principios del siglo ix, un hij 
frente de un puñado de cristia 
una torre ó atalaya que tenian 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 323 

llamó Coll de Moneada, y en aquel sitio echó los cimien- 
tos del que hubo de ser con el tiempo fortisimo casti- 
llo é inexpugnable ciudadela. No falta, empero, quien 
crea, y de este parecer es Zurita, que la casa de Mon- 
eada tomó, este nombre y titulo de la baronía de Mon- 
eada, en la época de D. Ramón Berenguer IV el Gran- 
de. Llobet y Vall-llosera, en una erudita Memoria sobre 
esta casa, presentada á la Academia de Buenas Letras 
de Barcelona, cree que los Moneadas tomaron su nom- 
bre del monte y del castillo, en lugar de dárselo. 

Lo cierto es que desde entonces fué aquélla la man- 
sión señorial de los Moneadas, y allí, en lo alto del 
monte que se alza como centinela gigante en los lími- 
tes de las llanuras de Barcelona y del Valles, comenza- 
ron á anidar aquellas águilas soberbias de la nobleza 
catalana y á reproducirse aquella familia, siempre tur- 
bulenta y siempre independiente, que había de enlazar 
con los príncipes y señores más poderosos de la tierra; 
que había de dar tan grandes capitanes á su patria, 
tantos nombres ilustres á la historia, tantos héroes al 
drama, y que había de prestar, finalmente, asunto in- 
teresante á los trovadores para sus más románticas 
consejas y peregrinas leyendas. 

Larga y muy entretenida tarea sería la de reseñar las 
glorias todas de esta raza: me limitaré á citar algunos 
hechos principales. 

Dejemos á un lado al capitán Dapifer, tronco de esta 
familia, el primer varón ó barón de la Fama, según le 
llaman las crónicas, que ganó á Urgel y rindió tres re- 
yes moros; no hablemos tampoco de aquel Moneada 
que, según una poética leyenda, montó á la grupa del 
caballo de San Jorge, trasladándose por los aires desde 
Antioquía á la llanura de Alcoraz, y tomando parte el 
mismo día y á la misma hora en dos batallas; y demos 
al olvido la conseja de aquel otro Moneada, que, agrá- 



324 VÍCTOR BAI^GUBK 

viado por un arzobispo deTarragon 
una noche y le mató, fundando lueg 
Santas Creus en penitencia de su 
que sean estas tradiciones, la critii 
chaza, y la familia de que hablamo: 
damente que recurrir á la fábula ps 
eos episodios y hazañas caballeresci 
poesía de la gloria. 

Ninguna expedición contra moroí 
grande tomaron á su cargo los coi 
que no fuera contando con algunos c 
tre sus más valientes y atrevidos ca; 
familia, cuyas glorias van unidas á 
líos tiempos, figura por medio de <3 
tes y esforzados varones en la expec 
nes á Andalucía á comienzos del si, 
quista de Barcelona por el conde B< 
sa contra las Baleares, llevada á cab 
Ramón Berenguer III, y en las coni 
de Fraga, venturosamente realizad 
Berenguer IV. En la toma de Tor 
mente se distinguió un Moneada, qi 
feudo la tercera parte de la ciudad ] 
este mismo Moneada se debió muy 
enlace del conde D. Ramón Berenj 
tronila, lo cual trajo la unión de Ca 
mientras un Moneada se enlazaba ci 
narca aragonés D. Pedro el Calólici 
esposa á la condesa del Bearn, emj 
dos casas reales. 

Dos Moneadas, yendo en la arn; 
son los primeros en tomar tierra en 
meros que riegan con su sangre 
abriendo paso su muerte á las hueste 
quien detiene todo un dfa su victoria para consagrarlo 



r 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 325 

i llorar sobre sus cadáveres y á rendir fúnebres honore 
á aquellos dos heraldos de la conquista: los Moneadas 
senescales perpetuos de Cataluña, pasan á ser tambiéi 
procuradores generales de Aragón: una hembra de s 
familia, Doña Constanza, enlaza con el príncipe Doi 
Alfonso; como más tarde otra. Doña Guillerma, ha d 
enlazar con el principe D. Pedro; como otra, Don 
Elisenda, ha de ser, andando el tiempo, mujer de Jai 
me II, reina de Aragón, y, muerto su esposo, funda 
dora y primera abadesa del monasterio de Pedralva; 
como, finalmente, otra Doña Guillerma, émula de 1 
varona castellana María Pérez, es ilustre capitana 
monta á caballo, pone á cerco castillos, entra á sac 
ciudades, y, tan esforzada en armas como diestra ei 
letras y en leyes, debate con los monarcas y los prela 
dos, discute ante todos los tribunales, y con arrollado 
ra elocuencia truena contra todas las jerarquías y con 
diciones. 

Un Moneada es gran almirante de Aragón en tiem 
po de D. Pedro IV, vence en Estepona á una armad 
de moros, socorre á los aragoneses y catalanes de Sici 
lia, y es almirante de la escuadra que el monarca ara 
gonés envía contra Mallorca y su rey D. Jaime: otro e 
condestable del reino, y en Sicilia caballeroso defenso 
de la reina Doña Maria: otro es gobernador general d 
Cerdeña y Córcega primero, de Mallorca después, 
brilla lo mismo en el campo de batalla, donde es e 
primer héroe, que en los parlamentos, donde es el prí 
mer orador: otro toma parte en los bandos de Aragói 
antes del parlamento de Caspe y figura en las asam 
bleas de Mequinenza y de Tortosa: otro libra á la rein 
Doíia Blanca de Sicilia cercada en el castillo de Mar 
queto, socorre á la reina Doña Juana de Ñapóles, se se 
ñaia en la guerra de Córcega y pelea valerosisimamen 
te en Ñapóles con Sforza: otro conquista á Argel: otr 



3^6 VÍCTOR BALAGUER 

defiende á Puigcerdá: otro es el cap 
del duque de Valentinois: otro deja fa 
labría, de donde es gobernador; y pe 
de Moneada, á quien llaman las cróní 
talán, es virrey de Sicilia, corre las o 
y vence y sojuzga á la indomada Tríj 
Tal era esta casa. El viajero que v 
Poblet ó las de Santas Crcus, no debt 
por junto á los sepulcros de los Monc: 
con respeto y sin recordar que los que 
y son sus nombres todavía, gloría y ti 

IX. 

Los sepulcros de personas y fsmilUs distinguida 
Pedro Mar^et. — Los monjes bandoleros. — I 
Fr. Anselmo Turmeda.— La conversión de ^ 
nitente.— Sus pórtenlos y m i la g ros. 

Como los Moneadas, otras familia: 
roiies de la fama, tan renombrados en 
y á quienes dieron celebridad y origei 
pitanes de la reconquista, tenían par 
ras en Foblet. Eran estas familias la: 
ra, Cervelló, Anglesola y Ribelles. V 
viduos descansaban en el monasterí( 
urnas que estaban en el cementerio d 
el claustro, ya en ricos y opulentos r 
dos por las capillas del templo. 

Para no fatigar al lector con una 
ción, citaré sólo los más principales, 
nes creo debe consignarse un rccuerd 
su honrada memoria. 

En una urna del cementerio común 
de Cervera, señor de Cadoz y de la 



,UÑA — LAS RUINAS DE POBLET 327 

)as huestes del conde D. Ramón 
o fueron arrojados los moros del 

se fiíndó Poblet. 

lia tenia varias sepulturas. En una 

1 los restos de D. Guillen de An- 
glcsola, señor de Beilpuig, que murió en 1 159, y otra 
era un panteón, que se alzaba en la capilla de Santa 
Magdalena, sobre cuya magniñca urna de alabastro se 
veían las estatuas yacentes de D. Bernardo de Angle- 
sola, señor de Miralcamp, y de su esposa Doña Cons- 
tanza, allí enterrados. 

Muchas eran las personas principales que tenían su 
sepultura en Poblet, siendo en número tan extraordi- 
nario, que abruma la sola idea de dar detallada cuenta. 
Pablo Piferrer llamaba á Poblet el templo de los sepulcros, 
y dice con grao verdad que jamás hubo otro que pose- 
yera tanta riqueza de monumentos sepulcrales, ni don- 
de mejor que en él pudiera el artista hacer un estudio 
completo de las sepulturas góticas de todas épocas, des- 
de las fúnebres y sencillas urnas levantadas en tas pa- 
redes de los claustros, hasta el trabajado sarcófago de 
los monarcas. 

A cada paso encontraba el viajero lápidas mortuorias 
con nombres de gran resonancia en la historia: D. Jai' 
me Zarroca, obispo de Huesca y canciller del rey D. Jai- 
me, cuya urna se veia majestuosamente coronada por 
una estatua de hábitos pontificales; D. Guillen de Al- 
carraz, así llamado porque ganó á los moros el lugar y 
el castillo de aquel nombre; D. Ponce de Perellós, em- 
bajador de Cataluña en diversos puntos; D. Rodrigo de 
Rebolledo, barón de MontcMs, capitán insigne, que fué 
sepultado en la urna labrada para el Prokom vtnculador, 
vizconde de Cardona, cuando se trasladaron estos res- 
tos á la que dejamos descrita al hablar de los panteo- 
nes de aquella casa. 



328 VÍCTOR 

Alli tenían tumbas más 
milias de Zacirera, Alañá 
ra, Timor, Castelloni, Cat 
ñera, Guimerá, Montpahó. 
Rocafort, Morell, Puigveí 
guardaban los restos de i 
eclesiásticos, de los abade: 
jes de la casa que, por sus 
cieron enterramiento singí 

Pero entre tantos y tan s 
bía en el templo, uno solo 
ra curiosidad, con devocí 
por el vulgo, que acudía at 
Verdad es también que el 
pañar á los visitantes y dt 
del templo, les conducía, : 
con preferencia sobre las n 
capilla de las santas reliqui 
estaban los restos mortales 
lar y expresiva veneración 
un nicho levantado de tien 
Epístola. Tenía este nicho 
de hierro dorado, que pern 
cubierta con un magniñco 
ella este letrero: 

Hic jacet venerabilis F 

Hay que referir la histor 
ria imperdonable su olvido 
leyendas de Poblet; pero di 
no pierda su sello especia 
con aquel color distintivo ' 
que la cuentan los cronista: 
tendió la fama del monje, i 
la Iglesia y como santo po 



iTjILUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 329 

OS de 1409, siendo abad de Poblet 
viviaen el monasterío un monje alto, 
joven, de buenas maneras y mejores 
lito y fama tales de perfecto religioso, 
cargo de bolsero, cuya ocupación )e 
de mayor independencia, facultado 
para ir donde bien le acomodase so 
obrar ó satisfacer. 

que, pasando por la calle principal de 
lejana de su convento, acertó á le- 
idad, la cabeza, que por prescripción 
la siempre baja, y pudo ver á través 
rasgados ojos negros relucientes co- 
), que le miraban de una manera ex- 
adre latir su corazón bajo el fuego de 
pretó el paso para alejarse, y por la 
ito desocupado en el refectorio, ayu- 
de contrición. 

'arias veces en días sucesivos, volvió 
/er aquellos dos rasgados ojos negros 
rse clavado en su corazón y que le 
or todas partes, pues es fama que los 
y soledad de su celda, en medio de 
i y penitencias áque despiadadamen- 
ra librarse de una visión convertida 
ante vértigo. 

I llegó un día en que, al pasar por la 
L, y abierta de par en par la ventana, 
dorable mujer, cuya tez hubiese do< 
le España. 

[nuy conocida en la comarca, de sin- 
de costumbres francas y verdadera- 
L quien llamaban la Morena del Mas 
ia de una deliciosa casa de campo ó 



1" 



330 



VÍCTOR BALAGUER 



granja que existía en el centro del frondoso y agreste 
bosque del Tillar. 

Los cronistas populetanos no pasan porque fuese 
aquella mujer la arrogante y seductora Morena del Mas^ 
y sientan que era el mismísimo Satán en forma de en- 
cantadora hembra para conseguir la prevaricación del 
monje. Y acaso no andaban desacertados en su juicio, 
pues no fué, de seguro, aquélla la vez primera en que 
se vio al demonio parapetarse tras los ojos negros ó azu- 
les de una mujer hermosa. 

De todos modos, y sea de ello lo que fuere, la More- 
na del Mas era la penitente, la amiga ó la parienta de 
un religioso del convento de franciscanos de Montblanch, 
llamado Fr. Anselmo Turmeda, varón de reconocido 
saber y de gran palabra y elocuencia, cuyos famosos y 
notables sermones había tenido Fr. Marginet ocasión 
de oir y admirar repetidas veces. 

Por medio de la Morena del Mas llegaron á intimar 
Turmeda y Marginet, haciéndose grandes amigos y 
compañeros, y viviendo largo tiempo en estrecha y cor- 
dial fraternidad; pero siempre sojuzgado Marginet á 
Turmeda, á quien miraba como hombre de g^ran talen- 
to, juicio confirmado más tarde por la historia, aun 
cuando comenzara ya á murmurarse en Montblanch y 
en sus alrededores de la conducta un tanto misteriosa 
y un tanto relajada del fraile franciscano. 

Ocurrió por entonces la muerte del rey de Aragón, 
D. Martín el Humano, que murió sin hijos, terminando 
con él la línea masculina de los condes de Barcelona 
en el trono, y el país quedó entregado al embate y dis- 
cordia de las pasiones, avivadas por el celo y las intri- 
gas de los pretendientes que se presentaron á disputar 
la corona, algunos con las armas en la mano. Por al- 
gún tiempo, que venturosamente no se prolongó mu- 
cho, gracias á la sensatez y cordura de los prohombres 



.UÑA — LAS RUINAS DE POBLET 33 1 

ña, el reino ardió en bandos y en 
emación y el terror se apoderaron 
) nuncio todo de trastornos y ca- 
ído, á principios de aquella época 
io el año 1410, comenzó á decirse 
llar, en la casa de aquella morena 
¡ros, se reunían los partidarios de 
;ntes al trono vacante, acudiendo 
siniestro aspecto, y congregándose 
or de la oscuridad, en tumultuosa 

aroR colgados de un árbol del bos- 
iosos, uno de cisterciense y otro de 
mo dia se notó en el monasterio de 
nto de Montblanch la desaparición 
'urmeda y de Fr, Pedro Marginet. 
la falta de los dos religiosos en sus 
s, cuando se comenzaron á referir 
de dos famosos bandoleros que re- 
ecinos, usando traje de caballero y 
L mujer vestida de hombre. Decíase 
;ro en abundancia, y que con él se 
nte en los mesones, seducían á las 
leblos, y sólo con el puñal ó la ba- 
as autoridades y jurados que inten- 
.fueros. 

ite, aquellos dos bandoleros los dos 
ch y de Poblet, y la mujer que en 
;ompañarles la Morena del Mas. 
e Poblet hacia recorrer sus bosques 
ñas por los monteros y servidores 
j los jurados de Validara y otros 
veguer de Lérida intentaron pes- 
somatenes para dar con ellos: su 



333 VÍCTOR BALAGUI 

astucia les hizo evadir siempre la j 
rías fueron creciendo en tanto gi 
hablaba en todas partes, llegando ; 
rror de la comarca. 

Todo lo intentaban y á todo se 
doleros. No había sagrado que le: 
que no burlasen, honor que no atr 
no desobedeciesen. Unas veces s( 
cuando más de la gallarda moza 
ayuntándose con los partidarios d 
dos en armas; á veces rumbosos y 
les y asesinos; escalando conventos 
do castillos y ma^as, poniendo á ( 
blos, riñendo verdaderas batallas i 
res, despojando á viajeros, apodei 
determinadas y sometiéndolas á re 
suerte de aventuras y héroes en ti 
nes, llegaron á tal punto de crecí 
más de una vez, según parece, huí 
mente en tratar con ellos y llama 
ciéndoles con el perdón de sus mal 
ta honores que satisfacer pudieran 

Pero vino en esto el año de 141 
á regir la abadía de Poblet D. Juai 
cho; y aun cuando quedaban en C 
bandos que se habían disputado la 
encaminarse á la paz, con la acepta 
Femando el de Antequera. Cada es 
á su antiguo orden y disciplina, y s 
llegaron á formal rompimiento los 
que las memorias que existen nos c 
no sea lo que suponen los piadosos 
atribuyendo en Turmeda la hdelida 
turas, y en Marginet el deseo de ai 
mienda. 



TALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 333 

to entre los dos antiguos monjes, no 
tneda, por el pronto, en su nueva se- 
cólo s! diremos de él que fué á parar 
inegó de la religión cristiana, convir- 
1 deMahomay comentador del Aleo- 
ida, según parece, como mártir, pues 
do al cristianismo, y fué bárbara- 
or los infieles; pero de todo Jo refe- 
naje hemos de ocuparnos luego con 

lomento nos importa, es seguir en la 
ida á Marginet, quien, rotos ya sus 
n, apareció un día inopinadamente en 
s, que eran labradores del pueblo de 
stóles su propósito de cambiar de 
is dos mujeres que en su compañía 
iis acaso la Morena del Mas, para que 
e dirigió al monasterio de Poblet sin 
rse de su traje de bandolero. 
la tarde, víspera de la fiesta de Nues- 
en que los monjes acababan de reu- 
ipitular. Presentóse de repente Mar- 
nbrados religiosos, y cayendo de ro- 
la sala, y prorrumpiendo en sollozos 
ana piedra se daba violentos golpes 
IZÓ á decir: 

don! Soy un miserable, soy el que 
ía Fr. Marginet, y después Marginet 
;o á implorar de la misericordia di- 
mis crímenes y culpas. Recibidme 
I seno, dejadme morir entre vosotros 
nis penitencias la gracia del Señor. 
quí, no me abandonéis, no me mal- 
Soy un pecador arrepentido, y á todo 
ial 



334 VfcroR BALAGUBR 

Con éstas y otras palabras y con 1 
arrepentimiento, Marginet conmo 
ista llegar el momento en que, 1 
lón el abad Mengucho y yéndose 
abrigó solemnemente con su ma 
ando: 

— Infinitas son la bondad y mi: 
n oveja descarriada torna al redil. 
scibámosla en nombre de Dios, ]l 

Y pronunciadas estas palabras, di 
3 para que se llevaran al penitente, 
al reinó por breves instantes. Vo! 
iento, y una vez allí alzó su voz ] 
— jDe rodillas, hermanos! Digan: 
rlayor es el gozo de ver á un pecad 
iventa y nueve justos sin necesid 
egocijÉmonos, pues, y demos grac 
ndo para el pobre arrepentido la 

! la misericordia infinita. 

Y todos los monjes cayeron de ro( 
imo nube de incienso, subió pura y 
es del trono del Eterno. 

Ya al llegar aquí los cronistas de 
ente Finestres, consagran extensa 
explicar la vida de arrepentimiei 
1 oración y de martirio á que desi 
;gó Marginet con todo el mismo a 
si asm o con que antes se entregan 
ra. 

Cuentan cómo pasaba los días en 
ción y el éxtasis, y cómo fué di: 
10 por todos los lugares que en 
indolera había seguido, haciendo 
emplar penitencia; refieren cómo 
1 vecino monte á proseguir su vid 



: CATALUÑA— LAS RmNAS DE P08LET 335 

IOS extraordinarios y sucesos milagrosos; 
[ué excitándose la pública curiosidad y 
neración del pueblo hacia el monje-ban- 
n, por fin, sus visiones y portentosas cu- 
: y de cómo las campanas tocaban solas 
de cómo recibía extrañas visitas de ten- 
ios; y de cómo por las noches, estando 
lertas del templo, se abrían éstas por si 
e paso y permitirle hacer oración ante 
ie cómo veía bajar y subir cohortes de 
ablillos por las cuerdas de las campanas; 
lia le encontraron cabalgando sobre una 
ra, de la cual estaba pendiente una gran 
o allí por invisibles espíritus infernales; 
i vez disipó con sólo una señal una gran 
ba á caer sobre la comarca amenazando 
ie cómo otra vi6 á los ángeles subir en 

el alma de aquella triste Doña Leonor 
i moraba en una ermita próxima; y de 
arrebatado por seres invisibles mientras 
:ión y transportado instantáneamente á 
habló con su amigo el renegado Turme- 
nvenció de que debia volver al seno del 
jendo con esto causa de la conversión 
[idolero; y de cómo, últimamente, pues 
ir nunca, acaecieron al eremita tales y 
s sucesos y fué objeto de tales y tan m¡- 
s, que á una voz sola y á grito unánime 

la comarca hubieron de darle por santo, 
lias Marginet en opinión de santidad el 
e 1435, siendo enterrado en la iglesia á 
:ar mayor; y como fuera muy concurrido 
sepultura y continuara en muerte, según 
istas, los milagros que hiciera en vida, 
por los años de 1490 se colocaron sus huesos en nueva 



336 VÍCTOR BALAGUER 

umba y en el nicho con reja dorada de que se habló al 
:omienzo de este relato, asistiendo á la traslación Doña 
juiomar de Portugal, esposa de D. Enrique de Aragón, 
lamado el infante Fortuna, que dio para cubrir su ataúd 
1 rico brocado en que aparecía envuelto á los ojos de 
US numerosos y asiduos visitantes. 

Tal es la curiosa historia de Fr. Pedro Marginet el 
nonje, el bandolero, el visionario, el santo, según con 
nás copia aún de pormenores, y también con más gol- 
pe de portentos y milagros, refieren los creyentes y 
encillos cronistas de la casa populetana. 

Pero todavía falta que decir algo de él, y mucho de 
u compañero Turmeda. 



edro Mnrginet y Anícimo Turmeda vindicados. — Tunueda tscrilor 
catalnii, filósofo y poeta. — Sus obras. 

Me he limitado á contar la vida de Fr. Pedro Mar- 
inet, siguiendo la pauta trazada por sus fervorosos 
ronistas y biógrafos. Todos, sin discrepancia ni des- 
cuido de ninguna clase, lo presentan como sencillo 
lonje en su época primera, como bandolero y capitán 
e malhechores y foragidos en su segunda época, como 
Srvido penitente y piadoso eremita luego, y, por fin, 
omo venerable y como santo, sufriendo mortificado- 
es y martirios, teniendo éxtasis prolongados, gozando 
e visiones celestiales, comunicándole Dios la virtud y 
I poder de hacer milagros. 

Así es como aparece Fr. Pedro Mai^nct en todas las 
roñicas populetanas y en todas las vidas de venerable 

santos catalanes. Así aparece igualmente, aunqi 
3n más accidentada vida y muerte trágica, su cooipa 



LUSa — LAS RUINAS DE POBLET 337 

r, Anselmo Turmeda; pero hora es 
es justicia, aparezcan también bajo 
lerecbo á ser juzgados imparcial- 
del fanático por un lado, sin el 
por otro. 

o, conviene decir y consignar que 
misterio, misterio que proseguirá 
lenetrable, en la vida de aquellos 
do de seguro exagerado las fecho- 
exagerar su santidad y milagros, 
intencional mente, acaso, la vida 
presentar convertido por la apari- 
lacoreta Mai^inet. 
indolerísmo, hay que andarse con 
todo cuando se trata del bandole- 
specialmeote en épocas tan revuel- 
bandos genuinamente políticos, 
omienzos del siglo xv. Ya en otro 
istrar un día, y creo haberlo con- 
)Iero catalán no era el malhechor 
tampoco el ladrón y salteador de 
fine el vocablo, sino el hombre de 
a bandosidad, facción ó partido i. 
:r, á sospechar al menos, que Tur- 
desaparecer de sus conventos y al 
:bieron añilarse á uno de los ban- 
rían la tierra apellidando patria y 
. si es que en realidad llegaron á 
sa que acaso no esté del todo averi- 
guada, principalmente respecto á Turmeda, no siendo, 
de todos modos, en este caso los únicos monjes á quie- 
nes, así en lo antiguo como en lo moderno, se haya vis- 
to figurar al frente de facciones, parcialidades ó bandos. 

I EiüiiíUf Imlirües y peliticM: Madrid, librería de San Martín. 
TOUO XIX 32 



338 , VÍCTOR BALAd 

Pero en fín, sea de ello lo que 
demostrar es que entrambos, asi 
meda, distaban mucho de ser 1 
eran, por el contrario, de inte) 
tiempo, muy singularmente Ti 
filósofo y gran poeta. 

Poco, realmente, se sabe de 
este terreno, pero es lo suficient 
parece, debió ser orador de verd, 
las gentes iban en tropel á oírle, 
movedora palabra hizo entrar ei 
amotinados; los monjes consulti 
ron docto, y su voz era atendida 
sienes del capitulo; en varios 
aparece la primera después de li 
de gran consideración á su persi 
abad D. Juan Martínez de Meng 
cuencia y su autoridad se sobrep 
balas y manejos para la elecciói 
fué quien consiguió el triunfo de 
que residía en Barcelona, y cuí 
de salud y de modestia, se negó 
cribióle Marginet una carta pan 

Finestres publica esta carta e 
apéndice que consagra á traslac 
racteristtcos de la vida de nue 
Basta leer esta carta para que si 
la escribió era, á un tiempo, ur 
ter y una inteligencia. Esta sola 1 
ñero, bastó para que Torres Am 
en su Diccionario crítico de escrik 

Dos siglos después de su mi 
1625, dos comisarios apostólicos 
informados de cuanto se refería 
mos hablando, abierto expediet 



IA— LAS KUINAS DE FOBLET 339 

as y documentos que acerca de 
vos del monasterio, ordenaron 
ro de mármol ó de jaspe, con la 
ad que pudiere, para conservar 
ginet, lo cual no llegó, sin em- 

lad tuvo Fr. Anselmo Turme- 
biógrafos; la posteridad no le 
nvuelve ninguna atmósfera de 
61o de pasada se ocupan de él 
ita tratarle con desdén, y de se- 
cón la infamante nota de ban- 
dolero y renegado, si no hubiese convenido presentar á 
Marginet rasgando los aires en alas de espíritus invisi- 
bles para convertirlo á la fe y devolverle al seno de la 
Iglesia. Y, sin embargo, Turmeda están infínitamente 
superior á Marginet, que no hay entre ellos ni asomo 
de paridad siquiera, 

La vida de Turmeda la refieren los cronistas en po- 
quísimas palabras. Apenas ocupa un párrafo en las his- 
torias, y si alguna celebridad le otorgan, al reflejo de la 
de Marginet la debe. 

He aquí, en resumen, lo que de él dicen. Fué fraile 
franciscano de Montblanch; se hizo bandolero con Mar- 
ginet, ó mejor, arrastróle á él al bandolerismo; cuando 
Afarginet se apartó movido de arrepentimiento, prosi- 
guió Turmeda su vida airada; acabó por pasar á Tú- 
nez; bizose renegado para predicar el Alcorán, y un día, 
en ocasión de estar hablando calurosamente contra la 
fe, apareciósele como bajado del cielo el P. Marginet, 
y echándole en cara sus crímenes y reprendiéndole con 
severidad, le convenció de su error, consiguiendo su 
:omienda. Desde aquel momento Turmeda comenzó de 
luevo á predicar el Evangelio, en vista de lo cual el bey 
le Túnez le mandó cortar la cabeza por los años de 1419. 



340 VÍCTOR BAL/ 

A esto se reduce todo cuanti 

Pues bien; aunque muy á h 
obra que escribo el campo prop 
tión, he de decir, sin embargo, 
gran inteligencia hubo de ser 1 
to anduvieron desencaminados 
con tanto desenfado al que es v 
ría de las letras. 

Es verdad que Fr. Anselmo 
como Marginet; pero queda y 
hay que entender el bandoterii 
que pasó á Túnez; pero es m 
inverosímil, que renegase de h 
obras como La disputa del asj 
morales y cristianas, debió ser 
profundamente arraigadas, de 
gran alteza de miras. De esta: 
notables, no hablan una sola p; 
me refiero. 

La prímera se titula: Dispu 
selmo Turmeda, acerca de la na 
males, escrita por el diclto fraile 
año 1417. Escribióla Turmedi 
fué traducida al francés el í 
Buyson. 

Es un libro sumamente pere, 
y sutileza, en el que hay un v( 
sofia bajo una forma entretenic 

Finge el autor que, habiéndí 
gozar unos momentos de la so 
de las ciudades, tropezó, despi 
asamblea compuesta de todos 
en el mundo y congregados p 
juramento de fidelidad al león, 
mente proclamado. Uno de lo: 



(A — LAS RUINAS DB POBLBT 34I 

incia á la asamblea como mantenedor 
lisa: la de ser superiores los hombres 
r las excelencias del cuerpo y las do- 

:onces llama á Turmeda y le invita á 
la tomando parte en un debate públi- 
á un asno para que le replique, no 
dado su palabra real de poder argUir 
;do alguno á las iras de sus subditos, 
so, ni más nuevo, ni más original, ni 
lutileza y ñlosoHa, que este singular 

á todas las cualidades y circunstan- 
es, el elefante, el buey, el camero, el 
el águila, el tigre, el león, la hormi- 
el perro, el escarabajo, el caballo, el 
;., etc.; y después de larga discusión, 
da controversia, de fuertes razones 
leda, de discretas y profundas répli- 
I, acaba por demostrarse que sólo en 
ibre superior á los animales: en el al- 
íilo de Dios, dice Turmeda; frase ad- 
después debía repetir el gran Calde- 
1 una de sus obras inmortales ■, sin 
ro, que antes la habia pronunciado 
án. 

:no de discretos comentarios y pro- 
les acerca de la sociedad, la moral, 
etc., y se discurre muy juiciosamen- 

U rey la hacienda y la vida 

lan de dai- pero el honor 
jatrimonio del alma, 
I alma 56I0 es de Dios. 

(£1 AlcalJe Je Zalamea^ 



342 VÍCT< 

te sobre ios papas, los i 
nates, cod delicadas alu 
nes se induce á imitar i 
hormigas y de las langí 
dirigir á todos hacia la i 



Algo hay en la Dispu 
go hay efectivamente qt 
renegado ¿ Turmeda. I 
si mismo por boca de u; 
al león; 

— «Muy alta y venerai 
que recostado veis á soi 
ción catalán, natural de 
por nombre Fr. Anselm 
y entendido en toda cier 
gia, y es oñcial de ¡a ad 
noble Maule Brafet, rey ; 
y gran escudero de dich< 

Pudiera deducirse de 
había apostatado, pues : 
ñel; pero, como no sea < 
pirítu y el texto de la obi 
resulta verdadero y ciei 
extendido en general sol 
todavía mayor tocante 
Nada de positivo se sab< 
de un hecho que él mi 
con el asno, haciéndolo 
animales interlocutores. 

El gobernador del casi 
al pasar de Sicilia á Cal 
tos contraríos á refugiar 

Túnez. Una vez allí, encontrándose falto de víveres j 
refuerzos, envió por ellos á tierra, y echándolo de ve? 



ATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 343 

ando llamar á los mensajeros del go- 
¡o: 

I vituallas y llevadlas á vuestro señor, 
i parte y diciéndole que yo le suplico 
equeño servicio de mí, su humilde ser- 
ijo, y devolvedle sus dineros; y si ne- 
i cosa, que me lo mande á decir, pues 
jjera será servido. 

i6n, que ya no es posible interpretar 
n pudiera tomarse la otra, se ve que 
aba en Túnez Fr. Anselmo, lo cual de- 
staba alli como renegado, 
de Cáller agradeció mucho la atención 

y asi se lo manifestó desde su nave 
L carta que le escribió dándole las gra- 
uestras también de cortesía, pues que, 
idelante el libro, al llegar Amoldo de 
tnviS á Túnez, con destino á Fr. Ansel- 
míe de muchas y gentiles cosas. No bu- 
ucedido este cambio de cortesías y re- 
ballero cristiano y un renegado. 
ce positivo es que Fr. Anselmo murió 
)S de los enemigos del cristianismo por 
^lio. 

i Turmeda hay que dar cuenta, y tam- 
patente demostración de lo que vení- 

aun cuando, como luego se verá, pa- 
> contrarío de su portada. Me refiero al 
irnos morales y cristianas, preciosa obrí- 
»:er especial atención, que desde tiero- 
i hasta comienzos del presente siglo se 
las á los niños para enseñarles á leer, 
is en verso catalán, con unas poesies 
io y Juicio 6nal. Los versos, leídos hoy, 
I muy buenos, pero ni se hacían me- 



344 VÍCTOR BALAGUE 

jores en el siglo xv, ni en muchos 
la elevación de pensamiento que i 
poeta, y un poeta serio. 

Ya no se hallan ejemplares de i 
raros al menos. En mis mocedade: 
alguno, y últimamente mi excelen 
maestro Barbieri, que es tan entei 
sico como inteligente biblióñlo, < 
cías acerca de uno que existe en la 
de Sevilla, cuya papeleta traslado 
como fué copiada por el eximio m 

Dice así: 

Libre compost per frare | Ettcelm 
ció del ángel Custodi. 

Aquí la estampeta del impresor 
al verso de la portada dice: 

En nom de Deu sia: \ e delagli 
libre I cópost en Tuni^ p. lo Rev 
Encelm | Turmeda: en altra manten 
de al=: I gutts bos enseityames: jat 
haja se | guiís Empero pesen hauer 
gar los I a la geni. E per que deu h 
coin lo I sen cor ab gran esperanza 
men^a la hobra. 

Al fin se lee: 

Fonech esiampat lo pre— \ senl tractat en la insigne \ 
Ciutat de Barcelona per \ Duran Saluanyach. En pSy \ 
Mil. D. e. XXVII a iij d' I mes de setebre. 

En 8." g6t. de 16 hojas sin foliación. Sign. A — Bii 
La mayor parte en verso y con dos estampas grabad 
en madera (además de la del impresor), que represe 
tan, la una el Juicio final y la otra la Virgen de la Co 
cepción. En frente de la del Juicio ñnalse hallan los < 



mST. DE CATALUSA — LAS RUINAS DE POBLET 34 

lebres versos de la profecía de la Sibila, que se can 
en las iglesias de Cataluña por Navidades, cuyo es 
bulo dice: 

Aljom dtljttdiá 
parra qtd imrá ftt ¡erviei, etc. 

Este rarísimo libro se halia en Sevilla, Biblioteca 
¡ombina, bajo la sign. G. 3y — 36. Misceláneas in 8." 

Por lo que toca á la Disputa del asno. Torres An 
que no hubo de ver el libro, dice que se imprimió 
Barcelona el año 1609 con el titulo Disputa del ase 1 
tra frare Anselme Turmeda sobre la natura et nobleza 
animáis. 

Existen de esta obra dos traducciones en francés 
de Lión, más arriba mencionada, y La revancíie el c 
iré dispute de frere Anselme Turmeda contre les beles, 
Mathurin Maurice. París, i554. 

Este libro de Fr. Anselmo consta prohibido poi 
Santo Oñcio; pero debió de ser por siete pasajes n 
licenciosos que tiene al hablar de los siete pecados 
pítales, aplicándolos á los religiosos de su siglo. 

Es cuanto se me ha ocurrido decir sobre Margi 
y Turmeda, considerando que los lectores no toma 
á mal esta digresión ó paréntesis en el curso de < 
obra, ya que, en cierto modo, se trata de vindicar á 
personajes que de seguro no aparecen con su verdad 
carácter ni con su exacta üsoDomia en las historias 
los cronistas de Poblet. 



346 



SARRACENO, 
(Otra ley 



Lupo, el rey moro de ' 
te, hijo segundo de Almi 

Lupo estaba sentado < 
bosquecillo de olorosos r 
Ámete. 

¡El joven Ámete! La 
nunca mozo más gallard 
neja una lanza, nadie ce 
potro, nadie más que él 
die mejor que él sabe caí 
ventana. 

— Ámete — le dice Li 
me brinda con tregua; i 
mensajero que vaya en t 
el de Barcelona. 

— Yo seré ese mensaj< 

— Toma, pues, el me 
colta la flor de mis sóida 
senté al conde las mejo: 
rate y parte! 

— Sólo te pido el tiempo indispensable para besar la 
barba blanca de mi padre Almanzor, y dar un abraxo 
á mis hermanas Zaída y Zoraida. 

Voló Ámete á abrazar á su viejo padre y á sus be- 
llas hermanas, y en seguida partió. 



J 



CALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 347 

un potro cordobés, negro como la 
el viento en su carrera. Cuatro sol- 
guian. Era toda su escolta. Ámete 
. Era audaz y arrojado, valiente y 

s en Cataluña, atravesaban una tar- 
peso pinar, cuando les sorprendió la 
lo moro dijo: 

nuestra izquierda, á la luz del ere- 
mos montes soberbios que escondían 
rbante de nieblas; el sol, al retirarse, 

de sangre; el aire, que azota nues- 
un hálito de fuego. Vecina está la 

impestad: se lo dice á Ámete el vien- 
esiguales y furiosas ráfagas las cres- 
os pinos; se lo dicen esos ruidos sor- 
' lejanos que se oyen de noche en las 
se aproxima la tempestad, parecien- 
¡os por las fragosas sierras al sentir 
án. 

órnete, — la tempestad nos sale al en- 
ros, á escape! 
ho, y el bruto cordobés vuela, vuela 

águila que se lanza sobre la presa, 
ie la flecha que rasga el aire. Bien 
I sus compañeros. 

: compañeros, y en tanto el huracán 
1 viento silba como una serpiente en 

como un león entre los matorrales. 
:os son tronchados; los árboles más 
n por el camino. De la sierra bajan 
jue arrastran enormes peñas. El cíe- 
atara tas. 
rto sus cataratas, y el valiente potro 



348 VÍCTOR BALAGUSR 

ya tiene que saltar por sobre una 
atravesados en el camino, ya resbal 
diente de unas peñas, ya costea la p 
ta por las aguas, ya atraviesa á nai 
do es destrucción y muerte, todo te 
pronto 

De pronto un rumor de voces vi< 
el ruido del viento. Entre el desorde 
entre el rugir de la tempestad, entrt 
can. Ámete percibe, como á ráfagi 
rioso, melancólico, divino. ¿Es el i 
del Paraíso?.... ¿b es el himno de j 
malencos que gozan en la destrucci^ 
Amele siente una emoción ignorad; 

Siente una emoción ignorada ha 
acierta á preguntarse á sí mismo. 
ber. El huracán redobla su furia y 
dad. Los árboles pasan raudos por 
ras de gigantescos fantasmas; los m 
cruzan rápidos ante sus ojos como 
ño. Soto le falta empuñar una tea 
genio de la tempestad, cruzando coi 
jinete en su caballo negro, las selvas 
ra por dónde va, ignora dónde se di 
le guía. 

Su caballo le guia, y cuando por 
de un imponente edifício, al lado di 
meda, se eleva ante él. Ámete lo h¡ 
to un gigante con la cabellera sue 
atrás. ' ¡Oh, sorpresal El canto que 
oye aún de nuevo, pero más cercan 

Más cercano, como que sale del ii 
ñcio. Es un cántico nocturno, religic 
y poesía, entonado por acentos varo 
cucha un instante suspenso, y, en 



fcTALUÑA— LAS RUINAS DE POBLET 349 

irtir como un surco de luz rasgando 
Eando la lluvia que cae, atravesando 
el rayo en su seno, deslizándose por 
J y la cólera de los elementos. Ámete 
1 habla en su corazón, y arrastrado 

isconocido 

un impulso desconocido, abandona su 
ja caer á un lado muerto de fatiga, y 
ar la cerca del ediñcio. ¿Dónde va? 
'.... No lo sabe. 

o aquel cántico le fascina, le seduce, 

le, en ñn, como el imán al hierro, co- 

laríposa, como la libertad al cautivo. 

) el interior, atraviesa un jardín, sigue 

i un claustro, penetra en un templo. 

, alli, bajo las bóvedas sonoras, so- 

o, dulce y tierno, el cántico suena 

s divino, y las acordes voces ruedan 

oleadas de armonía por las cónca- 

. El templo está invadido por las ti- 

s luces brillan en el altar. 

brillan en el altar, porque aquel tem- 

t y aquel canto la Salve, es decir, el 

fervoroso saludo que al aparecer los primeros albores 

de la mañana dirigen á la Reina de los Angeles los co- 

razones cristianos. Las tres luces son en recuerdo de 

aquéllas otras tres que los solitarios de Lardeta y el 

ejército de Berenguer vieron un día brillar sobre la 

alameda. Ámete se apoya en una columna, y llora. 

Y llora copiosamente. Hora sin tregua su infancia 
pasada en el error, su juventud- transcurrida en la obce- 
cación . Ámete se siente renacer, siente bullir en su alma 
un mundo de nuevos sentimientos, y las lágrimas que 
vierte son el bautismo que puriñca y lava de la culpa sus 
horas de ceguedad y de engaño. Ámete cae de rodillas. 



35° VÍCTOR BAU 

Cae de rodillas, y entonces, 
unos seres extraños, cubiertos 
pajes, empiezan á deslizarse p< 
monjes que se retiran del coro 
diñada la frente, murmuran< 
del dia. 

Un monje repara en Ámete 

— ¡Nuestro padre San Be 
morol.... ¡Un moro en la casa 

— jUn moro! — repiten los dei 

Y todos se echan atrás horr 
nal de la cruz. 

Sólo el abad se adelanta. 

— ¡Quién eres? — le dice. 

— Soy Ámete, el hijo del re; 

— ¿Quién te trajo aquí? 

— La tempestad. 

— ¿Dónde ibas? 

— No lo sé Ya no lo rec 

— ¿A quién buscas en estos i 

— A Dios. 

— ¿Qué le quieres? 

— Quiero pedirle que me de 
que me deje ser uno de vuestro 
vestir ese ropaje que vestís V( 
esos cantos que me enajenan, 
adorarle, la frente en el polv 
cielo, como hijo de cristianos. 

El abad se volvió hacia los : 

— ¡Acercaos, hermanos!... 
entrar en el camino de la virtí 
y demos gracias por ese nu( 
nuestro padre San Bernardo! 

— [Bernardo! — exclamó el n 
ro llamarme de hoy en adelan 



^TALUKA — LAS RUINAS DE POBLET 35I 

tras. 

!S hubo en Foblet un monje más que se 
un monje virtuoso y santo, cuyos re- 
iiya austeridad y penitencia, cuya as- 
lieron el que volase la fama de su virtud 
motos confínes. 

is la caridad en Poblet fué más abun- 
lares los pobres que acudían á sus puer- 
do Bernardo el despensero, ni un solo 
«tiraba sin ser socorrido. 
:s todos pedían ver y besar la mano del 
ma que habiendo un día el abad repren- 
ro por su prodigalidad sin límites, Ber- 
1 graneros intactos y aumentadas las ar- 

ís había crecido el número de los con- 
cón sus consejos, Bernardo atrajo á la 
3 á una paríenta suya llamada Doray- 
y á otros muchos sarracenos de la mis- 

rdo se presentó al abad y le pidió su 
ermiso para emprender un viaje. 
ieres ir, hermano? — le preguntó el abad, 
, á Carlet. Tengo allí unos hermanos, 
D abrir á la luz y cuyo corazón á la fe. 
su bendición, pero diósela llorando. 
ios que regreses! ¡Permita Dios que no 
halles en tu camino la palma del sufrimiento y del 
martirio! 

— Hágase la voluntad del Señor, — dijo Bernardo 
despidiéndose del abad. 

Bernardo marchó y llegó á su país. Su anciano pa- 
dre había muerto, y su hermano Almanzor era rey de 
Carlet. Quiso ver á sus hermanas Zaida y Zoraida. 
Las dos le recibieron llorando. 



35^ VÍCTOR BALAGU 

— Os traigo á cada una una crt 

Y desde aquel día, Zaída y 
María y Gracia; pero lo que hab 
dos hermanas, no pudo lograrlo de 
2or. El corazón de éste era dui 
Ningún presente quiso admitir, n 

— No te conozco— dijo á Bei 
eres, renegado. Sólo puedo dec 
pronto hacia aquéllos que te en' 
dejará de brillar para tí. 

Bernardo fué entonces en busci 
ría, y les dijo: — Vamos. 

Y los tres partieron. 

Al saber Almanzor la fuga de 
apresurado tras ellas al frente de 
ceños. En vano huyó Bernardo 
embarcar á sus hermanas y salva 
alcance, degolló á las pobres niñ 
á Bernardo á una encina, arranct 
raba el timón de la barca en que 
tivos, y lo mandó clavar en la fren 
misericordia. 

Bernardo murió como el Redei 
verdugo. 

Cuentan las leyendas que medi 
go que el rey D, Jaime I hubo ct 
los moros, fué advertido por unos 
los campos de Alcira ocurría i 
Junto á una encina, cerca del río, 
co de sangre fresca, y cada noche se iluminaba aquel 
sitio con celestiales resplandores. Acudió allí et buen 
rey, mandó cavar la tierra y hallóse el cuerpo de Ber- 
nardo 

Esta era la leyenda que se contaba ante la imagen 
de un monje con la frente atravesada por un clavo, que 



CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 353 

inos se detenían á admirar en Poblet; 
ría de San Bernardo de Alcira, el moro 
[ rey de Carlet, á quien el monasterio 
intó una suntuosa capilla de mármoles 
la con gran veneración por los devotos. 



XII. 



)b1el. — Alfonso el dr/a.— Fundación del monas- 
Jaime il dmqmtlader. — Hace cortar la lengua al 
y por quí. — Fundadún del monasterio de Benifazá 
ülorca. — D, Pedro il Cerímoaieío. — Visita de tos 
-Lo que sucedi6 con el aposentador de Felipe II. 



3 de Poblet se enorgullecía con el re- 
atas regias. Consideraba, en efecto, co- 
imbres más preciados el de haber ofre- 
i á todos ó á casi todos los reyes que 
)na de Aragón. 

Barcelona, D. Ramón Berenguer IV, 
veces en Poblet, atento á la edificación 
que con tan solícito empeño llevó á 

iu hijo el rey D. Alfonso el Casto, el rey 
nás propiamente debiera llamársele y 
lan las memorias literarias, consta que 
t muy á menudo, unas veces para vigi- 
trabajos de construcción, pues ya queda 
:ran solicitud prosiguió la obra de su 
padre, y otras tal vez para buscar en aquellas amenas 
soledades el descanso y el reposo que necesitaba su vi- 
da, agitada y febril como la de ningún monarca. 
El antiguo bosque de Poblet, hoy ya desaparecido, 
Touo :tix 23 



\ V(CT0R BALAGUER 

:11a grandiosa y secular selva, de que los cronistas 
an con embeleso, como de un sitio lleno de encan- 
' amenidades, vio sin duda pasear muchas veces 
;ntre sus árboles al rey trovador, en busca de solaz 

su ánimo preocupado y de soleded para sus seré- 
meditaciones. ¡Quién sabe si fué entre las delicias 
:]uel bosque, célebre en nuestras crónicas, donde 
tlfonso compuso alguna de aquellas trovas proven- 
i, sentidamente amorosas, que dirigía á Matilde de 
tagnac 6 á la vizcondesa Adelaida de Beziers, dos 
ntes y seductoras damas de su tiempo, á cuyos 

es fama que languideció de amores el monarca! Y 
ín sabe si fué también en las soledades de aquella 
i donde el ofendido D. Alfonso meditaba la mane- 
: contestar á los duros y sangrientos serventesios 
le dirigía el famoso trovador Beltrán de Born, su 
orable rival en amor y en poesía! i. 
e D. Alfonso se sabe que estuvo en Poblet, sin 
ar otras veces anteriores, por los años de 1174 y 
i, época en que otorgó escritura auténtica, ofrecien- 
nterrarse en dicho monasterio. También consta que 
vo el año 1190, acompañado de su hijo el principe 
'edro, aquél que fué más tarde llamado el Católico ó 

Muret, y de varios magnates, entre ellos el arzo- 
3 de Tarragona Berenguer de Vilademuls, Artal de 
;ón, Guillen de Granada, Lope de Daroca y Miguel 
,uesia ó de Lusia. Cuéntase que en esta ocasión el 
:ipe D. Pedro, á presencia del citado arzobispo y 
ís magnates, eligió sepultura en Poblet, con las 
ñas condiciones que la eligiera su padre, año de 
¡, otorgando de ello escritura que se guardaba au- 
ca en el archivo del monasterio. Sin embargo de 

Los que deseen tener má; detalles sobre esto, pueden hojear, si 
ice. mi obra Lat Tyovadffret en sus capítulos Aífema di Aragim 
•lar de Aquitania. 



\ 



MIST. DE CATALUÑA— LAS RUINAS DE POBLET 351 

esto, D. Pedro no fué enterrado allí, sino en Sijena 
donde llevaron su cadáver los caballeros y magnat 
que ensangrentado lo recogieron en las llanuras 
Muret, campo de triste recordación para nuestra h 
ton a. 

Volvemos á encontrar á D. Alfonso en Poblet dun 
te el mes de Julio de 1194. Las crónicas del monas 
rio hablan de una gran solemnidad religiosa, actuar 
como abad D. Pedro de Masanet, en la que el monai 
aragonés ofreció á su hijo tercero D. Fernando ala h 
jestad de Dios, dedicándole para monje de Poblet, coi 
así fué, en efecto. También en esta ocasión parece c 
D. Alfonso otorgó testamento, haciendo varias dor 
cienes al monasterio, legando al tesoro del mismo 
real diadema, ratificando su voluntad de ser alli en 
rrado y nombrando al abad uno de sus albaceas. 

Falta decir, pues es dato curioso, que en una de 
varias veces que D. Alfonso visitó nuestro monaster 
dispuso que doce monjes suyos pasaran á Aragón, de 
de el rey trovador fundó á orillas del rio Piedra, y 
amor de sus admirables cascadas, otra casa cistercit 
se, hija de Poblet, por consiguiente, que tiene tambi 
gran historia y esclarecidos recuerdos 1. 

Huésped fué de Poblet en varias ocasiones el 1 
D. Jaime I el Conquistador. Alli estuvo antes de ei 
prender la conquista de Mallorca, y en su iglesia tu 
lugar la solemne bendición de las banderas que i 
huestes catalanas llevaron á aquella gloriosa campar 
y alli volvió inmediatamente después de su conquisi 
en lz3o, apenas desembarcado en Tarragona, parad 
gracias á Dios por el éxito maravilloso de su jornac 
£n el monasterio pasó la octava de Todos los Sanl 
ocupado en dar aviso á todas las iglesias de sus rein 

1 Véase £1 manasltrie di Htdra, del mismo autor. 



355 V/CTOR BALAGUER 

Lra que celebraran solemnes ceremonias en acción de 
acias al Señor, convocando al obispo de Barcelona y 
otros prelados para tratar del nuevo obispado que ¡n- 
ntaba fundar en Mallorca, lo cual sólo se resolvió des- 
les de grandes debates. 

También durante su permanencia en aquel retiro, 
orgó formal escritura para consignar que elegía allí 
pultura, como sus antecesores, y acordó, con el abad 
. Amaldo de Gallard, la manera de proveer á la fun- 
ición del monasterio del Real de Mallorca, que quiso 
ese de Ja orden del Císter é hijo de Poblet, como con 
ledra hiciera su abuelo D. Alfonso. 
De nuevo volvió D. Jaime á nuestro cenobio dos 6 
es años más tarde, allá por los de i233, y también 
itonces encargó al que era su abad, D. Vidal de Al- 
laire, la fundación de otro monasterio, el que se lla- 
ó de Santa María de Benifazá, haciéndole donación 
ira ello del castillo de Benifazá y otros lugares en el 
ino de Valencia, cuya conquista había emprendido. 
Y por cierto que no merece desaprovecharse esta oca- 
5n que se ofrece para referir lo que se cuenta acerca 
: esta fundación. 

El cronista valenciano Beuter dice que el rey Don 
lime mandó un día cortar la lengua al obispo de Ce- 
na, Berenguer de Castellbisbal, por haber revelado 
ertos asuntos que en secreto de confesión le comuni- 
ra, relativos á sus amores con la célebre y hermosa 
ima Doña Teresa Gil de Vidaure. Arrepentido lu^o 
rey, acudió al Papa pidiendo )a absolución, que se le 
ó mediante su promesa de fundar un convento de la 
den de San Bernardo, lo cual cumplió dando comí- 
an al abad de Poblet para fundarlo en términos de 
orella y en un lugar llamado Benifazá. 
El hecho es cierto; pero no fué la fundación de San 
María de Benifazá, sino su terminación y engrande 




HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 357 

cimiento, lo que se impuso por penitencia á D. Jaime. 
El hecho es cierto, repito, aun cuando se haya pro- 
^ curado negarlo con insistencia; aun cuando muchos 
cronistas lo hayan refutado ó falseado; aun cuando la 
censura oficial obligara á Zurita á borrar en su segunda 
edición de los Anales el pasaje relativo á este suceso 
que se imprimió en la primera; aun cuando Abarca se 
extendió en largas y difusas consideraciones para de- 
mostrar la poca consistencia y falsedad del hecho; aun 
cixstndo, por fin, en nuestra misma época lo haya rotun- 
damente desmentido un cronista de Gerona, que lo atri- 
buyó á invención y fábula del autor de estas líneas por 
haber dado ligera cuenta de ello en la Historia de Cata- 
luña. Hoy no puede caber ya la menor duda. La crítica 
histórica demuestra, con la innegable lógica de los do- 
cumentos, la verdad del suceso. 

Lo que todavía está oculto bajo un velo impenetrable 
hasta ahora, es la verdadera causa que indujo á Don 
Jaime á hacer cortar la lengua al obispo de Gerona. 
Aparece sólo como lo más cierto que el prelado reveló 
algo que en secreto de confesión le había confiado el 
monarca, queriendo así este último castigarle por don- 
de mismo había pecado; pero se ignora en qué consistía 
el secreto. 

El suceso se reduce á que el rey mandó prender y 
cortar la lengua á Fr. Berenguer de Castellbisbal, es- 
cribiendo, poco después de esta horrible mutilación, 
una carta al Sumo Pontífice dándole cuenta de los mo- 
tivos que tuviera para proceder tan cruelmente contra 
el obispo, y pidiendo ser absuelto. El texto de esta carta 
no es conocido; pero sí la respuesta del papa Inocen- 
cio IV, dada en Lyón, de Francia, á lo de las calen- 
das de julio del año III de su pontificado (22 de Junio 
de 1246), la cual transcribe Odorico Rainaldo, sacán- 
dola del archivo del Vaticano. 



358 VÍCTOR B/ 

Por este documento y por 
en su Historia de Poblet (apé 
tomo II) copia y extrae Fint 
ciliación del rey D. Jaime, c 
conserva en el archivo de ] 
marcha y consecuencias de a 

Se obligó á D. Jaime á peí 
po, á levantarle el destierro i 
nocer su culpa en junta de pi 
nos de sus reinos, acto que ti 
de Noviembre de 1246. Hecl 
solverle los legados pontifici< 
nitencia que terminase el me 
do para la fábrica de su igle: 
bienes suñcíentes á ñn de ma 
vez de zo como se había fija( 
ción del hospital de San Vici 
ner la renta anual de 600 m: 
dase además una capellanía 
Gerona. 

Volvamos ahora á las visi 

Las crónicas hablan de do 
efectuó al convento enjunio d 
sin que mencionen cosa part 

También estuvo el año i3; 
nigno, que habia ido á celebr; 
Montbianch. 

Del rey D. Pedro IV el C 

existe recuerdo de haber ido ™ .. ^ „ „„„ 

rio, entre ellas los años de 1340, 1341, 1342, 1346 
y 1378. 

Los cronistas de Poblet dan gran importancia á la 
primera de estas visitas, suponiendo que el rey D. Pe* 
dro celebró en el monasterio Cortes ó parlamento; pero 
no fué asi. Lo que hay de cierto en ello es que Dod 



E CATALUSA — LAS RUINAS DE POBLET 359 

bía comentado ya sus arteros manejos 
Tie de Mallorca, su deudo, cuyo reino 
]uiso tratar este asunto en consejo pri- 
mas personas de su confianza, y citó para 
ios los infantes D. Pedro y D. Ramón 
BU hermano el infante D. Jaime conde 
I arzobispos de Tarragona y Zaragoza, 
irida, á varios otros prelados, á diferentes 
eino, y también á algunos síndicos de las 
idades. Tenía realmente la reunión un 
mblea. 
de lo convenido en este consejo, volvió 

el año siguiente de 1341, y allí recibió 
tres de su cuñado el reyD, Jaime III de 
' no llegaron á acuerdo, y poco tardó Don 
:nzar su proceso contra el de Mallorca, 
lamente hablan las historias, á las cua- 

cosa de este lugar, se remite al lector, 
el rey D. Pedro pasó todo el verano de 
341: en Poblet, acompañando á su espo- 
embarazada y que dio allí á luz una niña, 
e ser la infanta Doña Constanza, casada 

rey Federico II de Sicilia, 
lablamos las memorias de otra larga es- 
monioso en el convento, por los meses de 
\ de 1346, en cuya época expidió una or- 
biendo cazar en el bosque de Poblet, para 
ido Nos vengamos al tnonasterio, al cual 
'ecuenUmente y morar en él, podamos hallar 
ido bosque. 

encontrársele á últimos de Julio de 1347. 
> que aquél era el lugar á donde iba á re- 
dro para entregarse á sus meditaciones, 
. preocupación de ánimo le dominaba, ya 
! vemos ocuparse también en consultar 



360 VÍCTOR BAL 

con ciertos magnates y con lo 

dos del país acerca de si la inl 

hija que le nació en Foblct) po 

caso de no tener él hijos varoi 
Por las memorías antiguas 

tuvo ocasión de albergar á muc 

D. Carlos II de Navarra; D. 

acompañando el cadáver de su 

mano; D, Fernando I, D. Jua 

Reyes Católicos, D. Felipe II 

chíduque Carlos, á quien los ca 

en lucha con Felipe V. 

De todas estas visitas realcE 

son especiales, y merecen pon 

á los Reyes Católicos y á D. 1 
En el año de 1493 se halla 

brando Cortes, los reyes D. Fi 

comunicaron al abad de Poblet; 

determinación de ir á visitar e 

real familia, tan pronto como 
El domingo 3 de Noviembn 

al monasterio los infantes D. 
jos de Boabdil el Chico de Gra: 

después de conquistada aquella 

tólicos. Eran jóvenes de veinti 
muy gallardos y nobles de ca 
anales populetanos, habiéndose 
á los monarcas. 

El sábado 9 de Noviembre, a 
cesa Doña Isabel, primogénita 
acompañada de nueve damas pr 
ba viuda por muerte de su esposi 
entró velada con su manto, sin 
secreto pasó á la iglesia, y de a 
casi siempre estuvo retirada en compañía de sus damas. 



^ 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 361 

£1 mismo día á las tres de la tarde llegaron los Re- 
yes Católicos D. Femando y Doña Isabel, con sus hi- 
jas las infantas Doña Juana, Doña María y Doña Ca- 
talina, acompañados de gran número de prelados, gran- 
des y damas, distinguiéndose el arzobispo de Toledo, 
cardenal de España y patriarca de Alejandría, que lle- 
vaba á la reina del brazo izquierdo; los arzobispos de 
Sevilla y de Cáller, y el obispo de Mallorca. Entre los 
grandes estaba el infante D. Juan de Aragón, duque de 
Villahermosa, y entre las damas sesenta hijas de du- 
ques, marqueses y condes, con más de quinientas mu- 
jeres de servicio de Palacio. 

Salió á recibir á SS. MM. el abad D. Juan Payo 
Coello, vestido de pontiñcal, con toda la comunidad, 
que se componía de 94 monjes profesos, 8 novicios y 35 
conversos. Apeáronse los reyes ante la capilla de San 
Jorge; abrióse la puerta dorada, y entrando los monar- 
cas en el atrio se arrodillaron y adoraron las santas re- 
liquias que llevaba el abad, dirigiéndose luego á la igle- 
sia, bajo el palio sostenido por los principales seño- 
res de la corte, y siguiendo toda la comitiva con los 
monjes que iban entonando el himno de Te-Deum lau- 
damus. 

En la iglesia, los reyes besaron las tumbas de sus 
padres D. Juan y Doña Juana, y terminada la ceremo- 
nia religiosa fuéronse al palacio del abad, donde tenían 
preparada habitación. La princesa Doña Isabel y las 
infantas con su comitiva se aposentaron en los ediñcios 
de la derecha de la plaza grande. El cardenal, arzobis- 
pos y obispos, con los más principales magnates, fue- 
ron hospedados en las antiguas cámaras reales del claus- 
tro de San Esteban, y más de trescientas damas en el 
salón de los arcos, que caía á espaldas de las cámaras 
abaciales, donde posaban los reyes, advirtiendo los ma- 
nuscritos de la época que fué cosa de grande ejemplo 



362 VÍCTOR BALAGUBR 

tanto silencio entre tantas mujeres, 
religiosas en dormitorio que damas 

Foco antes de anochecer llegó e 
hijo y heredero de los Reyes Católi 
ce años, que habia venido ca^andc 
lucida comitiva, siendo recibido po 
to con las mismas ceremonias que ; 

Al siguiente dia, domingo 10, qti 
las tumbas reales, algunas de las c 
tas, habiendo dado orden especial 
abriera la de su tía la infanta Doña 
infante D. Enrique, duque de Segc 
una dama muy hermosa. Largo ral 
bel contemplando su cadáver, y q 
cabellos, que eran muy rubios; peí 
el rey D. Femando. 

Los monarcas permanecieron tre 
terio, al cual aún vemos volver á D, 
de paso para celebrar Cortes en Bai 

Por lo que toca á Felipe II, estu 
ees en Poblet, una en 1564, siendc 
ques, y la segunda en i5S5, siéndc 
Oliver. 

De esta segunda visita puedo c 
curiosos, gracias á un manuscrito 
conté algunas memorias antigás y c 
por casualidad á mis manos, aunqu 
falto de algunas hojas, después de 1 
del archivo de Poblet. Lo que de es 
se conserva hoy en una vitrina de la 
Villanueva y Geltrú, donde lo depo 
sidades, pareciéndome que debió s 
como muy notable cita Finestres e: 
bUt, tomo IV, disertación 2.* 

AI dirigirse el rey Felipe de Zar 



CALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 363 

a, desde donde pensó marchar á Po- 
anticipación á su aposentador Pedro 
as para el abad D. Francisco de 01Í- 
ie le dispusiera alojamiento. Llegó 
1 monasterio á hora desusada, según 
rogancia y autoridad de mensajero 
e abriera la puerta diciendo que iba 
del rey de España; á lo cual replicó 
ue allí no conocían al rey ni era su 
lo, DO sin grandes dificultades, ser 
ador y costándole un triunfo llegar á 
Cuentan que, cuando Felipe II supo 
-fEI fraile dijo bien: dijérades vos 
; Barcelona, y viéradcs cuan de otra 
ra.» 
narca, referida por el manuscrito ci- 

Abril del anyo i585 pasó el rey Don 
:ñor por Foblete, á donde se izo lo 

lo salieron á recibir D. Abbad vesti- 
n todo este santo convento á la Puer- 
le adoraron la vera cruz Su Mages- 
infanta mayor, el duque de Saboya 
ita, y de allí le llevaron en procesión 
', á donde ie fueron todos á besar la 
[uiso dar Su Magestad, y ansí le be- 
umente con el príncipe, y luego los 
bras reales y los aposentaron á cada 
nde estubieron asta segundo día de 
charon á a3 de Abril de dicho anyo, 
icieron el mandato el rey y el prínci- 
aboya. Dieron de principio seis ser- 
5 de pescado y lo de postre, que son 
3e el mandato en el refitorio mayor. 



I I 



364 



vfCTOR BALAGUER 



El principe ponia el agua en el bacín, y cayó en tie- 
rra por causa que el panyo que traya cinydo le travo. 
También icieron mandato las infantas en la claustra de 
santo Esteban^ y también lo icieron muy lindo de 
todo. 

»E1 dicho día predicó Don Abbad, y el viernes pre- 
dicó el padre Tarros, y el día de Pasqua el padre Fray 
Ferrer, y este día dio de cenar el Abbad á las infantas 
en el huerto del prior. Dio á sus Altezas de todos ser- 
vicios 61, ansí de volatería como de conñturas. 

>Su Magestad traía 31 caballos de coche para sí, y el 
príncipe y las infantas 44 acas, 70 caballos de armas y 
tres sillas de oro picado. 

»La gente que Su Magestad traía. Presidente D. Joan 
de Zúñiga, comendador mayor de Castilla y aio del 
príncipe. El marqués de Aguilar, del Consejo de esta- 
do y guerra. El marqués de Denia, gentilhombre de la 
cámara. El conde de Buendía, sumiller del corp que 
biste el rey. El conde de Chinchón, mayordomo de Su 
Magestad. El conde de Fuensalida, mayordomo de Su 
Magestad. El conde de Uceda, mayordomo de Sus Al- 
tezas. D. Francisco Enríquez, de la boca. D. Fadrique 
Puerto Carrer, mayordomo de Sus Altezas. D. Joan 
Enríquez, mayordomo de Sus Altezas. D. Luis de Aya- 
la, de la boca. D. Sancho de la Cerda, de la boca. Don 
Philippe de Córdoba, de la boca. D. Pedro de Bobadi- 
lia, de la boca. D. Francisco Pacheco, de la boca. Don 
Henrique de Guzmán, de la boca. D. Joan Pacheco, de 
la boca. D. Diego de Córdoba, caballerizo de Su Ma- 
gestad. D. Luis Montfor, caballerizo de Su Magestad. 
D. Albaro de Chiroga, caballerizo de Su Magestad. 
D. Gonzalo Chacón, caballerizo de Su Magestad. Don 
Pedro de Guzmán, caballerizo de Su Magestad. Don 
Joan de Velasco de Obando, caballerizo de Sus Alte- 
zas. D. Alonso de Zúñiga, gentilhombre de la cámara. 



'v V 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 365 

D. Pedro de Velasco, gentilhombre ut supra. D. Joan 
Diaz, secretario de Su Magestad. 

tD. Diego Enríquez. D. Rodrigo de Mendoza. Don 
Francisco Manriquez. D. Joan de Bracamontes. Don 
Joan Velázquez, hijo del conde de Uceda. D. Pedro 
Mejia, su hermano. Secretario, Mateo Vázquez- Li- 
mosnero Mayor. Confesor, Diego de Chaves. D. Pedro 
de Velasco, capitán de la guardia espanyola. D. Alon- 
so de Velasco, su tiniente. El conde Landró, capitán 
de la guardia tudesca con su tiniente. Mosén de Tinaz, 
tiniente de los archeros. Cien espanyoles de la guardia. 
Cien tudescos. Cien archeros y borgoñeses. 

•Damas: La condesa de Abero. La condesa de Pa- 
redes, camarera mayor de la infanta Isabel. Donya 
Sancha de Guzmán, camarera mayor de la infanta Ca- 
talina. Donya Anna de Mendoza, aya del principe nues- 
tro señor. Donya Mariana de Tharsis, duenya de ho- 
nor .de la infanta. Donya Anthonia de Mendoza, duenya 
de honor. Donya Anna Manriquez. Donya María de 
Aragón. Donya Joana Manriquez. Donya Mariana de 
Mendoza. Donya María Chacón. Donya Mencía de la 
Cerda. Donya Anthonia Manriquez. Donya Luisa La- 
zo. Donya Catalina de Córdoba. Mas 145 mujeres más 
de las sobredichas.» 

Hasta aquí el manuscrito. 

Con motivo de esta visita, Finestres y Serra y Pos- 
tius hablan de haberse llevado el rey como cosa curio- 
sa, tomándola del archivo de Poblet, una escritura an- 
tigua de la casa catalana de Alentorn, en que se expli- 
caba cómo un caballero de dicha casa tomó á censo 
cierta cantidad de dinero para un viaje á Jerusalén con 
objeto de ver y conocer al deseado Mesías. 

Asi como con tantos detalles hablan las memorias 
de Poblet de las visitas de los reyes, así hablan tam- 
bién de los entierros reales, describiendo con toda clase 



366 VÍCTOR BALAGUER 

de pormenores y minuciosidades la p 
nidad y el aparato con que los restos 
eran conducidos al monasterio y de 
tumbas. 

Suntuosas eran, en efecto, las ceren 
cían con motivo de los funerales. De: 
desde el punto donde el rey fallecía, si 
vado á Poblet á pequeñas jomadas, e 
cesión, con gran acompañamiento de 
nates, prelados, concelleres, diputado: 
dose en cada villa importante que se 
para las ceremonias de la Iglesia, ha; 
nasterio, donde eran recibidos los re 
tanta solemnidad como los vivos, ceit 
tosos funerales en que el convento de; 
fausto y grandeza. 



El abad de Poblet.— Sus litulús. rentas y grandi 
del monasterio. — Los abades de Foblet. — Arn 
Ponce de Copón s.— Guillen de Agulló.— Viceni 
línez de Menguclio. 

Cuando un conde de Barcelona y r 
de Aragón se acercaba á llamar á las 
nasterio de Poblet, el abad salía de su 
lar y recibía al monarca revestido co 
de obispo, rodeado de una corte y de 1 
remonial feudal, y llevando un num 
monjes parecidos á los antiguos cab£ 
por lo holgado y flotante de sus milita 
eos con cola, que arrastraban majes 
tan ostentoso el aparato, que un cui 



E CATALOtÍA— LAS RUINAS DE POBLET 367 

que veía, podía dudar cuál de aquellos 
el monarca, si el abad ó el rey. 
1 efecto, el abad de Poblet era un verda- 

iraba como el más rico y poderoso señor 
su tiempo, bajo cuyo dominio y autori- 
1 sujetos infinitos señoríos, que le ren- 
asallaje. Era abad de siete abades; era 
ifeta, y de Segarra, y de Urgel, y de Al- 

Qarrigas, y de Valencia; era señor de 
i; en lo temporal dueño de 19 lugares y 
. y yermos; en lo espiritual, jefe de dos 

comunidad, sin contar los títulos que le 
:omo rector nato de varias iglesias pa- 
Estaban bajo su patronato. 
■onías que le miraban como señor juris- 

las llamadas el Abadiato, Prenafeta, Se- 
.Igerri y las Garrigas, en Cataluña, y la 
laya, en Valencia; todas las cuales tribu- 
terio las décimas y otros derechos, reco- 
rd por señor absoluto, como que su do- 
)nfirmado por privilegios, reales decretos 
¡cas. 

constaba de los sitios y territorios pro- 
:erio, con sus bosques y cinco granjas, 

Riudebella, Milananda, Castellfulit y la 
:ares poblados de Vimbodí, Terrés, Se- 
quet, Fulleda, Vinaixa, Omedons, Pobla 
usell y Validara con sus términos, y tres 

llamados Torrellas, Cudós y Corregó. 
e Prenafeta, situada en el campo de Ta- 
nponía, á más del pueblo que le daba 
lugares de Figuerola, Miramar, Mas den 
spi con sus términos, y el de Montornés, 
spoblado. 



1 



68 VÍCTOR BALAGUSR 

^ de Segarra contenía las villas, lugaresytérmÍDOS 
Verdú, Grañanella, Sandomi, Solanellas, PuJgde- 
ges y la Portella. 

^ de Urgel abrazaba los lugares y términos de Cas- 
será, Fuliola, Boldú, Tornabous, Belcayre, Bel- 
nt, Buccenit y Móntale, y siete términos de lugares 
olados. 
^a de Algerrí consistía en'Ia villa del mismo nom- 

y los lugares de Menargues, Boix, la Fríguera y 
Lgó, con sus términos respectivos, y además tres 
niños yermos que eran los de Totredá, Salavert y 
iellas. 

jBl baronía de las Garrigas contenia los términos y 
ares de Juncosa, Torms, Solerás, Albages, Cugal y 
Besas, con los cinco términos despoblados de Mont- 
st, la Cova, Sisquella, Hospital de Riu de Set y 
Idereig. 

A baronía de Valencia, de la cual desmembró el 
nasterío la villa de Castelló de la Plana y el lugar 
Montornés, que vendió al rey D. Jaime II, com- 
ndía un espacioso término en la huerta de Valencia 
na legua de la ciudad, y en él dos grandes lugares, 
nados Cuarte y Aldaya, con muchos censos y seño- 
directo sobre dos molinos y diversas casas y campos 
la ciudad y huerta de Valencia. 
£n cuanto al dominio espiritual, estaban sujetos al 
lasterio: 

51 priorato de San Vicente mártir, eTttrammxis de la 
lad de Valencia, y los de Nazareth en Barcelona y 
Estra Señora del Tallat, situado á la vista de Poblet. 
íl abad era rector nato de varias iglesias parroquia- 

y tenía bajo su patronato diversas vicarias y mu- 
s beneñcios en ciudades, villas y lugares de Cata- 
a y Valencia. Era, á más, limosnero mayor del rej 
e la real familia, con facultad de enviar á la cortí 



^TALUSa — LAS RUINAS DE POBLET 369 

bíet como lugartenientes suyos; y era 
s dignidades, vicario general y rector 

Bernardo en Huesca. 
es y monjes, Poblet cuenta algunos 
r célebres en sus tiempos y supieron 

mundo por sus virtudes, sus talentos 
ndo nombre y huella. No deben ser 
almente, los siguientes, de quienes; 
de reunir algunos datos: 
'iipolL Fué doctor teólogo de la uni- 

catedrático y regente de estudios en 

Bernardo de la misma universidad, 
.3o. 

rl. Era hombre de gran sabiduría, y 
ser celebrado y escogido con otros 
ra impugnar los dogmas y espurgar 
so Arnaldo de Vílanova, 
rra, del siglo xvir, maestro en teolo- 
ts obras religiosas escritas en latín, 
e ellas su Speculum predicatorum ver- 

'It, del mismo siglo que el anterior, y 
ue era escritor culto y erudito ea ia- 
ej6 varias obras manuscritas. No está 
diccionario de Amat. 
ervera, del siglo xiii. Fué un caballe- 
la noble familia de su apellido, y pa- 
!ente trovador; pero mandó quemar 
poesías cuando se hizo monje de Fo- 
¡me el Conquistador le distinguió mu- 
onsejero, encargándole la educación 
i. Tampoco lígura en el Diccionario 

tres, varón erudito y muy versado en 
n dice Torres Amat. Es el cronista 
H 



37° VÍCTOR B 

de Poblet. Su historia de este m 
1150 hasta el de 1752, está llena 
buena obra de cousulta y archiví 
tes noticias. No se lee con gusto, 
cío que tenían por lo general las 
pero se consulta con provecho, y 
profundos estudios y de pertinacf 

Son muchos los monjes de P 
este monasterio para ir á ocupa; 
en abadías, obispados y hasta cj 
cardenales. Esteban de San Mart 
Huesca en 1166; Ramón de V 
1209, sede que ocuparon tambii 
de Filella y Ramón de Ostalrích, 
naldo de Amalrich, de quien aún 
fué arzobispo de Narbona; Arnal 
de Aix; de Segorbe lo fué Simói 
ti, en Sicilia, Lorenzo Maza; de 
rici; de Lérida, Ramón Sisear; d 
ménez Cerdán; de Solsona, Frant 

Juan Martínez de Murillo, moi 
púrpura cardenalicia; y fueron a 
de Huerta, Juan Magdalé; del de 
fante D. Fernando; del de Veruel 
de Rueda, Bernardo de San Ron 
y Juan García; del de Escarpe, J 
Gomar, monjes todos de Poblet. 

Entre sus abades, el monasteri 
eminentes, algunos cuyo nombí 
gloria y con estruendo en los ana 
tria: 

A^naldo de Amalrich era abad de Poblet por los años 
de 1196. Hubo pocos hombres de tan agitada vida yde 
tan varia fortuna. Tengo hablado de él muy extensa- 
mente en mi Historia de los Trovadores: Es una gran 



lS ruinas de poblet 371 
uadro dramático, y extraordinario ser- 
. la historia quien en detenido estudio 
;ara de poner en claro todo lo relativo á 
Poblet, que á tan alto rayó, ya fuese 
le las tremendas acusaciones que se le 
para presentarle con recta justicia an- 
ia historia. 

;nz6 por ser monje en Poblet, luego 
después abad; pero á más altos desti- 
;atro estaba llamado. Llegó á ser abad 
:ral de la orden; asistió al concilio late- 
; fué inquisidor general en Provenza, y 
la contra los albigenses, cruzada terri- 
lora que estaba destinada, en nombre 
verter tanta sangre y á llenar de estra- 
uelo de aquella hermosa é infortunada 
libertad y cuyas glorias acabaron á un 

le Amairich quien mandaba en el asal- 
:ziers. Cuando los habitantes de esta 
perdidos, se ampararon en tropel de 
ide se confundieron herejes y católicos 
■ el terror y pidiendo misericordia. Ar- 
dió orden de exterminarlos, y á él se ' 
horrible frase de oDegolladlos á todos, 
que ya Dios escogerá los suyos.» 

Como abad del Císter, dio al conde de Monfort, en 
nombre del Papa, la soberanía de las tierras conquista- 
das al conde de Tolosa y á los barones de Provenza; 
pero hubo de excederse tanto en el cumplimiento de su 
misión, que poco satisfecho el papa Inocencio III, en- 
vió á otro legado en su lugar. Esto no obstante, le con- 
firió el arzobispado de Narbona. Poco después vino Ar- 
naldo á España con objeto de unir á los reyes contra 
los moros, y estuvo en la famosa batalla de las Na- 



372 VÍCTOR ! 

vas de Tolosa, de la cual nc 

Al regreso de la guerra, 
Narbona, y habiendo roto 
abandonó su partido por 
quien tanto persiguiera anl 

Tal es, en breve resume: 
Amalrich, que fué el undí 
la cuenta de Finestres. 

PofKE de Copons fué el aba 
por los monjes reunidos en 
de i3i6, y por más de tre 
1348, gobernó el monaster 

De este abad guardan gi 
letanos; su vida alcanzó tr 
de hospedar en su casa á i 
me el Justo, D. Alfonso el 
monioso, consiguiendo de e 
vilegios para engrandecimi 
terío. 

Parece que era varón jt 
siendo solicitado su cons 
cargo, á las Cortes de Tan 
Tortosaen i32i, de Barce 

'en aquel mismo año, de Tv^.w^^. wi ^^^¿ j ^^ *.» 

na en 1339, 1340 y 1347; así como asistió también á 
nueve concilios provinciales tarraconenses, celebrados 
desde el año i3i7 hasta el de 1341. 

Fonce de Copons murió el año de 1348, víctima de 
una terrible peste que por aquel tiempo se desarrolló en 
Cataluña, y que diezmó el monasterio de Poblet, donde 
en sólo el mes de Julio murieron 59 monjes y 3o con- 
versos. 

En el número de los abades que más nombradla de- 
jaron, hay que contar también á D. Guillen de Agidlóy 
D. Vicente Ferrer, que son el xxv y xxvi de PoWct, 



LINA — LftS RUINAS DE POBLET 373 

cuenta de Finestres. El primero 
ido de D. Pedro el Ceremonioso, y 
taron las murallas del convento. 
'errer, fué tío de San Vicente Fe- 
iólo se le parecía en la naturales 
ue también en virtudes y talento. 
ibades que se halla con el título 
era varón docto y entendido, y 
; 1415, en gran opinión de san- 
) en el Aula capitular, debajo de 

lee más inscripción ni epitafio 
c mei Dcus secmiduvi nvagnam mi- 
iras que pronunció al espirar. 

Juan Martínez de Mengticho, se 
moria en los anales populetanos. 
i el año 1413, gobernándola has- 
3nicas del monasterio dicen que 
lo, prudencia, doctrina, religiosí- 
o á ello debe añadirse también 
ico de su tiempo, y que supo con 
y llegar á los primeros puestos. 
) del rey D. Femando el de Ante- 

el parlamento de Caspe, figuró 
intrigas que prepararon el adve- 
narca, de quien fué consejero y 

o que después de haber sido Mar- 
rrimo partidario del papa Bene- 
^una), le abandonó por completo 

de San Vicente Ferrer y del rey 
,vor suyo estuvieron en sus prin- 
tlcularmente le debían. Así se ve 
:ho ir al concilio de Constanza, 

de Cardona, embajador de Don 
ictiva y abiertamente en aquel 



374 v/cTOi 

concilio contra Benedicto 
ponerse, nombrando en s 
es muy de notar, aun cu; 
muchos ejemplos de hum¡ 
nez de Mengucho debía si 
tamente á la elección de 
costumbre, sino á hombn 
nedicto. 

Pero de todo esto, y d' 
capítulo siguiente, dondf 
dignos de nota en que ai 
muy principal el abad de 



Suceso misterioso. — Bodas del r 
— Intrieas de la corte,— Muei 
Ben«dicto XIII, San Vicente I 
res de la reina. — Et niflo reco; 



El suceso de que se va 
nubes de misterio, y aune 
pertenece al drama 6 á 1 
tórica; pero la venturos 
populetano, el P. Finest 
rastro al historiador y al 
mente desperdiciarse la c 
y todos los días se viene: 
rigurosamente históricos, 
su dramática acción ó su 

Gracias, pues, al rasi 
(tomo III de su Historia o 
6 dicho sea con más prop 
que con el tiempo pudier 



CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 375 

< como pueden narrarse ai menos las co- 
1 asunto que es materia de estas lineas. 
> 1409 y ocupaba el trono de la Corona 
íy D. Martín llamado el Humano, viudo 
leras esposas y sin hijos. El único que 
n su primera mujer, llamado como él 
tellidado el Joven, acababa de morir en 
ir sucesión legítima. D. Martin el padre 
:oso y doliente, y con él concluía la lí- 
as condes de Barcelona reyes de Aragón. 
nzaba á temblar, pues veía cernerse una 
cías en el horizonte de su política y de 
a que, al morir el rey sin sucesión, el 
;ntregado á la lucha de los bandos y pre- 
amenazaban aparecer para disputarse el 
orona. Con terror se veía que pudiera 
; cumplirse la terrible maldición arrojada 
. Pedro el Ceremonioso y su descendencia 
)re singular y superior, todavía no bien 
; llamó Amaldo de Vilanova. 
ido las cosas públicas, los privados, los 
sino, las Cortes por medio de sus repre- 
¡onsejeros del monarca, todos se pusie- 
para influir en D. Martin é interesarle 
eras nupcias. A esto se avino por ñn 

se formaron inmediatamente en la cor- 
3ía que eligiera por esposa á Dona Ceci- 
!l conde D. Jaime de Urgel, á quien eran 
s catalanes, y en favor del cual paredan 
es probabilidades como sucesor del tro- 
Drir sin hijos el rey D. Martín. A efec- 
ice, tal vez los destinos de la Corona de 
ui sido otros, evitándose muchos distur- 
Fes al reino. 



37^ VÍCTOR BAL 

El segundo partido deseaba 
en Doña Margarita de Prade 
de singular hermosura, que si 
con la primera mujer del rey, 
este partido, que fué el que ac 
cía el P. D. Juan Martínez d 
Sicilia limosnero de D. Mari 
duda á esta circunstancia sei 
D. Martín padre, gran amadc 
morías de su perdido hijo. T 
P. Martínez de Mengucho infl 
ánimo del monarca para su re 

La bella Margarita de Prad 
gida, y sus bodas con el rey s 
ó casa de campo llamada Beli 
lona, al pie del Tibi Dabo, d< 
alcanzó á ver ruinas en su ju^ 
escribe. 

Desposó á los reyes Benedic 
reconocido entonces como pa] 
que anti-papa para otros; y d 
el sacerdote Vicente Ferrer, t 
en los altares, y á la sazón e: 
intereses de Benedicto XIII, 
tarde; como estaba estrechan 
en aquella época el P. Martínez 
pensaba entonces sin duda en 
pos, llegaría á ser abad de Pe 
su gran amigo y protector Bei 
había de faltar y ser traidor, 
Maestro. 

Vencida por las instancias 
San Vicente Ferrer y del P. 
confesor de Margarita de Pra 
hermosa dama por prestarse i 



TALUNA — LAS RUINAS DE POBLET 377 

snte y valetudinario D. Martín. Ha- 
:r á insondables profundidades de la 

que á las mismas del corazón huma- 
r explicarnos cómo aquella mujer, jo- 
3sa, noble, ardientemente apasionada 

gallardos mancebos de la nobleza, y 
a, se avino á contraer un matrimonio 
enado á ser estéril, á compartir un 
a sabido que debía salir doncella ca- 
n ¿I, y á ser cómplice de aquellas te* 
políticas y víctima de aquellos mise- 
ilcoba,que no lo fueron, sin embargo, 
r Lorenzo Valla, quien, aunque en 
on tremenda y prolija comp]a< 



ades estaba próxima á casarse con el 
na D. Juan de Vilaregut, mozo de 
idas, cuando las intrigas políticas la 
s del rey, que murió en Mayo de 1410, 
de matrimonio. 

argarita, reina viuda, se retiró al mo- 
mcellas, de religiosas cistercienses, 
por el pronto; y las intrigas políticas 
vos caminos, declarándose entonces 
Jan Vicente Ferrer y el P. Martínez 
lentes partidarios de Femando el de 
ra del derecbo, á toda razón legitimo, 

de Urgel para suceder en el trono 

s ocurrió, manifiesto está en las his- 
licen de qué manera fueron desarro- 
ptuidiosos sucesos, y de qué manera 
r aquel acto imponente y para siem- 
pre memorable de soberanía nacional, viniendo todo á 
terminar en el Parlamento de Caspe, donde San Vi- 



378 VfCTOB BALÍ 

cente Ferrer, uno de sus juece 
mwite con su elocuencia, que 
dora, con su aureola de saatid. 
el pueblo, y con su talento, fií 
en aquel hombre, realmente e 
carácter. 

El derecho del conde de Ui 
dente, fué desconocido, y proel 
de Aragón D. Fernando el a 
esto principalmente á los esfue 
y á la elocuencia portentosa 1 
quien, dicho sea con todo el n 
cuerdo, abusó un poco de su p 
inclinar el ánimo de los jueces 
del cielo y tratando de dar cii 
sobrenatural á lo que era purai 

El pueblo murmuró largam 
contento fué tan general, y tar 
dores á la patria, aplicada á lo 
taron por D. Fernando, que h 
á San Vicente Ferrer para cal 
su elecuencia y autoridad el u 

A mediados de 1412 tomab 
Fernando, no obstante levanl 
de Urgel con sus partidarios, ; 
las recompensas. A Benedicto 
cluir, sin embargo, por ser lí 
suceso, se le ofreció la obediem 
de Aragón y Castilla; á San V 
confesor del rey; á Berenguer 
jueces, se hizo merced de cuar 
nardo de Gualbes, otro de lo 
nombró canciller, y asi sucesi^ 

No podia ser olvidado en e 
de Mengucho, á quien Beni 



^ 



<li 



HIST. DE CATALUNA^LAS RUINAS DE POBLET 379 

con el rey ó á propuesta de éste, nombró abad de Po- 
blet, que era darle una gran posición y una gran pre- 
benda en estos reinos, lo cual se hizo por bula pontificia 
y sin elección de los monjes. Para esto se aprovechó la 
circunstancia de haber renunciado la abadía en manos 
de Benedicto, el que antes la poseía, D. Jaime Carbó, 
de quien no es gran malicia sospechar que pudo verse £^ 

obligado á dimitirla, antes de que le dimitieran, según 
la frase modernamente puesta en uso entre nuestros 
políticos. 

Lo cierto es que tan pronto como entró á regir la 
abadía de Poblet D. Juan Martínez de Mengucho, se le 
halla ya en intimidad con el nuevo rey D. Fernando, 
viéndosele figurar entre sus privados y formar parte de 
sus consejos. Cuando los catalanes, en las Cortes de 
Montblanch del año 1414, se negaron á votar al rey la 
suma de 80.000 florines que pedía, el abad de Poblet, 
Martínez de Mengucho, es quien acude al monarca en 
sus apuros ofreciéndole y pagándole la cantidad de 
iS.ooo florines, á cambio de unas tierras que habían 
pertenecido al conde de Urgel, y en las cuales no era 
aún muy legítimo, por estar en litigio, el derecho del rey. 

Sin embargo de esto, Martínez de Mengucho, por 
complacer al monarca, no vaciló en exponerse á com- 
prometer los interesis de Poblet, aviniéndose á adqui- 
rir para el monasterio las citadas tierras, aun antes de 
recaer sentencia en el pleito; si bien era de suponer cuál 
debería ser aquélla, estando de un lado el rey, el Papa 
y el abad de Poblet, y del otro un infeliz descendiente 
de los reyes de Aragón, condenado á morir prisionero 
en el fondo de un castillo, y á quien en aquellos mo- 
mentos abandonaban á un tiempo la justicia, las armas, 
la fortuna y el cielo. 

Ya desde entonces se vio á Martínez de Mengucho 
privar con el rey D. Fernando. Era éste tan adicto al 



3SO VÍCTOR BALAGUER 

abad de Poblet y tan ciega su confian 
do hubo de nombrar embajador para ( 
tanza, donde debía tratarse de poner 
de la Iglesia, eligió como su enviado 
conde de Cardona, pero imponiendo 
mencionado Martínez de Mengucho. I 
donde Benedicto XIÍI, á quien todo : 
de Aragón, San Vicente Ferrer y el 
vio de todos abandonado, tratándole ■ 
tado al conde de Urgel un día, y teni 
minar su vida recoleto en un castill 
justa la Providencia, y realizándose 
Luna, respecto áD. Fernando, á Sar 
á Martínez de Mengucho, aquello po 
rablemente dicho de que 



el traidor ni 

siendo la traición pasada, 

Pero con todo esto hemos echado ; 
til Margarita de Prades, que puso la 
manos para trazar estas líneas. Perdí 
res, ó mejor dicho mis lectoras, que 
que con más atención hayan comenza 
tulo, atraídas por su epígrafe de Lo& a 

Volvamos á Margaiita de Prados. 

Ya queda dicho que cuando las inti 
llevaron á desposarse con ei rey, esta 
un noble, galán y gallardo mancebo, 
de Vilaregut. No tardaron estas relac 
reanudarse á la muerte del rey, y s 
amantes debieron contraer matrimon 
to, para no perder Margarita su estad 
vilegios y emolumentos de reina viud 

Fruto de estos amores fué un hij 
ocultamente hasta la edad de seis ú oi 



ALUfiA — LAS RUINAS DE POBLKT 381 

ipo, presentóse un día el caballero 
alas puertas del monasterio de San- 
ablar al abad, para el cual llevaba 
'oblet, D. Juan Martínez de Mengu- 
jn el caballero y el abad, ha queda- 
a la historia; pero pocos dias des- 
:gut iba á reunirse con el que luego 
D. Alfonso V, hijo de D. Fernando, 
' el puesto de mayordomo, en cuyo 
e halla en 1435, y el abad de Santas 
iño de siete ú ocho años, descono- 
adres, que fué ocupado como mona- 
leí templo y de la sacristía. 
i Margarita de Prades, hízose reli- 
' profesó en el monasterio de Vall- 

hallaba el año 1424, según docu- 
:poca, al pie de los cuales aparece su 
;ra: La reina Margarita, monja de 
te convento pasó luego al de Bonre- 
tuja de Scala-Dei, donde fué abade- 
año 1430, y trasladándose con el 

Santas Creus, en cuyo coro, según 
iquel monasterio, D. Teodoro Creus 
>a un sillón perteneciente á dicha 
ülpidas las armas reales y un báculo, 
r sido abadesa. 

1 niño amparado por el abad de Sañ- 
udo, ignorante de quiénes eran sus 
lombre propio en otro desconocido, 
ad competente se le persuadió que 
cistercíense en aquel monasterio, 
vistió y profesó en manos de aquel 
3, no por devoción, sino por temor, 
i de sus padres. » 
ta historia el más profundo secreto. 



382 VÍCTOR BALAGOER 

y nada ciertamente se hubiera sabido s 
tas Creus, en su última enfermedad J 
conciencia, no se hubiese resuelto á re 
que pesaba sobre el desconocido joven, 
era hijo de D. Juan de Vilaregut y de 
rita. Apercibido el mancebo, y certific: 
de sus padres, estimó por inválida su [ 
tica, hecha por temor y por ignorancia 
y tomando el de Juan Jerónimo de V 
hábito y el monasterio, lanzándose al r 
yendo matrimonio. 

El mozo, que por lo visto lo era de 
fué á ampararse del rey D. Alfonso V 
Ñapóles, llegando á obtener el favor d 
como antes lo obtuviera su padre, y si 
en el cargo de consejero y mayordomo, 
en Letras Reales ñrmadas por Alfonso 
20 de Noviembre de 1451, donde se da 
el papa Nicolao V había absuelto del v 
gión á Juan Jerónimo de Vilaregut. 

Tal es lo que me ha sido dado ave 
mente á los secretos amores de la reina 
dando, sin embargo, lo principal del su 
el misterio, como también lo de la legi 
trímonio, que aparece entre nubes por 1 
hiéndese atrevido el cronista de Poblet^ 
vantar más que la punta del velo. 

Me ceñí en esta relación purament< 
Día llegará, de seguro, en que un ho 
sepa hacer de estos apuntes el grandioE 
siente palpitar en su fondo. 




■',■■} 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 383 



XV. 



Siguen los abades de Poblet, — Bartolomé Conill. — Miguel Delgado. — 
Juan Payo Coello. — Domingo Porta. — Pedro Quexal. — Lo que su- 
cedió con un novicio en tiempo del abad Boques. — Francisco de Oli- 
ver. — Levantamiento de Cataluña contra Felipe IV. — Guerra de su- 
cesión. — Guerra de la Independencia. 



Prosigamos ahora hablando de aquellos abades de 
Poblet, cuyos nombres no deben quedar en el olvido. 

Bartolomé Conill, que figura el xli eñ la lista de Fi- 
nestres, fué elegido el 8 de Febrero de 1437. Muy favo- 
recido del rey D. Alfonso V, que le consultó en distin- 
tas ocasiones sobre asuntos graves del Estado, rigió el 
monasterio en paz, aumentando sus rentas, realizando 
notables mejoras y dejando gran memoria de su go- 
bierno. 

Se le encuentra en las Cortes de Barcelona el 1438, 
en las de Tortosa los años de 1440 y 1442, en las de 
Barcelona el 1446, en las de Perpiñán el 1450, y en 
las otras de Barcelona el 1456, haciéndose siempre no- 
tar, según parece, por su rectitud de miras y su previ- 
sión en el consejo. 

Murió el año 1458, y es otro de los que yacen ente- 
rrados en el Aula Capitular, distinguiéndose su lápida 
sepulcral por la divisa de un conejo, que era la suya, en 
conformidad á su nombre. 

Miguel Delgado. Fué abad xlii de Poblet, sucesor de 
Conill, y. elegido en 1458. Larga materia ofrece este 
abad á la crónica. Pertenece al número de aquellos pre- 
lados que, como Martínez de Mengucho, dieron carác- 
ter político á su gobierno, comprometiendo al monas- 



384 VÍCTOR BAL 

terio en luchas y en empresas 
sultar muy caras á no contai" 

Fué limosnero del rey D, 1 
Ñápeles, y confióle este mon; 
licadas y de importancia cerc: 
ca de Poblet se conservaba ce 
De polcstatc eclesiástica, por E 
cierta vez regaló el papa Cali 
gado, cuando, terminada la n 
fonso V para el Sumo Pontífii 
gándole aquel libro y anotánd' 
trarle que, conforme á su con 
la Iglesia acceder á la pretcnsi 

Alfonso V murió en brazos 
éste se vino entonces á Catak 
poco la muerte de Bartolomé 
del monasterio. 

Los cronistas populetanos 1 
como pudieran decirlo de un 
mente al rey D. Juan II en la 
asi, en efecto. Desde que tomi 
antiguo limosnero de Alfonso 
un caudillo militar, más que 
gioso prelado. En la lucha de 
taluña, el abad de Foblet se p 
empeño al lado del monarca e 

Sabido es el origen de aquel 
ídolo de los catalanes el princi 
redero del trono, como primo; 
monio del rey con Blanca de 1 
esto en las miras de la segur 
Doña Juana Enriquez, soberb 
ba ver suceder en los estados ( 
del rey en segundo matrimonii 
do, que fué más tarde el rey O 



r^ 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 385 

El 23 de Setiembre de 1461 moría en Barcelona el 
principe de Viana, victima, según se aseguró, de un 
veneno que mandara darle su madrastra Doña Juana; 
pero esta muerte, en vez de apaciguar los ánimos como 
parecía lógico, pues ya no quedaba rival al principe 
D. Femando, pareció, por el contrario, encenderlos y 
enconarlos con más llama. D. Juan II, empujado por 
su esposa Doña Juana, que ardía en cólera y en deseos 
de venganza al verse aborrecida y maltratada de los ca- 
talanes, llevó muy mal las negociaciones, ignorante 
del terreno que pisaba, y la guerra estalló cruel y for- 
midable. 

A voz de pregón y á son de clarines fué depuesto del 
trono D. Juan II, en Barcelona, por conculcador de las 
públicas libertades, y elegido en su lugar el rey de Cas- 
tilla. Toda Cataluña se alzó en armas contra el monar- 
ca, quedándose sólo del lado de éste unos pocos, entre 
ellos el abad de Poblet. 

Finestres, en su Historia de Poblet y en su Apéndice 
á la disertación i.', tomo IV, refiere minuciosamente 
los servicios que el abad Delgado y el monasterio pres- 
taron al rey durante aquella desastrosa guerra que los 
catalanes sostuvieron, fuertes en su derecho y en su 
justicia, reconociendo primero como rey al de Castilla, 
después al condestable de Portugal, y por fin á Renato 
de Anjou. En el citado Apéndice copia el cronista gran 
parte de la correspondencia que medió, durante aque- 
llos tiempos, entre D. Juan y el abad Delgado, quien 
fué muy adicto de aquél y, sobre todo, de la reina Doña 
Juana, á cuyo consejo, mejor aún, á cuya camarilla 
pertenecía. 

En aquella época se ve al abad Delgado no darse un 
momento de tregua ni reposo: ir y venir de Zaragoza y 
de los demás puntos donde se aposentaba el rey; levan- 
tar en armas á los vasallos de Poblet, y con ellos y 
TOMO zix 25 



i vfcTOR BALACUBR 

mercenaríos formar una hueste, cuyo mando con- 
su hermano el capitán D. Juan Delgado; ponu ú 
isterio en estado de defensa, rechazando ataques 
s armas catalanas, y, por fin, ir en persona, man- 
numerosas fuerzas, á sitiar el castillo de Omells 
albona, que obligó á rendirse, ínterin las tropas de 
lian II caían sobre Barcelona, 
lando esta ciudad hubo capitulado de la manera 
: y gallarda que cuentan las historias, obligando al 

entrar en ella más como vencido que como vcn- 
', el abad Delgado fué á ocupar un alto puesto al 
del monarca, que recompensó sus servicios coo 
res, dignidades, privilegios y rentas para el mo- 
:río, comenzando entonces para éste su buena épo- 
: esplendor y. de grandeza, aunque con la nota des- 
able que venia ya señalándose desde los tiempos 
bad Martínez de Mengucho, de ser siempre Poblet 
inclinado á los intereses de los reyes que á las li- 
des de la patria. 

M« Payo Cotilo. Fué abad xliv de Poblet, elegido 
bríl de 1480. Era natural de Zamora, en Castilta, 
laje portugués, y habla sido bravo soldado, antes 
a suerte, los infortunios y unos amores desgrada- 
í llevaran á tomar el hábito en Poblet. Su elección 
lad le halló desempeñando el cargo de limosnero 
, Femando el Católico, de quien era muy parcial 
cto, así como muy favorecido del monarca, que en 
lía, al parecer, singular confianza. 
:to último quedó patente cuando en 1488, habiendo 
lesto el rey Católico que por aquella vez no se 
asen diputados y oidores en Cataluña, sino que fue- 
DS que él nombrara, eligió diputado eclesiástico al 

Payo Coello. Desempeñó éste su cargo, que ft: 
eal orden, como ahora se diría, y no como estat) 
rito en las constituciones catalanas; y también pe 



TALUfiA — LAS RUINAS DE POBLET 387 

iscreción de Finestres, que copia una 
icreta entre el rey y el abad, se puede 
:nto de cómo este último supo favo- 
del monarca con tanta ñdelidad co- 
n servir, más discretamente, los inte- 

aún abad de Poblet cuando los Reyes 
de la toma de Granada, visitaron el 
ya se vio en un capítulo anterior, y 
LO contribuyó poderosamente á en- 
ir el convento. Por esto, al fallecer 
litado en el Aula Capitular, se escri- 
i una elegante leyenda latina, la que 
tellano: 
bajo esta piedra es D. Juan Payo 
)blet. De noble linaje, trocó el hábito 
nonje, y elegido por sus hermanos, 
, muy quebrantada por las guerras.» 
Fué el XLVí abad de Poblet, elegido 
1 varón docto y eminente, doctor en 
ico de la universidad de Lérida. To- 
núa en su Diccionario de escritores ca- 
de unas Obras morales y políticas que 
r manuscritas, y que sin duda esta- 
rían en la biblioteca de Poblet. 
Pedro Quexal. Sucedió al venerable Porta, siendo ele- 
ido en iSzó. 

Queda ya hecha mención de este abad en otro ca- 
¡tulo de esta obra, al tratar del altar mayor de la 
:Ies¡a. 

Parece realmente que era hombre superior, de me- 
to y ciencia, y Finestres dice de él que hubiera sido 
]0 de los grandes prelados que ilustraron al monaste- 
0, si no se hubiese dejado llevar por sus vivos deseos 
; aumentos propios y de sus parientes. 



388 VÍCTOR BALAG1 

Es algo misteríoso todo lo que 
Supónese que sus prodigalidades 3 
do con gran soltura de los bienes 
vocaron una insurrección de los 
dose contra él, le prendieron y e 
del convento hasta ser juzgado, c 
Formáronle proceso, presidiendo 
Santas Creus; y dejándole convi 
observancia regular y disipador 
nasterio, se le sentenció en i5 de 
privación de la abadía y á cárcel 

Pero contra esta sentencia se 
amigos y parientes de D. Pedro 
nerlos muy poderosos, y consta q 
vidad de i533, siendo ya abadí* 
monasterio se vio acometido y a¡ 
de hombres armados. Junto al pai 
to Fr. Pedro Mas, converso; y esi 
traron en el convento, causando ( 
sin conseguir la libertad del prisi 
ser lo que principalmente deseab 

A consecuencia de esto, el aba 
ron al emperador Carlos V, á la 
ex-abad Quexal fuese llevado á 1 
acordó el monarca. Quexal fué tr 
Játiva, donde años adelante acat 

No puede negarse, sin embarj 
este abad se hicieron grandes ob 
larmenfe la espléndida del altar b 

Gobernaba Pedro Boques, abad 
de i552 ocurrió en Poblet un caí 
rodeado de misterio. 

Un joven novicio á quien dos 
habia dado el hábito, conocido c 
Bartolomé de Vilaroja, se prese: 



hLVflK — LAS RtHNAS DE POBLBT 389 

ispiros le reveló que era mujer. Ha- 
lombre y el traje de varón, disimu- 
sia duda no pudo tener oculto por 

e pudieron inducir á aquella mujer 
trar en el convento, han quedado en- 
irofundo misterio. Sólo se sabe que 
e oír su confesión, mandó con toda 
al novicio, sin que volviese á ha- 
ito y sin que nada más pudiera ave* 

abad D. Juan de Quintera, por los 
ba de monje en Poblet un joven Ua- 
Oliver, que por sus altas cualidades 
parecia llamado á superiores desti- 
, tenia impedimento canónico para 
dignidad eclesiástica, á causa de no 
o matrimonio. Bra, en efecto, hijo 
e de Castellbó, D. Luis de Oliver, 
inos amores con cierta desconocida 

'en Oliver daba grandes muestras de 
:o, y contaba al parecer con eleva- 
Itos protectores, llegó al monasterio 
sometiendo al abad D. Juan de Gui- 

abrir proceso sobre la legitimidad 
no encontrándole otro defecto canó- 

habilitarle para obtener cualquiera 
n hecha sólo de la suprema de la 

ióse proceso, y D. Francisco de Oli- 
obstante su origen de ilegitimidad, 
s tal manera, que en 1583 no hubo 
legirle abad de Poblet, como no lo 
ríe otros cargos y dignidades. 



390 VÍCTOR BA 

Pertenece Francisco de 01 
des que dejaron nombre y hu 
erudición y reconocida cienci 
nios, en 1587 y en iSgó, elig 
ci6n, según costumbre políti 
tado eclesiástico de Cataluña 
tación catalana. 

Prestó buenos servicios, ol 
da, contribuyó ¿ la grandeza 
rio, y, conforme consignaba 
tular donde fué enterrado, n 
i5g8 durante el desempeño c 

Otros varios abades tuvo 
sa mención, aun cuando no 
de esta obrita; y fué el moi 
lantando en grandiosidad, en 
bien siempre con la singula 
decirse única en su clase, de ; 
reses del rey que á los de Cat 

Así sucedió también cuand 
taluña en 1640, y hubo ya di 
de ello el ilustrado joven D. 
las páginas que ha escrito so 
riosos pormenores, sobre toe 
res á Finestres y más cercanc 
signa juicios que, no por ser 1; 
da intuición, dejan de verse 1 
histórica, según tuve ocasión 

Efectivamente; cuando Ca 
favor de sus derechos desatei 
conculcadas, teniendo lugar 
de 1640, llamada de los segí 
fiel á la causa de Felipe IV; 
ocasión, al principio, pareciÉ 
talana, no tardó en verse á s 



DE CATALUÑA— LAS RUINAS DE POBLET 39I 

s para prestar ayuda á los capitanes de Fe- 

a tan clara, sin embargo, la parcialidad de 
10 pretende Toda, cuando la grandiosa lu- 
a de sucesión, á principios del pasado siglo. 
izarlos II, Castilla, contando con el podero- 
! Francia, proclamó y sentó en el trono á 
lientras Cataluña, con el auxilio de las po- 
das primeramente, pero luego sola, alzaba 
>r Carlos III el archiduque. En esta ocasión, 
)udo estar al principio vacilante, concluyó 
:e de pleno á favor del país, y su abad Don 
:)orda ñguró como consejero al lado del ar- 
e quien aceptó cargos, honores y dignida- 
idose con él al perderse su causa, pues ja- 
;rdon6 el vencedor Felipe V. 
ite, en tiempos más modernos, á comienzos 
e corre, cuando nuestra épica guerra de la 
cia, tampoco faltó Poblet á la causa abraza- 
isiasmo por el país. Pudo en accidentales 
erse obligado á recibir á los generales fran- 
lo éstos dominaban el territorio, obrando asi, 
r temor ó simpatía, por celo á favor del mo- 
lero es positivo que distintas veces se con- 
s hijos del país en el monasterio, y bajo los 
ables de su Aula Capitular sonaron los pri- 
siastas discursos de los patriotas y las prí- 
tdas voces de independencia. 
iluella guerra no faltaron al país el apoyo y 
del monasterio de Poblet. 



La ruina de Poblet.— Moví 
bosque de Poblet. — liicen< 



Y llegamos ya al té 
AI comenzar este si 
□umento, admiración 
lebridad y fama se hal 
Todo lo tenía Poblí 
Con su extensa cer 
torres y cúpulas, asen 
de arte eran asombro 
zarlas; en su recinto g 
tro templos; poseía in 
castillos, y pueblos, y 
su abad era un gran s< 
rial y opulenta, con te 
de un real alcázar; su 
consulta para sabios y 
en vida y en muerte; 
casa para ir á los cons 
de los parlamentos po 
á los concilios, á las a 
dra de las universidad^ 
gión le amparaba con 
fe y las leyendas cristi 
de poéticos resplando 
inmensos tesoros, y d( 
todas las clases de la i 
votos á prosternai^e a: 
liquias y á depositar s 
Poblet había alcanz 



CATALUfiA— LAS RUINAS DE POBLKT 393 

y esplendores. Ya no podía llegarse á 
>odía subir más alto: parecía que todo 
r eterno; pero sabida cosa es y notoria 
ito á las grandes alturas estuvieron los 
s. 

ite á mano armada invadió su recinto; 
jopular asaltó sus muros ni derribó sus 
US más aéreos y más impalpables aún 
le, según la leyenda, atormentaban al 
nieron á confluir y á cernerse en el es< 
lonasterio, y un día, sin advertirlo na- 
\ la puerta ni escalar los muros, pasando 
>aredes como el convidado de piedra, un 
e fué á sentarse en el gótico y escultu- 
i su Aula Capitular tenían los abades 

u del siglo XIX. 

:ix era el que estaba destinado á presen- 
e terribles sacudimientos y junto á otras 
ifes, la catástrofe de Poblet. 
lonasterio invadido, como tantos otros, 
[diarias en una noche de sangre y exter- 
sstrucción y mina fueron más lentas, 
o fueron menos segurasy completas. El 
acable para Poblet. 
) ocurrieron los sucesos: 
ños de 1821, poco tiempo después del 
Eüego y de proclamada la Constitución, 
errados á Poblet unos frailes del con- 
de Caspe, habilitándoseles alojamiento 
a, en la gran plaza del monasterio, y 
ante dos años, ocupándose más de pre- 
ento político, pronto á iniciarse, que de 
deberes religiosos. 
Toda, á quien seguiremos en esta parte. 



394 VÍCTOR BAUC 

pues tuvo ocasión de hacer pro< 
acerca de la ruina del monasteri 
de personas que á ella contribuj 
presenciaron . 

Cuando se constituyó la regei 
ron de Eróles y se dio el grito d< 
el de los absolutistas, uno de lo: 
terrados en Poblet, llamado Anti 
plaza del monasterio el 3 de Ma 
de paisanos, y poniéndose á su 
religioso, bajó al pueblo de la 
donde mandó pregonar que darí 
á cuantos se presentaran á engn 
dando su grito, que era el de Vi 
y Abajo la ConsiitMión. 

Los somatenes liberales de I 
Vimbodi, salieron inmediatamei 
partida sublevada, obligándola í 
rras, desde donde fué á juntarse 
que mandaba el general Romag 

Durante algún tiempo los sor 
en los alrededores de Poblet, de 
salir á los monjes. Ningún daño 
monasterio; pero al partir las fu 
gar en él un incendio, que afori 
tarse, destruyéndose sólo algún 
na dependencia. 

Por espacio de dos años PobI 
merced de todo el mundo, ha.hu 
gona las riquezas de la sacristía 
tos del culto. Durante el abandc 
recieron muchos objetos, y es fa 
dían vecinos de los lugares i 
efectos. 

Triunfante el movimiento a 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 395 

volvieron á ocupar su antigua casa, que fué restaurada, 
obligándose á todos aquéllos de quienes se supo que se 
babian llevado objetos, á reintegrarlos y devolverlos. 

Los años que transcurrieron desde i825, época en 
que los monjes volvieron á Poblet, hasta el de 1835, 
fueron muy intranquilos para los monjes. Las luchas 
con las poblaciones cercanas eran continuas, á causa del 
pago de los diezmos^ de la renta que de ciertas tierras 
del monasterio se había dejado de pagar, y del señorío 
del bosque. 

Las cuestiones que sobre el bosque se suscitaban 
habían sido siempre graves para Poblet, que desde si- 
glos venía sosteniendo un verdadero combate, más que 
un pleito, con el pueblo de Vimbodí, el cual, amparán- 
dose con una carta ó privilegio del conde D. Ramón 
Berenguer, se creía con derecho á tomar del bosque la 
leña que le convenía. 

Con este motivo los debates y las luchas fueron siem- 
pre constantes entre los frailes y los pueblos vecinos, y 
más de una vez hubo ensangrentadas colisiones. Toda- 
vía puede ver el viajero una sepultura en el claustro de 
Poblet, cuya lápida recuerda que allí yace Fr. Guiller- 
mo Tort, muerto por vecinos de Prades el año i366, á 
consecuencia de querer impedirles que cortaran leña 
del bosque. De distintas épocas existen recuerdos seme- 
jantes. Unas veces los guardas del monasterio eran 
arrollados; otras eran los vecinos de los pueblos quie- 
nes sufrían duros castigos. Los anales populetanos ha- 
blan hasta de una verdadera batalla que hubo de librar- 
se en cierta ocasión. Una hueste de paisanos armados 
entró en la ermita llamada de la Pena, dando muerte 
al monje guardián, incendiando la capilla y bajando 
luego al asalto del monasterio, que á duras penas pudo 
rechazar el ataque, no sin que tuviera lugar gran daño 
de edificios y robo de ganados. 



96 VÍCTOR I 

'or lo demás, el bosque 
tiendas, era de mucha e 
^niñcencia, con árboles 

abundancia de aguas fn 
irdinaria caza, que prest 
;s y magnates cuando vi: 
)urante los años que trai 
contiendas con motivo d< 
bosque fueron más viva; 
i, mostrándose más osad 
nbodi, que era un puebl 
:l ánimo de cuyos morad 
ion política, 

¡on el año i835 llegó la 1 
le sus conventos, 
^s partidarios del absolu 
ipo, levantándose en arn: 
). Carlos, mientras que 
itener el trono y el derec 
confirmándose malavent] 
icia, que los frailes apoy 
istas, facilitándoles recur 

muchos religiosos, olvid 
)artidas armadas. La exa 

s determinó el incendio de los conventos en Reus, 
Is, Barcelona y otros puntos, llegando la noticia i 
let con la alarma consiguiente. Asu 

abandonaron la casa, refugiándose 
blo de la Espluga del Francoli. 
in embargo de esto, á pesar de la e: 
nos y del recrudecimiento de los 
let fué respetado, y nadie pensó al 
escenas de Reus y Barcelona. El i 
lasterio, P. Gatell, tuvo tiempo si 
;r y retirar lo más importante de c 



ALUNA — LAS RUINAS DE POBLET 397 

) sólo las riquezas y tesoros se tras- 
i la Espluga: hasta se recogieron los 

De lo único de que no se acordó na* 
iro, fué de la biblioteca y del archivo, 
tro ó seis guardas quedaron al cui- 
io, hasta que, pasados muchos dias, 
s del abandono de Poblet. Entonces 
;6 á acudir gente de toda la comar- 

despojo y la destrucción. Por espa- 
lo se veian salir continuamente de 
males cargados de muebles, de ma- 
! hierros, de libros, de cuantos obje- 

á mano y podían fácilmente llevar- 
s recién llegados se apoderaba como 
le nadie se le opusiera, de lo que 
halagaba. Se prendió fuego al pala- 
altares de la iglesia y á la biblioteca 
dieron salvarse muchos libros y pa- 
1 á tiempo las disposiciones del Go- 
tarse de muchos pergaminos, gran 
les, según anteriormente se ha dicho, 
archivos de la Real Academia de la 

L época en que fueron violadas las 
e soñados tesoros, haciéndose tam- 
:o diferentes excavaciones en varios 
;rio. No se encontraron más rique- 
lágenes de plata y varios objetos del 
tesoros que existían en la sacristía 
ados por el abad Gatell. Muchos cua- 
is de Viladomat y Juncosa, con las 
iiogal y los preciosos estantes de la 
on en grandes hogueras que para di- 
e levantaban en la plaza las gentes 
ye y al saqueo. 



398 VÍCTOR BALA 

Por entonces fué cuando tuv 
cena que se ha contado en el 
obra: la profanación de las tun: 
tos de los monarcas, de los pr: 
quedaron largo tiempo insepul 
pavimento de la iglesia, hasta 
ger y sepultar todos juntos y ct 
«I de D. Jaime el Conquistador, 
fué llevado á la catedral de Ta: 

Durante varios años Poblet 
abandonado, desapareciendo ei 
arte, y destruyéndose poco á 
principalmente á las partidas d 
ban, á los viajeros y curiosos qt 
á las turbas de gente ociosa y i 
en aquellos alrededores excursi 

Así fué como terminó el mo 

Sus ruinas son hoy objeto d 
cuantos van á pasar los meses 
ciosos alrededores, atraídos po 
las aguas de la Espluga ó por 

La celosa Comisión de mor 
á cuya cabeza se halla el distir 
Montoliu, ha reparado cuanto I 
numento, con los escasos fondi 
salvarlo de una total ruina. 

Como nota curiosa, que con< 
todos, publico á continuación ] 
la Comisión provincial, y que i 

«Obras de reparación hechas en ei 
cantidades á ellas destinada: 

Siendo Ministro de Fomenti 
de Toreno, y en el presupuest 
naron á dicho objeto 8.000 pes 



I 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 399 

Siendo Ministro de Fomento D. Francisco Lasala, 
se formó otro presupuesto para reparaciones, importan- 
te 7.496 pesetas, que fué aprobado á su entrada en el 
Ministerio de Fomento por D. José Luis Albareda, 
quien en 1882 aprobó un presupuesto adicional al an~ 
terior, importante 4.429 pesetas. 

Total invertido, 20.375 pesetas. 

OBRAS HECHAS. 

Reconstrucción de la techumbre del templo y su te- 
jado. Puertas en las iglesias de San Jorge y Santa Ca- 
talina y palacio del rey D. Martin. 

Reparación de la parte ruinosa de los claustros y del 
embaldosado que cubre su terrado. 

Recorrido de quiebras y rejuntado con cal hidráuli- 
ca de las bóvedas de la Sala Capitular y de la Biblio- 
teca. 

Reconstrucción de las cubiertas de la capilla exterior 
de San Jorge, del gran dormitorio de los monjes y de 
la chocolatería. 

Se retejaron de nuevo los siguientes ediñcios: capilla 
exterior de Santa Catalina, refectorio, oñcina del culto, 
cocina antigua y sacristía nueva. 

Se hicieron obras de importancia en el cimborrio de 
la iglesia, que amenazaba ruina. 

Se arregló una cómoda habitación para el conserje 
dentro del mismo monasterio. 

Se quitaron á centenares de carretadas los escombros 
que había en el dormitorio, ruinas de la anterior te- 
chumbre. 

Retejo de la capilla de San Bernardo, cuya bóveda 
estaba hundida. 

Enladrillado del palacio del rey D. Martín. 

Tejado nuevo en el comedor de palacio. 



400 ' 

Se abrió la Puei 

dar entrada al mon: 
Se restableció la 
Retejo de la sacr: 
Reparaciones ím] 
Se levantó, por It 

no general del moni 

cativa de todos sus < 
El arquitecto pro 

general de restaurac 



LA NOCHE DEL 25 

Meditaciones.— Graudeza 
no absoluto. — El minl 
La guerra civil. — Previ 

la plaza de toros.— Incendio de los conventos. — Horribles escena 
ocurridas en la noche del 25. —Sucesos posteriores. — La muerte drl 
general Bassa.— Conclusiún. 

Me hallaba solo, solo en las grandes ruinas de Pofalcl. 

El cansancio y la fatiga del dia me impidieron se- 
guir á mis compañeros de expedición, que habían ida 
de paseo á una fuente no lejana, lugar encantador qot 
atrae al viajero, como tantos otros hubo en tiempos poi 
las cercanías de Poblet, punto de reunión y de cita, de 
solaz, diversión, deporte y galanteos en las calurosas 
siestas del estío, cuando rebosan de vagantes forastero: 
las masfas inmediatas y el pueblo vecino de la Espluga 
del Francol!. 

La tarde estaba al caer, y habla ya comenzado es 
hora dulcísima y misteriosa del crepúsculo vespertinc 
hora de encantos y deleite que tanto se presta á la me 



Z CATALUÑA — LAS RCINAS DE POBLET 40I 

studio y que conserva gratos recuerdos, 
tantes menos olvidados, para quien al- 
n ella venturosas primicias de furtivos y 
lores. 

:1 roto capitel de una columna, y apo- 
1 montón de escombros, di libertad á mi 
ubo de partir desbocado como en deman- 
ilicitaba mi profunda preocupadón. Pa- 
sarse ante mis ojos el monasterio de Po- 
: vi con todas las grandezas y esplendo- 
los tiempos. Hube de fijarme luego en la 
5rdenes monásticas, que mi imaginación 
sus comienzos en las soledades del yer- 
ína entre los arrebatamientos revolucio- 
trajo á mi memoria el recuerdo de una 
res, de sangre y de exterminio, que me 
cuando apenas terminaban mis dos pri- 
y que es el recuerdo más poderoso y 
os juveniles. 

de las órdenes monásticas! ¡Qué inmen- 
iropio tiempo qué breve! 
ca en la historia en que los espíritus re- 
ndo aislarse del mundo y huir de la co- 
gió, buscan la soledad del desierto; los 
dos por la ingratitud, el infortunio ó la 
enamoran del cielo y viven en los arro- 
los seres castos y puros á quienes dis- 
gustan el siglo y sus vanas pompas, se arrojan á la so- 
ledad para ediñcarse y fortiñcarse en las austeridades 
de la vida ascética. Es la primera época, la época de 
los Antonio y los Pablo, de los Macario y de los Paco- 
roio. Los cenobios se instalan, los conventos nacen, y 
comienzan los tiempos de su esplendor. 

Los bárbaros caen como un diluvio y se esparcen por 
la tierra. El Occidente se ve invadido por hordas salva- 



402 VÍCTOR BALAGUmi 

jes de indómitos conquistadores, 
templos en cuadras para sus cabal 
las ciudades y en los campos á tod 
órdenes de sus insaciables apetito 
campo de batalla. Las letras se ref 
tos. Los monjes recogen, preserva 
numentos del saber antiguo; custoi 
y utilizan la clave de las lenguas, g 
cual fueran inútiles los tesoros de 
son historiadores y literatos por es 
glos, sino que son también los insl 
tud, las solas antorchas vivas del t 
tre las tinieblas de una época en c 
natarios no saben leer, y en que 1 
cruz al pie de sus edictos por no sa 
bre. Entonces los conventos se lev. 
la época de su gloria. 

La política de los reyes toma ur 
influencia y desarrollo de los claust 
piezan á ser ricos, la ambición nat 
esclavos y vasallos, venden al pod< 
oro sus oraciones, los abades levan 
parte en las contiendas civiles, los 
dominan sobre los espirituales, el o 
la relajación al fervor, el deleite á la 
ventos son castillos feudales, el cía 
y llega forzosamente con el abuso la 

La reforma es ÍDútil. La generali 
la senda extraviada, se olvidan re 
hábito oculta los vicios, los solitario 
ren influir en la política y en el des 
Los conventos, olvidados de su orif 
zón de ser y be ahí la época de 

La ruina y desaparición de los ci 
tuvo lugar de la manera que voy i 



J 



lATALÜNA— LAS RUINAS DE POBLBT 403 

Cataluña, y sobre todo á Barcelona, 
ta noche de! 25 de Julio de 1835 guar- 
ya cincuenta años, un recuerdo tan 
e, que me parece un suceso de hace 
dio de los vaivenes de mi agitada vida, 
e mi memoria la impresión que, niño 
iquella noche terrible. Puedo contar 
como si acabara de presenciarlos. Es 
;ra hube de sentirlos y con tal consis- 
en mí, que han llegado á borrar de 
is los demás recuerdos, hasta los más 
íntimos de aquella época. No hay que 
irimeros años más recuerdo que el de 

referir sus escenas he de poner al co- 
gcnes y precedentes al lector, trazan- 
ui,, ^..ju.^, oi,a a grandes rasgos, un boceto histórico in- 
dispensable para que pueda comprenderse cómo, por una 
fatal y encadenada serie dé acontecimientos, vino á te- 
ner Barcelona la inevitable y gran desgracia de contar 
en sus anales la infausta noche del 25 de Julio de i835. 
He aqui el origen de los hechos: 
A los generales gobernadores en Cataluña, Castaños 
y Campo -Sagrad o, que habían gobernado discretamente 
dejando en el país los más gratos recuerdos, sucedió en 
1828 el tristemente célebre conde de España. Bajo su 
ominoso mando, cada día la Ciudadela, como monstruo 
que nunca logra verse satisfecho, engullía las víctimas 
que le enviaba el capricho del conde; y las familias, in- 
humanamente diezmadas, en vano pedían al cielo que 
las líbrase de aquel azote sangriento que en el conde de 
España había caído como una maldición sobre la infe- 
liz Barcelona. 

Al morir el rey Femando VII, D. Manuel Llauder 
se presentó á sustituir al conde de España. 



404 VÍCTOR 

La llegada de Llauder 1 
neral de Cataluña, fué ui 
época en la historia de Ba 
de pueblo ha sido más en 
hacérsele; ningún general 
pular; ningún ciudadano p 
como él en su mano los di 

A la entrada del nuevo 
de España se retiró apedr 
un verdadero milagro que 

Al dar el último suspiro 
se conmovió. Habia llegai 

La sedición del engañad' 
los realistas de Cataluña ( 
mente que el partido antil 
de Femando sucediera en 
narca, 6 debía permitirse 1 
mano el infante D. Cario: 
apoyo de la tierna Isabel 
bautismo regenerador de 
héroe de las Cabezas de S 

Nadie ignora el entusi 
abrazaron la causa de la a 
roña; pero nadie ignora ta 
dor que hubo de causar el 
Bermúdez, anunciando qu 
bemadora del reino, no ca 

Un grito de asombro co: 
temación fué general en E 
bían visto perseguidos dur 
años y los que acababan d 
se por la reina, creyeron 
cuello la sangrienta cuchill: 
el conde de España. 

El general Llauder fué < 



r 



HIST. D£ CATALUÑA — ^LAS RUINAS DE POBLBT 405 

de buen patricio, se atrevió á levantar su voz desde el 
seno de la ciudad misma donde algún día también la 
alzaran en favor de los derechos del pueblo los Fivaller, 
los Tamarít y tantos otros ilustres ciudadanos. 

Efectivamente; Llauder, en 25 de Diciembre de i833, 
elevaba una exposición á la reina gobernadora, en que 
hacia patentes los males que sufria la nación, sus ne« 
cesidades y sus deseos, y declaraba que el ministerio 
Zea comprometía la paz pública y minaba el trono de 
Isabel II, que era necesario afirmar sobre cimientos li- 
berales. Al propio tiempo que tomaba esta actitud, el 
general procedía al desarme de los voluntarios realistas, 
y armando á los de Isabel, se procuraba el apoyo de los 
patriotas catalanes. 

La opinión pública fué acentuándose de una manera 
muy significativa, y la reina gobernadora se decidió 
por fin á cambiar el Ministerio y á variar de sistema, 
renunciando al gobierno absoluto. 

Martínez de la Rosa reemplazó á Zea y presentó su 
Estatuto, aquel Estatuto que envejeció tan pronto, y 
que no obstante estar destinado, según el discurso de la 
reina gobernadora al abrir las sesiones de Cortes, aá 
ser el cimiento sobre el que debía elevarse majestuosa- 
mente el edificio social,» fué sólo una verdadera y rá- 
pida transición á otro más necesario y más radical sis* 
tema. 

Pródiga se mostró la nación á las demandas del Mi- 
nisterio. El amor á la libertad alcanzó á la caída del 
gabinete Zea Bermúdez un grado de sublime entusias- 
mo; el país depositó su confianza absoluta en un Minis- 
terio que dejó, sin embargo, bastante que desear. 

Al encargarse de sus carteras los que componían el 
Consejo presidido por Martínez de la Rosa, apenas ha- 
bía en España un faccioso declarado; y, sin embargo, 
durante su administración aumentó con tanta rapidez 



4o6 VÍCTOR 

el partido carlista, que & Ii 
con un ejército formidable 
des. Las banderas de Cari 
y de todas partes corrían 
huestes rebeldes. 

El ministerio Martínez 
el peligro, y no pudo por lo mismo evitarlo. Permane- 
ció en una inacción completa, sordo á las voces de al- 
gunos proceres, á las reclamaciones de la prensa, y hasta 
al eco tremendo de la campana que tocaba á rebato 
en varios pueblos, anunciando las revueltas y asona- 
das de Málaga, de Zaragoza y de la misma villa de Ma- 
drid. 

Mucho habia esperado Ja nación de Martínez de la 
Rosa. Sus triunfos en la tribuna, sus declaraciones en 
la prensa, sus primeros pasos en la senda de la eman- 
cipación nacional, las persecuciones de que había sido 
víctima por parte del despotismo, todo había hecho 
creer que era la persona necesaria para la felicidad de 
España, y fué por lo mismo elevado al apogeo de la po- 
pularidad. 

Pronto llegó el desengaño. 

Las lentas y tardías medidas de su espíritu de con- 
temporización, comprometieron gravemente el porvenir 
del país. El primer ministro vio síntomas de anarquíaall! 
donde no existía más que el ardor del 
anuncios revolucionarios donde no habí 
siasmo constitucional, y temiendo una 
volución francesa, no se atrevió á conc 
la necesidad reclamaba en nombre de I 
siglo, empeñado en hacer triunfar su a 
dio, que consistía en una fusión del anti 
régimen. 

España no quería esto: pedía reforir 
dicales y completas, tales como se las 



r^ 



HIST. DE CATALUÑA— LAS RUINAS DE POBLET 407 

perar la rehabilitación de 1812 y 1820 en la persona de 
Martínez de la Rosa. 

El Ministerio tuvo entonces que alegar, para soste- 
ner sus erróneas doctrinas, que la nación no se hallaba 
todavía en estado de gozar de sus derechos; palabras 
aventuradas é imprudentes que costaron la vida al Ga- 
binete. 

A todo esto, Llauder había sido nombrado ministro 
de la Guerra; pero hacía poco que estaba en el Minis- 
terio cuando hubo de retirarse ante el motín que costó 
la vida al general Canterac, volviéndose á su mando de 
Cataluña que se había reservado. 

Cerráronse las Cortes, hubo en Madrid algunos des- 
órdenes dirigidos contra la persona del primer minis- 
tro, y éste, en el colmo de la impopularidad, cedió su 
puesto al conde de Toreno. 

Mientras tanto, las fuerzas del pretendiente habían 
ido engrosando: el mismo D. Carlos se hallaba ya entre 
sus partidarios, y la jornada y victoria de las Amez- 
cuas habían acabado de rasgar el velo, apareciendo los 
carlistas en toda su verdadera importancia. 

Llauder en Cataluña parecía querer seguir un siste- 
ma parecido al del Gobierno, y su popularidad anti- 
gua, ya muy menguada, iba decayendo precipitada- 
mente. Mientras que con su policía se empeñaba en 
descubrir anarquistas y revolucionarios, conspiraban los 
carlistas casi á la luz del día, é iban engrosándose las 
filas de los facciosos, quienes con sus correrías y des- 
manes tenían aterradas las comarcas. 

Cataluña presentaba un cuadro desolador, y los hon- 
rados patricios veían un triste porvenir. 

Era llegada la hora de llorar por la pobre patria. 

La guerra civil se ofrecía en primer término, y don- 
de quiera que se fijaban los ojos sólo aparecían incen- 
dios, muertes, alevosías, horrores y catástrofes. La dis- 



403 VÍCTOR BAL 

cordia recorría las filas de los 
padre contra el hijo, al hermí 
etmigo contra el amigo. 

A tan triste espectáculo, qu 
tenia á todos, se juntó la indi¡ 
mor que con insistencia com 
partes. Asegurábase que, ialtf 
sacerdocio, cada convento era 
en el silencio y misterio de li 
sordas maquinaciones contra 
Isabel. 

Sabíase que los frailes, en | 
deseos de favorecer la causa d< 
esto era por desgracia una tr 
habían abandonado sus conveí 
su presencia las huestes carli: 
cabeza, soñando en otra gue 
dábanse detalles y pormenores 
bleas misteriosas celebradas e 
terios; citábanse y señalábans 
sos que en voz alta y con culp 
el derecho hereditario de la re 
ya esto era calumnia de la pa! 
envenenado las aguas para ac 
liberales. 

Todo parecía unirse para o 
des religiosas en blanco de la 

Las cabezas fermentaban, 1 
pasión cegaba, los odios se ib 
tes. La opinión pública estab 
acusar á los frailes. En cada i 
un carlista, y la indignación 
braveci endose, sobre todo al ci 
monásticas, temerariamente c 
políticos, no podían ocultar su 



ATAI.UÑA — LkS RUIHA3 DE POBLBT 4O9 

in error. Dada su actitud, y también, 
, su provocación, el choque era ineví- 

no podia tardar el conflicto, 
in plan, ninguna conjuración, ninguna 
frailes; sin embargo, su ruina estaba 
Providencia. Los ánimos se hallaban 
;I combate. Todos esperaban instinti- 
al que nadie dijo que debia darse, pero 
que se iba á dar. 
1 primera en darla. 

US sangrientas escenas cundió con la 
agitando y conmoviendo los ánimos, 
ion de todos los buenos patricios, la 
escencia de los espíritus habían Uega- 
iiando se supo en Reus la nueva de 
ento de sus urbanos, regresando de 
sido sorprendido por los facciosos, 
perecer miserablemente á su capitán 
is voluntarios, á uno de los cuales, pa- 
, se dijo que había ordenado crucifi- 
jos un fraile que iba con los rebeldes, 
ado de certeza que pudo tener este úl- 
10, sin embargo, que se halla confír- 
s impresos de la época, y que garan- 
)s de Keus; pero, aun admitiendo exa- 
>ticia, queda fuera de toda duda que 
n incitó á los facciosos á quitar la vida 
é indefensos urbanos. Esta noticia, 
VU..U.W.UV ».. .« rapidez de las malas nuevas, hizo es- 
tallar á la población en gritos de ira y de venganza. 
La mecha acababa de prender en la pólvora. 
Bi pueblo de Reus, contagiado por el reciente ejem- 
plo de Zaragoza, rompió todos los diques en su des- 
bordada cólera, saltó la valla de las leyes divinas y bu- 



410 vfci 

manas, y aquella mism 
recinto dos de sus tres 
eran inhumanamente s 
en poder de la desenfre 

Al recibir Liauder la 
ba este atentado, envió 
gona, amplios poderes 
las circunstancias; per< 

puertas y negó la entra ^ • ~ i - 

dijera que acudía para restablecer el orden, se contestó 
con laconismo verdaderamente espartano que el orden 
estaba ya restablecido. 

La asonada de Reus produjo por mala ventura su efec- 
to, y fué éste tanto más desdichado, cuanto que, como 
pregón á mal reprimidos furores, circuló la voz de ha- 
berse encontrado en los conventos depósitos de armasi 
uniformes, proclamas y retratos del pretendiente. 

Esto acabó de encender el enojo popular. 

Justamente alarmados los religiosos de Barcelona al 
ver la tempestad que les amenazaba pronta á caer sobre 
ellos, se acogieron al general Liauder pidiéndole su pro- 
tección y manifestándole sus deseos de abandonar se- 
cretamente sus moradas; pero el general se empeñó en 
no consentirlo. Fiado en su previsión y en sus baycoe- 
tas, les dijo: 

— Duerman tranquilos, buenos padres. Aquí estoy yo. 

¡Ay! no, allí no estaba él. Era la revolución la que 
allí estaba; era la cólera del pueblo, que pocas veces para 
sino en sangre. 

Si Liauder hubiese meditado un poco; si su vanidad 
hubiese hecho lugar á su prudencia; si hubiese querido 
fijarse en la situación, en la época, en el momento; si, 
por ñn, hubiese estado atento á los síntomas visibles 
que se marcaban con insistencia y que todos, menos él, 
vefan, hubiera convenido en considerar como lo más 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 4II 

cuerdo y político en aquellos críticos instantes, la sepa- 
ración de los religiosos y el apartamiento de sus mo- 
radas. 

Esto, que debía hacer, fué lo que no hizo. 

Teniendo ciega confianza en el jefe del Principado, 
los religiosos siguieron habitando sus conventos. 

Llegó el 25 de Julio. 

Desde algún tiempo se daban en Barcelona corridas 
de toros, y con motivo de la celebridad de los días de 
la reina Cristina, los periódicos habían anunciado la sé- 
tima función para la tarde del 25, día festivo por ser el 
de Santiago, patrón de España. 

Los toros lidiados en la anterior corrida habían sido 
excelentes, y la plaza estaba llena; pero quiso la mala 
suerte que aquella tarde la función fuese mala, desagra- 
dando al público. Este, con aquella natural libertad que 
se le concede, y de que algunas veces abusa, en una co- 
rrida de toros, comenzó á mostrar su disgusto, y em- 
briagándose con las voces, el estruendo, la confusión y 
el barullo, arrojó los abanicos á la plaza, tras los aba- 
nicos las sillas, tras las sillas los bancos, tras los ban- 
cos las columnas de los palcos. 

Bien pronto el circo presentó una escena difícil, cuan- 
do no imposible, de describir. Hubo desmayos de seño- 
ras, atropellos, riñas, protestas, arrebatos, y algunos 
espectadores se arrojaron á la plaza para matar á palos 
el último toro, y también el peor de la lidia. 

En esto, algunos muchachos rompieron las maromas 
que escudaban la contrabarrera, y atando un pedazo á 
la cornamenta del toro, empezaron á gritar que debía 
ser arrastrado, para escarnio, por las calles de Barcelo- 
na. El pensamiento fué acogido con entusiasmo, y bien 
pronto una turba numerosa, con estrépito y algazara, 
dando gritos desaforados, penetró en la ciudad arras- 
trando la res por las calles. 



4-12 VÍC1 

Apenas la gente sens 
eo por la Rambla á ce 
rincipió ya la alarma; 
vnas piedras á las ven 
alzados. La guardia d( 
astrillo y se puso sobre 
lando un grupo numei 
iscanos, que estaba mt 
Preludio parecía todo 
adíe creía en tumulto; 
sus casas; los curioso! 
jrba de muchachos coi 
3n de gritos descompai 
ue se empezaron ¿ m 
'ailes! al pasar por del 
iscanos. 

Frente á su puerta j 
lultitud, cuando se le < 
egar fuego á las puerl 
)ro. Grandes aclamacií 
eza, y, en efecto, se tn 
iiñcio, á las cuales se h 
o, cuando acudieron lo 
í, que se alejó dejándc 
rogresos del incendio. 
Ya á todo esto había 
dulce noche de verant 
¿Quién, de cuantos la; 
i lastimosa noche? 
Entre ocho y media 3 
inos grupos en la plaz: 
lería; grupos que ibaí 
le en vano intentaron 1 
piquete de soldados ( 



DE CATALUÑA— LAS RUINAS DE POBLBT 413 

&ÓI0 que se apartasen de un punto para 
ro, pudiendú conocerse que la opinión es- 
¡ada. Fácil fué entonces prever la tempes- 
taba. 

ndaba el populacho por las calles de la 
■ando ante las puertas de varios conventos; 
itán general y el gobernador de la plaza 
isentes, el infatigable teniente de Rey, se- 
ecorria todos los puntos, procurando en 
con sus exhortaciones el peligro, que á 
se hacía más inminente. 
3e ¡Mueran los frailes! comenzaron á me- 
oces que los daban eran cada vez más nu- 
da vez también más oscuras y sombrías, 
ito agitarse entre Lis masas algunos bra- 
mientras que otros blandían flamígeras 
braban rostros pálidos de furor, de odio y 

se precipitaron en torrente por las calles, 
algunas mujeres que corrían por entre los 
nsanas furias, suelta al aire la desgreña- 
ilandiendo en su contraída diestra el pu- 
ando gritos iracundos que eran secunda- 
os de la desatentada y frenética muche- 

üsta fué aquélla, noche de ruina, de in- 
ngre! 

mero el convento de Carmelitas descal- 
le San José, que se alzaba en la Rambla 
i y en el sitio que hoy es plaza-mercado. 
)tinados las llamas que con sus serpentea- 
lamían las rojizas piedras allí colocadas 
I, parecieron cobrar nuevo aliento para 
ea destructora. Había subido de punto su 
primer triunfo. ¡Triste triunfo! 



vfcTOR BA 

incendiaría corría 
ros semblantes de i 
icanal de sangre. 
tose la turba por la 

la puerta del conv 
10 tardó en lanzar i 
mas. 

esto, una densa hu 
'andioso edificio d< 
voraz incendio y q 
ótico, invadido por 
go de furor tras de i 

aradores del conven 
Agustinos calzados 
irbada su habitual 
nesperado y terribí 
Jel aplauso y de las 

lital del Principadc 

as que en un lado re: 
abría las verjas df 
estrépito de una b< 
que por un lado soi 
io la matanza, por 
huyendo del hierro 
direcciones buscan 
le menguar, el ence 
de los cinco conve 
lientes fraguas. 
: estaba el hombre 
)rmid tranquilos, qi 
multitud á prender 
y a¡ de Trinitarios 



*»: 






HIST. DE CATALUÑA— LAS RUINAS DE POBLET . 4I5 

ver que las llamas hubieran inevitablemente hecho pre- 
sa en las casas inmediatas. 

Tampoco fué incendiado el de los Servitas, por la voz 
que cundió de que el cuerpo de aitilleria tenia muy in- 
mediato su almacén de pertrechos. 

A las repetidas instancias y súplicas de los vecinos, 
se debió también el que fuese respetado el de la Mer- 
ced. Los incendiarios pasaron de largo, sin que los edi- 
ficios recibieran más insulto que el de algunas piedras 
arrojadas á sus puertas y ventanas. 

— ¡Al Seminario! — había gritado una voz ronca y 
sombría. '^i 

— ¡Al Seminario! — repitió la turba. 

Y todos se lanzaron en tropel. 

Era el Seminario un majestuoso edificio todavía no 
terminado y que se elevaba en un extremo de la ciu- 
dad, donde luego se habilitó la cárcel del Estado. Ser- 
vía de morada á los sacerdotes seculares de la congre- 
gación de la misión. 

Dando gritos desembocaba la desordenada plebe por 
la calle donde se alzaba el convento, cuando Id^ prime- 
ros que avanzaron para consumar su obra de destruc- 
ción, cayeron muertos ó heridos á la inesperada des- 
carga de varios tiros de fusil. 

Ante aquel inopinado accidente, la turba, cuya mar- 
cha hasta entonces nadie había detenido, levantó con 
asombro la cabeza, y vio 

Vio las ventanas del Seminario coronadas de religio- 
sos que, fusil en mano, aguardaban el ataque. 

El Seminario fué respetado. Todos volvieron las es- 
paldas. 

Bien distinta escena tenía al mismo tiempo lugar en 
el convento de Agustinos calzados. Tocóme presenciar 
la parte más trágica desde la galería de mi casa, y con 
todo el horror que me inspiró voy á referirla. 



' decir p 
>aba una 
in Pablo 

)res del p 
is, los i ni 
:ron apel 
a situad) 
'ecinos p 
ic todos I 
íxpusiéro 
ceres. L: 
lor de la! 
sonaron 
los ecos 
pueblo et 
penetra 

entonces 
■ el con VI 

ie refugi. 
á un pat 
partícula) 
a frente i 
itigua. 
da lucídi 
[as ocun 
ledio de 

le poner 
ventana: 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 417 

Uno tras otro, diez y ocho frailes, jinetes sobre el 
madero, atravesaron el patio á una altura inmensa del 
suelo, pasando con auxilio de una frágil tabla por en- 
cima de un verdadero abismo. 

Llegaron de este modo á la escalera; .pero, ¿y allí? 
¿qué hacer? ¿dónde huir? ¿dónde refugiarse? 

Un vecino de la casa, á quien había parecido oir ru- 
mor y voces confusas, abrió la puerta de su habitación 
para cerciorarse. Juzgúese de su asombro al ver á diez 
y ocho frailes que cayeron á sus pies, pálidos, despavo- 
ridos, plegadas las manos. Nada le dijeron, pero todo 
lo comprendió. 

Era un hombre honrado. Hízoles subir á la azotea 
en silencio, y les abrió la puerta de un desván, donde 
todos se precipitaron bendiciendo á su salvador. 

Allí pasaron la noche aquellos infelices en mortal 
angustia, en terrible congoja, esperando á cada instan- 
te ver aparecer á sus asesinos. 

Afortunadamente no fué así, y pudieron salvarse al 
siguiente día. 

En el ínterin, aquellos de sus compañeros* que ha- 
bían buscado la salud por otro lado, se veían en más 
inminente peligro y terminaban algunos de manera 
trágica. 

A espaldas del convento corría una calleja reservada 
para uso de las dependencias, y un muro separaba esta 
calleja de los jardines y huertos de las casas inmedia- 
tas, en una de las cuales vivía yo, niño de diez años, 
con mi pobre madre, viuda, y dos criadas. 

Escondido tras un balcón de la galería, y con mi cu- 
riosidad de niño, pude presenciar parte de la escena que 
voy á referir, mientras mi pobre madre y las criadas 
rezaban, llenas de zozobra, en una sala contigua. 

Al abandonar los religiosos el refectorio en comple- 
ta fuga, algunos intentaron huir por la calleja, refu- 
TOMO XIX 27 



4l8 VÍCTOR BALAC 

giándose en la vecindad; pero o 
vo, les impedía atravesar el ch 
callejuela, decidieron bajar á ell 
tanas del primer piso, con auxil 

Hiciéronlo así, en efecto. Uní 
frailes fueron descolgándose en 
cío, sólo turbado por los álaridc 
que pugnaba por entrar en el C( 
llamas. La noche estaba clara, 
tamente, distingo aún hoy, con 
les se iban colgando de la cue 
por ella poco á poco. 

La puerta latera! que á hach: 
los incendiarios, acabó por caer 
y un grupo de hombres con arn 

Los infelices monjes, que oía 
ees de sus asesinos, se daban j 
cortaba las manos de los relig 
sangre. 

Mientras que el último fraile b 
pió. El triste, cayendo desde ba; 
un brazo. No obstante, ni un \\ 

Sonaron precisamente en aq 
aldabazos y fuertes gritos. 

Eran los incendiarios que, tei 
sos se escaparan, llamaban á la 
impedirlo. 

Los frailes que se hallaban a 
grupo junto á su compañero hei 
todas direcciones á la proximid 
ligro. 

Sólo un lego se quedó junto 
ponerse en pie y también á saltí 
á un huerto público, llamado de 
nombre de su dueño. 



r" 



HIST. DE CATALUÑA — LAS BUINAS DE POBLET 4I9 

En el momento en que los dos fugitivos acababan d 
saltar la tapia, ia puerta del huerto se abría para da 
paso á varios hombres armados que iban á apostars 
allí con objeto de impedir la fuga de los frailes. 
Los infelices se vieron perdidos. 
— Huye, huye y abandóname, — dijo el herido al lego 
— ¡Silencio! — contestó éste. 

Hallábanse junto á una especie de cobertizo, bajo e 
cual había un vasto lavadero público. El lego hizo acu 
rrucar al herido junto á uno de los poyos que sostenía: 
el cobertizo; encargóle que reprimiese sus dolores, qu 
suspendiese basta el aliento, y en seguida de haber de 
jado allí al fraile, no viendo otro sitio donde ocultarse 
su vez, y creyendo sin duda que la entrada de los hom 
bres en el huerto sería momentánea, se sumergió co. 
todo el tiento posible en el agua del algibe, sacand 
sólo su cabeza, que procuró amparar tras de un cest 
allí abandonado y notante. A pesar de que la noche er 
bastante clara, creyó poder ocultarse á las miradas. 

Por mucho cuidado que pusiera, algún ruido debí 
oirse, sin embargo, pues que uno de los recién llega 
dos volvió la cabeza. 

— ¡Hola!— dijo,— parece que en aquel lavadero ha; 
ranas. 
— ¿Por qué lo dices? — preguntó otro. 
— No sé; pero se me ha figurado oir un ruido, y ju 

raría que hay ranas yranas con hábito, que es más 

— Estaremos á la mira. 

— Con el fusil preparado. 

Y, en efecto, preparó el arma homicida. 

Al cabo de unos instantes sonó el tiro. 

— ¿Qué es eso? — preguntaron sus compañeros. 

— Bien decía yo. He visto asomar una cabeza. 

— Vamos á registrar el algibe, — dijeron algunos. 

— No. Será más entretenido. Preparad vuestras ai 



!0 VÍCTOR BALAGUBR 

;; fijaos en aquel cesto ¿veis? que aparece sobrena- 
do, y si se mueve algo junto á él, dispararemos á 
tiempo. 

'odos prepararon sus armas y fijaron sus ávidas mi- 
is en el lavadero y en el punto indicado, 
[ubo un rato en que sólo reinó un silencio sepulaal, 
icio de muerte. 

)1 lego, cuya posición era violenta, debió mover la 
;za que tenía casi sumergida en el agua. 
"res ó cuatro tiros sonaron á un tiempo; oyóse im 
lido, el agua se agitó, y una exclamación de triunfo 
6 de labios de los asesinos. 
-Dimos en el blanco, — gritó uno. 
-Ya tiene su cuenta, — dijo otro. 
En efecto, los bárbaros habían asesinado al pobre 

-¿Qué vas á hacer ahí? — exclamó uno viendo á otro 
paso á paso, como un reptil, se iba acercando al 
idero, introduciéndose bajo el cobertizo. 
-Me ha parecido que algo se removía por aquí á 
stros tiros, — contestó un interpelado. 
>ngo buen olfato, y apostaría mi cabeza á que anda 
ahí algún otro fraile. 

íeuniéronsele sus camaradas, registraron juntos, y 
tardaron en hallar al pobre agustino herido, que, al 
56 descubierto, hizo un esfuerzo para ponerse de ro- 
as. Ya que no podía evitar á los asesinos, quiso al 
IOS que le hallasen de hinojos y rezando, 
-Ya le tengo, — gritó el primero que se habla ade- 
:ado, cogiendo al fraile por el cuello. 
>iferentes voces sonaron entonces. 
-¡Hiérele! 
-I Mátale! 

-¡Arrojemos á ese pillo al agua! 
-¡Quemémosle vivo! 



r' 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUIMAS DE POBLET 431 

— ¡No, mejor es fusilarle! 

— Que nos diga primero dónde están los fanáticos &i 
compañeros. 

• — ¡Di, fraile! ¿dónde se han ocultado los demás? 

El desventurado no contestó. De rodillas entre aqu 
grupo de hombres frenéticos, el religioso, pálido, peí 
sereno, continuaba rezando en voz baja. 

— ¿No quieres hablar, fraile?— preguntó uno. 

Tampoco contestó el agustino. 

Entonces uno de aquellos infames, infames ante 
cielo y ante la tierra, se adelantó y le dio con la culai 
del fusil un terrible golpe en la cabeza. 

— ¡Jesús, Dios mío! — murmuró el religioso cayenc 
al suelo. 

— ¡Ah! ¿No quieres hablar, bribón? — gritó otro t 
aquellos malvados con voz ronca. — Pues yo he c 
hacerte hablar, mal que te pese. ¿Dónde están 1< 
otros, di? 

Y le dio un bayonetazo en el vientre, acompañanc 
su acción con una blasfemia. 

— ¡Jesús, Dios mío! — repitió el triste dirigiendo 1( 
ojos al cielo con resignación sublime. — ¡Jesús, Dios mí' 
— murmuró de nuevo, ya con voz apagada, al sent 
la punta de un sable que rasgaba sus carnes. 

Y ya no volvió á abrir sus labios. 

Bntonces aquella miserable gente, lanzada ya por U 
fatales descaminos, se cebó en la víctima que espiranc 
veía á sus pies. 

Otros episodios tuvieron lugar durante aquella nochi 
En Santa Catalina, presa ya el convento de las lU 
mas, los pobres religiosos, aturdidos y huyendo de '. 
matanza con que les amenazaban los gritos furiosos qi 
partían del claustro, donde las turbas habían lograc 
penetrar, se lanzaron todos juntos por un corredor bu 
cando la salida de un huerto á espaldas de su morad; 



422 VÍCTOR BALAGl 

Sólo uno, tomando dirección 
á bajar por la escalera del clausti 

— ¿Dónde vais, padre? — le gri1 
ahí os perdéis. 

— No; por aquí me salvo, — dij 
do su camino. 

Y siguió adelante, mientras si 
á la fuga. 

Dirigióse tranquilamente á la 
le deslumbre el vivo resplandor ( 
templo era una hoguera. 

El digno sacerdote que volunt: 
ñcio, llegó al pie de un altar, doi 
dándose de todo para no pensar 
que ferviente rogaba por sus herí 
sacrilegos mismos que osaban [ 
rada. 

Orando se hallaba, cuando uni 
invadió el templo dando alaridos 
tmpias blasfemias aquellas bóved; 
repercutieran los cantos religiosos 
das del incienso que hasta ellas 1 
altares. . 

Volvióse el religioso al sentir 
guiéndose ante ella cuan alto e 
brazos al cielo, como si fuera 
tema, 

— ¿Dónde vais, asesinos? — exc 
los pasos, incendiarios? ¡Aquí es' 
mas! ¡Abajo las teas! ¡Atrás los 

Sublime de expresión y admiri 
ba el sacerdote. 

Merecía haberse salvado. 

La multitud pasó por encima ( 
do su obra de destrucción. 



-LAS RUINAS DE P 

líi muy distinta en el convento de Fran- 

staba situado en la hoy llamada plaza de 

itiguoá la muralla dd mar. 

oídos de los Franciscanos los primeros 

res, al ver los primeros resplandores del 

irasaba sus puertas, los frailes, que iban 

refectorio por ser la hora de la cena, 

e en tropel junto al superior, pálidos, 

terror y miedo. 

1 — dijo el superior á la comunidad. — 

dme, y, sobre todo, silencio! 

)n la cabeza y nadie desplegó los labios. 

comenzó á andar, siguiéndole la comu- 

, muda, silendosa, como si fuese una 

ntasmas. 

el corredor, el patio, el claustro, varios 

n lugar sombrío, especie de subterráneo, 

nandó desembarazar la entrada de una 

lino oscuro, misterioso, extraño, se pre- 

1 de la comunidad sorprendida. 

u-dián fué el primero en penetrar por él. 

Ufe ron. 

igua cloaca romana, de gran capacidad. 

narcharun hombre sin inclinarse, ycon- 

¡o de la muralla, á la cual ya se ha dicho 

^do el convento, hasta las rocas que se 

del mar. 

m rato por entre tinieblas, pero no hu- 

r en salir al aire libre, á la dulce y tenue 

estrellas. 

:Ioaca se encontraron en las rocas. Las 

is del mar en bonanza llegaban á besar 

ndo con melancólico arrullo como si lio- 

unió. De vez en cuando el aire llevaba 



424 VÍCTOR B 

á sus oídos los clamores del 
calles de la capital. 

Los religiosos se deslizan 
y á su sombra siguieron su 
en dirección al fuerte de At 
no lejos avanzando en el m 
como la proa de un monstru 

El centinela de la murall 
lia hilera de sombras ó fant; 

Inclinóse sobre el muro, ; 

— ¿Quién vive? 

— Los frailes de San Fran 
con voz débil. 

El centinela llamó al ca 
sorprendió menos ver aquel 
del mar y al pie de la mura 

— Dicen que son los frail 
clamó el centinela. 

— Pero ¿de dónde diab 
cabo. 

— Pasad aviso al gobemac 
jo el padre guardián, — y pee 
escalas para que subamos. 

El cabo fué, en efecto, á 
ocurría al gobernador, quiei 
ralla, movido por la extrañ 
los frailes, que parecían salí; 
no conducía al fuerte por at; 
nador de Atarazanas arrím 
franciscanos subieron á la fe 
plicado y donde encontraror 

Toda la noche prosiguien 
calles de Barcelona sin que 
coto á sus desmanes, penetr 
bítaciones de los conventos < 



r 



v^^^^ 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 425 

dio, mientras crujían las vigas, mientras se desploma- 
ban las bóvedas, mientras que columnas de humo se 
lanzaban á los aires. 

No hubo más víctimas que de diez 6 doce religiosos, 
y hartas fueron por desgracia: se consiguió salvar á los 
demás con la generosa acogida que pudo dárseles en 
las casas de que se ampararon, y cuyos vecinos su- 
pieron arrostrar la ira del pueblo para ponerles en se- 
guridad. 

Muchos fueron los habitantes de Barcelona, es preci- 
so decirlo en su obsequio, que rivalizaron aquella noche 
en generosidad é hidalguía y dieron á los infortunados 
fugitivos una hospitalidad que podía costar bien cara 
ciertamente á sus favorecedores. 

Justo es consignar asimismo, la rectitud y la impar- 
cialidad lo exigen, que no animaba en manera alguna 
á los incendiarios la esperanza del pillaje, porque casi 
todo lo que no fué devorado por las llamas se encontró 
intacto en los templos y en las celdas. 

Por lo demás, ningún convento de monjas svifrió el 
menor ataque; ningún clérigo recibió un insulto; ni 
tampoco ninguna de esas feas maldades, que ordinaria- 
mente acompañan á semejantes conmociones nocturnas, 
tuvo lugar aquella noche; antes, por el contrario, mu- 
chas casas permanecieron abiertas, sin que nadie rece- 
lara ni temiera los insultos ni el saqueo. 

Y á f e que todo lo hubieran podido, pues Barcelona 
estuvo, durante toda la noche, á completa merced de 
las turbas, que libres y sin ningún obstáculo recorrían 
las calles. 

Con la primera sonrisa del alba cesó el tumulto. 

Hubiérase dicho que, espantados de su obra, habían 
corrido á esconderse cuantos tomaron parte en el des- 
orden. La luz del día, la luz clara del sol, que se pre- 
sentaba á iluminar tantos horrores, les hundía en el 



426 VÍCTOR BAL 

fondo de sus miserables guar 
ran, con reprobación eterna 1 
mar su obra de sangre, de fui 

La catástrofe de aquella 
todos los hombres de honor, 
sin distinción de partidos. Na 
cil de evitar si los encargado 
lancia pública hubiesen acce 
previsión á que los frailes se 
moradas. Al estado á que hal 
das la situación y la crisis p 
teniendo en cuenta las imper 
las órdenes monásticas al t 
carácter político; consideran 
del Gobierno en negar paso 
únicas entonces salvadoras; 
los ánimos, en las pasiones 1 
cación que natural y lógicam 
tidas facciosas mandadas y d 

dido todo esto, repito, la catástrofe se veía venir, y 
criminal fué no preverlo. Todo lo humano está sujeto 
por la Providencia á una lógica inñexil 

£1 partido liberal creía que las órdt 
habian terminado su misión, y que, p< 
tenían ya razón de ser. £s más: crei 
que en la crisis porque atravesaba J 
gran peligro para todos, y una amena. 
y futura dinastía de la reina Isabel. F 
podrá jamás culparse á tos partidos lib 
dio de los conventos y matanza de 1< 
fueron estos sucesos de hombres iluso! 
jados, que á ningún partido político p 
fueron de la hez del pueblo; obra de í 
extraña naturaleza y anormales condic 
das épocas y en todos los países son ma 



wr^ 



r. .— . ■ , -,■■-. -Vi 



■/I 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE FOBLET 427 ,' 



el vicio, apta para el crimen y apropiada para cuanto 
sea maldad, escándalo ó desorden. 

Por esto aquella noche lo fué de luto para todos. 

Desde el amanecer del siguiente dia las calles se po- 
blaron de gente que iba á visitar el teatro de las esce- 
nas nocturnas, y numerosos piquetes de tropa y Milicia 
nacional cruzaban por todas partes, enviados por la 
autoridad, á recoger los frailes que habían logrado en- 
contrar refugio en las casas particulares, 6 consiguie- 
ran esconderse en sus propios conventos. Los religiosos 
eran trasladados para su seguridad personal á los fuer- 
tes de la plaza, pero no sin recibir por el camino gro- 
seros insultos del pueblo, al que con admirable tesón 
sabia mantener á raya, impidiéndole los desmanes, la 
Milicia ciudadana, graa mantenedora en aquella oca- 
sión de la causa del orden. 

El teniente de Rey, D. Joaquín Ayerbe, estuvo, sobre 
todo, admirable. Iba á recoger en persona á los frailes, 
y, haciéndoles subir á su propio coche, les acompañaba 
á Montjuich ó á Atarazanas, arrostrando las iras de la 
muchedumbre é imponiéndose á ella con su serenidad. 

Cerráronse las puertas de la ciudad, sin permitir la 
entrada á la gente del campo, y por aquel día limitóse 
la autoridad civil á mandar que los dueños de fábricas 
y talleres no los cerrasen bajo ningún pretexto. 

Las monjas, previo el consentimiento de la autoridad 
eclesiástica, fueron invitadas á retirarse del claustro, 
con facultad para alojarse en casa de sus padres, pa- 
rientes ó amigos, y pusiéronse fuertes guardias en to- 
dos los conventos. 

Al otro día, 27, el comandante general de las armas 
y el gobernador civil, que en la aborrascada noche del 
incendio dieron ostensibles muestras de ánimo desma- 
yado, publicaron una proclama en que pintaban la gra- 
vedad de los sucesos, y concluía de esta manera: 



V. 
> 



428 vfCTO 

t Disposiciones fuertes 
ni miramiento á clases n 
ve, y la terrible espada ¿ 
te sobre las cabezas de I 

tes Los malvados sut 

el peso de la ley en un 
comisión militar, con ai 
Al recordaros la existenc 
ción, es justo advertiros i 
á su conocimiento, si á I 
dad competente no se de 
funda recelo á la misma, 
ción, el íállo á la culpa, 
miento serán una tardía 

P'ué esta proclama ( 
Llauder. 

La alarma hubo de sei 

Los términos violento 
proclama; el querer culpí 
cuando la verdadera culfw 

nada hicieron para reprimir; las intenciones que se su- 
ponían en Llauder, todo fué causa de general disgusto. 

Barcelona, que no se sentía culpada, pues no pertc- 
necían á su seno ni á su familia los hombres que en la 
noche del 25 recorrieron sUs calles armados con el pu- 
ñal del asesino y la tea del incendio; Barcelona, que 
era la primera en deplorar los sucesos, sintióse herida 
en su dignidad y en sus nobles sentimientos al ver que 
se trataba de castigarla como si fuese ella la culpable. 

Un grito unánime se levantó: el de ¡Muera Llauder'- 
¡muera el ti rano! 

El general entró en la ciudad el 27, pero al enterar- 
se de lo que ocurría y al conocer la actitud del puebl > 
se encerró en la Cindadela con parte de la tropa q 
traía, y al amanecer del día siguiente, 2S, salió pa 



♦ • T 






HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 429 

Mataró, desalojando después el palacio, del que hizo 
sacar todo su equipaje. 

Mientras que estas escenas tenían lugar en Barcelo- 
na, consecuencia de la noche del 25, en otros puntos 
del Principado se secundaba el movimiento. 

Ardían á un tiempo el convento de Recoletos de Riu- 
doms, el precioso monasterio de Benedictinos de San 
Cucufate del Valles, y el general Llauder y su comiti- 
va hacían alto en Mongat para contemplar el torrente 
de llamas que se escapaba del de San Jerónimo de la 
Murtra. Más tarde, como si se hubiese dado por todas 
partes la implacable señal de exterminio, devoraba el 
incendio el convento de Capuchinos d>2 Matará; el de 
la misma orden de Arenys; otro de Igualada; el monas- 
terio de Scala-Dei, que era el primero y más rico mo- 
nasterio de Cartujos en España; otro de igual religión, 
el de Monte-Alegre, colocado como un águila en la 
cima de una pintoresca montaña, y ocurrían en Po- 
blet las escenas en el anterior capítulo descritas. 

Mientras tanto, la agitación y la alarma reinaban en 
Barcelona. El desorden volvía á presentar su negra faz. 

Dióse una disposición justísima y acertada, por la que 
se prohibía á toda persona, fuese de la clase que fuera, 
penetrar en el recinto de convento alguno de la capital 
sin expreso permiso de la autoridad competente; aña- 
diendo que quien contraviniese, aun cuando no extra- 
jera efecto alguno de dichos lugares, sería tratado como 
atentador á la propiedad ajena. 

Terrible cadena de sucesos siguió á la noche del 25. 

Barcelona estaba sobre un volcán. 

Inquietos, agitados, calenturientos fueron los días 
que mediaron hasta el 5 de Agosto. 

A las diez de la mañana de este día se esparció con 
la rapidez del rayo la noticia de que había entrado el 
general Bassa, con su columna de operaciones, porta- 



43° 

dor de severas órdenes de Llauder para i 
vimiento político que se iniciaba, y escí 
mente á los que intentaran secundarlo. 

Al difundirse esta voz enciéndense lo: 
se en la Rambla gritos subversivos, acu< 
triotas á la plaza de Palacio donde est 
recorren otros los cuarteles, huyen di 
mujeres que iban á sus faenas, desapar 
sos, ciérranse precipitadamente las puer 
y tiendas, y, por fin, á las doce del día 
la señal de alarma con un cañonazo, : 
con su ronco estampido el cañón de la 

Lejos de atemorizar esta señal al ] 
por el contrario los ánimos. Oyese por 
grito de ¡íí las armas! y el movimiento 
rígese la Milicia urbana á la plaza de 1 
batiente y banderas desplegadas: avan: 
Bassa había dejado á las puertas de la 
el edificio de la Lonja, pero no hostilizí 
misiones del Ayuntamiento, de la Dipi 
cial, de la Milicia, personas respetable: 
niones, suben á Palacio para rogar al 
que haga dimisión de su cargo, que no 
gre y en llanto la segunda capital de E: 
ral resiste, llega á vacilar en ciertos m^ 
por largo tiempo entre sus deseos con: 
sus deberes como militar; pero triunfan 
la voz de estos últimos, exclama resuell 

— O yo, ó el pueblo. 

¡O yo, ó el pueblo! Palabras fatales, 
vez imprudentes en aquella situación, 
dignas y propias de un valiente. 

La respuesta de Bassa se esparce coi 
ba apenas de pronunciar su frase, cuan 
amotinado en la plaza se entera, y un 



CAT1U.UÑA — LAS RUINAS DE POBLET 43 1 

oces contesta al reto. Con la celeridad 
I una turba desaforada invade la vecina 
: María; escala una tribuna que comu- 
uente, cuyos restos existen aún, con el 
:raf; entra como un torrente en las ha- 
:tra en el gabinete donde se halla Bas- 
lenes para comenzar la lucha, y un 
le sin vida al caballeroso militar á los 

arrojado por el balcón á la plaza, arras- 
lies, y, como si Barcelona se hubiese 
a pueblo de salvajes, quemado y consu- 
a que se formó con los efectos y pape- 
ción de policia. 

:es que el ejército pudiera volver en si 
odo esto antes de que nadie se diera 
le estaba pasando; todo esto antes de 
rbana pudiera con su mediación repri- 
10 y bárbaro atentado, 
honrados de todos los partidos lamen- 
1 suceso, que llenó de consternación al 
capital. 

o el populacho, desbandado por calles 
)a á un tiempo las oficinas de los comi- 
l; echaba mano de cuanto se ofrecía á 
por ios balcones de las oficinas legajos, 
ebles, todo en revuelta confusión, y con 
igueras, mientras que otro grupo en la 
plaza de Palacio derribaba la estatua de bronce de Fer- 
nando VII, que allí mandara colocar en su tiempo Car- 
los de España, ea actitud verdaderamente soberbia y 
amenazadora para el pueblo. 

Desbordada la plebe, perdió todo freno, y aquella no- 
che una turba de malvados reduda á cenizas la fábiica 
de vapor llamada de Bonaplata. 



432 vfCTOR B 

No es éste el sitio adecúa 
entonces ocurrió, pues que ; 
vo de la ruina de Poblet, tra 
toria de los sucesos que tu 
durante la infausta noche dt 

cesos que, como he dicho, me tocó presenciar en parte, 
dejándome tristes recuerdos que jamás se apartaron ni 
se apartarán de mi memoria. 

Referidos quedan ya aquellos sucesos, así como los 
que más inmediatamente les siguieron, pudiéndose de- 
cir que en ellos tuvieron origen. Sólo diré, en conclu- 
sión, que la Milicia y los buenos ciudadanos supieron 
unirse para arrojar á las turbas que tenían consternada 
á Barcelona; que se trató de organizar el movimiento; 
que se le imprimió un carácter político, levantado y se- 
rio; que se nombró una Junta auxiliary consultiva que 
reasumió todos los poderes; y que esta Junta, con so- 
licitud y prudencia, cuidó de poner en seguridad á los 
frailes, dio cuantas disposiciones requerían las circuns- 
tancias, y se entendió con Aragón y Valencia para for- 
mar una confederación liberal que tuviese por égida, sím- 
bolo y bandera, el trono constitucional de Doña Isa- 
bel II. 

La situación de Barcelona fué entonces imponente? 
marca época en su historia aquel período, que hu'^e'"» 
sido mucho más brillante y gallardo á no tener ¡i:c la- 
mentar los duelos y tristezas de su comienzo. 

La crisis toda concluyó con el nombramiento del mi- 
nisterio Mendízábal y con la llegada del famoso Mina 
como capitán general del Principado. 



Asi terminaron las órdenes moaásticas en Españi 
Fué su ruina por medio de una gran catástrofe, pero » 



ATALUSa — LAS RUItlAS DE POBLET 433 

Slo por grandes sacudimientos y gran- 
imben los poderes de la tierra, 
i influyó entonces Cataluña en los des- 
i, y comenzó una época de sistema re- 
gimen constitucional; ¿poca de bien- 
conquistada á través de muchos dis- 
iones, á costa de muchos sacrificios y 
>digamente vertida por dos generacío- 
i quienes hay que conceder, al menos, 
ito á toda prueba y un patriotismo que 
grados de lo heroico y de lo sublime, 
í de Poblet y otras que como ellas ea- 
r el suelo de la patria, ejemplo cons- 
lue es pasajera, cuando no efímera, 
e no se apoye y asiente sobre bases de 
!, de equidad y de justicia; y permita 
Dios que nuestra noble tierra española, aleccionada por 
lo ocurrido, halle el remedio de sus males en las salva- 
doras y reguladas prácticas de la libertad, bajo la cual 
pueden vivir tranquilamente sin menoscabo los poderes, 
sin egoísmo los ciudadanos, sin monopolio los intere- 
ses, sin odio las clases, sin lesión la justicia, sin trabas 
la inteligencia, sin agravio los derechos, sin merma los 
deberes, sin debilidades el carácter, sin contrariedades 
néríto, sin escarnio la rectitud, y todas las fuerzas 
das para el bien, la prosperidad y el engrandecimien- 
le la patria. 

Madrid 4 de Marzo dt 1885. 



APENDIC 



(V. la pág. ag 

El archivo y la biblioteca de P< 
tancia, guardaban un verdadero t 
Viaje liürario á las iglesias de Esf 
sita á Poblet (tomo XX), y cita al 
bros raros, manuscritos y documi 
biblioteca. 

Gracias á este erudito literato, i 
servicio con su obra, se sabe que 
estima, había los siguientes, de • 
tomar nota: 

Las coplas di Juan de Metía, e; 
siglo XV. — Poesías di D. Diego Me. 
manuscrito del siglo xvii, obra des 
bliotecas. — Lacrónica del rey D, E. 
D. Diego Henriquez del Castillo.- 
regnorum Sicilia, por Pedro Trosil 
— El libro de Fr. Francisco Eximí 
á la reina Doña María de Aragón.- 
y acaso anterior; códice que Villan 
iluminación, limpieza y hermosura 
que tenia visibles señales de habt 
narca aragonés. También dice el 
estar en el archivo, según voz con 
vio, el original de la Crónica de D 
escrito de puno y letra de este mo 

Lo que fueron la biblioteca y a 
decírnoslo los libros, pergaminos 
que, con solicitud y diligencia, y á 



DE CATALUÑA. — LAS RUINAS DE POBLET 435 

ieguido ir recogiendo nuestra Real Academís 
1. Procedentes de Poblet, y salvados del in~ 
evoró muchos papeles, y del saqueo que hs 
ichos libros por bibliotecas nacionales y ex- 
Academia de la Htstoña posee: 
locumentos, entre pergaminos y papeles más 
Tesantes, conservados en 35 grandes cajas. — 
ros, manuscritos, cartularios, etc. — 3.° 46 vo- 
rocesos, formados con ocasión délas altera- 
Lmientos de Aragón en 1591. 
ero, ó sea de los 20.762 documentos, no hay 
ilogo alguno. La Academia de la Historia, 
mal, con gran escasez de fondos y teniendo 

mucho, traspasó todos estos documentos al 
ico nacional, á fin de que, teniendo éste más 
:ran en él Irse catalogando; pero atenciones 
leí servicio y otras causas fueron retardando 
I distinguido literato D. Guillermo Forteza, 
a al archivo, hizo en su tiempo unas doscien- 

Hace algunos meses, con ocasión de hallar- 
. el joven, ilustrado y entusiasta catalanista 
Toda, de quien hablo más extensamente en el 
obra, visitó el Archivo hiitóñco por recomen- 

pasó algunos días registrando, con laudable 
dad de documentos que existen, revueltos y 
snlas citadas cajas; las cuales se tomó la mo- 
jar en relación con un índice que hizo, muya 
■ por encima, es cierto, pero índice gracias al 
uego orientarme para entender algo en aquel 
le papeles. La imparcialidad y la justicíame 
lignar este tributo de gratitud al Sr. Toda, ya 
pudiera dar ni siquiera la más escasa noticia 
icumentos que me propongo ofrecer aquí á los 
i y amantes de la historia patria, y que de 
rvirles ínterin el Archivo histórico no cuente 
sos y medios para catalogarlo todo y publicar 
ligno de publicación sea. 
pues, que contienen los documentos de Po- 



j6 VÍCTOR BALAGUBR 

, en relación con el índicede Toda, que poseo yht 
lentado con muchas notas de papeles que él no llcfó í 

encierran: 

ajas números i, 2 y 3. — Pergamitios varios, algunos de 
s de personajes reales, con sus correspondientes sellos 
[antes, contratas, cesiones, ventas ó compras de terre- 

Algunos de estos documentos son del siglo xit. Papt- 
lUeltos y truncados de procesos seguidos por el monas- 
3 en los siglos xiii y xiv. 

aja nüm, 4. — Libros de Poblet pertenecientes á los si- 
; XIV, XV y xvi, con notas, cuentas, contratos, rclacio- 
de cosas relativas al monasterio, etc. Un libro de his- 
1, usos y costumbres del Priorato de Nuestra StAon 
Tellat, con unos gozos que parecen ser originales de 
Maciá Grau, prior en 1659. Un libro de cartas de los 
rados de Roma, concernientes al proceso que el monas- 
j seguía contra e! de Santas Creus de 1741 á 1751. Un 
) de confirmación de los privilegios reales del monas- 
) de Cartujos de Scala-Dei. Dos manuales con la lisU 
os monjes entrados en el monasterio, y nota délas co- 
memorables ocurridas en el mismo desde 1493 á 1653. 
aja n(¡m. 5, — Pergaminos referentes á donaciones, ven- 
y sentencias. Varias cartas de reyes é infantes de 

eim. 

ya nüm. 6. — Pergaminos, casi todos de los siglos xv 
'I, siendo copia de otros más antiguos interesantes pa- 
'oblet, pero cuyos originales no estaban en el monas- 

tja núm. 7. — Un grueso volumen sobre el pleito segui- 
ntre el monasterio y la Espluga de Francolí con roo- 
del dominio de las aguas y del bosque, cuyo pleito 
; desde 1278 á laSo. Un tomo de hechos curiosos y da- 
muy interesantes sobre la población del término de 
bodí. Un paquete de correspondencia recibida durante 
glo XVII por el monasterio, conteniendo varías caitas 
1. Pedro Antonio de Aragón, el enamorado de Poblet 
I voluminoso paquete de correspondencia política 
icular. Cartas de reyes, príncipes y gobernadores d 



■r?^"^ 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 437 

Cataluña, entre las cuales se hallan algunas correspon* 
^dientes á la guerra de sucesión. 

Caja núm. 8. — Algunos pergaminos y una colección de 
Bulas de Papas, del siglo xu al xviii. Son notables por su 
mérito artístico é histórico los sellos en cera y plomo de los 
<locumentos pontificios. 

Caja núm. 9. — Colección de antiguos pergaminos relati- 
vos á títulos de propiedad, contratos, arriendos, servidum- 
bres, etc., que tenía el monasterio, no sólo en los pueblos 
de las cercanías, sino en diversos puntos de Aragón, Va- 
lencia y Mallorca. Hay además muclias cédulas ó declara- 
ciones de obediencia hechas por monjes que profesaron en 
el monasterio, del siglo xv al xviiii curiosas algunas de 
ellas como trabajos caligráficos. 

Caja núm . 10. — Pergaminos . 

Caja núm. 11. — Contiene una cantidad considerable de 
papeles antiguos y modernos, relativos algunos al monas- 
terio de Santas Creus. 

Caja núm, i2.»>Bulas pontificias y cartas reales. 

Cajas números 13, 14, 15, 16 y 17. — Pergaminos. 

Caja núm. 18. — Bulas pontificias y cartas reales. 

Caja núm. 19. — Pergaminos y declaraciones de monjes. 

Caja núm. 20. — Cartas reales. 

Caja núm. 21. — Grandes paquetes de cartas reales y 
papeles políticos, que abrazan del siglo xv al xviii. 



A más de estas cajas, existen en el Archivo muchas 
obras, papeles y cartularios procedentes de Poblet. Entre 
•ellos hay varios privilegios y escrituras de la casa y hospi- 
tal de San Vicente, junto á Valencia; distintos documen- 
tos curiosos y de valor histórico, como por ejemplo el Pro- 
cóssHS reconciliaiionis Domini Jacobi regis Aragonum quondan 
pro exussu commisso in episcopum gerundensemy de que se ha- 
bla en otro apéndice; los privilegios concedidos por los re* 
yes al monasterio; varios volúmenes de pleitos seguidos 
por el monasterio contra particulares ó cabildos, etc., etc. 




438 VÍCTOR BALAGUER 

Merece citarse un libro manuscrito, cuyo título es: 

Relación histórica del Serenísimo Señor Príncipe D* Caries 
de Viana: autor el reverendo padre Joseph Queralt y Noet, «o»- 
je Benedictino cisterciense del Real monasterio de Nuestra Seño- 
ra de P óblete 

Esta obra está dedicada al muy ilustre Sr. D. Francisco 
Dorda, abad de Poblet, y escrita el año 1706, y es unMS. 
en 4.** de 88 páginas de letra metida. 

En el prólogo al lector se dice que lo contenido en la 
obra está sacado de varios autores: Carbonell, Lucio Ma- 
rineo, Zurita, Mariana, Garibay y otros, pero muy espe- 
cialmente de €un manuscrito antiguo de un autor monje de Po- 
blet, el cual es de eccoptación? grande, pues dice que cuasi todo 
quanto escribe lo sacó de unos manuscritos del Sr, Abad de P<h 
blet D. Miguel Delgado, varón docto y maestro en Santa Theo^ 
logia, y que se halló con él en tiempo que vivía el señor Príncipe 
D, Carlos, y trató con él, con su tío D, Alonso y su padre D(m 
Juan, » Este abad Delgado es aquél de quien recordará el 
lector que se habla en el texto de esta obra. 

Al prólogo siguen unos versos dedicados al príncipe Don 
Carlos, que se dice ser copia de un MS. antiguo de Po- 
blet, cuyos versos son, por cierto, bastante malos, como 
puede juzgarse por la siguiente estrofa ñnal: 

«No le levanta el honor 
ni el deshonor le entristece, 
ni jamás le desvanece 
la voz del adulador, 
ni la del malsín le empece 
al tener» ó, al no tener 
con una tassa la tassa 
no estima el ser, ó, no ser, 
y en hazer, ó, dezaser 
c(3n sólo Dios se compassa.» 

El libro se compone de las materias y capítulos si- 
guientes: 

Recopilación de muchos elogios que tributan algunos 
autores al sereníssimo príncipe D. Carlos. 



r 



HIST, DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 439 

Genealogía de los condes de Barcelona y reyes de 
Aragón. 

Descríbese la genealogía del sereníssimo infante hijo de 
D. Juan lly el príncipe de Viana» por la línea de su padre. 

Descríbese la genealogía del sereníssimo príncipe Don 
Carlos, por la parte de su madre, esto es, del árbol de los 
reyes de Navarra y Sobrarbe. 

Libro primero. Cap. I. — Del nacimiento é infancia del 
sereníssimo infante D. Carlos de Viana. 

Cap. II. — Del principio» de las guerras entre padre 6 
hijo. 

Cap. III. — ^De la embajada que envió el padre al hijo y 
de su respuesta. 

Cap. IV. — Cómo D. Juan II dio batalla al ejército del 
rey de Castilla y de D. Carlos, y cómo los venció. 

Cap. V.— De cómo el príncipe D. Carlos fué aprisiona- 
do, de la concordia que se hizo para libertarle, y de la 
guerra que después se movió. 

Cap. VI. — De cómo D. Carlos se fué á Ñapóles, y de lo 
que le sucedió allí por el camino. En este capítulo, lo pro- 
pio que en el anterior, hay algo curioso, y algunos detalles 
que me parece son desconocidos en la historia. 

Cap. VIL — De cómo el príncipe se fué á Sicilia y des- 
pués á Cataluña, y lo que allí sucedió. 

Cap. VIII. — De la venida del príncipe D. Carlos á Ca- 
taluña. 

Cap. IX. — De la venida de D. Carlos á Barcelona, y lo 
que le sucedió en ella. 

Cap. X. — Cómo el rey llamó á su hijo para Lérida, y 
cómo allí le mandó aprisionar. 

Cap. XI. — De las diligencias que hizo el Principado de 
Cataluña para librar al príncipe de la cárcel. En este ca- 
pítulo se dan como exactas aquellas palabras de tía ira del 
rey es tnensajera de la mtierte^ i dirigidas por D. Juan II á los 
embajadores catalanes. 

Cap. XII. — De las diligencias que hizo el reino de Ara- 
gón para alcanzar libertad á D. Carlos. 

Cap. XIII.— Cómo fué puesto en libertad el príncipe, y 



440 VÍCTOR I 

cómo fué entreg&do á Barcelí 
tulo los festejos y alegrías d< 
cipe. 

Cap. XIV. — De las capituL 
cipe de Viana. 

Cap. XV. — De cómo enft 
sacramentos y ordenó su test 
asegura que el príncipe hab! 
Poblet, lo cual impidió por : 
de dicho monasterio, D. Mig 
mente se consultó al efecto. 

Libro segundo. Cap. I.- 
milagros que obró el Sr. P 
traslada una escritura auténti 
el archivo de Poblet, autoriz 
lona Ltuys Rufet, en la cual s< 
lo ocurrido en los doce dfas 
muerte del príncipe liasta qa< 

Cap. II. — De la translaciór 
Carlos de la Seo de Baicelon 
Este capitulo está escrito reü 
existía en un manuscrito de 
fama común se decía ser del i 

Cap. III. — De un indulto aj 
que se ha de dar al príncipe. 

Cap. IV, — De algunos mila; 
las reliquias del príncipe de \ 

Cap. V. — De algunos otros 
por intercesión del Sr. Princi] 

Cap. VI.— Cómo el Sr. Prl 
muchos de lamparones. 

Cap. VII. — De otros divori 
Sr. Príncipe D. Carlos. 

Cap. VIII. — De algunos mi 
ñor Príncipe en nuestros tiem 

Cap. IX. — De otros milagí 
obró el Sr. Príncipe D. Carl( 
menzado en el año 1707 por a 



1 CATALUiÍA — LAS RUINAS DE POBLKT 44I 

impido al llegar al mes de Febrero de di- 



os estos documentos que existen en el Ar- 
la Real Academia de la Historia posee y 
sos volúmenes de procesos (todos proce- 
lel Archivo de Poblet) que se formaron con 
Iteraciones y movimientos de Aragón en 
Marqués de Pidal encontró en ellos gran 
ibir su notable libro sobre las alteraciones 
>r. D. Salustiano de Olózaga se ocupó de 
1 su discurso de entrada en la Academia, y 
a^o de ellos en mi contestación académi- 
: entrada de mi noble y llorado compañero 
a Romero Ortiz. 

ntos debieran publicarse, y así lo hará de 
imia el día que disponga de fondos para 
D se conozcan y estudien estos procesos, 
rse con verdad la historia de aquellas ce- 
es de Aragón, motivadas por el amparo 
xinio Pérez y que acabaron con las liber- 
üno. 

! ayudar á los curiosos é investigadores, 
tracto sucinto de lo que son y contienen 
de procesos. 

n averiguación de los que tomaron parte 
itos de Aragón en 1591, formada por los 
I Diego de Covarrubias y el Dr, Miguel do 
} nombrados por el Rey. Sigue la declaxa- 
>. Juan de Luna, preso en el castillo de 
tomadas al Dr. D. Juan Francisco do To- 
istamante, criado que fué de Antonio Pé- 
Sema Bracamonte, Lázaro Corrilla, Je- 
s, Jerónimo Marqués, D. Jorge Fernández 
:U-hombre de la boca del Rey, y Juan de 

1 original de D. Juan Martínez de Luna, 



44^ VÍCTOR B. 

preso en el castillo de Santorc 
de 12 de Abril de 1592 dando 
bal Pellicer, con asistencia d< 
drano, para que examine y toi 
D. Juan de Luna. 

III. Proceso de la acusacit 
res fiscales de S. M. con motil 
goza en 1391 contra Cosme P 
del ejército aragonés; Juan de 
lió con el Justicia, y por comi 
dos de Aragón, abrió una bo' 
lugar de Gríssen para impedir 
Hiorónimo Pecco, el mayor, 
en algunas de las juntas que s 
Hierónimo Avenilla, que fué t 
ron instancia con el Justicia y 
á resistir al ejército; D. Migu 
bau, que se hallaron en la req 
tados del reino, para que á r 
ejército Real y que se convoc 
to; Jaime Buii, procurador, q 
muy perjudiciales y en deseri 
ordenó las requestas que se h) 

y diputados para que se resistiese al ejército del Rey, y 
también ordenó otra requesta para que no se entregase ai 
Santo Oñcio de la Inquisición la persona de Antonio Pérez, 
y otra para que se quitasen los presidios de Ainxa, Bena- 
barre y del Mercado; Dionisio Pérez, muy amigo y fautor 
de Antonio Pérez, y camarada de los sediciosas; y por úl- 
timo, Miguel de Torres, vecino y justicia de la villa de 
Alagón, que en la noche del 24 de Setiembre de 1591, des* 
pues que Antonio Pérez fué sacado de la cárcel de los ma- 
nifestados, se fué á la dicha villa de Alagón en comparas 
de Gil de Messa, Francisco de Ayerbe y otros, y se fueron 
á apear á casa del señor de Canduero, á donde fué este 
Miguel de Torres, y allí le contó Antonio Pérez todo I ' 
que había sucedido acerca de su liberación, 

IV. Proceso contra D. Martín Despés y Alagón, birC 



HIST, DB CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 443 

de la Laguna, Juan de Marcuello, Miguel Turlán, diputa- 
dos que fueron del reino de Aragón, y Juan Bucle Metelí ó 
Metelin, jurado de Zaragoza. Están todas las actuaciones 
menos la sentencia. Entre los documentos que contiene, 
se hallan cartas de los diputados mandando resistir al ejér- 
cito Real, convocatorias á ciudades y villas del reino para 
alzarse en armas, comunicaciones á los concelleres de 
Barcelona y contestación de éstos, diligencias, declaracio- 
nes, registros, etc., etc., con papeles y noticias de suma 
importancia para la historia de aquellos memorables su- 
cesos. 

V. Proceso á instancia de Doña Blanca Manrique, con- 
desa de Aranda, viuda de D. Luis Jiménez de Urrea, con- 
de de Aranda, para que los jueces comisarios absolviesen 
la memoria, honor y bienes de su difunto marido. En este 
proceso ñgura y declara como testigo el célebre poeta Leo- 
nardo de Argensola. 

VI. Parte de un proceso que empieza con el interroga- 
torio, al tenor del cual había de ser examinado D. Antonio 
Ferriz de Lizana, con las declaraciones tomadas á muchos 
presos y á otros testigos que intervinieron más ó menos di- 
rectamente en las revueltas. Hay declaraciones de verda- 
dera importancia, y muchos documentos relativos á los 
sucesos. 

VIL Expediente ampliando la ciudad por cárcel á al- 
gunos presos. Los comprendidos son los siguientes: Miguel 
de Torres, de Alagón; Lucas Pérez de Olivan, Micer Pe- 
dro Luis Martínez, Pedro Prado, procurador del reino; 
Miguel Torres, D. Juan de Urrea, Juan de Sadava, Doctor 
Micer Jerónimo López, Luis Ganareo, librero; Esteban de 
Ardanza, en libertad por haber entregado la persona de 
Jerónimo Abinilla; Martín de la Era y Araincar, Juan de 
Bombao, Sebastián Moles, Juan Agustín Batista, Agustín 
Jimeno, Juan de Mendive, D. Juan de Aragón, Juan de 
Aro, notario; Mateo Ros, D. Juan Alonso de Moncayo, 
Bartolomé Mainar, Miguel Turlán de Alabiano, Juan de 
Sius, barquero; Micer Felipe Gaco, Micer Bartolomé Ló- 
pez Zapata, Juan de Layeto, notario; Pedro Navarro, Cos- 



444 VÍCTOR BALAG 

me Pariente, D. Dionisio Guaras, 
Sola, Dr. Juan López de Bailo, J 
tado; Juan Azlor, Domingo Mont 
la Laguna, Juan Ramírez, Jaime ] 
de Villaverde, menor. 

VIII. Cartas de D. Juan de I 
gón, y de los diputados del reino 
nientes de justicias, jurados, con 
aquel reino, mandándoles envíen : 
do armas, hábiles y prácticos en 
acompañen á resistir y expeler di 
y ejército que en ellas habían enl 
Vargas. 

De este volumen forman parte 
incoados para averiguar la culpa 
del reino pudieron tener determiní 

Entre los documentas hay la sej 
D. Diego Fernández de Heredia, 
del delito de lesa majestad, coni 
muerte, siendo decapitado y su 
elevado sobre la puerta llamada c 
tulo escrito en piedra, donde se le; 
litos porque se le condenaba, mai 
bienes fuesen secuestrados y aplici 

IX. Proceso de la acusación cr 
Rey contra Esteban de Ardanza, 
Español de Niño, 

En la hoja que sirve de cubier 
hay una nota tachada que dice: co 
puede p»ouder sin ordm del Sr. Atzo 

Forman parte de este volumen 
tas de diversos persona j es, y los e( 
pitan general de los ejércitos reale 
ofreciendo premios de dinero á los 
presos en manos de los comisarios 
efecto se nombrasen, las persona; 
ta forma: Por la persona de Anto 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBI 

dos; por la de D. Juan de Luna, 4.000; por la d' 
de Hercdia, 4.000; por la de D. Martín de Laní 
etc., etc. 

X. Proceso de los procuradores ñscales del 
BCusacióncriminal contra Jaime de Urgel, Frant 
do Calatayud, Micer Juan de Bardají, doctor; < 
Bardajl, Pedro de Mur, Pedro Cañigar, Pedrí 
de Arbula y Pedro Pelegiín, alquilador de muía 
goza. Los cuatro primeros fueron condenados 
por sentencia pronunciada por los señores del ( 
Aragón. 

XI. Proceso de la acusación criminal de los 
res fiscales de S. M. contra Marcos de Araiz, 
D. Die^o de Heredia, Lucaa de Andía, Juan 1 
Miguel D. Lope, el maestro Basante, Rafael 
Francisco Valles, Diego de Barrionuevo y Juai 
menor. 

XII. Proceso seg:uído por D. Juan de Ton 
tra el procurador fiscal para que se le devuelvar 
que se le secuestraron; de la cual pena, asi con 
muerte que le había sido impuesta por sentenci 
Diciembre de 1592, fué absuelto por otra de 
tiembre de 1598. 

XIII. Proceso de los procuradores fiscales 
contra Gil de Urroz y Julián de Conderano, aus 
sentencia de los señores del Consejo de Aragói 
Almazán á 9 de Diciembre de 1592, fueron coi 
la pena de muerte en horca, 

XIV. Proceso de pleito seguido por Doña C 
Urrea y Toledo y por D. Pedro de Lanuza, vi 
de D. Juan de Lanuza y de Perellós, Justicia d< 
vizconde de Roda, contra el procurador fiscal dt 
primera sobre que se la entreguen libremente 
del dicho su marido, así libres, en cuya posesii 
la muerte del mismo por virtud de su testament 
codicUo, como de los otros de mayorazgo de : 
consorte, que también entró á poseer, así por ra 
poteca de su dote y aumento de ésta, como por < 



446 vfci 

de la viudedad, cuyo g( 
capitulaciones matricnoc 
de la Doña Catalina su 
pidió se alzase el secue: 
mayorazgo en cuanto á 1 
le por legítimo sucesor 
de los dias de su madre, 
mamientos hechos por le 
los señores del Supremo 
Madrid y en su iglesia ; 
tumbraban celebrar sus i 
to de 1598, en que se de 
talina de Urrea el derec 
de su marido, conforme 
nes matrimoniales, jiinl 
demás ventajas ferales; 
da la viudedad, correspe 
cho de cobrar de los mif 
ta y un mil Hbras jaque 
más por aumento de ésl 
censales, de cada mil 1 
cada mil sueldos de pen 
matrimonio recibió y hi 
madre Doña Juana de 1 
chos del fisco en cuanto 
nes. Por esta razón, la 
alguna acerca de la pret 

XV. Proceso del api 
da de Antonio Pérez, pi 
ción de Zaragoza, ante 
dan, ciudadano y juez o 
colas Melgar, Isidoro de 
mo de Gali, morisco coi 
Zorrilla, Pedro Luis d 
Montalbo, comoculpabl 
que contra Él prestaron. 

XVI. Proceso de Is 
dio de Bolea, Manuel U 



. DB CATALUÑA^LAS RUINAS DE FOBLET 447 

indez de Heredia, D. Antonio Ferriz, D. Mar- 
iza, Tomás do Rueda, Francisco de Aycrbe, 
Santa Clara y de Soria, Martín Jaime Fonz, 
cden, Luc&S de Andía, Jerónimo García, Jeró- 
Pedro Cañigral, Francisco de Ángulo, Juan de 
an Porquet, dieron en 17 de Agosto de 1591 á 
iS del reino de Aragón, en que les pidieron no 
tregasen á los inquisidores la persona de Anto- 
^ontiene muy curiosas informaciones de dife- 
os sobre los movimientos de Zaragoza y reino 
m 1591, siendo entre ellas notable la declara- 
Diez d' Aux, vecino de Daroca, la cual está en 

puntamientos y extractos délas declaraciones 
os diez y nueve testigos, examinados en los 
i se formaron por las alteraciones de Aragón 

^oceso de ñanzas prestadas por algunos pro- 
I salir de la prisión y tener la casa y ciudad por 
los siguientes: Juan Jerónimo Espes de Sola, 
do Clavería, Jerónimo Taff a lies, notario; Don 
s la Caballería, Micer Andrés Serveto de Anin- 
e la Huerta, Miguel Martínez, Felipe de Po- 
:go de Funes, Tomás Gormaz, Antón de Exea, 
I, Martín de Marchueta, Jerónimo Jiménez, 
o Altarriba y Alagón, señor de Huerto, Don 
la, D. Luis do Toirellas, Dr. Juan Murillo, MÍ- 
[ontesa, Valero de Aro, Miguel de Fuertes, co- 
Pernando Ruiz de Prado, Pedro de Amedo, 
Torrellas, Pablo de Villanueva, Juan de los 
in; Jaime y Martín de Mezquita, hermanos; 
lénez, Juan Bautista de Vello, Domingo Mon- 
imode Falces, Felipe Canerol, Micer Baltasar 
itell, Juan Diez de Aux y de Marcilla, D. Juan 
' Domingo Lobera. 

oceso de la acusación criminal de los procu- 
des contra Micer Andrés Serveto do Anii^ón, 
lomé Diez, Micer Diego de Funes, Micer Je- 



.'»< .• 



^ 



'V 



448 



VÍCTOR BALAGUBR 



fs- 



•• «i 



rónimo López, Micer Carlos Montesa, Micer Felipe Ga9Ór 
Micer Andrés Barutell, Micer Bartolomé López Zapata 
y Micer Juan López de Baylo, letrados acusados de ha- 
ber dado consejo á los diputados de Aragón que convo- 
casen las gentes del reino y que á mano armada se impi- 
diese la entrada del ejército del Rey en 1591. 

XX. Acusación criminal de los procuradores fiscales 
contra Antonio Pérez, Gil de Mesa, Juan Francisco Ma- 
yorini, D. Martín Lanuza, D. Pedro de Bolea, D. Juan de 
Torrellas, D. Iban Coscón, Manuel D. Lope, Christóbal 
Frontín, Juan Luis Fontova, Juan deUbieto, pelaire; An- 
tón de Anón y Gaspar Burzes, por la parte que cada uno 
de éstos tuvo en los movimientos. 

XXI. Proceso del procurador fiscal del Rey contra Gil 
Ibáñez de Urroz, por haber sido uno de los que más se 
mostraron en los motines y sediciones que ocurrieron en 
Zaragoza en 1591. 

XXII. Proceso de la acusación criminal de los procu- 
radores fiscales contra Felipe Ros, D. Juan Agustín, Don 
Felipe de Castro, Jerónimo Valles, Jaime Villanueva, Juan 
Agustín Bautista, Juan de Vertiz, Manuel D. Lope, As- 
canio de Omedcs y Pablo de Villanueva. Además de los es- 
critos de los fiscales y de las declaraciones de testigos que . 
se presentaron contra los reos, contiene el proceso los si- 
guientes documentos: Proceso de requesta de los muy ilus- 
tres señores D. Martín de Bolea y Castro, D. Antonio Fe- 
rriz, D. Pedro de Bolea y otros caballeros de Zaragoza, 
contra la aprehensión de armas á los que las llevaban por 
dicha ciudad y sus términos: 13 de Mayo de 1501: fol. 169. 
Otro proceso de la requesta de ilustres señores D. Di^o 
de Heredia, D. Pedro de Bolea, D. Martín de Lanuza y 
otros caballeros de Zaragoza, por haberse puesto presidios 
de tropa en algunos puntos de la ciudad, lo cual era contra 
los fueros y libertades del reino: 24 de Mayo de 1591: fo- 
lio 173. Proceso de requesta de los muy ilustres señores 
D. Martín de Bolea y Castro, D. Antonio Ferriz, D. Pe- 
dro de Bolea y de otros caballeros de Zaragoza, contra el 
pregón sobre llevar linternas por las noches, que manda- 



>■»■ 



V! 






HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 449 

ron publicar los jurados de la ciudad: 15 de Mayo de 1591: 
foL 175, Proceso de los muy ilustres señores D. Diego Fer- 
nández de Heredia, D. Pedro de Bolea, D. Martín de La- 
nuza, D. Antonio Ferriz de Lizana, D. Iban Coscón, Don 
Martín de Bolea, D. Juan Agustín, Manuel D. Lope, ca- 
balleros; Miguel Español de Niño y Tomás Pérez de Rue- 
da, infanzones, sobre requesta contra los jurados de Zara- 
goza, porque acaudillaban y amparaban muchas y diver- 
sas gentes para ciertos fines y efectos, de que se temía re- 
sultar grandísimos inconvenientes á la libertad y paz del 
reino: 27 de Junio de 1591: fol. 179. Certificación de las 
cantidades que se dieron para la guerra: fol. 181. Actos del 
Consejo de guerra. Nominación de capitanes: fol. 182. Pro- 
ceso de la requesta de los muy ilustres señores D. Diego 
Fernández de Heredia, D. Pedro de Bolea, D. Miguel de 
Sessé y otros muchos caballeros, infanzones y naturales de 
Aragón, ante los señores diputados del reino, sobre la en- 
trada del ejército Real en Aragón: 27 de Octubre de 1591. 

XXIII. Prueba presentada por D. Juan de Torrellas en 
el mes de Julio de 1596. 

XXIV. Copia de las declaraciones tomadas en Madrid 
en el día 7 y siguientes de Marzo de 1592 por el licenciado 
Rodrigo Vázquez Arce, presidente del Real Consejo de Ha- 
cienda y comisario por S. M. para entender en las averi- 
guaciones y probanzas sobre los motines y sediciones de 
Aragón. Declararon en este proceso D. Juan Fernández de 
Híxar, conde de Belchite; el Dr. D. Juan Francisco Torral- 
ba, Diego de Bustamante, Jerónimo Marqués, Manuel Za- 
pata y D. Artal de Alagón, conde de Sástago. 

XXV. Otro proceso de las declaraciones tomadas en 
Marzo d^ 1592 por el referido licenciado Vázquez Arce á 
los testigos siguientes: Alonso de Contamina, D. Juan Fer- 
nández de Híxar, conde de Belchite; D. Manuel Zapata y 
D. Jorge Fernández Heredia. Contiene también este pro- 
ceso declaraciones que en Abril del mismo año de 1502 
dieron el Dr. Francisco de Santa Cruz y Morales, Pedro 
Sessé y D. Bemardino Pérez de Pomar y Mendoza. 

XXVI. Proceso de la acusación criminal de los procu- 

TOMO XIX 29 



■i 



450 VÍCTOR BALAGUBR 

dores fiscales contra Jaime Chrístóbal, labrador muy 
lo y de los piincipales de Zaragoza, cabeza de los amo- 
lados, y particularmente de los labradores. 
XXVII. Acusación criminal y proceso contra Micci 
arco Alonso de la Sema, Luis de Torrcllas, D. Di^o 

Funes, D. Juan de Ferrera y Micer Jusepe Domínguez, 
T la parte que tomaron en los sucesos de Aragón. 
No hay sentencia. Este proceso contiene, entre otros dó- 
menlos, los siguientes: Acuerdo tomado por el Justidí 

Aragón y sus lugartenientes para resistir al ejército del 
sy: fol. 38. Requ£sta que sobre lo mismo fué hecha á ios 
pillados del reino en 27 de Octubre de 1591 por algunos 
balleros de Zaragoza, y parecer que acerca de esto die- 
n los letrados: fol. 40 vuelto. Registro de los acuerdos 
1 Consejo de guerra, formado para alzar y organizar el 
Srcito que había de resistir al del Rey: fol. 64. Relación 

los gastos que se hicieron con motivo de la salida del 
sticia y diputados: fol. 78. Proceso seguido en la caite 
1 Justicia por consulta de 29 de Octubre de 1591, pro- 
.esta por los muy ilustres diputados del reino, sobre U 
.da que se les ofrecía si para los gastos que hacían en 
atificar espías y correos con objeto de tener avisos, »á 
mo en la guarda de soldados puesta para seguridad de 
Diputación, y en proveer otras muchas cosas necesarias 
buen gobierno y quietud de la ciudad y del reino, po- 
m tomar y sacar de la tabla común de los depósitos át 
ciudad y de lo que en aquélla estaba depositado á Dom- 
e del reino y de las generalidades del mismo: fol. 106. 
:uerdo de la corte del Justicia en S de Noviembre de 1591, 
ndo facultad á la Diputación para que se valiesen y po- 
;sen tomar de las generalidades y masa del reiyo, pues- 
y depositada en la tabla de los depósitos de Zaragoza, 
3 cantidades que parecían necesarias para los salarias de 
i gentes que se empleasen en la jomada que se había re- 
eilo para resistir la entrada del ejército Real en aquel 
ino: fol. 1 14. Carta del Justicia y diputados á la dndí 

Borja, mandándoles que aperciban toda la gente, I > 
mas y municiones, asi de mantenimientos como de cua 



J 



; CATALUÑA — LAS RinNAS DE POBLET ^¡l 

as y pertrechos necesarios para ía guerra, 
los lugares y sitios más fuertes: 3 de No- 
:; fol. iiiS, Requcsta hecha por Mateo Fe- 
'dinario de la corte derjusticia de Aragón, 
'. de éste, á D. Luis Jiménez de Urree, con- 
ara que con sus vasallos se disponga á re- 
rmada y expeler los soldados y gente de 
an entrado en el reino: en la villa de Épila 
Sre de 1591: fol. 120. Carta que el Justicia 
.una, diputado del reino, escribieron á la 
ayud dando sus disculpas por haber des- 
nte en Utebo: su fecha en Épíla á 13 de 
591: fol. 122. Carta que los jurados de Za- 
on á los concelleres de Barcelona, á peti- 
tados del reino de Aragón: 7 de Noviembre 
, Carta de Pablo Salmurri en respuesta á Is 
ona 1 2 de Noviembre de 1591: fol. 145. Or- 
es, mandamientos, íntimas y relaciones, sa- 
lí proceso de denunciación dada ante los in- 
ino de Aragón en el mes de Abril de 1591, 
ntonio Pérez, contra Micer Juan Francis- 
arteniente del Justicia de Aragón: fol 242. 
que era contra fuero el llevar á Antonio 
isición: 14 de Agosto de 1591. Un vol. en 

iito que D. Pedro de Lanuza sostuvo con 
volución de los estados y bienes que pose- 
D. Juan de Lanuza, Justicia de Aragón, y 
Huerto éste sin hijos legítimos le perte- 

eso y probanzas de testigos examinados y 
de acusación como de defensa, que se hi- 
os procuradores ñscales de S. M., como 
por parte de loa reos acusados en la causa sobre los movi- 
mientos y altcrnciones de Zaragoza y del reino de Aragón. 
Los comprendidos en este proceso son: Juan de Villaver- 
de, menor, fol. 4: Jerónimo de Avenilla, fol. 36: Jaime 
Buy), fol. 50: Francisco Arantegui, fol. 55: Martín de la 



45* VÍCTOR BALA 

Hera, calcetero, fol. 6o: Juan í 
lio, médico de Antonio Pérez, 1 
be, fol. I2i: D.Antonio Ferriz,1 
cayo, fol. 150: Juan de Alteraque 
tín Jaime, fol. 159: Jaime La ' 
Pariente, fol. 191, y Esteban de 
publicado por mandamiento del 
ciudad de Zaragoza á 17 de Er 
perdón á todos los que se hallan 
consejo en las revueltas y ruidos 
de 1591 habían sucedido en aqu 
del perdón á algunos que en la 
nombrados. Es impreso y está a 
á los diputados del reino en i; 
D. Pedro de Bolea, Martín D. L 
Zaragoza, sobre que no se entre 
persona de Antonio Pérez; fol, 
fojas. 

XXX. Proceso de la supücac 
el Supremo Consejo de Aragón 
de S. M,, de la sentencia que en 
se dio en favor de D. Fernando 
duque de Villahermosa, conde d 
sa tomaron, oponiéndose á la peí 
cal sobre que se admitiese la su 
Pemestán, duquesa viuda de Vil 
co de Gurrea y Aragón, herman< 
cuales, cada uno de ellos por su 
se les mandase librar la dicha ca 
cutoriales de ella. 

XXXI. Proceso de la acusací 
dor fiscal contra D. Fernando de 
de Villahermosa, seguido desput 
procurador contra la persona y b 
á cuya defensa salieron después <f 

de Pemestán, duquesa viuda, y D. Francisco de Gama 
Aragón, hermano del duque difimto. Dióse sentencia pe 
los señores del Supremo Consejo de Aragón en sábado i 



■P'f^r 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 



de Diciembre de 1595, declarando [>or no probada 
cientemente justiñcada la acusación ñscal, y dando 
virtud, por absuelta la memoria del duque de Vi 
tnosa. 

XXXn. Proceso del pleito que se trató entre 
Blanca Manrique y Aragón, marquesa de Astorga j 
de D. Luis Jiménez de Urrea, conde de Aranda, en r 
y como tutora y curadora de D. Antonio Jiménez de 
su hijo, y del dicho su marido, de la una parte, y 
otra el procurador ñscal, sobre la sucesión de la casi 
tados pertenecientes al dicho conde de Aranda y á lo 
sus predecesores, y que durante su vida había él te 
poseído, así en el reino de Aragón como en el de Va 

XXXIII. Proceso del pleito que Doña Blanca ] 
que, condesa viuda de Aranda, trató con el procurac 
cal sobre que se mandase alzar el secuestro del est 
Aranda y se le diese la posesión de los lugares y 
que en su vida tuvo el conde, su marido. 

XXXIV. Proceso del secuestro de la tierra y I 
de D. Luis Jiménez de Urrea, conde de Aranda, hec 
Salvador Mongay, portero y comisario Real, en vir 
comisión é instrucción que para ello le fué dada pe 
Ramón Cerdán, gobernador de Aragón y comisarii 
por S. M. 

XXXV. Proceso de la confesión que se tomó y 1 
que en virtud de ella y de otras informaciones se hi 
á D. Luis Jiménez de Urrea, conde de Aranda, pr 
la fortaleza de la Mota, de la villa de Medina del C 
por consecuencia de los movimientos de Aragón. 

XXXVI. Traslado de todo el proceso de los tuto 
D. Antonio Jiménez de Urrea, menor, hijo de D. Li 
ménez de Urrea, conde de Aranda. difunto I'', hechi 
el señor Dr. Gaudiosso de Azaylla, del Consejo de 
en lo civil de Aragón y su comisario Real, En él se t 
nen los dichos de gran número de testigos que fuero 

(t) Murió li 3 de Agosto de i=,g¡ en el castillo de Coca, do 
taba preso por la parte que tomó ec ]qs movimieatos de Angó: 



454 VÍCTOR BALAGUER 

minados sobre los movimientos de Zaragoza y reino de 
Aragón, al tenor de los articulados de preguntas propues- 
tas por dos tutores, y de las repreguntas á pedimento del 
procurador ñscal. Examináronse también algunos testigos 
en Madrid, cuyas declaraciones se hallan originales en este 
proceso. Entre ellas está, al fol. 310, la de Lupercio Leo- 
nardo, secretario de la serenísima Emperatriz, de edad de 
treinta y seis años, poco más ó menos, quien declaró en 
Madrid á 17 de Noviembre de 1598. También fueron exa- 
minados D. Francisco de Aragón, conde de Luna, al fo- 
lio 312; Doña Juana de Pemestán, duquesa viuda de Villa- 
hermosa, la cual, como fuesen en sábado 28 del mismo 
mes á tomar su declaración á las casas ó palacios en que 
vivía la serenísima Emperatriz en la plaza de las Descal- 
zas, dijo que no quería jurar ni decir su dicho si no iba á 
tomarlo uno de los regentes del Supremo Consejo de Ara- 
gón, como otras veces se había hecho con ella. Otro día, 
adelante, en 14 de Diciembre siguiente, juróla duquesa 
en manos del Dr. Martín Batista de Lanuza, relator de 
esta causa y regente la cancillería, ante quien dio su de- 
claración: fols. 324-326. Declaró asimismo en 24 de Marzo 
de 1599 Bartolomé Leonardo y Argensola, capellán de la 
serenísima Emperatriz, de edad, según dijo, de treinta y 
cuatro años, poco más ó menos: es su declaración la última 
de este volumen, á los fols. 329-330. Un vol. en fol., 330 
fojas. 

XXXVII. Proceso de la acusación criminal del procu- 
rador fiscal de S. M. contra la memoria y bienes de Don 
Luis Jiménez de Urrea, conde de Aranda, difunto; Juez 
comisario por el Rey el Dr. Miguel de Lanz, del Consejo 
de S. M. y Senador de Milán. En las primeras hojas de 
este volumen se halla el memorial ó tabla de lo que en el 
mismo se contiene. Entre otros, comprende los siguientes 
documentos: Información queá 3 de Agosto de 1592 se hi- 
zo en la villa de Coca, dentro de su castillo y fortaleza, 
sobre la enfermedad y muerte del conde de Aranda, qt 
murió en aquel mismo día, lunes 3 de Agosto, al amanece* 
en el noveno de su enfermedad, que fué una calentura coi 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DB POBLET 455 

tinua de las malignas de tabardillo. Asistióle en los prime- 
ros días de su enfermedad el Dr. Juan Núñez, médico de 
la dicha villa de Coca, y con él, desde el martes 28 de Ju- 
lio, le visitó el Dr. Miguel Aríndez de Oñate, médico, ve- 
cino déla villa de Valladolid, llamado por Diego Benegas 
de Córdoba, á cuyo cargo y custodia estaba la persona del 
conde. Los dichos Diego Benegas y Dr. Arindez escribie- 
ron al Dr. Mercado, vecino de Valladolid y médico de cá- 
mara del Rey, para que viniese á curar al conde; y por es- 
tar él ocupado vino en su lugar el Dr. Pedro de Soria, 
médico y catedrático de Valladolid, quien llegó á Coca y 
vio al de Aranda pocas horas antes que muriese: fols. 15-32. 
Acta de depósito y sepultura del conde de Aranda. Diósele 
sepultura á 5 de Agosto de 1592 en el monasterio de San 
Pablo, extramuros de la villa de Coca, dentro de un ataúd 
y en una sepultura al lado del Evangelio, junto y en fren- 
te del altar de Nuestra Señora; fol. 33. En este volumen 
hay algunas cartas originales del conde de Aranda, otras 
del Rey D. Felipe II y del conde de Chinchón al de Aran- 
da, éstas en copias; una certificación de D. Alonso de Var- 
gas, capitán general del ejército Real, sobre los buenos 
ofrecimientos que le hizo el conde de Aranda , estando él 
en Agreda y en Zaragoza: 14 de Enero de 1593: fol. 223. 
Capítulos matrimoniales de los muy ilustres señores Don 
Hernando Jiménez de Urrea y Doña Juana de Toledo: fo- 
lio 251. Otros capítulos matrimoniales de los ilustrísimos 
señores D. Juan Jiménez de Urrea y Doña Isabel de Ara- 
gón, condesa de Aranda: fol. 269. Capítulos matrimonia- 
les de D. Luis Jiménez de Urrea y Doña Blanca Manrique 
y Aragón, condes de Aranda: fol 291. Copia y sumpto ori- 
ginal del proceso intitulado: «Proccssus summarie infor- 
mationis Guardiani, fratrum et conuentus Sti. Francisci, 

ciuitatis Cesaraugustae. Contra Super propositione ad 

futuram rei memoriam.» Siguióse este proceso ante el 
Or. Pedro Reues, canónigo de la Seo de la ciudad de Za- 
ragoza, oficial eclesiástico y regente el vicariato general 
en la dicha ciudad y arzobispado por D. Andrés de Boba- 
dilla, arzobispo de Zaragoza, en virtud de cédula de ar- 



456 vil 

tfculos y proposición qi 
Zaragoza á g de Abril 
P. Fr. Podro Arregui, 
la orden de San Franci 
costumbres desenvueltE 
so de la misma orden, i 
ol monasterio de Nuest 
Zaragoza: fol. 317. Le 
Iban Coscón y D. Mari 
rrativas del proceso de 
ilustre D. Fernando Jii 
Jiménez de Urrea: fol. ; 
rías del proceso del con 
que se hicieron en Epil 
ñor Dr. Miguel de Lan 
fol. 492 hay un inventa 
en la sala de armas del 
cuales se llevaron en ce 
530 fojas. 

XXXVIII. Proceso 
30 de Diciembre de 15c 
Antonio Jiménez de U 
en 23 del mismo mes c< 
nez de Urrea, conde de 
tonio. Habiéndose segí 
curador ñscai de S. A( 
escrito apartándose de 
Supremo de Aragón d 
vuelto, en que se hubo 
parte del procurador fii 
estado y condado de Ai 
D. Antonio Jiménez di 
D. Luis. 

XXXIX. Copia de 
de una letra y Real p 
Aragón, su fecha en Ss 
enviada al limo, y Exc 
hispo de Zaragoza, del 



í CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 457 

en el Principado de Cataluña y condados 
^rdaña, contra el magnifico Dr. Jerónimo 

patrimonial de S. M., y el noble D. Pedro 
garteniente del maestro racional de la casa 
, sobre lo que pasó acerca del despacho del 
a do Figueras, y culpas que resultaban de 
utos del referido abogado patrimonial y 

umen en gran folio, rotulado por fuera en 
mentó de Jaime Rodríguez y inventario de 
1.1 Es el segundo protocolo ó manual de 
itos otorgados por Pedro Franqueza, «scri- 
scribano de mandamiento) de S. M. y su 

3lumen en gran folio, rotulado por fuera 
■> en favor del conde de Chinchón, Tbeso- 
la Corona de Aragón. • Es otro protocolo 
I Pedro Franqueza, escribano de manda- 
mandatii) de S. M. y su notario público; 
iticia que se halla en la primera esentura, 
ees en Madrid en la calle de la Morería 
ipio este hbro con un testimonio ó fe de 
lencia, á la sazón en Madrid, que pidió el 
^.^^^ w.. ^. francisco de Moncayo, morador en la ciu- 
dad de Zaragoza, y por aquel tiempo andante en corte 
de S. M.: su fecha en sábado 21 de Enero de 1576. 

XLII. Un volumen en folio, 65 fojas útiles, y las si- 
guientes 66-98 en blanco. Está rotulado iCartas de pago 
de diferentes cantidades de diferentes sujetos.* Es conti- 
nuación del protocolo anterior de Pedro Franqueza, que, 
según se ve por la segunda escritura inserta en el mismo, 
su fecha jueves 13 de Agosto de 1577, vivía entonces en 
la plaza de la Madera. 

('ontiene documentos de las mismas clases que los tras- 
ladados en los das protocolos anteriores, descritos en este 
catálogo con los núms. XL y XLI. y cartas de pago en 
favor del limo. Sr. D. Diego Fernández de Cabrera y Bo- 
badilla, conde de Chinchón, del Consejo de S. M, y su te- 



5S VÍCTOR BALACUBR 

iro general en los reinos de Aragón. La primera escn- 
I, otorgada en jueves 8 de Agosto de 1577, es la minata 
poder dado por el limo. D. Raimundo Riusec, alUa 
Francisco Centellas, oiim Borja, marqués de Lombay, 
lustre D. Fernando de Borja, Caballero déla orden mi- 
r de Calatrava. Cierra y concluye el protocolo con una 
ritura, su fecha miércoles 4 de junio de 1578, qoe es la 
ta de confesión de deber ochenta roil ochocientos y tcís- 
oiaravedises, que valen dos mil trescientos setenta 7 
e reales castellanos y dos maravedises, otorgada por 
Francisco Ortaffa, poblado en la ciudad de Perpiñin, 
cesis de Elna, en favor del magnifico Juan Ribes, con- 
> de la casa del Rey. 

íLIIl. Un volumen en gran folio, 398 fojas, titulado 
la cubierta (Cartas de pago en favor del conde de Chín- 
in, Thesorero de la Corona de Aragón. ■ Es otro Ubro 
tocólo de Pedro Franqueza, escribano de tnandamien- 
le 5. M. y su notario público. Da principio con la cai- 
je poder otorgada en Alcalá de Henares á 16 de Se- 
nbro de 1573 por Pedro Grabiel (sicj, mercader vecino 
aquella ciudad, en que nombra por su procurador al 
gnífíco Pedro Amal, notario público de la ciudad de 
lencia, para que en su nombre demande y cobre de los 
gniticos Pedro de Balda, «hospite cursorum,» de ta di' 
t ciudad; de Miguel de Lerisa, cirujano, ydeotrascua- 
juier personas y corporaciones cualesquier sumas de 
ero que entonces le debían 6 en adelante pudieran 
lerle. At fol. 303 de este protocolo hay un testamento 
rado del muy magnífico D. Gaspar Andrés Corso, el 
J está sellado con sus sellos en placa, puestos en doce 
ares, seis en cada una de sus cubiertas, y tiene en la 
mera de éstas ta cláusula acostumbrada de presentadán 
tornamiento ante Pedro Franqueza, estando Éste en las 
as de su morada en la calle de la Morería vieja, á 16 de 
ríl de 1584: este testamento no tiene señales de hat>ei5e 
erto. La última escritura del protocolo es la carta 1 
;o que en favor del conde de Chinchón, mayordomo 1 
M., de su Consejo y su tesorero general en los reinos». 



J 




HIST. DE CATALUÑA"»LAS RUINAS DE POBLET 459 

la Corona de Aragón, dio Guillen Ramón de Blanes» como 
uno de los herederos de D. Gaspar Olzina, por la cantidad 
de tres mil y trescientas libras, de la moneda de Valencia, 
en cuenta de la parte y porción que como tal heredero 
le cabía de las veintiocho mil novecientas y cincuenta li- 
bras que se restaban por pagar del precio de la baronía de 
Planes: fué hecha y otorgada esta carta de pago en la villa 
de Monzón, estando en ella la corte de S. M., á 29 de Oc- 
tubre de 1585. 

XLIV. Manual ó protocolo de los instrumentos de los 
años 1532, 1537, 1538, 1539, 1540, 1541, 1542, 1543, 1545, 
1546, 1547 y 1548 por los venerables Fr. Miguel Ardiles y 
Fr. Pablo Iban, monjes y notarios del monasterio de San- 
tas Creus, en virtud de privilegio concedido por el Rey al 
referido monasterio. 

XLV. Proceso' actuado ante el muy ilustre y reveren- 
dísimo Sr. D. Vicencio Domec, obispo de Jaca, del Conse- 
jo del Rey, juez visitador y comisario nombrado por S. M. 
para inquirir los oficiales reales en el reino de Aragón y 
demás personas sujetas á enquesta conforme á los fueros 
del mismo; á instancia del procurador fiscal para esta vi- 
sita, contra Martín de Berdún, notario, por excesos y de- 
litos que cometiera en el desempeño de su oficio. Dio prin- 
cipio el proceso en Zaragoza á 25 de Mayo de 1634. 

XLVI. Proceso general de la conquesta y visita hecha 
en el reino de Aragón por el muy ilustre y Rmo. Sr. Don 
Vicencio Domec, obispo de Jaca, del Consejo de S. M. 
y su visitador en el dicho reino. Actuario Juan de Villa- 
nueva, notario y secretario. 

Algunos de estos volúmenes, como se habrá visto, no 
tienen relación con los procesos; pero los incluyo en este 
catálogo porque con ellos fueron enviados á la Academia, 
y porque proceden también de Poblet. 



También en la Biblioteca-Museo de Villanueva y Gel- 
trúy que tuve la honra de fundar y establecer, dejé deposi- 



ueprt 
á más 
anos ] 
Iguiíos 
por E 



n libr 
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1677 a 
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que q 



B CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 46I 

le visitar U Biblioteca de Vülanueva y Gel- 

ncucntra. 

a de la biblioteca regalada, dice el inven- 

ie citar los libros: 

brería muy insigne, que consta de treinta es- 

0, con sus puertas de vidrios cristalinos, 

ives y cuatro mil trescientos y veinte y dos 

isy humanas letras, donados con cubiertas 

los ñnos colorados, y en ellas sus perfiles, 

del libro, escudo de armas de S. E, y su 

orado.* 

mentó á que me he referido, y forma parte 

>, es un acta notarial con la copia de un le- 

■ el Excmo. Sr, D. Pedro Antonio de Ara- 
>nasterio y convento de Nuestra Señora de 
timo testamento que dicho señor hizo y fir- 
e1 año 1690, ante el notario de la villa Isi- 

ta que, no satisfecho aún D. Pedro Antonio 
tanto como había donado á Foblet, quiso 
;u muerte se le enviaran otros objetos, en 
as reliquias y preciosos relicarios que tenía 
/ todos cuantos libros se hallasen en su po- 
1 su muerte. 

: este legado acompañan dos mandatos de 
listdores, para que no se ponga Ímpedimen< 
:o de Madrid á Zaragoza, á dos cajones de 
tes de la testamentaria de D. Pedro Anto- 
:on destino al citado monasterio. 
nuación un ejemplar impreso de la Pro{>iits- 
U de S. M. el rey D. Carlas II á la corte ge- 
Aragón el día 30 de Mayo de 1677 fara la 
esidmte de Cortes, en ¡a persona del Excelcnlísi- 

■ Antonio de Aragón; y termina el cuaderno 
entos, con una Memoria de todos los libros 

en virtud del referido legado se entrega- 
í Fr. Baltasar Sayol, monje de Poblet, que 
go de recibirlos. Consta, sin embargo, que 



462 VÍCTOR BALAG 

los relicarios y libros no Uegaxon 
de Abril de 1701. 

Los volúmenes impresos fueror 
tenas religiosas, algunos clásicos, 
historia. Los manuscritos, que a 
parte más valiosa del donativo, fi 
juzgar por sus títulos debían ser a 
portancia. Entre ellos figuraban t 
rías de la época en que D. Pedro 
un Episcopologio de la iglesia de 
Cataluña, cuyo autor no se cita en 
de los antiguos reyes de Ñapóles, 
que parecen sir, dice el inventario, 
sus de Agreda, las cuales formaría 
interesantísima correspondencia c 
con el i'ey Felipe IV, que acaba d 
table libro escrítQ por el que es er 
se estas líneas ministro de Gracia 
D. Francisco Silvela. A no haber 
de dichas cartas (si es que se ha p 
afortunada casualidad de caer en 
biera hallado tal vez el Sr. Silvel 
dir á su importante libro Sor Mar 
libro que está sin duda llamado 
crítica histórica, y que me complí 
tudio muy meritorio, de honra y( 

Parecióme que todas las noticie 
recían consignarse en este Apéndi 
pítulo de esta obra dedicado al i 
Poblet. Ya con esto doy una nonr 
bibliófilos, á quienes puede servir 
mayores y más abundantes noticiai 
Nacional, en el de la Academia de 
blioteca de Villanueva y Geltrü. 




•-* 



HIST. DB CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLBT 463 



JI. 



(Cap. X. pág. 336.) 



FRAY ANSELMO TURMBDA. 



Este personaje necesita estudio más detenido que el que 
se le consagra en las páginas de este capitulo, y algún día 
he de escribirlo, Dios mediante. 

£1 capítulo dedicado á Turmeda en esta obra no debe 
tomarlo el lector más que como un boceto. 

Anselmo Turmeda fué un hombre verdaderamente su- 
perior, y hay que considerarle como ñlósofo, como nove- 
lista, como poeta y como político. 

En la Biblioteca del Escorial existe manuscrito un li- 
bro de profecías, en verso, por él escritas, y se cuenta que 
este libro se lo leía frecuentemente la condesa de Urgel á 
su hijo D. Jaime con objeto de alentarle para la lucha y 
tener siempre su ánimo preparado á la contienda empeña- 
da contra D. Femando el d^ Antequera. En este libro de 
Turmeda puede encontrarse, sin duda, la clave, 6 mejor 
el secreto, de su vida bandolera. Turmeda debió pertene- 
cer, de seguro, al bando que proclamaba al conde de Ur- 
gel, y al perderse la causa de éste fué cuando emigró á 
Tünez. 

Mariano Aguiló ha publicado de él algunas poesías, que 
revelan un verdadero poeta; pero hay otras inéditas en el 
cancionero de trovadores que se custodia en la villa de 
Carpantrás. 

También habla de Turmeda Milá y Fontanals en algu- 
nas de sus obras, y sobre él se publicaron unos curiosos 
artículos en el Museo Balear» 

Menéndez Pelayo, que es quien más datos, y más curio- 
sos, tiene recogidos sobre Anselmo Turmeda, concede gran 
importancia á este autor. 

Es realmente una ñgura de nuestra historia literaria. 



464 VfCTOR BALA 

poco conocida, que merece com 
cual hay que sacar del olvido pa 
en toda su grandeza. 

ni. 

(V. pág. 35 

DON JAIME EL CONQUISTADOR Y 

Para ilustración y complemen 
texto de esta obra referente al 
con el obispo de Gerona, paré 

aquí ¡os documentos que, mercec 
á venturosa casualidad, pude ene 
vo Histórico Nacional, secundac 
por los empleados de dicho Archi 

Forman parte estos documento 
ción del rey, y llegaron al Archiv 
blet, junto con los demás pápele 
varón de incendios y saqueos, de 
que afirma haber visto y examin» 
no Finestres en su apéndice á la ] 
toña de Poblít. 

Con referencia á Finestres, cit 

TALUÑA Y DE LA CORONA DE AuAGÍ 

tre el monarca aragonés y el obispo gerundense; pero un 
desatentado historiador catalán lo refutó ufándolo en ab- 
soluto y diciendo set fábula de mi invención. 

Pues bien; los documentos por los cuales se prueba la 
veracidad de lo que yo dije, existen hoy en el Archivo 
Histórico, sección de Códices y cartularios, núm. 212, fo- 
lio 57 vuelto hasta 31, y dice así su copia: 

Processiis Recoiiciliacionis domiut j'acobi Regis aragotiutn qucu' 
dam pro excem coiiieso in tpiscopum gtrundensem. 

Nos jacobus Rex aragonum ad consilium et exhortacio 
nem fratris Desiderii domíni propter pecunieríi Recogn» 



HIST. DE CATALUÑA— LAS KUINAS DE POBLET 465 

cimus in facto mutilacionis lingu;e episcopi genindensis 
grauitcr excesise et matrem eclesiam in codem facto in 
maniter ofendise Animum nostrum ira et indignado máxi- 
ma perturbant propter quod dolentes contrití et humiliati 
a deo et a summo pontifice eius vicario in terris ueniam 
supliciter postulamus. Et in aignum uerc contriccionis nos- 
tre promitimus quod per literas nostras patentes a ditc 
episcopo injuríam paso postulabimus ueniam deuote et peí 
literas nostras domino pape supplicabimus quod non obs- 
tantibus literis et percibus afectuosis quas pro eieccione 
eius de regno nostro direximus faciat quod ei utUius uide- 
bitur faciendum ita quod si in loco suo ipsum dimiserít 
gratum habebimus et pro injuria iUata eclesie gerundensis 
satisfaccionem faciemus alterum istorum faciendo. Aut 
construemus hospitale uel complebímus abbadiam de be- 
nifazano ordinis cisterciensis jam de nouo inceptam vel 
complebimus hospitale sancti vincencii in civitate valencie 
vel aliqíiDS redditus asignabimus eclesie gerundensis sed 
quod domino pape melius uidebitur expediré. Et quot mul- 
ti de Regnis nostris credut nos contra ordinem predicato- 
nim indignatos subtraxerunt eis suam familiaritatem et 
beneñcia, timentes se ex eorum famÜiaritate nostra mali- 
uotencia incursuros. Promitimus quod ad omnia loca reg- 
nonim nostrorum in quibus dicti fratres habent loca per- 
sonaliter accedemus humiliter nos eis reconciliantes. Et 
eosdem ad nostrum amorem pristinum reducentes. Et po- 
pulo et clero eanmdem civitatum comuriter conuocatÍE 
signiñcabimus nos contra ordinem fratnim predicatorum 
in nuUo esse ofensos, sed eos diligere uolumus honorare el 
promoveré et precipiemus quod idem faciant omnis nostri, 
Et conuocabimus curiam preiatomm et nobílium et ciuium 
r^nonim nostrorum coram ómnibus super predicto scele- 
re recognoscentes humiliter culpam nostram. Per omnerr 
modum taliter nos humiliantes, quod sicut in magnitudine 
reatus materiam scandali prebuimus eisdem ita in máxima 
nostri humüiacione hediñcacionís materiam prestabimu! 
domino concedente. Et hoc omnia dicemus salua sempet 
conscien et preuia veritate. Datum valencie nonas Augusti. 
TOMO XIX 30 



466 VÍCTOR BALAGUER 

Sanctissimo in cbristo patri ac domino et Katisimo con- 
sanguíneo suo innocencio diuina prouidencia sacrosancte 
Romane eclesie summo pontiñci. Jacobus del gracia Reí 
aragonum maioricarum et valence comes barchinone et 
vrgelli et dominus montispesullani. Debitam Reuerenciam 
et honoreoi. Ex parte sanctitatis uestre literas recepimus 
supcr facto pro cuius uinculum excomunionis incideramus 
quod multum graue gerímus et motestum. Qum nuUade 
tam juste uel injuste nobis placet nec unquam placuit tac- 
tum periculum incurrisse. Set de ülo qui nos promittit in 
teiris uiuere et regnare fiduciam gerimus pleniorem. Quod 
auxilio ipsius et uestii mediantibus taliter faciemus quod 
onus istud ab humeris nostris reJeuabitur et nunquam in 
consioiile relabemur. Et licet aliquibus uerba literanim 
uestranim uisa fuerint áspera at que dura, tam nos ea be- 
nigno recipimus et correccionem uestram intelligimus pro 
magna gratia et amore. Et sanctitatis uestre consilium 
sicut obediencie ñlius amplectentes nos semper et cclesiam 
super omnia proponimus reuereri. Nec aliqua racione a 
tramite eclesie deueiare uel ipsam in aliquo scandabzare. 
vobis grates omnímodas referendo quam fratrem Deside- 
lium uestrum pccuniarium virum prouidum et discretom 
nostris annuentes postulatis transmisistis per cujus ueiba 
persensímus quod quantum in presencia uestra persisüt 
omnem quam comode potestis nobis paratus estis. faceré 
gratíam et honorem vnum humiliter suplícamus, quot con- 
siderantes bonam uoluntatem nostram quam semper erga 
eclesiam ihesu christi habuimus. nobis in presentí articulo 
ritis fauorabílis et benigni. Et propter hoc factum uobís 
non placeat quod illa ardua negocia que coram nobis dicü 
facti proposuít hac racionem ueniant ad efectum. Kos 
enim propter aliquos suggest ores uel maleditos contra vos 
in aliquo non proponimus deuiare. Cumsimus parati in 
maioribus negocÜS eclesie et maioribus deseruire. vos la- 
men si placuerít nos excusantes non posit perpendi ab bo- 
míníbus cum propter hoc factum et infamian subsequer 
tem nobis seruicium facíamus. Satis ením et considera] 
potestis conñdenter. quod circa dampnum eclesie sume 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 467 

parati personara nostram proposse nostro exponere. contra 
iUos qui eam expugnant et perturbare nituntur vobis ta- 
men prospicientibus oportunitatem nostram et nobis non 
prospicientibus mortis metum. Cui subici semper propo- 
nimus. pro euiccione uestra et eclesie libértate. Credentes 
in super venerabili et dilecto A." episcopo valentino, et 
dicto fratri in hiis et alus que nobis ex parte nostra duxe- 
rint proponenda. Nobis igilur contritis et humiliatis de 
tanto excesu perpétrate et humiliter satisfacere paratis 
sed quod dicto fratri uiua uoce exposuimus sine mora mi- 
tere dignemini absolucionis beneficium expectatum, Atten- 
dentes quod alias non monnuimus nos in aliquo eclesiam 
ofendisse. nec dante domino decetero ofendemus. Suplica- 
mus etiam quod per eundem fratrem per quod anime nos- 
tre consuli pietate benignisima uoluistis, nobis et qui nobis 
cum fuerint si placet absolucionis beneñcium transmitatis. 
visum est enim nobis quod ad uiam salutis eius salutare 
consilium nos direxit. Datum valencie. Nonas Augusti. 

Sanctitati uestre graciarum magniíicis agimus attenden- 
tes. Quod nos uestrum filium ac deuotum non solum a rec- 
titudinis tramite deuiantes. studuistis adauile eclesie pas- 
toral! sollicitudine reuocare. uerum etiam ex solite pietatis 
afluencia karisimos uiros prouidos et discretos episcopum 
camerinensem et fratrem Desiderium pecuniarium nos- 
tram nobis pro absolucionis beneficio misericorditer in- 
pendendo. dignacione prouida mitere curauistis. vnum do- 
minación! nostre nec non et uniuersis presentes literas ins- 
pecturis karum serie facimus manifestum. Quod nos Anno 
domini M." CC." XL. VI.' pridie ydus octobris ad locum 
fratrum minorum ylerdensis attendentes. In presencia ve- 
nerabilium Archiepiscopi Tarracone Cesaraugustani vrge- 
llensis oscensis elnensis episcoporum et aliorum prelato- 
rum baronum Religiosorum ac seculiarium uniuersa mul- 
titudine congregata. De volúntate ac mandato predictorum 
nunciorum uestrorum prius excesu commiso in episcopum 
gerundensem humiliter sicut domino daré nobis compla- 
cuit recognito juxta formara debitara stare promissimus 
mandatis eclesie sub prestito juramento. Qui nuncii uestri 



463 VÍCTOR BKL/i 

nobis in uirtute juramenti pres 
elencos ucl personas Religiosas, 
ceptis decetero iniciamus uel ini 
uiolentas. £t nos pro satisfácelo: 
sona episcopis genindensis. et in 
trorum. ipsis nuncis acceptantil: 
IDUS in huno modum. videlicet < 
zano cisterciensis ordinis Dert 
nouiter a nobis in choata. cum 
plementum perducamus. Et que 
demus ducentas marchas argén 
sancti vincencii de valencia quo 
sexcentas marchas argenti prep 
bus pau peres et peregríni ibidí 
numerUB sacerdotum et clericon 
áe deputetur. Et quod instítuan 
petuo in eclesia gerundense. Qu 
ac nocturnis oñcis, et pro nobi: 
Datum ylerde. XV' Kalendas 
M.° CC.° XL. VI.° 

Innocencius episcopus seruus 
gi aragonum. spiritum consilii s 
dis nostri soUicitc per scnitan 
pectorís perspicue indagamus. 
denter agnoscitnus. et aliorum r 
teres. Ab illo autem bono patn 

tanter a nobis exigitur debitum qui pegre proñciscens. fa- 
müiara suam soUicitudini nostre sub pasuit. cui talenta 
que credidit reddere cogimur duplicata. Nam qui talentum 
sibi ad lucrum creditum propter austerítatem domini sub 
térra posuit. quot illud numulariis tradere metuit. signaji- 
ter a domo ipsius dominus cst eicctus. Sed viceuersa ecle- 
sie romane sublimitas que in omnium presidencium occu- 
lis uelut in specula collocatur. Nos qui sumus ad eius ré- 
gimen licet inmeríti disponente domino constituti ammo- 
net et inducit. ut ex hiis quos ex deuocione dioina i 
morum honestitate preclara. dUeccionis gracia proseqm 
mur ampliori sollicitam diligcnciam et curam prouigiier 



L 



HIST. DB CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 46Í 

habeamus. De illis autem potisime qui si quod absit i 
predpicíum laberentur. nam nuUi eanim ex ergo ad a 
lUanim interítum properarent. Sed subtUiter intuenti i 
rabilis condicionis utnimque delitum spperebit, cujus I 
solucio emolumenta non minuit debitoris. Et soluenti & 
crescit magis incomodo quam suscipienti proñciat in ai 
mentó. Quia si satisfacimus preponenti ut diligentis pi 
positi o&cium impleamus. eternc retribucionís stipeni 
querimus dum proñciraus in salute. venim si jusu domi 
co nobis loco christi cuius uices in tenis gerímus. redi 
quod est eius emolumentum solucionis fert in tamen S 
ucnti idinquit dum nobis recipientibus non magis Com< 
et honorís ecquintur, quam vexacionis et honotis agrej 
tur. Ea namque sunt omnia si uenim inspicimus subjeci 
rumleuamiam que sunt honora principatus. Intellectoigi 
te in venerabilem fratrem nostrum episcopum gerund< 
sem. instigante humani generis inimico graniter excesi 
Cmn Ínter alios mundi principes eclesia te habent spec 
lem propter inmanitatem excesus non potuimus non de 
ra. ac in turbacione tua nequinimus non turbari. Et ci 
mundus Regnosceiet te regem actenus virtuosum disin 
lare nequiuimus. quin etiam de anime tue salute cor 
sollicitam haberemus, Cum indubitanter excesus ille di 
mulatus inducat pehculum et reprobatus remedium se 
piternum. propter quod de fratrum nostrorum consilio 
te dilectum ñlium fratrem Desiderium de ordine minor 
pecuraanim nostrum uinim honestum prouidem et disc 
tum cum literis nostris duximus transmitendum. vt s 
exhortacionibus imo nostris. ad sinum matris eclesie reí 
cere procuraret. Set sicut tuarum habebat asercio lite 
rum et coram nobis ac fratríbus nostris ipsius relacio j 
tefent. recipiens in nuncio transmitente uerba coram 1 
cellencla tua proposita gratanti animo suscepisti, Et t 
misa quam mitentis propositum serenum talamis tue se 
nitatis oblatum tuis sensibus plurimum placuerit. De c 
gaudemus in domino tibí non modicum et gaudentes. 
quot cum leso satisfacere procurases, ad ulteiiorem te : 
tisfactam exponena cordc contrito et humiüato spii 



47° VÍCTOR BALAGUER 

solucionis. beneñciupi petiuistis. Dedictorum fratnim 
nsilio. Venerabilem fratrem nostrum episcopum camcri' 
nsem et prcfatum fratrem Desideriam de ordine mino- 
m pecuniamm nostrum transmitinius. Quí tibi justa for- 
am eclesie munus absolucionis inpcndant. Sperantes ut 
:ut ñdelitate contans et dileccione sincerus actenus exti- 
iti. eclesie romane ac nobts denote ac ñdeliter adheren- 
I. Tua semper in posterum debant intencio dirigí, vt in 
iiina magestatis occulis placetis per opera pietatis. Quia 
r hec tibi augmentum dienim dabitur. ct perhennis co- 
na glorie conferetm-. De gracia quot ac fauore apostolice 
dis ac nostro esto securas, quot deuocionis et ñdelitatis 
B non sumus in nnemorcs. Et in animo gerimus tuo sin- 
ritatis afectum. in bcnediccionibus sed dum proseqni 
niuolencie specialis. Datum lugduni X.° Kalendas octú- 
is. Pontificatus nostri Anno IIII." 
Nouerint vniuersi. Quod nos phílipus episcopus canieri- 
nsis, et frater Desiderium de ordine minonim domini 
pe pecuniarius. Auctoritati domini propter qua fungi- 
ir super absolucione nobisjacobo Regi aragonum im- 
rcienda de excomunicacione quam incuristis. propter 
snsam in persona episcopi genindensis commisa. man- 
mus in uirtute a nobis prestiti juramenti. quod dccctero 
clericos uel personas Religiosas exceptis casibus a jure 
omisis, non iniciatis uel ab aliquo inici faciatis manus 
nere uiolentas.Et acceptamus satisfaccionem quam cb- 
listis spontaneo per ofensa predicta videlicet quod mo- 
Sterio de benifazano ordinis cisterciensis per vos felict- 
• inchoatum dotando et hedificando taliter consumentis. 
cum ad presentes non podnt ibi plusquam XXII. " mi»- 
chi esse ualeant ibidem XL. commode sustentan. Et 
od fabrice eiusdem eclesie Ducentas marchas argonti 
>endantis. Et hospitale sancti vincencii de valencia pa 
S similiter iam inceptum de tot et talibus posesiont- 
s ditetis ut reddituum sexcentanim marcharum argenti 
nuarum habent conplementum, Et nichilominus statñ- 
tis de uestris redditibus vnum sacerdotem. qui perpetur 
leniiat et eclebret in eclesía genindense. Datum ylerde 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 47 1 

Anno domini M." CC." XL. VI." XIII.* Kalendas nouem- 
brís. 

Ante absolucionem nostram coram karisirais et venera- 
bilis ac discretis viris episcopo Camerinensi et fratre De- 
siderio, nunciis summi pontiñcis. et vniuersa tam prela- 
tonim quam aliorum multitudine congregata. in ciiiitate 
ylerde in domofratrem minorum episcopo gerundensi super 
ómnibus pro quibus ofensam nostram incurrerat. peperci- 
mus puro corde. eidem decetero plenam seciuritatem pres- 
tantes, in cuius Rey testimonio presentera paginara sigi- 
ili nostri munimine dusimus roborandam. Datura 54er- 
de. XVI.' Kalendas nouerabris. Anno doraini M.° CC* 
XL. VI.* 

Nouerint vniuersi. Quod nos. Jacobus. dei gratia Rex 
aragonum maioricarum valencie Coraes barchinone et 
vrgelli et dominus Montispesulani. per nos et nostros da- 
mus et concedimus ac cediraus in perpetuum deo et beato 
vicencio et domui seu hospitali eiusdem sancti vincencii 
valencie. Et uobis jacobo de Rocha fídeli notarii nostro 
decano valencie et procuratori dicte doraus seu hospitalis 
jus feudatariura totura et dominiura et potestatem quod 
quam habemus et habere debemus. que nobis conpetut in 
castro de montornes. quod pro nobis ad feudum tenetur. 
et contra. Petrum. Eximini. filium eximini. Petri de are- 
noso quondam dorainum nunc dicti Castri. et contra quos- 
libet aüos qui dictum castrum prius ipsum. Petrum exi- 
mini tenebunt. decetero et habebunt. Ita sed quod dictum 
castrum teneatur decetero ad feudum pro domo sine hos- 
pitali sancti vincencii. sicut pro nobis tenetur et procura- 
tori seu priorí dicte doraus seu hospitalis. quicuraque pro 
tempere fuerit. uel cui ipsi uoluerint loco sui. detur po- 
testas dicti castri. sicut nobis dari debet. et non aliqui alii 
sic uolumus et concedimus nobis dicto jacobo de Rocha, 
recipienti nomine et racione doraus seu hospitalis predicti. 
Quod ipsa doraus sancti vincencii et priores seu prociura- 
tores dicte doraus seu hospitalis qui pro terapore fuerint 
habeant dictura feudura et partera in dicto Castro poten- 
ter sicut nos ea ibi haberaus absque retentu aliquo quod in 



472 VÍCTOR BALAGUE 

predictis que dicte domui damus. m 
sicut melius díci potest in inteligi ai 
tem domus seu hospitalis predicti. ] 
dictam donacionem ñrmam semper 
mus. et non contraueniemus. nec alj 
mitemus aliqua racione, mandantes 
Eximini et ómnibus alus qui post i[ 
habebunt. quod teneant dictum Ca! 
domo sancti vincencii predicti. sicu 
nent. et inde donent partem procui 
domus qui pro tempore fuerit. qua 
cumque ab eo fuerint requisiti. sici 
tradere atque daré. Datum ylerde. 
Anuo domini M.° CC* LXX. VII] 
gratias Regís aragonum maioñcaru! 
barchinoue et vrgelli et domini m^ 
sunt. R. de Monte Cathena. G. R 
Garcías ortíz de azagra. jacobus de 
de podio viridi. Signum bertolomei 
dato domini Regís hoc scrípsit et el 
preñxis. 

Coram nobis jacobus dei gracia R 
carum et valencie. Comité barchinoi 
Montispesulaní. Accésit jacobus de 
densís et procurator domus seu hos] 
valencíe et proposuit coram nobíS 
quod iUam donacionem quam fece 
propíetatc Castrí de Monttomes. r 
beate Marie et beato víncencio ac <: 
tuum retam habentes dígnaremur c( 
Petro Eximini filio esimini. Pctro 
tenenti dictum castrum quod ipsi jai 
curatori dícti hospitalis et nomine i 
magíum et fidelitatem sed vsaticui 
attenderet et obediret ac faceret ra 
que vasallus domino suo racione feu 
dictus. Petrus. Eximini. opponens 
dicte dixit. Quod boc faceré non ti 



HIST. DE CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 473 

facía dicte domui seu hospitali per nos ualebat vt pone 
quot non poteramus dominium nostrum quod habebamus 
in dicto Castro conferre in maiorem dominum. Dicens 
etiam quod quoniam nos mandauimus jurari a richis ho- 
minibus et militibus Regni valencia. Infanti. Petro. filio 
nostro quod post obitum nostrum atenderent eidem. et 
ipsum pro domino haberent. ipse. Petrus. Eximini fecit 
homagium et juramentum. dicto infanti. Petro. filio nostro 
sicut alii dicti Regni. et sicut non tenebatur racione eius- 
dem feudi. duobus dominis seruire. uel dúos dóminos inde 
habere. Super quibus nos rex predictus consilium habui- 
mus cum fratre A.* de Castro nouo magistro milicie tem- 
pli. et ferrando sancii. jacobo de ceruaria. G. de ceruelion. 
Petro Martini de luna et Geraldo de aquilone. et cum aliis 
pluribus richis hominibus et militibus ac juris perítis terre 
nostre. Quorum consilio habito, sic dicimus uolumus et 
mandamus quod dicta donacio omni tempori firma persis- 
tat prout in carta jam a nobis facta continetur tanquam 
valida et que valere debet et valet tam sed jura quam sed 
vsum Catalonie et regnum valencie. cum dicta donacio 
non posit dici coUata in minorem set pocius in maiorem. 
videlicet in dominum et beatam Mariam virginem. et bea- 
tum vincencium. ob remedium anime nostre. £t anime 
preferende sicut ómnibus rebus. £t hoc dicimus non obs- 
tante contradiccione dicti. Petrí. Eximini. precipientes et 
mandantes eidem. Petro. Eximini. quot decetero prestet 
et faciat fidelitatem et homagium dicto. Jacobo de Rocha 
ut procuratori dicte domus seu hospitalis et ei tanquam 
domino dicti Castri et suis sucesoribus procura toribus seu 
prioríbus dicte domus siue hospitalis qui pro tempore fue- 
rint. Pro quo siue quibus ipsum in feudum tenet et tenere 
debet atiendat et obediat fideliter sicut nobis faceré tene- 
batur. ac faciat ea. que nobis racione dicti feudi faceré te- 
nebatur. Absoluentes eundem. Petrum. Eximini a jura- 
mento et fidelitate et homagio que nobis fecerat racione 
castri predicti ac ipsum etiam absoluimus a sacramento et 
fidelitate et homagio si qua fecerat siue prestiterat ut su- 
pradictum est infanti. Petro supehus memórate. Lata sen- 



474 VÍCTOR BAI 

tencia apud Ccruaria. VII.* ydi 
M.* ce LXVIII/ presentibu! 
uaria. G.° de ceruilion. Petro t 
Aquilonis. eC alberto de lauani: 
pluríbus. Signum Symonis de 
domini Regis. Qwi de mandati 
clausit. loco die et anno preñxi 
Qui omnia pretereunt preter 
ofenintur deo hediñcatur ad g] 
jacobus dei gracia Rex aragonuí 

Co vrgelli et dominus 

tes nos eligesse nostri seplt. . , . 
per nos et nostros ad honorem < 
pro anima nostra. ac parentim 
damus oferímus et concedimus 
et Monasterio populetl et nobis 
conuentui eiusdem Monasterii e 
petuum. Castra nostra et viUas 
et de monte falchona et de ti 
casüanis et milittbus ac aliis hoi 
tantibus et habitatorís ibi. et ( 
heremis et poputatis et cum aqi 
ac molendinis. et montibus. prc 
et aliis suis pertinencüs vniuei 
exitibus ac prouentibus et aliis 
cum jure feudali et dominación 
et singulis que in dictis castris 
bemus. et habere posumus et h 
jure, racione modo uel causa. It 
nía et singula castra nostra et i 
dictis habeatis uos. et dictum I 
cesores in perpetuum siue aliqi 
dictis non facimus quoquomo 
uoluntates. Saluo tamen quo pi 
remaneant semper monasterii a 
trí succesores. non positis uer 
mandamus dictis castlanis et m 
nibus dictonim Castrorum et v 



CATALUÑA — LAS RUINAS DE POBLET 475 

iiramentum fidelitatis, et uobis decelero 
suo domino naturaÜ. et respondeant de 
>us nobis responderé tcnentur. Nos enim 
ab honiagio et fidelitate ac juramento 
nentur. ipds tamen facientibus ea uobis. 
I Xni.° Kalendas augusti. Anno domíni 
' sexto. 

li del gracia Rogis aragonie Maioiicaium 
tis barcbinone et vrgcUi et domini Mon- 
tes sunt GuUelmus de Kocha folio, for- 
: de podio, fortunius de mae jusücia ara- 
. . de sancto vincencio. Jacobus episcopus 
, sancti felicio. qui mandato domini Regís 
ibi prcfixis. 



ORIA DE CATALUÑA 
LÍ-BEY EL ABBASSI 



I-BEY EL ABBASSI. 



lío de i8o3 una pequeña barca, que ha- 
'arifa á las seis de la mañana, atravesaba 
Gibraltar y penetraba á las diez en el 
jer. 

barca hubo atracado, se presentaron en 
oros, y uno de ellos, que era el capitán 
lUelto en un albornoz, especie de saco 
pucha, desnudo de pie y pierna y con una 
a mano, pidió el certificado de sanidad, 
e dio inmediatamente, y encarándose en 
único pasajero, árabe, á juzgar por su 

que llevaba la barca, con él entabló el 
go: 

; vienes? 
es, por Cádiz. 
n lengua mogrebina? 
o sólo el árabe. 
: eres, pues? 
b 1. 

está Khaleb? 
lam 2, 

es Khaleb? 
a el Levante, cerca de Turquía, 



r 



480 VfCTOR BAL 

— ¿Eres, pues, turco? 
f-: — No soy turco; pero mi p 

^ nio del Padischah >. 
;.- — ¿Pero eres musulmán? 

i — Sí- 

í — ¿Cómo te llamas, pues? 

P: — Alí-Bey el Abbassi, prín 

f' Abbassidas, descendiente del 
¡e Al oír esto, el capitán del 



í: rrogatorio en un tono n 

;*'" había usado hasta entonces, 

¿ momento cierto respeto por el 

': ba á Tánger. 

— ¿A qué vienes á este país 
¿- — A visitar al gran empera 

'^ ge, á continuar mis viajes c¡ 

í santa peregrinación á la Mecí 

t^ ; dos los verdaderos creyentes. 

— ¿Traes pasaportes? 
— Sí; traigo uno de Cádiz. 
; — ¿Y por qué no lo traes dt 

,' - — Porque el gobernador de 

reemplazándole con éste. 
— Dámele. 
—Toma. 

Y Alí-Bey el Abbassi entre] 
del puerto, quien, dando ordi 
car á nadie, partió á enseñar 
Éste lo envió al cónsul de Es 
aprobado como auténtico, k 
conducto de Sidi Mahomed, j< 
plaza, enviado por el goberm 



El Gran S«fior. 



HISTORIA DE CATALUÑA — ALÍ-BEY EL ABBASSI 481 

Dirigióle éste casi las mismas preguntas que le había 
hecho ya el capitán del puerto, y dándole el pasaporte 
se marchó á dar cuenta al kaid. 

Poco tiempo después volvió el capitán del puerto con 
la licencia del gobernador para el desembarco. 

Alí-Bey saltó en tierra al momento, y apoyándose 
sobre dos moros (porque estaba herido en una pierna 
á causa de haber volcado su coche al atravesar por Es- 
paña), se hizo conducir á casa del kaid. Éste le aguar- 
daba ya impaciente algunos pasos fuera de su puerta, y 
le hizo subir con todas las consideraciones á una pieza 
donde estaba su secretario y también su kiahia ó vice- 
gobernador. 

El kaid, dirigiéndose al ilustre viajero, le dijo que 
quería darle hospitalidad hasta que hubiese mandado 
arreglar un alojamiento conforme él merecía; hizo que 
le sirvieran café con azúcar, y entabló una conversación 
con el recién llegado sobre sus viajes. 

Este le dijo entonces ser el príncipe Alí-Bey, hijo de 
Othman, príncipe de los Abbassidas, que después de 
haber empleado muchos años en viajar por los estados 
cristianos estudiando en sus escuelas las ciencias de la 
naturaleza y las artes útiles al hombre, había tomado 
por fin la resolución de viajar por los países musulma- 
nes; y cumpliendo al mismo tiempo con el sagrado de- 
ber de la peregrinación á la Meca, observar las costum- 
bres, usos y naturaleza de las tierras que se hallasen al 
paso, á fin de no hacer inútiles las fatigas de tan larga 
travesía y sí provechosas á sus conciudadanos en el país 
que escogiera finalmente por patria. 

El gobernador quedó muy satisfecho con estas expli- 
caciones, alentóle en su propósito, y deseando corres- 
ponder á la honra que le cabía albergando en su casa á 
tan ilustre y sabio viajero, le hizo servir una abundan- 
te cena, compartiendo luego con él su propio lecho, que 
TOMO XIX 31 



482 VÍCTOR BAL 

era un diván cubierto con una i 

Al anochecer del siguiente 
huésped, que estaba ya disput 
sando Alí-Bey á ocuparle, lúe; 
del gobernador y habiendo que 

Después de haber pasado la 
AH-Bey se enteró del rito de 1( 
rente del turco, que era, al pa 
en las ceremonias religiosas de 
plir con ellas al siguiente día, ' 

Hizose rasurar la cabeza, e: 
los reservado en la coronilla, j 
todas las demás partes de su 
barba, de modo que no quedaf 
feta ha proscrito en su ley com 
seguida se hizo acompañar al 
tuó su ablución general, y lúe 
en sus ceremonias religiosas. 

Poco después de la llegada 
existencia comenzó á ser bastí 
clones íntimas con el kaid y el 
ban mucho respeto y deferenci 
diencias que daban y reservánd 
honor; la fama que luego con* 
bre sabio y profundo en toda 
su arrogante y simpática figurj 
de sol que se verificó por aqu 
trazó Alí-Bey de antemano, 1 
su mayor oscuridad; la vista d 
mentos que llegaron de Europ 
presentes al kaid, al kadi y á 1( 
sus liberalidades para con otro 
en él la atención general, de s 
adquirió una superioridad deci 
tranjeros y personajes distingu 



IRÍA DB CATALUÑA — AÚ-BBY EL ABBASSI 483 

to no hubo en Tánger más persona de ver- 
rtancia que AIí-Bey. 

acontecimiento vino de golpe á acrecen- 
tó y á hacerle uno de los primeros hom- 
erío. 

:tubre de aquel mismo año, la artillería de 
de Tánger anunció la llegada del sultán 
án, emperador de Marruecos, que se alojó 
)a ó castillo de la ciudad, 
lue debía ser presentado al sultán, recibió 
viso de disponer el regalo de costumbre pa- 
i i ente. 

lia señalado para la presentación era vier- 
te Abbassida fué primero á la gran mezquita 
ación de medio día, y poco después de en- 
, se le acercó un moro dicíéndole que el sul- 
de enviar uno de sus criados para anun- 
HÜa subir á la alcazaba á las cuatro y pre- 

s de la hora señalada, el principe subió á la 
rchando al frente de los criados que condu- 
que iba á hacer al sultán, según costum- 
¡antes casos. Este regalo se componía de 
¡guien tes: 

iles ingleses con sus bayonetas. 
res de pistolas inglesas, 
tillares de piedras de chispa. 

de perdigones para cazar. 

completo de cazador. 

ie la mejor pólvora inglesa. 

piezas de ricas muselinas unidas y bor- 

ioleras de joyería, 
so quitasol. 



484 vfCTOR BALAGUER 

Las armas iban en cajones cerrados con llave; los 
demás objetos, en grandes azafates cubiertos de damas- 
co rojo galoneado de plata; todas las llaves, ensartadas 
en una larga cinta, iban colocadas en un plato. 

El kaid aguardaba al prínáipe á la puerta de la cin- 
dadela, recibiéndole con muchos cumplidos; hízole atra- 
vesar un pórtico en el cual había gran numero de ofi- 
ciales de la corte, y en seguida entraron juntos en una 
pequeña mezquita para hacer la oración de la tarde, á 
la cual asistió también el sultán. 

Acabada ésta, Alí-Bey salió inmediatamente de la 
mezquita, á cuya puerta había preparado un mulo para 
el sultán; el animal estaba rodeado de infinito numen} 
de sirvientes y primeros oñciales de la corte. Delante 
había dos hombres armados de una pica ó lanza, que 
mantenían perpendicularmente, cuya longitud era de 14 
pies. Seguían de cerca á la comitiva 700 soldados ne- 
gros, armados de fusiles, agrupados sin orden ni pre- 
ferencia, y rodeados de gente por todas partes. 

El kaidy el príncipe Abbassida se situaron en medio 
del paso inmediatos á los dos lanceros. A su lado ibaei 
presente, llevado en hombros de los criados del última. 

No tardó mucho en salir el sultán, montó en su ca- 
balgadura, y al llegar al centro del círculo, el príncipe 
y el kaid se adelantaron. Detuvo el sultán su muía, y 
Ali-Bey, presentado por el kaid, hizo una inclinación 
de cabeza, poniendo su mano en el pecho, á lo cual 
correspondió el sultán con otra inclinación, diciendo: 

— Seas bien venido, 

Al instante gritaron todos: 

— ¡Bienvenido! ¡Bienvenido! 

Acto continuo picó el sultán su muía dirigiéndose í 
una batería distante de allí 200 pasos. 

Fuese á ella Alí-Bey con su introductor, y permane 
junto á la entrada, adelantándose el kaid con el reg: 



J 



rOBIA DE CATALUÑA— ALÍ-BBy EL ABBASSI 485 

momento en que penetraron en la batería, 
is profundo silencio, á pesar de ser muchas 
lS que alli había, particularmente oficiales del 

go- 

mte después, el kaid llamó á Ali-Bey, y si- 

al terraplén de la batería, que formaba una 
terrado al Norte sobre el mar, artillado con 
:as de grueso calibre. En el ángulo oriental 
ma especie de casita de madera de algunos 
vación para dominar el parapeto, subiéndose 
una escalinata de ocho gradas, 
n, entrando en la casita, se había recostado so- 
:honcillo rodeado de almohadas. El príncipe, 
os oEciales de distinción, dejaron á la puerta 
los para caminar á pie descalzo, según cos- 
os oñciales se colocaron á los lados de Ali- 
iéndole cada uno por un brazo, y el kaid se 
i la izquierda como para formar una valla. 
: en presencia del sultán, el principe Abbassí- 
i inclinación profunda de la mitad del cuerpo, 
nano derecha sobre el pecho. 

de haber repetido su expresión de bienveni- 
ín hizo sentar á Ali-Bey en la escalera, 
ales se retiraron, y el kaid permaneció de pie. 
;s el sultán, con mucho afecto y un tono lleno 
, dijo al príncipe Abbassida que se alegraba 
'crle, y repitióle muchas veces la satisfacción 
o sentía, poniéndole la mano sobre el pecho 

hacerle conocer sus sentimientos, tanto por 
10 por palabras. Preguntóle por los países en 
a estado; cuántas lenguas hablaba, y si sabia 

ellas; qué ciencias había estudiado en lases- 
DS cristianos; cuánto tiempo había residido en 

después de haber dado gracias á Dios por 
cho salir de entre los infieles, manifestó sen- 



486 VÍCTOR BA 

timiento de que un hombre c 
dado tanto en ir á Marruecos 
preferido su país á Argel, T 
varias veces su protección y 
muy dispuesto en su favor. 

El príncipe Abbassida ten 
rostro y sus modales. Cuant 
por él en seguida, arrastrados 
patía, y el sultán fué de este 

Entre las varias pregunta 
ellas si tenía instrumentos 
y á la respuesta añrmativa d( 
ría verlos, y que podía ir en 

Apenas hubo pronunciado 
kaid fué á tomar la mano de 
le; pero éste, sin moverse, h 
era indispensable aguardar al 
quedaba bastante tiempo pan 

El kaid se quedó mudo de 
casi con espanto al príncipe. 

En Marruecos jamás se ci 
quizá la vez primera que un 1 
Si el kaid mismo lo hubiese 
su cabeza no hubiera estadc 
sus hombros. 

El sultán, empero, pareció 
terrible de etiqueta: tal era 
ejercía el príncipe desde su pi 
testó: 

— Enhorabuena. Tráelos i 

— ¿Á qué hora? 

— Á las ocho. 

— No haré falta. 

Y Alí-Bey se despidió del s 

Al dia siguiente y á la ho 



ORIA DE CATALUÑA — ALÍ«BEY EL ABBAS5I 487 

rdábaJe el sultán en el mismo sitio con su 
Itih ó mufti y otro favorito. Tenía delante 
de té completo. 

llegó el príncipe, cuando le hizo subir la es- 
itarse á su lado. Tomó en seguida la tetera, 
mataza, y habiéndola acabado de llenar con 
presentó por su propia mano. Mientras Ali- 
aba, pidió el emperador papel y pluma. Tra- 
pedaüo de mal papel y un tintero de cuerno 
ima de caña: escribió en cuatro líneas y media 
1 que dio á leer á su fakih, y como éste le ad- 
; habia olvidado una palabra, el sultán tomó 
i añadió. Acabado de tomar el té, presentó al 
1 escrito para hacérselo leer, y acompañó su 
üando con el dedo, palabra por palabra, so- 
lí y corrigiendo sus defectos de pronuncia- 
hace un maestro con su discípulo. Acabada 
le rogó que guardase aquel escrito como re- 
o. 

sultán varias veces señales de su afecto. Fi- 
trumentos, los miró pieza por pieza y con la 
uciosidad, haciendo que le explicase aquello 
desconocido 6 cuyo uso ignoraba. Manifes- 
ícer sumo, y pidió á Alí-Bey que hiciese una 
1 astronómica en su presencia; para satisfa- 
I éste dos alturas de sol con el círculo mul- 
Enseñóle en seguida diferentes libros de ta- 
ómicas y logarítmicas que llevaba consigo, 
:e ver que de nada servían los instrumentos si 
idian aquellos libros y otros muchos más. El 
ió extrañamente sorprendido al ver tantas ci- 
óle entonces Ali-Bey sus instrumentos; pero 
ó que los guardase, pues él sólo sabia usarlos. 
a de que, dijo, bastantes noches nos queda- 
lírar juntos al cielo. 



488 VÍCTOR BALAGDER 

Entonces vió claramente Alí-Bey que el emperador 
trataba de conservarle junto á su persona y agregarte 
á su servicio, lo cual ya antes habia manifestado con 
otras expresiones. Añadió que deseaba ver los otros ins- 
trumentos; ofreció Ali-Bey llevárselos al otro dia, y 
despidióse de él. 

Volvió á la mañana siguiente y subió á su habita- 
ción. 

El emperador marroquí estaba recostado sobre un 
pequeño colchón y una almohada, y delante de él, sen- 
tados sobre una alfombra, su gran fakih y dos de sus 
favoritos. Luego que vió al principe Abbassida, se sen- 
tó y dio orden de traer otro colchón de terciopelo azul 
lo mismo que el suyo; hizolo poner á su lado, y obligó 
á Alí-Bey á sentarse en él. 

Después de algunos cumplidos de una y otra parte, 
mandó este último traer una máquina eléctrica y una 
cámara oscura, presentándoselas al sultán como dos ob- 
jetos de pura diversión que no tenían aplicación alguna 
á las ciencias. Habiendo montado las dos máquinas, 
colocó la cámara oscura en frente de una ventana. £1 
sultán se levantó y entró dos veces en la cámara, cu- 
briéndole el mismo Alí-Bey con su bayeta durante el 
largo espacio de tiempo que se entretuvo en considerar 
los objetos transmitidos por la máquina, lo cual ñié 
realmente una prueba inmensa de conñanza. 

Divirtióse luego el sultán en ver detonar la botella 
eléctrica diferentes veces; pero lo que colmó su pasmo 
fué el experimento de la conmoción eléctrica. Hízosela 
repetir á Alí-Bey muchas veces, teniéndose todos asi- 
dos por la mano para formar cadena, y luego le pidió 
largas explicaciones sobre las máquinas y sobre la in- 
fluencia de la electricidad. 

En esta entrevista acabó de echar raíces en el ánim' 
del sultán su afecto por Ali-Bey, al que reiteró cien vi 



HISTORIA DE CATALUÑA — ALÍ-BBY EL ABBASSI 489 

ees SU amistad, y á quien no tardó en dar de ella una 
prueba real, según vamos á ver. 

Hallábase Ali-Bey en la noche de aquel día en com- 
pañía de sus amigos, cuando llegó un criado del sultán 
trayéndole un regalo de su parte. Mandóle introducir 
al momento, y se presentó postrándose y poniendo de- 
lante del principe un envoltorio cubierto de una tela de 
oro y plata. La curiosidad de ver el primer regalo del 
emperador de Marruecos le hizo que abriera apresura- 
damente el envoltorio, y encontró dos panes bas- 
tante negros. 

Alí-Bey pareció quedar sorprendido, como si no com» 
prendiera toda la importancia de aquel regalo; pero 
bien pronto le sacaron de dudas los plácemes que se 
apresuraron á darle cuantos estaban en su compañía, 
díciéndole: 

— ¡Dichoso de vos! ¡Qué felicidad la vuestra! ¡Ya 
sois hermano del sultán! El sultán es hermano vuestro. 
Y otras frases por el estilo. 

Efectivamente, el signo más sagrado de fraternidad 
entre los árabes es presentarse mutuamente un pedazo 
de pan y comer entrambos; de consiguiente, los panes 
enviados por el sultán eran la mayor prueba que podia 
dar de cariño: eran su signo de fraternidad con Ali-Bey. 
£1 II de Octubre recibió éste un mensaje del sultán 
por conducto del kaid. Le advertía que estuviese pronto 
á partir con él al dia siguiente, previniéndole que pi- 
diese cuanto necesitara; pero Ali-Bey, contradiciendo 
por segunda vez al emperador (cosa inusitada en aquel 
país), dijo que le era imposible partir tan pronto, y que 
necesitaba permanecer en Tánger algunos días. El sul- 
tán, sin embargo, no se incomodó por esto, y Je conce- 
dió diez días. 

Muley Solimán, que así se llamaba entonces el sobe- 
rano de Marruecos, partió el 12 muy de madrugada, y 



49° VÍCTOR BAL 

Ali-Bey comenzó á hacer sus ] 
su vez. 

Ahora bien; ¿quién era ese 1 
de haber llegado á Tánger, < 
fausto verdaderamente orienta 

¿Quién era ese hombre que 
principe Abbassida, como sche 
Abbas, tío del profeta, cuya di 
califato por espacio de siete si| 

¿Quién era ese hombre que 
zas y sus regios regalos á cuai 
con él se conciliaba el respeto, 
sabiduría, la veneración, y poi 
todos? 

¿Quién era, en fin, ese hom 
maba hermano, y por el cual : 
vista una simpatía tan profun( 
su persona, abriéndole el cami 
grandezas y de los honores? 

¿Quién?.... 

Vamos á decírselo á nuestro 

Era un cristiano, era un a 
Badia y Leblich. 

Su historia en África, que 1 
una novela. 

Veamos antes á qué iba ese 
sado por su genio, por su coi 
ciencia. 

II. 

D. Domingo Badia y Lebli' 
celona el l." de Octubre de 176 
al estudio desde sus primeros 
estudiara en la Universidad d 



ISTORIA DE CATALUÑA — ALÍ-BEY BL ABBA551 49I 

a genio libre y fogoso nunca se avino bien con 
mentes escolares. Con efecto, Badia no cono- 
aulas que su propia habitación: encerrábase en 
visto de los libros que más se conformaban con 
ación, y pasaba muchas horas entregado al es- 
rimero se dedicó con ardor al de las matemá- 
a delincación y al dibujo; siguió la geografía, 
lia, ñsica y música; pero su atención se ñjó 
irmente en el estudio de las lenguas orientales, 
límente el árabe moderno, el cual llegó á serle 
liar, que parecía su propio idioma. 
ístos conocimientos asombrosos para su corta 
mó la atención del Gobierno de Carlos III, que 
orce años le conñrió el destino de adminístra- 
tensilios de la costa de Granada. A los diez y 
a ya contador de guerra con honores de comi- 
á los veinteséis Carlos IV le nombraba admi- 
r de tabacos de Córdoba. 

estos empleos, aunque eran ciertamente unos 
lios de su mérito en razón de la corta edad en 
)btuvo, no estaban en armonía con los estudios 
¡a hecho ni podían darle ocasión para desplegar 
extraordinario, limitando sobradamente la es- 
su existencia. Con el objeto, pues, de ensan- 
/ sintiéndose llamado por su vocación y por sus 
á más altas empresas, presentó al Gobierno de 
V en 1801 un proyecto de viaje científico al in- 
; África, y examinada por orden del rey y rcco- 
u utilidad, fué nombrado para realizarle el mis- 
ia. 

i éste contraído estrecha amistad con el sabio 
ita D. Simón de Rojas Clemente, que á la sa- 
allaba regentando una cátedra de árabe, el cual, 
le supo el proyecto de Badía, quiso asociarse A 
ición. 



492 vi. 

En su consecuenci 
drid para Faris y Loi 
cuyas capitales entab 
distinguidos y con los 
científicos, proveyéoc 
necesarios para las o 
bien una magnífica co 
viaron al Real Qabioi 

Entonces fué cuaní 
Carlos IV, y el homt 
en España, concibió i 
como afirma en sus í 
gran manera. Conocí 
gunas conferencias, y 
tífico en político. 

Nos es preciso ahoi 
nes para comprender 1 
cipe de la Paz á semej 
para hacernos cargo 
que llevaba al África 
en ella bajo el nombr 

El mismo príncipe 
mente en sus ya citad 
nemos. 

La idea del valido ■ 
cargar á Badía y á Ci 
extranjero pasase sol. 
al Asia; mas cuyo obj 
ción de los medios de 
escalas de Levante de 
la misma indagación ; 
vendría adoptar para 
gión del Asia con en 
para formar enlaces c 
rio chino, y organizai 



E CATALUfÍA — ALÍ-BEV EL ABBA5SI 493 

sin que en él interviniesen otras manos 
A estoB encargos se debía añadir el de 
)samente cuantos artículos exóticos de 

les fuese dable recoger ó sorprender 
sia para aclimatarlos en la América. 

1 objetos mencionados, había uno ma- 
^n el principe de la Paz conñesa, era 
a, viva siempre en su espíritu hasta 

frecuencia, y era buscar el modo de 
ioles una parte especialisima del co- 
:1 África por el conducto de Marrue- 
irtículos de nuestra producción, poco 
i en América, y de valor también muy 
o en los mercados de Europa, podían 
18 países africanos con preciosos cam* 

iue ignoren, dice el mismo príncipe, 
lad de objetos de exportación que ofre- 
oren polvo de oro, marfil, ámbar gris, 
irábiga, cueros, algodón, añil, cera, 
:, plumas de avestruz, etc., sin aña- 
¡ería de esclavos, indigna de nombrar- 
recibida y buscada codiciosamente en 
ningún rebozo como ahora. «A estos 
rocedentes de ka caravanas, se junta- 
iropios de Marruecos, granos inagota- 
le salida cierta en todos los mercados 
os abundantes, caballos sin igual para 
aballeria ligera, buenas lanas, tejidos 
L especie, y los preciosos tafiletes ama- 
en Europa. Sabidos son también los 
ados de importación para lo interior 
lentes en armas blancas y de fuego, 
ibalorios y bujerías de toda especie, 
.na, sederías, cotonadas, papel, lato- 



494 VÍCTOR BAL AGÜE 

5s, vidriado, corales, granates, á 
as que podían todas ellas surtirs< 
lera mano, dando pasto ala indu: 
incias, sobre todo á la Cataluña, 
astillas, Valencia, Granada y Mt 
irfecto en nuestras fábricas, no p 
1 otras partes, lo debia encontré 
.s ferias de Sus, donde se tenia u 
. parte central de la Nigricia de O 
lijinia, Segó y otros puntos de la 
I. Establecido este comercio, no 
^zago ni ninguna cosa de desecho t 
Tales son las palabras del prínc 
Esta oscura ensenada de comei 
lente descuidada por las demás na 
ie encontraban mejor suconveni 
lismo tiempo con el África y el J 
riente y en la Arabia y el Egipto 
3t SU posición geográfica, podía 
ibo de comercio africano, sin te 
egún las ideas del príncipe, á nm 
is, la travesía de pocas horas, caí 
uestras baterías, casi á cubiert( 
ido el caso de una guerra, núes 
frica debía ofrecer empleo segure 
)]o á los grandes negociantes, sin 
)rtos, hasta al humilde pescador 
: una vela. 
«Hacíase, empero, necesario pa 
núa, tener puertos y asientos pr 
;)tos y oportunos de las costas m; 
ivo el Portugal en otro tiempo, y 
ite á la Corona de Castilla, los ti 
TOS, si bien no se sacó ningún [ 
^sesiones, puesta entonces nuestr 



ITALUÍÍA — ALf-BEY BL ABBA55I 495 

a, en tos negocios de la América 
)s idiota y desleal que la morisma 
sn tratado de comercio, cuyo pro- 
lutuo entre Marruecos y la España 
s mismos marroquíes per la doblí 
nto comercial que habrían tomadi 
inmenso desarrollo que se habrii 
> é industria, puesta en mayor con 
a, y derramada en sus mercados 
I, como era persuadir á los moroi 
¡ses, y mucho más lograr que con 
narlos con los nuestros, todavii 
ia sacar partido de la situación po 
larca de Marruecos se encontrabi 

!Ón Muley Solimán, principe mi¡ 
Tiplación del Alcorán que á losne 
, muy más bien atfaquí, como dt 
: señor de un vasto imperio; flaco 3 

para las armas. Sus provincias 

1 invadidas por las tribus libres de 
herif Ahhmed, levantando en Su; 
ibelión, desafiaba su poder en aque! 
hacerse dueño del imperio. Scheri 
a por déspota, los pueblos de Ma- 
■ en aquel cambio, porque Ahhmec 
das singulares para el trono. Mulej 
eligro de perderle, como le perdií 

anclas me pareció poder lograr m! 
icándole una alianza con España ) 
le contra sus enemigos, se pusiese 
edernos dos puertos por lo menos, 
estro, uno de ellos en el Estreche 
prestándose igualmente á celebrai 



i VfCTOR BALÍ 

acto de comercio en sus 
>sas y sin ningunas restrii 
jue lo que merecían aquel 
:omo enemigos muy dañii 
isos y muy falsos, desde 
do otro camino más derec 
para obrar más cuerdami 
e Carlos IV, incapaz de i 
tfreciese ni un solo viso di 
cesidad de no alarmar á 1 
rento, no obstante, se no 
la guerra, bajo todas luce 
moderación y cuya pazj 
a nación inglesa, nos eos 
)re de regalos, como hubi 
1 año este tributo inicuo, 
' un derecho ya adquiri< 
' á la amenaza de interrur 
stados. 

egados los presentes, se m 
10 impidiendo comprar gr 
lo enteramente su protet 
de esto se siguieron los am 
;, y vejaciones y durezas e_ 
;p año les, violando á cada 
mbres recibidas. Sobrabaí 
acción á mano armada é in 
¡pe; mas siguiendo mi p( 
ién de que en el caso de t 
cierto y con muy pocos s; 
) de que Badía pasase á a< 
lol, mas como árabe, coir 
an príncipe descendiente 
lo por Europa y volverla i 
África y siguiendo á la A 



HISTORIA DE CATALURA — ALÍ-BEY EL ABBA5S 

•Su objeto principal seria ganar la conñ: 
Muley, y, presentada la ocasión, inspirarle la 
pedirnos nuestra asistencia y alianza contra los 
que combatían su imperio y amenazaban su co 
esta idea era acogida, debía ofrecerse él misi 
venir á negociar acerca de ella en nuestra c( 
poderes amplios. Si no alcanzaba á persuadir] 
explorar el reino con el achaque de viajero, n 
sus ñierzas, enterarse de la opinión de aquellos 
y procurarse inteligencias con los enemigos de 
por manera que entrando en guerra pudiésemo 
con su asistencia y obrar de un mismo acuerd 
teres reciproco bajo las condiciones ya apuntad 
en mayor escala para poder hacernos dueño; 
parte del imperio, la que mejor nos conviniese 

iBadia era el hombre para el caso. Valienti 
jado como pocos, disimulado, astuto, de cara 
prendedor, amigo de fantasía y verdadero orí 
donde la poesia pudiera haber sacado mucho 
para sus héroes fabulosos; hasta sus mismas : 
violencia de sus pasiones y la genial intempeí 
su espirítu, le hacian apto para aquel designio 

Hemos dejado hablar al mismo principe de i 
fin de que nuestros lectores comprendieran 
transcendencia é importancia de su proyecto, 
era y osado, peligroso y diñcil; pero Badia se 
de llevarlo á cabo. 

■Tales fueron las veras con que aceptó mi 
añade Godoy, que, sin consultar con nadie y d 
acuerdo, osó circuncidarse, sola cosa que le fall 
el difícil y arriesgado papel que debía hacer < 
mahometanos.* • 

Así fué. Badia llamó en Londres á un fa 
acreditado y conñó á su destreza la peligros 
ción, que, según parece, fué terríblemente 







498 VÍCTOR BALAGUER 

para nuestro paisano Badia, haciéndole padecer mucho 
y ocasionándole una enfermedad de que sólo muy len- 
tamente convaleció. 

En seguida, con el fín de que pudiera fascinar por 
completo al monarca y validos de aquella corte semi- 
bárbara, halló medio de forjarse él mismo una genea- 
logía completa árabe, como hijo de Othman-Bey, prín- 
cipe Abbassida y descendiente del Profeta, y, así que 
estuvo ya restablecido del todo, apareció un día en 
Londres con traje musulmán para comenzar á repre- 
sentar su papel. 

Algún tiempo después, revestido Badía con todas las 
señales exteriores, y con sus inmensos conocimientos 
en las ciencias ñsicas y matemáticas y en las costum- 
bres y literatura oriental, regresó á España, donde re- 
cibió las instrucciones reservadas, los numerosos docu- 
mentos y recomendaciones que debían sostenerle en su 
peligrosa empresa, y que con los demás medios mate- 
riales le facilitó el poderoso valido príncipe de la Paz, 
el cual también, segúp parece, aseguró la subsistencia 
de su mujer é hija con una pensión de 12.000 reales. 

En cuanto á Rojas Clemente, no le acompañó, que 
bien lo hubiera querido, porque el príncipe de la Paz 
no lo halló conveniente. 

Marchóse, pues, solo Badía, desembarcando en Tán- 
ger, según hemos visto, y cortando desde entonces toda 
correspondencia hasta con su familia para dejar al Go- 
bierno español en entera libertad de hablar de él según 
mejor conviniese al objeto de sus viajes. El secreto por 
de pronto no fué comunicado á nadie por el príncipe de 
la Paz. Desapareció ya entonces por completo la per- 
sonalidad de Badía, ostentándose en su lugar la gran- 
diosa figura de Alí-Bey el Abbassi. El Gobierno esp • 
ñol le recomendó eficazmente á todos sus cónsules 1 
agentes en África como si fuese un árabe que haL l 



J 



>RIA DE CATALUÑA — ALÍ-BBY EL ABBASSI 499 

> largo tiempo en Europa, que en ella ha- 
is estudios y que se había adquirido en elle 
mpatias. 

e toca personalmente á Alí-Bey, ya hemos 
su elegante y simpática figura, su portt 
el lujo que ostentaba, sus títulos escrito! 
tiguo y admirableniente confeccionados cor 
signaturas, la minuciosidad de sus práctica! 
u completa posesión del idioma árabe, > 
o, sus inmensos conocimientos en astrono- 
a, historia natural, geografía, dibujo y mC' 
aren desde luego hacia tan eminente per- 
¡peto y la consideración de aquellos pueblos 
i, sin que ni por asomo se suscitara por el 
ás pequeña duda acerca de su descendencia. 
is, buen cuidado tuvo £l de circular la idea 
nte su larga permanencia en Europa había 
parte sus usos, y que, al restituirse á Áfri' 
untaba la sensación de un europeo que s( 
iemejante caso y jamás hubiese salido de 

que ya sabemos quién era aquel principt 
I hemos visto llegar á Tánger; ahora qu( 
lectores saben que tras la figura y nombrt 
í-Bey se ocultan la figura y nombre del ca' 
; ahora que ya le tenemos introducido er 
sultán y en camino de ser su favorito, va- 
ríe paso á paso en sus curiosos viajes, en 
:as aventuras y en su arriesgada y temerá- 



lectores recordarán que Alí-Bey (á quier 
IOS llamando asi) había pedido al sultár 



500 VfCTOR BALACUER 

Hez días para disponer su viaje y salida de Tánger. 

Dispuesto ya todo lo necesario para la marcha, em- 
3leó Alí-Bey todo el martes 25 de Octubre en hacer 
salir de la ciudad todos sus bagajes, yendo él á acam- 
par á loo toesas al Oeste de las murallas, donde halria 
fí hecho reunir sus tiendas, gentes y equipajes. Sali6 
le Tánger después de hecha su oración en la mezqui- 
:a, acompañándole á caballo el kaid, los fakihs y talbes 
le la ciudad, con otras personas de importancia, unos 
nontados y otros á pie, que no quisieron abandoDarle 
lasta el sitio donde había levantado su tienda, y que 
isi le acataban para honrar en él al viajero ilustre y al 
ávoríto del sultán. 

Antes de salir Ali-Bey de su casa, uno de los bkihs 
e cogió el índice de la mano derecha y lo pasó por la 
iuperiicie de una de las paredes de su cuarto, hacién- 
lole trazar ciertos caracteres misteriosos para lograr 
men viaje y feliz regreso. 

Llegada la noche, todos los personajes que le haMan 
Lcompanado se reunieron en su tienda, donde le oíre- 
:ieron una cena suntuosa, despidiéndose luego de él y 
«tirándose á la hora de cerrar las puertas de la ciudad. 

El miércoles 26 por la mañana, cuando Alí-Bey aca- 
taba de dar orden de levantar el campo para empren- 
1er la marcha, se presentaron á saludarle por liltima 
ez el kaid y todos los fakihs. Formaron un círculo al- 
ededor suyo, dirigieron juntos á Dios dos oraciones 
ara que le concediese un feliz viaje, y después de alira- 
arle afectuosamente, se separaron de Él con lágrimas 
n los ojos. 

Alí-Bey, enternecido con aquella afectuosa despedida 
ue jamás había alcanzado personaje alguno en Tañ- 
er, montó á caballo y partió. 

Ko pueden leerse sin conmoción las líneas que en ; 
)iítario escribió Alí-Bey aquel día. 



DE CATALUÑA — ALÍ-BBY EL ABBASSt 5< 

:nto en que me encontré solo, dice, < 
n la más profunda meditación. En c 
üferentes países de la Europa civiliz: 
mera vez al frente de una caravana, 
1 pEÚs salvaje, sin otra garantía para 
dual que mis propias fuerzas. Partie 
entríonal de África, é internándome 
:iame á mí mismo: — ¿Seré bien recil 
¿Qué vicisitudes serán las que me agí 
término de mis proyectos? ¿Seré ac 
iada de algún tirano? ]AhI no, de r 
:ran Dios, que desde lo alto de su tr 
mis intenciones, me prestará SU auxi 
; estado de abatimiento, saqué la c< 
nte: — Pues Díos, con su mano todo 
onducido felizmente hasta aquí á tra 
)s, con igual felicidad me llevará ha 

i AU-Bey, del cual acabamos de enl 
ores líneas, lo escribió en árabe, y 
cuenta que figuraba ser el que escri 
cuya juventud había transcurrido 
os esta advertencia para que la tenf 
8 lectores siempre que citemos las i 
sy. 

>n toda su comitiva y equipajes á Al 
.veso los sitios en que tuvo lugar la 
. Sebastián, pasando luego á la ciu( 
londe el ilustre viajero fué bien reci 
> El gobernador quiso añadir seis í 
;a y le envió una cena abundante aq 
ándole también una segunda cena o 
tosición. 

i que, á medida que el viajero iba ai 
curiosas observaciones sobre los sit 



502 VfCT 

que atravesaba, sobre I 
sobre las costumbres d< 
la atmósfera, etc.; ob: 
Dietario, digno de leen 
Vamos nosotros sigu 
El 29 atravesó el ríe 
nuestro famoso poeta 
de la ruina del ejército 

"Tú, iofanda 
murió d vencí 
y se acabó su ¡ 
no estés alegre 
porque tu tente 
hubo sin espera 
indina de menx 

despedazada ca 
compensarás m 
y Liiko, ainedi 
pagará de afric: 

Profecía del poeta q 
de cumplir en nuestros 

Sin incidente alguno 
gó el i.° de Noviembre 
ya se tenia noticia de si 
to para recibirle, segijn 

Mequinez está situac 
triple lienzo de mural 
contener un ejército n 
ci6n. Dichas murallas 
de espesor, con alguni 
cho en trecho. La ciud 
mino, presenta una h< 
rres, y está rodeada c 
teatro. 



9T0RIA DE CATALUÑA — ALf-BEV EL ABBASSI 5O3 

:y entró á descansar en una pequeña capilla que 
ín á la puerta de la ciudad, y por medio de uno 
riados envió á participar su llegada al gobema- 
:o tardó en llegar un oficial de palacio enviado 
iltán para recibirle, el cual le condujo con todos 
ijes á la casa que se le tenía preparada, 
trar en ella se encontró el principe Abbassidá 
intendente del Tesoro, quien, después de los 
os acostumbrados, se informó de cuanto nece- 
tanto Alí-Bey como su gente y los animales, 
bía recibido orden de proveer absolutamente á 
s gastos sin excepción. 
Itán bacía las cosas en grande. 
ás de esto, el gobernador de la ciudad le envió 
eve de la noche una magnífica cena, 
mañana siguiente pasó á visitar al primer mi- 
il sultán, que se llamaba Sidi Mohamet Salaouí, 
; manifestó que tenía orden de presentarle al 
lor el día siguiente. 

idamente el sultán había cobrado un afecto y 
patía inexplicables por el que creía ser un prin- 



lo Alí-Bey se hubo retirado á su casa, recibió el 
1 de una magnífica comida que le envió el mi- 

i 4 fueron á buscar á Alí-Bey de orden del sul- 
duciéndole á la mezquita de palacio, en donde 
I en llegar Muley Solimán. 
> era viernes hubo sermón y en seguida la ora- 
istumbrada, siendo de notar que este sermón, 
lo por un fakih del emperador, consistió, como 
i oyera en Tánger Alí-Bey, en alentar el odio 
Erdaderos musulmanes contra los cristianos, in- 
) el orador con energía en que «era grave peca- 
tener comercio con los cristianos, á los cuales 



;04 VÍCTOR Bl 

se les debia vender nada, 
eres y alimentos.» 
Mi-Bey oyó este sermón 
dadero creyente, 
i^umplidos los deberes reí 
, que le recibió con grai 
érencia, diciéndole que pe 
i días para Fez, empeñan 
1 su ministro el Salaou!. 
Salido de la mezquita, pa 
sonaje, quien le rogó coi 
;es¡tara para salir al d!a ! 
ide seria alojado en casa c 
ices un santo muy célebre 
Bt principe Abbassida, cu 
) á su casa para hacer su 
\1 día siguiente, 5 de No' 
.ñaua, de orden de Salaoi 
y cinco soldados de á ca 
u escolta, y salió en segí 
i'ez después de un viaje U 

IV 

Poco llama la atención 1; 
-Bey. Según dice, las cal 
;, no solamente son est 
posible marchar de fren 
o también porque las cass 
el primer piso un vuelo Ó 
i luz; inconveniente que 
:ie de galerías ó pasadizo: 
r de las casas por ambos 1 
idir las murallas elevada 



5a— ALÍ-BEY EL ABBASSl ¡0$ 

asas de ambas aceras, y agu - 
, Estos arcos se cierran por 
ciudad se halla entonces divi- 
bsolutamente incomunicados 

de mezquitas, cuyo número 
lO. La principal se llama el 
lían más de 3oo pilares, con 
nosas fuentes en el patio. La 
a singulaiidad de poseer un 
tinado á las mujeres que quie- 
I pública. iCircunstanciaque 
monumento, dice el ilustre 
lo nuestro santo profeta seña- 
1 el Paraíso, los musulmanes 
do sitio en las mezquitas, y 
á la oración pública.* 
tada en Fez, y al mismo tiem- 
8, es la dedicada al sultán Mu- 
idad, y por esta razón venera- 
uituario reposan sus cenizas 
los monumentos de este gé- 
lo de arcos; pero la parte cu 
tdrado sin arco ni pilares, Su 
madera, y adornada de ara- 
octógona, que solamente es- 
del salón. 

luley Edris está colocado á 
lán, y cubierto con una tela 
ores; dicha tela está en ex- 
levoción de los visitantes. En 
y colgadas gran número de 
ls de cristal. A ambos lados 
uides cajones para recibir las 



506 VÍCTOR BAI 

Es este santuario el asilo n 
perio; el criminal, aun el culp; 
jestad ó de alta traición, está 
derecho para arrestarlo. 

Las demás mezquitas son { 
cepto la que se halla en el ¡: 
grande, mas no por esto, seg 
todas estas noticias nos prop( 
ni con carácter alguno de beli 
demás. 

El palacio del sultán se coi 
unos á medio construir, otros i 
les sirven de entrada á hahi 
dado penetrar al intrépido via 
ven ya guardias y puertas cer 
los empleados, á los criados d 
zan de privilegio particular. I 
una casita de madera, semeja 
tes de aduanas de Europa, á 
escalones. Por dentro la cubn 
el pavimento hay una alfomb 
hay un lecho con sus cortinas 
otro un pequeño colchón. La 
no excede de i5 pies cuadt 
en que AIl-Bey visitó Fez, el 
tado en la silla 6 recostado ei 
sonas que hablan obtenido el 
das; pero que jamás pasaban 
favoritos tenían el privilegio 
colchón. Por lo que á Alí-B 
esta distinción particular. 

En el mismo patio existe u 
quita, en la que Muley Solim 
oraciones, menos los viernes, 
ba á la gran mezquita de pa 



DE CATALUSA— ALÍ-BEY EL ABBASSt 5O7 

dio de una puerta que cae á la calle. 
lo patio se hallaban entonces las ofici- 
io. Había, y habrá ahora lo mismo, un 
;jo y húmedo, situado al pie de una es- 
za podria tener unos cinco pies de an- 
de largo; las paredes eran en extremo 
itradas, sin verse alli otros muebles ó 
la vieja alfombra que cubría el suelo, 
e este miserable recinto, el ministro se 
fríamente sentado en cuclillas, tenien- 
■ mal tintero de cuerno, y en un pañue- 
nos papeles, junto con un libro de me- 
)untaciones. Cuando salía, cerraba su 
a en el pañuelo papeles y libros y los 
azo, de modo que al marchar se llevá- 
is sus archivos. 

jrosigue diciendo nuestro viajero, está 
ma eminencia en un cuartel ó arrabal 
:ra de la ciudad de Fez, llamado Nueva 
: están obligados á vivir en dicho cuar- 
ierran por la noche, 
palacio no es más que un simple huerto 
boles y varios edifícios de puro ornato, 
jardin Buckelú. El río de Fez atraviesa 
itrar en la ciudad se divide en dos bra- 
suministran la grande abundancia de 
en las casas y mezquitas; de modo que 
rá casa sin fuente; en los edifícios de al- 
;ión hay, por lo menos, dos, y á veces 
1 contiene gran número de molinos, 
luchísimos baños públicos, un recinto 
' de almacenes de henzos, sedas y efec- 
s que forman el sitio llamado El-Kais- 
al ú hospicio para locos y algunos otros 



5o8 víCT 

La ciudad está cerca 
murallas que, aunque s 
dejan de ser muy antig] 
las eminencias que hay 
ciudad, se ven dos fort 
sisten en un simple ci 
de frente. 



Tal es la ciudad á la 
debía esperar al sultán. 

Habíale precedido ur 
narca para el anciano ¥ 
se preparar alojamiento 
le y sirviéndole en todo 

En su consecuencia, 
á Fez. 

Ya hemos dicho que 1 
dador de aquel imperio 
de Fez, donde también 
c«ndientes, mirados co 
país, con el nombre de 
de esta familia tomaba i 
guo. El emkaddem, ci 
el mismo Hadj Edris, i 
sultán. 

Era un anciano venei 
milia antecesores suyo: 
estaban colocados en coi 
to, como también las 1: 
otros efectos que los hal 
á título de tributo; él m 
tre los scherifs de la tri 
les se mantenían con di 



í CATALUÑA — ALÍ-BEY EL ABBASSI 5O9 

: los ínmeDsos bienes de que eran p< 
el comercio que hacían, tanto elli 

m. 

:, y lo es aún, la veneración que ti< 

s de Fez á Muley Edris, que en todi 
la vida, y aun por movimiento ind< 

dé invocar á Dios, invocan á Mul< 

¡bió con grande agasajo al enviado d 
) era tan viejo que apenas podía ar 
>a en estado de manejarse por si mi 
yor, llamado Hadj Edris Rami, fi 

del huésped que les enviaba el en 
I á contraer con él lazos de intin 
npatia. 

e de su llegada á Fez, recibió AIí-Be 
incipales scherifs de la tribu de Edr 
ts de la ciudad. En estas visitas h 
numerables, las observaciones inñn 
1 las noticias é informes pedidos á 1< 
y por todos los medios imaginable: 
verdaderos interrogatorios con relí 
. de su amo; pero los molestos pn 
n tan satisfechos de las respuestas c 
e antes de pasar el segundo día } 
n veces la barba del príncipe Abbass 
inguidos le pedían que les otorgara i 
is en el número de sus amigos. 

su parte, sabedores también del ci 
aba el sultán, de la sabiduría que '. 
numerosas prácticas religiosas á qi 
iban encantados con su huésped, 
le largo tiempo en su compañía, nad 
hacer agradable su permanencia e 
pero Alí-Bey insistía cada día pai 



jIO VÍCTOR BALAG1 

que le buscaran alojamiento, pui 
pueden comprender las razones < 
solo, lejos de testigos, y fué prec 
En su consecuencia, algunos díi 
bitar la casa que le habían dispu 
sisima. 

Hallábase en Fez un hermar 
Muley Abdsulem, que tenía la c 
y que era un digno y respetable 
le conocía de Tánger, pasó á visi 
gran contento el hermano del en 
caricias y encargándole fuese á 
cual prometió y cumplió el príni 

El despotismo, que desde muj 
bre el imperio marroquí, había i 
tes á la costumbre de ocultar su i 
en sus vestidos como en los mut 
to pudiera contribuir á disimular 
die se atrevía á dar la más lígen 
lesquiera que fueran sus riquezas 
inmediatos del sultán y los m: 
Edris, que gozaban de mayor Ut: 
que, de consiguiente, no temían 
decentemente que los demás. I 
Alí- Bey notaban en él un sistem 
pues que acostumbrado, según ( 
tal, de ningún modo podía acomo 
usada en Fez. Con este motivo i 
municábanle sus temores sobre e 
de corregirse con estas advertenc 
usos, hasta que sus amigos acab 
se, y aun hubo quien se acostum 

Su tertulia crecía diariamente 
rifs y los doctores ó sabios se ci 
mar parte de ella. 



A DE CATALUíiA — ALÍ-BEY EL ABBASSI 5II 

¡□cipe ejercía decididamente una especie 
, sobre todos los que le rodeaban. Nadie 
bar que tras de aquel hombre se ocultaba 
á nadie le pasó siquiera por la imagina- 
1 personaje iba á perturbar y revolucionai 
or su parte, andaba muy cauto y repre- 
pel á las mil maravillas. Estudiaba, ob- 
la creando simpatías y partidarios, y es- 
Q propicia para comenzar sus trabajos. 
is después de su llegada, lleváronle á la 
^uley Edris y á una hermosa habitación 
e vio un precioso surtido de relojes, pre- 
: el sultán había ordenado se le preparase 
icíóti, á ñn de que pudiese ir alli á leer ó 
endo subir también los doctores todos los 
[erenciar con él. 

no le convenía en modo alguno sujetarse 
ajo su carácter de viajero ilustre y de prin- 
e convenía tampoco acceder á ciertas ór- 
; sólo fuera para demostrar su indepen- 
que, después de manifestar la extensión 
¡¡miento por las bondades del sultán, y 
útación mandándola adornar á su gusto, 
ilguna vez á leer, pero que no sería todos 
:jante lenguaje dejó parados á cuantos lo 
Qusitado en el imperio. 
13 sólo fué dos veces. Muchos doctores 
ieosos de conocerlo, y á todos encantó con 
extensión de sus conocimientos. Su nom- 
i hacerse célebre, contribuyendo á darle 
aventuras que dejamos de contar para 
ion no se prolongue demasiado, y las se- 
ras de deferencia que con él tenían el her- 
in y los parientes de éste, 
e tener suyas las simpatías generales, Ali- 



VÍCTOR BALAGUSR 

spleg6 todo el aparato conveoiente á su rango, 
abo persona distinguida en Fez que no se aprc- 
á ir á visitarle; de modo que su casa estaba lle- 
a mañana á la noche. 

mos dias después se anunció la próxima llegada. 
:án. Acompañado de muchos criados y aJgunos 

distinguidos de la ciudad, salió Alí-Bey á reci- 
ontado, hasta una distancia considerable. 
:urioso saber el modo como efectuó su entrada 

el emperador. Dejemos que la reñera el mismo 
y, á cuyas memorias, por otra parte, como ya 
nderán nuestros lectores, nos atenemos especial- 
en esta relación, 

;nas lo divisamos, dice, le hicimos nuestros sa- 
t los que correspondió afectuosamente, y confun- 
los con los señores de la comitiva, le acompaña* 
^alacio. El sultán entró en él; pero el séquito y 
i, junto con el pueblo, se retiraron cada cual por 

La comitiva del sultán se componía de un pe- 
le i5 á 20 jinetes; cien pasos más atrás, ve- 
ultán montado en un mulo, llevando á su lado 
il que sostenía el quitasol en una cabalgadura se- 
:. El quitasol es en Marruecos el distintivo del 
o; ninguno sino él, sus hijos y hermanos pueden 
No obstante, á m! me cupo el inestimable honor 
lo. 

o ó diez criados iban inmediatos al sultán; el 
> Salaoui seguía detrás con un criado á pie, y 
lia marcha algunos empleados y i.ooosoldados 
Hería blancos y negros, con largos fusiles en la 
brmando una especie de linea de batalla, que su 
enía 10 ó la hombres de fondo y aún más, y 
ttremídades terminaban en punta con un solo 
)ero sin orden de fílas ó distancias. En el centro 
lea había un centro de i3 grandes banderas. 



ATALUAA — ALÍ-BBY EL ABDASSI 513 

ilor, unas encarnadas, otras verdes, 
1. Esta hilera de estandartes sirve de 
tropa para marchar, hacer alto ó va- 
todos los movimientos se hacen tu- 
i desorden. Juato alas mismas bande- 
> ó seis tambores roncos, con algunas 
no sonó esta especie de música hasta 
ntrado el sultán en su palacio.» 
'■ la llegada del sultán, Muley Abdsu- 
que el emperador le admitiría todos 
ii no le enviaba á llamar diariamen- 
ueria incomodarle ni privarle de su 
' que le enviaría uno de sus sabios, el 
de acompañarle á palacio. 
Bey comenzaba ya á hacer sombra 
)s, y hubieran logrado oscurecerle y 
10 del sultán, si su carácter resuelto 
mbiese hecho salir triunfante en la 
is á relatar. 



de la llegada del sultán, hallándose 
ui con una reunión de unas 20 per- 
e un mensaje del sultán. Hizo entrar 
lel primer astrónomo y astrólogo de 
presentó manifestando el más pro- 
riéndole en las manos un magníñco 
sultán, le dijo que él, Sidi Ginnan, 
laber sido nombrado por S. M. para 
ício todos los viernes. 
s de besar el khaik y ponerlo sobre su 
umbre, lo dejó sobre un almohadón 
limientos de todos los circunstantes. 
33 



TfCTOR 

ióse el te, y despué 
Sidi Ginnan le pidió 

particular. Alí-Be 
ribano ó secretario i 
go que se sentaron, 
itas sobre su edad, ] 
estudiado, pidiendo 
ites problemas astrc 
iba muy lejos de g 
sación, porque igno 
¡puestas con alguna 
e el secretario las tr. 
mas, y añadió las d 
:lipses de sol y luna 
!n el escribiente. E 
doles un regalo á ca 
Ginnan volvió el vi 
: á caballo, pasaroi 

habiéndole hecho st 
a hora después apai 
rezaba ord i n árlame 
r visto del pueblo. ( 
iera haberle visto A 
bien habia salido, < 
de la tribuna, llamé 
rar, y habiendo ce 
, enseñándole el s 
á hacer oración, ast 
itado, que le habia ; 
s, que el sultán le h 
:ho, y que le habia 
os viernes á la mez 
el día. 

Bey conoció al mo 
2, y le respondió coi 



LUNA — ALf-BEY EL ABBASSI 5] 

i es indiferente venir aquí á 
-la en cualquiera otra mezqu 
azado, procuraba disimular 

á la calle por una puerta ii 

)le misteriosamente: 

porque como todo ei mundo 

lamado, advertirán más prc 

1 que te concede. 

lado de la felonía de semeja 

imonia: 

salir por aqui como por ( 

mte á caballo, partió con 

igualmente en su muía, y 

Alí-Bey, se puso á su lado, ; 

un paseo, á lo cual el prlnt 

le contestó con aspereza que no. Sin decirse más p: 

bra llegaron á la casa de Alí-Bey, despidi6idose í 

Ginnan á la puerta. 

El príncipe Abbassida, conociendo la fuerza de su 
fluencia, como también los motivos de la conducta 
Sidi Ginnan, creyó indispensable dar un golpe quef 
dujese su efecto en el público. Quiso, como vulgarm 
te se dice, jugar el todo por el todo, y encumbrars 
perderse para siempre. 

Tomó, pues, la pluma en el acto, y pasó un escí 
á Muley Abdsulera , demostrándole la injusticia 
aquella especie de menosprecio de que acababa de 
. victima, pues él nada había pretendido, y el sultán, : 
el contrario, no le había enviado á llamar sino p 
desairarle. 

• Por esta razón, concluía, salgo inmediatamente 
ra Argel, t 



5l6 VÍCTOR BALAGUER 

Bien presumía AIí-Bey al hacer esto. Se había j'a 
formado un verdadero partido, y todos sus amigos, al 
saber su resolución, se alarmaron, y trataron por todos 
medios de calmarle y detenerle. Tuvo entonces Ingar 
de asegurarse que realmente su prestigio había echado 
hondas raíces entre aquellas gentes. 

Al día siguiente, Muley Abdsuiem, que le quería en- 
trañablemente, le envió un recado suplicándole que pa- 
sase á verle. Acudió Alí á su invitación, y Muley le di- 
jo que había estado en palacio y hablado al sultán de 
su negocio; que éste se hallaba en extremo irritado con- 
tra Ginnan; que bien veía era hombre de mal corazéo; 
que el sultán, al dar la orden de conducir á Alí todos 
los viernes á palacio, no quería decir que le dejaran en 
la mezquita, sino que le introdujesen en él para verle y 
hablarle; que esto era lo que debía hacer todos ios vier- 
nes, y que podría suceder que Ginnan y algunos otros 
tuviesen que arrepentirse. Acabó diciendo que iba á 
dar orden para arrestar á aquel miserable. 

Al regresar á su casa á participar su triunfo á sus 
amigos, celebráronle éstos con grandes demostracio- 
nes; pero uno de ellos, con semblante bañado por la 
tristeza, le dijo: 

— Temo, príncipe, que tu sobrada bondad te haya he- 
cho cometer una falta. 

— ¿Cuál? — preguntó Alí-Bey. 

— La de haber comunicado al traidor Ginnan los días 
y horas en que han de suceder los efectos del sol y luna> 

— ¿Por qué? 

— Porque no contento con no haber dicho nada de ti 
y de la obligación que te tiene en el particular, ha pre- 
sentado al sultán tu trabajo, y se ha hecho pasar por 
autor de él. 

Alí-Bey se sonrió diciendo: 

— ¡Pobre hombre! Me da lástima. 



TALO ÑA — ALÍ-BEY EL 



[ladie conoce en Fez los días y ho- 

10 yo. 

lo se lo has dicho todo y él lo ha 

ncipio conocí al hombre con quien 

cuanto á la parte astronómica, no 

sa alguna, y de consiguiente, los 

ido son falsos. 

ie abalanzaron á él; le besaban las 

y le levantaban en brazos, procla- 

erior á todos los hombres. 

el sultán envió á llamar á Ali-6ey, 

la casita de madera del tercer pa- 
instante que entró, le invitó á sen- 
>n á su lado, y entre otras pregun- 
na de ellas si le gustaba aquel país 
iba bien. Luego, llamándole hijo 

títulos honrosos, añadió repetidas 
■e. 

^bbassida besarle la mano; pero el 
. palma como á sus propios hijos. 
3se su propio albornoz, se lo puso 
idole que podía ir á verle siempre 
lole día ni hora, porque no trataba 

incomodidad. 

duraba su conversación, cuando el 

a la hora del rezo, se levantó para 

repitiendo á Ali que era su hijo, 
;omp3ñase. Todo esto hubo de pa- 
tuchas personas, y entre otras, en 
lal imán del sultán. Este persona- 
pe Abbassida por la mano, le con- 
jue estaba llena de gente, y no le 
bo sentado. 



5l8 VÍCTOR BAI 

Alí-Bcy, entrando en la n: 
comitiva, y sobre todo revesti 
sobre el suyo, atrajo sobre í 
asamblea. Salió al concluirse 
podían alcanzarle, le besabar 
dad de su vestido. Dio limosr 
quita, según costumbre, y la 
diciones, uniendo su nombre . 

En seguida montó á caball 
ramente satisfecho, pues la re 
bía sido pública y, sobre todo 
todo el mundo. Ya no se trat 
gel, y continuó visitando al ! 
c¡6n con él en la tribuna. 



No contaremos todas las a' 
nuestro héroe. Sería hacer ei 
Bastará decir que fué ganando 
soberano de Marruecos, adqi 
sus conocimientos astronómic 
llosas y, lo que era más para 
inteligencia de los testos y di 
bro de la ley, que formó emp 



Su reputación de ilustre y 
do por todo el imperio; y cor 
gar del espíritu de aquellas g( 
sabe hacer una observación i 
de ser por fuerza astrólogo, ; 
uno y decirle la buena ventu 
traba personas que le rogaba 
cosas perdidas ó robadas; otr 



r 



HISTORIA DE CATALUÑA — ALÍ-BEY EL ABBASSI 5I( 

mas, iban á pedirle les restituyese la salud; y otras, 
fin, que no querían de él más que un Jius 6 moneda 
quena, para conservarla como un don precioso en n 
moría suya, creyendo que esto liabía de darles suer 

A fin de complacer al sultán se entretuvo en ha 
un calendario para los cuatro meses que terminaban 
año árabe, y lo compuso indicando la corresponden 
de las datas con el año solar; los días de la semai 
del mes y de la luna; la longitud y declinación del 
en Fez en punto de mediodía; la hora de su salidi 
puesta, en el mismo lugar; la del paso de la luna \ 
el merídiano; la diferencia del tiempo medio al verc 
dero; las fases y otros puntos lunares, y los fenómei 
más notables de otros planetas. Como era precísame 
te la época en que habían de suceder los dos eclipses 
sol y luna, el almanaque se hizo mucho más interés: 
te por el pronóstico de dichos fenómenos, cuya descr 
ctón hizo completamente, añadiendo las figuras que < 
bian presentar. Al fin puso otros dibujos que presen 
ban: el uno la grandeza de los planetas con relación 
sol; el otro el sistema solar con todos sus nuevos d 
cubrimientos. 

Al presentar este almanaque quedó asombrado 
sultán, lo mismo que todos los grandes de su corte, y ] 
dieron convencerse de cuan pequeños eran, al lado 
Alí-Bey, los que representaban en Fez el papel de ! 
bios no sabiendo nada. 

Una vez publicados los días y circunstancias de 
eclipses, en poco tiempo llegaron á noticia de toda 
ciudad. El eclipse de luna fué poco notado del puet 
porque el cielo estaba cubierto de nubes y llovió un po 
pero, en cambio, el eclipse de sol, que tuvo lugar del n 
do y en la forma prevista por Alí-Bey, causó un des 
den espantoso. El cielo se hallaba perfectamente limp 
era á mediodía, y de repente se oscureció el sol casi 



520 VÍCTOR BALAGUB 

todo, quedando apenas descubierto 
Los habitantes corrían por las caJ 
gritos; los terrados estaban llenoE 
mundo acudia á la casa de Ali-Bey 
liándose tan atestada, que era im 
desde la puerta hasta lo más alto. 

Nuestro héroe llegó á tener tal ; 
tan, que éste no podia pasarse sir 
prendido un viaje á Marruecos, 1< 
dicha ciudad. 

En su consecuencia, pues, A1Í-] 
chó en seguimiento del sultán. El 
ciudad, era inmensa la muchedun 
á su paso para despedirle y bende 
sonajes de Fez le acompañaron hs 
tancia, siguiéndole una gran muct 
marchó dejando en Fez una mem 
cleo de partidarios dispuestos á toi 

Durante su viaje enriqueció su 
natural; pero no como él hubiera 
hiera podido, segtín se desprende 
se leen en sus Memorias: 

•Mis amigos de Fez, dice, no ; 
las colecciones de historia natu 
atractivo tiene para el alma sens 
la naturaleza; pero los salvajes < 
eran capaces de comprenderlo. Ye 
do bien de desplegar delante de el 
en los europeos que viajan por : 
amor á las investigaciones, el ardí 
el celo por la dilatación de su don 
miento de nuevos individuos. 

•Semejante gusto y liberalidad 
todo extranjeras á la ociosa grava 
rizar á un príncipe de mi santa re 



K DE CATALUÜA— ALÍ-BEY EL ABBASSI 52I 

causar perjuicios y producir casi siempre 
iiencias. Vime, pues, obligado á sacriñ- 
aciones ¿ la preocupación de la gente de 
enunciar á las riquezas de un terreno que 

millones de plantas; sólo cogí una doce* 
itraido y de indiferencia, de modo que no 
ir su crasa ignorancia y estupidez. > 
Abbassida viajaba con una numerosa ca- 
lesta de sus gentes y de los soldados que 

En el camino salíanle al encuentro mu- 
: los aduares vecinos, ya para cumpli- 
rá convidarle á que se quedase, ya para 
íes. Por todas partes fué recibido con las 
:iones, en cumplimiento de las órdenes 

recibido del sultán; y en Rabat, donde 
ó tres días, fué tratado como el sultán 
dolé en la alcazaba y siendo objeto de 
n si deraciones. 

le Ali-Bey á Marruecos causó la más vi- 
ultán, lo mismo que á Muley Abdsulem 
)s que tenia en la corte. Apenas la supo 
nvió en prueba de su afecto la provisión 

propia mesa, y otro tanto hizo Muley 

ar guardaba una sorpresa á nuestro hé- 
I un día descansando en su alojamiento, 
•entó uno de los ministros del imperio, 
I firman, por el cual el sultán hacía do- 
a á Alí-Bey de su casa de recreo, llama- 
con bienes raíces que consistían en tie- 
olivares, huertas, etc., y una casa gran- 
i, conocida con el nombre de Sidi Ben- 
i. 

plantaciones de Semelalia habían sido 
ir el sultán Sidi Mohamet, padre de Mu- 



522 



VÍCTOR BALAGUBR 



ley Solimán, que había fijado allí su residencia. Hizo 
plantar las más bellas y mejores especies de árboles 
frutales, y adornó la posesión con deliciosos jardines. 
Grande abundancia de agua, que llegaba del Atlas por 
un conducto magnífico, aumentaba el encanto de aque- 
lla habitación, que tenia más de media legua de terreno 
cercado todo de altas murallas; las grandes posesiones 
y las palmeras se hallaban fuera de la cerca general, y, 
por la parte de dentro, cada jardín de recreo, cada huer- 
to ó plantación de olivos tenían su cerca particular. 
Era un sitio regio. 

Por lo que toca á la casa de la ciudad, era también 
grande y magnífica. Habíala hecho construir para ha- 
bitarla Benhamed Duqueli, ministro favorito que go- 
bernó el imperio durante largo tiempo. Parte de ella y 
el baño eran de una arquitectura regular y bella; pero lo 
demás, aunque muy capaz, estaba muy lejos de corres- 
ponder. 

No se limitó á esto la liberalidad y grandeza del sul- 
tán. Alí-Bey había llegado con respecto á él hasta el 
grado mayor de intimidad que se puede tener con un 
soberano. 

Poco tiempo después del regalo de la posesión de Se- 
melalia y de la casa Duqueli, el sultán le hizo saber 
que iba á enviarle dos mujeres de su harem. 

Alí-Bey había manifestado varías veces que estaba 
resuelto á no tomar ninguna mujer sino después de 
cumplida su peregrinación á la casa de Dios, y por lo 
mismo trató de sostener su palabra, aun á pique de des- 
agradar al sultán. Rehusó, pues, el presente; pero las 
mujeres ya habían salido del harem imperial, á donde 
era imposible volver, y el buen Muley Abdsulem se en- 
cargó de tenerlas en su casa. 

Este temía hablar al emperador de la negativa d< 
Alí-Bey, y también á éste. Toda la corte tenia fijos los 



i DE CATALURA — Atf-BEY EL ABBASSI 523 

leseando saber el ñn de aquel gran nego- 
cuchicheaba al oído de su vecino, pero 
a á explicarse abiertamente sobre el par- 
:ontinuaba yendo á la corte como si tal 

), no pudiendo Muley Abdsulem soportar 

situación tan embarazosa y para él tan 
) romper el silencio y fué el primero en 
á Ali. Este se parapetó tras de la rigidez 
os, é invocó el voto que tenía hecho, 
ulem, que se hallaba entre él y el sultán, 
. mayor agitación. Algunas lágrimas se 
sus ojos cerrados á la luz del día; y el 
ssida, á quien la situación peligrosa A que 
ra se hallaba reducido aquel respetable 
lovía más que ningún peligro de cuantos 
amenazarle, se levantó, y, tomándole la 

tuley Abdsulem, me consta cuánto me 
;s conocer el fondo de mi corazón y leer 
retos pensamientos: indícame, pues, la 
he de observar; díine qué quieres que ha- 
iré, pero míralo y reflexiona antes. 

1 la mano de Al!, la puso sobre su cora- 
és de algunos momentos de silencio, dijo 
te: 

n las miyeres á tu casa. 

16. 

s regaladas por el sultán eran una blanca 

la-Mohhana y una negra llamada Tigmu. 

Abbassida recibió á las mujeres que llevó 

á su casa la directora del harem de Mu- 
; pero se presentaron ante él cubiertas, y 

Pátima, le dijo: 
10, pero circunstancias particulares me 



524 vieron BALAÍ 

impiden verte y hablarte. Dése 
bre no se aparte jamás para m 
en tu habitación es tuyo, lo raií 
dadas en una caja de la que aqi 
fío que protegerás á Tigmu, y p: 
ta por conducto de cualquiera 
yo, Fátima, no debemos hablar 

Si quedó asombrada la corte 
Alí-Bey rehusado las mujeres, 
recibimiento que tuvieron. Ers 
cosa secreta á causa de los criai 
sa. Así es que en menos de vei 
da la ciudad hasta las circunsta 
suceso. 

Y eso que Fátima era un pro 
negro la vio un día al salir de 
un portento de gracia y de bell 
de que así despreciase Alí-Bey i 
propia tenía. 

Nuestro héroe continuó visití 
Abdsulem como si nada hubiere 
los musulmanes es regla de cor 
las mujeres. 

Deseando el sultán partir pai 
hacer agradable á su huésped 1; 
resolvió que pasase á Suera ó A 
placer, ordenando, en consecue 
de las provincias de Hhahha, S( 
sen en Mogador con sus tropas 

Vamos á dar breve cuenta d 

VIII. 

Conforme á las intenciones d 
de Marruecos, componiéndose : 



DE CATALUÑA — ALÍ-BEV EL ADBASSI 525 

ra para sus fakihs, otra para la cocina, 
ados, y la última para su guardia, que la 
ibo y cuatro soldados negros de la guar- 
ii del sultán. 

ciudad de Suera, que en los mapas se 
Lombre de Mogador, encontró allí á los 
hahha, de Scherma y de Sus, que ya le 
ido con sus tropas. Diéronle con éstas el 
K)rndas de caballos y escaramuzas, en las 
1 sus combates, jugando las armas, gas- 
61vora y metiendo mucho ruido, 
ron á Ali-Bey á un castillo del sultán 
íiontañas en medio del bosque, donde se 
an comida. 

expedición rodeado de soldados de caba- 
ite que se entregaba por el camino á ca- 
nuzas para demostrar su regocijo, 
as diversiones con que se obsequió al 
ida, de las que también participó el pue- 
, regresó á Marruecos con una escolta de 
., mandada por un oficial. Entonces fué 
■ comenzó á servirse del quitasol, privi- 
al sultán, á sus hijos y hermanos, y pro* 
los demás. 

)e se volvió por el mismo camino por 
o á Mogador; y como siempre le prece- 
e y reputación, todos los habitantes de 
lediatos al camino salían en ceremonia á 
primeros eran los soldados de caballería 
¡lera, que le pagaban el saludo con una 
grito simultáneo de Allah iebark ómor 
cndiga la vida de Nuestro Señor). Ve- 
viejos y los muchachos, y le saludaban 
in jarro de leche, 
itaban para que se quedase en su país. 



526 VÍCTOR BALAGUER 

Las mujeres, detrás de las tiendas ó las rocas, hacían 
resonar los ecos con sus gritos agudos de aplauso. Co- 
mo á cada instante se repetían dichos saludos, porque 
los habitantes acudian de largas distancias, no hay nece- 
sidad de decir que le era imposible á Alí-Bey acceder á 
todas las invitaciones. Pedíanle entonces una oración; 
levantaban todos las manos; él la rezaba, y ellos mani- 
festaban su reconocimiento corriendo los caballos y dis- 
parando sus escopetas, 

Al llegar al paraje donde debía pasar la noche, des- 
pués de las mismas ceremonias y estando ya acampado, 
todos los notables de la tribu ó aduar acudían segunda 
vez, precedidos del schik y de los principales, que de 
dos en dos llevaban un grueso camero por los cuernos y 
se lo presentaban, mientras otros le hacían presentes de 
alcuzcuz, cebada, gallinas, frutas, etc., entregándolo á 
su mayordomo. 

Así fué, obsequiado y festejado por todos, como Alí- 
Bey volvió á Marruecos. 



IX. 



Ha llegado ya el caso de decir algo de la misión par- 
ticular que condujo al interior del África á nuestro in- 
trépido paisano. 

Badia, que con el nombre de Alí-Bey nos ha dejado 
unas Memorias muy curiosas acerca de sus viajes cien- 
tíñeos, no dice una palabra del asunto político. Debe- 
mos, pues, atenernos á lo que cuenta el príncipe de la 
Paz, y á lo que dicen M. Bausset y el Sr. Mesonero 
Romanos, que de ello han hablado. 

Ya hemos visto cómo nuestro Badía ó Alí-Bey supo 
conquistarse las simpatías del sultán. Llegó á ser tal el 
ascendiente que tomó sobre éste, que no sólo le trataba 
como amigo y hermano; no sólo le consultaba en todas 






OBIA DE CATALUÑA — ALI-BEY EL ABBASSI 527 

es los negocios más arduos; no sólo, como 
:, le colmaba de regalos verdaderamente re- 
do hasta enviarle mujeres de su harem im- 
que descansaba absolutamente en él todo el 
:orona. 

3 tiempo, el pueblo y los magnates del im- 
odiaban en general al despótico y estúpido 
¡nán — favorecían con sus simpatías y con su 
casi idolátrica al principe AÜBey, hasta el 
llegar á formarse un partido poderoso para 
trono y deshacerse del aborrecido Muley. 
que Badia hubiese querido, sus partidarios 
hecho emperador de Marruecos, 
lado, alzábase en el interior del imperio otra 
facción, siempre en contra del sultán rei- 
Favor de Heschan, hijo de Achmet, y uno de 
:s de sangre imperial; nuestro intrépido Ali- 
;tba en la situación más crítica y comprome- 
¡encia de ambas banderías, y representando 
iuya propia, y todo ello teniendo que contar 
ente con el Gobierno español, 
icacia y talento superiores le sacaron siem- 
os. 

as cosas, y según el primer propósito de su 
nido entre él y Godoy, exploró' la voluntad 
reinante sobre la realización de la alianza 
i y la extensión de sus relaciones mercanti- 
todo el favor, ni el gran ascendiente que 
ibia ganado sobre el crédulo y devoto empe- 
llaron á persuadirle que buscase nuestra 
austero fanatismo de Muley le hacia mirar 
pecado toda especie de liga con infieles. Su 
todavía más fuerte por lo tocante á los áspa- 
los antiguos odios nacionales se juntaban al 
' religioso. 



528 VÍCTOR BALACl 

La intención decidida de Muli 
logrado sosegar ó rechazar á los 
sus provincias del Atlas, era hací 
soltar, como él decia, sus perros 
mares, y dejar libertad á sus vas: 
tros presidios. 

¡Singular y peregrina situaciói 

— Lejos de buscar amigos y so 
decía el emperador, — nada llenar 
como ver cumplida en nuestros c 
que áeste imperio le está hecha i 
aunque otro fuese el elegido para 
que para esto fuese necesario cedí 
rre más bien medios de apresurai 
amigos y aliados en nuestras viej 
cabeza, haz revivir la gloría de i 
que al pasar por aquellas tierras 
vir tu sangre é inflamarse tu cor 
m en tos y vestigios que all! queda 
tiguo. Los que, tan mal aconseja 
estirpe, quieren dividir mis reino: 
empleo en hacer la guerra á los < 
dría atraerlos y acabar esta guer 
cen, mejor por tus consejos que % 
zas con principes infieles. Llam 
para la grande empresa cuyo func 
rio, y que los hermosos reinos d 
Córdoba vuelvan á ser nuestros. 

Tal concepto tenía Muley de le 
ped, y á tal punto poseía éste su ] 

Dueño asi de extender sus relai 
y concertarse con quien le convini 
chan el pretendiente, y sin manif 
pre sosteniendo su papel de princi; 
dolé que había viajado por Espaií 



HISTORIA DE CATALUÑA — ALÍ-BEY EL ABBASSI 529 

to, le propuso su intervención con el Gobierno español 
para buscarle ayuda y coronarlo. En cuanto á condicio- 
nes, dejando á Heschan que se explicase él mismo^ llegó 
éste á prometerle, por ceñirse la corona de Marruecos, 
la cesión de Fez entera. España debía, pues, adquirir, 
por medio de este tratado, Tetuán, Tánger, Larache, 
los dos Salé, nuevo y viejo, y todo el rico territorio de 
aquel reino, el más civilizado del imperio. 

Según las observaciones de Badia, las fuerzas de Mu- 
ley, si había de hacer frente á los españoles, consistían 
sólo en 10.000 hombres, los más de ellos esclavos; y 
aunque en caso de guerra todos los moros son solda- 
dos, no había temor de que se alzasen por un hombre 
que era aborrecido, mucho más no siendo nuestra en- 
trada sino en clase de aliados y á favor de otro scherif 
que gozaba de un gran crédito. Toda la parte litoral 
oprimida y vejada por Muley en los negocios de comer- 
cio, lejos de acudirle, hubiera peleado en contra suya. 
Nuestro dominio mismo, según Badía manifestó á Go- 
doy, en vez de disgustar á aquellos moros industriosos, 
les debía ser grato y preferible, respetada su religión, 
introducidas nuestras leyes en materia de propiedad que 
allí no tenía nadie, y dada entera libertad á su comer- 
cio. Aún parece que había algunos de aquellos pueblos 
que referían por tradición haber sido más felices cuan- 
do se hallaron gobernados por portugueses ó espa- 
ñoles. 

El príncipe de la Paz, al recibir las noticias y obser- 
vaciones de Badía, pesó todas las circunstancias de la 
empresa, y, según parece, quiso asegurarse de la certe- 
za de aquellas cosas. A este fin, cuando fué tiempo, 
puso en el secreto de «quella tentativa á un hombre 
tan leal y activo como sagaz y cuerdo, que era el cón- 
sul de Mogador, D. Antonio Rodríguez Sánchez. Ofre- 
cióle á éste tanta parte en la fortuna y en la gloria que 
TOMO XIX 34 



530 VÍCTOR BALAGUBR 

podrían traer aquellos sucesos para España, como de 
vituperio si se empeñase un lance desastrado. 

Rodríguez afirmó á Godoy que las operaciones de 
Badía eran ciertas y seguras; que todo estaba calculado 
con buen pulso, y que, vistas las circunstancias del pais, 
el carácter de las personas que mediaban y las dispo- 
siciones de los ánimos, el buen éxito de la empresa pa- 
recía indudable, cuanto en operaciones de esta clase se 
podía juzgar con menos riesgo de engañarse. 

Añadía, además de esto, que no seria imposible que 
el imperio de Marruecos quedase todo por España, si 
se diese anchura á Badía para aprovechar cualquio* 
evento favorable á este designio, por más raro y singu- 
lar que pareciese el modo de cumplirlo, porque existia 
un partido que quería darle la corona; medio cierto por 
el cual, dueño que llegase á ser de aquel imperio, lo 
podía añadir á la corona de Castilla, haciéndole ocupar 
por las tropas españolas, y estableciéndose después un 
virrey moro, á la manera de los príncipes mediatos 
del imperio anglo-indio. 

Todavía, después de esto, para más asegurarse, hizo 
Godoy partir á los mismos lugares, para que se infor- 
mase por si propio, al coronel D. Francisco Amoró», 
oficial que era entonces de la secretaría de Estado y 
del despacho de la Guerra, su agente único desde un 
principio en el asunto de Marruecos, y á quien tenia 
encargada la correspondencia con Badía y Rodríguez. 
Vuelto Amorós, no tan sólo confirmó al príncipe de la 
Paz la verdad de los hechos y la exactitud de los infor- 
mes recibidos, sino que además le demostró la urgencia 
de poner mano á aquella obra, sin dejar que se entibia- 
sen ó que pudieran desmayar en su propósito los que 
estaban ya dispuestos para dar el gran golpe en cuan 
fuesen recibidos los auxilios. 

Entonces fué cuando el príncipe de la Paz escriL 



a CATALUÑA — ALÍ-BEY EL ABBAS5I 53I 

Solana la siguiente carta, que se ha 
Eis al citado M. Bausset: 

tAranjuez 17 de Junio de 1S04. 

carta dije á V. E. que bien pronto le 
>do lo que convenía preparar para el 
impresa de África y para asegurar el 
recisión y exactitud más rigurosas. 
]ue recibo de nuestro viajero (Badia) 
imente nos pongamos en disposición 
ámenle todos los socorros que juzga 
1 llenar felizmente la misión de que 
s preciso que, al primer aviso que dé, 
lesto para ser desembarcado en la eos- 
el punto que él mismo designe. 
:a expedición parta para su deatino, 
iente dar á V. £. una idea exacta de 
, en las cuales vamos á entrar, y ge- 
.os los esfuerzos que son precisos ha- 

n, actual emperador de Marruecos, es 
tupido y tan supersticioso, que es pre- 
e que se halle aún en el trono en vis- 
arrecen sus subditos, los cuales espe- 
;ia el momento de verse libres de él, 
cruel, manchado con todos los vicios, 
le esas nobles cualidades que se no- 
tan en nuestro joyííi viajero. Muley Solimán se parece 
al indolente monarca de Méjico, mientras que nuestro 
joven español tiene toia la energía y el valor de Cortés. 
Aprecia él mismo tan bien su posición y la de Solimán, 
que me envia á decir que tiene entre sus manos d otro 
Mofezuina. 

•Los hijos se parecen al padre, y ninguno de ellos 
tiene las cualidades necesarias para reinar á satisfacción 






r-*' 
► 



•/ 



i.' 



I 



532 VÍCTOR BALAGUER 

de los habitantes de Marruecos. El mayor está proscri- 
to y desterrado; el segundo es despreciado y detestada 
por toda la nación, aun cuandcf sea el objeto de las pre- 
ferencias de su padre; los otros son aborrecidos ó están 
desterrados. El único competidor de un poco de impor- 
tancia y que ha anunciado pretensiones á la corona^ es 
el pacha del Mogador, Muley' Abdelmeleck. Algunas 
circunstancias felices para él parecían favorecer su am- 
bición y ser contradictorias á mis proyectos. De desear 
hubiera sido que el gobierno del Mogador, que cuenta 
grandes establecimientos marítimos, se hubiese encon- 
trado entre las manos de un hombre menos recomenda- 
ble y de pretensiones menos elevadas; sin embai^go, 
nuestro nuevo Cortés no parece temerle. 

• Ahora que V. E. conoce la situación de toda esa fa- 
milia* debe ver que todo concurre á favorecer nuestro 
plan, y le parecerá, como á mí, natural y en el orden 

I de las cosas que el ingenio, la habilidad, la inteligen- 

cia y el carácter de nuestro viajero le hayan adquirido 
tal ascendiente sobre esas almas vulgares, y una talpre- 

\ ponderancia, que no fuera extraño llegase á obrar una 

gran revolución, hasta sin el socorro de un aparato de 
fuerza militar, sin choque y sin estrépito. De todos mo- 
dos, él estará pronto á rechazar la fuerza con la fuerza 
si las circunstancias lo exigen. 

i En cuanto á los ministros y álos primeros persona- 
jes del Estado, es inútil hablar de ellos. Es una clase 
llena de ambición, de ignorancia y de avaricia, de ba- 
jeza y de cobardía. 

»E1 vicecónsul del rey en Mogador, D. Antonio Ro- 
dríguez Sánchez, ha recibido la orden de favorecer con 
todo su poder las excursiones científicas de nuestro joven 
sabio, y se le ha dado á entender que sería posible q 
esas excursiones cambiasen de objeto; se le ha promel 
do recompensarle hidalgamente si contribuye á hac • 



r^ 



HISTORIA DE CATALUÑA — ALÍ-BEY EL ABBASSl 533 

salir airoso en sus proyectos al viajero. Este vicecón- 
sul es joven, activo, disimulado y discreto, de una 
figura agradable, y no está casado. Los moros y los in- 
dígenas le aman mucho, y no podíamos encontrar un 
hombre de un carácter más apropiado y más convenien- 
te para la ejecución de las órdenes de que debe encar- 
gársele. 

»E1 cónsul de S. M., D. N. Salomón, ha dirigi- 
do muy bien la introducción del viajero, así como su co- 
respondencia; ha sabido allanar igualmente todos los 
embarazos de ese primer momento, y ha dado prueba 
de inteligencia y cordura. Podría, sin embargo, no ser 
el mismo si llegase á saber que las operaciones cientí- 
ficas podían convertirse en militares. Hay muchas mu- 
jeres en su casa, está dominado por ellas, su comercio 
habitual ha debilitado singularmente su carácter, y se- 
ría poco á propósito para secundarnos. Este cónsul, 
por lo demás, tiene grandes relaciones con todos los ne- 
gociantes del imperio de Marruecos, y si llegaba á te- 
ner el menor temor de ver su fortuna comprometida, 
no hay ninguna duda que empezaría por esconder sus 
capitales y salvar lo que pudiese, cosa que necesaria- 
mente daría la alarma á los moros y á los otros cónsu- 
les extranjeros. 

«Bastaría esto para echar por tierra todo nuestro 
plan: la máxima más verdadera en política es la de que 
no es preciso conceder á cualquiera más confianza de la 
que pueda merecer. Por esto se ha guardado reserva con 
ese cónsul. Proseguiremos obrando así con él hasta el 
momento en que circunstancias imprevistas exigieran 
que fuese puesto en el secreto por tenerse necesidad de 
sus servicios. 

• De todas maneras, será prudente asegurar la retira- 
da y no abandonar á los españoles que pudieran encon- 
trarse en Marruecos ó en Tánger, en el caso de que V. E, 



534 VÍCTOR í 

recibiese aviso antes que y 
A este fin, será preciso que 
las embarcaciones necesari: 
bahía de Tánger buques de 
Cádiz, como asimismo atgi 
emplean para el comercio d 

•Después de haber dado 
personas que deben apareí 
preciso que dé á V. E. una 
tos que son bastante impon 

■ V. E. participará de la 
á que la guarnición de Ceut 
aumentada, de manera que 
de 9 á 10.000 hombres, li 
liajo los muros de la ciuda 
momento de obrar, con el 
hacerles maniobrar en sus 
mostración bastaría por sí : 
punto la atención de los mi 
rían obrar hostilmente sino 
bido el aviso de Aií-Bey. I 
ñas razones para disfrazar y 
to de tropas en Ceuta. Puec 
que han sido enviadas allí | 
ro de presidiarios que abun< 

■También podría decir ^ 
servaciones de las potencias 
tes de Marruecos y hasta át 
baciones interiores que exis 
bían hecho concebir temore 
Ceuta, una de las más imp< 
se ha reforzado su guamici 
do golpe de mano y ponerl 
sitio. 

■ Vamos ahora á las dem 



S CATALUÑA— ALÍ- BEY EL ABBA5SI 535 

atro artilleros y dos oficiales, 
enieros y dos zapadores. 

ñsicos con sus instrumentos y una 
laña. 

piezas de campaña de diferentes cali- 
necesario. 

fusiles y municiones, 
nil bayonetas. 
s de pistolas. 

timos artículos son los que más preci- 
prepararlos lo más pronto y secreta- 
sible. A este ñn, tomará V. E. de los 
z 6 de los almacenes de la marina el 
£ fusiles, bayonetas ó pistolas, sea de 
, sea de las extranjeras. Será preciso 
que haya para que la humedad no los 
le que sea preciso enterrarlos en algu- 
: su desembarco. 

los proyectiles y los cañones, cuyo nú- 
;rminado, lo mismo que su calibre, lo 
al cuidado de V. E., ya sea por loto- 
irte, ya por lo tocante á las precaucio- 
narse para disimularlos y hacerles to- 
, de armamentos de comercio. Las ór- 
ú comandante de la isla de León, de 

copia adjunta, facilitarán á V. E. los 
rán en estado de efectuar con reserva, 

favorable, el transporte de todo este 

a á los oficiales, ingenieros, zapadores 
e piden, no creo que sean necesarios 
; de esta clase no cambian fácilmente 
ar sospechas siendo en gran número, 
sus servicios exige, por lo demás, que 
;ún tanto en el secreto de los trabajos 



536 VfCTOR BALAGUI 

que se les impone, y un secreto e 
dado cuanto más se reparte. Ya I 
pensar en esto lo propio que en lo 

«Fijémonos sólo en la actuaiid: 
correspondencia segura y seguida 
asegurar, para un caso desgraciadi 
cónsul y de los demás españoles, 
un solo buque, y no se podría eni 
se oponen á ello inñnidad de razoi 
muy bien en haber entregado sus 
un piloto de conñanza, encargánd 
más que en manos de la persona á 
La marina real tiene en el departí 
pequeños buques que podrían ser i 
rrespondencia; pero como su arm: 
propio que el de los otros buques 
ciso valerse de ellos con prudencia 
que en el último extremo y en el c 
encargados de los despachos tard^ 
nir, ó bien en el caso en que hubi 
solicitados con toda premura por < 
so darle parte de todas estas dispc 
biemo particular. 

•Renuevo á V. E. las segurid 
dadas de toda mí confianza para 
la satisfacción que experimento vi 
disposiciones para el éxito de núes 

■Envío á V. E. copia de un av 

ha hecho pasar hace algún tiempc 

pueda valerse en el caso de ser ne 

•El PRÍNciPi 

Este interesante documento, i 
de las Memorias de M. Bausset, nt 
poder apreciar la situación en qi 



■ORIA DE CATALUÑA — ALf-BBV EL ABBASSI 537 

1)0 le llama el príncipe de la Paz, y del es- 
i se encontraban los trabajos. Lástima que 
3s más noticias que las que nos puede pre- 
ste documento, y algunasotras pocas comu- 
de escasa importancia que mediaron entre el 
icipe de la Paz y el marqués de la Solana, 
sndencia de Badia con el príncipe de la Paz 
esgraciadamente, y aun los documentos ci- 
,n conservado porque M. Baussct, que pudo 
)ia, los tradujo al francés, insertándolos en 

aba, pues, dispuesto. Alí-Bey, que se había 
;on los jefes de los bandos, y que cada día 
nás favor y crédito en la corte de Marruecos, 
/a. dispuesto. 

■\ entonces, un acontecimiento inesperado 
uto á echar por tierra tan temerario y gigan- 

que lo cuente quien sólo podía contarlo, el 

cipe de la Paz. 

una página de sus Memorias, referente á es- 

a de estas cosas — dice hablando de los pre- 
nse había hecho ni se hacía sin las órdenes 
indo envié mis instrucciones por extenso al 
la Solana, me pareció debido mostrárselas 
Carlos IV; pero S. M. me dijo que podía 
que después, cuando se hallase más despa- 
contento en verlas, juntamente con un re- 
circunstanciado, que tenia pedido, de la 
;ncia de Badía. El resumen estaba ya exten- 
amente aquella misma noche me mandó se 
?ntre las cartas de Badia se encontraba el 
la donación de Semelalia y demás gracias 
ue el emperador marroquí le habla hecho, 



538 VÍCTOR BALAGUBB 

junto con el diseño de aquella pose 
del firman que la pasaba á su domir 

■ Y he aquí que cuando llegué á 1 
men y desdoblé el diseño, noté en £ 
mo de horror, tras la cual, después 
si mismo aquel diploma, me dijo es 

— »No, en mis dias no será esto, 
guerra, porque es justa y provechosí 
aprobado también que antes de hac 
rador, porque esto se acostumbra y 
veces para emprenderla con aciert 
sentiré que la hospitalidad se vuelv 
ción del que la da benignamente, 
mundo sería yo responsable de ta 
agente mió quien habría obrado de 
pa es de Badia, que debió quedarse 

estos favores A Badia que se ^ 

sus viajes; otro hombre de más juic 
podrá encargar de semejante negocí 

•Tal era Carlos IV, en cuyas r 
ticas no habrá sobre la tierra princ: 
le pueda echar en rostro ni una s 
dolo. 

— «Pero, señor — le dije al rey; 
más deshacer lo que está hecho, qu 
Hay además personas, y algunas 
que podrán pagar con su cabeza si 
atrás de lo que está ya andado. 

— »SÍ los comprometidos — dijo el 
mios, escribirles que se vengan al í: 
ros, no es cuenta mia; pero se podr 

— «¿Quién de ellos — insté aun, — 
nosotros, ni querría concertarse co 
Nadie podría tener sus relaciones; c 
lo creen un moro y un gran princi 



IISTORIA DE CATALUÑA — Atf-BBYEL ABBASSI 539 

I mismos jefes de la guardia; muchos goberna- 

lajás nadie podria suplirle. 

bien — repuso el rey, — dejemos esos medios y 
lase la guerra por sus caminos naturales, si 

se aviene con nosotros. 

'ano fué representar á Carlos IV las ventajas 
ibles que podrían traernos aquellas posesiones; 
rios y recursos permanentes que adquirírian en 

1 del África nuestras industrias y comercios; las 
Lciones ricas que allí podrian hacerse en abun- 
e los más preciosos frutos de los trópicos; el su- 
o que esto haría á las riquezas de la América, 
nto tan necesarío, ya fuese que las guerras inte- 
sen los negocios en aquellos países lejanos, ó ya 
)S se alzasen algún dia y adquiriesen su inde- 
ia, como la América del Norte; el dominio que . 
an aquellos puertos sobre las bocas del Estre- 
nte por frente de los nuestros y tan á corta dis* 

a importancia que tomaría nuestra amistad con 
&s naciones comerciantes teniendo aquel domi- 
espeto que por tal modo podría imponerse á la 
ra; el aliento y espíritu de gloría que cobraría 
ña, conquistadas aquellas tierras deliciosas con- 
inemigos naturales que lo fueron tantos siglos; 
nto de fuerzas que se podria añadir á nuestro 
con escuadrones berberiscos; la necesidad de 
rnos y de buscar nuestros equilibrios con la 

por cuantos medios fuesen dables: tantas y tan- 
is como éstas que yo dije y me inspiraba con 
ncia mi deseo de ver cumplida aquella empresa, 
odo es verdad — respondió el rey; — todo cuanto 
es y me dices, lo quisiera yo igualmente; mas 
iencia no se aviene ni podría avenirse con los 

Non snnt facienda mala ut inde veniant bona. 
ran principio, verdaderísimo — me atreví yo & 



540 VÍCTOR I 

ecir por último argumento, — si lo observasen todos; 
ero en política dañoso, si es uno solo el que lo observa. 
— lObrando rectamente. Dios estará conmigo, — dijo 
I rey. 

• Pero el correo ha partido con la instrucción-^-dije yo 
)davia. — V. M. lo había mandado. 

— «Yo lo desmando ahora — dijo el rey; — despáchese 
n alcance. 

* Aquella noche entera fué pasada en vela parades- 
acer cuanto había hecho y deshacerlo para siempre.» 

No debe haber desagradado á nuestros lectores que 
ayamos trasladado la narración del príncipe de la Pa2. 
s el único documento oficial que nos queda para sa- 
:r el verdadero móvil que dio lugar á que se destruye- 
L el edificio con tanta habilidad como peligro levanta- 
y por nuestro paisano Badia. 

Grande fué el compromiso de éste, que se hallaba ya 
la mitad del camino peligroso donde se había adelan- 
do algo imprudentemente quizá; pero su admirable sa- 
icidad, su presencia de espíritu y los grandes recursos 
; su ingenio, hallaron medios de sacarle de aquel apu- 
I, Contentó á los conjurados con esperanzas y prome- 
s y les fué manteniendo con buenas razones, hasta 
le le fué dable retirarse sin que níngURO le vendiese, y 
landonar la corte marroquí bajo el pretexto de su pere- 
inación á la Meca, conforme los preceptos del Alcorán. 

Le seguiremos también en este viaje tan peligroso 
mo interesante at través de las regencias berberiscas, 

Grecia, el Egipto, la Siria, la Arabía y la Turquía, 
veremos cómo Badía supo desplegar en ocasiones las 
ás interesantes y peligrosas, la serenidad de su áni- 

0, su valor indomable y la prodigiosa multitud y pro* 
ndidad de sus conocimientos. 

La historia de Badía parece una novela, y, sin embar- 

1, nada más cierto. 



HISTORIA DE CATALUÑA — ALl-BEY EL ABBASSI 54 1 

«Recibido con entusiasmo y veneración por los pue- 
blos más civilizados del Asia y África, por las tribus 
errantes de los desiertos, por los bajas soberanos de 
Trípoli, de Acre, del Cairo y de la Meca; consultado 
por los doctores de las diversas sectas del islamismo; 
reverenciado como un ser casi sobrenatural á causa de 
su carácter enérgico y sublime, de sus predicciones as- 
tronómicas, de sus curas asombrosas y del magnífico 
tren oriental de su comitiva, abriéronse á su insaciable 
investigación los lugares más sagrados, aquéllos en 
que ningún cristiano ha podido penetrar jamás; pudo 
presenciar y tomar parte principal en todas las ceremo- 
nias más recónditas del islamismo, y descorrer, en fín, 
el velo espeso que hasta entonces había tenido encu- 
bierta la fisonomía y costumbres de la moderna socie- 
dad musulmana 1.» 

Esto con respecto á Badía, á quien, según hemos di- 
cho, vamos á seguir en su interesantísimo viaje, que 
perdió ya todo su carácter político. 

Por lo que toca á Muley Solimán, nos adelantaremos 
á decir que al fin, años después, dividido en bandos su 
imperio, se vio obligado á desceñirse la corona y abdi- 
carla en favor de Abderraman, sobrino suyo, sin que 
ninguno de sus hijos pudiera haberla. 

En cuanto á Sidi Heschan, fundó un estado inde- 
pendiente con las conquistas que había hecho sobre Sus 
y otros provincias inmediatas. 

La ocasión malograda era segura. 

Ni Badía ni Godoy se habían engañado. 

X. 

Destruido el objeto político, sabedor de que no podía 
contar con el Gobierno español, abandonado en mitad 

1 Mesonero Romanos. 



542 VÍCTOR BALAGUER 

del camino por quien á emprenderle le había compro- 
metido, Badia ó Ali-Bey se vio» según ya hemos di- 
cho, en una amarga y apuradísima situación. 

No tuvo más recursos que contentar con esperan- 
zas á unos, con promesas á otros, y gracias á su pru- 
dencia y habilidad pudo conseguir que ninguno lo ven- 
diera. 

Entonces, como lo que más importaba para él era sa- 
lir de Marruecos, anunció que iba á partir para su anun- 
ciada peregrinación á la Meca, viaje que hizo pasar 
quizá como un pretexto á los ojos de sus partidarios 
para que guardaran el secreto de la conspiración. 

Al anunciar su marcha, tuvo sobre el particular al- 
gunas disensiones con el sultán y Muley-Abdsulem, 
quienes se empeñaban en disuadirle de tan penoso via- 
je. Bien lejos estaban ellos de sospechar el motivo de 
tan repentina marcha. 

Muley Abdasulem le decía para disuadirle que tam- 
poco el sultán había hecho aquella peregrinación, que 
la religión no exigía se realizase personalmente, que 
podría pagar el viaje á un peregrino, y de este modo 
tendría igual mérito á los ojos de la Divinidad. El sul- 
tán, particularmente, que deseaba de todas veras rete- 
nerle consigo, se presentó un día en su casa acompaña- 
do de su hermano Muley Abdsulem, de su primo Muley 
Abdelmeleck y de toda su corte, favor insigne que ja- 
más había concedido á nadie. Entró á las nueve de la 
mañana y no se retiró hasta las cinco de la tarde, según 
cuenta el mismo Alí-Bey, el cual hizo servir una comi- 
da á su llegada y otra cuando salió. 

El sultán, que quería darle pruebas de su afecto é 
ilimitada confianza, comió en ambos banquetes, tomó 
café, te y limonada diferentes veces, escribió y rubricó 
las órdenes del día sobre el propio escritorio de Badía, 
tratóle como á un hermano querido, y, finalmente, al 



■TORIA DB CATALUfÍA — Atf-BEY EL ABBASSI 543 

de SUS criados le presentaron en su nombre 
líos tapices. 

acompañaron al sultán á su palacio, casi to- 
Sciales volvieron otra vez á casa de Ali-Bey 
)ltmentarle y renovar sus instancias al objeto 
ríe, haciéndole las más lisonjeras insinuacio- 
iu suerte futura, si consentía en quedarse. Ati- 
ero, permaneció inflexible, y fijó la época de 

para pocos días después. 
■\ momento de dar el último adiós al sultán, 
ite sus instancias, repitiéndole mil veces que 
se las fatigas y peligros que le aguardaban en 
f penoso viaje; pero nada pudo conseguir. Al 

le abrazó con las lágrimas en los ojos, rega- 
ba tienda magnífica de tela encarnada con 

seda. Antes de enviársela, hízola armar en 
;ia, y entonces entraron doce fakihs y rezaron 
raciones que debían atraerle las gracias del 
ha constante en el viaje. £1 sultán añadió á 
senté varios odres para poner agua, objeto 
ara aquel camino. 

jueAlí^Bey llegó á su casa, envíóádecirá Fá- 
lana que se cubriese, porque deseaba hablarla. 
) preparada para recibirle, pasó Ali-Bey á su 
1 acompañado de toda su gente, y le dijo: 
lana, hallándome á punto de marchar para 
no te abandonaré si quieres seguirme; pero sí 
¡darte, eres libre de hacerlo, 
nosa Mohhana, á través del tupido velo que 
la, fijó sus ojos en Ali-Bey, y con una voz 
o el tañido de un arpa, le contestó: 
o seguir á mi señor. 
£1 á insistir, 
ra bien en lo que dices, pues no es cosa para 

veces. 



544 VÍCTOR BALAGUBR 

La hermosa tapada bajó la cabera como para mani- 
festar que estaba decidida. 

— ¿Insistes en seguirme? — preguntóla Alí-Bey. 

Mohbana, con un acento que manifestaba una firme 
resolución, 

— Sí, señor — le contestó, — te seguirá por todo el 
mundo hasta la muerte, do quiera que vayas, tu com- 
pañera inseparable siempre. 

Había algo de afectuoso al par que enérgico en la voz 
de Mohhana. Parecía hablar con el corazón. Alí-Bey 
no pudo menos de conmoverse al ver el afecto de aque- 
lla mujer, que era suya, y á quien ni siquiera conocía 
aún, y volviéndose á los que le rodeaban, les dijo: 

— Ya oís las palabras que Fátima Mohhana acaba 
de proferir, y sois testigos de su resolución. 

En seguida, dirigiéndose á la para él hermosa des- 
conocida, 

— Eres — le dijo, — mujer apreciable; me tienes afec- 
to y te protegeré: disponte para marchar. Adiós. 

Mohhana, á quien parece que aquella orden llenó 
de júbilo, se abalanzó entonces á Alí-Bey, y antes que 
éste hubiese podido impedirlo, le tomó la mano y, le- 
vantándose algo el velo, aplicó en ella un beso. Al con- 
tacto de los labios de Mohhana, sintió Alí-Bey como si 
le aplicaran en su mano un botón de fuego. 

Luego que hubo salido de su habitación, dio orden 
de construir para Mohhana una especie de litera, lla- 
mada en el país darbucco, perfectamente cerrada por to- 
dos lados, la cual se colocaba sobre una muía ó came- 
llo, y era la que usaban las mujeres de distinción. Res- 
pecto á Tigmu no hubo tanta ceremonia, pues podía ca- 
minar envuelta en su khaik ó albornoz. Destinó también 
para entrambas una gran tienda, donde nadie podía ver 
las ni incomodarlas. 

Dispuesto ya todo, nuestro viajero salió de la ciudac 



HISTORIA DE CATALUÑA— ALÍ-BEY EL ABBASSÍ 545 

de Marruecos, dirigiéndose á Fez por el mismo camino 
que había emprendido á la ida. 

En Fez se detuvo bastante tiempo, tres meses ó 
más; y aunque él no explica el objeto de su detención, 
bien pudiera ser que fuese para acallar las sospechas 
que pudieran tener sus cómplices en el plan trazado, y 
darles garantías. 

Pocos días antes de que partiera, llegó á Fez Muley 
Abdsulem llevándole una carta de recomendación del 
sultán para el dey de Túnez, y otra para el bajá de Ta- 
rables ó de Trípoli. El mismo Muley Abdsulem le dio 
otra suya para el dey de Argel, á quien Muley Solimán 
no quiso escribir tal vez por consideraciones políticas. 

Habiendo, finalmente, resuelto su partida de Fez 
para Argel, despidióse Badía de Muley Abdsulem y de- 
más amigos, y á las diez de la mañana del 3o de Mayo 
de i8o5 salió de su casa, acompañado de todos ellos, 
conduciéndole primero á la mezquita de Muley Edrís, 
de donde le acompañaron parte del camino, hasta el 
momento de su despedida. La casa de Alí-Bey, las ca- 
lles, la mezquita y salida de la ciudad estaban llenas 
de gente. Por todos lados se abalanzaba á él la multi- 
tud para tocarle, besarle, pedirle una oración ó darle 
muestras de respeto y afecto. 

Fué despedido en medio de las mayores y más uni- 
versales simpatías. 

Entre los obsequios que le hicieron los moradores de 
los aduares vecinos á la ciudad, es digno de referirse el 
siguiente. 

Salieron todos los muchachos reunidos á recibirle. 
Uno de ellos, que iba delante, vestía una túnica blanca, 
un pañuelo de seda en la cabeza, y un cinturón de lo 
mismo alrededor del cuerpo, y llevaba un palo de siete 
pies de alto, en cuya extremidad había suspendida una 
tablita, y en ésta, escrita una oración. Después de diri- 

TOMO XIX 35 



?.■' 



546 VÍCTOR BALAGUER 

gírle un cumplido estudiado, besáronle la mano, el es- 
tribo 6 lo que podían tocar, y se volvieron en extremo 
satisfechos. 

Asi fué despedido en Fez el príncipe Alí-Bey el 
Abbassi. 

Tomó con su comitiva la dirección de la ciudad de 
Ouschda, y según él mismo describe en su curioso iti- 
nerario, cuya lectura recomendamos á nuestros lecto- 
res, pues que nosotros sólo extractamos de sus Memo- 
rias aquello que es más conducente al objeto que nos 
proponemos 1, el segundo día costeó la orílla del río 
Yenaut; el tercero plantó sus tiendas al pie de la ciu- 
dad de Teza; el sexto sentó su campo en la alcazaba de 
Temessuin; el octavo atravesó los ríos Muloiua y Enza; 
el noveno situó sus tiendas junto al aduar Aaiaun May- 
luk, y, por fin, el décimo día de su salida de Fez llegó 
á Ouschda. 

Ouschda, población de unos quinientos habitantes, 
era, como las demás partes pobladas que había hallado 
Alí-Bey al otro lado de la alcazaba de Temessuin, un 
oasis en el desierto de Angad. 

Apenas hubo llegado, el jefe y los principales del 
pueblo le declararon que no podía pasar adelante, por- 
que el mismo día habían recibido la noticia de la re- 
volución que acababa de estallar en el reino de Ar- 
gel, y que en Tlemsen ó Tremecén, á donde él se diri- 
gía, no cesaba de correr la sangre de los turcos y de los 
árabes. 

Después de muchas discusiones y de haber reflexio- 
nado maduramente, decidióse Alí-Bey á enviar un co- 

1 Estas Memortas forman cuatro tomos en francés, impresos por I* 
casa Didot, con atlas de cuatrocientas vistas y planos, lodo dibujado 
por el mismo Alí-Bey. 

También está traducido y publicado sin el atla3 en ValeDcta, r 
Mallén, en ties tomos en 8.° 



J 



[STORIA DE CATALUÑA— ALÍ-BE Y EL ABBASSI 547 

ue de vuelta le trajo la noticia de que los albo- 
:edidos en la ciudad de Tremecén se hablan 
lo; pero que los caminos estaban infestados de 
que robaban y asesinaban, 
icjpe Abbassida pidi6 al momento una escolta 
la población, y le respondió que no tenía bas- 
:rzas; pero que cuidaría de arreglar las cosas á 
ón suya. Al cabo de dos dias, el jefe y los prín- 
i Ouschda enviaron á buscar al Schek de Boa- 
era el jefe de una tribu vecina, y le propusie- 
nducir á Alí-Bey á Tremecén. El Schek re- 
de luego, y, después de haber discutido largo 
narchó sin haber decidido nada, 
s dias pasaron en negociaciones inútiles, y en 
1 hubo algunos revoltosos que se acercaron 
murallas de Ouschda, disparando algunos tí- 
iil y matando á dos hombres, 
ición de Alí-Bey se hacía cada vez más críti- 
por una parte se agotaban todos sus medios de 
cia, y por otra sabia que sus enemigos de Ma- 
.e habían valido de su larga permanencia en 
, hacerle sospechoso al sultán. Persuadido, 
que no dejarían de aprovecharse de esta oir- 
ía para desacreditarle, tomó el partido de mon- 
illo para ir solo á buscar á Boanani, que te- 
luar á dos leguas de distancia, al pie de las 

te se sobrecogió de espanto con ^sta noticñ, 

os renegados españoles que se habían unido á 

I salió de Fez, los cuales, en aquel crítico mo- 

'. le presentaron diciéndole: 

)r, si lo permites, nosotros te seguiremos y 

«mos de tu suerte. 

1 Alí-Bey con atención, y, viendo que eran 

resueltos, mandóles tomar las armas, con el 




54^ VÍCTOR BALAGUER 

fin de que le siguiera uno, quedándose el otro con los 
equipajes. 

En el momento en que iba á montar á caballo, pre- 
sentóse ante él, cubierta con su velo, la hermosa Moh- 
hana. 

Era la tercera vez que se veían. Durante el camino 
de Fez á Ouschda, Alí-Bey no la había visto siquiera. 
Habíase contentado con preguntar por ella y cuidar de 
que nada le faltara. 

— ¿Qué es eso? — preguntó Alí-Bey. — ¿A qué vienes 
sin haberte llamado? 

— Señor — contestó aquella mujer, — he sabido que 
ibas á marchar, á correr un peligro y he venido. Tuj'a 
soy, señor, y buena ó mala tu suerte, quiero compar- 
tirla. 

Por segunda vez oía Alí-Bey la voz dulce y simpáti- 
ca de aquella mujer; por segunda vez le daba ésta una 
prueba de vivísimo afecto y de adhesión. ¿Qué extraña 
simpatía enlazaba á él de aquel modo á aquella mujer 
que se llamaba suya, que lo era efectivamente, y que, 
sin embargo, le era todavía desconocida? 

Conmovióse el príncipe Abbassida al verse objeto de 
tan tierno afecto, tranquilizó á Mohhana, y le dijo que 
iba sólo á ponerse de acuerdo con un jefe de tribu para 
que les sirviese de escolta. 

Mohhana, con su dulcísima voz, y con acento con- 
movido, dio gracias á Alí por el afecto y ternura con 
que la trataba, y se retiró. 

Alí-Bey montó en seguida á caballo, y se dirigió á 
salir de la ciudad, acompañado de un fiel esclavo lla- 
mado Salem, y del renegado de que hemos hecho men- 
ción; pero encontró cerrada la puerta de Ouschda, y los 
principales habitantes, en número de cuarenta 6 cii 
cuenta, decididos á prohibirle la salida. 

Suplicóles nuestro héroe que le dejasen marchar. 



j 



HISTORIA DE CATALUÑA — ALÍ-BEY EL ABBASSI 549 

respondiéronle casi todos á la vez, los unos con razo- 
nes y los otros con gritos. El insistió, ellos resistieron. 
Por fin, dirigiéndose Alí-Bey al principal de ellos, ame- 
nazándole con una de las pistolas del arzón de su silla, 
le dijo con un tono entre amistoso y resuelto: 

— Schek Solimán, hemos comenzado bien y creo que 
vamos á acabar mal. Abre la puerta. 

Entonces Schek Solimán, sacando por un lado la viga 
que atrancaba la puerta, la abrió, diciendo á los demás: 

— Pues él quiere perecer, que haga lo que quiera. 

Salió Alí-Bey, por fin, seguido de su esclavo y de su 
renegado, dirigiéndose hacia las montañas de Boanani. 
Pocos momentos después de haber partido, vio llegar á 
escape á los mismos habitantes, que iban á reunirse á él 
para escoltarle. Acercáronse excusando su resistencia, 
la cual, según decían, no tenía otro objeto que su inte- 
rés por él y el temor de una desgracia. 

Fueron muy bien recibidos por Boanani, quien des- 
de luego les convidó á comer á todos, dándoles una ex- 
celente comida; pero en la conversación manifestó en- 
contrar muchos obstáculos para conducir al príncipe 
hasta Tremecén. Por fin, convencido por las persuasio- 
nes de éste y del Schek Solimán, convino en arreglar- 
se con el Schek de otra tribu, llamado Benisuuz. Este 
último debía aguardar á Alí-Bey, con su gente, á mi- 
tad del camino para escoltarle hasta Tremecén, y el 
Boanani se encargaba de conducirle hasta allí. 

Alí-Bey y su acompañamiento regresaron á Ouschda 
sin haber tenido novedad alguna á la ida y á la vuelta. 
Así que llegó á su campo, el príncipe participó á Moh- 
hana, por conducto de Salem, el buen resultado de su 
expedición. 

Mohhana recibió la noticia con sumo regocijo, y, en 
muestra de su contento, dio una rica joya al portador 
de tan fausta nueva. 



5¡0 VÍCTOR BALAGUBR 

Dos días después Boanani fué á avisar á Alí-Bey que 
estuviese pronto para el día siguiente. A la hora conve- 
nida se presentó, en efecto, con cerca de cien hombres, 
y salieron al momento de Ouschda el príncipe y toda 
su gente. 

Estaban apenas á media legua de distancia, cuando 
llegaron á todo escape dos soldados del sultán gritando 
á los caminantes que se detuvieran. Seguíales un cuer- 
po de tropas mandado por un oficial superior de la guar- 
dia, llamado el kaid Dlaimi. Este anunció á Alí-Bey 
que el sultán, sabiendo que estaba detenido en Ouschda, 
le enviaba para protegerle y defenderle si fuera nece- 
sario. 

Hízole saber Alí-Bey que la revolución de Argel y 
de Tremecén, así como los robos de los revoltosos, eran 
los únicos motivos que le habían detenido, y que supues- 
to había pasado el peligro, podía continuar su camino 
con toda seguridad, tanto más cuanto iba escoltado por 
las tribus de los Boananis y de los Benisuuz. 

A pesar de estas razones, Dlaimi le declaró que ea 
el estado de cosas no podía consentir en su viaje hasta 
recibir nuevas instrucciones del sultán. 

Alí-Bey, á quien aquella medida no dejaba de inspi- 
rar cierta alarma, vióse obligado, por consiguiente, á re- 
gresar á Ouschda, donde escribió al emperador. Luego 
que éste recibió su carta envió otros dos oficiales de la 
corte con la orden de conducirle, según decía, á Tán- 
ger, á fin de que desde allí pudiera embarcarse para Le- 
vante, 

Esta orden del sultán le obligó á salir de Ouschda 
con su gente y equipajes el 3 de Agosto á las nueve de 
la noche. Acompañábanle dos oficiales y treinta udaias 
ó guardias de corps del sultán, habiéndose quedado ei 
Ouschda el kaid Dlaimi con el resto de la tropa. Segúi 
parece, salió tan tarde á causa de que Dlaimi dijo ha 



>E CATALUÑA— AL f-BBV EL ABBASSI 55I 

I de que cuatrocientos árabes armados le 
camino. Ali-Bey vióse obligado á salir 
saber qué camino habia de seguir, has- 
de marchar, en que Dlaimi lo indicó á 

bbassida iba como preso, y llevaba el co- 
por secretos presentimientos, 
tuschda la caravana, dejó á un lado el 
io, atravesó hacia el Sur y se introdujo 

i muy oscura y el cielo estaba entera- 
de nubes. 

XI. 

laber caminado muy de prisa toda la no- 
or las montañas, la comitiva llegó á las 
na cerca de las ruinas de una gran alca- 
lá cual habia un fresco manantial de 
de aduar. 

prosiguió marchando sin descanso, s¡- 
cción de muchos valles tortuosos, por 
!a un arroyo que, aunque pequeño, no 
para el riego á los laboriosos habitan- 
.duares. 

una orden que llevaban los oñciales en- 
mpaiiar á Alí-Bey, salian de cada aduar 
:s montados y equipados, los cuales se 



;ado á las nueve de la mañana al para- 
ninaba el arroyo, tos treinta udaias se 
Mi-Bey, dejándole la escolta de los ani- 
mando de dos oñciales. 
ito de retirarse los guardias del sultán, 
^bbassida algunas monedas de oro á uno 



552 VÍCTOR BALAGUBR 

de los oficiales para gratificar á los soldados, y conti- 
nuó su marcha; pero bien pronto, habiendo oído ruido 
detrás de él, volvió la cabeza y vio á los udaias revuel- 
tos contra sus jefes y amenazando asesinarlos, Al pun- 
to dos de ellos corrieron hacia Ali-Bey para quejarse, 
creyendo que los oficiales se habían retenido parte del 
dinero que aquél les había dado. Corrió Alí-Bey hacia 
la gente amotinada, y no sosegó hasta que les hizo ba- 
jar las armas. Llegó á convencerlos y á calmarlos, ha- 
ciendo continuasen su marcha. 

Durante esta riña, que alarmó bastante á los de la 
caravana á causa de las desgracias que podían haber 
ocurrido, nadie se acordó de hacer provisión de agua á 
pesar de que comenzaba á faltar, y desgraciadamente 
Alí-Bey ignoraba que aquél era el último lugar donde 
podía hallarse. 

La marcha seguía siempre acelerada por el temor de 
encontrar á los cuatrocientos árabes de quienes trata- 
ban de huir. Por esta razón marchaban separados de 
los caminos por medio del desierto, caminando sobre 
pedregales y al través de las montañas. 

Aquel país está enteramente falto de agua. Los via- 
jeros no veían ni un árbol, ni una roca aislada que pu- 
diera ofrecer un ligero abrigo ó un poco de sombra. Una 
atmósfera transparente, un sol intenso que caía á plo- 
mo sobre sus cabezas, un terreno casi blanco, un mon- 
tecillo ardiente como una llama: tal es el cuadro fiel de 
los sitios que recorrían. 

Estaban en el desierto y vivían ya en su atmósfera 
de fuego. Luego debían probar todos sus horrores» 

Todo hombre que se encuentra en aquellas soledades 
es considerado como enemigo. Así es que los trece be- 
duinos de Alí-Bey, habiendo visto hacia el Mediodía 
un hombre armado á caballo que estaba á una distan 
cia bastante larga, se reunieron al punto y partiero 



HISTORIA DE CATALUÑA — ALÍ-BEY EL ABBASSI 553 

como un rayo á sorprenderle; pero el beduino descu- 
bierto se aprovechó de la distancia y huyó á las monta- 
ñas, donde fué imposible encontrarle. 

En el ínterin, ni hombres ni animales habian comido 
desde el día anterior ni cesado de caminar á paso tirado 
desde las nueve de la noche. Poco después de medio 
día ya no le quedaba á la caravana una gota de agua, 
y tanto las gentes de Alí-Bey como Jas cabalgaduras, 
comenzaban á ceder á la fatiga. A cada instante calan 
las muías con sus cargas, y era preciso levantarlas con- 
tinuamente, sosteniendo el peso que llevaban. Tan pe- 
noso ejercicio acabó de agotar las pocas fuerzas que 

» 

quedaban á la gente. 

A las dos de la tarde, extenuado de sed y de fatiga, 
cayó un hombre al suelo, yerto como un cadáver. Pa- 
róse Alí-Bey á socorrerle con dos ó tres de sus criados. 
Exprimióse la poca humedad que quedaba en un odre, 
y lograron introducirle en la boca algunas gotas de 
agua, pero tan débil socorro produjo muy poco efecto. 

El mismo Alí-Bey empezaba ya á sentir una debili- 
dad que, acrecentándose de un modo espantoso, le anun- 
ciaba que también á él iban á abandonarle las fuerzas. 

Hubo de dejar á aquel desgraciado y seguir adelante. 

Desde aquel momento fueron cayendo sucesivamente 
al suelo varios de la caravana, y quedaron abandona- 
dos á su suerte. También se dejaron algunas muías con 
su carga. 

El mismo Alí-Bey cuenta que en aquellos instantes 
halló al paso dos de sus grandes maletas en tierra; pe- 
ro que no pudo saber qué fué de las muías que las lle- 
vaban, porque nadie cuidaba ya desús efectos é instru- 
mentos. Por lo que toca á aquella pérdida, la miró co- 
mo cosa que no le atañía y pasó adelante. 

Alí-Bey sentía ya á su caballo temblando debajo de 
él, y esto que era el más fuerte de la caravana. 



554 VÍCTOR BALAGUER 

Marchaban todos abatidos y silenciosos. 

Varias veces volvió el príncipe Abbassida los ojos 
hacia el camello que llevaba el darbucco en que iba en- 
cerrada Mohhana. Estaba perfectamente cerrado, y pa- 
recía como que ningún ser viviente respiraba en aquel 
aposento de lienzo y seda. 

¿Qué hacia allí la hermosa tapada? ¿Estaba espiran- 
do acaso? ¿Había muerto ya?.... . 

Si quería Alí-Bey animar á alguno á que redoblase el 
paso, su respuesta era mirarle de hito en hito y llevar 
el índice á la boca para manifestar la ardiente sed que 
le devoraba. Quiso también reconvenir á los oficiales 
conductores su poco cuidado, el cual era la causa de la 
falta de agua; pero se excusaban con el motín de los 
udaias, y además decían: 

— ¿No sufrimos tanto como los demás? 

La situación de toda aquella gente era tanto más ho- 
rrorosa cuanto ninguno de ellos creía poder sostenerse 
hasta llegar al sitio en donde se había de encontrar ag^a. 

Finalmente, sobre las cuatro de la tarde, Alí-Bey 
cayó á su vez, desvanecido de sed y de fatiga. 

Tendido sin conocimiento en medio del desierto, con 
sólo cuatro ó cinco hombres á su lado, de los cuales uno 
había caído casi al mismo tiempo que él, y los otros no 
podían darle el menor alivio, pues no sabían donde en-> 
centrar agua, y aun cuando lo hubiesen sabido, falta* 
banles fuerzas para ir á buscarla, hubiera Alí-Bc}' pe- 
recido sin remedio, si la Providencia no le hubiera sal- 
vado por una especie de milagro. 

Poco después de haber caído sin conocimiento el prín- 
cipe Abbassida, llegó hasta él el camello que llevaba el 
darbucco de Mohhana. Los pocos servidores que, en me- 
dio de su agonía, guardaron una memoria de aquel he- 
cho, vieron entonces rasgarse, mejor que abrirse, los 
lienzos del darbucco, precipitándose de él una mujer sin 



HISTORIA DE CATALUÑA — ALl-BRV EL ABBASSI 555 

lo, radiante de hermosura, flotante la cabellera, la 
al corrió hacia Ali-Bey, inclinándose sobre el cuerpo 

su señor y procurando volverle la vida. 
Era Mohhana. 
Pero ¿qué podia hacer aquella pobre y débil criatura 

medio de la inmensidad de aquel desierto, pronto ella 
¡u vez á caer rendida de fatiga y de sed? 
Si Alí-Bey hubiese entonces tenido fuerza para abrir 
! ojos, al ver aquel semblante pálido, pero espléndido 

belleza, que se inclinaba sobre el suyo; al verse en 
izos de aquella peregrina y celeste hermosura, hubie- 

creido tal vez ver á un ángel que le transportaba á 
i pies del Supremo Hacedor. 

¡Pobre mujer! ¿Qué es lo que en aquellos instantes 
saba en su alma? 

¿Era sólo fidelidad á su señor lo que lá llevaba junto 
cuerpo de AU-Bey, ó era su amor profundo, ese amor 
>lento al cual basta un instante para desarrollarse en 
corazón de una mujer de Oriente, ese que nace, que 
sce, que estalla en un mismo día?.... 
Media hora habría pasado después que Ali-Bey se ha- 
ba en tierra sin sentido; media hora después que 
ahhana, sublime de dolor y de agonía, se hallaba á su 
lo contemplando aquel pálido semblante y esperando 
momento de caer exánime á su lado para sostener su 
omesa de que, buena ó mala, quería compartir la suer- 
de su señor, cuando se divisó á lo lejos una gran ca- 
yana de más de dos mil hombres, que iba hacia el 
upo formado por las gentes de Alí-Bey. 
Mandábala un morabito ó santo llamado Sidi Alarbi, 
e iba á Tremecén de orden del sultán. Este, encon- 
indo á aquella gente en tan horrible situación, se 
resuró á mandar derramar sobre ellos muchos odres 

agua. 

Después que á Alí-Bey se la echaron repetidas ve- 



55^ VÍCTOR BALAGUER 

ees en la cara y manos, comenzó á recobrar el cono- 
cimiento y miró á todas partes sin poder reconocer á 
nadie. 

Mohhana ya no estaba allí. 

Había vuelto á esconderse en su darbticco, huyendo á 
las miradas de los salvadores que les llegaban. 

Siguieron echándole á Alí-Bey agua en la cara, bra- 
zos y manos, pudiendo por fin conseguir que tragara 
algunos pequeños sorbos. 

Entonces ya pudo preguntar á los que le rodeaban: 

— ¿Quiénes sois? 

Apenas le oyeron hablar, le respondieron: 

— No temas; lejos de ser ladrones ó salteadores, so- 
mos, por el contrario, tus amigos. 

Y Sidi Alarbi se nombró. 
' Aún le vertieron más agua encima y en mayor can- 
tidad que antes, haciéndole beber otra vez; pero así 
que vieron que comenzaba á restablecerse, llenaron de 
agua parte de sus odres y continuaron su viaje, pues 
cada momento que perdían en aquel sitio era preciosí- 
simo é irreparable su pérdida. 

Alí-Bey mandó con aquella agua socorrer á su gen- 
te, y envió también de ella á Mohhana, tranquilizándo- 
se al saber que ésta se hallaba ya restablecida. 

Ignoraba aún, y hasta mucho tiempo después no lo 
supo, lo que había pasado durante su pérdida de sen- 
tidos. 

Dejémosle hablar ahora á él mismo por un instante: 

«El ataque de la sed — dice — se manifiesta por todo 
el cuerpo con una suma aridez de la piel; los ojos pa- 
recen ensangrentados; la lengua y la boca se cubren, 
tanto por fuera como por dentro, de una capa de sarro 
tan gruesa como una pieza de cinco francos; el color 
de esta crasitud es amarillo oscuro, su gusto insípido, 
y su consistencia perfectamente semejante á la cera 



HISTORIA DE CATALUÑA — ALÍ-BEY EL ABBASSI 557 

blanca de los panales. Un desfallecimiento 6 languidez 
suspende todo movimiento; cierta congoja 6 nudo en 
el diafragma y pecho detienen la respiración; escápanse 
de los ojos algunas gruesas lágrimas aisladas; cae uno 
á tierra, y á pocos instantes pierde uno el conocimiento. 
Tales son los síntomas que advertí en mis desgraciados 
compañeros de viaje, y experimenté en mí mismo. » 

Salvada de la manera que hemos referido, la carava- 
na prosiguió su viaje llegando á las siete de la tarde 
junto á un aduar y un riachuelo, después de una mar- 
cha forzada de veintidós horas consecutivas, sin un mo- 
mento de descanso. 

Alí-Bey no perdió casi nada, porque la caravana de 
Sidi Alarbi salvó con su agua tanto hombres como bes- 
tias. 

Después de haber descansado suficientemente, volvió 
la caravana á emprender su marcha, y, después de doce 
días de viaje, llegó cerca de la ciudad de Wazein. 

Durante el viaje, Alí-Bey advirtió en los oficiales con- 
ductores cierto aire de misterio y signos de convenien- 
cia; pero continuaban, no obstante, tratándole con el 
más profundo respeto. Las tribus que se hallaban al 
paso salían á hacerle todos los honores y ofrecerle re- 
galos de víveres y forrajes, y él continuaba usando el 
quitasol, como hijo ó hermano del sultán. 

Sin embargo, en el misterio de sus acompañantes, 
en sus secretas conversaciones, en una porción de cir- 
cunstancias, conocía que estaba pronta á estallar una 
borrasca. 

Al duodécimo día de esta marcha se rasgó el velo de 
la conducta misteriosa de los oficiales que conducían á 
Alí-Bey, y le anunciaron que iban á Laraisch ó Lara- 
che, en lugar de Tánger, como le habían dicho. 

Efectivamente, al siguiente día llegaron á este punto. 

De orden del sultán, el bajá de la ciudad, Sidi Moha- 



558 VÍCTOR BALAGUER 

med Salaoui, destinó para alojamiento del viajero la 
mejor casa, situada en el gran mercado, al lado de la 
mezquita principal. 

Alí-Bey estuvo enfermo en esta ciudad algunos días, 
á consecuencia de los sufrimientos pasados en el de- 
sierto. 

Hallábase á la sazón en Larache una corbeta de Trí- 
poli. Dio orden el sultán de fletarla á su costa, desti- 
nando la cámara de popa para que el principe Abbassida 
pudiese efectuar en ella su travesía á Levante. Pasó el 
mismo Alí-Bey á visitar el buque, y dio las órdenes 
convenientes para arreglar la cámara de una manera 
conveniente para tan largo viaje. 

El i3 de Octubre de i8o5, día que Alí-Bey destinó 
para su partida, fué por la mañana á despedirse del ba- 
já, quien le hizo las mayores demostraciones de aprecio 
y consideración, añadiendo que si quería embarcarse á 
las tres de la tarde, asistiría á su embarque. 

Era propuesta que no podía menos de lisonjear al 
viajero, y accedió á ella. 

Embalados los equipajes y cargados á bordo, acudió 
Alí-Bey al puerto á la hora convenida para embarcarse 
con sus gentes. Preguntó por el bajá, y le respondieron 
que iba á llegar. Mientras llegaba la chalupa, aguardó- 
se algunos instantes en la orilla del mar, en un sitio 
donde la muralla formaba un ángulo entrante, y donde 
se hallaba un callejón que salía del ángulo. 

Llegada la chalupa y no pareciendo el bajá, dispo- 
níase el viajero á ir á bordo, cuando de pronto, por un 
lado y otro, se presentaron dos destacamentos de tropa, 
y otro tercero desembocó por el callejón. Los dos pri- 
meros se apoderaron de todas sus gentes; el otro le ro- 
deó y le intimó que se embarcara solo y partiera al ins 
tan te. 

Preguntó Alí-Bey, asombrado, la causa de tan ej 



TRIA DB CATALUÑA— ALÍ-BBS HL ABBASSI ¡¡g 

der, y le respondieron que tal era la orden 

i conoció claramente la mala fe del sultán y 
llenes hasta el último instante habian orde- 
hicieran los mayores honores por las tropas 
nientras meditaban el golpe que debía herir- 
mente, pues miraba Alí-Bey con tanto inte- 
e de las personas que le eran afectas como la 

)se en la chalupa, despedazado el corazón 

os de algunas personas de su comitiva, in- 

1 por tan cruel separación. 

stos gritos y lamentos sobresalían los de 

cuya desesperación era espantosa al ver que 

lan del lado de Ali-Bey. 

; mujer volvió al harem imperial, y el prín- 

dda partió sin conocer aún á Mohhana, sin 

que sospechado toda la sublimidad de aquel 

peranzado que había vivido junto á él duran- 

el tiempo. 

amo Ali-Bey salió del imperio de Marruecos. 



3 días empleó en la travesía la fragata trípo- 
:i deNoviembre desembarcó Alí-Bey en Trí- 

:aba que el bajá Salaoui de Larache había 
itra Él; también le inspiraban desconfianza 
pasajeros; pero en cuanto á los demás, esta- 
amente seguro, como también de la trípula- 
s que todos del capitán, 
principe desembarcar sus equipajes, y al sal- 
{ue le condujeron á una casa destinada para 






560 



VÍCTOR BALAGUER 



SU alojamiento, situada frente á la del primer ministro 
y del cónsul general de España. 

Bien lejos se hallaba éste de sospechar que aquel 
príncipe oriental que acababa de llegar, y cuya llega- 
da movía tanto ruido en la población, no era otro que 
un compatriota suyo. 

Hacía ya tres días que Alí-Bey se hallaba en Trípoli, 
cuando el capitán de la fragata le anunció la orden de 
presentarse al bajá. 

La audiencia fué pomposa, y se verificó en un gran 
salón donde estaba el bajá sentado en una especie de 
trono ó pequeño sofá elevado, teniendo junto á sí ásus 
hijos y rodeado de una corte suntuosa. Pusiéronle de- 
lante el regalo que le hizo Alí-Bey, lo admitió con gra- 
cia y finura, y dispensó á su huésped toda clase de ho- 
nores, haciéndole sentar en su presencia, conversando 
con él largamente, haciéndole servir te, agua de olor 
y perfumes, dándole, en una palabra, las pruebas más 
claras de afecto y consideración. 

Después de una larga conversación, despidiéronse 
muy contentos uno de otro, pasando Alí-Bey á ver al 
primer ministro, que le recibió también admirable- 
mente. 

Algunas personas de Marruecos, y en especial el 
bajá Salaoui, habían escrito pintando á Alí-Bey con los 
más negros colores; uno de los pasajeros de la fragata, 
tal vez comisionado por el bajá, habia trabajado todo 
lo posible para hacerle odioso; pero estos osados mane- 
jos fueron objeto del menosprecio del bajá de Trípoli, 
después de los informes que se tomaron y declaraciones 
hechas por las demás personas del buque. 

Sobre dos meses permaneció Alí-Bey en Trípoli, con- 
siderado y querido del bajá, respetado de todos y solí 
citado por el soberano, que le hizo brillantes oferta! 
para que fijara allí su residencia. El príncipe Abbassidí 



' HISTORIA DE CATALUÑA — ALÍ-BEY EL ABBASSI ¡6l 

insistió^ sin embargo, en su partida, diciendo que de- 
bía cumplir su peregrinación á la Meca, y el 26 de Ene- 
ro de 1806 se embarcó para Alejandría en un buque 
turco, despidiéndose del bajá, que le colmó de atencio- 
nes y regalos, y que hasta el último momento le estu- 
vo haciendo seductoras ofertas para retenerle á su lado. 

XIII. 

No entraremos en minuciosos detalles sobre los via- 
jes de Alí-Bey, ni referiremos todas sus interesantes y 
peregrinas aventuras. Nos limitaremos al objeto que 
nos hemos propuesto, que es sólo dar á conocer la im- 
portancia de los viajes de nuestro paisano, bien poco 
conocido por cierto, pues aun en el día pasa por un 
príncipe árabe el autor del libro interesante conocido 
por Memorias de Alí-Bey, y apenas nadie sabía pocos 
años atrás que, bajo aquel turbante y ropas orientales, 
latía el corazón de un compatriota nuestro, del ilustre 
catalán D. Domingo Badía y Leblich. 

Volvemos á repetir que recomendamos el libro de 
sus viajes á los que deseen más datos, y no les pesará, 
por cierto, la lectura. 

El buque en que Alí-Bey salió de Trípoli, después de 
muchos días de fatigosa navegación, hubo de arribar á 
la ciudad de Modon para proveerse de víveres. 

Alí-Bey desembarcó y vivió en casa de una especie 
de jefe de piratas, llamado Mustafá Schaux, que con su 
tiranía tenía aterrorizada á la ciudad, y que era en Mo- 
don un verdadero señor de vidas y haciendas. 

Permaneció en Modon hasta el 20 de Febrero y pasó 
luego al puerto llamado la Porta Longa, situado en la 
misma isla Sapienza. Allí encontró tres buques austría- 
cos, cuyos capitanes reunidos dieroo una fiesta al prín- 
cipe oriental, llegando al día siguiente una grande urca 
TOMO XIX 36 



562 VÍCTOR BALAGÜER 

rusa armada y otro barco de la misma nación, que lie- . 
gabán de Ñapóles y Corfú, conduciendo oñciales y sol- 
dados rusos á las costas del mar Negro. 

El general y los oficiales rusos pasaron á visitar á 
Alí-Bey, el cual á su vez les devolvió la visita, siendo 
recibido por los buques rusos con salvas de artillería, y 
con todos los honores que marca la ordenanza para las 
personas de sangre real. Con los rusos iba un joven 
griego, llamado Ipsilanti, el cual hablaba y escribía va- 
rios idiomas, y que improvisó estos versos italianos en 
honor de Ali-Bey. El poeta quiso sólo, sin duda, con- 
sagrar al principe una lisonja; sus versos fueron una 
profecía: 

aVoierá di lido in lido 
La tua gloría vincitríce, 
E d'oblio triunfatríce 
La tua fama vivera. 
£ non solo in questi boschi 
Sara noto iJ tuo coraggio, 
Ma ogni popólo piú saggio, 
Al tuo nome, al tuo valore 
Simulacrí inalzerá.D 

El buque de Alí-Bey tomó el rumbo de Alejandría, 
pero no pudo arribar á esta ciudad. Juguete de una vio- 
lenta borrasca, que les puso á las puertas de la muerte, 
después de haber sufrido en el mar largas horas de an- 
gustia y de agonía, pudieron casi milagrosamente fon- 
dear en la rada de Limasol, en la isla de Chipre, donde 
Alí-Bey fué tratado con toda consideración por el go- 
bernador turco, que era un agá, y las personas más 
influyentes de la villa. 

Con ocasión de hallarse en los lugares inmortaliza- 
dos por los poetas griegos con la descripción de las se- 
ductoras aventuras de la madre del amor, quiso nw 
tro viajero visitar los tan célebres sitios de Citen 
Idalia, Pafos y Amatanta, y emprendió su expedid 



raSTORIA DE CATALUÑA — ALÍ-BEY BL ABBASSI 563 

acompañado de M. Francudi, vicecónsul de Inglaterra 
y Rusia y cónsul de Ñapóles, el cual permaneció siem- 
pre en la creencia de que su compañero era un príncipe 
oriental, sin llegar jamás á sospechar la verdad. 

Alí-Bey comenzó por visitar la ciudad de Nicosia, 
capital de la isla de Chipre, donde fué recibido ceremo- 
niosamente por las autoridades, que le trataron confor- 
me al rango que representaba. 

De Nicosia pasó á Citerea, de cuya población y del 
palacio llamado de la Reina hace una deliciosa des- 
cripción; visitó Idalia y Laruaca, recorrió las ruinas de 
Alancina y Amatanta, estuvo en Pafos, y pasó algunos 
días en el Yeroschipos Afroditis, ó sea el jardín consa- 
grado á Venus. 

Luego que hubo regresado á Limasol, terminada su 
expedición artística, hizo su travesía á Alejandría de 
Egipto en un pequeño bergantín griego, cuya cámara 
fletó para él solo y sus gentes. 

En Alejandría, como en todas partes, fué recibido se- 
gún el rango que representaba, y con el respeto y ve- 
neración que demuestran los musulmanes por el que 
hace un viaje á la Meca. El capitán bajá de la Puerta 
Otomana, que á la sazón se hallaba en Alejandría, le 
envió, todo el tiempo que nuestro viajero permaneció en 
aquella ciudad, su música ú orquesta todas las noches. 
Los músicos se sentaban en tierra formando semicírculo 
en frente del sofá ocupado por Alí-Bey, y tocaban hasta 
que éste les despedía. El mismo capitán bajá le envia- 
ba también todos los días su médico y regalos de dulces 
y frioleras, y antes de que saliera de Alejandría, le dio 
una carta de recomendación para Mehemet Alí, otra 
para el bajá de Damasco y un ñrman para el sultán 
scheríf de la Meca. 

Alí-Bey permaneció en Alejandría desde el 12 de 
Mayo hasta el 3o de Octubre de 1806, en cuyo día 



564 VÍCTOR BALAGÜER 

se embarcó en una dijerme, que es una barca descu- 
bierta, con velas latinas, y se dirigió hacia el Nilo para 
subir este famoso rio hasta el Cairo. 

•A las diez de la mañana, dice, entramos por la boca 
del Nilo. ¡Qué cuadro tan admirable! Un río majestuo- 
so, cuyas aguas corren lentamente por entre dos orillas 
cubiertas de palmeras, de árboles de toda especie, de 
grandes sementeras de arroz, que entonces segaban, y 
de una infinidad de plantas silvestres y aromáticas, 
cuyos aromas embalsaman la atmósfera; aldeas, cho- 
zas, casitas esparcidas acá y acullá por ambas riberas; 
vacas, carneros y otros animales paciendo recostados 
sobre la yerba; mil especies de aves haciendo resonar el 
aire con sus cantos amorosos; millares de ánades, pa- 
tos y gallinas de agua, y otros pájaros ñuviales reto- 
zando por el río, entre los cuales se distinguían grandes 
bandadas de cisnes, que parecen los reyes de aquellos 

pueblos acuáticos ¡Ah! ¿por qué la diosa de amor 

no escogió por morada suya las riberas de la emboca- 
dura del Nilo?» 

Llegado Alí-Bey á Rossetta ó Raschid, según los 
turcos, en cuya población permaneció uno ó dos días, 
abandonó su buque para tomar una caucha, que es una 
clase de barcos destinados solamente á navegar por el 
Nilo. 

Después de seis días de navegación por el río, atra- 
vesando por entre sitios pintorescos y cruzando por 
ante pueblos y ciudades populosas, el intrépido viajero 
llegó al Cairo, alojándose en casa del seid El Methluti, 
que era el segundo scheid ó segundo jefe de la ciudad. 
Recibió las visitas de los personajes más distinguidos 
y el bajá Mehemet Alí le acogió^como un amigo. 

Respetado, festejado y querido, permaneció Alí-Be 
en el Cairo hasta el 1 5 de Diciembre; en este día, p 
niéndose al frente de una caravana de cinco mil camv 



HISTORIA DE CATALUÑA — ALÍ-BEY EL ABBASSI 565 

líos y dos 6 trescientos caballos^ compuesta de gentes 
de todas las naciones musulmanas que iban á hacer la 
peregrinación de la Meca, atrevesó el desierto y llegó á 
SueZy en donde se embarcó, emprendiendo la peligrosa 
travesía del mar Rojo. 

En esta travesía estuvo á punto de perderse, tenien- 
do lugar una escena demasiado interesante y dramática 
para que renunciemos á contarla. 

Alí-Bey viajaba en un dao, que son las embarcacio- 
nes árabes de mayor porte que navegan en aquel mar. 
El 4 de Enero fondeó al anochecer el dao sobre un is- 
lote entre escollos. A media noche se levantó una terri- 
ble tempestad, y luego refrescó el viento en términos 
que á IsLS dos de la madrugada los golpes de huracán 
se sucedían sin interrupción con gran violencia, hacien- 
do peda2:os en pocos minutos los cables de las cuatro 
áncoras en que el dao se aferraba. 

Abandonado el buque á la furia del viento y de las 
olas, fué arrastrado hacia una roca, contra la cual co- 
menzó á dar terribles sacudidas. La tripulación, cre- 
yéndose perdida, despedía alaridos de desaliento y des- 
esperación. 

En medio de los clamores distinguió Alí-Bey la voz 
aguda de un hombre que sollozaba y gritaba como un 
niño, y, al preguntar quién era, le dijeron que el capi- 
tán. Hizo entonces buscar al piloto, pero inútilmente. 
El buque estaba perdido. Abandonado á su desgra- 
ciada suerte, continuaba dando horribles golpes, y Alí- 
Bey, que conservaba toda su serenidad y sangre fría, no 
quiso aguardar á que se estrellase contra las rocas y 
gritó á sus criados: 
— ¡La chalupa! 

Al instante se apoderaron de ella los que más cerca 
estuvieron, y todo el mundo quiso precipitarse. Alí-Bey 
saltó á la chalupa por encima de las cabezas de los pa- 



566 VÍCTOR BALAGUER 

sajeros, y dio orden de alejarse de la embarcación; pero 
un hombre que tenía su padre á bordo la detenía por 
medio de una cuerda, gritando: ¡Abujupa! ¡Abujupa! 
¡Oh padre mío! ¡oh padre mío! 

Según nuestro mismo viajero cuenta, respetó por un 
momento este arrebato de amor filial; pero á la vista de 
un grupo de hombres prontos á arrojarse á la chalupa, 
gritó á aquel buen hijo que soltara la cuerda. Sordo á 
las voces que se le daban, prosiguió éste llamando á su 
padre, y entonces Alí-Bey, de una fuerte puñada que le 
dio en la mano, le obligó á soltar la cuerda, siendo al 
instante arrastrada la chalupa á doscientas toesas del dao. 

Esta escena pasó en menos de un minuto. Fueron 
momentos cortos, pero horrorosos. 

La situación de los navegantes de la chalupa no ha- 
bía, sin embargo, mejorado mucho. Un velo de negrí- 
simas nubes les envolvía en una profunda oscuridad; 
estaban todos casi desnudos; los golpes de mar llena- 
ban de agua la barca, mientras descargaban por inter- 
valos fuertes chubascos. 

En esto se suscitó una disputa, pues unos querían ir 
á la derecha y otros á la izquierda, como si fuera posi- 
ble distinguir la ruta en el seno de las más profundas 
tinieblas. 

Haciéndose cada vez más seria la disputa, hízola ce- 
sar Alí-Bey apoderándose rápidamente del timón, y 
gritando con imperio: 

— Yo sé más que vosotros, y me encargo de dirigir la 
chalupa. ¡Desgraciado del que se atreva á disputármelo! 

Alí-Bey había observado muy bien la posición de la 
tierra al anochecer; pero no sabía á qué lado dirigirse. 
No pudiendo, pues, orientarse en medio de las espesas 
tinieblas que le rodeaban, procuró cuanto le era dabl 
conservar su posición relativamente al buque, que aú 
distinguía. 



HISTORIA DE CATALUÑA — ALÍ-BEY EL ABBASSI 567 

Para complemento de desgracia, nuestro viajero se 
hallaba enfermo, atacado de violentos vómitos de bilis; 
pero, sin embargo, no abandonó el timón. 

Dio orden de remar; sus compañeros no sabían: se- 
ñaló su lugar á cada cual, y después de distribuirles los 
remos, les explicó la maniobra, y con su admirable se- 
renidad se puso á cantar como los marineros del mar 
Rojo para darles el compás y hacerles mover con uni- 
formidad. 

¡Escena terrible y dolorosa! Alí-Bey estaba casi des- 
nudo, descubierto á los golpes de mar, lluvia y granizo; 
atado al timón sin saber á dónde ir; sufriendo horribles 
vómitos, y obligado á cantar para regular la uniformi- 
dad de la maniobra. 

Alguna vez la chalupa, el único y solo refugio de 
aquellos desventurados náufragos, tocaba en una roca, 
y la sangre se helaba entonces en las venas de todos. 

Finalmente, después de pasar una hora entera en tan 
horrorosa agonía, comenzaron á aclararse las nubes: un 
rayo de luna sirvió para orientar á Alí-Bey y llevar la 
alegría hasta el fondo de su corazón. 

— ¡Nos hemos salvado! — exclamó. 

Y ñjando la dirección de la chalupa hacia la costa de 
Arabia, aunque no hubiese claridad bastante para des- 
cubrirla, se hallaron casi en tierra al rayar el día, des- 
pués de tres horas de las mayores fatigas. 

Desembarcaron en número de quince, todos casi des- 
nudos ó en camisa, y su primer movimiento fué abra- 
zarse y darse el parabién por su salvación. 

Los compañeros de Alí-Bey, sobre todo, no se can- 
saban de manifestar su pasmo por dicha tan inespera- 
da; preguntábanle cómo había podido saber, á pesar de 
la oscuridad, que la tierra estaba allí; y por un movi- 
miento espontáneo de reconocimiento se despojaron de 
parte de sus vestidos en su favor, con lo cual nuestro 



^ 



568 VÍCTOR BALAGÜER 

viajero se halló bien pronto vestido, algo grotescamen- 
te, es verdad, según él mismo confiesa, pero á lo me- 
nos al abrigo del viento que soplaba. 

Sólo faltaba saber cuál era la tierra á que acababan 
de llegar. Para esto, Ali-Bey envió cuatro hombres ala 
descubierta. 

Su relación dio á conocer á los náufragos que se ha- 
llaban en una isla desierta, que no era absolutamente 
más que una llanura de arena movediza, sin agua, sin 
roca ni vegetación. Descubríase el continente á algunas 
leguas de distancia; mas ¿cómo exponerse aún en la 
chalupa y con ungí mar siempre furiosa? Y si la borrasca 
habia de durar algunos días^ ¿cómo permanecer en la 
isla sin comer ni beber? «El tiempo, que se iba aclaran- 
do cada vez más, me hizo descubrir en el horizonte, 
dice AIí-Bey, nuestro buque acompañado de otro dao. 
¡Cuál fué nuestra alegría al volverlo á ver, cuando lo 
dábamos por perdido!» 

El tiempo volvió á enmarañarse, caía el agua á ma- 
res y soplaba un viento glacial. Los pobres náufragos 
estaban transidos de frío, exhaustos, sin fuerzas, des- 
pués de aquella horrible noche. Apretábanse estrecha- 
mente unos contra otros; un solo capotón que llevaban 
fué extendido sobre sus cabezas, y sirvió para defender- 
les algún tanto de los aguaceros y hacerles entrar en 
calor. 

A mediodía calmó algo el tiempo, y la chalupa del 
otro buque, que buscaba á los náufragos muertos ó vi- 
vos, se acercó lo bastante para divisar las señales que 
le hacían con una camisa puesta en la extremidad de un 
remo. Al punto se aproximó, y sus marineros asegura- 
ron que el dao se había salvado, sin averia considera- 
ble, por ser muy fuerte y llevar poquísima carga. Comí 
había perdido todas sus áncoras, fué, afortunadamente 
socorrido por el otro buque, que, llegando casualmente 



HISTORIA DE CATALUÑA— ALf-BEV EL ABBASSI 569 

el apurado trance, le prestó un áncora y algunos 

arcáronse los náufragos en ambas chalupas y vol- 
ü buque. Tuvo entonces lugar una escena indes* 
e. Todo el mundo, loco de contento por ver salvo 
ey, se echó á sus pies vertiendo lágrimas de ale- 
}razábanle, besábanle, y no sabían cómo mani- 
u regocijo, porque le hablan ya creído á él y á 
npañeros victimas del mar. 

XIV. 

tos los náufragos al buque, tomó éste á empren- 
:ravesia, y, después de otros siete días de viaje 
ber pasado el trópico, los peregrinos llegaron á 
, donde los que van á la Meca efectúan la prime- 
nonia de su peregrinación, 
idida que se iban acercando á la Meca, el cora> 
Alí-Bey debía latir con desusada violencia. Iba 
rar él, cristiano, en la comarca y en el templo de 
lia dicho el profeta: Jamás el pie del infiel pro/a- 
erritorio prohibido. Por esto nunca había sido po- 
lombre alguno que no fuese musulmán introdu- 
aquel país llamado la tierra prohibida. Él se pre- 
resuelto y sereno para desmentir la profecía, 
avesía marítima terminó en Djeda, siendo alo- 
í-Bey en una habitación adornada con todo el 
ental. Permaneció algunos días en la ciudad 
stabtecerse, y continuó luego su romería á la 
donde llegó el 23 de Enero de 1807, quince me- 
lués de su salida de Marruecos. 
trar en la ciudad le aguardaban muchos mo- 
i ó árabes occidentales con pequeños cántaros 
del pozo de Zemzem ó pozo santo, la cual le 
uron para beber, rogándole no la tomase de otro 



1 



570 VÍCTOR BALAGUER 

y ofreciéndole proveer la casa, añadiéndole en secreto 
que no bebiese jamás de la que le presentase el jefe del 
pozo. 

El jefe del pozo, según luego supo Alí-Bey, á quien 
consiguió unirse con estrechas simpatías, era un joven 
de veintidós á veinticuatro años, de hermosa presencia, 
bellos ojos, bien vestido, muy fino, de aire dulce é in* 
teresante, y dotado de cuantas cualidades hacen amable 
á una persona. Depositario de toda la confianza del sul- 
tán scherif, desempeñaba la plaza más importante de 
la Meca: la de envenenador en jefe. 

El jefe del Zemzem 6 del pozo sagrado siguió con 
Ali-Bey, durante su permanencia en la Meca, la con- 
ducta misma que tiene encargo de seguir con todos los 
peregrinos de distinción que allí llegan. Les envía todos 
los días dos pequeños jarros del agua del pozo maravi- 
lloso; les hace incesantemente la corte; les da suntuo- 
sos banquetes; espía las horas á que van al templo, y 
acude, con la dulzura y gracia más delicadas, á presen- 
tarles una taza llena de agua milagrosa. Por la más li- 
gera sospecha, al menor capricho, el sultán scherif le 
da la orden de envenenar al extranjero, y el desgracia- 
do peregrino deja de existir. Como sería imposible no 
aceptar el agua sagrada presentada por el jefe del pozo, 
este hombre se hallaba, por tal medio, dueño de la vida 
de todos los peregrinos. 

Alí-Bey sabía que, desde tiempo inmemorial, tenían 
los sultanes scherifs de la Meca un envenenador en su 
corte; sabía que no se ocultaban de ello, pues era cosa 
conocida en el Cairo y Constantinopla, en términos 
que el diván había enviado, en varias ocasiones, bajas y 
otras personas á la Meca para deshacerse de ellos por 
este medio; así es que nuestro viajero llevaba siempn 
consigo un contraveneno por lo que pudiera sucederle. 

Fué conducido el príncipe Abbassida á una casa qut 



HISTORIA DE CATALUÑA — ALÍ-BEY EL ABBASSI 57 1 

le estaba preparada junto al templo é inmediata á la del 
sultán scherif. 

Alí-Bey se hizo distinguir y respetar bien pronto por 
la prodigalidad de sus ceremonias religiosas y por el 
celo y fervor con que se las veían cumplir. 

Bebió el agua del pozo maravilloso, besó la piedra ne- 
gra, dio las siete vueltas alrededor de la Kaaba ó casa de 
Dios rezando las oraciones marcadas, hizo sus siete 
viajes por entre las colinas sagradas de Ssafa y Mema, 
y la primera noche no se recogió en su alojamiento, ni 
se entregó al descanso hasta que hubo terminado todas 
sus ceremonias y prácticas religiosas con el celo de un 
verdadero creyente. 

Mientras estuvo en la ciudad hizo cada día lo mismo. 
Admiraba á todos tanto fervor; así es que el sultán 
scherif, que ya había oído hablar de él, le recibió con 
agrado y benevolencia, y usó con él de cuantas mues- 
tras de consideración y amistad pudiera desear. 

Dio la casualidad de hallarse Alí-Bey en la Meca el 
día en que se lavó y purificó la Kaaba, en lo cual tomó 
él una parte activa barriendo la sala con un manojo de 
pequeñas escobas, lo mismo que había visto hacer al 
sultán scherif en persona. Esto le valió ser proclamado 
Hhaddem Beit Allah el Haram, es decir, servidor de 
la casa de Dios la prohibida, título que le dio cierta 
reputación de santo, conquistándole mayores méritos á 
la admiración del vulgo. 

No relataremos lo que pasó á Alí-Bey en la Meca: es 
preciso leerlo en su obra misma, pues que lo que se re- 
fiere á las descripciones de la Meca, de su templo y del 
que tienen los musulmnes en Jerusalén, á donde fué 
también, según veremos, es lo que forma la parte clá- 
sica de sus memorias y viajes. 

Había ya varias descripciones y vistas de la Meca y 
de su templo, pero eran sólo conocidas por las relacio- 



572 VÍCTOR BALAGUER 

nes de los peregrinos 6 por dibujos groseros hechos por 
los árabes; pero Alí-Bey, habiendo dado el plan de la 
ciudad santa de los musulmanes, los planos^ elevacio- 
nes, cortes y perfiles de su templo y del de Jerusalén, 
en los cuales ya hemos dicho que jamas había penetra- 
do ningún cristiano, enriqueció la historia de las bellas 
artes con una geográfica y fiel descripción de aquellos 
monumentos, que puede con justicia llamarse clási- 
ca, y, sobre todo, de una ciudad que tan gran papel ha 
hecho en los tiempos antiguos y modernos. 

Jamás había penetrado cristiano alguno en los luga- 
res donde se veneran Icfs sepulcros de Abraham y su fa- 
milia en Hebrón, ni en el templo de Eyab, en Constanti- 
nopla, donde «e ciñe el sable á los nuevos sultanes. Los 
planos y descripciones que de todo esto da nuestro via- 
jero, no pueden menos de satisfacer la curiosidad públi- 
ca y ofrecer el mayor interés. 

Hay además otra circunstancia que aumenta el mé- 
rito de las relaciones y descripciones de Alí-Bey, y es 
haberse hallado en los mismos lugares precisamente en 
la época (Febrero de 1807) en que los wehhabis se 
apoderaron de la Meca, y tenido todas las proporcio- 
nes posibles para darnos exactas y ciertas nociones 
sobre la geología, usos y costumbres de un país casi 
desconocido á los europeos, y sobre la famosa peregri- 
nación de los musulmanes, de la cual, hasta Alí-Bey, 
sólo se había tenido una idea falsa ó muy imperfecta al 
menos. 

El 2 de Marzo de 1807, después de dar las siete vuel- 
tas á la casa de Dios y rezar las oraciones particulares 
de despedida delante de los cuatro ángulos de la Kaaba, 
en el pozo de Zemzem, en las piedras de Ismail y en 
el Makam Ibraim, salió Alí-Bey del templo por la puer- 
ta Beb-l'udáa, lo cual dicen los musulmanes que es de 
feliz agüero^ porque el Profeta salía por ella terminada 



HISTORIA DE CATALUÑA — AL í BEY EL ABBASSI 573 

SU peregrinación, y dejó la Meca para regresar á Djeda. 

Llegó á este punto sin cosa que de contar sea, y qui- 
so pasar á Medina á visitar el sepulcro del Profeta, á 
pesar de que lo acababan de prohibir absolutamente los 
wehhabis, que se habían hecho dueños del territorio en 
aquel entonces. 

Quiso Ali-Bey tentar aquel viaje, con la esperanza 
de que la casualidad secundaria su empresa, y se procu- 
ró dromedarios á ñn de hacer más pronto el camino, 
poniéndose en marcha y llegando felizmente á Djidei- 
da, de donde salió á las pocas horas de su llegada. 

Atravesaba ya el desierto de Medina, y creía poder 
llegar sin obstáculo al término de su viaje, cuando se 
le presentó de repente un pelotón de wehhabis, cayen- 
do en su poder él y toda su caravana. 

Despojáronle de algunos objetos y quisieron exigirle 
la multa ó contribución á que se había hecho acreedor 
por desobedecer la orden que habían dado; pero pudo 
afortunadamente librarse y consiguió que se le diese 
permiso con toda su gente para volverse, uniéndose á 
la caravana formada por los empleados, domésticos y 
esclavos del templo de Medina, que el Saud, sultán de 
los wehhabis, enviaba fuera de Arabia. 

Sus nuevos compañeros de viaje le contaron que los 
wehhabis habían destruido todos los adornos del sepul- 
cro del Profeta, donde nada quedaba absolutamente; 
que habían cerrado y sellado las puertas del templo, y 
que Saud se había apoderado de los inmensos tesoros 
acumulados allí en el transcurso de tantos siglos. 

Alí-Bey pasó con esta caravana á la ciudad de Ineboa, 
en donde se embarcó para Suez, á bordo de un dao que 
formaba parte de una pequeña flota. 

Como parecía que el destino había condenado á nues- 
tro viajero á no hacer viaje por mar sin accidente, tuvo 
la desgracia de que, al cuarto día de travesía, el buque 



574 VÍCTOR BALAGUER 

que montaba diese en una roca á flor de agua^ siendo 
la sacudida terrible, y encallándose. 

Pudiéronse afortunadamente salvar pasajeros y equi- 
pajes, pasando á bordo de otro dao. Tuvo todavía nues- 
tro viajero muchos percances en su larga travesía, de- 
cidiéndose por ñn á desembarcar en un puerto que en- 
contraron, proporcionándose camellos para seguir su 
viaje por tierra. 

£1 14 de Junio, después de haber pasado por Suez, 
llegó Ali-Bey al Cairo, habiendo salido á recibirle, ce- 
remoniosamente los personajes de más distinción, noti- 
ciosos de su llegada. 



XV. 



Nuestro viajero se permitió pocos días de descanso 
en el Cairo. 

Los halagos de sus admiradores, la respetuosa vene- 
ración del vulgo, las afectuosas demostraciones de sus 
amigos, no impidieron que continuase su viaje en la 
forma y modo que tenía proyectados. 

El 3 de Julio de 1807 se puso en camino para Jeru- 
salén , agregándose á una caravana compuesta de un 
gran número de viajeros y de doscientos camellos. In- 
fatigable y sereno, atravesó el desierto que le separaba 
de Siria, y sin incidente notable llegó á Gaza en época 
en que era gobernador de ella Mustafá-Agá, el cual le 
hizo mil obsequios, mandándole disponer un buen alo- 
jamiento, con orden de que le sirviesen y suministrasen 
cuanto pudiera necesitar, y mandándole diariamente 
tres comidas, que es, por lo que parece, el modo de ob- 
sequiar que tienen los musulmanes. 

Alí-Bey descansó algunos días en aquella ciudad de- 
liciosa, saliendo de ella sin caravana el ig de Julio, y 



HISTORIA DE CATALUÑA — ALÍ-EEY EL 

después de mil rodeos entre jardines y olivares por e: 
pado de hora y media, se halló en campo raso. 

Al llegar á este punto de su viaje en sus Memoria 
Alí-Bey se entrega á una extraña serie de reSexione: 
que queremos reproducir. 

• jCuán extraño, dice, me parecía aquel modo de vi. 
jar! Acostumbrado tanto tiempo á recorrer los desiei 
tos con grandes caravanas, es inexplicable la sensacíc 
que experimenté aquel día. No llevaba conmigo mi 
que tres criados, un esclavo, tres camellos, dos muía 
mi caballo y un soldado turco por escolta; veíame, t 
fin, sobre terreno cultivado; encontraba de trecho c 
trecho pueblos y caseríos habitados; mis ojos podían 
cada instante descansar deliciosamente sobre variad< 
cuadros de plantíos; topaba á cada paso con seres c 
figura humana, viajando á pie ó á caballo, y casi todi 
bien vestidos; parecíame estar jen Europa; mas jgra 
Dios! ¿qué idea venía á mezclar su dosis de amargui 
con tan gratas sensaciones? 

*Lo confesaré, pues lo he sentido: al entrar en aqu 
líos países circunscritos por la propiedad individual, 
corazón del hombre se encoge y comprime. No vuelvo li 
ojos, no doy un paso sin tropezar con un seto que p; 
rece me diga: Alto ahí, no traspases esíe límite. Mi c 
razón se desanima, mis fibras se relajan, me abandi 
no muellemente al movimiento de mi caballo, y me p 
rece no ser ya el mismo Alí-Bey, aquel árabe qu 
lleno de energía y fuego, se lanzó en medio de los dt 
siertos de África y Arabia, como el atrevido navegan 
que se abandonad las olas de un mar tempestuoso, ce 
la fibra siempre en tensión y el alma preparada á todi 
No hay duda que es un gran bien la sociedad, que 
mayor dicha del hombre consiste en vivir bajo un Gi 
biemo bien organizado, que, con el sabio empleo de '. 
fuerza pública, asegura á cada individuo la pacífica pi 



"n 



576 VÍCTOR BALAGUER 

sesión de su propiedad; mas también me parece que 
cnanto se gana en segundad y tranquilidad, se pierde en 
emrgía.9 

Alí-Bey siguió su viaje cruzando la Palestina, sin 
que fuese turbada la monotonía del camino más que 
por un suceso que debió de alarmarle al pronto, pero 
que luego se convirtió en materia de risa. 

Acababa de salir de la ciudad de Ramle, y habiéndo- 
se internado en las montañas, se vio obligado á trepar 
por rocas escarpadas donde no se descubría camino tri- 
llado. Llegado que hubo á la mayor altura á las dos y 
media de la madrugada, hallóse rodeado de nubes y nie- 
blas, las cuales, á la claridad de la luna, y con los ho- 
rribles precipicios que le rodeaban, formaban un cuadro 
imponente y magnífico. 

Precedido de su guía, y seguido de sus gentes á al- 
guna distancia, el viajero caminaba absorto en la con- 
templación de tan bello espectáculo, y acaso en aquel 
momento su alma se transportaba á países distantes], 
recordando desde aquellas lejanas comarcas el país que 
le viera nacer, y pensando en su infancia, transcurrida 
á orillas del histórico Llobregat. El peregrino de la 
Meca estaba quizá pensando que iba á entrar como mu- 
sulmán en los lugares en que había muerto Cristo, sin 
que le fuese dado decir: 

— También yo soy cristiano. 

De pronto, en medio de la oscuridad de la noche, se 
presentan dos viejos y detienen al guía. 

Éste, que ya les conocía, les dijo en seguida, seña- 
lando á los que guiaba: 

— Son musulmanes. 

Pero los viejos replicaron: 

— No, que son cristianos. 

El guía replicó levantando la voz: 

— Todos son musulmanes, os digo. 




HISTORIA DE CATALUÑA — ALÍ-BEY EL ABBASSI 577 

Adelantóse entonces uno de los viejos^ y asiendo de la 
brida el caballo de Ali-Bey, exclamó dirigiéndose á éste: 

— Tú eres cristiano. 

El ñngido musulmán, interpelado tan bruscamente 
en medio de sus reflexiones, sin saber qué era aquello 
y asombrado por el tono de autoridad de aquellos vie- 
jos y por la firmeza con que hablaban, permaneció mudo 
un instante. 

El guia y sus criados contestaron por él. 

— Es musulmán — dijeron, — es un fiel creyente. 

Ali-Bey no sabia qué hacerse. Ignoraba la intención 
de aquellos hombres, y, por otra parte, le sobresaltaba 
aquel acontecimiento. 

— Te digo que tú eres cristiano, — volvió á insistir el 
viejo. 

El principe Abbassida, vuelto en si y recobrando su 
serenidad, le contestó entonces: 

— Soy musulmán y me llamo Scherif Abbassi. Ven- 
go de hacer mi peregrinación á la Meca. 

Entonces el viejo le pidió su profesión de fe. Hizose- 
la Ali-Bey por darle gusto, y luego les dejó continuar 
el viaje. 

Ahora bien: ¿por qué se obstinaba aquel viejo en creer 
que Ali-Bey era cristiano, sin haberle visto el rostro ni 
oídole hablar? 

Porque llevaba un albornoz azul, y en aquel país este 
color es usado por los habitantes cristianos. 

Los cristianos y judíos que van á Jerusalén, pagan en 
aquel sitio un tributo de quince piastras por persona, 
en provecho del sultán de Constantinopla. Los viejos ha- 
bían arrendado aquel tributo, y como aquel paraje, que 
no dista mucho de la población, es el único desfiladero 
por donde se puede pasar, estaban continuamente en 
acecho para que ningún judio ni cristiano se sustrajera 
al tributo. 



TOMO XIX 



37 



r 



578 VÍCTOR BALAGUER 

Llegado que hubo á Jerusalén, Alí-Bey fué alojado 
en la mezquita de un santón llamado Sidi Abdelkader, 
situada al lado del Heram ó templo musulmán. 



XVI. 

■ 

Ya hemos dicho que á Ali-Bey debe la historia una 
descripción circunstanciada del templo musulmán de 
Jerusalén; descripción que antes no se tenia, porque los 
musulmanes no se hallaban en estado de darla, y á los 
cristianos no les ha sido posible penetrar jamás. 

También visitó nuestro viajero, pero siempre como 
moro, los lugares venerados por el cristianismo. 

Obtuvo permiso para visitar el sepulcro de Cristo, 
pero no pudo hacer en él oración, atendida la clase que 
representaba, porque, según él mismo dice, los musul- 
manes hacen oración en todos los santos lugares con- 
sagrados á la meihoria de Jesucristo y de la Virgen, ex- 
cepto en el sepulcro que no reconocen, pues creen que 
Cristo no murió, sino que subió al cielo, dejando la ima- 
gen de su rostro á Judas, condenado á morir en su lu- 
gar, y en consecuencia, que habiendo sido sacrificado Ju- 
das, aquel sepulcro podía muy bien encerrar el cuerpo 
de éste, mas no el de Cristo. Por esta razón no ejercen 
acto alguno de devoción en este monumento. 

De Jerusalén pasó nuestro viajero á Jaffa, embarcán- 
dose allí para San Juan de Acre; visitó el monte Car- 
melo y estuvo en Nazaret, alojándose en el convento de 
frailes franciscanos, edificado en el sitio de la casa don- 
de la Virgen María recibió la visita del ángel Gabriel. 

De seguro que habrá sido Alí-Bey el primero y tal 
vez el último cristiano que ha visitado como musulmái 
los lugares santificados por nuestra religión. 

De Nazaret pasó á Damasco y de ésta á Alepo, visf 



HISTORIA DE CATALUÑA — ALÍ-BBY EL ABBASSI 579 

tando entonces por primera vez el país de que en todos 
sus viajes había dicho ser hijo. 

Tocamos ya el término de los viajes del príncipe 
Abbassida. 

De Damasco, por Antioquia, se dirigió á Constanti- 
nopla, á cuya ciudad llegó á últimos del año 1807, P^* 
sando á alojarse en el palacio del embajador de Espa* 
ña, que era el marqués de Almenara, único que le co- 
nocía, pero que guardó naturalmente el más profundo 
secreto, llevando el misterio hasta destinarle una habi- 
tación mandada expresamente alhajar á la oriental para 
recibirle. Alí-Bey pasó siempre á los ojos de toda la fa- 
milia de Almenara y personal de la embajada por un 
principe Abbassida, relacionado ó recomendado por 
nuestro Gobierno al embajador. 

A propósito de la estancia de Alí-Bey en Constantí- 
nopla, se cuenta una graciosa anécdota, que un joven 
agregado entonces á nuestra legación en Constantino- 
pla reñrió al conocido escritor madrileño Sr. Mesonero 
Romanos. 

Un día del mes de Octubre reunió el embajador Al- 
menara á toda la legación, manifestándoles que iba á 
llegar el príncipe Alí-Bey el Abbassi, poderoso magnate 
que le estaba altamente recomendado por la corte de 
Madrid, como fiel aliado y amigo; y que esperaba de 
todos los caballeros españoles le tratasen con el agrado 
y respeto debidos á sus distinguidas cualidades. Llegó, 
en efecto, el principe seguido de una magnífica comitiva 
de esclavos y soldados, mujeres, camellos y caballos; 
apeóse en el palacio de la embajada, y fué presentada á 
él toda la legación por el marqués, siguiendo la confe- 
rencia por medio de los intérpretes, y en árabe puro, 
con todas las etiquetas y retóricas figuras de estilo en- 
tre los orientales. Repitióse la tal escena constantemen- 
te mientras su permanencia en aquella capital, hasta 



580 VÍCTOR BALAGUER 

que el día de la despedida hizo disponer el embajador 
un espléndido almuerzo, colocando al príncipe Ali-Bey 
en el lugar distinguido, y apresurándose todos á servirle 
por gestos y ademanes. 

Lo extraño era que en el medio de la mesa descollaba 
un gran plato de huevos revueltos con tomates, vianda 
algo exótica en verdad en semejante convite; pero que 
sin duda estaba puesto allí por capricho del embajador. 
No dejaron de notarlo y aun de afearlo algunos de los 
jóvenes españoles; pero ¡cuál fué su asombro cuando 
vieron al príncipe Alí-Bey, que animado de repente á la 
vista del plato, y poniéndose en pie, empieza á repartir 
á todos y á servirse á si mismo con gracia y desemba- 
razo, repitiendo con sonrisa placentera, en puro lengua- 
je español, aquellos versas de Iríarte: 

«Y ella les dijo: sois unos petates, 
¡Yo os los haré revueltos con tomates!» 

El príncipe árabe reía de veras, el embajador reía tam- 
bién, todos los demás estaban sin creer lo que veían 

Al día siguiente, y ya después de marchar Alí-Bey, su- 
pieron la verdad del caso. 

En Constantinopla fué donde tuvo Alí-Bey las pri- 
meras noticias de las ocurrencias políticas acaecidas en 
España y la entrada de los ejércitos de Napoleón, con 
lo cual se determinó á acelerar su regreso; pero una 
larga enfermedad le sorprendió en el viaje, obligándole 
á detenerse en Munich. 

No bien restablecido todavía, se trasladó á Bayona, 
donde, según parece, llegó por cierto bien escaso de re- 
cursos en 9 de Mayo de 1808, en los mismos momen- 
tos en que la familia real de España y Napoleón se ha- 
llaban en aquella ciudad. 

Presentóse, pues, al rey Carlos IV, y habiéndole 
enseñado algunos papeles y planos relativos á su via- 
je, aquel monarca, después de examinarlos, le dijo: 






HISTORIA DB CATALUÑA — ALÍ-BBY EL ABBASSI 58 1 

— Ya sabrás que la España ha pasado al dominio de 
la Francia por un tratado que verás. Ve de nuestra 
parte al emperador, y dile que tu persona, tu expedi- 
ción y cuanto dice relación á ella, queda á las órdenes 
exclusivas de S. M. I. y R., y que deseamos produzca 
algún bien al servicio del Estado. 

Insistió Badia en seguir la suerte de la familia des- 
tronada; pero contestóle Carlos IV: 

— No, no; á todos conviene que sirvas á Napoleón. 

Lo que sucedió después, se sabe por las Memorias ya 
citadas de M. Bausset, prefecto del palacio imperial. 

Éste fué enviado á buscar un día por el emperador, 
que le dijo: 

— Acabo de hablar con un español, que debéis haber 
visto en el salón. No tengo tiempo bastante para pres- 
tar atención á su historia, que, por lo demás, me parece 
muy larga. Vedle, pues; habladle, y enteraos de un 
manuscrito á que ha hecho referencia. Luego me da- 
réis cuenta. 

Este español era Badía, que, siguiendo las instruc- 
ciones del rey Carlos IV, se había presentado al empe- 
rador. 

M. Bausset dice que, habiendo entrado entonces en 
el salón á que el emperador hiciera referencia, vio á un 
hombre, joven aún, de esbelta y elevada estatura. Lle- 
vaba una especie de uniforme azul, sin bordados ni cha- 
rreteras, y una magnífica cimitarra, prendida al uso de 
los orientales, pendía á su lado colgando de un cordón 
de seda verde. 

El aspecto de aquel hombre llamó favorablemente la 
atención de M. Bausset, que se acercó á él diciéndole 
que estaba autorizado por el emperador para seguir la 
conversación con él empezada. 

«Respondióme con cortesía, dice M. Bausset, y en- 
tonces su fisonomía expresó tal dulzura y tal vivacidad 



;v- 



582 * VfCTOK BALAGUBR 

al mismo tiempo, que me sentí predispuesto en su fa* 
vor, y pronto á hacer por él cuanto de mí dependiera. ■ 

M. Bausset se nombró, y le preguntó luego su nombre. 

— Aquí y en España — le contestó nuestro héroe, — 
me llamo Domingo Badía y Leblich; pero en Oriente 
soy conocido por Ali-Bey, príncipe de la familia de los 
Abbassidas. 

Hubo de causar gran asombro á M. Bausset esta res- 
puesta, y Badía se apresuró á contarle su dramática 
historia, refiriéndole con los mayores detalles los prin- 
cipales acontecimientos. 

El prefecto, en sus Memorias, se extiende luego en re- 
ferir las noticias del viaje de Alí-Bey, que le contó él 
mismo; sus proyectos políticos y demás que queda ex- 
plicado, haciendo un completo elogio del claro talento, 
del valor y hasta de la hermosa figura y porte verdade- 
ramente oriental de Badía. 

Empero, no obstante el gran interés que éste le ins- 
piró, y que también debió inspirar al emperador, no tu- 
vo por entonces otro resultado que el de ser recomen- 
dado al rey José, que parece tampoco pudo atenderle 
en mucho tiempo. Badía vivió, en Madrid con su familia 
reducido á la mayor estrechez, hasta que quince meses 
después le envió aquel Gobierno de intendente á S^o- 
via, sin que él lo hubiese solicitado, pues lo único que 
pidió, según parece, fué el permiso para trasladarse á 
París á hacer la edición de sus obras, que no era posible 
publicar en España. 

Más tarde fué nombrado prefecto de Córdoba, y últi- 
mamente intendente de Valencia, de cuyo destino no 
llegó á tomar posesión. 

Aún parece que se conservan en dichas dos ciudades 
de Segovia y Córdoba recuerdos del intendente moro^ por 
lo que chocaban á sus habitantes su ademán y maneras 
orientales. 



PT-^ 



HISTORIA DB CATALUf^A— ALÍ-BBY EL ABBASSI 583 

Comprometido por este modo con el partido afranu" 
sado, no creyó prudente quedarse Badia en España á 
la retirada de los franceses, porque aun cuando su 
buen comportamiento en la intendencia y prefectura 
parecían deber ponerle á cubierto de toda persecución, 
era difícil que la cualidad de empleado del Gobierno in- 
truso no le acarrease cuando menos algún insulto* 
Emigró, pues, á París en 1814, y como su proceder ha- 
bía sido recto y patriótico, envió á los pocos días una 
reverente exposición al rey Femando VII, haciéndole 
una breve reseña de sus importantes servicios, y ofre- 
ciéndose á continuarlos en favor de S. M., á quien tri- 
butaba su homenaje de fidelidad y sumisión. 

Esta exposición, que encaminó á manos del rey por 
distintos conductos, no produjo resultado alguno. Ba- 
dia tuvo el dolor de ver despreciados sus servicios, y no 
le quedó otro recurso que el de admitir la hospitalidad 
que le ofrecía la Francia, y renunciar á su patria que, 
ingrata é indolente, repelía en él una de sus mejores 
glorías. 

Fijóse, pues, definitivamente en París, donde publi- 
có en 1814 su interesante viaje, en francés, bajo el 
nombre de Ali-Bey, y ocultando su verdadero nombre 
y patría. 

En i8i5 casó á su hija con M. DelisUe de Sales, 
miembro del Instituto, y este enlace y el aprecio que el 
Gobierno de Luis XVIII hizo de Badía, proporciona- 
ban á éste los medios de pasar tranquilo el resto de sus 
días; pero su arrojo y osadía invencibles, el deseo de 
recobrar parte de los preciosos objetos científicos que 
había reunido en sus viajes, y, sobre todo, según pare- 
ce, una misión política que le confiríó el Gobierno fran- 
cés, le obligaron á pasar de nuevor á Oriente, á donde 
regresó con el sueldo, grado y consideraciones de gene- 
ral de división (mariscal de campo) que le había conce- 



584 VÍCTOR BALAGUBR 

dido el Gobierno francés^ aunque con el nombre y re- 
presentación de Ali-Othmaní príncipe oriental. 

Ya no debía regresar á Europa. Aquella vida labo- 
riosa pasada en prestar eminentes servicios, debía tener 
un fin trágico. 

Se supone, pues no ha llegado aún á esclarecerse es- 
ta verdad, que la misión importante que Badía llevaba 
del Gobierno francés, era para la India, y que el Go- 
bierno inglés, celoso de esta misión, se entendió con 
el bajá de Damasco, el cual envenenó á nuestro Alí« 
Bey ó Alí-Othman por medio de una taza de café. Em- 
pero el Sr. Mesonero Romanos^ que es el último que 
ha escrito su biografía, dice haber visto carta del guar- 
dián del convento español de San Francisco en Damas- 
co, en la que añrma que el desdichado Badía murió en 
el mismo de una disenteria natural en 1822. 

Todos sus papeles y efectos se perdieron, quedando 
en poder del bajá, según los que suponen la primera ver- 
sión. 

Su esposa, que le sobrevivió algunos años, residió 
siempre en París, disfrutando la viudedad de general, y 
creemos que su hija, casada con M. DelisUe de Sales, 
vive aún en dicha ciudad. 

Hemos creído que debíamos extendemos algo al ha- 
blar de D. Domingo Badía. Es una gloria de nuestro 
país, que hasta hace poco ha sido criminalmente desco- 
nocida, y que, por desgracia, no tiene aún entre noso- 
tros toda la celebridad de que es digna. 



FIN DEL TOMO XI Y ÚLTIMO DE LA fflSTORIA 
DE CATALUÑA Y XIX DB LA COLECCIÓN. 



ÍNDICE DEL TOMO UNDÉCIMO. 



Páginas. 

La heroica Püigcerdá. 5 

El conceller Casanova 21 

Del bandolerismo y de los bandoleros en CATALUfiA. . • 33 

Las BODAS de Felipe V , 109 

Bach de Roda 123 

Un episodio del sitio de Barcelona en i 705 131 

El asalto de Brihuega 141 

Los últimos días de Alvarez 153 

De la soberanía naqonal y de las Cortes en Cataluña . 169 

El castillo y los caballeros de Egaiu 211 

EL REY D. Jaime y el obispo de Gerona 205 

Las ruínas de Poblet 235 

\,-^ Introducción. — Á la Excma. Sia. Dofia Rafaela de To- 

irents de Sama, Marquesa de Marianao 237 

II.— La leyenda de Poblet 250 

m. — Los muros de Poblet. — La capilla de San Jorge.— La 
iglesia de Santa Catalina. — Lk Virgen del Ciprés. — La 

puerta dorada • 278 

IV.— La puerta real. — El claustro grande. — El aula capitu- 
lar. — El refectorio.— El palacio del rey D. Martín. — El 
claustro de San Esteban. — Las cámaras reales. — La biblio- 
teca de D. Pedro de Aragón.— La biblioteca primitiva. — 

El original de la crónica de D. Jaime. — El archivo 283 

V. — La iglesia mayor. — La sacristía. — El tesoro de Poblet. 292 

VI. — Las sepulturas reales.— El panteón de la casa de Car- 
dona.— El prohotn vmculador • 298 

VII. — El cementerio común. — El monje misterioso.— La ca- 
pilla de los condes de Urgel.— El panteón de esta familia. — 

Dofia Leonor de Aragón, la triste. — La casa de Cabrera* • 307 



586 ÍNDIC£ 

Vin.— Las sepulturas de los Moneadas. — £1 caballero y d 
almogávar.— La casa de Moneada. — ^Los varones de la 
fama. — £1 capitán Dapifer. — Glorias de los Moneadas.. • . 314 

IX. — Los sepulcros de personas y familias distinguidas.-»La 
tumba de Fr. Pedro Marginet.— Los monjes bandoleros. — 
La Morena del Mas. — Fr. Anselmo Turmeda. — La con- 
versión de Marginet.<-^u vida penitente. — Sus portentos 
y milagros • •••...« 326 

X. — Pedro Marginet y Anselmo Turmeda vindicados. — Tur- 
meda escritor catalán, filósofo y poeta. — Sus obras.. . . • . 336 

XL— Sarraceno, monje y mArtir. (Otra leyenda de Po- 

blet .) 346 

XII.— Visitas de reyes á Poblet.— Alfonso el CSuA?.— Funda- 
ción del monasterio de Piedra.— Jaime el Qmqtiiskulür, — 
Hace cortar la lengua al obispo de Gerona y por qué. — 
Fundación del monasterio de Benifazá y del Real de Ma- 
llorca. — D.Pedro el Cerenumioso. — Visita de los Reyes Ca- 
tólicos. —Lo que sucedió con el aposentador de Feli- 
pe II. — Entierros reales 353 

XIII.— El abad de Poblet. — Sus títulos, rentas y grandeza. — 
Monjes célebres del monasterio.- Los abades de Poblet. — 
Amaldo de Amalrich.— Ponce de Copons. — Guillen de 
AguUó.— -Vicente Ferrer. — Juan Martínez de Mengucho. • 366 

XIV.— Suceso misterioso. — Bodas del rey D. Martin con 
Margarita de Prades. — Intrigas de la corte. — Muerte del 
rey. — Parlamento de Caspe. — Benedicto XIII, San Vicente 
Ferrer y el abad de Poblet. — Los amores de la reina. — £1 
niflo recogido por el abad de Santas Creus. 374 

XV.— Siguen los abades de Poblet.— Bartolomé Conill.— Mi- 
guel Delgado.— Juan Payo Coello. — Domingo Porta. — 
Pedro Quexal. — Lo que sucedió con un novicio en tiempo 
del abad Boques. — Francisco de Oliver. — Levantamiento 
de Catalufia contra Felipe IV. — Guerra de sucesión. — 
Guerra de la Independencia , 383 

XVI.— La ruina de Poblet.— Movimiento absolutista.— La 
guerra civil. — El bosque de Poblet. —Incendio de los con- 
ventos. — Abandono del monasterio 392 "j 

XVII.— La noche del 25 de Julio db 1835 en Barcelo- 
na. — Meditaciones. — Grandeza y ruina de los conventos. — 1 
Caída del Gobierno absoluto.— £1 ministerio Martinez de • 
la Rosa.— Los carlistas.— La guerra civil.— Prevención po- 



r^ 



ÍNDICE 587 

Págioas. 
pular contra los frailes. — Motín en la plaza de toros. — 
Incendio de los conventos. — Horribles escenas ocurridas 
en la noche del 25. — Sucesos posteriores. — La muerte del 

general Bassa. — Conclusión • 4CX> 

Apéndices 434 

I. — El archivo y la biblioteca de Poblet 434 

II. — Fr. Anselmo Turmeda 463 

m. — D. Jaime el Conqtustador y el obispo de Gerona. . 464 
Alí-Bet el Abbassi 477 



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